Sep 192013
 

José Antonio Ramos Rubio.

RESEÑA GEOGRÁFICA

Profunda huella dejó Roma en Extremadura, de la que fue capital Mérida con el nom­bre de Colonia Augusta Emérita. De aquí partían vías importantes de comunicación, tal es el caso de la Vía de la Plata.

Cáparra, en la provincia de Cáceres, situada a unos 20 Km. de Plasencia, muestra su orgulloso arco triunfal, bajo el cual pasaba la Vía de la Plata. Destaca la ciu­dad al fondo de la carretera que, desde la general de Salamanca a Cáceres, conduce a la misma y al puente romano sobre el Ambroz, fuera del recinto amurallado, que sirvió a la desaparecida ciudad romana.

Se halla en una altiplanicie casi desierta, paisaje poblado de encinares. Se asienta sobre una prominencia del terreno a una altura de 400 metros regada por el río Ambroz, afluente del Alagón. Con una ex­tensión aproximada de 16 Ha.

Su problema de ubicación no ha sido un problema por las vecinas lápidas de Baños y Plasencia que hablan de los caperenses. Además, se conserva el miliario exacto que corresponde a la mansio. Colocándola a CX millas de Mérida. José María Blázquez, en las excavaciones de 1963, encontró junto al río otro miliario con el número de millas: CIX. La calzada pasaba por debajo del arco conmemorativo dividiendo la ciudad con dirección NE-SW.

 FUENTES E HISTORIOGRAFÍA REFERENTES A CÁPARRA

 Es una ciudad romana que está bien documentada en la antigüedad. El primer autor que la cita es PLINIO, QUIEN escribe en época flavia. La sitúa en la Lusitánia. Los caperenses constituían un populus peregrino con el estigma del pago de un stipendium, son estipen­diarios de Lusitania. La ciudad existía desde finales de la República, aunque también es demostrable que sus orígenes eran anteriores por cuanto el castigo tributario es anterior de cuando Norbanus Flacus conquista estas tierras y funda en ellas la colonia Norbensis Caesarina en el 35 a.C.

También la cita Ptolomeo, colocándola entre los vettones y, otra vez, la cita entre los lusitanos. Este cambio puede indicar que la ciudad estaba en el límite de los dos pueblos. También puede ser que fuera ciudad lusitania y pasó con la administración romana a vetona o viceversa.

También puede que Ptolomeo usara dos fuentes espaciadas en el tiempo en cuyo trans­curso Capera pasó de los lusitanos a los vetones o viceversa. Ptolomeo cita a Capera como ciudad. Como esta ciudad estaba en el itinerario de Mérida a Salamanca aparece citada en el Itinerario de Antonino y en el de Barro. El nombre de “Capera» aparece en las lápidas, es la fuente más próxima para dar nombre «auténtico» a la ciudad.

La ciudad ha interesado a los eruditos desde temprano: Accursius, Docampo, Zurita, Metellus, Castro, etc. También es importante la aportación de las excavaciones realiza das por A. Floriano Cumbreño (1929). A él se debe el emplazamiento de la ciudad, lo fi­jó como un recinto rectangular, aunque observado detenidamente es pentagonal, pues el muro del NW, debido al terreno, quiebra en ángulo casi recto, produciendo un chaflán en el ángulo N. José Mª Blázquez también ha realizado excavaciones en Cáparra (1965, 1966 y 1968), aportando nuevos edificios y aspectos importantes de este núcleo lusitano.

 RESEÑA HISTÓRICA.

 Nada se sabe de los orígenes de Cáparra, podemos suponer que fue una ciudad indígena y más tarde sufrió una fuerte romanización. La vía debió darle importancia y el gran número de inscripciones que se conservan de individuos de otras ciudades prue­ba que debió tener gran movimiento. Se amuralló en el Bajo Imperio como otras ciuda­des de los alrededores. Puede que para proteger el oro que provenía de Cantabria y Gallaecia. Después la ciudad comenzaría a perder importancia con la implantación de nuevas rutas. A lo largo de los siglos se fue despoblando y ya en 1780 contaba con tan sólo ocho vecinos. Hoy día está en ruinas y totalmente despoblada.

 ARQUITECTURA

 La romanización de territorios alejados de Roma fue uno de los grandes impulsos del imperio romano, tal fue el caso de Cáparra.

Grande y rica debió ser si la consideramos por los trozos que han quedado de su muralla, por sus monumentos y por sus lápidas.

La extensión de Cáparra se puede calcular en unas 14 ó 16 hectáreas. Fue una ciudad pequeña, dentro de hispania si la comparamos con otras ciudades como: Caesaraugusta (50 Ha.); Emerita Augusta (120 Ha.); etc. aunque también hubo otras de menor extensión como: Coria (9 ha.) o Canta­bria (10 Ha.).

Quizá existieran edificaciones fuera de la ciudad amurallada, pero ni he encon­trado vestigios para poder afirmarlo, ni ningún estudio ha hecho referencia a las mismas.

Las murallas hechas a base de sillares tienen una anchura de 3,2º m. y en algunos lugares sobresale unos 5 m, de altura.

La ciudad de Cáparra debió recibir un gran impulso con la construcción de la Vía de la Plata en tiempos de Augusto, muy en relación con la explotación de las ricas minas de oro de Asturias y Galicia que fueron una de las causas determinantes de las guerras cántabras.

Lo que sí hay fuera del recinto amurallado es una construcción romana, que lo considero un término distinto a edificación. El puente sobre el río Ambroz, ubicado a 150 m. al norte de la muralla, corriendo de E a W y desembocando en el Alagón. La calzada mar­cha paralela y debajo de él. Consta de cuatro arcos, dos grandes y otros dos más pe­queños. Fue restaurado al abrirse la carretera que lleva al nuevo pantano de Gabriel y Galán. Donde mejor se conserva el paramento romano de sillares graníticos es en el arco grande de la margen izquierda y en las primeras hiladas del pilar central.

Por sus características podría ser contemporáneo al Arco de Cáparra, al acueducto de Segovia y al puente de Alcántara; por tanto de época de Trajano. Es lógico que la mayoría de las construcciones relacionadas con la vía daten del siglo II, pues en los años del gobierno de los emperadores Trajano y Adriano la vía se reparó, y en esta región se levantaron muchas construcciones como en el resto del Imperio. Por tanto, la fábrica original del puente puede que hubiera sido de la época de Tra­jano, como casi todos los puentes de la calzada. Creemos que pudo haber sufrido una restauración en fecha no determinada del Bajo Imperio. Hoy, como ya se ha dicho, está en uso.

 

Se cree que fuera del recinto amurallado hubo un anfiteatro al que se han referido muchos escritores. Es perceptible por una cavidad que hay en el lado NE en el terreno. Además hay un anillo de montículos que bien podría corresponder a la cavea.

En las excavaciones realizadas por J. María Blázquez se descubrió un anillo; era un podium que tenía por finalidad proteger a los espectadores de los combates.

También podríamos pensar que el recinto oval se tratase de una piscina. Los sillares con una esquina matada no son un indicio de que era depósito natural de agua, las personas de una finca cercana me dijeron que hay tradición de la existen­cia de una gran conducción de agua en las proximidades. El muro es de piedra y barro lo que difícilmente conviene a un depósito de agua, aunque estuviese revestido de cemento. Además, existe una charca, sin duda romana, con un gran muro de sillares y con un suelo de cemento, bien conservada.

Me oriento a la posibilidad de que fuese un anfiteatro o posiblemente una torre de defensa de la muralla, que está muy próxima a la misma. Pudiera ser una torre levantada con motivo de las invasiones del siglo III. Tanto una como otra construcción hay que fecharla en el Bajo Imperio, por las monedas encontradas en sus proximidades.

Dentro del recinto amurallado hay otras puertas que no pertenecen a la entrada de la ciudad, sino a un recinto sagrado: el templo de Júpiter o Cápitolium.

Cáparra hubo de tener tres templos posea un Capitolium. Por las plantas de los mismos no se puede dudar de su empleo.

Si uno estaba dedicado a Júpiter, los restantes estarían dedicados a Juno y Minerva (la Tríada Capitolina).

 El templo de Júpiter: estaba formado por una cella in antis, quizás tetrástilo pero solo tiene una columna axial. Mide 9,30 m x 10,60 m y su orientación es SE-NW. Con hilera de columnas que marcan el límite de la cella. También tiene pronaos. Las puertas debían ser de madera, con número impar de escalinatas.

Las puertas de Cáparra no tenían más que un peldaño y eran más altas que anchas. El templo de Júpiter, a juzgar por una inscripción, es de tiempos de los Antoninos. El material empleado: piedra, madera, ladrillo y mármol.

Hacia el N. hay un edificio rectangular, supuesto templo de 12,50 m x 11 m. Su suelo está formado por bloques de cal, teja y baldosas de barro, sin simetría. El aparejo del muro constituido por piedras labradas sin unir con argamasa. Se ha encontrado en él cerámica de los siglos IV-V que correspondería a un primer nivel del edificio. También se ha encontrado cerámica aretina, de época de Adriano lo que podría indicar que, quizás, el edificio sufriera una recons­trucción posterior.

Hay una pared con triple puerta, quizá la entrada al Foro (plaza de las ciudades romanas donde se trataban los negocios públicos.

Es importante destacar las necrópolis por los importantes hallazgos encontra­dos en ajuares funerarios. Una situada al SW de inhumación, y dos en el NE y SE de incineración. Una tumba de esta última proporcionó un rico ajuar funerario: un jarro y copa de vidrio, una pátena, cuchara de plata, cuchillos, etc., objetos que atestiguan la importancia del enterramiento.

El monumento más importante de Cáparra es el Arco conmemorativo o tetrapylon. Es en su género el más original de los de España. Es el único quadrifons en la Península. Se alza en el centro del recinto de la ciudad. Se levantó en el cruce de dos vías cuyo emplazamiento estaría situado en el propio foro o en sus cercanías, próximo al templo de Júpiter. Cerca del arco hay una construcción tan pegada al mismo que la única explicación es que sea tardía, cuando la ciudad estaba a punto de ser abandonada.

El arco constituiría la entrada al Foro o a la Curia. También se puede tratar de un monumento funerario, levantado por un particular según se desprende de la inscripción colocada en uno de los zócalos:

 

BOLOSEAe FIDIO

PELLI. F. MAcri f

M. FIDIVS. MACER

TFSTAMENTO F. C.

 

Lo que traducido quiere decir: «Marco Fidio Macer, hizo este monumento por disposición testamentaria de Boloseano Fidio Macrino, hijo de Pellio”.

 

Hay otras dos lápidas más, y en ellas el personaje principal que se menciona es, de nuevo, Fidius Macer, ciudadano romano. Por una inscripción podemos saber que este hombre fue Magistratus de Capera, la ciudad que según Plinio era una civitas stipendiaxia.

En vida de Fidius Macer pasó de ciudad peregrina a municipio de derecho romano. Macer, hombre poderoso, es elegido Dunvir (cambio que se observa en las inscripciones). Por estos datos podríamos averiguar la fecha del arco.

En el año 74, cuando Vespasiano otorga el derecho latino a todos los hispanique no gozasen ya de él, la  municipalidad latina se hizo extensiva a todas las ciudades de la lusitania. Fidius Macer vivió sobre el año 74 de la Era por lo que el arco en el que figura su nombre es de estos tiempos.

García y Bellido lo fecha hacia el 75, señalando que el despiece de la bóveda de aristas sólo tiene semejanzas con el de planta baja del sepulcro de Teodorico en Rávena del año 526.

Es un arco triunfal, del orden compuesto, sobre la misma calzada, razón por la cual queda desechada la opinión de los que han supuesto que el edificio no era sino el monumento de Boloseano, en concepto de sarcófago, pues los sepulcros jamás estuvieron sobre los caminos. Además, su misma forma lo dice. La construcción es de sillería granítica, los arcos de medio punto, y su dovelaje con moldura marcando el extradós. Los arcos arrancan de pilastras áticas que descansan sobre el zócalo moldurado con capiteles caprichosos decorados con guirnaldas y hojas finas. Si no contáse­mos con la epigrafía, sólo con el capitel de voluta se podría fechar el arco, pues este capitel es una variante del corintio que debió aparecer en época de Augusto,  desarrollándose en tiempos de los julio-claudios y los flavios.

El interior del templete aparece cubierto con bóveda de arista y sobre ella un macizo de hormigón. Puede que terminara en ático o quizás en pirámide. Es probable que estuviera revestido de placas de mármol y decorado con esculturas.

 

 

ESCULTURA.

 

La escultura romana de Hispania tiene una calidad y uniformidad que hace pensar en una cierta independencia y exención de influencias indígenas. Como atestiguan los numerosos hallazgos encontrados en nuestra región.

 

 

Esculturas de Cáparra

 

El arco es muy probable que llevase, sobre los dos zócalos, estatuas o relieves, tal y como era frecuente en los arcos.

El Duque de Añón, en su Palacio de Plasencia, conserva tres retratos procedentes de esta ciudad, son: un retrato de un príncipe julio-claudio (quizás Tiberio); un re­trato de Antonino Pío (muy original, de mármoles de colores); y un retrato de época galiénica, fechado entre los 240 y 250, como lo indica su parecido con una cabeza del Museo de las Termas. Tiene este último, gorro o casco, no documentado en Roma, por lo que se trata de un militar hispano. En las cercanías de Cáparra se ha encontrado otro togado, también de mármol. En el Templo de Júpiter también Floriano Cumbreño encontró otro togado.

OTROS HALLAZGOS

 Voy a hacer una relación sistematizada de los principales hallazgos de Cáparra. Sería abrumador exponer todos los descubrimientos gracias a las excavaciones arqueológicas.

En una tumba se encontró una trulla de plata (cazo semiesférico), parecido a otro del Museo Arqueológico de Badajoz. Una cucharilla de plata, dos caldereros pequeños y un cuchillo de hierro. Puede que fuese la tumba de un sacerdote, debido al tipo de útiles encontrados.

En otra tumba se encontró una urna cinerama con monedas de plata y una cuchara de bronce. Más abajo, apareció una ocrea de bronce con baño de plata.

Cerámica aretina; terra sigillata, gálica e hispana; vidrios, hierros (puñal clavos), etc. Todos ellos y muchos más que seguramente se hallan enterrados bajo el suelo de lo que fue la antigua Capera, definen la historia y la vida de una ciudad importante de la provincia de Cáceres abandonada desde 1780 y que fue paso importante en el caminar: “Iter ab Emerita Asturican”. Ahora todo son montes, espesuras y baldíos. Los que la fundaron tuvieron un gran acierto en elegir este lugar para el empla­zamiento de una antigua ciudad, que muchos no conocen pero que es digna de admiración: Cáparra.

 Lam. 1. Situación de Cáparra y croquis de la ciudad  

Lam. 2. La ciudad. Edificaciones

Lam. 3. Plano de la Villa

 

Lam. 4. Arco conmemorativo