Oct 011979
 

Antonio Álvarez Cadenas.

A D. Vicente Navarro del Castillo, presbítero invidente de Mérida, autor del libro «La epopeya de la raza extremeña en Indias»

Cuna humilde y visión conquistadora

No es de la raza una biografía
de las seis mil que habla el padre Castillo,
que este macho castúo de Trujillo
puso su fe guerrera a porfía.

Y aún sin leyes ni caligrafía
-que dicen guardó puercos de chiquillo-
trocó arado en arnés, dio a España brillo
y la indiada incaica al Casar fía.

No fue cruel según los historiadores
claman de otros fanáticos del «ghetto»,
que espejo limpio de conquistadores

conoció por natío el secreto
de altos valores civilizadores…
!Y motejáronlo de analfabeto!.

Los trece de la fama

Se agita un bergantín en la tormenta
que mece a ochenta locos castellanos
mareantes al Sur, van los indianos
sufriendo el hambre y la selva cruenta.

Cansados de derrota tan violenta
se clavan en la playa con las manos
pidiendo a Dios vislumbres peruanos
que orienten su conquista macilenta.

Pero surge un titán entre la hueste
que traza con su espada un senderillo
e insta por el Rey y España: «Este…»

Trece dioses se unieron al caudillo
afamando la gloria de aqueste
¡Francisco de Pizarro y de Trujillo!.

La conquista del Perú

Llorando está el César Carlos Primero
y absorto en el Alcázar toledano
sabiendo acerca del país peruano
por boca de mil modesto aventurero

que de Nueva Castilla, trae certero,
faustas nuevas para su soberano
que premia esfuerzo tan sobrehumano
con la Cruz de Santiago al caballero.

Con sólo ciento ochenta arcabuceros
y tres buques planean el empeño
de conquistar los Andes los primeros.

Y San Miguel, Cuzco y el sol limeño
ofrendan sus oros atahualperos
¡al Francisco Pizarro extremeño!.

Cenit y ocaso glorioso

Refulge aún la voluntad sin mella
del Ciudad de los Reyes marquesado,
por el vil Juan de Herradas conjurado
celoso de la sin par epopeya.

Por defender Chaves tal etopeya
a sus plantas cae atravesado
y el hermanastro Alcántara, que ha osado
luchar por mantener la buena estrella.

Chusma le acosa, cías sin armadura
todavía combate al imprevisto
matando a dos traidores con bravura.

¡Veinte espadas acaban al bienquisto
Francisco Pizarro de Extremadura
que en su sangre besa la Cruz de Cristo!.

C. Villalba, 7 Junio 1979