Oct 012004
 

Martiría Sánchez López.

Historiadora.

Índice:

  1. Objetivos y actividades: Las Ordenanzas
  2. Cofrades y Cargos directivos.
  3. Cuentas y visitas.
  4. La Ermita de San Benito.

1. Objetivos y actividades. Las Ordenanzas.

Es una de las cofradías de gloria más importantes de Jaraiz, no por su potencial económico, ni por su importancia cultural, folklórica o litúrgica, sino por la profundidad con que intenta cumplir con el mandato evangélico de Cristo «amarás al prójimo», en el sentido más amplio y profundo de estas palabras, que sus ordenanzas mandan realizar por encima de todo.

Impresiona y sorprende cuando por primera vez se examinan estas ordenanzas y se ve que sus fundadores quieren que esta Cofradía se llama «Cofradía de la Caridad» Se siente una gran emoción y orgullo al comprobar la grandeza de espíritu de nuestros antepasados y la nobleza de sentimientos de aquellos hombres y mujeres de los siglos XVII, XVIII y XIX de Jaraiz, y cómo entendían esto mandato fundamental del Evangelio, la Caridad. La Caridad en sentido más amplio; en primer lugar, el amor a los pobres y necesitados ayudándoles y socorriéndolas de una manera muy efectiva, como veremos en sus mandatos. En segundo lugar algo muy interesante; el amor entre todos los vecinos de tal manera que reinara entre ellos la paz y el cariño de hermanos. Por esto, ellos se proponen como una de sus principales metas el que reine la paz y la armonía entre todas las familias del pueblo, intentando solucionar cualquier problema que pudiera alterar la convivencia pacífica entre ellos.

Para esto, como veremos a continuación, se buscaran expertos que serán los llamados «hombres buenos» del pueblo, a quien todos respeten, y a los que acudirán los cofrades, cuando estos no puedan solucionar las desavenencias entre los vecinos.

El patrono de la Cofradía, San Benito, está muy en la línea de los objetivos de ésta. San Benito de Nursua vivió entre el año 480 al 544 y fue el patriarca del monaquismo occidental, incluyendo las Ordenes Mendicantes las cuales tenían como objetivo fundamental la labor caritativa y social. Se retiro del mundanal ruido a Subiaco y luego fundó en 520 el Monasterio de Motecasino. A este gran patrón le invocaron los cofrades con gran devoción y le aclamaron en sus fiestas para rendirle su más entrañable homenaje y culto, con el fin de que les ayudara a cumplir la misión espiritual que se habían comprometido.

La Cofradía de S. Benito se fundó a principios del s. XVII en 1617, según consta en el libro de la Cofradía depositado en el Archivo Parroquial de S. Miguel, Legazgo 4 documento 6.

La portada del libro es muy original, por su decoración tiene una especie de cartela rectangular que enmarca toda la titulación, que a la vez se inscribe en una cenefa en forma de ángulo cuyo vértice está adornado con un florón .

La titulación es la siguiente:

«Libro de la Cofradía del Señor S. Benito.
Prosiguen las entrados desde el año de veintiuno en adelante. Ansimismo sallara en este libro las urdenanças desta cofradía, hinbentario de escritura ya asientos en este año de mil setecientos y veinte idos»
.

La primera página del libro contiene las ordenanzas y la fecha de la fundación de la Cofradía. Esta se fundó en el «año del Señor de 1617» según consta en esta página. El resto del libro es del s. XVIII y comienza a escribirse en 1721 como pone el título.

Por este motivo no conocemos el funcionamiento de la cofradía en el s. XVII solo en el XVIII y XIX. A partir de esa fecha de 1721 nos encontramos pues con una gran laguna documental, aunque sabemos por los libros que conservamos de otras cofradías, que en los tres siglos funcionaban esta instituciones de manera semejante, solo les diferenciaban los matices propios de cada periodo.

Las Ordenanzas comienzan manifestando el deseo de que se llame «Cofradía de la Caridad» Después de invocar a la Sma. Trinidad, a la Virgen María y a San Benito dicen «queremos que se llame la Cofradía de la Caridad por ser la caridad raíz y principio de las virtudes y nuestro deseo intentar servir a nuestro Dios y Señor, y acudir al remedio de los más pobres necesitados y procurar la paz y la concordia entre los hermanos y prójimos. «A continuación consta la fecha de la fundación: 1617, y el nombre del Obispo que ha de confirmar la fundación, a quién piden licencia para usar sus ordenanzas: «En el lugar de Jaraiz a dos días del mes de abril del año del Señor de mil seiscientos y diecisiete, siendo obispo deste obispado de Plasencia Fray Enrique Enrique, debajo de cuya protección y confesión se funda esta cofradía, suplicándole nos haga la merced de confirmarla y darnos licencia para usar de sus ordenanzas que son las siguiente…»

Las Ordenanzas son cuatro y vienen especificadas con todo detalle además de estar muy bien redactadas. Las dos primeras se refieren a los objetivos principales de la fundación, que era la acción caritativa, teniendo como una obligación primordial el pedir limosnas para socorrer a los necesitados según se expresa en la Primera Ordenanza que dice así: «Primeramente ordenamos y mandamos que dos cofrades de esta santa cofradía, dando ante todas las cosas licencia para ello el señor obispo, a quien suplicamos se sirva de dárnosla: sean obligados a pedir limosna por todo el lugar los domingos del año por las mañanas cada dos cofrades un mes, como les cupiere en orden por el libro donde están asentados y la limosna que juntasen la han de repartir a los pobres vergonzantes de este lugar. Informándose de los curas que pobres hay en su feligresía y de los dos hermanos que el mes antes cogieron la limosna, y conforme a la necesidad lo repartan a su disposición».

Vemos por el texto lo bien que están redactadas los mandatos y con la precisión y contundencia que lo hace para que lo cumplan todos los cofrades, sin que ninguno pueda evadirse, ya que pedirán limosnas según el orden que tengan en la «lista de asientos» del libro, indicando el día que han de realizar su cometido. Además, intentan que hay la mayor equidad posible en el reparto, para lo que se aconsejaran del sacerdote, aunque ellos hagan el reparto entre los necesitados según sus criterios.

En el Catastro de Ensenada, de 1753, hemos estudiado la población que tenía Jaraiz en esa época era de 314; entre estos, según el texto 15 eran pobres de solemnidad, además de 11 viudas 2 doncellas y 2 hombres impedidos. En total había unos 30 necesitados que tenían que socorrer todos los meses.

La segunda ordenanza nos parece, además de interesante, dé gran originalidad y de difícil cumplimiento, pero importantísima ya que impone la obligación de procurar el amor entre los hermanos, donde debe reinar la paz y la concordia entre todos, porque a veces cuesta más perdonar las ofensas que dar una limosna, dice así: «I ten ordenamos y mandamos que los dos hermanos cofrades que fueren nombrados para cobrar las limosnas del mes, tengan obligación de procurar paz y concordia si supieren que alguno de los hermanos ha tenido o tiene algún pleito, disensiones o enemistades con alguna persona. Y para ello sean obligados, si por sus personas no bastase, a valerse de los curas u otras personas a quienes tengan respeto para que por intersección suya se acaben las enemistades y estén en paz y concordia todos».

Como podemos apreciar esta ordenanza tiene la finalidad de procurar la paz y la concordia no solo entre los cofrades, sino entre todos los vecinos del pueblo. Pero ello da la solución cuando esta sea difícil de conseguir por los cofrades, por lo que manda que busquen personas capacitadas para ello, como el sacerdote o personas de prestigio del pueblo, los llamados «hombres buenos».

Las últimas ordenanzas tratan de las festividades y del culto al santo patrón, San Benito y de las obligaciones que tienen los cofrades de la asistencia a todos ellos. La tercera dice así. «Item ordenamos y mandamos que todos los domingos últimos de mes se diga una Misa por todos los cofrades de esta Cofradía en la Iglesia del Señor San Miguel. Y la limosna de ella se pague de la renta de dicha cofradía a costa de los dichos cofrades».

La cuarta y ultimo ordenanza manda lo siguiente «Item ordenamos y mandamos que el día de nuestro patrón San Benito se diga una Misa cantada con solemnidad en la Iglesia del Señor San Miguel y asistan a ella todos los cofrades so pena de ocho maravedíes».

Podemos apreciar por esto dos últimas ordenanzas la sencillez con que se celebraban las fiestas del Santo en el s. XVII. Consistía solamente en la celebración de una solemne Misa cantada con la obligación a su asistencia por parte de los cofrades bajo la multa de ocho maravedíes. También celebraban la misa mensual por los hermanos sin especificar si era por los cofrades vivos o difuntos.

Con esta sencillez se rendía culto a San Benito durante el s. XVII, pero esto cambiara a partir del siguiente siglo como hemos comprobado en los textos de 1723 en adelante. En el Cabildo que tuvo lugar en esa fecha se habla de la celebración de las Vísperas del día de la fiesta; dice lo siguiente: «Así mismo en la función que se hace el día de S. Benito con sus Vísperas antecedentes del domingo de Quasimodo… en la iglesia de S. Miguel» En otros documentos dice que se celebraba en «La Dominica in Albi».

También hemos observado que en este periodo ya el Santo tenía su Ermita, de la que hablaremos en el siguiente apartado. Imagen de S. Benito permanecía allí hasta que se le subía al templo durante las fiestas. Consta en los textos lo que se pagaba a una persona por subirle y bajarle desde su pequeño santuario. «Tuvo de costa el día de baja del santo a la ermita tres reales«.

A partir de 1830 comenzó a celebrarse la festividad de S. Benito con toda solemnidad en su Ermita, donde acudía todo el vecindario en animada Romería. A los gastos de esta Romería, que comenzó a ser sus muy importante, contribuía el Ayuntamiento, pagando de sus rentas una cantidad importante, como viene constatado en el Catastro de Ensenada: «De la romería de San Benito se pagan ciento y diez i nueve reales».

La Festividad se hacia ahora con toda solemnidad en la Ermita de S. Benito. Se celebraban Misas cantadas con gastos de incienso en abundancia y buena iluminación con velas y cirios: «Se pagan treinta y seis reales al Vicario y Beneficiado por los misas que se celebran en la ermita de San Benito la Dominical in Albis». Así mismo constan los gastos del incienso y las velas de la siguiente forma: «Se pagó dos reales por los gastos de incienso y vente i ocho reales para las velas y cirios del Santo».

A partir de 1725 aparece en la festividad de San Benito un elemento folklórico muy importante en este tipo de romerías, la flauta y el tamboril, que era los encargados de amenizar la procesión alrededor de la ermita, el Ofertorio, también comenzó ahora a celebrarse y las danzas en honor al Santo y bailes propios de oda las fiestas y romerías; al son de la flauta y tamboril los vecinos bailaban para hacer más agradable la convivencia, en fraternidad, que era una de las características y objetivos fundamentales de esta Cofradía. Así consta lo que se pagó al tamborilero en las fiestas del año 1725, «Se pagó al tamborilero treinta reales por las fiestas del Santo».

Consta también otros gastos de la fiesta sin especificar a que se refiere, solo dice «Se gastaron treinta reales en los gastos de las funciones del Santo».

2. Cofrades y Cargos Directivos.

En el libro de la Cofradía constan todos los cofrades que se integraban cada año, separando en las listas los hombres de las mujeres. Las listas eran muy importantes, pues para desempeñar los cargos de la cofradía con sus respectivas obligaciones se nombraban por el orden que tenían en las listas. Antes de 1746 constan por separados la lista de hombres y de las mujeres, pero a partir de esa fecha ya se asientan o se alistan juntos.

A los cofrades dados de alta se les denomina «Entrados» y se citan con nombres apellidos y la relación familiar. En las lista de 1722 se citan doce hombres y treinta y cuatro mujeres; en el 1730 constan como «Entrados» veinte mujeres y trece hombres; en 1736 entran ocho mujeres y once hombres, … etc. La cuota que pagaban era un importante ingreso para la cofradía, así en las cuentas de 1730 constan que las mujeres pagaron 120 reales y los hombres sesenta reales.

Todos los cofrades reunidos formaban el Cabildo o Asamblea General. Estos se reunían todos los años al «son de la campana tañida» como en las demás cofradías; aquí se nombraban los cargos y se trataban los asuntos referentes a la Cofradía. «Juntos la mayor parte de los cofrades de la Cofradía de San Benito a Cabildo llamados por la campana tañida como es costumbre para nombrar Mayordomo y Alcaldes…» La elección como hemos dicho, se hace por orden de lista… … «y les tocó por el libro como es costumbre a…» En el Cabildo de 1723, presidido por el Sr. Vicario, salieron como alcaldes «Juan Manzano, yerno de Juan García y Juan Martín, yerno de Andrés Fernández, a los cuales les requiere aceptar dicho cargo y cumplir sus obligaciones. Por supuesto, estos cargos directivos siempre recaían en los hombres, dada la discriminación por razón de sexo que había en esta época.

Las obligaciones de los alcaldes vienen especificadas entre estas destacan: «Que asistan a los entierros a llevar las insignias y achas de dicha cofradía». Así mismo en la función que se hace el día de San Benito con sus Vísperas, preparen las andas y limpien el camino para llevar al Santo a su ermita y lo demás que fuese necesario. En el Cabildo de 1738 se nombra Mayordomo a Juan Fernández y como alcaldes son nombrados Luis Zepeda y Juan Espino (cuando leí este nombre fue una agradable sorpresa para mí al ver que uno de mis antepasados pertenecía a esta Cofradía tan importante. Juan Espino es un antecesor de mi abuelo materno Francisco Espino López Enciso)

3. Las Cuentas y las Visitas.

Con respecto a las cuentas de la Cofradía viene bien especificadas, tanto las entradas económicas como los gastos que tenían. La mayor parte de las rentas provenían de los réditos que producían los Censos, estos producían 60 reales y 19 maravedíes en 1721. Posteriormente tienen un aumento considerable, llegando en 1730 a producir 142 reales. A partir de esta fecha se especifican bien a quien pertenecen los siete censos que poseían la Cofradía, con toda clase de detalles, sobre el dinero que presto además de los bienes sobre los que pasaban la hipoteca, lo que producía cada censo, con el fin de que todo estuviera de acuerdo con los Mandatos de las Visitas del Obispado.

Aparte de las rentas de los censos, la cofradía contaba con otras rentas provenientes de algunas heredades que poseía. Entre estas heredades estaban los olivares de la Cerca, la heredad de los Albarranes, un terrazgo en la Alameda, de cuyo arriendo se obtenía diez reales. También la cofradía poseía una ganadería vacuna, la que producía una renta considerable con la venta de los terneros para carne. En las cuentas de 1732 vienen especificado los gastos que producían los gastos y el guarda de ganado. Se pagó treinta reales a la Viuda de Juan Domingo por las yerbas y guarda de reses que tienen dicho santo. Es curiosa otra cita donde habla de lo que tuviesen que pagar a un hombre por buscar un becerro que se perdió: «Se pagó seis reales aun hombre con su caballería en buscar un becerro que se desgració y no apareció.

Como en los demás libros de Cofradías, en las cuentas aparecen los cargos o entradas que tienen y las Dattas que son los gastos.

Entre los gastos o Dattas aparecen los derechos del Cura o del beneficiado, de sacristanes, monacillos así como lo empleado en incienso, en velas y cirios, vestuario, en Misas y Vigilias. En otras partidas aparecen los gastos que tuvieron para arreglar la Ermita: «Se pagaron tres reales por los reparos de la Ermita».

En las cuentas de 1724 hay unas entradas o Cargos de 215 reales y unos gastos o Datas de 238 por lo que les sale un déficit de 33 reales.

En las cuentas de 1725 desaparece este déficit porque venden la heredad de la Alameda.

En las cuentas de 1730 se observa un aumento considerable de las rentas debido principalmente al aumento de los réditos de los Censos y de las altas de los Cofrades «Entrados», además de comenzar a ser rentable la ganadería. En total los Cargos obtenidos fueron de 503 reales; también aumentan los gastos de la romería, tamborilera, etc, con un total de 487; tuvieron un saldo a favor de 15 reales.

Las cuentas de la Cofradía se siguieron llevando en los libros de ésta hasta principios del s. XIX, después se incluyeron en las de la Parroquia. Esto fue debido a que con motivo de las primeras leyes desamortizadoras que se dieron en las Cortes de Cádiz de 1812, se enajenaron los bienes muebles de las Cofradías.

Por este motivo ya no tenía razón de ser el que se llevaran cuentas apartes, pues solo les quedaron las rentas de los Censos. Entonces, estas rentas se incluirán en las cuentas de «Fabrica» o de las parroquias. Por eso, al final de este libro de la cofradía de San Benito hay unos documentos de 1813 y 1814 que se refieren a las cuentas de la iglesia de San Miguel, dando vienen inclu9idos los censos de las cofradías, entre los que se encuentran los Censos de la Cofradía de San Benito.

En cuanto a las Visitas del Obispado eran muy importantes para este, ya que controlaban las cuentas de esta cofradía como de las demás. En 1725 el encargado por el Obispado placentino de realizar la que D. José Teodoro de Vergara, que dice «las hallo (las cuentas) en buena formalidad y sin error…. por lo que las apruebo». Después habla en los mandatos que los Censos tienen «poca claridad por lo que mando que haga un inventario autentico de las rentas Zensales, quienes fueron sus impostores, la cantidad de réditos y sobre que bienes están impuestos, diciendo donde están y quienes son los linderos actuales…»Luego les amenaza con excomunión Mayor si no los cumplen y da ordenes al párroco para que las cumplan. Al margen aparece una nota del párroco que dice: tengo cumplido este Mandato.

4. La Ermita de San Benito.

Estaba situada en la Dehesa Boyal en un bello paisaje de colinas onduladas salpicadas por hermosas encinas, cuyo verdor de sus ramas contrastan con las amarillas dorados de sus pastos en el estío y conjugan con las verdes praderas de la primavera jaraiceña.

Al fondo, el manto de nieve que durante la mayor parte del año cubre el murallón de Gredos, ilumina este impresionante paisaje cuando los rayos del sol acarician las altas cumbres.

Las aguas cristalinas de las charcas o pequeñas lagunas de la Dehesa forman parte de este singular paisaje, cuyos campos de abundantes pastizales siempre han alimentado la ganadería de los vecinos del pueblo… y en medio de tanta belleza se situaba la Ermita de San Benito, a mitad del camino entre la población y el río Tiétar, Veredas y caminos recorridos por hombres desde la épocas más remotas hasta la actualidad dejaran aquí sus huellas, comenzando por la población prehistórica. Después aquí los romanos fundaron una de sus típicas «Villas» o explotaciones agrarias de típico latifundista dedicada al cultivo de los cereales. Hacemos esta afirmación porque aquí, junto a restos de la ermita de San Benito se han encontrado una serie de monedas romanas de la época de Constantino el Grande, del s. IV ya dentro del Bajo Imperio.

En este mismo lugar existen una serie de restos que nos hablan de civilizaciones de la Alta Edad Media, probablemente relacionada con la cultura visigoda. Parece ser que allí se refugiaron unas eremitas siguiendo las reglas de San Benito y fundarían su pequeño ermitorio en la época visigoda, por los s. VI y VII. Algunos de los restos que aquí se han encontrado están muy relacionados con esta cultura, como son una pila de agua bendita y una rústica columna con una decoración a base de talla a bisel donde se representa una cruz griega enmarcada en un cuadrado de clara influencia visigoda.

Sobre la ermita donde se rindió culto a San Benito en los s. XVII, XVIII y XIX, poco podemos decir en cuanto a su estilo y sus características, puesto que solo queda algunos restos de los muros, pero que hoy forman parte de unos secaderos y una vivienda. Podemos pensar que no se diferenciara demasiado del tipo de ermitas de la Vera, con planta rectangular, con cubierta de madera, con pórtico sostenido por dos columnas… Tampoco tenemos idea de cómo era la imagen de San Benito, ya que no tenemos ninguna referencia, debió ser de madera policromada, pero no podemos saber a que estilo perteneció pues aunque la Cofradía se fundó en el s. XVII, la Imagen podía haber recibido culto antes de esta época.

La importancia que tuvo este interesante santuario fue grande para Jaraiz, pues además de rendir en él el culto a San Benito, organizando allí su festividad y su típica romería, aquellos cofrades que les interesaba ante todo el amor a los hermanos en el sentido más integro y profundo de las palabras evangélicas de Cristo, fue también este lugar algo muy importante para el pueblo. Según los documentos consultados, como el Catastro de Ensenada , allí se celebraba un mercado anual, fundamentalmente de ganado, aunque no faltaban otros productos. Pero este mercado duraría hasta la primera mitad del s. XVIII ya que a finales del este siglo, en 1791, ya no consta su existencia en los documentos; así en el Interrogatorio de la Audiencia de Cáceres no lo menciona, sino que dice que en Jaraiz solo se celebraba un mercado anual junto a la ermita de la Virgen del Salobrar, en el río Tietar; así lo expresa el documento. Solo hay una feria de corta consideración en el sitio del Salobrar, distante dos leguas en el segundo domingo de Mayo donde se vende algún paño basto, zapatos y otros géneros

La ermita de San Benito fue enajenada junto a los demás bienes eclesiásticos después de las Leyes desamortizadoras de Mendizábal, lo que supuso ser abandono y posteriormente ruina, desde la segunda mitad del s. XIX que fue cuando, con motivo de su enajenación fue comprada por un vecino del pueblo en pública subasta.

COFRADÍA DE MARIA MAGDALENA

Esta Cofradía se fundó en marzo de 1996, cuando un grupo de fieles decidieron rescatar del olvido, con gran entusiasmo, a esta Imagen que se encontraba en una casa particular, sin participar en los desfiles procesionales durante algún tiempo.

Este grupo de fieles se constituyó en Cofradía y decidieron continuar la tradición de nuestros mayores, volviendo a conseguir con gran devoción y entusiasmo que María Magdalena acompañara al señor y su Sma. Madre el día de Viernes Santo, en la solemne procesión que recorre las calles tradicionales del pueblo, como en su día les acompañó camino de la Cruz hacía el Calvario, y después junto al Sepulcro; «Estaban allí María Magdalena y la otra María sentadas frente al sepulcro» (Mt. 27.60.61) Allí recibieron las gracias del Salvador, siendo el gran consuelo de las santas mujeres. Por ello afirma San Jerónimo: «Las mujeres perseveraron en su deber esperando lo que Jesús había prometido; por esta razón merecieron ser las primeras en ver la Resurrección…».

Sin esta Imagen, la Semana Santa jaraiceña quedaba incompleta, ya que durante muchos años ha sido admirada y acompañada por todos creyentes, por lo que hay que agradecer a este grupo numeroso de cofrades la devoción y el entusiasmos con que posesionan a su Imagen.

La imagen de María Magdalena es una escultura de la primera mitad del s. XX, perteneciente a la escuela de Olot. Se caracteriza por el patetismo de su expresión, con la mirada baja para centrarse más en el drama de Cristo. Los rubios cabellos se deslizan sobre sus hombros acentuando la belleza de su rostro. Sus brazos caen paralelos al manto que cubre hasta unirse en sus manos que quieren expresar con toda su fuerza el dolor contenido. La policromía es suave y equilibrada, contratada por los resplandores dorados de la diadema que la corona.

El número de miembros de la cofradía se acerca al centenar, de los que unos 35 forman parte de la banda de cornetas y tambores que acompañan a la Imagen durante la procesión. Visten hábitos y capirucho azul, contrastados por cinturón y guantes blancos y por una capa de color marrón.

Oct 012003
 

Martiria Sánchez López.

INTRODUCCIÓN.

Con motivo de la celebración del cincuenta aniversario de la Coronación de Nª Sª de la Victoria queremos dedicar este trabajo a la “Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Trujillo” por haber mantenido la devoción a la Virgen bajo esta advocación desde la reconquista de la ciudad por los cristianos hasta la actualidad, procurando en cada periodo histórico intensificar su devoción y culto según las peculiaridades de cada época.

En el s. XX, en el año 1953 tuvo lugar un acontecimiento de primer orden en lo referente a esta devoción. Fue la solemne Coronación de la Virgen de la Victoria cuyos actos comenzaron el día 1 de enero del año 1953 al grito de: “¡Trujillo! ¡Trujillo! ¡Trujillo! la Stma. Virgen de la Victoria os convoca en su morada provisional de la iglesia de Santiago para bendecios en el año de su Coronación…”

Después de una serie de actividades religiosas y culturales durante todo el año tuvo lugar el solemne acto de la Coronación como todos sabemos, el 18 de octubre de 1953 en la Plaza Mayor, en el más bello marco histórico artístico de Extremadura, protagonizado por el Nuncio de su Santidad Pío XII el Cardenal Cicognari.

Este año de 2003, la ciudad de Trujillo conmemora este magno acontecimiento por lo que la devoción de este pueblo a su Patrona se traduce en innumerables muestras de fervor y cariño en múltiples actividades, tanto religiosas como culturales. Dentro de estas actividades ha sido un enorme acierto el haber dedicado a la Stma. Virgen de la Victoria en estos XXXII Coloquios Históricos de Extremadura, un concurso histórico científico, lo que demuestra una vez más que los trujillanos llevan en lo más profundo de sus almas el amor y la devoción a Nª Señora, heredada de sus lejanos ancestros y que siguen manteniendo cada vez más viva esta devoción con el transcurrir de los siglos.

La denominación de esta Comunicación se debe a que los musulmanes llamaron a Trujillo “Torgilela” mientras para los romanos era Turgalium, nombre que procede de “Turris Juliae”, llamada así por llevar el nombre de su fundador, Julio Cesar, según el escritor latino Plinio en su libro 4, cap. 22.

Para realizar este trabajo hemos manejado la historio-grafía aportada por mi querido Maestro D. Julio González, eminente investigador Premio Cervantes, a quien debemos la mayor parte de la documentación existente referida a la Reconquista de Castilla, León y Extremadura; entre sus obras consultadas están “El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII “CSIC, Madrid 1960. “Crónica latina de Castilla, 4. Anales Toledanos I. Alfonso IX. Madrid 1944 “Extremadura” Introducción histórica. Madrid 1970

Otras obras historiográficas manejadas han sido las “Historia y Anales de la Ciudad y obispado de Plasencia” Obra interesantísima del s. XVI del historiador placentino Fray Alonso Fernández. También son de gran interés las “Crónicas Trujillanas del s. XVI”. Manuscrito de Tapia de Muñoz San Pedro, M. Cáceres 1952.

Imprescindible para realizar este trabajo ha sido también el “Fuero de Plasencia” otorgado por Alfonso VIII, donde hemos estudiado el tipo de armamento utilizado por las huestes placentinas para la reconquista de Trujillo. Pero especialmente importante a este respecto ha sido la documentación consultada en el Instituto de Armas Antiguas fundado por los Sres. Hoffmeyer en Jaraiz, denominado en la actualidad “Instituto Histórico Hoffmeyer “perteneciente al CSIC. En el se encuentra la documentación más completa sobre Armas del mundo, de tal manera que cualquier investigador que desee hacer un trabajo de investigación sobre cualquier tipo de armamento tiene que visitar necesariamente este archivo.

CONQUISTA Y RECONQUISTA DE EXTREMADURA.

Extremadura fue conquistada por los musulmanes en el año 712 un año después de que Tarif venciera a D. Rodrigo en la batalla de Guadalete. La conquista la llevó a cabo Muza lugarteniente de Tarif, que después de conquistar Sevilla se dirigió hacía el norte siguiendo la calzada romana Vía de la Plata, apoderándose primero de Mérida y después del resto de las tierras extremeñas. Aquí permanecerán durante cinco siglos hasta que a mediados del s. XIII los ejércitos cristianos terminaron con la reconquista de toda la región. En este largo periodo, el solar extremeño va a ser un escenario constante de las luchas entre los reyes cristianos, que hacían sus correrías por las tierras ocupadas por los musulmanes en los periodos de decadencia de estos, llevándose abundante botín; lo mismos hacían las tropas islámicas cuando estas intentaban apoderarse de los territorios de Castilla y León, situados al norte del Sistema Central.

La reconquista de Extremadura se inicia a mediados del s. XII y concluye a mediados el s. XIII. Durante estos cien años de guerra se pueden distinguir tres periodos en los que irán ocupándose paso a paso todo el solar extremeño que había permanecido durante cinco largo siglos bajo el dominio islámico.

El primer periodo comprende la segunda mitad del s. XII, desde el año 1142 hasta el 1200; durante estos años se conquistaran todas las zonas del norte. El periodo siguiente corresponde al primer tercio del s. XIII, desde el año 1200 hasta el 1232; en él se ocupará toda la zona centro incluyendo por tanto la ciudad de Trujillo. El último periodo corresponde a los quince años siguientes, desde el año 1232 hasta el 1248; en esta tercera etapa se incorpora toda la zona meridional hasta Sª Morena con la conquista de Hornachos, Segura, Burguillo, etc.

Sin embargo, la reconquista de las tierras extremeñas no puede entenderse sin tener en cuenta la división de Extremadura entre los reinos de Castilla y León como consecuencia del testamento de rey Alfonso VII. Este monarca llamado también emperador, dividió el reino entre sus dos hijos debido al concepto patrimonial que tenía de la Corona, por lo que dejó a su hijo Fernando II el reino de León y a su hijo Sancho III el reino de Castilla.

Extremadura pues, por este testamento, quedó dividida en dos partes, la oriental y la occidental, siendo la Vía de la Plata la línea de demarcación entre ellas. La zona oriental le correspondió a Castilla y la occidental a León. Los dos reinos se enfrentaran al poderío musulmán y avanzaran independientes hasta que con el rey Fernando III el Santo se unan definitivamente Castilla y León. Este rey es el que terminará la reconquista de Extremadura.

LA PRIMERA RECONQUISTA DE TRUJILLO.

La Turgalium romana, o “Turris Juliae” pasó a ser durante el largo periodo de cinco siglos la Torgiela musulmana, una de las ciudades más importantes del Califato cordobés. Alcanzó su máximo esplendor cuando aparecen los reinos de Tarifas como consecuencia de la desintegración del Califato. Aquí la Nafza se hicieron fuertes, capitaneados por los Beni Faranic. Es pues en el s. X cuando alcanza su máximo apogeo desempeñando un papel defensivo de gran importancia dentro del mundo musulmán. Esto será como consecuencia de su privilegiada situación, en la cima de un monte isla con dominio absoluto sobre la meseta trujillano-cacereña y, además, con la construcción de su imponente Castillo y Alcazaba hacían de ella una fortaleza inexpugnable.

Hay que tener en cuenta que, a partir de esta época, la “razzias” de los cristianos en terreno musulmán era cada vez más constante, llevándose todo lo que encontraban a su paso y después arrasando sus campos. Por eso no es de extrañar que en este periodo reconstruyeran los reyezuelos nafzas la fortaleza, elevando los muros del castillo y de la alcazaba; levantaron robustas torres almenadas y torres albarranas que se comunicaban con la muralla que completaban la defensa. Además en su interior construyeron dos hermosas aljibes para el abastecimiento de agua a la población en el caso de que se vieran cercados.

El primer rey que pisa suelo extremeño fue Alfonso VI, a principios del s. XII. Después de la conquista de Toledo que tuvo lugar en el 1085, aprovechó la desintegración del Califato y penetró en Extremadura, conquistando las tierras más septentrionales y apoderándose de Coria. Pero después de ser vencido por los almoravides en las batallas de Zalaca y Uclés, se perdieron estos territorios, pasando de nuevo al poderío musulmán. No obstante, las crónicas de Alfonso VII aluden a las constantes “razzias” que hacían los cristianos, llegando hasta Cáceres y Trujillo, lo que demuestra ya su debilidad.

Según D. Julio González, los territorios al este de la Calzada, como Montánchez Sta. Cruz, Monfragüe y Trujillo fueron conquistados por los castellanos con ayuda de los leones. Trujillo, asignado a Castilla, fue conquistado por D. Fernando Rodríguez de Castro, después de los intentos del rey portugués Alfonso I de obtener la plaza, cuyo alférez Gerardo Sempavor entró en ella ocupándola efímeramente.

D. Fernando Rodríguez de Castro era conocido como Señor de Trujillo. Después su hijo D. Pedro Fernández de Castro entregó Trujillo al rey Alfonso VIII que había fundado ya Plasencia en 1186; este monarca concedió las rentas de la ciudad y todo su término a la orden de Calatrava. Así lo explica el cronista del s. XVI Fray Alonso Fernández en su libro “Hª y Anales de la ciudad y Obispado de Plasencia” en el capitulo 4ª: “…la Historia de Alcántara, folio 8 refiere que el rey D. Alfonso de Castilla fundador de Plasencia por particular privilegio, año 1195 dio al Maestre del Pereyro D. Gómez Fernández Barriente la villa y Castillo de Trujillo, donde hubo también casa y convento de la orden del Pereyro, que después se llamó Alcántara. “Dice, además que la orden que Pereyro también se llamó orden de Trujillo: “Así por algunas escrituras de la Orden (de Alcántara) se llamó este Fray Gómez Fernández maestre de Trujillo, aunque fue maestre del Pereyro”.

El termino o alfoz de Trujillo era de enorme dimensiones ya que abarcaba desde el río Tajo hasta el Guadiana, lo que suponía una gran dificultad tanto para defenderlo como para repoblarlo. Por este motivo no pudo hacer frente a los nuevos invasores islámicos: los Almohades, que en el 1196 lo conquistaron quedando de nuevo Trujillo bajo el poderío musulmán, hasta su reconquista definitiva en el año 1232.

LA SEGUNDA RECONQUISTA DE TRUJILLO. LA VIRGEN DE LA VICTORIA.

El imperio Almohade fue derrotado por el rey Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa en el año 1212. Después de esta batalla, el avance cristiano es cada vez más importante, tanto por la zona castellana extremeña como por la zona leonesa. Así el rey de León Alfonso IX conquistó Alcántara Cáceres Montánchez, Badajoz y Mérida.

Alfonso VIII en 1186 había fundado en la aldea de Ambroz junto al valle del río Jerte, la ciudad de Plasencia como enclave político y militar; enclave militar para asegurar el dominio de toda la Transierra y para que sirviera de punto de partida para sucesivas conquistas y luchas contra los musulmanes. Pero también su fundación tiene un carácter político, para contrarrestar el poder tan grande que tenían ya las Ordenes Militares en Extremadura, que mermaban el poder de la Corona, según D. Julio González.

Uno de los primeros objetivos de las huestes placentinas fue apoderarse de las plazas fuertes que defendían el paso del Tajo para después poder conquistar Trujillo.

Durante la época almohade la ciudad intensificó sus sistemas defensivos levantando sus barbacanas y fortificando sus imponentes torres albarranas, haciéndola aun más inaccesible.

Pero las huestes placentinas la conquistaron definitivamente durante el reinado de Fernando III el Santo en 1232.

El éxito de las huestes placentinas estaba basado en tres pilares fundamentales. Uno era el gran ejercitamiento que tenían en la lucha, ya que esta zona estaba situada en el paso por donde tanto los cristianos como los musulmanes hacían sus “razzias”, sometiendo a la población a toda clase de pillaje, teniendo que defenderse y luchar una y otra vez, lo que hizo de ellos hombres curtidos para toda clase de lucha y aventuras.

Además con el Obispo D. Domingo, los soldados placentinos habían intervenido en las compañías que el rey Fernando había llevado a cabo a principio de su reinado por tierras andaluzas donde cercaron y conquistaron Pliego y Loja entre otras fortalezas; así lo comenta el cronista “… revolvieron sobre Pliego, lugar tan fuerte que los moros tenían recogidas en el sus haciendas para mayor seguridad. Con todo, le entraron… pasando a cuchillo a mucho de los que dentro estaban y tomando por prisionero a los demás… Esta resolución valerosa fue advertencia a los moros para que no se pusieran en resistencia…”.

El segundo pilar en que se basó su éxito fue el de la perfección técnica de su armamento, como veremos en el capítulo que hemos dedicando a la armo logia empleada.

La tercera causa del éxito era el espíritu de cruzada que mantuvieron los extremeños, igual que los demás españoles en esta guerra, ya que deseaban a toda costa que la bandera de la media luna dejara de ondear sobre el solar extremeño y sobre todo el solar hispánico. El triunfo del cristianismo sobre el Islam era la gran meta; de aquí su gran fe en que la divina Providencia les acompañaba en la lucha. El mismo rey S. Fernando realizaba sus campañas acompañado por la simbología cristiana, la Cruz junto a la espada y la imagen de la Virgen junto a sus pendones.

Trujillo por su situación y sistemas defensivos, protegida por la imponente muralla, con sus borbacanas, torres albarranas, etc, parecía una ciudad inexpugnable, pero cayo en manos cristianas en 1232. Cuando las huestes placentinas, al mando de su obispo y acompañadas de las Ordenes Militares, llegan a las puertas de la ciudad, aunque tenían suficiente experiencia para asaltarla y apoderarse de la misma, sin embargo la lucha se presentó muy encarnizada ya que los musulmanes no querían perder una de sus ciudades más importantes. Pero la fe de estos soldados en la Providencia divina, invocando la protección de la Virgen, obró el milagro y los cristianos triunfaron arrebatando la ciudad a los moros y gracias a la intervención de la Virgen obtuvieron una resonada Victoria. La Torgiela islámica pasó a convertirse en la Turgalium o Trujillo cristiana el 25 de enero de 1232.

No es de extrañar, que desde este momento, la ciudad de Trujillo nombrara como su Patrona a la Stma. Virgen bajo la advocación de la Victoria, es decir, su patrona será desde ahora y “para siempre jamás” nuestra Señora de la Victoria.

Así nos lo relata el cronista Fray Alonso en el capítulo IX, pag. 62: “Año 1232, día de la conversión de San Pablo en 25 de Enero el Obispo de Plasencia don Domingo, compete de gente de guerra desta ciudad y con los frailes de las Ordenes militares y el maestre del Pereyro, llamado fray don Arias Pérez, que se señaló mucho en la conquista de Mérida y Badajoz, ganaron a Trujillo de los moros, que se habían apoderado della.

A continuación da detalles de las fuentes que él ha utilizado para las anteriores afirmaciones, de esta forma: “Así lo refieren los Anales que tiene la iglesia de Toledo, que son de mucha autoridad, porque según el estilo dellos, se escribían las cosas cuando pasaban. En ellos se hallan las palabras siguientes:

Los Frailes de las Ordenes y el Obispo de Plasencia prisoeron a Truxillo día de la conversión festo Pauli en genero…” Juan de Mariana en el libro 12 Capitulo 16 dice” Anno millesimo duocentísimo trigésimo segundo, etc. A militus sacris, junctis eum Placentino Episcopo viribus, Castra Julia in Vectonibus de Mauris capta ad octavam Kalendarum Februaril” (Año mil doscientos trigésimo segundo… Militares sagrados (Ordenes Militares) junto con el señor Obispo Placentino, Castra Julia (Trujillo) en Vetonia arrebataron a los Moros en la octava Kalenda de Febrero.

El cronista lo explica de la siguiente forma “De suerte que el Obispo de Plasencia los capitaneó y juntando las fuerzas de la ciudad de Plasencia con las de las Ordenes Militares, ganaron de los Moros a Trujillo”.

Muy interesante es el párrafo donde Fray Alonso relata con gran expresividad la protección de la Stma. Virgen al ejercito cristiano para conseguir la victoria sobre los moros y como consecuencia de esto y en agradecimiento a la Madre de Dios, se la construyó una ermita donde se la veneraba con la advocación de Nª Sª de la Victoria: “Ya se refirió el favor que nuestra Señora hizo a los cristianos en esta conquista de Trujillo y que en memoria y hacimiento de gracias, levantaron una ermita de nuestra Señora de la Victoria, y se va a ella en procesión este día”.

Después, habla del milagro que hizo la Virgen para lograr el triunfo sobre los musulmanes, apareciéndose al ejercito cristiano sobre la muralla de la ciudad, también se refiere la inscripción que dejaron los conquistadores en la torre de la muralla aludiendo a este milagro para perpetuar la memoria de tan sorprendente hecho, para que los trujillanos de todos los tiempos lo tuvieran siempre presente en lo más profundo de sus almas como así ha sido; esto se traducirá en la inmensa devoción a su patrona, a esta Virgen de la Victoria, que después de ocho siglos sigue cada vez más vida en el corazón de los hijos de Trujillo, como demuestra el acto de la Coronación del que ahora celebraremos su cincuenta aniversario.

La inscripción, según el cronista estaba en el sitio de la muralla donde se apareció la Virgen y dice lo siguiente: “En la parte de los muros y torre donde se apareció nuestra Señora, haciendo guerra a los moros, están estos versos:

En esta torre Juliana
donde con verdad se muestra
Sacra Virgen soberana
contra la gente pagana
os mostrasteis Madre nuestra

El primer verso que alude a “torre Juliana” se refiere a Trujillo, cuyo nombre proviene de la denominación romana “Turris Juliae” llamada así por llevar el nombre de su fundador Julio Cesar según el escritor latino Plinio en su libro 4, cap. 22; es la famosa Turgalium romana, que pasará a ser cristiana definitivamente en 1232, como hemos ya comentado.

LAS ARMAS UTILIZADAS EN LA RECONQUISTA DE TRUJILLO.

Para el estudio de este capítulo hemos utilizado los textos existentes en el Instituto de Armas de los Srs. Hoffmeyer de Jaraiz referentes a este periodo, como hemos dicho en la introducción.

Así mismo nos ha sido de gran valor documental el “Fuero de Plasencia”, que fue otorgado por el rey Alfonso VIII cuando fundó la ciudad en 1186.

En él se dan una serie de privilegios y franquicias para facilitar la convivencia a los nuevos pobladores, y también las normas necesarias para esta convivencia.

Pero, además, se detallan con precisión todos los elementos esenciales para la lucha, tanto ofensivas como defensivas, de tal manera, que podamos ver a través de los distintos artículos y leyes del Fuero, como si de una película se tratara, toda una hueste en marcha, preparada para el combate contra los musulmanes: caballeros, ballesteros, saeteros, atalayadores… con todo su armamento y con la seguridad de que todos los derechos y deberes de los hombres que intervenían en el combate estaban garantizado por Ley en el Fuero, incluido el botín.

En el Fuero se dan, pues, una serie de normas para que la lucha contra el enemigo fuera lo más eficaz posible y se exige un tipo de armamento apropiado para tal fin. Por el podemos apreciar las armas que se emplearan en las campañas bélicas de la reconquista de Trujillo.

1º. Las armas de los caballeros de infantes.

Para todos los hombres del “fonsado” se dan una serie de normas para que su labor resulte lo más eficaz posible. Así el Fuero establece el tipo de armas que debe usar en la lucha, tanto defensiva como ofensiva, pues de ellas dependerá en gran manera el éxito.

Entre las armas defensivas destacan aquellas que deben protegerles de las armas enemigas, como son los trajes que el caballero debe usar en el combate. Estos trajes han de estar formado por la LORIGA y el “YELMO” o “CAPIELLO” esencialmente, según lo manda el Fuero en el Título 496, Ley V: “Caballero que ena hueste… Loriga con yelmo etcon capiello, aya racionentrega. Lorigón a media ración, yelmo por ssiquarta parte de ración entrega…

La LORIGA era una malla de hierro realizada con anillos entrelazados; tenían mangas largas para proteger los brazos, y cubría todas las partes del cuerpo hasta los pies. Además de la Loriga, se podía utilizar el Lorigón, que era una variedad de la Loriga; era más corto que aquella y estaba formado por escamas de metal; es el precursor de las corazas que comenzaron a utilizarse en el s. XIV y que tanta importancia tendrán en los siglos posteriores especialmente en la época de Carlos V.

EL yelmo era una especie de casco que servía para proteger la cabeza. Los de esta época solían ser cilíndricos, formados por cuatro o cinco placas de hierro reforzados con cintas de metal; eran muy pesados e incómodos, pero imprescindibles para protegerse de las grandes lanzas, espadas, ballestas, etc; son los llamados “yelmos de tonel” según Dª Ada Brunh de Hoffmeyer; estaban forrados y adornados con figuras heráldicas. El CAPIELLO era también otra especie de casco y servía igualmente para proteger la cabeza; podía ser de cuero o de metal, con alas cortas o largas.

Además, el caballero se armaba con Escudo, Lanza y Espada. Así lo manda el Fuero en el Titulo 496: “Caballero que en’na hueste escudo et lanza non levare, et espada, media ración prenda”. Los Escudos eran de diversos tipos, el más corriente era en forma de “U”, pero también los había triangulares y de forma almendrada. Solían ser largos y de madera forrados de cuero, decorados con los blasones del dueño. Existía otro tipo de escudo llamado “Adargas” de influencia morisca que eran menos pesados.

Las LANZAS también eran variadas: unas eran largas, de hierro con un nervio en el centro, parecidas a las Dagas; otras eran cortas y fuertes, en forma de hoja de oliva, con tubos largos o cortos, y con aletas entre la hoja y el tubo.

Pero el arma principal era la ESPADA, de las que existía gran variedad. Las había de ceremonia, utilizadas para armar caballeros, que estaban muy decoradas, las espadas de ceremonia estaban ricamente adornadas principalmente en su empuñadura, con incrustaciones de oro, plata, piedras preciosas. En el tesoro de la Catedral de Sevilla está expuesta la espada de San Fernando, cuya empuñadura es Cristal de roca, ágata y plata, fabricadas entre 1240 y 1250. Había otro tipo de espadas más cortas eran las de ceñir, de las que también existían distintas variedades. Pero aquí el Fuero alude a las de guerra que eran espadas grandes, de gran consistencia, pero sencillas, por tanto de gran eficacia ya que era la que interesaba para la lucha.

La Infantería jugaba también un papel importante en la hueste; el infante tenía que armarse con lanza y Azcona o Porra, como manda el Fuero en el Título 496 “El peón que lanc, a et azcona o porra non levare, non prenda nada…”.

Las BALLESTAS fueron una de las armas de mayor eficacia para el asalto de las ciudades. Los ballesteros son dominados en el Fuero Saeteros y distingue dos tipos: los saeteros de infantería y los saeteros caballeros. Los primeros han de llevar arco o ballesta con dos cuerdas y cien saetas, mientras el saetero caballero llevará las mismas armas excepto el número de saetas que será el doble, doscientas. Así lo estipula el Fuero en el Título 496 “… el saetero o peón que arco o ballesta con dos cuerdas et saetas llevare, prenda media ración por ella… El saetero caballero por esta manera qui arco o ballesta levare con dos cuerdas e doscientas saetas, prenda por ella media ración…”.

Las BALLESTAS también eran variadas, las había de diversos tipos y tamaños. Unas era de “estribera pequeña, para un pie; otra era de “estribera” grande, para dos pies, que necesitaba de un gancho especial en el cinturón del guerrero para tensarlas. Este tipo de ballesta fue la utilizada en la reconquista de Trujillo, que es a la que alude el Fuero.

Otros tipos de ballestas eran las algarradas, las manganas y los trabuquetes. Estos se utilizaban para lanzar piedras unos objetos incendiarios dentro de los muros de las ciudades, funcionaban también con cuerdas o a veces con un contrapeso. Este tipo de ballesta pensamos que no se utilizó en asalto a Trujillo pues el Fuero no dice nada de trabuquetes.

2º. El equipamiento ecuestre.

El caballo era imprescindible y esencial en cualquier campaña bélica de la época, y el éxito de la victoria dependía mucho de las condiciones del animal. Por este motivo, cuando se pone en marcha la hueste o el “fonsado” tenían la obligación de ver las condiciones en que se encontraban los caballos que intervendrían el la lucha, retirando los que no cumplieran los requisitos necesarios para la lucha, como lo expresa el Fuero en el Titulo 498 “… los alcaldes et el juez de cada una población, por buena que escoia caballeros para ataleadores tales que ayan buenos caballos, et si por ventura el juez o los alcaldes algún caballero viere que non oviere buen caballo… saquenle fuera et metan otro en so logar…”

El equipamiento del caballo estaba de acuerdo con la función primordial que desempeñaba en el combate. Por eso tenían que estar muy protegidos. La protección de la cabeza se conseguía con las “Testeras” de cuero bollido; para proteger el resto del cuerpo se le ponían una cobertura larga, que podía ser de tela fuerte o de cuerpo crudo; en algunos casos podía ser de malla de metal como las lorigas, por lo que se las llamaba “lorigas para el caballo”.

Los caballos estaban equipados con los estribos que eran muy simples; también se utilizaban espuelas sencillas, pero grandes, semejantes a las que usaban los moros, de las que conservamos un ejemplar en el Museo Arqueológico de Cáceres según Dª Ada Brunh de Hoffmeyer. Las Sillas de montar eran de distintos tipos dependiendo del gusto de los artesanos; algunas tenían influencia islámica, eran las llamadas cordobesas o andaluzas. El otro tipo más corriente era el llamado “gallego”.

Todas estas armas que están reflejadas en el Fuero de Plasencia sirvieron para cumplir con creces con el fin principal para lo que fue fundada la ciudad. La lucha contra los musulmanes, conquistando con éxito, primero, la inexpugnable ciudad de Trujillo y después colaborando con la corona en la reconquista del resto de Extremadura y de Andalucía.

Por este motivo el Fuero regula minuciosamente la fabricación de armas así como la venta de ellas. Había destacados expertos en este tipo de artesanía; el Fuero habla de los menestrales dedicados a ellas, de los curtidores que trabajaban el cuero para los equipos defensivos, de los ferreros o herreros, forjadores de lanzas, espadas, escudos… etc; también habla de los ballesteros y saeteros como expertos artesanos…

El suministro de armas, su calidad, eficacia y distribución estaban garantizados. Pero además de las armas, el valor de los hombres, el coraje y su ejercitamiento eran las claves esenciales para el éxito en las campañas de los buenos guerreros placentinos y extremeños.

EL ESCUDO DE TRUJILLO Y LA VIRGEN DE LA VICTORIA.

Mucho tuvieron que ver en la elección de las simbologías y blasones del Escudo de Trujillo los primeros repobladores de ella. Estos fueron algunos de los caballeros de las huestes placentinas que conquistaron la ciudad ayudados por la protección de la Virgen. Estos repobladores van a constituir los linajes más importantes de Trujillo a lo largo de su historia, como son los Altamiranos, los Chaves, los Bejaranos, los Añascos, los Orellanas, los Pizarros… etc. A todos ellos se las concedió el privilegio de población, que les daba derecho a desempeñar los cargos del Concejo y además el señorío sobre las tierras de la jurisdicción de la ciudad, con casa solar.

El historiador del s. XVI Fray Alonso, en el Cap. IX de su libro, pag. 63 después de hablar de victoria de los cristianos sobre los moros por intersección de la Stma. Virgen apareciéndose sobre la parte muralla que estaba entre dos torres dice: “Desde este día, tomó Trujillo por armas (Escudo) una nuestra Señora sobre los muros entre dos torres”.

En efecto, todos los escudos que conocemos desde la época medieval has nuestros días nos sorprenden por la magnificencia con que está representada la Virgen de la Victoria entre dos torreones y una parte de la muralla donde se apreció; en todas las representaciones se manifiesta con las características propias de los distintos estilos. Así, en las primeras, la Imagen apunta algunos rasgos goticista, pero dentro del estilo románico tardío, apareciendo siempre con su Hijo. Después en los s. XIV y XV, será el naturalismo propio del gótico el que predomine en todas las representaciones. En el s. XVI aparecerá con la singular belleza del clasicismo renacentista… para ser venerada hasta la actualidad, en que festejamos el cincuenta aniversario de su Coronación, estando presente en todos los eventos sociales, religiosos y culturales de Trujillo, como son estos Coloquios históricos que estamos celebrando.

El Escudo fue confirmado por el mismo rey Fernando III el Santo y desde entonces está presente en todos los monumentos de la Ciudad, tanto civiles como religiosos. Así, le vemos representado en los conventos, como en la portada de S. Francisco y de S. Pedro, en la iglesia de S. Martín, en la portada del Ayuntamiento, en las claves de la bóveda de S. Francisco y del Ayuntamiento viejo. También aparece en edificios privados, como en las portadas de la dehesa de los Caballos y de las Yeguas, o en la casa de los Fieles…

En unos escudos se representa a la Virgen de tres cuartos, en pie y con el Niño Jesús en brazos; en el de S. Francisco se representa de cuerpo entero, con el Niño sostenido por una mano y en la otra lleva un lirio.

Pero donde la Virgen de la Victoria aparece en todo su esplendor y propia de su dignidad, es la Imagen del Castillo, desde donde la Patrona preside dentro de la hornacina de su capilla situado en lo más alto de la muralla, toda la vida de esta “La Muy noble y Muy Leal Ciudad de Trujillo”.

Se trata de una bellísima escultura en piedra realizada por el maestro cantero Diego Duran en 1583, con algunos retoques posteriores realizados por el escultor Juanes de la Fuente. Es de estilo clásico renacentista con reminiscencia del gótico tardío.

Representa a la Virgen en posición de contraposto o adelantando la pierna izquierda lo que le da un cierto movimiento, a su vez sostiene con sus manos a su Hijo, hacia el que inclina su bellísimo rostro; Este bello rostro de la Virgen tiene una expresión de una dulzura sorprendente que cautiva a todo el que la contempla. Las facciones son de gran perfección técnica tanto la de la Virgen como la del Niño, cuya anatomía del cuerpecito desnudo, así como las manos de la Virgen y el plegado dl manto y de la túnica, están magníficamente modelados.

En fin, una bellísima Imagen de la Virgen de la Victoria para una gran ciudad. Trujillo ¡¡Trujillo!!. Un rey Santo, Fernando III, fue tu primer monarca, pero a la vez, la Divina Providencia te concedió una gran reina: la Virgen de la Victoria.

Tus hijos, no solo han sabido consolidar e intensificar su devoción hasta la actualidad, como demuestra la conmemoración del cincuenta aniversario de su Coronación, sino que un día de hace más de cinco siglos decidieron extender su devoción por todo el mundo. Y una pleyade de valientes soldados, capitaneados por uno de tus hijos más ilustres: Francisco Pizarro, salieron de tu solar para realizar junto a otros aguerridos extremeños la gran gesta Americana. De nuevo se volverá a repetir la historia de tu reconquista, la Cruz volverá a ir unida a la espada y la bandera española ondeará, junto al pendón de Trujillo presidido por la Stma. Virgen de la Victoria, por todo el Nuevo Mundo, ya que el espíritu de cruzada que los extremeños y españoles habían mantenidos durante los ocho siglos de Reconquista, luchando contre fieles y herejes, será el mismo espíritu el que invada a estos héroes y una de las claves esenciales de la conquista americana.

Y estos valientes hijos tuyos, junto a otros extremeños, llevaran a América ese espíritu de Cruzada para evangelizar a los nuevos infieles: las poblaciones indígenas. Estos hombres conquistaron para su Emperador Carlos V un enorme continente, pero también lo conquistaran para su Dios, extendiendo en todas las direcciones de su inmenso solar la doctrina cristiana junto al amor de tu querida patrona la Virgen de la Victoria, y llevando su Imagen por todos los lugares donde ponían sus pies cualquier trujillano.

¡¡ Enhorabuena Trujillo!! por haber escrito como pocas ciudades del mundo, estas páginas tan gloriosas de tu historia y de la historia de España, ¡Muchas gracias! a la “MUY NOBLE Y MUY LEAL CIUDAD DE TRUJILLO”.

Oct 012001
 

Martiria Sánchez López.

Profesora de Historia y Arte

PREÁMBULO

Quiero dedicar este trabajo a mi querido y buen amigo Juan Antonio de la Cruz Moreno en homenaje a la insigne labor cultural que realizó durante tantos años como Presidente del Centro de Iniciativa Turísticas de Trujillo, cargo que desempeñó con tanta eficacia y responsabilidad que será difícil superarle.

Pero además de esta gran labor cultural que llevó a cabo, tengo que resaltar especialmente sus cualidades humanas, ya que nunca podremos olvidar esa amabilidad que le caracterizó, esa cálida acogida que deparaba a todos los que participábamos en los Coloquios, ese su deseo de que nos sintiéramos como en nuestra propia casa en esta bella ciudad de Trujillo, a quien tanto amo.

Desde estas líneas quiero rendir a Juan Antonio mi más entrañable homenaje y reconocimiento por su dedicación y por el enorme trabajo que realizó en pro de la cultura, así como por esas cualidades humanas que puso al servicio de todos los que tuvimos la suerte de conocerle.

Gracias, Juan Antonio, gracias por todo, y sobre todo gracias por haberte tenido por amigo. Con todo cariño y afecto te dedico esta Ponencia que, como en otras ocasiones, espero que también sea de tu agrado cuando la escuches desde el cielo.

INTRODUCCIÓN

El Sexenio Revolucionario, que se extiende de 1868 a 1875, es uno de los períodos más apasionantes dentro de la Historia Contemporánea española en general y de una manera especial en algunos municipios rurales, como es el caso de Jaraíz de la Vera.

En primer lugar hemos observado, después de consultar los documentos del Archivo Municipal, un gran deseo de democratización de la vida municipal así como una gran ilusión por la modernización de la población.

Después de la Revolución de 1868, que pone fin al reinado de Isabel II, se dio paso al Gobierno Provisional de Serrano, con el que comienza el Sexenio proclamando la Constitución de 1869. Hemos comprobado la ilusión y alegría con que se celebró la “Jura” de la Constitución en Jaraiz, como en otros puntos del país, puesto que con ella se pone en vigor el Sufragio Universal, ya que hasta ahora el derecho al voto solo estaba reservado a los ricos o contribuyentes.

Pese a los grandes problemas económicos y políticos que acontecieron durante este periodo, como fueron las Guerras Carlistas y Las Guerras Cantonales, hay un deseo grande de modernización por parte de las autoridades, provisionales y nacionales. Esta modernización se va a plasmar en solucionar los problemas de los municipios dentro de las posibilidades de cada ayuntamiento: el problema de urbanismo, de las comunicaciones, de la Enseñanza, de la Beneficencia, de la Administración de Justicia, etc.

El gran esfuerzo que hizo Jaraíz por su modernización durante estos seis años fue enorme, pero la mayor parte de los proyectos se vinieron abajo durante el período siguiente, durante la época de la Restauración inaugurada con el nombramiento del rey Alfonso XII en 1875. Este reinado se caracterizó por la pacificación del país después de tantos conflictos desencadenados durante el Sexenio lo que supondrá una estabilidad política y cierta recuperación económica y demográfica. Pero, sin embargo, supuso una regresión del progresismo democratizador que se había iniciado durante el Sexenio Revolucionario, el cual fue uno de los periodos más agitados de Hª de España. Se extiende desde la revolución de 1868, que destrona a Isabel II, hasta 1875 con la Restauración de la monarquía de Alfonso XII.

En este corto espacio de seis años se suceden los siguientes gobiernos, el Gobierno provisional presidido por Serrano (1868-1871), la Monarquía Parlamentaria de Amadeo de Saboya (1871-1873) la Primera República española (1873-1874) con dos periodos: el Federal encabezado por Pi y Margall, y el unitario cuyos presidentes fueron Salmerón y Castelar. A continuación el golpe de Estado de Pavia y la sublevación de Martínez Campo en 1875, darán paso a la Restauración monárquica de Alfonso XII.

Una serie de conflictos harán imposible la gobernabilidad del país y el deseo democratizador de sus políticos y gobernantes, que intentarán construir la primera Democracia en España. Los conflictos más destacados fueron: la crisis económica, las revoluciones, las guerras Carlistas, la guerra de los Cantones y la sublevación de Cuba.

A. LA POLÍTICA MUNICIPAL DE JARAIZ DURANTE EL GOBIERNO DE SERRANO, EL REINADO DE AMADEO I Y LA 1ª REPÚBLICA.

El Gobierno Provisional de Serrano llevará a cabo la democratización del régimen Aparte de reconocer una serie de libertades que se proclamaron después en la

Constitución de 1869, lo más importante fue algo que no se había intentado jamás: la convocatoria de elecciones por “Sufragio Universal” para formar las Cortes Constituyentes que aprobaran la Constitución de 1869. En ellas se proclamaron los Derechos Humanos, la libertad de Culto, la Soberanía nacional, el Sufragio Universal.

En el Archivo Municipal de Jaraíz se conserva el Acta de la jura de la Constitución de 1869, que tuvo lugar el día 27 de Junio. Consta el procedimiento que se llevó en el acto de la siguiente forma: “Los señores que componen el Ayuntamiento con los empleados de la municipalidad y el Estanquero se constituyen en la casa consistorial después del toque de campana a fin de jurar la constitución española promulgada el 6 de Junio, según la fórmula de dicha circular”. Una vez realizada la jura por los miembros asistentes, sigue diciendo el Acta lo siguiente: “Se elogió el Código fundamental que acababa de jurarse, dando un ¡viva! al mismo y a la sabia y soberana Asamblea que le ha decretado”

La democratización llegará a los municipios cuando se de la Ley del 23 de Febrero de 1870.

Hemos estudiado esta democratización en Jaraiz consultando los Actos, así como el sistema llevado a cabo para la formación del Ayuntamiento democrático. Jaraíz inaugura el Sexenio con una nueva Corporación municipal surgida de las elecciones de 1870, de las que salió elegido alcalde D. Felipe Arjona de la Breña, así como todos los concejales (no decimos los nombres, sería muy extenso).

Su mandato durará hasta febrero de 1872 en que se nombre otro nuevo Ayuntamiento. Se les exigió a todos los concejales entrantes el juramento del cargo con la fórmula siguiente “¿Juráis por Dios y sobre vuestra conciencia guardar y hacer guardar las leyes que la nación se diere en uso de su soberanía…?.

Durante estos dos años de mandato, el objetivo principal de estos, va a ser la democratización municipal, se hará un sorteo entre los vecinos para formar la Junta municipal de Presupuestos y Arbitrios (A. 8 de Mayo de 1870). Los vecinos se dividen en tres secciones “determinadas sobre la riqueza: Agricultores, Industriales y Jornaleros”; son elegidos por su “cuantía y riqueza” Serán elegidos: “20 del primer sector, (agricultores), 6 del segundo (Industria), y 4 del tercero (jornalero). Por primera vez van a tener derecho el voto todos los jaraiceños mayores de 25 años, ya que hasta ahora, con el sufragio censatario que estaba establecido, solo podían votar los contribuyentes, es decir aquellos que tuvieran capital.

Era necesario para poder ejercer el derecho al voto tener, además el “derecho de vecindad” lo podían adquirir los forastero que fueran residentes al menos 10 años. Se citan algunos portugueses que estaban en este caso y que fueron incluidos en el censo por haber conseguido el derecho de vecindad:

“D. Pedro Noqueira, José Coello, Juan y Antonio Simón, Juan Castañera”. Durante el 1871 se van a ir organizando los preparativos necesarios para las nuevas elecciones, para las cuales en un principio se divide el pueblo en dos distritos: distrito Norte, distrito Sur, pero después se opta por tres distritos, con tres colegios electorales; se adscriben las distintas calles del pueblo a los diferentes distritos; se determina, además, el número de concejales por cada distrito: 4 para el distrito Norte, 3 para el del Sur y otros 3 para el de Poniente. El 16 de enero de 1972 se reúne el Sr. Alcalde, los concejales y los comisionados representantes de las urnas: D. Venancio Morales, D. Ramón Trujillo y D. Julián Sánchez, y después de leer los artículos 87 y 90 de la Ley electoral de 1870, se ve que no hay protula alguna sobre la nulidad de las elecciones”. Se celebraron estas normalmente y en Febrero de 1872 tomará posesión el nuevo Ayuntamiento; dice el acta que “fueron recibidos cortesmente”. Fue nombrado “Alcalde Popular, D. Antonio Enciso Parrales” por 7 votos. La nueva corporación comienza nombrando las distintas comisiones para su actuación gubernamental, como fueron la comisión de Presupuestos o la de la Policía urbana entre otras. También se señalaba los distritos para las Elecciones Generales a las Cortes nacionales y Compromisarios para el Senado: los del distrito Norte tendrán su sede en el Ayuntamiento; los del Poniente en el salón de la Alhondiga, y los del Sur en la escuela pública de Niños.

Pero la reciente monarquía democrática de Amadeo de Saboya, de quienes dependían todos los gobiernos municipales, fracaso y se instaura la la República española en 1873. La monarquía no supo dar respuesta a todos los problemas sociales y económicos que tenía España, todo esto llevo a que se radicalizara la situación, instaurándose la 1ª República, además de declararse la tercera guerra Carlista y una nueva insurrección de Cuba.

Pi y Margall fundó una República de carácter federal que dará lugar a una serie de luchas entre los distintos “Cantones” en que se dividió el país, por lo que fue anulada enseguida, para instaurarse la República Unitaria presidida por Salmeron y Castelar.

B. LAS GUERRAS CARLISTAS Y CANTONALES: SUS CONSECUENCIAS EN JARAÍZ.

Estas guerras tuvieron gran repercusión en Extremadura y en nuestro pueblo. En la provincia de Cáceres se levantan partidas carlistas que actúan principalmente en los años 1871 y 1872, realizando toda clase de tropelios en las zonas rurales. La partida más importante fue la encabezada por el teniente de carabineros Telesforo Sánchez Naranjo, que actúo en la zona Norte de Cáceres, por el Valle, la Vera y principalmente por Sierra de Gata, siendo Hoyos y Zarza la Mayor las más afectadas hasta que tuviera que huir a Portugal.

Los Carlistas realizaban toda clase de desmanes, destruían las vías de comunicación, robaban e imponían tributos a los pueblos. Por eso el gobierno de la República mandó a los ciudadanos que se movilicen, creando las llamadas milicias urbanas, para que los ciudadanos “mantengan la paz pública, el hogar y la propiedad’. Todas estas medidas se ponen en vigencia en Jaraíz en 1873.

El Ayuntamiento en Pleno, acuerda que se establezca un “Servicio vecinal” cuyo fin será, según el Acta de sesiones, “que patrulle el pueblo por las noches para que se respeten las personas y las cosas”. A este servicio estaban obligados todos los vecinos, solo se “eximen a los enfermos y mayores de 60 años, bajo multas gubernativas”. Todos los vecinos que patrullaban por el pueblo tenían la obligación de llevar armas de fuego.

Las luchas federalistas también comenzaron pronto en Extremadura, ya que Béjar fue uno de los cantones independientes más importantes y sus actividades pasaron pronto a la zona Norte de Cáceres. Cuando la sublevación de López Garrafa fue atacada, se adentraron por el Puerto de Béjar y levantan partidas republicanas en Plasencia, Montehermoso y en la Vera, hasta que fueron capturados por la Guardia Civil. De ahí la importancia que tendrá para Jaraíz y para la Vera la instalación aquí de un Cuartel de la Benemérita, por lo que el Ayuntamiento hará las gestiones necesarias para conseguirlo, como veremos a continuación.

A todos estos acontecimientos a nivel nacional, hay que añadir la Insurrección de Cuba, las huelgas de obreros y campesinos y el descontento del Ejército. Este caos provocará la caída de la República por el golpe de estado del General Pavía, mientras Martínez Campos proclama el Manifiesto en Sagunto, donde se restaura la Monarquía de Alfonso XII.

C. LOS PROBLEMAS ECONÓMICOS DURANTE EL SEXENIO EN JARAIZ.

La crisis económica iniciada en España en 1866 se acentúa en este periodo, en todo el país, pero de una manera especial en nuestro pueblo. Pues a las causas comunes aquí hay que añadir unas circunstancias particulares como en otras zonas rurales. Con las leyes de la Desamortización, según hemos dicho ya, se vendieron los Bienes de Propios, por los que el Ayuntamiento se embolsó 362.466 reales (a. de 12-2-1871) Este dinero se invirtió en Billetes de la Deuda del Tesoro, cuyos intereses eran de 10.873 reales con los que se hacia frente al presupuesto del municipio. Pero desde 1866 se había dejado de pagar, por lo que ahora, en 1870, se llega a una situación límite. En octubre de este mismo año, el Ayuntamiento hace las gestiones pertinentes para poder cobrar este dinero y encomiende la gestión a un representante de Cáceres, e] Sr. Briéles: “El Ayuntamiento autoriza a D. Eusebio Brieles, vecino de Cáceres, para que ponga en claro los intereses que el Estado adeuda a este pueblo y el liquido lo invierta en Billetes de la Deuda flotante del tesoro”. Estas situaciones económicas llevaron a establecer unas medidas drásticas para poder paliar algo del déficit. Se recurre a agravar los productos de primera necesidad por el sistema de repartimiento; “4 reales por cada res menor, y 20 reales por cada cerdo…. “También se gravan las importaciones; “Un real por cada arroba de pimentón que los forasteros traigan a vender a este pueblo…” El problema se acentúa en 1872 ya que la Comisión de Presupuesto propone rebajar los sueldos a todos los funcionarios; al Medico titular, al pregonero, depositario de fondos, y el secretario entre otros; incluso la cuota que pagaban a la Virgen del Salobrar…” se propone la rebaja de 10 reales de la cantidad consignada para la función religiosa de la Virgen del Salobrar, patrona de este pueblo.” Se aprueban estas medidas por 6 votos a favor y 4 en contra y así pasan de unos gastos de 11.308 reales a 10.743 reales. Pero como los ingresos eran solo de 4.075 reales, el déficit sigue siendo enorme, de 6.668 reales .Por esté motivo tienen que seguir con el sistema de reparto. Y para contentar algo a los vecinos, se solícita a la Diputación permiso para dividir en parcelas la Dehesa Boyal entre todos los vecinos para que pudieran cultivar en ella cereales y sobre todo trigo que fue el principal cereal que se cultivó. Esto se ha venido haciendo hasta los años 40, que se sorteaban las parcelas entre todos, pudiendo cederlas a otro cuando no querían cultivarlas.

D. LOS INTENTOS DE MODERNIZACIÓN DE JARAIZ DURANTE EL SEXENIO.

Pese al caos político y económico de este período, hay que reconocer, que el Ayuntamiento democrático y su Alcalde, siguiendo las instrucciones de los distintos gobiernos, hicieron un gran esfuerzo por la modernización del pueblo en todos los aspectos:

D. 1. Urbanismo

En lo que respecta al urbanismo, el Ayuntamiento estaba interesado en darle un nuevo aspecto en lo referente a limpieza, al empedrado de calles o al embellecimiento con construcciones de fuentes en sus plazas principales. Las fuentes que existían hasta entonces estaban en su mayoría ubicadas en las afueras del pueblo. Pero ahora se hace necesario dotar al casco urbano de otras fuentes para su mejor abastecimiento y a la vez con fin decorativo. Por eso gestionan todo lo necesario para levantar dos fuentes que se llamarán “pilares “: el pilar de la Plaza y el pilar de la Crucera. Estas fuentes constituirán uno de los rincones más típicos y emblemáticos del pueblo y tendrán tanta importancia, incluso para la convivencia vecinal, que han pasado al folklore en canciones que nos hablan de amores y relaciones entre los mozos y mozas, como aquella que dice: “Las mozas van a por agua, al pilar de la Crucera, la que no le sale novio se va muriendo de pena”. El proyecto se llevará a cabo en 1 873. Para lo cual se nombra una Comisión que se haga cargo de realizarlo; primero se acuerda el sitió idóneo donde han de instalarse y después todos los demás puntos. Los textos nos hablan de la necesidad que tenia el pueblo de estas fuentes para el abastecimiento… tan necesarias para la población como para las caballerías… También dicen que se pagará con los fondos cobrados de los “intereses del capital invertido en la Deuda Publica de los bienes de propios. Pero como estos eran tan inseguros y escasos determinan hacerlo con las aportaciones de los vecinos:… “si no hay suficiente se abrirá una suscripción para donativos o trabajo personal la comisión se encargará además de la captación de agua en abundancia”… buscar el agua necesaria para tres caños el menos en el verano. Otro de los objetivos fue el arreglo de las calles y plazas con un buen empedrado. Pero como no teman presupuesto para ello, de nuevo tuvieron que recurrir al sistema de reparto. Así vemos, en el Acta del 14 de Julio de 1872, como acuerdan que: “los vecinos tienen que dar dos peonadas, porque con una no es suficiente.” Todo esto se daba por bien empleado por los jaraiceños, con tal de que su pueblo fuera adecentado como le correspondía.

D. 2. Comunicaciones

El ayuntamiento democrático comprendió que las comunicaciones eran fundamentales para el desarrollo económico del pueblo.

Por eso pondrá todo su esfuerzo en conseguir que pase por la Vera el Ferrocarril, pero no lo conseguirá nunca, ni con estos gobiernos, ni con la Restauración, ni con los de Alfonso XIII.

En 1869 no existía ninguna carretera en Jaraíz, ni en la Vera. El Gobierno Civil de la 1ª República comienza a preocuparse de este problema, por lo que comunica al Ayuntamiento la necesidad de construir una carretera que comunique Navalmoral con Jarandilla. De Acuerdo con los vecinos, la Corporación municipal contesta lo siguiente… Solo lo ven necesario para Jarandilla, Losar y Robledillo, pero no para los demás pueblos. Sin embargo proponen la construcción de una carretera que una Plasencia con todos los pueblos de la Vea y argumentan lo siguiente: “… es más necesaria porque la mayor parte de los frutos van desde Plasencia a Castilla…” Esta carretera no se construirá hasta principios del s. XX.

La construcción de un puente sobre el río Tiétar fue otra preocupación de las autoridades provinciales, ya que el río se seguía salvando mediante la famosa Barca de Jaranda, cuya jurisdicción seguía perteneciendo a Plasencia. Los jaraiceños acceden a la propuesta de la construcción del puente, pero añaden la necesidad de “… un camino particular que le uniera a Jaraíz”, ya que era fundamental para la comunicación con Navalmoral. El arreglo de los caminos llevándose a cabo mediante el sistema de reparto “dando dos peonadas cada vecino…”, fue otra preocupación del Ayuntamiento.

D.3. La Enseñanza

Es interesante observar como, durante el Sexesenio, se quiere dar un impulso a la Cultura y a la Enseñanza. En Extremadura se creó la Universidad Libre de Cáceres, pero existió desde el 1869 al 1871, pues la Diputación Provincial retiró el dinero necesario para su funcionamiento. Pero el profesorado, apoyado por la Audiencia, crea la Facultad Libre de Derecho y la Escuela de Prácticas Jurídicas, aunque solo durará hasta la Restauración, en 1875 en que fue suprimida.

En las zonas rurales se observa una preocupación por impulsar la Enseñanza a partir de la declaración de la libertad de Enseñanza con la Constitución de 1869. En Jaraíz se crearon cuatro Escuelas Públicas. Pero dada la mentalidad de época, los responsables del Ayuntamiento consideraron que esto era una carga para el pueblo en lugar de un beneficio, ya que el municipio tenía que colaborar con el gobierno en el mantenimiento de las escuelas. Por este motivo el Sr. Alcalde D0. Felipe Arjona y los concejales acuerdan gestionar la supresión de dos escuelas, puesto que lo consideran como un castigo, y para que la autoridad educativa desista de ello argumentan que: “no lo consideran oportuno por predominar en esta localidad las ideas liberales. Designan los maestros que habían de continuar:

“D. Pedro Moreno y D. Lucía Galindo’ y también los que habían de Cesar: “D. Pedro Cirujano y D. Máxima Clavel Galindo” Las autoridades educativas provinciales no lo aceptan y en Mayo de 1 ~7! dan una orden por la que son repuestos estos profesores en sus cargos y las cuatro escuelas vuelven. 11 funcionar: “… el Gobierno de la Provincia manda reponer en sus cargos a los dos maestros suprimidos” (Ar. M).

Para velar por la calidad de la Enseñanza se crea la “Junta Local de Primera Enseñanza”, formada por 9 miembros: el Alcalde, dos concejales, el sacerdote, coadjutor de San Miguel y cinco padres de familias. Durante la Restauración se suprimen definitivamente las dos escuelas, habiendo muchas dificultades para volver a instalarlas posteriormente.

D.4. Beneficencia

La Beneficencia, durante el Antiguo Régimen, había estado a cargo de la Iglesia y especialmente de las órdenes religiosas. En Jaraíz fue famoso el Hospital de Sta. Ana, ubicado en la actual plaza que lleva este nombre. Pero con la Desamortización desaparecieron todos estos centros benéficos, teniendo que ser el Estado quién asumiera responsabilidad.

En esta localidad, las primeras instalaciones estatales de este tipo comienzan a funcionar en 1874, cuando se habilitan algunas estancias del Ayuntamiento para tal fin, hasta que se construya un hospital. El Acta del 24 de Diciembre de este año nos informa de este asunto de la siguiente manera:

“se va a habilitar provisionalmente en las Casas Consistoriales por carecer de Asilo de Beneficiencia…” Además se nombra a la persona del mismo así como sus honorarios: “Será asistido por Lucia Nieto, con una retribución de 15 pts anuales”.

D.5. Administración de Justicia

También de este punto los gobiernos del Sexenio fueron innovadores, ya que dan una serie de normativas para la administración de Justicia en los pueblos. El 15 de Agosto de 1870 se publica la Ley Orgánica del Poder Judicial por la cual se crearon los Juzgados de Paz en los pueblos.

En Jaraiz se creó el Juzgado en este mismo año y el Registro Civil al año siguiente. Los primeros libros del Registro datan de 1871, conservándose en muy buen estado, pues hemos podido utilizarlos para hacer el estudio demográfico de la época.

D.6. Libertad religiosa

La libertad religiosa es uno de los Derechos Humanos más importantes que defiende la Constitución de 1869, dada el peso de la religión Católica en nuestro país. Desde ahora no podrá haber discriminación por motivos religiosos y todos tendrán los mismos derechos, católicos y no católicos.

Uno de estos derechos será el poder tener un enterramiento digno. Por esto motivo, en Jaraíz se llevará a cabo la construcción de un Cementerio Civil en 1871, como consecuencia de la Real Orden de 1871, durante el reinado de Amadeo de Sabaya. Este Cementerio se construirá junto al Cementerio Católico. En el Archivo Municipal consta lo siguiente al respecto: “Se dio principio al acta señalando un pedazo de terreno de 9 varas de longitud por cuatro varas de latitud en la parte sur del Cementerio”. Este fue el primer cementerio Civil que existió en la localidad.

D. 7. Orden Público

Durante el reinado de Isabel II en el Decenio Moderado presidido por Narváez, el Duque de Ahumada fundada la Guardia Civil en 1844, como consecuencia de la supresión de las Milicias Nacionales, fuerzas de choque de los progresistas.

La Benemérita será un cuerpo armado para mantener el orden público, de organización militar pero de funciones civiles. Estas funciones debían ser, “promover al buen Orden, a la seguridad pública y a la protección de las propiedades dentro y fuera de las poblaciones”. Dado su talante y eficacia, ningún gobierno a partir de entonces, prescindirá de la Guardia Civil.

Jaraíz fue una de las primeras poblaciones rurales en alcanzar el privilegio de contar con su presencia, fue en el año 1873, durante la 1ª República, siendo presidente el federalista Pi y Margall. El entonces Director General de la Guardia Civil tuvo a bien conceder la instalación del Cuartel de la Guardia Civil en la Villa de Jaraíz de la Vera a petición del Sr. Alcalde, D. Antonio Enciso Parrales, primer alcalde Popular.

Dadas las circunstancias de la época, con el ambiente general de disturbios y revoluciones, era de importancia vital para la Villa la instalación de un Cuartel de la Guardia Civil. Así lo entendió el primer “Alcalde Popular” y, con la fuerza que dan los votos de todos sus conciudadanos, insta al Director General para que le sea concedida tan alta prerrogativa. Esta afirmación la confirma el Acta del 6 de Junio de 1873 del Archivo Municipal: “El Sr. Director General de la Guardia Civil ha accedido a instancia del Ayuntamiento y de los mayores contribuyentes a instaurar el Cuerpo de la Guardia Civil de Pasarón en esta Población, que pagará por el alquiler de la Casa- Cuartel 500 reales”.

En efecto, el primer Cuartel de la Benemérita de la zona se fundó en Pasarón y luego se trasladó a Jaraíz, no disponiendo de casa propia hasta la época de la Dictadura de Primo de Rivera en 1929. Este Cuartel se construyó en la Plaza de Sta. Ana, con el estilo modernista de la época y en él ha permanecido la Guardia Civil hasta la construcción de las nuevas instalaciones, ubicadas hoy frente a la Ermita de la Virgen del Salobrar y que están más de acuerdo con las necesidades actuales.

Como vemos el Sexenio hizo un gran esfuerzo por la modernización de Jaraiz en todos los aspectos

Oct 011996
 

Martiria Sánchez López.

INDICE:

  1. Preámbulo
  2. Introducción
  3. Fundación y jurisdicción del Obispado de Plasencia: La Vicaría de Trujillo.
  4. La Vicaría de Trujillo.
  5. Los Eclesiásticos.
  6. Valoración social de la Vicaría.
  7. La Vicaría y la Gesta Americana.
  8. Valoración económica de la Vicaría.
  9. Fundaciones religiosas y ermitas.
  10. Valoración cultural y artística de la Vicaría:
    1. La cultura
    2. El arte.

I.- Preámbulo

Con motivo de celebrarse el XXV Aniversario de los Coloquios Históricos de Extremadura, organizados por el Centro de Iniciativas Turísticas de esta noble ciudad, quiero rendir mi más profundo homenaje a aquellos hombres y mujeres que años tras año han hecho posible tan singular evento, constituyendo uno de los acontecimientos culturales más importantes de Extremadura.

En anteriores comunicaciones, mis temas tratados en estas Jornadas han sido referentes a La Vera, pero debido a la celebración de tan importante efeméride, me ha parecido oportuno realizar un trabajo sobre uno de los aspectos religiosos de Trujillo durante el Antiguo Régimen: La Vicaría. Aunque el listón está muy alto, pues importantísimos expertos a lo largo de todos estos años han tocado innumerables temas de todo tipo sobre la ciudad, deseo contribuir también a su conocimiento y valoración aportando mi granito de arena con el presente trabajo.

Tengo que añadir que he querido transmitir mi admiración por esta bella y noble ciudad a todos mis alumnos y, año tras año, como profesora de Arte del Instituto «Maestro Gonzalo Korreas» de Jaraíz, he organizado una excursión con ellos para que conozcan y admiren esta joya artística e histórica. Además, en una de las Jornadas Didácticas organizadas por la Universidad de Extremadura en Jarandilla de la Vera traté sobre «La Vivencia artística ante el Retablo de Fernando Gallego de Santa María de Trujillo».

II.- Introducción.

La Vicaría de Trujillo fue una de las más extensas e importantes del Obispado de Plasencia, si bien esta importancia fue eclipsada en parte por el relieve político y militar de la ciudad a través de su historia, especialmente a partir del descubrimiento de América. No obstante, la vicaría tuvo un gran significado para Trujillo, por eso nos ha parecido oportuno tratar este tema, aunque quizás se haya tocado ya en alguna otra ocasión.

De la extensión e importancia de la Vicaría de esta ciudad podemos darnos idea por el Mapa del Obispado de Plasencia publicado en el Premio Sánchez Loro de la edición de 1952 de la obra Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia, del historiador de finales del siglo XVI y principios del XVII, Fray Alfonso Fernández. Este mapa es de gran interés porque representa todo el Obispado de Plasencia, dividido en las distintas vicarías con sus términos respectivos. Fue realizado en 1797 por el geógrafo don Tomás López, durante el reinado de Carlos IV. En la parte inferior del mapa hay una inscripción donde se indica que «el Obispo don José González Laso protegió la impresión de este mapa», y cita el nombre de las vicarías con sus respectivos vicarios, distinguiendo de una manera especial al Vicario General don Cristóbal Hernández González y Araujo.

En cuanto a fuente y bibliografía utilizadas para este trabajo, nos hemos basado principalmente en la obra del ya mencionado historiador placentino de finales del siglo XVI Fray Alfonso Fernández. Otra fuente utilizada es la documentación recogida por el geógrafo don Tomás López, del siglo XVIII, del Archivo del Biblioteca Nacional, así como el Interrogatorio de la Audiencia de Cáceres y algunos archivos parroquiales del obispado placentino. De gran interés nos ha resultado la obra de don Clodoaldo Naranjo Alonso: Trujillo, sus hijos y monumentos, 1929; en la edición de 1983 (también yo me sumo al merecido homenaje que se le está tributando estos días). Otra bibiliografía consultada ha sido el Diccionario Geográfico, de Madoz (siglo XIX); la Historia de Extremadura, de Rodríguez Cancho y otros (1985); Arquitectura y urbanismo de en Trujillo, siglos XVIII y XIX, de Francisco Javier Pizarro Gómez; El patrimonio artístico de Trujillo, de Andrés Ordase y Francisco Javier Pizarro Gómez, entre otras.

III.- Fundación y Jurisdicción del Obispado de Plasencia: La Vicaría de Trujillo.

Alfonso VIII funda la ciudad de Plasencia en 1186 como un enclave político y militar que sirviera de punto de partida para combatir a los musulmanes, y sobre todo, como centro político-religioso para contrarrestar el poder de la órdenes Militares de Santiago y Pereiro, que era ya grande en Extremadura, según el gran historiador e investigador don Julio González, mi querido maestro.

Por este motivo era imprescindible la creación inmediata de la Sede Episcopal de Plasencia con el fin de que cumpliera la doble finalidad de su fundación. Alfonso VIII solicita al Papa Clemente III la creación de dicha sede, lo cual fue concedido mediante la Bula de 1189 y en la que se confirman los términos que dicho rey había señalado. Fernando III el Santo añadió a la diócesis de Plasencia el partido de Béjar, que fue confirmado por el Papa Gregorio IX y Honorio III.

Con respecto a Trujillo, Fray Alfonso afirma lo siguiente: «En 1195 Alfonso VIII dio al Maestre Pereyro don Gómez Fernández Barrientos la Villa y el Castillo de Trujillo donde hubo también casa y convento de la Orden de Pereyro, que después se llamó de Alcántara»; más adelante sigue diciendo cómo los musulmanes se vuelven a apoderar de Trujillo hasta que en reinado de Fernando III, se reconquistó definitivamente incluyéndola dentro de la diócesis de Plasencia gracias a la intervención del Obispo. Así nos lo narra el historiador: «Año 1232, día de la conversión de San Pablo, el 25 de Enero el Obispo de Plasencia don Domingo con gente de guerra de esta ciudad y con los frailes de la órdenes Militares y el Maestre Pereyro llamado don Arias Pérez, que se señaló mucho en la conquista de Mérida y Badajoz, ganaron a Trujillo de los moros que se habían apoderado della». Además nos relata la intervención de la Virgen en la conquista de la siguiente forma: «… el favor que Nuestra Señora hizo a los Cristianos en esta conquista de Trujillo y que en memoria y hacimiento de gracias, levantaron una ermita de Nuestra Señora de la Victoria y se va a ella en procesión este día. En la parte de los muros y torre donde se apareció Nuestra Señora haciendo guerra a los moros están estos versos: En la Torre Juliana/ donde con verdad se muestra/ Sacra Virgen Soberana/ contra gente pagana/ os mostraré madre nuestra. Desde este día tomó Trujillo por armas una Nuestra Señora sobre los muros entre dos torres».

Los límites del obispado, su extensión, población, ciudades, villas y aldeas nos los describe con mucha precisión Fray Alfonso en el capítulo V: «El Obispado de Plasencia tiene 38 leguas de largo por 20 de ancho […]. Confina con el Arzobispado por la Mesa de Ibor, Fresnedoso y Señora de Guadalupe, con Coria por Baños, Aldeanueva y Galisteo». Sigue hablando después de sus poblaciones y habitantes: «Tiene 2 ciudades (se refiere a Trujillo y Plasencia), 34 villas, 100 aldeas, y en estas 136 poblaciones se hallan 32.250 vecinos, donde habrá 140.000 almas…». También habla de la lucha con Ávila por los límites y los recelos con otras diócesis vecinas.

La Jurisdicción del Obispado la ejercía el Vicario General, que era el representante del Obispo para ejercer la jurisdicción ordinaria. Del Vicario General dependían los Vicarios Foráneos, que eran los que estaban al frente de la Vicarías en las que se dividía el Obispado; éstas eran seis, Además de la Abadía de Cabañas: la Vicaría de Medellín, la de Trujillo, la de Jaraicejo, la de Béjar, la de Cabezuela y la de Jaraíz. Sabemos el número de vecinos de cada una de ellas, así nos dice Fray Alfonso que «Plasencia y sus aldeas tienen 9.650 vecinos, Trujillo y sus aldeas 5.500 vecinos… etc.»

IV.- La Vicaría de Trujillo.

Para valorar la importancia de la Vicaría hemos de pensar en lo que significaba el cargo de Vicario: era un juez ordinario dentro de todo su término. Este juez ordinario, durante toda la época del Antiguo Régimen (siglos XVI, XVII y XVIII) conoce las causas y pleitos de primera instancia, no sólo en materia religiosa, sino también en la civil, excepto algunos asuntos de poca importancia que estaban sometido por la ley a los jueces municipales. Además tenían los vicarios competencia en materia criminal, dirigiendo la instrucción de los sumarios. A este respecto resulta muy ilustrativo el Interrogatorio de la Audiencia de Cáceres, que nos habla de la «poca monta» que tenían los juzgados municipales debido a la importancia de la jurisdicción eclesiástica. Refiriéndose a estos juzgados municipales, dice así: «Por hallarse reservadas las cuatro causas principales de la jurisdicción eclesiástica al ordinario, al juzgado (municipal) es de corta consideración, que según parece no tiene arancel particular». En los escritos enviados por los párrocos a Don Tomás López (según el archivo de la Biblioteca Nacional) se insiste también en la importancia jurídica de los vicarios: «… y por lo mismo al Curato está anexa Vicaría «a jure» con jurisdicción civil que se extiende a los lugares de que se compone el partido». Este poder jurídico de la Iglesia se mantuvo hasta el siglo XIX, desapareciendo con el triunfo del liberalismo.

Los Vicarios tenía la obligación de procurar que todas las parroquias de los lugares incluidos en su partido estuvieran bien provistas de los Santos óleos, y estas parroquias debían enviar sus representaciones a la Iglesia cabeza de partido, es decir, a Santa María, en ciertas festividades, para dar la máxima solemnidad a los actos religiosos, especialmente en la festividad del «Corpus Cristi», que era la fiesta por excelencia de toda la diócesis de Plasencia. Así nos lo dicen los documentos del siglo XVIII: «… A cargo de la vicaría está el proveedor de los Santos Oleos a estos lugares, los que concurren como dependientes de ésta con sus mangas parroquiales a solemnizar la función del Corpus Cristi». Imaginémonos este espectáculo maravilloso, este cortejo triunfal, con las mangas parroquiales de tantos lugares recorriendo las estrechas y esquinadas calles de la Villa trujillana, concurriendo hasta la plazuela de Santa María…

Don Isidro Parejo Bravo, vicario de Trujillo en 1785, nos aporta una serie de datos muy interesantes para su conocimiento: «Es cabeza de Vicaría, comprende su partido en lo real y eccco 18 villas: Cumbre, Marta, Plasenzuela, Ruanes…». Las va enumerando igual que las aldeas, hasta el número de 10: «Robledillo, Hibahernando, Albertuza…». También habla de los barrios o suburbios: «Aldeanueva de Zentenera al Oriente, Aldea del Obispo al Norte…»; así como de los habitantes: «tiene 600 vecinos», Además de otros aspectos que seguiremos comentando.

V.- Los Eclesiásticos.

Al frente de cada Vicaría había un Vicario, excepto en la de Jaraíz que tenía dos con las mismas atribuciones y la misma categoría, lo que a veces dio lugar a fricciones. Sobre la de Trujillo nos comenta Don Isidro Parejo Bravo: «… en esta ai vicaría en lo eccco sujeta a la de Plasencia y tiene un Vicario para la causas que ocurran, a excepción de las reservadas a las provisiones».

Los vicarios eran intelectuales muy cualificados por lo general, ya que al menos debían estar en posesión del título de licenciado., y accedían al cargo por oposición. Aparte de juez ordinario, desempeñaban también el cargo de Notario, según hemos comprobado en los libros de Fábricas de la parroquia de Jaraíz, donde los vicarios confirman como notarios las firmas de los mayordomos de Fábrica.

En Trujillo había seis parroquias: la de Santa María la Maior, San Andrés, la Vera Cruz, Santo Domingo y Santiago, con curas rectores propios. La de Santa María era la Iglesia matriz, cabeza de la Vicaría, donde residía el vicario que era el cura rector de la misma; Además había seis sacerdotes, llamados Beneficiados, para atender a los fieles «ad curam animarum, el culto divino y parto espiritual», como nos aclara Don Isidro Parejo, que continua diciendo que «… en dicha iglesia, como si fuera Colegiata, todos los días se rezan horas, se cantan la dobles, tercias u en toda misa conventual a hora fixa y bísperas, se rezan maitines y laudes y en los día de primera clase se ha efectuado sin haber memoria de lo contrario […]; en la misma celebran sus funciones el Muy Noble Ayunttamiento de estta ciudad, con especialidad las de honras de los Reyes y Principes y las de rogatibas, y en ella se principian y concluyen las procesiones públicas».

Las cinco restantes parroquias estaban regidas por sus respectivos párrocos, con los que colaboraban seis beneficiados, tres en la de San Martín y uno en cada una de las restantes. En total había 18 clérigos, lo cual al Vicario le parece un escaso número y de queja de que antes había muchos más que desempeñaban «capellanías y otros cargos». Nos aclara este punto con el siguiente comentario: «oy son muy tenues las renttas en que no hay suministros eccco pues en el espacio de los últimos 20 años han fallecido 30 o más sacerdotes […] y en el mismo no se ha proporcionado un solo suministro para las órdenes sacras».

En cambio, el clero regular era muy abundante, ya que había una gran cantidad de conventos, siendo la primera diócesis en este aspecto. Se debe este hecho a que gran parte de las órdenes religiosas eran fundadas por la nobleza trujillana, tan importante en Extremadura, y los mismos monarcas les recomendaban la protección de los conventos, como nos refiere Fray Alfonso cuando nos habla de la fundación de la casa de Nuestra Señora de la Encarnación de la Orden de Predicadores: «… Y favores que hacen los Reyes Católicos, encomendando a Luis de Chaves el convento».

En el siglo XVI había en toda la diócesis 18 conventos de frailes y 16 de monjas, de los cuales 10 estaban en Trujillo según Fray Alfonso. Hemos estudiado los que había en el siglo XVIII, y existían los mismos, con la diferencia de que había aumentado el número de religiosos en todos ellos. Esto fue debido a la decadencia económica de aquella sociedad rural, para la cual la vida religiosa ser la solución a su provenir económico, especialmente para la baja nobleza y los campesinos arruinados.

Según fuentes consultadas, los conventos eran los siguientes: «…en ello ay cuattro conventos de religiosos, el de Santo Domingo […] tiene 20 religiosos; el de San Francisco […] tendrá más de 40, el de San Francisco descalzos unos 20 y el de Nuestra Señora de la Merced tendrá 12». En cuanto a los religiosos no nos indica el número de ellos, sino sólo los conventos: «… el de San Francisco el Real de la Puerta de Coria, el de San Pedro que ambos son de terrena orden de San Francisco; el de Santa Maria; el de Santa María que es de la orden de San Jerónimo, sujetos al ordinario; el de San Miguel de dominicos, sujetos a religiosos de su orden; el de la Concepción franciscanas de la observación y lo mismo el de San Anttonio, que rigen la primera regla de San Francisco.» Tres de estos conventos pertenecían a la Vicaría por eso dice: «sujettos al ordinario» y eran: el de San Francisco el Real, el de San Pedro y el Santa María, desde el siglo XVI o desde sus respectivas fundaciones.

En total es un número muy elevado de religiosos para una población tan reducida de 600 vecinos, por eso vemos en los textos que se tomaban con frecuencia medidas económicas y religiosas para paliar algo de este desequilibrio.

Si la Iglesia en general fue un estamento sumamente influyente en la sociedad del Antiguo régimen, lo será de manera muy especial en Trujillo. Por este motivo todos los aspectos de la vida trujillana, tanto a nivel social como económico, cultural o artístico estarán influidos o dominados por ella.

VI.- Valoración social de la Vicaría.

Todas las manifestaciones del vida rural y ciudadana del Antiguo Régimen estaban presididas por la Iglesia, tanto las de orden individual como colectivas: bautizos, bodas, entierros, enseñanza, beneficencia, fiestas tanto patronales como las demás, la rogativas contra la sequía o contra cualquier epidemia, etc…

Las numerosas procesiones y romerías eran grandes festejos populares, con cánticos, danzantes, tamborileros y flautas. La festividad del Corpus Cristi era una de las más importantes de la diócesis. La de Santa María, como hemos comentado, era un verdadero cortejo triunfal, formado por los representantes de todo el término de la Vicaría. Uno de los vicarios de la diócesis placentina, Don Ramón Casas, en el año 1853, todavía nos da detalles de los actos: «Se celebraban ocho misas solemnes, con el Santísimo manifiesto, procediéndose a cada una de la tercia cantada. Se cantan ocho vísperas con el Señor manifiesto. Tres solemnes procesiones con el Señor en la custodia: la general por (las calles) la ciudad, en el mismo día del Corpus, cuyo día se queda expuesto en la Custodia hasta después de cantarase las vísperas, que se reserva; el otro día de la dominica infraoctava alrededor de la Iglesia por fuera, en cuyo día se queda el Señor expuesto hasta después de vísperas que se reserva, y l tercera en el día de la octava dentro de la Iglesia […]».

También era de gran boato la ceremonia de publicación de la Bula de la Santa Cruzada, que se paseaba bajo palio en procesión.

Una de las labores más importantes que desarrollo la Iglesia a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII fue la de beneficencia, ya que en la mayor parte de la poblaciones era atendida exclusivamente por ella. En Trujillo, durante el siglo XVIII, había tres hospitales al menos: el del Espíritu Santo, llamado así porque estaba unido a su ermita, y era donde se asistían a los enfermos que contraían enfermedades contagiosas como era la llamada «del galaico» y «para las demás que no son contagiosas, – dice el vicario don Isidro – ai el de la Caridad para los pobres»; en el siglo XVI también estaba el hospital de la Concepción, que sirvió de residencia después a los Descalzos. También los conventos tenían esta misión asistencial; destaca la «enfermería de los Agustinos» de la que nos dice Madoz en el siglo XIX que «ha sido enagenada y convertida en casa particular». Existía Además un Hospicio, el de San Agustín; un colegio orfelinato y otra serie de fundaciones religiosas con fines benéficos.

En el siglo XIX, con el triunfo del Liberalismo, las leyes desamortizadoras expropiaron los bienes a la Iglesia y la Beneficencia pasar a manos del Estado, por lo que el funcionamiento de esta gran obra social se vino abajo. A este respecto nos dice Don Clodoaldo Naranjo Alonso: «La beneficencia oficial empezó suplantando a la local, alimentándose con los bienes de ésta, para ejercerse como sabemos de un modo vergonzoso y absurdo».

VII.- La Vicaría y la Gesta Americana.

La Iglesia fue uno de los grandes motores de la conquista de América, debido a su afán evangelizador. El espíritu de cruzada que España había mantenido durante ocho siglos de Reconquista luchando contra los musulmanes, va a seguir latente de una manera muy especial en la nobleza trujillana, donde la realeza encontrar la mejor cantera para realizar toda clase de hazañas, ya que durante toda la Edad Moderna los hombre de Trujillo se distinguieron por su valor y su espíritu de sacrificio, que, imbuido por ese espíritu religioso y guerrero, harán posible la gran gesta española. En la conquista americana, la cruz irá unida a la espada y sin ese espíritu de cruzada que se fue forjando a lo largo de los siglos hubiera sido muy difícil realizarla.

Fray Alfonso nos describe con todo detalle la conquista del Perú, entre otras, y en todo momento nos coloca al evangelizador junto a los conquistadores. Relata como Pizarro partió de Tumbez con 160 hombres y dos navíos para la conquista del reino de Atabalipa, que tenía su asiento en Cuzco; poseía enormes tesoros como el tablón de oro donde se sentaba, que pesó 25.000 ducados, y el cojín guarnecido de piedras preciosas. Sigue diciendo que los primeros interlocutores de los indios eran los religiosos: «Llegose entonces al rey (Atabalipa) Fray Vicente de Valverde, Obispo que fue de Panamá y Cuzco, con una cruz de palma y una suma de San Silvestre (los evangelios) […] y propuso al rey las razones siguientes: que recibais la fe de Cristo […] la cual es santísima y os conviene para salvaros, porque la que ahora teneis es muy falsa […]; si no lo haceis han de hacer la guerra contra vos y han de quebrar los ídolos que adorais».

Como todos conocemos, las críticas hacia los conquistadores por su comportamiento con los indios han sido enormes y de todo tipo, pero hemos de reconocer que la Iglesia contrarrestó con su labor social, cultural y de acogida, los excesos de estos intrépidos capitanes, y que gracias a su valentía y coraje conquistaron, repoblaron y pacificaron inmensos imperios. Entre los misioneros contabilizados en Trujillo figuran 14, según el estudio realizado por Don Pedro Borges, Aportación misionera a América y Filipinas. Estos misioneros pertenecían a las órdenes religiosas, ya que los del clero regular era muy difícil de calcular por no existir inscripciones, pero también eran muy importantes. Entre los misioneros ilustres de la diócesis placentina destaca Agustín de Hinojosa, natural de Trujillo, nombrado obispo de Nicaragua según Borges.

VIII.- Valoración económica de la Vicaría.

El poder económico de la iglesia durante el Antiguo Régimen fue muy importante, tanto del alto clero secular como del regular, con una serie de privilegios propios del estamento nobiliario. No sucedió así con el bajo clero, que por lo general padeció la misma crisis económica que afectó a las zonas rurales de la España de los siglos XVII y XVIII, sobre las cuales recaern los agobiantes impuestos de la corona, Además de las consecuencias de las guerras, pestes o malas cosechas.

Dentro del Obispado había grandes diferencias económicas entre las distintas Vicarías, ya que el poder económico de estas dependía del poder económico de sus fieles, que contribuían al culto divino con la aportación de sus diezmos, y estos a su vez, dependían de los recursos y riquezas de las distintas zonas. Por ejemplo, en la Vicaría de Jaraíz de la Vera, las parroquias tenían gran poder económico y todas disponían de capitales en metálico que prestaban, por medio de los censos y a intereses muy bajos, a los vecinos sobre una especie de embargo sobre sus heredades, con lo que obtenían buenas rentas; a estas había que añadir los diezmos de Navidad, de Pascua, Además de los productos de sus heredades, como las castañas, las hojas de morera para los gusanos de seda, linares, etc. Este es el caso de de la parroquia de San Miguel, de Jaraíz, que tenía un montante de 60.000 reales, y los gastos no superaban los 40.000 reales, luego tenía unos beneficios anuales que rondaban los 20.000 reales (Archivo de la Parroquia de San Miguel, libro de fábrica). Tenemos que añadir que la mayor parte de los vecinos de La Vera eran vecinos pecheros, es decir, pequeños propietarios que pagaban a la Iglesia los diezmos y demás impuestos que les imponía la corona.

El caso de Trujillo es totalmente distinto porque aquí la mayoría de sus habitantes, en el siglo XV, eran hidalgos que luego se enriquecieron enormemente con la conquista de América, consiguiendo no sólo títulos de alta nobleza, sino villas, rentas, dehesas y vasallos de la tierra de Trujillo, con lo que se mermó mucho la jurisdicción de la ciudad en favor de esta nobleza local que fue creando cantidad de señoríos y mayorazgos. Además plasmaron su riqueza en los suntuosos palacios que contemplamos por toda la ciudad con el escudo de sus linajes.

A partir de Felipe II, el municipio estaba ya arruinado y con él sus vecinos pecheros, acentuándose la crisis en los siglos XVII y XVIII con las distintas guerras en las que Trujillo siempre colaboró eficazmente. Se siguen manteniendo los abusos de la nobleza y el pueblo cada vez se va empobreciendo más.

La Vicaría de Trujillo refleja también el lamentable estado del siglo XVIII, después de haber tenido una época de gran esplendor en el siglo XVI, como toda la ciudad. Son muy escasas las palabras de su vicario cuando se queja de las necesidades de sus parroquias, y la compara con las riquezas de otras parroquias de la diócesis, observando que debían ayudarles con el siguiente razonamiento: «en la primitiva Yglesia, las Yglesias ricas socorrían a las pobres»; y manifiesta su disgusto porque el Cabildo de Plasencia o la Primada de Toledo no le atiende como él quisiera, y añade: «considero que entonces (refiriéndose a la época de esplendor) serían muy copiosas las rentas de esto y que sería muchos los ministros que asistiesen a ella gozando dibersas capellanías, pero oy en que son muy tenues las rentas en que no hay ministros eccco […] en el espacio de 20 años han fallecido 30 o más sacerdotes y en el mismo tiempo no se han proporcionado ni un solo ministro […] pide la razón y la justicia y dicta el derecho divino que no subsistan dichas uniones» (se refiere a la unión económica con las iglesias ricas a que antes aludía)

Sin embargo el Obispado de Plasencia no permaneció al margen de estas necesidades y ayudó económicamente a la Vicaría. En 1732 el obispo don Francisco Lasso contribuyó a la fundación de una congregación de sacerdotes y un pósito de para los labradores pobres del término de Trujillo. El caritativo prelado, afirma don Clodoaldo Naranjo Alonso, «tuvo en cuenta a Trujillo como punto de más urgente necesidad por las frecuentes sequías y trastornos de guerras en que padecía mucho la clase trabajadora; el capital principal fue de 26.000 reales, que debían emplearse en granos de para un pósito».

La documentación consultada coincide con este panorama desolador de la economía trujillana en el siglo XVIII: «la jurisdicción se extiende, con diezmatorio, en todo su circuito en unas partes a dos leguas, en otras a tres o cuattro; dentro de ella se hallan diferentes casas de campo, que son las de la Luz, de Gaette […] (enumera hasta 18) todas las cuales antiguamente eran casas de labor donde vivían en tiempos las principales casas de esta ciudad para promoverlas y esquila de sus ganados lanares y oy están las más desiertas y reducidas a ganaderías de serranos, de lo que proviene la decadencia y ruina de esta ciudad […] por no aver agricultura ni poder averla no hay manufacturas, ni materias primas ni proporción para averlas y así se hallas muchas personas ociosas»

Las quejas del vicario se unirán a las del Corregidor de Trujillo y a los del Intendente General de Extremadura, y aunque pasa a ser cabeza de uno de los partidos judiciales de la Audiencia de Cáceres, a finales del siglo XVIII, no se corregirán los abusos de la Mesta y de la Nobleza, que seguirán manteniendo el campo trujillano en absoluto abandono y pobreza, acentuándose en la Guerra de la Independencia con las destrucciones de los ejércitos franceses a principios del siglo XIX; sólo al final de éste siglo y a principios del XX comenzará el despegue económico.

IX.- Fundaciones religiosas y Ermitas.

Fueron muy importantes en el siglo XVI, especialmente las de Capellanías y las Cofradías. Las Capellanías eran fundaciones en las que ciertos bienes quedaban sujetos a la celebración de misas y otras prácticas religiosas. En los archivos parroquiales existe toda la documentación referente a ellos, donde consta el capital en metálico y las heredades que poseían, firmado por el capellán y confirmado por el notario y el párroco. En Trujillo entre Capellanías y Memoria había unas 30.

Fueron muy importantes las Cofradías, destacando la Soledad y las Ánimas; su número estaba alrededor de la 40. Cada cofradía tenía su libro de cuentas, donde consta todo lo referente a ellas, tanto en relación a los bienes, como a los cofrades, mayordomos, actas de reuniones, etc. Figuran también los gastos, entre los que se incluían los de las fiestas como el pago al tamborilero o sermones, pues cada una de las cofradías organizaba grandes festejos en los días de sus titulares respectivos.

En la diócesis hubo otro tipo de fundación o Memorias, como las que se hacían para dotar a los huérfanos o muchachos pobres; en Trujillo fue famosa la del Cardenal Gaspar y la de Cervantes de Gaete entre otras.

En cuanto a las Ermitas, el vicario Don Isidro Parejo enumera un gran número, localizando su ubicación: «Las que están en su circunferencia son las de la Magdalena, Nuestra Señora de la Piedad, Santa Ana, San Lázaro, San Juan, San Sebastián; dentro tiene las de San Judas Tadeo, Jesús Nazareno, que es del Hospital de la Caridad y la del Espíritu Santo; a media legua de distancia la de la Luz y a legua y cuarto, la de la coronada don dize estubieron los Templarios».

Fray Alfonso, en el siglo XVI, habla de dos ermitas dedicadas a Nuestra Señora, que eran las de Nuestra Señora de la Corona y Nuestra Señora del Carrascal.

En toda la diócesis estos santuarios eran general pobre, muchos no tenían ni ermitaños para cuidarlos: «… se mantienen con alguna ligeras limosnas que apenas son bastantes para satisfacer el coste de sus festividades y en algunos casos no hay ermitaño» (según el Interrogatorio); lo que pasa es que estas subsistían principalmente por las donaciones de los fieles.

X.- Valoración Cultural y Artística de la Vicaría.

A.- La Cultura.

La Iglesia fomentó la cultura en todos sus aspectos, tanto la cultura popular como la culta.

En todas las parroquias de la Vicaría era importantísima la música sacra, testimonio de lo cual son los extraordinarios órganos que podemos contemplar en la actualidad. El más interesante de Trujillo es el de la Iglesia de San Martín, de mediados del siglo XVII, realizado por Antonio Larrea Galarza, y cuya caja es obra del escultor trujillano Pedro Díaz Bejarano. Los concierto de órganos no podían faltar en cualquier festividad religiosa, por eso, uno de los cargos mejor remunerados era el de organista, y si era el sacristán el que lo tocaba, percibía un sobresueldo.

También fueron importantes las representaciones dramáticas; todos los años durante las festividades patronales se representaban comedias en la mayoría de las parroquias de la diócesis placentina. Los documentos nos cuentan que a veces había excesos durante estos actos, por lo que con frecuencia tenían que suspenderlos. Por este motivo, en Trujillo, se habilitará para las representaciones la alhóndiga, que se edificó en el siglo XVI. A este edificio se trasladó el Ayuntamiento en el pasado siglo, cuya sede había estado hasta entonces en el magnífico monumento renacentista situado en la Plaza Mayor.

La mayor parte de las actividades estaban presididas y organizadas por la Iglesia, donde se fomentaba el folklore popular tan variado e importante. Aparte de las fiestas patronales, en las que no faltaban los típicos ofertorios, los danzantes o el tamboril y la flauta, rivalizando lo mejor del folklore extremeño, como en la fiesta del «Chiviri»; fueron también muy importantes las procesiones de la Semana Santa de Trujillo, con una imaginería barroca de primerísima calidad artística. La oratoria también estaba muy presente en la Iglesia, ya que se traían oradores para predicar los sermones de Curpus Cristi o de la Cuaresma.

En cuanto a la enseñanza, la Iglesia desempeño un papel de primer orden durante el Antiguo Régimen, ya que en la mayor parte de las zonas rurales la enseñanza pública sólo abarcaba la primaria, llamada de «las primeras letras»; pero la secundaria solía estar en manos de la Iglesia. Las vicarías tenían sus colegios dotados con cátedras de gramática, como el colegio de San José de Jaraíz. En el caso de Trujillo no parece que la Vicaría tuviera ningún colegio, ya que el Concejo dotó con una cátedra de gramática a un colegio denominado «Estudio», según el Sr. Naranjo Alonso. Pero aquí serán esencialmente los conventos los que establezcan centros muy importantes de enseñanza secundaria, y especialmente de enseñanza superior. Ya en el siglo XVI, Fray Alfonso, cuando habla de la Orden de Predicadores dice que son «de estudios de Arte y Teología». Los estudios de Arte eran una especie de bachillerato superior, donde se cursaban tres disciplinas: Summulas, Logica Magna y Fhilosofhia; estos estudios comprendían tres cursos, después es cuando se pasaba a los estudios superiores como eran los de Teología o Derecho. En los siglos XVII y XVIII aumenta este tipo de enseñanza hasta tal punto que casi todos los conventos masculinos tenían diferentes cátedras: «en el convento de Santo Domingo había dos cátedras de Theología y tres de Filosofía; en el de San Francisco tres cátedras de Theología y en los Franciscanos Descalzos otras tres cátedras de Theología» (A.B.N.). Aquí cursarn sus estudios las grandes personalidades de la cultura trujillana de los que nos habla Don Isidro Parejo: «Don Fray Gerónimo de Loaysa, primer arzobispo de los Reyes, y que también lo fue del Eminentísimo Señor Don Gaspar Zervantes de Gaette, arzobispo de Tarragona, asistió al Concilio de Trento; yttem don Francisco Pizarro, que escribió un tomo de los barones ilustres, de Judíos y don Luis de Chaves una Fhilosofia que puso por título Opúsculos de Oro.» Y otros muchos.

B.- El Arte.

La valoración artística de la Vicaría fue tan importante que necesitaríamos de otras comunicaciones para su estudio. No obstante haremos un pequeño resumen del enorme tesoro artístico-religioso que dependió de la Vicaría de esta bellísima ciudad, que es difícil encontrar alguna otra que la iguale.

En Primer lugar tenemos la Iglesia de Santa María La Mayor, cabeza de la Vicaría, joya del gótico y del plateresco, con reminiscencias románicas y con uno de los mejores retablos del siglo XV español, de estilo hispano-flamenco, obra del gran pintor de la escuela castellana, Fernando Gallego.

La Iglesia de Santiago fue construida en la segunda mitad del siglo XIII, aunque transformada y ampliada en los siglos XV y XVII; también tiene reminiscencias románicas e influencias mudéjares en el alfiz que enmarca la portada occidental. La de la Veracruz hoy está dentro del recinto del cementerio municipal y sólo quedan de su estado primitivo los muros y los arcos formeros del siglo XIII.

En la Plaza Mayor, en el ángulo nororiental, se levanta la de San Martín, interesante monumento del siglo XVI, con un extraordinario Retablo Mayor barroco del siglo XVII; aquí se encuentra también el órgano barroco antes mencionado. La Iglesia de Santo Domingo se encuentra en muy mal estado, prácticamente es toda ella un conjunto de ruinas debido a las distintas guerras sufridas por la ciudad; es un pena pues fue una gran obra del renacimiento realizada por uno de los mejores arquitectos hispano-americano: Francisco Becerra.

La de San Andrés nos la describe el Vicario con estas palabras: «es de mala arquitectura es alta en su circunferencia desamparada de cosas inmediata al muro y puerta que llaman del Triunfo». Es una construcción gótica del siglo XV, aunque muy transformada.

Los conventos de la Vicaría inician su decadencia, como todos los demás, en el siglo XIX, con la guerra de la Independencia y, después, con las leyes de desamortización, quedando algunos convertidos en lamentables ruinas. El convento de San Pedro es de finales del siglo XV, con una portada interesante formada por un arco carpanel con un alfiz que enmarca el escudo de Trujillo; la iglesia es de una nave cubierta con bóveda de crucería; son muy originales lo arcos rampantes que soportan los contrafuertes y dejan espacio para la calle.

El convento de Santa María de los Jerónimos es también del siglo XV, de estilo isabelino. Sobre la portada abocinada, con fina arquivoltas, que descansan en columnillas, había una imagen de la Virgen con el Niño de piedra, que hoy se puede contemplar en el palacio de los Duques de San Carlos, residencia de los monjes en la actualidad.

El convento de San Francisco el Real de la Puerta de Coria, de religiosos de la Tercera Orden Franciscana, fue uno de los que se vio afectado por la desolación y la ruina. Fue fundado en el siglo XV, de cuya época quedan los muros de la Iglesia con los arranques de las bóvedas que debían ser de crucería estrellada, como corresponde al gótico flamígero. El resto del convento ha sido acertadamente restaurado por los Señores de Salas, respetando todas las características y detalles artísticos de su primera construcción. Destaca el bello claustro plateresco, con arcadas superpuestas, formada por arcos carpaneles que descansan en artísticas columnas con sus típicos capiteles platerescos decorados con canlículos. De su hermosas estancias destacan dos por sus amplias proporciones, con arcos diafragmas escarzanos sobre medias columnas adosadas al muro. Esto, y todo el conjunto conventual, constituye uno de los marcos culturales conventuales más importantes de Extremadura, ya que es sede de todo tipo de congresos y exposiciones, de un Museo de América, de una gran biblioteca, con más de 15.000 volúmenes, que además de proporcionar la ampliación de estudios a aquellos estudiantes que lo deseen, sirve para estimular a jóvenes investigadores con premios en metálico. Todo esto se debe a la magnanimidad e interés cultural de los Señores de Salas, cuya fundación, «Xavier de Salas», tanto esta contribuyendo a promocionar la cultura en sus diversas facetas no sólo en Trujillo, sino en toda la Comunidad. Su reconocimiento a nivel nacional e internacional es un hecho, como así lo demuestra, entre otros, el homenaje que se le tributó en el VIII Congreso Nacional de Historia del Arte, – C.E.H.A.-, celebrado en Cáceres en Octubre de 1990, por las más prestigiosas personalidades en el campo artístico y al que tuve la suerte de asistir. Es un ejemplo más del reconocimiento y de la estima que el mundo de la cultura profesa a la familia y fundación «Xavier de Salas» y la que desde estas líneas quiero rendirla también yo también mi más sincero homenaje.