Oct 011980
 

Adelaido Cárcel Ramos.

El reciente nombramiento del granadino D. Antonio Montero Moreno, para la sede episcopal de Badajoz, me ha sugerido el tema que presento para los Coloquios que se celebran en Trujillo el presente año. Hasta la presente década isa en los nombramientos de obispos no se tenía muy en cuenta el origen del elegido para cada diócesis, si bien, en Vascongadas y Navarra figuraban principalmente navarros y vascos, mientras en Cataluña, Valencia y Baleares predominaban los valencianos, mallorquines y catalanes. Pero desde que han empezado a surgir las aspiraciones autonómicas de cada región, vamos viendo que los obispos nombrados suelen ser nacidos en la misma región o en les más próximas como tenemos en los últimos nombramientos hechos para los obispados de Coria y Badajoz.

Esta denominación de obispos andaluces en Extremadura, que doy al presente trabajo, comprende no solamente a los que han nacido en la región andaluza, sino también a algunos otros que, de origen distinto, tuvieron algún cargo en diócesis andaluzas, antes de venir a ejercer su ministerio pastoral en Extremadura.

D. DIEGO MARIANO ALGUACIL RODRÍGUEZ, obispo de Badajoz, Vitoria y Cartagena.

Nació en Córdoba en 1805. Estudió en el Seminario diocesano y en la Universidad de Valencia, donde se doctoró en Teología y derecho Canónico, siendo ordenado de presbítero en 1828. Su vida sacerdotal se desarrolló en Murcia, donde fue profesor de Filosofía y Sagrada Escritura, así como vicerrector del Seminario durante treinta y tres años, siendo a la vez párroco de San Juan y más tarde de Santa María la Mayor de Murcia, teniendo a la vez la dirección de los establecimientos provinciales dé Beneficencia y ostentaba los títulos de prelado Doméstico de Su Santidad, Noble Romano y Caballero de la Cruz de Isabel la Católica. Nombrado obispo de Badajoz en 1858, fue consagrado el 20 de marzo de 1859 en la capilla del Palacio Real flor el nuncio Barili. Su estancia en Badajoz fue breve, pues, habiendo sido creada la diócesis de Vitoria, cuyo territorio perteneció antes a la de Calahorra, fue elegido obispo de la misma para iniciar su organización, en abril de 1862, donde estuvo catorce años, formando su primer cabildo y poniendo en marcha el Seminario, hasta 1876 en que fue trasladado al antiguo obispado de Cartagena, donde vivió hasta su muerte el 10 de enero de 1884, siendo enterrado en la capilla de la Comunión de la Catedral. Durante su gobierno se establecieron los Jesuitas en el antiguo convento de Jerónimos a principios de 1878[1].

D. FRANCISCO CAVERO TORMO, obispo de Coria.

Nació en Murcia en 1882 y estudió en el Seminario diocesano de San Fulgencio, donde fue presbítero en 1906, después de obtener el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia de Granada. Fue profesor y secretario de estudios del citado Seminario, en 1910 rector de la parroquia de San Pedro y en 1913 era nombrado, previa concurso-oposición, párroco arcipreste de Nuestra Señora de Gracia en Cartagena, que era la parroquia más importante de la diócesis. En 1926 obtenía por oposición la canonjía de Archivero en la catedral de Granada, siendo, más tarde, rector del Seminario y Universidad Pontificia, así como miembro del claustro de rectores de la misma. En 1935 era nombrado deán de la catedral, en 1938 académico de Bellas Artes de Granada y al año siguiente Provisor y Vicario General de Almería, de cuyo cargo no tomó posesión, siendo después de la de Granada hasta el 9 de diciembre de 1944 en que era promovido a la sede episcopal de Coria, para suceder al dominico P. Barbado, que había sido nombrado obispo de Salamanca. Su consagración tuvo lugar en la catedral de Granada por el arzobispo Parrado el 24 de febrero de 1945, cuando tenía 62 años. Su pontificado fue breve, pues falleció el domingo de Ramos de 1949, de repente, cuando se disponía a oficiar en el pontifical de la catedral. Entre sus pastorales destacan las dedicadas a «Las cofradías sacramentales» y a la «Educación postescolar»[2].

D. ENRIQUE DELGADO GÓMEZ, obispo de Almería y arzobispo de Pamplona.

Nació en Valverde de Serena (Badajoz) en 1888. Estudió Latín y Filosofía en el Seminario Diocesano de San Atón, marchando a Roma en 1909 como alumno del Colegio Español, donde permaneció hasta 1914 y del que fue Viceprefecto de teólogos, recibiendo el presbiterado el año 1912. Cuando regresó a España dos años más tarde era doctor en Filosofía, Teología y Derecho Canónico, por lo que fue nombrado profesor de distintas materias en el Seminario, secretario de estudias, notario del tribunal eclesiástico y en 1917 habilitado del clero. En 1924 obtenía una canonjía por oposición, siendo nombrada profesor de Teología Dogmática en el citado Seminario del que fue rector en 1928, vicario general de la diócesis en 1932 y deán de la catedral en 1936. Elegido para regir la diócesis de Almería en 1943, fue consagrado en Badajoz por el nuncio Cicognani el 3 de octubre del citado ano y en 1946 era propuesto para obispo de Pamplona, pasando a ser su primer arzobispo el 11 de agosto de 1956 al ser elevada esta diócesis a metropolitana. Dimitió en 1968, fijando su residencia en Pamplona donde vivía retirado y falleció el 16 de enero de 1978. Entre sus pastorales destacan las dedicadas al «Día del Seminario», a la «Asamblea Sacerdotal Diocesana», «La niñez desvalida» y «La Parroquia»[3].

D. JESÚS DOMÍNGUEZ GÓMEZ, Obispo de Coria.

Nació en Pilas (Sevilla) el 25 de septiembre de 1931. Estudió en el Seminario Diocesano y fue ordenado de presbítero el 18 de diciembre de 1954; después de desempeñar unos años el cargo de vicario episcopal en la archidiócesis de Sevilla, fue nombrado obispo de Coria el 16 de marzo de 1977 y consagrado el 24 de septiembre del mismo año. Es el más joven de todos los obispos que figuran en la presente relación[4].

D. MANUEL. FERNÁNDEZ-CONDE Y GARCÍA DEL REBOLLAR, obispo de Córdoba.

Nació en Puertollano (Ciudad Real) el 8 de septiembre de 1909, Estudió en el Seminario de Badajoz, ya que su padre era maestro nacional en esta provincia; enviado al Colegio Español de Roma en 1928, se doctoró en Filosofía y Derecho Canónico y se licenció en Teología por la Universidad Gregoriana. Fue presbítero el 17 de marzo de 1934, ingresando después en la academia de Nobles Eclesiásticos, por lo que estuvo muchos años destinado en la Secretaría de Estado con el Papa Pío XII. El 2 de febrero de 1959 era nombrado obispo de Córdoba, siendo consagrado en Roma el 8 de marzo por el prosecretario de Estado monseñor Tardini. Falleció de repente en Córdoba el día 3 de enero de 1970, cuando hacía pocos días que había regresado de Roma, a donde hacía frecuentes viajes por haber sido elegido en la Conferencia Episcopal Española presidente de la Comisión de Seminarios, en cuyo asunto estaba especializado por haber publicado un libro sobre los seminarios tridentinos[5].

D. GREGORIO Mª LÓPEZ ZARAGOZA, obispo de Plasencia.

Nació en Villacañas (Toledo) el 24 de abril de 1805. Estudió en el Seminario Diocesano y se licenció en Derecho Canónico por la Universidad de Toledo. Ordenado de presbítero el 13 de junio de 1829, fue profesor de Historia Eclesiástica en el Seminario de Plasencia, así como beneficiado, fiscal y provisor del obispado, pasando a Sevilla como visitador general de la diócesis hasta su nom bramiento para obispo de Plasencia el 21 de diciembre de 1863, siendo consagrado en Madrid el 13 de marzo de 1864 por el nuncio Barili. Falleció en Plasencia el 3 de marzo de 1869[6].

D. Fr. DIEGO DE MELO Y PORTUGAL, obispo de Osma v Jaén.

Nació en Badajoz a mediados del siglo XVIII, ingresando en la orden de agustinos, donde desempeñó importantes cargos hasta 1794 en que fue nombrado obispo de Osma, pasando en 1798 a la diócesis de Jaén, que gobernó hasta su muerte en 1816[7].

D. RAMÓN MONTERO, obispo de Coria y arzobispo de Burgos.

Nació en Fuencarral (Madrid) y empezó sus estudios en las Escuelas Pías pasando al Seminario de Murcia para cursar Filosofía y más tarde Teología en la Universidad de Alcalá de Henares, como becario del colegio de Málaga, donde se doctoró en la Facultad de Teología. Obtuvo por oposición el curato de El Pardo y más tarde una canonjía en Segovia y la lectoral de la Colegiata de La Granja. Durante la guerra de la Independencia rechazó una canonjía en Burgos que le ofreció el gobierno intruso, permaneciendo en Loeches como capellán de religiosas. Elegido diputado por Madrid en las Cortes de 1812, se distinguió par la rectitud y templanza de sus opiniones. Fernando VII le agració después con una canonjía en la catedral de Jaén, de donde pasó a otra de Toledo, habiendo sido en Madrid director del Hospital. En 1826 fue nombrado abad de la colegiata de San Ildefonso en La Granja y en 1830 obispo de Coria, donde colocó la primera piedra para el Seminario, siendo promovido en 1847 al arzobispado de Burgos en el mes de octubre y murió poco después en Madrid, el 30 de mayo de 1848, siendo enterrado en Fuencarral. Tenía la Cruz de Isabel la Católica y había sido senador del Reino, por lo que pronunció en el Senado notables discursos defendiendo los derechos de la Iglesia contra la política religiosa del gobierno liberal y estaba reconocido como orador sagrado[8].

D. ANTONIO MONTERO MORENO, obispo auxiliar de Sevilla y obispo de Badajoz.

Nació en Churriana de la Vega (archidiócesis de Granada) el 28 de agosto de 1928. Estudió en el Seminario Diocesano de San Cecilio, donde fue presbítero el 19 de marzo de 1951. Después marchó a Roma, donde se doctoró en Historia de la Iglesia por la Universidad Gregoriana con la tesis «Persecución religiosa en España», que fue editada por la B.A.C. En el curso de 1958-59 terminó los estudios para el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca con la no ta de «Summa cum laude» en todas las asignaturas. Ha sido director de la revista «Ecclesia» y el día 4 de abril de 1968 era nombrado obispo titular de Regiana y auxiliar del cardenal Bueno Monreal, arzobispo de Sevilla, que lo consagró en aquellas catedral el 17 de mayo de 1969 y con el que ha venido colaborando en el gobierno de la diócesis hasta su reciente nombramiento en 1980 para el obispado de Badajoz[9].

D. Fr. PEDRO NUÑEZ PERNIA, obispo de Coria.

Nació en Benavente (Zamora), en 1810 de familia noble. Estudió en Valladolid y profesó en el monasterio de San Benito de Sahagún, que abandonó al llegar la Desamortización en 1836, ejerciendo el ministerio sacerdotal en su pueblo. Después fue nombrado canónigo de Menorca, Barcelona y Toledo, así como abad de la colegiata de Jerez de la Frontera, volviendo a Toledo como arcediano. En mayo de 1868 era promovido a la sede episcopal de Coria y consagrada en la iglesia de San Martín de Madrid por el nuncio Franchi en febrero de 1869. Tuvo momentos difíciles como obispo debido a la revolución de septiembre de 1868 con sus luchas políticas y el juramento que tenía que prestar a la nueva Constitución. Asistió al Concilio Vaticano I al final de 1869 y murió en Cáceres en 1884, siendo enterrado en la catedral de Coria. Durante su largo pontificado publicó varias pastorales, reorganizó el Seminario con nuevo plan de estudios y suprimió la llamada carrera breve debido al bajo nivel cultural que tenía el clero salido de ella y que era objeto de críticas y burlas por los políticos liberales. Era caballero de la Orden de Carlos III y autor de dos folletos titulados: «Dos cartas a una monja carmelita de Toledo» y «Un catecismo filosófico, moral y práctico»[10].

D. ESTEBAN JOSÉ PÉREZ FERNANDEZ, obispo de Coria y Málaga.

Nació en Jorairatar (Granada) en 1799. Estudió en el Seminario de Granada del que fue profesor, así como de su Universidad y fue párroco de Loja, canónigo de Toledo, deán de Granada y misionero apostólico hasta 1865 en que fue nombrado obispo de Coria, donde entró el 25 de marzo de 1866. Ordenó la continuación del Boletín Eclesiástico, que estaba interrumpida y consiguió un breve pontificio declarando patrono principal de la diócesis a San Pedro de Alcántara. Cuando entró en Coria ya estaban disueltas las juntas revolucionarias informando al principio de 1869 al Papa sobre el estado de su diócesis. Le unía especial amistad con el general Narváez, a cuyo cadáver acompañó hasta su entierro en Loja, donde pronunció la oración fúnebre. Preconizado en el consistorio de 16 de enero de 1874 para el arzobispado de Tarragona con otros varios obispos, que no fueron reconocidos por el nuevo gobierno, aprovechó esta circunstancia para renunciar a dicho arzobispado continuando como obispo de Málaga, de donde había sido nombrado obispo en septiembre de 1868 y allí falleció en 1878. Era predicador de su majestad y caballero de la Orden de Isabel la Católica y Carlos III[11].

D. RAMÓN PÉREZ RODRÍGUEZ, obispo de Badajoz y Cádiz.

Nació en Mecina Fondález (Granada) en 1868. Hizo los estudios en el Seminario Diocesano y en la Universidad de Granada, obteniendo los títulos de doctor en Teología, licenciado en Derecho Civil y Canónico y profesor de instrucción primaria. Ordenado de presbítero en 1891, fue profesor, vicerrector y rector del Seminario de Granada, capellán de Reyes Católicos, canónigo de le catedral, fiscal, provisor y vicario general del arzobispado hasta su nombramiento para la sede episcopal de Badajoz el 12 de marzo de 1821, diócesis que rigió hasta mayo de 1929, en que fue nombrado obispo de Sión, procapellán mayor de su majestad vicario general castrense y patriarca de las Indias occidentales. Al venir la República en 1931 y suprimir el vicariato castrense, fue trasladado al obispado de Cádiz que estaba vacante, en 1933, continuando con el título de patriarca de las Indias, donde organizó una nueva división de arciprestazgos y falleció el 28 de enero de 1937. Entre sus actos destacan la reorganización de la Acción Católica, la Asamblea Eucarística Diocesana y homenaje al celebra polígrafo Arias Montano con motivo del V centenario de su nacimiento en Fregenal de la Sierra, la fundación en Villafranca de los Barros de una casa para el clero y un Seminario menor, el Seminario de verano en Marbella con una finca de recreo extra-muros de la ciudad, celebró una asamblea misional en Zafra y doto de casa rectoral a varias parroquias[12].

D. Fr. ANTONIO Mª SANCHEZ-CID CARRASCAL, obispo de Coria.

Nació en Fregenal de la Sierra en 1799. Estudió en la Universidad Literaria de Sevilla al lado de un tío suyo que era abad de la colegiata de El Salvador y en 1813 entró en el Oratorio de San Felipe Neri de Sevilla, donde pasó 40 años trabajando en el confesonario y en el púlpito. Al ser cerrado el Oratorio en 1835, permaneció en Sevilla y volvió al mismo en 1843, escribiendo un libro titulado «Epitome Histórico de la gran villa de Fregenal, provincia de Andalucía Baja». Fue examinador sinodal en Sevilla y Badajoz y obispo de Coria el año 1852, siendo consagrado en las Salesas de Madrid por el nuncio Bruneli. Creó el Boletín del Obispado y en 1857 marchó a Sevilla para estar una temporada en el Oratorio donde le sorprendió la muerte el 14 de febrero de 1878 y está enterrado en la iglesia del mismo. Dio un nuevo plan de estudios al Seminario, aumentó los volúmenes de su biblioteca, estableció la Pía unión contra la blasfemia y restauró el santuario de la Virgen de Algeme[13].

D. FÉLIX SOTO Y MANCERA, obispo de Badajoz.

Nació en Zafra (Badajoz) en 1849 y estudió la carrera eclesiástica en el Seminario de Cuenca después de haber sido alumno de un colegio católico en Gibraltar. Ordenado de presbítero en 1874 en Cuenca y nombrado profesor de Latín, se doctoró en Derecho Canónico y volvió a Gibraltar como profesor del citado colegio. En 1879 era nombrado fiscal del tribunal eclesiástico de Cádiz, donde poco después obtenía la doctoral y era nombrado auditor del tribunal de Ha Rota en Madrid, donde estuvo hasta el 14 de noviembre de 1904 en que fue promovido al obispado de Badajoz, donde sucedió al dominico P. Hevia Campomanes. Su pontificado fue breve, pues falleció el 31 de enero de 1910, habiéndose ganado el aprecio de sus paisanos, pues era hombre muy inteligente y virtuoso[14].

D. MARCELO SPINOLA MAESTRE, obispo de Coria y Málaga y cardenal arzobispo de Sevilla.

Nació en la Isla de San Fernando (Cádiz) en 1835. Era hijo de los marqueses de Spinola. Estudió en Cádiz, Motril y Granada, donde se graduó en Bachiller, Filosofía en la Universidad de Valencia y se licenció en derecho por la Universidad de Sevilla. Decidido a seguir la carrera eclesiástica, renunció a los títulos nobiliarios que le correspondían como primogénito y fue ordenado de sacerdote en 1864. Celebró su primera misa en la iglesia de San Felipe Neri de Sevilla, en la que continuó ejerciendo el ministerio de la caridad por medio de las Conferencias de San Vicente de Paul, de las que era especial protector. Nombrado párroco de San Lorenzo de Sevilla, restauró el templo, creó escuelas y asilos y en 1879 era nombrado canónigo de Sevilla, visitador general del arzobispado y director espiritual de la Asociación de Señoras Católicas. En 1880 recibía el nombramiento de obispo titular de Milo y auxiliar del cardenal arzobispo de Sevilla Lluch Garriga. A la muerte de éste, era trasladado al obispado de Coria en 1884, donde sólo estuvo dos años, figurando entre sus actos más importantes la fundación de las Esclavas del Sagrado Corazón, la visita ad limina de la diócesis y el nuevo estatuto para el Seminario. Trasladado a Málaga en mayo de 1886 tuvo un fecundo pontificado hasta 1895 en que era promovido al arzobispado de Sevilla y creado cardenal el 11 de diciembre de 1905, habiendo fallecido el 19 de enero de 1906 con fama de santo y sabio[15].

D. MANUEL DE TORRES TORRES, obispo de Plasencia.

Nació en Córdoba el 9 de abril de 1849. Estudió en el Seminario Diocesano y en el de Sevilla donde se licenció en Teología. Fue párroco de San Francisco de Córdoba y más tarde canónigo archivero y arcipreste de la catedral, pasando en 1904 a Sevilla, donde fue arcediano y deán hasta el 18 de julio de 1913, en que fue nombrado obispo de Plasencia para suceder al llorado obispo Jarrín, antiguo magistral de Salamanca, que había fallecida haciendo la visita pastoral en Villa Hernando. Su pontificado fue muy breve, pues murió el 4 de junio de 1915 sin haber llegado a realizar actos importantes en la diócesis. Estaba considerado como literato y orador[16].


NOTAS:

[1] DÍAZ CASSOU, Serie de obispos de Cartagena, p. 242.

[2] Anuario Religioso Español (Madrid 1947), p. 371.

[3] Id., p. 424.

[4] Anuario Pontificio de 1978, Diócesis de Coria, p. 150.

[5] Id. de 1970, Diócesis de Córdoba, p. 131. Catálogo de alumnos del Colegio Española de Roma en 1954, p. 62.

[6] Guía del Estado Eclesiástico de España en 1865 (Madrid), p. 322. RITZER, Obispos Españoles, t. VIII (Roma), p. 458.

[7] 7. E. SUBIRANA, Anuario Eclesiástico de España (Barcelona 1933). Apéndice Episcopologio de Osma, p. 177.

[8] M. A. ORTI BELMONTE, Episcopologio Cauriense, p. 163-164.

[9] Anuario Pontificio de 1970. Diócesis de Sevilla, p. 783. Memoria de la Universidad Pontificia de Salamanca de 1959, p. 81.

[10] M. A. ORTI BELMONTE, Episcopologio Cauriense, p. 171-173.

[11] Id., p. 170-171. Historia de la Iglesia en España. V (Madrid 1978), V. CÁRCEL ORTI, p. 192 y 275.

[12] E. SUBIRANA, Anuario Eclesiástico de España de 1931. Capilla Real, p. 429.

[13] M. A. ORTI BELMONTE, Episcopologio Cauriense, p. 167-169.

[14] E. SUBIRANA, Anuario Eclesiástico de 1918 (Barcelona). Obispos españoles fallecidos en el último decenio, p. 302.

[15] M. A. ORTI BELMONTE, Episcopologio Cauriense. p. 174-175. y J. Mª JAVIERRE, Don Marcelo de Sevilla (Barcelona 1973).

[16] Anuario Pontificio de 1914, Diócesis de Plasencia, p. 170. E. SUBIRANA, Anuario Eclesiástico de 1918, p. 302. L. PÉREZ BELLOSO, Anuario Eclesiástico de España 1904 (Madrid). Archidiócesis de Sevilla, p. 651.

Oct 011979
 

Adelaido Cárcel Ramos.

Con el nombre de obispos extremeños no me refiero precisamente a los prelados que han regido las tres diócesis de Extremadura en los dos siglos últimos, sino a todos los obispos españoles que han nacido durante ese tiempo en tierra extremeña o que estuvieron vinculados a sus diócesis por los cargos desempeñados, estudios cursadas o lugares de residencia.

DIÓCESIS DE BADAJOZ

D. MATEO DELGADO MORENO, obispo de Badajoz.

Nació en Oliva de la Frontera (Badajoz) el 15 de febrero

de 1756. Siendo Chantre mayor de la catedral de Lérida y Penitenciario de la Real Capilla, fue promovido a la abadía de San Ildefonso con el título de obispo de Sebaste, y consagrado en la Real Iglesia de San Isidro de Madrid el 1 de febrero de 1801. Dos años después era trasladado a la sede episcopal de Badajoz, que rigió durante cuarenta años, donde falleció el año 1842, de edad muy avanzada.

No asistió al juramento de fidelidad a Isabel II por su ancianidad, ya que llegó a ser el de más edad del episcopado español, y aunque residió normalmente en la diócesis, las nuevas autoridades civiles le impidieron gobernar por haber protestado contra las novedades eclesiásticas introducidas, los que le desterraron a su pueblo. El obispado quedó en manos de gobernadores adictos a la reina, y al fallecer el obispo legítimo, uno de éstos, Pedro Gragera Ros, fue nombrado sucesor y gobernó como intruso, pero el 6 de abril de 1845 fue encargado de administrar la diócesis el arzobispo de Santiago y en 1847 era preconizado como nuevo obispo el canónigo penitenciario de León, Don Francisco Javier Rodríguez Obregón, que la rigió hasta su muerte en 1853[1].

D. JOSÉ CASQUETE DEL PRADO BOOTELLO. Obispo de San Marcos de León.

Nació en Fuente de Cantos (Badajoz), priorato de San Marcos de León, el 10 de junio de 1756. Profesó como caballero freire de la Orden de Santiago, pasando al colegio del Rey, que ésta tenía en Salamanca, donde se doctoró en Cánones, teniendo a su cargo algunas encomiendas y un canonicato en San Marcos.

Por Bula de 9 de mayo de 1797 se declararon perpetuos los prioratos de Uclés y San Marcos de León, con obispas in partibus, siendo nombrado el doctor Casquete del Prado para Obispo Prior de San Marcos de León, con el título de Cisamo. Fue consagrado en la iglesia de las Comendadoras de Madrid el 25 de marzo de 1798. Más adelante fue diputado en las Cortes de Cádiz y falleció en Llerena el 2 de febrero de 1838[2].

FRAY HIPÓLITO SÁNCHEZ RANGEL, obispo de Lugo.

Nació en Santos de Llerena (Badajoz), el 2 de diciembre de 1761. Ingresó en los franciscanos de Sevilla, en 1782; enseñó Filosofía en varios conventos de su orden y en 1796 pasó a Cuba como reformador de la provincia de Santa Elena de Florida, pero regresó a España por desavenencias con el provincial. En 1802 marchó de nuevo a las Antillas para reformar la provincia de La Habana. El 26 de junio de 1805 fue preconizado obispo de la nueva diócesis de Maynas (Perú) y consagrado en Quito por el obispo de aquella diócesis Cuero Caicedo, el 22 de diciembre de 1807.

Las revueltas en los territorios sudamericanos y su actitud en defensa de Fernando VII le crearan una posición incómoda, por lo que regresó a España en 1822 y dos años después era nombrado administrador apostólico de Cartagena pero fue depuesto por su obispo Posada, y en 1825 era promovido a la sede episcopal de Lugo, con lo que le premió Fernando VII su fidelidad a la Corona. Su conducta durante la regencia cristina causaron desorientación en la diócesis de Lugo, pues el obispo aceptó cargos políticos, como prócer del reino y miembro de la junta eclesiástica para la reforma del clero secular y regular en 1834, planes que nunca aprobó la Santa Sede. Murío en Lugo en 1839[3].

FRAY DIEGO DE MELO Y PORTUGAL, obispo de Osma y Jaén.

Nació en la ciudad de Badajoz, ingresando en los padres agustinos, donde desempeñó diversos cargos hasta su nombramiento como obispo de Osma, de cuyo cargo tomó posesión el 28 de noviembre de 1794, y a los dos años era trasladado al obispado de Jaén, donde murió en 1816[4].

D. GABRIEL ALVAREZ DE FARIA, obispo de Badajoz.

Era tío carnal de Godoy, el Príncipe de la Paz, y había nacido también en la ciudad de Badajoz, de cuya diócesis fue nombrado obispo en 1790, donde estuvo hasta su muerte en 1802. Está enterrado en la capilla de San Pedro de Alcántara de la catedral[5].

D. JUAN GARCÍA BENITO, obispo de Tuy.

Nació en Torre de Santa María (Cáceres), diócesis de Badajoz. Fue nombrado obispo de Tuy en 1798, que rigió hasta 1825. Propuesto durante el trienio liberal para arzobispo de Santiago, a la muerte del doctor Rafael de Muzquiz, tuvo que renunciar a la sede compostelana, dada la represión política que hubo al reforzar Fernando VII en 1823 la tendencia absolutista del cuadro episcopal, viniendo entonces a Santiago el obispo de Lérida, Simón Antonio de Rentería, y dos años después fallecía el obispo Benito.[6]

D. ANTONIO MARÍA SÁNCHEZ-CID CARRASCAL, obispo de Coria.

Nació en Fregenal de la Sierra (Badajoz), el 15 de enero de 1799. Estudió en Sevilla, al lado de su tío abad de la colegiata del Salvador. Cursó la carrera de Leyes y después fue ordenado de presbítero en 1812, entrando seguidamente en el Oratorio de San Felipe Neri, del que salió en 1835 al suprimir las comunidades religiosas, pero pudo volver muchos años después.

Escribió «Epitome Histórico de la Gran Villa de Fregenal, provincia de Andalucía Baja». Fue examinador sinodal de las diócesis de Sevilla y Badajoz y maestro de Don Juan Bravo Murillo, que siendo presidente del consejo de ministros lo presentó para el obispado de Coria en 1852 y fue consagrado en las Salesas de Madrid el 5 de diciembre, por el nuncio Brunelli, asistido por el abad de San Ildefonso, obispo de Lezo y el de Avila, fray Gregorio Sánchez.

El acontecimiento más importante de su pontificado fue la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, que fue celebrado con gran solemnidad en la catedral. Publicó varias pastorales, y habiendo marchado a Sevilla para pasar una temporada en su Oratorio, allí le sorprendió la muerte el 14 de febrero de 1858. Fue enterradas en la iglesia del citado Oratorio, pero diez años después, con motivo del derribo de la misma, sus restos fueran trasladados a le bóveda principal de la iglesia de San Pedro de Sevilla[7].

D. FERNANDO RAMÍREZ VÁZQUEZ, obispo de Badajoz.

Nació en Salvatierra de los Barros (Badajoz) el 6 de diciembre de 1807. A los doce años ingresaba en el seminario de San Atón de Badajoz, donde fue presbítero el 16 de junio de 1832. Dedicado al ministerio parroquial, fue vicario en la iglesia de la Concepción de Badajoz, y en 1840 cura de la Magdalena de Olivenza, parroquia que obtuvo y de la que fue arcipreste en el concurso celebrado en 1847. Posteriormente se licenció en Teología en Sevilla y en 1853 era elegido canónigo lectoral de Badajoz y profesor del Seminario, tras brillantes oposiciones.

Doce años después, el papa Pio IX lo nombraba obispo de Badajoz. Y el 13 de febrero de 1866 era consagrado en la catedral de Zaragoza por el arzobispo García Gil, antiguo obispo de Badajoz, asistido por el que también lo fue y ahora regía la diócesis de Barcelona, Don Pantaleón Montserrat, y el de Tarazona, Marrodán Rubio.

Su pontificado fue largo, pues gobernó la diócesis veintitrés años y tuvo que afrontar momentos difíciles con la revolución del 68 y la Primera República. Asistió al Concilio Vaticano I, donde tuvo destacadas intervenciones. Iluminó a sus diocesanos con frecuentes cartas pastorales, pero el acontecimiento mayor de su pontificado fue la incorporación a la diócesis de los Prioratos de Llerena y Magacela, que pertenecía a las órdenes militares, concentradas ahora en la nueva diócesis de Ciudad Real, por la Bula «Quo gravius», que transformó profundamente la fisonomía de la diócesis y cuya aplicación ocasionó al prelado serios disgustos, pues tuvo que apelar a soluciones extremas para evitar el peligro del cisma que se avecinaba. Empleó grandes sumas para ampliar y mejorar el seminario mayor y construyó el menor en Villanueva de la Serena. Falleció en Badajoz el 14 de noviembre de 1890[8].

D. RAMIRO FERNANDEZ VALBUENA, obispo auxiliar de Santiago.

Nació en Huelde (León), el 11 de marzo de 1847. Estudió en el seminario diocesano, donde fue presbítero en junio de 1873, siendo nombrado profesor del mismo. Licenciado en Teología por el seminario central de Sevilla, fue muy joven Lectoral de Badajoz, y en 1885 obtuvo en el seminario central de Valencia el Doctorado en Teología y la licencia en Derecho Canónico en una sola convocatoria. Años después ganaba la Penitenciaria de Toledo, donde fue nombrado también rector del seminario de San Ildefonso, asistente al solio pontificio y prelado doméstico de su santidad.

El cardenal Herrera de la Iglesia, que había sido Deán de la catedral de León, conoció las grandes dotes del joven Fernández Valbuena, por lo que el 7 de junio de 1911 lo nombró su obispo auxiliar en Santiago, como titular de Escilio, así como Provisor y Vicario General del arzobispado, donde pasó toda su vida episcopal, ya que murió el 3 de marzo de 1922, meses antes de la muerte del citado cardenal, ocurrida el 6 de diciembre de aquel año[9].

D. FÉLIX SOTO Y MANCERA, obispo de Badajoz.

Nació en Zafra (Badajoz) el 28 de febrero de 1849. Estudió en el seminario conciliar de San Julián de Cuenca, donde fue ordenado de presbítero en 1875 y profesor de Latín. Pasó después a Gibraltar, donde regía un colegio católico, del que él había sido alumno, y habiéndose doctorado en Derecho Canónico, fue nombrado fiscal del tribunal eclesiástico de Cádiz, donde poco después obtuvo la canonjía Doctoral. Sus dotes de canonista le valieron ser nombrado auditor del Tribunal de la Rota y el 14 de noviembre de 1904 era promovido al obispado de Badajoz, donde sucedió al dominico P. Hevia Campomanes, que tuvo un pontificado muy breve. Gobernó la diócesis hasta su muerte el 31 de enero de 1910, siendo muy querido de sus diocesanos, pues gozaba de fama como hombre de gran ciencia y virtud[10].

D. ANTONIO SENSO LAZARO, obispo de Astorga.

Nació en Montánchez (Cáceres), diócesis de Badajoz, el 12 de febrero de 1868. Estudió en el seminario de Badajoz, donde fue presbítero en 1891, licenciándose en Teología por el seminario central de Toledo y en Derecho Civil por la Universidad Central de Madrid. Fue muy joven canónigo por oposición de Badajoz, así como profesor de Dogma y Griego. Obtuvo en 1896 otra canonjía en la catedral de Madrid, donde se le confiaron la cátedra de Griego y Hebreo en el seminario, del que fue nombrado rector. Preconizado obispo de Astorga el 18 de junio de 1913, fue consagrado en la catedral de Madrid el 23 de septiembre. Falleció en Astorga el 21 de agosto de 1941 y estaba en posesión de la gran cruz civil de Alfonso XII y de la cruz blanca del mérito militar[11].

P. FRANCISCO LUNA PACHÓN, vicario apostólico de Beni (Bolivia).

Nació en los Santos de Maimona (Badajoz), el 31 de julio de 1871. Tomó el hábito franciscano en el convento de Loreto en 1898, y una vez ordenado de presbítero en 1905 era destinado a La Paz (Bolivia) y fue misionero de Beni.

En 1919 fue prefecto de misiones y en 1926 era nombrado guardián de la Recoleta de la Paz, siendo preconizado el 10 de junio de este mismo año para el vicariato apostólico de Beni como obispo titular de Titópolis. Fue consagrado al 28 de septiembre en la citada iglesia Recoleta, que los padres franciscanos tienen en La Paz, donde murió en 1953[12].

D. ENRIQUE DELGADO GÓMEZ, obispo de Almería y arzobispo de Pamplona.

Nació en Valverde de Llerena (Badajoz), el 17 de julio de 1888. Estudió en el seminario diocesano, marchando a Roma, donde se doctoró en Filosofía, Teología y Derecho Canónico, siendo ordenado de presbítero en 1812. Ha sido profesor y rector del seminario de Badajoz, canónigo por oposición y Deán de la catedral, vicario general del obispado y administrador del herario diocesano. El 10 de junio de 1943 fue nombrado obispo de Almería, siendo consagrado en la catedral de Badajoz el 3 de octubre, por el nuncio Cicognani, auxiliado por los obispo de Badajoz y Evora.

El 26 de octubre de 1946 era trasladado al obispado de Pamplona, donde fue su primer arzobispo al ser elevada a metropolitana esta sede el 11 de agosto de 1956. Sus primeras pastorales versaron sobre el Día del Seminario, la Asamblea Sacerdotal Diocesana, la Niñez desvalida y la Parroquia. Dimitió el 22 de julio 1968, quedando con el título de la sede de Biteto, residiendo en Pamplona, donde falleció el 16 de enero de 1978[13].

D. MANUEL FERNANDEZ CONDE Y GARCÍA DEL REBOLLAR, obispo de Córdoba.

Nació en Puertollano (Ciudad Real), el 8 de septiembre de 1909, Estudió en el seminario de Badajoz, donde residía su padre, que era maestro nacional. En 1934 marchó a Roma, donde se doctoró en Derecho Canónico y Filosofía, después de licenciarse en Teología. Más tarde ingresó en la academia de nobles eclesiásticos y estudió la carrera diplomática, quedando como oficial de la Secretaría de Estado con el título de monseñor. El 2 de febrero de 1958 era preconizado obispo de Córdoba, siendo consagrado en Roma el 8 de marzo. Entre sus actividades destacaba la formación de los sacerdotes, pues había publicado un interesante trabajo sobre los seminarios tridentinos, siendo nombrado en la Conferencia Episcopal Española Presidente de la Comisión de Seminarios, que desempeñó hasta su repentina muerte el 3 de enero de 1970[14].

DIÓCESIS DE CORIA

D. PEDRO LUIS BLANCO, obispo de León.

Nació en Valverde del Fresno (Cáceres), diócesis de Coria. Fue rector de la Universidad de Salamanca y obispo de León, de 1800 a 1811. Durante la invasión francesa, el obispo Blanco mostró una adhesión pública y explícita a los franceses en numerosas ocasiones, que suscitó tremendas protestas de los compatriotas, según una carta acusatoria contra el obispo, que dirigió Cristóbal Rubio a la central de León el 10 de septiembre de 1809[15].

D. ANTONIO RAFAEL DOMÍNGUEZ DE VALDECAÑAS, obispo de Guadix.

Nació en LUCENA (Córdoba), el 23 de julio de 1790. Estudió en los seminarios de Guadix y Granada. Fue canónigo de Sevilla y Chantre de Coria hasta que fue nombrado obispo de Guadix el 25 de septiembre de 1857. Fue consagrado en la capilla del Palacio Real de Madrid el 6 de diciembre. Era prelado doméstico de su Santidad, asistente al solio pontificio, predicador de S.M., caballero de las órdenes de Carlos III e Isabel la Católica, patricio romano y académico de los quírites. Falleció en Guadix en 1865[16].

P. ISIDORO CLEMENTE, O.P., vicario apostólico de Amoy (China).

Nació en Montehermoso (Cáceres), diócesis de Coria, el 4 de junio de 1851. Ingresó en el convento dominico de Ocaña en 1878, donde estudió Filosofía, pasando al de Ávila en 1870 para cursar la Teología, siendo ordenado de presbítero en 1872. Fue destinada a las misiones de Formosa y en 1894 era nombrado vicario provincial. Promovido al episcopado en 1899 con el título de Angila, fue consagrado el 11 de marzo de 1900, quedando al frente del vicariato apostólico de Amoy, en China, donde murió el 10 de agosto de 1915[17].

D. FELICIANO ROCHA PIZARRO, obispo de Plasencia.

Nació en Hinojal (Cáceres), diócesis de Coria, el 2 de febrero de 1870. Estudió en el seminario diocesano. Se licenció en Derecho Canónico por el de Toledo en 1896 y dos años más tarde en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue secretario de estudios y profesor de Filosofía y Teología en el seminario de Coria, párroco de Valencia de Alcántara y de Santiago de Cáceres, hasta 1920, en que el obispo Segura lo nombró provisor y vicario general. En 1922 obtenía la canonjía Doctoral y en 1928 era nombrado Deán y confirmado como vicario por el nuevo obispo Moreno Barrio.

El 9 de noviembre de 1928 era nombrado obispo titular de Aretusa y auxiliar del cardenal Segura en Toledo, siendo consagrado en la catedral primada el 11 de marzo de 1929 por el nuncio Tedeschini.

Al ser expulsado el cardenal Segura, en 1931, por la República, quedó como administrador apostólico de la diócesis durante tres años en aquellos momentos difíciles por los que atravesaba la iglesia española. Y en 1934 era nombrado obispo de Plasencia, donde falleció el 16 de agosto de 1945[18].

DIÓCESIS DE PLASENCIA

P. JOAQUÍN ENCABO DE LA VIRGEN DE SOPETRAN, obispo de Cebú (Filipinas).

Nació en Jarandilla de la Vera (Cáceres), diócesis de Plasencia. Ingresó en la orden de ermitaños de San Agustín y fue nombrado el 20 de agosto de 1804 obispo de Cebú en Filipinas, donde falleció el 8 de noviembre de 1818. Había sucedido en esa diócesis al valenciano padre Francisco Genovés Amorós, dominico[19].

P. PEDRO GARCÍA DE PANES, obispo de Asunción (Paraguay).

Nació también en Jarandilla de la Vera, en 1768. Ingresó en los franciscanos observantes, siendo lector de Filosofía y Teología en varios conventos de su orden. El 23 de marzo de 1807 era nombrado obispo de Asunción (Paraguay) y falleció el 13 de marzo de 1838[20].

P. MIGUEL SÁNCHEZ CERRUDO, obispo de Santa Marta (Colombia).

Nació en Béjar, provincia de Salamanca y diócesis de Plasencia, en 1757. Fue provincial de los franciscanos hasta el 20 de agosto de 1804, en que fue nombrado obispo de Santa Marta en Colombia, a cuya diócesis no pudo llegar hasta 1808, debido a la guerra con los ingleses, y murió el 4 de agosto de 1810[21].

P. RODRIGO ANTONIO DE ORELLANA, obispo de Tucumán (Argentina).

Nació en Medellín (Badajoz), diócesis de Plasencia. Era fraile premonstratense y el 9 de septiembre de 1805 fue nombrado obispo de Tucumán, de donde fue trasladado a Ávila el 21 de diciembre de 1818, diócesis que rigió hasta su muerte el 29 de junio de 1822[22].

D. GREGORIO MARÍA LÓPEZ ZARAGOZA, obispo de Plasencia.

Nació en Villacañas (Toledo), en cuyo seminario estudió y fue presbítero en 1804. Desempeñó en Plasencia los cargos de provisor y vicario general con el obispo Conde y Corral, al que sucedió en el gobierno de esta diócesis el 2 de diciembre de 1853, siendo su obispo hasta su muerte en 1869[23].

D. JUAN MARIA VALERO NACARINO, obispo de Tuy y Cuenca.

Nació en Plasencia en 1835. Estudió en el seminario de Plasencia y Toledo obteniendo el doctorado en Teología y la licencia en Derecho Canónico. Era profesor del seminario diocesano cuando en 1862 obtenía la canonjía Lectoral de Cuenca, con gran brillantez y en 1865 era nombrado rector del seminario, donde desempeñaba la cátedra de Sagrada Escritura. En 1876 era nombrado obispo de Tuy y seis años después era trasladado a su amada diócesis de Cuenca, donde tan gratos recuerdos había dejado, la que rigió hasta su muerte en 16 de noviembre de 1890[24].

D. VICENTE SÁNCHEZ DE CASTRO, obispo de Santander.

Nació en Peromingo (Salamanca), diócesis de Plasencia, en 1841. Estudió en los seminarios de Plasencia y Salamanca, donde se doctoró en Teología y más tarde obtuvo la canonjía Lectoral de León, de cuyo seminario fue profesor de Sagrada Escritura y en cuya materia estaba considerado como una autoridad. En 1884 fue nombrado obispo de Santander, destacando por sus luminosas pastorales llenas de erudición escriturística. Falleció en 1920[25].

D. BERNARDO CONDE Y CORRAL, obispo de Plasencia y Zamora.

Nació en Leiva (Logroño), diócesis de Calahorra, en 1811. Fue premonstratense, profesor del seminario de Ciudad Rodrigo, provisor de la diócesis de Plasencia y Deán de Lugo. El 21 de diciembre de 1857, nombrado obispo de Plasencia y trasladado a Zamora el 3 de marzo de 1863, donde falleció el 31 de marzo de 1880[26].

D. FRANCISCO DE SALES CRESPO BAUTISTA, obispo de Mondoñedo.

Nació en Toledo el 20 de enero de 1812. Estudió en su seminario, donde fue presbítero en 1836, siendo nombrado después profesor del seminario fiscal eclesiástico de Plasencia y canónigo penitenciario de Toledo. El 23 de diciembre de 1862 el cardenal Alameda lo proponía para su obispo auxiliar en Toledo, quien lo consagró con el título de Archis el 30 de marzo de 1863 en la iglesia de las Salesas de Madrid, y el 5 de julio de 1875, a la muerte del cardenal, era nombrado obispo de Mondoñedo, donde falleció el 16 de febrero de 1877[27].

D. FELIPE FERNANDEZ GARCÍA, obispo de Avila.

Nació en San Pedro de Trones (León), diócesis de Astorga, en 1935. Es presbítero desde 1957 y ha desempeñado el cargo de vicario episcopal en la diócesis de Plasencia hasta su nombramiento como obispo de Ávila el 22 de octubre de 1976[28].

FRAY GREGORIO SÁNCHEZ RUBIO, obispo de Osma y Ávila.

También era de origen extremeño, aunque pertenecía a la diócesis de Toledo, el P. Sánchez Rubio, nacido en Alía (Cáceres) el 9 de septiembre de 1778. Ingresó en los Jerónimos de El Escorial en 1797. Fue presbítero en 1804, profesor de Filosofía, Griego y Hebreo, así como bibliotecario del Monasterio, donde siguió después de exclaustrado. El 7 de diciembre de 1847 es nombrado obispo de Osma y consagrado en las Salesas de Madrid por el nuncio Brunelli, asistido por los obispos Posada, patriarca de las Indias, y Tarancón Morón, obispo de Córdoba. El 27 de septiembre da 1852 era trasladado al obispado de Ávila, cerca de El Escorial, donde tantos años había sido bibliotecario, pero rigió la diócesis poco tiempo, pues falleció el 17 de febrero de 1854[29].



NOTAS:

[1] C. R. FORT. «De los obispos españoles titulares, pag. 259. y V. CARCEL ORTI, «Política Eclesial de Gobiernos liberales. p. 457.

[2] C. R. FORT. «De los obispos Españoles titulares. pag. 81-82.

[3] DICCIONARIO DE HISTORIA ECIESIASTICA DE ESPAÑA. IV. 2171 y 2172. V. Cárcel, id. «Política Eclesial». pag.473

[4] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico, 1933. Apéndice. Episcopologio de la Diócesis de Osma». pag. 177.

[5] id. id. 1928, «Episcopologio de la diócesis de Badajoz, p.94.

[6] M. REVUELTA G.»La Iglesia en la España Contemporánea», V.p.99.

[7] M. A. ORTI BELMONTE. «Episcopologio Cauriense» pag.l67-169.

[8] P. RUBIO MERINO. «El Seminario de San Atón de Badajoz», p.284-86

[9] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1923. Obituario Pontifical» pag.285.

[10] id. id. «Anuario Eclesiástico de 1918», pag.302.

[11] P.RUBIO MERINO. «El Seminario de San Atón de Badajoz». pag.287-288.

[12] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1928». pag.595.

[13] ANUARIO RELIGIOSO ESPAÑOL.1947. Diócesis de Pamplona. Pag.424 y 425.

[14] CATALOGO DE ALUMNOS DEL P.COLEGIO ESPAÑOL DE S. JOSE DE ROMA. 1954. pag.62.

[15] HISTORIA DE LA IGLESIA CONTEMPORÁNEA. V.»Manuel Revuelta González», pag.29.

[16] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1930. pag. 217. Obispos de Guadix y Baza.

[17] id. id. de 1918, pag.302. Obispos españoles fallecidos en 1915.

[18] id. id. de 1930. pag.445 y 446.

[19] Diccionario DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DE ESPAÑA.II. pag.932, Episcopologio de la diócesis de Cebú.

[20] id. id. id. III. pag.1181. Episcopologio de la Mde. Asunción.

[21] id. id. id. I. pag. 466, Episcopologio de la diócesis de Santa Marta, pag.466.

[22] DICCIONARIO DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DE ESPAÑA, I. Argentina diócesis de Tucumán, Episcopologio pag.88, y diócesis de Ávila, Episcopologio, pag.161.

[23] id. id. III, Diócesis de Plasencia. Episcopologio. p.l989.

[24] ADELAIDO CÁRCEL RAMOS, «Obispos extremeños en Cuenca». pag.4-5, en Coloquios H. de Extremadura, de 1978.

[25] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1918» Diócesis de Santander, pag.199.

[26] DICCIONARIO DE HISTORIA ECLESIÁSTICA. III, Diócesis de Plasencia, pag.1989. y IV, Diócesis de Zamora, pag.2800, Episcopologio.

[27] C.R.FORT, «Obispos Españoles titulares. Pag.48, Obispo de Archis y Mondoñedo.

[28] ANUARIO PONDIFICIO de 1977. pag.54, Diócesis de Ávila.

[29] ANUARIO ECLESIÁSTICO «Subirana», de 1933. pag.178, del obispado de Osma, y Francisco Fernández Serrano «Obispos Hispánicos de la Orden de San Jerónimo. pag.205-217,(Separata de «Studia Hieronymiana».

Con el nombre de obispos extremeños no me refiero precisamente a los prelados que han regido las tres diócesis de Extremadura en los dos siglos últimos, sino a todos los obispos españoles que han nacido durante ese tiempo en tierra extremeña o que estuvieron vinculados a sus diócesis por los cargos desempeñados, estudios cursadas o lugares de residencia.

DIÓCESIS DE BADAJOZ

D. MATEO DELGADO MORENO, obispo de Badajoz.

Nació en Oliva de la Frontera (Badajoz) el 15 de febrero

de 1756. Siendo Chantre mayor de la catedral de Lérida y Penitenciario de la Real Capilla, fue promovido a la abadía de San Ildefonso con el título de obispo de Sebaste, y consagrado en la Real Iglesia de San Isidro de Madrid el 1 de febrero de 1801. Dos años después era trasladado a la sede episcopal de Badajoz, que rigió durante cuarenta años, donde falleció el año 1842, de edad muy avanzada.

No asistió al juramento de fidelidad a Isabel II por su ancianidad, ya que llegó a ser el de más edad del episcopado español, y aunque residió normalmente en la diócesis, las nuevas autoridades civiles le impidieron gobernar por haber protestado contra las novedades eclesiásticas introducidas, los que le desterraron a su pueblo. El obispado quedó en manos de gobernadores adictos a la reina, y al fallecer el obispo legítimo, uno de éstos, Pedro Gragera Ros, fue nombrado sucesor y gobernó como intruso, pero el 6 de abril de 1845 fue encargado de administrar la diócesis el arzobispo de Santiago y en 1847 era preconizado como nuevo obispo el canónigo penitenciario de León, Don Francisco Javier Rodríguez Obregón, que la rigió hasta su muerte en 1853[1].

D. JOSÉ CASQUETE DEL PRADO BOOTELLO. Obispo de San Marcos de León.

Nació en Fuente de Cantos (Badajoz), priorato de San Marcos de León, el 10 de junio de 1756. Profesó como caballero freire de la Orden de Santiago, pasando al colegio del Rey, que ésta tenía en Salamanca, donde se doctoró en Cánones, teniendo a su cargo algunas encomiendas y un canonicato en San Marcos.

Por Bula de 9 de mayo de 1797 se declararon perpetuos los prioratos de Uclés y San Marcos de León, con obispas in partibus, siendo nombrado el doctor Casquete del Prado para Obispo Prior de San Marcos de León, con el título de Cisamo. Fue consagrado en la iglesia de las Comendadoras de Madrid el 25 de marzo de 1798. Más adelante fue diputado en las Cortes de Cádiz y falleció en Llerena el 2 de febrero de 1838[2].

FRAY HIPÓLITO SÁNCHEZ RANGEL, obispo de Lugo.

Nació en Santos de Llerena (Badajoz), el 2 de diciembre de 1761. Ingresó en los franciscanos de Sevilla, en 1782; enseñó Filosofía en varios conventos de su orden y en 1796 pasó a Cuba como reformador de la provincia de Santa Elena de Florida, pero regresó a España por desavenencias con el provincial. En 1802 marchó de nuevo a las Antillas para reformar la provincia de La Habana. El 26 de junio de 1805 fue preconizado obispo de la nueva diócesis de Maynas (Perú) y consagrado en Quito por el obispo de aquella diócesis Cuero Caicedo, el 22 de diciembre de 1807.

Las revueltas en los territorios sudamericanos y su actitud en defensa de Fernando VII le crearan una posición incómoda, por lo que regresó a España en 1822 y dos años después era nombrado administrador apostólico de Cartagena pero fue depuesto por su obispo Posada, y en 1825 era promovido a la sede episcopal de Lugo, con lo que le premió Fernando VII su fidelidad a la Corona. Su conducta durante la regencia cristina causaron desorientación en la diócesis de Lugo, pues el obispo aceptó cargos políticos, como prócer del reino y miembro de la junta eclesiástica para la reforma del clero secular y regular en 1834, planes que nunca aprobó la Santa Sede. Murío en Lugo en 1839[3].

FRAY DIEGO DE MELO Y PORTUGAL, obispo de Osma y Jaén.

Nació en la ciudad de Badajoz, ingresando en los padres agustinos, donde desempeñó diversos cargos hasta su nombramiento como obispo de Osma, de cuyo cargo tomó posesión el 28 de noviembre de 1794, y a los dos años era trasladado al obispado de Jaén, donde murió en 1816[4].

D. GABRIEL ALVAREZ DE FARIA, obispo de Badajoz.

Era tío carnal de Godoy, el Príncipe de la Paz, y había nacido también en la ciudad de Badajoz, de cuya diócesis fue nombrado obispo en 1790, donde estuvo hasta su muerte en 1802. Está enterrado en la capilla de San Pedro de Alcántara de la catedral[5].

D. JUAN GARCÍA BENITO, obispo de Tuy.

Nació en Torre de Santa María (Cáceres), diócesis de Badajoz. Fue nombrado obispo de Tuy en 1798, que rigió hasta 1825. Propuesto durante el trienio liberal para arzobispo de Santiago, a la muerte del doctor Rafael de Muzquiz, tuvo que renunciar a la sede compostelana, dada la represión política que hubo al reforzar Fernando VII en 1823 la tendencia absolutista del cuadro episcopal, viniendo entonces a Santiago el obispo de Lérida, Simón Antonio de Rentería, y dos años después fallecía el obispo Benito.[6]

D. ANTONIO MARÍA SÁNCHEZ-CID CARRASCAL, obispo de Coria.

Nació en Fregenal de la Sierra (Badajoz), el 15 de enero de 1799. Estudió en Sevilla, al lado de su tío abad de la colegiata del Salvador. Cursó la carrera de Leyes y después fue ordenado de presbítero en 1812, entrando seguidamente en el Oratorio de San Felipe Neri, del que salió en 1835 al suprimir las comunidades religiosas, pero pudo volver muchos años después.

Escribió «Epitome Histórico de la Gran Villa de Fregenal, provincia de Andalucía Baja». Fue examinador sinodal de las diócesis de Sevilla y Badajoz y maestro de Don Juan Bravo Murillo, que siendo presidente del consejo de ministros lo presentó para el obispado de Coria en 1852 y fue consagrado en las Salesas de Madrid el 5 de diciembre, por el nuncio Brunelli, asistido por el abad de San Ildefonso, obispo de Lezo y el de Avila, fray Gregorio Sánchez.

El acontecimiento más importante de su pontificado fue la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, que fue celebrado con gran solemnidad en la catedral. Publicó varias pastorales, y habiendo marchado a Sevilla para pasar una temporada en su Oratorio, allí le sorprendió la muerte el 14 de febrero de 1858. Fue enterradas en la iglesia del citado Oratorio, pero diez años después, con motivo del derribo de la misma, sus restos fueran trasladados a le bóveda principal de la iglesia de San Pedro de Sevilla[7].

D. FERNANDO RAMÍREZ VÁZQUEZ, obispo de Badajoz.

Nació en Salvatierra de los Barros (Badajoz) el 6 de diciembre de 1807. A los doce años ingresaba en el seminario de San Atón de Badajoz, donde fue presbítero el 16 de junio de 1832. Dedicado al ministerio parroquial, fue vicario en la iglesia de la Concepción de Badajoz, y en 1840 cura de la Magdalena de Olivenza, parroquia que obtuvo y de la que fue arcipreste en el concurso celebrado en 1847. Posteriormente se licenció en Teología en Sevilla y en 1853 era elegido canónigo lectoral de Badajoz y profesor del Seminario, tras brillantes oposiciones.

Doce años después, el papa Pio IX lo nombraba obispo de Badajoz. Y el 13 de febrero de 1866 era consagrado en la catedral de Zaragoza por el arzobispo García Gil, antiguo obispo de Badajoz, asistido por el que también lo fue y ahora regía la diócesis de Barcelona, Don Pantaleón Montserrat, y el de Tarazona, Marrodán Rubio.

Su pontificado fue largo, pues gobernó la diócesis veintitrés años y tuvo que afrontar momentos difíciles con la revolución del 68 y la Primera República. Asistió al Concilio Vaticano I, donde tuvo destacadas intervenciones. Iluminó a sus diocesanos con frecuentes cartas pastorales, pero el acontecimiento mayor de su pontificado fue la incorporación a la diócesis de los Prioratos de Llerena y Magacela, que pertenecía a las órdenes militares, concentradas ahora en la nueva diócesis de Ciudad Real, por la Bula «Quo gravius», que transformó profundamente la fisonomía de la diócesis y cuya aplicación ocasionó al prelado serios disgustos, pues tuvo que apelar a soluciones extremas para evitar el peligro del cisma que se avecinaba. Empleó grandes sumas para ampliar y mejorar el seminario mayor y construyó el menor en Villanueva de la Serena. Falleció en Badajoz el 14 de noviembre de 1890[8].

D. RAMIRO FERNANDEZ VALBUENA, obispo auxiliar de Santiago.

Nació en Huelde (León), el 11 de marzo de 1847. Estudió en el seminario diocesano, donde fue presbítero en junio de 1873, siendo nombrado profesor del mismo. Licenciado en Teología por el seminario central de Sevilla, fue muy joven Lectoral de Badajoz, y en 1885 obtuvo en el seminario central de Valencia el Doctorado en Teología y la licencia en Derecho Canónico en una sola convocatoria. Años después ganaba la Penitenciaria de Toledo, donde fue nombrado también rector del seminario de San Ildefonso, asistente al solio pontificio y prelado doméstico de su santidad.

El cardenal Herrera de la Iglesia, que había sido Deán de la catedral de León, conoció las grandes dotes del joven Fernández Valbuena, por lo que el 7 de junio de 1911 lo nombró su obispo auxiliar en Santiago, como titular de Escilio, así como Provisor y Vicario General del arzobispado, donde pasó toda su vida episcopal, ya que murió el 3 de marzo de 1922, meses antes de la muerte del citado cardenal, ocurrida el 6 de diciembre de aquel año[9].

D. FÉLIX SOTO Y MANCERA, obispo de Badajoz.

Nació en Zafra (Badajoz) el 28 de febrero de 1849. Estudió en el seminario conciliar de San Julián de Cuenca, donde fue ordenado de presbítero en 1875 y profesor de Latín. Pasó después a Gibraltar, donde regía un colegio católico, del que él había sido alumno, y habiéndose doctorado en Derecho Canónico, fue nombrado fiscal del tribunal eclesiástico de Cádiz, donde poco después obtuvo la canonjía Doctoral. Sus dotes de canonista le valieron ser nombrado auditor del Tribunal de la Rota y el 14 de noviembre de 1904 era promovido al obispado de Badajoz, donde sucedió al dominico P. Hevia Campomanes, que tuvo un pontificado muy breve. Gobernó la diócesis hasta su muerte el 31 de enero de 1910, siendo muy querido de sus diocesanos, pues gozaba de fama como hombre de gran ciencia y virtud[10].

D. ANTONIO SENSO LAZARO, obispo de Astorga.

Nació en Montánchez (Cáceres), diócesis de Badajoz, el 12 de febrero de 1868. Estudió en el seminario de Badajoz, donde fue presbítero en 1891, licenciándose en Teología por el seminario central de Toledo y en Derecho Civil por la Universidad Central de Madrid. Fue muy joven canónigo por oposición de Badajoz, así como profesor de Dogma y Griego. Obtuvo en 1896 otra canonjía en la catedral de Madrid, donde se le confiaron la cátedra de Griego y Hebreo en el seminario, del que fue nombrado rector. Preconizado obispo de Astorga el 18 de junio de 1913, fue consagrado en la catedral de Madrid el 23 de septiembre. Falleció en Astorga el 21 de agosto de 1941 y estaba en posesión de la gran cruz civil de Alfonso XII y de la cruz blanca del mérito militar[11].

P. FRANCISCO LUNA PACHÓN, vicario apostólico de Beni (Bolivia).

Nació en los Santos de Maimona (Badajoz), el 31 de julio de 1871. Tomó el hábito franciscano en el convento de Loreto en 1898, y una vez ordenado de presbítero en 1905 era destinado a La Paz (Bolivia) y fue misionero de Beni.

En 1919 fue prefecto de misiones y en 1926 era nombrado guardián de la Recoleta de la Paz, siendo preconizado el 10 de junio de este mismo año para el vicariato apostólico de Beni como obispo titular de Titópolis. Fue consagrado al 28 de septiembre en la citada iglesia Recoleta, que los padres franciscanos tienen en La Paz, donde murió en 1953[12].

D. ENRIQUE DELGADO GÓMEZ, obispo de Almería y arzobispo de Pamplona.

Nació en Valverde de Llerena (Badajoz), el 17 de julio de 1888. Estudió en el seminario diocesano, marchando a Roma, donde se doctoró en Filosofía, Teología y Derecho Canónico, siendo ordenado de presbítero en 1812. Ha sido profesor y rector del seminario de Badajoz, canónigo por oposición y Deán de la catedral, vicario general del obispado y administrador del herario diocesano. El 10 de junio de 1943 fue nombrado obispo de Almería, siendo consagrado en la catedral de Badajoz el 3 de octubre, por el nuncio Cicognani, auxiliado por los obispo de Badajoz y Evora.

El 26 de octubre de 1946 era trasladado al obispado de Pamplona, donde fue su primer arzobispo al ser elevada a metropolitana esta sede el 11 de agosto de 1956. Sus primeras pastorales versaron sobre el Día del Seminario, la Asamblea Sacerdotal Diocesana, la Niñez desvalida y la Parroquia. Dimitió el 22 de julio 1968, quedando con el título de la sede de Biteto, residiendo en Pamplona, donde falleció el 16 de enero de 1978[13].

D. MANUEL FERNANDEZ CONDE Y GARCÍA DEL REBOLLAR, obispo de Córdoba.

Nació en Puertollano (Ciudad Real), el 8 de septiembre de 1909, Estudió en el seminario de Badajoz, donde residía su padre, que era maestro nacional. En 1934 marchó a Roma, donde se doctoró en Derecho Canónico y Filosofía, después de licenciarse en Teología. Más tarde ingresó en la academia de nobles eclesiásticos y estudió la carrera diplomática, quedando como oficial de la Secretaría de Estado con el título de monseñor. El 2 de febrero de 1958 era preconizado obispo de Córdoba, siendo consagrado en Roma el 8 de marzo. Entre sus actividades destacaba la formación de los sacerdotes, pues había publicado un interesante trabajo sobre los seminarios tridentinos, siendo nombrado en la Conferencia Episcopal Española Presidente de la Comisión de Seminarios, que desempeñó hasta su repentina muerte el 3 de enero de 1970[14].

DIÓCESIS DE CORIA

D. PEDRO LUIS BLANCO, obispo de León.

Nació en Valverde del Fresno (Cáceres), diócesis de Coria. Fue rector de la Universidad de Salamanca y obispo de León, de 1800 a 1811. Durante la invasión francesa, el obispo Blanco mostró una adhesión pública y explícita a los franceses en numerosas ocasiones, que suscitó tremendas protestas de los compatriotas, según una carta acusatoria contra el obispo, que dirigió Cristóbal Rubio a la central de León el 10 de septiembre de 1809[15].

D. ANTONIO RAFAEL DOMÍNGUEZ DE VALDECAÑAS, obispo de Guadix.

Nació en LUCENA (Córdoba), el 23 de julio de 1790. Estudió en los seminarios de Guadix y Granada. Fue canónigo de Sevilla y Chantre de Coria hasta que fue nombrado obispo de Guadix el 25 de septiembre de 1857. Fue consagrado en la capilla del Palacio Real de Madrid el 6 de diciembre. Era prelado doméstico de su Santidad, asistente al solio pontificio, predicador de S.M., caballero de las órdenes de Carlos III e Isabel la Católica, patricio romano y académico de los quírites. Falleció en Guadix en 1865[16].

P. ISIDORO CLEMENTE, O.P., vicario apostólico de Amoy (China).

Nació en Montehermoso (Cáceres), diócesis de Coria, el 4 de junio de 1851. Ingresó en el convento dominico de Ocaña en 1878, donde estudió Filosofía, pasando al de Ávila en 1870 para cursar la Teología, siendo ordenado de presbítero en 1872. Fue destinada a las misiones de Formosa y en 1894 era nombrado vicario provincial. Promovido al episcopado en 1899 con el título de Angila, fue consagrado el 11 de marzo de 1900, quedando al frente del vicariato apostólico de Amoy, en China, donde murió el 10 de agosto de 1915[17].

D. FELICIANO ROCHA PIZARRO, obispo de Plasencia.

Nació en Hinojal (Cáceres), diócesis de Coria, el 2 de febrero de 1870. Estudió en el seminario diocesano. Se licenció en Derecho Canónico por el de Toledo en 1896 y dos años más tarde en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue secretario de estudios y profesor de Filosofía y Teología en el seminario de Coria, párroco de Valencia de Alcántara y de Santiago de Cáceres, hasta 1920, en que el obispo Segura lo nombró provisor y vicario general. En 1922 obtenía la canonjía Doctoral y en 1928 era nombrado Deán y confirmado como vicario por el nuevo obispo Moreno Barrio.

El 9 de noviembre de 1928 era nombrado obispo titular de Aretusa y auxiliar del cardenal Segura en Toledo, siendo consagrado en la catedral primada el 11 de marzo de 1929 por el nuncio Tedeschini.

Al ser expulsado el cardenal Segura, en 1931, por la República, quedó como administrador apostólico de la diócesis durante tres años en aquellos momentos difíciles por los que atravesaba la iglesia española. Y en 1934 era nombrado obispo de Plasencia, donde falleció el 16 de agosto de 1945[18].

DIÓCESIS DE PLASENCIA

P. JOAQUÍN ENCABO DE LA VIRGEN DE SOPETRAN, obispo de Cebú (Filipinas).

Nació en Jarandilla de la Vera (Cáceres), diócesis de Plasencia. Ingresó en la orden de ermitaños de San Agustín y fue nombrado el 20 de agosto de 1804 obispo de Cebú en Filipinas, donde falleció el 8 de noviembre de 1818. Había sucedido en esa diócesis al valenciano padre Francisco Genovés Amorós, dominico[19].

P. PEDRO GARCÍA DE PANES, obispo de Asunción (Paraguay).

Nació también en Jarandilla de la Vera, en 1768. Ingresó en los franciscanos observantes, siendo lector de Filosofía y Teología en varios conventos de su orden. El 23 de marzo de 1807 era nombrado obispo de Asunción (Paraguay) y falleció el 13 de marzo de 1838[20].

P. MIGUEL SÁNCHEZ CERRUDO, obispo de Santa Marta (Colombia).

Nació en Béjar, provincia de Salamanca y diócesis de Plasencia, en 1757. Fue provincial de los franciscanos hasta el 20 de agosto de 1804, en que fue nombrado obispo de Santa Marta en Colombia, a cuya diócesis no pudo llegar hasta 1808, debido a la guerra con los ingleses, y murió el 4 de agosto de 1810[21].

P. RODRIGO ANTONIO DE ORELLANA, obispo de Tucumán (Argentina).

Nació en Medellín (Badajoz), diócesis de Plasencia. Era fraile premonstratense y el 9 de septiembre de 1805 fue nombrado obispo de Tucumán, de donde fue trasladado a Ávila el 21 de diciembre de 1818, diócesis que rigió hasta su muerte el 29 de junio de 1822[22].

D. GREGORIO MARÍA LÓPEZ ZARAGOZA, obispo de Plasencia.

Nació en Villacañas (Toledo), en cuyo seminario estudió y fue presbítero en 1804. Desempeñó en Plasencia los cargos de provisor y vicario general con el obispo Conde y Corral, al que sucedió en el gobierno de esta diócesis el 2 de diciembre de 1853, siendo su obispo hasta su muerte en 1869[23].

D. JUAN MARIA VALERO NACARINO, obispo de Tuy y Cuenca.

Nació en Plasencia en 1835. Estudió en el seminario de Plasencia y Toledo obteniendo el doctorado en Teología y la licencia en Derecho Canónico. Era profesor del seminario diocesano cuando en 1862 obtenía la canonjía Lectoral de Cuenca, con gran brillantez y en 1865 era nombrado rector del seminario, donde desempeñaba la cátedra de Sagrada Escritura. En 1876 era nombrado obispo de Tuy y seis años después era trasladado a su amada diócesis de Cuenca, donde tan gratos recuerdos había dejado, la que rigió hasta su muerte en 16 de noviembre de 1890[24].

D. VICENTE SÁNCHEZ DE CASTRO, obispo de Santander.

Nació en Peromingo (Salamanca), diócesis de Plasencia, en 1841. Estudió en los seminarios de Plasencia y Salamanca, donde se doctoró en Teología y más tarde obtuvo la canonjía Lectoral de León, de cuyo seminario fue profesor de Sagrada Escritura y en cuya materia estaba considerado como una autoridad. En 1884 fue nombrado obispo de Santander, destacando por sus luminosas pastorales llenas de erudición escriturística. Falleció en 1920[25].

D. BERNARDO CONDE Y CORRAL, obispo de Plasencia y Zamora.

Nació en Leiva (Logroño), diócesis de Calahorra, en 1811. Fue premonstratense, profesor del seminario de Ciudad Rodrigo, provisor de la diócesis de Plasencia y Deán de Lugo. El 21 de diciembre de 1857, nombrado obispo de Plasencia y trasladado a Zamora el 3 de marzo de 1863, donde falleció el 31 de marzo de 1880[26].

D. FRANCISCO DE SALES CRESPO BAUTISTA, obispo de Mondoñedo.

Nació en Toledo el 20 de enero de 1812. Estudió en su seminario, donde fue presbítero en 1836, siendo nombrado después profesor del seminario fiscal eclesiástico de Plasencia y canónigo penitenciario de Toledo. El 23 de diciembre de 1862 el cardenal Alameda lo proponía para su obispo auxiliar en Toledo, quien lo consagró con el título de Archis el 30 de marzo de 1863 en la iglesia de las Salesas de Madrid, y el 5 de julio de 1875, a la muerte del cardenal, era nombrado obispo de Mondoñedo, donde falleció el 16 de febrero de 1877[27].

D. FELIPE FERNANDEZ GARCÍA, obispo de Avila.

Nació en San Pedro de Trones (León), diócesis de Astorga, en 1935. Es presbítero desde 1957 y ha desempeñado el cargo de vicario episcopal en la diócesis de Plasencia hasta su nombramiento como obispo de Ávila el 22 de octubre de 1976[28].

FRAY GREGORIO SÁNCHEZ RUBIO, obispo de Osma y Ávila.

También era de origen extremeño, aunque pertenecía a la diócesis de Toledo, el P. Sánchez Rubio, nacido en Alía (Cáceres) el 9 de septiembre de 1778. Ingresó en los Jerónimos de El Escorial en 1797. Fue presbítero en 1804, profesor de Filosofía, Griego y Hebreo, así como bibliotecario del Monasterio, donde siguió después de exclaustrado. El 7 de diciembre de 1847 es nombrado obispo de Osma y consagrado en las Salesas de Madrid por el nuncio Brunelli, asistido por los obispos Posada, patriarca de las Indias, y Tarancón Morón, obispo de Córdoba. El 27 de septiembre da 1852 era trasladado al obispado de Ávila, cerca de El Escorial, donde tantos años había sido bibliotecario, pero rigió la diócesis poco tiempo, pues falleció el 17 de febrero de 1854[29].



NOTAS:

[1] C. R. FORT. «De los obispos españoles titulares, pag. 259. y V. CARCEL ORTI, «Política Eclesial de Gobiernos liberales. p. 457.

[2] C. R. FORT. «De los obispos Españoles titulares. pag. 81-82.

[3] DICCIONARIO DE HISTORIA ECIESIASTICA DE ESPAÑA. IV. 2171 y 2172. V. Cárcel, id. «Política Eclesial». pag.473

[4] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico, 1933. Apéndice. Episcopologio de la Diócesis de Osma». pag. 177.

[5] id. id. 1928, «Episcopologio de la diócesis de Badajoz, p.94.

[6] M. REVUELTA G.»La Iglesia en la España Contemporánea», V.p.99.

[7] M. A. ORTI BELMONTE. «Episcopologio Cauriense» pag.l67-169.

[8] P. RUBIO MERINO. «El Seminario de San Atón de Badajoz», p.284-86

[9] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1923. Obituario Pontifical» pag.285.

[10] id. id. «Anuario Eclesiástico de 1918», pag.302.

[11] P.RUBIO MERINO. «El Seminario de San Atón de Badajoz». pag.287-288.

[12] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1928». pag.595.

[13] ANUARIO RELIGIOSO ESPAÑOL.1947. Diócesis de Pamplona. Pag.424 y 425.

[14] CATALOGO DE ALUMNOS DEL P.COLEGIO ESPAÑOL DE S. JOSE DE ROMA. 1954. pag.62.

[15] HISTORIA DE LA IGLESIA CONTEMPORÁNEA. V.»Manuel Revuelta González», pag.29.

[16] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1930. pag. 217. Obispos de Guadix y Baza.

[17] id. id. de 1918, pag.302. Obispos españoles fallecidos en 1915.

[18] id. id. de 1930. pag.445 y 446.

[19] Diccionario DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DE ESPAÑA.II. pag.932, Episcopologio de la diócesis de Cebú.

[20] id. id. id. III. pag.1181. Episcopologio de la Mde. Asunción.

[21] id. id. id. I. pag. 466, Episcopologio de la diócesis de Santa Marta, pag.466.

[22] DICCIONARIO DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DE ESPAÑA, I. Argentina diócesis de Tucumán, Episcopologio pag.88, y diócesis de Ávila, Episcopologio, pag.161.

[23] id. id. III, Diócesis de Plasencia. Episcopologio. p.l989.

[24] ADELAIDO CÁRCEL RAMOS, «Obispos extremeños en Cuenca». pag.4-5, en Coloquios H. de Extremadura, de 1978.

[25] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1918» Diócesis de Santander, pag.199.

[26] DICCIONARIO DE HISTORIA ECLESIÁSTICA. III, Diócesis de Plasencia, pag.1989. y IV, Diócesis de Zamora, pag.2800, Episcopologio.

[27] C.R.FORT, «Obispos Españoles titulares. Pag.48, Obispo de Archis y Mondoñedo.

[28] ANUARIO PONDIFICIO de 1977. pag.54, Diócesis de Ávila.

[29] ANUARIO ECLESIÁSTICO «Subirana», de 1933. pag.178, del obispado de Osma, y Francisco Fernández Serrano «Obispos Hispánicos de la Orden de San Jerónimo. pag.205-217,(Separata de «Studia Hieronymiana».

Oct 011978
 

Adelaido Cárcel Ramos

Examinando el reciente Diccionario de Historia Eclesiástica de España y las Memorias Históricas del Obispado de Cuenca, encontramos datos biográficos de gran interés acerca de varios ilustres sacerdotes y obispos de origen extremeño que ejercieron su ministerio en la diócesis de Cuenca, y, a la vez, distinguidas figuras del clero conquense que llegaron a vivir en Extremadura, bien como obispos de algunas de sus diócesis, como canónigos o beneficiados de sus catedrales, o bien como superiores de sus seminarios.

OBISPOS

D. FRANCISCO DE MENDOZA Y BOBADILLA. OBISPO DE CORIA[1]

Nació en Cuenca, el año 1508. Era hijo de D. Diego Hurtado de Mendoza, primer Marqués de Cañete y de Dña. Isabel de Cabrera y Bobadilla, hija de los primeros Marqueses de Moya. Estudió Letras de Alcalá de Henares y Derecho en Salamanca. Nombrado obispo de Coria en 1536, fue creado cardenal en 1544 y promovido al arzobispado de Burgos en 1550. También fue gobernador de Siena, en Italia, nombrado por el Emperador Carlos V, residiendo algún tiempo en Roma como cardenal de curia, donde gestionaba asuntos de su Emperador. De regreso a España en 1557, fue colaborador de Felipe II en asuntos diplomáticos. Erasmo buscó su amistad y tuvo mucha relación con Luis Vives, quien le dedicó su obra «De ration mundi». Reunió una riquísima colección de códices, que más tarde pasaron a la Biblioteca Nacional. Conoció en 1527 a S. Ignacio cuando éste fue encarcelado en Salamanca, con el que hizo gran amistad, promoviendo en Burgos una fundación de la naciente compañía de Jesús. No asistió al concilio de Trento, pues, cuando estaba en camino, fue elevado al cardenalato y por orden del Emperador era llamado a permanecer en la corte pontificia. Para la tercera sesión del concilio envió a su obispo auxiliar D. Alonso Merchante de Valeria. Realizó en Burgos una gran obra de reforma conforme al espíritu del concilio, empezando por el cabildo, con el que pleiteó hasta lograr hacer la visita canónica en la catedral el año 1566. Fundó y organizó el primer seminario tridentino, con sede en Burgos; fomentó por todos los medios la cultura y la austeridad del clero, demostrando en todos sus actos un espíritu realista y dinámico así como un gran entusiasmo por los ideales tridentinos. Nombrado arzobispo de Valencia en 1566, falleció en Arcos de la Llana (Burgos), cuando se disponía a tomar posesión. Dejó dispuesto que su cuerpo fuese trasladado a la capilla del Espíritu Santo de la catedral de Cuenca, que era el lugar de entierro de los Marqueses de Cañete. Fue uno de los varones más señalados de su tiempo, por sus grandes prendas, según reconocen los historiadores españoles y extranjeros.

D. MIGUEL MUÑOZ GUIJARRO. DOCTORAL DE CORIA. OBISPO DE TUY Y DE CUENCA[2]

Nació en Poyatos, pequeño pueblo situado en la serranía de Cuenca. Era hijo de dos humildes labradores: Alonso Sánchez Muñoz y Catalina Guijarro. Estudió Humanidades en el colegio de Monteolivete que había fundado en Salamanca el canónigo de la catedral de Cuenca D. Gonzalo Cañamares, y de allí pasó al colegio mayor de san Bartolomé en dicha ciudad, por cuya universidad se doctoró en ambos derechos. En 1521 fue nombrado oidor y juez metropolitano de Granada, y más tarde obtuvo la canongía Doctoral de Coria, siendo nombrado también capellán mayor de la capilla real de Granada y miembro del consejo supremo de la Inquisición. En 1541 Carlos V lo propuso para obispo de Tuy y en 1547 era trasladado a la seda episcopal de Cuenca. Estando en Granada conoció y confirmó a san Juan de Dios, al que por no tener apellidos le puso de Dios. Nombrado últimamente presidente de la Chancillería de Valladolid, murió en esta ciudad el año 1553, siendo enterrado primero en el convento de Santa Clara de la misma y más tarde trasladado a la capilla mayor de la catedral de Cuenca. Fundó y dotó en dicha catedral varias capellanías para sacerdotes de su linaje, reedificó la iglesia de Poyatos, su pueblo natal, y estableció un pósito de 1.000 fanegas de trigo para recursos de sus paisanos. El historiador de la diócesis de Cuenca, Muñoz y Soliva lo califica de «pius et rectus».

FRAY JOSÉ VALLE DE LA CERDA Y ALVARADO, OBISPO DE BADAJOZ[3]

Nació el año 1600, según unos autores en Cuenca y según otros en Madrid, donde residía su padre, Luis Valle de la Cerda, secretario de la Cifra de su majestad y colaborador del duque de Lerma. Sintiendo vocación religiosa empezó a estudiar en la universidad de Alcalá de Henares y el año 1618 tomó el hábito de benedictino en el convento de San Martín de Madrid. Más tarde fue enviado a la universidad de Salamanca, donde regentó las cátedras de Santo Tomas, Durando y Prima. En 1633 era abad del convento de San Vicente, que su orden tenía en Salamanca y muy joven, sin duda por su parentesco con algunos hombres clave de la política, fue presentado por Felipe IV para el obispado de Almería en 1635, si bien no tomó posesión hasta 1638. Estando en la capital de su diócesis entró en aquel puerto, derrotada, la flota del duque de Nájera, a la que socorrió generosamente ayudando a sus marinos. En 1641 era trasladado al obispado de Badajoz, pero su labor fue breve para poder reparar los males que la guerra había causado en tan extensa diócesis, pues falleció estando haciendo la visita pastoral en Zafra el día 22 de octubre de 1644. Gozó de fama como hombre intelectual y publicó algunas obras como «De Maria et Verbo Incarnato», Almería 1640; «In sacram ludith Historiam», 2 vols. Almería 1641.

D. FRANCISCO VALERO LOSA, OBISPO DE BADAJOZ Y ARZOBISPO DE TOLEDO[4]

Nació el año 1664 en Villanueva de la Jara, Cuenca. Era hijo de D. Felipe Valero Zapata y de Dña. Maria del Cañizo Losa, vecinos de esta histórica villa. Fue colegial de San Clemente en la universidad de Alcalá de Henares y una vez ordenado de presbítero en Cuenca, fue nombrado cura de la parroquia de La Jara y sus anejos, así como examinador general del obispado de Cuenca. Prestó un notable servicio a la causa de Felipe V en la guerra de Sucesión, lo que le valió el ascenso inmediato en la carrera eclesiástica, pues en 1706 hostilizó Villanueva de la Jara a los austriacos, allí acampados, por haber cometido saqueos y desmanes, aclamando como libertador al ejército borbónico de Felipe V, cuya tropa y caballería fueron suficientemente abastecidos gracias a la diligencia del párroco de La Jara. Como premio a sus sentimientos dinásticos fue promovido a la sede episcopal de Badajoz el 1707 y en 1715 era elevado al arzobispado de Toledo. Murió el 23 de abril de 1720 a los 56 años. Le dio gran renombre una famosa pastoral sobre la ignorancia religiosa, que fue muy difundida y leída en todo el siglo XVIII, haciéndose de ella varias ediciones, con este trabajo se revela el arzobispo Valero como un hombre lleno de inquietudes pastorales, siendo muy atinadas sus observaciones sobre la predicación, que él practicaba interviniendo en todas las fiestas celebradas en la catedral. Sucedió en la sede primada de Toledo al famoso cardenal Portocarrero, que gobernó el país durante los primeros años del reinado de Felipe V, después de estar la sede bacante seis años, y es el ultimo arzobispo de Toledo que no tuvo dignidad cardenalicia. Su vida fue escrita por Fr. Antonio de los Reyes, carmelita descalzo, procurador general de la Curia Romana, y fue impresa en Pamplona el año 1792.

D. SEBASTIAN FLORES-PAVÓN. OBISPO DE CUENCA[5]

Nació el año 1703 en la villa de las Casas de Don Antonio, provincia de Extremadura, partido de Montánchez, y priorato de San Marcos de León, de la orden de Santiago. Estudió y se graduó en Leyes por la universidad de Salamanca, de cuya catedral fue racionero, provisor y vicario general después de haber desempeñado estos cargos en Zaragoza. Nombrado inquisidor en Valladolid, obtuvo una canongía en la catedral de Salamanca, cargo que desempeñó hasta 1771, en que Carlos III lo propuso para obispo de Cuenca, siendo aceptado por el Papa Clemente XIV y consagrado en Valladolid por su obispo D. Manuel Rubín de Celis, asistido por los obispos de Zamora y Ávila. Tomó posesión el día 5 de septiembre de dicho año por su apoderado D. Antonio Palafox Croy de Abre, arcediano de Cuenca, quien años más tarde le sucedería en el gobierno de aquella diócesis de san Julián. Era muy justo y caritativo, llegando a ser tan escrupuloso en la visita pastoral que viendo la esplendidez con que lo trataban los párrocos, ante el temor de que contrajesen deudas por obsequiarle, dejaba una moneda de oro al levantarse de la mesa, y si el párroco se la devolvía, le rogaba que la distribuyese entre los pobres mas necesitados. Construyó a sus expensas la mayor parte de la casa de Recogidas, extramuros de la ciudad, cerca del Jucar y frente al hospital de la orden de Santiago, que en estos últimos años ha sido derribada y levantada de nuevo con otros horizontes, la que en principio sirvió para albergar mujeres extraviadas hasta el año 1843, en que ante el peligro de estar éstas cerca de las jóvenes huérfanas allí acogidas, cesó en aquel cometido, quedando convertida en casa de Beneficencia. Su pontificado fue breve, lo que le impidió llevar a cabo otros grandes proyectos, pues falleció el día 25 de julio de 1777,a los 74 años, y está sepultado en la iglesia catedral, entre los dos coros al lado de la epístola. El historiador Muñoz y Soliva lo califica con estas palabras «bonorum morum pervigil custos».

D. JUAN MARIA VALERO NACARINO. OBISPO DE TUY Y CUENCA[6]

Nació en Plasencia el año 1830. Estudió Latín en Trujillo, Filosofía en Plasencia, pasando al seminario central de Toledo, donde se doctoró en geología y se licenció en Derecho Canónico. Fue profesor del seminario de Plasencia y en 1862 se presentó como opositor a la Lectoral de Cuenca, vacante por haber obtenido la de Toledo D. Bonifacio Martín Lázaro. Con él opositaron D. Juan de Dios Becerril, cura de Belmonte y sobrino del deán de Cuenca, así como D. José Ramón Albert, párroco de Paterna, en Valencia. Desde el primer momento llamó la atención en Cuenca la figura sencilla y humilde de aquel joven extremeño que tan brillantemente actuaba en los diversos ejercicios realizados; presidía el tribunal el nuevo obispo de Cuenca, más tarde cardenal arzobispo de Santiago y de Toledo y anteriormente Lectoral de la metropolitana de Valencia, D. Miguel Paya y Rico, a quien podía apreciar con gran conocimiento de causa la solidez de la doctrina sobre las Sagradas Escrituras expuesta por el doctor Valero, que resulto elegido.

Las esperanzas puestas en el nuevo Lectoral no quedaron defraudadas, pues pronto empezó a dar pruebas de su ciencia y virtud, por lo que el citado prelado le nombró el año 1865 rector del seminario conciliar de san Julián, del que ya era profesor, donde siguió trabajando a satisfacción del mismo y de los sacerdotes de la diócesis. Al frente de este centro docente se encontraba cuando llegó la revolución de septiembre de 1868, que tanto afectó a la vida de la iglesia española y en especial a la de los seminarios, que atravesaron una terrible crisis hasta la restauración de la monarquía en 1876, año en que cesó en ambos cargos por haber sido nombrado obispo de Tuy. En este nombramiento había influido especialmente los inmejorables informes mandados a la Nunciatura por el doctor Payá, que en 1874 había sido nombrado arzobispo de Santiago, como premio a su destacada intervención en el concilio Vaticano I, quien quiso tenerlo como sufragáneo en la vecina diócesis de Tuy. Su estancia allí fue de seis años, porque habiendo vacado otra vez Cuenca, quiso volver a la misma tomando posesión en 1882, la que rigió hasta su muerte en 16 de noviembre de 1890. Durante este tiempo recorrió toda la diócesis (la tercera de España en extensión, con 21.000 Km.), siendo su última visita pastoral la dedicada al arciprestazgo de Requena, distante 150 Km., donde estuvo varios días dedicado no sólo a las tres parroquias de esta ciudad sino a las restantes del arciprestazgo, recorriendo sus numerosas aldeas, en las que pensó crear parroquias, lo que no pudo llevar a cabo por su próxima muerte, y cuya creación tuvo lugar con el arreglo parroquial efectuado en 1896 por su sucesor D. Pelayo González Conde. La ciudad de Cuenca lloró a su caritativo obispo Valero, dedicándole la calle que va desde la plaza Mayor al palacio episcopal. Sus más inmediatos colaboradores fueron los conquenses D. Pascual Carrascosa y Gabaldón, como secretario, después obispo de Orense, y D. Ramón Plaza Blanco, como fiscal, después obispo de Orihuela.

D. RAMÓN TORRIJOS GOMEZ, OBISPO DE TENERIFE Y BADAJOZ[7]

Nació en Cardenete (Cuenca) el 1 de septiembre da 1841. Estudió en el seminario diocesano donde fue ordenado de presbítero en 1865. Se doctoró en Teología y Derecho Canónico por el seminario central de Valencia, y muy joven obtuvo en concurso a curatos vacantes la parroquia de su pueblo natal.

En 1869 fue nombrado beneficiado de la catedral, así como profesor y director espiritual del seminario, en 1876 obtiene entre cuatro opositores la canongía Lectoral que había dejado vacante el doctor Valero Nacarino al ser nombrado obispo de Tuy, a quien sucede también como rector de aquel seminario.

Al venir en 1882, como obispo de Cuenca D. Juan Mª Valero, le nombra también su provisor y vicario general, cargos que desempeña hasta 1887 en que fue nombrado obispo de Tenerife, de donde pasó a regir la diócesis de Badajoz el 21 de mayo de 1894 y donde fallece el día 25 de noviembre de 1903.

En el salón de la rectoral del seminario de Cuenca se conservaban hasta 1936 los retratos del fundador Florez Osorio, y de sus rectores los obispos Valero y Torrijos, el primero aparece delgado con cara de asceta y el segundo fuerte y robusto acusando gran vitalidad. El doctor Torrijos se llevó como colaboradores al profesor del seminario de Cuenca D. Saturio Millano, que obtuvo la Magistral de Tenerife y más tarde las de Ávila y Salamanca, donde murió en 1901. Su familiar más allegado fue el virtuoso sacerdote conquense D. Mariano Zabala Martínez, antiguo infantillo de Coro, natural de Cuenca, al que nombró en 1896 beneficiado de la catedral de Badajoz, quien más tarde fue canónigo de Toledo. Otro familiar fue también el sacerdote conquense D. Santiago Elvira Espallardo, quien años después de la muerte del doctor Torrijos fue canónigo de las catedrales de Segorbe y Córdoba.

D. FÉLIX SOTO Y MANZERA. OBISPO DE BADAJOZ[8]

Nació en Zafra (Badajoz) el 25 de febrero de 1849. Estudió la carrera eclesiástica en el seminario conciliar de San Julián de Cuenca con la ayuda de uno tío, sacerdote en esta diócesis, donde fue ordenado de presbítero el año 1875. Fue durante algún tiempo profesor del citado seminario y más tarde se doctoró en Derecho Canónico, pasando a Gibraltar como profesor de un colegio católico de dicha ciudad. En 1879 fue nombrado fiscal eclesiástico del obispado de Cádiz, donde más tarde obtuvo la prebenda de canónigo Doctoral. Considerado como hombre de gran virtud y excelente canonista, fue nombrado auditor del Tribunal de la Rota en Madrid cuando su contemporáneo en el seminario de Cuenca, doctor Torrijos era trasladado a la sede episcopal de Badajoz.

Al morir éste en 1903 le sucedió el dominico P. Hevia Campomanes, quien falleció al poco tiempo y en 14 de noviembre de 1904 era nombrado obispo de Badajoz el doctor Soto y Manzera, quien también tuvo un pontificado corto, ya que falleció el 31 de enero de 1910.

Tenía un hermano llamado Francisco, quien estudió también en el seminario de Cuenca y después de haber sido alumno del citado colegio católico de Gibraltar, quien murió el año 1919 siendo canónigo de la catedral de Palencia.

SACERDOTES

D. TOMAS LUJAN MURCIANO

Nació en Enguídanos (Cuenca) y siendo párroco de San Juan, en la villa de Moya, fue nombrado en 1856 canónigo de la catedral de Ciudad Rodrigo, de donde pasó años más tarde a la de Badajoz. A su muerte en 1902 fundó varias becas en el seminario de Cuenca para hijos de Enguídanos, La Pesquera y de todo el arciprestazgo de Motilla del Palancar.

D. MARCOS FELIPE TORRES MARTINEZ

Párroco de Villaconejos del Trabaque, en Cuenca, fue nombrado en 1877 canónigo de la catedral de Coria.

D. FRANCISCO ROMERO.

Canónigo de Coria, fue nombrado en 1867 canónigo de la catedral de Cuenca, pasando en 1875 a canónigo de la metropolitana de Tarragona.

D. FELIPE RUBIO PIQUERAS[9]

Nació en Valera de Abajo (Cuenca) en 1882. Estudió en el seminario diocesano, donde fue ordenado de presbítero en 1906, obteniendo muy joven el beneficio de organista en la catedral de Badajoz. Hombre de estudio y talento cursó la carrera de Filosofía y Letras y en 1910 opositó a canónigo de la catedral de Cuenca teniendo una brillante actuación; más tarde obtuvo la plaza de maestro de capilla en la catedral primada de Toledo, donde murió asesinado en 27 de julio de 1936 en el Paseo del Tránsito, estando considerado como un gran compositor de música.

D. MILLÁN GARDE SERRANO[10]

Nació en Vara de Rey (Cuenca) en 1873. Estudió en su seminario donde fue presbítero en 1901 y al año siguiente ingresaba en la Hermandad de Operarios Diocesanos. Fue prefecto de colegiales en Toledo y Badajoz, durante siete años profesor en los seminarios de Méjico, pasando después en España a los de Valladolid, Salamanca y Plasencia, donde estuvo nueve años como director del colegio de San José y director espiritual del seminario, así como en el de León. La guerra de 1936 le sorprendió en Vara de Rey, donde pasó escondido hasta abril de 1938, en que fue detenido y llevado a la cárcel de Cuenca, donde fue maltratado, falleciendo el día 7 de julio de dicho año a consecuencia de los tormentos sufridos.

D. JUAN JOSÉ BAUTISTA MARTÍNEZ[11]

Nació en San Clemente (Cuenca) en 1684. Fue alumno de su seminario donde se ordenó de presbítero el año 1907. Destacó como poeta conocido con el seudónimo de «el solitario de Rus». Pronto ingresó en los Operarios Diocesanos y estuvo algunos años como superior en el seminario de Plasencia; habiéndose reintegrado más tarde a la diócesis de Cuenca, fue coadjutor de La Alberca, San Clemente y La Roda hasta 1922 en que fue nombrado profesor de Literatura y Perfección de Latín, así como director espiritual del seminario de la diócesis. Más tarde fue capellán de la cárcel y canónigo de la catedral de Cuenca, donde murió en 1952.

D. MANUEL NAVARRO MARTÍNEZ[12]

Nació en Puebla de Almenara (Cuenca) el año 1903. Estudio en el seminario conciliar de San Julián, destacando por sus conocimientos musicales, de cuya materia fue profesor auxiliar y organista en dicho centro. En 1925, antes de terminar la carrera, obtuvo la plaza de organista en la catedral de Tuy, donde fue ordenado de presbítero al año siguiente. Además de sus actividades musicales desempeñó otras de tipo cultural como preceptor de los hijos de la familia del marqués de Magaz. En 1930 fue nombrado canónigo de la catedral de Plasencia, sorprendiéndole el 18 de julio de 1936 en el balneario de Solares (Santander) donde fue asesinado.

D. AVELINO ZALDIVAR REQUENA.

Nació en Vara de Rey (Cuenca) en 1912. Fue alumno del seminario de Cuenca ingresando muy joven en los Operarios Diocesanos, donde ha desempeñado diversos cargos, entre los que destaca el de rector del seminario de Plasencia durante varios años.


NOTAS:

[1] N. LÓPEZ MARTÍNEZ, Diccionario de Historia Eclesiástica de España, t. III, pp. 1469 y A. GONZÁLEZ PALENCIA, Memorias Históricas de Cuenca. Biblioteca Conquense, t. VI, pp. 142.

[2] A. GONZÁLEZ PALENCIA, Ibid. pp. 238. t.V.

[3] P. GUERIN, Diccionario de Historia Eclesiástica de España, t. IV, pp. 2711 y A. GONZALEZ PALENCIA, Ibid. pp. 173.

[4] R. GONZALVEZ, Diccionario… t. IV, pp. 2705 y A. GONZALEZ PALENCIA, Ibid. pp. 158:

[5] Al GONZÁLEZ PALENCIA, Ibid. pp. 259 t.V. y MUÑOZ Y SOLIVA, Noticias de los obispos de Cuenca. pp.(Cuenca 1860) pp. 397.

[6] Boletín Oficial del Obispado de Cuenca, de diciembre de 1889.

[7] Anuario Pontificio, de 1902, pp. 227.

[8] Anuario Eclesiástico «Subirana». de 1918, pp. 302.

[9] J.F. RIBERA RECIO, La persecución religiosa en la diócesis de Toledo (Toledo 1945) pp. 223.

[10]) S. CIRAC ESTOPIÑAN, Martirologio de Cuenca, vol. II (Barcelona 1947) pp. 923-925 y A. TORRES SÁNCHEZ, Martirologio de la Hermandad de Sacerdotes Operarios (Salamanca 1946) pp. 241-279.

[11] Anuario Eclesiástico «Subirana». de 1931,pp, 159.

[12] Anuario Eclesiástico «Subirana», de 1931, pp. 287.

Oct 011977
 

Adelaido Cárcel Ramos.

El reciente nombramiento del doctor D. Antonio Vilaplana Molina, canónigo magistral de la catedral de Valencia, para la sede episcopal de Plasencia, me da motivo para el presente trabajo en que voy a dar a conocer una breve reseña biográfica de otros obispos, también valencianos que han regido las tres diócesis extremeñas de Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia, desde el siglo XVII hasta la actualidad.

D. LUIS CRESPI DE BORJA [1]

El doctor Crespí de Borja es una de las grandes figuras del episcopado español del siglo XVII. Nació en la ciudad de Valencia el 2 de mayo de 1607; su padre descendía de familia noble, pues era hijo del señor de la baronía de Sumacárcel y Alcudia de Crespíns, quien desempeño el importante cargo de lugarteniente general de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de Montesa, y su madre descendía de la ilustre familia valenciana de los Borja. Por haber muerto el padre a los 55 años de edad quedó viuda la madre que tuvo que hacer frente a las exigencias de la noble casa y familia, cuya economía había quedado muy quebrantada con la expulsión de los moriscos, con el fin de encauzar la vida de sus diez hijos.

Uno de ellos es nuestro biografiado que fue dedicado al estudio de la Gramática y Retórica, ingresando en la Universidad de Valencia donde cursó Ciencias, Filosofía y Teología, doctorándose en esta Facultad en 1629. Consagrado al estado eclesiástico, opositó a una pabordía en la catedral de Valencia que tenía aneja una cátedra en la Universidad, y al obtenerla fue ordenado más tarde de presbítero en septiembre de 1631. Celebró su primera misa el 4 de octubre en el convento de San Julián, donde habían profesado tres de sus hermanos, actuando de diácono su hermano Fr. Juan Crespí, provincial de la seráfica orden de San Francisco, y de diácono su otro hermano Fr. Francisco, dominico, que más tarde fue obispo de Vich.

El prestigio adquirido por el nuevo paborde entre sus compañeros fue tan grande que en 1633 fue enviado a Roma para dilucidar un litigio en la Curia Romana, que afectaba a los derechos y honores de los pabordes y el cabildo de la catedral de Valencia, regresando dos años después con el pleito ganado a favor de los primeros. Con este motivo su consejo es solicitado con frecuencia por el virrey, el arzobispo y el Santo Oficio.

Durante su larga estancia en Roma escribió un libro sobre las pabordías y tradujo le vida de San Felipe Neri, fundador del Oratorio, siendo nombrado por Urbano VIII arcediano de Murviedro, una de las dignidades de la catedral de Valencia, que era compatible con la pabordía, quedando incorporado al grupo de sacerdotes que trataban de crear en Valencia el Oratorio de San Felipe Neri.
Esto motivó un nuevo viaje a Roma para conocer mejor la vida práctica de la nueva congregación, que a su regreso fue fundada en Valencia en 1645, levantando al efecto un nuevo edificio cuya iglesia es la actual parroquia de Santo Tomás.

La gran personalidad adquirida por el doctor Crespí y su fama de hombre docto y virtuoso motivó que en 1651 fuese nombrado obispo de Orihuela, siendo consagrado en la catedral de Valencia por el arzobispo Fr. Pedro de Urbina. Una vez tomada posesión de la diócesis se consagró con gran entusiasmo a la visita pastoral y predicación, organizando frecuentes misiones. Tomaba parte en los exámenes sinodales y creó una cátedra de Gramática para preparar en Humanidades a los aspirantes al sacerdocio. Extendió por la diócesis la devoción del santo rosario, fomentó el culto a la Eucaristía y fue comisionado para activar la canonización de Santo Tomás de Villanueva, habiendo escrito otro libro sobre «Cuestiones selectas, morales para combatir errores», dejando en todas partes fama de muy caritativo.

Habiendo fallecido el obispo de Plasencia Fr. Domingo Guerra, fue designado para sucederle D. Luis Crespí en 1658, quien trabajó en su nueva diócesis por la reforma de las costumbres y santificación de las almas. Dos años después marchaba de nuevo a Roma con una embajada del rey relativa al dogma de la Inmaculada Concepción, siendo recibido por el Papa Alejandro VII, quien concedió el 8 de diciembre de dicho año la bula sobre dicha festividad. A su regreso a Plasencia empezó la construcción del seminario tridentino, que vio terminado y consagró a la Inmaculada Concepción.

Años después cayo enfermo, marchando a Madrid en litera para que lo reconociesen los médicos de la Corte. Descansó en la residencia de los condes de Oropesa y convento de recoletos de Santa Olalla, donde se agravó, por lo que le fue administrado el Santo Viático, continuando el viaje hasta Novés, de donde no pudo pasar, pues falleció el 19 de abril de 1663 a los 55 años. Su cadáver fue trasladado a Madrid y enterrado en el Colegio Imperial, de donde cuatro años más tarde fue trasladado a Valencia para ser enterrado definitivamente en la capilla de Santa Ana de la citada iglesia del Oratorio.

D. JOAQUÍN HERNÁNDEZ HERRERO. [2]

A la muerte de Fr. Domingo Canubio, obispo de Segorbe, fue presentado para sucederle uno de sus más antiguos y eficaces colaboradores, D. Joaquín Hernández Herrero, a la sazón obispo de Badajoz.

Era hijo de una familia humilde y nació en la pequeña aldea de Las Eras, situada a poca distancia de la histórica villa de Alpuente, el 16 de enero de 1806. Alpuente, diócesis de Segorbe y provincia de Valencia, se halla situada en la parte alta de la misma, conocida por la Serranía, cuyos vecinos viven de la agricultura y ganadería, por lo que desde pequeño fue dedicado el joven Joaquín al pastoree por sus padres hasta que, conocedor el párroco de las buenas cualidades y clara inteligencia del mismo, lo tomó bajo su protección, orientándolo hacia el campo de las letras. Con este motivo vino a Valencia, donde entró como fámulo en el convento de carmelitas, lo que le permitía asistir a las clases de latinidad en las Escuelas Pías, donde pronto comenzó a destacar.

La exclaustración decretada en 1820, le obligó a salir del citado convento, volviendo al lado de sus padres, pero al reanudarse tres años después la vida conventual, regresó a Valencia continuando los estudios de Humanidades, que amplió en la Universidad, donde cursó más tarde Filosofía y Teología, en cuyas facultades obtuvo el premio extraordinario, y basta llegó a regentar una cátedra de Filosofía en la misma.

Sintiendo la vocación religiosa recibió la tonsura a los 22 años, ingresando como becario en el colegio mayor de la Madre de Dios, pera tomar posesión en 1832 de un beneficio en la parroquia de los Santos Juanes, siendo ordenado de presbítero el 21 de diciembre de 1823. Meses más tarde opositaba a la canongía lectoral de Segorbe, obteniendo una brillante censura y en 1834 era nombrado vicario mayor de le mencionada parroquia, en la que trabajó con gran caridad atendiendo a los enfermos por haberse declarado en aquellos años el cólera morbo. Poco tiempo después, el arzobispo de Valencia López Sicilia (antiguo obispo de Coria) lo nombró secretario de cámara, cargo que desempeñó con gran acierto y que continuó después de la muerte de dicho prelado, durarle los muchos años que estuvo vacante la mitra, hasta 1848 en que vino el nuevo arzobispo Doctor García Abellá. Al convocar este concurso general a curatos vacante, tomó parte en el mismo D. Joaquín Hernández Herrero, mereciendo por sus brillantes ejercicios ser nombrado párroco del Salvador en la capital y a la vez el obispo de Hegorbe, P. Canubio, le confiaba importantes trabajos para la aplicación del Concordato en esta su diócesis de origen.

En 1857 opositó a la penitenciaría de la catedral de Valencia, resultando elegido entre tres opositores y a la vez fue nombrado profesor de Teología en el Seminario Conciliar, cargos que desempeñaba en 1364 cuando fue preconizado obispo de Badajoz, siendo consagrado en la catedral de Valencia juntamente con su compañero de cabildo el canónigo Magistral D. José Luís Montagut que había sido nombrado obispo de Oviedo. Hizo su entrada en Badajoz el día 8 de junio, pero su pontificado fue muy corto, ya que no había pasado un año cuando moría el citado obispo de Segorbe y la Providencia dispuso que fuese a sucederle uno de sus más íntimos colaboradores, el doctor Hernández Herrero. Presentado en mayo de 1865, la noticia despertó gran entusiasmo entre los diocesanos de Segorbe, ya que éste sería el primer obispo hijo de la diócesis por su nacimiento.

Hizo la entrada solemne en la ciudad de Segorbe el 3 de febrero de 1866, siendo su primer acto oficial la bendición e inauguración del nuevo pavimento de la catedral, que no pudo ver acabado su antecesor. En el mes de abril inició la visita pastoral de la diócesis por la parroquia de Alpuente, siendo recibido con gran entusiasmo por sus paisanos los alpontinos, labor que continuó por todo el arciprestazgo hasta mediados de julio en que regresó a Segorbe donde bendijo la iglesia de San Pedro rehabilitada para el culto.

En octubre inauguró la apertura de curso en el Seminario y adquirió con destino al mismo el nuevo gabinete de Física y el Museo de Historia Natural. Pero el problema mayor en la diócesis era la aplicación del Concordato de 1851, que hacía quince años que había sido promulgado. Urgía hacer un arreglo parroquial a fondo, a lo que se dedicó sin dilación y en ese mismo año convocó concurso a curatos vacantes, que fue muy laborioso. Creó la nueva parroquia de Santa María, que de acuerdo con el cabildo, fue instalada en la capilla del Salvador, que está en el claustro de la catedral. Entre tanto, se desplazó a Valencia para predicar en las fiestas del segundo centenario del templo de la Virgen de los Desamparados, marchando el 4 de junio a Roma para asistir a la canonización de los mártires del Japón. En noviembre envió al ministro de Justicia el nuevo arreglo parroquial correspondiente a los seis arciprestazgos de la diócesis. Poco después se le presentó una trombosis en una pierna y en febrero de 1868 se agravó su dolencia de tal modo que pidió la administración de los santos sacramentos, falleciendo el día 19 de dicho mes y fue enterrado en el panteón de obispos de aquella catedral.

D. RAMÓN PERIS MENCHETA.[3]

Este bondadoso prelado, hermano que fue del ilustre periodista, director y propietario de «La Correspondencia de Valencia», había nacido en la ciudad de Valencia el 22 de marzo de 1851. Desde sus primeros años dio relevantes muestras de piedad, demostrando viva inclinación a la carrera eclesiástica, que cursó en el Seminario Conciliar de Valencia con gran aprovechamiento, habiendo obtenido el doctorado en Filosofía y Teología por esta Universidad Pontificia después de ser ordenado de presbítero en 1876.

Dedicado a la vida parroquial, fue nombrado coadjutor de Cullera, donde dejó gratos recuerdos de su caridad y fervor religioso. Más tarde en 1879 era nombrado beneficiado de la catedral de la que fue canónigo en 1882 y dignidad de Arcipreste en 1887.

Su promoción al episcopado tuvo lugar al ser preconizado obispo de Coria el 21 de mayo de 1894 para cubrir la vacante del doctor Felipe Ortiz Gutiérrez trasladado al obispado de Zamora. Su consagración se celebró en la catedral de Valencia el 12 de agosto del mismo año por el cardenal arzobispo D. Ciríaco María Sancha y Hervás, siendo apadrinado por el Ayuntamiento de esta capital.

El apostolado del doctor Peris Mencheta ha dejado inolvidable recuerdo por su celo apostólico y su amor a los diocesanos, ya que recorrió la diócesis cinco vedes en visita pastoral, levantó de nueva planta cuatro templos, celebró tres concursos a curatos y un sínodo diocesano, habiendo fallecido en Coria el 6 de enero de 1920.

El doctor Peris Mancheta tuvo un excelente equipo de colaboradores formado por los sacerdotes valencianos D. Nicolás David Campos, que fue rector del Seminario, deán, provisor y vicario general; D. José Fogués Cogollos, que fue canónigo y secretario de cámara hasta su muerte en 1914; D. Vicente Cosme Navarro, también canónigo y secretario de cámara, y don Félix Ivancos Montagut, que fue canónigo y secretario particular del difunto prelado.

D. JOSÉ MARÍA ALCARAZ ALENDA.[4]

Para cubrir la vacante del doctor D. Ramón Pérez Rodríguez promovido en 1929 al vicariato general castrense, fue nombrado obispo de Badajoz D. José María Alcaraz Alenda, canónigo Penitenciario de la catedral de Orihuela. Nació en Aspe (Alicante) el 23 de abril de 1877, estudió la carrera eclesiástica en el Seminario Diocesano de Orihuela, hasta empezar Teología en que fue enviado al nuevo colegio español de San José de Roma, donde permaneció hasta 1904, obteniendo el doctorado en Filosofía y Teología por la Universidad gregoriana, tras recibir el presbiterado el 20 de julio de 1901 en la ciudad eterna.

Al reintegrarse a la diócesis fue nombrado profesor del Seminario, donde explicó Teología general, Dogmática y Moral, Historia Eclesiástica e Instituciones canónicas, también fue prefecto de teólogos del mismo así como vicerrector y en 1917 obtuvo por oposición la canongía Penitenciaria de Orihuela, siendo nombrado en 1923 secretario de cámara del obispado así como vocal del patronato de la Caja de Ahorros de Orihuela, examinador sinodal y consiliario de la junta diocesana de Acción Católica de Mujeres.

Preconizado obispo de Badajoz el 13 de marzo de 1930, fue consagrado en la iglesia de San Agustín de Orihuela por el nuncio monseñor Tedeschini, asistido por los obispos de Orihuela, monseñor Irastorza, y de Madrid-Alcalá, monseñor Eijo Garay el 20 de julio siguiente, habiendo tomado posesión de la diócesis el 24 de septiembre y seguidamente hizo la entrada oficial en la capital de su nueva diócesis.

El doctor Alcaraz Alenda fue siempre un enamorado y celoso propulsor de la Acción Católica, a la que ha vitalizado extraordinariamente durante su pontificado. Entre sus varias pastorales publicadas figuran las dedicadas al santo rosario «Denuncia sobre las prácticas supersticiosas», «Su Santidad el Papa Pío XII».

Habiéndole sorprendido la guerra de 1936 en Badajoz, su vida fue respetada durante los primeros días a pesar de la violencia desatada habiendo podido continuar en el normal gobierno de la diócesis al ser liberada la ciudad de Badajoz el día 15 de agosto del mismo año.

La prolongada estancia del doctor Alcaraz al frente de una diócesis tan extensa como la de Badajoz y su avanzada edad motivaron que en 1955 fuese nombrado para ayudarle como obispo coadjutor el doctor D. Eugenio Beitia Aldazabal, quien permaneció a su lado hasta 1962 en que fue nombrado este último obispo de Santander. Le sucedió como obispo coadjutor el doctor D. Dorotea Fernández Fernández, que era obispo auxiliar de Santander, quien desde su llegada a la diócesis ha residido en el Seminario Conciliar, ya que el doctor Alcaraz continuaba ocupando el palacio episcopal por ser el obispo titular de la diócesis y seguir llevando el peso del gobierno de la misma hasta pocos años antes de su muerte en Badajoz el día 22 de julio de 1971, siendo enterrado en la catedral de Badajoz.

D. MANUEL LLOPIS IBORRA.[5]

Nació en Aleone el 17 de enero de 1902. De origen humilde trabajó en una fábrica de Alcoy algún tiempo hasta 1917 en que inició la carrera eclesiástica en el Seminario Conciliar de Valencia, obteniendo más tarde una beca en el Colegio del Patriarca. Fue ordenado de presbítero el 13 de noviembre de 1928 después de haberse licenciado en Teología por la Universidad Pontificia valentina.

Su primer destino fue el de capellán del Santo Sepulcro de Alcoy, cargo que desempeñaba al estallar la guerra de 1936 en que pudo salvar la vida y al que se reintegró en 1939 trabajando también en la vida parroquial para la reconstrucción de los templos de la ciudad que habían sido totalmente arrasados, por lo que en 1941 fue nombrado arcipreste de Alcoy.

Tomó parte en el concurso a curatos vacantes celebrado ese mismo año y en 1942 fue nombrado párroco del Santo Ángel Custodio de Valencia, una de las varias parroquias que habían sido creadas en la capital por el prelado doctor Melo, al dividir la amplia feligresía de la de San Juan y San Vicente, en la zona de la Gran Vía, una de las más pobladas de la ciudad. Apenas tomó posesión de la misma, adquirió un solar, desplegando tal actividad en recaudar fondos no solamente entre sus nuevos feligreses sino también entre sus antiguos amigos de Alcoy, que al año siguiente estaba levantado el nuevo templo, el que poco después pudo ya ser utilizado para el culto, continuando las obras hasta hacer la casa abadía y escuelas parroquiales, por lo que su actividad pudo ser considerada como modelo en la diócesis por los superiores y compañeros.

Como premio a tan apostólica labor el 4 de febrero de 1950 fue preconizado obispo de Coria, para cubrir la vacante del doctor Cavero Tormo, siendo consagrado en la catedral de Valencia el 30 de abril de 1950 por el nuncio monseñor Cicognani, asistido por el arzobispo de Valencia D. Marcelino Olaechea y el obispo de Mallorca, su condiscípulo, D. Juan Hervás. Adoptó como lema episcopal «Ómnibus omnia factus sum, ut omnes facerem salvos». Hizo la entrada oficial en la diócesis el día 11 de junio de dicho año, la que ha gobernado sin interrupción hasta su jubilación a principios de 1977. Durante su largo pontificado se firmó el nuevo Concordato con la Santa Sede en 1953 por el que se ampliaba el título de la diócesis, llamada desde entonces de Coria-Cáceres por pertenecer a la misma la capital de la provincia, a la que trasladó su residencia, habitando en un antiguo palacio propiedad de la mitra y destinando para concatedral la iglesia de Santa María, con la creación del nuevo Seminario Mayor, quedando en Coria el Seminario Menor. Como aplicación del citado Concordato hubo también algún reajuste de la diócesis, habiéndose consagrado especialmente a la Acción Católica y a la aplicación de las normas del concilio Vaticano II. Actualmente reside como obispo dimisionario en la casa de ejercicios que las Obreras de la Cruz tienen en Moncada (Valencia).

No podemos silenciar aquí la eficaz ayuda de los sacerdotes valencianos en el gobierno de la diócesis que han ocupado los siguientes cargos: D. José Martínez Valero, maestrescuela y vicario general, D. Manuel Durá Sanz, canónigo y rector del Seminario Menor, D. José Tomás Benedito, oficial de la Curia y D. Leopoldo Silvestre Miralles, mayordomo del seminario.

D. ANTONIO VILAPLANA MOLINA.[6]

Tres años vacante la diócesis de Plasencia desde la muerte del Dr. D. Juan Pedro Zarranz Pueyo, era nombrado para sucederle el 18 de septiembre de 1977 un sacerdote valenciano, el magistral de la catedral de Valencia, D. Antonio Vilaplana Molina.

Nació en la ciudad de Alcoy el 28 de febrero de 1926. Estudió en el Seminario Metropolitano de Valencia hasta 1946 en que fue enviado al Colegio Español de Roma para terminar la Teología en cuya Facultad se licencia, siendo ordenado de presbítero en 1949. Ejerció el ministerio parroquial en Vall d’Alcalá y en 1953 volvió a Roma doctorándose en Teología. A su regreso a Valencia fue nombrado profesor del Seminario donde ha explicado Historia de la Filosofía y Teología Dogmática y ha sido consiliario de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, capellán de las Esclavas de Mª Inmaculada, protectora de obreras, delegado arzobispal de la sección filial masculina n° 3 del Instituto Luís Vives de Valencia, profesor de religión en la Facultad de Derecho de la universidad y, desde 1962,colegial perpetuo del Real Colegio Seminario de Corpus Christi, bajo cuya dirección se han llevado a cabo importantes mejoras en la biblioteca del mismo.

En 1970 obtuvo por oposición la canongía Magistral de Valencia habiendo sido asesor del Dr. Olaechea en asuntos teológicos. Nombrado obispo de Plasencia, su consagración tuvo lugar en la catedral de la misma el 31 de octubre de 1976 por el actual arzobispo de Valencia, D. José Mª García Lahiguera, asistido de los obispos de Coria, Badajoz, Salamanca, Huelva, auxiliar de Valencia y electos de Ávila y Zamora, en presencia del cardenal primado D. Marcelo González, metropolitano de la diócesis de Plasencia, acto celebrado por primera vez en dicha catedral desde el siglo XI.

El Dr. Vilaplana es autor de varios trabajos teológicos:

«La sacramentalidad en la Teología contemporánea»[7], «Necesidad de la gracia en el justificado»[8], «Fundamentos teológicos del Derecho»[9], «La predicación episcopal según Fr. Luís de Granada»[10] y «El problema del hombre en el catolicismo actual»[11].


NOTAS:

[1] E. VIDAL TUR, Episcopologio de Orihuela-Alicante, Alicante 1962.

[2] P. LLORENS RAGA, Episcopologio de la diócesis de Segorbe-Castellón. (Burgos 1966), p. 480-487.

[3] E. SUBIRANA, Anuario eclesiástico de 1919. (Barcelona), p. 149-151.

[4] Anuario religioso español de 1947 (Madrid), p. 344-345.

[5] Guía de la iglesia española de 1960 (Madrid), p. 218.

[6] Guía de la iglesia en Valencia.(Valencia 1975), vol. II, p. 146.

[7] Anales del Seminario de Valencia, nº 1 (l96l), 145-167.

[8] Anales del Seminario de Valencia, n° 4 (l962), 19-106.

[9] Anales del Seminario de Valencia, n° 6 (l9S3), 69-123.

[10] Ministerio y carisma. Homenaje a monseñor García Lahiguera, (Valencia 1975), 225-234.

[11] Anales Valentinos, nº 3 (l976), 21-33.