Nov 011987
 

Mercedes Pulido Cordero.

Hoy día, es imprescindible la utilización de la prensa como herramienta de trabajo en los estudios de la historia contemporánea, y no digamos como fuente, de todo punto necesaria, para el conocimiento de su propia historia. El periódico es testimonio de una actividad intelectual en la que están implicados muchas facetas del hombre que aún en sus manifestaciones más humildes tienen un valor humano indiscutible cuyo alcance proporciona sorpresas y aportaciones que aunque no contribuyan a modificaciones espectaculares del curso general de la historia, regional en este caso, sí al de algunos aspectos que pueden influir en la interpretación de los hechos.

La panorámica que ofrece Extremadura respecto a la actividad periodística desplegada en el siglo XIX puede ser considerada como importante, amplia y variada. Desde 1808 en que aparece Diario de Badajoz, primer periódico extremeño del que se tiene noticia, se editarán en la región publicaciones periódicas de carácter variado, aunque prolifera el político sobre el religioso, administrativo, literario, benéfico, publicitario… Del conjunto, he querido destacar hoy, un periódico cacereño, surgido en la mitad del siglo pasado: El Regenerador Estremeño.

El Regenerador Estremeño (así, con “s”), inicia su andadura el día 30 de noviembre de 1852 como «Periódico Administrativo, Literario y de Intereses Materiales». Sus números tuvieron una periodicidad semanal hasta el número 63, a partir del cual, aparecieron los martes y sábados de cada semana.

Fue fundado y dirigido por Don Juan Daza Malato, su propietario, y, al parecer, único redactor de personalidad polifacética que desplegó actividades varias, pues fue poeta, dramaturgo, novelista, historiador (como autor de una pequeña historia sobre la Patrona de Cáceres “La Virgen de la Montaña”, impresa en el establecimiento de la Viuda de Burgos e Hijos en 1854), geógrafo (publica una Cartilla Geográfica-Estadística de Extremadura, folleto impreso en el taller de la Viuda de Burgos, también en 1854), hombre de negocios, bibliotecario, periodista, gacetillero… Desde luego, su faceta más importante fue la de periodista, y es en el Regenerador donde puso de manifiesto lo bien dotado que estaba para ello como poseedor de un fino instinto publicitario, calibrando el valor de la noticia y sabiendo hacer discretas concesiones al interés de sus lectores.

Fue el órgano oficial de la Sociedad Minera «La Europea», aunque no debió fundarse El Regenerador para ocuparse de minas, pues hasta el número 13 (11 de enero de 1853) no hay alusión alguna a ellas. En este número anuncia la llegada a la provincia de un tal M. Paillet, director o gerente de varias empresas mineras, con objeto de examinar algunas de las minas en que se trabajaba en aquellos momentos en la provincia. Referente a ellas proporciona abundante información sobre la explotación, entre otras, de «Palacio y Golondrinas» (sociedad formada por Vicente Maestre, Germán Petit y Clemente Roswag), o sobre la formación de sociedades varias mineras; la intervención en estos negocios de técnicos y capitalistas extranjeros y también españoles de alta categoría: el infante D. Francisco, el Duque de Riansares, el de San Carlos…, y vecinos cacereños: Carlos Godínez de Paz, Mauricio Ceresoles, Manuel María Muro… Es curiosa la información que propicia sobre el descubrimiento de nuevas minas, así., en su número 149 (2-5-1854) dice: “… tenemos entendido que una persona altamente conocida en esta capital, y caracterizada en la provincia por una situación distinguida, acaba de salir precipitadamente para las Cortes de París y de Londres a entenderse con capitalistas de alta banca sobre el arreglo definitivo de una mina importantísima de diamantes y otras piedras preciosas, al parecer, recientemente descubierta en Castilla, sobre las lindes de Extremadura”.

Siempre estuvo dispuesto, Daza Malayo, a tratar, en el periódico, asuntos y problemas de interés extremeño, y claro es, dedicó mucho espacio al tema de los ferrocarriles. El Regenerador, pedía la enajenación de todos los terrenos baldíos de la provincia y la aplicación de su producto al ferrocarril que, suponía, abriría perspectivas nuevas y de mejora, que repercutirían de modo trascendente en Extremadura. En el número 108 (9-12-1853), precisa: “… y después de todo lo dicho en otros artículos y en distintas ocasiones acerca de la importancia de una línea ferrada que nos ponga en comunicación con Madrid y Lisboa o, lo que es lo mismo, con París y con Londres…».

En el número siguiente, desarrolla el tema de los baldíos, encontrándose conforme con el dictamen que dio la Comisión nombrada a tal efecto.

También atendió El Regenerador otros aspectos de la vida local, proporcionando precios de mercado, información publicitaria que hoy permite conocer, entre otras cosas, la existencia por entonces, en Cáceres, de un fabricante de relojes de torre que habitaba en la calle Cadenas número 2; de otro que construye máquinas para limpiar y escoger trigo; o la de un artífice organero que había practicado estudios de su arte en las fábricas de Milcour (Francia) y que no sólo construía y restauraba órganos, sino que además fabricaba «cierto aparato especial llamado Monoclave que permitía aplicarlo a un órgano y tocar con él cualquier persona en sólo quince minutos de lección». El anunciante se llamaba José Alfredo Moro. También utiliza la sección de anuncios, Antonio Bechi, italiano, para informar y anunciar sus clases a domicilio sobre el siguiente contenido: “1. Cocina y Pastelería; 2. Licores de toda clase, incluso el Ron de la Jamaica; 3. Toda clase de Vinos Generosos; 4. Toda clase de helados…”. En el número 100 (11-11-1853), comienza a publicar una serie de trabajos sobre la traída de agua, del Marco a la ciudad, en los que su autor, anónimo, además de concretar su pensamiento en este asunto, se permite ofrecer ciertas curiosidades etimológicas, arqueológicas, históricas, etc., relativas a Cáceres.

En otro orden de cosas hay que decir que sabrosas fueron las gacetillas que marcaban el curso de la vida local. En el número 135 (14-3-1854) aparecía lo siguiente:“Buen Pensamiento: Hemos oído decir que el señor Conde de Adanero no recibe para servir en su casa a ninguno que no sepa leer y escribir”.

A pesar de que El Regenerador Estremeño, y por lo mismo, su director, se había distinguido en su ya no corta vida por un invariable tono discreto en lo referente a la política nacional, tras golpe revolucionario de julio de 1854 abandona la información y comentarios mineros, convirtiéndose en portavoz de los triunfantes liberales y ofreciéndose a la disposición de la Junta. En el número 178 (15-8-1854) Daza Malato expone una parte de su programa de gobierno, es decir, lo que él haría y diría, si le cupiese el honor algún día de ocupar un escaño.

Contó, Daza y su periódico, con buenos colaboradores, la mayoría de las veces plumas anónimas, pero pueden citarse algunos nombres: Juan González Hernández, Manuel Gil de Rodas, Felipe León Guerra y Cumbreño, José Viú, Vicente Maestre…

El periódico desaparece en enero de 1855. Es posible, que por entonces Daza Malato llevase recogidas algunas ingratitudes a las que no debió ser ajena la actividad periodística, o quizá viese la posibilidad de medro en el terreno político. Daza, que tal vez careciese de recursos creadores, es personalidad modesta y, sin embargo, curiosa si tenemos en cuenta las condiciones ambientales tan poco propicias para la inquietud intelectual, y por lo tanto, merecedora de tenérsela en cuenta en la historiografía local.

Título: El Regenerador Estremeño.

Localidad: Cáceres.

Primera fecha de publicación: 30-11-1852.

Última fecha de aparición: 12-01-1855.

Periodicidad: semanal – bisemanal.

Números editados: 220.

Difusión: local.

Tipografía: Imprenta de la Viuda de Burgos e Hijos, en Portal Llano, 19.

Tamaño: 440 mms x 310 mms; 4 páginas a 3 columnas.

Suscripción mensual: 6 reales.

Fundador, Editor y Director: Juan Daza Malato.

Puntos de Suscripción: En la imprenta y librería de la Vda. de Burgos e Hijos, y en todas las Administraciones de Correos y en la Redacción con carta franca.

Oct 011987
 

Manuel Vivas Moreno.

El descubrimiento de América conllevó un despliegue del pensamiento utópico en la renacentista Europa. A partir de ese dato se puede calificar la invención de América por parte de nuestro continente como «invención antropológica». América es, pues, inventada como hogar de lo humano, como escenario de la concreta realización de un determinado fenómeno: la humanización, valga la redundancia, de lo humano.

Según todo esto, «inventada» significa criterio de humanización y, a la vez, -siendo esto lo importante- significa que América es portadora de un destino que la autodetermina… o, mejor dicho, “que se confunde con su íntima, oculta y tan largamente presentida realidad última».

Queda de este modo América caracterizada como «La Utopía», el porvenir; este porvenir americano no es, empero, el caracterizado por Hegel en sus «Lecciones sobre Filosofía de la Historia», según el cual América es la tierra del futuro. El futuro no existe en Hegel: decir eso y decir que América no ha recibido aún la visita del Espíritu de la Historia (léase del mundo, el espíritu absoluto), es lo mismo.

Desde aquí podemos abordar el tan traído y llevado problema de la conquista. ¿Tienen algo que ver la invención y la conquista de América? ¿Es que acaso la invención de un determinado sino utópico con el que se ve amenamente dotado un pueblo descubierto conlleva el desenraizamiento de su ancestral antropológico desde los impulsos conquistadores de un pueblo dominante? La pregunta antedicha no halla respuesta sino con otra cuestión que se radicaliza a sí misma: ¿Fue ética la conquista?

De todos es sabido, que la conquista fue ya impugnada por fray Bartolomé de las Casas, que se planteó radicalmente cuestiones de la índole de si, por ejemplo, el carácter de Palabra de Dios de los Evangelios y el carácter de palabra autorizada de la prédica de la Iglesia, bastaban para legitimar moralmente (desde una moral en la cual el apego fiducial estaba garantizado por la personalidad del autor) la actuación de nuestros históricos conquistadores.

Bien es cierto, que se nos puede plantear, dado lo antedicho, una seria objeción crítica: a saber, la que interrogue por el sentido que tiene el plantearse hoy, quinientos años después, una cuestión que sólo sirva para levantar recelos y resentimientos del pueblo hispanoamericano para con los españoles. Es, al mismo tiempo, obvia la tesis que formula lo que se ha dado en llamar Realismo Existencial: deben de estar contentos los actualmente existentes americanos de nuestra conquista por mucha falta de ética que ésta adoleciese, pues, precisamente, gracias a ella los mismos que hoy la condenan existen. Si los españoles no hubiéramos ido a América y no hubiésemos conquistado sus territorios y sus culturas, los actuales mexicanos o colombianos o salvadoreños etc. no existirían.

Pero esto parece que vaya contra la cuestión formulada por nosotros: si tan obvio es lo que acabamos de decir y no discutimos su obviedad, ¿a qué viene plantearse entonces la pregunta por la eticidad de una conquista que pertenece ya a la historia? La cuestión tiene, empero, su sentido: justamente aquel que nosotros, ahora, a poco tiempo del quinto centenario del descubrimiento le queremos dar. Y es necesario hoy más que nunca plantearse en la radicalidad profunda del pensamiento, tamaña cuestión, porque si bien América supo emanciparse desde su autodeterminación de la conquista alcanzando su libertad política como tierra y como pueblo, no es menos cierto que pende aún de su destino el radical problema de América: a saber, aquel que llamamos «América inventada». Es decir, no es el problema de la conquista en sí el que nos interesa, ni siquiera el de la eticidad de la misma nos lo planteamos en sí mismo. Se trata de ver si América, que estaba llamada a ser el sino antropológico que Europa quería casi, aporeticamente, encontrar puede emancipar esa invención que aún se está llevando a cabo.

Según el venezolano Ernesto Mayz, el existenciario constituyente del latinoamericano sería “la expectativa”. Expectativa que debe entenderse como condición de posibilidad de una realización práctica y no como una pasiva espera. Ahora bien, esta expectativa no es aquella expectante de un futuro que no adviene por utópico sino, justamente, la posibilidad de realización de posibilidades concretas de realización de un destino utópico. Es decir, la invención debe hacer que el ser americano no se desenvuelva en una conciencia ahistórica sino justamente en aquella relación de conciencia de pueblo y de historia que crea aquello que llamamos “Destino”, “Historia”.

Sin embargo, la invención que hace a América como utopía, es una de las causas que han impedido el que la América española encuentre su propia identidad a través de un desarrollo histórico evolutivo y progresivo. ¿Por qué? A decir verdad, tampoco la América anglosajona ha encontrado su identidad; peor, ha perdido la posibilidad de toda identidad.

La América española tiene trabajo en reencontrar su identidad por dos causas que, aunque aparentemente vayan juntas, son bien distintas: la primera justamente a causa de la inmoralidad que toda conquista supone; la segunda por el propio devenir del mundo en el que América se ve envuelta. Tendríamos que plantearnos aquí cuestiones referentes a las condiciones de posibilidad que tiene un continente o un pueblo de crearse un destino propio: por ejemplo, parece que la opción por la ciencia significa la opción por Occidente. ¿Es eso compatible con un destino propio? En todo caso debe de madurar América su destino, aguantar en medio de la historia su propia invención y emancipar en cuanto pueda las invenciones que sobre ella los demás pueblos hemos creado. La conquista no fue ética; eso lo reconocemos hoy todos. Pero eso no debe servir para levantar odios, sino para, desde la conciencia de que la libertad es la condición irrenunciable de los pueblos, aguantar el curso de la historia. Para eso sólo hay un método: crear historia. Sólo así América será un invento: el suyo propio. Y sólo así nosotros, los extremeños, sabremos, al tiempo, crearnos nuestro propio destino, aquel que justamente tenemos aun por crear.

Oct 011987
 

María de los Ángeles Tena Ávila.

* NOTA: No se conserva la ponencia de M.T.A., tan sólo un artículo que debió acompañarla escrito por D. Juan Tena Fernández, el 30 de diciembre de 1940, y cuyo título es: “Carlos V en Extremadura”.

Mediaba aquella tarde del primer día de marzo de 1526. Maduraban los campos al tibio aliento de un sol ya de primavera, comezón de vida que granaba en las mieses y en las verdegueantes tierras extremeñas, de las que subían vaharadas olorosas a hinojo y a blancas margaritas. Desde el más alto minarete de la roqueta atalaya, que cabe los arrabales de San Clemente, empinaban sus muros, sonaron, recios y roncos, dos estampidos de arcabuz. Era la convenida señal de vigía que oteaba los campos aledaños al berrocal truxillense, avisando que hacia la ciudad se acercaba, levantando remolinos de polvos, numerosa y abigarrada cabalgata. Por calles y plazoletas sonaron cien pifanos con acento seco e hiriente de ordenación severa, y en todas las torres voltearon las campanas y desde la secular fortaleza se disparaba la pólvora, y por los balcones y ventanas dueñas antoñanas y jóvenes casamenteras atisbaban entre ricos reposteros y recamadas holandas a caballeros y a hijosdalgos, a pecheros y menestrales, a “Justicia e Regidores, escuderos e otras mucha gente a caballo e a mula e peones” que salían a recibir “al emperador e rey don Carlos, Nuestro Señor”.

En valioso códice del siglo XVI, llamado Libro Negro por el color de la piel que guarnece sus 588 folios, dejó perenne memoria de este regio viaje Juan Rodríguez Caramaño, escribano de “los fechos” del ayuntamiento de Trujillo, en cuyo archivo tal documento se guarda.

Adobar literariamente su relato es fácil, pero perdería el perfume clásico e ingenuo que en su forma y contenido dejó, ha 400 años, quien relata lo que con sus propios ojos vio. La pluma, pues, de Rodríguez Caramaño escribe ahora:

I

“En la Noble y Muy Leal Ciudad de Trujillo, a primero día del mes de marzo, año del Nascimiento de nuestro Salvador Jesucristo de mil e quinientos e veinte e seis años, este día entró en dicha cuidad en Emperador e Rey Carlos nuestro señor, e le salieron a recibir la dicha Ciudad e Justicias e Regidores e escribanos del ayuntamiento, conviene a saber: el magnífico señor Sancho Bravo de Lagunas, el señor bachiller Juan Agüeros, su Teniente en dicho oficio, y los magníficos señores, Diego de Vargas y Carvajal y el Comendador Álvaro Pizarro y Juan Pizarro y Martín de Chaves e Andrés Calderón, regidores, e Juan Rodríguez e Luis de Góngora, escribanos públicos… e otros muchos caballeros de la dicha Ciudad… que se apearon y besaron la mano a S. M., e dende tornaron a cabalgar e vinieron con S. M. cabalgando a casa de Damián de Ponte vecino de la dicha Ciudad que es en la calle de Santi Spíritu, cerca de la Calle Nueva donde la dicha Ciudad tenía un rico palio de tela de oro e las goteras de tela de plata e las flocaduras de filo de plata e de grana e un escudo con las armas reales de S. M. muy bien obrado y el aforro de dicho palio era de carmesí raso por lo alto de él; y ende los dichos señores… se apearon e tomaron el dicho palio con unas varas que en él estaban puestas muy lucidas y doradas y tomaron a S. M. debajo del dicho palio, e ansí con mucha autoridad y solemnidad e reverencia le llevaron por la dicha Calle Nueva e por la Plazuela e subieron a la Plaza Pública de la dicha Ciudad, e después que su majestad fue en la plaza, salió la clerecía de la dicha Ciudad con las cruces de las iglesias de ella en procesión de la Iglesia del Señor San Martín y les recibieron solemnemente y S. M. se apeó cerca de la dicha iglesia e con la dicha procesión entró en la dicha iglesia e se arrodilló sonde estaba puesto un sitial rojo, e fizo oración, e luego en presencia de nos los escribanos e de los testigos de suso escriptos, un obispo que ende estaba que decía que era el obispo (aquí el escribano deja un claro, no sabía que obispo fuera, pensó escribirlo cuando lo supiera y nunca lo hizo) puso delante de S. M. un libro de Evangelios, el que vio el dicho Juan Rodríguez Caramaño, vi e miré e vi que eran los escritos evangelios e ansí mesmo puso encima del dicho libro una cruz de plata, e ansí puesto el dicho libro de los Evangelios e la dicha cruz delante e S. M. encima de unas almuadas del dicho Juan Rodríguez Caramaño, escribano… dije a S. M.: “Que V. M. jura e promete por Dios e por Santa María y por las palabras de los Santos Evangelios que en este libro son escriptos, e por la señal de la cruz que encima del dicho libro estaba donde S. M. tiene sus manos reales puestas, que guardará e mandará guardar las ordenanzas e privilegios y buenos usos y costumbres que esta Ciudad tiene, e no se os quebrantará ni mandar quebrantar” E S. M. respondió e dijo: “Ansí lo juro e prometo de lo hacer e guardar según que mis antepasados lo ficieron e guardaron”. A este juramento fueron presentes por testigos (sigue una larga lista de testigos). Luso que S. M. hizo su oración e solemnidad susodicha, salió de la dicha Iglesia del Señor San Martín, y los dichos Señores, Justicia y Regidores tomaron el dicho palio e S. M. dentro de él; e ansí fue S. M. hasta las casas e moradas del señor Nuño Vargas de Chaves que son en la facera de la Plaza Pública de esta Ciudad, e llegando S. M. a las puertas del palacio donde estaba aposentado, estaba ende Rodríguez Delamarilla en lugar de García Delamarilla su hermano, mayordomo de la dicha Ciudad; concertase antes con que la dicha ciudad haría obsequio a S. M. en el cual había muchas perdices y capones e cabritos e vino blanco e tinto, e S. M. lo vio e se entró en palacio donde se estuvo hasta el otro día siguiente, y después de comer se corrieron toros en la Plaza de la dicha Ciudad y después de corridos S. M. cabalgó e se fue su camino y no estuvo más, porque se decía que iba de gran priesa a la Ciudad de Sevilla donde se había de casar con la Emperatriz, que ya así se decía por estar ya desposada con S. M., hija del Rey de Portugal”.

II

Treinta años más tarde –noviembre de 1556-, el Cesar, cuyas sienes ciñó doble diadema imperial y llevó sobre su cabeza la corona de dos mundos, vuelve a Extremadura, elegida con singular predilección para sosiego de su vida llena de glorias y rebosante de amarguras. Se aposentó primero en el palacio de los Condes de Oropesa, en Jarandilla, y luego, terminadas que fueron las obras de sus humildes habitaciones en el monasterio de Yuste. Allí moró desde las cinco de la tarde del 3 de febrero de 1557, hasta las dos y media de la madrugada del 21 de septiembre de 1558, en que se apagó la llama de su vida.

Contra viento y marea de áulicos consejeros, de familiares y prelados, Carlos encerró su juicio y con tenacidad inquebrantable eligió Extremadura, y en Extremadura Yuste para mansión definitiva de los postreros tiempos de su existencia. Sobre os motivos que a esta resolución le indujeron mucho se ha escrito, desde el barón de Kerving de Lettembour, en sus “Comentarios del Emperador Carlos V”, hasta nuestros días. Lo cierto es que durante largos años maduró sin plan en el secreto de su alma este hombre extraordinario. Lorenzo Pires de Tabora dice en Carta a don Juan III de Portugal que en 1535, o sea, nueve años antes de pasar por Extremadura el Cesar, ya abrigaba el propósito de su abdicación y esto cuando la victoria de Túnez acrecentaba su gloria. A la reina de Hungría, su hermana queridísima, confió repetidas veces estos propósitos. Sepúlveda, su cronista, y el Conde de la Roca lo confirman, como también lo asegura de Vera y Zúñiga, quienes añaden que también la Emperatriz deseaba retirarse a un monasterio de monjas. En Monzón, en 1542, Carlos V confía sus planes al duque de Gandía y, según el padre Sigüenza, por este tiempo manda comisionados que le informen detalladamente del monasterio de Yuste, a donde quiere recogerse hasta el fin de su vida.

Para el estudio de la psicología de este genio de la historia, sería interesante saber la impresión que Extremadura quedó en su alma al visitarla por primera vez y como la recordó en las vicisitudes de sus magnas empresas.

Oct 011987
 

Reyes Sancho Curto.

Remontémonos al principio de los tiempos. Demos larga a nuestra imaginación y fantasía. Preconcibamos e imaginemos como ocurrieron los hechos que a continuación trato de relatar, dentro del marco más idóneo y apropiado para ello y de mi pobre y parca narrativa.

Situémonos en el centro de una de estas dos regiones. En una casa solariega, hecha a cal y cantos, grande que más parece un palacio que una casa, como son la mayoría de las existentes en Andalucía y Extremadura. En ella podemos ver que está compuesta de un gran salón rectangular. A un extremo del mismo, una chimenea de pura cantería o piedra de granito haciendo juego con las paredes. El suelo es de pizarra negra muy abundante en ambas regiones, que da un carácter de majestuosidad y seriedad a la estancia. Colgada del techo, completamente en el centro, se encuentra una gran lámpara de hierro labrado, que por su tamaño bien podría calcularse más de cien kilos de peso. Debajo de la lámpara hay una mesa de gruesa madera y forma ovalada, que unido a un enorme cuadro de la época vicentina colgado de la pared, sirven de adorno y complemento a salón.

La ventana que mira al poniente se encuentra abierta de par en par. Por ella entran los rayos del sol, que en el ocaso irradian su potentísima luz anaranjada iluminando la habitación como si de un fluorescente se tratara. Alrededor de la mesa sentados en sendas sillas hechas de palos de robles y los asientos de juncos se encuentra un maduro matrimonio; él llamado Universo, ella España. El suave viento que entra por la ventana, a igual que los rayos del Sol, acarician sus cutis, al mismo tiempo que dejan esparcidos por la estancia, un fuerte olor a flores silvestres. Olor a campo; de poleos, tomillos, romeros, margaritas y nardos.

Universo tiene puesta la vista en la lejanía, perdida en el infinito del más allá…

España, su mujer; le mira complacida. Mientras, y como en un susurro solamente perceptible por ambos, le dice: – Esposo…, éste será el último hijo que tendremos, pues ya estamos llegando a la madurez de la vida.

Universo no se inmuta, no parece escuchar, meditabundo, pensativo, como distraído en su mirada lejana, muy bajo la contesta: – Mujer; estaba pensando lo mismo que tú. Me voy encontrando viejo, achacoso, cansado. Ya ves como he poblado el firmamento de estrellas, planetas y cometas en todas direcciones.

Pasó el tiempo y la madre España se puso de parto. Éste fue largo y duro, presumíase que iba a ser un parto doble. Universo estaba allí presente, nervioso, preocupado, junto al Médico y la comadrona. Temía por su mujer que ya se encontraba en los límites de años para ser madre.

Por fin comenzó a nacer el primero. ¡Era hembra!, grande y bonita, con los colores y la piel brillantes como los de una manzana madura.

Mientras los pies de la recién nacida se apoyaban y comenzaban a lavarse entre montones de espuma salada en las tranquilas aguas azul y blanca de la gran barreña o cuenca mediterránea. Otros pies igualmente delicados de niña grande, se apoyaban en los hombros de la primera nacida como unidos a su cuerpo. Unión esta que sería de por vida, en esa eternidad de los astros y de los grandes espacios siderales.

La madre España; está cansada pero contenta por tan feliz acontecimiento. Con una sonrisa de amor, mitad sonrisa, mitad mueca de dolor, le dijo a su esposo Universo: – Todo va bien gracias a Dios. Esta hija quiero que la llaméis Andalucía, la próxima o la siguiente si es hembra, deseo la pongáis Extremadura.

Universo con una mirada de complacencia y admiración la contestó: – Se hará como tú dices mujer…

Ambas nacieron grandes y bonitas, como suelen ser los partos cuando se han tenido muchos hijos. La Partera Salamanca, sujetaba con delicadeza la cabeza y cuello de la recién nacida Extremadura y como si de un capricho divino se tratara, se paralizó el tiempo y éste cuadro de nacimiento y de maternidad quedó plasmado, al igual que si fuese un lienzo o pintura de Goya, Murillo, Velázquez, Zurbarán, Miguel Ángel, Picasso, Dalí o el Greco.

Las dos tenían vida, sus vasos sanguíneos eran fuertes. A Andalucía toda, la recorren y riegan las venas de Guadalquivir y del Guadiana. Éste último, recorre igualmente parte del cuerpo de su hermana Extremadura, que recibe sangre por otro lado, de las venas del caudaloso Tajo.

Andalucía, es ancha y larga a la vez. Morena por las muchas horas de Sol y aire que respira. Tiene trazas de bailarina, de cantaora flamenca, de castañuelas y de guitarra. Todo un compendio de folklore, de fiesta, de toro y de mar, de alegría, de juerga, de risa y de llanto. Sus grandes fincas, normalmente hay que recorrerlas a grupa de caballo, pues de lo contrario se tardan muchas horas en recorrerlas. Así es Andalucía; grande y hermosa a la vez, llana o rasa, como una sabana tendida al sol, o como un mantel esperando a los comensales para realizar el banquete. Tiene aire moruno, sus edificios marcan al acento de la dominación árabe o musulmana.

Extremadura, es más fuerte de carácter, más serena de semblante, igualmente grande, escabrosa, austera y caprichosa, como la hija pobre de una madre rica. Variable en su panorámica y climatología, igual que el mes del Febrerillo loco que, según nos dice el refranero, “…sacó a su hermano al sol y después le apedreó”. Es valiente, sana de corazón, de cuerpo fuerte y largos brazos. El derecho mira hacia el Este. Arranca de los Montes de Toledo, Ciudad Real y Sierras de Guadalupe. El izquierdo mira hacia el Oeste. Arranca de los pies de Salamanca las estribaciones de la Cordillera Oretana y de la Sierra de Gata sirve de separación entre su cuerpo y el de su vecina Portugal, hasta enlazar con Andalucía. Su hermoso cuerpo moreno y duro, es de carácter cambiante y variable al frío, calor, lluvia, granizo y nieve. Todo ello en cuestión de horas y en cualquier estación del año. Estos caprichos y muchos más, se permite la hija mimada Extremadura de su madre España. Yo diría, como el poeta, “pobre y rica, vieja y joven, según el color del cristal con que se mire”. Que su pobreza está en su secano de tierra bravía; en su apatía de carácter; es su desprendimiento hacia lo universal; que no pedir nunca nada y darlo todo sin reservas; en sus trozos grandes y pequeños de erízales de sus olvidadas Hurdes, o de sus Siberias de Badajoz y Cáceres como también se la llama; en sus sierras crispadas, llenas de maleza y piedras; en la falta de aprovechamiento de sus fuentes de riquezas de toda índole; en el haber estado abandonada y andando la deriva durante milenios, esperando siempre el manar bíblico, el manar del cielo, que nunca llegar pues Dios lo hizo posible solamente una vez, en el transcurso de historia y del tiempo como ejemplo para la humanidad.

Su pobreza está en sus excesos de producción lo que resulta ser un contrasentido, ya que los excesos suelen ser muestra de abundancia y no de escasez. Ello es debido en gran parte a la mala comercialización e industrialización de sus productos naturales existentes en estas dos regiones, a llevárselos lejos a transformar, en vez de hacerlo en la tierra donde nacen y se crían. Aquí cabe el dicho de que “tiene de todo y carece de mucho”, un grupo aquel otro de que “en casa de reto un cuchillo de palo”.

Extremadura es rica. Y su riqueza está principalmente en su Historia milenaria; en su abundancia de hombres heroicos; en la proliferación por todo su territorio de grandes monumentos, de distintas épocas y diferentes civilizaciones; en sus encinares, alcornocales y flora toda; en su abundante fauna de múltiples especies y clases; en su climatología cambiante, variable, espontánea, evolutiva. Recordemos el dicho tan popular de “Extremadura extremosa”.

Los principales ríos que recorren gran parte de su territorio demuestran por sí solos, como es Extremadura. El río Tajo, de corrientes fuertes y turbulentas aguas, la divide en dos para hacer lo mismo con su vecina Portugal antes de vaciarse en el Océano Atlántico, demostrándonos con ello la forma escabrosa y recia de esta parte de su territorio.

Contrastando con esto, tenemos al otro gran río, el Guadiana, que igualmente la atraviesa o la divide, a la vez que a su hermana Andalucía, para después desembocar en el mar Mediterráneo. Con sus aguas tranquilas, claras, suaves y lentas, particularmente al transcurrir por los llanos de Badajoz, demostrándonos con ello la otra cara de Extremadura, la tranquila, de terreno llano, caluroso y regable a la vez. Así es Extremadura, brusca y suave como la cara y la cruz de una moneda.

Un día cualquiera la curiosidad me llevó a mirar por el rabillo del ojo en la cerradura de la puerta de aquel gran salón rectangular y escuchar lo que allí se hablaba. Lo que oí me llenó de emoción y de tristeza al mismo tiempo. Se encontraban en amena charla, Extremadura, Andalucía y la madre España. Extremadura le decía a su madre: Habrás visto madre, como he dado lo mejor de mis hijos y no he conseguido recuperar a ninguno de ellos. Los más valientes se fueron a la Guerra Santa y allí se quedaron. Después envié otros a descubrir nuevos mundos y tampoco regresaron. Los intelectuales y buenos trabajadores, emigran a otras regiones o naciones y una vez encumbrados no se acuerdan de su madre. También hay otros que la muerte y las desgracias no les permiten volver. Por ello cada vez estoy más sola y desamparada.

Tú madre España, dijiste cuando éramos niñas, que tanto Andalucía como yo, seríamos las más mimada y las más consentidas y privilegiadas por haber nacido las últimas y ser las más pequeñas y las más jóvenes. No obstante ha sido todo lo contrario. Mis hermanas del norte, como Cataluña, las Vascongadas y otras regiones, gastan más lujo y viven mejor que nosotras. Su renta per cápita, es muy superior a la nuestra. ¿Será que el destino nuestro es otro que el de las demás? ¿O será que mis ilustres y mejores hijos no se acuerdan de mí?

¡Ya me siento morir! ¡Ya voy perdiendo mis fuerzas! ¡Ya la vista me falla! Sólo pido a Dios que no me deje morir sola. Que penséis que lo di todo por vosotros. Que mis hijos vuelva a la tierra donde nacieron y sepan que las muchas glorias que me disteis también se las disteis a mi madre España. Que todas mis regiones hermanas conservemos hasta el fin de los tiempos la primacía, yo diría la virtud de unida como objetivo de bienestar.

En ese momento se abrió la puerta del salón y entró en él padre Universo. La conversación se cortó en seco, en el acto, como si temieran las allí reunidas que se enterase de cuanto se hablaba. De esta manera, de esta forma, reunidos los cuatro: Universo, España, Andalucía y Extremadura, se sentaron en sus respectivas sillas hechas de palos de robles y los asientos de juncos, esperando que el viento y el sol entrasen nuevamente por la ancha ventana y seguir así juntos pensando en la eternidad…

Oct 011987
 

Avelina Rubio Garlito.

Con el estudio de la infraestructura sanitaria e higiene pública de Trujillo durante la segunda mitad del siglo XIX, pretendemos acercarnos a las condiciones reales que enmarcaban la vida cotidiana del hombre decimonónico.

Por ello nos ha interesado saber qué o quienes cuidaban de su salud, como se velaba por la buena calidad de los productos que eran consumidos en la ciudad, por el adecentamiento de fuentes y albañales, en definitiva, cómo estaba estructurada la red sanitaria e higiénica.

I.- INFRAESTRUCTURA SANITARIA.

A la hora de estudiar la infraestructura sanitaria comenzaremos por las juntas de sanidad, organismos creados por el gobierno central para que velasen por la buena salud y el cumplimiento de la normativa sanitaria en los pueblos:

Juntas de Sanidad

La sanidad trujillana del siglo XIX estaba en manos de la Junta de Sanidad; ésta se creó en 1819 por orden del ministerio de la Gobernación.

A raíz de la sospecha de contagio de fiebre amarilla en la isla de Mallorca, y para impedir su propagación por el resto de la nación, el gobierno crea estas juntas de sanidad con carácter provincial y local (situadas en la cabeza de partido, con juntas delegadas en los pueblos que lo integran), cuya principal misión era poner en marcha una serie de medidas preventivas contra la epidemia y luchar contra ella una vez desatada.

Las Juntas de Sanidad estaban formadas por vocales, que, la mayoría de las veces, pertenecían también a la corporación municipal. Así vemos como, en el momento de su creación, 25 de agosto de 1819, la Junta estaba integrada por el alcalde, el vicario, el síndico, el médico y el Marqués de la Conquista (gran hacendado del municipio que participa en numerosas comisiones y juntas).

Personal médico

En cuanto a la situación del personal médico en Trujillo, hay que señalar que, hasta 1852, los ganaderos de la ciudad aportaban una subvención con la cual se ganaban los honorarios de los facultativos. Pero en este año los ganaderos exponen en el Ayuntamiento la retirada de esta subvención, por lo que los médicos dimiten de su cargo, debido a la falta de pago de su salario.

Ante esta situación, el ayuntamiento decide realizar por si mismo la contrata de los médicos con las siguientes condiciones:

  1. Los médicos deben ser doctores o licenciados
  2. Deben atender a los pobres gratuitamente
  3. Temblón atenderán a los enfermos de la cárcel, hospital, cuarteles y arrabales.
  4. De los fondas de propios se les paga su sueldo que es de 4.125 reales anuales.
  5. El precio por visita que deben cobrar a los enfermas pudientes es de dos reales.

En 1853 los vecinos de los arrabales solicitan un médico para estos, quejándose de que los dos existentes en la ciudad son insuficientes para atender a la población.

El Ayuntamiento, conforme con la necesidad de un nuevo facultativo, acuerda pedir un aumento del presupuesto municipal para hacer frente a los gastos que supone la creación de la nueva plaza.

El Gobernador Civil acepta la petición del ayuntamiento trujillano y ordena la creación de una plaza de cirujano para atender a los arrabales, cuyo sueldo se pagará con nuevos arbitrios. Sin embargo, el ayuntamiento, para no gravar al vecindario con nuevos impuestos, expone al gobernador la existencia de unos fondos que no han sido utilizados, por lo que propone que este dinero sea destinado a sufragar los gastos del nuevo facultativo.

Los médicos de la ciudad tenían un contrato por cuatro años, con un sueldo anual de 2.000 pts, pagaderas trimestralmente, que se sufragan de los fondos de propios. Esta especie de «seguridad social municipal” se extendía a la población menesterosa de la ciudad. El Real Decreto de 9 de noviembre de 1864 establece los servicios gratuitos de medicina y farmacia a los pobres de cada municipio, a cuenta de los fondos de propios. Para determinar quienes son realmente pobres, se pide a los párrocos que elaboren una lista con el nombre de sus feligreses pobres y extiendan unos certificados a los mismos. Con estos documentos se elaboraba anualmente el censo de pobres, que se entregaba a los médicos para que atendieran gratuitamente a los allí inscritos.

Además de la atención médica, los pobres también recibían asistencia en el hospital y medicinas con cargo a los fondos municipales.

La asistencia municipal cubría a todos aquellos que no tenían medios propios para procurarse asistencia médica y sanitaria. Independientemente de los servicios a los pobres, los médicos realizaban visitas particulares, cobrando los honorarios establecidos.

Otra de las funciones de los facultativos se refiere al asesoramiento al ayuntamiento y control de medidas sanitarias e higiénicas para la ciudad.

El número de médicos para la ciudad y arrabales era normalmente de dos, aunque en algunas épocas y por circunstancias especiales se aumentaría.

Esta supone que a finales del siglo XIX existía en Trujillo un médico por cada cuatro mil habitantes, cifra bastante significativa del nivel de la asistencia médica en la ciudad y en general en España.

Infraestructura hospitalaria

La ciudad de Trujillo había contado en la etapa anterior a la que nos ocupa, con tres instituciones hospitalarias:

  1. El hospital de Espíritu Santo, se crea a finales del siglo XVI como fundación de los Barrantes, Orellanas y también del Concejo. En esta época fue el más rico de Trujillo, debido a los bienes que le legó Hernando de Orellana «El Viejo» que rentaban 200.000 maravedíes. Este hospital desapareció a comienzos del siglo XIX debido al estado ruinoso que presentaba después de la Guerra de Independencia.
  2. Hospital de San Lázaro: Situado en los extramuros de la, ciudad y beneficiado por el primer Conde de Canilleros. Atendía a los pobres de la ciudad y desapareció antes del siglo XIX, periodo en que fue utilizado como lazareto.
  3. Hospital de la Caridad: comienza su construcción en 1578 obra de los cofrades de este nombre y que contó con el apoyo del ayuntamiento. Su misión era prestar asistencia a los pobres de la ciudad. Después de la Guerra de Independencia dejó de funcionar debido a su lamentable estado de ruina.

Una parte de los bienes de este último hospital fueron salvados y administrados por el ayuntamiento en beneficio de los pobres. Se estableció una casa donde se atendía a los necesitados, hasta un total de ocho enfermos.

Estas plazas eran insuficientes, por ello se decidió ocupar un local más grande y en 854 se solicitó al obispado el edificio que fue de los frailes alcantarinos y que estaba abandonado.

El obispado accede a esta petición, pero, para que sea legal la solicitud se eleva a la reina Isabel II y, por Real Orden de 1 de mayo de 1865, se establece que el Diocesano obtenga de S.S. el correspondiente Breve, que otorgue definitivamente el edificio a la Beneficencia Municipal. Una vez concedido el Breve, el auto de cesión definitiva tiene lugar en 1867.

El ayuntamiento realizó algunas obras en el hospital y en 1890 consiguió que las Religiosas Amantes de Jesús, que tenían casa en Don Benito, se hicieran cargo de los enfermos. Las monjas estuvieron en el hospital hasta 1894, cuando debieron abandonarlo al no garantizarles el ayuntamiento su manutención.

En 1901 el Marqués de Albaida se hace cargo de los gastos para el mantenimiento de dicho hospital. Hernando Pizarro en 1578 establece en su testamento, y en un codicilo posterior, que se edifique una iglesia colegial y un hospital para atender a los pobres de la ciudad, dotándole de las rentas necesarias para su mantenimiento. Sin embargo, ninguna de ambas construcciones se llevaron a cabo, limitándose sus patronos a dar limosna a los pobres.

Cuando en 1910 por la Real Orden de 22 de febrero, se aprueba que el hospital sea sostenido con las rentas del patronato de los Pizarro, estas se encuentran muy disminuidas por los numerosos gastos de los descendientes de Hernando en pleitos. El mencionado hospital llamado de la Inmaculada Concepción dejó de funcionar en la década de los 70 del presente siglo.

Como hemos podido comprobar, para el periodo que abarca nuestro estudio, Trujillo cuenta con un solo hospital para atender a su población y a la de la comarca. Este hospital, que hasta comienzos del siglo XX, fue de mantenimiento municipal, sufrió de penurias y estrecheces económicas; otra pincelada más para el desolador cuadro sanitario que presentaba Trujillo en el siglo XIX.

Vacunaciones

Las vacunas contra diversas enfermedades, algunas de las cuales fueron descubiertas y comenzaron a utilizarse en el siglo XIX, supusieron una eficaz medida de lucha contra la enfermedad.

Las campañas de vacunación eran emprendidas por las autoridades sanitarias como único medio, en la mayoría de los casos, para luchar contra la epidemia.

En Trujillo tenemos constancia durante el siglo XIX, de que se llevaban a cabo estas campañas de vacunación de la población de la ciudad y arrabales.

Las actas municipales señalan los años en que las vacunaciones se llevaban a cabo, aunque el resultado 8e las mismas no siempre fuera satisfactorio.

II.- HIGIENE PUBLICA.

Limpieza de la ciudad

Los adelantos higiénicos ave tuvieron lugar en el último tercio del siglo XIX, supusieron una importante mejora de la salubridad de los pueblos y por lo tanto, de la salud de sus habitantes.

En España hasta el Estatuto Municipal de 8 de marzo de 1924, no se cumplen las medidas establecidas sobre saneamiento público.

En el núcleo trujillano las disposiciones sobre este asunto, aparecen en las actas municipales ya a comienzos de nuestro periodo de estudio. La preocupación por la limpieza y el aseo de la ciudad, es constante en la corporación municipal, que pone en marcha las medidas necesarias para su consecución. Algunas de estas medidas son:

  • Creación de una plaza de policía urbana que vigile el aseo de la ciudad
  • Prohibición de verter basuras en determinados puntos de la ciudad
  • Obligación del vecindario de hacer desaparecer los focos de infección de sus casas
  • Limpieza de las fuentes públicas y pozos que sirven de suministro de agua a la ciudad. Las medidas de limpieza de las fuentes públicas eran más estrictas en época de sequía, cuando el agua escaseaba y era necesario mantenerla en las mejores condiciones para el consumo humano. Por ello vemos como, en época de sequía, se prohíbe lavar en las fuentes públicas bajo castigo de multa.
  • Limpieza de las charcas próximas a la ciudad para evitar posibles emanaciones perjudiciales a la salud. Estas charcas eran: La Albuera, La Alberca, La de San Lázaro, etc. En algunas de ellas, como por ejemplo La Alberca, aparecen inscripciones en piedra que informan de la fecha en que fueron limpiadas.

Además de las medidas de limpieza de calles y fuentes, existen otras dos que son fundamentales en el saneamiento de toda población:

  • Una red de distribución de aguas potables
  • Un sistema de alcantarillado que permita la evacuación de las aguas residuales

Por lo que respecta a la primera, en el Archivo Municipal de Trujillo encontramos varios proyectos de obra para la conducción de aguas de la Garganta de Santa Lucía, de donde se surte la ciudad, y para su posterior distribución por la misma. El proyecto de conducción de aguas definitivo que se llevó a la práctica fue el de 1899, que aún permanece en nuestros días con algunos arreglos., de todo necesarios.

En cuanto al sistema de alcantarillado, aunque existía en algunos puntos de la ciudad, la red definitiva no se construye hasta comienzos del siglo XX.

Los vecinos de la ciudad eran los primeros que solicitaban la construcción de alcantarillas, pues comprendían su acción favorable en la higiene general. Así, en las actas municipales aparecen numerosas peticiones de los vecinos en este sentido, como la llevada a cabo por los residentes en la calle del Espíritu Santo, que solicitan se construya una alcantarilla en dicha calle; o la de otro grupo de vecinos que piden la construcción de albañales en todas las calles de la ciudad, vistas las ventajas a la salubridad pública que ha proporcionado la construida en la calle Sola.

Atendiendo a estas y otras peticiones, el ayuntamiento determina en 1865 la necesidad de poner en marcha las obras de alcantarillado. Aprovechando la construcción de la carretera que va desde El Campillo a la calle del Mayor Dolor, se propone la construcción simultánea del alcantarillado, lo que supondría un gran ahorro de fondos. Sin embargo, la red de alcantarillado de la ciudad no se llevará a cabo hasta tiempo después, como ya hemos señalado.

Cementerios

Otro punto importante en la higiene pública de una población es referente a la ubicación y condiciones de los cementerios.

En 1861 se expone al ayuntamiento la necesidad de construir un nuevo cementerio, pues el existente resulta insuficiente e insano para la salud pública al estar situado dentro de la población. La corporación municipal, atendiendo a esta petición del todo necesaria, emprende las obras del nuevo cementerio, que se concluyen en 1870.

Para el mantenimiento de las buenas condiciones en los cementerios, la junte de Sanidad establece una serie de medidas en 1886:

  • Reparación de los sepulcros en mal estado.
  • Todo sepulcro debe tener su inscripción.
  • Los cadáveres deben cubrirse con cal viva en los sepulcros, para evitar emanaciones

Estas medidas rigen también para los cementerios privados.

En 1880 existen en Trujillo varios cementerio4 todos ellos católicos:

  • Cementerio de la Vera Cruz
  • Cementerio del arrabal de Ánimas
  • Cementerios de conventos religiosos: Sto. Domingo, Sta. Clara, San Pedro y Sta. María.

Mercados

Por último hay que señalar algunas notas sobre las condiciones higiénico-sanitarias de tiendas y mercados, necesarias para la buena conservación de alimentos de consumo humano.

En el Archivo Municipal hemos encontrado un Reglamento para la Plaza de Mercado del año 1897 en el que podemos observar la reglamentación municipal sobre este tipo de establecimientos. En él se señala como el inspector de carnes debe revisar éstas, para impedir la entrada en el mercado de carnes que no hayan sido degolladas en el matadero y de las que no ofrezcan buenas condiciones para la venta; lo mismo hará con el resto de los productos alimenticios. La vigilancia de la calidad de los productos era necesaria para garantizar unas condiciones mínimas de aptitud Para el consumo humano.

La no observancia de las normas establecidas por Parte de los vendedores, se castigaba con el pago de multas, que oscilaban entre 5 y 25 pts.

La limpieza de los puestos de venta, es también un punto esencial, como se señala en el mencionado reglamento.

Se centraliza la venta de productos alimenticios en el mercado, por ser más fácil de controlar allí. Además, el mercado ofrece una serie de medidas higiénicas de las que carecían los puestos particulares o ambulantes.

Como vemos, la reglamentación en materia de sanidad e higiene existía en el municipio trujillano, otra cosa seria su cumplimiento, tan necesario para mantener unas condiciones óptimas para la salud humana.

Cuando las autoridades y población comprenden la necesidad de establecer y cumplir estas normas para beneficio de todos, se habrá subido un peldaño en la lucha por la consecución y mantenimiento de la salud e higiene públicas y con ello se habrá avanzado en la tarea de prolongar la vida humana.

Oct 011987
 

José Antonio Ramos Rubio.

EL GRECO (DOMENICOS TEOTOCDPULOS)

Nació en 1541 en Candía, Capital de Creta. Su familia pertenecía a la burguesía ciudadana y era de religión católica (bien demostrada en sus obras pictóricas). Estuvo en Venecia donde aprendió el estilo y colorido de esta escuela, luego en Roma y por último en España.

¿Quién lo incitó a venir a España?

Parece ser que el deán de Cuenca, al cual conoció en Roma, le incitó a probar fortuna en España.

Se estableció en Toledo donde realizó un arte personalísimo, aunque dentro de la corriente manierista. El Greco comprendió que su sino estaba en Toledo y en el corazón del pueblo español.

¿Por qué va a Toledo?

Pudieron ser muchos los motivos, aunque en primera línea hay dos clarísimos:

1. Posiblemente influenciado por personajes que acudían al palacio Farnesio (el bibliotecario Fulvio Orsini; el sacerdote español Luis de Castilla, cuyo hermano, Diego, ex delegado en el Concilio de Trento, era deán del Cabildo de Toledo). Don Luis le incitó a probar fortuna en España (deán de Cuenca).

2. Cuando el Greco llegó a Toledo en 1577, acababa de producirse en la historia de la ciudad un cambio decisivo. Madrid, desde 1560 había empezado a centralizar la vida política de España. La construcción del Monasterio de El Escorial contribuyó a desplazar el eje de la vida cortesana. Posiblemente El Greco quiso estar cerca de tales acontecimientos.

La ciudad vivida por El Greco mostraba una prodigiosa influencias y síntesis de culturas y estilos. Posiblemente podríamos encontrar aquí otro hecho por el cual eligió Toledo y no otra ciudad de España. Después de su paso por ciudades italianas descubrió en Toledo algo capaz de remontarle a sus orígenes: la simbiosis de Oriente y Occidente, también patente en la Creta que conoció en su niñez.

Tuvo problemas con la corte a causa del “Martirio de San Mauricio”, cuadro destinado para el Escorial, pero relegado a las dependencias del monasterio por destinar el pintor a segundo término el suplicio de los mártires y a primero temas mundanales. A pesar de ello, recibió muchos encargos de conventos e iglesias. Posiblemente no se le interpretó bien en el Escorial. Consiguió un gran prestigio comarcal (ej. retablo de Talavera la Vieja) y también en Madrid (ej. retablo del colegio de doña María de Aragón). Incluso tenía en Sevilla un depositario que recibía los cuadros que le mandaba para su exportación a América. Pero terminó solo y enfermo. Murió el 7 de abril de 1614.

Fue un artista que expresó tan bien como Morales, las emociones religiosas de los españoles del tiempo de Santa Teresa.

La producción de El Greco alcanza los 300 cuadros, sin contar réplicas y obras de taller. En ellas se percibe el ímpetu creador que fue desarrollando a través de una serie de etapas donde la formación manierista inicial no impidió la exaltación de una fortísima personalidad.

En su estilo destacan influencias de los lugares por los que pasó:

  1. Sobre su formación pesa lo cretense que es, en el fondo, bizantino.
  2. Venecia le enseñó la ciencia del color y de la luz.
  3. Roma le enseñó la estructura del retrato. También el interés por los efectos de la luz tenebrista.
  4. Ya en España, en l577-79, en el retablo de Santo Domingo el Antiguo ofrece una personalidad muy arraigada, con tintes manieristas. Español por sentimiento, impresionista por la técnica, ejecución expresionista.

Su figura ha permanecido olvidada hasta ser revalorizada por los románticos del siglo XIX.

EL RETABLO DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE TALAVERA LA VIEJA

Hasta hace unos 24 años, Extremadura poseía un retablo de El Greco. Retablo realizado para la iglesia parroquial de la desparecida Talavera la Vieja. Destruido en parte durante la Guerra Civil. Los lienzos que se pudieron salvar fueron llevados al museo toledano de Santa Cruz tras su adquisición por Bellas Artes en 1962, un año antes de que el pueblo fuese afectado por el embalse de Valdecañas en 1963.

Llevados a Toledo, por la antigua vinculación jurisdiccional del norte extremeño con la mitra toledana; o quizás porque en esa ciudad es donde vivió el autor del retablo.

Don Gerardo García, investigador de la Historia de Toledo, ha encontrado en el Archivo de Protocolos de la ciudad la prueba documental de que son obra del Greco: el retablo, las pinturas y la imagen de la Virgen. La obra fue encargada en nombre de la cofradía de Ntra. Sra. del Rosario de Talavera la Vieja. Lucas Sánchez, mayordomo y Hernando Márquez, presbítero.

Se acordó con el artista a tenerlo el día 25 de julio del mismo año (1591), en dicho retablo tenía que estar “la coronación de Nra. Sra. en una gloria, en el qual an de yr pintados los bien abenturados San Juan Bautista y Santo Domingo con el Rosario y San Antón y San Sebastián y San Juan Abanxelista e los demás santos que le parecieren al dicho Dominico”. El retablo debía llevar “al lado derecho de la ymagen de San Juan de bulto y al lado yzquierdo a de yr de bulto San Andrés con sus ynsignias, todo de pincel sobre lienzo y a las espaldas con sus tablas… Ytem, se le obligó a hacer una ymagen de Nra. Sr. del Rosario que iría en medio del retablo, en escultura, dorada y estofada y del dorado y estofado y talla y escultura de todo el dicho retablo lo toma a su nombre el dicho Dominico”.

En cuanto a las dimensiones y precio del retablo, “…a de llebar de ancho tres baras e quatro y de alto quatro baras y media e cinco (3,76 x 2,71m) y por toda la costa del dicho retablo de madera, manos y materiales y todo lo necesario e de darle asentado se le an de dar y pagar trescientos ducados… e el llebar el dicho retablo lo ha de pagar la dicha cofradía a su costa. Recibe luego de preste al dicho Dominico mill e quatrozientos reales para compra de adereços necesarios”.

Las pinturas del retablo no concuerdan con los que se fijaron en la escritura; posiblemente porque El Greco puso otros santos o bien hubo modificaciones en el contrato o se sustituyeron los lienzos por otros.

Entre 1936-38 se perdió la talla de la Virgen y algunas pinturas. Se salvaron aquellas que estaban guardadas en la casa rectoral porque habían sido restauradas en 1927, son las que se encuentran hoy día en el museo de Santa Cruz de Toledo, adquiridas por Bellas Artes en 1962: “La Coronación de la Virgen”,”San Pedro” y “San Andrés”. Se restauraron en los años 1962-1964

Pero ¿Cómo estaban colocados los lienzos en el retablo?

Se trataba del retablo colateral de la Epístola, del siglo XVI, dividido en dos cuerpos, cada cuerpo con tres compartimientos rectangulares. En los cuadros del cuerpo superior se representan: a la derecha, “La Anunciación”; en el central, “La Coronación”; y en la izquierda, “La Presentación de Jesús en el Templo”. En el cuerpo bajo, laterales: “San Pedro” y “San Juan Evangelista”. En el centro del retablo la imagen de la Virgen del Rosario, tallada en madera, de pino y policromada. Algunos autores que visitaron el retablo en Talavera (ej. Guinard, 1925), decían que la estatua era del XVIII y algunas pinturas como “La Presentación de Jesús” no eran del Greco. Pero al no contar con más documentación que la citada, hemos de defender la tesis de que el retablo en conjunto es obra del Greco, si se observa la mediocridad en el retablo, ya no existente y defendida por muchos entendidos en la materia que le vieron; o también, en pinturas como “San Andrés”, sabiendo que el artista ha realizado otros “San Andrés “o “San Pedro”, de más valor. Puede deberse a las restauraciones, sobre todo a los repintes de la primera, l927; o que el artista confiase parte de las pinturas a discípulos de su taller.

Estudio Artístico de las pinturas.

“La Coronación de la Virgen”.Medidas: 1,05 m x 0,80 m. Asisten al acontecimiento siete santos dispuestos en círculo, de izquierda a derecha: San Francisco de Paula, San Juan Bautista, San Juan Evangelista con su cáliz, San Sebastián, San Pablo, San Antonio y Santo Domingo. Todos ellos, excepto San Francisco y San Pablo, se hicieron de acuerdo con el con trato de 1591. La firma de “El Greco” aparece en la parte inferior derecha de Santo Domingo. Es la obra de mayor aliento de las conservadas del retablo de Talavera la Vieja. Posiblemente el conjunto está basado en un grabado de Durero.

Nos encontramos ante un asunto místico, los santos alzan la mirada al tema central. El Greco nos ofrece de nuevo, muchas veces repetidos en sus obras, dos planos: el terrenal y el celestial. El mismo tema se repite en un lienzo del Prado, pero suprimiendo a los santos de la parte inferior; por el estilo puede corresponder también a los primeros años de la última década de siglo. También repite el tema en la capilla de San José de Toledo y en el Hospital de la Caridad de Illescas.

“San Andrés”. Medidas: 1,26 m x 0,46 m. Figura de cuerpo entero. Tema también muy repetido por el artista, aunque difiere en los rasgos que confiere al santo. Ha quedado poco de lo que desde un principio es la obra original por las múltiples restauraciones a que se ha visto sometido.

“San Pedro”. Medidas: l,25 x 0,46 m. De cuerpo entero. Tampoco se repite El Greco con respecto a otras pinturas realizadas sobre el mismo tema.

Las tres obras anteriores están realizadas al óleo sobre lienzo. Documentadas entre 1591-1592. Los dibujos son de El Greco ejecutados por el taller. El estilo del maestro es patente en los rostros y cuerpos alargados. Se ha querido explicar el alargamiento de las figuras con un posible defecto óptico del artista (astigmatismo). Este alargamiento tiene una intención estética motivada por un anhelo de espiritualidad dentro del arte de su tiempo. El Greco crea una perspectiva vertical. Suprime los grandes espacios entre las figuras y éstas parecen cercanas, macizando la composición. No pintaba al natural, sino de unos bocetos de barro que él modelaba. Ello le hacía posible las figuras contorsionadas. Las figuras adquieren ritmo, dinamismo. El movimiento ascensional (vertical) tampoco hubiera sido posible sin la técnica impresionista de toque abiertos y sueltos que dan a la iluminación una gran rapidez.

La pena es tener que recorrer 240 kms para poder apreciar una obra pictórica de El Greco que estaba en nuestra región y que hubiéramos podido ver más cerca, quizás en el museo del Mono (Cáceres); donde hay otra obra del mismo autor: “El Salvador”, procedente del convento del Cristo de Serradilla (Cáceres), adquirido por el Estado y depositado en Cáceres.

BIBLIOGRAFIA:

  • CAMÓN AZNAR: “Dominico Greco”. Madrid, 1950.
  • COSSI0: “El Greco”. Madrid: Austral, 1965.
  • GOLDSCHEINER: “El Greco”. Londres, 1938.
  • GUINARD: “La pintura española”. Barcelona: Labor, 1972.
  • LEGENDRE: “El Greco”. París, 1937.
  • MAYER: “El Greco”. Munich, 1926.
  • MAYER: “La pintura española”. Barcelona: Labor, 1936.
  • MEIER-GRAEFE: “Spaniche Reise”. Berlín, 1910.
  • MÉLIDA: “Catálogo Monumental de España”. Madrid, 1924.
  • NEUMEYER: “El entierro del Conde de Orgaz”. Cuenca, 1982.
  • PACHECO: “El arte de la pintura”. Sevilla, 1649.
  • PITA ANDRADE: “El Greco”. Barcelona, 1984.
  • WETHEY: “El Greco y su escuela”. Madrid, 1956-1967.

DOCUMENTOS:

  1. Escritura de “Obligación de hacer un retablo” otorgada por Dominico Theotocopuli en Toledo, a 14 de febrero de 1591 ante el escribano Blas Hurtado.
  2. Partida de Defunción. Parroquia de Santo Tomé, Toledo, Abril de 1614: “En siete del falesció Dominico Greco no hizo / testamento. Recibió los sacramentos. Enterrose en / Sto. Domingo el Antiguo. Dio velas”.
Oct 011987
 

Montaña Pulido Cordero.

Los primeros conocimientos que tuve de Sorapan de Rieros, se los oí a mi padre, digo se los oí porque era el tema de charla favorito con su médico.

Entonces me llamó la atención la sonoridad del apellido, que causo un verdadero impacto en mi memoria. Hoy, es un personaje al que admiro profundamente.

La bibliografía existente sobre este extremeño es escasa, voy a enumerar a grandes pasos aquellos investigadores que han buceado en su vida al fin de aportar datos concretos sobre su figura.

Pascual Madoz, en el “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico”, en el artículo correspondiente a la villa de Logrosán (en tiempos de Sorapán, lugar de la jurisdicción de Trujillo), correspondiente al tomo X (año 1847), se dice: “… que este pueblo es patria de Don Juan Sorapán de Rieros, que redujo los preceptos de la medicina española a proverbios vulgares”. Puede ser que el corresponsal de Madoz exagerase un tanto al generalizar tan sensiblemente esa modesta y recogida reducción, pero no deja de pensarse, que ese corresponsal o quien fuese, no dejó de estimar y reconocer en el Doctor Sorapán, cierto mérito personal, digno de tenerse en cuenta.

En las mismas fechas de Madoz, D. Francisco de Paula Mellado, en su “España Geográfica, estadística y pintoresca” (Madrid, 1b45) escribe en la página 253 lo mismo que Madoz y exactamente con las mismas palabras, por lo que hay que atribuir a Mellado la primicia, entre ambos, de este anodino juicio, que vino a colocar a Sorapán en un lugar destacado dentro de una especialidad médico-literaria-folklórica.

Pero el artículo que consagró al doctor Sorapán en la Revista de Extremadura se debe a D. Mario Roso de Luna, en el cuaderno correspondiente al mes de enero de 1900, fija el lugar de nacimiento de Sorapán en la villa de Logrosán, el día 28 de marzo de 1572, fecha que tramite de la partida de nacimiento, por lo Que la fecha real debe ser dos o tres días antes.

Como dato también importante cita la fecha de la fundación por el doctos Sorapán y su mujer, dona María de Linares, de una capellanía en la Iglesia de Logrosán (parroquia de San Mateo), cuando transcurría agosto de 1630, agregando que por entonces vivía en Cáceres.

Roso dedica a Sorapán un comentario en el que el análisis y la crítica tienen su principal parte, en el que, si bien no lo muestra como un genio, sus postulados son tan oportunos, discretos y fundamentados que nos denuncian su gran cultura y excepcional talento.

Don Vicente Barrantes, en su “Aparato Bibliográfico para la historia de Extremadura”, se ocupa (Tomo 24, pág. 155) poco de la obra de Sorapán. En realidad muestra que tenía muy pocos antecedentes y formación de juicio sobre el doctor extremeño. Ello no tiene otra explicación que la de que su figura, hoy poco más relevada que hacia 1875, fecha en que se publicó ese segundo tomo, careció casi siempre de la notoriedad necesaria para dedicarle estudios y atenciones que, en realidad, todavía están por hacer en cualquiera de sus facetas, derivadas, bien de su profesionalismo científico, bien, de su particularismo en cuanto al orden interior de su vida social y moral.

Por cierto que Barrantes alude a una segunda obra de Sorapán, aunque solo por referencia que encuentra en el Padre Tovar. Esta obra, la titula “Escritores de Extremadura” por Juan Sorapán de Rieros, médico y familiar del Santo Oficio de la Inquisición de Llerena y Granada y su Real Chancillería. Es posible que tal obra no exista y solo sea alguna separata o impreso aparte en el que se reproduzcan las paginas que dedica a extremeños ilustres o sean primicias de escritor, antes de escribir los Proverbios.

D. Nicolás Díaz y Pérez, hombre de talento e historiador ameno y despreocupado, lleno de aciertos y lleno de errores, en su voluminosa obra “Diccionario… de autores, artistas y extremeños ilustres” (Pérez y Boix, Madrid, 1884), tiene en cuenta a Sorapán, si bien, es poco interesante lo que dice en su corta referencia. Lo hace natural de Llerena y reproduce, con la tacha de errónea, la versión de Don Pedro José Pidal que lo hizo granadino.

Algo nuevo, sin embargo, aporta el autor (que tratándose de Díaz y Pérez…). Cita cierto pleito que sostuvo largos años con su hermano que parece ser fue el motivo de ir a Granada, donde se estableció en el año 1610. Algún año más cita, pero no merece la pena tener en cuenta pues Díaz y Pérez no tiene acostumbrados a inventar sistemáticamente en estos aspectos, aunque generalmente sale del paso ante la ausencia de esta clase de datos.

Don Teodoro Fernández, publicó en la Revista de Guadalupe (número de marzo-abril de 1965) una nota biográfica del doctor Sorapán, de la que tomo lo siguiente, que es casi todo:

«Juan Riero Sorapán o Xarapán, hijo de Gonzalo Riero y María – González, nació en Logrosán el 25 de marzo de 1572, bautizólo dos días después el párroco de San Mateo don Francisco Martínez, según el Libro 12 de Bautismos hoy existente y al que en 1520 se trasladaron oficialmente los datos del libro original de 1520, por deterioro de este.

Estudió en las Escuelas de Guadalupe, donde lo cita Nicolás Pérez Jiménez como uno de los que tuvieron mayores éxitos en analizar las fuentes medicinales (Cfr. Virgen y Mártir, I, l77).

En fecha ignorada casó con doña María de Linares y con ella fundó en 1630 una capellanía en Logrosán”.

Y prosigue el Sr. Fernández: «Encomendándole el César delicados cometidos. Médico de la Inquisición en Llerena. A los 42 años profesor en Granada, donde escribió su libro, impreso en 1616 y reeditado en Madrid en 1876.

Luego, residió en Cáceres algún tiempo, (como prueban los documentos presentados a los Coloquios del pasado año), y el 7 de noviembre de 1638 otorgó testamento en Trujillo y falleció en esa misma fecha, creemos que en su pueblo natal, donde se encontrarán sus cenizas”.

Tomás Pulido en un trabajo titulado “Algunas noticias biográficas sobre Sorapán de Rieros”, opina que no es posible testar en Trujillo el 7 de noviembre y fallecer en esa misma fecha en Logrosán. Casi podría afirmarse que testando en Trujillo, hallándose en salud, pudo morir días, meses o años adelante, falleciendo en Logrosán, y, claro es, ser enterrado allí. Pero lo probable es que si Sorapán testó estando enfermo, la experiencia de Tomás Pulido al haber visto miles de testamentos de esta época, casi garantiza su fallecimiento inmediato.

De ello se puede deducir que murió en Trujillo, y aquí recibiría sepultura, cosa fácil de comprobar. En Trujillo se encuentran seguramente los documentos fehacientes del caso que nos ocupa.

Como se puede observar no deja de haber noticias, incluso perfectamente documentadas, sobre la vida del doctor Sorapán. Solo falta una mano de investigador que bucee en los archivos y saque a la luz las conclusiones que este insigne medico extremeño merece.

Oct 011987
 

Josiane Polart Plisnier.

No pretendo biografiar a Francisco de Orellana, no tengo preparación científica ni material suficiente, tampoco quiero escribir «historias» lo que es más fácil y cómodo, sólo voy a intentar recordar en un breve resumen, las aventuras gloriosas del descubrimiento del Río Grande.

Nació Francisco de Orellana en Trujillo por los años 1511, sus padres fueron: Francisco de Orellana y Francisca de Torres Orellana (en una petición al Cabildo de Quito dice ser Caballero, hijodalgo de solar conocido y persona de honra) desconocido es su retrato como la historia de sus años mozos. No se sabe cuando marcho a Nicaragua o quizás a México, ni como pasó al Perú con sus parientes los hermanos Pizarro, a quienes ayudó en sus empresas.

A ninguno de los que participaron en aquella desgraciada y tan desacertada expedición a las tierras del Dorado y la Canela se les ocurrió dejar información y pienso que debido a la muerte y falta de heredero del protagonista, nadie revindicó sus hazañas, sólo Fray Gaspar e Carvajal, fraile de la Orden de Santo Domingo de Guzmán (testigo de vista) y capellán de la famosa empresa (el descubrimiento del Río de las Amazonas) escribió la relación de aquel viaje, siguiendo la corriente de un río, el mayor del mundo, que atravesaba inmensas y desconocidas regiones.

La relación del viaje de Francisco de Orellana ha sido también tratada por dos cronistas Herrera y Oviedo quienes vieron los Memoriales (hoy desaparecidos) y además supieron en Santo Domingo de la boca del propio Orellana las primicias del descubrimiento.

Fray Gaspar de Carvajal, cronista de la expedición de Orellana, nació en Trujillo hacia el año 1604. Marchó a Perú en 1536 en compañía de Fray Vicente Valverde (electo Obispo de la provincia del Perú). E n 1538 encontramos al Padre Carvajal, vicario provincial, defendiendo el derecho de asilo en el primer convento de dominicos que tenia fundado en Lima (datos esos de un pleito. Archivo de Indias).

Es cuando Francisco de Orellana, después de haberse cubierto de honor en Lima, Trujillo, Cuzco y Puerto Viejo, ciudad donde pierde un ojo y toma asiento (en un acuerdo del Cabildo de Guayaquil, se habla mucho de su casa “que fue siempre asilo y reparo de los Españoles que a ella llegaban desde el norte”, dice el Cabildo “que si no fuera por él, perecerían muchos”) recibe de Francisco Pizarro (en reparto) la provincia de Culata. Él mismo hablando de Pizarro dice “me mandó y dio provisiones para que en nombre de su majestad y en el suyo viniese a conquistar y conquistase con cargo de Capitán General la provincia de Culata, en la cual fundase una ciudad”; la que funda con el nombre de Santiago de Guayaquil.

En esa nueva ciudad y en la de Puerto Viejo (fundada en 1535), ciudades que estaban destinadas a abrir a Quito una puerta de comunicación con el mar, desempeña Francisco de Orellana el cargo de Capitán General y teniente de Gobernador.

A reemplazo de Sebastián de Belalcázar, llega como Gobernador de las provincias de Quito Gonzalo Pizarro (diciembre de 1540), con el propósito de realizar desde allí una gran expedición a las tierras del Dorado y la Canela. En cuanto Orellana supo los proyectos de su pariente, amigo y nuevo jefe, le visita en Quito, poniéndose a su disposición y de paso le ofrece acompañarle. Así lo cuenta el Padre Carvajal “… diciéndole cómo quería ir con él en servicio de su Majestad y llevar sus amigos y gastar su hacienda para mejor servir”.

Gonzalo Pizarro sale de Quito en febrero de 1541, con fray Gaspar de Carvajal como Capellán, Antonio de Ribera como Maestre de Campo y Juan de Acosta como Alférez General, sin esperar a su Teniente General Francisco de Orellana quien abandona sus tierras (“y gasta más de cuarenta mil pesos de oro en sus aprestos”) para con 23 hombres abrirse paso en la selva, siguiendo las huellas del Gobernador Gonzalo Pizarro, el cual alcanza un mes más tarde ( a unas treinta leguas de Quito en el valle de Zumaco). El padre Carvajal que les recibe en el campamento cuenta: “no llevaba sino una espada y una rodela y sus compañeros por el siguiente”. Puede ser por esa razón que Orellana queda en retaguardia, mientras Gonzalo Pizarro con 80 hombres de a pie y unos guías indios, en avanzada, encuentran con desilusión los escasos árboles de la Canela (eso al cabo de 60 días de grandes trabajos sufrimientos y hambre). Para no contagiar a los demás con el desaliento, Gonzalo Pizarro siguió adelante para después asentar campamento y enviar a buscar a los demás que aún permanecían en Zumaco.

Estando todos reunidos (en Quema) mandó al Gobernador a Antonio de Ribera con 50 soldados a explorar hacia adelante (cosas que hizo en 15 días entre ir y venir). Éste encontró una zona muy poblada con muchos indios que andaban en canoas en un río muy grande, y allí se fueron todos a la orilla de aquel río (con gran necesidad y falta de comida). Después de diez meses vagando casi sin rumbo, extenuados, es cuando decide Gonzalo Pizarro construir un bergantín para llevar a los enfermos, las municiones y las herramientas, (“la mayor parte de los indios de servicios hablan muerto”) y también para rondar las orillas del río en busca de alimento. Dice Gonzalo Pizarro “… lo cual todo hice con intención, si no topásemos buena tierra para poblar, de no parar hasta salir a la mar del norte”, según la relación de Fray Gaspar de Carvajal.

Orellana se opuso a la construcción del bergantín, dice que “algunos buenos respetos, habiendo sido de opinión que regresando a las sabanas donde había estado el campamento, se buscasen los caminos que pudieran llevarles a Pasto y Popayán”.

Tenemos que tener fe en el padre Carvajal, testigo de mayor excepción y casi único, quien quizás recibe lugar a bordo por las consideraciones debidas a su estado sacerdotal, y le hace participe en el descubrimiento donde pierde un ojo. Él escribe que Orellana se opuso a la fabricación del bergantín pero que después obedeciendo al jefe, trabajará más que nadie en su construcción.

Es entonces cuando aparece la posibilidad de encontrar un sitio (donde se juntaba otro río grande como este) a final de diciembre de 1541, a una jornada río arriba donde podía haber comida. Francisco de Orellana propone a Gonzalo Pizarro adelantarse en busca de alimento. Por ese motivo cargaron el bergantín con 60 hombres, los objetos más pesados, parte de la ropa de los expedicionarios, tres arcabuces y otras tantas ballestas, escasas provisiones y cinco canoas. Gonzalo Pizarro escribirá después: “confiando en que el Capitán Orellana lo haría así como le decía, porque era mi teniente, dije que holgaba fuese por la comida y que mirase que viniese dentro de doce días y por ninguna manera pasase de las juntas de los ríos” (no podía suponer que el viaje no tendría posible retorno).

Muchos historiadores copiaron de López de Gomara, de Zarate, Cieza de León y Francisco de Jerez, hasta el Inca Garcilaso cuenta falsedades, como que Orellana“… llevó mucho oro, plata y esmeraldas y que llagó a maltratar al padre Carvajal”. Todas mentiras y malas interpretaciones de la carta de Gonzalo Pizarro mandada al rey desde Quito el 3 de septiembre de 1542; carta escrita por un hombre apasionado, violento e irritada por su desastrosa expedición al Dorado y país de la Canela, y por el asesinato de su hermano mayor Francisco Pizarro (26 de junio de 1541). Y es a partir de esas acusaciones que Francisco de Orellana pasa a la posteridad como farsante, embustero y traidor … ¿Cómo iba a recibir un traidor la capitulación extendida a su favor para el descubrimiento y población de Nueva Andalucía? (el 13 de febrero de 1544) Pero allí no terminan sus problemas, cantidad de dificultades tendría para emprender su expedición como Adelantado por la mafia de la corte (prueba de ello son las cartas de los oficiales de Sevilla sobre los aprestos, abril 1545) y la falta de dinero que le obligan a casarse con una solterona adinerada de Sevilla llamada Ana de Ayala.

Y es por fin el 11 de mayo de 1545, desde Sanlúcar de Barrameda con cuatro navíos y 300 hombres de guerra que marcha hacia Nueva Andalucía, con la mala suerte de perder una embarcación nada más llegar a Tenerife y por causa «de ser la tierra enferma, morir 98 hombres en Cabo Verde”, y poco tiempo después tener que abandonar otro navío.

Así muere el titán que cruzó en primer lugar las vírgenes y majestuosas aguas del Río Orellana, en noviembre de 1546; más de apuros y sufrimientos que de enfermedades después de 11 meses perdido por el río, salvándose solo 44 hombres y Ana de Ayala su viuda.

Hace solo unos años que, sin apasionamiento, los escritores estudiaron las crónicas de Fray Gaspar de Carvajal, las de Oviedo y Herrera y los testimonios de los participantes en el descubrimiento, descartando el abandono y la deserción.

Verificada la expedición de Francisco de Orellana, el río Marañón comienza a llamarse de las Amazonas o de Orellana y es desgraciadamente el que menos prevalece hoy, el de su descubridor Francisco de Orellana.

Enterrado está al pié de unos de los árboles, de los bosques siempre verdes que baña la corriente del majestuoso río que descubrió. «Digno sepulcro» de un trujillano.

Oct 011987
 

Montaña Paredes Pérez y  María Antonia García Vivas.

INTRODUCCIÓN

El estudio de las torres de la ciudad cacereña que hemos analizado, es una parte a incluir dentro de de las construcciones miliares, que tan escasamente se han tratado a lo largo de la Historia del Arte y, debido a la preferencia de los monumentos religiosos por el Patrimonio Nacional, se ha prestado menor atención a su conservación por ello. Gran parte de estas construcciones aparecen ante nuestros ojos como meras ruinas, lejos del esplendor de que gozaron en su tiempo. Pese a esto, la ciudad de Cáceres posee un gran número de torres y otras construcciones militares.

¡Así!, palacios, casas fuertes, iglesias y murallas se elevan y sobresalen gracias a la presencia de sus altaneras torres.

1. TIPOLOGÍAS

Tipológicamente las torres cacereñas se pueden agrupar en torno a tres categorías: defensivas, palaciegas o de casas fuertes y de iglesias.

– Torres defensivas: Ya sean albarranas o adosadas a los lienzos de muralla, incluiremos aquí las siguientes: Bujarro, Púlpitos, Horno, Hierva, Santa Ana, Postigo, Redonda, Mochada, de los Pozos o del Gitano, reducto pentagonal Almohade, albarrana junto al Arco del Cristo y Espadero.

– Torres palaciegas o de casas fuertes: Su construcción se debe a que los diversos linajes cacereños necesitaban, como exponente de su fortaleza y dominio, dotar a sus casas con altas torres para así aumentar y asegura su defensa ante los bandos enemigos. Aparecen dispersas tanto intramuros como extramuros. A estas últimas pertenecen las siguientes: torre del Palacio de Godoy, de los Galarza y de Camarena.

En mayor número mencionaremos las torres que están dentro de la muralla: torre de la Casa del Águila (desaparecida), de Sánchez Paredes, del Comendador, de las Cigüeñas, de los Golfines de Abajo, Redonda (Palacio Carvajal), Toledo, Moctezuma, de los Golfines de Arriba, de los Plata y de los Ovando.

– Torres de iglesias: Capítulo aparte de las anteriores, mencionamos estas otras cuya función es diversa: defensiva, vigía, campanario, orientativa… Cabría citar de igual manera que las anteriores, las de fuera y las de dentro de la muralla. Extramuros: San Mateo, San Francisco Javier y Santa María. Intramuros: San Juan y Santiago.

2. MATERIALES

Teniendo en cuenta la evolución histórica que ha sufrido la ciudad de Cáceres, hay que diferencias varios tipos de materiales en la construcción de las torres según pertenezcan a una u otra época. Así se aprecian en numerosas torres, restos de fábrica romana: grandes sillares graníticos, dispuestos a soga y tizón.

En la etapa de la Reconquista, las torres quedan marcadas por el uso del mampuesto, con la pervivencia de sillares en las esquinas.

Y, por último, dominan sobre los demás materiales usados en época almohade: argamasa de color rojizo (tapial) interrumpida por mechinales.

3. MORFOLOGÍA

En cuanto a las plantas de estas construcciones dominan las cuadradas o rectangulares, aunque existen también las de planta redonda y las octogonales (Desmochada, Redonda).

La parte alta de las torres suele estar rematada por almenas (algo típico en las torres de la muralla). Las torres de los palacios, en su tiempo, también poseyeron almenaje, pero por el castigo que los Reyes Católicos impusieron a los nobles cacereños que apoyaron la causa de la Beltraneja, fueron desmochadas todas a excepción de aquellas cuyos dueños gozaron del favor regio (Torre de las Cigüeñas y del Homenaje).

Adornan estas torres matacanes salientes sobre ménsulas o canecillos y, a veces, ventanas góticas con mainel, denominadas ajimezadas.

4. ANÁLISIS INDIVIDUALIZADO DE LAS TORRES CACEREÑAS

Torre del Bujaco (o del Reloj)

Ubicada en la Plaza Mayor. Es una de las más conocidas del recinto amurallado y, asimismo, la más grande.

De estructura cúbica y planta cuadrangular, presenta al exterior esquinas de sillares y, el resto del muro es mampostería. Está coronada por un almenaje, típico de estas construcciones, a cuya altura se colocan sendos matacanes rematados en aspilleras. Bajo el matacán central y a ambos lados se disponen dos saeteras.

En la fachada principal destaca un matacán con función de tribuna, sobre cuatro ménsulas, en cuyo frontis hay esculpida una guirnalda de flores, dentro de la cual se encuentra el blasón de los Rivera. Se conoce con el nombre de Balcón de los Fueros y se cree que su función pudo ser la de elevar pendones en el nombramiento de los nuevos reyes.

Sobre restos romanos, los árabes la levantaron y por ser conquistada al mando del califa Abu Jacob (1173) recibe su nombre. Hay tras tesis al respecto mencionando como conquistador a Abu Hafs Omar, gobernador de Mérida. Además de presentar dudas respecto a su conquistador, no es eludible el problema sobre sus posibles constructores, almohades o cristianos.

Fue restaurada en el siglo XV, añadiéndosele los matacanes ya citados.

Durante el siglo XVIII peligra su conservación debido a problemas económicos. Salvada de tales infortunios, en 1820 se le añade como coronamiento un templete, a modo de espadaña, que alberga la diosa Ceres, hallada en los campos del río Salor y que hoy se encuentra en el Foro de los Balbos, sito en la Plaza Mayor. También se dispuso en el frontal de la torre un reloj a modo de torre de iglesia, de ahí que se la conozca también como Torre del Reloj.

En 1962 la torre vuelve a su estado originario, quedando las almenas, donde estaba la espadaña, reconstruidas en ladrillo diferenciándose así de las originales en piedra.

Torre de los Pupilos (o Nueva)

De planta cuadrangular está construida con sillares regulares destacando su coronamiento, ya no por el decorado típico de almenas, sino porque presenta dos curiosos matacanes en forma cilíndrica denominados “Escaraguaitas”, en cuyo centro se disponen saeteras en forma de cruz. Estos matacanes recuerdan, por su forma a los púlpitos de las iglesias, de ahí su nombre. Están decorados por tres anillos semicilíndricos o collares de bolas, visto en numerosos edificios en tiempos de los Reyes Católicos.

Esta torre presentaba otra gemela, la cual ha desaparecido y ambas flanqueaban la Puerta Nueva (hoy Arco de la Estrella), una de las cuatro puertas del recinto amurallado.

Está datada con fecha posterior a la Reconquista debido a su estilo.

En su parte alta está comunicada por un pasadizo, en forma de arco, con el palacio de los Blázquez Mayorazgo. Su finalidad era servir de balcón a los nobles que deseaban ver los espectáculos que acontecían en la Plaza Mayor. En este siglo ha sido desprovista de construcciones anejas que dificultaban su visión, cuidándose fielmente su antigua estructura.

Torre del horno

También de planta cuadrada, se diferencia de las anteriores por su material de construcción, que no es de mampostería ni sillería, sino de tapiar rojizo típico almohade, dando a esta construcción un aspecto diferente.

Presenta seis almenas por cada cara, y en sus muros se aprecian los típicos mechinales almohades, huella de las técnicas de construcción de aquella época.

Esta actual mente muy deformada debido a las sucesivas construcciones que se hicieron junto a ella.

Torre de la hierba

De estructura análoga a las anteriores. Su basamento presenta sillares romanos, siendo el resto de sus muros de la ya tan mencionada argamasa rojiza almohade. Su coronamiento tiene cinco almenas por cada cara, y en sus muros también aparecen mechinales.

No va adosada directamente a la muralla, sino que media entre ambas un muro de cortina de que la comunica.

Sobre estas dos torres (Ornó y Hierba) cree que marcaban el antiguo Corregimiento de la Villa, ha habido polémica. Así, hay autores que piensan que sus nombres aparecen trastrocados, concretamente hablamos de Fernando Bravo cuya publicación apareció en un artículo del periódico Extremadura en mayo de 1975.

Torre de Santa Ana

Está unida a la muralla por un gran muro perforado por un pasadizo.

Torre del postigo

Tres etapas históricas se suceden en esta torre, marcadas a través de sus materiales: sillares romanos sobre un castro celtibérico, y el resto en tapial almohade. Tiene cuatro almenas por cada cara, todas ellas de estructura cuadrada al igual que sus coetáneas ya citadas.

Recibe el nombre de Postigo, porque se encuentra situada al lado de la puerta de santa Ana, antiguo postigo de la muralla.

Torre redonda

Situada en la parte sureste de la muralla se encuentra una de las torres más interesantes, tanto por su forma como por su denominación, ya que impropiamente se la llama redonda, cuando en realidad su forma es octogonal.

Por su forma poligonal muestra grandes parecidos con la vecina torre de Espantaperros (Badajoz) y con las sevillanas Torre del Oro. Estas semejanzas hacen que sea posible fecharla dentro del esplendor almohade.

Su basamento es macizo, pero presenta un segundo cuerpo que tiene una sala donde se encuentra una escalera por la que se accederá su azotea.

Su remate es de tres almenas por cada lado del octógono, siendo almenas compartidas la de las esquinas.

Posee dos vanos al exterior, uno de los cuales da acceso al paseo de ronda de la muralla y comunica con la escalera que da paso a la sala.

Se conserva intacta desde su base romana hasta su remate almenado almohade.

Torre desmochada

Pareja al anterior y en el ángulo suroeste nos encontramos con otra torre de morfología similar, pero el peor estado de conservación ya que carece de almenaje.

Aún puede apreciarse parte del muro que la unía a la muralla.

Sus muros son de tapial almohade, donde los mechinales aparecen dispuestos siguiendo líneas simétricas.

Ambas torres aparecían franqueando la muralla por el lado sur, en medio de otras de las puertas del recinto amurallado (Puerta de Mérida). Puerta que en su tiempo se encontraba defendida por cuatro torres, cuyos cimientos se encuentran aún en las casas vecinas.

Torre “desconocida”

Un pequeño reducto almohade, el más meridional de la muralla, tiene forma pentagonal, cuyo nombre no aparece citado en parte alguna.

Torre de los pozos

Más que una torre es una fortificación, debido a la existencia de una barbacana pinaculada pegada a la misma.

Se piensa que formó parte del antiguo Alcázar cacereño, el cual se hallaría situado en la zona del Palacio de las Veletas, justo encima de esta torre, también denominada del Gitano o del Conde.

No posee remate, pero se supone que, al igual que las demás torres albarranas, sería almenado. Tiene terraza accesible.

Junto a la torre, apreciamos una de las entradas a un pasadizo que en tiempos comunicaba con un riachuelo, utilizado como foso de defensa de la fortificación, además de otros procedimientos defensivos usados por los almohades como son las barbacanas o muros defensivos.

Torre albarrana del Arco del Cristo

De estructura cúbica y con cuatro almenas por lado. Protegía la otra puerta de la muralla (del Río o del Cristo), que estaría flanqueada por dos de las que sólo queda está en pie.

Torre de espadero

Único resto que se mantiene de un antiguo palacio del siglo XIII-XIV. Está construida en mampostería con sillares en las esquinas. Se piensa que pudo estar edificada sobre un antiguo basamento romano.

Lo más sobresaliente es su espléndido matacán de esquina, sostenido por nueve grandes mensulones de granito. A destacar también su coqueto ajimez, encuadrado en alfiz de equipo mudéjar y dos graciosas ventanitas gemelas, separadas por mainel, elemento éste muy repetido dentro de la arquitectura palaciega cacereña.

Su cuerpo anteriormente almenado, sufrió desmoche en tiempos de lo Reyes Católicos.

Aparecer totalmente sola junto al palacio de Moctezuma, al que se le pensaba incorporar para formar parte de un Parador Nacional de Turismo.

Además de ser torre de palacio, serviría asimismo de defensa de la antigua Puerta de Socorro (otra de las cuatro puertas del recinto amurallado) a la cual se encontraría unida, cruzando esta puerta sobre el antiguo adarve hoy desaparecido.

Torre del homenaje en el palacio de los Golfines de Arriba

De las cinco torres que poseía este palacio, sólo queda esta en pie. Las otras fueron desmoche a las o destruidas en tiempo de los Reyes Católicos. Pese a esto, en las esquinas del edificio, aún pueden apreciarse los arranques de tres desmochadas torres y el matacán de una de ellas.

La del homenaje se conserva en su integridad debido a la autorización que al rey Fernando V “el Católico” concedió en 1506.

Está construida en mampuesto con esquinas de sillares regulares que, de igual manera, enmarcan los vanos góticos. Coronándola aparece un bonito almenaje, así como dos gárgolas zoomórficas en cada franco.

En sus lados exteriores aparecen grabados de los escudos de la familia: cuartelado de torres y lises, adornados con lambriques y ristre.

Torre de Los Plata

Está incluida en el Palacio del Vizconde de Rodas. Su planta es cuadrangular y sus muros están construidos con mampostería y sillares en las esquinas, disponiéndose los ya citados mechinales en el punto de unión de ambos materiales.

Destaca su matacán volado de esquina, apoyado en nueve modiones y el típico ajimez con mainel marmóreo.

La presencia de tejas dispuestas afuera de todo rigor arquitectónico en su terraza, nos indica que ésta sufriría el tan repetido desmoche, por tanto iría rematada con almenas.

Por los elementos que la definen, podemos apreciar la gran similitud que existe entre ésta y la de Espadero antes citada, lo que nos induce a pensar que sería un modelo repetido en aquellos tiempos.

Torre de la Casa del Águila

Hoy desaparecida.

Torre de Sánchez y Paredes

Sin datos.

Torre del Comendador

Forma parte del Palacio de los Ulloas, antigua Casa del Comendador de Alcuéscar, siendo ésta la parte más antigua del mismo. Ha sufrido numerosas reformas.

Es una torre cuadrada, de gran altura, con basamento de mampostería y sillería en el resto.

A diferencia de las anteriores, su parte superior no posee almenas, sino que va rematada por una balaustrada, en cuyos ángulos se disponen soportes con bolas. Aparece un balcón en la fachada principal sobre el que se disponen dos escudos (Ulloa-Carvajal) enmarcados por alfiz. Encima observamos la puerta de un cuadro con arco bilobulado, sin parteluz, sobre el que se dispone el escudo de los Ulloa, todo hecho igualmente rematado por alfiz quebrado.

En la fachada sur continúa el balcón antes citado y sobre él el blasón (Ulloa-Carvajal) y, ascendiendo, encontramos primero una saetera cristiana y después otra ventana de estructura análoga al anterior, también enmarcada en alfiz.

Torre de las Cigüeñas

Lo más interesante de esta torre es que aparece, al igual que la del Homenaje, completa debido a un privilegio concedido por los Reyes católicos a su paladín, don Diego de Cáceres Ovando, que apoyaba su causa.

Torre alta y cuadrada cuyos muros repiten los típicos materiales: van puesto y sillería las esquinas.

Salpican la torre numerosas ventanas, unas con arcos de medio punto y otras escarzanas, rompiendo así la monótona estructura vertical de la torre. Presenta una cornisa volada, apoyada en canecillos y rematada con almenas cuadradas que, anteriormente, fueron escalonadas.

Torres de los Golfines de Abajo

Cada una de las torres de este palacio, representa una etapa diferente dentro de la historia. Así, la más antigua, data de tiempos de Enrique IV, con fábrica de mampuesto y sillería en las esquinas. La existencia de dos matacanes, apoyados en tres ménsulas, nos hace pensar que el remate sería, al igual que en el resto de las torres cacereñas, almenado porqué el que hoy posee es obra posterior; formado por una “logia” con ocho arcos rebajados, dos por cada flanco, y techo hombre a cuatro aguas. Dicha “logia” aparece repetida en la Casa de los Moragas, próxima a la torre.

Gloria del plateresco cacereño, es la otra torre que sobresale del conjunto avanzando hacia la plazuela. En ella observamos dos cuerpos claramente diferenciados, separados por una moldura ricamente decorada con motivos geométricos.

El cuerpo inferior posee basamento y esquinas de sillares, siendo el resto de mampuesto. El cuerpo superior, por el contrario, es todo él de sillares muy bien escuadrados. En él hay que destacar la cartela que dice “esta es la casa de los Golfines”, todo ello rodeado por motivos decorativos: lambrequines y yelmo timbrado del escudo de dicho linaje y bajo el mismo dos hachas cruzadas. Plantean las esquinas dos medallones en alto relieve.

Recorriendo la torre y el resto de la fachada del palacio, vemos una rica crestería plateresca, formada por grifos y dragones entre flameros, lo cual prueba el gran mérito del escultor al no usar en su elaboración piedra blanda, sino granito de la propia cantera extremeña.

Torre redonda del Palacio de Carvajal

Adosada al palacio de Carvajal es de época anterior al mismo aunque la fecha exacta de su construcción se desconoce.

Se piensa que es un resto de las fortificaciones que construyeron los Fratres de Cáceres hacia 1169-1173, aunque fue transformada en el siglo XVI.

Al exterior destaca su estructura redonda construida en mampostería entre la que resaltan las típicas ventanas de tipo morisco. En su interior, la planta baja posee una capilla cubierta con bóveda semiesférica, decorada con pinturas góticas del pintor Juan Bautista Pachi.

Torre del Palacio de los Toledo-Moctezuma

Surge de este palacio junto a la vecina muralla almohade una torre maciza, pesada, construida en ladrillo y horadada en cada franco por dos vanos de arco rebajado al igual que los de la galería de ventanas de la parte superior del mismo.

Dicho torreón rematará en una cúpula redonda coronada por un pequeño capulín sostenido por seis balaustres rematado en punta y bola. Asimismo, las esquinas del cuerpo cúbico de la torre se elevan en cuatro pináculos.

Destaca en el cuerpo bajo de la torre, en uno de los ángulos, un precioso escudo esquinado, blasón partido compuesto por las armas de Carvajal-Toledo (sus constructores).

Actual mente ha sufrido una cuidadosa restauración ya que se pensó habilitar este palacio como Parador Nacional de Turismo.

Torre del Palacio de Godoy o Casa del Roco

Pertenece a la casa de Francisco de Godoy, conquistador amigo de Pizarro y Almagro.

Presenta la típica estructura que poseían los palacios hechos con el dinero de la Conquista, de los que tenemos numerosos ejemplos en Trujillo, Plasencia y otras poblaciones extremeñas.

La torre hace ángulo y en ella se observa el típico balcón de esquina de tipo manierista, con arco de medio punto a dos haces flanqueado por dos columnillas estriadas, apoyadas en pinto de tipo compuesto, sobre las que se levanta un frontón partido y encima de él un tímpano en cuyo centro se halla una figura en alto relieve. Sobre él, aparece un escudo también esquinado con el ajedrezado de los Godoy a un lado y flores de lis de los Aldana a otro. Roleos, angelotes, amorcillos, figuras antropomórficas, mitológicas y todo ello coronado por un yelmo. Constituyen una magnífica obra.

Torre de la Casa de los Trucos o de Galarza

Presenta esta casa una torre muy alta, toda ella de mampostería con esquinas de sillares. Posee azotea cubierta en la que se abre una “logia” con dos vanos en cada lado de arcos rebajados, semejante a los de otros palacios (Toledo-Moctezuma, Golfines de Abajo, etc.). En la parte inferior aparece una ventana esquinada a dos haces sostenida por mainel y con una decoración de tipo renacentista. Enmarcando el vano, se disponen dos pilastras adosadas decoradas con motivos platerescos, coronadas por jarrones y, entre ambas, un escudo sostenido por dos grifos. Bajo la ventana recorre toda la torre un gran balcón de hierro sostenido por modillones.

Torre de la Casa del Marqués de Camarena

Se alza en la esquina de la casa. Se levantó este palacio aprovechando una casa-fortaleza del siglo XV, uno de cuyos restos es esta torre hoy desmochada.

Está construida con los tan repetidos materiales: mampostería con esquina de sillares. En su lado principal presenta un matacán aspillerado apoyado en cinco grandes mensulones, horadado de saeteras.

Actual mente está en proceso de restauración.

Torre de los Duques de Abrante

El palacio de los Duques de Abrante está dotado de una enorme y macizas torre desmochada, huella de los Reyes Católicos, como tantas otras. Hoy queda tan sólo su cuerpo bajo, donde se halla el resto de un magnífico matacán, que destaca por su larga, apoyado en ocho modillones y decorados con bolas de tipo Reyes Católicos, al cual le falta la parte superior.

Torre de los Ovando

Presenta un solo cuerpo macizo, todo él de mampostería exceptuando los enmarques de los vanos. Es de estructura cuadrada, colonos de sus ángulos achaflanados.

Esta horadada por cinco vanos, tres de los cuales dan a la Plaza de Santa María. Estos aparecen superpuestos a diferentes alturas, siendo el central mayor y más ancho que los dos restantes así como el más decorado, dotado con arco mixtilíneo y moldura de entrelazo, en cuyo centro se aloja el escudo de los Ovando-Ulloa. La moldura que marca el arco son haces de columnillas adosadas, que parten de una basa y acaban configurando el arco.

La parte superior posee un remate que, a juzgar por el aspecto de su material, debe ser de época relativamente reciente, como casi todos los remates de las torres cacereñas.

Torre de San Mateo

En el extremo noroeste del templo, se haya esta torre construida por Pedro Vecino en el siglo XVIII.

Presenta tres cuerpos, siendo el inferior de ellos el más antiguo, alojando en su interior la capilla de los Ulloa, uno de lo más importantes linajes cacereños que, seguro, contribuyó a posibilitar dicha construcción.

Toda la torre aparece desprovista de ornato. Tiene esquinas de sillería siendo el resto de la obra de mampostería a excepción de las pilastras de ladrillo que se sitúan a ambos lados de los vanos del cuerpo de campanas.

Rematan la torre cuatro pináculos, uno en cada esquina, y en el centro un pequeño prisma truncado por una estructura metálica que contiene una campana y sobre la que se levanta una veleta.

Torres de San Francisco Javier (Preciosa Sangre)

La portada barroca de la misma, era delimitada por dos elevadas torres de igual estructura que, junto con el desnivel del terreno y la escalinata de la Plaza de San Jorge, parecen dar al edificio una altura desmesurada.

Al exterior, presentan un primer cuerpo con tres ventanitas a diferentes alturas que dan al cuerpo de escaleras de la torre, separado de un segundo cuerpo por unas molduras. Dicho cuerpo superior se halla horadado con vanos con arcos de medio punto embarcados en planas pilastras que corresponden al cuerpo de campanas. Remata todo el conjunto de las torres sendas pirámides que acentúan aún más la altura de las torres y del propio edificio.

Torre de Santa María

Situada a los pies del e iglesia. Su estructura de tipo cúbico presenta tres cuerpos separados por lisas molduras que interrumpen la verticalidad de la misma. En toda ella se abren pequeñas ventanas que dan al cuerpo de escaleras por donde se accede al campanario.

En el cuerpo inferior, en la esquina de la misma, se aloja la estatua de San Pedro de Alcántara que para este lugar hiciera Pérez Comendador; además de algunos vanos entre los que destaca uno de medio punto abocinado, hoy secado. Este cuerpo es obra del siglo XV, el resto terminado en 1558 por Pedro Marquina según trazas de Pedro de Ibarra.

En el cuerpo central aparecen relieves del jarrón de azucenas alusivas a la dedicación del templo, enmarcado todo hecho por cuatro amorcillos.

El cuerpo superior aloja campanas, contenidas en arcos de medio punto, bajo las cuales aparecen arquillos ciegos y una balaustrada adosada. El friso que aparece bajo la cornisa, está todo él decorado con cruces y arcos, también ciegos, y a ambos lados de los vanos que contienen las campanas, aparecen dos medallones lisos, siendo toda esta decoración típica en las obras de Pedro de Ibarra.

En la cornisa aparecen gárgolas zoomórficas, situadas en los ángulos de la torre, así como en el centro de cada cara, rematando la torre cuatro flameros sobre plinto, habitáculo donde anidan los bellos ejemplares de cigüeñas de nuestra tierra.

Torre de Santiago

De estructura cuadrilonga, está compuesta por dos cuerpos que se diferencian por sus materiales, el inferior de mampostería y el superior de sillares. En este último se sitúa el cuerpo de campanas que esta horadado al exterior por vanos dobles en dos de sus lados y por un vano en el resto, siendo todos ellos de medio punto.

La estructura que rematará torre es similar a algunas ya citadas: pináculos y gárgolas en la cornisa y una corona piramidal.

Torre de San Juan

Esta cuadrada y baja torre aparece situada en el lado del evangelio, toda ella fabricada en sillería bien labrada y estructurada en dos cuerpos con arcos de medio punto conteniendo las campanas. Todo ello aparece coronado por la típica cornisa (gárgolas y pináculos).

Fue llevada a cabo por Gabriel de Roca y Lorenzo Martín Paniagua en 1591.

BIBLIOGRAFÍA:

  • ANDRÉS ORDAX, Salvador: “Monumentos artísticos de Extremadura”. Salamanca, 1986.
  • FLORIANO CUMBREÑO, Antonio: “Cáceres Monumental”. Cáceres, 1978.
  • HURTADO, Publio: “Castillos, torres y casas fuertes de la provincia de Cáceres”. Cáceres 1975.
  • RUBIO ROJAS, Antonio: “Cáceres ciudad histórico-artística”. 1979.
  • SELLER DE PAZ, Germán: “Cáceres visto por un periodista”. 1981.
  • CALLEJO SERRANO, Calos: “Cáceres monumental”. 1980.
  • TORRES BALBÁS, Leopoldo: “Arte almohade, arte mudéjar y arte nazarí”, en: Ars Hispaniae, vol. IV.
Oct 011987
 

Magdalena Ortiz Macías.

DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA: ANTECEDENTES

Los antecedentes del descubrimiento de América se basaron, entre otros, en:

  • El encarecimiento de los productos orientales, que suponía la necesidad de riquezas y metales preciosos, en una economía que carecía de medios de pago.
  • La inseguridad en las rutas terrestres hacia Oriente debido a la expansión del Imperio Turco desde finales del siglo XIII; esto origina la necesidad de una vía marítima hacia el Oriente.
  • El perfeccionamiento de la cartografía, el transporte marítimo, la brújula, la carabela, etc.
  • La idea de la esfericidad de la tierra, admitida a través de la relectura de escritos griegos.

Estos hechos indujeron, primero los portugueses (llegaron a las Madeira, Azores, sur de África, etc.), y posteriormente a Colón a lanzarse al mar en busca de nuevas tierras, nuevas riquezas y un nuevo poder.

Socialmente, también debemos resaltar los antecedentes, ya que fueron muy importantes en la empresa americana.

Durante la Edad Moderna, existen socialmente varias características:

  • Estamentos sociales cerrados, impermeables para las clases no privilegiadas.
  • Se mantiene la misma jerarquización social de la época anterior, con elevado poder de los nobles en detrimento de las clases inferiores.
  • Tendencia progresiva de la demografía castellana, suponiendo la repoblación de territorios vacantes y la generación de una corriente emigratoria a las Indias.
  • Elevado número de esclavos que ven en la emigración una salida a su esclavitud.
  • La existencia de un sistema hereditario injusto imparcial: el primogénito es el heredero de los mayorazgos, que van aumentando extraordinariamente en las familias nobiliarias. Los demás hijos heredan una parte de los bienes, la legítima, pero la parte de libre disposición va a aumentar los bienes del primogénito. De aquí que los “segundones” suelan emigrar, mucho más en la época en que las promesas del oro de América son alentadoras de poder.

Estas características sociales, están íntimamente ligadas a las económicas y al sistema fiscal de la época: extensión del señorío nobiliar y eclesiástico en el siglo XVI y presión fiscal sobre una población que carecía de medios económicos para responder.

DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA: CONDICIONAMIENTOS SOCIALES Y ECONÓMICOS

La colonización de América está reservada al reino de Castilla, que se incorpora las nuevas tierras en las cortes de Valladolid en 1518.

Los conquistadores serán, como apuntamos, segundones de la nobleza, ex-soldados, aventureros, etc. que buscan fundamentalmente poder y riqueza.

A los pobladores se les exige “limpieza de sangre” y se les motiva con el reparto de tierras, conmovemos en la capitulación con Alonso de Mendoza fechada el 13 de febrero de 1502: “Llevé L vecinos o más con sus mugeres e casas a poblar… los susodichos puedan poblar, e les de terminó para ello…, e que en el repartimiento de las faziendas de la dicha población que ay se holiere de repartir a los dichos…, se les de el terçio más de fazienda a los casados que a los otros… Yten, de todo lo que labraren e criaren los dichos veçinos paguen el diezmo… [1].

Igualmente, a los pobladores se les dan promesas de poder, fundan ciudades… procediendo igualmente al reparto de tierras para su cultivo, someten y colonizan extensas regiones, etc.

La Corona, por su parte, escasa en recursos económicos conceder licencias autorizando la explotación y la conquista.

Estas circunstancias unidas a otras como la tradición indígena, el medio geográfico, las circunstancias económicas y sociales en que se llevó a cabo la colonización por parte de los españoles, la mentalidad señorialismo castellano y campesino, fueron factores que propiciaron la formación de grandes propiedades de tierras como signo de poder.

Además de la necesidad de tierras cultivables, los conquistadores y la Corona buscan la riqueza minera que constituye la base de la economía americana.

Las minas pasan a ser propiedad de la Corona, hecho que constituye una importante fuente de ingresos, ya que perciben un quinto del metal producido además de los derechos, como de cualquier mercancía. La Corona cede de los derechos de explotación a particulares, a cambio de las tasas apuntalasen.

Dos que la Real Hacienda obtiene de las perlas son importantes; sirva como ejemplo el hecho de que desde 1513 a 1540 recibe anualmente de Cubagua (Isla de la Perla) unos 350 marcos, cifra que se triplica en época de Felipe II.

Se cuantifica que los tesoros recibidos de Indias a lo largo del siglo XVI ascienden a 9.550 toneladas de oro y plata.

Hay que destacar las incautaciones que la corona hacía cuando las remesas de oro y plata de particulares llegaban a Sevilla, hecho que constituyó un serio obstáculo tanto para comercio indiano como para el fortalecimiento de los mercados del siglo XVI. Ante esto, los mercaderes envían ocultamente sus tesoros en lugar de registrarlos, y bien los retienen en América o los envían a Portugal intentando evitar la retención de fondos y la incautación real.

EXTREMADURA EN EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA: NOTAS GENERALES

Según los recuentos de vecinos conservados en Simancas, la población extremeña del siglo XVI, era de 550.000 habitantes aproximadamente.

Según datos de Meter Boyd-Bowman, entre 1494 y 1540 emigraron a Indias 2.976 extremeños, según los registros de pasajeros de la Casa de Contratación de Sevilla; entre 1540 y 1559 fueron 1.416; y entre 1560 y 1579 serían 3.295 los emigrados.

Este importante volumen de emigrantes extremeños se debe a varias causas. Primeramente no podemos olvidar los motivos sociales y económicos que señalamos al inicio de este trabajo y que estudiamos dentro de unos antecedentes generales que abarcan a toda la Península Ibérica.

En segundo lugar, hay que apuntar que además de estas ideas generales que influían directamente sobre Extremadura, debemos recordar que Andalucía y Extremadura sufrían además de una serie de características socio-económicas distintas, y que las diferenciaban, en parte al menos, del resto del país y que influyeron en que en estas regiones el movimiento colonizador fuera más pronunciado:

  • El sistema de la Hacienda Real castellana.- los impuestos, tanto directos como indirectos, agravaban excesivamente las clases menos favorecidas. Los directos agravaban sobre todo a los habitantes de los señoríos. Los indirectos que más afectaron a los extremeños eran las acabadas, tercias reales y las regalías eclesiásticas.
  • El estancamiento económico provocado por el sistema fiscal de la Hacienda y potenciado sobre todo en la agricultura, debido al auge de la ganadería, fomentada por el desarrollo de la Mesta.
  • Los grandes latifundios señoriales pertenecientes a la nobleza y a las órdenes militares eran cultivados por colonos, quienes vieron en América la posibilidad de convertirse en propietarios y beneficiarios directos de tierra y oro.

De estas características, surge la aclaración intrínseca de que la mayoría de los colonizadores extremeños del siglo XVI sean campesinos, colonos, braceros, etc.

José Luis Martín nos aporta datos sobre las características socio-profesionales de los emigrantes extremeños a América[2]:

  • Gente joven
  • Gente común, carente de riquezas.
  • Labradores y también un número elevado de nobles, calificados como tales o como hidalgos, que son los amos de un cierto número de criados que también son citados en las listas de embarque.

Son varias las ciudades extremeñas reflejan un amplio porcentaje de migración hacia América de entre las que destacan las siguientes:

  • Trujillo: se han contabilizado un total de 155 emigrantes trujillanos que se dirigen hacia: Perú (112 individuos); Nueva España (22); Quito (tres); Yucatán (tres); y Guatemala (1).
  • Cáceres: un número de 37 individuos emigran a: Nueva España (7); Colombia (9); Perú (11); Guatemala (2); Florida (2); Filipinas; etc.
  • Plasencia: contabilizamos 34 emigrantes hacia: Perú (17); Colombia (6); Honduras (6); etc.
  • Zafra: se cuentan 84 individuos que se dirigen hacia: Nueva España (1); Perú (62); Quito (4); Colombia (14); etc.
  • Badajoz: veintitrés individuos hacía: Honduras (3); Nueva España (3); Filipinas; Yucatán; etc.
  • Brozas: con un total de 14 individuos.
  • Valencia de Alcántara, con 2.
  • Medellín, Mérida, Villafranca de los Barros, etc, con un número de emigrantes considerable, igualmente[3].

CÁCERES EN EL DESCUBRIMIENTO DE AMÉRICA

Como veíamos en el capítulo anterior, fueron aproximadamente 37 individuos los que en el siglo XVI salen de la capital cacereña buscando una vida mejor en América.

Se dirigen preferentemente a Perú, Nueva España, Florida, Guatemala, Santo Domingo, Colombia, etc., seguidos por los motivos que también anteriormente tratamos al hablar de la movilidad de los extremeños.

El Conde de Canilleros recoge claramente la idea que hemos querido apuntar en nuestro trabajo sobre la influencia que tuvo el oro de América en los palacios cacereños y en general en la ciudad monumental que hoy se conserva perfectamente.

“… Cáceres tuvo en las conquistas indianas amplísima representación, ya que aquí nacieron, entre otros muchos, Francisco de Godoy, lugarteniente de Francisco Pizarro en Lima durante la sublevación del inca Manco II; Juan Cano de Saavedra, capitán de Hernán Cortés y marido de la única hija legítima del emperador Montezuma; Hernández Girón, famoso por su san danzas y rebeldía en el Cuzco; y García Holguín, el que hizo prisionero al último soberano azteca, al indómito Cuauhtemoc.

El oro indiano vino a sumarse a las grandes riquezas de la aristocracia feudal y ganadera, para añadir bellos detalles al suntuoso y señorial del conjunto urbano, tal como el palacio del referido Godoy…”[4].

De los emigrantes cacereños, hemos recopilado el nombre de seis que participaron plenamente en la colonización americana, cuyos nombres perviven en la historia cacereña[5]:

Juan Cano de Saavedra

La familia Cano fue una de las que contribuyeron a la reconquista de Cáceres.

……………………………………[6]

… Batallas de Tabasco, Tlaxcala, Otumba, etc.

Conquistado el Imperio Azteca, García Golfín se unió a Pedro de Alvarado para la conquista de Guatemala.

Sometida Guatemala, fue enviado a Perú a participar en la conquista con Pizarro. Posteriormente, se sabe que García Golfín, se asentó en la ciudad de Trujillo (Perú), y no tenemos referencia si antes o después volvió a la ciudad cacereña.

Casa de los Golfines de Arriba

Fue levantada por García Golfín, Señor de Casa Corchada, en el siglo XV. En tiempos de los Reyes Católicos fueron disminuidas las grandes torres que lo franqueaban, quedando solamente completa la del homenaje. La fachada delantera ha sido reconstruida en siglos posteriores. Todo el conjunto recoge amplias proporciones arquitectónicas pero de sencilla y espléndida belleza.

Francisco de Godoy

Nuestra muy claro cuál es la procedencia del apellido; unos piensan que proviene de “godo”, valiente, esforzado; y otros de “Goido”, sin saber qué significado tiene dicho vocablo.

El primer Godoy que se asentó en Cáceres fue Rodrigo de Godoy, comendador de la Orden de Alcántara a mediados del siglo XV. Nieto de comendador fue Francisco de Godoy. En 1527 partió a América, participando en la conquista del Imperio Inca junto Pizarro. Con Valdivia estuvo en Arauco participando activamente en las batallas reconquista.

Obtuvo riquezas muy considerables al corresponderle gran parte de los tesoros de Atahualpa. Fue Regidor de la ciudad de Valdivia en Chile; Teniente General de Francisco Pizarro y Gobernador en la Ciudad de los Reyes.

Posteriormente volvió a Cáceres, fundando un gran mayorazgo y construyendo su señorial palacio en la plaza de Santiago. Murió en 1564. Heredó su mayorazgo y el de su esposa Leonor de Ulloa, su hijo Rodrigo de Godoy y Ulloa.

Ovando

Es una de las familias más antiguas y poderosas de España. Son procedentes de Cantabria.

En los siglos XVI y XVII, fue una de las familias más numerosas en la sociedad cacereña. Poseían amplias riquezas y gran cantidad de casas repartidas por toda la ciudad: plaza de San Martín, de San Mateo, Santa Ana, Plaza Mayor, calle Olmo, Cuesta de la Aldana, el Adarve, etc.

El primero Ovando conocido en Cáceres fue Don Nuño, quien sabemos era clérigo y vicario de la villa.

Uno de los más ilustres cacereños en la colonización americana fue Nicolás de Ovando. Fue comendador mayor de la Orden de Alcántara y designado por los Reyes Católicos como primer Gobernador de la isla La Española.

El día 3 de septiembre de 1501 fue nombrado gobernador de la citada isla y se le encargaron varias misiones: velar por la conversión de los judíos; establecer un régimen de autoridad entre los españoles que hasta entonces no había existido; velar por el orden entre los indios con el fin de que los españoles no les sometieran a malos tratos; regular el comercio y el pago de los tributos del oro que se extraía de las minas americanas.

La primera parte de su gobierno supuso una actitud de política militarista, debido al doble alzamiento indígena en que se vio metido de este el principio.

Posteriormente, cuando fue capaz de establecer el régimen municipal, pretendió llegar a la uniformidad en el régimen de vida de españoles e indios. Fue la primera aspiración civilizadora consistente en la agrupación de las dos culturas.

Nicolás de Ovando ha sido reconocido por la historia como el iniciador de la obra colonizadora al establecer un régimen de normalidad tras la época turbulenta del régimen de Colón, más inclinado a los descubrimientos.

Hernando de Ovando fue otro miembro importante de esta familia. Fue caballero y comendador de la Orden de Santiago; constructor del famoso Palacio de Ovando que existe en la plaza de Santa María.

Palacio de Ovando

Está situado en la plaza de Santa María y separado del Palacio Episcopal por una estrecha calleja. La portada este estilo renacentista, con arco de medio punto inscrito dentro de un marco arquitrabado sobre pilastras; como remate sobresale un amplio escudo dentro de un arco ovalado con las armas de Ovando y Ulloa; y por encima otro escudo esgrafiado con un águila imperial. En el interior sobresale un amplio patio porticado.

Toledo Moctezuma

El cacereño Juan Cano Saavedra se casó con la princesa azteca Isabel de Moctezuma; fruto de su matrimonio fue Juan Cano de Moctezuma, constructor del famoso palacio de la familia Toledo Moctezuma, el cual refleja características de las antiguas civilizaciones americanas.

El palacio es una enorme casa de mampostería, que conserva algunos restos medievales como, por ejemplo, la fachada principal. Esta tiene arco adintelado, y sobre él un amplio escudo que enmarca un alfiz. La torre, obrada en ladrillo, gruesa y pesada y rematada por una cúpula, se eleva sobre las murallas, mostrando un gran escudo de esquina (escudo familiar de la familia Moctezuma-Carvajal).

En el interior, lo más interesante son las pinturas que decoran las salas principales, con escenas que reflejan directamente el gusto americano de los dueños.

Existe en el palacio episcopal, algunos elementos decorativos que nos hablan de la influencia americana: en su fachada aparece la representación de dos indios en las enjutas; son dos esculturas realizadas una de forma ruda (el indio) y otra de muy buena traza. Este hecho posiblemente este relacionado con la época en la que fueron trazados estos relieves. Lo situáramos en tiempos del obispo Diego Enríquez de Almanza, hermano de Martín Enríquez, el que fue Virrey de México y Perú.

La influencia económica y artística está claramente plasmada en estas dos iconografías cacereñas.

Toda esta riqueza traída de América y plasmada en los palacios cacereños, ha contribuido directamente para que la UNESCO declarara en noviembre de 1986 la ciudad de Cáceres como Patrimonio de la Humanidad.

BIBLIOGRAFÍA

  • ANDRÉS ORDAX, S.: “Cáceres patrimonio de la humanidad”. Barcelona, 1987.
  • CAMPESINO FERNÁNDEZ, A.: “Estructura y paisaje urbano de Cáceres”. Madrid, 1982.
  • CALLEJO SERRANO, C.: “Cáceres monumental”. Madrid, 1980.
  • CARDALLIAGUET, M.: “Estimación de los factores de la emigración extremeña en el siglo XVI”, en: R. E. Ex., núm. XXXIV. Badajoz, 1978.
  • DOMÍNGUEZ ORTIZ, A: “El Antiguo Régimen: los Reyes Católicos y los Austrias”, en: Historia de España. Madrid: Alfaguara, 1981.
  • MARTÍN MARTÍN, J. L.: “Los tiempos medievales”, en: Historia de Extremadura, t. II. Badajoz, 1985.
  • PUBLIO HURTADO: “Ayuntamiento y familias cacereñas”. Cáceres, 1915.
  • RODRÍGUEZ SÁNCHEZ Y RODRÍGUEZ GANCHO: “Los Tiempos Modernos, en: Historia de Extremadura, t. III. Badajoz, 1985.
  • RUBIO Y MUÑOZ BOCANEGRA: “La emigración extremeña a Indias en el siglo XVI”, en: R. E. Ex. Badajoz, 1930.

NOTAS:

[1] A.G.I.: Leg. 418, Lib. I, fols. 78-79vº.

[2] MARTÍN MARTÍN, J. L.: “Historia de Extremadura. Los tiempos medievales”. Badajoz: Universitas editorial, 1985, t. II.

[3] Datos tomados de RUBIO Y MUÑOZ BOCANEGRA: “la emigración extremeña del siglo XV. Aportación para un fichero de emigrantes extremeños”, en: R. E. Ex., 1930

[4] MUÑOZ DE SAN PEDRO, M.: “Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses”. Madrid, 1961.

[5] Datos recogidos en los cuadernos de PUBLIO HURTADO. “Ayuntamiento y familias cacereña”. Cáceres, 1915.

[6] OJO: falta una página en el artículo conservado.