Oct 011999
 

Teodoro Soria Hernández.

Universidad Complutense

LEYENDAS Y MITOS
Puesto que las leyendas son obra no de memoria, como lo son en gran parte las tradiciones históricas, ni de razón sino de imaginación es natural que todo mitólogo deba dirigirse con preferencia a los que estudian la imaginación, esto es, a los psicólogos.

Aquí es interesante notar que la escuela psicológica ahora muy en boga, la asociada a los nombres de Freud y Jung, consagra una atención considerable a los mitos y trata de explicar su génesis.

Hasta aquí cualquiera puede asentir. Pero más allá la aprobación general de un esfuerzo en lo que puede ser un campo fecundo, yo en cuanto al primero no puedo ir.

Hasta ahora, aún concediendo la verdad de muchas afirmaciones sostenidas por la escuela psicoanalítica respecto de la estructura del espíritu humano no he podido encontrar en sus escritos una sola explicación de algún mito o algún detalle de algún mito que parezca aún remotamente posible o capaz de contar en el desarrollo de la historia como nosotros la tenemos. Por eso me contento con la mención de sus métodos sin entrar de lleno en su examen.

Nosotros podemos dividir las leyendas, según lo que por ahora es casi tradicional, en tres clases. Tenemos primeramente el mito propiamente dicho respecto del cual son necesarias algunas palabras explicativas. El hombre frente al mundo que le rodea no puede evitar las reacciones al medio ambiente de algún modo. Además de acciones corporales ya prácticamente útiles como romper pedernales, arar el campo y hacer locomotoras o que pretendían ser prácticamente útiles como las diferentes operaciones de magia, el hombre tiene francos dos procesos mentales respecto del mundo. Puede razonar sobre el mundo y los objetos que contiene o puede dejar a su imaginación jugar sobre ellos.

Hablando con toda dureza y con toda amplitud, el más civilizado, el más apto ya para razonar ya, si no, para actuar, no es el que razona sino el que imagina.

Tomemos como ejemplo el fenómeno de la lluvia. Un hombre puede ocuparse en recoger el agua de lluvia en una cisterna o en un estanque. Puede construir un pluviómetro y observar la cantidad de lluvia que ha caído y la estación del año en que fue más abundante y de estas y otras observaciones teorizar sobre las causas de la lluvia. Podemos llamar a estos procedimientos ciencia aplicada y pura respectivamente.

Así, especialmente, si él es un salvaje, puede obrar mágicamente con la intención de hacer llover con abundancia o detener del todo la lluvia. Está siendo por la intención práctica una especie de hermana bastarda de la ciencia aplicada. Pero ahí es posible una tercera clase de actividades.

Un poeta u otro artista puede dejar a la lluvia inspirarle en su producción y así dar el mundo en una obra buena o mala a la lluvia. Una pintura tal como «Lluvia, vapor y velocidad» de Turner o una preciosa fantasía sobre el verdor traído a la tierra por un aguacero. Pero la imaginación del artista tiene asimismo una mediatez humana, a saber, la menos controlada pero igualmente viva la imaginación del hacedor o creador de mitos.

El no trata de exponer razonablemente las causas de la lluvia ni está particularmente constreñido a hacer una pintura artística de ella. Intenta tal vez visualizar el proceso entero, con la imaginación por supuesto, trabaja en cuadro, si queremos usar la expresión favorita de los psicólogos, en símbolos.

El resultado de esta visualización puede ser un cuadro mental tal como un ser o seres que echan de recipientes agua sobre la tierra. La naturaleza de estos seres y de este depósito vaciará enormemente y el mito puede ser algo que vaya de lo entero, grotesco, absurdo a lo muy bello, lo mismo que un cuadro hecho por un pintor civilizado puede ser bueno o malo, pero en la pintura imaginativa de algún niño lo será seguramente.

Ahora bien, el mito se da la mano con la ciencia, para ello ofrece una especie de causa para la caída de la lluvia. Preguntado por qué llueve, científico y creador de mitos, igualmente pueden dar una respuesta. El primero responde: «A causa de tales y tales condiciones atmosféricas» y puede dar prueba de su aserto, más o menos convincente según que es mejor o peor científico. El creador de mitos puede contestar: «Porque Zeus arroja agua del cielo». «Porque Yahveh ha abierto las ventanas en el firmamento». «Porque los ángeles han echado agua en una gran tina en el cielo que tiene agujeros en su hondón».

A cualquiera que ha tratado con chicos preguntones puede serle natural que en muchos casos este género de respuestas sería satisfactorio. Da una razón y el espíritu de los oyentes no está lo bastante desarrollado para averiguar si es la verdadera razón.

Vemos, pues, que los mitos en el sentido propuesto son formas un tanto primitivas de los procesos mentales que, ulteriormente desarrollados, nos dan el arte y la ciencia. El más activo es el que podemos denominar proceso artístico o imaginativo, o visual, intuitivo.

Esta consideración nos autoriza ampliamente para proponer una cuestión que a menudo surge, a saber: ¿Creyó en Grecia, por ejemplo, el creador de mitos en sus mitos? Lo absurdo de ella se evidenciará si la transferimos a una esfera más alta y preguntamos: ¿Miguel Angel creyó en su Moisés o Sivinburne en su Atalanta en Calidón? Sin duda, Miguel Angel creyó que había habido un hombre llamado Moisés que hizo las cosas por él referidas en el Pentateuco. Sivinburne indudablemente creyó que ahí hubiera existido una doncella Cazadora llamada Atalanta. Pero éstos son procesos intelectuales que nada tienen que ver con la estatua o el poema.

Así con el hombre que primeramente pensó en el trueno y el rayo como causado por Zeus que lanzaba un celestial dardo. Probablemente sería más cierto decir que lo imaginó que él lo creyó o no lo creyó. Es verdad, sin embargo, que muchos pueblos han aceptado su imaginación como razón suficiente de una tormenta estruendosa mientras otros con el tiempo se hicieron escépticos, es decir, pusieron en ejercicio su razón tan bien como la imaginación. Percibieron que otras causas eran aquí posibles y encontraron motivos para preferir una u otra de ellas.

Podemos definir, pues, el mito propiamente dicho como «el resultado del trabajo de una imaginación ingenua sobre los hechos de la experiencia». Como en una gran proporción estos hechos son fenómenos naturales se sigue que el mito natural es el género común. Como la imaginación comúnmente es fijada en su curso por un objeto que aparece admirable o misterioso he ahí por qué, en realidad, una cantidad muy grande de mitos el género denominado etiológico, relacionado, esto es, con las causas de toda clase de cosas, desde el aparente movimiento de los cuerpos celestes hasta el perfil del collado vecino o el origen de una costumbre local. En este último caso el mito a menudo explica que tienda a ser una historia y ello nos lleva a la inmediata forma de leyenda.

El nombre «saga», en el origen simplemente una palabra escandinava que significa cuento, historia, es dado emplear comúnmente para las leyendas que se relacionan con acontecimientos históricos. Para ejemplos vulgares del moderno rincón rural. Si una narración popular atribuye la formación de un collado de particular configuración al demonio esto es un mito puro y simple. Pero si se dice que una antigua construcción térrea ha sido hecha por Julio César, esto, si no es debido a un anticuario local, es, tal vez, saga y puede contener un germen de hecho histórico.

Esto es, la construcción térrea puede ser realmente parte de un campamento romano y hemos de sustituir «Julio César» por «un oficial romano desconocido». Las excavaciones nos pueden proporcionar el hallazgo, si no del nombre del oficial romano y su categoría, al menos su fecha y así pasamos de la saga a la historia. Hay ejemplos de fragmentos de historias real que son conservados en un extraordinario espacio de tiempo en leyendas de aldeanos.

Pocos hay tan bien preparados como para ser capaces de ver acontecimiento alguno completamente leyendo según es exteriormente, dentro de ello algo que solamente existe en su propia fantasía. Y esto se aplica mucho más fuertemente a los acontecimientos que no son percibidos sino recordados y sobre todo a los que no son recordados sino relatados por otra persona.

TRANSMISION DE HISTORIAS
Una historia transmitida de padre a hijo es rápidamente alterada de dos modos: detalles reales son olvidados y pormenores irreales son añadidos. Estas adiciones, siendo imaginarias, son casi invariablemente de un género pintoresco atractivo para el narrador y para el oyente o para ambos. Igualmente hallan ambos detalles tales como fechas, pormenores geográficos, excepto los de una localidad bien conocida que son generalmente tenidos por interesantes, cifras exactas de toda especie, hechos económicos y los hechos y dichos del pueblo bajo.

La narración homérica de la guerra de Troya es uno de los mejores ejemplos posibles. La guerra fue un hecho perfectamente real. Muy verosímilmente fue motivada por rivalidades comerciales. Parece haber consistido en un bloqueo por parte de los aqueos de la ciudadela de Ilión, recuérdese a Hisaarlick, y en la interrupción de las comunicaciones de Troya con las regiones vecinas. Aparentemente terminó por el agotamiento económico y militar de los troyanos que llevó consigo el sometimiento de las ciudades con ellos aliadas y por último la caída de Ilión.

En Homero la causa de la guerra es el rapto de Helena por Paris y factores decisivos son la personal intervención de dioses diversos a la vez que las sobresalientes proezas de los numerosos y heroicos jefes de los que el más destacado es Aquiles.

De la rivalidad comercial nada vemos en toda la obra, del desgaste de los recursos troyanos solamente se adivinan unas cuantas notas y de los pormenores de la táctica y estrategia de ambos ejércitos prácticamente nada se dice. El resultado es, a costa de la historia, el más grande y fascinador poema épico jamás escrito, la Ilíada, que es el producto de un genio de primera calidad que encontró una buena saga a propósito para construir el poema.

NARRACION DE CUENTOS
Queda otra forma de leyenda, el cuento. La palabra alemana «Märchen» encaja mejor que la más aproximada inglesa equivalente a cuento de hadas porque no siempre trata de hadas o seres sobrenaturales de algún género. Difiere de los últimos en una particularidad importante. Ambos pretenden exigir, si no exactamente creencia, al menos un asentimiento imaginativo y su punto de mira es a menudo hallar o recordar una verdad. El cuento apunta mejor al entendimiento. Cuenta sin motivo alguno. No recuerda acontecimientos históricos o semihistóricos. No necesita conformarse a los pensamientos de los oyentes por la probabilidad. Es un relato puro y simple y pretende ser nada más.

Este breve esbozo de clasificación de las leyendas debe bastar. Sin embargo es de notar que algunos relatos dados pueden combinar dos de estas formas y hasta las tres. Por ejemplo el cuento de Heracles probablemente empezó por una saga, un relato fantástico de las aventuras de un hombre real.

Se combinó en fecha temprana con elementos de mito etiológico. Así, la existencia de ciertas fuentes termales fue explicada por el mito de que ellas brotaron de la tierra para proporcionarse Heracles un baño caliente después de algunos de sus trabajos y cierto sacrificio antiguo en el monte Eta fue establecido para conmemorar la muerte del héroe. Del mismo modo algún elemento de cuento se entreveró acá y allá. Por ejemplo, Heracles igual que otros aventureros camina a buscar la marmita de oro de las Hespérides.

Otro punto y muy importante de recordar en el caso de los mitos griegos es la manera como reflejan el carácter nacional. Los griegos son sensatos, altamente espirituales, de cabeza clara, amantes de la belleza y optimistas. De ahí que sus leyendas están casi sin excepción libres de oscuridad, de salvajes apoteosis. Las caras horribles que contienen las tradiciones populares de pueblos menos dotados y felices. Igualmente los monstruos no son muy feos o toscos ni sus fantasmas y demonios son espantosos. Sus héroes, de ordinario, pueden estar afligidos pero no desolados. A veces son abatidos por el hado adverso, no morbosamente abrumados. Tropiezan con extraordinarias aventuras pero en ellas haya una cierta dosis de moderación que corre a través de sus hazañas poco probables. Como para los dioses y otros tipos sobrenaturales han glorificado hombres y mujeres que permanecen extremadamente humanos y en todos nada irracional ni groseramente falso en sus relaciones.

Los cuentos en que se dan elementos salvajes y repulsivos tienden a relegarlos a último término o a ser modificados.

En resumen, el manejo de los mitos aparecería aun por griegos iletrados muestra del espíritu expresado en dos en dos famosas afirmaciones de renombrados poetas.«Por quien han sido hechas todas las cosas amables para la humanidad presta su brillo para lograr todavía que lo increíble parezca creíble muy a menudo». «Si yo trato en falsedad de tal manera que pueda persuadir los oídos de los que escuchan».

LA MITOLOGIA DEL TIEMPO
En Las Suplicantes(524-26)Esquilo dice: Rey de reyes, el más santo de los santos, el más perfecto de los perfectos, bienaventurado Zeus. De los Titanes los más importantes personajes son Cronos, Tiempo y su consorte Rea o Raya. La primera de esta venerables figuras míticas es con toda probabilidad un dios pregriego pues el intento de dar a su nombre una etimología griega ha fracasado hasta ahora.

Tuvo algún culto en los tiempos clásicos. Un festival de alguna importancia las «cronia». Se sabe que es conocido haber existido tal festival solamente en tres lugares: Atenas, Rodas y Tebas. Era un festejo de la siega. Sabemos que en tal acontecimiento todas las distinciones sociales se abolían durante su celebración. Amos y criados asistían juntos a banquetes, rito común de tales fiestas. Tenemos alguna razón para suponer que le era ofrecido a Zeus ocasionalmente un sacrificio humano que en Grecia en cierto modo se acusa un rito primitivo.

Las raras representaciones de Zeus en el arte le representan como un viejo majestuoso pero afligido empuñando un objeto curvo tradicionalmente interpretado como el cuchillo con el que hirió a Urano pero que seguramente, teniendo en cuenta el tiempo de su fiesta, puede ser la hoz de segar. Los griegos le identificaron con frecuencia con una divinidad extranjera nada amable como Moloch. Para los teóricos romanos era idéntico a Saturno un espíritu tal vez insignificante de la sementera. La común asociación con el agricultor parece ser solamente un punto de contacto.

Bajo su autoridad según una leyenda tan antigua como Hesíodo todo era inocente felicidad. Se vivía una vida larga y virtuosa, sin trabajo, contienda ni necesidad, sin leyes. Todo se tenía en común y se vivía con seguridad en medio de la gran abundancia de toda clase de productos que la tierra daba espontáneamente. En suma, era la edad de oro, Saturnia regia, «o epi cronos bios». Pero otro grupo de leyendas y por cierto muy antiguo presenta a Cronos con una luz mucho menos satisfactoria.

GE Y URANOS
Ge y Uranos le habían advertido que sería destronado por uno de sus propios hijos, por esto él los engullía tan pronto como nacían. Pero Rea cuando le dio a luz al hijo más joven, Zeus, le ocultó lejos y dio al padre una piedra en su lugar fajada con un pañal. Así Zeus llegó a la madurez y pronto empleó sus fuerzas contra su padre Uranos.

Zeus puso en libertad a algunos de sus hermanos de padre que habían sido aprisionados en el Tártaro incluso a los Cíclopes que se armaron con truenos y centellas al volver a su libertad. Los Hecatóngiros, Briaérios y el resto que mostraron formidable ayuda en la batalla que siguió. Estigia con su cría se pusieron de su lado. Durante diez años, trabada la guerra, Zeus y sus aliados estuvieron luchando desde el Monte Olimpo. Los titanes bajo las órdenes de Cronos, menos Prometeo y Teonis, desde el Monte Ortis. La tierra y hasta el Tártaro se conmovieron con el fragor y estruendo de los inmortales guerreros. Al final los Titanes dieron paso ante los rayos de Zeus y la lluvia de enormes rocas lanzadas por los Hecatóngiros. Los aprisionaron entonces en el Tártaro menos a los que estuvieron de parte de Zeus y Atlas cuya prodigiosa fuerza se empleó en sostener el cielo. La prisión fue guardada por los Hecatóngiros. Así corrió el original relato. Pero tal vez porque los Titanes no desaparecieron del culto parece haberse sentido que su castigo y prisión no fueron eternos. Píndaro precisamente dice que Zeus libertó a los Titanes y Esquilo en la Trilogía Prometeo parece no sólo haberlos introducido liberados como testimonio de la libertad de Prometeo de su roca sino también haber representado a Zeus volviéndose más suave con la creciente experiencia del mando.

Precisamente lo que yace en el fondo de la leyenda es un punto discutido. Según algunos mitólogos es un mito natural, una lucha entre los poderes de la naturaleza devastadores y los más benignos. Otros prefieren ver en ello una vaga evocación de la victoria del culto Olímpico llevado por los griegos invasores sobre las más antigua religión de los pueblos prehelénicos. Personalmente considero las dos opiniones en cierta medida justas.

Parece muy razonable suponer que la invasión y la conquista reflejaran en un relato de tal especie cuando recordamos cuán regularmente los dioses de los antiguos pueblos en la esfera clásica y fuera de ella se les ha supuesto actualmente tomar parte en las guerras de sus adoradores y participar en sus victorias o derrota. Pero de otra parte la figuración y de una batalla es tan evocadora de terremotos o erupciones volcánicas que hace creer no sea la semejanza meramente accidental.

FENOMENOS VOLCÁNICOS
Los griegos tuvieron en todas las épocas buenas ocasiones de observar tales fenómenos en su propia parte del mundo. Para no hablar del Asia Menor la isla de Santorini, antiguamente llamada Thera y las islas que están próximas se sabe que estuvieron en estado de actividad más o menos intensa desde la segunda centuria antes de Cristo al año 1866 de lo cual se puede deducir con alguna base que fueran todavía muy activas en los tiempos en que esta leyenda puede suponerse haberse formado. Muchos otros signos de actividad volcánica han sido también notados en la antigüedad y por los modernos observadores en varias partes del Mar Egeo.

Los autores posteriores nada tuvieron que decir de la suerte de Cronos después de su derrota. En conformidad con la idea de que él era rey de la Edad de Oro algunos mitólogos comenzaron muy temprano a hacerle Señor de las Islas de los bienaventurados, Plutarco tiene un relato extremadamente pintoresco según el cual hay una isla sagrada cerca de Bretaña, esto es, en el extremo del mundo conocido, donde Cronos duerme con sus secuaces en torno y Anarcos constantemente vigila. Finalmente hermeneutas y racionalistas presentaron a Cronos como habiendo sido un gran dios del Oeste, cuya historia surgió en Italia por hacerle buscar refugio en el Lacio de la persecución de Zeus donde fundó una ciudad, Saturnia, en el futuro emplazamiento de Roma y dio a la región su nombre de su ocultación en él.

REA Y ZEUS
Tal vez puede sugerirse que la rebelión de Cronos contra Uranos es puramente un doblete de la lucha entre Cronos y Zeus. Sin embargo, esta preeminencia del hijo más joven apunta a una antigua existencia en Grecia de la costumbre por la que el hijo más joven es el heredero, Jünger Recht, Borrough English, es dudoso. Es de notar que para Homero Zeus es el hijo primogénito.(Il,XV,165,187).

MADRE
Rea, hermosa y esposa de Cronos, es una figura pero un poco vaga no muy frecuentemente adorada bajo este nombre particular. En un considerable número de lugares, sin embargo, hallamos un culto a otro que pueden ser llamados suyos. A parte de su común identificación con la gran diosa Anatolia Cibeles, constantemente le hallamos prácticamente indiscernible de Ge y además mezclada con un antiquísimo y extensamente adorado poder, la Madre, que, si no es el mismo, la Tierra, al menos tiene estrechas relaciones con las diosas-tierra. Desde los tiempos cretenses en adelante, en Grecia y Asia Menor encontramos su simpática y majestuosa figura bajo toda clase de nombres, unas veces asociada con un dios, otras con otro. Es preciso no suponer temerariamente que todos los pueblos del mundo griego y regiones vecinas tuvieron en otro tiempo un culto común como quiera que sea. Mejor es el supuesto de que todos ellos desarrollaron una común concepción, a saber, que existía un poder divino cuya principal característica era una fertilidad inagotable semejante en una amplísima escala a la de una mujer.

Un concepto tal pudo e hizo dirigirles por lo menos a tres resultados. Pudo hacer florecer la bella idea que persiste hasta nuestros días de un poder sobrehumano tierno y simpático como una madre. Pudo por una exageración indebida en la idea de la fertilidad física dar origen a prácticas aberrantes e inmorales como las de Melita en Babilonia y aquí y allá igualmente entre los griegos las formas indecentes del culto tributado a Afrodita. Oficialmente pudo producir una especie de dogma fruto de reflexión y ensayo de sistematización el de que todos o los más de los dioses tuvieron una particular diosa por madre. En su forma propia y en su conjunción con Cibeles es preeminente Rea. Ella se sitúa con toda decisión del lado de sus hijos mejor que del de su marido. Se ha pensado que su posición como consorte de Cronos es debida simplemente al hecho de que en la leyenda cretense ella es la madre del dios que los griegos identificaron con su Zeus. De nuevo aquí un error debe evitarse. No tenemos derecho para decir que Rea o la Madre Montaña o cualquier nombre que prefiramos emplear para esta antigua diosa era la única deidad o simplemente la única diosa adoptada en la Creta Minoana.

Lo que podemos decir además que es un dios terrestre es que aquí tenía mucha preeminencia. De leyenda, aparte de los relatos de las diosas orientales con las que ha sido identificada. tiene poco, sin embargo, pero este poco probablemente muy antiguo .Su engaño a Cronos nos ha sido ya referido, sus hijos, según Hesíodo, fueron Hestia, Demeter, Hera, Hades, Poseidón y por último Zeus.

CRETA Y EL CULTO DE ZEUS
Respecto del lugar de nacimiento de Zeus corrieron dos versiones en la antigüedad. Una, con toda probabilidad la más antigua, según la cual había nacido en Creta, la otra, también muy antigua, colocaba el gran acontecimiento en Arcadia, el hogar de las viejas tradiciones. En Roma, fue identificada Rea con Ops, la diosa de la abundancia. En el culto, sin embargo, Saturno tuvo por pareja a Lua, siendo Ops pareja de Consus.

Como ojeada a la historia de Creta puede hacerse mención de una curiosísima tradición recordada por Boyos en Antoninus Liberalis. La caverna que había sido el escenario del nacimiento cada año despedía abundante fuego, cuando hervía la sangre del nacimiento de Zeus. Parece probable como propone Nilsson que el niño divino adorado en Creta nacía, y probablemente moría, todos los años. Esta caverna era, sin duda, un antiguo lugar sagrado y el mismo pasaje cuenta cómo unos ladrones que quisieron robar la miel de las sagradas abejas que aquí se criaban fueron convertidos en pájaros por su impiedad siéndoles perdonada la vida por Zeus porque allí no podía derramarse sangre. La identificación de Rea con las diosas de Anatolia dieron ocasión a pensar en el nacimiento de Zeus y situarle en algún punto del Asia Menor.

FILIRA. MUJER DE CRONOS
Rea no fue la sola mujer de Cronos aunque solamente ella es representada como su esposa. Filira tuvo de él al Centauro Quirón que es por tanto llamado Filirida en numerosos pasajes. Le colocó en Tesalia mientras le buscaba Zeus, según Higino, y el cuerpo de doble forma de su hijo era contado por la leyenda como habiéndole Cronos convertido en un caballo ya para disfrazarle porque Rea le sorprendió ya porque Filira se convirtió en yegua para escapar de él.

Filira se ofendió mucho con el cuerpo de su hijo y pidió que se le cambiara en otra forma y por eso Zeus le convirtió en un tilo, en griego «filira».

El intentar algo más que un esbozo de Zeus es imposible. Muchos pueblos tienen una figura divina, Júpiter en Italia, Dyans en la India, Tin en los pueblos germánicos, que más o menos se corresponden con él. La significación radical de su nombre es probablemente la de «brillante» y es el dios del firmamento o mejor de los fenómenos del firmamento o, más exactamente, de los de la atmósfera. Sus funciones primarias parecen estar relacionadas con la lluvia y con la vuelta de la primavera. También se le caracteriza con el trueno y el rayo. De aquí se asoció también con aquello que depende asimismo ampliamente con la fertilidad del suelo aunque este no es un aspecto muy preeminente de su culto y naturaleza. De todo esto da testimonio una larga serie de títulos tales como Ombrios y Helios, llovedor, urios, el que envía vientos favorables, Astrapeos, relampagueante, Bronton, tonante, Georgos, labrador y otros más. Fue tan extensamente venerado que escasamente hay un sector en la naturaleza de la actividad humana con el que no tenga alguna conexión. Está estrechamente unido con la vida política. En Homero los reyes derivan de él su autoridad y un antiguo título suyo es el de Polieus, el de la ciudad. Primitivamente era representado como interesado en los asuntos morales y de Homero en adelante tan firmemente establecido como el dios supremo que nos sentimos sorprendidos al encontrar su nombre usado por filósofos de tendencia monoteísta como prácticamente equivalente a dios por excelencia. Otros autores que no van hasta ahí, sin embargo, están dispuestos a extender sus funciones hasta incluir, por ejemplo, las de Hades que es «otro Zeus» o «Zeus del mundo inferior», «katactomos» en dichos pasajes. Aunque sus mitos incluyen muchas cosas que son primitivas y grotescas o tardías y frívolas nunca pierde del todo su majestad y es representado constantemente en el arte como una figura majestuosa, un hombre vigoroso en la plenitud de la vida, en pies o sentado de cintura abajo, elevando un cetro o el rayo-trueno o ambas cosas y atendido por su familiar, el águila. Asi, mismo es frecuentemente representado en la literatura y en el arte igualmente como asociado a la encina, árbol señalado no sólo por su belleza, majestad y larga vida por sus hechos manifiestos, a saber, que en la antigüedad crecía por doquier y no menos en las regiones donde Zeus fue venerado muy frecuentemente tales como Dodona y Arcadia y que es a menudo atacado por el rayo como cuentan los antiguos y las modernas estadísticas forestales atestiguan.

RAYO TONANTE Y EGIDA
Dos importantes atributos de Zeus son el rayo tonante y la égida. Del primero sólo hay necesidad de decir que la explicación universal antes que las modernas investigaciones hicieran conocer el verdadero carácter de los fenómenos eléctricos del efecto destructor del rayo era que con el relámpago caía una especie de proyectil pesado y puntiagudo. En el arte griego es mostrado de ordinario como un objeto bicónico a menudo unido a él un relámpago convencional y a veces también alas. La égida es descrita por varios autores de Homero en adelante como una prenda orlada o una pieza de armadura, probablemente con el tiempo un escudo o coselete. En las manos de Zeus o empleada por él, es no sólo una poderosa defensa sino un arma llena de poder mágico cuando blandida ante el enemigo le llenaba de terror. Siendo usada por el dios del trueno no es de extrañar que haya sido interpretado muchas veces como una nube tormentosa, la nube del trueno.

Pero la mera significación del nombre le deriva «aigis» que simplemente significa piel de cabra, «nebris» significa una piel de cierva. En su origen este misterioso objeto no es más que un manto hecho del cuero de una cabra con el pelo forma una orla. Justamente una prenda así es usada en estos tiempos por los campesinos griegos y sin duda cubrieron a muchos antiguos objetos de culto de madera o de piedra que pretendía representar a Zeus pues el vestido de estatuas es muy frecuente en Grecia.

Como era de cuero resistente serviría al que lo llevaba como una defensa contra los golpes del enemigo. Siendo empleado por un gran dios la égida o cota de piel de cabra de Zeus estaría llena de su divina fuerza o maná y por eso podría, cuando especialmente lo usaba él o su hija favorita Atena, el mismo obrar maravillas.

Una vez nacido fue llevado a Creta, según los que no sitúan allí su lugar de nacimiento, y escondido en una caverna en Lictos, según el relato cretense había nacido en una caverna del monte Ida o del Monte Dicte, donde fue cuidado por las divinidades locales.

La nutrición le fue prestada por la cabra Amaltea, también por abejas que le llevaban su miel y su llanto era ahogado por la bulliciosa guardia de los Curetes. Hasta que aquí tenemos una evidente interpretación del ritual cretense. Modernas excavaciones arqueológicas han encontrado algunas capillas en cavernas y el estilo de su ajuar muestra muy claramente que son de fecha minoana. Los curetes parecen ser de origen Minoano ya que se ha indicado que un niño divino era un objeto preeminente del culto cretense. Dejando este estrato prehelénico pasamos a la leyenda definidamente griega.

Creció Zeus y llegó a la madurez. Esto no es cretense pues su divino niño seguía siendo niño. Habiendo derribado a Cronos tuvo que arreglar tres asuntos importantes: dividir el universo conquistado entre él y sus hermanos, procurarse esposa y fijar sus relaciones con los hombres.

PLENITUD DE ZEUS
El primero de estos negocios fue arreglado breve y amigablemente: Zeus, Poseidón y Hades echaron suertes para las tres partes principales del patrimonio hereditario, cielo, mar mundo inferior, manteniendo en común el Olimpo y la tierra. La ausencia aquí de alguna noción de primogenitura la exclusión de las hermanas de la división y la retención de una especie de equivalente honroso del hogar paternal y el terreno en derredor están completamente en acuerdo con las primitivas leyes europeas primitivas. No es preciso que dudemos en apurar la comparación por cuanto Cronos no se suponía que hubiera muerto siendo tan inmortal como sus hijos. Su posición y verdaderamente la de los dioses ancianos en general es exactamente la del padre anciano de un jefe homérico, Laertes por ejemplo en la Odisea que se ha retirado de la administración activa de su reino o baronía. Como podía esperarse de la época de la leyenda los caracteres precisamente proceden como tal vez los griegos primitivos.

El resultado del sorteo fue que Zeus tuvo el cielo, Poseidón el mar y Hades las regiones infernales.

Las nupcias de Zeus, como quiera que sea, son asunto muy complicado. Ya hemos visto como el Padre Cielo se casó con la Madre Tierra y que no sólo en la tradición griega sino con la fantasía de muchísimos pueblos.

Ahora Zeus es enfáticamente el Dios cielo. Es natural por tanto que se uniera a diosas-tierra o de alguna manera a diosas relacionadas con la fertilidad. De aquí el hallarle consorte de Demeter, Perséfone, Semele y Hera. Pero una vez unido, en varias leyendas locales, con diosas diversas como las dichas, el resultado del intento de relacionar estas leyendas ,y tales intentos se hicieron claramente muy pronto, debió ser o el ser representado como polígamo o el pensarle como de una completa infidelidad a la reina legítima. La primera solución era imposible pues los mismos griegos fueron siempre monógamos y naturalmente representaron a sus dioses teniendo una conducta semejante. La última estaba más en consonancia en armonía con sus propias ideas que toleraban tales irregularidades y daban a los hijos habidos de ellas un hogar reconocido aunque subordinado en la familia.

De aquí Zeus es siempre representado como teniendo una esposa, Hera generalmente, pero como padre de numerosos hijos ilegítimos que, si eran hijos de diosas, adquirían también el rango de inmortales mientras que, si sus padres eran mujeres mortales su posición aunque exaltada no era divina.

Las numerosas uniones con mortales se explican fácilmente en unos casos por el supuesto probable de que las mujeres en cuestión eran diosas olvidadas lo como se les llama técnicamente «disminuidas», en la mayoría como particularizaciones de la pretensión general de las viejas casas reales de ser «vástagos» de Zeus y el deseo de las familias menos ilustres de proporcionarse un alto linaje al precio de una unión.

Explicaciones semejantes valen bien para muchas genealogías que retrotraen no hasta el mismo Zeus sino hasta algún otro dios olímpico.

Igualmente así un cierto número de uniones de dioses con matrimonio con parientes en primer grado, enteramente hijos o hermanas. Esto nunca fue practicado en la sociedad griega y debemos explicar tales casos suponiendo que la relación entre un dios y una diosa era explicada por algunos como la de padre e hija, hermano o hermana, por otros como la de marido y mujer. Los antiguos hacían notar esta anomalía y se mostraban confusos por ello en tiempos posteriores.

METIS, CONSORTE DE ZEUS
En Hesíodo la primera consorte de Zeus fue Metis, sabiduría, buen consejo, pero ésta fue una peligrosa unión pues Metis estaba destinada a dar a luz primero a Atena y entonces un dios quien mandaría a los dioses.

Zeus por esto tomó precauciones de tragársela antes de su nacimiento de Atena que a su debido tiempo nació de su cabeza de su padre. Sencillamente tenemos aquí una rarísima continuación del antiguo y salvaje mito de la deglución unido con lo que parece ser una especie de alegoría. El dios principal tiene siempre la ciencia con él. La estrecha conexión de Zeus y Atena es debido probablemente a causas históricas.

El dios principal de los invasores debió de llegar a alguna clase de condiciones con la diosa Minoana Micénica poderosa y bien arraigada. El no puede ser su esposo puesto que ella como el resto de su linaje no tiene consorte o uno insignificante. Por eso debía ser su padre. Pero puede tener madre pues esto la subordinaría a alguna otra diosa tal como Hera o Persefone y ella es en alto grado demasiado importante para esto. De aquí su milagroso nacimiento que se representa si pudiéramos tan sólo establecer los detalles, un capítulo interesante de la primitiva diplomacia y política eclesiástica.

Su esposa siguiente fue Temis, esto es, el cielo casado con la tierra. La descendencia fue apropiada, las estaciones, Horai, las Moriai.

Después vino Eurínome que como Metis representada por Hesíodo como hija de Océanos y Tetis. Sus hijas fueron las Carites, muy familiares en Inglaterra, en su traducción latina de su nombre, las Gracias, Gratiae.

Una unión muy importante fue la de Zeus y Demeter que de nuevo nos da al cielo desposándose no exactamente con la Tierra sino al Grano. La prole de este matrimonio fue Core, de otro modo conocida como Perséfone.

ATENA
Aquí hay otro relato que es de origen órfico. Refiriéndose originalmente a algún extraviado mito tracio o frigio. Zeus amaba a su hija Perséfone y finalmente se unió a ella en forma de serpiente o dragón. Dió a luz un niño maravilloso Zagreus, identificado recta o torcidamente con Dionisos, al que acometieron los Titanes inducidos por Hera celosa. Seduciéndolos con baratijas de diversas clases, incluso con un espejo, consintieron en matarle y entonces le despidieron y devoraron. Atena, entonces, ideó salvar la cabeza que llevó a Zeus. Este se la tragó y destruyó a los Titanes con sus rayos. De sus cenizas brotaron los hombres que por esto son en parte divinos pues los Titanes habían comido a Zagreo antes de ser destruidos y en parte perversos merced a la perversidad de los Titanes. Zeus habiéndose tragado la cabeza de su hijo pudo engendrarle otra vez a su tiempo en Semnele. Este rarísimo cuento parece deber algo a la leyenda de Zeus y Metis pero los detalles contradicen la normal tradición griega en cada fase notablemente en la unión de Perséfone a Zeus y no a Hades en la cruda doctrina del pecado original en la historia del origen del hombre y en todo el papel jugado por los Titanes.

Ha sido bien probado que debe relacionarse con varias deidades del ritual Dionisíaco u Orfico que entró en Grecia por el siglo VII o VI y desde entonces siguió existiendo hasta la caída del paganismo con más o menos poderosa influencia pero nunca enteramente incorporado a la ciencia o culto indígenas. La siguiente consorte después de Demeter fue Nenmosine, Memoria. De ella nacieron las nueve musas. Esto no parece más que alegoría,por la divina ayuda la memoria produce las artes y los oficios.

Luego viene Leto, madre de Apolo y Artemis. Finalmente Zeus se unió a Hera. En Homero no es su última sino su primera elección y su intimidad comenzó antes de la caída de Cronos. Esto es bastante natural en un poeta cuyos héroes principales son grandes reyes de Argos y de Micenas y sus vasallos.

HERA
Por cuanto Hera es desde tiempo inmemorial la gran diosa de Argos, inmediato a la cual las ruinas de su templo son todavía visibles. Es evidente que cuando los Aqueos invasores llegaron hasta allí pronto comprobaron que el culto indígena era demasiado fuerte para ser menospreciado aun en el caso de hacerlo así y por esto le dieron al fin y a pesar de todo pasó en su propio culto con el reconocimiento de la diosa principal Argiva como divina pareja de su propio dios principal. La genealogía ya dada que hace a Hera así mismo hermana de Zeus puede muy bien representar otro intento de combinar los dos cultos.

Según Hesíodo los hijos de la divina pareja fueron tres: Hebe, Ares y Elitia, Eilesthigia. El primero y el último de estos son hijos muy propios de una diosa íntimamente relacionada con la vida de las mujeres, siendo respectivamente las divinidades de la doncellez, de la lozanía y de la maternidad. Es de ser notado sin embargo que ambas son relativamente insignificantes. Ambas diosas aparecen en el culto especialmente Ilitia no tiene mucha mitología. Hebe difícilmente puede decirse verdaderamente que tenga alguna exceptuada la que es representada desposando a Heracles después que fué elevado al rango divino en su muerte. Ilitia tiene una curiosa leyenda de si misma que corre como sigue.

OLIMPIA Y ELEATAS
En Olimpia en una cierta ocasión se temía un ataque de parte de los Arcadianos. Como los Eleatas salieran en orden de batalla contra ellos una mujer repentinamente pareció llevando un un chico que presentó como propio y que en sueño había sido advertida que se entregara a los Eleatas por aliado. Los jefes eleatas en vista de ello colocaron al nene desnudo en la vanguardia del ejército y cuando los Arcadianos avanzaron el chico de repente se convirtió en serpiente. Con esto los invasores retrocedieron con pánico y los Eleatas los persiguieron. La serpiente desapareció en la Tierra, un templo fué erigido en el sitio y después rindieron honores divinos al niño bajo el nombre de Sosípolis, salvador de la ciudad y a Ilitia por la razón de que había echado al mundo al pequeño.

Parece un poco dudoso que Ilitia con su nombre no griego y su supuesto origen cretense aparezca en este mito como la divina nodriza de un niño divino completamente en el modelo cretense. Para los romanos Ilitia en el equivalente de Lucina o Juno Lucina diosa del alumbramiento. Como maravilla contraria al nacimiento de Atena de la cabeza de Zeus, Hera dió a luz a Hefestos sin padre. El y Ares serán considerados por ahora es de notar que la prole de Zeus y Hera forma un total de cinco de los cuales cuatro no están originariamente relacionados con sus padres pues Ares posiblemente es un intruso de Tracia, Hefestos ciertamente es oriental, Atena es una gran diosa independiente originariamente no relacionada con el Zeus helénico y con toda probabilidad en modo alguno subordinado a Hera, Hebe es poco más que un vástago de Hera, Ilitia es prehelénica y así, como Atena, puede no tener que ver nada con Zeus. Hay una consorte de Zeus muy probablemente la más antigua de todas que Hesíodo omite en su lista llamada Dione. Conoce, es cierto, su nombre pero sólo como una Oceánida y en ninguna parte dice cosa alguna sobre su matrimonio con Zeus. Pero Homero ha oído hablar de ella como madre de Afrodita que es invariablemente hija de Zeus en sus poemas por esto debió de conocer la unión entre Zeus y Dione.

ZEUS Y DIOPNE
Otras autoridades muéstrannos que Diopne es algo más importante que podría imaginarse por la escasa mención hecha de ella en los poetas mejor conocidos. Su nombre simplemente es el fenómeno femenino de Zeus. En Dodona pero escasamente al alguna parte más fué regularmente adorada la divina pareja. Puesto que sabemos que Zeus fué adorado juntamente con la Tierra en Dodona no parece inverosímil conjeturar el que era una diosa tierra pero contra Estrabón en los tiempos anteriores antiguos y contra Farnelle en los tiempos modernos que me inclino a pensar que se lo que fuese su naturaleza ella fué importada a Grecia como Zeus mismo y debe su insignificancia al hecho de que aparte de este culto muy viejo en un rincón retirado del mundo griego fue desplazado de la conciencia religiosa de los griegos por la figura dominante de Hera. En cualquier caso su relación con Afrodita nunca se reflejó en el culto y es una figura tan vaguísima que a menudo es confundida con su hija mejor conocida.

No en el catálogo hesiosídico de las esposas de Zeus sino en otra parte en la Teogonía en el famoso himno homérico Hermes en los descubiertos Ihncnentai de Sóflocles es mencionada Maya, hija de Atlas. Era una de las Pléyades. Las otras eran Taigeta, Electra, Alción, Aseterope. Celeno y Merope. Zeus la visitaba en secreto en lo profundo de la noche cuando Hera estaba durmiendo en el Monte Cilene de Arcadia. Dió a luz a Hermes.

Habiendo destronado a Cronos Zeus de ningún modo estuvo sin disputas y rivalidades para destronarle. Estas vienen principalmente aparte de la rebelión de los Gigantes de su propia familia y d ellos hombres. Los primeros parece que hicieron un serio intento para dominarle y atarle. Fué salvado por Tetis que envió a Bonareos en su ayuda.

HERA Y POSEIDON
Los tres conspiradores fueron Hera, Atena y Poseidón. Es notable que las dos primeras son presentadas constantemente en la Ilíada como críticos no muy cordiales de todo lo que Zeus dice o hace mientras Poseidón ayuda a los griegos contra, a voluntad de su gran padre. Puede ser que esto sea en último término debido a la identificación de Zeus con algún dios troyano pero parece completamente como probable que la rivalidad con las diosas en alguna manera incorpore una débil memoria de que ellos no eran originariamente de la misma nación que Zeus. Es, no obstante, muy inseguro fundar teorías de cuyo alcance en episodios de tal suerte de la poesía especialmente como Atenas es en general mostrada en relaciones muy amigables con su padre y en nada parece que una permanente hostilidad entre él y Poseidón puede ser trazada.

Pero el hombre encuentra un campeón wure según algunos relatos fué creador en la persona de Prometeo es previsor, el Tiotaán. Fué tarea de este semidiós hacer al hombre en primer lugar de arcilla el lugar en que lo hizo es Panopea, un par de millas de Queronea de Beocia era mostrado al curioso en tiempos históricos al mismo tiempo con algunas piedras remanente petrificado de la arcilla que había sobrado y cuando le hubo hecho Atena le infundió vida a la estatua. Por esto naturalmente favoreció y apoyó su propia creación. Zeus tenía poco amor a la humanidad en este tiempo y les oprimió entre otras aflicciones privándoles del fuego. Prometeo fué a rescatarlo. El robo robó el fuego del cielo o de la fragua de Hefestos. La primera es la versión más común pero la otra es tan vieja como Esquilo. Le llevó a la tierra en un seco medular tallo del hinojo. La planta es llamada ferula communis. Le enseñó también toda clase de artes y de ciencia elevándole así de su brutal condición. Así al menos es presentado el asunto en la historia clásica corriente. Es obvio que esto está en pugna con el mito de la Edad de Oro no pueden ponerse de acuerdo solo incurriendo reconocimiento que una especie de degradación había tenido lugar.

PROMETEO
Ello es de hecho en parte al menos, el resultado de una primitiva reflexión. Prometeo aparece como una especie de héroe cultural divino e inventor, conocidísima figura de folklore que siempre responde al problema: ¿Cómo hemos adquirido tal o cual costumbre o materia de conocimiento?, nombrando una persona humana o divina que la descubrió o le dió principio.

El hurto del fuego atrajo sobre Prometeo la cólera de Zeus cuyos hostiles designios hacia los hombres en Esquilo ha intentado destruirlos totalmente habrán sido así frustrados. Tuvo ya una razón decisiva para aborrecer al Titán que poseía el fatal secreto del matrimonio de Tetis y además según una vieja y claramente popular conseja que le había engañado afrentosamente como sigue.

Habiéndose acordado que los hombres sacrificaran a los dioses y partieran la víctima con ellos surgió el problema sobre qué parte sería para los hombres y que parte para los dioses. Prometeo fué llamado para que arbitrase. Mató un buey, le partió y separó la carne y las entrañas de los huesos. Los últimos los envolvió en manteca y con el cuero hizo un lío. El resto lo metió en el estómago. Zeus al darle a escoger solamente tomó la parte de manteca que atraía la mirada y se puso furioso al encontrar que había obtenido solamente unos pocos huesos. De aquí el que los hombres sacrifiquen poco o nada de su mejores alimentos a los Olímpico y se los coman ellos mismos en el Banquete del sacrificio.

Zeus preparó la venganza y por esto procuró que fuese creada una mujer para que arrastrara a Prometeo a la ruina. Hefestos la formó de arcilla húmeda. Atena le dió vida y la vistió. Las Carites y Peizo, el espíritu de la Persuasión, la engalanaron con flores. Afrodita le dió la belleza y encanto y finalmente Hermes la enseñó toda clase de engaños y perfidias. Esta amable calamidad fué envidiada no a Prometeo mismo sino a su hermano Epimniteo, reflexión, que muy fácilmente fue engañado y la aceptó. A pesar de las imperiosas advertencias de su hermano de que no hiciera condonaciones de Zeus.

Ella llevó consigo un jarrón que contenía toda clase de males y enfermedades le abrió y todos ellos salieron quedando en el fondo sólo la esperanza. De esta mujer que se llamó Pandora ,todo regalos, porque todos los distintos dioses contribuyeron a su creación viene la raza de la mujeres que ha perjudicado a los hombres siempre después.

Finalmente Zeus tomó medidas severas para someter a Prometeo. Hefestos acompañado por Cratos y Bia, la fuerza y la violencia, hijos de la Estipe, transportaron al Titán a una montaña solitaria del Cáucaso y le encadenaron a una roca. Diariamente un águila visitaba y desgarraba su hígado. El hígado todas las noches se regeneraba haciéndose así la tortura infinita. Así estuvo en agonía durante largo tiempo probablemente en la intención de los narradores primitivos para siempre. Pero el relato corriente fué libertado por Herakles que erraba por el Cáucaso en busca de manzanas de las Hespérides.

Parece haber una doble versión de la leyenda aquí pues se dice así que finalmente se rindió y reveló el secreto del niño fatal de Tetis a tiempo para impedir a Zeus de casarle. El relato clásico generalmente armonizó los dos. Prometeo se había rendido y Herakles obró bajo la dirección de Zeus o con su consentimiento.

En cuanto a lo que Prometeo era originariamente aparecería ser un antiguo dios del fuego nativo de Grecia a juzgar por su nombre cuyo culto pronto quedó relegado a último término por el oriental. Pero bien pronto naturalizado fue el culto a Hefestos. Esto armonizaría muy bien con el hecho de ser representado en alguna extensión como rivales siendo Hefestos en una variante robado por Prometeo y así mismo actuado como verdugo de éste. En tiempos históricos fué todavía Prometeo adorado y venerado aquí y allá algunas veces con carreras de antorchas mientras uno o dos lugares pretendían poseer su sepultura esto es degeneraba en un héroe como ocurrió a algunas divinidades menores.

Como la conseja es muy popular fué tratada por una larga serie de escritores tiene más inmediatamente desde Hesíodo en adelante es de esperar que existieran, muchas variantes.

Así los padres de Prometeo son normalmente Iapeto y Climene o Ge, Temis, pero varios escritores más o menos oscuros dieron como su padre Eurimedonte, un gigante, o Uranos y como madre Asia o Asopis. Su mujer es llamada de diversas maneras.

PANDORA
Según un relato se supone hesiódico se casó después de todo con Pandora y Decalión fué su hijo. Otros nombres dados por varias autoridades son Celeno, presumiblemente no la Harpìa, perra, Climene, Asia. Aquí otra vez el mismo nombre sale en dos diferentes generaciones por alguna razón perdida es asociado con un personaje mítico que es llamado ya su madre ya su mujer, Prinea, Hesione y Axiotea, esta última parece debido a una real conexión en el culto con los Cabiros, algunos de cuyos nombres comienzan con las sílabas ascio. La localidad de su castigo es distinta en los distintos autores pero de ordinario es en alguna parte del Cáucaso.

Finalmente aparece un relato tardío en el sentido de crear a los hombres en segundo término. Después del diluvio huyó con una antorcha de fuego celeste y dió vida a las piedras arrojadas por Decalión y Perra.

TIERRA
Ahora la Tierra comenzó a producir seres monstruosos y enormes, los Gigantes, para luchar con la nueva raza de dioses. Respecto del origen de estos seres vagos y formidables es aventurado ser demasiado dogmáticos pero poco más o menos puede notarse que son continuamente representados como prisioneros después de su derrota bajo o una u otra de las regiones volcánicas conocidas de los griegos.

TIFEUS
Así Tifeus donde quiera que exactamente pueda estar los tiempos posteriores la identificaron con la isla volcánica Inarima no lejos de Nápoles. Es además de notar que Tifeus en cierto modo no es siempre un desvalido prisionero allí pues engendra en Equidna su repugnante prole. Por esto no iremos muy descaminados si los consideramos siendo no exactamente personificaciones de las fuerzas volcánicas y otros fenómenos formidables de la naturaleza como espíritus de vieja concepción supuestos ser responsables de tales cosas. Su naturaleza en la pura tradición griega es mejor violenta que positivamente perversa. Los teólogos griegos no conocieron el diablo.

Además es de notar que un gran número de los Gigantes propios tienen nombres bien griegos como Agnos, el agreste, Fetos, Ión, el veloz, Hipólito, desatador de caballos, probablemente Picador o Cochero, Efialto, en alguna parte el genio de la pesadilla. Como asimismo sus funciones se sobrepone algo a las de los Titanes podemos igualmente llegar hasta llamarles una especie de equivalentes griegos de a estas deidades prehelénicas con esta diferencia que los últimos parecen haber sido en algún tiempo venerados como figuras mitológicas. Lo que puede ser llamado la leyenda ortodoxa de ellos es el que nacieron de la Tierra cuando las gotas de la sangre de la mutilación de Uranos cayó sobre ellas. De aquí son llamados a menudo Gegeneis, esto es, nacidos d ella Tierra.

En verdad, encontramos relatos algunos de los cuales muy primitivos en los que los Gigantes, ya bajo este nombre, ya bajo el de Gegeneis son hombres rústicos y salvajes algo semejantes a los Cíclopes a quienes en cierto modo se parecen por su naturaleza.

GIGANTES
Esto es verdad de los Gigantes en Homero, de los Gegeneis en Apolonio de Rodas, que de ordinario se inspiran en viejas y buenas fuentes para sus narraciones .Esto parece ser una muestra de su antiguo racionalismo. Racionalización que por necesidad no impide nuestra adhesión a la anterior interpretación de los Gigantes como espíritus de fuerzas naturales agrestes, no necesariamente siempre volcánicas, pues los griegos no distinguieron en todo momento muy agudamente entre éstas y otros fenómenos sorprendentes y no como, por ejemplo, representando un relato exagerado de algunos pueblos salvajes y atrasados encontrados en alguna parte durante los viajes hechos por los Aqueos u otras razas por el interior de la península griega.

Estos Gigantes fueron empujados por su madre, a atacar a los dioses sea con el deseo de vengar a Uranos, motivo inconsistente viendo que ella se dispuso a revolverse contra él, se para vengar algún insulto o injusticia hechos a ellos mismos más tarde.

Tenemos en la mitología al uso tres distintos intentos: primero, la Gigantomaquia propia, segundo, el ataque de Tifeus y tercero, en atentado de los Aloades.

Del primero no encontramos ningún relato detallado en algún autor cuyas obras se conserven más viejo que Píndaro, aunque es posible que algún pasaje perdido de Hesíodo pueda haber tratado de ello y haya alusiones en Jenófanes y en la Batracomiomaquia, poema de incierta pero claramente primitiva fecha que parodia a Homero. Heracles interviene combatiendo de parte de los dioses y venerando al formidable giganteAlcioneo. El escenario de la contienda fué Flegra; la mayor parte de la versiones de esta historia están contestes sobre este punto pero como puede esperarse no todas son tan explícitas al señalar donde esta Flegra. Propiamente parece ser un distrito del istmo de Tracia. Pero el nombre de los Campos Flegreos cerca del Vesubio todavía da testimonio del deseo de los primitivos colonos griegos en Italia de llevar con ellos el famoso mito.

LOS GIGANTES Y APOLODORO
Otras localidades son igualmente nombradas. Entre las muchísimas versiones tenemos la de Apolodoro, la continuación del suceso fué como sigue. Los Gigantes eran de un cuerpo formidable y monstruoso en parte humano pero de tamaño enorme y con serpientes por pies, en este detalle coinciden la mayor parte de los relatos. Además la Tierra hizo crecer una cierta planta que les haría totalmente invencibles e igualmente sin ella no podrían ser derrotados por los dioses solos sino únicamente por la combinación de dioses con un mortal. Zeus sin embargo tomó medidas para conjurar el peligro enganchando a su hijo Herackes como aliado e impidiendo al Sol, a la luna y a la Aurora mostrar el lugar de la hierba mágica que él mismo recogió. Así hubo los más desesperada batalla pues los Gigantes avanzaron lanzando enormes rocas y antorchas hechas de robles enteros. Los dioses por su parte realizaron prodigios de valor de fuerza y habilidad que la imaginación de los diversos poetas detallaron con la extensión considerable.

Por fin los Gigantes fueron derrotados y aplastados siendo algunos enterrados bajo islas. Enterrados por ejemplo bajo Socilia que Atena arrojó sobre él, mientras Polibotes fué sumergido por Poseidón bajo un enorme bloque desprendido de Cos, que formó el islote volcánico de Nisera.

La Tierra, sin embargo, encontró medios para producir nuevos cataclismos pues dió a luz un monstruo más prodigioso Tifón o Tifeo. En la descripción de esta criatura extraordinaria los poetas a partir de Hesíodo han derrochado mucho ingenio lo más fundamental seguramente es de Oriente y no griego. Según Hesíodo era hijo de Tierra y Tártaro. Robustas eran sus manos y llenas de trabajos, infatigables sus pies de dios poderoso. Asimismo de sus hombros salían las cien cabezas de una serpiente un terrible dragón que se relamía con lenguas negras y de debajo de las cejas o los ojos en las monstruosas cabezas despedían fuego. De todas las pavorosas cabezas salía una voz de sonido como un toro que muge indomable de fuerza y soberbio de voz ya como el ladrido de cachorros, una maravilla de oír ya con silbidos que hasta las altas colinas repercutían. Luego sigue una elocuente descripción de cómo Zeus se levantó en su majestad contra él lanzándole sus truenos y rayos hasta que el universo entero se estremeció y llenó de espanto poniendo a Tifeo en llamas y reduciéndole a la impotencia después de lo cual le arrojó al Tártaro. No llegó a matarle siendo tan inmortal como su gran vencedor y vivió para ser padre de los vientos menos el Sur y el Oeste, Notos y Zéfiros, que son suaves brisas y de origen divino.

TIFON
Pero había otra historia todavía muy verosímilmente antigua y que contenía fuertes reminiscencias de salvajismo y por tanto del atrasado Oriente, no del progresivo Occidente. Según esta versión la batalla no se decidió tan sencillamente. Tifón como se le llama especialmente en esta variante, no fué puesto en fuga por Zeus sino que lo metarfoseó cuando llegó al Monte Casión en las costas de Siria. Atacando a Zeus le quitó sus espada, una especie de hoz o cimitarra, la misma arma con que Cronos venció a Uranos y Perseo a la Gorgona sin duda como antiguo ritual. Con ella le cortó los tendones de manos y pies .Así imposibilitado Zeus fué llevado por su rival a la caverna Corician, en Coliciano la caverna del mismo nombre en el Parnaso y los tendones fueron luego guardados por un monstruo llamado Delfico mitad serpiente y mitad mujer. Hermes y Egipan, sin embargo, los sustrajeron por detrás según Nonnos. Cadmos disfrazado de pastor distrajo la atención de Tifón con su silbido. Zeus subió al cielo en un carro alado recogió sus truenos y persiguió a Tifón hasta el Monte Nisa. Aquí las Mairas le hicieron comer alimento de mortales que naturalmente no era su adecuado régimen y le debilitaron. Todavía resistió valiente, emerge y tan furiosa hizo una estancia en Tracia que el Monte Hemos, en el Macizo Balcánico, tomó nombre de la sangre, aima, que allí derramó. No hay que desorientarse con el último pormenor, es parte del intento natural de los griegos occidentales de tener localizada la famosa leyenda en su propio territorio. El resto tiene toda la apariencia de ser antiguo y la geografía indica lo que podíamos conjeturar que es Anatolia.

Otro relato de esta gran contienda es atribuida falsamente a Píndaro pues es claramente un relato tardío de los etiólogos. Los dioses cogieron tanto miedo a Tifón que huyeron a Egipto y allí se disfrazaron de animales diversos. Zeus de morueco, Apolo de cuervo, Dionisos de chivo, Hera de vaca, Artemis de gata, Afrodita de pez, y Hermes de ibis. Claramente esto no es más que el más disparatado de todos los intentos de explicación como Ammón identificado con Zeus tiene cuernos de carnero, el cuervo está consagrado a Apolo, el chivo a Dionisos, que a veces tuvo la forma de chivo, Hator identificada con Hera tenía el cuerpo de una vaca y Hera misma es llamada tradicionalmente Boopis, la de ojos de vaca, La Atargatis Siria que fué identificada con Afrodita y probablemente es referida a ella tiene consagrado el pez en el santuario y Tot identificado con Hermes tiene cabeza de Ibis. Las identificaciones son en muchos casos viejas, tan viejas en algunos casos como el siglo V antes de Cristo. Tifón mismo el tradicional griego equivalente del egipcio Set el enemigo de Osiris.

En cuanto al origen de esta monstruosa figura salvo que es oriental, mejor que griega, estamos completamente a oscuras. La etimología de su nombre s muy insegura. Su asociación con los vientos sugiere que es el genio del viento de alguna manera él mismo, que cuadraría muy bien a su fuerza monstruosa y violenta así como a la grotesca variedad de ruidos que, según Hesíodo, era capaz de producir. Es de recordar que en figuras como ésta, que no tienen lugar en el culto, la imaginación tiene mucho más libre juego que en la descripción de un dios cuyas actividades suponía su correspondencia con plegarias y sacrificios al mismo tiempo con la forma de culto pensaba en agradarle tendía a estabilizar sus mitos, bien que en gran medida le originaba. Tifón no tuvo templos, ni ritual, ni estatuas que honrar y por eso la fantasía del poeta y del artista estaba completamente suelta. Como en el caso de los Gigantes y Titanes las imágenes claramente deben algo a los fenómenos volcánicos. Merece la pena notar que una teoría primitiva y extendida creía subterráneos a los vientos con la producción de erupciones y terremotos.

Por último debemos mencionar a los Aliodas, Otos y Efialtes. Su historia está muy bien relatada en la palabras de Ulises de Homero: «Y ví a Ifimedea esposa de Aleo, que dijo que Poseidó hació con ella y así parió dos hijos que fueron de vida corta. Feuron los mas latos de todos los que la tioerra fértil crió y los mejores hasta aquíque a continuación edel famoso Orión. Tenían nueve años de edad y su grosor era de nueve xcodos mientras su estatura de nueva brazas. Y ellos dos amenazaron levantar el estruendo de una furiosa guerra sencillamente contra los dioses del Olimpo. Se propuseieron colocar el monte Osa sobre el Olimpo y encima del Osa el monte Pelión con sus ondulantes bosques y así los cielos podrían ser escalados y lo hubieran realizado si hubieran alcanzado las dimensiones de su total desarrrollo. Pero el hijo de Zeus que parió Leto la de los rubios bucles destruyó a entrambos antes que el plumón floreciera bajo sus sienes u y sus mejillas fueran cubiertas por el vello de una barbamoza». Hasta aquí Homero. Otro fragmento de su leyenda de la Ilíada.«Sufrió Ares cuando Otos y el potente Efialtes hijo de Aleo le ataron con fuerte ligadura y fué encerrado treinta meses en una vaso de bronce. Y entonces Ares, el insaciable de pela hubiera irremediablemente crecido pero su madrastra la rubia Eritea habló de ello a Hermnes y sacó a Ares cuando ya estaba totalmente abatido pues los duros ataderos le pudieron». Los relatos homéricos dados por autores más tardíos difícilmente son otra cosa que explicaciones y desarrollos de estos dos pasajes que deban a su independiente claridad y que a la imaginación de meros comentarios no es fácil decir.

POSEIDON
Primero en cuanto a la reunión de su madre con Poseidón corrieron dos relatos. Según el uno ella estaba enamorada del dios y acostumbraba a ir todos los días a la playa y derramar agua en su regazo hasta que a la larga él la visitó. Según el otro relato su amor era el dios fluvial Enipeo y Poseidón la sedujo tomando su figura. Todavía otra versión los hace hijos de la Tierra no de Ifimediadea. El motivo de su desavenencia con los dioses fué que ellos deseaban casarse con Hera y Artemos por su especial rencor contra Ares el que éste había matado a Adonis. Esta es seguramente una variante. Su muerte fué debida a Artemis tanto como a Apolo o a Artemis sólo en algunos variantes una cierva o Artemis en figura de ésta corrió entre ellas, ambas la tiraban y cada una tocaba a la otra. Llegaron al Tártaro y allí fueron atadas con serpientes a una columna de espaldas el uno al otro mientras algún otro castigo parece asimismo haberles sido infligido. El deteriorado texto de Higinio nos impide conocer cuál fuera ese castigo. Estos autores tardíos nos dan la curiosa información de que la medida del crecimiento de los monstruosos hermanos nueve dedos por mes o unos siete pies, medida inglesa por año o que su crecimiento anual era una braza de alto y un codo de grosor.

Hay como quiera que sea, un grupo de leyendas que son más interesantes que estos fantásticos detalles y sirven para arrojar alguna luz sobre el posible origen de los Aloades. Según una tradición tan antigua al menos en parte como Hesíodo, aparecen como seres benéficos fundadores de ciudades y creadores del culto las musas. El campo de sus actividades varía. Actúan en Tesalia y Beocia, van a Naxos a rescatar a su madre y hermanos que habían sido secuestrados y son venerados como héroes en Naxos. Se contaba asimismo que había sido enterrado en Creta. Ifomedia fué venerada en Milasa y en Caria. Aquí tenemos dioses no rebeldes contra el cielo ni trastornadores del orden establecido en el universo sino mejor una especie de héroes culturales o dioses.

Tal vez es digno de recordar que Ifimedia y su hermana Pancratis son representadas como siendo niñeras de Dionisos que proporciona un enlace con la isla de Naxos en donde el culto de esta deidad floreció. Como Naxos es asimismo un lugar del culto a la Gran Madre bajo la forma de Afrodita Ariadna puede ser que Uifimedea, Gran Reina, sea la Gran Madre en una de sus muchas formas Esto ciertamente se explicaría por la versión que hace a los Aloades hijos de la Tierra y por el relato que dice que su madre fué venerada en Caria en donde se esperarcía el culto de una diosa Anatolia.

Los Aloades como los Titanes puede razonablemente suponérseles viejos dioses y yo me inclinaría a ver una indicación de ellos en la identidad de nombre entre uno de ellos y el genio de la pesadilla, Afitialtes, Ephialtes, Epielales, Epiheles. Es bien conocido que los dioses de una religión más antigua son a menudo genios de otra nueva y esto es ocasionalmente verdad entre los tolerantes griegos. El nombre puede ser bien interpretado como guerrero valiente, a la letra que el que salta sobre su enemigo O puede asimismo descender a significar un incubo diablillo d la pesadilla que salta como decimos se posa sobre el pecho de los durmientes desordenados.

Como una mirada a los textos indicados en las notas mostrará suficientemente los Titanes, los Gigantes, los Aloades, y Tifón son a menudo confundidos por nuestros autores en especial los más recientes. Tifeo y Efialtes aparecen como nombres de Gigantes y los Gigantes no pocas veces se dice haber superpuesto montañas para alcanzar a los dioses. Parejamente los Hecatongiros a veces se han agregado a esta confusión a pesar de su habitual actitud amistosa para con Zeus.

La ulterior mitología de Zeus concierne principalmente a sus intervenciones en favor o en contra de dioses particulares o seres humanos. Aparte de los filósofos que tratan de la naturaleza de Dios o de os dioses griegos Zeus sobresales especialmente en las obras de Esquilo el más grande de teólogo de los poetas griegos.

La primera cosa que señalar en conexión con la grandes leyendas heroicas que forman los cielos es una que parece muy natural ahora que el doctor Nilsson ha tenido la sagacidad de referirse a ella. Todo lo de ellas a excepción del cuento de Ulises que no es verdadera saga sino una Marchen son elementos de saga incorporados, están estrechamente unidos con lugares minoanos mivcenicos.

Los originales Argonautas son Minios de la Micenica Arcomenes. Los relatos de Troyta tienen un final de su acción en Argos y Esparta, el otro en Hissarlik y os de estos tres son lugares clásicos de descubrimientos micénicos. Heracles es señor de Tirinto una de las viejas ciudades mkicénicas. Minos ha dado su nomnbre a la antigua civilización de Ctreyta. Teseo juega su herlico papel en la Stenas Micénica. El jabalí de Calidón fué cazado en una región todavía no explorada por los arqueólogos pero se sabe que hubo aquí cerámica mivcenica y nadie se sorprendería si el palacio del rey Oineus pudiera alumbrar y revelar el típico Megaron Micénico o el mar informe plano de un palacio cretense.

Que Minos existió realmente es probable que nunca lo sepamos ni siquiera si la palabra es un nombre propio o un título. Para los griegos fue un gran rey de Creta en remotos tiempos y según la general creencia tan justo como poderoso si bien la versión ateniense hace de él un cruel tirano. Desde que ella dice que derrotó a los ateniense y les impuso tributo podíamos descontarlo. Pero bueno o malo justo o injusto el relato de sus orígenes es como sigue. Agenor rey de Tiro tiene una hermosa hija, Europa, que Zeus amaba. Para seducirla tomó la forma de un magnífico toro blanco que jugó tan gentilmente en torno a Europa que al fin ella montó otro juego en su lomo sobre el cual la llevó a la costa y a nado la pasó después a Creta. Aquí ella dió a luz a su divino consorte los hermosos vástagos Minos y Radamantos, algunos añaden a Sarpedóninos llegó a ser rey de Creta y su hermanos fueron desposeídos según una leyenda.

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Oct 011999
 

Vanessa Rubio Suero.

Especial mención en este difícil arte de la Arquitectura merece Francisco Becerra, (Trujillo 1.540 – Lima 1.605). Nace en una época de especial significación para la historia artística de la ciudad. Era cofrade de San Lázaro y de la Cruz, que gozaba del fervor devocional de los trujillanos. Formado inicialmente con los canteros trujillanos y desarrollando su genio en las obras realizadas durante su etapa americana, Becerra es una de las figuras fundamentales del Arte Hispano-Americano. Su retrato físico nos es conocido: “Soy hombre de mediana estatura y delgado y poca barba y que tengo los dientes saltos, delante los menos y la barba entre rubia y negra”. Su carácter serio, con un toque de altivez, parece reflejarse en su obra, que partiendo del plateresco, parendido entre sus paisanos, apunta a una simplicidad de formas, en que las líneas arquitectónicas se imponen a los motivos decorativos, hasta llegar a las grandes realizaciones Americanas.

En su tierra gracias al gran plantel de profesionales canteros, al maestro Sancho Cabrera, a la familia Becerra y sin olvidar entre ellos a su vástago Francisco, se levantan palacios e iglesias, monasterios y casonas, todo ello surgido de la elevación berroqueña que la rodea. Hijo de Alonso Becerra y Constanza Hernández. Su padre era un gran arquitecto que destacó especialmente en Trujillo, su tierra natal, a través de la arquitectura religiosa, influenciado por el estilo de Sancho de Cabrera, con el cual realizó grandes obras. Nieto de Hernán González de Lara, también arquitecto de reconocido prestigio, especialmente este ya que fue nombrado maestro mayor de la Catedral de Toledo trabajando en compañía de Alonso de Casarrubias, al cual sucedió en el cargo; se le reconoció con gran renombre.

Como vemos la vocación artística del maestro trujillano le venía “de su abolengo el ser gran maestro de cantería”, su padre y su abuelo eran “tales e tan buenos ofyciales del dicho arte que heran tenidos por los mejores ofyciales de cantería y que abía en la dicha cibdad y sus comarcas”. En 1.553 cuando apenas contaba 13 años de edad, trabajaba en la Iglesia de San Martín bajo la dirección de Sancho Cabrera y en compañía de su padre; quizás como consecuencia de su corta edad en las relaciones de libramiento se le denominaba “el Mozo”.

Se casó con Juana González Vergara, hija de Juan Vergara, nacida en Garciaz y de la cual no tuvo descendencia.

En 1.566 comparte con su padre la dirección de las obras de la iglesia parroquial de Santo Domingo de Trujillo, pero hasta entonces trabaja con la categoría de oficial a las órdenes de su padre Alonso, de Sancho Cabrera y otros grandes maestros con los cuales adquirió gran dominio en estas tareas arquitectónicas. Hizo la sacristía de la iglesia de Valdetorres (Badajoz), es autor de la iglesia parroquial de Herguijuela, la cual fue trazada de la mano de su padre en 1.560, y que luce en su fachada una puerta con arco de medio punto flanqueada por columnas corintias sobre las que levanta un entablamento, el cual sirve de base a un frontón; esta es una composición muy repetida en las portadas peruanas. En 1.573 vuelve a esta localidad con su aprendiz Martín Casillas con el fin de dar las trazas para la iglesia. También son de su factura la iglesia de Orellana la Vieja (Badajoz), y trabajos en el Monasterio de Guadalupe así como los efectuados en los Conventos trujillanos de San Francisco, San Miguel y la Concepción y en la parroquia de Santa María la Mayor, construye para ella la portada de Poniente y la “torre nueva”, que dirigióSancho de Cabrera.

Entre sus obras arquitectónicas civiles podemos destacar el trazado de una escalera en la casa de Vasco de la Llave, situada en la calle de las Palomas. También construye enfrente de esta casa un fabuloso balcón de esquina y la puerta del edificio, siendo esta de la misma configuración que el balcón mencionado, para la residencia de Isabel de Mendoza, se trata de una de las más tempranas muestras de los balcones de esquina extremeños. Trabaja en el palacio de Gonzalo de las Casas, situado en la calle Ballesteros, edificio considerado como uno de los más interesantes de la arquitectura trujillana. Tiene este un magnífico salón alto con balconaje de arcos de medio punto que ofrecen vista a la maravillosa Plaza Mayor. La estancia semeja un patio cubierto y rodeado de arcos, las columnas ostentan capiteles corintios con decoración vegetal y animada, muy estilizada, sobre los que voltean arcos de medio punto; fue la obra más importante de su etapa en Trujillo. Por último realizó encargos del concejo trujillano, tales como varios puentes, la construcción del embalse de la Albuera junto con el maestro Cabrera y una gran portada para la Dehesa de las Yeguas.

Carmelo Solís Rodríguez dice de él este elogio: “Ningún apellido tan ligado al arte de la cantería como el de la familia Becerra, uno de cuyos vástagos,Francisco, dejó muestras de su buen hacer no sólo en su ciudad natal sino especialmente en América”. La pluma de Llaguno escribió de Francisco Becerra: “fue el mejor arquitecto que pasó a la América en el buen tiempo de la arquitectura española”.

El 17 de Mayo de 1.573 pidió al Teniente Corregidor la documentación necesaria para trasladarse a Indias, como consecuencia de la invitación que le hiciera su paisano y amigo Gonzalo de las Casas. Al igual que muchos otros trujillanos, Francisco Becerra llega a América tras el informe de limpieza de sangre, desde Sevilla donde embarca en Junio de 1.573 acompañado de su mujer y en calidad de criados del previsor Granero Dávalos. Iban con él grandes canteros trujillanos, discípulos suyos como son Martín Casillas, Alonso Pablos y Jerónimo Hernández, a su llegada tenían el encargo de la construcción del Convento de Yanhuitlán, por el encomendero de Oaxaca, su amigo Gonzalo de las Casas, para el que en Trujillo dijimos ya había trabajado.

Becerra llevaría a cabo en el último cuarto del siglo dieciséis y los primeros años del siglo diecisiete una importante labor constructiva tanto en Nueva España como en Perú. Según el profesor Marco Dortá “uno de los mejores artistas que en su época cruzaron el Atlántico”.

El Becerra americano podemos afirmar que es uno de los mejores exponentes de lo que se ha dado en llamar arquitectura protorrenacentista hispano-americana, personaje clave en la configuración de la arquitectura renacentista en América, por lo que a Becerra se le considera un arquitecto purista muy relacionado con las creaciones de Diego de Siloé y Andrés de Vandelvira.

La influencia de Becerra se dejaría sentir en Lima y sería decisiva a partir del siglo dieciséis. Su modelo de planta rectangular con crucero incluido empleada por el arquitecto trujillano en la Catedral de Lima se dejaría ver a partir de entonces en las construcciones de las iglesias de San Ildefonso, La Trinidad, San Pedro, Belén, La Merced y la Recoleta dominicana.

Es necesario destacar la personalidad y la obra del maestro trujillano Francisco Becerra, así como de grandes canteros como Martín Casillas, discípulo suyo, los cuales escribirían una página importante de la historia del arte hispanoamericano transplantando los modelos arquitectónicos extremeños al otro lado del Océano.

Hasta 1.575 no tenemos constancia de su presencia activa en Puebla de los Angeles, pero se le supone allí desde su llegada a América, es nombrado maestro mayor de la catedral de dicha ciudad por el Virrey don Martín Enríquez, la más importante catedral después de la de México y para la que es posible que Arciniega diera trazos después de dictaminar desfavorablemente sobre la continuidad o no de la catedral Vieja. Construye uno de los espacios arquitectónicos más bellos de la Nueva España y también realiza el coro de San Francisco, el cual en opinión de sus contemporáneos es “el más suntuoso coro que ay en todo aquel reyno”, más tarde en Quito, por encargo de la Audiencia trabaja en el colegio dominicano de San Luis y dirige las obras de los conventos de Santo Domingo y San Agustín.

Entre 1.575 y 1.580 Becerra estará al frente de las obras de la catedral para lo cual diseñó un templo de tres naves, además de las dos de las capillas, separadas aquellas por alineaciones de pilares con medias columnas adosadas semejantes a las de México. Sobre el capitel Becerra introduce un trozo de arquitrabe, siguiendo en esto las soluciones de Siloé y Vandelvira en Andalucía. El crucero se dispone en el centro de la planta, lo que recuerda a la catedral de Valladolid, así como las cuatro torres que Becerra proyecta en los ángulos de la catedral y de las que únicamente se realizaron las de la fachada occidental. Dichas torres fueron obras de Juan Gómez de Trasmonte, y la cúpula del crucero, de Pedro García Ferrer. Estos arquitectos seguirán en sus obras las trazas de Becerra, lo que explica la unidad estilística que define a la catedral Poblana frente a la Mexicana. Las torres de la catedral de Puebla y su acentuada verticalidad influirán de manera significativa en las torres barrocas novohispanas. Otros resabios de las catedrales renacentistas andaluzas se observan en la disposición del coro en los tramos del tercero y el cuarto de la nave central, así como en la ubicación de la capilla mayor en el octavo y tras ella la capilla de los Reyes. Así mismo Becerra diseñó las cubiertas de las naves al estilo de la catedral de Jaén, es decir, con igual altura en las tres; sin embargo, Juan Gómez de Trasmonte elevará la nave central, cubierta mediante bóvedas de cañón con lunetas, sobre las laterales, las cuales se cierran con bóvedas vaídas.

En la “Probanza” de méritos a la que se somete en Lima Francisco Becerra para confirmar a este como maestro mayor de la catedral de dicha ciudad se afirma que Becerra simultaneaba los trabajos en la catedral de Puebla con otras obras en esta y en otras localidades, como es el caso de las obras que dirige en los conventos de San Francisco y Santo Domingo de aquella ciudad. En la capital mexicana Becerra se encarga de los trabajos de reedificación de la iglesia en Santo Domingo.

En 1.581 Becerra aparece en la ciudad de Quito, cuya Audiencia le comisiona para el cargo de “Partidor de estancias y solares”. Además de esta y otras actividades y obras públicas, como la construcción de tres puentes, Becerra lleva a cabo en la ciudad ecuatoriana la dirección de las obras de los conventos de Santo Domingo y San Agustín.

En 1.582 el maestro trujillano se encuentra en Lima, fue llamado por su amigo, ahora Virrey del Perú, don Martín Enríquez, que le encarga el trazado de las Catedrales de Lima y Cuzco. Es nombrado por el cabildo limeño maestro mayor de su catedral, tomando posesión del cargo el 15 de julio de 1.584, tras hacerse cargo del Virreinato don Luis de Velasco, principal promotor del templo en obras y para la cual pidió al arquitecto Becerra los planos definitivos de la catedral.

Becerra viajó a América debido a un llamamiento del Virrey del Perú, Martín Enríquez y bajo cuya protección trabaja en México, este se había interesado por el arquitecto para las obras de las catedrales de Cuzco y Lima que tenía en proyecto emprender y que llegarían a ser las más importantes obras religiosas de la época, por lo que a Becerra se le considera el arquitecto de más relevancia e influencia del siglo dieciséis en el virreinato peruano.

El 2 de Abril de 1.585 solicitó al Consejo de Indias el cargo de “maestro mayor de los reinos del Perú”, acompañando su petición a una larga lista de méritos y servicios para lo cual testificaron amigos y colaboradores. No obstante el Consejo de Indias denegó su petición, pero el Cabildo limeño le nombraba días después “alarife mayor” de la Catedral, por ser “buen ofycial así de cantería como de arquitectura”, al mismo tiempo que atendía a la obra del Palacio de los Virreyes. Más tarde el arquitecto trujillano renunciaría al cargo para poder atender a las obras de las “Casas Reales”.

Como consecuencia de un fuerte seísmo ocurrido en Lima, el cual azotó la ciudad en 1.586 destruyendo numerosos edificios, Becerra deberá realizar trabajos de derribo y restauración en las zonas dañadas, como es el caso del Palacio de los Virreyes o la construcción de inmuebles de nueva planta, como las Casas Reales anteriormente citadas. Las obras que se realizan en el Palacio de los Virreyes comienzan en 1.587 por mandato del Virrey Conde de Villar, en la fachada se advertían elementos propios del estilo artístico del celebre arquitecto trujillano, como columnas jónicas que flanqueaban la gran puerta adintelada de acceso, la cualBecerra dispuso al estilo del Palacio de Gonzalo de las Casas en su ciudad natal, o el frontón triangular que sustentaba las columnas sobre el entablamento.

La segunda obra más nombrada y de mayor importancia de las realizadas por Becerra en la ciudad de Lima dentro del orden de la arquitectura civil, fue la participación en una de las obras más logradas y de mayor significación que se llevan a cabo en la Ciudad de los Reyes por esas fechas, como era la reforma de su sistema defensivo. Francisco Becerra fue uno de los interventores en las defensas del puerto de El Callao.

Entre otros proyectos Becerra realiza en Lima el del Hospital de Santa Ana que no se llevó a cabo, y que desarrolló el esquema en cruz de los modelos hispanos de finales del siglo quince, que definió la mayor parte de las construcciones hospitalarias de la ciudad limeña.

Oct 011999
 

Rosario Rubio de Orellana-Pizarro.

A la vista de cuantas historias, relaciones y narraciones que de la conquista de América se han hecho cabe preguntarse si en ella hubo realmente presencia femenina, como efectivamente así fue. La mujer estuvo, y muy presente, en aquél gran acontecimiento del siglo XVI, participando en muchas y variadas acciones propias de aquella gesta, ignorando o burlando muchas veces la norma que prohibiera su intervención directa y activa.

La presencia femenina en la conquista no fue exclusiva de la mujer española. También la mujer indígena tuvo en ella una participación activa que es de justicia señalar. En muchas ocasiones decisiva para la permanencia y supervivencia de los españoles, motivadas principalmente por amor y devoción a alguno de ellos, no dudando en tales casos en traicionar a los suyos.

Paradigma de ello fue Malinche, india noble «La Malinche», bautizada Marina, Doña Marina, cuya relación de trabajo como intérprete de las lenguas habladas en la zona se convirtió en una relación amorosa. Su amor a Cortés y su plurilingüismo fueron decisivos en el éxito de la conquista de Méjico. Previamente había salvado a los españoles de una segura destrucción al avisar a Cortés de la conjura de los caciques cholulas que planeaban dar muerte a los españoles, quién les arrebata la iniciativa desprendiéndose de amigos tan peligrosos en celada que les tiende al convocarlos para una supuesta fiesta.

Otro caso similar de tantos reseñables fue el de la india Fulvia, del entorno de Balboa, que salva la vida de éste y de la población de La Antigua denunciando una poderosa conspiración para acabar, decían, con los invasores.

Doña Luisa Xicontecate de Tlascala, india noble también, de gran relevancia y fiel compañera de campaña de Pedro de Alvarado, madre de dos hijos suyos, única descendencia que llegaría a tener, ya que con Don Beatriz de la Cueva, su segunda esposa, no la tuvo.

Anayansi, aquella dulce indiecita el gran amor de Balboa, hija del cacique amigo Chimú, que se la entregó en prueba y refrendo de leal amistad y cuyas buenas relaciones en la Zona le supuso a Balboa ayuda importante para su descubrimiento del Pacífico.

En este abanico apresurado de recuerdos cabe también mencionar, entre tantos, a aquéllas mujeres indígenas de Santa Marta que acompañaron a Jiménez de Quesada, río Magdalena arriba y aquellas otras que acompañaron a Sebastián de Belalcázar desde Quito, como interpretes, confidentes e incluso como valerosos soldados.

Otra sería Inés Yupanqui Huaylas, llamada también Inés Huaylas Ñusta, influyente y activa compañera del viejo Pizarro, hija de Huayna Capac, hermana de Ataulpa, quién se la entregó a Pizarro ya en Cajamarca haciéndola ir desde el Cuzco, diciéndole: » Cata ay, hija de mi padre que la quiero mucho» Quispezira era su verdadero nombre; Pizarro lo transformó cariñosamente en Pizpita, recordando el pájaro femenino, inquieto, vivo y bello de su tierra extremeña. Fruto de esta unión nacieron dos hijos. En Jauja, en 1534, Francisca Pizarro Yupanqui, la primera mestiza noble peruana. En 1535, en Lima, nació el segundo, Gonzalo, heredero de la Gobernación de Nueva Castilla y que el transcurso futuro de los acontecimientos haría que acabaran en España.

Respecto de la presencia de la mujer española en la conquista podemos decir que fue muy temprana. Ya en el tercer viaje de Colón figuraron mujeres a bordo. Su paso a Indias fue fomentado por la Corona.

Aunque a América, se ha dicho, fueron más españolas que las que registran las listas de embarque, puede afirmarse que no fueron muchas más, y a éstas seguramente sería a las que se referiría Cervantes cuando dice de ellas que «iban a América, porque América resultaba ser añagaza generosa de las mujeres libres». La realidad es que la mayoría marcharon con sus maridos o parientes. Ejemplos, entre tantos, Isabel de Guevara, Catalina Pérez, Elvira Pineda, María Dávila, Leonor Soleto, Isabel de Quirós, Ana de Salazar, Luisa Torres.

En cuantos viajes se realizan, o en su mayoría al menos, se aprecia la existencia de un contingente de mujeres, de mayor o menor número, pertenecientes a las categorías sociales de las personas con quienes iban. Tal es el caso del realizado por el Comendador Ovando a La Española en 1502 y al que acompañaron familias principales y acomodadas; el de la Virreina María de Toledo, en 1509, sobrina del Rey, esposa de Diego Colón a la que seguía una cohorte de dueñas y doncellas en su mayoría, que casaron con hombres ricos y principales.

Tales precedentes hicieron que el paso a las Indias de señoras principales acompañando a sus maridos los realizaran con parecido acompañamiento. Así, el de Doña Isabel de Bobadilla, esposa de Pedrarías Dávila que lo llevó muy cumplido. Doña Beatriz de la Cueva, segunda esposa de Pedro de Alvarado llevó con ella, a Guatemala, a no menos de veinte doncellas de «buen gesto para casar» como decía, de modo incidental doña Isabel de Guevara en carta al emperador, en la que le daba cuenta de lo mucho que fue e hizo la mujer en aquellas remotas e ignotas tierras; otro nutrido grupo acompañó a doña María Carvajal, esposa del mariscal Jorge Robledo, a la recientemente fundada Cartagena, Cartagena de Indias. Otro nutrido concurso femenino, se registró en el río de La Plata, zona esta más pobladora y fundadora que guerrera y aventurera. Una de las mujeres que acompañaron a Mendoza, organizador de la expedición, doña Isabel de Guevara de especial relieve como autora de la carta mencionada anteriormente.

El flujo de mujeres con tal destino era continuado y se fue incrementando. Así se puede apreciar de la proporción de su número respecto del de los hombres. En la primera mitad del siglo XVI: una mujer por cada diez hombres; en el período comprendido entre 1540 y 1575, la proporción fue respecto de los hombres de un 23%; en el último cuarto de siglo, el porcentaje de la mujer blanca había aumentado considerablemente. Más tarde llegaría a igualarse al de los hombres.

El caso más frecuente era el de la condición de esposa o familiares femeninos en cualquier grado, de capitanes, oidores y oficiales reales que allá se trasladaban.

Llegadas a Indias, las más habían de fundar un hogar con alguno de los conquistadores, para lo que con frecuencia habían de atravesar extensos y diversos territorios. Como consecuencia de ello, se encontraron en muchas clases de acciones: en azarosas exploraciones de costas, estrechos y bahías; en reconocimientos y consiguientes riesgos de aquellos en el interior del continente, lo que las involucró muchas veces en un grado de protagonismo homologo al de sus compañeros, cuando no más.

El valor y el sacrificio que desplegaron es más admirable por cuanto que jamas se les reconocería el mérito que al conquistador se le otorgaba. Abundaba a ello la prohibición existente de mujeres solteras dentro de las huestes por ser, decía el texto que así lo establecía «causa de alboroto y muertes, como ya se ha visto muchas veces», dándosenos como ejemplo por el historiador Vargas-Machuca, únicamente, en las incidencias producidas en un loco viaje por el Amazonas del loco Aguirre y Ursua, que resultó ser otro demenciado.

Su presencia estaba en los lugares más dispares, así vemos que Lucrecia Sansoles, primera mujer que apareció en La Paz en el año de su fundación, en 1548, esposa de Juan de Rivas, del mismo temple que aquella doña Isabel de Guevara que junto con otras españolas logró llevar a los conquistadores hasta la Asunción del Paraguay, abriendo así el camino de la Sierra de La Plata hacía Bolivia en donde en donde Lucrecia fijó su hogar, y reunión a los cuarenta y uno hombres de España que llegaron con Alonso Mendoza. Puede decirse que fue ella la que dirigió la fundación de la capital de Bolivia, creando los llamados obrajes, manufacturas de paños y bayetas, ayudando a levantar iglesias y protegiendo a los indios.

Eugenia Castillo en Potosí, quién logró la concordia en la lucha secular entre vascos y los llamados vicuñas al casarse, vasca ella, con el vicuña don Pedro Oyanue en la pampa de San Clemente.

Doña María Nido que ante la orden de evacuación y abandono de la ciudad de Concepción dada por el General Francisco de Villagra, derrotado por araucanos, se le opuso de modo valeroso con un espíritu extraordinario.

Doña Lorenza de Zárate, viuda de Francisco de Irazabal, que apercibió a la resistencia haciendo que se desistiera de la idea de abandono que había empezado a cundir con ocasión de una correría del pirata Drake, que nos hacía su guerra particular amparado en la protección que de la corona británica recibía.

María de Estrada, esposa de un soldado de Cortés, Pero Sánchez Farfan, que en la salida de Méjico, dice el cronista, «hizo maravillas con espada y rodela y quién en la decisiva batalla de Otumba peleó a caballo y tuvo una actuación muy lucida y brillante.

La mujer del Alférez real Peñalosa en la expedición de Juan de Oñate, que viendo desmandarse a la hueste la contuvo y rehizo con sólo gritar que de vergüenza de verlos así se le caían las tocas.

Recordamos la presencia de Isabel Romero con su hija, esposa de un conquistador en Nueva Granada; a Catalina de Miranda en Venezuela, primera mujer blanca de que se habla en la conquista y que siendo historia se transformó en leyenda; a Juana Hernández, primera mujer de la que se tiene noticia en Perú, esposa de uno de los hombres de Alvarado y que pereció junto con dos niñitas en los Andes en el ascenso a Quito junto con su marido de las que no se había querido separar; a Inés de Atienza, Elvira Aguirre y la amante de Pedro de Ursua, con el que navegaron en su descabellada aventura amazónica; Doña Mencia de Calderón, viuda de Juan de Sanabría, que tuvo un papel destacado en la recién fundada ciudad de Asunción, y que había ayudado, en el extremeño pueblo de Medellín a su dicho esposo Juan de Sanabria a equipar la expedición de una nave y dos carabelas con trescientas gentes a bordo y entre ellas cincuenta mujeres casadas y doncellas. Sería doña Mencia, quién muerto Sanabria y nombrado Adelantado su tierno hijo Diego, la que cumpliría la capitulación ante el Rey.

Fueron frecuentes los casos en que apaciguaron disensiones entre caudillos, en que supieron allegar caudales para atender a la necesidad común, en que sobre la gallardía de la figura descollaran la entereza de carácter, la discreción, la inteligencia.

Buen ejemplo de lo anterior, lo tenemos en Doña Beatriz Estrada, esposa de don Francisco Vázquez Coronado; el de Doña María de Mendoza, que no habiendo en las arcas de Nueva España fondos con que organizar la expedición proyectada en conquista de la Sonora dio cien mil pesos de los suyos y se obligó a sostener ochenta soldados; Doña María de Toledo, esposa de Diego Colón, que gobernó las Antillas; Doña Juana de Zárate, Adelantada de Chile con opción a los títulos de condesa y marquesa. Doña Isabel Manrique y Doña Aldonza de Villalobos, gobernadoras de la Isla Margarita. Doña Beatriz de la Cueva, regidora de la ciudad de Guatemala por elección del Cabildo. Doña Catalina Montejo, que tuvo el adelantamiento del Yucatán por sucesión de su padre. La mujer de Hernando de Soto gobernó la Isla de Cuba con decisión, armando expediciones y enviándole refuerzos y provisiones a su marido «que era mujer de gran saber e bondad, e de gentil juicio e persona». Doña Isabel Barreto, acaso ejemplo único en el mundo de almirante efectiva; llevó la escuadra a Filipinas con un rigor superior a los que habrían desplegado los hombres de mar y guerra. Una de las Bobadilla, la marquesa de Moya, política, ilustrada, persuasiva, uno de los soportes, al parecer, de la empresa de Colón si bien según el Padre Feijoo, fuera solamente la reina Isabel la que venció «los temores y pereza de Don Fernando».

Fueron muchas, de las que algunos ejemplos acabamos de citar la que por poseer dotes que las cualificaban desempeñaron funciones destacadas en la gobernación y en la política de la época, incluso en el propio campo de la lucha cual fue el caso de doña Catalina de Erauso, alistada como varón y figurando como tal, conocida por la monja alférez, grado éste ganado en el propio campo de batalla por el valeroso y arriesgado rescate que hiciera de la bandera de Castilla arrebatada por araucanos en lo que fue la famosa batalla de Valdivia. Tan brillante intervención la hizo militando como soldado en la Compañía de Diego Bravo de Sarabia, que partió para La Concepción, tierra amenazada seriamente por los araucanos que de las amenazas pasaron a los hechos.

Otro caso de valor y serenidad fue el de doña Inés de Suárez, extremeña de Plasencia que cercada y a punto de sucumbir la plaza de Santiago de Chile ausente de ella Pedro de Valdivia, y ya entregada a las llamas entró en la prisión en la que se encontraban cinco caciques principales, los degolló por su mano y echó las cabezas por encima de la tapia acción que espantó a los indios sitiadores decidiéndoles a la retirada.

Ya que estamos en Trujillo evoquemos muy especialmente a una trujillana egregia: Inés Muñoz, trujillana, esposa fiel del leal Martín de Alcántara, el medio hermano de Pizarro que pereció en su defensa. El valor, lealtad, sangre fría de esta mujer impidió que el cadáver de Francisco Pizarro fuera profanado y que recibiera enterramiento digno y cristiano, permitió salvaguardar su cadáver y el lugar de su enterramiento, al propio tiempo que se ocupó de la custodia y protección de sus hijos hasta que como garantía de la seguridad de aquellos, consiguió mandarlos a España. El varón Gonzalo moriría; la niña fue nuestra conocida Doña Francisca, constructora del Palacio de La Conquista y mucho más que eso: benefactora de Trujillo, fundadora y protectora de instituciones, que contribuyeron a dar a la ciudad brillo y mayor gloria.

Oct 011999
 

Manuel Rubio Andrada  y  Vicente Pastor González.

LOCALIZACION Y GENERALIDADES

Se localiza en el mapa 1/50000, hoja nº 706 denominada Madroñera, 1ª edición 1963; sus coordenadas geográficas son: 39º 22´ 10´´ de latitud y 1º 54´ 35´´ de longitud W del meridiano de Madrid.

El grabado fue descubierto a principios de l973 por uno de nosotros quien lo comunicó al Museo Provincial de Cáceres. El entonces director del museo de Cáceres, D. Miguel Beltrán Lloris -prestigioso arqueólogo-, su esposa y los autores de este trabajo visitaron posteriormente el monumento en una azarosa marcha desde la finca del Cándalo en el término de Garciaz y no muy lejos del pico Venero. El traslado del director a Zaragoza motivo la interrupción del trabajo que preparaba para su publicación.

Posteriormente D. Alfonso Naharro i Riera mandó al diario Hoy del 18-8-73 un dibujo muy incompleto acompañado de la escueta noticia de su descubrimiento.

Pasados 26 años y con el fin de acometer su estudio con mayor rigor y hacerlo público decidimos localizarlo de nuevo. Contábamos con nuestra imprecisa memoria, unas malas fotografías y un punto trazado en el mapa. Surgía el problema de su posible destrucción ya que se encuentra en una zona de lindes y cambio de vertientes habiéndose realizado posteriormente a su hallazgo pistas, cerramientos, cortafuegos etc.

Desde Logrosán, intentamos por el camino de los Valbellidos -que fue la vía empleada cuando se descubrió-; dejado el automóvil en el collado, cresteamos hacia el S llegando hasta el pico Venero -1124 m-. El monumento no aparecía aunque el punto en el mapa, sin duda, debía hacer alguna referencia; según el mismo, quedaba todavía bastante lejos y hubimos de regresar.

Posteriormente tomamos el camino que desde el Km. 34,05 de la carretera de Logrosán asciende hasta Garciaz; angosto y en mal estado, nos colocó pronto en el collado y desde allí andando hacia el E, por la cresta divisoria de aguas en dirección al citado pico. Tras hora y media de camino la roca seguía allí, intacta.

No obstante, para su visita, recomendamos tomar en el pueblo de Garciaz una pista bastante bien arreglada que parte de la entrada de la población, a la derecha, según venimos de Conquista de la Sierra. El camino asciende por la margen del río Garciaz, -al principio por la izquierda y poco después por la derecha-. Al llegar a la finca del Cándalo nos separamos hacia la izquierda; si podéis, continuad por la pista particular de la finca que asciende más allá del suave collado donde se encuentra el grabado, poco antes de comenzar las últimas rampas de acceso al pico Venero por su cara W. Una pizarra de buen tamaño, color claro y forma caprichosa fue apartada de la pista y colocada en uno de sus lados; ella puede servir de señal pues, allí mismo, a la izquierda y algo caído hacia el N hay un pequeño afloramiento de pizarras; en la base de sus comienzos se encuentra nuestro monumento.

Desde allí se divisa gran extensión de terreno tanto en la vertiente del río Tajo, hacia el N, como en la del río Guadiana hacia el S. La vertiente del Tajo ofrece una superficie elevada y descendente hacia el N en suave declive; sus materiales, generalmente paleozoicos, parecen ser continuación de la penillanura trujillano-cacereña aunque más elevados. Está ocupada principalmente por robledales pinares y castaños; en zonas más bajas y cálidas, el encinar. La vertiente del río Guadiana, tras caer bruscamente 400 m en muy pocos km., está integrada por el mismo tipo de materiales con la excepción del batolito granítico de Logrosán, ofrece el agreste jaral en la ladera inmediata y muy pronto, algo más allá, el encinar, ambos acompañados de las floras y faunas que naturalmente les corresponden.

EL GRABADO

Como se ha dicho, la roca que le sirve de soporte no está aislada si no que pertenece a un pequeño afloramiento de pizarras propias del terreno paleozoico; la dirección de sus estratos está próxima al NE-SW; superiormente terminan en agudas aristas excepto esta superficie que se encuentra truncada. La parte N de estas rocas presenta un desnivel de superficies de unos 3 m y fue cerrado con una cerca semiovalada construida con piedras de mediano tamaño y actualmente caída. La pizarra sobre la que se grabó aparentemente no presenta características especiales en cuanto a su composición pero, como se ha dicho, ofrece una superficie cortada a unos cm del suelo y perfectamente lisa e incluso en pequeños espacios ligeramente pulida. Tiene 2,30 cm de larga y 0,95 cm de ancha y parcialmente se encuentra atravesada por racheados naturales originados en su mayoría por los estratos que sin duda continuarían en la parte superior; desconocemos el origen de este corte.

No es la única pizarra de superficie plana que presenta esta serranía pero si nos parece singular en cuanto a su disposición horizontal tan cerca del suelo; la comodidad aparece como factor necesario en la ejecución del grabado ya que el tiempo de su factura no debió ser corto.

El espacio sobre el que se grabaron estos motivos está dividido por numerosos racheados tanto en dirección vertical como horizontal. Uno de estos parte la superficie en dos mitades, la de la izquierda, algo mayor, la denominamos zona A y la de la derecha zona B; en su centro el racheado presenta un hueco de tendencia oval parcialmente pulido a manera de cazoleta, sus medidas son 16 X 12 cm de ejes y unos 8 cm de profundidad.

Suponemos que nuestro autor por cuestiones de método en la ejecución tanto como nosotros en la exposición, se sirvió de la división en las dos zonas antes mencionadas, ya que ningún elemento de una de estas zonas está contenido en la otra. Cada uno de estos espacios laterales presenta otras divisiones debidas generalmente a pequeños racheados de la roca aunque en ocasiones completados por la incisión; ellos limitan unas superficies que nos ayudan a separar en subconjuntos; éstas, con los argumentos que se irán exponiendo, contribuyen a formar unas unidades compositivas de todo el conjunto, el autor, en líneas generales, creemos que también parece proponerse esta cuestión a la hora de la distribución de los motivos y con el fin de no caer en una realización de organización caótica.

Actualmente los grabados se encuentran cubiertos irregularmente por diversos líquenes de varias tonalidades. Hacia la derecha -siempre en sentido N-, la roca presenta mayor deterioro y en la parte S una ruptura impide reconocer la forma de mayor tamaño y una de las más interesantes.

Así pues, el catálogo de las figuras se ha dividido en dos conjuntos y estos a su vez en varios subconjuntos separados, como ya se ha dicho, unas veces por racheados naturales y otras por líneas incisas y en ocasiones, la realización es mixta. La exposición de la nomenclatura empleada va de izquierda a derecha comenzando por la parte superior; su denominación corresponde a una letra mayúscula A o B para los dos conjuntos, sigue una letra minúscula que denomina el subconjunto y finalmente un número completa la nomenclatura de la figura; de esta manera cualquier nuevo descubrimiento de figuras en este grabado puede añadirse sin alterar el orden de las ya estudiadas (fig.1 y 2).

 

fig1

Figura 1.- Grabado del Cándalo

La incisión por lo general es fina no pasando en general de 2 o 3 mm tanto en profundidad como en anchura, aunque hay algunas figuras que se realizaron más suavemente, otras lo fueron con mayor intensidad. Debe considerarse que este monumento como cualquier otro debe poseer trazados que tras su ejecución deberían ser borrados por causa de equívoco u otra cuestión y que por la propia naturaleza del soporte, resultaba imposible si bien en ocasiones pudo disimularse el error con la construcción de otra forma. Pensamos que el autor tenía personalidad suficiente para operar con numerosos recursos como el mencionado.

 

fig2

Figura 2.- Zonas, conjuntos y figuras del grabado del cándalo

ZONA A

Como antes se indicó, es la situada a la izquierda -sentido N-. Presenta numerosos racheados naturales tendentes a limitar formas rectangulares de tendencia vertical y no hay líneas incisas separadoras de subconjuntos.

CONJUNTO A-a

Está situado en la parte izquierda del grabado y la superficie sobre la que se realizó aparece finamente alisada (Fig. 2).

Figura A-a-1

Es un esteliforme formado por dos series de rectas perpendiculares que resultan radiales a un punto central formando 45º; los segmentos miden entre 10 y 11 cm de longitud.

CONJUNTO A-b

Ocupa una superficie rectangular situada a la derecha de la figura anterior, su forma es rectangular en sentido vertical y está limitada por racheados naturales de la roca (Fig. 2).

Figura A-b-1

Contiene una forma de flecha de 7 cm de longitud a la que se suprimió la aleta superior o bien aparece tapada por el liquen, su sentido es SE y ocupa la parte inferior de una forma rectangular perfectamente limitada por racheados naturales de la roca.

CONJUNTO A-c

Continuando hacia el lado derecho aunque algo más superiormente hay otra superficie rectangular de características parecidas a la anterior aunque algo más corta (Fig. 2)

Figura A -c-1

Es una figura circular realizada con trazo más fino y menos profundo que las demás; tiene un diámetro de 7,5 cm realizado en dirección NW-SE y está algo descompuesta en su parte superior, aquí se ofrece una línea quebrada en tres segmentos en zigzag de 4 cm, 8 cm y 6 cm; un cuarto, de 6,5 cm, parte hacia arriba del extremo inferior y es tangente a la circunferencia. En la macrofotografía aparece otro segmento de 6 cm, ya claramente externo y algo más arriba.

CONJUNTO A-d

Contigua a la parte superior derecha encontramos una superficie modificación de las formas rectangulares tendiendo a la horizontalidad; el límite inferior derecho no parece estar delimitado (Fig. 2).

Figura A-d-1

La figura 1 es una forma lanceada con nervio central, mide 14 cm de larga y 3,2 cm de ancha prolongándose su nervio central 6 cm; se situó en la parte superior en sentido izquierdo aunque algo caída hacia la izquierda

Figura A-d-2

Es otra forma semejante aunque algo mayor y de punta más marcada, mide de larga 17,6 cm y de ancha 4,5 cm; la terminación posterior del nervio tiene 8,7 cm y forma con la prolongación del anterior un ángulo próximo a los 45º; se colocó en sentido próximo al SW.

Figura A-d-3

Es otra semejante a las mencionadas pero un poco mayor; 21 cm de larga y 6,5 cm de ancha, el nervio se prolongó hacia la derecha 5 cm colocándose de forma horizontal y en sentido izquierdo.

Figura A-d-4

Es una forma rectangular de 8,8 cm de largo y 4 cm de ancho. Sobre la mitad de su longitud se trazó una línea paralela a los otros lados que lo dividió en dos mitades no exactamente iguales siendo la de la izquierda algo menor; esta figura es inferiormente tangente a la parte superior de la figura lanceada A-d-3.

Figura A-d-5

Está formada por una línea recta quebrada en cuatro segmentos de 9, 10,5 y 4 cm indicando caprichosa forma de posible inspiración sideral. La figura comienza por la izquierda en la parte superior derecha de la superficie rectangular enumerada y termina en tres diagonales que convergen en la parte superior de la punta A-d-3.

Figura A-d-6

Es una forma de arpón de 23,5 cm con un solo alerón superior y realizado en sentido W; hubo de curvarse ligeramente para no rozar una de las formas lanceadas

Figura A-d-7

Es una forma de flecha de 5,5 cm de longitud situada en sentido W; se situó inferiormente y muy próximo al arpón A-d-6.

Figura A-d-8

En el espacio situado entre las dos formas de lanzas A-d-1 y A-d-2 se trazó un pequeño segmento de unos 4 cm de longitud y algo inclinado a la izquierda.

CONJUNTO A-e

Las siguientes figuras que forman el subconjunto A-e ocupan un espacio situado bajo el anterior estando separadas del mismo en la parte derecha y superior por racheados naturales de la roca algunos ya enumerados al describir el subconjunto A-d; se completan los límites en la parte inferior e izquierda por los propios límites de la roca (Fig. 2).

Figura A-e-1

La figura que nos ocupa está situada en la parte superior izquierda del espacio descrito -bajo la forma circular-; tiene la forma de una punta de flecha de 9,5 cm de larga y se trazó en sentido inferior derecho; el ángulo que forman sus alerones está próximo a los 45º.

Figura A-e-2

Es otra forma de punta de flecha de 5,5 cm de longitud y una abertura cercana a los 90º; su lado inferior es mayor que el superior; se situó a la derecha de la e-1 aunque algo inferiormente.

Figura A-e-3

Algo inferiormente a la forma A-e-1 se observa una forma línea de 17,5 cm de longitud con alerón inferior situado a la izquierda, en la mitad del segmento que marca un sentido próximo al NW.

Figura A-e-4

Es una línea de 17 cm e inclinada hacia la izquierda que corta a la figura anterior cerca del vértice de unión de su alerón.

Figura A-e-5

Es otra línea de 43 cm situada cerca del límite superior derecho de este subconjunto; la incisión de su trazo continúa un racheado natural que la roca posee en este lado que a veces parece interrumpirse. La parte final derecha de esta línea sirvió para completar un triángulo con un racheado vertical y una línea incisa inclinada consiguiendo una forma de alabarda sin nervio central, de 13 cm de altura y 9 cm de base.

Figura A-e-6

Es otra forma de flecha realizada en la parte media de este espacio y en sentido inferior izquierdo, su longitud es de unos 8 cm.

Figura A-e-7

Rozando el extremo derecho inferior de la figura anterior hay una forma compuesta de dos perpendiculares algo desviadas de la vertical hacia el lado izquierdo; tiene 9,5 cm la mayor -tendente a la verticalidad- y 5 cm la más horizontal. En la parte superior derecha de la mayor comienza un segmento que, curvado suavemente hacia abajo, llega hasta el extremo derecho de la otra línea.

Figura A-e-8

Es una forma de arpón de 31 cm de largo con tres pares de grandes alerones laterales de 10-16, 13-19 y 8-16 cm respectivamente; su incisión es muy marcada y su sentido W. Ocupa la parte central de esta superficie.

Figura A-e-9

Es una forma de hacha trapezoidal con la base superior ligeramente convexa; tiene de alta 10 cm y de ancha 9 cm por donde correspondería al filo, situado a la izquierda, que fue trazado completamente recto. Ocupa la parte inferior derecha de este subconjunto.

Figura A-e-10

La parte inferior de este espacio se encuentra ocupado por una forma semejante a la punta y terminación exagerada de una corta y ancha espada o puñalón; hacia la derecha una ruptura de la roca nos impide observar completamente esta interesante figura. Su ancho es de 11 cm y el largo que nos ha llegado es de 33 cm.; presenta un profundo nervio central prolongado hacia la izquierda hasta la terminación de la roca. Este nervio se encuentra cortado de manera caprichosa desde su parte inferior por varios tracitos.

Figura A-e-11

Estas formas se situaron en la parte superior del nervio central de la figura A-e-10. Superiormente presenta una línea de unos 12 cm tendente a la disposición horizontal, su extremo izquierdo termina inferiormente en un corto alerón; en el otro extremo y también en la parte baja, se trazaron, con tendencia vertical, tres paralelas de unos 4 cm de longitud.

Figuras A-e-12, 13 y 14

Cerca de la gran forma arponada A-e-8, y aparentemente en torno suyo, se trazaron tres cazoletas de unos 3 cm de diámetro y unos 2 cm de profundidad, aparentemente sin simetría; dos de ellas ocupan los lados de la parte anterior y una, la número 12, la parte posterior derecha.

Figura A-e-15

Está formada por dos líneas paralelas verticales muy próximas de unos 7 cm., ambas se cortaron en su parte media por el extremo derecho de otras dos igualmente cercanas pero algo más convergentes.

CONJUNTO A-f

Ocupa una superficie situada entre el rachón en el que parece parcialmente grabada una cazoleta oval irregular de unos 16 X 12 cm de ejes y unos 8 cm de profundidad y el racheado inmediato por la izquierda que parte de una oquedad natural de la roca situada superiormente, éste no llega al límite inferior tendiendo ambos a la verticalidad y siendo paralelos determinan una superficie de tendencia rectangular más alta que larga cuya parte superior fue ocupada por un grabados. Su representación unificada con el conjunto A-e en la figura 2, obedece a la intersección de la forma inferior de hoja de puñalón o espada corta trazada en la parte inferior de los dos conjuntos unificándolos al menos parcialmente (Fig. 2).

Figura A-f-1

Es un ángulo agudo formado por lados de unos 7 cm., situado en la parte superior izquierda de la cazoleta central.

Figura A-f-2

En la parte inferior de la cazoleta central aparece trazada una forma de flecha de unos 8 cm de longitud y una abertura de 90º, su sentido es superior.

Figura A-f-3

Se situó en la parte inferior de la superficie mencionada e inmediatamente superior a la figura A-e-10 que parece representar una hoja de espada a la que corta también uno de sus radios. Es una figura semejante al estelar A-a-1 aunque trazada un poco más descuidadamente. Sus radios oscilan entre 7 y 14 cm formando ángulos desiguales aunque próximos a 45º

Figura A-f-4

Uno de los radios, el inferior derecho, de la figura anterior presenta una forma rectangular tangente trazada hacia la parte derecha cuyas dimensiones son de 10,5 cm X 4,8 cm.; esta figura se encuentra dividida en cuatro partes por dos perpendiculares que cortan a los lados en sus puntos medios; todavía presenta una pequeña línea incisa e inclinada hacia la derecha en el cuartel inferior izquierdo. La figura es igualmente tangente al mencionado radio como la forma semejante A-d-4 es a la lanceada A-d-3, siendo idénticas sus dimensiones. Fácilmente se aprecia la concepción unitaria del trazado de la figura junto al esteliforme y por ello la ejecución de éste resultó algo distorsionada.

Figura A-f-5

Inmediatamente bajo el rectángulo de la figura A-f-2 hay trazada una forma de flecha de unos 4 cm y en sentido superior izquierdo.

ZONA B

Es la situada en la parte derecha del rancheado central provisto de cazoleta; al final de esa parte la roca presenta gran deterioro en fragmentaciones de pequeñas superficies rectangulares. Tanto la superficie A como la B no fueron totalmente aprovechadas en su parte superior lo que nos lleva a pensar que, durante la mayor parte del tiempo que el autor tardó en realización del grabado, ocupó preferentemente la parte inferior -siempre en sentido N-. En esta superficie, más pequeña que la zona A, distinguimos cuatro conjuntos determinados parcialmente por unos racheados que se completaron con líneas incisas.

CONJUNTO B-a

Consideramos este conjunto el situado en la parte media superior de esta zona no presentando límites naturales en la parte inferior en donde es acotado con líneas incisas que enumeraremos a lo largo del trabajo (Fig. 2).

Figura B-a-1

Corresponde a una forma lanceada de 12 X 4,4 cm realizada con nervio central y su sentido es izquierdo inferior.

Figura B-a-2

Es otra forma lanceada semejante, de igual longitud aunque un poco más ancha, 5,5 cm acompañada también de nervio central; su sentido es derecho.

Figura B-a-3

Los nervios centrales de las figuras anteriores se prolongaron hasta representarse unidos por una línea incisa y profunda de 34 cm, dicha incisión al llegar a la figura lanceada de la derecha cambia su dirección ligeramente ascendente por la horizontal.

Figura B-a-4

Es una forma de flecha situada bajo la primera forma lanceada; su ejecución es muy cerrada y tiene 10 cm de larga, su sentido es inferior y su punta esta mal acabada y ligeramente curvada hacia la derecha.

Figuras B-a-5-6-7-8-9-10-11-12 y 13.

Son una serie de líneas incisas de las que las números 5 y 6 pueden hacer referencia a separaciones de este conjunto y el situado en la parte inferior izquierda. Las limitaciones con los conjuntos situados en la parte derecha se enumeran al describir estos. La número 5 tiene 13,5 cm y, como ya se ha dicho, sirve de límite superior a los conjuntos de ese lado; la número 6 es ligeramente curva y tiene 12,5 cm comenzando en el extremo derecho de la anterior y realiza una función semejante. Continuemos por la parte central inferior del conjunto que nos ocupa, aquí un resalte de la roca impidió realizar trazados. A la derecha, entre éste y las formas lanceadas, se realizaron una serie de líneas que hemos denominado con los número 7, de 12 cm y él 8 de 12,5 cm. Ambas forman un ángulo próximo a los 45º cuyo vértice señala la derecha, en la parte opuesta se trazaron dos paralelas que corresponden a los números 9 y 10, tienen respectivamente 7 y 8,5 cm, con su realización se construyó una forma triangular que podría corresponder a una forma de alabarda sin nervio central, La línea número 11 tiene unos 12,5 cm y se trazó superiormente cortando al eje que une las formas de lanza muy cerca de su parte media La número 12 se situó en la parte inferior del citado eje y es paralelo al mismo, tiene 7,5 cm La 13 es un pequeño trazo de un par de centímetros, aparentemente sin sentido que corta el eje lanceado muy próximo también a su parte media pero a la izquierda de la forma anterior. Por el momento nos resulta imposible averiguar el sentido de estos últimos trazos que con aparente desorden rellenan el mencionado espacio.

CONJUNTO B-b

Está situado en una superficie que se localiza en la parte media izquierda de esta segunda zona; hay un sector en su parte inferior izquierda que no se ocupó; está claramente limitado en la parte superior por las dos líneas incisas ya descritas, B-a-5 y B-a-6; mayor dificultad ofrece la descripción por el lado inferior derecho en donde parece que se completó con el trazado de otras formas (Fig. 2).

Figura B-b-1

Este número corresponde a una línea incisa horizontal de unos 10 cm de longitud que comienza en la parte inferior derecha del gran hueco central del rachón separador de las zonas A y B.

Figura B-b-2

En un punto de la línea anterior situado aproximadamente a un tercio de su parte izquierda, confluyen cuatro líneas rectas que se abren hacia la parte baja; comenzando por la izquierda sus medidas son de 8,5-10,5-13 y 6,5 cm.; forman ángulos adyacente muy agudos. El segmento tercero, comenzando por la izquierda, se prolongó 3,5 cm más arriba de la línea horizontal B-b-1 a la que corta.

Figura B-b-3

Justo en la terminación derecha de la citada línea horizontal fue trazada con marcada incisión una forma de punta de flecha de 12-15 cm, su sentido es inferior y la punta coincide con el trazado de una cazoleta.

Figura B-b-4

El alerón derecho de la punta mencionada se aprovecho para realizar otra forma de punta semejante pero en sentido contrario; tiene 27 cm de largo y su eje fue realizado algo asimétrico hacia la izquierda; su trazado es igualmente intenso. El eje central se cortó en la parte media horizontalmente con un trazo de unos 7 cm. Esta incisión parece querer remarcar la forma de flecha.

Figura B-b-5

En la terminación inferior del alerón derecho de la figura anterior se trazó una línea de 6,8 cm, inclinada hacia la derecha y cerca de su extremo izquierdo parte una línea de 3 cm que llega hasta el extremo inferior del alerón mencionado; próximo a este trazo, hay inferiormente otra paralela a ella que mide 4 cm y llega muy cerca de la línea situada inferiormente y que hemos tomado como límite parcial de este conjunto.

Figura B-b-6

Continuando la superficie por la derecha, algo superiormente vemos una serie de líneas en disposición semejante a la figura B-b-2 -tres ángulos adyacentes muy agudos-; comenzando por arriba las líneas miden 8-8,5-9,5 y 14,5 cm, en el vértice se trazó una prolongación hacia la izquierda con un segmento horizontal de 3,5 cm que llega hasta la gran flecha central.

Figura B-b-7

Es una cazoleta de 4 cm de diámetro y unos 2 cm de profundidad situada en la parte superior de este conjunto.

Figura B-b-8

El vértice de la punta de flecha B-b-3 se encuentra ocupado por una cazoleta más superficial que la anterior, tiene de diámetro 2,7 cm.

Figura B-b-9

Es una dudosa cazoleta de 1,7 cm de diámetro y escasa profundidad grabada a la izquierda, muy cerca de las formas angulares B-b-6

Figura B-b-10

El nervio central de la gran flecha B-b-4 corta inferiormente a una incisa recta de 22 cm; está muy inclinada hacia la derecha llegando por esta parte hasta las proximidades de la figura B-b-6. Esta línea puede tomarse como límite inferior de otro conjunto pero nosotros preferimos no hacerlo por la intersección de algunos elementos.

Figura B-b-11

Bajo la línea anterior se encuentra una superficie cuyo extremo inferior está muy alterado, no obstante la parte alta de la superficie ofrece ciertas posibilidades para el grabado y se ocupó con tres figuras; la que ahora nos ocupa es la primera por la izquierda y corresponde a una forma de punta de flecha de 6,5 cm de longitud en sentido inferior con alerones muy pormenorizados resultando una punta trazada con extraordinaria meticulosidad en la parte izquierda del nervio central se trazó un alerón más en el mismo sentido.

Figura B-b-12

Es otra forma de flecha de 6 cm de longitud ahora en sentido superior, fue trazada con dos pares de alerones, se situó próxima a la anterior y a su derecha.

Figura B-b-13

Corresponde a una línea de 8 cm situada a la derecha de la anterior y cerca de la misma siendo estas tres figuras paralelas

CONJUNTO B-c

La superficie que ocupa está situada en el centro derecha de esta zona e inmediato por este lado del pequeño racheado central de esta segunda zona; es como un pasillo rectangular en dirección NE-SW. Este espacio se encuentra claramente limitado y se encuentra atravesado en su parte media superior por un racheado natural ligeramente cóncavo en su parte inferior cuyas terminaciones laterales parecen prolongadas por profundas incisiones (Fig. 2).

Figura B-c-1

Corresponde a una línea de unos 10 cm situada en la parte superior del racheado; con tendencia horizontal es la línea del límite superior de este conjunto con el B-a.

Figura B-c-2

Bajo la línea anterior hay otra de unos 8,5 cm, su lado izquierdo comienza cerca de la terminación del mismo lado de la línea superior; aparentemente se trazó para lograr una forma triangular completada con el límite derecho de este conjunto. Seria la representación de una forma de alabarda sin nervio central.

Figura B-c-3 y B-c-4

Bajo el mencionado racheado central hay dos líneas muy próximas, paralelas e inclinadas hacia la izquierda por debajo de la horizontal que miden 8 cm.

Figura B-c-5

Muy cerca por debajo y en parecida disposición -ya casi horizontal-, hay otra de 9 cm; su extremo derecho acaba en una delicada punta de flecha e invade ligeramente el conjunto inmediato por ese lado.

Figura B-c-6

Continuando hacia la parte inferior se observa otro trazo de 9 cm, en disposición parecida aunque ligeramente curvada, semejante en esto a la B-a-6, sirve de límite inferior de este conjunto.

CONJUNTO B-d

Es el situado más a la derecha de la zona media. Hacia esa parte, la roca va paulatinamente deteriorándose a medida que se acerca el límite lateral. A unos 24 cm de este extremo hay un racheado de tendencia vertical aunque inclinado hacia la derecha, su parte media e inferior sirve de límite al conjunto que nos ocupa. Superiormente puede considerarse un acotamiento del conjunto B-a (Fig. 2).

Figura B-d-1

Es la línea curva de unos 40 cm ya mencionada, situada en la parte superior y el lateral izquierdo.

Figura B-d-2

En la parte superior derecha se trazó una forma rectangular de 8,5 cm de alta no pudiendo conocer el ancho por estar la roca deteriorada en esta parte; está dividida interiormente en superficies de tendencia rectangular.

Figura B-d-3

Aprovechando la línea B-d-1 se trazó cerca de su parte central una forma de triángulo isósceles de 5 cm de base y 10 cm de altura la cual también fue trazada y que corresponde al nervio central de una forma de una alabarda.

Figura B-d-4

Muy próxima por debajo y paralela a la línea inferior de la forma de alabarda hay, de uno a otro lado del conjunto, una línea profunda incisa de 10 cm de longitud.

Figura B-d-5

Bajo el racheado central se realizó otra línea inclinada de14,5 cm que compone, con las dos anteriores, una forma de alabarda con nervio central en sentido opuesto a las B-d-4 y B-d-6.

Figura B-d-6

Inferiormente el conjunto presenta otra forma triangular semejante a la B-d-3 y en el mismo sentido aunque es algo más pequeña; tiene 4 cm de base y 9 de altura, corresponde también a otra forma de alabarda evolucionada.

RELACIONES

FORMAS RADIADAS

Las figuras radiadas A-a-1 y A-f-2 posiblemente corresponden a representaciones estelares. La marcada separación de la primera a poniente y la especial preparación de la superficie que la sirve de soporte mediante un fino pulido nos lleva a pensar que su representación cósmica fue muy valorada dentro de la parcela social armamentista en que se movía el autor. La A-f-2 con un rectángulo tangente, semejante al que muestra la forma lanceada A-d-3 viene a determinar sin lugar a dudas una clara relación entre estas formas de inspiración estelar y las armamentistas.

Formas semejantes se encuentran en algunos grabados de Hurdes tales como en el Castillo I; Pinofranqueado, Cáceres (Fig. 4); en el Cancho de los Letreros, Tejeda y Segoyuela, Salamanca (Fig. 3); el Canchón, Vegas de Coria, Cáceres (Fig.4). En este último asociado a formas circulares que con otros acabados parecen representar formas de primitivas ruedas.

Hemos de señalar su ausencia generalizada en los grabados peninsulares incluidos los petroglifos gallegos, así como entre los motivos de la pintura rupestre hispana y el arte mueble, sobre todo en los recipientes cerámicos, estos últimos incluyen numerosas representaciones estelares generalmente logradas con un disco central radiado externamente que son tomadas principalmente por representaciones del Sol.

De su observación en los conjuntos anteriormente apuntados se deduce su variada y restringida representación. En efecto esteliformes formados por 8-9 radios asociados a armas aparecen en el Castillo I de Pinofranqueado pero su coetaneidad es más que dudosa, por la diferente técnica de los grabados y por la muy posterior cronología de las espadas representadas. (Fig. 4). De ejecución independiente está en el grabado de Tejeda y Sergoyuela (Fig. 3) pues el resto de los contenidos de este monumento, cruces y fechas, deben ser muy posteriores. En Vegas de Coria (Fig 4), la asociación más verosímil, en cuanto a idéntica técnica de grabado, se debe establecer, entre otros signos, con los escaleriformes. La relación que pudiera haber existido con las representaciones de ruedas, en ese monumento, por su diferente técnica, deben indicar momentos diferentes, probablemente fueron añadidas posteriormente.

Los conjuntos hurdanos más parecidos a este del Cándalo, en cuanto a repertorio de armas se refiere y en particular a presentar las mismas formas lanceadas, no poseen con claridad este tipo de relación cósmica, así ocurre en los del Puerto del Gamo, Casar de Palomero, Cáceres (Fig. 4); en el de la Hoya de Azabal, Azabal, Cáceres (Fig. 3). Si hay una relación parecida en Peña Rayá de Huetre, Cáceres (Fig.3), aunque los estelares que allí se presentan son de cinco puntas correspondientes a las diagonales de un pentágono de tendencia regular aunque carece de las formas lanceadas.

Ya hemos dicho que en el grabado del Cándalo la integración entre las figuras estelares y la representación de armas es clara y por ello su asociación en los contenidos del relato deben estar fuera de toda duda.

CIRCUNFERENCIAS

La figura circular A-c-1 se trazó con un diámetro inclinado de la vertical hacia la izquierda unos 45º. Ya se dijo que externamente presenta en la parte superior derecha unas líneas rectas formando ángulos de apariencia caprichosa que añaden determinadas características.

En general este tipo de formas circulares está muy extendida entre los grabados peninsulares sobre todo en los gallegos y en los hurdanos, pero todos ellos presentan alguna característica que les hace diferir de los demás; en el que ahora estudiamos es el diámetro interior y los angulares externos superiores lo que constituyen su singularidad dentro del repertorio.

Hemos de volver una vez más nuestra mirada a los grabados hurdanos para encontrar la mayor semejanza; es en las circunferencias grabadas del monumento de Aceitunilla, Nuñomoral, Cáceres (Fig. 3), donde parecen tener mayor semejanza, allí se asocian a triángulo y ángulo con línea, todos interiores. Otras formas circulares parecidas aparecen en el Puerto del Gamo (Fig. 4), uno situado en la parte inferior izquierda de aparente ejecución fina y bastante independiente del resto de las formas; tiene dos líneas interiores que se cortan formando ángulos de 80º y 100º; otro semejante está integrado plenamente con las demás formas que ocupan la parte superior derecha e interiormente tiene dos líneas perpendiculares que se cortan en el cuadrante inferior. Los ejecutados en Vega de Coria (Fig. 4), en su mayoría se radiaron y se aparecen acompañados de algunos estelares radiados sin círculo y en ocasiones asociados a escaleriformes. Ya se dijo que, algunas de las formas circulares de este último monumento, corresponden a representaciones de ruedas muy primitivas.

Su identificación con escudos más primitivos que los de las estelas de guerreros puede resultar por lo menos dudosa ya que en el mencionado grabado de Aceitunilla no contiene representación de armas y sí se une a estelares y escaleriformes; parecida cuestión muestra el de Vegas de Coria (Fig. 4) aunque aquí aparece la rueda como protagonista. Intuimos que quizás esta forma indica más bien el movimiento que la defensa personal; ello, y su semejanza con el disco solar, con su aparente movimiento cotidiano es claramente relacionable con la utilización de la rueda como circunstancial generador de movimiento y quizás una relación de estas cuestiones con el escudo, sobre todo por su indudable forma redondeada, lo que debió producir, a algunos individuos, una primitiva indecisión sobre su verdadera funcionalidad.

RECTANGULOS

Las figuras A-d-4, A-f-3 y B-d-2 (Fig. 2) corresponden a formas rectangulares. En ellas hemos de distinguir además del aspecto formal su disposición adosada a otra figura. En cuanto a su forma sus paralelismos son numerosos ya que este tipo de formas en sus numerosas variantes, están presentes desde el Paleolítico. Hay semejanza con algunas formas del grabado del Puerto del Gamo (Fig. 4). También dentro de la pintura esquemática se encuentran temas rectangulares parecidos especialmente entre los numerosos paneles de Nuestra Señora del Castillo, Almadén, Ciudad Real. Todos ellos son englobados en el genérico nombre de Tectiformes o Estructuras y sus significados, siempre dudosos, suelen estar en consonancia con las demás figuras a las que acompañan; entre éstas, el trineo como rústico vehiculo de arrastre es el fondo que se le atribuye en paneles donde ya aparece con claridad los esquematismos de carros. El descubrimiento por uno de nosotros, Manuel, de un nuevo grabado en Hurdes, todavía inédito, en el que se nos muestran al menos dos rectángulos, muy parecidos a los ahora estudiados, unidos a una larga cola que comienza en una forma de cometa constituyen un paso más hacia la determinación de su significado (Fig. 6).

Pero fijémonos además de su forma en su disposición. La primera lo es junto a una forma lanceada, la segunda es tangente a uno de los segmentos de una de las dos formas estelares, -la tercera representación rectangular aparece en la parte derecha del monumento y no nos interesa de momento por sus diferencias formales y disposición-. Son algunos escaleriformes los que se han presentado adosados a formas estelares, sobre todo los representados en Vega de Coria (Fig. 4) y Aceitunilla (Fig. 3). El hecho está también presente en la pintura esquemática pero en este caso las escaleras aparecen unidas a la forma solar, sirvan como ejemplo las representadas en el Canchal del Cristo, valle de las Batuecas, Salamanca[1] (Fig. 5) y en el Solapo del Águila, en el río Duratón, Segovia[2], (Fig. 5); la primera situada muy cerca de los grabados hurdanos. Ambas cuestiones, forma y situación adosada, nos sugieren un significado del que luego hablaremos con mayor extensión.

ANGULARES MULTIPLES

Denominamos así a las formas B-b-2 y B-b-6. Estas figuras están formadas por ángulos consecutivos, en ellos la idea de convergencia-divergencia es manifiesta. Únicamente se representaron en el conjunto B-b.

Solo existen paralelismos de estas formas en los grabados del N de la provincia de Cáceres por lo que hemos de deducir que ambas sociedades conocían los contenidos de estos símbolos que suponemos debían estar más cercanos de los aspectos cósmicos que del armamentístico según se deduce de sus representaciones sobre todo en el del Puerto del Gamo (Fig. 4). Allí se encuentra uno semejante; está situado entre las formas de la parte superior y asociado mediante línea a formas rectangulares, cazoleta y escaleriforme. La línea superior sobre la que se ejecutó el angular múltiple parte de una cazoleta situada a la derecha y, tras atravesar en un recurrente zigzag la zona media, acaba en una punta de forma lanceada, en la zona central de esa línea dan comienzo numerosos escaleriformes y rectangulares de aquí nuestra inclinación a darles contenidos parecidos.

La Peña Raya de Huetre (Fig. 3) conserva otros tres próximos a la parte inferior de la cazoleta central la cual parece tener un contenido heliocéntrico y que pudiera tener algún paralelismo, en este sentido, con nuestra semicazoleta central. Estos angulares se asocian en el Puerto del Gamo a otras líneas, a numerosos escaleriformes y rectangulares constituyendo una maraña de tipo reticular, a la que se asocian también cazoletas y armas -puntas de flecha y de pequeñas lanzas, aunque no poseen la prolongación lineal que tienen los del Cándalo. De lo dicho deducimos que la relación directa con armas está más difusa en los hurdanos los cuales parecen insistir más en sus contenidos astrales.

LINEAS

Existen en el Cándalo otras líneas que parecen corresponder a formas de menor categoría, quizás algunas se deban a equivocaciones, rellenos, etc. y quedan como expresiones abstractas de escaso o nulo contenido pero pueden significar rayos de luz o conceptos naturales o literarios, de cualquier forma sus contenidos se nos escapan perdidos en el tiempo y en la propia naturaleza del símbolo.

ARMAS

HACHAS

Una forma de hacha ancha y corta, de filo plano, cuyo perfil desconocemos fue trazada en la parte inferior del conjunto A-e, sus características no presentan paralelismo en la bibliografía consultada sobre este tipo de formas grabadas. Puede ser considerado como útil o como arma, en cualquier caso aquí lo incluimos en el repertorio armamentista. Su forma achatada y de filo plano parece comunicarle una cronología anterior al Bronce Final, aunque normalmente fueron armas o útiles de gran pervivencia.

LANZAS

Las cinco formas lanceadas que se representaron fueron realizadas con nervio central y son en todo semejantes a las representadas en los grabados hurdanos. Las mismas formas se encuentran presentes también en algunas estelas de guerrero (Fig. 5). Entre las primeras se encuentran las ya mencionadas del Puerto del Gamo (Fig. 4) y Hoya de Azabal (Fig. 3) ambas en el N de la provincia cacereña. En las estelas aparecen al menos en Robledillo de Trujillo, Torrejón I en la provincia de Cáceres y en la de Cabeza del Buey en la provincia de Badajoz (Fig. 5). Su presencia en estos monumentos, clasificados dentro del primer momento del segundo periodo de las estelas, es plenamente realista y no deja lugar a dudas sobre su función a pesar del aspecto vegetal u otras apariencias que parecen poseer en determinados grabados. En el Cándalo su parecido foliáceo lleva al autor a sugerirnos esos contenidos por su especial distribución, parece querer hacer alegres modificaciones que llenen de sugerencias alejadas del contenido real de estas formas e incluso parecen estar fuera del ambiente cósmico y armamentista que las rodea. Esta cuestión parece repetirse en las hurdanas pero con otras sugerencias[3]. Todo esto se ha perdido en las representadas en las estelas donde es evidente su funcionalidad y ayuda a clarificar su significado en la representación de los grabados.

PUNTAS DE FLECHAS

Es el arma más representada en este tipo de monumentos a ello contribuyó la abundancia de su utilización tanto en la caza como en las confrontaciones personales por su capacidad de actuar a distancia tras un rápido y preciso movimiento. Su abundancia es también debida a su pequeñez y con ello el menor gasto de materia prima en su realización. No se puede asegurar si su manufactura fue realizada en metal, piedra o hueso aunque es propio de ese tiempo la paulatina sustitución de otros materiales por el bronce. Numerosas y variadas son las puntas de flechas representadas, agudas, anchas, alargadas…, en ocasiones lo son muy pormenorizadas como ocurre en la figura B-b-11; otras se representaron con dobles alerones como ocurre en la B-b-12 y en ocasiones es la simplificación o la desmesura lo que prima como parece que ocurre en la A-e-3, la A-f-1 y la forma A-e-8 cuyos dibujos producen dudas sobre su verdadero contenido como armamento.

Entre las formas representadas destacan por su tamaño e intensidad de grabado B-b-3 y B-b-4 sobre todo esta última que podría pertenecer a alguna punta de venablo. En cuanto a la forma A-e-8 que fue dibujada con tres pares de alerones parece indicar una flecha sobrevalorada, superlativa y es muy posible que el autor intentara sugerir algo más que la simple expresión de un arma en la cual estaría asegurada su función a mucha mayor distancia. Al igual que las formas mencionadas B-b-8 y B-b-9 fue grabada con mayor intensidad y con tres cazoletas muy próximas lo que le añade posiblemente otros contenidos.

ALABARDAS

Estas armas grabadas con nervio central fueron realizadas en el subconjunto B-d. Aquí una vez más se jugo con racheados sugerentes para el autor consiguiendo mediante el añadido de líneas, formas triangulares que corresponde a figuras de alabardas de bronce. Otras formas triangulares parecen sugerir alabardas más primitivas como pueden ser las figuras A-e-5 y las formadas por las líneas B-a-7, 8 y 10. Una vez más hemos de mirar a los grabados hurdanos para encontrar referencias; entre estos indicamos los de Huetre (Fig. 3) y Aceña (Fig. 4); menor similitud parece haber en los del Puerto del Gamo (Fig. 4) y Azabal (Fig. 3). También entre los grabados portugueses y gallegos está extendida este tipo de formas si bien en estos últimos existen numerosas diferencias formales a la hora de su ejecución.

ESPADAS

El dibujo situado en la parte derecha inferior, figura A-e-10, posiblemente corresponda a un puñalón o corta espada con nervio marcado y prolongado como en el caso de las formas lanceadas del subconjunto B-a; de ella solamente nos ha llegado la punta con la mitad inferior de su hoja. Como en el caso de las lanzas no parece ser un arma muy evolucionada y formalmente parecen seguir viejos moldes. Ambos tipos de armas encajan perfectamente con el resto armamentista de este inventario, no se debe sospechar que sea un añadido posterior como ocurre con la mayoría de las espadas representadas en los grabados hurdanos. Su sugerente expresión formal por ampliación y prolongación del nervio central realzando con profundidad su grabado parece indicar una gran valoración para el autor. La pérdida de su dibujo en la parte correspondiente al puño imposibilita deducir su tipología con mayor claridad, en cualquier caso nos parece bastante singularizada dentro de este tipo de realizaciones.

CONCLUSIONES

Dada la naturaleza lineal abstracta, y el escaso número de este tipo de monumentos resulta imposible, por el momento, sintetizar con certeza sobre el total de contenidos que encierran; su análisis nos puede llevar a emitir alguna conclusión verdadera y opinar con diferentes márgenes de certeza sobre otros aspectos.

La primera conclusión cierta a la que nos conduce el estudio anterior es a extender la representación de este tipo de grabados hacia el SE de la provincia de Cáceres, hasta ahora estaban restringidos a la comarca de Hurdes -N de nuestra provincia- y muy puntualmente en el S de la de Salamanca. El repertorio se ve aumentado por éste y otros grabados de los términos de Torrecilla, Aldeacentenera y Garciaz, paso obligado por el N del batolito granítico de Logrosán, importante centro minero de casiteritas.

La segunda conclusión nos sirve para clasificar todas estas figuras en tres grupos:

El primer grupo está formado por las formas armamentistas.

El segundo por las estelares.

El tercero contiene todos los demás signos, en general, como ya se ha dicho, son formas lineales abstractas; a éstas las hemos denominado estructuras relacionables.

En algunos de estos grabados, a la representación parcial del cosmos, representado mediante formas que evocan sin dificultad alguna, determinadas estrellas, se intenta unir una parte muy valorada del mundo terrenal, representado por las figuras de armas, para conseguir esta unión, por fuerza imaginada, se utilizan una serie de signos que denominamos estructuras relacionables. Este intento de relacionar lo cósmico con lo terrenal, no es fácil de conseguir para el autor y, de acuerdo con la mentalidad de su cultura, recurre a dibujar varios objetos que a veces son repetitivos en varios grabados. Ellos, junto a los demás signos, pueden servir de ilustración a los relatos, sobre todo literarios, que sin duda existían y cuyos fondos tendrían como base supuestos viajes cósmicos de determinadas armas. A lo largo del repertorio que nos ofrecen todos estos grabados se observa que para solucionar la dificultad de establecer esas relaciones, nuestros autores hacen uso de numerosos signos entre los que se encuentran algunos con una clara simbología de unión natural, como los escaleriformes y otros cuyo convencionalismo nos impide determinar con mayor exactitud sus contenidos entre estos estarían las formas rectangulares adosadas al estelar A-f-3 y a la forma de lanza A-d-3, a ellas les damos significaciones de trineo, rústico vehículo que, ocasionalmente es pintado en el arte esquemático de manera parecida[4]. Mayor veracidad se encuentra si al dibujo representativo del grabado inédito de La Joya de Azabal II (Fig. 6), se le pintan las formas poligonales más representativas que encierra. Entonces a la forma de cometa y posibles trineos hay que añadirles directamente enganchada por la derecha, una choza que aparece como «bendecida» por dos potentes cazoletas, de la misma manera como las cruces cristianas señalan cierta protección del lugar donde se encuentran.

Esencialmente nuestro grabado sería la ilustración de un relato en el que uno de estos fantásticos trineos deja una estrella y se nos acercaría impulsado fantásticamente por un arma a cuya punta se sujeta. Indudablemente hay una desproporción entre los dibujos de estas dos formas, o la lanza es mayor o el trineo es de miniatura, opinamos que éste es un convencionalismo al que debemos ir acostumbrándonos si intentamos descubrir los contenidos de nuestros grabados (Fig. 6).

Es una pena que los fondos de esos relatos, en nuestra opinión propios de la Literatura, -quizás de alguna manera religiosa por su tradición calcolítica como ahora veremos,- repito, esos riquísimos fondos culturales ilustrados en nuestros grabados, muy pronto se perdieron con el consumo armamentista y de objetos de lujo manifestado en nuestras estelas en las cuales no pueden rastrearse ya, los demás grupos de símbolos.

Otra cuestión es la aparente pérdida de la religiosidad calcolítica puesta de manifiesto en los denominados ídolos -placa y presentes en una variedad de formas en la pintura esquemática, decoración en cerámicas e incluso grabados. Es indudable la existencia de un doble triangular realizado en lugar preferente en el grabado del Puerto del Gamo, Casar de Palomero, Cáceres, es precisamente en este excelente grabado donde no se representaron estelares. En la Peña Raya de Huetre aparecen ambas formas y puede suponerse en ellas un intento de sincretismo y de adecuar las viejas creencias calcolíticas con las nuevas visiones cósmicas del mundo de la metalurgia. Cada vez se observa más una sustitución de las viejas tradiciones religiosas por las creencias de las sociedades de tecnologías más avanzadas y portadoras esencialmente de un mayor desarrollo metalúrgico.

CRONOLOGIA

Algunas de las armas representadas pueden remontarse a épocas muy tempranas, hachas, algunas alabardas, puntas de flecha cuya manufactura metálica debe suponerse. En nuestra zona, sus comienzos manufacturados en bronce se sitúan en el Bronce Medio. La presencia de puntas de lanza semejantes a las grabadas en las estelas indican tiempos no anteriores al 750 a. C.[5] aunque existe algún tipo en hueso con singular parecido que se realizó en el Bronce Medio[6] y quizás derivado de alguna tipología de las puntas palmela propias de la fase Campaniforme del Calcolítico Final.

Todo ello traduce un largo periodo de utilización de algunas de las armas representadas. La ausencia en los grabados de escudos con escotadura en V y la presencia de primitivas ruedas de carro junto a esteliformes en el grabado de Vegas de Coria pero en distinta forma de ejecución (Fig. 4), ayudan a clarificar el panorama. Los primeros contribuyen a datar las estelas de guerrero en torno al s. VIII a C. y su ausencia en estos grabados posibilita datar su factura un poco antes, más cercana a los comienzos del Bronce Final. Las ruedas nos indican un tiempo posterior a los estelares.

Parecido aspecto señala la cantidad de las piezas grabadas, su número no determina con claridad que sea exclusivamente el ajuar de un guerrero como es propio de las estelas. En nuestra opinión el autor lo que intenta es mostrarnos de manera literaria el origen último de las armas metálicas o de alguna de sus cualidades aunque ya la ostentación personal, propia de las estelas, parece que se nos intenta sugerir. Poco después grabados y estelas no parecen convivir; posiblemente en un corto periodo de tiempo se suceden en un espacio relativamente próximo; recordemos que la estela de Solana de Cabañas[7], (Fig. 5) y las de Almoroquí[8], (Fig. 5) se encontraron a cortos km. del Cándalo.

Si fue una cultura que evolucionó o si fueron dos tipos de cultura que, en un principio se enfrentaron o que muy escasamente en el tiempo convivieron, no lo sabemos, lo cierto es que una sustituyó a la otra de manera bastante radical.

DOCUMENTACION GRAFICA

fig3Fig. 3

 Lam I - a Candalo

Lám I.- Vista general del grabado del Cándalo

Lam II Cándalo

Lám II.- Zona izquierda del grabado del Cándalo

Lam III Cándalo

Lám III.- Zona derecha del grabado del Cándalo

Lam IV Cándalo

Lám IV.- Zona izquierda del grabado del Cándalo; detalle.

BIBLIOGRAFIA:

[1] Breuil, H (1933-35): Les pintures rupestres schématiques de la Péninsule Ibèrique, vol. I, Lagny.

[2] Lucas Pellicer, Mª R. (1971): Pinturas rupestres del Solapo del Águila (río Duratón, Segovia).

[3] Sevillano S. José, Mª del Carmen (1991): Grabados rupestres en la comarca de las Hurdes (Cáceres). Universidad de Salamanca.
Benito del Rey, Luis y Grande del Brío, Ramón (l995): Petroglifos prehistóricos en la comarca de las Hurdes (Cáceres). Simbolismo e interpretación, Gráficas Cervantes, Salamanca.

[4] Acosta, Pilar (1968): La pintura rupestre esquemática en España. Universidad de Salamanca, Facultad de Filosofía y Letras, Salamanca, pág 93 ss.

[5] Almagro, Martín (1966): Las estelas decoradas del sudoeste peninsular. Biblioteca de Praehistorica Hispana VIII. Madrid.

[6] Fernández Ibáñez Carmelo (1996): Las puntas de flecha de hueso en la Prehistoria reciente del País Vasco y Navarra, dentro del contexto pirenaico y peninsular. En el final de la Prehistoria. Actas de la II Reunión de arte esquemático abstracto. Santander, pág. 164. Asociación Cántabra para la defensa del Patrimonio Subterráneo.

[7] Roso de Luna, Mario (1898): Lápida sepulcral de Solana de Cabañas, en el partido de Logrosán. B.R.A.H., vols XXXII y XXXIII, Madrid, pág 179-182.

[8] Beltrán Lloris, Miguel (1973): Estudios de Arqueología cacereña. Monografías arqueológicas XV. Facultad de Filosofía y Letras. Zaragoza.

Oct 011999
 

Francisco Rivero.

Cronista Oficial de Las Brozas

Como todos sabemos, San Pedro de Alcántara, del que este año se cumplen los 500 años de su nacimiento, no es sólo patrón de la diócesis de Coria-Cáceres y co-patrono de Extremadura, sino que también lo es de la diócesis de la ciudad brasileña de Petrópolis y de toda aquella nación junto a Nuestra Señora Aparecida. Este es el argumento básico de esta ponencia, a la que hay que añadir algunas obras de arte dedicadas a nuestro santo patrón en otras partes del continente, así como los topónimos a él dedicados en aquellos extensos territorios.

San Pedro nació en Alcántara en 1499 y murió el 18 de octubre de 1562 en Arenas de San Pedro (Ávila). Fue beatificado por Gregorio XV en 1627 y canonizado por Clemente IX. Clemente X extendió su culto a la Iglesia universal en 1670.

San Pedro de Alcántara es patrón de Brasil desde 1826. La razón se debe a un deseo personal del primer emperador brasileño, Don Pedro de Alcántara, conocido como Pedro I y Pedro IV de Portugal. Prefirió dejar Brasil y abdicar en su hijo, Pedro II de Brasil (1825-1891), que tenía por nombre completo Pedro de Alcántara, Juan, Carlos, Leopoldo, Salvador, Bibiano, Francisco, Javier de Paula, Leocadio, Miguel, Gabriel, Rafael y Gonzaga. San Pedro es también patrón de la diócesis de Petrópolis junto a Nuestra Señora del Amor Divino, por la importancia que supuso para Pedro II la creación de Petrópolis como ciudad imperial.

De Pedro II se conoce que era amante de las letras y de las artes, más que de las armas y de la guerra. Durante 15 años fue educado sin la presencia de su padre, que abandonó Brasil, empujado por los brasileiros que le consideraban un portugués. Educaron al “Menino Emperador” hasta la edad de 15 años, en que le preguntaron si quería emanciparse y ser mayor de edad, a lo que el joven respondió la histórica frase “Quero já”. Reinó pacíficamente durante 58 años en un enorme y único país, que fue la herencia lusoamericana, en contra de la herencia hispanoamericana, que se fragmentó sangrientamente en numerosas repúblicas.

La ciudad de Petrópolis

La ciudad de Petrópolis está situada a unos 70 kilómetros al norte de Río de Janeiro, a una altitud de 800 metros sobre el nivel del mar. Para llegar hasta allí hay que recorrer una sinuosa y encantadora carretera que nos lleva a lo alto de la Sierra de la Estrella. Por la carretera se pueden ver deliciosas cascadas al mismo borde como pude comprobar durante mi visita hace unos 20 años.

El clima de la zona es tropical de altitud y su temperatura varía de los 14 a los 23 grados, ideal para calmar el calor pegajoso de la gran ciudad de Río, por eso fue elegida por el emperador y su familia para pasar las temporadas veraniegas y vacacionales. Hoy su población ronda los 300.000 habitantes para una superficie de 853 kilómetros cuadrados, dividida en cinco distritos: Petrópolis, Cascatinha, Itaipava, Pedro do Rio y Posse.

Los límites geográficos de su término municipal confinan con Areal San José del Valle del Río Preto, Teresópolis, Guapimirim, Magé, Duque de Caxias, Miguel Pereira, Paty do Alferes y Paraiba del Sur. En 1981, Petrópolis recibió el título de “Cidade Imperial”.

Los orígenes de Petrópolis

Vamos a ver otras informaciones importantes sobre esta singular ciudad, la única con rango imperial de todo Brasil:

En 1725, un tal Bernardo Proença concluía la ardua tarea de abrir el camino “Atalho don Caminho Novo”, que fue pagado a expensas del Gobierno. Por esta zona, bien por herencia, bien por compras a tercero se creó una enorme finca, la llamada “Corrego Seco” (“Arroyo Seco”). Fue uno de sus propietarios Manuel Vieira Afonso, quien en 1756 residió en la denominada Sierra Ácima. El 7 de abril de 1806 se inauguraba el oratorio de Santa Ana. Por esta época la zona ya comenzaba a ser frecuentada debido a la construcción de una carretera minera.

Era el año de 1822 cuando Don Pedro I realizó la primera de sus numerosas visitas a la hacienda del Padre Correa, donde hoy se encuentra el distrito de Correas. Ocho años más tarde, el emperador intentó comprar la hacienda después de haber fallecido Correa, pero sus familiares le sugieren que compre la finca vecina, llamada Corrego Seco, donde ahora está el mismo centro de Petrópolis. Estamos en el año de 1830. Sin embargo no consigue realizar su sueño: Construir en la sierra el Palacio de la Concordia, pues la abdicación del emperador al año siguiente anula el proyecto de la construcción de una residencia de verano en este lugar.

En 1837, el mayor Julio Federico Köeler, de origen alemán, y profesional del Imperial Cuerpo de Ingenieros, estaba reconstruyendo la carretera de la Sierra de la Estrella, trajo 228 colonos alemanes llegados al puerto de Río de Janeiro para trabajar en las obras de la variante de la carretera de la sierra. Entonces surgió la idea de fundar una colonia germana en esta hacienda de Corrego Seco. El Gobierno brasileño estimuló, desde entonces, la colonización extranjera.

El emperador firmó un decreto por el que el 16 de mayo de 1843 fundó definitivamente Petrópolis. En junio de 1845 llegó por primera vez un grupo de colonos a la zona que llamaban “Hunsrueck”, del Reno-Mosela. Ya eran 2.300 vecinos, de los que unos 1.200 eran niños y jóvenes menores de 18 años. Los colonos eran oficiales de buenos oficios, zapateros, carpinteros, herreros, cocineros y también músicos, pero muy pocos labradores. El 20 de mayo de 1846 el simple curato de Petrópolis recibió el título de parroquia, adscrito a la villa de Porto da Estrela. El 30 de junio de ese año se rezó la primera misa católica. Fue una misa campestre, pues no había iglesia. El oficiante fue monseñor Caetano Bedini. Asimismo, el 19 de julio, el pastor protestante Avé-Lallement celebró un oficio divino. Poco después se levantaría un pequeño oratorio. Con el tiempo se construyó una iglesia matriz con un proyecto de Köeler, que lo mismo servía para el culto católico que para el protestante.

En mayo del año siguiente, el sacerdote Francisco Antonio Weber, especialmente contratado en la diócesis de Estrasburgo, vino a realizar su misión pastoral.

Pero fue en 1848 cuando se inauguró la iglesia matriz dedicada a San Pedro de Alcántara, santo Patrono de la familia imperial y de la población. Durante el verano, Sus Majestades ocupaban el ala noble del palacio que se levantaba al mismo tiempo, e inauguraba así sus veraneos, que no era nada raro que durasen entre cuatro y seis meses. Por eso, Petrópolis es elegida residencia de verano de la corte en 1850.

Las obras continúan en la población y en su comarca y cuatro años después llega por primera vez el ferrocarril a la zona, cuando en 1854 quedó inaugurada la vía del tren Barón de Mauá, primer ferrocarril brasileño y que unió el puerto de Guia de Pacobahyba (hoy Puerto de Mauá) y las mismas faldas de la Sierra de Petrópolis.

En 1857, Petrópolis es elevada a la categoría de ciudad. Cuatro años más tarde se construye la primera carretera del país, la carretera Unión e Industria. El 12 de marzo de 1876 fue un día festivo para Petrópolis, ya que se inauguraba el Hospital de Santa Teresa, en el predio allí existente, al mismo tiempo que se celebraba el acto de colocar la primera piedra de la iglesia de San Pedro de Alcántara en el paseo del mismo nombre, terreno ya diseñado en 1843 en el plano por el urbanizador Köeler. La zona de Quitadinha estaba muy animada, incluso por la noche, ya que se habían colocado farolas iluminadas por gas.

Un nuevo templo

La idea de levantar un nuevo templo se debió a la Princesa Isabel, que se entusiasmaba por las fiestas y encuentros literarios. Se aprovechó la estancia del emperador en Europa y se encargó el proyecto a Federico Roncetti, de Roma (16 de febrero de 1877). El arquitecto presentaba un majestuoso edificio, estilo neorrenacentista, con una imponente cúpula, y de planta de cruz griega. Sin embargo fue considerado demasiado pomposo para los pobres recursos petropolitanos. Y claro no se construyó

En 1883 se inauguró el primer tren serrano de Brasil, el denominado Príncipe de Gran Pará. Al año siguiente comenzaron las obras de la nueva catedral de Petrópolis, la de San Pedro de Alcántara, que sustituyó a la primera iglesia, que se encontraba enfrente del Palacio Imperial. Esto supuso un enorme cambio para la ciudad, tanto que el obispado que tenía su sede en la capital del Estado, Niteroi, se traslada a Petrópolis en 1897 y se queda en ella hasta 1908.

Exilio del emperador

Con la proclamación de la República en 1889, el emperador y su familia fueron exiliados de Brasil. Los acontecimientos políticos que llevaron a proclamar la República y el proceso de consolidación del nuevo Gobierno no fueron tiempos propicios para la construcción del templo alcantarino. En 1904, Petrópolis se convirtió en la capital del Estado de Río de Janeiro, trasladándola desde Niteroi. Este título lo ostentó hasta 1903; es decir, sólo nueve años. Fue también en 1903 cuando se firmó el Tratado de Petrópolis, por el cual la región de Acre es anexionada a Brasil y al año siguiente, el Palacio de Río Negro se convierte en la residencia oficial de los presidentes de la República.

No fue hasta 1928 cuando se inauguró la primera autopista asfaltada del país, la denominada Rodovia Washington Luis.

Definitivamente el 5 de diciembre de 1939, en presencia del presidente de la República, el doctor Getulio Vargas, de la familia imperial y de altas autoridades civiles y militares se celebró la solemne inauguración del mausoleo imperial en la catedral y el enterramiento de los restos de Don Pedro II y de su esposa, la emperatriz Doña Teresa Cristina. El 6 de julio de 1953 eran los restos de la Princesa Isabel y de su esposo, los que se enterraron también allí, en presencia del entonces presidente de la República, general Garrastazu Médici y de altas autoridades religiosas, civiles y militares.

El 13 de abril de 1946, el Papa Pío XII promulga la bula “Pastoralis qua urgemur” por la que crea la diócesis de Petrópolis, siendo su primer obispo monseñor Manuel Pedro da Cunha Cintra, que tomó posesión el 25 de abril de 1948.

Un paseo por la ciudad

Un paseo por la ciudad, nos sugiere la visita a dos de sus grandes monumentos: El Museo Imperial, el Palacio de Quitadinha y la Catedral de San Pedro de Alcántara, sin olvidarse de los numerosos palacios y otros museos, como el de Armas y el de la Casa del Colono.

El Museo Imperial fue el antiguo palacio de verano del emperador Don Pedro II, quien lo mandó construir en 1845. Es de estilo neoclásico y tiene una interesantísima colección de objetos referentes al imperio brasileño, entre las que destacan la corona imperial, cincelada en oro y orlada con 640 brillantes de la región de Minas Gerais. Hoy también es una valiosa pinacoteca con obras de artistas brasileños y extranjeros. No hay que dejar de ver los preciosos jardines, proyectados por el paisajista francés Jean Baptiste Binot, con plantas exóticas y árboles de la flora nacional

No quiero dejar de mencionar la escultura que en yeso que de San Pedro de Alcántara se halla en el Museo Imperial, antiguo palacio del emperador. Sus dimensiones son de 1,90 metros por 0,68. Su estado de conservación es bueno. Se trata de una imagen en la que el santo se le ve de pie y de cuerpo entero, con la cabeza y el tronco ligeramente vuelto hacia la izquierda. Tiene los ojos hacia lo alto y las manos cruzadas a la altura del pecho. Tiene el hábito de los Padres Menores y los pies descalzos. La peana es rectangular y es de madera. La estatua fue restaurada para la exposición de “50 años de la creación del Museo Imperial”, inaugurada el 29 de marzo de 1990.

Quitadinha, es un palacio que albergó al casino de la ciudad hasta que fue prohibido el juego en todo el territorio nacional. Hoy se puede visitar prácticamente todos los días de la semana desde las nueve de la mañana hasta las siete de la tarde. La construcción se levantó en 1944 con un estilo normando y ocupa un área de 50.000 metros cuadrados. Tras su desaparición como casa de juego fue dividido en 440 apartamentos y vendidos a particulares, sin embargo se puede visitar las zonas comunes.

Su impresionante interior está decorado por la americana Dorothy Drape, donde el visitante podrá encontrar fuentes con juegos de agua, viveros de pájaros, espejos biselados, cristales y bronces artísticos y mármol de Cárrara. El Salón Mauá destaca por una sorprendente obra arquitectónica: Una bóveda sin sustentación ninguna, con 30 metros de altura y 50 de diámetro. En el exterior, un lago con un espejo de agua de 18.000 metros cuadrados, contornea el mapa de Brasil.

La catedral

Saliendo del Museo Imperial, basta seguir por la calle Emperatriz y subir la de Raúl de Leoni para doblar a la izquierda y llegar a la catedral de San Pedro de Alcántara, mandada levantar en 1884 por orden del emperador Don Pedro II

Enfrente del Palacio Imperial había ya una primera iglesia, pero en 1871 la asamblea Provincial aprobó la construcción de una nueva, sin embargo no fue hasta 1882 que por sugerencia del gobernador provincial, Bernardo Gaviao Peixoto se le pide al arquitecto Francisco Monteiro Caminhoa un nuevo diseño para esa iglesia que se quiere construir y que debería ser de estilo gótico. Entonces se nombra una comisión para las obras, comisión que nace en el año de 1883, integrada por más de doce personas, entre ellas Condes y Barones.

El 18 de enero comenzó a trabajar la comisión, que aprobó el proyecto al mes siguiente. El Gobierno provincial abre una cuenta especial, que encabeza la familia imperial, seguida de miembros de la comisión, la empresa que construye el ferrocarril Gran Pará y otras personalidades. Se requiere más espacio del necesario y se compra un terreno al Barón do Flamengo.

El 10 de abril comienzan las obras de aterrazamiento y aplanamiento del terreno. Se desvía el cauce de un arroyo cercano y se canaliza antes del 16 de junio y en octubre se coloca la primera piedra. No fue hasta el 18 de mayo del año siguiente, cuando en presencia de los emperadores y de sus hijas las princesas cuando se colocó la segunda piedra fundamental sobre la primera colocada ocho años antes en el altar mayor.

Tras la revolución que depuso al emperador se forma el nuevo Estado en forma republicana y no fue hasta 1901 cuando se recomienzan las obras de la catedral. Se hizo con un mausoleo dedicado al emperador magnánimo Don Pedro II. Años más tarde, en 1914, el arquitecto Héctor da Silva Costa fue convidado a estudiar el proyecto para la conclusión definitiva del templo, dentro de las disponibilidades económicas de la parroquia. La prensa comienza a interesarse por las obras eternas del nuevo templo. Alguna revista, como “Eu Ser Tudo” ironiza en mayo de 1918, ilustrando una de sus páginas con una foto de “las grandiosas ruinas de un monumento que no se construye…”. Las paredes no tenían más de dos metros de altura, el comienzo de algunos arcos, pero todo a merced del viento, el agua y la destrucción.

Concluida la Gran Guerra Mundial de 1914 a 1918, se despiertan los ánimos de las autoridades y de los ciudadanos de Petrópolis para de un nuevo ataque recomenzar las obras dejadas. Deja de construirse con granito y se empieza con argamasa de cemento. Fueron años de duro trabajo, desde 1918 a 1925.

Fue el 29 de noviembre de este último año cuando se inaugura solemnemente la nueva catedral y se la bendice. Se traslada hasta allí el Santísimo Sacramento. La vieja iglesia parroquial es demolida enseguida.

Empieza ahora una nueva tarea, la de terminarla en los detalles y en colocarle los vitrales. En 1928, monseñor Francisco Gentil Costa firmó un contrato con la firma Champigneulle de París para construir dos ventanales, vitrales que llegaron a Río de Janeiro en junio de 1933 a bordo del barco “Campana”. Era su acompañante un padre salesiano.

El templo recibió en 1929 una inyección monetaria al recibir en testamento los bienes y joyas de la baronesa de San Joaquín, protectora del templo, quien se desvelaba por los trabajos de Champigneulle y de Juan Magrou, el escultor que esculpió las estatuas del emperador para su capilla mortuoria. Ese mismo año hubo una fuerte polémica para revisar las recién concluidas obras de la catedral, especialmente la fachada, con mejoramientos técnicos por parte de los nuevos arquitectos.

A finales de año se inauguraba el altar y mausoleo de la capilla mortuoria de los emperadores, ya que nueve años antes se había aprobado traer los restos de la familia imperial de Brasil para enterrarlos en la nueva catedral de la ciudad de Petrópolis. Los despojos reales llegaron a Río de Janeiro el 4 de diciembre de 1925.

Se esperaba la ayuda del Gobierno Federal. El vicario hizo grandes esfuerzos por conseguirlos y hasta tuvo que intervenir el príncipe heredero, llamado también Pedro de Alcántara, y que fallecería en 1940, para decir públicamente que el Gobierno republicano de Brasil era indiferente ante la solicitud de construcción de una capilla funeraria en los jardines del palacio imperial.

En 1960, el entonces obispo de la diócesis comenzó una nueva campaña para rematar y concluir definitivamente las obras de la catedral dotándola de una esbelta torre que termina con una estilizada flecha, inspirada en la Santa Capilla de París, encargándosela a la firma Capua y Capua, de Río. Las obras concluyeron en septiembre de 1963. Y faltaban las campanas. Se encargaron cinco en total, con nueve tonos, a una empresa de la ciudad alemana de Passau. Las campanas fueron colocadas en diciembre de 1969 y al concluir ese año se dieron por terminadas las obras de la Catedral de Petrópolis. La mayor de todas, llamadas San Pedro de Alcántara tiene una resonancia que dura 200 segundos.

Descripción de la catedral

Se trata de un edificio construido con un estilo gótico francés del siglo XVIII a base de piedra y cantería de granito. En su interior hay obras esculpidas en mármol de Cárrara. Sus dimensiones son: 36 metros de largo por 22 de ancho. El largo del transepto es de nueve metros. La altura de la bóveda central alcanza los 19 metros y sólo diez la de las naves laterales. La altura total de la torre supera los 70 metros.

La fachada apunta al estilo gótico francés, con la enorme torre. Un rosetón también gótico se recorta en el tímpano de la enorme puerta, donde se hallan colocadas las estatuas de los cuatro evangelistas realizadas por el escultor Adán Bordignon en 1935. Más abajo, la enorme puerta de madera de 8,20 metros, metalizada, y trabajada en una madera originaria de Rusia, y realizada por los alumnos aprendices de carpinteros de la ciudad de Sao Paulo, sobre el diseño del maestro Glash Veiga. Las dos hojas de la puerta tienen un peso que supera los 2.400 kilos.

Una escultura policroma, realizada en cemento por Adán Bordignon en 1934, y que representa la Ultima Cena, da la bienvenida al visitante.

A la derecha, tras pasar la entrada principal se encuentra la Capilla Imperial, cuyo altar está trabajado en bronce, mármol y ónice. Allí están los restos mortales de D. Pedro II, Doña Teresa Cristina, representados en sendas estatuas yacentes, obras del parisino Juan Magrou. Los paneles laterales fueron decorados por el escultor León Veloso. El monumento pesa unas tres toneladas de mármol italiano de Cárrara. En la capilla también se conservan los restos de la Princesa Isabel y de su marido el Conde D’Eu, llevados allí en 1971. El trabajo fue esculpido por H. Cozzo. En la capilla hay un altar de estilo neogótico con reliquias de San Magno, Santa Aurelia y Santa Tecla, llevadas desde Roma por el cardenal Sebastián Leme. Además de una cruz de granito negro de Tijuca. Las obras fueron encargadas a la compañía Bertozzi de Sao Paulo y los ventanales fueron ejecutados por C. Alberto, de Río de Janeiro, según la orientación artística del pintor Carlos Oswald. Este fue el que se encargó de los cuadros que explican la historia del rey: “Proclamación de Don Pedro II como emperador” y “Exilio de los emperadores”.

A los pies, entre los pilares de la torre campanario, se halla el gran órgano, regalo de la señora Olga Rheingantz. Es un instrumento de 33 registros, distribuidos en tres teclados, con 2.227 tubos, que miden entre los 29 centímetros y los siete metros. En su interior hay un cableado eléctrico que supera los 15 kilómetros. Fue construido en Río de Janeiro por la firma G. Berner e instalado en la catedral en febrero de 1937.

En su interior, el templo se divide en tres naves, que sustentan cinco esbeltos pares de columnas góticas, de gran sencillez, siguiendo la estética de los templos franceses de Normandía de los siglos XII y XIII. Los ventanales son también de estilo gótico, destacando los vitrales construidos por Champigneulle en París, que destacan por sus vivos colores y claridad de diseño. El resto de los cristales fueron construidos en Sao Paulo. También sobresale el vitral de la capilla de Transepto, hoy de Nuestra Señora y antes de Santa Teresa. Es un gran ventanal realizado por Sorgenicht en 1936. Allí mismo está la Sagrada Familia esculpida en mármol de Cárrara por Jean Magrou

También de este escultor francés es la imagen de San Pedro de Alcántara, de mármol de Cárrara, de 2,80 metros y 2,5 toneladas. La estatua sigue como modelo la realizada en la iglesia de San Francisco de Bahía.

En la girola se abre la puerta de la sacristía, que está flanqueada por dos lápidas funerarias donde se hallan los restos del obispo de Niteroi Francisco Rego (1897 – 1901) y del obispo Juan Francisco Braga, de Petrópolis (1902 – 1908). En el recinto de la sacristía, normalmente cerrado, se encuentran don interesantes cuadros: “La coronación de espinas”, del fin del siglo pasado, y “Retrato de don Manuel Pedro, Obispo de Petrópolis”, de 1949.

La catedral de San Pedro de Alcántara puede ser visitada de 8 a 12 y de 14 a 18 horas, según indican los horarios actuales.

EL MUSEO DE SAN FRANCISCO DE SANTIAGO DE CHILE

La iglesia y el convento de San Francisco de Santiago de Chile son testimonios de la historia artística durante el período colonial. Su arquitectura de los siglos XVI y XVII presenta elementos que han permanecido en la arquitectura chilena tradicional, como son los techos cubiertos de tejas, los corredores y los patios interiores.

Fue en el año 1553 cuando llegaron a Santiago de Chile los primeros franciscanos, tras seguir el propósito de “fundar el convento e iglesia para la doctrina de españoles e indios”. Los franciscanos fueron la segunda orden que llegó a esta región americana, tras los mercedarios. En abril de 1554, cuando el extremeño Pedro de Valdivia ya había muerto en la batalla de Tucapel, los franciscanos se instalan en las afueras de Santiago, a orillas del río Mapocho, donde se encontraba la ermita de la Virgen del Socorro y el hospital San Juan de Dios.

En el altar mayor del templo, de estilo neoclásico, hay tallas de candelero que representan a San Francisco y a Santo Domingo y desde lo alto, preside la Virgen del Socorro, patrona del templo. Esta pequeña imagen la trajo el conquistador Pedro de Valdivia en el arzón de su silla de montar y le acompañó en su expedición conquistadora (1540).

Su historia entre mediados del siglo XVI a mediados del siglo XIX, constituye un ejemplo de la esforzada labor que debieron desarrollar por entonces los santiaguinos para mantener en pie y decorosamente sus casas, edificios públicos y religiosos.

Tanto en la iglesia como en el museo, se encuentran muchas obras de arte colonial que forman un conjunto de gran valor estético e histórico, el más importante de Chile Su colección es una síntesis del arte colonial andino. Entre las obras que alberga, se encuentran pinturas, esculturas, ebanisterías, tallas, rejerías, orfebrerías, platerías, tejidos y muebles. En pintura sobresale la Serie de la Vida de San Francisco y en escultura, las tallas quiteñas.

En 1951 la Iglesia y el Convento de San Francisco son declarados Monumento Nacional por ley de la República.

El Museo de San Francisco tiene una sala dedicada a San Pedro de Alcántara, donde se encuentra un conjunto de siete cuadros, parte de los 40 que formaban la serie sobre la vida del santo extremeño, quien vivió entre 1499 y 1562. Las obras fueron realizadas en el Cuzco, gran centro pictórico, a mediados del siglo XVII por el pintor Francisco Isidoro de Moncada. A continuación vamos a ver tres de las obras que se exponen en este interesante museo santiaguino.

1. – San Pedro de Alcántara construye iglesias.- Serie de la viuda de san Pedro de Alcántara. Obra de Francisco de Moncada. Cuzco. Oleo sobre tela, de 120 x 260 centímetros. Siglo XVIII. Obra mestiza donde se ven distintas influencias europeas sintetizadas con una ingenuidad narrativa muy particular. En la esquina izquierda del cuadro se observa una corrida de toros.

2. – San Pedro de Alcántara.- Anónimo altoperuano. Siglo XVIII. Madera policromada y vestida 154. Centímetros. Los artistas altoperuanos cuya temática es fuertemente dramática, expresan el ascetismo riguroso del santo franciscano, como se advierte en esta talla. El rostro pálido y demacrado semeja una calavera y sus manos afiladas parecen garras o raíces de árboles.

3. -Cristo.- Autor anónimo. Siglo XVIII madera tallada y policromada, de 79 centímetros. Aunque traído de la región isleña de Chiloé, descubierta en 1558 por el gobernador y Virrey de Perú García Hurtado de Mendoza. El naturalismo del Cristo pone en duda su origen isleño, ya que la imaginería chilota realizada en los siglos XVII y XVIII carece de indigenismo. Sus rostros son blancos y sus cabellos están tallados

EL CASTILLO DE SAN PEDRO DE ALCÁNTARA

El Castillo San Pedro de Alcántara, en Chile, es uno de los principales monumentos del país. La fortaleza principal pertenece al complejo defensivo que la Corona Española erigió en la desembocadura del río Valdivia en el siglo XVII. La construcción de este complejo militar respondió a la necesidad de enfrentar la amenaza que implicaban para la seguridad del Imperio Español las incursiones de piratas y corsarios, y las expediciones de las potencias rivales, Inglaterra y Francia. El carácter estratégico del lugar, punto intermedio en la ruta entre Europa y los puertos americanos del Pacífico, lo convertían en un punto neurálgico del Pacífico sur.

En 1635 se comenzó la ejecución de un ambicioso proyecto de fortificación, que comenzó por el levantamiento cartográfico del área. En 1643 el proyecto recibió un impulso definitivo, por cuanto ese año una expedición holandesa desembarcó en el litoral contiguo a la desembocadura del río Valdivia y lo ocupó temporalmente. De ahí que en 1645 el Virrey del Perú enviara una armada, dotada de un contingente de 900 hombres y de gran cantidad de materiales de construcción, con dos misiones: Refundar la ciudad de Valdivia, desolada tras el levantamiento indígena de 1598, y erigir fortificaciones en el lugar. El principal baluarte de este complejo defensivo fue la Isla de Constantino, llamada después de Mancera, en honor al Virrey, que ostentaba el título de Marqués de Mancera. La isla está situada en medio de la bahía donde desemboca el río Valdivia, y en ella se edificó el Castillo de San Pedro de Alcántara, según los planos diseñados por el ingeniero mayor de la Armada, don Constantino Vasconcelos. El Castillo, de piedra, fue armado con quince piezas de artillería, y contaba con un foso y dos torres. En su interior albergaba entre otras instalaciones una iglesia y dos conventos: uno franciscano y otro agustino.

Durante el siglo XVIII, la Corona decidió reforzar este conjunto de fortalezas, en particular el Fuerte de la Isla de Mancera. El Castillo llegó a contar con veinte cañones y un gran número de otras piezas de artillería. En su interior, albergó unas ocho construcciones de piedra y trece de madera, incluyendo un hospital y un almacén de pólvora, un aserradero, una fundición, una herrería y una maestranza donde se construían embarcaciones y carretones. El Castillo de la Isla de Mancera era protegido desde la costa continental por los Fuertes de Corral y Niebla.

ALGUNOS TOPÓNIMOS ALCANTARINOS

La población de Alcántara (Venezuela) fue fundada en 1582 por el capitán Francisco de Cáceres, que pertenecía a una rancia familia que conquistó la ciudad extremeña a los árabes en 1229

También en Venezuela hay dos poblaciones y un territorio que llevan el nombre de San Pedro de Alcántara. El territorio es conocido por el nombre de los Llanos de San Pedro, según la crónica “Historia y conquista de Venezuela”, de Oviedo y Baños.

Asimismo, los capuchinos fundaron en 1763 un pueblo de misiones que llevaba por nombre San Pedro de Alcántara.

Por último, con este mismo nombre de San Pedro de Alcántara, don Manuel Centurión, coronel y gobernador del territorio de la Guayana, mandó construir una población en 1770, a unos 12 kilómetros del río Caura y lo puso bajo el cuidado de los Padres Observantes. El pueblo era conocido en el padrón que el coronel ordenó hacer en 1775 como San Pedro de Alcántara de Caura.

Por otra parte, en Perú hay un pueblo cercano a Cuzco que se llama San Benito de Alcántara. Fue fundado por el virrey Francisco de Toledo, quien gobernó estos territorios durante 20 años (1561-1581). En este pueblo vivió doña Ana María de Loyola, nieta del inca Diego Saire, que fue ajusticiado por el virrey por ser un bandolero, según cuenta en la crónica “Noticia del Perú”, de López Caravantes.

Hay un territorio de Alcántara en la zona noroeste de Perú, cerca ya con el límite con Ecuador, lo mismo que en esa zona hay territorios que se llaman de Trujillo, de Ovando o de Cortés. Todas ellos en las cercanías de Piura.

El Lago Alcántara, conocido también como Indian Lake, está situado al norte de Canadá, y cuyas aguas alimentan el río Churchill, que desembocan en la bahía de Hudson junto a la ciudad y cabo de Churchill.

También en la lejana isla filipina de Cebú hay un nombre dedicado a Alcántara, concretamente al norte de la isla.

Obviamente, Brasil está lleno de resonancias toponímicas dedicadas a Alcántara y a San Pedro. Veamos: En la costa del nordeste de Brasil hay un pueblecito que lleva por nombre Alcántara, que pertenece al área de influencia de San Luis, una gran ciudad de cerca de 650.000 habitantes, con puerto, aeropuerto y universidad. Es la capital del Estado de Maranhao y su economía se basa en industria textiles y alimentación. Con este Alcántara se ha querido hermanar el Alcántara cacereño, pero al parecer la pobre economía del pueblecito brasileño ha impedido tal deseo. Hay dos topónimos más, uno situado hacia el centro de este enorme país y un tercero, hacia el sur, muy cerca del Lago de los Barros, hoy Lago dos Patos.

En cuanto al nombre de San Pedro de Alcántara, Brasil tiene ocho de los nueve nombres. Uno al norte, cinco en el centro y dos en el sur, ya en el límite con Uruguay. El noveno topónimo se halla hacia el centro de Santiago de Chile, antes llamado Santiago de la Nueva Extremadura.

Por último, el nombre de Garabito, que corresponde al apellido del santo se encuentra en la provincia histórica de Costa Rica. Garabito Cambito, al sur de la República Dominicana y las Charcas de Garabito en el mismo país y también al norte de Colombia.

Por último, ya que estamos de celebraciones sobre el V centenario del nacimiento de San Pedro de Alcántara, yo quiero pedir, aquí públicamente, que con motivo de celebrarse el próximo año el 4º centenario de la muerte de Francisco Sánchez de las Brozas “El Brocense”, los Coloquios Históricos de Extremadura del año 2000 se le dediquen a este pensador y filósofo extremeño, y se gire una visita de homenaje a su pueblo natal de Las Brozas, del que me honro en ser su cronista oficial. Muchas gracias.

Oct 011999
 

El hombre, sin saber cómo se inclina siempre del lado del vencido;
el infortunio le parece más bello que la victoria.

DONOSO CORTÉS. Ensayo sobre el catolicismo.

Francisco Rivero.

Cronista Oficial de Las Brozas
(Encomienda Mayor de la Orden de Alcántara)

Todos le conocemos como Donoso Cortés, pero su verdadero nombre era Juan Francisco María de la Salud Donoso Cortés, que con el tiempo sería el primer Marqués de Valdegamas. Nació el 6 de mayo de 1809 en la localidad pacense de Valle de la Serena, un pueblo situado al sur de Don Benito, en la comarca de la Serena, (algunos biógrafos consideran equivocadamente que nació en Villanueva de la Serena, me supongo que por similitud del nombre. Donoso murió en París el 5 de mayo de 1853, aunque fue enterrado en el Pabellón de Hijos Ilustres de la Sacramental de San Isidro de Madrid junto al literato extremeño Juan Meléndez Valdés, el pintor Francisco de Goya y Leandro Fernández de Moratín, autor de “El sí de las niñas”. ¿Qué ocurrió en esos 44 años de apretada y densa vida?.

Lo primero que hay que decir es que fue un político, un pensador que está de lleno en la historia de España en sus dos vertientes: La vida pública y el pensamiento. Sus ideas fueron primero liberales moderadas y después conservadoras, siguiendo la línea marcada por Gaspar Melchor de Jovellanos o Jaime Balmes y que continuaron después Antonio Cánovas del Castillo y Marcelino Menéndez Pelayo.

La razón de que Donoso naciera en la localidad del Valle se debe a que su familia, procedente de Don Benito, dejó esta población debido a los desmanes ocurridos durante la Guerra de la Independencia y se afincó en el cercano pueblo de la misma comarca. El Valle, para los que no lo conocen, está situado muy cerca de Zalamea, del que fue dependiente hasta el pasado siglo.

Su padre, don Pedro Donoso Cortés, abogado de los Reales Consejos, alcalde de Don Benito y descendiente del conquistador Hernán Cortés, y su madre doña María Elena Fernández Canedo, embarazada aún de él, tuvieron a su hijo en la cercana localidad de Valle de la Serena, muy cerca de la finca de Valdegamas, porque las tropas napoleónicas ya había ocupado la cercana población de Medellín y amenazaban con arrasar Don Benito. La familia se había ido allí con criados, familiares y amigos.

Con motivo del primer centenario de su muerte, en 1953 hubo una dura polémica entre ambos pueblos por ver y decidir en cual de los dos era el lugar del nacimiento del pensador y político. Ganó definitivamente Valle, después de publicar en una circular diversos documentos referentes a Donoso, como la partida de nacimiento, la partida de matrimonio, la defunción de su esposa y la del nacimiento y defunción de su hija.

La partida de nacimiento de Juan Donoso Cortés comienza de la siguiente manera: “En la villa de Valle, a ocho días del mes de mayo de este año de mil ochocientos nueve, yo Gaspar Matías Obrero, cura propio de la iglesia de la villa de Don Benito… bauticé y ungí al óleo y chrisma santo a Juan Francisco Manuel María de la Salud, el que nació a la hora de las cinco de la mañana del día seis de cinco mes y año…”

El bautizo tuvo lugar en la parroquia de la Purísima Concepción de Valle de la Serena. Su madre lo ofrendó a Nuestra Señora de la Salud, Patrona de la localidad, de la cual lleva el nombre y a la que Donoso profesó a lo largo de su ida una gran devoción. Pese a todo, la familia Donoso Cortés vive y reside en Don Benito, aunque el apellido es originario de Aragón. El escudo familiar de los Cortés ostenta palos de gules sobre cuartel de oro.

VALLE DE LA SERENA

Según la historia, Valle de la Serena fue fundada en el siglo XIII por el VI Maestre de la Orden de Alcántara, Frey Pedro Yáñez, que fue la máxima autoridad de los caballeros alcantarinos durante 20 años, desde 1234 hasta 1254. Fue este un hombre batallador, que ayudó a los reyes Fernando III el Santo y a su hijo Alfonso X el Sabio a reconquistar buena parte del sur y sureste peninsular. Así ayudó en la batalla de Córdoba, que cayó en manos cristianas en 126 y como castillo de dominó fueron cayendo Morón, Baena, Cabra, Zafra, etc. También llegó a reconquistar Lorca, Cartagena, incluso Alcantarilla, nombre que le puso el príncipe Alfonso al cederla a la Orden de Alcántara.

Después de la conquista de estos territorios por las tropas cristianas llega la tercera repoblación, tras la romana y musulmana. Esta será la que configure el territorio desde 1232 fecha en que el quinto maestre Fray Arias Pérez conquistó Trujillo, Zalamea de la Serena y Magacela, donde existen bellísimas fortalezas.

Los principales monumentos de Valle de la Serena son dos: El dolmen de la finca de don Damián, que está formado por una galería y una cámara circular y la iglesia parroquial de la Purísima Concepción. Se trata de una obra del siglo XVI y reconstruida en el XX. Posee una sola nave con cabecera poligonal, capillas laterales y sacristía. Del exterior destaca su torre, que está situada a los pies del templo y que sirve al mismo tiempo de fachada, similar al estilo mudéjar, tan imperante en la zona. Las puertas son muy sencillas, sobresaliendo la portada de la epístola por estar abierta entre estribos.

LA ETAPA EXTREMEÑA

Donoso vivió sus primeros años de vida de pleno en una zona rural de nuestro país, viendo los duros trabajos de los hombres y mujeres por ganarse diariamente el pan para sí y para sus hijos. Sin duda alguna, esto le debió marcar. Con el tiempo veremos como se desarrollaba la vida en esta zona de nuestra tierra. Durante esos años hubo malas cosechas, la guerra contra los franceses, falta de trabajo y una alta mortalidad.

Don Pedro Donoso hizo llevar desde Madrid a Don Benito, tras el regreso a la casa familiar, un profesor especial para su hijo Juan. A los diez años, Juanito dio por terminado sus estudios primarios, recibiendo una cuidada educación. Era tan aplicado en ella que el maestro le dijo a su padre que ya podía dar clase el alumno al profesor. A los once años marchó a Salamanca para continuar sus estudios y donde destacó en el estudio de la lógica y metafísica, pues nuestro joven era de espíritu especulativo y curioso, ya que desde siempre se interesó por la filosofía y la historia. Leía todo cuanto caía en sus manos. En 1821 ingresó en el Colegio de San Pedro de Cáceres, similar a una Universidad provincial, donde estudió Ética, Lógica y Metafísica, pus su padre pertenecía a la Sociedad Económica de Amigos del País de la Provincia de Cáceres, una entidad de ideas progresistas y liberales. Dos años más tarde toma unos días de vacaciones en el pueblo pacense de Cabeza del Buey, donde conoce al líder poético del liberalismo español Manuel José Quintana, al que le unirá una gran amistad.

Manuel José Quintana (Madrid 1772 – Madrid 1857) estudió Derecho Civil y Canónico en Salamanca. Fue discípulo del poeta extremeño Juan Meléndez Valdés y mantuvo una estrecha relación con Jovellanos. Durante la Guerra de la Independencia, tomó el lado de luchar a favor de los españoles. Fue Académico de la Española y de San Fernando. Se le procesó por la Inquisición. Durante la época absoluta de Fernando VII se le desposeyó de todos sus títulos y cargos, volviéndoseles a restaurar durante el trienio liberal (1820 – 1823. Tras la reacción absolutista de este último año se le destierra al pueblo extremeño de Cabeza del Buey donde conoce al joven Donoso Cortés. Aquí permaneció durante cinco años, hasta 1828. A la muerte de Fernando VII se le nombra prócer del reino, senador vitalicio, presidente de Instrucción Pública y ayo de la reina Isabel II, indudablemente por la influencia de Juan Donoso Cortés, que por entonces ya tenía un puesto importante en la Corte. Se trataba de un hombre de educación liberal, aunque con los años se moderó en su pensamiento.

Pero retrocedamos a los 14 años de nuestro biografiado y no adelantemos acontecimientos. A esa edad realizó en Sevilla, donde comenzó a estudiar Jurisprudencia, un trabajo sobre historia universal que asombró a sus maestros y mayores. Estamos en 1824. A la temprana edad de 19 años acabó sus estudios de Leyes. Tras sus estudios se instala en Madrid donde se pone en contacto con grandes personajes literarios y políticos, como Larra y Zorrilla, que le enriquecen en los campos del saber y de la poesía. A pesar de todo, no se desenvuelve bien en la capital de España y regresa a la casa paterna en Don Benito.

Y como aún no tenía edad para ejercer Derecho, regresa al Colegio Mayor de San Pedro de Cáceres para trabajar como profesor de la Cátedra de Estética y Literatura, todo por recomendación de su amigo y protector Manuel José Quintana. Bien es verdad que la aceptó sin mucho entusiasmo.

Veamos qué escribe el propio Donoso de este asunto: “… estos malditos oidores de Cáceres están empeñados en que yo sea catedrático de Humanidades, y yo en no serlo, porque no quiero ninguna especie de obligaciones; ya hace tres correos que el fiscal de la Audiencia escribió a mi padre sobre este asunto y no le he contestado todavía ¿Cómo le he de responder que sí, si no quiero? ¿ Y cómo le he de responder que no cuando hacen ellos más en proporcionármelo que yo en admitirlo”

Sus clases tienen muy poco éxito. A ellas acuden sólo dos alumnos y que después fue sólo uno, su amigo y discípulo Gabino Tejado, quien en los años de 1854-1855 publicará las obras completas de Donoso Cortés y una biografía de su maestro. En esa biografía escribió Gabino sobre estas clases: “Muchas veces pienso qué idea le movía o qué sentimiento le sustentaba cuando haciéndome acudir diariamente y con puntualidad al aula espaciosa donde estaba su cátedra. Me tenía sentado sobre el banco hora y media, pronunciándome un discurso didáctico del cual puede figurarse el lector lo que le alcanzaría a un chico de diez años”. Claro que Donoso no tenía más allá de los veinte.

Sus cuadernos de notas, archivados en Don Benito, hablan de que fue un hombre que gustaba de lecturas de escritores liberales: Rousseau, Maquiavelo, Voltaire, Chateaubriand, Byron. Su cultura se iba ampliando con las ideas de los grandes librepensadores.

SU BODA

Al año siguiente, en 1830 se casa con la mujer que será el único amor de su vida, doña Teresa García Carrasco. Pertenecía a una rica familia cacereña: la de García Carrasco y Gómez Benítez, que tenía negocios con su padre. También el Ayuntamiento de Valle de la Serena investigó hacia el año 1953 sobre la partida de matrimonio de Juan Donoso para esclarecer definitivamente sobre su lugar de nacimiento. La partida está tomada del archivo parroquial de la iglesia de San Juan Bautista de Cáceres, concretamente del Libro de Casados, número V, folio 328 vuelto. Allí se dice: “… En la villa de Cáceres en veinte días del mes de Enero del año mil ochocientos treinta años. Casé yo Blas Gómez Duran, cura rector de la Parroquia de San Juan Bautista de esta villa, y en la casa havitacion de la Contrayenta, a D. Juan Donoso Fernández, de estado soltero, natural de Valle de la Serena, hijo legítimo del Licenciado D. Pedro Donoso y de Dª María Elena Fernández, naturales de Don Benito, con Dª Teresa García Carrasco, …”. Ese mismo año su mujer le da una hija, María Josefa Rafaela Petra, quien muere a los 24 meses. Su vida familiar fue efímera y marcada por tristes hechos.

También en 1830, Donoso escribe su “Elegía a la duquesa de Frías” que se publicó en la “Corona fúnebre en honor de la excelentísima señora doña María de la Piedad Roca de Togores”, donde también hubo trabajos y poemas de Larra, Quintana, Estébanez Calderón y Martínez de la Rosa. Una vez más, se retira a Don Benito para ayudar a su padre en su bufete de abogado. Un certificado de don Pedro indica que trabajó desde el 1 de septiembre de 1829 hasta el 1 de octubre de 1831.

EN MADRID

Al año siguiente se instala en Madrid, donde ya había permanecido unos años antes sin que le gustara mucho el ambiente de la capital, a pesar de que contactase con los círculos literarios, artísticos y políticos. En su segunda etapa empieza a tomar parte de la política activa, apuntándose al liberalismo, oír su relación con la familia de su mujer. Se hizo conocer repentinamente en la capital, tras la publicación de su “Memoria sobre la situación actual de la monarquía”, dirigida al rey Fernando VII. En ella manifiesta ya su liberalismo conservador. Se trataba de una defensa de la monarquía y un duro ataque al realismo, donde llegaba a decir que la clase media era el sustento de la nación y también del sistema monárquico. Sin duda alguna apoyará a la reina Isabel en contra de las aspiraciones de los carlistas.

En agradecimiento, Fernando VII le nombró en 1833 oficial quinto de la Secretaría de Estado y del Despacho de Gracia y Justicia de Indias. Un gran éxito profesional para un joven de tan sólo 24 años. Se fue a vivir con su esposa a la madrileñísima calle de Atocha y sigue con sus relaciones con los poetas Larra, Lista y el extremeño José de Espronceda. Escribe el poema épico “El cerco de Zamora”. Fue miembro honorario de la Real Academia de las Buenas Letras y la Sociedad Económica de Cáceres le nombró corresponsal en Madrid. Con el tiempo alcanzaría el cargo de secretario del Gabinete de la Presidencia del Gobierno que ostentaba Mendizábal, que con el tiempo fuera el desamortizador de los bienes religiosos. Pese a todo, Donoso, como hombre católico, no quiso hacerse con los bienes desamortizados de las órdenes religiosas.

EL PERIODISTA

Es el momento en que comienza su actividad periodística con el fin de difundir sus ideas liberales en las publicaciones como “La Abeja” (1834 – 36), “El Porvenir” (1837), “El Correo Nacional” (1838), “El Piloto” (1839). Fue también colaborador de la “Revista de Madrid”, “La Época” y “La Coalición”, de Badajoz.

En esos primeros años de su vida profesional fue un sobresaliente periodista en la redacción del rotativo “El Español”, junto a Antonio Ríos Rosas y Luis González Bravo, diario que dirigía el maestro de periodistas Andrés Borrego. Este rotativo, junto a otros dos madrileños “El Mundo” y “El Eco del Comercio”, más dos oficiales “La Gaceta” y “Diario de Avisos” a los que había que sumar dos extranjeros, se llevaban, por suscripción al gabinete de lectura que poseía el primer Casino de Madrid en la antigua calle de la Visitación, esquina de la actual Plaza de Santa Ana con la calle del Príncipe, donde antiguamente había un antiguo convento de monjas donde tomó el nombre la estrecha calle. Estamos en el año de 1836. No en balde, Donoso había sido uno de los 56 socios fundadores del Casino del Príncipe (hoy Casino de Madrid, sito en la calle de Alcalá, 15), junto a personalidades de la banca, de las armas, de la política, de las letras o de la aristocracia. Nombres como el conde de Montijo, el alcalde – regidor de Madrid, el marqués de Casa Pontejos, el banquero Nazario Carriquirri, el escritor Serafín Estébanez Calderón, el político Alcalá Galiano, el duque de Rivas. Nuestro biografiado se unió a este elenco de personalidades debido a la fama que había conseguido recientemente por su “Memoria” a Fernando VII y la situación de la Monarquía.

También colaboró en la revista del Romanticismo “No me olvides”, aparecida el 7 de mayo de 1837. Su fundador fue Jacinto de Salas y Quiroga. Duró muy poco tiempo, solo hasta el 11 de febrero del año siguiente. Entre sus colaboradores estaban además de Donoso, Zorrilla, Hartzenbusch, Campoamor, etc. Allí se publicarían versos, narraciones históricas, cuentos, críticas, modas, colaboraciones diversas. Su ideario es el siguiente, en palabras de su director. “Si entendiéramos nosotros por Romanticismo esa ridícula fantasmagoría de espectros y cadalsos, esa violenta exaltación de todos los sentimientos, esa inmoral parodia del crimen y la iniquidad, esa apología de los vicios, fuéramos nosotros ciertamente los primeros que alzáramos nuestra débil voz contra tamaños abusos, contra tan manifiesto sarcasmo de la literatura. Pero sí, en nuestra creencia, es el Romanticismo un manantial de consuelo y pureza, el germen de las virtudes sociales, el paño de lágrimas que vierte el inocente, el perdón de las culpas, el lazo que debe unir a todos los seres, ¿cómo resistir al deseo de ser predicadores de tan santa doctrina, de luchara brazo partido por este dogmas de pureza?”.

En las enciclopedias se lee que Donoso fue un literato inmerso en la política en la que entre otros puestos destacados ocupó el de diputado por Cádiz en las Cortes de 1837. Donoso Cortés propugnó la vuelta al más puro sistema absolutismo monárquico – religioso, dentro del llamado neocatolicismo, Fue un orador brillante y discutido, siempre apasionado, denunció la ceguera de una sociedad que pretendía vivir de espaldas a Dios y a sus postulados. Las obras completas del escritor no aparecen publicadas hasta que se interesan por ello su hermano Manuel y su discípulo Gabino Tejado.

EL ATENEÍSTA

Donoso Cortés fue, asimismo, un destacado ateneísta, no en balde fue el primer secretario de la institución con el Duque de Rivas como primer presidente. Hoy cuelga entre sus paredes el famoso cuadro de Madrazo que todos conocemos donde se ve su figura con una banda con la señera española y en su pecho colgada una gran cruz. Del 22 de noviembre de 1836 al 21 de febrero de 1837, nuestro biografiado pronunció una serie de diez conferencias, todo un curso de Derecho Político, cuyos títulos dicen mucho de sus jóvenes e inquietas preocupaciones:

  • En la sociedad y el gobierno (22 de noviembre de 1836)
  • En la soberanía de la gente (29 de noviembre de 1836)
  • Teoría del despotismo (6 de diciembre de 1836)
  • Despotismo y su realización en la historia (20 de diciembre de 1836)
  • La identidad de los dos principios de la reacción: La soberanía de la gente y de la derecha de los reyes (3 de enero de 1837)
  • En la autoridad absoluta y limitada (10 de enero de 1837)
  • En la soberanía de la inteligencia en la historia (dos partes)
    • 24 de enero de 1837
    • 31 de enero de 1837
  • En la soberanía de la inteligencia confirmada por la autoridad de los filósofos (14 de febrero de 1837)
  • La importancia de las reformas políticas (21 de febrero de 1837).

Con estas conferencias la junta directiva del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid quería dar a conocer entra la clase culta las líneas directrices del Derecho Político español, así como la primera formulación del liberalismo francés.

Estas diez charlas han sido traducidas al inglés hace pocos años – en 1991 – por el profesor Vincent McNamara y publicada en los Estados Unidos con el fin de conocer parte del amplio pensamiento político español del siglo pasado. Es la primera vez que se hace esta traducción, lo que significa que existe una corriente de pensamiento que busca conocer con detenimiento la posición liberal española y una mayor comprensión del fermento social y político de la España del siglo XIX y, por supuesto, del XX. “Este libro – en palabras del profesor McNamara – proporciona una fuente segura de conocimientos para los cursos de la Ciencia Política, la Filosofía Política y la Historia.

Justo ese año de 1837 conseguía el acta de diputado en las Cortes por Cádiz. Poco tiempo después fue desterrado a París por el ambicioso general Baldomero Espartero (1840 – 1843) y en cuya época tuvo lugar la famosa Desamortización de Mendizabal, con el consiguiente enfado de las autoridades vaticanas. De nuevo en España, fue nombrado por la regente María Cristina director de estudios de su hija Isabel, quien como sabemos fue proclamada soberana de España a la temprana edad de trece años en 1843.

Con el tiempo, Donoso llegó a ser ministro en el Gabinete del general Ramón María de Narváez, tomando así el poder la plana mayor del partido moderado un 3 de mayo de 1844. Otro integrante del equipo ministerial fue el también extremeño Juan Bravo Murillo, que en 1850 conseguiría la presidencia del Consejo de Ministros y gracias a él cuenta Madrid con la magnífica red de aguas: el Canal de Isabel II. Más tarde, Donoso Cortés alcanzó el rango de embajador en Alemania (184) y en Francia, muriendo en París al poco tiempo de su toma de posesión, en 1853.

LIBERAL Y CONSERVADOR

Como hombre de la política se afilió primero al Partido Liberal, colaborando activamente en la regencia de María Cristina, consiguiendo el puesto de secretario particular. Este hecho hizo que la siguiera en su destierro en París. A su vuelta a España, se encargó de los estudios de la nueva reina, Isabel II. Tal vez su cambio de liberal a moderado se deba a la idea de que el liberalismo triunfante no se apoyaba en los derechos de la soberanía del pueblo y si este no le apoyaba llevaba en sí mismo una contradicción. El liberalismo imperante en la etapa de los gobiernos liberales era sólo libertad de comercio, libertad de negocio, de producción, de transportes, de precios, de márgenes de beneficio, pero el pueblo español era sólo el sufridor de tales excesos liberales, siguiendo las corrientes francesas de la Revolución: “Dejar hacer, dejar pasar”. Con el tiempo fue un hombre moderado. En la corriente de este partido estuvo dentro de la facción llamada neocatolicismo. En sus correctos escritos y con su brillante oratoria buscaba un absolutismo monárquico, de origen religioso, pero dotado de formas nuevas.

Para entender la filosofía y actuación de Donoso Cortés como hombre político hay que encuadrarle dentro del pensamiento del régimen moderado, que el profesor José María Jover lo establece en cuatro grandes apartados: La promulgación de la nueva Constitución de 1845, que sustituye a la de 1837; la centralización de la vida política española, siguiendo una idea de origen francés; el eclecticismo político y la constante oposición progresista, radicalizada en tres levantamientos: 1848, 1854 y 1868. Donoso solo vivirá el primero y con bastante miedo, como dirá su correligionario Cánovas del Castillo.

EL ECLECTICISMO

Pero veamos que es eso del eclecticismo que tanto practicó nuestro biografiado. El diccionario de la Real Academia Española lo define como “Escuela filosófica que procura conciliar las doctrinas que parecen mejores, aunque procedan de diversos sistemas”. Aunque la idea filosófica surge en Grecia, no es hasta el siglo XIX cuando el francés Víctor Cousin explica que la historia del pensamiento se mantiene con las ideas que se han ido sucediendo a lo largo de la historia. Y que la verdad se encuentra en la unión positiva de todas ellas bajo la guía concreta del sentido común, por lo que no había que excluir las ideas antiguas, sino incorporarlas a las actuales. Bien es verdad, que el eclecticismo es el pensamiento de todos los grandes filósofos y pensadores, como puede ser en este caso Donoso Cortés.

El eclecticismo entra en España de la mano de Tomás García Luna, quien en 1843 dio una conferencia en el Ateneo de Madrid con el título “Lecciones de filosofía ecléctica”, quien después publicó su obra en dos tomos. El eclecticismo duró en España hasta la llegada del krausismo, que es la corriente seguidora en Alemania y que llegó a nuestro país Julián Sanz del Río (1814-1869) y propagada por Francisco Giner de los Ríos (1839-1915), fundador de la Institución Libre de Enseñanza, que tanto aportó a la cultura española antes de la Guerra Civil.

La Revolución Francesa de 1848 tuvo un reflejo débil en España con algunos sucesos en marzo en Madrid y en mayo en Madrid y Sevilla. Los moderados se opusieron a los continuos levantamientos progresistas, lo que hizo que el general Narváez diera un viraje y promulgara una dictadura que duró nueve meses. Curiosamente, la dictadura fue defendida con un famoso discurso en el Congreso de los Diputados por Donoso Cortés. Con ello se consiguió que los gobiernos conservadores de Europa como Austria y Prusia apoyaran la monarquía de Isabel II.

Hubo un hecho trascendental en su vida: La muerte de su hermano Pedro María Vicente de Jesús a los 37 años, con una esplendorosa vida profesional dedicada al Derecho. Esto le marcó de tal manera que le produjo una gran conmoción interna. Le llevó a reflexionar y a pensar sobre el misterio del destino humano. Dejó el liberalismo; se aferró al ideal más ortodoxo católico y siguió un pensamiento similar al del filósofo y matemático catalán Jaime Balmes (1810 – 1848) y por tanto coetáneo de él. Donoso llegó a ser un gran polemista en sus arrebatados escritos. Por ellos se han interesado en todas las culturas: Pensadores alemanes, franceses, portugueses, suecos o húngaros, entre otros, han escudriñado y desmembrado su pensamiento.

En 1851 publicó su conocido “Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo”, una obra que tradujo su amigo el periodista Luis Veuillot e influyó, como ya se ha dicho, en toda Europa. Nuestro biografiado fue miembro de la Real Real Academia Española, siendo sustituido a su muerte en 1853 por el venezolano Rafael María Baralt (1810 – 1860), el primer hispanoamericano en entrar en la docta academia. Baralt estuvo empeñado en la pureza del idioma, escribió su “Diccionario de Galicismos”, reputado como muy severo. Además de filólogo, Baralt fue un inspirado poeta, prosista de alto vuelo y castizo estilo, historiador y ensayista. Murió en Madrid como ciudadano español a los siete años de tomar posesión como académico.

Después de la publicación de su gran obra, Donoso Cortés se desplaza a Berlín y a París como embajador de España. Otras obras suyas fueron: “Clasicismo y romanticismo”, “De la monarquía absoluta en España”, “Consideraciones sobre la diplomacia”.

HOMBRE ROMÁNTICO

Como hombre del Romanticismo, Donoso Cortés triunfa en su individualismo, empleándolo para expresar sus reacciones ante la sociedad o ante la naturaleza. Expresa directamente sus puntos de vista, sin que nada ni nadie se lo impida. Por supuesto, combatirá aquellas ideas en las que no crea. Pero por encima de todo busca trasmitir su mensaje al público para que le siga en sus ideas. En nuestro caso concreto, Juan Donoso Cortés buscará expresar el pensamiento tradicional español.

Ya se sabe que se exalta las ideas más tradicionalistas de la patria. En el país hay cosas buenas y muy buenas, alabando la historia propia, por lo que no es necesario acudir a ejemplos de otros países. Eso conlleva a un espíritu idealista que si no acepta la realidad ha de provocar otra que busque la perfección en los ideales propuestos. El Romanticismo en los primeros momentos fue un movimiento católico, conservador, tradicionalista. Posteriormente surgirá un Romanticismo más puro, más liberal, más revolucionario; es el Romanticismo de los suicidios, de la desesperación y de la angustia.

Claro que en este mundo del romanticismo hay veces que se dan bromas y chirigotas. Se dice que Donoso Cortes y otro escritor extremeño, José de Espronceda iban a la misma tertulia en Madrid, concretamente a la del Café del Príncipe. Mientras el primero era conservador, el segundo era liberal y revolucionario. Este último, junto al poeta romántico por excelencia, Mariano José de Larra, más conocido con el seudónimo de Fígaro, bromistas de la Partida del Trueno, pintaron por completo de otro color el coche de caballos del Duque de Alba, mientras este estaba en palacio, y el cochero esperaba dormitando en el pescante. Al salir del palacio, el duque no pudo reconocer su coche, hasta que no vio encima dormido al conductor. En una segunda ocasión, el extremeño Espronceda no tuvo otra ocurrencia que atar a un coche de caballos una cuerda y el otro extremo en el fogón metálico donde una castañera asaba sus castañas. Hay que imaginarse el estruendo y el asombro del dueño del coche, de la mujer y de los paseantes. Eran tiempos del romanticismo y… de las gamberradas. Nuestro biografiado era más modoso, no en balde figuraba en el grupo de tertulianos más tranquilo, más serio y también más conservador.

Precisamente una persona de su misma línea política como fue don Antonio Cánovas del Castillo, que fuera seis veces presidente del Consejo de Ministros habló de Donoso Cortés en una conferencia el 31 de enero de 1884 en el Ateneo de Madrid titulada “De los cursos y maestros que más han enriquecido desde la Cátedra del Ateneo la Cultura Española”. Allí explicó los temores que tenía Donoso por el liberalismo. Asimismo contó que el hombre romántico que era excitó la hilaridad del público la primera vez que habló como diputado al defender sus presupuestos ideológicos con un énfasis exagerado y extravagante. Apuntó Cánovas, que Donoso se asustó de la Revolución de 1848 en la que se quebraron hondamente todos los poderes. Creía nuestro biografiado que esta nueva corriente iba a romper la civilización cristiana de España, cuando ya el cristianismo había superado las difíciles pruebas de las luchas religiosas del siglo XVI y de la Revolución Francesa.

Claro que Cánovas era un hombre pragmático como lo demuestran las palabras pronunciadas en mayo de ese mismo año “la política es el arte de aplicar en cada época de la Historia aquella parte del ideal que las circunstancias hacen posible”. Cánovas entró en el Ateneo de Madrid con un discurso en abril de 1849 sobre “Crítica de los cartesianos”, en lugar de elegir un tema de Derecho político como hizo Cortés.

Décadas atrás, un pensador como Leopoldo Eulogio Palacios elogia a nuestro biografiado en su libro “Filosofía del saber”, publicado en 1962, como modelo de sensatez, frente a posturas que le consideran un energúmeno del pensamiento.

En nuestros días, Enrique Tierno Galván, historiador de la cultura, hombre de izquierdas y reconocidísimo y popular alcalde de Madrid desde 1979 a 1986, habló sobre Donoso en la Universidad norteamericana de Princenton diciendo que fue el personaje que introdujo en España las ideas del tradicionalismo francés y del catolicismo superficial de los literatos. Asimismo, Joaquín Ruiz Giménez, que fuera Ministro de Educación con Franco y después hombre de la oposición moderada democrática, de pensamiento cristiano, en su libro “Del ser de España”, publicado por la editorial Aguilar en 1963, escribe sobre nuestro biografiado al que considera un hombre extraordinario, pero a veces exagerado en su manera de exponer sus criterios. También trabajó sobre Donoso otro de nuestros hombres de letras, el filólogo Antonio Tovar, sobre el tema del imperio y los problemas de España. Tovar había estudiado antes las relaciones de otro extremeño, Francisco Sánchez de las Brozas y sus problemas con la Inquisición.

Fue tal la popularidad de Juan Donoso Cortés en su tiempo que el famoso príncipe de Metternich le brindó su amistad y al que le recibió con el agasajo más cumplido. En esa ocasión le dijo: “Yo soy un libro voluminoso en donde están consignados todos los grandes hechos de este siglo; cuando usted quiera, me pongo a su disposición para que me hojee desde la primera a la última hoja”. Esto lo sabemos por una carta que escribió el 1 de mayo de 1851 desde París el propio Juan Donoso a su amigo y discípulo Gabino Tejado.

Tal fue la fama y honra de Donoso en toda Europa que los grandes hombres de su tiempo querían estar cerca de él y recibir sus enseñanzas, cuando no contrastar sus ideas. Ese fue su gran mérito por el que nuestro paisano ha pasado a la historia del pensamiento europeo. Muchas gracias.

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    Siglo Ilustrado
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Oct 011999
 

José Antonio Ramos Rubio.

En una ermita que se enclava en lo alto de un monte fragoso a 465 mtrs. sobre el nivel del mar («Monsfragorum»), y a 3 kilómetros de la localidad de Torrejón el Rubio[1], se encuentra la imagen de Ntra. Sra. de Montfragüe. La ermita está situada en el centro de una extensa fortaleza, que domina el paso del río Tajo en un enclave estratégico que fue importantísimo durante la Reconquista[2]. Además, a esta lignaria imagen se la relaciona con la Orden Militar del Mons Gaudium, posteriormente absorbida por la de Santiago. La propia localización de su ermita posee sugerencias ancestrales: se asienta sobre un castro celta, que después fue fortaleza musulmana y cristiana, además, existe una cueva con restos de pintura esquemática de la Edad del Bronce[3].

Según Publio Hurtado: «No se conocen datos documentales anteriores al año 1169, sobre la historia de la fortaleza de Montfragüe. En dicho año, Fernando II de León la arrebató a los árabes, cediéndola en 1171 a la Orden Militar de Santiago o Fratres de Cáceres»[4]. Por su parte, Velo y Nieto dice que «no existen documentos sobre la conquista de la fortaleza por el rey Fernando II, pero tenemos noticias seguras de que la conquistó el famoso guerrillero portugués Giraldo Sempavor hacia 1167, éste al caer prisionero, la cedió al citado rey leonés»[5].

Don Rodrigo, III conde de Sarriá, marchó a Palestina a mediados del siglo XII, donde fundó la Orden Militar de Ntra. Sra. de Monte Gaudio, cuyos caballeros al apoderarse Saladino de Jerusalén regresaron a Europa. Este don Rodrigo fue uno de los fundadores de la Orden de Santiago, en 1170. Además, después de renunciar a su hábito santiaguista, estableciendo de nuevo la Orden de Ntra. Sra. de Monte Gaudio, en España, según bula otorgada por el Papa Alejandro III, el 23 de diciembre del año 1180. Estableciéndose en el castillo de Montfragüe que fue su casa matriz[6].

Se perdió de nuevo al ser conquistada por Abu Jacob. La reconquista definitiva acaeció en 1180, coincidiendo con la fundación de Plasencia por Alfonso VIII[7]. Con posterioridad, el rey Sancho IV cedió el castillo a Pedro Sánchez de Grimaldo, y después lo heredó la familia Bermúdez de Trejo y, más tarde, los Vargas de Oliva de Plasencia. El castillo sufrió múltiples desperfectos durante la Guerra de Sucesión y con la invasión francesa, ha llegado hasta nosotros en lamentable estado de conservación. Gracias al hermoso paraje en el que se encuentra y por la riqueza faunística de la zona, se han llevado a cabo labores de restauración en la fortaleza[8].

En el interior de la ermita de Montfragüe, colocada en una hornacina del altar mayor, se encuentra la imagen en madera policromada de la Virgen María (72 x 41 x 28 cms.) con el Niño (36 cms.), bajo la advocación de Ntra. Sra. de Montfragüe.

Se nos ofrece María sedente en un sencillo escaño. Sostiene con la mano izquierda al Niño, que está sentado sobre la pierna izquierda de su Madre, y con la mano derecha una fruta esférica, la forma redonda expresa la totalidad; significa los deseos humanos; cuando está en manos de María significa el triunfo de la Nueva Eva sobre el pecado[9]. El Niño lleva la bola del mundo en la mano izquierda y bendice con la diestra. Ambos, mantienen una postura frontal, hierática.

La Virgen se cubre con el velo de la sabiduría, que nos deja ver algunos de sus rizados cabellos. Viste túnica rojiza, ceñida por un cinturón, y manto de color azul. El Niño viste túnica jacinto y manto azul, con los ribetes y bocamangas dorados; presentando pliegues rudos y geométricos. La Virgen calza sus pies con los típicos zapatos puntiagudos, que es un rasgo de antigüedad, de color azul, y el Niño los lleva descalzos. Por supuesto, la policromía no es la original, ha sufrido múltiples variaciones a lo largo del tiempo[10].

Por los detalles expresados consideramos que es una obra fechable a mediados del siglo XIII.


NOTAS:

[1]Su fiesta se celebra en la Pascua de Resurrección. Es una imagen a la que siempre han profesado una gran devoción los vecinos de poblaciones cercanas como Grimaldo, Riolobos, Tejeda, Mirabel y Malpartida de Plasencia. En la ermita se conserva un frontal de azulejos que contiene la siguiente inscripción: «ESTE/ FRON/TAL IÇIE/RON DE LI/MOSNA LOS/ DEBOTOS/ DE LA BI/LLA DE TE/JEDA/ 1685». También existe un retablo rococó con esta inscripción: «SE IZO A DEVOZION/ DE MALPARTIDA/ AÑO DE 1802/ SE DORO A DEVOZION/ DE TOREJON. AÑO DE 1806». La Virgen de Montfragüe es patrona por derecho propio de Torrejón el Rubio, su ermita se encuentra en el término de dicha población.

[2]MELIDA ALINARI, J.R.: Catálogo Monumental de España. Provincia de Cáceres, op. cit., pp. 256 y 257. Existen referencias sobre el castillo, pero no dice nada de la talla de la Virgen con el Niño.

[3]Estudiadas por GARCIA MOGOLLON, F.J.: «Las pinturas esquemáticas del Montfragüe en la prov. de Cáceres». R.E.E., t. XXX, núm. 3. Badajoz, 1974, pp. 551-580.

[4]HURTADO, P.: Castillos, torres y casas fuertes de la prov. de Cáceres. Ed. de Manuel Garrido y Antonio Navareño (según la ed. de 1912), Mérida, 1989, p. 74. Durante el reinado de Fernando II (1145-1188), para la defensa de los territorios recién conquistados, de Cáceres, Alburquerque, etc., y con el fin de proteger los caminos de los peregrinos, nace la Orden de los Fratres de Cáceres, bajo la protección del Apóstol Santiago, y adoptó por insignia una espada, por la cual fue conocida con el nombre de hermandad de los Fratres de la Spada, y posteriormente adoptó la denominación de Orden de la Caballería del Señor Santiago. FLORIANO CUMBREÑO, A.C.: Guía Histórico-Artística de Cáceres. 2ª ed. Cáceres, 1952, pp. 52 y 53. GONZALEZ, J.: Regesta de Fernando II. Madrid, 1943. ORTI BELMONTE, M.A.: «Las reconquistas de Cáceres». R.E.E., tomo II. Badajoz, 1947, pp. 115 ss. BENITO BOXOYO, S.:Noticias Históricas de la Villa de Cáceres. Cáceres, 1952, p. 28, según noticias recogidas del Memorial de Ulloa, publicado en 1675 (escrita por don Pedro de Ulloa).

[5]VELO Y NIETO, G.: La Orden de los Caballeros de Montfrag. Madrid, 1950. Castillos de Extremadura. Madrid, 1968, pp. 349-370. HURTADO, P.:Castillos, torres y casas fuertes de la provincia de Cáceres. Cáceres, 1912, pp. 172-194 (nueva ed. en 1989, pp. 73-77). RAMON Y FERNANDEZ OXEA, J.: «El castillo de Montfragüe». B.S.A.A. Tomo XVI. VAlladolid, 1950. Aparece citado en la Crónica Latina, X. Según GONZALEZ, J.: Restes de Fernando II. Madrid, 1943, p. 81.

[6]VELO Y NIETO, Ibidem, pp. 349-370. CALLEJO SERRANO, C.: «La belleza y el nombre de Montfragüe». Actas de los VIII Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 1978.

[7]En el privilegio fundacional que Alfonso VIII otorgó a Plasencia, figuraba la fortaleza de Montfragüe como aldea dependiente de la ciudad del Jerte, pero reservándose el rey la propiedad del castillo. FERNANDEZ, Fr. A.: Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia, op. cit., p.31. En 1192, el monarca le entregó a los caballeros del Monte Gaudio, ya se les conocía como Caballeros de Monsfrag. No obstante, P. Hurtado dice que «ya en 1190 se había suprimido la Orden de Monsfrag por el capítulo general de la regla cisterciense de la que dependía». HURTADO, P., op. cit. (1ª ed.), pp. 172-194.

[8]En 1979, el gobierno español declaró a Montfragüe «Parque Natural».

[9]IGUACEN BORAU, D.: Diccionario del Patrimonio Cultural de la Iglesia. Madrid, 1991, p. 554.

[10]Fue retocada por última vez en 1963. Pero, la túnica de la Virgen presenta ces y elementos vegetales propios de los años finales del siglo XVI. Además, Madre e Hijo, tienen los ojos de cristal, añadidos quizás en 1780, fecha en la cual se colocó a la Virgen una corona de plata sobredorada, en donde se puede leer la inscripción: «Nª Sª DE MOUFRAGUE». GARCIA MOGOLLON, F.J.: Imágenes de la Virgen María en la provincia de Cáceres, op. cit., p. 157.

Oct 011999
 

Vicente Méndez Hernánuan y Juan Manuel Ramos Berrocoso.

1. Introducción

La iglesia de Majadas de Tiétar y su relación con el Monasterio de Yuste

La iglesia parroquial de Majadas de Tiétar es una interesante pieza arquitectónica que permite enjuiciar la evolución del estilo renaciente en una región, como la extremeña, inmersa en la más férrea tradición goticista. Así lo pone de manifiesto el portentoso ábside berroqueño de su cabecera, amplio y espaciado, cubierto con una magnífica bóveda de crucerías, cuya clave central timbra el simbólico jarro de azucenas alusivo a la Virgen María, Patrona de la Diócesis de Plasencia. La complicación en los dibujos nervados de la cubierta responde a los planteamientos arquitectónicos de las construcciones eclesiales acometidas durante la prelatura del humanista don Gutierre de Vargas Carvajal (1524-1559), y su sucesor don Pedro Ponce de León (1560-1573), etapa en la que sin duda fue elevado el ábside de Majadas[1]. Sin embargo, y como ocurrió en la mayoría de estas ambiciosas fábricas, la muerte de sus mecenas precipitó la conclusión de las obras mediante un proyecto avalado con escaso presupuesto, que dio como resultado el aditamento de un cuerpo desproporcionado y, a fin de cuentas, antitético respecto al plan preconcebido.

Empero, no es el ábside eclesial la única perla renacentista que custodia con celo la villa de Majadas, ya que en su interior atesora dos preciados lienzos de buena factura, correcta composición y alegre colorido de tintes venecianos, adscritos estilísticamente a la corriente más clásica que inauguró en España la conclusión del Concilio de Trento y abanderó la pléyade de artistas, italianos en su mayoría, reunidos en torno a Felipe II para acometer la decoración del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. El Martirio de San Mauricio y la legión tebana La Gloriade tales soldados son las recreaciones plásticas que hoy día podemos admirar pendientes de las paredes del templo, el primero de ellos en la sacristía y el segundo en el último tramo de la nave eclesial, por el lado del Evangelio. Según veremos más detalladamente, ambos lienzos fueron creados para servir de puerta a un antiguo retablo-relicario, del último tercio del siglo XVI, procedente del monasterio de Yuste. La obra en la actualidad ha desaparecido, aunque conservamos testimonio gráfico de la misma gracias a la fotografía que publicó, en 1947, don José Ramón Fernández Oxea en su artículo dedicado a las Reliquias de Yuste[2].

Tras ser fundado en los primeros años del siglo XV, durante el pontificado del Obispo placentino don Vicente Arias Balboa (1403-1414)[3], y encumbrado por la Historia a raíz de la decisión que tomó el Emperador Carlos V (1500-1558) de vivir entre sus muros las postrimerías de una más que azarosa vida[4], lo cierto es que el cenobio yustiniano obtuvo escasa recompensa por tamaña trayectoria y honor tan encumbrado. El lastimoso peregrinar del convento dio comienzo al rayar el siglo XIX. El 12 de agosto del año 1809 fue saqueado e incendiado por las tropas francesas dependientes del ejército que mandaba el mariscal Víctor[5]. Aunque de las llamas lograron salvarse el claustro gótico, la iglesia y el palacio, de la ruina de este edificio de noble prosapia y regio abolengo se aseguraron las leyes y decretos desamortizadores, aprobados y puestos en práctica en los años sucesivos: a raíz de los promulgados en 1820, en virtud de los cuales el Estado se incautaba de los bienes de órdenes religiosas con menos de 25 individuos, los frailes fueron expulsados y el palacio y el monasterio, excepto la iglesia, vendidos al año siguiente al señor Bernardo de Borja y Tarrius[6]. Entre los bienes que entonces se catalogaron, un inventario fechado el día 7 de noviembre de 1820[7] anotaba la existencia de dos retablos colaterales al altar mayor dedicados a San Mauricio y Santa Úrsula, los cuales, según una segunda relación efectuada trece días más tarde, eran descritos como relicarios del tenor siguiente: «en precitados dos altares se contienen y custodian arras (sic) religión sin auténtica por haverse quemado»[8].

Con toda seguridad, las piezas artísticas inventariadas abandonaron la iglesia del monasterio en el lote encabezado por el retablo mayor, trasladado a Casatejada poco antes de 1823[9]. La Restauración y consecuente nulidad en este año declarada sobre las supresiones y ventas de 1820, no debieron tener como corolario la restitución de las piezas que reclamaba el Prior del convento, fray Eugenio Delgado Garrido, a finales de 1823 al Obispo placentino don Antonio Carrillo Mayoral (1815-1826)[10], todo más que el 30 de agosto de 1836 se restableció la ley de desvinculación de 1820 y fueron revalidadas las ventas que en 1821 había protagonizado Borja y Tarrius que, asimismo, adquirió la iglesia en 1838 para destinarla a depósito de madera y trastos viejos[11]. Previamente, el 14 de diciembre de 1836, las autoridades diocesanas competentes se habían encargado de inventariar los bienes del templo, entre los cuales, no obstante, ya no se encontraba ningún retablo o pieza artística de relevado interés, lo que apoya la hipótesis de que todo el conjunto debió ser repartido o vendido entre las parroquias cercanas a comienzos de la década de 1820[12].

Junto al retablo mayor, diseñado por Juan de Herrera hacia 1580 y ejecutado por el pintor Antonio de Segura entre 1580 y 1584[13], que sabemos pasó a señorear el ábside parroquial de Casatejada, se encontraban las siguientes piezas: la sillería coral, relacionada estilísticamente con la que a finales del siglo XV e inicios del XVI había ejecutado el maestro Rodrigo Alemán en la Catedral del Jerte, se repartió entre las parroquias de Garganta la Olla y Cuacos de Yuste, que, asimismo, fue beneficiaria del órgano del monasterio y de otros objetos[14]; en la iglesia de Serrejón se instalaron dos buenos retablos barrocos, ejecutados hacia la década de 1720; por último, la iglesia de Majadas recibió una talla de San Jerónimo pareja de otra santa sin atributo que Fernández Oxea fecha en los últimos años del siglo XVI y hace contemporánea al retablo mayor parroquial, un altar del siglo XVIII, del que precitado autor consideraba errónea la atribución yustiniana, y el relicario objeto de nuestro estudio, del que afirma Fernández Oxea formaba parte el cuadro con El Martirio de San Mauricio entonces existente en la sacristía del templo[15]. El grupo escultórico debió ser instalado en su nuevo emplazamiento de Majadas a partir de 1822, después de cursados los decretos desamortizadores de 1820[16]. En cualquier caso, la mención del retablo-relicario quinientista en el Diccionario de Pascual Madoz nos permite establecer no sólo una fecha conclusiva a partir de la cual contar la trayectoria de la obra en la parroquia, sino también valorar en su justa medida uno de sus cuadros componentes, ya entonces considerado del estilo de Tiziano:

«En el templo hay un altar al lado del Evangelio con una magnífica pintura de Ticiano, que representa a San Mauricio conduciendo al martirio a la legión Tebea»[17].

Una vez que los descendientes del marqués de Mirabel hubieron cedido la propiedad del monasterio de Yuste en 1941, la Dirección General de Bellas Artes se encargó de iniciar la restauración bajo el proyecto y dirección del arquitecto don José González Valcárcel. La conclusión de los trabajos en 1958 hizo posible el retorno de la Orden Jerónima y la devolución de gran parte de las piezas dispersas, para cuyo inventario fueron de gran ayuda los datos proporcionados en el importante Catálogo de don José Ramón Mélida[18] y el artículo citado de Fernández Oxea[19]. Majadas tuvo que retornar parte del mobiliario que disfrutaba desde la desamortización del convento: al parecer, el retablo del altar mayor y otro pequeño, probablemente el que estaba datado en el siglo XVIII. El relicario quinientista debió ser destruido tras el fallido intento de desmontar sus piezas lignarias[20], afectadas por la humedad que ocasionó el mal estado que presentaba la nave del templo durante el último tercio del siglo XIX[21], en cuyo costado del Evangelio, al decir de Pascual Madoz, estaba ubicado el retablo. Éste carecía, al menos desde 1947, fecha en la que publicó Fernández Oxea su fotografía, de cualquier puerta, razón por la cual los lienzos mencionados continuaron en la parroquia a falta de una paternidad nunca reclamada. El irremediable desmontaje de la obra debió ser el causante, a la postre, de que fuera quemado hacia mediados de la década de 1960.

2. El retablo-relicario

Estudio descriptivo y tipológico de la pieza

Desde los primeros tiempos del Cristianismo, las reliquias de mártires, santos y objetos relacionados con la infancia y pasión de Jesucristo encontraron tal fervor en el seno de la iglesia, que en muchas ocasiones fueron estos sagrados vestigios los verdaderos impulsores para la construcción de monasterios, catedrales o capillas, a cuyo reclamo de intercesión acudían los fieles devotos en continua peregrinación desde toda la cristiandad. Durante el siglo XVI, la revitalización del culto a las reliquias fue pareja a la finalización del Concilio de Trento y consecuente con la afirmación de los padres conciliares del culto a los Santos, según el decreto promulgado en la sesión XXV de los días 3 y 4 de diciembre de 1563, bajo el pontificado de Pío IV (1559-1565): «se deben tener y conservar, principalmente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen Madre de Dios, y de los otros santos (…) Destiérrese absolutamente toda superstición en la invocación de los santos, en la veneración de las reliquias y en el sagrado uso de las imágenes»[22]. Residía en el precepto un intento de volver al Cristianismo primitivo como medio de lucha eficaz para combatir la Reforma Protestante.

Desde entonces, monasterios y santuarios fueron objeto de tan masiva acumulación de reliquias, que la fundación filipina, el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, se concibió bajo el proyecto de convertir la fábrica en la mayor lipsanoteca de toda la cristiandad. No obstante, y junto a las famosas «entradas» que consignan en el Monasterio la llegada de huesos de santos, el devoto Felipe II también cedió en ocasiones algunos de éstos a fin de recompensar actuaciones particulares, sobre todo si estaban vinculadas de algún modo con la muerte de su padre, el Emperador Carlos V. Durante las postrimerías de su vida en el monasterio de Yuste, el invicto monarca no había dejado donación ni beneficio material alguno a los monjes que procuraron la recompensa espiritual de un aguerrido combatiente ya cansado. Por tal motivo, en el codicilo testamentario que otorgó el día 9 de septiembre de 1558, recomendaba a su hijo la atención y recompensa de los jerónimos, así como también ordenaba la construcción del retablo mayor al que ya hemos aludido[23]. Algunos años hubieron de esperar, sin embargo, los frailes para que el monarca diera cumplimiento a las últimas voluntades de su predecesor, pues aún en 1577, y según el memorial que con fecha del 10 de octubre entregó el Prior de Yuste a Felipe II, nada de lo dispuesto se había cumplido[24]. La demora en la entrega del retablo, que no fue asentado definitivamente hasta 1584, y el propio carácter de Felipe II, debieron ser factores suficientes para que dispusiera, en 1587, el envío de preciadas reliquias de santos, que los frailes jerónimos recibieron con devoción y respeto. En la decisión regia también debió ser de vital importancia la mediación de fray Alonso de Villanueva, lego e hijo de Yuste que entonces vivía en San Lorenzo de El Escorial[25]. Entre otras, llegaron tres reliquias de las Once Mil Vírgenes y una cabeza de los integrantes de la legión de San Mauricio, las cuales vinieron a sumarse a la reliquia que de las doncellas compañeras de Santa Úrsula había donado el Obispo placentino don Gómez de Toledo y Solís (1508-1521), con motivo de la ornamentación de la ermita de Belén que él mismo había construido en la huerta del eremitorio[26] –casi en ruinas en la actualidad–. Esta nueva y venerada colección de huesos de santos debió propiciar la construcción, durante los años inmediatos a la donación regia, del relicario cuyos restos aún permanecen en la iglesia parroquial de Majadas del Tiétar.

En el diseño del antiguo retablo colateral de Majadas, medió la idea de construir una pieza destinada a la protección, custodia y salvaguarda de los huesos de santos que en él se pretendían atesorar. Por tal motivo fue sustituida del conjunto la común hornacina central del cuerpo principal y en su lugar dispuestas una serie de cédulas, tecas o celdillas destinadas a guardar los relicarios con algunos de los huesos anotados. La caja que los albergaba principiaba en el banco del retablo: estaba dividida en tres pisos recorridos por igual número de calles, dotadas con un total de nueve hornacinas de medio punto excepto la central del primer cuerpo, que era recta. Para la articulación de la estructura se optó por el juego decorativo a que dan lugar las imaginativas ménsulas vignolescas, situadas como remate de las pilastras toscanas de los dos primeros pisos. El resto de la decoración se reducía a elementos geométricos, propios de la estética herreriana: triángulos dispuestos sobre las claves de los arcos del primer y último cuerpo, en combinación con los óvalos del segundo, además de ovas y losanges en las cajas de las pilastras o rombos y estructuras rectangulares en el marco que cerraba el conjunto por nuestra izquierda[27] –el lado contrario debía servir de acople para encajar la puerta–. Un frontón triangular enmarcado con pirámides herrerianas remataba el todo. En el tímpano iba pintada la Paloma del Espíritu Santo con las alas extendidas.

Siguiendo una vieja costumbre medieval, según la cual tan sólo los días señalados se mostraban al público los más preciados tesoros, el mueble de relicarios descrito se cubrió y protegió por medio de una puerta exterior, cuya instalación en la obra contribuyó además a anular el efecto de casillero que adolecieron este tipo de retablos en centurias precedentes[28]. En 1947 el panel de cierre había sido ya desmontado del maderamen, razón por la cual no aparece en la fotografía que manejamos para nuestro estudio. Sin embargo, por uno de los mandatos contenidos en el acta de la Santa Visita que realizó don Ildefonso García, visitador arciprestal, el 18 de diciembre de 1859, en nombre del Obispo don Bernardo Conde y Corral (1858-1853), sabemos que el retablo contó originalmente con una puerta dotada con su correspondiente cerradura:

«Que se ponga una llabe al altar de sagradas reliquias y otra al Bautisterio y que no se permita poner en ninguno de los altares alumbradas de aceite sin la suficiente seguridad para evitar las manchas»[29].

La información que se desprende del escueto mandato se complementa con el interesante aporte que advertimos en el inventario realizado por el párroco Juan José Bejarano, con fecha de 12 de abril de 1893:

«Altar de las Reliquias: este retablo procedente de Yuste tiene reliquias con auténticas de los Mártires Tebeos, entre ellas de San Mauricio, Santa Úrsula y las once mil Vírgenes; los relicarios en mal estado. La puerta de este retablo está adornada con dos lienzos muy deteriorados, sobre todo el exterior, su autor es, según ha visto el que suscribe en un Diccionario, es Ticiano»[30].

Más reciente es el inventario que efectuó don Ángel Rueda Gajate (q.e.p.d.) en 1971 y presentó al Obispo don Juan Pedro Zarranz y Pueyo (1946-1973) en tres carpetas mecanografiadas. Sobre Majadas aduce lo siguiente:

«Únicamente conserva esta Parroquia dos imágenes barrocas policromadas, de notable factura, que proceden del antiguo Monasterio de Yuste: San Jerónimo y Santa Paula, y dos lienzos pintados, también de Yuste, que formaban las puertas del Retablo Relicario –hoy desaparecido– y que a pesar de encontrarse muy deterioradas, conservan sus bien dibujadas figuras, copias posiblemente del pintor y arquitecto del Retablo Mayor de Yuste, Antonio Segura. Una representa el Triunfo martirial de San Mauricio y sus compañeros y el otro –en peor estado de conservación– la glorificación de algunos santos»[31].

Si tenemos en cuenta que el cuadro sobre El Martirio de San Mauricio es el que hoy está más deteriorado, es lógico afirmar, a tenor de lo aducido en los inventarios citados, que iba dispuesto en la zona externa del conjunto, mientras que La Gloria, destinada a decorar la zona interna del retablo, se encuentra en mejor estado de conservación al haber estado exenta de las consecuencias a las que condujo el mal estado del templo a finales del siglo XIX, como ya hemos visto. El aserto para comprobar que originalmente el relicario contó con una puerta viene corroborado con las medidas casi idénticas de ambos lienzos –200 x 100 cm en elMartirio y 202 x 111 en La Gloria– y por la disposición del relicario: el frontón saliente y el marco que recorre los tres pisos de celdillas –situado originalmente a la izquierda del espectador– son los espacios donde iría encajada la puerta, que cerraría por nuestra derecha. Añadamos a todo lo expuesto el tremendo grosor que presentan los marcos de ambos lienzos en dos viejas fotografías que obran en nuestro poder, debido a que inicialmente estuvieron montados sobre la misma estructura.

Todo el diseño descrito estaba flanqueado a su vez por dos columnas de orden compuesto y rematado con un frontón triangular partido, cuyo responsión central ocupaba el escudo de la Orden Jerónima, incluido en una cartela manierista de cueros recortados y abrazado por el águila imperial bicéfala con las alas explayadas. En 1947 una de los soportes columnarios se había perdido; por el contrario, el que en este año fotografió y describió Fernández Oxea aún existe en la parroquia: originalmente, la columna iba asentada sobre un basamento decorado en su parte frontal con la representación de una de las tres Virtudes Teologales que, al ser descrita con la cruz en la mano derecha y el cáliz con la Sagrada Forma en la izquierda, es fácil identificarla con la Fe. Junto a este vestigio, aún se conserva en Casatejada, colgado sobre la pared situada debajo del coro de la iglesia parroquial de San Pedro Advíncula, el escudo en cuyo centro se yergue el león de San Jerónimo.

Valoración del retablo en su contexto histórico-artístico

Sin duda, la llegada a Yuste de las reliquias donadas por Felipe II en 1587 fue el motor que impulsó la construcción del retablo-relicario descrito. Para su confección se empleó un diseño muy cercano a la traza que había otorgado Juan de Herrera pocos años antes para el retablo mayor yustiniano. Es más, si tenemos en cuenta que el efecto de casillero quedaba anulado cuando cerraba el conjunto la puerta con el óleo del Martirio, es lícito afirmar que el diseño fue traspuesto en el más fiel sentido de la palabra, ya que el óleo martirial del pequeño retablo tenía su plena correspondencia con la Gloriaque Antonio de Segura había copiado del original deTiziano y dispuesto, según expresa voluntad del Emperador, en el espacio central. En consecuencia, el retablo de Majadas vendría a sumarse a los escasos ejemplares conocidos para cuya confección se escogió uno de los dos modelos proporcionados por Juan de Herrera para la evolución posterior de la retablística española, a saber, el de Yuste, escasamente difundido, y el de la Basílica de El Escorial (1579-1592)[32] y la Colegiata de Villagarcía de Campos (1580-1582)[33], que fueron los que crearon escuela. Entre los adscritos a la traza de Yuste citemos el que diseñó en 1587 el Maestro Mayor Asencio de Maeda y ejecutó el entallador Juan de Oviedo «El Viejo» para el monasterio sevillano de Santa María de Jesús[34]; el retablo del altar mayor de la iglesia de San Bernabé del Escorial, una obra cuya arquitectura, talla y escultura ejecutó el entallador vizcaíno Martín de Gamboa entre 1595 y 1596, siguiendo para ello el modelo proporcionado por el arquitecto real Francisco de Mora, quien a su vez había proyectado en 1593 la propia iglesia escurialense[35]; y los ocho retablos semejantes de la colegiata herreriana del Santo Sepulcro de Calatayud (Zaragoza)[36]. Cabe añadir que los retablos citados responden al tipo de «portada», es decir, de una sola escena, para cuya composición se emplearon los modelos palladianos que eran manejados y difundidos en la Corte por el propio Juan de Herrera, de igual modo a como lo estaba haciendo El Greco en Toledo, caso este último de los retablos laterales de la iglesia de Santo Domingo el Antiguo (1577-1579)[37].

Según va dicho, el retablo de Majadas debió proyectarse inmediatamente después de la llegada de las reliquias en 1587. Aunque la fotografía es antigua, la buena hechura de sus elementos componentes permite afirmar una procedencia de talleres foráneos, ya que en la Diócesis de Plasencia no hay obra semejante con la que se pueda poner en parangón, a excepción, claro está, del retablo mayor del monasterio de Yuste, cuya financiación regia algo debió mediar para la posterior fabricación del que nos ocupa. Por otra parte, el escudo de su coronamiento pone de manifiesto el hecho de que la obra pudo ejecutarse bajo los auspicios de la Corona, aunque de su patrocinio estuviera encargada, en parte, la propia comunidad jerónima. De ser así, su ejecución habría sido prácticamente paralela a los retablos de la Coronación y de la Cruz a Cuestas asentados a ambos lados del retablo mayor –en los costados del Evangelio y de la Epístola respectivamente– cuando éste se montaba[38].

Desde un principio, nuestro retablo debió estar dedicado a San Mauricio y la legión Tebana, según ponen de manifiesto los cuadros que formaban la puerta de cierre. No obstante, bien es cierto que los relicarios acumulados pudieron entonces no encontrar total acomodo por falta de espacio, lo que motivó, a la postre, el contrato y ejecución, a comienzos del siglo XVII, de los gemelos que hoy podemos contemplar en la nave de la iglesia del monasterio de Yuste, uno de ellos dedicado a Santa Úrsula y el otro a San Mauricio, o al menos así nombrados y descritos por el padre fray Luis de Santa María a fin de guardar correspondencia su relato con los huesos enviados por Felipe II en 1587[39]. En un principio pudieron haber optado por sustituir el primigenio retablo dedicado a San Mauricio, aunque es cierto que esta opción, a la vista de los datos aportados por Fernández Oxea en 1947, nunca fue resuelta y, tal vez, el retablo destinado en principio a los legionarios de la legión tebea se destinó después a una de las imágenes[40] entonces existentes en el templo monacal, tal y como hoy lo podemos ver. En cualquier caso, es indiscutible que el relicario que estudiamos no puede ser fechado más allá del último tercio del siglo XVI.

El contenido del retablo-relicario: olores de huesos de santo

La mayor parte de los relicarios que un día albergó el desaparecido retablo de Majadas se encuentra depositada en la actualidad en el Monasterio de Yuste[41]. Fueron realizados entre los años finales del siglo XVI e inicios del XVII y algunos traídos del Escorial junto a los huesos que en ellos iban engastados. La relación de los enviados en 1587 menciona algunos de los relicarios apreciables en la fotografía que publicó Fernández Oxea del retablo de Majadas. Las dos pirámides broncíneas y acristaladas de los nichos superiores estaban dedicadas a las Once Mil Vírgenes[42], de las cuales también se recibió una cabeza engastada probablemente en uno de los bustos mayores, que, a la postre, propiciaría la hechura de los más pequeños del cuerpo inferior para albergar la canilla de otra y la reliquia existente desde tiempos del Obispo don Gómez de Solís y Toledo; todas estas piezas se conservan hoy día en la iglesia y sacristía de Yuste, donde podemos contemplar dichos bustos con las cabezas degolladas, así como los más pequeños identificados con sus letreros correspondientes. El otro busto con el que iban haciendo pareja los dedicados a las compañeras de Santa Úrsula debió fabricarse para contener la cabeza de uno de los integrantes de la legión Tebana dirigida por San Mauricio. Esta reliquia y los huesos de las Once Mil Vírgenes fueron las más importantes remitidas a Yuste, junto a otras no identificadas en las crónicas: a éstas corresponden los relicarios en forma de brazos y la teca ovalada del nicho central superior, conservada en la actualidad en Yuste y en virtud de cuya decoración dieciochesca es posible intuir que sustituyó a uno precedente. El traslado de tales reliquias al cenobio verato debió efectuarse bajo la condición de dejar en Majadas algunas piezas, de ahí que todavía perduren en la parroquia los dos brazos mencionados: la cinta existente en el interior de uno de ellos permite conocer su dedicación a los Mártires de Tréveris[43] y Santa Catalina de Siena[44]. Ambos relicarios corresponden a manos izquierdas, aunque la fotografía de 1947, revelada al revés, pueda sugerirnos lo contrario.

Según relata fray Juan de Santa María, el envío de estas reliquias fue posible gracias a la donación que de ellas hizo Felipe II en 1587[45], algunas de las cuales debían proceder de las que trajo consigo desde Hungría la archiduquesa doña Ana de Austria (1549-1580) cuando contrajo matrimonio en 1570 con su tío el Rey de España, que casaba por cuarta vez. En la donación de la que fue beneficiario el monasterio de Yuste también se mencionan las ropas litúrgicas que regalaron la «Señora Emperatriz y su sobrina la Señora Infanta»[46], sin duda, doña María (1528-1603), primera hija de Carlos V y esposa del Emperador Maximiliano II de Austria, y la primera hija de Felipe II, Isabel Clara Eugenia (1566-1633), gobernadora de los Países Bajos. Se pone de manifiesto, una vez más, el afán de Felipe II por coleccionar reliquias que recibió en innumerables envíos desde Europa, de Alemania sobre todo, favorecido por el afán iconoclasta de la Reforma[47].

3. Los lienzos del antiguo retablo-relicario existentes en Majadas

Estudio descriptivo y estilístico

La conclusión del Concilio de Trento y consecuente renovación de los postulados del catolicismo dio lugar al nacimiento, durante el reinado de Felipe II, de un universo pictórico renovado, basado en la idea del decoro y un lenguaje lo suficientemente verosímil como para acercar al fiel a los sagrados misterios, al tiempo que alejarle de las veleidades humanísticas y el capricho intelectual manierista. Sin duda, fue Tiziano Vecelio (1488-1576) el pintor que mejor supo reflejar con su evolución artística el cambio de rumbo que iban tomando las ideas emanadas de los poderes reinantes: el interés por la antigüedad clásica y belleza artística de sus primeras obras mitológicas es muy diferente al tratamiento dramático conferido a la escena con el Martirio de San Lorenzo (1564-67, Monasterio de El Escorial, altar mayor de la iglesia vieja), que el monarca Felipe II le había encargado en 1564 para el retablo mayor de la Basílica, ya que en esta la obra el artista trató y supo poner de manifiesto el carácter devocional y ejemplarizante que había codificado la Contrarreforma para el tratamiento de una imagen que debía cumplir las tres funciones básicas de enseñar la doctrina, dar ejemplo y conmover a los fieles provocando sentimientos de tipo devocional.

En España, muertos Gaspar Becerra y Juan Fernández de Navarrete El Mudo, no había pintores capaces de llevar a cabo la empresa decorativa que Felipe II había reservado al monumento ideado como fiel reflejo de las ideas contrarreformistas: El Escorial. Por tal motivo, el docto monarca se vio obligado a poner su punto de mira en Roma, ciudad donde se concentraba toda la vanguardia pictórica que entonces se estaba desarrollando en Italia, y que, al mismo tiempo, gozaba de un prestigio del que carecían otras escuelas. El trabajo de los emisarios enviados por el monarca en busca de los artistas encontró repuesta en la primera generación de italianos que arribaron a España. En 1567 llegó a El Escorial Juan Bautista Castello, el Bergamanasco, junto al cual vinieron su hijastro Nicolás Granello, el pintor florentino Rómulo Cincinato, el aretino Patricio Cascese (Caxés) y los decoradores Francisco Juan María de Urbino. A ellos se unieronFabricio Castello, otro hijo del Bergamanasco, que ayudó a su medio hermano desde 1576, Lucas Cambiaso, que llegó desde Génova en 1583, y en 1586Pelegrino Tibaldi Federico Zuccaro, entre cuyos ayudantes destacaría la presencia de Bartolomé Carducho.

Junto a esta pléyade de italianos, también hubieron de emplearse en el monasterio filipino una serie de artistas españoles encargados de pintar los cuadros de los altares menores: el toledano Luis de Carvajal, discípulo de Juan Villoldo, el manchego Miguel Barroso, discípulo de Becerra, el conquense Juan Gómez, padre del arquitecto real Juan Gómez de Mora, junto al segoviano Alonso de Herrera, Diego de Urbina, Diego López yel riojano Antonio de Segura, además deSánchez Coello.

Entre las obras que hoy podemos admirar de este reducido grupo en Extremadura, destaca especialmente la intervención del pintor y arquitecto Antonio de Segura(†1605), natural de San Millán de la Cogolla, en el retablo mayor de la iglesia del monasterio de Yuste, cuya ejecución le fue encomendada por Felipe II conforme a la traza que Juan de Herrera había firmado de su mano hacia 1580. Junto a la pieza arquitectónica, el contrato firmado el 19 de junio de 1580[48] con Martín de Gaztelu, secretario del monarca, estipuló la copia de La Gloria[49]que Tiziano había pintado en 1551 por orden de Carlos V para la iglesia yustiniana y que, por ser la pieza más importante y emblemática de las que había heredado Felipe II de su padre, dispuso sustituirla y trasladarla a El Escorial, donde fue colgada en el Aula de Moral[50]. La estancia de Antonio de Segura en Yuste durante «sesenta días que asistió en el dicho Monasterio hordenando, traçando y dando horden en lo que se auía de hacer»[51] para completar un asentamiento al fin resuelto en 1584, debió ser importante para entrar en relación y difundir el nuevo estilo entre los pintores del entorno y, sobre todo, afianzar el contacto que acababa de tomar con los frailes jerónimos. Estamos seguros que en algo debió mediar estancia tan prolongada para el contrato que posteriormente se estipuló a fin de ejecutar las puertas del antiguo retablo-relicario de Majadas. El estilo ticianesco de sus pinturas remite directamente al entorno escurialense, ya que los pintores cacereños activos en estos momentos rebasarán el cambio de centuria anclados en un manierismo frío y tardío. Antonio de Segura debió ser importante para mantener una conexión retomada inmediatamente después.

Un estilo pictórico donde se impone la iconografía doctrinal y la utilización de un lenguaje persuasivo, nos proporciona las claves necesarias para estudiar el lienzo dedicado al Martirio de San Mauricio y la legión tebana (pintura al óleo de 200 x 110 cm sin contar el marco). La vuelta a la claridad compositiva no es óbice para desplegar en el cuadro las escenas necesarias con las que narrar y dar habida cuenta de la decapitación que sufrieron gran parte de los combatientes enviados al norte de los Alpes, cuando se negaron a ofrecer sacrificios a los ídolos[52]. La composición se centra en el momento de máxima tensión: en el primer plano asistimos a la degollación de San Mauricio a manos de uno de los esbirros del emperador Diocleciano. Permanece el verdugo en pie, de espaldas al espectador según fórmula todavía retardataria del manierismo, vistiendo calzón corto y camisa militar; acaba de ajusticiar al capitán de la cohorte reclutada en la Tebaida, que cae al suelo sobre el cuerpo de otro compañero. El estado de conservación del cuadro no permite ser muy detallista, pero está claro que el gesto mesurado y algo distante del mártir está aún bastante lejano de la pintura inmediata y directa del primer barroco. Y esto a pesar de que el artista ha intentado recrear en primer plano el dramatismo que supo imprimir Juan Fernández de Navarrete el Mudo (1538-1579) en el cuadro sobre el Martirio del Apóstol Santiago (1571)[53], cuya escena principal toma el autor como base para la composición.

El resto de los personajes asistentes a la escena se organizan a ambos lados de las líneas de fuga. Parten éstas de un horizonte bastante alto y se concentran en la figura que contemplamos en la lejanía: un estilita sobre la columna que lo suele identificar, o bien, la figura de un general romano sobre un alto pedestal. Junto a ésta parece estar dibujada la retaguardia del ejército del emperador Diocleciano uno de los personajes preeminente en el grupo de la izquierda, en segundo plano: aparece sentado en el trono, con la clámide púrpura, la corona de laurel y el cetro como símbolos imperiales. El ejército que lo rodea se opone al que aún espera su martirio en la izquierda del cuadro, con dos personajes destacados también en segundo plano. El mal estado en que se encuentra el lienzo en general no permite vislumbrar más detalles, aunque al fondo es posible identificar algunas galeras ancladas.

A pesar de los estragos ocasionados por el paso del tiempo sobre la capa pictórica de la obra, aún podemos admirar en su colorido una viveza y variedad cromática de origen veneciano. La cálida paleta por la que se caracterizó la escuela está presente en esta obra y, sobre todo, en La Gloria, mejor conservada y por tanto más apreciable. Asimismo, la complacencia que muestra el artista por la descripción de los detalles secundarios delata su adscripción estilística: en ambos lienzos están descritos con minuciosidad los elementos complementarios a las corazas y armaduras de los personajes. Así, en El Martirio llama la atención la perfección con la que el artista ha dibujado el casco o morrión que permanece junto San Mauricio, dotado con su correspondiente penacho de plumas blancas, azules y rojas según observamos con más detalle en La Gloria(óleo sobre lienzo de 202 x 111 cm sin contar el marco de madera), donde asimismo advertimos un creciente interés por la perfecta descripción de estandartes o banderolas, lanzas, el escudo del primer término, etc. Además de esto, hay un interés por la realidad, dado que el diseño del casco se corresponde con los que en la época eran asiduos en los ejércitos español y austríaco[54].

La monumentalidad impresa en los personajes del primer lienzo vuelve a estar presente en La Gloria que éstos alcanzaron tras ser martirizados. Una composición de legionarios ataviados al modo romano se organiza en dos grupos repartidos a ambos lados de las líneas de fuga de la composición, mientras los rostros de la numerosa cohorte se pierden en la lejanía. Los gestos, quizás algo distantes y no exentos de cierto carácter manierista por su alargamiento, permanecen congelados, presos de una emoción contenida a raíz de lo que acontece en el segundo espacio compositivo de la obra: la aparición de una corte angelical detrás nubes algodonosas, sobre un fondo tamizado con tonalidades blancas y amarillas, que arrojan sobre los mártires las palmas y guirnaldas de laurel con las que una antigua tradición hace coronar las cabezas de las víctimas por la fe[55]. La composición piramidal de la escena sugiere el tratamiento de los personajes dentro de la aureola celestial de nubes sobre las que parecen estar arrodillados.

Autoría de las obras

A pesar de que ambos cuadros parecen estar firmados, tan sólo la rúbrica del artista es apreciable con nitidez en el lienzo dedicado a La Gloria. La pérdida del óleo original acompaña a una firma que prácticamente tiene como fondo las tramas del lienzo. Fue ejecutada empleando el mismo color azul de algunas de las túnicas, y está situada justo debajo del extremo izquierdo del escudo inferior, según la visión del espectador. En la misma hemos identificado las letras «Cag[/j]es»: la primera es capital y el resto son minúsculas; destaca la peculiar unión de la letra «a» con el molde de la letra «g/j».

Teniendo en cuenta la cronología de la pieza, ejecutada hacia finales de la década de 1580 según pone de manifiesto la donación regia de 1587 y el estilo impreso en el retablo del que opinamos formaban parte los lienzos, es posible identificar al autor de la firma con el pintor, natural de Arezzo, Patricio Caxes, Caxesi, Cajesi oCaxete[56]. La duda en la atribución de la rúbrica puede surgir si tenemos en cuenta que el también pintor Eugenio Cajés (1577-1642) fue hijo de Patricio, y heredero por tanto de su apellido y firma, «Caxes». Sin embargo, y dado que Eugenio sería demasiado joven en el momento del suscribir el encargo del relicario, ya que había nacido en Madrid en 1577, parece más acertado adjudicar el cuadro a su padre, cuyo estilo más tarde proyectaría su hijo en las obras que realizó durante las primeras décadas del siglo XVII.

En lo que respecta al cuadro dedicado al Martirio de San Mauricio y la legión tebana, la ausencia de firma se debe a las pésimas circunstancias de conservación que ha padecido el lienzo, lo que no obsta, sin embargo, para intuir que a la misma debieron corresponder las matizaciones de color situadas en el mismo lugar en que fue firmado su compañero, aunque hoy los trazos son ilegibles. A pesar de las diferencias que ambos cuadros presentan en su composición, es muy posible que los dos correspondan al mismo pincel: el corte en los rostros de los tebanos son idénticos en ambos casos, al igual que también ambas representaciones se caracterizan por una semejante sutileza en el tratamiento de los paños, perfecto conocimiento en el manejo de las escalas, conocimiento del color y fiel reflejo de la anatomía humana. Apoya nuestra teoría el cuadro que sin duda sirvió de base para la composición de nuestro Martirio, de cuyo autor fue amigo personal Patricio Caxés: nos referimos al Martirio de San Mauricio y la legión tebana que pintó el florentino Rómulo Cincinato (†1600) en 1582 para la Basílica de El Escorial, en sustitución de aquel otro realizado por El Greco el mismo año y que había sido rechazado por Felipe II[57]Patricio era amigo, compañero y conocedor de la obra de Rómulo; con él había llegado a España en 1567 y junto a él compartiría diversas empresas. A falta de un referente mejor, sin duda tomó como base para la composición de Majadas la existente en El Escorial, y la combinó con la obra de El Mudo sobre El martirio del Apóstol Santiago (1571) que antes hemos referido, dando lugar a una obra presa de la emoción que recogían las ideas contrarreformistas, dentro de un lenguaje tridentino dominado por la claridad, monumentalidad, lo verosímil y el decoro. La interpretación personal de Caxés está algo alejada de la retórica de Cincinato.

Patricio Caxés († 1612) era natural de Arezzo y ejercía con gran crédito su profesión en Roma cuando don Luis de Requesens, embajador de Felipe II en aquella corte, lo envió a España en 1567 junto a Rómulo Cincinato por encargo de su majestad. A su llegada a Madrid, fue señalado por el rey con un sueldo de 20 ducados al mes por tres años, en los cuales pintó al fresco, junto a Rómulo, dos piezas del Alcázar con sobrado acierto. Cumplido el plazo estipulado, Felipe II ordenó el 20 de septiembre de 1570 se le continuara pagando el salario estipulado. Por estos años realizó la traza para el retablo mayor antiguo de la iglesia de San Felipe el Real, dato este último que permite inferir que no fue un artista ajeno a la arquitectura lignaria. Parece ser que tras su intervención, a partir de 1608, en varios pasajes de las historia del casto José en la galería de la reina del palacio de El Pardo, donde también trabajó en los estucos, fue trasladado bastante enfermo a Madrid, donde falleció en agosto de 1612 de avanzada edad. Por los servicios que había prestado a Felipe II y Felipe III, el monarca concedió a su viuda, Casilda de Fuentes, y a sus ocho hijos una pensión de 2 reales diarios durante el año 1613. A la muerte de su madre, Lucrecia Caxés, hija asimismo del pintor aretino, recibió el 12 de septiembre de 1620 la suma de 50 ducados, sin duda en recuerdo de la memoria de su padre[58]. Entre otras intervenciones, aparte de la traducción del tratado de Giacomo Barozzi Vignola sobre La Regla de los cinco órdenes de arquitectura, impreso en 1593 en Madrid, cabe destacar las siguientes:

  • 20-septiembre-1570: Rubrica Felipe II la cédula en virtud de la cual prorroga por tres años los servicios de Rómulo Cincinato Patricio Caxés[59].
  • 28-marzo-1591. Junto a Diego de Urbina, participa en la tasación de la pintura ejecutada por Pelegrino Tibaldi en la Biblioteca escurialense. Las historias de la misma fueron tasadas por ambos artistas en enero de 1592[60].
  • 22-enero-1592. Patricio Caxés Diego de Urbina participan en la tasación de los tres cuadros que Pelegrino Tibaldi había pintado para el retablo mayor de la Basílica escurialense[61].
  • 22-enero-1592. Está documentado junto a Diego de Urbina trabajando en El Escorial[62].
  • 30-noviembre-1592. Junto a Diego de Urbina, participa en la tasación de los cuadros de San Miguel y el Martirio de Santa Úrsula y las Once mil Vírgenes ejecutados por Pelegrino Tibaldi para los altares laterales de El Escorial[63].
  • 23-julio-1593. Recibe, junto a Luis de Carvajal, 40 ducados por la tasación de las pinturas al fresco que había ejecutado Pelegrino Tibaldi en «las tres estaçiones fronteras de la escalera prinçipal del Monasterio» de El Escorial[64].
  • 5-agosto-1596. Junto a Bartolomé Carducho, se encargó de la tasación de varias obras: «un retablo chico, que está en Madrid, que dicen ser de Vicenta» y varios lienzos pintados por Juan Gómez para El Escorial, algunos de ellos copiados a partir de originales de El Mudo. En la misma fecha se encargó de tasar el retablo de la iglesia de San Bernabé, de El Escorial, al que ya nos hemos referido en este trabajo[65].
  • 12, 13, 14-diciembre-1599. Junto a Luis de Carvajal, se encarga de tasar varios cuadros que había ejecutado Martín Gómez para El Escorial, algunos de ellos destinados a los relicarios[66].

Todo lo aducido pone de manifiesto la calidad artística de dos obras que se encuentran hoy día en franco deterioro, sobre todo el Martirio: pérdida del óleo original, roturas, cosidos, etc.; y reclaman para estas dos piezas la necesaria y urgente restauración que les devuleva la prestancia por la que un día hizo fueron calificadas como originales de Tiziano Vecelio. Una pequeña inscripción, creemos que posterior, en el ángulo inferior derecho del lienzo antedicho pretendió en su día asegurar para la posteridad dicha atribución.

4. Conclusiones

Debemos concluir nuestro trabajo destacando los siguientes aspectos a modo de conclusiones:

  1. Desde 1859, fecha documentada con toda seguridad por una visita pastoral, la Parroquia posee un relicario con reliquias de los mártires tebanos y San Mauricio, y Santa Úrsula y las 11.000 vírgenes.
  2. Los cuadros estudiados estaban colocados como portada y contraportada del mismo, es decir, como el anverso y el reverso de la puerta que custodiaba las reliquias. Parece que El Martirio estaba situado en la parte exterior de la puerta y La Gloria en la parte interior.
  3. Como tantos otros bienes, este retablo-relicario llegó procedente de Yuste tras la entrada en vigor de las leyes y decretos desamortizadores de 1820. Es probable que se trasladaran a la parroquia entre 1821 y 1823.
  4. Sin embargo, la procedencia original de los cuadros (y las reliquias) puede ser El Escorial y su entorno artístico. La ejecución del testamento de Carlos V respecto a Yuste por parte de Felipe II, el afán de éste por coleccionar reliquias y el mecenazgo pictórico de su corte, son las únicas explicaciones posibles para la presencia de dos cuadros que creemos salieron de los pinceles del pintor de cámara Patricio Cajés, según documenta su firma en uno de ellos, y entraron a formar parte de un retablo ejecutado hacia finales de la década de 1587, una vez que llegó a Yuste la importante donación de reliquias que había dispuesto en este año Felipe II (entre ellas, una de los Mártires tebanos, varias de las 11.000 Vírgenes, etc.)
  5. Desde 1863 hasta 1887, la iglesia debió estar en un estado lamentable hasta el punto de dañar seriamente los lienzos. Aunque son retocados en ese último año, según un posterior inventario de 1893 se encuentran muy deteriorados.
  6. Sobre 1960, al volver los Jerónimos a Yuste, recuperan los bustos relicarios que contenía el altar, pero dejan los cuadros que, al menos desde 1947, fecha de publicación de la fotografía de José Ramón Fernández Oxea, se habían desprendido del mismo. El posterior desmontaje de la obra propició su ruina y, a la postre, el incendio de la pieza, exceptuando una de las columnas que todavía conserva la parroquia y el escudo, sito en la cercada de Casatejada. En recompensa por las piezas sustraídas, aún permanecen en Majadas dos relicarios.
[Pies de fotografías:]

Fig. 1. Majadas de Tiétar. Iglesia parroquial. Antiguo retablo-relicario procedente del Monasterio de San Jerónimo de Yuste (fotografía publicada en 1947 por don J.R. Fernández Oxea).

Fig. 2. Majadas de Tiétar. Iglesia parroquial. Óleo con la representación del Martirio de San Mauricio y la legión tebana.

Fig. 3. Majadas de Tiétar. Iglesia parroquial. Óleo con la representación de la Gloria de San Mauricio y sus compañeros mártires.


NOTAS:

[1] Cf. Florencio-Javier GARCÍA MOGOLLÓN, La arquitectura diocesana placentina en tiempos del Obispo don Gutierre de Vargas Carvajal (1523-1559), en «VIII Centenario de la Diócesis de Plasencia (1189-1989). Jornadas de Estudios Históricos» (Plasencia, 1990), pp. 561-581, esp. 569.

[2] Cf. José RAMÓN Y FERNÁNDEZ OXEA, Reliquias de Yuste, en «Archivo Español de Arte», T.º XX, n.º 77 (Madrid, 1947), pp. 54-55, figura 40.

[3] Cf. Fray José de SIGÜENZA, Segunda Parte de la Historia de la Orden de San Gerónimo Doctor de la Iglesia (Madrid, Impr. Real, 1605), p. 191, donde da noticias sobre los dos ermitaños que llegaron a Cuacos en 1402 a fin de fundar su modesto retiro en los terrenos que les cedió Sancho Martín, vecino de la villa.Vid., etiam, Fray Alonso FERNÁNDEZ, Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia (Madrid, por Ivan Gonçalez. A costa de la ciudad y de la Santa Iglesia de Plasencia, 1627) (Cáceres, 1952), Lib. I, cap. XXV, pp. 147-150; Fray Domingo G. María de ALBORAYA, Historia del Monasterio de Yuste(Madrid, Tip. Sucesores de Rivadeneyra, 1906), pp. 27 y ss. Abundantes datos y bibliografía aporta al respecto el trabajo de José Antonio RAMOS RUBIO,Yuste Imperial, Col. «Cuadernos Populares», n.º 48 (Mérida, 1993).

[4] En la Crónica del padre Sigüenza tenemos una preciosa narración de estos acontecimientos, desde la Abdicación Imperial hasta la muerte y entierro de Carlos en Yuste; Fray J. de SIGÜENZA, Tercera Parte de la Historia de la Orden de San Gerónimo Doctor de la Iglesia (Madrid, Impr. Real, 1605), pp. 186-206, Caps. XXXVI-XXXIX del Libro I.

[5] Cf. Pedro Antonio de ALARCÓN, Una visita al monasterio de Yuste (Madrid, 1873). Texto a su vez recogido en la obra El Monasterio de Yuste y la retirada del Emperador Carlos V. Textos escogidos de Fray José de Sigüenza, Fray Prudencio de Sandoval y D. Pedro Antonio de Alarcón (Jaraíz de la Vera, Ed. patrocinada por el monasterio de Yuste, 1975), p. 21.

[6] Cf. P. D.G. María de ALBORAYA, op. cit., p. 252. Los cinco lotes en los que se agruparon los bienes raíces del monasterio salieron a pública subasta entre los días 22 de marzo y 24 de abril de 1821: Archivo Histórico Nacional. Hacienda. Leg. 2456. En el tercer lote fue incluido el Palacio del Emperador, y el conjunto reseñado fue adquirido por el señor Borja y Tarrius por 1.000 pesetas.

[7] El inventario de los ornamentos de la iglesia está fechado el día 7 de noviembre de 1820, y del mismo se encargó don Faustino Pérez Bolívar, alcalde constitucional de la villa de Cuacos: Archivo Histórico Provincial de Cáceres (AHPCC). Hacienda. Sección Clero, Leg. 223, Exp. 5, sin foliar.

[8] AHPCC. Hacienda. Sección Clero. Leg. 223, Exp. 5, s.f. Este segundo inventario lleva fecha del día 15 de noviembre de 1820. Fueron responsables del mismo don Félix Luis Prieto Chamorro, comisario del crédito público, don Santiago García Rojo, contador, y don Antonio Alonso Varona, encargado por el señor intendente y asociados del reverendo padre fray Eugenio Delgado Garrido, Prior del convento. Todos los altares citados en el inventario habían sido vistos años antes por el viajero Antonio Ponz, que los describe del siguiente modo: «Las pinturas, y arquitectura de los altares de las reliquias tienen bastante regularidad: los demás son hojarascas posteriores»: Antonio PONZ, Viage de España, T.º VII (Madrid, Impr. de Joachin Ibarra, 1784. Ed. facsímil bajo el título Viajar por Extremadura, I. Salamanca, 1983), Carta VI, 14, p. 137. La cita es fiel reflejo una vez más de los dicterios que solía lanzar contra el Barroco y la complacencia que sentía ante el Renacimiento.

[9] Cf. José Ramón MÉLIDA ALINARI, Catálogo Monumental de España. Provincia de Cáceres (1914-1916) (Madrid, Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, 1924), T.º II, p. 75. Domingo Sánchez Loro afirma al respecto que en 1821 «las cosas de la iglesia –altares, imágenes, reliquias, vestiduras, órganos, facistol, sillería, etc.– las vendió el comprador sacrílego a las parroquias de los pueblos comarcanos, que las adquirieron –a veces sin necesitarlas–por evitar que fuesen destruidas o profanadas»: D. SÁNCHEZ LORO, La Inquietud Postrimera de Carlos V. T.º I, Tránsito ejemplar desde la fastuosidad cortesana de Bruselas al retiro monacal de Yuste (Cáceres, 1957), p. 443. A pesar de que en un principio la iglesia no fue vendida, es posible que de sus bienes sí se incautara este particular en nombre de la compra efectuada.

[10] Cf. Archivo Parroquial de Casatejada. Sección Economía y Documentación. Leg. 1, carpeta 16. «Copia de la circular recibida en siete de diciembre de 1823».

[11] Cf. Domingo SÁNCHEZ LORO, La Celda de Carlos V (Historia del Monasterio de Yuste) (Madrid, 1949), p. 99. Aunque la iglesia no fue vendida hasta 1838, lo cierto es que las tropas insurgentes que de ella se apoderaron en 1820 debieron causar verdaderos estragos en su mobiliario: cf. Ibid., p. 95. La intención que tenía el señor Tarrius de vender el monasterio a Napoleón III decidió, al fin, en verdadero gesto patriótico, la compra que hizo del conjunto el marqués de Mirabel: cf. Ibid., p. 100.

[12] Para la realización del inventario, la Diócesis de Plasencia nombró a don Pedro Sevilla, beneficiado de la S.I.C. de la ciudad, y a don Manuel Gabriel de León, cura rector de la parroquial placentina de San Esteban. Como objeto de interés artístico tan sólo se menciona «la ymagen de San Gerónimo en un escaparate de madera», tal vez la que hoy custodia la cercana parroquia de Cuacos: A.H.P.C.C. Sección Clero. Leg. 1, Exp. 2, fol. 3 vt.º.

[13] Cf. Luis CERVERA VERA, Juan de Herrera diseña el retablo de Yuste, en «Norba-Arte», T. V (1984), pp. 266-269.

[14] Aunque Fernández Oxea afirma que el órgano existente en Garganta la Olla procede de Yuste, lo cierto es que esta obra fue contratada por la parroquia el 4 de marzo de 1766 con el maestro toledano Pedro de Aneza.

[15] Cf. J.R. FERNÁNDEZ OXEA, op. cit., pp. 40-59.

[16] En el Archivo Diocesano no hemos logrado encontrar ningún documento sobre estos asuntos porque los que se conservan se refieren a arrendamientos de fincas y similares. Cf. Archivo Diocesano de Plasencia (A.D.P.), sala “B”, legs. «Amortización. 1835» (nº 321) y «Desamortización. 1835-1837» (nº 322). Tampoco la documentación sobre los obispos de la época contiene ningún elemento que nos interese. V. gr. las leyes de esos años que afectaron a la Iglesia (cf. A.D.P., sala “B”, leg. «Órdenes Reales. 1835-1839») o las visitas pastorales de la época (cf. A.D.P., sala “B”, Libro de Santa Visita. Año de 1783: el 20 de noviembre de 1783 en f. 62 y 62 vto.; A.D.P., sala “B”, Libro de Santa Visita. Año de 1834: el 31 de marzo de 1834 en f. 148 y 148 vto.; en 1878 en f. 244 vto.; el 7 de mayo de 1883 en f. 267 vto.; el 14 de mayo de 1888 en f. 264 vto. Por cierto, la visita de 1878 también está asentada en A.D.P., sala “B”, Libro de Registro de las Iglesias visitadas por el Ilmo. Sr. Dr. Don Pedro Casas y Souto, Dignísimo Obispo de esta Diócesis de Plasencia. Año de 1783, f. 18). Tampoco el Registro de aprobación de las cuentas parroquiales consigue alguna luz (cf. A.D.P., sala “B”, Libro de Aprobaciones de Cuentas de Fábrica, 146; en ese folio dedicado a Majadas, el último apunte es de 1912).

[17] Pascual MADOZ, Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. T.º XI (Madrid, 1848), p. 30. Los 16 volúmenes de la obra se editaron entre 1845 y 1850.

[18] Cf. J.R. MÉLIDA ALINARI, op. cit.,, 3 tomos.

[19] Cf. José Manuel GONZÁLEZ-VALCÁRCEL, El Monasterio de Yuste y su restauración (Madrid, 1983), pp. 31 y ss.

[20] Sobre el traslado de las piezas, González Valcárcel se expresa en los siguientes términos: «También se trasladaron los relicarios e imágenes como Ntra. Señora de Belén y otros altares restaurados, que pudieron recogerse»: Ibidem, p. 36.

[21] En 1881 el Libro de Cuentas de Fábrica de la iglesia registra un descargo, recibo n.º 7, de 106 reales «por componer lo undido en el tejado de la vóveda con inclusión de maderas y clavos». Tal hundimiento nos pone sobre la pista de la lamentable situación del templo. En efecto, en la Santa Visita del 6 de mayo de 1883, el Obispo Don Pedro Casas y Souto encuentra «todo con aseo y limpieza en cuanto lo permite el estado ruinoso del templo cuya obra de reparación es de indispensable necesidad». De hecho, en las cuentas de ese mismo año de 1883 se consigna «al maestro albañil que reconoció y tasó la obra de la Iglesia doce reales». Parece que la obra se acometió a partir de 1884 porque en las cuentas de tal año consta la habilitación de un local provisional para el culto y la visita de un arquitecto de Casatejada: «Al carpintero por hacer la mesa Altar, dos cajones a una mesa y puerta a las ventanas del local destinado para la celebración de los Divinos oficios, ciento cuarenta reales, recivo nº 4. Por hacer tres bastidores para las ventanas del local habilitado para los Divinos oficios, doce reales, recibo nº 5. Por blanquear el mismo local, recorrer el tejado y demás, sesenta y seis reales, recibo nº 6. Por codillos y cierres para el mismo local y arreglar los hierros para las ostias, cuarenta y seis reales, recibo nº 7. Por hir a por el arquitecto a Casatejada y bolverle a llevar, diez reales». La siguiente Santa Visita del Obispo Don Pedro Casas y Souto, el 14 de mayo de 1888, tan sólo refiere que lo encuentra todo «con aseo, limpieza y buen orden». Archivo Parroquial de Majadas de Tiétar (desde ahora, A.P.M.T.), L.C.F. y V., II (1850 a 1923), fols. 41 (cuentas de 1881), 43 vt.º (Visita del 6 de mayo de 1883), 42 vt.º (cuentas de 1883), 44 vt.º-45 (cuentas de 1884) y 50 (Visita del 14 de mayo de 1888). Cf. A.D.P., sala “B”, leg. «Templos» (nº 318), exp. «Expediente de reparación del templo parroquial de dicho pueblo. Urgentísimo. Año de 1883»: contiene una instancia del Párroco Eloy Herrera al Obispo Casas y Souto (17/3/1883, admitida a trámite el 7/4/1883); un informe del Ayuntamiento, visado por el párroco, sobre el estado del templo y un presupuesto de la obra (13/4/1883); un compromiso de cuestación vecinal para ayuda de la misma (22/4/1883); la definitiva aprobación del proyecto por parte de la Junta Diocesana de reparación de templos (19/5/1883); una orden del ministerio de Gracia y Justicia que obligaba a bajar el presupuesto de 16.765 ptas. a 6.000 ptas (18/4/1884) y otra que aceptaba definitivamente un montante de 9.000 ptas. (26/5/1885).

Uno de los apuntes del primer semestre del año de 1887 es muy importante para nuestro interés: «Por limpiar los lienzos del altar de las reliquias cuarenta reales, recibo nº 10. Por pintura para el retablo mayor y retocado de santos, doscientos reales, recibo nº 11. Por pintar el retablo mayor de la Yglesia, doscientos reales, recibo nº 12. Por el retocado de los santos del retablo mayor, doscientos reales, recibo nº 13». A.P.M.T., L.C.F. y V., II, fol. 48. Es decir, que tras la obra realizada a partir de 1884 y tras volver al templo rehabilitado, en 1887 se termina de adecentar la iglesia mediante la limpieza y retoque tanto del retablo mayor como del de las reliquias el cual efectivamente tenía dos lienzos, a saber, nuestros dos cuadros.

[22] Juan TEJADA Y RAMIRO, El Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento (Madrid, 1855), pp. 399-402. Crescenciano SARAVIA, Pbro, Repercusión en España del Decreto del Concilio de Trento sobre las imágenes, en «BSAA», T.º XXVI (1960), pp. 129-130. Todo ello traería como consecuencia el mercadeo de reliquias que circuló por Europa a partir del siglo XVI, y se mantuvo vigente durante las centurias siguientes del XVII y XVIII: cf. José Luis BOUZA ÁLVAREZ, Religiosidad Contrarreformista y Cultura Simbólica del Barroco (Madrid, 1990), pp. 32-34.

[23] Cf. Manuel FERNÁNDEZ ÁLVAREZ y José Luis DE LA PEÑA, Testamento de Carlos V. Edición facsímil de la Col. «Documenta»(Madrid, Editora Nacional, 1982), pp. 101-107, passim.

[24] Cf. L. CERVERA VERA, op. cit., p. 268, y nota 5 de la pág. 271.

[25] Cf. P. D.G. María de ALBORAYA, op. cit., p. 216. D. SÁNCHEZ LORO, La Celda…, op. cit., p. 91. Ambos autores se hacen eco de la obra de Fray Luis de SANTA MARÍA, Historia del Monasterio de San Jerónimo de Yuste. Manuscrito compuesto hacia 1619, hoy depositado en el Archivo del Monasterio de Santa María del Parral, fols. 717-720.

[26] Cf. D. SÁNCHEZ LORO, La Celda…, op. cit., p. 40.

[27] Teniendo en cuenta que la fotografía está revelada al revés.

[28] Cf. Juan José MARTÍN GONZÁLEZ, Avance de una tipología del retablo barroco, en «Imafronte». Especial dedicado a «El Retablo Español», n.os 3-4-5 (Murcia, Dpt.º de Publicaciones de la Universidad, 1987-89), p. 132.

[29] A.P.M.T., Libro de Cuentas de Fábrica y Visitas, II, fol. 17 vt.º. Tal arreglo de cerraduras con llaves bien pudo hacerse a lo largo del año siguiente según se desprende del siguiente descargo inserto en las cuentas de 1860: «A los albañiles y herrero por la obra del templo nobenta y dos reales». Ibíd., II, fol. 18 vt.º

[30] A.D.P. Sala “B”. Leg. Inventarios de Parroquias. 1893 (n.º 34). Exp. Arciprestazgo de Navalmoral de la Mata. Documento n.º 5, s.f. Evidentemente el Diccionario al que se refiere es el de Madoz.

[31] Ángel RUEDA GAJATE, Inventario artístico de la zona centro-este de la Diócesis de Plasencia, I (1971, pro manuscripto), s.f.

[32] Tres días después de que fueran presentadas las trazas y diseños de Juan de Herrera para el retablo, el contrato para su construcción fue suscrito el 10 de enero de 1579 con los italianos Jacome da Trezzo, Juan Bautista Comane y Pompeyo Leoni, que se comprometieron a realizar la pieza con arquitectura de mármol y escultura de bronce: cf. Jean BABELON, Jacome da Trezzo et la construction de l´Escurial. Essai sur les arts à la Cour de Philippe II, 1519-1589(Bordeaux-París, 1922), pp. 294-297, Doc. 23. Archivo General de Simancas, Obras y Bosques, Escorial, leg. 8: Madrid, 23 de mayo de 1580, donde hace referencias a la primera escritura. La cita completa está recogida en el trabajo de Margarita ESTELLA MARCOS, El retablo mayor de la basílica, en «La Escultura en el Monasterio del Escorial». Actas del Simposium (Madrid, 1994), p. 110, nota 11. Vid., etiam, J.J. MARTÍN GONZÁLEZ, Estructura y tipología del retablo mayor del Monasterio de El Escorial, en «Real Monasterio de El Escorial. Estudios inéditos en el IV Centenario de la terminación de las obras» (Madrid, C.S.I.C., 1987), pp. 203-220. Ambos trabajos cuentan a su vez con abundantes citas bibliográficas.

[33] El retablo del altar mayor de la iglesia de los jesuitas en Villagarcía de Campos (Valladolid), fue dibujado por Juan de Herrera en su ordenación arquitectónica al mismo tiempo que el de El Escorial. De su ejecución se encargó el escultor Juan Sanz de Torrecilla, que lo dio por concluido en 1582, tres años después de haberlo comenzado: cf. José CAMÓN AZNAR, Escultura y rejería españolas del siglo XVI, T.º XVIII de la Col. «Summa Artis» (Madrid, 1961), p. 389.

[34] Cf. Jesús Miguel PALOMERO PÁRAMO, Juan de Oviedo «El Viejo» y el retablo del «Camino del Calvario» del Monasterio de Santa María de Jesús, de Sevilla, en «Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología de Valladolid», T.º XLVII (1981), pp. 430-434.

[35] Cf. Carmen GARCÍA-FRÍAS CHECA, La obra de los entalladores José Flecha y Martín de Gamboa en el Monasterio de El Escorial, en «La Escultura en el Monasterio del Escorial». Actas del Simposium (Madrid, 1994), p. 394; en p. 474 se publica la fotografía.

[36] Cf. Francisco ABBAD RÍOS, Catálogo Monumental de España. Zaragoza, T.º I (Madrid, C.S.I.C., 1957), p. 349. La fábrica arquitectónica, de tipo herreriano, se terminó en 1613 con los diseños del arquitecto Gaspar de Villaverde: cf. Eugenio LLAGUNO Y AMIROLA, Noticia de los arquitectos y arquitectura de España desde su restauración, T.º III (Madrid, 1829) (Madrid, Ed. facsímil de la editorial Turner, 1977), pp. 151-152; F. ABBAD RÍOS, op. cit., p. 347. Ambas referencias citadas a su vez por L. CERVERA VERA, op. cit., p. 270, notas 32 y 33.

[37] Cf. J.J. MARTÍN GONZÁLEZ, El concepto de retablo en El Greco, en «Studies in the History of Art» (Washington, National Gallery of Art, 1984), pp. 115-119.

[38] Cf. Fray L. de SANTA MARÍA, op. cit., fol. 717.

[39] Cf. Ibidem, fol. 721.

[40] Véanse los inventarios citados de 1820.

[41] Cf. F.J. GARCÍA MOGOLLÓN, Viaje artístico por los pueblos de la Vera (Cáceres). Catálogo Monumental (Madrid, 1988), p. 161. IDEM (Dir.),Inventario Artístico de Cáceres y su provincia. Tomo I. Partidos judiciales de Alcántara y Cáceres, y comarca de la Vera de Cáceres (1989) (Madrid, M.º de Cultura, 1990), pp. 285-286.

[42] Respecto a Santa Úrsula y la leyenda de las once mil vírgenes[42], hoy se coincide en admitir este núcleo histórico: en el siglo III ó IV, algunas vírgenes cristianas, quizás nativas de Gran Bretaña, fueron martirizadas en Colonia a su vuelta de una peregrinación a Roma. Su culto se difundió durante la reforma carolingia (s. VIII-IX) y Santa Úrsula llegó a ser patrona de Colonia y de su Universidad; incluso en 1536 Santa Ángela de Mérici funda una congregación con su nombre y patrocinio, las ursulinas: cf. V. SAXER, Úrsula y las 11.000 vírgenes, en A. DI BERARDINO (dir.), Diccionario Patrístico y de la Antigüedad Cristiana(Madrid, Ed. Sígueme, 1991-1992), p. 2169; P. GUERANGER, El año litúrgico. V (Burgos, Ed. Aldecoa, 1956), pp. 663-666. Merece la pena consignar que un conocido manual de Historia de la Iglesia enumera estas mártires, junto con los agaunenses, entre los últimos coletazos de la persecución de Diocleciano. Cf. B. LLORCA, Historia de la Iglesia. I. Edad Antigua (Madrid, 5ª ed., BAC 54, 1976), pp. 328-329. Vid., etiam, Santiago DE LA VORÁGINE, La Leyenda Dorada(Madrid, 1982), T.º II, pp. 677-681. Louis RÉAU, Iconographie de l´Art Chrétien (Paris, 1955-59). Para nuestro trabajo seguimos la reciente traducción de la obra, Iconografía del arte cristiano. Iconografía de los santos, T.º 2, Vol. 5 (Barcelona, 1998), pp. 300-304. Destaquemos el testimonio que otorgaba sor Margarita de la Cruz, sobrina de Felipe II, sobre las reliquias de estas Vírgenes: «Las Reliquias que tiene truxo su Magestad consigo de Alemania, y aunque las más son de Santos muy conoçidos, entiéndese que son las de la Vírgenes de la compañía de las onze mil que abía muchas que se llamarían cecilia caterina barbara y otros nombres a este modo que así lo oy hartas vezes de su Magestad que aya gloria. A 13 de septiembre 1603. Sor Margarita de la Cruz»: Juan Manuel DEL ESTAL, Felipe II y su archivo hagiográfico de El Escorial, en «Hispania Sacra», Vol. XXIII, n.os 45-6 (Madrid, C.S.I.C., 1970), p. 291.

[43] La tradición cristiana identifica a Robustiano, Marcos y Paulino como algunos de los mártires de Tréveris (hoy ciudad de Alemania –en Renania-Palatinado–, aunque fue capital de la Galia desde finales del siglo III hasta 395, cuando pasa a Arlés. Su Obispo era elector del Imperio), sede episcopal de cuya regencia estaba encargado el último de los citados, San Paulino, que sería desterrado por el emperador Constancio, arriano, por haberse negado a firmar las actas del Concilio de Arlés del 353. De destierro en destierro lo fueron llevando hasta las tierras en donde no se conocía el nombre cristiano. Finalmente, murió en Figia hacia el año 358, donde el Señor le concedió la gloriosa corona de mártir: cf. J. CROISSET, Año Cristiano. Agosto. VIII (Barcelona, 1854), p. 529. CH. PIETRI y CH. MUNIER, «Tréveris»,en A. DI BERARDINO (Dir.), Diccionario Patrístico…, op. cit., pp. 2154-2155.

[44] Nacida en Siena hacia 1347 (o 1337), era la vigésimoquinta hija de un tintorero llamado Jacopo Benincasa. Los votos de virginidad que hizo a los siete años la condujeron a ingresar a los 16 en la tercera orden de Santo Domingo, no sin antes luchar contra la oposición manifiesta de su familia y el destino al matrimonio que su madre había dispuesto para ella. Durante su estancia en el convento llevó una vida ascética que terminó arruinando su frágil salud. Como recompensa a las curaciones que practicó en leprosos y cancerosos, Cristo le mostró la herida de su costado y luego la desposó místicamente poniéndole un anillo en el dedo. Se la ha glorificado por su contribución al traslado del Papa Gregorio XI a Roma desde Aviñón, al que había escrito en marzo de 1376 pidiéndole reformas en la Iglesia, su regreso a la ciudad y el inicio de la Santa Cruzada. El 18 de junio de 1376 se entrevistó personalmente con el Sumo Pontífice, que inició el retorno el 13 de septiembre de ese mismo año y llegó a San Pablo extramuros el 17 de enero de 1377. El papel de Santa Catalina de Siena está siendo muy revisado actualmente, ya que su influjo en la vuelta a Roma del Papa tras la estancia francesa debió ser, junto a la de Santa Brígida, mucho menor de lo que se pensaba en tiempos de Felipe II contra la Reforma Protestante: cf. R. GARCÍA VILLOSLADA y B. LLORCA, Historia de la Iglesia Católica. III. Edad Nueva (Madrid, 2ª Ed. en BAC, 1967), pp. 175-181. Vid. etiam, L. RÉAU, op. cit., T.º 2, Vol. 3 (Barcelona, 1997), pp. 284-285.

[45] Cf. Fray L. de SANTA MARÍA, op. cit., fol. 720.

[46] Ibidem.

[47] Cf. J.M. DEL ESTAL, op. cit., p. 194. Este artículo promete la edición de un inventario detallado de las reliquias: cf. ibid., 266. De los envíos de Alemania, cabe destacar, por ejemplo, alguno del arzobispo de Colonia: cf. ibid., p. 284; y el de Tréveris: cf. ibid, p. 268. Además se informa de la llegada de la reliquia de Santa Catalina de Siena: cf. ibid., p. 277.

[48] Cf. L. CERVERA VERA, op. cit., p. 267 y, sobre todo, nota 10 en las pp. 272-273. La escritura de fianzas otorgada el 24 de julio de 1580 contiene también las condiciones del contrato. Fue dada a conocer en la obra de Fray Julián ZARCO CUEVAS, Pintores Españoles en San Lorenzo de El Escorial (1566-1613)(Madrid, 1931), pp. 190-197.

[49] Museo Nacional del Prado. Catálogo N.º 432.

[50] Cf. Fray J. de SIGÜENZA, Historia de la Orden de San Gerónimo (Madrid, 1605) (Madrid, Ed. de 1988), p. 631.

[51] F.J. ZARCO CUEVAS, Pintores españoles…, op. cit., p. 205.

[52] San Mauricio y la legión tebana fueron martirizados durante la persecución de Diocleciano a finales del siglo III o principios del siglo IV en Agaune (territorio de un cantón suizo, hoy San Mauricio, Valais). Su culto en ese lugar es muy antiguo según demuestran las excavaciones, que han sacado a la luz una basílica del siglo IV adosada a la montaña, reconstruida en el siglo V en el centro de un área funeraria de la misma época. Por lo que sabemos de su passio, compuesta a mediados del siglo V por Euquerio, santo obispo de Lyon, se trata de una legión egipcia, de Tebas, compuesta por cristianos que fueron decapitados por negarse a sacrificar a los dioses paganos antes de entrar en combate. Su fiesta se celebra el 22 de septiembre y la tradición ha conservado algunos nombres de estos mártires también llamados agaunenses: Mauricio, Exuperio, Cándido, Víctor, Inocente y Vidal. El dato más relevante para nuestro interés es que su veneración está muy vinculada a las casas reales, especialmente a la casa de Saboya, y a algunas órdenes militares. Así la Orden del Toisón de Oro le tiene igualmente por patrono, lo que explicaría la devoción que le profesaba Felipe II: cf. V. SAXER, Mauricio, Santo, en A. DI BERARDINO (dir.), Diccionario Patrístico…, op. cit., p. 1399; C. SÁNCHEZ ALISEDA, San Mauricio y compañeros mártires, en L. DE ECHEVERRÍA y otros (dirs.), Año Cristiano III (Madrid Ed. BAC 185, 1959), pp. 758-763; P. GUERANGER, El año litúrgico. V, op. cit., pp. 463-464. Vid., etiam, lo que al respecto narra S. DE LA VORÁGINE, op. cit., T.º II, pp. 607-611. L. RÉAU, op. cit., T.º 2, vol. 4 (Barcelona, 1997), pp. 381-385, en cuyas series iconográficas sólo habla, con respecto al Martirio, del cuadro del Greco sobre el mismo tema que posteriormente referiremos.

[53] Patrimonio Nacional. Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Inv. 10014608); F. J. ZARCO CUEVAS, Pintores españoles…, op. cit., pp. 11-12.

[54] Véase, por ejemplo, la armadura de don Juan de Austria (c.1575. Viena. Kunsthistorisches Museum) o el anónimo dibujo de un casco conservado en el Archivo General de Simancas, en Valladolid. Vid., al respecto, VV.AA. Felipe II. Un Monarca y su Época. Las tierras y los hombres del rey. Catálogo de la Exposición (Valladolid, 1998), Cat. n.º 218 (pp. 405-406) y Cat. n.º 175 (p. 368), respectivamente. Un diseño semejante podemos contemplar en la armadura de parada

[55] Es símbolo de su ánima imperecedera y de la salvación futura, como pone de manifiesto el emblema CCX de Alciato: cf. Santiago SEBASTIÁN LÓPEZ, Santiago, Alciato. Emblemas (Madrid, 1985), p. 251.

[56] Tomamos las variantes del nombre de la obra de Juan Agustín CEÁN BERMÚDEZ, Diccionario Histórico de los más Ilustres Profesores de las Bellas Artes en España (Madrid, Impr. de la Viuda de Ibarra, 1800), T.º I, p. 305. Vid., etiam, E. BÉNÉZIT, Dictionnaire critique et documentaire des Peintres, Sculpteurs, Dessinateurs et Graveurs (Paris, 1976), T.º II, p. 608.

[57] Cf. J.A. CEÁN BERMÚDEZ, op. cit., T.º I, p. 334; F.J. ZARCO CUEVAS, Pintores italianos en San Lorenzo el Real de El Escorial (1575-1613)(Madrid, 1932), pp. 177 y 179-180, donde describe el cuadro del siguiente modo: «El santo y esforzado Capitán está rodeado de los suyos y mira al cielo, donde ve a Jesús acompañado de ángeles. En un segundo término los campeones cristianos son acuchillados por sus verdugos». A pesar de que el cuadro de Rómulo Cincinato fue elegido por el monarca en lugar de la composición que había entregado El Greco, que fue relegada a la sacristía de capas, el hecho de que Felipe II pagara al cretense la importante suma de 800 ducados, frente a los 550 en que fue tasada la obra de Cincinato, refleja el gusto de un rey que, en su faceta pública, no podía aceptar la obra del artista afincado en Toledo por no corresponder su planteamiento con el estilo entonces demandado. Sobre la intervención del Greco pueden consultarse las siguientes obras: Cornelia von der OSTEN SACKEN, El Escorial, estudio iconológico (Madrid, 1984), p. 38; Fernando CHECA,Pintura y escultura del Renacimiento en España (Madrid, 1983), p. 325; Alfonso RODRÍGUEZ G. DE CEBALLOS, La repercusión en España del decreto del Concilio de Trento acerca de las imágenes sagradas y las censuras al Greco, en «Studies in the History of Art, El Greco: Italy and Spain», 13(1984), pp. 153-158; J. BURY, El Martirio de San Mauricio y la legión tebea, obra del Greco, en «Reales Sitios», n.º 91 (Madrid, Patrimonio Nacional, 1987), pp. 21-35; Agustín BUSTAMANTE GARCÍA, Gusto y decoro. El Greco, Felipe II y El Escorial, en «Academia», n.º 74 (Madrid, Real Academia de BB.AA. de San Fernando, 1992), pp. 170-174.

[58] Cf. J.A. CEÁN BERMÚDEZ, op. cit., T.º I, pp. 305-306.

[59] Cf. F.J. ZARCO CUEVAS, Pintores italianos…, op. cit., pp. 181-182.

[60] Cf. Ibidem, pp. 253-260.

[61] Cf. Ibidem, pp. 260-262.

[62] Cf. F.J. ZARCO CUEVAS, Pintores españoles…, op. cit., p. 185.

[63] Cf. IDEM, Pintores italianos…, op. cit., pp. 266-267.

[64] IDEM, Pintores españoles…, op. cit., pp. 97-98. Vid., etiam, del mimo autor, Pintores italianos…, op. cit., pp. 267-269.

[65] IDEM, Pintores españoles…, op. cit., pp. 124-126.

[66] Cf. Ibidem, pp. 135-137.

Oct 011999
 

Domingo Quijada González.

Introducción

Cualquier escolar extremeño -por poner un ejemplo significativo- conoce la existencia de esta comarca cacereña, situada al noreste de nuestra Comunidad. Sin embargo, lo que no todos saben -y en este apartado incluimos a una extensa representación de los más variados estamentos- es que el Campo Arañuelo no abarca sólo los actuales límites provinciales o autonómicos, ya que su extensión geográfica e histórica es mucho más amplia. Existen otros muchos casos similares a éste, pero ahora vamos a centrarnos en el que encabeza esta ponencia.

Han transcurrido ya 166 años desde que Javier de Burgos (Ministro de Fomento bajo el reinado de Fernando VII) lleva a cabo la nueva división de España en provincias, resucitando la implantada durante el Trienio Constitucional o Liberal (1820-1823), y que ha sobrevivido hasta hoy con algunas pequeñas variaciones. En ese año de 1833 crea, así mismo, el cuerpo de subdelegados de Fomento, que posteriormente se convierten en los gobernadores civiles posteriores.

La idea y puesta en práctica no era descabellada, ni estaba exenta de cierto racionalismo y practicismo, conscientes los liberales de que era el mejor medio para controlar el absolutismo fernandino, así como para descentralizar la política y administración de España, partiendo de ciertas referencias geográficas, históricas y culturales.

Pero, en numerosos casos -como éste que vamos a analizar-, fue imposible reagrupar y organizar de un modo racional y coherente pueblos y comarcas con un trasfondo geográfico, étnico, histórico, económico y cultural común. A veces, debido a la conveniencia de aprovechar murallas naturales (ríos, montañas, etc.) que sirvieran de fronteras o límites de referencia; otras, motivado por conveniencia o confluencia de intereses para ciertos sectores sociales (nobleza, clero, burguesía, etc.). Estos estamentos se establecían en la capital de España, o estaban aglutinados en lugares determinados donde se establecerá la capital de provincia correspondiente (como Toledo y Cáceres, que son los casos que más nos interesan en estos momentos); coartando, en muchos casos, la evolución de otras localidades potencialmente más activas, que verán frenada su histórica o incipiente expansión: Talavera de la Reina y Plasencia, por ejemplo.

Lo que podía haber sido un modelo positivo de comarcalización y desarrollo en todos los sentidos, se convierte en una distribución irracional e ilógica muchas veces, el establecimiento de una serie de virreinatos o reinos taifas controlados por la capital de España o la provincial, en beneficio de una oligarquía que sólo buscaba sus propios intereses -generalmente-.

Según anticipaba, en 1833 se delimita la actual división en nuestra zona: el Campo Arañuelo y La Jara quedan desgajadas y repartidas (como el que parte y distribuye una tarta) entre Toledo y Cáceres, y la Vera Alta cacereña (Madrigal, Villanueva, Viandar, Valverde y Talaveruela) es separada de su secular área de influencia (Oropesa y Talavera). Algo parecido le ocurrió a Candeleda, Poyales del Hoyo, Ramacastaña o Arenas de San Pedro (por poner otros ejemplos manifiestos), que se incorporan en Ávila para compensar la pérdida de posesiones abulenses en este sector que estamos analizando (parte del Campo Arañuelo, tanto en el sector cacereño como en el toledano -sobre todo en este último-).

Con las Desamortizaciones de Mendizábal (1835-1837) y Pascual Madoz (1855), la situación empeora en lugar de mejorar: la burguesía capitalista e industrial accede a la posesión de la tierra (surgiendo nuevos latifundios) y de bienes urbanos (incluyendo industrias y otras actividades económicas). La nobleza y los nuevos terratenientes agrarios se unen en defensa de sus intereses comunes, sin que les importara mucho la dependencia administrativa o jurisdiccional de sus propiedades; aunque, a veces, movieron los sutiles hilos que controlaban el Estado modificando ciertos límites preestablecidos, para hacerlos corresponder con sus particulares centros comarcales o provinciales de poder; y, en otros casos, también adquieren bienes en esas demarcaciones que les eran favorables -y que controlaban-.

El federalismo, que emanaba del cantonalismo que surge con la Primera República (1873), ve cómo sus esperanzas se desvanecen con el fracaso de ésta. Con la Restauración Borbónica se vuelve a la situación anterior: en realidad, nada había cambiado.

Durante el siglo XX todo sigue igual, fuera bajo el sistema de monarquías más o menos autoritarias o constitucionales, o bajo las Dictaduras de Primo de Rivera y Franco. Las Autonomías y Mancomunidades conseguidas o proyectadas durante la 2ª República fenecen con la Guerra Civil.

Con el restablecimiento de la Democracia y la aprobación de las Autonomías se consiguen grandes logros, pero ciertos conceptos están obsoletos: pueblos y comarcas llamadas a vivir unidas, y a desarrollarse conjuntamente, se ven coartadas por los trámites burocráticos que los gobiernos regionales o autónomos conllevan.

Hoy se aboga por un sistema de estructuración comarcal, en base a elementos geográficos e históricos, como el mejor modelo para generar riqueza y equilibrar servicios; pero, en nuestro caso común, nos encontramos con esas trabas autonómicas que lo frenan.

Para finalizar este apartado, he de manifestar que no pretendo la creación de macrocomarcas, ni defendemos la creación de una nueva provincia, o que reneguemos de nuestra Autonomía actual; sino la coordinación y expansión de las comarcas ya estructuradas, así como el establecimiento de unos mayores lazos de unión entre las zonas intercomunitarias. Lo contrario sería ir en contra de unas raíces y unos objetivos comunes. La filosofía de este trabajo casa con algo que es evidente:

    • Nunca se podrá desligar la interrelación que existe entre el Campo Arañuelo cacereño y el toledano, su origen común.
    • Jamás, estando tan próximas ambas parcelas -y de acuerdo con el apartado anterior-, hubo menos contactos y relaciones profundas (en el verdadero sentido): tanto económicas, como sociales y culturales (e, incluso, otras muchas más).

Y, como prueba de lo aseverado, exponemos diferentes muestras del origen común y de las relaciones históricas que hubo entre el sector oriental cacereño y el occidental toledano:

  • La Historia más remota

En la antigüedad, esas relaciones ya fueron evidentes, como se desprende de los restos que se conservan en las dos demarcaciones. Es algo elemental, ya que nuestros antecesores no entendían de separaciones (aunque tuvieran sus propias propiedades o áreas particulares). Veamos los casos más notables:

    • Prehistoria:

Muchos de los útiles hallados en Herreruela (To), el río Guadiervas (To) o en el arroyo Fresnedoso (ambas provincias) son similares a los que hemos encontrado en las terrazas del Tajo y Tiétar (sobre todo en el término de Peraleda de la Mata -CC-). Los prehomínidos del Paleolítico o los homínidos del Neolítico recorrieron la llanura del Campo Arañuelo buscando los frutos silvestres, la caza, pastoreando o practicando los primeros cultivos.

Rutas norte-sur (que comunicaban los ríos antes citados, de acuerdo con el desplazamiento de los animales), u oriente-occidente (sobre todo a lo largo del Tajo), servían de tránsito a los animales y sus capturadores (aunque, numerosas veces, el término cazador-víctima se invertía con suma facilidad). De este modo, entonces se inician los primeros trueques comerciales e intercambios culturales (además de otras relaciones evidentes, incluyendo las posibles rivalidades y disputas por el control del territorio y sus bienes).

Numerosos poblados calcolíticos o neolíticos, con similar utillaje y otras manifestaciones materiales y culturales, se reparten por toda esta zona geográfica.

    • Protohistoria:

El período orientalizante y las corrientes culturales mediterráneas o centroeuropeas, cuya fusión con la población autóctona peninsular existente en esta demarcación dará lugar a un mosaico de pueblos que se mantendrá hasta su conquista por Roma, nos dejarán unas huellas patentes en todo este territorio. Unas veces en forma de poblados -incluyendo los Castros de la Edad del Hierro-, otras a través de un legado más amplio.

La propia escultura zoomorfa, como los verracos que se conservan en Torralba de Oropesa (To), no se distinguen de los existentes en el sector de la Jara cacereña (Valdelacasa y Villar del Pedroso); ya que los vettones, sus escultores, dominaron toda esta zona (hasta la Carpetania, a partir de Talavera de la Reina).

    • Los Romanos utilizaron su calzada romana que, aunque unía la Lusitania y tierras portuguesas con Toledo, Madrid y Zaragoza (entre otros lugares), ponía en comunicación todo el Campo Arañuelo; surgiendo villas rurales en sus márgenes, con similares elementos constructivos, productivos y útiles de toda clase. Incluso levantan el posteriormente denominado Puente del Conde (cerca de Berrocalejo, hoy bajo las aguas del embalse de Valdecañas), para enlazar la Jara y los Ibores (a la vez que Augustóbriga o Talavera la Vieja) con la calzada anterior (y las tierras toledanas de Calzada de Oropesa y sus alrededores).
      Curiosamente (aunque es lógico, por lo explicado antes), en Caleruela (To) se encontró (en 1963, en una excavación realizada en el templo parroquial) un inscripción dedicada a la diosa lusitana Ataecina, con culto muy extendido por gran parte de la Lusitania.
    • También los visigodos se dieron una vuelta por ambas zonas, como se deriva de los restos aparecidos en la Malhincada oropesana (To) o en el castillo de Alija (CC). Del mismo modo, muchas de las villas romanas anteriores fueron reutilizadas por los nuevos invasores, manteniendo parecidos aprovechamientos.
    • Y no digamos los árabes, que no quisieron ser menos y, aunque el Arañuelo y su entorno no fue muy del agrado de los sarracenos, hubo algunos lugares aislados de esta zona que sí fueron habitados por los musulmanes, con importantes asentamientos de mozárabes, renegados, muladíes ybereberes: en el área de Oropesa (To), en la Jara toledana (Sevilleja, La Cordobilla, Belvís de la Jara, Azután, etc.), en la Jara cacereña (Castros, El Marco, El Espejel, El Castillejo, Alija, Peñaflor, etc.) y en el Campo Arañuelo (Albalat, Almaraz, Alarza, etc.). Precisamente, cuando en el siglo X surge la provincia o kora militar musulmana de Albalat, casi todo este territorio estuvo bajo su jurisdicción, formando una unidad cuya sede estaba en Albalat (Romangordo, CC): hasta Vascos (Navalmoralejo, provincia de Toledo, cerca de Puente del Arzobispo), donde comenzaba otra kora.
  • La Reconquista

En el proceso histórico siguiente, durante esta fase, casi toda esta demarcación siguió las mismas pautas de recuperación y repoblación:

En los siglos XI y XII tiene lugar la última etapa de la Reconquista en nuestra zona. En esa época, el Campo Arañuelo era un territorio inestable y de máximo riesgo, por las frecuentes razzias que los contendientes de ambos bandos organizaban en terreno del contrario. Es ahora cuando los cristianos conquistan la zona: en el año 1082 Ramón de Borgoña, al frente de un ejército de abulenses, cruza Gredos y llega hasta el Tajo por este sector, fortificándose en Oropesa. Aunque volverá a ser tomada por los árabes y, más tarde, recuperada por los castellanos. En ese siglo XII, casi todo el Arañuelo (cacereño y oropesano) dependerá de la jurisdicción de Ávila. Después, Plasencia y Talavera se unen contra esa ciudad, repartiéndose esta zona: aunque un sector, como las tierras del Conde de Miranda (El Gordo, Berrocalejo, Talavera la Vieja, Bohonal, Valdeverdeja y otras alquerías menores) seguirá perteneciendo a Ávila (incluso el Señorío de Oropesa, en ciertos aspectos -como el religioso o administrativo-, continuará dependiendo de Ávila).

  • La repoblación del Campo Arañuelo

Será en el siglo XIII, tras la Reconquista, cuando el Campo Arañuelo goza de la suficiente tranquilidad para iniciar su repoblación. Pero este proceso fue conflictivo, lento y variado:

– Llegan los primeros colonos, que posiblemente procedieran del mismo tronco: no se conoce la procedencia exacta de estos pobladores que constituyen el germen histórico de la comarca, aunque lo más probable es que tuvieran raíces en los serranos de Ávila, que aprovecharon la llanura para la invernada de sus ganados. Por ello cobraría sentido la mencionada alianza entre los concejos de Talavera de la Reina y Plasencia, tendente a limitar la progresión abulense que ya había ocupado un sexmo, llamado de Las Herrerías, desde la Puebla de Naciados hasta la vega de Alarza (Peraleda de la Mata, en el Tajo). También vendrían numerosos mozárabes, moriscos y judíos, sobre todo de Talavera; y castellanos, leoneses y de otros parajes más lejanos.

La influencia de estos abulenses será muy grande en la zona que estamos analizando, donde dominan la tierra de Oropesa, Peñaflor y otros lugares (incluyendo los del citado Señorío del Conde de Miranda); fundando Puebla de Naciados en 1275: también denominada Puebla de Santiago (debido a su patrón), Santiago del Arañuelo o Puebla de los Espías (con moriscos espías de los abulenses, a los que llamaban enaciados). Esas relaciones pueden apreciarse muy bien por los topónimos (que ya veremos al final), folclore y otros aspectos culturales.

A la villa de Puebla de Santiago del Arañuelo (como también se conocía a la Puebla de Naciados) pertenecían las alquerías mayores de El Gordo (CC), Berrocalejo (CC) y Valdeverdeja (To); más las menores de El Bravo, El Merino (ambos, topónimos ganaderos, como es evidente) y El Bañuelo (denominado así, quizá, porque hubo unos baños romanos en ese lugar), todos ellos situados en la actual provincia hermana. Lugares, como podemos apreciar, hoy repartidos entre ambas provincias.

– A partir del siglo XIII, toda esta zona sería lugar elegido por la Mesta (que controlaba la lana, una de las actividades económicas más importante en aquella época) como invernadero para sus ganados; fundando alquerías que, posteriormente, darían lugar a muchos de los pueblos actuales de esta comarca. Para permitir la transhumancia, se establecen las vías pecuarias: cañadas, cordeles y veredas.

A nuestra comarca le afectaba la Cañada Real Leonesa Occidental (con sus redes secundarias), que bajaba por el Puerto del Pico, tras el que se bifurcaban varios ramales para salvar el Tajo en su camino hacia el Sur: Talavera de la Reina, Puente del Arzobispo y puente del Conde (por La Jara y Las Villuercas); o el que, tras cruzar Ventas de San Julián (cuyo origen y nombre están ligados a la misma, como es obvio) y Navalmoral, corría paralelo a la antigua calzada romana (por Saucedilla, Almaraz, Miravete y Trujillo). Tras la dehesa del Espadañal se desviaba otro cordel en dirección a Plasencia por Casatejada, Toril (nombre ganadero, igual que Millanes, Majadas y Valdehúncar) y La Bazagona.

– Así como por los golfines, bandas de salteadores de caminos y ganado, que recorren esta comarca y que se refugian en los montes próximos (Villuercas y ramales) tras sus correrías. Para remediar este problema, los reyes (entre otras acciones) fundan Señoríos y plazas fuertes en esta comarca: incluyendo los de Oropesa, Belvís y Almaraz (que más adelante se unirían, como veremos).

– De esa época, me llama la atención el Privilegio concedido por Alfonso X el Sabio en 1274, cuando la repoblación de Oropesa (y que puede leerse en un banco de la plaza de esa localidad toledana: «Porque, antiguamente, el castillo de Oropesa fue hecho para guardar el Campo Arañuelo» (así consta literalmente, y sobran explicaciones acerca de su verdadero significado).

Después conceden a Oropesa otro Privilegio, según el cual podía contar con una Feria entre la segunda quincena de abril y la primera de mayo; a la que, como es de suponer, asistirían los vecinos de todo el Campo Arañuelo, sin distinciones de ninguna clase. También comienza a contar con Mercado, el día 13 de cada mes; curiosamente, entre los de Navalmoral (día 10) y Talavera de la Reina (el 15): prueba de la organización itinerante de los mismos, de las relaciones existentes entre los principales municipios de la zona.

– Políticamente, los primeros lazos formales se inician cuando Estefanía Fernández de Monroy, viuda del primer señor de Oropesa (don García Álvarez de Toledo, 1366-1370, con el que no tuvo hijos) e hija de Hernán Pérez de Monroy, contrae matrimonio con García González de Herrera, 1º Señor de Serrejón. Aunque sólo fueron relaciones matrimoniales, como podemos apreciar.

Transcurren los años, pero esas relaciones no desaparecen, ni siquiera disminuyen. De este modo, el 2º señor de Oropesa (Fernán I Álvarez de Toledo, 1371-1403), pugna con Plasencia por el control y posesión del Arañuelo.

  • La Campana de la Mata

Surge así la Campana de la Mata (y otras, como la de Albalat), con el fin de proteger a las alquerías recién fundadas de los nobles, que pretenden ampliar sus territorios a base de usurpaciones, así como de lo privilegios de la Mesta. De esta forma Valparaíso, que hasta mediados del siglo XV perteneció al Condado de Oropesa, pasa a la Campana de la Mata. También formaron parte de la misma Navalmoral de la Mata, Peraleda de la Mata, Millanes, Torviscoso y la Malhincada cacereña, en torno a la iglesia de Santa María de la Mata (cuyas ruinas son conocidas hoy como «Torre de San Gregorio», debido a una posterior cofradía de hortelanos allí instalada).

La Campana fue una institución medieval promovida por la Iglesia que, al querer atender espiritualmente a la población pastoril dispersa, buscando un nexo de unión entre ella, instituyó parroquias rurales. La Campana cumplía, pues, una doble función cívico-religiosa: ya que, además de Parroquia, era Concejo.

Pero, a mi entender, las relaciones más importantes que hubo en el Antiguo Régimen fue a través de los siguientes hechos:

  • La unión de los Señoríos de Oropesa y Almaraz-Belvís

Sería muy extenso plasmar aquí el origen y evolución de esos tres Señoríos (quien desee tener una mayor información acerca de ellos, tengo publicados varios libros sobre los pueblos de esta comarca donde lo expongo; además, existe una amplia bibliografía acerca de este tema), por lo que sólo analizo la etapa de unión:

Don Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa (1542-1571), Tercer Conde de Oropesa, casa con Dª Beatriz de Monroy y Ayala, 8ª Señora de Belvís y 2ª Condesa de Deleitosa; uniendo enormes territorios a los suyos: Condado de Deleitosa y Señoríos de Belvís y Almaraz (Fresnedoso y Mesas de Ibor, Campillo de Deleitosa, Robledollano, Valdehúncar, Valdecañas, Almaraz, Belvís de Monroy y otros).

Además de los lugares citados, poseía otros en el sector del Campo Arañuelo toledano: Caleruela, Calzada de Oropesa, Herreruela, Lagartera, Torralba de Oropesa, Torrico (cuyo Rollo o Picota es muy parecido al de Navalmoral y otros lugares de esta zona) y Ventas de San Julián. Por tanto, aunque sólo fuera bajo la jurisdicción de los Álvarez de Toledo, a mediados del siglo XVI se produce la primera unión de gran parte del Campo Arañuelo.

Con don Fernando, el Condado de Oropesa alcanza su mayor esplendor económico, artístico y territorial; empleando sus riquezas en construir hospitales, conventos, iglesias o ayudar a los más necesitados. Aunque presta más atención al sector toledano que al cacereño, al menos en obras.

Bajo el mandato de don Fernando, y el de su hijo Juan, se fundan tres conventos en esta zona (debido a la influencia de San Pedro de Alcántara, ya que ambos eran muy amigos: San Pedro fue confesor del primero): el de Rosarito (en 1557, también llamado de Nuestra Señora del Rosario, cuyas ruinas aún se aprecian junto al embalse de Rosarito, en el Tiétar), San Juan de la Penitencia de Deleitosa (o de la Viciosa, entre 1559 y 1560) y San Juan de la Penitencia de Belvís de Monroy (en 1582, bajo el mandato del IV Conde de Oropesa: Juan García Álvarez de Toledo Monroy, hijo de Fernando). Todos ellos estuvieron coordinados, a través del mencionado santo (a quien este año homenajeamos a través de los presentes Coloquios), y mantenían actividades y reglas similares.

Sin embargo y como ya hemos anticipado, en ese siglo XVI, Navalmoral, Peraleda de la Mata (que había pertenecido en el siglo XIV al Señorío de Almaraz), Valparaíso (que antes fue de Oropesa, según decíamos), Millanes, Torviscoso y Malhincada formaban la mencionada Campana de la Mata. Pero las relaciones eran grandes, como veremos más tarde.

  • El Señorío del Conde de Miranda

Pero, además del señorío jurisdiccional antes citado, en la Edad Media tenemos otras muchas tierras que son concedidas a la nobleza. En unos casos son adquiridas o usurpadas por ellos mismos, en otros se trata de donaciones reales como medio para defenderse de los Golfines; aprovechando los reyes la ocasión para premiar acciones de guerra (o de cargo), a lo largo de los siglos XIII y XIV. También fue otro método para asegurar e incrementar las repoblaciones, a costa de los Concejos de Plasencia y Talavera de la Reina que pierde así territorios (aunque pasan a manos de algunos de sus vecinos). Este último fue el caso de Puebla de Naciados y de su entorno.

Ya decía que, en 1275, los abulenses fundan Puebla de Naciados. Pues bien, en el año 1300 aparece Peñaflor en manos de caballeros también de Ávila (Martín Martínez y Muñoz Rabiz), en cuyo poder permanecerían bastantes años.

En 1480, aseguradas ya las fronteras con el Islam (reinado de los Reyes Católicos), Diego López de Zúñiga (o Stúñiga, de la familia de idéntico apellido, señores de Béjar y Plasencia entre otros lugares), II Conde de Miranda del Castañar, hereda de su padre (D. Pedro de Zúñiga) unos territorios que Juan II de Castilla le había concedido (en 1423) a la caída de su valido (don Álvaro de Luna); entre los que se incluía el Castillo de Alija y sus tierras, a ambos lado del Tajo, incluyendo a la Puebla, El Gordo, Berrocalejo, Valdeverdeja y otros lugares. Una de las primeras actuaciones fue la de reparar el derruido puente romano ubicado entre Alija y Peñaflor, por lo que desde entonces recibe el nombre de Puente del Conde, para que por él pasaran los ganados de la Mesta: cobrando los impuestos correspondientes o pontazgo y arrendándoles tierras.

El hijo de Diego, Juan de Zúñiga y Avellaneda, funda el Mayorazgo de su nombre (Miranda del Castañar), confirmado y aprobado por el emperador Carlos V, con jurisdicción sobre Puebla de Naciados y el castillo de Alija (con su tierra, que se extendía hasta Bohonal a través de Talavera la Vieja). Ya vimos las aldeas que dependían de Puebla de Santiago del Arañuelo.

Igual que en el Señorío anterior, el señor del lugar (aunque en este caso el Conde de Miranda) era dueño de la jurisdicción; es decir, que nombraba a los cargos de justicia y Ayuntamiento (alcalde, regidores, escribanos, etc.); de ciertos derechos fiscales como las alcabalas (el 10 % de las ventas), onceavos u oncenos (la onceava parte de las cosechas y ganados), tercias decimales, etc.; y de algunas grandes propiedades rústicas, como la famosa dehesa del Guadalperal y otras ya mencionadas (El Merino, Valdelaosa, El Bravo, Chozas y El Bañuelo), sobre las que los vecinos poseían determinados derechos, como el aprovechamiento gratuitos de los siguientes bienes: hierbas de primavera, pastos de verano, la bellota que caía al suelo (granillo) y la leña de la mitad de la citada dehesa del Guadalperal (2.185 hectáreas).

Algunos de estos usos vecinales estaban motivados por la transhumancia, llamándose baldiaje: el ganado de los habitantes del pueblo aprovechaba los pastos al marcharse el de la Mesta, cuando llegaba el verano (el señor ya había cobrado). Pero dará lugar a numerosos conflictos más adelante.

Así pues, numerosos vecinos del amplio y global Arañuelo estaban sujetos a normativas y actividades similares.

  • El Monasterio de Yuste

Tan ligado a Extremadura y a los últimos años de Carlos I, pudo convertirse en realidad gracias al mecenazgo de don García II Álvarez de Toledo (1403-1444), 3º Señor de Oropesa (no confundir con el 3º Conde de Oropesa, don Fernando Álvarez de Toledo y Figueroa, que dirigió la casa condal entre 1542 y 1571, según decíamos).

Don García se convirtió en el verdadero promotor de este monasterio extremeño, así como el primer director de su Patronato. Concedió las tierras donde se ubica a los primeros ermitaños (Juan de Robledillo y Andrés de Plasencia), ya que su extenso territorio abarcaba el entorno de Jarandilla (donde sus herederos edificarán un palacio o residencia de verano, también convertido en Parador de Turismo), construyó la primera iglesia, el dormitorio, las celdas y resto de dependencias; y les dotó con los medios y fondos necesarios para asegurar el sustento de los frailes.

Más adelante, los frailes jerónimos del Monasterio de Yuste levantaron un convento en Puebla de Naciados, junto a la iglesia de Santiago (cuyas ruinas aún se observan), relacionando todavía más a esta zona.

  • La Memoria de Vázquez

Ya hemos hablado otras veces de ella pero, dada su relación con el presente tema, hemos de volver a mencionarla.

En 1560, don Francisco Vázquez, vecino y mayordomo del citado Conde de Oropesa D. Fernando Álvarez de Toledo, donó los beneficios del Censo que poseía sobre parte de la Dehesa Boyal de Calzada de Oropesa (en realidad fue su esposa, María Ponce, la donante); disponiendo que se repartieran cada año doscientas fanegas de pan (mitad de trigo y mitad de cebada) a 25 pobres de la Villa de Oropesa y su tierra; de la Villa de Santiago del Arañuelo (Puebla de Naciados) y su tierra (El Gordo y Berrocalejo); y de los lugares de Valparaíso, Peraleda de la Mata y Navalmoral; por iguales partes. Es decir, a cada pobre cuatro fanegas de trigo y cuatro de cebada cada año, además de 2.000 maravedíes a cada uno (58 reales): el primer año en Oropesa, el segundo en Puebla de Santiago y el tercero en Navalmoral, Peraleda y Valparaíso. Nombra Patronos al Conde de Oropesa y sucesores en este Condado, juntamente con dos Alcaldes ordinarios y dos Regidores, los más antiguos de Oropesa, con encargo de cobrar las rentas y repartirlas en la forma indicada.

Después evolucionará con algunos cambios, hasta llegar a nuestro siglo: disminuyó la cantidad (100 fanegas anuales en total) y se modificó el baremo a repartir entre los pueblos.

Aunque la limosna era escasa, a lo largo de los 378 años que se mantuvo (desde 1560 hasta 1938, aunque era perpetuo…) fueron muchos los kilos donados; y puede que, en muchos casos, salvaran vidas (por ello, en 1917, el Ayuntamiento moralo le dedicó una plaza). Y, como podemos apreciar, los beneficiarios serían los pobres de todo el Arañuelo, sin distinciones geográficas de tipo alguno.

  • El Obispado de Ávila

Abarcaba ambos lados -Toledo y Cáceres- del Arañuelo y, aunque sólo fuera en el apartado religioso, creemos oportuno mencionarlo dada su relación con este tema: varias iglesias de esta zona pertenecían al mismo -algunas hasta hace poco-, y que tuvieron su origen en el mencionado tema de la Reconquista.

Las parroquias de su jurisdicción eran éstas: Alcañizo (Toledo), Berrocalejo (Cáceres), El Gordo (Cáceres), Guadiervas, (Toledo), Lagartera (Toledo), Oropesa (Toledo), Puebla de Naciados (Cáceres), Torralba (Toledo) y Valdeverdeja (Toledo). Pero, a su vez, las iglesias anexas a las anteriores (el resto de los pueblos del Arañuelo toledano) también dependían del obispado.

  • La evolución posterior

Durante la Edad Moderna, y más tarde, todos los pueblos de ambos sectores del Arañuelo sufren penalidades comunes: epidemias de peste u otras, emigración a América y conflictos bélicos. Entre estos últimos, destaca la presencia de ingleses y portugueses, que asolan casi todo el Arañuelo durante la Guerra de Sucesión(1701-1714); llegando a desaparecer muchos pueblos de esta zona, que desde entonces están despoblados: como Valparaíso (Peraleda de la Mata), Malhincada (Navalmoral), Campillo de Belvís, La Anguila (Serrejón), Piñuelas (Casas de Miravete), etc.

Por entonces -o un poco después- surge la Feria de San Marcos, que celebraban los del Arañuelo en la dehesa de sus nombre (o de San Benito), a donde asistían los vecinos de toda esta zona el 25 de abril, para vender y comprar de casi todo, a la vez que aprovechaban la ocasión para mostrar e intercambiar los bailes, canciones y costumbres de cada lugar: muchas aún perduran, con grandes similitudes en los diferentes municipios.

Y se inicia el siglo XIX con un nuevo enfrentamiento militar: esta vez por culpa de la Guerra de Independencia, que vuelve a sumir a los vecinos del amplio Arañuelo en el dolor, la muerte o la miseria. Pero, como en el caso anterior, también se recuperan.

  • Desaparición de los Señoríos

Exponemos este hecho porque, en ciertas fases y procesos, unió a los habitantes del Arañuelo en su conjunto. Me explico:

– A finales del siglo XVIII la casa de Oropesa había recaído en la de Alba, cuando muere sin sucesión el 12º Conde de Oropesa (María Ana López Fernández y Pacheco, 1729-1768); heredando su bienes y jurisdicción su primo, Fº de Paula de Silva, XII Duque de Alba y 13º Conde de Oropesa.

Mª del Pilar Teresa Cayetana de Silva, hija del anterior, le sucede como 13ª Duquesa de Alba y 14º Condesa de Oropesa. Pues bien, en 1802 muere Cayetana de Alba sin que tuviera hijos, por lo que todos sus bienes pasan a la Corona. Esta noticia llena de gozo a las localidades bajo su jurisdicción (incluyendo a las del Arañuelo), que declaran fiesta el 3 de agosto de ese año (en algunos pueblos de su dominio pican los escudos del Rollo, símbolo del Señorío).

Sin embargo, José Mª Bernardino Fernández de Velasco (1783-1851, embajador y consejero de Estado), Duque de Frías, reclama (él o su padre, Diego López Pacheco Fernández de Velasco, XIII Duque de Frías) al Consejo de Castilla como legítimo heredero del Condado de Oropesa, pues era primo de Cayetana; ganando el pleito el 4 de octubre de 1806.

El Ducado de Alba pasará, desde entonces, a los Fitz James Stuart (duques de Berwick).

Deleitosa, Almaraz, Cabañas, Jarandilla y Tornavacas, todas ellas del Condado de Oropesa, pasan a la jurisdicción de la Corona: ya que se habían quedado sin sucesión directa por la muerte de Cayetana, y porque procedían de donaciones reales en la Edad Media. Nos referimos al gobierno, ya que el titular de la tierra seguirá siendo el heredero del Condado: el Duque de Frías. En algunos lugares, el señor consolidó el derecho de terrazgo, que gravaba ciertas fincas con el cobro de una renta anual fija en especie: como en Valdehúncar y Mesas de Ibor.

Pero, la lógica alegría del Duque de Frías sufriría varios reveses: el 2 de mayo de 1808 estalla la Guerra de Independencia; y, en 1811, la Constitución de las Cortes de Cádiz («La Pepa») disuelve los Señoríos Jurisdiccionales (Decreto del 6-VIII-1811).

Tras el fin del conflicto, en 1814 regresa el rey Fernando VII, que deroga esa Constitución y leyes anteriores. Por lo que, de nuevo, estas tierras vuelven al Ducado de Frías.

Sin embargo, con el «Trienio Liberal» (1820-1823) reponen la Constitución anterior (tras la sublevación de Riego), incluyendo la eliminación de los señoríos; a la vez que se inicia la Ley General Desamortizadora. Tras la muerte del rey y bajo la regencia de su viuda (Mª Cristina de Nápoles), la Constitución Liberal de 1837 (Real Decreto 26-X-1837) revierte a la Corona las tierras condales, al disolver el Régimen Señorial: los señoríos jurisdiccionales (administración del municipio) pues, como decía, permanecen los territoriales o patrimoniales (las fincas).

Los nobles se apresuran a legalizar su situación y posesiones en los Juzgados de 1ª Instancia (recién creados), presentando en los títulos de adquisición de los señoríos. Pero muchos carecían de ellos, por lo que surgen numerosos contenciosos.

– Respecto al Señorío del Conde de Miranda, sufrió un proceso similar (incluso, como ahora veremos, en algunos caso conjunto):

A finales del siglo XVIII encontramos que el Conde de Miranda era don Pedro de Alcántara López de Zúñiga y Álvarez de Toledo, familia de los Condes de Oropesa y de los Duques de Alba.

En ese siglo XVIII, el Condado de Miranda se une con los Condes de Montijo por medio de matrimonios. Y, a mediados del siglo XIX, ambos títulos se asocian al Ducado de Alba pues, en 1844, casa Mª Francisca de Sales Portocarrero Palafox y Kirkpatrick, IX Condesa de Montijo (hermana de la famosa emperatriz de Francia, Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III), con Jacobo Luis Fitz-James Stuart (XV Duque de Alba, que también era el 8º Duque de Berwick).

Muchos asocian las propiedades de esa zona, incluyendo El Guadalperal, con los Duques de Peñaranda. Pues bien, se trataba de la misma familia: los Fitz-James Stuart; ya que el primer Duque de Peñaranda (ya en este siglo), que heredó las propiedades del antiguo señorío del Conde de Miranda en este sector, era hijo y hermano de los Duque de Alba; por lo que están emparentados los actuales (primos). Es tradicional que los herederos de ambos títulos lleven el nombre de Jacobo, simple o compuesto: nombre muy inglés, patria de los Fitz-James Stuart.

Más tarde, otro aspecto favorecedor de estas relaciones fue la mejora de las comunicaciones; pues, a partir de entonces, los municipios del Arañuelo podrán comunicarse mucho mejor:

    • En 1854, tras la reconstrucción del puente de Almaraz (1845), se inaugura la Carretera de Extremadura, sobre el Camino Real (que permitía comunicar, a la vez, parte del Campo Arañuelo) y antigua calzada romana (que fue el primer nexo viario).
    • Tras varios proyectos, llega el ferrocarril en 1877 a Oropesa y, un año después, a Navalmoral; completándose la línea Madrid-Lisboa tres años más tarde.
    • Respecto a otros apartados sepamos que, a finales del siglo pasado, los quintos del Campo Arañuelo ingresaban en la Caja de Reclutas nº 50, de Talavera de la Reina, antes de ser destinados a sus definitivos Regimientos.
  • El siglo XX

Todo este sector geográfico inicia el siglo XX como terminó el anterior, con un crecimiento demográfico lento (con retrocesos a veces) y superando crisis constantes: económicas, epidémicas, políticas (el caciquismo imperante y sus pucherazos o compra de votos, coacciones electorales y amenazas en el trabajo, etc.) y sociales (grandes diferencias y enfrentamientos). Situación que se reiteraba con gran profusión en todo el Arañuelo, sin distinciones de ninguna clase (dado el latifundismo dominante); lo que, a menudo, unía a sus pueblos y ciudadanos, para intentar remediar los casos más aciagos.

Y, como es lógico, tampoco descuidaban los contactos festivos y los habituales actos competitivos. Así, por ejemplo, en los felices años 20 surge el fútbol en nuestra comarca: sobre todo en los núcleos más populosos, caso de Talavera de la Reina, Oropesa y Navalmoral, alternando la diversión y la evidente rivalidad local y comarcal. Y si nos referimos a Navalmoral, el «Moralo F.C.» es fundado en 1921, aunque no comienzan a competir con otras poblaciones hasta 1922 (especialmente en las vacaciones, ya que la mayoría de sus integrantes eran estudiantes). No sólo se enfrentaban los equipos comarcales ya citados (caso del C.D. Oropesano), sino que también lo hacen con otros más lejanos: de Cáceres, Plasencia y Trujillo.

Pero, como es natural, hubo otras conexiones más serias y trascendentales. Como la que tuvo lugar en marzo de 1934, cuando el alcalde de Calzada de Oropesa convoca una reunión de alcaldes de la zona, con el fin de pedir la construcción del pantano de Rosarito -pendiente de resolución- y no permitir el trasvase del Tajo al Segura, reconociendo la importancia que dicha obra tendría para el Arañuelo, «con más de 5.000 parados forzosos en la zona entonces». Además del de Calzada (como es lógico), asisten los de Oropesa, Lagartera, Valdeverdeja, Puente del Arzobispo, Herreruela, Navalcán, Torralba de Oropesa, Ventas de San Julián, Parrilla y Caleruela, todos ellos de la provincia toledana; más los cacereños de Peraleda de la Mata y El Gordo. No asiste el alcalde moralo, porque dimiten 8 de los 10 ediles, pero «se adhiere a la propuesta».

En ese mismo año, el alcalde de Valdeverdeja busca apoyos para que la carretera que estaban construyendo (El Gordo-Berrocalejo) continuara hasta esa localidad, «para completar las comunicaciones (sólo tenían camino a Talavera) y solucionar el paro existente».

Sería largo y tedioso enumerar todos los acontecimientos que nos evocan las numerosas relaciones que han existido a lo largo de la historia. Para no cansarles, les cito la última: el folklore, incluyendo las tradicionales bodas y su rico cancionero (o el típico baile de la manzana), que era muy similar en el sector oriental del Arañuelo cacereño limítrofe con Toledo (Peraleda de la Mata, El Gordo y Berrocalejo).

En la actualidad, muy pocas son las actividades comunes (al menos a nivel institucional) entre ambas comarcas. Ni siquiera en temas deportivos (ya que los equipos federados pertenecen a diferentes delegaciones), a pesar de la proximidad física y de otros lazos (incluyendo los familiares, ya que los matrimonios entre miembros interprovinciales son muy comunes, por razones obvias). Y, muchas veces (lo que es más triste y preocupante), escasean las actividades culturales comunes o compartidas, debido a las trabas o dificultades administrativas y económicas que surgen a menudo: por ejemplo, es más fácil y económico para el ayuntamiento de cualquier municipio cacereño contratar a un grupo artístico extremeño que a otro toledano de similares características (o viceversa), al disponer el primero de apoyo o subvenciones de la Junta de Extremadura. En este sentido, uno de los pocos casos que conocemos es el de la liga de fútbol sala femenina…

  • Como muestra final de esas relaciones, presentamos algunos ejemplos de la Toponimia, con nombres repetidos en ambos sectores:
    • El Alcornocal: diversas dehesas y lugares llevan este nombre en toda la zona, en ambas zonas, por razones obvias.
    • La Atalayas: labrantío en Torralba (To), también el origen de Talayuela (CC).
    • El Calvario: cerro de las Ventas de San Julián (To), así como de El Gordo (CC).
    • El Campillo: paraje de Torralba (To) y Belvís de Monroy (CC).
    • Carcaboso: arroyo de Calzada de Oropesa (To) y del Tiétar (CC).
    • Carrascalejo: despoblado de Calzada (To) y pueblo de la Jara cacereña (CC).
    • El Chaparral: dehesas y parajes en diversos lugares = Oropesa (To), Berrocalejo (CC), El Gordo, Navalmoral (CC), etc.
    • Dehesa Nueva: existen en los términos de Oropesa, Navalmoral y Casatejada (CC).
    • Fresnedoso: arroyo común a ambas zonas, pueblo de los Ibores (CC).
    • Higuera: al sur de Herreruela (To) y pueblo próximo a Miravete (CC).
    • Macarra: dehesa de Toril (CC), similar a la de Macarreda (Lagartera, Toledo).
    • Malhincada: despoblados de Herreruela y Navalmoral.
    • Parrillas: despoblado de Oropesa y arroyo de Navalmoral.
    • Porquerizos: arroyo de Oropesa y de Toril.

Y hay otros que hacen referencia a los primeros repobladores abulenses, como Navalmoral (hay un Navalmoral de la Sierra en la provincia de Ávila) o Peraleda (también existe en la anterior provincia otro pueblo de nombre similar: Navalperal); que también se repiten en la provincia de Toledo, en los bordes del Arañuelo: Navalmoral de Pusa, Los Navalmorales (antes llamado Navalmoral de Toledo) y Navalmoralejo.

Oct 011999
 

Ignacio Plaza Rodríguez.

La Cantamplina: Nos vamos a ocupar de esta finca del actual T. M de Aldeacentenera por ser la primera de la que existe un documento que nos da a conocer detalles interesantes para el estudio de este pueblo y de la evolución de la propiedad, sus valores y datos de las Capellanías.

En el año 1507, día 25 de mayo, Doña Isabel Álvarez de Paredes, mujer de Gonzalo Valverde, funda sobre las rentas de su finca, la Cantamplina, una Capellanía Colativa, servidora a Santa María la Mayor de la ciudad de Trujillo. Se establece un censo de 104 misas anuales por el alma de la fundadora.

En el año 1850, era arrendatario de la finca el granjero Telesforo María Tovar Cercas, natural de Aldeacentenera. El año 1860, continúa el arrendatario y el 4 de Julio, a las cinco de la mañana, se procede al acto de toma de posesión por sus dueños, Marqueses de Santa Marta, Condes de Torres Arias y señores Gordón y Golfín. Actúa de Secretario don Federico Acedo. Se penetra en la finca, se arrancan hierbas y plantas, se recorren sus lindes; no existiendo oposición.

El 13 de enero 1876, compra Telesforo Tovar la mitad 105 Ha, en la cantidad de 60.000 reales, a Don Manuel María Grande y Valdés; el 15 del mismo mes y año, el mismo arrendatario, compra ¼ parte, 53 Ha, en la cantidad de 7,500 pts a Don Luis Quirós Carvajal. Adquiere por tanto las ¾ partes en 90.000 reales de vellón. Quedan 53 Ha, de D. Juan Carvajal y Ulloa.

De acuerdo con la Ley de Madoz, 1855, se redime el censo de las 104 misas en la cantidad de 30.000 reales. Doña Isabel ha soportado más de 36.000 misas; su esposo ninguna. Se han efectuado las liquidaciones pendientes con certificados de los sacerdotes, donde consta recibieron las cantidades adeudadas.

Gastos e ingresos en reales, de renta anual etc. de la Cantamplina.

Detalle de misas desde 1844 al 1861, 18 años por 104 misas, por 4 reales, 7.488

Renta desde 1844 al 1848, cinco años a razón de 1600 reales…….. …… 8.000

Renta “ 1849 “ 1858, 10, años .a razón de 1750, “………………….. . 17,500

Renta desde 1859 “ 1861 3, años a razón de 2.100, “….……………………..6.300

Gastos de visitas a finca durante 17 años a razón de 2 reales……………………..….34

Contribución de dieciocho años……. ……………………… ……….4.206

Administración de la finca, décima parte de la renta……………….. 31.800

”Suman los gastos durante estos años. 14,908 reales 17 céntimos.

Dª María Jesús, nieta de Telesforo, compra, 1923, en 35.mil ptas la ¼. El resto.

La propiedad rural en este Arrabal

Si tenemos en cuenta los datos del Sacerdote, Don Tomás Esteban y González que envía al Obispado de Plasencia, referidos al año 1785 y los de Don Pascual Madoz del 1846, tenemos, –los dos lo afirman de forma rotunda- “los vecinos no poseen las fincas, sus dueños las arriendan a ganaderos y que no existe T.M.

No se ajusta totalmente a la realidad. Los vecinos son dueños, del terreno de sus dos Ejidos; el Centenera y el Ansadero, que se les conceden durante el reinado de Don Pedro I de Castilla, de unas 70 Ha, cada uno.

Los Ejidos. El conocimiento y evolución de esta propiedad vecinal y sólo para vecinos con el privilegio de las cinco cosas vedadas a la ganadería trashumantees de interés, tratamos de propiedad rural.

Ejido Centenera. Tiene el nombre de su agrupación vecinal o moradores, en alguna historia se dice Centenera del Monasterio o de los Frailes. Lo encontramos como toponímico en apellido; Pero Alonso; Antón y Juan de Centenera. Sin duda más impórtate y más poblado que el Ansadero. El año 1822, debido a una Ley, que ordena se vendan todos aquellos ejidos cuyo sentido haya desaparecido (no tener vecinos), está muy próximo a desaparecer. Su Alcalde, tal vez un Portillo, (no he conseguido el permiso para conocerlo), consigue que continúe como propio del pueblo.

Ejido Ansadero. De menos importancia y población, se transforma en Aldea Nueva, al realizar la Puente del Conde. No tenía sentido el llamarse Ansadero que era el nombre común de todos los ejidos. Los vecinos de Centenera, al traer a sus hijos a bautizar a esta iglesia dicen; “moradores en Centenera” Fue por lo tanto distinto núcleo humano.

Tenía en principio el Ansadero tres Erillas, donde los vecinos trillaban sus mieses y servía de expansión para los niños y personas del pueblo Erillas de Arriba, donde se construye, en el 1828, por una asociación de vecinos el Cuartel de la Guardia Civil, que antes estuvo en la Plaza de España, actual casa de D. Manuel Murillo. Con posterioridad en esta Erilla: Grupo Escolar, Gimnasio, Silo y un Centro de Transformación.

Erillas hacia Deleitosa, Modernamente se ha vendido o donado a un vecino que ha realizado una construcción.

Erillas hacia el Pozo de las Cadenas, Se ha donado o vendido a ganaderos, muchos ni son vecinos, para construir una quesería. Algo que legalmente no se puede hacer. ¿Por qué no se hizo esa obra unos metros más allá, en el resto del Matorral? Los aldeanos dóciles y sumisos, han aguantado estos desmanes. Si alguno se ha permitido censurarlo, se le culpa de cerril. Bienes irrecuperables.

Las cercas que rodean al pueblo, las más antiguas pertenecieron al Ansadero; muchas anteriores a Madoz.

Si bien la propiedad rural, Suertes y Dehesas, no se adquieren por aldeanos hasta después de la desamortización de Madoz, conocemos una forma de explotar las tierras, en la cual los granjeros locales juegan un papel importante.

Las familias, Rangel, Vivas, Marcos, Lasso Calderón, Mariscal, González, y al final del siglo XVIII, los Monterroso, Martín, Tovar, etc. figuran como esforzados arrendatarios, que al desaparecer los nobles a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, dirigen las explotaciones y al final, algunos compran las Suertes y Dehesas.

Un fuerte arrendatario, es más importante que un pequeño propietario. Sólo dos familias; Telesforo e Hilario Tovar, por una información mayor, llegada por los de Vega; se convierten en importantes propietarios. El enriquecimiento de los Tovar, es rápido; las dos de Vega, son ricas y aprovechan la compra de bienes depreciados.

Si modernamente, los Domínguez y los Ritos, no hubiesen sido indecisos, tendrían sus hijos algunas dehesas. La suerte no pasa dos veces por la misma puerta.

Fincas compradas por aldeanos durante el siglo XIX. Ley de Madoz.

Ha sido Aldeacentenera, un pueblo de esforzados arrendatarios, por ello de interés conocer cómo eran aquellos contratos de arrendamiento.

Tenemos el original de un Contrato de Arrendamiento; familia Vivas Mariscal. De uno de los hijos, Miguel Vivas Mariscal y María Gutiérrez García, pasa a su hijo Eusebio Vivas Gutiérrez, después a su hija Margarita y yerno Pedro González Fernández, para terminar en Jerónimo González Vivas, nieto de Eusebio, bisnieto de Miguel.

CONTRATO: El arrendatario garantiza su gestión con su hacienda y responde a “uso de buen labrador”: Sembrar con aprovechamiento, trigo, cebada y avena en hojas iguales, que señala el guarda, representante del dueño.

La inseguridad es permanente, de tres a cinco años; aunque en el caso de cinco se podía desahuciar a los tres. Se especificaba: “dejar la finca sin que sea preciso el desahucio, en el mes de diciembre del segundo año para que el nuevo arrendatario pueda hacer el barbecho. Finca de 720 fanegas, condiciones:

1º. Arrendamiento por 4 años, desde 1892, al 1896, si precisara desahucio todos los gastos por cuenta del arrendatario. 2º. Pasto y labor, ésta no mayor de 1/3; las hojas en un solo sitio y no sobre rastrojo o al pelo. 3º. Los ganados dormirán en la finca mediante redes. 4º. Se entregarán las llaves de las puertas cual se reciben. 5º. Se procurará tener claras las lindes. 6º. Precio, 2.750 ptas anuales, en dos plazos de 1.375 ptas cada uno. Los días 6 de junio y 15 de septiembre.

Pago en plata u oro, con exclusión de papel moneda y calderilla. 7º. Se fijan fechas en que se ha de hacer el barbecho. 8º. Por ninguna causa podrá pedir rebaja en dinero, con renuncia a fuero del arrendatario. 9º Prohibición total del subarriendo. 10º. Todo el ganado, aperos, barbechos, etc, quedan afectos al pago, permitiendo el embargo de todos o parte de sus bienes. Los pagos al fisco; contribuciones e impuestos, por el arrendatario.

Reserva del propietario: leña, carbón, casa, agua, montanera.

A riesgo y ventura. “Pase lo que pase”. Todos los años podrá –si pide rebaja por alguna causa: cosecha catastrófica, incendio, peste, etc- desahuciarse. La renta cuando sea en grano, ha de reunir éste la calidad normal. (Peso fanega.)

Estas fueron las condiciones que sufrieron los arrendatarios aldeanos.

Aldeanos compradores de fincas, a partir de la Ley de Madoz, 1 mayo 1855. Se determina en ella. “Que todos los predios rústicos y urbanos, censos y foros del Estado y Corporaciones se vendan en subasta pública”.

Bienes de propios. Los Toconales. En Pública Subasta, en Cáceres, el día 21 de diciembre 1859, compra D. Francisco Cipriano Sánchez, persona interpuesta, para los vecinos de Aldea; Telesforo Mª. Tovar Cercas e Hilario Tovar Marcos, ambos arrendatarios y el segundo sacristán de esta Iglesia. Se hace escritura pública en Trujillo en Enero del 1860, pagándose en su totalidad.

El día 28 de noviembre del año 1864, comparecen; Telesforo de 39 años, Hilario de 39, y Juan González Rangel de 38 años, en representación de los 48 vecinos y hacen escritura de venta, en Trujillo, del vuelo de las acciones de monte de los Toconales, Valdeorellana y las Casas de Yuste

Toconal de Arriba; lo adquieren Telesforo y Joaquina de Vega Rodríguez, natural de Torrecillas y vecina de ésta. Tiene la finca 570 fanegas de marco real, 3.523 encinas y 12 fanegas de criaderos; precio 20.000 reales de vellón.

Toconal de Abajo, En subasta pública, 21-11-1859, por el mismo intermediario, para Hilario y Lorenza de Vega Rodríguez, hermana de Joaquina. Superficie, 600 f de marco real, 5213 encinas y 7 fanegas de criaderos; precio 40.100 reales. Se hizo la Escritura Pública en Trujillo, el mes de Enero 1860 de los dos Toconales. Fue dividido el Toconal de Abajo, entre los dos hijos; de Hilario y Lorenza; a Camilo, al que corresponde el Toconal de Enmedio y a Miguel el Toconal de Abajo.

Valdeorellana, 212 fanegas, 634 encinas y 12 fanegas de criaderos, 8,366 reales, escritura, el 4, marzo 1860, a Telesforo

Las Casas, 215 fanegas, 465 encinas y 5 fanegas de criaderos, también para Telesforo Tovar.

El suelo podía ser; con derecho a apostar y no labrar: con derecho a siembra cada cuatro años; suelo e hierbas, sin derecho a vuelo.

Acciones de vuelo, adquiridas por 48 vecinos, representados por Juan González Rangel, Aniceto Monterroso Rangel y Antonio Yuste Muñoz; se hace Escritura Pública, 28, noviembre año 1864, cuando tuvieron abonados sus plazos. De los pendientes se hacían cargo mancomunadamente los compradores, si alguno no cumplía con los pagos pendientes, perdía lo aportado y pasaba a los que continuaban abonando sus deudas.

Las acciones del vuelo de los montes, de los Toconales, comenzaron a contarse desde Cabeza Rubia, y encontramos que las diez primeras acciones, las adquieren los vecinos que intervienen en la compra, pro indiviso ¿Se trataría de una comisión, toda vez, que las restantes acciones, se adquieren individualmente?

Las 45, primeras acciones de marco real, del Toconal de Abajo, a partir del Cerro de Cabeza Rubia, valieron en junto: dos mil trescientos veinte reales. Lindaban; saliente con río Almonte; medio día con suerte de Hilario Tovar; poniente con Arroyo Mojón; y Norte con Cerro de Cabeza Rubia y Ribero de Vaquillas, de las cuales las 10 primeras correspondieron pro indiviso a los tres aldeanos que intervinieron en el trato; J. González, A. Monterroso y A. Yuste. Dice en la escritura: 2.833 a; y 40 c a.

Anotar cada uno de los 48 vecinos es asunto farragoso, citamos a los tres compradores mayores por orden de acciones adquiridas: Narciso Tovar Marcos, 18; Pedro González Fernández, 11; Jerónimo Jorge Vivas Mariscal, 10. Existen compras de una y de dos acciones. El aprovechamiento comenzaba el día de San Miguel y terminaba el de San Andrés; dos meses.

Otorgan; Telesforo e Hilario; venden, ceden, y adjudican y dividen el monte alto y derecho de apostar entre los 48 vecinos, representados por los vecinos indicados anteriormente.

Condiciones: durante el tiempo de montanera aprovechamiento en común de las acciones por todos los compradores. La majada dentro de las acciones; pero la corta de leña sólo en las suyas; los jarales sin dividir, pertenecen a todos.

Se reservó el vuelo de los montes, por intervención de los vecinos, para los que pudieran comprarlos, en lotes llamados acciones, de una fanega, de marco real y daba derecho cada acción, a introducir, en tiempos de montanera, 4 matanzas, bien 8 malandares o granilleros.

Surge una duda al analizar el número de matanzas o de granilleros calculados por fanega de marco real. ¿Cómo sería posible tal cantidad de animales? Partimos de una realidad distinta a la actual; los montes se labraban cada tres años y se cuidaba mucho la corta, vigilada por los guardas de montarecía; sin duda su producción sería mucho mayor que la actual.

Los problemas que planteó la propiedad de suelo y vuelo fueron muchos, por sufrir los arrendatarios del suelo, la invasión de cerdos en sus fincas sembradas. A primera vista parecería ser mucho mayor el valor del suelo; se calculaba, dos terceras partes el suelo y una el vuelo. La realidad también era distinta. El dueño del vuelo, tenía el derecho, de apostar, y podía hacer inservible prácticamente el suelo, toda vez que era ilimitado el número de apostes.

Tenemos datos de compraventa de acciones del vuelo de los montes de propios: Eusebio Vivas Gutiérrez, vende a Federico Acedo Trigo, 10-1-1897, tres acciones al precio de 95 reales cada una. Corresponden a Valdeorellana.

El año 1892, se vendió una acción, del Toconal, en 1500 reales. Por su proximidad tiene un valor mucho mayor. Los jarales y rañales de los montes, pertenecen a todos los compradores y están fuera del monte hueco.

Históricamente, el primer caso donde encontramos dividida la propiedad de suelo y de vuelo tiene lugar en la conquista de Granada, Loja, se concede a los simples peones o soldados la propiedad de 30 olivos; igual en Almería. Entre los nobles y magnates se siguió la norma general y nacieron verdaderos latifundios.

Las Hoyas, fueron adquiridas por Telesforo Tovar Cercas en tres partes; 1ª, a D. Jerónimo Rodríguez, el 17 febrero del 1857; 2ª a Hermanos Valiente Rodríguez el 20 de marzo 1862 y 3ª a Hermanos Padilla Robledo, sin fecha. Los herederos de Telesforo y Joaquina, poseen en el momento de la disolución del capital, además del Toconal de ArribaLas Hoyas, la Suerte del Espíritu Santo (parte de las Hoyas), la Cantamplina, (con la Suerte del Lobo) los Labrados de Zúñiga, en Torrecillas y el Zángano, en la provincia de Badajoz, más casas y cercas en el pueblo de Aldeacentenera.

El matrimonio formado por la nieta de Telesforo, Dª María Jesús Tovar Gil y D. José Crespo, Médico, compraron en el año 1923, día 13 de octubre, la cuarta parte restante de la Cantamplina, 53, Ha, por el precio de 35.000 ptas, lo que nos da una idea de la evolución de los precios o de la disminución del valor del dinero.

Además del arrendatario, hemos encontrado, en la referencia de la Cantamplina a Don Federico Acedo, sería sin duda el padre de Don Federico Acedo Trigo, casado el año 1890, con Magdalena Tovar Vivas, hija de Rita Vivas Fernández, hermana de los Ritos, Juan Andrés y Jacintito y de María Concepción, mujer de José Manuel Araujo Cerezo (Araujas) Al final Federico Acedo Tovar, vino a ser dueño de Valdeorellana.

Al no tener descendencia la nieta de Telesforo, el capital se divide entre los herederos de Don José Crespo y ahijadas de Doña María Jesús Tovar Gil. A María Jesús Martín Millanes, dona Doña Juana Gil Ortiz el Zángano; a Asunción, dejó Don José Crespo; los Labrados, una casa en Trujillo y joyas. Ambas hermanas estuvieron casadas con dos Médicos. Todas las demás fincas pasaron los herederos de D. José Crespo. Poseen en la actualidad la Cantamplina

Hijos de Hilario y de Lorenza: Miguel Tovar de Vega, casado con Josefa Diez Cuadrado, dueños por herencia del Toconal de Abajo, compran el Tagarnillar y la Coraja. Ésta el día 4 de octubre del año 1899, la mitad importó 32.500 ptas; la segunda mitad 37.500 la extensión entonces comprada, 294 Ha y 75 a. Las donaron a su hija Doña Ángela, casada con Juan Miguel Sánchez Shz. de Madroñera. Una nieta casó con el Médico de Jaraicejo, don Esteban González Vallarino. Los herederos tienen en Aldea, el Toconal de Abajo y la Coraja. Vendieron el Tagarnillar a hijos de Jacinto Tovar Herrera.

Camilo Tovar de Vega y Josefa Bermejo Mariscal, Toconal de Enmedio Tiene el matrimonio dos hijos; una impedida física, Emilia y a Hilario

Hilario Tovar Bermejo, casado con María Montero, de Madroñera compran las Atalayas, la Mezquita y la Torrecilla, estas dos del TM, de Garciaz.

De los tres hijos Tovar Montero, solamente Dª Rosa, casada con Don Pedro Higueras Martín tuvieron descendencia y son herederos de las Atalayasy de la Torrecilla y la Mezquita.

En el pasado siglo, no sólo compraron fincas; -dehesas o suertes- los Tovar. Otros vecinos arrendatarios; Narciso Marcos, Eusebio Vivas, Andrés Vivas, Aniceto Marcos, pasaron a propietarios, sin dejar de ser arrendatarios.

Por los arrendamientos; ganadería y labor, que poseyeron bastantes aldeanos, podemos deducir que si hubieran seguido la pauta de los Tovar, se hubieran convertido en importantes propietarios; aunque las fincas desamortizadas fueron mucho más baratas, que las compradas con posterioridad.

De las compras de Cercas, con ser importantes para los vecinos su propiedad, y anteriores a Madoz, sólo citamos las de tres, del Clero de la Diócesis.

Pública subasta, 20-12-1863, tipo 160 escudos, a favor de José Carlos Vivas Fernández, como mejor postor, a pagar en 20 plazos, según Ley de Desamortización para bienes de menor cuantía del clero, al que pertenecen. El comprador puede anticipar el pago. Pagó, José Carlos Vivas, el primer plazo, 69 escudos, 650 céntimos.

Se instituye expediente en el Juzgado de Trujillo, por la enajenación de tres cercas unidas, al camino de Trujillo, de este T.M; procedentes del Clero de la Diócesis. Límites: por el N. con c/ pública; Sur, con Blas Alfaro y camino de Madroñera: Este con dicho Alfaro y Ventura Toledano, casado con una hermana de D. Manuel Chaves, y Oeste con Andrés Vivas Mariscal. (padre de José Carlos)

Superficie: 2 Ha, 20 a. y 5 c a. Igual a 3 fanegas y 6 celemines de marco real; son de 3ª calidad. Están libres de cargas. Tasadas por Peritos, uno Antonio Tovar, en 160 escudos y 6430, milésimas de realSe relacionan, no por su superficie; por las condiciones forma de pago etc.

Campillón ¼ y Campilluelo. Compradas por Narciso Marcos Calderón, arrendatario, durante su segundo matrimonio.

Un muy importante arrendatario; del Campillón, 920 Ha, del Campilluelo, 235 Ha, y del Navazo, 204 Ha; fue padre de diez hijos de sus dos matrimonios. El primero con Francisca Chaves de Monte, desde 1841 y el segundo con María Juana Cercas Vivas.

Tienen del primer matrimonio cinco hijos: Dionisio, Agapito, María Isabel, María Inés y Aniceto y del segundo; Dolores, Jacinta, Joaquina, Florencio y Antonia.

El 11 de junio, 1849, depositan a la puerta de la casa habitación de Narciso y Francisca un niño con una cédula de estar bautizado. El Alcalde, Eusebio Gutiérrez, apadrina al niño y le pone su nombre.

En el año 1872, compra Narciso ¼ parte del Campillón en 12.000 ptas y el Campilluelo en 6.000 ptas a los señores Chaves Loaysa, Condes de Noblejas

El Campilluelo pasó a Antonia, hija menor de Narciso, casada con Gabriel Fernández, un trozo pasó a su hermana Joaquina, del segundo matrimonio. Compraron parte a Ciriaco, Estefanía y a Marcelino

En el año 1874, se casa el hijo Aniceto, del primer matrimonio, con Juana Martín Mejías, natural de Madroñera y prima de tío Periquillo y de su hermano Francisco, compran la finca el Navazo a los Señores Torres Arias, de ella tenían parte del vuelo, y la dividen, al no tener descendencia, entre los sobrinos; Marcos, Martín y Tovar, se conocerán los trozos, como cercas del Chaparral.

Suerte del Heno. El matrimonio formado por Eusebio Vivas Gutiérrez, (hijo de Miguel Vivas Mariscal y nieto de Jerónimo Vivas y María Cruz González), casado con Ana Muñoz y Villegas Ciriero; antiguos arrendatarios de Valderuela y en aquella fecha, además, del Tejar y Cinchuela, (fincas y arrendamientos del tiempo de su abuelo Jerónimo), compran la llamado Suerte del Heno, 84 Ha; 81 a; 49 ca. Fecha 23 diciembre, 1884.

La Suerte, adquirida, por compra al Estado, 23 de diciembre 1881, D. Saturnino González Celaya y procedía de una Capellanía fundada por D. Dionisio Clavel.

A Don Saturnino, se la compró, Don José Enciso y es éste señor el que la vende a D. Eusebio Vivas y Dª Ana Muñoz y Villegas.

Con hipoteca incluida, por el precio de 7.000 ptas, que se calcula con intereses al 10%, supondría, 9.000 ptas. Continúan Eusebio y Ana, siendo arrendatarios del Tejar y Cinchuela.

Heredó la Suerte del Heno, la hija Margarita, casada con Pedro González Fernández y de éste pasó a su único hijo; Jerónimo González Vivas. Él fundador de la fábrica de harinas, panadería, central eléctrica, molino de piensos y Cinema local. En la actualidad, pertenece a su nieta, Doña María Eugenia. Hija de Don Paco y Doña María

Heredó asimismo, Jerónimo, los arrendamientos del Tejar y Cinchuela, por su abuelo materno Eusebio y por su tío Francisco González Fernández, casado con Joaquina Vivas, hermana de Margarita, el arrendamiento del Ladrillar.

Jerónimo González Vivas, casado con su prima hermana, María Nicolasa Vivas González, hermana de Juan Cirilo, poseen en los años iniciales del siglo XX; en propiedad la Suerte del Heno, (más las cercas muradas.) arrendamientos del, Tejar y Cinchuela, Ladrillar, Cantamplina, de Doña María Jesús Tovar y Don José Crespo; son dueños de acciones de monte.

No olvidemos, para conocer cómo se forma y desaparece la riqueza: que Jerónimo es hijo único; de Pedro y de Margarita; nieto único de Eusebio Vivas y de Ana Muñoz y Villegas y sobrino de Francisco, hermano de Pedro y de Joaquina, hermana de Margarita, de éste hereda el arrendamiento del Ladrillar de Risel.

En familias; podemos seguir la evolución de los Vivas y de sus uniones, con los Rangel, Muñoz y Villegas y de sus relaciones con los Risel y Bustamante.

Dehesa de Valdeorellana. Término de Berzocana.

El 1-2-1866, el menor de los hijos de Jerónimo Vivas y de María Cruz Mariscal González, Andrés Vivas Mariscal, casado con Ana Fernández Blázquez, la compran en la cantidad de 15.000 reales de vellón. Mitad pro indiviso, a D. Juan Mediavilla Martínez. La había adquirido el vendedor de los Señores, Condes de Canilleras. Linderos; Valdeposadas, Valdeposadilla, Suerte de Hornillo, Casas de Yuste y Caballerías de Berzocana. El 4 marzo 1860, valió 8.366 reales. (mitad aproximada)

Tejar y Cinchuela. Traemos esta finca por haber seguido su evolución en una familia de arrendatarios; los Vivas, al menos en tres generaciones.

Miguel Vivas Mariscal, hijo de Jerónimo y de María Cruz; casado con María Gutiérrez García, eran arrendatarios del Tejar y Cinchuela. Propiedad, de D. Policarpo Aragón y Ballesteros, con una extensión de 720 fanegas, del matrimonio pasa a su hijo Eusebio Vivas, de éste a su yerno, Pedro González Fernández, el casado con Margarita Vivas Muñoz y Villegas, se hacía el contrato por cuatro años, si hubiese gastos por cuenta del arrendatario; pasto y labor, esta no más de 1/3, de la superficie, sé prohibe sembrar al pelo o sobre rastrojo, Precio del arrendamiento, 2.750 ptas anuales, pagaderas en dos plazos. Se aumenta la renta en cien ptas anuales cada cuatro años. El contrato suscrito por Pedro, de edad de 36 años, tiene fecha, 23-2-1893. Eusebio había dejado sus bienes a su yerno, el año 1884.

Eusebio Vivas hace testamento, 1897, tiene 70, años. Ana Muñoz y Villegas, testamento, 1897, tiene ella 58 años, heredó el arrendamiento, Jerónimo González Vivas. Con toda posibilidad procede este arrendamiento de Miguel Vivas Mariscal.

El Navazo, hoy Chaparral. 204 Ha. El menor de los hijos del primer matrimonio, formado por Narciso Marcos y María Chaves; Aniceto, casado el año 1874, con Juana Martín Mejías, tía Fraila, prima de Pedro y de Francisco y natural de Madroñera, heredaron el arrendamiento del Navazo, propiedad de los señores Torres Arias, de cuya finca poseían parte del vuelo. Compraron dicha finca, que al dividirse se conocerá como Chaparral y al ser un matrimonio sin hijos, pasará a sus sobrinos; Marcos, Martín y Tovar. Es posible que parte del llamado Navazo, incluyera el Tagarnillar de Abajo.

Las cercas muradas que rodean al pueblo, pertenecen: 1º. Trozos del antiguo ejido Ansadero, que se fueron vendiendo a los vecinos; son las más viejas.

2º. Cercas llamadas del Chaparral, proceden de la división de la dehesa el Navazo, que compran, Aniceto Marcos Chaves y Juana Martín Mejías, (Fraila), y heredan los sobrinos: Tovar, Marcos y Martín. 3º. Cercas de la Tripa; Son las más modernas.

Con la compra de la finca la Tripa, por los arrendatarios Díaz Nieto, al pasar a sus hijos se divide, son las Cercas de la Tripa.

Precio de algunas Cercas: 1855, Cerca al Arroyo Piñuelas, de 2 fanegas. Limita; saliente con huerta de Melchor Cercas; Mediodía, con dehesa Navazo; Norte con heredad de D. Ventura Toledano y con Arroyo Piñuelas, con todas sus entradas y salidas, usos y pertenencias, libre de censo, importe 1400 reales.

1858, compra Eusebio Vivas, cerca de la Lagunilla, de 2 fanegas; en 1.600 reales.

Fincas; Dehesas y Suertes, compradas por aldeanos durante el siglo XX.

Fundación Bote: La Tripa; 250 Ha, eran sus arrendatarios, desde el año 1913, el matrimonio formado por Tomás Díaz Y Pilar Nieto, se compró, el año 1940 y valió a 5.000 reales, la Ha. Hoy en poder de los herederos. No compraron los arrendatarios la totalidad y algunas cercas, próximas a la carretera, antes del Arroyo Mojón, que pertenecían a la Tripa, las compraron otros vecinos. En el camino al ejido Centenera, está el pozo, Guillén, recuerdo de aquella Fundación.

Abadía Chica; 140 Ha, debe corresponder a la adquirida por Palomo Linares distinta de la comprada por Juan Gutiérrez, que pertenece al T. M de Garciaz.

Las Canalejas, 140 Ha. Comprada por Santiago Bláquez Sanz e Isabel Araujo Tovar. Antes arrendatarios de las Mesas y el Ahijoncillo. En la actualidad sólo 70 Ha en poder de un heredero, de la familia Porras, nieto de Juan Vivas y su esposa, Araujo

Toconal, 230 Ha. De los antiguos Tovar, ricos, comprada 100 marcos por Julián Herrera; 400, por Juan Gutiérrez y Camilo Tovar Resto por Don José Antonio Calderón. Las partes de Herrera y de Camilo quedaron para Juan Gutiérrez.

Suerte del Lobo, de 92 Ha, fue adquirida por Jerónimo González Vivas, procedía de herencia de Dª María Jesús Tovar

Ramira, 190 Ha, antigua de Juan Mariscal Chaves. La compró Angel Mariscal Rodríguez (Belereño), padre de Julio; anteriores arrendatarios de la Abadía y de las Canalejas; hoy de Julio Mariscal Tovar, yerno de Santiago Rentero, arrendatario.

Morenas, Suerte, 110 Ha, la adquiere la familia Jiménez, procedente de Deleitosa, en ésta desde el siglo XVII. La conservan los herederos, eran arrendatarios en el Ahijoncillo y las Mesas, antes de comprar esta Suerte. Procedía ésta finca de los Valera Radío de Rueda; los Varela, dueños en la actualidad del Toledillo.

Valderuela, 655 Ha, la compran los Sanz Melgarejo, antigua familia de ganaderos procedente de Arcones, en Segovia, arrendatarios del Toledillo, de los antiguos Monroy. En poder de Rosa Tovar Sanz, 340 Ha y de Hermanos Moreno Sanz, 315.

Suerte del Espíritu Santo, 91 Ha. Pertenecía esta finca al patrimonio de los herederos de Telesforo Tovar, rama de D. José Crespo y ha sido una de las últimas adquiridas por un aldeano, Marcial Trenado González, antiguo aparcero de la finca Valdeagudo, arrendó, juntamente con su cuñado, Pedro Solís, la finca las Hoyas, también del patrimonio de Dª María Jesús Tovar; comprando, a uno de sus herederos, familia de D. José Crespo, la finca o Suerte.

El Tagarnillar. 240 Ha. Perteneció esta finca a la rama de los Tovar, herederos de Hilario. Su hijo Miguel, la donó, juntamente con la Coraja, a su hija Ángela Tovar, casada con Juan Miguel Sánchez, de Madroñera.

Un hijo de Jacinto Tovar Vivas, también de éste nombre, fue arrendatario de los Tovar, compradores de propios, en las fincas; Toconales, Tagarnillar y Coraja. Los nietos de Jacinto e hijos del conocido, como Jacintino, compraron a los herederos de Dª Ángela Tovar la finca el Tagarnillar de Arriba.

Antes de la venta de propios, el aprovechamiento de bellota, para la matanza propia, era comunal, bajo control de los guardas de montarecía.

El caso de la compra de fincas por arrendatarios, para pasar a arrendadores, no fue corriente. En Aldea sólo lo hicieron los Tovar. Suponía el intentar pasar de un estamento a otro, nada fácil en una sociedad como la trujillana.

Existían en Aldeacentenera arrendatarios tan importantes como pudieran ser los Tovar, que prefirieron continuar como muy acomodados arrendatarios y así lo hicieron, algunos de los citados anteriormente.

La Coraja, 600 Ha. Era su arrendatario hacia el primer cuarto de este siglo, Santiago Rentero Cercas, casado con Sabina Sánchez Piña, de Solana; alguno de sus hijos vive en la actualidad; Juan Rentero Sánchez. Pagaban una renta anual de 25.000 ptas, renovable el contrato cada seis años y finalmente, llegaron a pagar, 60.000 pesetas anuales. Este arrendatario compró de restos de la Tripa, hacia el año 1940. Una cerca de 134,50 marcos reales; más las llamadas, Vegas, 22 Ha.

Este ha sido el movimiento de compra de fincas más importantes por vecinos de Aldeacentenera. Se puede afirmar que la mayor proporción de tierras en poder de las gentes del pueblo, ha sido de un 20%, aproximado.

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