Feb 202017
 

Ramón Núñez Martín. Provisional.

INTRODUCCIÓN

Estaba reflexionando, en aquellos primeros días de agosto, sobre el tema
que iba a presentar este año en nuestros Coloquios Históricos de Extrema-
dura, cuando al encontrarme en la calle con D. Juan A. de la Cruz, Pte. del
C.I.T., me abordó para decirme: «D. Ramón, ¿no va a presentar algún tra-
bajo suyo para los próximos coloquios?». Le contesté que de momento no
tenía nada pensado, pero algo tendría que hacer para no perder la costum-
bre de participar como todos los años. Le dije a continuación «Pero me
estoy acordando ahora que mi colaboración podría versar este año, sobre
Juan Moreno, sino hay otro ya comprometido a tratar el mismo asunto».
Me cortó rápido: «Me parece muy bien, hágalo». Me insistió: «Es necesario
que lo haga porque viene a ser un tema obligado el hacer resaltar lo mu-
cho que Juan Moreno ha hecho por Trujillo, además de que este años los
coloquios van dedicados a él».

Entonces me decidí resueltamente a poner manos a la obra. Pasaron ocho
o diez días y al encontrarme de nuevo con él, esta vez a la puerta de la
Iglesia de San Martín, me volvió a preguntar: «¿Ha comenzado ya el traba-
jo que va a presentar en los coloquios?, piense que no queda mucho tiem-
po». Le respondí: «No he podido aún por estar estos días muy ocupado y
no tener tiempo material para concentrarme, pero en breve comenzaré,
primero a pensarlo y después a escribirlo.»

Quiero alabar públicamente al Pte. del C.I.T. por esa insistencia suya, esa
preocupación y fuerza de voluntad para que las cosas se hagan y se hagan
bien. En Trujillo abundan las inteligencias y nos faltan voluntades como en
general en Extremadura y en España. Tenemos que reconocer que tenemos
cierta propensión a la indolencia.

Decía San Agustín que «los hombres son voluntades, hace más el que quie-
re que el que puede» y «que querer es poder». Hace muchos años que leí
un verso de uno de nuestros poetas del Siglo de Oro, Leonardo B. Argenso_
la, que decía: «Dame Señor la firme voluntad / compañera y sostén de la
virtud / la que sabe el golfo hallar quietud / y en medio de las sombras cla-
ridad». No estaría mal que todos le pidiéramos a Dios algo de esto, para no
enterar los talentos sino tratar de negociar con ellos en beneficio de una
causa noble que merezca la pena, tanto de carácter divino, como de ca-
rácter humano.

I

Comenzamos a desarrollar el tema. A Juan Moreno ya no se le puede cata-
logar en el número de los seres humanos vivos que hablan, que escriben,
que se mueve, que forman parte de una familia, que están insertos en la
vida social. Esto es evidente, sabemos que falleció a los 76 años, el 25 de
octubre de 1989. Nosotros asistimos al funeral de cuerpo presenta dando
la cabezada al final, para darle el pésame a la familia en la Iglesia parro-
quial de San Martín, acompañando los restos mortales hasta recibir cristia-
na sepultura en nuestro cementerio de Trujillo, donde esperan el día de la
Resurrección.

Por tanto, el valorar su vida, su obra y su mensaje, pertenece ya a la histo-
ria. Todos, mientras tenemos existencia temporal pertenecemos a la actua-
lidad visible y palpitante de una familia, de un pueblo, de una nación,
pero en cuanto mori mas nos convertimos en historia. Porque historia es la
narración de los hechos y de las personas que pertenecen al pasado. Por
este motivo cuadra muy bien que el que fue nuestro común amigo sea ob-
jeto de estudio este año en una comunicación para los Coloquios Históri-
cos de Extremadura. El ha sido sin duda uno de los principales animadores
de estos coloquios en los que año tras año ha intervenido con sus iniciati-
vas interesantes. Perdonad ahora, si para trazar su semblanza, tengo nece-
sidad de hablar de personas vivas.

II

El fundador de los coloquios en Trujillo fue el canonlgo emérito de
Zaragoza don Francisco Fernández Serrano, natural de un pueblo de la
comarca: Garciaz, que hizo brillantemente sus estudios en Plasencia y más
tarde en la Universidad Gregoriana de Toma: Es académico correspon-
diente de la Real Academia de la Historia y ha publicado numerosos traba-
jos históricos. Tiene en su mérito el haber sido el fundador de «Los Amígos
del Monasterio de Yuste», también «de los Coloquios Históricos religiosos

de Trujillo» y «La Obra Nacional de Hispania Mártir» a la que está entrega-
do totalmente en la actualidad.

Durante algunos meses, cuando era profesor del seminario de Plasencia,
regentó la parroquia de San Martín de nuestra ciudad, hasta que fue nom-
brado párroco don Mariano Duprado, a.e.p.d. Ha venido mucho a Trujillo
a investigar en nuestros archivos y últimamente ha comprado un piso en la
carretera de Cáceres, para vivir con su hermana.

Un día apareció por aquí, para proponemos una idea nueva: la de organi-
zar los Coloquios Históricos religiosos de Trujillo. El primero a quien co-
municó su proyecto fue a Juan Moreno, a quien conocía y estimaba
mucho. Juan, inteligente como era, vislumbró enseguida que a Trujillo le
interesaba poner en marcha un proyecto como este y le ofreció su apoyo
incondicional. Visitó otros muchos a quienes él creía que podía interesar
esta propuesta. Entre ellos estaba un servidor. Me encantó la idea y le dije
que podía contar conmigo. El fue quien dio las pautas, como experto en la
materia para organizar los coloquios de una manera sencilla, sin complica-
ciones y con un mínimo de gasto.

D. Francisco movilizó a muchos amigos suyos que eran historiadores, de
varios puntos de España, para que presentasen trabajos para nuestros colo-
quios, dando asf altura y profundidad a este proyecto cultural. Los colo-
quios comenzaron en el año 1971, Y tenían una limitación, la de ser
religiosos. Pasaron varios años y con el tiempo algunos miembros de la
directiva del C.I.T. bajo la cual se había puesto la organización anual de
los Coloquios, pensaron otra cosa. Concretamente Juan Moreno, propuso
que estos coloquios tuvieran un carácter más amplio y se llamasen Colo-
quios Históricos de Extremadura; la mayoría lo vio bien y así se aprobó.

Don Francisco, más tarde, creyó conveniente retirarse con delicadeza para
que tuviesen libertad los nuevos organizadores, manifestando «que él había
cumplido su misión»; «que nunca segundas partes fueron buenas» y «que
hubiera renovación en los cargos».Así que en la historia de los coloquios podemos distinguir dos fases:

1ª De carácter local y religioso, cuyo fundador fue don Francisco Femández Se-
rrano; y la 2ª
Con su carácter amplio de Coloquios Históricos de Extre-
madura, cuya labor la continuó Juan Moreno. Estos son los orígenes de los
Coloquios que este año conocen su XIX edición.

III  RELACIÓN PERSONAL CON LA FAMILIA MORENO
LÁZARO

El 11 de noviembre de 1960 vine a Trujillo enviado por el Sr. Obispo para
ejercer el ministerio sacerdotal. Por tanto, llevo 30 años viviendo en esta
ciudad: 24 años de párroco de San Martín y 6 de jubilado y como capellán
de 2 conventos. Con los dos hermanos Juan y Benjamín, me he estado
viendo todos los días durante muchos años, por la proximidad del templo
parroquial de San Martín a su casa, la más próxima a la parroquia. Por este
motivo hemos tenido ocasiones de comunicarnos y de conocernos y servir-
nos. Además de ser feligreses de la parroquia éramos amigos y siempre he
encontrado en ellos, respeto, confianza, delicadeza, que no sé como
agradecer.

Juan y Benjamín, juntamente con su hermana Antonia, que era la mayor y
estaba soltera, a cuyo nombre estaba la razón social, llevaban el comercio
que sostenía a las tres familias. Vivían los tres en la misma casa, aunque en
viviendas distintas, y se llevaban admirablemente. A los dos hermanos ha
querido el Señor bendecirles con la concesión de numerosa descendencia:

Juan con ocho hijos, y Benjamín con 13, yeso sin contar con los tres que
murieron de pequeños.

Se puede decir, sinceramente, que siempre me ha edificado mucho la ar-
monía, la unidad y la confianza en la divina providencia que he podido
observar en esta familia, como aquí en Trujillo la llamamos, «de los
Benjamines».

Sin duda que habrán tenido que administrarse muy bien los dos hermanos,
con sus respectivas esposas Chon y Maruja, para poder sostener y conse-
guir tan excelentes colocaciones como tienen los hijos. A lo largo de los
años habrán conocido sin duda momentos difíciles, teniendo que hacer
verdaderos juegos malabares parea vencer los obstáculos, pero con la ayu-
da de Dios, que bendice a las familias numerosas de un modo especial,
estas dos familias que han vivido tan unidas, han alcanzado victoria.

Vivir la unidad es señal de inteligencia, teniendo en cuenta lo que enseña
la experiencia de muchos siglos, expresada en aquel adagio latino que tra-
duzco al castellano: «Con la concordia las cosas pequeñas crecen, con la
discordia las grandes se destruyen».

Muchas veces me he preguntado ¿porqué se han podido llevar tan bien
estos hermanos durante su larga vida? Mi respuesta ha sido esta: Se han
llevado tan bien porque eran distintos, así se han completado admirablemente.

Esto a parte de otras razones de inteligencia, de educación humana

y de formación religiosa. Todo esto ha facilitado el que exista entre las

dos familias una pacífica y entrañable convivencia. Es un principio de física
que las electricidades del mismo signo mutuamente se repelen. Esto tiene
también la
aplicación al orden familiar. Veamos ahora como eran los dos
hermanos.

Yo les conocía bien a los dos y cual era su condición natural. Benjamín, el
más pequeño, es un hombre piadoso, reflexivo, apacible, condescendien-
te, un apóstol seglar que ha prestado a la Iglesia excelentes servicios, sien-
do elegido varias veces Presidente de la Adoración Nocturna de nuestra
Ciudad, y durante muchos años fue el director de Cáritas Interparroquial
de Trujillo. Juan, era un hombre de acción, liberal, vehemente, buen co-
municador, muy interesado por la cultura y por la historia y por el turismo,
tratando siempre de la promoción turística de Trujillo y Extremadura. Era
muy sincero y no se callaba cuando veía algo mal hecho.
Recuero una anécdota suya cuando se estaba restaurando el palacio de los
Vargas Carvajal, San Carlos, antes de bajar a él las RR. Jerónimas. El arqui-
tecto estaba más preocupado por la seguridad del edificio que por la obra
de arte, y permitió que el muro de la esquina quedase muy amazacotado,
sin arte, sin estilo, con piedra recién labrada y que contrastaba con la be-
lleza del escudo superior y con la elegancia del pórtico; recuerdo que Juan
al verme, me dijo un día: «¿Ha visto usted qué chapuzas hacen estos arqui-
tectos de bellas artes?, estas cosas o se hacen bien o no se hacen; este ade-
fesio tan visible en la Plaza de Trujillo es el muro de la vergüenza, el muro
de la resistencia de Berlín, no hace falta pasar la frontera y trasladarse a
Alemania para verlo, lo tenemos
aquf»,

Me hizo mucha gracia la frase ingeniosa de Juan y lo he recordado recien-
temente cuando hace unos meses fue derribado el muro de Berlín, en la
puerta de Brandeburgo.

IV – DATOS BIOGRÁFICOS

Juan Moreno Lázaro, nació en Torrejoncillo. Allí están sus raíces por parte
de sus buenos padres, Benjamín y Luisa. Tenían en su pueblo natal una
fábrica de paños y frecuentaba esta plaza de Trujillo para vender. Com-
prendió que aquí podía tener más porvenir y determinó venir a establecer-
se en Trujillo. Cuando vinieron, Juan tenía 6 años y Benjamín 1. Vinieron a
poner un comercio en el mismo lugar en que está establecido, la tienda de
Luis Méndez, más tarde se trasladaron a otro local donde ahora está la far-
macia de Corrales, y por fin, buscando un lugar más comercial, vinieron a
la Plaza Mayor, donde actualmente tienen la tienda.

Sin duda, tuvieron acierto al venirse a la ciudad, tanto en el sentido econó_
mico como en el sentido de la formación de sus hijos. Su hija Antonia sed
educó en las Carmelitas de la Caridad, y los dos hermanos entraron en el
Colegio de Santiago y Sto Margarita, fundado por la gran bienhechora de
esta ciudad doña Margarita de Iturralde. El colegio estaba a cargo de los
PP. Agustinos, que fueron excelentes educadores. Sólo tenían primera en-
señanza, pero los alumnos que salían de este colegio equivalían a salir
como si fueran bachilleres de entonces. La preparación para la vida era
fenomenal. A Juan le oí siempre grandes elogios de sus educadores,
y su
agradecimiento fue permanente.

Más tarde al salir del colegio comenzaron a ayudar a sus padres en el co-
mercio; al sobrevenir la guerra civil, fue movilizado por su quinta y des-
pués de ascender a sargento, hizo los cursillos de alféreces provisionales
en Granada y con la unidad a que fue destinado recorrió diversos frentes,
entre otros el de Asturias, el de Extremadura y del de Madrid. Al fin de la
guerra, regresaron a Trujillo y continuaron ejerciendo su profesión anterior.

Se casó primero Juan con Ascensión Fernández y más tarde Benjamín con
Maruja Bermejo. Al morir su padre, acordaron quedarse unidos llevando el
comercio y dividiendo la ganancia a partes iguales, quedándose a vivir
juntos aunque en distintas viviendas.

Juan estuvo siempre preocupado por su familia, su negocio y por la promo-
ción cultural de Trujillo y de Extremadura. Fue concejal en dos o tres oca-
siones, interviniendo en la creación de la biblioteca municipal y del
instituto laboral. Trabajó también por el Centro de Iniciativas Turísticas
y
fue uno de los promotores de los Coloquios Históricos, fue el primero que
dio un cursillo para la formación de guías entre la gente joven de Trujillo.

Publicó la guía Turística de Trujillo, que tiene nada menos que seis edicio-
nes. Es una obra breve, manejable, con muchos datos y que sin duda ha
sido muy práctica para que los turistas conozcan los monumentos e hijos
ilustres de nuestra ciudad. En los últimos años sus paisanos de Torrejonci-
110 le encargaron dar el pregón de las Fiestas de la Inmaculada, de la Enca-
misá. Recuerdo que me rogó le escuchase su lectura para darle mi parecer.
Juan se emocionó mucho al recordar los años jóvenes y lloró. Le dije:

«Contén tus sentimientos y léelo muchas veces en voz alta y ese día te sal-
drá muy bien». Y así fue.

y vaya terminar haciendo referencia a su muerte, que para los buenos
cristianos es el principio de la verdadera vida. Después del infarto sufrido
hace unos años quedó algo disminuido en su salud que le hacía cojear un
poco. Sin embargo, ayudaba a su hija en el comercio y seguía en su profe-
sión de servir de guía a los innumerables grupos que venían a Trujillo.

Muchas veces me había repetido: «Cuando Vd. sepa que estoy gravemente
enfermo no deje de venir a verme para poder recibir a tiempo los auxilios
espirituales de la iglesia antes de morir». Yo le decía que lo haría en cuanto
hiciera falta, pero el hombre propone y Dios dispone. Había llegado su
última hora. Todo fue rápido. Enfermó gravemente y fue llevado con ur-
gencia a la Residencia de Cáceres. Allí fue asistido por los médicos que
apreciaron su gravedad. Los familiares llamaron al capellán que le admi-
nistró los sacramentos, ayudándole bien a morir.

«Bienaventurados los muertos en el Señor. Sí, dice el Espíritu, que descan-
sen de sus fatigas porque sus obras les acompañan.» Al morir, todos tene-
mos que dejar este mundo; lo único que interesa es que nos acompañen
las buena sobras. Juan Moreno, ha trabajado mucho en su vida. Podemos
decir que ha muerto en la brecha. El último domingo antes de su muerte,
con su megáfono el hombre estuvo haciendo de guía a un grupo de turistas
que vino a visitar Trujillo. El gran guitarrista español, Andrés Segovia, a sus
90 años seguía dando conciertos de guitarra por diversas naciones del
mundo. Le decían sus amigos y familiares que tenía que descansar y él que
era un gran cristiano, respondía: «Ya descansaré en el cielo». Antonio Ma-
chado, el mejor poeta español del siglo XX, en un diálogo poético con su
madre, expresaba también esta idea de manera bella: «Hijo, para descansar
es necesario dormir, no pensar, no sentir, no soñar», y contestaba el poeta:

«Madre para descansar, morir». Por esto, en este sentido decimos nosotros,
«que descansen en paz o dales Señor el descanso eterno». Y es justamente
lo que Dios quiere darnos. Pero, para ello hay que morir, teniendo a Dios
dentro del alma. Esta es la verdadera sabiduría: «Saber vivir, saber morir».

 

Oct 011979
 

Ramón Núñez Martín.

Se dice que sucedió este hecho en la última mitad del siglo XVI. En la zona de Plasencia, y en un pueblo del valle del Jerte: Tornavacas.

Sería construido el templo parroquial y querían tener una imagen de Cristo a quien venerar como Patrono. Se le ocurrió al regidor describirá franciscano fray Gaspar, hijo del pueblo, que residía un convento de Andalucía, para que le buscase un buen imaginero, que tallase la imagen. Al cabo de algún tiempo, aparecieron dos caballeros desconocidos, que se ofrecieron generosamente a hacerles la imagen tan deseada. Pero pusieron la condición de encerrarse solos en la Iglesia por dos meses. Se lo concedieron.

Al cumplirse el tiempo, el 14 de septiembre, fiesta de la exaltación de la Santa Cruz, al romper el día, comenzose a oír una música suavísima, nunca oída y a continuación una loa cantada dedicada a Jesucristo.

El pueblo entero se levantó sobresaltado y se encaminó a la Iglesia. Las puertas estaban abiertas y al entrar quedaron atónitos al ver los árboles frondosos, de hoja perenne, en la parte central. Y más arriba en el presbiterio, el lugar destacado contemplaron la imagen de Cristo su Patrono. Una verdadera obra de arte. Se pusieron a buscar a los dos imagineros para darles las gracias y felicitarles pero habían desaparecido. Fue entonces, al ver los ángeles tallados también junto a la imagen, cuando formularon la siguiente conclusión: «eso está claro; los imagineros no son hombres, son ángeles enviados por Dios para tarllar la imagen de nuestro Patrono».

Pero no era verdad lo que ellos se imaginaron. Junto a la imagen encontraron después un mensaje en el que los imagineros manifestaban quiénes eran: unos famosos bandidos de Sierra Morena, pero ahora transformados en los humildes conversos. Querían dejar como manifestación vida de su agradecimiento a Cristo, por la misericordia que había tenido con ellos, esta imagen del Cristo del Perdón. Les decían también que se encaminaban a Valladolid para presentarse a la justicia de Castilla, aceptando la pena de muerte que creían tener bien merecida.

Una representación del pueblo marchó inmediatamente a pedir el indulto para los dos imagineros al Rey Felipe II, obteniendo de su majestad esta gracia.

Ellos sin embargo, después de agradecer el perdón, pidieron el ingreso en la Cartuja de Miraflores en donde, después de muchos años, murieron santamente.

Y esto es el motivo de que se comenzara a celebrar la fiesta del Patrono el día 14:15 de septiembre, cada año y que se introdujese el Canto del Ramo reuniéndose todo el pueblo en torno a la imagen de su Cristo para celebrar la fiesta de la unidad.