Oct 012010
 

Juan Garía Murga.

El tratamiento del tema de las Plazas Mayores extremeñas interesa en el caso de la arquitectura civil de la región actual durante el siglo XVI, a algunas de nuestras ciudades históricas, tanta de la Alta como de la Baja Extremadura. Hay plazas de diferentes clases, tanto abiertas como cerra­das, en el centro urbano o fuera de él; lugares que en la actualidad conservan su carácter céntrico para la vida de la comunidad, o se han convertido solamente en lugar de recuer­do histórico, de paseo, visitado únicamente por turistas, nostálgicos o estudiosos del pasado histórico urbano.

En determinados casos hay que considerar el conjunto monumental de la Plaza y sus componentes individualizados, co­mo ocurre en Trujillo. Podrá ser también la plaza como «edif­icio», sin pretensiones. De monumentalidad, pero alcanzando un ambiente único e indefinible, como en la Plaza Chica de Zafra. Encontraremos también la Plaza Mayor de profundo sabor medieval, hermosa por sus proporciones, como la de Garrovillas de Alconétar, en la, provincia de Cáceres, aunque no constituye el actual centro urbano. Existen también los centros urbanos contemporáneos, con presencia de edificios monumentales pertenecientes a la época o estilo que estamos considerando, aunque sin formar conjunto.

La Plaza no es un edificio, sino un ámbito o lugar de en­cuentro[1] donde existe un punto concreto de la misma (por ejemplo, en Plasencia, con sus edificio de la Casa Consistorial), o una función (por ejemplo, el mercado semanal o las fies­tas populares), que le adjudican ese carácter de centro de la vida urbana actual. La tipología de las Plazas Mayores es muy rica en Extremadura, y a continuación la comentaremos con mayor profundidad.

Formando parte, por tanto, de nuestro esquema tipológico de las formas arquitectónicas del siglo XVI, se incluye el modelo «plaza mayor». Bonet nos dirá que las Plazas Mayores se formaron casi todas en las postrimerías de la Baja Edad Media, por causa de la expansión urbana sobrevenida por el crecimiento demográfica, “y se constituyeron en verdaderas entidades urbanas de carácter primordial en el siglo XVI, conociendo al final de esta centuria una transformación tipológica que entrama una mutación social, en la que la intervención política fue predominante»[2].

La plaza-conjunto, verdadero símbolo del patrimonio artístico extremeño. Tomando como eje significativo la Plaza de Trujillo, considerada como conjunto, encaja en el modelo de Plaza mayor  ciudadana, rodeada por Iglesia, Casa Consistoriales, palacios de los grandes nobles[3], «grande, regular y uniforme” al menos en tres de sus frentes, aunque no cerrada, y aisla­da. Conserva todavía algunos elementos de profundo sabor me­dieval, y ámbitos ahora reducidos a rincones[4]. De todas maneras, no podemos afirmar que se trate de un lugar irregular y cubierto de rinconadas. Nos inclinamos, por lo tanto, por la primera caracterización, aunque desde luego no es una plaza plenamente regular desde el punto de vista urbanístico y artístico-arquitectónico[5].

Podemos afirmar, por tanto, que la Plaza Mayor como con conjunto armónico, casi utópico desde una perspectiva urbanística, es un fenómeno raro en la Extremadura del siglo XVI, donde el grado de ruralización siguió siendo muy fuerte, hasta en los núcleos urbanos del momento, como es el caso de Trujillo.

 

 

LA «PLAZA-EDIFICIO»

 

Como ejemplo de la plaza-edificio escogemos la Plaza Chi­ca de Zafra.

Llamamos Plaza-edificio a aquella que es cerrada, normal­mente con soportales. Es un ámbito de vida, un intermedio entre la calle y el interior d la vivienda. No siempre ha sido el centro urbano, o tuvo ese espacio como dedicación primordial una actividad relativamente modesta (el comercio menor no especializado), pero se ha configurado como un característico «rincón» urbano. Frecuentemente no es el centro físico del plano ciudadano, y su configuración gira en torno a un edificio de importancia, público o privado, que en la Plaza Chica de Zafra sería el actual Palacio de Justicia, cuya fachada cierra una de los lados de la Plaza. La finalidad de la disposición de estos recintos era prestarse a una utilidad muy concreta que, al perder su sentido, convierten el espacio reseñado en marginal, aparte, un recuerdo histórico, cargado de lo que se ha dado en llamar «ambiente» o tipismo, apoyado en el fuerte poder sugestivo y evocador de un edificio antiguo conservado: es el misterio que plan­tea y sugiere la persistencia en el empleo de materiales constructivos tradicionales, la evocación de usos del espa­cio modificados u olvidados, o la misma magnificencia de formas arquitectónicas antiguas.

 

 

LA PLAZA «ABIERTA»

 

Espacio delimitado por casas sencillas. Lugar de estancia y no centro noble ni sitio especifico para usos comerciales. Vemos que la posesión de un espacio habitado o habitable en su ámbito inmediato, no indica especial relevancia social. Estas plazas suelen ser de diferente extensión, en general el mayor espacio del núcleo urbano, y su forma no es necesa­riamente regular. Abundan los rincones (en la acepción corriente de esa palabra), constituyendo cada uno de ellos una especie de «territorio” diferenciado de los demás. Su carac­terística irregularidad delimita un espacio amplio que supe­ra el concepto de cruce o ensanche de vías urbanas. Son las de más característico sabor medieval, como en la localidad cacereña de Garrobillas de Alconetar.

 

 



[1] Encuentro, no en su significado de cruce ocasiona sino como enlace de vidas, nudo de intereses…; en los países de clima Mediterráneo es característico y observable con una frecuencia que permite su estudio: las gentes hacen vida en la calle, utilizando los soportales de sus pla­zas…; lugar de paseo, de comercio, para pasar sin ser visto desde las casas, circular al mismo tiempo sin tener que sufrir los inconvenientes de la excesiva cercanía, la inmediatez del tráfico urbano: disponiéndose las­ aceras casi a la misma altura que las, calzadas…; el encuentro con el símbolo especifico de importancia publica y social que supone la presencia de la Iglesia, Casa Consistorial grandes palacios etc. Hoy hablaríamos de la especulación del suelo por motivos de prestigio social e significación de poder. Encuentros como desdoble múltiple del significado básico de la P1aza de nuestros núcleos urbanos.

[2] BONET CORREA, P.: «Concepto de Plaza Mayor desde el siglo XVI a nuestros días», en: Morfología y Ciudad. Barcelona, Gustavo Gili, S.F., 1978, pagina 31. El titulo entrecomillado del artículo es el texto presenta­do en la Mesa Redonda «Plaza Mayor y Foro», celebrada en la Casa de Velázquez de Madrid, el 28 de octubre de 1976).

[3] Se trata de los Palacios ce Chaves-Orellana, Chaves-Cár­denas, Ayuntamiento, Palacio de Hernando Pizarra, Piedras Albas, Vargas Carvajal o San Carlos…; los grandes linajes y edificios de Trujilla, en esta Plaza, que, se­gún Solís Rodríguez, comienza a desarrollarse desde los arrabales de San Martín a partir del siglo XIV.

[4] BONET CORREA, A., ob. cit., pagina 42.

[5] La comparación con la utopía urbanística del Renacimien­to arquitectónico, con su plaza ideal inspirada en el – modelo ideal de tradición helenística, debe adaptarse necesariamente al modo de vida y costumbres de la región y aun de la comarca concreta de Extremadura que estamos estudiando

Oct 011981
 

Carvajal Gallego

I. INFANCIA

Allá, en la primera decena del mes de agosto de 1493 (según la opinión general), vino al mundo en la pequeña aldea de Navarregadilla, lugar de tierra del Barco de Ávila, anejo hoy de Santa María de los Caballeros, un niño a quien se puso el nombre de Pedro al ser bautizado en la Iglesia Parroquial de Barco de Ávila a los nueve días de su nacimiento.

De muy noble y antiguo linaje había de pasar a la Historia como uno de los grandes hombres de aquel siglo XV, tan pródigo en varones de heroicas y limpias hazañas, con el nombre de Pedro de Lagasca.

Siendo su padre el noble don Juan Jiménez de Ávila, descendiente de los Cimbrones y Garcías, y su madre doña María Gonzáles Dávi1a Gasca, nieta del esclarecido D. Gil González de Ávila, don Pedro debiera apellidarse Jiménez de Ávila y González Dávila, pero é1 siempre se firmó el Licenciado Gasca desde que se graduó en Alcalá.

¿Tomó el apellido GASCA para resucitar este antiguo apellido de su casa?, ¿Lo hizo por considerarle de más ranciedad que el de los Ximénez de Ávila? ¿Fue por seguir la costumbre de aquella época en tierras del Barco de Ávila en que cada uno tomaba de los apellidos familiares el que más le gustaba? No lo sé. El hecho es que sus hermanos y él llevaron siempre el apellido Lagasca, por primer apellido.

No poco había de influir en la formación del carácter enérgico, valiente, decidido, intrépido, a la par que benévolo, compasivo y paciente de un caballero como don Pedro de Lagasca una prosapia ilustre, porque nobleza obliga; el conocimiento de las heroicas hazañas de sus antepasados, pues, como dice Manrique: «la memoria de las honras y glorias de los pasados engendra en los caballeros una virtuosa envidia». E1 mucho recato y santo temor de Dios en que vivían los suyos, que los ejemplos arrastran.

Muy cristiano hubo de ser el hogar de los Gasca para que los dos hijos mayores se sintieran llamados por Dios al sacerdocio, y tres hijas se consagraran años profesando en el monasterio dominicano de Aldeanueva, que las vocaciones de Dios no se dan de ordinario, sino en hogares verdaderamente cristianos.

Enfermo el padre, el niño Pedro fue enviado al lado de su abuelo materno, D. Pedro García Gasca, Señor de Puente del Congosto, para que él se cuidara de la educación del mayorazgo. Procuró el valeroso abuelo ir grabando en el ánimo del nieto los ejemplos de valor y sacrificio por los ideales de la fe, amor a la patria y lealtad a los reyes, ofrecidos por sus ascendientes en clara y no interrumpida genealogía.

Yo veo al niño Pedro escuchar en las largas veladas del invierno, cabe la amplia chimenea del viejo castillo, de labios del abuelo la relación de las hazañas en que fueron protagonistas sus antepasados al defender nuestras fronteras de las incursiones de la morisma, por las que merecieron que Alfonso VI concediera a los Gasca en 1093 los señorías de Carrascalejo y Navarregadilla y el señorío y encomienda de Puente del Congosto, o la mas añeja de su descendencia de Servilio Gasca, el primero que hirió a Julio César, del que cuentan que, amparado por su amigo el Pretor, huyó a Lusitania y se escondió en el valle de Caballeruelos. Absorto y embelesado escucharía la relación de gestas heroicas en tierras de Extremadura de los Cimbrones y García, tronco preeminente do los Ximénez de Ávila, que en la Reconquista ocuparon, defendieron y consiguieron los Señoríos de Aldeanueva, Villatoro y Villafranca.

Cuantas veces asomado a las torres del almenado castillo de Puente del Congosto el niño Pedro soñaría en eclipsar con las suyas las hazañas de gesta realizadas por sus antepasados. Pero si Lagasca había de tener la cultura que su rango pedía, necesitaba asistir a las aulas y, no habiendo en Puente del Congosto «dómine» que se encargara de su enseñanza, vuelve al Barco de Ávila al lado de sus padres para estudiar las Humanidades con el Bachiller Minaya en compañía de sus hermanos: Juan, Francisco y Diego, “que las ciencias no facen perder el filo a las espadas, ni enflaquecen los brazos, ni los corazones de los caballeros”, dice el Marqués de Santillana. Varios años se aprovechó el joven de las enseñanzas de este Bachiller quien, prendado de la inteligencia de su discípulo, aconsejó a sus padres le llevaran a Salamanca a proseguir los estudios de la carrera eclesiástica a la que se sentía llamado.

II. ESTUDIANTE

Poco estuvo el joven estudiante en esta ciudad de Salamanca, pues al ir su padre a consultar con los médicos de la dolencia crónica que padecía, se agravó, de tal modo que hubieron de traerle en una silla de manos de Salamanca a Navarregadilla donde en breve murió; vínose entonces Pedro a acompañar a su madre al Barco de Ávila. Tenía el difunto Juan Jiménez de Ávila un hermano, el Licenciado Diego González Dávila, hombre de muchas letras, prudencia, experiencia y virtudes, del Consejo de su pariente el Arzobispo de Toledo, Fray Francisco Jiménez de Cisneros. Con motivo de la muerte de su hermano vino al Barco a consolar a su cuñada y a poner en orden los asuntos familiares y, prendado del ingenio de sus sobrinos Pedro y Diego, llevóselos consigo y los envió a la recién fundada Universidad de Alcalá a proseguir sus estudios. Once años fueron alumnos de aquella Universidad y Pedro,que asistió al aula del ilustre Butifalla, consiguió, tras brillantísimos exámenes, ser el segundo alumno a quien se confiera en la Universidad Complutense el título de Maestro en Artes. Su tío D. Diego quiso entonces llevarle a su lado, pero él declinó la colocación con que se le brindaba y prosiguió sus estudios teológicos consiguiendo ser el primero a quien se concedía en Alcalá el titulo de Maestro en Teología con aplauso unánime de profesores y estudiantes.

Siendo estudiante en Alcalá manifestose ya como hombre sagaz, intrépido, enérgico y fidelísimo al Rey. A1 producirse el levantamiento de las Comunidades el rector del Colegio, maestro Otañón, se pone al lado de los Comuneros; la multitud de estudiantes habíase dividido en dos bandos: unos defendían las Comunidades, otros eran leales al Rey. A1 frente de estos se hallaba nuestro Lagasca. E1 rector le amarró al cepo y amenazó con entregarle a las Comunidades. Nada fue capaz de doblegarle, antes bien arengó a sus compañeros, les pidió fidelidad al Rey y consiguió escribir a su tío relatándole lo ocurrido y, después, escapar disfrazado en una mula. A campo traviesa, llega a la Guardia a pedir al Prior Zúñiga que mande tropas que ocupen Alcalá, lo que pudo realizar el capitán Arellano, que con 100 caballos y 600 infantes se presentó ante sus muros, porque vuelto Lagasca a Alcalá había tomado la puerta de Madrid, viéndose así burlados los Comuneros que defendían la de Guadalajara, por donde esperaban a los imperiales.

Deseando graduarse en ambos derechos, al no poder hacerlo en Italia por las circunstancias en que se encontraba por la invasión de Francisco I, pasa a estudiar a Salamanca donde, una vez más, dio prueba de su indomable energía y presencia de ánimo. Una noche las aguas del Tormes inundan el convento de la Trinidad donde residía. Frailes y estudiantes se aturden y amilanan; GASCA obliga a todos a que se suban a las bóvedas de la iglesia hasta que la luz del día les indique el camino a seguir. Acertada medida que evitó perecieran ahogados. Ruinoso el convento se trasladó al de dominicos de San Esteban donde estuvo hasta terminar sus estudios.

III. HOMBRE PÚBLICO

Su preclara inteligencia, su gran prudencia, su sagacidad, tacto y energía le granjearon la admiración de todos y fue elegido Recto de la Universidad de Salamanca, y Viceescolástico, cargos que simultaneaba con el de Subcolector Apostólico para el que había sido elegido por el Nuncio Pogio. Del acierto con que desempeñó estos cargos es prueba fehaciente el que durante muchos años la Universidad salmantina se gobernó por los estatutos que él la diera, así como ser elegido para canónigo de Salamanca, prebenda que pidió fuera adjudicada a su anciano tío D. Diego Jiménez Dávila, que tan necesitado estaba de descanso.

El Cabildo accedió a sus deseos no sin nombrar a Gasca juez particular, pues no quería verse privado de su colaboración. Bien pronto el Cardenal Tavera llevose a Lagasca a Toledo con el cargo de Vicario de Alcalá y juez metropolitano.

Grandemente preocupado estaba el Consejo General de la Inquisición por una serie de procesos tan difíciles e intrincados que nadie acertaba a resolver. Vino a agravar la situación un sacrilegio cometido en Valencia. Encomendose el asunto a Lagasca, pasa a Valencia, y tras diecinueve meses de profundo estudio y continuas actuaciones, entregó todo tan claramente ordenado y con tal justicia resuelto que fue la admiración de los preclaros varones del Consejo.

El Emperador le llamó a su cámara para saber de sus labios la verdad del caso. Su prestigio crecía por momentos; no había asunto por difícil y delicado que fuese, para é1 que no encontrase la solución justa y precisa, por eso las cortes de Monzón le eligieron Visitador contra fuero, por no haber nacido en la Corona de Aragón, cargo que desempeñó con la aprobación del Monarca y el aplauso general.

Carlos V le nombra entonces Visitador de los Tribunales, Justicia y Hacienda de todo el Reino, poniendo toda su energía y talento en el desempeño del nuevo cargo.

Si en el fiel desempeño de los difíciles asuntos que se le habían encomendado se manifestó siempre como prudentísimo hombre de letras, no tardó en presentársele ocasión de probar que bajo su hábito sacerdotal había un mayorazgo de rancia estirpe de guerreros.

Corría el año 1543. Por secretas noticias se sabía que Barbarroja y los franceses proyectaban desembarcar y saquear las costas valencianas y las islas Baleares. El pánico se apoderó de todos; el duque de Calabria reúne a los caballeros para organizar la defensa y, tras muchas sesiones, nada se había conseguido sino es llegar al convencimiento de que la empresa era irrealizable por falta de medios. Gasca los echa en cara su cobardía, los demuestra que es posible una defensa eficaz de las playas e islas fortificándolas con los medios de que disponen; acepta ser de la junta y, poniendo toda su alma en la empresa, realiza todo con tal precisión que cuando Barbarroja intenta desembarcar sufre tan serios descalabros que se ve obligado a abandonar definitivamente sus proyectos. Lagasca es aclamado entonces como hombre providencial.

Perú.- Francisco Pizarro, Diego de Almagro y Fernando de Luque se proponen conquistar el Perú. Pizarro dirigirá y realizará la empresa, Almagro y Luque, como hombres acaudalados, la financiaran. Los beneficios que la empresa reporte serán para los tres. Al arribar a las costas de Quito se convencieron de que con solo 112 soldados y marineros era imposible hacer la conquista. Almagro vuelve a Panamá en busca de refuerzos y a su vuelta encuentra a Pizarro en Tumbez; pero si Quito es ciudad populosa, Tumbez no lo era menos, y tiene que reconocer la insuficiencia de los medios de que disponen para emprender la anhelada conquista. Nueva ida a Panamá de Almagro y negativa del gobernador de proporcionarles medios alguno para su empresa.

Agotados los recursos particulares de aquellos hombres, y ante la negativa del Gobernador de proporcionárselos, deciden que Pizarro pase a España a requerir el amparo de Carlos V. El Emperador escucha atentamente a Pizarro; ofrécele todo género de auxilios para llevar a cabo la conquista; le hace Caballero del hábito de Santiago y le nombra Capitán General y Gobernador del Perú con título de Adelantado Mayor del país.

Almagro llevó muy a mal que Pizarro hubiese obtenido para sí el gobierno de las regiones que se proponían conquistar; se le quejó; le echó en cara su deslealtad; y comprendiendo D. Francisco su ligereza y ambición, aunque tarde, le ofreció partir con él la gobernación del país.

Se calmaron los ánimos gracias a la mediación de Luque y a la promesa de Pizarro de no pedir, para si ni para sus hermanos, gracia alguna hasta haber conseguido para Almagro una gobernación igual, que comenzase donde terminaba la suya, pero quedó el rescoldo de la enemistad y desconfianza mutua.

El nombramiento que el emperador hiciera a favor de Almagro de gobernador independiente del gran territorio de Chile, no conquistado todavía, y el título de adelantado que le confiriera disgustó profundamente a Pizarro, y fue el origen de que aquellos amigos, de los que se decían que eran un alma en dos cuerpos, se declararan guerra a muerte.

Almagro regresa de su expedición a Chile, tras haber atravesado 270 millas de arenales con increíble sed y fatiga; se dirige a Cuzco, derrota a los indios que la tenían cercada y, creyendo que Cuzco estaba enclavado en territorio de su jurisdicción, se apodera de ella. Se oponen a ello Hernando y Gonzalo Pizarro y Almagro los pone presos. Libertados gracias a la sentencia de Fray Francisco de Bobadilla, árbitro elegido para dirimir las diferencias entre Pizarro y Almagro, apresurose Hernando a reunir tropas para resolver por la vía de las armas el litigio y al frente de ellas se dirige contra Cuzco mientras su hermano Francisco, el gobernador, procuraba entretener a Almagro con artificiosas proposiciones.

Encuéntranse ambos ejércitos en el campo de las Salinas, a media legua de Cuzco. Combaten ambos con una ferocidad sin precedentes, y no obstante las proezas, dignas de un paladín de romance, del teniente Ordóñez que mandaba las tropas de Almagro, la victoria se decidió por Pizarro. Cuzco se rindió sin resistencia; Almagro fue hecho prisionero y condenado a muerte por Hernando Pizarro que fue en opinión de muchos, el genio del mal, destinado a viciar la empresa con el veneno de su malicia y con la impetuosidad de sus pasiones.

Desde entonces puede decirse que el Perú está en guerra civil; los españoles ya no descubren, ni conquistan nuevas tierras, sino que guerrean unos con otros:“Ningún español -escribe Agustín de Zárate- de grande ni pequeña calidad, había que no estuviese tan apasionado por estas dos parcialidades como si sobre ello le fuese la vida y hacienda, lo cual se había extendido hasta los mismos indios de la tierra, que muchas veces había entre ellos grandes batallas y diferencias y otras contiendas particulares a titulo de estas opiniones, que ellos llamaban a los de D. Diego los de Chile, y a los del marqués los de Pachacarna”.

La crueldad y tiranía con que los Pizarro dominaban en el Perú les suscitaron numerosos enemigos que elevaron sus quejas hasta la corte de España. Fernando de Pizarro presentose en ella para contrarrestar los manejos de los almagristas y consiguió que fuese nombrado delegado y juez en las discordias Cristóbal Vaca de Castro, afecto a los Pizarro, considerado como hombre pundonoroso, severo e incorruptible, a la par que entendido jurista. Llevaba comisión de residenciar la conducta de Pizarro, pero otros antes que él se encargaron de llevarla a cabo.

Los partidarios de Almagro, cansados de sufrir vejámenes y persecuciones, viendo que Vaca de Castro no llegaba, tramaron una conspiración para dar muerte al gobernador. El domingo -26 de junio de 1541-, a la salida de misa mayor, atacan la casa del marqués al grito de ¡Viva el Rey y muera el tirano! y este, sin tiempo para ajustarse la coraza, cayó a sus pies después de una lucha desesperada.

Cristóbal Vaca de Castro.- Llegado al Perú y noticioso del asesinato de Pizarro se presentó en Quito con la Cédula Real que le autorizaba a tomar el mando si moría Pizarro y se proclamó Gobernador del Perú. Muchos se pusieron a su lado; Gonzalo Pizarro simuló apoyarle con su gente. Almagro, hijo, que había sido proclamado virrey por sus partidarios, se declaró en rebelión contra las banderas de su Rey. La situación de Vaca de Castro era muy difícil; extraño en aquella tierra, sin conocimiento del país, sin fuerza armada y ayuno de conocimientos militares, veíase obligado a aplastar la rebelión de Diego Almagro. Hizo un empréstito, convocando a los capitanes que estaban a su lado y se proclamó general en jefe para cortar las diferencias entre los capitanes Alvarado y Holguín, que ansiaban el mando de las tropas. Por fin en Chupas derrotó a Almagro y habiendo caído preso, fue ejecutado.

Gonzalo Pizarro, que sostenía que, muerto su hermano Francisco, a él pertenecía la gobernación del Perú, con buenas formas pudo convencerle de que se marchase a descansar a su hacienda de las Charcas. Todo parecía indicar que la ansiada paz había llegado para el Perú y que las diferencias entre españoles habían quedado zanjadas para siempre. Vaca se decidió a poner en orden la administración del país y fomentar su riqueza, logrando distinguirse como gobernante por su energía, por su sagacidad y fecundas iniciativas.

Envanecido ya por sus triunfos y por el orden que supo restablecer en todas las esferas, creyó que podía entregarse sin escrúpulos a los mismos excesos que hubo de castigar en los rebeldes disfrutando de pingües rentas que correspondían a la Corona, aplicando para sí los mejores repartimientos de que había despojado a los Pizarros, haciéndose regalar de los indios valiosas joyas y estableciendo por su cuenta en la plaza de Cuzco una especie de estanco en que se expendía los artículos de primera necesidad. Unido esto a que había de implantar unas ordenanzas, «Las Leyes Nuevas», hechas en la Corte con el buen deseo de evitar las luchas fratricidas, pero con el más absoluto desconocimiento de los habitantes, costumbres y necesidades del país, bien pronto cundió el descontento y las quejas, e informes del Gobernador llegaron al Rey.

Carlos V decidió terminar de una vez con tal estado de cosas, nombrando virrey del Perú a Blasco Núñez de Vela.

Blasco Núñez de Vela.- Ilustre caballero avilés, veedor de las gentes de armas de Castilla, experto capitán, que con grande fortuna había combatido en diversos puntos de Europa.

Corría el mes de enero del 1544 cuando Núñez de Vela desembarca en nombre de Dios siendo su primer y principal cuidado el implantar las ordenanzas sin retroceder por nada “que para esto había ido al Perú”. Su carácter severo e inflexible le malquistó con la colonia; el número de descontentos aumentaba por momentos, las protestas arreciaban; Gonzalo Pizarro recién llegado de su expedición al Dorado, deseoso de vengar la muerte de su hermano y recobrar su antigua autoridad, se opuso a varias providencias del virrey; los descontentos vuelven a él sus ojos, sácanle de su retiro de las Charcas y es proclamado primero Procurador General del Perú, y mas tarde Capitán General; Pizarro comienza a organizar sus huestes.

Blasco Núñez Vela envía un mensaje ordenando a Pizarro que disuelva sus fuerzas, pero éste sin hacer caso se apresta a la lucha. Abandonado el virrey por los suyos, desaprobada su conducta por los magistrados de la Audiencia de Lima, cuando se proponía abandonar la ciudad y retirarse a Trujillo, fue depuesto y preso por la Audiencia que le residenció en una isla inmediata. Gracias a Juan Álvarez, de tierra de Ávila que le custodiaba, pudo ir a Tumbez desde donde publicó un manifiesto desenmascarando a Gonzalo Pizarro y sus amigos y declarándolos enemigos del Rey, exhortando a todos a que le ayudasen a sostener la autoridad real. A1 fin pudo reunir unos 500 hombres mal provistos de armas y municiones y consiguió se le uniera Belalcazar con su gente.

En Añaquita se encuentran los ejércitos de Núñez de Vela y Pizarro y, después de sangrienta y dura lucha, las tropas imperiales son completamente derrotadas. Núñez Vela cae herido, ya en tierra un esclavo negro le degüella, por orden de Pizarro, y Belalcazar es hecho prisionero.

Es muy digno de notar que en el levantamiento, guerra civil y pacificación del Perú

figuran muchos notables caballeros avilenses. Bajo las banderas de su pariente el virrey Núñez de Vela luchan cinco hermanos de la Santa y Antonio, el que la acompañó a la Encarnación, cuando entró religiosa, murió en la batalla de Añaquita. El primer virrey Blasco Núñez de Vela, ya dijimos ser de Ávila; Francisco Carvajal, Maestro de Campo, uno de los primeros revolucionarios y de toda la confianza de los pizarros, era natural de Rágama; el Licenciado Cianca, uno de los jueces que condenaron a muerte a Gonzalo Pizarro, y Alfonso de Alvarado, esforzado guerrero, eran también avilenses. Pedro del Barco, capitán que había prestado preeminentes servicios a Francisco Pizarro, y que por oponerse a las arbitrariedades de Gonzalo Pizarro, fue preso y condenado a la horca por Carvajal, concediéndole en reconocimiento a sus buenos servicios el privilegio de que escogiera rama de árbol donde ahorcarle, era natural de Barco de Ávila.

Después de la derrota de las tropas leales al rey, Pizarro entró en Lima con la pompa con que podía entrar en su corte un monarca vencedor de sus más fieros enemigos; afirmose él y su gente en la rebeldía, ejecutó a los que se oponían a sus designios y vivió con una ostentación verdaderamente regia. El desorden era cada vez mayor, la anarquía era completa, los españoles en vez de conquistar y colonizar en lucha fratricida guerreaban unos con otros.

Al tener conocimiento el Príncipe D. Felipe de esta gravísima situación del Perú, en el verano de 1545 reunió a los Cardenales Tavera y Laoisa y al Obispo de Sigüenza por el Consejo Real de Castilla, al de Cuenca, Presidente de la Chancillería, al Consejo Real de Indias y a muchos nobles caballeros para buscar remedio eficaz a tan grave situación.

Todos convinieron en que tal estado de cosas era intolerable y que en nada se podía transigir con Pizarro y los revoltosos.

El Duque de Alba, con su natural energía, indicó que lo mejor sería enviar un fuerte ejército que aplastara la rebelión y castigara a los culpables con la dureza que merecían, pero que su propuesta era irrealizable por la situación en que la nación se encontraba después de tantas y tan largas guerras, de la emigración a América, de la distancia que había al Perú y de la penuria del tesoro.

Desechada en estas deliberaciones la idea de enviar al Perú un valeroso capitán al mando de un fuerte ejército, tanto porque las circunstancias lo impedían, como porque todos se inclinaron más por las medidas de conciliación que por las de fuerza, quedó descartada la idea de enviar un guerrero, que al no llevar ejército, para nada se necesitaba. Tampoco convenía enviar un caballero particular, ante el fracaso de Vaca de Castro. Y entonces se sugirió la idea de enviar un eclesiástico, y en el acto propone el Duque de Alba a Don Pedro de Lagasca. Ante la duda del Príncipe Don Felipe le dice el Duque: “Señor, Gasca tiene aún mas carácter y energía que yo”. Los Cardenales y miembros del Consejo que conocían que Lagasca estaba dotado de tanta inteligencia como flexibilidad, de tanta prudencia como fortaleza de espíritu, y de tanta calma en meditar como infatigable actividad después en resolver, apoyaron la designación y en acto el Consejo votó y aprobó la propuesta.

Mandaron emisarios a dar cuenta al Emperador, que se encontraba en Colonia, de lo que sucedía y de la solución acordada. El Rey, que tan satisfecho estaba de la actuación de Lagasca en cuantos asuntos se le habían encomendado, no se contentó con aprobar su nombramiento, sino que le escribió de su puño y letra, manifestándole su satisfacción por el nombramiento, ordenándole que dejase los cargos que desempeñaba y activase su salida y anunciándolo que pensaba proponerle para una de las sillas episcopales vacantes, propuesta que rechazó D. Pedro porque la dignidad episcopal para nada había de servirle en el Perú y porque si fracasaba sólo sufriría su dignidad personal y no la episcopal.

El cargo era espinoso; las dificultades casi insuperables, pero su honor de caballero de rancia estirpe, su lealtad al rey que pedía sus servicios en circunstancias difíciles su valor tantas veces demostrando y, sobre todo, el saber que al realizar su empresa allanaba el camino para la predicación del Evangelio, le impulsaron a aceptar tan embarazoso cargo.

Como ningún móvil de medro personal, ni el deseo de conquistar riquezas, honores, dignidades, ni fama le movían, con la energía en él habitual exigía le concedieran las facultades que estimaba precisas para el feliz resultado de tan difícil misión. “No marcharía al Perú -son palabras textuales- sin que el Emperador le diese poder llano y absoluto, como si fuera el César, para nombrar los cargos que vacaren, separar incluso al virrey, perdonar cualquier clase de delitos cometidos y que se cometieren hasta la rendición del Perú, no solo de oficio, sino contra instancia de parte. No quiero sueldo ni recompensa de especie alguna; con mis hábitos y mi breviario espero llevar a cabo la empresa que se me confía. No quiero más que mi sustento y el de mis acompañantes y pido que se nombre persona que reciba e invierta el dinero y así no se crea que me guía la codicia”.

Admiración y asombro causó en los del Consejo las proposiciones de Lagasca; tanto por la desusada y única autorización real que exigía como por la negativa de recibir sueldo ni salario. Ante la insistencia de que modificara en algo sus condiciones Gasca insinúo que renunciaría. Avisado el Emperador de que Gasca accedió a todo y concedió tan amplios poderes, quiso el Cardenal Siliceo convencer a D. Pedro de que era depresivo para un sacerdote tan prestigioso el que se le nombrara un administrador que interviniera en sus gastos personales, pero fue convencido de que así en todo momento podía estar a cubierto su buen nombre; que no le había movido a aceptar un cargo, que nunca había pedido su medro personal, y, al fin, todo se hizo como Lagasca quiso.

Resuelto a volverse a España tan pronto diera cima a la empresa escribía a D. Carlos y le decía: “Como tengo por cierto que no se pretende desterrarme de mi Patria, en cuanto consiga lo necesario para la pacificación del Perú, pido llevar licencia y aún esperar otra, para volverme a España”. Como en el nombramiento no se le autorizaba expresamente para proveer nuevas gobernaciones, lo pidió y el Emperador le concedió tan altísimos poderes firmados en Vento (Güldres) el 16 de septiembre de 1545 acompañando a su título de Presidente de la Audiencia, cédulas reales para todas las autoridades de las Indias y cartas firmadas en blanco. Y por fin, pasados dos días al lado de su madre en el Barco de Ávila para despedirse de ella, terminados todos los preparativos acompañado de su hermano Juan y del valeroso caballero avilés Alonso de Alvarado, el 26 de mayo de 1546 embarcó en Sanlucar y el 27 de julio arribaba a Nombre de Dios, sin mas contratiempo que un tremendo aguacero que inundó la cámara de Lagasca y, le mojó los papeles como é1 decía con donaire.

Gran serenidad y valor necesitó Lagasca para no acobardarse ante la gritería y amenazas que escuchó al desembarcar. Desde el primer momento comenzó a poner en práctica el plan que se había trazado: convencer de que su misión era pacificar y apaciguar a todos; que estaba autorizado para conceder el más amplio perdón por los desórdenes cometidos. Con tan finos modales y blandas palabras saludó al enviado de Pizarro, gobernador de la fortaleza de Nombre de Dios, teniente Hernán Mejía, tal astucia y diplomacia empleó en la primera conversación que con él tuvo, que le ganó para su causa. “Si el Rey no manda otro mas bravo, no habrá porqué le debamos temer”, decía el capitán Juan Alonso Palomino a Mejía.

Encontrábase de gobernador de Panamá y jefe de una escuadra de 22 buques el capitán Alonso de Hinojosa, tan buen marino como amigo de Pizarro. Lagasca envió por delante a Mejía y Alvarado con una carta de saludo para Hinojosa y para que le hablasen de la pacífica misión que llevaba al Perú. Un fraile dominico iba en la misma nave y llevaba manifiestos que repartía y explicaba, en los que D. Pedro ofrecía amnistía y perdón a los revoltosos y derogar las Ordenanzas.

El 13 de agosto Lagasca llegó a Panamá. Hinojosa que salió a esperarle le preguntó por sus poderes deseoso de saber si se extendían hasta confirmar a Pizarro en su puesto o deponerle; pero el presidente le contestó con esta evasivas: «No era aún tiempo de presentar sus poderes; pero que estuviera seguro que le autorizaban para conceder amplias recompensas a todos los servidores leales; que cumpliesen todos como buenos vasallos sirviendo a su Rey».

Como todos los capitanes de la escuadra se pasasen al lado de Lagasca, Hinojosa avisó a Pizarro de lo que sucedía: «que este hombre con toda su reputación de santo era el hombre mas mañoso que había en toda España e más sabio” -le decía-, y por fin Hinojosa quedó ganado para la causa del Rey. Publicó un perdón general de toda falta y delito; los jefes principales dimitieron los cargos que desempeñaban en nombre de Pizarro, el prudente Presidente se los devolvió confirmándoles en ellos; se celebraron festejos en Panamá para celebrar con regocijo el perdón. La moderación y templanza iban abriendo los ojos a los ciegos que se habían enrolado en la bandera de Pizarro. Por algo decía el desgraciado Carvajal “que las mañas y palabras del clérigo eran más de temer que las lanzas del Rey de Castilla”.

El Presidente escribió a Pizarro una cariñosísima carta y éste le contestó que se volviese a España a proponer al Emperador que le nombrase gobernador del Perú. Llevaba contestación Lorenzo de Aldama con otra carta para Hinojosa en la que se le ordenaba ofreciera 50.000 pesos de oro a Gasca para que se volviese a Castilla y que si no accedía lo envenenaran o simulasen que había perecido en un naufragio. Era portador, asimismo, de otra carta firmada por los 70 vecinos principales de Lima en la que le decían debía volverse a España, porque su presencia sólo serviría para renovar los pasados disturbios.

De nuevo escribió Lagasca a Pizarro exhortándole a que acatara la autoridad del Rey y depusiera su actitud, que nada podía temer de un pobre sacerdote sin armas, que no deseaba sino hacer bien a todos. Algo debía presentir Pizarro del poder de Lagasca a través de las cartas y noticias que de él tenía, pues decía que no podía adivinar cómo, bajo el exterior modesto de aquel hombre, se ocultaba un poder moral más fuerte que el de todos sus soldados cubiertos de acero; que obrando silenciosamente en la opinión pública, minaba toda fuerza y su poder. ¡Cual no sería el arte de persuadir del Presidente si hasta el mismo Aldama se pasó con todo entusiasmo a su lado. Después de haber notificado a Pizarro que el perdón real a todos se entendía, que a nadie exceptuaba. Por algo dijo de él el rebelde Juan de Acosta: «Este cura del cayadillo es mucho más de temer que un ejército”. Aldama se pone al frente de una pequeña escuadra y desembarca en Trujillo donde recibe la obediencia al Emperador de muchos capitanes del interior. En el puerto de Manta el barqueño Rodrigo de Salazar avisa que casi todos los pueblos se han hecho leales al Rey. Por otra parte se levanta el capitán Centeno, siempre leal, y comienzan a reunírsele muchos. Mal se ponen las cosas para Pizarro, sobre todo después que Centeno ha tomado Cuzco. Pero ciego en su rebeldía, hace un proceso contra Lagasca, Hinojosa y Aldama y los condena a muerte.

El Presidente no pierde un instante, va reuniendo y equipando sus tropas y colocándolas en lugares más estratégicos para vencer al rebelado. Atravesando la nieve y precipicios de los Andes, vadeando ríos, trocando en hacederos lo que parecía imposible, llega su ejército de 2.000 hombres veteranos y con buen armamento al río Apurimas, el mayor afluente del Amazonas, que crecido sin puentes no había manera de vadear. Trabajando sin descanso pudo tenderse un puente en Cotaxama, por el que con mucho riesgo pudieron pasar a la otra orilla.

Por fin el ejército imperial, pudo acampar en el hermoso valle de Xaquisaguana, donde esperaba Pizarro. Antes de comenzar la batalla que va a ser decisiva, Lagasca ofrece vivamente el perdón a los rebeldes, de que depongan las armas. Pizarro requiere al Presidente de que no haga la guerra sin nuevo mandato del Rey. El presidente no se daba gran prisa a combatir, porque contaba que gran parte de la gente de su adversario se le pasara, pero el tremendo frío que se sentía y la mucha sobra de alimentos le obligó a ponerse en movimiento. Ambos bandos se estuvieron cañoneando, y cuando los arcabuceros de los leales se encontraron en el llano, se le unieron el pedante Cepeda y Garcilaso de la Vega (padre del poeta) y otros muchos caballeros y soldados. Notando D. Pedro que por todas partes aumentaban sus fuerzas con las que se pasaban del enemigo, deseoso de no derramar sangre innecesaria, mandó hacer alto. Una manga de treinta arcabuceros se pasan a su lado, y Pizarro manda perseguirlos, pero fue la señal de la desbandada, pues unos huyeron a Cuzco y otros se pasaron a los imperiales. Viéndose Pizarro casi solo, preguntó a Acosta que era uno de los pocos que permanecían a su lado: “¿Qué haremos?». Reventando en ira le contesta: «Arremeter al enemigo y morir como romanos”. “Mejor es -replicó Pizarro- morir como cristianos”, y adelantándose entregó en espada a Villavicencio y se rindió. Presentado a Lagasca, hizo una respetuosa inclinación. El vencedor le contestó con tibieza, mas con mucha severidad le preguntó porqué había puesto al país en tal situación, levantándose en armas contra el Emperador; porqué había matado al virrey, usurpado el gobierno, y había rechazado con tanta contundencia las múltiples ofertas de perdón que él le hebía hecho. Gonzalo trató vanamente de disculparse y justificarse. A poco estaba estrechamente custodiado por Centeno.

Era necesario aplicar la justicia para castigo de los insurrectos y sano ejemplo de todos, pero D. Pedro, por decoro de su carácter sacerdotal, no quiso intervenir. Nombró un tribunal que aplicase la ley formado por el Mariscal Alvarado, el General Hinojosa y el Licenciado Cianza. Pizarro fue condenado a muerte, a que su cabeza se pusiera en Lima para escarmiento, a que arrasada su casa hasta los cimientos se sembrara de sal y se colocara un letrero con la sentencia. A Carvajal se le condenó a la horca. Magasca mandó a Centeno le dijera: “había llegado otro Pedro, de Barco de Ávila, que no daba ramas de árbol a elegir para ahorcarle, y que si quería que hiciera testamento y se confesara”. Así, sin cruentas batallas, pues aparte de la derrota de Huarina en la que Pizarro derrotó a Centeno haciéndole numerosísimas bajas, en la pacificación del Perú bajo el mando de Lagasca en la derrota de Xaquixaguana los imperiales no tuvieron mas que una baja y quince los rebeldes, terminó aquel borrón con que los Pizarro, con sus ambiciones y crímenes, mancharon la epopeya gloriosa de la conquista de América.

Cansadas las gentes de tanta revuelta que les impedía trabajar, prosperar y disfrutar de sus encomiendas; hartos de la inseguridad en que estaban su vidas y haciendas; bastó que un sacerdote con corazón grande y generoso, para perdonar; una inteligencia privilegiada para enfocar la situación en su verdadera realidad; una laboriosidad incansable para dar cima a una empresa que tan difícil se presentaba; un desinterés desconocido en aquellos tiempos y una astucia y diplomacia poco comunes, se propusiera terminar con una situación que de no cortarse a tiempo ponía en peligro la gigantesca labor que la Providencia había señalado a España en América.

Terminada la guerra, y remitidas sendas cartas al Emperador, y al príncipe D. Felipe, con relación minuciosa y detallada de lo sucedido, el presidente dedicose a gobernar. Si el mañoso licenciado ganó fama y prestigio terminando la guerra civil en que ardía el Perú de tan admirable como singular manera, más laureles ganó al dedicarse a restañar las heridas causadas por tantas revueltas.

Hombre sagaz y prudente no quiso disponer cosa alguna sin investigar a fondo los males y el remedio pertinente y para ello estudió con Prelados y autoridades el estado social, cargas y tributos que los individuos pagaban a la Corona, Señores y encomenderos. Redujo estas cargas a una contribución más suave y rebajada que la que pagaban en tiempo de los incas; organizó el servicio personal que habían de prestar de manera que nadie pudiera abusar de ellos, ni se les hiciese trabajar sin la debida recompensa; les abrió nuevas escuela; en una palabra, dejó todo tan bien ordenado que los indios le debieron el término de su esclavitud y el derecho a ser hombres libres. Sentó sobre bases firmes y permanentes la autoridad real; ordenó racional y económicamente la explotación de las minas que dieron resultados sorprendentes; saneó la hacienda pública y organizó la contabilidad, aumentando la recaudación al mismo tiempo que el contribuyente era menos castigado y recaudó todos los atrasos.

Españoles y peruanos comenzaron a gozar de quietud y alegría y la multitud derramada por los campos volvió a recogerse en los pueblos. Con razón fue aclamado en Lima, después de la derrota de los Pizarro, como “Padre restaurador y pacificador del Perú”.

Lagasca fue el hombre de las grandes sorpresas. Cuando todos esperaban que para la ardua empresa de pacificar el Perú se nombrase un afamado conquistador, un Valdivia, un Belalcázar, ven con asombro que es elegido un clérigo, que ni había pedido ni deseaba el cargo. Cuando todos los españoles marchaban a América en pos de la fortuna que en poco tiempo les volviese a la madre Patria cargados de oro y de laureles, ven con gran admiración que él ni salario llevaba sino los gastos de manutención para él y sus acompañantes. Pero cuando terminada su misión presentó las cuentas y se vio que sus gastos eran tan insignificantes, las gentes quedáronse aún más admiradas de la sobriedad y rectitud de Lagasca. Terminada su misión en el Perú, determinó el Presidente volverse a España. E1 sentimiento y consternación que esta noticia produjo en todo el Perú puede adivinarse fácilmente. Los pobres indios para manifestarle su agradecimiento por los inapreciables beneficios de que le eran deudores, destacaron a varios caciques para que le entregaran una gran cantidad de plata que no aceptó. Los opulentos colonos españoles fueron a despedirle al navío y le llevaron como regalo 50.000 castellanos de oro. “No lo acepto, les dijo con tanta dulzura como entereza. He venido a pacificar el Perú y a servir al Rey y no quiero deshonrarme con un acto que empañaría mi pureza de conciencia y mis intenciones”. No se dieron por vencidos los generosos donantes, dejaron el oro secretamente en el navío y se marcharon, seguros de que así, al ser imposible el devolverlo el Presidente, se quedara con ello sin inquietudes de conciencia. Pero cuando, ya en alta me mar, D. Pedro se enteró de ello, mandó custodiarlo y, llegado a España, averiguó quienes eran los parientes mas necesitados de los colonos donantes y se los distribuyó.

La misma solicitud que puso para no guardar nada para sí, empleó para recoger y guardar el tesoro real que había de traer a España: 978 quintales, 90 libras y tres onzas de plata; una gran cantidad de esmeraldas y oro (el valor del oro se calcula en un millón trescientos mil pesos) producto de rentas y embargos de los culpables y del tesoro de Pizarro, constituía este tesoro pagados los gastos de guerra .Reunió todo en Panamá y desde allí fuertemente custodiado lo condujo por términos inaccesibles a Nombre de Dios, de donde partió el 24 de mayo de 1550, a los tres años, nueve meses y tres días de su arribada al Nuevo Continente.

El l4 de septiembre entraba la armada en Sanlucar y el 25 desembarcaba con toda su gente en Sevilla, donde fue aclamado por la muchedumbre, visitado y cumplimentado por cuantos nobles y caballeros se encontraban en la ciudad del Betis y entregado el tesoro de que era portador en la Casa de Contratación. Quiso comer en Sevilla en donde hubo de aceptar un plato en la mesa del Arzobispo, pues volvía del Perú con la misma sotana, el mismo breviario y la misma cayada, pero sin blanca en el bolsillo. En Cantillana esperó a su hermano Juan, que traía los libros de cuentas, y de allí fue a Guadalupe a dar gracias a Dios por la misión terminada tan felizmente y hacer una novena ofrecida a la Virgen. Hubo de pedir dinero prestado para ir de Guadalupe a Valladolid, donde rindió cuentas al Consejo Real de Indias y noticia detallada de su gestión a los príncipes Maximiliano y María; y como si lo hubiese dejado la víspera, continuó resolviendo asuntos graves del Santo Oficio.

El Emperador escribió a Lagasca desde Augasta (Alemania) en términos de mucho reconocimiento: “Y puede ser cierto que lo que se ofreciere, tenemos siempre memoria de vos como lo merecéis, le decía. Ordenaba fuera a verle pues así convenía al Real Servicio, y que le llevara buena cantidad de oro y plata. Antes de emprender el viaje fuese al Barco a abrazar a su anciana madre, con la que pasó 20 días”.

Lagasca Obispo.- Vacante la mitra de Palencia por defunción de D. Luis Cabeza de Vaca, maestro que fue de Carlos V, propuso el Emperador para sucederle a D. Pedro de Lagasca, dignidad que aceptó por obediencia. Llegadas las bulas de Roma, quiso ser consagrado antes de emprender su viaje a Alemania y el 17 de mayo de 1552 pascua, del Espíritu Santo, le consagró en Barcelona el Obispo de Vich, D. Juan Tormo, tomando posesión de su silla por procurador. A los ocho días se embarcaba para Génova. En todas las ciudades era recibido con muestras de admiración y grandes distinciones. En Trento se reunió con los prelados españoles que asistían al Concilio, quienes les dispensaron el más caluroso recibimiento y distinguieron con las más altas muestras de consideración.

El 12 de Julio llegaba a Augusta, siendo recibido por el Emperador, convaleciente de gota en su cámara. Mucho se agradó el Rey de la detallada relación de su actuación en el Perú, expresándole con palabras de mucho reconocimiento y alabanza lo pronto y bien que había dado cima a la arriesgada empresa que le había confiado. Por consejo de Lagasca el Emperador mandó construir un fuerte en Nombre de Dios y una población en el río Magdalena. Entre las muchas distinciones con que el Rey quiso premiar a tan leal vasallo, le concedió que a su escudo que constaba de dos cuarteles, en el de la derecha un león entre cuatro castillos y en el de la izquierda los trece roeles, sostenidos por dos genios, añadiese seis banderas, tres por lado con la letra P y en medio de ellas una banda con la inscripción:“Caesari restitutis Perú Regnis Tiranorum spolia”.

Vuelto de su viaje, hacía su entrada en Palencia el 25 de marzo de 1553, gobernando esta Diócesis con tanto acierto como aplauso de sus diocesanos hasta el 19 de agosto de l561, en que fue promovido al Obispado de Sigüenza, que rigió con el celo y energía en él proverbiales.

Grande era su influencia en la Corte y mucho se estimaban en ella sus consejos, pero la visitaba solamente cuando los deberes de su cargo pastoral lo imponían. Cuando alguien le decía porqué no se dejaba ver allí con más frecuencia, respondía: «Los que tienen sagradas obligaciones que cumplir no pueden ni deben gastar el tiempo pavoneándose por los palacios del César».

En posesión de un pingüe patrimonio que aumentó por la sobriedad de sus gastos personales, tras fundar un mayorazgo para su hermano Diego y descendientes directos pon sus bienes de Peñalva, Villabañez, y otros pueblos de traspasar a su hermano Diego todas sus haciendas y bienes raíces de Barco y Piedrahita y 50.000 ducados de oro, aplicóse a hacer fundaciones piadosas. En Sigüenza dotó con largueza la festividad del Nombre de Jesús. Hizo fundación: 12 dotes de 50 ducados cada una «en cada año perpetuamente» para otras tantas doncellas pobres naturales de los obispados de Palencia y Sigüenza.

Edificó y dotó con 225.000 maravedís de renta anual la Iglesia de la Magdalena de Valladolid, construyendo frente a ella casa donde vivirían los trece capellanes. El motivo que le impulsó a edificarla lo dice claramente la escritura fundacional fechada en Sigüenza a 6 de septiembre de 1567: “Nos, dice, D. Pedro Lagasca, Obispo y Señor de Sigüenza, Obispo que fuimos de Palencia, del Consejo de S.M., fundamos y edificamos la Iglesia de la Magdalena de Valladolid y la dotamos para suplir las faltas que tuvimos en celebrar sobre todo en tiempos de N. S. el Emperador Carlos V, en la visita de los tribunales del Reino de Valencia y en la defensa de aquel Reyno, y de las islas de Mallorca, Menorca e Ibiza, y cuando en 1542 atacó el turco con el francés, y en la ida al Perú; y así que en más de ocho años casi no dijimos misa (no nos atrevimos) aunque teníamos las licencias para no caer en irregularidad”.

Amante de conservar las tradiciones españolas pidió y obtuvo licencia de Pío IV, por bula de 14 de octubre de 1864, para que en la Iglesia de la Magdalena, que se autorizaba a fundar, se dijeran dos misas cada mes en rito mozárabe. “De tanta devoción y uso en España y en tiempo de las persecuciones dentre los cristianos, y porque no hay razón que oficio tan antiguo caiga en olvido”.

Oct 011981
 

Carlos Callejo Serrano

Cuando un arqueólogo dobla el promontorio de la tercera edad, su trabajo como tal en cuanto se refiere a la investigación directa, ha terminado. Para realizar ésta, hacen falta condiciones físicas suficientes; la arqueología activa requiere largos paseos por terrenos abruptos, escalar cerros en busca de castros o viejos castillos, cuando no descender a cuevas o grutas y sumergirse en ellas. Todas estas faenas exigen juventud, y quien ya no la tiene, debe limitarse a tareas de compilación o estudios de gabinete, añorando a veces los momentos en que la suerte le concediera años atrás algún logro, por pequeño que fuese. La persona que está hablando recuerda con nostalgia, por ejemplo, un día cualquiera de 1956 en que, habiendo penetrado en la Cueva de Maltravieso provisto de una brújula, una linterna y una cinta métrica para sacar un plano de la misma, salió una hora después a la superficie, cubierto de barro de pies a cabeza, pero con la inenarrable satisfacción de haber descubierto la única estación paleolítica con pinturas rupestres que existía en el interior de la Península Ibérica, y por supuesto la primera, y hasta ahora también la única, emplazada en Extremadura.

Paso por alto las vicisitudes posteriores y las gestiones y publicaciones necesarias para que este hecho arqueológico insólito fuera reconocido y autentificado por los maestros en el ramo y por las cátedras españolas y extranjeras, tarea en que se invirtieron tres o cuatro años hasta que Martín Almagro en España, y a escala mundial el insigne abate Breuil dieran el espaldarazo científico indiscutible a este descubrimiento que coloca a Cáceres y a la región extremeña en un lugar concreto en el mapa de la prehistoria mundial.

Al hablar de pinturas prehistóricas, me estoy refiriendo ahora únicamente a las que se han dado en llamar rupestres y que se encuentran en el interior de las cuevas. En nuestra región hay una gran cantidad de estaciones con figuraciones artísticas, pero ya pertenecen a un periodo posterior que no puede llamarse arte cuaternario. Durante el Paleolítico Superior, cuando aún persistía la última glaciación o de Wurm, el hombre había de refugiarse en cavernas naturales que le servían a la vez de habitación, santuario o necrópolis. Al cambiar la climatología, cambió por completo la forma de vivir del hombre que ya hacía todas sus realizaciones vitales preferentemente al aire libre, y los productos de su arte también al aire libre o, cuando más, en abrigos o covachas de escasa profundidad. Muchos de estos abrigos extremeños son conocidos de antiguo, y el más recientemente descubierto se encuentra en Monfragüe. De él se han hecho, por cierto, dos estudios simultáneos a cual más completo, debidos a Beltrán Lloris y a García Mogollón. Estas pinturas, ya en el Mesolítico, responden a otra mentalidad y por tanto a otro estilo, que pasa a ser esquemático en vez de naturalista.

Volviendo pues a la Cueva de Maltravieso, el principal motivo, con mucho, de las pinturas rupestres de la misma, es la representación de manos humanas; esta modalidad de arte, que a juicio de muchos fue el primer intento realizado por el hombre para perpetuar una creación artística, no es muy frecuente en el mundo ya que, al menos en el continente europeo, solamente se encuentra en algunas cuevas españolas y francesas. Concretamente, existen improntas de la mano humana en las cavernas de Maltravieso, Atapuerca, El Pindal, Altamira, Santián, El Castillo y la Pasiega en España. Por lo que respecta a Francia, las hay en los siguientes sitios: Gargas, Tibirán, Ganties-Montespan, Trois-Freres, Le Portel, Badeilhac, Pech-Merle, Rocadour, Font-de-Gaume, Combarelles, Bernifal, Beyssac, Arachambeau, Cap Blamc, Sergeac, Bara-bahau, Baume-Latrone, Collias y Grotte du Bison, según la ultima compilación del abate Verbrugge en 1976. De todas estas cavernas, únicamente son importantes, por haber un numero apreciable de improntas (superior a 10), las El Castillo y Maltravieso en España y las de Gargas, Tibiran ? peche-Merle. Incluso en varias de las citadas, es dudoso que las señales correspondan a improntas de manos humanas. Los problemas que presenta a la ciencia prehistórica esta modalidad pictórica son numerosos, profundos y de muy diversa clase; quizá los más difíciles dentro del arte cuaternario. En este corto trabajo solo nos vamos a fijar en uno de estos problemas: la posible interpretación de su significado. A las pinturas animalísticas en general se les ha dado el carácter de figuraciones o exvotos mágicos para propiciar la caza, y en esta interpretación coinciden gran número de autores. En cambio se dan las explicaciones más diversas para las impresiones parietales de manos.

Lo primero que debía hacerse a mi juicio, es renunciar a la palabra «pintura» para estas figuraciones. El hombre no echaba mano de su iniciativa o de su inspiración para plasmar imágenes; lo que hacía era reproducirlas de una plantilla. Casi podríamos decir que estos dibujos maniformes son una anticipación del arte de la fotografía, y me refiero esencialmente a las improntas en negativo, que revelan una técnica más avanzada. Las huellas en positivo, mojando la mano en cualquier pintura y apoyándola en la pared, las puede hacer el más primitivo de los hombres; incluso pueden hacerse involuntariamente por un hombre o por un animal. Pero el vaciado de la mano mediante la colocación de este miembro sobre la pared, cubriendo la totalidad con pintura, y dejando al retirar la mano una bien marcada impronta de la misma, revela un cierto agudo ingenio y un atisbo de iniciativa técnica. Claro está que también pueden reproducirse manos en positivo a cualquier escala y en cualquier forma. Esto ya es una modalidad de arte pictórico general que se encuentra muy pocas veces en el arte cuaternario; el resultado de esto ya no son improntas, sino simples pinturas.

Pero a todo esto ¿qué son, qué representan o qué simbolizan estas huellas maniformes estampadas en la pared de una gruta? Aquí sí que puede decirse que existen tantas teorías como autores, aunque todas o casi todas ellas coinciden en atribuirles un característico mágico.

El etnólogo francés abate Werbrugge, que ha dedicado toda su actividad precisamente a las pinturas rupestres de manos humanas, tiene publicados varios libros, en el último de los cuales (Compiegne, 1969) se ocupa largamente de las manos de Maltravieso, al lado de todas las demás figuraciones de manos que se dan en las pinturas prehistóricas. Sus estudios ofrecen todas las perspectivas posibles sobre esta modalidad pictórica: arqueológica, técnica, etnográfica y psicológica. Los problemas de interpretación corresponden evidentemente a este último apartado. A propósito de las pinturas, transcribe la opinión de tres investigadores franceses. Según Salomón Reinach, a quien siguen la mayor parte de los autores, esta clase de pinturas tienen una finalidad de carácter mágico; otra teoría, seguida por Boule, las achaca a un instinto de imitación parecido al de los monos; y, en fin, una tercera teoría debida a Foleau nos explica este arte como debido al afán de perpetuar la imagen de las cosas vistas o vividas, como si dijéramos una ayuda a la memoria.

Para Martín Almagro las manos eran un motivo de culto que el hombre usaba porque comprendía que la mano era el único instrumento que le hacía vencer a toda la naturaleza que le rodeaba. El culto misterioso a la mano se nos ofrece como una manifestación de las preocupaciones espirituales de los hombres primitivos, desde el Paleolítico hasta hoy mismo. La mano, por sí misma, es símbolo del hombre y expresión de su voluntad. Todos los pueblos hacen del uso y representación de los gestos de la mano, un complejo de valoraciones de carácter espiritual. El cristianismo, por ejemplo, utiliza la mano para el supremo acto de la bendición; el pueblo romano y otros pueblos posteriores la emplean como signo de bienvenida o salutación.

Ahora bien; dentro de la modalidad de impronta de manos, en Maltravieso y otras pocas Cuevas se da una particularidad especial: la mutilación que, como sabe quien ha visitado nuestra cueva o ha leído los libros que hablan de ella, aquí se limita exclusivamente al dedo meñique. En este asunto hay tantas opiniones como autores. Las manos mutiladas en Gargás y otras cuevas francesas, obedecen según el Dr. Sahly, destacado especialista en este tema, a una condición patológica de las manos-modelo usadas en la representación. Sin embargo, este autor, que por cierto ha visitado personalmente la cueva de Maltravieso, reconoce que su teoría no es válida para la mutilación exclusiva del meñique que aparece en las improntas de la cueva cacereña, admitiendo que se trata de amputaciones voluntarias. Otros autores achacan la imagen de los dedos mutilados, no a la amputación de una o varias falanges, sino a la circunstancia de haber doblado los dedos en el momento de ejecutar la impronta sobre la pared. Esta teoría tampoco es aplicable a las manos de Maltravieso, cuyo meñique aparece en muchos casos con toda claridad cortado a cercén.

Para salir de todo este maremagnun de teorías y elucubraciones, podríamos acudir a un expediente muy eficaz: preguntarle el significado de estas pinturas a sus propios autores. Esta frase, aunque lo parezca, no es una incitación al espiritismo. Resulta que la representación de manos en superficies parietales no es una exclusiva de la época paleolítica, sino que ha venido utilizándose hasta nuestros días por los pueblos muy primitivos que todavía quedan en la tierra: australianos, papúes, pigmeos o determinadas tribus muy atrasadas de indios americanos. Los etnólogos y estudiosos de nuestra civilización, han ido efectivamente a interrogar a los indígenas que habitaban las cercanías de las cuevas o lujares donde aparecen estas huellas de manos y, al parecer, el mayor número de respuestas coinciden en afirmar que se trata de lugares sagrados destinados a ceremonias rituales. Muchas de estas estaciones pictóricas primitivas de Oceanía y América, han dejado de utilizarse por los aborígenes en una fecha no muy lejana a la nuestra, concretamente en la isla de Célebes, según los estudios de Van Heeckeren, y también en Australia, donde las estudiaron prehistoriadores como Spencer y Guillén. En estos casos los indígenas interrogados manifiestan ignorar el verdadero significado de las representaciones.

De todas maneras son muchos los pueblos primitivos de los dos últimos siglos que tienen la costumbre de mutilarse uno o varios dedos de la mano, como rito religioso algunos, otros como signo de tristeza por la muerte de seres queridos y otros en fin por causas supuestamente terapéuticas. Según Catlin en relación con los indios norteamericanos, como signo de iniciación a la pubertad y en sacrificio al espíritu del mal. Pero estas causas de mutilación que conocemos directamente por las manifestaciones de los indígenas, no nos explican el motivo que a veces les lleva o ha llevado a sus antepasados a perpetuar sus manos, mutiladas o no, por medio de la pintura. Tendremos que dejar este asunto, hasta que algún sabio genial de con una solución convincente para todos en el ancho campo de los enigmas que nos presenta la Prehistoria y que difícilmente podremos descifrar nunca, al menos que por algún túnel del tiempo o cualquiera de las eutrapelias parapsicológicas con que actualmente está de moda rellenar nuestras publicaciones divulgativas, podamos regresar al remoto paleolítico y una vez aprendido el lenguaje de aquellos remotísimos hombres, nos lo puedan explicar ellos mismos.

Oct 011981
 

José María Bermejo Jiménez O.F.M.

INTRODUCCIÓN

Al estudiar la vida y la personalidad del P. Eladio Mozas Santamera, ha ido apareciendo toda una serie de personas, especialmente sacerdotes, relacionadas con él por distintos motivos. Entre estas personas ocupa lugar muy destacado D. José María Santamera, cuyo perfil biográfico vamos a trazar a la luz del insigne Penitenciario de Plasencia. José María Santamera está unido con el padre Eladio por vínculos de carne y sangre y más, si cabe, por íntimas afinidades de tipo espiritual y apostólico. Puede decirse sin sombra de exageración que, casi desde la infancia, el canónigo placentino fue el Padre espiritual, primero del Seminarista y más tarde del joven sacerdote José María, dejando en su alma una impronta imborrable que se refleja nítidamente en la breve pero entrañable biografía del padre Eladio.

DATOS BIOGRÁFICOS

José María Santamera no fue extremeño de origen, pero sí de adopción y de convicción, puesto que gran parte de su vida transcurrió en tierras extremeñas en la Diócesis de Plasencia.

Nació el 28 de Mayo de 1871, en Sigüenza (Guadalajara), en el seno de una familia de mediana posición, que vivía del oficio de la carpintería; una familia hondamente cristiana en la que hubo copiosa floración -ya sabemos- de vocaciones sacerdotales, de verdaderos místicos y aún de mártires.

Fueron sus padres Raimundo Santamera Yáñez, primo carnal por línea materna del padre Eladio, y Petra Tejedor. La educación recibida de sus padres “honrados y religiosos”, en la escuela y en la parroquia, y el contacto con sacerdotes y seminaristas de la familia, contribuyó sin duda a despertar en José María la vocación al sacerdocio. Atraído por el tío canónigo de Plasencia e invitado por él, comienza su carrera sacerdotal en el otoño de 1882, a los 11 años, en la Ciudad del Jerte.

Aquí estudia obteniendo brillantes calificaciones, cuatro años de Latín y Humanidades; tres de Filosofía; seis de Teología y dos de Derecho Canónigo. El 23 de febrero de 1895 recibió en el Seminario Central de Toledo los grados de Bachiller y Licenciado en Sagrada Teología; y el 24 de septiembre de 1897 el grado de Bachiller en Derecho Canónico, en el seminario de Plasencia.

Con ocasión de la defensa tenida en Toledo el 23 de febrero de 1895, mostró el afecto que profesaba a su tío, dedicándole su tesis para la licenciatura en estos términos: “A mi amadísimo tío D. Eladio Mozas Santamera, Canónigo Penitenciario de la Santa Iglesia Catedral de Plasencia, en testimonio de gratitud y amor”.

Esta veneración por su tío Eladio siguió viva después. Al presentarse a oposiciones para la Canonjía Doctoral de Plasencia en 1898, dedica su defensa -que tuvo lugar el 18 de Abril de 1898- a la Santísima Trinidad; a los Santos Corazones de Jesús y de María; a Santo Tomás de Aquino; a San Raimundo de Peñafort “y a su amantísimo tío el Licenciado D. Eladio Mozas Santamera, en testimonio de piadosísimo amor”.

Con esta preparación cultural unida a su formación espiritual específica de la época, se dispuso a recibir el Sacramento del Orden. Lo recibió en Plasencia, de manos del Obispo Dr. Casas Souto. Fue nombrado subdiácono el 13 de mayo de 1893; diácono el 22 de diciembre del mismo año; y presbiterado el 13 Mayo de 1894, con dispensa pontificia de edad, pues no había cumplido aún los 23 años, a título de suficiencia.

Coadjutor.- Apenas ordenado, el 1 de Junio de 1894 fue nombrado Coadjutor “in capite” de la Parroquia del Salvador, de Plasencia; cargo que desempeñó hasta el 23 de enero de 1896. Durante este tiempo fue también, por designación del Sr. Obispo, Capellán de las RR. Josefinas-Trinitarias.

En enero de 1895 participó en el concurso a curatos vacantes. Según las normas vigentes solo podían “firmar” Parroquia los que ya habían ejercido cargo de Párroco; José María no tenía aún esta oportunidad. En carta dirigida al Sr. Obispo manifestó su espíritu de disponibilidad y entrega incondicional a la Iglesia. Dice así:

“Excmo. E Ilmo. Sr., tengo el honor y la satisfacción de participar a V. E. I. que puede colocarme donde quiera, como y cuándo quiera; pues no conozco otro medio más seguro para hacer la voluntad de Dios y ser útil a la Iglesia, que seguir fielmente la voluntad de S. I. mi dignísimo Prelado.

Por tanto, si juzga oportuno dejarme como estoy, quedaré muy contento y agradecido; y si cree conveniente mandarme a cualquier otro punto, iré también del mismo modo”.

Cura ecónomo.- El 23 de enero de 1896 fue nombrado Ecónomo de la Parroquia de S. Andrés en Navalmoral de la Mata, haciéndose cargo de ella el 15 de febrero siguiente. Fue a Navalmoral acompañado de su tío canónigo, según éste lo manifiesta en carta inédita dirigida a una antigua feligresa suya escrita en Plasencia el 14 de dicho mes de Febrero. Dice así: “Mañana día 15 salgo para Navalmoral de la Mata con mi sobrino José, que va a encargarse de la Parroquia de dicho pueblo”.

Desempeña este cargo hasta el 26 de agosto siguiente, pues el 20 de julio anterior había sido agraciado por la Reina Regente con el Curato de entrada de Navaconcejo.

Párroco.- Tomó posesión de la Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de este pueblo el 1 de Septiembre de 1895 y aquí permaneció hasta 1901. Durante este período, en los primeros meses dé 1897, vivió la dolorosa experiencia de la muerte de su muy querido tío, el padre Eladio, quien en el testamento que hizo el 8 de febrero de este año nombró sus testamentarios a D. José Santamera, su sobrino, y a D. Manuel Navarro, Beneficiado de la Catedral, que durante mucho tiempo había sido su director espiritual.

Para poder permanecer al lado de su tío en la última enfermedad, D. José María hizo cambio con D. Fulgencio Ramos, Ecónomo de S. Pedro, de Plasencia, trasladándose a esta ciudad y ejerciendo su ministerio en dicha parroquia.

Era tal el cariño que el padre Eladio tenía a su sobrino, que no le dejaba marchar de su lado. El mismo José María nos refiere una anécdota curiosa y simpática:

“No puede olvidar el cronista -nos cuenta él mismo- el empeño que mostraba D. Eladio de tener junto a sí a su sobrino sacerdote en aquellos últimos años. Parece presentía cercana su muerte y no quería se apartara un momento de él. A este propósito recuerda que siendo el sobrino bastante fumador, aunque tenía licencia suya para fumar delante de él, siempre por el respeto que le infundía se apartaba para saciar este deseo; y él le reprendía diciéndole: No te vayas de mi presencia para fumar; fuma cuanto quieras, pero no te apartes le mi lado”.

Más de una vez estuvo D. José María atendiendo a su querido tío. Por fin, casi inesperadamente, llegó el último trance. Así nos lo dejó narrado el biógrafo solícito:

“Si no se descuidó [D. Eladio] en recibir el Sto. Viático, que lo hizo a principios de su enfermedad, tampoco quería descuidarse en recibir la Sta. Extrema-Unción porque quería recibirla con todo conocimiento; y así instaba a su párroco y también a su confesor para que se la administrasen, hasta que lo consiguió, haciéndolo con tanta unción y piedad que él mismo se ayudaba recitando las oraciones de la Iglesia, lo mismo para el Sacramento que cara la recomendación del alma, que él sabía de memoria por las veces que la había asistido a los moribundos.

Había dicho D. Eladio muchas veces que él no moriría -aunque le daban aquellos tremendos ataques que le ponían en trance de muerte- hasta el día de San José; contradiciendo sin saberlo él al Médico de cabecera que hacía ya mucho tiempo opinaba no saldría de aquellas noches anteriores; y así llegó hasta la víspera de S. José. El sobrino sacerdote, que entraba siempre a despedirse para ir a decir Misa y ver si necesitaba algo, sin notar en él señal alguna anormal, ni de haber pasado la noche más molesta que las otras, le preguntó si quería algo; contestó que sí, que celebrara la Misa por su intención pues él quedaba haciéndolo desde la cama ya que quería pedir al Señor muchísimas cosas para su alma; y ofreciéndole hacerlo así se fue a la Parroquia de S. Pedro. Mas a poco de llegar, un seminarista le avisó que se fuese urgentemente a casa pues su tío estaba expirando. A pesar de la premura con que fue a recibir su postrer aliento y bendición, sólo una mirada lánguida y un pequeño suspiro pudo percibir. Fue una agonía tan pronta y tan cierta, que cuando la familia y las RR. Josefinas que estaban en la casa se dieron cuenta, solo unas palabras ininteligibles y un intento de querer darles su bendición lograron captar”.

Con inmenso dolor, que no refleja la documentación fría y burocrática, comunicó José María la noticia al Sr. Obispo, en pocas líneas que rezan así: “Excmo. Sr. Obispo de Plasencia: a las 8 de la mañana del día de hoy ha fallecido el M. I. Sr. Penitenciario de esta Catedral, el Lcdo. D. Eladio Mozas Santamera”. Casi en los mismos términos lo comunicaba al Cabildo.

El 30 de Marzo de 1898, José María solicitó del Obispo ser admitido a oposición a la Canonjía Doctoral, vacante por defunción de D. Eduardo Macía. Y en Noviembre del mismo año opositó a otra Canonjía vacante por defunción de D. Cayetano González. Tampoco en esta ocasión la suerte le fue propicia.

En Mayo de 1901 fue nombrado por Real Cédula Párroco de la de San Pedro ad Vincula, de Casatejada; y el 10 de Junio del mismo año se le dio Título de colación y mandamiento de posesión.

En esta época, a la edad de 33 años, se acentuaron sus antiguos padecimientos de estómago; por esta razón, el 3 de julio de 1905, solicitó del Obispo de Plasencia hacer oposiciones en Ciudad Real, con el fin de estar más cerca de Puerto Llano, adonde necesitaba acudir con frecuencia a tomar aguas para aliviar sus males. En la misma carta dice al Obispo que, si no le concede esta gracia, podría destinarle a la Parroquia vacante de S. Sebastián, de D. Benito, desde donde le sería más fácil trasladarse periódicamente a Puerto Llano, con tres o cuatro horas de tren. Pedía estas gracias únicamente por imperiosas exigencias de salud y así lo manifiesta: “No se me oculta, dice, Excmo. Sr., que al pedir una categoría superior, obviamente voy ganando; mas lo que sea en realidad lo ignoro, pues jamás he estado por aquellas tierras; y si el Señor me da salud y otra cosa no disponen mis Superiores, buscaré la sepultura de mis mayores, que es Plasencia”.

No debió de conseguir estas gracias, pues continuó en Casatejada hasta 1909.

El 30 de noviembre de 1906, uniéndose a los Sacerdotes y fieles de la Diócesis, redactó y encabezó una protesta dirigida al Congreso y Cortes de la Nación contra el Proyecto de Ley de Asociaciones, la llamada “Ley del Candado”.

En Casatejada desarrolló una intensa labor parroquial y social, mediante la fundación de la Caja de Crédito y Popular Agrícola llamada “La Soledad”.

En 1907 publicó un folleto titulado “Cómo funciona una caja de crédito popular agrícola”, poniendo generosamente 100 ejemplares a disposición de los Sacerdotes interesados en el asunto.

A mediados de Noviembre de este año, por invitación expresa del Marqués de Comillas, que subvencionó los gastos de su viaje y estancia, participó en Granada en una Asamblea dedicada al estudio de las Cajas Parroquiales. En Diócesis de Plasencia existían:

  • Belén de Trujillo: Caja de Crédito y Popular.
  • Casatejada: Caja de Crédito y Popular Agrícola, “La Soledad”.
  • Casas de Millán: Gremio de Labradores.
  • Plasencia: Caja de Ahorros y préstamos.
  • Villar de Rena: Círculo Católico de Obreros (calle enrollada).
  • Villar de Rena: Cooperativa.
  • Deleitosa: Asociación Mutual.
  • Escorial: Fraternidad Agrícola.
  • Berzocana: Sindicato Caja Agrícola.
  • Tornavacas: Sociedad de Socorros Mutuos.
  • Béjar: Círculo de obreros.

Vivió D. José María la etapa más prolongada y fecunda de su vida sacerdotal en Béjar, como Párroco de S. Juan, cargo en el que había de permanecer hasta su muerte. Recibió el nombramiento en Mayo de 1909 y tomó posesión de la parroquia el 21 de Julio siguiente. En este mismo año fue nombrado Director de las Hijas de María y Damas de la Buena Prensa, de Béjar; erigió la Cofradía de Ntra. Señora de Lourdes y se le concedió permiso para instalar de nuevo la del Sagrado Corazón, que había desaparecido. Redactó, además, los Estatutos de la Cofradía del Santísimo Sacramento, que fueron aprobados por la Autoridad eclesiástica.

A los desvelos estrictamente parroquiales se unieron otras ocupaciones impuestas o voluntarias. En 1915 fue nombrado Capellán Castrense de una Guarnición del Regimiento de Infantería de Toledo, establecida en Béjar. Este mismo año recibió un premio literario en Barcelona; así lo consignaba el Boletín Eco. de Plasencia:

“Párroco Premiado.- En el Concurso Nacional de Boletines parroquiales organizado por la Acción Social Popular de Barcelona, ha obtenido el premio de la Dirección de la Cofradía Nacional de Legionarios de la Buena Prensa, el Párroco de S. Juan de Béjar, D. José María Santamera Tejedor, por su trabajo “Medios de editar un boletín parroquial en poblaciones de escasos elementos tipográficos”. Muy sinceramente felicitamos al Sr. Santamera esperando que, a las lecciones teóricas se unan las enseñanzas prácticas”.

En 1917 fue nombrado Arcipreste interino y después confirmado en el cargo. En 1918, designado por el Obispo Examinador Prosinodal. El 2 de julio de este año solicitó la Dignidad de Maestrescuela de la Catedral de Plasencia que, por razones que ignoramos, no le fue concedida.

El 14 de noviembre de 1919 se le nombró Vocal de la Junta Diocesana de Defensa del Clero; y en 1922, Párroco Consultor.

Sobre su actividad en Béjar, donde permaneció 25 años, citamos el siguiente testimonio vivo del Sacerdote jubilado D. Segundo Domingo Yuste Matas:

“D. José María fue muy querido y respetado de todos, pues era de mucho trato social y complaciente, aunque fiel y exacto en el cumplimiento de su deber. Hizo mucho por defender y ayudar a la gente pobre y, sobre todo, en los tiempos difíciles en le tocó vivir. Era intensa y profunda su devoción a la Santísima Virgen, señalándose su tiempo por la solemnidad con que se celebra las Novenas de la Inmaculada y del Carmen, en su parroquia”.

Tras una intensa y piadosa vida sacerdotal al servicio de la Iglesia y de la Diócesis Placentina, entregó su alma a Dios a los 62 años de edad, el 5 de marzo, 1934 (a las 2); enterrado al día siguiente, en el Cementerio de S. Miguel, de Béjar, salvadas las dificultades propias de las circunstancias socio-políticas del momento. Falleció “de muerte natural ocasionada, según certificación facultativa, por hemorragia cerebral”.

El Boletín Eclesiástico, recapitulando su vida santa y laboriosa, decía: “El día 5 de los corrientes falleció, confortado con los auxilios espirituales, el Presbítero Licenciado. D. José María Santamera Tejedor, Arcipreste-Párroco de Béjar. Había desempeñado los cargos de: Capellán de RR. Josefino-Trinitarias, de Plasencia; Coadjutor “in capite” del Salvador, de ídem; Ecónomo de Navalmoral de la Mata; Párroco de Navaconcejo; ídem de Casatejada; Párroco de Béjar; Examinador Prosinodal y Párroco consultor. Pertenecía a la Hermandad de sufragios”. Se había inscrito el 2 de Julio de 1904, en que dicha Hermandad había sido restablecida.

EL BIÓGRAFO

La actividad literaria de D. José María fue exigua y poco significativa. Tan sólo sabemos que publicó los dos breves trabajos antes citados.

Sin embargo, para el conocimiento del Fundador de RR. Josefino-trinitaria, reviste una importancia excepcional la Biografía que, a petición de la Superiora Gral. Madre María de la Esperanza González, escribió en la última etapa de su vida, evocando recuerdos que habían calado muy hondo en su espíritu. Nadie como él, que desde niño vivió en contacto íntimo con su biografiado, compartiendo el mismo techo y el mismo pan, podía ofrecernos un testimonio más directo e inmediato.

Del padre Eladio había recibido desde su adolescencia enseñanzas y ejemplos; afecto y protección. El Fundador placentino había modelado el alma del joven Sacerdote, marcándola profundamente con el espíritu josefino-trinitario. La amistad fue sincera, íntima, recíproca, y el recuerdo vivo y perenne hasta la muerte.

La Biografía, inédita, refleja en todas y cada una de sus páginas el cariño que nace de la sangre y la admiración hacia las virtudes del que era considerado santo.

El estilo literario del biógrafo es sencillo y coloquial, puesto que el autor no pretendía que su trabajo se publicase. Solo quiso recoger datos históricos de primera mano, que pudieran servir de edificación a las hijas espirituales del biografiado. Por eso no es de extrañar que en la redacción haya pequeñas deficiencias de fondo y forma, motivadas más por la rapidez y cansancio que por incapacidad. Según testimonio de una Religiosa Josefina Trinitaria actual, Hermana María Auxiliadora García Santamera, su sobrina, andaba muy preocupado por terminar su trabajo antes de su muerte. Pudo satisfacer su deseo en las vísperas mismas de su partida al Padre.

El extremeño por elección propia, abrió caminos a su familia, que arraigó también en esta buena tierra y en ella vive todavía.

La memoria de D. José María Santamera cuando han transcurrido ya casi cincuenta años de su muerte, pervive aún entre las personas que le conocieron y apreciaron sus virtudes y su entrega; y perdura todavía más en el corazón de las RR. Josefinas-Trinitarias, que a través de su pluma recibieron una de las semblanzas más fieles de su fundador, el padre Eladio.

Oct 011981
 

Antonio Sánchez Gil Delgado.

Era la una de la tarde del día 29 de Agosto de 1809; un pelotón del ejército galo invasor había caído sobre Hoyos (Cáceres) con un objetivo bien definido y claro, el de obligar al Obispo de Coria a rendir vasallaje al rey intruso Bonaparte, José I, o arrancarle la vida. Asaltando el Palacio Episcopal y llegándose hasta las habitaciones particulares del Prelado, van silueteando su avance trágico con los mojones que dejan los cuerpos caídos, pues quedan a sus espaldas los de un capellán y cinco ancianas, allí recogidas, maltratadas y el viejo portero que agoniza en un charco de la propia sangre. De nada han servido los ruegos, las reflexiones y hasta las lágrimas del anciano Obispo para imponerles moderación; es evidente que han venido con el plan concreto de buscar al Obispo y quitarle la vida. Por ello el comandante galo, encarándose con el anciano Obispo, le dice o, mejor le espeta, mas que le dice: “¡Viejo loco!, o juras obediencia al rey José I, o te fusilo…”. Y momentos después le arrancaban de la cama y desnudo sobre la tierra, le dieron dos tiros, uno en el vientre y otro en el pecho, que acabaron con su vida heroica y digna El crimen provocó la desbandada de sus feligreses y hasta familiares; al día siguiente el sacerdote de Hoyos, D. Domingo Jiralde, ayudado del piadoso sacristán, envolvió su cuerpo martirizado en una sábana y le dio cristiana sepultura en la iglesia parroquial, sin acompañamiento de fieles, sin rito funerario, sin repique de campanas, en silencio callado…

El nombre de este santo Obispo Ilmo. Sr. D. Juan Álvarez de Castro vino a mi conocimiento por una copia del testamento, que me proporcionó una religiosa franciscana del convento de San Antonio de Toledo, Sor Amparo Sánchez Muñoz, remota familiar del santo mártir, en cuyo patrimonio familiar todavía figura la casa de los padres del Obispo y su memoria bien impresa y querida. De por sí no es un descubrimiento llamativo, ni el testamento una pieza singular; pero es un recuerdo de un obispo, que nacido en Toledo -provincia- y desde Madrid vino a regir la diócesis extremeña de Coria, donde se manifestó digno sucesor de los apóstoles y como bella imagen del pastor, que da la vida por sus ovejas. Luego de hecha la transcripción del testamento y verificada por él la información verbal de Sor Amparo Sánchez, busqué datos para iluminar el personaje, viéndome en la precisión de seguir el consejo y sugerencia de D. Francisco Fernández Serrano sobre el episcopoligio de Plasencia: acudir a la enciclopedia Espasa, que es en cualquier momento la primera arma de trabajo, donde efectivamente hallé brevísima reseña biográfica del Ilmo. Álvarez de Castro. Pero debo añadir que ha sido en la revista “La Ilustración Católica”“ y en números aislados, que había conservado casualmente, donde he localizado un artículo de página entera sobre esta noble figura española. Se hace realidad de que la fortuna premia todo esfuerzo a la corta o a la larga. Espasa sintetiza lo que más ampliamente desarrolla la Ilustración Católica. Hoy ya sé también que su figura dio lugar a un magnífico estudio a principios del siglo. Al conmemorar el histórico acontecimiento en el centenario -1908- y publicarse aquel homenaje a los héroes y grandes figuras de la contienda, entre los que dejaron en la penumbra o, mejor en la oscuridad y silencio más lamentable, era uno nuestro Obispo; entonces en Coria hubo un hombre que, con sentido de la justicia, con dosis de voluntad diamantina y paciencia, digna de la causa emprendida, ofreció a los lectores y diocesanos de Coria, de Extremadura toda y de entera España una preciosa y documentada biografía de este Prelado, que yo no he podido ver ni consultar. El autor del trabajo fue el canónico secretario del Obispado José F. Fogués Cogollos… quiero suponer que la revista se basa en el libro y que sus datos son verídicos…Y son estos:

Nació en Mohedas de la Jara (Toledo) el 29 de enero de 1704 y fueron sus padres acomodados labradores, que pudieron dar a sus hijos estudios y carrera, que nuestro personaje hizo brillantemente, pues se doctoró en Teología y pronto se lanzó por el camino de las oposiciones; así en competición reñida opositó y ganó la parroquia de Piedrahita en 1751; diez años mas tarde ganaba la de Azután y en 1780 la de San Justo y Pastor en Madrid, donde logró merecida fama de buen orador por su palabra persuasiva y eficaz y elegante decir. Muerto el Obispo de Coria D. Fr. Martín Rodríguez, tanto el gobierno español como la Santa Sede se fijaron en nuestro personaje para dar al extinto digna sucesión, como lo fue poco después de aceptar el nombramiento y consagrarse en la iglesia del convento de Santo Tomás en Madrid. Ya consagrado debió emprender camino hacia su diócesis y, según los indicios, su itinerario debió ser Madrid, Talavera y Mohedas, donde antes de proseguir viaje, hizo y dispuso su testamento de las casas y bienes, que poseía, ya por herencia, ya por adquisición, como lo hace constar expresamente. Le quedaban allí aún dos hermanas-Beatriz y Juliana- y era ya difunta la mayor de todas, Regina, a la que él había ayudado mucho en vida; por lo mismo y para evitar disgustos y fricciones, pleitos y quejas, lega todos sus bienes a las supervivientes y a los herederos directos de la última. Han sido testigos de esta voluntad del Sr. Obispo el sacerdote de Mohedas y el párroco del mismo pueblo D. Antonio Moreno; D. Juan Mansilla del Pino, el también sacerdote D. Andrés Cardeñosa y D. Bernabé Santos, ambos como familiares del obispado y residentes en Mohedas. La fecha de la escritura, autorizada por el escribano de Talavera, D. Antonio Sánchez Gil Delgado, es del 21 de Junio de 1790. Ya todo arreglado reemprendía su camino poco después para hacer su entrada oficial y tomar posesión de su silla y diócesis el 7 de julio inmediato.

Su vida aquí es una irradiación de su talento y bien hacer: amplía el seminario y obtiene para los estudios allí cursados validez académica, promociona publicaciones y lleva a cabo otras muchas cosas, como el hermoso órgano de la Catedral, obra de Verdalonga, maestro de El Escorial; pero además fue largo en dar limosnas y ayudar en toda obra buena y digna. Y es por ello, por su amor a la Patria, como su nombre debió figurar pronto en el índice de las personas no gratas a los franceses, que, por lo mismo debían ser eliminadas. Según hiciera en 1793 alentando el patriotismo de sus diocesanos contra los vecinos de allende de los Pirineos, así lo hará en los años de la Guerra de la Independencia (1808-1814) o, mejor, hasta su muerte, que fue una auténtica salvajada de “los soldados de la enciclopedia” y revolución galas. Pero con más precisión puntualicemos estos detalles. Aludimos a su actitud en 1793 año en el que escribió una preciosa Pastoral estimulando a los fíeles para ayudar al Ejército en la lucha emprendida contra la república francesa. No menos animoso se manifestó en otra Pastoral, fechada en Lagunilla el 8 de Agosto de 1798 con motivo de la guerra suscitada a España por los ingleses. Y para demostrar con obras lo que su pluma consignaba, anticipó entonces con su cabildo 500.000 reales a la Corona, y dos años más tarde 300.000, ambas cantidades a título de reintegro. Y estos rasgos que tanto y tan bien le definen, son el retrato, aunque pálido, de su prócer figura y nobilísimo comportamiento en los años de la Independencia. Se hallaba en su retiro de Hoyos cuando estalló el conflicto bélico y el pueblo en armas declaró la guerra al Corso y hasta allí le llegan noticias de los desafueros de las tropas de ocupación; entonces renuncia a seguir prestando ayuda, que con el concepto de nación amiga había prestado al Ejército francés en su paso hacia Portugal en los últimos meses de 1807 y enero de 1808.Olvidado de sus achaques, con actividad febril, desde su lecho de dolor y enfermedad, casi ciego, dicta enérgicas circulares, arbitra recursos, alienta a los tímidos, secunda las instrucciones de la Junta de Badajoz y, por último, da cuanto tiene para aquel glorioso alzamiento sin igual en la historia.

Sus palabras de aliento y consuelo, las nuevas Circulares y predicaciones, avivaron más y más el fervor patriótico de sus diocesanos, pero también el odio de los invasores, quienes juraron quitar la vida al obispo sin consideración a su edad no categoría, lo que por entonces no pudieron realizar por hallarse libre la parte alta de Extremadura de la ocupación extranjera y además era peligroso internarse por las escabrosidades de la Sierra de Gata; por lo mismo aplazaron de momento su propósito.

Los familiares y quienes rodeaban al Sr. Obispo vivieron todo un rosario de inquietudes y sobresaltos; así cuando el general Lapisse al frente de su división salvó el Puerto de Perales, a principios de abril del mismo año, para dirigirse a Portugal por Alcántara, los familiares de nuestro Obispo le ocultaron primero en la montaña y después le trasladaron a Villanueva de la Sierra, donde se hallaban el 29 del mismo. La situación empeoró cuando entraron en Coria los franceses el 17 de agosto. Temerosos los serranos de que los enemigos realizaran sus propósitos asesinos, organizaron un servicio de espionaje, por el que, tan pronto salía de Ciudad Rodrigo algún destacamento francés hacia Coria, se daba oportuno aviso, que por caminos y vericuetos llegaba rápidamente a Hoyos, donde los mozos más robustos llevaban en hombros al amado Pastor, que ya no podía montar a caballo, y le ocultaban en la sierra hasta que desaparecía el peligro con la marcha de los enemigos.

Muy temprano, el infausto día 29 de Agosto, llegó la noticia de que se aproximaba una partida francesa, que venía de Ciudad Rodrigo; acudieron los jóvenes del pueblo a la residencia del prelado para cargar con él y ocultarlo, pero este, que había pasado la noche con fiebre intensa y continua, no estaba para caminar y así se desistió de llevarle… a mediodía penetraron los franceses en Hoyos y se dirigieron a Palacio, atropellando por todo hasta llegarse hasta el lecho del noble anciano. Reflexiones, ruegos, lágrimas, todo fue inútil; mientras unos se entregaban al pillaje y saqueo y otros lo destrozaban todo, y algunos maltrataban al capellán y a cinco ancianas allí recogidas, asesinaban al anciano portero, el Comandante de las fuerzas de Soult, enfrentándose con el Sr. Obispo, le decía así: “¡Viejo loco! o juras obediencia a José I o te fusilo…”. Momentos después era arrancado de la cama, desnudo, en el suelo, recibió dos disparos, uno en el pecho y otro en el vientre, quedando muerto en el acto. Era la una de la tarde del luctuoso 29 de agosto. Aterrados los vecinos, se dieron a la desbandada… un sacerdote del pueblo, Don Domingo Jiralde, ayudado del sacristán, envolvió en una sábana el cadáver del heroico Obispo y le dio cristiana sepultura en la madrugada del día 30 en la iglesia parroquial de la población, secretamente, sin ceremonia alguna, sin toque de campanas…

Este fue el obispo de Coria el Ilmo. Sr. D. Juan Álvarez de Castro, que nativo de Mohedas y con brillante historial madrileño, aquí alcanzó la palma de mártir…

img01TESTAMENTO DEL OBISPO DON JUAN ÁLVAREZ DE CASTRO

(Mohedas, 21 de junio de 1790)

“En el nombre de Dios todopoderoso y de su santísima Madre, que vive y reina por los siglos, Amén.

Sepan como yo, Don Juan Álvarez de Castro, Obispo de Coria, natural de este lugar de Mohedas, jurisdicción de esta villa de Talavera y al presente residente en él, con motivo de pasar a residir en mi Obispado, digo que, por cuanto gozo, poseo y disfruto en el término de este dicho lugar diferentes bienes habidos y adquiridos por mis legítimas paterna y materna, y otros antes de la elección de tal Obispo, como es notorio, siendo mi voluntad disponer de ellos en la forma que me es remitido, lo ejecuto por este instrumento en (fol. 2r) aquella que más haya lugar en derecho; y por el otorgo que hago manda, cesión, donación y traspaso de las casas que tengo en este dicho lugar, hice a mis expensas, sitas en la calle Real de él, y son las mismas que al presente habita y ha poseído Don Manuel Martínez Montero, a mi hermana Doña Juliana Álvarez de Castro, su mujer; linde todas ellas por solano y ábrego con dicha calle Real; por gallego con la de María García Gudiel, y otras de Silvestre Soria; y por cierzo con cerca de Andrés Gudiel, calle a el medio y demás notorio, cuyas casas declaradas y deslindas con todas sus posesiones y pertenencias, así de huertas, como de cerca, se las mando, cedo y dono para siempre jamás a la expresada Doña Juliana Álvarez de Castro, mi hermana para que sea para la susodicha, sus hijos, herederos subcesores, sin que por los motivos que (fol. 2v) aquí expresare, ni por persona alguna que se pueda ya intervenir así en forma de juicio, como fuera del con pretexto ni motivo alguno cntra esta mi voluntad última y determinada.

En iguales términos que los antedichos, mando a Doña Beatriz Álvarez de Castro, también mi hermana, las casas que hube y heredé de mis difuntos padres, sitas entre las de este lugar a el Barrio de la Virgen del Prado, con todas sus posesiones, pertenencias y cercado a ellas contiguo, linde éste y aquellas con cerca de la capilla que posee al presente Don Juan Gudiel, Presbítero, por solano con calle nueva de este lugar a la ermita de Nuestra Señora del Prado, que venera extramuros del; por cierzo con casas de Vicente López Moreno, por gallego… Bartolomé… calle al medio; y por ábrego con casas de Simón Gómez, calle a el medio y demás notorios, para que las goce, posea y disfrute dicha mi hermana Doña Beatriz a su elección y voluntad por siempre jamás, sin que por mis heredero se pueda con pretexto alguno intervenir contra esta mi última determinada voluntad.

En atención a que con dichas mandas, aquí expresadas, quedan compensadas igualmente dichas Beatriz y Juliana, con lo que anteriormente di y suministré (sic) viviendo a dicha Regina Álvarez de Castro, ya difunta, también mi hermana; a las cuales Doña Beatriz, Juliana y Regina, mis hermanas, sus hijos, nietos y sucesores representando la persona de estas, nombro por mis únicas universales herederas de todos mis bienes que gozo y poseo, míos propios, (fol. 3r) por el concepto explicado y fuerza de la… que partirán y dividirán igualmente entre las tres mis hermanas Beatriz, Juliana y Regina, aunque difunta y por representación de la persona desta entre sus hijos, nietos y sucesores, sin que traigan ni puedan traer a colación y participación cosa alguna de lo que hayan recibido de mi anterior a esta mi última voluntad.

Así mismo declaro es mi voluntad que los demás bienes que tengo míos propios, adquiridos por las razones anteriormente significadas (que son los únicos de que estoy enterado, puedo disponer) y que constarán en un inventario que se formarán dellos se partirán y dividirán por iguales partes entre las dichas mis tres (fol. 3v) hermanas Beatriz, Juliana y Regina Álvarez de Castro, ya difunta y por representación de ésta, su parte entre sus hijos y nietos, mis sobrinos, sus herederos y sucesores, haciéndose y practicándose lo mismo entre los hijos y herederos de las expresadas Beatriz y Juliana, si hubiesen fallecido éstas, dándose para ello a los bienes los valores arreglados y justos. Y siendo entre los que se han de partir y dividir uno de ellos, un pedazo de tierra, no minado de calores, sito en el Robledo de este término y cuyos linderos del y cabida por ser notorios y no tenerlos presentes los omito, se le adjudicarán éste por su precio arreglado y para en parte de pago de lo que se deba percibir y heredara la dicha Juliana Álvarez de Castro, la que se lo poseerá y disfrutará como hasta aquí lo ha hecho (fol. 4r)… interín y hasta tanto no se haga la división y partición en tres partes iguales; de los demás mis bienes una parte a dicha Beatriz, otra para Juliana y otra para los hijos y nietos de la dicha Regina Álvarez de Castro, ya difunta, mis tres hermanas y herederas únicas y universales de mis bienes. Y para que dicha partición y división se haga extrajudicialmente y sin figura de juicio con todo el arreglo que apetezco, nombro por partidores, apreciadores, contadores, curadores y divisores, caso que haya menores entre mis herederos, a el señor Cura propio y Escribano que al presente son y en adelante fueren en este lugar de Mohedas, a los cuales juntos y cada uno insolidum les doy (fol. 4v) y con fiero todo el poder y fuerza necesaria para ello; y para que dicha división hecha extrajudicialmente la reduzcan a escritura pública para su mayor validación y firmeza, siempre conste y queda dárseles a mis dichos herederos y los suyos los testimonios de adjudicación competentes y demás razones que necesiten por las que puedan acreditar y hacer patente su haber. Y respecto a que ahora conservo para mi algunos bienes muebles y alhajas mías propias, no pertenecientes a la mitra, es mi voluntad que, como no inclusas en el inventario que dejo referido, si a mi fallecimiento se hallase una minuta firmada de mi puño y letra, se esté y pase por lo literal de ella, la cuál se tendrá por parte (fol. 5r) de mi testamento, última y postrera y voluntad, guardándose en todo y por todo por mis herederos y albaceas, como se cumplirá y se guardará lo que en el está contenido, sin que, como dicho es, se traiga a colación y participación lo que a cada una de estas mis tres hermanas haya recibido de mi por cualesquiera concepto o razón que haya sido, en atención a que habiendo hecho anteriormente contejo y graduación de todo, hallo por justa y arreglada esta mi disposición y determinación con lo que pagué y satisfice por mi sobrino Don Ignacio Zarza y Álvarez, que Dios goce. Por tal hago esta declaración para que por parte alguna se puede alegar otro derecho (fol. 5v) y pedir la parte justa que la toque y pertenezca de mis propios bienes, bajo los términos aquí significados, que como va referido se partirán y adjudicarán y dividirán por tres partes iguales y entre mis tres hermanas y herederas dellas nombradas, Beatriz, Juliana y Regina, pues aunque esta es difunta, por su representación los percibirán y partirán entre sí sus hijos y nietos; y lo mismo harán, si faltase alguna de las dichas Beatriz, entre los herederos desta y sucesores de la prenotada Juliana, representando la persona de cada una.

En cuya forma aquí relacionada y expresa hago esta declaración y mandas contenidas en ella con todas las cláusulas y circustancias (fol. 6r) más útiles y necesarias para su total firmeza y validación, aunque en ésta vayan omitidas y no expresadas, que doy aquí por referidas, ya que habré por firme, subsistente y valedero lo en ésta contenido. Obligo mis propios bienes, así muebles, como raíces con renunciación que rara ello hago de todas y cualesquier leyes a mi favor con la xral. y la que prohíbe en forma, en cuyo testimonio así lo digo, otorgo y firmó dicho Señor Ilustrísimo ante el presente escribano público y testigos en este lugar de Mohedas, en el a veinte y un días del mes de junio de mil y setecientos y noventa, siéndolo presentes por tales Don Antonio Moreno, cura propio de esta parroquia (fol. 6v) Juan Mansilla del Pino, Don Andrés Cardeñosa, presbítero, y Don Bernabé Ramos, familiares de su Ilustrísima, residentes y vecinos de éste. Y yo el subscripto doy fe conozco al señor otorgante y lo firmó de su puño y letra.-Juan Obispo de Coria.-Ante mí, Antonio Sánchez Gil Delgado.

E yo el dicho Antonio Sánchez Gil Delgado, escribano del Rey nuestro señor (Dios le guarde) uno de los del número de la villa de Talavera y su tierra y público, en este lugar de Mohedas y sus a Fregados de su jurisdicción, presente fui con el señor otorgante y testigos, a lo que dicho es. Y este traslado saqué, hice escribir de su original, con el que concuerda, el cual obra en mi poder, oficio y protocolo corriente, a que me refiero; y en fe de ello lo signo y firmo en el día, mes y año de su otorgación en este dicho de Mohedas.

En testimonio de verdad Antonio Sánchez Gil Delgado, rubricado.

Oct 011981
 

Angel Paule Rubio.

Acompañado de dos conocedores del terreno, uno Tomás Sánchez y otro Marcos Sánchez, vecino de Villanueva de la Sierra el segundo y de «E1 Castillo» el primero. Ambos amigos desde la infancia, unidos en la Escuela local, más tarde carboneros y por última compadres.

En animada charla y con gran asombro por mi parte, ambos en tendida conversación, pude comprobar su lenguaje, su voseo y su usted…

«-¿Se acuerda usted compadre cuando desde al Risco-Ventana hasta estas lanchas traía vosotros un jací de ramos pa las cabras y era tan pesado que aquí lo dividió usted en dos? Tuvo que volver dos veces.

-Claro que me acuerdo compadre. Usted quiso cambiarme su jací por el mío, porque vos era más fuerte «.

Así tras dos horas de escalada, ya que para ver Hurdes hay que jugarse la integridad física. Es camino duro, agrio, como ellos lo llaman, escarpado, por donde ni las más alpinistas cabras pueden hallar su suelo.

Llegamos al Risco-Ventana donde había una ventana de cincuenta por treinta cm. que no pudimos alcanzar, ya que la roca era vertical y sin prominencias donde poder hacer pie para la escalada. Nos separaban dos metros. Un poco más alto tenía una pareja de águilas su nido.

Merodeando por aquel paraje insólito, después de vueltas y revueltas, conseguimos nuestro objetivo. Era una boca estrecha, de un diámetro de treinta cm. Entramos no con mucha confianza por lo que en ella pudiera existir. La entrada, agazapados como reptiles, penetramos en su interior. Una vez dentro observamos dos galerías de unos cien metros cada una. Se andaba bien aunque un poco encorvados. Examinada no encontramos nada importante a juicio de un inexperto, pero podría ser motivo de investigación seria por expertos.

De esta cueva nos contaron los naturales su historia. Aquí habitaba una vieja encantada que se convertía en distintos animales y atacaba ganados que mataba para devorarlos. El miedo cundía por la zona. Un día un pastor acertó a pasar por allí cuando la vieja encantada estaba en la puerta de la gruta. Tenía tendido mercancías como tijeras, hilo y otros enseres. Ella dijo al pastor que qué quería comprarle. El respondió que una tijera. ¿Para qué? -preguntó la mujer-. El pastor atemorizado respondió: Para cortarme la lengua. Ella le contestó: me has encantado cine años más por tu respuesta, si hubieses dicho que para cortarme la lengua me hubieses desencantado y me habría convertido en una hermosa y bonita joven. Como los desmanes por allí seguían ocurriendo y el miedo aumentaba, se buscaban soluciones para terminar con la vieja encantada. Se recurrió a un pellejo de cabra lleno de “yeses” encendida y colocado no lejos de su gruta. Saliendo la vieja muy de mañana, lo vio e inmediatamente se lo tragó. El fuego quemó su barriga que quedó abrasada. Y de esta fácil manera se libraron del encantado enemigo.

Son muy dados los hurdanos a las historias fantásticas y supersticiones.

Bajando me contaban que allí enfrente, por la Sierra de la Boya y entre la Boya Chica y la Boya grande, estaban enterrados cien carros de oro. Al pasar por una cantera de piedras arcillosas de grandes dimensiones me dice: “Aquí han estado cavando diez hombres por espacio de más de un mes buscando uno de esos carros de oro. Esto lo he conocido yo -me afirma-“. Efectivamente aquello había sido excavado, removiendo enormes bloques de piedra. No encontraron el carro.

“¿Ve usted -me dice- aquel cortafuegos que va derechito a la Boya? Mire unas piedras que salen por encima. Allí sacaron una tinaja de oro de seis cántaros. ¿Cómo fue?, le pregunté. A lo que me respondió que llegó un señor y pregunto por el sitio indicado. Un hurdano le dijo que él sabía donde estaba, pero que tenía que perder el jornal y si él se lo pagaba se lo enseñaría. Aceptado el trato, el buen hurdano y el viajero salieron camino adelante. Llegados al sitio le pagó su jornal, que era una peseta. Pero, como el señor era dadivoso, finalmente le dio dos, quedando el hurdano muy agradecido. Al día siguiente varios vecinos fueron al lugar indicado y encontraron desenterrada la tinaja de seis cantaros vacía y por el pueblo corrió la noticia de que estaba llena de oro.

Así llegamos al pueblo. Nos invitó a su casa y comimos unos trozos jamón hurdano, con gran contento.

Ya por nuestra cuenta, y unos días después, fuimos a un lugar que ellos conocen con el nombre de «El Tesito de los Cuchillos» buscamos hasta encontrarlos, no con facilidad. Otros hurdanos llamas a este lugar «La pata de la mora».

Voy a ubicar el sitio. Todo lo descrito pertenece al pueblo de “El Castillo» en esta provincia de Cáceres. Desde el pueblo y a unos 5 Km. río arriba hasta donde se conjunta con el río Zambrana, y en el triángulo formado, a casi doscientos metros de la confluencia, está el lugar que nos ocupa. Es una piedra arcillosa ferruginosa, dura de tres metros cuadrados de superficie, totalmente plana.

Con un detector de metales pudimos observar que la constitución física de terreno era diferente del cancho plano. La señal emitida por el detector podría indicar que se trataba, bien de una composición química diferente, bien de una corriente de agua, o a caso de una gruta. Una excavación nos desvelaría el secreto.

En esta piedra petroglifo se observan perfectamente los siguientes grabados. Comparados con otros que la ciencia considera de la época del Bronce, me atrevería a afirmar que esta seria su época, aunque sobre ellos, y ya en fecha de los romanos, escribieran sobre ellos unas palabras que dicen:

«TURMA II CAVIIA».
TURMA podría significas tropas mercenarias (?).
MII, ¿Podrían significar o indicar realmente una ME?
CAVIIA, tal vez diga CAUEA, según lo anterior ¿Diosa indígena?

Hay cuatro cuchillos, un esteliforme o soleiforme y seis pies oferentes. El estado es bastante bueno. Estos son sus dibujos:

img01En otra localidad, Caminomorisco, en el sitio que llaman “Cancho del Moro”, en la carretera de Pinofranqueado a Cinomorisco, antes de llegar a un arroyuelo que tiene piscina natural, hay un vivero con casa de ICONA y junto a ella un camino que sale a la derecha de la carretera que discurre paralelo al río, bajando, con repoblación de pinos y a una distancia de trescientos metros de la carretera y a cien metros del río hay un canchal, tal vez pulimentado, duro, arcilloso, ferruginoso, plano a pesar de estar en una ladera pendiente en mediano extremo, contemplamos otro petroglifo de dos metros cuadrados aproximadamente, con los siguientes grabados: Cuatro puñales, dos pies oferentes y un plano tectiforme.

img02También encontramos cosas parecidas en Mesegal, a1 sitio «Pata de la Mora”. En el camino del Cotorrón con dirección a Caminomorisco encontramos otro canchal de características análogas a los anteriormente descritos. De dos metros cuadrados de superficie. Se ven los siguientes dibujos: unas tijeras, según los naturales (¿Podrían ser dos cuchillos cruzados?) y un dedal (es un hueco que me atrevo a denominar).

img03Tal vez al pensar en tijera, a lo que pienso cuchillos cruzados, hayan pensado en dedal. Un natural me dice que antes había grabados como una especie de ropa tendida. Efectivamente algo se observa. A esto, lanzo la opinión de que puede ser muy bien un tectiforme o plano de casa, como el anteriormente citado de Caminomorisco.

Cuando cierro este trabajo, a pesar de que ya he investigado en otros sitios de Las Hurdes, pero sin resultados positivos, no dudo que en fechas próximas podamos contar con nuevos hallazgos de unas características similares a las ya mencionadas. Afirmo esto, porque los naturales me hablan de piedras que, arrancadas de su lugar primitivo, habían ido a formar paredes de cercados o casas, sin que por el momentos las hayamos encontrados con dibujos y que los mas antiguos recuerdan como soles, cuchillos y pies.

Concluyendo, que esta región hurdana fue rica en asentamiento del Bronce y mas tarde fue lugar donde alguna legión romana tuvo asiento o bien soldados arrestados en esta región agreste, agria, como ellos la llaman.

Oct 011981
 

Manuel Núñez Chamorro.

En mi comunicación del pasado año 1980, leída en estos Coloquios Históricos Extremeños, que titulaba “Plazas de toros de Mérida”, daba cuenta de la haber existido en dicha Ciudad dos plazas de toros; una de ellas en las ruinas, entonces visibles, del Teatro Romano, de la que quedaban noticias documentales hasta el año 1851.

Otra, la actual, que se inicia su construcción en 1902 y se da por finalizada en el año 1914.

Pues he aquí que, cumpliéndose esa trilogía o predilección por el número tres, por la Fiesta de los Toros, aparece una segunda plaza de toros, intermedia entre ambas.

Hablo de la preferencia de la Fiesta por el número tres, y podemos comprobar que figura en casi todos los aspectos que la componen. Tres matadores, tres subalternos de a pié, cada uno, tres picadores cada uno, incluido el reserva, tres tercios en que se divide el anillo o ruedo, tres tercios de que consta la lidia, tres lotes de toros, tres divisiones en cuanto a acomodación de espectadores se refiere, a saber: Sombra, Sol y sombra-Sol, tres avisos de clarín, señalando el tiempo transcurrido, tres mulillas que arrastran al toro muerto, tres trofeos que se otorgan, dos orejas y el rabo, y por ultimo diré que la presidencia la asume un señor, compartida con dos asesores, veterinario y artístico, que igualmente suman tres.

Ya tenemos las tres Plazas de Toros en Mérida.

Dicha plaza, según fotocopia de comunicación del Ayuntamiento de Mérida al Gobierno Civil de Badajoz, con fecha 28 de Octubre de 1883, se daba cuenta de que había finalizado su construcción, por el vecino de Sevilla, Andrés Fernández, y previa supervisión del ayudante de Obras Públicas, D. José Pedro Rubio, quien certifica reunir las condiciones de solidez necesarias para evitar que puedan ocurrir desgracias personales.

Esta Plaza era toda ella de madera. El lugar donde dicha Plaza estaba enclavada es en lo que hoy llamamos Avenida de José Fernández López y exactamente en lo que se conocía como “Corralón de D. Antonio Pacheco”.

En parte de este solar se construyó la primera vivienda propiedad del famoso ginecólogo e hijo predilecto de Mérida, Don Andrés Valverde López.

Con fecha 30 del mes de Octubre y año de 1883, ya citados, se concede permiso por el Gobierno Civil de Badajoz para su inauguración que, según cartel que obra en mi poder y del que adjunto fotocopia, se lleva a cabo el día 11 de noviembre, domingo, del referido año (no se pudo celebrar por avenida del río Guadiana).

El espectáculo inaugural, consiste en una magnífica capea, con “un toro de muerte”, de la acreditada ganadería de Badajoz, propiedad de D. Juan Antonio Romero Falcó.

El espada a actuar en la muerte de dicho toro, es Antonio Fernández (a), “el Amiguito” de Sevilla.

Actúan de picadores, Antonio Gálvez Puerto y Pablo Toro Sánchez. Banderilleros: Manuel Bellido “Maolín”, Antonio Castillo “El Niño”, Joaquín Infante “Chuchi” y Manuel Moreno “Chanes”.

Puntillero: José Gálvez “Pintor”.

La llave del toril, según consta en dicho programa, será recogida por el vecino de Mérida, al que se califica de simpático, Juan Pito (a) “Cortador”.

Los precios de las entradas son: Preferencia, 5 reales; Sombra, 3 reales; y Sol, 2 reales.

Ya en esa época están en vigencia disposiciones que sancionan con 25 pesetas de multa a quien arroje objetos al ruedo que puedan dificultar la labor de los lidiadores, como asimismo que si algún lidiador se inutilizase el público no podía pedir la presencia de otros.

Las localidades, se expendían en el entonces llamado Café Iberia, situado en la calle de Santa Olalla, haciéndose la advertencia que quedaba prohibido tomar dinero en las puertas de la Plaza.

Todos estos datos pertenecen a la corrida de inauguración.

Poseo tres carteles más, con fecha de: 23 de diciembre del año 1883; 13 de abril; y 22 de mayo del año 1884, en los que se anuncian festejos celebrados en dicha plaza de toros.

El 23 de diciembre, domingo, vuelve a actuar el ya citado “Amiguito”, con toros de la misma ganadería del día de la inauguración.

En el cartel correspondiente a este día, se anuncia que el que quiera entradas de palco, habrá de llevar las sillas el día anterior.

El 13 de abril de 1884, se anuncian tres “toros de capea” y uno “de muerte”, dando incluso la capa o pinta y edad de cada uno de ellos, a saber: el primero: retinto carinegro, 4 años; el segundo: negro estrellado, 4 años; y el tercero: retinto ojinegro, 3 años.

El espada a actuar era conocido por Miguel de la Hera (a) Cerote, natural de Madrid, actuando de sobresaliente Francisco Zamora (a) Zarorita, de Córdoba. Picador: Antonio Gálvez Puerto. Banderilleros: Francisco Zamora “Zamorita”, Manuel Bellido “Maolin” y Eloy Moreno “Morenito”, estos dos últimos de Sevilla.

Y tenemos el cartel día 22 de Mayo del mismo año, jueves, en el que figura como matador el espada extremeño Manuel Mejías Luján, de Bienvenida, anunciándose así ya que este extremeño, fundador de la ya famosa dinastía Bienvenida, no utilizó el nombre de este pueblo extremeño, como apodo.

Se anunciaban dos “toros de capea y dos toros de muerte”, de la ganadería también de Badajoz, de D. Ruperto Navarro, procedentes de D. Joaquín Gallardo de Sevilla. Como picador actúa Rafael Alonso “Bastoncito”, de Sevilla. Banderilleros: Antonio de la Rosa “El Pollo”, Antonio Sánchez “Fatiga” y Manuel Bellido “Maolín”.

Como datos que el tiempo se encarga de convertir en anecdóticos, señalaré que en el cartel últimamente citado, se anuncia que los toros estarán expuestos dos días antes de la corrida, en la Dehesa “El Prado”, para su reconocimiento y aprobación por el vecindario.

Huelga decir, que dichos toros eran trasladados desde Badajoz a ésta a pie, pero sí me interesa dejar constancia del traslado de dichas reses, desde la finca “El Prado”, hasta la Plaza. Éste se efectuaba cruzando dichos toros el río Guadiana, por el vado que existía en “La Molineta” que había aguas abajo del puente del ferrocarril, tomando luego el camino de Aljucén a Mérida, pasando por el Molino de Pancaliente, hasta ser encerrados en los recintos destinados a tal uso en la plaza de toros.

Esta conducción, se solía hacer previo aviso al vecindario, para evitar daños personales posibles siendo, no obstante, presenciada por numerosos vecinos que se situaban en lugares seguros o incluso en carros que se situaban en el itinerario para poder presenciar la llegada de estos a la Plaza.

Para mí, aficionado a cuanto se relaciona con la fiesta de toros, existía un periodo de tiempo, desde el año 1851, fecha en la que se datan las ultimas pruebas documentales que poseo sobre la existencia de una plaza de toros en el teatro romano (entre otras, el permiso del gobierno político de Badajoz para la celebración de una corrida de novillos con fecha 11 de Agosto de 1840 para celebrar las “felices noticias de la conclusión de la guerra carlista”) hasta 1914, año en el que se inaugura la actual Plaza de San Albín, en el que me resistía a admitir que Mérida no hubiese tenido coso taurino.

Esto es lo que me ha llevado a bucear, con mi escaso tiempo y mis modestas posibilidades, hasta hallar esa segunda plaza taurina, intercalada entre la primitiva y duradera del teatro romano, los Festejos Reales celebrados en la Plaza Mayor y la actual.

Para mayor abundamiento en la tradición taurina de esta Mérida grandiosa, diré que el primer dato que existe en los Archivos de nuestra Biblioteca Municipal, data del año de 1624, en el que en un Decreto Municipal se lee: “Que se libre de cargo trescientos reales por los toros que mató en la fiesta de San Gregorio, de este año, conforme al parecer de lo acostumbrado”.

Es verdad, que existe otra referencia a los toros en esta población, fechada en el año 1400 pero no se puede aseverar porque resulta prácticamente casi indescifrable, debido a los caracteres de la escritura, a pesar de los esfuerzos y comprobaciones hechas por el archivero de dicha biblioteca a quien obligadamente tengo que agradecer las facilidades que me dan para estas pequeñas investigaciones, así como a su director y todo el personal que la integran.

De esta forma, quiero demostrar mi cariño a esta Emerita-Augusta, que ojalá fuésemos capaces entre todos de elevarla al lugar que ocupó hace cientos de años.

img01

Oct 011981
 

Laureano Becerra Noriega.

Sean mis primeras palabras para expresar el más cordial de los saludos a todos los que de una forma u otra están relacionados con estos Coloquios Históricos; y mas especialmente a todos los comunicantes que cada año retornan ilusionados a este reencuentro llevando bajo el brazo el fruto de su callada tarea de conservar lo pasado, porque ellos saben que “donde no se conserve piadosamente la herencia de lo pasado, pobre o rica, grande o pequeña, no esperemos que brote un sólo pensamiento original ni una idea dominadora”. (M. M. Pelayo).

INTRODUCCIÓN

En honor a la verdad, he de confesarles que, el titulo de mi comunicación no se halla completo; debería continuar añadiendo: “por uno que estaba al cabo de todo lo ocurrido”. Porque es así como reza en el original que conservo, y porque es precisamente este añadido lo que verdaderamente puede dar la originalidad al tema, ya que, si bien es cierto que el movimiento emancipador de nuestros dominios allende los mares está sumamente estudiado, nunca antes de ahora nos había sido presentado bajo el aspecto de un autor tan excepcional. Y digo excepcional, no sólo por haber vivido los hechos que describe, sino porque en él concurren una serie de circunstancias que difícilmente puedan darse en ninguna otra persona. En primer lugar, y debido a su cargo de Capitán General y Jefe Político, era la máxima autoridad de la isla; y en segundo término, porque en el transcurso del tiempo que va desde la revolución de la provincia hasta el momento de escribir su “Compendio”, sufre una serie de vicisitudes que son las que hacen posible la consecución de su trabajo, que es escrito, no para darlo a conocer, sino para desahogarse de una serie de vivencias particulares, que relacionadas de alguna manera entre si dejaron en nuestro hombre tan venerables vestigios, que no podía dejar de recordárselas así mismo.

Y es por ello, que en la soledad de su cuarto, donde poco después muere sumido en la pobreza, pasa el tiempo recordando… escribiendo… su casamiento con aquella extremeña de Valencia de Alcántara, su primer contacto con ultramar en los desembarcos y toma de la Isla de Margarita y Puerto Cabello, junto a D. Pablo Morillo. Y sobre todo aquellas pérdidas de sus dos hijos, militares como él que contenían toda su ilusión; uno, en aquella sublevación de tan infeliz memoria, fusilado junto al General Torrijos, y el otro victima del cólera morbo en la Habana. Su salida de Santo Domingo en aquel bergantín inglés, y su larga estancia en Liverpool.

Pero dejemos al autor para entrarnos con su obra a la que el empeño de no profanar con mi pluma torpe ha hecho se conserve con toda su frescura y sencillez de su época.

El “Compendio” da en principio una idea general de las gentes y las tierras, para pasar a detallar la revolución en si, incluyendo escritos recibidos procedentes del Jefe de la Revolución, para terminar enderezando una relación de jefes, oficiales, empleados y personas más visibles de los que apunta sus características más notables junto con datos personales y a veces íntimos de cada una.

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“Para tener un perfecto conocimiento de los antecedentes de esta revolución, convendrá dar, aunque en globo, una idea del carácter de sus habitantes, productos de la isla y recursos que ofrecía, como asimismo, la ninguna ventaja que proporcionaba a la nación española en el estado en que se hallaba, sin que por ello, se desconozcan las ventajas que resultarían si se hubiese fomentado su conservación.

Generalmente, los americanos son de carácter orgulloso, apático y vengativos enemigos de los europeos, sin ley para los amigos y parientes y aún para sus mismos padres y hermanos; el interés, les hace desconocer todos los principios del orden social; el único trabajo en que son incansables es andar a caballo pues se entran en las pulperías en donde suelen permanecer muchas horas bebiendo sin apearse. Allí sólo la gente de color es la que trabaja, pues conceptuar bajeza el que lo verifiquen los blancos, la prostitución y el robo en unos y otros les es característica.

Mas sin embargo sé que aborrecen a los españoles, no así a los de Santo Domingo, que les aprecian bastante, y son de un carácter más dócil y no tan viciosos como los de las otras partes; pero su docilidad misma, les hace servir de instrumento para la ejecución de los caprichos de aquellas personas que con su influjo, los dominan, moviéndose como máquinas por su resorte.

Pero así como son más tranquilos y no tan viciosos, son más holgazanes, guardando analogías las demás circunstancies en razón a su origen.

La isla de Santo Domingo esta dividida en dos partes, la menor, que es la de Oeste, era de los franceses, los cuales la perdieron en la sublevación de la mucha esclavitud que en ella tenían, quedando ésta dividida en dos gobiernos de mulatos y de negros que siempre fueron rivales y sólo olvidaban sus resentimientos cuando se veían amenazados por fuerzas de la Francia.

La parte del Este, cuya longitud tenia sobre 130 leguas y de latitud 40, era la que poseía la España, mas fue cedida a Francia en la paz de Basilea; no obstante, en la guerra de 1808, se levanta un caudillo llamado: D. Juan Sánchez Ramírez, quien con varios amigos y auxiliado por el Capitán General de Puerto Rico, arma a todos los habitantes contra los franceses, consiguiendo después de varios triunfos y reveses reconquistarla ayudado por cuerpos ingleses auxiliares.

Esta reconquista, no hay duda que hizo mucho honor a sus naturales, los que voluntariamente la ofrecieron a la España, mas el Gobierno de esta nación, o sea por lo poco que podía sacar de ella a causa del mal estado en que se hallaba o por otros fines particulares tácitamente, la dejó abandonada a su suerte contentándose sólo con mandar algunos jefes y recursos, la mayor parte imaginarios, olvidando el premio de aquellos que fueron para el reconquistador agraciados, aunque esto puede ser por la apatía que los capitanes generales de ella han tenido, este es el móvil de su perdida, según se verá.

La población de la parte española seria sobre 60.000 y pico de almas de las cuales más de 50.000 son de color. Las poblaciones se reducen a catorce o dieciséis pueblos, algunos de ellos con el nombre de ciudades, pero unos y otros tan informales que la mayor parte del vecindario, lo tienen repartido en cinco o seis leguas de terreno, habiendo una distancia enorme de unas cesas a otras, y estando reunidas a la que llaman iglesia muy pocas y esas de pajas, que llaman bohios; de aquí se exceptúan la ciudad de Santiago que es algo más formal y la de Santo Domingo, que contiene siete u ocho mil almas en un recinto en que con la mayor comodidad podían caber 10.000 vecinos o casas.

Esta ciudad tiene dentro de si terrenos grandes sin fábrica alguna, inmensidad de solares, cada casa tiene el suyo que es mucho mayor que ella y todos incultos; pero, sobre todo, lo que la hace a la vista desagradable es la multitud de bohíos o chozas entre otras hermosas casas y edificios regulares.

La gente, es poco amiga de cultivar el terreno feraz que posee, y sólo había unas pocas haciendas de europeos que con sus esclavos las sostenían siendo estos los únicos que trabajan en esta clase. Los demás se dedican al corte de caoba, la arriería y la caza de puercos monteses de que abunda el país; de modo que, exceptuando unas cortas raíces que los mismos esclavos siembran cerca de la ciudad y el ganado vacuno que produce el país, todos los demás recursos van de fuera.

La España tenía señalado un litigio de 300.000 pesos sobre México, pero esto era ilusorio y sólo se sostenía con los derechos que pagaban los pocos barcos que llevaban efectos y exportaban caoba, y aún estos hubiesen sido nulos si el nuevo Capitán General D. Pascual Real no se hubiese apresurado a modificar el último arancel; de modo que si cuando más entraban, no alcanzaba para dar medía paga a los oficiales, empleados, canónigos y otros, hubiera llegado el caso de perecer unos y otros.

La pobreza de los habitantes, no permitía exigirles una pequeña contribución, y estaban tan acostumbrados a ello, que costaría trabajo acostumbrarlos y convencerlos de lo contrario en ningún tiempo, baste decir que aún ni su diezmo pagaban y que el clero se mantenía de las casas.

Agregar a esto que en los meses de agosto, septiembre y octubre, no navegan buques por aquellos mares, y de consiguiente nada ingresa la hacienda.

No había más guarnición que 150 hombres de milicia negros, unos 70 mulatos y sobre 50 cadetes, y sólo del nombrado batallón de veteranos cuya fuerza total eran pocos, cansados y viejos y no se podían poner más milicianos sobre las armas por no haber con que mantenerlos.

La inmensidad de jefes y oficiales todos, todos inútiles, recargaba los gastos con los que muy bien se hubiera podido mantener un batallón.

El comercio de la ciudad, está la mayor parte en manos de franceses, pues los españoles, eran unos pobretones excepto dos o tres.

REVOLUCIÓN

Pues que queda demostrado el estado en que se hallaba la parte de Santo Domingo, paso a demarcar en parte su revolución. La colonia vecina, o sea, la parte francesa, se halló hasta el fin del año 20 dividida en los gobiernos mencionados, cuyas rivalidades constituían la seguridad de la española, pues ninguna de éstas podía extender sus miras sobre ésta, ya fuera porque sus fuerzas les fueren necesarias para atender a la otra o ya por el apoyo que la opuesta le daría; pero los desgraciados sucesos de los negros y la muerte de su rey Cristóbal, proporcionó a Boyer la unión de las dos en una sola republica, y desde esta época, ya no se podía contar como segura el resto de la isla, y algunas personas empezaron a temer, y con razón, máxime cuando a principios de abril se introdujo por los pueblos fronterizos esparciendo ideas alarmantes el Coronel mulato Desin Dalmasi; los ánimos se conmovieron, y el Capitán General D. Sebastián Kindelan se vio precisado a notificarlo a Boyer, pidiéndole políticamente una aclaración. Éste, hombre sagaz y político, contestó que no creyera lo que se decía del Coronel Dalmasi, “pues, aunque era verdad que había estado en la parte española, era en asuntos particulares de comercio los que de ordinario le hacían residir con más frecuencia en ella que en su país, y últimamente que es siempre, sería un amigo de la española, pero que si tenía alguna idea de temores de revolución existían en la ciudad de Santo Domingo”; esta contestación se publicó y aquietó en algún modo los ánimos, pero no tanto que disipase los recelos.

Hay motivos para creer que Boyer aspiraba a la posesión de toda la isla, pero no quería adquirirla por un rompimiento con España que le hubiera sido muy fácil, pues ninguna resistencia se le podía oponer, pero trataría de conectar la usurpación fomentando una revolución entre los mismos españoles; los sucesos acreditan esto.

El asesor del Gobierno, D. José Núñez de Cáceres, que a la sazón ejercía el empleo de Juez de Letras interino, era un hombre de bastante talento que, aunque con raptos de locura, tenía grande influencia sobre la gente, y una particular persuasiva; era de un carácter orgulloso e indómito, y los deseos de adquirir nombre, le hicieron concebir el proyecto de la emancipación.

Principió por seducir a los muchos oficiales que del tiempo de la reconquista habían sido agraciados por su jefe; estos, es hallaban sin despachos del Gobierno, y de este pretexto se valió para alucinarlos; les hizo ver las pocas ventajas que habían logrado con haberse sometido a la España, que esta nación, con el silencio, casi había desaprobado de hecho y que la prueba de ello era el no haberles aprobado sus empleos, los que habían adquirido a costa de sangre y trabajos; y, últimamente, que él sabía que volvían a ser vendidos a los franceses, lo que se evitaría separándose ellos de la España.

Estas razones y otras de que abundaba su ingenio, fecundó surtiendo un efecto que se proponía, y desde luego, contó con todos aquellos que podían acaudillar como anteriormente a los habitantes quienes a pesar de la docilidad y adhesión a, la España, los seguirían masivamente sin indagar el objeto; sólo restaba atraer a su partido al Teniente Coronel Comandante interino de morenos Pablo Alí, que tanto él como sus oficiales y soldados eran muy fieles y por esta razón, no verificaron la revolución el día 19 de marzo que era la época señalada y la defirieron para el Jueves Santo en cuyo intermedio, lograrían persuadir a algunos que faltaban, pero también se les frustró por el suceso siguiente:

En las inmediaciones de la ciudad, vivía un hacendado llamado D. Manuel Martínez, Capitán de las milicias de caballería, hombre limitadísimo, pero de bastante ascendente sobre los habitantes del sitio llamado “Montegrande” de los cuales se componía su compañía; Núñez juzgó necesario contar con él, y al efecto, mandó a D. Manuel Martínez Valdés, Diputado de la provincia. Este hombre, estúpido y bárbaro, no supo seducirle con política, pues Martínez necesitaba pocas razones para alucinarse, lo cierto que aquel al primer golpe le descubrió la conspiración y sujetos, que creyendo que supiera quienes eren se decidiría, pero este contesto redondamente que no, y quiso su desgracia que nadie presenciase la escena; la que familiarmente contó al Coronel de Artillería D. Luis Granados, y este dio parte de oficio al General Kindelán, quién parece llamó a Núñez y amigablemente le preguntó si era cierto porque en este caso el tomaría sus medidas; era muy natural que Núñez negase y exigiese una averiguación, como así sucedió y enseguida mandó a dar órdenes para que se suspendiese el proyecto por entonces.

Se forma un sumario ruidoso en que salían complicadas muchas personas de las principales, pero como los mismos eran los que debían declarar (que son los que Valdés descubrió a Martínez) todos negaron, y este hombre se vio comprometido por no poder probar el hecho, y recayó auto de prisión contra él, dado por el Alcalde D. Silvestre Aybar. Desde esta época aparecía como calumniador y nadie dudaba de la ruina; pero al fin hubo grandes empeños para una transacción amistosa, los contrarios, al principio se resistieron pero al fin, fingiendo que por compasión accedían, lo verificaron a condición de que se desdijese y pagase las crecidas costas; así sucedió que Martínez, por evitar mayores males, carga con la nota de mala fe y además su grande desembolso.

Los enemigos publicaron su victoria, y desde este momento pudieron, con toda seguridad, seguir sus maquinaciones, pues el ejemplo anterior puso un fuerte candado en las vacas de todos, de modo que públicamente se sabía la trama, y aún al mismo Capitán General se lo decían familiarmente, pero aseguraban que lo sabían y no podían dar parte formal ni probarlo.

En esta época, ya se hallaba encargado del mando el Brigadier D. Pascual Real, quién por no poder proceder al arresto de los que públicamente se señalaban, se veía en un grande compromiso, tomando la resolución de ofrecer premio a los soldados que delatasen algún seductor, y saliendo acompañado varias noches de sólo uno o dos ayudantes sin aparato alguno a observar por la ciudad pero, desgraciadamente, nada surtió efecto.

Como conoció el disgusto de todos los oficiales del país, que estarían arrinconados y casi olvidados del Gobierno, hizo reclamaciones enérgicas a éste de los despachos para aquellos, no omitiendo indicar el estado en que se hallaban y que comprometía la seguridad de aquella posesión. Se le contestó que se trataba de la remisión de otros despachos a la mayor brevedad. El General hizo publicar este aviso con el fin de aquietar los ánimos, pero ya era tarde.

No hay duda que esto lo han motivado, los antiguos capitanes generales, pula si con energía hubiesen hecho esta reclamación, lo hubiesen logrado, pero lo miraron con indiferencia y no evitaron el pretexto con que Núñez conectaba su revolución, bien es que ésta se hubiese dilatado pero al fin, como por la frontera se atizaba por otro sentido, sin remedio llegaría a suceder.

Ya sólo faltaba dar el golpe. De las tropas que había de guarnición, tenían ganadas las milicias de mulatos con todos sus oficiales, excepto el Coronel y algún subalterno (pocos). Los 50 individuos del Batallón Veterano lo estaban igualmente, con la mayor parte de los Oficiales, pero aún permanecían fieles los del batallón de morenos; más como para el golpe debían venir todos los milicianos del campo y de la distancia de 20 leguas, creyeron que aquellos o sucumbirían o se pasarían viendo a los demás contra si.

Para realizar la revolución, se trató por la Diputación Provincial de hacer un aniversario por la batalla de “Palohincado” que dieron contra los franceses en la reconquista y en la que fueron muertos o prisioneros todos, incluso el General Jerranz; jamás en Santo Domingo se habían acordado de semejante función hasta esta época, pero las ideas eran atraer a ella las gentes del campo y conectar por este medio la entrada de todos los milicianos que, como particulares, venían a divertirse. A una petición hecha por la Diputación Provincial no pudo oponerse el Capitán General, y fingió complacerse pero de antemano tomó las medidas conducentes a la tranquilidad repartiendo fuertes patrullas del Batallón de Morenos, que aún eran fieles y frustró de este modo sus deseos pues no se atrevieron a aventurar el golpe, pero sí consiguieron inflamar los ánimos por medio de canciones que les recordaban su valor y sus victorias adulando a sus caudillos como que debían ser los principales en la empresa proyectada.

Esta función que fue en el mes de noviembre se compuso de la iglesia, fuegos artificiales, música en el ayuntamiento y concluyó con baile y refresco en el palacio del Capitán General, en cuyo balcón principal se hallaba un dosel con el retrato del rey, y no faltó quien advirtiese u oyese decir a Núñez estándole mirando: “Miren que mequetrefe, ¿Y no es lástima que los robustos brazos de los dominicanos peleasen por él? No, no lo haría ahora porque están desengañados de lo mal que les ha pagado”.

Constantemente se recibían oficios de los Comandantes de la frontera, avisando los rumores que por los pueblos corrían; unas veces decían que Boyer estaba preparando un ejercito para invadir la parte española, y aún designaban los sujetos que estaban nombrados para los mandos de los pueblos; otras, avisaban que había emisarios de costa firme en Puertoprincipe y el Guarico para promover la revolución; pero lo que se decía (aunque con misterio), era que Núñez estaba en correspondencia con Boyer y que éste le ofrecía gente y, recursos para la revolución; esto si sería verdad pues Núñez lo decía públicamente después de realizada, y es de presumir que así sería y que Boyer daba fomento para después hacer lo que hizo, y que su usurpación no la había hecho a la España.

Estos rumores eran continuos, pero a mediados de octubre se inundó toda la parte Española de proclamas subversivas que desde el Guarico dirigían los que se titulaban emisarios de costafirme y desde luego, aparecieron estos seduciendo a los incautos habitantes haciéndoles ver que si ellos no lo hacían, entraría un ejercito matando y quemando. Estas amenazas surtieron su efecto pues por la frontera de Montecristi se declaró un Comandante subalterno llamado D. Andrés Amanante y reunió en los despoblados de Veler alguna gente más que fue creyendo que al día siguiente vendría una división en su auxilio, según le ofrecieron, pero viendo que todo era falso y que lo habían comprometido, se declaró contra los que le habían engañado y estos huyeron a territorio francés; más sin embargo de que conoció, su engaño no pidió perdón y si enarboló el pabellón de la Republica de Aytí acogiéndose a su protección, oficiando después al Comandante General de la Frontera de todo lo que le había sucedido y la determinación que había tomado. Al día siguiente apareció un Coronel de Boyer, y viendo su pabellón en territorio extranjero, se informó de todo, y contestó que aquel se debía respetar pues estaba bien puesto; de aquí se infiere que Amanante seguía el partido que Boyer quería, aunque ignorase el resorte porque se movía.

Toda esta conmoción de la frontera, se hubiese ahogado en su origen si no tuviera otras ramificaciones, pues de la parte de Santiago, salió el Capitán D. Pedro de Luna con algunos milicianos que reunió, y era tal el odio que tenían a los facciosos que despedazaron a los que tuvieron a las manos. El Teniente Coronel Comandante General de aquella parte D. Manuel Aybar siguió reuniendo más gente por si fuere necesario, pero en esto ocurrió el golpe en Santo Domingo.

De todo cuanto pasaba se dieron partes al Gobierno y hubo uno que por la vía de Francia debía conducir en posta el Capitán D. Pedro Vinchenti, y otro por Canarias y Cádiz debía seguir con la misma velocidad fuera de los que se daban en los correos mensuales por Puerto Rico; en ellos, se marcaban las ocurrencias, temores, escasez de recursos y origen de que todo procedía, estos iban reservados, pues no debían saberlo los secretarios ni oficiales por hallarse comprendidos en el complot.

El día de San Andrés se celebraba en Santo Domingo en los mismos términos que conertolendas y que se reduce a andar corriendo su caballo y ensuciarse unos a otros; concurren todas las gentes del campo y de este modo no se advertiría la cosa. Los Comandantes, llamaron a sus milicianos, estos vinieron sin saber a que, y aún después hubo muchos que no sabían lo que habían hecho; en suma, son máquinas que siguen a sus Jefes y Oficiales ciegamente y máxime si les merece algún concepto.

El día anterior llamó Núñez al Comandante de los negros Pablo Ali y le hizo ver que el Gobierno Español le había negado la carta de ciudadano a él y sus oficiales, que esto ya no era de aguantar, que todos los que hicieron la reconquista habían sido despreciados altamente porque los europeos aborrecían a los americanos pero, mayormente, a los que provenían como él de África; que mientras estuviesen por España no saldrían de miserias. Le ofreció hacerle Coronel, ascender a todos sus Oficiales, paga completa a todos en lo sucesivo, y la libertad de la esclavitud, si accedía al proyecto de la independencia que los haría felices. Ali, sin duda instruido por Boyer con quien se presume estaba en correspondencia, accedió y quedó concertado el golpe para la noche de San Andrés por las ventajas que les ofrecía, y quedan referidas.

Hay un pueblecito llamado Bani a diez leguas de la ciudad, donde se celebra una función que dura ocho o diez días que pilla intermedio la de San Andrés. En este pueblo debía darse el grito al mismo tiempo que en la capital, encargándose de ello un Teniente Coronel Español llamado D. Francisco Javier de Sola, perteneciente a los antiguos insurgente de Venezuela y que después de haber vagado por las colonias extranjeras, llegó a Santo Domingo donde fue sumariado, pero últimamente fue transigido su asunto creyéndole arrepentido; mas a esta generosidad correspondió con la mayor ingratitud, pues trató de sonsacar al Capitán General a la función de dicho pueblo cuyas gentes, y otras del campo, deseaban conocerle y a él también le convenía para orientarse del estado de los pueblos, y por último, políticamente le quería obligar bajo el pretexto de que sólo para él se había hecho un bohío y que no debía desairar a aquellas gentes; pero el General eludió esto diciendo que no se quería separar de la capital por los rumores que corrían, aunque bien ajeno de sospechar la perfidia de Solá quién trataba o estaba encargado de su arresto en aquel pueblo para que su influjo no presentara obstáculos en la ciudad, pero no consiguiendo su intento siguieron el plan proyectado.

Llegado el día de San Andrés y acudiendo a la orden de su Comandante todos los milicianos del campo, se hizo una pequeña reunión de ellos dentro de la ciudad, en la Plazuela del Carmen, a medía noche, a cuya hora, como ya los puestos de guardia estaban avisados dieron su golpe con el mayor sigilo empezando por recorrer aquellos que mudasen de contraseña, y cuya operación hicieron el Subteniente de Milicias D. José Ponce y el Cadete D. José Caballero, lo que efectuaron sin el menor obstáculo arrestando al Capitán D. Carlos Galo, el mejor Oficial de la Guarnición y que se hallaba de guardia en la Puerta del Conde. Con la fuerza, se hallaba de guardia otro Capitán también bueno, aunque algo aficionado a la bebida llamado D. José Granoti, el cual fue entretenido y convidado por el Sargento de ella llamado Alejandro Fernández, mientras se apoderaron de todo, valiéndole al Sargento esta hazaña el empleo de capitán.

Luego que se vieron con los puestos en su poder, se aproximó a la Puerta del Conde la reunión de 600 hombres que en el arrabal de San Carlos habían hecho los capitanes D. Manuel carvajal, D. Antonio Vázquez y D. José Lora, caudillos de la reconquista, abrieron las puertas con hachas y de este modo se introdujeron en la ciudad para con el mayor sigilo reunirse con los otros, pudiendo asegurarse que sólo los que de antemano estaban en el secreto, fueron sabedores de que lea revolución estaba hecha, hasta el día siguiente.

Dueños ya de la ciudad y bien armados todos por haberles franqueado los almacenes, el Teniente de Artillería D. Mariano Mendoza sólo le restaba el arresto del General y no hallaban sujeto que se encargara de ella, pues les causaba rubor, sino el pillo, el tramposo y holgazán D. Leandro Richard, quien con una escolta de más de cien hombres de infantería al mando del Oficial de Milicias, D. Patricio Rodríguez, se dirigieron a palacio cuya guardia se les unió. Se posesionaron de los dos patios con todo sigilo, se llevaron presos a los asistentes y ordenanzas que habitaban en su cuarto bajo de un patio; después subió Pichard con unos 20 hombres al comedor para intimar su comisión al General, dejando al paso seis u ocho a la puerta de mi cuarto que estaba en un tramo de la escalera y los demás con las armas preparadas en los patios apuntando a las ventanas, empezando a hacer ruido y llamando tanto a mi puerta como en la del General, y habiendo respondido éste le contestó Richard: “Sr. General, traigo un oficio del presidente de la Republica para usted, abra la puerta sin miedo pues venimos de paz y usted no tiene otro recurso pues todo, todo, esta por nosotros”; y al mismo tiempo dijo a los de abajo: “cuidado con el ayudante”.

En esto, tuve tiempo parea vestirme y ocultar todos los papeles que tenían relación con la revolución y que se hallaban sobre mi mesa, entre ellos una proclama que se debía imprimir y publicar al día siguiente que habíamos redactado aquella tarde; al tiempo de abrir el General su puerto le calaron bayoneta los soldados, y Pichar le hizo ver un par de pistolas, le entregó el oficio que llevaba, y sin embargo de que este le daba una hora de termino, le hizo salir al momento, y al paso salí yo de mi cuarto y nos pusieron ante una fuerte columna de infantería que nos esperaba a la puerta, incorporándose más adelante otra de caballería al mando de Sosa y Vázquez, dando gritos de viva la independencia y la Republica, Aytí Español. Entre esta gente, nos condujeron a las fuerza donde hallamos como 300 hombres formados y dos piezas de artillería enfiladas a la puerta; nos llevaron al calabozo llamado de los profetas, y habiendo el General pasado un recado político a Núñez para que fuere, pues quería hablarle, se resistía este alegando que tal vez por un efecto de desesperación le matase con alguna pistola que tuviese guardada, pero al fin venció su repugnancia y fue muy obsequioso ofreciéndonos su protección y diciéndole al General que él podía mandar aún en la plaza, con otras por el estilo. A mi me puso en libertad dejándome la ciudad por arresto con el objeto de ir a sacar los equipajes de palacio y desocuparlo.

El General permaneció en su prisión desde el amanecer hasta el mediodía en que Núñez con todo su acompañamiento le condujo de brazo a casa de una hermana que allí tenía y a cuya puerta puso una guardia de negros.

Fuimos bien tratados, sin el menor insulto, aunque tenían orden de franquear al General todos los papeles que necesitase.

Nos proporcionaron buque pera salir a Inglaterra, pagado de su cuenta, y nos embarcamos el 9 de Diciembre.

Así dejamos aquel gobierno naciente, pues como no había fuerza que oponerse, hicimos el cambio con la mayor serenidad sin advertirse la más pequeña alteración en tiendas y demás casas de yeso y ventas.

Lo único que les faltaba allanar era el atraer al Teniente Coronel D. Manuel Aybar que con las fuerzas que había reunido en Santiago y la vega, podía incomodarles, pero sus hermanos, el Deán y Alcaide, se ofrecieron a traerle y lo consiguieron.

Cacareaban mucho el apoyo de Boyer pero, posteriormente, acreditó cuales eran sus verdaderas ideas, pues luego que supo la revolución y que ya la parte de Santo Domingo no estaba por la España, se dirigió a ella, donde entró el 21 de enero con 7.000 hombres deshaciendo lo hecho y poniendo gobierno a su modo despreciando a los corifeos de la revolución que todos tuvieron que marchar o, por mejor decir, huir a las colonias extranjeras donde existen mendigando y pereciendo, excepto algunos militares que fueron a Puerto Rico y la Habana creyendo no se sabía de su conducta. Pero los que fueron al primer punto, están sumariados y sea cree habrá sucedido lo mismo a los del segundo, por relación que de ellos haya remitido el Teniente Rey D. Juan Neponemos de Cárdenas.

Núñez permanece en Santo Domingo, pues sin embargo de los raptos de locura, se remató viendo el chasco que le dieron Boyer y Ali y subsiste de una pequeña cantidad, que tiene asignada para su precaria subsistencia sin poder ejercer su oficio de judicatura.

Así decayó el orgullo de los dominicanos, quienes se pueden contar por los más entusiastas de su país, quedando sujetos al gobierno de los de color, por quienes son despreciados altamente, todos aquellos que no hacen ostentación de tener un origen igual al suyo, llegando el caso de que algunas familias, de las que más jerarquías han hecho información de él para ser iguales a ellos, tal es la de ROCHA y otras.

La relación que se pone al fin, manifiesta los sujetos más visibles, y por ella se echa de ver los pretendidos libertadores y tanto que sacaron de su vanidad.

COPIA DEL OFICIO PASADO POR EL NOMBRADO PRESIDENTE DE LA REPUBLICA AL SR. CAPITÁN GENERAL EN EL ACTO DE LA REVOLUCIÓN.

La independencia de América, es en todas partes un suceso determinado por el orden natural de las cosas humanas, que podrá ser determinado o acelerado, según las causas particulares que concurran a su desarrollo; pero en la parte española de esta isla es de una tan urgente y absoluta necesidad, que peligraría el bien de la Patria si se detuviera por algún tiempo más. Estamos amenazados de dos invasiones[1] y la España, no ha querido ni puede en el día protegernos y cuyos funestos resultados no pueden evitarse de otro modo. La chispa ha prendido en nuestros pueblos limítrofes[2] y si no se apaga con celeridad, iremos a degollarnos en sangrienta batalla con nuestros padres, hermanos, amigos y compatriotas. Así es que, convencidos los naturales y vecinos de la parte española de Ahití, de las fuerzas de estas circunstancias y del derecho que tienen por naturaleza para darse la forma de gobierno más conducente a la seguridad defensa y mejoras de su estado político, han venido en declararse independientes y en erigir un gobierno libre y democrático, la parte española de la isla de Haytí; quedando desde este día disueltos y rompidos para siempre los antiguos vínculos y relaciones que la unían a la España. La opinión, es tan general y acorde como debe Vd. conocerlo por el buen orden y tranquilidad con que se ha verificado esta mudanza.

El Gobierno y Presidencia del Estado, me ha cabido en suerte por máxime y espontánea elección[3] de los ciudadanos armados y no armados, que se han unido para sostener su libertad e independencia. Todas las fuerzas están en nuestras manos, y Vd. no tiene arbitrio ni modo de embarazar una obra concertada de voluntad y consentimiento del pueblo. En este concepto, me apresuro a comunicar a Vd. esta mutación, para que constándole haber cesado en las funciones de Jefe Superior Político y Capitán General que ejercía en él antiguo y extinguido gobierno español, tenga a bien no mezclarse en cosa alguna de sus atribuciones seguro de no ser obedecido, y al mismo tiempo, desocupar dentro de una hora la casa de su morada que actualmente ocupa, trasladándose con los individuos de su familia y asistencia a la que le indicara[4] D. Leonardo Pichardo[5], encargado de la entrega de este oficio y de conducir a Vd. a ella para evitar cualquier insulto a que se propone algún temerario (que nunca falta) contra la persona de Vd. que por tantos títulos, nos es sumamente apreciable y acreedora a todos los miramientos de la civilidad y cortesía.

Puede Vd. indicarme a cual de las islas extranjeras gusta dirigir su viaje, corriendo de mi cargo abreviarlo y remover cualquier obstáculo que lo retarde. Dios guarde a Vd. muchos años. Santo Domingo, capital del estado independiente de la parte española de Hayti, 14 de Diciembre de 1821. Año 1º de la Independencia. José Núñez de Cáceres,

RELACIÓN DE ALGUNOS JEFES OFICIALES EMPLEADOS Y ALGUNAS PERSONAS LAS MAS VISIBLES QUE HABÍA EN SANTO DOMINGO CON LA CUAL SE PUEDE VENIR A CONVENCIMIENTO DE LO POCO QUE SE PODÍA PROMETER EL GOBIERNO CON RESPECTO A SU SEGURIDAD.

1. Plaza Mayor

– Teniente Rey Coronel, D. Juan Neponeno de Cárdenas.- Hombre que mejor servia para escribano de aldea que para militar, y sólo sabía que lo era cuando tenía que sacar su medía paga; gran malversador de los fondos del nombre del Batallón de Veteranos; tuvo repetidas quejas del Capitán General y cuando iba a proceder a sumariarle ocurrió la revolución. No se mezcló en ella, y salió para Puerto Rico.

– Mayor de Plaza Coronel Graduado, D. Francisco Valderrama.- Muy hombre de bien, pero no militar pues era flojo y apático; su hoja de servicios está virgen, pues lo único que en ella consta es haberse entregado la Puerta del Conde cuando los franceses se rindieron el año de 1809; no se mezcló en la revolución y salió para Cuba.

– Teniente Coronel Agregado, D. José de la Vega.- Viejo de 86 años y pesado como una maza que por miedo de moverse, quedó, pero no porque le gustase la revolución. Era un hombre de bien.

– Otro ídem, Don Ramón Cano.- Viejo y quebrado, hablador sin segundo, no le disgustó la revolución, pero como esta varió con la venida de los negros, marchó.

– Otro ídem, D. Joaquín María Jofa.- Viejo y potroso, mucho más hablador que el anterior; nadie hablaba donde él estaba, caviloso en extremo; se presentó al presidente de la revolución después de realizada, ofreciéndose él y cinco hijos, pero después tuvo que salir por los mismos motivos que el precedente, y andaba intrigando para ser empleado creyendo no se sabía su hecho.

– Otro ídem, D. Francisco Javier de Sola.- Era de los principales corifeos de la revolución, se encargó de dar el principal golpe, convidando al General, al pueblo de Bani a una función donde debía asegurarle y proclamar la independencia al mismo tiempo que Núñez lo hacia en la ciudad; antiguo insurgente de Venezuela que mandó el año 12 una expedición contra Guayanz; anduvo mendigando por las colonias extranjeras, de donde pasó a la isla de Santo Domingo creyendo ocultar su crimen pero fue sumariado, últimamente se cortó el asunto, al que correspondió ingratamente. Fue hecho comandante de ingenieros pero fue despreciado por Boyer.

– Otro ídem, D. Manuel Peralta.- Viejo marrullero, compañero del anterior en la revolución de Venezuela, juntos corrieron sus aventuras por las colonias y así llegaron a Santo Domingo, fue sumariado como el anterior y tenia muy guardada la bandera tricolor.

2. Artillería

– Coronel, D. Luis Granados.- Cizañero misterioso y cobarde; antes de la revolución fue desafiado por Núñez y tuvo la bajeza de dar parte al Capitán General; amigo de criticar las operaciones de todo el que mandaba y de andar en chismes y enredos, por los que fue destinado a Cartagena por separarle de su compinche el Coronel de Ingenieros, pero no había salido de Santo Domingo.

– Capitán, D. Pedro González.- Muy hombre de bien, pero sedentario y flojo; salió para Cádiz. Era comandante interino por el nuevo destino del anterior.

– Otro, D. Luis Roldán.- Viejo que para poco servia, aunque de buenas ideas, salió.

– Otro, D. José Abren.- Cojo o inútil, fue de los primeros sabedores de la conjuración, no quiso entrar en ella, más tampoco avisó, le hacían coronel si aceptaba. Se ignora si salió ó quedó.

– Teniente, D. Mariano Mendoza.- Fue de los principales agentes, franqueó los almacenes y artillería, he hicieron coronel y capitán general interino a nombre de Carvajal; era un pobre tonto e ignorante.

– Alférez D. José Arroyo.- Buenas ideas, salió de la isla.

3. Ingenieros

– Coronel, D. Manuel de Hita.- Igual al de artillería, pero gran bebedor, casi siempre estaba alumbrado, salió para Cádiz y aquel para Cuba.

4. Caballería

Era un Regimiento de milicia que comprendía todos los pueblos de la parte española, y que nunca estuvo sobre las armas.

– Comandante Interino Coronel, D. Manuel Aybar.- Las noticias que tuve de este, pues no lo conocí por estar mandando la frontera del norte, son las de ser muy hombre de bien, persiguió a los primeros revolucionarios que en su jurisdicción aparecieron, pero dado el golpe en Santo Domingo depuso, las solas armas a invitación de sus hermanos y tomó partido.

– Ídem accidental Teniente Coronel, D. Francisco Medrano.- Cojo, y viejo indecentísimo y embustero, los enemigos, ni antes ni después le advirtieron, sin embargo, quedó con ellos,

– Capitán, D. Antonio Vázquez.- Hombre del campo, soez, bárbaro y grosero pero de gran ascendente sobre las gentes del campo por ser de los principales de la reconquista fue de los primeros con que contó Núñez y acudió con su gente a la revolución. Se cuenta que yendo a conferenciar el conquistador Sánchez, este y Carvajal con el marino Expino, al bordo de una goleta saludó diciendo: “El Señor sea en esta casa” fue hecho coronel.

– Otro, D. Manuel Carvajal, en todo igual al interior, fue hecho coronel y capitán General, pero se le nombró suplente que a su nombre lo desempeñase. Fue el segundo del reconquistador.

– Otro, D. Manuel Martínez.- Pobre hombre ignorante y adulador, este es el que fue a seducir a Valdés; es tan débil que se ofreció a Núñez después de la revolución y le delató algunas cosas para congraciarse, pero fue despreciado y últimamente se volvió loco.

– Ayudante, D. Vicente Saldaña.- ¿Maula? e inútil, quedó.

– Capitán, D. José Lora.- Igual en todo a Vázquez.

– Capitán, D. Francisco Javier Miura.- Maula y flojo, incapaz de separarse de su mujer, quedó.

– Alférez, D. Mariano Echavarría.- Era, de lo mejor, pero para nada servia, quedó.

– Otro, D. José Echavarría.- Ídem, pero renunció a su empleo y quedó.

5. Batallón Veterano

Era un batallón que componía de 50 hombres inclusos 17 cadetes, los soldados todos estaban propuestos para su retiro por viejos, achacosos y estropeados, unos y otros eran viciosísimos.

– Coronel Teniente Rey, D. Domingo Pichardo.- Estropeado del venereo, lo hizo Núñez comandante.

– Otro, D. José Gragoti.- Era capitán al servicio francés, prisionero en la reconquista tomó partido y fue muy fiel e hizo bastante sexo; era de lo mejor que había, aunque algo bebedor, quedó por casado.

– Otro, D. Carlos Galo.- También del servicio francés y, si cabe, mejor que el anterior. Salió con su familia.

– Otro, D. Francisco Vázquez.- Viejo marrullero y embrollador, jamás se le pudieron autorizar las cuentas de varias cantidades que compró en Samaná siendo comandante. Salió, pero fue por no poder quedar.

– Otro, D. Diego Lina.- Igual en todo al anterior, tuvo iguales embrollos con respecto a su comandancia de Sabana de la Mar, tomó partido en la república y después con los negros pero cuando vio que sus esclavos iban a ser libres, aprovecho la ocasión de poder embarcar unos cuantos en la escuadra francesa y marchó.

– Teniente, D. José Frerpre.- Ejercía sus funciones de Ayudante mayor. Era el único amigo del Teniente Rey por soplón y de perversas ideas. Entró en la conjuración y quedó.

– Otro, D. Manuel Machado.- Era Comandante de Samaná, insurgente por principios y de los antiguos de costafirme, proclamó la independencia en Samaná cuando se hizo en Santo Domingo; mediante hallarse en los secretos, juró a los negros, pero estos después lo dejaron sin empleo y últimamente huyó de los españolas cuando con la escuadra francesa se presentaron en Samaná.

– Subteniente, D. Miguel Román.- Muy hombre de bien, pero fue de los primeros metidos en la danza, debió ser comandante del batallón veterano pero no se presentó a. tiempo oportuno (se cree que arrepentido) y lo dejaron como estaba.

– Otro, D. Tomás Concha.- Hombre de bien y trabajador cuando se le mandaba. Salió para Puerto Rico.

– Otro, D. Lucas Concha.- Muy vivo, pero tronera y sin juicio, podía aún servir; quedó con le independencia y últimamente con los negros, con quienes, a fuerza de empeño, pudo conseguir le hiciesen sargento segundo de artillería.

– Otro, D. Juan Ramírez.- Muy hombre de bien, pero de facha antigua, se volvió loco y le obligaron a casar con una mulata.

– Otro, D. Joaquín María Jofa.- Hijo del Teniente Coronel Jofá, joven de muy bellos sentimientos, quedó porque quedó su padre, pero salió luego, puede ser hoy buen oficial.

– Otro, D. Francisco Borja Caro.- Hijo del Teniente Coronel Cano, loco y bestia, regenteó con grandeza gritos pero después de la revolución pues, para cosa ninguna servía.

– Otro, D. Nicolás Montenegro.- Joven muy enfermizo y acabado; tenia bastante prudencia, pero no para militar, renunció a su empleo.

– Cadete, D. José Caballero.- Pillo de playa, de los primeros que anduvieron en la jarana, y después muy insultante se quejaba del gobierno español porque no era oficial, cuando debieron ser pasados por las armas su abuelo, su padre y él por robos y asesinatos.

– Otro, D. Matías Sanfélix.- Igual al anterior menos en la última parte.

– Otro, D. Domingo Cabnal.- Mucho peor que los dos, era matón y espadachín hasta para las mujeres, borrachón y quimerista.

– Subteniente Ayudante de Plaza, D. Francisco Miura.- Hombre de bien pero muy borracho y abandonado, quedó en la, isla.

– Capitán de Llaves Subte., D. Nicolás Sáez.- Viejo casado y con mucha familia, muy hombre de bien y de los pocos que la revolución pusieron en calabozo.

– Sargento 2º, Alejandro Hernández.- Este se apoderó de la, fuerza embriagando al capitán Granoti, fue hecho capitán por este servicio. Era mulato.

– Músico Soldado, Manuel Galicia.- Era de los principales confidentes, anduvo con el retrato de Bolivar en procesión, después se quejaba porque no le habían premiado como debieran, decía que sus 30 años de servicio no los perdería pues la España debía mantenerle y que al efecto saldría para La Habana, últimamente, como mulato, fue de los mejor librados con Boyer pus le hizo Comisario de policía.

6. Milicias

Cuerpo que constaba de todos los alistados en la provincia, y que solía tener sobre las armas 60 u 80 hombres que se relevaban alternativamente y sólo los oficiales que hacían servicio disfrutaban de su paga.

– Coronel, D. Rafael Conti.- Padre de los viejos, y tanto que está ciego, tiene sobre 90 años, sirvió bastante tiempo a Fernando VI, y cuenta sobre 70 de servicio, no se podía mover, era muy hombre de bien, salió para Puerto Rico.

– Sargento mayor, D. Francisco Rodríguez.- Viejísimo, aunque tieso, hombre de Cantabria; en tiempos de Fernando VI, desertó de Puerto Rico a Santo Domingo, donde hizo su carrera. Quedó, pero después de la venida de los negros, salió para Puerto Rico donde está sumariado.

– Capitán, D. Miguel Labastida.- Un hombre de bien, pero amigo de la independencia, era escribano de ayuntamiento.

– Ayudante , D. José Antonio Rodríguez.- Hombre sin juicio e ignorante en sumo grado, ofreció su sexo, pero siendo despreciado salió Era un enredador borracho y quimerista.

– Teniente, D. José Ponce.- Oficial, de los mejores por su valor y viveza, fue de los principales de la revolución y quien con el cadete Caballero se apoderó de los puestos, mas no siendo premiado a su gusto, se lamentaba públicamente, teniendo que salir poco después para Puerto Rico donde se le forma causa.

– Otro, D. Patricio Rodríguez.- Hijo del Mayor de milicias, era un burro vicioso y borracho, iba mandando la tropa con que Pichardo fue a palacio; es malo en sumo grado.

– Otro, D. Silvestre Aybar.- Era un bestia con dos pies; alcalde 1º, le gusto la independencia e invitó a su hermano el Comandante de la frontera para que se pasase. Salió por la venida de los negros, pero después intentó una contrarrevolución, pero descubierta fue sentenciado a muerte.

– Subteniente, D. Baltasar Nova.- Joven atolondrado, contribuyó a la independencia en Samaná y después quedó con los negros,

– Otro, D. Rafael Conti.- Hijo del Coronel; muy hombre de bien aunque de poca experiencia, puede ser buen oficial. Salió con su padre.

– Otro, D. Diego Martín Fajardo.- Bestia de atar, viejo y bebedor, salió para la Habana pero fue por la venida de Boyer.

7. Batallón de Morenos

Organizado bajo el mismo pie que el anterior que tendría sobre las armas 150 hombres que alternativamente se relevaban; su Comandante y la mayor parte de los oficiales e individuos, eran de los negros franceses del Guarico.

– Teniente Coronel, D. Juan de Aranda.- Era un viejo de 85 años, cadete de Ferrando VI, se volvió niño para galantear a las muchachas, era hombre de bien.

– Comandante Interino, Pablo Ali.- Siempre fue hombre de bien pero últimamente tomó partido y se cree engaño a Núñez, por estar de antemano advertido por Boyer. Era negro.

– Capitán, N. Santillana.- Muy valiente, contribuyó a la revolución y fue hecho Teniente Coronel de artillería.

– Otro, N. Plutón.- Igual al anterior pero de malísimas ideas, fue ascendido también a Teniente Coronel.

– Alférez, Juan Miguel.- Hombre de bien, pero contribuyó y ascendió a Teniente.

Todos los oficiales de Morenos, tomaron partido en la revolución cuando su Comandante, y ascendieron, pero no tengo conocimiento sino de los más principales,

8. Corporaciones y empleados

8.1. Diputación Provincial

– Teniente Coronel de Dragones D. Juan Ruiz.- Viejo indecente y borrico, fue hecho Coronel por lo mucho que cooperó; llamó a los soldados de la jurisdicción del Seibo y Llanos para el golpe No le gustó la venida de Boyer, pues quedaron libres más de 200 esclavos que tenía.

– Doctor, D. Antonio Pineda.- Muy hombre de bien, pero de antemano estaba convencido para ir a felicitar a Bolivar.

– Doctor, D. Juan Neponemo Arredondo.- Intrigante y de malas ideas.

– Doctor, D. Juan Moscoso.- Viejo, hipócrita y falso.

– Comerciante, D. José Baroña.- No se mezcló, pero quedó tranquilo, tenía una famosa hacienda con más de 300 esclavos, estos a la venida de Boyer, se la quemaron y quedaron libres.

– Oro, D. Antonio Martínez Valdés, era el 2º papel de la revolución, mulato soberbio de malas ideas y muy bárbaro, este es el que fue a seducir a Martínez; como mulato, fue de los mejor, librados con Boyer, quien le hizo intendente.

– Otro, D. N. Mancebo.- Mulato de carácter corpulento.

Todos estos componían la diputación y en la revolución mudaron el nombre al de Congreso, en el que permanecieron.

– Escribano, D. Francisco Brenes.- Pícaro enredador y pleitista. Oficial de la secretaría.

– Otro, D. Matías Bernal.- Viejo enredador y pasquinero.

8.2. Ayuntamiento

– 1º Alcalde D. Silvestre Eybar.- Que era Teniente de Milicia.

– 2º Alcalde D. Antonio del Monte.- Se cree era sabedor de la conspiración.

– Regidor D. José Baralt.- Ídem al anterior.

– Otro D. FRANCISCO JAVIER MIURA, capitán de Caballería.

No tengo presentes los otros que faltan.

8.3. Hacienda

– Contador Intendente D. Felipe Fernández de Castro.- Hombre de luces y según opinión, sabia algo, salió.

– Tesorero D. Antonio Angulo.- Hombre de bien, aunque hipócrita. Salió

– Oficial 1º, D. Ángel Jerezano.- Fue sargento de Cantabria, desertó a Caracas donde hizo su carrera, era un borrico, aunque hombre de bien. Salió. Era el contador interino.

– Oficial 2º, D. Joaquín Gómez.- Maula de primera clase, fue cadete anteriormente y se quejaba alegando grandes méritos y servicios, siendo el principal y único en acudir a una alarma estando su mujer de parto. Quedó.

– Oficial 3º, D. Rafael Negrete.- Antiguo insurgente de Caracas y Capitán de Bolívar, era de los principales, de la revolución pero con la llegada de Boyer tuvo que salir a ofrecer sus servicios a costafirme; era un pícaro.

– Oficial 2º de tesorería, D. Matías Adrián.- Perverso, quedó.

– Cajero, D. José Fermín.- Hombre de bien pero quedó por viejo.

– Administrador de Samaná, D. Manuel Reyes.- En unión con Machado proclamó la independencia. Tomó partido con los negros, pero habiéndosele entregado 2.000 pts, para llevar a Samaná y pagar a Machado Lina y otros, se embarcó con el dinero en la escuadra francesa abandonando a su familia, cuya mujer quedó trabajando en presidio.

– Secretario de Intendencia, D. Francisco Fernández de Castro.- Hermano del intendente, hombre de algunas luces aunque caliente de cascos; a la sazón estaba comisionado en la Habana, pero luego que supo el hecho, regresó por la vía de Santo Tomas; era sabedor, según noticias.

8.4. Cabildo

– Ilmo. Sr. Arzobispo D. Pedro Calera.- Juró sin repugnancia.

– Deán, D. N. Aybar.- Hermano del alcalde y comandante de la frontera, a quién escribió para que cediese, pues éste trataba de defender al Gobierno Español, y así lo hizo.

– Arcediano, D. Juan Pichando.- Padre de las intrigas, había estado comisionado en el Guarico para el Pacto espiritual y vino lleno de dinero y alhajas que tomó a cuenta de unos responsos y misas que él podía decir; últimamente, intrigó para volver pero el Cabildo se opuso y fue otro en su lugar.

– Canónigo, D. Manuel Márquez.- Hombre enredador, pero no jura la independencia. Salió para la Habana.

– Otro, D. Francisco González Carrasco.- Enredador intrigante e insurgente.

– Otro, D. Romualdo de Formentera.- Loco jugador y borracho, amigo de Núñez,

– Doctor, D. José María Bobadilla.- Éste fue en lugar de Pichardo a la parte francesa, pero aseguran que con idea doble; pues trató con Boyer asuntos reservados, era hombre de bien.

Hay otra infinidad de quienes no tengo conocimiento.

– Secretario del Jefe Político, D. Joaquín Morel de Santa Cruz.- Hacia pocos días que tenía este empleo, era hombre de bien pero quedó empleado. Ignoro lo que haría con la venida de Boyer.

– Otro, SR. D. Manuel Carmona.- Era el antiguo Secretario de Jefe Político, hombre de bien y vivo, pero metido en la danza fue hecho auditor.

– Secretario de Capitán General, D. Manuel López Jiménez.- Hombre falso y traidor en todas sus acciones. De los antiguos insurgentes del Guamaná. Los asuntos de entidad, no podían pasar por la secretaria por ser de los principales papeles en la conspiración. Quedo de Secretario de Gobierno, compró una, famosa casa al capitán del Puerto después de la revolución pero se quedó sin ella luego que vino Boyer, perdiendo igualmente los esclavos que tenia a cuyas resultas, su mujer con todas las campanillas que tenia hacia de ama y criada, viéndose chasqueado y perdido, salió para San Tomas, desde donde esta intrigando para que se le emplee en la Habana.

– Capitán de Puerto Teniente de Navío, D. José Melgares.- Muy hombre de bien, salió para Cádiz, manteniendo a su costa algunos soldados de costafirme que llegaron después de la revolución.

– Auditor Interino, D. José Joaquín del Monte (risitas).- Hombre doble y de no muy sanas ideas, era sabedor de todo y después se hacía el sorprendido, quedó por entonces pero después no lo sé.

– Excelentísimo Sr. Presidente, D. José Núñez de Cáceres.- Era auditor en propiedad y últimamente, era juez de primera instancia, hombre de talento pero con raptos de locura. Tenía grande ascendente sobre las gentes, fue el móvil de la revolución, según se advierte por el compendio, era orgulloso y algún tanto presumía de su talento.

BIBLIOGRAFÍA

  • “Compendio…” de D. Pascual Real González.
  • Carta de D. A. Larrinaga a D. Pascual desde la Habana. 1830.
  • Carta de D. Andrés de Jáuregui a D. Pascual (nueve).
  • Resumen de conducta del Mariscal de Campo D. Pascual Real. Madrid, noviembre 1833.

DOCUMENTOS

  • Certificado del Vicecónsul de España en Liverpool.
  • Nombramiento de Capitán General en 25 de Junio 1820.
  • Oficio reservado número 4, remitido por el Capitán General de la isla al Secretario de Estado y del Despecho de la Gobernación de ultramar.
  • Reservado remitido por D. Pascual Real al Secretario de Estado y departamento de Hacienda.

ANEXO

img01El autor del Compendio en 1815 cuando se hallaba a las órdenes de D. Pablo Murillo

img02Escudo de armas del Capitán General D. Pascual Real González

img03Escenario en el que se desarrollan los sucesos del presente Compendio


NOTAS:

[1] Se contre hoy que decía que Boyer le amenazaba con una si no hacia la revolución, y que si la verificaba él le auxiliaría, y por otro lado, creía invasión también la cacareada por los carrasqueños tanto por la parte de la frontera como por la carta den sus corsarios.

[2] La farsa de Belén por Amarantes.

[3] Importuna que él se lo abrogó.

[4] Sin duda que es casa bien decente el calabozo de los profetas, en donde se aseguraban reos de consideración.

[5] Este D. Leonardo Pichardo era un hombre tramposo y sin vergüenza que se ofreció a ello por no haber quien lo hiciese. El oficio estaba hecho de antemano, según se advierte por la diferente letra de dicho nombre, cuyo claro habían dejado

Oct 011981
 

ABAD PÉREZ, Antolín
«EL OBISPO DE CORIA, DON JUAN ALVAREZ DE CASTRO»

El 21 de agosto de 1790 el recién nombrado obispo de Coria, ilmo. Sr. Don Juan Álvarez de Castro, de paso para su diócesis y antes de tomar posesión de la misma, hacia testamento y donación de sus bienes en favor de sus hermanas Beatriz, Juliana y Regina y de sus hijos y descendientes, ésta última ya difunta. Cumplido este trámite, continuaba camino hacia Coria y hacia su entrada solemne en la Iglesia el 7 de julio inmediato. Nacido en Mohedas de la Jara (Toledo) de familia noble y acomodados labradores, hizo sus estudios eclesiásticos con brillantes y así llegó a doctorarse en Teología; seguidamente hace oposición a la parroquia de Piedrahita -1751-, de Azután en 1761 y de la de San Justo y Pastor en Madrid en 1780.

Su nombramiento como obispo va seguido de una actividad fecunda y varia. Ahora bien, cuando alcanza la cota más alta de amor a su pueblo y diócesis fue con motivo de la Guerra de la Independencia; anciano, de ochenta años bien llenos en la presencia del Señor y en la faz de la Iglesia, desde la cama en su retiro de Hoyos, escribe circulares, arbitra recursos, alienta a los tímidos y secunda las iniciativas de la Junta de Badajoz y, en definitiva, puso a disposición de esa Junta cuanto él tenia y significaba. Los invasores juraron acabar con este insigne prelado y le buscaron con ahínco y sin descanso. Finalmente, al llegar a Hoyos una columna francesa, que había salido de Ciudad Rodrigo, el santo pastor, imposibilitado de moverse, aguardó a sus verdugos, los que se llegaron a su casa acabando con su vida».

ALVAREZ RUIZ, Fernando
«DE LA DESAMORTIZACIÓN EN EXTREMADURA Y OTRAS CONSIDERACIONES»

Los bienes de la Iglesia, tienen marchamo, carácter de propiedad común; no sólo puede tener bienes, sino que debe poseer bienes. Dice Juliano Pomerio estas palabras: «No son propios, sino comunes los bienes de la Iglesia».

Es siglo XVIII, y el despotismo ilustrado, laicismo del pensamiento, problemas económicos. Y en 1798, la primera desamortización de Campomanes y Floridablanca, reinando Carlos III.

Richard Herr, estudioso del reinado de Carlos IV supone en un 12 por 100 de bienes de la Iglesia en Extremadura, incluyendo estos datos: 741.510 aranzadas de realengo, frente a 2.149.000, de señorío nobiliario y 1.506.306 de Abadengo, cifras presentadas en Cádiz, en 1811, diario de sesiones, por este diputado: Alonso y López.

Aumenta la población extremeña, siglos XVIII y XIX. Badajoz, 1833, 306.092 habitantes, frente a 241.328 de Cáceres, según censo de Godoy de finales del siglo XVIII (1797).

Importantes las propiedades de estas instituciones: Clarisas, Guadalupe, Catedral de Plasencia -y sobre ellas Ordenes militares de Santiago y Alcántara, Profunda, la desamortización en Badajoz; sólo grandes estas propiedades: Cabildo de la Catedral de Badajoz, Monasterio de Guadalupe, Convento de Santa Fe de Toledo. La vida económica en Guadalupe, era considerada, en los últimos años del Antiguo Régimen, modelo de gran explotación agraria…

BECERRA NORIEGA, Laureano
«COMPENDIO DE ALGUNOS ANTECEDENTES QUE OCURRIERON PARA LA REVOLUCIÓN DE SANTO DOMINGO EN 1.º DE DICIEMBRE DE 1821»

El día 1º de diciembre de 1821, tuvieron lugar una serie de sucesos que dieron como consecuencia la pérdida para España de la isla que descubriera Colón en 1492 y bautizara con el nombre de Española.

En el momento de ocurrir estos hechos, se hallaba en calidad de Capitán General de la isla D. Pascual Real González del Olmo, el cual tiene que huir apresuradamente.

En el exilio, relata estos hechos haciendo una sucinta biografía de los personajes más destacados de la isla, que toman parte en los sucesos.

BENITEZ FLORIANO, Santos
«DOCUMENTOS SOBRE LA IGLESIA DE SAN JUAN DE CÁCERES»

La inmensa mayoría de los elementos artísticos, tanto civiles como religiosos, del Conjunto Monumental de Cáceres, si bien no carecen de citas en estudios generales, si que están faltos de monografías que, sobre base documental, den respuesta a muchos aspectos de su construcción y a los diversos avalares por los que han pasado a lo largo de su existencia.

En este sentido, quiero hacer una modesta aportación a lo que pudiera ser, con el tiempo, un estudio monográfico del templo de San Juan de Cáceres. Los documentos, que en este caso voy a desvelar, se refieren a la contratación de las obras de su torre y de las gradas de su altar mayor.

Así, estamos en condiciones de afirmar que la torre de San Juan fue concertada su construcción, ante el escribano Pedro López el 3 de junio de 1591, con Gabriel de Roa y Lorenzo Martín Paniagua, canteros de Cáceres, por 200 ducados (77.250 maravedíes); participando en la contratación Hernando de Brizuela, cura de la dicha parroquia, Pedro Gomes, mayordomo de la misma, y el licenciado Martínez y Bartolomé Delgado, feligreses. El documento notarial contiene once condiciones para la realización de la obra.

Por lo que respecta 3 las gradas de su altar mayor, ante el mismo escribano Pedro López el 28 de enero de 1593, Hernando de Brizuela, cura, y Pedro Gomes, mayordomo, convinieron su construcción con los hermanos Diego Gomes y Baltasar Gomes, oficiales de cantería de Cáceres, por el precio de 200 reales (6.800 maravedíes). También se señalan en la escritura de contratación algunas condiciones, entre las que destacaríamos que se tenían que hacer conforme a las gradas de la iglesia de San Francisco de Cáceres; ¿Era tanta la calidad artística de este monasterio franciscano para que sirviera de modelo? A juzgar por este documento parece que sí.

BRAVO Y BRAVO, Fernando
«EL CONVENTO DE NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN Y SU SINGULAR ICONOGRAFÍA DE LA VIRGEN DE LA O»

CALERO CARRETERO, José Ángel
FERNANDEZ DÍAZ, Domingo
MEMBRILLO MORENO, Isidro

«ESTACIÓN TERMAL DEL «PUERTO DE LA NAVA»» (CABEZA DEL BUEY, BADAJOZ)

Tercera campaña de excavaciones. Julio-Agosto 1981.

La tercera campaña de excavaciones tenía dos objetivos fundamentales: continuar la limpieza y estudio del edificio propiamente termal e iniciar los primeros sondeos en las edificaciones anejas a las construcciones termales.

Los trabajos practicados en la planta termal han permitido sacar a la luz nuevas dependencias de los baños. Un segundo hipocaustum de un segundo tepidarlum(había ya uno parcialmente excavado de la campaña de 1980) y un posible praefurnium. A la vista de nuestros últimos trabajos las partes conocidas de la planta de norte a sur son: dos hipocaustum de 50 m2 cada uno, anejo al primero de ellos un praefurnium parcialmente excavado, el hipocaustum del calldarlum de 81 m2 y planta cuatrilobulada, junto a él al este una pequeña piscina redonda de 2,50 m. de diámetro, un frigidarlum, y a su lado, también al este, una dependencia que interpretamos como un sudatorlum de unos 20 m2.

Los sondeos realizados en los edificios anejos han puesto al descubierto lo que consideramos el centro de una gran casa-residencia. En torno a un Impluvium, no excavado más que en una pequeña parte, aparece un patio al aire libre pavimentado con un grosero mosaico desde el que se accede a las habitaciones, pavimentadas de mosaico, cuyas paredes estaban recubiertas de ricos mármoles.

La cronología del yacimiento, discutible por la ausencia de materiales de datación precisa, puede ser, como fecha inicial, fines del siglo I d. C., en época trajanea, y su fecha de abandono es hoy absolutamente imprecisa.

Notas sobre dos pavimentos de mosaico descubiertos en la campaña de 1981.

Damos noticia del hallazgo de dos pavimentos de mosaico de tipo geométrico que corresponden a sendas habitaciones de un gran edificio anejo al complejo termal propiamente dicho.

Estas dos habitaciones, orientadas este-oeste, con entrada desde un posible patio central al aire libre pavimentado con un grosero mosaico, son de dimensiones casi iguales, la primera mide 3,80 x 4,40 m. y da paso a la segunda de 4,40 x 4,40 mediante una puerta de un metro de anchura.

fue vencido, apresado y ejecutado por orden del virrey don Pedro de Lagasca, enviado por el Emperador para pacificar el Perú, quien, a pesar de su condición de eclesiástico, procedió con gran energía, logrando atajar la Indisciplina desatada. La conducta de Lagasca ha sido muy diversamente apreciada, pero sabemos que españoles y peruanos comenzaron a gozar de quietud y alegría y la multitud derramada por los campos volvió a recogerse a los pueblos. Con razón, fue aclamado en Lima, después de la derrota de Pizarro: «Padre, Restaurador y Pacificador del Perú».

DIEGUEZ LUENGO, Elías
«AMULETOS LUNARES EXTREMEÑOS»

El viejo culto lunar pervive en Extremadura. Todavía hay mujeres que «bendicen la luna» con curiosas oraciones en las que la religión se superpone a antiquísimas supersticiones, en una curiosa mezcla. Todavía se siguen colgando amuletos a los niños para que no «sean cogidos por la luna».

Tenemos una buena colección de amuletos lunares recogidos durante años. Los hay de oro, plata, hierro, cobre, marfil, nácar, hueso, etc., etc.

La frontera entre la religión y la superstición es muy difícil de precisar. Algunos de estos ejemplares de nuestra colección, así lo confirman al mezclar imágenes religiosas con amuletos diversos. La pervivencia de costumbres como la del culto lunar, pone de manifiesto la tendencia de los seres humanos hacia la magicalidad. Por ello creemos, que el estudio de estos amuletos, contribuye a un mejor conocimiento de la compleja psicología del hombre extremeño.

DOMÍNGUEZ MORENO, José María
«RITUALES DEL FUEGO DE SAN JUAN O DE SOLSTICIO EN AHIGAL»

Tras una descripción de los rituales de fuego solsticial, conocidos con el nombre de «zajumerio» y de «capazo», que anualmente se celebran en Ahigal la noche-víspera de San Juan, paso a hacer un estudio etnológico que me lleva tanto a encontrar los orígenes de estas prácticas ígneas como el significado primitivo y primario de cada una de ellas. Basándome en la universalidad de los festivales del fuego, sin delimitación de culturas o de espacio geográfico, me opongo a la opinión de conocidos folkloristas que los consideran supervivencias de los ceremoniales celtas, clásicos o medievales, discrepando igualmente de las teorías pseudo religiosas populares, y hago derivar lo mismo al «capazo» que al «zajumerio» de unos mecanismos sacralizados en un período preindoeuropeo.,

Por lo que respecta a la significación, nos encontramos ante dos formas ígneas diferentes. El «zajumerio», sujeto a una serle de normas intrínsecas para su celebración, es un fuego familiar que constituye un remedio profiláctico y de defensa contra las enfermedades contagiosas, tormentas, mal de ojo y otras artes brujeriles. Sin embargo, el «capazo» o fuego del municipio hay que considerarlo como un fuego estival que, mediante la ley de la magia simpatética, va dirigido a vitalizar el sol para que sea posible la llegada de sus rayos a la tierra. Al mismo tiempo, este fuego ejerce una influencia benéfica sobre la vida animal y vegetal, es un elemento vaticinador de buenas o malas cosechas, está relacionado con el espíritu de la vegetación, con el culto a los muertos y con todo un formulismo de expulsión de todas las fuerzas del mal.

DOMÍNGUEZ MORENO, José María
CÁCERES GARCÍA, Ignacio María de

«DESCUBRIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS POR LA AGRUPACIÓN «AMIGOS DEAHIGAL»»

Merced a la incesante labor de la Agrupación «Amigos de Ahigal» en la búsqueda de su pasado, hoy se puede presentar una serie de hallazgos arqueológicos debidos a la sección de Prehistoria y Etnología de la citada asociación cultural. Veamos: un hacha neolítica encontrada en «Las Canchorras». Un ídolo-guijarro perteneciente posiblemente al Bronce 1. Dos grabados rupestres conocidos como «El torero» y «Los redondeles», hallados respectivamente en los sitios de «Las Canchorrillas» y «Charco de las Culebras», ambos del Bronce Final. De los sitios de «Santa Marina la Vieja» y «Cinojal» son dos verracos un tanto deteriorados. En «Las Canchorrillas» encontramos dos inscripciones con caracteres ibéricos, aún no descifradas. En «Santo Domingo» apareció un lagar de época romana. En el convento franciscano de La Abadía encontramos la siguiente lápida funeraria de los siglos 11-111 que, aunque fragmentada, hemos interpretado: OIIS MANIBUS SACRA. SEVE-RUS, FILIUS TANGINI, ANNORUM XI. HIC SITUS EST. SIT TÉRRA LEVIS. MATER FACIEN-DUM CURAVIT. En Guijo de Granadilla hallamos la siguiente inscripción: CAENO S(ibi) L(iberto) / DOVIRI F(ilio) / A(nnorum) XXV O(ptimo) P(uero) / INATRI / ANICIA / NO(v)IC /10 FA(ciendum) C(uravit) / H(ic). En Guijo de Granadilla descubrimos una tumba antropomorfa tardorromana. En el campanario de Ahigal se halló un trozo de lápida funeraria. Hemos interpretado un ara votiva que anteriormente hallamos en Ahigal: REINVS / ILI(ciae) MAR(inae) / V(otum) S(olvit) L(ibens) M(erito), que traducimos por «Reino cumplió con agrado un voto a Ilicia Marina». Damos igualmente cuenta del hallazgo de los más diversos objetos, asi como de la localización de un número considerable de yacimientos de interés arqueológico.

DOMÍNGUEZ PANADERO. Gonzalo
«EN TORNO A LA MITOLOGÍA DE AHIGAL»

En el presente trabajo analizo una serie de leyendas ahigalenses -los llamados «encantos»-, llegando a la conclusión de que tales narraciones no son otra cosa que hechos mitológicos que arrancan desde un período prerromano. Para ello me baso en un método comparativo, puesto que los mismos asuntos míticos se desarrollan en una amplia zona de la Península Ibérica, concretamente en el área noroccidental y que perfectamente han estudiado Barandiarán, el Padre Moran, Caro Baroja, etc.

Los tres mitos que he localizado en Ahigal están en relación con el culto al toro y con las divinidades telúricas, dioses éstos encargados de ofrecer a los humanos las riquezas minerales escondidas en las profundidades de la tierra.

Lógicamente, he tenido que despojar estas narraciones de los añadidos que se le han ido agregando con el paso del tiempo para lograr presentarlas en la forma que, en mi opinión, tuvieron en los primeros momentos.

Creo que este trabajo puede abrir nuevas perspectivas para el conocimiento de la religión primitiva tanto en Ahigal como en toda la Alta .Extremadura.

ENCOMIENDA, Marqués de la
«INVENTARIO DE LA PRENSA EN EXTREMADURA»

FERNANDEZ SERRANO, Francisco
«OBISPOS «TRANSEÚNTES» POR EL EPISCOPOLOGIO PLACENTINO»

GARCÍA-MURGA ALCÁNTARA, Juan
«NOTAS SOBRE EL PATRIMONIO ARTÍSTICO REGIONAL»

Estas notas se encaminan a resaltar el valor y el sentido verdadero del amor al pasado desde el punto de vista Cultural, para destacar así la tarea del historiador/investigador, que trabaja sobre los restos de otras épocas, a fin de comprender el pasado e iluminar el futuro, aportando su cooperación para salvaguardar valores y obras intemporales, patrimonio de la Humanidad; ceñimos estas reflexiones a la realidad regional, rica y variada, que sufre vaivenes ajenos al hecho cultural y no comprende el verdadero valor del progreso como proyecto de futuro teniendo en cuenta el pasado y el presente; también se padece una falta de clarificación de los criterios para la conservación de estos tesoros culturales por parte de quienes detentan el poder, y un muy escaso grado de sensibilización general ante la importancia y trascendencia de este patrimonio.

Repitamos de nuevo: las obras de arte y cultura, ricas por sí mismas, forman el patrimonio común de la Humanidad y enriquecen la personalidad individual y social, facilitando la comprensión del sentido de la Cultura y del carácter de futuro de ésta; oriéntense para alcanzar estos valores ¡as tareas de conservación y engrandecimiento de esta riqueza tan importante y nuestra.

GÓMEZ BLANCO, José María
«BIBLIOGRAFÍA Y DISCOGRAFIA BÁSICAS PARA EL ESTUDIO DE LA MÚSICA EXTREMEÑA»

La música es una forma de expresión de los pueblos, y al igual que otras comunidades, la extremeña se ha expresado a través de este arte. La música extremeña es un campo que está aún por descubrir en sus múltiples aspectos. De éstos sólo algunos han sido investigados y tratados en profundidad, concretamente el folklore y una muy pequeña parcela de la música clásica, existiendo una bibliografía relativamente importante sobre ambos, destacando en el campo de la música folk, las obras de Bonifacio Gil y García Matos, entre otros, y en el de la música clásica una serie de artículos que, al igual que lo anterior, veremos más detenidamente en el desarrollo de la ponencia.

Como plasmación práctica de los estudios que se han hecho sobre la música extremeña, existe una escasa discografía, entre la que cabe destacar la labor de los Coros y Danzas, de la antigua Sección Femenina, de los grupos actuales de música folk extremeña y de los canta-autores, de los que también hablaremos en nuestra ponencia.

GÓMEZ Y GÓMEZ, José
«EL ESTUDIO TALLER DE TRUJILLO Y SUS ACTIVIDADES EN EL CURSO 1980-81»

Experiencias en arrancado de frescos y traslado a soporte de madera.

Cursillo de modelado y talla.

Restauraciones efectuadas en este curso: Lienzo de San Andrés (temple) y marco barroco; Belén. Lienzo de Santa Lucía (óleo); Piornal. Crucificado con soporte de peana tallada;

Piornal. Cobre representando Expolio de Jesús; Madrid. Lienzo Virgen Dolorosa (óleo); Madrid. Imagen de Cristo (moderna); Medellín. Lienzo de Virgen de Guadalupe (óleo); Trujillo. Retrato de García de Paredes (óleo); Trujillo. Bodegón (óleo); Cáceres. Icono ruso s. XVI;

Madrid. Imagen Virgen de los Remedios; Aldea del Cano. Imagen de San Miguel, s. XV; Solana. Santa Ana, s. XV (consolidación); Garciaz. Talla Virgen de la Jara; Ibahernando.

GUTIÉRREZ MACÍAS, Valeriano
«EL COMANDANTE BARADO Y SU OBRA HISTORICO-LITERARIA»

LOZANO RAMOS, José
«PEQUEÑA HISTORIA CALLEJERA DE TRUJILLO»

Esta pequeña historia callejera de Trujillo es, más bien, un diario manuscrito que, hasta el presente, lo componen tres tomos. Cuenta las pequeñas cosas cotidianas de sus habitantes y comarca con sus alegrías y chismorrees.

Se empezó en 1977, a raíz de unos Coloquios Históricos de Extremadura en Trujillo, y, aunque en principio sólo intentaba recoger noticias sueltas, sin más, al pasar el tiempo se han ido añadiendo recortes de periódicos, anuncios locales, apodos, meteorología, curiosidades, etc.

Enumerar las noticias así como curiosidades sería largo, por lo que sólo a título de muestra damos algunas:

14-febrero-1978: Muere Matilde Rayo, demandadera que fue del convento de Santa Clara.
12-marzo-1978: Se termina la techumbre del nuevo convento de Santa Clara.
12-abril-1978: Se está montando el órgano de la parroquia de San Francisco.

El P. José Cotilla, claretiano, se ha hecho célebre por la poca duración de sus misas. Durante el invierno, han anidado en Trujillo 22 parejas de cigüeñas.

La colección de carteles hasta el 15-agosto-81 se compone de 748 ejemplares, de ellos 409 deportivos, 64 taurinos y 275 de propaganda local o comarcal.

MARTÍNEZ DÍAZ, Tomás-E.
«MEDELLIN: UN CASTILLO PARA LA HISTORIA»

Tal vez en lugar del título que lleva esta comunicación debería decir: «Medellín, un pueblo para la Historia», pero de verdad, de verdad no me he atrevido ya que entonces deberla ser «Extremadura, toda una Región y un Pueblo para la Historia». Quiero con ello simplemente indicar que Extremadura toda tiene y está plena de historias y leyendas. Está pletórica de sangre cruzada, recibida de romanos y de árabes y entregada a ese nuevo pueblo llamado América.

Tampoco quiero ni deseo hacer historia de la Historia, toda vez que todos conocemos lo que es actualmente Medellín, aquel viejo lugar que debe su nombre principalmente a un romano.

Lo que quisiera llevar al ánimo de todos los presentes es que un día : 12 de Octubre de 1492, el grumete Rodrigo de Triana desde la nave «La Pinta», gritaba: ¡Tierra! y este grito se oyó tanto en la «Santa María» como en «La Niña» y fue oído, por supuesto, por el genio emprendedor de aquella aventura: Cristóbal Colón que saliendo del Puerto de Palos y tocando tierra para tomar agua en La Gomera, daba gracias a Dios y besaba tierra americana en Bahamas (Guanahaní), San Salvador.

Por ello más que una comunicación quisiera ser también un grito: ¡Ahora! Ahora ponernos a marchar para intentar que el 12 de Octubre de 1992 (Cuatrocientos años después) el Castillo de Medellín sea recuperado como «una cuarta nave que una España con América…»

MARTÍN HERNÁNDEZ, Gumersindo
«EXTREMADURA EXPORTADORA DE EMPRESARIOS»

MURILLO DE QUIPOS, María
«RECORDANDO CON EMOCIÓN Y RESPETO AL M. I. SR. D. RUFINO VILLALOBOS BOTE»

Me considero en la obligación de traer a los Coloquios la vida ejemplar y obra vastísima como Apóstol, Confesor y Poeta de nuestro querido paisano D. Rufino, nacido en Jaraíz de la Vera, a quien me unió una gran amistad.

Su muerte a los cincuenta y siete años, fue tan sencilla y callada como había sido su vida y creo que en Extremadura ni siquiera la prensa se hizo eco de ella y muy pocos fuimos los extremeños que lo acompañamos al cementerio de San Fernando, donde en la cripta de los canónigos, descansan sus restos.

Como asesor religioso de la Casa de Extremadura en Sevilla, asistía entusiasmado a las asambleas y actos culturales, dándonos charlas en varias ocasiones y un recital de sus poemas, que en algunos momentos, cuando cantaba a nuestra querida Extremadura bella y a las advocaciones de la Virgen en sus pueblos , no pudo contener su emoción.

Cuando por su enfermedad quedó totalmente ciego, fue admirable cómo supo aceptar su cruz y cómo siguió trabajando sin descanso en la obra de divulgación apostólica y en el confesionario de lengua inglesa de la S.I.C. de Sevilla.

Sea este modestísimo trabajo y emocionado recuerdo, un humilde homenaje a su memoria.

NUÑEZ CHAMORRO, Manuel
«UNA SEGUNDA PLAZA DE TOROS EN MERIDA, ANTERIOR A LA ACTUAL Y POSTERIOR A LA QUE SE HABILITO EN LAS RUINAS DEL TEATRO ROMANO»

En el año 1851, aún existían las obras que se habían adosado a las ruinas del Teatro Romano, entonces visibles, para convertirlas en Plaza de Toros, e incluso en esa fecha, se conoce solicitud de un vecino de Mérida, para reacondicionarla a tal fin.

Según fotocopias que lleva mi comunicación, en 1882, se solicita por un vecino de Sevilla la construcción de una Plaza de Toros en Mérida, a lo que el Gobierno Civil y Municipio acceden.

Cartel de la inauguración, que se anuncia un 11 de noviembre de 1883 y se lleva a efecto el día 23 de diciembre del mismo año.

Toreros que actúan en dicho festejo y ganadería a que pertenecen los toros.

Carteles posteriores.

Lugar donde estaba enclavada dicha Plaza.

Sitio donde se exponían los toros para que fueran aprobados por el público.

Otras curiosidades relativas a dichos festejos.

PAULE RUBIO, Ángel
«LA EDAD DEL BRONCE EN HURDES»

RINCÓN GARCÍA, Wilfredo
«EL DUCADO DE FERIA EN EXTREMADURA Y SU VECINDARIO EN EL ÁÑ0 1787»

La muerte de la Excma. Sra. doña María Luisa del Rosario Fernández de Córdoba y Moneada, Duquesa viuda de Arcos de la Frontera, Maqueda y Nájera, hija de los que fueron Duques de Medinaceli y hermana de los entonces duques del mismo título, ocurrida el día 17 de noviembre de 1773, va a dar lugar a la realización de un vecindario de todos los pueblos de sus estados. La ocasión de este vecindario es el haber instituido una fundación para dotar a todas las mujeres que fueran a tomar estado en sus diversas posesiones.

Recoge todas las villas del Ducado de Feria y el Marquesado de Villalba, correspondiente a este Ducado, indicando el número de vecinos de cada una.

Toda la Obra Pía y Fundación fue publicada en Madrid en el año 1787 (aunque no es seguro ni el lugar ni el año) y enviado un ejemplar a cada uno de los pueblos que componían los diversos estados.

Este trabajo, muy breve, se ha elaborado a partir de un ejemplar, en mal estado de conservación, encontrado en Romanillos de Medinaceli (Soria).

RUBIO MASA, Juan Carlos
«ARQUITECTURA POPULAR DE LA VILLA DE CASATEJADA»

Casatejada, como cualquier otro pueblo del Campo Arañuelo, muestra una arquitectura popular poco pintoresca, pero no escasa de interés.

Conformación urbana: El núcleo surge como un conjunto unitario por la agregación de volúmenes geométricos sin salientes, con una silueta, casi uniforme sólo quebrada por la parroquial y la ermita de la Soledad.

El antiguo camino real Navalmoral-Plasencia, dirección E-W, es el eje central del desarrollo urbano; paralelas a él, se disponen dos calles con plazuelas en su trayectoria. A este eje principal se unieron otros ejes, base de ampliaciones, con dirección N, SE y SW, siguiendo los caminos de La Vera, Almaraz y Serrejón, respectivamente; originando, también, plazuelas como centros de barrios. La Plaza, junto al camino real, es, a la vez, plaza de la iglesia y del ayuntamiento, antiguo centro público y cruce de caminos.

La vivienda y su tipología: Aunque pueden distinguirse cuatro tipos, que se corresponden en su estructura con las actividades y situación económica de sus moradores, se sigue un plan casi similar en todas ellas. Un gran patio cuadrado a la entrada; en su torno se distribuyen las salas de dormir, la cocina y el paso a corrales y huerto; también, parte de él, 1.. escalera que comunica con la «troje», o con el segundo piso si lo hubiere. Otros elementos son el portal, únicamente en la casa propia de labrador, y el bodegón.

Otros edificios de carácter popular: Alfares y capillas del Cementerio Viejo.

SAYANS CASTAÑOS, Marceliano
CLIPTOGRAFIAS FUNERARIAS Y RELIGIOSAS SOBRE PIZARRAS, LLAMADAS LOSAS SEPULCRALES EXTREMEÑAS Y SUS ÍDOLOS»

Puntualizaciones para su más exacto conocimiento. Noticias que algunos han ocultado y que para los más son desconocidas. Publicación de fechas y documentos probados.

SOLANO, Juan
«¿UNA POSIBLE LOGIA MASÓNICA EN VALDEFUENTES?»

  1. Fundamentos para afirmarlo.
  2. Circunstancias que concurren en el caso,
  3. Análisis de los aspectos de lugar y tiempo.
  4. Conclusiones que pueden formularse, tras este análisis.
  5. Algunas precisiones sobre el antiguo señorío de los Sande.

SOLIS RODRÍGUEZ, Carmelo
«APORTACIÓN DOCUMENTAL A LA BIOGRAFÍA DEL DOCTOR DON JUAN SOLANO DE FIGUEROA»

Una de las figuras más importantes de la historiografía extremeña del siglo XVII es don Juan Solano de Figueroa y Altamirano. Natural de, Jaraicejo, arcipreste de Medellín, Familiar del Santo Oficio, Canónigo Penitenciario de la Catedral de Badajoz, historiador, titulo este el más celebrado del singular clérigo, que en su Historia de la Ciudad y Obispado de Badajoz nos legó una obra, aún no superada, sobre la Diócesis Pacense.

Personalidad tan destacada no ha merecido la atención de ningún estudioso, que recompusiera su figura y analizara su obra. Mientras llega ese momento, que desearíamos no lejano, ofrecemos en esta comunicación una breve colecta documental, sacada de diversos archivos de Trujillo y de Badajoz, en la que se muestran datos Interesantes sobre la vida y obra de Solano.

He aquí la relación de documentos, que en nuestro trabajo glosamos brevemente:

  1. 1646, 12-X: «El Convento y frailes de la Merced de Trujillo y don Juan Solano de Figueroa, arcipreste de Medellín, sobre compra de sepultura en dicho Monasterio».
  2. 1652-53. Badajoz: «Expediente de limpieza de sangre del doctor don Juan Solano de Figueroa».
  3. 1656, 3-IX. Badajoz: «Testamento del Doctor don Juan Solano de Figueroa».
  4. 1661, 12-IX. Badajoz: «Donación de la librería del doctor don Juan Solano de Figueroa al Colegio de la Compañía de Jesús de Badajoz».
  5. 1663, 9-IV. Badajoz: «Concierto de un retablo entre el doctor don Juan Solano de Figueroa y Diego Díaz, carpintero».
  6. 1665, 25-VIII. Badajoz: «Testamento del doctor don Juan Solano de Figueroa».

SOLÍS SÁNCHEZ ARJONA, Antonio de
«LA ERMITA DE LOS MÁRTIRES DE VILLAFRANCA DE LOS BARROS»

En Villafranca de los Barros existió una «hermita» dedicada a los Mártires San Sebastián y San Fabián.

Tenia un retablo gótico y estaba empezándose a hacer a fines del siglo XV.

Sus mayordomos se elegían entre los oficios menores del Consejo y tuvo gran preponderancia en los siglos XVI y XVII.

La «ermita» debió de perder su importancia a fines del XVIII y poco tiempo después desapareció. La situación exacta del sitio que ocupó no se ha podido localizar ya que la localización que dan los documentos de esa fecha está basada en puntos de referencia hoy imposible de situar.

Dada su importancia en aquellos pasados tiempos se presenta esta comunicación a los Coloquios Históricos de Trujillo.

SORIA SÁNCHEZ, Valentín
«RESEÑA NUEVA DE ARQUEOLOGÍA EXTREMEÑA»

Se ha descubierto en Torrejón el Rubio una estela del Bronce, con espada, escudo, espejo, lanza y un ídolo placa. Ha aparecido en Valencia de Alcántara una cabeza partida de (dolo dolménico. En Los Pinos, Badajoz, se ha excavado un poblado de la Edad del Bronce. En Ahigal, un verraco sin extremidades posteriores y anteriores del primer milenio, y una villa tardorromana, y un molino romano. En Santibáñez el Bajo, una cista prerromana y una piedra con la letra hebrea KOF. En Trujillo en una piedra de la casa de don Xavier de Salas, de la Real Academia de Extremadura, se aprecian unas letras ibéricas. En Jarandilla, una moneda con esta Inscripción: MARS ULYPO S C; en otra cara IMP ALEXAN, con una efigie Imperial y en el reverso la figura de un guerrero. En Guijo de Granadilla, una lápida: CAE-NOSL / DOVIRIF / AXXVOP / IMATRI/AMIA/NOIC/IOFAC/H. En Gévora: MARCO /RECIO / ARIMO / SIMOÁCE / IOBIVSS /. En Ibahernando: ESILIVSNCENO / ELONIS / AMICO / OSA-VIT y otra con lectura difícil. En Granadilla el 1 de noviembre de 1980, José María Domínguez, Antonio y Juan José Anaya, y Justo Plata ven una Inscripción que en «HOY», 13-XI-80, dan por Inédita, no catalogada hasta la fecha: CILIAEFLAVIA / CAURIENSIS / ANXXX-HSES HTLAVVSMA/REXSTESTAM 7 ENTOFC. En «Alminar», núm. 24, pág. 26, abril, 1981, Antonio Sánchez Paredes publica esta lectura de la misma lápida de Granadilla: CILEA FLAVIL /’CAURENSIS / ANXXXHSES / TLFLAVVSMA / REXSTESTAM / ENTOFC. En Tejeda he vuelto a ver una piedra y en esta ocasión me parece mejor esta lectura: VOTVM / FECIT SIBI / SEINISO / OVIIT / IVLIVS, y una línea con caracteres Ibéricos. En Cuacos se ha descubierto un pavimento con varias ruedas de molino de mano. Ultimas excavaciones en Jerez de los Caballeros: un mosaico, termas. En Reina: foro, un edificio público, graderío del teatro, proscenio, y sillares de la escena; el graderío alto debió ser de madera. Se ha realizado por José Sánchez Abal una tesis doctoral sobre la necrópolis bajo imperial de Berzocana. En Villafranca de los Caballeros se han descubierto monedas constantinianas y estelas con inscripciones.

«NOMBRES Y FECHAS EN JARANDILLA»

TENA AVILA, María de los Ángeles
«PALACIO DE JUAN PIZARRO DE ORELLANA»

Trabajo realizado por el limo. Sr. D. Juan Tena Fernández, Académico C. de la R. A. de la Historia, en el año 1964.

Don Juan Tena Fernández nació en Trujillo el 1 de diciembre de 1888 y falleció en la misma ciudad el 4 de enero de 1967.

VALVERDE LUENGO, Francisco de Jesús
«COMENTARIO A «LA PRIMERA PARTE DE LA HISTORIA DEL PERÚ» POR DIEGO FERNANDEZ VECINO DE PALENCIA. AÑO 1571» (Edición publicada por Biblioteca Hispánica, con prólogo y apéndices de Lucas de Torre. Madrid 1913)

Adquirí la mencionada Historia del Perú en junio de 1980, durante la primera Feria del Libro Antiguo y de Ocasión que se celebró en Salamanca y desde su primer párrafo me llamó la atención. Puede leerse en el Inicio del prólogo:

«Una de las obras menos conocidas de cuantas se refieren a la conquista y descubrimiento del Perú, es la titulada «Historia del Perú», escrita por Diego Fernández, vecino de Palencia, y cuya primera y única edición española fue dada a luz en Sevilla el año 1571.

Concedido a su autor el privilegio para la Impresión y venta de su obra y autorizada su circulación en las Indias, aún no habla salido de las prensas, cuando, con notorio perjuicio de sus intereses, le fue secuestrada la edición completa de los mil quinientos ejemplares que habla mandado tirar y recogida por el Consejo de Estado, sin que los autores que de esto se han ocupado manifiesten la índole de los motivos que originaron tan extremada medida».

El Libro Primero consta de LIV Capítulos a los que siguen cuatro Apéndices. Terminando con un índice de personas y otro general.

El Segundo Libro consta de XCV Capítulos.

VERA CAMACHO, Juan-Pedro
«EL ESCULTOR JULIO ANTONIO Y EXTREMADURA»

La Mancha, antiguamente entraba en Extremadura, con el nombre de «Mancha Baxa». Ocupaba desde Siruela hasta Tamurejo; y Almadén, ya en Ciudad Real. El mapa de la zona fue hecho por un escribano de Trujillo, Francisco de Soto, en el ano 1803. Viene todo esto a cuento, porque en esta zona de Mancha Baxa, y en la otra Mancha ciudarrealeña, concretamente en Almadén, vivió durante dos anos el escultor Julio Antonio, nacido en Mora de Ebro y muerto el 15 de mayo de 1919 en Madrid, a los 29 años de edad, cuando ya era famosísimo. Y a que entre la serie que esculpió y tituló «Los Bustos de la Raza», se encontraban «El Minero de Almadén» y «El Ventero de Peñalsordo», pueblo éste de la provincia de Badajoz.

A su muerte, Lozano, otro escultor de Almadén, hizo la mascarilla, que trasladó al bronce Codina, y que hoy está en el Museo «Camón Aznar», de Zaragoza. Un discípulo suyo, Medalla de la Nacional de Bellas Artes de 1932 y otra Medalla ganada en Lieja, que vivió treinta años en París, repujador, grabador y muchas cosas más, José Leonor, nos cuenta el arte sublime de Julio Antonio, su gran atracción física, que hizo que las mujeres se enamoraran de él y hasta no cobrarle cuando le despachaban en las tiendas; su prematura muerte a los 29 años y el olvido en que hoy se encuentra. Con este «Ventero de Peñalsordo», Julio Antonio entra en nuestra cultura y de ello nos sentimos orgullosos los extremeños de hoy.

ZAPATA ARROYO, Amelia
«LOS ORÍGENES DEL FERROCARRIL EN LA PROVINCIA DE CÁCERES» 1845 – 1878»

Divido el trabajo en tres apartados. El primero lo dedico al estudio de la situación geográfica (topografía, población, etc.) y económica de la provincia cacereña en la primera mitad del siglo XIX, que tan decisivamente influirá en el retraso de la construcción ferroviaria de la región.

En la segunda parte analizo, uno a uno, los diferentes proyectos y presupuestos que sobre las posibles líneas de ferrocarril se iban haciendo, así como las vicisitudes del capital invertido y los repetidos fracasos motivados tanto por problemas de índole económica como de política regional y nacional, para concluir en las realizaciones que a finales de siglo dejarían el mapa viario como actualmente se encuentra.

En el tercer apartado estudio, comparándolas con el resto de la Península, las causas del retraso ferroviario en Cáceres y de su posterior crisis, causas todas de carácter interno: falta de Inversión privada y de respuesta a los estímulos que tardíamente emanaron del Gobierno, nula Industrialización, agricultura primaria, ausencia de un comercio y de centros importantes de población, carencia de medios para viajar, etc.

ZARANDIETA ARENAS, Francisco
«LA ORDEN FRANCISCANA Y ALMENDRALEJO»

Presento un avance de un estudio más extenso en preparación, acerca de la influencia de dicha orden en Almendralejo y de la aportación de esta ciudad a la misma.

Por una parte, la existencia en Almendralejo de tres conventos de la Orden: dos de franciscanas menores observantes (Concepción y Santa Clara), y el tercero de franciscanos menores descalzos (San Antonio). El más antiguo, el convento de la Concepción, data de mediados del siglo XVI y fue fundado bajo el patrocinio de don Francisco Ortiz de Paradas y su mujer Dª. María Escrivana. El de San Antonio es un siglo posterior (1656), siendo sus fundadores, D. Fernando Nieto Becerro, su mujer, Dª. Juana de Alvarado y Mendoza y la hermana de ésta, Dª. Leonor. Estos dos conventos fueron clausurados como resultado de las leyes desamortizadoras. El de San Antonio sigue, en cuanto a su iglesia, abierta al culto, como ayuda de parroquia, y la parte conventual, después de varias vicisitudes, en estado ruinoso. El de la Concepción servirla como teatro, sala de baile y colegios estando actualmente convertido en solar para levantar sobre él un moderno centro de E.G.B. La suerte de Santa Clara ha sido distinta: primero beaterío, patrocinado por Dª. Leonor Golfín de Figueroa, a comienzos del siglo XVIII, se convirtió unos anos después (1725) en convento que ha llegado hasta nuestros días.

Por otro lado, una serie de eminentes franciscanos, hombres y mujeres, brotaron de nuestra ciudad o dejaron en ella una huella imborrable: Fray Pedro de Almendralejo, Fray Pedro Cabezas, Fray Andrés del Arroyo, la Madre María de Cristo, Fray Francisco de Almendralejo, y tantos otros que usando el acostumbrado apelativo gentilicio llevaron su santidad y su saber por los conventos de la Orden proclamando claramente su origen.

Oct 011981
 

Juan Solano.

Un investigador, cuya identidad no he logrado averiguar, aunque bien pudiera tratarse de alguno de los habituales asistentes a estos Coloquios, en una visita a Valdefuentes, quedó sorprendido ante un descubrimiento que ya tenía yo registrado hace tiempo.

En una portada de piedra de una casa modesta, el dintel lleva grabados, con gran maestría, unos símbolos masónicos: la escuadra, el compás y un pico de picapedrero.

En el extremo derecho del encuadre de las figuras, van estas cifras: 17; y en el izquierdo estas otras: 85; juntas componen el año 1785; quizás vayan así colocadas por pura razón de estética, pues ya digo que su ejecución revela una mano experta. Nuestro presunto investigador, según noticias que me han dado, llegó a creer que, sin lugar a dudas, aquella casa había sido una Logia masónica en el siglo XVIII.

El tema me sedujo y me pareció muy a propósito y de actualidad, como base para un trabajo destinado a estos Coloquios.

Para proceder con cierta lógica en el planteamiento de los términos de mi disertación, y en orden a las conclusiones a que quiero llegar, me parece necesario hacer unas consideraciones previas, referentes al desarrollo histórico de la masonería.

Dada la formación cultural de los asistentes a estos Coloquios, sería casi ofensivo pensar que haya alguno que no tenga conocimientos, más o menos profundos, sobre el origen, composición y procedimientos de esta Secta Secreta, de la que siempre se habla tan confusamente, a pesar de lo mucho que se ha escrito sobre ella.

Es un dato bien conocido, que el término masón es una transcripción casi exacta de la palabra francesa «macon” que, según los lingüistas, procede del nombre latino «machio-onis», que significa albañil.

Efectivamente, esta Secta, en su origen, fui una agrupación artesana del gremio de la construcción, integrada por albañiles, canteros, picapedreros, etc… Nacida en la Edad Medía (siglo XIII), tuvo como finalidad guardar los secretos de las bases constructivas del arte gótico u ojival (basílicas, catedrales, palacios). Su carácter reservado dio lugar a una cautela máxima, en la admisión de sus miembros o «hermanos», que habían de ser de absoluta confianza, para evitar los peligros de la divulgación.

La primera condición del «hermano» era la de permanecer fiel a Dios y a la Iglesia, combatiendo el error y la herejía. Pero, a partir de las Constituciones de 1747, estos deberes religiosos se redujeron a la estricta observancia de la ley moral. El criterio cerrado de admisión en la Secta, siguió siendo siempre el mismo, sí bien adaptado a otros nuevos estamentos de la Sociedad. La instrucción del masón no se recibía de una sola vez, sino que, según el rito a que se perteneciese, en cualquiera de ellos, había tres grados fundamentales: aprendiz, obrero y maestro. Sería largo extenderse en otras consideraciones y detalles que no hacen al caso; pero sí destacar algunas etapas de la Secta y la evolución de sus fines.

Es de Francia de dónde pasa su influencia a los países latinos, con un marcado carácter anticlerical y político, en el siglo XVIII, que es el que nos interesa señalar, siendo notable también su aportación a la propaganda pre-revolucionaria, imprimiéndole una orientación democrática y anticlerical (.téngase en cuenta lo que, en la época, significaba el término democrático en el orden político y social). Los líderes de la Revolución Francesa, fueron sus grandes adeptos.

Por todas estas tendencias y finalidades, la Iglesia condenó, en distintas ocasiones, a esta Secta Secreta, imponiendo a los fieles la absoluta obligación de apartarse de ella, bajo pena de excomunión. Así lo dispusieron la Bula de Clemente XII (1738); la de Benedicto XIV (1751); y lo mismo aconsejaron Pío VII, León XII, Gregorio XVI, Pío IX y León XIII. Aunque sólo haya sido en los países latinos donde la masonería se haya mostrado como el peor enemigo de la Iglesia, su condena se extendió a donde quiera que existiese, y fueran cuales fueren sus matices.

Los símbolos de la masonería son muy diversos, pero los fundamentales son la escuadra y el compás, a los que solían unirse otros tomados también de instrumentos de la construcción, como el pico, en nuestro dintel de Valdefuentes.

La Logia era una pieza rectangular con un estrado para el maestro. En su mesa hablan de colocarse una Biblia, la escuadra y el compás. A los ritos deberían asistir vistiendo un característico mandil de artesano. Realmente, y para los fines de este trabajo, no interesa saber cómo es su organización moderna. Los adeptos y defensores de la masonería, niegan que los fines apuntados sean los motivos impulsores de la Secta; antes al contrario, destacan que siguen fieles a los objetivos esenciales de las Constituciones: eliminar las divisiones accidentales de la humanidad, debidas a las opiniones particulares o religiosas, que constituyen verdaderos prejuicios nacionales, en las diversas capas de la sociedad.

Se pretende con ello llegar a establecer una religión moral universal, en la que convendrían todos los hombres y que vendría a ser un modelo de sociedad y de forma de vida.

A pesar de todo, lo que sí es históricamente cierto, es que, al desviar la masonería francesa el antiguo espíritu de la Sociedad colocando en primer término las cuestiones políticas y sociales, con indudables prejuicios sectarios, se convirtió en blanco de apasionados ataques y críticas. Aunque protegida, en Europa, por reyes y hombres de Estado, su carácter secreto, incluso supersecreto en las maquinaciones de sus grandes Orientes, dio lugar a serias oposiciones y enconadas persecuciones en muchos países, entre ellos España; y es indudable que fui causa de no pocos disturbios estatales y eclesiásticos, en la edad moderna.

Tras este sucinto repaso a la evolución histórica de la masonería, veamos qué criterios pueden aplicarse en la aceptación o rechazo de esa supuesta Logia masónica, en la villa de Valdefuentes, en el siglo XVIII.

Conozco perfectamente, desde mi niñez, la casa en cuestión. Para no dejar ningún cabo suelto, anticipándome a los reparos que podrían ponerse a mis opiniones, no se debe descartar que, en sus orígenes, fuese un local de una sola pieza, aunque no muy amplio, que respondería a esas características señaladas de espacio rectangular para las reuniones y celebración de ritos. Pero no parece acorde con la realidad esta suposición, como se verá por otras circunstancias.

Actualmente, y así debió ser siempre, consta de un pequeño zaguán y dos habitaciones, también de reducido espacio, aunque una algo mayor que la otra. La de menos capacidad, tiene un ventanuco que da al corral de una casa contigua, de distintos dueños; una de esas servidumbres, muy corrientes en las estructuras urbanísticas de los pueblos. La otra habitación, de proporciones un poco mayores, lleva también una ventana, que debió ser de idénticas medidas, pero dicen sus actuales dueños que se la agrandó algo más para que el interior tuviese más luz. Y debió ser así, porque esta ventana cae debajo de un arco abovedado y techado, que da entrada a un viejo callejón, en cuyo fondo hay alguna humilde vivienda, anterior -sin duda- al siglo XVIII.

Con estas notas descritas, nuestro investigador parece ser que compuso la siguiente historia: la puerta principal, donde van los símbolos, servía de entrada para los «maestros»; y bajo el oscuro y escondido arco, había otra puerta más pequeña y sencilla por la que entraban los «aprendices». Esta puerta coincidiría con el espacio de la ventana. No hay la menor señal ni vestigio de ello.

Esta teoría es ingeniosa, y no está mal la asignación de funciones a una modesta casa de pueblo, que nunca pudo pensarse que llegase a ser objeto de estudio, con rango de edificio histórico.

Pero, dejando suposiciones teóricas a un lado, analicemos los aspectos que hay que considerar, con un fundamento más razonable. La puerta principal da a la que fuera también calle principal, desde los tiempos del señorío de los Sande, en el barrio de arriba. De aquí que se llamase la calle Arriba y también Empedrada, por los guijos de su pavimento. Hoy se llama calle de Bienvenida, porque conduce a la Iglesia de este nombre, por el camino más céntrico.

Pues bien, en la calle principal, con ostensibles símbolos masónicos, se hace una portada que denuncia el lugar de reunión y celebración de los ritos de una Secta Secreta, aunque el vecindario no tuviese ni la menor idea de su significación.

En primer lugar, en este pueblo y en la época en que se sitúan los hechos, no había agrupación gremial de ninguna clase, como se deduce de la Visita de Audiencia realizada en 1791. En el documento de dicha Visita, que se conserva, dice, en cambio, que había en la localidad un representante del Santo Oficio, con fuero. Y con todas las condenas de la Iglesia y penas de excomunión, ¿no iba a estar advertida la feligresía de estas misteriosas reuniones, sin alguna intervención oficial del Representante del Santo Oficio?

Seguramente que los primeros dueños de la vivienda, eran unos cristianos viejos (el vecindario es de una gran raigambre religiosa), y el cantero, que sí debía ser masón, les gastó esta solapada broma que, tanto ellos, desconocedores en absoluto del significado de aquellos símbolos, como sus descendientes en varias generaciones, nunca llegarían a descifrar.

Digo que el cantero pudiera ser masón, y hay ciertas razones para creerlo así. La tradición en el arte de la cantería, fue muy notable en Valdefuentes. Rara es la casa, por muy modesta que fuese, que no llevase portada de piedra, finamente labrada. Hoy mismo se puede comprobar.

Las grandiosas obras del Palacio de los Sande, el Convento de los Agustinos Descalzos, su Iglesia conventual con el maravilloso claustro, son testimonios elocuentes de esta manifestación artesanal de obra bien hecha. Ello supuso la presencia de maestros, canteros y obreros trujillanos, como el célebre maestro Pedro Fernández, o el cacereño Marquina, que debieron traer sus equipos especializados, aunque en Valdefuentes hubiese también algunos expertos en el oficio.

Por ello, no es extraño que ese cantero que hizo con tanta perfección la portada de la casa de Valdefuentes, fuese un «hermano», perteneciente a la Logia no radicada en este pueblo. Quizás en localidades con agrupaciones gremiales de importancia, como Trujillo y Cáceres, pudiera estar la raíz de esta cuestión, que si no la dejé descubierta de un modo inapelable, creo que puedo decir, por cierta semejanza con las interpretaciones heráldicas cuando en las figuras del escudo aparece un árbol con las raíces descubiertas, se le llama de «raíz arrancada». Quizás haya arrancado yo a la raíz histórica de un hecho, algunos rejos en que esté prendida la verdad.