Oct 012005
 

Manuel J. Bazaga Ibáñez.

La Real Academia Española admite como acepción a esta palabra la de pasar ganado y conductores desde las dehesas de invierno a las de verano y viceversa. Deriva de las latinas trans (de la otra parte) y humus (tierra) fue un fenómeno presentado hace algunos siglos, pero que alcanzó su máximo desarrollo a partir de los siglos XII y XIII, y aunque con menos importancia sigue apareciendo en nuestros días.

Consiste en el traslado de ganados desde el norte (tierras frías en invierno) a Extremadura e incluso Andalucía (más cálidas en otoño e invierno). Estos ganados, ovejas y vacas, aprovechan los pastos de las dehesas extremeñas y andaluzas, viniendo a sus cuidados los pastores y familias ganaderas, que se desplazan de sus tierras, siguiendo en estas dehesas hasta que en verano vuelven a sus pastos norteños.

A estos movimientos ganaderos se llamó trashumancia y se remonta a tiempos antiquísimos; en la época de los godos ya existieron y éstos encontraron en los prados o dehesas extremeñas la acogida para sus ganados. Más tarde los iberos, celtas y árabes ya disfrutaron de nuestras dehesas y por tratarse de un movimiento migratorio, fue necesario que se adoptasen medidas que los regulasen legalmente.

En el año 625 a.C. vinieron las tribus celtas con su ganadería y se mezclaron con la población indígena dando lugar a la época celtíbera, en la que el comercio de lana era la actividad más importante. Este pueblo celtíbero tenía una ganadería trashumante, que con la invasión de los godos comenzó a realizarse entre tierras más lejanas, lo que hizo necesario una protección de la actividad, así se promulga el primer código de la Península bajo la forma de Fuero Juzgo visigoda.

El pueblo árabe, más interesado por los placeres del buen vivir, se preocupa del ganado caprino ya que les proporcionaba el queso casero, que tuvo su origen en estos momentos.

Con estos ganados se movían también personas, unas como pastores y otras como propietarias de los rebaños. En este movimiento se acercaron a Extremadura personajes que se avecindaron en nuestros pueblos, bien por que su clima era mucho más benigno para sus ganados o porque en ellos encontraron medios de vida más rentables y cómodos, sobre todo si contaban con capitales suficientes para atender a una u otra actividad.

Naturalmente que muchas fincas o dehesas fueron adquiridas para acomodo de los ganados que subían o bajaban según la temporada. Trujillo fue uno de los pueblos elegidos por razones más que suficientes para adaptarse en ellos de forma definitiva. Aquí, encontraron tierras que cubrían sus necesidades ganaderas, pero además de clima, ni demasiado frío o caluroso, pudieron alternar con actividades industriales o financieras que hacían más atractivas y beneficiosas sus estancias.

Las ganaderías, sobre todo la ovina, a partir del siglo XIV. Añade algo a sus exquisitas carnes, la calidad de sus lanas estimadas en todos mercados, haciendo que la ganadería de ovejas fuera codiciada como la de mejor calidad, entre todas que concurrían a los Mercados.

Actualmente existen familias trujillanas que descienden de los ganaderos que en tiempos eligieron estos asentamientos, y se consideraron trujillanos a todos los efectos.

Un pueblo de la Rioja, Villoslada de Camero, fue el que mayor número de personas emigrantes trajo a nuestra Ciudad, aunque también, Riaño, Babia, Palencia, y otros convecinos de aquel bien fueron pueblos de todos los lugares, que convivieron y se adaptaron en Trujillo.

Este pueblo riojano aparece como trashumante y originario de los antiguos pobladores, cántabros e iberos en los que a través de la denominación de “Camberos” se simplificó con el de Cameros, con el que hoy se le conoce.

En el Archivo Municipal de Trujillo, existe gran número de escrituras relacionadas con personas de este pueblo de la Rioja, que realizaron testamentos e incluso actividades mercantiles, compra-venta de fincas e inmuebles y otras transacciones comerciales y de la importancia de estos personajes da cumplida cuenta de alguno que llegó a ser Alcalde de Trujillo.

Hubo más pueblos ganaderos propietarios de grandes fincas donde rebaños de ganados, principalmente ovejas y vacunos aportaron sus ganaderías al aprovechamiento de los pastizales extremeños. Disfrutan en inviernos de buenos pastizales haciendo sus estancias provechosas: Riaño, Babia, Tejerína, también fueron lugares que aparecieron por nuestras dehesas y sus propietarios figuraron en alguna forma entre los trujillanos.

Naturalmente estos movimientos ganaderos necesitan tanto en su acomodo en tierras extremeñas o andaluzas, de buenos pastizales, como de leyes o costumbres que regulen sus desplazamientos.

En la Edad Media se dictaron leyes para regularizar y ordenar los desplazamientos ganaderos, apareciendo Organismos reguladores de la Trashumancia, fue el Real Concejo de la Mesta. En sus traslados, tenían forzosamente que transitar por campos y encinares de algunas Ordenes Religiosas, y propiedades particulares que naturalmente defendían sus territorios, y si no tenían o no podían aprovechar los terrenos propios, por haberlos pactado con otras ganaderías, era lógico que pidieran una compensación a los ganaderos que pasaban por sus fincas.

Las primeras normas escritas sobre la trashumancia datan del reinado de Eurico (año 504). En esta búsqueda de pastos de las fronteras no fueron obstáculos para que surgieran conflictos y con ello algún acuerdo o Ley que regulara estos aprovechamientos de ellos y aparece el Real Concejo de la Mesta, creado por Alfonso IX en el año 1273 y que duró hasta la Regencia de Maria Cristina en 1836 que la disolvió. Creando la organización de las Cañadas Reales como caminos oficiales para la subida y bajada de los ganados

La Mesta fue una organización poderosísima, debido a los privilegios reales que consiguió, creando las llamadas Cañadas Reales, aunque todavía persiste alguna de estas Vías, otras desaparecieron, al disponer los ganaderos de otros medios de transporte para el ganado, (Camiones o Trenes).

Este Real Concejo de la Mesta, se le atribuía el control del tráfico ganadero y del cuidado de los caminos por donde transcurrían los ganados, con atribuciones para regular todo lo concerniente al paso, arriendos o propiedades del ganado.

Llegando el tiempo surgen dificultades entre los propietarios de las fincas por donde pasaban estos ganados con los dueños de los ganados. Se ha de considerar que había tramos en los que habían de pagar según el número de cabezas que pasaban por terrenos ajenos, por lo que en muchos casos fueron adquiriendo fincas en propiedad con lo que regularizaban la estancia o paso del ganado.

También llegaron muchos propietarios a ofrecer los terrenos comunes evitando así los problemas, al obtener la propiedad de los pasos.

Antiquísimo es este movimiento de ganados desde las tierras altas, a otras más frías. Para este traslado, aprovechan los ganaderos estas vías que fueron construidas para el movimiento de personas en época prerromana caminos o calzadas que fueron utilizados para comunicar el norte con el sur.

Los romanos especialmente acondicionaron los terrenos para el movimiento de sus tropas desde el norte a tierras del sur y el avituallamiento de éstas. Estos itinerarios o calzadas, que facilitaron el traslado de ganados, aprovechando lo que llamaron Ruta de la Plata, desde el siglo XIII, que fueron utilizadas más tarde por los ganaderos que bajaban y subían por ellas para que pasaran sus ganados, con mayores facilidades, por terrenos escarpados o pedregosos en régimen de trashumancia, buscaban los pastos en tierras extrañas, de propiedades en las que a sus dueños se les obligaba a dejar pasar estos ganados nórticos, que se desplazaban desde Astorga hasta Sevilla.

Cinco fueron los caminos principales por donde transcurrían:

Cañada de Vizana, La Cañada Leonesa Oriental, la Cañada Leonesa Occidental y otras Cañadas y Veredas. Alguna de estas Cañadas se unían o cruzaban, dependiendo de donde fuera el origen o destino de los rebaños.

Supuso ser una organización valiosa, más o menos criticada, ya que para algunos este paso de ganados por sus fincas suponía una deforestación de sus arboledas, además de sus pastos, al pasar por ellas con otras clases de ganados, que comían de las ramas y afectaban al arbolado empobreciéndolo a lo largo del tiempo, puesto que al ganado lanar se unía gran número de vacuno y caballar.

En Extremadura, algunas de las Cañadas atravesaban o pasaban por Trujillo o sus cercanías, más que otras, la Vizana o de la Plata, que en la cercanía de Trujillo seguían hacia los campos cacereños. Bifurcándose en dos o más ramales.

La Real Cañada de la Vizana, se parte en otras y estas aprovechan los pastos de dehesas cercanas a Trujillo: Doña Catalina, el Carrascal, Jarrín, Las Alberguerías, El Horco, Las Golondrinas, entre otras.

Estos caminos reales fue el nacimiento de las nueve Cañadas Reales que llegaron a existir: Cañada Real, La Leonesa Occidental, la Leonesa Oriental, La Segoviana, La Soriana oriental y la Occidental, la Riojana, la Conquense y la del Reino de Valencia. Todas bajaban de norte a sur, subiendo en verano para bajar en invierno.

Muchos de estos caminos siguen aprovechándose, unidas a trozos de la Vía o Ruta de la Plata, otras han desaparecido, por no utilizarse por el tiempo empleado en trasladar el ganado andando tan larga distancia.

BIBLIOGRAFÍA

  • El Concejo de Trujillo y su Alfor, Mª de los Ángeles Sánchez Rubio.
  • Emigrantes y sociedad. Extremadura y América en el siglo XVI, Ida Altman.
  • Actas de primeros encuentros de jóvenes investigadores extremeños.
  • De Villoslada de Cameros a Extremadura, Carmen Fernández-Daza Álvarez.
  • Trashumancia, Manuel Rodríguez Pascual.
Oct 012002
 

Manuel J. Bazaga Ibáñez.

«Yo me acosté, y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba» (Salmo III).

Si queremos recoger algo de la vida de esta ilustre Religiosa, debemos significar que en este Salmo, se puede resumir toda la trayectoria tanto seglar, como religiosa de Maria Ramona (Mariquita, como familiarmente la llamaban), más tarde Sor Filomena Maria del Patrocinio Bustamante Risel.

Nació en Trujillo un 18 de octubre del año 1825, en la calle Ballesteros, hija de Manuel Bustamante Saldaña, natural de Madrid y de Jacinta Risel Orozco, nacida en Aldeacentenera, Marqueses de San Antonio y Condes de Saldaña., ambos de ilustres familias afincadas en Trujillo.

A partir de los siglos XV al XVIII en Trujillo se tiene una explosión de religiosidad; los que marcharon a la conquista de América, vuelven con dinero y ganas de perpetuar sus nombres, por ello no dudan en destinar parte de sus caudales en levantar Palacios, Casas solariegas o subvencionar Conventos, dentro de las murallas, o fuera de ellas, se acordaron de todos y a pesar de que había Cuatro de Frailes ( Mercedarios, dominicos, Franciscanos, en sus dos ramas, (Observantes y Conventuales) y Seis de religiosas: Clarisas, Dominicas, Concepcionistas, Franciscanas, y Jerónimas). Además de las Ermitas u Oratorios que a la sombra de estos Conventos fueron levantándose en los alrededores de Trujillo: Santa Ana, Loreto, Magdalena, Papanaranja, etc. Las Parroquias también levantaron nuevos edificios o mejoraron las existentes: San Clemente, La Veracruz, Santa Maria, San Martín, acogieron a los devotos trujillanos que encontraban refugio en sus vidas espirituales. Todos fueron más o menos dotados económicamente, con la esperanza de que por sus donativos intercedieran por ellos. El Convento de San Francisco Real de la Coria es el que en principio ocupará nuestra atención, ya que está relacionado de forma muy especial con la vida que hemos de relatar de Sor Maria Filomena.

Este Convento, llamado de la Coria, por encontrarse en el camino que salía de Trujillo hacia la población de Coria, fue fundado en el año 1426, siendo su verdadero nombre San Francisco Real. Fue el preferido por las damas trujillanas y por ello adquirió cierto prestigio y fama de solo acoger a miembros femeninos de ilustres abolengos. Verdaderamente en él tuvieron acogida todas las jóvenes o mayores que acudieron a sus puertas solicitando su ingreso en el Cenobio, incluso vivieron con las Religiosas jóvenes que sus familias solicitaban su acogida como pupilas. En este Convento estuvo viviendo la Regla Religiosa durante siete meses, la madre de Sor Filomena, que tuvo que abandonar por enfermedad.

En este también profesaron como Religiosas dos hermanas de Jacinta Risel Orozco, que así se llamaba la madre de nuestra protagonista, una fue Abadesa, Sor Ana Maria y la otra Portera, Sor Paula. Ambas por tanto tías de Mariquita.

Una vez que Jacinta Risel, dejó el Convento, contrajo matrimonio con Manuel Bustamante Saldaña, de cuyo matrimonio tuvieron cuatro hijos: Mariano, Manuel, Carmen y Maria Ramona. Carmen falleció al nacer (27 enero de 1820) La madre Jacinta Risel, también tuvo corta vida pues a los 33 años, el 7 de julio de 1829 falleció, dejando los hijos antes reseñados: Mariano, Manuel, y Maria Ramona, llamada familiarmente Mariquita, y que más tarde fuera Sor Filomena Maria del Patrocinio. Del matrimonio de Antonio Risel y Tapia y Mª Josefa de Orozco Treviño, nacieron Jacinta, Sor Ana Maria, Sor Paula, (ambas religiosas en el Convento de la Coria, como hemos dicho), Leonardo y Eusebio, primos y tíos de nuestra Religiosa. Toda la familia Bustamante Risel estaba integrada en Trujillo, y prueba de ello fue que recibieron sepultura en el Cementerio de la Ciudad: Juana Lozano Rubio, (Trujillana) casada con Mariano Bustamante, que también recibió sepultura en Trujillo, el 21 de agosto de 1900, falleció a la temprana edad de 23 años. Mª Álvarez Riguero, casada con Manuel Bustamante, enterrada a los 52 años de edad en este mismo Cementerio el 25 de septiembre de 1875. Mariano Bustamante Risel y Saldaña, viudo de Juana Lozano Rubio, falleció el 9 de mayo de 1898 a los 75 años de edad y algún otro allegado familiar. Todos estos enterramientos están en el Patio Grande del Cementerio de Trujillo, (con lápidas muy deteriorada pero que permiten su lectura.) Toda la familia Bustamante Risel, aunque no oriundas de Trujillo, se vinculó a él y tuvieron suntuosas viviendas en la calle Ballesteros, García de Paredes y Francisco Pizarro, ya que sus títulos nobiliarios y desahogada situación económica la hicieron figurar entre las más distinguidas familias Trujillanas.

Al morir Jacinta Risel Orozco, los hijos varones los acogieron sus tíos Leonardo y Eusebio. La hembraro OrozcoOo fue llevada por sus tías Religiosas al Convento de La Coria. Esta niña nació el día 18 de Octubre de 1825, en la calle Ballesteros de Trujillo a la que pusieron por nombre Maria Ramona, más conocida por Mariquita,.La bautizaron en la Parroquia de Santa Maria el día 19 de Octubre de 1825 y confirmada el 27 de Octubre de 1829. Su madre murió cuando tenia 33 años, como antes hemos dicho y Maria Ramona tres. Su padre rico hacendado, obligado a efectuar frecuentes viajes de negocio, tuvo que dejar a la pequeña en manos de criados desaprensivos que la maltrataron hasta ponerla en peligro de muerte en más de una ocasión. Enterado el padre del trato dado a la pequeña le obligó al padre en uno de sus regreso a Trujillo, a entregar a la pequeña Mariquita a sus tías Religiosas del Convento de la Coria, que tuvieron que hacerse cargo de la niña, y con ellas estuvo desde la edad de tres años hasta que por enfermedad, nuevamente el padre la llevó a su casa, pensando que en esta tendría mejores cuidados, pero también se equivocó.

De sus hermanos Manuel y Mariano, se hicieron cargo de ellos sus tíos Leonardo y Eusebio, donde encontraron toda clase de cuidados y ayuda hasta su mayoría de edad. No fue así, con Mariquita, las personas encargadas por el padre de cuidar a la pequeña, la maltrataron despiadadamente, y en lugar de cuidar de la pequeña siguieron abusando de la confianza en ellas depositadas. La llevaron a un pueblo cercano a Trujillo, para evitar que se dieran cuenta del mal trato que recibía la pequeña, con ello creyeron tener la seguridad de que los familiares no se enterarían de cómo era tratada y prescindieran de sus servicios. La encargada de su cuidados y criados de la casa siempre abusaron de la confianza depositada en ellas y aprovechándose económicamente de la situación, mal alimentaban y maltrataban, llegando a situaciones extrema, pues incluso trataron en una ocasión de ahogarla, La niña que desde su nacimiento era débil y aquejada de extraña enfermedad volvió a recaer, en tal forma que en alguna ocasión llegaron a darla por muerta, sin que los médicos supieran que mal era el que la aquejaba. En esta situación, la niña ya mayorcita trata de volver con sus tías al Convento, cuando ocurre un extraño suceso: Llama un día a la puerta del domicilio paterno un desconocido personaje, pidiendo limosna, Mariquita le socorre y confiando en él, solicita que la lleve al Convento, con sus tías, así lo hace el anciano y una vez en las cercanías de la Coria, desaparece misteriosamente, sin que ella, ni sus tías, a las que explica lo ocurrido encuentren repuesta a la situación.

Una vez en el Convento tampoco encuentra la paz y tranquilidad que precisaba, ya que su enfermedad no deja de afectarla, más cuando en el Convento había algunas señoritas residentes, que a espaldas de las Monjas la maltratan haciéndola la vida insoportable, con especial cuidado para que las tías no se den cuenta de estos malos tratos, que llegando incluso a la violencia. Maria Ramona vuelve a sufrir con su enfermedad sin que ningún momento se la ocurra dar noticias de lo que está sufriendo.

Maria Ramona, quiere imitar a sus tías y religiosas del Convento obligándose con sacrificios y penitencias, demasiados rigurosas para su estado físico y tierna edad, contaba en aquel entonces trece años de edad. Vuelve a castigarla su enfermedad, llegando al parecer de todos a ponerse en trance de muerte, así se considera su estado en varias ocasiones. Milagrosamente algunas veces permanece en este estado de inconciencia más de un día, volviendo a la vida, como si nada hubiera pasado, recuperándose seguidamente, y siguiendo como su único pensamiento y deseo incorporarse a la Comunidad Religiosa con los votos monástico. Las otras monjas pusieron algunos impedimentos, pues la consideraban de poca edad para cumplir su investidura del hábito religioso y deseos de pertenecer a la Orden, en la que estaban sus tías. Estos deseos la daba fuerzas para superar todas las pruebas, tanto físicas como espirituales, con que se mortificaba su cuerpo y cada día más deseaba hacerse monja y pertenecer al Convento a perpetuidad.

Llegan tiempos difíciles para las Religiosas, si hasta entonces recibieron todas clases de ayudas económicas y espirituales, empiezan al cambiar radicalmente la situación. Los políticos por un lado, con la famosa Ley de Desamortización de Bienes Religiosos, (firmada por Mendizábal) año 1836, atacan a Conventos y Ordenes Religiosas que en ellos moraban. Por un lado se apropian de sus bienes, y como prohiben que existieran dos Conventos de igual Orden Religiosa, en la misma Ciudad. Más tarde la invasión francesa, en que las tropas francesas a su paso para Portugal arrasan, se apropian o destruyen lo poco que quedaba a los Conventos, saqueados y se obliga a las Religiosas a marchar a sitios más seguros. Las del Convento de San Francisco el Real (La Coria) marchan al Convento de San Ildefonso de Plasencia, donde las acogen. (Allí estaban también refugiadas las de San Pedro de Trujillo, por las mismas razones).

La marcha de las Monjas hasta llegar a Plasencia, fue de verdadera epopeya, pues si en Trujillo se las despide con todos los honores , el viaje es catastrófico, intento de asalto, vejaciones por los contratados para el traslado, amenazas, llegando por fin el 30 de abril de 1836, a Plasencia en donde son recibidas en el Convento de San Ildefonso. En este mismo Convento estaban las Religiosas del Convento de San Pedro de Trujillo, que también fueron obligadas a abandonar el suyo de Trujillo, por las mismas causas.

Nuestra Religiosa no encuentra mejoría en su enfermedad recayendo una y otra vez, no sirviendo para nada los cuidados médicos que no encuentran la enfermedad que la aquejaba, pero no olvidando en sus mejorías, la idea de hacerse religiosa como sus tías. Estando en Plasencia su familia trujillana, intentan una y otra vez que abandone el estado religioso al que aspiraba, llegando a proponerla el matrimonio con un amigo de la familia, relevante personaje en el Ejército, sin que fueran capaces de modificar sus pensamientos. Su padre había fallecido y los hermanos no estaban dispuestos a que siguiera en sus intentos religiosos, más cuando no dejaba de afligirla su extraña enfermedad, y con buen criterio esperaban que al abandonar el Convento mejorara siguiendo con sus propuestas matrimoniales. Sus deseos de seguir la vida religiosa la daba fuerzas para superar sus crisis y seguir con sus deseos de perfección.

Por fin hace sus votos simples en San Ildefonso, a los 17 años, tomando el nombre de Sor Filomena Maria del Patrocinio.

Su enfermedad no dejaba de afligirla de vez en cuando, tan pronto parecía una muerte aparente como que desaparecían los síntomas volviendo a la plenitud de su vida espiritual. Aceptaba y creía con fe firme, aplicándose lo que se decía en el Salmo:” YO ME ACOSTE, Y DORMI, Y DESPERTE, PORQUE JEHOVA ME SUSTENTABA” en El confiaba hasta su muerte verdadera.

Por su poca edad tuvo inconvenientes para lograr integrarse con las Religiosas, tomando los hábitos de la Orden, pero por autorización expresa del Obispo Placentino consiguió la toma del hábito que la vinculaba para siempre a la Orden Religiosa en 2 de abril de 1850.

Desapareciendo las causas por las que pasaron las Religiosas, después de 15 años en Plasencia, piensan en volver a su antiguo Convento de Trujillo, y el 30 de abril de 1851 regresan, encontrando que su Convento de La Coria, era un montón de escombros y unas malas paredes que restaban de él ya que los franceses a su paso por Trujillo, demolieron todos estos edificios religiosos, que tuvieron que abandonar las Religiosas y se llevaron todo lo que lo poco de valor que restaba en ellos, asaltados anteriormente por el saqueo autorizado por las leyes desamortizadoras de Mendizábal.

Viendo que en el Convento de la Coria era imposible habitarle, obtienen autorización para instalarse en el Convento de San Pedro, vacío, pues la Monjas de él, habían fallecido todas durante su estancia en Plasencia. El estado de este Convento tampoco era muy halagüeño, pero no encontrando sitio más confortable se cobijaron en sus ruinas, mientras lo acondicionaban obligando a las Religiosas a vivir entre sus muros desdeñando su estado ruinoso. Poco a poco fueron rehabilitándole. No faltaron a las Religiosas numerosas donaciones y limosnas que ayudaron a hacerle algo más habitable. La Abadesa, solicita y consigue ayuda de la Reina Isabel II. Una vez acomodadas en San Pedro, Sor Filomena hace por fin sus votos perpetuos el 11 de mayo de 1851. En 26 de febrero de 1865, fue nombrada Superiora Sor Filomena, sucediendo a su tía en el cargo y por su afortunada gestión las monjas pudieron proveerse de todo lo necesario y acabar de restaurar el Convento, e incluso consiguiendo que fueran admitidas novicias jóvenes que deseaban vivir como Religiosas a pesar de que la ley, todavía vigente solo permitía ingresar a más de dos personas como novicias en los Conventos. Pero Sor Filomena logra autorización de la Autoridad Civil para que puedan ingresar mayor número. Con ello se renueva la vida activa de las Religiosas.

La Madre Sor Filomena Maria del Patrocinio, recibe el ofrecimiento de unas señoras de Fuente del Maestre, en la provincia de Badajoz, dueñas de un antiguo Convento, para que en él se instalen las Monjas de su Orden. Obtenidas las oportunas autorizaciones del Obispado y pensando que en Trujillo ya están bien servidas y en Convento rehabilitado, acepta con otras cinco Monjas el ir hasta Fuente del Maestre. Llegando al edificio ofrecido ve, que de nuevo ha de acometer la obra de rehabilitación, puesto que hasta entonces este edificio había sido utilizado como fábrica de harinas. No logra mejorar en su enfermedad, que no dejaba de atacarla de vez en cuando y sin cejar en sus empeños de mejor servir a Dios, rehace y crea un nuevo Convento.

Pensando que la Orden que había estado anteriormente en el edificio que ella han aceptado fue de Religiosas de la Orden de Santa Beatriz de Silva, Concepcionistas, y previa consulta con sus hermanas religiosas y autoridad Religiosa, cambia su Orden Franciscana, por la de Inmaculada Concepción, cambiando su hábito, por el azul y blanco de estas Religiosas, Cumple así con sus deseos de servir a la Inmaculada Concepción, de la que siempre fue devota. Sor Filomena durante su estancia en Fuente del Maestre sufrió periodos de larga postración, ocasionados por su enfermedad, pero llegado el día 22 de Noviembre de 1913, a los 88 años de edad, entregó definitivamente su alma a Dios, dando en todo momento ejemplo de santidad, aceptando su muerte y ofreciéndola como prueba de amor a su Madre Inmaculada,. Su cuerpo recibió sepultura en la Iglesia del Convento por ella fundado, donde sigue. El pueblo de Fuente del Maestre demostró el sentimiento de todos los habitantes por la muerte de la Madre Filomena, que lo manifestó con numerosas pruebas de cariño a la Madre que despedían y a la que consideraban como elegida de Dios y merecedora de su devoción.

Oct 012001
 

Manuel J. Bazaga Ibáñez.

Para conocer algo sobre la Fundación de este Convento, hemos de trasladarnos a los siglos XI al XVI, en que la Ciudad tiene necesidad de expansionarse hacia lo que llamaron arrabal, ya que dentro de sus murallas, árabes, romanas ó cristianas, impedían cualquier desarrollo urbanístico, más el religioso por contar dentro de sus muros con Conventos y Parroquias que atendían las necesidades espirituales de los trujillanos: La Coria, Jerónimas de Santa Maria, Veracruz, Parroquia de Santa María la Mayor, antigua mezquita árabe, Santiago, Santo Domingo y la Coria. Buscando nuevos espacios ya que no bastaban lo señalados por las Ordenes citadas. La importancia de nuestra Ciudad atrajo a otras Comunidades y por ello se buscan lugares donde acoger a las Ordenes Religiosas que querían prestar su ayuda a los trujillanos, que de vuelta del Nuevo están dispuestos a prestarles el apoyo y ayuda económica que precisaban para sus fundaciones. Estos trujillanos, muchos de ellos famosos por sus hazañas guerrera o por la suerte en adquirir fortuna, y todos ellos dispuestos a perpetuarse en los palacios o conventuales que se levantaron a sus expensas, no dudan en encargar a los hábiles constructores, artífices en tratar la piedra que abundaba en los berrocales, en que les construyan sus casas solariegas, o colaboren en edificios conventuales que perpetúen a ellos y sus descendientes. Francisco Becerra, Sancho Cabrera, Marquina y otros muchos, se llegaron a contar hasta 50 maestros canteros, construyen sus pétreos edificios, sus elaboradas piedras cantan la destreza en Palacios o Conventos donde sus torres dan muestra de la fe de los que mandaron levantarlos.

Conventos de Religiosos: Franciscanos Conventuales u Observantes, Mercedarios, Dominicos, Conventuales de Madres Jerónimas, Dominicas, Clarisas Descalzas, o de La Coria levantan sus torres o campanarios que firmaron los canteros trujillanos, las bóvedas y ventanales de estos edificios dan muestra de buen hacer de estos artistas de la piedra, que cantan la devoción de los influyentes trujillanos, que acogieron a Reyes y Obispos, atraídos por la fe y la hombría de bien, del pueblo que los aclamaban sus defensores espirituales y materiales.

Entre los Conventuales vamos a detenernos en uno conocido como de Religiosas de la Inmaculada Concepción, de Santa Clara.

Esta Orden religiosa fue fundada por Beatriz de Silva y Meneses, dama de Isabel, esposa de Juan II, nacida en Campo Mayor (Portugal) en 1424. Esta señora se distinguió por su espiritualidad y deseos de servir a Dios, fue elevada a Santa y fundó la Orden bajo la advocación de la Inmaculada Concepción, sometida a la Regla de San Francisco y Santa Clara. Varios fueron las casas que se erigieron bajo su patrocinio, entre otras la de Cabeza del Buey, en Badajoz. De este se disgregaron algunas Religiosas entre otras las que crearon el Convento de Trujillo. Dice el Padre Cruz en su libro de las Fundaciones Franciscanas:” a diez años de fundarse el Convento de Cabeza del Buey, ciertas desavenencias entre las monjas y disgustos de cosas en que no convenían bien, fue causa de que deseasen otra morada y bajo las ayudas recibidas de ciertos parientes trujillanos, decidieron trasladarse a Trujillo y fundar aquí otro Convento”

Los parientes de algunas de estas Religiosas, personajes de influencia las alentaron para que tratasen de venirse a esta Ciudad y con autoridad y diligencia movieron al Prelado Placentino a conceder la mudanza y nueva Fundación. De Cabeza del Buey ocho Religiosas vinieron a Trujillo en 10 de julio de 1533. Llegaron pues las monjas y al no tener casa propia, se acomodaron en unas pequeñas y pobres casas que había cerca de la Parroquia de San Clemente, en el arrabal de la Ciudad, y por una pequeña ventana que daba a la Iglesia Parroquial celebraban sus rezos, Coro y Oficios Divino, pero esta pequeña facilidad, no satisfacía los deseos de las Monjas. Tratan con el Párroco de la Iglesia de San Clemente, del arrabal trujillano y obtienen el uso de la Iglesia, pero considerando que en aquellos días sólo contaba con tres feligreses, logran las Monjas el uso de la Iglesia, autorizadas por el Canónigo de Sigüenza, Luis de la Cerda, bajo cuya autoridad pertenecía la Parroquia de San Clemente. El día 5 de enero de 1534, hizo escritura por la que reconocía el derecho a usar la Iglesia, ya que hasta entonces solo disfrutaban de uso a través de la pequeña ventana de la casa colindante. En estas circunstancias se tenía la Iglesia como cosa sin dueño y el solo uso causa inconvenientes a las monjas. Los tres fieles que quedaban se trasladan a la Parroquia de San Martín cercana a la que abandonaban espiritualmente. Conseguido el preliminar permiso del Obispo para la construcción de un convento en el que se incluía la Iglesia Parroquial. Compraron algunas de las pequeñas casas, que hasta entonces las habían acogido y conseguida la propiedad definitiva del Templo, por Bula del Papa Pío V, por la que también se las adjudicaba el edificio, campanas y algunas de las rentas, con la sola obligación de pasar alguna cantidad al Párroco de San Martín, encargado desde entonces de la atención espiritual del arrabal.

Estas Religiosas formadas bajo la Regla de San Francisco, visten el hábito de la Inmaculada Concepción y profesan sus actividades bajo la Orden que fundó la Santa Beatriz de Silva, que fue su protectora desde su elevación a los altares. Si como se dice pertenecen a las normas de la Regla Franciscana, se las conoce más por su afinidad con su devoción a Santa Clara, paisana de San Francisco y cofundadora de la Regla, conociéndose en Trujillo como Clarisas y a su Convento de Santa Clara, dándose el caso de que también los Superiores Eclesiástico, las tratan como del Convento de Santa Clara, tal sucedió con escrito del Cardenal Raynuncio, en 1548, que 15 años después de la Fundación del Convento trujillano se dirige a la Abadesa y Monjas del Convento del Monasterio de la Concepción de la Orden de Santa Clara.

Este Monasterio al igual que los otros que había en aquel entonces en Trujillo, recibieron ayudas de personajes ilustres, incluso los Reyes acudieron en diversas ocasiones a visitarlos y dotaron de importantes beneficios. Tanto los Reyes Católicos, como Felipe II. Felipe III y otros personajes ilustres, visitaron e incluso moraron en estos edificios. El Ayuntamiento trujillano también dotó con importantes cantidades a estos Monasterios, expresando así la espiritualidad del vecindario y sus deseos de obtener el perdón divino por medio de sus ofrendas.

El Convento de Santa Clara contaba con buenas rentas y beneficios, resaltando las ayudas de sus benefactores que permitió que relativamente en poco tiempo se levantara el edificio monacal. En este se incluyeron las casas que primitivamente acogieron a las Religiosas., permitiendo así construir amplio Monasterio destacándose de él el Patio de estilo renacentista, con doble columnata, la espadaña o campanario, de estilo plateresco con tres cuerpos. Tiene en su cripta de la Iglesia enterramientos de personajes ilustres y Monjas de probada virtud: Doña Maria Gutiérrez de Obando, natural de Cáceres, de la familia de los Obandos; Maria de Jesús de la Parra, que fue dos veces Abadesa. Parece ser que también estuvo allí enterrada Francisca Pizarro Sedeño, de la familia Sedeño. Otra que recibió allí sepultura fue la hija de Sancho de Cabrera, que en 1572 hizo sus votos en este Convento. Su padre la dotó en vida con cuantiosas cantidades, una cama, hábito y 6 ducados anuales y en su testamento la dejó 450 ducados y unos 168.750 maravedíes e importantes cantidades para el Convento.

También recibieron sepultura los restos de monjas, entre otras Sor Maria de Jesús de San Clemente, y Sor Inés de San Agustín.

Este Convento se libró de los efectos de la Ley promulgada por Isabel II en 1836, firmada por Mendizábal, por la que se apropiaba el Estado de los bienes de las Congregaciones Religiosas, gracias a la influencia de sus benefactores, pudiendo recoger en su muros a las últimas seis religiosas que quedaban en el Convento de San Antonio de Trujillo, pero no se pudo evadir de la rapiña y destrozos que originaron las tropas napoleónicas, en la Guerra de la Independencia a su paso por nuestra Ciudad.

Actualmente estas Religiosas se han trasladado a un edificio de nueva construcción, enfrente del antiguo convento que vendieron y allí está instalado un Parador Nacional de Turismo.

En su traslado poco fueron los bienes muebles que llevaron a su nueva casa, algún lienzo del siglo XVII, de regular valor y unas tallas del Crucificado, los ornamentos sagrados y alguna otras imagen de escaso valor artístico.