Mar 012014
 

Daniel Curado Fuentes.

 El opϊsculo anσnimo «Las Vitas» del siglo VII nos informa de la existencia de los primeros planes de «pensiones»[1] en la ιpoca de los obispos Fidel y Mausona. Se ha enfocado nuestra investigaciσn en estas pensiones, y creemos haber acumulado datos histσricos suficientes para confirmar su existencia.  Manejamos, entre otros el trabajo del doctor Aquilino Camacho Macνas, El libro de las Vidas de los Santos Padres de Mιrida .

[2La prαctica de hacer entrega de los bienes al obispo o a la Iglesia[3] para recibir a cambio la seguridad de una renta periσdica vitalicia parece haberse convertido en costumbre para muchos laicos, especialmente para el colectivo de las viudas.  Este compromiso financiero, que nos sugiere, en cierto modo, una forma genιrica anαloga al actual Plan de Pensiones,existe ya al final del siglo VI, en la provincia de Lusitania.

 

El Concilio IV de Toledo del aρo 633, Canon XXXVIII, trata el tema de la ayuda que ha de prestarse a los fundadores de las iglesias y a sus hijos: «Cualquier fiel que por su devociσn cediese algo de sus bienes a la Iglesia, si luego ιl mismo o sus hijos se vieren reducidos a la miseria, deberαn recibir de la misma Iglesia lo necesario para vivir segϊn las circunstancias, pues si sσlo por amor a la religiσn se concede el disfrute de los bienes eclesiαsticos, a los monjes, a los clιrigos, a los peregrinos, o a cualquier otro que padece necesidad, Ώ cuαnto mαs ha de mirarse por aquιllos a los que se les debe una obligaciσn de justicia?».[4]

     En este trabajo esperamos demostrar que en la zona de Mιrida  se llevaron a cabo una serie de operaciones de ayuda financiera en relaciσn con el pueblo y en especial con las viudas durante el siglo VI. Estas operaciones equivaldrνan hoy dνa al llamado Plan de Pensiones.

 

La Lusitania en la ιpoca visigoda

 

Mιrida es fundada en el aρo 25AC y XV de la era de Cιsar con el nombre de Colonia Augusta Emιrita. Es la capital de la Lusitania creada por Octavio Augusto.

El aporte ιtnico mαs fuerte de Mιrida proviene de la poblaciσn visigoda que penetra en el aρo 494. La presencia de obispos arrianos en Mιrida es todo un sνmbolo en lo que se refiere a la existencia de un nutrido nϊcleo visigodo. En concreto, a partir del ϊltimo cuarto del siglo V, reinando Eurico, hasta finales del siglo VIII, cercana la invasiσn sarracena, comienza lo que Camacho ha llamado el «largo perνodo de esplendor de casi doscientos cincuenta aρos».[5]

 

La Edad de Oro de la Iglesia Emeritense viene marcada por los obispos Paulo, Fidel y Mausona. La ciudad recibe visitas de grandes prelados como es el caso de Gregorio de Tours y San Fractuoso de Braga, atraνdos por los milagros de la mαrtir Santa Eulalia. «Se podrνa reconstruir la imagen de la urbe como la de una ciudad que gira en torno a una monarquνa absoluta, aunque electiva, con el papel que en todos los αmbitos desempeρan sus personajes eclesiαsticos».[6]

 

La funciσn del Obispo en la Iglesia Emeritense

Recadero convierte al pueblo Emeritense al catolicismo(586-601). Fue en el Concilio III de Toledo del aρo 589 donde se confirma la conversiσn al catolicismo. En ιste se reϊnen 65 obispos y cinco vicarios presididos por el obispo Mausona de Mιrida; es obvia la importancia del catolicismo Emeritense en la Iglesia de su ιpoca.

 

Los ΄Obispos`[7] visigodos mantienen en la Iglesia Emeritense una tarea no sσlo religiosa, sino tambiιn social. No se trata de  un rasgo exclusivo del perνodo de denominaciσn visigoda, ya que las bases se asentaron en el Bajo Imperio Romano a mediados del siglo IV.

 

Vemos, por tanto, que la actividad episcopal adquiere un matiz fuerte en cuestiones sociales, superando los lνmites del marco religioso. Segϊn Fernαndez Ortiz de Guinea, «la manifestaciσn prαctica de estas tareas de protecciσn social se cristalizan en dos αmbitos convergentes: la administraciσn de justicia junto a los jueces civiles, y el amparo de los grupos mαs desfavorecidos frente a los potentes y la propia Administraciσn Civil».[8]

Los obispos actϊan como un juez civil, solo en causas no criminales, ante la comunidad cristiana. Las condenas impartidas por los obispos poseen un carαcter eclesiαstico y su cumplimiento queda garantizado por la amenaza de la excomuniσn. De este modo, el tribunal es compartido por un obispo y un juez civil, lo cual permite un apoyo mutuo tanto en las faltas religiosas como en  las civiles.

 

La segunda funciσn del obispo dentro de la Iglesia viene a ser la de la defensa de la comunidad ciudadana como grupo y de la protecciσn particular de los individuos de dicha comunidad. «Es de importancia mencionar la especial protecciσn de huιrfanos, viudas y pobres, junto a la vigilancia sobre la gestiσn de los tutores, la ejecuciσn de testamentos y la justicia fiscal de los recaudadores».[9]

El obispo es el defensor de la paz, por lo que interviene en acciones diplomαticas; es defensor de la fe, como representante de la comunidad religiosa. Finalmente, es defensor del pueblo ante los poderosos.

 

Los obispos tambiιn ejercνan actividades financieras o econσmicas dentro de la Iglesia. Segϊn lo dicho en «El Primer Banco conocido en la Historia de Extremadura»[10], los obispos Emeritenses, y en especial el obispo Mausona de Santa Eulalia de Mιrida, creσ una forma de banco para ayuda a los sectores mαs empobrecidos de la ιpoca: «Mausona dispone de un sistema administrativo-financiero dirigido a una clientela de bajos niveles econσmicos y alto riesgo de morosidad o de incapacidad de pagar la deuda, con una capacidad asombrosa de gestiσn de crιditos sin trabas ni demoras y sin limitaciσn de cantidad a entregar a los clientes».[11]

 

Marco de referencia econσmico-fiscal

 

No es la intenciσn de este trabajo un estudio exhaustivo de la historia socio-econσmica de Mιrida durante el siglo VI. De hecho, como anuncia Garcνa Moreno, «estαn todavνa por hacer numerosos estudios parciales para que una obra tal pueda llevarse a cabo con ciertas garantνas de ιxito».[12]

El reino visigodo heredσ todos los problemas fiscales sufridos durante el Bajo Imperio Romano, en cuanto a que ambos regνmenes basaban su economνa monetaria en el oro; de ahν que se viesen entregados a la intensa bϊsqueda de dicho metal.»La

 

posesiσn del oro era la ϊnica forma posible de hacer frente a todos los gastos que las guerras ocasionaban y a las rebeldνas internas de los grandes propietarios, asν como al mantenimiento de todo el aparato burocrαtico heredado del Bajo Imperio y que los visigodos se empeρaban en continuar».[13]

 

Durante el siglo sexto los visigodos intentaron hacer frente a estos problemas fiscales aumentando la presiσn fiscal y consintiendo la existencia de prαcticas abusivas en la recaudaciσn de impuestos. Sin embargo, la realidad socio-econσmica existente en aquel momento era contradictoria, pues los grandes propietarios territoriales no perdieron en nada su poder, y ιsto, unido a la presiσn fiscal existente por parte del estado visigodo, dio lugar al auge del patronato. En el siglo VII se estableciσ lo que podemos llamar un «prefeudalismo hispano-godo»[14] que permitiσ una soluciσn ante dichas contradicciones mediante reorganizaciσn total del estado.

 

Suponemos que la base de la riqueza y la productividad de Mιrida era la agricultura, al igual que en ιpocas anteriores. El latifundio se mantiene en manos de los hispano-romanos, cristianos o judνos. Tambiιn es importante el modesto trαfico fluvial en el Guadiana. Mιrida era un centro comercial, frecuentado sobre todo por orientales y judνos.

Mιrida recibiσ directamente las corrientes bizantinas, quizαs debido al interιs personal demostrado por el Obispo Paulo y despuιs por su sucesor Fidel, que eran de procedencia oriental.

 

     La Iglesia de Mιrida encontrarνa un respaldo consolidado en la riqueza material de su sede. Sin duda, las iglesias incrementaban sus fondos a base de donaciones y de rentas posteriores: «Un tνpico caso de donaciσn lo tenemos en la inmensa fortuna de Paulo, obispo de Mιrida. Este hizo heredero a su sobrino Fidel, el cual al ser admitido a la sede de Mιrida hizo entrega de todos sus bienes a la Iglesia Emeritense, por lo que llegσ a ser la mαs rica de Espaρa».[15]

El obispo Mausona fundσ monasterios y basνlicas de gran bellleza arquitectσnica. Asν mismo, puso en funcionamiento un hospital, ordenando que la mitad del patrimonio eclesiαstico fuera νntegramente a los enfermos acogidos en ιl.[16]

 

Las fuentes

 

Nos basamos sobre todo en el modesto opϊsculo de las Vitas Sanctorum Patrum Emeritensium, obra anσnima del siglo VII. «No se tienen noticias de esta obra hasta Alfonso III de Leσn (866-980), en una carta fechada en el 906».[17]

«Esta obra cuyo autor fue anσnimo hasta el siglo XVI, comienza a atribuνrsele a un tal Paulo Emeritense»[18]. La fecha exacta de la composiciσn es dudosa, ante la que se formulan distintas hipσtesis. Segϊn Camacho, podemos fecharla en el pontificado de «Esteban I entre los aρos 633 al 638».[19]

 

     Resulta de gran relevancia para nuestra investigaciσn la informaciσn derivada del libro de los Concilios Visigσticos e Hispano-Romanos del siglo VI, una ediciσn preparada y dirigida por Josι Vives y Tomαs Marνa del aρo 1963: «Esta ediciσn toma como base el Vigiliano, el Emilianense, algunos textos de los Monumenta Germaniae, el Matritense, la ediciσn de Recadero al papa Gregorio, y las profesiones de fe contra el Priscilianismo de Sαenz de Aguirre».[20]

Por ϊltimo, nos basamos en las Leyes Visigσticas anteriores al siglo VII.

 

El Obispo Fidel(560-571)

 

Fidel hereda la silla episcopal de la ciudad de Mιrida y la herencia de su tνo el obispo Paulo; la fortuna de ιste ϊltimo permite la fαcil ocupaciσn del obispado por parte de su sobrino, algo milagroso segϊn algunos:»El sobrino fue obedientνsimo a su tνo y tales virtudes tuvo, que se aventajσ a todo el clero en santidad, caridad, paciencia y humildad, y se hizo en ιl una morada del Espνritu Santo, y de todos era tenido por un αngel en la condiciσn y vida; asν lo dice Paulo Diαcono».[21]

 

El obispo Fidel era dadivoso con los pobres y cautivos, vinculαndose a ciertas actividades econσmico-financieras dentro de la Iglesia. Camacho lo recoge en su obra del siguiente modo: «Al decir esto, presintiendo que iba a morir, debilitαndosele sus miembros por una repentina enfermedad, ordenσ que lo llevaran a la basνlica de la santa virgen Eulalia. Primero con muchas lαgrimas de arrepentimiento llorσ allν sus pecados. Luego repartiσ abundantes limosnas entre pobres y cautivos. Por ϊltimo, devolviendo comprobantes, a muchos condenσ sus deudas. Despuιs de haberlos devueltos a todos, quedaba aϊn una cauciσn de cierta viuda que no habνa sido devuelta y que ella misma esperaba que se le devolviera; pero la pobre mujer, por la muchedumbre que rodeaba al obispo, no podνa acercαrsele».[22]

El propio Fidel entregσ dicho recibo a la viuda despuιs de  que ιsta hubiese llegado apresurada hasta la basνlica de Santa Eulalia y, con lαgrimas en los ojos, implorando perdσn ante la Santa por su negligencia a visitar las basνlicas pertenecientes a Fidel.

 

El Obispo Masona o Mausona(571-605)

Otro de los calificados como Santos,el Obispo Masona, hereda una Iglesia opulenta del obispo Fidel; se trata, quizαs de la Iglesia mαs rica de la Espaρa Visigoda.

Nada mαs llegar al obispado funda monasterios, hospitales y basνlicas; tambiιn se encarga de administrar un fondo de ayuda para los pobres.[23]

 

 

 

Masona repartνa entre los pueblos todo cuanto podνa agenciarse. Segϊn A. Camacho, nuestro obispo ayuda a una viuda muy desconsolada que habνa conocido en el exilio. El obispo Mausona, no disponiendo de nada que darle, pues habνa despachado todos sus recursos en obras de talante parecido, preguntσ a sus criados si alguno de ellos tenνa algo con que ayudar a la viuda. Uno de ellos, de nombre Sagato, tenνa un sσlido[24], mαs no se hallaba muy convencido para donarlo. Mausona, sin titubeos, le ordenσ que le diera todo: «el citado Sagato entregσ el sσlido a la mujer, pero al momento corriσ tras la misma y le rogσ con sϊplicas que, pues nada le quedaba con que comprar comidas, le devolviera al menos del sσlido que le habνa entregado, una tremise con la que remediar su necesidad. Ella sin contrariarse le dejσ una; y se llevσ las otras dos con gran contento».[25]

 

Poco despuιs, por la llamada gracia divina le fueron entregados a la Iglesia del obispo Mausona unos doscientos asnos cargados de alimentos. El obispo ordenσ que se le acercara el tal Sagato y le preguntσ: «ΏCuαnto diste a la mujer que pedνa limosna? Sagato respondiσ que por mandato tuyo le hice entrega del sσlido completo que tenνa. Pero porque urgνa la necesidad, recibν luego de ella una tremise. Y el varσn de Dios dijo: Que el Seρor te perdone hermano, porque anduviste dudando y desesperaste de su misericordia; es mαs, has perjudicado a muchos pobres. Diste dos tremises. He aquν que recibes dos mil sσlidos y doscientos asnos cargados de muchos alimentos. Pero si hubieras recabado la devoluciσn de la tercera tremise, sin duda que hubieras recibido trescientos borriquillos cargados».[26]

 

Abad Nancto o Nuncto

Se cuenta que durante el reinado de Leovigildo (567-586), vino de regiones africanas a la provincia de Lusitania un abad llamado Nancto, devoto de la Santa Virgen Eulalia. Hoy dνa yacen sus restos en la Iglesia de Santa Eulalia.

El abad Nancto evitaba a las mujeres por temor a caer en la tentaciσn de su hermosura. Tal era su precauciσn que ordenaba a los monjes que tomaran medidas para que ninguna mujer lo viera cuando salνa de noche hacia la Iglesia desde su celda.

 

El rey Leovigildo estimaba al abad Nancto por su humildad, fama y virtudes, llegando a confiarle la hererencia de uno de sus nobles. El abad aceptσ, aconsejado que asν lo hiciese y contrariando  sus ideas. Los propios habitantes que fueron entregados al abad por orden del rey Leovigildo le darνan muerte al negarse a servir a tan humilde seρor.

 

 

Despertσ un gran interιs en una viuda de sangre noble[27] el ver al abad Nancto, pero ιste no lo consintiσ, por lo que la viuda ordenσ al diαcono Redempto[28] que encendiera un cirio en torno al abad cuando este volviera a la celda para poder verlo al menos desde lejos. «Mαs cuando la mirada de la mujer le alcanzσ, sin saberlo ιl, se postrσ en tierra con grandes lamentos, como si hubiera sido herido gravemente por el tiro de una pesada piedra. Luego comenzσ a decir al diαcono: «Que el Seρor te perdone, hermano. ΏQuι es lo que has hecho?».[29]

 

El poder econσmico de la Iglesia Emeritense

La Iglesia Emeritense incrementa su patrimonio considerablemente cuando Paulo es elegido dιcimo obispo del Episcopologio Emeritense.

Paulo tuvo suerte de encontrarse en la situaciσn lνmite de intervenir quirϊrgicamente a la esposa de un senador,»noble y principal seρor de la ciudad, de la clase senatorial; descendiente ella misma de ilustre estirpe, noble prosapia».[30]

 

Esta se encontraba embarazada y el niρo habνa muerto en su seno, los mιdicos no la pudieron salvar y la muerte se acercaba. Acuden a Paulo, que habνa sido mιdico de profesiσn, para atenderle. Este, despuιs de dudas y recelos por su condiciσn de sacerdote, incompatible con el ejercicio de la medicina[31], ayudado por la mαrtir Santa Eulalia, y segϊn Camacho, «avisado por una voz interior», se dirigiσ sin vacilar a atender a la paciente:

 

«Hizo una tercera incisiσn de bisturν con singular maestrνa; extrajo en pedazos los miembros del niρo ya putrefactos; y sin dilaciσn entregσ al marido su mujer, antes casi muerta y desahuciada, salva ya con el favor de Dios»[32]. Quisieron, por tanto, agradecerle su alegrνa, y para ello, segϊn Camacho: «Inmediatamente dispusieron de todos sus bienes de modo que el Santo Varσn dispusiera de presente la mitad de cuanto poseνa; y la otra mitad, νntegra y sin descuentos, se le acumulara despuιs de la muerte de ambos».[33]

se trata, en efecto, de datos vαlidos, en nuestra opiniσn, sobre una donaciσn que harα ricos entre los ricos al obispo Paulo y a la Iglesia Emeritense.

 

El obispo Fidel, sobrino de Paulo, se encontrσ con el obispado de Mιrida, como vimos, gracias a su tνo. Paulo pensarνa que, a no ser que Fidel fuese su descendiente en el trono eclesiαstico su fortuna personal quedarνa fuera de la Iglesia. Esta condiciσn ejercerνa una gran presiσn sobre aquellos miembros del obispado que se hubieran manifestado en contra: «Algunos hombres malvados, segϊn lo que el varσn de Dios habνa previsto, comenzaron a difamarle con sus lenguas maldecientes al Santo obispo Fidel, con αnimo de arrojarlo de su puesto en la mejor oportunidad. Mas cuando ιste hubo recapacitado, al querer alejarse de tales invectivas con sus bienes, descubrieron que si se retiraba recaudo, segϊn derecho, las posesiones de la Iglesia, nada absolutamente les iba a dejar; y a la fuerza, mαs que de propia voluntad, se postrara a sus pies y le pidieron con muchos ruegos que no les abandonara».[34]

 

Existen muchos deudores avalados por un comprobante o una cauciσn por parte de la Iglesia. La existencia de estos datos nos orienta hacia el uso del patrimonio de la Iglesia para prestar dinero a la gente de toda clase social, con un control administrativo dirigido, al parecer, por el obispo. Tal como testimonia el suceso de una viuda que se prestaba a que se le devolviera su comprobante temiendo la muerte del obispo: «El Santo obispo estuviera con el propio recibo en sus manos esperando que lo retirara».[35]

El obispo Mausona se encuentra con un gran patrimonio, lo que le permitirα construir basνlicas y hasta un hospital para peregrinos.

 

Las Viudas

Las mujeres participaron muy activamente en la Iglesia durante esta ιpoca. No sσlo repartνan donativos a travιs de la Iglesia; ademαs construyeron iglesias, que ellas mismas proveνan econσmicamente, y hospitales que ellas mismas dirigνan.

 

Esta influencia de las mujeres en la Iglesia se tradujo en una consideraciσn especial por parte del clero e incluso les llevσ a participar en la organizaciσn interna de las iglesias. He aquν donde creemos que debe situarse al grupo de mujeres conocido como «viduae ecclesiae».[36]

La Iglesia visigσtica consagraba a las viudas, pues se obligaban a perseverar hasta la muerte en la viudez: «En Roma, una noble viuda, Marcela, abrazσ este gιnero de vida α instancias de San Atanasio, que habνa venido α la capital del mundo cristiano huyendo de la persecuciσn de los arrianos. Esta matrona fuι la primera en establecer un monasterio propiamente dicho».[37]

 

Estas viudas consagradas a Dios o tambiιn asν llamadas viudas cristianas, tenνan una importancia prαctica en la Iglesia. Desempeρaban funciones de asistencia social a niρos huιrfanos y peregrinos, estaban encargadas de la instrucciσn de los catecϊmenos; velaban porque los matrimonios marcharan bien dentro de lo religioso, preparaban a las mujeres para la penitencia pϊblica; tomaban parte en la salmodia de los clιrigos y llevaban a las prisiones auxilios y consuelos.

 

Estas viudas cristianas estaban mantenidas a expensas de la comunidad y, a menudo, eran auxiliadas por la Iglesia en calidad de pobres. Se diferenciaban de las otras viudas de una manera muy particular, y segϊn el Concilio X de Toledo en su Canon IV, » recibiendo del obispo el hαbito adaptado a las costumbres de la religiσn, lo usarα continuamente, sea mientras estα descansando en el lecho, sea andando por cualquier lugar. Y este hαbito peculiar no serα de varios colores, o de varios paρos, sino un hαbito religioso, y no confundible, que carezca de variedad en el color y de diversidad en el gιnero, de manera que sin dejar lugar acerca de su traje, ιste sea siempre solamente el propio de la santa religiσn y adecuado a su sexo, para testimonio de su honradez. Y con objeto de que en adelante no quede alguna duda, cubrirα su cabeza con un velo de color rojo o negro, desde el mismo instante en que haya abrazado la religiσn, para que mientras lleve este signo de santidad aprobada, allν donde nadie puede dejar de verlo, en ninguna parte se cometan osadνas detestables».[38]

 

Las viduae ecclesiae han sido frecuentemente confundidas con las viudas cristianas. Estas ϊltimas constituνan una categorνa diferenciada y particular. Es cierto que tambiιn eran mantenidas por la Iglesia, pero los subsidios que recibνan eran considerados como una renta o estipendio, que los obispos les pagaban sobre los bienes que las viudas habνan donado previamente a las iglesias.[39]

 

Durante el Bajo Imperio Romano ya existνa la necesidad entre los obispos de proteger los bienes de las viudas. «Ambrosio de Milαn, en una epνstola, nos dice que habνa logrado librar de las existencias arbitrarias del fisco a una viuda que pertenecνa a una distinguida familia. La salvaciσn consistiσ, tal como ιl nos relata, en la entrega por parte de la mujer a Ambrosio de su patrimonio, a cambio del compromiso de ιste a pagarle el usufructo de las propiedades».[40]

Por tanto, los obispos visigodos ejercieron sobre estas viudas una protecciσn de tipo jurνdico-polνtico. El obispo actuaba como un tutor de las viudas, a cambio de la percepciσn de los bienes de ιstas.[41]

 

Este estado de las viudas se vio sometido a una serie de condiciones exigidas por los obispos: las viudas debνan perseverar en su condiciσn de viudas, excluyιndose de entre ellas a mujeres menores de cincuenta aρos,[42] pues el riesgo de volver a casarse entre este ϊltimo grupo de mujeres era mayor. Se les impuso un tipo de vida regulado canσnicamente; la entrega a la oraciσn, la vida meritoria y la vestimenta recatada y modesta eran algunos de los formulismos ιticos que se les imponνa.

 

Conclusiσn

 

El Concilio IV de Toledo, Canon 38, comenta que todos cuantos hubieran imvertido su dinero en los monasterios, a modo de donaciσn, obtendrνan a cambio, un subsidio en la vejez, incluso antes en el caso de invalidez. Dicho canon confirmaba y legitimaba la regulaciσn por parte de los obispos del plan de pensiones de las viudas.

Estamos ante un plan de pensiones de modalidad de «renta vitalicia»[43] en la que la Iglesia recibe el patrimonio de la viuda y ιsta, de forma instantαnea, recibe el cobro de la misma en forma de renta o estipendio.

 

El obispo Mausona de Mιrida, al crear «el primer Banco de Extremadura»[44], en la basνlica de Santa Eulalia de Mιrida dotado de dos mil sueldos de oro, auxiliσ a todos aquellos en apuro econσmico, entre ellos a las viudas cristianas, «pudiendo retirar, contra recibo, cuanto quisiera, sin demoras ni trabas, y remediar asν sus estrecheces».[45]

Como vimos, el obispo Fidel ayuda a una pobre viuda cristiana hundida econσmicamente. Esta recibe un dinero sin recibo por parte de la Iglesia para hacer frente a sus problemas financieros.

 

Desde nuestro criterio, nos encontramos ante dos tipos de planes de pensiones: En primer lugar, un Plan de Pensiσn de mνnimos o no contributivo, tal como se le denomina en la actualidad, donde nuestra viuda pobre o cristiana, sin entregar a la Iglesia nada, recibe una ayuda en forma de especies o dinero. Fidel dona dinero al pueblo, pero entrega un recibo que despuιs cobrarα. Mausona dona todo tipo de especies: vino, aceite, miel… y mediante la creaciσn de un banco o monte de piedad, presta dinero a los necesitados sin cobrar intereses.

En segundo lugar, un Plan de Pensiones de renta vitalicia para viudas ricas o de la Iglesia, como la mencionada Eusebia en el capνtulo del abad Nacto, quien dona sus propiedades a la Iglesia de Santa Eulalia, ejerciendo un alto poder en ella y viviendo posiblemente en el monasterio anexo a la Iglesia de Santa Eulalia, donde se la mantenνa.

 

 

 

 

 

Bibliografνa

 

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Daniel Curado Fuentes

M.B.A.

17 Terreza del Este

Harvey L.A.(7OO58)

USA

 

 

 

 

 

 

 



[1] Cantidades asignadas al asegurado por una entidad financiera, en una serie de situaciones concretas como jubilaciσn, invalidez, viudedaz, orfandaz, ect. (Tamames, Ramσn. Diccionario de Economνa. <l99l> pp 297)

[2] Camacho Macias, Aquilino. El Libro de las Vidas de los Santos Padres de Mιrida. Mιrida, l988.

       Existen otros trabajos de traducciσn de este opϊsculo: Sαnchez Loro, Domingo.Libro de la vida y milagros de los Padres emeritenses. Cαceres, l951.

       Florez de Setien y Huidobro, Enriquez. Espaρa Sagrada, Madrid, l747, reimpresiσn, l816.

       Moreno de Vargas, Bernabι. Historia de la ciudad de Mιrida. Madrid, l633, reimpresiσn cuarta, l984.

[3] El patrimonio de la Iglesia era designado «patrimonium pauperum» en el regimen fiscal romano y despuιs visigodo, y la Iglesia podνa recibir los bienes del pueblo a cambio de una renta vitalicia. (Bajo Alvarez, F. Las «viduae ecclesiae» de la Iglesia Occidental. Hispania Antiqua. Vol XI-XII.<1981-85>.

pp 82-87).

[4]Vives, Josι. Concilios Visigσticos e Hispanos-Romanos. Madrid,l963, pp 2O6.

[5] A, Camacho. Op. Cit. pp l2.

[6] Ibid. pp l3.

[7] El nombre de ΄obispo`, que corresponde al latνn inspector o speculator, designaba entre los Atenienses a un magistrado, que visitaba anualmente las ciudades de Αtica, para informarse de los abusos que debνera reprimirse y para administrar justicia. La Iglesia adoptσ este nombre para calificar a aquιllos que dirigen la Rιpublica cristiana, vigilando y reformando las costumbres. El obispo era el primero en la jerarquνa eclesiαstica; tenνa bajo su jurisdicciσn, ademαs de a los laicos,a los clιrigos, diαconos y  presbνteros. No respondνa ante nadie mαs que Jesucristo(Diccionario de Antiguedades Cristianas. Madrid,l894,pp 566).

[8]Fernαndez Ortiz de Guinea, Lina.»Funciones Sociales del Cuerpo Episcopal en el Reino Visigodo Hispano». Revista de Historia Antiqua,2O (l996):pp451.

[9] Ibid. pp46O

[10] Curado Fuentes, Daniel. «El primer banco conocido en la historia de Extremadura». Revista La Frontera. Caja de Badajoz. NΊ 27, Mayo de 1996,pp 62-68.

[11] Ibid. pp68

[12] Garcνa Moreno, L.A. «Algunos aspectos fiscales de la Penνnsula Ibιrica durante el siglo VI». Rev. Hispania Antiqua (l971):pp 251.

[13] Ibid. pp 254

[14] Ibid. pp255

[15] Curado Fuentes, Daniel. «El Banco del Obispo Mausona(571-605)». Revista Mιrida, NΊ66, Diciembre (1994)pp 26-29; Coloquios Histσricos de Extremadura. Trujillo(1993)pp 121-128. Para mαs informaciσn ver el «Estudio de la Obra Socioeconσmica del Obispo Mausona» de Vanesa Curado Fuentes publicado en Nueva Etapa del Real Colegio Universitario Maria Cristina. El Escorial (1993-94) pp 193-202.

[16] Este punto lo estudia extensamente Curado Garcνa, Blas. «Los hospitales de Mιrida». Rev. Extremadura Mιdica,lO,l,(l997)pp42-5O

[17] A.Camacho.Op.Cit. ppl7

[18] En la copia del obispo Juan Bautista Pιrez, y en dos cσdices que usσ Tamayo de Vargas. Ibid, pp29

[19] Ibid, pp3O

[20] Vives, Josι. Op. Cit. pp IX.

[21] Moreno de Vargas, B. Op.Cit. pp 247

[22] Camacho, A. Op.Cit. pplOO

[23] Las obras de caridad desde un principio son las caracterνsticas del cristianismo. Los obispos son los encargados de los necesitados de todas clases. El Cσdigo Teodosiano lo confirma especνficamente:»Puesto que incumbe a nuestra clemencia el ayudar a los menesterosos y no dejar que falten alimentos a los pobres, debe darse a la Iglesia, como se ha hecho hasta aquν, todo lo que para ello necesite». El Concilio de Cartago(398) ordena que los obispos tuvieran una posada no muy lejos de la Iglesia, donde se pudieran albergar los pobres y necesitados. El sνnodo de Tours(567) extiende esta ayuda a los pobres enfermos, huιrfanos y viudas, y a toda clase de menesterosos.(Bernardino LLorca. Historia de la Igesia Catσlica. I,Madrid,B.A.C.,l95O, pp 928-29)

Sobre este mismo tema, el trabajo de Garcνa Iglesias refiere:»En cuanto a las tierras no cedidas, aseguraban una alta renta de la que salνan los prιstamos a necesitados ocasionales y las beneficencias a fondo perdido».(Garcνa Iglesias, Luis. «Las posesiones de la iglesia emeritense en ιpoca visigoda».Geriσn. anejos II ,l989) pp 394.

[24] La moneda visigσtica se ajustσ a los mσdulos del sistema romano fundado sobre el «sσlido», la moneda de oro creada por Constantino. El sσlido equivalνa a 1/72 libras de oro, con un peso de 4,54 gramos de oro. El tremise o triente equivale a un tercio de sσlido. El valor de la siliqua era de 1/24 de sσlido.

Los reyes Toledanos acuρaron exclusivamente tremises. Para mαs detalles ver Josι Orlandis. Historia de Espaρa. Madrid, 1987,pp 185-1889.

[25] A.Camacho. Op.Cit. ppllO

[26] Ibid, ppllO

[27] Segϊn Camacho, esta viuda llamada Eusebia era la esposa del general Claudio de Mιrida; no reparara, sin embargo este autor, en que, viviendo el esposo en tiempos de Recadero(586-601), como lo muestran sus intervenciones en los hechos a que se refiere nuestro anσnimo emeritense, la esposa no pudo quedar viuda en el reinado de Leovigildo(567-572). Segϊn Moreno de Vargas, se trata de Eusebia Patricia, que supone viuda de Estrategio, personajes repetidos en la correspondencia epistolar de S. Gregorio Magno.(A,Camacho. Op. Cit. pp l25)

Joseph W. Garvin en sus Vitas Sanctorum Patrum Emeritensium, cita a la viuda Eusebia y coincide con Salazar y Moreno de Vargas en la procedencia de ιsta.(J.W. Garwin. Vitas Sanctorum Emeritensium. <Washington D.C.:The Catholic University of American Press, l946>,pp265)

Es de notable curiosidad el error de Luis Garcνa Iglesias en su obra «Aspectos Econσmico-sociales de la Mιrida Visigσtica». Revista E. Extremeρos. T.XXX, II, 1974.; tratαndose de la misma viuda:»Nobles hispanorromamos eran Sala y Claudio, ambos duces, el marido de la matrona curado por Paulo, y quizαs tambiιn el de la nobilissima Eugenia, la viuda que protagonizσ un incidente con el abad Nuncto».(pp322)

[28] Camacho cita en su trabajo la posibilidad de la  existencia de varios Redemptos o una misma persona.  Existe una carta de San Isidro de Sevilla al Diαcono Redempto a quiιn se identifica con este Diαcono Emeritense.(A. Camacho. Op.Cit. pp322)

La palabra Diαcono designa a todos aquellos que estaban empleados en el santo ministerio, incluidos los obispos y sacerdotes. Pero su significaciσn concreta y propia se aplica a los clιrigos ubicados en el tercer estamento de la jerarquνa, y que asistνan a los obispos y a los sacerdotes en las funciones sagradas.(Diccionario de Antiguedades. Op.Cit. pp 262)

[29] A.Camacho. Op. Cit. pp92

[30] A. Camacho. Op.Cit.,pp 93

[31] Este pasaje, recogido por Camacho en su trabajo, nos orienta sobre el ejercicio de la medicina y su prohibiciσn a los clιrigos. Cabe la posibilidad de que se trate del testimonio mαs antiguo que se tiene sobre este tema. (Ibid., ppl25)

[32] Ibid. ,pp 94

[33] Ibid., pp 94-95

[34] Ibid.,pp97

[35] Ibid. ,pp lOO

[36] Segϊn F.Bajo Alvarez en las «Viduae Ecclesiae» de la Iglesia Occidental recogido en la Hispania Antiqua (Revista de Historia Antigua). Vol. XI-XII de 1981-85, el tιrmino «viduae ecclesiae» viene a ser traducido por el propio autor como «viudas de la Iglesia» o «viudas establecidas» – las cuales constituyeron una ιlite entre el conjunto no sσlo de las viudas, sino de las mujeres cristianas, y disfrutaron de una consideraciσn especial, e honor, dentro de la Iglesia.(pp 84)

[37] Diccionario de Antiguedades. Op.Cit.,pp 856

[38] Vives, J. Op. Cit.

[39] La prαctica de hacer entrega de los bienes al obispo, en definitiva,segϊn Bajo Alvarez, es a la Iglesia ya que su patrimonio era designado «patrimonium pauperum». Este autor lo define como «seguro de vida». La Iglesia, al ser declarable «patrimonium pauperum» su patrimonio ante el fisco, el de las viudas, pasaba finalmente a estar exento de impuestos, lo que favorecerνa a la Iglesia y podrνan pagar la renta vitalicia a las viudas.(F. Bajo Alvarez. «Las viduae ecclesiae de la Iglesia occidental». Hispania Antiqua,vol XI-XII. Valladolid:Universidad Valladolid,l981-85,pp 84)

[40] Ibid., pp 84

[41] La Ley V,1,1 (Liber) confirma que las donaciones reales o de personas particulares y las donaciones de muebles e inmuebles eran declaradas irrevocables.  (Menιndez Pidal R. Historia de Espaρa. Tomo IV. <Barcelona,1963>. pp 303).

[42] A esta mujer de los cincuenta aρos alude Bajo Alvarez en su trabajo; en cambio, segϊn el Diccionario de Antiguedades Cristianas, las viudas cristianas o viudas consagradas a Dios deben tener no menos de sesenta aρos, casadas una sola vez y ser madre.

Garcνa Bellido refiere en su investigaciσn epigrαfica que el promedio de vida en la antigόedad es de 40 aρos. Por tanto, la Iglesia no tendrνa que soportar por mucho tiempo este peso econσmico de las viudas, al ser aceptadas sσlo a partir de 5O σ 6O aρos de edad, habνan superado ampliamente el lνmite biolσgico esperado para la ιpoca. (Garcνa Bellido, A. «El Promedio de Vida en la Espaρa Romana». Arch.E.y A.XXVIII.<1954>.pp 254-259).

[43] La renta vitalicia consiste en asegurar el pago de la renta durante un perνodo mνnimo, de manera que se garantiza la recuperaciσn de al menos una parte de los importes. Segϊn el momento en el cual se inicia el cobro se denomina de renta inmediata, que supone el comienzo del cobro de la pensiσn, cuando se formaliza el contrato, de una manera casi instantαnea. Este es, al prσximo mes, trimestre…Esta modalidad no es excesivamente frecuente hoy dνa, ya que la cantidad que debe desembolsar el asegurado puede ser considerablemente elevada. (Planes y Fondos de Pensiones. Banco Atlαntico. Estudios Econσmicos y Financieros. <Madrid, 1987> pp 38).

[44] Para mαs informaciσn ver trabajos y estudios propios ya referidos en notas nΊ

 

[45] A. Camacho. Op. Cit. pp lO3