Oct 012001
 

Gregorio Carrasco Montero.

Denuncia

El pueblo está ubicado en la segunda altura geográfica de la provincia cacereña. Sus paisajes enverdecidos son variadísimos. Van desde las cimas montañosas pobladas de robledales y faldas tupidas de castaños hasta los miles y miles de olivos retorcidos y grises en el suroeste y sureste de su término municipal.

Los variados verdes de viñedos, tipo minifundio, prados y huertas, frutales, desde las humildes higueras hasta los altivos nogales, chopos que se disparan hacia el cielo o copudas acacias, olímpicos laureles y reptantes hiedras, zarzamoras y endrinas, jaras y tomillos se acercan y rodean el caserío que, renovado o ampliado, sin orden ni concierto, ha perdido prácticamente sus características construcciones acabando con su primitiva fisonomía.

Con ello ha desaparecido casi todo su patrimonio popular: ventanas y portadas de granito con dinteles y jambas trabajados y adornados con diversas labores o con muescas en las que se colocaban varales de castaños de los que pendían colgajos de pimientos y guindillas picantes.

Hace años, por cuatro pesetas, se llevó un intuitivo y avispado mercader de antigüedades toda una enigmática ventana con las figuras talladas en bulto, conocida como la “Escarrapachá del Teso”, situada en una casa de la actual calle Cervantes.

Casi siempre que se empieza una obra desaparecen dinteles con inscripciones realizadas por encargo de los dueños y por los maestros del granito que dejaron en ellos leyendas de diverso tipo. Frecuentemente alabanzas a la Concepción Purísima de María y al Stmo. Sacramento. O, simplemente, como certificados de la fecha de ejecución de la casa.

Han desaparecido -no creo que queden media docena- los balcones de madera en los que se colgaba las mazorcas de maíz, por corrupción allí se llama mazarocas de millo.

Nadie ha protestado de la lenta desaparición del Viacrucis del mismo granito, de la ermita de Ánimas, y de cosas parecidas. ¿Dónde están, o para qué sirven, las Concejalías de Urbanismo? ¡Menos mal que hasta ahora se han respetado las muestras de heráldica! Y en la casa número doce de la calle Darío Bacas el tríptico con dos Obispos visigóticos a uno y otro lado de un S. Sebastián asaeteado que tuvo culto allí, quizá uno de los más primitivos de la villa, también culto perdido.

El pueblo es Villamiel en el noroccidente de la provincia cacereña.

Situación dramática

Las circunstancias higiénicas y sanitarias de las gentes y animales en Kalendas de mil seiscientos y otras centurias antes y después funcionaban bajo mínimos. Infecciones de diverso tipo con el nombre común de peste acababan con centenares de vidas humanas y de animales. Abandonados estos últimos a los carroñeros eran, a su vez, origen de otras epidemias.

Muy temida y célebre fue la conocida como Peste Negra, epidemia de peste bubónica. Después de asolar Asia invadió Europa entre los siglos XIV y XV. Tuvo una virulencia desatada entre los años 1347-1351. Sus repercusiones llegaron hasta el siglo XVI. Murió tal cantidad de gente que influyó en los descensos demográficos comprobados en naciones de ambos continentes.

Cuando calamidades de este tipo llegaban a algunos de nuestros pueblos de cortos vecindarios se notaban sobremanera los efectos. Desbordados los médicos fallaban, tantos los medios científicos como los remedios caseros. Se sentían golpeados debatiéndose entre la impotencia y la responsabilidad y también en el miedo.

Impregnados de profundo sentido religioso, no obstante los denuestos inferidos a la religiosidad popular por algunos autores modernos, antirreligiosos y anticlericales, nuestras gentes volvían los ojos y dirigían su súplica al Dios Poderoso y Misericordioso; a María que siempre tuvo corazón desbordado de dulzura y mirada llena de misericordia; al santo constituido por el fervor popular en patrono al que se acude con cuitas de todo tipo: personales, familiares, enfermedades, desgracias, epidemias de humanos o animales y de cosechas, soportes de la economía familiar.

A los abogados e intercesores celestiales, a diferencia de los de la tierra, se les presenta todas las necesidades y problemas que estrujan al ser humano.

Difícil y complicada situación vivía la Villa de Villamiel en los últimos años de la centuria de 1600. Los documentos la llaman Epidemia con mayúscula.

Sus gentes lo reseñaron para la posteridad, tanto en la elección del patrono y modo de la elección, como del voto a que se comprometía este pueblo con el intercesor que saliera por suerte y lo mismo con la constitución de una Cofradía para encargarse de rendirle culto.

Ofrecemos de todo ello los textos y citas oportunas llegados hasta nosotros.

Respuestas a las convocatorias

Indicamos ya que en los documentos se entremezclan los hechos. Reiteran en los mismos, causas y consecuencias que a ellos no les cansan. Más bien parecen necesitar de tal reiteración y desean que las futuras generaciones conozcan las causas y se abran a la gratitud.

Como en otras graves ocasiones, a campaña tañida y otros medios, se convocó al pueblo entero hasta el punto que se “juntaron y congregaron en la Iglesia Parroquial y Sacristía”. Todo lleno. Pero ¿para qué? Hablan los documentos, respetamos la ortografía. Señalamos diversos puntos:

1º) … “considerando el azote que Dios Nuestro Señor por sus santos y justos juicios ha sido servido de enviar a esta Villa con las muchas muertes que naturalmente a avido desde mediados del mes de Jullio hasta oy; pues pasa de ciento cuarenta personas grandes (-¿cuántos niños habrían muerto que no se citan?-) y que assí oy no cessa dicha Epidemia, a conferir y tratar que medio Espiritual se pueda buscar respeto de que aunque se han hecho muchas rogativas y novenarios a Dios por la intercesión de algunos de sus Santos, no ha sido Dios servido de que cesse dicho azote y Epidemia de común assenso de sus Mercedes y de algunos Ecclesiásticos y Seculares que asistieron a dicha función, se resolvió el que se prometiesse a Dios Nuestro Señor el observar y guardar por día de fiesta el que tocasse por suerte a el Santo o Santa de los que nuestra Santa Madre la Yglesia en el discurso del año manda que se reze; y assí mismo el que se prometa a Dios en él Abstinencia de su Vigilia ayunando dicha Vigilia, y que una y otra promesa se aya de cumplir y guardar paª siempre jamás por los que oy son y en adelante fueren Vezinos de esta Villa”.

2º) Era muy importante hacer un voto. Sabían los fieles que ello cargaba sus conciencias y más aún los responsables por lo que acordaron: “y para que esta promessa y voto que se ha de hazer a Dios, en la forma referida se haga con la mayor y madura deliberazión de forma que siempre sea firme y valedera acordaron assímismo se difiera el hazerla para el Miércoles que se contarán veinte y siete de el corriente y en él entretanto venga lo dicho a noticia de todos los Vezinos y moradores de esta Villa los quales se mandan congregar y juntar en la Yglesia Parroquial de esta Villa, para que estando juntos vean si se consiente y vienen en que se haga dicho voto y promessa a Dios y Santo cuya zédula saliere por suerte”.

3º) Esto no se hizo, como vemos, manipulando el dolor de muchas familias, tampoco utilizando el temor tremendamente reverencial a Dios, que se sintió ante tanta muerte. Primeramente el Lizenciado y Beneficiado de la Parroquia D. Luis Sánchez de Recalde advierte a todos las consecuencias y responsabilidad moral que llevaba consigo el compromiso de voto apuntado y otro tanto de constituir la cofradía.

Por eso antes de que se votase o se asumiese el voto propuesto el “dicho Señor Beneficiado en altas e inteligibles voces por dos y tres veces se le dio a entender a el Pueblo la resolución del voto y promessa que se pretendía hazer a Dios y al Santo que saliesse por suerte por la causa referida, y que viessen y dixessen si querían y venían con plena y madura deliberación a hacer dicho voto y promessa por sí y sus subcessores para siempre jamás con la circunstancia de Abstinencia de carnes, y ayuno la Víspera del Santo que saliesse en la forma que nuestra Madre la Yglesia (hace) en las Vigilias de otros; a (lo) que siempre el pueblo respondió, que sí: y assí lo prometían y votaron como mejor podían y devían y les era permitido”.

Por otra parte quería el pueblo que actuase quien tenía carisma de discernimiento para que se viese si era o no correcto el voto hecho por el mismo, que además entraría como una de las exigencias claves de la Cofradía que se intentaba constituir. Sólo podía ser en la Diócesis el Obispo titular de ella. Por la misma razón sigue el texto: “y se pidiesse a su Señoría Illustrísima en nombre de esta Villa y sus vezinos confirmación de dicha promessa y voto y que se pusiesse conforme huviere lugar a su voluntad”; “que todo se prometía observar y guardar según su Illustrísima lo dispussiese”.

4º) Los documentos certifican la presencia del pueblo a todas las convocatorias. La Epidemia o azote hirió a los componentes de aquella ya, en el tiempo, alejada comunidad. Se puede afirmar que no se libró ni una casa sin su visita. Por lo mismo: “y aviendo passado lo referido se hicieron Cédulas de todos los santos que en el discurso del Año zelebra y de que manda rezar nuestra Santa Madre la Yglesia y a vista de todo el pueblo se entraron en una pequeña arquilla que se colocó en parte delante y fuera del Altar Mayor adonde después se celebró Missa solemne delante del pueblo para que su Magestad … Que también estaba patente se dignasse de que saliese por su intercessor y Abogado en la presenta necesidad de esta Villa el Santo que fuesse de su mayor agrado y servicio y aviéndosse celebrado dicha Missa todo el pueblo puesto de rodillas se cantó por el Estado Ecclesiástico el Hymno que comienza, Veni Creator Spiritus, el qual fenecido se puso dicha Arquilla sobre el Altar Mayor de donde la tomó dicho Sr. Beneficiado y rebolviéndola bien la abrió; y mandó a un Niño de tres o quatro años sacasse la zédula del Santo a quien se avía hecho el voto en la forma referida, y aviéndola sacado delante de todo el pueblo la desdobló delante del pueblo diciendo SAN PEDRO CELESTINO y luego se llamaron dos Notarios, de los quales y a el presente fin el uno para que se viesse, leiesse y se le pidió de ella diesse fe y testimonio como se prometió dar; y esto fecho el pueblo postrado de rodillas por el estado Ecclesiástico se entonó y cantó el Hymno que comiença TE DEUM LAUDAMUS, a cuyo tiempo se mandaron tocar las campanas y de nuevo el pueblo confirmó la promessa y voto hecho a Dios y por lo que toca al Santo a S. Pedro Celestino, y luego en hacimiento de gracias se hizo processión general por toda la Villa llevando a su Majestad en la Custodia y sin haber faltado a esta solemne función persona que no estuviesse impedida quedando todos muy gustosos y contentos confiando en Dios que mediante la intercessión de dicho Santo su Majestad ha de ser servido de levantar el castigo y azote de los vecinos y moradores de esta Villa que piden y suplican con todo rendimiento a su Señoría Illustríssima se sirva confirmar dicho voto y promessa como mejor haya lugar…”

5º) Los notarios son los responsables en grado sumo. Certifican de aquello a lo que están presentes y “leímos la que salió por suerte de la Arquilla donde estaban metidas las Cédulas de los Santos y Santas que reza nuestra Madre la Yglesia en este Obispado, según dijeron los Señores Sacerdotes que presentes se hallaron a leerlas, publicarlas, doblarlas y entrarlas en dicha Arquilla, la cual dicha zédula decía SAN PEDRO CELESTINO”.

Atención porque lo que sigue es un gesto puramente teológico. Sabe el Sr. Beneficiado que sin Cristo, “sin mí, dijo Él, no podéis hacer nada”. Tampoco los santos. Continúa la crónica y este es el dato “y luego por el Sr. Beneficiado se fixó en la peana de la Custodia donde estaba el Stmo. Sacramento, y se entró en el Sagrario; y en todo lo demás se hizo, obró, y executó según dicho es en estos autos. Y para que de ello conste damos a su Señoría Illma. el Sr. Obispo de Ziudad Rodrigo, el presente en esta Villa de Villamiel en quatro días del mes de Febrero del año de Mill y Setecientos. Y en fee de ello lo signamos y firmamos. En testimonio de verdad, Domingo Martín Galván, Notario Apostólico. En testimonio de verdad Miguel Hernández Vaile de Obregón”.

6º) Se tienen y ejecutan las formalidades todas con seriedad, a las que se añaden simultáneamente la devoción al mismo, “y firmaron los que de sus Mercedes supieron de dichos el Beneficiado, Alcaldes, Regidores y Procurador General por sí y en nombre de los demás de sus Estados: Juan de Elvira, Francisco Obregón y Agüero, Francisco Estévez Callejo, Domingo Galván, ante mí Miguel Hernández Vaile de Obregón”.

7º) Relacionado con el número anterior añadimos este séptimo apartado para resaltar esa importancia y seriedad con el correspondiente certificado de este tenor:“Nos, los Notarios que abajo signamos y firmamos hacemos fee y verdadero testimonio como lo contienen en las diligencias antecedentes pasó, según y como en este se contienen y menciona, y a todos ellos fuimos presentes y leímos la zédula que salió por suerte de la Arquilla, etc…”.

8º) ¿Qué es lo que originó esta elección?

a) El voto. En el texto comienza así:

“En la villa de Villamiel en los veinte y siete días del mes de Henero de mill y setecientos, en cumplimiento de lo acordado y resuelto por sus Mercedes los Señores Beneficiado, Alcaldes y Regidores, Procurador Síndico General de esta Villa y otras personas Ecclesiásticas y seculares de ella se juntaron dicho día veinte y siete a la hora de la missa de Tercia en la Yglesia Parroquial de esta Villa sus Mercedes de dicho Señor Beneficiado y demás personas Ecclesiásticas, y dicho señores Alcaldes, Regidores y Procurador Síndico General con el demás resto y Vezinos de ella”.

Como recuerdo y acción de gracias hasta la década de los cincuenta se celebraba Misa cantada el veintisiete de cada mes en el Altar del Santo Patrón desaparecido en una de las últimas malhadadas reformas del Templo Parroquial.

Como ha quedado expuesto lo del voto no lo repetimos.

b) Cofradía. Se creó para encauzar todo lo que exigía la vivencia del voto aludido y el culto originado por la elección del Patrono.

El Acta de Constitución de la Cofradía de S. Pedro Celestino abre su primera página en la parte superior con un recuadro octogonal muy adornado con flores y figuras vegetales. Dentro de él muy bien encuadrada, a la alabanza o doxología Trinitaria que hasta el mismo pueblo recitaba en latín: Gloria Patri et Filio et Spiritu I Sancto. Amén. Repite en él las autoridades pero con sus nombres y apellidos, títulos y cargos que omitimos por no ampliar excesivamente esta comunicación.

Si queremos recordar que debajo del referido recuadro, que ocupa aproximadamente un tercio del folio inicial, el Acta que refiere las noticias de la nueva Cofradía empieza con una artística E sobre fondo ajedrezado que muestra el olfato y gusto de miniaturista del ejecutor.

Esta y la otra narración habla de la convocatoria y concentración que tuvo lugar siete años después y que es distinta de la tenida para buscar remedio a la epidemia.

Se demuestra así que al pueblo se le ayudaba a madurar en sus compromisos.

Igualmente se manifiesta la impregnación religiosa que respiraba la masa en general. Podemos decir que sabía la Teología que le hace falta a la masa de hoy. De lo contrario Calderón de la Barca, Lope de Vega, el Comendador Tirso de Molina y otros muchos no hubieran escrito las piezas teológicas que nos dejaron para el teatro como vehículo de la enseñanza religiosa de ese pueblo.

Así añade: “en la villa de Villamiel a veintiquatro días de junio de mil setecientos y siete años estando al frente el Liz. D. Luis Sánchez de Recalde, Beneficiado Rector de la misma, Liz. D. Juan de Valencia Ribero, abogado de los Reales Consejos, varios presbíteros, Alcaldes ordinarios, Regidores, Procurador General de ella, dan testimonio y firman los correspondientes autos tenidos antes con todos sus detalles Domingo Martín Galván, Notario Apostólico. En testimonio de verdad Miguel Hernández Vaile, Notario”.

Todo lo cual indica la seriedad con que se trataba y discernimiento que se tenía.

9º) AUTO DE APROVACIÓN.

Todo lo deliberado, a grandes voces advertido por dos y tres veces, y aceptado por escrito y de palabra por las gentes que llenaban una Iglesia, Sacristía, Coro, Capillas tenía que ser aprobado por el que tenía autoridad:

“En la Ciudad de Ciudad Rodrigo a ocho días del mes de Febrero de mill y setecientos, visto por su Señoría Illustríssima el voto que la Villa de Villamiel de su Obispado auía hecho a S. Pedro Celestino, de guardarle su día por fiesta de precepto y ayunarle su vigilia, por ante mí su Secretario dijo su Señoría Illustrissíma que confirmaba y confirmó dicho voto y mandaua y mandó que de aquí adelante El Beneficiado o Theniente de dicha villa todos los años publique por día de fiesta de precepto el de San Pedro Celestino, y assí mismo su Vigilia por de ayuno y uno y otro voto. Y deseando su Señoría Illustríssima concurrir de su parte a veneración tan justa y para que vaya en aumento la devoción de los fieles concedía y concedió cuarenta días de Yndulgencia a todos los fieles que guardasen dicho voto y rogaren a Nuestro Señor que por la intercessión de S. Pedro Celestino conceda la Estirpación de las heregías, salud de su Santidad, y nuestra, paz y concordia entre los reinos cristianos, buenos sucessos de esta Monarquía, salud de las autoridades y de los Vezinos de dicha Villa, y en cuanto al rezo que se ha de rezar al dicho Santo dijo su Señoría Illustríssima que adelante se rezasse en dicha Villa doble de segunda Classe y octava para mover más la devoción de los fieles. Y por este su Auto assí lo proveió y firmó su Señoría Illustríssima, Francisco, Obispo de Ciudad Rodrigo. Ante mí Fr. Juan Cano, Secrt.”

10º) En cuanto a la Cofradía, como no podía ser de otra manera, fue Cofradía con las puertas abiertas para todos, pues todos los domicilios, ya con niños, ya con mayores, habían sido visitados por la epidemia.

En las “ORDENANZAS GENs”, por eso se dice: “Lo primero ordenan que dicha Cofradía sea abierta y que en ella sean cofrades todos los Vezinos y moradores de esta Villa que tengan Casa aparte y viuan de por sí; y que dicha Cofradía se aya de seruir, y sirua en el Altar Mayor de la Parroquial de esta Villa en cuyo Retablo está la Ymagen de Señor S. Pedro Celestino al lado del Evangelio como se hizo dicho voto”.

11º) Si en la actualidad tiene buenos y cotizados vinos muchos mas debieron existir y ser por el seiscientos y setecientos a tenor de lo que sigue: “Lo otro que para el gasto y necesidades de dicha Cofradía cada uno de los Vezinos de esta Villa dé en cada un año por la Cosecha del vino media cántara de mosto de limosna; el qual se aya de vender y venda como el de las demás Cofradías a quenta y riesgo de los Mayordomos que fueren de esta dicha Cofradía”.

12º) La obra de misericordia de enterrar a los muertos con todos los sufragios posibles y la escenografía externa era clave en todas las Cofradías. A ello dedica una ordenanza bien detallada que tiene este contenido:

“Lo otro, toda la vez que muriere algún Cofrade ha de tener obligación dicha Cofradía de darle una docena de Cirios para su Entierro y armar el pendón negro que a él se ha de lleuar y además le ha de decir una Missa por el Ánima de dicho difunto, y si no huviere dado la media cántara de mosto por la Cosecha, si no después, ha de pagar de pena doce reales, y de este privilegio de Cofrade ha de gozar la muger primera que tuviere; y si la segunda quisiere gozar luego que se case ha de pagar de entrada quatro reales. Pero si a algún Cofrade se le muriere algún hijo que tenga devajo de su patria potestad sólo se ha de dar el pendón negro y dos Cirios para su Entierro y si quisiere Missa ha de pagar de limosna a dicha Cofradía quatro reales para el pago de la Missa y hachas y velas para decirla.”

13º) No eran ajenas aquellas gentes a la cultura y diversiones. Hay tiempo para todo y con orden así lo encontramos. Las diversas Cofradías organizaban obras de teatro, Autos Sacramentales, había tiempo para el culto y gozo festivo. Encontramos citados hasta los toros. Los toros, que serían en el Barrero también finiquitado, tuvieron raíces antiquísimas. Aún recordamos aquellas capeas mañaneras con el ganado del pueblo, traído y cerrado por los mozos y por la tarde los toros con morlacos de siete años como los del tío Felipe de Trevejo, por ejemplo. Así reza esta ordenanza:

“Lo otro que si los Mayordomos que fueren de esta Cofradía quisieren hacer fiestas de Comedias y Toros que puedan hacer pidiendo primero licencia a la Justicia de esta Villa y consiguiéndola puedan gastar dichos Mayordomos del caudal de esta Cofradía trescientos reales de vellón, cuia cantidad se le ha de tomar en data al tiempo que den cuenta de sus officios”.

14º) Las obligaciones fueron muy sopesadas y los votos bien meditados lo que suponía para cada vecino apechar con las cargas y oficios. “Cuando se rechazaban tenía sus penas exigiéndose para imponerlas la actuación del Juez Eclesiástico o la Justicia de la Villa”. Por ello esta otra Ordenanza:

“Lo otro, que las personas que fueren nombradas por Mayordomos de esta Cofradía assí de un estado como de otro, tenga obligación a azeptar dichos officios pena de una arroba de Cera para dicha Cofradía, y que de ella se le haga cargo a los Mayordomos que fueren en dicha ocassión y que luego otro, o otros Mayordomos se pongan en lugar del que no quiso azeptar. Pero esto ha de ser después de auer cobrado dicha pena y de su Execución ha de ser por ante el Señor Iuez Ecclesiástico, o Iusticia de esta Villa”.

15º) El acontecimiento debió llamar la atención en pueblos circunvecinos, hasta en la misma capital diocesana. Es un honor para la Cofradía del señor S. Pedro el tener la lista de cofrades encabezada por el mismo Sr. Obispo Titular de la Diócesis, así: “El Illustríssimo y Rmo. Sr. El S.D. Fco. Manuel de Zúñiga Sotomayor y Mendoza, Obispo de Zd-Rº primero Cofrade de esta Cofradía por ser así su voluntad. Igualmente estaría el “Yllmº y RRmº Sr el Sr. Dn. Fr. Gregorio Téllez Obispo de Zd-Rº pidió y mandó se asentase por Cofrade dl Sr. Sn. Pº Zelestino que hize en 18 días del mes de abril de 1723 aos.”

La lista la engrosaron también con canónigos y otros presbíteros nativos del pueblo. Como por ejemplo en la primera lista es segundo, uno de los muchos que de este pueblo han pertenecido a diversos cabildos catedralicios de España.

“Es el Lizdº D. Blas Assº de Grado y Mateos, canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Zd. Rodrigo y natural de esta Villa”. Siéndolo primero y provisor de Plasencia, donante de la Custodia que posee ahora la Parroquia.

Otro fue el Doctor D. Francisco Ortiz Cosca, canónigo de la Santa Iglesia Catedral de Ciudad Rodrigo que fue tenido por cofrade el día catorce de agosto de mil setecientos veinticuatro.

16º) Todo lo anterior nos lleva a admirar profundizando en el alma de aquellas gentes y en el poso profundamente religioso de una sociedad empapada de lo espiritual. Igualmente nos lleva a preguntarnos ¿quién era el personaje que la suerte les deparó a los villamelanos y con el que se comprometieron?

UN PAPA QUE RENUNCIÓ

Como Papa es el V de los que se auto impusieron el nombre de Celestino. Allá por los primeros lustros del s. XIII nació en los Abruzos, reino de Dos Sicilias.

De sus padres, Angelerio y María, se decía que “eran justos a los ojos de Dios y alabados de los hombres”; que “daban limosna y acogían a los pobres en su casa; que tuvieron doce hijos y pedían que alguno sirviese a Dios”.

Pedro nació el penúltimo de los doce. Su maestra espiritual fue su misma madre. Más de una vez se le oía lamentarse: “¡Tantos hijos y ninguno es siervo del Señor!”. Pedro comenzó a decir: “Quiero ser un buen siervo de Dios.”

Viuda la madre contra el parecer de los otros hijos y con grandes sacrificios lo puso a estudiar. Con veinte años marchó de su casa a Roma. Quería ser anacoreta e iba a discernir con la jerarquía. Otro joven del pueblo salió con él pero pronto volvió la vista atrás. Continuó él el camino y ríos desbordados obstaculizaron su marcha. Esto contribuyó a descubrir un anacoreta en aquellos montes. Con dos panes y algunos peces subió, encontró la cueva y su morador. Se quedó entregándose a intensa vida de oración y no menos austeridad.

Allí llegaron gentes atraídas por su fama y lo quisieron sacerdote. Partió para Roma y volviendo sacerdote ya encontró otra cueva donde se quedó. Cinco años de pruebas en torno a la celebración de la Misa. Se sentía indigno de celebrarla. Temía a la gente: le haría perder la soledad y con las limosnas dificultarían su pobreza.

Resuelto a consultar todo en Roma se le apareció en sueños el Abad que le dio el hábito. Le animó a celebrar, porque digno no es nadie. Consulta al confesor y acabó la prueba a la que estuvo sometido.

Su fama crece y vienen discípulos a quienes rechaza por sus pocos conocimientos para guiarlos. Pero al final se imponía su caridad, los acogía y así empezó la congregación de los Celestinos aprobados por Gregorio IX.

Sus milagros bajaron de los montes a las gentes de pueblos y ciudades. El Cardenal Arzobispo de Lyon llegó con noticia sorprendente: Ha sido elegido Papa el cinco de julio de mil doscientos noventa y cuatro. Aceptando Pedro hubo alegría y paz, pues la Iglesia llevaba más de dos años sin Papa.

Desde Áquila hizo un viaje triunfal recibiendo la obediencia de los cardenales. Ordenado Obispo se le coronó Papa. Pronto llegaron las dificultades. El sentido eremítico de su vida, sencillez y desconocimiento de las cosas públicas, sin entender de negocios de gobierno resintieron su situación. Quiso compaginar los deseos de soledad haciéndose en el palacio pontificio una cabaña a la que se retiraba largas horas de oración. Desconocía por completo la diplomacia. Así al crear los primeros doce cardenales, siete eran franceses, tres napolitanos y dos para el resto de Europa, lo que creó tensiones en los gobiernos de las otras naciones.

Celestino V vivió y sufrió la situación de la Iglesia falto de mano izquierda. Despegado de toda clase de honores planteó su renuncia mandando estudiarla a una comisión de teólogos y recibida respuesta positiva declaró en Bula que el Papa podía renunciar e incluso a veces sería obligado en conciencia por el bien de la Iglesia.

Revestido de pontifical el 13 de diciembre de 1294 se presentó al Colegio Cardenalicio, prohibió que le interrumpieran y leyó la Bula de renuncia. Salió del recinto y poco después regresó vestido de monje y se despidió. Cinco meses ejerció como Papa. Para vivir la soledad quiso huir a la Dalmacia. El nuevo Papa mandó recogerlo en el castillo de Monte Fumone donde aseguró su ansiada, oración y penitencia hasta su muerte el diecinueve de mayo de 1296.

APÉNDICES

El pasado cinco de mayo se cumplían ciento cuarenta y tres años de un desgraciado suceso ocurrido en el Templo Parroquial de Santa María Magdalena de Villamiel. Quizá por descuido por lámparas o velas se incendió el retablo del que no quedó absolutamente nada y desapareció la imagen del Santo Patrono Pedro Celestino, talla de comienzos del s. XVIII.

Lo narran bien las Actas e informe que firmaron Alcalde y Concejales y el Párroco de Trevejo, encargado de Villamiel, por la reciente muerte del Párroco D. Luis Antonio Jiménez, que lo fuera de esta Villa.

Con tres Actas y un informe redactado todo por el Sr. Secretario del Ayuntamiento tenemos narración clara y detallada de lo ocurrido. Y de lo llamativo o extraño, como dicen, por no atreverse a llamarlo milagro. Convertido estaba todo en cenizas, entre ellas solo quedó el hueso reliquia del Santo traído de Roma y salvado no se sabe cómo.

Dos elementos son destacables de entre las noticias que aportan estos documentos.

El primero es el sentido ético que tuvieron aquellas autoridades -“bajo de su honor y conciencia informaron”- además llama la atención la preocupación por cualquier tema que afectase al vecindario a quien representa también en este asunto.

Como segundo es reseñable que, careciendo en aquel momento la villa de sacerdote propio, ayuden en todo al encargado que tiene que venir de fuera. El Ayuntamiento en pleno realiza las gestiones en orden a adquirir una nueva talla, la actual, que va a cumplir los ciento cuarenta y tres años.

Aunque el castellano ha evolucionado seguimos respetando la ortografía y expresiones que encontramos en las tres Actas e informe que siguen.

PRIMER ACTA

“En la Villa de Villamiel día seis de mayo de mil ochocientos cincuenta y ocho sus Mecdes los Sñores D. Bernardino Bustamante, Alcalde por S.M. (q.D.g.) y demás individuos del Ayuntamiento que suscriben, por ante mí el Srio. dijeron: “que en el día de ayer fue abrasado completamente por algún descuido que no ha podido descubrirse, el retablo y la imagen de S. Pedro Celestino, Compatrono de esta Parroquia, salvándose de la voracidad del incendio un hueso del cuerpo del Santo, que se custodiaba en un sagrario, construido para este objeto en el retablo indicado; y siendo tan extraño acontecimiento merecedor de ser transmitido a la posteridad qe debe mirarse la conservación de la reliquia como un beneficio muy especial, qe la Divina Providencia se ha dignado dispensar a este vecindario, sabedores de que D. Pablo Vergas Robledo, Cura Párroco de Trebejo y encargado de esta Parroquia, vacante por fallecimiento de D. Luis Antonio Giménez, el L.D. Cipriano Valiente y Dionisio Enrique, de esta vecindad fueron los primeros que entraron en el Templo, y los autores de tan feliz hallazgo, acordaron se prevenga a estos tres sujetos que se sirvan estender a continuación informe, bastante espresivo de lo ocurrido, reservando esta corporación tomar las medidas que conceptúe más oportunas y conducentes para el remedio del daño ocasionado. Así lo acordaron dichos Sres en espresado día, mes y año firmando conmigo el Srio, de que certifico.”

Firmaron: Bernardino Bustamante, Manuel Talabán, Manuel Herrera, Agustín Asensio, Francº Baile, Marcelino Montero, Valentín Churro, Fernando López y Ramón Pereria. Srio.

INFORME

D. Pablo Vergas Robledo, el L. D. Cipriano Valiente y Dionisio Enrique, de esta vecindad, en cumplimiento de lo prescrito en el Acta que precede, bajo de su honor y conciencia informaron:

“Que a las cinco de la tarde, poco más o menos, del día cinco del presente mes, noticiosos de que estaba abrasado el retablo y la imagen de S. Pedro Celestino, volaron al templo siendo los primeros que entraron, de los muchos, que fueron concurriendo después, llevados de la novedad. En efecto, había desaparecido ya el Retablo con la Imagen y hasta una lámpara de hoja de lata destinada al culto del Santo, cuya materia estaba reducida a menudos trozos carbonizados y liquidado su vaso. Sobre la mesa o altar, en la que se celebra el Santo Sacrificio de la Misa, había un grandecimiento de ascuas sumamente candentes cuyo calor se hacía sentir bastante molesto a alguna distancia. Arrostrando, pues, por la incomodidad, que es de presencia, se propusieron ver si hallaban algunos residuos o fragmentos del relicario de plata, en que se custodiaba la reliquia, de que se hace mérito en el Acta anterior y encontraron, en efecto, varios trozos de la misma requemada e inservibles y otros liquidados y reducidos a una pasta informe sufriendo esta última suerte el cristal de su viril, el cual encorvado y hecho una rosca tenía abarcado y dentro de sí el hueso del Santo, que el Sr. Cura procuró despegar con el mayor cuidado; hecho lo cual vieron con grande admiración que se hallaba en el mismo ser y estado que tenía antes del incendio, sin haber sufrido calzinación, ni lesión de ninguna otra clase. Esto es lo que vieron y lo que informan asegurándolo por cierto y verdad bajo la protesta, hecha en la cabeza de este informe, firmando hoy siete de mayo del año mencionado.”

Firmaron: Bernardino Bustamante, Cipriano Valiente de Valencia, Manuel Herrera, Manuel Talabán, Balentín Churro, Pablo Vergas Robledo.

SEGUNDO ACTA

“En la villa de Villamiel a ocho del mes y año espresados sus mrces los Sres. de Ayuntamiento referidos, por ante mí su Srio, dijeron: No pudiendo, ni debiendo carecer esta parroquia de una imagen de su Compatrono, de cuya mano ha recibido este vecindario tantos beneficios entre los cuales son fáciles de recordar los de estos últimos veinte años en cuyo período le ha librado por tres veces de epidemias asoladoras que cubrían de luto las familias en algunos pueblos inmediatos, no debía omitirse medio para reemplazarla con otra, dirigiéndose a un artífice de acreditado mérito; y pues que ni en la Iglesia ni en la villa hay fondos de que disponer para los gastos que han de ocasionarse, reúnanse a los mayores contribuyentes en la Casa Consistorial con asistencia también de D. Pablo Vergas Robledo y se les invitara a una suscripción voluntaria, proporcionada a los posibles y devoción de cada uno, con cuyo ascendente se hará una cuestación por el vecindario, el cual, no duda esta Corporación, se esforzará para la reunión de caudales suficientes, pues todo es de esperar de su piedad y cordial devoción a su Compatrono; y al efecto nombraron depositario a dho D. Pablo Vergas. Así lo acordaron referidos sres firmándolo conmigo el srio de que certifico”.

Firmaron Bernardino Bustamante, Manuel Talabán, Manuel Herrera, Francisco Baile, Agustín Asensio, Balentín Churro, Fernando López, Marcelino Montero, Ramón Pereira srio.

TERCER ACTA

“En la referida villa a doce de diciembre del año espresado habiéndose recibido ya la Efigie de S. Pedro Celestino que fue encargada a Madrid y ha salido de un mérito artístico nada común, se reunieron los Sres de Ayuntamiento, D. Ángel López, Cura Ecónomo, para acordar el aparato con que ha de ser recivida en ella, y día en que haya de verificarse y dijeron que habiendo sido el veinte de Enero el día en que se reunieron en la Iglesia el Clero, Ayuntamiento y otras personas en el año de 1700 para deliberar sobre la calamidad que afligía a esta población, designaban el mismo día 20 de Enero para la solemnidad. En el anterior 19, se cantarán vísperas solemnes, y en ella se hará la bendición de la imagen; por la noche el repique de campanas, tamboril, luminarias y fuegos artificiales anunciarán la fiesta del siguiente día, a la cual se dará principio sacando la imagen en procesión, cuya carrera estará colgada de antemano; desps se celebrará misa solemne, estando manifiesto el Santísimo Sacramento aceptando sus mrcdes como aceptan con la debida gratitud la propuesta que les ha dirigido D. Pablo Vergas Robledo ofreciéndose a predicar; se concluirá con un solemne Te Deum y por fin se dará a besar la reliquia a todo el pueblo; y pues aquel día será de vacante o festivo, por la tarde habrá Rosario con letanía y Salve cantadas. Así lo acordaron y dijeron dhos Sres firmándolo conmigo, el Srio, de que doy fe”.

Firmaron: Bernardino Bustamente, Manuel Talabán, Manuel Herrera, Balentín Churro, Agustín Asensio, Francisco Baile, Marcelino Montero Ángel López, Ramón Pereira srio.

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Oct 011999
 

Gregorio Carrasco Montero.

La Roma eterna y universal, pagana o sacra, siempre esconde en sus entrañas, ya mitológicas, ya históricas, algunas sorpresas.

No solo para los que la visitan por primera vez, que entonces todo es llamativo, bien por los innumerables personajes exósticos que pululan buscando toda clase de sensaciones, bien por las ganas de parar en sus vías e iniciar buena charla con la Roma a quien le nacieron y crecieron coliseos y catacumbas, fontanas y basílicas, esclavos y legionarios, emperadores y papas.

En los nichos practicados en los pilares que sustentan o refuerzan la grandiosa nave de la colosal basílica de San Pedro se colocaron estatuas de rebeldes e inconformistas de la Iglesia. Porque esos fueron siempre los fundadores y reformadores.

Los extremeños topamos en ella con la del más destacado de los hijos de esta tierra de incierta etimología, que llamamos Extremadura. Es la de aquel Santo que anduvo descalzo miles y miles de kilómetros, per pisando con mucho amor cada centçímetro cuadrado de la misma porque era su tierra, más parda y pobre que actualmente, y por éllo más franciscana entonces que ahora. Y porque ya se sabe, mejor, se sabía que “o por fraile o por hermano, todo el mundo es franciscano”.

Por ello y por mucho más, entró en el cielo con su capucho desbordado de paz y del mucho bien realizado.

En tan cualificado lugar, el hombre que quiso soledades y silencio y al que buscaron los que necesitaban de guías y respuestas, despierta aún sensibilidades espirituales de altura y sentido religioso.

El que dejó todas las posibilidades que le ofracía a “su lindo entendimiento” tanto la universidad como la polçitica, los reclamos del mundo recién descubierto o la vieja Orden Militar de la venera verde, sigue pregonando su mensaje de renuncia. Allí, en definitiva, proclama los valores y características de lo que seguimos llamando extremeñidad.

Ante aquella estatua y en aquel lugar mirando la imagen escultural del glorioso santo, San Pedro de Alcántara, todo extremeño bien nacido siente algo especial. Hasta se hincha un poco más el globo, más bien flácido, del regionalismo extremeño.

RAZÓN DEL TEMA

Tocábamos el tema sanalcantarino en los precedentes Coloquios de 1998, porque poco después de finalizados tendría lugar en la S.I. Catedral la solemne apertura del Año Jubilar con motivo del V Centenario natalicio de Juan Garavito y Vilela de Sanabria.

Volvemos de nuevo a él pocos días antes de su clausura en la villa que le viera nacer.

Aprovecho este momento para mostrar mi gratitud, como Delegado Diocesano del V Centenario Alcantarino, al C.I.T. por haber dedicado la presente edición a este Santo Patrono de toda la región.

El año pasado lo hicimos presente recordando al obispo devotísimo del Alcantarino, el valenciano Excmo. Sr. Dr. D. Ramón Peris Mencheta, impulsor de todos los valores extremeños.

Este año lo reiteramos a cuenta de otro valenciano, haciéndolo igualmente presente en estos Coloquios de 1999.

El valenciano de esta ocasión fue un escultor que dejó en la basílica vaticana con mármol blanco de Carrara la figura resultante de vivir en esta tierra los valores evangélicos en plenitud. Escultor que trató de transmitir a la posteridad el hombre eremita, el extremeño reformador, el asceta alcantarino, el director espiritual, a uno de los grandes místicos del S. XVI.

Perfectamente documentado se encuentra D. Francisco Vergara, que es tal artista. Completa existe la escritura contrato firmada entre él y el Síndico Apostólico sobre las características y coste que habría de tener la estatua del santo paisano.

No pretendemos, ni mucho menos, presentar un estudio de sus características.

Artísticas. Sabemos que un sacerdote valenciano prepara en la actualidad, para su publicación, un libro sobre dicho artista. Sin duda que dedicará buen espacio a la citada estatua.

Solo intentamos ahora, por esta ocasión en los Coloquios, que tenga divulgación la escritura antes aludida.

La publicó completa y en italiano el P. Ivars en la Revista Archivo Ibero Americano. Traducida al castellano la publicaba el 10 de octubre de 1915 el Boletín Oficial de la diócesis de Coria en el Nº 26 del año 50 de su publicación. De este citado boletín la transcribiremos después.

PROTAGONISTA DEL HECHO

¿Quién promovió la ejecución y colocación de la estatua de nuestro glorioso San Pedro de Alcántara?

Cuando lo extremeño ha sido tantas veces precerido y olvidado en tantas y tantas cosas sorprende lo referente a la misma y encontrarla muy bien colocada en tan solemne lugar.

Efectivamente, tenía que ser un Ministro General de la Orden de los Frailes Menores y español el que se preocupase de ello. Todo lo cual quizá no hubiese sido suficiente para que desde el S. XVIII esté la imagen marmórea del más penitente de los santos en uno de los lugares más llamativos y públicos de la Iglesia Católica y de la Roma Imperial.

Tenía que ser, además, extremeño. Fray Pedro Juan de Molina, natural de Mérida, miembro de una extremeñísima familia “que se honraba con el parentesco del glorioso santo extremeño”. No podía ser de otra manera.

Sí, Fray Pedro Juan de Molina fue quien movió los hilos necesarios para que nuestro patrono ocupase un lugar en la basílica más visitada de la cristiandad, entre los fundadores y reformadores, pregonando a las generaciones posteriores la plena aceptación del evangelio, su peculiar manera de vivirlo en Extremadura, Castilla, Portugal, etc.

Ya tuvo este Ministro General conciencia del sentido de reliquia y valor referencial de El Palancar en momento en que tal vez la decadencia pugnaba contra esta reliquia sanalcantarina, o la acechaba la amenaza de abandono, iniciando lo que pudo ser la primera restauración del convento más chico del mundo.

Otros dos religiosos, en dos distintas órdenes, pertenecieron a esta misma distinguida familia emeritense. Ambos fueron devotísimos del pariente santo y divulgadores de sus virtudes y valores.

Uno ingresó en la esclarecida orden del santo obispo y fecundísimo escritor, Agustín de Hipona.

Fue consagrado este agustino extremeño obispo de Santiago de cuba, siendo trasladado sucesivamente a los obispados de Barcelona y Málaga. Elevado a la dignidad cardenalicia Fray Gaspar de Molina y Oviedo, que así es como se llamaba, ostentó también los importantísimos cargos de Comisario General de Cruzada y Presidente del Consejo Real de Castilla.

Trinitario fue otro miembro de la familia Molina, de nombre Fray Jacinto de Molina Maldonado. Predicó un llamativo sermón en la fiesta de San Pedro de Alcántara en Arenas el 29 de octubre de 1740.

Impresa tan pieza oratoria se la dedicó a su pariente cardenal, Fray Gaspar de Molina y Oviedo.

Dicen los que alcanzaron a leerla que desarrolla en la dedicatoria, cosa muy habitual entonces, una serie de llamativos datos genealógicos con los que demuestra el parentesco con el santo Fray Pedro de Alcántara de los Molinas Emeritenses.

Oviedos y Maldonados, este se usa en su madre y parientes por línea materna, son apellidos vigentes en la época del patrono extremeño en la Villa Alcantarina.

Escritura otorgada en Roma en 17 de septbre. De 1750 entre el Síndico Apostólico y D. Francisco Vergara sobre el precio de una estatua de San Pedro de Alcántara.

“Siendo así que el Rmo. P. Pedro Juan de Molina, Ministro General de la Orden de San Francisco desea erigir en la Basílica de San Pedro en el Vaticano de Roma, en el nicho sobre el agua santa, a mano izquierda de la entrada a dicha basílica, en mármol blanco la estatua de San Pedro de Alcántara con un ángel de mármol igualmente blanco, y el pedestal de jaspe de color plomizo, que con la inscripción que indicará el M.R.P. Procurador General de S. S. Con letras de bronce dorado a semejanza de las otras estatuas que se encuentran colocadas en los otros nichos de dicha basílica; y habiendo aceptado el modelo hecho por el señor D. Francisco Vergara, se ha convenido, y ha sido establecida la obra con las siguientes bases capitales, y condiciones, es a saber:

Primero. Que la dicha estatua debe ser con arreglo al sobredicho modelo ya ejecutado por el señor D. Francisco Vergara, y del otro, que él mismo hará en grande para exponerse en dicho nicho de San Pedro, para ser allí examinado y aprobado por los peritos antes de comenzar a trabajar el mármol.

Segundo. Que dicha estatua con su ángel y pedestal debe ser terminada y colocada en su nicho en todo el año 1752 con la mayor exactitud y habilidad posible.

Tercero. Que debe ser cuidado del dicho señor Vergara hacer venir el mármol de Masa de Carrara que sea para estatuas sin hendiduras ni manchas notables, y en las medidas más bien sobrantes que escasas, de otro modo esté obligado a hacer venir otro a satisfacción, franco y bueno, desembarcado sobre el Ripa de Roma.

Cuarto. Que igualmente sea cuidado del mismo señor hacer transportar el mármol al sitio y lugar donde él deberá trabajarlo; y hecha la estatua con su ángel, hacerlos transportar a San Pedro y colocar dicho nicho.

Quinto. Que por el trabajo, estudio, fatiga, mármoles, transportes por mar y por tierra, colocación en el nicho de San Pedro, y todo otro gasto cualquiera que él sea, que ocurriera en dicha obra, se ha convenido que dicho P. Rmo. General Molina hará pagar al dicho señor D. Francisco Vergara escudos cuatro mil, moneda Romana, sin que dicho señor pueda pretender nada más por cualquier accidente, desgracia o motivo que pueda acaecer, tomando el mismo señor Vergara a su cuenta y riesgo cualquier accidente o desgracia que pueda sobrevenir en dicha obra, y contentándose con dicha suma para todas las expensas y fatigas empleadas y por emplear hasta el perfecto y total cumplimiento y colocación de la misma.

Sexto. Dicha suma de escudos cuatro mil será pagada al referido señor D. Francisco Vergara en el modo siguiente es a saber, Escudos 500 en el acto de suscribir el presente contrato; 2º, debiendo dicho señor Vergara ponerse de acuerdo con un mercader de Carrara para tener los mármoles sobredichos puestos y desembarcados sobre la Ripa de Roma, a cuenta y riesgo de dicho mercader, tomando las garantías justas y convenientes dicho señor Vergara, a fin de que dicho mercader cumpla enteramente su obligación, no debiendo el Rmo. General ser en ningún caso responsable, a tenor de lo expresado arriba en el n. 5, el Rmo. P. General hará pagar a dicho mercader de orden suya el precio de dichos mármoles, parte antes de que vengan y parte después de desembarcados en la Ripa, conforme al contrato que habrá pactado dicho señor Verga, 3, cuando el mismo señor Vergara, después de la aprobación del modelo grande, comience a trabajar el mármol, el P. General le hará dar otros 500 escudos; 4, cuando esté acabada toda la estatua con el ángel, y se hallen la una y el otro en estado de ser transportados a San Pedro, se le hará dar otras 500, y cuando después sea puesta en el nicho de San Pedro, con su ángel y pedestal, y aprobada en tal manera que no habrá nada más que corregir, entonces se le hará dar el remanente de la suma convenida de 4.000 escudos.

De aquí que con la presente, que ha de valer como público y jurado instrumento, el sobredicho Señor Vergara se obliga a trabajar dicha estatua (la cual con su cruz deberá ser de una sola pieza de mármol) el ángel y el pedestal, como arriba y perfeccionar la obra y colocarla antes de que acabe el año 1752, todo a sus expensas, en el nicho sobre al agua santa, al entrar a mano izquierda de la sobredicha basílica de San Pedro, por la suma de escudos 4000 que se han de pagar de mano a mano, como está explicado arriba en el nº 6, esto es: 500 escudos al sucribirse la presente, el precio de los mármoles según el convenio que él hará; 500 escudos antes de trabajar él el mármol, otros 500 cuando la estatua y el ángel se hallen en estado de ser trasladados a San Pedro y colocados en el nicho; y lo restante cuando todo esté allí colocado y totalmente cumplido.

Y por el contrario el Sr. D. Felipe Martínez, Síndico Apostólico de dicho P. General obliga al mismo a pagar dichos escudos 4000 en el modo, y en los términos sobredichos. Y para la observancia de todas las cosas sobredichas, el sobredicho Señor D. Felipe Martínez, como Síndico sobredicho, obliga al referido Rmo. P. General Molina, y el dicho Señor D. Francisco Vergara se obliga a sí mismo, a sus herederos y bienes en la más amplia forma de la R. C. Apostólica, con todas las acostumbradas cláusulas, etc.

De la presente han sido hechas dos copias, las cuales serán suscritas por ambas partes.

En Roma, hoy 17 septiembre 1750.”

Oct 011989
 

Gregorio Carrasco Montero.

Un amigo -simpático seglar cáustico- definía siglo y comportamientos españoles ante hombres de Iglesia con esta fórmula clara y contundente: “Cincuenta años con el incensario delante de los curas; cincuenta años con la estaca detrás de los curas”. Más elegantemente un famoso columnista en diario de tirada nacional y el 16 de julio pasado, formulaba lo mismo así: «Conocidas son las fases de la tajada hispana: “La verborrea convincente, la exaltación de la amistad, los cantos regionales, el tuteo de la auto­ridad y el insulto al clero».

Hoy, sin las exteriorizaciones tan agrias de antaño, se vomitan también en algunos púlpitos laicos los lodos de muchos nauseabundos y retorcidos subconscientes hinchando globos de fallos reales cuando existen. O des­caradamente manejando con técnicas actualizadas de difusión dudas, sos­pechas o calumnias.

Entre dentelladas y arañazos pretenden robar, más de lo que parece, pro­piedad, honor, gloria y esplendor de una cultura e historia en cuyos ámbitos la Iglesiaestá con derecho propio, ya por trabajos personales ­de dos hombres y mujeres, ya por acogida, dirección y aliento a persona­jes que rompieron portillos en campos científicos y abrieron nuevos es­pacios en la historia encauzando a ellos medios y hasta donaciones que a ella mismas recibiera.

Traigo a esta edición de 1989 de los Coloquios Históricos de Extrema­dura, más que la figura, el recuerdo de un cura de aldea, uno de tantos miles de desconocidos, que desde una perspectiva histórico cultural, con­tribuyeron a levantar o conservar templos -uno de los pocos monumentos­ referenciables de nuestros pequeños pueblos-, acrecieron día tras día archivos, adquirieron esculturas, pinturas, orfebrería. Y además de su dedicación ministerial encontraron tiempo y forma de hacer pequeñas cora­les, dirigir preceptorías descubriendo inteligencias y ayudando desinte­resadamente con el propio pecunio o son gratuitas clases particulares. En todo eso, y mucho más, quedaron muchos desvelos y trabajos, a veces incomprensiones y serios disgustos y, entre tanto, sus nombres en el no­venta y nueve por ciento quedaron patinados por el olvido.

LOCALIZACIÓN

Cerca de la margen izquierda del Tajo, entonces a su aire, lamiendo a trechos algún que otro granito y otras veces rompiendo con su ímpetu la abundantísima pizarra de sus márgenes en esta zona, hoy amansado por sujetarlo la presa de Oriol, donde las llanuras brocenses-alcantarinas se quiebran un tanto, se descuelga suavemente por no menos suave ladera un pueblecito del llamado Priorato de la Orden de Caballería de Alcántara. Actualmente con unos cuatrocientos habitantes y que en tiempos de más movimiento demográfico sobrepasó el millar.

Aquí, según el rectorologio que tiene la parroquia, -uno de los pocos completos que he podido ver y manejar- rigió el curato desde el 17 de marzo de 18228 hasta el 7 de junio de 1847 un sacerdote que aprovechó todos los ratos y mete ya la palabra hoy políticamente manoseada, del ocio que proporciona una aldea, escribe él, para transcribir y legar a la posteridad noticias y datos de la pequeña historia de no menos peque­ño pueblo, como es la Villa de Mata de Alcántara.

El nombre del cura rector de Ntra. Sra. de Gracia de la Villa de Mata en los libros parroquiales no aparece con la denomina­ción de Mata de Alcántara hasta el año de 1874 sin que hayamos podido conocer las razones de la actual nominación. El nombre, digo, tiene re­sonancias roqueñas por Pedro. A su apellido otros dieron importancia y lus­tre en historia y literatura.

Pedro Quílez -en ningún documento firmado por él aparece su segundo apellido- abre así uno de los libros parroquiales: «1834. Libro Tercero de Desposados y Velados de la Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de Gracia de la Villa de Mata, siendo Cura Rector de dicha Iglesia Pedro Quílez”. Este sencillo texto de apertura está en el primer folio con numeración romana, con grafía y dibujos de estupendo pendolista enmarcado todo en una espe­cie de cartela en cuya parte superior tiene en latín frase con sabor paulino: «Qui matrimonio jungit imaginem suam befacit et qui no jungit melius facit».

 

 

PERSONALIDAD

 

En el folio XV al referir una transacción con D. Juan Valero, adminis­trador de Correos de Brozas, de una casa que el adquirió en 1831, así co­mo de una huerta y viña, por otros bienes que dicho Sr. tiene en la Villa de Tobarra, cerca del pueblo de mi naturaleza, dice, en el Reino de Mur­cia, sabemos que era de aquellas tierras. En el folio 30 de idéntica enu­meración y en una especie de autoconfesión de lo poco que ha podido hacer en los cinco primeros años de su ministerio en este curato, nos da la razón de ello, descubriendo al mismo tiempo algo de su personalidad.

«Nueve años cumplidos -afirma- llevo en esta parroquia cuando quedan expresadas estas noticias. Los cinco primeros nada hice por mis ausencias y permanencias de Catedrático y Vicediirector del Real Colegio de Humanidades de Cáceres”. Por lo que se ve que no era un D. Nadie. “Y por el viaje –continua– que hice a Murcia a visitar a mis hermanos».

En este tiempo, confiesa también, estuvieron la Iglesia y sus rentas así como la casa del curato en el abandono que las dejó mi antecesor D. Joaquín Nogués de Orbezúa, apellidos que tampoco tienen nada de extremeños.

Por los 30 folios que escribió desde el principio del Libro de Matrimo­nios, los 7 que en la misma forma pone en el libro de Defunciones Nº 5, ambos manejados por mi y las que escribiera en el Libro Sexto de Cuentas de Fábrica, que no he podido ver, podemos deducir que fue un hombre activo, amante de las tradiciones e historia de los sitios que sirvió, defensor de los derechos de sus parroquia, detallista y minucio­so, buscador de razones legales, costumbres inveteradas, escrupuloso en el cumplimiento de las cargas que dimanan de sus cargos o prebendas.

Facetas, pienso, que son exponentes, de una rica personalidad y de una práctica humildad.

Pedro Quílez iniciaba así el folio 11 del Libro III de Desposados: “Noticias sobre el beneficiado curado e Iglesia de la Mata entresacadas de va­rias visitas y hojas sueltas que podido reunir de algunos libros del archivo que quedaron rotos y perdidos en la Guerra de la Independencia de Napo­león».

Así, una vez más de las muchísimas que hemos encontrado, no obstante el historiador francés Pierre Vilar, se demuestra que los soldados de la Ilustraciónacababan, allí donde llegaban, con toda cultura y lustre a base de incendios, roturas y robos de tallas, pinturas, libros. Nosotros, los extremeños, sabemos que arramblaron hasta con los libros de cocina. El destrazamiento de un apartado archivo parroquial en una idea sin valor estratégico es claramente demostrativo de lo afirmado.

Ante la extrema pobreza del curato y en una exposición que hace al Prior del Sacro y Real Convento de S. Benito de Alcántara dice «que examinó y reconoció el estado de cuentas de las rentas de Fábrica de la Iglesia, Co­fradías y del mismo curato y vio que todas ellas estaban reducidas a la más completa nulidad a consecuencia de las calamidades y trastornos públi­cos que desgraciadamente nos han aflixido».

¿Podemos valorar hoy lo que supuso tanto vandalismo en pequeñas parro­quias como ésta? Yo no temo en afirmar que no han vuelto a levantar cabe­za. Bastaría para probarlo contemplar actualmente el estupendo retablo ma­yor, que si alguien de fuera, y pronto, no lo remedia terminará desaparecien­do.

Después de la pincelada del archivo con libros rotos y hojas sueltas de libros perdidos, imagino a este hombre de hace más de siglo y medio como un cura rural, con talante de monje en un sencillo -mas bien pobre- escritorio y con paciencia benedictina recogiendo folios sueltos y pegando los trozos rotos de otros que varios de sus antecesores -pasado el vendaval napoleónicos- se limitaron a amontonar en algún cajón de viejo armario. Todavía hay que agradecer que no se desentendieran de ellos en alguna pira anticultura. Así este cura de aldea pudo sacar datos y noticias que personalmente juzgó importantes.

Y la primera que nos da lo hace con este tenor: “Primeramente consta que esta Iglesia y Lugar eran por los años de mil cuatrocientos una calle o arrabal de la inmediata Villa de Alcántara y estaba servida la Iglesia por un religioso de la Orden de S. Benito hasta que por los años de mil quinientos se hizo parroquia y se le asignaron nómina y derechos parroquiales que en principio fueron sumamente escasos hasta que por solicitud de don frey Diego Morillo y Velarde se aumentaron”.

Quizás resulte interesante entresacar algo de la detallada enumeración de instituciones que contribuyen y con cuánto al sostenimiento del templo, cul­to y Personal.

 

1.- La Real Mesa Maestral de Alcántara contribuye en cada un año con 1214 reales y 10 maravedís. Se cobran de cuatro en cuatro meses por medio de un recibo de 404 reales y 26 maravedís. Al fin de año un testimonio del ayuntamiento de la Villa acreditando haber servido el cura a su parroquia.

 

2.- La Encomienda de Belvís y Navarra contribuye al curato en cada un año con 476 reales y 6 maravedís. Se cobran por S. Miguel. Muy propio de zona ganadera.

 

3.- La Encomienda de la Clavería paga en cada un año 104 reales y 6 maravedís.

 

4.- El Sacro y Real. Convento de S. Benito de Alcántara paga en cada un año 112 reales y 24 maravedís. Pero de ellos se descuentan 11 reales y13 maravedís, que el curato pa­ga a S. Benito en cada un año, dando y recogiendo los correspondientes recibos.

 

5.- El Ayuntamiento o el Fondo de Propios de esta Villa paga en cada un año 84 reales y 2 maravedís por las hierbas de la dehesa titulada El Campillo que siendo en lo antiguo propia del curato se incorporó a la dehesa Boyal de esta Villa para que toda ella correspondiese a los Propios, quedando el cura que dio el consentimiento para la incorporación y sus sucesores apercibir los citados reales y maravedís. Se le concede también derecho a entrar en igual parte con el alcalde, los regidores, el procurador y escribano en la bellota que se recoge en los cuartos que a pluralidad devotos se elig­en entre los partícipes. También en los aprovechamientos de leñas. El Cam­pillo lo dejó al curato Juan Alonso a mediados del Siglo XVI.

El caos producido por el paso, cuasi exterminador de los soldados de Napo­león, las ventas realizadas por el Crédito publico de tierras de las Cofra­días y las permisiones autorizadas por el Privado Godoy -así lo cita siem­pre Quílez- debió ser tan grande que algunas de las Cofradías se han pasa­do 19 años y otras hasta 21 sin presentar cuentas y la Santa Visita jamás lo ha procurado. Se han perdido, añade, los vales del Crédito Público y lo mismo las escrituras. La gente, se queja, por unas o por otras razones se desentiende.

Añade que para arreglar estas situaciones han intervenido con decretos y normas los Priores del Priorato de Alcántara frey D. Juan Gallegos y Peñafiel, Prior Espadero, Prior Fajardo y Vargas. Por la pobreza que tiene el curato Quílez ha tenido que acudir para que el Prior le autorice a disfru­tar las pocas rentas y censos que puedan tener las cofradías existentes en la pequeña población y lo autoriza el prior don frey Gregorio Vizuete y Carrasco.

A pesar de las pesquisas y esfuerzos de Pedro Quílez, como se ha visto, poco pudo arreglarse y la queja por él mismo apuntada ha desembocado en la no existencia de Cofradías en la actualidad y a duras penas haber conservado la casa del curato o parroquial hoy.

 

 

COFRADIAS

 

Desde el folio VI al XX da noticias pormenorizadas de las Cofradías, que con vida raquítica, existían todavía en su época. Tremendamente metódico no se limita a enumerarlas. Después del título de cada una hace la reseña en tres apartados: a) Derechos – b) Obligaciones – c) Notas.

Prescindo de los dos primeros apartados por ser, en general, comunes a las de otros pueblos o parroquias. Recalco el apartado tercero porque denota su preocupación para que se conozcan los libros de cada cofra­día. En ellos se contienen los dos primeros apartados. Además de los derechos y obligaciones Pédro Quílez -¿Cuánto tiempo dedicaría?- hace en el tercer apartado un elenco de las posesiones o participa­ciones que en tierras tienen las cofradías con los limites de cada una de ellas y en lo que podemos ver también toponimia, motes populares, dueños foráneos con sus cargos etc.

Leemos relación y apuntaremos curiosidades cuando hubiere lugar. Pero an­tes expresar lo que creo va siendo una necesidad. Yo creo que ya tendría que estar en la calle una tesis doctoral sobre las cofradías de esta región que demuestre todo lo que de culto, asistencias a menesterosos, curiosida­des, música, autos sacramentales, folklore, y otros elementos culturales que se cocieron en el seno de las mismas. Creo que muchos que se aho­gan o se babean con tanta cultura quedarían pasmados de la que generaron estas cofradías en las más humildes y alejadas aldeas. No se trataba, no, de meras devociones de incultas mujercitas, porque, además, la mayoría de las mismas estaban dirigidas por los hombres.

Y pasamos a la enumeración de las que Quílez referencia.

Habla, mejor escribe, de S. Antón. Dice: “que no tiene cofradía y que cree que no la tuvo en la antigüedad, pero sí desde tiempo inmemorial un petito­rio que se celebra el 17 de enero”.

 

1.- Cofradía del Dulce Nombre de Jesús: Tiene dos libros I (1675-1771) y II (1772-1817). Otro se ha perdido.

 

2.- Cofradía de S. Pedro Apóstol: Sólo de ésta ha visto un cuaderno que em­pezó en 1710.

 

3.- Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario: Tiene tres libros. I (de 1600 -1705), II (de 1706 -1757) y III (1758-1806).

 

4.- Cofradía de S. Gregorio: Solo unos manuscritos que han visto muy de­sordenados, sin libro (sic). Entiendo que querría decir sin encuadernar, y dice que cree que nunca existió libro alguno de ésta.

 

5.- Cofradía do Ntra. Sra. del Carmen: Tenía antiguamente unas tierras cercadas llamadas Huertas de Aldeas, que se vendieron en tiempos del Privado Godoy. Tiene un solo libro que comenzó en 1796 y concluyo en 1821.

 

6.- Cofradía de la Vera Cruz: Tiene una especial obligación, además de las co­munes a toda cofradía. El 16 de julio se hacía una procesión que llegaba hasta la Cruz de Piedra que está en la tierra de entrada de Alcántara. Allí se adoraba la Cruz de Procesión. El cura rector leía los cuatro Evangelios supongo que serían las cuatro perícopas con las que cada uno de los cua­tro evangelistas narra la Crucifixión de Jesús. Tenía un libro de 1754-1821.

 

7.- Cofradía de San Sebastián: Tenía tres libros. El I perdido o quemado, el II (1615-1740) y el III (1741-1821). Teniendo en cuenta la duración, más de un siglo de cada libro que él conoció podemos concluir que bata ya existía a finales del siglo XV.

 

8.- Cofradía del Santísimo Sacramento: El Crédito Público vendió tierras de esta Cofradía en tiempos del Privado Godoy a principios de si­glo. Tenía tres libros: I (1614-1631), II (1632-1750) y III (1750- 1829).

 

9.- La Cofradía de S. Lorenzo: Le toca a Pedro Quílez asegurar con ………… ……………………..(OJO: LA FOTOCOPOIA QUE SE CONSERVA DE ESTA PONENCIA ESTÁ CORTADA) cofradías, fábrica y curato.

La de San Lorenzo, patrono de la Villa, y quisiera por ello, se ha defendido me­jor y ha tenido mayor liquidez. Por esto es objeto, escribe, de ambición de la Mesa Maestral de Alcántara, escudada añade, en la ignorancia, descuido y abandono de los Mayordomos de ella y de los Párrocos de la Mata, ha llevado o llamado (no se entiende bien) al acervo común de partícipes a pesar de las Reales Ordenes de los Reyes D. Carlos III y D. Carlos IV declarando que los diezmos que producen y devengan los sembrados en las tierras de las Co­fradías de la V. de la Mata corresponden a las mismas Cofradías, así como corresponden a la fábrica de la iglesia y a los párrocos de la misma Mata los Diezmos que producen sus respectivas tierras y se siguen cobrando en el día. Aunque, continua, en el año pasado de 1835 hicieron una nueva tentati­va para quitarlos, a lo cual me resistí a pesar de lo delicado de las circunstancias, y con efecto, porque la iglesia y el curato siguen cobrando los diezmos. Y se ve que los de las Cofradías se los limaron.

Esta Cofradía, sigue, tiene derecho a reclamar de la Real Caja de Amorti­zaciones los intereses anuales que devengan los capitales de las fincas que e1 Crédito Público le vendió en tiempos del Privado Godoy a principios del siglo. Se vendió entonces el olivar que está dentro de la Dehesa Boyal y dentro del olivar la iglesia principal de S. Lorenzo, destechada hace tiem­po. Allí se hacían las funciones o fiestas del santo. Acudían no solo los feligreses de la Mata, también de otros muchos pueblos por la devoción gran­de que tenían al Santo. Era fiesta, añade, muy celebrada según me han referido muchas personas que asistieron a ella.

En derredor de la ermita se ven -todavía hoy- unos artesones de piedra en los que dicen que hacían muchas ensaladas para convidar a los forasteros. Arruinadala Iglesia de S. Lorenzo, su talla se trajo a la ermita de S. Pe­dro, que está subiendo al Calvario en el camino de Villa del Rey. Arruinada también ésta, ambas tallas se trasladaron al templo parroquial y hoy no exis­ten ninguna de las dos. Con amarga impotencia consigna Quílez la siguiente frase explicativa de latrocinios y expolios: “tuvo S. Lorenzo otras tierras que han desaparecido para el Santo, no para otras personas».

Cada mes tenía esta cofradía una celebración en honor del Santo. Y tres 1ibros, I (1622-1674), II (1675-1770) y III (1770-1821).

 

10.- Cofradía de las Benditas Ánimas: Dos libros: I (1674-1766) y II (1767-1827).

 

Motes y otros datos.- Con relación a los motes el tiene su filosofía particular. Dentro de sus noticias sostiene que las partidas se deben ano­tar con letra clara poniendo, además del nombre y apellido, el mote o mal nombre que tenga el sujeto porque en los pueblos de poco vecindario es más común atenderse por los apodos que por los nombres propios.

Traemos solo algunos, no sin advertir que se podría hacer algún trabajo de ese tipo. Sería en esta Villa suficiente con los 19 largos años que sirvió Quílez el curato. Sin que haya sido por nuestra parte exhaustiva la búsque­da de los papeles que de él hemos manejado referimos los siguientes, casi todos de varones.

Pedro (Perico Risas), Pedro (tío Coleto), Antonio (Puchelata).

Mario (el Vela), Juan (Cuenca Chica), Manuel (el tío Pelo Colorado), Pedro (Perico Mata), Esteban (el Cristo), Pedro (el Ranchero), Bernardo (el tío Marinas), Juan (el Amores), Francisca (la Capillina), Blas (el tío Dolo), Pedro (el Rey), Antonio (el tío Malote ), Rosalía (la Boquica), Patricio (el Churro).

 

 

OTRAS CURIOSIADNDES.

 

Calle del reloj porque en ella hay, escribe, un reloj de piedra figura­do en un canchal.

Calle Grano del Oro por un encuentro que del precioso metal hubo en ella. Salto del Gitano, y es curioso que este topónimo se da en más tramos del Tajo y con la misma dignificación. Allí está lo que llama la lancha tri­lladora en la que se majaban las mieses y está tan cerca del Tajo que muchas veces las aguas la cubren.

Gregorio Calleja, soldado del Regimiento de Aragón murió en Aderno (Sicilia) en 1726 y deja herederos a sus dos tíos y estos ceden a la Cofradía de las Benditas Ánimas.

Capellán poseedor de una capellanía que fundó el Lic. Diego Fernández Santiago, presbítero, es Manuel Rino, de 18 años, vecino de Alcántara y es­tudiante de Gramática.

Como litigantes por otra capellanía están el anterior y Claudio Corchado de 11 años.

Vivió la supresión de las Ordenes Militares y en la Tabla de misas que tiene como carga el párroco de la Mata lo consigna al anotar una de ellas y dice: «de la extinguida Orden de Alcántara».

 

 

RECTOROLOGIO

 

También le tocó a Pedro Quílez hacer la apertura del libro 54 de Difun­tos en el mismo año 1834. La hace de forma parecida a como ya indicamos hizo en el libro de testimonios. En la cartela de ahora cita un versícu­lo del Salmo 114: “Placebo Domino in regione vivorum”.

Sus ocho primeros folios los dedica a transcribir especialmente, aunque no exclusivamente, noticias y costumbres de los entierros y funerales de dicha Villa, cuyos derechos, indica, están reconocidos y aprobados por Santa Visita que en 1550 hizo el Ilmo. Sr. Don Frey Claudio Manrique de Lara, prior del Sacro y Real Convento de San Benito de Alcántara y otras a que dicho Sr. se refiere. Pero en éste me confirma en mis sospechas, no sólo en relación con la Guerra de la Independencia, sino de las Guerras con Portugal que, a juzgar por los datos que voy recorriendo y fueron en nuestros pueblos y campos, más o menos fronterizos, a base de muchos robos e incendios.

Pero vayamos a lo que dice en la apertura: «Noticias pertenecientes a los entierros o funerales que de tiempo e inmemorial costumbre se hacen a los difuntos en esta Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de Gracia de la Vi­lla de la Gata. Consta y parece de dicha visita y de algunas hojas suel­tas de otros libros de Visitas anteriores que estaban en el Archivo, rotas y desordenadas, sin duda por los trastornos de los tiempos, Guerra con Portugal y por la Guerra de la Independencia Nacional contra Napoleón Bonaparte, en que desamparados los pueblos y errantes las gentes por los campos se entregaron sus tropas al pillaje y a la destrucción de cuantas cosas quedaban en las casas; y afín por noticias fidedignas que he tomado de personas muy antiguas y conocedoras de este particular que las oyeron…”.

Pero además del valor archivo lógico que tiene este libro sacramental y de lo que arriba hemos apuntado pienso que es importantísimo lo que se halla en el folio VII y es un estupendo Rectorologio -Catálogo lo llama él- que es uno de los más completos que he podido ver, gracias a los curas que le sucedieron y lo han continuado.

Él lo inició con traba­jo y pesquisas en los libros parroquiales y, claro, pone su fecha de pose­sión: 17 marzo 1828 y su cese en el 7 de junio de 1847.

Lo comienza diciendo: “desde 1535 hasta 1540 fue cura uno que se firma Ju­lián. Existen en este elenco apellidos que, como ya indiqué, poco tienen de extremeños. La razón es que los curas del priorato no se nombraban de entre los diocesanos sino entre eclesiásticos que pertenecían a la ra­ma clerical de la Orden Militar. Muchos tienen que ver con linajes que re­poblaron las tierras reconquistadas y que llegaron de las manos de reyes leoneses y castellanos y movidos por tierras, prebendas y títulos. Citamos algunos: frey Pedro de Valenzuela, frey Juan de Avellaneda, frey Don Fernando de Obando y Toledo, el Bachiller Juan de Álava, frey Don Alonso Flores, el Bachiller Diego de Salamanca, el Lic. Don Juan Díaz Mo­rato, el Lic. Pedro Gayoso, el Lic. Pedro Habela Núñez, frey Don Die­go a e la Vega y Cárdenas, frey Don Manuel Feliciano de Silva Figueroa y Pantoja, frey Don Felipe Bravo y Cabrera, frey don Antonio de la Serena, frey Don Caraciolo Barrantes, Don Ramón de Mata Palacios, frey Diego Morillo y Velarde, D. Joaquín Nogués y Orbezúa.

Apellidos que parecen estar esperando una misteriosa y clamorosa convo­catoria para solemne Cónclave de Maestres, Comendadores Mayores y Priores de la Orden de Caballería de Alcántara para que con «sus hopalandas que deslumbraron media historia de España a una con la carga dorada de sus apolillados apellidos» frase de mi amigo y hermano en el sacer­docio ya fallecido, Sánchez Prieto, urgieran, continuo yo, con, sus sabores teológicos, políticos, históricos y estratégicos el impulso hacia adelante que, nás que nunca está necesitando 1a zona del antiguo Priorato de la Or­den Militar de Caballería de Alcántara.

Oct 011988
 

Gregorio Carrasco Montero.

La Sierra de Gata no suficiente, menos sistemáticamente, estudiada tiene dos especiales características que la hicieron escenario de hechos y anécdotas durante el periodo de la Guerra de la Independencia:

  1. Por su parte más occidental tiene muchos kilómetros de frontera con Portugal y esta cercana al eje formado por las sitiadas y martirizadas ciudades, salmantina y portuguesa, de Ciudad Rodrigo y Almeida.
  2. Por su elevada e intrincada orografía en la que encontramos picos de respetabilísimas alturas como La Nave con 1279 metros; El espinazo con 1332; La Jañona con 1367. Sobre todos destaca Jálama con 1.492 metros.

Pero mientras en la ciudad charra se han realizado simposios y están saliendo al público documentadísimos estudios sobre asedios, guerrilleros, etc., en esta comarca cacereña apenas se ha hecho, no digo una serie investigación, si no la más elemental.

Queremos recoger en esta aportación algunas anécdotas, hechos o datos que hemos encontrado en archivos, visto casi diluidas en estudios de envergadura y oído en referencias fidedignas, además de recalcar que por sus cercanías con Portugal es visitada frecuentemente por jefes y patrullas de uno y otro bando, francés e inglés.

Digamos primeramente que como prematuro aviso de incursiones, incendios, latrocinios y asesinatos, el general francés Lapisse bajó por el puerto de Santa Clara rozando Jálama, y llegó a San Martín de Trevejo y avasalló el convento de los padres capuchinos de San Miguel supra Tagum entre el 20 y 21 junio 1801.

Este mismo general, que regresó de las primeras sierras cacereñas para acuartelarse de nuevo en tierras mirobriguenses, desciende por el Puerto de Perales y atraviesa Perales del Puerto para dirigirse al puente de Alcántara a partir del 27 de marzo de 1809.

Perales del Puerto: pueblo que estuvo situado desde su fundación a orillas de la Calzada de la ¿Dalmacia? –carreteras a nivel del puente de Guadancil a Ciudad Rodrigo-. La iglesia parroquial fue incendiada dos veces por los franceses ¿sería la primera por el mismo Lapisse?, salvándose sólo dos libros de su archivo parroquial. Uno, que quedó muy deteriorado, empezó en 1559, y otro de finales del siglo XVIII.

Hoyos: de todos, creo, es conocido el fusilamiento del obispo cauriense el Excmo. Sr. D. Juan Álvarez de Castro. Desde distintos ángulos ha sido ya trataba aquí la figura de este mártir de la independencia por el P. Abad y por mí mismo. Escribíamos entonces: “temiendo cualquier brutalidad de los ilustrados soldados, al menor aviso, al obispo se le oculta en la Sierra, llevado hombros de mocetones serranos”. Este verano he podido contemplar con emoción el sillón de recia madera, no muy pulida, con sus canillas de hierro para meter los barales y llevarlo como a pontífice en rústica silla gestatoria. Vimos también el salón que hacía de capilla y sus dependencias particulares. También algunos objetos. Todo amablemente enseñado por la señora de Moreno de Acevedo que ha rescatado del desván el citado sillón y que tiene colocado, casi con sentido religioso, en su asiento un cuaderno manuscrito sobre Álvarez de Castro copiado a mano por uno de sus mayores. Termina dicho cuaderno así: “datos históricos del Ilmo. Obispo de Coria don Juan Álvarez de Castro, martín de la independencia española, asesinado en el palacio de la calle Derecha Alta núm. 4 de la villa de Hoyos (Cáceres)”.

La calle se llama hoy obispo Álvarez de Castro. La casa se llamó palacio desde que empezó a morar en ella el obispo. Éste vivía allí preferentemente en otoño. Empezó a fijar su residencia en esta villa ya muy enfermo y agobiado por la muerte de su sobrino M. I. D. Antonio Martín Montero, tesorero de la catedral de Coria, que ocurrió el 28 de marzo de 1804. Se trasladará temporalmente en junio de 1805 y se hospeda en esa casa-palacio de su sobrina doña María Montero Álvarez casada con don Tomás Valencia y Godoy. Enfermo y casi ciego dictaba desde aquí circulares y normas a la diócesis. Estoy buscando las dos que dictó exhortando a la lucha contra los franceses.

Gata: el abad de la abadía premostratense de la ciudad de Ciudad Rodrigo, burla a los franceses acuartelados en los mismos espacios abaciales y traslada a la villa de Gata el tesoro sacro litúrgico de la abadía. Al notar su ausencia, un destacamento se pone en marcha para averiguar su paradero. Con extorsiones encuentran pistas del camino del abad. Al llegar al pueblo salmantino de El Bodón se topan con el pobre abad que viene de regreso de la Villa que da nombre a toda la serranía. Le propinan tal paliza que el monje tiene que desandar el camino y a empujones es llevado al escondite donde se apropian de los objetos litúrgicos.

Aquí mismo matan a una o dos personas que se oponen con escopetas a los gabachos.

En la misma Villa, en casa de doña Teresa Guillén, por la cadena de sucesiones y herencias, se encuentra ahora era anillo episcopal de Álvarez de Castro.

Villanueva de la Sierra: después de pasar por el Puerto y por Perales el general Lapisse, a Álvarez de Castro se le alejan de la inmediata zona de influencia de esa vía tan usada por los franceses y consta que en Villanueva de la Sierra se hallaba el 29 de abril de 1809, pero regresaría algún tiempo después a Hoyos porque se siente mucho más enfermo y agotado.

Villamiel: se robó bastante cantidad de plata entre lámparas, cálices, alguna custodia, relicarios, etc. El obispo fray Benito Uría y Valdés, con la diócesis prácticamente invadida, hace la visita pastoral entre 1809 y 1810. Por ello se encuentra en Villamiel y comienza las confirmaciones de varones el día 4 de mayo de 1809 y el día 5 confirma hembras y a todos los de Trevejo, anejo de Villamiel, a donde se les convocó.

El secretario de la visita dejó con su redacción constancia de la situación cuando escribe el acta de la visita pastoral y entre los mandatos se encuentra el tenor del siguiente párrafo: “Item, no permitiendo las inquietas circunstancias del tiempo examinar de espacio, ni tener en disposición el libro de Colectoria (sic) de misas, cumplimiento de vínculos, aniversarios y capellanías, dejo facultad en debida forma al beneficiado rector para que si Dios nuestro señor se sirve cambiar tiempo más tranquilo vea, examine y advierta en sus respectivos lugares los que estén cumplidos y las advertencias conducentes a lo que se halle cumplido. Así lo mandó y proveyó su S. I.”. Firma fray Benito, obispo de Ciudad Rodrigo, el secretario don José Medrano levanta acta ya en San Martín de Trevejo, donde se fechaba el 12 de mayo de 1809.

De Villamiel era el canónigo que sería elegido V. capitular en el mismo San Martín por haber muerto el obispo durante el asedio y estar la sede vacante. Y en Villamiel, finalmente se acantonó la segunda división de llamado Ejército de la Izquierda.

San Martín de Trevejo: aparte de lo dicho con relación a su convento de San Miguel supra Tagum, nunca tenemos que añadir que en esta villa establece el Duque del Parque su cuartel general. Y que fue el último que visitó de los seis que en Sierra de Gata tenía el citado obispo mirobriguense.

En este mismo pueblo, en otra rama de los señores Moreno de Acevedo, de donde son originarios y por las mismas razones de herencias se conserva el báculo pastoral de Álvarez de Castro.

En él se reunió por dos veces el cabildo de Ciudad Rodrigo dominada ya por los franceses la pequeña ciudad episcopal y en la primera de esas reuniones se elegiría como Vicario capitular al canónigo villamelano don Andrés Xerez.

Elijas: se sabe que también estuvo acontanada en esta villa otra división del Ejército de la Izquierda. También fue visitada en estos días de mayo de 1809, cargado de zozobras, por el mismo obispo mirobriguense.

Julián Sánchez, alias el charro: este célebre guerrillero, luego Brigadier, de las mismas raza y entrega que don Jerónimo Merino, estimadísimo de Wellington, tuvo las bendiciones de Álvarez de Castro, pues, a su disposición estaba el palacio episcopal de Lagunilla (Salamanca), entonces posesión de la diócesis cauriense.

En tierras extremeñas sabemos, primero, que atravesó muchas veces los caminos de Sierra de Gata; segundo, que estuvo las puertas de Coria para dar un golpe que no pudo ejecutar por las circunstancias adversas; tercero, pretendió una emboscada a un destacamento francés que había robado la platería de la catedral placentina recuperándola toda y devolviéndola al cabildo; y, cuarto, que fue nombrado jefe de las guerrillas que operaban entre el Tajo y el Durero. Y casi seguro que se entrevistó en Hoyos con don Juan Álvarez de Castro.

Oct 011986
 

Gregorio Carrasco Montero.

El académico don Antonio Rubio Rojas a escrito de la villa, encomienda mayor de la Orden Militar de Caballería de Alcántara: “la primera impresión que Brozas causa en el visitante es la de una población rural con un tinte urbano indiscutible”. Palacios, templos, plazas, casas solariegas, etc. certifican lo urbano. Lo rural muchas cosas más. En lo rural ciertamente habrá que enmarcar el conjunto de sus ermitas, que siguiendo la terminología turística al uso podríamos decir de todo él que forma una mini-ruta que os invito a recorrer con este trabajo.

Digamos antes que Brozas, que cuenta con el mejor templo parroquial de la provincia cacereña llamado por algunos escritores, y especialmente por los antiguos presbíteros diocesanos, “la catedralita” parece que tuvo su casco urbano siempre flanqueado de ermitas. Ni un solo punto cardinal estuvo desprovisto de ellas. Unas existentes y otras de las que ruinas o toponimias y documentos recuerdan su existencia.

Distinguimos tres grupos antes de iniciar el recorrido:

1. ERMITAS QUE YA NO EXISTEN

– La de los santos Abdón y Senén.- en su solar está hoy el llamado Paseo de los Santos. A las afueras, en parte norte de la villa.

– La de San Marcos.- en ella tenían lugar los cultos míticos cristianizados, o como fueran, del célebre Toro de San Marcos. Estaba al sur, en las afueras.

– La de la Virgen de la Hoja.- más bien debió formar parte de un complejo agro-ganadero de la finca llamada “Hoja de Santa María de Guadalupe”, que los jerónimo del Real Monasterio tenían en los campos brocenses a donde trashumaban con sus ganados servidores y hermanos y con ellos algún monje para celebrarles los oficios litúrgicos. Desde la desamortización la imagen marmórea o alabastrina ha estado en Santa María la Mayor en distintos sitios. Actualmente está colocada en una hornacina exterior de la puerta llamada de la Umbría. La finca y lo poco que queda de sus ruinas están en el Sur en la inmensa llanura que lentamente se descuelga hacia el río Salor.

2. LAS QUE EXISTEN PERO CON OTROS FINES DESDE LA DESAMORTIZACIÓN

– La de San Juan: con las bóvedas hundidas y algunos paramentos, hastiales y arquerías en pie. Es utilizada actualmente como cementerio ya que dentro se han construido nichos.

– La de Santa Bárbara: hoy es una fragua pero últimamente no se trabaja en ella.

– La de los santos Fabián y Sebastián.- única que se transformó para bien al convertirse en el segundo templo parroquial de esta villa.

– La de Nuestra Señora de la Luz.- desapareció al construirse el convento franciscano.

Antes de acabar este capítulo, digamos que también podría meterse en él las siguientes iglesias conventuales: la del convento de las Comendadoras o cabelleras de la Orden de Alcántara, de clausura; la del convento, también de clausura, de franciscanas de La Encarnación; una y otra tienen que ver con explotaciones agro-ganaderas. Y la capilla del que fuera hospital del Señor Santiago, con restos de pinturas murales. Fue gallinero y actualmente no tiene ninguna dedicación.

3. LAS EXISTENTES EN LA ACTUALIDAD CON ALGÚN CULTO Y CON IMÁGENES

Aquí comenzamos el recorrido de esta mini-ruta. Por supuesto que se puede iniciar en distintos sitios, yo propongo el siguiente:

Partimos de la puerta principal del templo “catedralino”. Por leve cuesta caminamos hasta lo más alto del altozano. A nuestra derecha se pueden contemplar distintas partes del castillo, sede del Comendador Mayor e imaginar toda la grandeza del siglo XVI en cientos de detalles. Enseguida comenzamos a descender. A nuestra izquierda vemos, roto y maltrecho, lo que queda del convento de las Comendadoras. Entramos, quedando a nuestra espalda una bella perspectiva de la torre del homenaje, en una de las calles más “calle” del pueblo. Y ello por la poesía y el ruralismo de su nombre: Aldehuela. Y además porque es una de las calles en la que mejor se ha conservado la arquitectura popular, alterada recientemente al fondo y en la acera izquierda. En un codo que hace la margen derecha encontramos la casa que la tradición señala como la natal del que universalizó su nombre: El Brocense. Termina la calle, en la misma margen derecha, con la ermita-fragua de Santa Bárbara. Sencilla en su arquitectura. Destaca su bóveda semiesférica. Posee planta cuadrada y portada granítica de medio punto; espadaña vacía pero bien proporcionada, de ladrillo. Sobre el medio punto en piedra rectangular aparece una inscripción en parte ilegible. Esto es lo que podido sacar: “A de servir a su costa” y la fecha que parece ser esta “1657”.

En esta esquina, doblando a la derecha y por el llamado Arenal, salimos al camino vecinal de Brozas a Alburquerque y en el ejido que encontramos enfrente, oeste de la villa, en una franja de algo más de un kilómetro, está la zona más rica en construcciones religiosas. Caminemos hacia arriba un trecho para contemplar las ruinas de la ermita de San Juan.

Sobre la ermita de San Juan ya dijimos lo que de ella está en pie y que está dedicada. Las paredes maestras, arcadas paralelas compuestas de tres arcos cada una, dividiendo todo el espacio en tres naves. Por la nave izquierda se pasa a lo que fue una amplia sacristía, igualmente llena de nichos. También tiene en pie aún el arco triunfal que separa el ábside del resto. Está muy deteriorado; con dos portadas de acceso, ambas de medio punto, abierta sólo la que está dentro del cementerio, pero totalmente atosigada por los enterramientos y rematada por una bien proporcionada espadaña. Según diversos autores, parece obra del siglo XV con elementos de diversas procedencias que pudieran ser incluso anteriores a ese siglo y reutilizados allí. Es, como el cementerio del que ahora forma parte, de propiedad municipal.

Hemos pretendido restaurarla e incorporarla al culto y después de contactar con dos ayuntamientos de siglo distrito, nada se ha conseguido.

Metidos ya por veredas entre canchos del ejido municipal, en una pequeña altura se halla la ermita de La Soledad. Su espacio es de aproximadamente 37 metros cuadrados. Su fábrica es de granito bien trabajado en los paramentos externos, cuadrada y a cuatro aguas. Su entrada es de arco de medio punto; escudo marmóreo encuadrado todo él en la flor verdelisada de la Orden de Alcántara y con signos de la Inquisición. Dentro de la ermita se conserva un retablo barroco, sencillo, dorado y en regulares condiciones. En él están una imagen de miriñaque de La Soledad. Mesa de altar con frontal de buena azulejería y en el centro mismo también la imagen de La Soledad. Todo parece ser del siglo XVI. En el lado este de la misma remata un buen crucero.

Descendiendo otro trecho del mismo ejido, y en una ondulación de lo que parece un aprendiz de valle, dentro de un seto con aires de murallas, se encuentra la más artística y bella y, yo diría, que hasta filosófica de las ermitas brocenses. Se ha tramitado el expediente de declaración de monumento nacional. El seto antes aludido tuvo cuatro entradas a las que se subía o bajaba por cinco o seis peldaños. Según los cronistas franciscanos que tratan de la procesión del Toro de San Marcos, dicen de estos paseos o gradas “que con ser agrios subía y bajaba el toro con toda mansedumbre”. Es ermita pequeñita, de 4,40 m x 4,40 el recinto, aunque con el seto, dentro del cual se encuentra, tienen 299 metros cuadrados. Buena y artística fábrica del siglo XVI. Esta bellísima ermita, llamada también Humilladero del Buen Jesús, tiene pegado en su ejecución y existencia el apellido Nebrija. Frey Marcelo de Nebrija, hijo de Antonio de Nebrija, autor de la primera gramática castellana, fue Comendador Mayor de la Orden de Alcántara y como tal residía en el castillo de Brozas. Con este motivo y a su amparo vinieron a este pueblo todos sus hermanos y padre. Cercanas a castillo y contiguas al convento de las Caballeras había un grupo de casas conocidas hasta hace poco con el nombre de Casas de Nebrija y hoy hay una calle dedicada a este apellido. Algunos, aunque tímidamente porque todo el mundo lo reclama, dice en que aquí escribió parte, al menos, de los manuscritos el viejo gramático.

Dentro de la cerca pétrea y cuadrada que la protege vemos todo esto: entrada de medio punto; inscripción que gira de izquierda a derecha por todo el arco y que habría que dedicar mucho tiempo para descifrarla y con medios técnicos. A uno y otro lado, a media altura y en sentido horizontal, existe otra ilegible, casi borrosa. Sobre el medio punto escudo del que sobresalen los lises de la cruz alcantarina. En sus cuatro cuarteles: derecha arriba un sol con cara; izquierda superior y derecha inferior dos coronas de laurel; izquierda inferior cinco flores de lis. Encima del escudo y en el mismo material de mármol o alabastro, está grabada esta leyenda en tres líneas: “Por Xpo se a de poner / Honra, I Vida / Y por la HONRRA la Vida”.

Al oeste y en el mismo material antes dicho se lee en latín y en dos líneas: “TIME / DEUN”.

En el sur, en idéntico material pero de forma redonda y en torno al círculo: “VIAM INVENI” y dentro del mismo una V. en la fachada oeste y el rectángulo del repetido elemento esta exhortación con eco de novismos: “CONOCE EL TIEMPO Y / A TI MISMO”.

Remata la belleza exterior siete estatuas de granito. Cuatro ángeles de medio metro, aproximadamente, sosteniendo unas carteras a modo de escudos. Otra es signo de la Justicia. Aparece otra referida alguna virtud teologal, un peligro y falta la escultura del Este.

Dentro destacan la bellísima imagen alabastrina de Jesús, el Buen Jesús atado a la columna. Fue pintada y hace poco la hemos devuelto a su estado primitivo. La escoltan dos ángeles de alabastro y en adoración. Colocadas las tres sobre una grada de la misma longitud que la mesa de altar con otra leyenda que no hemos podido leer por estar pintada toda la piedra. Tiene bellísima e interesante azulejería el frontal que, como toda la fábrica, es del siglo XVI.

A un tiro de piedra de ésta, está el convento franciscano construido a instancias de San Pedro de Alcántara con la misma nominación que tenía la ermita y aledaños de Virgen de la Luz y Valle de la Luz, que el emperador Carlos V entregara para tal fin a los frailes de la provincia de San Gabriel.

Continuemos cogiendo un ancho camino que nos lleva subiendo suavemente a la más popular de todas las ermitas. Es la de San Antón, abad. En esta, y la llanada está en la parte norte de la misma, se han reunido los brocenses desde hace muchos siglos para ofrecer, pedir y festejar a este santo del Alto Egipto. Sería muy largos narrar sus fiestas folklórico-religiosas en las que participan varios miles de personas.

La fábrica actual es un poco enigmática. ¿Se amplió con el tiempo?, ¿Se desplomó su bóveda? Pienso que quizás ambas cosas. Con sus doscientos y pico metros cuadrados se observan diversas iniciativas arquitectónicas. Un arco de medio punto y de ladrillo inicia el tramo de medio cañón con lunetos que terminan en el ábside. Otro tramo está señalado por arco de granito en forma de ojiva. Sobre éste y desde el comienzo de la ermita estaban apoyados maderamen y cañizos. Nada de esto rimaba con el tramo del ábside, por eso en la última restauración se ha colocado viguetería de cemento y tableros de rasilla vista. Todo esto le ha dado un gusto especial y es alabada por devotos y turistas. Se descubrió también el porche o atrio con arco de medio punto de ladrillo; y tiene dos medios arcos de piedra como especie o a modo de arbotantes. Dentro de un retablo barroco, originariamente dorado, pero pintado y repintado, de forma que ha quedado finísimo, se puede contemplar la talla de San Antón, del 1700, otra de San Blas recientemente restaurada, un san Francisco y un crucifijo de Jesús. Tiene adosada una sacristía.

Desde la puerta se puede contemplar el templo de los Santos Mártires que es la ermita ampliada de los citados santos; y nos dirigimos por caminos y ejidos a remirar la más pequeña de las ermitas conocida simplemente con el nombre de Humilladero. También situada en altozano. Toda su hermosura está en el arte exterior. Por dentro nada tienen de importancia en estos momentos por deterioro y por no poseer imagen alguna. Llama poderosamente la atención su barroco, singular en estas latitudes. Mirando hacia el convento de Nuestra Señora de la Luz, no lejano, se nota un parecido especialmente con la linterna de la iglesia conventual del mismo. Sobre un basamento de granito se eleva toda su fábrica de ladrillo lucido con una gran profusión decorativa con múltiples molduras y cornisas con decoración de dados, típica de este estilo. Tienen numerosos remates piramidales. El acceso es por hueco adintelado. Sobre las paredes se eleva hermosísima cúpula, aumentada y realizada por un tambor que se refuerza con resaltes numerosos y otros tantos remates piramidales. Acaba el conjunto con linterna en la que se repiten resaltes y pirámides. Y da más valor la veleta, de muy buena forja y perteneciente al gran rejero brocense Juan Cayetano Polo.

Finalmente Santa Lucía. Se encuentra esta ermita al otro lado del montículo en el que hemos visitado el anterior humilladero. No tiene particular importancia arquitectónica. De mampostería en su longitud rota en el hastial de entronque por el arco de medio punto de granito. Dentro, un retablo barroco, dorado, con toda seguridad proveniente del Convento de la Luz en tiempos de la Desamortización. Será culto a la virgen y mártir Lucía. Tiene 176 metros cuadrados. También con el seto de rejería, poco buena. Es sencillamente su fábrica popular.

Y lejos del casco, la más próxima a cinco kilómetros de la población se hallan las dos ermitas que han dado lugar a las romerías. La mayor y más distante es la delPadre Eterno, con sus 200 metros cuadrados. Tiene una enorme escultura de la Santísima Trinidad, con representación de las tres divinas personas en el mismo bloque y que parece mármol policromado. Quizás por las distancias, la romería hay ido decayendo y lleva varios años sin celebrarse por falta de personal. No así la romería de San Gregorio que aumenta en número de personas cada año, calculándose los últimos años en unas 5.000. La ermita es la de menos valor arquitectónico. Nada de nada. Apenas 70 metros cuadrados. Desapareció la talla y hoy para el culto se tiene una de Olot. Está junto a los baños de San Gregorio, en uso desde la época romana por sus aguas sulfurosas. La ermita forma un conjunto con el edificio de los baños y sólo se distingue por algún signo religioso o entrando dentro, teniendo acceso desde dentro del citado edificio o desde fuera. El paisaje del lugar es el más derecho que tiene Brozas.

Sólo dejar constancia de mis dudas de otras dos posibles ermitas. Pero de las que no hay restos claros ni tampoco hemos echado documentación. Una pudiera ser dedicada a Santa Marina, por la toponimia; y en paredones del lugar se ven algunos sillares bien tallados. Otra toponimia habla de la finca Bótoa. En una calle existía el pozo llamado de la Virgen. Hasta 17 ermitas se han contabilizado. Bien merece el título de mini-ruta.