Oct 011972
 

Ángel Paule Rabio.

«El amor a la Naturaleza sea la escala para conocer amar, servir a su Creador y llegar a El».

Villanueva de la Sierra, Villa con Ayuntamiento, a un centenar de Km. de nuestra capital, recostada al socaire de la Sierra de Dios Padre de clima templado, con celebérrima campiña olivarera, primera en la provincia. Sus 275 Has. de eucaliptos, complementados por 1.400 Has. de pinos, hacen de su clima un oloroso balsámico, fuente de vitalidad para sus conviventes.

Entre sus memorables cosas, se encuentra la Fuente de la Mora, de la que Marineo Siculo hace una loable descripción: «A dos tiros de ballesta en la ladera de una sierra al pie de la cual está fundada la Villa hay una fuente que arroja y expele de sí un gran caudal como un brazo; la naturaleza y calidad de esta fuente es que en principio del mes de Abril, cuando empieza la Primavera mana y sale de ella la cantidad de agua que se ha dicho y por todo el verano corre de ella mucha y muy fría agua de lindo y delicado gusto para beber por ser delgada y muy fría y en pasando el verano y llega el otoño, que es por el mes de Octubre se seca de todo punto y deja de correr por todo el invierno y está de esta manera seca hasta que torna la Primavera y entonces empieza a manar la cantidad de agua dicha…»

Otro acontecimiento histórico tuvo en este delicioso lugar: La muerte de Viriato, del celebérrimo pastor lusitano.

Enumeraríamos muchos datos, pero por no ser objeto de este tratado vamos a quedarlos marginados.

Estamos aquí para dar luz y vida a un hombre y a un pueblo. Hombre y pueblo autores de un hito histórico, que por ser primero exhala tal fragancia que llega hasta los mas recónditos lugares de la Tierra. Se trata de la «Primera Fiesta del Árbol».

Sin hacer estudio exhaustivo de esta primera fiesta, vamos a dar un paso atrás y recontarnos al año 1.805. Por esta época había en esta Villa un venerable sacerdote: don Ramón Vacas Roxo. Fue corta su estancia aquí, pero lo suficiente para hacer historia. Su nombre queda esculpido en los corazones villanovenses y por extensión a todos los amantes de la Naturaleza. ¡Que en los tiempos actuales se pensara tributar homenaje a un árbol! no tiene importancia, pues el déficit de oxígeno exige un tributo, un amor, un respeto a este monstruo de la Naturaleza. Pero entonces, en los albores del l805, cuando Villanueva cuajada de nudosos matorrales, de añosas encinas, de milenarios olivos, de baconianos arbustos, no invitaba a pensar en esa necesidad.

Amor y no necesidad fue el móvil de la preclara mente de este eclesiástico que persuadido de lo importante que tiene el arbolado para la salubridad, higiene, ornato, carácter, ambiente y costumbres, determina darle aire de fiesta. Otro San Francisco de Asís.

Hoy es martes de Carnaval del año 1.805. Alegría y alborozo por doquier. Mozas vestidas con atavíos de charras, otras de aldeanas, allí se ve un corro en animada charla de mujeres con su cabeza cubierta por la pesada cobija salpicada de lentejuelas. Grupos de hombres con sus majos chalecos de botones plateados, calzón ajustado, calzas negras y cabeza cubierta con aplanado sombrero, jugaban a la lanchuela. Niños con sus Calzones hasta media pierna, llevan botas nuevas (mañana Dios dirá). Todos esperan. De repente se oyen sones de campanas. La «Gorda» y la «Mediana», estos son sus nombres, celebérrimas campanas, lanzan al aire sus melodiosas notas. La «Gorda» con sus fonos de hombre fuerte, hercúleo, sones de conquista. La «Mediana» , con dulzura de mujer. Bello conjunto. Mozos de recio temple, las voltean.

Todo está preparado. Misa solemne. Así empiezan los villanovenses las grandes obras. Hoy es gran día. Todo es esplendor, radiante, belleza, amor.

Ya está preparado nuestro Reverendo, revestido con ornamentos sacros, va acompañado de los clérigos del lugar (había mas en el pueblo). Los dos maestros a la cabeza del rebaño pueril, el pueblo detrás, a la retaguardia. Todos caminan con paso lento, magistral firme. Se acercan al Egido y allí dos bizarros mozos abren un hoyo y plantan su primer árbol: un álamo. Continúan por la Arroyada de la Fuente de la Mora y a ambos lados van sembrando mas álamos. Las campanas siguen sonando, a vuelo. Termina la plantación. Se organizó:

…..»Un banquete y baile. La fiesta y plantación tuvieron un éxito rotundo y al día siguiente se invitó por medio de oficio a los clérigos y personas acaudaladas del lugar para que se imitara el ejemplo que había dado a la juventud, puesto que aun quedaban sitios amenos y susceptibles de nuevas plantaciones. Y se realizaron sus generosos designios…..»

Baile y vino tinto. Así es la historia. Más tarde esta fiesta se extendió y llegó hasta América del Norte. En 1.872 Mr. Morton gobernador del Estado de Nebraska fundó la sociedad de Aborday (día del árbol) y quiso usurpar el honor de ser la primera en la celebérrima fiesta, cuando esta gloria nos corresponde a nosotros, extremeños, recios conquistadores, continuadores de Pizarro.

Esta fiesta se olvidó. Pero el polvo de la indiferencia fue limpiado con el plumero de los bellos recuerdos. Hoy es actualidad. Está en primer plano.

El pasado año, en junio del 71, el Ayuntamiento en Pleno, con su Alcalde D. Gonzalo Simón de Cáceres al frente, el Rvdo. Párroco don Ángel Martín Ramos, y este cronista, asistimos a un simpático homenaje que la Diputación de Barcelona ofreció a los pioneros de esta fiesta. A las doce y en el Salón Dorado de la Diputación, tuvo lugar una docta conferencia a cargo del muy ilustre D. Juan Salvatella Parelleda, sabio conocedor del tema. Barcelona estuvo orgullosa y emocionada de tener allí a los representantes del pueblo cacereño. Diputados, clérigos, maestros, alcaldes de los municipios barceloneses estuvieron presentes. El acto terminó con un vino de honor.

Quiero terminar, agradeciendo, deliberadamente, al Rvdo. D. Francisco Fernández Serrano, que me instó a estar presente con este trabajo en los coloquios religiosos-históricos. Para mi un honor. Agradezco también la atención prestada a todos los aquí reunidos, haciéndoles coparticipes de esta ejemplo, que con la primera fiesta al árbol dimos a vecinos y a extranjeros.

Extremadura es una gran estrella.