Oct 011993
 

Benigno Domínguez Cuesta.

Ninguna ocasión anterior se presentó tan propicia a mi pluma como esta de las Bodas de Plata del C. I. T. para hacer una incursión en la conciencia histórica de cuanto supuso la Extremadura de la retina. Si algo está destinado a permanecer de toda celebración y es digno de ser recordado, es aquello que nos conmovió por entrañable.

Es rastreable toda huella que permanece de alguna forma archivada en la escritura, pero no lo es menos la que nos fue transmitida inexplicablemente por la propia fisonomía de nuestra madre Extremadura.

El empeño que me guía, no tiene fronteras, quisiera aunar los sentimientos de cuantos conscientemente se ocuparon de dejarnos descripciones literarias como de tantos que por accidente fueron al Índice General del celebrado Archivo de Indias en Sevilla.

Al caso, es igualmente válido el testimonio de los que volvieron poderosos de la gesta para establecerse y fundar mayorazgos o esos otros, los más, que luego de prolongarse la provisionalidad de su viaje necesitaron continuar unidos con los de acá mediante la escritura, de los que tenemos noticias gracias a la protocolaria administración y sus hábitos archivadores.

Entre los que fueron conscientes de estar escribiendo la Historia, traigo por ejemplo a P. Las Casas cuando dice: «e que la peor de ellas -se está refiriendo al archipiélago de las Antillas- es más fértil que la Huerta del Rey de Sevilla».

Las distintas Extremaduras de la diáspora que en cada extraterrado se han ido acumulando, tienen la expresión más plástica en esta que quiero llamar » La Extremadura de la retina». Lo permanente se viste de la levedad de lo efímero. Mi paso habrá participado de esta realidad incuestionable del paisaje cuanto más intrascendente sea mi persona en el fallido intento de hablar con la voz de los elementos.

LA EXTREMADURA DE LA RETINA

A) PRELIMINAR

(Reanudante estado latente de la memoria de cuantos pioneros extremeños participaron del descubrimiento y la conquista del Nuevo Mundo.)

Para que desde el comienzo se me entienda, busqué esta ponencia en la que poder disfrutar, al menos, de la recompensa de lo que la retina está dispuesta a apreciar. Y porque es la Extremadura de la retina, una Extremadura de todos.

Para hablarles de un ente cual es la patria de los extremeños, ninguna entidad tan subjetiva cual es la tierra de Extremadura, sus venas de agua y sus climas.

Me sitúo en un tiempo heroico, ya lo hizo Homero cuando dio al mundo su particular visión de la patria de los griegos. Antes de que las palabras de esta intervención predisponga los ánimos a pensar en situaciones a los que no me sería grato acudir, aclaro que para mí -y de esto tampoco quedó libre Homero- la Historia, la tradición oral, nos dio una materia originaria con la que sin grandes aportaciones imaginativas se pudo recrear,

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*Catalogación realizada en El Archivo de Indias (Sevilla), por Enrique Otte. Según sus datos de estas cartas, pertenecen a Badajoz 23.A Cáceres 14.Destinadas a 78 Lugares de Extremadura.

Bajo el sello de sus personalidad, las cualidades del sistema cultural que con el tiempo se convino en llamar la cultura de Occidente.

El hombre más alejado de la pequeña- «Gran Historia», de Extremadura y que por el azar un día se encontrase en posesión del formidable manojo de Cartas de Particulares de Indias *, una vez leídas sospecharía que quienes las escribieron pertenecieron a una entidad equiparable por su marco y los acontecimientos históricos que describen al espacio arqueológico de una etapa histórica única para ese pueblo, como lo fue la Grecia heroica para Homero.

Aquiles, Agamenón, Ajax, Menelao, Hétor: sus grandes ejércitos y abundantes naves, las disputas por los trofeos de guerra y el pugilato por alcanzar honores en razón a sus personales hazañas, son de este lado del espejo meros modelos de los que inexorablemente van a beber los hechos de nuestros Pizarros, Hernán Cortés, Pedro de Valdivia…Allí como aquí la voz del pueblo no se levantó. En una sociedad aristocrática solo tienen protagonismos los reyes. Una vez más en la Historia de la Humanidad, el pueblo fue el soporte de los hechos y sufrirá el hurto de su protagonismo en beneficio de los amparados por los dioses. También aquí, la Extremadura que va a la conquista de las Indias está vertebrada desde las poderosísimas Órdenes. El poder temporal y el espiritual de las Ordenes se deja sentir presente en cada hombre. Para los que escribieron esas misivas a las que anteriormente se hizo referencia, no las ignoraron, para que sus escritos llegasen sin problemas, no era tan definitorio el término Extremadura como…» tal lugar de la Orden de…Alcántara, Santiago etc.

Cada hombre, a parte de claves definitorias de su territorialidad extremeña, manifiesta unos rasgos elitistas que lo enmarcan dentro de la casta a la que pertenece. El vasallaje, es a pesar de lo avanzado de la época, el renuente que más se deja sentir en su pensamiento. Es tan claro el hecho que quien es señor de vasallos ha alcanzado la igualdad de trato con su antiguo dueño. Para los nuevos americanos todos los castellanos en tal sentido son señores.

De Grecia, de su tiempo y de las grandezas que el mundo venidero halló, se ha escrito loando. De lo nuestro, de aquel sentimiento de Conquista, de la fructificación de una raza en tierras que inmediatamente eran asimiladas, nos ha quedado tan solo el lado amargo y el costurón de una herida que por más años que pasen no nos deja de manar pestilencias.

Extremadura venía siendo sin que existiese América. Extremadura para el hombre de hoy no es reconocible sin el intento de comprender la epopeya de la Conquista. Como en todo lo Indiano, cuanto es cultura va a ser de ida y vuelta. El mestizaje se impregna tanto en la sangre como en las geografías. Se modifican las fisonomías de las tierras no exploradas y en la Extremadura añosa se sufren las transformaciones por el empuje del oro de los indianos creando casas fuerte, mayorazgos y señoríos.

Esa Extremadura «Americana» habla hoy a los ojos de quien acierte a distinguirla en la retina. Exige, eso si, hacer el peregrinaje. Está aquí y también al otro lado del «lago» -Lago y Charco, cariñosamente lo dieron en nombrar los indianos en las epístolas a sus parientes-.

Muchas Extremaduras empezaron a nacer entonces. Muchas Grecias le deben hoy a Grecia haber sido la madre de Occidente… ¿Por que avergonzarnos?…

Alguien puede salirme al paso precisando que el asunto de América fue empresa Española, Misionera, Real o del Papado…Y yo no diré que no. EL Helenismo sin Roma nunca hubiese gozado de universalidad. ¡Pero eso ¿Que importa?!

A Roma lo que es de Roma y a Grecia su idiosincrasia, su parto y el reconocimiento de la legitimidad del hijo que parió para disfrute de los siglos venideros.

El canto de todo un pueblo en la desnudez de lo cotidiano cuando ya las gestas son la MEMORIA, se guarda en cartas a privados. Son ellos la voz del Homero que a Extremadura le ha faltado -al menos yo no lo conozco-. La memoria colectiva de Extremadura, no es menos rica, por el contrario, es más, mucho más rica de lo que aparentan sus ya mitificadas piedras catalogadas por el reconocimiento de patrimonio de la Humanidad.

Si no un Homero, hoy se empieza a hacer un poco de esa justicia que la historia jamás le hizo. Cierto que no es esto lo único -con ser de justicia- lo que Extremadura hoy demanda.

La leyenda que corrió de boca en boca, no la propagaron lenguas foráneas, ni fue fruto de malquerencias. Tendremos la ocasión de cotejar en que opinión tenían por ejemplo, los indianos hijos de Trujillo a su tierra. Los más la nombran: «tierra tan miserable «*. Estoy por decir que estos trujillanos eran sinceros cuando decían: «Así que haríais muy gran placer en quitaros de esa miseria y veniros acá y dejar esa ruin tierra porque no es más que para quién tiene mucho dinero»*

A pesar de todo, quién así renegaba de lo propio, con el justo derecho de hacerlo, no deja de sentir un flujo de fuertes emociones de infancia y de crecencia; de vecindad solidaria con los desheredados sus iguales, teniendo muy presentes los grandes espacios abiertos, las incomparables perspectivas de la Extremadura de la Retina.

Tiempo habrá en la disertación que resta para acudir a las autoridades, es decir a cuantos alternaron pluma y espada. Se me antojó prometedor el cotejo ya iniciado de las duras calificaciones que aquellos extremeños de a pie dejaron escritas sin más pretensión que aleccionar a sus allegados. Tal es el tono de sinceridad que algunos, no paran en el insulto y buscan el desafío para aquellos menos aventureros que no se deciden por América: «…Porque las nuevas que vienen de allá, son tales que meten grima, y cierto tengo creído, era más de lo que dicen, porque la tierra es tan mísera y tan lacerada que no sé cuales son las gentes, que en ella están…que a quien Dios quiso bien lo pasó a esta parte, por no saber las miserias de España, que bendito Nuestro Señor en estas tierras no habremos cuidado, haya año malo, que llueva que no llueva, no hay hambre en esta tierra»*

Para estas tierras de España claro que América era la tierra de provisión -sometidas a dos fuerzas de tenaza a cual más atenanzandoras, el clima extremo, de la basta y dura y los poderes señoriles herederos de hechos de guerra, que al hombre le tienen en consideración de gleba o vasallo, que no súbdito, adscrito a la propiedad, los más de ellos sin que en la vida hayan tenido ante ellos la presencia física del señor-. Para los que se quitaban el yugo, América era más aún que la tierra de provisión; era tierra bendecida donde se hacía posible el sueño irrealizable de invertir el destino de quien nació atado al señor haciéndolos por hechos de armas señores de vasallos…»…vos y mis hijos podéis gozar de estos indios…»* «Pues recia cosa será tornar a trabajar de nuevo y desasosegado. Pues aquí me gana otro de comer, y yo me paseo, y así será para siempre.»*

Los casos que vengo citando, para nada los consideraría anecdóticos, esa veintena de voces, son de hombres distintos,

*AMERICA 323.

Muestra aleatoria sin clasificación posible, donde se reitera machaconamente conceptos tales como:

«…Y os quitaredes de esa miseria que en la tierra hay, porque es cierto que no sé cómo os podéis sustentar. Acá ganaríais más en un mes a vuestro oficio que allá en un año…»* «… e ir a esa tierra no hay para qué, porque hay mucha pobreza y trabajo por allá, y acá pasamos mejor…»; «»…Y se quite de la miseria de esa tierra…»

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AMERICA 16O.

AMERICA 360.

AMERICA 413.

VISION GLOBALIZADORA DE LOS NUEVOS ESPACIOS A DOMINAR POR LOS COMQUISTADORES.

B) LOS CAMINOS INICIATICOS

Extremadura de caminos milenarios aportó al descubrimiento y la conquista un elemento humano definitorio, sobrante, rebosante del legado histórico de una tierra de fronteras, insertando en los vastos territorios a hombres marcados con el sino de la transcendencia. Cuando más tarde el extremeño acude para hacer asentamientos ya se han olvidado los míticos discursos del Almirante, ya nadie busca «…paraíso terrenal donde no puede llegar nadie, salvo por voluntad divina». Casi todo es explicable, ahora les importa menos buscar las explicaciones en las alturas. Los extremeños de ese momento saben que tierra pisan y no precisan buscarle explicaciones sobrenaturales paradisíacas a las magnitudes nunca antes conocidas de sus aguas y sus tierras. A diferencia de tantos que practican el «rancheo», el burdo comercio del «rescate», los extremeños andan en busca de nueva morada, les es intranscendente que la creación de América sea obra de cartógrafos, que en tantos casos la conocían menos que ellos forzados a patearla desentrañando sus intrincadas geografías. Estos si tuvieron el derecho de darle sus nombres: Américo Vespucio o Juan de la Cosa (Golfo de Venezuela). El hombre ocioso por oficio en las horas muertas de sus sueños juega a dibujar a «a-prender» la realidad que por su idiosincrasia se le escapa.

Estos saben dibujar, aquellos otros, solo, que no es poco, apropiarse del espacio posible en su retina. Sí. Ya lo dije: La Extremadura de la retina no es menos cierta que una América en la retina.

De esta Extremadura y de aquella América es sabroso testimonio, que sería un desprendido lujo desestimarlo, el de Reginaldo de Lizarraga, dominico, hombre de preparación universitaria, historiador. (1539, natural de Medellín. Extremadura) autor de: Descripciones del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile.»Dice:…más el tal dará muestras de un corto entendimiento, porque no creer los hombres sino lo que en su patria ven, es de los tales.» i en anteriores descripciones fue la voz no letrada, en el momento presente quiero dejar constancia de los ecos de las autoridades. El enseñante empieza por aleccionarnos y por razón de su autoridad se ha de creer en lo que no se ve, y sin embargo su substrato es de raigambre castua cuando dice:…porque no hablaré de oídas sino muy poco, y entonces diré haberlo oído a personas más fidedignas: Lo demás he visto con mis propios ojos y como dicen palpando con mis manos, por lo cual lo visto es verdad y lo oído no menos «*.

La insistencia con que a fuer de pesado me reitero sin que me sienta feliz y convencido por haber trasmitido la idea central de esta disertación no es chistosa y menos gratuita: Los ojos para mirar, para ver el alma. El ojo extremeño no podía escapar a los universales principios que gobiernan al hombre. Todo avance se cimenta en la constatación que siempre es reanudante estado latente de memoria. Y si adrede he empleado en un párrafo pasado la palabra «castuo», porque es donde el alma -en este caso la extremeña- se manifiesta en razón de niveles profundos , es porque he querido jugar un poco con el léxico: «…la tierra de todos estos valles es de buen » migajón» -dice Reginaldo de Lizarraga- la cual regada con las acequias…pero desde mayo comienza una garúa, llamada así de los marineros…son unas nieblas espesas, que mojan un poco la tierra)* En mi mente netamente extremeña se ha dibujado lapidaría una palabra que quiere maridaje : migajón de los castuos.

*Descripción del Perú, Tucumán, Ríos de la Plata y Chile.

Reginaldo de Lizarraga, dominico. (1.539 ó 1540) Nace en Medellín de Extremadura.

LA APROPIACION DE LOS GRANDES ESPACIOS

C) EXTREMADURA EN EXPANSION ULTRAMARINA.

Los pioneros de la conquista se enfrentaron a la inmensa geografía de tierras hasta entonces difícilmente comparables.

En los primeros momentos la confusión, fruto del desconocimiento, en nada ayudó a comprender la realidad. La fantasía se instala allí donde no llega la visión de la retina. Los muchos intentos con resultados infructuosos crean de una parte el mito de lo inalcanzable y de la otra el desprecio por lo que pueda existir en tierras en las que nada sostenible encontraron sus expedicionarios.

No es casual que la penetración esté sujeta a los flujos y reflujos individuales y que coincida el momento de las penetraciones más audaces con aquellos en los que el gesto individual de un hombre hace cambiar los pasos de la Historia. Hoy tenemos testimonios sobrados para trazar este perfil; por fortuna podemos hacer hablar a los testigos visuales, traerlos a la memoria que ellos, conscientemente, nos dejaron. Dice «Xeres»*: «…y será lo dicho, que los cristianos han hecho temor a los infieles y admiración a todos los humanos; porque ¿cuándo se vieron en los antiguos ni modernos tan grandes empresas de tan poca gente contra tanta, y por tantos climas de cielo y golfos de mar y distancia de tierra a conquistar lo no visto ni sabido? Y ¿quién se igualará con los de España? No por cierto los Judíos, Griegos ni Romanos, de quien más que de todos se escribe. Porque, si los romanos tantas provincias sojuzgaron, fue con igual, o poco menos número de gente, y en tierra sabidas y proveídas de mantenimiento usado con capitanes y ejércitos pagados. Más nuestros Españoles, siendo pocos en número, que nunca fueron juntos sino doscientos o trescientos, y algunas veces ciento y aún menos. Y el mayor número fue solo una vez veinte años ha, que fueron con el Capitán Pedrarias mil trescientos hombres. Y los que en diversas veces han ido, no han sido pagados ni forzados, sino de su propia voluntad y a su costa han ido. Y así han conquistado en nuestro tiempo más tierras que la que antes se sabía que todos los príncipes fieles e infieles poseían; manteniéndose con los mantenimientos bestiales de aquellos que no tenían noticias de pan y vino; sufriéndose con yerbas y raíces y frutas, han conquistado lo que ya todo el mundo sabe; y por tanto, no escribiré referente al presente más de lo sucedido en la conquista de la Nueva Castilla; y mucho no escribiré, por evitar prolijidad.»

La memoria escrita de Xérez, traída a la actualidad para el caso que nos ocupa pudiera parecer prolija. No me lo ha parecido a mí porque entiendo que con ella estoy apuntando el dardo de mi extremeñidad señalando a muy concretos fundadores. Estos no nombrados seres de la historia, hoy más conocidos en el campo de la leyenda, dieron continuas pruebas de arrojamiento creciéndose en hechos donde lo humano hubiese sido la flaqueza, de ese substrato ya apuntado de su origen, no temieron «la corná», porque: !Hambre por hambre! la de allí les podía encaminar a la fama. De ese meollo existencial sacaban fuerzas donde otros encontraron flaqueza. De desastre, que por la fuerza de la lógica y según el curso de los acontecimientos, otros hubiesen aprendido el escarmiento que desautoriza, a ellos le dio pie para invitar en desafío a la realidad y jugarle por farol la baza del destino concluyendo sus hazañas en la ya referida conclusión a que llegó «Xeres «* y que me permito repetir por concluyente ocupando el lugar de mis juicios, ya expresados prolijamente: «…han conquistado lo que ya todo el mundo sabe».

Sin llegar al barroquismo del andaluz Xéres, Diego de Trujillo,* de aguda y contreñida prosa, sugiere, más que dicta los modos y la forma en que él, acompanañando a sus heroicos paisanos, valiéndose de los mismos términos del lenguaje que a tantos nos es tan familiar, va forzando o casi alumbrando el nacimiento desde lo ignoto, de un paisaje conquistado. Con riesgo de perder lo general de mi afirmación esta que ahora transcribo, es una muestra de esa narración: «vimos un camino, que parecía una sierra arriba, y el Gobernador envió a Hernando Soto con cuarenta hombres, y yo fui con él a que siguiese aquel camino, hasta ver a donde iba a parar. Y empezaron a hallar tierra poblada, y al cabo de veinte leguas, dimos en un pueblo que se dice Cajas, de grandes edificios, y en él estaba un capitán de Atabalipa, con más de mil indios de guerra…»

A estos adelantados, que como ya se ha dicho cambiaron el sentido de la Historia, les cabían la Indias en la cabeza, tenían en sus ojos dibujado un continente parido de la Extremadura de la retina. Con el reanudante estado de la memoria de su tierra lentamente fueron apareciendo, guiados por indicios que el instinto amplía, tierras hermanadas para que sus ojos fuesen perfilando desde el sueño la realidad despojada de imágenes ficticias y forjando las Gobernaciones que nada tienen ya de irrealidad. Sí, para lograr sus fines acudieron a cuantos recursos puso el azar en sus manos, tales como tratar con un pueblo inocente, pero no sumiso. Vivir inmersos en la creencia y conducir las más de las veces a hombres famélicos y avarientos. El valor personal, la apostura en algunos casos. La astucia siempre e incluso a veces la crueldad. No les tembló la mano a la hora de planificar sobre el mapa de «las entradas» o luego ya a la hora de los repartos y el asentamiento de sus Gobiernos. Les guiaba el más pragmático de los realismos y la voluntad más responsable. Como hombres serios, nada pesaba tanto como poseer, la tosquedad y la gravedad era adorno deseado y deseable si se quería atesorar. La incertidumbre de un mañana descarga la conciencia, justifica la riqueza para quien todo se lo debe a ese mismo principio del que escapa, y hace bueno el dicho de que «…más cornadas da el hambre».

Entrevistas estas razones y supuestamente admitidas por el lector poco más necesito para llegar a la conclusión del enunciado de este capítulo:

Hombres crecidos en las abiertas perspectivas de la Extremadura de la retina fueron los que propiciaron el después de la retina capaz de la apropiación sin traumas por los grandes espacios de la incógnita América.

* Francisco de Xerez. Verdadera relación de la conquista del Perú….Por el magnifico y esforzado caballero Francisco Pizarro.

* Diego de Trujillo. Natural de Trujillo, participó en la Conquista del Perú.