Oct 011979
 

Adelaido Cárcel Ramos.

Con el nombre de obispos extremeños no me refiero precisamente a los prelados que han regido las tres diócesis de Extremadura en los dos siglos últimos, sino a todos los obispos españoles que han nacido durante ese tiempo en tierra extremeña o que estuvieron vinculados a sus diócesis por los cargos desempeñados, estudios cursadas o lugares de residencia.

DIÓCESIS DE BADAJOZ

D. MATEO DELGADO MORENO, obispo de Badajoz.

Nació en Oliva de la Frontera (Badajoz) el 15 de febrero

de 1756. Siendo Chantre mayor de la catedral de Lérida y Penitenciario de la Real Capilla, fue promovido a la abadía de San Ildefonso con el título de obispo de Sebaste, y consagrado en la Real Iglesia de San Isidro de Madrid el 1 de febrero de 1801. Dos años después era trasladado a la sede episcopal de Badajoz, que rigió durante cuarenta años, donde falleció el año 1842, de edad muy avanzada.

No asistió al juramento de fidelidad a Isabel II por su ancianidad, ya que llegó a ser el de más edad del episcopado español, y aunque residió normalmente en la diócesis, las nuevas autoridades civiles le impidieron gobernar por haber protestado contra las novedades eclesiásticas introducidas, los que le desterraron a su pueblo. El obispado quedó en manos de gobernadores adictos a la reina, y al fallecer el obispo legítimo, uno de éstos, Pedro Gragera Ros, fue nombrado sucesor y gobernó como intruso, pero el 6 de abril de 1845 fue encargado de administrar la diócesis el arzobispo de Santiago y en 1847 era preconizado como nuevo obispo el canónigo penitenciario de León, Don Francisco Javier Rodríguez Obregón, que la rigió hasta su muerte en 1853[1].

D. JOSÉ CASQUETE DEL PRADO BOOTELLO. Obispo de San Marcos de León.

Nació en Fuente de Cantos (Badajoz), priorato de San Marcos de León, el 10 de junio de 1756. Profesó como caballero freire de la Orden de Santiago, pasando al colegio del Rey, que ésta tenía en Salamanca, donde se doctoró en Cánones, teniendo a su cargo algunas encomiendas y un canonicato en San Marcos.

Por Bula de 9 de mayo de 1797 se declararon perpetuos los prioratos de Uclés y San Marcos de León, con obispas in partibus, siendo nombrado el doctor Casquete del Prado para Obispo Prior de San Marcos de León, con el título de Cisamo. Fue consagrado en la iglesia de las Comendadoras de Madrid el 25 de marzo de 1798. Más adelante fue diputado en las Cortes de Cádiz y falleció en Llerena el 2 de febrero de 1838[2].

FRAY HIPÓLITO SÁNCHEZ RANGEL, obispo de Lugo.

Nació en Santos de Llerena (Badajoz), el 2 de diciembre de 1761. Ingresó en los franciscanos de Sevilla, en 1782; enseñó Filosofía en varios conventos de su orden y en 1796 pasó a Cuba como reformador de la provincia de Santa Elena de Florida, pero regresó a España por desavenencias con el provincial. En 1802 marchó de nuevo a las Antillas para reformar la provincia de La Habana. El 26 de junio de 1805 fue preconizado obispo de la nueva diócesis de Maynas (Perú) y consagrado en Quito por el obispo de aquella diócesis Cuero Caicedo, el 22 de diciembre de 1807.

Las revueltas en los territorios sudamericanos y su actitud en defensa de Fernando VII le crearan una posición incómoda, por lo que regresó a España en 1822 y dos años después era nombrado administrador apostólico de Cartagena pero fue depuesto por su obispo Posada, y en 1825 era promovido a la sede episcopal de Lugo, con lo que le premió Fernando VII su fidelidad a la Corona. Su conducta durante la regencia cristina causaron desorientación en la diócesis de Lugo, pues el obispo aceptó cargos políticos, como prócer del reino y miembro de la junta eclesiástica para la reforma del clero secular y regular en 1834, planes que nunca aprobó la Santa Sede. Murío en Lugo en 1839[3].

FRAY DIEGO DE MELO Y PORTUGAL, obispo de Osma y Jaén.

Nació en la ciudad de Badajoz, ingresando en los padres agustinos, donde desempeñó diversos cargos hasta su nombramiento como obispo de Osma, de cuyo cargo tomó posesión el 28 de noviembre de 1794, y a los dos años era trasladado al obispado de Jaén, donde murió en 1816[4].

D. GABRIEL ALVAREZ DE FARIA, obispo de Badajoz.

Era tío carnal de Godoy, el Príncipe de la Paz, y había nacido también en la ciudad de Badajoz, de cuya diócesis fue nombrado obispo en 1790, donde estuvo hasta su muerte en 1802. Está enterrado en la capilla de San Pedro de Alcántara de la catedral[5].

D. JUAN GARCÍA BENITO, obispo de Tuy.

Nació en Torre de Santa María (Cáceres), diócesis de Badajoz. Fue nombrado obispo de Tuy en 1798, que rigió hasta 1825. Propuesto durante el trienio liberal para arzobispo de Santiago, a la muerte del doctor Rafael de Muzquiz, tuvo que renunciar a la sede compostelana, dada la represión política que hubo al reforzar Fernando VII en 1823 la tendencia absolutista del cuadro episcopal, viniendo entonces a Santiago el obispo de Lérida, Simón Antonio de Rentería, y dos años después fallecía el obispo Benito.[6]

D. ANTONIO MARÍA SÁNCHEZ-CID CARRASCAL, obispo de Coria.

Nació en Fregenal de la Sierra (Badajoz), el 15 de enero de 1799. Estudió en Sevilla, al lado de su tío abad de la colegiata del Salvador. Cursó la carrera de Leyes y después fue ordenado de presbítero en 1812, entrando seguidamente en el Oratorio de San Felipe Neri, del que salió en 1835 al suprimir las comunidades religiosas, pero pudo volver muchos años después.

Escribió «Epitome Histórico de la Gran Villa de Fregenal, provincia de Andalucía Baja». Fue examinador sinodal de las diócesis de Sevilla y Badajoz y maestro de Don Juan Bravo Murillo, que siendo presidente del consejo de ministros lo presentó para el obispado de Coria en 1852 y fue consagrado en las Salesas de Madrid el 5 de diciembre, por el nuncio Brunelli, asistido por el abad de San Ildefonso, obispo de Lezo y el de Avila, fray Gregorio Sánchez.

El acontecimiento más importante de su pontificado fue la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, que fue celebrado con gran solemnidad en la catedral. Publicó varias pastorales, y habiendo marchado a Sevilla para pasar una temporada en su Oratorio, allí le sorprendió la muerte el 14 de febrero de 1858. Fue enterradas en la iglesia del citado Oratorio, pero diez años después, con motivo del derribo de la misma, sus restos fueran trasladados a le bóveda principal de la iglesia de San Pedro de Sevilla[7].

D. FERNANDO RAMÍREZ VÁZQUEZ, obispo de Badajoz.

Nació en Salvatierra de los Barros (Badajoz) el 6 de diciembre de 1807. A los doce años ingresaba en el seminario de San Atón de Badajoz, donde fue presbítero el 16 de junio de 1832. Dedicado al ministerio parroquial, fue vicario en la iglesia de la Concepción de Badajoz, y en 1840 cura de la Magdalena de Olivenza, parroquia que obtuvo y de la que fue arcipreste en el concurso celebrado en 1847. Posteriormente se licenció en Teología en Sevilla y en 1853 era elegido canónigo lectoral de Badajoz y profesor del Seminario, tras brillantes oposiciones.

Doce años después, el papa Pio IX lo nombraba obispo de Badajoz. Y el 13 de febrero de 1866 era consagrado en la catedral de Zaragoza por el arzobispo García Gil, antiguo obispo de Badajoz, asistido por el que también lo fue y ahora regía la diócesis de Barcelona, Don Pantaleón Montserrat, y el de Tarazona, Marrodán Rubio.

Su pontificado fue largo, pues gobernó la diócesis veintitrés años y tuvo que afrontar momentos difíciles con la revolución del 68 y la Primera República. Asistió al Concilio Vaticano I, donde tuvo destacadas intervenciones. Iluminó a sus diocesanos con frecuentes cartas pastorales, pero el acontecimiento mayor de su pontificado fue la incorporación a la diócesis de los Prioratos de Llerena y Magacela, que pertenecía a las órdenes militares, concentradas ahora en la nueva diócesis de Ciudad Real, por la Bula «Quo gravius», que transformó profundamente la fisonomía de la diócesis y cuya aplicación ocasionó al prelado serios disgustos, pues tuvo que apelar a soluciones extremas para evitar el peligro del cisma que se avecinaba. Empleó grandes sumas para ampliar y mejorar el seminario mayor y construyó el menor en Villanueva de la Serena. Falleció en Badajoz el 14 de noviembre de 1890[8].

D. RAMIRO FERNANDEZ VALBUENA, obispo auxiliar de Santiago.

Nació en Huelde (León), el 11 de marzo de 1847. Estudió en el seminario diocesano, donde fue presbítero en junio de 1873, siendo nombrado profesor del mismo. Licenciado en Teología por el seminario central de Sevilla, fue muy joven Lectoral de Badajoz, y en 1885 obtuvo en el seminario central de Valencia el Doctorado en Teología y la licencia en Derecho Canónico en una sola convocatoria. Años después ganaba la Penitenciaria de Toledo, donde fue nombrado también rector del seminario de San Ildefonso, asistente al solio pontificio y prelado doméstico de su santidad.

El cardenal Herrera de la Iglesia, que había sido Deán de la catedral de León, conoció las grandes dotes del joven Fernández Valbuena, por lo que el 7 de junio de 1911 lo nombró su obispo auxiliar en Santiago, como titular de Escilio, así como Provisor y Vicario General del arzobispado, donde pasó toda su vida episcopal, ya que murió el 3 de marzo de 1922, meses antes de la muerte del citado cardenal, ocurrida el 6 de diciembre de aquel año[9].

D. FÉLIX SOTO Y MANCERA, obispo de Badajoz.

Nació en Zafra (Badajoz) el 28 de febrero de 1849. Estudió en el seminario conciliar de San Julián de Cuenca, donde fue ordenado de presbítero en 1875 y profesor de Latín. Pasó después a Gibraltar, donde regía un colegio católico, del que él había sido alumno, y habiéndose doctorado en Derecho Canónico, fue nombrado fiscal del tribunal eclesiástico de Cádiz, donde poco después obtuvo la canonjía Doctoral. Sus dotes de canonista le valieron ser nombrado auditor del Tribunal de la Rota y el 14 de noviembre de 1904 era promovido al obispado de Badajoz, donde sucedió al dominico P. Hevia Campomanes, que tuvo un pontificado muy breve. Gobernó la diócesis hasta su muerte el 31 de enero de 1910, siendo muy querido de sus diocesanos, pues gozaba de fama como hombre de gran ciencia y virtud[10].

D. ANTONIO SENSO LAZARO, obispo de Astorga.

Nació en Montánchez (Cáceres), diócesis de Badajoz, el 12 de febrero de 1868. Estudió en el seminario de Badajoz, donde fue presbítero en 1891, licenciándose en Teología por el seminario central de Toledo y en Derecho Civil por la Universidad Central de Madrid. Fue muy joven canónigo por oposición de Badajoz, así como profesor de Dogma y Griego. Obtuvo en 1896 otra canonjía en la catedral de Madrid, donde se le confiaron la cátedra de Griego y Hebreo en el seminario, del que fue nombrado rector. Preconizado obispo de Astorga el 18 de junio de 1913, fue consagrado en la catedral de Madrid el 23 de septiembre. Falleció en Astorga el 21 de agosto de 1941 y estaba en posesión de la gran cruz civil de Alfonso XII y de la cruz blanca del mérito militar[11].

P. FRANCISCO LUNA PACHÓN, vicario apostólico de Beni (Bolivia).

Nació en los Santos de Maimona (Badajoz), el 31 de julio de 1871. Tomó el hábito franciscano en el convento de Loreto en 1898, y una vez ordenado de presbítero en 1905 era destinado a La Paz (Bolivia) y fue misionero de Beni.

En 1919 fue prefecto de misiones y en 1926 era nombrado guardián de la Recoleta de la Paz, siendo preconizado el 10 de junio de este mismo año para el vicariato apostólico de Beni como obispo titular de Titópolis. Fue consagrado al 28 de septiembre en la citada iglesia Recoleta, que los padres franciscanos tienen en La Paz, donde murió en 1953[12].

D. ENRIQUE DELGADO GÓMEZ, obispo de Almería y arzobispo de Pamplona.

Nació en Valverde de Llerena (Badajoz), el 17 de julio de 1888. Estudió en el seminario diocesano, marchando a Roma, donde se doctoró en Filosofía, Teología y Derecho Canónico, siendo ordenado de presbítero en 1812. Ha sido profesor y rector del seminario de Badajoz, canónigo por oposición y Deán de la catedral, vicario general del obispado y administrador del herario diocesano. El 10 de junio de 1943 fue nombrado obispo de Almería, siendo consagrado en la catedral de Badajoz el 3 de octubre, por el nuncio Cicognani, auxiliado por los obispo de Badajoz y Evora.

El 26 de octubre de 1946 era trasladado al obispado de Pamplona, donde fue su primer arzobispo al ser elevada a metropolitana esta sede el 11 de agosto de 1956. Sus primeras pastorales versaron sobre el Día del Seminario, la Asamblea Sacerdotal Diocesana, la Niñez desvalida y la Parroquia. Dimitió el 22 de julio 1968, quedando con el título de la sede de Biteto, residiendo en Pamplona, donde falleció el 16 de enero de 1978[13].

D. MANUEL FERNANDEZ CONDE Y GARCÍA DEL REBOLLAR, obispo de Córdoba.

Nació en Puertollano (Ciudad Real), el 8 de septiembre de 1909, Estudió en el seminario de Badajoz, donde residía su padre, que era maestro nacional. En 1934 marchó a Roma, donde se doctoró en Derecho Canónico y Filosofía, después de licenciarse en Teología. Más tarde ingresó en la academia de nobles eclesiásticos y estudió la carrera diplomática, quedando como oficial de la Secretaría de Estado con el título de monseñor. El 2 de febrero de 1958 era preconizado obispo de Córdoba, siendo consagrado en Roma el 8 de marzo. Entre sus actividades destacaba la formación de los sacerdotes, pues había publicado un interesante trabajo sobre los seminarios tridentinos, siendo nombrado en la Conferencia Episcopal Española Presidente de la Comisión de Seminarios, que desempeñó hasta su repentina muerte el 3 de enero de 1970[14].

DIÓCESIS DE CORIA

D. PEDRO LUIS BLANCO, obispo de León.

Nació en Valverde del Fresno (Cáceres), diócesis de Coria. Fue rector de la Universidad de Salamanca y obispo de León, de 1800 a 1811. Durante la invasión francesa, el obispo Blanco mostró una adhesión pública y explícita a los franceses en numerosas ocasiones, que suscitó tremendas protestas de los compatriotas, según una carta acusatoria contra el obispo, que dirigió Cristóbal Rubio a la central de León el 10 de septiembre de 1809[15].

D. ANTONIO RAFAEL DOMÍNGUEZ DE VALDECAÑAS, obispo de Guadix.

Nació en LUCENA (Córdoba), el 23 de julio de 1790. Estudió en los seminarios de Guadix y Granada. Fue canónigo de Sevilla y Chantre de Coria hasta que fue nombrado obispo de Guadix el 25 de septiembre de 1857. Fue consagrado en la capilla del Palacio Real de Madrid el 6 de diciembre. Era prelado doméstico de su Santidad, asistente al solio pontificio, predicador de S.M., caballero de las órdenes de Carlos III e Isabel la Católica, patricio romano y académico de los quírites. Falleció en Guadix en 1865[16].

P. ISIDORO CLEMENTE, O.P., vicario apostólico de Amoy (China).

Nació en Montehermoso (Cáceres), diócesis de Coria, el 4 de junio de 1851. Ingresó en el convento dominico de Ocaña en 1878, donde estudió Filosofía, pasando al de Ávila en 1870 para cursar la Teología, siendo ordenado de presbítero en 1872. Fue destinada a las misiones de Formosa y en 1894 era nombrado vicario provincial. Promovido al episcopado en 1899 con el título de Angila, fue consagrado el 11 de marzo de 1900, quedando al frente del vicariato apostólico de Amoy, en China, donde murió el 10 de agosto de 1915[17].

D. FELICIANO ROCHA PIZARRO, obispo de Plasencia.

Nació en Hinojal (Cáceres), diócesis de Coria, el 2 de febrero de 1870. Estudió en el seminario diocesano. Se licenció en Derecho Canónico por el de Toledo en 1896 y dos años más tarde en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue secretario de estudios y profesor de Filosofía y Teología en el seminario de Coria, párroco de Valencia de Alcántara y de Santiago de Cáceres, hasta 1920, en que el obispo Segura lo nombró provisor y vicario general. En 1922 obtenía la canonjía Doctoral y en 1928 era nombrado Deán y confirmado como vicario por el nuevo obispo Moreno Barrio.

El 9 de noviembre de 1928 era nombrado obispo titular de Aretusa y auxiliar del cardenal Segura en Toledo, siendo consagrado en la catedral primada el 11 de marzo de 1929 por el nuncio Tedeschini.

Al ser expulsado el cardenal Segura, en 1931, por la República, quedó como administrador apostólico de la diócesis durante tres años en aquellos momentos difíciles por los que atravesaba la iglesia española. Y en 1934 era nombrado obispo de Plasencia, donde falleció el 16 de agosto de 1945[18].

DIÓCESIS DE PLASENCIA

P. JOAQUÍN ENCABO DE LA VIRGEN DE SOPETRAN, obispo de Cebú (Filipinas).

Nació en Jarandilla de la Vera (Cáceres), diócesis de Plasencia. Ingresó en la orden de ermitaños de San Agustín y fue nombrado el 20 de agosto de 1804 obispo de Cebú en Filipinas, donde falleció el 8 de noviembre de 1818. Había sucedido en esa diócesis al valenciano padre Francisco Genovés Amorós, dominico[19].

P. PEDRO GARCÍA DE PANES, obispo de Asunción (Paraguay).

Nació también en Jarandilla de la Vera, en 1768. Ingresó en los franciscanos observantes, siendo lector de Filosofía y Teología en varios conventos de su orden. El 23 de marzo de 1807 era nombrado obispo de Asunción (Paraguay) y falleció el 13 de marzo de 1838[20].

P. MIGUEL SÁNCHEZ CERRUDO, obispo de Santa Marta (Colombia).

Nació en Béjar, provincia de Salamanca y diócesis de Plasencia, en 1757. Fue provincial de los franciscanos hasta el 20 de agosto de 1804, en que fue nombrado obispo de Santa Marta en Colombia, a cuya diócesis no pudo llegar hasta 1808, debido a la guerra con los ingleses, y murió el 4 de agosto de 1810[21].

P. RODRIGO ANTONIO DE ORELLANA, obispo de Tucumán (Argentina).

Nació en Medellín (Badajoz), diócesis de Plasencia. Era fraile premonstratense y el 9 de septiembre de 1805 fue nombrado obispo de Tucumán, de donde fue trasladado a Ávila el 21 de diciembre de 1818, diócesis que rigió hasta su muerte el 29 de junio de 1822[22].

D. GREGORIO MARÍA LÓPEZ ZARAGOZA, obispo de Plasencia.

Nació en Villacañas (Toledo), en cuyo seminario estudió y fue presbítero en 1804. Desempeñó en Plasencia los cargos de provisor y vicario general con el obispo Conde y Corral, al que sucedió en el gobierno de esta diócesis el 2 de diciembre de 1853, siendo su obispo hasta su muerte en 1869[23].

D. JUAN MARIA VALERO NACARINO, obispo de Tuy y Cuenca.

Nació en Plasencia en 1835. Estudió en el seminario de Plasencia y Toledo obteniendo el doctorado en Teología y la licencia en Derecho Canónico. Era profesor del seminario diocesano cuando en 1862 obtenía la canonjía Lectoral de Cuenca, con gran brillantez y en 1865 era nombrado rector del seminario, donde desempeñaba la cátedra de Sagrada Escritura. En 1876 era nombrado obispo de Tuy y seis años después era trasladado a su amada diócesis de Cuenca, donde tan gratos recuerdos había dejado, la que rigió hasta su muerte en 16 de noviembre de 1890[24].

D. VICENTE SÁNCHEZ DE CASTRO, obispo de Santander.

Nació en Peromingo (Salamanca), diócesis de Plasencia, en 1841. Estudió en los seminarios de Plasencia y Salamanca, donde se doctoró en Teología y más tarde obtuvo la canonjía Lectoral de León, de cuyo seminario fue profesor de Sagrada Escritura y en cuya materia estaba considerado como una autoridad. En 1884 fue nombrado obispo de Santander, destacando por sus luminosas pastorales llenas de erudición escriturística. Falleció en 1920[25].

D. BERNARDO CONDE Y CORRAL, obispo de Plasencia y Zamora.

Nació en Leiva (Logroño), diócesis de Calahorra, en 1811. Fue premonstratense, profesor del seminario de Ciudad Rodrigo, provisor de la diócesis de Plasencia y Deán de Lugo. El 21 de diciembre de 1857, nombrado obispo de Plasencia y trasladado a Zamora el 3 de marzo de 1863, donde falleció el 31 de marzo de 1880[26].

D. FRANCISCO DE SALES CRESPO BAUTISTA, obispo de Mondoñedo.

Nació en Toledo el 20 de enero de 1812. Estudió en su seminario, donde fue presbítero en 1836, siendo nombrado después profesor del seminario fiscal eclesiástico de Plasencia y canónigo penitenciario de Toledo. El 23 de diciembre de 1862 el cardenal Alameda lo proponía para su obispo auxiliar en Toledo, quien lo consagró con el título de Archis el 30 de marzo de 1863 en la iglesia de las Salesas de Madrid, y el 5 de julio de 1875, a la muerte del cardenal, era nombrado obispo de Mondoñedo, donde falleció el 16 de febrero de 1877[27].

D. FELIPE FERNANDEZ GARCÍA, obispo de Avila.

Nació en San Pedro de Trones (León), diócesis de Astorga, en 1935. Es presbítero desde 1957 y ha desempeñado el cargo de vicario episcopal en la diócesis de Plasencia hasta su nombramiento como obispo de Ávila el 22 de octubre de 1976[28].

FRAY GREGORIO SÁNCHEZ RUBIO, obispo de Osma y Ávila.

También era de origen extremeño, aunque pertenecía a la diócesis de Toledo, el P. Sánchez Rubio, nacido en Alía (Cáceres) el 9 de septiembre de 1778. Ingresó en los Jerónimos de El Escorial en 1797. Fue presbítero en 1804, profesor de Filosofía, Griego y Hebreo, así como bibliotecario del Monasterio, donde siguió después de exclaustrado. El 7 de diciembre de 1847 es nombrado obispo de Osma y consagrado en las Salesas de Madrid por el nuncio Brunelli, asistido por los obispos Posada, patriarca de las Indias, y Tarancón Morón, obispo de Córdoba. El 27 de septiembre da 1852 era trasladado al obispado de Ávila, cerca de El Escorial, donde tantos años había sido bibliotecario, pero rigió la diócesis poco tiempo, pues falleció el 17 de febrero de 1854[29].



NOTAS:

[1] C. R. FORT. «De los obispos españoles titulares, pag. 259. y V. CARCEL ORTI, «Política Eclesial de Gobiernos liberales. p. 457.

[2] C. R. FORT. «De los obispos Españoles titulares. pag. 81-82.

[3] DICCIONARIO DE HISTORIA ECIESIASTICA DE ESPAÑA. IV. 2171 y 2172. V. Cárcel, id. «Política Eclesial». pag.473

[4] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico, 1933. Apéndice. Episcopologio de la Diócesis de Osma». pag. 177.

[5] id. id. 1928, «Episcopologio de la diócesis de Badajoz, p.94.

[6] M. REVUELTA G.»La Iglesia en la España Contemporánea», V.p.99.

[7] M. A. ORTI BELMONTE. «Episcopologio Cauriense» pag.l67-169.

[8] P. RUBIO MERINO. «El Seminario de San Atón de Badajoz», p.284-86

[9] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1923. Obituario Pontifical» pag.285.

[10] id. id. «Anuario Eclesiástico de 1918», pag.302.

[11] P.RUBIO MERINO. «El Seminario de San Atón de Badajoz». pag.287-288.

[12] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1928». pag.595.

[13] ANUARIO RELIGIOSO ESPAÑOL.1947. Diócesis de Pamplona. Pag.424 y 425.

[14] CATALOGO DE ALUMNOS DEL P.COLEGIO ESPAÑOL DE S. JOSE DE ROMA. 1954. pag.62.

[15] HISTORIA DE LA IGLESIA CONTEMPORÁNEA. V.»Manuel Revuelta González», pag.29.

[16] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1930. pag. 217. Obispos de Guadix y Baza.

[17] id. id. de 1918, pag.302. Obispos españoles fallecidos en 1915.

[18] id. id. de 1930. pag.445 y 446.

[19] Diccionario DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DE ESPAÑA.II. pag.932, Episcopologio de la diócesis de Cebú.

[20] id. id. id. III. pag.1181. Episcopologio de la Mde. Asunción.

[21] id. id. id. I. pag. 466, Episcopologio de la diócesis de Santa Marta, pag.466.

[22] DICCIONARIO DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DE ESPAÑA, I. Argentina diócesis de Tucumán, Episcopologio pag.88, y diócesis de Ávila, Episcopologio, pag.161.

[23] id. id. III, Diócesis de Plasencia. Episcopologio. p.l989.

[24] ADELAIDO CÁRCEL RAMOS, «Obispos extremeños en Cuenca». pag.4-5, en Coloquios H. de Extremadura, de 1978.

[25] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1918» Diócesis de Santander, pag.199.

[26] DICCIONARIO DE HISTORIA ECLESIÁSTICA. III, Diócesis de Plasencia, pag.1989. y IV, Diócesis de Zamora, pag.2800, Episcopologio.

[27] C.R.FORT, «Obispos Españoles titulares. Pag.48, Obispo de Archis y Mondoñedo.

[28] ANUARIO PONDIFICIO de 1977. pag.54, Diócesis de Ávila.

[29] ANUARIO ECLESIÁSTICO «Subirana», de 1933. pag.178, del obispado de Osma, y Francisco Fernández Serrano «Obispos Hispánicos de la Orden de San Jerónimo. pag.205-217,(Separata de «Studia Hieronymiana».

Con el nombre de obispos extremeños no me refiero precisamente a los prelados que han regido las tres diócesis de Extremadura en los dos siglos últimos, sino a todos los obispos españoles que han nacido durante ese tiempo en tierra extremeña o que estuvieron vinculados a sus diócesis por los cargos desempeñados, estudios cursadas o lugares de residencia.

DIÓCESIS DE BADAJOZ

D. MATEO DELGADO MORENO, obispo de Badajoz.

Nació en Oliva de la Frontera (Badajoz) el 15 de febrero

de 1756. Siendo Chantre mayor de la catedral de Lérida y Penitenciario de la Real Capilla, fue promovido a la abadía de San Ildefonso con el título de obispo de Sebaste, y consagrado en la Real Iglesia de San Isidro de Madrid el 1 de febrero de 1801. Dos años después era trasladado a la sede episcopal de Badajoz, que rigió durante cuarenta años, donde falleció el año 1842, de edad muy avanzada.

No asistió al juramento de fidelidad a Isabel II por su ancianidad, ya que llegó a ser el de más edad del episcopado español, y aunque residió normalmente en la diócesis, las nuevas autoridades civiles le impidieron gobernar por haber protestado contra las novedades eclesiásticas introducidas, los que le desterraron a su pueblo. El obispado quedó en manos de gobernadores adictos a la reina, y al fallecer el obispo legítimo, uno de éstos, Pedro Gragera Ros, fue nombrado sucesor y gobernó como intruso, pero el 6 de abril de 1845 fue encargado de administrar la diócesis el arzobispo de Santiago y en 1847 era preconizado como nuevo obispo el canónigo penitenciario de León, Don Francisco Javier Rodríguez Obregón, que la rigió hasta su muerte en 1853[1].

D. JOSÉ CASQUETE DEL PRADO BOOTELLO. Obispo de San Marcos de León.

Nació en Fuente de Cantos (Badajoz), priorato de San Marcos de León, el 10 de junio de 1756. Profesó como caballero freire de la Orden de Santiago, pasando al colegio del Rey, que ésta tenía en Salamanca, donde se doctoró en Cánones, teniendo a su cargo algunas encomiendas y un canonicato en San Marcos.

Por Bula de 9 de mayo de 1797 se declararon perpetuos los prioratos de Uclés y San Marcos de León, con obispas in partibus, siendo nombrado el doctor Casquete del Prado para Obispo Prior de San Marcos de León, con el título de Cisamo. Fue consagrado en la iglesia de las Comendadoras de Madrid el 25 de marzo de 1798. Más adelante fue diputado en las Cortes de Cádiz y falleció en Llerena el 2 de febrero de 1838[2].

FRAY HIPÓLITO SÁNCHEZ RANGEL, obispo de Lugo.

Nació en Santos de Llerena (Badajoz), el 2 de diciembre de 1761. Ingresó en los franciscanos de Sevilla, en 1782; enseñó Filosofía en varios conventos de su orden y en 1796 pasó a Cuba como reformador de la provincia de Santa Elena de Florida, pero regresó a España por desavenencias con el provincial. En 1802 marchó de nuevo a las Antillas para reformar la provincia de La Habana. El 26 de junio de 1805 fue preconizado obispo de la nueva diócesis de Maynas (Perú) y consagrado en Quito por el obispo de aquella diócesis Cuero Caicedo, el 22 de diciembre de 1807.

Las revueltas en los territorios sudamericanos y su actitud en defensa de Fernando VII le crearan una posición incómoda, por lo que regresó a España en 1822 y dos años después era nombrado administrador apostólico de Cartagena pero fue depuesto por su obispo Posada, y en 1825 era promovido a la sede episcopal de Lugo, con lo que le premió Fernando VII su fidelidad a la Corona. Su conducta durante la regencia cristina causaron desorientación en la diócesis de Lugo, pues el obispo aceptó cargos políticos, como prócer del reino y miembro de la junta eclesiástica para la reforma del clero secular y regular en 1834, planes que nunca aprobó la Santa Sede. Murío en Lugo en 1839[3].

FRAY DIEGO DE MELO Y PORTUGAL, obispo de Osma y Jaén.

Nació en la ciudad de Badajoz, ingresando en los padres agustinos, donde desempeñó diversos cargos hasta su nombramiento como obispo de Osma, de cuyo cargo tomó posesión el 28 de noviembre de 1794, y a los dos años era trasladado al obispado de Jaén, donde murió en 1816[4].

D. GABRIEL ALVAREZ DE FARIA, obispo de Badajoz.

Era tío carnal de Godoy, el Príncipe de la Paz, y había nacido también en la ciudad de Badajoz, de cuya diócesis fue nombrado obispo en 1790, donde estuvo hasta su muerte en 1802. Está enterrado en la capilla de San Pedro de Alcántara de la catedral[5].

D. JUAN GARCÍA BENITO, obispo de Tuy.

Nació en Torre de Santa María (Cáceres), diócesis de Badajoz. Fue nombrado obispo de Tuy en 1798, que rigió hasta 1825. Propuesto durante el trienio liberal para arzobispo de Santiago, a la muerte del doctor Rafael de Muzquiz, tuvo que renunciar a la sede compostelana, dada la represión política que hubo al reforzar Fernando VII en 1823 la tendencia absolutista del cuadro episcopal, viniendo entonces a Santiago el obispo de Lérida, Simón Antonio de Rentería, y dos años después fallecía el obispo Benito.[6]

D. ANTONIO MARÍA SÁNCHEZ-CID CARRASCAL, obispo de Coria.

Nació en Fregenal de la Sierra (Badajoz), el 15 de enero de 1799. Estudió en Sevilla, al lado de su tío abad de la colegiata del Salvador. Cursó la carrera de Leyes y después fue ordenado de presbítero en 1812, entrando seguidamente en el Oratorio de San Felipe Neri, del que salió en 1835 al suprimir las comunidades religiosas, pero pudo volver muchos años después.

Escribió «Epitome Histórico de la Gran Villa de Fregenal, provincia de Andalucía Baja». Fue examinador sinodal de las diócesis de Sevilla y Badajoz y maestro de Don Juan Bravo Murillo, que siendo presidente del consejo de ministros lo presentó para el obispado de Coria en 1852 y fue consagrado en las Salesas de Madrid el 5 de diciembre, por el nuncio Brunelli, asistido por el abad de San Ildefonso, obispo de Lezo y el de Avila, fray Gregorio Sánchez.

El acontecimiento más importante de su pontificado fue la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción, que fue celebrado con gran solemnidad en la catedral. Publicó varias pastorales, y habiendo marchado a Sevilla para pasar una temporada en su Oratorio, allí le sorprendió la muerte el 14 de febrero de 1858. Fue enterradas en la iglesia del citado Oratorio, pero diez años después, con motivo del derribo de la misma, sus restos fueran trasladados a le bóveda principal de la iglesia de San Pedro de Sevilla[7].

D. FERNANDO RAMÍREZ VÁZQUEZ, obispo de Badajoz.

Nació en Salvatierra de los Barros (Badajoz) el 6 de diciembre de 1807. A los doce años ingresaba en el seminario de San Atón de Badajoz, donde fue presbítero el 16 de junio de 1832. Dedicado al ministerio parroquial, fue vicario en la iglesia de la Concepción de Badajoz, y en 1840 cura de la Magdalena de Olivenza, parroquia que obtuvo y de la que fue arcipreste en el concurso celebrado en 1847. Posteriormente se licenció en Teología en Sevilla y en 1853 era elegido canónigo lectoral de Badajoz y profesor del Seminario, tras brillantes oposiciones.

Doce años después, el papa Pio IX lo nombraba obispo de Badajoz. Y el 13 de febrero de 1866 era consagrado en la catedral de Zaragoza por el arzobispo García Gil, antiguo obispo de Badajoz, asistido por el que también lo fue y ahora regía la diócesis de Barcelona, Don Pantaleón Montserrat, y el de Tarazona, Marrodán Rubio.

Su pontificado fue largo, pues gobernó la diócesis veintitrés años y tuvo que afrontar momentos difíciles con la revolución del 68 y la Primera República. Asistió al Concilio Vaticano I, donde tuvo destacadas intervenciones. Iluminó a sus diocesanos con frecuentes cartas pastorales, pero el acontecimiento mayor de su pontificado fue la incorporación a la diócesis de los Prioratos de Llerena y Magacela, que pertenecía a las órdenes militares, concentradas ahora en la nueva diócesis de Ciudad Real, por la Bula «Quo gravius», que transformó profundamente la fisonomía de la diócesis y cuya aplicación ocasionó al prelado serios disgustos, pues tuvo que apelar a soluciones extremas para evitar el peligro del cisma que se avecinaba. Empleó grandes sumas para ampliar y mejorar el seminario mayor y construyó el menor en Villanueva de la Serena. Falleció en Badajoz el 14 de noviembre de 1890[8].

D. RAMIRO FERNANDEZ VALBUENA, obispo auxiliar de Santiago.

Nació en Huelde (León), el 11 de marzo de 1847. Estudió en el seminario diocesano, donde fue presbítero en junio de 1873, siendo nombrado profesor del mismo. Licenciado en Teología por el seminario central de Sevilla, fue muy joven Lectoral de Badajoz, y en 1885 obtuvo en el seminario central de Valencia el Doctorado en Teología y la licencia en Derecho Canónico en una sola convocatoria. Años después ganaba la Penitenciaria de Toledo, donde fue nombrado también rector del seminario de San Ildefonso, asistente al solio pontificio y prelado doméstico de su santidad.

El cardenal Herrera de la Iglesia, que había sido Deán de la catedral de León, conoció las grandes dotes del joven Fernández Valbuena, por lo que el 7 de junio de 1911 lo nombró su obispo auxiliar en Santiago, como titular de Escilio, así como Provisor y Vicario General del arzobispado, donde pasó toda su vida episcopal, ya que murió el 3 de marzo de 1922, meses antes de la muerte del citado cardenal, ocurrida el 6 de diciembre de aquel año[9].

D. FÉLIX SOTO Y MANCERA, obispo de Badajoz.

Nació en Zafra (Badajoz) el 28 de febrero de 1849. Estudió en el seminario conciliar de San Julián de Cuenca, donde fue ordenado de presbítero en 1875 y profesor de Latín. Pasó después a Gibraltar, donde regía un colegio católico, del que él había sido alumno, y habiéndose doctorado en Derecho Canónico, fue nombrado fiscal del tribunal eclesiástico de Cádiz, donde poco después obtuvo la canonjía Doctoral. Sus dotes de canonista le valieron ser nombrado auditor del Tribunal de la Rota y el 14 de noviembre de 1904 era promovido al obispado de Badajoz, donde sucedió al dominico P. Hevia Campomanes, que tuvo un pontificado muy breve. Gobernó la diócesis hasta su muerte el 31 de enero de 1910, siendo muy querido de sus diocesanos, pues gozaba de fama como hombre de gran ciencia y virtud[10].

D. ANTONIO SENSO LAZARO, obispo de Astorga.

Nació en Montánchez (Cáceres), diócesis de Badajoz, el 12 de febrero de 1868. Estudió en el seminario de Badajoz, donde fue presbítero en 1891, licenciándose en Teología por el seminario central de Toledo y en Derecho Civil por la Universidad Central de Madrid. Fue muy joven canónigo por oposición de Badajoz, así como profesor de Dogma y Griego. Obtuvo en 1896 otra canonjía en la catedral de Madrid, donde se le confiaron la cátedra de Griego y Hebreo en el seminario, del que fue nombrado rector. Preconizado obispo de Astorga el 18 de junio de 1913, fue consagrado en la catedral de Madrid el 23 de septiembre. Falleció en Astorga el 21 de agosto de 1941 y estaba en posesión de la gran cruz civil de Alfonso XII y de la cruz blanca del mérito militar[11].

P. FRANCISCO LUNA PACHÓN, vicario apostólico de Beni (Bolivia).

Nació en los Santos de Maimona (Badajoz), el 31 de julio de 1871. Tomó el hábito franciscano en el convento de Loreto en 1898, y una vez ordenado de presbítero en 1905 era destinado a La Paz (Bolivia) y fue misionero de Beni.

En 1919 fue prefecto de misiones y en 1926 era nombrado guardián de la Recoleta de la Paz, siendo preconizado el 10 de junio de este mismo año para el vicariato apostólico de Beni como obispo titular de Titópolis. Fue consagrado al 28 de septiembre en la citada iglesia Recoleta, que los padres franciscanos tienen en La Paz, donde murió en 1953[12].

D. ENRIQUE DELGADO GÓMEZ, obispo de Almería y arzobispo de Pamplona.

Nació en Valverde de Llerena (Badajoz), el 17 de julio de 1888. Estudió en el seminario diocesano, marchando a Roma, donde se doctoró en Filosofía, Teología y Derecho Canónico, siendo ordenado de presbítero en 1812. Ha sido profesor y rector del seminario de Badajoz, canónigo por oposición y Deán de la catedral, vicario general del obispado y administrador del herario diocesano. El 10 de junio de 1943 fue nombrado obispo de Almería, siendo consagrado en la catedral de Badajoz el 3 de octubre, por el nuncio Cicognani, auxiliado por los obispo de Badajoz y Evora.

El 26 de octubre de 1946 era trasladado al obispado de Pamplona, donde fue su primer arzobispo al ser elevada a metropolitana esta sede el 11 de agosto de 1956. Sus primeras pastorales versaron sobre el Día del Seminario, la Asamblea Sacerdotal Diocesana, la Niñez desvalida y la Parroquia. Dimitió el 22 de julio 1968, quedando con el título de la sede de Biteto, residiendo en Pamplona, donde falleció el 16 de enero de 1978[13].

D. MANUEL FERNANDEZ CONDE Y GARCÍA DEL REBOLLAR, obispo de Córdoba.

Nació en Puertollano (Ciudad Real), el 8 de septiembre de 1909, Estudió en el seminario de Badajoz, donde residía su padre, que era maestro nacional. En 1934 marchó a Roma, donde se doctoró en Derecho Canónico y Filosofía, después de licenciarse en Teología. Más tarde ingresó en la academia de nobles eclesiásticos y estudió la carrera diplomática, quedando como oficial de la Secretaría de Estado con el título de monseñor. El 2 de febrero de 1958 era preconizado obispo de Córdoba, siendo consagrado en Roma el 8 de marzo. Entre sus actividades destacaba la formación de los sacerdotes, pues había publicado un interesante trabajo sobre los seminarios tridentinos, siendo nombrado en la Conferencia Episcopal Española Presidente de la Comisión de Seminarios, que desempeñó hasta su repentina muerte el 3 de enero de 1970[14].

DIÓCESIS DE CORIA

D. PEDRO LUIS BLANCO, obispo de León.

Nació en Valverde del Fresno (Cáceres), diócesis de Coria. Fue rector de la Universidad de Salamanca y obispo de León, de 1800 a 1811. Durante la invasión francesa, el obispo Blanco mostró una adhesión pública y explícita a los franceses en numerosas ocasiones, que suscitó tremendas protestas de los compatriotas, según una carta acusatoria contra el obispo, que dirigió Cristóbal Rubio a la central de León el 10 de septiembre de 1809[15].

D. ANTONIO RAFAEL DOMÍNGUEZ DE VALDECAÑAS, obispo de Guadix.

Nació en LUCENA (Córdoba), el 23 de julio de 1790. Estudió en los seminarios de Guadix y Granada. Fue canónigo de Sevilla y Chantre de Coria hasta que fue nombrado obispo de Guadix el 25 de septiembre de 1857. Fue consagrado en la capilla del Palacio Real de Madrid el 6 de diciembre. Era prelado doméstico de su Santidad, asistente al solio pontificio, predicador de S.M., caballero de las órdenes de Carlos III e Isabel la Católica, patricio romano y académico de los quírites. Falleció en Guadix en 1865[16].

P. ISIDORO CLEMENTE, O.P., vicario apostólico de Amoy (China).

Nació en Montehermoso (Cáceres), diócesis de Coria, el 4 de junio de 1851. Ingresó en el convento dominico de Ocaña en 1878, donde estudió Filosofía, pasando al de Ávila en 1870 para cursar la Teología, siendo ordenado de presbítero en 1872. Fue destinada a las misiones de Formosa y en 1894 era nombrado vicario provincial. Promovido al episcopado en 1899 con el título de Angila, fue consagrado el 11 de marzo de 1900, quedando al frente del vicariato apostólico de Amoy, en China, donde murió el 10 de agosto de 1915[17].

D. FELICIANO ROCHA PIZARRO, obispo de Plasencia.

Nació en Hinojal (Cáceres), diócesis de Coria, el 2 de febrero de 1870. Estudió en el seminario diocesano. Se licenció en Derecho Canónico por el de Toledo en 1896 y dos años más tarde en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue secretario de estudios y profesor de Filosofía y Teología en el seminario de Coria, párroco de Valencia de Alcántara y de Santiago de Cáceres, hasta 1920, en que el obispo Segura lo nombró provisor y vicario general. En 1922 obtenía la canonjía Doctoral y en 1928 era nombrado Deán y confirmado como vicario por el nuevo obispo Moreno Barrio.

El 9 de noviembre de 1928 era nombrado obispo titular de Aretusa y auxiliar del cardenal Segura en Toledo, siendo consagrado en la catedral primada el 11 de marzo de 1929 por el nuncio Tedeschini.

Al ser expulsado el cardenal Segura, en 1931, por la República, quedó como administrador apostólico de la diócesis durante tres años en aquellos momentos difíciles por los que atravesaba la iglesia española. Y en 1934 era nombrado obispo de Plasencia, donde falleció el 16 de agosto de 1945[18].

DIÓCESIS DE PLASENCIA

P. JOAQUÍN ENCABO DE LA VIRGEN DE SOPETRAN, obispo de Cebú (Filipinas).

Nació en Jarandilla de la Vera (Cáceres), diócesis de Plasencia. Ingresó en la orden de ermitaños de San Agustín y fue nombrado el 20 de agosto de 1804 obispo de Cebú en Filipinas, donde falleció el 8 de noviembre de 1818. Había sucedido en esa diócesis al valenciano padre Francisco Genovés Amorós, dominico[19].

P. PEDRO GARCÍA DE PANES, obispo de Asunción (Paraguay).

Nació también en Jarandilla de la Vera, en 1768. Ingresó en los franciscanos observantes, siendo lector de Filosofía y Teología en varios conventos de su orden. El 23 de marzo de 1807 era nombrado obispo de Asunción (Paraguay) y falleció el 13 de marzo de 1838[20].

P. MIGUEL SÁNCHEZ CERRUDO, obispo de Santa Marta (Colombia).

Nació en Béjar, provincia de Salamanca y diócesis de Plasencia, en 1757. Fue provincial de los franciscanos hasta el 20 de agosto de 1804, en que fue nombrado obispo de Santa Marta en Colombia, a cuya diócesis no pudo llegar hasta 1808, debido a la guerra con los ingleses, y murió el 4 de agosto de 1810[21].

P. RODRIGO ANTONIO DE ORELLANA, obispo de Tucumán (Argentina).

Nació en Medellín (Badajoz), diócesis de Plasencia. Era fraile premonstratense y el 9 de septiembre de 1805 fue nombrado obispo de Tucumán, de donde fue trasladado a Ávila el 21 de diciembre de 1818, diócesis que rigió hasta su muerte el 29 de junio de 1822[22].

D. GREGORIO MARÍA LÓPEZ ZARAGOZA, obispo de Plasencia.

Nació en Villacañas (Toledo), en cuyo seminario estudió y fue presbítero en 1804. Desempeñó en Plasencia los cargos de provisor y vicario general con el obispo Conde y Corral, al que sucedió en el gobierno de esta diócesis el 2 de diciembre de 1853, siendo su obispo hasta su muerte en 1869[23].

D. JUAN MARIA VALERO NACARINO, obispo de Tuy y Cuenca.

Nació en Plasencia en 1835. Estudió en el seminario de Plasencia y Toledo obteniendo el doctorado en Teología y la licencia en Derecho Canónico. Era profesor del seminario diocesano cuando en 1862 obtenía la canonjía Lectoral de Cuenca, con gran brillantez y en 1865 era nombrado rector del seminario, donde desempeñaba la cátedra de Sagrada Escritura. En 1876 era nombrado obispo de Tuy y seis años después era trasladado a su amada diócesis de Cuenca, donde tan gratos recuerdos había dejado, la que rigió hasta su muerte en 16 de noviembre de 1890[24].

D. VICENTE SÁNCHEZ DE CASTRO, obispo de Santander.

Nació en Peromingo (Salamanca), diócesis de Plasencia, en 1841. Estudió en los seminarios de Plasencia y Salamanca, donde se doctoró en Teología y más tarde obtuvo la canonjía Lectoral de León, de cuyo seminario fue profesor de Sagrada Escritura y en cuya materia estaba considerado como una autoridad. En 1884 fue nombrado obispo de Santander, destacando por sus luminosas pastorales llenas de erudición escriturística. Falleció en 1920[25].

D. BERNARDO CONDE Y CORRAL, obispo de Plasencia y Zamora.

Nació en Leiva (Logroño), diócesis de Calahorra, en 1811. Fue premonstratense, profesor del seminario de Ciudad Rodrigo, provisor de la diócesis de Plasencia y Deán de Lugo. El 21 de diciembre de 1857, nombrado obispo de Plasencia y trasladado a Zamora el 3 de marzo de 1863, donde falleció el 31 de marzo de 1880[26].

D. FRANCISCO DE SALES CRESPO BAUTISTA, obispo de Mondoñedo.

Nació en Toledo el 20 de enero de 1812. Estudió en su seminario, donde fue presbítero en 1836, siendo nombrado después profesor del seminario fiscal eclesiástico de Plasencia y canónigo penitenciario de Toledo. El 23 de diciembre de 1862 el cardenal Alameda lo proponía para su obispo auxiliar en Toledo, quien lo consagró con el título de Archis el 30 de marzo de 1863 en la iglesia de las Salesas de Madrid, y el 5 de julio de 1875, a la muerte del cardenal, era nombrado obispo de Mondoñedo, donde falleció el 16 de febrero de 1877[27].

D. FELIPE FERNANDEZ GARCÍA, obispo de Avila.

Nació en San Pedro de Trones (León), diócesis de Astorga, en 1935. Es presbítero desde 1957 y ha desempeñado el cargo de vicario episcopal en la diócesis de Plasencia hasta su nombramiento como obispo de Ávila el 22 de octubre de 1976[28].

FRAY GREGORIO SÁNCHEZ RUBIO, obispo de Osma y Ávila.

También era de origen extremeño, aunque pertenecía a la diócesis de Toledo, el P. Sánchez Rubio, nacido en Alía (Cáceres) el 9 de septiembre de 1778. Ingresó en los Jerónimos de El Escorial en 1797. Fue presbítero en 1804, profesor de Filosofía, Griego y Hebreo, así como bibliotecario del Monasterio, donde siguió después de exclaustrado. El 7 de diciembre de 1847 es nombrado obispo de Osma y consagrado en las Salesas de Madrid por el nuncio Brunelli, asistido por los obispos Posada, patriarca de las Indias, y Tarancón Morón, obispo de Córdoba. El 27 de septiembre da 1852 era trasladado al obispado de Ávila, cerca de El Escorial, donde tantos años había sido bibliotecario, pero rigió la diócesis poco tiempo, pues falleció el 17 de febrero de 1854[29].



NOTAS:

[1] C. R. FORT. «De los obispos españoles titulares, pag. 259. y V. CARCEL ORTI, «Política Eclesial de Gobiernos liberales. p. 457.

[2] C. R. FORT. «De los obispos Españoles titulares. pag. 81-82.

[3] DICCIONARIO DE HISTORIA ECIESIASTICA DE ESPAÑA. IV. 2171 y 2172. V. Cárcel, id. «Política Eclesial». pag.473

[4] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico, 1933. Apéndice. Episcopologio de la Diócesis de Osma». pag. 177.

[5] id. id. 1928, «Episcopologio de la diócesis de Badajoz, p.94.

[6] M. REVUELTA G.»La Iglesia en la España Contemporánea», V.p.99.

[7] M. A. ORTI BELMONTE. «Episcopologio Cauriense» pag.l67-169.

[8] P. RUBIO MERINO. «El Seminario de San Atón de Badajoz», p.284-86

[9] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1923. Obituario Pontifical» pag.285.

[10] id. id. «Anuario Eclesiástico de 1918», pag.302.

[11] P.RUBIO MERINO. «El Seminario de San Atón de Badajoz». pag.287-288.

[12] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1928». pag.595.

[13] ANUARIO RELIGIOSO ESPAÑOL.1947. Diócesis de Pamplona. Pag.424 y 425.

[14] CATALOGO DE ALUMNOS DEL P.COLEGIO ESPAÑOL DE S. JOSE DE ROMA. 1954. pag.62.

[15] HISTORIA DE LA IGLESIA CONTEMPORÁNEA. V.»Manuel Revuelta González», pag.29.

[16] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1930. pag. 217. Obispos de Guadix y Baza.

[17] id. id. de 1918, pag.302. Obispos españoles fallecidos en 1915.

[18] id. id. de 1930. pag.445 y 446.

[19] Diccionario DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DE ESPAÑA.II. pag.932, Episcopologio de la diócesis de Cebú.

[20] id. id. id. III. pag.1181. Episcopologio de la Mde. Asunción.

[21] id. id. id. I. pag. 466, Episcopologio de la diócesis de Santa Marta, pag.466.

[22] DICCIONARIO DE HISTORIA ECLESIÁSTICA DE ESPAÑA, I. Argentina diócesis de Tucumán, Episcopologio pag.88, y diócesis de Ávila, Episcopologio, pag.161.

[23] id. id. III, Diócesis de Plasencia. Episcopologio. p.l989.

[24] ADELAIDO CÁRCEL RAMOS, «Obispos extremeños en Cuenca». pag.4-5, en Coloquios H. de Extremadura, de 1978.

[25] E. SUBIRANA. «Anuario Eclesiástico de 1918» Diócesis de Santander, pag.199.

[26] DICCIONARIO DE HISTORIA ECLESIÁSTICA. III, Diócesis de Plasencia, pag.1989. y IV, Diócesis de Zamora, pag.2800, Episcopologio.

[27] C.R.FORT, «Obispos Españoles titulares. Pag.48, Obispo de Archis y Mondoñedo.

[28] ANUARIO PONDIFICIO de 1977. pag.54, Diócesis de Ávila.

[29] ANUARIO ECLESIÁSTICO «Subirana», de 1933. pag.178, del obispado de Osma, y Francisco Fernández Serrano «Obispos Hispánicos de la Orden de San Jerónimo. pag.205-217,(Separata de «Studia Hieronymiana».

Oct 011979
 

Jesús Bermejo Jiménez.

INTRODUCCIÓN

La vida de D. Eladio Mozas Santamera está enmarcada en un período difícil de la Historia de España. Pocos años antes de su nacimiento en el pueblo castellano de Hiedes de Atienza (Guadalajara), la Iglesia española ha sufrido un duro revés con la supresión de las Ordenes religiosas. Antes, había tenido lugar la quema de conventos, la matanza de los frailes la desamortización de los bienes pertenecientes al patrimonio ecco. Por obra de J.V. Mendizábal. Muchos fueron los Religiosos que pagaron con su vida en Madrid en 1.834; en Zaragoza, Murcia y Barcelona en 1.835. En poco tiempo desaparecieron 900 Conventos, quedando todo en estado lamentable.

Esto sucedía en 1.837, año mismo del nacimiento de Eladio. Tiempos duros, llenos de persecución y furor por parte de los políticos, y de lágrimas y lamentos por parte de la Iglesia, vilipendiada y crucificada en sus miembros más activos y eficaces.

A pesar de ello, la Iglesia española dio pruebas de una vitalidad inconmensurable. Defendió sus derechos con la tenacidad propia del que posee la verdad y tiene hambre y sed de justicia, no para sí misma, sino para guardar los derechos de Dios.

En este ambiente transcurrió la infancia y la juventud de Eladio, aunque la ciudad de Sigüenza, donde realizó sus estudios como niño y seminarista, no recibió tan directamente los embites de la turbonada liberal y anticlerical. Sin embargo, a nivel personal, el joven seminarista, a punto de concluir sus estudios eclesiásticos, terminaba 6º de Teología, se vio envuelto en la marea de las pasiones, zarandeado por vientos contrarios: por un lado la exquisita formación religiosa de su familia, sobre todo de su madre Dña. Mónica Santamera; la lista de Sacerdotes en la familia nos habla de una vena o filón vocacional; también de este lado, su formación en el Seminario de S. Bartolomé de Sigüenza, Centro de seriedad científica y de probada santidad. Por otra parte el hambre de libertad que le acuciaba y el deseo de alcanzar una fama correspondiente a la poderosa y aguda inteligencia que el Señor le había concedido. El desacertado consejo de un mal compañero provoca la crisis y a la promesa de un risueño porvenir sucede la decisión precipitada: dejar el Seminario y marchar a Madrid para prepararse a oposiciones a Cátedras de Universidades del Estado. Dicho y hecho. Y es en el ambiente madrileño donde se agudiza la crisis. Respira liberalismo, la piedad se entibia y el corazón se aficiona a amistades, tertulias y diversiones.

Celebridad, prestigio, dinero, posición elevada. Palabras mágicas que le espolean a estudiar con titánica intensidad, casi con furor, llegando a sacar hasta 10 y 12 horas de estudio diarias, según confesión propia a su tío Santiago, Canónigo en Plasencia. Voluntad de hierro. Temple castellano. Calificaciones brillantísimas hasta que llega el examen final, del que sale radiante. Ha triunfado! El sueño se ha convertido en gozosa realidad. Lo sabe con certeza casi matemática. Pero… en seguida la decepción. Cuando esperaba el primer puesto, alcanza solo un segundo lugar para la Universidad de Santiago. De nuevo la crisis, esta vez espantosa, desesperante. Pero este será precisamente su camino de Damasco, la fulguración definitiva de la gracia.

Toda conversión es decisión de amor, acción inmediata. Por eso, en un arranque fulminante escribe a su tío D. Santiago Yáñez, interpretando en clave evangélica el revés sufrido, considerándolo como una «prueba grande» del amor de Dios y pidiendo la admisión al estado sacerdotal.

SACERDOTE Y MISIONERO

A mediados de Abril de 1.864 llegó Eladio a Plasencia. La «Perla del Jerte» y su comarca fértil será en adelante el escenario casi exclusivo de sus fatigas apostólicas, testigo de sus grandes virtudes y «beneficiaria de sus desvelos que culminarán con la fundación de la Congregación Josefino-Trinitaria.

Recibidas las Ordenes Menores, el Subdiaconado y Diaconado en Plasencia, de manos del Obispo diocesano Dr. D. Gregorio Mª López y Zaragoza, recién llegado también a la Diócesis, es ordenado Sacerdote en la Capilla de las Religiosas del Stmo. Sacramento, de Madrid, por el Obispo auxiliar de Toledo, Dr. D. Francisco de Sales Crespo, el 1 de Abril de 1.865. Su primera Misa, según nota tomada de su Cuaderno de Celebración, fue el 9 de Mayo de 1.865.

Configurado plenamente con el Sacerdocio de Cristo, al que ha entregado de forma incondicional su alma y su vida, adquiere una conciencia viva de su misión y a ella se entrega con la audacia y el vigor de su juventud. Tiene 28 años. La mente del joven Sacerdote está recién iluminada por el estudio profundo de la Teología; su corazón está caldeado en el fuego del amor e impregnado por la unción del Espíritu, que lo ha llenado de su caridad. Es el momento de definir posturas y orientar la propia existencia hacia el Evangelio, fuerza de Dios para el que lo proclama como Profeta de Dios y para el que lo recibe como creyente.

Qué hizo D. Eladio al encontrarse situado en este nuevo horizonte, revestido de una dignidad incomparable, hecho «mediador entre Dios y los hombres? Armado con la espada pacífica de la Palabra de Dios y empujado por el viento del Espíritu, se dedicó en alma y cuerpo, día y noche, con febril intensidad a la predicación apostólica como Misionero rural.

Eran tiempos difíciles, también en el ambiente clerical, cargados de política intrigante, como lo hemos comprobado con la lectura de la Prensa placentina de aquel tiempo. Tiempos de luchas de partidos opuestos con odios feroces. Tiempos de calamidades sociales; pero tiempos también propicios para la semilla de la gracia en los corazones sencillos de los extremeños. Recorrió, pues, incansablemente, en varias ocasiones, con otros compañeros (sabemos de D. Leandro Muñoz de la Peña y D. José Barbero), bastantes pueblos y aldeas de la Diócesis placentina, haciendo en todas partes brotar llamaradas de fervor incontenible. La palabra de los predicadores evangélicos escarba en lo profundo de los corazones; afloran las lágrimas a los ojos de los penitentes; se organizan rosarios de la aurora y procesiones multitudinarias; se oyen «vivas» a los Misioneros. Verdaderas apoteosis de fe, manifestación, fehaciente de la profunda raíz cristiana de nuestro pueblo. Evangelio vivido Evangelio anunciado, Palabra de Dios sembrada a los cuatro vientos. Ignoramos las resonancias concretas que tuvo la palabra del Misionero; pero conjeturamos que fueron profundas, a juzgar por el caso de las «SANTAS MISIONES EN D. BENITO, desde el 7 al 23 de Mayo de 1.879». Este Artículo, firmado por D. Juan B. Cámara, puede leerse en el B.E. tomo 19, págs.95-96;107-112 y 121-123. Habla de la trascendencia de las Misiones y de la veneración hacia los Misioneros que, dejándolo todo y llevados del celo de la Religión, se dedican por entero «a hacer resonar en las almas la voz de la Verdad, atrayéndolas al camino de la salvación eterna». Consta que dicha Misión fue dada por D. José Barbero, D. Leandro de la Peña y D. Eladio Mozas Santamera.

ECÓNOMO DE LA PARROQUIA DE S. PEDRO, DE PLASENCIA

En Diciembre de 1.865 recibió D. Eladio su primer destino parroquial como Ecónomo de la de S. Pedro de dicha ciudad. Aquí, hasta el 31 de Marzo de 1.656, había de desplegar su actividad apostólica. Tenía entonces esta Parroquia unas almas. A ellas se dedicó por entero el joven y celoso Sacerdote. Según datos tomados del Archivo parroquial, D. Eladio bautizó en estos meses a 18 niños; presidió 3 Matrimonios y 12 entierros.

El 24 de Marzo de 1.866 publicaba el B.E. el nombramiento de D. Dionisio Claver como Párroco de S. Pedro. D. Eladio Párroco de S. Nicolás, de Plasencia.

En los primeros meses del año 1.866 hubo en la Diócesis placentina concurso general a curatos vacantes. D. Eladio se presentó y, dada su preparación teológica, aprobó con facilidad y brillantez; adjudicándosele la Parroquia de S. Nicolás de Bari, llamada S. Nicolás el Real, de Plasencia. La real Cédula por la que se le nombraba para el cargo de Rector, lleva fecha de 13 de Julio de 1.866; y el 27 del mismo mes y año tomaba posesión solemne de su cargo.

La dotación de la Parroquia era de 700 escudos. La feligresía, sabemos que en 1.869 tenia 835 almas. Buena tierra, apta para recibir la semilla del apóstol.

Según D. Isidoro José Morales: «… las costumbres eran cristianas de tradición, no maleadas todavía por el liberalismo y la mala prensa».

La acción pastoral desplegada a lo largo de 15 años, se vio favorecida por la inteligencia vigorosa de Eladio; por su preparación científica; por la bondad natural y la caridad activa, así como por la ejemplaridad evangélica que en todo momento le caracterizó, convencido de que «un buen ejemplo vale más que 100 sermones»; son sus palabras. Fue tal su entrega al trabajo, que alguien llegó a decir: D. Eladio no puede pecar porque no tiene tiempo».

Su predicación era frecuente, casi diaria, aprovechando cualquier circunstancia, favorable -hasta una simple advertencia- paira volcar su alma sobre el auditorio con una unción, profundidad y suavidad, que pronto le granjearon fama de Orador en toda la Diócesis. No consistía su predicación en discursos de humana sabiduría, sino en la exposición sencilla del Evangelio y de las verdades de la Fe; llevando los corazones hacia Dios, no por caminos de temor y pesimismo, sino por la senda dulce de la bondad y del amor, predicando siempre a Jesucristo y este crucificado.

Especial cariño y paciencia demostró siempre en la atención a los enfermos, prodigándose sin descanso en esta obra de caridad corporal y espiritual, derramando sobre las almas doloridas el bálsamo de su palabra, siempre empapada de bondad y dulzura. Con infinita delicadeza sabía preparar a los moribundos para el trance definitivo, administrándoles a tiempo los últimos Sacramentos y haciéndoles la recomendación del alma con lágrimas en los ojos. Para todos era un padre, un amigo, un hermano, que comunicaba paz profunda y fuerza interior, recorriendo infatigable las calles y las casas, con tal de ganar almas para el cielo.

Y especialísima vocación y predilección tenía por el confesionario. Desde que se ordenó Sacerdote hasta su muerte fueron muy pocos los días en los que no se sentó a confesar». Este Ministerio de la reconciliación colmaba su alma de gozo. Era aquí donde su oficio de buen pastor se desplegaba con mayor profundidad, acogiendo a la oveja perdida en el seno de la misericordia de Dios. Su confesionario estaba siempre rodeado de fieles que iban a buscar en D. Eladio no solo al confesor, sino también al director de sus conciencias. En cierta ocasión estuvo oyendo a una persona varias horas y alguien le advirtió los inconvenientes de este modo de proceder, a lo que él respon dió: «Pues mira, amigo, en todo este tiempo no habré hablado yo ni cuatro palabras. «Paciencia admirable que muchas veces debió de costarle gran sacrificio. El Ministerio de la dirección espiritual le ocupó no solo días enteros, sino también largas vigilias.

Muchas personas, especialmente Religiosas, que no podían acudir al confesionario, recibían de su pluma consejos y orientaciones de atinada sabiduría espiritual, repletas de unción evangélica y de profundidad mística, dirigidas a almas selectas que acometieron la tarea de la perfección y algunas de las cuales murieron en olor de santidad; esta correspondencia es reflejo de su alma pura. La doctrina ascético-mística de estas preciosas cartas es de un valor excepcional, a juicio de expertos. En ellas aparece D. Eladio como hombre versadísimo en la oración; perfecto conocedor de los caminos de Dios jalma divinizada, capaz de comunicar a otros el fuego de su ardorosa caridad.

Una idea del apostolado ordinario de D. Eladio nos la brindan las Actas parroquiales a lo largo de 15 años: Administró 355 Bautismos; presidió 130 Matrimonios y 386 entierros. Se administró la Confirmación el 28 de Junio de 1.876 y el 28 de Marzo de 1.879. Recibió la Santa Pastoral Visita el 4 de Febrero y en Octubre de 1.880. Presentó normal y periódicamente sus Cuentas de Fábrica a la autoridad competente, consiguiendo al final haber elevado el nivel económico de la Parroquia dejando un buen superávit. Intervinieron también, con su autorización, en la administración de Sacramentos, su tío D. Santiago Yáñez; su primo D. Ruperto Santamera; D. Manuel Navarro y otros Párrocos. A su vez él actuó en otras Parroquias, también siendo ya Canónigo. Todo esto además de la organización de Cofradías, fiestas, etc. etc.

OTRAS OCUPACIONES

Leemos en la Crónica de la Congregación Josefino-Trinitaria: «D. Eladio era el Sacerdote a quien se encomendaban los cargos más difíciles y menos remunerados. Predicó durante 20 años, todos los 19 de cada mes en las Religiosas Dominicas de Plasencia y en las Novenas y Septenarios; era Confesor de casi todas las Religiosas de Plasencia; tenía Cátedra en el Seminario; formó alguna vez tribunal de los exámenes de ordenandos y colegiales. En la Iglesia de Sto. Domingo fundó la Cofradía de la Stma. Trinidad y levantó en su honor un retablo. También instituyó las Camareras del Sacramento para proveer de ornamentos sagrados a las Iglesias pobres». rodemos añadir: Fue Vocal de la Junta de Reparación de templos desde el 6 de Octubre de 1.876;en 1.871 fue nombrado por el Sr. Vicario Capitular (S.V.) Mayordomo de la Cofradía de la Virgen de los Remedios. En el Archivo parroquial pueden verse varios recibos firmados por él, en los que se compromete por amor a la Stma. Virgen, a poner de su bolsillo lo que falte al gasto de la fiesta, cada año. Dice que si la Hermandad no puede abonárselo (cosa que a menudo ocurría), lo deja a favor de la Virgen. Manifestó que por este motivo no era necesario presentar cuentas y así lo hizo a partir de 1.876. En 23 de Agosto de 1.876 se hace cargo de la Iglesia de S. Vicente, después de haber firmado y recibido un Inventario de las ropas, objetos, etc. que en dicha Iglesia habla.

Durante los tres primeros años de Párroco -de 1.866 a 1.869- cursa el 7º Año de Teología y dos de Sgdos. Cánones. En 19 de Mayo de 1.869 es nombrado Examinador sinodal. A partir de 1.869 y casi hasta el final de su vida, llevó la dirección espiritual de las Religiosas Agustinas Recoletas de Serradilla, de las que fue tres veces Visitador episcopal. Allí dejó una huella de santidad que solo Dios conoce perfectamente; nosotros solo podernos juzgar por los frutos de fervor que en aquella época conoció dicho Convento.

Toda esta serie de trabajos soportados con paciencia y dulzura, fueron labrando aquella alma santa, que hoy aparece como una de las figuras más sobresalientes en el panorama de la mística española del siglo XIX. D. Eladio no fue solo un Sacerdote ejemplar que se entregó sin reservas al ejercicio de su apostolado; fue además un profundo conocedor de los oscuros senderos de la mística y, sobre todo, un verdadero místico que gozó del don de la oración continua, del don de lágrimas (muy visible sobre todo cuando hablaba del Misterio Trinitario o vela alguna manifestación más concreta del amor de Dios; parece que alguna vez gozó del arrobamiento extático.

Durante sus largos y fecundos años en la Parroquia de S. Nicolás, fue madurando su Obra predilecta: la fundación de la Congregación Josefino-Trinitaria, que había de prolongar su espíritu nazareno a lo largo del tiempo y del espacio. Fue la obra de madurez de un santo, inspirado por el Espíritu y corroborado por la palabra del Papa Pío IX; en una memorable audiencia que le concedió en Junio de 1.876.

Que D. Eladio se ganó la simpatía y el cariño general de sus feligreses, lo demuestra el dolor que toda la Parroquia experimentó el día en que D. Eladio fue nombrado Canónigo Penitenciario de la Sta. Iglesia Catedral, el 31 de Mayo de 1.881. Fue una fecha luctuosa pues habían perdido al Párroco santo, al padre y al hermano, al amigo sincero, al buen pastor que día a día había entregado su vida por la grey confiada a sus cuidados. Sin embargo, D .Eladio seguirá viviendo muy cerca del corazón de todos y todos dentro del suyo. Un extremeño más entre los extremeños, que demostró su amor a esta tierra y a quien ella acogió llenando su vida y sus ideales.

Le sucedió en la Parroquia, como Ecónomo, D. Isidoro Breganciano que, ya siendo Párroco de la de Sta. María, firmaría su Acta de defunción. 21 Párroco que siguió a D. Eladio en S. Nicolás fue D. Benito Gil.

Toda la acción de D. Eladio estuvo marcada por la vivencia de sus dos devociones favoritas: la Stma. Trinidad y la Sgda. Familia de Nazaret; esta última en su proyección social, sobre todo. Mantenía una intensa vida interior, que cada año renovaba con la práctica de los Stos. Ejercicios. En su Cuaderno de Celebración consta que todas sus cargas piadosas estaban cubiertas. Perteneció a la Hermandad de sufragios desde 23 de Enero de 1.869.

Podemos concluir esta visión panorámica de la vida parroquial de D. Eladio con las siguientes líneas de la Madre Cofundadora de la Congregación, dirigida suya desde 1.872, Sor Margarita de los Dolores; es como una breve semblanza espiritual de este apóstol de Plasencia y su comarca:

«Siempre fue distinguida y admirada su paciencia, humildad, sencillez, dulzura y amabilidad; piedad sólida; caridad y condescendía con todos; era sabio y santo; finísimo, atento y liberal con los pobres y, en fin, era como criado por Dios para pacificador y consolador de las tres Iglesias».

Oct 011979
 

Santos Benítez Floriano.

Historiador. Director del Colegio “JULIÁN MURILLO” de Cáceres.

A) INTRODUCCIÓN HISTÓRICA.

Claudio Sánchez Albornoz definió a las Cortes de la España de la Edad Media como “la institución medular de la nación” y “árbitro de los destinos de la monarquía”. Y así fue, ya que esta Institución fue utilizada por todos los estados sociales, no sólo para cooperar en las ocupaciones o asuntos de gobierno, sino también para evitar las reiteradas tentaciones absolutistas del poder.

“En la España cristiana de la baja Edad Media se dio desde el siglo XIII el nombre de Cortes (en catalán Corts), a las asambleas políticas integradas, bajo la autoridad y presidencia del Rey, por los representantes de los estamentos sociales de la población del Estado” (Luis G. de Valdeavellano, Curso de Historia de las Instituciones Españolas, Ediciones de la Revista de Occidente, 4ª Edición, Madrid, 1.975, pág. 463).

Funcionaron las Cortes de una forma bastante democrática y eficaz durante los siglos XIII, XIV y primera mitad del XV. Pero ya a partir del reinado de Enrique II (1.369-1.379), con la llegada de los Trastamara al poder, la mayoría de los historiadores hablan de su decadencia.

Se redujo el número de ciudades que acudían a las Cortes; ya en las de Madrid de 1.435, sólo participaron 17 ciudades, número que quedó establecido en las de Toledo de 1.480 por los Reyes Católicos. A las que se unió Granada al ser reconquistada en el año de 1.492.

Como causas de esta disminución se habla fundamentalmente de que al pasar con los Trastamara muchas ciudades y villas realengas a señoríos, se redujo el número de concejos que enviaban procuradores a Cortes y así mismo se señala que debido a los gastos que para los municipios representaba el mandar procuradores, algunas ciudades poco boyantes dejaron de hacerlo.

Cada vez más se irá viendo en ellas la influencia del poder real, que culminará en las Cortes Castellanas de 1.523, en las que los procuradores perdieron independencia y fueron a ellas con las peticiones revisadas por los corregidores en sus respectivos municipios.

Durante el s. XVI sólo se convocaron a Cortes a las 18 ciudades siguientes: Burgos, Toledo, Zamora, Toro, León, Ávila, Salamanca, Soria, Segovia, Guadalajara, Cuenca, Valladolid, Madrid, Sevilla, Córdoba, Jaén, Murcia y Granada.

Extremadura, junto con Asturias, Galicia, etc., no tuvo representación en las Cortes de Castilla a lo largo del s. XVI; aunque hemos podido constatar a través de datos recogidos de los Libros de Sesiones del Concejo Cacereño de mencionado siglo, que las peticiones de Cáceres eran llevadas por los Procuradores de Salamanca y así Cáceres estaba representada, en cierto modo, en las Cortes por Salamanca; aunque es muy arriesgado hablar de una auténtica representación.

B) EXPOSICIÓN.

En este estudio analizaremos una serie de documentos relacionados con las Cortes y el Concejo Cacereño en el período de tiempo enunciado; documentos que han sido examinados ampliamente, pero que aquí aparecerán, por cuestiones de espacio, de una forma sintética.

Tomando, una vez más, como guía el libro del insigne historiador D. Antonio C. Floriano Cumbreño: Documentación Histórica del Archivo Municipal de Cáceres (Editado por el Excmo. Ayuntamiento de Cáceres, Talleres Tipográficos de “El Noticiero”, Cáceres, 1.934, Tomo I), hemos efectuado la búsqueda y el estudio de todos los documentos que allí se conservan sobre el tema de las Cortes desde 1.293 a 1.492.

Hemos dividido este trabajo en dos apartados; de forma que en el primero, estudiamos la actuación de algunos Personeros cacereños durante el s. XIV y comienzos del s. XV, a través de las referencias que de ellos poseemos en nueve documentos manejados en dicho Archivo.

En segundo lugar, y entrando de lleno en la relación de datos históricos que existen sobre las Cortes, analizamos otros nueve documentos que aportan diversas noticias de esta Institución desde finales del s. XIII hasta el término del s. XV.

Dado que algunos documentos se encontraban deteriorados y otros, aunque catalogados en su día, están perdidos, hemos tenido que utilizar copias posteriores de los mismos, utilizando el Libro Becerro y el libro Fueros y Privilegios de Cáceres, atribuido a Ulloa Golfín.

Diremos para los que no los conozcan que el Libro Becerro es una recopilación de documentos de los siglos XIII, XIV y XV, copiados en letra cortesana y con un total de 365 páginas; y Fueros y Privilegios de Cáceres es otra compilación de documentos que van desde el Fuero concedido a Cáceres por Alfonso IX en 1.229 hasta cartas o correspondencia del reinado de Felipe IV, escritos en letra de imprenta y con 416 páginas de contenido.

C) PERSONEROS CACEREÑOS.

Como antecedente histórico de los Procuradores en Cortes encontramos a los Personeros, que eran personas que entendían o solicitaban negocios de interés para el Concejo y que se examinaban fuera de la Villa de Cáceres ante distintas instancias.

Evelyn Procter nos dice que desde 1.250 aproximadamente, cuando las ciudades apelaban ante los tribunales reales, éstas mandaban representantes con “cartas de personería” en las que se anotaban las peticiones concejiles. Los Personeros eran por tanto enviados del Concejo y se ha utilizado este término en muchos documentos haciendo referencia a los representantes que la Villa llevaba a las Cortes. Recordemos que el vocablo “Procurador” fue de uso más tardío.

1º) El primer documento en el tiempo en que nos encontramos con esta representación de Personeros del Concejo de Cáceres, es en un mandato del Rey Fernando IV (catalogado por Floriano con el nº 32) por el que ordenaba, ante la queja constante del Concejo cacereño del comportamiento de los pastores a su paso por nuestras tierras con sus ganados, “…que si los pastores fisiesen debdas e otros contratos e daños algunos en panes o en prados o en viñas o en huertas o en otras cosas en Cáceres o en su término, que rrespondan delas ante vos o ante los entregadores de los pastores a aquellos que de los ovieren querella…” (Libro Becerro, págs. de la 293 r. a la 294 r.). Está fechado en Medina del Campo el 10 de mayo era de 1.343, que es el año de 1.305.

La dicha petición fue llevada a las Cortes de Medina del Campo por Gómez Tello y Sancho Gil, Personeros del Concejo de Cáceres, siendo aceptada por el Rey, a través de las Cortes, de lo cual da prueba el documento.

Hay que recordar que los pastores de las cañadas del Reino de León tenían el privilegio de no ser juzgados por las justicias de las villas y lugares, sino tan sólo por los Alcaldes Entregadores. Esta concesión representó un gran avance en la lucha contra los abusos de los pastores.

2º) En una carta original del Rey Fernando IV (catalogada por Floriano con el nº 33; foto nº 1), fechada en Medina del Campo el 15 de Mayo era de 1.343, año de 1.305, aparecen de nuevo los Personeros cacereños Sancho Gil y Gómez Tello; éstos fueron mandados por el Concejo a las Cortes de Medina del Campo para suplicar al Rey que anulase el privilegio concedido a D. Alfonso, Infante de Portugal, por el cual le dio en señorío el Arroyo del Puerco.

Mostrado por los Personeros de Cáceres el privilegio concedido por el Rey Alfonso de León, por el cual ni la Villa de Cáceres ni ninguna de sus pertenencias pudieran pasar a nadie que no fuera al Rey de León o a sus antecesores, el Rey Fernando IV anuló el privilegio que concedió a D. Alfonso.

En este documento el Rey señala: “…mando y defiendo firmemente que el Infante Don Alfonso ni otro ninguno no sean ossados de entrar ni tomar el Arroyo del Puerco…” (transcripción del libro Fueros y Privilegios de Cáceres, págs. 132 a 134 todo el documento).

3º) A través de una copia que existe en el Libro Becerro de un mandato del Rey Fernando IV, fechado en Çaygas el 4 de Julio era de 1.343, año de 1.305, (catalogado por Floriano con el nº 34), encontramos de nuevo a Sancho Gil junto a Hernán Martínez, Gonzalo Gil el Cano y Gutierre Domingo, que fueron a pedirle al Rey que cortara la mala actuación de los Entregadores de las cañadas.

Éstos tenían una tendencia al abuso jurisdiccional, debido a los privilegios y exenciones que los Reyes concedieron a las cañadas de pastores para proteger la ganadería; pero como al Rey le interesaba proteger las dehesas de Cáceres, prohibió a los Entregadores el ejercicio de su justicia en la citada Villa. Pero obstinados los de las cañadas hicieron determinadas ejecuciones, que el Rey castigó, al ejercer algunos una jurisdicción exagerada, decretando el embargo de sus bienes, como es el caso de este mandato del Rey Fernando IV para que se ajusticien todos los bienes de Gonzalo Matheos y Fernando Díaz, que utilizaron injustamente su oficio de Alcaldes Entregadores en Cáceres, provocando multitud de abusos de poder.

4º) En un acta de concordia entre los moradores de Alburquerque y el Concejo de Cáceres, que tuvo que llevarse a cabo para poner orden en el disfrute de las dehesas contiguas de ambos términos (catalogada por Floriano con el nº 35; foto nº 2), fechado el 13 de Febrero era de 1.344, año de 1.306, en Albocar, aparecen de nuevo los Personeros de Cáceres.

Debido a numerosos conflictos que se producían en las dehesas colindantes, Cáceres mandó como Ayunteros o Personeros a Gómez Gil, Gómez Tello, Gómez Ximénez y Velasco Marcos, para que solventaran estas desavenencias. Se juntaron en Albocar con los representantes de los moradores de Alburquerque y firmaron este documento, por el cual se establecieron una serie de condiciones para que no se volvieran a producir más conflictos.

5º) En otro documento (catalogado por Floriano con el nº 41), aparece recogida una sentencia dada por el Rey Alfonso XI el 23 de Julio era de 1.355, año de 1.317, en Valladolid, ante el pleito mantenido por la Villa de Cáceres contra el Obispado de Coria, a causa de que el Obispo quería cobrar el montazgo a los ganaderos forasteros que transitaran con sus rebaños dentro de los términos de Cáceres.

El Personero de Cáceres que defendió los intereses del Concejo ante la curia regia, fue Pedro Domínguez. El Rey dictaminó dándole la razón al Concejo de Cáceres, ya que el privilegio del cobro del montazgo a los ganados aparecía recogido en el Fuero de Cáceres y éste fue respetado sobre los privilegios aducidos por el Obispado de Coria.

6º) El Rey Alfonso XI a través de una carta plomada (catalogada por Floriano con el nº 44; foto nº 3), fechada en Valladolid el 4 de Enero era de 1.364, año de 1.326, le siguió concediendo a Cáceres la liberación de pagar pechos, según lo tenía establecido en el Fuero y concedido por los Reyes anteriores.

En las Cortes de Valladolid los Procuradores de Cáceres fueron Iohan Ferrandes y Blasco Blázquez, que fueron los que llevaron esta petición del Concejo de Cáceres y consiguieron que el Rey accediera a la concesión de una serie de mercedes, semejantes a las que tenían en sus zonas colindantes, para afluir pobladores hacia Cáceres.

En este documento el Rey señala: “…mando que todos los que a Cáçeres vinieron poblar o vinieren de aquí adelante de las tierras de las órdenes o de otro señorío qualquier que non era ante que y veniessen poblar mios pecheros ni mios foreros, que sean escussados de todos los pechos que en Cáçeres acaesçieren…”.

7º) Acta de juramento que Gomes Tello y Gomes Pérez, Personeros de Cáceres, prestaron ante la Reina Dª María de ser fieles al Infante D. Fernando. Está fechado este documento en Valladolid el 15 de Febrero era de 1.371, año de 1.333 (catalogado por Floriano con el nº 51; foto nº 4).

Recordemos que este Infante era hijo heredero de Alfonso XI y de Dª María; nació en 1.332 y murió, según las Crónicas de la época, el año siguiente.

En la copia que da Ulloa Golfín de este documente puede leerse: “…luego los dichos Gomes Tello e Gomes Pérez, personeros en boz, e en nombre del dicho conçejo de Cáçeres por el poder de la dicha personería e por si mismos rreçibieron por su señor natural al dicho Infante Don Fernando é fiçieronle pleyto e omenage en mano del dicho D. Iohan Alfonsso de Alburquerque, que lo rreçibió dellos en nombre del dicho Infante…” (pág. 181).

8º) Por una carta plomada, fechada en Madrid el 29 de Enero era de 1.379, año de 1.341 (catalogada por Floriano con el nº 54; foto nº 5), el Rey Alfonso XI concedió que los poseedores de dehesas no se vieran forzados a presentar sus privilegios a los Alcaldes Entregadores de la Mesta y además ordenaba que éstos acataran los adehesamientos que el Concejo de Cáceres había realizado.

De nuevo podemos ver a través de este documento que los Alcaldes de la Mesta seguían con sus abusos y, debido a ellos, el Concejo de Cáceres mandó a las Cortes de Valladolid, celebradas en 1.341, al escribano Hernant Velázquez y a Gómez González, como procuradores del Concejo de Cáceres, para pedir que se respetara el Fuero de Cáceres por los Alcaldes mesteños. La respuesta del Rey no se hizo esperar, como se puede comprobar por esta carta.

9º) Como último documento de este apartado tenemos el acta del juramento que realizaron los Procuradores de Cáceres en Toledo el 16 de Enero de 1.402 (catalogado por Floriano con el nº 76), por el que aceptaban a la Infanta Dª María como la heredera del Reino de Castilla, si Enrique III, su padre, muriera sin haber tenido un hijo varón.

Los Personeros de Cáceres en este acto de juramento y pleitomenaje fueron Garci Sánchez Carrillo y Diego González. Se llevó a cabo en el convento toledano de Santo Domingo del Real.

D) DOCUMENTOS SOBRE LAS CORTES.

1º) Entrando de lleno en el estudio de los datos que existen en los documentos del Archivo Municipal de Cáceres acerca de las Cortes en el período señalado, hay que examinar en primer lugar, en el tiempo, una carta abierta de Sancho IV (catalogada por Floriano con el nº 22; foto nº 6), dada en Valladolid el 23 de Mayo era de 1.331, año de 1.293, por la que concedía a Cáceres todos los privilegios que las Cortes de Valladolid de 1.293 habían otorgado a todas las ciudades, villas y lugares del Reino de León.

En la copia de este documento recogida por Ulloa Golfín en las páginas 112 a 119 de su libro Fueros y Privilegios de Cáceres, dice lo siguiente:“…Primeramente a lo que nos pidieron, que los fueros, y los bonos vsos, y los privilegios, y las franquesas, y las libertades que avian de los Ryes onde nos venimos, y les nos confirmamos que se las mandassemos guardar, tenemoslo por bien, y otorgamosgelo…”; y también se señala: “… Otrosi, a lo que nos pidieron que los Indios, ni los Moros no ouiessen los heredamientos de los Christianos por compra, ni por entrega, ni en otra manera…”.

2º) De las Cortes de Valladolid del año 1.299, poseemos el cuaderno u ordenamiento de las mismas, incluido en una carta abierta del Rey Fernando IV, fechada en Valladolid el 15 de Abril era de 1.337, año de 1.299 (catalogada por Floriano con el nº 24).

En ella, se recogen las peticiones que al Rey hicieron los Hombres Buenos de las villas y lugares del Reino de León. En esta carta, dirigida al Concejo de Cáceres, el Rey da cuenta de las peticiones atendidas; entre éstas estaba el que se guardarían los Fueros y los Privilegios de todos los lugares del Reino, el que no mandaría hacer pesquisa general en ningún lugar salvo a pedimento del pueblo o en alguna manera que el Rey debiera según los fueros de los lugares, etc.

3º) Así mismo, se conserva copia en el Libro Becerro del cuaderno de las Cortes que se celebraron en Burgos en 1.315 por la Reina Dª María de Molina y los Infantes D. Juan y D. Pedro, tutores de Alfonso XI (catalogado por Floriano con el nº 39). En ellas se constituyó la Hermandad de los Caballeros, Fijosdalgos y Hombres Buenos de las ciudades, villas y lugares para ampararse y defenderse de los posibles agravios de los tutores del Rey y poder mantener los reinos hasta la mayoría de edad del mismo. El documento está fechado en Burgos el 2 de Julio era de 1.353, año de 1.315.

El número de las ciudades, villas y lugares que formaron esta Hermandad fue de 100. Los Procuradores de Cáceres que aperecen en este documento son: Sancho Sánchez y Sancho Pasqual; el de Trujillo se llamaba Gonçalo García, etc.

4º) Existe una copia en el libro Fueros y Privilegios de Cáceres, de un privilegio rodado del Rey Enrique II, firmado en las Cortes de Toro era de 1.408, año de 1.370 (catalogado por Floriano con el nº 63), por el que se corroboraba uno de Alfonso XI, de 10 de Febrero de 1.330, referido a las exenciones tributarias que se otorgaron a los Franciscanos de la Provincia de Santiago. Ulloa Golfín comenta que no encontró instrumento alguno del Rey Enrique II; sólo tenemos esta copia.

5º) Nos encontramos también con una carta plomada del Rey Juan I (catalogada por Floriano con el nº 66; foto nº 7), dada en las Cortes de Burgos el 18 de Agosto era de 1.417, año de 1.379, por la que le confirmaba a Cáceres todos sus derechos, según consta en ella: “…por faser bien e merçed al Conçejo e omes bonos e cavalleros, e escuderos de Caçeres otorgamosles e confirmamosles todos los priuilegios e cartas e libertades e franquesas e graçias e donaçiones e sentençias e fueros e buenos vsos e buenas costumbres…”.

Debido a su deterioro, lo que faltaba lo examinamos en la copia que de este documento existe en el Libro Becerro.

6º) Enrique III firmó una carta plomada en las Cortes de Madrid, el 20 de Abril de 1.391 (catalogada por Floriano con el nº 72), por la que le aseguraba a Cáceres sus derechos.

En un documento fechado en Cáceres el 7 de Abril de 1.488, se incluye esta carta del Rey Enrique III al Concejo de Cáceres; en ella puede leerse: “…a vos el conçejo de Caçeres, mi villa, otorgoles e confirmoles todos los buenos fueros e buenos vsos e buenas costumbres que han e las que ouieren de que vsaron e acostunbraron en tienpo de los rreyes donde yo vengo…”.

7º) A las Cortes de Zamora de 1.432 y a las de Madrid de 1.433 y 1.435, se hace referencia en una carta misiva del Rey Juan II, dada en Alcalá de Henares el 30 de Enero de 1.436 (catalogada por Floriano con el nº 91), por la cual era nombrado el escribano Pero González de Alcalá para realizar la pesquisa de los terrenos y bienes del Concejo Cacereño, reivindicados por el Ayuntamiento y pedidos al Rey, ya que se habían realizado muchas ocupaciones ilegales de los mismos.

Pero González nos aparece en documentos posteriores cumpliendo esta difícil tarea.

8º) A las Cortes de Toledo de 1.480, se las menciona en dos reales provisiones de los Reyes Católicos.

Una, fechada en Córdoba el 11 de Febrero de 1.492 (catalogada por Floriano con el nº 249), por la que los Reyes Católicos protegían a la Villa de Cáceres en la posesión de sus términos, montes, ejidos, prados, pastos, aguas, etc., según se dictó en las Cortes de Toledo de 1.480.

9º) Y por la segunda, fechada también en Córdoba el 15 de Febrero de 1.492 (catalogada por Floriano con el nº 250), los Reyes Católicos, según se acordó en las Cortes de Toledo de 1.480, prohibían que los caballeros, alcaldes, regidores, jurados y escribanos de Cáceres, arrendaran rentas reales ni las de propios.

De estos dos documentos tenemos las referencias gracias a las copias que de los mismos realizó el escribano Juan Antonio Criado Valera.

Por último, señalar que el profesor Floriano apuntó que Cáceres guardaba los Cuadernos de Cortes, pero se han perdido todos. Sólo poseemos de ellos las referencias y las copias recogidas, fundamentalmente, en el Libro Becerro y en el de Fueros y Privilegios de Cáceres, ya mencionados.

E) APÉNDICE FOTOGRÁFICO.

FOTO Nº 1.- Carta plomada del Rey Fernando IV, fechada en Medina del Campo el 15 de Mayo era de 1.343, año de 1.305; en el original se aprecia el sello colgado de hilos de seda amarillos, rojos y verdes.

FOTO Nº 2.- Acta de concordia entre el Concejo de Cáceres y los vecinos de Alburquerque, fechada en Albocar el 13 de Febrero era de 1.344, año de 1.306.

FOTO Nº 3.- Carta plomada del Rey Alfonso XI, dada en Valladolid el 4 de Enero era de 1.364, año de 1.326.

FOTO Nº 4.- Acta de juramento que realizaron los Personeros de Cáceres de ser fieles al Infante D. Fernando, fechada en Valladolid el 15 de Febrero era de 1.371, año de 1.333.

FOTO Nº 5.- Carta plomada del Rey Alfonso XI, fechada en Madrid el 29 de Enero era de 1.379, año de 1.341.

FOTO Nº 6.- Del libro: Fueros y Privilegios de Cáceres, atribuido a Ulloa Golfín, se aprecia la copia de la carta abierta de Sancho IV, fechada en Valladolid el 23 de Mayo era de 1.331, año de 1.293.

FOTO Nº 7.- Carta plomada del Rey Juan I, dada en las Cortes de Burgos el 18 de Agosto era de 1.417, que corresponde al año 1.379; en la que el sello ha desaparecido.

Oct 011979
 

Antonio Basanta Reyes.

Como el Guadiana mismo -aquí se oculta, allí aparece- así es la vida de Luís Chamizo, sujeta siempre a un movimiento pendular que le lleva de la fama al silencio, del éxito al fracaso.

En los primeros días del año 1943 -momento en que comenzamos nuestra evocación- Chamizo se nos presenta, por decirlo con palabras de Machado, «pobre, cansado, pensativo y viejo». Se ha disipado en su espíritu la ilusión que antes le impulsara a acometer las más ambiciosas empresas literarias y en los ojos le asoma el velo del hastío. El corazón abierto por los dolores de la aún cercana guerra civil, ajada el alma por un mar de dudas y acosado por imperiosas necesidades económicas, Chamizo se ve obligado a trasladar su residencia a Madrid. Y tras la ventanilla del ferrocarril, que de Guadalcanal le lleva a la capital, contempla el poeta las tierras extremeñas, ateridas por el frío invernal. Ante sus ojos desfilan en loca carrera ondulados altozanos, suaves parameras, bosques de encinas, robustas y humildes, símbolo y blasón de toda una gloriosa raza; regatos, esquilas, paz, silencio… Extremadura, su Extremadura, queda definitiva y dolorosamente atrás. Partir es morir un poco.

Poblaban la mente de Chamizo los perfiles de un Madrid arnichesco que él conociera y viviera, todavía «último rincón romántico de Europa», a caballo entre la gran urbe cosmopolita y el franco lugarón manchego. Una ciudad que hoy reía con los lances licenciosos del duende la Montera, para llorar mañana la muerte de doña Emilia Pardo Bazán. Un pueblo llano y hospitalario, que a Chamizo le dispensó la más cordial de las acogidas cuando en el año 1921, publicó el poeta su «Miajón de los Castúos«. El éxito alcanzado por la obra rebasó todas las previsiones, agotándose las dos primeras ediciones en un plazo inferior a quince días. Madrid vibraba con aquellos versos cuajados de aires rústicos, en un ansia de recuperar aquellas esencias propias que ya empezaba a perder. Que Madrid, antes que Corte, fue siempre y por encima de todo, Villa.

Veintidós años han transcurrido desde esos días de gloria, hasta esta desapacible jornada de 1943, en que Luís vuelve a la capital. El poeta se hospeda en el Hotel Gibraltar, y de allí partirán sus paseos mañaneros, perdido entre callejas y plazuelas, en las que parecen cobrar cuerpo sus nostalgias. Son todos itinerarios presididos por la añoranza y el recuerdo: Travesía del Conservatorio número 14, su primer aposento madrileño; Instituto Cardenal Cisneros, donde el poeta cursara parte de su Bachillerato; calle ancha de San Bernardo, sede de la Universidad Central en la que, con diversa fortuna, estudió la carrera de Derecho, y calle de la Madera Baja, la más entrañablemente guardada en el corazón del poeta. En ella -años atrás- existió una pensión en la que Luís vivió largas temporadas. Regentaban la misma dos ancianas a quienes Chamizo convertiría en las primeras lectoras madrileñas de sus poemas. Algo de su propio ser se encerraba en aquel barrio, apellidado Latino. Algo que no quería perder. Y por ello decide alquilar un modesto piso en la cercana calle del Escorial quince, en el que residirá hasta su muerte. A escasos metros de su hogar tiene el suyo Antonio Reyes Huertas, con quien le unió de antiguo una sincera amistad.

La vida cotidiana del poeta es sencilla, humilde, casi ascética. Por la mañana se levanta temprano y gusta de escribir hasta la hora de incorporarse a su puesto en el Sindicato Nacional del Espectáculo. Tiene Luís entre manos la elaboración de una obra teatral para la que ya ha encontrado un título: Ellos y nosotros, drama autobiográfico que por desgracia, fue destruido tras la muerte de Luís sin que sus hijas pudieran hacer nada por evitarlo.

No gusta. Chamizo de frecuentar los ambientes mundanos, y ama apasionadamente el recogimiento hogareño. Ello no es óbice para que acuda puntualmente a todos los estrenos teatrales que se celebran en la capital. De siempre el teatro fue una pasión para Chamizo, quien los sábados de nueve a doce de la noche suele asistir a la tertulia del Café Pombo.

Un doloroso suceso, la muerte de su madre, viene a sembrar de amargura el ánimo de Luís. Doña Asunción Triguero Bravo expira en Guareña el día 13 de agosto de 1943. A ella dedicó Luís Chamizo su primer poema, cuando aún no contaba ocho años de edad, y con su fallecimiento, el caudal poético de Chamizo queda seco. A partir de ahora se abrirá un largo silencio literario, antesala dramática de la muerte.

Un proyecto singular ocupa al poeta en los últimos años, meses ya, de su vida: la creación de una pequeña escuela de recitación, en la que el mismo poeta desentrañaba los secretos declamatorios de sus poemas.

El Chamizo decidor de sus composiciones, ha sido poco estudiado, a pesar de que su labor en este campo fue extensa y fructífera, según los testimonios conservados. Hay a este respecto un significativo artículo que Arturo Gazul publica en el Hoy y en el que puede leerse:

«Un recital de Chamizo en cualquiera de nuestros pueblos, tenía la rara virtualidad de desarmar nuestro feroz individualismo y de unirnos e identificarnos en una especie de comunión emocional. La voz del poeta era la voz ancestral de la tierra y a su conjuro las almas se fundían en una sola alma y los corazones en un solo corazón».

Gracias a aquellas clases, Luís consigue reunir un grupo de entusiastas de su obra, que con afán encomiable se entregan a la nada fácil recitación de las rapsodias castúas. Y Chamizo, como el más hábil de los maestros, se sirve de todo tipo de resortes pedagógicos de entre los que, por más frecuente y singular, destacaría la utilización de las suertes taurinas para el adiestramiento de gestos y aires de su alumnado. Y así no era extraño que los versos de «La Jilandera«, «La Juerza d’un queré» o su magnífica «Nacencia«, surgieran en un marco bordado de verónicas y chicuelinas.

De todos sus discípulos -verdaderos hijos en el corazón del poeta Luís Chamizo- honra a dos con el regalo de su amistad total. El primero, Manuel Pano, catalán de nacimiento, pero extremeño de corazón, por quien Luís siempre sintió un especial cariño. Al propio Pano encomendaría Chamizo el prólogo que habría de encabezar su libro Vibraciones, colección de poemas en castellano del vate guarenense que nunca vieron la luz en vida del poeta. El segundo de aquellos alumnos es Carlos Pérez Alonso, a quien Luís siempre calificó como el más dotado de sus discípulos y en quien el poeta encarnó sus ansias nunca colmadas de tener un hijo varón. El sería el compañero, lazarillo a veces del poeta, que caminaba ya al final de su vida.

En el mes de agosto de 1945 se le presenta a Luís una otitis que le ocasiona fuertes dolores. Aconsejado por sus familiares acule a la consulta del doctor Tapia quien le diagnostica la dolencia, aplicándole un tratamiento que en principio ataja el mal. Mas la infección, secretamente, continuará su paso. Chamizo soporta el dolor con resignación. Son estos días de profunda tristeza, que quedan bien reflejados en un documento hasta hoy inédito, y que tuve la fortuna de hallar en el archivo personal del poeta. El documento en cuestión es un dictado que Luís hace a la menor de sus hijas, Asunción, y que por mor de las circunstancias, se va a convertir en un verdadero testamento literario. Dice así: «Yo era feliz. Tenía veinte años. Me sonreía la vida. Todo un mundo de ilusiones y esperanzas se abría a mi paso. Mis versos eran famosos en todo el mundo. Hasta de Japón llegaron cartas ensalzando mi obra. Todo cayó y todo murió. Cuando yo deje de existir me harán la justicia que no me han hecho todavía».

El dictado lleva fecha del día cinco de diciembre de 1945.

Las últimas fuerzas de Chamizo se agotan. El día dieciocho de diciembre sufre un desvanecimiento, lo que le obliga a postrarse en cama de la que ya no volverá a levantarse. Una voraz septicemia se ha apoderado de su cuerpo.

Luís Chamizo entra en agonía en las primeras horas de la noche del día 24 de diciembre. Momentos antes de fallecer un fraile mercedario de la cercana iglesia de la Buena Dicha, le administra los Últimos Sacramentos.

En la madrugada del día 24 de diciembre, con el corazón repleto de Extremadura y el nombre de su madre en los labios, expiró. Fuera el aire se poblaba de un rumor de zambombas y sonajas y en la pequeña alcoba en que reposaban los restos del poeta parecían oírse estas palabras: «Cuando yo deje de existir me harán la justicia que no me han hecho todavía».

Oct 011979
 

Juan Francisco Arroyo Mateos.

Si se toma por norma la voluntad de Dios, la enseñanza religioso-católica debe ser obligatoria.

La auténtica libertad presupone conocimiento de la verdad

Hoy se habla mucho sobre la libertad, pero con conceptos muy equívocos, porque unos la entienden de una manera y otros de otra, no acertando muchos a saber lo que es una auténtica libertad. Entendamos que ésta se apoya necesariamente en la verdad, porgue ninguno puede afirmar que es libre para, escoger, elegir o pronunciarse por una cosa que desconoce. ¿Qué libertad tiene, por ejemplo, un hombre para comprar determinado modelo de automóvil, si precisamente le ocultan o no le es mostrado antes este modelo por él desconocido?… Pues, semejantemente, nadie disfruta de una justa, sana y necesaria libertad religioso-cristiana, si no le es dado a conocer a Cristo y su doctrina, para que luego pueda ser seguidor o discípulo del Salvador. Sin un previo conocimiento suficientemente amplio y perseverante de esta verdad evangélica no hay libertad religiosa efectiva. Esta seguirá siendo un vulgar dicho o mito carente de todo el debido sentido real. Porgue la verdadera libertad, insistimos, presupone el conocimiento de la verdad, como lo aseguró el Señor, al manifestar: «Si vosotros(=que aun no sois cristianos ni os exime esto de la obligación que os voy a indicar) perseverareis en mi enseñanza (=ya que no basta conocerla somera, esporádicamente y a lo como quiera, sino con amplitud y cierta continuidad, que impida se la olvide y torne a desconocérsela), seréis verdaderamente discípulos míos (=pues me consideráis de esa manera, o de hecho, como Maestro vuestro), y conoceréis la verdad (=religiosa, que es a la única a que aquí se alude), y la verdad os hará libres (=con auténtica libertad fundada en la verdad cristiana o Evangelio, sin lo cual sólo puede haber lo contrario, es decir, esclavitudes diabólicas a toda suerte de errores, vicios y pecados de individuos y sociedades, cuyo fundamento es el inverso de permanecer las personas en una insuficientemente combatida ignorancia religiosa, la cual viene a ser raíz de los innumerables males que padece el mundo, al convertirlo en un mundo sin fe)»(Jn. ,8,31-32).

Extrema gravedad de este asunto

Dado a la enorme importancia de esa libertad verdadera fundamentada en el previo y constante conocimiento de la verdad cristiana, es indiscutible que el Señor manda y quiere que la Enseñanza de la única Religión verdadera sea obligatoria. Pues, como dice San Pablo, Dios quiere que todos los hombres se salven y que -como condición primera o de suyo necesaria, se sobreentiende- vengan (=previamente) al conocimiento de la verdad (1 Tim.., 2,3), evangélica o religiosa, ya que el Señor mandó a los Apóstoles, e implícitamente a los sucesores de éstos, ir por todo el mundo a predicar el Evangelio a toda criatura, advirtiéndoles que el que no creyera sería condenado (Mc., 16,15-16), demostrando estas últimas palabras la superlativa gravedad de este precepto en cuanto al personal docente y discente, cosa que el Apóstol de las gentes entendió muy bien, sobre todo respecto a si propio, cuando exclamó: «!Ay de mi, si no evangelizare!» (1 Cor.,9,16). Por el contrario, Jesucristo, además de no dar tanta importancia a ninguna materia de enseñanza profana: matemáticas, física, química, etc, desobligó a todos respecto a enseñar y asistir a aprender doctrinas adversas o anticristianas, conminando también gravísimamente en este otro sentido diciendo aquello de: «Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis… Todo árbol bueno da frutos buenos, y todo árbol malo da frutos malos… El árbol que no da buenos frutos (=enseñando lo malo o no guardándose de aprender los engaños de aludidos maestros del error, desobedeciendo con ello al Señor en materia grave) será cortado y arrojado al fuego» (Mt., 7,15-19). Muy de acuerdo con esta deducción, agregaba: «!Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas, que cerráis a los hombres el reino de los cielos! Ni entráis vosotros (=por enseñar a los demás doctrinas y sectarismos que están en pugna contra el Evangelio) ni permitís entrar a los que (= sin ser victimas de vuestras falacias) querrían entrar. ¡… Recorréis mar y tierra para hacer un solo prosélito, y luego de hecho (= y tratando él de superaros en perfidia y fanatismo anticristiano), le hacéis hijo de la gehenna dos veces más que vosotros!»(Mt.,23,13-15).

En fin, que, así como soy pretexto de una mal entendida libertad, errónea por defecto o por exceso, no puede descuidarse la enseñanza religioso-católica a toda criatura ni nadie sentirse desobligado de aprenderla, tampoco ninguno puede sentirse justamente autorizado a propagar errores ni a seguirlos, sin contravenir con ello la voluntad de Dios más o menos gravemente, excepto en casos de circunstancias atenuantes de la responsabilidad de cada uno.

Un deber que incumbe a todos

Claramente se entiende que el mandato divino, relativo a las enseñanzas de la única Religión verdadera, afecta correlativamente a todos los hombres, debiéndolo cumplir unos activamente, como es enseñando, cooperando a la evangelización, promulgando leyes favorecedoras, etc.; y otros pasivamente, como es dejándose enseñar, asistiendo a centros catequísticos, sometiéndose a estudiar las correspondientes asignaturas religiosas en las escuelas, colegios y universidades, incluso con mayor obligación y encomio que cualquier otra ciencia, etc.; porque estos deberes pasivos respecto a conocer el Evangelio son también de índole grave, según otra vez lo dio a entender Cristo, cuando dijo a los Apóstoles: «Si no os reciben o no escuchan vuestras palabras, saliendo de aquella casa (=hogar, escuela, colegio, universidad u otro centro educativo) o de aquella ciudad, sacudid el polvo de vuestros pies. En verdad os digo que más tolerable suerte tendrá la tierra de Sodoma y Gomorra en el día del Juicio (=por haber sido el pecado de éstas mucho menor que el que contra el Espíritu Santo cometen quienes, después de la venida del Mesías, rechazan la verdad evangélica o luz de Dios) que aquella ciudad» (Mt.,10,14-15). De donde se desprende, recalcamos, la gravísima obligación tanto individual, como social de entidades educativas, ciudades, regiones, países, sistemas políticos, etc., respecto a facilitar la predicación del Evangelio a todos y, respectivamente, hacer los súbditos por escucharlo, estudiarlo y aprenderlo. Comprendamos al mismo tiempo, que son muy sutiles y respetadas herejías actuales, esos errores modernos que, no fundándose, como lo estamos haciendo nosotros, en la suprema voluntad de Dios y verdad del Evangelio, sino en razones necesariamente subordinables al querer divino cuales son las relativas a una malentendida libertad, dignidad de la persona humana, ejemplo que dan otras naciones, etc., encuentran falaces motivos, de semejante calaña a los de la Serpiente en el paraíso, para desobligar a las criaturas, ora individuales, como sociales, de obedecer a Dios en tamañas obligaciones referentes a la enseñanza y educación religiosa.

Dios ordenó poner para ello todos los medios necesarios

Se ha de tener siempre presente que al mandar el Señor tan encarecidamente la obra evangelizadora, ordenó implícitamente poner en práctica con no menor encarecimiento todo lo que fuera medio necesario para llevarla a cabo de una manera total o a toda criatura, efectiva, perseverante y nunca de suyo omisible, pues lo contrario equivaldría a sostener heréticamente que Cristo prescribió una cosa utópica, imposible y, por ende, desobedecible y fácilmente burlable por la mala voluntad, teoría y errores anticristianos de los hombres. Los Apóstoles, sin consultar previamente la libre voluntad de los padres respecto a los hijos, de los gobernantes respecto a los súbditos ni las de los propios oyentes, predicaban a todos, obedeciendo al Señor (Mc, 16,15), ora fueran ya cristianos para que se hicieran mejores, ora fuesen paganos o de cualquier creencia, para que pudieran convertirse tras conocer la verdad evangélica, no siéndoles obstáculo el mal ambiente anticristiano de entonces ni las leyes prohibitivas de las Autoridades Seglares, ante las que reaccionaban exponiéndoles que era preciso obedecer más a Dios que a los hombres (Hech.,5,29). Parecidamente así se debe obrar en nuestros días, aclarándoles a los dirigentes de la sociedad y de las facciones políticas descreídas estas mismas alegaciones que estamos trayendo, pues de este modo es como podrán comprender los deberes graves que también tienen ellos en orden a favorecer al máximo la Enseñanza Religioso-católica impregnándola de esa grave obligatoriedad de que goza por derecho divino, afectando de alguna manera activa o pasiva a todo hombre que viene a este mundo (Jn.,1,9).

La democracia puede convertirse en social bestia anticristiana

Cuando algo esta ya determinadamente mandado por Dios, como es lo de predicarse el Evangelio a toda criatura, las Autoridades Seglares no pueden entonces someter a votaciones la cuestión de si se debe omitir, consentir o impartir la Enseñanza Religiosa. Ya saben claramente lo que es de divina voluntad sin proceder a hacer votaciones. Si, a pesar de ello, y so pretextos de democracia se hacen votaciones para luego obedecer el resultado de las mismas más que lo taxativamente mandado por Cristo, seria eso un excesivo, vicioso y rebelde autoritarismo anticristiano, que mediante las votaciones preferiría conocer y obedecer más a la voluntad del corrompido mundo, y por éste a la del diablo, que a la voluntad del Altísimo. No habría entonces justa democracia, sino sutilísima Demonio-cracia o nueva y desconocida Bestia social, que subyuga actualmente a las naciones en todo aquello en que se hacen prevalecer las malas apetencias de los hombres por encima de lo justo y bueno que quiere el Señor. Los Gobiernos deben, por tanto, en justicia promulgar leyes favorecedoras de la más integral, efectiva y perseverante educación cristiana, pues la conducta contraria equivaldría a pasivismo heterodoxo contra la voluntad de Dios, ante el que no caben posturas neutras que no sean condenables indiferentismos, pues, como dijo el Salvador: «El que no está Conmigo está contra Mí» (Mt.,12,30); perpetrándose, consiguientemente, anticristianismo, no sólo con actitudes positivamente persecutorias contra Cristo o su Evangelio, sino además con actitudes simplemente pasivas de no pronunciarse uno con obras y en verdad a favor de las causas cristianas, como es la principalísima de procurar la evangelización de todas las almas.

Ignorado paternalismo anticristiano

Si las Autoridades Seglares no pueden ni deben ser obedecidas mas que Dios, cuando tratan de impedir o no hacer todo lo debido respecto a la Enseñanza Religiosa a todos los súbditos, con mayor razón, debido a que tienen una autoridad menor, no podrán ni deberán justamente ser obedecidos los padres malos o incomprensivos de hijos católicos y no católicos que quisieran impedirles la adoctrinación y educación católica en las escuelas y otros centros educativos, porque ello supondría cometer, aunque en un plano distinto, ese mismo error de obedecerse más a la voluntad de tales padres u hombres que a la del Altísimo, en contra esto también de lo que proclamó San Pedro ante los gobernantes (Hech.,5,29). Opónese, por consiguiente a la justa libertad impedirles los padres a los hijos la Enseñanza católica. Ello es inconsciente tiranía anticristiana. Tal voluntad paterna no debe de suyo ser respetada más que aquella por la que, no queriendo ellos alimentarlos corporalmente, lo justo y querido por Dios sería darles otros de comer a esos niños sin hacer caso de homicidas pretensiones paternas; debiéndose razonar paralelamente lo mismo, sobre todo en cuanto a nutrirles con el Pan de la divina palabra para no responsabilizarnos los demás ante Dios del homicidio espiritual a que da lugar la falta de fe por nula o insuficiente catequización, pues sin fe nadie puede ser justo ni salvarse(Heb.,11,6). El error no goza de las mismas prerrogativas que la verdad para que pueda temerse que otros lo enseñen a gente católica como en represalia de adoctrinarse en católico a todos sin distinción de Credos. Acordémonos cómo Cristo se pronunció contra los falsos profetas, debiendo éstos no acogerse a derechos que no tienen de parte de Dios, para enseñar a nadie, ni recabar ayudas del Estado para su nefasta labor, conviniendo además recordar que ninguna persona tiene obligación de escucharlos ni de seguirlos, porque esto sería su perdición, según aquello de: «Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en la hoya» (Mt. ,15>14).

Perentoria necesidad del Apostolado seglar

Puesto que sin fe nadie puede ser justo ni conseguir la salvación eterna, todo el que desconoce la verdad católica y, por ello, no tiene fe, está en extrema necesidad espiritual. Lo mismo sucede con quienes, aunque tuvieran fe en otro tiempo, la llegaron más tarde a perder. Están también éstos en necesidad espiritual extrema, pues «el que no creyere será condenado», dijo el Señor (Mc.,16,16). A todos ellos urge socorrerlos con las luces del Evangelio, según la gravedad de su situación. Para saber el modo de hacerlo, recordemos lo que ocurre cuando un niño está a punto de morir sin bautismo. Porque entonces, al no poderse disponer de un sacerdote, sobre todo en tiempos de una gran epidemia durante la que murieran muchos por todas partes, lo justo y obligado de hacerse es que estos bautismos de necesidad los administren personas seglares competentes. Ahora bien, cosa parecida debe decirse respecto a esas otras almas en extrema necesidad espiritual por no tener fe. Asimismo lo justo y obligado de hacerse es que, por carecerse de suficientes sacerdotes que las adoctrinen, o por serle imposible de hacerlo a los sacerdotes debido a muy distintas causas, puedan y deban entonces los seglares convertirse en apóstoles o catequistas. Como la necesidad espiritual de quienes carecen de fe es grave, también de suyo viene a ser grave la obligación de favorecerlos con aludido apostolado. Esta obligación es de justicia en los sacerdotes a los que se les encomendaron esas almas; y es de caridad en las otras personas seglares y sacerdotales, cuya labor se estime como necesaria. Jesucristo ha dado a entender en el Evangelio que el día del Juicio muchos sufrirán condenación no por haber descuidado obras de justicia, sino de misericordia incluso temporal o corporal, que son de inferior importancia que las obras de misericordia espirituales, entre las que se destaca la primera de enseñar el camino del Cielo a los que no lo saben. Por consiguiente, la obligación de hacer apostolado es grande no sólo en los sacerdotes, sino también en toda suerte de personas seglares que puedan y sepan influir apostólicamente en los demás, máxime con el buen ejemplo. «Incumbe a todos los cristianos -concluiremos diciendo con el Vaticano II- la dulcísima obligación de trabajar para que el mensaje divino de la salvación sea conocido y aceptado por todos los hombres de cualquier lugar de la tierra»(De Ápost. Laicorum,3).

Obligación de los Gobernantes

Por la cita que acabamos de hacer se ve que, estando obligados todos los cristianos a realizar apostolado, no quedan exceptuados quienes de entre ellos sean Jefes-Seglares. Estos, poseyendo más talentos o posibilidades para servir a Dios y al prójimo en ese menester, sin duda que tienen una obligación mayor, pues de su fervor o desidia en este aspecto se pueden originar, respectivamente, grandes frutos de salvación o enormes males de toda índole, según lo afirmó el espíritu Santo diciendo: «El Jefe sabio (=de sabiduría de acuerdo con la divina voluntad) instruye a su pueblo (=en lo justo y bueno, no pudiendo estar, por tanto, excluido lo que se refiere a Dios, al alma, a la suerte eterna de los hombres y otras verdades religiosas, aun cuando, por no poder ellos instruir por si mismos a todos sus súbditos, se valgan de mandatarios o maestros nacionales, además de ayudar y colaborar lo mejor posible con la entidad Religiosa más directamente todavía encargada para tal apostolado, como lo es ahora la Iglesia católica), y el gobierno del discreto es ordenado. Según el Jefe del pueblo, así son sus ministros, y según el regidor de la ciudad, así sus moradores (=debiendo, en consecuencia, los gobernantes ser muy ejemplares, es decir, predicar con el ejemplo). El rey ignorante (=que se desentiende de todo lo dicho)pierde a su pueblo (=porque los ciudadanos, olvidando todo lo de orden sobrenatural, no tendrán fe, sino que necesariamente se volverán materialistas y ateos)»(Eclo.,10,1-3). Un rey al que Dios tildó como hombre según Su Corazón fue David. Ahora bien, ¿cómo obró David en este aspecto que estamos tratando? Se entenderá ello, meditando bien la frase davídica de: «Enseñaré a los malos tus caminos, y los impíos se convertirán a Ti» (Ps.,50,15); palabras éstas que demuestran cómo los gobernantes deben extender su apostolado no sólo a los ya convertidos y buenos, sino muy en especial también a los otros súbditos, para que, escuchando la verdad, puedan igualmente convertirse, atrayéndolos con santo ingenio, mediante bien estudiadas disposiciones legales, allá adonde puedan recibir una educación cristiana, ya que, sin ordenamientos u obligaciones en este sentido, sería imposible «enseñar a los malos los caminos del Señor» (Ps.,50,15;Isa.,26,9-10),pues «todo el que obra mal, aborrece la luz, y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas»(Jn.3,20).

No basta una educación teórica

Para que los alumnos salgan de la escuela sabiendo gramática, aritmética y otras asignaturas, los profesores no se contentan con explicaciones puramente teóricas, sino que añaden enseñanzas prácticas, como es la de sacarlos al encerado, ponerles problemas y encomendarles otros ejercicios. Pues bien, cosa semejante es necesario hacer respecto a la educación cristiana. Es preciso que a los alumnos se los ejercite en el modo de signarse y santiguarse; en la manera de prepararse y recibir bien los Sacramentos; y en la observancia de todos los preceptos cristianos. El más sencillo de estos es el concerniente a asistir a Misa los domingos y fiestas de guardar. Pero pensemos en profesores que sólo se contentasen con enseñar y advertir teóricamente que hay que cumplir con este deber grave. ¿Qué ocurriría si el alumnado no ve que prácticamente sus educadores cumplan con esa misma obligación?: Sucedería que la mayoría de los niños no daría importancia a tal precepto y no lo cumpliría.

Muchos hasta perderían la fe, pues no se explicarían que, siendo un precepto calificado de grave por sus Maestros, éstos fueran incumplidores del mismo. Este asunto reviste mayor importancia, cuando se trata de catequizar a los menores, pues por su fe no suficiente formada o fe inmadura, hasta lo justo y conveniente es estar cerca de ellos al dar los primeros pasos, como es, el de conducirlos y acompañarlos a misa dominical, ya que sin esta formación práctica, se ha visto y ve por experiencia que muchísimos faltan. ¿No son conducidos y acompañados los alumnos, incluso los mayores, a visitar museos? ¿Se atenta contra su libertad, yendo en su compañía? ¿Sería mejor o más instructivo y educativo, dejarlos a sus anchas para que cada uno, según le viniera en gana, visitare o no todo aquello en que podrían aumentar sus conocimientos científicos? Estos interrogantes ayudan a entender la grandísima importancia de no dejar de la mano al elemento discente, sino acompañarlo y estar mucho sobre él hasta que, una vez bien formado en las distintas disciplinas sin exceptuar la religiosa, adquieran los educandos al cabo del tiempo personalidad propia, tras conocer perfectamente, tanto en el terreno teórico como en el práctico, todo aquel bagaje de doctrina y buenos comportamientos que faciliten luego su opción libre o no cohartada ya por anteriores prejuicios y malos hábitos esclavizadores.

Recordamos a este respecto que, en cierto pueblo donde había unos mil doscientos niños en edad escolar, sólo asistían a Misas de días de precepto unos sesenta, debido esto, como es de suponer, a que los Maestros se desentendieron de la educación práctica de conducirlos y acompañarlos al templo, empezándolos a tratar como a ovejas sin pastor, todas las cuales se descarrían (Jn.,10,12-13). La ciencia y la experiencia se rebelan, pues, contra el error de sólo procurar el elemento docente una formación puramente teórica, máxime en Religión. Y no menos se opone a ello la Revelación, porque cuando Cristo habla sobre el Buen Pastor, señala prácticos procedimientos como el de: «Las ovejas oyen su voz (=al avisarlas sobre obligaciones, en nuestro caso, como la de asistir a la Catequesis Parroquial o a la Misa dominical), y llama a sus ovejas por su nombre (=pasándoles lista, para cerciorarse que no falta ninguna), y las saca afuera (=de la escuela o centro educativo, en el que de suyo sólo se imparten enseñanzas teóricas por lo que se refiere al aspecto religioso); y cuando las ha sacado todas, va delante de ellas (=conduciéndolas, dándoles al mismo tiempo buen ejemplo, y acompañándolas hacia otros sitios de más especifica y práctica educación religiosa), y las ovejas le siguen, porque conocen su voz (=que les habla acerca de deberes para con Dios, el alma y todo el orden espiritual, nunca son omisibles so pretexto de libertades excesivas, pues en el terreno religioso también debe existir orden y justa obediencia para con los superiores); pero no seguirán al extraño, antes huirán de él (=porque él, en estos aspectos religiosos, no quiere orden ni obediencia, sino la libertad omnímoda de hacer cada uno lo que quiera, desentendiéndose, por ello, sus subordinados de cumplir deberes piadosos)… Este ve venir al lobo (=errores anticristianos que desobligan de enseñar teórica y prácticamente la Religión católica) y deja las ovejas (=obedeciendo más a los postulados de democracias ateas, que al Altísimo, cuya voluntad es la de que se las atienda también en los aspectos morales y religiosos con no menor denuedo y entereza que en disciplinas del todo profanas), y huye, y el lobo arrebata y dispersa las ovejas (=motivándose muchas sectas, divisiones y errores), porque es asalariado (=materialista, al que sólo le interesa la paga o retribución) y no le da cuidado de las ovejas (=no importándole un bledo el que pequen, se llenen de vicios y desmerezcan una vida eterna, en la que él posiblemente no cree)» (Jn.,10,3-13). Por todo lo dicho se comprenderá que el mundo está necesitado de auténticos pastores buenos de los que enseñan a sus ovejas no solo teórica, sino además prácticamente para que exurjan ciudadanos de gran fe y sólidas virtudes o costumbres cristianas.

La más provechosa labor educativa es la que se imparte desde la niñez

Ordena Dios, además, en la Santa Biblia que se tenga la prudencia de educar o catequizar bien a las personas desde cuando son niños y no están todavía maleadas con adversos prejuicios ni se han desmoralizado imitando las perversas costumbres del corrompido mundo. El precepto bíblico es éste: «Instruye al niño en su camino, que aún de viejo no se apartará de él» (Prov.,22,6). Su segunda parte no puede ser más prometedora. Pero depende de haberse cumplido lo que se manda en la primera. De aquí la grandísima importancia de procurar hacerse todo lo posible para evangelizar o catequizar a todas las almas desde su niñez. Pues lo lógico es que de buenos niños broten buenos jóvenes; y de buenos jóvenes surjan buenos adultos, siendo, por tanto, la obra educativa de la niñez la más fecunda en buenos ciudadanos y ejemplares cristianos. No ignora esto el enemigo, y por eso inventa mil argumentos falaces, a fin de impedir que la enseñanza de la Religión sea obligatoria en las escuelas, colegios y universidades. Pero nada en absoluto podrían tales sofismas anticristianos si, como dijimos al principio, se adoptase como regla de conducta no la voluntad de los hombres, por muchos que votasen algo malo o menos bueno, sino la únicamente justa, válida y auténtica norma, que es la suprema voluntad de Dios, el cual tiene mandado que se adoctrine santamente a toda criatura (Mc.,16,15) y que esto se haga lo antes posible, es decir, desde que están en la infancia (prov.,ll,27). ¿Qué mandó cierta vez Jesucristo? Amonestó a los adultos diciendo aquello de: «Dejad que los niños vengan a Mí y no los estorbéis, porque de los tales es el Reino de Dios» (Mc., 10,14): palabras que, si se meditan en profundidad, suponen para las personas mayores, sobre todo padres de familia: y Jefes seglares y religiosos de la Sociedad, la obligación de arbitrar todas aquellas medidas prudentes y necesarias, que hagan falta, para que todos los niños y niñas sean de hecho acercados al Salvador, es decir, ahora al Sagrario desde por cuando también rueden y prácticamente se los lleva a escuelas de párvulos, pues no es esto ultimo más importante que conducirlos al Templo o Casa de Dios, para que a su vez los ministros del Señor cumplan entonces el precepto de catequizar o predicar el Evangelio a estas criaturas (Mc.,10,15), como semejantemente en los centros sociales educativos o escuelas los adoctrinan en las distintas disciplinas los Maestros nacionales o mandatarios de los Gobernantes seglares. Omitir aludido acercamiento de los niños al Santísimo y a su doctrina divina impartida ahora por quienes hacen sus veces, o sacerdotes de la Santa-Iglesia sería, consiguientemente, un procedimiento antievangélico, aunque se alegase que el no llevarlos al templo es para evitar griteríos, pues vemos también en el Evangelio cómo Cristo reclamó el cumplimiento de ese deber de no impedir sino acercársele los pequeñuelos, precisamente cuando los Apóstoles pretendían apartarlos de la vera del Señor para que no molestasen con sus chiquilladas. Y agregó el Salvador: «En verdad os digo que quien no reciba el Reino de Dios como un niño, no entrará en él» (Mc,10,15); demostrando con esto que durante la niñez es cuando más conviene catequizar a todos, y muy esmeradamente, porque es cuando oyen la palabra de Dios con sencillez o sin malas prevenciones contra el Evangelio, como son las que deben vencer las personas de edad madura, para que puedan de hecho creer o tener fe, convertirse a la verdad y salvarse.

Recta conducta de Gobernantes acatólicos en materia de enseñanza religiosa

La mejor actitud de las Autoridades Seglares que no hayan llegado a tener fe o la hubieran perdido es sin duda la de revestirse de esa sencillez que acabamos de indicar, para que terminen por tener fe y fácil acceso a la vida eterna. Entonces bastaríales obrar conforme lo debe hacer todo gobernante católico, imitando, por ejemplo, a reyes que alcanzaron a ser santos como David, San Fernando III, San Canuto, rey de Dinamarca, San Ladislao, rey de Hungría y otros muchos. Pero supongamos que esto no ocurra. ¿Cómo, entonces, debe portarse un Jefe seglar no convertido aún al catolicismo o seducido por el error? ¿Debe permitir que se enseñe la Religión cristiana, incluso obligatoriamente, que es lo que en un principio dedujimos como lo más de acuerdo con la voluntad divina? La respuesta a esta cuestión también nos la da la Santa Biblia. Para entenderlo busquemos a algún rey pagano que en dicho asunto haya merecido bíblica alabanza o aprobación del Espíritu Santo. ¿Lo encontraremos? ¡Ciertamente que si! Uno de estos Jefes seglares fue al menos el rey persa Artajerjes, ya que decretó, entre otras cosas, lo siguiente: «Y tú, Esdras, según la sabiduría que de Dios tienes, establece jueces y magistrados que administren justicia a todo el pueblo del otro lado del río, a todos los que conocen la Ley de tu Dios, y enséñasela a los que no la conocen». Cualquiera que no guarde puntualmente la Ley de tu Dios y la ley del rey será (=en casos gravísimos en que los rebeldes perpetraran o estuvieran dispuestos a cometer homicidios, etc.) condenado a muerte, o a destierro (=en casos menos graves), o a multas (=en transgresiones menores) o a prisión (=en delitos también pequeños). Bendito Yavé, Dios de nuestros padres, que ha dispuesto el corazón del rey a glorificar así la casa de Yavé en Jerusalén, y que me hizo objeto de la benevolencia del rey, de sus consejeros y de todos sus poderosos jefes» (Esd.,7,26-28). Entendamos que estas palabras son importantísimas. Señalan claramente que, aunque los Jefes seglares sean acatólicos o de las más distintas religiones y facetas políticas, lo más acorde con la voluntad de Dios no es la hostil persecución religiosa ni siquiera un neutral indiferentismo aconfesional, sino que se permita enseñar a todos la verdadera Religión y que todos deban obligatoriamente hacer por aprenderla, pues, como dijimos al principio, sabiendo todos así de qué se trata es como luego podrán tener libertad para abrazar o rechazar la verdad que se les haya dado a conocer (Jn.,8,32;1O,16); respecto a cuya última actitud interna, aceptante o displicente, de la verdad conocida nada se obliga externamente, porque esto es una segunda conclusión de la verdadera libertad y responsabilidad de cada uno ante Dios. Así pues, por muy de otra o de ninguna Religión que sea un Gobierno aconfesional, lo justo y querido por el Señor es que, ello no obstante, haga que los súbditos puedan y deban aprender de manera no menos obligatoria que cualquier otra asignatura, también la de la Religión verdadera, comisionando para esto a personas docentes y capaces de hacerlo bien, como en aquel tiempo lo era Esdras y quienes con él compartieron la labor educativo-religiosa. Por tanto, la libertad religiosa, -valga la redundancia,- entendida justamente, supone todo lo dicho, porque de otro modo no se podría obedecer más a Dios que a los hombres en esta materia, al querer Este que el Evangelio se predique a toda criatura (Mc., 16,15) y que todos los hombres, sin excluir a los más ignorantes o errados, conozcan la verdad y se salven (l Tim.,2,4). Otros comportamientos gubernamentales que difieran de lo expuesto son inadvertidamente más o menos erróneos, por muy democráticos que se los quiera suponer, ya que asimismo más o menos se apartarían de lo que es de voluntad divina o de un mayor agrado del Señor.

Frutos de una evangelización universal o a toda criatura, según la doctrina expuesta

Si se entendiera y aplicara la libertad religiosa tal y como queda dicho, el Evangelio se enseñaría o predicaría necesaria, efectiva, perseverante y perfectamente bien a todos, so pena de no existir esa auténtica y justa libertad que sólo es posible tras conocerse cumplidamente la verdad cristiana (Jn.,8,32). Se habría llegado a comprender que son larvadas tiranías erróneas e ignoradamente heterodoxas todos los regímenes y formas de Gobierno que incumplen la tarea de evangelizar, directa o indirectamente, a todos los súbditos. Por consiguiente, para actuar conforme a una justicia y sana libertad religiosa, los sistemas políticos, cualesquiera que fuesen, deberían procurar se catequizara cristiana y esmeradamente bien a todos los ciudadanos, sean cuales fueren sus ideas preconcebidas y sus matices religiosos o ateos propios, que no fueron aún alumbrados con la luz del Evangelio. Entonces, como es obvio, el resultado de estos justos procedimientos que inundasen de modo continuado a todo el mundo con la doctrina de la verdad católica sería oportunamente nada, menos que el de conseguirse que amaran y sirvieran a Dios todas las almas, cumpliéndose el gran designio bíblico de: «Se acordarán, y se convertirán a Yavé todos los confines de la tierra, y se postrarán delante de El(=presente en la Eucaristía) todas la familias de las gentes. Porque de Yavé es entonces el Reino (=tomándose por norma su divina voluntad, más que la de todos los hombres o sus votaciones y democracias adversas al querer divino), y El dominará a las gentes. Comerán (=comulgarán) y se regocijarán ante El(=con cánticos litúrgicos, etc.) todos los grandes de la tierra (=cuya política , según esto, habrá progresado en justicia enormemente, al no negar ya los gobernantes a Dios una cosa que le es tan debida de parte de todos, es decir, la competente adoración o culto social, como el salario es debido a los trabajadores y el mandar a los Superiores) … Y predicarán su justicia (=el Evangelio a toda criatura, principalmente en esas horas en que las distintas familias se postren regularmente ante el Altísimo), por haber hecho esto Yavé (=mediante oportunas actuaciones de su Divina Providencia)« (Ps.,21,28-32). Acostumbrados como estamos a ver el dominio de una libertad y justicia social inconscientemente ateas, o que no dan a Dios lo que es de Dios: conocerle, amarle, servirle y adorarle; nos parecerá inmensamente raro que algún día se haga por que todos rindan organizados cultos al Señor con parecido fervor al que se ponga por que también todos le conozcan mediante la consabida e inexcusable labor evangelizadora de que venimos tratando; pero ello, como no es menor deber de justicia, igualmente será procurado y reclamado de toda criatura, cumpliéndose entonces el hasta ahora utópico ideal de: «Y sucederá que de mes en mes, de sábado en sábado, vendrá toda carne a postergarse ante MI, dice Yavé, y al salir verán los cadáveres de los que se rebelaron contra MI (=quizás por no haber querido ser justos para con Dios en este aspecto también de adorarle, y no sólo conocerle, etc.), cuyo gusano nunca morirá, y cuyo fuego no se apagará, que serán objeto de horror para toda carne» (Isa.,66,23,24) «Postraránse ante El todos los reyes y le servirán todos los pueblos» (Ps.,71,ll). «No habrá -asegura el Señor- más daño ni destrucción en todo mi monte santo (=o Mundo nuevo y mejor al que se habrá arribado, Isa.,65,16-25), porque estará llena la tierra del conocimiento de Yavé (=debido a la más perfecta y perseverante obra de catequización universal, para que a la ignorancia religiosa antes vencida no sobrevenga algo semejante o peor, como es el Olvido de Dios que suele afectar a tantas almas que terminan por no recordar casi nada de lo que, en cuanto a Doctrina Cristiana, aprendieron durante su infancia y juventud, Isa.,30,20-21), como las aguas llenan el mar» (Isa., 11,9). «La paz será obra de la justicia (=en cuanto a procurársele dar también a Dios lo que es justo dársele por todos en la sociedad, para conseguir que todos le conozcan, amen, sirvan y adoren, según ya dijimos antes); y el fruto de la justicia, el reposo y la seguridad para siempre» (Isa.,32,17).

Oct 011979
 

Antonio Álvarez Cadenas.

A D. Vicente Navarro del Castillo, presbítero invidente de Mérida, autor del libro «La epopeya de la raza extremeña en Indias»

Cuna humilde y visión conquistadora

No es de la raza una biografía
de las seis mil que habla el padre Castillo,
que este macho castúo de Trujillo
puso su fe guerrera a porfía.

Y aún sin leyes ni caligrafía
-que dicen guardó puercos de chiquillo-
trocó arado en arnés, dio a España brillo
y la indiada incaica al Casar fía.

No fue cruel según los historiadores
claman de otros fanáticos del «ghetto»,
que espejo limpio de conquistadores

conoció por natío el secreto
de altos valores civilizadores…
!Y motejáronlo de analfabeto!.

Los trece de la fama

Se agita un bergantín en la tormenta
que mece a ochenta locos castellanos
mareantes al Sur, van los indianos
sufriendo el hambre y la selva cruenta.

Cansados de derrota tan violenta
se clavan en la playa con las manos
pidiendo a Dios vislumbres peruanos
que orienten su conquista macilenta.

Pero surge un titán entre la hueste
que traza con su espada un senderillo
e insta por el Rey y España: «Este…»

Trece dioses se unieron al caudillo
afamando la gloria de aqueste
¡Francisco de Pizarro y de Trujillo!.

La conquista del Perú

Llorando está el César Carlos Primero
y absorto en el Alcázar toledano
sabiendo acerca del país peruano
por boca de mil modesto aventurero

que de Nueva Castilla, trae certero,
faustas nuevas para su soberano
que premia esfuerzo tan sobrehumano
con la Cruz de Santiago al caballero.

Con sólo ciento ochenta arcabuceros
y tres buques planean el empeño
de conquistar los Andes los primeros.

Y San Miguel, Cuzco y el sol limeño
ofrendan sus oros atahualperos
¡al Francisco Pizarro extremeño!.

Cenit y ocaso glorioso

Refulge aún la voluntad sin mella
del Ciudad de los Reyes marquesado,
por el vil Juan de Herradas conjurado
celoso de la sin par epopeya.

Por defender Chaves tal etopeya
a sus plantas cae atravesado
y el hermanastro Alcántara, que ha osado
luchar por mantener la buena estrella.

Chusma le acosa, cías sin armadura
todavía combate al imprevisto
matando a dos traidores con bravura.

¡Veinte espadas acaban al bienquisto
Francisco Pizarro de Extremadura
que en su sangre besa la Cruz de Cristo!.

C. Villalba, 7 Junio 1979

Oct 011979
 

Elías Diéguez Luengo.

pizarro

Cuando, hace unos meses, los Estados Unidos de Norteamérica establecieron relaciones diplomáticas con la República Popular China, apareció en las primeras páginas de los periódicos del mundo, esta noticia: YA SE VENDE COCA-COLA EN CHINA, Es que el «oro» que buscan los nuevos conquistadores, se encuentra ahora, abriendo mercados a sus productos. Los españoles hicieron en América la COLONIZACIÓN. Años después los norteamericanos hicieron en el mundo la COCA-COLONIZACION Y aquí en España nos quedaron a nivel popular entre otras cosas, el chicle, las bases, la bomba de Palomares el peligro atómico, la droga, los pantalones vaqueros, los perros calientes, el tabaco con sabor americano y naturalmente la COCA-COLA.

¿Que quedó realmente en América de la COLONIZACIÓN ESPAÑOLA? Porque España, para la Historia, ha sido una tremenda excepción, entre los pueblos colonizadores. La obra de España en América ha sido durísimamente sentenciada con juicios erróneos, que hoy la critica histórica estima totalmente insostenibles.

A los extranjeros que respetaban y publicaban nuestra verdad, se les bautizó con el nombre de HISPANÓFILOS, desequilibrando con esa palabra la justicia, la imparcialidad, el rigor histórico; creando una especie de leyenda blanca. Lo que parecía un elogio -hispanófilo- fue para una gran parte del mundo, una patente de parcialidad.

En una revisión seria de la obra de España en América, el balance final necesariamente tiene más caracteres positivos que negativos, sobre todo comparando la colonización española con las demás, anteriores al siglo XIX, ¿Como fue Pizarro el HOMBRE?.

El historiador norteamericano Charles F. Lummis escribió en 1922 en su obra «Los exploradores españoles del siglo XVI, lo siguiente: «Pizarro fue el más grande de los exploradores; un hombre que de modestos principios se elevó más alto que nadie; un hombre en quien se ha cebado la maledicencia y la calumnia de los historiadores apasionados; pero un hombre a quien LA HISTORIA SIN EMBARGO, COLOCARA EN UNA DE SUS MAS ALTAS HORNACINAS; UN HOMBRE A QUIEN SE GOZARAN ALGÚN DÍA EN VENERAR CUANTOS ADMIREN EL HEROÍSMO».

En esta gran aventura que fue América para los extremeños, cada «conquistador» por inculto que fuera, por modesta condición que tuviera, pudo dar con sus obras la medida del HOMBRE que llevaba dentro. Hubo pues igualdad de oportunidades para todos, pero solo los que pusieron de relieve, extraordinariamente, la vena de la raza, conquistaron un puesto en la HISTORIA. La mayor parte de las obras dedicadas a Pizarro están llenas de alusiones despectivas con las palabras «porquerizo», guardador de puercos.

Y es que a los extremeños se nos ha tratado en general mal. Cuando se nos ha querido halagar, adular, se nos ha elogiado excesivamente llamándonos hasta «DIOSES» y a nuestra región a Extremadura, LA TIERRA EN LA QUE NACÍAN LOS DIOSES. Cuando se nos ha querido atacar, se ha hecho despiadadamente tratándonos con desprecio de «belloteros». Neruda escribió en su «Canto General» esta frase: «PIZARRO EL CERDO CRUEL DE EXTREMADURA». Se nos dirá que eso no es Historia, que es Poesía. Pero en Poesía también duelen las injusticias y los insultos.

Y los extremeños no somos dioses ni belloteros. Somos sencillamente seres humanos, con todos los condicionamientos que tal hecho supone, ENCUADRADOS EN CADA ÉPOCA, CON LAS COSTUMBRES IMPERANTES, BUENAS O MALAS, pero vigentes en su tiempo. Y Pizarro, HOMBRE de mucha sustancia y de recia voluntad, no fue ni Dios, ni bellotero. Fue sencillamente UN HOMBRE. Nada menos que todo un hombre.

Para conocer mejor a Pizarro, el Apo Macho como le llamaron los indios, GRAN SEÑOR, hemos escogido tres temas, precisamente los que más tinta han hecho correr a los historiadores.

PIZARRO EL PORQUERIZO
PIZARRO Y ATAHUALPA y
PIZARRO Y ALMAGRO

En este estudio comparativo, en las columnas siguientes, en la parte izquierda, consignamos los ataques de los historiadores a Pizarro. Y en paralelo, en la parte derecha, lo que se opina actualmente de Pizarro, lo que han escrito tres grandes biógrafos del Conquistador trujillano: Rómulo Cúneo Vidal, José Antonio del Busto y Raúl Porras Barrenechea, precisamente los tres, peruanos. Con ello vemos que las predicciones de Lummis se han hecho realidad SIENDO LOS MISMOS PERUANOS, LOS VENCIDOS, los que han colocado a Pizarro en el sitio de honor de la HISTORIA.

PIZARRO EL PORQUERIZO

«Era hijo bastardo de Gonzalo Pizarro, nació en Trujillo y echáronlo a la puerta de una iglesia. Mamó una puerca ciertos días, no se hallando quien quisiese darle leche. Reconociólo después el padre y traíalo a guardar puercos y perdiólos. No osó a tornar a casa de miedo y fuese a Sevilla con unos caminantes y de allí a las Indias(1).»Pizarro arrojado al nacer a la puerta de una iglesia, sustentado en los primeros instantes de su vida con la leche de una puerca… fue por fin reconocido por su padre pero con tan poca ventaja suya, que no le dio educación, ni le enseñó a leer, ni hizo por él otra cosa que ocuparle en guardar piaras de cerdos que tenía. Quiso su buena suerte que un día los cerdos se le desbandasen y perdiesen. El, de miedo, no quiso volver a su casa y se fue a Sevilla, desde donde embarcó para Santo Domingo»(2) «Lo que se cuenta de que cuando muchacho estuvo de porquerizo de los cerdos de su padre, es bastante probable»(3)

«Pizarro, «el cerdo cruel de Extremadura»(5)

«Nada mas humilde que la cuna de Pizarro. Encontráronlo abandonado así que acababa de nacer, a la puerta de una iglesia de Trujillo. Criáronle con la leche de una puerca por no hallarse nodriza que quisiera amamantar a aquel borde»(6).

«Se ha dicho que Pizarro guardó cerdos en su mocedad, esto, si verídico -que no lo es- sumaría títulos al hombre que, nacido en humilde esfera, supo elevarse a las mayores alturas de la fama (4) «¿Porquerizo? El primero que lo insinuó fue Gómara, cronista asalariado que en su afán servil no solo hizo a Pizarro porquerizo, sino también expósito a la puerta de una iglesia, donde no murió de hambre y frío por haberlo amamantado una puerca».»La leyenda porcina llega a negarle hasta la leche materna y admitir que el niño fue tardíamente reconocido por su padre quien le nombró su pastor de piaras, hechos falsos que repugnan a la historia por haberlos engendrado la pasión. A los cerdos les dio un día mosca y los perdió. Entonces fue que el muchacho -según la versión de Gómara, jamás probada por los documentos- no se atrevió a volver a casa de miedo… y se fue a Sevilla»(7)

«La Historia ha desbaratado casi la leyenda porcina. Fue probablemente Gómara, celoso de elegancias latinas y paralelos clásicos, el que dio vida a la farsa de que el fundador de Lima, al que deseaba equiparar con el fundador de Roma, fue amamantado con la leche de una puerca. El resto de la leyenda porcina, el de la dispersión de los cerdos que cuidaba el bastardo despreciado por su padre, no fue sino invención del rencor contra la improvisada grandeza del conquistador del Perú»(8).

PIZARRO Y ATAHUALPA

«Y conociendo la codicia de aquellos españoles, dijo que daría por su rescate tanta plata y oro labrado que cubriese todo el suelo…pero dijo que había de ser con tal condición y promesa que ni le hundiesen ni quebrasen las tinajas

cantaros y vasos que llegasen hasta la altura donde alcanzaba con su mano».

«Pizarro le conhortó y prometió tratarlo muy bien y poner en libertad trayendo allí el rescate prometido. Con esta palabra de Pizarro despachó Atabalipa mensajeros por oro y plata(1). Herrera dice que Pizarro dio su palabra con propósito de no cumplirla.

Pedía él (Atahualpa) que se le pusiese en libertad, pues por su parte estaba cumplido lo que prometido había. Mas otros eran por cierto los pensamientos de su artificioso y duro vencedor» No hay duda que en la situación que estaban los españoles y en el supuesto de estar decretada irrevocablemente la destrucción de aquel imperio, cualquier partido que se tomase con Atahualpa estaba expuesto a inconvenientes muy graves»

«Darle libertad era impolítico; mantenerle en prisión, embarazoso, quitarle la vida cruel y sobremanera injusto. Cuando por su culpa o por la ajena los ambiciosos se ven metidos en estos atolladeros, siempre se abren camino a toda costa aunque sea pasando por encima de la humanidad y de la justicia. Pizarro lo hizo así entonces… entretanto para dar disculpa al hecho y hacerlo menos odioso, empezaron a correr noticias de sediciones, de movimientos de indios, de proyectos de sus generales para salvar al prisionero. Dobláronse las guardias al inca. Los soldados de Almagro activaban la pérdida del príncipe, los oficiales reales la instaban de puro miedo, el tesorero Riquelme no parecía que lo pedía sino que lo mandaba. No deseaba otra cosa el Gobernador … tantos castellanos que a boca llena apellidaban inicua e inhumana la sentencia dada contra Atahualpa(2).

En nota al pie de página dice: «Los historiadores todos se ponen de parte de esta opinión y son los ecos de los mismos sentimientos que animaban al ejército. Herrera manifiesta bien claro que si la muerte del inca era disculpable en política, no lo era ni en justicia ni en moral»(2).

«No hay que reprender a los qué le mataron pues el tiempo y sus pecados los castigaren después; casi todos ellos acabaron mal»(1).

Oviedo dice: «Notorio es que el Gobernador le aseguró la vida, y sin que le diese tal seguro, él se le tenía pues ningún capitán puede disponer sin licencia de su rey y señor, de la persona del príncipe que tiene preso… le levantaron que los quería matar y todo aquello fue rodeado por malos y por la inadvertencia y mal consejo del gobernador y comenzaron a hacerle proceso mal compuesto y peor escrito, siendo uno de los adalides un inquieto y desasosegado y deshonesto clérigo y un escribano falto de conciencia y de mala habilidad y otros tales que en la maldad concurrieron»

El proceso se hizo con indecorosa precipitación verificándose en el mismo día el examen de los testigos, la vista y la ejecución de la sentencia.

«Pizarro usó en Cajamarca de una fría y sistemática persecución. Escribió una de las más negras páginas de la historia de las colonias españolas»(9).

«Mas pudieron los malos consejeros encabezados por el fanático Valverde y aun por un mal indio, el faraute Felipillo, empeñado en perder a su señor torciendo maliciosamente las declaraciones para aprovecharse de una de las concubinas, de la que estaba enamorado… Los historiadores afirman que el proceso pasó en consulta al P. Valverde y que este opinó que él arrojaba mérito suficiente para condenar al Inca agregando que si la decisión del caso le correspondiera, suscribiría el fallo sin escrúpulos ni vacilación. Pizarro y Almagro fallaron la causa calificando a Atahualpa de reo de muerte(4).»Ha llegado el momento de decir que Pizarro no fue el autor de la muerte del inca, mas aún de afirmar que fue el último y más sereno defensor que tuvo Atahualpa cuando idos Hernando Pizarro y Fernando de Soto, quedó el rey quiteño librado a las necesidades militares del momento. Los verdaderos autores de la muerte del inca lo fueron Almagro y sus hombres; el tesorero Riquelme, el Veedor García de Salcedo y el contador Navarro; también un fraile dominico imbuido del espíritu de Torquemada y cierto doctor perito en Leyes y procesos que llegó con Almagro a Cajamarca. Este último fue el juez de la sentencia y no el Gobernador Pizarro como en tantos sitios se declara. La sentencia nació de la votación. Nada desmiente entonces lo que afirma Pedro Pizarro «Yo vide llorar al Marqués de pesar de no podelle dar la vida»(7).

«Todos los testimonios convienen en que Pizarro fue contrario a la ejecución del inca y que solo cedió a la presión de Almagro y a la de los Oficiales reales que le «requirieron» la condena del inca poniendo por delante el servicio de S. M. y la seguridad de los españoles».

«Era ya bastante que un conquistador exigiese pruebas y procesos judiciales para condenar a un enemigo, indio por añadidura. Que más razón que la necesidad de vencer, para un aventurero del siglo XVI».

«Inhabilitado de defender al inca por los crímenes de lesa majestad y herejía de que le acusaron los bachilleres de Cajamarca, Pizarro consintió en la ejecución.

«Guando Hernando Pizarro fue a despedirse de Atahualpa, éste le dijo melancólicamente: «vaste Capitán, pésame dello porque en yéndote tú, se que me han de matar este gordo y este tuerto». El tuerto era Almagro y el gordo Alonso Riquelme, tesorero de S.M.».

Felizmente para la paz del cerebro de Pizarro, los bachilleres que tenía a su lado le dieron la fórmula legal para eludir la obligación contraída. La libertad del inca fue pregonada al son de trompetas en la plaza y asentada en una escritura que se notificó al propio preso. Pero atendiendo a la seguridad de la tierra y al «servicio de S. M.» se resolvió mantenerlo en buena guarda hasta que llegasen más españoles y la libertad del inca no fuese un peligro». «350 conquistadores pedían la muerte del inca y solo 50 se oponían a ella. Personalmente Pizarro era contrario al sacrificio del inca. Es indudable que Pizarro trató de salvar a Atahualpa y lo hubiera salvado de no peligrar en ello su obra. Los partidarios de Almagro no pudieron achacarle la muerte más tarde». El delito de conspiración era un capítulo insignificante, junto a los gravísimos de crímenes de que el inca era responsable: usurpación, tiranía, adulterio, fratricidio, incesto, herejía(8).

La conspiración de Atahualpa existió, quienes la niegan agravian a la raza incaica suponiéndola incapaz de reacción.

Quienes se empeñan en negar la conspiración del inca, para exterminar a sus enemigos, le hacen un homenaje paradójico que rebaja y disminuye su figura y la de su Imperio, que se hubieran rendido sin intentar siquiera defenderse»(8).

Pizarro trató al inca en la prisión con abierta cordialidad y blandura. Atahualpa conservaba sus servidores y sus mujeres. No hubo en realidad caudillo indio tratado con mayor deferencia(8).

PIZARRO Y ALMAGRO

«Almagro, Pizarro y Luque juraron los tres de no apartar compañía por gastos ni reveses que les viniesen y de partir igualmente la ganancia, riquezas y tierras que descubriesen y adquiriesen todos juntos y cada uno por sí(1).Hernando de Luque dijo la misa y dividiendo la hostia consagrada en tres partes, tomó para sí la una y con las otras dos dio de comulgar a sus compañeros.

En los tiempos modernos se acusa a aquella ceremonia de repugnante e impía como que ratificaba con el nombre de un Dios de paz un contrato cuyo objeto eran la matanza y el saqueo según la expresión de Robertson(2).

Para ir a solicitar ayuda a España fue elegido Pizarro. Luque pronunció ante Almagro estas proféticas palabras: «Plegue a Dios hijos que no os hurtéis el uno al otro la bendición como Jacob a Esau»

Pizarro al extender su contrata para la pacificación de las regiones que había descubierto, no consintió que se pusiese en ella ni superior ni aún igual. La ambición que hasta entonces o dormida o suspensa en su ánimo, se despertó con una violencia tal, que le hizo romper todos los vínculos de la fe prometida, de la amistad y de la gratitud. No solo se hizo nombrar por vida Gobernador y capitán general de 200 leguas de costa en la Nueva Castilla, que tal era el nombre que entonces se daba al Perú, sino que procuró también para sí el título de Adelantado y el Alguacilazgo Mayor de la tierra, dignidades que según lo convenido debía negociar la una para Almagro, la otra para Bartolomé Ruiz. «Entraron los Pizarro… mas no fueron bien recibidos por Almagro que muy corrido y quejoso estaba de Francisco Pizarro porque siendo tan amigos, lo había excluido de los honores que para sí traía… y quería echarlo de la ganancia como de la honra». «Acudieron luego los de Almagro y Gonzalo Pizarro por su parte y pelearon todos como españoles, bravísimamente, mas vencieron los Pizarro y usaron cruelmente de la victoria(1).

«Fernando Pizarro hizo proceso contra Almagro… porque le tenía mala voluntad o porque quería quitarse de ruido, sentencióle a muerte. Almagro sintió grandemente aquella sentencia, dijo que él había sido la mayor parte para subir a Francisco Pizarro a la cumbre de la honra y riqueza. D. Diego de Alvarado vino luego a España a querellar de Francisco Pizarro y sus hermanos y andando en ello murió en Valladolid y dijeron algunos que fue de yerbas(1). «Tanto pareció peor su muerte (de Almagro) cuanto él, fue menos cruel, nunca quiso matar hombre que tocase a Francisco Pizarro (1) «Vuelto Francisco Pizarro a los Reyes procuró hacer su amigo al hijo de Almagro, mas él no quería

Pizarro le quitó los indios por que no tuviese que dar de comer a los de Chile. «Francisco Pizarro y sus hermanos ahogaron a Diego de Almagro» «Comenzaron los bandos entre Pizarro y Almagro por ambición y sobre quien gobernaría al Cuzco, pero crecieron por avaricia y llegaron a mucha crueldad por ira y envidia(1).

«No dejó Almagro de dar sus quejas a Pizarro deciéndole que era extraño que cuando todos eran una misma, él se hallaba como excluido de los grandes favores de la Corte y limitado a la Alcaldía de Tumbez, gracia en verdad bien poco correspondiente a la amistad antigua, a la fe jurada, a los trabajos padecidos, a la mucha hacienda empeñada por él en la empresa. A Almagro querían persuadir que el Gobernador trataba de quitarle de en medio». «Almagro al despedirse de Pizarro le dijo que amándole como a verdadero hermano y no deseando otra cosa que su amistad y buena armonía se conservase y no hubiese nunca impedimentos y estorbos que la perturbasen y rompiesen le pedía como hermano, como amigo y como compañero que enviase sus hermanos a Castilla dándoles de la hacienda que a él pertenecía todo el tesoro que quisiesen(2). «Dícese que a la vista de las provisiones que enviaba la Corte, se renovó en el Gobernador el sentimiento de emulación y de envidia contra su compañero»(2).

«… muchos de ellos aficionados a Almagro por su buen carácter y liberalidad y casi todos los principales cansados y ofendidos de la insolencia y orgullo de los Pizarro y por consiguiente poco dispuestos a sufrir una guerra civil por los intereses de hombres tan odiosos(2).

Almagro llamo a consejo a sus capitanes. Todos opinaron por la guerra, siguiendo el dictamen de Orgóñez el cual resueltamente opinó que empezasen dando muerte a los dos Pizarro presos. Almagro, tan humano como generoso no quiso consentir en el decreto de muerte(2).

«¿Por ventura se ignora en parte alguna lo que yo he hecho para descubrir este Nuevo Mundo, y los trabajos, fatigas y dispendios que treinta años hace, estoy gastando en servicio del rey y en esta empresa? Llámanme por desprecio tuerto y viejo, pues deben saber que si este viejo, este tuerto no se hubiera arriscado a ella con la eficacia y tesón de que todo el mundo es testigo, Pizarro la hubiera dejado y vuéltose sin ningún fruto a Tierra Firme(2).

«Almagro que con tanta intrepidez y denuedo había arrostrado la muerte en el mar, en los ríos en los desiertos, en las batalla no tuvo ánimo para considerarla en las manos de un verdugo» «… que mirase como él había sido la mayor parte para que su hermano Francisco Pizarro subiese a la cumbre de honra y riqueza» «indios y españoles todos le lloraron a porfía. Hubo de ellos quien llamase tirano a su matador». La odiosidad de esta ejecución se fijó con más encono en el Gobernador como principal autor de aquel desastre hecho a su nombre y bajo su autoridad, sin que el en tanto tiempo como duró el proceso hiciese el menor esfuerzo por impedirlo».

Detúvose en Jauja cuanto le pareció necesario para ser desembarazado de su competidor». «Otros aseguran que cerrado el proceso, su hermano le envió a preguntar lo que había de hacerse y que la respuesta fue que hiciese de modo que el Adelantado no los pusiese en más alborotos. «Estos grandes comediantes que se llaman políticos tienen a su mandado las lágrimas cuando ven que les conviene»(2).

«Si Pizarro hubiese enviado a D. Diego de Almagro a España… hubiera acabado sus días en paz. No lo hizo así y se perdió y perdió aquel desgraciado país que siguió ardiendo en guerras civiles por espacio de trece años y solo por culpa suya(2).

Quienes fueron los jueces que condenaron a Almagro, no lo sabemos, pero en realidad todo el juicio fue una burla(9). En esta forma sangrienta y ciertamente inhumana por parte de los Pizarro se liquidó la compañía famosa de 1526.

«… y también usaron sus crueldades con los indios porque ya esta mala costumbre estaba muy usada y la sabia de coro el Pizarro y la había él usado de años atrás» (Gonzalo Fdz. de Oviedo)

La Capitulación se firmó en Toledo el 26 de julio de 1529, nombrándose a Pizarro Gobernador, Adelantado y Alguacil Mayor. Los dos últimos cargos se le adjuntaron al primero por negarse la Corona a descentrar tales oficios de Gobierno en Almagro(7).»Se ha repetido sin examen que cuándo Pizarro fue a España ocultó los servicios de Almagro y no pidió para éste la gobernación que aquel le había encargado. Es la propia Capitulación de Toledo la que desmiente tal afirmación porque en ella se menciona los servicios de Almagro y los de Pizarro y su acción conjunta. Pizarro, fiel a su palabra, pidió la gobernación para ambos pero el Rey la negó porque consideraba conveniente por entonces la unidad del mando(8).

«Almagro envía comisionados a España pidiendo que le den una gobernación independiente de la de Pizarro. El Consejo de Indias ordena que de lo descubierto al sur del río San Juan sean 270 leguas para Pizarro y a partir de estas 200 para Almagro. Esta decisión era absurda pues dividía por una línea imaginaria territorios geográfica y políticamente unidos por una identidad racial e histórica. La decisión del Consejo de Indias produjo la Guerra de las Salinas. Almagro sostenía que Cuzco quedaba fuera del dominio de Pizarro. Almagro toma el Cuzco por la fuerza. Es indiscutiblemente el agresor. La pretensión de Almagro sobre el Cuzco era temeraria y absurda(8).

Estando el Inca a 7 leguas de Cuzco, Almagro en vez de ir a estrechar al Inca y conquistarlo y tomar venganza de la sangre que sus indios tenían derramada de tanto español, puso cerco sobre los españoles de Cuzco (Carta de Pizarro al Rey, citada por Cuneo(4).

La alianza con Manco que perseguía Almagro y que Hernando trataba de estorbar, habría por resultado la ruina de los Pizarro y con ello un cambio radical en la historia del Perú»(4). «Sabedor Francisco Pizarro de la derrota de Almagro en Las Salinas «recibió muy grande alegría con saber nuevas tan buenas» y deseoso de acudir al lado de sus hermanos partió de Lima para Cuzco «publicando que lo hacía para dar la vida al Adelantado». En el puente de Abancay le llegó un mensajero de Hernando Pizarro con la nueva de la muerte que había dado al Adelantado, Don Francisco cuando vio las cartas e le dijeron lo que había pasado… estovo gran pieza los ojos bajos mirando al suelo e que mostró recibir pena porque luego vertió algunas lágrimas». Dispuesto a informarse personalmente de lo sucedido montó a caballo y ordenó seguir a Cuzco. Le salieron a recibir los regidores y vecinos saludándolo con palabras adulosas, dando por ellas a entender que había sido bien hecho haber dado la batalla al Adelantado e quitándole la vida»(7).

Así como el Marqués no quiso matar a Almagro, nunca creyó que los almagristas pudieran matarle a él». Confiaba en el Juez visitador más en el fondo le temía. Su causa era la verdadera, la justicia estaba por Nueva Castilla, pero también sabía D. Francisco que los Pizarro habían decapitado al Adelantado Almagro y que ese capricho de los Pizarro, los Pizarro lo tenían que pagar. Por eso teme al Juez, no porque se sintiera culpable de la muerte de Almagro(7).

«Almagro era un burdo personaje. Por las dádivas lo amaban los soldados, que de otra manera muchas veces los maltrataba de lengua y manos. Era mentiroso. A todos decía que si y a nadie les cumplía. Era de mala lengua que enojándose trataba muy mal a todos»(8).

«Almagro, tuvo un papel subalterno en la conquista. Era un buen comisionista. Mientras peroraba en Panamá, hacía trizas a su socio imputándole inhabilidad para dirigir la empresa. Pizarro no oculto los servicios de Almagro al Rey. Esto parece también claramente por la carta de Carlos V a Almagro, de Medina del Campo de 15 de noviembre de 1532 y por la carta de Almagro al Rey, de Pachacamac a 1 de enero de 1535. De allí arranca sin embargo el resentimiento profundo de Almagro contra su antiguo socio».

«Resentido Almagro se niega a colaborar en la empresa. Le roía la envidia. Pizarro le cede el titulo de Adelantado y la concordia se logra de nuevo. Pizarro parte para el peligro, pasa inenarrables sufrimientos, funda S. Miguel atraviesa los Andes y prende a Atahualpa, mientras Almagro discursea en las calles, discute precios de carnes y quesos y prepara por su cuenta una expedición a Puerto Viejo. Cuando sabe que su antiguo compañero ha recibido el tesoro de Atahualpa, y llegan las noticias de la fabulosa riqueza del Perú se decide a partir en auxilio de Pizarro». Durante un año marchan de acuerdo. Cierto es que Pizarro entrega a Almagro la mitad de sus ganancias. Pero no bien se ha conquistado Cuzco, Almagro envía comisionados a España pidiendo que le den una gobernación independiente de la de Pizarro. El Consejo de Indias concede a Almagro 200 leguas al sur del río San Juan(8).

«Almagro parte hacia Bolivia y Chile pero se vuelve al Perú porque lo que quería era la presa de Pizarro. Regresa y toma el Cuzco por la fuerza. Es indiscutiblemente el agresor»(8).

«Almagro es vencido en la batalla de las Salinas. Su ejecución fue un epílogo natural de la guerra. No hubo guerra civil o motín por esa época en el Perú y en el resto de América en que no fueran ajusticiados sus promotores. Pizarro no puede aparecer tampoco directamente responsable de la muerte de Almagro. Almagro no estuvo presente en ninguno de los grandes momentos de la conquista. El interés económico de la sociedad era el único que les unía. El motivo determinante de la enemistad de Almagro fue la envidia. «El máximo contraste entre ambos conquistadores se presenta a la hora definitiva: Sentenciado a muerte por Hernando, Almagro se arrodilla ante su enemigo y le suplica llorando que le perdone la vida, hasta que Hernando se ve obligado a recordarle sus deberes de hombría. Pizarro muere con la espada en la mano increpando su cobardía a sus enemigos»(8).

«En su testamente Almagro llevando a cabo un último cohecho, lega sus bienes al Rey para que la Corona ajuste las cuentas a su antiguo socio. Pizarro ordena en su testamento cerrado de 1537 que se parta «hermanablemente» sus bienes con Almagro, pagando todo lo que éste reclamare y que sus hermanos lo respeten como a un padre(8).

«Pizarro vertió lagrimas de dolor al conocer el final de Almagro(7).

«Solo en la guerra no se dejaba poner de lado. Lo dice el cerco de Lima y las campañas contra Manco. La única vez que pospuso militarmente fue en la guerra contra Almagro: pretextó hacerlo por viejo, mas lo cierto era que le repugnaba salir a combatir al mejor amigo que había tenido, por eso nombró en su lugar al fiero Hernando Pizarro(7).

Pizarro quería la guerra pero no que muriese Almagro. El propio Adelantado conocía esta intención y por ello reclamaba la presencia de su viejo compañero(7).

«Almagro sentía demasiado opresivamente la superioridad de Pizarro. Almagro seguía siendo un soldado rudo, vulgar, excitable y escaso de entendimiento y encima de esto había perdido un ojo. Pizarro en cambio había pulido su personalidad como un diamante. En las largas horas de espera en la selva había aprendido a firmar. Su cordura y su don político se imponían a todos. En los últimos años merecía bien por sus maneras, su discreción y su nobleza de porte, el título de Marqués. En todo momento dice Mendiburu, cada vez que se encontraran, así Almagro viniera dispuesto a insubordinarse y a romper, se dejara seducir por el poder magnético que Pizarro ejercía sobre él y terminara acatando su voluntad». No se puede culpar a Francisco Pizarro abusando de la sentimentalidad que siempre provocan los vencidos(8).

Pizarro arenga a sus tropas sin lisonjas. Almagro promete encomiendas. El uno incita héroes. El otro soborna mercenarios(8).

«ésto lo escribió la pluma envenenada de Gonzalo Fernández de Oviedo, después de perder un hijo en el Perú, el cual militaba por el bando de los almagristas»(7).

Es sintomático que los mismos «vencidos», los peruanos, consideren a Pizarro como el FUNDADOR DEL PERÚ. Veamos lo que dicen: «Con aquellos dolores y aquellas lágrimas que decimos que forzosamente había de traer consigo la conquista castellana, se amoldó la tierra de que fue plasmado el nuevo Perú, el Perú que ayer fue de España y hoy es nuestro Perú. Cinco millones de peruanos a la hora presente, tejen coronas de cívica hechura para la memoria de Francisco Pizarro, y en el lazo que sujeta la teoría de sus hojas -hojas de laurel y de roble- se ve grabada la frase: ¡Admiración que no muere!(4).

«Pizarro no arrastraba, conducía; pero lo hacía tan acertadamente que nadie podía negar que era el caudillo indiscutible. Este fue Francisco Pizarro, el capitán famoso «que de descubrir reinos y conquistar provincias nunca se cansó»(7).

«Es inútil y pueril escatimar admiración al conquistador en nombre de presuntos resentimientos nacionalistas. Pizarro es, a pesar de todas las negaciones, uno de los más grandes forjadores de la peruanidad. Pizarro … murió en realidad defendiendo la integridad territorial del Perú. Y para unir su recuerdo a la formación de una conciencia nueva, síntesis de lo hispano y de lo indígena… propulsó una fusión étnica de los dos pueblos. Él mismo, continuando su obra de fundador, procreó cuatro vástagos mestizos, únicos descendientes suyos que fundieron en el amor, la sangre de Extremadura y de los Incas. Consciente de su grandeza de fundador ordenó que sus restos reposasen en Lima». «Se mermaría la gloria de Pizarro y la trascendencia de su obra si se le considerara tan solo como el descubridor y el conquistador del Perú. De la expedición de Pizarro atrancaron las empresas que descubrieron todo el resto del continente sudamericano. Pizarro es por esto, no solo el fundador de Lima, de Quito y del Cuzco y de veinte ciudades más en los Andes y en la costa del Pacífico. Ha hecho más que fundar villas y que forjar una nación. Ha fundado la más armónica constelación de pueblos que enaltecen la historia de la solidaridad humana. Ha creado el milagro hispánico de la América del Sur «que aún reza a Jesucristo y aún habla en español»(8).

En Lima se conserva el mausoleo de Pizarro. Curiosamente el cadáver momificado que allí aparece tras una lámina de cristal, NO ES EL DE PIZARRO. Los estudios de Hugo Ludeña(10) han demostrado que esos restos no son los de Francisco Pizarro. Hasta en esto ha tenido mala suerte el conquistador. ¡Hasta su cadáver ha sido falseado!.

Y llegamos al final. Quiero terminar con algún ruego. En la biografía de Pizarro publicada en 1978 en Lima de la que es autor Raúl Porras Barrenechea, viene la conferencia que pronunció en Trujillo en 1940, así como otra pronunciada en Lima en 1941. Yo quisiera que esas dos conferencias se refundieran y publicaran aquí en España y que se conocieran en todos los hogares extremeños, en todos los centros de enseñanza de nuestra región y se vendieran en las librerías. Es el mejor homenaje y es la mejor reivindicación de D. Francisco Pizarro, con la autoridad incuestionable de un gran historiador, que PRECISAMENTE NACIÓ EN PERÚ.

De la inscripción que hay en el mausoleo de Pizarro en Lima voy a considerar solo dos palabras: CAPITÁN y FUNDADOR. Capitán, lo que llegó a ser por su valor, por su reciedumbre, por su entereza extremeña. Porque Pizarro dio la talla del HOMBRE que llevaba dentro, llegando a ser CAPITÁN GENERAL Y MARQUES GOBERNADOR Y FUNDADOR. Fundador de ciudades, colonizador en el más amplio y noble sentido. Y «padreador» uniendo su sangre a la sangre india. Pizarro nada menos que TODO UN HOMBRE, quedó su obra en Perú, respetada, admirada, venerada. Porque las palabras pasan, pero LAS OBRAS QUEDAN. Y allí está la obra de Pizarro: EL SELLO DE LA RAZA EXTREMEÑA. Los hombres pasan, sus obras quedan. Y a los hombres, por sus obras les conoceréis.

Valencia de Alcántara septiembre de 1979

BIBLIOGRAFÍA:

1- HISTORIA GENERAL DE LAS INDIAS Tomo II. Francisco López de Gómara Madrid. Calpe 1922.

2- VIDA DE LOS ESPAÑOLES, CELEBRES. M. J. Quintana. Madrid Calpe 1922

3- LOS CONQUISTADORES ESPAÑOLES. F. A. Kirkpatrick. Calpe Madrid 1970

4- VIDA DEL CONQUISTADOR DEL PERÚ DON FRANCISCO PIZARRO. Obras completas. Volumen III. Lima 1978. Rómulo Cúneo Vidal

5- CANTO GENERAL. Pablo Neruda. Editorial Lumen. Barcelona 1976

6-GLORIAS ESPAÑOLAS. Carlos Mendoza. Cita suplemento 6-7. nº 192. 1979

7- FRANCISCO PIZARRO EL MARQUES GOBERNADOR. José Antonio del Busto. Ediciones Rialp. Madrid 1966.

8- PIZARRO. Raúl Porras Barrenechea. Editorial Pizarro. Lima 1978.

9- HISTORIA DE LA CONQUISTA DEL PERÚ. G. H. Prescott. México 1952.

10- Informe del estudio de los restos de don Francisco Pizarro, encontrados en la cripta de la catedral de Lima. Hugo Ludeña. Publicado como apéndice en la obra Pizarro(8) de Porras Barrenechea. Lima 1978.

El dibujo con la figura de Pizarro está tomado de la obra: «EXTREMADURA» de José de Viu. Madrid 1852.