Nov 292021
 

Marciano Martín Manuel

 

A Rícar Fournón

 

 

El mercader Juan López del Castillo, 1663–1724

Juan López del Castillo nació en Hervás[1] en 1663. El párroco Gabriel Sánchez le administró el bautismo, el 25 de noviembre. Fue su padrino el mercader Pedro Gómez[2]. Sus padres Francisco López del Castillo y María Sánchez Pascua procedían de una familia de cristianos nuevos asimilados. Dos de sus hermanos vistieron el hábito de la orden de los religiosos franciscanos: fray Antonio López y fray Francisco López. Sus cuatro hermanas desposaron, María Sánchez Pascua con Gerónimo Velasco, Ana Sánchez con Bernardo Sánchez Pulido, Teresa Sánchez con Bernardo López de Hontiveros y Catalina Sánchez con Juan Velasco, que enviudó y casó en segundas nupcias con María Sánchez la Gila, viuda de Juan Gómez Arias, el 7 de enero de 1696. Algunos enlaces fueron dispensados por la iglesia en el tercero o cuarto grado de parentesco.

Juan López del Castillo desposó con Josefa López del Castillo, el 7 de noviembre de 1686. Vivieron en la Plaza de la Corredera, cuya casa lindaba con la Ventura de Béjar, la de Francisco Gómez del Castillo y la calleja del Robledo (hoy, Braulio Navas), y a las espaldas con la huerta del presbítero Juan López de Hontiveros. En la calle de la Cruz (hoy, Plazuela de Hernán Cortés), en el cantón del portal de la virgen destruido por el Ayuntamiento en 1855, construyó una casa bodega con vasijas y viga lagareña.

Su hija Josefa López del Castillo falleció en 1706. El trinitario fray Diego de Jesús María persuadió a su esposa Josefa López del Castillo para que inhumase los restos mortales en el convento de los trinitarios. Pero el progenitor ordenó la celebración de las exequias fúnebres en la parroquia de Santa María. Su hija había fallecido ab intestato y la decisión le correspondía a él como cabeza de familia. Fray Antonio López, tío de la difunta, predicador y vicario del convento de monjas de Zarzoso, ofició la ceremonia. El padre fray Domingo de la Madre de Dios denunció los hechos al vicario de Béjar y excomulgó al bachiller Luis Sánchez y a los licenciados Juan López de Hontiveros y Joseph Barrios, cura y beneficiados de la parroquia de Santa María. Los sacerdotes apelaron al provisor y vicario general de Plasencia y ordenó «quittar, alzar y suspender las zensuras y multa» a los sacerdotes y a Juan López del Castillo[3]. Detrás del conflicto reverberó la pugna de los sacerdotes mercaderes, que controlaban la parroquia de Santa María, aliados con los franciscanos del convento de la Biemparada de Abadía, contra el convento de los religiosos trinitarios descalzos, regido por los frailes cristianos viejos.

El matrimonio tuvo cuatro hijas. María y Teresa López del Castillo profesaron en el convento de monjas de Portaceli de la villa de Zarzoso. Juana López del Castillo casó con Pedro Muñoz de Aguilar, el 8 de febrero de 1711. Otra Josefa López del Castillo[4] desposó con Pedro de Arce Soto y Quiñones, de Abadía, el 27 de febrero de 1723, viudo de Melchora de Málaga. Su primogénito Juan López del Castillo se fugó del domicilio en dos ocasiones y se refugió en Ávila y Plasencia, pero sus cuñados le trajeron a Hervás. Poco después recibió el hábito de clérigo de menores órdenes. Su padre le reservó, por vía de mejora dotal, ciento veinte mil reales si se ordenaba de clérigo de epístola, treinta mil en efectivo, el resto en la casa y huerta de la Plaza de la Corredera, pinturas, alhajas, plata labrada y tierras. Pero al joven Juan López del Castillo no le atraía la Iglesia y contrajo matrimonio con María Hernández de la Cruz, en febrero de 1727. Su cuñado Pedro de Arce le reclamó por la vía judicial sesenta mil reales, la mitad de la mejora de dote, porque había renunciado a los hábitos eclesiales.

Los restos mortales de Juan López del Castillo fueron inhumados con el sudario de la religión de San Francisco en la parroquia de Aguas Vivas, en la sepultura de su hija Josefa López, o donde los albaceas considerasen oportuno[5]. Ordenó distribuir el día de su funeral cuatro fanegas de pan cocido y cien reales de vellón entre los pobres que, en el testamento de 1712, redujo a tres fanegas y suprimió el caudal[6]. Los dos días siguientes al deceso solemnizarían una misa de difunto en la iglesia y los religiosos trinitarios descalzos acudirían «a las puertas de las casas de nuestra morada a cantar el responso», por cuyo oficio recibirían cuatro reales cada uno. En el testamento de 1712 estatuyó una misa cantada con diáconos y oficio de tres lecciones con responso cantado a las puertas de su morada y misas rezadas los siete días comprendidos desde el día del funeral hasta el cabo de año, con la asistencia de todos los sacerdotes de la parroquia y ocho religiosos.

Reservó un traje de luto a «doze pobres de vestido entero interior y esterior menos capa, y que dichos vestidos sean de paño ordinario y que dichos pobres vaian al acompañamiento y asistan a los divinos ofizios, llebando cada uno de dichos pobres su hacha enzendida, las quales an de arder mientras se zelebran los divinos ofizios en los dichos días de entierro y último de la dicha novena». Consistía el luto en una «camissa, jubón de jerguilla o de paño pardo, enguarina [anguarina], calzones, polaynas y montera de dicho paño pardo ordinario y con su valona y zapatos, y es nuestra voluntad que los dichos pobres lleben nuestros cuerpos a enterrar» con una vela de cuarterón. Sufragó quinientas misas por su alma. Ciento cincuenta en el convento trinitario, cien en el colegio de la Biemparada, su hermano fray Francisco López celebraría cincuenta, otras cincuenta su sobrino fray Bernardo López de Hontiveros, veinticinco el padre fray Juan Antonio Gil, del convento de Santo Domingo, y las ciento veinticinco restantes los sacerdotes de la iglesia de Santa María.

Juan López del Castillo instituyó una capellanía de treinta misas rezadas en el altar del Rosario de la iglesia de Santa María, en 1717, que manumitió con una viña en el Rebollar de seis peonadas, un viña en Val de los Abades de siete peonadas, una viña de tres peonadas en el Regajo de Val de los Abades (el Regajo), una huerta de árboles frutales en Santihervás de dos yugadas, y dos castañarejos en Pedregoso de veintiséis pies de castaños[7]. Nombró capellán a su sobrino Gerónimo Sánchez, hijo de Bernardo Sánchez y Ana Sánchez, cura párroco y comisario del Santo Oficio[8]. Fueron testigos Francisco Gómez Arias, Antonio Gil y Alonso Sánchez de León, de Cabezuela del Valle. Tras la renuncia a la capellanía por el comisario del Santo Oficio, opositaron el presbítero beneficiado Juan Francisco de Aguilar y Villalobos, hijo de Pedro Muñoz de Aguilar y de Juana López del Castillo, que se alzó con la institución, y Bernardo Lumeras del Castillo.

El mercader Juan López del Castillo estaba plenamente integrado en la cultura cristiana, como el resto de sus familiares. En el albor del siglo XVIII, no tenía ningún sentido hablar de cristianos nuevos o judeoconversos. Todos eran cristianos viejos. No obstante, en su ritual funerario reverberaron ecos muy distorsionados de algunas tradiciones hebraicas, que los asimilados mantuvieron, a duras penas, no por práctica de judaísmo, sino por costumbre y tradición familiar. El hábito de san Francisco había disfrazado la mortaja de lienzo nuevo; las siete misas solaparon los siete días preceptivos del funeral (la shivá), que encubrieron con la novena de misas; la plegaria del responso tuvo la misma importancia que el rezo del kadish Iatom[9], como el cabo de año y la lámpara encendida. Estos ceremoniales se extinguieron en el albor del siglo XVIII como consecuencia de la reinserción de los mercaderes en la cultura cristiana.

Juan López del Castillo era el hombre más acaudalado de Hervás. Legó a su esposa Josefa López «unas manilleras de aljófar grueso, ttres sortijas de diamanttes y esmeraldas, unas arracadas de diamanttes, una cruz de oro y diamanttes, con su collar de que esttá pendientte, guarnezido de aljófar grueso, un par de pendienttes de aljófar grueso, y doze platillas y quattro ttrincheros de platta». A su hija Josefa López del Castillo le donó, como mejora de dote, un molino de pan con castaños. A María Sánchez Pascua, trescientos reales y un traje de luto: basquiña, jubón y mantellina de bayeta fina. Teresa y Ana Sánchez Pascua y Antonia Gabriel, esposa de Francisco Gómez del Castillo, también recibieron un luto. Y el escribano Francisco Gil, «un luto de vayeta fina que será de capa, enguarina y calzones». Y sus albaceas, su primo Fernando García de Granada, canónigo de Plasencia, el presbítero Joseph Barrios y su cuñado Juan Velasco. Sus hermanas monjas María y Teresa recibieron doscientos reales y un cerdo de ocho arrobas. Y las imágenes de la virgen de las Angustias y el Cristo del Perdón dos candelabros de plata de dieciséis onzas de peso.

El mercader asimilado compró una familiatura del Santo Oficio, el 14 de junio de 1695[10]. Del cuello colgaba una fulgurante cadena de oro con una venera con los emblemas de la Inquisición y un lazo con diamantes y turquesas, que heredó su hija Josefa López del Castillo y legó a su hija Josefa Quiñones López del Castillo, esposa de Francisco Alonso Lumeras. Fue alcalde de primer voto en 1706, 1710 y 1721. En diciembre de 1718, el mercader presidió el comité municipal que presentó al duque Juan Manuel II las condiciones para que la pedanía de Hervás se desagregase del partido de Béjar como villa eximida con jurisdicción ordinaria[11]. Juan Manuel II persuadió a los mercaderes con la exención para tratar de mitigar otros conflictos, como el nombramiento de un teniente de corregidor en Hervás, pero finalmente el duque mudó de parecer y Hervás continuó amarrada a la casa de Béjar hasta la conclusión de las guerras napoleónicas.

La fábrica de paños finos y ordinarios

Los cristianos nuevos obtuvieron un privilegio de Felipe IV, en 1616, que les permitió comerciar por las plazas, calles y mesones de Madrid como gremio autónomo, con el nombre de manteleros de Hervás, con los mercaderes de la calle de Toledo y los de la calle de las Postas. Juan López del Castillo, empadronado en la renta del gremio de la lencería, amasó una considerable fortuna durante la conflagración bélica que entronizó a los Borbones. El 30 de diciembre de 1716, los mercaderes Francisco Sánchez, Francisco García Borrego, Gabriel Barbero, Francisco Gómez del Castillo, Gerónimo Gil y Bernardo Sánchez Parra, repartidor de la rama de los manteleros, negociaron con los administradores del gremio de la lencería de la calle de las Postas, en la capilla de Nuestra Señora de la Trinidad del convento de San Felipe el Real de Madrid, un depósito de diez mil doscientos reales, mil setecientos por lencero, por la inscripción en la renta de la alcabala del viento de lienzos. Los lenceros madrileños rechazaron el depósito de los hervasenses. No obstante, el Consejo de Castilla ratificó sus privilegios comerciales, que habían sido refrendados en 1702, y permitió el ingreso en la renta de la lencería desde el 1 de enero de 1717[12].

En julio de 1716, Diego de Béjar y Castro anunció al duque de Béjar que Juan López del Castillo deseaba poner en planta una fábrica especializada en la producción de paños finos y ordinarios[13]. El 18 de julio, el duque Juan Manuel II expidió tres decretos que incentivaron su actividad empresarial: exención de alcabalas durante diez años, autorización para talar los castaños y robles que necesitase para la construcción de la fábrica y el nombramiento de su cuñado Juan Velasco como superintendente general[14]. Sus cuñados cooperaron en sus negocios. A Gerónimo Velasco le quedaba pocos años de vida.

Juan López del Castillo canalizó la producción y los canales de distribución a través de sociedades comerciales. En abril fundó una empresa mercantil con Juan Salinas, fabricante de paños, y su cuñado Juan Velasco en las labores de la administración. Desembolsó veintiún mil reales. En agosto estableció otra compañía con Antonio García Borrego vinculada con la fábrica de paños ordinarios durante diez años. El empresario aportó trece mil quinientos reales y el administrador se encargó de proveer lanas, vender paños y facilitar la caballería. Efectuarían el primer balance coincidiendo con el corte de la lana. En diciembre firmó otro contrato con Antonio García Borrego, como administrador, y el maestro fabricante de paños finos y tintorero bejarano Juan Gómez Guzmán, avalado por su mujer Manuela Bueno del Águila. Financió la operación con diecinueve mil quinientos reales. Los materiales de pruebas de las tinturas correrían por cuenta de la fábrica[15]. En marzo de 1719 formó otra sociedad lencera con cuatro vecinos de El Guijo de Granadilla, señorío de la casa de Alba, con una inversión de nueve mil reales.

Ese mismo año, el duque Juan Manuel II extendió un decreto de exención de alcabalas a los tejedores Bernardo y Manuel González Cariñano, Bernardo y Gerónimo Neila, Gerónimo García Colmenar y Juan López del Castillo durante cuatro y diez años respectivamente[16]. Los privilegios fiscales incentivaron la producción pañera. Con licencia del duque, Juan López del Castillo construyó una tenería y un tinte con dos calderas para teñir paños en una casa próxima al puente del Mediano (Fuente Chiquita).

Juan López del Castillo taló indiscriminadamente nogales del concejo para extraer de las raíces el tanino que necesitaba para procesar el teñido de las lanas. Los alcaldes Francisco Sánchez y Alonso Bastos y los regidores Francisco Sánchez del Río y Antonio Sánchez Muñoz le sancionaron con cuarenta reales, el 23 de marzo de 1718, pero Juan Manuel II condonó el delito ecológico. No había que poner trabas al desarrollo empresarial privado. Asimismo, la casa de Béjar decretó la obligatoriedad del trabajo en las labores agrícolas o en la fábrica de Juan López del Castillo. Ordenó a los alcaldes que le enviaran la lista de la gente ociosa y vagabunda[17].

Fabricantes flamencos contratados por Teresa Sarmiento y María Alberta de Castro establecieron una fábrica de paños finos en Béjar hacia 1691 Hasta entonces predominaba la producción de paños de bayeta. El duque de Béjar asignó franquicias especiales a los fabricantes «y también a muchos particulares vezinos deste villa y tierra». El 29 de octubre, Juan Manuel II intimidó a los fabricantes defraudadores de Hacienda con la retirada de los privilegios fiscales[18].

En 1718, Juan Manuel II autorizó la construcción de una fábrica de paños en Béjar, con un coste de cuarenta mil reales. Informó al Ayuntamiento de Hervás, el 28 de octubre, que si invertía diez mil reales obtendrían exenciones fiscales[19]. Cardadores, tejedores, tundidores y oficiales de la fábrica de paños finos de Béjar reglamentaron las primeras ordenanzas, que estructuraron en siete capítulos, el 1 de enero de 1718[20]:

 

Capítulos que se han de guardar, y observar para la conservación, y aumento de la Fábrica de Paños finos que se va estableciendo en la Villa de Béxar, con la experiencia, que desde el día que principió hasta aora se ha reconocido es en esta forma: Y se proponen a Su Excelencia, para que los apruebe, y siendo su voluntad, mande se observen, y practiquen en la referida Fábrica desde primero de Enero de este presente año de mil setecientos y diez y ocho.

  1. Lo primero, que reconociéndose que los Oficiales, assí de Cardadores, Texedores y Tundidores, y demás personas que se ocupan en dicha Fábrica, sin algún motivo sino el de su propia voluntad, y con libertad, estando en casa de su Fabricante se muda a otro Obrador en perjuizio grave de su Amo, y consiguientemente de la cosa que fabrica: Se previene que el dicho Oficial no lo pueda hazer, sin especial consentimiento, o cédula del dicho su Amo, con pena, que no siendo con esta circunstancia, incurra el dicho Oficial, por la primera vez en mil maravedís; y el que le recibiere sin dicha circunstancia, en seis mil maravedís; y debaxo de esta misma pena aya de bolver dicho Oficial al obrador donde estaba; con advertencia, que el dicho Oficial no tenga motivo justo, el que ha de juzgar el Juez Privativo, Superintendente de esta Fábrica, que se nombrare al arbitrio del Duque mi Señor.
  2. Iten, se debe observar, y guardar por los Fabricantes de dichos Paños finos, todos los precios de Oficiales, que han corrido hasta aora de veinte años a esta parte, que son los siguientes: Una vara de paño texido, veinte y ocho cuartos a entrambos Texedores; y siendo treinteno, treinta quartos. Al Tundidor, siendo de color, tres reales por cada vara, y siendo blanco, tres reales y medio. Al Cardador del Potro, siendo de color, o mezcla, se le ha de dar de cada buelta de cardado quatro maravedís por libra. De cada madeja de cardado e hilado de bervi[21], a diez quartos, y diez y seis maravedís cada madexa de trama. Con pena de que si el tal Fabricante, por atraer a los Oficiales, o por otro cualquier motivo, alterase los dichos precios en la menor cantidad, incurra en diez mil maravedís la primera vez, y en la segunda, duplicada; por la tercera, perdido todo lo que tocasse a su Fábrica, aplicado por terceras partes, Juez, Denunciador, y gastos de la Fábrica.

III. Iten, que aya de aver dos Veedores Maestros, uno de texer, y otro de tundir, que se han de nombrar por los Fabricantes, a elección del Duque mi Señor, los quales, con assistencia del dicho Juez Privativo, han de reconocer todos los paños de todos los Fabricantes que ay, y huviere; y hallándolos con aquella perfección que se requiere, se les ayan de sellar con las Armas de la Casa de Béxar; con advertencia, de que el Paño que hallaren dichos Veedores con falta de texido, multen a los tales Oficiales Texedores en el trabajo de todo aquel paño, que trabajaron mal, cuya multa sea, las dos partes para el dueño del paño, y las otras dos por mitad, para el Juez, y Veedores; y en esta misma pena incurran los Tundidores debaxo de la misma circunstancia.

  1. Iten, ha de ser obligación de dichos Veedores, poner a los dichos paños sello, según su calidad, que estas han de ser veinte y seiseno, veinte ocheno, treinteno, y de ay arriba; y el que no fuere de estas tres classes de paño, no se les ha de echar el sello, para que se entienda, no ser legítimo desta Fábrica.
  2. Iten, que los dichos Veedores puedan entrar francamente en casa de los Fabricantes a reconocer los texidos, y tundidos; y si alguno se lo impidiere, cayga en pena de dos mil maravedís aplicados por mitad, Juez y Denunciador.
  3. Iten, con condición que el Duque mi Señor aya de nombrar Juez Privativo, que conozca en todas las causas, assí Civiles, como Criminales de todas las personas que se ocuparen en dicha Fábrica, o con la jurisdicción que Su Excelencia gustare; y que a este le ayan de obedecer los Ministros inferiores de la Audiencia, y el Alcayde de la Cárcel de esta Villa en la misma forma que al Corregidor.

VII. Iten, que todos los Aprendices de dichos Oficios, que huvieren cumplido con sus Amos, según los ajustes que hizieren, que son tres años hayan de ser aprobados, y examinados por dichos Veedores; y de otra forma no puedan poner Tienda, ni trabajar por Oficial, pena de que si lo hizieren, incurran por la primera vez en mil maravedís, aplicados por mitad, Juez y Veedor.

Y para la observancia de los dichos Capítulos, y cada uno de ellos todos los Fabricantes que al presente ay, en nombre de los demás que huviere suplicamos rendidamente al Duque mi señor (Dios le guarde) los apruebe, y mande guardar, poniendo un tanto de ellos en las Casas del Ayuntamiento de esta Villa, y antes mandarlos publicar en la Plaza, y sitios acostumbrados, para que vengan a noticia de todos, y no puedan alegar ignorancia.

Y así mismo esperamos de la grandeza de Su Excelencia el patrocinio, y amparo en la súplica, que se ha de hazer a su Magestad (que Dios guarde) para que respecto de tener oy esta Fábrica existentes veinte y dos telares, y los que se esperan aumentar, conceda aquellos privilegios, y franquizias, que su Real benignidad tiene dados a las otras Fábricas de España, como assimismo que se les conceda Real aprobación de una Provissión de su Magestad, en que fue servido exonerar a todos los dichos Fabricantes, Oficiales y demás dependientes de dicha Fábrica, de ser quintados, ni repartirles Utensilios, ni echarles alojamientos, ni cargas Concegiles, la qual se mandó observar, y guardar por el Excmo. señor Marqués de Bedmar, primer Ministro de la Guerra.

 

Las ordenanzas de la fábrica de Béjar reglamentaron el establecimiento de Juan López del Castillo. A rebujo de la fábrica se constituyeron nuevas sociedades textiles en Hervás, escrituradas ante notario, generalmente de carácter familiar, que incrementaron la manufactura y el comercio. Francisco García de Pedro patrocinó una compañía lencera con diez mil reales. Su hijo Tomás trabajó como criado y Juan Rodríguez en la administración y comercialización, con el reparto de los beneficios o pérdidas, dos tercios para el socio capitalista y un tercio para el administrador. Melchor de Anaya, Bernardo Sánchez Pulido, Alonso Gil y Joseph Gómez del Castillo formaron otra sociedad lencera. Joseph Sánchez, Joseph Gómez del Castillo Tostado, Bernardo Gómez Arias y Gerónimo Gil renovaron las licencias en el gremio de la lencería de la villa de Madrid en 1719 y 1720[22].

Los paños de Béjar se abrieron camino en el mercado madrileño con el mecenazgo de Juan Manuel II. El Real Decreto de la Junta de Comercio de 20 de julio de 1720 autorizó a los fabricantes bejaranos a la comercialización del producto al por mayor y al por menor en la lonja de los paños de la calle de Toledo, convenientemente sellados y con una retribución fiscal del ocho por ciento. Los fabricantes flamencos mostraron su pericia en el manejo de las hilaturas y la tejeduría, pero carecían de la experiencia comercial de los mercaderes hervasenses[23]. A propuesta del duque de Béjar, los bejaranos recurrieron al superintendente Juan Velasco, que delegó la factoría de la lonja de paños en Juan de Llanos y Mazorra, de 1722 a 1727. El gremio de los mercaderes de paños de Madrid entorpeció la distribución del tejido bejarano, como hicieron con los lienzos hervasenses en la segunda mitad del siglo XVII. Trataron de desalojarles de la corte, pero la Junta de Comercio refrendó el privilegio de la fábrica de Béjar, en mayo de 1723. Por entonces, la villa acarició la idea de formar una asociación gremial que aglutinara la producción textil de Béjar y regulara los mecanismos de distribución, pero no era un proyecto fácil debido a las disensiones entre los fabricantes forasteros flamencos y los nativos bejaranos[24].

En 1722, Juan López del Castillo se deshizo de la tienda que había abierto en Madrid con Eugenio Vidales, mercader de lencería, en 1709. El hervasense había desembolsado treinta y seis mil reales y obtuvo un beneficio de cuatro mil. Juan López del Castillo formó otra sociedad lencera con Bernardo Gómez Arias. Francisco Gómez Caballero, hijo de Francisco Gómez Caballero y de María González, de Cabezuela del Valle, criado de Juan López del Castillo, se fugó con las mercancías que le había confiado el empresario para venderlas por los lugares de Extremadura. Su yerno Pedro Muñoz Aguilar indagó en el robo de las mercancías[25].

Al calor de la fábrica de Juan López del Castillo nacieron nuevos obradores. El 31 de mayo de 1723, Francisco Muñoz de Montemayor, veedor de la casa de Béjar, solicitó licencia al duque Juan Manuel II para instalar cuatro telares especializados en la elaboración de paños finos, al estilo de los de Juan López del Castillo, con un capital de veinticuatro mil reales y una exención tributaria de seis años. Participaron en la sociedad Bernardo Gómez Arias, que dirigió la administración de los telares, Francisco Sánchez Caballero y Francisco Gil, cuya producción facturaron en Madrid. Ese mismo mes, el duque de Béjar extendió franquicias fiscales a Tomás García, Francisco López y Joseph Gómez durante cuatro años. La fabricación de los paños finos tenía que ajustarse «al estilo y establezimiento de las otras semejantes que se mantiene por flamencos y naturales en mi villa de Béjar y por Juan López en mi lugar de hervás»[26].

El año del deceso de Juan López del Castillo, 1724, Bernardo Gómez Arias, con el que había montado una sociedad, finiquitó con su viuda Josefa López del Castillo dos mil ochocientos setenta y ocho reales de una partida de lanas y otras deudas. Basilio, Claudio y Francisco González Comendador, de Puerto de Béjar, pagaron a la viuda cuatro mil novecientos reales[27].

 

Las Ordenanzas de 1724

El fabricante bejarano Juan Téllez Meneses y el flamenco Pedro Blondeaut (otras grafías, Blandeut, Blondeau, Blondó), en representación de las dos familias que operaban en la villa, y con la asistencia del fiscal, redactaron unas ordenanzas, articuladas en veintiséis capítulos, que regularon la «fábrica de paños finos de maestros flamencos que hizo conduzir y traer [el duque] a su costa y expensas para su erección con la agregación de los naturales». En puridad, era una ampliación de las disposiciones de 1718. La Junta de Comercio remitió las ordenanzas a la villa, el 31 de mayo de 1724. El 29 de junio, el corregidor Pablo Alonso Chacón ordenó pregonarlas en la plaza Mayor. Concurrieron numerosos fabricantes maestros, oficiales y aprendices de la fábrica bejarana[28].

Las ordenanzas regularon también la fábrica de Juan López del Castillo. Los fabriles de Béjar y Hervás recibieron de Luis I el título de Real y estaban sometidas a la jurisdicción de la Junta de Comercio, facultada para legislar en las causas y materias relacionadas con el oficio[29]. En Béjar establecieron la sede en la Casa del Arte. Dos oficiales veedores, uno de la familia de los flamencos y otro de los bejaranos, examinaban y certificaban la calidad del paño dos veces por semana: miércoles y sábados. La comunidad textil se constituyó en una sociedad gremial, con una junta directiva formada por los fabricantes, maestros y veedores, presidida por el juez conservador y la asistencia de un escribano. Disponía de un fondo común para la defensa de los derechos e intereses de la fábrica. Los fabricantes independientes estaban exentos de los privilegios fiscales. Estableció la sanción máxima en cuatro reales de plata, que se repartirían equitativamente los veedores y la tesorería de la Casa del Arte. Los artesanos que instalasen nuevos telares abonarían ciento veinte reales por los derechos de la licencia, cuya concesión se reservaba la casa de Béjar. Los oficiales extranjeros debían someterse a un examen por los veedores, previo pago de treinta reales. El arca de los caudales tenía dos llaves, que custodiaban los veedores, y un libro de cuentas con los asientos de entradas y salidas. Un sello identificaba el paño de la fábrica, para evitar imitaciones, y los fabricantes podían confiscar los paños fraudulentos.

La casa de los Zúñiga introdujo en el señorío de Béjar la industria del paño fino, al estilo inglés, y desarrolló la manufactura pañera y tinturas en las aldeas de la tierra. Ciertamente, Juan Manuel II se prodigó por su obra de mecenazgo. Facilitó préstamos bancarios para construir telares de paños y adquirir lanas, extendió franquicias en las alcabalas, financió el salario de los maestros flamencos y de los oficiales que formaban a los aprendices nativos, los bataneros y los tintoreros que experimentaron con los colores, «expecialmentte el azul y el grana», aplicó el impuesto del tres por ciento en las ventas de paños finos, y el uso de la marca de una contraguía en los paños expedida por la contaduría mayor o el juez de rentas, que impedía el registro de los falsos fabricantes y las evasiones fiscales. La financiación de la industria textil, según los datos ofrecidos por la casa de Béjar, rebasó los ochenta mil ducados. El señor de Béjar solicitó crear una compañía con un fondo de reservas para subvenir el abastecimiento de lanas, el 23 de julio de 1727[30].

 

Juan Cortes, maestro tintorero, 1732–1743

A la muerte del artífice del textil funcionaban en Hervás dos telares anchos que apenas trabajaban por falta de materiales. Posiblemente, el superintendente Juan Velasco dirigió la fábrica en este lapso. El 29 de octubre de 1729, Juan Manuel II apadrinó el establecimiento de una fábrica de paños finos por tejedores irlandeses católicos en Hervás. Josefa López del Castillo pondría a su disposición los telares de su marido, el batán y las dos calderas de tinturas. El Ayuntamiento apoquinaría el alquiler de la vivienda a cambio de franquicias a los pañeros. Juan Velasco era el alcalde de primer voto y Gerónimo Gil del Maestro regidor[31]. Los industriales del textil controlaron las riendas del Ayuntamiento durante los siglos XVIII y XIX[32].

Bernardo Gómez Arias clausuró su telar de paños finos en octubre de 1730, informaron los fabricantes Luis Alonso de Lumeras y Vicente Pérez[33]. Las negociaciones del duque de Béjar con los fabricantes irlandeses no se habían cerrado. En mayo de 1731, Juan Manuel II tenía en su agenda restablecer la frágil producción pañera de Hervás, «por las buenas consequencias que de ello resultará a todos esos mis vasallos», y negociaba la contratación de un especialista, «Juan Cortés, que como sabéis, es un grande fabricante y tinturero, que serbirá de director de esa fábrica, y también contribuyré con todas las probidencias mías proporcionadas, a que se logre la venta de los paños que trabajéis»[34]. Francisco Montemayor comunicó al Ayuntamiento, el 10 de diciembre, que el duque Juan Manuel II anticiparía tres mil reales «a un fabricante estranxero que pasa a ese lugar a establezer una fábrica de paños finos como los que se fabrican en Ynglaterra y olanda, cosa que considera ser muy útil a ese pueblo». El concejo restituirá el empréstito en tres plazos, a razón de mil reales por año, a partir de 1732, por cuenta de las alcabalas que la aldea contribuía a la casa de Béjar[35].

Juan Cortés ultimaba los preparativos, el 23 de mayo de 1732. Había trabajado, sin mucho éxito, en los telares de paños finos y bayetas de Salamanca. El fabricante tenía plenos poderes y los instrumentos precisos para construir nuevos obradores. Pero necesitaba capital para contratar los servicios de ocho profesionales que vivían en la Corte. Y solicitó la concesión del uso de la caldera Villafranca, libre de alcabalas, durante tres años, «para introducir en Béjar los colores finos que harán los paños de más crédito y más vendibles». A principios del siglo XVIII, Juan Manuel II incorporó en el cuarto de la tina, la caldera mediana Villafranca, que tomó el nombre del lugar donde la había comprado, próximo a Piedrahíta. Juan Cortés exigió a la casa de Béjar que «para obrar questiones con los fabricantes se ha de serbir V. E. de pribar que para los tintes no puedan juntarse dos, ni tres, solo si un particular tubiese por sy por teñiir una calderada, la pueda hacer por poder por este modo adelantar la fábrica de Herbás». Cuatro días después, Juan Manuel II le otorgó[36]

 

el goce de la caldera que llaman de Villafranca por los tres años y en las circunstancias que dice en quanto a los fabricantes, obligándose él a pagar las lanas que no sacare bien teñidas conforme a las muestras que le dieren, tomando razón de este mi Decreto en mi Contaduría mayor de Béjar amparándole en la posesión y buen uso de él y así lo tendrán entendido.

 

En setiembre, Bernardo Domínguez recibió de sus padres Francisco Domínguez y  María González, por cuenta de la legítima, trescientos ochenta reales por el tiempo que había residido en una casa de la familia, y por la instrucción recibida del «ofizio de tejedor de lienzos, y en un telar con su canillero para él y en la renta de un año de dicho telar»[37].

Juan Cortés se puso al frente de la fábrica de paños finos, el 1 de enero de 1733, y Francisco Montemayor actuó como superintendente. El empresario se comprometió a instalar una fábrica de paños finos de primera y segunda suerte[38], y dos telares, uno especializado en la elaboración de paños de primera suerte y otro en paños de segunda, marcados con sus plomos en un extremo del tejido, la inscripción de las armas que propusiese Juan Manuel II y la leyenda «Hervás Juan Cortés». El duque le concedió tres mil reales que le entregaron los capitulares del Ayuntamiento por cuenta de las alcabalas. Si permanecía ocho años al frente de la fábrica le condonaría dos mil reales. La franquicia comprendía la producción de aceite, jabón, tinturas y otros productos vinculados con la fábrica[39].

Los maestros y oficiales extranjeros flamencos tenían que acreditar que eran «Christianos Chatólicos Romanos por ser el ánimo e yntenzión de su excelencia, el amparar a los fieles exttranjeros espulsos de sus países por profesar de nuestra santa fee chattólica». La discriminación racial de los conversos y la xenofobia de los puritanos hidalgos cristianos viejos transcendió a los talleres bejaranos. Sebastián de Potestad se mostró intransigente con la supuesta herejía de los holandeses. El duque de Béjar, consumado maestro en el arte de los conflictos interreligiosos, le consoló[40]:

 

No te aflijas ni tomes tan a pechos el que el holandés manifieste o dé a entender si es o no herege, pues desta causa nadie puede conocer della que no sea el Inquisidor general que tenemos en estos reinos, y así aquiétate porque en esto me haces creer tu y los demás la poca afición que tenéis a los extranjeros, con que si este faltase el día de mañana, enviaría yo catorce familias de franceses católicos apostólicos romanos que les enseñen a ustedes, que en las demás naciones del mundo hay santos y santas como en España, que si por accidente dicha familia fuere protestante, que lo dudo, mejor será que con el buen trato y la caridad ganemos a esa oveja perdida para el cielo, que con hipocresías y jactanciosa soberbia llenándolos de baldones los horrorizemos y se vayan envueltos en sus errores, y finalmente el gusto de Dios es atraer sus ovejas al aprisco, no entregarlas al lobo. Dios te guarde. El Duque.

 

La Junta de Comercio concedió prerrogativas fiscales, exención de los oficios del Ayuntamiento, levas, quintas, reclutamientos y alojamientos de soldados a los maestros y oficiales comprometidos con la instrucción de los aprendices hervasenses.

Juan Cortés obtuvo grandes beneficios con el tinte de la caldera, pero, con la opulencia y el éxito comercial le crecieron los vicios y desvaneció las buenas costumbres. Juan Manuel II le reprendió y apartó de la administración de la fábrica, por su impericia con las finanzas, relegado a las cuestiones técnicas. En febrero de 1734, el duque de Béjar nombró a Francisco Sánchez de Nicolás director y administrador general de los telares. Francisco Sánchez y su esposa Beatriz Josefa Prieto hipotecaron su casa de la calle Larga (Relator González), una caballeriza en la Plaza de la Corredera, esquina con la calleja del Robledo, una huerta en el Mediano, otra en la Cerecilla y una viña en la Hoya. Sus suegros Francisco Gómez del Castillo Tostado y Josefa Sánchez avalaron al nuevo director con una viña en Val de los Abades y otra en la Cabeza[41]. Los obradores textiles no necesitaban mucha lana fina, pero el duque de Béjar no disponía en su pila de suficiente material y mandó a Sebastián de Potestad que se surtirse en la casa del duque del Infantado, que gozaba de buen precio. En 1730, para suministrar lana a la fábrica de Béjar, el duque había previsto comprar dos mil cabezas de ganado lanar en tierra de Cameros, invernarían en las dehesas de Extremadura y pastarían en el estío en la serranía de la villa y tierra[42]. En diciembre de 1733, Juan Manuel II encargó a Miguel de Béjar el abastecimiento de lanas a la fábrica de Hervás para que no decayera su ritmo de producción. El duque proveería tijeras, cardas y prensa de bronce procedentes de la fábrica de Guadalajara, y recordó a los fabricantes la obligación de abonar las contribuciones fiscales.

Brígida Cortés, natural de Dublín, esposa de Juan Cortés, testó el 9 de mayo de 1734. Confesó ser sumamente pobre y nombró heredera universal a su madre María Li, en caso de deceso, designó a su esposo[43].

Los telares artesanos incrementaron la producción. Sebastián de Potestad remitió a Béjar dos paños negros pendientes del acabado de prensa, de cuarenta y tres y de treinta y nueve varas y media, otro de treinta y cinco varas y media, un paño de color ceniza acabado de treinta y cinco varias media, y una pieza de paño negro de catorce varas pendiente de prensa, a la que había cortado tela para pagar a los acreedores. Quedaban pendientes de envío un paño negro y dos musgos. El transportista recibió siete reales. La fábrica de Hervás producía paños para el duque de Béjar y para Juan Cortés, el 27 de enero de 1735.

Juan Cortés expidió seis paños a Béjar, el 19 de marzo. Cuatro de primera suerte, a razón de cuarenta y dos reales el paño, y dos de segunda, a veintinueve reales la pieza, incluido el transporte y el descuento de doce reales del maestro que había teñido uno de los tejidos. El beneficio de los seis paños resultó mil trescientos cuarenta reales. Cortés recibió seiscientos setenta reales. La fábrica invirtió veinte mil reales, incluido dos mil en materiales. De las cincuenta arrobas y media que almacenaba, utilizó veintiocho arrobas de lana en cinco paños. Había previsto incrementar la manufactura con otros cuatro telares nuevos, pero necesitaba veinte mil reales y Juan Cortés no encontraba inversores ni socios capitalistas. Los nuevos telares beneficiarían a la aldea, según la casa de Béjar[44],

 

por dos motivos, el uno porque aprenden los naturales, y el otro porque se acomodan a ganar algunos pobres en manipularlo, y esta fábrica de paños dice Cortés será la de mayor crédito que aya, y que estando existentes dichos quatro telares, podrán tener utilidad en cada un año 12.000 reales, y que en quatro años puede después de aumentar la fábrica, y si V. no las quisiere proseguir, bolbería a su caudal y quedar la fábrica existente con el caudal de oy.

 

Juan Manuel II, como socio capitalista, ordenó hacer inventario y tasación de los telares, pertrechos, materiales y lanas de su propiedad, el 23 de marzo. El duque buscaba un inversor extranjero que se hiciese cargo de la fábrica, o en su defecto, que mantuviese la instalación, siempre que no registrase pérdidas[45].

Por entonces entró en escena Luis Alonso Lumeras. Procedía de Salamanca[46]. En agosto 1735, la duquesa le concedió un empréstito de nueve mil reales para establecer «una fábrica de paños finos de Inglaterra de primera y segunda suertte», al estilo de la de Juan Cortés, en la que incluyó los pertrechos e instrumentos, que reintegrará en seis plazos anuales de mil quinientos reales. El matrimonio hipotecó una casa en la calle Abajo y otra en la calle del Moral y se acogió a las exenciones fiscales. Luis Alonso Lumeras debía poner en funcionamiento cuatro telares corrientes a finales de 1736, cinco al año siguiente y otros seis al cabo de seis años. Avaló la fianza Francisco del Valle. Juan Cortés se comprometió a instruirle en los oficios de tintorero y tejedor.

Juan Cortés y Luis Alonso Lumeras fundaron una compañía. Juan Cortés se responsabilizó del teñido de las lanas y la tundidura[47]. Francisco Sánchez de Nicolás se ocupó de la dirección de la fábrica. Pese a la escasez de la lana encarriló la producción[48]. El duque de Béjar tenía en gran estima la fábrica. Había previsto invertir dos mil reales para la manutención de las niñas escolares que aprendían a hilar con las maestras, y un fondo fijo de seis mil reales «para mantener esta recién nacida fábrica de Hervás, cuia importancia la tengo por la maior de mi casa como la experiencia lo acreditará». Paula Senten, mujer del flamenco Juan Tiri, recibió cincuenta ducados anuales de la casa de Béjar por enseñar a hilar a las niñas en el torno, el 28 de mayo de 1718, de cuya actividad se benefició la fábrica de Béjar. En 1730, el duque de Béjar envió una instructora al colegio de niñas de Cantagallo, aldea bejarana, que enseñó «a hilar al torno que es mejor que rueca para las servilletas y porque las niñas de este Colegio son de ocho o nueve años y aprenderán a la perfección por no estar acostumbradas a la rueca». Encomendó a Vicente Tapia y a Bernardo Muñoz que inspeccionasen los trabajos para la fábrica de mantelería y que no mezclasen churras con lana limpia. Construyó dos tornos para hilar lino[49].

A finales de 1735 funcionaban cinco obradores que fabricaban paños de primera calidad y dos talleres de segunda, cuya producción se expedía en Madrid. Hervás todavía mantenía el mercado de la Corte. Francisco Sánchez de Nicolás comerciaba con Julián Tiní, genovés, mercader de lonja cerrada. Vicente Pérez vendió paños de lienzos al administrador de la renta de tabaco de la Peraleda. Y Francisco Gómez de Joseph y su mujer Ana López abonaron a Alonso Gil de Francisco quinientos noventa y siete reales por la venta de lienzos[50].

La fábrica textil estaba en proceso de expansión. Juan Cortés propuso al Ayuntamiento la creación de una feria anual para promocionar los productos de la tierra. Solicitó una gratificación extraordinaria de tres mil reales para ayuda de gastos de viajes y un préstamo de seis mil reales, que pagaría en cinco plazos. Si no conseguía poner en funcionamiento la feria, no recibiría la gratificación[51].

La formación de los operarios nativos de Hervás fue un capitulo esencial en la historia textil. En abril de 1735, Juan Cortés contrató a Francisco Sánchez, hijo de Francisco Sánchez de Nicolás, como oficial carpintero, con un salario de tres reales por cada día de trabajo durante dos años, que prorrogó por otros dos años en 1740[52]. Fabricó telares, tornos, tijeras de tundidor con los plomos, bancos y otros instrumentos. Entre los testigos del contrato estuvo el tundidor bejarano Juan Sánchez de las Matas. Juan Cortés contrató al maestro francés Daniel Cullin para que adiestrara en el oficio de tundidor al hervasense Francisco Llanos, sobrino de Gerónimo  Sánchez de Joseph, desde diciembre de 1736 hasta enero de 1741. El aprendiz trabajaría el primer mes sin recibir salario. El primer año percibiría dos reales, el segundo, dos reales y medio, y los dos años restantes, tres reales diarios abonados al final de la semana. Los días que Juan Cortés destinase al aprendiz a otros trabajos le pagaría el salario de su bolsillo. Si los días de fiesta el aprendiz decidía enramar, vender o prensar los paños, lo haría sin recibir estipendio.

Fabricantes flamencos adiestraron a hervasenses. Guillermo Colin (¿Cullin?), maestro tejedor de la fábrica de Juan Cortés y de Luis Alonso Lumeras, enseñó el oficio de tejedor de paños finos a Gerónimo García Colmenar[53] durante tres años y medio, en 1737. El futuro fabricante de paños finos recibió de salario «la quartta parte de lo que valiere la texedura de cada paño que el dicho maestro texiere con el dicho aprendiz». En 1742, Antonio Rubek, maestro tundidor de paños finos, instruyó a Joseph Hernández de la Calleja. El aprendiz recibió durante tres años,

 

cattorze quartos por cada día de los que ttravaxare el primer año: y diez y seis quarttos por cada día de los ttravajare el segundo año: y el ttercer año diez y ocho quarttos por cada día de los que travaxare y al fin de los dichos ttres años le a de dar paño fino nezesario para chupa y calzón.

 

El futuro oficial tundidor se comprometió a realizar las veladas según costumbre. Su madre Ana García y Joseph Llanos abonarían al maestro seis reales por cada día de absentismo laboral[54].

Francisco Sánchez de Nicolás demoró las cuentas de la fábrica con el pretexto de que estaba terminando varias piezas. Juan Manuel II ordenó que se dataran los paños en su estado actual, ya fuesen en jerga, batán, o carda. En julio de 1736, los contadores informaron a la casa ducal que los fabricantes bejaranos necesitaban otra caldera para teñir lanas. No era suficiente con el tinte del duque. En caso contrario acudirían al de Hervás, o al de El Barco de Ávila. La casa de Béjar solicitó a los fabricantes de Hervás que presentasen las licencias de los tintes y batanes. Solo permitió el uso de la caldera y el tinte con los colores autorizados a Juan López del Castillo. Con licencia de la duquesa Mariana de Borja, Luis Alonso Lumeras construyó un batán y una caldera para teñir lanas en el «sittio del puentte de Zentiñera que travaxa con agua del río Ambroz, distta deste lugar medio quartto de legua, y dentro de él, un tintte para teñir paños finos con dos calderas, una buena y otra viexa, me sirvo dél para la maniobra de una fávrica»[55].

Se crearon nuevos consorcios lenceros. En 1737, Alonso Gil de Francisco formó una compañía mercantil especializada en la producción y comercio de lienzos con Juan Sánchez Zúñiga de Francisco, Bernardo Gómez del Castillo y su mujer María Muñoz. Alonso Gil participó con quince mil reales. Los dos socios se ocuparon de la administración y la venta de las mercancías y repartieron las pérdidas o ganancias al cincuenta por ciento. En julio de 1738, Melchor González de Anaya invirtió 8.219 reales en una sociedad, con su yerno Juan Sánchez Zúñiga de Francisco, dedicada al «tratto de lienzos y de otros jéneros». Los socios podían hacer balance cuando lo estimaran conveniente, para conocer el estado de las finanzas[56].

Con motivo del viaje que Juan Cortés realizó a Madrid, elaboró una relación exhaustiva de los bienes que transfería temporalmente a su socio Luis Alonso Lumeras, en octubre de 1737[57]:

 

Primeramente quattrozienttos y ochenta y dos reales y veinte y siette maravedís que de ganancias y otras quenttas que an ttenido enttre las dichas dos parttes asta oy día de la fecha dixeron aver sido alcanzado el dicho luis a favor del dicho Juan Corttés     482–27

Ytten a recivido el dicho Luis del dicho Juan Corttés tres mil y ochenta y dos reales en que enttran seis arrovas de gramas [granzas?]                                               3.082

Ytt seiscienttos y veintte y cinco carttones apreciados en mill ochozientos y ochenta y cinco reales                                                                                                        1.885

Ytt seis pares de lanzaderas a quarentta y quattro reales el par que ymporttan dozientas y sesentta y quattro reales                                                                       264

Ytt dos escobettas apreciadas en quarentta y ocho reales                              48

Ytt zinzo pares de cardillas de Ynglaterra a veintte reales el par zien reales 100

Ytt una arrova de estaño (¿) en cientto y veintte y cinco reales                     125

Ytt treintta y ocho reales que el dicho Juan Corttés pagó por el dicho Luis a un franzés                                                                                                  38

Yten, zinco mill y ochozientos reales que pagó el dicho Juan Corttés a Don Anttonio Sánchez de Rivera de Béxar por quentta de la lana que se le compró para \la fávrica de la/ compañía.                                                                               5.800

Ytt mill y quattrozientos reales que pagó Alonso Santtos vecino de Baños en quentta de la lana que se le compró para la fávrica de la dicha compañía                      1.400

Ytt quatrozzientos y cinquenta reales que pagó el dicho Juan Corttés a Don Pedro [de Arce y] Quiñones y sus criados vecinos de este dicho lugar en quentta de lana para dicha Fávrica                                                                                                450

Ytt quattrozientos reales que pagó a Francisco Marttín Manjarres vecino de Baldesanxil en quentta de la lana que se le compró para dicha Compañía           400

Ytt cientto y veintte y cinco reales de una arrova de Christal                        121

Que ttodas las dichas parttidas ymporttan cattorze mill zientto y noventa y nuebe reales y siette maravedís                                                                14.199–27

 

Juan Cortés recibió cuatrocientos reales de Luis Alonso Lumeras por los derechos del uso del tinte y batán durante los próximos siete años. El salario del batanero correría por cuenta de ambos.

En 1743, Francisco González del Puerto compró a Alonso Gil de Francisco, por ochocientos reales, la mitad de la casa de la tenería sita en la calle del Puente (hoy, Abajo). Lindaba con el río Ambroz, el camino del Mediano y la otra mitad de la tenería que pertenecía a los herederos de Juan López del Castillo[58]. Juan Cortés regresó a Hervás y se incorporó a la fábrica, pero la empresa quebró en 1743. Dejó en funcionamiento doce telares de paños finos, tres telares de paños ordinario y un abanico de deudas. De la relación de los acreedores, del género y de los pertrechos embargados para hacer frente a las deudas dio noticia Eugenio Larruga[59]:

Joseph Gómez del Castillo confiscó un telar de paños sin astilla, una lanzadera y un potro de cardar.

Juan López de Diego tenía en su taller un torno y un aspa valorado en ciento sesenta y ocho reales que le adeudaba el empresario.

En el obrador del puente del Mediano había dos telares corrientes de paños, uno pequeño de sarguetas y una lanzadera, que decomisó Luis García Borrego; un telar desarmado al que le faltaban piezas; y un lizo con su astilla veintiocheno y perchada.

En la casa del fabricante Francisco Sánchez había un canillero.

Manuel Rosa confiscó nueve tornos y un aspa en compensación por los trescientos cuatro reales que debía a su mujer por el trabajo de hilazas y el ejercicio de maestra de hilanderas.

En el obrador de la calle del Moral había un telar de paños corriente sin lanzadera y un urdidor.

En la casa de Juan Cortés, dos potros de cardar, un cajón de perchar y abarcador, tres cajas de bayarte, siete libras de lana en blanco, cardadas y sin cardar, treinta y un roeles, cuatro ruedas de aro para tornos y treinta y una madejas de colores de seis libras y media.

Una romanilla pequeña, cuatro husos nuevos de tornos y colorantes: dos libras de palo de brasil[60] y dos de campeche[61].

Vicente Pérez retuvo dos potros de cardar.

En la casa de Francisco Rodríguez había cuatro tornos y un aspa.

Joseph Sánchez Caballero de Andrés confiscó veinte roeles con la lanza de diversos colores, dos peines con sus astillas y dos madejas.

En la casa de Bernardo Gómez Arias[62] había un paño de cuarenta y cuatro varas en jerga (tela gruesa y tosca de lana o cáñamo), veintidós varas de paño azul oscuro, una escobeta larga vieja, ciento noventa y ocho pares y medio de palmares armadas, una mesa de pinzar y un banco de tundir.

En el cuarto de Mateo el inglés, un banco de tundir.

Y en el sitio del Robledo, la tercera parte de un tendedero viejo que se utilizaba para enjugar y enramar los paños.

Fernando Flores, presbítero de Baños de Montemayor, como garantía del cobro de un crédito, mandó embargar un paño fino de once ramos del telar de Juan Cortés, que había «empezado a ttexer, era blanco tosttado de dichos colores, para teñirle de negro». El corregidor de Béjar nombró a Luis Alonso Lumeras depositario del paño, pero no se ejecutó el embargo, del «ttelar le llevaron a expiniar en casa de francisco Muñoz Amador». Por la noche, con asistencia del escribano Joseph Téllez, lo sacaron del edificio, pero el alcalde Diego Benítez retuvo el paño para ajustar una cuenta pendiente[63].

 

Luis Alonso Lumeras, etapa de transición

Tras el fracaso de Juan Cortés, Luis Alonso Lumeras emergió como director de la fábrica de paños finos. Mantuvo la infraestructura del pionero hervasense y del británico y continuó con el proceso de profesionalización de los oficiales nativo. En 1744, los fabricantes consumieron en la producción pañera novecientas noventa y ocho arrobas de lanas de las clases veintena, dieciochena y catorcena[64]. Juan Sánchez de las Matas, maestro tundidor, adiestró en el oficio al hervasense Juan Doñoro, hijo de Isabel Sánchez y del difunto Francisco Doñoro. El aprendiz recibió de salario el primer año dos reales y medio diarios en la fábrica de Luis Alonso Lumeras, tres reales los dos años siguientes. Comenzó el 1 de enero de 1745. Si por alguna circunstancia el maestro tundidor bejarano enfermase, o se ausentase, le sustituiría Polo Moreno. Manuel Poza avaló el contrato de aprendizaje[65].

La Plaza de la Corredera emergió como el centro neurálgico de la aldea, residencia de los fabricantes de paños, con las prolongaciones de la calle Larga y la de la Cruz. Juan López del Castillo hijo moraba con su mujer María Hernández de la Cruz y con sus hijos en la Plaza de la Corredera, en la casa de sus padres. En la vivienda había un patio con una caballeriza, un lagar con un pilón, una bodega y una frondosa huerta a las espaldas. De su progenitor heredó también una casa en el rincón de la calle de la Cruz de cuatro varas de fachada y doce de fondo, otra casa en la misma calle con lagares, pilones, viga lagareña y bodega que hacía de sobre madre mil quinientos cántaros en diferentes vasijas. En la calle de la Fragua (Pizarro), el matrimonio tenía una vivienda con lagares, pilones y una bodega que almacenaba mil quinientos cántaros de vino, propincua con una calleja.

Los fabricantes del textil formaron la burguesía y la clase media, cuyo poderío económico y social soldaron con alianzas matrimoniales. Bernardo Alonso Lumeras, hijo de Luis Alonso Lumeras y Josefa Muñoz Amador, casó con Florentina López del Castillo, el 14 de setiembre de 1749. Y Manuel Neila, hijo de Gerónimo Neila y Josefa Sánchez Zúñiga, con Felipa López del Castillo, el 11 de julio de 1756[66]. Los linajes Castillo, Amador, Lumeras y Neila velaron por sus intereses familiares.

María Hernández de la Cruz, viuda, compartía con sus tres hijos la tenería del puente, un cuarto alto, de siete varas de frente por nueve de fondo, y el huerto en el que sembraba hortalizas que regaba con agua del pago de Vallejuelo. Lindaba con la mitad de la tenería de Francisco González del Puerto, la regadera de los molinos y el camino público. María Hernández de la Cruz era propietaria también de

 

otra casa tintte para teñir lanas de paños finos, que está pro indivisa con los dichos mis hijos y el dicho Bernardo Lumeras al sitio del mediano, término deste lugar, tiene su escaldero, y tiene dos calderas la una mayor que aze quatro paños, y la otra dos, linda al levante con la regadera norte con el dicho digo con el mediano y mediodía con dicho río \de frontis trece varas y de fondo ocho/.

 

En la vereda del Ambroz compartió con su cuñado Bernardo Lumeras un molino de pan de una piedra y una rueda, lindaba con la casa del tinte; una casa batán en el sitio de los Labrados, de ocho varas de frente por diecinueve de fondo, en cuyas dependencias había una rueda y una pila; y el prado de los Labrados, de una peonada de siega[67]. Algunos establecimientos fabriles albergaban un huerto. Las familias Castillo, Lumeras y Neila hicieron partición de las propiedades. Manuel Neila heredó la viga lagareña y la caldera pequeña, y Bernardo Lumeras el batán de la Solanilla con una rueda impulsada con el agua del Ambroz, los pradillos y la caldera grande.

Juan López del Castillo hijo se vio involucrado en una operación de contrabando de tabaco. Alonso Hernández y Juan del Valle compraron una partida de tabaco en Talavera de la Reina y fueron detenidos en Plasencia por un oficial de la justicia. Juan del Valle se dio a la fuga y la justicia embargó dos caballerías que pertenecían a Juan López del Castillo. El empresario apoderó a su pariente el fraile Bernardo López de Hontiveros, procurador del convento dominico de San Vicente de Plasencia, para que defendiera su inocencia en el corregimiento de Plasencia[68].

Juan López del Castillo hijo se aprovisionó de lanas en Tornavacas. Compró a Francisco Domínguez doscientas ochenta arrobas, a razón de cincuenta y cinco reales y cuartillo de vellón la arroba, que importaron quince mil cuatrocientos seis reales en 1745. El mismo precio que había concertado el bejarano Diego Hernández Medina, pero le hizo un descuento y fijó la venta en trescientos sesenta y tres reales. El precio de la lana fluctuaba constantemente. En setiembre del año siguiente, Juan López del Castillo pagó a Francisco Domínguez, diecinueve mil cuatrocientos cincuenta reales por una partida de trescientas noventa y seis arrobas y veintitrés libras y media de lana. Su apoderado Lucas García Álvarez debía entregarle la lana saneada «limpia de agujetta y cascarria». Juan López del Castillo satisfizo el dinero en paños musgos de su obrador. Le entregó seis piezas el 20 de octubre, ocho el día de pascua de Resurrección de 1747 y el resto el 20 de octubre, a veintitrés reales la vara[69].

La industria textil expandió su campo de operaciones con la construcción de nuevos establecimientos. Con licencia de la casa de Béjar, Joseph Gómez del Castillo[70] construyó en el río Ambroz, en 1750, una presa y

 

una casa batán para abatanar los paños al sitio de el Lomito que se compone de dos pisones, cajón i una rueda para el manejo de los dos pisones, los que anclan con el agua de la rivera de el lugar, tiene de frente onze baras i de fondo diez y media, linda a el lebante con dicha rivera, poniente norte mediodía con ejidos de este concejo, de el que me sirvo para abatanar los paños de la fábrica de este lugar i si lo arrendase baldría a el año ciento i zinquenta reales.

 

El Ayuntamiento facilitó al empresario cuatro hileras de castaño y robles del monte público. Una crecida del Ambroz destrozó el batán. El textil hervasense atravesaba otra de sus habituales crisis. Con permiso del duque Joaquín, el fabricante lo transformó en un molino harinero en 1753.

Los mercaderes asimilados no solo dieron hijos a la Iglesia. También se involucraron activamente con las misiones evangélicas en la difusión de la doctrina cristiana. Era el comportamiento tradicional en las familias integradas[71]. Dos hijos de Joseph Gómez del Castillo profesaban las órdenes religiosas, un capellán ordenado y el «otro relixioso jesuita este se a ido inspirado de Dios a convertir ynfieles». Fray Joseph Neila, hijo del fabricante Gerónimo Neila y María García, era religioso de la orden de Santo Domingo. El sacerdote Juan López de Hontiveros era hermano de Juan López de Hontiveros, de Josefa Sánchez[72].

En fin, Juan López del Castillo construyó la primera fábrica con dos telares de paños finos en 1716, con dispares resultados. Le sucedió su cuñado el superintendente Juan Velasco, que continuó con la política empresarial, bajo la supervisión de Francisco Muñoz Montemayor, veedor de la casa de Béjar de 1724 a 1731. Juan Cortes sentó las bases de la industria lanera, innovó en el proceso de las tinturas finas, incrementó el nivel de producción y creó puestos de trabajos. Tintoreros, tundidores y tejedores instruyeron a los hervasenses en la fabricación del paño al estilo inglés. Le sucedió en la dirección Luis Alonso Lumeras.

 

 

Hervás, junio-agosto de 2021

[1] Aldea del señorío de Béjar desde mediados del siglo XIII, propiedad de los Zúñiga desde 1396 hasta la extinción de los señoríos jurisdiccionales en la segunda década del siglo XIX.

[2]  APH [=Archivo Parroquial de Hervás], Libro de bautismos y matrimonios núm. 3, fol. 63v.

[3] ADP [=Archivo Diocesano de Plasencia], Arciprestazgo de Hervás, caja 251.

[4] En 1752, Josefa López del Castillo había enviudado y vivía con tres hijos, Josef, de 27 años, Miguel, de 20, y Josefa Quiñones, era dueña de la casa de la Plaza de la Corredera, tenía otra casa pro indivisa con Juan Manuel de Quiñones, que lindaba con la de Juan López de Hontiveros, una casa en la calle del Moral, que lindaba con la de Luis Lumeras, huertas y prados en el Orillar, Patillos [Cañadas], Cabeza y Santihervás, Archivo Histórico de Salamanca [=AHPS], Catastro de Ensenada, leg. 2954, fols. 706–718.

[5] Archivo Histórico de Cáceres [=AHPCC], Prtlos, leg. 921, «Testamento 4 febrero 1710», leg. 922, «Testamento 17 octubre 1712», y leg. 924, «Testamento 7 marzo 1724».

[6] Su hija Juana López del Castillo, viuda de Pedro Muñoz de Aguilar, distribuyó dos fanegas de pan cocido en las puertas de su casa, el 10 de setiembre de 1744, en APH, «Libro de difuntos 1729–1774», fol. 135.

[7] AHPCC, Prtlos, leg. 923, «Fundazión 29 diciembre 1717»; APH, Fundación de capellanías, fols. 418–422v; y ADP, Capellanías, cajas 431 y 441.

[8] Patrocinó el dorado del retablo del altar mayor, en 1782, pasto de las llamas por el fuego intencionado de 31 de marzo de 1936. Se conserva su lápida epigráfica con las armas de la Inquisición en el rincón de la izquierda de la capilla de la virgen de las Angustias.

[9] Plegaria de duelo que recita el primogénito judío, o la persona que está de duelo, y también en el aniversario del fallecimiento.

[10] Archivo Histórico Nacional [=AHN], Inquisición, libro 640, 6 octubre 1693, y libro 640, 14 junio 1695.

[11] AMH, Actas municipales 1718, fols. 31–32.

[12] Archivo Municipal de Hervás [=AMH], leg. 594, carp. 5; y Archivo Histórico de Madrid [=AHM], leg. 15360, fol. 86.

[13] AHN, Osuna, C. 267, D. 126, fol. 9v.

[14] AMH, Actas municipales 1716, fols. 5–8v y 20, y Actas municipales 1717, fol. 9.

[15] AHPCC, Prtlos., leg. 923, Obligación 29 agosto y 15 diciembre 1718.

[16] AMH, Actas municipales 1717, fols. 9 y 23v–24.

[17] AMH, Actas municipales 1718, fols. 5–9 y 15.

[18] AHN, Osuna, C. 259, D. 175, fol. 9.

[19] AMH, Actas municipales 1718, fol. 24.

[20] AHN, Osuna, C. 258, D. 54, fols. 4–5; editado por MARTÍN LÁZARO, Antonio, «La fábrica de paños de Béjar (Documentos para su historia)», Béjar en Madrid [=BM], X, núm. 221, 30 enero 1926, p. 20. Es un folleto impreso. He respetado la grafía.

[21] El paño berbís se elaboraba con lanas de cardado e hilado corriente.

[22] AMH, Actas municipales 1718, fols. 5–15 y 29; y AHPCC, leg. 923, Compañía, 10 junio 1720; y Carta de obligación, 1 diciembre 1720.

[23]  ROS MASSANA, Rosa, «Migraciones artesanas, política señorial y cambios en la especialización productiva en la industria lanera de Béjar, 1691–1782», Studia Historica. Historia Moderna, 14, 1996, pp. 191–205.

[24] AHPCC, Prtlos, leg. 923, s. f.; y Archivo de la Villa de Madrid, Secretaría, Sección 2, leg. 242, núm. 1; ROS MASSANA, Rosa, La industria textil lanera de Béjar (16801850). La formación de un enclave industrial, Junta de Castilla y León, Valladolid 1999, pp.164–169.

[25] AHM, leg. 15512, fols. 15–16, «Poder para obligar en 3 de Abril de 1722»; y AHPCC, Prtlos, leg. 923, «Poder 3 de Abril de 1722», leg. 924, «Poder diciembre 1723», y «Obligazión 17 setiembre 1724».

[26] AHN, Osuna, C. 267, D. 130, fols. 2–3v.

[27] AHPCC, Prtlos, leg. 925, «Obligazión 12 henero 1728».

[28] AHN, Osuna, C. 259, D. 178, fols. 3–25; edit. MARTÍN LÁZARO, «La fábrica de paños de Béjar», BM, X, núm. 225, 27 febrero 1926, pp. 23–24.

[29] ROS MASSANA, Rosa, La industria lanera de Béjar a mediados del siglo XVIII, Salamanca: Centro de Estudios Salmantinos, 1993, pp. 59–64; y BUENO AGUADO, Cristino, Del obrador a la fábrica. Vicisitudes de los centros textiles no catalanes: Béjar, Alcoy, Segovia, Cuenca y Guadalajara, Béjar 1973, que no lo he consultado.

[30] AHN, Osuna, C. 259, D. 186, fols. 2–3v.

[31] AMH, Actas municipales 1729, fols. 11–13.

[32] Véanse las consecuencias de la polarización política, económica y social en mi artículo, «Los ecos de La Gloriosa bejarana en el norte de Extremadura», La Revolución de 1868 en Béjar, Actas de las Jornadas Universitarias celebradas en Béjar, 26–28 de septiembre de 2018, Salamanca 2020, pp. 85–120.

[33] AHN, Osuna, C. 264, D. 132.

[34] AMH, Actas municipales 1731, fols. 14–14v.

[35] AMH, Actas municipales 1731, fols. 32–32v.

[36] AHN, Osuna, C. 267, D. 133, el documento original quedó en poder del inglés. MUÑOZ GARCÍA, Juan, «El Duque de Béjar, Don Juan Manuel II fundó la fábrica de Paños de Béjar», RFFH, 1954, pp. 16–19, atribuyó erróneamente a Juan Cortés la construcción de la primera fábrica.

[37] AHPCC, Prtlos, leg. 926, «Carta de pago septiembre 1732».

[38] La fábrica textil de Béjar producía paños finos de dos suertes, que se distinguían por el número de hilos. El de primera suerte comprendía a partir del 30eno, y el de segunda, el 26eno y el 28eno.

[39] AHPCC, Prtlos, leg. 926, «Carta de pago septiembre 1732».

[40] AHN, Osuna, C. 258, edit. MARTÍN LÁZARO, Antonio, «La fábrica de paños de Béjar», BM, X, núms. 231 y 232, 10 y 17 de abril 1926, p. 30; he añadido algunas comas.

[41] AHN, Osuna, C. 267, D. 136, fols. 6–8v; AMH, Actas municipales 1733, fols. 8–10v; y AHPCC, Prtlos, leg. 926, «Obligación y fianza 23 mayo 1734».

[42] AMH, Actas municipales 1730, fols. 19–20v.

[43] AHPCC, Prtlos, leg. 926, «Testamento 9 mayo 1734».

[44] AHN, Osuna, C. 267, D. 146–151, fols. 4–12; y D. 152, fol. 2.

[45] AHN, Osuna, C. 267, D. 145, fols. 2–2v.

[46] Luis Alonso Lumeras, hijo de Domingo Alonso Lumeras y Cristina, de Astorga, casó con Josefa Muñoz Sánchez, hija de Francisco Muñoz Amador (los Amador procedían de Béjar) y Catalina Sánchez, el 3 de octubre de 1720.  Francisco Muñoz de Amador, hijo de Ana Sánchez y Juan Muñoz Amador, y nieto de Juan Muñoz Amador y Ana Sánchez Pulido, casó el 12 de octubre de 1692 con Catalina Sánchez, hija de Ángela Sánchez y Francisco Gómez. Las genealogías proceden de los libros de bautismo y matrimonio del Archivo Parroquial de Hervás. Mi agradecimiento al ex párroco don Francisco González y al actual don Ismael Pastor González.

[47] AHPCC, Prtlos, leg. 927, «20 agosto 1735»; y AHN, Osuna, C. 267, D. 141, fols. 8–10.

[48] AHN, Osuna, C. 267, D. 138–144, fols. 2–11.

[49] AHN, Osuna, C. 258; cit. MARTÍN LÁZARO, «La fábrica de paños de Béjar», BM, X, núm. 231, 10 abril 1926, p. 30.

[50] AHPCC, Prtlos, leg. 927, «Obligazión 21 septiembre 1735», y «Poder 19 mayo 1735».

[51] AMH, Actas municipales 1735, fols. 37–37v.

AHPCC, Prtlos, leg. 927, «Fianza 20 agosto 1735», «Combenio 27 octubre 1736», y leg. 928, «Obligazión 26 octubre 1737».

[52] AHPCC, Prtlos, leg. 927, «Compañía 24 julio 1737», y leg. 930, «Fianza 20 marzo 1740».

[53] Hijo de Gerónimo García Colmenar y de María López (nieto de Juan Martín Santos y de María del Villar, su segunda mujer), casó el 6 de febrero de 1752 con Ana Sánchez, hija de José Pulido y María del Castillo.

[54] AHPCC, Prtlos, leg. 930, «Fianza 20 marzo 1740», y «Obligazión 15 julio 1742».

[55] AHN, Osuna, C. 267, D. 157, fols. 2–3v; y AHPS, Catastro de Ensenada, leg. 2954, fol. 579.

[56] AHPCC, Prtlos, leg. 928, «Compañía, 6 y 16 enero 1737», y «Compañía 22 julio 1738».

[57] AHPCC, Prtlos, leg. 927, «Recivo, 24 octubre 1737».

[58] AHPCC, Prtlos, leg. 931, «Ventta 24 henero 1743».

[59] Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercios, fábricas y minas de España, XXXV, Madrid 1785, pp. 90–93; un breve resumen en NEILA GÓMEZ, Joaquín, GÓMEZ GARCÍA, Carlos Javier, LUMERAS AMADOR, Javier, y ANTÚNEZ GARCÍA, Teresa, «Historia del tejido en Hervás», Revista de Ferias y Fiestas de Hervás [=RFFH] 1981.

[60] Árbol de las leguminosas cuya madera es el palo de brasil, de color encarnado, que se utilizaba para el afeite.

[61] El palo de campeche, haematoxylum campechianum, es un árbol de la familia de las leguminosas utilizado en la fabricación del tinte negro.

[62] Hijo de Francisco Gómez Arias (nieto de Gaspar Gómez Arias y de Catalina Muñoz) y de Catalina Gómez o Sánchez, casó el 25 de setiembre de 1700 con Ana Gil, de Diego Gil y Catalina Sacristán, de Villamayor.

[63] AHPCC, Prtlos, leg. 931, «Poder 25 noviembre 1744».

[64] En 1743, el duque de Béjar estableció la alcabala del paño en el cuatro por ciento, en AHN, Osuna, C. 259, D. 186, fols. 2–3v.

[65] AHPCC, Prtlos, leg. 931, «19 Diziembre [1745]».

[66] AHPS, Catastro de Ensenada, leg. 2954, fols. 135–137; y AHPCC, Prtlos, leg. 933, «Combenio 12 noviembre 1756», fol. 138.

[67] AHPS, Catastro de Ensenada, leg. 2954, fols. 847–852.

[68] AHPCC, Prtlos, leg. 925, «Poder 1731».

[69] AHPCC, Prtlos, leg. 931, Tenería 19 diciembre 1745, «Obligazión 24 agosto 1745», y «Obligazión 3 agosto 1746».

[70] Hijo de Diego Gómez del Castillo (nieto de Pedro Gómez y María García) y María Sánchez (hija de María la Buchana y Alonso García), casó el 26 de enero de 1716 con Manuela González del Castillo, hija de Teresa González del Castillo (y nieta de Alonso Sánchez Cano y María González del Castillo) y Andrés Sánchez (hijo de Martín Sánchez y Catalina Rodríguez).

[71] AMH, Actas municipales 1750, fol. 9, y 1751, fol. 10; y AHN, Osuna, C. 267, D. 166–168, fols. 5–7.

[72] APH, Libro de difuntos, 1729–1774, fols. 255 y 268.

Ene 042018
 

Marciano Martín Manuel[1]

 

INTROITO

Para José Sánchez-Matas González[2], «en marzo de 1936 los rojos quemaron el altar mayor de la parroquia de Santa María». Ventura Ginarte González también se hizo eco de «la quema del altar de Santa María en la parroquia de la iglesia y la desaparición del sagrario»[3]. Francisco Moriche Mateos ha publicado una nueva versión procedente de las fuentes orales[4]:

 

Por un lado, vecinos de derechas afirman que varios jóvenes izquierdistas, ayudados por uno de ellos que había sido monaguillo y conocía la forma de acceder al recinto con la puerta principal cerrada, prendieron fuego dentro del templo, robaron el sagrario con el cáliz sacramental, se marcharon por donde habían entrado y bebieron vino con el cáliz en alguna taberna del pueblo.

La otra versión, sostenida por vecinos de izquierdas, dice que varios derechistas obligaron bajo amenazas a algunos jóvenes a iniciar el incendio, para conseguir, culpando de ello a simpatizantes del Frente Popular, provocar una radicalización de los enfrentamientos entre ambos bandos.

Carecemos de pruebas definitivas para afirmar o descartar una u otra versión del suceso. En cualquier caso, anotamos que es la primera de ellas la más difundida, aunque varios vecinos consultados respaldan la segunda, basándose en conversaciones mantenidas en su momento con algunos de los izquierdistas acusados de incendio, como el apodado Canore, y alguna charla lejana en el tiempo con Tío Castilla, dueño de la taberna donde presuntamente se bebió vino con el cáliz robado y que negó tajantemente tal hecho. También para respaldar esta segunda versión se alude a la confesión supuestamente realizada por el vecino Tomás Chinín antes de morir, en el sentido de que él mismo y otros jóvenes fueron obligados a confesarse a sí mismos y acusar a otros de la responsabilidad del incendio. Significativo en extremo resulta también el hecho de que el cáliz robado finalmente apareciese, tiempo después, en manos de uno de los más significados personajes del régimen franquista en Hervás.

 

¿Cómo era la situación política y social en la Hervás republicana de 1936? ¿Y qué nos revelan las fuentes documentales de archivo sobre el controvertido incendio?

 

LA ENSEÑANZA LAICA Y RELIGIOSA

El Frente Popular [FP] controló el ayuntamiento tras las elecciones a Cortes del 16 de febrero de 1936. No obstante, Eduardo Silva Gregorio, de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), de Gil Robles, fue el candidato más votado, con 1194 sufragios. José Giral Pereira, de Unión Republicana, obtuvo 766[5]. El gobernador civil del FP, Miguel Canales, repuso a los cuatro concejales de izquierdas que habían sido depurados por el gobernador radical Miguel Ferrero Pardo en 1934. No obstante, al hilo de la política caciquil de su predecesor, el gobernador del FP destituyó a los cinco concejales de derechas elegidos en las elecciones municipales de 1931: Matías Álvarez Benavides (Republicano Independiente), Vicente Cid Gómez–Rodulfo y Quintín Hernández Martín (Liga Agraria), Primitivo Martín Sánchez y Tomás Sánchez Hoyos (Radical). Y designó concejales interinos a Patricio Ferreira Mártil, Anastasio Martín Marín y Julio González Muñoz (Izquierda Republicana) y los socialistas Luis García Holgado, presidente de la Agrupación, Eustaquio Oliva Cerro, Guillermo Herrero Herrero y Adrián Pérez Castellano. Ángel Barrios Pérez recuperó la alcaldía que había obtenido en las elecciones de 1931.

La coalición republicana del FP abordó el tema de la enseñanza laica, gratuita y obligatoria, como había prometido Luis García Holgado al electorado en el mitin del 5 de febrero[6]; ratificó el acuerdo de construcción del grupo escolar, constaría de doce aulas, seis para niños y seis para niñas, un comedor escolar, casa del conserje, inspección médico y museo[7]; y concertó la adquisición de un solar a Benedicto Hernández Herrero, en la Plaza de González Fiori, tasado en doce mil pesetas.

La coalición republicana y socialista había retirado los símbolos religiosos de las escuelas públicas, secularizado el cementerio municipal e inhabilitado el movimiento católico del Círculo Tradicionalista, en 1932[8]. Las calles eran un hervidero de rumores. Al sacerdote Benito Herrero le habían llegado noticias de la inminente clausura de la Escuela Dominical por el FP. El director espiritual se anticipó a los hechos y cursó una epístola al teniente de alcalde, Luis García Holgado, el día 5, del siguiente tenor:

 

Sr. Don Luis Garcia Holgado.

Presente: Muy Sr. mío: Han llegado a mis rumores de que Vd. trabaja para impedir el funcionamiento de la Escuela Dominical, creyendo «sin duda mal informado» que estamos fuera de la Ley.

Yo siempre [he sido] respetuoso con la Autoridad y obediente a las Leyes, jamás he trabajado ni me he desenvuelto al margen de la Ley.

Las Escuelas Dominicales, dicho por los Inspectores no están sujetas a las Leyes del Magisterio, puesto que se trata de dos horas cada semana. Además, yo entiendo que toda Asociación dentro de sus respectivos locales, puede dedicarse a instruir a sus asociados, proporcionarles algún recreo etc; y creo que Vd. sabrá que estamos aprobados por el Gobierno Civil, y por consiguiente dentro de la Ley de Asociaciones.

Además, para mayor garantía, sepa Vd. que tenemos de directora de nuestra Asociación a Doña Julia Comendador que es Maestra Nacional, retirada en su casa. Y en fin que dicho local es de propiedad particular como la casa que Vd. habita.

Perdone que me haya anticipado a darle estos datos para que proceda en todo con conocimiento de causa. Si a pesar de todo se nos atropella, esperaremos tranquilamente y nos defenderemos con todos los medios legales. De Vd. attento.- Benito Herrero. Rubricado.

 

Luis García Holgado, zaherido por el tono acre del director espiritual, expidió una misiva al gobernador civil de Cáceres, con una copia de la carta, en la que le informaba[9]:

 

Excmo Sr.

En esta localidad, funciona, una llamada «Escuela Dominical» que regenta o dirije un sacerdote, tratandose de darlo viso de legalidad, con la adscrición a ese funcionamiento de una Maestra Nacional, sin ejercicio. El funcionamiento de esa Escuela Dominical, en el aspecto cultural, como todas las de su clase es nulo. En el aspecto político–social, máxime en esta nueva etapa del rescate de la República, es ocasión y sitio de reunión donde estravaxandose de la función peculiar que debiera tener, se alienta el deseo de fracaso de los nuevos rumbos del régimen, dando ocasión a discusiones dentro y fuera del recinto que ocupa que producen desasosiego público.

A probar ello de manera indubitada y con toda la prudencia y eficacia, que la experiencia pasada indica observar a toda Autoridad Gubernativa, se encaminaba el que informa y he ahí que la desaprensiva conducta del Director o pretendido Director, de ese Centro de reunión, nos da la certidumbre de lo que es en si, dirigiendose a esta Alcaldia en la carta adjunta, cuyo contesto descubre harto claramente, el fin de ese Centro Dominical.

Por lo consignado que es cierto, y la actitud de reto, de esa cominicación epistolar que se me ha dirigido, me hace estimar de urgente necesidad y asi se lo ruego y encomiendo a V. E. de que tal Centro que no cumple ninguna misión social útil, sino de aliento cierto a la reacción sea clausurado siquiera provisionalmente, hasta que comprobados cuantos extremos sean precisos se decrete la clausura definitiva.

Asi lo espera merecer de V. E. en bien de la tranquilidad pública y régimen Republicano.

 

La Constitución de 1931 consideró a las confesiones religiosas como asociaciones, vetó el ejercicio de la enseñanza a las comunidades religiosas y la disolución de las instituciones que, a tenor de sus actividades, constituyesen un peligro para la seguridad del Estado. Juventud Católica, rama femenina y masculina, había tramitado los requisitos necesarios en el gobierno civil para funcionar como asociación, en mayo de 1933[10].

En los plenos municipales de los días 11 y 18 de marzo, el alcalde Ángel Barrios abordó el tema de la escuela laica y la supresión de la enseñanza por las órdenes religiosas. En su opinión resultaba «verdaderamente lamentable que en un régimen republicano, y en los cuatro años de vigencia de nuestra ley fundamental, no hayan sido cumplidos totalmente precepto de tanta importancia como el laicismo en la enseñanza pública y sigan por este motivo recibiendo enseñanza religiosa en colegios, niños y niñas pertenecientes a un Estado laico». Se refería al colegio de monjas josefinas trinitarias que levantaba sus muros en el número 11 de la calle Centiñera. Ángel Barrios moraba en el número 14, con su compañera Encarnación Gómez Pérez, 37 años, y su hermana soltera Dolores Barrios Pérez, 37 años. El alcalde socialista consideró que había que abordar con la mayor diligencia posible «la creación de dos escuelas de párvulos, una para niñas y otra para niños, con objeto de que reciban en ellas la enseñanza laica los niños que hasta ahora asisten a colegios religiosos»[11].

Entre tanto, Luis García Holgado estimó que las reuniones de Acción Católica en la Escuela Dominical eran una tapadera para conspirar contra la paz y el orden de la República, por lo que decidió, a tenor del artículo 26 de la Constitución, candar las puertas al centro católico. La alcaldía solicitó la clausura al gobernador civil, el día 17 de marzo[12]:

 

Negociado: Orden publico.

En esta localidad vienen funcionando las Asociaciones denominada «Juventud Católica Femenina» y «Juventud Católica Masculina» en el Edificio llamado de la Escuela Dominical, Plaza de Don Faustino Castellano, desplegando sus Directivos y afiliados una actividad o actuacion provocativa, celebrando reuniones clandestinas, admitiendo a elementos extraños a la misma, con los que se confabulan, propalando rumores en desprestigio del régimen que al trascender al publico producen protextas, acaecidas con reiteracion.

El jueves ultimo dia 12 de marzo fue sorprendida por los Agentes de mi autoridad y Teniente de la Guardia Civil una de tales reuniones clandestinas encontrando en el local de la Juventud Católica Femenina sobre 50 mujeres y menores de edad, contestando a la indagatoria de los Agentes con evasivas y manifestando que seguirian haciendo las reuniones.

Esta Alcaldía ve manifiesto peligro para el sosiego publico, en la continuacion del funcionamiento de esas Asociaciones, porque no solamente concurren diaria y frecuentemente los afiliados a las mismas si no que también lo hacen los tradicionalistas y fascistas de la localidad, resultando un centro de expansion de la reaccion.

Entiende pues, que procede y seria una medida saludable para la tranquilidad publica la clausura de esos Centros, por las causas apuntadas.

Le saluda atentamente. Hervas 17 de Marzo de 1936.

 

Juventud Católica masculina no se quedó de brazos cruzados. Ese mismo día, a las siete y media de la tarde, el jefe interino de la guardia municipal, Marino Colmenar Castellano, vicepresidente de la Agrupación Socialista, tuvo que «disolver varios grupos que habían formado los individuos de la Juventud Católica en la Plaza de los Capitanes Galán y García Hernández [Plaza de la Corredera], con el propósito de impedir la clausura de la Escuela Dominical, ocurriendo algunos incidentes los cuales fueron resueltos sin novedad». El inspector de la zona de Primera Enseñanza, Eduardo Málaga, vecino de La Granja, dio fe de «la irregularidad en el funcionamiento de la Escuela Dominical», -no señaló en qué consistía la irregularidad-, y tramitó la orden de clausura al gobernador civil. Las mujeres obreras y sirvientas católicas recibirían la enseñanza laica y gratuita «en las escuelas nacionales por las maestras nacionales de aquella villa»[13], que se habían ofrecido voluntarias, a propuesta del consejo local de Primera Enseñanza[14].

A las 19,30 de la tarde del día 23 de marzo, el cabo Florencio Pizarro y los guardias municipales Maximino Rubio, José Fraile, Julián Calderas, Emilio Muñoz y Alejandro Salgado entraron en la Escuela Dominical, por la calle de la Fábrica [Plazuela de Hernán Cortés] número 33, y procedieron «al reconocimiento y clausura de dicho centro en virtud de orden del alcalde de esta villa don Ángel Barrios Pérez, el que se llevó a efecto dando por resultado negativo». El sacerdote Benito Herrero confesó a Ventura Ginarte González[15] que los policías municipales «registraron la Escuela Dominical, y me quisieron llevar a la cárcel, pero no encontraron razones». Los agentes del orden público precintaron la puerta con «unas tiras de papel en cuyos extremos quedan estampados la firma del cabo Florencio Pizarro, quedando clausurada en la misma forma la puerta de entrada que tiene referido local por la Plaza de D. Faustino Castellano número treinta y cinco». Firmaron el enterado, el cabo Florencio, los presidentes de los centros de Juventud Católica, Flora Muñoz y Conrado Hernández, y los testigos Antonio Romero Sánchez y Fulgencio González Majadas[16]. La coalición del FP barrió de la vida republicana la labor docente de la Escuela Dominical, en consonancia con el programa laicista del ayuntamiento y la Constitución republicana, pero también barrió la actividad cultural del centro, autorizada por las leyes.

Parafraseando a Gerald Brenan, el laberinto republicano hervasense se desarrolló en una atmósfera de enfrentamiento ideológico y crispación social, con un sinfín de problemas, como la oleada anticlerical de la izquierda contra los movimientos sociales de la iglesia católica, con el telón de fondo de la enseñanza laica; el control por los socialistas de las redes clientelares sindicales de la Casa del Pueblo; el desencanto del movimiento anarcosindicalista con la UGT, impaciente por consumar una revolución social y una reforma agraria que nunca llegarían; y las vendettas laborales de los patronos–concejales de derechas que no estaban dispuestos a transigir con un reparto más equilibrado en los beneficios del capital. El desconocimiento por los patronos–concejales del espíritu solidario del movimiento obrero y de sus justas reivindicaciones salariales, les llevó a la convicción de que los trabajadores eran unos rojos asalariados al servicio de Moscú. Y, a su vez, la fobia acendrada del proletariado hacia los patronos–concejales de las fábricas textiles y del mueble les llevó al convencimiento de que eran fascistas.

Eran las dos orillas de la Hervás republicana del treinta y seis: el carca y el rojo.

En este intrincado laberinto de pasiones sociales y pulsiones ideológicas, el altar mayor de la iglesia parroquial de Santa María de Aguas Vivas fue pasto de las llamas en la noche del domingo de Ramos de 29 al lunes 30 de marzo, inicio de la semana santa.

 

SUMARIO NÚMERO 43 DE 1936 POR INCENDIO

El lunes día 30 de marzo, el alcalde socialista Ángel Barrios cursó un telegrama al gobernador civil de la provincia, a las 12 de la mañana, con una noticia escueta del incendio:

 

Participo a V. E. según me comunica sereno municipal noche pasada sobre 12,30 observo incendio en Iglesia Santa María siendo extinguido vecindario hubo necesidad destruir altar mayor para evitar propagacion le saluda.

 

Una hora después, el teniente de línea Román Muñoz Muñoz le comunicó el suceso del siniestro y la sustracción del dinero de los cepillos limosneros:

 

Noche ultima sobre una madrugada fue advertido por un sereno municipal incendio Iglesia Santa Maria esta localidad acudiendo vecindario en masa que consiguio con fuerza y autoridades extinguir fuego no quemandose más que altar mayor y sin menor daño resto altares e iglesia se supone que fuego sea intencionado y se inicio detrás dicho altar mayor ignorándose forma practicado gestiones union Juzgado apareciendo después violentados los cepillos Iglesia no ocurrieron incidentes y existe tranquilidad correo detalles.

 

Como anunció en su telegrama, el teniente Román Muñoz envió el atestado de los hechos por correo, ampliando el resultado de las investigaciones[17]:

 

Como ampliación a mi telegrama de hoy sobre incendio en la Iglesia de Santa María de esta localidad, ocurrido en la noche última, tengo el honor de participar a V. E. que poco antes de la una de la madrugada, advirtió el sereno municipal Francisco Flóres Gómez dicho incendio e inmediatamente lo comunicó a sus compañeros, dando la voz de alarma; presentándose con toda rapidez el Oficial que suscribe con la fuerza de esta residencia, autoridades locales y numeroso vecindario, principalmente de la clase obrera, que trabajó con gran decisión y sin reparar en peligros, dirigidos por el que suscribe y demás autoridades, consiguiendo que a las tres de la madrugada quedara completamente sofocado el siniestro y que éste se redujera al altar mayor, sin que sufrieran el menor daño, ni el resto de la Iglesia, ni los demás altares existentes en ella, sin desgracias ni incidentes personales.

El siniestro se inició detrás de dicho altar mayor, no advirtiéndose indicio alguno de que se haya producido con ningún líquido ni materia inflamable, como lo demuestra el hecho de que unas columnas que había en la parte anterior del altar, no han sufrido los efectos del fuego, aunque tuvieron que tirarse al suelo para evitar se propagara a ellos el incendio de la parte posterior, suponiéndose que de haberse empleado gasolina u otro combustible incendiario, dichas columnas hubieran también ardido.

Hasta la fecha, no se ha podido esclarecer si el fuego ha sido casual ó intencionado y en este caso, quien o quienes hayan podido producirlo, pues ni en las puertas del templo, ventanas, tejados ni paredes, existe señal alguna de violencia, aunque se sospecha sea intencionado, por haberse iniciado por detrás del altar mayor, donde según referencia del Cura Párroco, no había luces ni corriente eléctrica y sí solo una lamparilla de aceite delante del lado derecho del altar, que no se cree produjera el fuego, pero que de haberlo producido casualmente, hubiera prendido primero en la parte de delante del altar y no en la de detrás.

A pesar de no existir las señales de violencia aludidas, a última hora de la madrugada manifestó el Párroco D. José Rodríguez Trinidad, que una hermana suya que habita en su compañía y fué de las primeras personas que acudieron al fuego, había observado que la puerta de la sacristía que dá a unos corrales y comunica con el templo, estaba abierta cuando ella llegó, extremo éste que no se ha confirmado, pues los serenos y otros vecinos que llegaron los primeros y abrieron la puerta principal de la Iglésia, no advirtieron que estuviera abierta la de la sacristía, ni tampoco saben que dicha Señora, que fué al templo en unión de ellos, hallara abierta la puerta de referencia, la cual tiene un pequeño cerrojo que se cierra por dentro, habiéndose comprobado que si ese cerrojo hubiera estado bien echado, no es posible abrir la puerta sin violencia, cuya violencia no se advierte en lo más mínimo; y solo se explicaría que la puerta habia sido abierta por fuera, en el caso de que el cerrojo se dejara sin echar ó se hiciera deficientemente.

De madrugada y después de sofocado totalmente el fuego, se advirtió que dos cepillos limosneros del templo, cerrados con candados pequeños, estaban violentados, pareciendo que los candados se habian hecho saltar con un crucifijo de metal de uno de los altares y cuyo crucifijo estaba doblado, pero en dichos cepillos no habia cantidad alguna y se cree que fueron violentados cuando la Iglésia estaba invadida por los que acudían al siniestro.

También manifiesta dicho Párroco que no ha sido hallado el copón del altar siniestrado, que es de plata lisa valorado en unas cien pesetas aproximadamente, ignorando si con el fuego ha podido derretirse o desaparecido entre los escombros del altar, ó ha sido sustraido.

Tanto por el que suscribe, como por la fuerza a sus órdenes, de acuerdo y en cooperación con el Juzgado de Instrucción, que instruye diligencias, Alcalde y demás autoridades, se practican activas gestiones para el esclarecimiento del hecho, que apasiona los ánimos de este vecindario divididos con encono por cuestiones políticas y sociales y que mutuamente se achacan la culpabilidad de lo ocurrido, sin aportar dato ni indicio alguno conducente a su esclarecimiento; siguiéndose por toda la fuerza dichas gestiones, de cuyo resultado, caso de ser favorable, daría cuenta inmediata a su respetable autoridad; siendo el estado de ánimo del vecindario algo excitado, aunque hasta la fecha existe tranquilidad.

 

A su vez, el gobernador civil informó del siniestro al ministro de Gobernación, Amós Salvador Carreras[18]:

 

Alcalde de Hervás con esta fecha me telegrafía lo siguiente. Participo a VE según me comunica sereno municipal en la noche pasada sobre 12,30 y 1 observó incendio en Iglesia Santa María de esta Villa siendo extinguido por vecindario. Resultó quemado altar mayor y resto iglesia y altares menor daño. No hubo incidentes de ninguna clase y la tranquilidad es completa. Lo traslado VE su conocimiento y a fin de que se sirva informarme sobre el particular. Le saluda.

 

Y le envió una copia del oficio del teniente de la Guardia Civil, el 1 de abril. Victoriano Cazás Herrero, juez municipal y sustituto del juez de Primera Instancia e Instrucción del partido de Hervás durante su ausencia, pidió al alcalde socialista, el 30 de marzo, que dos agentes municipales acompañasen al sargento de la guardia civil, Ángel Vaz–Romero, «para llevar a cabo un minucioso registro en los escombros que han quedado del altar y retablo mayor siniestrados en el templo de Santa María de Aguas Vivas, a fin de hallar y ocupar el copón o restos del mismo que se guardaba en el sagrario del altar aludido». Se acababa de incoar el sumario número 43 de 1936 por incendio de la iglesia parroquial de Santa María.

Mientras el juez instructor se aplicaba en las diligencias sumariales, la maestra María Dolores Jiménez Pulido entraba en el retrete de las escuelas nacionales, hoy Hospedería «Valle del Ambroz», y se encontró con una inscripción en la pared escrita a dos manos. El primer rótulo, redactado con lápiz color grosella, decía: «Viva Acción Popular». El segundo, con lápiz color encarnado, añadía: «Y muera doña Lola que es una tía puta». Acción Popular estaba vinculada al Partido Regional Agrario, el partido de los terratenientes, la burguesía y el ejército. Tras el alzamiento militar de 1936, Acción Popular y los agrarios nutrieron las filas de Falange.

La maestra María Dolores Jiménez formaba parte del grupo pedagógico progresista inspirado en la Institución Libre de Enseñanza como instrumento de transformación educativo de la sociedad, cuya metodología no era del aprecio de la derecha católica. El jefe de orden público Marino Colmenar realizó pruebas caligráficas a «varios niños y niñas de distintas escuelas teniendo la sospecha de que pudieran ser uno de los niños de la escuela de don Emiliano Rodríguez». Las autoridades municipales y educativas encontraron similitudes con la caligrafía de Publio Vega Hernández, de doce años, y de Antonio Cano Santos, de catorce, que negaron la autoría. El niño Juan Colmenar informó al sargento Ángel Vaz que había prestado un lápiz encarnado a Publio, similar al de la inscripción. La maestra Aurelia Rodríguez, de ideología conservadora, tenía un lápiz color grosella, «que es de suponer que utilizaron los niños, sin su consentimiento, en dichas inscripciones». El consejo local escolar pidió a las autoridades municipales que abriera una investigación[19].

El sábado día 4, el alcalde accidental Luis García Holgado notificó a don Hipólito Prieto Pérez, párroco de San Juan Bautista, la circular número 1269 del gobernador civil Miguel Canales, que prohibía taxativamente celebrar las procesiones de semana santa en todos los pueblos de la provincia de Cáceres[20].

El domingo día 5 se había producido una reyerta en el exterior de la taberna de Cirilo García entre las familias Majada y Joaquín Lomo, jornalero de la UGT. Cuatro personas resultaron heridas con armas blancas. Los tres informes oficiales redactados por personas de diferentes ideologías políticas nos ofrecen su visión particular de los hechos, que expongo para que cada cual, acorde con su conciencia, o su ideología, pueda formular el veredicto de su historia. Son las miradas poliédricas del laberinto republicano hervasense.

El teniente de línea Román Muñoz Muñoz, trabajador infatigable al servicio de la república española, y no de los intereses de los partidos políticos y los sindicatos, envió un informe detallado al gobernador civil[21]:

 

Como a las 21 horas de la noche ultima, fue requerido por el Jefe de la Policia Municipal de esta Villa, el auxilio de la fuerza porque a consecuencia de una reyerta ocurrida momentos antes entre varios individuos, de la que habian resultado 6 heridos, estaban los ánimos del vecindario bastante excitados y pudieran surgir nuevas cuestiones.

Seguidamente, salió el Oficial que suscribe con el Sargento Comandante del Puesto de esta Cabecera D. Angel Vaz Romero Mateos y una pareja del mismo, que en unión del Alcalde y Agentes Municipales lograron disolver los grupos, sin que ocurrieran nuevos incidentes; y auxiliaron al Juzgado de Instrucción, que tambien se presentó prontamente, y que comenzó a instruir las correspondientes diligencias; de cuya reyerta resultaron los heridos siguientes:

Gregorio Majada Gómez, de 23 años, herida incisa en región torácica posterior derecha, penetrante en el tórax, grave.

Pedro Majada Gómez, de 19 años, hermano del anterior, herida incisa en la región escrotal izquierda, pronóstico reservado.

Joaquín Lomo Garcia, de 26 años, herida incisa en región infra–umbical, pronóstico reservado.

Julián Calzado Barbero, de 36 años, herida incisa, en región glútea derecha, leve.

Cándido Majadas Sánchez, padre de los dos primeros, erosiones y contusiones en la región torácica lateral derecha y lateral del cuello, leve.

Catalina Gómez, esposa del anterior, contusión en región torácica lateral izquierda, leve.

Las heridas de los 4 primeros todas de arma blanca, y las de los ultimos de golpes; y como los tres primeros se consideran los principales autores y culpables de lo sucedido, quedaron detenidos en sus respectivos domicilios a disposición del Sr. Juez de Instrucción.

La reyerta tuvo lugar sobre las 20,30 horas, en la calle «Relator González» de esta localidad; y de las averiguaciones practicadas por la fuerza, resulta que a dicha hora se hallaban en la taberna de Cirilo Garcia, entre otros, un grupo formado por los vecinos Joaquín Lomo García (a) Cancho, Francisco Barros Valle, Abilio Gonzalez y Cipriano Sanchez y otro grupo que formaban Cándido Majada Sanchez con dos de sus hijos llamados Gregorio y Pedro Majada Gómez; ambos grupos de distinta filiación política y con resentimientos anteriores por parte del apodado «Cancho» y la familia del Cándido Majada, derivados de sus diferencias políticas, sin que en la taberna, cuyo dueño es de filiación derechista, como así mismo el Cándido Majada e hijos, tuvieran discusión ni mediara palabra alguna, saliendo primeramente de la misma, el apodado «Cancho» con sus compañeros, haciéndolo después los dos hijos del Cándido Majada, que se encontraron próximo a la puerta de la taberna al Joaquín Lomo Garcia (a) Cancho y otro mas; y sin que haya podido aclararse de quien partió la agresión, pues los hijos del Cándido dicen que fue del apodado «Cancho» y éste asegura con sus acompañantes que la agresión partió de los anteriores, el resultado es que el Joaquín Lomo y los dos hijos de Cándido se agredieron mutuamente, resultando los tres con las heridas al principio expresadas, culpándose de ellas, los hermanos Majada, al Joaquín Lomo y éste de la que él padece, al Gregorio Majada, extremos que los tres niegan.

Inmediatamente de iniciarse la reyerta, se aglomeraron multitud de personas, principalmente de los concurrentes a otros establecimientos de bebidas próximos al lugar de la ocurrencia, que en vez de apaciguar los ánimos, los excitaban mas, guiados por rivalidades políticas, originándose una riña tumultuaria, de la que resultaron heridos el citado Cándido Majada y su esposa que acudieron en auxilio de sus hijos y además otro vecino llamado Julián Calzado Barbero, los tres con las heridas antes referidas, sin que este último tomara parte en la reyerta al principio mencionada, ni se hallar presente, sinó que acudió al advertir el tumulto y afirma que ignora quién pudo herirle, pues a poco de llegar al sitio del suceso, se dirigieron a él sus convecinos Abilio Gonzalez y Cipriano Sanchez, con otros que no recuerda quienes le dijeron «a la cárcel» y estando en discusión con ellos, fué cuando le hirieron por la espalda; negando aquellos que ellos le dijeran fuera a la carcel, ni que discutieran con él, así como que sepan quien le produjera la herida leve que padece.

En cuanto a las armas blancas con que se han producido las lesiones, no han podido ser intervenidas, pues los heridos que aparecen culpables, no tenían ninguna en su poder y niegan haber sido ellos los autores de las que sufren sus contrarios; y del oportuno reconocimiento hecho en el sitio del suceso, no hué hallada arma alguna.

El Oficial que suscribe con la fuerza a sus órdenes continua las gestiones y auxiliando al Juzgado para el total esclarecimiento de lo ocurrido.

 

El socialista Luis García Holgado, destacado por su beligerante actitud anticlerical, en su labor como alcalde por enfermedad del titular Ángel Barrios, comunicó al gobernador civil[22]:

 

Tengo el honor de comunicar a V. E. los siguientes

H E C H O S   S U C E D I D O S,

En la noche del domingo día 5 del actual se encontraba en el establecimiento de bebidas [de] Cirilo García el afiliado a la Sociedad obrera del campo UGT Joaquín Lomo Garcia y observó que entraban un padre y tres hijos llamado el padre Cándido Majadas Sanchez y los hijos Gregorio, Pedro y Victoriano Majadas Sanchez, que el primero notó que de una manera velada y cuchicheando entre ellos lo observaba por lo que temiendo por los antecedentes de los anteriores alguna agresión salió a la calle.

Seguidamente el padre y los hijos citados salieron tambien y el padre le arrancó una cayada de la mano y el hijo llamado Pedro intentó agredirlo repetidas veces lo que no pudo ser por haber hurtado el cuerpo a los golpes. Que en este revuelo dos vecinas de ésta Villa sujetaron al Joaquín y entonces el Pedro con una navaja le dió un golpe en el vientre diciendole: Toma eso, cabrón y que entonces haciendo un esfuerzo violento se deshizo de los que le sujetaban echando a correr a fin de que no, lo mataran y a buscar al Médico para que le curara puesto que se sentia herido. Este presenta una herida de pronostico reservado en el vientre.

Después que sucedió esto parece que hubo un tumulto y que cuando se deshizo resultaron heridos el hijo del Candido llamado Victoriano con una puñalada en un costado penetrante que según el forense interesa la pleura y no sabe si el pulmón. Estado grave.

Otro de los heridos tambien hijo del Candido y llamado Pedro tambien resultó con una herida en la ingle poco penetrante y tambien de navaja. Estado pronostico reservado.

En éste tumulto parece que intentó apaciguar los ánimos el empleado Municipal sepulturero de este Ayuntamiento que se encontraba en el establecimiento de bebidas y sin saber por quién resultó con una herida de navaja en la nalga derecha bastante penetrante. Pronóstico reservado.

El primer herido, o sea Joaquin Lomo, dice que le hirió el Pedro Majadas.

El Victoriano Majadas dice que le hirió el Joaquin Lomo.

El Sepulturero Municipal dice que no sabe quien le hirió y,

El Pedro Majadas dice que le hirió Pedro Rey Valle.

Esto Excmo. Señor es el relato escueto según los informes que tiene esta Alcaldía.

 

Antecedentes de éstos hechos.

Días despues de las elecciones pasada, los hermanos Majadas tuvieron una discusión y amenazaron (pues se trata de elementos de Acción Catolica y de los mas procaces del pueblo), al tal Joaquin Lomo. El establecimiento donde se originó el principio de los hechos es propiedad de Cirilo Garcia Mahillo hermano politico del coadjutor de ésta Villa don Benito Herrero Director inspirador y todo de las Juventudes Catolicas y tradicionalistas. Un hijo del citado dueño es uno de los elementos fascistas catolicos de mas consideración en éste pueblo.

En éste establecimiento hace aproximadamente un més se originó tambien por un elemento de derechas de los pagados por ésas derechas, el atentado a un agente de mi autoridad queriendo matarlo con un cuchillo, asunto en el cual intervino el Juez de Instrucción y que se ha celebrado el juicio hace unos dias habiendo sido condenado el autor de la agresión Pedro Barragán a dos años y cuatro meses.

También en éste establecimiento el pregonero de ésta Alejandro Hernandez venia dando mitines y conferencias fascistas y hablando mal de las Autoridades legalmente constituidas por lo que está suspenso de empleo y sueldo y se le sigue Expediente.

Otros muchos datos se pudieran dar de sucesos de esos y actitudes que se han tomado en muchos de estos establecimientos; desde luego es el punto de reunión de todos los elementos de derechas activos y casi todos ellos protegidos por elementos patronales y de derecha de ésta población y dónde indudablemente se traman todas las cuestiones politicas que alteran la paz de éste pueblo.

En todo este asunto interviene el Juzgado de 1ª instancia.

Esto Excmo. Señor, como a V. E. se le alcanzará no por la ya sucedido sino por lo que pueda ocurrir, puesto que los ánimos no están lo suficientemente calmados debe dar motivo de una medida de V. E. y que esta Alcaldía se atreve a porponer:

Primero: La clausura del establecimiento citado donde han emanado los hechos.

Segundo. Un intervención de agentes de su autoridad para la busca y registro de armas puesto que aunque ayer no se usaron los de fuego tenemos casi la seguridad que en poder de éstos elementos y otros parecidos las hay.

No obstante, V. E. con su mas elevado criterio resolverá.

 

Tres años después, el 30 de octubre de 1939, el alcalde de la comisión gestora del Movimiento Nacional, ofreció su relato al juez de Primera Instancia[23]:

 

Cumpliendo con lo interesado por V. E. en su atenta comunicación fecha 27 del actual, dimanante de la causa número 22 de 1936, por Atentado, tengo el honor de informarle que Pedro Sánchez Barragan, de esta naturaleza y vecindad casado y mayor de edad, ha observado buena conducta político–social, habiendo sido contrario a las ideas marxistas y no habiendo estado afiliado a ninguna sociedad dependiente de la extinguida Casa del pueblo, por cuya causa fué perseguido.

En cuanto a la naturaleza y circunstancia de los hechos que dieron origen a la causa que se siguió a referido Pedro Sánchez Barragan en ese Juzgado con el número 22 de 1936, de las averiguaciones practicadas resulta: Que el 23 de Febrero de 1936 se encontraba [el] citado Pedro Sánchez Barragan en unión de Cecilio Amador, Parson Sánchez y Miguel Yuste, todos los cuales habian votado en las elecciones del 16 de Febrero de 1936 la candidatura de derechas, y habian defendido este ideal en el Establecimiento de bebidas de Cirilo García Mahillo, también de filiación derechista, presentándose en referido establecimiento Santiago Aceras y Patricio Ferreira, ambos destacados elementos izquierdista de esta villa, pues el primero de estos dos se encuentra cumpliendo condena de treinta años impuesta por el Tribunal Militar por tratar de resistir a las fuerzas que declararon en esta villa el Estado de Guerra el 21 de Julio de 1936, y el segundo fue designado Concejal del funesto Frente Popular con fecha 29 del mismo mes de Febrero por su destacado izquierdismo; que al poco tiempo de estar en el extablecimiento el Santiago Aceras provocó a los cuatro relacionados al principio por el motivo de ser derechistas, lo cual dió origen a que el Pedro Sánchez Barragan le contestara tratando de defenderse, entrando en aquel momento un Guardia Municipal y el Jefe de Municipales, llamado Marino Colmenar, significado elemento extremista (que se encuentra en situación de desaparecido[24]) y amenazando el Guardia Municipal con una carabina y el Marino con una pistola al Pedro Sánchez Barragan, lo trataron de detener, siguiéndose el procedimiento por atentado. Que el referido Santiago Aceras en expresado sumario fué también procesado por el mismo hecho pero en el acto del juicio fue absuelto, y en cambio el Pedro Sánchez Barragan fué condenado.

Por Dios, España y su Revolución Nacional-Sindicalista.

 

El día 17 de abril, Félix García Matos y Luis García Serrano, representantes de los centros de Juventud masculina de Acción Católica de la diócesis de Plasencia, comunicaron al gobernador civil su malestar por la actitud persecutoria de las autoridades republicanas con los centros católicos, con una leve glosa sobre el incendio de la iglesia parroquial[25]:

 

[…] Desde que allí se fundó la Juventud Católica, cuenta con la antipatía natural de los que equivocadamente juzgan que la Acción Católica se mezcla en la política de los partidos, sin atender a que ella tiene solo como fín el formar corazones y ganarlos nada más que para Cristo. Los beneficios que redundan a la sociedad y a los individuos de esta reevangelización que pretendemos, no es necesario que se los encarezcamos a V. E.

Con estos antecedentes, nada tiene de particular que en cuanto ha habido ocasión, se hayan manifestado los elementos adversos con actos que bien se pueden calificar de persecutorios.

Primeramente y por mandato del Sr. Alcalde y con el pretexto de ciertos infundios, se les hizo un registro en el Centro social con resultados totalmente negativos y favorables al buen concepto de aquella J. C., lo cual no impidió que fuese clausurado, paralizando así toda actuación de nuestros jóvenes en su vida cultural y formativa, que era lo que se pretendía. Más no contentos con esto se les hace objeto constante de mofa y hostilidad hasta llegar a la agresión. El Domingo dia 5 del presente més han resultado heridos dos jóvenes de A. C. y maltratada la madre [de] ellos en una reyerta provocada por sus adversarios. Todo esto se realiza con la mayor impunidad y complacencia de las autoridades locales, no dudando en denunciar ante V. E. al jefe de los municipales del pueblo como uno de los instigadores; y también que mucha culpa de la subversión de los animos la tiene un grupo de individuos de Bejar que bajan todos los Domingos de propaganda. Coincidiendo con la presencia de estos, se realizó el intento de quemar el dia 29 pasado una Iglesia en donde no ardio mas que el retablo y el altar mayor por que acudió prontamente el vecindario.

Delata todo esto, señor, una situación peligrosa que solo la imposición de la autoridad de V. E. y vuestra certera intervención pacificadora, puede resolver con bién para todos.

Nosotros rogamos a V. E. que restablezca la Justicia devolviendo a aquella Juventud Católica su libertad de actuación dentro de las leyes, con la apertura del Centro y el permiso para seguir desenvolviendo su labor, probadamente cultural y benéfica y sin contacto alguno con la política. El acta que levantaron con motivo de la clausura, és elocuente en este punto.

Rogamos encarecidamente a V. E. que haga sentir su influencia para contener desmanes y encauzar la actuación de las autoridades a fin de que no se produzcan confusiones ni nuevos hechos como los que denunciamos.

 

En la biblioteca de la Casa del Pueblo había dos ejemplares del libro Incendios de conventos. Posiblemente se refería al volumen Incendios de conventos en España y supresión de misiones y colegios españoles en Ultramar, de Luis G. Alonso Getino, Madrid 1932. Casi todos los ejemplares procedían de la biblioteca particular que Luis García Holgado donó a la Casa del Pueblo antes de su traslado a Cáceres, destinado como jefe de correos[26].

Entre tanto, la comisión provincial arbitral de la revisión de despidos por represalias políticas, en virtud del decreto del Ministerio de Trabajo, Sanidad y Previsión de 29 de febrero de 1936, instó a la readmisión e indemnización laboral de los treinta y cuatro obreros del sindicato de la industria textil y las ocho obreras de la sociedad La Aurora del Progreso, que habían sido despedidos de la fábrica de tejidos del ex concejal agrario don Vicente Cid Gómez–Rodulfo Sánchez–Matas, por su participación en la huelga revolucionaria de octubre de 1934. De la fábrica del mueble del ex concejal Matías Álvarez Benavides habían despedido a ocho obreros, y de la de Vicente Castellano Sánchez, presidente del partido radical, a cuatro. El artículo 91 de la ley de contrato de trabajo consideraba que el abandono del puesto de trabajo con motivo de huelga no rompía el vínculo jurídico laboral. Por consiguiente, los empresarios estaban obligados a la readmisión de los trabajadores.

Ante las reticencias del fabricante del textil, el sábado día 17 de abril Ángel Barrios dictó una orden de registro en la casa del industrial, en la Avenida de la República, hoy, Paseo de la Estación. El sargento Ángel Vaz–Romero y el guardia civil Dionisio Encinas Carrasco, en presencia de los testigos Marino Colmenar Castellano, jefe de policía, y Miguel Gómez Rodríguez, registraron la vivienda y el vehículo, «por si en él se encontraran armas o documentos fascistas». Su padre, Eduardo Cid Sánchez-Matas, propietario del inmueble, no opuso resistencia. También cachearon a la servidumbre. El registro duró treinta minutos, sin resultados satisfactorios, según informó el teniente Román Muñoz Muñoz. Ángel Barrios comunicó al gobernador civil que había ordenado la detención de «Vicente Cid de filiacion fascista por negarse a dejar cachear ni registrar su automóvil por los citados agentes». El industrial ingresó en la prisión del partido por desobediencia a los agentes municipales, sumario número 54 de 1936[27]. Ángel Matas, jefe de prisión, filtró al alcalde que la autoridad judicial tenía previsto liberar al reo porque no había cargos en su contra. Ángel Barrios comunicó al gobernador civil las circunstancias que habían concurrido en su detención, la gravedad de sus manifestaciones y «la resistencia al cumplimiento de toda orden o disposición gubernativa». Se refería a la no readmisión de los obreros despedidos de su fábrica. El juez de Instrucción ordenó la liberación del empresario, el día 20, a las 20,30 horas[28]. Ángel Barrios expresó su malestar porque en años anteriores, por circunstancias parecidas, se encerraba a una persona por tiempo indefinido. La coalición republicana del FP quedó desacreditada ante los obreros. Al día siguiente, las minorías de Izquierda Republicana y socialista presentaron la dimisión al gobernador civil, que no admitió porque estaban en periodo electoral. Las elecciones municipales habían sido convocadas para el día 12 de abril, pero fueron suspendidas por la conflictividad social[29].

Por otra parte, los sindicatos obreros de la Casa del Pueblo habían reivindicado, sin éxito, la entrega de tierras a las comunidades campesinas y la devolución de las fincas a los arrendatarios desahuciados por los patronos. Ante la pasividad del gobierno central entró en liza el Sindicato Único de Oficios Varios, órgano de la CNT, el 21 de abril. En la comisión organizadora estaban Saturio Mártil, Carlos Sánchez, Heliodoro Sánchez, secretario, Plácido Neila Castaño y Ladislao García. Otros militantes eran Constantino Neila Bueso[30], Clemente Simón Mansilla, Víctor Téllez Lices, Joaquín y Enrique Lomo García[31]. Pedro Morante asumió la presidencia. Algunos afiliados eran obreros desencantados de política cicatera de la UGT, como Ladislao García, presidente del sindicato agrario en 1932[32]. La CNT contaba con 89 afilados en junio. Trasladó la sede a la calle Abajo número 12[33].

La CNT, un proyecto ideológico que estaba próximo al comunismo libertario, entró en pugna con la Casa del Pueblo por el control del movimiento obrero[34]. La crisis del proletariado, acentuada por el desempleo forzoso y la falta de tierras de cultivo, aceleró la petición de la reforma agraria. El jefe del Servicio Técnico de Reforma Agraria no había acudido al socorro del campesino, que había solicitado en reiteradas ocasiones revisar las praderas susceptibles de roturación y de asentamientos. Eduardo Silva Gregorio había transformado en prados sus huertas de regadío y había dejado otras tierras en barbecho para lesionar el trabajo bracero en sus fincas[35]. Tampoco pudo remediar el paro obrero el ayuntamiento del FP. Los fondos de la décima, que cotizaban forzosamente los industriales para ayudar a paliar el paro, eran muy escasos y el temporal de lluvias puso la guinda al campo. Un intento de ocupación de fincas rústicas había sido abortado en Granadilla, en diciembre de 1933. En 1935 la dirección de Montes estudiaba la ordenación del monte número seis del castañar gallego, el tercero en riqueza de España, para remediar el paro obrero. El campesino del Ambroz entró en acción. Treinta y dos yunteros de Valdelamatanza roturaron la finca La Mina, en Baños de Montemayor, propiedad de Eduardo Silva, el 20 de abril. Otros campesinos de Baños de Montemayor intimidaron con roturar La Barranca, pero gobierno civil ordenó el desalojo. Cuatro días después, cuarenta y siete campesinos roturaron con yuntas y herramientas de labor la finca La Auditoria, de Víctor Comendador Masides, en Aldeanueva del Camino, pero fueron desalojados por la guardia civil[36]. En junio, la CNT exigió al ayuntamiento del FP que ejecutase la ley de laboreo de fincas urbanas y declarase «de utilidad social» las fincas Los Barreños y el Lomo, de Eduardo Silva y otros propietarios de derechas administradas por los medieros[37]. Ante la impotencia por no poder solventar los problemas laborales del campesinado, la coalición del FP presentó de nuevo su dimisión, el 2 de mayo, pero tampoco fue aceptada.

Entre tanto, el día 21 de abril, el maestro Emiliano Rodríguez solicitó al ayuntamiento del FP la apertura del mingitorio de las niñas porque estaba fuera de la investigación judicial. Gloria Pérez, presidenta accidental de Juventud Católica femenina, y Conrado Hernández, presidente de la sección masculina, solicitaron la reapertura de la Escuela Dominical, el día 17 de junio. El alcalde accidental Anastasio Martín Marín respondió, dos días después, que el centro había sido clausurado «como medida de precaución para evitar choques y desmanes públicos», las circunstancias políticas que determinaron su cierre no habían desaparecido, y les remitió al gobernador civil[38].

En la manifestación del primero de mayo, las fuerzas de asalto incautaron una pistola vieja y descargada a Emigdio Regidor Belloso, de Baños de Montemayor. El alcalde de Baños de Montemayor, Gonzalo Gómez, pidió al homónimo de Hervás que intercediera ante el juez de instrucción para que lo pusiese en libertad[39]. En la otra orilla, el policía municipal Alejandro Hernández Sánchez fue expedientado por apología del fascismo y desacato al jefe municipal; el agente Víctor García Sánchez fue enjuiciado por desobediencia al alcalde republicano; y Antonio Castellano, José Campos y Domingo Acera, por alteraciones del orden público y alardes fascistas en el salón de bailes del café Artesanos, sito en la calle Braulio Navas.

El ayuntamiento del FP había reactivado el proyecto de construcción del centro escolar, la colonia y la escuela de párvulos en los meses de marzo y abril[40]. Por otra parte, el inspector provincial de Primera Enseñanza y el alcalde Ángel Barrios abordaron el tema de la escuela laica y la supresión de la enseñanza católica en el colegio de la orden religiosa. El ayuntamiento republicano financió la creación de dos escuelas de párvulos para acoger a los niños de la escuela de las monjas josefinas trinitarias, que entrarían en funcionamiento en 1937. El Estado republicano subvencionó la construcción de las escuelas nacionales con 204.000 pesetas, publicado en La Gaceta de Madrid de junio de 1936.

El día 18 de julio, mientras las tropas golpistas del general Yagüe enfilaban hacia Sevilla, el ayuntamiento del FP transfirió a Diputación de Cáceres el proyecto de la colonia escolar. Como no disponía de recursos económicos, la corporación municipal cedió el solar de los Campillares[41]. Este fue el último acuerdo del ayuntamiento republicano.

 

REAPERTURA DEL SUMARIO NÚMERO 43 DE 1936

José Puente Ruiz, teniente coronel del Batallón de Ametralladoras número 7 de Plasencia, declaró el estado de guerra en la ciudad del Jerte el 19 de julio. En Hervás, los republicanos trataron de defender con escaso armamento la legitimidad de la República. Ángel Pérez Neila me ofreció su versión de los hechos, mientras se efectuaba el escrutinio de las elecciones municipales de 1983, en el colegio Santísimo Cristo de la Salud[42]:

 

Los primeros momentos de la guerra no eran muy tranquilizadores, según los partes y noticias que por la radio facilitaba el gobierno. Los altos cargos de organizaciones, sindicatos, ayuntamientos y Guardia Civil se reúnen el 19 de julio por la noche y ordenan que se haga una severa vigilancia por la población y las carreteras. No hay órdenes de arresto. El pueblo está tranquilo. Llegan noticias de que el cuartel de Plasencia se ha sublevado y ha cubierto sus objetivos, como el de Béjar. Ciertos dirigentes, con el teniente de la Guardia Civil, hacen gestiones para conseguir armamento en Plasencia, pero no se lo dan. Nos limitamos a esperar, hasta que llegaron las fuerzas sublevadas de Plasencia y nos rendimos.

 

Las tropas nacionales, comandadas por el capitán de infantería de las fuerzas sublevadas y el sargento de la Guardia Civil, Ángel Vaz–Romero Mateos, proclamaron en la Plaza de Abasto «el nuevo Estado español», el día 21 de julio[43]. El teniente Román Muñoz Muñoz desapareció de escena. Las tropas de ocupación destituyeron al ayuntamiento del FP y nombraron alcalde presidente a Eduardo Cortés Amores, a las 19 horas, «en pro de los anhelos de España sobre redención de los humildes, respeto a los inalienables derechos individuales». Ese mismo día ingresaron en la prisión del partido, Marino Colmenar, jefe de policía, Miguel Ibero, presidente de la Casa del Pueblo, Marcos Castellano Ciprián, presidente del sindicato obreros panaderos de la CNT, Benito Bastos, Guillermo Herrero Herrero, Julián Hernández y Gregorio Gómez Hernández. Antonio López Valle, tesorero de la CNT, se había dado a la fuga. La Junta Auxiliar del Gobierno Civil se estableció en la Escuela Dominical. Militantes de Juventud masculina de Acción Católica se enrolaron voluntarios el 19 de julio en la 1ª Centuria de la 1ª Bandera de la Falange de Castilla. Hubo siete fallecidos, según confesó el sacerdote Benito Herrero[44].

El día 9 de agosto, el teniente Salvador Solórzano, de la comandancia de Casar de Palomero, jefe de las fuerzas nacionales concentradas en Hervás, puso a disposición del juez de Instrucción del partido de Hervás a Jesús Sánchez Ibáñez alias el Artillero, Felipe García Sánchez, Plácido Neila Castaño, Marcelino Málaga Ordoñez, Esteban Sánchez Trinidad, Tomás Ordoñez Hinjos alias Chinin, Marciano García Sánchez y Valeriano Téllez Lices, como «autores y cómplices del incendio intencionado ocurrido en la Iglesia Parroquial de este pueblo en la noche del 30 al 31 de marzo» de 1936[45]. Pelayo González Sánchez, comandante de la Guardia Civil de Aldeanueva del Camino, cuya fuerza había sido concentrada en Hervás, entregó al secretario judicial un atestado con los nombres de los ocho participantes en el incendio, que habían ingresado en la perrera[46]. Todavía no habían detenido a Máximo Hernández Gil.

Los agentes municipales Pablo Gil y Cipriano Hernández –presidente del sindicato campesino El Porvenir del Obrero en 1922–, a petición del juez de Instrucción, practicaron un reconocimiento exhaustivo en el tejado de la escuela nacional de niños, en la calle Braulio Navas, el día 14. Buscaban «una palmatoria de metal dorada corriente, tamaño pequeño, con un cabo de vela», que habían sustraído de la iglesia parroquial la noche del incendio. Las pesquisas resultaron infructuosas[47]. Un informe intituló el sumario: «Incendio»; otro: «Contra el libre ejercicio del culto y otros».

El juez instructor del Batallón de Ametralladoras número 2 de Plasencia solicitó al alcalde de la comisión gestora municipal informes de la conducta moral, pública y privada de Esteban Sánchez Trinidad, de Ciudad Rodrigo (Salamanca), 33 años, padre de tres hijos, alpargatero; y los hermanos Felipe y Marciano García Sánchez, de Portaje (Cáceres), de 28 y 23 años, alpargateros.

El juez interino Victoriano Cazás Herrero requirió al alcalde que le informara de la conducta de Marcelino Málaga Ordóñez, soltero, 19 años; Tomás Ordóñez Hinjos, soltero, 33 años; Jesús Sánchez Ibáñez, soltero, 21 años; Plácido Neila Castaño, soltero, 20 años; Valeriano Téllez Lices, soltero, 25 años; y Máximo Hernández Gil, soltero, 28 años, naturales y vecinos de Hervás.

El teniente Salvador Solórzano había detenido a Jesús Sánchez Ibáñez alias el Artillero, Félix Sánchez García alias Viena y Serapio Valle Castellano alias Cachena, el día 8 de agosto, incriminados en el robo de dinamita, detonadores, pólvora y cartuchos de caza en la casa de Jaime Martín Herrero, sumario número 80 de 1936. A petición del comandante militar juez instructor de Plasencia, la alcaldía remitió nuevos informes de la conducta moral y la filiación política de Jesús Sánchez Ibáñez alias Franklin Lincon, Félix Sánchez García y Serapio Valle Castellano, ebanista, el 8 de septiembre[48]:

 

[…] Que Jesús Sánchez Ibañes (a) Artillero; Felix Sánchez Garcia (a) Viena, y Serapio Valle Castellano, constantemente han observado mala conducta por todos conceptos, por sus ideas extremistas, disolventes y peligrosas, reuniéndose siempre con las peores compañías.

El Jesús Sánchez está procesado tambien como uno de los autores del incendio ocurrido en la Iglesia de Santa Maria de esta villa en 30 de Marzo último. Por otra parte este individuo después de proclamado el Estado de Guerra en esta localidad, huyó al campo, donde fué detenido.

La filiación politica de los tres, es la de dirigentes de las juventudes socialistas, o mejor dicho comunistas[49] […]

Todos los dias que mediaron desde que se inició el movimiento patriotico militar hasta que se declaró en esta el Estado de Guerra, se vió a los tres individuos en actitud provocativa y capitaneando grupos de ideas extremistas.

 

Condenados por consejo de guerra a la pena capital, Jesús y Serapio fueron ejecutados en el campo de tiro de Plasencia, el 12 de diciembre de 1936. También Félix Sánchez García, pero desconozco la fecha[50].

Paralelamente se produjeron terribles paseos a manos de grupos falangistas armados de los pueblos vecinos. En el paseo del día 12 de septiembre perdieron vilmente la vida en Puerto de Béjar: José Álvarez Martín, militante de la Casa del Pueblo, y Porfirio Neila Bueso, militante de El Porvenir del Obrero y miembro de la policía rural. El día 13 fueron paseados en el mismo lugar: Marino Colmenar[51], vicepresidente del PSOE y vicepresidente de la Casa del Pueblo; Antonio Gallardo Matas, secretario del PSOE y de la Casa del Pueblo; Miguel Ibero Alonso, concejal del PSOE y presidente de la Casa del Pueblo; y Bernabé Majadas Sánchez, vocal de la Casa Pueblo. Todos tenían en común su vinculación con la Casa del Pueblo. También fueron víctimas del paseo abyecto: Germán Fernández alias Cinalobas (26 de julio), Nicomedes Blanco Valle, concejal socialista (5 de agosto), Valeriano Moreno López (20 de agosto), Pedro Rey Valle (31 de agosto), Pablo Hernández Neila (agosto?), Germán Fernández Peña (1 de septiembre) y Luis García Holgado, presidente del PSOE y vocal de la Casa del Pueblo (21 de septiembre)[52].

La corporación nacional reactivó el proyecto de construcción de la colonia escolar, en enero de 1937. Benedicto Hernández refrendó la venta del solar en las mismas condiciones económicas. El catolicismo retornó a las escuelas públicas como religión oficial y el crucifijo fue repuesto en las aulas, el 1 de septiembre de 1936[53]. El día 16 de octubre, el comité gestor del bando nacional otorgó cinco mil pesetas a la iglesia parroquial para reconstruir el retablo del altar mayor siniestrado, como «protesta contra el sacrilegio y vandálico atentado que se cometió en dicha parroquia por las hordas marxistas y encarna el criterio hidalgo del nuevo Estado acudiendo solícito a todo lo que represente tradición y catolicismo»[54]. El alcalde Eduardo Cortés Amores entregó los fondos al obispo de Plasencia, depositados en la Caja de Ahorros, en diciembre de 1937, pero sólo podía manejarlos el vicario. El deseo de la comisión gestora no era otro que «contribuir a que desapareciera la huella marxista de nuestra querida parroquia»[55].

El día 11 de mayo de 1938 el presidente de la Audiencia Provincial de Cáceres reclamó a Victoriano Cazás, juez interino, el traslado a la cárcel de Cáceres de los presos Esteban Sánchez Trinidad, Tomás Ordóñez Iglesias, Valeriano Téllez Lices y Máximo Hernández Gil, encartados en la causa número 43 de 1936 por incendio. El carcelero Ángel Matas entregó los presos a la comandancia de la Guardia Civil, el día 20. El jefe de prisiones de Plasencia, Atilano Gil, hizo lo propio con Plácido Neila Castaño, pero no con Marcelino Málaga Ordóñez, que había sido destinado a la prisión central de Cuéllar, el día 16, con otros cuarenta y seis detenidos, entre ellos, los hervasenses Urbano Santos Díaz, Alejandro García Zúñiga, Francisco Ciprián Sánchez y Ángel Pérez Neila, condenados por consejo de guerra. El recluso Marcelino Málaga Ordóñez fue enviado a la prisión provincial de Cáceres, el día 25 de mayo. El transporte del preso se efectuó «por ferrocarril con arreglo a las condiciones del contrato entre el Estado y las compañías ferroviarias», como era habitual en estos casos. Se había fijado el juicio oral en la Audiencia Provincial de Cáceres, el 7 de junio[56]. Marciano García Sánchez se hallaba en libertad provisional. Prestaba sus servicios como soldado en el ejército en el Regimiento de Infantería Argel número 27, 7º Batallón, 3ª Compañía, Estafeta de Compañía número 41[57].

En diciembre, la Audiencia Provincial de Cáceres separó del cuerpo al juez municipal Victoriano Cazás Herrero. Había sido secretario del partido radical de Lerroux en 1933 y concejal interino por designación directa del gobernador civil en 1934, presentó su dimisión el 27 de diciembre para incorporarse al cargo de juez municipal el 1 de enero de 1935[58]. Eduardo Martín, juez interino tras la destitución de Victoriano Cazás, solicitó al alcalde, el 23 de mayo de 1939, una terna de personas identificadas con la política de la nueva España, para desempeñar los oficios de juez municipal y juez municipal suplente, «cuidando muy mucho de que ninguna de ellas haya pertenecido a ningún partido de los que integraban el maldito Frente Popular ni que hubieran tenido concomitancias con los mismos». El juez interino requirió otra terna de hombres leales con el nuevo régimen para elegir a los fiscales municipal y suplente con las mismas condiciones ideológicas que el anterior. Fue designado juez propietario Plácido Lanzos Herrero, miembro de la gestora municipal y alcalde radical en 1934, y jueces suplentes Eduardo Martín Sánchez, que ejercía como juez interino, y José Barbero Neila. Jaime Martín Herrero fue nominado fiscal propietario, y Ramón Sánchez Vicente y Eugenio Rubio Herrero, fiscales suplentes. Finalmente Jaime Martín Herrero desempeñó el cargo de juez interino[59].

La Audiencia Provincial de Cáceres dictó sentencia el día 30 de marzo, declarada firme por auto de 10 de abril de 1939[60]. El juez interino Jaime Martín envió al alcalde un traslado del expediente de ejecución de la sentencia, efectuada por Nicomedes González Cañardo, secretario judicial, el día 8 de septiembre, para que lo archivase en la alcaldía. Esta fue la letra oficial de la sentencia[61]:

 

Don Nicomedes González Cañardo, Abogado, Secretario Judicial del Juzgado de Instrucción de esta Villa y su Partido.

Doy fe: Que en la causa seguida en este Juzgado con el nº 43 de 1936, por incendio, contra Placido Neila Castaño, natural y vecino de Hervás, hijo de Teodoro y de Juana, de veintidós años de edad, de estado soltero, de oficio jornalero, con instrucción, sin antecedentes penales de mala conducta; Marcelino Málaga Ordóñez, natural y vecino de Hervás, hijo de Cipriano y de Florentina, de veintiún años de edad, soltero, alpargatero, con instrucción sin antecedentes penales de mala conducta; Esteban Sánchez Trinidad, natural de Ciudad Rodrigo y vecino de Hervás, hijo de Antonio y Manuela, de treinta y cinco años de edad, casado, alpargatero, con instrucción sin antecedentes penales de mala conducta; Tomás Ordóñez Iglesias, natural y vecino de Hervás, hijo de Rosario y Petra, de treinta y cinco años de edad, soltero, jornalero sin instrucción sin antecedentes penales de mala conducta; Valeriano Téllez Lices, natural y vecino de Hervás, hijo de Delfín y Rosario, de veintisiete años de edad, soltero, jornalero sin instrucción con antecedentes penales de mala conducta; y Máximo Hernández Gil, natural y vecino de Hervás, hijo de Vicente y Primitiva, de treinta años de edad, soltero, jornalero sin instrucción sin antecedentes penales de mala conducta; la Audiencia Provincial de Cáceres dictó sentencia con fecha 30 de marzo último, declarada firme por auto de 10 de abril siguiente condenando a Placido Neila Castaño como autor de un delito de robo a la pena de cuatro años, dos meses y un día de presidio menor, accesorias de suspensión de todo cargo ó profesión oficio y derecho de sufragio durante el tiempo de la condena y como autor también de un delito de incendio a la pena de diez y seis años, ocho meses y un día de reclusión menor, accesorias de inhabilitación absoluta durante el tiempo de la condena; a los procesados Marcelino Málaga Ordóñez y Esteban Sánchez Trinidad como autores de un delito de robo a la pena cada uno de ellos de cuatro años, dos meses y un día de presidio menor y como autores también de un delito de incendio a cada uno de ellos la pena de diez y seis años, ocho meses y un día de reclusión menor y las mismas accesorias que al anterior; al también procesado Tomás Ordóñez como autor de un delito de robo a la pena de cuatro años, dos meses y un día de presidio menor accesorias de suspensión de todo cargo, profesión, oficio y derecho de sufragio durante el tiempo de la condena y como autor de un delito de escarnio a la Religión, a la de cuatro meses de arresto mayor accesorias de suspensión de todo cargo y del derecho de sufragio durante el tiempo de la condena y multa de quinientas pesetas que hará efectivas a los quince días de ser firme esta sentencia, sufriendo de no hacerlo así treinta días de arresto subsidiario al procesado Valeriano Téllez Lices como autor de un delito de robo a la pena de seis años de presidio menor; accesorias de suspensión de todo cargo, profesión, oficio y derecho de sufragio durante en tiempo de la condena al procesado Máximo Hernández Gil como encubridor de un delito de robo a la pena de doscientas cincuenta pesetas de multa que hará efectivas a los quince días de la firmeza de esta sentencia, sufriendo de no hacerlo así diez y seis días de arresto subsidiario y como autor de un delito de escarnio a la religión a la pena de cuatro meses mayor accesorias de suspensión de todo cargo y del derecho del sufragio durante el tiempo de la condena y quinientas pesetas de multa que hará efectivas a los quince días de ser firme esta sentencia sufriéndola de no hacerlo así treinta días de arresto subsidiario; a que indemnicen al representante de la Iglesia Parroquial en cinco pesetas los procesados Tomás Ordóñez, Valeriano Téllez y Máximo Hernández, a los procesados Marcelino Málaga, Placido Neila y Esteban Sánchez a la misma representación de la Iglesia, en la cantidad de cien mil pesetas y a todos los procesados al pago cada uno de ellos de la novena parte de las costas procesales, declarando de oficio el resto de los mismos.

Y para que conste cumpliendo lo mandado expido el presente que firmo en Hervás a ocho de Septiembre de mil novecientos treinta y nueve. Año de la Victoria.

 

El auto judicial señaló cuatro tipificaciones de delito. Incendio: Plácido Neila, Marcelino Málaga y Esteban Sánchez. Robo (no especifica si se trataba del cáliz, del dinero de los limosneros, o de ambas cosas): Plácido Neila, Marcelino Málaga, Esteban Sánchez, Tomás Ordóñez y Valeriano Téllez. Escarnio a la religión (beber vino en el cáliz en la taberna del tío Castilla): Tomás Ordóñez y Máximo Hernández. Y encubrimiento de robo: Máximo Hernández. En el expediente figuraban seis procesados: Placido Neila Castaño, Marcelino Málaga Ordóñez, Esteban Sánchez Trinidad, Tomás Ordóñez Iglesias, Valeriano Téllez Lices y Máximo Hernández Gil.

Faltaban tres personas. Jesús Sánchez Ibáñez el Artillero había sido fusilado. Marciano García Sánchez se encontraba combatiendo en las filas del ejército nacional. Entró en prisión poco después. A primeros de julio de 1943, el director de la prisión central de Burgos solicitó informes para otorgarle la libertad condicional, pero el alcalde Manuel Álvarez Pérez dictaminó «que, a juicio de esta Alcaldía no deben serle concedidos al mismo, los beneficios de libertad condicional, en atención a los desfavorables antecedentes político-sociales que tiene»[62]. Felipe García Sánchez alias Maquinista, presidente de Juventudes Socialistas[63], había sido fusilado en Plasencia por consejo de guerra[64].

En este punto de la historia, es menester recurrir al texto de F. Moriche Mateos porque ha recabado testimonios orales de testigos de oídas, -que no identifica-, los cuales mantuvieron conversaciones con Marcelino Málaga Ordóñez y tío Castilla, así como «la confesión supuestamente realizada por el vecino Tomás Chinín antes de morir». Son testimonios orales imprescindibles para abordar la ardua y compleja labor de exégesis del problema histórico, del laberinto republicano hervasense, que no siempre coinciden con las fuentes documentales de archivos y la sentencia pronunciada por la Audiencia Provincial, controlada, dicho sea de paso, por las fuerzas nacionales de ocupación.

A Máximo Hernández Gil, según F. Moriche Mateos[65], «el Juzgado de Instrucción de Hervás lo condenó por los delitos de “robo, incendio y escarnio a la religión”. Fue uno de los cuatro acusados de quemar la Iglesia de Santa María y hacer desaparecer el sagrario». La Audiencia Provincial de Cáceres lo condenó por los delitos de escarnio y encubrimiento de robo, pero no lo involucró en el incendio. No era el sagrario lo que había desaparecido de la iglesia parroquial, como aventuraron V. Ginarte González[66] y F. Moriche Mateos[67], sino el cáliz. Máximo Hernández Gil ingresó en prisión el 30 de mayo de 1938 y fue liberado el 30 de marzo de 1939[68].

De Tomás Ordóñez alias Chinín, F. Moriche Materos[69] notificó que «fue acusado de la quema de la iglesia. Confesó, tras ser brutalmente agredido, que lo habían hecho él mismo y otros tres hervasenses: Canore, Artillero y Tatito». Sin embargo, la Audiencia Provincial de Cáceres incriminó como autores del incendio a Plácido Neila, Esteban Sánchez y Marcelino Málaga. El Artillero no fue juzgado. Tomás Ordóñez fue acusado de robo y de escarnio, pero no de incendio.

Marcelino Málaga Ordóñez y Gonzalo Blázquez Hernández tenían pendiente un juicio verbal de faltas en mayo de 1936. El juzgado de Instrucción solicitó un certificado de sus bienes, el 23 de mayo, que resultó negativa. Marcelino Málaga Ordóñez cumplió condena en las penitenciarías de Cáceres y de Cuéllar por diversos delitos. Le denegaron la libertad condicional en febrero de 1947[70].

Valeriano Téllez Lices fue incriminado únicamente como autor del delito de robo. Tenía antecedentes de mala conducta. Valeriano Téllez, Tomás Ordóñez y Máximo Hernández habían cumplido cinco días de arresto menor en la prisión preventiva del partido judicial, el día 26 de mayo de 1931, «en juicio verbal de faltas por falta de respeto y desobediencia leve al señor alcalde» Ángel Barrios[71]. Y en 1932, Valeriano Téllez Lices había sido procesado por hurto por la Audiencia Provincial de Cáceres, condenado a dos años de presidio mayor, cuatro meses y un día[72].

La narrativa de F. Moriche Mateos coincide con el auto jurídico a la hora de señalar que a Plácido Neila Castaño «la Audiencia de Cáceres le condenó, el 27 de mayo de 1939, por los delitos de incendio (16 años de prisión) y robo (4 años de prisión)». Pero hay una ligera disonancia en la fecha. La sentencia fue dictada en firme por auto de 10 de abril. Quizá, el 27 de mayo, Plácido Neila Castaño recibió la notificación de la sentencia del juzgado. El reo cumplía condena en la cárcel vieja de Cáceres en marzo de 1940[73].

 

RECAPITULACIÓN

El incendio provocado del altar mayor de la iglesia parroquial de Santa María durante el gobierno municipal de la coalición de las minorías republicanas del FP, en el que participaron nueve personas de ideologías de izquierdas, se desarrolló dentro de la campaña de persecución por el laicismo anticlerical beligerante local contra las instituciones y los centros sociales de la iglesia católica (Círculo Tradicionalista, Acción Católica y Escuela Dominical), y la resistencia del catolicismo conservador a la pérdida de sus privilegios ancestrales que identificaba al Estado con la Iglesia Católica.

Apéndice fotográfico

Fot 1. Retablo y altar de la iglesia de Santa María de Aguas Vivas, Hervás (Cáceres)

Fot 2. Fé del Secretario Judicial del Juzgado de Instrucción de Hervás (Cáceres)

 

Bibliografía

[1] Mi agradecimiento a Sebastián Caballero González, archivero municipal, al ayuntamiento de Hervás, por sus sugerencias.

[2] «Para gloria del municipio», Ferias y Fiestas de Hervás [=FFH] 1951, pp. 64–65.

[3] Hervás: su historia, su tierra, su gente, Madrid 1991, p. 51.

[4] Represión, silencio y olvido. Memoria Histórica de Hervás y el Alto Ambroz, Badajoz 2008, pp. 64–65.

[5] Archivo Municipal de Hervás [=AMH], leg. [=legajo] 50, carp. [=carpeta] 2, 16 febrero 1936.

[6] AMH, leg. 50, carp. 2.

[7] AMH, «Actas municipales 1936», fols. 16v, 28, 40, 53v y 56v.

[8] Véanse mis ensayos «La iglesia católica en Hervás durante el bienio republicano–socialista, 1931–1933», XLI Coloquios Históricos de Extremadura, Badajoz 2013, pp. 431–452; y «La educación en Hervás (Cáceres) durante la dictadura de Primo de Rivera y la Segunda República», XLIII Coloquios Históricos de Extremadura, Badajoz 2015, pp. 369-393.

[9] Las cartas en AMH, leg. 50, carp. 2; transcribo los errores ortográficos de los autores.

[10] AMH, leg. 50, carp. 2, 15 marzo 1936; y leg. 629, carp. 2.

[11] AMH, «Actas municipales 1936», fols. 22v–23 y 37v; y leg. 54, carp. 4.

[12] AMH, leg. 50, carp. 2, 17 marzo 1936.

[13] Archivo Histórico Provincial de Cáceres [=AHPCC], Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1936»; y AMH, C. L. 37 «Actas municipales 1936», fol. 29v.

[14] AMH, «Actas municipales 1936», fol. 29v.

[15] «50 años al servicio de su pueblo», FFH, 1976, pp. 23–27.

[16] AMH, leg. 621, carp. 8.

[17] Los telegramas y atestado en AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936».

[18] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936».

[19] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936»; y AMH, leg. 50, carp. 2.

[20] AMH, leg. 50, carp. 2.

[21] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936»; y AMH, leg. 50, carp. 1.

[22] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936».

[23] AMH, leg. 53, carp. 2.

[24] Había sido paseado por falangistas el 13 de septiembre de 1936.

[25] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936».

[26] Así lo expresa F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido p. 78.

[27] AMH, leg. 50, carp. 2, 17, 18 y 20 abril.

[28] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1936»; y caja 430, núm. 171.

[29] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1936».

[30] AMH, leg. 51, carp. 1, en el informe enviado por la alcaldía al capitán del regimiento de Infantería de Argel número 27 notificó que tenía filiación comunista y de la CNT; los informes de la alcaldía de Hervás sobre la filiación política de los reos no siempre son fiables, no diferencia al socialista del comunista.

[31] AMH, leg. 132, carp. 4 «Relación del personal de esta villa de Hervás, que se encuentra movilizado, 27 diciembre 1938».

[32] La huelga de campesinos de 1932 propició el cierre del sindicato obrero de la UGT que dirigía Ladislao García, al que acusaron de dejarse influenciar por la CNT, y fue apartado de la dirección.

[33] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4301«Hervás 1936».

[34] Véanse mis trabajos «La revolución de octubre de 1934 en Hervás (Cáceres), Actas de las III Jornadas de Historias Locales de Extremadura, Garrovillas de Alconétar (Cáceres) 2013; y «La huelga general de los trabajadores de la tierra de Hervás, junio de 1934», Memoria Histórica de Plasencia y las Comarcas 2013, Universidad Popular de Plasencia, Plasencia 2013, pp. 53-61.

[35] AHPCC, Gobierno Civil, caja 2805, expte. 5.

[36] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1282 «Abril 1936».

[37] AMH, leg. 50, carp. 2, 16 y 17 junio 1936.

[38] AMH, leg. 50, carp. 2, 30 marzo, 17, 18 y 20 abril, y 17 y 19 junio 1936.

[39] AMH, leg. 50, carp. 2, 7 mayo 1936.

[40] AMH, «Actas municipales 1936», fols. 28v y 34.

[41] AMH, «Actas municipales 1936», fols. 37–37v, 40–41v y 53v–56v y 91; leg. 50, carp. 2, 14, 17 mayo y 18 julio 1936; y leg. 56, carp. 5, 1943.

[42] «Habla el alcalde», La Corredera, junio 1983, pp. 20–21.

[43] AMH, «Actas municipales 1936», fol. 11v.

[44] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1942».

[45] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1283 «Agosto 1936».

[46] AMH, leg. 50, carp. 1,

[47] AHPCC, Gobierno Civil, caja 1283 «Agosto 1936»; y AMH, leg. 50, carp. 1.

[48] Los datos en AMH, leg. 50, carp. 1, días 9, 14, 15, 18, 20, 21 agosto y 8 septiembre 1936.

[49] En Hervás no existía el partido comunista. Jesús era de la CNT; de Félix y Serapio desconozco su filiación.

[50] F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido, no cita su fusilamiento.

[51] F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido p. 80, refiere que el jefe de orden público se encontraba huido en el monte, (estaba en la cárcel), y su familiar, el juez municipal Victoriano Cazás, le hizo llegar el mensaje de que podía bajar al pueblo sin problemas. Con motivo de un viaje a la capital, los falangistas le sacaron de la perrera y lo pasearon en Puerto de Béjar.

[52] J. CHAVES PALACIOS, La represión en la provincia de Cáceres durante la guerra civil (1936-1939), Universidad de Extremadura, Salamanca 1995, reimpresión Salamanca 1996, pp. 113–116, y F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido pp. 74-87. Clemente Simón Mansilla no fue fusilado en 1937, como sugiere F. MORICHE MATEOS en p. 163; estaba con vida el 26 de noviembre de 1947, en AMH, leg. 57, carp. 3. Otros datos de los fusilados en AMH, leg. 63, carp. 2.

[53] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1936».

[54] AMH, «Actas municipales 1936», fols. 5 y 11v.

[55] AMH, leg. 51, carp. 3, 18, 20 y 22 diciembre 1937.

[56] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 núms. 135 y 165 «Hervás 1938».

[57] AMH, leg. 591, carp. 5, 4 agosto 1938.

[58] AMH, «Actas municipales 1935», fol. 12.

[59] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1938»; y AMH, leg. 53, carp. 4.

[60] Una referencia del proceso en AHPCC, JIH, caja 236 libro registros (1928-1969).

[61] AMH, leg. 595, carp. 2, Autos judiciales, núm. 52.

[62] AHPCC, Gobierno Civil, caja 4031 «Hervás 1943»; y AMH, leg. 56, carp. 4, 14 y 17 julio 1943.

[63] Doroteo González Muñoz era vicepresidente, Gerardo Barbero García, secretario, Ángel Pérez Neila, vicesecretario, y Enrique Regidor Castaño, tesorero, en AMH, leg. 50, carp. 2.

[64] F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido p. 85.

[65] Represión, silencio y olvido p. 96, lo llama Máximo Barragán Hernández alias Tatito.

[66] Hervás: su historia, su tierra, su gente p. 51.

[67] Represión, silencio y olvido p. 64.

[68] AMH, leg. 591, carp. 5, 3 y 4 agosto 1938; y leg. 53, carp. 2, 26 julio 1939.

[69] Represión, silencio y olvido p. 98.

[70] AMH, leg. 50, carp. 2; el informe del alcalde le identificó con la C.N.T., en AMH, leg. 596, carp. 2.

[71] AMH, leg. 618, carp. 5; y leg. 595, carp. 2.

[72] AMH, leg. 595, carp. 2.

[73] F. MORICHE MATEOS Represión, silencio y olvido p. 89; y AMH, leg. 54, carp. 1.