Oct 011984
 

Josaine Polart Mediavilla.

Tan cerca estamos del aniversario del descubrimiento y tan lejos quedamos de las verdades de la conquista, que pienso que nuestra principal preocupación debe ser: intentar restablecer la reputación de nuestros antepasados, con la ayuda de escritores y cronistas famosos como Agustín de Zárate, el Inca Garcilaso, Pedro Sarmiento de Gambós, Gonzalo Fernández de Oviedo, Francisco López de Gomara y perdón por los que puedo olvidar…

No pienso que nuestros héroes Extremeños tengan necesidad de justificarse… bien al contrario (en un punto están de acuerdo todos los historiadores desde hace cinco siglos: eran hombres excepcionales).

¿Pero quién señores, sino los mismos paisanos de esas gentes excepcionales, pueden luchar contra la publicidad de mala fama que los medios de comunicación actuales están repartiendo en todo el mundo? Creo que tendremos que ser nosotros… Por algo el nombre de Trujillo (Extremadura) esta repetido tantas veces, en tantos lugares… y nuestra plaza mayor denominada Plaza de la Hispanidad.

He tenido poco tiempo y pocas posibilidades para hacer querer y respetar el nombre de los Pizarros, pero después de una primera experiencia, prometí hacer, en adelante, todo lo que pudiera para que muy pronto los vecinos de Trujillo se sientan orgullosos de sus famosos conquistadores. Para eso no voy a inventar nada, solo subrayar unos hechos escritos por hombres dignos de fe y de respeto e intentar llegar a despertar el interior de los profanos de la historia, por sus compatriotas afanosos de aventuras… Que casi murieron todos asesinados o defendiendo sus convicciones religiosas y las tierras conquistadas por su Majestad el Rey en el campo de batalla.

Olvidemos por favor las ideas preconcebidas que tenernos todos de unos tiranos con bolsillos llenos de oro: tomando como ejemplo los más conocidos, los nativos de Trujillo, que no pueden más que inspirarnos simpatía.

El único de la familia Pizarra (y fueron cinco hermanos Conquistadores) que volvió a España para disfrutar de su vejez fue Hernando y pagó ese derecho con 21 años de cárcel.

Francisco de Orellana, hombre olvidadísimo por los Trujillanos de a pie, perdió un ojo, gastó sus haciendas en el primer recorrido del Río Grande, y después de obtener capitulaciones, se tuvo que casar con una rica solterona de Sevilla para armar su flota, perdió uno a uno sus barcos y murió el pobre sin gloria.

Para ir suprimiendo uno a uno los tabús de la historia empezamos por la llegada de los españoles en el Tawantinsuyu: primero dar unas noticias del ambiente de la cruelísima guerra que Huascar, Rey legitimo, tuvo con su hermano bastardo Atahualpa (según las crónicas del Indio Pachacuti y del Inca Garcilaso) siempre se intenta demostrar que la violencia acusada en el español fue algo nuevo y extraño en ese mundo «indígena» que antes de la llegada de los cristianos reinaba un mundo paradisíaco, lleno de amor y de bondad… Todos habéis oído hablar de los Generales de Atahualpa: Chalicucinima y Quizquiz…. pues no eran nada de santos, provocaron matanzas con gran ferocidad.

En 1524 en su primer viaje, Pizarro y sus socios tienen que tratar con el peor de los Gobernadores, el de Castilla de Oro, Pedrarias Dávila. N no era hombre bueno ni generoso, condenaba a los enemigos de sus intereses y luego se complacía al verlos morir. Recordar que según Francisco de Jerez, Francisco Pizarro salió de Panamá el 14 de noviembre, con 112 españoles, que por ser invierno y los tiempos contrarios pasaron grandes trabajos, pero que «…era cosa de admiración verlos”.

En el puerto que llamaron «del hambre» donde murieron muchos de no comer, nos dice Herrera: «Pizarro trata siempre de infundirles ánimo, que en él, era inagotable». Es Pizarro el primero que se afana en buscar alimentos pare los demás y en construir con sus propias manos barracas para los mas enfermos, buscando protección de las lluvias que no cesaban (se les pudrían las camisetas y los sombreros se les caían a pedazos.) Caían rayos con grandes truenos, la pesadumbre de los mosquitos era insoportable, para defenderse de ellos se enterraban en la arena.

Y pasamos a “Puerto Quemado»: Francisco de Jerez relata la lucha que se decide en favor de los Españoles (diecisiete heridos, cinco muertos y Francisco Pizarro dañado por siete heridas, la menor de ellas peligrosa de muerte). Herrera añade: «para curarlas no hubo, sino un poco de aceite para quemarlas» aun eso con trabajo…

En Chicama, después de tantas penalidades, se juntan Almagro y Pizarro y quedan mudos de sorpresa de verse con tan mal aspecto, uno sin un ojo y el otro con tantas cicatrices, que parecían extraños.

En septiembre de 1526 nos cuentan Agustín de Zárate y Herrera «ahí queda Pizarro, con su tropa de enfermos y moribundos, bajo fina lluvia sin tregua y la enloquecedora plaga de mosquitos».

Muchos creen que cuando los españoles se enfrentaron a los Incas en Cajamarca, estos veían a los castellanos como Dioses. Pues señores eso no es posible, ya que en la isla del Gallo nos afirma: «Los Incas sabían de sus armas, de sus caballos, de como enfermaban, como se les podía matar, de como no eran Dioses,pero que peleaban como tales”. Nada pues de Viracocha para disminuir la admiración, el coraje de esos hombres increíbles.

Isla del Gallo 1527. Tenemos el resumen de una carta firmada por 14 Soldados de Pizarro (colección de documentos inéditos para la historia de Chile publicada por J. T. Medina, edición: Barcelona, 1895). Esta dirigida el gobernador de Castilla de Oro, Pedro de los Ríos (fecha 5 de agosto 1527): «No osamos escribir la verdad de lo de acá, temiéndonos que allá no darían la carta a vuestra Señoría… porque vuestra Señoría hallará por verdad que nunca cristianos en el mundo fueron tan sujetados ni tan molestados como son los que en este viaje andamos…porque vuestra Señoría sabrá que de 380 hombres que de Panamá han salido, han quedado 70 u 80 hombres que aquí estamos, entre cojos, sanos y dolientes… Plega a Dios que cuando vuelva este navío no halla menos de la tercia parte de los que quedamos… que hace tres años que no paramos… mande pues enviar por nosotros…”.

Y en esa misma Isla, donde tan mal estaban, se quedan 15 hombres, de septiembre 1527 a marzo de 1528 (7 meses). Herrera nos cuenta, como: «Tafur y sus hombres se sienten subyugados por esa enorme cantidad de heroísmo y tina generosa simpatía les arrastra hacia el héroe sin ventura». Pero dejamos las Indias Occidentales por un momento…

Cuando Pizarro llega a Sevilla, lo primero que conoce es la cárcel, podemos suponer el grado de desesperación e impaciencia por todas esas cosas de leyes que no podía arreglar, por bien que nuestro amigo manejase la espada, (y bendecir a Hernán Cortes que lo saco de allí).

En Toledo, ¿Que podría imponer nuestro pobre Capitán de Indias? Le acusan de deslealtad, de ingratitud hacia Almagro… Olvidan sus propios enemigos, que según ellos no sabían ni leer ni escribir, entonces… ¿Qué pretenden?, que Pizarro tuvo a su disposición y en su poder el derecho de ir dictando una por una las cláusulas de esas capitulaciones, ya en la persona des Emperador, ya en el Conde de Osorno… ¿Estáis de acuerdo en que es ridículo… verdad?

Según todos los escritores, Pizarro fue también un estupendo diplomático, os voy a recordar un detalle para demostrarlo… En enero de 1530 en Sanlúcar desafía las disposiciones del Consejo de Indias, se marcha mar a fuera para aguardar las otras dos embarcaciones en la Isla de la Gomera, pasando así por alto el control de los oficiales de la contratación.

Y volvemos a Panamá… Nos encontramos en enero de 1531, salen nuestros amigos por la Isla de las Perla, por San Mateo y, según Herrera, pasan siete meses en Conque (cerca de la línea del Ecuador) «y allí les tomó a la mayoría una terrible peste, mostrada en grandes verrugas que a muchos mató».

Ruiz de Arce nos cuenta: «Llegados que llegamos, vimos tales los españoles y en tal estado, que no osamos apearnos, y fuimos a aposentamos a un cabo del pueblo, que estaba sin españoles; había muchos de los compañeros que no les conocíamos si no era por el habla, la dolencia que tenían era la mas mala que jamás se vio, eran unas verrugas de la manera de brevas, las tenían por el rostro, las manos y las piernas… escapaban de esta dolencia pocos».

En la Isla de Puna, Ruiz de Arce, Diego de Trujillo, y Pedro Pizarro cuentas cada uno a su manera las trampas que les tenían preparados los indios, para hundir las balsas cargadas de españoles. Herrera nos dice: «Los de la Isla de Puna organizaron una cacería, invitaron a los castellanos con el propósito de matarlos mientras se distrajeran en ella…», y sigue diciendo: «como los Indios continuaron con el deseo de matar a sus huéspedes, pero no por eso dejaban de regalarlos comidas». Muy amables ¿verdad…?

Allí Pizarro pone en libertad a 600 esclavos Tumbesinos, los Indios de la Isla de Puna estaban bajo el dominio del Rey Atahualpa, que mató inmensa cantidad de los de Cajamarca, despoblando la tierra, sin perdonar a sexo ni edad, mandó sacar los corazones a muchos.

Los progresos de los castellanos no preocupaban a Atahualpa «por el poco numero de soldados que tenían». Muy lejos estuvieron Atahualpa y sus súbditos de tratarlos como a Hijos de Viracocha o de cualquier otro dios de aquellos mundos.

En Tumbes también murieron varios españoles, Hernando Pizarro fue herido por segunda vez y muerto su caballo: un hombre llamado Hurtado con un hermano de Alonso de Toro, encontraron allí una muerte espantosa… “Les sacaron los ojos, les cortaron los miembros aun vivos y así los echaron en grandes ollas que tenían puestas al fuego» (eso lo dice Herrera).

Un hecho que pone en relieve la nobleza y grandeza del alma de Francisco Pizarro (en eso no se parecía a Cortes), Herrera lo cuanta así: “…viendo Pizarro tibieza en algunos de sus compañeros y confiando mas en el valor de pocos que en la apariencia de muchos, da licencia para que se vuelvan los que querían, y así lo hacen cinco de a caballo y cuatro infantes» (Nos queda pues, 62 de a caballo y 102 de a pie para conquistar un imperio, después de fundar San Miguel de Piura, Francisco Pizarro, se pone en marcha; 42 jornadas encontrándose con guerrillas y espías de Atahualpa para llegar al pie de la sierra donde nuestro Gran Capitán tiene que elegir el camino, nos cuenta Francisco de Jerez: «…lo que aquí decide Pizarro nos muestra, el valiente hombre de siempre, como ya tenia noticia Atahualpa que el iba en su demanda…. que si dejasen aquel camino dirían los indios que no osaban ir a ellos, y tomarían mas soberbia de la que tenían: por lo cual y por otras muchas causas dijo que no se había de dejar el camino comenzado e ir doquiera que Atahualpa estuviese».

Y nuestros 160 hombres están dispuestos a escalar esa gigantesca muralla de cordilleras sucesivas, de veinte leguas de espesor, casi todas precipitando sus formas verticalmente hacia negros abismos, en cuyos fondos rugían poderosos ríos.

Pasaron fríos mortales en sus cumbres y asfixiantes calores en sus hondas quebradas, los caballos enfermaban por el intenso frío. Pero gracias a Dios hasta llegar a Cajamarca no fueron más molestados por los indios, bien al contrario, reciben de los embajadores de Atahualpa salutaciones, presentes y palabras de amistad….

Sabe el todopoderoso que los tiene en el buen camino, sus emisarios hacen creer a Pizarro que el Inca tiene poca gente en Cajamarca, que ha mandado a sus soldados a guerrear contra Huascar. Mientras tanto, el amo del Imperio en su real baño espera con 50.000 hombres al puñadito de españoles (tiene como plan dejarlos entrar tierra a dentro hasta llegar al valle dejando a sus espaldas veinte leguas de altísimas cordilleras). Pedro Pizarro nos cuenta: “La noche del 15 de noviembre 1532, despachó Athualpa veinte mil Indios con un Capitán suyo llamado Lumenevi, con muchas sogas, que tomasen las espaldas a los Españoles y secretamente estuviesen para que cuando huyesen diesen con ellos y los atasen, creyendo que al otro día vista la mucha gente que el llevaría, todos se habían de huir». ¿Qué os parece?, ¿tenían por divinos a los Españoles o por simples mortales?

Nada voy a contar del famoso día que decidió la Conquista del Perú, solo unas líneas de Francisco de Jerez… “Cosa fue maravillosa ver preso con tan breve tiempo a tan gran Señor, que tan poderoso venía».

Nos cuenta también lo que decide Francisco Pizarro sobre la surte de los apresados de la noche del 16 de noviembre: «Que bien bastaba los que eran muertos en la batalla, que aquellos habían sido traídos corno ovejas a corral… y así fueron sueltos».

Por muy malos que podían parecer los españoles creo que el pueblo Inca presentía que nunca llegarían a ser tan crueles y tiranos como lo era el Rey de los Reyes Atahualpa… Y sin quitar méritos a Pizarro y sus 170 hombres (que todo podían hacer sin ser dioses) eso fue lo que permitió a los españoles conquistar en 8 años más territorios que los Incas en 4 siglos.

Un solo comentario sobre la muerte de Atahualpa, y es de Sánchez de la Hoz: «su muerte la sintieron los indios que le rodeaban y los españoles, los demás, en su inmensa mayoría, la encontraron justa».

Antes de apurar mis 15 minutos y consciente de no haber terminado, quiero agradecer a un escritor como Jorge Ernesto Funes, quien con su libro “Caballero de espuela dorada”, ha puesto en la mano de los aficionados a la historia como yo, textos de los cronistas de esa gran epopeya que me habría gustado vivir.

Pero no puedo terminar sin subrayar lo más importante ¿Que pensaban los vencidos de los españoles?… ¿De esa extraña gente nunca jamás vista que había entrado en sus tierras y aprisionado a su Rey, Atahualpa? (el mortal enemigo que les oprimía)…

Pienso que los vieron entonces, y no antes, como libertadores enviados por sus Dioses… Y es cuando ellos, los oprimidos, empezaron a llamarles Viracocha como un elogio inspirado por la alegría que les nacía de lo acontecido.