Oct 011974
 

Juan Antonio Muñoz Gallardo.

Más que resumen sirvan estas líneas de aclaración al trabajo publicado en la REVISTA DE ESTUDIOS EXTREMEÑOS, con este mismo título para completar la deficiencia y ampliar datos que allí faltan, por descuidos involuntarios.

Es indudable el valor histórico de la «HISTORIA DE MERIDA» del que fue Regidor Perpetuo, Moreno de Vargas que, merma un poco este valor y lo desfigura con esa vanidad de hidalguía y hasta de candidez paternal, llamándose «urbis ilustrator» (ilustrador de la urbe) , y «nobilis decurio emeritensis» (noble decurión emeritense) una especie del YO de Alejandro Dumas en sus abortos literarios. Hemos de tener en cuenta la manía de renovación, característica de la época.

Esta «HISTORIA» de don Bernabé Moreno de Vargas, es de gran importancia para la ciudad, por su talento y ser fuente de la Historia de Extremadura. Su plan con bastante detalle, dividido por capítulos.

Según mi modesto criterio, no es una historia completa de Mérida , pero sin ella no podrá escribirse. Mi modesta comunicación, solo toca la faceta de lo que fue SEDE METROPOLITANA DE MERIDA. Hay que reconocer en Moreno de Vargas una verdadera vocación de historiador que abarca todas las disciplinas históricas; geógrafo, cronologista, epigrafista, numismático, paleógrafo, bibliógrafo, arqueólogo y hasta naturalista: no todo con perfección. Estilo llano, como todo lo del siglo XVII y XVIII; pero compensa su falta de literatura con la serenidad de su juicio, la agudeza de su talento, y la rectitud de su corazón sencillo y piadoso.

Nada envejece tan pronto como un libro de historia. El que sueñe con dar ilimitada permanencia a sus obras y guste de los elogios, de la noticias y juicios estereotipados para siempre, que se dedique a otro genero de literatura, y no a este tan penoso en que cada día trae una rectificación o un nuevo documento. La materia histórica es flotante y móvil de suyo: el historiador debe resignarse a ser un estudiante perpetuo y a seguir o perseguir la verdad dondequiera pueda encontrar resquicio de ella, sin tener que pasar por inconsecuente, dice Menéndez Pelayo.

Procuré modestamente seguir las escasas biografías de los que llevaron la jerarquía episcopal metropolitana de Mérida, ahondando lo que pude en la investigación, porque la exactitud es una forma de la probidad literaria, y debe extenderse a los más insignificantes pormenores. Nadie es responsable de equivocaciones involuntarias; no merece el nombre de escritor formal, si deja sin enmendar una equivocación por pequeña que sea.

Destaco en este trabajo las figuras de los Metropolitanos emeritenses: figuras, algunas de ellas, como PAULUS, MAUSONA etc. etc. bañadas de luz por la contraposición de las sombras de sus enemigos, como nubes tormentosas y pasajeras del estío que huyen azotadas por las brisas y flechazos de un sol radiante, sin dejar rastro de su paso, dejando la atmósfera más pura y despejada, como la dejaron los ARZOBISPOS DE MERIDA, que dentro de su misión apostólica hicieron sonar la voz de los historia: porque sin la historia eclesiástica no hay conocimiento completo de la ciencia cristiana, ni de la historia general que, tiene en el cristianismo su centro. El historiador debe ser teólogo, el teólogo debe ser historiador para poder dar cuenta del pasado de su gloria, a quien lo pregunte o quiera falsearlo. Esto es lo que hicieron los METROPOLITANOS de MERIDA hasta que fue trasladada, de modo especial, no canónico, a Santiago de Compostela. Al conectar, casi periodísticamente con esta modesta comunicación para que mí silencio no sonara a desaire para sus organizadores, les felicito con toda mi alma, recordando al Conde de Canilleros, gran auscultador de las glorias extremeñas, deseando que todos con nuestro trabajo, repletos de investigaciones históricas y científicas, devolvamos el pulso y la alegría a nuestra amada tierra extremeña, donde todavía renace el calor de los estudios históricos para apartar a los pueblos de la senda peligrosa por donde el materialismo les arrastra.

No solo hemos de ser aficionados a las cosas de Extremadura, sino amantes y entusiastas hijos de esta fecunda y rica región de España porque «…donde quiera que vayas en el mundo descubierto por los españoles una institución civilizadora, una de esas piedras miliarias que, en el camino de la inteligencia, del progreso y de la historia señalan a la humanidad, el que debe seguir para llegar a Dios, allí ha puesto la mano un extremeño, aunque la fama calle su nombre» ¡y concluye don Vicente Barrantes Moreno, (discurso de entrada en la Academia)! «…que ni toda la obra militar de los extremeños en América …. vale menos e importa menos a la humanidad que la que hicieron en la filosofía cristiana y en el arte literario aquellos pensadores abismados en el fondo de sus conventos, átomos imperceptibles entre el polvo que los guerreros levantaban…» No fueron «cerdos extremeños, los que fueron a saciar su hambre ancestral en las tierras vírgenes americanas…» como califica el Premio Nobel de este año de literatura, el poeta chileno Pablo Neruda: lástima que su técnica poética esté mezclada con el pienso que comen los animales atados al pesebre de Moscú. No es extraño que un poeta comunista haga alarde de su odio a España y a Extremadura: lamentamos su pobrísima visión histórica amasada en odios infantiles de una trasnochada leyenda que hace reír a los eruditos de todo el mundo, como ha dicho muy bien, el gran literato don Carlos Callejo.

El conquistador extremeño, con las tristes excepciones que todos conocemos, realizó un ideal caballeresco y cristiano que, no tiene precedentes en la historia: llevaron siempre en «la punta de sus espadas o picas nuestros fueros municipales y la religión del Crucificado», fuentes inagotables de libertad civil y felicidad eterna.

Jamás, ni el error, ni la pasión anularán las glorias de Extremadura que proyecto siempre sobre España, decía el Conde de Canilleros, extremeño cien por cien: el«perfecto notario de la verdad histórica» que decía hace poco tiempo don Carlos Callejo, en el HOY de Badajoz, y cuya labor debemos seguir y superar si es posible, por amor a nuestra región extremeña y a nuestra España inmortal.

Septiembre – 1974