Oct 011978
 

Pérez Enciso.

El lino ha sido desde antiguo una planta utilizada para la obtención de tejidos. Se estima que fue la primera materia utilizada incluso antes que la lana. Lino y lana fueron tejiéndose en los telares verticales de rudimentaria estructuras y con estas fibras se hicieron ya texturas decoradas en relieve y por tición de las fibras.

En las habitaciones lacustres de la Edad de la Piedra se han encontrado restos de lino en diferentes fases de tratamiento así como trozos tejidos con los ligamentos de tafetán y de sarga, que son los básicos de todos los demás.

En España se ha cultivado el lino en casi todas las regiones, obteniéndose de distintas calidades ya que la geografía también influye en los aspectos de su color y brillo espacialmente.

En la provincia de Cáceres fueron muy importantes los linares de la zona de Logrosán. La siembra del lino en esta zona data de tiempos muy remotos. El sembrado se hacia con cierto aire ritual: siempre en la primera quincena de octubre por la influencia determinista del adagio que decía: «el lino por los Santos ni lino ni tascos». Esto confirma que no había de esperarse a sembrarlo a finales de octubre pues la fecha de los Santos -el 2 de noviembre- era tarde y ya no se obtendría ni lino ni tascos. Los tascos hacían referencia a la estopa gruesa del cáñamo y también del lino que se obtiene por la acción del espadado y como elemento de deshecho. Sus aplicaciones son de carácter tosco y para tejidos muy bastos.

La obtención del lino es muy laboriosa. Se parte de la planta linacea más como un -pues hay más de 90 especies de lino- que es anual y alcanza desde 20 a 60 centímetros, lo que facilita la obtención de las fibras y su hilado. La hilaza se obtiene de las fibras paralelas de que está formada la corteza. Es planta de regadío y prospera en terrenos arcillosos y, sobretodo, próximos al mar, los abonos hay que enterrarlos bien pues se alimentan por la raíz vertical o principal. La de buena calidad nace a los 8 días y exige escardarla con frecuencia. Cuando el lino se pone amarillo se arranca y se pone a secar. A partir de aquí surgen una serie de operaciones con la intervención de instrumentos apropiados. En nuestra tierra cacereña hay una rica terminología que voy a ir citando:

1.- desgranado del lino. Recibe también el nombre de «esbagado» y consiste en golpearlo con mazas, de madera y de forma cilíndrica. Esta operación se hace mas fácilmente si con anterioridad ha sometido las plantas, en pequeños haces, a un embalsado o enriado, operación que se denomina empozar. Se cuecen en este agua durante nueve días por la acción lenta de la humedad pero sin la intervención del fuego.

2.- Majado, machado o mazado. Con las mismas mazas se golpea para separar la capa exterior del lino ya que la aprovechada es la interior. Si el lino se ha sumergido en agua corriente en lugar de estancada se obtiene un lino mucho mas blanco. En la operación de mazado también se utiliza otro instrumento llamado agramadera. Es de madera, de dos piezas encajadas entre si. La riqueza del léxico textil hace que se llame también barga, garba y bregadora.

3.- Espadado: Se hace con la espadadora también llamada espada, espadilla, espadeta o espadador. La operación consiste en desprender las partículas de cascarilla que aún le quedan. Se realizan dos o tres espadados. El instrumento tiene diversas formas pero esencialmente consta de una madera alargada sobre la que se montan unas púas de hierro en unos de sus extremos o en el centro. Las púas se agrupan en círculos o en cuadrado y quedan a modo de un cepillo. Las extremeñas suelen llevarlas más bien en el centro.

4.- Hilado. Se hace en rueca. Se colocan porciones entre la horquilla o el rocador de la misma y se va estirando con los dedos enrollándolo en el huso. Estos instrumentos son de madera y tienen decoraciones talladas y dedicatorias o leyendas. Las fibras se disponen en madejas y se pasan luego al telar donde se realizan los tejidos de lino llamados de «lienzo casero» o de hilo.

Los tejidos de lino se caracterizaban por su blanco marfileño su brillo sedeñoso, su anchura angosta pues los telares eran caseros y estrechos y por una largura determinada, la necesaria para dada pieza o prenda que pensaba hacerse según su uso y función.

La anchura dependía del número de liñuelos que se montaran en, el telar, es decir, son las hebras o urdimbres de lino. La más estrecha tenía 30 liñuelos y se llamaba angosta y se aplicaba para usos del hogar principalmente para almohadas y servilletas; las telas obtenidas con 40 liñuelos se llamaban descabezado y se empleaba para sabanas, toallas y manteles. Las primeras se obtenían con tres o dos bandas unidas por las orillas. Las de 54 liñuelos es el tejido de lino que propiamente se llamaba lienzo casero y se aplicaba para sabanas grandes y colchas.

Cuando el lino se empleaba para costales y haldas-arpilleras grandes para envolver algodón, paja, etc, -se obtenía del primer espadado y recibía el nombre de lino de puntas. Se utilizaban solamente 18 liñuelos pues eran más gruesos y quedaban en el telar mas separados.

En cuanto a lo largo del tejido del lino habían que tener en cuenta la finalidad de la pieza pues dependía de ella la longitud de los liñuelos. Se media por ramos, medios ramos e instantes. El ramo tenía dos medios ramos o cuatro instantes. Traducido en metros su equivalencia era la de cuatro metros, dos o uno , aproximadamente. También a cinco varas, dos o media y una y cuarto, respectivamente. Cada pieza de lino se enrollaba hasta ser usada y por eso se llamaban «rollos». Con la longitud de ramo y medio se obtenía una sábana con tres bandas que se denominaban piernas. La longitud máxima de cada rollo era la de 8 o 10 varas.

Los géneros que se obtenían eran de ligamento de tafetán o labrados. También pilosos o afelpados y, por último, calados que representaban una textura como de encaje. Al del ligamiento de tafetán se le llamaba plano y era de diversos gruesos y se empleaba para ropa de uso personal o casero porque podían ser decorada por medio de deshilado bordados. Los tejidos labrados recibían muchos nombres de sabor local y popular. Tenían influencias mudéjares. Los nombres más conocidos por la tradición son: de helecho, rueda doble y sencilla, limón, callos, melocotón, ojete y palote; en épocas avanzadas se hicieron los llamados labrados nuevos de Guadalupe. Algunos de estos tejidos llevaban cenefas en color, siempre en tonos suaves como rosa, amarillo, salmón, azul, o malva.

Los tejidos pilosos más repetidos son el de felpa y el del confite menudo y grueso. Cuando los de felpa se cortaban los bucles se denominaban de mecha de vela; los de confite se obtenían por la introducción de una trama más gruesa por cada seis o cinco mas finas; se dejaba recogida, de trecho en trecho, y se retorcía. Con ella se formaba la decoración.

El tejido calado que se ha venido haciendo, posiblemente en todo el campo del Arañuelo en otros tiempos, es el denominado «red de Valdeverdeja». La tradición lo centra en este pueblo de Toledo pero se ha constatado que los ejemplares obtenidos en la zona de Cáceres son de una mayor percepción y la decoración mucho más perfecta y complicada.

El lino se combina con la lana para obtener ropas de abrigo, mantas, tapijos, delantales, etc. Este tipo de tejido mixto se denomina de pañolino.

Sobre el lino, bien labrado o liso, pero más bien en este último se han obtenido las más diversas decoraciones y se han aplicado para camisas típicas de las diversas localidades. Camisas de varón y de mujer, calzoncillos, frontales, paños de puerta, paños de mano, toallas, paños velatorios, paños de difuntos, paños de pared, paños de barba, sábanas, fundas de almohadas, etc. Frontales de cama.

En ellos se ha hecho toda suerte de finos bordados en blanco y policromados; deshilados que semejan encajes; randas, soles llamados del Casar.

Con hilo de lino, del tercer espadado se hacían bellos encajes cuya tradición conserva Acebo; ganchillo, macramé y mallas.

Como labor singular hemos de mencionar las colchas guatadas que se hacían en exclusiva para familias nobles. Posiblemente en los talleres conventuales. Se obtenían por dos piezas de tela superpuesta entre las que se introducían las mechas de lino retorcido para obtener extraordinarias decoraciones.