Oct 011977
 

Nazareth García Cuadrado.

Sin lugar a dudas, el martirio de Santa Eulalia de Mérida debió conmocionar al mundo cristiano de aquella época, por ello no es de extrañar que siendo sobre el norte de la Península, concretamente sobre Asturias, donde recayó el peso de la Reconquista, tanto de tierras como de fe, fuera rescatado su cuerpo de manos islámicas, en una de las incursiones de los guerreros astures contra los árabes, llevada a cabo en tiempos del Rey Silo (784-983).

Todo lo que se sabe es por la leyenda, en realidad no hay ningún dato que permita precisar la fecha del rescate. Sí se sabe que, en un principio, sus restos fueron depositados en la iglesia de Santianes de Pravia.

Cuando en tiempos de Fruela, años mas tarde, se traslado la Corte a la recién fundada ciudad de Oviedo, les restos de la mártir emeritense se depositaron en la iglesia de San Salvador, sobre la que luego se construyó La Catedral, donde se conservan ahora, en una capilla lateral izquierda, también la recuerda una imagen barroca situada en el cuarto lugar empezando a contar por la izquierda, en la girola.

Rápidamente se extendió por toda la reglón la devoción por esta Santa, como lo prueba el hecho de que en la actualidad sea la patrona de la diócesis de Oviedo y del Principado, y, que en éste haya 48 parroquias bajo su advocación,, así como numerosos lugares, caseríos, pueblos e incluso concejos con su nombre.

Pocos años antes de que el Deán y el cabildo declararan su nominación como patrona diocesana de toda la provincia, comenzó a funcionar una cofradía bajo el patrocinio de la Santa.

Las capillas e iglesias dedicadas a Santa Eulalia son muchas, la mayoría son «capillines» que pertenecen a pueblos remotos o a casas de abolengo, y que quizá no tengan demasiada significación artística por ser construcciones muy sencillas. Algunas de ellas, lamentablemente, están en ruinas y otras desaparecidas. Tal es el caso de la capilla dedicada a Santa Eulalia en el lugar del mismo nombre, en la parroquia de San Juan de Villaverde (Allande), que fue derribada al construirse la carretera. De ella se conservan unas imágenes medievales. Pero a pesar de no tener ya capilla aún sigue celebrándose, cada 10 de diciembre, la fiesta de «Santulaina».

En la parroquia de Santa Eulalia de Ujo (Mieres) hay una iglesia románica, la de Santa Eulalia, edificada en el siglo XII, de la que sólo queda la portada, alguno de los arcos y reatos de una cornisa. (Junto a esta iglesia, se encontraron en el 1919 dos piezas con inscripciones romanas, una de ellas del siglo I, dedicada a Cayo Sulpicio.)

Santa Eulalia de Luarca, es citada en una donación de Fruel la II a la iglesia de San Salvador de Oviedo, con fecha de 24 de octubre del 912. En el altar mayor hay una imagen de Santa Eulalia de estilo barroco.

La iglesia de Santa Eulalia de Baldornón pertenece al concejo de Gijón. Está servida, por un curato de ingreso y patronato real. En principio fue románica, pero hoy día solamente conserva el arco coral del interior del templo, muy deteriorado a causa de las destrucciones sufridas durante la guerra civil, es de tres vueltas, con otras tantas columnas.

Los capiteles son de factura tosca y primitiva, representando motivos zoomórficos y vegetales. En el ábside de la iglesia se halla actualmente un singular busto de hombre, posiblemente de origen romano.

Otra iglesia con muchas significación es la de Santa Eulalia de Abamia, Abelaptamia o Belamia.

Abamia esta a 4 Km. y medio de Cangas de Onís, frente a Corao, a la derecha de la carretera de Cangas a Cabrales. De su población se decía que era judía.

Siempre se afirmó que esta iglesia fue obra de D. Pelayo, y donde estuvo enterrado mucho tiempo antes de que fueran trasladadas sus restos definitivamente a Covadonga. Pero tampoco se pueden hacer deducciones respecto a su origen, pues sufrió reedificaciones en los siglos X y XII.

El Conde de la Vega del Sella, en la pág. 37 de «El dolmen de la capilla de Santa Cruz» (Asturias), Madrid 1919, dice:

«En el interior de la iglesia y a derecha e izquierda, del altar mayor, se encuentran dos sepulcros en nichos de la pared y a nivel del suelo, donde se dicen enterrados D. Pelayo y su mujer Gaudosia. El primer sepulcro del lado de la Epístola, tiene en su cubierta la figura de una espada a relieve, y el segundo, del lado del Evangelio una inscripción en caracteres del siglo XVII que dice:
HEIC IACET REGINA GAUDOSIA, UXOR REGII PELAGII

Aurelio del Llano Roza de Ampudia en la pág. 287 de «Bellezas de Asturias de oriente a occidente» Oviedo 1928 se refiere a esta iglesia diciendo:
«La última reforma es posterior al siglo XIII según lo demuestra su arquitectura ojival, muy pobre de ornatos. La tercera arquivolta de la portada meridional está compuesta por una serie de figuras espantables. Empezando por la derecha se ve un hombre tostando en una gran caldera: a continuación, el diablo baja de cabeza (…) en los capiteles que coronan las columnas de la derecha de esta portada, el diablo con una mano metida entre piernas, lleva del pelo una mujer quien tapa los pechos con las manos. Y los de la izquierda, están exornados con ramas y hojas de parra, uno de cuyos tallos lo muerde una figura humana, al lado de la cual hay otra que parece de mujer. En el ángulo izquierdo de la jamba se pelean dos cerdos (…) Esta iglesia, que tuvo pórtico alrededor, se encuentra en completa ruina, no tiene tejado».

Según Martín Berenguer: «Actualmente los restos más primitivos que conserva son dos portadas románicas. Hay una reforma probablemente del siglo XIV y, de este mismo siglo, unas magnificas pinturas murales que decoran el ábside».

Actualmente permanece cerrada ya que perdió totalmente el pórtico con el que se representaba esta iglesia en los antiguos grabados, y, lo que es peor, al caer el techo pone en peligro la integridad de todo el edificio.

Una de las iglesias más bonitas dedicadas a Santa Eulalia de Mérida es la de Lloraza, en Villaviciosa.
Santa Eulalia de Lloraza es de estilo románico, data del siglo XII. Tiene una sola nave, rematada por una capilla cuadrangular orientada al Este. La portada de la fachada Oeste es muy característica, tiene una cornisa decorada con canecillos esculpidos con figuras humanas, (hombre solo, con arco; parejas…), y también de animales. El arco triunfal es de tres vueltas, decoradas con motivos geométricos. Los capiteles representan animales (búhos, toros, leones…), y vegetales (hojas de palmera…) e incluso hay una representación de los Evangelistas.

En el eje del muro cabecero de la capilla allí una ventanita, también exornada con una columnilla.

El exterior de la iglesia de Santa Eulalia de Lloraza es de piedra labrada, regular, dando como resultado un conjunto sólido y bello. Es muy hermosa la combinación del parduzco de la piedra y el verde del paisaje.

Aún quedan por mencionar muchísimas Iglesias y capillas eulalienses, construidas hace siglos, y, desperdigadas por el Principado, como pueden ser las de Santa Eulalia de Oscos, de Morcin, de La Manzaneda… por citar las mas conocidas, aunque en cualquier braña, collado o valle se puede encontrar una ermita pequeña, sí, pero levantada con todo el cariño, y hacia la que acuden cada 10 de diciembre, todos los años, gentes que celebran la feria y la romería de «su» Santa, una Santa Eulalia netamente extremeña, que enraizó profundamente en las tierras húmedas y fecundas de Asturias.

Nazareth García Cuadrado
OVIEDO

Oct 011977
 

José Carvajal Gallego.

Conoce personalmente a Don Casimiro y lo traté. Figura nacional y conocida, de todos. Era un hombre que daba la impresión de hosco, en el sentido de esquivez, y agrio; poco afable y cariñoso pero luego una vez tratado y «personalizado» con él era afable y atento, abierto y comprensible; y sobre todo, si simpatizabas y le caías y venías bien en cosas que le agradaran se daba y entregaba de verdad, pero si era lo contrario se hacia huidizo y poco acogedor. Tenía un defecto, quizás, sin hacerlo con malicia, pero que fastidiaba, era su acepción de persona. Tenía también cualidades muy buenas y sobre todo las derrochaba a placer con aquellos con los que trataba íntimamente, las vamos a ver y a considerar a través de este trabajo.

No intentamos contar su vida, esa vida que inesperadamente un día se quebró…Nos fijaremos y diseñaremos las fases más marcadas. Queremos sea, como una especie de memoria de su vida, por ello, ya que se haría interminable y no es objeto de estos Coloquios, prescindiremos de otros aspectos menos interesantes y destacaremos más bien su perfil humano y sacerdotal. Llama la atención su espíritu de iniciativa, quizás de lo mas original en él, y sobre todo su tenacidad para realizarlas y llevarlas a la practica. No había problema pastoral que no detectara con esa sensibilidad tan exquisita que le caracterizaba. Enamorado de las clases humildes y los ayudaba a ir hacia adelante y a abrirse camino en la vida a cuantos estaban a su lado.

«Seriedad en todo. En su correspondencia, en su trato. Jamás una carta sin contestar, jamás una cita a la que no acudiera. Todo en orden y a su tiempo. Daba gusto colaborar con el por eso. Y al mismo tiempo, esa seriedad unida a una humanísima comprensión. Bastaba darle unas explicaciones para desamarle por completo y hacer que se le pasara el enfado que hubiera podido tener por alguna informalidad que le hiciésemos. Pulcro, sin afectación ninguna. Lleno de detalles de buen gusto en su casa, en el membrete de sus cartas, en el obsequio que hacía a un amigo. Cordial, afectuoso, pero enteramente alejado del empalago. Viril, pero no brusco. Era generoso. Exigía, pero sabia corresponder». Así lo retrata uno de sus íntimos colaboradores. Todo lo exponente de lo que vamos a tratar aquí.

Nació en un pueblecito extremeño ZARZACAPILLA: «provincia de Badajoz -Arciprestazgo de Puebla de Alcocer- Titular San Bartolomé. Municipio y villa a 209 kilómetros de la capital de su provincia y a 24 Kilómetros de Puebla de Alcocer, que es la cabeza de su partido judicial. La estación de ferrocarril más cerca es la de Cabeza del Buey, a 11 kilómetros. Altitud, 601 metros. La extensión de su término municipal es de 90 kilómetros cuadrados. 1.119 habitantes». Así le describe la «Guía de la Iglesia en Toledo» de 1.975 realizada por D. Luis Moreno Nieto, Cronista Oficial de la Provincia de Toledo a cuya archidiócesis pertenece ZARZACAPILLA. Y aquí nació un 17 de octubre de 1914. Muy niño aún perdió a su padre y jovencito entró en el Seminario de Toledo para hacer allí, desde 1925 al 32 sus estudios de Humanidades y Filosofía.

De seminarista le sorprendió la República, tiempos duros y de prueba, pero que el clero estaba bien forjado para desafiar ese ambiente ya que D. Casimiro fue de los que resistieron aquel hosco ambiente y perseveraba firme en su vocación. Era un recuerdo amargo pero que animaba y empujaba a trabajar por la evangelización de los humildes, quizás más que hoy, en el sentido de que entonces era más eficaz, y hoy es más de palabra y de ambiente social, pero sin realización positiva.

En 1.932, a Roma. Inicia sus estudios universitarios y obtiene la licenciatura en Teología. Guarda gratísimos recuerdos del Colegio Español y de esa Roma eterna y católica en la que le sorprende el estallido de la guerra civil española. Con diez y ocho meses de dispensa se ordena de sacerdote (18-4-37) para, terminado el curso, volver a su diócesis desbastada. Toledo es su sede y para siempre, no saldrá de aquí, sino a esos viajes de compromisos y a las obligaciones y exigencias que el azar de la vida exige y pide. Preciosas descripciones nos ha dejado de su estancia aquí pero la premura y el fin de nuestro trabajo no nos permiten copiar.

Primero de capellán castrense, después en el 1938 era nombrado capellán del Asilo Provincial de Toledo en donde estuvo hasta el fin de su vida. Cargo que apreciaba extraordinariamente, hasta el punto de que toda su preocupación, al ser nombrado canónigo, era si podría o no conservarlo. Era, Toledo, su congénita soledad, su reacción hosca de un hombre un tanto desvalido tiraban de él imperiosamente hacia este refugio toledano. En 1940 se reorganizó con ímpetu científico la Facultad teológica de la Cartuja en Granada. Un profesorado brillante, una orientación moderna llamaron la atención de D. Casimiro y allá fue, el curso 40-41 a terminar su doctorado en Teología. Su tesis doctoral verso sobre «DOCTRINA DE LA IGLESIA SOBRE SEMINARIOS DESDE EL CONCILIO DE TRENTO HASTA NUESTROS DIAS». Dejó Granada, en los pocos meses que estuvo allí, huella fecundísima en su alma. Vuelve a Toledo, a ese Toledo destrozado y deshecho, no basta el poco clero que hay, tienen que esforzarse todos y atender más y más cosas. Así empezó en el Seminario por ser profesor de Latín y Humanidades pasando así a través de los años a empeñar otras cátedras hasta su llegada por nombramiento a la Universidad Pontificia de Salamanca. Durante este periodo, es fecundo en publicaciones, llevado de su preocupación sobre el seminario, junto con ello llevaba el Asilo, lo Castrense y además atendía a un batallón más y a los que descombraban el Alcázar, junto con algunos presos, lo que dio ocasión ese contacto, su afán para orientar sus escritos en plan de tipo popular.

Sus años más fecundos son a partir del 44, en que, libre ya de preocupaciones militares lanza la revista «Liturgia» juntamente con su íntimo amigo D. Juan Francisco Rivera Recio, 1946 que aun vive.

Nació con un optimismo y una osadía que hoy nos asombra. Dos años después, la Abadía de Santo Domingo de Silos se hacía cargo de ella, en la que se habían marcado una nueva línea llevada sin interrupción con constancia y desinterés roturando el campo litúrgico en esos años difíciles pero en el numero 255 de octubre-diciembre de 1971 se nos comunica:

«Según anunciamos en nuestro número anterior, LITURGIA suspende indefinidamente su publicación a partir de este número final de 1971». Aquí damos el «requiem» por una revista que era símbolo de «las primeras manifestaciones de una preocupación por la liturgia que había de acompañarle hasta el final de sus días».¿Qué diría hoy de su denodada donación a los monjes benedictinos de Silos?. Como las cosas comienzan, comenzando, acaban, acabando…

INCUNABLE: En 1948 había nacido Incunable. Inútil presentar su labor en Incunable, todos la conocen, al menos los sacerdotes, y pesó mucho para el acercamiento de Incunable, solo por leer sus cosas, muchos renovaban la suscripción. También después de 28 años de misión le damos el «requiem» en su numero 317, ya ha desaparecido Incunable, periódico sacerdotal que de tantas cosas podría considerarse un «símbolo». Hizo mucho bien. Su desaparición lo de siempre. Según su director D. Lamberto de Echeverría señala estas causas: dice, «la muerte fue dura con nosotros» y nombra a varios colaboradores entre ellos a D. Casimiro… dejaron huecos difíciles que llenar». Y la eterna economía, «el periódico nunca cubrió sus gastos, quería salir bien presentado y dirigirse, en cambio a un publico pobre, como el sacerdote. Y, claro, el déficit era inevitable. Pero lo principal de «su muerte» lo señala D. Lamberto agudamente en estas dos razones: Porque en gran parte sus objetivos ya están logrados. Es el lado positivo, dice. El negativo, es el vacío de seminarios y casas religiosas de formación, la falta de vocaciones, el aumento de las deserciones… Descanse Incunable ¿que diría D. Casimiro?,… quede en el aire…

«RAMANSO»: El mismo D. Casimiro lo contó en Incunable en noviembre de 1954. Es otra página autobiográfica. Fue allá por los años 51 en una reunión de Seminarios hablando con Javierre y Cirarda surgió la idea. «¿No está haciendo falta en España, decía él, una colección de temas religiosos a estilo de la francesa «Bibliotheque Catholique des Sciences Religieuses» que en lo externo tenga un parecido con la «Austral»? Pero habría de hacerse a base de títulos originales, nada de traducciones». Aquello fue un simple esbozo y manos a la obra. Javierre les busco el editor, el mismo de su «San Pío X» tan en moda entonces de tanto éxito. Cuando volvió a Toledo escribió a Lamberto y ya le envió una posible colección de títulos acoplados en cinco secciones de la que cada uno sería director y agregaron también a D. Juan Francisco Rivera canónico de Toledo y especialista en Historia Eclesiástica.

Y empezaron las cartas esperanzadoras y los proyectos y los esquemas y el ejercitarse en el arte difícil de templar gaitas. Para ello los días 2 y 3 de enero del 52 tuvimos una reunión inolvidable, nos dice el mismo, en Ciudad Ducal. Se perfilaron detalles, se decidió el título, que sería colección «Ducal»; se buscó un símbolo un poco vago, pero decorativo: una piña. Era el ambiente quien nos proporciona todo aquello. Sigue D. Casimiro; con gracia y gracejo:

«Estábamos entusiasmados. Creíamos que la colección aparecería en la primavera próxima. Y comenzaron las cartas con D. Juan Flors. Y nacieron las dificultades. Cirarda se retiraba por no poder atender la idea, a causa de sus múltiples quehaceres. En Barcelona al ir a registrar el título adoptado en las Navas del Marqués, se encontraban con que estaba ya «cogido» por no se que empresa. Vuelta buscar nombre a la criatura. Tras muchas consultas y cavilaciones, se convino en el de «REMANSO». No era muy eufónico pero sí mas expresivo…».

La Colección se ha ahogado también. La damos el «requiem», y decimos lo mismo ha prestado su servicio y buen servicio. Y todo el bien que la colección ha hecho y hace, pues algo queda se debe a D. Casimiro que llevó todo su peso. Yo recuerdo con nostalgia esos libros, sencillos, facilones, amenos, llevaderos, que con gusto, en mis años de cura rural, leía y releía para contar algo a las gentes en esas tardes frías y tibias entre los trigales y el campo precioso de Castilla y en esos paseos largos que en invierno me daba y en esas idas y venidas, cuando sin prisa iba al anejo y cortaba y hacia mas llevadero el camino con la suavidad y entretenimiento de su lectura. Hoy no existe, y creo que ni el editor. ¿Quien no recuerda: «La Misa y su Liturgia», «Un católico va al cine», Cartas a Juan José», «Santos para hoy», «El Cuerpo Místico» «Dos sacerdotes por Europa», «Sillón de ruedas», Etc, etc.? Yo creo que no han llegado al centenar.

P.P.C. lo único que sobrevive de aquellos cuatro «inventos» del polifacético, dinámico, inquieto, serio y exigente D. Casimiro. Un día escribió D. Casimiro un artículo en «Ecclesia» sobre el anaquel parroquial, cuando al mismo tiempo se habló de una posible edición de folletos de divulgación en una reunión que nos cuenta sabrosamente Ángel Orbegozo en una de sus cartas con ocasión de la muerte de D. Casimiro, dirigida a Lamberto, dice: «¿Recuerda Vd. el 23 de diciembre de 1964? En el huertecico soleado de D. Casimiro, colgado sobre la brecha del Tajo, aquella tarde pusimos una pica en Flandes en la cuestión más batallona de los folletos. Hacia yo mis primeras faenas de lidia a la economía de PPC, y cuando ya estuvo bien ahormado el toro, fue D. Casimiro y lo despachó con una estocada hasta el puño, inventando la fórmula que nos dio el porvenir de la aventura. Le revivo de pie, como nervioso y fatigado del asunto, pero metido en él hasta el tuétano; así le he visto muchas veces antes de dar en el clavo con el martillo de su experiencia «aldeana», de su sagacidad y palpito en orden a «lo popular». Luego, ya sabe Vd.: en los apuros de PPC yo le he mirado muchas veces a los ojos antes de lanzarme al delicioso camuflaje verbal de lo apostólico bajo lo financiero. El ha estado desde entonces, 23 XII-54, en pie para PPC.

Es posible que gracias a él PPC este en pie». Y es una profecía, quizás desde el cielo este ayudando poderosamente. Ya que él fue el que gestionó la audiencia con el Sr. Cardenal Primado que acogió el proyecto con calor, él, D. Casimiro añadió al proyecto dos cosas aparentemente muy sencillas pero que a la hora de ponerlo en marcha resultaron decisivas: que no vinculásemos los folletos excisamente a la actualidad y que estableciéramos un sistema de suscripción… Y un buen día todo aquello cuajó y se firmo el acta fundacional de Propaganda Popular Católica el 10 de octubre de 1955. D. Casimiro estampaba su firma como representante de la Universidad Pontificia de Salamanca y seis entidades se habían reunido para trabajar coordinadamente en íntima unión en favor de la cultura popular católica que tanto hacía falta y tanto bien está haciendo. Pero hoy PPC, ya no es PPC podemos decir con orgullo que es una Editorial para el bien de la Iglesia de España y que D. Casimiro aunque no tuvo en la tierra la dicha de sembrar en ese campo todo cuanto hubiera querido, desde el cielo complacido y lleno de gloria lo contemplará, disfrutada y bendecirá para que PPC siga siendo lo que se deseaba, se pensó y se ejecutó.

LA LITURGIA: La Liturgia era su pasión dominante, ya que sus aficiones se orientaron hacia el campo de la Liturgia, en donde tuvo la suerte de que en esa época ya la Liturgia no era solamente y exclusivamente, gracias a Dios, ceremonias sino también instituciones. En el número del «Boletín Oficial Eclesiástico» especial, que se publico en Toledo, con ocasión de ambas muertes la del Sr. Obispo Auxiliar Monseñor Miranda y la del M.I.Sr.D. Casimiro Sánchez Aliseda dice: «lega también a los sacerdotes un ejemplo de sumo interés por el apostolado litúrgico y pastoral que promovió desde su cátedra de Pastoral y el Instituto de Pastoral en la universidad Eclesiástica de Salamanca, con sus conferencias en distintas diócesis, y, sobre todo, con sus numerosas obras publicadas, e igualmente su celo por el apostolado popular con la dirección y total redacción de la hoja «EL BUEN AMIGO», de muy numerosa tirada, y «EL AMIGO DE LOS NIÑOS». En su folleto «Sacerdotium» publicado en 1944 en Barcelona, y conjunto de reflexiones expone con sencillez y profundidad lo que se y entiende por Liturgia, permítanme la copiemos al pie de la letra: LITURGIA es conocer a fondo mi misa y mi breviario: intelligite quod tractatis.

Liturgia en practicar escrupulosamente las ceremonias. Liturgia en la ornamentación de la Iglesia. Liturgia en los cantos sagrados. Liturgia en explicar con frecuencia la Misa, que el pueblo tiene hambre y sed de conocer y entender el Santo Sacrificio. Liturgia en propagar los misales populares, para que los fieles sigan atentamente y con fruto la misa. Liturgia en la participación del pueblo en el culto, y en que todo el pueblo tanque Liturgia en imponer a los niños desde pequeños en el significado de los ritos y en la implantación de la misa recitada. Liturgia en los sacramentos: bautismo, matrimonio explicando sus hermosísimas ceremonias. Liturgia en resucitar las vísperas cantadas los domingos. Liturgia en propagar libros de vulgarización litúrgica y en anhelar por una revista litúrgica en castellano.

Esta afición litúrgica manifestada y compendiada en estos «eslogans», yo quisiera resumirla, ya que el tiempo apremia, en tres etapas o conjuntos: a) los Coloquios Nacionales de Liturgia en los que participé personalmente; b) sus publicaciones, sobre todo sacerdotales y litúrgicas y c) su apostolado litúrgico.

a) Coloquios nacionales de Liturgia: En abril de 1954 aparecía tímidamente la noticia en Incunable de que se iban a celebrar unos Coloquios Litúrgicos sin concretar donde. D. Casimiro ya había comprometido a varios de sus colaboradores y por fin se anuncian en Bilbao en donde su Obispo, D. Casimiro Morcillo, les acogió paternalmente y del 10 al 13 de Junio tuvieron lugar. Así se inició la fecunda labor de los Coloquios que han ido recorriendo toda la geografía patria:

I Coloquios de Pastoral Litúrgica en Bilbao no asistí a ellos por encontrarme en plenos exámenes de fin de Curso y era ya mi último año de estancia en el Seminario, a todos los demás si asistí.
II Coloquios de Pastoral Litúrgica en León sobre «Los Sacramentos en la concepción litúrgica» del 23 al 26 de Agosto de 1955.
III Coloquios de Pastoral Litúrgica en Albacete sobre «Pastoral y Liturgia de los Domingos» del 28 al 31 de agosto de 1956.
IV Coloquios de Pastoral Litúrgica en Cuenca sobre «Pastoral y Liturgia de la Enfermedad y de la Muerte» del 20 al 23 de Agosto de 1957.
V Coloquios de Pastoral Litúrgica en Palma de Mallorca sobre «La celebración litúrgica» del 8 al 11 de julio de 1988.
VI Coloquios de Pastoral Litúrgica en Zamora sobre «Liturgia y Música» del 7 al 10 de julio de 1959.
VII Coloquios de Pastoral Litúrgica en Santiago de Compostela sobre «Participación Litúrgica de los fieles en la Santa Misa» del 5 al 8 de julio de 1960. En estos Coloquios, ausentes ya por la muerte, sus antiguos Presidente y Secretario se tuvo el día 6 a las 10 de la mañana un solemne Funeral. Fueron los últimos Coloquios que se celebraron y ya no hubo más, después de ellos se celebraron semanas de Pastoral Litúrgica. Los Coloquios eran sabrosos, orientadores y prácticos y al clero rural de entonces nos servían para salir un tanto de nuestra rutina y poder cambiar de ambiente, pues lo más útil en estas convivencias o coloquios eran impresiones que teníamos unos con otros y los cambios de ambiente eclesial que entonces pululaban. Después de ellos a poner en práctica cuanto se había oído, que algo se hacía y quedaba.

b) Sus publicaciones: Señalaré nada más las sacerdotales y litúrgicas. En ellas plasma su labor de renovación pastoral en España. Abierto a todas las corrientes extranjeras ya que su afán por la Liturgia se abre a un sin fin de publicaciones, no sólo en artículos como en «Ecclesia», «Apostolado Sacerdotal», «Ephemerides Liturgicae», «Incunable», «Liturgia», etc. etc. sino en libros: «El Breviario Romano», obra extensa y amena de la que no me resisto a copiar su dedicatoria, en ese latín hermoso que él dominaba como buen profesor de la lengua del Lacio:
«D.O.M. IN SACERDOTIO FRATIBUS-QUI LAVORANTES SICUT BONI OFERARII IN VINEA DOMINI- FERUNT PONDUS DIEI ET AESTUS-HOS OPUS DE OFFICIO DIVINO-AUCTOR OFFERT CORDE SINCERO- PRO UNOQUOQUE EXOPTANS-UT VERA SIT SENTENTIA AUGUSTINIANA- PSALTERIUM MEUM GAUDIUM MEUM». «El Breviario de los fieles» sencillo y acomodado conciliando lo exquisito con lo útil. «Historia y Liturgia de la Misa», descubriendo al hombre medio los secretos del Santo Sacrificio y enseñándoles a poner interés y devoción en la asistencia a él. Javierre, dice de este libro: «El lector adivinará, por debajo del estilo sencillo con que están escritas, los amplios conocimientos del autor que sabe ponerle a la vista la esencia y el significado de rito y plegarias que se remontan al siglo I».

«Cuaresma y Semana Santa», como orientador ante la reforma de la nueva Semana Santa implantada por primera vez. Fue un éxito clamoroso en todas partes por el interés de los pastores por la docilidad de los fieles y por el clima de expectación que se había creado en torno a la misma, que culminó en una celebración viva y auténtica. Aprovechando este clima, como hacía siempre, D. Casimiro aprovecha esta circunstancia para lanzar su libro de bella presentación y fácil manejo, como un «vademecum». Son sus cuatro obras principales. Después como divulgador empedernido tiene mucho: «Vida de Jesús para el pueblo», «Misas propias de la Diócesis de Toledo», «Sermones escogidos de San León Magno», «Sobre la muerte de los perseguidores» de Lactancio, «Los misterios del Rosario»,»Oficio de prima y completas para los fieles», «Devocionario del cristiano» etc. y folletos un sinnúmero. Yo tengo un elenco de 33 libros.

c) Su apostolado litúrgico y pastoral: Iba siempre al grano y era enemigo de retórica y hojarasca y es verdad, y además muy práctico. Dice Orbegozo: «El iba al grano en lo pastoral y en lo litúrgico, conciliando inteligentemente, y cómo, lo exquisito con lo útil». Montero dice de él: Desde luego, Casimiro, es con mucho la personalidad mas rica y compleja de toda la panda». Dio vida a la campaña litúrgica iniciada por Pío XII y en aquellos primeros Coloquios de Begoña, en Bilbao se ponía en marcha la Nueva Junta Nacional del Apostolado Litúrgico, bajo la presidencia de D. Francisco Miranda y de la que D. Casimiro había de ser hasta el final de su vida eficacísimo Secretario. Fruto de ello: la asistencia de España al Congreso de Asís-Roma, la edición de sus actas, la reunión científica de Montserrat para estudiar el ritual, la preparación de un directorio litúrgico para toda España, hay que reconocer que trabajaron incansablemente. Uno de sus colaboradores con razón se lamentaba: «!Que caminos tan imprevisibles tiene la Divina Providencia!… parecían piezas imprescindibles en la campaña del apostolado litúrgico ya puesta en marcha y con los mejores augurios. Y sin embargo en un momento todo queda decapitado… bendito sea el Señor».

Su apostolado pastoral lo señalo y condenso nada más que en esto, pues no terminaríamos nunca, en EL BUEN AMIGO, la simpática hoja parroquial, que bajo su dirección alcanzo una tirada muy grande, y al morir él superaba los cien mil ejemplares. Y ni esto sólo. Pensando en los niños de pueblo, fundó en 1950 el semanario infantil catequístico EL AMIGO DE LOS NIÑOS. Pensando en los mayores escribió su preciosa VIDA de JESUCRISTO PARA EL PUEBLO. Y preparó las hojitas de cumplimiento pascual, que tantos servicios nos han hecho en las parroquias a la hora de prepararlo. Y el catecismo infantil de la misa, etc. etc.

Quiero terminar, por ello sentiría de veras que esta memoria de D. Casimiro fuera tan solo como un recuento de su persona y sus obras, por eso hemos prescindido a posta de otros aspectos más oficiales: su nombramiento de Capellán de Reyes, su promoción a la dignidad de Tesorero de la Catedral Primada, su sueño dorado y de la que tomó posesión en el cielo, la «Cruz pro Ecclesia et Pontifice», que le concedió la Santa Sede en 1948, su incorporación como académico de número a la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo (l949) para fijarnos más en el sacerdote.

Vivió con intensidad su sacerdocio, soy testigo de ello en lo poco que lo trate y vi y observe. Una fe solidísima, su amor a la Iglesia, su preocupación por las almas, amor a la Virgen su entusiasmo grande por la Santa Misa, su filial sumisión a la jerarquía, su vida ascética, de verdad, su entusiasmo por la limpieza y el decoro de la Casa de Dios. No solo predicaba sino que practicaba, llevaba a punta de lanza su fidelidad por la oración mental. Y sobre todo era sacerdote, siempre sacerdote, con polifacético e inagotable concepto del sacerdocio, vivido con amor, con pasión, con ejemplaridad, con sus limitaciones y miserias humanas, pero de verdad. Nos interesa meditar en la vida de este sacerdote ejemplar. Ver su labor de renovación pastoral realizada en España. Decide quien era este hombre ha sido mi propósito y querer aprender en cómo llenar una vida del todo entregada al servicio de la Iglesia. Termino con aquel elogio que le dedicaba el número extraordinario de «Incunable» qué nos ha servido de fuente para este pequeño trabajo, además de otras obras que poseemos y de que disponemos:

HEU HEU LUGEMUS O LECTOR
AMICUM SUAVISSIMUM CASIMIRUM SÁNCHEZ ALISEDA MORTE MAGIS RAPTUM QUAM ADUCTUM A D IIII IDUS MARTIAS AN MCMLX FUIT OPERE ALACER ANIMO SOLERS INGENIO BONO PROBOQUE DISCIPULIS DOCTOR PRAECELSUS
RUDIBUS SIMPLEX PATRIAE CULTOR EXTERORUM
OBSERVANS VETERA NOBIS AUXIT ANIMORUM SALUTEM
QUOMODOCUNQUE QUAERENS DOMINUS EUM REQUIE DONET
INTERMINA.

Así sea.
Zaragoza a 6 de Julio de 1977.

Oct 011977
 

Adelaido Cárcel Ramos.

El reciente nombramiento del doctor D. Antonio Vilaplana Molina, canónigo magistral de la catedral de Valencia, para la sede episcopal de Plasencia, me da motivo para el presente trabajo en que voy a dar a conocer una breve reseña biográfica de otros obispos, también valencianos que han regido las tres diócesis extremeñas de Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia, desde el siglo XVII hasta la actualidad.

D. LUIS CRESPI DE BORJA [1]

El doctor Crespí de Borja es una de las grandes figuras del episcopado español del siglo XVII. Nació en la ciudad de Valencia el 2 de mayo de 1607; su padre descendía de familia noble, pues era hijo del señor de la baronía de Sumacárcel y Alcudia de Crespíns, quien desempeño el importante cargo de lugarteniente general de la Real y Militar Orden de Nuestra Señora de Montesa, y su madre descendía de la ilustre familia valenciana de los Borja. Por haber muerto el padre a los 55 años de edad quedó viuda la madre que tuvo que hacer frente a las exigencias de la noble casa y familia, cuya economía había quedado muy quebrantada con la expulsión de los moriscos, con el fin de encauzar la vida de sus diez hijos.

Uno de ellos es nuestro biografiado que fue dedicado al estudio de la Gramática y Retórica, ingresando en la Universidad de Valencia donde cursó Ciencias, Filosofía y Teología, doctorándose en esta Facultad en 1629. Consagrado al estado eclesiástico, opositó a una pabordía en la catedral de Valencia que tenía aneja una cátedra en la Universidad, y al obtenerla fue ordenado más tarde de presbítero en septiembre de 1631. Celebró su primera misa el 4 de octubre en el convento de San Julián, donde habían profesado tres de sus hermanos, actuando de diácono su hermano Fr. Juan Crespí, provincial de la seráfica orden de San Francisco, y de diácono su otro hermano Fr. Francisco, dominico, que más tarde fue obispo de Vich.

El prestigio adquirido por el nuevo paborde entre sus compañeros fue tan grande que en 1633 fue enviado a Roma para dilucidar un litigio en la Curia Romana, que afectaba a los derechos y honores de los pabordes y el cabildo de la catedral de Valencia, regresando dos años después con el pleito ganado a favor de los primeros. Con este motivo su consejo es solicitado con frecuencia por el virrey, el arzobispo y el Santo Oficio.

Durante su larga estancia en Roma escribió un libro sobre las pabordías y tradujo le vida de San Felipe Neri, fundador del Oratorio, siendo nombrado por Urbano VIII arcediano de Murviedro, una de las dignidades de la catedral de Valencia, que era compatible con la pabordía, quedando incorporado al grupo de sacerdotes que trataban de crear en Valencia el Oratorio de San Felipe Neri.
Esto motivó un nuevo viaje a Roma para conocer mejor la vida práctica de la nueva congregación, que a su regreso fue fundada en Valencia en 1645, levantando al efecto un nuevo edificio cuya iglesia es la actual parroquia de Santo Tomás.

La gran personalidad adquirida por el doctor Crespí y su fama de hombre docto y virtuoso motivó que en 1651 fuese nombrado obispo de Orihuela, siendo consagrado en la catedral de Valencia por el arzobispo Fr. Pedro de Urbina. Una vez tomada posesión de la diócesis se consagró con gran entusiasmo a la visita pastoral y predicación, organizando frecuentes misiones. Tomaba parte en los exámenes sinodales y creó una cátedra de Gramática para preparar en Humanidades a los aspirantes al sacerdocio. Extendió por la diócesis la devoción del santo rosario, fomentó el culto a la Eucaristía y fue comisionado para activar la canonización de Santo Tomás de Villanueva, habiendo escrito otro libro sobre «Cuestiones selectas, morales para combatir errores», dejando en todas partes fama de muy caritativo.

Habiendo fallecido el obispo de Plasencia Fr. Domingo Guerra, fue designado para sucederle D. Luis Crespí en 1658, quien trabajó en su nueva diócesis por la reforma de las costumbres y santificación de las almas. Dos años después marchaba de nuevo a Roma con una embajada del rey relativa al dogma de la Inmaculada Concepción, siendo recibido por el Papa Alejandro VII, quien concedió el 8 de diciembre de dicho año la bula sobre dicha festividad. A su regreso a Plasencia empezó la construcción del seminario tridentino, que vio terminado y consagró a la Inmaculada Concepción.

Años después cayo enfermo, marchando a Madrid en litera para que lo reconociesen los médicos de la Corte. Descansó en la residencia de los condes de Oropesa y convento de recoletos de Santa Olalla, donde se agravó, por lo que le fue administrado el Santo Viático, continuando el viaje hasta Novés, de donde no pudo pasar, pues falleció el 19 de abril de 1663 a los 55 años. Su cadáver fue trasladado a Madrid y enterrado en el Colegio Imperial, de donde cuatro años más tarde fue trasladado a Valencia para ser enterrado definitivamente en la capilla de Santa Ana de la citada iglesia del Oratorio.

D. JOAQUÍN HERNÁNDEZ HERRERO. [2]

A la muerte de Fr. Domingo Canubio, obispo de Segorbe, fue presentado para sucederle uno de sus más antiguos y eficaces colaboradores, D. Joaquín Hernández Herrero, a la sazón obispo de Badajoz.

Era hijo de una familia humilde y nació en la pequeña aldea de Las Eras, situada a poca distancia de la histórica villa de Alpuente, el 16 de enero de 1806. Alpuente, diócesis de Segorbe y provincia de Valencia, se halla situada en la parte alta de la misma, conocida por la Serranía, cuyos vecinos viven de la agricultura y ganadería, por lo que desde pequeño fue dedicado el joven Joaquín al pastoree por sus padres hasta que, conocedor el párroco de las buenas cualidades y clara inteligencia del mismo, lo tomó bajo su protección, orientándolo hacia el campo de las letras. Con este motivo vino a Valencia, donde entró como fámulo en el convento de carmelitas, lo que le permitía asistir a las clases de latinidad en las Escuelas Pías, donde pronto comenzó a destacar.

La exclaustración decretada en 1820, le obligó a salir del citado convento, volviendo al lado de sus padres, pero al reanudarse tres años después la vida conventual, regresó a Valencia continuando los estudios de Humanidades, que amplió en la Universidad, donde cursó más tarde Filosofía y Teología, en cuyas facultades obtuvo el premio extraordinario, y basta llegó a regentar una cátedra de Filosofía en la misma.

Sintiendo la vocación religiosa recibió la tonsura a los 22 años, ingresando como becario en el colegio mayor de la Madre de Dios, pera tomar posesión en 1832 de un beneficio en la parroquia de los Santos Juanes, siendo ordenado de presbítero el 21 de diciembre de 1823. Meses más tarde opositaba a la canongía lectoral de Segorbe, obteniendo una brillante censura y en 1834 era nombrado vicario mayor de le mencionada parroquia, en la que trabajó con gran caridad atendiendo a los enfermos por haberse declarado en aquellos años el cólera morbo. Poco tiempo después, el arzobispo de Valencia López Sicilia (antiguo obispo de Coria) lo nombró secretario de cámara, cargo que desempeñó con gran acierto y que continuó después de la muerte de dicho prelado, durarle los muchos años que estuvo vacante la mitra, hasta 1848 en que vino el nuevo arzobispo Doctor García Abellá. Al convocar este concurso general a curatos vacante, tomó parte en el mismo D. Joaquín Hernández Herrero, mereciendo por sus brillantes ejercicios ser nombrado párroco del Salvador en la capital y a la vez el obispo de Hegorbe, P. Canubio, le confiaba importantes trabajos para la aplicación del Concordato en esta su diócesis de origen.

En 1857 opositó a la penitenciaría de la catedral de Valencia, resultando elegido entre tres opositores y a la vez fue nombrado profesor de Teología en el Seminario Conciliar, cargos que desempeñaba en 1364 cuando fue preconizado obispo de Badajoz, siendo consagrado en la catedral de Valencia juntamente con su compañero de cabildo el canónigo Magistral D. José Luís Montagut que había sido nombrado obispo de Oviedo. Hizo su entrada en Badajoz el día 8 de junio, pero su pontificado fue muy corto, ya que no había pasado un año cuando moría el citado obispo de Segorbe y la Providencia dispuso que fuese a sucederle uno de sus más íntimos colaboradores, el doctor Hernández Herrero. Presentado en mayo de 1865, la noticia despertó gran entusiasmo entre los diocesanos de Segorbe, ya que éste sería el primer obispo hijo de la diócesis por su nacimiento.

Hizo la entrada solemne en la ciudad de Segorbe el 3 de febrero de 1866, siendo su primer acto oficial la bendición e inauguración del nuevo pavimento de la catedral, que no pudo ver acabado su antecesor. En el mes de abril inició la visita pastoral de la diócesis por la parroquia de Alpuente, siendo recibido con gran entusiasmo por sus paisanos los alpontinos, labor que continuó por todo el arciprestazgo hasta mediados de julio en que regresó a Segorbe donde bendijo la iglesia de San Pedro rehabilitada para el culto.

En octubre inauguró la apertura de curso en el Seminario y adquirió con destino al mismo el nuevo gabinete de Física y el Museo de Historia Natural. Pero el problema mayor en la diócesis era la aplicación del Concordato de 1851, que hacía quince años que había sido promulgado. Urgía hacer un arreglo parroquial a fondo, a lo que se dedicó sin dilación y en ese mismo año convocó concurso a curatos vacantes, que fue muy laborioso. Creó la nueva parroquia de Santa María, que de acuerdo con el cabildo, fue instalada en la capilla del Salvador, que está en el claustro de la catedral. Entre tanto, se desplazó a Valencia para predicar en las fiestas del segundo centenario del templo de la Virgen de los Desamparados, marchando el 4 de junio a Roma para asistir a la canonización de los mártires del Japón. En noviembre envió al ministro de Justicia el nuevo arreglo parroquial correspondiente a los seis arciprestazgos de la diócesis. Poco después se le presentó una trombosis en una pierna y en febrero de 1868 se agravó su dolencia de tal modo que pidió la administración de los santos sacramentos, falleciendo el día 19 de dicho mes y fue enterrado en el panteón de obispos de aquella catedral.

D. RAMÓN PERIS MENCHETA.[3]

Este bondadoso prelado, hermano que fue del ilustre periodista, director y propietario de «La Correspondencia de Valencia», había nacido en la ciudad de Valencia el 22 de marzo de 1851. Desde sus primeros años dio relevantes muestras de piedad, demostrando viva inclinación a la carrera eclesiástica, que cursó en el Seminario Conciliar de Valencia con gran aprovechamiento, habiendo obtenido el doctorado en Filosofía y Teología por esta Universidad Pontificia después de ser ordenado de presbítero en 1876.

Dedicado a la vida parroquial, fue nombrado coadjutor de Cullera, donde dejó gratos recuerdos de su caridad y fervor religioso. Más tarde en 1879 era nombrado beneficiado de la catedral de la que fue canónigo en 1882 y dignidad de Arcipreste en 1887.

Su promoción al episcopado tuvo lugar al ser preconizado obispo de Coria el 21 de mayo de 1894 para cubrir la vacante del doctor Felipe Ortiz Gutiérrez trasladado al obispado de Zamora. Su consagración se celebró en la catedral de Valencia el 12 de agosto del mismo año por el cardenal arzobispo D. Ciríaco María Sancha y Hervás, siendo apadrinado por el Ayuntamiento de esta capital.

El apostolado del doctor Peris Mencheta ha dejado inolvidable recuerdo por su celo apostólico y su amor a los diocesanos, ya que recorrió la diócesis cinco vedes en visita pastoral, levantó de nueva planta cuatro templos, celebró tres concursos a curatos y un sínodo diocesano, habiendo fallecido en Coria el 6 de enero de 1920.

El doctor Peris Mancheta tuvo un excelente equipo de colaboradores formado por los sacerdotes valencianos D. Nicolás David Campos, que fue rector del Seminario, deán, provisor y vicario general; D. José Fogués Cogollos, que fue canónigo y secretario de cámara hasta su muerte en 1914; D. Vicente Cosme Navarro, también canónigo y secretario de cámara, y don Félix Ivancos Montagut, que fue canónigo y secretario particular del difunto prelado.

D. JOSÉ MARÍA ALCARAZ ALENDA.[4]

Para cubrir la vacante del doctor D. Ramón Pérez Rodríguez promovido en 1929 al vicariato general castrense, fue nombrado obispo de Badajoz D. José María Alcaraz Alenda, canónigo Penitenciario de la catedral de Orihuela. Nació en Aspe (Alicante) el 23 de abril de 1877, estudió la carrera eclesiástica en el Seminario Diocesano de Orihuela, hasta empezar Teología en que fue enviado al nuevo colegio español de San José de Roma, donde permaneció hasta 1904, obteniendo el doctorado en Filosofía y Teología por la Universidad gregoriana, tras recibir el presbiterado el 20 de julio de 1901 en la ciudad eterna.

Al reintegrarse a la diócesis fue nombrado profesor del Seminario, donde explicó Teología general, Dogmática y Moral, Historia Eclesiástica e Instituciones canónicas, también fue prefecto de teólogos del mismo así como vicerrector y en 1917 obtuvo por oposición la canongía Penitenciaria de Orihuela, siendo nombrado en 1923 secretario de cámara del obispado así como vocal del patronato de la Caja de Ahorros de Orihuela, examinador sinodal y consiliario de la junta diocesana de Acción Católica de Mujeres.

Preconizado obispo de Badajoz el 13 de marzo de 1930, fue consagrado en la iglesia de San Agustín de Orihuela por el nuncio monseñor Tedeschini, asistido por los obispos de Orihuela, monseñor Irastorza, y de Madrid-Alcalá, monseñor Eijo Garay el 20 de julio siguiente, habiendo tomado posesión de la diócesis el 24 de septiembre y seguidamente hizo la entrada oficial en la capital de su nueva diócesis.

El doctor Alcaraz Alenda fue siempre un enamorado y celoso propulsor de la Acción Católica, a la que ha vitalizado extraordinariamente durante su pontificado. Entre sus varias pastorales publicadas figuran las dedicadas al santo rosario «Denuncia sobre las prácticas supersticiosas», «Su Santidad el Papa Pío XII».

Habiéndole sorprendido la guerra de 1936 en Badajoz, su vida fue respetada durante los primeros días a pesar de la violencia desatada habiendo podido continuar en el normal gobierno de la diócesis al ser liberada la ciudad de Badajoz el día 15 de agosto del mismo año.

La prolongada estancia del doctor Alcaraz al frente de una diócesis tan extensa como la de Badajoz y su avanzada edad motivaron que en 1955 fuese nombrado para ayudarle como obispo coadjutor el doctor D. Eugenio Beitia Aldazabal, quien permaneció a su lado hasta 1962 en que fue nombrado este último obispo de Santander. Le sucedió como obispo coadjutor el doctor D. Dorotea Fernández Fernández, que era obispo auxiliar de Santander, quien desde su llegada a la diócesis ha residido en el Seminario Conciliar, ya que el doctor Alcaraz continuaba ocupando el palacio episcopal por ser el obispo titular de la diócesis y seguir llevando el peso del gobierno de la misma hasta pocos años antes de su muerte en Badajoz el día 22 de julio de 1971, siendo enterrado en la catedral de Badajoz.

D. MANUEL LLOPIS IBORRA.[5]

Nació en Aleone el 17 de enero de 1902. De origen humilde trabajó en una fábrica de Alcoy algún tiempo hasta 1917 en que inició la carrera eclesiástica en el Seminario Conciliar de Valencia, obteniendo más tarde una beca en el Colegio del Patriarca. Fue ordenado de presbítero el 13 de noviembre de 1928 después de haberse licenciado en Teología por la Universidad Pontificia valentina.

Su primer destino fue el de capellán del Santo Sepulcro de Alcoy, cargo que desempeñaba al estallar la guerra de 1936 en que pudo salvar la vida y al que se reintegró en 1939 trabajando también en la vida parroquial para la reconstrucción de los templos de la ciudad que habían sido totalmente arrasados, por lo que en 1941 fue nombrado arcipreste de Alcoy.

Tomó parte en el concurso a curatos vacantes celebrado ese mismo año y en 1942 fue nombrado párroco del Santo Ángel Custodio de Valencia, una de las varias parroquias que habían sido creadas en la capital por el prelado doctor Melo, al dividir la amplia feligresía de la de San Juan y San Vicente, en la zona de la Gran Vía, una de las más pobladas de la ciudad. Apenas tomó posesión de la misma, adquirió un solar, desplegando tal actividad en recaudar fondos no solamente entre sus nuevos feligreses sino también entre sus antiguos amigos de Alcoy, que al año siguiente estaba levantado el nuevo templo, el que poco después pudo ya ser utilizado para el culto, continuando las obras hasta hacer la casa abadía y escuelas parroquiales, por lo que su actividad pudo ser considerada como modelo en la diócesis por los superiores y compañeros.

Como premio a tan apostólica labor el 4 de febrero de 1950 fue preconizado obispo de Coria, para cubrir la vacante del doctor Cavero Tormo, siendo consagrado en la catedral de Valencia el 30 de abril de 1950 por el nuncio monseñor Cicognani, asistido por el arzobispo de Valencia D. Marcelino Olaechea y el obispo de Mallorca, su condiscípulo, D. Juan Hervás. Adoptó como lema episcopal «Ómnibus omnia factus sum, ut omnes facerem salvos». Hizo la entrada oficial en la diócesis el día 11 de junio de dicho año, la que ha gobernado sin interrupción hasta su jubilación a principios de 1977. Durante su largo pontificado se firmó el nuevo Concordato con la Santa Sede en 1953 por el que se ampliaba el título de la diócesis, llamada desde entonces de Coria-Cáceres por pertenecer a la misma la capital de la provincia, a la que trasladó su residencia, habitando en un antiguo palacio propiedad de la mitra y destinando para concatedral la iglesia de Santa María, con la creación del nuevo Seminario Mayor, quedando en Coria el Seminario Menor. Como aplicación del citado Concordato hubo también algún reajuste de la diócesis, habiéndose consagrado especialmente a la Acción Católica y a la aplicación de las normas del concilio Vaticano II. Actualmente reside como obispo dimisionario en la casa de ejercicios que las Obreras de la Cruz tienen en Moncada (Valencia).

No podemos silenciar aquí la eficaz ayuda de los sacerdotes valencianos en el gobierno de la diócesis que han ocupado los siguientes cargos: D. José Martínez Valero, maestrescuela y vicario general, D. Manuel Durá Sanz, canónigo y rector del Seminario Menor, D. José Tomás Benedito, oficial de la Curia y D. Leopoldo Silvestre Miralles, mayordomo del seminario.

D. ANTONIO VILAPLANA MOLINA.[6]

Tres años vacante la diócesis de Plasencia desde la muerte del Dr. D. Juan Pedro Zarranz Pueyo, era nombrado para sucederle el 18 de septiembre de 1977 un sacerdote valenciano, el magistral de la catedral de Valencia, D. Antonio Vilaplana Molina.

Nació en la ciudad de Alcoy el 28 de febrero de 1926. Estudió en el Seminario Metropolitano de Valencia hasta 1946 en que fue enviado al Colegio Español de Roma para terminar la Teología en cuya Facultad se licencia, siendo ordenado de presbítero en 1949. Ejerció el ministerio parroquial en Vall d’Alcalá y en 1953 volvió a Roma doctorándose en Teología. A su regreso a Valencia fue nombrado profesor del Seminario donde ha explicado Historia de la Filosofía y Teología Dogmática y ha sido consiliario de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, capellán de las Esclavas de Mª Inmaculada, protectora de obreras, delegado arzobispal de la sección filial masculina n° 3 del Instituto Luís Vives de Valencia, profesor de religión en la Facultad de Derecho de la universidad y, desde 1962,colegial perpetuo del Real Colegio Seminario de Corpus Christi, bajo cuya dirección se han llevado a cabo importantes mejoras en la biblioteca del mismo.

En 1970 obtuvo por oposición la canongía Magistral de Valencia habiendo sido asesor del Dr. Olaechea en asuntos teológicos. Nombrado obispo de Plasencia, su consagración tuvo lugar en la catedral de la misma el 31 de octubre de 1976 por el actual arzobispo de Valencia, D. José Mª García Lahiguera, asistido de los obispos de Coria, Badajoz, Salamanca, Huelva, auxiliar de Valencia y electos de Ávila y Zamora, en presencia del cardenal primado D. Marcelo González, metropolitano de la diócesis de Plasencia, acto celebrado por primera vez en dicha catedral desde el siglo XI.

El Dr. Vilaplana es autor de varios trabajos teológicos:

«La sacramentalidad en la Teología contemporánea»[7], «Necesidad de la gracia en el justificado»[8], «Fundamentos teológicos del Derecho»[9], «La predicación episcopal según Fr. Luís de Granada»[10] y «El problema del hombre en el catolicismo actual»[11].


NOTAS:

[1] E. VIDAL TUR, Episcopologio de Orihuela-Alicante, Alicante 1962.

[2] P. LLORENS RAGA, Episcopologio de la diócesis de Segorbe-Castellón. (Burgos 1966), p. 480-487.

[3] E. SUBIRANA, Anuario eclesiástico de 1919. (Barcelona), p. 149-151.

[4] Anuario religioso español de 1947 (Madrid), p. 344-345.

[5] Guía de la iglesia española de 1960 (Madrid), p. 218.

[6] Guía de la iglesia en Valencia.(Valencia 1975), vol. II, p. 146.

[7] Anales del Seminario de Valencia, nº 1 (l96l), 145-167.

[8] Anales del Seminario de Valencia, n° 4 (l962), 19-106.

[9] Anales del Seminario de Valencia, n° 6 (l9S3), 69-123.

[10] Ministerio y carisma. Homenaje a monseñor García Lahiguera, (Valencia 1975), 225-234.

[11] Anales Valentinos, nº 3 (l976), 21-33.

Oct 011977
 

Antolín Abad Pérez.

Los franciscanos, que ayudaron a Colón en su empresa descubridora, pronto le acompañaron en sus viajes y siguiendo la ruta de los conquistadores irán sentando las bases de su evangelización. Con Fr. Martín de Valencia y sus compañeras fijan las líneas de una actuación coordinada, se reparten aquellos grandes espacios y echan los cimientos de acuella Iglesia, que llega a ser en breve uno de los más ubérrimos campos de las misiones católicas y el centro irradiados de todo proselitismo. Con Fr. Juan de Zumárraga ofrecerán el primer Obispo-Arzobispo de tierra firme, como antes con Fr. García de Padilla el primer Obispo de la tierra descubierta. En pocos años, merced a esos planes elaborados por aquellos 12 primeros apóstoles, se extendieron por todo ese inmenso territorio jalonando su ruta con la fundación de misiones, Custodias y Provincias.

Para su atención y despacho, ya desde los primeros anos del siglo XVI, la Orden había cometido ciertas facultades al Guardián de Sevilla, quien debía velar por sus asuntos, negociarles los despachos y embarcarlos para su destino consiguiéndoles los aviamientos necesarios; desde 1532 cuidará de que no embarque para el Nuevo Mundo ningún religioso sin las debidas licencias y en 1533 se le dan facultades de Comisario sobre todos los frailes que van y vuelven de América, además de exigir que y hacer cumplir lo estatuido sobre la aportación que cada Provincia debía a la gran empresa colonial. (P. Borges, Comisarios generales de Indias, AIA.23,1963,145-63).

Los religiosos marchaban a América, bien por iniciativa propia, bien respondiendo al estímulo alentador de los Comisarios colectores con sus cartas pidiendo voluntarios o ya influenciados por al ambiente normal de conquista que se respiraba por doquier. Y así las expediciones se suceden en un flujo y reflujo, un ir y venir, que debía ser controlado y dirigido desde arriba. De hecho en poco tiempo la misión americana conoció un auge sin precedentes en la historia misional y los éxitos de tal apostolado superaron toda esperanza y augurio; según Relación enviada a Carlos V, pasaban de 20 millones los nuevos cristianos, que habían recibido el bautismo por la acción apostólica de los hijos del Poverello. Por esto mismo podía escribirse aludiendo a la acción de las primeras generaciones: «A la conquista de la espada siguió la conquista de la fe; tras el duro soldado que con su muerte y exterminio venía a arrebatar a los indios la tierra de sus mayores, llegaron los primeros frailes a darles con dulzura y caridad un cielo desconocido para ellos, un cielo todo amor y ternura. Sin los 12 gigantes del corazón, Fr. Martín de Valencia y sus compañeros, que vinieron después, la obra de Cortes se habría perdido. Este habría ganado la tierra para los Reyes; aquellos venían a ganar un pueblo para la humanidad»(Santa Clara Córdoba, Antonio ofm. La Orden franciscana en las repúblicas del Plata, Buenos Aires,1934,15).

La Misión de América se formó y desarrollo con la aportación de todas las Provincias franciscano-españolas y estas dieron lugar a la creación y erección en aquellas partes de 17 nuevas Provincias y 4 Custodias.

En Madrid Felipe II ve que todo ese despliegue misional no puede estar bien dirigido sin una cabeza superior, no solo en Ultramar, donde cuentan con Comisarios y superiores propios, sino aquí en España, donde tiene lugar el reclutamiento y leva misionera; es por ello que insiste en la creación de un organismo con autoridad sobre todos ellos, que vigile sobre el personal voluntario o seleccionado que atienda a sus negocios en la Corte, tramite sus expedientes, vele por la disciplina y consiga la ayuda regia. A su vez debe procurar sostener aquellas Misiones para que no decaigan, elimine a los ineptos o indignos y tanto en Madrid como en Sevilla y Roma sea su valedor y hombre de negocios. Todo fue logrado con la creación del organismo que pasaría a la Historia con el nombre y facultades de Comisaría general de Indias con residencia en la Corte y al que estarían inmediatamente sujetos los Comisarías de Méjico y Perú, quien se repartían la autoridad y cargos en sus circunscripciones respectivas en que se hallaban divididas las Misiones de Ultramar. Este Comisariado fue creado en la Congregación general franciscana de Toledo en 1572, en los Padres capitulares así lo acordaron y el Ministro general, P. Cristóbal de Capitefontium, a propuesta de Felipe II, nombraba Comisario general al extremeño P. Francisco de Guzmán.

A partir de esa fecha las Misiones adquieren nuevo ritmo y las cosas de América marchan mejor, como lo reconocería el propio Rey y lo hacia resaltar a los Agustinos, Dominicos y Jesuitas, deseando proveyeran un cargo idéntico en sus Familias, lo que por razones varias no tuvo efecto.

Y no le faltaban razones al Rey prudente, porque desde 1553 en adelante fueron pasando a América a razón de 100 religiosos por año, poco más o menos. Y en concreto ese mismo año de 1553 hicieron tránsito allá 212 misioneros: 12 agustinos, 50 dominicos y 150 franciscanos. Que los frutos de tal Comisariado y central dirección de las cosas misionales fueron palpables nos lo dice el dato espectacular de que al finalizar el reinado de Felipe II hablan partido para las Indias unos 5000 religiosos, cuya proporción queda fijada en el cuadro siguiente:

Dominicos , 1.670
Agustinos, 470
Jesuitas, 350
Mercedarios, 300
Franciscanos, 2.200.

Solamente en el año de 1.572 pasaron allá:

Dominicos, 215; Franciscanos 335 (Luis Arroyo, ofm., Comisarios generales de Indias, Madrid 1952,1-3).

Más elocuente será la estadística de lo que aportaron a Filipinas en solo 25 años – desde 1.575 a 1.595, que es como sigue:

1.575 = 40 agustinos con el P. Herrera.
1.578 = 12 Agustinos con el Gobernador Ronquillo … = 20 Franciscanos con el P. Alfaro
1.979 = 20 Dominicos y 6 sacerdotes con el Sr. Obispo Fr. D. de Salazar
1.580 = 30 Agustinos con el P. Ortega … = 28 Franciscanos de la llamada Misión del Pendón, P. Talavera –
1.586 = 40 Dominicos con el P. Crisóstomo
1.590 = 24 Agustinos con el P. Mendoza
1.592 = 60 Dominicos con el P. Volante
1.593 = 50 Franciscanos con el P. Ortiz
1.594 = 100 religiosos: 30 Franciscanos, 25 Dominicos y 25 Jesuitas.
1.595 = 30 Franciscanos con el P. Juan de San Francisco.

Todos sumados nos dan un total de 454 misioneros que en ese lapso de tiempo, 20 años, salieron de España y Méjico para Filipinas (Javier Montalbán, SI., El Patronato español y la conquista de Filipinas (Bibliotheca Hispana Missionum, IU, Burgos 1930,119).

Todo el estadillo nos hablará de la conveniencia y servicios de un Comisariado general y al particular de la Orden Franciscana. El resultado de la acción combinada e inteligente entre los Comisarios de Indias de Madrid y los de Méjico y Perú) traerá un desenvolvimiento enorme que halla su expresión en las cifras y datos del P. Ocaña en su Relación al Capítulo general y a Roma, en la que con sólida documentación y los informes de los Provinciales y Superiores de las Misiones de aquellas tierras podía escribir: «que nuestra Religión convirtió y bautizó ella sola más de 37 millones de indios y hoy actualmente (1635) tiene debajo de su administración más de tres millones de ellos …»; pero eso le ha costado hasta la fecha la sangre generosa de 100 mártires de la Primera Orden y otro centenar de la Orden Tercera. Trabajan allí más de cinco mil frailes bajo la inmediata dirección de los dos Comisarios de Méjico y Lima.

Pues bien, este cargo de Comisario general de Indias, a cuya sombra y dirección trabajan esos cinco mil frailes, que extienden su acción desde Méjico a la Patagonia y desde el Pacifico al Indico, con todas las tierras por ellos bañadas, contó entre sus grandes figuras con hijos de esta tierra vuestra, recia y acogedora, Extremadura. Veamos quiénes fueron.

A)
1.- P. FRANCISCO DE GUZMÁN (1.572-1.582)

Natural de Feria (Badajoz) e hijo de la Provincia de San Miguel, en la que fue Lector de Teología y guardián del convento de Cáceres, a quien todos los cronistas e informes le atribuyen letras, virtud y capacidad de gobierno con dotes no comunes, que ya puso de manifiesto en el gobierno de su Provincia durante los años l.554-57; luego fue Procurador de la Orden -1.581- año en que negoció con San Pedro de Alcántara el retorno de su Provincia de San José a la Observancia, continuando hasta l.554, año en que es electo Comisario general de la Familia Ultramontana, cargo por el desempeñado por seis años. En este mandato elevó a Provincia la Custodia de San Juan Bautista de Valencia —1.565. Un año después de acabado éste, a propuesta del Rey, recayó en nuestro P. Guzmán el de la Comisarla general de Indias, el primero de la lista en ella. La Patente de su institución firmada por el Ministro general está datada en París en 26 de marzo de 1.572. Sus gestiones al frente de la Comisarla están jalonadas por dos acontecimientos de presencia misionera: el primero, por haber enviado 30 frailes de la Provincia de Andalucía a Nicaragua con facultad para erigir conventos y elevarlos a la categoría de Provincia, como efectivamente tuvo lugar al erigirse la de San Jorge de la misma nación (José de Santa Cruz, ofm. Crónica de La Provincia de San Miguel, Madrid 1.671, 27:29).

El segundo, es La fundación de la Misión española en Extremo Oriente con la Provincia franciscana de San Gregorio de Filipinas, que tiene su historia y anécdota de las cosas interesantes, que ponen un nota de color y humana en las vidas de los hombres grandes.

Al término de su mandatos recibió del P. Gonzaga el encargo de revisión de los Estatutos de Barcelona; acometieron el trabajo, buscando la acomodación de las mismas al espíritu y letra del Concilio tridentino y así lo realizaron los siguientes religiosos: PP. Juan Ramírez, exProvincial de Santiago; Juan de Bovadilla, exProvincial de Castilla, Buenaventura de Santibáñez, Comisario general del Abrojo, Antonio de Santa María, ex-Provincial de San José, y el P. Francisco de Guzmán, de quien nos vamos ocupando (Pedro de Salazar, ofm., Crónica de la Provincia de Castilla, Madrid 1.612,134). Como la orden y encargo fue emanada en el capítulo de Toledo de 1.582 pasaron a la historia dichos Estatutos como Constituciones Toledanas.

Acabado su servicio, retiróse a un convento de la Provincia de Castilla, pero de allí le sacó el Rey para nombrarle confesor de su hermana la Emperatriz María en 1.592. Y todavía más; durante la ausencia del Rmo. P. Tolosa a Italia, dejó los destinos de la Orden en España con amplias facultades en manos de nuestro P. Guzmán, que ya poco pudo hacer, pues el junio de ese mismo año se hallaba gravemente enfermo y se libró la partidas de 100.000 maravedíes al convento de San Francisco por la cura de nuestro Fr. Francisco de Guzmán, «que fue Comisario de Indios» (sic), lo que significa que había muerto ya (Arroyo, Comisarios generales etc, 10—13)

2.- P. Antonio de Trejo y Paniagua (1.610-1.613)

De ilustre familia de Plasencia, donde vio la luz, vistió el hábito en San Francisco de Salamanca, perteneciente a la Provincia de Santiago, y en cuyo noviciado se dio el caso, no creemos repetido en la historia, de que los 12 novicios que juntos hicieron el año de probación, todos llegaron al episcopado. Por curiosidad para todos doy a continuación sus nombres:

Juan Portocarrero, confesor de la Emperatriz María, Obispo de Almería, 1.602-1.630.
Sebastián Briceño, predicador de Felipe III, Obispo de Orense, 1.6ll-17. Berenguer Bardají. Obispo de Huesca, 1.608-16.
Francisco de Sosa, Ministro general de la Orden OFM. (l.600-1.606), 0bispo de Canarias (1.607-10), de Osma (1.613-16) y finalmente de Segovia …
Mateo de Oviedo, Arzobispo de Dublín, Irlanda – 1.600-1.611. Florencio Corny; Arzobispo de Tuam, en la provincia de Conaugth, 1609—30.
Juan de Rada, Arzobispo de Trani, reino de Nápoles (1.605—12) y luego Obispo de Patti, en Sicilia, 1.606-1.609.
Pedro Godínez, Obispo de Nueva Cáceres, Filipinas, 1.605-1.612.
Fernando del Campo, Obispo de La Barranca, Santa Cruz de la Sierra, hoy Bolivia, 1.620-1.635.
Hugo McCamvell, Arzobispo primado de Armagh, provincia del Ulster (Irlanda), 1.626. Murió el mismo año.
Juan de Aráuz, predicador de Felipe III y Felipe IV, Obispo de Guadix, 1.624-1.636.
Y nuestro P. Trejo, como lo vamos ver enseguida.

El P. Trejo leyó Artes y Teología en Toledo y según un Autor y en ellos fue también Guardián. El nombramiento de Comisario General de Indias le llegó con la Patente del General de Orden, P. Arcángel de Messina, en 28 de abril de 1.610, posesionándose de su cargo el 14 de julio inmediato y duro éste por tres años y cinco meses aproximadamente, ya que a la muerte del P. Juan del Hierro, Ministro general, fue electo en Vicario general en 7 de diciembre de 1.613. En este nuevo cometido rigió los destinos de la Orden hasta el 2 de julio de 1.618, en que le sucedió en el gobierno el P. Benigno de Génova, siendo él presentado para el Obispado de Cartagena seguidamente, recibiendo la consagración del Arzobispo de Zaragoza, también franciscano, P. Juan de Guzmán en las Descalzas Reales de Madrid, tomando posesión de su mitra el 15 de octubre. Pero inmediatamente salió para Roma nombrado Embajador de Felipe III para que «suplicase al santísimo Padre Paulo V, en su nombre y en el de sus coronas y reynos, declarase por artículo de fe el haber sido la Virgen santísima, reyna y señora nuestra, concebida sin pecado original)» (J.M. Pou y Martí, ofm.). Embajadas de Felipe III a Roma pidiendo la definición de la Inmaculada Concepción de la Virgen, AIA. 34,1931,371-417, 508-34; 35, 1932, 78-88, 424-34, 482-525; 36,1933,5-48).

Y para que la jornada se hiciese con el lucimiento que pedía la devoción y estimación del Rey; le dio para el viaje ocho mil ducados. El Obispo declaró al santísimo Pontífice el celo de su católico Rey y fue oído con veneración y aplauso, y la súplica real consiguió en otro pontificado lo que ya goza sin controversia en ambos mundos. Vuelto a España, por su actuación merecióse el título de padre de los pobres, además de enriquecer la iglesia catedral y otras del Obispado con grandes y magníficas obras. Falleció en Cartagena a los 56 años de edad , en 13 de diciembre de 1.535 y fue sepultado en la capilla de la Inmaculada, que el habían fundado y dotado con renta para cuatro capellanes «(L. Pérez, ofm., AIA.13,1920,104-116;) Marcelino R. Molinero, «Antonio de Trejo y el movimiento inmaculista en la diócesis de Cartagena, AIA.15,1955,1.057-71).

En cuanto a su intervención al frente de la Comisarla de Indias nos son conocidos dos Informes o Memoriales al Consejo de Indias: uno sobre la Provincia de San Gregorio de Filipinas, mediando en el pleito entre Observantes y Descalzos, en el que teje elogio subidísimo de los primeros y de su aportación a la evangelización en el lejano Oriente (L. Pérez, ofm. AIA.13, 1920,104-116).

El segundo Memorial es sobre toda la Misión de Ultramar, en el que nos ofrece una estadística, algo abultada en número, pero en su conjunto bien informada, porque habla con documentos en la mano. Para América española es una magnífica síntesis, y en lo que respecta a Filipinas y toda aquella área misional muy preciso y atinados en sus líneas y datos. Me hace suponer disponía, al redactarle, de las informaciones de los PP. Alonso Muñoz y Beato Luis Sotelo incluso hasta de las Relaciones de los Visitadores y Capítulos provinciales de Filipinas (Lázaro Lamadrid, ofm. The Americas, II,1.945, 489-97; Arroyo, AIA. 12, 1.952, 149-55).

3.- Fr. ANDRÉS DE GUADALUPE (1.658-1.668)

Hijo de la Provincia de los Ángeles, en la que fue Lector jubilado; aceptó el nombramiento de Comisario a instancias repetidas del Rey y del General de la Orden, P. Miguel Ángel de Sambuca, quien le despacho la patente de su institución con fecha 9 de septiembre de 1.658 y su gobierno se extendió hasta su muerte, ocurrida en San Francisco el Grande Madrid en 4 de septiembre de 1.661, donde recibió sepultura al día siguiente. Asimismo fue Vice-Comisario general de Familia a la muerte del P. Juan de Robles, de la Provincia de Castilla, en 25 de junio del año antes citado, y ocupó el cargo por un año escaso, según leí en el P. Diego Álvarez, ofm. (Apuntes para escribir la Crónica de Castilla, ms.,I,150r.v-151r).

Por sus dotes de todos conocidas fue nombrado además Confesor de las Infantas María Teresa, reina de Francia por su casamiento con Luis XIV, y Margarita, esposa del Emperador Leopoldo I de Austria; no quiso admitir la mitra de Palencia, a pesar de los requerimientos del confesor de Felipe IV. En cuanto a su actuación al frente de la Comisaría, no sabemos prácticamente nada. Su elogio fúnebre fue tejido por el sucesor en el cargo de la Comisaría de Indias, que fue:

4.- P. Juan Luengo(1.675-1.681)

Natural de Talarrubias (Badajoz) y que también vistió el hábito en la citada Provincia de los Ángeles. En ella fue Custodio y dos veces provincial —la primera, electo en 12 de septiembre de 1.656. El cronista le ha calificado de hombre muy docto, quien añade fue asimismo Lector de Teología y Artes muchos años y Visitador de las Provincias de San Miguel y Granada. El nombramiento de Comisario general de Indias le llegó con la Patente del General P. Clemente María de Cremona, datada en Roma en 14 de noviembre de 1.675, prolongándose su mandato por seis años. Su amor a las Misiones queda patente en su Circular en que anuncia su  nombramiento y donde nos pinta de mano maestra las imágenes y retratos del auténtico padre y superior y las del súbdito bueno y filial. Además nos dejó el Informe-Relación sobre las Misiones de la Florida de 22 de septiembre de 1.676, donde recoge la problemática de aquella Misión y la refleja con datos elocuentes. Al solicitar misioneros para ella, recuerda y prueba que :a) en 1673 el Rey había concedido una barcada que no se fletó, de 30 religiosos y tres criados, de los que, sin embargo tan solo enviaron ocho y un criado; b)ahora, por lo mismo, deben dársele hasta completar aquel número y, que suponen 22 misioneros y tres criados; y c)todo el coste de aviamiento y matalotaje debe correr por cuenta de la Casa de Contratación de Sevilla y no de Méjico, que lo encarece y, por ello, se resisten a pagar allá. Y como datos ciertos en los que se fundamenta para su petición añade que en La Florida trabajan 30 misioneros, quienes mantienen ocho conventos en esa parte, además de los de Cuba, tienen 43 doctrinas y algunas conversiones entre los pueblos de Chacatos, Chines y Pacaras (Arroyo, Comisarios de Indias, 45-50; AIA.I, 1914,366-68).

B) COMISARIOS DE PERU

1.- P. LUIS ZAPATA DE CÁRDENAS (1561-1566)

Natural de Llerena (Badajoz) fue hijo de Rodrigo de Cárdenas, Comendador de La Oliva, del Orden de Santiago. En su juventud se alista en los ejércitos de Carlos V y luchó en Alemania y Bélgica, llegando a ser Maestre de Campo. Su conversión está envuelta en el misterio de un aviso del cielo, a la muerte de otro compañero de armas en Valladolid, por lo que abandonó la milicia y se hizo franciscano en el convento de Los Hornachos, de la Provincia de San Miguel. Pronto empieza a escalar las diversas dignidades como superior de los conventos y tras la renuncia a la Comisaría del Perú por parte del P. Alonso de Contreras, fue electo nuestro P. Zapata en 1561, pasando con el P. Esteban de Asensio 50 religiosos a Lima, acompañando a sus frailes hasta Santa Marta. Visitó todas aquellas misiones tan a satisfacción de todos, que los frutos de su atención y diligencia dieron grandes frutos, como la elevación de las tres Custodias de aquellas partes a Provincia, que fueron las de Chile, Nuevo Reino de Granada y Quito, precedido de un informe sobre el estado de las mismas y necesidades.

Por su sugerencia y mandato suyo escribieron la Relación de estas Misiones los PP. Hernando de Barrionuevo, Custodio, y Juan de Vera en 1553, con importante Memorial al Rey, de donde tomamos las siguientes palabras: «La Orden franciscana es la primera que fundó Casa en el reino del Perú, en la ciudad de los Reyes -Lima — y que primero entendió en la conversión de los naturales de el; y así desde entonces acá se ha ocupado en servir a Dios nuestro Señor y a Su Majestad en la dicha doctrina cristiana, habiendo, como a habido, y hay mas religiosos de la dicha Orden en aquella tierra que de todas las demás Ordenes juntas, y por vuestra alteza y sus vicerreyes y ministros han sido favorecidos en lo que ha convenido para fundar casas en los pueblos de los naturales e iglesias y escuelas donde los dichos naturales se recogen a la doctrina y enseñanza, a leer y escribir y policía y buenas costumbres y ley natural, que ha sido la causa de haber hecho mucho fruto».

Su retorno a España, acabado su mandato no está muy bien fijado, pero se sabe que para enero de 1.566 se hallaba reincorporado en su Provincia Madre de Extremadura y en ese mismo año, al celebrar la de San Miguel capítulo, por el 3 agosto, le elegía su superior provincial y aunque fue también electo Obispo de Cartagena de Indias, continuó en su gobierno hasta finalizar el trienio. Promovido al Arzobispado del Nuevo Reino de Granada, volvió haya con facultades amplias para la visita de los religiosos, no solo propios, sino también dominicos, pero tornaba con una misión lucida de 100 frailes y en compañía del Virrey D. Francisco de Toledo; además nombrado Visitador de la antigua Provincia y misión de Santa Fe y cargo de Comisario de la misma por todo un año.

Tomó posesión de la sede en 1.573 y a ella dedicó sus afanes y paternal solicitud, continuando las obras de la Catedral, iniciadas por su antecesor. Fondo un Colegio para jóvenes con su Rector que les enseñara a cantar buenas costumbres, preceptos de latinidad, gramática y retórica, y para su sostenimiento asignó parte de las rentas de la Diócesis y salarios que los sacerdotes llevaban de las doctrinas de los indios. Durante la epidemia que asoló aquel reino, aportó grandes cantidades de dinero y alguien llego a escribir que hasta empeño su vajilla para aumentar esos socorros. Para los indios había entregado más de 20 mil pesos oro. Murió a los ochenta años en 24 de enero de 1.590 (Arroyo; Comisarios del Perú, Madrid 1950,39-54; Santa Cruz, Crónicas de la Provincia de San Miguel, Madrid 1.671,32-5).

2.- P. ANTONIO CORDERO (1.728-34)

También de la Provincia de San Miguel, en la que fue Lector jubiloso y Definido provincial, su nombramiento para Comisario de Lima le llegó con la Patente del Ministro General P. Mateo Paretta, fechada en Araceli el 13 de marzo de 1.728 y refrendada por el Comisario General de Indias en 22 de abril del mismo año. Debió embarcarse inmediatamente para América, pues en 23 de enero del siguiente año ya expedía su Circular en San Pablo de Quito. Cifró su atención especialísima en la formación idónea de los candidatos y en su selectividad; publicó, además, varias cartas sobre la educación de los indios y entusiasmó a todos los misioneros con la inmensa tarea de la evangelización. Hacía asimismo un canto a la acción franciscana en aquel continente y decía que se nos había asignado un campo enormemente grande «en las numerosas poblaciones de los indios infieles, que en crecido número habitan nuestras conversiones del Cerro de la Sal y las de Huanuco y que debemos creer que la sangre que tan dichosamente han derramado los hijos de nuestro seráfico Padre, clama en el tribunal de Dios por la salvación de aquellas miserables almas. A todos, pues exhortaba y animaba al apostolado.

Removido de su cargo por los sucesos de Lima con motivo de la ejecución de Antequera y Mena, que achacaron en parte al influjo de algún franciscano, en 1.732, sin embargo se mantuvo en su puesto hasta el año de 1.736. Y nada más sabemos de él (Arroyo, Comisarios del Perú, 353-58)

3.- P. FRANCISCO DE SOTO Y MARNE (1.752-57)

Nos encontramos con esta vida rica y polifacética, de la que sin embargo ni sabemos donde y cuando vio la luz del sol, quienes fueron sus padres y donde se apagó esta estrella de vida luz y cuando. Le creemos extremeño por su filiación en la Provincia de San Miguel y sobre todo, porque el P. Arcángel Barrado, de grata memoria, cuando habla o escribe de él, le llama «mi paisano», lo que demuestra que contaba con datos precisos para afirmarlo. Podemos fijar su nacimiento en torno a 1.698 y también seguirle en su vida religiosa dentro de la misma Provincia, en la que fue Lector de Artes por tres años al menos y de Teología por 10 ó 12, por ser S. el tiempo exigido por las Constituciones para su jubilación. Explicó esas materias en los Colegios de Ciudad Rodrigo y en el Misionero de Moheda, pero antes se había dedicado al apostolado entre fieles por otros ocho años. Sus predicaciones están recogidas en su «FLORILEGIO SACRO» publicados en 1.738. Y no solo estas actividades de misionero y profesor, sino que también la Obediencia le ocupó en otro de mas efecto, pues fue nombrado Cronista provincial y dio a la estampa la Segunda Parte de la Crónica – la primera lo fue por el P. Santa Cruz en 1.671 – y aquella en 1.743. Por toda esa variedad y capacidad de trabajo se fue ganando a pulso nombre de estudioso. Hay un juicio valorativo que nos Le refleja así: «Bien merece de águila el nombre, pues tiene como congénita simpatía con lo arduo y eminente». Menos difusa que la de su antecesor, también es menos rica en noticias, aunque una más lograda obra literaria; principalmente es biográfica y va dividida en cinco libros, aportando nombres y hechos de muchos religiosos, hermanos suyos. Poco después también le alcanzó el nombramiento de Cronista general, pero nada sabemos que publicara, pues la continuación de los grandes cronólogos PP. Cornejo y González de Torres es obra del P. José de Torrubia.

En 2 de abril de 1.752 recae en el nuevo cargo, el de Comisario general de Perú por cartas patentales del general de la Ordena P. Pedro Juan de Molina; ágil, como siempre, el 30 de septiembre del mismo año se hallaba ya en Cartagena de Indias, de donde despachaba su primera Circular, anunciando su nombramiento y facultades de que venía investido. Que supo utilizarlas lo verificamos porque a sus desvelos e inteligencia se deben la fundación del Colegio misionero de Chillán (Chile) en 1.756; al siguiente expiraba su cargo, pero dejando allí una estela de sabio y eficaz, pues fue catedrático de la Universidad de San Marcos de Lima, donde ocupo la del Dr. sutil y Mariano, Juan Duns Escoto, siendo también agraciado con la dignidad de Calificador y Consultor del Santo Oficio.

Todos son frutos de buen hacer e inteligencia, pero su fama posterior le llegaría por su carácter polemista y crítico frente al Autor del Teatro Crítico, Feijoo. El origen de su lanzarse a la palestra fue la Real Cédula del Rey prohibiendo que en sus reinos se publicara nada contra el famoso benedictino, a quien dirigió tres Memoriales sobre el particular en 1.751.

Nuestro polemista, como buen franciscano y escotista, hizo suyas las palabras del aforismo: «Amicus Plato, sed magis amica veritas». Ante todo, busco la verdad.

Por estas líneas habréis entendido algo de lo que fue este franciscano extremeño: orador de fama, su nombre llenaba los templos y las plazas para oírlo, aquejado del mal gusto de su siglo, bien mereció sus diatribas por su forma altisonante; publicista vario, su nombre queda escrito en la historia; Comisario de Indias, su dedicación a las Misiones y a la culturización de los indios, le han granjeado un puesto que nadie le puede discutir.

!Lástima de las pocas lagunas que nos quedan por llenar en sus fechas clave: nacimiento y muerte!. Pero alguno podrá tener la alegría de su hallazgo.

Y nada más, porque no se de otros frailes de esta tierra que ocuparan esos cargos de responsabilidad, donde se ponían a prueba la inteligencia, el buen hacer y la voluntad de servicio. Bástenos esa teoría de nombres para conocer que los hijos de Extremadura lucharon en todos los frentes para lograr un mundo para la civilización y un reino para Cristo.

Fr. Antolín Abad Pérez. ofm.
Madrid, 23-IX-l.977

Abr 251977
 

Juan García Murga Alcántara.

EXISTENCIA DEL ESTILO PLATERESCO EN EXTREMADURA

Al estilo arquitectónico Plateresco (mezcla de Gótico y Renacentista, con unos caracteres propios), pertenece la Iglesia que vamos a dar a conocer: Santa María de GUAREÑA. Este estilo en Extremadura no se puede entender sin tener en cuenta la mezcla de varias escuelas artísticas y los caracteres propios de cada una de ellas.

Las corrientes que tienen su reflejo en el Plateresco Extremeño son:

  1. Las Escuelas del Norte de España, con su foco central en Burgos, cuyo arte pasará a la región Oeste de España (Salamanca) y por este camino a Extremadura.
  2. El Plateresco del Centro de la Península, con el foco de Toledo y la figura de Covarrubias.
  3. El Plateresco de Andalucía.
  4. Influencias del característico arte portugués.

a) EL FOCO DE BURGOS.-

El nuevo estilo artístico va a surgir en Burgos, primer centro arquitectónico en las cercanías de Europa y, desde fines del siglo XV, lugar de trabajo de los maestros que se inclinaban al nuevo estilo.

El Renacimiento en Burgos fue adquiriendo rasgos propios y al mismo tiempo se mezclará con el Gótico Florido de finales del siglo XV, creándose en estilo característico, de un purismo mayor y de formas más contenidas que el salmantino, adquiriendo la Escuela de Burgos un mayor refinamiento e italianismo ya que sus principales representantes, Bartolomé Ordóñez y Diego de Siloée, se formaron en Nápoles introduciendo formas clásicas en el Renacimiento español y fusionándolas en Burgos con las formas del Gótico Florido.

b) EL PLATERESCO DEL CENTRO DE LA PENÍNSULA.-

  1. Salamanca
  2. Toledo

1.- Salamanca:
Existe influencia de la Escuela de Burgos, pero aquí se forma un foco con características propias que irradian hasta Extremadura y León. El origen de las escuelas (Burgos y Salamanca) es común; la consecuencia del impacto producido en el arte peninsular por las personalidades de los Colonia y los Siloée, al finalizar el Gótico, y la constitución de un equipo de artistas originarios en su mayoría del Norte de España, que recorrían las ciudades donde había construcciones importantes y monopolizaban el arte de construir. La familia de los Hontañón perteneció a este grupo y Rodrigo Gil, autor de la Iglesia de Santa María de Guareña nos muestra en esta obra suya la característica de la arquitectura española del momento: Es una época de depuración del estilo, después de haberse asimilado las influencias italiana, pero siguiendo aun las normas constructivas del gótico último.

2.- Toledo
Junto con Burgos son los centros rectores del origen y formación del Renacimiento en España; Toledo había sido también un foco importante en el ultimo estilo Gótico Florido y también llegan aquí influencias de artistas extranjero, siendo las fuentes italianas mas puras en este estilo que en el del Norte, pero las soluciones arquitectónicas son menos originales y airosas.

Este es el caso de Covarrubias (en la primera fase del Plateresco) que introduce transformaciones en la ornamentación pero no modifica las estructuras y procedimientos de construcción. Covarrubias llegará a convertirse en un arquitecto clasicista, preludiador del movimiento Herreriano.

c) EL PLATERESCO EN ANDALUCÍA.-

Esta escuela ejerce una gran influencia en la provincia de Badajoz; llegan a Sevilla también arquitectos extranjeros y españoles del Norte, y tenemos el carácter especial que le da a la arquitectura civil de Sevilla la base del arte musulmán.

El plateresco andaluz, con mayores influencias italianas, muestra una propensión al clasicismo más rápidamente que en Castilla. Será Diego de Siloée el que llegará a un purismo arquitectónico, con un gran dominio de los ordenes clásicos.

Antes de Siloée llegaron a Andalucía otros artistas castellanos, más fieles a la tradición constructiva castellanas- o incapaces de renovarse, y extendieron el delicado plateresco del Norte en toda su pureza, aliándose a las tradiciones locales moriscas y creándose un estilo muy local y característico.

d) INFLUENCIAS DEL CARACTERÍSTICO ARTE PORTUGUÉS.-

Hay que contar también con la influencia del estilo arquitectónico portugués en Extremadura, ya que la misma presencia política portuguesa se daba en zonas de la actual Extremadura española, como en la comarca de Olivenza.

LA CIUDAD DE GUAREÑA.

Este territorio, como lugar de asentamiento humano, es muy antiguo, pues en la zona de Guareña hay vestigios que se remontan a una ascendencia prehistórica y romana. En época medieval Guareña dependía del condado de Medellín, llevando en ocasiones una vida dura bajo el señor feudal. Actualmente la población pertenece eclesiásticamente a la diócesis de Plasencia, teniendo esta situación origen durante el reinado de Femando III el Santo. Por este motivo Rodrigo Gil de Hontañón, arquitecto oficial de la diócesis de Plasencia, intervino en la obra de la iglesia de Santa María de Guareña.

El emplazamiento urbano de la Iglesia de Santa María de Guareña. La iglesia se levanta actualmente casi en uno de los extremos de la población, cerca del antiguo centro, la Plaza Vieja.

El edificio es una fábrica grande cuyo exterior mide 89×45 m. Los motivos de su construcción debieron ser razones de prestigio de la localidad o de la comarca o bien, para mostrar la fuerza y riqueza del obispado o el fuerte poder temporal de la institución de la Iglesia en España durante el siglo XVI. Como es habitual en las iglesias rurales sobresale en altura sobre el resto de la población, la cual estuvo bajo dominación musulmana durante muchos años. En el casco urbano actual no se encuentran restos de un posible trazado musulmán de las calles; la Iglesia debía estar en una elevación cercana a la plaza del pueblo, dominándola.

La construcción de esta Iglesia, tendría influencia en el urbanismo de Guareña, al ir disponiéndose viviendas y calles en sus cercanías.

En la zona más antigua, a los pies de la Iglesia, hay una indudable adaptación al terreno: aparecen calles con cuestas muy empinadas y retorcidas. Alrededor de la Iglesia sí hay una disposición oval de las calles rodeando la parroquia. El emplazamiento del templo fue desplazando el antiguo centro de la población.

BREVE DESCRIPCIÓN DE LA IGLESIA DE SANTA MARÍA DE GUAREÑA

La Iglesia de Santa María tiene una gran nave muy espaciosa, de unos 50 m. de largo por 16 m. de ancho, se divide en cuatro grandes tramos con cubierta de crucería, y el tramo de los pies bajo el coro elevado. Los arcos de separación son de medio punto y aparecen capillas laterales situadas entre les soportes los cuales son grandes columnas estriadas adosadas a los contrafuertes de los muros laterales; los arcos de dichas capillas laterales son apuntados y la capillas mayor semicircular. Al exterior se nota la disposición en planta: los contrafuertes y la división en tramos; hay una puerta en cada fachada y una torre a los pies de la Iglesia. Al extremo superior derecho de la planta se dispone la sacristía, y cada tramo de las fachadas laterales cuenta con un ventanal, y un óculo circular sobre los pies de la iglesia, sobre la puerta de los pies de la iglesia.

Los muros son de mampostería, con resaltes de sillería en las esquinas y contrafuertes. La decoración, de gran sobriedad y sencillez, se concentra en ventanas y fachadas exteriores, y por los detalles decorativos podemos colocar a esta iglesia en la corriente del estilo plateresco, con la sobriedad y sencillez características del modo de hacer de Rodrigo Gil de Hontañon.

PUESTA EN CONOCIMIENTO Y VALORACIÓN DE ESTE MONUMENTO.

La iglesia se encuentra muy bien conservada, sin haber sufrido restauraciones que la hayan variado profundamente en su estructura, y es importante su conocimiento y estudio para una mejor comprensión del estilo arquitectónico de la segunda mitad del siglo XVI en Extremadura, así como por el valor intrínseco de esta construcción de Santa María de Guareña.

Es recomendable el conocimiento profundo para los expertos en la Historia del Arte, y también para los aficionados, porque la belleza la pueden reconocer todas las personas con sensibilidad.

La ciudad de Guareña está situada a unos 25 km. de Mérida y casi a la misma distancia de la población de Don Benito, siendo sus comunicaciones por carretera con los pueblos de la provincia bastante abundantes. Se encuentra también muy bien comunicada por ferrocarril con Mérida, Badajoz y Madrid, y es el centro de una importante comarca agrícola como núcleo de población importante entre Mérida y Don Benito.