Nov 262019
 

 PROVISIONAL.

Jesús Bermejo Bermejo.

INTRODUCCIÓN.

 Con motivo del 460 aniversario de la compra del pueblo de La Cumbre por Pedro Barrantes, el tema de mi intervención, en estos Coloquios Históricos de Extremadura, entorno a su figura resulta para mí, casi, de obligada dedicación y empeño.

De todos/as es conocida la leyenda del apellido “Barrantes” (1): Nuño Fernández Valiente, que vivió en los siglos IX-X, era capitán de unos de los navíos del Conde D. Fernán Sánchez. Esta embarcación transportaba un nutrido grupo de normandos que se disponían a luchar contra los sarracenos que estaban apostados en Sevilla. Cuentan que, al llegar al puerto de Zenfanejo, junto a San Lúcar de Barrameda, los árabes los esperaban en ocho naos dispuestas para el ataque. Los normandos, por su parte, habían puesto una recompensa para quien cruzase la “barra” de embarcaciones primero. Nuño Fernández, haciendo alarde de su maestría marítima, fue el primero que cruzó, derrotando y echando a pique las embarcaciones. De este hecho surgieron unos versos:

                                        “Por la pasar la barra antes,

                                         Que los otros navegantes

                                          Ñuño Fernández, valiente,

                                          Fue llamado entre la gente

                                          Por sobrenombre Barrantes (2)”.

 BARRANTES Y EXTREMADURA

 El apellido viajó, desde Galicia, por los reinos de León y Castilla, simultaneado con la reconquista a los musulmanes y, posterior, repoblación cristiana. Una parte importante se asentó en Extremadura, concretamente en Alcántara, donde la figura de Garci Fernández Barrantes (3) se convierte en la antesala del arraigo del apellido en nuestra región: Maestre de Alcántara entre 1254 y 1284, fue privado (4) del rey Alfonso X “el sabio” y participó en la reconquista de los territorios de Orihuela y Niebla entre muchos otros (5).

El Solar alcantarino de los Barrantes del siglo XIII y las proezas de esta familia durante la reconquista nos llevan a Don Fernando Rodríguez de Villalobos, Maestre de la Orden de Alcántara entre los años 1394-1408 y Pedro Fernández Barrantes o, más bien, a su hija pues un rumor de amoríos, raptos y despechos ha ensombrecido, desde siempre, la causa del porque una rama de esta familia se estableció en Trujillo. Es casi imposible desligar las habladurías de la época con la verdad de los hechos pero lo cierto es que, por preservar la honra de su hija, Pedro Fernández Barrantes decidió trasladarse a Trujillo junto con su familia (6)

Hipótesis aparte, lo cierto es que, ya en 1429, se tiene constancia de la presencia de la familia Barrantes en Trujillo; tal como cita Fernán Gómez de Ciudad Real, sobre los hechos en el castillo de esta ciudad, donde quedaron a cargo de la justicia caballeros naturales de la villa, entre ellos Juan Barrantes (7).

La presencia de la familia en los acontecimientos históricos de Trujillo debía de quedar patentes en la gran gesta conquistadora.

 

BARRANTES, PIZARRO Y TRES JÓVENES DE SU TIEMPO.

 Pedro Barrantes y Fernández de Ulloa era hijo de Juan Barrantes y Francisca Rodríguez de Cervantes, pertenecía al linaje de los Añascos y habría nacido en Trujillo entre los años 1507-1510, al igual que sus compañeros de infancia, letras y conquistas Juan Pizarro (1510) y Diego García de Paredes hijo (1506) y; en atención a las palabras que escribiría Don Fernando Pizarro y Orellana: “entre los primeros fueron los caballeros de Trujillo Juan Pizarro Orellana, Pedro Barrantes y Diego García de Paredes, que como por el valor de sus personas y conocidas calidad habían de tener los primeros lugares con el Marques (Francisco Pizarro)”; la amistad entre los tres caballeros se habría sustentado desde la más tierna infancia, pasando por las coincidencias en su ducación y ambientes comunes de la época (8).

En sus años mozos escucharon las hazañas de Francisco Pizarro que, con tan solo 20 años, estuvo a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba, “El Gran Capitán”, en las Campañas de Nápoles; llegó, en 1503, al Nuevo Mundo con la expedición de Nicolás de Ovando; socorrió a Alonso de Ojeda y fue testigo del descubrimiento de “La Mar del Sur” con Vasco Núñez de Balboa, gozando por ello del reconocimiento y la fama en su ciudad natal.

En 1523 se asoció con Diego de Almagro y Hernando de Luque para conquistar los territorios del “Birú” (9) y desde esa fecha hasta 1528 las calamidades y los esfuerzos de conquista habían surcado el océano hasta un Trujillo que, por la época, engrosaba un nutrido grupo de hidalgos dispuestos a continuar lo que sus antepasados con la Reconquista a los árabes, si Francisco Pizarro les daba la oportunidad de pasar la misma raya que los “Trece de la Fama”.

La oportunidad llegó, en 1529, Francisco Pizarro regresó a su Trujillo tras las Capitulaciones de Toledo (10), por las que se le concedía licencia para la conquista del Perú, entonces “Nueva Castilla”. En dichas Capitulaciones se disponía que tenía un año para preparar la empresa y que se le autorizaba a llevar 150 “peninsulares”, 100 que podía reclutar en América, 50 esclavos negros, oficiales de la Real Hacienda, así como eclesiásticos y religiosos.

De los 150 peninsulares jugaron un papel importante sus hermanos Gonzalo y Juan Pizarro, buscando hombres de confianza para tal fin. Con este propósito, el pequeño de los Pizarro no dudaría de conceder el privilegio a su “compañero” Pedro Barrantes (García de Paredes se uniría en Panamá (11), para formar parte de la gesta como “soldado de a caballo” (12).

En 1532 partieron de Panamá 180 soldados, entre los que se encontraba nuestro protagonista, desembarcando cerca de Tumbes. Ríos de tinta con distintas versiones y hechos recorren la historia de la conquista de Perú. No vamos a detenernos en dar una visión propia, sino que, ateniéndonos a los testimonios de los hijos de Pedro Barrantes: Diego García de Paredes y Barrantes y Álvaro de Loaisa y Barrantes (13); el que sería primer Señor de La Cumbre estuvo presente en este desembarco y la batalla de Cajamarca, donde se destaca la captura de Atahualpa y se resalta que estuvo entre los que siguieron a Francisco Pizarro, es decir, en el amanecer del 16 de noviembre de 1532, sábado, Atahualpa se presentó en la plaza de Cajamarca con más de 10.000 indios.

Más 30.000 guerreros incas se aproximaban a la ciudad, los conquistadores empalizaron la plaza y se escondieron en un patio adyacente a esperar la orden de Pizarro. Un gran desfile se desplegó ante los ojos de los conquistadores, en perfecto orden, regueros de personas se alineaban para marchar al paso de su emperador, quien avanzaba rodeado de 10.000 indios quiteños en una litera construida toda de oro macizo.

A su encuentro no salió nadie, salvo el dominico fray Vicente de Valverde. El religioso se acercó hasta la litera y le entregó una biblia a Atahualpa diciéndole:

Aquí está la palabra de Dios, único y verdadero, retráctate de tus creencias paganas y acepta el bautismo de Cristo y la autoridad del Rey de España Carlos I.

El inca cogió el libro con curiosidad pensando que dentro se hallaba lo que aquel hombre le decía con tanto ímpetu. Después de examinarlo una y otra vez, viendo que era algo sin importancia ni valor, Atahualpa tiró el libro al suelo.

  • ¡Blasfemia! – gritó Fray Vicente de Valverde.
  • ¡Traición!- gritó Francisco Pizarro desde la posición donde estaba.

Acto seguido, un tiro de arcabuz dio la señal de alarma, salieron todos los jinetes espada en mano, con la artillería secundando el ataque. Pizarro picó espuelas y se apresuró hasta la litera del emperador; en ese momento según las crónicas, se tiró del caballo y tomó prisionero a Atahualpa. Durante esos momentos, un grupo de jinetes hizo un círculo entorno al Marqués y Atahualpa. Como se ha dicho, de los testimonios de sus propios hijos, uno de los jinetes era Pedro Barrantes (14).

También estuvo en el sitio de Cuzco y su posterior conquista (15).

Entre los años 1533 y 1534 los capitanes del Gobernador, Sebastian de Belalcázar, Diego de Almagro, Hernando de Soto, Juan Pizarro y otros cumplieron con maestría, tacto y valor, la conquista de los lugares principales y más ricos del antiguo Tahuantinsuyu”.

EL ORO

 La historia del apresamiento de Atahualpa, su confinamiento y el precio del rescate ha sido analizada desde muchos puntos de vista. El emperador propuso a Pizarro llenar la habitación donde se encontraba preso, el conocido “Cuarto del Rescate”, dos veces, una con oro y otra con plata, a cambio de su libertad. Pizarro aceptó y durante tres meses no pararon los súbditos del inca en traer oro, hasta reunir 84 toneladas de oro y 164 de plata (16).

De ahí partió casi la totalidad de la fortuna de los conquistadores que estuvieron con Francisco Pizarro durante la contienda. A Pedro Barrantes le correspondió 8.880 pesos de oro y 362 marcos de plata.

En el año de 1535, el Marqués emitió una licencia general para todos aquellos que quisieran regresar a España. Pedro Barrantes fue uno de los pocos en aprovechar dicha licencia.

Junto con Hernando Pizarro, Diego García de Paredes y otro caballeros (Juan Pizarro se quedó en Cuzco), ese año regresó a España a llevar el “Quinto Real”17 al emperador Carlos V. Pero García de Paredes se alistó en los tercios europeos y participó en las guerras de Flandes, Francia, Túnez y Sicilia; y Hernando Pizarro sería encarcelado en 1539 por el ajusticiamiento de Diego de Almagro. Antes esta perspectiva, Pedro Barrantes se convirtió en uno de los hombres de confianza de Francisco Pizarro para la gestión económica de las riquezas de la conquista de Perú en España.

Es por ello que la información y documentos consultados establecen que, durante esa época, vivió en Sevilla. El 26 de junio de 1535 se encontraba reclamando el oro suyo y de otros compañeros que le habían confiscado los oficiales de la Casa de la Contratación.

Existe una ejecutoria (18) ganada por Francisco Pizarro ante la Chancillería de Granada en 1538, en el podemos conocer que en 1534 Pizarro había confiado a Pedro Barrantes el transporte a España un cargamento de 10.000 pesos de oro (19). Ese año llegaron los dos últimos navíos con el rescate de Atahualpa. Juan Pizarro figuraba en los documentos del metal precioso, pero este se encontraba en Cuzco y Pedro Barrantes fue su hombre de confianza, por lo que se le hizo la entrega en Jauja para tal fin.

La codicia y los múltiples trámites para una administración adecuada propiciaron que en febrero de 1536 se presentara una demanda contra Pedro Barrantes en el que se alegaba que el oro llegado en lingotes tenía un valor de 5.362.343 mrs (según la Casa de la Contratación). De este tesoro, la Corona se apropió de 4.511.250 mrs, prometiendo devolverla en juros (20).

Pedro Barrantes se quedó 851.093 mrs., y de esta cantidad abonó 529.500 mrs que eran del conquistador Pizarro. Quedando en deuda por valor de otros 321.108 mrs. De esta deuda, nuestro protagonista pretendió pagar a la familia Pizarro 264.937 mrs. y quedarse los 56.250 restantes en calidad de derechos de portes. Al final la justicia consideró que el coste del transporte fuera de 10.000 mrs, debiendo pagar Barrantes el resto.

 

  1. REGIDOR EN TRUJILLO Y SEÑOR DE LA VILLA DE LA CUMBRE

 El desenlace final de estos procesos jurídicos determinó el ascenso social de Pedro Barrantes, puesto que, durante esos años, el cobro de los réditos21 de los juros debió superar bastante los 10.000 mrs correspondientes como transportista; y aunque su relación con los Pizarro siguió siendo estrecha ( consta su testimonio junto a favor de Hernando Pizarro (22) durante su proceso por la muerte de Diego de Almagro (23), nuestro protagonista se aprovecharía de su condición de tesorero y transportista para aumentar su hacienda. Es por ello que, en 1545 ya estaba en Trujillo ostentando el cargo de Regidor (24).

En aquella época, a finales de la década de 1550, ya en tiempos de Felipe II, la tierra de Trujillo, una de las más extensas, con más de 300.000 hectáreas, lugares y vasallos subordinados a su política social, económica y administrativa se vio inmersa en un curioso fenómeno de desmembración de parte de su territorio y poblaciones donde el Obispo de Plasencia, don Gutierre de Vargas de Carvajal, desempeñó un papel importante.

El concejo de Trujillo, a pesar de contar con fuertes leyes y edictos de antiguos reyes que dejan clara su fuerte vinculación a la Corona de Castilla (como las de Juan II en 1442, a través de una Real Pragmática en la que se compromete a no enajenar el realengo), es ninguneado en lo referente a este aspecto.

La bancarrota real y las continuas guerras en Flandes y contra el turco propiciaron que la Corona tuviera que conseguir dinero de forma rápida. Por ello, entre los años 1558 y 1559 varios lugares son vendidos por parte de la Corona de Castilla a diferentes señores e hidalgos que los compran para establecer su propia jurisdicción. Por lo extenso del tema, nos vamos a centrar en el lugar de La Cumbre, que fue comprado por nuestro protagonista: Pedro Barrantes.

Cuando se produce estos hechos, Pedro Barrantes se encontraba en Trujillo tratando de vender las casas, viñas, tierras y censos que tenía en Sevilla, a través de su criado Alonso Caballero (25). También, según el testamento que presenta Alonso Fernández Barrantes (26), ya poseía casa en La Cumbre, con huertos y tierras.

Las actuaciones de la venta se efectuaron a cargo del juez comisionado de Trujillo Núñez de Avendaño, el propio Pedro Barrantes y el representante de la ciudad, el bachiller Prieto.

Al igual que el pueblo de Plasenzuela, La Cumbre no figuraba en el lote inicial de lugares que la Corona otorgó al Gutierre de Vargas Carvajal. Fue una especie de cambio: Madrigalejo, Piedrahitilla, Alcaria y Abertura por Plasenzuela y La Cumbre.

Sobre el termino adjudicado a la nueva villa no hubo especial disputa: desde el río Gibranzos por el camino de Trujillo hasta la “dehesa de Rodas” y, entre “Casillas” y “Magasquilla”, hasta “Casa Sola”; y de ahí hasta “Martin Rubio”, volviendo al rio Gibranzos (27).

Del termino, una legua cuadrada, se pasó al padrón de habitantes, donde si surgieron controversias. El Juez Núñez de Avendaño recurrió al testimonio de Mateo Jiménez, Bartolomé Sánchez y Alonso Gil, personas viejas y naturales de La Cumbre que, por consiguiente, conocían bien al vecindario. El 3 de noviembre de 1559, el juez, acompañado de los alcaldes ordinarios, anduvo por el pueblo, determinando el padrón de vecinos. De los 230 vecinos iniciales y, tras varias discusiones, se determinó 178 vecinos finales (28).

Pedro Barrantes pagó por cada vecino 16000 maravedíes más media legua de término. El pago se dividió en dos partes: primeramente se pagaron un millón quinientos mil maravedíes en el mes de abril de 1559 y el resto en noviembre, cuando se consolidó el término y padrón.

La Cumbre pasó a ser villa y Pedro Barrantes “Señor” de la misma. Título que ostentarían sus hijos y descendientes hasta el siglo XIX que desempeñaron un papel mayor aún, si cabe, en la historia de La Cumbre. La casa palacio ya debía estar por esas fechas pero no el rollo jurisdiccional que, aún hoy, conservan los escudos de los Barrantes y Paredes. 

La historia escrita en piedra, testimonio que queremos resaltar hoy con motivo del 460 aniversario de la compra de La Cumbre por Pedro Barrantes.

Notas

(1) Hazaña que se encuentra entre los papeles de Pedro Barrantes Aldana, Canónigo de la Catedral de Burgos, nació en Alcántara (Cáceres) y falleció en Burgos el 9 de Agosto de 1658. Fue Secretario del Arzobispo Don Alonso Manrique desde 1605. Fundó el Hospital de San Julián y San Quirce, después llamado «Hospital de Barrantes».

(2) González Cáceres, José Luis y María Dolores Díaz Rodríguez. “La Cumbre desde el recuerdo”. Joman Páginas 28-29

(3) Su nombre completo parece haber sido Frey García Fernández Barrantes, ya que se dan dos versiones sobre sus antecedentes; hijo del señor de San Andrés de Barrantes, parroquia de Ribadumia en Galicia, y que antes de hacerse religioso había estado casado con Aldonza Díaz de Pereros y había tenido descendencia; otra que fuera el tercer hijo de Alonso Fernández Barrantes, señor de los cotos de Barrantes y Tomiño, a 10 km de Bayona y del río Miño en Galicia, noble gallego que se había establecido en Alcántara.

(4) Alude al que goza de la confianza de un rey, príncipe, mandatario, etc. y puede ejercer una influencia sobre sus decisiones.

(5) Es más que probable que las ochos aspas de adornan el escudo de los Barrantes se deban a la figura de de Garci Fernández Barrantes, Maestre de la Orden de Alcántara, por sus muchos actos al frente de la Orden; aunque también es posible que se deban al origen de esta bordadura, es decir, a la toma de Baeza en 1227 por Diego López de Haro, quien auxilió al rey Fernando III el Santo junto a 500 caballeros, entre los que se encontraba Garcés o García de Barrantes. A todos los caballeros se les concedió “ocho aspas de oro sobre campo de gules” (ocho cruces de San Andrés sobre fondo rojo) en la bordura de sus escudos heráldicos. María Antonia Carmona Ruiz. La conquista de Baeza. Universidad de Sevilla. 2010

(6) “Existen muchas versiones sobre este hecho: una habla del enamoramiento de Fernando Rodríguez de Villalobos hacia la hija y el posterior rapto; otra interpretación habla de un forzamiento del Maestre Villalobos hacia la doncella con la consecuencia de un embarazo; y otra simplemente fue la negativa de Fernández Barrantes a la relación entre ambos”. Miguel Ángel García Rodríguez. “La Cumbre Historia y Sentimiento”. Diputación de Cáceres. 2018. Págs. 62-63.

(7) Fernán Gómez de Ciudad Real. Centón Epistolario: “Epístola XXXVII… Al muy alto e muy poderoso el Señor ReyDon Juan el Segundo nuestro Señor… a Vra Señoria narré cumplidamente el fecho del castillo de Troxillo. Dallí partimos, habiendo primero liberado al Condestable de su sigureza, e dexado buen recaudo en la Villa, encargada la justicia al Bachiller Rodrigo Rodríguez… e Juan de Chaves, e a Finojosa, e Barrantes, Caballeros naturales de la Villa…”.

(8) Entre los q temiero los lucellos que después sucedieron, fueron los cavalleros de Truxillo Juan Pizarro de Orellana, Pedro Barrantes (Seños de la Villa de La Cumbre, fucellor de un hermano de Garci-Fernandez Barrantes, feptimo Maestre de Alcantara) y Nueftro gran Diego García de Paredes, que como por el valor de fus perfonas, y conocida calidad avian de tener los primeros lugares con el Marqués… Varones Ilustres del Nuevo Mundo, Escrito por Fernando Pizarro y Orellana.

(9) El Imperio Inca del Perú.

(10) Por la Capitulación de Toledo firmada el 26 de julio de 1529 por la reina consorte Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, se concedió a Francisco Pizarro 200 leguas hacia el sur desde la desembocadura del río Santiago (1°20’N a 9°57’S) para constituir la gobernación de Nueva Castilla.

(11) Diego García de Paredes se unió, junto con Hernando de Soto, a la expedición de Pizarro en Panamá. El hijo del conocido como “Sansón extremeño” ya había participado en la conquista de los territorios de la actual Nicaragua.

(12) En la Batalla de Cajamarca, el 16 de noviembre de 1532, Pedro Barrantes figura como uno de los 63 conquistadores a caballo entre los 168 españoles presentes.

(13) Informaciones de oficio y parte: Pedro Barrantes, descubridor y conquistador del Perú y su hijo Álvaro de Paredes Loaisa, canónigo de la catedral de Cuzco, comisario del Santo Oficio del Cuzco y su obispado. Consta también Jerónimo de Loaisa (O.P.). Información contenida, 1586. Pares.

(14) Stuart Stirling. Francisco Pizarro Conquistador de los Incas. El Ateneo (Argentina), 2007.

(15) Manuel Ballesteros. Francisco Pizarro. Historia 16 Quorum.1992.

(16) Lizette Paternina. Lingoro.info. «El rescate de Atahualpa, pagado con Oro».

(17) El quinto del rey o quinto real era un tributo que se pagaba al rey cuando se capturaba una presa o descubría un tesoro y que era igual a la quinta parte (20%) de lo capturado o descubierto. En particular la expresión Quinto del Rey o Quinto Real suele hacer referencia a un impuesto de la quinta parte establecido en 1504 por la Corona de Castilla sobre la extracción de metales preciosos, principalmente el oro y la plata, y otros artículos dentro de los territorios de lo que fue la América española.

(18) Documento público en el que se consigna una sentencia firme.

(19) El día 17 se le había hecho entrega de 15.000 pesos de oro de a 15 quintales, en 52 barras y una plancha de oro, valorado cada peso en 450 mrs. La ejecutoria ganada por don Francisco Pizarro, gobernador del Perú, ante la Chancillería (1538). Pedro Andrés Porras Arboleda. Facultad de Derecho. Universidad Complutense de Madrid.

(20) Un juro no puede considerarse un título, sino más bien un certificado. Era un papel por el que se definía un privilegio a favor de la persona citada en él. Esta persona declaraba entregar al rey un capital y, a cambio, el rey le concedía el privilegio de cobrar una parte de determinados impuestos de la Renta feudal, citados en el documento, hasta una cantidad prefijada.

(21) Rédito: cantidad de dinero que produce periódicamente un capital.

(22) En el testamento de Hernando Pizarro se declara que debía a Pedro Barrantes, vecino y regidor de Trujillo, cierta cantidad de los 40.000 maravedís al año que le pagaba por una cantidad a censo que le entregó, a través de su mayordomo Diego Moreno. Mira Caballos Esteban “Hernando Pizarro y la perpetuación de su linaje. Un testamento desconocido de 1557”. CHDE. Trujillo 2014.

(23) “…que Pedro Barrantes e Juan Pizarro de Orellana… anduvieron los sobredichos en las provincias del Perú debajo de la bandera e compañía del dicho Hernando Pizarro… el dicho Pedro Barrantes es pariente muy cercano del dicho Hernando Pizarro, natural de la ciudad de Trujillo, donde los susodichos son vecinos y naturales y parientes dentro del cuarto grado…” Escribania de Cámara de justicia. Leg 1007 – Causa criminal seguida en el Consejo entre Don Diego de Almagro y otros contra Francisco, Gonzalo y Hernando Pizarro, sobre la muerte del adelantado don Diego de Almagro. Escrito de tachas de testigos presentado por el Fiscal Villalobos.

(24) El regidor era un cargo de los municipios de la Corona de Castilla.

(25) Entre septiembre y octubre de 1551, Pedro Barrantes y su mujer Juana de Paredes, otorgan poderes a Alonso Caballero, su criado, para que venda las propiedades que poseen en Sevilla, señalando que las casas se encuentran en la Carretería y la calle de Placentines y que tienen censos sobre las casas y tenerías de Pedro Diente, a la puerta de Carmona. A. M . T Protocolos de García de Sanabria, Leg 1, s/f.

(26) “…el asiento e casa de La Cumbre en que io bibo con sus guertos e términos…” “Alonso Fernández de Barrantes. Su testamento”. Apuntes genealógicos de su casa. Boletín de la Real Academia de la Historia. Tomo 99, 1931. Madrid, pp 225-267.

(27) En el charco de los leñadores.

(28) Es evidente, el “regateo” de Pedro Barrantes para pagar.

 

Bibliografía:

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