Oct 101978
 

Laureano Becerra Noriega.

Tenemos el gusto de concurrir por primera vez a los COLOQUIOS HISTÓRICOS DE TRUJILLO, venturosamente ya en su octava edición. Queremos traer a los mismos un tema de Economía Agraria: la guarda de los cereales. Estos, se conservaban en la Tierra de Barros en silos, hasta hace poco definidos en el Diccionario de la Real Academia como: «lugar subterráneo y oscuro que sirve para guardar granos o forrajes.»

En los silos de Almendralejo a cuyo partido judicial pertenece Villalba, murieron en la guerra de la Independencia, varios soldados franceses por no ser precavidos ante la existencia del monóxido de carbono. En aquella época, toda esta ferocísima comarca era un auténtico granero ya que, apenas existían las vides y olivos, eje hoy de la economía de este rincón geográfico. En el mismo, existían pujantes los Pósitos, muy bien reglamentados por los Reyes Católicos y sobre todo por Felipe II. Existe un curioso proyecto de construcción de uno de estos silos en la villa de Villalba que es el objeto de la presente comunicación.

¿COMO SURGIÓ EL PROYECTO? Veamos:

Al correr el año de 1,778, la pequeña villa perteneciente al Ducado de Feria padece necesidad. Sus casi mil vecinos sufren la mala situación agrícola por la que Extremadura atraviesa. Por este motivo y por diversas gracia dispensadas por S.M., el Concejo local, hubo de tomar granos de los tres silos existentes en la villa y que componían el Pósito local. Este acto, si bien iba destinado a un objetivo distinto para el que el pósito fue creado, procedía sin embargo en beneficio de los vecinos, pero estos, sin tener en cuenta el bien recibido, pedían moratorias para su reintegro a pretexto de la escasez de cosechas de años anteriores.

Los señores Justicias, Regimiento e interventores del Pósito local, al no serles reintegrados sus favores de granos y por encontrarse próxima la inspección del Interventor, General tienen la necesidad de comunicarle la imposibilidad de reintegrar el trigo sobrante de las 3.000 fanegas a que D. MANUEL DE RODA había reducido en su fondo fijo. Apoyan su justificación según escrito dirigido en fecha 7 de agosto en el motivo de no caber en los tres silos del Pósito del la villa mas de 1,400 fanegas, haciéndole ver así mismo, la necesidad de adquirir unas casas para construir otra «panera».

La contestación no se hace esperar demasiado, pues con fecha 1 de septiembre D. Manuel de Roda les comunica en escrito firmado en San Ildefonso:

1º.- El total reintegro de las 3.000 fanegas; aunque a costa de él hubieran de alquilarse las cámaras que fuesen precisas para el recaudo del grano. 2º.- Que las casas que les son propuestas para su compra, si estuviesen libres de todo gravamen, y sus dueños quisieran venderlas, sean tasadas por un perito hábil el cual debe observar:

a) Si la situación es buena para la conservación de los granos.
b) Que obra ha de hacerse para reducirlas a «panera capaz de contener en sí las 3.000 fanegas.
c) A cuanto llega el costo de las obras.
d) Que haga así mismo, tasación de los tres silos existentes en la actualidad, a fin de que su importe, sirva de coste de la obra.

HASTA AQUÍ BIEN, ¿PERO QUIEN SE IBA A ENCARGAR DE REALIZAR TODAS ESTAS DILIGENCIAS QUE SIN PERDIDA DE TIEMPO SOLICITABA D. MANUEL DE RODA? La solución estaba cerca… Construíase en esta fecha en la cercana villa de Zafra otra panera para el Pósito de la misma, por lo que los señores justicias de Villalba solicitan de D. MANUEL AGUADO Y MONTERO, Abogado de los Concejos del Ducado de Feria y Mayorazgo de Villalba disponga enviar al maestro que en la actualidad dirigía la obra de su Pósito a fin de que cumpla todo lo mandado por D. Manuel de Roda en su escrito de fecha 1 de septiembre. El Sr. Abogado de los Concejos ordena los tramites necesarios para que el referido maestro se dirija a la comarcana Villalba. Se trata de otro extremeño, JUAN CALVAN, de 35 años de edad, natural y vecino de Badajoz, quien tras cumplir su misión se dirige nuevamente ante su mandatario de Zafra el día 23 de junio, este, para mayor abundamiento del juramento que prestó el maestro de obras en la aceptación de su cargo (copio literalmente) «lo recibe de nuevo por Dios Nuestro Señor y una señal de la Cruz, según forma de derecho, bajo del cual, Juan Galván, ofreció decir la verdad en lo que supiere del encargo que se le hizo y dijo:

Que reconocido el terreno o sitio donde se pretende hacer el nuevo pósito o panera, es el más apropósito y el mejor que se puede escoger, por estar en el centro del pueblo, próximo a la cárcel real, y en una calle a la que aunque se le quite algún terreno, por ser sobradamente ancha, no lo necesita para quedar buena y capaz para todo tránsito con caballerías, carros y carretas.

Que, se había instruido de los sitios y distanciamientos de todo genero de materiales para poder calcular con todo conocimiento el costo de dicha obra.

Que halla necesaria la construcción de dicha panera con arreglo al plano que ha formado, el cual entrega y cuya explicación, para la mas perfecta inteligencia es el siguiente:

– 20 varas de largo y 5 y media de ancho, sin incluir ancho de paredes.
– Llevara un sótano o cueva subterránea con dos ventanas para la ventilación y saneamiento de los granos. Por estar el terreno en todo su largo con seis cuartas de desnivel, se puede determinar otra cueva por ser poco el costo, y aún esta, si hubiera, se le puede dar algún destino, como prisión o bodegón. Y aunque el plano señala los gruesos de pared, se debe entender desde la superficie de dicha panera hasta su techumbre, que tendrá por la parte de su desagüe 4 varas reales, y la pared de la corriente, 5 y media.
– Desde la superficie de dicha panera ha de tener el sótano 7 cuartas de profundidad, y quedará un escalón en la entrada de la panera.
– Las paredes de la bóveda, han de tener media vara de grueso por la línea de los encuentros o empujes de la bóveda y los dos terrenos, una vara de grueso.
– La bóveda ha de ser de medio pies de grueso.
– El tejado, ha de ser de ladrillo, con sus alfadanes y virones de castaño.
– Las ventanas, han de ser de rejas embutidas en bastidores con sus rejillas de alambre. Y esta obra, tendrá de costo 13 Ducados o 97 reales de vellón, cuya regulación se forma con arreglo a la manera siguiente:

ENTRA AQUÍ EL MAESTRO JUAN GALVAN EN UN EXHAUSTIVO Y MINUCIOSO DETALLEO QUE POR NO CANSAR DEMASIADO CITARE ALGUNOS

Mampostería: 363 varas cubicas a 20 rv………..7,416 rv…….7D 416

125 varas de bóveda del sótano a 10 rv………….1,250 rv ……1D 250

Por la puertas de la panera y 8 ventanas
con todo su encaje…………………………………….1,000 rv…….1D 000

39 virones de castaño a 32 rv……………………………………….. D 858

12 cuartonas de alfadian de castaño a 24…………………………. D 286

72 docenas de clavos a 24 maravcdis……………………………… D 051

140 varas de tejado, con ladrillos,
tejas y manufacturas a 6 rv………………………………………… D 840

110 varas de solado encima de la bóveda a 3 rv………………… D 330

492 varas de guarnecido por dentro
y fuera con todo su blanqueado…a…….2.rv…………………….. D 984

Partidas que componen los citados: 13,097 reales:…………. 13D 097.

Y con la obra esta, quedará una panera, capaz de contener en sí, y con bastante desahogo y amplitud 3,000 fanegas de trigo.

Reconoció, como no, Juan Calvan los tres silos existentes en la villa al objeto de que su coste sirviera de costo del proyecto de la obra que se pretendía pero halló que:
era cierto que estaban inservibles para contener granos por su vejez y humedad, y que si se hubiesen entrado en los mismos, se hubiesen perdido en su mayoría; es por lo que concibe que cuanto más, pueden valer:

– El situado en la calle Palomar…….200 rv.
– Los de la calle Zafra…………….100 rv cada uno

Salta a la vista pues que la valoración de los tres silos existentes era insuficiente para cubrir el costo de las obras del nuevo (400 rv, 13,097)

¿..SE LLEGO A CONSTRUIR..?

Si. Tras infinitas diligencias y tomas de providencias de todo tipo, empujadas todas ellas por la cierta necesidad del mismo, y dado que la cosecha del año presente era la más abundante que los vecinos habían conocido (según escrito del referido D. Manuel Aguado) estos, no sólo se obligaron a construir en lo que faltaba para cubrir presupuesto con su jornal, sino que aunque algunos fueron rezagones, hubieron de reintegrar el todo de las 3.000 fanegas de trigo.

COMO NOTA FINAL y ANECDÓTICA les diré, que el silo a que nos estamos refiriendo, existe en la actualidad, tiene su entrada por la calle Bastimento, sobre ella, se luce la barreta del castillo que D. GOMEZ SUAREZ DE FIGUEROA mandara construir, allí colocada por alguna persona cuidadosa, que logró formar el todo coleccionando las partes. Hace algún tiempo, en venta por cierto, que vale ahora menos de lo que costó la obra.

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Oct 011978
 

Manuel Ruiz-Navarro y Ruiz del Riquelme.

El Real Seminario de Nobles de San Pablo de la Ciudad de Valencia, para estudiantes seglares, abrió sus puertas el año 1670 a la juventud de las más esclarecidas familias nobles de los antiguos Reinos de Valencia, Murcia y Mallorca y Principado de Cataluña, aunque a él acudieron de todas las tierras de la geografía patria, e incluso del extranjero, estos porque sus progenitores habían fijado su residencia, definitiva o temporalmente, en nuestra patria. El Caballero Seminarista, que así se llamaba al Colegial, sentía el sano deseo de adquirir conocimientos, o mejorar los que ya poseía, con los mas altos y loables fines de todo buen vasallo Ser lo mas útil posible a su Dios, a su Patria y a su Rey.

Este importantísimo centro de cultura nació con el nombre ya mencionado por la fusión del antiquísimo Colegio de San Pablo, creado por los jesuita en los años cuarenta del siglo XVI, ampliado en 1.552 con los bienes que le aplicó el valenciano P. Juan Jerónimo Domenech, insigne Canónigo de la Catedral de Valencia y más tarde miembro de la Compañía de Jesús, a quien se viene considerando como el fundador del mismo, pues él fue realmente el que obturo licencias del Papa Paulo III y del propio San Ignacio de Loyola para llevar a cabo la fundación y dotación de tal Colegio, con el fin de dedicarlo a instrucción de la niñez -como así fue- y con el tiempo pasar a ser Colegio Máximo de San Pablo según el primitivo deseo de San Ignacio, expresado por éste mismo, al parecer, antes de que la Compañía de Jesús fuese fundada, con ocasión de su breve estancia en falencia hacia 1.535, ayudado entre otros por un ciudadano de Valencia llamado Pedro Domenech, padre del mencionado Canónigo, y amigo de Martín Pérez de Almazán, gran protector de los jesuitas, en cuya casa residió el santo Fundador durante su visita a la Ciudad de Valencia.

Pedro Domenech envía a París y a Roma a su hijo Juan Jerónimo. En la capital de Francia se encuentra con San Francisco Javier que le proporciona cartas para los padres Fabro y Laínez, entonces en Roma, siendo éste viaje el principio de la vinculación del joven clérigo valenciano a la Compañía de Jesús, en cuya Casa Profesa, ya denominada Colegio Máximo de San Pablo, por él fundada, dejó de existir santamente el 20 de diciembre de 1.592.

Tras muchas vicisitudes, el complejo docente en que fue convirtiéndose el Colegio Máximo de San Pablo, al que se le había agregado por un lado, el Colegio de la asunción de la Madre de Dios, vulgarmente conocido por Colegio de Na Monforta, en recuerdo de su fundadora la magnífica señora doña Ángela Almenar, viuda de Mícer Bartolomé Monfort, doctor en ambos Derechos y de muy singular significación en la contienda de las Germanías, y por otro, el Seminario de Nobles de San Ignacio, para estudiantes seglares, financiado con los bienes de otra dama valenciana muy piadosa, gran bienhechora de dicho Seminario, doña Bárbara Pérez de San Vicente, abre sus puertas en 1.670, como se ha dicho ya, con la denominación de Real Seminario de Nobles de San Pablo de la Ciudad de Valencia, regido por los Padres Jesuitas.

La pujanza de este complejo docente fue incrementándose notablemente en los últimos años del siglo XVII, aumentándose los estudios que se impartían en el mismo. Era mucha la fama de la calidad de la preparación de los que pasaban por sus aulas. Las enseñanzas que se impartían eran además de la instrucción religiosa, estudios literarios y científicos, no sólo la enseñanza del Latín, sino también la de la Filosofía y otras facultades mayores, al mismo tiempo que prácticos y variados ejercicios caballerescos de destreza física, idiomas -el francés, el griego, el hebreo, etc.- danza española y francesa, música y heráldica, tratando de dar a los Caballeros Seminaristas una preparación completa, integral, creciendo además la fama y prestigio de la institución colegial jesuítica con frecuentes actos públicos como representaciones teatrales, certámenes, conferencias, polémicas filosóficas y literarias y otros, hasta el punto que estas actividades docentes y culturales produjeron fricciones y competencias con el Estudio General o Universidad de Valencia, cuyas aulas quedaron casi desiertas. La Universidad se opuso al Real Seminario de Nobles y tras tres años de litigio, se resolvió a ruegos de la Reina Gobernadora doña Mariana de Austria, en los días de la minoría de Carlos II, estableciéndose una concordia por la que se concedía a los jesuitas autorización para leer en su centro docente las disciplinas de Gramática y algunas partes de la Teología.

El orden disciplinario dominante en esta institución era severo sin dejar de ser respetuosamente cordial, dándose a los Colegiales el tratamiento de Vuesa Merced y en los escritos el Don que les correspondía por nacimiento.

El uniforme consistió, primeramente, en una beca talar con cola rozagante, de tafetán negro, con peluca blonda, pero pequeña, y colgando sobre el pecho una medalla dorada con el nombre de Jesús, suspendida de un cordón negro. Posteriormente, a mediados del siglo XVIII, por imperativo quizá de las modas dominantes, se modifico esta uniformidad, tomando aspecto mas militar, sin abandonar el color negro del uniforme en la casaca, chupa y calzón y poniendo el nombre de Jesús en el centro de la banda de seda que cruzaba el pecho. El Caballero Seminarista ceñía espada. Con el tiempo fue adaptándose la uniformidad de los colegiales a las circunstancias. He visto en las casas de algunas familias valencianas viejos retratos de sus antepasados luciendo con orgullo el uniforme de Caballero Seminarista del Real Seminario de Nobles de San Pablo.

Para ingresar como Caballero Seminarista durante el tiempo por mi estudiado, era necesario probar la nobleza del educando. Esto se hacía con la aportación por parte de la familia de los documentos apropiados a tal fin como partidas sacramentales, certificados de inscripciones en Libros Padrones, certificaciones testificales de empleos servidos por sus ascendientes y otros papeles. En algunos la aportación de documentos es muy extensa, en otros no tanto.

En los documentos que me han servido para mis investigaciones, hay algunos libros de Tercias, con unas notas u observaciones hechas por los profesores -muy pocas líneas, cuatro a lo sumo- en las que comentan el comportamiento, aprovechamiento, condicionas físicas y morales, estudios realizados y motivos de la salida del Seminario, que permite hacernos un somero retrato sobre la personalidad del Caballero Seminarista que abandonaba el Colegio para enfrentarse con la vida. Estas notas expresadas dieciochescamente según el gusto de la época, no siempre son positivas, algunas de ellas incluyen aspectos negativos, pero todas ellas, las unas y las otras, son de un gran interés. Particularmente el autor de este trabajo, mientras las leía, ha visto desfilar por su imaginación al Caballero Seminarista de «bello porte», de «bello talento», «muy ajuiciado», de «bellísima conducta», etc. vestido a la usanza con su espada, con sus calzas o calzones, con su casaca negra, con sus «chapetines», su banda de seda que le cruzaba el pecho con el nombre de Jesús en el centro de ella, su capa y su gorra de Caballero Seminarista, paseando por las calles de la vieja Valencia, proclamando con orgullo a los cuatro vientos que estaba cultivándose para mejor servir a su Dios, a su Patria y a su Rey.

En contraste con las anotaciones de más arriba, están las de «corto o mediano talento», «no muy aplicado», «medianamente aprovechado», «porte regular», «de genio perverso», «poco aplicado», etc.

En algunas ocasiones se le califica al mismo Caballero Seminarista con sus buenas cualidades y sus defectos a un tiempo, así se leen en muchas de estas notas u observaciones este tipo de comentarios: «muy bueno pero corto de talento», «…salió medianamente aprovechado, tiene bastante capacidad», «salió concluido los estudios de Gramática con bastante aprovechamiento. Su talento regular», «talento regular pero muy aprovechado», etc.

En toda colectividad hay de todo, desde el hombre dócil, inteligente, bello, airoso y o responsable, al hombre que huye, de mal porte, irresponsable, poco inteligente, menos aplicado y o de genio perverso, pero el tiempo y las circunstancias pueden hacer que los hombres cambien y se conviertan, de corto o poco algo, en hombres, quizá excepcionales; y si existe un fondo de buenas lecciones, de buen ambiente y de buenos principios, la experiencia nos ha demostrado que así ocurre. Estoy seguro que de los casi 2.200 Caballeros Seminaristas que tengo catalogados y reunidos en mi obra inédita «Catálogo de los Colegiales del Real Seminario de Nobles de San Pablo de la Ciudad de Valencia (1.670 – 1.836)» y pasaron por este centro, salieron los hombres que ocuparon los puestos dirigentes de la Iglesia, de la Milicia, de la Administración, de las Artes, de las Letras, del Comercio, de la Agricultura, … tanto en su tierra, como fuera de ella.

Tan solo nueve de ellos proceden de la Tierra de los Conquistadores, y uno de estos, el que lleva uno de los más esclarecidos apellidos extremeños, y para más abundamiento oriundo de Trujillo, la hermosa ciudad cuna de los Orellana, no naciera en las tierras de sus antepasados, no obstante por hijo de extremeño y nieto de extremeños, creo que se tiene bien merecida la inclusión, como un extremeño más, en la nomina de los que pasaron airosos por este Real Seminario.

Mi trabajo está limitado a la recogida de datos referidos a lo patronímico, escolar, geográfico, genealógico, nobiliario y cronológico de los Caballeros Seminaristas. El material que utilicé en su mayoría fueron los Libros de Tercias, llenos de anotaciones crematísticas referidas a las cuentas de los Colegiales; ésta explicación puede aclarar el por qué las referencias de algunos son tan escuetas y las de otros no tanto, ya que de algunos encontré el expediente presentado por la familia probando la nobleza del mismo, de otros sólo su nombre y naturaleza en las listas de Colegiales o en los índices de los Libros de Tercias.

Tras éste preámbulo, paso a relacionar por orden alfabético a los Caballeros Seminaristas vinculados, por nacimiento o por ascendencia próxima, a las dos provincias que forman la región extremeña.

BINUESA Y HORE, D. Manuel.
Extremadura.
Entró en el Seminario el 2 febrero 1.819.
Salió del Seminario el 7 marzo 1.819, siguiendo el destino del padre que ha pasado a Regente de Barcelona.
Se ha portado muy bien en los pocos días de Seminarista.
Padres: D. Juan Binuesa, Regente de Valencia. Dª. Carmen Hore.
(El apellido exacto de este Caballero Seminarista puede ser García de Vinuesa).

GABANES Y AGUILAR, D. Nicolás.
Azuaga (Badajoz).
Entró en el Seminario el 21 junio 1.763.
Salió del Seminario el 5 julio 1.768.
Padres: D. Diego Gabanes. Dª. Josefa Aguilar.

CORDOVES Y DE PINEDA, D. Juan.
Zafra (Badajoz).
Entró en el Seminario 4 julio 1.751.
Padres: D. Juan Manuel Cordovés. Dª. María de Pineda.

GONZÁLEZ DE TERRONES Y VIEYTIZ, D. José.
Badajoz en 16 diciembre 1.821.
Bautizado en la Parroquial Iglesia Catedral, Libro que empieza en 1.821, folio 74v.
Padres: D. Agustín González de Terrones. Miajadas (Cáceres).
Administrador General de Rentas Unidas de la Provincia de Extremadura, Luego Administrador General de Aduanas de Cataluña. Capitán de Caballería. Dª. Juliana Vieytiz. Badajoz.
Abuelos Paternos: D. José González de Terrones. El Casar de Escalona (Toledo). Dª. Ramona López Cavanillas. Miajadas (Cáceres).
Abuelos Maternos: D. Joaquín Vieytiz. Toro (Zamora). Dª. María Manuela de Escobar Moreno. Jerez de los Caballeros (Badajoz).
Un hermano de éste Caballero Seminarista, D. Manuel, Barcelona el 21 febrero 1.825, fue también Colegial, no constando fechas de entrada ni salida de ninguno de los dos en el Seminario .

IVAÑEZ, D. Antonio.
Llera (Badajoz).
Entró en el Seminario el 17 julio 1.725.
Padre: D. Manuel Ivañez, Coronel del Regimiento de Caballería del Rosellón.

LEMA Y SOTO, D. Ignacio.
Extremadura.
Entró en el seminario en el 19 septiembre 1.90. Salió del Seminario 10 julio 1.793, se fue huido, bastante travieso y talento.
Padres: D. José Ventura Lema, Administrador de Rentas en la Villa de Onteniente. Dª.Bárbara Soto.

RABANAL Y VIDAL, D. Miguel.
Jerte (Cáceres).
Entró en el Seminario de once años, el 16 septiembre 1.814. Salió del Seminario 17 junio 1.816.
Padres: D. Miguel Joaquín Rabanal. Dª. Rosa Vidal.

SALINAS DE ORELLANA Y ALARCON, D. Manuel.
Valladolid el 9 noviembre de 1.813.
Entró en el Seminario 6 noviembre 1.828.
Padres: D. Antonio Salinas de Orellana. Mérida. Coronel de Caballería, Caballero de San Hermenegildo, Condecorado con la Flor de Lis y otras de guerra y Cruces de Distinción, Gobernador Político y Militar de Orihuela (Alicante). Dª. Josefa Alarcón Torrubia. Baza
Abuelos Paternos: D. Pedro Salinas, Alburquerque (Badajoz). Dª Olaya Picón y Pérez, Mérida.
Abuelos Maternos: D. Andrés de Alarcón y Salazar. Vélez-Málaga. Dª Manuela Torrubis y peña. Granada.
Padrino de Bautismo del C.S.: D. Blas Alejandro de Lezo, Castro Pacheco y Solís, Marqués de Ovieco, Maestro de Ceremonias de la Real y Distinguida Orden Ecuestre de Carlos III y Comandante del Departamento General de Caballería.

VEGA Y CUÉLLAR, D. Gerónimo de la
Badajoz.
Entró en el Seminario 23 noviembre 1.731.
Padres: D. Diego Felipe de la Vega, Coronel de Caballería, Teniente Coronel del Regimiento de Caballería del Rosellón. Dª. Basilia de Cuellar.

Esta es la nómina que representa Extremadura, entre los años 1.670-1.836 en este Seminario de Nobles de San Pablo de la Ciudad de Valencia. No dudo que es escasa, pero quizá sea representativa.

Manuel Ruiz-Navarro y Ruiz del Riquelme
Comandante de Aviación.
Diplomado en Genealogía, Heráldica y Nobiliaria por el Instituto «Salazar y Castro» del C.S.I.C.
Miembro del Instituto Internacional de Genealogía y Heráldica.

Oct 011978
 

Juan-Pedro Vera Camacho.

1.- El escultor extremeño Gabino Amaya fue el primero que esculpió la efigie del Redentor con arreglo a las medidas e interpretación del Santo Sudario. Lo hizo dos veces: una con un Ecce-homo, propiedad del Sr. Ruy García, de Madrid; otra, con un Cristo yacente propiedad de los Sres. Márquez de Prado, de Talarrubias (Badajoz). Catorce años después, el profesos italiano Ferri se quiso apropiar esta primicia artística, que corresponde a nuestro paisano.

2.- La toponimia arábiga en la zona extremeña de la Siberia, en Badajoz, es muy grande: Zujar, Guadalema, Benazaire, Azuche, Tejubieda, Valdemoro, etc, atestigua la intensa sedimentación sarracena en esta zona extremeña.

3.- Don Rafael Carrasco Garrorena, que nació en Badajoz y dirigió el Observatorio Astronómico de Madrid durante muchos años, descubrió un Cometa, el «Carrasco 1932-C»,y más tarde un Planeta, al que llamó «Ratita».

4.- Hace un siglo, el 1.879 exactamente, la Biblioteca del Instituto de 2ª Enseñanza de Cáceres contaba con 2.700 volúmenes. Que no es poco para aquellos tiempos.

5.- El autor del Quijote, D. Miguel de Cervantes, tuvo gran aprecio a Extremadura, a cuya región nombra en la siguientes de sus obras: La Gitanilla, La Tía Fingida, La Ilustre Fregona y El Celoso Extremeño.

6.- La VI «Serranilla» del Marqués de Santillana, se escribió En Jerez de los Caballeros (Badajoz), y se gesto en el río Zújar; y la: «Coplas a la muerte de su padre», de Jorge Manrique, se escribieron en Segura de León, también de la provincia pacense, de cuyo pueblo su padre era Alcaide.

7.- El siglo pasado hubo un sacerdote en Helechosa de los Montes, en la Siberia Extremeña, que era tan buen dibujante, que a las actas de matrimonio añadía una caricatura de los contrayentes. Lástima que se perdieran durante la guerra.

8.- La única novela con título matemático «EL HOMBRE BICUADRADO», la escribió un extremeño llamado Francisco Vera. Aunque el autor es paisano mío y lleva mi apellido, nunca lo conocí personalmente, pero compré su obra en el Rastro madrileño por dos pesetas hace muchos años.

9.- La altitud de algunos Puertos serranos extremeños es la siguiente: Alcuescar, 484 metros; Baños de Montemayor, 1.000; Garganta de Gregorio, 565; Monesterio, 478; Santa Cruz, 494. Además de éstos, Miravete, al que Unamuno llamó el altar de España.

10.- El primer poeta mejicano de nombre conocido fue Francisco de Tarrazas. Y si lo traemos a colación es porque en su tumba hay una quintilla en la que se le compara con nuestro Hernán Cortes, y que dice así:

«Tan extremados los dos
en su muerte y su prudencia,
que se quede la sentencia
reservada para Dios,
que sabe la diferencia»…

11.- Los pastos del río Zújar, entre Esparragosa y Sancti-Spíritu, en la provincia de Badajoz, son, a juicio de los pastores leoneses y castellanos que allí hacían la trashumancia, los mejoras que existen desde Cistierna a Córdoba.

Más de 500 lugares con nombres extremeños puntean el mapa-mundi.

Firmado: Juan-Pedro Vera Camacho.

Oct 011978
 

Jesús Gómez Sobrino.

Datos biográficos:

Para poder enmarcar nuestro personaje, damos brevemente los siguientes datos biográficos: Nace en Malpartida (Cáceres) el 8 de Septiembre de 1835. Estudia Latín y Humanidades bajo la dirección de su sabio tío, religioso mercedario, párroco de San Miguel. Estudia Filosofía y Teología en el Seminario de Plasencia, como interno, y obtiene los grados de Bachiller, Licenciado y Doctor en Teología y Bachiller, Licenciado y Doctor en Derecho Canónico. Se ordena de sacerdote en 1859. Ya en el año anterior había sido nombrado profesor de Latinidad y luego de Filosofía y Teología. Desempeñó también el cargo de Secretario de Estudios, Auxiliar del Vicerrector y Director Espiritual del Seminario. En 1862 oposita a la Canonjía de Lectoral de Cuenca cuyo cargo ostentará durante 14 años de la primera etapa de su permanencia en dicha ciudad. Tres años más tarde, en 1865, se le nombra Rector del Seminario y Decano de la Facultad de Teología. Su actividad científica y pastoral fue muy intensa: Crea en el Seminario el Gabinete de Historia Natural y un Laboratorio de Química, adquiriendo toda clase de máquinas e instrumentos. Se preocupa por la fundación del Colegio de Uclés en la Real Casa de los Caballeros de Santiago.

Promueve con verdadero celo las juntas del Dinero de San Pedro y de Beneficencia Domiciliaria. Colabora con sus trabajos en la Academia arqueológico-geográfica y es Presidente de la Sección de Artes en la Sociedad «Amigos del País».

El primero de Mayo de 1876 Su Majestad el Rey por un Real Decreto lo presenta para ser obispo de la iglesia y obispado de Tuy y hace su entrada como Pastor de esta diócesis el primero de Enero de 1877. Aquí permanece, querido de todos, hasta el 15 de Abril de 1882 en que es preconizado obispo de Cuenca.

El 26 de Junio de 1876 es preconizado en Roma como Obispo de Tuy, quien habiéndolo comunicado oficialmente al Cabildo, esta ilustre Corporación acordó, como de costumbre, que se repicaran las campanas y se celebrara un Te Deum, que tuvo lugar el 10 de Julio con la asistencia de las autoridades civiles y militares.

El doce de Noviembre de 1876, día del Patrocinio de la Santísima Virgen, tuvo lugar en Madrid en la Real Iglesia de la Encarnación el acto de consagración. Fue el consagrante el Arzobispo de Compostela el Ilmo. Dr. Don Miguel Payá y Rico, asistido por los Obispos de Zamora y Cuenca. Actuó de padrino el Excmo. Sr. Marques del Pazo de la Merced.

Toma de posesión: tuvo lugar el día 1 de Diciembre de 1876 y la realizó el Deán de la Catedral de Tuy en nombre del Obispo D. Juan María Valero y Nacarino.

Entrada en Tuy: Hace su entrada en la ciudad de Tuy el día 1 de Enero de 1877. Había salido de Madrid el día 27 de Diciembre a las ocho y media de la noche por ferrocarril hasta Zamora en donde entonces era final de línea. Allí es recibido por el Obispo y autoridades y al día siguiente salió para Orense en coche y tiene el mismo recibimiento en medio de un gran fervor popular, igualmente en los pueblos por donde pasó camino de Tuy: Verín, Rivadavia (primer pueblo de su jurisdicción) y Puenteareas en donde le esperaba la Comisión del Cabildo compuesta por el señor Arcediano y el canónigo Viéitez. Se detiene a comer en Porriño, donde el recibimiento no es menor y a media tarde hace su entrada en Tuy en medio de una gran multitud de fieles que le aclamaba. Toda la ciudad estaba engalanada y la banda de música le recibió interpretando la marcha real. Hubo gran fiesta que se prolongó hasta el día siguiente. Desde Porriño le acompañaban el Ayuntamiento de la ciudad de Tuy, el Gobernador Eclesiástico, el Secrtetario del Obispado y varios particulares. A la entrada le esperaba el Cabildo y se dirigen a la iglesia de San Francisco. Vestido de medio pontifical salen en procesión hacia la Catedral en la que, antes de entrar, presta juramento, continuando hasta el altar mayor entonándose un solemne Te Deum. Ya en el palacio episcopal tiene lugar la primera recepción oficial del Tribunal Eclesiástico. También los niños expósitos le dirigen una alocución entusiasta como se desprende de las siguientes palabras: «Vos sois, Señor, el digno sucesor de tantos ilustres Prelados; y el continuador de la tierna y paternal solicitud con que fueron protegidos los niños expósitos. Desde el puerto de Miravete discurriendo por las elevadísimas y tajadas peñas de las Hoces, hasta las frondosas márgenes del Miño, se escuchan los acentos, el dulce eco de vuestra caridad».

Rasgos personales: Siguiendo las crónicas del Boletín Oficial del Obispado de Tuy y analizando la correspondencia de nuestro Prelado, podemos definirle como «un hombre de dulce carácter y reflexivo: talento» Así, con motivo de la firma del Real Decreto presentándolo para la iglesia y obispado de Tuy, el Boletín Oficial del Obispado lo definía como «al modesto, al humilde, al virtuoso y muy ilustrado Dr. Ilmo. Sr. Don Juan María Valero, Lectoral de la Santa Iglesia Catedral de Cuenca y Rector de aquel Seminario Conciliar».

Durante su corta permanencia de cinco años y varios meses en Tuy dio muestras sobradas de estas cualidades que de él se anunciaban.

Hombre humilde: Tras haber sido presentado para ocupar la antigua y célebre silla episcopal de Tuy, escribe al Cabildo desde Cuenca el 4 de Julio de 1876 la siguiente carta: «Por entonces mortifiqué mi deseo esperando me costase haber merecido ser preconizado por Su Santidad, si no tenían en cuenta las explícitas indicaciones que en repetidas veces y en descargo de mi conciencia, me permití hacer sobre mi indignidad y falta de dotes para tan elevado y espinoso cargo. En medio de la amargura propia del que se siente sin fuerzas para soportar un peso grande, sírveme de consuelo y sobremanera me anima…. Confieso ingenuamente que nada soy y nada valgo, pero con la ayuda de Dios, la recta e inteligente cooperación de ese Ilmo. Cabildo y los deseos y firmes propósitos de obrar según manda y la Santa Iglesia ordena, espero confiadamente cumpliremos nuestra alta y digna misión, unidos siempre por los estrechos vínculos de la caridad cristiana». Frases que salían del corazón y las vivía cada momento.

Llevado siempre de esa humildad está siempre en contacto con el Cabildo para indicarle sus decisiones y consultarle en determinados asuntos, aunque el Derecho no le obligaba.

Había nombrado, en 25 de Marzo de 1877, a D. José Alcázar y Moya, Beneficiado de Cuenca, como Administrador Diocesano, y éste renuncia el 11 de Julio del mismo año. El nombramiento del nuevo Administrador no parece agradar al Cabildo y el Obispo le escribe dos cartas en el mismo día desde el palacio veraniego de Sobreiras diciéndole: «Retirare con gusto el adjunto nombramiento de Administrador Diocesano si su Ilma. me propone otro candidato, ya de su seno, ya fuera de él. Ni antes ni hoy, puedo dar otra prueba más evidente y práctica de la verdad de mis palabras y sinceridad de mis deseos».

Renuncia siempre a los tres votos que le corresponden en la elección de oficios. Y comunicaba al Cabildo cada vez que iniciaba la Visita Pastoral de las parroquias, confirmando así su humildad.

Actividad Pastoral: De acuerdo con el lema que eligió para su escudo de armas: «0mnia in gloriam Dei facite», su preocupación constante podemos polarizarla en los siguientes puntos: Visita Pastoral de las parroquias, formación de los seminaristas, atención espiritual del clero y los problemas que aquejaban al Romano Pontífice, Pió IX, cautivo del Vaticano.

Tras el largo tiempo transcurrido desde la última confirmación realizada por su antecesor en la sede. Fray Ramón García Antón, anuncia que realizará la Visita Pastoral empezando por Vigo, Arciprestazgo de Fragoso, siguiendo después al de la Louriña y advierte al clero que «desea cumplir su Ministerio Pastoral con el mayor provecho espiritual de los fieles y el menor gravamen y molestia del venerable clero». Más tarde, el 20 de Agosto de l877, da las normas que se han de seguir en dicha Visita señalando los puntos principales que deben ser objeto de ella y advierte: «Es nuestro firmísimo propósito de evitar molestias y gastos al clero diocesano; hemos anunciado ya a los RR. Arciprestes de Fragoso y Louriña lo que permitiremos únicamente respecto de comidas; sin que en ninguna parroquia, ni bajo ningún pretexto, autoricemos otra cosa durante la Santa Visita… y no hagan gastos inútiles, ni, en su día, pueda nadie considerarse desairado, ni menos resentirse. Frugalidad en la comida: humildad y sencillez en el hospedaje: he aquí lo que deseamos».

El 28 de Agosto sale para Vigo para realizar su primera Visita Pastoral. Antes de su partida visita el Santísimo Sacramento en la Catedral, orando después ante el altar del glorioso San Telmo, Patrono de la diócesis montando inmediatamente en el coche y llegando a Vigo a las seis de la tarde. Al paso por Porriño es saludado por el pueblo y se detiene a visitar la iglesia parroquial. Regresa el 20 de Septiembre (dejando encargado de la diócesis al Provisor y Vicario General, Don Raimundo Pérez, de nuevo en Noviembre saldría para Entienza, siendo despedido por las autoridades hasta fuera de la población.

La formación de los seminaristas, espiritual y humana, era una de sus preocupaciones, por ello asiste invariablemente a todas las aperturas del curso académico aprovechando para exhortarles a ser fieles a su vocación.

No menos le preocupaba la atención espiritual del clero invitándole a hacer ejercicios espirituales con palabras que revelan profundamente su delicadeza de espíritu: «invitamos cariñosa y confiadamente; no mandamos». Fueron 266 sacerdotes los que hicieron Ejercicios en aquella ocasión juntamente con el propio Obispo.

El Adviento y la Cuaresma eran ocasiones que aprovechaba para exhortar al clero a vivir una mayor santidad y ejemplo.

Lo que verdaderamente sentía en su alma y le llenaba de dolor era la situación del Romano Pontífice, Pío IX, cautivo del Vaticano. Podemos afirmar que el amor al Papa, que tenía nuestro Prelado, es lo más destacable de su vida en los años tudenses.

Su primera Carta Pastoral de 25 de Febrero de 1877, después de haber escrito diversas circulares sobre asuntos diocesanos, fue con motivo de la celebración del quinquagésimo aniversario de la Consagración episcopal del bondadoso y atribulado Pío IX. Para solemnizar el fausto suceso se celebraría en Roma una exposición universal de obras de arte, producto de la inspiración cristiana. Con tal motivo invita a los diocesanos peregrinen a Roma y si alguno poseyere objetos de arte cristiano de reconocido mérito los enviasen a la exposición. Mientras tanto se realizaba una colecta extraordinaria en favor de su Santidad.

La segunda Sarta Pastoral de 12 de Junio del mismo año tiene también por tema el pedir oraciones por el Papa con motivo de su Alocución Consistorial de 12 de Marzo denunciando la persecución y violencia que la Iglesia sufría en Italia.

Un hecho importante hirió profundamente su amor al Papa: el brutal atentado cometido en Roma en la noche del 12 de Julio de 1881. Nuestro Prelado envía al Cardenal Jacobini, Secretario de Estado de Su Santidad la siguiente carta: «En mi nombre y en el del clero y fieles de esta diócesis, protesto indignado contra el sacrílego atropello cometido ante las Venerandas cenizas del inmortal Pío IX y ofrezco nuevamente a Su Santidad los sentimientos de nuestro filial amor y adhesión firmísima». El Obispo de Tuy.

El 9 de Septiembre el Obispo invita a todos los párrocos envíen sus protestas por los sucesos de Roma a la Secretaría de Cámara. Ya el propio Obispo a la cabeza del Cabildo lo había hecho el 27 de Julio. Se iniciaba así la famosa Protesta de la diócesis de Tuy que ya ha sido objeto de investigación. Miles de firmas de toda las diócesis, clero y fieles llenaron las páginas del Boletín del Obispado.

Este espíritu enérgico de Don Juan María Valero queda confirmado en su reacción ante la propaganda protestante llegada a Tuy: «Con profundo dolor hemos sabido que hoy mismo se han presentado en esta ciudad algunos propagandistas protestantes repartiendo pública y profusamente envenenados opúsculos de su secta. Lo estamos viendo y aún dudamos. Tamaño insulto no se concibe. Nunca lo sufrió igual la acrisolada fe de los tudenses. Incalificable osadía, amados tudenses: que no poco se necesita para venir hacer propaganda protestante en la ciudad de San Telmo».

En esta línea de valentía e intransigencia con el error de nuestro Prelado, es la exposición a S.M. el Rey protestando contra la Circular del Ministerio de Fomento sobre la Enseñanza, haciendo suya la protesta del Arzobispo de Santiago: «Dicha Circular ( de 3 de Marzo de 1881) ha producido muy dolorosa impresión en el ánimo del que suscribe, por los conceptos erróneos que contiene, y las afirmaciones inadmisibles que asienta, y también, porque infringe, aparte de las leyes de Dios y de la Iglesia, la Constitución vigente y el Concordato.»

A pesar de ser intransigente con el error, era de espíritu magnánimo y generoso. Así, cede, una y otra vez, con consentimiento expreso del Cabildo a quien consultaba, a petición del Ministerio de Justicia, la 4ª parte de la dotación personal de clero y suya propia para remediar las necesidades nacionales, a pesar de la penuria que padecía el clero: «Por última vez, porque la continuación de tan enorme gravamen es de todo punto imposible. En verdadero amor patrio el clero no cede a nadie y su abnegación raya en el heroísmo; pero no puede más». Con todo, más tarde, por quinta vez, se ceden, «con harto sentimiento» las dotaciones personales, incluidas las del Obispo.

Entre otros detalles de la personalidad de Don Juan María Valero y Nacarino que resaltan en los años tudenses, destacamos: La promoción de las Misiones parroquiales, realizándose en gran número en todas la diócesis. La que se celebró en Tuy en Abril de 1877, fue predicada por los PP. jesuitas Leza y Merlín y el mismo Prelado asiste a la procesión y ejercicios de la tarde.

Se interesa por el buen funcionamiento de la Junta Diocesana de Construcción y Reparación de templos y edificios eclesiásticos compuesta por el Prelado, Deán, un canónigo y un párroco residente en la población. Así mismo de la elección de Consiliarios del Seminario, consultando al Cabildo si los anteriores obispos nombraban dos Consiliarios según el Concilio Tridentino.

Una de las normas importantes que quedó expresada en las actas de la Visita Pastoral a las parroquias ha sido: «que se exprese en todas las partidas la diócesis y provincia a que pertenece el difunto y la profesión y oficio. Se inscriban los párvulos, sin bastar la nota marginal. Se cumplan los aniversarios fundados, así como la parte piadosa de los testamentos». La expresión de oficio y profesión también lo rodena para los casados y padres del bautizado, proporcionando así una fuente importante de datos para el investigador, en general, de los libros parroquiales.

Obtiene de Pío IX sea concedida a la diócesis de Tuy que la festividad de la Natividad de San Juan Bautista, suprimida en 1867, permanezca para los diocesanos el precepto de oír misa y no trabajar, pero sin restablecer el ayuno de su vigilia.

Son muchos detalles que configuran la personalidad de nuestro obispo pero bastan los ya expresados. Solamente nos resta decir que estaba en posesión del título de Caballero Gran Cruz de la Real Orden Americana de Isabel la Católica y del Consejo de Su Majestad. Títulos que con un largo etc. aparecen una sola vez con motivo de un edicto publicado en el Boletín del Obispado y nunca con el segundo apellido Nacarino.

El 15 de Abril de l882 comunica oficialmente con dolor que pronto tendrá que separarse de sus diocesanos, puesto que el Papa León XIII en el Consistorio de 27 de Marzo le traslada a Cuenca. Sus palabras de despedida reflejan la gran bondad que encerraba en su corazón. Pide perdón por las faltas y desaciertos cometidos y da gracias por todas las pruebas de adhesión y cariño por parte de todos, inmerecidas, según él. «Hoy nos despedimos de vosotros derramando lágrimas de amarga pena, y por última vez Nos llamamos Obispo vuestro, y os bendecimos como pastor de vuestras almas. Dios quiere que nuestra inutilidad no sirva por más tiempo de rémora a vuestra eterna salvación; pero no quiere que os olvidemos, ni que dejemos de amaros y pedir por vosotros; y no os olvidaremos nunca; nunca dejaremos de amaros con entrañable afecto, y de rogar por vosotros».

En el mismo Consistorio citado es preconizado Obispo de Tuy el Doctoral de Cádiz, Dr. Don Fernando Hüe y Gutiérrez. Mientras tanto, se nombra Vicario Capitular, Sede Vacante, al Dr. D. Raimundo Pérez Moreno Dignidad Arcipreste.

Las palabras que el Señor Hüe dedicó a su predecesor, Don Juan María Valero, resumen perfectamente todo lo que de él acabamos de decir: «Regidos los fieles de nuestra muy amada grey por ilustres prelados, eminentes en ciencia y en virtud y señaladamente por nuestro inmediato predecesor el muy prudente y docto y piadoso Excmo. Señor Valero, ningún otro trabajo debemos poner por nuestra parte sino seguir las huellas que ellos nos han trazado.»

Fuentes

Archivo de la Catedral de Tuy:
«Cartas del 0bispo D. Juan María Valero al Cabildo de la Catedral».
«El Episcopado Español. Homenaje a Pío IX». Barcelona 1877, por José Salvado ( Ejemplar dedicado por el propio Obispo al Cabildo).

Archivo Histórico Diocesano:
«Boletín Oficial del Obispado de Tuy».
«Archivos parroquiales».

Oct 011978
 

Ismael Velo Pensado.

El catecismo Luz del alma de: «fray Felipe de Meneses tiene una amplia difusión durante el siglo XVI en los años posteriores a su primera edición (Valladolid, Francisco Fernández de Córdoba,1554). La geografía de las ediciones conocidas se extiende por Castilla hasta el sur de Andalucía y al Mediterráneo por levante. Miguel de Cervantes Saavedra narra en El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha II, capítulo 62, con comentarios favorables, la edición fingida o quizá real, por el momento ciertamente desconocida, en unas prensas tipográficas de Barcelona. Felipe de Meneses es conocido por Miguel de Cervantes tanto por Luz del alma, como por su pueblo natal, Trujillo, ya que según una tradición local extremeña moró por algún tiempo en la casa de Orellana y Pizarro.

La sabiduría popular tan exhaustivamente recogida por Cervantes está acompañada de la formación cristiana recogida por medio del catecismo de Meneses, teólogo, profesor y reformador. En Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, enseñó y publicó en varias ediciones su catecismo Felipe de Meneses. Cervantes estudió en Sevilla y allí conocería posiblemente este catecismo, porque allí se hicieron 3 ediciones, una de ellas primorosa con una portada en color.

La Gitanilla Preciosa se llama «Constanza de Azevedo y Meneses; su madre, doña Guiomar de Meneses». Trujillo, además, aparece en varias ocasiones en las obras de Cervantes. La oscilación del cristianismo de oriente a occidente es común a Meneses y Cervantes. La justicia originaria desconoce el derecho de propiedad; la religión en ambos es primordialmente social. El cristianismo es una comunidad, en la que se intercambian los bienes y males.

Oct 011978
 

Francisco de Jesús Valverde Luengo.

En la histórica Villa de Galisteo se conserva una antigua y tradicional fiesta folklórica llamada la «Vaquilla» y en la que forman parte exclusivamente mujeres. Suele celebrarse durante las Ferias de Agosto, dedicadas a Ntra. Sra. de la Asunción y sus ensayos comienzan con más de un mes de anticipación, ejecutándose los mismos en la Plaza Mayor de la Villa, al atardecer cuando las mozas vuelven de sus trabajos en el campo. El numero de danzantes no es fijo, formando las mozas dos filas, ataviadas con trajes regionales y llevando en las manos un rejón vistoso y adornado. La comitiva parte de la Plaza hasta donde está instalado el coso taurino, yendo a la cabeza de la misma el «presidente» acompañado de dos jóvenes; detrás la «capitana», escoltada por las «alabarderas» y las dos filas de jóvenes, cerrando el cortejo la abanderada y el tamborilero. Una vez en la plaza de toros comienza el baile o ceremonial consistente en la presentación de las jóvenes danzantes a la «capitana», todo al son del tamboril y con pasos de baile ligeros y adornados. Después la abanderada ejecuta vistosos movimientos con la bandera y la comitiva se pone en camino hacia la presidencia para pedir la venia y poder sacar la vaquilla para ser lidiada por las jóvenes. La presidencia griega hasta tres veces la llave de los chiqueros, teniendo que repetir las mozas varios pasos de baile. Una vez dado el si, sacan la vaquilla a la que solamente salir clavan un vistoso rejón.

Esta antiquísima tradición, una más de las que atesora esta Villa de Galisteo, se pierde en la noche de los tiempos, no conservándose ningún documento que date su origen. De todas formas ahí está para testimoniar la riqueza folklórica de Galisteo, Villa que vibra de una manera especial alrededor de este festejo taurino y que sigue con verdadero respeto en las noches veraniegas que lo preceden, los ensayos como un rito. Es digno de señalar que desde un principio los puestos principales se someten a subasta, llegando a pagarse fuertes cantidades de dinero por los mismos.

Francisco de Jesús Valverde Luengo
Galisteo Agosto de 1.978

(Acompaño a esta exposición una película filmada en la Vaquilla del año 1.977)

Oct 011978
 

Eduardo Torra de Arana.

Se trata de la fotografía de la plantilla de los «empleados y obreros» -como se decía entonces- de la Estación de ferrocarril de Mérida, en el verano de 1898. La fecha es exacta, porque mi padre José Torra y Cabruja, aparece en la foto de edad de 15 años, recién terminado el Bachillerato en el Instituto de Mérida; mi padre nació en Barcelona en 1883.

Preside la fotografía mi abuelo D. José Torra y Suy, hermano de D. Antonio Torra y Suy, constructor que fue del ferrocarril, Mérida a la frontera. Mi abuelo José Torra y Suy, ejerció de Inspector Principal de aquella zona y la foto fue obtenida con motivo de alguna inspección, tanto mi abuelo José como su hermano Antonio, ingeniero, eran naturales de Limoges (Francia), donde nacieron durante el exilio de su padre y bisabuelo mío, médico carlista huido de España con motivo de las guerras carlistas que contrajo matrimonio en Limoges con una hija de un notario de Dax, de ahí el apellido Suy. Están en la fotografía el Jefe, Subjefes, factores, lampistas, mozos de anden, etc. etc.

Mérida debió tener una gran vida cultural por aquellos años. Recuerdo haber oído a mi padre, que Franz Liszt, el compositor y pianista dio conciertos en casas de gente importante y mi abuelo era invitado a ellos.

No he olvidado el gratísimo recuerdo que mi padre tenia de Mérida, donde cursó sus estudios do Bachillerato que le dieron una gran formación humanística.

Oct 011978
 

Carmelo Solís Rodríguez.

Dentro de la parcela, tan rica como desconocida, de la historia del teatro en Extremadura, ofrece esta comunicación datos inéditos sobre el Corral de Comedias, edificado en Badajoz en la segunda mitad del siglo XVII.

Con anterioridad a esta centuria, las representaciones teatrales se ofrecían en el interior de la Catedral y desde el siglo XVI en la plaza de San Juan y en el atrio de la parroquial de Santa María del Castillo.

Tras un intento fallido en 1.640, hemos de esperar hasta 1.669, año en que se contrató la obra, por iniciativa de los regidores de los Hospitales de Badajoz. El artista elegido fue Juan Bautista Machado, arquitecto vecino de la ciudad de Elvas ( Portugal ).

En el documento del contrato se incluye -es dato de especial interés para nuestro trabajo- el plano, con la planta y alzado originales, rubricados por los regidores pacenses y el maestro portugués. Obra de un barroco clasicista, la disposición ovalada de la planta y su doble piso arcuado sobre pilastras la ponen en relación estrecha con otros modelos -no muchos- de que hay constancia documental en algunas ciudades españolas, como Sevilla.

Desgraciadamente el Corral de Comedias desapareció en el siglo pasado y solo restan como testimonios de su existencia los documentos, que ahora aportamos, y la vieja voz popular, que aun sigue denominando calle de comedias a la que en la actualidad lleva el nombre oficial de Donoso Cortés.

Ofrecemos asimismo noticias de comediantes, documentados en Extremadura, desde el siglo XVI al XVIII, títulos de obras representadas y un rico anecdotario de la presencia de estos artistas, que deambulaban por nuestra geografía extremeña.

Se reseñan, por fin, las obras más importantes, debidas al maestro Machado, cuya ejecutoria artística es importante para la historia de la arquitectura pacense del XVII: murallas, cuarteles y conventos de Badajoz, iglesia de San Miguel, en Jerez de los Caballeros, así como sus intervenciones en otras obras de la provincia y en Portugal.

Oct 011978
 

Jenaro Sánchez Paredes.

Se trata de demostrar -cosa harto difícil, pues para ello he tenido que poner en hilera cronológica toda la bibliografía epigráfica de Coria- que la inscripción III -Lápida cauriense- de mi primer repertorio -Dieciséis inscripciones latinas inéditas de la Vettonia- comenzado a publicar en el diario Extremadura, de Cáceres, el día 21 de enero de 1964, no es inédita como entonces afirmé, sino simplemente una versión correcta de la número 776 del Corpus Inscriptionum Latinarum (OIL.II.) de Hübner, versión la suya casi ilegible por no haberla visto el eximio epigrafista alemán y haberse tenido que valer, exclusivamente, de una única y muy defectuosa copia que alguien, sin duda, debió mandar a don Claudio Constanzo y que éste incluyó en su Colección; pues tal colector no estuvo jamás en Coria, como el mismo manifestó a don Felipe León Guerra, otro insigne epigrafista y anticuario, paisano nuestro. En descargo del copista, anónimo todavía, debemos decir que entonces -postrimerías del siglo XVIII- el epígrafe se encontraba en el paramento exterior de la muralla de Coria, a gran altura y sobre la puerta romana de la Guía.

Como dato curioso podemos añadir que, de las tres versiones o lecturas de esta lápida cauriense (Constanzo?, Hübner, Paredes), las dos últimas han merecido ser incluidas en el nuevo Corpus provincial de inscripciones latinas (Cáceres,1977), de don Ricardo Hurtado de San Antonio; tal vez debido a la equivocación padecida en mi primer repertorio.

Al socaire de este ejemplo y como a modo de moraleja del mismo, el autor quisiera postular la tesis contraria a la sostenida por muchos ilustres epigrafistas, o sea, que no hay copia o lectura mala que cien años dure, siempre y cuando se conserve la piedra o ésta reaparezca; y que no «por no formar sentido» o «no decir nada» -como diría don Felipe León Guerra- hemos de condenar al ostracismo de la imprenta a estas «malas piedras». Lo importante y decisivo es publicar nuestras buenas o malas versiones, pues de lo contrario, algunas inscripciones -como ésta- pasarían por ser inéditas, evitándose de paso los numerosos pisotones que se dan en este campo, en el que, por cierto, el suscritor de estas líneas ha tenido que soportar varios. Lo ideal sería pues, que se publicasen -bien o mal- todas las inscripciones, que se conservasen todas las piedras y que se doctorasen en angelología todos los epigrafistas.

Oct 011978
 

Narciso Sánchez Morales.

Para Extremadura, herencia histórica de la Lusitania romana que se extendía desde las estribaciones de la Mariánica hasta la orilla derecha del Duero con balcón abierto al ocaso en las Beiras y Alentejo portugués, no puede pasar desapercibido este verano-otoño del 1973. Cincuentenario y centenarios de fastos religiosos e históricos me fuerzan a coger la pluma, no para anclarme en un tradicionalismo, que tantas veces he interpretado como culto al pasado, sino para dar vida a una Tradición, siempre en marcha hacía el futuro. El cincuentenario, -me refiero al de la Coronación Canónica de la Virgen de Guadalupe, reina de las Españas,- ya ha sido suficientemente predicado por los Caballeros de dicho Monasterio. Pero religado a esta Morena de las Villuercas, un triple cuatricentenario se nos ha cumplido y está cumpliendo en esta cesura de verano otoño. En los primeros días de Agosto de 1578, en una gesta más romántica y caballeresca que táctica y estratégica, desaparecían al menos físicamente, -ya que en las fantasías de lusos y españoles aún perviven,- un soldado poeta extremeño, Francisco de Aldana, y un monarca?emperador sacro de ensoñado Reino, el Rey Sebastián. Las sedientas fauces de los áridos torrentes de Alcazarquivir se tragó a ambos. Aldana, de progenie alcantarina, mitad soldado mitad monje, era la interpretación más guerrera que poética de aquel otro luso que dedicara en prólogo y epílogo su «Os Lusiadas» al ensoñado emperador de la futura Cristiandad, el Rey Sebastián. En ambos poetas hízose realidad la estrofa camoensina; «Numa mao sempre a espada e noutra a pena(la pluma)», porque para el luso no había más que una España, «a nobre Espanha», ya que en su relato poemático a las gentes de allende los marea siempre les hablará «sobre esta vínda desta gente estranha -que as suas térras vem da ignota Espanha», Lo mismo que Grillparzer en su «Discordia fraterna en la casa de Habsburgo» resalta la unidad de la monarquía danubiana a pesar de las rencillas internas de sus príncipes, también Camoens, sobre las guerras fraternas de los reinos de Liao, Castela, Portugal…, eleva a símbolo penínsular el nombre de España. Pero la invocación final de «Os Lusiadas», donde Camoens prematuramente envejecido incita al Rey Sebastián a no envidiar a Aquiles y superar la gesta de Alejandro, desoyendo los consejos que desde Guadalupe dirige a su sobrino el prudente Felipe II, endiosará al monarca lusitano y lo lanzará al incierto combate, para intentar plasmar en la realidad vanamente la última estrofa camoensina: «Ou facendo que, mais que a de Medusa, -a vista vossa tema o monte Atlante (el Atlas marroquí), -ou rompendo nos campos de Ampelusa (Ceuta y Cabo Espartel) -os muros de Marrocos e Trudante.» -Los 24 abriles del rey Sebastián se quebraron para siempre ante los muros de Marruecos.

Las campanas de Guadalupe doblaron por aquella promesa lusa y española que tiempos atrás se arrodillara ante la imagen de aquella Virgen, esplendor surgido de la victoria conjunta de castellanos y portugueses a orillas del Salado, victoria de los dos Alfonsos, yerno castellano y suegro portugués.

Dos centenarios, engarzados en Guadalupe, creo han quedado suficientemente reseñados en las líneas que anteceden. Pero Guadalupe no es más que la puerta, la gran puerta que se abre al sueño-realidad de la Península Ibérica, cuyas bisagras se fijan al marco de Yuste. El binomio Guadalupe-Yuste es la fórmula mágica de un Occidente misionero y civilizante. La cultura de Europa, de una Cristiandad Unida, de una Universitas Cristiana Carolina, se condensa en Yuste. En Guadalupe, en cambio se potencia y realiza, aquende y allende los mares. Pues bien, el tercer centenario que nos ocupa es el de la muerte de Don Juan de Austria, hijo de Carlos V y Bárbara Blomberg, hermano de Felipe II y tío carnal del Rey Don Sebastián. Nacido en Alemania, en el viejo Palatinado, hoy Baviera Inferior, recriado en Leganés, Yuste, Villagarcía y Alcalá y muerto en Namur en el Flandes católico y fiel a España.

Nacido el que esto escribe casi a tiro de ballesta de Yuste, educado en Bélgica en la zona de Chevetogne, Ciney y Namur, miembro del círculo literario RSG (Regensburger Schriftsteller Gruppa) y colaborador en español y alemán de su Antología III en 45 idiomas, creo que he vivido de cerca los puntos claves de la existencia de Don Juan de Austria, nuestro Jeromín: Ratisbona, Yuste y Namur, nacimiento, niñez y muerte prematura del vencedor de Lepanto.

El verano pasado recorría yo los parajes de la nacencia de nuestro héroe, Los Kuprian de Innsbruck (Austria) me trasladaban en su Mercadee de Munich a Niurenberg pasando el Danubio por Ingolstadt, y el Altmühl por Kipfenberg.

En esta villa poseen un Hotel los Kintzi, pero con una dedicación especial al Círculo Europa Alemana para la Cultura y la Vida, en íntima conexión con los Caballeros de Yuste, la Turmbund de Innsbruck, el Forum-Europa de Ascona y Dusseldorf (bajo el Mecenazgo del financiero y Caballero de Yuste, Carl Friedrich Koch) y otras Asociaciones afines de parigual mentalidad. Pues bien, a la derecha se tuerce para Kelheim y de aquí para Regensburg, nombre alemán para nuestro Ratisbona español, patria chica de la Blomberg, y residencia temporal, por dos veces, de nuestro Carlos V. Regensburg, tal vez por lo de castillo (Burg) frente a la desembocadura por la derecha del Danubio del río Regen. El nombre castellano creo procede de Raetia y Bonum, parajes de los Recios, o tal vez de la mezcla germano-latina Rat y Bona=Bienes del Consejo. Los sinsabores que le proporcionaron al cesar carolino los protestantes y católicos intransigentes en la Dieta de Regensburg en la primavera del 1546 obligaban a éste a buscar horas de ocio y diversión, y así surgió el amorío con la -Blomberg y el posterior nacimiento de Don Juan de Austria en Febrero de 1547. Entre la Paz de Crespy y la victoria de Mühlberg, interpolada la malograda aventura en el Norte africano en compañía de Hernán Cortés y el Duque de Alba, la primavera del 47 constituyó una verdadera Capua para el reconstituido Emperador. El fruto de sus amores le compensaría años más tarde en el golfo de Lepanto, la derrota argelina.

Desde luego, la aventura amorosa con la Blomberg fue de mas corta duración que la un cuarto de siglo antes mantuviera en Flandes con Juana de Gheerts, y de la que hubiera a Margarita de Austria, la gran dama de les Farnesios que quedaron entrencados a la casa de Austria. «Intra Ecclesiam et extra Ecclesiam» seguía vigente el imperativo de los Habsburgos: «Tu, Felix Austria, semper nube». Y anotemos que estos «extra Ecclesiam» fueron más equilibrados y aportaron más grandezas a la Casa que la propia descendencia legítima, tal vez por abuso de uniones consanguíneas.

La Bárbara queda por algún tiempo en Regensburg, casada ya oficialmente con un tal Kegel. Su conducta mereció los reproches del hijo, cuando años más tarde, en 1578, Don Juan de Austria regía los destinos de los Países Bajos donde ella se había aislado. Es más, ante las filiales correcciones del mismo, ella propaló por los círculos burgueses que Don Juan no era hijo del Emperador, sino de un artillero con el que había mantenido relaciones íntimas. El Rey Prudente, sabedor de todo ello, la obliga trasladarse a España y en Laredo, siguiendo la misma conducta, vino a morir olvidada de todos.

El emperador nunca perdió de vista los frutos naturales de sus aventuras amorosas. A Adrián du Bois, ayuda de cámara suyo, le confió el secreto y éste entregó al matrimonio Francisco Massy, vihuelista del Emperador, y su mujer Ana de Medina al hijo natural habido de la Blomberg. Licenciado el vihuelista se estableció en Leganés donde años más tarde se presentará un tal Prevost para reclamar a Jeromín, y en virtud de las cláusulas secretas firmadas en Flandes entre Du Bois y Massy. Prevost, en virtud siguiendo instrucciones del Emperador, entregó el jovencito a Luis Méndez Quijada, mayordomo imperial, con lo que Jeromín se convirtió en el hijo adoptivo de los Señores de Villagarcía, Luis Méndez Quijada y Magdalena de Ulloa. Todos le creían hijo de estos nobles castellanos y hasta la misma Magdalena suche se temía fuera fruto de libertadas de su esposo en Alemania.

El fiel Quijada hubo de seguir al Emperador en su último retiro de Yuste y así vino a establecerse en Cuacos de Yuste, donde comprará dos casitas contiguas para aderezarse una morada digna de tal matrimonio, la casa de Don Juan de Austria, propiedad actual de Bellas Artes y confiada a la Asociación de Caballeros de Yuste. Llega Jeromín a la comarca verata el 1º de Julio de 1958, año en que muriera su padre el 21 de Septiembre. Prácticamente está en Cuacos tres meses y medio, porque en la primera quincena de Octubre parte con su madre adoptiva, su tía Magdalena como él la llamaba, para el Monasterio de Guadalupe, lugar obligado de estancia de todos los Trastamaras y Austrias.

Pero los tres meses de permanencia en Cuacas dejaron huellas imborrables: su encuentro con el padre aún no reconocido, es decir, su deslumbramiento ante el Emperador ya más monje que soberano, su contacto con los Jerónimos; sus juegas infantiles con la chiquillería verata; y sus bravatas con la guardia flamenca. Poco tiempo, pero ancha densidad. Maestra comarca no le ha olvidada nunca. A través de Guadalupe se interna en Castilla, en el Valladolid de sus tutores, hasta que llega el sencillo pero noble reconocimiento de su filiación austriaca en los campos castellanos. Felipe II le abraza como hermano. De ahora en adelante, tras la formación cultural de Alcalá, llegará a ser uno de los más ínclitos Capitanes, Gobernantes y Diplomáticos de la Casa de Austria. Contra los Moriscos de Granada se mostrará como un genial guerrillero y táctico; en las aguas de Lepanto como un marino estratega y jefe estados mayores conjuntos; y en Flandes, como gran gobernante y fino diplomático, que se ajusta en todo al esbozo camoensino: Numa mao sempre a espada, noutra a pena (la palabra, oral y escrita). Naturalmente cae en las redes amorosas en aquellos días napolitanos, de placeres y descanso, sus cuarteles de invierno capuanos. Por entonces circularon unos dísticos irónicos que reflejan esta momentánea relajación: «Don Juan con la raqueta, y Granvella con la bragueta pendieron la Goletta». Pero Don Juan seguía soñando como su sobrino el Rey Don Sebastián en un reino africano que abarcara hasta los Santos Lugares. Su divisa era más práctica que la del sobrino: «Quien no adelanta, retorna».

Y siguió las huellas del padre entrando en Túnez y Bizerta. Desde luego, en los treinta y un año de su corta existencia nadie hizo tanto. De él también pudiera predicarse: «In brevi implevit multum».

Y bordeó la Scylla y Caribdis de los embrollos inferiores y exteriores, en su permanencia en Flandes: los enredos de secretarios reales y principescos y las astucias de Oranges y protestantes. En los campos de Namur quedó vencido, no por espada enemiga o superioridad dialéctica de diplomacia adversa, sino por las flaquezas físicas sucumbiendo a la peste. Y su cuerpo callo hecho añicos, que a pedazos lo trajeron a la capilla lateral del panteón regio de El Escorial. Un 1º de Octubre entregaba su alma al Señor en las afueras de Namur, a la sombra de los hayedos que serpentean por las alomadas colinas de los Ardennes belgas. Tierra de he pateado en mi juventud, como la de Yuste en niñez, como las de Regensburg en mi madurez. He visto el orto, al mediodía y el ocaso de una figura señera de nuestra historia española. Su genio y figura siguen vivos aun tras la tumba. Es una tradición que no se detiene y se proyecta en el futuro, porque queda su fuerza persuasiva:«Quien no adelanta, retorna».