Oct 011979
 

Antonio Muñiz Sánchez.

A través de la historia, Guadalupe es un monumento capital del arte mudéjar; una soberbia y formidable representación del mismo.

Carlos, nuestro glorioso Emperador, fue un admirador del mismo, a pesar de que en su gobierno floreciera tan espléndidamente el Renacimiento.

Ser el arte que más influencia y representación tiene en el famoso monasterio, es lo primero que tenemos que afirmar.

Nada hemos dicho acerca de las generalidades del estilo y su origen.

Y por ello, queremos hacer una breve descripción del mismo.

A pesar de ser un estilo, que no salió de nuestras fronteras patrias, pero por eso mismo el más genuinamente español y característico.

Todos sabemos que nuestra patria se vio envuelta en la lucha secular contra la morisma, y que dicha lucha, iniciada hacia 721, en la abruptas montañas de Asturias, y bajo la advocación gloriosa de otra imagen mariana, Covadonga, no terminó «oficialmente» hasta la toma de Granada por los Reyes Católicos, en 1492. Aproximadamente ocho siglos.

Los siglos VIII, IX y X marcan una vacilante oscilación entre la cultura cristiana y la musulmana, entre la manera de vivir oriental o europea; pero en el siglo XI, arruinado ya el Califato de Córdoba, los cristianos se imponen política y militarmente a los musulmanes.

Que siempre la influencia religiosa y la devoción mariana fueron factores muy decisivos en la secular lucha de la Reconquista. «Tú diste, Madre mía, valor a nuestros reyes, por Ti la media luna pudimos abatir».

Formidables luchas existieron en tan dilatado tiempo, con sus avances y retrocesos, altos y bajos. La acción militar, un tanto desordenada y aislada, hizo que en los territorios ocupados o ganado hubiera diversas vicisitudes.

Mantener una seguridad fue el deseo recíproco de ambos contendientes; si ganaban los árabes y la población cristiana quedaba sometida, se llamaban «mozárabes». Si los vencedores eran cristianos, la población vencida se llamaban «mudéjares», nombre que significa «tributario», ya que llevaban el peso fundamental de las contribuciones. En los tres primeros siglos de la Reconquista, por el predominio musulmán, casi no había; su número aumentó muchísimo en los siglos XI, XII y XIII. Los de las ciudades se dedicaban a los oficios y al comercio; los del campo, a la agricultura.

La primacía del predominio cristiano, a partir de entonces, se hizo manifiesta: Vivieron sometidos al dominio cristiano, pero conservaron sus costumbres, justicia y religión. Sus barrios se llamaron «aljamas» o morerías. Estaban obligados a pagar el diezmo a la Iglesia y a arrodillarse al paso del Santísimo Sacramento; no podían ser testigos sino en causa propia; se les prohibió el uso de determinadas telas y se les obligó a llevar barba.

Gran empuje y categoría social alcanzaron en el siglo XI, ya que, además de las especialidades anteriormente descritas, fueron diestros en la construcción y oficios auxiliares a ella, por lo que pudieron colaborar al desenvolvimiento artístico de España.

Familia artesana y campesina los llamó el rey Enrique IV, en el que tuvieron un gran protector, y el cual yace hoy bajo los ábsides mudéjares de la basílica guadalupense.

De fulgurante podemos considerar su incidencia en el campo de las bellas artes y de la arquitectura.

Por origen primero del estilo se tiene la introducción en el arte románico, especialmente en Castilla y León, de elementos moriscos; San Juan de Duero, en Soria, y la Vera Cruz y San Millán, en Segovia, son buenas pruebas de cuanto estamos afirmando.

Resumiendo, la características generales del estilo son: el arco de herradura; las cubiertas, generalmente de madera, con lindos artesonados; como elementos árabes: el uso constante del ladrillo, como material de construcción, ya solo, ya alternando con mampostería. Los azulejos son un elemento muy socorrido de su ornamentación. En el pleno esplendor del arte mudéjar, Toledo y Andalucía son los centros más representativos.

Ostensible y asombrosa es la cantidad de monumentos mudéjares que existen en la imperial ciudad: la iglesia de Santiago del Arrabal, las torres de San Miguel y Santo Tomé, la basílica de Santa Leocadia, la sinagoga del Tránsito, la Puerta del Sol, Santa María la Blanca, el Cristo de la Vega, la Concepción Francisca… Ya en la provincia, es preciosa y esbelta la torre de Santa María de Illescas, la patria de Fray Gonzalo, el prior inmortalizado por Zurbarán en un cuadro de la sacristía y que hoy duerme el sueño eterno bajo los arcos de herradura del claustro mudéjar guadalupense.

A pesar de que nos gustaría, no podemos extendernos sobre el mudéjar andaluz, exuberante, lujurioso, riquísimo de estructura y ornamentación; con sus formidables monumentos civiles, como el palacio de Las Dueñas, la casa de Pilatos y los reales alcázares sevillanos. Ni tampoco podemos describir, porque sería muy extenso, las airosas torres de San Martín y del Salvador, de Teruel, ni la profunda diversidad de muestras que encierra Zaragoza en torres, ábsides, frisos, de los cuales el de La Seo es la más impresionante muestra de la azulejería y riqueza ornamental del estilo.

Sobre los cenobios franciscanos y jerónimos (¡vaya un cruce glorioso para la historia del monasterio guadalupense!) se sirvieron también de albañiles y carpinteros mudéjares, llamados «alarifes», para la construcción de sus conventos e iglesias, principalmente en Extremadura y Andalucía

A profusión de ejemplos podríamos recurrir, los tenemos en el famoso monasterio jerónimo de San Isidoro del Campo, en Sevilla; Santa Clara, de Moguer, y el histórico convento franciscano de La Rábida: su claustro, construido a principios del siglo XV, cargado con el peso glorioso de su evocación colombina, esta construido de ladrillo, sobre pilares octogonales, llenos de encanto y sencillez.

Convento magnifico es, en Castilla, el cenobio franciscano de San Antonio el Real, que es la construcción religiosa mudejar más notable de Segovia.

Cariño y predilección debió sentir hacia el convento de Santa Clara, de Tordesillas, el gran rey Alfonso XI, y que en sus inicios fue palacio suyo (el magnánimo fundador del monasterio de Guadalupe, el victorioso del Salado); tiene en la capilla mayor de su iglesia, el «alfarje», la ornamentación de carpintería en su techumbre más rica de España.

Y recordando nuestra querida Extremadura, sin tener en cuenta ahora el santuario de la Hispanidad, existen algunas muestras mudéjares: en Abadía, la tierra llana cacereña, en el límite con Salamanca, a orillas del Ambroz, se alza el original patio mudéjar del siglo XIII. También en Badajoz, en Tentudía, tenemos un sencillo claustro.

Profunda visión causa a quien por primera vez contempla, en Granja de Torrehermosa (no en vano le viene el nombre), la airosa y esbelta torre mudéjar, con una bellísima y caprichosa disposición de ladrillo. En Fregenal de la Sierra es maravilloso el techo de alfarje de la capilla de Santa Catalina, que prueba una vez más el dominio profesional de aquellos artesanos. Finalmente, Fuente del Maestre, ciudad señorial y franciscana, junto a los muros de su impresionante parroquia, asoma, esbelta y sencilla, una torre mudéjar, que es todo un poema de belleza y hermosura.

Admiración causa un arte grande, tratado con pequeñas pretensiones; un estilo que alcanzó grandes fines arquitectónicos, con medios limitados y humildes. Sólo el yeso y el ladrillo, materiales pobres, como correspondía a poblaciones vencidas, hicieron verdaderas filigranas artísticas. Y es que hasta en la arquitectura, utilizando la expresión evangélica, el que se humilla será ensalzado.

Oct 011979
 

Antonio Muñiz Sánchez.

Alimentarse y comer es la más primaria necesidad que la naturaleza nos ha impuesto, la inteligencia del hombre fue capaz de modificar la forma natural de hacerlo, evolucionando y preparando los alimentos de las más variadas maneras, llegando a confeccionar la cantidad de guisos y preparados que actualmente poseemos.

El acto de comer ha constituido una de las más representativas formas de unirse familiarmente en las mismas órdenes religiosas, el refectorio es una de las más importantes piezas, y su asistencia al mismo, inexcusable. No digamos lo solemne y ritual que era el cabeza de familia presidiendo la mesa y bendiciendo los «dones que hemos recibido de vuestra largueza».

Reunida la familia alrededor de la mesa o al calor de una lumbre, en el «hogar era un simpático cuadro de armonía, felicidad y amor, en un acto tan sencillo como el comer, pero cargado de una enorme fuerza aglutinante. Extremadura, región agrícola por excelencia, ha conservado, con religioso afán las tradiciones y costumbres que nos fueron legadas por nuestros antepasados, entre las que son destacadas los platos típicos y las diversas formas de prepararlos. Como región interior, la pesca nos es preponderante; como agrícola, los platos sencillos y pastoriles, son frecuentes; ello sin excluir los sabrosos asados o fritos, comunes a todas las regiones españolas, pero nos limitaremos a los más representativos.

Sea el primero el cocido extremeño: Es una derivación de la «olla podrida» cuya principal diferencia fue el añadido de legumbres, especialmente garbanzos. Podríamos definirlo como «vianda preparada con carne, tocino, chorizo y legumbres, todo lo cual se cuece y sazona juntos».

El gran aperitivo del cocido es su sopa, que se prepara extrayendo el sabroso caldo del cocido, para tomarlo aparte. Varias formas hay de consumirlo primera, tomándolo según se extrae, en forma de consomé; segundo, haciéndolo hervir

aparte, añadiendo pastas, tales como fideo… etc. y dándolo un breve punto de cocción; y finalmente, y esta es la forma más clásica, calando dicho caldo en las rebanadas de pan, previamente cortadas en finas lonchas, para que empape bien cosa de unos minutos, ya si excede de tiempo, se convertiría en una pasta.«Ufrasia, vélas calando c’a sonao el din din» Se refiere a la campana de coro que en Guadalupe, a las doce solares sonaba para llamar a los religiosos, y avisaba a los guadalupenses que ya era la hora del «yantar».

La legumbre típica del cocido es el garbanzo, que entra exclusivamente, (aunque también admite alguna patata), ya que las mezclas con arroz, judías, verdura, etc. son más propias del potaje.

Esto no quita, para que bien aparte o juntamente, se cueza verdura, berzas, calabaza, etc. para suavizar un tanto el enérgico del representativo plato extremeño. Finalmente viene la «cecina» como genéricamente se denomina al conglomerado de carne, tocino, chorizo, jamón, etc. y que se empringaba en rebanadas de pan. Algunos cabezas de familia, a los que cariñosamente recuerdo, tomaban este acto como un sagrado rito jurisdiccional. Extremadura ha sido y es una fuente inagotable de valores humanos, de virtudes excelsas.

Se me olvidaba decir que la sopa puede ser normal cuando no lleva aditamento alguno y entonces tenía un color amarillo; y si tiene chorizo, su grasa la confiere un atrayente color rojo, que despide un olor fragante.

También debo decir que la sopa, una vez calada puede añadírsele un poco de «pellejerana» hierba buena y consumirse con la ayuda de aceitunas, cebollas, pimientos. etc.

La ventaja del cocido es que él solo se hace; no necesita la presencia constante de la cocinera; no hay que estar mirándole y meneándole, añadir ahora esto y luego lo otro. Así que a la categoría de plato fuerte, une la ventaja de lo práctico.

La sopa de ajo es también otro plato, famoso por la sencillez y rapidez de su hechura y lo económico de su coste.

La primera base para una buena sopa de ajo, es tener buen aceite. En una cazuela o sartén se pone el aceite a calentar y se echan los dientes de ajo y el pimentón; se rehoga lentamente dándole vueltas para que se haga por igual; se le agrega el agua fría; se sazona de sal y se deja cocer muy despacio unos cinco minutos. Se calan las sopas, que como siempre, deben estar finamente cortadas, y se deja reposar unos minutos.

Esta es la forma clásica de prepararlas, al menos, en Extremadura. Admite tropezones de carne frita, pedazos de huevo cocido, también un huevo escalfado… etc. pero ya digo, esto son filigranas que se apartan un poco de las verdaderas y sencillas sopas de ajo.

El famoso «ajo cano» tan común en los pastores de nuestra tierra y que tan gran solución presta a su problema de manutención, no es otra cosa que la sopa de ajo con dos variantes; primera se fríen unas rebanadas de pan o «pringadas» para adornar la sopa de pan; segundo, el añadido de agua se cambia por leche, lo cual las convierte en doblemente atrayentes y nutritivas. Dejando aparte su mayor valor alimenticio ¿será que muchas veces los pastores encuentran más a mano, la leche que el agua? Todo un tratado de filosofía natural.

Las migas es también otro plato suculento y característico extremeño. El pan debe ser «sentado», quiere decirse que no debe ser tierno, ya que así no se presta a ser cortado en finos trozos. Conque sea del día anterior es suficiente. Varias cucharadas de aceite, algunos dientes de ajo, pimiento, algo de pimentón y una buena cantidad de tocino, son los fundamentales ingredientes. Se fríen los dientes de ajo, se le añade el pimentón y posteriormente el agua; inmediatamente se echa el pan, removiéndolo con una paleta, hasta que alcance el punto debido, que se notará, cuando las migas estén sueltas y doradas.

En la zona de Badajoz, el tocino, muy picado, se entremezcla con el pan, confundiéndolo con las migas, lo que le proporcionará agradable sabor.

Sin embargo en Cáceres, las migas se rehogan sin el tocino, que en pedazos relativamente gruesos, se fríen antes, apartándolos después, para en forma de «torreznos» comerlos como aperitivo con las migas.

A mitad de plato, especialmente en las zonas pastoriles, se rematan añadiéndole una cantidad de leche caliente, lo cual multiplica su valor y ayuda a comerlas con más facilidad.

La cocina extremeña se sienta sobre los pilares de tres monasterios famosos: Alcántara, Yuste y Guadalupe; la cocina monacal, pacientemente, día a día, año tras año, fue añadiendo fórmulas y recogiendo experiencias, que fueron la base de la gastronomía regional.

Hasta ahora, los anteriores platos calientes, son propios del invierno: existe otro, de tipo refrescante, más propio del verano. Nos referimos, sin duda, al gazpacho; en Badajoz se hace de la siguiente manera: Se frota el interior del mortero con unos dientes de ajo, machacándolo luego con un puñado de sal y agregando un buen migajo de pan. Se añaden tomates crudos y pimientos. Cuando todo está bien majado, se echa el aceite, a pequeños chorros, batiéndolo bien, para que ligue la mezcla. Conseguido esto, se echa la suficiente agua fría. El aderezo se completa con algo de vinagre y se migan pedazos de pan no tiernos y rodajas de pepino.

En Cáceres, el gazpacho se hace así: Se machaca el ajo con el mortero (en algunos lugares, además se le echa poleo) a continuación se depositan en un recipiente aceite, algo de vinagre, una miga de pan desmenuzada y una yema de huevo cocido, todo ello se bate bien, agregando agua fría poco a poco. Se pica un poco de cebolla, tomate, la clara del huevo cocido, pepino, un poco de pimiento verde y pequeños trozos de pan.

Refiriéndonos a Guadalupe, son proverbiales los platos de la matanza, tales como la «probadura» o masa fresca de chorizo, tan suculenta como indigesta, o la «cachuela» hecha para aprovechar el hígado fresco del cerdo y suavizada con miga de pan, qué es una delicia saborearlo.

En cuanto a dulces, el bizcocho, a base de harina y huevo, para mojar en chocolate o café, o bien se puede comer solo, por lo magnífico de su sabor: lo mismo digamos de las magdalenas, las perrunillas, cargadas de aceite o manteca, resultan un manjar que debe tomarse «en seco». El muégado o bizcocho alto, amorosamente unido con miel, es por su alto porte y exquisito sabor, golosina propia de las grandes ocasiones.

Existen también platos propios de determinadas localidades, como son: gallo a la manera de Hervás, lagarto a la plasentina, faisán alcantarino, pastel de perdices coriano, huevos emeritenses, capón asado a lo Almendralejo, bizcocho borracho de Cáceres, ajioli zoritano, buñuelos alianos, caldereta pastoril navezueleña, carne encebollada de Jerte, chorizos dombenitenses, menestra trujillana, puchero cañamerano, farinatos de Gata y patas de cordero torrejoneras. No he hablado de los platos derivados del cerdo, porque esto sería imposible; baste recordar que la cocina extremeña tuvo como base los más ricos alimentos que del mismo proceden; acaso no haya ninguna otra región de España, donde pueda evocarse un ambiente gastronómico de tal intensidad, creador de una tradición que todavía perdura.

Lo único que ha faltado en esta excursión, es que la lectura de cosas tan ricas y sabrosas, en vez de entrarnos por los ojos, hubiera sido por la boca, como era menester.

Oct 011979
 

Eduardo Martín de Hijas y Luengo.

El Condado de Miranda del que vamos a tratar en esta intervención, mal llamado así en realidad tuvo sus orígenes en el siglo XV, formándose de importantes retazos de las inmensas propiedades del Condestable de Castilla Don Ruy López Dávalos. El 14 de Octubre de 1393, Don Enrique III el Doliente concede a Candeleda y a otros lugares vecinos de las Ferrerías de Ávila el privilegio de villazgo, y coloca a esta Villa junto con la de La Puebla de Santiago bajo el señorío del Condestable Dávalos, como dos más de sus numerosas villas y señoríos que abarcaban desde Ribadeo en Galicia hasta Úbeda, Jódar y Ximena en Andalucía. Pero caído en desgracia y desterrado, se hace almoneda de tan inmensos dominios llegando a participar en ella el mismo Rey Don Juan II y los Infantes de Aragón Don Álvaro de Luna, en auge entonces, obtuvo el título de Condestable de Castilla. En este reparto, las villas de Candeleda y de la Puebla de Santiago cayeron en suerte al Justicia Mayor del Rey, Don Pedro de Zúñiga o Estúñiga: «e a Pedro de Zuñiga, Justicia Mayor del Rey, dio a Candeleda con ciertas ferrerías que allí tenia el Condestable D. Ruy López Dávalos» «e la Villa de La Puebla» dice textualmente la Crónica de Juan II en el año decimoséptimo de su reinado que era el de 1423.

Treinta y cuatro años después su hijo Enrique IV instituye el Condado de Miranda del Castañar en la persona de Don Diego López de Zúñiga descendiente de Don Pedro, que ostenta ya el título de Condestable de Castilla y es Señor de las villas de La Puebla y Candeleda. La fecha exacta de la concesión: Palencia, 9 de Febrero de 1457. El nombre del título se debe a que Don Diego estaba casado con Doña Aldonza de Avellaneda, que era Señora de la Villa de Miranda del Castañar al sur de la Provincia de Salamanca. Argote de Molina, en su obra «Nobleza de Andalucía» publicada en Sevilla en 1550, declara sin lugar a dudas que la Señora de Avellaneda, Aza y Fuente Almexir era también Señora de Miranda y que casó con Diego de Zúñiga que por este casamiento fue primer Conde de Miranda.

Los Condes de Miranda son dueños, aparte otras posesiones, del Condado de su nombre, que junto a la Villa condal agrupa los pueblos de Santibáñez, Santa María del Llano, Molinillo, Cepeda, Sequeros, Garcibuey, Cereceda, Cilleros, Aldea del Conde, Ergyjuela etc. hasta un total de veintiséis lugares y aldeas en la Provincia de Salamanca; y Señores de las villas de Candeleda y su Tierra, incluido El Raso, y de La Puebla de Santiago del Campo Arañuelo, después llamada La Puebla de Naciados con todos sus anexos: Valdeverdeja, El Gordo y Berrocalejo, saltando el Tajo hasta la orilla del río Ibor con los territorios de Bohonal de Ibor y Talavera la Vieja, la romana Augustóbriga, inundada en la actualidad y la casi totalidad de su término por las aguas del pantano de Valdecañas.

Este paralelismo entre el Condado y las Villas bajo la dependencia de los Condes duró casi cuatrocientos años; de ahí que historiadores y escritores incluyan los territorios de estas impropiamente dentro del Condado mirandeño, confundiéndolos, como si de un solo Condado se tratara.

Por otra parte, Don Diego de Zúñiga, primer Conde de Miranda era también Señor de Peñaranda de Duero, villa de la Provincia de Burgos, elevándose este título al de Ducado en tiempos del VI Conde de Miranda D. Juan de Zúñiga a finales de mil quinientos, apareciendo desde entonces los dos títulos juntos hasta fechas muy recientes. La XV Condesa de Miranda y XI Duquesa de Peñaranda, Doña María del Carmen Josefa dé Zúñiga casó a principios del siglo XIX con D. Pedro de Alcántara Álvarez de Toledo, entroncando de esta forma la Casa Condal de Miranda y Ducal de Peñaranda con la del Ducado de Alba. Desde 1954 la actual Duquesa de Alba es la XIX Condesa de Miranda del Castañar; y las tierras de la antigua villa de La Puebla, de este mal llamado Condado de Miranda toledano-extremeño, permanecen siendo propiedad del Duque de Peñaranda, sobrino de la Duquesa de Alba.

Hecho a grandes rasgos este rápido bosquejo histórico de la parte del Condado que nos ocupa, veamos ahora algunas de sus características principales. Las dos Villas de los Condes de Miranda, Candeleda y La Puebla, se encontraban separadas por el Condado de Oropesa, que se veía rodeado por el Norte, en la parte de Candeleda, por el límite natural del río Tietar que hacia de frontera entre ellos por el Sur-oeste por los terrenos de Valdeverdeja, La Puebla y El Gordo. Las dehesas de San Benito y los últimos pueblos de la Vera completaban el perímetro por el Oeste y por el Norte. Pero a pesar de esta separación tenían estas Villas mirandeñas un vínculo común muy importante derivado de la importancia misma de los pasos que ambas Villas defendían: la Cañada Segoviana que cruzaba el puerto de Candeleda y el paso del Tajo por el llamado Puente del Conde cerca de Berrocalejo. Pues si el río Tietar formaba, como hemos dicho, la linde sur del territorio candeleano, el río Tajo, con ser tan importante, no formaba la linde definitiva de los territorios del Conde. Antes por el contrario el río constituía el eje o médula del territorio como de tal forma que venía a constituir su mayor importancia estratégica y económica. Porque ya el paso del río y la frontera natural que este hacía no tenía el valor estratégico militar que en los tiempos inmediatos de la Reconquista había tenido, que motivaron la presencia de los Caballeros de Santiago y la misma refundación de La Puebla, ahora tenía el gran valor económico del paso de personas y mercancías por el puente, así como los ganados trashumantes de la Cañada segoviana. Y además el de sus molinos, aceñas y batanes que constituían la más importante fuente de energía de toda la Comarca. Por eso esta parte del llamado Condado de Miranda no tiene ya el uso ni el castillo ni la fortaleza militar. Solo administradores del Conde que cobran los pontazgos y las «cochuras» de sus numerosos molinos a un lado y otro del río. Cuando a partir de 1537 se construye en Almaraz el nuevo puente sobre el Tajo y se va formando la actual «carrera de Extremadura» este valor estratégico de paso se ira perdiendo poco a poco, hasta llegar en el siglo pasado a su total desaparición. Quedará todavía el de las aceñas y batanes, vitales en aquellos tiempos en una zona de tanta actividad textil, especialmente en los telares calzadeños y en los del mismo Condado que no tenían otros batanes que aquellos. Todavía en las primeras décadas de este siglo iban nuestros carros a batanar al río a los batanes del Conde; y a moler han estado yendo hasta después de la Guerra y los molinos han estado funcionando hasta ser inundados por las aguas del pantano. Por eso, si el río era el centro o médula de nuestro Contado no podía ser limite del mismo, manteniendo el Conde la propiedad de ambas riberas. Sobre los términos de Bohonal de Ibor y Talavera la Vieja pesaba un censo enfitéutico cuya redención definitiva no se ha hecho hasta nuestros días. El dominio directo correspondía al Conde y el útil a los vecinos de dichos pueblos; en los años veinte de nuestro siglo un grupo de vecinos adquirió el dominio directo por compra al Conde, y en 1945, con la ayuda de la Obra Sindical de Colonización se consiguió la redención total a favor de todos los vecinos de los dos pueblos, que se repartieron los terrenos de los términos entre ellos. Es ésta, sin duda, una de las características principales del Señorío de La Puebla que estudiamos: la permanencia material del mismo hasta nuestros días. Pues aunque se produjera la redención de este censo del Bohonal y Talavera la Vieja y se expropiaran algunos terrenos de Valdeverdeja por interés social y de la vega de Guadalperal por inundación de las aguas del pantano de Valdecañas, el Duque de Peñaranda es dueño en la actualidad de las grandes dehesas de Guadalperal, Berceluño, el Bañuelo, la Cardenilla, Valdelaosa, etc. que cubrían la mayor parte del territorio de la antigua villa de La Puebla y hoy cubren la mayoría de los términos de sus anexos: El Gordo y Valdeverdeja.

Una última característica o especialidad podríamos señalar a este Condado: la asignación o distribución de los territorios que lo componían en tres Provincias y hasta Regiones diferentes, aparte de la de Salamanca, en el antiguo Reino de León del verdadero Condado de Miranda. Al hacerse la división provincial en 1833 por iniciativa de Javier de Burgos, Candeleda siguió siendo de Ávila, en Castilla la Vieja, a la que siempre había pertenecido. Valdeverdeja fue asignada a Toledo, en Castilla la Nueva, al igual que el vecino Condado de Oropesa, antes también de Ávila. Y El Gordo, Berrocalejo, Bohonal y Talavera la Vieja se incluyeron en la Provincia de Cáceres, en Extremadura, a pesar de haber pertenecido al Alfoz de Ávila desde los tiempos de la Reconquista. Sin embargo de un documento que conservo de un antepasado mío de Candeleda, se desprende con claridad que en el orden militar pertenecía esta villa en el siglo XVIII a la Provincia de Extremadura; y hemos de suponer que lógicamente también estaría incluida en ella la Villa de La Puebla. El documento lleva fecha de 27 de Marzo de 1710 y su encabezamiento dice así: «Yo, Sebastián Sánchez Tornero, Escribano de S.M. público de número y Ayuntamiento desta Villa de Candelada y de merced del Exmº. Sr. Conde de Miranda, Duque de Peñaranda, etc. mi Señor doy fe y verdadero testimonio que en el repartimiento del quartel que se hizo a los vecinos desta Villa por los Ses. Justicia y Regimiento della del impuesto de 1650 reales del mes de Enero pasado deste presente año librados a D. Guillermo de la Cruz, Capitán de la Compañía de Artilleros por carta orden del Exmº Sr. Marqués del Bay, General desta Provincia de Extremadura ay una partida que en su letra es del tenor siguiente…» De todas formas, como se vé por la fecha -1710- se estaba en plena Guerra de Sucesión española y no hay que descartar la posibilidad de que se tratara de una división provisional como consecuencia de ella.

Respecto a las producciones del Señorío de la Puebla, además de sus importantes molinos y batanes ya citados, y de los telares de Valdeverdeja, de los que aun quedan restos, hay que mencionar la importancia ganadera de sus extensos encinares y la agrícola de las vegas del río, sobre todo, hoy inundadas por las aguas del pantano. En este mismo lugar habló el Señor Pérez Enciso el año pasado del cultivo del lino en Valdeverdeja y cito una colcha del siglo XVI de Guadalperal y El Gordo, propiedad de los Duques de Peñaranda, como ejemplar raro y muy valioso. El año próximo, Dios mediante, creo poder presentar el trabajo que estoy haciendo sobre la posible existencia de una mina de azufre en estas tierras pueblerinas. La existencia de esta mina pudiera ser la clave del destino común de las dos villas mirandeñas, pues poseyendo Candeleda la solera y tradición de sus hornos y ferrerías, con personal idóneo y preparado, y el agua más asequible de sus gargantas, muy posiblemente se trajese a ella el mineral arrancado en la mina de La Puebla para su laboreo y beneficio. Esa pudiera ser la razón de permanecer siempre juntas ambas villas a pesar de su separación geográfica; y esto no solo en los cuatro siglos de la época mirandeña de la que tratamos, sino en la que la precedió del Condestable Dávalos y en las anteriores a ésta.

De estas actividades muchas han desaparecido y de algunas, como vemos, no tenemos casi memoria. Otras ,como sus rebaños y encinares, continúan. La misma Villa de La Puebla, cabeza del Señorío, ya no existe. Pero en el cerro donde estuvo asentada puede verse todavía su rollo o picota como un símbolo de la Justicia, aspiración ideal del hombre, representada por el primero de sus Señores Estúñigas, Don Pedro, Justicia Mayor del Rey como sabemos. A los lados este y oeste de esta picota, en la parte superior, campea el escudo de este apellido Zúñiga, con banda, aunque sin cadena brochante, dando fe en nuestros días del Señorío de los Condes de Miranda sobre estos territorios.

Tuvieron los Condes en La Puebla el castillo de Alija, que defendía Talavera la Vieja, y la fortaleza de Peñaflor que protegía Berrocalejo; y ambas el paso del río y el puente del Conde por el que este se hacia. Si el castillo de Espejel jugó un papel importante en la lucha contra el moro en los años de la Reconquista, estas fortalezas le jugarán en las guerras civiles tan numerosas en Castilla en los últimos siglos medievales. En ellos tuvieron los Zúñigas base y refugio para sus mesnadas. Una de las últimas acciones de que fueron protagonistas fue en la guerra entre Doña Juana la Beltraneja, cuya causa defendían los Condes de Miranda, y la Princesa Isabel, de la que eran partidarios los Álvarez de Toledo, Señores de Oropesa, cuyos jinetes e infantes ocuparon las fortalezas y el puente en 1477, obligando a los de Zúñiga a emprender precipitada huida hacia Plasencia.

Después estas fortalezas pierden su importancia militar. En 1632 -leemos en una partida de matrimonio- el Alcalde de Alija, Francisco Mirón, que es vecino de El Gordo, es «maiordomo del Sr. Conde de Miranda«. Del cargo de alcalde de la fortaleza solo queda el nombre, y de ser el jefe militar del castillo ha pasado a ser el jefe administrativo que habita en él como representante del Conde. Éste no vive ni en este castillo ni en la fortaleza de Peñaflor sino muy accidentalmente, en alguna esporádica visita.

En Candelada queda la Memoria del castillo de la Villa en una plaza importante que lleva este nombre de Plaza del Castillo; pero es posible que fuera de época anterior a la mirandeña y que los Condes no residieran sino ocasionalmente en él. En la Villa de Miranda, declarada toda ella Conjunto Histórico-Artístico, se conserva todavía, aunque deteriorado, su castillo; lo mismo que en la también localidad del Condado, San Martín del Castañar. Pero en ninguno de ellos residieron los Condes tampoco de manera permanente, ni incluso muchos de ellos, de manera accidental. Su residencia estaba en relación a los destinos, ocupaciones y altos cargos que los Condes fueron ejerciendo a través de los tiempos. En Peñaranda de Duero fijaron su residencia habitual cuando estos cargos se lo permitieron, a raíz de la construcción, sobre todo, del magnífico palacio llamado de los Condes de Miranda. Mandado construir por el tercer Conde, Don Francisco de Zúñiga y Velasco, Virrey de Navarra, es una obra de gran valor artístico, aparte su grandiosidad y belleza, pues constituye una pieza importante en la introducción del Renacimiento civil en España. El arquitecto Chueca Goitia lo califica de «joya de nuestra arquitectura civil renacentista«, y en su portada, lo más original y meritorio del monumento, campea el mismo escudo de los Zúñigas de la picota de La Puebla.

En las primeras décadas de este siglo, sin embargo, la casa palacio que el Duque de Peñaranda tiene en la finca de Guadalperal, y en la que el Duque vivía casi continuamente, pasó por momentos de gran esplendor. Allí pasaba muchas temporadas ya en su vejez, la que fuera Emperatriz de Francia, Doña Eugenia de Montijo, tía del Duque. Y las visitas del Rey Don Alfonso XIII eran frecuentes, tanto para acompañar a la augusta dama como para dedicarse a la caza, una de sus aficiones favoritas, que es bastante numerosa en estas tierras del Señorío pueblerino, especialmente la del jabalí.

También durante la ultima Guerra fue este palacio de Guadalperal cuartel general del Cuerpo de Ejército de Navarra que mandaba el General Solchaga, en el periodo de tiempo que media entre la toma de Barcelona el 26 de Enero de 1939, donde las tropas de la quinta Brigada descendieron del Tibidabo y Vallvidriera al centro de la ciudad, hasta la conquista de Madrid el 28 de Marzo de aquel mismo año, en la que también intervinieron estas tropas. El mando de esta quinta Brigada se asentó en los castillos de la vecina Oropesa, y la tropas estuvo repartida por la comarca, inundando de boinas rojas las calles y plazas de los típicos pueblos del Campo Arañuelo.

Desde hace unos años son las aguas del pantano de Valdecañas las que han inundado una parte muy considerable de los terrenos pueblerinos. En una vista aérea, el color azul plateado de las aguas predomina sobre la mancha gris oscura de los encinares. Es una visión real y no simbólica, gráfica y no literaria que nos dice, con técnica de ahora, lo que siempre fue este Señorío mirandeño: un Señorío fluvial presidido por el celebérrimo «Puente del Conde», en un bello y agreste rincón de la Alta Extremadura.

Trujillo, Septiembre de 1979.

Oct 011979
 

Pedro Lobo Martín.

CIEN años ha que cumpliese el nacimiento de don Clodoaldo Naranjo, clérigo y cantor de las grandezas históricas de la muy noble ciudad de Trujillo.

Esta efemérides jubilar de su natalicio me da pie para escribir sobre su vida y obra y tomar parte por vez primera en estos coloquios históricos extremeños.

Si buscamos una razón para ello, no podremos hallar otra que en primer lugar aceptar la invitación, que a este efecto se me hizo y en un segundo lugar al ser párroco de la localidad, que víó nacer a don Clodoaldo. Ni hay otros méritos ni por mi parte puedo alegarlos, cuando por otro lado solamente tengo la presunción de traer algo que tal vez está en el pensamiento de todos cuantos recuerdan todavía a don Clodoaldo y que yo imperitamente pretendo resucitar.

Para este menester solicité la ayuda de los todavía familiares vivientes y que conservando con veneración y respeto sus muchos escritos los pusieron a mi disposición. Difícil ha sido la tarea de selección, porque como es fácil entender ni todos tienen la misma importancia, ni todos vienen al caso.

Con todo, y para una mayor comprensión de lo que se pretende, voy a reducirme a escribir sobre los siguientes puntos:

  1. La persona de don Clodoaldo.
  2. Su estancia en América.
  3. Su Su actividad literaria.
  4. Historiador de Trujillo.

1.- LA PERSONA DE DON CLODOALDO

No tuve la oportunidad. de conocer personalmente a Don Clodoaldo. Cuando él falleció, quién esto escribe estaba aún en los estudios eclesiásticos, si bien en los últimos años. Por otro lado no paso por mí pensamiento que algún día podría llegar a ser el sacerdote del pueblo de su natalicio y que, como consecuencia de esta condición, podría ser el pobre glosador de la fecha, centenaria de su nacimiento.

Vio la luz por vez primera un 7 de diciembre de 1878. Su nuevo nacimiento por el bautismo fue al día siguiente, festividad de la Inmaculada Concepción, sus padres fueron Alejo Naranjo Terrón e Inés Alonso Garrido, nieto por línea paterna de Julián Naranjo y Andrea. Terrón y por la materna de Lorenzo Alonso y María da la Concepción Garrido, siendo padrinos de su bautismo Juan Tizón y Leocadia Díaz. Curiosamente no fue el cura propio el ministro del bautismo, a la sazón don Francisco Reyes Antón García, sino el sacerdote propio de la de Arroyomolinos de la Vera, don Juan José Acedo de Cáceres y Baltasar, encargado accidentalmente de Tejeda. La hora de su venida al mundo fueron las dos de la mañana. Como puede verse fue muy madrugador el mozo.

Su infancia transcurrió, al decir de los que le conocieron, muy normal y conforme a los chicos de su tiempo. Llegado el momento ingresó en el seminario de Plasencia, donde cursó los estudios eclesiásticos con evidente aprovechamiento. La fecha de ingreso en dicho centro fue en Septiembre de 1891 para cursar lo que entonces, y durante un tiempo después, denominase 1º de Latín.

Finalizados los estudios eclesiásticos, fue promovido al orden sacerdotal en las Témporas de San Mateo del año 1902, el 20 de referido mes, por el entonces obispo de Plasencia don Pedro Casa y Souto.

Sus actividades pastorales fueron de lo más diverso; partiendo de la coadjutoría de El Salvador de la ciudad de Béjar, cargo que ejerció durante 3 años, pasó luego a la Mayordomía del seminario durante 5 años, siendo nombrado secretario de estudios en lo que estuvo 3 años.

Desde los cargos administrativos pasó a los docentes y así le vemos el año 1906 enseñando Patrología y Oratoria sagrada y seguidamente caligrafía y Ortología castellana, cargos que le llevaron 3 años.

Transcurrido este interregno docente, de nuevo pasa a la actividad pastoral y es nombrado capellán de las religiosas de la Sagrada Familia y Colegio de San José de Plasencia y Hermanas Carmelitas de la Caridad de Trujillo, hasta que primeramente fue ecónomo de la Cumbre y luego, mediante concurso oposición a parroquias el año 1918, párroco de la misma, ejerciendo el cargo durante 20 años hasta que por razones de salud renunció al mismo, siendo nombrado en su largo ministerio sacerdotal, capellán del Colegio, de Santiago y santa Margarita, en lo cual le cual le sorprendió la muerte, acaecida el 7 de mayo de 1946, que fue muy sentida y llorada por cuantos le conocieron, siendo innumerables los testimonios de condolencia recibidos por tan luctuoso acontecimiento. Tenía en el día de su fallecimiento 67 años de edad.

Pido perdón por esta minuciosa exposición de los datos personales y que puede haya cansado vuestra atención, pero los estimo necesarios para dar un general conocimiento de la persona que nos ocupa, ya que cada uno es hijo, entre otros aspectos, de sus circunstancias. Y éstas, como hemos visto, son en don Clodoaldo muy variadas y comprometidas.

2.- LA ESTANCIA DE DON CLODOALDO EN AMÉRICA

Con fecha, 3 de octubre de 1941 recibe don Clodoaldo un escrito con sello de la alcaldía de Trujillo, cuyo texto es el siguiente:

«El trabajador del Perú ha dado aviso por teléfono para que mañana lo llame usted a la Embajada de 10½ a 1, o de 4½ a 7, por cuenta de dicho señor Embajador, al objeto de tener una conferencia con V. interesante».

El tema de dicha conferencia es fácil saberla después de los hechos. Se trataba de su designación como miembro de la Delegación española en el cuarto centenario de la muerte de Francisco Pizarro y del Descubrimiento del Amazonas.

Lo cual se confirma con la subsiguiente comunicación del obispado de Plasencia, que con fecha del 4 de dicho mes decía:

«Estimado D. Clodoaldo: acabo de recibir el telegrama que a continuación transcribo: Cumpliendo instrucciones recibidas de mi Gobierno he comunicado al padre Clodoaldo Naranjo su designación como invitado de honor ceremonia conmemorativa descubrimiento América y ruego a Vuestra Señoría Ilustrísima concederle permiso aceptar invitación y poder embarcar vapor Marqués de Comillas saldrá Bilbao ocho octubre próximo. Confiando aceptación este pedido reservo pasaje para Pedro Naranjo citado vapor donde viajará también Delegación oficial España misma ceremonia. Bedoya Encargado de Negocios del Perú».

Por parte del obispado no hubo inconveniente alguno para este viaje y de este modo pudo D. Clodoaldo pasar los mares y llegar a Perú.

Según las crónicas de aquellos tiempos la acogida que tuvo la Delegación española fue de extrema cordialidad por aquellas tierras andinas, resultando muy prolongada y de agasajos frecuentes.

Por aquellos días don Clodoaldo, por su parte, recibió particulares muestras de afecto, entre los que destacaron como mayormente importantes su nombramiento como Huésped Ilustre de la ciudad de Lima, su designación como Celador de la Hermandad de Huanca y su agregación como canónigo honorario al Cabildo metropolitano de la archidiócesis de Lima.

La toma de posesión de mencionada canonjía revistió caracteres extraordinarios y se celebró en la Catedral metropolitana, bajo la presidencia del arzobispo y de tal acto se hizo extenso eco la prensa local. Durante el cual pronunció brillante alocución el neocanónigo, siendo muy felicitado por los presentes, entre cuyas felicitaciones destaca la del Nuncio Apostólico que dice así:

«Monseñor Fernando Canto Arzobispo Titular de Seleúcia Pieria Nuncio Apostólica saluda a su amigo el P. Clodoaldo Naranjo y le felicita muy cordialmente por haber sido nombrado canónigo honorario de esta Metropolitana y Capellán de la Capilla Mausoleo de Francisco Pizarro»

El nombramiento de Canónigo y posterior toma de posesión tuvo lugar en diciembre del año 1941, y el visto bueno del propio para aceptarle se firmó en Plasencia el 12 de febrero de 1942.

Como complemento a este acto de primordial importancia en la vida de don Clodoaldo me voy a permitir transcribir algo de lo que el mismo dijo en la toma de posesión:

Comenzó diciendo: «En los largos insomnios que me ha producido el pensamiento de que se avecinaba este memorable acto, he escuchado con insistente llamamiento, descendiendo de las alturas de donde partió ha muchos años mi vocación sacerdotal, unas palabras que ya escribió el autor del Libro de los Hechos de los Apóstoles para darnos a entender cómo fue la inscripción de San Matías en el Apostolado: «Ét comumeratus est ad undecis apóstoles, y fue agregado entre los apóstoles». Para proseguir diciendo: «Y has sido numerado tú, pobre sacerdote, débil rayo de luz divina que tantas veces has desfallecido en el intricado laberinto de la conciencia humana pecadora y penitente…».

Esta oración sagrada, decía un periódico de la época, será recordada muy vivamente por los asistentes y notable muestra de la elocuencia apostólica impregnada del sentir cristiano que distingue al Padre Naranjo.

3.- ACTIVIDAD LITERARIA DE DON CLODOALDO

No habiendo tenido contacto personal con don Clodoaldo, no tengo más remedio para poder glosar este capítulo de su vida que acudir a los escritos que han llagado a mis manos. Estos escritos son de lo más diverso que pueda imaginarse. Me fueron proporcionados por su sobrina, que le atendió hasta los últimos días de su vida, y sobre ellos voy a decir algo, ya que no es mi deseo ni intención, agotar toda la actividad literaria del interesado.

Pasaron por mi mano ante todo sus sermones, pronunciados en determinadas solemnidades, y que están inscritos de su puño y letra. Con aquella letra tan perfecta y clara que por algo se le encomendó la cátedra de Ortología española en el seminario de Plasencia.

De los tres que llegaron a mis manos, dos están fechados en el año 1905 y fueron pronunciados en la ciudad de Béjar durante el tiempo en que ejerció el ministerio pastoral en referida ciudad, siendo coadjutor de la parroquia del Salvador. Se da la curiosa coincidencia de que ninguno de ellos fue predicado en la parroquia de su ministerio, sino que ambos lo fueron el uno el día 3 de abril en la parroquia de san Juan y el segundo el día 20 del mismo mes en la de Santa María. Esta última fecha fue Jueves Santo y el tema obligado del sermón fue el del Mandato, forma muy eclesiástica de designar el sermón sobre el precepto del Señor acerca del amor fraterno, y el que predicó en la parroquia de san Juan llevó por título «Sermón de Misiones», con la que se hacía referencia a un tema de misiones, como es en este caso concreto el tema del pecado.

La fecha del tercer sermón, que llegó a mis manos, está dada el 4 de abril de 1912 y el lugar fue pronunciado en esta ciudad de Trujillo. El autor lo llama Sermón de Pasión.

Si del trabajo personal queremos pasar a la actividad literaria impresa, hemos de acudir a aquella que vio la luz por aquellos tiempos. De esta todavía puede leerse El Extremadura, diario de la provincia, y de la cual fue don Clodoaldo asiduo colaborador.

Por el 20 de enero de 1930 comienzan a aparecer unos largos y exhaustivos escritos firmados por don Clodoaldo en la revista quincenal, editada en Serradilla titulada EL CRONISTA, de la que fue director-propietario don Agustín Sánchez Rodrigo. El autor llama a estos escritos Notas de un Visitante a la exposición Ibero Americana de Sevilla y que encabeza de la siguiente manera: «Porque no está demás abrir una introducción a estos mal pergeñados apuntes, si no porque careciendo de importancia y de interés, no lo merezcan al menos porque explicará muchas circunstancias de oportunidad, ya que esta exposición es de las que forman época en la vida nacional «.

Estas que el autor llama sencillas notas, se prolongan hasta el 5 de julio y cierra con estas palabras:

«Y basta ya, pacientísimos lectores que me habéis acompañado en este paseo literario por la gloriosa, inmortal, inolvidable Exposición Ibero Americana. Es este el momento de despedida de aquella fantástica ciudad de Sevilla que parece haberse levantado en el suelo hispano para ser la sonrisa y la alegría del mundo entero, tan acogedora, tan grata y espléndida para propios y extraños. También lo es para mi pluma que ha trazado sobre EL CRONISTA las impresiones de aquella fiesta ibérica, se despide de vosotros expresándoos un testimonio de gratitud y cordialidad amistosa por vuestra benevolencia en sufrirme. Por conforme me daré, si he logrado que en espíritu me acompañéis a gritar con más de ciento cincuenta millones de hispano-americanos: ¡Madre España, viva tu nombre entre los nombres que ha bendecido siempre la Humanidad» .

Estas notas de un Visitante, a las que acabo de hacer referencia, son las más largas y extensas de las que han llegado a mis manos, escritas por don Clodoaldo, si exceptuamos las historias de Trujillo, a la que voy a hacer alusión seguidamente.

4.- DON CLODOALDO HISTORIADOR DE TRUJILLO.

Al llegar a este punto, creo que hemos llegado a la obra cumbre de don Clodoaldo, sobre el que podemos decir que si bien no puede en ella compendiarse toda su obra literaria, llamándola opera omnia, ya que tiene, como hemos visto otras facetas de escritor, sí se puede afirmar sin riesgo a error que esta su historia de Trujillo es el culmen de sus investigaciones y el digno remate a una vida de plena eficacia y rendimiento.

Voy a confesar al llegar a este punto algo que me preocupa grandemente. Es mi imposibilidad de saber compendiar en unas pocas líneas todo cuanto el autor escribe en tan larga y documentada obra. De la misma se han hecho prolijos, acertados y vastos elogios, por lo que los míos vendrían a ser como querer hacer alumbrar un fósforo ante la luz clarísima del sol.

Revolviendo los papeles que llegaron a mis manos para poder confeccionar esta semblanza, que estoy ofreciendo, hay un escrito, firmado por el también sacerdote, e hijo igualmente de Tejeda, don Ambrosio Tejado, al que creo conocisteis muchos de los presentes, y del que conservarán algún recuerdo los más, quien escribe sobre esta obra del historiador de Trujillo:

«El culto sacerdote ha sabido sintetizar la parte histórica y artística, como advierto en el prólogo, para destacar con gran relieve la actuación de Trujillo en la empresa de América, dando cabida a muchos de los hijos ilustres que la ciudad envió a la conquista de aquellas tierras e inmensas regiones; conquista por las armas, por las letras, por las virtudes… «.

Tres escritos se aventuró don Clodoaldo sacar a luz sobra la historia de Trujillo. Los dos primeros tomos se titularon «Trujillo y su tierra». Ambos recibieron permiso diocesano de publicación, el primero el 16 de junio de 1922 y el 9 de octubre de 1923, el segundo. El tercero, y que apareció como segunda edición de los anteriores, vio la luz en el año 1929, editado por la editorial Sánchez Rodrigo, de Serradilla, bajo el título de SOLAR DE CONQUISTADORES. TRUJILLO, SUS HIJOS Y MONUMENTOS.

De esta segunda edición afirma el autor: «Seis años han transcurrido desde que se lanzó al mundo literario la primera edición de esta obra. Ella fue, lo confieso ingenuamente, una edición escrita en el ambiente tímido y pacato de un ensayo ya que la impericia del autor y la magnitud del asunto cohibían los arrestos y la forma. Su trazado hubo de ajustarse a miras y fines reducidos, cuales eran la gratitud que me obligaba a esta ciudad por muchos motivos y el deseo de que sus hijos conocieran los riquísimos tesoros de tradición y virtud, que se amontonan en su historia».

Se trata, pues, con esta segunda edición de dar a aquel primer escrito mayor corrección y amplitud en el relato.

Como no tengo ante mi vista, ni mis manos contrastaron la antedicha primera edición, cuanto diga se ha de referir exclusivamente a esta segunda edición, que fue corregida y aumentada por el autor.

Mas antes de pasar adelante no quiero omitir algo que considero de sumo interés respecto a la primera edición de «TRUJILLO Y SU TIERRA».

En el semanario trujillano la OPINIÓN, mayo de 1946, en un suelto sobre el fallecimiento de don Clodoaldo, leo lo siguiente; «Le respetábamos (se refiere a don Clodoaldo) y le distinguíamos por su afable trato de hace muchos años y (ahora viene a lo que quería hacer referencia) en 1918 correspondió a nuestros deseos de otorgarnos la primacía de sus dos primeros tomos de «TRUJILLO Y SU TIERRA», que en forma de folletín apareció y hemos publicado en LA OPINIÓN».

Examinando la obra máxima de don Clodoaldo causa admiración la multitud de datos y noticias que aporta al conjunto histórico no sólo de Trujillo, sino también de toda la región. Me atrevo a afirmar que igualmente enriquece el acervo histórico de España, ya que la empresa gigantesca de la conquista de América es algo que pasa de los estrechos limites locales a ser patrimonio de toda la nación. Y aquellos que la hicieron posible son hijos preclaros de estas hidalgas tierras de Extremadura, tan maltratada y olvida en el reparto de la prosperidad general.

No entra dentro de la idea y objetivos del presente escrito hacer un glosa exhaustiva de la magna obra de don Clodoaldo. Porque no se pretende hacer una descripción desde aquel Turgaliun de la antigua Vetonia hasta nuestros días. Si alguno lo desea bastará con remitirle a la mencionada obra.

Las pretensiones de este escrito son sencillamente engrandecer en algo la persona y obra del sacerdote escritor. Si para ello hay que hacer algo más es una idea que brindo a los presentes, que continúen la investigación.

Por mi parte he puesto lo que estaba en mis manos para sacar a luz esta egregia figura de Don Clodoaldo en el primer centenario de su nacimiento.

Oct 011979
 

Patricio Guerin Betts.

A los Coloquios Históricos de Trujillo podemos ofrecer este año algunos datos sobre un Alcalde Mayor de Cáceres, procedente de Cantabria.

Nace en Mazcuerras, pueblo importante dentro del antiguo Valle de Cabezón y muy poblado. En 1 de septiembre, 1653, testó su abuelo paterno, el abogado Pedro de Hoyos, casado con María Isabel de Hoyos. Fueron padres de Nicolás el licenciado Bernardo de Hoyos y María Gómez. Su padre testa en 1661 y muere en Mazcuerras el 5 de enero 1662. Tenían también dos hijas, Ángela y María. Estudió Nicolás en la Universidad de Valladolid, donde obtuvo el título de bachiller en cánones en marzo de 1682. Se casó en Santillana el 5 de abril,1684, con doña Catalina Antonia de Valdivielso, hija de Andrés y de Catalina de Mier. Fue nombrado abogado el 19 de noviembre de 1687. En 21 de junio, 1688, fue designado alcalde de Sahagún y Carrión y ejerció el cargo hasta el 18 de noviembre de 1691. Durante su mandato fue canonizado San Juan de Sahún.

Mientras le fueron naciendo los hijos: Ángela María y Josefa en Santillana en 1685 y 1688 respectivamente. María Antonia en Mazcuerras en l686. Juan Manuel nació en Sahagún en 1690. José Andrés en Mazcuerras el 14 de marzo, 1692 y finalmente Pedro Nicolás en Mazcuerras el 17 de enero de 1694.

Consta por el testamento de Pedro Nicolás, fechado en Mazcuerras en 16 de abril, 1754, que su padre fue Alcalde Mayor de Cáceres y por otro documento del archivo de la familia Cabeza (Cóbreces) que fue enterrado en la iglesia de San Juan Bautista de dicha Villa en 24 de marzo, 1696 y lo avala el escribano de Cáceres, Juan Vega Muriel, que estuvo presente en el entierro. Llevaron el féretro D. Diego de Aponte y Zúñiga, Caballero de Alcántara, regidor perpetuo de Cáceres y Señor de la torre de Arjaiz; Joaquín de Ovando, Caballero de Calatrava, Gonzalo de Carvajal, un don Juan y don Fernando de Contreras.

Es solamente una constancia, pero en la historia de Cáceres es importante. El alcalde es el alma de la población que preside, en este caso de la Villa. Era un alcalde ya experimentado por su mandato en Sahagún y Carrión, que son también poblaciones repletas de historia.

Entre sus hijos merece especial mención Pedro Nicolás, nacido según hemos dicho, en Mazcuerras. Este Pedro Nicolás Hoyos: Calderón de la Barca fue sobrino de don Francisco Valdivielso, conde de San Pedro del Álamo, marqués de Aguayo y mariscal de Campo, el cual a su vez fue albacea del alférez Real Juan Blanco, natural de Lozana, parroquia de San Juan de Berbio, concejo de Piloña (Oviedo).

El Conde delegó sus poderes en Pedro Nicolás y éste gastó prácticamente sus mejores energías en erigir la fundación de Infiesto, que aún subsiste. Tras muy grandes dificultades la escritura de fundación se redactó en 13 de noviembre de 1740 ante Julián de Pumarada y Vendujo, escribano de Oviedo. En una relación jurada de 19 de marzo, 1741, cuenta Hollos los pasos que tuvo que dar para conseguir la fundación. Aparte de la documentación existente puede verse sobre la Obra Pía de Piloña el libro del mismo título publicado por Manuel Rodríguez Salas en La Coruña en 1962.

No decimos más y no decimos menos. Hemos hecho mención de un alcalde de Cáceres, tema muy propio de Extremadura. Los fuera aportamos datos que ordinariamente traemos de fuera, pero que tienen relación con Extremadura. Todo está relacionado. Como dijo en un libro el P. Merton, ningún hombre es una isla y añadimos, ninguna nación, ninguna provincia, ninguna ciudad ni pueblo. Todo tiene su razón de ser y se debe tener todo en cuenta. La historia local es lo más fácil hasta cierto punto y lo que más justa, pero enseguida se extiende. Para entender lo uno, hay que conocer lo otro y las mutuas interdependencias.

Oct 011979
 

Julio Escribano Hernández.

La depresión económica que se manifiesta en España a comienzos del siglo XVII (l.605-1.610) alcanza su más baja cota con la catástrofe monetaria de 1.680, permitiéndonos asegurar que es el periodo que transcurre entre 1.664 y 1.680 el de la máxima inflación.

El desequilibrio y la falta de consistencia en la estructura de las relaciones económicas fue motivado por diversos factores, que presentaron una «inflación galopante». Podemos mencionar entre éstos la aceleración del gasto público, la subida de los precios, la ausencia de superávit frente al extranjero, la escasa producción, el abuso de las acuñaciones de baja ley, la introducción de la moneda fraudulenta, la decadencia de la industria, etc… La carencia de comercio exterior y el escaso poder militar fue manifestando una necrosis progresiva, que hizo de España un despojo, que proyectaron repartirse Luís XIV y el emperador alemán Leopoldo I un 19 de enero de 1.668. Austria recibiría Milán, Cerdeña, los presidios de Toscana, las Indias y España a excepción de Navarra y Rosas, y Francia se quedaría con Navarra, Rosas, el Franco Condado. Flandes, Nápoles, Sicilia y las plazas de África y Filipinas.

Las cifras recopiladas por Larraz sobre el comercio con América nos hablan de este declive:

Promedios anuales

AÑOS Despachos para Indias Entradas de Indias
Navíos Toneladas Navíos Toneladas
1.600-1.604
1.640-1.650
1.670-1.680
1.701-1.710
55
25
17
8
19.800
8.500
4.650
2.640
56
29
19
7
21.600
9.850
5.600
2.310

La crisis se respiraba en todos los ambientes de la sociedad y los 7.000.000 de habitantes que poblaban España fueron superándola gracias al intervencionismo estatal, al oro hallado en Brasil y al incipiente desarrollo agrícola.

Esta época de Carlos II invita a soñar en las conquistas pasadas, a desconfiar en el poder del dinero y a buscar el éxito en el desarrollo del trabajo personal y el cultivo de la tierra. Poco valor tenían las intervenciones de la nobleza y de nada sirvió que depusiera y desterrara a Ferrando Valenzuela Enciso (l.670-1.675), apoyando el golpe de estado de Juan José de Austria, que acelera la miseria del país y la ruina de la hacienda. El mismo rey viajaba poco, porque carecía de dinero para ordenar que se compusieran sus coches. Si esto sucedía al rey no nos extraña la carta dirigida por el estudiante de Salamanca Manuel Sánchez Guillén a su padre Francisco Guillén, hablándole de la necesidad tan grande que pasa, de su vida peor que la de los «sopones», diciéndole que le tratan cono negro, que se queda sin salir por no tener vestidos y que Gonzalo va a estudiar a la casa de un clérigo a quien para 8 reales que debe deducir de la ración y de este modo ayuna a pan y agua. Data la carta del día 12 de marzo de 1686[1]. El padre es encargado de obras en el río y trabaja para D. Diego de Aponte.

La aristocracia de los hacendados se sobrepone sobre encomenderos y conquistadores y la sociedad urbana y burguesa cede el paso a la de tipo agrario y señorial. Una familia, la de D. Diego Antonio de Aponte Aldana y D. María de Ulloa y Córdoba, nos va a permitir hablar sobre algunas características de la vida de esta época.

D. Diego Antonio es Caballero de Alcántara, donde es bautizado el día 7 de diciembre de 1.642. Casó primeramente con D. Inés de Aldana en Alcántara el día 7 de enero de 1.660, cuando contaba 18 años. A los dos años de su matrimonio nace su hija Juana de Aponte y Aldana y a los 30 años, después de morir Dª Inés, contrae segundas nupcias con María de Contreras, llamada después Dª María de Ulloa y Córdoba, 7ª señora de Torreorgaz, natural de Plasencia, que contaba 23 años. Después de 27 años de matrimonio y habiendo adquirido previamente el vizcondado de Las Suertes reciben el primer marquesado de Torreorgaz el 31 de marzo de 1.699.

Tienen siete hijos: Fernando, que hereda el mayorazgo, Isabel-Antonia, Catalina, Francisco-Antonio, Antonio, Leonor y Diego José, bautizado en Cáceres el día 7 de abril de 1.691.[2]

Aunque la procedencia de los Aponte es de Alcántara, sin embargo, establecen su vida social en Cáceres a partir de la concesión del marquesado, construyendo su casa solariega en Torreorgaz, pueblo que dista 15 Km. de la ciudad extremeña. Su término limita al N. con el de Sierra de Fuentes, al E. con el de Torrequemada, al S. con Aldea del Cano y al O. con Malpartida de Cáceres y se halla situado en el alto valle del río Salor, que lo cruza de E. a O. por su parte central. El terreno es desigual, con algunos cerros hondonadas, alcanzando al S. sus cotas más elevadas por la proximidad de las sierras de S. Pedro y Montánchez. Además del río Salor bañan el término de Torreorgaz el regato Nuegao y el arroyo Marijuana, su afluente por la izquierda. En la parte norte corre también el arroyo Tripero y otros más pequeños que se le unen. Varias charcas pequeñas nos indican la fertilidad de este pueblo asentado sobre loma de pizarra: la charca del Prado, la del Corbacho, la de las Garras, que entre otras se mencionan en las escrituras y pleitos mantenidos para la adjudicación de la tierra.

La economía de Torreorgaz es primordialmente campesina, basada en la ganadería y agricultura. Son varios los documentos que nos hablan de la molienda, del vino, de la cosecha de granos, de los años de escasez, de los carneros y cargarás de merinas, de la miel, de la lana de poco poso y buena calidad, de las hierbas y sus rentas[3]. A través de ellos descubrimos a una familia en contacto con la tierra, que no ve en el trabajo un castigo divino (como era común entre la nobleza de la época). Ya en 1.679 Carlos II había otorgado privilegios a los fabricantes y declaraba compatible la nobleza con el ejercicio de la industria, siempre que los nobles propietarios confiasen el trabajo manual a sus dependientes y menestrales. Las ideas fisiócratas del s.XVIII se anticipan en quienes buscan sistemas de regadíos, haciendo obras en el río, de las que hace mención el escrito de D. Diego de Aponte a Francisco Guillén[4].

Veamos a modo de ejemplo una carta escrita por la marquesa de Torreorgaz a su hijo Fernando, fechada en Cáceres el 2 de mayo de 1.702:

«Fernando: Recibí tu carta alegándome de que goces buena salud y que la tenga mi sobrina y la nieta. Yo me hallo todavía con mi cuartana, porque aunque me había hallado estos días muy aliviada, que casi ya no me daba más que un resencio muy corto, me da ahora, desde el último día de Pascua, cuartana que me dura casi todo el día, que me tiene bastante floja. Tu padre pasó ayer lunes a Torre de Ergaz a esquilar unos pocos carneros para enviar a la feria de mayo a vender. Y me parece que si el tiempo hace a propósito se esquilará el demás ganado. Estará 4 ó 5 días porque con el mal tiempo ha quedado muy poco ganado. Veo todo lo que me refieres en tu carta y los cortos medios con los que te hallas y a eso te respondo que te puedo asegurar con toda verdad que ha tres marzos que no entra en mi poder un cuarto, porque tu padre lo ha dejado todo en poder de Manuel Gómez, porque se le estaba debiendo una cantidad de dinero muy considerable, porque los gastos de las bodas fueron de bastante gasto, porque sólo un vestido de tu mujer costó 10.000 reales. Eso se podía haber escusado, porque con un vestido de menos dinero se podía haber traído. Para lo poco que ella se los pone, que para tenerlos guardados en un cofre era cosa escusada. Con los gastos tan grandes que se han hecho cuatro años ha nos hallamos faltos de dinero. Y eso tu tío lo sabe bien, pues ha corrido con los gastos que se han hecho. Y no te respondo a todo lo que me escribes en tu carta porque era bueno para tomar yo la pluma y responderte yo de mi mano a todo lo que me dices. Algunas cosas que me refieres aquí me las has dicho muchas veces; yo no tengo la «culpa de tu elección, porque tu podías mirar lo que te estaba bien y no mirar más.

Tu padre estará a últimos de este mes en esa villa porque desea pasar allí aunque no sea más de 10 u 11 días y allá hablaréis despacio de todo y está cuidado de todo lo que pudiere socorrerte. Y así no tienes que hablar más sobre eso. No ha habido 11.000 reales que se le están debiendo a Rodríguez de mercaderías, hasta que en la feria de mayo se haga dinero de venta de lana y de carneros. Por acá no se me ofrece otra cosa de que te avisar. A mi sobrina darás mis memorias y a la nieta un abrazo de mi parte. Dios te guarde como deseo»[5].

Los trajes de boda y de fiesta se usaban en contadas ocasiones y se convertían en reliquia de añoranzas y recuerdos, guardada en el arcón. No es sorprendente su elevado precio (10.000 reales el de D. Leonor Topete y Barco)[6], pues, según refiere Ballesteros, las damas «han abandonado el guardainfante, prenda que sólo llevan en día de ceremonia, cuando van a Palacio. Usan, en cambio, los vestidos sacristanes, armados de aros de hierro. Las faldas son de tafetán negro muy grueso y largas por delante y los costados, a las que dieron el nombre de tontillo. Debajo llevaban a veces una docena de faldellines de telas muy ricas. Iban peinadas con topetes bordados de seda, coronillas de perlas, gallones, tembladeras, desaliños, gregorillos y bronjas»[7].

La etiqueta del caballero ofrecía la variante del tradicional traje de golilla y el traje militar francés de casaca. Comienza a imponerse la casaca, la corbata a la francesa y el chambergo.

Si en Torreorgaz el vestido lujoso y la etiqueta desentonaban, no sucedía lo mismo con el yantar. Varias veces alude en las cartas de la familia Aponte a las empanadas, a la chacina, a la merced de Dios (tortilla de huevos y torreznos), a la miel, al caldo de carnero, a los gazapos, a la lamprea, a las naranjas y toronjas de Plasencia, al chocolate y, sobre todo, al sábalo sobre unas criadillas de carnero como alimento afrodisiaco. En esta época el carnero está más cotizado que la vaca[8].

La alimentación parece ser copiosa, a juzgar por ciertos escritos. El 9 de abril de 1682 Pedro de Barrera envía desde Madrid a D. Diego de Aponte un «cajoncillo» de arroba y media de chocolate. El 18 de julio de 1701, que es mal año en Extremadura y la miel está cara pide 6 arrobas (69 Kg.)

No es extraño que los dictámenes médicos describan al señor marqués como sumamente obeso, melancólico y de temperamento adusto.

Sobre los médicos de esta época nos dice D. Gregorio Marañón: «Son polígrafos y humanistas. Su tono general es inferior (a los del s. XII). Son menos libres, más universitarios, y, entonces, era esto lo peor que les podía suceder; menos conocedores, por más universitarios, de la humanidad viva; y con tendencia a evadirse constantemente hacia el humanismo libresco y no de la mejor calidad… La enseñanza científica era muy inferior en las universidades a la filológica, teológico, filosófica y literaria. En Alcalá y en Salamanca se enseñaban cono ciencia médica los doctrinariados teóricos elaborados a partir de Aristóteles, Hipócrates, Galeno, Paracelso, Avicena y sus comentadores»[9]

Estas apreciaciones son halladas en los dictámenes médicos sobre el señor marqués de Torreorgaz. Transcribimos uno de ellos hecho sobre D. Fernando, hijo, en el que se alude también a D. Diego y presenta una síntesis sobre el modo de proceder la medicina en los últimos años del siglo XVII y comienzos del XVIII.

«El señor marqués de Torreorgaz, de 50 años de edad, de temperamento adusto y melancólico, sumamente obeso, hará 4 meses que me llamó y habiéndole visto le hallé con un afecto hipocondríaco, originado éste por ejercicios inmoderados, otras por una suma quietud, un pervigilio casi continuo, que hace 8 años su señoría padece y una depravada «victus ratio».

Confirma el ser dicho afecto hipocondríaco los diversos signos que a su señoría han concomitado y concomitan como son unas veces la orina tenue, otras conturbada con mucho sedimento, gran porción de arenas que expele, «victos continuos murmur hipocondriuru alvusadtricta» (sic); otras el alvifluxus, mucha salinación, diaphoresis nimia que de repente suele asaltarle mayormente en la cabeza; dolor in dorso, movimiento espasmódico convulsivo en el brazo derecho. Estos son los signos más principales que trae una hipocondría estos los tiene su señoría, luego es afecto hipocondríaco.

Este en el sentir de los modernos proviene de una depravada «chilificación» como de causa inmediata nacida de viciosas fermentaciones por ácidos peregrinos alojados tanto en la sangre como en el suconervo y la linfa, donde reclutándose cada día nueva porción de Chylo impuro y siendo éste después dominado de una estéril sangre casi rápida, destituida de sus principios activos elementales, es preciso que los espíritus animales y suconervosos, que se reemplazan de esta sangre, salgan con aquel carácter de donde invertido el equilibrio entre líquidos y sólidos siga una suma contristación.

Para lo cual dispuse que tomarse su señoría unos sueros sennados y tarrtarizados con sus específicos hipocondriacos como son la chicoria amarga, lengua de buey, la bacabienga, la coclearia y el berro; pasados algunos días tomó las píldoras tartáreas y «quercetano» y pareciéndome que estaba ya dispuesta la mayor porción de extraños fermentos y dulcificados, mandé administrarle la leche de burras. Cesó en su administración, porque decía no le sentaba bien; de allí en algunos días fue invadido de un estupor o morosidad en el cerebro con «perdición» de la memoria. Para este ascendente había precedido el haber senado en abundancia y reconocido esto mandé darle un emético para sacudir aquella impureza e instigar los sólidos y espíritus prisioneros en el cerebro y desertando de aquella parte dejasen el campo abierto para que el sensible tuviese alguna reminiscencia. Sucedió muy al intento, pues el enfermo se restituyó alguna cosa, pero viendo que permanecía el accidente, contemplando bastante turgescencia en los líquidos, su círculo impedido y las secreciones interrumpidas mandé sangrarle de los tobillos, para evacuar esta sangre tarurada de porciones salino—sulfúreas con que mejoró mucho. No obstante, permaneciendo todavía el accidente, aunque más remiso, mandé que tomase unos polvos digestivos de «quercetano», para modificar aquel ácido estomacal. Hoy está tomando los consumados de víboras, para ver si este caballero se puede restituir, aunque lo dudo mucho por lo enervada que está la facultad animal y así mismo ser este afecto hereditario, pues el padre de este caballero murió de lo mismo. Lo que hoy se está temiendo es una epilepsia y otro afecto capital, como es sentencia de Hipócrates, en diversas partes que por no ser prolijo no las cito. Vuestra Merced Sr. D. Luís Enriquez podrá con la vivacidad de sus discursos y feliz práctica advertirnos los remedios que se pueden ejecutar en este caballero para el exterminio de tan penoso mal, y a nosotros enriquecernos con sus doctrinas, mayormente a mi, pues crea que le soy su apasionado desde que vi el tratado de juicios sin pasión. Dios guarde a V.M. muchos años como le deseo desde mi estudio. Cáceres 18 de mayo de 1724.»

La respuesta dada por D. Luís Enríquez confirma con amplitud el dictamen de los médicos Luna e Ibáñez.

En Torreorgaz eran también frecuentes las tercianas y las cuartanas, fiebres de la sintomatología de la malaria, propias de los lugares cálidos como charcas. Las tercianas originan un acceso febril cada 48 horas y las cuartanas cada 72. A estas fiebres se refieren varias veces las cartas de D. Diego y de Dª María de Ulloa, que las padeció. La terapia más utilizada era «el cambio de aires» y en ocasiones se llamaba al sangrador para que abriera unas fuentes en las piernas.

Muchos más aspectos podríamos ver, bien sobre los pleitos que mantiene esta familia, que sustituye el lance de la espada por el lance de la ley y la razón; bien sobre la fe en las reliquias, que raya en ocasiones con un sentido mágico de la religión, muy usual en la época, o sus rituales felicitaciones de Pascua de Navidad o sus inversiones en juros ya de Málaga o Andujar, pero preferimos dejarlo para un trabajo de mayor extensión, que podrá realizarse cuando el archivo esté totalmente catalogado.

Quiero agradecer a D. Ramón Jordán de Urríes, que ha dejado en depósito su archivo a la Fundación Universitaria Española, y a esta entidad, que mediante becas de investigación promueve cada vez el desarrollo de nuestra cultura, las facilidades que me están ofreciendo para catalogar e investigar en su gran acerbo archivístico.



NOTAS:

[1] A.J.U: 39/72

[2] LODO DE MAYORALGO, José Miguel. «Viejos linajes de Cáceres» Cáceres 1.971. pág. 26 y 27.

[3] A.J.U.i 38/120, 38/119, 38/118, 38/110, 38/86… etc.

[4] A.J.U.i 38/142, 39/26.

[5] A.J.U.:

[6] El arrendamiento de las dehesas de Alcántara y de los palacios de la familia de Aponte a Pedro Velasco se fijan en 10.000 reales.

[7] BALLESTEROS Y BERRETA, Antonio. Mª de España y su influencia en la Universal. T.IV seg. edic. pág.709

[8] A.J.U.: 39/31, 39/35, 39/101, etc.

[9] Hª General de las Literaturas Hispánicas. Dirigida por Guillermo Díaz Plaja. Tomo III pag.946 sigs. 1968

DOCUMENTACIÓN BIBLIOGRÁFICA

A.J.U.: Archivo Jordán de Urríes.
ABREU Y BERTODANO, J.A. de.- Colección de los Tratados de Paz (Madrid,1740)
ALCANTARA Y NOVELAS.- Reinado de Carlos II, el Hechizado. (Madrid,1759).
ARTOLA M.- Textos fundamentales para la historia. (Madrid,1968)
BALLESTEROS Y BERETTA, Antonio.- Historia de España y su influencia en la historia universal. SALVAT 1927.
BELANDO, Fray Nicolás de Jesús. Historia Civil de España. (Madrid,1740)
DOCUMENTOS INÉDITOS PARA LA HISTORIA DE ESPAÑA. Publicados por el Duque de Alba, Duque de Maura y otros (Madrid, 1936).
FLORIANO, ANTONIO C. Documentación histórica del Archivo Municipal de Cáceres (Cáceres 1934).
HURTADO, Publio.- Ayuntamiento y familias cacerenses. (Cáceres, 1915-1918).
JUDERÍAS Y LOYOT, J.- España en los tiempos de Carlos II el Hechizado. (Madrid,1912)
«El territorio español a fines del S.XVII», Rev. de Arch. T.XXVI pag.16. 1912.
LODO DE MAYORALGO, José Miguel. Viejos linajes de Cáceres (Cáceres, 1.971)
MAURA GAMAZO, Gabriel. Carlos II y su corte. Ensayo de reconstrucción biográfica. Madrid 1911.
Vida y reinado de Carlos II. (Madrid 1942)
Supersticiones de los S.XVI y XVII y hechizos de Carlos II. (Madrid, 1940)
Un viaje por la España de 1679 (Madrid,1943).
QUINTANO RIPOLLES, Alfonso. Estudio histórico sobre algunas familias españolas. (Madrid, 1967)
SILVA HERZOG, J. Tres siglos de pensamiento económico (1516-1817) (México, 1950)
SALVADOR DE MOXO. Los señoríos. En torno a una problemática para el estudio del régimen señorial «Hispania» (Madrid) XXIV(1964)
TORRES Y TAPIA, Alfonso de. Crónica de la Orden de Alcántara 2 vol. Madrid, 1763
ULLOA GOFIN, Pedro de. Memorial de Ulloa. Madrid,1675

Oct 011979
 

Joaquín Cuadrado Palacios.

Me ha llegado un saludo del C.I.T. de Trujillo, invitándome e participar en los IX Coloquios Históricos de Extremadura. Participo encantado de aportar hechos pasados (históricos), que añoro, inéditos, que se perderían, y actuales, que serán históricos en su día. El tema que aporto es, a mi juicio, sugerente y trata de divulgar una breve semblanza de cada uno de los maestros que pasaron por GARCIAZ, a partir de principios de siglo, fecha en la que he encontrado documentación en los archivos municipales. Como se verá, es de justicia significar, que fueron excelentes pedagogos, que dejaron una estela de virtudes didácticas, a imitar, educando a unas generaciones de garcieños, que hoy les recuerdan con cariño y respeto, entre los cuales todos aprendieron los conocimientos más elementales. En esto Garciaz tuvo suerte. De sus aulas también salieron hombres eminentes, que hoy ocupan, y ocuparon puestos de responsabilidad y dirección en la administración del estado y de le cultura nacional, desde políticos o académicos, desde doctores o literatos, desde periodistas o profesores versados en leyes y otras ramas del saber.

Este es el fin primordial de tan humilde aportación; testimoniar, rendir un homenaje de cariño y admiración a estos maestros (con mayúsculas), que labraron el porvenir de muchos y que el justo Dios habrá premiado sus méritos, que de alguna manera quedaron insatisfechos en este mundo de ingratitudes.

En los cuatro primeros años de siglo había dos escuelas, de niños y de niñas. Rigieron las mismas un D. Antonio y Dña. María, de quien apenas he podido recabar datos. Una anécdota del Maestro: intrépido imitador de las artes de Cúchares, participó en una tienta de becerras, con tan mala fortuna que sufrió un revolcón, que si en un principio no tuvo importancia el golpe le produjo un trauma en la pierna que le causó una incurable cojera. El pueblo le motejó; «el maestro cojo”.

De tierras gaditanas, concretamente de Chiclana (Cádiz), nos llega Dña. Ana Moro, destinada a la de las niñas.- Unitaria nº I, en año 1902 para sustituir a la anterior maestra. Traía en su maleta un gran bagaje de sensitiva vena artística: pintura, bordados, dibujo artístico, repujados, además de sus conocimientos pedagógicos, que no eran pocos. La impronta de la escuela Andaluza en arte se traslade a Garciaz, por virtud de esta exquisita alma de mujer. Trae consigo la talla de una virgen Andaluza, en madera, que luego regala a su inseparable compañera Dña. Dolores Palacios Lozano, y que hoy conservan sus herederos.

Ella, la virgen de sus amores, preside todo su hacer escolar. Es recogida en pensión en la casa de los padres de su luego inseparables amigos, Dolores mencionada y Dominica. Ambas serian su familia, dejando por ellas el amor de los suyos en su tierra. Monta unas clases de arte y enseña a sus amigos, ante todo, luego a algunas alumnas. Antes de dejarles quiere que sus conoceres tengan continuadores. Soltera y sin importarle el sacrificio en honor de la amistad, deja este pueblo para ceder la escuela, por permuta, a su entrañable amiga Dña. Dominica Palacios Lozano, que se posesiona en 1.904. Dña. Ana marchó a Cañamero, pueblo permutado, donde continuaría su didáctica artística. Traba amistad con la familia del maestro D. Pablo García Garrido, de imborrable recuerdo en Cañamero como profesional . La temprana muerte de su esposa, que deja 8 ó 9 hijos, hace que Dña. Ana, ejemplo de caridad, sea mentora y guía de esta familia desamparada. Su cariño se centra, entre todos, en Matías García Gonzalo, hoy funcionario en Badajoz, de ágil pluma y mente despejada. Jubilada regresa a Garciaz, a vivir con su entrañable amiga Dolores hasta su muerte, atendida siempre por los solícitos cuidados de su amiga. Tanto que recuerdo que en su postración en cama llama a su amiga “mamá”. Los hijos de D. Pablo menudean sus visitas a ver a su «nana», Matías , Filiberto, Manolo, Felicitas, Inés…, a todos trato, conozco y quiero, estrechándose más los lazos familiares añoranzas y afectos. A todos saludo desde aquí efusivamente. La distancia no mitiga el amor. Dña. Ana fue un miembro más de mi familia. Sus restos reposan aquí hasta la resurrección. Rindamos a su espíritu de eximia artista la gratitud imperecedera.

Dña. Dominica Palacios Lozano.

Nace en Garciaz el 9 de Febrero de 1876. Sus padres; Ildefonso Palacios Crespo, secretario del juzgado Municipal, huérfano en edad temprana, que se labró el porvenir por si solo y Rosalía Lozano Fernández matrimonio humilde, a vivir de un exiguo sueldo, que, para ampliarle, ha de recoger huéspedes. A ellos debe Dominica su vocación y estudio. Son médicos ilustres (Pellitirri, Novos Santos, Valledor), que en gratitud ayudan y dan clases a la biografiada, junto o su hermana Dolores, que, con Alfredo, Juana Rita y Nicanora, componen la familia. Hace sus estudios de maestra de primera enseñanza, con la categoría de elemental, en su casa paterna, con grandes privaciones y sacrificios. Periódicamente acude a Cáceres o examinarse de los cursos y a sus 26 años, en 1902, obtiene plaza de maestra, tras dura oposición en Cáceres, siendo destinada, por elegir en segundo lugar, a Cañamero, unitaria niñas, que luego permutaría con Dña. Ana Moro. Su primer sueldo de Maestra elemental de enseñanza primaria será, lo había prometido para pagar una añeja deuda que su padre había contraído con un rico del lugar y el cual, cuando bebía, al pasar por la casa familiar motejaba: “Esta casa es mía”. Liberó el baldón familiar, recuperando para los suyos el honor y el hogar. Así era el temple de esta Maestra de Maestras.

Ya en su Garciaz querido, en la unitaria de niñas, ante ochenta niñas de matrícula, se entrega en cuerpo y alma a la noble tarea educativa. Hace valer sus inigualables dotes didácticas en su clase, en el segundo piso de las hoy escuelas viejas, con sus balcones abiertos al sur de los vientos, un día y otro, con tesón, sin desfallecimientos, va moldeando infatigable el alma de sus alumnas, hoy abuelas, que la lloran y rezan. En horas extraordinarias, por si fuera poca la docencia cotidiana, enseña los primeros bordados, pintura y costura, que la iniciara Dña. Ana, a sus alumnas, y ello gratuitamente, por el “bien de sus niñas”.

A los dos años de ejercicio en su pueblo, viene destinado a Garciaz, y también de tierras Gaditanas D. José Gallardo Rico, desde Vejer, donde ejercía (pintoresco pueblo enclavado en un cerro, que visité hace poco) destinado a la unitaria de niños nº I, abajo, en el mismo edificio donde ya enseñaba la que por designios divinos seria su esposa. En el taller moldeador de almas: la escuela, se conocieron y prendió el idilio de un noviazgo respetuoso y afectivo, que desembocó en el matrimonio.

Así logró Garciaz retener en su seno a dos de los mejores maestros de la provincia. La Cruz de Alfonso X El Sabio, otorgada a Dña. Dominica avala mi aserto. El testimonio vivo de sus alumnos, también. Estos promovieron el expediente ante el Ministerio y ya jubilada en 1954, en octubre recibió la medalla de manos del Sr. Obispo D. Juan Pedro Zarranz y Pueyo, en un homenaje de imborrable recuerdo, al que se unió la llorada inspectora, adalid de las causas nobles y poetisa de corazón, punta del magisterio Cacereño, Dña. Gregoria Collado, junto a sus promotores alumnos e hijos diseminados de Garciaz, en su mayoría sacerdotes. Una placa dando nombre a una calle «De los Maestros Gallardo-Palacios”, en la casa hogar donde vivieron perpetúa su memoria: unido a esto, la hoy Agrupación Escolar: Torres- Gallardo–Palacios, nos honra a los que bregamos en intentos lejanos de imitación magistral. El sudario de nuestro Cristo Bendito de la Salud, lleva prendido, bajo su divino brezo derecho la Cruz de tan insigne Maestra benefactora de su Villa ilustre.

Completaron su quehacer pedagógico, los atisbos de excelente escritora, con la autoría de un libro “El Reino de Extremadura”, que compuso para uso de sus alumnas, en su escuela y que, diseminado, conservan muchas de ellas. El matrimonio no tuvo hijos. Sus sobrinos suplieron, en lo que cabe, la soledad del hogar. Dos sueldos, aunque módicos, les permitieron vivir desahogadamente, por lo que todos los años giraban visita de veraneo a Santander, durante un mes. Solía acompañarles un sobrino. El resto del tiempo, y, cuando sus tareas escolares se lo permitían, se dedicaban sin descanso a las faenas del hogar, y horas seguidas a bordar con arte. El templo, de su devoción, sabe bien de sus primores en casullas, albas, estandartes, estolas… Solícita esposa llevó con paciencia el carácter de su esposo, que, aunque bueno, era raro y extremadamente puntual, en las horas de comer y demás. Durante meses permaneció al lado suyo, postrado en la cama, aquejado de una parálisis senil. Agotada por la dura vida de trabajo, fue llamada por Dios a su reino, premio a sus méritos, el día 4 de abril de 1965 a los 87 años de edad. Se jubiló en 1946 con cuarenta y dos años de ejercicio en Garciaz.

D. José Gallardo Rico.

Nace en 1875 en Puerto de Santa María (Cádiz) Desconocemos el nombre de sus padres, pues venido a tierras extremeñas, perdió el contacto con sus familiares, no sabemos si por rarezas o por desavenencias. Sí que tenia una hermana de la que solía hablar. Sus padres murieron en temprana edad, quizá por ello no hablaba de sus nombres. Su padre era albañil, y por ello la familia necesitó la ayuda anticipada del niño, que fue retirado de la escuela, para llevar al hogar un jornal más, a los doce años, su maestro se dio cuenta de las cualidades excepcionales de inteligencia y aptitud para el estudio de «Gallardito”, y celoso, llamó a su padre para hacerle ver tales circunstancias. El padre dijo no podía prescindir del niño. El Maestro se ofreció generoso, a darle clases, cuando terminase sus tareas de peón de albañil, el padre accedió a ello, y Pepito empezó a cursar ingreso en la Escuela Normal de Cádiz, a donde iba en borriquillo a examinarse. Así terminó su carrera dé Maestro Elemental, y posteriormente con el nº I, obtuvo plaza en el Cuerpo de Magisterio Primario. Mientras cursaba la carrera, hubo estrecheces en el hogar, pues aunque las clases eran gratuitas tuvo que comprar libros y matrículas. Al terminar el novel Maestro, quiso compensar de algún modo a su buen profesor los sacrificios que por él hizo, y se quedó un tiempo de pasante en la Escuela numerosa. Eligió su primera escuela en Vejer de la Frontera en la que sirvió unos años. Por concurso de traslados elige lejos de su tierra y viene destinado a la Unitaria Niños número 1 de Garciaz en el año 1907, que regenta hasta 1940 en que traidora enfermedad le postra en cama, tras 33 años de servicios ininterrumpidos. Conoce en relaciones profesionales, y mas tarde en amorosas, a su compañera Dña. Dominica, con la que contrae matrimonio.

Destacase en el biografiado muchas buenas cualidades pedagógicas. Su extremada puntualidad en las entradas y salidas a clase: ni un minuto robó nunca al horario. Al contrario de su esposa, no le gustaba permanecer ni un minuto más después de la hora.- Era madrugador, se levantaba invariablemente a las 7 en punto tanto en invierno como en verano, hora solar; tomaba una taza de café negro y se iba a la plaza a pasear y ojear la compra. Llegaba a casa y decía fuera la moza a por lo que él previamente había comprado a su gusto: carne, fruta, verdura. Tomaba su segunda taza de café con una poca de leche, un dulce, y esperaba a la primera campanada del reloj de la Villa, para salir de casa hacia la clase. Al terminar de dar las campanadas de las 9, ya estaba su Escuela abierta. Así un día y otro. Su esposa detrás de él, pues al salirsiempre decía: «chacha, la hora«.- Al salir de clase, soltaba la llave, bajaba a la plaza y se tomaba una cerveza en casa de tía Nicolasa. Subía y le esperaba la mesa puesta. Terminado de comer, leía el periódico, ABC, siempre suscrito, esperando a que dieran las tres. A las cinco en punto cerraba su Escuela, y se bajaba a pasear por la carretera con el sacerdote, secretario y algún profesional más. Regresando del paseo al encenderse la luz eléctrica, cenaba. Hasta ese momento acababa de leer el Diario, y una vez que terminaba de cenar a las ocho se acostaba. Así invariablemente sin cambiar en los días y en los años. Aunque aparentaba carácter serio en el trato social, no por ello perdía la vena humorística del gracejo andaluz. Un chiste o frase ocurrente le hacía simpático, aunque él jamás riera sus gracias. En la Escuela lograba mantener la disciplina, harto difícil con tanto niño, por su seriedad, pero debe ser cuando provocaba las risas con alguna muletilla, dicha con su acento gaditano «que plato e zopa que te cayera» estas «enzopao», «el pan frito con pringás», «a ver eze rachao» (por la culera abierta), «no comas zopa pa almorzar, dile a tu madre que te dé café y sacarás las cuentas, estas enzopao». Estas frases provocaban la risa colectiva siempre, haciendo más ameno el trabajo. Fumaba mucho, liaba sus pitillos, con su petacona de Ubrique y sus cerillas. Jamás uso mechero. Decía que había que dar ganancia al «Estao» por el monopolio. Todos los días en horario escolar era siempre el mismo; hasta la lista de asistencia a la pasaba a la misma hora mañana y tarde.

Su atuendo era sencillo, traje de lana, se tocaba con gorra de visera. Un poblado bigote caracterizaba su rostro. Nunca usaba corbata más que cuando salía de viaje. La llamaba «ajorca perros». Fue alcalde, obligadamente, durante la dictadura, sin que fuera político, desempeñando el cargo con dignidad y competencia, asesorado por su buen amigo y compadre D. Gaspar Gómez Pita, Secretario del Ayuntamiento, versado en matemáticas y de gran valor profesional. Más tarde cuando la República, que había, como ahora, gran paro, se repartían los obreros entre las personas pudientes, patronos o no, tocando a D. José pechar con los que le correspondían, como no tenía nada que mandarles en el campo, se limitaba a pagarles el jornal a la tarde y en paz. Fue hombre muy apreciado por autoridades y pueblo. Se comentaba que los quintos de un año y otro, todos sabían leer y escribir, no había analfabetos. Tal fue la gran labor de este maestro gaditano, que sacó de sus clases hombres que hoy ocupan puestos de responsabilidad en todos los campos. Bajo su mandato como alcalde, se construyeron e inauguraron las Escuelas Unitarias nº2, por el entonces Gobernador Civil García Crespo, al que en gratitud se dio su nombre a la calle del Cuartel. En el gasto de la inauguración de las citadas Escuelas D. José preparó un discurso al que suscribe, letras que aún conservo entrañablemente que fue leído ante las autoridades asistentes. Era el año 1925. Ya había en Garciaz cuatro Escuelas: dos de cada sexo. A aquel niño que leyó el discurso en la inauguración, le cabe el honor de regir hoy una de ellas. Todos lo debe a tan excelso Maestro. Fundó la Mutualidad Escolar «la Garciense y Sagrados Corazones», para su esposa.

Dña. Dolores Palacios Lozano.

Aunque cronológicamente no le corresponde ser citada ahora, lo hago por su vinculación familiar con su hermana Dominica y con doña Ana Moro. Superó a ambas como artistas en pintura y bordados. Al decir de su maestra «tenía manos de ángel». Innovó una faceta más a la artesanía: la marquetería en corcho, para enmarcar sus cuadros de temas religiosos y de paisajes con prioridad. Sus ángeles alados cobran viveza y agilidad. Sus Sagrados Corazones en los paños de Altar, banderines y estandartes son famosos.- Aún se usan en el templo casullas en ella bordados con hilillo de oro, y pintados para las solemnidades litúrgicas.- Desempeñó como maestra interina, durante unos años, la Unitaria nº 2 de niñas hasta su jubilación. Antes había servido con el mismo carácter escuelas en Soria y Salamanca. No hizo oposiciones al Cuerpo en el escalafón del Magisterio. Creía que iba a fracasar. Le daba miedo examinarse. Permaneció por voluntad propia y acendrado amor de Dios, virgen en celibato en el mundo: monja seglar que diríamos hoy.- Su Dios, su arte y la entrega generosa e incondicional a los suyos con solícitos desvelos, fueron sus amores ¡Qué gran talla de mujer: que gran artista, que gran Maestra!.- Fundó en la Caridad un taller escuela de bordados y costura entre señoritas para subvenir a su sustento, el de su madre y hermana Nicanora y Dña. Ana, pues entonces no tenía ni Escuela ni sueldo. Nada tenía suyo todo lo daba con generosidad. Hasta alojaba a algunos sobrinos hasta que se casaron, cubriéndoles de atenciones. Era un paño de lágrimas para todos. El bien que sembró entre los que la trataron, y la austera vida de entrega a Dios la habrá hecho acreedora, sin duda, a la Gloria, en premio. Desde allí ruegue por nosotros, por los que la tratamos, deudores de sus delicadezas.

D. Pedro Gil Fernández.

No está en el ánimo del comunicante al Coloquio dar una biografía exhaustiva de los relacionados, en cuanto a fechas de nacimiento y demás circunstancias cronológicas. Es más importante en una semblanza dar a conocer valores anímicos destacados en cuanto a la función magistral que desempeñaron.- El referenciado nació en Zorita hijo de Eugenio “el pañero” por el oficio de vendedor ambulante, logrando un capital y una tienda de tejidos, famosa en la comarca. Su hermano José continúa la tradición paterna, y su otro hermano se viene con D. Pedro a estudiar Bachiller, donde le conocí e hicimos amistad. Hoy ocupa un alto cargo en el Ejército. Con él di clases con D. Pedro, preparando en el verano los suspensos de junio hasta 3° y 4º años.

Desempeñó D. Pedro la Unitaria de niños nº 2 a raíz de su creación, conseguida por concurso de Traslados. Caracteres destacados de su quehacer fueron su dedicación a la Escuela, innovando técnicas modernas pedagógicas, y derramando su gran valer y saber entre sus alumnos atendiendo a la enseñanza de adultos en la rama de Matemáticas su fuerte, y en otras actividades sociales: Secretario del Consejo Local de Enseñanza Primaria, etc. desde 1931 hasta 1954 en que cesa, llevando el cargo con gran capacidad y celo. En dicho año se posesiona de una escuela de su pueblo por concurso, donde jubilado fallece.

Durante su permanencia en Garciaz conoce a la que seria su esposa: Dña. Antonia Llanos Mera, que le dio una hija, muriendo muy joven en este pueblo, antes que D. Pedro fuera a Zorita. Su muerte fue muy sentida por todos.

Antonia Llanos Mera

Desempeñó la Unitaria de niñas nº 2 desde 1932 hasta su fallecimiento en 1934. Mujer de gran vocación magistral, buena preparación y gran celo. De sus muchas virtudes destacamos su bondad en el trato con las alumnas, con el pueblo y sobre todo, con su esposo, a quien amaba. Un mal parto fue la causa de su óbito, por la escasez de medios sanitarios en aquellos tiempos en los pueblos, contribución, que también pagaron los profesionales, forzados a vivir junto a los vecinos, enraizados en estos medios, antes pobres e incomunicados. Sus restos mortales reposan en el cementerio de la Villa. El Consejo Local en acto de 19 de Enero de 1934 testimonió el pésame a su esposo.

Nota del autor.- Los sucesivos maestros que ejercieron en la localidad, viven en la actualidad unos, o murieron recientemente otros. En consecuencia no se aportan datos sobre su labor docente ni méritos profesionales, incapaces de valorar por la cercanía, siendo el tiempo, la historia, la encargada de concederles la justicia de sus actuaciones. Nosotros solo consignamos sus nombres fieles a la línea que nos hemos impuesto, y a la brevedad de esta comunicación, por orden son:

Dña. Adela Peromingo Cortés
D. Narciso Tejado García
D. José Pedro Cuadrado y Cuadrado
D. Juan Domínguez Fernández y su esposa Dña. Ana María del Pilar Maldonado Jiménez
D. Aurelio Marcos Montero
D. Tomás Quesada
D. Emilio Mariño Valdecantos
D. Enrique Figueroa González
D. Joaquín Cuadrado Palacios
Dña. Trinidad Piñas Terrón.

Construcción de las cuatro Unidades de abajo.

En acta del 12 de Febrero de 1958 de la Junta Local de Educación Primaria, por la Sra. Inspectora que la preside Dña. Dolores Prados se dice “Doy cuenta a la Junta de hallarse ya incluido por la junta Provincial, en el plazo de construcciones escolares para el año actual la de cuatro locales Escuelas y casas para maestros, para instalar en ellas dos de nueva creación y las dos que hoy funcionan con el número I , que se hallan muy mal acondicionadas en los locales que ocupan actualmente, acordándose que se gestione la posibilidad de que las nuevas construcciones se sitúen contiguas a las Escuelas del número 2 por estimar la Junta que uniendo toda la población escolar, se obtienen muchas ventajas en la organización de las Escuelas que necesariamente hacen mucho más eficaz la Enseñanza”. Este último apartado no se ha cumplido, sufriendo hoy las consecuencias de la separación.

Dentro del año citado 1958 se inauguran las unidades de trabajo empezando a funcionar el 1º de septiembre D. José P. Cuadrado y Dña. Trinidad Piñas, que ocupaban los locales de las escuelas viejas, número 1, se trasladan abajo a una de niñas y niños respectivamente. Los locales de las escuelas número 2 son ocupadas por D. Joaquín Cuadrado Palacios y Dña. África Basanta Fernández. Las viejas son clausuradas y pasan al servicio del Ayuntamiento como archivo la planta baja, y la alta se habilita, provisionalmente, para párvulos unos años y para comedias, más recientemente, las otras dos unidades de abajo las desempeñan varios maestros interinos o provisionales: D. Epifanio J. Moreno Campos, D. Diego Torres Casares…

Agrupación Escolar Torres-Gallardo-Palacios.

A propuesta del Consejo Provincial de la Enseñanza Primaria, el Ministerio de Educación ordena sea creada la citada agrupación de Escuelas: cuatro de abajo y las dos de arriba que funcionaban con el título de Unitarias nº 2. Por tanto el nuevo agrupamiento contará con seis unidades, que son los que funcionan en la actualidad, con el concepto de diseminadas, por estar separadas con gran perjuicio para la docencia. La Escuela de Párvulos de reciente construcción e inauguración, anejo a las unidades de abajo, integrado en la agrupación, hacen un total de Siete Unidades.

Por la superioridad del Ministerio es nombrado Director Escolar de la misma el que lo está desempeñando en la actualidad, reelegido posteriormente por el claustro de Maestros. Estamos en 1964. El día 1 de Enero se da posesión a citado Director del Cargo, por el Alcalde Presidente de la Junta y el 8 de enero se abre en el Juzgado de Paz el libro de Actas de la Agrupación.

Posteriormente por el Ministerio se la denomina “graduada”, volviendo luego de nuevo a llamarse “Agrupación” … En el contado libro se recogen las Actas del Consejo de Maestros, posesiones y ceses, así como incidentes y efemérides.

En el folio figura el “Acta de Constitución de la Agrupación Escolar de Garciaz”. Firman la misma los seis maestros asistentes: Dña. Marina Ortiz Mantrana, Dña. Trinidad Piñas Terrón, Dña. Isabel Maestre Izquierdo, D. José Pedro Cuadrado y Cuadrado, D. Celestino Campos Mariscal con el Director citado.

En la reunión se propone y eleva a la superioridad el nombre de la Agrupación “Torres-Gallardo-Palacios” en homenaje recuerdo a los cuatro compañeros ya fallecidos que consagraron su vida docente al servicio de los hijos de esta M. Ilustre Villa en labor abnegada y silenciosa, de renuncia y sacrificios. D. Diego Torres Casares, último fallecido, que ejerció en la número 3 actual. D. José Gallardo Rico, y las Sras. Dña. Dominica Palacios Lozano y Dña. Dolores Palacios Lozano.

Al fol 1 vº se halla escrita la diligencia suscrita por el Sr. Director en la que se dice que con fecha 24 de febrero de 1964 es confirmado dicho nombre por el Pleno del Ayuntamiento y elevado al Ministerio de Educación a los efectos procedentes. A continuación se relacionan los maestros que desde 1964 han desempeñado clases en la Agrupación hasta el día de la fecha con sus nombres y apellidos:

D. Tomás Marcos González (Interino)
D. Celestino Campos Mariscal
Dña. Mª Esperanza Naranjo Álvarez
Dña. Mª Sara Montes Lirón
Dña. Mª. Florentina J. Peña Pulido
Dña. Ángela Arribas Ignacio
Dña. Juana Pérez Abril
Dña. Antonia García Fernández
Dña. Mª Victoria Serrano Arroyo
Dña. Luisa García Molguero
Dña. Mª del Rosario Cordón Soler
D. Nicolás Morcillo Albarrán
D. Diego Agúndez Gómez
Dña. Mª Del Carmen Salas Díez
Dña. Isabel Mª Valverde Cáceres
Dña. Lucía Rubio Domínguez
D. Juan Martín Jiménez
Dña. Mª Agustina Escalona
Dña. Mª Dolores Álvarez Santamaría
Dña. Mª Luisa de la Osa Durán
Dña. Mª Teresa Vázquez Novoa
Dña. Ascensión Valverde Cáceres
D. Felipe Montero Díez
Dña. Ana Mª Girón Avís
Dña. Mª Carmen Maldonado Ignacio
Dña. Julia Fernández Torres
D. Heliodoro Núñez Mayordomo
Dña. Mª Florentina Arias Rubio
D. Manuel Sánchez Rubio
Dña. Matilde García y García
Dña. Josefa Huertas Pacheco
Dña. Eusebia Belvís Fernández
Dña. Guadalupe Martín Sánchez
Dña. Caridad Seco Bravo
Dña. Carmen Collado Jiménez
Dña. Mª Jesús Blanco Hurtado
Dña. Mª Amparo Belvís Fernández
Dña. Ana García Fernández
Dña. Martina Gallego Reyes, hermana de la Congregación de Cristo Rey
Dña. Mª Sagrario Crespo Trinidad
Dña. Manuela Parejo Fernández
D. José Luis Romero Díaz
D. Pedro Pino Rubio
Dña. Herminia Alonso Díez.

Garciaz, Septiembre de 1979.
Joaquín Cuadrado Palacios

Oct 011979
 

Fray Antonio Corredor García, O. F. M.

Al igual que a Ávila, podríamos aplicar a Extremadura el dicho aquel de «tierra de cantos y de santos».

Porque, en verdad, desde Santa Eulalia de Mérida, pasando por San Pedro de Alcántara y llegando hasta San Juan Macías, canonizado no hace mucho tiempo por Su Santidad Pablo VI, Extremadura produjo siempre frutos ubérrimos de santidad.

Desde el siglo XIII y, sobre todo, desde los Reyes Católicos para acá, la geografía extremeña se vio inundada de cenobios franciscanos, pertenecientes a las provincias de los ángeles, San Gabriel y San Miguel, con un total de 1500 religiosos, repartidos entre 71 conventos, con un promedio de unos veinte frailes por cada convento.

Sin mencionar a otras órdenes religiosas que mantuvieron casas en esta tierra, como Jerónimos, Agustinos, Dominicos, Jesuitas, etc., citaremos en este trabajo solamente a los franciscanos extremeños que murieron en olor de santidad.

Al decir franciscanos, me refiero a los individuos de las tres Ordenes fundadas por San Francisco de Asís.

Y al decir extremeños, hay que tomarlo en sentido lato, pues en este vocablo quiero incluir a aquellos religiosos que, si bien no nacieron en Extremadura (los menos, desde luego), vivieron y murieron en esta tierra en olor de santidad.

En otras provincias franciscanas de España y en otras regiones del mundo, especialmente de América, hubo también franciscanos extremeños que sobresalieron por sus virtudes y podíamos citarlos aquí, siguiendo las Crónicas de los Padres Gonzaga, Moles, Trinidad, Trujillo y Andrés de Guadalupe, pero no lo hacemos porque sus causas de beatificación no han sido introducidas ni en las curias diocesanas ni en Roma.

Tal sucede, por poner un ejemplo, con el Vble. Fray Gabriel de Montehermoso, cuya biografía sintetizada publiqué, hace años, en un breve folleto. Los montehermoseños, dicho sea de paso, sí recuerdan a este su paisano y, para que su memoria no desaparezca fácilmente, le han dedicado una de las más bonitas calles del pueblo.

La principal fuente de donde hemos tomado los datos para este trabajo, es el Martirologio Franciscano, cuya fecha de edición es del 6 de enero de 1939, por lo que, desde ese año para acá, no se hace mención de ningún Siervo de Dios.

En cuanto al título de beato que aquí se aplica, sigo el criterio del citado Martirologio, o sea, qué no hay que considerarlo en sentido propio o estricto, como si esos Siervos de Dios gozaran de una aprobación canónica y eclesiástica con la que se les pudiera tributar veneración y culto públicos, sino más bien en sentido histórico y laudatorio, como lo hacían los escritores de la Orden Franciscana antes del Decreto «Caelestis Jerusalem» del Papa Urbano VIII, del 5 de julio de 1654.

Por lo tanto, llevan el título de beato aquellos Siervos de Dios fallecidos antes de 1554, y así exceden los cien años exigidos por tal disposición pontificia.

Los fallecidos después de esa fecha llevan el título de Siervo De Dios, a no ser que estén beatificados o canonizados oficialmente, como sucede con San Pedro de Alcántara.

Al indicar días, meses y años, sigo el orden del Martirologio Franciscano, aclarando que el díes natalis no es precisamente el del nacimiento para este mundo, sino el de la muerte, que es el del nacimiento para el cielo.

Son en total 71 los santos franciscanos extremeños con aureola de santidad. He aquí su relación:

Enero, 1. En Gata, en el Convento de Monteceli, Diócesis de Coria, el beato Cipriano de Villamiel, Sacerdote y Confesor, varón de eximia paciencia. Murió en 1224

Febrero, 1. En Cáceres, el beato Pedro Ferrer, de Valencia, Confesor, célebre en santidad y milagros. Murió hacia el año 1510. Era sobrino de San Vicente Ferrer y fundó el Convento de San Francisco de Cáceres, donde yace enterrado. A su sepulcro acudían los fieles atacados de fiebres malignas.

Febrero, 5. En el Convento de Santa María de los Ángeles, en Robledillo, el Siervo de Dios Francisco de Ciudad Rodrigo, Sacerdote y Confesor, que gobernó santamente la provincia de San Gabriel, y, célebre por el don de profecía, partió a la vida eterna el año 1554.

Febrero, 5. En Belvís, Diócesis de Plasencia, el Siervo de Dios Francisco de Villasbuenas, Sacerdote y Confesor, que ejerció elogiosamente el oficio de Provincial, y, practicando ayunos, oración y contemplación, dio ejemplos de maravillosa perfección. Murió en 1556.

Febrero, 5. En Barcarrota, Diócesis de Badajoz, el Siervo de Dios Juan de San Miguel, religioso no clérigo. Confesor, famoso por su amor a la pobreza y por la santidad de vida. Murió en el siglo XVI.

Febrero, 6. En Belvís, la Sierva de Dios Beatriz de la Cruz, Virgen, Abadesa de la Segunda Orden, que con gran fama de santidad emigró de esta vida el año 1591.

Febrero, 14. En Alcántara, Diócesis cauriense, el beato Francisco de la Cruz, Confesor, varón de extraordinaria abstinencia, oración y penitencia. Floreció en el siglo XVI.

Marzo, 19. En Oropesa, el Siervo de Dios Francisco de Galisteo, confesor, religioso no clérigo, el cual, procurando contrariar siempre su voluntad y afligiendo su cuerpo, exornó su oficio de Guardián con preclaros ejemplos de santidad. Murió por el año 1564.

Marzo, 23. En Madrid, el Siervo de Dios Jerónimo de Torrejoncillo Sacerdote y Confesor, insigne por su oración y por la contemplación de las cosas celestiales. Falleció en 1573.

Marzo, 27. En el Convento de San Francisco de los Majarretes, en Valencia de Alcántara, el Siervo de Dios Santiago el Italiano, religioso no clérigo, Confesor, varón de maravillosa obediencia y simplicidad. Voló a la patria hacia el año 1559.

Marzo, 29. En Plasencia, el Siervo de Dios Juan de Belvís, Confesor, religioso no clérigo, el cual fue adornado de extraordinaria simplicidad, humildad y oración, y mereció, después de la muerte, ser invocado y honrado por los fieles. Murió el año 1576.

Abril, 4. En La Lapa, Convento de San Onofre, el Siervo de Dios Alfonso del Almendral, Confesor, religioso no clérigo, célebre por el don de oración. Dejó esta vida el año 1560.

Abril, 8. En Valverde de Léganés, Diócesis de Badajoz, e1 Siervo de Dios Juan Cabrera, natural de Alcántara, Confesor, religioso no clérigo, ilustre por su linaje, pero más por su humildad, oración y caridad, y que sobresalió por el don de curar las enfermedades y de arroja los espíritus inmundos. Descansó en el Señor el año 1575.

Abril, 25. En Belvís, el Siervo de Dios Juan de Coria, Confesor, que resplandeció por su gran santidad. Murió en 1570.

Mayo, 9. En Barcarrota, el Siervo de Dios Roderico de Belvís. Confesor, que destacó por la pureza e inocencia de vida, y en plena juventud cambió la vida temporal por la eterna, falleciendo en 1539.

Mayo, 24. En Gata, en el Convento de Monteceli, se conmemora en este día a cierto religioso no clérigo, apellidado del Casar, Confesor célebre por su profunda humildad y columbina simplicidad, en cuyo funeral, según se cuenta, tocó sola la campana del Convento. Murió por el año 1540.

Mayo, 24. En Barcarrota, el Siervo de Dios Francisco Moneo, Sacerdote y Confesor, varón de extraordinaria abstinencia, oración, simplicidad y caridad, el cual, encendido en deseos de martirio, pidió ir a Marruecos para predicar a los mahometanos la fe de Cristo, y, habiendo sufrido por causa de ellos muchos padecimientos, dejado por fin libre, descansó en paz, siendo célebre por sus muchos milagros después de la muerte, que acaeció hacia el año 1540.

Mayo, 24. En el Convento de San Isidoro de, Loriana, cerca de Manzanete (Badajoz), el Siervo de Dios Francisco de Cordobilla, Confesor, de gran sutileza de ingenio, el cual, habiendo sobresalido por su humildad, candor de vida e incontaminada castidad, en plena juventud voló a los cielos, el año 1580.

Junio, 2. En Villanueva de la Serena, el Siervo de Dios Gaspar de San José, Sacerdote y Confesor, que ejerció excelentemente los oficios de Guardián, Definidor y Maestro de Novicios, y, sobresaliendo en humildad, paciencia, angélica pureza y milagros, entregó su espíritu a Dios el año 1577.

Junio, 2. En Villanueva de la Serena, el Siervo de Dios Juan de la Soledad Confesor, religioso no clérigo, que fue discípulo del bienaventurado Gaspar de San José, y resplandeció por el desprecio de las cosas del mundo, por la contemplación de las celestiales y por su caridad para con Dios y para con el prójimo. Murió en 1576.

Junio, 2. En Badajoz, el Siervo de Dios Alfonso de Tapia, Confesor, famoso por su piedad y paciencia. Murió en 1590.

Junio, 4, En Badajoz, el beato Bernardo de San Juan, Confesor, varón de eximia piedad. Murió hacia el año 1519.

Junio, 5. En Badajoz, el Siervo de Dios Diego Hernández, Sacerdote y Confesor, orador elocuentísimo, que resplandeció por su ciencia, por el propio desprecio y por la inocencia de vida. Murió en 1550.

Junio, 12. En Belvís, el Siervo de Dios Francisco de Constantina, Sacerdote y Confesor, adornado de angélica castidad, y al que hicieron famoso su piadosa devoción, la aspereza de vida, oración asidua y demás virtudes. Murió el año 1558.

Junio, 12, En Belvís, en el Convento de Santa Clara, la Sierva de Dios Juana del Bautismo o de la Cruz, Virgen de la Segunda Orden, que sobresalió por su admirable penitencia, oración extática y dones celestiales. Murió en 1590.

Junio, 23. En el Convento de Santa Marina de la Luz, en Alconchel, el Siervo de Dios Diego de Villanueva, Confesor, religioso no clérigo, célebre por su vida ejemplar. Murió hacia 1545.

Junio, 28. En Belvís, la Sierva de Dios Francisca de Belén, Virgen de la Segunda Orden, muy célebre por su abstinencia, humildad, penitencia y oración. Murió hacia el año 1600.

Julio, 14. En Belvís, la Sierva de Dios Catalina de la Magdalena, Virgen de la Segunda Orden y primera Abadesa de aquel cenobio, la cual sobresalió por su caridad, oración, silencio, don de lágrimas y divinas revelaciones. Murió el año 1601.

Julio, 20. En el Convento de San Juan Bautista, en Deleitosa, el Siervo de Dios Alfonso de Llerena, Confesor, religioso no clérigo, varón de gran perfección, el cual, abandonando las milicias del Emperador Garlos V, luchó bajo las órdenes del Rey de reyes. Cristo, en los campamentos de la seráfica pobreza, mereciendo por ello ser coronado en el cielo. Falleció en 1565.

Julio, 22.En Belvís, la Sierva de Dios Magdalena del Sepulcro, Virgen, Abadesa de la Segunda Orden, que, insigne en oración, penitencia y paciencia, sobresalió también por sus milagros y don de profecía. Murió en 1604.

Julio, 24. En Belvís, el beato Alfonso Suárez, Sacerdote y Confesor, quien, llevado del celo de las almas, marchó a Méjico con Fray Martín, de Valencia para predicar el Evangelio a aquellos pueblos infieles. Vuelto después a España, acabó su vida en paz, hacia el año 1524.

Julio, 24. En Córdoba, la Sierva de Dios, Francisca de Hervás, Virgen de la Segunda Orden, que voló de esta vida, con gran fama de santidad el año 1560.

Julio, 25. En Alburquerque, en el Convento de Madre de Dios, el beato Anastasio del Monte, Sacerdote y Confesor, eminente en virtudes. Murió hacia 1500.

Julio, 27. En Gata, en el Convento de Ntra. Señora de Monteceli del Hoyo, el Siervo de Dios Miguel de los Gatinos, Confesor, religioso no clérigo, famoso por su humildad y caridad. Murió antes del año 1587.

Julio, 31. En Belvís, la Sierva de Dios Juana de la Presentación, Virgen de la Segunda Orden, la cual, por medio del ejercicio de la humildad, penitencia y obediencia, se preparó el camino del cielo. Murió en 1600

Agosto, 13. En el Convento de San Gabriel, de Alconchel, Diócesis de Badajoz, el Siervo de Dios Pedro de Benavente, Confesor, famoso por su oración extática y por la mortificación de la carne. Falleció hacia el año 1570.

Agosto, 15. En el Convento de Santa Margarita, en Jerez de los Caballeros, el Siervo de Dios Antonio Ortiz, Sacerdote y Confesor, quien, después de ejercer laudablemente el oficio de Ministro Provincial, ardiendo en ansias de martirio, partió para América y el África, en donde, por predicar la fe, padeció escarnios, azotes y tormentos, y vuelto a España, descansó en paz hacia el año 1550.

Agosto, 17. En Zafra, los beatos Confesores Diego de San Alejo, Sacerdote, Blas y Juan de San Miguel, religiosos no clérigos, cuya memoria es bendita y que fallecieron hacia 1480.

Agosto, 18. En Brozas, Diócesis de Coria, el Siervo de Dios Antonio de, Alcántara, llamado el Pecador, Sacerdote y Confesor, insigne por su humildad y caridad. Murió en 1565.

Agosto, 22, En Castilla, el Siervo de Dios Pedro de Torrejoncillo, Confesor, varón de eximia caridad y humildad. Falleció hacia 1590.

Agosto, 28. En Belvís, territorio placentino, la Sierva de Dios Isabel de San Francisco, Virgen de la Segunda Orden, que por su austeridad y santidad de vida mereció ser recreada con divinos carismas y entrar en los gozos eternos. Murió el año 1600.

Septiembre, 7. En Gata, en el Convento de Monteceli del Hoyo, el beato Juan de Espinosa, Sacerdote y Confesor, quien, terminado su oficio de Ministro Provincial, insigne por su vida y piedad, voló al cielo. Floreció en el siglo XVI.

Septiembre, 9. En el Convento de San Onofre, en La Lapa, el Siervo de Dios Juan de Guinaldo, Confesor, religioso, no clérigo, varón de asidua oración y de gran perfección. Murió hacia el año 1560.

Septiembre, 12. En Belvís, la Sierva de Dios Ana de la Asunción, Virgen de la Segunda Orden, que sobresalió por su continua oración y por su singular devoción a Cristo paciente. Murió hacia 1600.

Septiembre, 16. En Badajoz, el siervo de Dios Antonio de León, llamado el Platero, Sacerdote y Confesor, que por la fe de Cristo padeció mucho en África, descansando, por fin, en paz hacia el año 1556.

Septiembre, 21. En Jerez de los Caballeros, el Siervo de Dios Jerónimo de Ariza, sacerdote y confesor, orador preclaro, que sobresalió por su perfección e inocencia de vida. Murió en 1575.

Septiembre, 23. En Badajoz, el beato Juan de Salvaleón, Sacerdote y confesor, que brilló por su piedad e integridad de vida. Murió hacia 1530.

Septiembre, 27. En Barcarrota, la beata Isabel López, Viuda de la Tercera Orden famosa por su liberalidad para con los pobres, piedad eximia y milagros. Murió en 1500.

Octubre, 1. En Cadalso, Diócesis de Coria, el Siervo de Dios Francisco de Oliva, Sacerdote y Confesor, que laudablemente desempeñó el oficio de Ministro Provincial y sobresalió por su gran santidad. Murió en 1567.

Octubre, 4. En Coria, en el Convento de San Francisco, el Siervo de Dios Francisco de Belvís, Sacerdote y Confesor, varón de extraordinaria virtud. Murió hacia 1567.

Octubre, 5. En el Convento de Santa María de los Ángeles, en Robledillo, el beato Pedro de Córdoba, Sacerdote y Confesor, el cual, insigne por su humildad y oración, no perdonó trabajo para procurar la salvación de sus prójimos. Murió en 1524.

Octubre, 6. En Hornachuelos, en el Convento de Santa María de los Ángeles, por él fundado, el beato Juan de la Puebla, Confesor, el cual, despreciando honores y riquezas de su casa paterna, se inflamó tanto en el fervor de espíritu y en el deseo de una vida más perfecta, que inició la reforma de los Franciscanos Recoletos, siendo nombrado primer Custodio y dando así principio a la Provincia de los Ángeles. Murió el año 1495.

Octubre, 7. En Villanueva del fresno, en el Convento de Ntra. Señora de la Esperanza, el Siervo de Dios Juan de Bodonal, Confesor, religioso no clérigo, célebre por su piedad, pobreza y paterna caridad para con los pobres y enfermos. Murió en 1556.

Octubre, 9. En el Convento de San Francisco de los Majarretes, en Valencia de Alcántara, el Siervo de Dios Antonio López, Sacerdote y Confesor, el cual, insigne en obras y palabras, descansó santamente el año 1559.

Octubre, 17. En el Convento de Madre de Dios, en Alburquerque, el Siervo de Dios Diego del Monte, Confesor, por cuyas preces fue librado de la peste dicho pueblo. Murió hacia 1540.

Octubre, 18. En Arenas (Ávila), San Pedro de Alcántara, Sacerdote y Confesor, que, adornado de excelsas virtudes y austeridad de vida, fue promotor de la más Estrecha Observancia, y, glorioso por sus milagros y don de profecía, voló a los gozos eternos, y al cual Clemente IX, Pontífice Máximo,, inscribió en el catálogo de los Santos. Murió en 1562.

Octubre, 23. En Belvís, el Siervo de Dios, Diego de Zafra, Sacerdote y Confesor, ilustre por su santidad. Murió en 1578.

Noviembre, 5. En Alconchel, Diócesis de Badajoz, en el Convento de Ntra. Señora de la Luz, el Siervo de Dios Diego Millán, natural de Barcarrota. Sacerdote y Confesor, que desempeñó muchas veces el oficio de Guardián y sobresalió por su oración, penitencia y grandes milagros. Murió es 1594.

Noviembre, 9. La Sierva de Dios Maldonada, Viuda de la Tercera Orden, ilustre por su vida y linaje, que, dotada de espíritu profético y de buenas obras, se durmió en el Señor hacia el año 1535.

Noviembre, I7. En Jerez de los Caballeros, la Sierva de Dios María de Jesús, Virgen de la Tercera Orden, célebre por su oración y penitencia y su maternal misericordia para con los pobres y enfermos. Murió en 1549.

Noviembre, 20. En Cáceres, en el Convento de San Francisco, el Siervo de Dios Juan de Torres, Confesor, ilustre por su linaje y sus virtudes. Murió hacia 1560.

Noviembre, 22. En Robledillo, en el Convento Sanctispiritus de Valderrago, el beato Juan de Puenteviejo, Sacerdote y Confesor, que sobresalió por su amor a la Eucaristía y a la Santísima Virgen, y, célebre por su disciplina regular, celo de las almas y don de lágrimas, consiguió el premio eterno el año 1524.

Diciembre, 3. En Salvatierra de los Barros, en el Convento Santa María de Jesús, el beato Miguel de los Ángeles o de Córdoba, Sacerdote y Confesor principal fundador de la Provincia de San Gabriel de los Descalzos, el cual celosísimo de su estado, llevando una vida santísima, mientras oraba entregó felizmente su alma al Señor. Año de 1533.

Diciembre, 11. En Belegra, Italia, el beato Juan de Guadalupe, Sacerdote y Confesor, que fue el promotor de los Franciscanos Descalzos y fundador de la Provincia de San Gabriel, y el cual, destacando por sus admirables virtudes y gran fervor de espíritu, descansó santamente el año 1505.

Diciembre, 16. En Alconchel, el Siervo de Dios Alfonso de Manzaneda, Confesor, insigne por su gran caridad hacia el prójimo, paciencia y fervor de espíritu. Murió el año 1569.

Diciembre, 25 En Badajoz, el Siervo de Dios Martín de Nombela, Sacerdote y Confesor, que, dado a la abstinencia, penitencia y oración, sobresalió también por sus milagros. Murió hacia 1570.

Diciembre, 29. En Jarandilla, en el Convento de Santo Domingo, fundado por Fray Juan de Guadalupe, el Siervo de Dios Alfonso de Herrera o de las Ánimas, Sacerdote y Confesor, insigne por el don de oración y lágrimas y por la devoción a las almas del Purgatorio. Murió en 1575.

Diciembre, 31. En Alconchel, el Siervo de Dios Anastasio el Italiano, Sacerdote y Confesor, famoso por su oración extática y por su poder contra los demonios. Murió en 1570.

Como se ve por el precedente elenco de almas santas, la bendición de San Francisco cayó ubérrima sobre estas tierras extremeñas.

Las diócesis de Badajoz, Coria y Plasencia, bien pueden ufanarse no sólo de haber entregado a América celosísimos apóstoles y aguerridos conquistadores, sino también de haber engendrado en esta tierra una pléyade de almas que, con sus ejemplos y vida de santidad, alentaron desde aquí las avanzadas del Evangelio y dieron lustre y brillo a nuestra gloriosa Extremadura.

Solamente bajo este aspecto de la santidad, sería la Orden Seráfica digna de todo encomio (no hablemos ahora de su ciencia, arte y cultura). ¡Qué de gracias del Cielo no habrán alcanzado estas almas selectas para aquellos con quienes convivieron y para los pueblos en que habitaban!

Que el ejemplo de estos ilustres paisanos anime a los extremeños de hoy a rememorar los antiguos tiempos y a lanzarse a cosas mayores.

Ellos nos mostrarán el camino.

Fray Antonio Corredor García
O. F. M.

Oct 011979
 

José Carvajal Gallego.

DON CONRADO BONILLA MORENO, Primer Organista Beneficiado de la Santa Iglesia Catedral Primada. Nació en Torrejoncillo (Cáceres) el día 26 de Noviembre de 1901. Se ordenó sacerdote el día 11 de abril de 1926.

Estudió en los colegios de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María (Claretianos). Cargos ejercidos: Organista y Maestro de Capilla de los santuarios del Corazón de María en Buenos Aires y Tucumán (Argentina). Fundador y director del Coro y Orquesta Polifónicos de Buenos Aires y organista de la catedral y de la «Tucumán Broadcasting». Presidente de la Comisión Diocesana de Música Sagrada. Director del Conservatorio de Música. Vicerrector, Prefecto de Estudios, profesor de Teología Dogmática Fundamental, Teología Moral, Liturgia, Oratoria Sagrada, Prefecto de música y fundador y director del Coro Polifónico en el Santuario del Inmaculado Corazón de María de los Padres Claretianos, de Rosario de Santa Fe (República Argentina). Las mismas actividades docentes en el Teologado Claretiano de Chascomús (República Argentina), y años más tarde en Plasencia (Cáceres). Organista y Maestro de Capilla del Santuario del Inmaculado Corazón de María, de Montevideo (República Oriental del Uruguay). Profesor de Filosofía en el Colegio del Inmaculado Corazón de María, de Enseñanza Media, de las Palmas (Gran Canaria). Miembro de la Comisión Diocesana de Música Sagrada. Vocal del Comité Catequístico Diocesano de Las Palmas. Coadjutor de las parroquias de Puerto de la Cruz y Realejo Bajo, de la Diócesis de Tenerife. Profesor de Religión, Latín y Literatura en el Colegio de Enseñanza Media Tomás de Iriarte, de Puerto de la Cruz (Tenerife). Profesor de Literatura en el Instituto Nacional de Enseñanza Media de Santa Cruz de la Palma. Capellán del hospital (Santa Cruz de la Palma). Encargado de la Parroquia de San José, de Santa Cruz de la Palma. Encargado de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, de Valle Guerra (Tenerife). Beneficiado Primer Organista y Maestro de Capilla de la Santa Iglesia Catedral de Tenerife. Prefecto de Música del Seminario Conciliar. Beneficiado Primer Organista de la Santa Iglesia Catedral Primada. Capellán de las Religiosas Carmelitas Descalzas. Profesor del Religión en el Colegio Fundación Duquesa de Lerma. Asesor provincial de música de la Sección Femenina de F.E.T. y de las J.O.N.S.

En España fue discípulo del célebre Padre Luís Iruarrízaga, C.M.F. y del Padre Nemesio Otaño S.J. De los maestros Benito García de la Parra, Antonio Cardona, Bernardo Gabiola y Jesús Guridi. En la República Argentina fue alumno del Conservatorio de Buenos Aires y discípulo de los grandes organistas Raymond Moreau, Julio Beyer, Julio Perceval y Joseph Reuter. En Tucumán fue alumno del Conservatorio y más tarde Director del mismo. Maestro provincial argentino, Licenciado en Filosofía y Letras. Doctor en Filosofía y Teología. Miembro de número de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo.

Murió en Madrid, en la Mutual del Clero, el 3 de Diciembre de 1977. Fue enterrado en Esquivias (Toledo)? Donde tenía unos sobrinos.

Oct 011979
 

José Carvajal Gallego.

Lo he titulado así porque muchas son las actividades desarrolladas por este joven escritor en el campo literario. En todas ellas ha conquistado, por sus propios méritos, un puesto destacado.

Nació José Maria en Navalmoral de la Mata (Cáceres), en donde tiene dedicada una calle nueva con una foto, cuyo rótulo dice: «Calle del poeta José Maria Pérez Lozano». Mide 75 por 60. Se llamaba Puerta Palomera. Fue un 25 de Marzo de 1.926, hijo de Guillermo Pérez Barrigón (Hurdano) y de Maria Lozano y Lozano, de Navalmoral de la Mata. Murió en Madrid el 20 de Febrero de 1.975 en el nº 25 de la calle de Queipo de Llano.

Cursó sus estudios en Cáceres y en Madrid en donde residió desde 1.943 hasta su muerte. En el campo periodístico ha dejado indeleble la impronta de su agudo sentido en «Signo», en «Incunable», revista de la que fue asesor técnico, en «Vida Nueva» y «Film Ideal», de las que fue director y en casi toda la Prensa de España, dando pruebas de su ágil pluma.

Como crítico cinematográfico era conocidísimo. Sus críticas en «Ateneno» se han hecho célebres por su profunda independencia y rectitud de juicio. Lo mismo puede decirse de las publicadas en «La Actualidad Española»,en «Signo», etc. Su labor en el campo cinematográfico queda condensada en su magnífico estudio publicado en la COLECCIÓN REMANSO bajo el título «Un Católico va al cine», que ha tenido un éxito extraordinario.

En los confines puramente literarios publicó «Dios tiene una O»,en la colección «Estria», obra llena de ternura y delicadeza y de un estilo exquisito.

«LAS CAMPANAS TOCAN SOLAS» no necesita presentación. Un relato humano y conmovedor que, desde los primeros instantes, cautiva la atención del lector que no logra sustraerse a la emoción incontenible de sus páginas. Agotada en poco tiempo la primera edición, publicaron ahora la segunda a requerimiento de infinidad de lectores que no pudieron degustar personalmente esta novela empapada de poesía y que ha tenido una gran acogida por parte de la crítica.

«LAS CAMPANAS TOCAN SOLAS» o «HISTORIAS DE TIBERIO» va: «A mi hijo Pablo José ,que tiene en sus ojos aquella misteriosa luz que yo soñé para los ojos de Tiberio».

De INCUNABLE, Marzo de 1.975:

José Maria Pérez Lozano estuvo presente al nacimiento de INCUNABLE. Muchos años redactor jefe. Trabajó gratis «diezmos y primicias» que debia pagar a la Iglesia.

Volcó sus ilusiones, dejó muchas horas de trabajo, aportó sus puntos de vista, siempre claros y profundamente religiosos.

A la mentalidad jurídica del Cardenal Plá y Deniel resultó siempre chocante la figura del jefe de redacción seglar de un periódico para sacerdotes. A los que le conocieron y trataron les parecía naturalísimo.

José Maria era tan religioso, tan hombre de fe, tan empapado por la preocupación de Dios y de su Hijo Jesucristo como podíamos serlo cualquiera de los sacerdotes que aquí trabajamos. Ponía empeño y entusiasmo. Duró muchos años, supo compenetrarse.

Siempre se interesó por Incunable y fue su ardiente defensor en todas las coyunturas. Iniciativas, preparación de originales, grabado adecuado, viñetas, etc.

Nos deja recuerdo de hombre de fe robusta, dando en la clínica una preciosa lección, coronando así una labor de intenso apostolado y entusiasta entrega al periodismo católico. Aprendamos la lección.

De «VIDA NUEVA» nº 71, 1 de Marzo de 1.975: