Oct 011974
 

Ángel Paule Rubio.

Desde la cima Dios Padre nos tiende su mano. Sepamos ascender entre los espinos y abrojos de la vida.

Cuando un virtuoso da la pintura toma en sus manos un lienzo que represente, tal vez un retrato, bien un bodegón, puede que un paisaje, donde los colores mezclados en el crisol del artista, se han convertido en pinceladas certeras, expresivas, magistrales, exactas; no puede menos de exclamar y de entrar en éxtasis: Genial artista, perfecto artífice.

Ni artista, ni virtuoso, pero también me he extasiado. Era niño. Ascendí por la empinada falda, hasta la cima. Fatiga y sudor. Antecedentes de las cosas bellas. Mi mirada tropezó con paisajes salpicados de pueblecillos, adornados con retamas, perfumados con tomillos, jaras, piedras, conjugados en el mas bello tapiz que imaginarse pueda. Pensé en su Artista. Incliné la cabeza para levantarla con más ímpetu, hacia arriba: Dios Padre.

Que inteligencia mas preclara la de mis mayores. Dios Padre es el nombre de esta mole imponente. Baluarte de un pueblo. Ahí en el vértice de la pirámide hay una ermita Pequeña, recoleta, humilde, sencilla, como son las cosas grandes. Fe conjunta de dos pueblos: Santa Cruz de Paniagua y Villanueva de la Sierra. Ambos tributan culto a Dios Padre en la sierra que lleva su nombre. En Romería y el Lunes de Cruces, ambos pueblos desde laderas distintas ascendían hasta la mística ermita. Santacruceños, siguiendo las huellas del caminar de San Pedro Alcántara y Villanovenses ascendiendo por la Fuente de la Mora, célebre entre las cosas memorables de España. Abrupto camino. Difícil caminar. Confundidos ambos pueblos en Romería, con sones de tamboril y gaita y bajo la amorosa mirada del Padre pasan el día. Ora rezando, bien comiendo, ya danzando. Todo con mesura espiritualiza. Hoy solo quedan, cimientos, escombros, ruinas, materia. Se salvó la Fe, el amor a nuestro Padre común.

Vamos a intentar sacar del fango del olvido, del paso del tiempo, del correr de los siglos, de la inmadurez por la velocidad. Vayamos al pasado, aunque haya quien huya de él. Hay en él, virtudes que perduran, enseñanzas que estarán en presente, valores que cimentarán el futuro.

Situémonos en el espacio. Vayan por delante unos versos del Sr. Barrantes para hacer deducciones y aclarar conceptos:

«Tampoco en Extremadura -huelga una sola jornada
Entre Salamanca y Cáceres- hay una sierra muy alta,
que a Portugal y a Castilla -sirve a la vez de atalaya.
Su pico mas elevado- que hasta las nubes se alza,
aún de la Morisma impía -el recuerdo conservaba;
que jamás hollarlo pudo -ninguna planta cristiana,
hasta una tarde de invierno -que descalzo, casi a gatas,
cargada una cruz a cuestas -subió Fray Pedro de Alcántara
y al dulce nombre de Dios -allí la dejo clavada.
Decid,¿donde esta esa sierra, -(el rey portugués exclama)
que ir quiero yo en romería -a adorar asa cruz santa?
Esa sierra esta muy lejos: -Se llama sierra da Gata
y allí un pueblo se ha fundado, -que es Santa Cruz de Paniagua».

Romance entre el historiador Pedro Barrantes, el rey de Portugal Juan III y San Pedro Alcántara.

De aquí se colige que la Sierra de Dios Padre fue llamada por aquellos días, sierra de Gata. Aquí donde San Pedro de Alcántara, habitante de la ladera de esta colosal mole, cargado con el impresionante madero, pies desnudos, heridos por espinas y pedernales, alcanzo la cima, el gólgota, para clavar allí la cruz del Salvador. El Padre Huerta su cronista, describe muy bien esta ascensión. Solo era posible llegar a la eminencia del peñasco con ayuda divina. El pueblo que le seguía queda atrás. Solo, unas veces andando, otras de rodilla, con la cruz a cuestas, cual de si una pluma se tratara, enarboló el madero en lo mas alto del peñasco. Su propósito era que fuese estrella polar mirada de caminantes.

Al lado de la Cruz, unos pasos hacia al suroeste estaba la ermita de Dios Padre. La primitiva ermita.

Santa Cruz y Villanueva se confundían en oración. Ya en 1808, cuando la barbarie napoleónica azotó nuestro suelo se habla en Santa Cruz de la ermita de Dios Padre al lado de sus lares, en un torreón feudal, ermita donde viviera San Pedro. ¿Que había pasado? ¿Por que aquella disyunción? Tal vez por lo espinoso y abrupto del terreno, puede que por tener a su venerada imagen mas cerca del latir de sus corazones. Nada dice la historia.

Los villanovenses, arriba, en lo alto, siguieron aferrados al ingente macizo. Muchos años más debió durar allí su culto. Cada vez la ermita sufrió la embestida del tiempo, el furor de las aguas, el ímpetu del viento, la acción de las nieves, hasta que la ermita quedó en lamentable estado. La ermita no se reparaba.

La tradición cuenta que tres pastoras guardaban sus ganados en la Sierra. Siempre ante su mirada el estado lastimoso de la ermita. Pensaron llevarse a hombros la imagen. Consultaron al Párroco. Aceptó la idea. Traed la imagen. Colocadla en la Cruz de Piedra. Tal vez Baltasar Rubio Machado, o bien tío Marcos, apodado el «Cachimbo» bajaron la imagen. Tocaron campanas. La gente en masa acudió. En sus mentas había una idea. Dios Padre por propio poder había descendido desde lo alto. La Iglesia Parroquial cobijó sobre su renacentista retablo la imagen del Creador. Allí está. Todos los domingos la vemos. Es un anciano venerable, de barba blanca. Su mano derecha sostiene la Esfera Terrestre, rematada por una cruz. ¿Será la descrita la primitiva imagen? Nada hay escrito. Me inclinaría a pensar con mucha lógica, que no. Hay otro Dios Padre en nuestra Iglesia. En el curvilíneo frontón que cierra el retablo, en el tímpano hay un busto. Toscamente tallado, a golpes de azuela, con un agujero en la basa. Ello puede significar que estuviera colocado en lo alto de un palo o hierro circular o sobre pedestal, como las esculturas de las civilizaciones greco-romanas. Imagen sobria, anciana, decolorada, de paupérrimo modelado. ¿Será esta la que un día concediera favores a santacruceños y villanovenses en lo alto de la Sierra?

No responde. La dejo en el aire. Pensad la idea. Quitad el velo. Mi pensamiento ya lo sabéis.

La fiesta de Dios Padre reviste caracteres hermosos. Nos habla de un pueblo, de nuestro pueblo. Ella nos dice muchas cosas. Ella nos habla con voces penetrantes, amorosas, esperanzadoras. Nos dice como eran nuestros mayores. Nos empuja a ser generosos en el amor, sufridos en las desgracias, penitentes en el caminar, seguros en el llegar.

Es Domingo, suena el esquilón. Varios sacerdotes de los pueblos limítrofes llegan. El perdón en sus labios. Hay muchos hombres. Es para hombres. Las Mujeres realizan sus faenas caseras. Arrodillados en los bancos del templo, reclinada la cabeza, piensan, se arrepienten, dicen sus pecados al confesor y llenos de Dios Padre salen a la calle. Fuman y charlan. Vuelve a sonar el esquilón, llama a más hombres. No quedara ninguno. Es de noche. La Iglesia cierra. Llega el día, lunes de Cruces. Las campanas tocan. Cientos de hombres, solo hombres. La iglesia abarrotada. Es maravilloso. No lo olvidare. Comienza la primera Misa. Es interminable la apretada fila que se acerca a la Sagrada Mesa. Cuantos sacerdotes se han extasiado al ver este angelical espectáculo. Con Jesucristo en su alma y Dios Padre con la mano en bendición ¿quien podrá con estos varones fortísimos de Villanueva?. Marchan a sus casas. Esperan la Misa Mayor. Repicar de campanas. Ayuntamiento en Pleno marcha. El Sacerdote espera. Llega el Mayordomo. Lo acompaña un mozo con ramo de granado en sus manos, adornado de guirnaldas, roscas, dulces. Mozas cantoras van detrás. Piden permiso para entrar en la Iglesia. El mozo, enarbolando el ramo pone pie en el sagrado recinto. Van por el pasillo central. De losa en losa. Se paran. Cantan. Cada losa es el hito donde la comitiva de detiene justamente el tiempo que tarda cada estrofa en acariciar las paredes con suaves y emocionadas notas:

-Dos puertas tiene la Iglesia,
entremos por la mayor
para hacer la reverencia
al Divino Redentor.

-Al entrar en este templo
digamos: Ave María
Y contesten los de dentro
sin pecado concebida

-Al tomar agua bendita
consideremos cristianos
que sin ella no podemos
lavar culpas ni pecados

-Mozo, que llevas el ramo
llévalo con gran anhelo
que se lo vas a ofrecer
a Dios Padre, rey del Cielo

-Sigamos por la carrera
caminando hacia delante
para hacer la reverencia
a Jesús Dios nuestro Padre.

-El mozo que lleva el ramo
te pide de corazón
que tiene a su padre enfermo
y se lo pongas mejor.

-El ramo, la mayordoma
te ofrece de corazón
y nosotros lo cantamos
con toda devoción.

-Este ramo te ofrecemos
con entusiasmo y amor
de rodillas te pedimos
que nos des tu bendición.

Cuatro mozos con pañoleta al hombro, lino bordado, esperan. La imagen queda suspendida. Comienza la procesión. Abre el cortejo manga con Cruz de plata. Tintinear de esquilón. Niños, mujeres, ramo, Imagen, sacerdote, Ayuntamiento, hombres. Llega a la plaza. Dios Padre tiene bandera. Solo hay tres fiestas con bandera. Se detiene. Las filas se ensanchan. El abanderado de rodillas y en giros magistrales ondea la bandera. Tiene garbo. Va el mayordomo, no sin antes depositar su óbolo. Toma la bandera y con entusiasmo pone al Servicio de Dios todo su arte, todo su saber. Llega el turno al Sr. Alcalde. La gente mira. El tamboril mide con sus notas la velocidad del movimiento. Ha sido pausado. No fue así aquel mozo garboso. El tamborilero le azuza con sus rápido tocar. Sudor. La gente ríe. La banderas se ha liado. La procesión va camino del templo. Llega. Misa. Sermón. Falta algo más. Pueblo agrícola. Su campiña esta dividida en cuatro hojas Cada año los cereales doran sus espigas en cada cuadrante, mientras los otros tres se reponen de la esquilmación de sus fructíferos granos. Hay que bendecir los campos. Se canta la letanía de los Santos. Sacerdote y sacristán. Ambos en un ensamble perfecto. Que ilusión oírla cantar. Llegamos a las afueras. Cara al campo. Olor a incienso Dios Padre bendice los campos. Silencio. Fe. Esperanza. Ya camina al conjunto. Estamos en la iglesia. Hoy no hay rosario. Hay bollo.

Son las 4 de la tarda. Suenan las campanas. Tocan a bollo. Bello dulce. La gente en familia come el bollo en el Valle del Egido bajo los hermosos y corpulentos álamos. Uno, magistral, hizo historia (primer árbol que en el mundo se le hizo fiesta). Laguna verde. Se come. Jóvenes y menos jóvenes danzan al son del tamboril. Las viudas y enlutadas, están más allá, a un tiro de piedra. Los ediles del pueblo reparten vino. Es el vino de Dios Padre. No cuesta nada, paga el Ayuntamiento. Los oídos zumban. Baco se empeña en hacer bailar a los que no bailan, reír a los que no ríen, y llorar a los que ríen. Cosas del vino.

Mañana martes, también hay fiesta. La fiesta del «Bollo Preñao» Ayer fue la del «Bollo dulce». Pan amasado y relleno con trozos de chorizo, huevos. Después se cuece al horno. Es recio, fuerte, nutritivo. Al igual que ayer, el mismo escenario, la misma familiaridad iguales sones, distinto vino.

Si alguna vez mas necesitábamos la Misericordia de Dios. Cuando la santa ira de Dios, por los pecados da los hembras privaba de agua nuestros campos, volvíamos la mirada a nuestro Creador. Un novenario, unos cánticos impetratorios nos congregaban anta El. Nuestros campos sin savia. Dios Padre nos miraba con ojos de dulzura y regaba con generosidad de un Padre que perdona, bendice y llena de amor.

Meditemos, volvamos como entonces, llenos de fe y de esperanza, con los ojos clavados en Dios que fue nuestro principio y será nuestro fin.

Laus Deo.

A Vds. mis amigos, que en estas confraternarles sesiones de trabajo tenéis el ánimo dispuesto a quedar plasmado sobre el papel vuestras inquietudes os pido generosidad para este trabajo que al igual que el vuestro ha salido de alguien que también siente el duendecillo de la historia.

Un cordial saludo,
Angel Paule Rubio
27 Septiembre 1974