Oct 011988
 

Avelina Rubio Garlito.

La mortalidad española decimonónica, cuyas tasas no disminuyeron cuando en toda Europa habían bajado considerablemente, fue el freno principal que impidió el crecimiento de la población española durante este siglo.

El mantenimiento de estas altas tasas se debe, principalmente, a que la mortalidad catastrófica no se reduce en España hasta finales del siglo XIX, y la mortalidad ordinaria hasta después de la II Guerra Mundial.

En el resto de los países europeos la mortalidad descendió cuando las enfermedades infecciosas fueron controladas pero en España este control tuvo lugar más tardíamente, por lo que en los umbrales del siglo XX todavía existía un exceso de mortalidad.

Desde la Edad Media se conocía el carácter contagioso de algunas enfermedades, y las teorías sobre sus causas eran diversas. A partir de los descubrimientos de Pasteur y Koch se determinó que los causantes de estas enfermedades eran bacterias y microorganismos. A partir de este momento los avances técnicos y la mejora en las condiciones sanitarias e higiénicas de las poblaciones, permiten una mejora en la salud humana y un freno a la mortalidad epidémica. Sin embargo, estos adelantos no son simultáneos en todos los países. Como ya hemos señalado en España tuvieron lugar más tardíamente que en Europa.

Estas características generales a nivel nacional podemos aplicarlas a nivel local. En la segunda mitad del siglo XIX la población trujillana sufre, con más o menos virulencia, una serie de epidemias que contribuirán a aumentar unas tasas de mortalidad ya de por sí altas para este periodo.

Nuestro estudio se basa en un análisis de las distintas causas de mortalidad, con lo que pretendemos conocer de qué y por qué moría el trujillano del pasado siglo.

Estas causas de mortalidad están agrupadas en las siguientes tipologías:

  • Enfermedades infecto-contagiosas: cólera, viruela, sarampión, difteria, tuberculosis, paludismo, tifus y gripe.
  • Otras enfermedades

1. Enfermedades infecto-contagiosas.

Dentro de este tipo de enfermedades haremos mención de aquellas que inciden en la población trujillana durante nuestro periodo de estudio (1851-1900). Antes de continuar con el análisis de las causas de mortalidad, hay que destacar un hecho importante. Cuando aparece una epidemia las autoridades locales tratan de ocultarlo para no alarmar a la población; por ello, los partes facultativos sobre las causas de defunción aparecen ambiguos. Esto hace que las cifras que vamos a encontrar en los documentos oficiales, deban de ser tomadas con espíritu crítico y cotejadas con otras siempre que sea posible.

a) Cólera: En el siglo XIX se desarrollan en España cuatro grandes oleadas coléricas en los años 1833, 1853, 1865 y 1885. Las tres últimas se incluyen en nuestro periodo de estudio.

Pandemia colérica de 1853: En este año el cólera aparece en Vigo y Barcelona y de allí se extiende al resto de la Península. En Extremadura, Badajoz perdió entre el 1 y 2% de su población y Cáceres menos del 1%. En el cuadro I pueden verse los datos referentes a la región.

TABLA A

ÁMBITOS ESPACIALES PUEBLOS INVADIDO NÚM. DE AFECTADOS NÚM. DEMUERTOS
Cáceres 64 8.929 2.343
Badajoz 93 25.125 7.083
Extremadura 157 34.054 9.426

Datos del cólera en Extremadura (1854-1856)
Fuente: Historia de Extremadura…, p. 848[1]

En Trujillo, las actas de defunción señalan 17 muertos a causa del cólera en 1855, lo que supone el 8,5% del total de muertes de ese año. De estos 17, cuatro corresponden a edades comprendidas entre 1 y 15 años y trece entre 20 y 70 años. El mes de mayor incidencia de mortalidad es octubre, con un total de quince defunciones.

En las Actas Municipales del año 1854 encontramos como las autoridades locales, ante las noticias de la extensión de la epidemia colérica, ponen en marcha una serie de medidas para impedir su penetración en la ciudad. Dentro de estas medidas se incluían:

  • Aumento del número de celadores de policía urbana interinamente, para hacer frente a la observancia de los bandos de la Junta de Sanidad por parte del pueblo.
  • Se prueben una serie de medicamentos y útiles para los vecinos en caso de ser atacados por la enfermedad.
  • Construcción de lazaretos para aislar a los enfermos y sospechosos[2].

Estas innovaciones preventivas no siempre eran bien recibidas por la población, pues a veces suponían un perjuicio económico para ella. Al establecerse cordones sanitarios se prohibía la entrada de mercancías y viajeros a la ciudad, con lo que el comercio sufría pérdidas económicas. Los vecinos solicitan a las autoridades que se supriman las medidas preventivas y éstas, aunque en un principio se niegan a ello, posteriormente deciden levantar la incomunicación, aunque mantienen la vigilancia de personas y mercancías[3].

Pese a las medidas preventivas ya hemos señalado que aparecen 17 muertos a causa del cólera.

Epidemia colérica de 1865: Las noticias sobre este nuevo brote son escasas. En las actas municipales de 1865 encontramos que la Junta de Sanidad, ante el temor de una nueva invasión del cólera, toma una serie de medidas preventivas que se suprimen en noviembre del mismo año, al desaparecer el peligro[4].

En los registros de defunciones no aparece en este año ningún muerto a causa del cólera, lo que indica que las medidas preventivas surtieron efecto.

Epidemia colérica de 1885: El último gran brote del siglo XIX supone un gran retroceso, de los 340.000 infectados murieron 120.254[5].

Por lo que respecta a Extremadura, en Badajoz se registran 558 muertos, lo que supone un porcentaje de pérdidas entre el 0,1 y 0,5%. En Cáceres mueren 57 individuos, menos del 0,1%[6].

En cuanto a Trujillo, en 1885 no se registra ninguna defunción a causa del cólera. El año anterior, y ante la aparición de la enfermedad en algunas localidades, la Junta de Sanidad propone al ayuntamiento una serie de medidas preventivas:

  • Construcción de atarjeas en los puntos de la ciudad donde no existan.
  • Las basuras deben depositarse en los estercoleros y estos deben situarse a una distancia mínima de 500 m. de la ciudad.
  • Prohibición a los cerdos de andar por la ciudad.
  • Vigilancia de los puestos de alimentos.
  • Adquisición de una caja de desinfectante.
  • Construcción de un lazareto y de un local para la fumigación de personas y equipajes, procedentes de las zonas infectadas[7].

Estas medidas se mantienen en 1885, apareciendo los dos únicos muertos por cólera en 1886 y 1888. Esta epidemia colérica se mantuvo latente en los años posteriores, ya que en 1890, y ante la aparición del mal en Toledo, la Junta de Sanidad vuelve a ordenar medidas preventivas.

La escasa magnitud de la epidemia no impidió que se extendiese con gran intensidad el pánico, lo que llevó a prohibir la llegada de forasteros y, como medida preventiva, se acuerda no repartir carteles de propaganda de la Feria de San Miguel, ocasionando un notable perjuicio económico para la ciudad.

A pesar de las medidas preventivas en 1894 se registran dos defunciones a causa del cólera y en 1895 uno.

En resumen, en los cincuenta años estudiados se registran en Trujillo 24 defunciones a causa del cólera, lo que no es una cifra muy significativa. Sin embargo, sí afectó la enfermedad de manera notoria a la vida de la comunidad, rompiendo su ritmo cotidiano e interfiriendo las relaciones con el entorno.

b) Viruela: La viruela es una enfermedad muy grave que presenta una letalidad del 50% de los individuos afectados. La vacuna antivariólica estaba reglamentada oficialmente desde 1814, si bien en la práctica no se cumplía con exactitud esta reglamentación.

Para el núcleo trujillano hay que hacer una consideración general sobre la viruela en el periodo estudiado:

  • Está presente casi todos los años con carácter episódico
  • En otros momentos adquiere carácter epidémico, lo que forzará a las autoridades a tomar medidas.
  • Se da principalmente en las zonas más pobres: arrabal de Huertas.
  • Ataca predominantemente a ciertas edades.

La primera aparición de muerte por viruela en Trujillo en la segunda mitad del siglo XIX tiene lugar en 1851, con dos defunciones por esta causa. En 1852 la cifra se dispara siendo 25 los muertos, por lo que se puede decir que estamos ante un brote epidémico. En 1857 y 1858 son 7 y 8 los muertos por viruela respectivamente.

En 1866 la Junta de Sanidad propone una serie de medidas preventivas contra la viruela, que no están especificadas en el acta de la sesión. La epidemia tiene su mayor virulencia en 1867 con 54 defunciones.

En 1873 la Junta de Sanidad dispone que todos los niños sean vacunados, por lo que se solicitan a Barcelona dos tubos de linfa de vaca, con un coste de 54 reales[8]. Durante estos años la epidemia se convierte en endémica, siendo los afectados en 1874 ciento cincuenta y dos mil[9]. En este mismo año en Cáceres capital se registran 778 defunciones a causa de la viruela, lo que indica que la epidemia estaba extendida en amplias zonas de la provincia.

En años sucesivos las muertes por viruela se siguen sucediendo, sin embargo, es en 1891 cuando la cifra de muertos por esta causa alcanza la cota más alta de todo el periodo estudiado, 61 defunciones lo que indica que la epidemia no era controlada. Sin embargo, ante la inminencia del peligro las autoridades reaccionaban y ponían en marcha una serie de medidas para luchar contra la enfermedad:

  • Vacunación.
  • Aislamiento del enfermo.
  • Localización rápida de los niños variolosos en la escuela.
  • Desinfección diaria de los cuartos con enfermos.
  • Destrucción de las ropas infectadas.
  • Cubrir los cadáveres con una sábana impregnada en agua fenicada.
  • Creación de una plaza de delegado de sanidad a ocupar por un médico, cuya duración será hasta la desaparición de la epidemia[10].

En abril del mismo año la epidemia variolosa va remitiendo, por lo que se eliminan algunos cargos creados para combatir esta: celadores, enfermeras, etc.

Hasta el año 1888 se producen algunas muertes por viruela, pero es en este año cuando las cifras vuelven a subir, registrándose 49 defunciones por esta causa.

Queda claro, pues, que no se conseguía controlar el mal, a pesar de la existencia de una eficaz vacuna. Las malas condiciones de vida de buena parte de la población eran determinantes.

En suma, la viruela es otra de las enfermedades infecto-contagiosas que va a tener un peso decisivo en la mortalidad decimonónica española y que no va a ser controlada hasta bien entrado el siglo XX.

c) Sarampión: El sarampión es una enfermedad infecciosa que afecta principalmente a los niños. Debido a la facilidad del contagio son muy frecuentes las epidemias, que se presentan con un ritmo estacional, en primavera y otoño. La vacuna contra el sarampión es un descubrimiento reciente, por lo que en el periodo que estamos estudiando no pudo utilizarse ésta como medida preventiva.

El año que mayor mortalidad registra por esta enfermedad es 1865 con 51 óbitos, de los cuales 50 pertenecen a niños entre 1 y 5 años.

d) Difteria: La difteria o garrotillo (término general que abarca cualquier tipo de obstrucción respiratoria) es una enfermedad que afecta principalmente a niños entre 2 y 7 años. En algunos puntos se convierte en endemia y se recrudece en invierno.

En Trujillo, todos los años estudiados registran alguna defunción por esta causa, pero las cifras no son muy significativas.

En las actas municipales aparece una mención de esta enfermedad; en una reunión municipal, un concejal expone la muerte de una niña a causa de la difteria y que sus padres tienen guardadas sus ropas en espera de que el ayuntamiento les abone su importe por quemarlas.

Este hecho curioso tenía una razón de ser; debido a las precarias condiciones económicas del trujillano medio, habría sido un lujo el desprenderse de unas ropas que bien podría aprovechar algún familiar de la difunta. Por ello el ayuntamiento obligaba a quemar estas ropas probablemente infectadas y a cambio daba una compensación económica a la familia. Esta medida estaba destinada a evitar el contagio entre los miembros de una familia.

Como ya hemos señalado, la difteria no presenta en Trujillo caracteres epidémicos, su incidencia es «normal» dentro del cuadro de enfermedades infecciosas del siglo XIX español.

e) Tuberculosis: Esta enfermedad en su variedad pulmonar es conocida vulgarmente como tisis «compañera inseparable del hacinamiento, de la desnutrición, de la miseria…”[11]. Es la enfermedad más característica del, proletariado urbano, surgido con la Revolución Industrial. Azotaba a las grandes concentraciones humanas, los barrios obreros surgidos en torno a las fábricas, donde el aire puro era sustituido por el contaminado que desprendían las chimeneas; donde sus inquilinos padecían una subalimentación que debilitaba sus organismos, donde la higiene más elemental era tenida por un lujo, donde el hacinamiento favorecía el contagio….

Sin embargo, la enfermedad no es exclusiva del proletariado urbano, sino que ejerció su dominio de manera endémica sobre la ciudad y el, campo español. En las clases acomodadas la enfermedad tiene una marcha más lenta, debido a la mejor alimentación y a los mejores cuidados del, enfermo.

En el núcleo trujillano la tuberculosis produce muertos en todos los años del- periodo estudiado, siendo su incidencia anual variable. Esta incidencia anual, pone de manifiesto su carácter endémico y su aportación constante a las tasas de mortalidad trujillanas.

f) Tifus: El, tifus o fiebres tifoideas, es otra de las enfermedades infecto-contagiosas compañera habitual del hombre decimonónico. Bajo esta denominación se incluyen distintos tipos cuyas bacterias se transmiten, por lo general, de manera indirecta, bien a través de ciertos animales (tifus exantemático, piojo verde) o bien mediante el agua y los alimentos contaminados (tifus abdominal).

En el siglo XIX español, en el que la higiene de las casas y ciudades dejaba mucho que desear, la contaminación de las aguas por los vertidos residuales era un hecho común, siendo las infecciones en verano y otoño.

En Trujillo la incidencia del tifus durante el periodo estudiado es variable, encontrándose muertes por esta causa en todos los años de dicho periodo.

A medida que las ciudades, pueblos y viviendas iban mejorando el sistema de alcantarillado y conducción de aguas, el tifus remitía lentamente.

g) Paludismo: Ha sido la principal causa de mortalidad infantil a lo largo de toda la historia hasta la II Guerra Mundial. Es sinónimo de malaria y se transmite al hombre por la picadura de la hembra del mosquito Anopheles. Es una enfermedad típica de zonas templadas y pantanosas, aunque se encuentra difundida en todo el mundo.

Su incidencia en Trujillo durante el periodo estudiado es poco notoria, no llegando a ser las cifras de muertos por esta causa significativas.

h) Gripe: Burnet señala que «… en comparación con el carácter endémico y la mortalidad elevada de enfermedades como viruela, cólera, tifus, etc., la aparición de la gripe podía calificarse de tranquilizadora»[12].

Está producida por un virus específico que presenta gran variabilidad en el curso de la epidemia y afecta principalmente a niños y ancianos. Aunque es una enfermedad muy frecuente no deja inmunización, dadas las características del agente que la provoca.

Su incidencia en Trujillo durante la segunda mitad del siglo XIX es importante, sobre todo a partir de 1881, cuando se produce un brote que desaparecerá en 1900.

2. Otras enfermedades.

Una vez analizada la influencia de las enfermedades infectocontagiosas en la mortalidad trujillana, pasemos al resto de las causas de mortalidad, según la clasificación antes señalada.

El peso numérico de las defunciones por causa de enfermedades del aparato nervioso, circulatorio, respiratorio y digestivo es variable en los cincuenta años estudiados. Dentro de ellas se incluye una amplia tipología que recoge todas aquellas que pueden ser consideradas causas normales de mortalidad y que no requieren un mayor estudio para nuestros intereses.

Como conclusión de este análisis de las causas de mortalidad en el Trujillo de la segunda mitad del siglo XIX, diremos que como en el resto de España la mortalidad se mantuvo alta y que “… la disminución no se debe a una reducción de las epidemias y a una mejora en las condiciones higiénico-sanitarias, sino a un mejoramiento de la alimentación»[13] que fue manifiesta una vez superadas las crisis de subsistencias que afectaron a la población decimonónica.

APÉNDICE:

TABLA I

AÑO TOTAL % SOBRE EL TOTAL
1855 17 8,5
1858 1 0,4
1864 1 0,4
1886 1 0,4
1888 1 0,4
1894 2 0,7
1895 1 0,4

Defunciones a causa del cólera en Trujillo (1855-1895)

TABLA II

AÑOS TOTAL TASA AÑOS TOTAL TASA
1851 2 0,9 1875 1 0,5
1852 25 11,9 1876 1 0,4
1857 7 2,4 1884 3 1,2
1858 8 3,2 1891 61 19,9
1866 7 3,4 1892 5 1,8
1867 54 21,6 1896 1 0,4
1868 7 3,4 1897 3 1,4
1873 1 0,4 1898 49 16,6
1874 9 4,2 1899 5 2,1

Muerte por viruela en Trujillo (1851-1899)

TABLA III

AÑO TOTAL % AÑO TOTAL % AÑO TOTAL %
1852 3 1,4 1871 1 0,4 1890 8 2,5
1853 1 0,6 1872 35 14,4 1891 1 0,3
1857 1 0,3 1873 1 0,4 1893 2 0,8
1859 4 1,7 1874 1 0,4 1894 1 0,3
1860 1 0,4 1879 2 1,0 1895 8 3,4
1864 1 0,4 1880 1 0,4 1896 1 0,4
1865 51 21,4 1884 2 0,8 1897 10 4,7
1870 1 0,4 1888 4 1,8

Muertes por sarampión en Trujillo (1852-1897)

TABLA IV

ESTACIONES DEL AÑO 1865 1872
Primavera
Verano 5
Otoño 42 35
Invierno 4 5

Estacionalidad de las defunciones por sarampión (1865 y 1872)

TABLA V

AÑO TOTAL % AÑO TOTAL % AÑO TOTAL %
1852 1 0,4 1882 2 1,0 1894 3 1,1
1857 1 0,3 1885 1 0,4 1895 1 0,4
1859 1 0,4 1890 2 0,6 1896 1 0,4
1862 1 0,4 1892 2 0,7 1899 1 0,4
1863 2 0,7 1893 4 1,7

Muertes por difteria en Trujillo (1852-1899)

TABLA VI

AÑO %TUBER-CULOSIS %TIFUS AÑO %TUBERCULOSIS %TIFUS AÑO %TUBERCULOSIS %TIFUS
1851 0,4 5,2 1868 1,4 7,9 1885 7,4 2,4
1852 0,4 4,2 1869 2,6 5,8 1886 7,8 2,1
1853 1,2 5,5 1870 6,3 3,3 1887 8,8 2,9
1854 1,9 4,4 1871 3,7 5,6 1888 3,6
1855 6,5 1872 1,6 4,9 1889 6,3 0,4
1856 2,5 9,0 1873 5,1 3,2 1890 6,0 0,9
1857 4,2 3,9 1874 4,2 3,7 1891 6,2 1,3
1858 2,4 5,6 1875 4,0 0,5 1892 7,0 2,9
1859 1,7 3,5 1876 3,5 2,6 1893 10,2 1,7
1860 5,3 1,7 1877 8,4 1,6 1894 4,6 0,7
1861 4,2 1,4 1878 2,0 1,5 1895 6,0 1,7
1862 2,8 3,4 1879 7,8 2,0 1896 4,2 0,8
1863 4,7 1,9 1880 1,9 1,4 1897 4,7 0,9
1864 5,2 2,8 1881 1,7 5,7 1898 4,7 0,3
1865 3,3 1,6 1882 3,7 2,1 1899 2,9 0,8
1866 3,4 2,8 1883 5,0 4,0 1900 5,2 0,8
1867 6.0 0,4 1884 6,8 0,8

Tanto por ciento de defunciones por tuberculosis y tifus en Trujillo (1851-1900)


NOTAS:

[1] MERINERO, M.J.: GARCIA, J.; y SANCHEZ MARROYO, F.: Historia de Extremadura. Los tiempos actuales. Badajoz: Ed. Universitas, 1985.

[2] Archivo Municipal de Trujillo. Legajo 456. Actas Municipales. Sesiones de los días 20 y 29 de Julio y 1 de Septiembre de 1854.

[3] Ibid. sesiones del 8 y 9 de Noviembre y del 4 de diciembre de 1854.

[4] A.M.T. Leg. 467 Actas Municipales. Sesiones del 2 al. 30 de octubre y 16 de noviembre de 1865.

[5] NADAL, J.: La población española (Siglos XVI al XX). Barcelona: Ariel, 1976, p. 157.

[6] Ibid. p. 159.

[7] A.M.T. Leg. 486. Actas Municipales. Sesiones 7 de julio de 1884 y 15 de septiembre de 1885.

[8] A.M.T. Leg. 475. Actas municipales. Sesión 20 de octubre de 1873.

[9] A.M.T. Leg. 476. Actas municipales. Sesión 24 de febrero de 1874.

[10] A.M.T. Leg. 493 Actas Municipales.

[11] NADAL, J.: Obr. cit., p. 167.

[12] BURNET, M.: Historia de las enfermedades infecciosas. Madrid: Alianza, 1967, p. 298.

[13] ROMERO DE SOLÍS, P.: La población española en los siglos XVIII y XIX. Madrid: Siglo XXI, 1873, p.278.

Oct 011987
 

Avelina Rubio Garlito.

Con el estudio de la infraestructura sanitaria e higiene pública de Trujillo durante la segunda mitad del siglo XIX, pretendemos acercarnos a las condiciones reales que enmarcaban la vida cotidiana del hombre decimonónico.

Por ello nos ha interesado saber qué o quienes cuidaban de su salud, como se velaba por la buena calidad de los productos que eran consumidos en la ciudad, por el adecentamiento de fuentes y albañales, en definitiva, cómo estaba estructurada la red sanitaria e higiénica.

I.- INFRAESTRUCTURA SANITARIA.

A la hora de estudiar la infraestructura sanitaria comenzaremos por las juntas de sanidad, organismos creados por el gobierno central para que velasen por la buena salud y el cumplimiento de la normativa sanitaria en los pueblos:

Juntas de Sanidad

La sanidad trujillana del siglo XIX estaba en manos de la Junta de Sanidad; ésta se creó en 1819 por orden del ministerio de la Gobernación.

A raíz de la sospecha de contagio de fiebre amarilla en la isla de Mallorca, y para impedir su propagación por el resto de la nación, el gobierno crea estas juntas de sanidad con carácter provincial y local (situadas en la cabeza de partido, con juntas delegadas en los pueblos que lo integran), cuya principal misión era poner en marcha una serie de medidas preventivas contra la epidemia y luchar contra ella una vez desatada.

Las Juntas de Sanidad estaban formadas por vocales, que, la mayoría de las veces, pertenecían también a la corporación municipal. Así vemos como, en el momento de su creación, 25 de agosto de 1819, la Junta estaba integrada por el alcalde, el vicario, el síndico, el médico y el Marqués de la Conquista (gran hacendado del municipio que participa en numerosas comisiones y juntas).

Personal médico

En cuanto a la situación del personal médico en Trujillo, hay que señalar que, hasta 1852, los ganaderos de la ciudad aportaban una subvención con la cual se ganaban los honorarios de los facultativos. Pero en este año los ganaderos exponen en el Ayuntamiento la retirada de esta subvención, por lo que los médicos dimiten de su cargo, debido a la falta de pago de su salario.

Ante esta situación, el ayuntamiento decide realizar por si mismo la contrata de los médicos con las siguientes condiciones:

  1. Los médicos deben ser doctores o licenciados
  2. Deben atender a los pobres gratuitamente
  3. Temblón atenderán a los enfermos de la cárcel, hospital, cuarteles y arrabales.
  4. De los fondas de propios se les paga su sueldo que es de 4.125 reales anuales.
  5. El precio por visita que deben cobrar a los enfermas pudientes es de dos reales.

En 1853 los vecinos de los arrabales solicitan un médico para estos, quejándose de que los dos existentes en la ciudad son insuficientes para atender a la población.

El Ayuntamiento, conforme con la necesidad de un nuevo facultativo, acuerda pedir un aumento del presupuesto municipal para hacer frente a los gastos que supone la creación de la nueva plaza.

El Gobernador Civil acepta la petición del ayuntamiento trujillano y ordena la creación de una plaza de cirujano para atender a los arrabales, cuyo sueldo se pagará con nuevos arbitrios. Sin embargo, el ayuntamiento, para no gravar al vecindario con nuevos impuestos, expone al gobernador la existencia de unos fondos que no han sido utilizados, por lo que propone que este dinero sea destinado a sufragar los gastos del nuevo facultativo.

Los médicos de la ciudad tenían un contrato por cuatro años, con un sueldo anual de 2.000 pts, pagaderas trimestralmente, que se sufragan de los fondos de propios. Esta especie de «seguridad social municipal” se extendía a la población menesterosa de la ciudad. El Real Decreto de 9 de noviembre de 1864 establece los servicios gratuitos de medicina y farmacia a los pobres de cada municipio, a cuenta de los fondos de propios. Para determinar quienes son realmente pobres, se pide a los párrocos que elaboren una lista con el nombre de sus feligreses pobres y extiendan unos certificados a los mismos. Con estos documentos se elaboraba anualmente el censo de pobres, que se entregaba a los médicos para que atendieran gratuitamente a los allí inscritos.

Además de la atención médica, los pobres también recibían asistencia en el hospital y medicinas con cargo a los fondos municipales.

La asistencia municipal cubría a todos aquellos que no tenían medios propios para procurarse asistencia médica y sanitaria. Independientemente de los servicios a los pobres, los médicos realizaban visitas particulares, cobrando los honorarios establecidos.

Otra de las funciones de los facultativos se refiere al asesoramiento al ayuntamiento y control de medidas sanitarias e higiénicas para la ciudad.

El número de médicos para la ciudad y arrabales era normalmente de dos, aunque en algunas épocas y por circunstancias especiales se aumentaría.

Esta supone que a finales del siglo XIX existía en Trujillo un médico por cada cuatro mil habitantes, cifra bastante significativa del nivel de la asistencia médica en la ciudad y en general en España.

Infraestructura hospitalaria

La ciudad de Trujillo había contado en la etapa anterior a la que nos ocupa, con tres instituciones hospitalarias:

  1. El hospital de Espíritu Santo, se crea a finales del siglo XVI como fundación de los Barrantes, Orellanas y también del Concejo. En esta época fue el más rico de Trujillo, debido a los bienes que le legó Hernando de Orellana «El Viejo» que rentaban 200.000 maravedíes. Este hospital desapareció a comienzos del siglo XIX debido al estado ruinoso que presentaba después de la Guerra de Independencia.
  2. Hospital de San Lázaro: Situado en los extramuros de la, ciudad y beneficiado por el primer Conde de Canilleros. Atendía a los pobres de la ciudad y desapareció antes del siglo XIX, periodo en que fue utilizado como lazareto.
  3. Hospital de la Caridad: comienza su construcción en 1578 obra de los cofrades de este nombre y que contó con el apoyo del ayuntamiento. Su misión era prestar asistencia a los pobres de la ciudad. Después de la Guerra de Independencia dejó de funcionar debido a su lamentable estado de ruina.

Una parte de los bienes de este último hospital fueron salvados y administrados por el ayuntamiento en beneficio de los pobres. Se estableció una casa donde se atendía a los necesitados, hasta un total de ocho enfermos.

Estas plazas eran insuficientes, por ello se decidió ocupar un local más grande y en 854 se solicitó al obispado el edificio que fue de los frailes alcantarinos y que estaba abandonado.

El obispado accede a esta petición, pero, para que sea legal la solicitud se eleva a la reina Isabel II y, por Real Orden de 1 de mayo de 1865, se establece que el Diocesano obtenga de S.S. el correspondiente Breve, que otorgue definitivamente el edificio a la Beneficencia Municipal. Una vez concedido el Breve, el auto de cesión definitiva tiene lugar en 1867.

El ayuntamiento realizó algunas obras en el hospital y en 1890 consiguió que las Religiosas Amantes de Jesús, que tenían casa en Don Benito, se hicieran cargo de los enfermos. Las monjas estuvieron en el hospital hasta 1894, cuando debieron abandonarlo al no garantizarles el ayuntamiento su manutención.

En 1901 el Marqués de Albaida se hace cargo de los gastos para el mantenimiento de dicho hospital. Hernando Pizarro en 1578 establece en su testamento, y en un codicilo posterior, que se edifique una iglesia colegial y un hospital para atender a los pobres de la ciudad, dotándole de las rentas necesarias para su mantenimiento. Sin embargo, ninguna de ambas construcciones se llevaron a cabo, limitándose sus patronos a dar limosna a los pobres.

Cuando en 1910 por la Real Orden de 22 de febrero, se aprueba que el hospital sea sostenido con las rentas del patronato de los Pizarro, estas se encuentran muy disminuidas por los numerosos gastos de los descendientes de Hernando en pleitos. El mencionado hospital llamado de la Inmaculada Concepción dejó de funcionar en la década de los 70 del presente siglo.

Como hemos podido comprobar, para el periodo que abarca nuestro estudio, Trujillo cuenta con un solo hospital para atender a su población y a la de la comarca. Este hospital, que hasta comienzos del siglo XX, fue de mantenimiento municipal, sufrió de penurias y estrecheces económicas; otra pincelada más para el desolador cuadro sanitario que presentaba Trujillo en el siglo XIX.

Vacunaciones

Las vacunas contra diversas enfermedades, algunas de las cuales fueron descubiertas y comenzaron a utilizarse en el siglo XIX, supusieron una eficaz medida de lucha contra la enfermedad.

Las campañas de vacunación eran emprendidas por las autoridades sanitarias como único medio, en la mayoría de los casos, para luchar contra la epidemia.

En Trujillo tenemos constancia durante el siglo XIX, de que se llevaban a cabo estas campañas de vacunación de la población de la ciudad y arrabales.

Las actas municipales señalan los años en que las vacunaciones se llevaban a cabo, aunque el resultado 8e las mismas no siempre fuera satisfactorio.

II.- HIGIENE PUBLICA.

Limpieza de la ciudad

Los adelantos higiénicos ave tuvieron lugar en el último tercio del siglo XIX, supusieron una importante mejora de la salubridad de los pueblos y por lo tanto, de la salud de sus habitantes.

En España hasta el Estatuto Municipal de 8 de marzo de 1924, no se cumplen las medidas establecidas sobre saneamiento público.

En el núcleo trujillano las disposiciones sobre este asunto, aparecen en las actas municipales ya a comienzos de nuestro periodo de estudio. La preocupación por la limpieza y el aseo de la ciudad, es constante en la corporación municipal, que pone en marcha las medidas necesarias para su consecución. Algunas de estas medidas son:

  • Creación de una plaza de policía urbana que vigile el aseo de la ciudad
  • Prohibición de verter basuras en determinados puntos de la ciudad
  • Obligación del vecindario de hacer desaparecer los focos de infección de sus casas
  • Limpieza de las fuentes públicas y pozos que sirven de suministro de agua a la ciudad. Las medidas de limpieza de las fuentes públicas eran más estrictas en época de sequía, cuando el agua escaseaba y era necesario mantenerla en las mejores condiciones para el consumo humano. Por ello vemos como, en época de sequía, se prohíbe lavar en las fuentes públicas bajo castigo de multa.
  • Limpieza de las charcas próximas a la ciudad para evitar posibles emanaciones perjudiciales a la salud. Estas charcas eran: La Albuera, La Alberca, La de San Lázaro, etc. En algunas de ellas, como por ejemplo La Alberca, aparecen inscripciones en piedra que informan de la fecha en que fueron limpiadas.

Además de las medidas de limpieza de calles y fuentes, existen otras dos que son fundamentales en el saneamiento de toda población:

  • Una red de distribución de aguas potables
  • Un sistema de alcantarillado que permita la evacuación de las aguas residuales

Por lo que respecta a la primera, en el Archivo Municipal de Trujillo encontramos varios proyectos de obra para la conducción de aguas de la Garganta de Santa Lucía, de donde se surte la ciudad, y para su posterior distribución por la misma. El proyecto de conducción de aguas definitivo que se llevó a la práctica fue el de 1899, que aún permanece en nuestros días con algunos arreglos., de todo necesarios.

En cuanto al sistema de alcantarillado, aunque existía en algunos puntos de la ciudad, la red definitiva no se construye hasta comienzos del siglo XX.

Los vecinos de la ciudad eran los primeros que solicitaban la construcción de alcantarillas, pues comprendían su acción favorable en la higiene general. Así, en las actas municipales aparecen numerosas peticiones de los vecinos en este sentido, como la llevada a cabo por los residentes en la calle del Espíritu Santo, que solicitan se construya una alcantarilla en dicha calle; o la de otro grupo de vecinos que piden la construcción de albañales en todas las calles de la ciudad, vistas las ventajas a la salubridad pública que ha proporcionado la construida en la calle Sola.

Atendiendo a estas y otras peticiones, el ayuntamiento determina en 1865 la necesidad de poner en marcha las obras de alcantarillado. Aprovechando la construcción de la carretera que va desde El Campillo a la calle del Mayor Dolor, se propone la construcción simultánea del alcantarillado, lo que supondría un gran ahorro de fondos. Sin embargo, la red de alcantarillado de la ciudad no se llevará a cabo hasta tiempo después, como ya hemos señalado.

Cementerios

Otro punto importante en la higiene pública de una población es referente a la ubicación y condiciones de los cementerios.

En 1861 se expone al ayuntamiento la necesidad de construir un nuevo cementerio, pues el existente resulta insuficiente e insano para la salud pública al estar situado dentro de la población. La corporación municipal, atendiendo a esta petición del todo necesaria, emprende las obras del nuevo cementerio, que se concluyen en 1870.

Para el mantenimiento de las buenas condiciones en los cementerios, la junte de Sanidad establece una serie de medidas en 1886:

  • Reparación de los sepulcros en mal estado.
  • Todo sepulcro debe tener su inscripción.
  • Los cadáveres deben cubrirse con cal viva en los sepulcros, para evitar emanaciones

Estas medidas rigen también para los cementerios privados.

En 1880 existen en Trujillo varios cementerio4 todos ellos católicos:

  • Cementerio de la Vera Cruz
  • Cementerio del arrabal de Ánimas
  • Cementerios de conventos religiosos: Sto. Domingo, Sta. Clara, San Pedro y Sta. María.

Mercados

Por último hay que señalar algunas notas sobre las condiciones higiénico-sanitarias de tiendas y mercados, necesarias para la buena conservación de alimentos de consumo humano.

En el Archivo Municipal hemos encontrado un Reglamento para la Plaza de Mercado del año 1897 en el que podemos observar la reglamentación municipal sobre este tipo de establecimientos. En él se señala como el inspector de carnes debe revisar éstas, para impedir la entrada en el mercado de carnes que no hayan sido degolladas en el matadero y de las que no ofrezcan buenas condiciones para la venta; lo mismo hará con el resto de los productos alimenticios. La vigilancia de la calidad de los productos era necesaria para garantizar unas condiciones mínimas de aptitud Para el consumo humano.

La no observancia de las normas establecidas por Parte de los vendedores, se castigaba con el pago de multas, que oscilaban entre 5 y 25 pts.

La limpieza de los puestos de venta, es también un punto esencial, como se señala en el mencionado reglamento.

Se centraliza la venta de productos alimenticios en el mercado, por ser más fácil de controlar allí. Además, el mercado ofrece una serie de medidas higiénicas de las que carecían los puestos particulares o ambulantes.

Como vemos, la reglamentación en materia de sanidad e higiene existía en el municipio trujillano, otra cosa seria su cumplimiento, tan necesario para mantener unas condiciones óptimas para la salud humana.

Cuando las autoridades y población comprenden la necesidad de establecer y cumplir estas normas para beneficio de todos, se habrá subido un peldaño en la lucha por la consecución y mantenimiento de la salud e higiene públicas y con ello se habrá avanzado en la tarea de prolongar la vida humana.