Oct 012006
 

Pedro José Masa Redondo.

La guerra civil que comenzó el 1936 supuso un total cambio de costumbres en la vida española, pero no sólo eso, sino que con posterioridad la mayoría de las personas que se mantuvieron afines al bando republicano sufrieron algún tipo de represalia, ya fuera física, social, económica o política. Por ello, en este artículo trataremos uno de los principales ámbitos represivos que comenzaron en julio de 1936: la reclusión carcelaria, cuestión que atañe tanto a las cárceles como a los campos de concentración.

Poco después de empezar la contienda militar, muchos vecinos fueron detenidos por oponerse a la insurrección militar, sobre todo aquellas personas que tuvieron ideas cercanas a la República y que no pudieron huir del pueblo en los primeros días. La mayoría de ellos fueron detenidos por la Guardia Civil y arrestados en la Cárcel Municipal, la cual estaba sita cerca del Ayuntamiento y se encontraba en situación lamentable.

Cuando el capitán de la Guardia Civil Manuel Gómez Cantos llega a Miajadas desde La Serena a finales de julio de 1936, vienen con él un amplio grupo de detenidos, los cuales debían ser tratados como explicó en el siguiente telegrama al Gobernador Civil de Cáceres:

“Detenidos de Villanueva perjudicial demora sumario, son culpables directos de los crímenes que se están cometiendo por existir contacto. Deben ser sentenciados con toda urgencia evitando cometan más barbaridades. Todos peligrosísimos conforme declaré a su debido tiempo”.[1]

La mayoría de estos detenidos fueron traspasados a la Cárcel Provincial de Cáceres, y allí fueron juzgados y sentenciados, llegando algunos de ellos a perder la vida fusilados.

Debido al amplio número de presos que había en el centro de reclusión municipal, a principios de agosto de 1936 se tuvieron que poner a disposición de los insurrectos algunos lugares y casas particulares para que se descargara de presidiarios la prisión municipal, lugares algunos que fueron incautados por la fuerza y otros cedidos por sus dueños[2]. A los vecinos que fueron obligados a ceder sus terrenos se les pagaba una cantidad casi irrisoria, pero para dar validez a esta iniciativa el alcalde de turno y la comisión gestora ponía como fundamento “la necesaria defensa de la patria”.

Los presos sólo estaban en Miajadas unos pocos días, pues poco después eran traspasados a otros centros penitenciarios de mayor amplitud e importancia, sobre todo, la Prisión Provincial de Cáceres o la cárcel del Partido Judicial, en este caso la de Trujillo, situada en la plaza de toros de esa ciudad en el año 1936 y que algunos reclusos consideraron uno de los primeros campos de concentración de Extremadura.[3]

La situación de la cárcel municipal miajadeña era de una indigencia total, pues no sólo existía el problema del hacinamiento, sino que la falta de higiene y la escasez de alimentos fueron los otros dos grandes inconvenientes que el gobierno municipal hubo de solucionar de la mejor forma posible.

Esta situación de hacinamiento y escasez de comidas produjo que algunos presos se quitaran la vida, ya que no podían soportar la presión de estar encerrados en esas circunstancias tan angustiosas. Este fue el caso de Agustín de Arcos Soto, quien se suicidó al ahorcarse con unas sogas el 17 de agosto de 1936, pero el caso más flagrante fue la del niño de tres meses Agustín González Santos, que murió por septicemia producida por la falta de higiene el 30 de mayo de 1937 cuando estaba en las manos de su madre en la cárcel de mujeres.[4]

El hacinamiento también intentó remediarse, en un principio, buscando para la cárcel un establecimiento más amplio, aunque la verdadera solución fue el traspaso de presos a otros lugares de la provincia. Para corregir el problema del hacinamiento de presos, consiguiente a todos los centros penitenciarios de Extremadura, el Gobierno Militar de Cáceres envió al Gobernador Civil, que era el guardia civil Fernando Vázquez Ramos, una consulta urgente el 17 de agosto de 1936 donde se advertía lo siguiente:

“El Sr. Comandante Juez Eventual de esta Plaza, en escrito de fecha 16 del mes actual, me dice lo siguiente:

“Habiendo en diferentes Cárceles de Partidos de esta Provincia detenidos a disposición de este Juzgado, sin que se haya interesado su traslado por el crecido número que existe en esta Capital, y teniendo necesidad de tomar declaración a los que se encuentran fuera de esta Prisión, y con el fin de poder llevarse a efecto una combinación de traslados de los que estén a disposición de este Juzgado en esta Plaza que hayan depuesto ya en el sumario a que estén sujetos, ruego a V. S. se digne comunicar con la mayor urgencia qué cárceles de los Partidos de esta Provincia reúnen mejores condiciones, lo mismo de seguridad que de cabida para ordenar el traslado desde esta Plaza a un par de ellas que puedan ser las más próximas y a su vez ordenar el traslado desde otros puntos a otra prisión.”

Lo traslado a V. E. a fin de que se digne informarme sobre los extremos que se interesan en el escrito precedente, a la mayor urgencia”[5]

A esta petición el Gobernador Civil contestó dos días después que las prisiones dependientes del Estado que había en la provincia de Cáceres eran, además de la Provincial de Cáceres, las cárceles de Trujillo, Coria, Hervás, Hoyos, Navalmoral de la Mata y Valencia de Alcántara, pero que sólo se podría trasladar algunos de los 150 presos que el Gobernador Militar quería cambiar de lugar de reclusión, debería ser la Prisión de Trujillo la que recogiera el mayor número de presos[6]. Por esto, muchos de los presos que eran detenidos en Miajadas, después de que la Guardia Civil les tomara declaración eran trasladados a Trujillo o, en un menor número de casos, a Cáceres.

Como se ha comentado, durante los tres años de lucha se dieron bastantes traslados de reclusos de Miajadas a la Prisión Provincial de Cáceres o a la del Partido de Trujillo. Estos viajes con detenidos eran realizados por empresas locales de transportes, quienes llevaban en camiones a los penados e iban acompañados por algunos guardias civiles que hacían la custodia, aunque en algunos casos fueran los falangistas quienes realizaban esa labor de vigilancia, como sucedió entre 1936 y 1939, ya que los soldados debían dedicarse a la actividad militar. El coste por viaje variaba entre las 15 y las 30 pesetas, según el lugar de destino y el número de reclusos transportados, pues la mayoría de los viajes se realizaban a Cáceres y a Trujillo con un número variable de detenidos, variando según la fecha y el lugar.[7]

Cuadro 1: CENTROS DE RECLUSIÓN Y NÚMERO DE DETENIDOS MIAJADEÑOS AL ACABAR LA CONTIENDA MILITAR

LUGAR NÚMERO DE DETENIDOS
Prisión Provincial de Cáceres 20
Batallón Disciplinario de S. T. P., Nº 95 de Arcos de Jalón 1
Depósito Municipal de Miajadas 7
Prisión Central de Yeserías en Madrid 2
Cárcel de Cáceres 4
Batallón Disciplinario de Soldados Trabajadores Nº 29 de Labacolla (Santiago de Compostela) 1
Colonias Penitenciarias Militarizadas, Primera Agrupación en Dos Hermanas (Sevilla) 1
Colonia Penitenciaria de La Isla de San Simón 1
Batallón Disciplinario nº 93 de Peñaranda de Bracamonte 1
Prisión Central de Burgos 1
Prisión Provincial de Badajoz 2
Campamento Penitenciario de Belchite (Zaragoza) 3
Prisión de Celanova (Orense) 1
Sección de Prisiones de la Quinta Agrupación de Toledo 2
Colonias Penitenciarias de Montijo 2
Prisión Provincial de Oviedo 1
Prisión Central de Santa Isabel de Santiago de Compostela 1
Otros lugares 13
No recluidos, pero condenados por Juzgados Militares 4
TOTAL 68

Fuente: AMM, Correspondencia, Años 1940 – 1945 y AHPCC, GCC, OP, Caja 668.

Poco antes de darse por acabada la guerra civil, el gobierno de Franco promulgó el principal fundamento legal con intención represiva, que será aplicada durante toda la posguerra. Esta legislación básica fue la Ley de Responsabilidades Políticas del 9 de febrero de 1939; que retrotraía la responsabilidad por actuaciones políticas consideradas contrarias al llamado “Movimiento Nacional” hasta el 1 de octubre de 1934, casando la fecha con la etapa de las grandes huelgas por todo el país y el comienzo del decaimiento del gobierno radicalcedista, a lo que se sumaba las actuaciones personales durante la campaña electoral de 1936 y etapa de gobierno frente populista. Además, en la ley se catalogaban estas actuaciones como crímenes que deberían ser juzgados a partir del Código Penal ordinario, pudiéndose imponer penas de hasta 30 años de reclusión mayor, la pérdida total de los bienes o la propia pérdida de la vida como las más duras o de simple extrañamiento como la más liviana, alternándose entre medias múltiples penas con variadas posibilidades de aplicación[8].

Al finalizar la guerra, muchos ciudadanos miajadeños fueron recluidos en distintas cárceles de todo el país, si no fueron retenidos en campos de concentración, según el lugar donde estuvieran en ese momento o donde hubieran sido detenidos y juzgados. Todos ellos fueron acusados de ser contrarios al nuevo régimen franquista; pero, en algunos casos, únicamente serán encausados judicialmente por delitos comunes, aunque casi todos acabaron en campos de trabajo o en cárceles provinciales.

Los dos centros penitenciarios que recibieron mayor número de presos de vecindad miajadeña fueron la Prisión Provincial de Cáceres y la Prisión del Partido de Trujillo, por la razón de ser las instituciones más cercanas y de las que se dependía legalmente el municipio miajadeño. Además, influyó de forma muy potente que la mayoría de los penados que sufrieron consejo de guerra tuvieran como lugar de realización de éste Trujillo o Cáceres, siendo el ejemplo más claro los casos deManuel Toral García, que fue condenado a pena de muerte por apoyar al ejército republicano y juzgado en Cáceres, o el de María Ceballos González, que fue condenada a 12 años de prisión y en 1942 se le conmutó la pena por libertad condicional sin destierro, realizándose su consejo en Trujillo[9].

En los consejos de guerra, los delitos más utilizado en las distintas acusaciones a las personas que habían defendido ideas de orientación republicana o que habían participado en el propio ejército afín al gobierno de la República fueron los de “Auxilio a la Rebelión”, que se utilizó en los casos de Pedro Nieto NietoLuis Suero Rubio y Antonio Chamizo Sánchez, y el delito de “Adhesión a la Rebelión”, utilizado en este caso para condenar a Antonio Alejo MayoralDiego González de la Rubia MorenoJosé Gómez Mera Leocadio Primitivo Hortet Sánchez. La diferencia entre ambas consideraciones es mínima, pero las sentencias entre todos ellos varían en la amplitud de cinco y diez años entre las penas más duras y las más leves. Todos ellos fueron juzgados en distintos lugares de la geografía española, pues unos cuantos, como el palpable caso de Leocadio Hortet, serán juzgados en Compostela y otras capitales españolas; mientras que la mayoría, como Pedro Nieto, Luis Suero, Manuel Toral o Francisco García fueron juzgados dentro de Extremadura, exactamente en Cáceres y Trujillo[10].

La mayoría de las condenas no superaban los 20 años, por lo que entre 1942 y 1945 empezó a producirse la excarcelación de algunos detenidos, que vuelven a Miajadas con sus familias al acogerse a los beneficios que se derivaron de la redención de penas por el trabajo. Según la aplicación de las disposiciones legales que fueron surgiendo entre 1942 y 1946 si se trabajaba una día, éste se descontaba como dos en el total de la pena, dando la posibilidad de que algunas personas penadas con diez o doce años, pudieran salir a los tres o cuatro. En este caso se encontraron unos 35 presos que retornan a su pueblo natal, si no habían sido obligados al destierro en el momento de concederles la libertad condicional o atenuada. Un ejemplo de este ostracismo fueron Francisco García Cañamero oDiego González de la Rubia Moreno, que no pudieron volver a sus propias casas, porque ambos fueron puestos en libertad condicional con destierro.

Las sentencias más duras fueron aquellas que tenían penas de reclusión superiores a 20 años o condenas a pena de muerte. De este tipo de penas, entre los vecinos miajadeños sólo se produjeron las tres siguientes:

  • Pena de muerte para Manuel Toral García por Auxilio a la Rebelión, cuya ejecución será llevada a cabo en 1939[11].
  • Pena de muerte para José Gómez Mera, que fue conmutada por una accesoria de 30 años y ésta, por una de 20 años, y posteriormente será puesto en libertad condicional en 1943.
  • Por último, 40 años de reclusión mayor para Leocadio Primitivo Hortet Sánchez, que en 1945 fueron conmutados por libertad condicional, aunque la tramitación de la puesta en libertad comenzase en 1943.

Como se observa en el cuadro siguiente, sólo una de las condenas a pena de muerte fue ejecutada: Manuel Toral García, quien murió fusilado en 1939, al poco de acabar la guerra, en la ciudad de Cáceres. El resto fueron conmutadas por 30 años de cárcel y, poco a poco, acogiéndose a los beneficios penitenciarios serán rebajadas a 20 años y con posterioridad serán puestos en libertad condicional o en libertad atenuada.

Cuadro 2: PENAS CONOCIDAS

NOMBRE PENA
Alfonso Bravo Zote 12 años más uno
Antonio Alejo Mayoral 30 años, conmutada por 6 años y un día
Antonio Chamizo Mayoral 20 años
Daniel Mayoral Calvo Licenciado del ejército con deshonor por ser sospechoso a la Causa Nacional
Diego González de la Rubia 6 años y un día
Gaspar Gómez Pita 12 años más uno
José Gómez Mera Pena de muerte, conmutada por 30 años de reclusión mayor, y ésta conmutada por 20 años
Juan Sanguino Domínguez 6 años
Leocadio Primitivo Hortet 30 años, conmutada por 20 años
Luís Suero Rubio 15 años
Manuel Toral García Pena de muerte, ejecutada en 1939.
María Ceballos García 12 años
Pedro Nieto Nieto 20 años de reclusión menor
Domingo Rodríguez Asensio 30 años
Francisco García Cañamero 30 años, conmutados por 20 años.

Fuente: AMM, Correspondencia, Años 1940 – 1945 y AHPCC, GCC, OP, Caja 668.

Debido a las anteriormente comentadas excarcelaciones, a mediados de los años cuarenta volvieron un amplio número de presos desplegados por toda España, al acogerse a los beneficios por buena conducta otorgados por el Ministerio de Justicia y el Patronato para la Redención de Penas por el Trabajo, a la vez que, también, debido al masivo hacinamiento de presos en la mayoría de los centros penitenciarios y campos de concentración españoles. Dos ejemplos claros de estas excarcelaciones por acogerse a los citados beneficios fueron Pedro Pino Arévalo Juan Guisado Miguel, que por su buena conducta se encontraron en situación de libertad condicional a partir de 1942.

Estas excarcelaciones por buena conducta o por trabajos dentro de los centros de reclusión se produjeron a partir de la Orden del Ministerio de Justicia titulada“Orden para la Redención de Penas por el Trabajo” del año 1942, exactamente con fecha 14 de diciembre[12]. En esta ley primero se regula la formación del Patronato de Redención de Penas por el Trabajo, que llevaría el nombre de “Patronato de Nuestra Señora de la Merced”, además, también se regula cómo debe concederse la libertad condicional, la asignación que tienen los reclusos por su trabajo en los talleres penitenciarios o en los centros de reclusión y los propios beneficios obtenidos por la aplicación de esta ley.

Dentro de los beneficios de la anterior ley, en el artículo 8º, se aclaraba que podrían trabajar y obtener beneficios los recluso condenados por delitos no comunes cometidos entre el 18 de julio de 1936 y el 1 de abril de 1939. Las entidades que tuviesen reclusos trabajadores tenían que abonar al Patronato el salario íntegro que les correspondiese percibir a dichos reclusos, pero el propio Patronato podía instituir un salario mínimo para los trabajadores. Dentro de esta ley, los artículos más importantes eran los encuadrados entre el 11 y el 25, que regulaban cómo era la redención de penas y los beneficios que se podían obtener. En el propio articulado se instituía que por cada de trabajo se obtenía un día de redención, una asignación familiar por cada jornal en beneficio de dos pesetas por la esposa legítima, de una pesetas por cada hijo menor de quince años; pero si la mujer no guarda fidelidad al marido preso o abandona a sus hijos, el Patronato podría designar quién se hará cargo de los hijos, percibiendo totalmente la asignación familiar. Si la reclusa era la mujer, será de aplicación lo mismo y se les dará también una asignación mayor si eran viudas y tenían hijos a su cargo o si el marido también estaba recluso y el marido no disfruta de estos beneficios. Si el recluso también trabajaba horas extras, éstas se le conmutarán por una jornada de trabajo según las disposiciones que estaban en vigencia. Los presos también podrían desempeñar otros trabajos dentro de la cárcel, que eran los “destinos” (cargos estables desempeñados por reclusos en las prisiones y que dan derecho a un día de redención por cada uno de trabajo), “trabajos auxiliares” (que no pueden conmutarse por dinero y la Junta de Disciplina del Patronato hará la propuesta de redención que procediese) y, por último, “trabajos eventuales” (trabajos que no ocupan al recluso todo el día y que, según, la Junta de Disciplina se redimirá la pena que proceda). Según esta ley, no tenían derecho a redención los penados por el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo o hubieran intentado evadirse.

Siguiendo la ley anterior, cuando se hubiera de hacer efectiva la rebaja de pena, las direcciones de las prisiones deberán hacer la propuesta de beneficios de redención al Patronato con la antelación suficiente para que pueda tener efectividad en las fechas que les correspondiera a los reclusos salir en libertad condicional. Esta actuación podía durar unos meses, aunque lo que más tardaba era la propuesta de la dirección de las prisiones. Dentro de estas consideraciones se encontraron la gran mayoría de los libertados que volvieron al pueblo durante la década de los cuarenta[13].

A partir de la promulgación de esta ley, se produjeron bastantes excarcelaciones, sobre todo, en el año 1942, cuando salen a la calle más del 50% de los miajadeños encarcelados. Muchos de ellos pudieron volver a sus casas, pero otros, como Domingo Rodríguez Asensio, Luís Gómez Cuadrado, María Ceballos González, Diego González de la Rubia Moreno o Juan Guisado Miguel no regresaron a sus antiguas viviendas hasta los años sesenta o setenta al tener una libertad condicional con destierro. Los excarcelados que vuelven al municipio fueron tratados como delincuentes, pero no unos delincuentes comunes, pues siempre que paseaban o salían por las calles se les recordaba su antigua filiación política, su estancia en las cárceles o que habían luchado en el bando republicano, situación que se mantuvo hasta bien entrados los años cincuenta.[14]

La llegada al municipio de estos antiguos reclusos supuso el fortalecimiento de la vigilancia sobre estas personas para que no incumplieran su libertad condicional, llevando al consistorio a gastar más dinero en la policía local entre los años 1940 y 1946. Esta fue la causa de que el incremento en el gasto dedicado a la seguridad creciera exponencialmente durante los citados años, llegando a superar ampliamente a otras partidas de importancia mayor como las dedicadas a Beneficencia, Obras Públicas o Instrucción Pública[15]. Igualmente durante los primeros años de esta década fueron problemas de seguridad pública, ya que el número de policías, guardias civiles y otras personas dedicadas a la vigilancia crecieron de forma ostensible en este tiempo.

Como se ve en toda la redacción, Miajadas tuvo un gran número de reclusos, pero sobre todo lo que tuvo es un gran número de liberados condicionales que supondrían un problema de orden público a finales de la década de los cuarenta.

Cuadro 3: MIAJADEÑOS QUE OBTIENEN LIBERTAD CONDICIONAL DURANTE LA PRIMERA MITAD DE LA DÉCADA DE LOS 40

NOMBRE FECHA DE PUESTA EN LIBERTAD TIPO DE LIBERTAD
Juan Correyero Alejo Año 1941 Libertad condicional
Catalina Correyero Alejo Año 1941 Libertad condicional
Diego Sánchez Gil Año 1941 Libertad condicional
Santos Cuadrado Pañero 5 marzo 1942 Libertad condicional
Juan Sanguino Domínguez 5 marzo 1942 Libertad condicional sin destierro
José Torres González Marzo 1942 Libertad condicional
María Ceballos González 23 mayo 1942 Libertad condicional con destierro
Catalina Mayoral Cintero 17 julio 1942 Libertad condicional
Luís Gómez Cuadrado 25 septiembre 1942 Libertad condicional con destierro
Juan Guisado Miguel 25 septiembre 1942 Libertad condicional con destierro
Pedro Pino Arévalo 12 octubre 1942 Libertad condicional
Alfonso Bravo Zote Año 1942 Libertad condicional
Juan González Hortet Año 1942 Libertad condicional sin destierro
Francisco Bravo Corrales Año 1942 Libertad condicional sin destierro
Bartolomé Cintero Gómez Año 1942 Libertad condicional sin destierro
Gregorio Tena Franco Año 1942 Libertad condicional
Daniel Sauceda Cintero Año 1942 Libertad condicional sin destierro
Carlos Arévalo Chamizo Año 1942 Libertad condicional
Mariano García Redondo Año 1942 Libertad condicional
Pedro Nieto Nieto 22 abril 1943 Libertad condicional
Luís Suero Rubio 28 abril 1943 Libertad condicional
Antonio Chamizo Sánchez 28 abril 1943 Libertad condicional
Ángel Álvarez Bravo 3 junio 1943 Libertad condicional
Antonio Alejo Mayoral 26 junio 1943 Prisión atenuada y posterior libertad condicional
Pedro Carrasco Redondo 17 julio 1943 Libertad condicional
Tomás Barbero Franco 18 julio 1943 Libertad condicional
Francisco Bravo Loro 6 agosto 1943 Prisión atenuada y posterior libertad condicional
Diego González de la Rubia Moreno 8 agosto 1943 Libertad condicional con destierro
Leocadio Primitivo Hortet 24 octubre 1943 Libertad condicional
José Gómez Mera 24 noviembre 1943 Libertad condicional sin destierro
Domingo Rodríguez Asensio 15 diciembre 1943 Libertad condicional con destierro
Gervasio Mera Franco Año 1943 Libertad condicional

Fuente: AMM, Correspondencia, Años 1940 – 1945 y AHPCC, GCC, OP, Caja 668.

BIBLIOGRAFÍA

  • ABELLA, Rafael; La vida cotidiana durante la guerra civil. La España Nacional, Barcelona, Planeta, 1973.
  • ABELLA, R.; La vida cotidiana durante la guerra civil. La España republicana, Barcelona, Planeta, 1975.
  • CHAVES PALACIOS, Julián; Violencia política y conflictividad social en Extremadura. Cáceres en 1936, Cáceres, Coedición Diputación Provincial de Cáceres – Diputación Provincial de Badajoz, 2000.
  • CHAVES PALACIOS, J., La represión en la provincia de Cáceres durante la Guerra Civil 1936 – 1939, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1995.
  • CHAVES PALACIOS, J. (Coord.); Memoria Histórica y Guerra Civil: represión en Extremadura, Badajoz, Diputación Provincial, 2004.
  • CHAVES PALACIOS, J.; “Fuentes históricas sobre la Guerra Civil: la Causa General en la provincia de Cáceres, en Revista de Estudios Extremeños, Tomo LI, Número III (Septiembre – diciembre), Año 1995, Badajoz, Diputación Provincial, 1995, pp. 811 – 823.
  • DÍAZ BARRADO, Mario Pedro; Memoria de la palabra: topología del discurso contemporáneo, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1997.
  • LANERO TÁBOAS, Mónica; Una milicia de la justicia. La política judicial del franquismo (1936 – 1945), Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1996.
  • MIR CURCO, Contxita, Vivir es sobrevivir. Justicia, orden y marginación en la Cataluña rural de posguerra, Lérida, Milenio, 2000.
  • SÁNCHEZ MARROYO, F., «Historiografía de la Extremadura contemporánea» en Alcántara, 39 (1996), pp. 147-174.
  • SÁNCHEZ RECIO, Glicerio; Justicia y guerra en España. Los tribunales populares, Alicante, Instituto de Cultura Juan Gil Albert, 1991.
  • VILA IZQUIERDO, Justo; La guerrilla antifranquista en Extremadura, Badajoz, Universitas, 1986.
  • VV. AA.; Justicia en guerra, …, Madrid, Dirección de Archivos Estatales, 1990.

ARCHIVOS

  • Archivo Histórico Provincial de Cáceres
  • Archivo Municipal de Miajadas
  • Archivo del Juzgado Municipal de Miajadas

NOTAS:

[1] Archivo Histórico Provincial de Cáceres (en adelante AHPCC), Serie Gobierno Civil de Cáceres (en adelante GCC), Sección Orden Público (en adelante OP), Policía de Orden Público y Fuerzas de Seguridad (en adelante “Policía”), Caja 456.

[2] En distintas reuniones de la Corporación Municipal se aprobaron varias iniciativas de este tipo y también se acordaron diversos créditos a favor de algunos vecinos por utilizar sus edificios y establecimientos como prisión. (Véase Archivo Municipal de Miajadas (en adelante AMM), Libro de Acuerdos (en adelante LA), Años 1936 – 1940, Diversas sesiones).

[3] Esta consideración de “campo de concentración” ha partido de los testimonios de varias personas que estuvieron allí recluidas. Aunque el verdadero campo de concentración extremeño, el campo de Castuera, no se crearía hasta mediados de 1938. Para ver una la mejor investigación sobre este tema puede verse la memoria de licenciatura de Antonio David López Rodríguez sobre el campo de concentración de Castuera, defendida en octubre de 2005 ante la Universidad de Extremadura.

[4] Archivo del Juzgado Municipal de Miajadas (en adelante AJMM), Libro de Defunciones, Tomo 48.

[5] AHPCC, GCC, OP, Detenidos y traslados de detenidos, Caja 430, año 1936.

[6] AHPCC, GCC, OP, Detenidos y traslados de detenidos, Caja 430, año 1936, Oficio del Gobierno Civil de Cáceres, número 3309, 19 – agosto – 1936.

[7] El pago por estos viajes puede verse en múltiples plenos del gobierno local. (AMM, LA, Diversas sesiones entre 1936 y 1941).

[8] El articulado entero de esta citada Ley puede verse en Medina, León y Marañón, Manuel; Leyes penales de España, Madrid, Instituto Editorial Reus, 1941, pp. 676 – 701. Un comentario a esta disposición legal puede hallarse en el libro de Mónica Lanero Táboas, Una milicia de la justicia. La política judicial del franquismo, editado en 1996 por el Centro de Estudios Constitucionales.

[9] AMM, Correspondencia, año 1944.

[10] AHPCC, GCC, OP, Caja 668.

[11] Chaves Palacios, Julián; La represión en la provincia de Cáceres durante la Guerra Civil, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1996, p. 1

[12] Enciclopedia Jurídica Española, año 1942, pp. 970 – 971.

[13] El mejor libro para ver unas consideraciones sobre esta ley es el LANERO TÁBOAS, Mónica; Una milicia de la justicia. La política judicial del franquismo (1936 – 1945), Madrid, Centro de Estudios Constitucionales, 1996; el cual puede apoyarse en otros muchos referidos a este tema como MIR CURCO, Contxita, Vivir es sobrevivir. Justicia, orden y marginación en la Cataluña rural de posguerra, Lérida, Milenio, 2000 y VV. AA.; Justicia en guerra, …, Madrid, Dirección de Archivos Estatales, 1990.

[14] Diversos testimonios orales tomados entre enero de 2005 y agosto de 2006 en Miajadas.

[15] AMM, LA, Sesiones varias de los años 1940 a 1947.

Oct 012004
 

Pedro José Masa Redondo.

1.- INTRODUCCIÓN: LA SUBLEVACIÓN EN MIAJADAS.

El trabajo que aquí se expone intentará analizar las diversas operaciones militares que parten del municipio cacereño de Miajadas, a través de la actitud del jefe del cuerpo armado de la Guardia Civil, Manuel Gómez Cantos[1], durante la Guerra Civil Española, en el citado mes de agosto de 1936. La base del estudio serán los telegramas enviados al Gobierno Civil de Cáceres por la Guardia Civil destacada en la zona, la cual desde finales de julio se encontrará bajo mandato del oficial ya citado.

La sublevación comenzó el día 17 de julio de 1936 en Marruecos, concretamente en las ciudades de Melilla, Tetuán y Ceuta, bajo la dirección del general Francisco Franco Bahamonde, que se encontraba en las Islas Canarias y desde donde se trasladó al día siguiente hacia la zona africana para dirigir la insurrección[2]. La Guardia Civil se mantuvo leal al gobierno republicano en algunas ciudades, como Barcelona, Málaga o Badajoz; al menos un número determinados de mandos. Pero en provincias como Cáceres, siguiendo la tendencia de la mayoría de fuerzas de este cuerpo armado, las simpatías de la Guardia Civil eran de clara adhesión hacia los sublevados; llegando uno de sus dirigentes a ocupar el cargo de Gobernador Civil (Fernando Vázquez Ramos).

Las noticias que llegaron a la provincia sobre la difícil situación en África y en el alto mando del Ejército se censuraron en un primer momento, para no alarmar a la población, pero debido a la situación desconcertante que se vivía durante el día 18, el ministro de la Gobernación envió el siguiente telegrama al Gobierno Civil de Cáceres para evitar el empeoramiento del escenario que se desarrollaba en esos momentos dentro de toda la provincia cacereña:

«Ordene a todos los gabinetes de censura, la prohibición absoluta de que se publique noticia alguna referente a Movimiento Militar»[3]

Aunque la mañana de ese día estuvo sembrada por el desconocimiento y el nerviosismo en toda la provincia, especialmente en las centrales de los partidos políticos y Casas del Pueblo[4], en Miajadas las noticias no llegaron tan rápido, porque el propio Ayuntamiento todavía no dedicaba sus esfuerzos en aplacar la posible rebelión de la hostil Guardia Civil local y del grupo político de la Falange, dirigida por elementos claramente contrarios al sistema político reinante, y muy identificados ambos con los valores defendidos por los sublevados. Al menos hasta el día 22 de julio, el gobierno municipal todavía estaba realizando labores correspondientes a sus quehaceres diarios anteriores, como era seguir con el traslado de documentos remitidos por los jurados mixtos de Don Benito o Cáceres, o comunicar diversos acuerdos tomados con anterioridad a la sublevación[5].

El levantamiento en Miajadas, según algunos testigos, se produjo de forma rápida encabezado por algunos falangistas y la propia Guardia Civil [6]; pero el hallazgo de nuevos documentos y algunos testimonios orales recogidos en fechas posteriores a los antes citados nos hace poner en cuestión esta versión defendida por bastantes habitantes del propio pueblo. Aunque en verdad la Guardia Civil y Falange, al mando de su jefe local, fueron los encargados de realizar la sublevación en el municipio, hasta el día 1 de agosto no se producirá la creación de la nueva comisión gestora encargada de dirigir la vida municipal, a las órdenes en muchas ocasiones durante estos primeros meses de aquello que decidiera Manuel Gómez Cantos, quien no llegará al municipio hasta finales del mes de julio, cuando sea derrotado en la zona de La Serena. Debido a la interpretación de los anteriores acontecimientos, podemos esgrimir que Miajadas no cayó bajo mandato insurgente, al menos, hasta los días finales del mes de julio. La hipótesis contraria (el levantamiento en Miajadas fue rápido y se produjo en los primeros días) puede apoyarse en la interpretación de otros testimonios recogidos en el municipio, los cuales alegan que la sublevación fue fulminante y planeada desde hacía días, bajo la dirección del Jefe de Falange y con la citada ayuda de la Guardia Civil, aunque se le puede achacar a estos supuestos que los propios guardias durante esos días vivían más atentos en prestar ayuda a sus compañeros de Villanueva de La Serena y Don Benito, que a resolver la situación del propio pueblo cacereño. Unos de los soportes a esta última tesis es la existencia en el municipio de Manuel Manzano, organizador e instructor del Regimiento Argel nº 27 de Cáceres, quien será herido con posterioridad en la lucha; aunque a este soporte se le puede achacar que el día 1 de agosto se envía un documento de revista sobre el estado de salud de esta persona[7], por tanto no podemos saber si fue herido en la lucha contra los republicanos en el frente o por algún individuo en una situación incontrolada., ya que los testimonios orales tampoco han sido capaces de aclararnos esta disyuntiva presentada.

2.- ANÁLISIS DE LOS TELEGRAMAS DE GÓMEZ CANTOS.

Antes de pasar al estudio de las operaciones militares concretas, debemos realizar un análisis formal y sistemático de los telegramas que el capitán de la Guardia Civil envía al Gobierno Civil a partir del 9 de agosto desde Miajadas.

Estos telegramas están firmados de una forma muy particular, la cual nos da una muestra de la personalidad altiva del propio Gómez Cantos; ya que consigna como sigue la mayoría de sus partes o remites:

  • «Capitán Jefe Guardia Civil»
  • «Capitán Guardia Civil Gómez Cantos»

Con esta anotación anterior ya podemos esgrimir una de las características de la controvertida personalidad de este personaje: el ansia de protagonismo y su deseo ingente de poder. Esta afirmación se apoya en que todos los partes y telegramas recibidos en el Gobierno Civil del resto de destacamentos de guardias civiles vienen encabezados por las simples palabras «Jefe Grupo Guardia Civil», sin consignar ni su situación en el escalafón de mando, ni su nombre; dando el único dato del lugar desde donde son facturados los partes. Además, la información aportada en este amplio número de telegramas de otros municipios no otorga una importancia capital a la situación militar (como sí hace Gómez Cantos), sólo citando el estado de la población que está bajo su mando.

Una segunda característica de los envíos de este personaje sevillano, que llama poderosamente la atención, es la amplia extensión de sus telegramas. Más de un 80 % de ellos poseen más de 60 palabras (41 de 49 de los localizados), llegando en algunos casos a los 130 o 140 vocablos[8]. Esta forma particular de comunicarse denota la importancia del lugar en el que Gómez Cantos ejerce su jefatura, además de que él era el jefe de la Guardia Civil en la zona sur cacereña tras su llegada desde la zona republicana de Badajoz; pero también la necesidad de distinguirse como un experto estratega entre sus superiores, sin llegar a serlo. Esta extensión contrasta con el resto de los remites de otros puestos de la provincia, ya que son exiguos, más explícitos y sin tanto aporte de datos inservibles.

Otra posible explicación a esa amplia extensión podemos encontrarla si encuadramos las noticias cifradas en los telegramas dentro de la situación geoestratégica del municipio de Miajadas. El pueblo citado era cabecera de un subsector militar (el de Miajadas-Trujillo) y el principal lugar de vigilancia frente a la zona republicana de La Serena, desde donde partirán un gran número de las acometidas militares republicanas desplegadas contra el ejército que atravesaba Extremadura con dirección Madrid. También algunos grupos que participan en muchas de las operaciones militares contra pueblos y / o lugares todavía en manos gubernamentales parten desde Miajadas, como es el caso de los grupos de guardias y falangistas desplazados a la toma de Santa Amalia, o los que acuden en ayuda y ataque sobre Guadalupe y Alía, o el intento de control de las bases aéreas de Don Benito y Villanueva de la Serena.

También podemos hallar otra explicación a la amplitud en demasía de los telegramas de Gómez Cantos: la posibilidad (no descabellada) de que existieran en el campo republicano algunos infiltrados a las órdenes de la Guardia Civil sublevada. Esta argumentación se basa en la gran cantidad de datos exactos sobre el entorno republicano de La Serena que constan en muchos de ellos. Un ejemplo muy claro de estas noticias tan concretas lo tenemos en las siguientes palabras insertas en los partes de los días 12, 13 , 14 y 23 de agosto:

  • «Anuncian confidencias haber llegado tren armamento y explosivos a Don Benito» (día 12, hora 17´50)
  • «Aparato enemigo continúa campo aterrizaje Don Benito» (día 13, hora 10´35)
  • «Reitero y corroboro mi telegrama sobre existencia aparato rojo en Don Benito campo abierto. Estación tren formado de base y depósito explosivo» (día 14, hora 19´30)
  • «Confidencias fidedignas aseguran que en casa distante siete kilómetros esta frente de Don Benito patrullas enemigo caballería perteneciente concentración mil hombres existentes en tierra La Morra inmediata al Villar de Rena» (día 23, hora 18)

Por último, entre las propias palabras de Gómez Cantos descubrimos su odio hacia los falangistas que supuestamente estaban bajo sus órdenes, mientras que a la vez también recibimos el aprecio que tiene hacia los cuerpos militares y la Guardia Civil. Cantos, al igual que Francisco Franco[9], tenía sus reservas ante la actitud de los seguidores de José Antonio Primo de Rivera y no confiaba totalmente en las posibilidades militares que estos políticos podían suponerle[10]; pero, como siempre en su polémica personalidad, Cantos los utilizaba en multitud de ocasiones como primera línea de ataque. Debido a las razones expresadas anteriormente, los enfrentamientos (tanto dialécticos como personales) entre los cabecillas falangistas y el jefe del cuerpo armado serán frecuentes, pues este último intentará en multitud de ocasiones imponer su poder sobre los políticos, encontrándose con las fuertes personalidades de algunos gerifaltes que se oponen a su intromisión en temas de gobierno.

La información que Gómez Cantos no cita en ninguno de sus telegramas es la actividad represora que inicia tras su llegada al municipio cacereño. La represión sobre personas relacionadas con los partidos políticos republicanos, simples maestros, jornaleros, trabajadores, etc., es realizada por las fuerzas al mando del propio Cantos[11], pero con la inestimable ayuda de algunos confidentes falangistas encargados de acusar a los que posteriormente serán pasados por las armas, basándose en simples odios personales u otras causas tan ilegítimas como esta, que los ejecutores creerán suficientes para sajarle la vida a cualquier persona. El capitán sevillano llegar a achacar el alto número de muertes a grupos incontrolados de falangistas, que desobedecieron sus órdenes,[12] aunque en verdad sea él quien ordene la mayoría de los fusilamientos.

3.- LAS OPERACIONES MILITARES DE MANUEL GÓMEZ CANTOS TRAS SU LLEGADA A MIAJADAS: AGOSTO DE 1936.

Manuel Gómez Cantos era un militar andaluz afincado en Extremadura que cuando estalló la insurrección africana dirigía el puesto de Villanueva de La Serena, donde se sublevó haciendo oídos sordos a los mandatos del jefe provincial del Cuerpo[13], quien le exhortaba para que no lo hiciera. Después de ser derrotado en la ciudad pacense por el ejército republicano, enviado para aplacar la situación, decidió huir hacia Miajadas, pues en sus cercanías le esperaba el día 29 de julio un destacado número de fuerzas del Regimiento Argel nº 27 de Cáceres con el fin de que su retirada fuera posible, en el caso de que hubiera de realizarse. Durante la lucha en la zona pacense vecina de La Serena cayeron muertos las siguientes fuerzas de la Guardia Civil a su mando:

  • Teodoro Cerezo Blanco, Guardia Civil de la Comandancia de Badajoz que perdió la vida el día 29 de julio.
  • Manuel Corrales Rosco, igual que el anterior era un número de la Comandancia de Badajoz y perdió la vida el mismo día..
  • Martín Chico Rodríguez, muerto el día 23 de julio, pero cuya defunción no se inscribe hasta casi un mes después, aunque era otro Guardia Civil que había prestado su ayuda a Gómez Cantos.
  • Luis Romero Solano, guardia a quien le ocurre lo mismo que al anteriormente citado[14].

En la retirada a la plaza de Miajadas durante el día 29 de julio, Gómez Cantos comienza a mostrar su recelo hacia los falangistas y la ayuda que le pudieran prestar, actitud que será una de sus señas durante toda la guerra (al menos durante el mes de agosto de 1936). Al grupo de falangistas que acompañaban a sus fuerzas les urde el ardid de que tras su retirada vendría al día siguiente con la ayuda militar suficiente para defender las posiciones tomadas frente a Villanueva, promesa que no cumplirá[15], dejando que los propios falangistas tengan que retirarse hacia Miajadas para no perder sus vidas en una lucha que sin apoyos tendrían perdida.

Nada más llegar a Miajadas, el capitán de la Guardia Civil sabía que para asegurar su posición en el citado pueblo era necesario ceder ante algunas peticiones de los propios falangistas, y por ello decidió constituir una Comisión Gestora que dirigiera los designios del municipio bajo los designios del grupo municipal de Falange Española, como ocurría en la mayoría de los lugares donde los grupos falangistas eran más fuertes y significados. El mismo Gómez Cantos no fue el encargado de realizar el hecho de crear la comisión, sino que para contentar a algunos de sus hombres cede esa opción a Pedro Cano Fernández (teniente del Cuerpo que estaba destacado en Miajadas hasta la llegada del capitán sevillano), quien celebrará la sesión extraordinaria del propio 1 de agosto, que literalmente reproducida es como se cita:

-«En la Villa de Miajadas a uno de agosto de mil novecientos treinta y seis, siendo las once horas, se presentó en estas Casas Consistoriales el Sr. Teniente Jefe de Línea de la Guardia Civil, D. Pedro Cano Fernández con objeto de dar cumplimiento a órdenes emanadas del Excmo. Sr. General de la 7ª División y al efecto y de su orden por el Secretario, se dio lectura de un oficio que en lo referente a la constitución del Ayuntamiento dice literalmente:

«Por orden gral. 7º División proceda por fuerza a sus órdenes a destituir miembros todos los Ayuntamientos marxistas y de izquierda, sustituyéndolos por Comisiones Gestoras de personas de derechas, … etc, etc.»[16]

La persona nombrada para la Presidencia de esa Comisión fue el presidente y fundador[17] de Falange en Miajadas, Francisco González Díaz, apoyándole en su gestión sus más allegados colaboradores.

La actuación de Gómez Cantos fue inteligente, porque no sólo daba poder al jefe municipal de Falange, contentándole en sus diversas peticiones de mayor cuota de capacidad decisoria y gubernativa; sino que también podía disfrutar de un tiempo precioso para planear sus acciones posteriores (tanto militares, como el alto número de represivas[18]) sin que estos políticos se entrometieran en sus sentencias finales. Además, conseguía que le fuera posible actuar de forma solapada en la política municipal, llegando durante el mes de agosto y septiembre a presidir algunos plenos cuando la situación fuera más comprometida y así lo exigiera, deshaciéndose de las críticas del que después será llamado «Partido Único» por asumir algunas de las tareas diarias que les habían sido delegadas.

La primera escaramuza en la que Gómez Cantos participa como jefe de la Guardia Civil de Miajadas es la llamada «Batalla de Villamesías», que se produce durante los primeros días del mes de agosto en el pueblo vecino, cuando un grupo de republicanos se introduce en la provincia de Cáceres el día 2 de agosto, desarrollando un enfrentamiento directo con los soldados del Regimiento Argel y la Guardia Civil.

Gómez Cantos, en el momento en que se introduce en la provincia de Cáceres huyendo de la zona republicana, llega a Miajadas con un número de guardias civiles cercano a la cuarentena. Algunos vecinos manifiestan hoy día que «les parecía raro ver tanto guardia civil y tanto soldado por las calles durante aquellos días»[19], por lo que la información referida a la escapada de una alta cantidad de números de ese cuerpo desde la provincia de Badajoz es verídica. Muchos de esos guardias se dedican, además de ofrecer su ayuda al ejército y participar en las diversas actividades militares, a la actividad represora antes citada.

Gómez Cantos, en la lucha contra los republicanos desde la zona pacense y situados en Villamesías, volvió a perder otros dos de sus estimados discípulos:

  • Froilan Louzado Rodríguez, guardia civil del puesto de Cáceres y muerto el dos de agosto, por disparo de arma de fuego.
  • José Morcillo Ramos, guardia del puesto de Badajoz y que también muere el dos de agosto y por la misma causa[20].

Muchas de las personas que luchaban en el bando republicano huyeron de forma despavorida hacia La Serena (de donde provenían), o hacia el norte de la provincia con intención de pasar a Toledo y de ahí a Madrid, creyendo que allí estarían más seguros. Este es el caso de algunos vecinos de Almoharín (significados políticamente su mayoría) que participan en esta refriega, quienes serán detenidos en Navalmoral de la Mata en días posteriores[21].

A partir del 2 de agosto la situación parece estancarse al menos hasta el día 9, cuando vuelven a aparecer otra vez los aviones republicanos sobre Miajadas, a la vez que comienza el ataque nacionalista sobre Medellín y Santa Amalia. Aunque la situación sigue estancada no hemos de negar la angustia creada dentro de los pueblos y el miedo a nuevos ataques de cualquiera de las dos partes combatientes.

Desde el citado día 9 tenemos partes diarios, enviados directamente por el mando de Gómez Cantos al Gobierno Civil, llegando en ocasiones a remitir un número elevado de telegramas (3 o 4, como es el caso de los días 12, 13 , 14, 19 o 23 de agosto).

En el primer envío del día 9 se procede, con bastante retraso, a comunicar la constitución de las Juntas Gestoras de Campolugar, Villamesías, Abertura, Escurial y la propia miajadeña. Este vacío de comunicaciones entre la constitución de las gestoras (producidas en los primeros días de agosto) y su corroboración ante el Gobierno Civil responde a la situación tan angustiosa que se vive en la zona tras la «Batalla de Villamesías».

A partir del propio día 9 ya empiezan a surgir dentro de la Guardia Civil destacada en el subsector de Miajadas las quejas por la falta de armas y de material relacionado con la intendencia, debido en el último caso a las malas cosechas de ese verano y también a la quema de algunas de esas producciones, siendo necesario incluso la llegada de alimentos desde el pueblo de Logrosán[22].

El día 11 de agosto, tras la exploración diaria de los terrenos controlados, se comienzan a vislumbrar algunas partidas de «guerrilleros»[23] que provienen de la zona gubernamental de La Serena con dirección Miajadas – Escurial. Estas incursiones de partidas serán frecuentes durante los tres años de lucha, ya que en 1938 todavía seguían avistándose algunas partidas que serían perseguidas, y no en todos los casos, apresadas por la Guardia Civil[24].

El ataque sobre Santa Amalia, que según Gómez Cantos debería haber comenzado el día 11[25], se encontraba en peligro debido a la existencia de esas citadas partidas de guerrilleros en sus cercanías y de la aviación gubernamental en La Serena que la podía defender en caso de ataque. Esta toma se pospuso hasta después de la caída de Mérida, ya que una parte de la Columna Madrid sería la encargada de realizar esa operación; exactamente la 3º Agrupación al mando del comandante Castejón y era más importante la incursión de Mérida en el bando sublevado.

Tras la caída de la capital autonómica, la Columna avanza con dirección Santa Amalia, desoyendo los peligros acusados por Gómez Cantos sobre la posibilidad de un ataque republicano desde Villanueva – Don Benito. Un alto número de guardias destacados en Miajadas se une al grupo de soldados, poniéndose a las órdenes de Castejón, y al tomarse el municipio quedan allí destacadas algunas fuerzas miajadeñas, pero la aviación gubernamental les atacó durante la toma provocando muchas bajas[26]. Las pérdidas fueron altas, según se desprende de algunos testimonios, aunque no podamos nada más que constatar documentalmente las siguientes:

  • Julián Mateos Bastida, guardia civil, muerto el 17 de agosto debido a heridas provocadas por una bomba caída el día anterior.
  • Recaredo Cerda Gumiel, de igual cargo que el anterior y muerte en mismas circunstancias.
  • Antonio Pablo Rena Masa, jornalero, muerto el 16 de agosto.
  • Juan Sánchez Gil, jornalero, muerto el 17 de agosto por heridas de metralla.
  • Antonio Cañamero Llanos, labrador y muerto el 17 de agosto.
  • Pedro Inocencio Bravo Zote, jornalero, muerto el 17 de agosto.
  • Felipe Tornero Sánchez, labrador, muerto el 17 de agosto.
  • Paulino Tadeo González, jornalero, muerto el 17 de agosto.

Los dos primeros óbitos son inscritos dos días después, mientras que el resto difiere bastante tiempo (algunos son inscritos tras la desaparición del régimen dictatorial franquista), por lo que no podemos afirmar si pertenecían al grupo de soldados desplazados a la zona o eran republicanos allí huidos y que conocieron la muerte en la lucha.

Otra operación en la que participan fuerzas miajadeñas al mando de Gómez Cantos es la batalla sobre Guadalupe y el asedio contra la «Columna Fantasma», grupo de republicanos procedente de Toledo, que invade el pueblo de Alía a finales del mes de agosto.

Partiendo de la zona de Villanueva – Don Benito las milicias republicanas tratan de atacar el pueblo cacereño de Zorita, pero se encontraron con las tropas nacionalistas y los guardias civiles en la zona de Villar de Rena. Estos guardias civiles habían sido enviados por el gobernador civil ante la posibilidad de ataques gubernamentales sobre la zona de Las Villuercas, y muchos de ellos procedían de Miajadas encontrándose bajo las órdenes de Gómez Cantos. El capitán exige a la tropa destacada en Trujillo el envío de auxilio para asegurar la situación de la zona bajo su mando y evitar ataques frontales sobre Miajadas desde la provincia de Badajoz, al quedarse sin parte de sus fuerzas y armas[27]. Además si este supuesto se producía, la posibilidad de enviar refuerzos a la toma de Guadalupe sería mayor. Durante los días 12 y 13 de agosto, Gómez Cantos reitera su petición de ayuda, ya que debido a la toma de Alía por parte de la «Columna Fantasma» hubo de enviar una gran parte de sus fuerzas hasta Guadalupe para reforzar el asedio al pueblo vecino[28], pero estas fuerzas exigidas no llegarán a ser remitidas, por lo que esta queja se repetirá durante todo el mes.

Hacia el pueblo de Alía, según los propios comunicados de la Guardia Civil de Miajadas, partieron 19 números de ese cuerpo pertenecientes de Logrosán, un grupo de falangistas a la órdenes del capitán Luna y una ametralladora de las destacadas en Miajadas para apoyar la operación[29]. Tras la huída de la columna republicana, en la zona de Guadalupe quedan destacados algunos miembros de los que estaban bajo las órdenes de Gómez Cantos:

  • Un oficial, 2 cabos, algunos falangistas y un número indeterminado de guardias.[30]

Para reforzar su posición, el propio capitán sevillano exige el día 19 de agosto al Gobierno Militar que, tras la partida de Castejón hacia Trujillo, se le destacara un grupo de soldados con su pertinente comandancia en Santa Amalia. A través de este documento, sumado a las referencias en el Archivo Municipal de Miajadas, podemos inferir que el número de soldados al mando de Castejón que pasa, recibe comida y diversos artículos de intendencia en Miajadas es bastante elevado porque el dinero pagado a los vecinos y otras empresas del municipio por esos conceptos es bastante gravoso y elevado.

Aunque el número de soldados es amplio, durante los días 19 y 20 la situación en Santa Amalia vuelve a situarse bajo peligro, debido al miedo de una nueva incursión por parte de las fuerzas guerrilleras republicanas desde Don Benito, y para demostrar la estimación que Gómez Cantos tenía sobre el ejercicio de resistencia que estaban llevando a cabo sus fuerzas frente a fuerzas procedentes de Medellín y Don Benito, aquí citamos sus palabras el día 19 a las 22 horas:

«Con el oficial incorporado y personal no tan castigado por la aviación efectué relevo proponiendo para evitar el desgaste de mi fuerza me auxilie fuerza del ejército en ésta para prestar servicio en Santa Amalia y en las avanzadillas por el gran espíritu de mis queridos guardias 5ª compañía y por la fe ciega que les caracteriza conservo en ellos la subordinación y disciplina y ánimo para toda misión que les encomiendo, satisfaciéndome de su comportamiento esperando de mis superiores les den el ánimo que les corresponde por su amor a la Patria.»

El texto nos demuestra que Gómez Cantos seguía quejándose de la falta de fuerzas a su disposición, ya que un día antes se habían marchado hacia Trujillo las pertenecientes a la Columna Castejón, y por lo que unas horas antes había pedido a Cáceres que le volvieran a mandar más soldados del Regimiento Argel nº 27 con sede en esa ciudad. Además el miedo a un ataque sobre Santa Amalia y Miajadas desde la zona de Medellín – Villanueva – Don Benito, obliga al capitán a imponer un servicio de vigilancia frente a la línea enemiga el día 20 de agosto[31]. El peligro acecha todavía el día 23, cuando son vistas unas señales de luces que hacen creer al mando miajadeño que es la señal para un ataque contra sus fuerzas. Por ello exige el bombardeo de la zona por aviones amigos, pero como en Trujillo no los había conmina a Yagüe a que eleve la petición de este refuerzo a la base sevillana de Tablada.

A la escasez de fuerzas se unía que una parte de ellas había sido enviadas durante esos días hacia Guadalupe, donde la Columna Uribarry republicana se encontraba asediando la ciudad y su Monasterio[32]. Gómez Cantos, como era el máximo mandatario de la Guardia Civil en la zona sublevada más cercana, fue el encargado de comunicar la angustiosa situación de la puebla de Guadalupe al Gobierno Civil. El día 21 dibuja una situación que no era real en su totalidad, porque comparando sus telegramas con otros documentos podemos hacernos la falsa idea de que la batalla estaba encaminada hacia lado nacional sin sufrimiento alguno, datos fallidos porque los mandos destacados en Guadalupe (el teniente Salvador Solórzano y el ordenanza militar Manuel Santana[33], quienes fueron heridos en su retirada) sufrían la escasez de fuerzas a su mando y el asedio contra el Monasterio, donde se encontraban recluidos muchos de las tropas a la espera de los refuerzos. Para intentar aliviar esta situación se envían desde Miajadas y Cáceres una compañía de regulares, que había partido unos días antes, pero que se encontraba en Cañamero estancada. Dentro de las fuerzas miajadeñas enviadas, nos encontramos con que Cantos envía a su segundo (Pedro Cano Fernández, que como hemos aclarado era el teniente destacado en Miajadas antes de que Cantos llegara al municipio) y cuarenta hombres, que forman una escuadrilla de Falange, para ayudar a que las fuerzas pasaran Cañamero y llegaran en ayuda de Solórzano.

Entre los destacados miajadeños en Guadalupe, en el registro de defunciones, sólo encontramos al caído Antonio Díaz González, jefe de la escuadra falangista, que muere el 26 de agosto cuando vuelve de la toma de Guadalupe.

Durante los últimos días del mes de agosto, además de la preocupación por los bombardeos republicanos desde los días 19 al 30 del citado mes[34], existe la preocupación repetida por la incursión de guerrilleros por la Sierra de Vivares y el ataque a Miajadas por estas fuerzas. Esta preocupación supone la creación de otro nuevo servicio de vigilancia por parte de la Guardia Civil. Gómez Cantos lo reitera en uno de sus telegramas del día 24[35], denotando como en todo el mes de agosto las reservas que mantenía ante la posibilidad de un ataque frontal contra el municipio cacereño desde la zona pacense en manos contrarias y que fuera adverso a los intereses que él defendía.

Como hemos visto a lo largo de toda la exposición la personalidad de Manuel Gómez Cantos estaba llena de controversias, represiones interiores, deslealtades hacia otros, ansias incontroladas de poder y, sobre todo, mucho odio hacia los republicanos. Además de quedar en verdad de manifiesto la incapacidad de dirigir las operaciones militares por parte de esta persona, ya que sus peticiones no son atendidas, sus comunicaciones en muchas ocasiones no son tenidas en cuenta y nunca se le dejará que dirija directamente estas operaciones, aunque sí será muy útil en la actividad represora contra los republicanos.

4.- CONCLUSIONES.

  1. La primera conclusión que podemos extraer de los telegramas de Gómez Cantos es su suficientemente demostrada ansia de poder, aunque nunca lo obtendrá en su totalidad como era su deseo, debido en muchos casos al enfrentamiento con los falangistas y en otros a la negativa de sus superiores.
  2. Gómez Cantos siempre escribe telegramas muy extensos para demostrar que el trabajo que realiza en Miajadas es de una importancia suprema, porque sus palabras demuestran la intensa labor que intenta demostrar que efectúa. Labor, que aún siendo intensa, no está exenta de fallos e incongruencias.
  3. El mando operativo de las batallas no estaba directamente en manos de Gómez Cantos, sino que este era un títere de algunos de sus superiores, como lo demuestra la actitud de total olvido por parte de Castejón de las noticias recibidas en Cáceres sobre la situación de algunas zonas de La Serena durante la toma de Santa Amalia o la no remisión de refuerzos cuando los pide. Pero, a la vez les era muy útil, porque tenía sometidos a los guardias a su mando y a los falangistas de la zona en que se movía, sumando un gran número de soldados de refresco.
  4. Las palabras de Gómez Cantos también denotan su deseo de hacerse notar ante sus superiores, buscando beneficios propios. Siempre intentará responder de forma afirmativa a todo aquello que le fuera ordenado, pero su controvertida personalidad dejaba fuera de esa actitud la actividad represora que llevaba a cabo sobre la población.
  5. Los propios telegramas nos demuestran la existencia de confidentes en la zona pacense en poder de las fuerzas republicanas. Gómez Cantos pagaría a algunos confidentes para que le informaran de cómo se desarrollaban las decisiones respecto a los ataques a zonas bajo su mandato. Esto también le valdría para hacerse notar ante sus superiores al dar noticias fidedignas sobre la zona contraria, como hemos apuntado anteriormente.
  6. También las comunicaciones de Cantos nos muestran el odio furibundo que sentía hacia algunos falangistas. Ese odio se encauza en las acusaciones de que éstos serán los encargados de realizar los fusilamientos, también en las acusaciones de que los falangistas no eran afectos a las órdenes emanadas de la superioridad y que luchaban por sus propios fines, nunca por los que defendía él mismo.
  7. También hemos demostrado que Miajadas tardó unos días en caer en manos sublevadas, pero después de ello fue un centro estratégico de mando e información en el sur de Cáceres; debido no sólo a la existencia de Cantos, sino también a su situación geográfica frente a la zona republicana y la situación de zona de paso de tropas por sus carreteras con dirección Madrid.

5.- FUENTES.

  1. ARCHIVOS:
    1. Archivo Histórico Provincial:
      1. Serie Orden Público, 1936 – 1938.
      2. Serie Asociaciones y Partidos, 1931 – 1936.
    2. Archivo Histórico Municipal de Miajadas:
      1. Libro de salida de comunicaciones (14 – mayo – 1934 a 4 – enero – 1939).
      2. Libro de Plenos, 1936 – 1938
      3. Libro Registro de socios de Falange
    3. Archivo del Juzgado Municipal de Miajadas:
      1. Libros de Defunciones, tomos 48 a 53.
      2. Legajos anexos a los tomos anteriores.
  2. BIBLIOGRAFÍA.
    • AA. VV., Gran Enciclopedia Extremeña, Editora Regional, tomo 5.
    • JULIÁN CHAVES PALACIOS, «Control de una ciudad por los sublevados: la insurrección de julio de 1936 en Cáceres», en Revista de Extremadura, nº 21, 1996, pp. 125 – 142.
    • J. CHAVES PALACIOS, La represión en la provincia de Cáceres durante la Guerra Civil, Universidad de Extremadura, Cáceres, 1995.
    • J. CHAVES PALACIOS, La Guerra Civil en Extremadura: operaciones militares, Mérida, Editorial Regional, 1996.
    • JACINTA GALLARDO, La Guerra Civil en La Serena, Badajoz, Diputación Provincial, 1994.
    • JOSÉ MARÍA GARCÍA y CARLOS POLANCO, «Los guerrilleros de Logrosán» en Revista de Extremadura, 21 , 1996, pp. 143 – 150.
    • PAUL PRESTON, La Guerra Civil Española, Plaza & Janés, Madrid, 1987.

NOTAS:

[1] Manuel Gómez Cantos era de origen andaluz y estaba destinado a la Comandancia de Villanueva de la Serena, donde se sublevó, encontraría la muerte después de la guerra y su expulsión del Cuerpo. Cf. Manuel Gómez Cantos, en Gran Enciclopedia Extremeña, tomo 5, pp. 161 – 162.

[2] Paul Preston, La Guerra Civil Española, Madrid, Plaza & Janés, 1987, pp. 81 – 82.

[3] Archivo Histórico Provincial de Cáceres (En adelante AHPCC), Gobierno Civil de Cáceres (En adelante GCC), Serie Orden Público y Derechos Ciudadanos (En adelante OP), Policía de orden público y seguridad, «Partes diarios de ocurrencias de la Guardia Civil» ( En adelante «Partes»), julio 1936.

[4] Julián Chaves Palacios, «Control de una ciudad por los sublevados: la insurrección de julio de 1936 en Cáceres», en Revista de Extremadura, nº 21, 1996, p. 126.

[5] Archivo Histórico Municipal de Miajadas (En adelante AHMM), Libro de salida de comunicaciones (14 – mayo – 1934 a 4 – enero – 1939), documentos 519 a 530.

[6] Testimonio anónimo recogido en Miajadas los días 15 y 16 de diciembre de 2003.

[7] AHMM, Libro de salida de comunicaciones (14 – mayo – 1934 a 4 – enero – 1939), nº 534.

[8] El ejemplo más claro son tres telegramas del día 19 de agosto de 1936, donde uno de ellos posee 144 palabras. (AHPCC, GCC, OP, «Partes», agosto 1936).

[9] P. Preston, Op. Cit., pp. 143 – 144.

[10] AHPCC, GCC, OP, «Partes», 20 de agosto.

[11] Cf. J. Chaves Palacios, La represión en la provincia de Cáceres durante la Guerra Civil, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1995, pp. 148 – 163.

[12] Según se desprende del testimonio de Juan Antonio Olivera, recogido el mes de marzo de 2004.

[13] Cf. Jacinta Gallardo, La Guerra Civil en La Serena, Badajoz, Diputación Provincial, 1994, pp. 66 – 67 y J. Chaves Palacios, La Guerra Civil en Extremadura: operaciones militares, Mérida, Editorial Regional, 1996, pp. 31 – 33

[14] Estos datos han sido extraídos del Archivo del Juzgado Municipal de Miajadas (En adelante AJMM), Libro de Defunciones, Tomo 48 (1936 – 1938).

[15] Cf. J. Chaves Palacios, La Guerra Civil en Extremadura, p. 47.

[16]AHMM, Libro de Plenos, 1936 – 1938, Pág. 18.

[17] Cf. AHPCC, GCC, Serie Asociaciones y partidos (1931 – 1936), Legajos de Miajadas, y AHMM, Libro de Registro de Socios de Falange.

[18] Cf. J. Chaves Palacios, La represión en la provincia de Cácerespassim.

[19] Según se desprende de diversos testimonios orales recogidos en Miajadas.

[20] AJMM, Libro de Defunciones, tomo 48.

[21] AHPCC, GCC, OP, Pueblo de Almoharín, año 1936.

[22] AHMM, Libro de salidas, varios documentos y AHPCC, GCC, OP, «Partes», 11 de agosto 1936.

[23]Según José María García y Carlos Polanco, para las fuerzas sublevadas un guerrillero era: «cualquier civil reclutado por las organizaciones republicanas que hubiera empleado armas – o simplemente colaborado – en contra del ejército nacional». Definición inserta en J. M. García y C. Polanco, «Los guerrilleros de Logrosán» en Revista de Extremadura, 21 , 1996, p. 143.

[24] AHPCC, GCC, OP, Miajadas, 30 de julio de 1938 y AHPCC, GCC, OP, «Partes», 11de agosto 1936.

[25] AHPCC, GCC, OP, «Partes», 11 agosto, hora 8´30.

[26] AHPCC, GCC, OP, «Partes», 17 agosto.

[27] AHPCC, GCC, OP, «Partes», 13 de agosto.

[28] Cf. J. Chaves Palacios, La Guerra Civil en Extremadura, pp. 163 – 166.

[29] AHPCC, GCC, OP, «Partes», 12 y 13 de agosto.

[30] AHPCC, GCC, OP, «Partes», 16 de agosto, hora 9´40, telegrama enviado por la jefatura de Alía, donde se cita el número de fuerzas que se retiran a Guadalupe.

[31] AHPCC, GCC, OP, «Partes», 20 de agosto, hora 20´30.

[32] J. Chaves Palacios, La Guerra Civil en Extremadura, pp. 161 –164.

[33]AHPCC, GCC, OP, «Partes», 22 de agosto.

[34] J. Chaves Palacios, La Guerra Civil en Extremadura, p. 137, cuadro 8.

[35] AHPCC, GCC, OP, «Partes», 24 de agosto, hora 16´15.