Oct 011983
 

Fray Patricio Guerín Betts.

Sobre el año y lugar de nacimiento de este muy ilustre personaje no hay noticia tan exacta e indiscutible como sería de desear. Se calcula que sería hacia el 1400 y en Trujillo. Vivió alrededor de setenta años y su vida se puede dividir en dos secciones muy marcadas: la nacional y la internacional.

En 1430 consiguió en Salamanca el título de bachiller en leyes. Por entonces era clérigo de Ávila, donde fue canónigo y también en Salamanca y Deán de Astorga. Desde 1436 licenciado en leyes y abad de Santa María de Husillos (Palencia). En 1438 el Papa Eugenio IV le concede beneficios en León y Palencia. Este mismo año es nombrado oidor del Palacio Apostólico y miembro del Tribunal de la Rota Romana.

Y a partir de entonces comienza la segunda parte de su vida, sin duda la más gloriosa y fecunda para la Iglesia Universal. Embajadas a Florencia (1438), Venecia (1439), Sena (1440). Legado del Papa en las Dietas de Maguncia (1441), Francfort (1441, 1442), Nüremberg (1443,1444), Francfort (1445,1456).

En 1445 fue nombrado oidor general de la Cámara Apostólica y en 1446 cardenal del título del Santo Ángel en Pescheria. También el Papa Nicolás V le envió varias veces a Alemania, donde desde 1447 estuvo dos años. Junto con el emperador Federico fue promotor del concordato de Viena en 17 de febrero, 1448. Estuvo también en Bohemia y Hungría. Desde 1450 a 1454 le enviaron a Florencia, Venecia y Milán, para preparar una cruzada contra los turcos.

El Papa Calixto III (español) le mandó una vez más a Alemania y Hungría (1445,1456) y Bosnia (1457). En 1461, ya en el pontificado de Pío II, aún  está en Hungría y le llegaron a llamar Protector de los Húngaros.

Junto con el cardenal Bessarión fue íntimo consejero del Papa Pío II, que le nombró obispo de Porto en 1461.

Paulo II le encomendó formar una Liga de Estados Italianos. Los dos últimos años los pasó en Roma y fue elegido Camarlengo del Sacro Colegio. Falleció el 11 de enero, 1469 y fue enterrado en la iglesia de San Marcelo. El cardenal Bessarión redactó el epitafio.

Su relación con España en la segunda época de su vida no pudo ser mucha, pero existió a través de algunos nombramientos. Ya Eugenio IV le nombró obispo de Coria en 1443 y en 1446 de Plasencia. Aquí fundó la cátedra de Humanidades, Nicolás V le dio la Encomienda de la abadía cisterciense de Moreruela en Zamora en 1449. Se da la circunstancia curiosa de que el mismo Carvajal era opuesto a las Encomiendas, mas, quizás en este caso concreto hubo algún motivo especial para aceptar. Lo cierto es que tenemos una hermosa fotocopia de un documento del Papa Pío II en que apoya una reclamación de Carvajal como tal abad comendatario de Moreruela a favor de los derechos de la Comunidad. Reza así:

«Pius episcopus, servus servorum Dei. Dilectis filiis Decano Ecclesiae Bracharensis et Officiali Bracharensi. Salutem et Apostolicam Benedictionem, Conquesti sunt Nobis Venerabilis Frater noster Iohannes episcopus Portuensis, qui monasterium de Moreruela cisterciensis Ordinis Zamorensis dioecesis ex concessione et dispensatione Apostolicae Sedis in commendam obtinet et Conventus eiusdem ad Alvarus Peres et quidam alii laici Bracharensis diócesis super quibusdam possessionibus et aliis immobilibus in dicta dioecesi Bracharensi cosistentibus mobilibusque bonis, fructibus, redditibus, proventibus et rebualiis ad dictum Monasterium legitime spectantibus iniuriantur eisdem. Itaque Discretioni vestrae per apostólica scripta mandamus quatenus, vocatis qui fuerint evocandi et auditis hinc inde propositis, quod iustum fuerit, appellatione remota, decernatis, facientes quod decreveritis per censuram ecclesiasticam firmiter observari. Testes autem qui fuerintnominati, si gratia, odio vel timore subtraxerint, censura simili, appellatione cesante, compellatis veritati testimonium perhibere. Quod, si non ambo iis exsequendis potueritis interesse, alter vestrum ea nihilominus exequátur. Datis Viterbii anno Incarnationis Dominicae millesimo quadragintesimo sexagésimo secundo, tertio nonas iunii, pontificatus nostri anno cuarto».

Que traduciendo quiere decir:

«Pío, obispo, siervo de los siervos de Dios. A los amados hijos el Decano de la iglesia de Braga y al oficial de Braga. Salud y la bendición apostólica. Se nos han quejado nuestro Venerable Hermano Juan, obispo de Porto, que tiene en encomienda el monasterio de Moreruela, de la Orden cisterciense en la diócesis de Zamora por concesión y dispensa de la Sede Apostólica y la Comunidad del mismo contra Álvaro Peres y algunos otros seglares de la diócesis de Braga, sobre diversas posesiones y otros inmuebles sitos en dicha diócesis de Braga, así como bienes muebles, frutos y réditos, rentas y otras cosas que corresponden legítimamente a dicho Monasterio y contra los cuales comenten desmanes. Por lo tanto mandamos a vuestra Discreción por este escrito apostólico que, llamados los que fueren de llamar y habiendo oído las razones alegadas por unos y otros, dispongáis lo que sea justo, sin admitir apelación y hagáis guardar lo decretado firmemente bajo censura eclesiástica. En cuanto a los testigos nombrados, si por soborno, odio o temor fallasen, les obliguéis bajo la misma censura y sin posibilidad de recurrir, a dar testimonio de la verdad. Que, si ambos no pudieseis ocuparos en ejecutar lo sobredicho, uno al menos de vosotros lo ejecute. Dado en Viterbo el año de la Encarnación del mil cuatrocientos sesenta y dos a tres de junio y en el cuarto de nuestro pontificado».

Lo cual es buena muestra de la solicitud del Cardenal por sus encomendados de España. Aunque estuvo fuera más de treinta años, había marchado ya maduro y muy relacionado y eso no se olvida fácilmente. Según Denfle, citado por Pastor (t.V, p.121), fundó un colegio en Salamanca.

En su monumental obra Historia de los Papas Ludovico Pastor le menciona en los cinco primeros volúmenes (Barcelona, 1910). En la página 120 del tomo IV y sgtes. dice:

«…Juan de Carvajal, jaladalid de los cardenales de más severas ideas eclesiásticas. Su máxima favorita era: Sufrirlo todo por Cristo y su Iglesia. Su gran modestia y su total menosprecio de la celebridad han sido la causa de que la memoria de aquel varón enteramente extraordinario no haya alcanzado todo el esplendor que merecía…dio en 22 legaciones brillantes pruebas de su abnegada fidelidad y espíritu de sacrificio en por de la causa de la iglesia y que de todos sus viajes no trajo otra cosa sino la fama de su honestidad sacerdotal…Había ido a Hungría lleno de fuerza y salud en tiempo de Calixto III…y volvió hecho un viejo y quebrantado de aquella espinosa legación …En Roma se tributaba la mayor veneración a aquel varón sufrido…Ningún otro cardenal, se decía con justicia, ha trabajado tanto, ni tolerado tan indecibles fatigas como él en los seis años de aquella legación, en la cual se consagró al más sublime de los intereses es de la Iglesia, la defensa de su fe…De buena gana asistía con sus consejos a las personas de todos estados y apoyaba a los débiles contra los poderosos y ni por un instante desmintió los rasgos característicos: la severidad y la justicia…En su modesta casa…reinaba la mayor simplicidad y un orden ejemplarísimo. Su manera de vivir severamente ascética hacía posible al cardenal socorrer copiosamente a los pobres y acudir a las iglesias necesitadas. Nunca faltó a una solemne festividad eclesiástica o a un consistorio y en estos decía su parecer con libertad, pero sin aspereza ni espíritu contencioso…sus discursos eran breves, sencillos, inteligibles, rigurosamente lógicos…Se puede decir que no había nadie en Roma que no se hubiese inclinado ante aquel carácter de alteza y profundidad enteramente extraordinarias…Lo propio que a sus contemporáneos ha obligado Carvajal a los historiadores más modernos a tributarle no sólo estima y reconocimiento, sino también admiración».

En 1752 publicó sobre él una obra (De rebus gestis Ioannis S.R.E.Card. Carvajalis Commentarius) en Roma. En 1947 apareció en Málaga la del P. Lino Gómez Canedo Don Juan de Carvajal y en el Diccionario de Historia Eclesiástica de España un artículo de J. R. Codina en 1972.

Oct 011974
 

Fray Patricio Guerín Betts.

El notable historiador de la Orden benedictina e insigne hijo de la misma Fray Magnoaldo Ziegelbauer incluye en su importantísima Historia Rei Literariae O. S. B.[1]una breve mención de José do la Cerda (JOSEPHUS DE LA CERDA) y para calcular la fecha de su muerte, dice que hubo de ser antes del 12 de junio de 1545,quo, nempe successorem habuit magnum virum Salmanticae olim colleqam Angelum Manricum Cisterciensem.

Lo cual copia a la letra del insigne Nicolás Antonio, quien en su Bibliotheca Nova, tomo I, 803 nos habla del mismo escritor y termina con esas palabras.

Respecto de los Coloquios de Trujillo hallamos, pues, la perfecta ilación entre Obispo y Obispo y entre ponencia y ponencia.

Sobre D. Fray Ángel Manrique ya hemos hablado dos veces. Inevitablemente hubimos de fijarnos en quién fue su antecesor, Y era benedictino, monje como él, discípulo del mismo Patriarca, abad como él y catedrático en Salamanca.

Lo curioso es que cronológicamente Manrique ora bastante anterior. Nacido en 1577, debía exceder en unos trece anos la edad do D. Fray José Valle de la Cerda. No tenemos noticia exacta de donde y cuándo nació este Prelado, mas es casi seguro. Al ser nombrado obispo de Almería en 1637 con treinta y seis años, hay que pensar que nació en el año 1600.

Ningún dato nos ofrece la Historia Eclesiástica de Badajoz acerca de su nacimiento. Todo queda resuelto, sin embargo, al examinar los expedientes de su hermano Pedro y de su sobrino José para Caballeros de Calatrava y Alcántara respectivamente. Son hijos de don Luis Valle de la Cerda, nacido en Madrid y de doña Luisa de Alvarado, nacida en Móstoles. Poca era la distancia entre ambas poblaciones: Mostóles era, según dicen los testigos, como un arrabal matritense. Pedro también nació en Madrid y suponemos que sus hermanos, entre ellos el Obispo.

El padre entre otros empleos tenía el de Secretario de la Cifra de su S. M. Fue hijo de otro Luis Valle de la Cerda y de Teresa de Castro, ambos naturales do Madrid.

La madre hija del Capitán (según otros Maese de Campo) Diego de Alvarado de Cicero, nacido en Móstoles, mas con un apellido muy montañés.

Se citan ejecutorias, Una en Valladolid a 25 junio, 1577 a favor de Luis y Andrés Ordoñez, hermanos. Su abuelo fue hermano de Antonio (Caballero de S. Juan) y de Francisco (fraile de Calatrava), así como de Diego, casado con Isabel de Loaisa. De estos últimos fue hija Isabel que casó en Móstoles con Diego de Cicero Alvarado. Otra ejecutoria del Capitán en Valladolid, 28 marzo, 1556.

Y se cita un padrón de la Colación de S. Andrés en Madrid del año 1494: Diego Valle, es cuantioso, dice que hidalgo.

Pedro, hermano del Obispo, fue Caballero de Calatrava, del Consejo de su Majestad en Hacienda y Cruzada, alguacil mayor de la Inquisición de Toledo y señor de la Villa de Casa Tejada. Casó con Cecilia de Villanueva, natural de Móstoles. El padre de Cecilia fue don Agustín, del Consejo de S.M. en Aragón y Protonotario en aquel Reino, nacido en Casteliscar. La madre Ana Diez de Villegas, natural de Madrid.

Tuvo Cecilia un tío llamado Jerónimo de Villanueva Caballero de Calatrava, del Consejo de S.M. en Guerra y Aragón, Protonotario y Secretario de Estado y Cámara y por lo menos dos hermanos: Jerónimo, Caballero de Calatrava y Agustín, Justicia Mayor de Aragón.

Lo que no tuvo fue suerte, pues, murió al dar a luz a su hijo José. Este sí parece que comenzó a tenerla, porque, a los pocos días de nacer, ya era pretendiente al hábito de Alcántara y sólo uno de los testigos alegó no tener motivos de conocerle, al ser tan pequeño: Otro testigo fue don Fernando de Salazar, arzobispo electo de Las Charcas, de sesenta y tres años.

Entre los testigos del Caballero de Calatrava hallamos a Fray Francisco de Valdivia, abad de S. Martín de Madrid, de setenta y tres años y padrino de José fue Fray Diego de la Cruz, monje ermitaño de S. Benito en Ntra. Sª. de Monsserate (sic) y Sor Francisca de la Cruz.

Fue bautizado el 13 de junio, 1641.

Pero hay más. Tenía el futuro Obispo una hermana, Teresa, moza casadera y no carente de novio en la persona de don Jerónimo de Villanueva. Solía frecuentar el monasterio de S. Martín y un buen día vio que uno de los monjes tenía en la mano la Regla de S. Benito. Quiso leerla y le produjo tal impresión que cambió de vocación y con el consentimiento y ayuda de su novio fundó e ingresó en el convento de S. Plácido. Estamos en los años 1623, 1624. Profesó en 18 junio, 1625.

Eso fue nada. En 1631 fue llevada toda la Comunidad a los calabozos de la Inquisición de Toledo por denuncia de alumbradas y en 1633 Teresa Benedicta fue recluida en Stº. Domingo el Real durante cuatro años. Redacto un Memorial que se atribuyó a un fraile. En 1638 fue absuelta toda la Comunidad y volvieron a Madrid donde así Sor Teresa como sus hermanas carnales Juana Andrea e Isabel Benedictina (abadesa en 1653) y doña Ana Plácida (hermana de su novio malogrado y abadesa) y demás monjas vivieron en adelante en paz y gracia de Dios. Sobre todas esta peripecias informa ampliamente Gregorio Marañón en su voluminosa obra sobre el Conde-Duque de Olivares y en otra pequeña. Don Juan.

Pero a nosotros nos interesa el Obispo. No prendieron en el las malas lenguas. Al igual que su antecesor don Fray Ángel Manrique, aunque posteriormente, fue a estudiar a Alcalá y halló allí la vocación benedictina. En 1618 tomó el habito en S. Martín de Madrid. En Salamanca obtuvo las Cátedras de Sto. Tomás, Durando y Prima. Fue abad del Colegio de su Orden en la misma Ciudad. Parece ser que el Rey Felipe IV le presentó para el obispado de Almería en 1635. Le despacharon las Bulas en 6 noviembre 1637 (que ya es bastante tardar) y a principios del año siguiente tomó posesión.

Ninguna de estas circunstancias ni de las anteriormente relatadas le impidió manejar la pluma y fue madurando las obras que aparecerían algo mas tarde e incluso después de su muerte.

En el poco tiempo que residió en Almería arribó la flota nacional, que había sufrido una derrota y fue tanta la solicitud del Sr. Obispo, en favor suyo que el Duque de Nájera le dio gracias en nombre del Rey y al poco tiempo fue nombrado Obispo de Badajoz. También en está ocasión tardó un año en presentarse, si bien el Deán tomó posesión en su nombre en 5 julio 1641. Ya por Navidades el Protonotario don Jerónimo de Villanueva contesta desde Madrid al Cabildo y le dice que ninguna cosa me ha podido causar mayor alborozo que el ir a esa Iglesia el Sr. Obispo, porgue le amo y estimo a su persona.

La entrada fue muy solemne en 6 de octubre, 1641. En los tres años de gobierno trabajó intensamente. El martes 25 de noviembre de 1642 presidió la sesión del Cabildo en que se trató de las oposiciones. La muerte le sorprendió en la actividad preferentemente pastoral, la Santa Visita. Falleció en Zafra el 22 de octubre, 1644, pocos días después de la muerte de la reina Isabel. Fue enterrado en la capilla de S. Juan Evangelista, pero no descansó en paz mucho tiempo, ya que en 1658 murió en Zafra el obispo diocesano don Diego del Castillo Arteaga, quien ni siquiera pudo entrar en Badajoz, por estar sitiada la ciudad por los portugueses y no se halló mejor modo de sepultarle que sacar los restos de su predecesor y dejar la caja encima del altar.

No consta cuál fuese la causa de un fallecimiento tan prematuro. Cuarenta y dos o cuarenta y tres años podía contar a la sazón.

Nicolás Antonio le asigna las siguientes obras:

«De Maria et Verbo Incarnato», impreso en Almería en 1640.

«In Sacram Judith Historiam». Dos tomos impresos en Almería, 1641 y en Lyon por L’Anisson, 1651.

«María Efigies». Lyon por L. Anisson, 1651. Esto es lo que podemos decir someramente acerca de este ilustre monje y prelado.