Dic 232020
 

 

Ángel Paule Rubio

 

INTRODUCCIÓN

Unas pinceladas serán necesarias para expresar el apasionado amor de José María Gabriel y Galán por la Naturaleza. Su equilibrio ideológico en los momentos que le tocó vivir. La eterna belleza que sabía extraer de todas las cosas, hasta de las cosas más sencillas y humildes. La tristeza del labrador por la esposa perdida. La pobreza superada por la riqueza del espíritu.

La amistad de D. Miguel de Unamuno y Gabriel de Galán, a pesar de su antagonismo político, están unidos por un substrato de una sombra imperceptible que busca la eterna sabiduría.

Este pequeño resumen te invita a leer, meditar su gran obra poética, sería para ti, lector, el palpitar de sus emociones que no duran, sino perduran.

Ocupa un lugar destacado para mí el poder añadir a su obra poética dos joyas, inéditas hasta este momento, tal vez perdidas, hoy recuperadas, jurdanas ambas y recitadas en el habla del pueblo jurdano y transmitidas por vía oral por una madre que vivió aquel presente y por un hijo que lo vive hoy.

 

Entender el lenguaje de la Naturaleza exige atención, íntima armonía entre lo vivido y lo expresado

 

Tal es la bibliografía de José María Gabriel y Galán que mi pobre pluma no podría añadir más a su merecida y gran historia.

Nació en Frades de la Sierra el día 28 de Junio de 1870. Murió en Guijo de Granadilla el día 6 de Enero de 1905.

Sus padres, Narciso Gabriel y Bernarda Galán. Estudió Magisterio; los tres primero cursos en la Escuela Normal de Salamanca y el cuarto curso en la Escuela Normal de Madrid.

Hizo un viaje a Galicia con su compañero y amigo el coruñés Casto Blanco Cabeza. Impresionado por el paisaje gallego compuso “La Fuente Vaquera” y “Adiós”.

Ejerció su magisterio en Guijuelo y Piedrahíta, ambos por oposición.

Su imaginario, como poeta, podríamos encuadrarlo en varios aspectos: La familia como unidad social básica, célula fundamental. La aldea como el entorno social inmediato y más próximo. La Naturaleza como libro de texto donde todo es equilibrio y fuente de sabiduría. La ciudad como antítesis. Ese entramado de dependencia campesina como fuente de vida y de ayuda mutua.

Los valores educativos promovidos en sus poesías forman un conjunto de deberes como la verdad, la justicia, el amor a Dios y a sus semejantes, amor a la vida, al trabajo, al aprovechamiento del tiempo, al afán de vivir. Antítesis del valor del dinero, el placer inmediato, la eficacia técnica y el poder. De vida triste. Amaba la soledad hasta que en 1893 conoció a Desideria García Gascón con la que contrajo matrimonio cuatro años después, dejando el Magisterio para convertirse en administrador de la dehesa “El Tejar” propiedad de su mujer. Desde este momento vivió el terruño con pasión y al que dedicó los más tiernos sentimientos, su amor por la Naturaleza y su cariño por las gentes que les rodean formaron parte del éxito de sus poesías.

Su éxito llevó a Gabriel y Galán el libro de poemas titulado “Extremeñas” y poco después nuevas “Castellanas”

En 1902 Zaragoza celebra sus juegos florales en los que el poeta obtuvo la Flor Natural con su poesía “Amor”. Terminados los juegos D. Miguel recibe desde Zaragoza el diploma del triunfo obtenido por el poeta. Inmediatamente se lo mandó Baldomero, hermano del poeta, sin reparar, que como Rector de la Universidad de Salamanca debería contestar a la Universidad de Zaragoza, cosa que no hizo.

En 1903 ambas facciones políticas salmantinas organizan un banquete en honor de Gabriel y Galán, llamado el “banquete de la discordia”, también se habría podido llamar el “banquete de la reconciliación” valga la paradoja. Al final del mismo el poeta recitó el poema “Brindis”

Comienza así:

Mi pobre prosa rimada

                        no podrá deciros nada

                        que suene a cosa asombrosa:

                        esto será una charrada:

                        No puede ser otra cosa.

Otros versos:

            Y adiós trono, cetro y manto.

                        Y adiós oro y esplendores,

                        ¡ mucho grande y mucho santo!

                        ¡Mas no los santos amores

                        De los hijos que amamanto!

Su última estrofa:

                        ¡Adiós! ¡Hasta la primera!

                        Gente que estudia o que ara,

                        debe ser poco fiestera.

Yo me voy a mi senara,

                       que estamos en sementera.

 

Como padre y esposo fue modelo para su pueblo. Recordemos entre sus poesías campesinas: “Mi Vaquerillo” dice así: Pero,

¿qué van a decir mis amores,

si el niñito que cuida mis vacas        

también tiene padres

con tiernas entrañas?

 

Gabriel y Galán concentrando sus sentimientos en aquella carita de niño:

El niño dormía

Cara al cielo con plácida calma;

La luz de la luna

Puro beso de madre le daba,

Y el beso del padre

Se lo puso mi boca en su cara.

Recuerdo, en un certamen sobre poesía de Gabriel y Galán en el Colegio Marista de Salamanca, al niño que recitó esta poesía emocionado y emocionando hizo saltar lágrimas.

Su obra conservadora de profunda tradición católica se mueve en una atmósfera campesina y rural ataviada con sus convicciones religiosas.

En otra ocasión en las tertulias realizadas por la Asociación de amigos de Unamuno en la sala de la Palabra de Salamanca, a la que asistí, sobre las relaciones de Unamuno con Gabriel y Galán. De esta amistad podemos citar doce cartas que el Rector de la Universidad, Unamuno, mantuvo con el Poeta:

Unamuno tiene con Gabriel y Galán un sentido de la amistad enraizado y compartido. Amistad nunca enturbiada por el politiqueo provinciano de Salamanca. En la Carta VII Unamuno previene al poeta contra aquellos que quieren convertirlo en pendón y cabecilla de una secta.

En torno a la poesía “El Cristu Benditu” Unamuno hace de ésta los más encendidos elogios, hasta tal punto que la memorizó y en cualquier momento, que ve idóneo, la recita con emocionado énfasis publicándola en la “Ilustración Española Americana”, (Carta I). Gabriel y Galán participa a Unamuno que hay una lista negra de periódicos en los que no estaba dispuesto a colaborar

Su hermano Baldomero Gabriel y Galán, eminente abogado del Estado Español y amigo de Unamuno   instó a su hermano que la publicara en “El Lábaro” periódico al que estaba ligado el Obispo de Salamanca, Padre Cámara. Baldomero dice textual mente “yo estaba impaciente por ver impresa la poesía”, a lo que José María le contesta “Déjalo, ya se publicará”.

En la Carta I del 1-12-1900. Unamuno dice que la poesía del “Cristu Benditu” se la envió a su hermano Baldomero para que la copiara y no se la había devuelto. ¿Cuál es la causa?

En la Carta II de Diciembre de 1902 le envía un sentido pésame por la muerte de su hijo.

En la Carta III Unamuno la dirige a su hermano Baldomero.

En la Carta IV el 3-1-1903 enviada también a Baldomero diciendo que él la leyó y le sorprendió ver un mensaje de Zaragoza a esta Universidad, mensaje que no conozco por lo que no pude cumplir lo que en él se pedía.

En la Carta VIII sobre una interinidad de magisterio en Doñinos.

En la Carta IX del 1904 Unamuno felicita a Gabriel y Galán por sus poesías y le gustaría la publicación de su conjunto. Ruega que escriba con alguna extensión una novela de costumbres del país.

En la carta X Unamuno comunica al poeta la obra que ha escrito sobre “La vida de Don Quijote y Sancho”.

La Carta XI Pésame por la muerte de su padre.

No ha pasado por la tierra como callada sombra, deja cantos de consuelo para los pobres soñadores del sueño de la vida. En estos cantos nos queda el alma de su alma. Se la dio su pueblo y a su pueblo volverá. En 1901 nace en el pueblo su primer hijo, Jesús, el cual evento le inspira componer “El Cristu Benditu” en lengua vernácula “el castúo”. En ella refleja su cambio hacia la alegría de ser padre. En el mismo año Unamuno convoca por la Universidad de Salamanca unos juegos florales a los que concurre Gabriel y Galán con la poesía “El Ama”. El fallo del jurado recayó en el poeta al que le entregó el premio Flor Natural. En su obra quedó plasmada con profundidad los vivos recuerdos de su madre, muerta unos años antes. Tal emoción sintió Unamuno que desde este momento surgió una sincera amistad entre Unamuno y el poeta. .

Homenaje a José María Gabriel y Galán en el cincuenta aniversario de su muerte. Buscando y rebuscando he encontrado en la Biblioteca Extremeña unas páginas de hondo significado, de tristeza y de dolor que me atrevo analizar, a profundizar en sus propias raíces y cantar y contar los más sublimes elogios que hacerse puede a una figura, irrepetible.

Cincuenta años hace que un sacerdote llegara a Guijo de Granadilla. Tristeza, dolor y serena angustia reflejan en su mirada y en su rostro su emoción por el poeta. Por camino hollado por los pasos de un alma imperceptible cuya sombra camina hacia refugio seguro para contar sus penas a un Cristu Benditu. Así caminaba Gabriel y Galán, así camina el sacerdote. Quiere ofrecer su misa por el eterno descanso de un poeta. Por el camino hay un triste silencio. Labriegos saludan al sacerdote. Este inclina su cabeza no sin antes cruzar miradas tristes. Triste silencio. Llega al Camposanto. Busca una tumba.

Ante ella, baja su cabeza, silencioso. La mente de aquel sacerdote buscaría la simiente del monte feraz y de la eterna primavera, se sienta junto a la tumba, saca papel y lápiz y escribe estos versos:

En la losa que cubre al cadáver

Escribo estos versos…

El sacerdote hace una pausa. Recuerda:

Y al través de parduscas paredes

                        Yo percibo los flébiles ecos

             Del solemne cantar funerario

                       Que, isócrono y lento,

                        Va llenando los ojos de lágrimas,

                        Va llenando de sombras el templo.

El místico sacerdote encerrado en sí, no percibe a un pobre jurdano, humilde, cohibido, mal trajeado. Se acerca a la tumba y dice esto en los versos del sacerdote:

                                   A la losa que cubre el cadáver

                                   Se agarra, gimiendo,

                                   El jurdano que hogaño en la siega

                                   Tuvo pan y cariños tan tiernos

                                   Que no acierta a expresar con la boca,

                                   Aunque sabe sentir con el pecho.

                                   Y me dice con voz quejumbrosa:

                                   -¡Ay, señol don José mos s´a muertu!           

                                   Hogañazu, ni como a su vera,

                                   Ni sus miesis siegu

El sacerdote, terminados sus versos, ha puesto en su cuaderno: Cementerio de Guijo de Granadilla, 19 de enero de 1905.

Pasan los años este buen sacerdote vive en Toledo. En la noche del 23 de agosto de 1936, junto a la fuente del Salobre suena una descarga, por odio a Cristo segó su vida. Es otro mártir de Cristo. Este sacerdote ha puesto su firma:

José Polo Benito.

(Publicado en “Extremadura” de Cáceres, Abril de 1955)

 

 

UN CANTOR ANALFABETO

 

Es el 6 de enero de 1905. En Guijo de Granadilla ha muerto el poeta. Aunque algunos ignoren su nombre todos saben, de corrido, sus poesías, que lanzan al aire en la sementera, detrás del arado, en plena naturaleza, acompañados por el cencerro de las vacas, el chirrido de las chicharras o el santoral que Dios puso rítmicamente en la naturaleza de las cosas. Cantos de un pueblo sin ropaje externo, pero con alma, con pureza, sencillo y como lo sabe hacer el pueblo llano.

En los funerales de este poeta ha sonado la voz de un obispo: Don Francisco Jarrín y Mor, obispo de Plasencia.

Hoy cincuenta años más tarde, muchos de aquellos que besaron sus pies y manos, los que gozaron del momento, recuerdan y añoran lo que dijo el buen Obispo, la hermosura que puso Dios en el mundo, la belleza da las almas buenas. Aquella noche José María fue a morar la mansión de la luz, la auténtica vida. El pueblo entristecido por la pérdida de una persona siempre presta a ayudar, a llenar el alma de sabias enseñanzas, amor como fuente de vida, ayuda generosa y sincera:

Tú te quedas luego

guardando las vacas,

y a la noche te vas y las dejas …

¡San Antonio bendito las guarda!…

Y a tu madre a la noche le dices

Que vaya a mi casa .

porque ya eres grande

y te quiero aumentar la soldada.

 

Han pasado algunos días que murió el poeta. En Béjar monta en el tren el Obispo de Plasencia, de voz melodiosa y de encendidos sentimientos, desgarró la emoción de su alma en los funerales del poeta. Le acompaña su secretario, el canónigo don José Polo Benito, posteriormente muerto por tener los mismo ideales que el poeta. En el mismo departamento viaja el escritor don Rufino Blanco Belmonte, con recuerdos vivos y emotivos del poeta. Don Rufino hace un análisis exhaustivo de la figura del poeta. Recordaba el triunfo clamoroso que logró el poeta en el Ateneo de Madrid. Los aplausos interrumpen al poeta que le obligan a permanecer varios minutos con la cabeza inclinada. Recuerda dos lágrimas que se desprendían de las pupilas del poeta. Termina la velada. Los Próceres de las letras reconocen el triunfo apoteósico.

En el tren viaja un mocetón con sombrero y alforja, rudo, como gañán. Es de Oliva de Plasencia. El obispo lo llama por su nombre, Juan, No sabe leer, pero sabe muchas obras poéticas de don José María. ¿Quieres recitarnos algunas coplas?

Seño juez, pasi usté mas alanti

Y que entrin tos esos

No le de a usté ansia;

No le de a usté mieu…

Si venis antiayer a afligila

Sos tumbo a la puerta. ¡Peru ya s’a muertu!

 

El obispo sonríe; don Rufino se emociona y don José Polo se deleita. Juan, el de Oliva, termina con “El Embargo” recita “Los pastores de mi Abuelo”. Y finaliza con las quintillas “Castellanas”.

-Seño Obispu, no pue unu por menú… ¡son tan jondas y tan sentías las coplas de don José!

(Publicado en “Extremadura” de Cáceres en abril de 1955)

 

Quiero aportar a este cúmulo de obras, notas de prensa. Asociaciones de amigos del poeta, citas, nombres de calles y tantas obras que llevan implícitamente y explícitamente la huellas de José María Gabriel y Galán que mi pluma no da para mucho, pero siempre hay un pero. Veamos:

Yo también fui como un Juan de Oliva. Mis maestros nos enseñaron muchas poesías de Gabriel y Galán. Fuera de la escuela, mi madre, Mercedes, también me enseñó de viva voz algunas que yo nunca he visto en las Obras Completas de José María; dos poesías, que aprendí bien, pero cuando he querido escribirlas he tenido lagunas. Ya me explicaré

 

 

 

CANCIÓNES JURDANAS (inéditas)

 

Mi madre, María de las Mercedas, nacida en 1892, me contaba, en las noches de serano, historias, poesías, proverbios y decires. En el momento que le tocó vivir fue persona muy culta. Siendo niña se la llevó su tío, cura de pueblo, juntamente con su madre. Los tres recorrieron varios pueblos donde ejerció su misión de cura de almas: El Palancar, con su monasterio de Franciscanos, La Alberca, El Guijo de Granadilla, donde vivió y murió Gabriel y Galán, Las Hurdes, Pinofranqueado, Marchagaz y Palomero. Entorno donde Gabriel y Galán hizo su vida.

He respetado la ortografía y la fonología.

Memoricé dos poesías, que acompaño, casi olvidadas. Ella, mi madre, me decía que eran de Gabriel y Galán. Ambas inéditas.

Una

Hilaba una rueca,

y allá en sus adentros

echaba estas cuentas.

Que oficio más malo

hay en esta tierra,

Por dos riales, que es una maeja,

que tiene quince yusos.

Hila, que te hila

desde la roanga

hasta el pié de la rueca.

Que había materiales            

Para dar la vuerta

A toitas las jurdes

y sobraba cuerda.

Te pone más mala,

Te entra una flojera,

Y si el pilo llora

dale una gotera.

Y por to alimento

una pilaera,

metes en la boca

pa que no esté seca.

Oficio más malo

no hay en esta tierra,

pero que Dios quiera

que no falte nunca

Quien te de maejas                

 

Otra

Lo sé jurdanilla

Si no lo supiera,

No vendría toitas las noches,

Gateando por riscos y sierras,

Na más que pa verte

Y hablarte siquiera,

Pero tengo algo en el alma,

Que me la envenena.

Hicen que te casas,

Que por otro me ejas,

Porque el es rico, y yo soy un pobrete.

Yo te quiero, saber de ti mesma.

Ímelo tu mesma, no tengas empacho,

Que por duro y amargo que sea,

Mas amarga es la vía viviendo con este rescoldo,

que el alma me quema.

Primero te mato y me mato,

que vel que otro sea el que se mire,

en la luz de tus ojos negros como teas

y se pinte el carmín de tus labios,

que paecin cerezas.

Y ese cuerpo de corza bravia,

jecho sólo pa andar en la tierra.

Antes que el sol pinte del risco a la cresta,

Ya estoy yo en el huerto de la Jondonera,

cava que te cava, riega que te riega,

Ensartando cantares y coplas,

al tuntún de caer el agua en las peñas,

haciendo una espuma que se colorea,

con to los colores, cuando el sol acaricia la cresta

lo mismito que tu que te ponis,

cuando te hablo, encarná de vergüenza.

Pa tí será el güerto

jurdano de la Jondonera.

Pa ti, será el güerto jurdano,

na más que tu quieras

 

 

 

 

 

Ángel Paule Rubio.