Feb 072015
 

José Antonio Ramos Rubio.

HISTORIA DEL CEMENTERIO DE TRUJILLO.

El cementerio de la Vera Cruz se ubicó en torno a la iglesia de la Vera Cruz, de ahí su nombre, en el siglo XIX. Dicha iglesia tuvo sus orígenes en el Medievo, tal y como se desprende del testamento del trujillano Álvaro de Hinojosa, otorgado el 14 de marzo de 1489 ante el escribano Juan López de Haro[1], y en el que dispone que se le dé sepultura en este templo.

Actualmente, solamente se conservan en la iglesia, los muros maestros, algunos arcos, como el arco de medio punto de acceso al interior del mismo y los de la nave, así como un esgrafiado casi perdido, posiblemente ejecutado en el siglo XVI, que representa un Calvario (el Crucificado, la Virgen y San Juan), y restos de esgrafiados con representaciones geométricas y vegetales por los muros del templo.

 Esta iglesia tuvo gran importancia hasta su derribo por las tropas napoleónicas en 1809[2], algunos de sus bienes muebles y documentos parroquiales que no fueron destruidos se conservaron en otras parroquias de la ciudad y de sus arrabales (la parroquialidad se trasladó a Huertas de Animas)[3]. De hecho, algunos de los principales linajes de la ciudad tuvieron allí su sepulcro, tal es el caso de los Escobar[4].

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Lám 1. El cementerio se construye aprovechando la iglesia de la Vera Cruz.

En el siglo XIX esta iglesia quedó incluida dentro del Cementerio Municipal que recibió el nombre de «Vera Cruz».

   Según se desprende por los testimonios de don Clodoaldo Naranjo en su libro, este presbítero conservó uno de los pocos documentos rescatados de la iglesia de la Vera Cruz, pues consta como expediente de traslado de la parroquialidad al arrabal de Huertas de Animas y el inventario de piezas muebles que tenía el templo, tales como un retablo mayor con seis cuadros, otros cuatro retablos más que estarían en los laterales del templo y contenían pinturas de la Virgen, San Simón, San Juan Bautista y la Virgen del Puerto, así como un retablo dorado con un cuadro de la Virgen de la Antigua, además de lámparas, custodia, cálices y otros objetos de platería[5].

Los primeros pasos legales para la creación de un cementerio en Trujillo datan de abril del año 1812, fecha en la cual se convoca a los párrocos de las iglesias de Trujillo para la construcción de un cementerio que satisfaciera las mínimas reglas de higiene y salubridad que prescriben los Reales Decretos[6]. La disposición tercera de la Real Orden de 1787[7] recomendaba que la construcción de los cementerios se hiciera en las afueras de la población en los que existiese alguna construcción religiosa para que sirviera de capilla. En un principio se pensó en la idea de construir el cementerio de Trujillo en el convento de los frailes descalzos de la Magdalena, que se encontraba deshabitado y en mal estado de conservación desde la ocupación francesa[8], otras opciones fueron la huerta del convento de San Francisco el Real de la Puerta de Coria e incluso, el Albacar del Castillo, en un principio fue la opción elegida los médicos nombrados para dictaminar un lugar apropiado para la creación del cementerio, pero esta decisión no fue apoyada por el alférez mayor de la fortaleza, el Marqués de la Conquista. Ante la urgente necesidad de la creación de un cementerio[9], provisionalmente se habilitó la huerta del convento de San Francisco el Real, por ser un espacio tan reducido se optó por buscar otras soluciones como por ejemplo la creación un cementerio en las proximidades de la iglesia parroquial de Santo Domingo[10] o en el convento de la Magdalena en agosto del año 1814 estaba habilitado como almacén del Regimiento de milicias[11], sería el lugar idóneo por encontrarse situado entre Trujillo y los arrabales de Huertas de la Magdalena y de Ánimas. Pero la comunidad del convento de San Miguel que era la propietaria de la Magdalena, expresaba la imposibilidad de ceder el convento para la creación de un cementerio. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Trujillo dispuso de un cementerio provisional que sería la iglesia parroquial de la Vera Cruz se encontraba en estado ruinoso, lugar que fue aprobado por los médicos encargados de la inspección[12].

Lám 2. Capilla del Cementerio

Lám 2. Capilla del cementerio

Se llevaron a cabo las obras para la habilitación del cementerio junto a la capilla de la Vera Cruz con un coste de 12.500 reales, el lugar fue bendecido el 18 octubre del año 1820[13] al mismo tiempo que se pasaba oficio a todas las iglesias parroquiales y conventos para que cesaran los enterramientos en los mismos pronto se iniciaron los preparativos para la construcción de un cementerio permanente en el mismo sitio, rematándose en el año 1820 la subasta de las obras en 8000 reales de trabajos de albañilería y 1900 reales de carpintería[14]. En 1870 el Ayuntamiento terminó la construcción de los muros del cemetnerio católico, dentro del recinto quedó la iglesia de la Vera Cruz, tal y como reza en una inscripción situada en el frontón de la puerta de acceso al mismo: “AÑO 1870”.

En 1894 se especula con la posibilidad de llevar a cabo un ambicioso proyecto de ampliación, aprovechando al máximo las dimensiones del terreno de la cerca contigua a uno de los lados del cementerio civil. El terreno útil para enterramientos, según parece en los planos del proyecto se articulaba en dos patios con arcadas escarzadas sobre columnas semejantes a las de la capilla de 1884 y las del ensanche de 1890. Estos dos espacios fortificados cobijaban las galerías de nichos, dispuestas en tres pisos, y los enterramientos en suelo. Las 370 nuevas sepulturas proyectadas cubrirían   las necesidades de una población, que en 1897, entre Trujillo y sus arrabales, sería de 9.158 almas[18], y las de varios años posteriores.

El cementerio proyectado disponía de un interesante e higiénico sistema de aspiración a través de unas chimeneas situadas en la parte posterior de las hiladas de nichos cuyo objetivo era el de facilitar la ventilación y canalización de los olores de descomposición. El resto del espacio de la cerca se destinaría a diversas dependencias anejas como el depósito de cadáveres y la vivienda del encargado municipal. El presupuesto de las obras era de 45.249,60 pesetas.

En 1895 el proyecto es presentado a la administración municipal, que acordaría su paso a las comisiones de Obras y Beneficencia para su estudio e informe a cerca del modo de efectuar las obras[19]. Esta es la última noticia que tenemos al respecto, pues, por razones que desconocemos, las obras nunca dieron comienzo. Ese mismo año se emprenden los trabajos de un nuevo proyecto de obras en el cementerio, redactado por el arquitecto municipal Eduardo Herbás, con el fin de dotar a la capilla construida en 1886 de altar, retablo y sacristía; esta última se ubicaría en un estrecho espacio existente entre la pared posterior del ala derecha de nichos y el muro de la cerca sobre la que se realizó la ampliación de 1886.

El altar y el retablo se construirían con mampostería y ladrillo. La ornamentación a base de escayola y pintura al óleo para los acantos de los capiteles, guirnaldas del entablamento y los demás detalles decorativos, como los del frontón que remataba el conjunto, estaba dentro del gusto historicista clásico que tanto empleara este arquitecto en los proyectos arquitectónicos de Trujillo. Se conserva una trama de esgrafiados en punta de diamante concebida a la manera italiana de finales del siglo XVI y la escena del Calvario, en muy mal estado de conservación.

Debemos hacer una breve alusión a la amplia gama de estilos (neoclasicismo, eclecticismo, romanticismo) que muestran los panteones ubicados en la parte decimonónica del cementerio trujillano. Donde podemos observar claramente, gracias a los panteones las diferencias sociales existentes en la ciudad: la élite noble de la ciudad, una nueva burguesía, dueña de los medios de producción y consumo; y, la clase obrera, éstos se enterraban en el suelo o en nichos modestos. Nos encontramos con suntuosos panteones pertenecientes a las familias nobles trujillanas, entre los que destacamos, el de don Francisco Orellana Bravo (1820), don Pedro de Abecia (1841), don Fabián de Orellana y Bravo (1873), de don Félix Spina García de Paredes (1883), del Excmo. Sr. Marqués de la Conquista y Vizconde de Amaya, Orellana Pizarro (1889); del Conde de Tres-Palacios (1891), doña Ramona Romero de Castañeda (1900), don José Montalvo Martín y doña Antonia Núñez (1930); de Vargas, viuda de Montalvo (1949), familia de Castellano; entre otros.

Panteones de los burgueses que fueron los auténticos artífices de los ensanches en las calles de Margarita de Iturralde, Encarnación, Paseo del Mercadillo y zona del Campillo, tales como el de doña Ignacia Elías Serrano, don Juan Mediavilla Martínez (1867), de don Luis Pérez-Aloe Mediavilla (Alcalde de Trujillo entre los años 1910-1913), de don Elías Núñez y don José Núñez (Alcalde de Trujillo entre los años 1925 y 1930, cuando se inauguró la estatua ecuestre de Francisco Pizarro), de la familia Sanz Carrasco, de la viuda de Pineda, de la familia Ledesma-Reglado, de O´Mullony Martínez, de La Calle Zuasti, de la familia Fernández Shaw, de don Manuel Grande y Valdés, de don Juan Fernández Paredes (Alcalde de Trujillo entre los años 1937 y 1938); de la familia Pérez-Aloe y Elías; don Luis Peralta y familia; don Pedro La Calle Artaloytia, de don Fernando Salazar; entre otros.

Capítulo aparte es el llamado “patio de los curas”, donde están enterrados algunos de los más preclaros sacerdotes que ejercieron su ministerio en Trujillo como don Gregorio Ildefonso Cidoncha y don Clodoaldo Naranjo Alonso (Canónigo Honorario de la Catedral de Lima, Miembro Correspondiente del Instituto Peruano de Investigación y Capellán de Honor de la Capilla de Francisco Pizarro). Pues, don Ramón Núñez Martín, hijo adoptivo de Trujillo, está enterrado en una tumba en la capilla del cementerio.

La actual capilla del cementerio se encuentra en el centro del mismo, rodeada de panteones y bellos cipreses. La fachada está rematada por un frontón triangular, la cubierta se cierra a dos aguas, con un espacio recto donde se eleva una espadaña, también con remate triangular. La capilla es un edificio de planta rectangular de una sola nave, cubierta con dos bóvedas de aristas, el altar lo preside un retablo neogótico con un crucificado moderno. Esta capilla fue diseñada en el último tercio del siglo XIX dentro del proyecto de ampliación del cementerio. Se trata de un diseño sencillo y recogido, que se inscribe dentro del estilo neogótico. Este espacio, por su proximidad a la capilla, fue regido tradicionalmente por familias de alta posición para tener allí su enterramiento, lo que hace que muchas de las tumbas construidas allí tengan un gran interés artístico, consistente algunas de ellas en tumbas muy similares, de forma rectangular, en cuyo centro se sitúa una losa lisa y una lápida vertical rectangular, rodeado todo ello por una cerca de pivotes en piedra y una cadena de metal. La losa funeraria del sepulcro de don Ramón Núñez, se encuentra en el interior de la capilla, en el lado de la Epístola y contiene la siguiente inscripción:

DON RAMON NÚÑEZ MARTÍN. PÁRROCO EMERITO DE SAN MARTIN. HIJO ADOPTIVO DE TRUJILLO. FALLECIO EN EL SEÑOR EL 7 DE OCTUBRE DE 2006. A LOS 93 AÑOS. TRUJILLO RECUERDA Y AGRADECE SUS DESVELOS PASTORALES Y LE TIENE PRESENTE EN SUS ORACIONES.

A sus pies se guardaron los restos de su madre, doña Juliana, por deseo expreso de don Ramón.

2. EL CULTO A LOS ANTEPASADOS A TRAVÉS DE LA ANTROPOLOGÍA Y LAS DIFERENCIAS SOCIALES. TIPOLOGÍAS DE ENTERRAMIENTOS EN EL CEMENTERIO.

2.1.- PANTEONES

Al igual que los museos, también los cementerios guardan la historia de una ciudad. Gracias a las tipologías de las lápidas y los mausoleos, panteones o simples tumbas nos podemos acercar a la sociedad de Trujillo desde la segunda mitad del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Hasta el siglo XIX los muertos se enterraban en las iglesias o en sus alrededores, el sentimiento ilustrado consideró oportuno que las necrópolis debían situarse fuera de las ciudades ya que los cadáveres en putrefacción, aunque yacían varios metros bajo tierra, eran el origen de enfermedades. Además, se buscaron otras alternativas por la escasez de espacio en las capillas y cementerios colindantes.

El panteón es un monumento funerario que tiene una zona de enterramiento cubierta por un pequeño edificio con su puertas, ventanas, tejado y espacio interior, generalmente, todos los panteones que hay en el cementerio de Trujillo sirven como enterramiento para varias personas de una misma familia. Si tenemos en cuenta el estudio de los panteones en el cementerio de Trujillo podemos hacer una relación precisa de que dichos enterramientos familiares han sido la última morada para personas de situación socioeconómica alta.

En algunos de ellos, se han realizado funerales y oraciones a los difuntos que se encuentran enterrados en ellos, un claro ejemplo de las dimensiones interiores de algunos de ellos que cuentan incluso con un altar para rezar por los familiares, además de proteger dichos enterramientos de las inclemencias del tiempo por sus características constructivas. Los nuevos estilos artísticos de la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX están presentes en la construcción, como arcos, columnas, frontones y cubiertas muy singulares. Existe una enorme variedad de panteones en el cementerio de Trujillo que hace que haya mucha diferencia entre la calidad de unos y otros. Hay varios panteones que siguen exactamente el mismo modelo, ya que han sido construidos en serie por el mismo arquitecto y que responden a una tendencia historicista que está presente desde los inicios del cementerio de Trujillo, concretamente en la segunda mitad del siglo XIX, con el deseo de reivindicar algunas raíces históricas: neorrománico, neogótico, neomudéjar e incluso, influencias de un exotismo procedentes del arte chino o hindú. Esta recreación de estilos desbordan muchos de los panteones que se encuentran en la zona más antigua del cementerio de Trujillo y que están unidos unos a otros, podemos citar el panteón de don Teodoro Dueñas, de la familia Mediavilla Elías, de don Juan Elías de Vargas y el de la familia Sayago, entre otros. Generalmente, presentan una portada en arco de medio punto y ojival decorado con tracerías, delimitado por pilastras o columnas que además de ser un elemento decorativo sirve para diferenciar un panteón de otro, el panteón presenta remate triangular y con pináculos con pequeñas llamas a cada lado, flor de lis o corona de flores utilizando generalmente como material la piedra.

Láms 3 y 4. Escudo de los Pizarro. Tumba-panteón del Marqués de la Conquista y Vizconde de Amaya

Lám 3 y 4. Escudo de los Pizarro. Tumba panteón del Marqués de la Conquista y Vizconde de Amaya.

Existe otro grupo de panteones que responden a un estilo eclecticista clasicista de la segunda mitad del siglo XIX. Se trata de pequeños edificios de sillares cubiertos con tejados a dos aguas, la entrada se facilita con un arco de medio punto, el tejado con alerón volado, la fachada remata en un frontón triangular con pináculos a cada lado y con una cruz que también presenta numerosas variedades y decoraciones muy singulares, como los panteones de la familia de Castellanos, de don Manuel Artaloytia, Dueñas Pérez, Mediavilla Elías, don Juan Elías de Vargas, Pérez-Zubizarreta, familia Cortés, el panteón de don Enrique Cortés Villarreal o el de don Juan Fernández Paredes (Alcalde de Trujillo durante la Guerra Civil Española).

La mayoría de los panteones difieren en el motivo decorativo que marca el frontón triangular central, decorados con motivos geométricos, algunos representan pebeteros con llamas o motivos decorativos que reciben del mundo clásico como por ejemplo ramas, guirnaldas y coronas de flores. Generalmente, la mayoría se caracterizan por su austeridad, prefiriendo la belleza de ritmos similares a una decoración muy recargada, encontrándonos panteones muy austeros como por ejemplo los de la familia Martínez Jaraíz, Cortés o el de la familia Milla-Serrano, junto a panteones donde se desborda la decoración como es el caso del panteón de la familia de don Manuel Artaloytia, que presentan una fachada a modo de templete clásico con una gran portada que se abre en arco de medio punto con arquivoltas y flanqueada por columnas con motivos decorativos vegetales y rematado en un frontón clásico coronado por una cruz y pináculos o guirnaldas a ambos lados.

2.2.  TUMBAS

Las tumbas son espacios de enterramiento en el nivel del suelo y cubiertos con lápidas y se rodean con cadenas o rejas, señalando el espacio del propietario del mismo, y se decoran con cruces, esculturas, siendo algunos de ellos muy originales en su diseño, correspondientes a las familias linajudas de Trujillo. Ha sido el modo más utilizado en el cementerio de Trujillo y, concretamente, las más antiguas corresponden a los inicios del cementerio (último tercio del siglo XIX), sea porque es el modo de enterramiento más parecido a los que se realizaban en las iglesias, antes de la creación del cementerio municipal. En el camposanto originario del cementerio se conservan algunas tumbas más sencillas, pertenecientes a los proletarios, destacando la sencillez de líneas de las lápidas y losas desnudas, colocando una cruz de forja en el coronamiento de las mismas, apoyadas en el propio suelo.

También hemos de tener en cuenta que la sociedad trujillana ha modificado los hábitos en lo referente a los ritos funerarios. Según he constatado en la recopilación de diferentes datos estadísticos del sector se corrobora una tendencia al alza de algunos hábitos laicos frente a los religiosos, se destaca que las cremaciones siguen aumentando, sería un cambio importante en la sociedad trujillana que favorecería el problema de espacio en el actual cementerio.

No obstante, el % de los ciudadanos que se decantan por una ceremonia civil para dar el último adiós a sus seres queridos es mínimo, por no decir, nulo. Otro de los datos significativos que he podido comprobar tiene que ver con la exhibición de la personalidad propia, de las creencias, ideología y convicciones más allá de la muerte, en los detalles ornamentales que rodean el nicho. En este sentido cabe resaltar el incremento notable de los motivos laicos en las lápidas funerarias, algo que vendría a ratificar datos como los que publicaba recientemente la Fundación Francesc Ferrer Guàrdia y, según los cuales, los españoles han pasado de ser un 8% los que en 1978 se declaraban no adscritos a ninguna conciencia religiosa a un 25% en la actualidad, es decir uno de cada cuatro ciudadanos. El cambio social a la hora de buscar el reconocimiento a nuestra forma de pensar y comportarnos nos afecta, incluso, después de la muerte ya que buena parte de la producción de lápidas empieza a variar sus patrones de diseño.

Lám 5. Tumba de la familia Aguado Gaona

Lám 5. Tumba de la familia Aguado Gaona.

Uno de los datos que llama poderosamente la atención, es la eclosión de la simbología funeraria relacionada con aficiones y, más concretamente, con la adscripción de los finados a una agrupación, cofradía, etc. Las aficiones, y en este caso la pasión, van ganando adeptos a la hora de buscar el recuerdo permanente más allá de la muerte. En este contexto de incremento de motivos no religiosos en los enterramientos efectuados en los últimos años sobresale el aumento de lápidas que incluyen representaciones decorativas o leyendas relacionadas con cofradías a la que ha pertenecido el finado o a las siglas de alguna Asociación.

Es importante realizar una distinción entre las tumbas como mero lugar de enterramiento situadas a nivel del suelo y cubiertas con losa y aquellas tumbas-panteón del cementerio de Trujillo, mucho más suntuosas, que constan de un espacio subterráneo para depositar los cadáveres, cerrado con una losa y que suele decorarse con esculturas y están rodeadas por cadenas o rejas, que permiten individualizar o destacar una tumba con respecto al resto. Lo que hace original a una tumba es el material del que está hecha, generalmente todas han sido construidas con piedra, solamente existen tres tumbas formadas por un armazón de hierro recubierto con cemento. Entre las tumbas más suntuosas destaca por encima de las demás la que ocupa el patio central del cementerio, se trata del Panteón del Excmo. Sr. Marqués de la Conquista y de Albayda, Vizconde de Amaya, cuya fecha aparece en la leyenda que presenta la tumba en granito (1888). Una enorme cruz de piedra se alza sobre un basamento cuadrangular que presenta las armas esculpidas en granito del citado Marqués de la Conquista y de Albayda, en sus cuatro frentes. La tumba-panteón está rodeada por una reja de hierro.

Un diseño parecido le encontramos en la tumba-panteón de don Luis Pérez-Aloe Elías, también centrado con una destacada cruz de piedra, rodeado de una hermosa reja, bajando unas escaleras se accede al interior de la tumba donde los finados de la familia de don Luis Pérez-Aloe están enterrados en nichos. Próxima se encuentra la tumba-panteón de la familia O´Mullony, sobre un podio con cuatro escalinatas se eleva un pedestal donde un ángel arrodillado se abraza a una cruz de piedra, que parece custodiar los restos de los difuntos.

La mayor parte de las tumbas de la segunda mitad del siglo XIX constan de un enterramiento en forma de caja rectangular que se prolonga debajo de la tierra donde hay un espacio para distintos nichos. La caja rectangular está cubierta con una capa de piedra lisa o de forma troncopiramidal coronada por una cruz de piedra o metálica, y está rodeada por una cadena o rejas metálicas, para delimitar la propiedad. Generalmente, en el pedestal reza en una inscripción o lápida el nombre de la familia de los finados. En el interior del panteón se encuentran los nichos como el nombre y apellidos de los difuntos así como el año del nacimiento y defunción y alguna leyenda, a cual más curiosa, encontrándonos con algunas más sencillas: “Tu familia no te olvida”.

La mayoría de las tumbas pertenecientes a la clase noble y a los burgueses responden a un diseño Eclecticista clasicista, tendencia artística que aglutina aportaciones de otros estilos anteriores. Un estilo artístico que fue difundido por las Academias de Bellas Artes y que impregnó las obras artísticas neoclásicas de mediados del siglo XVIII perviviendo en algunos lugares, como es el caso de Trujillo, hasta mediados del siglo XIX. En su origen y determinación influyeron los descubrimientos arqueológicos de Roma o Grecia y la vuelta a los ideales que imperaron en la cultura clásica, y su reflejo en el arte funerario, donde se eligen elementos decorativos que tengan presente una significación sentimental, el arte clásico, con su sobriedad de líneas, sirve para enaltecer la personalidad de los difuntos y, el arte gótico del que también se reciben reminiscencias evoca la espiritualidad y la ascensionalidad. Encontrándonos frecuentemente en tumbas del cementerio de Trujillo elementos clasicistas con arcos o rivales, e incluso, obeliscos –como la tumba de la familia Castellanos- que nos recuerdan el arte egipcio rodeados con rejas modernistas o columnas de influencia romana rematadas con cerramientos neogóticos. Así como elementos decorativos de raigambre clasicista: hornacina, molduras, pilastras o guirnaldas.

Destacan algunas tumbas de influencia clásica como la de la familia Ávila y Martínez, del año 1887, que presenta una fachada a modo de templete clásico con doble pilastras en marcando un arco de medio punto en la zona inferior y, la parte superior, dobles columnas toscanas que apoyan un entablamento y enmarcan un arco de medio punto rematado en un frontón clásico coronado por una cruz de piedra y a los lados dos pináculos.

La tendencia al eclecticismo clasicista estará presente también hasta mediados del siglo XX, posiblemente porque el arte clásico, con su sobria grandiosidad, se considera muy apropiado para el arte funerario.

En algunas tumbas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX está presente el modernismo, que en oposición al historicismo, dejó libertad al artista para que desplegarse su imaginación olvidándose de estilos artísticos anteriores y, haciendo hincapié, en la naturaleza, las formas orgánicas y en el propio cuerpo humano, tratando de evitar la simetría en las líneas rectas, optando por la línea curva y las formas decorativas sinuosas utilizando como motivos decorativos preferidos los de origen vegetal, encontrando del cementerio de Trujillo muchos elementos modernistas en las rejas de los enterramientos y en las decoraciones, así como la representación de ángeles, un tema muy del gusto modernista ya que se tratan de seres espirituales, concretamente, se conservan dos pares de angelotes con cabello rizado, con las alas abiertas y desplegadas, de rodillas y con las manos cruzadas o en oración, indistintamente, dos con un tono blanco y dos con un tono oscuro, aumentando la sensación dramática de las esculturas. También se conservan algunas cruces de forja decorada con motivos vegetales y con un ángel arrodillado y abrazado a ella.

2.3. NICHOS

En el cementerio de Trujillo, el enterramiento en nichos comenzó a autorizarse tras la construcción del mismo. De hecho se conservan nichos fechados en el año 1870, como el de don José Montalvo Izquierdo o los nichos de los Orellana. No obstante, el modelo de enterramiento preferido fue la tumba en tierra. Desde la primera mitad del siglo XX cuando continuaron las ampliaciones del cementerio, el Ayuntamiento comenzó la construcción de bloques de nichos que ceden a particulares, consiguiendo así ahorrar espacio y siguiendo las normas de una época en la que se buscaba la sencillez y la solución para ahorrar dinero, sobre todo, entre las clases más humildes, encontrándonos algunos nichos tan extremadamente sencillos como el del veterinario Juan Trejo, cuyo nombre aparece indicado en una simple chapa colocada en el nicho. La clase noble y los burgueses continuaron enterrándose en los panteones familiares.

 Lám 6. Nichos de Los Orellana

Lám 6. Nicho de los Orellana

2.4. ELEMENTOS DECORATIVOS Y SIMBÓLICOS

Si en la construcción de panteones y tumbas se observa claramente la diferencia entre las personas de distinta posición social, quedó más patente en los elementos decorativos y simbólicos decimonónicos y de la primera mitad del siglo XX. Las personas trataron de personalizar sus enterramientos construyendo panteones suntuosos, tal y como hemos estudiado, así como la decoración de sus tumbas mostrando así la distinción social o superioridad económica de la familia. Considerando, igualmente, que enterrar a sus muertos en panteones elegantes donde desplegar una importante decoración era rendir un mayor homenaje al difunto tras su muerte, una muestra del cariño y la admiración que la familia tenía con respecto al finado.

El arte funerario en Trujillo es muy rico en simbología, tanto cristiana como eminentemente funeraria. El motivo decorativo más utilizado es la imagen de la Cruz, omnipresente en el cementerio de Trujillo; el dolor se manifiesta por medio de imágenes como una antorcha apagada o una columna rota, símbolos de una vida truncada; la devoción es patente en las representaciones de Cristo, la Virgen, ángeles o santos. A esta decoración hemos de sumar también los elementos propios constructivos como molduras, frisos, pilastras, arcos y remates decorativos. Generalmente suelen aparecer motivos escultóricos en las tumbas y los nichos, tanto relieves como de esculturas de bulto redondo, de materiales muy diversos, generalmente utilizando la piedra en las tumbas-panteón y, en los motivos decorativos del propio nicho en relieve. En el cementerio de Trujillo el motivo religioso más frecuente es la figura de Jesucristo que se representa generalmente en brazos de su madre, haciendo alusión también a la muerte de Cristo; Cristo crucificado; un tema muy habitual que representan el amor de Cristo es la representación del Sagrado Corazón. Algunas de las esculturas incluidas en bulto redondo en los nichos hacen referencia a Cristo crucificado, la Asunción de la Virgen, rostros de ángeles, la Piedad o Jesús en brazos de su Madre o de un ángel que sostienen la cabeza inerte de Jesús mientras que su Madre le besa la frente, la Virgen del Carmen, los rostros de San José, María y Jesús (la Sagrada Familia) y San José; en otros, el Niño Jesús, San Francisco de Asís y San Antonio de Padua, haciendo referencia claramente a la devoción de los difuntos a cada uno de los santos en los que buscaba su protección divina. Algunos nichos están decorados con representaciones de algunas de las estaciones de la Pasión y Muerte de Cristo, el motivo más repetido es la escena del Huerto de los Olivos, la caída de Jesús o paño de la Verónica, la Crucifixión y la escena del Calvario, que sirve para recordar la futura resurrección.

En algunos nichos la fe se representa con la imagen de la Cruz y junto a ella, el ancla que representa la esperanza, que es el apoyo firme y que impide que el alma se pierda. También, algunos nichos están decorados sencillamente con un querubín.

Un apartado especial consiste en recordar al difunto con una fotografía colocada en el nicho, protegida por un cristal o en un esmalte (valor sentimental), éstas son relativamente recientes, corresponden generalmente a los últimos 40 años. Incluso, en algún nicho aparecen representadas advocaciones marianas relacionadas con Trujillo, tal es el caso de la Patrona, la Virgen de la Victoria.

Lám 7. Angeles

Lám 7. Detalle, ángeles.

Los Ángeles son el motivo más repetido tanto en las tumbas de Trujillo como en los nichos. Algunos de los motivos que explican la numerosa representación de ángeles en el cementerio es porque se les considera compañeros de viaje hacia el otro mundo, nos han acompañado en esta vida y por ende también son compañeros de viaje en la muerte, sólo aparecen recogiendo el alma del difunto para llevarla al cielo. Generalmente, los enterramientos de niños pequeños suelen estar acompañado por un querubín o ángel con las alas desplegadas. Uno de estos ángeles se encuentra abrazando a una cruz en la tumba-panteón de la familia O´Mullony, puede estar relacionado con la Pasión de Cristo. Destaca por su riqueza escultórica, esculpido en piedra sobre un basamento al que se accede por unas escalinatas, muestran gran interés estilístico, por su belleza y elegancia así como por ser representativo del estilo modernista, preponderante entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La majestuosa tumba-panteón de Castellanos presenta una original decoración con el símbolo de un acróstico formado con las dos primeras letras griegas del nombre de Cristo (X-P «equis-Rho») a las que se añaden los símbolos apocalípticos alfa y omega, representando que Él es el Principio y el Fin y, a los lados, las alas desplegadas de un águila.

Lám 8. Jesús en brazos de su madre

Lám 8.Jesús en brazos de su madre.

También son numerosos los panteones y las tumbas decoradas con simbología de carácter profano y funerario. Por ejemplo algunos relieves representan una manecilla de un reloj y un sol arrojando sus rayos, como un símbolo del final del tiempo y la llegada de la muerte. También hay tumbas en las que se representan símbolos funerarios, alusivos a la muerte, utilizando frecuentemente motivos vegetales, como coronas de flores, ramos y guirnaldas esculpidas en la piedra, material utilizado frecuentemente en las tumbas o, en las decoraciones de las rejerías. Otro de los símbolos frecuentes que nos encontramos en el cementerio de Trujillo, tanto en las paredes de los panteones como en las rejas es un reloj de arena, representado con dos pequeñas alas, que nos recuerda que el tiempo pasa rápido y hay que estar alerta ante la muerte.

También suelen aparecer cruces abrazadas con la hiedra, que con su unión simboliza esa estrecha relación entre la vida y la muerte. También es un motivo muy frecuente en las rejas de los panteones. Las flores están muy presentes como símbolo funerario, símbolo de pureza y eternidad como los lirios o las rosas, símbolo de amor eterno. La calavera es otro motivo repetido en el cementerio de Trujillo e igualmente, el fuego, símbolo de la vida y de la purificación que está presente en antorchas y pebeteros en las cubiertas de los panteones, generalmente a ambos lados de una cruz de piedra.

Los animales más representados en las tumbas de Trujillo son el murciélago, animal asociado a la oscuridad, y el búho con las alas parcialmente desplegadas, por vivir de noche y en la oscuridad, está asociado al mundo de las tinieblas, es el símbolo de la tristeza.

Muchos de los motivos decorativos citados están también presentes en la rejería del cementerio de Trujillo. Nuestro cementerio presenta un muestrario interesante de la arquitectura del hierro y del estilo modernista. Las rejas que decoran el cementerio son de hierro o bronce, utilizadas tanto para el cerramiento de las tumbas mediante cadenas como para las puertas de los panteones. Hemos de destacar un importante muestrario de cruces de hierro que coronan las tumbas terrestres así como el cerramiento de algunas tumbas-panteón. El motivo decorativo más utilizado es la decoración geométrica a base de líneas curvas, rejas y cruces decoradas con volutas y ces, dispuestos de forma simétrica. En múltiples ocasiones nos encontramos con motivos ondulados que combinan con formas geométricas como cruces dando lugar a complejas composiciones. También está presente la decoración de motivos vegetales como flores, ramas u hojas, siendo las más frecuentes las flores de cinco pétalos y las hojas de hiedra, que además de ser un motivo decorativo tienen también un destacado carácter simbólico, ya que evocan el abrazo entre la vida y la muerte.

 

 

 

 

[1] Archivo de la Diputación de Cáceres. Sección Sanidad, Leg. 375, núm. 2. Cit. RODRIGUEZ MATEOS, M. V: “La antigua iglesia trujillana de la Vera Cruz”. Norba-Arte, XVIII-XIX (1998-1999). Universidad de Extremadura, Departamento de Historia del Arte, Cáceres, 1985, p. 25. Según don Clodoaldo Naranjo Alonso, fue construido el templo a finales del siglo XIII (no olvidemos que la reconquista definitiva tiene lugar en el año 1232). NARANJO ALONSO, C: Trujillo y su tierra. Historia, monumentos e hijos ilustres. Trujillo, 1923, vol. II, p. 75.

[2] “Quemaron los franceses la casa de Diego Pizarro, la casa del Paular que se llamaba del Toro, los archivos y edificios de la Vera Cruz y San Andrés, el hospital de Sta. Lucía, en la calle de Garciaz y otros edificios como la ermita de los Mártires, en 1809”. Libro de Rentas de la parroquia de Santa María, Cit. NARANJO ALONSO, op. Cit., p. 330. RODRIGUEZ MATEOS, M. V, op. cit., p. 27.

[3] TENA FERNANDEZ, J: Trujillo, histórico y monumental, op. cit., 543 y 544.

[4] NARANJO ALONSO, op. Cit., p. 270.

[5] Ibidem, pp. 77 y 78.

[6] Colección Legislativa, tomo 18, Madrid, 1834, p. 131. Archivo Municipal de Trujillo, Libro de Acuerdos de 2 abril 1812, fol. 19 vº. Cit. PIZARRO GÓMEZ, F. J: Arquitectura y Urbanismo en Trujillo, op. cit., p. 347.

[7] Novísima recopilación de las leyes de España, libro I, título tercero, Ley I, p. 18.

[8] Archivo Municipal de Trujillo, Libro de Acuerdos de 31 marzo de 1812, fols. 17 y 17 vº.

[9] Archivo Municipal de Trujillo, Leg, 414, Libro de Acuerdos del 16 junio 1812, fols. 26 vº  y 27. Cit. PIZARRO GÓMEZ, op. cit. p. 348.

[10] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 416, Libro de Acuerdos del 29 agosto del año 1814, fol. 79.

[11] PIZARRO GÓMEZ, op. cit., p. 349. Vid. Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 416. Libro de Acuerdos del 23 diciembre del año 1814, fol. 129.

[12] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 564, libro 2, s. f.

[13] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 564, libro 2, expediente para la construcción de un cementerio, s/f.

[14] PIZARRO GÓMEZ, op. cit., p. 350.

[15] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 471, Libro de Acuerdos del 25 de diciembre del año 1871, fol. 66. Leg. 477, Libro de Acuerdos del 10 mayo del año 1875, fol. 35 vº.

[16] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 480, Libro de Acuerdos del 18 marzo del año 1878, fol. 16 vº. Cit. PIZARRO GÓMEZ, op. cit., p. 354.

[17] TENA FERNANDEZ, J, op. cit., p. 545.

[18] Vid. Juan SANZ ANTON: La población cuantitativa de Trujillo durante los siglos XVIII al XX. op. cit., p. 14.

[19] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 497. Libro de Acuerdos de 1895. Acuerdos de 11 de febrero, f. 18.