Oct 011978
 

Adelaido Cárcel Ramos

Examinando el reciente Diccionario de Historia Eclesiástica de España y las Memorias Históricas del Obispado de Cuenca, encontramos datos biográficos de gran interés acerca de varios ilustres sacerdotes y obispos de origen extremeño que ejercieron su ministerio en la diócesis de Cuenca, y, a la vez, distinguidas figuras del clero conquense que llegaron a vivir en Extremadura, bien como obispos de algunas de sus diócesis, como canónigos o beneficiados de sus catedrales, o bien como superiores de sus seminarios.

OBISPOS

D. FRANCISCO DE MENDOZA Y BOBADILLA. OBISPO DE CORIA[1]

Nació en Cuenca, el año 1508. Era hijo de D. Diego Hurtado de Mendoza, primer Marqués de Cañete y de Dña. Isabel de Cabrera y Bobadilla, hija de los primeros Marqueses de Moya. Estudió Letras de Alcalá de Henares y Derecho en Salamanca. Nombrado obispo de Coria en 1536, fue creado cardenal en 1544 y promovido al arzobispado de Burgos en 1550. También fue gobernador de Siena, en Italia, nombrado por el Emperador Carlos V, residiendo algún tiempo en Roma como cardenal de curia, donde gestionaba asuntos de su Emperador. De regreso a España en 1557, fue colaborador de Felipe II en asuntos diplomáticos. Erasmo buscó su amistad y tuvo mucha relación con Luis Vives, quien le dedicó su obra «De ration mundi». Reunió una riquísima colección de códices, que más tarde pasaron a la Biblioteca Nacional. Conoció en 1527 a S. Ignacio cuando éste fue encarcelado en Salamanca, con el que hizo gran amistad, promoviendo en Burgos una fundación de la naciente compañía de Jesús. No asistió al concilio de Trento, pues, cuando estaba en camino, fue elevado al cardenalato y por orden del Emperador era llamado a permanecer en la corte pontificia. Para la tercera sesión del concilio envió a su obispo auxiliar D. Alonso Merchante de Valeria. Realizó en Burgos una gran obra de reforma conforme al espíritu del concilio, empezando por el cabildo, con el que pleiteó hasta lograr hacer la visita canónica en la catedral el año 1566. Fundó y organizó el primer seminario tridentino, con sede en Burgos; fomentó por todos los medios la cultura y la austeridad del clero, demostrando en todos sus actos un espíritu realista y dinámico así como un gran entusiasmo por los ideales tridentinos. Nombrado arzobispo de Valencia en 1566, falleció en Arcos de la Llana (Burgos), cuando se disponía a tomar posesión. Dejó dispuesto que su cuerpo fuese trasladado a la capilla del Espíritu Santo de la catedral de Cuenca, que era el lugar de entierro de los Marqueses de Cañete. Fue uno de los varones más señalados de su tiempo, por sus grandes prendas, según reconocen los historiadores españoles y extranjeros.

D. MIGUEL MUÑOZ GUIJARRO. DOCTORAL DE CORIA. OBISPO DE TUY Y DE CUENCA[2]

Nació en Poyatos, pequeño pueblo situado en la serranía de Cuenca. Era hijo de dos humildes labradores: Alonso Sánchez Muñoz y Catalina Guijarro. Estudió Humanidades en el colegio de Monteolivete que había fundado en Salamanca el canónigo de la catedral de Cuenca D. Gonzalo Cañamares, y de allí pasó al colegio mayor de san Bartolomé en dicha ciudad, por cuya universidad se doctoró en ambos derechos. En 1521 fue nombrado oidor y juez metropolitano de Granada, y más tarde obtuvo la canongía Doctoral de Coria, siendo nombrado también capellán mayor de la capilla real de Granada y miembro del consejo supremo de la Inquisición. En 1541 Carlos V lo propuso para obispo de Tuy y en 1547 era trasladado a la seda episcopal de Cuenca. Estando en Granada conoció y confirmó a san Juan de Dios, al que por no tener apellidos le puso de Dios. Nombrado últimamente presidente de la Chancillería de Valladolid, murió en esta ciudad el año 1553, siendo enterrado primero en el convento de Santa Clara de la misma y más tarde trasladado a la capilla mayor de la catedral de Cuenca. Fundó y dotó en dicha catedral varias capellanías para sacerdotes de su linaje, reedificó la iglesia de Poyatos, su pueblo natal, y estableció un pósito de 1.000 fanegas de trigo para recursos de sus paisanos. El historiador de la diócesis de Cuenca, Muñoz y Soliva lo califica de «pius et rectus».

FRAY JOSÉ VALLE DE LA CERDA Y ALVARADO, OBISPO DE BADAJOZ[3]

Nació el año 1600, según unos autores en Cuenca y según otros en Madrid, donde residía su padre, Luis Valle de la Cerda, secretario de la Cifra de su majestad y colaborador del duque de Lerma. Sintiendo vocación religiosa empezó a estudiar en la universidad de Alcalá de Henares y el año 1618 tomó el hábito de benedictino en el convento de San Martín de Madrid. Más tarde fue enviado a la universidad de Salamanca, donde regentó las cátedras de Santo Tomas, Durando y Prima. En 1633 era abad del convento de San Vicente, que su orden tenía en Salamanca y muy joven, sin duda por su parentesco con algunos hombres clave de la política, fue presentado por Felipe IV para el obispado de Almería en 1635, si bien no tomó posesión hasta 1638. Estando en la capital de su diócesis entró en aquel puerto, derrotada, la flota del duque de Nájera, a la que socorrió generosamente ayudando a sus marinos. En 1641 era trasladado al obispado de Badajoz, pero su labor fue breve para poder reparar los males que la guerra había causado en tan extensa diócesis, pues falleció estando haciendo la visita pastoral en Zafra el día 22 de octubre de 1644. Gozó de fama como hombre intelectual y publicó algunas obras como «De Maria et Verbo Incarnato», Almería 1640; «In sacram ludith Historiam», 2 vols. Almería 1641.

D. FRANCISCO VALERO LOSA, OBISPO DE BADAJOZ Y ARZOBISPO DE TOLEDO[4]

Nació el año 1664 en Villanueva de la Jara, Cuenca. Era hijo de D. Felipe Valero Zapata y de Dña. Maria del Cañizo Losa, vecinos de esta histórica villa. Fue colegial de San Clemente en la universidad de Alcalá de Henares y una vez ordenado de presbítero en Cuenca, fue nombrado cura de la parroquia de La Jara y sus anejos, así como examinador general del obispado de Cuenca. Prestó un notable servicio a la causa de Felipe V en la guerra de Sucesión, lo que le valió el ascenso inmediato en la carrera eclesiástica, pues en 1706 hostilizó Villanueva de la Jara a los austriacos, allí acampados, por haber cometido saqueos y desmanes, aclamando como libertador al ejército borbónico de Felipe V, cuya tropa y caballería fueron suficientemente abastecidos gracias a la diligencia del párroco de La Jara. Como premio a sus sentimientos dinásticos fue promovido a la sede episcopal de Badajoz el 1707 y en 1715 era elevado al arzobispado de Toledo. Murió el 23 de abril de 1720 a los 56 años. Le dio gran renombre una famosa pastoral sobre la ignorancia religiosa, que fue muy difundida y leída en todo el siglo XVIII, haciéndose de ella varias ediciones, con este trabajo se revela el arzobispo Valero como un hombre lleno de inquietudes pastorales, siendo muy atinadas sus observaciones sobre la predicación, que él practicaba interviniendo en todas las fiestas celebradas en la catedral. Sucedió en la sede primada de Toledo al famoso cardenal Portocarrero, que gobernó el país durante los primeros años del reinado de Felipe V, después de estar la sede bacante seis años, y es el ultimo arzobispo de Toledo que no tuvo dignidad cardenalicia. Su vida fue escrita por Fr. Antonio de los Reyes, carmelita descalzo, procurador general de la Curia Romana, y fue impresa en Pamplona el año 1792.

D. SEBASTIAN FLORES-PAVÓN. OBISPO DE CUENCA[5]

Nació el año 1703 en la villa de las Casas de Don Antonio, provincia de Extremadura, partido de Montánchez, y priorato de San Marcos de León, de la orden de Santiago. Estudió y se graduó en Leyes por la universidad de Salamanca, de cuya catedral fue racionero, provisor y vicario general después de haber desempeñado estos cargos en Zaragoza. Nombrado inquisidor en Valladolid, obtuvo una canongía en la catedral de Salamanca, cargo que desempeñó hasta 1771, en que Carlos III lo propuso para obispo de Cuenca, siendo aceptado por el Papa Clemente XIV y consagrado en Valladolid por su obispo D. Manuel Rubín de Celis, asistido por los obispos de Zamora y Ávila. Tomó posesión el día 5 de septiembre de dicho año por su apoderado D. Antonio Palafox Croy de Abre, arcediano de Cuenca, quien años más tarde le sucedería en el gobierno de aquella diócesis de san Julián. Era muy justo y caritativo, llegando a ser tan escrupuloso en la visita pastoral que viendo la esplendidez con que lo trataban los párrocos, ante el temor de que contrajesen deudas por obsequiarle, dejaba una moneda de oro al levantarse de la mesa, y si el párroco se la devolvía, le rogaba que la distribuyese entre los pobres mas necesitados. Construyó a sus expensas la mayor parte de la casa de Recogidas, extramuros de la ciudad, cerca del Jucar y frente al hospital de la orden de Santiago, que en estos últimos años ha sido derribada y levantada de nuevo con otros horizontes, la que en principio sirvió para albergar mujeres extraviadas hasta el año 1843, en que ante el peligro de estar éstas cerca de las jóvenes huérfanas allí acogidas, cesó en aquel cometido, quedando convertida en casa de Beneficencia. Su pontificado fue breve, lo que le impidió llevar a cabo otros grandes proyectos, pues falleció el día 25 de julio de 1777,a los 74 años, y está sepultado en la iglesia catedral, entre los dos coros al lado de la epístola. El historiador Muñoz y Soliva lo califica con estas palabras «bonorum morum pervigil custos».

D. JUAN MARIA VALERO NACARINO. OBISPO DE TUY Y CUENCA[6]

Nació en Plasencia el año 1830. Estudió Latín en Trujillo, Filosofía en Plasencia, pasando al seminario central de Toledo, donde se doctoró en geología y se licenció en Derecho Canónico. Fue profesor del seminario de Plasencia y en 1862 se presentó como opositor a la Lectoral de Cuenca, vacante por haber obtenido la de Toledo D. Bonifacio Martín Lázaro. Con él opositaron D. Juan de Dios Becerril, cura de Belmonte y sobrino del deán de Cuenca, así como D. José Ramón Albert, párroco de Paterna, en Valencia. Desde el primer momento llamó la atención en Cuenca la figura sencilla y humilde de aquel joven extremeño que tan brillantemente actuaba en los diversos ejercicios realizados; presidía el tribunal el nuevo obispo de Cuenca, más tarde cardenal arzobispo de Santiago y de Toledo y anteriormente Lectoral de la metropolitana de Valencia, D. Miguel Paya y Rico, a quien podía apreciar con gran conocimiento de causa la solidez de la doctrina sobre las Sagradas Escrituras expuesta por el doctor Valero, que resulto elegido.

Las esperanzas puestas en el nuevo Lectoral no quedaron defraudadas, pues pronto empezó a dar pruebas de su ciencia y virtud, por lo que el citado prelado le nombró el año 1865 rector del seminario conciliar de san Julián, del que ya era profesor, donde siguió trabajando a satisfacción del mismo y de los sacerdotes de la diócesis. Al frente de este centro docente se encontraba cuando llegó la revolución de septiembre de 1868, que tanto afectó a la vida de la iglesia española y en especial a la de los seminarios, que atravesaron una terrible crisis hasta la restauración de la monarquía en 1876, año en que cesó en ambos cargos por haber sido nombrado obispo de Tuy. En este nombramiento había influido especialmente los inmejorables informes mandados a la Nunciatura por el doctor Payá, que en 1874 había sido nombrado arzobispo de Santiago, como premio a su destacada intervención en el concilio Vaticano I, quien quiso tenerlo como sufragáneo en la vecina diócesis de Tuy. Su estancia allí fue de seis años, porque habiendo vacado otra vez Cuenca, quiso volver a la misma tomando posesión en 1882, la que rigió hasta su muerte en 16 de noviembre de 1890. Durante este tiempo recorrió toda la diócesis (la tercera de España en extensión, con 21.000 Km.), siendo su última visita pastoral la dedicada al arciprestazgo de Requena, distante 150 Km., donde estuvo varios días dedicado no sólo a las tres parroquias de esta ciudad sino a las restantes del arciprestazgo, recorriendo sus numerosas aldeas, en las que pensó crear parroquias, lo que no pudo llevar a cabo por su próxima muerte, y cuya creación tuvo lugar con el arreglo parroquial efectuado en 1896 por su sucesor D. Pelayo González Conde. La ciudad de Cuenca lloró a su caritativo obispo Valero, dedicándole la calle que va desde la plaza Mayor al palacio episcopal. Sus más inmediatos colaboradores fueron los conquenses D. Pascual Carrascosa y Gabaldón, como secretario, después obispo de Orense, y D. Ramón Plaza Blanco, como fiscal, después obispo de Orihuela.

D. RAMÓN TORRIJOS GOMEZ, OBISPO DE TENERIFE Y BADAJOZ[7]

Nació en Cardenete (Cuenca) el 1 de septiembre da 1841. Estudió en el seminario diocesano donde fue ordenado de presbítero en 1865. Se doctoró en Teología y Derecho Canónico por el seminario central de Valencia, y muy joven obtuvo en concurso a curatos vacantes la parroquia de su pueblo natal.

En 1869 fue nombrado beneficiado de la catedral, así como profesor y director espiritual del seminario, en 1876 obtiene entre cuatro opositores la canongía Lectoral que había dejado vacante el doctor Valero Nacarino al ser nombrado obispo de Tuy, a quien sucede también como rector de aquel seminario.

Al venir en 1882, como obispo de Cuenca D. Juan Mª Valero, le nombra también su provisor y vicario general, cargos que desempeña hasta 1887 en que fue nombrado obispo de Tenerife, de donde pasó a regir la diócesis de Badajoz el 21 de mayo de 1894 y donde fallece el día 25 de noviembre de 1903.

En el salón de la rectoral del seminario de Cuenca se conservaban hasta 1936 los retratos del fundador Florez Osorio, y de sus rectores los obispos Valero y Torrijos, el primero aparece delgado con cara de asceta y el segundo fuerte y robusto acusando gran vitalidad. El doctor Torrijos se llevó como colaboradores al profesor del seminario de Cuenca D. Saturio Millano, que obtuvo la Magistral de Tenerife y más tarde las de Ávila y Salamanca, donde murió en 1901. Su familiar más allegado fue el virtuoso sacerdote conquense D. Mariano Zabala Martínez, antiguo infantillo de Coro, natural de Cuenca, al que nombró en 1896 beneficiado de la catedral de Badajoz, quien más tarde fue canónigo de Toledo. Otro familiar fue también el sacerdote conquense D. Santiago Elvira Espallardo, quien años después de la muerte del doctor Torrijos fue canónigo de las catedrales de Segorbe y Córdoba.

D. FÉLIX SOTO Y MANZERA. OBISPO DE BADAJOZ[8]

Nació en Zafra (Badajoz) el 25 de febrero de 1849. Estudió la carrera eclesiástica en el seminario conciliar de San Julián de Cuenca con la ayuda de uno tío, sacerdote en esta diócesis, donde fue ordenado de presbítero el año 1875. Fue durante algún tiempo profesor del citado seminario y más tarde se doctoró en Derecho Canónico, pasando a Gibraltar como profesor de un colegio católico de dicha ciudad. En 1879 fue nombrado fiscal eclesiástico del obispado de Cádiz, donde más tarde obtuvo la prebenda de canónigo Doctoral. Considerado como hombre de gran virtud y excelente canonista, fue nombrado auditor del Tribunal de la Rota en Madrid cuando su contemporáneo en el seminario de Cuenca, doctor Torrijos era trasladado a la sede episcopal de Badajoz.

Al morir éste en 1903 le sucedió el dominico P. Hevia Campomanes, quien falleció al poco tiempo y en 14 de noviembre de 1904 era nombrado obispo de Badajoz el doctor Soto y Manzera, quien también tuvo un pontificado corto, ya que falleció el 31 de enero de 1910.

Tenía un hermano llamado Francisco, quien estudió también en el seminario de Cuenca y después de haber sido alumno del citado colegio católico de Gibraltar, quien murió el año 1919 siendo canónigo de la catedral de Palencia.

SACERDOTES

D. TOMAS LUJAN MURCIANO

Nació en Enguídanos (Cuenca) y siendo párroco de San Juan, en la villa de Moya, fue nombrado en 1856 canónigo de la catedral de Ciudad Rodrigo, de donde pasó años más tarde a la de Badajoz. A su muerte en 1902 fundó varias becas en el seminario de Cuenca para hijos de Enguídanos, La Pesquera y de todo el arciprestazgo de Motilla del Palancar.

D. MARCOS FELIPE TORRES MARTINEZ

Párroco de Villaconejos del Trabaque, en Cuenca, fue nombrado en 1877 canónigo de la catedral de Coria.

D. FRANCISCO ROMERO.

Canónigo de Coria, fue nombrado en 1867 canónigo de la catedral de Cuenca, pasando en 1875 a canónigo de la metropolitana de Tarragona.

D. FELIPE RUBIO PIQUERAS[9]

Nació en Valera de Abajo (Cuenca) en 1882. Estudió en el seminario diocesano, donde fue ordenado de presbítero en 1906, obteniendo muy joven el beneficio de organista en la catedral de Badajoz. Hombre de estudio y talento cursó la carrera de Filosofía y Letras y en 1910 opositó a canónigo de la catedral de Cuenca teniendo una brillante actuación; más tarde obtuvo la plaza de maestro de capilla en la catedral primada de Toledo, donde murió asesinado en 27 de julio de 1936 en el Paseo del Tránsito, estando considerado como un gran compositor de música.

D. MILLÁN GARDE SERRANO[10]

Nació en Vara de Rey (Cuenca) en 1873. Estudió en su seminario donde fue presbítero en 1901 y al año siguiente ingresaba en la Hermandad de Operarios Diocesanos. Fue prefecto de colegiales en Toledo y Badajoz, durante siete años profesor en los seminarios de Méjico, pasando después en España a los de Valladolid, Salamanca y Plasencia, donde estuvo nueve años como director del colegio de San José y director espiritual del seminario, así como en el de León. La guerra de 1936 le sorprendió en Vara de Rey, donde pasó escondido hasta abril de 1938, en que fue detenido y llevado a la cárcel de Cuenca, donde fue maltratado, falleciendo el día 7 de julio de dicho año a consecuencia de los tormentos sufridos.

D. JUAN JOSÉ BAUTISTA MARTÍNEZ[11]

Nació en San Clemente (Cuenca) en 1684. Fue alumno de su seminario donde se ordenó de presbítero el año 1907. Destacó como poeta conocido con el seudónimo de «el solitario de Rus». Pronto ingresó en los Operarios Diocesanos y estuvo algunos años como superior en el seminario de Plasencia; habiéndose reintegrado más tarde a la diócesis de Cuenca, fue coadjutor de La Alberca, San Clemente y La Roda hasta 1922 en que fue nombrado profesor de Literatura y Perfección de Latín, así como director espiritual del seminario de la diócesis. Más tarde fue capellán de la cárcel y canónigo de la catedral de Cuenca, donde murió en 1952.

D. MANUEL NAVARRO MARTÍNEZ[12]

Nació en Puebla de Almenara (Cuenca) el año 1903. Estudio en el seminario conciliar de San Julián, destacando por sus conocimientos musicales, de cuya materia fue profesor auxiliar y organista en dicho centro. En 1925, antes de terminar la carrera, obtuvo la plaza de organista en la catedral de Tuy, donde fue ordenado de presbítero al año siguiente. Además de sus actividades musicales desempeñó otras de tipo cultural como preceptor de los hijos de la familia del marqués de Magaz. En 1930 fue nombrado canónigo de la catedral de Plasencia, sorprendiéndole el 18 de julio de 1936 en el balneario de Solares (Santander) donde fue asesinado.

D. AVELINO ZALDIVAR REQUENA.

Nació en Vara de Rey (Cuenca) en 1912. Fue alumno del seminario de Cuenca ingresando muy joven en los Operarios Diocesanos, donde ha desempeñado diversos cargos, entre los que destaca el de rector del seminario de Plasencia durante varios años.


NOTAS:

[1] N. LÓPEZ MARTÍNEZ, Diccionario de Historia Eclesiástica de España, t. III, pp. 1469 y A. GONZÁLEZ PALENCIA, Memorias Históricas de Cuenca. Biblioteca Conquense, t. VI, pp. 142.

[2] A. GONZÁLEZ PALENCIA, Ibid. pp. 238. t.V.

[3] P. GUERIN, Diccionario de Historia Eclesiástica de España, t. IV, pp. 2711 y A. GONZALEZ PALENCIA, Ibid. pp. 173.

[4] R. GONZALVEZ, Diccionario… t. IV, pp. 2705 y A. GONZALEZ PALENCIA, Ibid. pp. 158:

[5] Al GONZÁLEZ PALENCIA, Ibid. pp. 259 t.V. y MUÑOZ Y SOLIVA, Noticias de los obispos de Cuenca. pp.(Cuenca 1860) pp. 397.

[6] Boletín Oficial del Obispado de Cuenca, de diciembre de 1889.

[7] Anuario Pontificio, de 1902, pp. 227.

[8] Anuario Eclesiástico «Subirana». de 1918, pp. 302.

[9] J.F. RIBERA RECIO, La persecución religiosa en la diócesis de Toledo (Toledo 1945) pp. 223.

[10]) S. CIRAC ESTOPIÑAN, Martirologio de Cuenca, vol. II (Barcelona 1947) pp. 923-925 y A. TORRES SÁNCHEZ, Martirologio de la Hermandad de Sacerdotes Operarios (Salamanca 1946) pp. 241-279.

[11] Anuario Eclesiástico «Subirana». de 1931,pp, 159.

[12] Anuario Eclesiástico «Subirana», de 1931, pp. 287.