Mar 302015
 

Antonio Sánchez de la Calle, Leticia Sánchez Leonato e Irene Sánchez Leonato

Foto 1

1.- Introducción:

Tras el triunfo del Frente Popular de febrero de 1936, se fue fraguando un golpe de estado militar que culminó en el alzamiento del 18 de julio. Al no lograrse con la rapidez prevista el objetivo, el golpe acabó convirtiéndose en una larga guerra. El conflicto supuso para el país una brutal sangría humana, un profundo bache demográfico, un gigantesco salto atrás en el plano económico y un auténtico desastre desde el punto de vista intelectual, cultural y moral.

En Extremadura el desarrollo del levantamiento no fue uniforme ni homogéneo, resultando bien distinto en cada una de sus dos provincias. Mientras que en Badajoz se había padecido un período de intensos conflictos sociales durante los años republicanos, en Cáceres no habían abundado los desórdenes ni alteraciones campesinas, reinando, en cambio, la tranquilidad y el orden público. En Cáceres capital, a pesar de que las autoridades civiles se encontraban confiadas en un rápido fracaso del levantamiento, 19 de julio, el comandante Linos Lage, al frente de un batallón del Regimiento de Argel, proclamaba en la Plaza Mayor el estado de guerra.

En Plasencia, el teniente coronel José Puente Ruiz, comandante del Batallón de Ametralladoras número 2, en contacto con los militares de Cáceres, apenas recibió la orden declaró el estado de guerra sin encontrar resistencia alguna. Precisamente la ciudad abasteció de tropas (junto con las de Cáceres) a las unidades que se dedicaron a neutralizar las poblaciones de la provincia que permanecían fieles a la República.

 2.– La represión

  1. 1.- Ejecutados

Con el triunfo nacionalista apareció la violencia desde los primeros instantes. Pero es preciso distinguir en ella matices y momentos diferentes. En este sentido cabe hablar de una violencia incontrolada al principio, y dirigida posteriormente.

En relación con el número de muertes producida directa o indirectamente, el caso de Plasencia es significativo, pues fue uno de los centros, junto a los de Cáceres, Badajoz y Mérida, donde se concentró la administración militar y sanitaria. Asimismo se centralizaron los actos de las jurisdicciones castrenses y la atención médica de numerosos combatientes. Esto hizo que buena parte de las ejecuciones judiciales realizadas en la ciudad, así como los numerosos soldados que murieron en la misma quedaran registrados. Plasencia aparecía como un gran centro productor de sobremortalidad, y teniendo en cuenta que apenas se produjeron  muertes de civiles partidarios del alzamiento, aparecen dos tipos de fallecidos por acción violenta: los muertos en combate procedentes de los lejanos frentes y las víctimas de la represalia sobre los partidarios de la República.

Las fuentes utilizadas han sido el Registro Civil, los Libros Parroquiales y el Libro del Cementerio. Desde un punto de vista cuantitativo, la comparación entre las tres fuentes arroja, entre 1936 y 1941, el siguiente resultado en cuanto a fallecidos: 1514 en los RR.PP.; 2478 en el R.C.; y 2671 en el cementerio. La guerra supuso una auténtica dislocación de la vida pública y las propias instituciones administrativas se vieron afectadas, pues algunas anotaciones no se llegaron a efectuar, y otras se hicieron con cierta demora después de ocurrir el óbito. En estas condiciones resulta difícil establecer con toda seguridad las cifras reales de la represión nacionalista, y las cifras discordantes permiten sólo una aproximación al tema. Posiblemente la información oral podría complementar los datos disponibles.

Tomando como fuente el R.C., (7% de diferencia con el L.C.), se pueden distinguir dos tipologías:

  1. 1. 1.- Asesinatos incontrolados: En los primeros meses de la contienda (julio-septiembre) fueron frecuentes en la ciudad y sus alrededores los “paseos”, donde eran eliminados de manera irregular aquellos individuos que se había significado por su protagonismo en la vida pública, los partidos y organización del frente Popular. En el registro placentino es muy frecuente inscripciones como “herida de arma de fuego” y “hemorragia”. Las localizaciones, por su parte eran significativas: carreteras de Salamanca, de Cáceres, de Plasencia a La Alberca, y de Plasencia al Barco de Ávila. En el ámbito urbano sobresalen: el barrio de San Juan, el depósito municipal de la calle del Rey, la calleja de las Escuelas Graduadas, la pared del depósito del aguas, el puente de Niebla, la fábrica de la luz (San Lázaro).

Estas muertes se caracterizaron por la aparición de los cadáveres en pleno campo, indicándose el nombre de la carretera más cercana, el punto kilométrico, la cuneta, el nombre de la finca o el puente más próximo. También destaca el hecho de que aparecieron muchos sin identificar, lo que les hizo inscribirse como desconocidos, lo que permite suponer que pudieran proceder de pueblos cercanos.

  1. 1. 2.- Las ejecuciones judiciales: A partir de octubre de 1936 comienzan a aparecer en el R. C. individuos muertos por la actuación de tribunales militares. Durante un breve periodo de tiempo los paseos y ejecuciones se alternaron hasta que los primeros terminaron por desaparecer: la represión sobre los desafectos se institucionalizó y la jurisdicción militar se encargó de ellos. Además, las ejecuciones, que en algunos casos anteriores se efectuaban en las cercanías del cementerio, pasaron a realizarse en el campo de tiro del batallón, al amanecer. En el cuadro puede verse la evolución de los asesinatos incontrolados y las ejecuciones.

De esta forma, el número de víctimas causadas por la represión nacionalista en la ciudad asciende a 101, de las cuales 53 fueron ejecuciones “legales” (véase Cuadro número 1). Atendiendo a la profesión de los ejecutados, la mayor parte eran trabajadores modestos del campo, jornaleros y clase obrera en general; a la que habría que unir, con carácter minoritario, algunos profesionales de la enseñanza (maestros de escuela) y, en menor medida, otros sectores (médicos).

El hecho de que la ciudad quedara inmediatamente bajo control del ejército sublevado hizo que no se produjera represión de los republicanos. Sin embargo hubo algunos casos dudosos. Ya al proclamarse la II República se produjeron algunos desmanes. Concretamente, la noche del 16 de abril de 1931 fueron asesinados dos serenos en la Plaza. Pero este tipo de hechos no se repetirá hasta la llegada de la contienda, y fueron muy pocos casos, la mayor parte de carácter dudoso. En diciembre de 1937 muere un civil “por explosión”; en septiembre fallece una chica de 14 años en el Hospital Provincial a consecuencias de “heridas de arma de fuego”; en agosto del año siguiente cae otra mujer a causa de las heridas producidas por los “forajidos rojos”. Y por último, en junio de 1939 mueren tres civiles a consecuencia del “shock traumático por la explosión de un artefacto”. Como se puede comprobar, estas noticias no son reveladoras de que los óbitos fuesen causados por la acción republicana, a excepción de la mujer herida por los “rojos”.

           

 

 

 

  1. 2.- Las bajas convencionales del conflicto

En este apartado, que acoge a los “fallecidos por causas relacionadas con la guerra”, tienen cabida las personas muertas en “acción de guerra” y “en combate”. Los primeros serían todos los desaparecidos por actos de guerra como los bombardeos sobre la ciudad, explosiones fortuitas, etc. En los segundos entrarían los fallecidos en actos bélicos, heridas de metralla, bala, etc.; así como los que murieron en los hospitales militares a causa de las heridas sufridas en la batalla.

  1. 2. 1.- Muertes causadas por “acción de guerra. El 17 de agosto de 1936 tuvo lugar un ataque de la aviación republicana que provocó algunas víctimas en el cuartel que albergaba al Batallón de Ametralladoras número 2. Como consecuencia de la explosión de la bomba lanzada por un aeroplano murieron cinco individuos que fueron enterrados el día 17; de ellos tres eran militares y otros dos braceros (R.C.).Los días 18, 19, 23 y 25, fallecen otros cuatro “a consecuencia de la gangrena producida por una bomba de aviación” y “a consecuencia de bombardeo enemigo”. En febrero de 1937 falleció en el Hospital Provincial otro individuo a consecuencia de las heridas producidas por el bombardeo producido en la estación de ferrocarril de Empalme. A partir de entonces no vuelven a repetirse este tipo de ataques. No obstante, habría que incluir en este apartado otras muertes causadas por “acción de guerra” como las personas afectadas de forma accidental por explosiones de artefactos bélicos, como el caso de una mujer el 9 de diciembre de 1937 (lesiones producidas por explosión); o los tres individuos que a mediados de junio de 1939 cayeron por “shock traumático causado por la explosión de un artefacto”: tal vez una bomba extraviada por el ejército. Fueron, pues 9 víctimas causadas por el bombardeo republicano del cuartel; otro en Empalme por la misma causa; y cuatro civiles por la explosión de algún ingenio bélico. Pero aunque, 14, no sea una cifra alta, hay que tener en cuenta de que en Plasencia no se desarrollaron apenas acciones de guerra.
  2. 2. 2.- Muertes en combate. Un cariz muy distinto presenta la cifra de los caídos por las “heridas de guerra”. El hecho de que la zona quedara en poder de los nacionalistas desde el inicio de la sublevación, unido a la existencia de un Hospital Provincial, determinó que ya en los primeros meses de la contienda comenzaran a funcionar en ella una serie de centros de asistencia médica para atender los múltiples soldados heridos en campaña. Plasencia se convirtió, pues, en un núcleo de retaguardia hospitalario y de abastecimiento para las múltiples unidades que operaban en la zona.

En el Cuadro número 2 se detalla la estacionalidad de las defunciones militares en los establecimientos hospitalarios según las fuentes. En ambas el año 1937 refleja el máximo durante la guerra, con puntas en marzo y julio, pero son más fiables los datos del R. C. El análisis de las defunciones mensuales muestra una elevación en diciembre de 1936, en febrero-marzo y julio-agosto de 1937, y septiembre de 1938. Por último, marzo-abril fueron los meses más intensos en 1939.

Es posible que el aumento de diciembre de 1936 estuviera relacionado con las escaramuzas sostenidas en la zona de Villar de Rena, Villar del Pedroso y Carrascalejo; y lo mismo se pude decir con lo sucedido en la primavera de 1937 en la Sierra de Yelves, la comarca de Rena, y la reducción de la bolsa de la Serena en el verano de 1938. Las bajas de esta última ofensiva fueron elevadas en ambos bandos (véase Cuadro número 3). De hecho, tan sólo durante el ataque republicano de finales de agosto se cifran las pérdidas nacionalistas en 210 jefes, oficiales y suboficiales, y 4.919 soldados entre muertos, heridos y desparecidos. No es de extrañar que a Plasencia afluyeran numerosos heridos que terminaran muriendo en los centros de la ciudad.

Como puede verse en el Cuadro número 4, el número de difuntos militares fue considerable: algo más de 200 en los años de guerra. Todos ellos murieron en alguno de los múltiples hospitales que funcionaron en la ciudad. En un primer momento, el único que atendía a los heridos era el Hospital Provincial. Todos los fallecidos murieron en ese establecimiento. Posteriormente se fueron habilitando otros en la primera mitad de 1937, como el de las “Josefinas”, ubicado en la calle Sancho Polo; y el del Seminario Menor, en la calle Ancha. También en La Casa de Salud (manicomio) y el Colegio de San Calixto se instalaron centros que funcionaban en julio de 1938.Por último, en las Escuelas Graduadas se ubicó otro que, por atender en él a los regulares africanos, mereció popularmente el nombre de hospital “de los moros”.

De los 211 fallecidos en centros hospitalarios, 160  (76%) pertenecían a unidades regimentales regulares; 26 eran legionarios (12%); 17 eran africanos conocidos como regulares (8%), y, por último, sólo 8 eran falangistas (4%).

Las curvas representadas en la Gráfica número 1 reflejan la evolución de las defunciones según las fuentes. A partir de 1931-32 la diferencia entre ellas se va haciendo cada vez mayor. Recuérdese que fue bajo la II República cuando se realizó la secularización de los cementerios, por los que muchas muertes no se inscribieron en los RRPP, pero sí en el R.C. La diferencia en 1936 puede deberse, además de las razones expuestas, al hecho de que buen número de asesinatos en los primeros meses del alzamiento pertenecían a otros pueblos y muchos pudieron ser enterrados en otra localidad.

La evolución de las defunciones es paralela en todas las fuentes hasta julio de 1936. Pero desde agosto, las cifras civiles (y también las procedentes del cementerio) experimentan una fuerte subida, que no se corresponde con las parroquiales, donde por el contrario, descienden. Es posible que los individuos asesinados este mes no se inscribieran en los RR.PP.; máxime cuando en la ficha del L.C. existe una anotación al margen especificándose que fueron enterrados en el “cementerio civil”. Y lo mismo puede decirse de septiembre y diciembre, justo cuando se produjo un mayor número de asesinatos y ejecuciones (posiblemente algunos rechazaran el auxilio espiritual del último momento debido a sus ideas).

De los valores gráficos se desprende lo siguiente:

1.- En el primer año de la guerra, la diferencia de fallecidos existente entre las fuentes revela los numerosos asesinatos incontrolados que hubo y que no aparecen inscritos en los RRPP.

2.- Una buena parte de los ejecutados “oficialmente” tampoco fueron inscritos en esos libros. Pero, al igual que los anteriores, sí lo fueron en el R. C. y L. C.

3.- Sumando las cifras de “paseados” y ejecutados, los porcentajes de los datos parroquiales se aproxima a los que, en condiciones normales, representan en relación a los civiles.

4.- En los últimos tres años del conflicto hubo un elevado número de militares que sucumbieron por heridas de guerra y tampoco fueron inscritos en los RRPP, lo cual contribuyó a acentuar la diferencia existente entre las fuentes.

5.- A ello habría que unir la dinámica tradicional de los óbitos acaecidos en la ciudad de personas procedentes de otros núcleos cercanos que eran ingresados y morían en el Hospital, siendo inscritos en el RC, pero no en los RRPP.

 

3.- La economía

Una vez que los nacionales comprobaron la imposibilidad de resolver el conflicto en poco tiempo, adoptaron una amplia gama de medidas para hacer frente a sus necesidades económicas. Desde agosto de 1936 pusieron en marcha:

  • Repetidas Campañas de “Suscripción proejército”, con el lema “oro para la patria”
  • Subsidio “procombatientes” (obligatorio) que gravaba a las familias de acuerdo con el montante de su riqueza.
  • Lotería patriótica para sustituir el acorazado “España” o “poblaciones liberadas”
  • Otras recaudaciones: “Plato único”, “Días sin postre”, “Auxilio de invierno”, “Día de la Banderita”, “Día del Homenaje de la Retaguardia al Frente”, “Día de la botella”, “Aguinaldo del combatiente”

 

Estas peticiones, suscripciones y donativos constituían una presión más sobre las débiles economías de los hogares placentinos. Un dato significativo del estado en que se encontraba la ciudad a finales  de 1936 y principios de 1937 viene dado porque, la mitad de los 12.712 habitantes estaban incluidos en la Beneficencia Municipal.

  1. 1.- El sector primario: La agricultura fue uno de los subsectores más perjudicados: algunos pequeños agricultores fueron llamados al servicio de las armas, y quedaron sus cosechas sin recoger. Todos los productores de cereales, aceite y vino, fueron obligados a declarar de la cosecha recogida, remanente de la anterior, tierras en propiedad, consumo propio y disponibilidad para la venta (para evitar la reventa y el alza de precios). Pero esto no evitó que a medida que avanzaba la guerra faltaran alimentos como el arroz, los tomates, las judías, las patatas y el café.

También la producción ganadera quedó estrictamente controlada: tanto la lanar, como la porcina y la vacuna fueron deslindadas en cuanto al sacrificio para el consumo de carne y para reproducción. Según Mª L. Caballero, había pocas vacas dedicadas al consumo (pues el resto se dedicaba para la crianza). Además, se declaró una epidemia de aftas y peste porcina que inmovilizó numerosos animales.

  1. 2.- El sector secundario: La elaboración de harinas y pan era una de las actividades más destacada. Al principio de la guerra existían en la ciudad 4 fábricas de harina que abastecían a 11 panaderías, aumentando a 13 al final de la contienda. Por el contrario, la fabricación de hornos de ladrillo y losetas bajaron de 6 a 3 por la crisis de la construcción; lo mismo que las de chocolate (de 8 a 6). Sin embargo, aumentaron las de jabón (de 3 a 5), de loza ordinaria (5 a 6), de pimentón (1 a 2). Mantuvieron su número la fábrica de lejía, la de orujo y la “Electro Hidráulica del Jerte.
  2. 3.- El sector terciario: Ni la construcción ni los transportes dejaron sentir de una forma relevante los efectos de la contienda: no hubo edificios destruidos, y la ciudad continuó estando bien comunicada. El comercio, por su parte, siguió siendo el eje de la vida económica de la ciudad. La Plaza de Abastos (1933), constituyó un acierto al centralizar en su recinto los puestos que antes se ubicaban en la Plaza Mayor. Tanto la citada plaza como los locales de ultramarinos estaban controlados para evitar los abusos de acaparadores y revendedores; y las listas con los precios de los artículos tasados estaban expuestas.

Tras la guerra, el hambre y la pobreza aumentaron y los carniceros se quejaban de que no había carne para comer en la comarca porque se habían suprimido muchos mercados semanales y mensuales. Por otra parte, muchos ganaderos se abstenían de vender sus reses para no sujetarse a los precios tasados. Los placentinos que quisieran (y pudieran) comprar alimentos necesitaban inscribirse en el Padrón de Cédulas Personales, pues sólo así recibían la cartilla de racionamiento y podrían adquirir los productos de subsistencia mediante los cupones de abastecimiento.

4.- La población

Una situación tan dramática tuvo también su reflejo en la evolución de la población. En efecto, las tres variables demográficas contenidas en la Gráfica número 2 sufren variaciones destacadas.

Tanto los nacidos inscritos en los RRPP como en el RC muestran un lento pero continuo ascenso desde principios de la década de los treinta hasta el año 1936. Desde entonces, ambas líneas rompen su tendencia para descender hasta 1939. Son años en los que las parejas no pueden concebir por la separación de los cónyuges motivada por la situación bélica; o bien no quieren, debido las condiciones de penuria que atravesaba la ciudad. Era difícil traer un hijo al mundo sabiendo que en aquellas circunstancias tenía menores posibilidades de sobrevivir. Además, la falta de una alimentación correcta, en cantidad y calidad, reducía la fertilidad, provocando, incluso la amenorrea.

Por su parte, también los matrimonios muestran un mínimo en los primeros años de guerra. Como era lógico ambas variables estaban interrelacionadas, porque en una situación semejante, los placentinos redujeron sensiblemente los enlaces nupciales en una época de incertidumbre, miedo y  hambre; y era más sensato esperar el fin de la contienda para fundar nuevos hogares con mejores perspectivas. A medida que se acercaba el fin de la guerra, las bodas aumentaron hasta culminar en el máximo de 1940. Este alza se relaciona con la gran natalidad que se produjo el mismo año (“Baby Boom”). Pero en 1941, la falta de alimentos, la carestía, el racionamiento, el hambre y la adversa climatología (cuyo invierno fue de los más duros del siglo) retrajeron los enlaces y los nacimientos. A partir de aquí las variables comienzas a recuperarse.

La mortalidad presenta cierta estabilidad hasta 1936. Pero desde entonces se dispara y permanece alta durante la guerra (diferencia entre RC y RRPP por falta anotación). Con la excepción de 1941 (año crítico, como ya se vio), las defunciones comienzan su descenso. El impacto bélico en la población fue tal que, desde la epidemia de sarampión de 1914, los valores nunca habían sido tan elevados.

Como suele ocurrir en momentos de catástrofe, la falta de alimentos fue una constante en la vida de los placentinos durante la guerra y la posguerra. Todavía están presenten en la memoria de algunos las largas colas que se formaban para recoger productos que los soldados repartían. En consecuencia, el estado de desnutrición era alarmante. Y los organismos se fueron debilitando progresivamente: el número de fetos que nacieron muertos aumentó del 20% al 30% en 1939; y se disparó el número de muertes infantiles por denominaciones como “No ser del tiempo”, “No ser viable”, “Falta de vitalidad”, y “Debilidad congénita”. La mortalidad infantil fue, durante el período 1936-1941, del 32%. Pero no sólo los niños resultaron perjudicados, pues también los ancianos sufrieron el embate, aumentando sensiblemente las defunciones en el asilo. Y lo mismo puede decirse de los internados en el Manicomio.

Así pues, los óbitos afectaban mayoritariamente a los individuos más débiles: niños, ancianos, dementes y vagabundos, calificativos que aparecen frecuentemente en los RRPP, lo cual corrobora la selectividad de la muerte.

En 1941, tras casi dos años de posguerra, las debilidades orgánicas se hicieron sentir y las enfermedades encontraron un terreno abonado para prender en unos organismos debilitados: las defunciones producidas por enfermedades relacionadas con la desnutrición fueron casi el 16% del total de muertes registradas ese año. A ellas habría que añadir otras causadas por morbos de tipo infecciono (tuberculosis, meningitis, bronquitis y tosferina), que se acentuaban en periodos críticos.

También la falta de limpieza e higiene, tanto pública como privada, se cobró sus víctimas en la posguerra: en abril de 1939 aparecieron diversos focos de viruela (calle Rosas, Casa de Salud, Hospital Militar…). En diciembre, se decreta un despiojamiento general ante casos de tifus exantemático; a la vez que se insta a los farmacéuticos a proveerse de suero para combatir la difteria ante la muerte de varias personas por esa causa.

La repetición continuada de estas normativas evidencia una falta de cumplimiento no sólo por la vecindad, sino también por las autoridades locales, a quienes se encargaba de recriminar la Jefatura Provincial de Sanidad de Cáceres. En una comunicación oficial, se informaba que, pese a las múltiples ocasiones en que se había ordenado la puesta en marcha de la campaña profiláctica contra el tifus, todavía no se había ejecutado el mandato “…demostrando con ello un abandono y desobediencia dignas de un ejemplar castigo…”. Y es que, la contienda, con todo el cúmulo de elementos dramáticos que llevó aparejados, se tradujo, al menos en los primeros años de posguerra, en un descenso de los niveles higiénicos, que facilitaron la acción de bacterias, virus y organismos patógenos. Y estos, en última instancia, favorecieron el aumento de la mortalidad, como ocurrió en 1941.

Desde 1941 hasta 1944 los valores descienden tanto en los RRPP como, sobre todo, el RC. Superada la causa principal del desastre demográfico, la población placentina se recupera lentamente, aumentando la natalidad y provocando un crecimiento considerable, que sentaría las bases del despegue demográfico y económico placentino.

       

 

 

5  – Conclusión

Ya hemos visto las consecuencias demográficas, económicas y sociales que la contienda produjo en Plasencia. A las que podrían añadirse los efectos morales que sufrió la generación posterior; así como la cuestión irresoluta de la recuperación de restos de los que se ocupa la Memoria Histórica.

Que no se repita más este tipo de enfrentamientos, porque los efectos de las guerras civiles, además de inciviles, tardan mucho en cicatrizar, y perduran en la memoria colectiva.

Yo espero que este trabajo, además de ser una pequeña aportación al conocimiento de nuestra historia local, sirva también para conocer mejor lo que supuso la contienda y… de esta forma no tengamos que repetirla.

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Cuadro 1

Cuadro 2

Cuadro 3

Cuadro 4

Gráfica 1

Gráfica 2

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mar 012015
 

Autor: Beatriz Maestro Mateos

Licenciada en Historia

Universidad de Extremadura

 

Y  es hoy aquel mañana de ayer…Y España toda,

con sucios oropeles de carnaval vestida

aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda;

mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida.

 Antonio Machado.

 

 

INTRODUCCION

La II República española sobrevive como un recuerdo histórico, en nuestra memoria, atrayendo a muchos, aún hoy, como la gran esperanza de progreso y libertad. En un tiempo donde la comarca de la Sierra de Gata era una de las zonas más deprimidas de España, se hallaba la demografía de esta tierra por encima de la media de la provincia de Cáceres. La conflictividad social, el analfabetismo que abarcaba más de la mitad de la población, y la amenaza del hambre y la necesidad, eran los rasgos más característicos de estos lares. Otro de los graves problemas que acuciaba la precaria situación de la población de la Sierra de Gata en estos años, era el paro. Elevadas cifras de desempleo que se veían vinculadas principalmente a la agricultura, puesto que era la actividad económica más desarrollada.

Sumergido en todo este ambiente de pobreza, crisis y violencia, se encontraba el hermoso y arbolado municipio de San Martín de Trevejo. Con 1.492 metros sobre el nivel del mar, se muestra rodeado de castaños y robles, entre otras especies. Hasta el año 1833 perteneció a la provincia de Salamanca y a la encomienda de Trevejo, contando cien años después –concretamente en 1930– con unos 1688 habitantes, que se caracterizaban por su actividad agrícola (principalmente basada en el olivo), y ganadera (caprina casi en su totalidad). Lamentablemente, otra de las características que los mañegos –como se denominan los habitantes de esta localidad– tenían, era una tasa de analfabetismo superior al 57%. Cabe decir a este respecto, que en la Sierra de Gata dicha cifra podía considerarse como intermedia, siendo Trevejo y Eljas con un 75,5% y un 72,32%  respectivamente, los índices más altos de esta zona.[1]

Se ha elegido dicha localidad para este trabajo, no únicamente por la belleza del entorno y lo desconocido del lugar, sino también por los lazos familiares y culturales que a ella me unen. El objetivo del trabajo es introducir y acercar al lector a la historia de esta villa, concretamente, al periodo de tiempo comprendido entre 1930 y 1939.

1  LA VILLA DURANTE LA SEGUNDA REPÚBLICA

 1.1. Desempleo y conflictividad social

Para hacernos una idea del contexto socioeconómico de San Martin de los vinos –cómo se conocía en el pasado al municipio– y en general de la Sierra de Gata, es necesario destacar su gran dependencia del sector primario. El exceso de mano de obra escasamente cualificada, sería la primera causa de que la estructura productiva arcaica se mantuviese, y no fuera posible una modernización agrícola[2]. Para empeorar esta situación, los terratenientes acaparaban las tierras de cultivo, quedando los trabajadores a merced de sus patronos, hecho que provocará una serie de tensiones entre los moradores de esta villa, como veremos a continuación.

Por otro lado, altos índices de alcoholismo y violencia harán eco en una población víctima de su tiempo, donde la imagen más común en la mayoría de las localidades de la provincia eran los continuos enfrentamientos y agresiones entre vecinos. El motivo más popular de los conflictos eran las diferencias políticas, aunque los actos violentos podían desencadenarse por cualquier asunto banal: un tropezón al doblar una esquina o el arranque de un cartel colocado en un muro.[3]

El ya mencionado problema del paro, transformó el mercado laboral en un mercado conflictivo. Esto es debido a que con el fin de afrontar dicha cuestión, las sociedades obreras apoyarán una serie de prohibiciones acerca de la contratación de obreros extranjeros. Tal y como afirma Julián Chaves:

 

“En una provincia agraria como la de Cáceres, era la clase patronal de este sector la que más participaba en reuniones destinadas a establecer pactos entre desempleados y patronos.”

 

Los alcaldes solían ser los intermediarios de estos encuentros, donde a medida que transcurrían el tiempo y los acontecimientos, los terratenientes comenzaron a adoptar una actitud más perniciosa y negativa a las peticiones de los parados. Frente a esta situación, se promulgó el 1º Decreto de 28 de abril de 1931, también llamado Ley de Términos Municipales, que obligaba a los patronos agrícolas a emplear en primer lugar a los obreros del propio término municipal. A pesar de ello, los terratenientes mañegos continuaron contratando a obreros extranjeros pese a la indignación de los locales, hecho que favorecería y facilitaría en gran medida la Restauración agrícola que los sublevados llevarían a cabo con posterioridad.

 

Como consecuencia, en San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno, llegaron incluso a producirse amenazas y agresiones a los trabajadores portugueses que eran contratados por los patronos de su localidad. Mujeres y hombres moradores de estas tres localidades, empleaban una serie de instrumentos triviales como palos y piedras[4] para ahuyentar a los trabajadores del país vecino, al considerar que éstos les quitaban el trabajo.

La mencionada Ley de Términos Municipales[5], publicada en La Gaceta el 30-IV-1931 dictaba lo siguiente:

 

“Artículo 1º: En todos los trabajos agrícolas los patronos tendrán la obligación de emplear preferentemente a los braceros que sean vecinos del Municipio en que aquellos hayan de realizarse”

 

“Artículo 2º: en los Municipios donde existen Delegaciones locales del Consejo de Trabajo, por la secretaría de estos organismos se abrirá un registro en el que podrán inscribirse los obreros agrícolas que no tengan colocación. Donde no existen las indicadas Delegaciones, llevará a cabo dicho registro la Secretaría del Ayuntamiento respectivo”

 

Artículo 3º: Dicho registro estará a disposición del público, y en él podrán los patronos elegir los obreros que hayan de emplear”

 

 

Artículo 4º: Las infracciones serán castigadas con una multa de 25 pts. y  50 pts. En caso de reincidencia”

 

Las organizaciones sindicales obligarían a los patronos al cumplimiento de estos artículos, presionando para que fueran contratados los desempleados que aparecían en los censos obreros y despedidos los que no estuviesen en dicha relación. Pero a pesar de ello, y de lo descrito en el artículo 4º del Decreto, los incumplimientos por parte de los terratenientes eran una constante. Por ello, con el transcurso del tiempo se llevarían a cabo una serie de modificaciones en las mencionadas normas para satisfacer a los patronos y favorecer una mayor disposición de los mismos.

 

En definitiva, lo que esta Ley de Términos municipales tenía como objetivo era, no sólo reducir la problemática del desempleo, sino también limitar a los caciques de las localidades en la práctica de su principal instrumento político: dar trabajo a todos aquellos cuyos ideales y tendencias políticas les fueran gratos. Pero asimismo, los propios campesinos se vieron también afectados ya que su migración habitual hacia zonas donde el trabajo era más abundante quedaría a partir de ahora revocada.

 

Para acrecentar aun más la rigidez del ambiente en San Martín, llegaría el 7 de mayo de ese mismo año, 1931, el Decreto-ley sobre Laboreo Forzoso[6] que dictaba el carácter obligatorio para todos los cultivadores rústicos de llevar en sus explotaciones las labores necesarias y estipuladas con el fin de obtener un aprovechamiento máximo. Este hecho iba enlazado con la asignación obligatoria de trabajadores asalariados a todos aquellos terratenientes que no alcanzasen este nivel máximo de explotación en sus tierras.

 

Lo dispuesto violentó cuantiosamente a los terratenientes, ya que procuraban ante todo contratar una mano de obra barata y escasa para obtener los mayores beneficios posibles. Como consecuencia de la usurería que pretendían llevar a cabo estos patronos, y de la situación de paro permanente, se daban en ocasiones incluso casos de servidumbre donde los campesinos mañegos trabajan únicamente a cambio de recibir alimento diario.

En San Martín de Trevejo, además de los conflictos que tenían lugar entre patronos y obreros, se producían a la par rivalidades entre terratenientes, que veían la luz mediante disputas por el repartimiento de los trabajadores desempleados. La Ley de Términos Municipales parecía no poder instaurarse plenamente en esta localidad, por lo que se  firmarán unas bases laborales entre la sociedad obrera La Redentora y los propietarios locales el 13 de noviembre de 1932[7]. Entre las mismas quedaba estipulado que durante la recogida de la aceituna era obligatorio dar empleo a obreros comarcales y la asignación del sueldo femenino, que como aun hoy en día no sorprende, era inferior al masculino.

Fig.1

Lám. 1. Víctor Berjano encabezando la campaña electoral de Cáceres.

Fuente: Periódico ABC, 16-XI-1933. Página 6.

  Estos problemas simultáneos entre terratenientes, y entre patronos y jornaleros, se sucederán en el tiempo provocando huelgas generales en San Martín desde el año 1933 hasta el año 1936. Pero, como en todo, estas huelgas tenían sus detractores y sus partidarios, puesto que paralizar totalmente la actividad laboral de todo un pueblo no siempre era favorable para todos los trabajadores, sobre todo para aquellos que tenían comercios o tabernas, que aunque ambos eran escasos en la localidad, abundaban más los segundos que los primeros.

 

En medio de todo este clima de crispación, el Gobierno decide promulgar el 28 de julio de 1933 la Ley de Orden Público, una ley, que tal y como indica su artículo primero, tenía como objetivo lograr el aseguramiento por parte de las autoridades competentes de “las condiciones necesarias para que ninguna acción externa perturbe la función de aquellas instituciones  y para que tales derechos se ejerciten normalmente en la forma y con los límites que prevengan las leyes”. Por otro lado, en su artículo segundo, se detalla qué tipo de actos serían considerados como actos que afectaban al orden público: “los realizados por colectividades cuando transciendan a la vida pública ciudadana” y “los que se cometen o intenten cometer con explosiones”.[8]

 

A pesar de lo dispuesto, las huelgas y altercados se siguieron produciendo, y aún si cabe, con más énfasis, siendo necesario destacar el carácter especial de la huelga que se llevó a cabo no sólo en este municipio, sino en toda España, en noviembre de 1934 puesto que fue catalogada como huelga de tipo revolucionario. Los agentes realizarán en esta localidad varias

 

detenciones de vecinos socialistas, comunistas y anarquistas para frenar este proceso revolucionario, aunque todo ello supusiese que la violencia física acaparase un lugar primordial y las tensiones y la animadversión entre los propios vecinos mañegos fuesen incrementándose a pasos agigantados.

 

Las autoridades municipales intentarán dar solución a esta situación, mediando entre ambas partes (terratenientes y obreros) con una serie de medidas de carácter temporal que se verán olvidadas en la mayoría de los casos. La solución más socorrida para contentar tanto a parados como a patronos, era la creación de puestos de empleo fomentando la puesta en marcha obras públicas.  De este modo, se propuso al alcalde de la localidad vecina, Valverde del Fresno, que contratase a los obreros en paro de San Martín para mejorar así el desempleo a través de la construcción de la carretera Valverde-Portugal[9]. Cabe decir, que en la mayoría de los municipios no se disponía del suficiente presupuesto para que estas proposiciones vieran la luz.

 

En conclusión, los distintos decretos y disposiciones legislativas elaboradas por el Ministerio de Trabajo y Previsión, a pesar de estar caracterizados por una condición únicamente reformista, afectarían en gran medida a las prácticas tradicionales de explotación unidas a las relaciones laborales que mantenían la burguesía agraria y los jornaleros, no sólo en San Martín de Trevejo, sino también en toda la Sierra de Gata.

 

 1.2. Agitación política

Como era natural, el devenir político de la localidad de San Martín, de la comarca de la Sierra de Gata y de la provincia de Cáceres, serían un claro reflejo de la situación política que se vivía a nivel nacional. Considero digna de mención, la repercusión que dicha agitación tuvo en el convento de San Miguel, caracterizado tanto por su belleza actual como por su importancia en el pasado de esta villa.

Este histórico convento[10], situado a 500 metros de San Martín de Trevejo, se encontraba ocupado en 1931 por Jesuitas portugueses provenientes de Guimarães hasta que con la proclamación de la II República Española sus bienes fueron incautados, encontrándose entre ellos dicho convento, que se convertiría a partir de entonces en un preventorio infantil antituberculoso.

 

Por lo que a los actos políticos respecta, cabe decir que serán numerosos desde los primeros momentos de instauración de la República, siendo los de orientación derechista minoritarios en un principio para posteriormente aumentar su sucesión en el tiempo.

A medida que en el año 1933, las segundas elecciones generales de la Segunda República Española para las cortes avanzaban, la campaña propagandística de los partidos se hacía más intensa. El periódico semanal Unión y Trabajo muestra la agitación política de la provincia cacereña, animando al voto (con terminologías marxistas) tanto femenino como masculino, de la candidatura socialista:

 

“Camaradas: pocos días quedan para que los españoles ejercitemos el derecho sagrado e inviolable, de depositar la papeleta electoral en las urnas. Nuestra papeleta será el arma con la cual, sin violencias ni luchas estériles, daremos la batalla decisiva a la clase capitalista.”[11]

 

Otro tipo de ensalzamiento al voto socialista queda reflejado en dicha campaña a través de mensajes de unión para el pueblo:

FIG. 2

Lám. 2. Leoncio Mateos junto a su hija Paulina Mateos, procedentes de San Matín

de Trevejo, detenido y posteriormente encarcelado, disfruto de mejor suerte

que sus vecinos saliendo con vida de prisión. Fuente: álbum familiar.

“Debemos unirnos como una piña y votar como un solo hombre a la candidatura socialista”[12]

A pesar de la intensa campaña llevada a cabo por los socialistas, los comicios electorales de este año darán la victoria a los partidos de derecha, relacionando este triunfo con las coacciones que la oligarquía agraria ejercía en la comarca.

 

Estos partidos de derecha, además, ejecutaron también una intensa campaña electoral en toda la provincia cacereña, incluyendo naturalmente la Sierra de Gata, donde destaca el terrateniente Víctor Berjano Gómez[13], integrante de la CEDA y procedente de San Martín de Trevejo.

 

Un ambiente enrarecido comenzaba a gestarse desde 1935, donde los extremistas tanto de derechas como de izquierdas mostrarían su lado más radical. La sensación general de los campesinos mañegos era de desencanto al comprobar que sus demandas se procesaban con lentitud mientras rara vez se cumplían. La situación de la población empeoraba y sus problemas eran cada vez más deficientes.

 

A partir de junio y julio de 1935, los actos de propaganda socialista se celebrarán nuevamente de manera intensa hasta comienzos de la próxima campaña electoral a través una serie de oradores que recorrían los núcleos rurales.  En San Martín de Trevejo, el Frente Popular era la fuerza política del momento a pesar de no contar con un núcleo organizado de dirigentes que estimulasen la labor política en el municipio[14].

 

Como consecuencia de la radicalización cada vez mayor de la sociedad española, se produjeron incluso fraudes electorales como el acontecido en las elecciones de febrero de 1936. En Cáceres, se acusó a partidarios de izquierda de abrir la caja de la Diputación donde se encontraban las actas para el posterior escrutinio, colocando actas falsificadas para los resultados de los pueblos de la provincia donde la derecha tenía mayoría de votos[15].

 

Será en julio de este mismo año cuando los sublevados comenzaron a expandirse por toda la provincia cacereña, siendo Jesús Corbín el delegado gubernativo que se encargará de coordinar la insurrección en la Sierra de Gata. El pueblo mañego responderá a esta ofensiva armados con escopetas y armas blancas con el fin de proteger el gobierno constitucional. El 22 de julio este grupo de moradores, ante la victoria de los golpistas, decidieron huir a la Sierra de Jálama[16]. El suceso culminará con detenciones por parte de los propios falangistas del municipio y de la Guardia Civil.

 

Con el estallido de la Guerra Civil, los pueblos de la Sierra de Gata se verán sumergidos en una recóndita represión que tendrá como consecuencia la desaparición de numerosas personas no afines al bando sublevado. En concreto, a partir del mes de julio de 1936, comenzarán a producirse en San Martin de Trevejo las primeras defunciones.[17]

 

Los falangistas locales comenzaron a perseguir a los vecinos mañegos refugiados tanto en la sierra como en Portugal. Los detenidos serían trasladados en su gran mayoría a la prisión de Coria, donde la falta de higiene y las condiciones de vida infrahumanas provocaban entre los reclusos enfermedades infecciosas que se propagaban rápidamente. Estas detenciones solían tener un triste desenlace para la mayoría de los arrestados: el fusilamiento sobre el puente de Alconétar.

 

Todo ello, no era más que el inicio de una brutal y sanguinaria represión, caracterizada por los fusilamientos sin juicio derivados de las acusaciones que los propios moradores mañegos llevarían a cabo contra sus vecinos, bajo una histeria colectiva de sospecha comunista.

  2. LA GUERRA CIVIL Y SU REPERCUSIÓN EN SAN MARTÍN DE TREVEJO

Los días posteriores al alzamiento, los sublevados se marcaron como propósito la rápida extensión por toda la provincia cacereña, siendo instrumento principal para ello el abastecimiento y aprovisionamiento tanto de armas como de combustible, principalmente.

 

El bando sublevado, además, contaba con la colaboración portuguesa a través de la ejecución de un estricto control sobre los republicanos españoles, que pretendían pasar a través de los puestos fronterizos, siendo detenidos y posteriormente entregados a los insurgentes.[18]

 

Cobraba entonces ahora la figura del contrabandista, caminando en la oscura noche solo o en grupos reducidos con mochilas cargadas de armamento y munición. Existían numerosos puestos de la Guardia Civil con cuerpos especializados en la represión del contrabando en Valverde del Fresno y Eljas. Debido a la proximidad de estos dos municipios con San Martín, los vecinos mañegos utilizaban los caminos de estas localidades para dicho fin. Entre estas rutas destacaban “El corral de Fidalgo” y “La Eriña” en Valverde del Fresno, siendo a travesadas ambas por pequeñas veredas o campo a través con el objetivo de saltear los mencionados puestos.

 

San Martín de Trevejo y la Sierra de Gata en general, se encontraron rápidamente bajo el mando nacionalista, y en consecuencia, bajo el manto de la Falange Española como organización primordial en la zona. La ya mencionada histeria y el nerviosismo se extendieron con igual celeridad entre una población caracterizada por la miseria, donde las rencillas personales, las enemistades y la participación política pasada, desembocaban ahora en acusaciones de traición a las fuerzas sublevadas entre los propios vecinos mañegos, tal y como se ha comentado ya con anterioridad.

 

La tensión entre los moradores de esta villa seguirá acrecentándose y prolongándose en el tiempo, continuando los problemas entre terratenientes y jornaleros como en periodos anteriores, con la diferencia de que ahora los primeros se negaban a contratar a los excombatientes mañegos no afines a la ideología de dichos patronos.

 

Por otro lado, a partir de 1936 se manifiesta una voluntad de la restauración de las cosas a su estado anterior a 1931, cobrando principal protagonismo la materia agraria. En San Martín de Trevejo el problema de la devolución o no a los antiguos propietarios de los terrenos  expropiados no tuvo gran envergadura como en otras zonas de la provincia cacereña, debido a que los terratenientes conservaron prácticamente en su totalidad los territorios como consecuencia de la gran influencia que siempre tuvieron en el municipio. Asimismo, considero conveniente destacar, que este afán de restauración del Régimen Franquista, no entorpeció la creación de nuevas organizaciones que paliasen el creciente déficit de productos de primera necesidad entre la población.

 

Debido al inminente estado de escasez, hambre y miseria en el cual se encontraban los moradores mañegos, y en general todas las localidades cacereñas que soportaron la Guerra Civil, tuvo gran repercusión la organización de socorro humanitario denominada Auxilio Social[19]. Este proyecto, en sus inicios conocido como el Auxilio de Invierno, surgió como un intento por paliar las necesidades derivadas de la sublevación y de la guerra en el sector más vulnerable de la sociedad: los niños huérfanos cuyos padres habían muerto en el campo de batalla.

 

Así, la Delegación Nacional de Auxilio Social se convertiría en una ostentosa obra que el Caudillo reservó para los más necesitados, siendo muestra de ello su estructuración en tres secciones en el año 1938: Auxilio a Poblaciones Liberadas, el ya mencionado Auxilio de Invierno, y la Obra Nacional Sindicalista de Protección a la Madre y al Niño.

 

Los fondos de este Auxilio Social tenían diversa procedencia, siendo una de ellas la recaudación del día del Plato Único[20]. Creada el 30 de octubre de 1936 y llevándose a cabo los días 1 y 15 de cada mes en un primer momento, pasaría a celebrarse semanalmente en el mes de julio del 37. San Martín de Trevejo se encontraba desde comienzos del conflicto bajo la dirección de los sublevados, por lo que se hallaba desde su creación dentro de esta dinámica del Plato único, primeramente, para incluirse también más adelante en el Día Sin Postre. Los habitantes mañegos se encontraban divididos en el padrón del Día del Plato Único y Día Sin Postre del uno de septiembre del año 1939 en dos sectores o secciones: un sector norte que contaba con 84 vecinos, y un sector sur compuesto por 65 vecinos.[21]

 

 

Por lo que respecta al servicio de Auxilio a Poblaciones Liberadas, creado con el fin de suministrar víveres a las poblaciones de las ciudades conquistadas por las tropas franquistas, cabe decir que no se reclamó la ayuda de San Martín de Trevejo hasta el dos de febrero de 1939, con motivo de la liberación de Barcelona, tal y como indica el Secretario del Gobierno al alcalde de dicha villa:

 

“Sírvase comunicarme por teléfono si dispone de medios para transportar a esta Capital,

 los víveres recogidos para acudir en Auxilio de Barcelona y poblaciones liberadas.

EXPIDASE.”[22]

 

Los días 28, 29, 30 y 31 de enero los vecinos mañegos contribuyeron a la causa a través de donativos en efectivo y en especies, mientras que el 21 de febrero los suscritos aportaron únicamente ayudas en metálico, ascendiendo la cantidad acumulada a 1,512’90 pst, cantidad muy superior a las recolectadas en los días anteriores, siendo ingresada dos días después de su recaudación en la Delegación Provincial de Auxilio Social.[23] Los donativos más destacados (tanto en metálico como en especies) corresponden en su totalidad a las familias más pudientes del municipio: los terratenientes. El Resto de la población aportaba lo que buenamente podía, oscilando dicha cantidad entre las 0’20 pst y 0’50 pst.

 

Cuadro nº.1. Donativos en metálico de suscriptores como ayuda a las poblaciones liberadas.

Día y año 28 enero 1939 29 enero 1939 30 enero 1939 31 enero 1939 21 febrero 1939
Número de vecinos suscritos al donativo x 95 59 39 239
Cantidad total recaudada 562’50 pst 209’25 pst 185’50 pst 449’65 pst 1512’90 pst
Principales contribuciones Santos Agero Merino: 100 pst. Ángeles Peralta: 40 pst Ángel Gil Jorge: 60 pst Carlos de Ojesto y Godínez de Paz: 300 pst. Carlos de Ojesto y Godínez de Paz: 300 pst.Juan Delgado Berjano: 100 pst.

 uente: Elaboración propia a partir de AHP de Cáceres, Expediente: Ayuda a las Poblaciones Liberadas, 1939. Sección Beneficencia, B/A/420.

 

Cuadro nº 2. Porcentajes de contribución en especies (año 1939).

Cuadro 2

Fuente: Elaboración propia a partir de AHP de Cáceres, Expediente: Ayuda a las Poblaciones Liberadas, 1939. Sección Beneficencia, B/A/420.

 

 

Otro tipo de Beneficencia llevada cabo en la época eran los subsidios otorgados a las familias de los combatientes de esta localidad. Para poder recibir dichas ayudas la familia del soldado debía justificar que carecía de ingresos, o bien justificar que el combatiente se encontraba herido, fallecido o que se había convertido en un inválido de guerra. En el periodo de tiempo comprendido entre los años 1937 y 1939 se suceden los diversos padrones de combatientes y sus familias correspondientes a cada mes, con el fin de recibir el ya mencionado subsidio al combatiente. Las Juntas Municipales eran las encargadas de elaborar el censo de las familias beneficiarias a partir de los datos aportados por las declaraciones juradas presentadas por los interesados.[24]

 

Concretamente, el padrón de San Martín de Trevejo perteneciente al 4 de enero del 37 se compone de 60 beneficiados[25], de los cuales más de la mitad son las esposas e hijos de los soldados, seguidos de las hermanas o nietos de los mismos. El número de beneficiados de este subsidio disminuía en el tiempo, siendo un total de trece a fecha de 11 de octubre del 39, para conformar un conjunto de once bonificados tan sólo dos meses después. El importe diario que recibían los empadronados en el denominado año de la victoria rondaba las 30 pesetas diarias, alcanzando las 900 pesetas mensuales[26], destacando el hecho común de que en todos los padrones mencionados aparece la firma del secretario vigente por aquel entonces en el municipio: David López Serrano.

 

A pesar de los mecanismos ideados para que prosperase la precaria situación social que la guerra había fomentado, la realidad fue que el hambre y la miseria se prolongaron durante dos décadas en la región extremeña, sin olvidar los daños psicológicos y morales que este infausto conflicto causó en la población. Por otro lado, es preciso tener en cuenta que las detenciones arbitrarias, las purgaciones, los fusilamientos, y las víctimas en combate de ambos bandos desembocaron en un elevado número de pérdidas humanas entre la población extremeña.

 

3. CONCLUSIÓN

Debo reconocer, que en algunos momentos durante la realización de este trabajo, se apoderaba de mí un gran desconsuelo al comprobar durante la recapitulación e interpretación de información y datos, cómo las víctimas de este conflicto fratricida no eran únicamente los fallecidos en combate o en actos de violencia (fugas, palizas…) sino la población entera en general, que soportaría durante años las atrocidades de la guerra, y aún peor, las calamidades de la posguerra. Me embarga el desasosiego al revelar cómo la población mañega iba descalza, y la aflicción al rememorar cómo mis antepasados carecían de lo más básico en estas zonas rurales. A consecuencia de ello, un gran número de vecinos de San Martín de Trevejo optaría por la emigración hacia países como Argentina con la esperanza de mejorar su calidad de vida.

En definitiva, considero que la Guerra Civil no debe interpretarse por el pueblo español como una batalla con final positivo o negativo dependiendo de los prejuicios de cada uno, sino como una guerra con un desenlace trágico, atroz y traumático que hizo mella en una población que aún hoy, envejecida y cansada, recuerda con dolor el drama sufrido en este conflicto.

4. BIBLIOGRAFÍA

 

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SÁNCHEZ JIMÉNEZ, J.: La España contemporánea III: de 1931 a nuestros días. Ediciones Istmo S.A, Madrid 2004.

[1] Rodríguez Arroyo, J.C: II República, movimiento obrero y represión franquista en Sierra de Gata, 1931-1939. Grupo de estudio de Historia Contemporánea de Extremadura.

 

[2]  Rodríguez Arroyo, J.C: Movimiento obrero y represión franquista en Sierra de Gata, (1931-1936). Muñoz Moya Editores Extremeños. 2010

 

[3] Jackson, G.: La República Española y la Guerra Civil (1931-1939). Barcelona, Orbis, 1987.

[4]  Chaves Palacios, J.: Violencia política y conflictividad social en Extremadura. Cáceres en 1936. Diputación Provincial de Badajoz, Departamento de Publicaciones, 2000.

 

[5] Diario La Gaceta de Madrid, 30-4-1931. Nº 120, pp.415.

 

[6] Decreto Ley de 7 de mayo de 1931 sobre Laboreo Forzoso de tierras por causa de utilidad pública, en Gaceta de Madrid el 8 de mayo de 1931. Convertido en ley el 23 de septiembre de 1931 y publicado en Gaceta de Madrid el 25 de septiembre de 1931.

[7] Rodríguez Arroyo, J.C: Movimiento Obrero y Represión  Franquista en Sierra de Gata, (1931-1936). Muñoz Moya Editores Extremeños. 2010.

 

[8] Diario La Gaceta de Madrid, 30-VII-1930. Nº211, pp.682.

 

[9] Rodríguez Arroyo, J.C: Movimiento obrero y represión franquista en Sierra de Gata, (1931-1936). Muñoz Moya Editores Extremeños. 2010

 

[10] Hacia 1451 frailes franciscanos tomaron la decisión de fundar dicho convento, caracterizado por numerosas transformaciones físicas a lo largo de su historia, y convertido actualmente en una hospedería.

 

[11] Periódico semanal Unión y Trabajo, 4- XI- 1933.

 

[12] Periódico semanal Unión y Trabajo, 4- XI- 1933

 

[13] Diario ABC, 16- XI-1933. Página 6.

 

[14] Ayala Vicente, Fernando: La vida política en la provincia de Cáceres durante la II República. Institución cultural El Brocense.2002, Jaraíz de la Vera.

 

[15] Diario ABC,  21- II-1936. Edición de la tarde, pp. 29

 

[16] Chaves Palacios, J.: Violencia política y conflictividad social en Extremadura. Cáceres en 1936. Diputación Provincial de Badajoz, Departamento de Publicaciones, 2000.

 

[17] Chaves Palacios J.: La Represión en la Provincia de Cáceres durante la Guerra Civil (1936-1939). Universidad de Extremadura. Servicio de publicaciones, Mérida. 1995

 

[18] Chaves Palacios J.: Guerra Civil  en Extremadura. Operaciones militares (1936-1937). Editorial Regional de Extremadura, 1997

[19] Creada durante la Guerra Civil y englobada con posterioridad dentro de la sección femenina de la Falange Española. Su fundadora fue Mercedes Sanz Bachiller, esposa de Onésimo Redondo, uno de los fundadores de las JONS (grupo fusionado con la Falange Española en 1934).

 

[20] Diario ABC (Madrid), 30- VII-1939. Edición de la mañana, página 19.

 

[21] Archivo Histórico Provincial de Cáceres (en adelante AHP de Cáceres) Expediente: Padrón del Día de Plato Único y sin Postre (1939). Sección Beneficencia. B/A/267.

 

[22] AHP de Cáceres, Expediente: Ayuda a las Poblaciones Liberadas, 1939. Sección Beneficencia, B/A/420.

[23] AHP de Cáceres, Expediente: Ayuda a las Poblaciones Liberadas, 1939. Sección Beneficencia, B/A/420.

[24] García Ruipérez, M.: La ayuda a las familias de combatientes franquistas durante la Guerra Civil Española. Juntas y Comisiones Municipales. PDF, pp. 2.

 

[25] AHP de Cáceres, Expediente: Padrones de Combatientes y familias, subsidio al combatiente. Sección Beneficencia, B/A/330.

 

[26] AHP de Cáceres, Expediente: Padrones de Combatientes y familias, subsidio al combatiente. Sección Beneficencia, B/A/330.

Feb 172015
 

Manuel Mañas Núñez.

En pleno siglo XVI, dentro del llamado Humanismo del Renacimiento, no había un contexto social, político ni religioso muy favorable para que las mujeres pudieran ser protagonistas de la Historia y aún menos destacar en los estudios literarios. Y aunque Menédez Pelayo llegó a “adquirir noticias de más de treinta y nueve” puellae doctae[1], en realidad son muchas menos las mujeres de las que nos queda obra escrita. Entre estas mujeres doctas, destacan especialmente dos, ambas con el nombre de Luisa: una es la famosa Luisa Sigea (de Tarancón), cuyas obras y epistolario en latín están siendo actualmente estudiados, editados y traducidos[2]; la otra Luisa, que es la que nos ocupa en este momento, es Luisa de Carvajal y Mendoza, poetisa, es cierto, pero sobre todo mística, misionera, mujer de acción y, en cierta manera, mártir del cristianismo moderno.

Es, pues, muy acertado (diría incluso que era necesario) rendir homenaje a esta mujer, no sólo porque fuera natural de Jaraicejo, sino porque fue una mujer muy importante e influyente en su época. Una mujer sobre la que, en el mismo año de su muerte (1614), se publica un libro en el que el jesuita Francisco de Peralta da cuenta De la dichosa muerte que tuvo en Londres la sancta señora doña Luysa de Carvajal y algunas cosas de las muchas que por su medio Dios nuestro Señor obró en Inglaterra en nueve años que estuvo en aquel Reyno y de las Honras que se le hicieron en la Yglesia de San Gregorio Magno… en el Collegio Inglés de Sevilla, en 11 de mayo de 1614; una mujer sobre la que Fray Miguel Salón publica, dos años después de su muerte (1616), una breve relación de la muerte de doña Luysa de Caravajal y algunas cartas suyas de muy grande edificación [3]; una mujer de la que tenemos una biografía manuscrita en latín y que aún está por editar y traducir: la Vita Aloysiae Carvajaliae, Virginis Hispanae, Martyrii Candidatae in Anglia, fidem professae4, obra del jesuita Giraldo Orano Menenio; una mujer cuyo confesor, el jesuita inglés Miguel Valpolo (1570–1624?), dejó manuscrita una obra titulada La vida de doña Luysa de Carbajal; una mujer, en fin, sobre la que el licenciado Luis Muñoz publicó en 1632 una Vida y virtudes de la venerable virgen Doña Luisa de Carvajal y Mendoça. Su jornada a Inglaterra y sucesos en aquel Reyno. Van al fin algunas poesías espirituales suyas, parto de su devoción e ingenio5: tal mujer, como decimos, tuvo que ser sumamente importante y famosa tanto en vida como en los años inmediatamente posteriores a su muerte.

El caso es que desde mediados del siglo XVII hasta finales del XIX, durante casi dos siglos, la figura y obra de Luisa permanecen prácticamente en el anonimato, hasta que en 1873 Georgiana Fullerton publica The life of Luisa de Carvajal, una traducción de la Vida citada de Luis Muñoz. A partir de entonces, y ya en el siglo XX, surge un creciente interés por nuestra autora de la mano de Antonio Rodríguez Moñiño y María Brey[7], que relanzaron la figura de doña Luisa. Asimismo, el jesuita Camilo María Abad Puente publicó primero su Epistolario y sus Poesías en la BAE y un año después sus Escritos autobiográficos, con amplios estudios sobre la autora [8]. Y ya más modernamente se han

ocupado de ella Isabel Román, Miguel Ángel Teijeiro, Mª Nieves Pinillos o Javier Burrieza [9], destacando en estos últimos años los estudios que investigadores anglosajones han dedicado a la poetisa, como la recientísima monografía de Glyn Redworth, The She-Apostle. The Extraordinary Life and Death of Luisa de Carvajal (2008) [10]. Una mujer, como decimos, que ha sido objeto de tantas investigaciones y sobre la que, incluso, se ha publicado una biografía en la prestigiosa Universidad de Oxford, tuvo que ser muy importante y famosa en su tiempo.

En la calle Talavera de Jaraicejo, el 2 de enero de1566, nació Luisa en el seno de una familia noble, en la casa-palacio que en su día habitaron Bernardino de Carvajal (obispo de Plasencia 1521-1523) y su sobrino Gutierre de Vargas y Carvajal. Y no es casualidad que naciera Luisa en esta casa, pues su padre, Francisco de Carvajal y Vargas, era hijo ilegítimo del obispo Gutierre de Vargas y Carvajal, quien le había donado dicha casa. Así nos cuenta el tropiezo una Crónica jesuítica:

Y mientras [D. Gutierre] estaba en Toledo, de un tropiezo que tuvo con una señora noble Toledana, le resultó un hijo natural, que se llamó D. Francisco de Carvajal” [11].

Su madre era María Hurtado de Mendoza y Pacheco, hermana de Francisco Hurtado de Mendoza, tercer Conde de Monteagudo y noveno Marqués de Almazán [12]. Era, pues, Luisa, nieta de obispo e hija de dos nobles familias extremeñas entroncadas con la nobleza castellana (los Carvajal y los Mendoza). Era la primera niña de la familia tras cinco varones, de los que ya entonces sólo vivía uno de ellos.

Poco tiempo residió su familia en Jaraicejo, pues su padre fue destinado a León como corregidor. Por sus escritos autobiográficos sabemos que en su primera niñez tenía estrecha relación con su madre, pues habla de ella con gran amor: nos dice literalmente que “imitaba mucho a mi madre”, sobre todo en la preocupación por asistir a los pobres, y que estaba todo el día pegada a ella y que no había:

“quien me pudiese apartar de mi madre casi en todo el día, aunque ella me rogaba muchas veces que me fuese a jugar con otros niños” (p.134).

 

A su madre nos la presenta como muy hermosa, modesta, temerosa de Dios e inclinada a la oración, pues “frecuentaba mucho su oratorio” y para “Luisina”, como la llamaba cariñosamente, era su madre un ejemplo de virtud y devoción a

seguir. Y como la madre tenía inclinación por los franciscanos y por ayudar de cerca de los pobres, la propia Luisa recuerda que desde pequeña vestía con hábito franciscano, aborreciendo las galas propias de su condición nobiliaria; y que guardaba en una arquilla el dinero que sus padres le daban para repartirlo luego entre los pobres que vivían hacinados en la cárcel o entre los niños necesitados que encontraba por la calle. Además, a pesar de su corta, edad, en vez de jugar, prefería intervenir en las conversaciones de los mayores, por lo que su madre decía muchas veces:

Ya viene Luisina a darnos también su parecer y poner su cucharadita”.

De su madre también heredó Luisa la afición por el sacramento de la confesión, pues tenía gran temor al pecado mortal. Y, así, nos confiesa que “era aficionadísima a confesarme muchas veces” (p. 140).

A los seis años quedó huérfana. Primero murió su madre, contagiada de tifus por un pobre al que cuidaba personalmente; y a los pocos días moría su padre, contagiado por la madre. Será, sin duda, una experiencia que marcaría el resto de sus días, pues nos dice de la muerte de sus padres:

 

Y retirada algunas veces do nadie me oyese, a solas lamentaba y lloraba su temprana muerte” (p. 139).

Luisa, entonces, se trasladó a Madrid con su tía abuela María Chacón, aya de las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela y madre del cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas. Vivían allí en un palacio que daba al monasterio de las descalzas franciscanas, por lo que Luisa recuerda haber correteado de niña por sus claustros y jugado a las muñecas con las infantas.

Al morir su tía, pasó en 1576 a la custodia de su tío don Francisco Hurtado de Mendoza, marqués de Almazán, que vivía en Alemania como embajador de España en la corte de Maximiliano II. La niña es entonces trasladada a la fortaleza de Monteagudo para que conviviese con dos primas de su edad. Al estar ausentes sus tíos, estaba continuamente al cuidado de ella su aya personal, Isabel de Ayllón, que era una mujer muy estricta y empleaba todo tipo de métodos (azotes, golpes, pellizcos) para mantener la pureza de la joven. Luego, cuando sus tíos regresaron de Alemania, van a Almazán (en Soria).

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Lám. 1. La venerable Dª. Luisa de Carvajal y Mendoza.

Pero su tío es destinado como virrey a Pamplona y allí, con trece años ya, se educa Luisa, pasando su adolescencia en un ambiente de piedad, lectura de clásicos y duras penitencias corporales. En efecto, su tío el Marqués se convirtió entonces en su nuevo padre y en su director espiritual y ejerció una notable influencia sobre Luisa. Al lado de su tío, Luisa comienza a aislarse del mundo y del resto de la familia y a buscar su propio mundo interior a través de su tío, a quien idealiza, lo escucha absorta cuando habla horas y horas sobre las Escrituras o cuando lee textos religiosos. Estaba continuamente con él en su despacho y, mientras el tío realizaba sus tareas, ella se daba a la lectura de libros espirituales: “los más místicos y llenos de grano me deleitaban mucho” (p. 156). Parece que su tío le guiaba en los libros que había de leer, muchos de ellos adscritos a la llamada devotio moderna, y entre ellos han identificado los investigadores la anónima Passio duorum, el Tratado de la obediencia de Juan Clímaco, el Compendio de la doctrina cristiana de Fray Luis de Granada, los escritos de San Ignacio de Loyola, los libros de martirologios, libros de devoción

de ordinario y la Historia eclesiástica del cisma de Inglaterra del jesuita Pedro de Ribadeneira. Sus lecturas, además, van en consonancia con su carácter y experiencias personales:

 

gustaba yo harto de libros que me moviesen a horror y temor del infierno, amor y dolor de los dolores de Cristo, y de algunos que enseñaban el modo que se ha de tener en la confesión” (p.146).

 

Admira en su tío el celo con que había defendido a la Iglesia Católica en Alemania, sus conocimientos escriturarios y lecturas místicas, sus poesías espirituales, hasta tal punto que lo llega a comparar con “el santo rey David” (p. 150).

 

Y es en esta época, en complicidad con su tío, cuando tiene su primera experiencia sobrenatural. Según ella misma nos cuenta, fue en una huerta que su tío tenía cerca de Pamplona y donde pasaban algunos veranos: una noche, mientras hacía en soledad oración metal y examen de conciencia junto a un almendro,

 

me pareció que había visto una sombra grandísima, tan alta como el almendro o mayor, y algo lúcida, blanca como la nieve” (p.169),

tras lo cual, volvió a su habitación, de noche y mientras todos dormían, y se azotó durante media hora por mandato de su tío, quien le confesó haber visto también él aquella sombra gigantesca.

Y pasamos, así, a otra faceta de su vida en la casa de Pamplona: las disciplinas y crueles flagelaciones que recibe por indicación de su tío, quien también se disciplinaba. Don Francisco Hurtado de Mendoza, según relato de Luisa, era riguroso y hasta cruel con su sobrina, tanto que incluso hoy en día nos puede parecer algo inhumano y loco. Empeñado en reconducir el alma de su sobrina por el camino del bien, se recogía con ella en sus aposentos para ocupar el tiempo en cuestiones espirituales; cuando estaba ausente de casa, la encerraba en su oratorio hasta su regreso e incluso la mantenía recluida bajo llave para fortalecer su espíritu. Despiadado, incluso, nos parece su mandato de que, desde los catorce años, tuviera Luisa una criada que se ocupase de flagelar secretamente a la joven y que se empleaba con gran violencia a su misión. Luisa, nos cuenta ella misma, casi desnuda era azotada con “unas cuerdas de vigüela nada blandas”, que le producían un dolor físico mayor de lo que su débil constitución podía soportar. A todo ello se añadía la vergüenza de verse desnuda ante una criada, cuando se decidía que la disciplina tenía que ir de los pies a la cabeza. Luisa, entonces, recibía tal disciplina:

con una toalla puesta por la cinta de la manera que se pinta un crucifijo, y atada a una columna que para eso había hecha a propósito; y los pies en tierra fría, y una soga de cáñamo a la garganta, con cuyos cabos se ataban las muñecas y manos a la columna. Algunas veces pude contar cuántos eran los golpes de la disciplina, porque los contaba la misma persona de modo que yo los oía. Y acuérdome de que eran a veces ciento y a veces ciento cincuenta o más, y nunca a mi parecer eran menos” (p. 182).

Estremecen, en efecto, sus palabras por lo espeluznante de estas disciplinas. El propósito de su tío, con todo ello, era que la joven venciera sus temores y defectos y tuviera dominio pleno de su voluntad. Y ello, en efecto, le forjó un carácter independiente, una gran personalidad y una férrea voluntad que soportaba resignadamente el dolor y las más duras privaciones. Pero su salud se resintió.

En todo obedecía a su tío, salvo en sus pretensiones de casarla. Desde los quince años rechaza Luisa la posibilidad de un futuro casamiento tanto por la honda vocación religiosa que siente, como porque, como ella misma dice, “fui muy seca y huraña con mi contrario sexo, propiedad con que parecía haber nacido”. Y es que no sólo fue reacia al contacto con el sexo masculino, sino que también el matrimonio, lejos de parecerle sinónimo de felicidad o de libertad, lo veía como una obligación que le impediría mantener su ansiado voto de virginidad. Estaba, incluso, decidida, si la obligaban a casarse, a vivir con su marido como si fuera su hermano, en aposentos distintos y sin ningún contacto carnal, porque los hombres, ni siquiera los más hermosos, causaban en ella ningún deseo: “Y parecíanme groseros y fríos y feos, aun los tenidos por más hermosos hombres” (p. 156).

Tras su residencia en Navarra, la familia del Marqués se trasladó a Madrid, a la aristocrática casa Cisneros, donde quiso vivir Luisa en la más absoluta pobreza, cosa que sus tíos no le permitieron, aunque sí le consintieron llevar ropas moderadas. Entonces Luisa sustraía en secreto parte de su comida y llegó a mantener así a varios pobres, sin duda siguiendo en ello la actitud piadosa de su recordada madre. También visitaba en Madrid el hospital de Antón Martín, cuidando a las mujeres enfermas de sífilis, intentando convertirlas a la vida honesta y cristiana, para lo que también se presentaba personalmente en los prostíbulos.

Lleva, pues, una vida independiente desde que su tío le autorizara en 1591 a vivir separada con unas criadas y más aún con la muerte en el mismo año de 1592 de sus tíos los marqueses, momento en que reclama su herencia paterna y la dona a la Compañía de Jesús, con el fin de que ésta fundase un noviciado para la Misión Jesuita en Inglaterra.

Desde esta fecha, encontró una humilde casa en la calle de Toledo (Madrid) y empezó a convivir con sus antiguas criadas como una más, autoimponiéndose una vida de pobreza, de privaciones y de humillaciones, con arrebatos de misticismo, que recogería en su obra poética. Ella, como una más, guisaba, barría y echaba por la ventana las inmundicias, para vergüenza de sus parientes, que cada vez la fueron aislando más. Con este tipo de vida su salud, débil de por sí, fue empeorando y acabó padeciendo una grave afección cardiaca, unida a fiebres y espasmos parecidos a los epilépticos, que a veces la mantenían varios meses encamada y de los que nunca se recuperará.

Además, hizo votos de pobreza en 1593, de obediencia en 1595 y de martirio en 1598, pues era su deseo morir por Cristo. Llevaba siempre consigo una cajita de hojalata, donde guardaba un papel con dicho voto, en los siguientes términos:

“Yo, Luisa de Carvajal, lo más firmemente que puedo, con estrecho voto prometo a Dios nuestro Señor, que procuraré, cuanto me sea posible, buscar aquellas ocasiones de martirio que no sean repugnantes a la ley de Dios; y que, siempre que yo hallare oportunidad semejante, haré rostro a todo género de muerte, tormentos y rigurosidad, sin volver las espaldas en ningún modo, ni rehursarlo por ninguna vía; y que, cada y cuando me viere en ocasión tan venturosa, me ofreceré, sin ser buscada” (p. 31).

Entretanto, Luisa no había escatimado esfuerzos para recobrar la herencia paterna a la que antes había renunciado. Tuvo así que afrontar largos pleitos que duraron trece años, ya que tenía previsto dejar toda su herencia a los jesuitas para que fundasen un noviciado en Inglaterra y emplear también lo que le quedase de hacienda en idénticas obras caritativas. Así pues, entre los años 1602-1605 se instaló en Valladolid para seguir de cerca el complicado proceso de recuperación de su herencia. Al tiempo que sostenía estos pleitos se entregó animosamente al cultivo de la poesía, toda de carácter religioso y espiritual, quedando en la actualidad cuarenta y ocho poemas. Es una poesía donde canta su extasiada pasión de amor divino que, mal leída, podría llevar al lector a interpretar otro tipo de amor. Es lo que ocurre, por ejemplo, con el soneto “al Santísimo Sacramento, en que habla el divino Verbo inmenso con el alma que le está recibiendo de las manos del sacerdote”:

 

De inmenso amor aqueste abrazo estrecho

recibe, Silva, de tu dulce Amado,

y por la puerta deste diestro lado

éntrate, palomilla, acá en mi pecho.

 

Reposa en el florido y sacro lecho,

y abrásate en amor tan abrasado,

que hasta que el fuerte nudo haya apretado,

no sea posible quede satisfecho.

 

Mira cómo te entrego, amiga mía,

todo mi ser y alteza sublimada;

estima aqueste don que de amor te ofrece;

 

tendrás en mí gloriosa compañía,

y entre mis mismos brazos regalada

gozarás lo que nadie no merece [13].

 

 

En Valladolid realizó los “ejercicios de elección” (esto es, un nuevo conocimiento de la propia vida o de Cristo) prescritos por San Ignacio de Loyola (1602). Al mismo tiempo, logró con su tenacidad que el proceso entablado por su herencia se fallara a su favor, legándola definitivamente a la Misión en Inglaterra. Ello y su búsqueda incansable del martirio la impulsan a viajar a Inglaterra.

El 24 de enero de 1605 marcha a Londres, vía París y Bruselas, en un ajetreado viaje que, como toda la vida de Luisa, resulta extravagante y casi novelesco, donde estuvieron a punto de naufragar en un río, permaneciendo en el agua durante un día entero hasta que un barco los divisó y los rescató, y todo ello gracias a que Luisa no paraba de agitar un pañuelillo blanco en señal de socorro.

A primeros de mayo de 1605 está ya en Londres. Llega en el peor momento, sin dinero y justo antes de la llamada “Conjuración de la pólvora”, intento de volar por los aires el Parlamento inglés por parte los católicos el 5 de noviembre de 1605. Desde Londres escribió 150 cartas que, junto con las 30 enviadas desde Madrid y Valladolid, conforman un Epistolario de gran interés para los historiadores, pues atestigua de primera mano episodios importantes de las guerras de religión que Luisa conoció en Inglaterra.

 

Pero, ¿qué estaba pasando en Inglaterra para que Luisa fuera allí en busca de martirio, dispuesta a morir por defender a los católicos? Isabel I había mostrado una especial ojeriza contra los católicos leales al Papa, prohibiéndoles ir a misa y obligándoles a asistir a los oficios de la Iglesia anglicana; había sido por ello

excomulgada por el Papa en 1570 y había ejecutado en 1587 a María I Estuardo para evitar un golpe de Estado de los seguidores de la Iglesia de Roma. Pero, muerta Isabel en marzo de 1603, le sucedió Jacobo I, educado en el más fanático calvinismo y anglicanismo. Se pensaba que, al estar casado con la reina

católica Ana de Dinamarca, se suavizarían las leyes anticatólicas, pero resultó lo contrario, se endurecieron. Así que se organizó un complot por parte de un grupo de provinciales católicos ingleses para matar a Jacobo I, a su familia y la mayor parte de la aristocracia protestante volando las Casas del Parlamento

durante la Apertura de Estado (5 de noviembre de 1605). Pero se descubrió la conjura y se ejecutó a la mayor parte de los conspiradores, lo que sirvió de pretexto para un endurecimiento de las medidas antirromanas. Se inició entonces una feroz persecución, especialmente contra los jesuitas, acusados de ser

cómplices del complot, y entre 1607-1625 fueron ajusticiados en Inglaterra dieciséis sacerdotes y dos seglares católicos.

 

Luisa, por tanto, vivió con gran horror estos acontecimientos y en numerosos escritos señala su dolor por algunas de estas muertes. Especialmente sufre por el encarcelamiento y posterior ejecución del padre Enrique Garnet, superior de los jesuitas destacados en Inglaterra, ajusticiado en público el 3 de mayo de 606, en presencia de veinte mil espectadores. La narración de Luisa estremece:

“El sábado, después de su partida, fue sacado a la muerte el buen padre Garneto; y primero lo había sido a juicio en un lugar público, donde todos esperábamos poder saber la verdad de sus cosas; porque las de hasta allí venían todas por los inficionados arcaduces de los enemigos suyos y de nuestra fe… Pero, sacado a vista de todos, en lo poco que le permitieron hablar, interrumpiéndole a cada paso, mostró su constante y muy religioso ánimo… Y cuando llegó su día, con su pobre vestido negro y ropa larga hasta los pies…iba en oración y puestas las manos; y su rostro era proporcionado, y rubio y muy blanco, y modestísimo; y así, casi todo el pueblo, por la mayor parte, se

compadeció, y hablaban con blandura de él; y los católicos con devoción. Dícenme que cuando llegó a Chepsaid, que es una principalísima calle, en cuya mitad está una muy alta cruz dorada, pidió que le dejasen parar, y hiciéronlo, y estuvo haciendo oración devotísimamente. Llegado a la horca, habló con el pueblo con apacible y sosegado semblante, muy sustancialmente al parecer de todos… Y cruzando sus manos en el pecho le echaron de la escalera; y queriendo cortar el verdugo la soga muy presto, clamó el pueblo fuertemente que le dejase morir primero, y algunos arremetieron y le estiraron de los pies; y así,

estaba casi totalmente muerto cuando le abrieron el pecho. Están sus cuartos puestos por la ciudad” (Epist. 51).

 

Luisa, decimos, sufre por este y otros sacerdotes católicos ahorcados, los considera héroes y mártires y los asiste en sus últimas horas, tanto en las cárceles como en el propio patíbulo, recogiendo sus restos y enviando reliquias para que fueran veneradas en los países católicos.

 

Pero el carácter arrojado de Luisa la lleva también a inmiscuirse en cuestiones políticas, pues cree con razón que la política está detrás de las persecuciones católicas. Y es que, al estar ella relacionada y en continuo contacto con las embajadas española, francesa y véneta, entre otras embajadas católicas, se permite

ofrecer consejos sobre las relaciones diplomáticas con Holanda, aconsejar la invasión de Irlanda para defender a los católicos o incluso apelar a soluciones poco pacíficas para resolver el conflicto religioso. Así, en carta a la madre Mariana de San José (de 8 de mayo de 1606), contesta que, aunque sabe que en España están deseando su vuelta para evitar los problemas diplomáticos que su arrojo pueda ocasionar, ella está decidida a no volver, pues tiene allí una misión importante, y hará todo lo posible para que no se rompan las paces firmadas por España e Inglaterra en 1604, una paz, no obstante, que estima poco provechosa para el catolicismo:

 

“Temen no se rompan por mí las paces, y pueden estar todos ciertos que no será, a lo menos por meterme en cosa fuera de lo que profeso, con la ayuda de Nuestro Señor. Si en eso fuere yo presa, no se impedirá el proseguimiento de ellas; y si acaso se rompiesen, creo se perderá bien poco, pues ni a Flandes ni a los católicos no les viene ningún provecho de ellas, sino sólo el nombre” (Epist. 49).

 

Luisa, pues, a pesar de lo que dice, se inmiscuye en política y eso resultaba peligroso tanto para ella como para España. Y es que su carácter apasionado y luchador, unido a su deseo de morir mártir, la llevaba a mostrar conductas claramente provocadoras. La consecuencia más inmediata fue el doble encarcelamiento que sufrió.

 

En efecto, tras aprender inglés, inicia su apostolado visitando a sacerdotes y legos católicos prisioneros en las cárceles; arranca panfletos antipapales de las paredes londinenses; o se pone a discutir sobre asuntos religiosos (a veces políticos) con la gente en la calle, provocando grandes alborotos. Es lo que le ocurrió, según relata ella misma en carta al padre José Cresvelo (29 de junio de 1608): en la concurrida calle comercial de Chepsaid, cuando se encontraba comprando unas telas, entabló una gran discusión con los tenderos sobre la religión católica; se fueron sumando más y más tenderos y gente de la calle, discutiendo con ella durante más de dos horas sobre la misa, la penitencia, el

sacerdocio, el papa y otros temas católicos:

 

La causa fue, porque llegando un día a una tienda de Chepsaid, desde afuera, como suelo, de pechos sobre el tablón, se ofreció preguntar a uno de los mancebos si era católico, y él respondió: «¡No quiera Dios!» (God forbid.) Y yo repliqué: «No permita Dios que no lo seáis, que es lo que os importa.» Con esto acudieron la señora y el señor de la tienda y otro mancebo, y mercaderes vecinos, y trabóse grande plática de religión católica. Preguntaron mucho de la misa, de los sacerdotes, de la confesión; pero lo principal en que se gastó el tiempo (de más de dos horas) fue en si la romana religión es la sola verdadera, y si

el Papa es cabeza de la Iglesia…” (Epist. 94).

 

Al principio, por su acento, la tomaron por una escocesa loca y fanática; la dueña de la tienda afirmaba que tenía que ser un sacerdote romano vestido de mujer:

 

“La mujer decía que era lástima que me sufriesen, y que, sin duda, yo era algún sacerdote romano en hábito de mujer, para poder persuadir mejor mi religión… y pensaban era escocesa por la lengua” (Epist. 49).

 

Al final denunciaron a Luisa y, pasados quince días, se encontró ante su casa con una multitud de doscientas personas que la cercó, vociferando contra ella; y la llevaron ante el juez gritando que las tres mujeres que allí vivían eran curas o frailes católicos disfrazados. Fue, entonces, encarcelada durante cuatro días:

 

“Con esto me volví a casa, y quedaron como leones contra mí. Y pasados quince días, acertáronme a ver, que fue necesario salir… Y, en fin, me cercaron, mirándome como basiliscos… diciendo que era un sacerdote en hábito de mujer, que andaba persuadiendo mi fe; y, como cosa tan nueva, creo que, en media hora, había ya más de doscientas personas, según decían, a la puerta del juez, llena la calle de un grande y confuso ruido; y, entre ellos, ya se decía que eran tres los sacerdotes, con ropas largas negras, que es nuestro traje” (Epist. 49).

 

El segundo encarcelamiento fue ya al final de sus días y por persecución personal del arzobispo George Abbot, que la acusaba de haber fundado monasterios de monjas en Inglaterra y convertido a muchos protestantes al catolicismo, aunque nada pudo probarse y, también gracias a la intervención del embajador

español, salió indemne:

 

“De dos delitos me ha acusado en la mesa del Consejo de Estado, delante de don Diego [de Sarmiento], el falso arzobispo de Cantorbery; que a la piedad llaman éstos impiedad; el uno, que he fundado monesterios de monjas, y el otro que he reducido con mi persuasión muchos protestantes a mi religión. Y aunque tienen las lenguas de millares en sus manos, no han podido mostrar probanza alguna” (Epist. 178).

 

Los anglicanos, pues, la acusaron de ser un hombre disfrazado de mujer. Escribió al valido Duque de Lerma, llegó a arrancar pasquines antipapistas, a polemizar en la calle, fue arrestada en 1608 y 1613, creó una congregación femenina católica (aunque no era formalmente un monasterio) y alentó a los perseguidos católicos ingleses en su fe. ¡Tal era su energía y valentía!.

 

Luisa no llegó a vivir la experiencia mística en las tres vías de la espiritualidad, pero su práctica en la Ascética es hecho probado. No vivió como monja reglada ni tampoco materializó lo que parece era su deseo de fundar un monasterio de católicas españolas en Inglaterra, si bien su casa londinense en el Spítele se

se convirtió en refugio de pobres, peregrinos y católicos, a los que ayudaba sin cesar a pesar de sus estrecheces económicas. Todo ello ocasionó no pocos problemas a la corte inglesa de Jacobo I (deseosa de mantener la paz con España) y a los embajadores españoles Pedro de Zúñiga y, desde 1613, Diego Sarmiento de Acuña (conde de Gondomar), quien, como hemos dicho, la protegió en la embajada cuando finalmente el Arzobispo de Canterbury, George Abbot, ordenara su segunda detención.

 

La corte de Madrid ordenó que saliera de Inglaterra, pero su quebrantada salud  hizo que muriera antes en casa de Gondomar el 2 de enero de 1614. Sus restos tardarían en volver a España; llegaron en agosto de 1615 y fue enterrada en el Real Monasterio de la Encarnación de Madrid, donde se conservan sus manuscritos autobiógrafos. En 1625 se hicieron las Informaciones para su beatificación, reanudadas en los años 1910-1911 y también en fechas más recientes, pero abandonadas finalmente por las dificultades que se presentan.

 

Su obra literaria consta de 50 poesías y 180 cartas. Sus poemas fueron conocidos por copias manuscritas y sólo después de morir la autora aparecieron algunos publicados dentro de la biografía que redactó el licenciado Luis Muñoz en 1632. Su poesía es religiosa, espiritual y de exaltación del amor místico con Dios, a veces casi de un modo sexual. Reproduce los símbolos y alegorías tópicos de la Mística, como la paradoja del “vivir-sin vivir” que aparece en su “Romance espiritual de interiores sentimientos”:

 

“Entre mortales heridas,

y dolores desiguales,

de amor vives, y esa vida

te alivia y te satisface.

Quéjaste en los accidentes

y sientes su rigor grave,

no habiendo gloria en la tierra

con quien gustes de trocarle.

Que sólo el vivir, muriendo

porque no mueres, te aplace;

la libertad te atormenta

y sirve de estrecha cárcel.

Y por oscuras mazmorras

suspiras, y ausentes trances:

¡Oh, en cuán extraña cadena

quiso Amor aprisionarte!” (vv. 13-28) [14].

 

También tenemos en sus poesías la imagen de la “llama” (flamma) y del “matrimonio entre Cristo pastor y el alma pastora”; asimismo, hallamos el locus de la vida como navigium (“travesía”) en un mar tempestuoso, el peligro del “naufragio” y el puerto-Dios como “salvación”:

 

Bravo mar, en el cual mi alma engolfada,

con tormenta camina dura y fuerte

hasta el puerto y ribera deseada (vv. 12-14) [15].

 

También encontramos las imágenes clásicas de la vida como “guerra”, como “cárcel” y la del alma como “jardín”.

 

Su epistolario lo componen cartas de no poca extensión y dirigidas a religiosas, padres de la Compañía, prelados, personajes de la nobleza y al mismo Rey. Así, un grupo numeroso de epístolas lo forman las enviadas a la madre Magdalena de San Jerónimo, en Madrid, a quien Luisa venera y profesa íntima amistad. Encontramos también noticias londinenses a las compañeras que colaboraron con ella en Madrid y Valladolid, como Isabel de la Cruz, Inés de la Asunción y siete cartas a Leonor de Quirón; y también otras misivas a señoras nobles

españolas para agradecerles las limosnas que le hacían llegar a Inglaterra. Entre sus familiares, llama la atención que sólo envíe cartas a su hermano don Alonso y a su prima doña Isabel de Velasco, hija del marqués de Almazán; el resto de familiares queda prácticamente excluido. Otro grupo de epístolas lo conforman los dirigidos al padre Luis de la Puente y otros jesuitas, sobre todo José Creswell o Cresvelo, jesuita inglés residente en Madrid, a quien dirige veintisiete cartas entre 1606-1612, donde da cumplida cuenta de la persecución que sufren

los católicos en Inglaterra. Muy espirituales son las cartas enviadas a Mariana de San José, fundadora de las Agustinas Recoletas, y a sor Ana de Jesús. Veintidós cartas son las que envía a don Rodrigo Calderón entre 1609-1613, quien estaba casado con una prima de la escritora, Inés de Vargas, y además era valido o favorito del duque de Lerma y, por tanto, de Felipe III: se trata de reflexiones y consejos espirituales junto con advertencias de carácter político; Luisa le hace llegar sus necesidades londinenses en escritos donde se puede observar la admiración que profesa a Felipe III, no sin emitir frecuentes juicios sobre los avatares de la política internacional, pero siempre desde la peculiar perspectiva de quien mira por el

beneficio y bienestar de la Iglesia Católica [16].

 

Así pues, el interés histórico de este epistolario reside, sobre todo, en los amplísimos informes que remite a los políticos del momento sobre la situación que vive Inglaterra, atreviéndose incluso a proponer medidas prácticas que podrían tomarse; igualmente, estas cartas constituyen una fuente inestimable para conocer la persecución que padecen los católicos en la Inglaterra de principios del siglo XVII y también la política europea de estos años. Pero este epistolario, ante todo, nos ofrece un autorretrato espiritual de Luisa, de su vida interior y de su celo apostólico.

 

Fue, por tanto, Luisa mujer infatigable y destacó, como hemos visto, más por su carácter piadoso y acciones valerosas en defensa

de la fe que por sus escritos, aunque son, realmente, sus propios textos autobiográficos, epístolas y poesías los que nos han

permitido ahondar en su trayectoria vital y espiritual. Fue, como reza el pie del retrato conservado en la Biblioteca Nacional:

 

“Ilustre en santidad y nobleza; rara en todas las virtudes; única en el zelo de la Religión Católica” [17].

 

 

Notas

* El presente trabajo se enmarca en los Proyectos de Investigación FFI2011-24479, dirigido por E. Sánchez Salor, y FFI2011-26420, dirigido por L. Merino Jerez; y en las actividades del Grupo de Investigación “Las artes de la palabra de la Antigüedad al Renacimiento. LAPAR”, subvencionado por el Gobierno de Extremadura.

[1] Cf. M. Menéndez Pelayo, Estudios y Discursos de Crítica Histórica y Literaria, (Ed. E. Sánchez Reyes), Santander, Aldus, 1941, II, pp. 3-58.

[2] Cf. M. R. Prieto Corbalán, Luisa Sigea. Epistolario latino, Madrid, Akal, 2007; M. A. Pérez Priego (ed.), Melchor Cano y Luisa Sigea: dos figuras del Renacimiento español, Tarancón, Ayuntamiento de Tarancón-UNED, 2008.

[3] Dentro de su obra más amplia Oración panegírica, es a saber, exortatoria y consolatoria de la muerte de la Illustríssima y Excellentíssima Señora Doña Isabel de Velasco y de Mendoza…, Valencia, en casa de Pedro Patricio Mey, 1616.

[4] En los fondos antiguos de la Biblioteca Universitaria de la Universidad de Valladolid, nº registro:

b1513687.

[5] Publicada en Madrid, Imprenta Real, 1632, y dedicada a Felipe IV.

[6] Publicada en London, Burns and Oates, Portman Street, 1873.

[7] Luisa de Carvajal (poetisa y mártir). Apuntes bibliográficos, seguidos de tres cartas inéditas de la Venerable Madre, Madrid, Artes Gráficas Municipales, 1933.

[8]  Cf. C. M. Abad, Doña Luisa de Carvajal y Mendoza (1566-1614). Epistolario y Poesías, Madrid, Atlas, 1965 (BAE, tomo 179); Escritos autobiográficos de la venerable doña Luisa de Carvajal y Mendoza, Barcelona, Juan Flors, 1966. Los textos en prosa que citamos en el cuerpo del trabajo están tomados de las ediciones de Abad.

[9] Cf. I. Román Román, Luisa de Carvajal, en Personajes Extremeños, Edita “HOY”, Diario de

Extremadura, vol. 11, Murcia, 1996; M. A. Teijeiro Fuentes, Los poetas extremeños del siglo de Oro, Mérida, Editora Regional, 1999, pp. 297-316; Id. “Luisa de Carvajal, entre los anhelos y los miedos: niñez y adolescencia”, Alborayque 5 (2011), pp. 10-38; Mª. N. Pinillos Iglesias, Hilando oro: vida de Luisa de Carvajal, Madrid, Ediciones del Laberinto, 2001; J. Burrieza Sánchez, Los milagros de la corte: Marina de Escobar y Luisa de Carvajal en la historia de Valladolid, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2002; C. Chaparro Gómez, M. Mañas Núñez, Humanistas extremeños, Barcelona, Ediciones·94, S.C., 2003

[10] Publicada en Oxford, University Press, 2008

[11] B. Alcázar, Chrono-Historia de la Compañía de Jesús en la Provincia de Toledo y elogio de sus varones ilustres, Madrid, Juan García, 1710, p. 231.

[12] Cf. G. Redwortth, The She-Apostle, p. 7.

[13] Poema 18, ed. M. L. García-Nieto Onrubia, Badajoz, Diputación Provincial, 1990, pp. 108-109.

[14] Poesía 2, pp. 60-61.

 

[15] Poesía 16, p. 105.

 

[16] Cf. M. L. García Nieto Onrubia, Luisa de Carvajal y Mendoza, Poesías completas, Badajoz, Diputación, 1990, pp. 20-21.

 

[17]  Cf. A. M. Barcia y Pavón, Catálogo de los retratos de personajes españoles que se conservan en la sección de estampas y de bellas artes de la Biblioteca Nacional, Madrid, Viuda e Hijos de M. Tello, 1901, nº 406.

 

 

 

Feb 072015
 

José Antonio Ramos Rubio.

HISTORIA DEL CEMENTERIO DE TRUJILLO.

El cementerio de la Vera Cruz se ubicó en torno a la iglesia de la Vera Cruz, de ahí su nombre, en el siglo XIX. Dicha iglesia tuvo sus orígenes en el Medievo, tal y como se desprende del testamento del trujillano Álvaro de Hinojosa, otorgado el 14 de marzo de 1489 ante el escribano Juan López de Haro[1], y en el que dispone que se le dé sepultura en este templo.

Actualmente, solamente se conservan en la iglesia, los muros maestros, algunos arcos, como el arco de medio punto de acceso al interior del mismo y los de la nave, así como un esgrafiado casi perdido, posiblemente ejecutado en el siglo XVI, que representa un Calvario (el Crucificado, la Virgen y San Juan), y restos de esgrafiados con representaciones geométricas y vegetales por los muros del templo.

 Esta iglesia tuvo gran importancia hasta su derribo por las tropas napoleónicas en 1809[2], algunos de sus bienes muebles y documentos parroquiales que no fueron destruidos se conservaron en otras parroquias de la ciudad y de sus arrabales (la parroquialidad se trasladó a Huertas de Animas)[3]. De hecho, algunos de los principales linajes de la ciudad tuvieron allí su sepulcro, tal es el caso de los Escobar[4].

Lám 1. El cementerio se construye aprovechando la iglesia de la Vera Cruz escanear0001

Lám 1. El cementerio se construye aprovechando la iglesia de la Vera Cruz.

En el siglo XIX esta iglesia quedó incluida dentro del Cementerio Municipal que recibió el nombre de «Vera Cruz».

   Según se desprende por los testimonios de don Clodoaldo Naranjo en su libro, este presbítero conservó uno de los pocos documentos rescatados de la iglesia de la Vera Cruz, pues consta como expediente de traslado de la parroquialidad al arrabal de Huertas de Animas y el inventario de piezas muebles que tenía el templo, tales como un retablo mayor con seis cuadros, otros cuatro retablos más que estarían en los laterales del templo y contenían pinturas de la Virgen, San Simón, San Juan Bautista y la Virgen del Puerto, así como un retablo dorado con un cuadro de la Virgen de la Antigua, además de lámparas, custodia, cálices y otros objetos de platería[5].

Los primeros pasos legales para la creación de un cementerio en Trujillo datan de abril del año 1812, fecha en la cual se convoca a los párrocos de las iglesias de Trujillo para la construcción de un cementerio que satisfaciera las mínimas reglas de higiene y salubridad que prescriben los Reales Decretos[6]. La disposición tercera de la Real Orden de 1787[7] recomendaba que la construcción de los cementerios se hiciera en las afueras de la población en los que existiese alguna construcción religiosa para que sirviera de capilla. En un principio se pensó en la idea de construir el cementerio de Trujillo en el convento de los frailes descalzos de la Magdalena, que se encontraba deshabitado y en mal estado de conservación desde la ocupación francesa[8], otras opciones fueron la huerta del convento de San Francisco el Real de la Puerta de Coria e incluso, el Albacar del Castillo, en un principio fue la opción elegida los médicos nombrados para dictaminar un lugar apropiado para la creación del cementerio, pero esta decisión no fue apoyada por el alférez mayor de la fortaleza, el Marqués de la Conquista. Ante la urgente necesidad de la creación de un cementerio[9], provisionalmente se habilitó la huerta del convento de San Francisco el Real, por ser un espacio tan reducido se optó por buscar otras soluciones como por ejemplo la creación un cementerio en las proximidades de la iglesia parroquial de Santo Domingo[10] o en el convento de la Magdalena en agosto del año 1814 estaba habilitado como almacén del Regimiento de milicias[11], sería el lugar idóneo por encontrarse situado entre Trujillo y los arrabales de Huertas de la Magdalena y de Ánimas. Pero la comunidad del convento de San Miguel que era la propietaria de la Magdalena, expresaba la imposibilidad de ceder el convento para la creación de un cementerio. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Trujillo dispuso de un cementerio provisional que sería la iglesia parroquial de la Vera Cruz se encontraba en estado ruinoso, lugar que fue aprobado por los médicos encargados de la inspección[12].

Lám 2. Capilla del Cementerio

Lám 2. Capilla del cementerio

Se llevaron a cabo las obras para la habilitación del cementerio junto a la capilla de la Vera Cruz con un coste de 12.500 reales, el lugar fue bendecido el 18 octubre del año 1820[13] al mismo tiempo que se pasaba oficio a todas las iglesias parroquiales y conventos para que cesaran los enterramientos en los mismos pronto se iniciaron los preparativos para la construcción de un cementerio permanente en el mismo sitio, rematándose en el año 1820 la subasta de las obras en 8000 reales de trabajos de albañilería y 1900 reales de carpintería[14]. En 1870 el Ayuntamiento terminó la construcción de los muros del cemetnerio católico, dentro del recinto quedó la iglesia de la Vera Cruz, tal y como reza en una inscripción situada en el frontón de la puerta de acceso al mismo: “AÑO 1870”.

En 1894 se especula con la posibilidad de llevar a cabo un ambicioso proyecto de ampliación, aprovechando al máximo las dimensiones del terreno de la cerca contigua a uno de los lados del cementerio civil. El terreno útil para enterramientos, según parece en los planos del proyecto se articulaba en dos patios con arcadas escarzadas sobre columnas semejantes a las de la capilla de 1884 y las del ensanche de 1890. Estos dos espacios fortificados cobijaban las galerías de nichos, dispuestas en tres pisos, y los enterramientos en suelo. Las 370 nuevas sepulturas proyectadas cubrirían   las necesidades de una población, que en 1897, entre Trujillo y sus arrabales, sería de 9.158 almas[18], y las de varios años posteriores.

El cementerio proyectado disponía de un interesante e higiénico sistema de aspiración a través de unas chimeneas situadas en la parte posterior de las hiladas de nichos cuyo objetivo era el de facilitar la ventilación y canalización de los olores de descomposición. El resto del espacio de la cerca se destinaría a diversas dependencias anejas como el depósito de cadáveres y la vivienda del encargado municipal. El presupuesto de las obras era de 45.249,60 pesetas.

En 1895 el proyecto es presentado a la administración municipal, que acordaría su paso a las comisiones de Obras y Beneficencia para su estudio e informe a cerca del modo de efectuar las obras[19]. Esta es la última noticia que tenemos al respecto, pues, por razones que desconocemos, las obras nunca dieron comienzo. Ese mismo año se emprenden los trabajos de un nuevo proyecto de obras en el cementerio, redactado por el arquitecto municipal Eduardo Herbás, con el fin de dotar a la capilla construida en 1886 de altar, retablo y sacristía; esta última se ubicaría en un estrecho espacio existente entre la pared posterior del ala derecha de nichos y el muro de la cerca sobre la que se realizó la ampliación de 1886.

El altar y el retablo se construirían con mampostería y ladrillo. La ornamentación a base de escayola y pintura al óleo para los acantos de los capiteles, guirnaldas del entablamento y los demás detalles decorativos, como los del frontón que remataba el conjunto, estaba dentro del gusto historicista clásico que tanto empleara este arquitecto en los proyectos arquitectónicos de Trujillo. Se conserva una trama de esgrafiados en punta de diamante concebida a la manera italiana de finales del siglo XVI y la escena del Calvario, en muy mal estado de conservación.

Debemos hacer una breve alusión a la amplia gama de estilos (neoclasicismo, eclecticismo, romanticismo) que muestran los panteones ubicados en la parte decimonónica del cementerio trujillano. Donde podemos observar claramente, gracias a los panteones las diferencias sociales existentes en la ciudad: la élite noble de la ciudad, una nueva burguesía, dueña de los medios de producción y consumo; y, la clase obrera, éstos se enterraban en el suelo o en nichos modestos. Nos encontramos con suntuosos panteones pertenecientes a las familias nobles trujillanas, entre los que destacamos, el de don Francisco Orellana Bravo (1820), don Pedro de Abecia (1841), don Fabián de Orellana y Bravo (1873), de don Félix Spina García de Paredes (1883), del Excmo. Sr. Marqués de la Conquista y Vizconde de Amaya, Orellana Pizarro (1889); del Conde de Tres-Palacios (1891), doña Ramona Romero de Castañeda (1900), don José Montalvo Martín y doña Antonia Núñez (1930); de Vargas, viuda de Montalvo (1949), familia de Castellano; entre otros.

Panteones de los burgueses que fueron los auténticos artífices de los ensanches en las calles de Margarita de Iturralde, Encarnación, Paseo del Mercadillo y zona del Campillo, tales como el de doña Ignacia Elías Serrano, don Juan Mediavilla Martínez (1867), de don Luis Pérez-Aloe Mediavilla (Alcalde de Trujillo entre los años 1910-1913), de don Elías Núñez y don José Núñez (Alcalde de Trujillo entre los años 1925 y 1930, cuando se inauguró la estatua ecuestre de Francisco Pizarro), de la familia Sanz Carrasco, de la viuda de Pineda, de la familia Ledesma-Reglado, de O´Mullony Martínez, de La Calle Zuasti, de la familia Fernández Shaw, de don Manuel Grande y Valdés, de don Juan Fernández Paredes (Alcalde de Trujillo entre los años 1937 y 1938); de la familia Pérez-Aloe y Elías; don Luis Peralta y familia; don Pedro La Calle Artaloytia, de don Fernando Salazar; entre otros.

Capítulo aparte es el llamado “patio de los curas”, donde están enterrados algunos de los más preclaros sacerdotes que ejercieron su ministerio en Trujillo como don Gregorio Ildefonso Cidoncha y don Clodoaldo Naranjo Alonso (Canónigo Honorario de la Catedral de Lima, Miembro Correspondiente del Instituto Peruano de Investigación y Capellán de Honor de la Capilla de Francisco Pizarro). Pues, don Ramón Núñez Martín, hijo adoptivo de Trujillo, está enterrado en una tumba en la capilla del cementerio.

La actual capilla del cementerio se encuentra en el centro del mismo, rodeada de panteones y bellos cipreses. La fachada está rematada por un frontón triangular, la cubierta se cierra a dos aguas, con un espacio recto donde se eleva una espadaña, también con remate triangular. La capilla es un edificio de planta rectangular de una sola nave, cubierta con dos bóvedas de aristas, el altar lo preside un retablo neogótico con un crucificado moderno. Esta capilla fue diseñada en el último tercio del siglo XIX dentro del proyecto de ampliación del cementerio. Se trata de un diseño sencillo y recogido, que se inscribe dentro del estilo neogótico. Este espacio, por su proximidad a la capilla, fue regido tradicionalmente por familias de alta posición para tener allí su enterramiento, lo que hace que muchas de las tumbas construidas allí tengan un gran interés artístico, consistente algunas de ellas en tumbas muy similares, de forma rectangular, en cuyo centro se sitúa una losa lisa y una lápida vertical rectangular, rodeado todo ello por una cerca de pivotes en piedra y una cadena de metal. La losa funeraria del sepulcro de don Ramón Núñez, se encuentra en el interior de la capilla, en el lado de la Epístola y contiene la siguiente inscripción:

DON RAMON NÚÑEZ MARTÍN. PÁRROCO EMERITO DE SAN MARTIN. HIJO ADOPTIVO DE TRUJILLO. FALLECIO EN EL SEÑOR EL 7 DE OCTUBRE DE 2006. A LOS 93 AÑOS. TRUJILLO RECUERDA Y AGRADECE SUS DESVELOS PASTORALES Y LE TIENE PRESENTE EN SUS ORACIONES.

A sus pies se guardaron los restos de su madre, doña Juliana, por deseo expreso de don Ramón.

2. EL CULTO A LOS ANTEPASADOS A TRAVÉS DE LA ANTROPOLOGÍA Y LAS DIFERENCIAS SOCIALES. TIPOLOGÍAS DE ENTERRAMIENTOS EN EL CEMENTERIO.

2.1.- PANTEONES

Al igual que los museos, también los cementerios guardan la historia de una ciudad. Gracias a las tipologías de las lápidas y los mausoleos, panteones o simples tumbas nos podemos acercar a la sociedad de Trujillo desde la segunda mitad del siglo XIX hasta mediados del siglo XX. Hasta el siglo XIX los muertos se enterraban en las iglesias o en sus alrededores, el sentimiento ilustrado consideró oportuno que las necrópolis debían situarse fuera de las ciudades ya que los cadáveres en putrefacción, aunque yacían varios metros bajo tierra, eran el origen de enfermedades. Además, se buscaron otras alternativas por la escasez de espacio en las capillas y cementerios colindantes.

El panteón es un monumento funerario que tiene una zona de enterramiento cubierta por un pequeño edificio con su puertas, ventanas, tejado y espacio interior, generalmente, todos los panteones que hay en el cementerio de Trujillo sirven como enterramiento para varias personas de una misma familia. Si tenemos en cuenta el estudio de los panteones en el cementerio de Trujillo podemos hacer una relación precisa de que dichos enterramientos familiares han sido la última morada para personas de situación socioeconómica alta.

En algunos de ellos, se han realizado funerales y oraciones a los difuntos que se encuentran enterrados en ellos, un claro ejemplo de las dimensiones interiores de algunos de ellos que cuentan incluso con un altar para rezar por los familiares, además de proteger dichos enterramientos de las inclemencias del tiempo por sus características constructivas. Los nuevos estilos artísticos de la segunda mitad del siglo XIX y primera mitad del siglo XX están presentes en la construcción, como arcos, columnas, frontones y cubiertas muy singulares. Existe una enorme variedad de panteones en el cementerio de Trujillo que hace que haya mucha diferencia entre la calidad de unos y otros. Hay varios panteones que siguen exactamente el mismo modelo, ya que han sido construidos en serie por el mismo arquitecto y que responden a una tendencia historicista que está presente desde los inicios del cementerio de Trujillo, concretamente en la segunda mitad del siglo XIX, con el deseo de reivindicar algunas raíces históricas: neorrománico, neogótico, neomudéjar e incluso, influencias de un exotismo procedentes del arte chino o hindú. Esta recreación de estilos desbordan muchos de los panteones que se encuentran en la zona más antigua del cementerio de Trujillo y que están unidos unos a otros, podemos citar el panteón de don Teodoro Dueñas, de la familia Mediavilla Elías, de don Juan Elías de Vargas y el de la familia Sayago, entre otros. Generalmente, presentan una portada en arco de medio punto y ojival decorado con tracerías, delimitado por pilastras o columnas que además de ser un elemento decorativo sirve para diferenciar un panteón de otro, el panteón presenta remate triangular y con pináculos con pequeñas llamas a cada lado, flor de lis o corona de flores utilizando generalmente como material la piedra.

Láms 3 y 4. Escudo de los Pizarro. Tumba-panteón del Marqués de la Conquista y Vizconde de Amaya

Lám 3 y 4. Escudo de los Pizarro. Tumba panteón del Marqués de la Conquista y Vizconde de Amaya.

Existe otro grupo de panteones que responden a un estilo eclecticista clasicista de la segunda mitad del siglo XIX. Se trata de pequeños edificios de sillares cubiertos con tejados a dos aguas, la entrada se facilita con un arco de medio punto, el tejado con alerón volado, la fachada remata en un frontón triangular con pináculos a cada lado y con una cruz que también presenta numerosas variedades y decoraciones muy singulares, como los panteones de la familia de Castellanos, de don Manuel Artaloytia, Dueñas Pérez, Mediavilla Elías, don Juan Elías de Vargas, Pérez-Zubizarreta, familia Cortés, el panteón de don Enrique Cortés Villarreal o el de don Juan Fernández Paredes (Alcalde de Trujillo durante la Guerra Civil Española).

La mayoría de los panteones difieren en el motivo decorativo que marca el frontón triangular central, decorados con motivos geométricos, algunos representan pebeteros con llamas o motivos decorativos que reciben del mundo clásico como por ejemplo ramas, guirnaldas y coronas de flores. Generalmente, la mayoría se caracterizan por su austeridad, prefiriendo la belleza de ritmos similares a una decoración muy recargada, encontrándonos panteones muy austeros como por ejemplo los de la familia Martínez Jaraíz, Cortés o el de la familia Milla-Serrano, junto a panteones donde se desborda la decoración como es el caso del panteón de la familia de don Manuel Artaloytia, que presentan una fachada a modo de templete clásico con una gran portada que se abre en arco de medio punto con arquivoltas y flanqueada por columnas con motivos decorativos vegetales y rematado en un frontón clásico coronado por una cruz y pináculos o guirnaldas a ambos lados.

2.2.  TUMBAS

Las tumbas son espacios de enterramiento en el nivel del suelo y cubiertos con lápidas y se rodean con cadenas o rejas, señalando el espacio del propietario del mismo, y se decoran con cruces, esculturas, siendo algunos de ellos muy originales en su diseño, correspondientes a las familias linajudas de Trujillo. Ha sido el modo más utilizado en el cementerio de Trujillo y, concretamente, las más antiguas corresponden a los inicios del cementerio (último tercio del siglo XIX), sea porque es el modo de enterramiento más parecido a los que se realizaban en las iglesias, antes de la creación del cementerio municipal. En el camposanto originario del cementerio se conservan algunas tumbas más sencillas, pertenecientes a los proletarios, destacando la sencillez de líneas de las lápidas y losas desnudas, colocando una cruz de forja en el coronamiento de las mismas, apoyadas en el propio suelo.

También hemos de tener en cuenta que la sociedad trujillana ha modificado los hábitos en lo referente a los ritos funerarios. Según he constatado en la recopilación de diferentes datos estadísticos del sector se corrobora una tendencia al alza de algunos hábitos laicos frente a los religiosos, se destaca que las cremaciones siguen aumentando, sería un cambio importante en la sociedad trujillana que favorecería el problema de espacio en el actual cementerio.

No obstante, el % de los ciudadanos que se decantan por una ceremonia civil para dar el último adiós a sus seres queridos es mínimo, por no decir, nulo. Otro de los datos significativos que he podido comprobar tiene que ver con la exhibición de la personalidad propia, de las creencias, ideología y convicciones más allá de la muerte, en los detalles ornamentales que rodean el nicho. En este sentido cabe resaltar el incremento notable de los motivos laicos en las lápidas funerarias, algo que vendría a ratificar datos como los que publicaba recientemente la Fundación Francesc Ferrer Guàrdia y, según los cuales, los españoles han pasado de ser un 8% los que en 1978 se declaraban no adscritos a ninguna conciencia religiosa a un 25% en la actualidad, es decir uno de cada cuatro ciudadanos. El cambio social a la hora de buscar el reconocimiento a nuestra forma de pensar y comportarnos nos afecta, incluso, después de la muerte ya que buena parte de la producción de lápidas empieza a variar sus patrones de diseño.

Lám 5. Tumba de la familia Aguado Gaona

Lám 5. Tumba de la familia Aguado Gaona.

Uno de los datos que llama poderosamente la atención, es la eclosión de la simbología funeraria relacionada con aficiones y, más concretamente, con la adscripción de los finados a una agrupación, cofradía, etc. Las aficiones, y en este caso la pasión, van ganando adeptos a la hora de buscar el recuerdo permanente más allá de la muerte. En este contexto de incremento de motivos no religiosos en los enterramientos efectuados en los últimos años sobresale el aumento de lápidas que incluyen representaciones decorativas o leyendas relacionadas con cofradías a la que ha pertenecido el finado o a las siglas de alguna Asociación.

Es importante realizar una distinción entre las tumbas como mero lugar de enterramiento situadas a nivel del suelo y cubiertas con losa y aquellas tumbas-panteón del cementerio de Trujillo, mucho más suntuosas, que constan de un espacio subterráneo para depositar los cadáveres, cerrado con una losa y que suele decorarse con esculturas y están rodeadas por cadenas o rejas, que permiten individualizar o destacar una tumba con respecto al resto. Lo que hace original a una tumba es el material del que está hecha, generalmente todas han sido construidas con piedra, solamente existen tres tumbas formadas por un armazón de hierro recubierto con cemento. Entre las tumbas más suntuosas destaca por encima de las demás la que ocupa el patio central del cementerio, se trata del Panteón del Excmo. Sr. Marqués de la Conquista y de Albayda, Vizconde de Amaya, cuya fecha aparece en la leyenda que presenta la tumba en granito (1888). Una enorme cruz de piedra se alza sobre un basamento cuadrangular que presenta las armas esculpidas en granito del citado Marqués de la Conquista y de Albayda, en sus cuatro frentes. La tumba-panteón está rodeada por una reja de hierro.

Un diseño parecido le encontramos en la tumba-panteón de don Luis Pérez-Aloe Elías, también centrado con una destacada cruz de piedra, rodeado de una hermosa reja, bajando unas escaleras se accede al interior de la tumba donde los finados de la familia de don Luis Pérez-Aloe están enterrados en nichos. Próxima se encuentra la tumba-panteón de la familia O´Mullony, sobre un podio con cuatro escalinatas se eleva un pedestal donde un ángel arrodillado se abraza a una cruz de piedra, que parece custodiar los restos de los difuntos.

La mayor parte de las tumbas de la segunda mitad del siglo XIX constan de un enterramiento en forma de caja rectangular que se prolonga debajo de la tierra donde hay un espacio para distintos nichos. La caja rectangular está cubierta con una capa de piedra lisa o de forma troncopiramidal coronada por una cruz de piedra o metálica, y está rodeada por una cadena o rejas metálicas, para delimitar la propiedad. Generalmente, en el pedestal reza en una inscripción o lápida el nombre de la familia de los finados. En el interior del panteón se encuentran los nichos como el nombre y apellidos de los difuntos así como el año del nacimiento y defunción y alguna leyenda, a cual más curiosa, encontrándonos con algunas más sencillas: “Tu familia no te olvida”.

La mayoría de las tumbas pertenecientes a la clase noble y a los burgueses responden a un diseño Eclecticista clasicista, tendencia artística que aglutina aportaciones de otros estilos anteriores. Un estilo artístico que fue difundido por las Academias de Bellas Artes y que impregnó las obras artísticas neoclásicas de mediados del siglo XVIII perviviendo en algunos lugares, como es el caso de Trujillo, hasta mediados del siglo XIX. En su origen y determinación influyeron los descubrimientos arqueológicos de Roma o Grecia y la vuelta a los ideales que imperaron en la cultura clásica, y su reflejo en el arte funerario, donde se eligen elementos decorativos que tengan presente una significación sentimental, el arte clásico, con su sobriedad de líneas, sirve para enaltecer la personalidad de los difuntos y, el arte gótico del que también se reciben reminiscencias evoca la espiritualidad y la ascensionalidad. Encontrándonos frecuentemente en tumbas del cementerio de Trujillo elementos clasicistas con arcos o rivales, e incluso, obeliscos –como la tumba de la familia Castellanos- que nos recuerdan el arte egipcio rodeados con rejas modernistas o columnas de influencia romana rematadas con cerramientos neogóticos. Así como elementos decorativos de raigambre clasicista: hornacina, molduras, pilastras o guirnaldas.

Destacan algunas tumbas de influencia clásica como la de la familia Ávila y Martínez, del año 1887, que presenta una fachada a modo de templete clásico con doble pilastras en marcando un arco de medio punto en la zona inferior y, la parte superior, dobles columnas toscanas que apoyan un entablamento y enmarcan un arco de medio punto rematado en un frontón clásico coronado por una cruz de piedra y a los lados dos pináculos.

La tendencia al eclecticismo clasicista estará presente también hasta mediados del siglo XX, posiblemente porque el arte clásico, con su sobria grandiosidad, se considera muy apropiado para el arte funerario.

En algunas tumbas de finales del siglo XIX y principios del siglo XX está presente el modernismo, que en oposición al historicismo, dejó libertad al artista para que desplegarse su imaginación olvidándose de estilos artísticos anteriores y, haciendo hincapié, en la naturaleza, las formas orgánicas y en el propio cuerpo humano, tratando de evitar la simetría en las líneas rectas, optando por la línea curva y las formas decorativas sinuosas utilizando como motivos decorativos preferidos los de origen vegetal, encontrando del cementerio de Trujillo muchos elementos modernistas en las rejas de los enterramientos y en las decoraciones, así como la representación de ángeles, un tema muy del gusto modernista ya que se tratan de seres espirituales, concretamente, se conservan dos pares de angelotes con cabello rizado, con las alas abiertas y desplegadas, de rodillas y con las manos cruzadas o en oración, indistintamente, dos con un tono blanco y dos con un tono oscuro, aumentando la sensación dramática de las esculturas. También se conservan algunas cruces de forja decorada con motivos vegetales y con un ángel arrodillado y abrazado a ella.

2.3. NICHOS

En el cementerio de Trujillo, el enterramiento en nichos comenzó a autorizarse tras la construcción del mismo. De hecho se conservan nichos fechados en el año 1870, como el de don José Montalvo Izquierdo o los nichos de los Orellana. No obstante, el modelo de enterramiento preferido fue la tumba en tierra. Desde la primera mitad del siglo XX cuando continuaron las ampliaciones del cementerio, el Ayuntamiento comenzó la construcción de bloques de nichos que ceden a particulares, consiguiendo así ahorrar espacio y siguiendo las normas de una época en la que se buscaba la sencillez y la solución para ahorrar dinero, sobre todo, entre las clases más humildes, encontrándonos algunos nichos tan extremadamente sencillos como el del veterinario Juan Trejo, cuyo nombre aparece indicado en una simple chapa colocada en el nicho. La clase noble y los burgueses continuaron enterrándose en los panteones familiares.

 Lám 6. Nichos de Los Orellana

Lám 6. Nicho de los Orellana

2.4. ELEMENTOS DECORATIVOS Y SIMBÓLICOS

Si en la construcción de panteones y tumbas se observa claramente la diferencia entre las personas de distinta posición social, quedó más patente en los elementos decorativos y simbólicos decimonónicos y de la primera mitad del siglo XX. Las personas trataron de personalizar sus enterramientos construyendo panteones suntuosos, tal y como hemos estudiado, así como la decoración de sus tumbas mostrando así la distinción social o superioridad económica de la familia. Considerando, igualmente, que enterrar a sus muertos en panteones elegantes donde desplegar una importante decoración era rendir un mayor homenaje al difunto tras su muerte, una muestra del cariño y la admiración que la familia tenía con respecto al finado.

El arte funerario en Trujillo es muy rico en simbología, tanto cristiana como eminentemente funeraria. El motivo decorativo más utilizado es la imagen de la Cruz, omnipresente en el cementerio de Trujillo; el dolor se manifiesta por medio de imágenes como una antorcha apagada o una columna rota, símbolos de una vida truncada; la devoción es patente en las representaciones de Cristo, la Virgen, ángeles o santos. A esta decoración hemos de sumar también los elementos propios constructivos como molduras, frisos, pilastras, arcos y remates decorativos. Generalmente suelen aparecer motivos escultóricos en las tumbas y los nichos, tanto relieves como de esculturas de bulto redondo, de materiales muy diversos, generalmente utilizando la piedra en las tumbas-panteón y, en los motivos decorativos del propio nicho en relieve. En el cementerio de Trujillo el motivo religioso más frecuente es la figura de Jesucristo que se representa generalmente en brazos de su madre, haciendo alusión también a la muerte de Cristo; Cristo crucificado; un tema muy habitual que representan el amor de Cristo es la representación del Sagrado Corazón. Algunas de las esculturas incluidas en bulto redondo en los nichos hacen referencia a Cristo crucificado, la Asunción de la Virgen, rostros de ángeles, la Piedad o Jesús en brazos de su Madre o de un ángel que sostienen la cabeza inerte de Jesús mientras que su Madre le besa la frente, la Virgen del Carmen, los rostros de San José, María y Jesús (la Sagrada Familia) y San José; en otros, el Niño Jesús, San Francisco de Asís y San Antonio de Padua, haciendo referencia claramente a la devoción de los difuntos a cada uno de los santos en los que buscaba su protección divina. Algunos nichos están decorados con representaciones de algunas de las estaciones de la Pasión y Muerte de Cristo, el motivo más repetido es la escena del Huerto de los Olivos, la caída de Jesús o paño de la Verónica, la Crucifixión y la escena del Calvario, que sirve para recordar la futura resurrección.

En algunos nichos la fe se representa con la imagen de la Cruz y junto a ella, el ancla que representa la esperanza, que es el apoyo firme y que impide que el alma se pierda. También, algunos nichos están decorados sencillamente con un querubín.

Un apartado especial consiste en recordar al difunto con una fotografía colocada en el nicho, protegida por un cristal o en un esmalte (valor sentimental), éstas son relativamente recientes, corresponden generalmente a los últimos 40 años. Incluso, en algún nicho aparecen representadas advocaciones marianas relacionadas con Trujillo, tal es el caso de la Patrona, la Virgen de la Victoria.

Lám 7. Angeles

Lám 7. Detalle, ángeles.

Los Ángeles son el motivo más repetido tanto en las tumbas de Trujillo como en los nichos. Algunos de los motivos que explican la numerosa representación de ángeles en el cementerio es porque se les considera compañeros de viaje hacia el otro mundo, nos han acompañado en esta vida y por ende también son compañeros de viaje en la muerte, sólo aparecen recogiendo el alma del difunto para llevarla al cielo. Generalmente, los enterramientos de niños pequeños suelen estar acompañado por un querubín o ángel con las alas desplegadas. Uno de estos ángeles se encuentra abrazando a una cruz en la tumba-panteón de la familia O´Mullony, puede estar relacionado con la Pasión de Cristo. Destaca por su riqueza escultórica, esculpido en piedra sobre un basamento al que se accede por unas escalinatas, muestran gran interés estilístico, por su belleza y elegancia así como por ser representativo del estilo modernista, preponderante entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX. La majestuosa tumba-panteón de Castellanos presenta una original decoración con el símbolo de un acróstico formado con las dos primeras letras griegas del nombre de Cristo (X-P «equis-Rho») a las que se añaden los símbolos apocalípticos alfa y omega, representando que Él es el Principio y el Fin y, a los lados, las alas desplegadas de un águila.

Lám 8. Jesús en brazos de su madre

Lám 8.Jesús en brazos de su madre.

También son numerosos los panteones y las tumbas decoradas con simbología de carácter profano y funerario. Por ejemplo algunos relieves representan una manecilla de un reloj y un sol arrojando sus rayos, como un símbolo del final del tiempo y la llegada de la muerte. También hay tumbas en las que se representan símbolos funerarios, alusivos a la muerte, utilizando frecuentemente motivos vegetales, como coronas de flores, ramos y guirnaldas esculpidas en la piedra, material utilizado frecuentemente en las tumbas o, en las decoraciones de las rejerías. Otro de los símbolos frecuentes que nos encontramos en el cementerio de Trujillo, tanto en las paredes de los panteones como en las rejas es un reloj de arena, representado con dos pequeñas alas, que nos recuerda que el tiempo pasa rápido y hay que estar alerta ante la muerte.

También suelen aparecer cruces abrazadas con la hiedra, que con su unión simboliza esa estrecha relación entre la vida y la muerte. También es un motivo muy frecuente en las rejas de los panteones. Las flores están muy presentes como símbolo funerario, símbolo de pureza y eternidad como los lirios o las rosas, símbolo de amor eterno. La calavera es otro motivo repetido en el cementerio de Trujillo e igualmente, el fuego, símbolo de la vida y de la purificación que está presente en antorchas y pebeteros en las cubiertas de los panteones, generalmente a ambos lados de una cruz de piedra.

Los animales más representados en las tumbas de Trujillo son el murciélago, animal asociado a la oscuridad, y el búho con las alas parcialmente desplegadas, por vivir de noche y en la oscuridad, está asociado al mundo de las tinieblas, es el símbolo de la tristeza.

Muchos de los motivos decorativos citados están también presentes en la rejería del cementerio de Trujillo. Nuestro cementerio presenta un muestrario interesante de la arquitectura del hierro y del estilo modernista. Las rejas que decoran el cementerio son de hierro o bronce, utilizadas tanto para el cerramiento de las tumbas mediante cadenas como para las puertas de los panteones. Hemos de destacar un importante muestrario de cruces de hierro que coronan las tumbas terrestres así como el cerramiento de algunas tumbas-panteón. El motivo decorativo más utilizado es la decoración geométrica a base de líneas curvas, rejas y cruces decoradas con volutas y ces, dispuestos de forma simétrica. En múltiples ocasiones nos encontramos con motivos ondulados que combinan con formas geométricas como cruces dando lugar a complejas composiciones. También está presente la decoración de motivos vegetales como flores, ramas u hojas, siendo las más frecuentes las flores de cinco pétalos y las hojas de hiedra, que además de ser un motivo decorativo tienen también un destacado carácter simbólico, ya que evocan el abrazo entre la vida y la muerte.

 

 

 

 

[1] Archivo de la Diputación de Cáceres. Sección Sanidad, Leg. 375, núm. 2. Cit. RODRIGUEZ MATEOS, M. V: “La antigua iglesia trujillana de la Vera Cruz”. Norba-Arte, XVIII-XIX (1998-1999). Universidad de Extremadura, Departamento de Historia del Arte, Cáceres, 1985, p. 25. Según don Clodoaldo Naranjo Alonso, fue construido el templo a finales del siglo XIII (no olvidemos que la reconquista definitiva tiene lugar en el año 1232). NARANJO ALONSO, C: Trujillo y su tierra. Historia, monumentos e hijos ilustres. Trujillo, 1923, vol. II, p. 75.

[2] “Quemaron los franceses la casa de Diego Pizarro, la casa del Paular que se llamaba del Toro, los archivos y edificios de la Vera Cruz y San Andrés, el hospital de Sta. Lucía, en la calle de Garciaz y otros edificios como la ermita de los Mártires, en 1809”. Libro de Rentas de la parroquia de Santa María, Cit. NARANJO ALONSO, op. Cit., p. 330. RODRIGUEZ MATEOS, M. V, op. cit., p. 27.

[3] TENA FERNANDEZ, J: Trujillo, histórico y monumental, op. cit., 543 y 544.

[4] NARANJO ALONSO, op. Cit., p. 270.

[5] Ibidem, pp. 77 y 78.

[6] Colección Legislativa, tomo 18, Madrid, 1834, p. 131. Archivo Municipal de Trujillo, Libro de Acuerdos de 2 abril 1812, fol. 19 vº. Cit. PIZARRO GÓMEZ, F. J: Arquitectura y Urbanismo en Trujillo, op. cit., p. 347.

[7] Novísima recopilación de las leyes de España, libro I, título tercero, Ley I, p. 18.

[8] Archivo Municipal de Trujillo, Libro de Acuerdos de 31 marzo de 1812, fols. 17 y 17 vº.

[9] Archivo Municipal de Trujillo, Leg, 414, Libro de Acuerdos del 16 junio 1812, fols. 26 vº  y 27. Cit. PIZARRO GÓMEZ, op. cit. p. 348.

[10] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 416, Libro de Acuerdos del 29 agosto del año 1814, fol. 79.

[11] PIZARRO GÓMEZ, op. cit., p. 349. Vid. Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 416. Libro de Acuerdos del 23 diciembre del año 1814, fol. 129.

[12] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 564, libro 2, s. f.

[13] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 564, libro 2, expediente para la construcción de un cementerio, s/f.

[14] PIZARRO GÓMEZ, op. cit., p. 350.

[15] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 471, Libro de Acuerdos del 25 de diciembre del año 1871, fol. 66. Leg. 477, Libro de Acuerdos del 10 mayo del año 1875, fol. 35 vº.

[16] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 480, Libro de Acuerdos del 18 marzo del año 1878, fol. 16 vº. Cit. PIZARRO GÓMEZ, op. cit., p. 354.

[17] TENA FERNANDEZ, J, op. cit., p. 545.

[18] Vid. Juan SANZ ANTON: La población cuantitativa de Trujillo durante los siglos XVIII al XX. op. cit., p. 14.

[19] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 497. Libro de Acuerdos de 1895. Acuerdos de 11 de febrero, f. 18.

Ene 182015
 

Raquel Tovar Pulido.

Universidad de Extremadura.

Introducción:

El objetivo al realizar este trabajo ha sido analizar la composición de los hogares en la ciudad de Trujillo en los años 1824 y 1825. Las fuentes que hemos utilizado han sido el padrón municipal de 1824 y el padrón general de 1825 de esta ciudad [1]. El empleo de estos documentos nos ha permitido desarrollar el método de reconstrucción de familias, basado en el cruce nominal de censos consecutivos, mediante el que nos ha sido posible establecer una aproximación a la composición y estructura de los núcleos familiares en el marco cronológico objeto de análisis.

A partir de los lazos que unen a los miembros integrantes de cada núcleo familiar, nos ha sido posible advertir modelos de familia con estructura simple y compleja, en los casos en los que no se trataba de núcleos integrados por individuos aislados. Hemos observado también una diferenciación entre los cabezas de familia en relación al estado civil y a su distribución por sexos. A continuación, hemos analizado el agregado doméstico, el número de hijos, criados y parientes por familia. Con el objeto de conocer si existe una diferenciación ante la natalidad y la tenencia de asistencia doméstica en el hogar entre los distintos grupos socio-profesionales, atendemos a la distribución familiar de éstos; así como también a su capacidad para establecer mecanismos de solidaridad familiar que permitieran la acogida de parientes en el núcleo familiar.

Las listas nominativas que ofrecen los padrones permiten distinguir los hogares entre sí, así como las relaciones de parentesco entre los individuos que componen el hogar; a partir de los cuales detectamos el número de familias que forman parte de cada hogar, pues pueden ser varias [2]. Para la estadística, el hogar está formado por un grupo de personas que viven en común en una misma vivienda, para su clasificación partimos de la relación que une a cada miembro con el cabeza de familia. Ésta puede ser de dos tipos: por un lado, es posible que esté vinculada a lazos familiares, nos referimos a los cónyuges, hijos, ascendientes y otros familiares; y, por otro lado, los lazos pueden ser de otro tipo, de tal modo que tengan que ver con amistades, servicio doméstico, huéspedes y realquilados, entre otros.

Para el presente estudio entendemos por familia aquella que integran el matrimonio o el cónyuge superviviente, en el caso de los viudos, y los hijos que residen en el hogar paterno; también forman una familia los viudos sin hijos e individuos aislados. Distinguiremos entre hogares simples y múltiples –en el segundo caso cuando estén compuestos por más de un núcleo, es decir, cuando, además del núcleo principal constituido por el cabeza de familia y su cónyuge, exista un núcleo secundario formado por una nueva pareja conyugal, en ocasiones con hijos; por ejemplo, una pareja de recién casados que reside en la vivienda de los padres de uno de los miembros del nuevo matrimonio–. Éstos a su vez pueden tener estructura familiar simple o compleja –en el segundo caso cuando además de la familia conyugal incluyen a criados o a familiares–.

En definitiva, el objetivo es realizar un análisis en profundidad de los hogares de Trujillo en un marco cronológico muy específico, que nos permita adquirir una percepción definida de los comportamientos familiares protagonizados por esta ciudad a finales del Antiguo Régimen.

  • Modelos de hogar:

El modelo de familia que predomina en el Trujillo de 1824 es el que está constituido por una familia nuclear, modelo de hogar del que forma parte prácticamente la mitad de la población, en concreto, el 64,59% del total; en segundo lugar se encuentran las familias múltiples o complejas –también llamadas extensas–, suponen un 28,51% y son aquellas que, a diferencia del modelo de familia nuclear, no sólo están integradas por padres e hijos, sino que a ellas también se incorporan familiares de otro tipo y empleados domésticos. Mientras que el 6,88% restante está integrado por solitarios (ver cuadro 1), algunos de ellos solteros pero en su mayoría este modelo de familia está protagonizado por individuos en estado de viudedad.

El 15,01% de la muestra integrada por familias nucleares corresponde a parejas sin hijos o, al menos, a parejas cuyos hijos no residen en el hogar. Asimismo, el 10,6% de las familias están constituidas por viudos con hijos, si bien el número de mujeres que se encuentran en esta situación duplica al de varones, un 7,3% y 3,3% respectivamente. Este modelo de hogar ha sido incluido bien en el de familia nuclear o bien en el de familia extensa, en este último en los casos en los que, además de viudos con hijos, componen el hogar familiares cercanos y criados. Tan sólo el 0,13% de la muestra corresponde a mujeres solteras con hijos, mientras que no hemos localizado ningún caso de varones solteros con descendencia.

Cuadro 1. Composición de los hogares. Modelos de familia. 1824.

MODELOS DE FAMILIA Porcentajes
Solitarios        6,89%
Familias nucleares 64,59%
Familias extensas 28,51%
Total 100

Fuente: Padrón de 1824. Archivo Municipal de Trujillo. Elaboración propia.

En el Trujillo de 1825 se producen algunas variaciones con respecto al modelo de familia del año anterior, si bien en general los parámetros son los mismos. El modelo de hogar constituido por familias nucleares afecta al 64,47% de la población; el segundo lugar lo ocupan las familias extensas o múltiples, que descienden al 19,47% del total; al tiempo que el grupo formado por los solitarios asciende al 11,57%; el 4,58% restante integra modelos de hogar sin estructura familiar, nos referimos a hogares habitados por hermanos y cabezas de familia acompañados únicamente por criados, así como hogares en los que entre los individuos integrantes se establecen lazos de otro tipo (ver cuadro 2). En definitiva, se produce un incremento en el número de solitarios y un descenso de familias extensas que en parte es consecuencia, además de dicho aumento de solitarios, de que en 1824 los hogares sin estructura familiar hayan sido incluidos precisamente en el modelo de familias extensas.

El mayor volumen de familias que pertenecen al modelo de familia nuclear o simple están compuestas por una pareja conyugal con hijos, en concreto suponen un 39,27% de toda la muestra; también es significativo el número de parejas sin hijos, un 19,7%. En torno al 6% de las familias están constituidas por viudos con hijos; aunque predomina la mujer que se encuentra en esta situación la diferencia es menor que en 1824, con un 3,64% y 2,42% de viudas y viudos con hijos respectivamente. El 1,07% restante corresponde a casados con hijos, en los que uno de los miembros del matrimonio se encuentra ausente, y mujeres solteras con hijos, pues para este año tampoco hemos localizado ningún caso de varones solteros con descendientes directos.

En el modelo de hogar de familia extensa principalmente encontramos bien una pareja conyugal con hijos o bien individuos en estado de viudedad con hijos, los cuales están acompañados de familiares o de criados, en conjunto suponen un 12,28% del total de población estudiada; no obstante, en algunas familias únicamente advertimos la presencia de parientes cercanos y de empleados domésticos además del cabeza de familia y su esposa, lo cual se da en un 7,69% de la muestra.

El 42,04% de los individuos que componen el modelo de hogar constituido por solitarios son mujeres en estado de viudedad, seguidas, con un 21,59 %, de los solteros varones, hombres viudos (15,9%) y mujeres solteras (13,63%). En el conjunto de la muestra suponen el 4,99%, 2,56%, 1,88% y 1,61% respectivamente.

La variedad de estructuras familiares a la que nos hemos referido se explica, por un lado, porque cuando muere el cabeza de familia en las familias de tipo nuclear conyugal éstas se disuelven; por otro lado, cabe la posibilidad de que los solitarios se integren en otros núcleos, de manera que el núcleo del que pasan a formar parte se convierte en una familia extensa, lo cual es frecuente, además, cuando se produce el acogimiento y convivencia de hermanos, sobrinos y viudas [3]. Nos encontramos de este modo ante continuos cambios en la estructura de las familias, influidos por la coyuntura social.

Cuadro 2. Composición de los hogares y modelos de familia en la ciudad de Trujillo.

MODELOS DE FAMILIA 1825 Totales Porcentajes
Solitarios 88 11,88
Viudos 14 1,89
Viudas 37 4,99
Solteros 19 2,56
Solteras 12 1,62
Casados 3 0,40
Casadas 3 0,40
Sin estructura familiar 34 4,59
Hermanos 8 1,08
Hermanos y criados 2 0,27
Cabezas de familia y criados 19 2,56
Otros lazos (misma edad, distintos apellidos…) 5 0,67
Familias nucleares 490 66,13
Pareja conyugal sin hijos 146 19,70
Pareja conyugal con hijos 291 39,27
Viudo con hijos 18 2,43
Viuda con hijos 27 3,64
Casada con hijos 4 0,54
Soltera con hijos 3 0,40
Casado con hijos 1 0,13
Familias extensas 148 19,47
Ascendente, descendente y colateral (matrimonio, hijos, abuelos y familiares) 40 5,40
Ascendente, descendente y colateral (matrimonio, hijos, abuelos, familiares y criados) 11 1,48

Descendente (matrimonio, hijos     40                           5,40

y criados)

Colateral (matrimonio y sobrinos)   20                             2,70

Colateral (matrimonio y criados)      19                             2,56

Colateral (matrimonio, sobrinos       18                             2,43

y criados)

Fuente: Padrón de 1825. Archivo Municipal de Trujillo. Elaboración propia.

  • Cabezas de familia:

En lo que respecta a los cabezas de familia, en el año 1824, el 85,61% son varones, frente a un 14,38% de mujeres. Entre los primeros predominan los cabezas de familia que están casados pues suponen el 76,72% de toda la muestra, integrada por varones y mujeres; el volumen de viudos se reduce al 6,48%, mientras que el de solteros responsables de una familia apenas es de un 2,39%. En el caso de las mujeres cabezas de hogar las cifras se reducen aún más, siendo el volumen más significativo el de viudas, que con un 12,41% se sitúan en segundo lugar, aunque muy alejadas, después de los varones casados; mientras que las mujeres solteras y casadas cabezas de familia constituyen el 1,41% y 0,56% del total respectivamente. En conjunto la edad media del cabeza de familia es de 41,1 años.

En 1825, el volumen de varones se ve reducido levemente con respecto al año anterior (ver cuadro 3) y se sitúa en un 83,89%, mientras que el número de mujeres asciende al 16,1%. Entre los primeros predominan los cabezas de familia que están casados, suponen el 73,96% de toda la muestra integrada por ambos sexos; el volumen de viudos apenas varía, es del 6,1%, mientras que el de solteros cabezas de hogar asciende al 3,73%. Las viudas continúan constituyendo el volumen más significativo de las mujeres cabezas de familia, pues representan el 12,75% de la muestra; se sitúan en segundo lugar después de los varones casados, aunque muy alejadas; asimismo, las mujeres solteras y casadas constituyen el 2,5% y 0,7% del total respectivamente, en ambos casos su representación es mayor que en 1824. En conjunto la edad media del cabeza de familia es de 42,5 años, resultado que prácticamente coincide con el que presenta Coria también en 1825, con una media fijada en 42 años [4].

El significativo volumen de mujeres viudas que forman parte del grupo de familias integradas por un solo miembro no responde únicamente a la defunción de la pareja conyugal, sino al sexo del que sobrevive, puesto que los hombres también sufren la pérdida de sus respectivas parejas y, en cambio, el número de viudos que ocupan cabeceras de hogar es mucho más reducido; esto es así porque vuelven a contraer matrimonio, frente a la dificultad con la que se encuentran las mujeres, sobre todo a partir de cierta edad, para contraer nuevas nupcias [5]. En el caso de las mujeres viudas, a partir de los 40 años era más complicado que volvieran a contraer matrimonio lo cual, por lo general, las convierte en pobres debido a las implicaciones económicas que conlleva la pérdida del marido [6]. Dicho acceso de la mujer a la jefatura del hogar tras la muerte del esposo, consecuencia del ciclo vital de la pareja, en ocasiones se ve alterado por el relevo de la mujer en la posición de cabeza de familia, que pasaría a ser ocupada por un hijo varón o por el marido de una de las hijas [7].

En cualquier caso, los resultados obtenidos del análisis de los modelos de familia, así como de los cabezas de familia en toda la muestra estudiada, nos hacen pensar que los hogares de Trujillo se rigen bajo las mismas pautas seguidas por familias de otras localidades no sólo extremeñas sino también del interior peninsular, que presentan datos similares a mediados del siglo XVIII y en la primera mitad del siglo XIX [8].

Cuadro 3. Distribución por sexos y estado civil de los Cabezas de familia. Trujillo. 1824 y 1825.

CABEZAS DE FAMILIA %Varones 1824 %Mujeres 1824 %Varones 1825 %Mujeres 1825
Casados 76,73 0,56 73,96 0,70
Solteros 2,4 1,41 3,73 2,50
Viudos 6,49 12,41 6,10 12,75
Total 85,61 14,38 83,89 16,10

Fuente: Padrón de 1824 y 1825. Archivo Municipal de Trujillo. Elaboración propia.

  • El agregado doméstico de los grupos socio-profesionales: hijos, criados y parientes

El análisis de los componentes de los núcleos familiares nos ha permitido detectar ciertas diferencias en la composición de los hogares en función de la profesión que ejerce el cabeza de familia, que está vinculada a la tenencia de los hijos y al mantenimiento de empleados domésticos y parientes en el hogar.

  • Hijos:

De la muestra objeto de estudio, hemos detectado una mayor concentración de hijos en los hogares integrados por miembros del grupo socio-profesional constituido por asalariados agrícolas, con una media de 2,5 hijos en 1824 y 1825; en este grupo las familias de hortelanos presentan un mayor número de vástagos (2,7), de hecho la media prácticamente duplica a la de los jornaleros (1,4), oficio en el que se emplea un significativo número de cabezas de familia. Los propietarios agrícolas cuentan con una media de 1,8, siendo las familias de labradores las que presentan una descendencia más amplia, al mismo tiempo que son las más numerosas de las pertenecientes a este grupo. De modo que es en las familias que dependen económicamente del trabajo de la tierra en las que el tamaño de la prole presenta los valores más altos.

En lo que respecta al resto de grupos, el siguiente en número de hijos es el que está integrado por miembros del Ejército, que cuentan con una media de 1,6 hijos por familia; si bien la representación de este grupo socio-profesional en Trujillo es considerablemente menor en cuanto al número de individuos a los que afecta que en los grupos dedicados a la agricultura (ver cuadro 4).

Entre los miembros de la Administración, advertimos diferencias en el número de descendientes entre, por un lado, los Cuadros medios de la Administración y oficiales (1,5 hijos de media), y, por otro lado, los Cuadros superiores de la Administración (0,75), donde la procreación es más reducida; si bien en este último grupo la descendencia de escribanos y procuradores se sitúa entre 1 y 2 hijos por familia.

Entre los artesanos (1,55 hijos) observamos mayores índices de procreación entre las familias dedicadas al desempeño de oficios relacionados con la alimentación (2,35), como los molineros (1,6), así como en familias aisladas de dulceros y carniceros con 4 y 5 hijos. En cuanto a los cabezas de familia que realizan trabajos de construcción (1,3), mantenimiento y equipamiento (1,2), el mayor número de descendientes lo encontramos entre carpinteros, sastres y zapateros, con más de 2 hijos [9]. En cualquier caso, se trata de valores superiores a los del grupo de los comerciantes (1,12 hijos), donde encontramos grandes mercaderes así como pequeños vendedores.

Abogados, boticarios, médicos, albéitares, barberos y todo un conjunto de profesiones liberales (1,1 hijos), al igual que los altos cargos de la Administración e importantes mercaderes, ven reducida su descendencia con respecto a las familias del resto de grupos socio-profesionales que constituían la élite local de la ciudad de Trujillo; nos referimos a los grandes propietarios agrícolas y miembros del Ejército mencionados en párrafos anteriores.

El personal de servicio doméstico (0,71) que presenta hijos en el hogar es el constituido por familias de mayordomos y sirvientes, los cuales, a diferencia de los criados y amas de cría, generalmente residían en una vivienda separada de la de los señores para los que trabajaban, dando lugar de este modo a un nuevo núcleo familiar.

Por su parte, el grupo constituido por pobres e inválidos presenta los valores más bajos de hijos residentes en el hogar (0,33), pues principalmente se trata de solitarios, en la mayor parte de los casos mujeres de edad avanzada en estado de viudedad.

En toda la muestra estudiada, el grupo de trabajadores que reúne un mayor número de cabezas de familia es el de los jornaleros; en cambio, del análisis de la composición del hogar extraemos que presentan una media de hijos por debajo de 2, lo cual también ocurre en los siguientes oficios que siguen en número, aunque a grandes distancias, al de los jornaleros, como es el caso de los sirvientes, los pobres, los propietarios, hacendados, comerciantes y, entre los artesanos, los carboneros, albañiles y molineros; tan sólo labradores y zapateros alcanzan una media de 2,1 hijos por familia en 1824 pero no así en 1825. De modo que los oficios que cuentan con mayor número de cabezas de familia, que podrían modificar al alza la media resultante en el grupo socio-profesional al que pertenecen, en conjunto no presentan un elevado número de hijos.

En definitiva, aunque observamos un comportamiento demográfico diferencial ante la natalidad entre los distintos grupos socio-profesionales, las pautas reproductivas no parecen responder a circunstancias económicas, en la medida en que no se dan grandes diferencias en el número de hijos entre las élites locales y el resto de la población.

No obstante, el volumen de hijos mayores de 25 años que reside en las familias es del 4,38% y 3,54% en 1824 y 1825 respectivamente. En este sentido, sí observamos que es en las familias encabezadas por oficiales del Ejército donde se concentran el mayor número de solteros de más de 25 años, suponen el 32,1% del total en 1825 y junto a los hijos de otras familias de acomodados, entre los cuales localizamos propietarios, hacendados y profesiones liberales, representan al 57,14% de los solteros por encima de esta edad –el 41,3% en 1824–; el porcentaje restante corresponde a hijos de artesanos, sirvientes, jornaleros y pobres, estos últimos ocupan el segundo lugar en número, por detrás de los oficiales, con un 25% de solteros en 1825 –en 1824 se situaban en primer lugar con un 34,48%–. Entre el 78,5% y 75% de individuos que no han contraído matrimonio está constituido por mujeres que principalmente pertenecen bien a familias acomodadas o bien son hijas de cabezas de familia en situación de pobreza; por su parte, entre el 21,4% y el 25% de varones se concentra entre los artesanos y trabajadores de la tierra, aunque también podemos encontrarlos en familias de burócratas en 1824 y 1825.

Por tanto, observamos que es en las familias en las que los hijos dependen del patrimonio familiar donde se ralentiza el acceso a la vida matrimonial. Por el contrario, advertimos la participación económica en el hogar de los solteros pertenecientes al grupo de artesanos y asalariados agrícolas como los jornaleros, pues éstos aparecen desempeñando tales oficios; se trata de una contribución a la economía familiar por parte de los corresidentes que es visible en la región durante la segunda mitad del siglo XVIII y la siguiente centuria [10]. En cuanto a las mujeres en situación de pobreza desconocemos los motivos de su soltería, pero en cualquier caso parece probable que realizaran trabajos esporádicos de tipo asistencial como medio de subsistencia.

  • Criados:

En lo que respecta a la tenencia de empleados domésticos en el hogar, en 1824 y 1825 la presencia de criados en las familias se ve reducida a una serie de hogares cuyos cabezas de familia están vinculados al ejercicio de una profesión muy específica.

Entre los grupos socio-profesionales, las mayores concentraciones se dan entre los Propietarios agrícolas (0,9) y miembros del Clero (0,8); entre los primeros el mayor volumen de criados es visible en las familias constituidas por los grandes propietarios de la ciudad, hacendados y labradores.

Los hogares de buena parte de los cabezas de familia integrantes de los Cuadros superiores de la Administración, principalmente escribanos y procuradores, también cuentan con asistencia doméstica (0,41), pero de manera más moderada que en los grupos socio-profesionales mencionados en líneas anteriores. Esto mismo ocurre entre las Profesiones liberales, en las que son las familias de abogados, médicos, boticarios y albéitares, entre otras, las que hacen que este grupo alcance una media de 0,35 criados por familia. Asimismo, el grupo de los Comerciantes (0,2) es diverso, desde grandes mercaderes a recatoneros; son los primeros los que presentan un mayor número de criados entre los miembros del hogar.

En cualquier caso, son los grupos socio-profesionales que componen la élite urbana los que destacan en la tenencia de empleados domésticos en el hogar; a excepción del Ejército, que refleja los valores más bajos de toda la muestra (0,05).

La presencia de personal de servicio en el resto de grupos socio-profesionales apenas es significativa, a excepción de oficios aislados relacionados con el sector de la Alimentación, en el grupo de artesanos (0,1). Entre los Asalariados agrícolas (0,18) el oficio con más personal doméstico es el de hortelano; mientras que entre los Cuadros medios de la Administración (0,1) las mayores concentraciones se dan entre administradores de rentas y alguaciles.

En lo que respecta al grupo formado por pobres e impedidos (0,13) son los segundos los que cuentan con más personal doméstico, si bien su representatividad apenas es significativa si la comparamos con el número de pobres residentes en Trujillo en el marco cronológico que nos ocupa. Por su parte, entre el Personal de servicio (0,07) la presencia de criados en las familias de mayordomos es superior a las encabezadas por sirvientes.

El resultado del análisis de los grupos socio-profesionales en conjunto es una media de 0,28 criados por familia entre 1824 y 1825, estimación que coincide con la obtenida en la región a mediados de la centuria anterior [11].

            Todo parece indicar que el empleo de jóvenes como criados fue una costumbre habitual en Trujillo en las primeras décadas del siglo XIX, circunstancia que ya anunció F. García González para la sociedad del Antiguo Régimen, apoyando la teoría de J. Hajnal al sugerir que la tenencia de individuos destinados al servicio doméstico en el hogar era “una de las características que definirían el modelo de familia occidental durante el periodo preindustrial” [12]. Posiblemente ello esté relacionado con el alto grado de representación social que suponía disponer de servicio doméstico en la familia, buena muestra de ello es que el mayor número de criados en esta ciudad lo recogen los hogares integrados por las élites locales, principalmente terratenientes pero también comerciantes y burócratas.

  • Parientes:

La media de familiares y parientes cercanos que recoge la población de Trujillo como miembros integrantes del hogar parece verse alterada entre los distintos grupos socio-profesionales.

Los valores más altos los recoge el Clero (0,5 parientes de media) y los Cuadros superiores de la Administración (0,49), donde es significativa la presencia de parientes en las familias de escribanos y procuradores; peculiaridades de estos oficios que ya se veían expuestas en la tenencia de hijos y de personal doméstico en los hogares de estas familias. El tercer grupo socio-profesional en número de parientes corresidentes es el de los Comerciantes (0,4); se trata de familias de grandes mercaderes pero también de recatoneros o vendedores al por menor.

Nuevamente es la élite local la que alcanza las mayores concentraciones, si bien en este aspecto de las estructuras familiares en Trujillo encontramos grupos acomodados con características muy próximas a las de los grupos medios de la ciudad. Nos referimos a las Profesiones liberales (0,18) en cuyas familias la presencia de familiares no directos es menos significativa que en los referidos en líneas anteriores; no obstante, su presencia se da principalmente entre las familias de abogados, médicos y boticarios. Algo similar ocurre entre los Propietarios agrícolas (0,16), hacendados y labradores; que presentan medias muy próximas a las del grupo dedicado a la Artesanía (0,17), en el que el sector de la Alimentación (0,5), principalmente el oficio de panadero, recoge los valores más elevados.

La acogida de parientes en el hogar apenas es significativa entre los Cuadros medios de la Administración (0,08), donde dicha acogida se da entre empleados en rentas, celadores de montes y alguaciles. Así como entre los Asalariados agrícolas (0,07) son hortelanos y jornaleros los cabezas de familia que dan cobijo a familiares cercanos. Por su parte, el Personal doméstico no interno (0,05), constituido por sirvientes y mayordomos, y el grupo de Pobres (0,05) no presentan diferencias en la acogida de parientes en el hogar.

En conjunto la media de parientes por familia es de 0,2, algo inferior a la que presentaba la muestra extremeña de mediados del siglo XVIII que analizó Blanco Carrasco [13] y que alcanzaba 0,36 parientes corresidentes.

Al igual que sucede en la tenencia de asistencia doméstica en las familias, observamos diferencias entre unos grupos socio-profesionales y otros en cuanto a la acogida de parientes. Son las familias con un poder adquisitivo muy específico, vinculadas a la élite local, las que ejercen mecanismos de solidaridad familiar que permiten la acogida en el hogar de parientes cercanos, principalmente ancianas en estado de viudedad, madres de uno de los miembros de la pareja conyugal, pero también sobrinos y familiares de diferente grado de consanguinidad.

  • Agregado doméstico:

            Si tenemos en cuenta el número total de miembros por familia, el agregado doméstico va a variar en función del grupo socio-profesional al que pertenezca el cabeza de familia. Si bien hemos de tener en cuenta que forman parte de este agregado doméstico, además del cabeza de familia y, en su caso, su cónyuge, los hijos, parientes y el personal doméstico.

            Las familias que cuentan con un agregado mayor pertenecen al grupo socio-profesional constituido por Comerciantes (5,2 miembros por familia), entre pequeños y grandes comerciantes y mercaderes, pues por separado los segundos se sitúan en 4,5 miembros por familia.

También son numerosas las familias de los Asalariados agrícolas (4,6 miembros), en las que las familias de hortelanos alcanzan 5 individuos de media por hogar, mientras que las de los jornaleros es de 3,5 individuos. Se trata de una media similar a la de familias de labradores (4,6), que sin embargo forman parte del grupo constituido por los propietarios agrícolas, cuyas familias cuentan con una media de 4,1 miembros por hogar.

Entre los Cuadros medios de la Administración y oficiales (4), el mayor volumen de individuos en el hogar lo encontramos en familias encabezadas por oficiales de todo tipo (5) y cesantes (4). El tamaño medio de estas familias no se aleja demasiado del de los artesanos (3,9) donde el sector de la Alimentación (4,4) es el que concentra las familias más numerosas.

Los miembros del Ejército y aquellos individuos que desempeñan profesiones liberales cuentan con una estructura familiar similar (3,8). Asimismo, los Cuadros superiores de la Administración presentan una media de 3,6 miembros por familia, concentrándose los valores más altos entre los procuradores (5,1).

En cuanto al Personal doméstico no interno (3,55), aunque las familias de mayordomos y sirvientes presentan uno de los agregados más reducidos, el tamaño medio de los hogares no se aleja demasiado del resto de grupos socio-profesionales.

Finalmente, entre los pobres e inválidos (2,2) el grupo integrado por los pobres cuenta con una media inferior a 2 individuos (1,74), puesto que en su mayoría se trata de mujeres viudas solitarias. No obstante, es el grupo formado por Eclesiásticos (2) en el que las familias son más reducidas, debido a la ausencia de hijos en el hogar.

Los resultados de algunos grupos socio-profesionales son similares a los estimados para Extremadura a mediados del siglo XVIII, nos referimos al agregado doméstico que presentan el grupo de los artesanos, comerciantes y pobres, así como oficios concretos entre los que encontramos labradores y jornaleros. En cambio, para la centuria previa al XIX se observa un agregado de más de 6 miembros por familia en el grupo constituido por los grandes propietarios y burócratas [14]; esta media es algo inferior en la muestra de Trujillo pero, aun así, los individuos a los que engloba continúan situándose entre los grupos con mayor número de personas residiendo en el hogar.

En definitiva, teniendo en cuenta todos los sectores socio-profesionales, las familias de Trujillo están compuestas por una media de 3,8 miembros en 1824-1825. Se trata de un resultado que se sitúa por debajo del número medio de componentes por hogar con que contaba la villa de Cáceres en 1821, media que M. Rodríguez Cancho [15] fijó en 4,3; mientras que en el mismo año la media de individuos por familia para Coria es de 4 [16], al igual que la establecida para toda la región a mediados del siglo XVIII [17].

Cuadro 4. Hijos, parientes y personal doméstico. El agregado doméstico de los grupos socio-profesionales de la ciudad de Trujillo. 1824-1825.

GRUPOS SOCIO-PROFESIONALES 1824-1825 Nº de Cabezas de familia Hijos Personal Doméstico Parientes Agregado Doméstico
Clero 11 0 0,8 0,5 2
Cuadros superiores de la administración 17 0,75 0,41 0,49 3,6
Ejército 10 1,6 0,05 0 3,8
Profesiones liberales 42 1,1 0,35 0,18 3,8
Cuadros medios de la administración y oficiales 41 1,5 0,1 0,08 4
Comerciantes 34 1,12 0,2 0,4 5,2
Artesanos 198 1,55 0,1 0,17 3,9
Propietarios agrícolas 67 1,8 0,9 0,16 4,1
Asalariados agrícolas 235 2,5 0,18 0,07 4,6
Personal de servicio 183 0,71 0,07 0,05 3,55
Pobres, inválidos y otros 113 0,33 0,13 0,05 2,2

Fuente: Padrones de 1824 y 1825. Archivo Municipal de Trujillo. Elaboración propia.

  • Vínculos familiares entre miembros del mismo grupo socio-profesional:

            Con frecuencia los hijos desempeñaban el mismo oficio que el padre. Por lo que respecta a Trujillo al menos el 24,36% de los individuos que ejercen una profesión mantienen vínculos familiares con otros miembros del mismo grupo socio-profesional. La coincidencia de apellidos entre jornaleros es la más frecuente, quienes suponen el 29,48% del total, sin embargo, continuar con el oficio familiar también era una costumbre habitual entre los artesanos, que representan un 22,7%; los siguientes en número son los criados y pobres, con un 22,3% y 12,7% respectivamente, pero en este caso son las circunstancias económicas y personales las que bien empujan a los individuos a realizar trabajos asistenciales o bien los abocan a vivir en una situación precaria. El grupo integrado por los acomodados supone apenas un 5,97% y reúne a familias de hacendados y labradores, vinculados a la propiedad de la tierra, pero también a profesiones liberales como las que se llevaban a cabo en las escribanías. El 6,7% restante está constituido por oficios desvinculados del trabajo de la tierra y las labores de artesanía.

            Es en el grupo constituido por los acomodados en el que se integran las familias nobiliarias de Trujillo; hemos localizado un total de 18 hogares en los que alguno de los miembros de la pareja conyugal pertenece a la nobleza, suponen el 2,3% de las familias, si bien en su mayoría se trata de hijosdalgo que carecen de título. Principalmente los cabezas de familia son propietarios, en un 26,3% de los casos, pero también encontramos hacendados, labradores, coroneles del Ejército y mercaderes. Al igual que sucede durante el periodo plurisecular que engloba el Antiguo Régimen, forman parte de un sistema de producción económica que los vincula a la tierra, sin embargo, comienzan a ejercer otro tipo de oficios característicos de la burguesía local pero alejados de la élite terrateniente. Advertimos cierta concentración de nobles en Plaza del Rey, verdadero núcleo de la ciudad; entre ellos se encuentran aquellos que ostentan título: los Marqueses de la Conquista, la Condesa de Quintanilla y el Conde de los Acebedos, sin embargo, en conjunto se distribuyen por toda la ciudad.

El número de hijos solteros de más de 25 años que residía en familias acomodadas es visible entre las familias nobiliarias, tal es así que Doña Ángela Aguilar, propietaria, contaba con una hija corresidente que superaba esta edad, así como tres de los cuatro hijos solteros que residían en la vivienda de la Condesa de Quintanilla, hacendada, se acercaban a la treintena de años, uno de los cuales era clérigo. Al parecer, era frecuente destinar a los hijos al servicio religioso con el objeto de conservar el patrimonio, circunstancia que se manifiesta en la muestra analizada en la villa de Cáceres por Hernández Bermejo [18]. Precisamente esta conservación de los bienes familiares de la que hablamos podría estar relacionada con la ralentización del acceso al matrimonio entre los propietarios de tierras, que corrían el riesgo de ver mermado su patrimonio como consecuencia de la llevada a cabo de una inadecuada política matrimonial [19], incapaz de solventar la fragmentación de la estructura patrimonial entre los distintos herederos hasta al punto de que, en algunos casos, conduciría a la ruina.

Hemos localizado cuatro familias de hijosdalgo emparentadas entre sí mediante el apellido Albarado y que están constituidas por jornaleros y pobres. Las circunstancias económicas de estas familias podrían ser reflejo de los cambios que, a finales del Antiguo Régimen, se están produciendo en el grupo nobiliario, en un contexto en el que la protección institucional que suponía pertenecer a un determinado linaje va perdiendo terreno en beneficio de otros medios de promoción económica, como el protagonizado por la burguesía.

Conclusiones:

Familias constituidas por padres e hijos son las que predominan en Trujillo entre 1824 y 1825. Un modelo de familia que en ocasiones se ve alterado como consecuencia de la puesta en marcha de mecanismos de solidaridad familiar que conducen a la acogida en el hogar de parientes cercanos; se produce una transformación, por tanto, de familia simple a familia compleja, de la cual también formará parte el personal doméstico con el que cuentan principalmente los grupos acomodados. Por el contrario, en otras ocasiones, el fallecimiento de uno de los cónyuges, unido a la salida del hogar de aquellos hijos que han contraído matrimonio, deriva en una disolución del núcleo familiar que explica la presencia de un significativo volumen de solitarios, principalmente mujeres en estado de viudedad, al frente del hogar, ocupando el segundo lugar en número, precedidas de los varones casados.

Aunque existen diferencias en la acogida de parientes entre la élite local y el resto de población, en lo que respecta a la descendencia hemos señalado que no observamos un comportamiento demográfico diferencial ante la natalidad entre los distintos grupos socio-profesionales; pero concluimos que en las familias en las que los hijos dependen del patrimonio familiar se ralentiza el acceso a la vida matrimonial, lo cual podría estar relacionado con la idea de conservación de los bienes.

Consideramos que el modelo de familia que se desarrolla en esta ciudad decimonónica entraña una serie de variables que son comunes a las anunciadas por otros investigadores para la región extremeña y el interior peninsular durante el siglo XVIII y primera mitad del siglo XIX. Se trata de un periodo de transición entre el final del Antiguo Régimen y la puesta en marcha de un nuevo ordenamiento político, en el que advertimos, por un lado, una continuidad en lo que a la estructura de la familia se refiere; y, por otro lado, ciertas modificaciones en el grupo constituido por los acomodados, preludio de las transformaciones económicas que se sucederán en el seno de las familias de grandes propietarios terratenientes y burócratas a lo largo del siglo XIX.

FUENTES:

[1] Archivo Municipal de Trujillo. Padrón de 1824 y Padrón General de 1825. Legajo 1004.

[2] HENRY, L. (1983): Manual de demografía histórica. Barcelona. pp. 30-38.

[3] BLANCO CARRASCO, J. P. (1999): Demografía, familia y sociedad en la Extremadura moderna, 1500-1860. Cáceres. pp. 207-228.

[4] BLANCO, J. P. (1999): op. cit. pp. 287-301.

[5] BLANCO CARRASCO, J. P. (2002): “Dinámicas familiares en el entorno rural español: la ciudad de Trujillo a finales del Antiguo Régimen”. En BARBAZZA Y HEUSCH (ÉDS.): Familles, pouvoirs, solidarités. Domaine mñediterranéen et hispano-américain (XV-XX siècle). Montpellier. pp. 101-110. pp. 101-104.

[6] BLANCO, J. P. (1999): op. cit. pp. 207-228.

[7] BLANCO, J. P. (2002): op. cit. pp. 101-104.

[8] BLANCO, J. P. (1999): op. cit. pp. 287-301.

[9] HENRY, L. (1983): op. cit. pp. 161-164.

[10] BLANCO, J. P. (2002): op. cit. pp. 104-105.

[11] BLANCO, J. P. (1999): op. cit. p. 302.

[12]. GARCÍA GONZALEZ, F. (2007): “La edad y el curso de vida. El estudio de las trayectorias vitales y familiares como espejo social del pasado”. En CHACÓN JIMÉNEZ, F.; HERNÁNDEZ FRANCO, J. Y GARCÍA GONZALEZ, F. (EDS.): Familia y organización social en Europa y América, siglos XV-XX. Murcia. pp. 89-108. pp. 99-101.

[13] BLANCO, J. P. (1999): op. cit. p. 302.

[14] BLANCO, J. P. (1999): op. cit. pp. 301-304.

[15] RODRÍGUEZ CANCHO, M. (1981): La villa de Cáceres en el siglo XVIII. Demografía y sociedad. Cáceres. p. 144.

[16] BLANCO CARRASCO, J. P. Y SANTILLANA PÉREZ, M. (1997): “Cáceres y su partido en el siglo XVIII. Un intento de análisis demográfico comparado”. Norba, Revista de Historia 14, pp. 103-126. p. 108.

[17] BLANCO, J. P. (2002): op. cit. pp. 104-105.

[18] HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A. (1990): La familia extremeña en los tiempos modernos. Badajoz. pp. 203-212.

[19] SÁNCHEZ MARROYO, F. (2013): Los grandes cambios económicos y sociales en el grupo nobiliario en España. Una aproximación a la dinámica de mediados del siglo XIX. Santander. pp. 15-20.

Bibliografía:

BLANCO CARRASCO, J. P. (1999): Demografía, familia y sociedad en la Extremadura moderna, 1500-1860. Cáceres.

  • (2002): “Dinámicas familiares en el entorno rural español: la ciudad de Trujillo a finales del Antiguo Régimen”. En BARBAZZA Y HEUSCH (ÉDS.): Familles, pouvoirs, solidarités. Domaine mñediterranéen et hispano-américain (XV-XX siècle). Montpellier. pp. 101-110.

BLANCO CARRASCO, J. P. Y SANTILLANA PÉREZ, M. (1997): “Cáceres y su partido en el siglo XVIII. Un intento de análisis demográfico comparado”. Norba, Revista de Historia 14, pp. 103-126.

GARCÍA GONZALEZ, F. (2007): “La edad y el curso de vida. El estudio de las trayectorias vitales y familiares como espejo social del pasado”. En CHACÓN JIMÉNEZ, F.; HERNÁNDEZ FRANCO, J. Y GARCÍA GONZALEZ, F. (EDS.): Familia y organización social en Europa y América, siglos XV-XX. Murcia. pp. 89-108.

HENRY, L. (1983): Manual de demografía histórica. Barcelona.

HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A. (1990): La familia extremeña en los tiempos modernos. Badajoz.

RODRÍGUEZ CANCHO, M. (1981): La villa de Cáceres en el siglo XVIII. Demografía

y sociedad. Cáceres.

SÁNCHEZ MARROYO, F. (2013): Los grandes cambios económicos y sociales en el grupo nobiliario en España. Una aproximación a la dinámica de mediados del siglo XIX. Santander.

 

 

 

 

Ene 182015
 

Juan Pedro Recio Cuesta.

Licenciado en Historia. Doctorado en Historia Contemporánea. Universidad de Extremadura

 

  1. Introducción: el Estado carlista

La Primera Guerra carlista, conflicto civil que a su vez trajo consigo amplias repercusiones internacionales, sumió a España en una prolongada lucha entre carlistas e isabelinos que se extendió desde 1833 hasta 1840. Tras la muerte del Rey Fernando VII el 29 de septiembre de 1833 hasta el momento en el que, con sus tropas, el general carlista don Ramón Cabrera abandonó España en julio de 1840, se sucedieron toda una serie de desencuentros y acciones bélicas entre ambos bandos. En esta encrucijada histórica no solamente se dirimió el pleito dinástico que tuvo como principales litigantes, por un lado, al Infante don Carlos María Isidro de Borbón, quien defendió sus derechos a la sucesión de la corona estando con vida su hermano, Fernando VII, y por otro lado, a la que sería Reina Gobernadora María Cristina de Borbón-Dos Sicilias y su hija Isabel II –mujer e hija del último, respectivamente-, sino que en el fondo de todo ello en realidad existían asuntos de mayor trascendencia y en el conflicto se produjo “una lucha entre dos formas de entender el poder y de organizar todas las esferas de la sociedad española, tanto las públicas como las privadas”[1]. Descendiendo a un marco geográfico de análisis más concreto como es Extremadura, más allá de las escaramuzas, refriegas, movimientos de guerrillas carlistas o de tropas isabelinas que se sucedieron en la región -temática sobre la cual nos encontramos trabajando en la actualidad[2]-, hemos de decir que una buena parte de la sociedad extremeña del momento, como sucedió en un contexto nacional, no dudó en posicionarse del lado de don Carlos, hermano del difunto Rey Fernando VII.

Pero no siendo nuestra intención analizar en profundidad el interesante cuadro de apoyos sociales que en esta guerra civil recibió el carlismo tanto en Extremadura como en los demás territorios peninsulares, sí hemos de apuntar para el tema central de este texto que, don Carlos, durante su permanencia en el vecino Reino de Portugal –a donde fue desterrado de una manera encubierta en marzo de 1833-, en su breve estancia en Inglaterra y, luego, tras su establecimiento en las provincias del Norte de España desde el verano de 1834 hasta septiembre de 1839, creó a su alrededor una estructura de poder, una Corte en toda regla que, compuesta por elementos civiles, militares y/o religiosos, sirvió para circular órdenes a sus tropas (Ejército regular y guerrillas), administrar recursos monetarios, impartir justicia, entablar relaciones diplomáticas con otros países, etc. Tareas todas ellas que, a su vez, fueron repartidas entre diversos ministerios y/o secretarías (Secretaría del Despacho Universal, de Gracia y Justicia, Ministerio de la Guerra…), organismos en los que se sucedieron carlistas archiconocidos como don Joaquín Abarca y Blanque, quien fuera Obispo de la Diócesis de León, don Juan Bautista Erro o el Marqués de Valde-Espina, entre otros muchos. De este modo, el carlismo durante esta Primera Guerra creó un Estado[3], paralelo al gabinete isabelino, en el que don Carlos era la cúspide, por lo que podemos afirmar que durante gran parte de la contienda en España existieron dos gabinetes: el isabelino, encabezado por la regente María Cristina –que controlaba el Ejército, el erario…en fin, poseía el poder de facto– y el carlista, que intentaba derrocar al primero, hacerse con todos los resortes que manejaban los isabelinos y entronizar a don Carlos como Rey de las Españas bajo el nombre de Carlos V.

Dicho lo cual, dentro del exclusivo círculo cortesano y de poder carlista que constituía esta especie de Estado Mayor, a lo largo de la guerra civil encontramos a diferentes extremeños que se pusieron bajo las órdenes directas de don Carlos, prestándole importantes servicios, algunos de ellos incluso desde los momentos anteriores a la guerra, cuando el Infante machó con una amplia comitiva desde Madrid hacia Portugal. Así, el cometido principal de estas líneas no es otro que el esbozar un breve bosquejo biográfico sobre algunos de estos personajes históricos, los que consideramos más representativos.

  1. Los extremeños al servicio de don Carlos

II.I. Don Pedro Gómez Labrador, Marqués de Labrador: un diplomático carlista

El Marqués de Labrador, don Pedro Gómez Labrador, nacido en Valencia de Alcántara en el año de 1764, fue un título nobiliario que prestó destacados servicios a la causa de don Carlos, actuando como uno de sus agentes en el extranjero. Labrador, que antes de la guerra había desempeñado cargos de importancia dentro de la Monarquía fernandina, pues fue el representante del Reino de España en el Congreso de Viena (1814-1815) y luego fue destinado a Roma en calidad de Embajador, con anterioridad a que se suscitara el pleito dinástico ya se encontraba al servicio del Infante don Carlos y siguió fiel tanto a su persona como a su causa hasta su muerte. Durante la guerra, como decimos, sirvió a don Carlos para defender sus intereses en el extranjero y, de entre las numerosas gestiones que realizó, destacamos por su interés la carta enviada desde París en septiembre de 1837 a don José Arias Tejeiro, por aquel entonces Secretario de Estado y del Despacho del Gobierno carlista, en la que Labrador señalaba que tenía conocimiento de que Inglaterra y Francia estaban dispuestas a reconocer a don Carlos como Rey de España, pues indicaba que Lord Palmerston, en calidad de Primer Ministro del Reino Unido, conocía

“la imposibilidad de continuar el tratado de la Cuádruple Alianza y que si el Rey Nuestro Señor [Carlos V] continua teniendo ventajas y algunas de las Potencias del norte lo reconocen, el Ministerio Ingles no hará dificultad en hacer lo mismo con tal de que S.M. no intente hacer triunfar en Portugal a D. Miguel”

Por parte del gabinete francés, señalaba que tampoco habría “dificultad en reconocer a S.M. [Carlos V] siempre que se proteja á los partidarios de la rama primogénita”. Y Labrador iba más allá al señalar que la mudanza de opiniones y posiciones que se estaba experimentando dentro de los gabinetes inglés y francés no solamente se debía “á las ventajas alcanzadas por las armas Reales, sino también á la indisciplina de las tropas de la usurpadora que asesinan sus Generales y empleados superiores y dan un ejemplo que podrá ser imitado en toda Europa y acabar con la civilización”[4].

Finalmente, esta mudanza de posiciones que indicaba Labrador no se hizo efectiva y no llegó, formalmente, el reconocimiento a don Carlos por parte de estas potencias. Pero aunque tuviera este desenlace, creemos dar a conocer este ejemplo concreto para comprobar la entregada actividad del diplomático extremeño en favor de la causa carlista.

Una vez acabó la guerra, don Pedro Gómez Labrador siguió sin reconocer al Gobierno español y así lo indicaba en 1846 cuando, ya enfermo y aún exiliado en Francia, realizó su testamento en un papel escrito de su puño y letra, el único medio que tenía para declarar su última voluntad “en la situación política en que me hallo –afirmaba- de resultas de no haber reconocido el actual gobierno de España”[5]. Una conducta que mantendría hasta su muerte, pues unos meses antes de fallecer, en enero de 1850, escribía una carta a la que fuera Reina Gobernadora, doña María Cristina, en la que seguía sin reconocer a Isabel II como Reina de España y cargaba contra don Francisco Martínez de la Rosa y el Conde de Toreno, a quienes acusaba de haberle privado de sus títulos y dignidades y de haberle declarado traidor a la patria por su adicción a la persona y causa de don Carlos[6].

Por último, Labrador moría en París en junio de 1850, ciudad en la que se había agravado su enfermedad y había perdido completamente los estribos, pues así nos lo hace saber una carta enviada desde aquel punto, en febrero de 1850, por un amigo íntimo del Marqués en la que se decía lo siguiente

“en calidad de amigo del Sr. Marqués, hago a V[usted] presente que sus facultades intelectuales se hallan enteramente trastornadas, a lo que se agrega su casi completa ceguedad. Inconsecuente en sus procederes hasta con las personas de su mayor cariño, ha dado en la manía de entregarse a gastos enteramente superfluos que han agotado las sumas que tenía a la mano para atender a su subsistencia y gastos indispensables […]”[7]

Fig. 1. Firma de don Pedro Gómez Labrador

Fig. 1. Firma de don Pedro Gómez Labrador.

II.II. Don Vicente Mariano de Ovando Solís y Perero, Marqués de Ovando: de Cáceres a Italia

Otro título nobiliario que se asemeja a la entrega que mostró Labrador a don Carlos, fue el Marqués de Ovando. Don Vicente Mariano de Ovando Solís y Perero, III Marqués de Ovando, nació en Cáceres en el año de 1783. Hombre con una gran influencia en la vida política y social cacereña, en la Guerra de la Independencia, como hicieron muchos otros españoles del momento, estuvo al frente la Junta Patriótica que se estableció en la capital. Ya durante el Trienio Liberal se mostró partidario del bando realista, pues su familia dio apoyo logístico a uno de los cabecillas realistas extremeños como era el arcediano Fernando Hermoso[8]. Esta ayuda prestada para reestablecer a Fernando VII con plenos poderes junto a su categoría social, fueron factores que hicieron que en el año de 1824 fuera nombrado gentilhombre de Cámara del Rey, lo que le hizo entrar en contacto con el ambiente cortesano y tomar luego partido por el Infante don Carlos, con quien se mostró muy unido desde momentos anteriores a la guerra, pues el noble cacereño se hallaba en la comitiva que acompañó al Infante en su destierro encubierto a Portugal en marzo de 1833[9], lugar en donde permaneció prestándole servicios de Estado y, posteriormente, embarcó en el mismo navío, el Donegal, que llevó a don Carlos a Inglaterra a primeros de junio de 1834. Una vez de vuelta a la Península, continuó ofreciendo su soporte a don Carlos cuando éste estableció su Corte en las provincias del Norte de España. Este posicionamiento le costó muy caro al Marqués de Ovando, pues como más adelante veremos, las autoridades cacereñas enseguida decretaron el secuestro de sus bienes y propiedades y, junto al Gobierno isabelino, le declararon traidor al fugarse con el Príncipe rebelde. Una vez finalizada la guerra, como muchos de sus correligionarios que no aceptaron las cláusulas del Convenio de Vergara, marchó al exilio y se instaló en Italia, país en donde falleció en 1864[10], no sin antes dejar toda su fortuna –sabiendo que aún estaba secuestrada por el Gobierno- a la Congregación de los Misioneros de la Preciosa Sangre, orden fundada por el Beato Gaspar de Búfalo, poniéndoles como única obligación el establecer una casa residencia en su palacio de Cáceres conocido por la Casa del Sol, lo que se hizo efectivo pero ya en 1898, tres décadas después de su muerte, año en el que llegó a Cáceres don Bartolomeo Corradini, el primero de los Padres Misioneros en cumplir los deseos expuestos por el Marqués.

II.III. Don Juan Guillén y Godínez: gentil hombre de don Carlos

Dejando ya a un lado estos dos títulos nobiliarios comprometidos con la causa carlista, un tercer personaje histórico a destacar es don Juan Guillén y Godínez, vecino de la villa de Gata, quien también fue un destacado carlista en esta Primera Guerra. Antes de estallar el conflicto, el serragatino llegó a desempeñar el cargo de Ayudante de Cámara del Infante don Carlos. Una vez marchó éste, en marzo de 1833, hacia Portugal, fue uno de los integraban su comitiva y le acompañó en varios de los diferentes viajes que realizó por Portugal[11]. Ya en junio de 1834, como otros tantos, abandonó el territorio luso tras verse obligado don Carlos a salir del país. De regreso éste a la Península, Guillén y Godínez fue uno de los miembros habituales de la Corte ambulante del ya declarado ex-Infante. Durante la guerra, participó en la Expedición Real[12], permaneciendo una temporada en Cataluña, y de ahí que, en septiembre de 1837, al serragatino se le enviara un oficio en cuyo remite figuraba para su entrega el Cuartel Real de don Carlos, “en Berga ó donde se halle”[13]. Ya en el año de 1839, aparecía adscrito a la Casa Real y en calidad de gentilhombre del Rey carlista[14], lo que nos lleva a pensar que fue uno de sus hombres de total confianza. Una vez se derrumbó el frente del Norte, debió marchar al exilio como hicieron muchos españoles del momento que no aceptaron las cláusulas del Convenio de Vergara, y unos años más tarde, más concretamente en 1845, momentos antes de abdicar don Carlos María Isidro en su hijo don Carlos Luis de Borbón y Braganza –Carlos VI-, debido a la lealtad que mantuvo Guillén y Godínez en todo momento hacia la persona y hacia la causa de don Carlos, hizo que éste le recompensara concediéndole un título nobiliario, el de Barón de Casa Godínez.[15] Como contrapartida a esta entrega sin reservas, en su tierra cacereña natal, quedaron embargados y subastados todos y cada uno de sus bienes por las autoridades isabelinas, como más adelante narramos.

II.IV. Don Fernando María Peñaranda: de Valencia de Alcántara al Reino Unido

Don Fernando María Peñaranda, natural de Valencia de Alcántara, hombre perteneciente al sector de la hidalguía y muy bien relacionado, social y familiarmente, en 1833 ostentaba el cargo de primer Comandante del batallón de Voluntarios Realistas[16] de dicha población rayana, y no debió tardar en marchar a territorio portugués a rendir pleitesía a don Carlos, a quien consideraba su Rey, puesto que este mismo le concedió el título de brigadier también en 1833[17], entrando a formar parte así del Ejército Real carlista. En el vecino Reino lo encontramos cuando don Carlos marchó a Inglaterra en junio de 1834, mismo destino de Peñaranda, quien aparece como uno de los que embarcaron a bordo del bergantín Carolina con dirección a las Islas Británicas[18]. Y allí permaneció unos años, ya que tenemos referencia directa de ello. En 1835 se notificaba que permanecía emigrado en Londres y que intercambiaba correspondencia con otros sujetos marcadamente carlistas, también vecinos de Valencia de Alcántara[19]. En 1838 tenemos conocimiento, por una carta escrita de su puño y letra, que se hallaba en Gosport (Reino Unido). En esta misiva, dirigida a su hermana con fecha 8 de abril del citado año, la hacía saber que había estado muy enfermo –incluso le llegaron a administrar el sacramento de Extremaunción- durante más de seis meses, aunque se había logrado recuperar ligeramente y se mostraba esperanzado de poder regresar a España. Además, señalaba que ya había formado su testamento, mandaba calurosos afectos tanto a sus conocidos como a sus familiares y rogaba a su hermana que no olvidara entregar sus memorias “a mi Sra. Dª Ana Tavares y su familia”[20]. Pero la intención de Peñaranda por volver a España no se cumplió a corto plazo, bien por no haberse recuperado del todo de su delicado estado de salud o bien por la proscripción de su persona al haber abrazado la causa carlista, y no fue hasta el año de 1847 cuando arribó a Madrid. Desde aquí escribió a su sobrino, don Pedro Mendoza Labrador, y ya observamos a un Peñaranda muy anciano, pues se encontraba fatigado por un viaje de más de 300 leguas y por su maltrecho estado de salud –“estoy sobrino mio hecho una momia, ó un esqueleto”, decía-, pero con intención de volver a Extremadura y pedir el alzamiento del secuestro de sus bienes, de los cuales no había sabido nada durante los 14 años que había andado errante, según él mismo indicaba[21]. Debido a su estado de salud, intuimos, Peñaranda no logró disfrutar mucho de su estancia en España pues debió fallecer al poco de llegar de sus largos años en el extranjero. Lo que sí sabemos es que en 1848, permanecía aún en Madrid y el Gobierno, tras haberse acogido a indulto ese mismo año, le había restituido su grado de brigadier[22].

Fig. 2. Firma de don Fernando María Peñaranda

Fig. 2. Firma de don Fernando María Peñaranda

II.V. Don Juan de Amarilla y Preciado: un carlista comprometido con Extremadura

Un quinto personaje histórico de interés fue también vecino de Valencia de Alcántara: don Juan de Amarilla y Preciado, otro de los hombres importantes al servicio de don Carlos durante esta Primera Guerra. Amarilla, quien también pertenecía a una familia bien posicionada social y económicamente como su paisano Peñaranda, nació el 21 de diciembre de 1786 en Alburquerque. Con anterioridad a la guerra civil carlista, cabe destacar que en diciembre de 1823, cuando terminaba la efímera experiencia del Trienio Liberal, fue nombrado Gobernador político y militar de la plaza de Alcántara. En su discurso, donde es bien evidente su marcado realismo y su adhesión a la persona de Fernando VII, advertía que estando la plaza bajo su mando no iba a tolerar ningún desmán y estaba dispuesto a castigar con mano dura cualquier tentativa que ensayaran los liberales[23]. Esta celosa actividad en favor de la Monarquía fernandina hizo que en 1825 fuera nombrado Caballero de Alcántara y, posteriormente, ascendido a Coronel de caballería[24]. Cuando se suscitó el pleito dinástico no dudó en posicionarse del lado del hermano de Fernando VII y en 1833, año en el que ocupaba el cargo de Gobernador militar de la plaza de Valencia de Alcántara, hizo de enlace con los carlistas que se establecieron en el vecino Reino tras la llegada allí de don Carlos. Como sucedió con otros tantos cargos, dentro del proceso depurativo ejecutado principalmente por Rodil –en calidad de Capitán General de Extremadura- e iniciado en septiembre de 1833, Amarilla fue separado de su destino de Gobernador y no tardó en marchar a Portugal a ponerse al servicio de don Carlos. Aquí, fue muy bien recibido y el Infante le nombró brigadier el 15 de octubre, pasando a integrarse así en la plana mayor del Ejército Real[25], y llegó a desempeñar, aunque en calidad de interino, el cargo de Secretario del Ministerio de la Guerra dentro del Estado paralelo que los carlistas crearon en Portugal. Como otros de los extremeños que ya hemos mencionado, Amarilla embarcó en junio de 1834 a Inglaterra a bordo del navío Donegal, pero no tardó en volver a la Península, junto a don Carlos, para seguir fielmente a su servicio y estuvo muy cerca de la Corte carlista en todo momento, motivo por el cual el propio Pretendiente le nombró miembro de la Casa Real carlista en calidad de Aposentador Real[26] y fue uno de los individuos que acompañó a don Carlos en la Expedición Real, fuerza carlista que en 1837 recorrió diversos espacios geográficos de la Península y que se presentó ante las mismas puertas de Madrid. Pero de mayor relevancia consideramos los oficios que intercambió con el que consideraba su Rey, y en ellos observamos a un Amarilla interesado en que la causa carlista progresase en Extremadura, lugar en donde afirmaba de la existencia de una gran base de apoyos, tanto humanos como logísticos. Uno de esos oficios se  trata de la exposición que elevó a don Carlos el 27 de enero de 1838 con el fin de que éste enviara a los extremeños que se encontraban luchando en el Ejército Real carlista del Norte a su tierra natal, pues esta, a pesar de los golpes que habían recibido sus partidarios, encerraba, y ya en una etapa bien avanzada de la guerra, muchos elementos para hacer prosperar su causa. De este modo, el extremeño Amarilla se dirigía así a su Rey

Sr. La Provincia de Extremadura, una de las más pingúes y ricas de la Monarquía es también la que encierra más elementos para hacer progresar la justísima causa de S.M., donde más laureles pueden llegar a conseguir sus armas, y tal vez la destinada por la divina Providencia para acelerar o quizá terminar esta terrible lucha. En vano la ignorancia de unos y la falta de antecedentes en otros han querido pintarla como un país de desafección o de dudosa fidelidad. La patria de los Corteses, Pizarros, Vascos, Paredes y Garcilasos no cede a ninguna en adhesión a la Augusta Persona de S.M. Los que han pretendido darla diverso concepto de falta de pronunciamiento se olvidan que fue la primera donde la usurpación ensayo la proscripción y los calabozos. Aherrojados en ellos o desterrados de antemano todos los hombres de influencia, mal podían movilizarse las masas, ni recibir impulsión los elementos, los cuales, oprimidos desde enero de 1833 por los verdugos Peón y Rodil quedaron diseminados y sin acción, pero existen y existen intactos[27]

Como vemos, Amarilla mostraba verdadero interés en mandar refuerzos a su tierra natal, pues debía saber de primera mano los manejos que realizaban sus paisanos carlistas. No obstante, esta petición no prosperó aunque al poco tiempo sí partió la expedición mandada por don Basilio Antonio García y Velasco, que también tuvo efectos directos en Extremadura. Finalizado el conflicto a nivel nacional, es muy posible que Amarilla se exiliara en Francia y falleciera tiempo después como sucedió con muchos otros de sus correligionarios, pues no hemos hallado referencia alguna posterior sobre su persona.

II.VI. Don Antonio de Arjona y Tamariz: una vida de servicio al partido carlista

Dejando ya a un lado al brigadier carlista, otra figura histórica a señalar es la de don Antonio de Arjona y Tamariz, quien nació en Badajoz el 12 de mayo de 1810 y de ahí le viene su condición de extremeño aunque a lo largo de su trayectoria vital no tuviera apenas relación con nuestra región, ya que desarrolló gran parte de su vida fuera de sus límites geográficos. Don Antonio de Arjona era hijo de don José Manuel de Arjona y Cuba, Alcalde que fue de la Villa y Corte de Madrid entre los años 1816 y 1820, y en los años anteriores a la guerra, entre 1823 y 1833, su vida conoció diferentes logros, pues en 1824 ingresó en el Real Colegio de Artillería, en 1826 fue nombrado Alférez de artillería en la Guardia Real, en 1828 Caballero de la Orden de Santiago[28] y en 1832 fue ascendido a Teniente. Al estallar la guerra civil, marchó a Portugal y se puso a las órdenes de don Carlos. En este país permaneció hasta junio de 1834, momento en el que lo abandonó a bordo del bergantín Carolina[29], como de igual modo hicieron otros de sus paisanos extremeños. No tardó en regresar a la Península para luchar por la causa que había jurado defender y don Carlos le confirió los cargos de Primer Comandante en 1834 y de Coronel en 1836[30]. Por su destacado papel en la Expedición Real, contingente militar que se presentó ante las murallas de Madrid como ya se ha señalado, fue ascendido al rango de Brigadier del Ejército Real carlista[31].

Una vez finalizó la guerra no reconoció el Convenio de Vergara y marchó al exilio, aunque regresó a los pocos años y fue revalidado en sus empleos. Más tarde, en 1844, fue uno de los fundadores de uno de los más señeros periódicos carlistas del siglo XIX como fue La Esperanza, y ya en el ocaso de su vida, después de iniciarse el Sexenio Revolucionario, en 1868 se puso al servicio de don Carlos María de Borbón y Austria-Este (titulado Rey de España como Carlos VII) y en 1872, año que daba inicio una nueva contienda carlista, se vio obligado a abandonar Madrid ya que fue encausado como conspirador. Dispuesto a dar su vida por la causa a la que se había entregado en 1833, no obstante, fallecía en junio de 1873, una vez iniciada la guerra, y con estas palabras le recordaba el periódico carlista del que él mismo había sido fundador

“No tomó parte en el Convenio de Vergara, según nuestras noticias, bien que después, como otros muchos jefes carlistas, revalidó su empleo viniendo a España, donde siempre que a él ha apelado el partido carlista, le ha encontrado dispuesto a trabajar […] Contribuyó eficazmente a la fundación de La Esperanza, de la que se separó ya hace más de veinte años, por haber cambiado de dueño nuestro periódico, con cuyo motivo suscitóse un pleito entre Pedro de la Hoz y el difunto brigadier”[32]

II.VII. Don Antonio Jesús de Serradilla y Alcázar: compañero de Cabrera en Cataluña

Don Antonio Jesús de Serradilla y Alcázar fue un militar nacido en Plasencia el 17 de enero de 1801. Sobre su participación en la guerra civil carlista no hemos obtenido referencias hasta 1835, año en el que comenzó a desempeñar el cargo de Coronel de infantería[33]. En abril de 1836, dentro de la estructura de gobierno creada por don Carlos en el Norte, fue nombrado Coronel Secretario de la recién creada Junta Consultiva de Guerra que presidía el general don Vicente González Moreno[34]. Ya en un momento avanzado de la guerra, se vio envuelto en las pugnas que se sucedieron en el seno de los carlistas principalmente a raíz de las conversaciones del general Maroto con los liberales, y fue éste quien desterró al placentino al Ejército carlista de Aragón y Valencia. En su nuevo destino, se puso bajo las órdenes del general don Ramón Cabrera, quien le ascendió a Brigadier y le confió asuntos de envergadura, tales como la instrucción del sumario para la aclaración de la muerte del Conde de España[35], quien había sido asesinado a manos de los propios carlistas catalanes en noviembre de 1839, cuando aún, tras haberse firmado el Convenio de Vergara, continuaba la guerra en territorio aragonés y catalán. Serradilla fue uno de los carlistas que aún sostenían la guerra en 1840 y, como sus correligionarios que no habían aceptado el citado Convenio, se vio obligado a marchar por la frontera francesa en julio de este año cuando la situación ya se les tornó insostenible. El militar placentino falleció en el destierro, en París en el año de 1852, si bien en 1848 se acogió a indulto pero no regresó a España[36].

II.VIII. José García Albarrán: integrante de la expedición de don Basilio

Otro militar y carlista extremeño relevante fue don José García Albarrán, nacido en 1815. Durante la guerra civil se puso a las órdenes de don Carlos y destacó dentro de la expedición de don Basilio, más concretamente en la ocupación de Valdepeñas, lo que le trajo consigo un ascenso dentro del Ejército carlista, ya que se le confirió el cargo de Alférez. Cuando dicha expedición fue deshecha en la villa salmantina de Béjar el 3 de mayo de 1838, García Albarrán pudo escapar hacia las provincias del Norte y al poco tiempo fue ascendido a Teniente. En agosto de 1839, tras la firma del Convenio de Vergara, aceptó sus cláusulas y conservó sus cargos al ponerse al servicio del Ejército liberal. Finalizada la contienda carlista, prestó importantes servicios en episodios como la represión de diversas revueltas republicanas o en la guerra de África de 1859 a 1860. Pero, con el advenimiento del Sexenio Revolucionario, como otros tantos militares descontentos con la situación, volvió a abrazar la causa carlista y se presentó a servir bajo las banderas de don Carlos VII. Así, durante la guerra de 1872-1876 prestó importantes servicios a la causa legitimista, estando presente en la resistencia carlista de la plaza de Cantavieja, en calidad de gobernador militar de la misma, frente al asedio de los liberales. Perdida la causa de Carlos VII fue confinado en Piedrahíta, provincia de Ávila y años después, en 1894, falleció en Madrid, lugar donde había establecido su residencia tras haberse levantado su extrañamiento[37].

II.IX. Francisco Ramón Morales Herrero: desterrado y confinado en 1833

Para finalizar con la nómina de militares al servicio directo de don Carlos, no podemos olvidar al brigadier don Francisco Ramón Morales Herrero. Éste, nacido en Cabezuela (hoy del Valle) el 16 de junio de 1786, participó en la Guerra de la Independencia y más activamente como decidido realista durante la época del Trienio[38]. En los momentos previos al estallido de la guerra carlista fue uno de los afectados por el proceso de destituciones y confinamientos puesto en marcha desde el Gobierno, y el cabezueleño, en marzo de 1833, fue requerido por el entonces Capitán General de Extremadura don Antonio María Peón y seguidamente, sin causa justificada, fue confinado en el castillo ceutí del Hacho, donde permaneció preso desde febrero de 1834 hasta principios de 1839, prácticamente toda la guerra. Tras otros cinco meses preso en Cádiz, finalmente se le embarcó hacia el Norte, junto a otros carlistas –entre los que se encontraba el coronel don Juan España-, y arribaron a Cantabria. Desde aquí fueron transportados hacia tierras vascas, en donde les dejaron libres. Morales, que fue destinado por el propio don Carlos a Elgóibar (Guipúzcoa), muy poco tiempo estuvo a su servicio directo, ya que se acogió al Convenio de Vergara y tras el fin de la guerra le fue rehabilitado su rango de brigadier. Siendo destinado a Valladolid, muy pronto, por problemas de salud, pasó a Plasencia, lugar en donde falleció en 1854.

Fig. 3. Firma de don Francisco Ramón Morales

Fig. 3. Firma de don Francisco Ramón Morales

Fig. 4. Retrato de don Francisco Ramón Morales

Fig. 4. Retrato de don Francisco Ramón Morales[39]

II.X. Don Rafael La Calle y Sevillano, “El Padre La Calle”: de El Torno a Malta

Por último, si hasta ahora hemos visto el papel e importancia de nobles y militares, no faltaron religiosos extremeños que prestaron relevantes servicios a don Carlos y a su familia. En este sentido, cabe señalar la figura del Padre don Rafael La Calle y Sevillano, nacido el 28 de enero de 1783 en la localidad cacereña de El Torno. El Padre La Calle, que adquirió su formación religiosa en Ávila y Salamanca, tras comenzar sus labores en Plasencia, ingresó muy pronto en la Compañía de Jesús, lo que le llevó a residir a la Villa y Corte de Madrid y en 1831 fue nombrado confesor de la Real Familia “y director espiritual de los tres hijos de Don Carlos, los príncipes Don Carlos Luis, Don Juan y Don Fernando”[40]. En marzo de 1833 formó parte de la comitiva en la que iba don Carlos cuando éste marchó de Madrid hacia Portugal y aquí el Padre La Calle permaneció junto a la familia del Infante hasta que en junio de 1834 embarcó en el Donegal, navío inglés en el que iba la Familia Real, con dirección a Inglaterra junto a otros de sus paisanos como el Marqués de Ovando, el brigadier Amarilla o el camarista Guillén y Godínez[41]. A raíz de esta marcha de Portugal, el jesuita torniego comenzó un peregrinaje por diferentes lugares de Europa sirviendo a la familia de don Carlos; así, estuvo presente en el fallecimiento en tierras inglesas de doña Francisca de Asís, primera esposa que fue de don Carlos, “a quien el Padre La Calle tuvo que administrar los auxilios espirituales y disponer sus funerales con gran pompa”[42] y presenció el casamiento del Rey carlista con la Princesa de Beira, doña María Teresa de Braganza, hermana de la fallecida. Cuando don Carlos se vio obligado a abandonar España tras la firma del Convenio de Vergara, a finales de 1839, el jesuita cacereño, a sus 56 años y tras haber recorrido diferentes países europeos (Inglaterra, Alemania, Saboya o Austria), ofreció sus últimos votos y se retiró a la Península Itálica, permaneciendo una temporada en Verona, Roma y Nápoles, en donde ya le acompañaba su hermano don Eustasio, carlista emigrado desde España. El final del Padre La Calle coincidió con la oleada revolucionaria de 1848, que le afectó directamente ya que, con otros de su orden, fue desterrado a la isla de Malta, lugar en donde falleció en octubre de 1848. El principal periódico carlista de aquel momento en España, La Esperanza, se hacía eco de su muerte dedicándole las siguientes palabras unos días después de sucederse la misma: “en medio del sentimiento que nos causa la pérdida de este sabio y virtuoso sacerdote, nos sirve de consuelo el saber las grandes distinciones que a su cadáver se han tributado”[43].

III. Las consecuencias de su apoyo al carlismo: el secuestro de sus bienes

 

La totalidad de estos extremeños que marcharon a servir a don Carlos o que  apoyaron abiertamente la causa que su persona encarnaba, vieron cómo, al poco de iniciarse el conflicto bélico, el Gobierno y las instituciones isabelinas (diputaciones, justicias locales…) pusieron en marcha un proceso de secuestro de todos y cada uno de sus bienes. Y es que, mediante Real Orden con fecha de 22 de octubre de 1834, la Reina Gobernadora ordenaba que fueran secuestrados los bienes de todos aquellos que hubieran abandonado sus domicilios para tomar partido a favor de don Carlos o para unirse a las guerrillas carlistas[44], ya que resultaba una medida de castigo severa y además contribuía a que entraran fondos en el maltrecho y tan necesitado erario estatal. Esta orden no tardó en empezar a ejecutarse -afectando incluso a don Carlos y a los miembros de su familia que le siguieron- y en este sentido, por su interés para nuestro objeto de estudio, conviene detenerse en lo sucedido con las figuras del Marqués de Ovando, de don Juan Guillén y Godínez, de don Fernando María Peñaranda y de don Juan de Amarilla.

En lo relativo al secuestro de los bienes del primero, de don Vicente Mariano de Ovando Solís y Perero, III Marqués de Ovando, señalar que este proceso se puso en marcha por la Diputación cacereña en noviembre de 1835, pues debido a “que su ausencia del Reyno y unión al Principe Revelde [sic] le hacían de igual y peor condición que la de los emigrados”, la mencionada institución solicitaba al Ayuntamiento cacereño que la proporcionara información sobre los bienes que había dado por confiscados la Junta local de confiscos[45]. Casi un año después, en septiembre de 1836, varios miembros de la Comisión de Armamento y Defensa cacereña exponían la necesidad de que la misma declarara “como pertenecientes a la Nación los bienes propios de los individuos de esta provincia fugados al estrangero [sic], por motivos políticos y los de aquellos que se hallen en las facciones ó en los pueblos donde ejerce su dominio el pretendiente”[46]. Así, entre otros asuntos, se encargaron de sus bienes, y en la sesión del 12 de septiembre se acordó que se procediera “a la división de la mitad de los bienes vinculados del Marqués de Ovando para su venta; y que los frutos mostrados y existentes de dichos mayorazgos y bienes libres, se saquen inmediatamente a pública subasta”[47]. Acordado esto, a finales de septiembre salían a subasta los primeros bienes confiscados: 50 puercas de cría, 20 puercas caponas, 32 lechones y el fruto de bellota de los montes de Pradillos de Ventosa[48]. A partir de este momento, siguió la enajenación de sus bienes muebles e inmuebles, no sin presentarse reclamaciones por parte de su familia, pues en diciembre de este mismo año de 1836, su hermano, don Miguel Ovando, mediante una representación a la citada Comisión de Armamento y Defensa, solicitó que se alzase la intervención de los bienes confiscados[49].

Los bienes del segundo, de don Juan Guillén y Godínez, vecino de Gata, corrieron la misma suerte y en junio de 1836, según lo acordado por las oficinas de amortización de la provincia cacereña, se sacaba a subasta el arriendo de varias fincas que se le habían secuestrado en el término de Villasbuenas de Gata[50], las mismas que en 1837, junto a otras que tenía en la villa de Gata, se volvían a sacar a subasta para su arriendo durante tres años[51]. En 1838 se hacía lo propio, esta vez sumando algunos olivares y casas que el carlista poseía en Gata[52].

Entre los bienes secuestrados del tercero, de don Fernando María Peñaranda, vecino de Valencia de Alcántara, cabe destacar que en agosto de 1837 salían a subasta varias casas, cercados, olivares, castañares y viñedos que habían sido de su propiedad en los núcleos cacereños de San Vicente y Valencia de Alcántara[53], lo que nos proporciona también una idea del poder económico de este carlista. Por último, los bienes del cuarto, de don Juan de Amarilla, también vecino de Valencia de Alcántara, no quedaron exentos del secuestro y salieron a subasta las hierbas y pastos de una de sus propiedades como era la encomienda que poseía en la dehesa de Valde Alcalde, sita en término de Alcántara[54].

  1. Conclusiones

Tras haber expuesto de una manera breve el papel y la relevancia de estos carlistas extremeños durante la Primera Guerra, se nos antoja necesario establecer una serie de consideraciones finales. Por un lado, salta a la vista que algunos de ellos tuvieron final un tanto desventurado y/o trágico, ya que murieron en el exilio, declarados traidores a la patria y sumidos en la más absoluta pobreza al ser secuestrados sus bienes, siendo representativos en este sentido los casos del Marqués de Labrador o del Marqués de Ovando. Por otro lado, otros aprovecharon las ventajas que emanaron tanto del Convenio de Vergara como de los sucesivos indultos otorgados por la Monarquía isabelina y prefirieron recobrar sus destinos y/o responsabilidades, como sucedió con don Francisco Ramón Morales. Pero este sometimiento a indulto no conllevó que todos ellos renegaran por completo de la causa que habían jurado defender en 1833. Y muestra de ello es que algunos no dejaron de ser fervorosos carlistas ya en momentos avanzados del siglo XIX, destacando aquí las figuras de don Antonio de Arjona o de don José García Albarrán, ya que el primero prestó importantes servicios al conjunto del partido carlista y el segundo a don Carlos VII durante la guerra que se desarrolló entre 1872 y 1876.

Además, con el ejemplo de estos carlistas extremeños, vemos que las ideas y reclamaciones del primer carlismo no fueron únicamente sostenidas por vascos o navarros, estereotipo tan manido –y a la vez erróneo- que tradicionalmente se asocia al carlismo, sino que la causa carlista fue patrimonio de no pocos extremeños y españoles de aquel momento, que además procedían de los más diversos estratos sociales.

En última instancia, aunque estos personajes no compartieran la misma encrucijada histórica, existen similitudes con las circunstancias vitales por las que atravesó la figura histórica a la que se dedican los Coloquios en la presente edición de 2014, Luisa de Carvajal y Mendoza, quien, tres siglos antes, fue enjuiciada, sufrió encarcelamientos y murió lejos de la comarca trujillana que la vio nacer, tras haber dedicado su vida a la defensa de una causa: la que creía más justa acorde a sus convicciones.

[1] MONTERO, Manuel y VILLA, Imanol, Las batallas de Zumalacárregui. Aciertos y limitaciones de un líder militar legendario, San Sebastián, Txertoa, 2012, p. 54.

[2] A raíz de nuestro proyecto de investigación “Entre la anécdota y el olvido. La (des)memoria carlista en Extremadura”, financiado por la Fundación Ignacio Larramendi en la XIII Edición del Premio Internacional de Historia del Carlismo Luis Hernando de Larramendi, en los próximos meses se publicará una obra que versa sobre la Primera Guerra carlista en Extremadura.

[3] Aunque sin llegar a la envergadura organizativa que adquiriría la estructura de poder carlista en la guerra de 1872-1876 con don Carlos VII, principalmente en la porción vasco-navarra, durante la Primera Guerra resulta de interés esta cuestión, pues fue una estructura que, entre otros tantos aspectos, logró crear una red de prensa prolongada en el tiempo, destacando en este sentido la Gaceta Oficial, que estuvo activa desde octubre de 1835 hasta el mismo mes de 1837, momento en el que se pasó a denominar Boletín de Navarra y Provincias Vascongadas, nombre con el que se estuvo editando hasta agosto de 1839.

[4] Archivo Histórico Nacional (en adelante AHN), DIVERSOS-COLECCIONES, Leg. 161, exp. 3. Carta del Marqués de Labrador, don Pedro Gómez Labrador, enviada desde París el 25 de septiembre de 1837 a don José Arias Tejeiro.

[5] Archivo Histórico Provincial de Cáceres (en adelante AHPCC), MARQUÉS DE LABRADOR, Leg. 1, exp. 33. Aquí figura su muy sencillo testamento, escrito el 17 de febrero de 1846.

[6] Un texto que aparece íntegro en GARCÍA MANTECÓN, Elena, “El Marqués de Labrador: un desconocido diplomático y político extremeño”, Revista de Estudios Extremeños, T. LXIX, nº 1, Enero-Abril, 2013, p. 264-265. Recomendamos la lectura de este reciente e interesante artículo para un mejor y mayor conocimiento de la vida del Marqués. El mismo se nutre de valiosos documentos textuales que actualmente se conservan en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres.

[7] AHPCC, MARQUÉS DE LABRADOR, Leg. 1, exp. 33. Carta enviada por el Secretario de la Embajada de España en París dando cuenta del mal estado físico y cognitivo en que se hallaba el Marqués. La misma estaba dirigida a su sobrino, don Pedro Mendoza y Labrador, quien residía en Valencia de Alcántara, y tiene fecha de 7 de febrero de 1850.

[8] FLORES DEL MANZANO, Fernando, La contrarrevolución realista en Extremadura, Badajoz, Universitas Editorial, 2002, p. 41.

[9] Fastos españoles ó efeméridas de la guerra civil desde octubre de 1832, Madrid, Imprenta de don Ignacio Boix, 1839, T. I, p. 325.

[10] En el gran periódico carlista de aquel momento, La Esperanza, más concretamente en su número del 2 de abril de 1864, aparecía una necrológica en su honor, la cual reproducimos casi en su totalidad ya que nos ofrece mayores pormenores acerca de su vida. La misma decía así: “Murió a los ochenta y cinco años y medio de su edad, después de haber sufrido con la mayor paciencia y resignación cristiana una larga y penosa enfermedad, y habiendo sido auxiliado con todos los consuelos espirituales. Constante en sus buenos principios, acompañó a los señores Infantes en sus desgracias y larga emigración en Portugal, Inglaterra, Alemania e Italia, hasta que por su edad y achaques se vio obligado a retirarse a la vida privada en dicha corte de Cerdeña, en donde continuó siendo nuestro constante suscriptor y un vivo ejemplo de virtud cristiana, y el amparo de los desvalidos y necesitados, haciendo cuantiosas limosnas así en Turín como en Cáceres, y no olvidando a los pobres su fallecimiento. […] suplicamos encarecidamente a nuestros correligionarios y amigos dirijan sus oraciones al Ser Supremo para que conceda al ilustre finado el premio que su infinita misericordia tiene reservado a los que, habiendo sido un dechado de virtudes, mueran en el seno de la Iglesia católica, y dejan con su memoria un ejemplo digno por todos títulos de imitación”. Vid. CARPIZO BERGARECHE, Esperanza, La Esperanza carlista (1844-1874), Madrid, Actas, 2008, p. 936.

[11] Fastos españoles…Op. cit., T. I, p. 325.

[12] PIRALA, Antonio, Historia de la guerra civil, y de los partidos liberal y carlista. Segunda edición refundida y aumentada con la historia de la Regencia de Espartero, Madrid, Imprenta del Crédito Comercial, 1868, T. IV, p. 728.

[13] AHN, DIVERSOS-COLECCIONES, Leg. 168, exp. 35.

[14] PARDO SAN GIL, Juan, “Ejército carlista. 1839”, en VV.AA., Museo Zumalacárregui. Estudios Históricos I, San Sebastián, Diputación Foral de Guipúzcoa, 1990, p. 158.

[15] ALONSO DE CADENAS Y LÓPEZ, Ampelio, Suplemento al Elenco de grandezas y títulos nobiliarios españoles. Apéndice II.  Títulos vacantes  y títulos extranjeros cuyo uso fue autorizado en España, Madrid, Ediciones Hidalguía, 1991, p. 25.

[16] Estado militar de España: año de 1833, Madrid, Imprenta Real, 1833, p. 183.

[17] PARDO SAN GIL, Juan, “Ejército carlista. 1839”, en Op. cit., p. 165.

[18] AHN, ESTADO, Leg. 8.114. En un listado elaborado por las autoridades isabelinas, don Fernando María Peñaranda aparece en clase de Coronel, pues en teoría era el grado que le correspondía, ya que el Gobierno de la Reina Gobernadora no reconocía los otorgados por don Carlos.

[19] AHN, CONSEJOS, Leg. 12.243, exp. 10. Oficio fechado el 12 de mayo de 1835 y remitido por el Gobernador político y militar de aquella plaza de Valencia de Alcántara al Superintendente General de Policía del Reino.

[20] AHPCC, MARQUÉS DE LABRADOR, Leg. 1, exp. 7. En la carta aún se dejaban notar los efectos de su enfermedad, pues antes de despedirse señalaba: “no puedo mas, me cuesta mucho el escrivir [sic]”.

[21] AHPCC, MARQUÉS DE LABRADOR, Leg. 1, exp. 7. Carta con fecha 19 de octubre de 1847 y enviada desde Madrid a su sobrino don Pedro Mendoza Labrador.

[22] Guía de forasteros en Madrid, para el año de 1850, Madrid, Imprenta Nacional,  p. 37.

[23] El Restaurador: periódico político-religioso, 18/12/1823. En su proclama de presentación a los vecinos de Alcántara, Amarilla señalaba: “Esta plaza ha sido por desgracia la última que depuso las armas empuñadas contra su legítimo Soberano, y empleadas por algunos de sus mal aconsejados habitantes dentro de su mismo recinto contra las tropas fieles de S.M. que la defendían de los revolucionarios; pero en adelante espero que se empeñarán en borrar tan infame mancha con las pruebas mas demostrativas de una fidelidad sin ejemplo; y desgraciados de aquellos que separándose de esta senda, única que los puede llevar á la felicidad, tengan la sacrílega osadía de intentar solo volver á los extraviados pasos de la rebelión, porque el severo y pronto castigo de tan horrendo delito servirá de escarmiento, no solo á la generación presente, sino á las venideras, que se estremecerán al recordarlo, así como envidiarán la felicidad de que disfrutan los buenos sin interrupción bajo el paternal gobierno de S.M., y que les hará repetir con alegría: Viva el Rey nuestro Señor”.

[24] ALONSO DE CADENAS Y LÓPEZ, Ampelio, y BARREDO DE VALENZUELA Y ARROJO, Adolfo, Nobiliario de Extremadura: Parrilla-Ruvio, Madrid, Ediciones Hidalguía, 2001, T. VI, p. 110.

[25] PARDO SAN GIL, Juan, “Ejército carlista. 1839”, en Op. cit., p. 165.

[26] Ibíd., p. 159.

[27] BULLÓN DE MENDOZA, Alfonso, La Primera Guerra carlista, Madrid, Editorial Actas, 1992, p. 243 y BULLÓN DE MENDOZA, Alfonso, Conspiraciones carlistas, 1832-1839, Tesis de licenciatura, Universidad Complutense de Madrid, 1986, pp. 48-49.

[28] ALONSO DE CADENAS Y LÓPEZ, Ampelio, y BARREDO DE VALENZUELA Y ARROJO, Adolfo, Nobiliario de Extremadura: A-B, Madrid, Ediciones Hidalguía, 1996, T. I, p. 121.

[29] AHN, ESTADO, Leg. 8.114. En el listado en el que figura su nombre aparece en clase de Teniente Coronel.

[30] ROLDÁN GONZÁLEZ, Enrique, Estado Mayor general carlista en las tres guerras del siglo XIX, Madrid, Actas, 1998, p. 32.

[31] PARDO SAN GIL, Juan, “Ejército carlista. 1839”, en Op. cit., p. 166.

[32] CARPIZO BERGARECHE, Esperanza, La Esperanza carlista…Op. cit., p. 928.

[33] ROLDÁN GONZÁLEZ, Enrique, Estado Mayor general carlista…Op. cit., p. 97.

[34] PARDO SAN GIL, Juan, “Ejército carlista. 1839”, en Op. cit., p. 167.

[35] DE CÓRDOBA, Buenaventura, Vida militar y política de Cabrera, Madrid, Imprenta y fundición de don Eusebio Aguado, 1845,  T. III, p. 383. Sobre la muerte del Conde de España y los últimos momentos de la Primera Guerra carlista en territorio catalán, resultan de interés los apuntes que realizó el mismo militar placentino, publicados en 1949. Vid. SERRADILLA, Antonio Jesús, El último día del conde de España y de la causa de Carlos V en Cataluña, Vich, 1949.

[36] ROLDÁN GONZÁLEZ, Enrique, Estado Mayor general carlista…Op. cit., p. 97.

[37] ROLDÁN GONZÁLEZ, Enrique, Estado Mayor general carlista…Op. cit., p. 156.

[38] El investigador valxertiense Fernando Flores del Manzano ha dado a conocer en sus diferentes trabajos los pormenores de la vida de Morales. Un bosquejo biográfico, desde su nacimiento hasta su muerte, lo encontramos en FLORES DEL MANZANO, Fernando, La contrarrevolución realista…Op. cit., pp. 191-204.

[39] Grabado localizado y extraído de FLORES DEL MANZANO, Fernando, La contrarrevolución realista…Op. cit., p. 205.

[40] IZQUIERDO, Adolfo, El Padre La Calle. Primer centenario de su muerte, Cáceres, Tip. El Noticiero, 1948, p. 16.

[41] Galería militar contemporánea, colección de biografías y retratos de los generales que mas celebridad han conseguido en los ejércitos liberal y carlista, durante la última guerra civil, con una descripción particular y detallada de las campañas del Norte y Cataluña, Madrid, Sociedad Tipográfica de Hortelano y Compañía, 1846, T. II, p. 30.

[42] IZQUIERDO, Adolfo, El Padre La Calle…Op. cit., p. 18.

[43] CARPIZO BERGARECHE, Esperanza, La Esperanza carlista…Op. cit., p. 939.

[44] Gaceta de Madrid, 23/10/1834.

[45] Archivo Histórico de la Diputación Provincial de Cáceres (en adelante AHDPCC), Libro de actas de la Diputación. Sesión del 25 de noviembre de 1835.

[46] AHDPCC, Libro de actas de la Comisión de Armamento y Defensa de la provincia de Cáceres. Sesión del 7 de septiembre de  1836.

[47] AHDPCC, Libro de actas de la Comisión de Armamento y Defensa de la provincia de Cáceres. Sesión del 12 de septiembre de 1836.

[48] Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres (en adelante BOPCC), 28/09/1836.

[49] AHDPCC, Libro de actas de la Comisión de Armamento y Defensa de la provincia de Cáceres. Sesión del 27 de diciembre de 1836.

[50] BOPCC, 06/06/1836.

[51] BOPCC, 27/03/1837. Curiosamente, durante 1837 se sacaron las mismas fincas varias veces a subasta ya que nadie se presentó a pujar por ellas.

[52] BOPCC, 24/02/1838.

[53] BOPCC, 30/08/1837.

[54] BOPCC, 09/06/1837.

Ene 172015
 

Martiria Sánchez López.

Profesora y Cronista Oficial de Jaraíz de la Vera.

A.- INTRODUCCIÓN

Con motivo de cumplirse este año 2014 el tercer centenario de la subida al trono del primer Borbón, Felipe V y de la pérdida de Gibraltar, que tantos problemas nos sigue causando, nos parece oportuno hacer un estudio de nuestro pueblo en ese período, ya que pese al desastre que la Guerra de Sucesión supuso para el país, fue una época de recuperación económica y se pondrán las bases para el futuro desarrollo.

Las causas de esta Guerra de Sucesión, que duró desde 1701 a 1714, fue la no aceptación del emperador alemán Leopoldo I del testamento del rey español Carlos II, que dejó el trono a Felipe V, nieto de Luis XIV. Esta guerra terminó en los tratados de Utrech (1713) y Rasttad (1714) por los cuales  Felipe V fue reconocido rey de España, pero nuestras posesiones europeas pasaron a otras potencias como los Países Bajos españoles y los dominios que teníamos en Italia, además de Menorca y Gibraltar,  pasaron a pertenecer a Inglaterra. Menorca fue recuperada por Carlos III, pero Gibraltar seguirá perteneciendo a Inglaterra hasta nuestros días, manteniéndose como un foco de conflictos. No obstante, la nueva monarquía intentará solucionar en lo posible la decadencia socio-económica del país, acentuada por esta larga y desastrosa guerra.

Para el conocimiento de este período histórico contamos con interesantes documentos, como el Catastro de Ensenada, de 1753. De gran valor histórico es el Interrogatorio de la Audiencia de Cáceres, de 1791, con 57 preguntas sobre la política, la sociedad o  la economía de Jaraíz, que nos ha servido también para realizar este trabajo. Hemos utilizado, además, los escritos de los Vicarios de Santa María y San Miguel enviados a Don Tomás López para su Diccionario, depositados en la Biblioteca Nacional. También contamos con los documentos de los Archivos de las iglesias de Santa María y de San Miguel, así como los del Archivo Municipal de Jaraíz, entre otros.

 

B.- CARACTERÍSTICAS GENERALES DEL SIGLO XVIII

 

El siglo XVIII, el llamado Siglo de la Ilustración, es la época del reformismo borbónico. La forma de gobierno se denomina Despotismo Ilustrado. Los objetivos fueron el reformismo económico y social, la centralización política, la racionalización de la Hacienda y la afirmación de las regalías del Estado frente a los derechos de la Iglesia. Los monarcas borbónicos de este siglo fueron: Felipe V (1700-1746), Fernando VI (1746-1759), Carlos III (1759-1788) y Carlos IV (1788- 1808).

Fue una época de recuperación general del país, en la que se advierte un deseo de cambiar  las estructuras socio-económicas. Para ello se llevan a cabo una serie de estudios, los cuales constituyen una fuente importante para el conocimiento de las regiones.

Felipe V creó las Intendencias provinciales presididas por el Intendente,  funcionario encargado de fomentar la agricultura, la industria y el comercio. Una de las reformas que intentó poner en vigor fue el reparto entre los vecinos pobres de las tierras comunales, así como las fincas abandonadas por sus dueños, para proceder a su expropiación y redistribución. Esta recuperación  continuó con Fernando VI con la colaboración de sus ministros Carvajal y Ensenada, quienes modernizaron la Industria, sanearon la Hacienda y dotaron a España de una potente Escuadra.

Para solucionar los problemas agrarios extremeños surgió el llamado “Expediente”, que fue una  consulta que el Consejo Real hizo a las autoridades provinciales para conocer el estado económico y social de Extremadura. Para realizarlo se enviará a todos los municipios un Interrogatorio con cuarenta preguntas que debían contestar personas idóneas, asegurando su veracidad bajo juramento.

El Interrogatorio de Jaraíz, del Marqués de la Ensenada, data del 11 de Febrero de 1753. Es un documento muy interesante, con un estudio muy completo de la economía y la sociedad del municipio. En él constan las personas que se convocaron para la contestación de las preguntas bajo la dirección del Juez de la Real Junta: dos Vicarios, los alcaldes, regidor decano, procurador, escribano…etc. También consta el “Juramento por Dios nuestro Señor y una señal de la cruz conforme a derecho y bajo él prometieron decir la verdad” (A.H.P)

Otros de los logros más relevantes para Extremadura, durante el siglo XVIII, fue la creación de la Real Audiencia, ya que toda la región se integrará en una unidad jurisdiccional.  Hasta ahora, había estado dividida en dos zonas, la zona Norte perteneciente a la Chancillería de Valladolid y la zona Sur, a la de Granada. El proceso fundacional se inicia en el reinado de Carlos III, pero no se creó hasta 1790, cuando Carlos IV promulgó la Pragmática de Fundación. Se realizaron visitas a todos los municipios para solucionar sus problemas, después de haber completado el Interrogatorio de 57 preguntas sobre la realidad social y económica de cada una de ellos.

El Interrogatorio de Jaraíz data de 1791 y el Visitador fue Don Melchor Basadre. Este valioso documento lo hemos utilizado como fuente de este trabajo, igual que el de Ensenada, de 1753.

 

C.- EL GOBIERNO MUNICIPAL DE JARAÍZ EN EL SIGLO XVIII

 

La primera autoridad seguía siendo el Corregidor, que vivía en la ciudad de Plasencia, pero controlaba los municipios. Estos estaban gobernados por los Regidores y Alcaldes, además del Mayordomo, Escribanos y Procuradores.

Un nuevo cargo creado por Felipe V fue el de Intendente, presidente de los Intendencias provinciales. Este funcionario era el encargado de fomentar la agricultura, la industria y el comercio a nivel provincial y local. Una de las reformas que intentó llevar a cabo fue el reparto de bienes comunales de los Ayuntamientos y de fincas abandonadas por sus dueños entre los vecinos más necesitados. En Jaraíz había alrededor de 400 fanegas de tierra abandonadas, que serán las que intente repartir.

Por el Catastro de Ensenada conocemos los nombres de algunos de los máximos representantes de Concejo jaraiceño: el “regidor decano” se llamaba Jacinto Jaraíz y los alcaldes ordinarios eran Cipriano Pavón y el bachiller Gregorio Arjona ; el escribano principal era Pedro Breña y el procurador, Vicente Cañada.

Pero estos cargos importantes del gobierno municipal los detentaban siempre las familias más adineradas, tanto de profesiones liberales como de agricultores propietarios. Esto también será objeto de reforma, por lo que el Visitador de la Audiencia, don Melchor Basadre en 1791 indica cómo ha de hacerse el nombramiento de los cargos municipales para evitar que estos cargos estuvieran siempre en manos de las familias más adineradas. A este respecto dice lo siguiente: “Conviene la insaculación (sorteo) porque hay parcialidades en la elección de oficio, de que han resultado muchos pleitos; el método es apropiado para perpetuarlo en determinadas familias”.

Jaraíz en esta época es ya una Villa de Realengo independiente en todos los aspectos de la ciudad de Plasencia, de la que dependía y fue “Aldea” desde su fundación, en el siglo XIII hasta 1685, en que compró el “Privilegio de Villazgo” a Plasencia por la “Dehesa del Rivero y por una barca sobre el río Tiétar” (P. Madoz)

 

D.- LA DEMOGRAFÍA

 

D.- 1.- LA POBLACIÓN

 

En este período comienza una lenta recuperación de la población ya que a mediados de siglo alcanza  los 314 vecinos, según el Catastro de Ensenada. En el siglo XVII el país sufrió una  regresión poblacional, pasando de 606 vecinos en el siglo XVI a 229 vecinos. Este 61% menos de habitantes se debió a la política de los Austria, con sus interminables guerras, a la expulsión de los moriscos y a las epidemias, entre otros motivos.

Por la cita de Ensenada podemos saber las viviendas y solares que había. Dice así :   “Hay 334 casas habitadas, 34 casas sin habitar y 20 solares”.

El aumento de la población sigue a lo largo del siglo de manera muy lenta, como podemos observar en las estadísticas que dan, unos años después, los párrocos a Don Tomás López para su Diccionario. El párroco de San Miguel dice: “Los vecinos de esta Villa ascienden a 340” , mientras el de Santa María afirma: “ Hay 350 vecinos”. Los dos coinciden en que se estaba recuperando la población “porque nacen más que mueren”. El párroco de San Miguel añade: “si no ocurre alguna enfermedad contagiosa u otro accidente funesto”. Algo de esto debió pasar ya que unos años después, en 1791, en número de vecinos descendió a 320, según el Interrogatorio de la Audiencia.

Las causas principales de las defunciones estaban relacionadas con la falta de higiene, la mala alimentación o las epidemias. Así nos lo confirman los textos consultados: “Las enfermedades que comúnmente padecen son las regulares tercianas (paludismo), tabardillo o fiebre pútrida, dolores de costado, diarreas ordinarias o de sangre, carbunclos, erisipelas, fiebres catarrales, también suelen venir las viruelas y sarampión, que se llevan bastante número de niños”. (A.B.N.) Para curar el Paludismo se empleaba ya la “quina”, pero era muy difícil de adquirir, a juzgar por el testimonio del párroco de Garganta en sus escritos a Don Tomás López, en 1792: “El Sr. Obispo de Plasencia repartió a todo el obispado “quina”, que se la envió Su Majestad.” (A.B.N.) Otra causa de las defunciones entre las mujeres era el “parto y el sobreparto”, dadas las malas condiciones médicas de la época.

También hablan los textos de las enfermedades bucales y de la caída de la dentadura desde muy jóvenes, comentando sus causas: “Por el poco cuidado que tienen de ella comiendo calbotes y bebiendo agua fría”.

 

D.- 2.- LA SOCIEDAD JARAICEÑA Y LOS GRUPOS SOCIALES

 

Dentro de los tres estamentos del Antiguo Régimen, nobleza, clero y pueblo, sólo los dos últimos tuvieron representación en la sociedad jaraiceña, ya que la alta nobleza no se instaló en nuestro término municipal.

El clero fue uno de los estamentos privilegiados, pero dentro de él había muchas categorías, aún en el clero rural. Los clérigos de mayor categoría de Jaraíz eran los dos Vicarios, que a su vez eran los dos párrocos. Había, además, 10 presbíteros, 1 religioso Mercedario, 2 subdiáconos y 7 eclesiásticos de órdenes menores, que sumaban en total 22 eclesiásticos. Era un número elevado para una población de 314 vecinos.

Los Vicarios eran intelectuales muy cualificados y accedían al cargo por oposición. Eran jueces ordinarios, como nos confirma el Interrogatorio de la Audiencia: “Hay dos Vicarios foráneos y por hallarse reservada las cuatro causas principales de la jurisdicción eclesiástica al ordinario, el juzgado municipal es de corta consideración”. Su jurisdicción se extendía a “36 lugares de la Vera y Campo Arañuelo”.

Aparte de juez, el Vicario desempeñaba el cargo de notario, como hemos comprobado en el Libro de Fábrica de Santa María donde, en 1731, firma como notario el vicario Baltasar Brecero. Los demás clérigos desempeñaban distintos cargos como Mayordomos Beneficiados o Capellanes. Además los textos hablan de una “plaza de la Inquisición” desempeñada por clérigos.

El estamento más numeroso era el de los “vecinos pecheros” o estamento popular, que eran los que pagaban impuestos. Entre estos estaban los profesionales liberales, los artesanos, los comerciantes y los labradores propietarios, que eran los más numerosos. Las clases más bajas las formaban los jornaleros, las viudas, los menores huérfanos y los “pobres de solemnidad”. El Catastro de Ensenada hace un estudio completo de estos grupos, con nombres y apellidos y lo que percibían por su trabajo, de los que citaremos algunos ejemplos.

Los dedicados a profesiones liberales eran 29, entre ellos estaban dos procuradores, tres escribanos, un médico (Francisco Imbra, 3.300 reales), un cirujano, el maestro de niños (Bernardo Martín, con 500 reales, la maestra, 160 reales.). Había también varios abogados por lo que el Visitador de la Audiencia dice: “El número de abogado es perjudicial… por los pleitos que suscitan”. Entre los artesanos destacan “3 herreros (que ganan 5 reales), 3 horneros, 3 banasteros, 1 carnicero, hiladores, carpinteros, tejedores, pedreros. Constan sus nombres y lo que ganaban, así como los dedicados al comercio y al sector servicio, que eran 18: 1 estanquero, 1 tabernero, 3 vecinos que conducen a Madrid cerdos que acecinan…”

El grupo más numeroso era el de los agricultores propietarios, integrado por 121 vecinos. Dentro de estos había 10 propietarios de mayor categoría, “por la extensión de sus haciendas que las cultivan por medio de criados y operadores”. El grupo de jornaleros lo integraban 69, cuyo jornal era de 4ó 5 reales. También constan los mozos de servicios del campo y los pastores. Entre los “pobres de solemnidad” constan “11 viudas, 2 doncellas viejas y 2 hombres impedidos”.

Podemos sacar varias conclusiones del estudio es esta estructura social. En primer lugar, observamos que el número de agricultores propietarios es elevado comparado con el de los jornaleros, por lo que estos van a ser mejor retribuidos y considerados que en el resto de la región. En el siglo XVIII el cultivo del pimiento para la obtención del pimentón aumenta considerablemente. Este cultivo necesita mucha mano de obra para su plantación y recogida, por lo que los jornalero exigen salarios más elevados, lo que lleva a la protesta de los propietarios, quienes  elevan sus quejas a las autoridades competentes, como se manifiesta en el Interrogatorio, que dice: “…con el precio de la comida cuesta cada jornalero 6 reales pero no contentos con este arreglo, aunque el ayuntamiento se esfuerce, procuran y consiguen los jornaleros por necesidad de los hacendados, que les paguen jornales muy crecidos […] no contentarse con 5 reales sobre la comida, bebida, tabaco y otros relieves que son insoportables, por lo que consideran que tienen que asignar un justo precio por su trabajo[…] y los hacendados puedan soportar los gastos…” Esto contrastaba con el estado de miseria en el que vivían la mayor parte del campesinado del país.

Esto fue trascendental para la sociedad jaraiceña ya que aquí no existirá el “señorito” fanfarrón, tan típico en el resto de Extremadura, sino que los propietarios  tuvieron que adoptar una actitud positiva con sus trabajadores.

Otro aspecto a tener en cuenta y del que ya hemos hablado es que en esta sociedad existía una oligarquía formada por las clase más acomodadas, propietarios y profesionales, que controlaban la vida municipal, anteponiendo sus intereses a los del pueblo. Por este motivo, el Visitador de la Audiencia, establece las medidas oportunas para evitar esto y dice así: “En este pueblo conviene la insaculación (sorteo) porque hay parcialidades para la elección de oficios…”

 

E.- ECONOMÍA. LOS BIENES DE PROPIO Y LOS CAUDALES   

    MUNICIPALES

 

El siglo XVIII se va a caracterizar por la recuperación económica después de la gran decadencia del siglo anterior. Aunque la artesanía fue importante, la agricultura constituía la base de la economía. La propiedad de la tierra estaba muy repartida en pequeñas y medianas parcelas, que se cultivaban por el sistema tradicional. La Iglesia  también poseía fincas de pequeñas y medianas proporciones. Sin embargo, el gran propietario era el Ayuntamiento con grandes extensiones de dehesas, entre las que destacan: Dehesa de las Radas, la de los Tejares, las Machuquillas. Cerro del Marzo, Cerro de los Molinos, las Cardenillas, la Vera…etc.

Los caudales municipales provenían de las rentas de los “Bienes de Propio” y de los impuestos sobre “pesas y medidas”. En general, estuvieron siempre mal administrados, de tal manera que, en muchas ocasiones, no llegaron a cubrir los gastos municipales, como hemos comprobado en las cuentas de 1753, donde hay un déficit de 3.056 reales, ya que las entradas eran de 4.280 reales y los gastos ascendían a 7.344 reales. Nos llama la atención ciertos gastos como “…de regalos a sujetos distinguidos, 440 reales, de limosnas a cristianos nuevos […] de rogativas […] de las Romerías de San Benito y Virgen del Salobrar”.

Para compensar el déficit, los textos nos aclaran de dónde obtenían el dinero: “…de las  penas que se imponen a los ganaderos forasteros y de las “pesas y medidas”. El Visitador de la Audiencia se quejas de la mala administración de estos bienes con estas palabras: “ El caudal de “Propio” tan considerable bien administrado, no puede menos de producir sobrantes, al menos para ir repasando los caminos”.

Las reformas de los Borbones siguieron dando sus frutos y así vemos cómo en 1803 se obtuvieron 23.393 reales, que con unos gastos de 13.738 reales, supuso un superávit de 9.655 reales (Archivo Municipal).

 

E.- 1.- AGRICULTURA

 

La agricultura fue la principal fuente de riqueza. Se trata de una agricultura tradicional, de dos tipos, intensivo y extensivo.

Según el Catastro de Ensenada, Jaraíz contaba con 7.559 fanegas cultivables, que se distribuían de la siguiente forma: “145 fanegas de regadíos[…], 3.200 fanegas de tierra de secano, […] 500 fanegas de castañar […], 150 de olivar […],  400 de viñedos […],  48 de higueras […], 15 fanegas de morales dedicadas a la cría del gusano de seda.”

Estas tierras están clasificadas, según su rendimiento, en categorías: “tierras de primera, de segunda y de tercera”, incluyendo el número de fanegas de cada una de ellas.

La seda fue el principal producto de exportación, de aquí la importancia del cultivo de los morales para la cría del gusano de seda. A finales del siglo XVIII comienza a decaer, por lo que las autoridades harán lo posible para fomentar el cultivo, como expresa el Visitador en 1791: “Parece que desciende la cosecha de la seda, que es la principal y más interesante; debiera fomentarse aumentando el plantón de morales”.

El lino fue otro producto de regadío importante, ya que de él se obtenía el hilo para tejer los lienzos tan afamados por su calidad. Este cultivo desapareció en el siglo XIX y fue sustituido por pimiento, que comenzó a tener una importancia grande a partir de esta época. Ya ahora se cogen  7.000 arrobas de pimentón, que irán aumentando hasta convertirse en el producto estrella del siglo XX.

Otros productos de regadío fueron los frutales: manzanas, con 550 arrobas, peras, con 450 arrobas, cerezas, con 100 arrobas […] guindas, […] melocotones. Entre los productos hortícolas se citan: judías, cebollas o ajos.

El castañar había sido el cultivo más significativo en los siglos anteriores, ya que su fruto, aparte de servir para la alimentación humana, se intercambiaba por cereales, de los que éramos deficitarios. Pero ahora, una enfermedad había arrasado la producción y,  de las 25.000 fanegas que se producían en el siglo XVI, ahora sólo llegaban a 500 fanegas de castaños, pese a las medidas que se tomaron, como nos confirma el Visitador de la Audiencia: “ Se ha sentido en el fruto de la castaña la rebaja de más de 20.000 fanegas, que ha reducido a este pueblo a la ruina, sin que pueda reformarlo el cultivo del pimiento […] debieron obligar a los vecinos […] que cuidaran los castaños que van naciendo…”. A pesar de estas recomendaciones, el castañar no volverá a recuperarse como en épocas anteriores.

Los cultivos de secano eran: los cereales, la vid y el olivo. Los cereales se cultivaban con el sistema de rotación trienal, siendo los más importantes, el trigo y el centeno, con una producción de 600 y 1036 fanegas respectivamente. Más importancia tuvo la vid y el olivo. El aceite era de gran calidad y también se había exportado en el siglo XVI; pero su producción se redujo de 20.000  a 4.000 arrobas  y de vino se obtenían ahora 800 arrobas.

 

E.-2.- GANADERÍA, APICULTURA, PESCA Y CAZA

 

La ganadería fue un complemento de la agricultura, sin tener la importancia que en otras zonas. Los agricultores eran también ganaderos que encargaban el cuidado de sus rebaños a pastores a cambio de un salario.

La cabaña ganadera estaba formada por las siguientes especies: “193 vacas, 800 ovejas, 700 cabras, algunas cerdas de cría y los bueyes de labor”.

Los textos nos dan detalles de lo que producía cada especie: “Cada vaca de vientre pare a los 4 años y cada dos años tiene una cría y esta vale 80 reales”. También se especifica el precio de los lechones o chivos.

Las llamadas caballerías,  caballos, mulos y burros, fueron muy importantes, ya que eran imprescindibles para el transporte y las faenas agrícolas. Los textos nos hablan de su valor: “Una caballería mayor se regula en 110 reales y una menor en 50 reales”.

La apicultura era muy abundante debido  a la cantidad de montes que tenía el término municipal. Los textos nos hablan de 1.500 colmenas, con una producción de “500 libras de miel y otras 500 de cera, siendo su alimento la flor de la jara, del brezo, madroñera […]”.Es curioso cómo se lamentan los vecinos de los inconvenientes que había para aumentar su producción: “Pudiera haber más industria de esta si no fuera por los robos y animales nocivos, tejones y turones”.

La práctica de la caza se realizaba en toda la zona, dado el relieve tan montañoso y la variedad de especies que se criaban. Eran ya famosos los montes de Jaraíz en la época medieval, citados por Alfonso XI en su Libro de Montería, donde afirma que venían los reyes aquí a practicar  monterías. En el capítulo 20, cita los siguientes montes: “El monte del arroyo de Jaraíz, el de camino de Plasencia, Valdemorisco, Robledo hermoso, Valdenidos, el de camino de Cuacos…etc.”

El Interrogatorio habla de las especies más abundantes: “Hay caza de conejos, perdices, jabalíes, venados, corzos, zorros y lobos…”. También se habla de la “veda de caza” y de las muchas infracciones que se cometían.

Las batidas de zorros y lobos estuvieron subvencionadas por el Ayuntamiento hasta bien entrado el siglo XX, como hemos comprobado en el Archivo Municipal, que dice: “Por cada cabeza de lobo que se presente, 44 reales, de loba, el doble, 88 reales, de zorro, 40 reales…”.

La pesca ha sido siempre muy alabada por los cronistas de las distintas épocas, especialmente las sabrosas truchas de las gargantas. El Interrogatorio dice lo siguiente de las especies que había en las aguas jaraiceñas: “Hay en esta jurisdicción el río Tiétar y una caudalosa ribera llamada La Carba, y otra llamada Pedro Chate, en las cuales se crían barbos, truchas y anguilas”. También se cita “la veda de pesca” y se advierte de  las quejas de las autoridades municipales respecto a la multitud de infracciones.

 

E.-3.-ARTESANÍA

 

La industria artesanal estaba basada fundamentalmente en los productos derivados de la agricultura, como eran los del aceite, el vino, el pimiento, la harina  y los tejidos.

Tuvo su gran esplendor en el siglo XVI, decayó mucho en el siglo XVII y se recuperó en esta época aunque sin llegar a la importancia que adquirió en el siglo XVI.

El aceite fue siempre de gran calidad, como comenta el Vicario de Santa María en 1783: “A esta acompaña la mejor cosecha de aceite, de igual grado que el de la Sierra de Gata…”. La cosecha ascendía a 800 arrobas frente a las 20.000 que se obtenían en el siglo XVI. Los molinos de aceite o lagares se ubicaban en las márgenes de las gargantas. El Catastro de Ensenada nos da detalles de estos: “Hay dos molinos lagares de aceite de una viga, uno situado en la Garganta de Pedro Chate […], otro situado en la garganta de San Martín […] renta el primero 400 reales […] y el segundo 300 reales”.

La cosecha de vino  ascendía a 4.000 arrobas, y de su importancia  nos habla el Vicario Don Manuel Gutiérrez: “se recoge crecida cosecha de vino especial”. Cada vecino tenía su propia bodega donde obtenía, además, otros licores como gloria o aguardiente. Todavía existen hoy día, en algunas viviendas del casco antiguo,  las típicas bodegas en forma de cuevas, con grandes tinajas donde se conseguían las calidades deseadas.

La industria harinera fue también importante aunque la cosecha de trigo no cubría las todas las necesidades, por lo que había que importar este cereal. Existía un “pósito” o almacén de trigo ubicado en las dependencias del Ayuntamiento. Estos pósitos tenían una triple finalidad: aprovisionamiento de pan, regulación de los precios y el control de la calidad, además de entregar a los labradores una cantidad de grano para la siembra. Al frente del pósito estaba un Mayordomo nombrado por el Ayuntamiento, a  quien tenía que entregar las cuentas.

El caudal del pósito, según el Interrogatorio, era “en esa época de 53.295 reales y sirve para comprar trigo y dárselo al panadero”. Sigue diciendo el texto: “Había tres hornos, cuyos horneros ganan dos reales y medio al día y son Bernardo Bejarano…”.

La harina se obtenía en los molinos hidráulicos situados en las gargantas y podían ser de “una o dos piedras”. Los textos nos dan los nombres de los dueños y sus ganancias: “Alonso Tovar, cuyo molino es de dos piedras y percibe unos beneficios anuales de 1.200 reales…”. El Catastro de Ensenada cita cinco, con sus dueños y ganancias, pero al final del siglo ya había seis molinos, debido al aumento del pimentón, ya que en ellos también se obtenía el pimentón en la época de otoño, una vez secados los pimientos en los típicos secaderos.

En este siglo se triplica la producción del pimentón  ya que, de las 1.000 arrobas que se producían a principio del siglo, en 1791 llegaron a las 3.000 arrobas. Con el aumento del pimentón comienza a tener importancia la industria chacinera. La matanza del cerdo fue algo imprescindible para el mantenimiento de las familias, pero la chacinería no se limitó al ámbito familiar, sino que además, fue una industria dedicada a la exportación, dada la calidad de los productos, jamones, chorizos o  lomos. Así lo comprobamos en el siguiente texto: “Alonso Tovar, vecino de esta villa, conduce a la de Madrid cerdos que compra y acecina, siendo el mismo  que mata y conduce el de 25, y gana todos los años 900 reales de vellón”. También cita el texto otros chacineros y sus ganancias.

El cultivo del lino y los morales para la producción de la seda, hizo de la Vera un centro importante en artesanía textil de alta calidad, como fueron los lienzos y el hilado de la seda. Del lino se obtenía el hilo para la manufacturación de lienzos y tafetanes. Había dos variedades: el lino “boyal” o frío, del que se obtenía un hilo fino y blanco, y el lino “caliente”, que daba más “hilaza” pero de peor calidad, apropiado para el tejido de sacos para envases de productos. Los terrenos más apropiados para su cultivo eran los valles de las gargantas llamadas linares.

Los lienzos obtenidos del lino de la Vera fueron muy famosos ya desde el siglo XVI, como nos comentan los textos: “Se hacen lienzos escogidos, estimados en todas partes […]”. Esta importante artesanía se mantuvo en Jaraíz hasta el siglo XIX. En 1786 el párroco de Santa María dice: “No hay más fábricas que la seda y el lino y este se teje por los naturales y es de buena calidad.” (A.B.N.). El Interrogatorio nos confirma esto: “No hay más fábrica que algunos telares de lienzo y estopa que se cogen en algunos heredamientos”

Una vez confeccionado el lienzo en estos telares, se sometía a la operación del “batanado” para aumentar su resistencia, suavidad y compacidad. El “batán” era una especie de molino hidráulico formado por gruesos mazos de madera que golpeaba los tejidos para que adquirieran la resistencia, suavidad y compacidad deseada. El batán de Jaraíz se encontraba en la garganta de Jaranda, cerca del puente de La Carba. Así nos informa el Catastro de Ensenada: “Hay Batán  para abatanar paños en la garganta de Jaranda […] propio de Florentino Izquierdo […] produce 1.300 reales…” También nos dice el nombre de los tejedores: “Tejedores de lienzo eran Juan Rubio, Gil Sánchez y Antonio Muñoz […] y ganan 4 reales” (A.H.P.).

La seda fue otra de las fibras textiles de gran relevancia en toda la Vera. La seda es un filamento segregado por el gusano de seda para construir su capullo. Este gusano se alimenta de las hojas de la morera y del moral. Esta última variedad arbórea es la que más se cultivó en Jaraíz. El proceso del hilado se hacía mediante la cocción del capullo antes de que la larva sufriera la metamorfosis y la mariposa pudiera romper el capullo para salir al exterior. Con el agua hirviendo, la fibra se despoja de la capa de sericina que la rodea y quedan los hilos separados y brillantes, aptos para ser devanados. Luego comienza el proceso del hilado propiamente dicho, que consiste en unir en un solo hilo varias hebras de distintos capullos con lo que se consigue el hilo para fabricar el tejido de  seda. La artesanía del hilado de seda estaba a cargo de los familiares de los agricultores y productores. Después de la recogida de capullos, en los hogares de estos agricultores, se procedía al hilado. Así nos ilustra el Catastro de Ensenada: “Hiladores de seda no se nombran por su crecido número y por ser lo común hijos de familias que en un mes trabajan con corta diferencia”.

En Jaraíz el hilado de la seda tenía tanta fama que el Visitador de la Audiencia lo ponía como ejemplo para otros pueblos: “En este pueblo se hila y se aprovecha más bien la seda y con algún estímulo pudiera llevarse a la perfección y transcender a los demás lugares”. En efecto, con el estímulo de las autoridades se logró aumentar la producción de seda en más de 600 libras en sólo medio siglo, ya que en 1791 se cogían 900 libras y a mediados del siglo XIX pasaron a 1.500 libras, según nos informa Don Pascual Madoz.

Las artesanías imprescindibles para el desarrollo de la vida rural de los vecinos también fueron de importancia, pero sólo para el consumo local, no para la exportación como las de los anteriores productos comentados, especialmente los textiles.

Estos artesanos se agrupaban por calles y barrios  desde el siglo XVI, dando nombre a las calles que en la actualidad  lo conservan: calle Herradores, calle de los Herreros, calle de los Pedreros.

Para el cultivo del campo eran imprescindibles las herramientas de trabajo como  azadas, arados y  hoces, fabricadas por los herreros en las fraguas. El Catastro cita al menos tres, con los nombres de los herreros y lo que ganaban. También los herradores eran muy necesarios  para mantener en buenas condiciones las caballerías, tan importantes para las labores agrícolas y para el transporte de mercancías y personas.

Famosos eran los pedreros o picapedreros, sin los cuales no se podía llevar a cabo ninguna construcción por ser la piedra el material principal de cualquier obra. También nos hablan los textos de banasteros o artesanos de la cestería, así como de cacharreros, zapateros, sastres, alpargateros, guarnicioneros y horneros, entre otros.

 

E.- 4.- EL COMERCIO

Este sector estuvo muy poco desarrollado debido a la falta de infraestructuras, ya que no eran adecuadas a las necesidades y los medios de transporte se limitaban a la arriería.

El comercio local carecía de importancia, pues la mayor parte de los vecinos se autoabastecían con sus propios cultivos y lo sobrante lo vendían a otros vecinos o lo intercambiaban. El abastecimiento de pan, aceite, jabón, bacalao, queso y aguardiente, estaba controlado por el Ayuntamiento, como lo confirma el Interrogatorio: “Se arriendan en pública subasta”. Con respecto a la carnicería dice: “No produce derecho alguno, más que la equidad que hace el obligado en los precios de la carne”. Para  el abastecimiento del vino y el aguardiente, existía una taberna cuyos beneficios servían para pagar ciertos impuestos del Estado: “Hay una taberna que vale cada año 750 reales, los que se aplican para aminorar los repartimientos de rentas provincianas, que los vecinos pagan”. Había también un estanco y dos farmacias.

No existían grandes mercados y ferias. El único mercado que había en Jaraíz era el que se celebraba anualmente junto a la antigua ermita de la Virgen del Salobrar, situada junto al río Tiétar. Esta feria era poco importante, como lo afirman los textos: “Sólo hay una feria de corta consideración en el primer domingo de Mayo, donde se vende algún paño basto, zapatos y otros géneros de quincallería”.

Había una verdadera necesidad de fomentar el comercio local para cubrir las necesidades de los vecinos y al mismo tiempo, fomentar la economía. Por este motivo, el Visitador de la Audiencia intenta dar solución al problema de la siguiente forma: “Considerando conveniente fomentar el tráfico y el comercio con un mercado semanal, o al menos, mensual, porque carece de comercio particular, ni compañías.”

El comercio exterior fue más importante, ya que estaba en manos de los arrieros forasteros, que llevaban los productos a distintas zonas del país. Estos productos de exportación eran los siguientes: “300 arrobas de aceite a 45 reales cada arroba, 2.500 arrobas de pimentón, a 15 reales.” La producción de seda se vendía toda y era el producto más importante de exportación junto con los lienzos de lino. Así lo afirman los textos. “La cosecha de seda es la principal y más interesante.”

Fundamentales  para el comercio exterior eran las posadas y mesones. Aquí había cuatro mesones, pero sin comodidades para las personas y las caballerías, según se lee en  los textos: “Hay cuatro mesones, sin provisión de camas ni cebada. Uno de Francisco Manzano […] otro de Juana Muñoz, viuda, […] otro de Francisco Godoy, […] otro de Santiago Gordo…”

 

F.- LAS COMUNICACIONES

 

Las comunicaciones eran escasas y las que había tenían los firmes en muy mal estado;  los escasos puentes que había eran muy deficientes y peligrosos.

Por Extremadura pasaban dos vías principales, según el Repertorio de Villuga. Una era la que iba de Lisboa a Madrid, que pasaba por Navalmoral, poniendo en contacto las ciudades castellanas con las extremeñas. La otra seguía la dirección de la Vía de la Plata, uniendo Sevilla con Salamanca  y pasaba por Plasencia. Los caminos que unían Jaraíz con estas vías se llamaban Caminos Reales. El que iba a Plasencia era de más fácil acceso, pero el de Navalmoral presentaba más inconvenientes,  ya que había que cruzar el puente de la Carba  en la garganta de Jaranda, que estaba en muy malas condiciones, como veremos a continuación. Así mismo se tenía que cruzar el río Tiétar en la famosa Barca de Jaranda, por la que  tanto las personas como los animales tenían que pagar un impuesto, ya que la barca pertenecía a Plasencia desde 1685, que fue cuando Jaraíz compró su Privilegio de Villazgo a esta ciudad a cambio de  la Dehesa del Rivero y “una barca sobre el río Tiétar”. (P. Madoz)

La cantidad de dinero que los vecinos tenían que pagar se llamaba “barcazgo” y dependía del caudal de agua que llevara el río. Así nos lo confirman los textos: “Hay una barca llamada Jaranda en el río Tiétar, pertenece a la ciudad de Plasencia, que su precio por persona y caballería es de cinco cuartos hasta dos reales, según la fuerza de la corriente”. (A.H.P.)

En cuanto al puente de la Carba, que salvaba la garganta de Jaranda, sabemos que estaba en unas condiciones deplorables, hasta el punto de que, con frecuencia, había accidentes de caídas al cauce por el deterioro de la construcción y, especialmente, los pretiles. Por este motivo, se había solicitado la construcción de un puente nuevo, pero este no se construirá hasta el siglo siguiente. Así lo confirma el Interrogatorio: “Los caminos reales […] necesitan reformas, especialmente el puente de la Carba, muy peligroso. Se han caído personas y caballerías a la ribera. Se han solicitado 250.000 reales para hacer la obra con perfección.” También añade: “No se paga portazgo”.

El Visitador de la Audiencia se quedó extrañado del mal estado de estas comunicaciones, por eso dice en las  Advertencias: “El caudal de Propios bien administrado no puede menos de producir sobrantes para ir reparando los caminos  y entre este y los demás pueblos de la Vera[…] bien pudieran componer el puente de la Carba hasta que se verificase la construcción que tienen solicitada”.

El transporte, tanto de mercancías como de personas se hacía a lomos de caballerías, ya que los caminos, llamados “de herradura” eran para la circulación de animales. Los caminos de ruedas para carruajes se limitaban a las vías más importantes. La que pasaba por Navalmoral era la más accesible a los jaraiceños. Por esta vía se podía ir a Madrid en diligencias, así como a Toledo y la baja Extremadura.

 

G.- LA CULTURA

 

En la faceta cultural advertimos una recuperación en este siglo de la Ilustración, aunque continuará siendo la Iglesia la que capitalice este aspecto en las zonas rurales, como era el caso de Jaraíz, donde tenía un gran poder socio-económico, lo que se manifestó en las diversas actividades culturales. La Vicaría fue una de las más importantes del Obispado, con dos Vicarios y dos parroquias, con una jurisdicción sobre 36 lugares de la Vera y del Campo Arañuelo. Además contaba con gran número de Memorias, más de 50 Capellanías, alrededor de veinte  Cofradías, cinco ermitas, un hospital y un colegio de Segunda Enseñanza, entre otras instituciones. El capital que llegó a tener fue considerable tanto en fincas como en metálico, que prestaba a los vecinos a bajo interés, como eran los famosos “censos”. Por este motivo la Iglesia fue la gran impulsora de la cultura desde el siglo XVI hasta mediados del siglo XIX, cuando todos los bienes fueron enajenados con motivo de la Desamortización.

En la Enseñanza de produce un gran avance en el siglo XVIII. La Enseñanza Primaria había estado totalmente controlada por la Iglesia, pero ahora pasará a depender  del Estado, y especialmente a partir de 1783, cuando se publica la Célula Real. Después, en 1804, con las Reales Ordenanzas, se crea el Cuerpo de Maestros y el ejercicio libre de la profesión, además de elevar el nivel de la enseñanza para expedir títulos.

Sabemos por el Catastro, en 1753,  quién era el maestro de niños y el sueldo que percibía. Así consta en el texto: “Hay un Maestro de Primeras letras que lo es Bernardo Martín de Castro, que con 500 reales que le da la Villa, de situado ganará 750 reales”. Con respecto a la maestra, no se cita el nombre, sino sólo el salario, que era de 160 reales. Como consecuencia de esta discriminación por razón del sexo, los jaraiceños se quedarán sin maestra durante un período importante en la segunda mitad del siglo. Por este motivo, los padres de los niños intentan solucionar este problema elevando el sueldo de la maestra, como nos confirma el Interrogatorio de 1791, que dice: “Se juzga necesaria la dotación de 700 reales para una Maestra de niñas, cuya educación está abandonada, y se nota el inconveniente de que los padres que desean aprendan sus hijas a leer, se ven precisados a enviarlas a la escuela de niños, cuya mezcla produce malas consecuencias”. Ahora, también se eleva el salario del maestro según nos confirma el texto: “Hay escuela de niños con Maestro de Primeras Letras, cuya dotación es de 1464 reales”.

La Enseñanza Secundaria también estaba controlada por  la Iglesia. Ya en el siglo XVI, la Vicaría había fundado un Colegio de Segunda Enseñanza para los hijos de las familias más destacadas y especialmente para los que querían seguir la carrera eclesiástica. Se denominó “Colegio de San José” y función hasta la Desamortización. Estaba dotado de una Cátedra de Gramática, desempeñada por un especialista en la materia. Así lo confirma un documentos de 1711 del Archivo Parroquial de San Miguel. Se trata de una Memoria de Don Francisco Manzano de Carvajal, “cura-rector de la parroquia de San Miguel”, que en su testamento dotó de una casa que tenía en la calle del Rey de Plasencia para un preceptor de Gramática. Dice, además, que si no hubiera preceptor de Gramática, se la otorgará a un “Maestro de Escuela”. A continuación pone las obligaciones que debía cumplir el beneficiado, como la “celebración de una Misa rezada en la Octava del Stmo. Sacramento”, entre otras cosas.

Uno de los preceptores de esta época fue “Don Isidro Montes, clérigo de menores y gana 800 reales”. Pero las rentas de la fundación fueron disminuyendo y los jaraiceños se quedaron sin preceptor de Gramática por lo que los vecinos no consintieron que se viniera abajo este bien cultural. Por este motivo instan al Ayuntamiento que pague al preceptor con las “Bienes de Propio” o del municipio. Así consta en el texto: “Aunque hay fundación para sostener a un preceptor de gramática, por no ascender esta a más de 400 reales, no está en actual ejercicio y por lo mismo se contempla que se aumente la dotación a 1.500 reales, supliendo los 1.500 reales del fondo de Propios”.

Vemos cómo, a finales del Siglo de las Luces se aprecia cierta inquietud por la enseñanza entre los vecinos a todos los niveles. Sin embargo el analfabetismo siguió siendo  una de las lacras de esta sociedad.

La Iglesia fomentaba con gran interés las Cofradías y demás obras pías. Estas festejaban a sus santos patronos no sólo con celebraciones litúrgicas, sino con romerías, danzas al son de la flauta y el tamboril, procesiones y bailes, donde el folklore popular desplegaba su amplio abanico de actuaciones. Fueron famosas las alboradas, las rondas y rondeñas. Era destacadas las danzas de los bailaores así como también se citan en los documentos a “bailaoras” o danzantes femeninas, denominadas “Maires”, quienes actuaban en las romerías en honor de San Blas y Santa Lucía, en su famosa ermita.

Muy importantes fueron las manifestaciones culturales de alto nivel como la Música, la Oratoria y el Teatro. La música sacra tuvo un gran relieve, ya que todas las fiestas religiosas se amenizaban con conciertos de órgano. En las dos parroquias había especialistas músicos que solemnizaban todos los actos litúrgicos con los armoniosos sonidos de los órganos: misas solemnes, tercias o vigilias.

Tenemos documentación de dos órganos de la iglesia de San Miguel, procedente del archivo parroquial y facilitada por Don Joaquín Jiménez, actual párroco. Uno data de 1625 y dice: “Se pagó más de cien reales por el órgano y hay carta de pago”. A continuación pormenoriza el coste de los distintos elementos compositivos: “gastóse de hierro veinte libras para los Registros […] costó diez reales los herrajes […] los registros nueve reales…” Constan, además otros detalles, como fuelles, cordeles o tachuelas. El otro órgano se compró en 1739 y costó un precio mucho más elevado que el anterior, según el texto: “Abónanse cinco mil y treinta y dos reales y treinta maravedíes”. A continuación se especifican todos los gastos que supusieron  el montaje, el transporte, los materiales, incluso una licencia de “Derechos de obra que costó 14 reales”.

Por el Catastro de Ensenada sabemos los nombres y los salarios de los organistas de las dos parroquias a mediados del siglo XVIII, llamándonos la atención la diferencia de salario que había entre lo que ganaba el de Santa María con respecto al de San Miguel. Así consta en el texto: “Los organistas de Jaraíz son Víctor García que lo es de la parroquia de Santa María y gana trescientos reales, otro Felipe Rodas que lo es de la parroquia de San Miguel y por serlo le vale ciento cincuenta reales”.

La oratoria fue siempre muy fomentada y apreciada por la Iglesia, ya que era uno de los medios más eficientes de evangelización. Se traían grandes oradores para predicar los días festivos más importantes. Fueron famosos los Agustinos y los Dominicos. En las cuentas de Fábrica de las dos parroquias y en las de las distintas cofradías, encontramos estas referencias al pago de las “sermones”. Eran famosos los sermones de las Siete Palabras del día de  Viernes Santo o los del día del Corpus, de la Octava y de la Infraoctava, así como de las festividades de los distintos patronos de las Cofradías. A los gastos que suponían traer estos oradores contribuirá el Ayuntamiento con una dotación de “ciento y veinte reales”, según el Interrogatorio de la Audiencia.

El teatro fue otra de las manifestaciones culturales fomentadas por la Iglesia, ya que las representaciones de tipo religioso eran otra forma de evangelización de los fieles, quizás más realista que la predicación o los sermones. Desde la época medieval era ya importante la representación de los Autos Sacramentales en los distintos ciclos litúrgicos y en las festividades de los diferentes patronos de las Cofradías y de las dos parroquias.

Los textos consultados hablan de este tipo de actividades culturales realizadas dentro de los templos, que al referirse a ellas siempre las denominan “las Comedias”. En la parroquia de San Miguel era muy famosa la que todos los años se ponía en escena con motivo de las fiestas en honor a Nuestra Señora de la Paz. Estas representaciones estaban a cargo de actores profesionales forasteros que venían a actuar cuando se les requería. Para poder actuar en las iglesias, debían solicitar los párrocos una licencia, por la que tenían que abonar unos derechos, como hemos comprobado en el libro de Cuentas de Fábrica de San Miguel. La solicitud de la Licencia está firmada por el “Cura Rector y Vicario Licenciado Don Baltasar Braceno”. También constan otros gastos derivados de la representación de la “Comedia” y de los actores, que los denominan “comediantes”. Así se citan los “refrescos para los comediantes se pagaron…”. En otra cita se expresa lo que abonó el Vicario de San Miguel para los gastos de “la Comedia y los comediantes, 136 reales y medio y 17 maravedíes”, en el año 1731.

Así pues la Iglesia fue la gran depositaria e impulsora de la cultura de este período histórico y los eclesiásticos los principales hombres que destacaron en el saber de la época.

Ahora, en el siglo XVIII,  hay destacadas personalidades en el campo de la cultura y de la Iglesia, como nos lo confirma el Vicario de San Miguel, Don Vicente Sánchez Zúñiga: “En el campo de las Letras ha habido muchos sujetos conocidos como fueron el Sr. D. Juan Domingo Manzano, colegiado Mayor de Cuenca, que murió Obispo de la ciudad de Jaca en 1750. Don Juan Abad, Inquisidor de Valladolid que murió hecho Obispo en el siglo anterior. El Sr. Don Juan Pavón y Arjona que fue inquisidor de Córdoba. Canónigos y dignidades ha habido bastante en Santa Iglesia Catedral de Plasencia y otros del Reyno” (A.B.N.)

Por lo tanto hemos de destacar los dos obispos jaraiceños de los que nos habla el Vicario. Uno el llamado Don Juan Abad, que fue primero inquisidor y después obispo de Valladolid, pero poco más sabemos de él. Sin embargo tenemos noticias más concretas del obispo Manzano, pues conservamos su magnífico palacio que ha perpetuado su memoria y su linaje, ya que luce en su fachada uno de los escudos extremeños más interesantes, no sólo por su valor heráldico, sino por la perfección técnica con que están tratados los bajo relieves que simbolizan su linaje: el manzano, el león rampante, la banda transversal de los Carvajales, el capelo cardenalicio y la flor de lis, entre otros motivos decorativos.

Don Teodoro Fernández Sánchez ha hecho un buen estudio del mencionado Obispo, demostrando que fue una de las personalidades de más alto  nivel cultural y religioso del siglo XVIII a nivel nacional. Después de ser Colegiado Mayor de Cuenca, Don Juan Domingo Manzano de Carvajal fue nombrado canónigo de la Catedral de Zaragoza y aquí se le consagró Obispo de Jaca, el 4 de Mayo de 1739. Entre sus obras cumbres destacan la celebración de un Sínodo y la construcción del Seminario episcopal.

H.- CONCLUSIÓN

 

En el tercer centenario de la inauguración de la dinastía borbónica con Felipe V, podemos afirmar que el siglo XVIII fue una época de recuperación, aunque lenta, pese al desastre que supuso la Guerra de Sucesión, con la pérdida de todas las posesiones europeas, además de Menorca y Gibraltar. Como ya hemos referido, la recuperación de Menorca no cerró la herida de esta desastrosa guerra, ya que Gibraltar seguirá en poder de Inglaterra hasta la actualidad, siendo fuente de numerosos conflictos.

En el aspecto económico y social hemos observado una lenta recuperación y el crecimiento de la población. Algunos de los graves problemas que habían azotado a los vecinos se intentarán paliar en lo posible, como fue el establecimiento del pósito para evitar las terribles hambrunas del período anterior, ya que con él tenían asegurado el trigo y el pan. También fue importante el reparto de tierras abandonadas entre los vecinos más necesitados. Se combatía así mismo una de las enfermedades que más asolaba a la población, el paludismo,  con la quina, procedente de América. Según los textos, “el obispo de Plasencia distribuía “quina” entre los distintos pueblos de su obispado”.

En el aspecto económico hemos visto cómo se fomentó la agricultura y la artesanía,

 

 

Ene 172015
 

Ana  Mª Prieto García.

Universidad de Extremadura.

 1. INTRODUCCIÓN

El estudio de la salud pública ha constituido uno de los temas que más interés ha despertado entre los historiadores, no solo por la necesidad de conocer la percepción que se tenía de la enfermedad y los mecanismos que empelaban ante las epidemias, sino también por todo el entramado administrativo y político que se articulaba en torno a ella. Así pues, aunque existen algunos trabajos que tratan diversos aspectos relacionados con la sanidad extremeña[1], sobre todo de la enfermedad y medidas para prevenirla, aún carecemos de estudios que analicen la organización sanitaria y, más concretamente, el desarrollo y funcionamiento de las Juntas de Sanidad a nivel provincial y local. En este sentido, el propósito de este trabajo es profundizar en el surgimiento, la evolución, la configuración y las funciones de las Juntas de Sanidad, principalmente de las locales, desde su instauración hasta su cese. Para ello, hemos analizado dos casos concretos, la villa de Brozas y la de Coria, territorios en los que las Juntas de Sanidad nacieron con mayor antelación[2].

  1. DE LAS JUNTAS DE SANIDAD HASTA LA ORGANIZACIÓN ADMINISTRATIVA SANITARIA

A la hora de abordar el tema de las Juntas de Sanidad durante el Antiguo Régimen en Extremadura, es necesario hablar de la Suprema Junta de Sanidad[3], nacida en 1720 bajo el reinado de Felipe V, debido a la necesidad de crear un organismo oficial que impusiera unas medidas sanitarias para preservar al Reino y proteger la salud de la población ante la aparición de la peste de Marsella. La ampliación de sus funciones llevó a la constitución de Juntas Provinciales y Municipales[4], siendo éstas últimas las encargadas de poner en marcha el conjunto de órdenes, instrucciones y recomendaciones emanadas de la Junta Suprema con el fin de evitar la entrada o la propagación de enfermedades epidémicas.

A lo largo de los primeros cuarenta años del siglo XIX, en España se dio una serie muy amplía de regulaciones y leyes que acabaron por instaurar un sistema sanitario nacional, complejo y jerárquicamente organizado. Desde el inicio del siglo, el desarrollo de una política de sanidad pública, recayó en instituciones que empezaban a diferenciar entre sus funciones la prevención del contagio, con una política activa de sanidad que se extendiese por todo el reino y proporcionara cobertura a todos los súbditos. Este giro lo desencadenó una doble circunstancia: el descubrimiento de la vacuna, lo que provocó a su vez que se diesen las primeras medidas de reforma institucional, a partir de los reinados de Carlos III y Carlos IV y, en segundo lugar, el brutal impacto para la población en todo el reino de la fiebre tifoidea de 1803-1804, cuyos efectos serán el argumento central para la reforma de la sanidad a nivel municipal. No obstante, el principal problema resultó ser la carencia de un sistema único y organizado, lo que provocó la desconexión de dichas instituciones con los beneficiarios últimos de tal sistema.

Un buen ejemplo de esta reflexión está abonado con la política de inoculación de la viruela que pasó como Real Orden a la Junta Superior de Cirugía, que fue sustituida por la Junta Superior Gubernativa de Medicina, quien a su vez, desarrolló estos trabajos apoyada directamente en el Consejo de Estado y en la Junta Superior de la facultad de Medicina, dado que en definitiva los encargados de inocular las vacunas serán los hospitales provinciales.

Con la Guerra de la Independencia se retrasaron todos los progresos en este campo, dejando de hecho la iniciativa anterior paralizada en su desarrollado hasta los primeros meses de 1815. Años más tarde, concretamente en 1822, se aprobarán un conjunto de leyes que se organizan en torno a la “Ley Orgánica de la Sanidad Pública de la Monarquía Española”. En esta ley, la organización de un sistema de salud nacional recaía sobre la Dirección General de Sanidad, que a su vez organizaba su presencia en el territorio a través de tres tipos de Juntas delegadas: Las Juntas Provinciales de Sanidad, la litorales y las municipales.

Tal como aparecen reguladas en la normativa de 1822, a diferencia de lo encomendado desde su creación a principios del siglo XVIII, las Juntas Municipales comienzan a verse necesitadas de superar sus funciones tradicionales. La prevención del contagio, que normalmente era el detonante primero de su formación, se veía alterado por la necesidad de acometer un análisis permanente de la salud pública de la población.

No obstante, el problema principal era que todavía no se había organizado el sistema de provincias y ayuntamientos, aunque su desarrollo fuera paralelo, puesto que hasta 1833 no se cierra el proceso de alegaciones de los pueblos y se publica la nueva organización administrativa del reino. Quizás por ello, y por los cambios que se habían dado en el conocimiento de la propagación de la enfermedad, la normativa nacional no se instaura definitivamente hasta 1847.

  1. FUNCIÓN Y COMPOSICIÓN DE LAS JUNTAS DE SANIDAD

Entre las funciones de las Juntas Provinciales estaban el auxilio, asesoramiento y control de las Juntas Municipales, que a su vez tenían la responsabilidad en su territorio respectivo sobre el control y la propagación de las enfermedades exóticas, poniendo todos los medios a su alcance para evitar el contagio a las poblaciones vecinas, y, desde el punto de vista de las enfermedades comunes entre los vecinos, realizar informes o estudios con los que poder remediarlas a partir del análisis de los cuerpos facultativos destinados a las Juntas provinciales, y, en especial, a la Dirección General. Éstas estaban presididas por el Capitán o Comandante general y constituidas por los siguientes vocales: el Corregidor, dos Regidores o veinticuatro, un Diputado del común y el Procurador Síndico General. A ellas estaban subordinados los médicos y cirujanos de quienes se valían para consultar su dictamen facultativo o asistir a los contagiados. Estas juntas carecían de reglas específicas para gobernarse dejando «a su juicio y prudencia que tomen todas aquellas medidas que crean indispensables al logro de los justos fines que se propone S.M, en preservación de la salud pública»[5]. Asimismo, tenían todo el poder para hacer efectivas sus disposiciones y determinar sus funciones sin que ningún Juez ni tribunal pudiera impedírselo, a excepción de la Suprema Junta de Sanidad, a la que se encontraban sometidas y subordinadas, teniendo que darle parte de todo lo que considerase digno de su noticia[6].

En cuanto a la composición de las Juntas municipales recae en el Ayuntamiento y será la siguiente dependiendo de su extensión: el Alcalde constitucional, uno o más regidores, uno o más vecinos de reconocido celo, el cura párroco, uno o más facultativos y el Procurador síndico. En principio las Juntas de Sanidad Locales no tenían una organización supramunicipal a la que someterse, excepto la capital de la jurisdicción, que a su vez dependía del Jefe militar de la provincia. En este contexto, surgen las primeras iniciativas para la regulación del sistema, esencialmente preventivo, cuya instauración y eficacia dependió tanto de la existencia de una organización sanitaria mínima preexistente, como de la disponibilidad de medios para poder llevarlo a cabo. La organización interna recae en individuos de la Junta de Sanidad Local y son ellos los encargados de administrar todo el sistema.

Un ejemplo que ilustra lo anterior es el Plan Instructivo[7] creado por el Bachiller D. Miguel Montes Bravo, catedrático de filosofía en Cáceres y cura rector de la iglesia de los Santos Mártires en la pequeña ciudad de Brozas. El 22 de octubre del año 1800 nos dejó un elaborado informe de los mecanismos internos con los que se conducían las Juntas Municipales. Éste contenía el método más adecuado para realizar las guardias y una serie de reglas para evitar la entrada de las enfermedades infecciosas en la villa. Así pues, la organización de la vigilancia se desarrollaba calle a calle, para ello se elegía a un vecino que en compañía de otro con el que se alternaba[8], denominados Diputados menores, vigilaban una en concreto dentro del barrio en el que vivían. En ellos recaían la responsabilidad de que todas las calles se barriesen y limpiasen los miércoles y sábados de cada semana, vigilando que la basura y las inmundicias se separen de las tapias del pueblo al menos cuarenta pasos y se enterrasen, bajo pena de seis reales para el contraventor[9]. En segundo lugar, debían informar de los forasteros con visado de paso o estancia y nombrar a cinco hombres y dos Comandantes para custodiar la zona que estaba bajo su responsabilidad. En este sentido, dos hombres y un comandante hacían la guardia de día que iba desde las siete de la mañana hasta las ocho de la tarde, y desde esa hora hasta las siete de la mañana siguiente eran relevados por el resto, en turnos de relevo de doce horas. Éstos debían tener un control exhaustivo de los géneros de comercio, evitando en cualquier caso el tráfico de productos provenientes de las zonas infectadas, y del correo. Para esto último, se designó un solo Diputado menor, cuya función era separar la correspondencia de los parajes contagiados del resto y sumergirla durante unos minutos en vinagre para desinfectarla. Por encima de los Diputados menores, la Junta de Sanidad previene la existencia de unos Diputados mayores cuyas funciones eran básicamente la transmisión de las órdenes de la Junta de Sanidad a los Diputados menores y del cumplimiento adecuado de éstas.

Así pues, la principal función de las Juntas Locales era evitar la propagación de las epidemias no solo en el interior de sus villas sino también en los pueblos de alrededor. Este hecho nos lleva a plantearnos una serie de interrogantes: ¿cómo lograban tal fin? ¿Cuándo se creaban las Juntas? Normalmente, las Juntas de Sanidad se formaban cuando se le comunicaba al Gobernador del pueblo a través de una instrucción de la Real Audiencia la aparición de un foco de epidemia. Así pues, en Coria el 13 de julio de 1818 se recibe una orden de la Real Audiencia en la que se pide se forme una Junta de Sanidad y Juntas Subalternas en todos los pueblos de su jurisdicción para tomar las medidas más eficaces para impedir que se introdujese y se propagase la peste que se había manifestado en Tánger. El 17 de julio se instala la Junta, compuesta por el alcalde, el escribano, el regidor decano, el Procurador síndico y un facultativo[10]. Una vez constituida se redactan las normas generales recogidas en la instrucción de la Real Audiencia, basadas principalmente en el aislamiento del pueblo, inspección de los pasaportes y establecimiento de lazaretos[11]. Finalmente, establecidas estas reglas deberán velar para que su aplicación sea efectiva, pudiendo crear otras más concretas siempre que las consideren convenientes, sirva como ejemplo la promulgada en la Junta de Coria el 27 de octubre de 1800[12], referente a la calidad de los alimentos:

«Siendo un motivo y principio para las enfermedades la mala sazon de las frutas y legumbres que comunmente se venden al publico y de cuya compra no se reservan las gentes acaso por el mas bajo precio a que las dan sus vendedores para su pronto despacho, los Regidores que estubieren de mas celaran con particularidad sobre este asunto haciendo enterrar las frutas y legumbres y demas comestibles que encontrare sin la sazon necesaria pa que no sean dañosas y requieren a los vendedores se abstengan de hacerlo en lo subcesibo no estando perfectamente sazonadas pues de hallarles con ellas serán castigados con la multa de seis ducados y seis de carcel»[13].

A pesar de los esfuerzos, la presencia de la enfermedad epidémica en las ciudades y en las pequeñas villas del interior rural español siguió siendo la tónica general. El principal escollo lo encontramos en la dificultad de acometer por parte de los ayuntamientos el sostenimiento de un sistema de vigilancia y de actuación frente al contagio que recaía en primer lugar sobre sus propios recursos, normalmente escasos, que se languidecían con las medidas de aislamiento al perjudicar considerablemente su economía y provocar la escasez inmediata de los mismos. En 1821, por ejemplo, ante las quejas continuas de las Juntas Municipales, entre otras las de la ciudad de Coria, la Junta Provincial tuvo que interceder ante la recién creada Diputación Provincial de Extremadura para que liberase lo antes posible los medios y socorros necesarios.

«Habiendo tomado en consideración esta Junta las reclamaciones que le han hecho algunas Municipales sobre habilitárseles de fondos para atender a los precisos gastos de Lazareto y demás, contesto que deberán dirigirse a los Ayuntamientos respectivos para que estos proporcionasen arbitrios por el orden que establece la Constitución»[14].

Los gastos no sólo eran crecidos sino urgentes, y eso añadía complejidad al problema. De ahí que las diputaciones provinciales, cuyo papel social era eminentemente benéfico, acabaran por asumir también determinadas funciones sanitarias.

  1. LA IMPORTANCIA DE LA PRESENCIA DE FACULTATIVOS

Del personal sanitario existente en los municipios[15], los médicos eran los más importantes, no solo porque daban al vecindario la sensación de protección sanitaria, al menos en la medida en la que los tiempos y el desarrollo de la ciencia eran capaces de satisfacer, sino también porque eran los encargados de controlar e inspeccionar los efectos de la epidemia. Su presencia era primordial y necesaria en las poblaciones extremeñas, sobre todo, a medida que se acercaba el sofocante verano, momento en el que la presencia de las tercianas en la mayor parte de los núcleos de población se hacía endémica[16]. En este sentido, un buen ejemplo de la importancia que adquirió el facultativo lo encontramos en Coria, sede episcopal, con un vecindario relativamente pequeño incluso para la época, cuya principal obsesión de los vecinos fue la de reponer al médico titular de la ciudad inmediatamente después de haber finalizado la Guerra de la Independencia[17]. Su preocupación por el contagio hizo, por ejemplo en 1804, que la disponibilidad de algunos medios económicos extraordinarios percibidos como aportación del Cabildo de la catedral permitiesen algunas medidas excepcionales. En esta fecha se consultó a un médico de Alicante sobre su experiencia en la cura de la enfermedad que ya azotaba a pueblos muy cercanos. El Doctor Don José Alcázar les envió el modo de afrontar la enfermedad con friegas de aceite, infusiones de flor de saúco; abrigar al enfermo, cerrar las ventanas, sahumerios de azúcar, y cada tres horas una taza de caldo; y en el intermedio otra de saúco; ordinariamente sigue una diarrea biliosa; cuando no viene espontáneamente, la procura el médico con lavativas[18].

Algo semejante ocurrió en Brozas en 1763, la ausencia del médico titular, Francisco García Ramos, y la urgente necesidad de un facultativo debido a las continuas enfermedades y epidemias de tabardillos que aparecieron a finales del año 1762 entre el ejército que se había instalado en esta villa, llevó a contratar a Narciso Bosch como nuevo médico[19]. No obstante, su labor no solo se restringía a la asistencia de enfermos sino que algunos se implicaban, ante todo, por el bienestar de sus convecinos. Así pues, Narciso Bosch, tras su larga estancia en Brozas y la observación de las condiciones climatológicas y geográficas del terreno, en 1772 cree haber dado con el remedio para curar la terciana, hecho que se puede constatar en una solicitud que dirige al Gobernador, donde dice así:

«hago presente a usted que la larga experiencia de diez años me ha demostrado lo conveniente, y necesario es, el uso de la nieve, único correctivo de la terciana perniciosa, con decúbito sincopisantes, tan frecuentes, y endémicas de este Pueblo, por lo árido y seco de su temperie […]que apenas hay antídoto, sin el agua de nieve, pues aun cuando se recurre a la quina no se logra el deseado fin las más veces, porque estos colonos casi todos del ejercicio campestre, sucede, que no pudiendo guardar modelo metódico, reincidían muchas veces»[20].

Año más tarde, volvemos a comprobar, a través de una carta que sale publicada en la Gaceta de Madrid en 1788 en la que Narciso da las gracias al doctor Matías de Castañeda y Olivenza por haber inventado un fármaco para curar el morbo venéreo y que a él le ha permitido sanar a una mujer del pueblo, esa preocupación por ayudar a los demás:

«Muy Señor mío: me es indispensable dar a usted las gracias del beneficio que ha hecho y hace a la salud pública con su nuevo antivenéreo, deberían todo duplicarse, si usted fuere servido poner una botica en cada provincia, para más pronto socorro de los infectos, el que hoy se hace muy costoso, y dificultoso a las provincias y pueblos remotos. No puedo dejar de manifestar a usted la complacencia que me ha cabido en ver el completo efecto que ha resultado a Vicenta Herimera […] la que deplorada se ha curado perfectamente con dicho específico»[21].

Ahora bien, ¿cuáles eran las funciones que tenían los médicos dentro de las Juntas Locales de Sanidad? ¿Qué hacían cuando aparecían las epidemias? Principalmente, aparte de asistir a los enfermos, tenían que llevar un control exhaustivo de éstos, de los convalecientes y los curados ya que semanalmente tenían que enviar una relación de ellos[22]. De acuerdo con las instrucciones provisionales dictadas para evitar la propagación de las epidemias, los médicos debían ante todo cuidar de los enfermos, aunque formaban parte de las juntas, su papel era meramente consultativo y solo tenían que asistir a las sesiones cuando hubiera «necesidad de oír dictamen o cuando tengan que proponer alguna cosa interesante a la Salud Pública»[23]. Otras de las tareas que se les asignaron era hacer un reconocimiento de todas las reses que se fueran a vender y de los productos comerciales que entraran en la villa. Así pues, antes de introducir algún género en las villas, en caso de duda, se lo consultaban a ellos. Así, por ejemplo en Brozas, Don Juan Navarro, médico titular, responde

«El aceite, pellejos, bestias, aparejos conductores, y sus ropas a podido comunicarseles con el veneno pestilencial siempre que haian estado en el lugar productor […] aun quando todos estos efectos hubieren sido estraidos de paraje exempto de la infección han podido contraherla en el camino rozandose con sujetos o efectos. En quanto si la aceite echo ya jabon puede embolver el contagio poco importa decidirlo por que si una parte de que se compone puede causar el estrago antes de entrar en el mismo, en el que no pongo duda se neutraliza y pierde su actividad »[24].

  1. CONCLUSIÓN

A través de este estudio hemos podido acercarnos parcialmente al entramado administrativo y político con el que las localidades tuvieron que afrontar las epidemias vividas, sobre todo, a lo largo del siglo XIX. Así pues, las autoridades municipales fueron las responsables de ejecutar las medidas convenientes en caso de contagio y de los múltiples gastos que ocasionaban y que el propio municipio estaba obligado a asumir. A pesar de que las medidas eran meramente preventivas, lograron de cierta forma, concienciar a la población de la necesidad de una higiene urbana. En este sentido, la gente comienza a entender que los gastos sanitarios no solo debían correr por cuenta de los vecinos, sino que debía ser una prioridad pública. Las diversas alarmas de peste condujeron a crear una estructura administrativa policial sanitaria, las Juntas de Sanidad, y una serie de reformas en materia asistencial y de salud pública.

 

FUENTES DOCUMENTALES

 

Archivo Histórico Provincial de Cáceres

       Sección: Municipal de Coria

       Caja 17: Libros de Acuerdos de la Junta de Sanidad y Expedientes de Epidemias (1800, 1804, 1818).

       Caja 24: Consejo Municipal de Sanidad (1819-1820). Expediente de Epidemias (1828 y 1833).

       Sección: Municipal de Brozas

       Caja 53: Libros de Acuerdos de la Junta de Sanidad y Expedientes de Epidemias (1786-1787, 1800, 1803, 1815, 1818-1819, 1828, 1832-1833). Correspondencia (1759-1862).

BIBLIOGRAFÍA

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[1] AMADOR FERNÁNDEZ, M. A.: «La salud pública almendralejense en el tiempo de las Cortes de Cádiz», Actas de las IV Jornadas de Almendralejo y Tierra de Barrios, 2013, pp. 133-150; BLANCO CARRASCO, J. P.: «Mortalidad, salud y enfermedad en la Extremadura española de los siglos XVIII y XIX», História da saúde e das doenças, Edições Colibri, 2012, pp.123-146; CLEMENTE FUENTES, L.: El paludismo en la provincia de Cáceres, Cáceres, Instituto Cultural “El Brocense”, 1992; Enfermedad y muerte: condicionantes económicos, higiénicos y sanitarios de tres pueblos cacereños, Cáceres, 1988; MERINERO MARTÍN, Mª. J.: Percepción social de la enfermedad en tiempos de la Ilustración, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1995; «El cólera en 1834 en Cáceres», Norba, 5, 1984, pp.235-245; GARCÍA BARRIGA, F.: «La lucha contra la epidemia en la Extremadura de Godoy. Brozas, 1800» en MELÓN JIMÉNEZ, M.A.; LA PARRA LÓPEZ, E. y PÉREZ GONZÁLEZ, F.T. (eds.): Manuel Godoy y su tiempo. Actas del Congreso Internacional “Manuel Godoy” (1767-1851), Mérida, Editorial Regional de Extremadura, 2003, pp.221-234; SÁNCHEZ-GRANJEL, M.: «Ser médico en la España del siglo XVIII» Medicina e Historia, nº3, cuarta época, 2009, pp.1-17; «Médicos y cirujanos en Extremadura a finales del siglo XVIII», Dynamis: Acta hispanica ad medicinae scientiarumque historiam illustrandam, Nº. 22, 2002 , pp. 151-188; LÓPEZ GÓMEZ, J. M.: Salud pública y medicina en Mérida (1700-1833), Mérida, Asamblea de Extremadura y Excelentísimo Ayuntamiento de Mérida, 1990; PENCO MARTÍN, A. D.: La salud pública en el Antiguo Régimen, Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2007; GARRAÍN VILLA, L.: «La Medicina en Llerena en el siglo XVI», en Revista de Estudios Extremeños, Badajoz, 2007, T. LXIII, pp.199-213; PERAL PACHECO, D.: Cólera y sanidad en las Reales Órdenes de 1833 a 1855, Mérida, Editora Regional, 1994.

[2] BLANCO CARRASCO, J.P.: Demografía, familia y sociedad en la Extremadura Moderna, 1500-1860, Cáceres, Universidad de Extremadura, 1999, p.195. En Extremadura, la creación de las Juntas de Sanidad es un poco tardía, aunque en algunas ciudades pequeñas, como es el caso de Coria y Brozas, su aparición se remonta a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Felicísimo García Barriga indica que la primera Junta de Sanidad de Brozas se constituyó en el año 1763 como consecuencia de la aparición entre el ejército, que se había estacionado en la villa para la guerra contra Portugal, de enfermedades infecciosas y la epidemia de tabardillo (tifus), se recomienda su creación para evitar la extensión entre los habitantes del pueblo, GARCÍA BARRIGA, F.: «La lucha contra la epidemia en la…»  op. cit., p.225.

[3] La Junta Suprema de Sanidad fue creada el 2 de octubre de 1720. Para mayor información véase: PÉREZ MOREDA, V.: Las crisis de mortalidad en la España interior/siglos XVI-XIX, Madrid, Editorial siglo XXI, 1980; RODRÍGUEZ OCAÑA, E.: «El resguardo de la salud. Organización sanitaria española en el siglo XVIII», Acta Hispanica ad Medicinae Scientiarumque Historiam Illustradam, Vol.7-8, 1987-88, pp.145-170; VALERA PERIS, F.: «El papel de la Junta Suprema de Sanidad en la política sanitaria española del siglo XVIII», Dynamis: Acta hispanica ad medicinae scientiarumque historiam illustrandam, Nº.18, 1998, pp. 315-340; PESET, M. y PESET, J.L.: Muerte en España. Política y sociedad entre la peste y el cólera, Madrid, Seminarios y Ediciones, 1972, pp.32-35, 76-80.

[4]GRANJEL, L.S.: La medicina española del siglo XVIII, Salamanca, Instituto de Publicaciones de la Universidad de Salamanca, 1979, p.117.

[5] Archivo Histórico Provincial de Cáceres (en adelante AHPC), sección Municipal de Coria, caja 17, Expediente de epidemia de 1800.

[6] AHPC, sec. Municipal de Coria, caja 17, Expediente de epidemia de 1800.

[7] AHPC, sec. Municipal de Brozas, caja 53 (sanidad), Libros de Acuerdos de la Junta de Sanidad, acuerdo del 22 de octubre de 1800.

[8] En la selección de hombres que debían hacer las guardias se excluían las casas de las viudas o de personas enfermas. No obstante, estos últimos vigilaban si dichos sujetos abandonaban las guardias velando por el bien de la población.

[9] Las medidas referidas a la higiene pública no solo se fijaban en época de epidemias sino que también aparecen recogidas en las ordenanzas y fueros de otras localidades extremeñas. Véase al respecto: PENCO MARTÍN, A. D.: La salud pública en… op. cit., LÓPEZ GÓMEZ, J. M.: Salud pública y… op. cit., pp.160-178.

[10] AHPC, sec. Municipal de Coria, Caja 24, Libros de Acuerdos de la Junta de Sanidad, acuerdo del 13 de julio de 1818.

[11] Medidas semejantes se tomaron en 1803 ante la noticia del estadillo de una epidemia en Málaga, en 1819 ante la llegada de noticias referentes a un brote de fiebre amarilla en San Fernando, así como la de Gibraltar en 1828 y el cólera de 1833 y en 1855 (AHPC, Libros de Acuerdos de Sanidad y Expedientes de Epidemia).

[12] Un análisis muy detallado de las medidas que se tomaron en 1800 ante la epidemia en la villa de Brozas, lo encontramos en el trabajo de GARCÍA BARRIGA, F.: «La lucha contra la epidemia en la…»  op. cit., pp.221-234.

[13] AHPC, sec. Municipal de Coria, caja 17, Expediente de epidemia de 1800.

[14] Ibídem

[15] El Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura nos informa que en 1791 Brozas contaban con un médico asalariado, cinco cirujanos y dos boticarios, mientras que Coria disponía de dos médicos, un cirujano y dos boticarios (BARIENTOS ALFAGEME, G. y RODRÍGUEZ CANCHO, M. (eds.): Interrogatorio de la Real Audiencia: Extremadura a finales de los tiempos modernos, Mérida, Asamblea de Extremadura, 1994).

[16] Existen varios testimonios sobre el padecimiento de tercianas en Extremadura. Fregenal de la Sierra ofrece en 1786 un testimonio muy claro en este sentido: «Las enfermedades que suele haber son […] en el estío tercianas, pocas cuartanas, y menor grado algunas calenturas ardientes…» en BLANCO CARRASCO, J. P.: «Mortalidad, salud y enfermedad… op. cit., p.135, Pascual Madoz indica que en Extremadura «Las enfermedades más comunes son tercianas, cuartanas y toda clase de intermitente, que provienen, o de las indigestiones que ocasiona el uso de las carnes suculentas en demasía, del cerdo, ó de las miasmas pútridos que en su pesado curso por un suelo cenagoso exhalan las aguas del r. Guadiana», MADOZ, P.: Diccionario geográfico, estadístico e histórico de España y sus posesiones de ultramar, Valladolid, 1846, T.III, p.63.

[17] BLANCO CARRASCO, J.P.: La Guerra de la Independencia en Coria: crisis y pervivencia del Antiguo Régimen, Cáceres, Caja de Extremadura, 2008, pp.138-139.

[18] AHPC, sec. Municipal de Coria, Expediente de Epidemias 1804, Método propuesto por el DR. José Alcáraz según su experiencia en la ciudad de Alicante (30/10/1804).

[19] Un excelente trabajo sobre el sistema de elección de los médicos y los contratos es el de SÁNCHEZ-GRANJEL, M.: «Ser médico en la España del siglo XVIII» Medicina e Historia, nº3, cuarta época, 2009, pp.1-17.

[20] AHPC, Libro 62, Fol.22.

[21] Gaceta de Madrid, Imprenta Real, 1789, nº50, p.64.

[22] AHPC, sec. Municipal de Brozas, caja 53, Expediente de Epidemias (1786-1787).

[23] AHPC, sec. Municipal de Brozas, caja 53, Libros de Acuerdos de la Junta de Sanidad, acuerdo del 16 de octubre de 1800.

[24] AHPC, sec. Municipal de Brozas, caja 53, Expediente de epidemias (1800).

Ene 162015
 

Álvaro Meléndez Teodoro.

 INTRODUCCIÓN.

Presentamos un documento de 1750 referente a Extremadura. El trabajo redactado por el Ingeniero militar Antonio de Gaver acerca de la frontera con Portugal y las fortificaciones que la defienden. Gaver llega a Extremadura, en 1750, tras haber desarrollado esa misma misión en Andalucía y de aquí pasará a Castilla y Galicia, para completar sus informes.

El informe forma parte de la Colección General de Documentos del Instituto de Historia y Cultura Militar (IHCM), donde se cataloga con el nº 5-5-5-19, Sección a, grupo XIV, Reino de Extremadura y la copia de que disponemos es, muy probablemente, una digitalización del microfilme del informe, con mala impresión y numerosas faltas de textos, o de difícil lectura, por lo que sería necesario contrastarlo con el original, cosa muy difícil de conseguir por el momento.

Nuestra pretensión no va más allá de la mera divulgación, la materia que contiene ha sido tratada de manera más precisa por diversos autores, entre ellos el doctor Navareño Mateos y la doctora Cruz Villalón, cuyos trabajos pueden verse en la bibliografía adjunta, y por tanto la trascripción no la acogemos a ninguna formalidad académica más que a la claridad de conceptos y expresiones, añadiendo algunas comas y acentos que permiten mayor comprensión y con intervenciones mínimas en la redacción, para intentar salvaguardar el espíritu de la expresión de la época.

El trabajo original consta de dos partes, una primera expositiva de las plazas y territorios que conforman la raya de Portugal en Extremadura y una segunda en que se proyectan las mejoras, refuerzos y personal necesario para su defensa. Por necesidad de espacio, a estas Jornadas únicamente presentamos la mitad del documento, esperando en otras jornadas poder exponer el documento al completo.

Este informe militar de las fortificaciones extremeñas es un buen acercamiento a la geografía de la Raya a mediados del siglo XVIII, una fuente de datos para los historiadores locales y, en fin, una lectura placentera para viajar por nuestra tierra en otros tiempos.

Dirección de Extremadura. 1751.

Descripción de las fortificaciones de Extremadura, reflexiones sobre el numº necesario de aquellas pª asegurar la frontera y una sucinta descripción de la Provª de Alentejo = Gaver.

Este legajo entero por su utilidad a la parte Descriptiva pasa al depósito en Agosto de 1816.[1]

Mui Sor. mio; en el Correo antezedente, di parte a V. Sª. de el estado de mi Comisión y assi mismo la precisión de mudar de destino al Yngeniero extraordinario Dn. Mathias Barrio, por causa del accidente que le acometió, cuyo aviso espero con ansia por el Correo de Badajoz, desde donde, aunque me halle en la raya de Castilla para introducirme en dicha Provinzia llegará con brevedad a mi mano.

Remito a V. Sª. el Expediente completo perteneciente a la revista de esta frontera de Estremadura, reduciéndose a tres relaciones en cuyas carpetas manifiesta el sumario lo contenido de cada una, esperando merecer a V. Sª. que,  en vista dellas y en particular de la parte segunda, se sirva manifestarme su acertado digtamen para que sirviéndome de satisfacion a los buenos deseos me inspiren en adelante a el acierto que solizito  en punto tan serio, o corregido por V. Sª. enmiende en lo que huviese faltado.

Espero disculpe V. Sª. el no haver remitido antes como corresponde, iguales instrumentos pertenecientes a la primera revista que executé de la Provincia de Andaluzia, atendiendo a la falta de Yngenieros y manuenses; pero espero practicarlo el Correo venidero.

  1. Sª. asegúrese de mi subordinada obediencia y a que deseo en todo satisfazer a este onroso encargo, único fin a que aspira mi aplicación.

Dios gde. a V.Sa. los mus. As. que deseo. Badajoz 8 de Henero de 1751. Blm de V. Sª su más afecto obligado servidor. Dn. Antonio de Gaver.

 

Sr. Dn. Juan Martín Zermeño.[2]

 

 

 

 

Provincia de Extrmª                                                                         Año de 1750

 

Parte Primera

Discurso general de la Frontera que Yncluye la relación Ydea o Mapa Yntelectual de la porción de línea de demarcación y puestos fortificados comprehendidos en esta Provincia de Extremadura y en Ygual distancia por verídicas noticias la que Corresponde al Reyno de Portugal, describiendo por medio las Circunstancias de las fortificaciones de uno y otro puesto, Calidad del Pais y terreno circumbesino, Ríos y Arroyos Considerables que les bañan y pueden embarazar sus comunicaciones, puertos, caminos practicables y desfiladeros que Ympiden o fasilitan el Tránsito de una a otra parte.

 

Partte 1ª

 

Manifiesta por mayor los Confines, fazilidad de los pasos para la yntrodución en nuestra parte y línea de Demarcazión de ambos Reynos, de la que se tratará por menor en relación aparte como se ejecutó con la de Andaluzia. Yncluye los puestos fortificados desde Frexenal de la Sierra fin de la Probincia de Andaluzia, situado a los 38 grados y 2 minutos de Lattitud y 14 con 23 de Longittud; hasta Balberde del Fesno al pie  de la Sierra de Gatta a los 39 grados y 52 minutos de Latitud y 14 con 13 de Longitud donde termina esta y da principio la de Castilla; el todo encaminado a el fin que se propone para graduar la Utilidad de las Plazas y puestos fortificados como se expresa en la parte 2ª que le Corresponde.

Para formarse una perfecta idea de la porción de frontera de esta Probinzia de Extremadura y la parte correspondiente y confinante de Portugal, con los puestos fortificados en uno y otro Reyno, Circunstancias de la Linea, caminos y pasos que fazilittan la entrada de una a otra parte; es preziso rrenobar a la memoria lo dicho en la relación de la Probincia de Andaluzía, sobre la porzion del Guadiana que serbía de Línea de demarcación, como así mismo la de la ribera de Chanza y las demás mojoneras en Tierra firme, astta la concurrencia de los términos, Encinasola, Xerez de los Caballeros, Oliba en España y el de Mora en Porttugal, en donde finaliza dicha Línea, como por menor se ha puesto exactamente señalado en el Mapa correspondiente remitido.

En esta Probincia vuelve a correr y servir de Demarcación el Guadiana, por espacio de tres leguas y quarto y luego desde el término de Cheles divide los Reynos el de Olibencia y a poco trecho otra porción de dicho Río, hasta que ynmediato a Badajoz se introduze en él la Ribera de Caya; la que prosigue sirviendo de demarcación astta el término de la Codosera; y nace de las Ynmediaziones de Agrette[3] y Monfortte en Porttugal frente a la Pala de Alburquerque; y desde la Demarcazion del término de la Villa de Valencia de Alcánttara asta el Tajo, confina con aquel Reyno; cuyo Rio sirve de Demarcación por distancia de siete leguas, hazia dicha Plaza, contadas desde el Lugar de Zedillo en donde entra la Ribera de Seber, hasta que desagua la de Erja[4], una legua[5] antes de llegar al Puente de Almaraz, digo de Alcántara, y es la que Continua dibidiendo ambos reinos; hasta que en distancia de dos leguas de Valberde, Ultimo Lugar destta Probinzia, donde tiene su origen en el Monte de Nabasfrias en la sierra de Gatta; cuya Loma con la referida Villa sirven de termino a esta Probincia y da principio la de Castilla.

La porción destta frontera y terreno yncluido se divide en Exttremadura Alta y Baja; la Primera a la derecha y la segunda a la hizquierda, ambas [¿empezando?] los bordes del Tajo; desde aquella y Partidos de Plasencia y Coria se passa este a la baja y sus puestos fortificados por los Puentes de Alcántara, Almaraz y la del Cardenal, frente a Plasencia, distante del segundo Cinco Leguas.

Naze dicho Río, tenido por caudaloso con este nombre propio significativo por los tajos en Peña Viba de sus Bordes, en las Sierras de Cuenca, bajando por Auñón, Zurita, Fuendi Dueña, Aranjuez, Toledo, Talavera de la Reina, la Puente del Arzobispo, Almaraz y Alcántara, recibiendo en sí los ríos Tajuña, Henares, Jarama, Manzanares, Guadarrama y Alberche, con otros menores y prosiguiendo su Curso entra en Portugal en las cercanías del referido Lugar de Zedillo y desagua en el Océano,  más bajo de Lisboa; y aún que único fin de las relaziones que separadas remito se reduce a que Juntas instruyen de la existencia y circunstancia de las márgenes en las Probincias confinantes de ambos Reynos, a fin de que a su Vista pueda darse el dictamen en el número y extensión de fortificaciones que necesita la nuestra para su defensa; pide el mismo hecho, apartándome en lo posible por no ser del caso de las Descripciones notorias y diserttaziones geográficas; es consecuente para completar la misma Ydea o prompttuario Yntelectual que me propongo, referir desta Provinzia, aunque tal bulgar y notorio lo siguiente:

Contiene o comprehende los Obispados de Badajoz, Coria, Plasencia y su ferttilissima Vera; corre su distrito desde los Puertos del Pico, Baños, Sierra de Gata y de Portugal a las Montañas de Guadalupe, astta confines del Arzobispado de Toledo y la Serena; su Latitud en poca diferienzia es de Cinquentta leguas y de Longitud quarentta, ay en ella Siete Ciudades que son: Badajoz, Mérida, Plasencia, Coria, Llerena, Truxillo y Xerez de los Caballeros, es Rica y fértil, aunque en verano destemplada por su excesivo calor, creiendo el Bulgo llamarse Extremadura por ser extremada en todo, siendo por haberse juntado los exercitos de Moros y Christtianos en el extremo del Duero o por concurrir aquí todos los Ganados de Castilla y extremarse las ovejas de sus corderos; la fertiliza el Guadiana, la riega el Tajo con otros menores y Riberas, que para guardar el orden y estado que he supuesto se nombrarán en cada uno de los puestos que se fuesen explicando y pasasen en su cercanía, anotando sus vados, circunsttanzias de fondos y corrientes, para fazilidad o embarazo en los Tránsitos y lo mismo digo, por lo que pertteneze a él, tratar de alguna porción de Monte, cerro o Colina yncluida en las quattro leguas[6], guardando el paralelismo de la Línea que divide ambos reinos [a] que se ciñe mi permissión, pues solo les daré el nombre con que se conoce en aquel término, sentado el ser notorio que todos los montes particulares de España que entretejidos corren por barias Poblaziones de la Península, se descuellan y son tenidos por Brazos de los Pirineos.

Por el reyno de Portugal confina con la Probinzia de Alenttexo, ygual en poca diferencia en fertilidad y clima, expecificada por menor en una adizión que como apendis de verídicas nottizias, y algunas examinadas por mi pongo al fin, tiene aquella por frontterizas a la nuestra las Plazas y castillos de Morón, Olibencia, Yelbes[7], Campomayor, Ciudad de Beja, Villa de Ourique, Eboraciudad, Villa Viziosa, Extremoz, Arronches, Cratto, Portoalegre y otras que allí se esplican.

La referida estensión de nuestra frontera, disttanzia de Un puesto a otro fortificado; la que ay astta la Línea y lo mismo de los Lugares por donde se transita, enterará con más facilidad y menos embarazo el modo o disposizion que sigue y a conttinuazion Yrán expresándose los terrenos, puesto por puesto y demás que en el título se ofrece, a fin de que queden más reduzidas, despejadas y con mayor claridad, las que solo mirarán y han remitido con estas a las ventajas que logran los puestos fortificados, respecto a su situación campaña vezina, las fortificaciones que hay a su frente en el Reyno de Portugal y los pasos por donde puedan introducirse sus exercitos en este.

 

Ciudad de Xerez de los Cavrºs

Está murada a lo antiguo con un cerco en su extremo llamado el Castillo; está situada en un terreno irregular montuoso con Padrastros[8] por todas partes, desde donde se enfilan sus Murallas y se descubren astta el pie la mayor parte de los edificios situados en anfiteatro, como por menor se expresa en la parte segunda; dista hazia el Nortte de la Villa de Enzinasola quattro leguas y de la de Frexenal inttermedia tres[9].

En la Posizion de Línea comprehendida por los términos desttas dos Poblaziones, además de distintos caminos practicables de erradura, pasa por la referida de Encinasola la Carrera[10], que viniendo de Portugal sin embarazo se ynttroduze a la Ciudad de Sebilla y de allí a todo el Reyno; añádese a esto que las llanuras de Frexenal y términos circumbezinos de Cumbres, Bodonal y otros, fazilittan las operaciones de la Caballería y sin dificultad astta el Lugar de Barcarrotta, distante del citado Frexenal siete leguas[11], desde donde siguen las llanuras de la Extremadura astta Badajoz, ygualmentte distante del mismo Barcarrota.

En las Guerras pasadas se mantuvo en el castillo de Frexenal un pie de exercito, mandado por el Conde de Charna[12], reparó una especie de Camino cubierto que le circuye, como lo manifiesta la Descripción en uno de sus Ángulos; en el referido lugar de Encinasola se allan dos torres[13], que ocupan dos lomas, de buena mampostería, la una circuida con un fuerte en forma de estrella con su foso, como por menor tratté en la Relación de Andaluzía, ubo quarttel de caballería y tiene uno aunque en detteriorado estado, y pocos años a estta parte se tenía allí un Desttacamentto, lo que aquí refiero a fin de irse formando la Ydea que propongo de las entradas que por los flancos y centros tiene estta Prvª de Extremaª.

 

Plaza de Alconchel

Estta Plaza distta de la raya de Porttugal, por la parte de Lebante media legua[14] conttada astta su reyiertta o terreno de pastos comunes, y a menos de Un quarto de Legua[15] tiene el Lugar de Porttugal llamado Taliga: distta dicha Plaza de la ciudad de Xerez seis leguas y se transitta por la Villa de Oliba, que distta dos, otras dos a la de Zahínos y las dos restantes a la referida Plaza; toda estta distancia es campaña rasa, sin repecho, Arroyo, ni Río, fazil de yntternarse qualquier Desttacamento con la comodidad nezesaria.

Se alla situado el castillo en un Cerro de Peña, elevado sobre el Nivel de las calles de la Poblazion, Lugar abiertto, unas quarenta tuesas[16], la falda suave, dominando por la pendiente del medio día a Lebante una llanura toda de labor de más de media legua de extensión, sin otro Padrastro que por la parte del Poniente, a disttanzia regular de battir en Brecha, la colina llamada Sierra de la Esperanza; está en una balsa o ensenada, cuyo terreno termina la raya de Porttugal, siendo las enttradas destte reino muy faziles y sin embarazo a estte puesto, sin el que se introduziria el enemigo a los Lugares y Villas de Almendral, Higuera de Vargas, Salbaleon, la Torre, Feria, la Parra, Villanueba del Fresno, Cheles, Valenzitta[17], Zahinos, Oliba, como también por estte término, y su frente a los referidos puesttos de Xerez y Enzinasola, facilitando aquella y estta la entrada de los partidarios y aún  a crezidos desttacamenttos, como a enseñado la esperienzia en otros tiempos; y esttá en poca diferienzia en medio del frente que se termina por Enzinasola y Badajoz.

 

Plaza de Badajoz

Estta Plaza, capital de la Provª, perfizionadas sus defensas, respecttable, estta situada en una llanura a orillas del Guadiana, hazia el Nortte de la de Alconchel, de la que distta siete leguas[18], y de la Ribera de Caya, que divide ambos reinos, una; se transitta por Valberde de Leganés a disttanzia de quattro leguas y tres desde estte a Badajoz, cuyo camino es regularmente practicable.

Asimismo en tiempos de Paz se pasa frequenttemente por el termino de Olibenzia, por lo ameno y llano de la extensión de las siete leguas; pasando por la Aldea de Santa Ana en aquel Reyno y diferentes quinttas o casas de campo, sin otro embarazo que el cortto que puede ocasionar en el Ymbierno el vado de la Ribera que divide ambos reinos; y además de la referida fazil entrada destta posición de Fronttera por Olibenzia, la tienen las Plazas de la otra parte del Guadiana por el vado de los Labaderos, en la ynmediacion del puesto, que fue fortificado, llamado Telena[19], que de uno y otro se tratará por menor en la parte segunda, y por fin, siempre la Extremadura baja por o fértil, abundante de forraxe y Aguas y lo exttenso de sus llanuras ofrece otros pasos, como se señalan en el correspondiente Mapa y no obstante lo caloroso de su Clima, experimentadas calenturas Ynttermittenttes y algunos pocos favorables sucesos en la Guerra pasada, se debe mirar la Plaza de Badajoz como escudo destta Probincia, particularmente de las Poblaziones contenidas entre el Guadiana y Sierra Morena; mayormente con la fazil Yntroducción por la carretera que atraviesa directamente a la Ciudad de Sebilla y por consiguiente una vez yntroduzido el enemigo por dicha Plaza, se expone toda la Extremadura y Andaluzia, y en el caso las fortificaciones desde Ayamontte asta Paymogo, tomadas por las espaldas, quedaban ynutiles, como asimismo lo que por naturaleza era más ympractticable, desde Ayamontte astta las ynmediaziones de Enzinasola; sirve también para impedir la yntroduzion del exercitto enemigo, y de puertta para facilitar la del nuestro en aquel Reyno, unos y otros exercitos pueden hazer sus operaciones unidos, sin haber de separase sus colunas, ni Desttacamenttos, a los que obligan los terrenos fragosos; digresión que a parecido dependiente a lo que se trata sobre la facilidad de los pasos, Bloqueos y acampamentos en uno y otro Reyno.

La ynterperie, excesivo Calor y enfermedades experimentadas en los meses de Junio, Julio y Agosto y parte de Septiembre no permiten acampamento enemigo sin evidente contingencia; ventaja que se le añade a las que logra por su situación.

 

Plaza de Alburquerque

Al Norte, quartta al Nordeste, a disttanzia de seis leguas[20] de Badajoz, y  a la otra parte del Guadiana está el Castillo destta Plaza, situado en un Peñazco elevado, dominando toda la Campaña con superioridad por la parte de Badajoz y a toda la Villa que desde su falda se extiende en la llanura a la pendiente del Norte […] quartta al suduestte tiene el Lugar de Uguela[21] en Porttugal a la otra parte del Río Ebora[22]. Sus términos son: al Nordestte el territorio de Piedra buena a dos leguas; al suestte a la misma disttanzia se termina por la dehesa de Zagala, al medio día hazia Badajoz tres leguas y al Poniente con Porttugal dos: cuya dibission la haze la Ribera de Abrilongo y diferentes Mojones; confina con los términos de Uguela y Arronches, lugares de dicho Reyno; haze asimismo frente a las Plazas de Yelbes y Campomayor, desde donde puede yntroduzirse el enemigo sin el embarazo del Guadiana; la disttanzia referida de las seis[23] leguas desde Badajoz es llana y Campaña abierta, sin encontrar Casa, ni Cortixo, solo a una legua de Alburquerque se encuentra una Huertta con un manantial de Agua buena, por lo que queda fácil la Yntroduzion por la parte de Porttugal.

 

Plaza de Valenzia de Alcanttara

Está esta Villa entre la Dirección del Nortte y suduestte de Alburquerque de la que dista cinco leguas, en una llanura, se transita por la Villa de San Vizentte, camino Carretero que dista tres leguas y destte dos a dicha Plaza: se pasan tres Arroyos que en verano llevan poco agua y en el Ymbierno se vadean con fazilidad, llamados Espadañal, la Morera y Alpottril, y a la entrada destta Plaza de Valenzia se pasa la Ribera de Abiol,  que vaña la falda de su castillo arruinado, por un Puente de mampostería que estriba de Peña a peña de dos tuesas[24] de ancho y un poco más abajo ay otro de la misma construcción y circunsttanzias y en dicha Ribera ay diez Molinos: Concurren a la llanura donde está situada los Caminos abierttos y practicables de Marbon[25] y Casttel Dabid; y por ellos otros de distintas partes del Reyno. Cubre los Lugares de Salorino, Membrío, Aliseda, Herreruela, Brozas, Cazeres y Truxillo. Puede el enemigo Ynttroduzirse con mucha fazilidad por el término de Marbaon, donde llaman el Charco de Fernán López, que es en el término de esta Plaza, en cuya llanura atraviesa el Río Sebel y se seca en verano: A distancia de una legua ymmediatto del está el monte llamado del Carrascal de Encinas grandes; este Terreno es muy abundante de Aguas para la Caballería y fue por donde se Ynttoduxo el enemigo el año de 1705 astta ponerle el ataque en la Dehesa de los caballos y después, antes de abandonar dicha Plaza volaron el Castillo[26].

El Gobernador de Alcántara recelando ser attacado hizo romper un Arco del Puente en el Rio Salor único paraje para pasar con fazilidad y encaminarse a dicha Plaza, porque por la otra parte lo impide el Tajo, cuya diligencia fue Ynutil respecto de que a su Vista le vadearon por el Molino de la Braba, lo que podrá practicarse siempre que las Crezientes no lo impidan.

Plaza de Alcánttara

Está esta Plaza distante ocho leguas de Valencia de Alcántara hazia el septentrión, se transita por el Lugar de Membrío a tres leguas y desde este las cinco restantes, las tres primeras solo una porzion de llanura, lo demás Sierra Brava; las demás se andan media legua de terreno llano, asta la falda del repecho de la dehesa de la Duquesa, camino de Herradura, y peñascal astta bajar a pasar la Ribera de Salor, que naze de Monttanches, y viene a desaguar al Tajo, a disttanzia de tres leguas destta Plaza, se pasa por Puente de Tres Arcos, tiene de Largo diez y ocho tuesas[27] y de ancho dos; las Pilas son de buena mampostería, con una Ynscripcion que apenas se conoce y dize haberse reedificado en el año de 1690; dista una legua cabal de Membrío; el ancho de la Ribera en su fondo es de cinco tuesas[28], la que ba encañada por unos cerros escabrosos, y después de cosa de media ora de camino en Peñascal es todo lo demás llanura, astta las ymmediaciones de Alcántara, se pasa el Arroyo de Jartim por un pequeño Puente astta llegar a dicha Plaza.

Esta Plaza queda guardada por el frente y su derecha por el Tajo, sin más paso en este desde el Puente de Almaraz que los que fazilittan las tres Barcas Ynttermedias con esta Plaza astta siete leguas más allá, que entra el Tajo en Portugal, y a la hizquierda por la Ribera del Salor, cuyas circunstancias de esta quedan anttezedenttemente referidas.

El famoso Puente destta Villa de veinte y una tuesas[29] de alto astta la flor del agua y de largo unas sesenta[30], es la más propia comunicación para la Extremadura Altta desde esta Plaza, y por consiguiente a los puestos fortificados [de] Moraleja y Trebejo con las demás Poblaciones en sus propios artículos referidos, y dista este Puente del desboque de la Ribera de Erja en el Tajo una legua, la que sirve de división a ambos Reynos astta la Villa de Valberde último lugar destta Provinzia.

 

Plaza de la Moraleja

Dista esta Plaza de la de Alcántara hazia el Nortte siete leguas y se transita por la Villa de la Zarza a tres leguas, y las quatro restantes a dicha Plaza; se pasa el Puente de Alcántara desde el que a unas ochenta tuesas[31] de Calzada al borde del Tajo empieza el repecho ancho y bien empedrado, ganando con revueltas la altura de bastante ynclinacion por espacio de un quarto de legua, asta llegar  a la Cruz de las Pizarras, pasando la carretera por Piedras Albas y el otro de herradura bueno y practicable por unos olivares, casas de Campo y una Hermita sin ejercicio en cuya ymmediacion ay una fuente y después prosiguiendo el camino a la Zarza, el que corre en carretera en campo abierto solo un corto repecho en donde ay unas Ventas arruinadas llamadas del Cavallo, y siguiendo la llanura se pasan tres arroyos, el de Malladas, Tinajas y Parras; sécanse en Verano pero muy peligrosos en Ymbierno.

Cubre esta Plaza los lugares del partido de Coria que son: Huelga[32], casa de Dn. Gómez, Casillas, la Ciudad de Coria, Porttaje, Pesquera, Cachorrilla, Torrejoncillo y otros diez o doce, y de los referidos el más distante es tres leguas de dicha Plaza, siendo ella sola la que puede enfrenar las Correrías en toda aquella fértil Campaña; son estas Poblaziones de a trescientos vecinos, no siendo menores en las medianías de ciento y cinquentta; sirviendo de poco embarazo a las hostilidades del reyno vezino los arroyos ynttermedios y el Río Alagón, punto de la primera atención, porque desde el Pardo, de Plasencia, ynttroduziendose por Talabera de la Reyna pueden penetrar asta Madrid.

Dista esta Plaza de la Ribera de Elja, raya de Portugal tres leguas, de cuyos vados o entradas por esta se tratara al fin, quando se refieran las que ay desde el desboque de ella en el Tajo astta las ymmediaziones de Valberde del Fresno donde nace.

 

Plaza de Trebejo

Dista destta Plaza hazia el Norte de la de Moraleja tres leguas, que se transitan por dos caminos: el primero carretero, por la llanura a dos Leguas astta Zilleros, y desde este de herradura escabroso astta el repecho del Castillo, pasando antes los dos arroyos de sus huertas; el otro total de herradura, por el lugar de Perales legua y media, a los Hoios media legua, y lo restante astta el repecho del Castillo, vadeando a poca distancia de la Moraleja la ribera de Gata, que vaña sus murallas.

Está situado en un cerro de bastante elebazion, el que descollándose con otros se une con los de la Sierra de Gata, enzerrado en una ensenada, por lo que no puede impedir las hostilidades ni yntroduccion de los partidarios en los lugares de Valberde, San Martín, Eljas, Zilleros y otros esparzidos en aquella llanura, falda de la misma Sierra: lo primero por [lo] reduzido destte puesto y lo segundo porque nada descubre de las poblaciones y llanuras en dicha falda.

Al Poniente destte está, a distancia de dos leguas, la Villa de Valberde, se transita regularmente por la de Villamiel y la de San Martín, todo camino áspero de herradura, ay otro más practicable por la Hermita de San Simón. Pasan por las cercanías del Lugar dos arroyos, uno de ellos de considerazion, se pasa por puente en la entrada de la Villa.

Desde esta hasta una legua más abajo del Puente de Alcántara, sirve la ribera de Elja de línea de demarcación, como queda dicho, la que nace en la falda de la Sierra de Nabas Frías, a dos leguas del referido Valberde, y corriendo entre esta Villa y el castillo arruinado de Salbaleon[33], distante otras dos, a su pie se une la ribera de Basaliga, [sic] que juntas corren con el nombre referido de Eljas; pasa desde este puesto astta su desboque encañada entre unos cerros escabrosos y poco practicables, tiene sin embargo la facilidad de algunos pasos y vados con caminos tratables y uno de ellos para rueda vulgarmente dicho de Peña Macor inmediato del referido Salbaleon demolido; tiene por fronterizos en este puesto en la Provinzia de Veira, el más distante dos leguas y media, los lugares murados aunque despreciables, de Peña Macor[34], Idanha la Villa[35], Peña Garzia y Monfortiño.

Por las referidas entradas se ynttroduxeron los Partidarios y molestaron los lugares referidos de Valberde, San Martín, Eljas, Zilleros y otros esparcidos en aquella llanura sin que el castillo de Trebejo lo impidiese.

Desde el referido Salbaleon astta otro puesto arruinado llamado Peñafiel[36], un quarto de legua distante de la citada ribera y de la Villa de la Zarza, una [legua], son sus bordes menos escabrosos, pues por distancia de legua y media se facilitan las entradas en las  vegas del Monte de Trigo, propio de la citada villa, de lo que se sigue estar expuestos todos los lugares del partido de Coria, sin tener más puesto que lo impida que la Plaza de Moraleja, como queda dicho en su lugar.

Desde dicho puesto de Peñafiel, siguiendo la ribera astta el desemboque en el Tajo, aunque fragosos en la mayor parte sus orillas, tiene la fácil entrada del Puente sobre ella frente a Segura en Portugal, a distancia de tiro de fusil, de buena mampostería, su ancho proporcionado a un carro y transito de los de a pie, dista de Alcántara tres leguas; tiene esta Puente hazia la derecha el vado de Piélago Rubio, a distancia de media legua, con espacioso trecho que fazilita qualquier entrada de tropa y carruaje, pero por la hizquierda astta su desagüe no se enquentra vado alguno.

Con la referida Ribera, y a la derecha la Sierra de Gata se incluye el frente de la Extremadura alta, confinante con Portugal y Castilla, siendo de advertir que desde esta son distintos los Puertos practicables en aquella sierra, además del de Perales, pues algunos lugares de su falda como son: Valberde, San Martín, Eljas, Villamiel y Gatta tienen en cada una el suyo, aunque no de tanta suavidad como el referido de Perales, con lo que quedan manifiestas las entradas en toda la Frontera destta Provª desde Frexenal de la Sierra donde empieza astta Valberde del Fresno donde finaliza.

Y con este motivo es Ymportante se dé pronta Probidencia, a fin de que los Pueblos cuyden de tener corrientes y en estado los caminos en sus términos, mandando que de los propios en cada uno se formen pequeños puentes de mampostería en los arroyos que estorban el paso en los ymbiernos, ocasionando este descuido repetidas desgracias, con la obligación de dar abisso así mismo si atraviesa Río o Arroyo caudaloso que impida el tránsito de un Lugar a otro, particularmente astta la capital de su Probincia, anotando el estado y reparos que necesiten los Puentes existentes, para que Su Majestad resuelva en la execución lo más conveniente, siendo cierto que muy a poca costa se podrían tener corrientes los caminos, si cuidasen de reseguirlos todos los años y las Justizias celaran esta práctica, pues pareze an sido de poca utilidad las resultas establezidas a este fin.

 

Epílogo

Según lo referido y con examen sobre el terreno, queda demostrado no hay vado, paso o desfiladero preciso en la extensión de más de sesenta leguas siguiendo la Línea, y quarenta y siete por los puestos fortificados que precise a transitar por ellos el exercito enemigo, y por consiguiente no puede destinarse Plaza que por su situación se llame,  a este fin, considerable, y siendo así que son distintos y quasi con igual fazilidad los pasos en toda la extensión, pide una será reflexión en establecer las necesarias y graduar su extensión y numero de Guarniciones, se a manifestado ser los pasos más regulares y practicables la carretera de Encinasola, paso abierto por Alconchel y los demás que arriba quedan referidos: Alcántara y octubre treinta y uno, de mil sietezs. y cinquenta.

Dn. Antonio de Gaver.

 

 

Provincia de Extremadura                Parte segunda                      Año de 1750

Reflecciones Militares, autorisadas con algunos exemplares de las guerras ultimas y pasadas para deliberar y dar el dictamen con asierto, del número, extensión de Fortificaziones y parajes que corresponden, o se discurren al propósito para dejar asegurada toda la Frontera de la Yntroducción del enemigo por la parte de Portugal y las que deben dejarse con capacidad suficiente para Almazenes generales, en caso de Ydear conquista por nuestra parte.

Parte 2ª

Contiene una individual y circunstanciada noticia de las Ventajas que logran, respecto a su situación los puestos fortificados en esta Provª de Extremadura, las que les añaden y concurren atento a la campaña y Reyno vezino; Consistencia de sus fortificaciones, reparo que necesitan y obras que se consideran necesarias para dejarlas en perfecto estado de defensa, número de infantería, Caballería y paisanos armados que necesitarán para su Guarnición y a los precisos destacamentos en los Campos volantes[37] para cuya deliberación y dictamen se an de tener a la Vista las siguientes:

Reflexiones Milittares y Politticas

1ª…..El Reyno de España respecto al de Portugal tiene la Superioridad que es manifiesta, tanto en su Contenido número de Abittadors.[38], frutos y otras notorias ventajas, como de que los socorros de qualquier alianza, en la última han de tenerlos de presisión por Mar, respecto de estar ceñido por la parte de tierra firma con los límites de nuestro Reyno: luego en qualquier yrrupcion, en estado nuestro armamento marítimo no solo podría ympedirlos, sino también servir de una diversión atacando sus Puertos y si al mismo tiempo se dirigían las empresas por tierra había de servir de embarazo esta maniobra al más numeroso hegercito.

2ª…..Por lo regular el mas crecido exercitto que astta el presente se a discurrido poder poner aquel Príncipe en campaña no excede de Veinte a Veinte y Cinco mil hombres; la prolongada Paz de aquel reyno los tiene poco versados en los ejercicios Militares, siendo constante que no es la multitud de los hombres quien gana las Batallas, el buen orden y la disciplina es a quien se debe las Vittorias; no apartándome de los posibles accidentes de la Guerra a la que además de la dirección no tiene poca parte la fortuna.

3ª…..Los Españoles y Portugueses (imbetterado quizás antes del Señor Phelipe Segundo) se ymaginan y aprehenden una recíproca perniciosa superioridad unos sobre otros. En tiempo de Paz viven con aparente sociedad únicamente al fin de sus Comercios, pero es constante que amistad por interés segura ha desunión; en tiempo de Guerra por lo arriba dicho y el eficaz amor de su Patria, riñen obstinados como en caso de religión.

4ª…..En la mayor parte de los lugares desta Frontera ymmediatos a la raya por nuestra parte, se allan establecidas muchas familias Portuguesas; las de nuestros españoles su regular trato, aun los niños en sus Juegos ablan aquella lengua, más les he oído en algunas Poblaciones hablar de aquel Príncipe que de la superioridad de nuestro Monarcha, se fomentan de continuo los contrabandos siendo el menor embarazo este para el yntento bersante y sin que los […] aquesttos mismo la mayor parte gente del campo,  […] las sendas y veredas de todos los Términos, paso por paso, y no solo favorece a las hostilidades experimentadas de sus partidarios, sino es también que uno destos, sirviendo de guía a su tropa reglada, corten, derroten o sorprehendan algunos de nuestros Destacamentos, el remedio que discurro eficaz se dará al mismo tiempo que se trata de lo importante en armar los Pueblos para formar las Compañías de Conserbación[39] que traté de paso en las relaciones de la Provª de Andalucía.

5ª…..No por ser muchas las fortificaciones en aquel Reino, que tiene situadas como abarrera al frente de nuestra Provª, an de motivar en el aumento ni excesivo número para oponernos con las nuestras, la razón está a la Vista; el terreno del Reino de Portugal se extiende en longitud, sus fuerzas se han supuesto menores, luego fue natural substtittuirlas con el arte ajustándose a la precisa máxima de que pocos se defiendan de muchos. La latitud de dicho Reyno no les ha facilitado modo para establecer segunda línea de Plazas, bajo los preceptos ajustados a este fin aunque tienen algunas que cubren las más avanzadas y por fin las establecieron más para defenderse que en ideas de conquista.

6ª…Atendiendo a lo referido y trocando la Conclusión a favor de nuestra gente, por la conocida superioridad de nuestro Reyno en todo, y de que aunque las Plazas son precisas para sujetar y resguardo de las Provªs, se disminuyen de precisión los exercitos para sus guarniciones, siendo principio sentado que combenido menor el del Enemigo, debe dejarse la decisión de los empeños al buen éxito de una Batalla, teniendo en estado de precisión las Plazas para abrigarse bajo el cañón en una impensada resulta, sin dejar de conocer indispensable de que algunas de las nuestras se dispongan proporcionadamente para servir de Almacén Gral en alguna pretensión (aunque remota) en lo venidero.

7ª…..Debe atenderse asimismo que los puestos fortificados, menos los que están en algún parage o desfiladero, no impiden las hostilidades de los Partidarios y la subrepticia introducción de los Contrabandos; el medio más eficaz para ympedirlo es oponer otras partidas de Compañías Volantes que se den la mano con los Destacamentos de las Plazas ymmediattas, agregándose los Paisanos armados de los Pueblos subordinados a los respectivos Comandantes; y en tiempo de Paz el orden que se observa al presente para el resguardo, procurando sean los Cabos de las Rondas ajustados a las leyes de ambas Majestades, pues de lo contrario como enseña la experiencia ocasionan grabes perjuicios a los Vasallos.

8ª…..Últimamente en esta deliberación o dictamen sobre los Proyectos de las fronteras debe atenderse a el estado de estos dos Reynos, cuta bien fundada y establecida Paz promete ser inseparable en lo venidero, no apartándome que los enlazes de los accidentes en la decadencia del tiempo puede mudar las circunstancias, y por consiguiente las conjeturas, pero no es consecuente para deliberar la extensión de las Plazas en que trasciendan a consideración a todo lo posible en lo futuro.

10ª…..De la buena disposición del general que manda la Provª en caso de irrupción, manejando sus tropas en la guarnición de Plazas, Surtidas, campos volantes y destcamentos, dará mayores ventajas a un corto exercito, pensando, y sin razón de duda, que puestos los quarteles de Caballería que propongo en Encinasola, Barcarrota (alguna tropa en el castillo de Frexenal), Xerez, castillo de Eljas y Fusileros de Montaña en Moraleja y Trebejo, podrá reducirse a menor término (mayormente con los Paysanos armados) el exercito para defender esta Frontera, aunque sea de mayor número el de enemigos; pues no poco conduce para esto el dar destino proporcionado a cada especie de tropa de por sí.

Sobre estos atentos, sirbiendome de Luz, daré dictamen sobre cada punto, no asegurando mi Celo en modo alguno sea el más Combeniente y acertado, mayormente no poderse tratar con el debido conocimiento de cada Plaza de por si hasta concretar en uno los dictámenes y estado de cada Provª en el total de la Frontera, pues solo deseo manifestar que para ello e aplicado todos los medios posibles y de que para el acierto solicito sea corregido para que en adelante corresponda mi obligación a las especiales Onrras que merezco a la piedad de S. M.

Xerez de los Caballeros. Existtencia y estado de sus obras

Está situada esta Ciudad en una Loma o Colina irregular; por la parte del medio día es su terreno montuosos, pero por la parte del Nortte y azia la de Badajoz llano, ameno y practicable y sin dificultad; puede operar la Caballería; dista de Frexl de la Sierra 8 leguas[40] y de Encinasola 4. A extremo de la Ciudad y a su medio día está situado el Castillo en figura quadrilatera de lados desiguales, el mayor , que mira a la ciudad tiene 48 tuesas[41] y el que haze frente a Lebante 36; en sus ángulos torreones con sus almenas y […] que guardan la Puerta; domina toda la Ciudad menos el otro extremo hazia el Septtentrión que le haze frente y remate con la Parrochia de San Barttholome, cuyo techo y muralla contigua a la de la Ciudad domina las Almenas de todo el Frente. Los muros son de cal y canto, de una tuesa de gruesos y de 4 a 5 de alto, y aunque antiguos repelladas pueden durar mucho tiempo y resistir un golpe de mano, respecto de que asimismo dominan toda la Campaña los frentes Poniente, Lebante y medio día, menos el segundo que a unas 500 tuesas[42] tiene una altura o cabezo de donde se descubre todo el interior de su terreno enfilados de una y otra parte los corredores de los muros, desde donde con qualquier cañón de campaña y algunos Mosquetes apostados particularmente en los olivares de otra altura mucho más ymmediatta llamada de la Matanza (y su Dueño Juan Santhiago) no dejarán para la tropa, pudiendo incomodar así mismo desde el cabezo, cercado y olivares de la Viuda de Borrella, al lado del referido San Bartholome; de la citada altura de la matanza, a tiro de fusil de la ciudad, queda enfilada toda la muralla del Lebante, […], luego no puede tener ningún ejercicio en la defensa, solo si en el caso de arrimarse el enemigo al pie del muro por escalada o otra operación, pues en este [caso] cesará el recibo de los tiros de dichas alturas; pero siempre generalmente las casas y ventanas de la Ciudad (puestas en amphiteattro) serán de continuo molestadas de la dicha altura de la matanza, donde haze frente.

Tiene tres arrabales el del Cañitto y Mártires al Lebante y al Poniente el de Sta Cathalina.

El quartel existente tiene d largo 21 tuesas, 4 pies y de ancho[43] 4, los muros de buena mampostería, cerca de 3 pies[44] de grueso con Bobeda en el primer piso de Ladrillo de canto, caben sesenta caballos francamente y se pueden acomodar hasta ochenta; al presente ay dos Compañías del Reximiento de Andaluzia; el techo está tablado con rollizos de buena calidad y el todo en muy buen estado; se edificó a costa de la Ciudad en el año de 1743.

Dicttamen

De su propia descripción queda manifiesto ser inútil discurrir el que esta Ciudad haga defensa alguna en ataque formal, solo sí a qualquier bloqueo o campo volante y por las razones dichas (parte primera) siempre es preciso en caso de yrrupcion mantener allí alguna tropa particularmente los sesenta caballos para que juntos con la gente del País se den la mano con el preciso destacamento de Encinasola (alguna tropa en Frexenal) y el supuesto en Barcarrota, a fin de impedir la fácil ynttroduccion de una columna de exercito que puede ynttroducirse por la carretera de Encinasola y porque sin esta precaución se tomaría por la hizquierda la extensión de 14 leguas hasta la Plaza de Badajoz, con cuyas surtidas, dándose los avisos por medio de las Atalayas y la mano a tiempo enfrenarán la empresa a qualquier crecido destacamento y libres de la contribución y obsttilidades a que están expuestos el crecido número de lugares que cubre. En cuyo supuesto considero necesario, además de los sesenta caballos y trescientos paisanos que podrán tomar las armas en caso de yrrupcion, otros trescientos infantes.

Plaza de Alconchel. Consistencia y estado de sus obras.

Esta Plaza distante seis leguas de Xerez, y por la parte de Portugal hacia el Lebante, media legua de la Línea que sirve de demarcación a ambos reinos, y por la otra terminando a un quartto de legua con el Lugar de Taliga de aquella Provª,  se alla situado el Castillo (totalmente ynuttil) en lo alto de un Cerro en figura cónica rematando en Peña[45], cuya extensión de terreno en donde actualmente se mantienen sus muros deteriorados, es de unas 40 tuesas de Largo y otras tantas de ancho; se eleva sobre las calles de la Población que, sin muros y desde su falda, se extiende hazia el medio día unas 45 y distante por línea orizontal unas 25 de la referida muralla; la que está en figura triangular, con algún defecto que causa un cercado llamado el centenar; extiendese uno de sus ángulos hazia el medio día y a distancia de tiro de fusil, en la misma prolongazion, pasa la ribera llamada de Taliga (porque naze del Lugar del mismo nombre) y ba desbocar en el Guadiana.

La falda del referido cerro es de un pendiente suave, domina por la parte de Lebante y medio día toda la campaña a distancia de media legua, la que se reduze a una llanura de labranza, y por la que mira al Poniente, a distancia regular de batir en brecha, la circumbala una colina llamada Sierra de la Esperanza; a cuyo extremo y hazia su medio día está la Hermitta destte nombre, que si vien domina algún tanto el castillo, sin embargo (aunque con poco fruto) batió desde allí el enemigo aquel frente, y por esta falda más hazia el septtenttrion se puede sin embarazo alguno dirigir un ramal astta atacar el Minador en el torreón ymmediatto a la puerta principal; asimismo desde la prolongación del medio día corre otra colina que forma vertiente con la primera a distancia de unas 600 tuesas[46] llamada la Cobanada.

El estado de este castillo se reduze a una abittacion en lo más elevado, de 14 tuesas de largo y 10 de ancho[47] yncluyendo la Torre del Omenage (de 4 tuesas en quadro y 9 de alta) Unese a ella hazia el medio día unos cortos vestigios de abitacion donde al presente solo existe la capilla ynutil y [¿arruinada?] y lo demás, tanto lo referido como lo corto de sus muros existentes de antiguada ruina discapazes de reparo; sircuyele una muralla en los quattro frentes, dejando en poca diferencia por todas partes unas 10 a 11 tuesas de terraplén que corre al pie de la dicha torre y arruinado edificio con Cuatro Cubos de 2 tuesas de diámetro y elevados sobre la Peña de unas quattro y media; menos un pequeño flanco de tres tuesas a la derecha del frente del Lebante.

Los referidos muros mucha parte dellos son en Piedra seca, menuda, de mal material y reparados en diferentes […] de lo que se sigue ser ynuttil qualquier gasto que se yntente en la reparazion deste Castillo, solo podrá servir la piedra que se sacase de los derrumbos en la reedificazion que se ynttenttase.

Tiene tres Zistternas arto capazes, una de ellas mantiene el agua todo el año y las dos solo en el ymbierno.

Los dos frentes que miran al septtenttrion y lebante pueden fortificarse sin embarazo, pero por la demasiada altura de los muros existentes la obra que se executte ha de circuirlos como falsa braga dispuesta de modo que al actual pendiente de la Montaña de aquel frente sirva de caballero con fuegos rasantes a la Campaña pero lo que miran al medio día y Poniente respecto de que [están …] enfilados de las alturas de la Esperanza y Cobanada, sería preziso que en las tenazas que se construyan en estos frentes se dispongan los flancos ancaminados sus brisuras de modo que los cañones que se establezcan en ellos solo puedan servir para las ymmediaziones de las casas opuestas, estableziendolas con bobedas con tal artifizio que, aproximados a torres bastionadas, les quede bentilazión por la parte de la Campaña que no está dominada, con cuya disposizion quedarán ynutiles las baterías del enemigo y flanqueados dichos frentes en qualquier ideado abanze.

La Torre del omenage se ha de disponer de modo que yncluya dos bobedas capazes a la prueba, y que su cobertura o plataforma barra con superioridad los dos reductos con que deben ocuparse los extremos de la altura de la Esperanza, entre cuya falda y el Castillo, contiguo a la Poblazion ay una Fuente muy abundante[48]; se puede construir un Cuartel de Caballería capaz de ochenta caballos por ser prezisa esta tropa para lo extenso de sus llanuras y las ymmediattas astta el Lugar de san Bento, en el reyno de Portugal, por cuyo parage aseguran pasaba la Línea de Demarcazion ; y […] vide en el Altar mayor de dicha Capilla dos pequeñas piedras llamando a uno de sus muros parte de [¿España?] y el opuesto parte de Portugal; y a la celebración del día del santo, pocos años haze, concurrían las Justizias de ambos reinos con bara alta, cuyas escrituras y Ynstrumentos del Correguidor destta Villa y Administrador del Marqués tengo en mi poder y expondré en la representación que le pertenece.

Dicttamen

  1. M. (sin duda para acuerdo de la ymporttanzia deste puesto) no obstante de estar abandonado y sin abitacion, mantiene un estado mayor y alguna tropa de Ymbalidos[49] que alojan en las casas de la población; es preziso y aún importante fortificar este puesto, disponiéndolo capaz de un Batallón y por consiguiente construir los Almazenes correspondientes, no solo para la referida tropa, sino es también con la mira de poder alojar la que transite de los supuestos campos Bolantes en caso de Yrrupcion y el quartel de Caballería arriba referido, capaz de ochenta caballos por lo llano del País, tanto por nuestra parte como por la de Portugal; cuya Tropa junto con trescientos Paisanos armados, que supongo en esta Villa es suficiente para impedir las hostilidades de aquel Reyno. La utilidad de fortificar este puesto es manifiesta, se halla dentro de una baxsia [sic][50] o ensenada cuyo terreno termina [en] la raya de Portugal; la entrada destte Reyno por la referida parte de San Bentto [51] siguiendo la falda de la Esperanza; es una Campaña de extensión llana y abierta, sin este resguardo queda descubierta la hizquierda de Badajoz; cubre los lugares del Almendral, Cheles, Salbaleon, la Torre, la Parra, Santa Martta, Villanueba, Cheles, Valenzia, Zahinos y Barcarrotta (pasage como antes se dejó tratado de Xerez), Oliba y aún los campos de Frexenal, Encinasola y sus cercanías, siendo de la primera atención el considerar que tiene la Plaza de Olibencia a distancia de dos leguas yntruduzido su término hazia nuestro reyno, que con esta abriga con fazilidad las surtidas y destacamentos desde ella, hacen contribuir los lugares expresados y pueden cortar la comunicación destte puesto con la plaza de Badajoz y por fin la referida de Olibencia se puede mirar como una conquistada en nuestro reyno y teniendo a poca distancia en su propio Pais tan immediatas las de Morón[52] y Yelbes con otros puestos que la cubren y facilitan los socorros, debe mirarse como a Depósito general y puesto para nuestro Reino por cuyo motivo en los puestos más proporcionados por nuestra parte son precisas las Atalayas para dar los avisos a la Plaza de Badajoz de qualquier movimiento, como las tienen en diferentes puestos de su terreno Circumbezino.

 

 

 

ANEXO I.

Acerca de don Antonio de Gaver y su trabajo:

En 1720 sirve como Ingeniero extraordinario con el empleo de Subteniente y antigüedad de 28 de agosto. En 1728 pasa a Badalona y en 1732 a Sevilla, para trabajar en las obras de la Real Fábrica de Tabacos. En 1733 es Capitán e Ingeniero Ordinario y en  1736 es nombrado Director de la Academia de Matemáticas de Orán, sucediendo a José Cano Ávila.

En 1740 asciende a capitán e Ingeniero 2º.

En 1750, tras haber levantado planos y redactado diversos informes sobre la frontera hispano-portuguesa en Andalucía, Memorias acerca de la frontera de Andalucía y Portugal con motivo del mapa que de ella levantó dicho Ingeniero. Diseña proyectos de fortificaciones en Punta canela, y Ayamonte en Huelva, y en la playa de la Almadraba entre Rota y el Convento de Regla en Cádiz. También tiene proyectos sobre el reducto de la desembocadura del Guadiana y el Castillo de Paimogo, pasa a Extremadura, donde levanta planos de Alburquerque, Plano de la Plaza de Alburquerque, su Castillo y Arraval… Centro Geográfico del Ejército (CGE),  Moraleja (Cáceres) y de la zona de la Serena en Badajoz.

En 1751 levanta: Parte de la provincia de Badajoz, entre Lobón, Badajoz y Olivenza… CGE[53]  y Zona entre Valencia del Monboi (sic) y Jerez de los Caballeros… CGE.[54] En 1 de abril del mismo en Ciudad Rodrigo firma el Mapa y descripción que corresponde a la Provincia de Extremadura… confina con Alentexo, Extremadura portuguesa y provincia de Abeiro…CGE.

En 1752 y 1753 trabaja en la frontera de Castilla con Portugal, levanta planos de Ciudad Rodrigo, Fermoselle, Puebla de Sanabria y del Fuerte de la Concepción en Aldea del Obispo (Salamanca), Descripción del Fuerte de la Concepción, su situación, terreno de su circuito y ventajas que de su defensa logra la provincia de Salamanca y plano y perfiles de Ciudad Rodrigo.

Pasa a Galicia, trabajando siempre en la frontera para redactar el Mapa o carta geográfica de una porción de las quatro provincias, con la exacta demarcación de la línea que divide este Reyno del de Portugal… CGE, firmado el 5 de febrero de 1755 en Puebla de Sanabria, que es uno de los mejores planos realizados en su época de la frontera hispano-lusa, con los caminos, accidentes y localidades de la zona, resumen de los varios años de trabajos parciales.

En 1756 levanta un plano de la plaza de Ayamonte y en 1759 el pano del cuartel de Caballería de Santiago de Compostela.

En 1762 toma parte en el conflicto bélico con Portugal, la llamada Guerra del Pacto de Familia, y levanta un  Mapa del Reyno de Portugal… Biblioteca Nacional de España (BNE) y un Mapa de las inmediaciones de Chaves y Monterey año de 1762… (BNE). El 11 de mayo de 1762, en Miranda de Duero firma el Plano del castillo o Casa fuerte de los Duques de Tabara, situado a la parte del Norte, y en su extremo elevado de la Ciudad en el que se manifiestan las Ruinas y Brechas que hizo el haverse Volado un Almacén de Pólbora… (BNE), el 14 de mayo en Miranda de Duero, el Plano de la ciudad de Miranda, situada en las Márgenes del Duero, en la provincia de Tras los Montes,… (BNE) y el 15 de junio de 1762, en el Cuartel general de Dos Iglesias (Portugal) la Porción de Mapa de Castilla y parte de la provincia de Tras los Montes, en el que se manifiestan los campamentos del Ejército… (BNE)

En 1763 es Brigadier e Ingeniero Director. Pasa destinado a Cádiz donde trabajará en un proyecto de lazareto con motivo de las diversas epidemias acaecidas ese año.

En esta ciudad permanecerá, al menos hasta 1776, redactando numerosos proyectos y plantas de las fortificaciones de la plaza de Cádiz. Este año firma el plano de una batería de fagina y tierra en la desembocadura del río Guadiana.

ANEXO II.

Sobre el Ingeniero general Juan Martín Zermeño:

En 1719 ingresa en el Cuerpo como Ayudante de Ingeniero. En 1726 es Ingeniero Ordinario y en 1727 toma parte en el Sitio de Gibraltar. En 1737 es Ingeniero Director y en 1738 firma los planos de los muelles de levante en Málaga.

En 1740 es Coronel e Ingeniero en Jefe y en 1746 toma el mando de los Ingenieros del Ejército de Italia.

En 1749 es designado Comandante general interino del Cuerpo de Ingenieros de España. En 1750 trabaja en planos y proyectos del puerto de Barcelona y en 1766 es nombrado, en propiedad, Comandante general e Inspector general de Fortificaciones.

En 1768 es nombrado Teniente general de los Reales Ejércitos e Ingeniero general de todos los dominios de S. M.

Fallece en Barcelona el 31 de julio de 1772.

BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN:

ARROYO, Enrique, “La actuación en Ayamonte de don Antonio de Gaver, ingeniero jefe destinado por S. M. para levantar el mapa de España…” en Jornadas Nacionales de Historia Militar, Sevilla, 2002.

CAPEL, Horacio et alii. Los Ingenieros militares en España, siglo XVIII, Barcelona, Publicaciones de la Universidad de Barcelona, 1983.

COMISIÓN REDACTORA, Estudio histórico del Cuerpo de Ingenieros del Ejército, Madrid, Rivadeneyra, 1911.

CRUZ VILLALÓN, María (coord.), Ciudades y núcleos fortificados de la frontera hispano-lusa: El territorio de Extremadura y Alentejo. Historia y Patrimonio, Cáceres, Universidad de Extremadura, 2007.

HEVILLA, María Cristina, “Reconocimiento practicado en la frontera de Portugal por el Ingeniero militar Antonio de Gaver en 1750” en Revista bibliográfica de geografía y Ciencias Sociales, Barcelona, vol. VI, diciembre 2001.

MELÉNDEZ, Álvaro, Apuntes para la Historia Militar de Extremadura, Badajoz, 4Gatos, 2008.

MINISDEF, Catálogo de Cartografía Histórica de la frontera hispano-portuguesa, Madrid, Centro Geográfico del Ejército, 2000.

NAVAREÑO MATEO, Antonio, Castillos y fortalezas en Extremadura, edición de HOY Diario de Extremadura, 1998.

“La frontera fortificada. La Línea de Extremadura y Castilla la Vieja con Portugal en el siglo XVIII” en Revista Castillos de España, Madrid, 2000.

TEIJEIRO, Javier y MELÉNDEZ, Álvaro, La fortificación abaluartada de Badajoz en los siglos XVII y XVIII, Badajoz, Autoedición, 2000.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

[1]  Este párrafo va con letra distinta al resto del documento.

[2] Teniente general y Comandante general, desde 1749, interino de los Ingenieros Reales.

[3] Alegrete.

[4] Erjas ó Eljas, en Portugal Erges.

[5] 5’572 kms.

[6] 22’288 kms.

[7] Elvas.

[8]  En fortificación dícese de las alturas que dominan un punto o fortaleza, desde el que es fácil hacer fuego a su interior.

[9] 39 kms.

[10] Carrera o carretera oficial, ruta de los correos principales, con las suficientes casas de postas para el relevo los tiros de las diligencias o carruajes.

[11] 29’26 kms.

[12] Conde de Charni, que alcanzaría los máximos grados en la milicia y sería, entre otros cargos, Capitán general de Aragón.

[13] Fuertes de San Juan y San Felipe.

[14] 2’786 kms.

[15] 1’393 kms.

[16]  77’96 mts. (Toesa: 1’949 mts)

[17] Valencia del Mombuey.

[18] 39 kms.

[19] Núcleo poblacional dependiente de Badajoz, unos 6 kilómetros al sur de la ciudad,  calificado en los documentos como arrabal, que conocemos al menos desde el siglo III. En 1631 contaba con 155 vecinos, unos 600 habitantes. Fue destruida en las guerras con Portugal del siglo XVII. Desapareció definitivamente a finales del siglo XIX, aunque siguió usándose como puesto de vigilancia de la Guardia Civil de fronteras hasta mediados del siglo XX.

[20] 33’432 kms.

[21] Ouguela.

[22]  Gévora.

[23] 33’432 kms.

[24] 3’898 mts.

[25] Marvâo.

[26] La invasión de las fuerzas aliadas contra Felipe V se inicio en mayo de ese año, 1705, por Valencia de Alcántara, que sería tomada en fuerza, así como la Codosera, cuyo castillo también fue volado. Unos días después  capituló Alburquerque y pudieron alcanzar Badajoz que fue sitiado y bombardeado, aunque los atacantes hubieron de levantar el sitio ante la llegada de fuerzas borbónicas al mando del conde de Tessé.

[27] 35’08 mts.

[28] 9’745 mts.

[29] 40’93 mts.

[30] 116’9 mts.

[31] 155’9 mts.

[32] Huélaga.

[33] Castillo de Salvaleón en Valverde del Fresno (Cáceres). Tras su reconquista pasó a formar parte de las fortalezas de la Orden de Alcántara, en 1227. Se abandonó el lugar en el siglo XVI.

[34] Penamacor (Portugal).

[35] Debe ser Idanha-a-Velha, por su parecida pronunciación.

[36] Castillo de Peñafiel en Zarza la Mayor (Cáceres); en el siglo XIV llegó a tener población a su amparo,  que pronto retornó a su localidad de origen, la inmediata Zarza. Comenzó a despoblarse a finales del siglo XVI.

[37] Llamase así a los destacamentos o fracciones de un Ejército que, sin contar con un  lugar fijo de acuartelamiento en ella, recorren una región en misión, principalmente, de vigilancia.

[38]  Habitantes.

[39] Por Compañías de Conservación entiende fuerzas irregulares de paisanos que defienden su localidad, junto a las fuerzas del Ejército, a las que sirven de apoyo y guía por su mayor conocimiento del territorio.

[40] 44’576 kms.

[41] 93’55 mts.

[42] 974 mts.

[43] 21 toesas y 4 pies = 42 mts.

[44] 85 cms.

[45] Se data su construcción en tiempos de Abderramán II, mediados del siglo IX, con ampliación en el siglo XI.

[46] 1’169 kms.

[47] Se refiere al cercado o espacio de la fortaleza, unos 500 metros cuadrados, con una torre del homenaje de  unos 18 metros de alta.

[48] Puede referirse al aljibe del llamado Huerto d Aguilar.

[49]  Los soldados ya retirados o heridos en campaña podían ser calificados como “Inválidos hábiles” y colaborar  con la guarnición de un punto en servicios de vigilancia o administrativos.

[50] Entendemos que debe referirse a bahía.

[51] San Benito de la Contienda, pedanía de Olivenza.

[52] Mourâo a unos 40 kilómetros y Elvas a unos 25, eran las plazas fuertes que amparaban y sostenían la defensa de Olivenza.

[53] Copia de Ignacio Mitjana en 1812.

[54] Copia de Ignacio Mitjana en  12 de noviembre de 1812.

 

Ene 162015
 

Enrique Meléndez Galán.

 1. Introducción

            El presente artículo es un extracto del que fue Trabajo de Fin de Grado (TFG) defendido en Junio de 2013 para la carrera de Historia del Arte y Patrimonio Histórico Artístico de la Universidad de Extremadura que versaba en las enseñanzas artísticas en la ciudad de Cáceres y que se ha ampliado para esta ocasión. Con la tutoría del profesor D. Vicente Méndez Hernán, el objetivo de este TFG era el de dar una visión general acerca de las instituciones, personalidades y colecciones que habían formado parte del aparato educador de la ciudad extremeña.

  1. Los primeros pasos

            En función de lo escrito por el profesor Corzo Sánchez[1], los precedentes de las Academias de Bellas Artes se encuentran en las corporaciones gremiales de la Edad Media, debido al deseo de asumir unas funciones más amplias que las que se extraían de una mera asociación laboral. Se buscaba con ello controlar el magisterio, defender la calidad de las obras, velar por la aceptación social de los artistas y debatir las cuestiones buscando establecer una igualdad entre los diferentes miembros. Sin embargo, y a pesar del interés por intelectualizar la labor manual, muchas fueron las escuelas que en sus orígenes se destinaban a la formación de artesanos y operarios más que de artistas, pues hasta la apertura de las Escuelas de Artes e Industrias, Escuelas de Bellas Artes, Escuelas de Artes y Oficios, etc., su ligazón a las Bellas Artes no era más que un complemento a la instrucción laboral básica. No obstante, también se podían encontrar ejemplos de algunas de estas escuelas que sí asimilaron la enseñanza de las Bellas Artes desde sus inicios y se destinaron a formar en los principios del dibujo a aquellas personas que quisieran vincularse, posteriormente, a la pintura, la escultura, la arquitectura o el grabado; además de forjar conocimientos en manufactura, artesanía y labores mecánicas pero como un complemento a lo anterior. Aunque, por otra parte, podía darse el caso de que las Instituciones se crearan con un único fin artístico, como es el caso de la Escuela de Nobles Artes de Barcelona, que, como recuerdan Pérez Catalán y del Moral Martínez se concibieron desde un principio “para la formación artística en el más amplio sentido”, dejando de lado la enseñanza de los oficios más puramente técnicos y sus procedimientos[2].

            En un principio, al no haber una reglamentación única y ningún organismo civil que las unificara, estas instituciones surgieron al amparo de las Reales Sociedades Económicas de Amigos del País y de las Juntas de Comercio. No será hasta bien entrado el siglo XIX cuando las Academias de Bellas Artes sean las que otorguen los modelos a estas escuelas y con ello se rompa la barrera entre las que habían sido mal llamadas artes menores y las artes nobles. Además, estas Academias serán las que acaben aportando una influencia normativa al ser las principales autoridades en materia artística y serán cada vez más los que accedan a las Escuelas Superiores de Bellas Artes desde unos cursos preparatorios o elementales vinculados a la artesanía o a la creación industrial. Esta simbiosis entre la artesanía más técnica y las Bellas Artes, se produciría debido a la necesidad por parte de los gobiernos de regular las enseñanzas y aumentar el grado de instrucción de una masa obrera que cada vez demandaba más el acercamiento a la cultura. Ello suponía que, aunque siguieran dependiendo estas escuelas de las Sociedades Económicas, de los Ateneos, de los Centros Obreros, etc., el Estado se implicara más en proporcionar una ordenación sistemática de los conocimientos teórico-prácticos que se iban a volcar en la enseñanza de las profesiones requeridas por la industria, como bien recuerdan los dos autores anteriormente mencionados[3].

            De este modo, quedaba establecido un modelo dicotómico en el que la industria y el arte convivían en un ámbito cada vez más profesionalizado de la enseñanza, bebiendo de lo que habrían sido los movimientos Arts and Crafts que se habían estado desarrollando por Europa y que tendrán su auge entre el siglo XIX y el XX. Esto se debe al cambio de mentalidad que traerán las nuevas corrientes artísticas donde el concepto tradicional de arte se romperá y surgirá un nuevo campo de creación y formación más apegado a las masas y a la industria, dando como resultado la creación de estas escuelas. Surge así, en 1871, la Escuela Central de Artes y Oficios de Madrid y varios centros similares por la geografía española, aunque en Cáceres no habrá respuesta similar hasta finales de siglo, primero con una formación experimental de granjas-escuela y, posteriormente, con la creación de las escuelas de Artes y Oficios o de Artes Industriales, destinadas más a la formación general de obreros que a un interés por las Bellas Artes como se explicará a lo largo de las siguientes líneas.

            Los primeros conatos de interés por la enseñanza artística en Cáceres a principios de siglo se vieron frustrados con el cierre de la Escuela Provincial de Artes Industriales –donde ejerció su labor docente el artista Gustavo Hurtado Muro[4]– por desinterés político y de la población. Tras ello, en enero de 1922 se comenzaron las clases de la Escuela de Artes y Oficios dependiente del Ayuntamiento de Cáceres y que cubría las enseñanzas, por lo general en un horario nocturno, del proletariado del municipio. Este organismo se mantuvo vigente hasta que el 19 de Octubre de 1932, el alcalde de Cáceres, Jacinto Herrero Hurtado, solicitó al Señor Presidente de la Diputación que se sufragaran los gastos de una subvención para cubrir la transformación de la Escuela Municipal de Artes y Oficios en Escuela Elemental de Trabajo y de Capataces Agrícolas. Esto se demandaba por los “indudables beneficios” que habría de reportar a la provincia: la ampliación de estudios en lo referente a las prácticas agrícolas y por expedir el título de capataces. Se buscaba que se subvencionara desde la Diputación y desde el Ayuntamiento, con el fin de que se pusiera en funcionamiento a partir de 1933 y que para ese año ya entrara en los presupuestos.[5]

            La Escuela Elemental de Trabajo habría sido el organismo impulsor del aparato artístico en el segundo tercio del siglo XX desde su sede en la Avenida del General Primo de Rivera. En esta etapa destacarían los maestros Juan Caldera Rebolledo[6] y Eulogio Blasco López[7] que se encargarían de la docencia de Dibujo y Modelado respectivamente[8]. Esta escuela sería destacada por Felicidad Rodríguez como lugar de paso de alumnos, que con el tiempo se acabarían convirtiendo en personalidades destacadas de las Bellas Artes en la capital cacereña, como por ejemplo Emilio Macías, Indalecio Hernández, Francisco Fernández Moreno o Juan José Narbón[9].

            En 1941 se recoge una petición por parte del Presidente del Patronato Local de Formación Profesional de Cáceres, D. Javier García Téllez[10], al Presidente de la Diputación en la que se solicita un traslado de la Escuela Elemental de Trabajo y Capataces Agrícolas desde su situación en el Instituto Nacional de Enseñanza Media a la Av. Virgen de la Montaña, puesto que unos locales destinados a este fin en la Calle San Felipe fueron cedidos al ejército durante la Guerra Civil. Además, para ello, requerían de una renovación del material y de una ayuda a la instalación de 30 000 pesetas.[11]

            En 1945, esta Escuela contaba con 194 alumnos repartidos por las diferentes clases que aquí se impartían, pues además de las artísticas de Modelado, Vaciado y Talla y Dibujo Artístico, también contaba con cursos de Instrucción General, Electricidad, Albañilería, Herrería, Carpintería, Contabilidad Mercantil, Taquimecanografía, etc., bajo la dirección de Arsenio Gallego[12], quien estaría al mando durante la década de los cuarenta hasta la disolución de la Institución en la de los 50 por la desaparición del Patronato Local de Formación Profesional de Cáceres[13]. No volvería a haber enseñanzas artísticas reseñadas hasta los años 60, cuando surja la Escuela Elemental de Bellas Artes, a pesar del intento en el año 1955 de la Escuela de Maestría Industrial, que pretendía ser una continuadora de la Elemental de Trabajo y Capataces Agrícolas y que perduraría hasta 1970 cuando se transforma en el Instituto Politécnico de Formación Profesional[14].

  1. La Escuela Elemental de Bellas Artes

            La Escuela Elemental de Bellas Artes abría sus puertas en 1960 a todos los alumnos que quisieran matricularse, aunque siempre hacía preferencia por los de años anteriores, por los descendientes de funcionarios y por los acogidos a establecimientos benéficos –públicos o privados–, lo que indica el carácter gubernamental que acompañaba a esta institución. Se marcó como edad mínima de acceso los 14 años, único requisito para poder acceder al centro[15].

            Aneja al Conservatorio de Música y con una acogida superior a la esperada, se lograron importantes avances en esos primeros años y alcanzaron premios de Modelado y Vaciado en la Competición Provincial del Frente de Juventudes los alumnos de la Institución Esteban Tejado Higuero y Manuel Mateos Rodríguez[16]. Se destacó así la labor de preparación de alumnos para las Bellas Artes pero también para aquellos que pensaran en un futuro ligado a la arquitectura. Según las explicaciones del que era entonces director, Emilio Macías[17], se buscaba que los alumnos pasaran por las tres clases que se impartían de Modelado, Dibujo y Pintura, aunque pintura, que era cara, no era factible de ser cursada por todos los alumnos. Se creó para ello una Cooperativa para adquirir los materiales en las fábricas y ofrecérselo a los alumnos a precio de costo. También, este director planteará a la Diputación el crear unas becas para algunos alumnos que tuvieran dificultades económicas e incluso llegaba a proponer un aumento de sueldo a los profesores por la ingente labor docente que habían cursado en ese primer año como repercusión a la gran acogida por parte de la sociedad de esta iniciativa[18].

            La asignatura de Pintura era un complemento de las dos anteriores y fue sido inicialmente impartida por Indalecio Hernández[19] hasta que se encargara de ella Victoriano Martínez Terrón[20], quien le otorgó continuidad. Por contra, la asignatura de Modelado desaparecería tras ser impartida por Alonso Mostazo Plata[21] un año y también por Martínez Terrón otro.[22]

            Durante los años 60, la dependencia de la Diputación hacía que los medios con los que contaba la Escuela para obtener materiales tuvieran que pasar por la elaboración de informes de petición que se registraban en la Diputación y desde ella se recibía la respuesta.  El proceso se iniciaba con la elaboración de un  presupuesto que se mandaba a la Secretaria de la Diputación, desde donde se escribía una petición al Sr. Interventor, cuyo informe, si era favorable, hacía que el Jefe del Negociado de Educación, encargado de este tema, recopilara los escritos recibidos y mandara los datos a la Comisión de Gobierno del Negociado para que éste dictaminara.

            Pero no sólo eran en materiales los gastos que tenía la Escuela Elemental de Bellas Artes sino que, como se recoge en 1964, la Escuela hacía también gasto en libros de Historia del Arte y de Técnicas Artísticas, los cuales eran considerados esenciales en la formación del alumnado y supusieron la base de la actual biblioteca de la Institución[23].

            En 1965 se incorporó al plantel del profesorado Juan José Narbón Terrón[24], quien pasaría a impartir la asignatura de Dibujo, la cual compartió durante algunos años con Emilio Macías y con otros profesores[25], aunque por muy breves períodos de tiempo, como Ubaldo Canto[26] y José Luis Turina[27]. Juan José Narbón supuso un revulsivo para la Escuela, no tanto en sus primeros años de magisterio, sino en la etapa final de su vinculación cuando tomaría el cargo de director y se volcaría en la vida cultural cacereña.

            En 1974 comenzaron los planes para adaptar locales para la Escuela Elemental de Bellas Artes. Así, el 9 de noviembre de ese año se publicó un decreto por parte de la Diputación con el que se hacía patente el traslado de la Escuela y de la Imprenta Provincial a unos locales de la Diputación en el Edificio del Patronato de Viviendas para Funcionarios en la Av. Hernán Cortés. Además, se ordenaba el acondicionamiento de la Escuela por un total de 852 313 pesetas, sufragado por el Presupuesto Extraordinario para Obras en Caminos Vecinales de la Comisión de Servicios Técnicos y todo ello con carácter de urgencia y a la mayor brevedad posible. La urgencia se debía, mayormente, al mal estado en el que se encontraban los locales tanto de la Escuela Elemental de Bellas Artes como de la Imprenta, el primero aledaño por aquel entonces al Conservatorio Provincial de Música, donde apenas había sitio para los alumnos, junto con la Imprenta, ambos en el Convento de San Francisco y lugar que pasaría, una vez realizado el traslado, a destinarse en su totalidad para el Colegio homónimo[28]. Así lo hace constar el Arquitecto Director de la Sección de Construcciones Civiles Fernando Hurtado un año antes, quien dictaminó la situación precaria en la que estaba instalada la Escuela en los locales pertenecientes al Conservatorio: “reducidos, insuficientes e inadecuados”. Para solucionarlo definitivamente, se destinó la escuela al nº 1 del Edificio nº 4 de la Avenida Hernán Cortés, con 222m² a su disposición. En la memoria del arquitecto se expone que, reunido éste con la dirección y el profesorado, en función de las necesidades transmitidas por el plantel docente de la escuela, se enfocaría la creación de las salas de Dibujo, Pintura, Escultura y Grabado. Además de las aulas, la Escuela en la nueva localización contaría con biblioteca, despacho y aseos con los correspondientes accesos y guardarropas. Se siguieron para ello unos modelos de distribución elásticos con tabiques desplazables, acabados sencillos, calefacción central y un sistema de renovación del aire, movido todo por un presupuesto de 852 313 pesetas anteriormente mencionado[29]

            En ese año pasó a tomar la dirección de la Escuela el gallego Julio Tizón Diz[30] y el profesorado quedaba reducido tan sólo a Juan José Narbón y a Victoriano Martínez Terrón[31], junto con el citado director. Con él, tuvo algún conflicto Martínez Terrón, a quien acusaba en una carta de no ejercer su labor docente de una manera adecuada[32]. La respuesta de Tizón no tardó en afectar al profesor Martínez Terrón, como al profesorado de la Escuela, en tanto que decidió anular la posibilidad de que los maestros pudieran emplear las aulas de la Escuela para el ejercicio de su pintura, actividades que el director achaca de inmorales, aludiendo a que también, por parte de algunos profesores, se vendían materiales propiedad de la escuela[33].

            Hacia 1978, esta Escuela, situada ya en la Av. Hernán Cortés, se encontraba con algunas deficiencias, o al menos así lo expone el “Informe del Sr. Diputado Delegado de la Escuela Elemental de Bellas Artes”[34]. En este documento se hace constar que los principales problemas se centraban en las humedades del techo y se achaca la culpa a los sumideros. También, se pide, desde el profesorado de la Escuela, que se elimine el blanqueo de las paredes pues su visión resultaba incómoda para el correcto ejercicio de la pintura por parte del alumnado, con lo que ruegan que se pinte con algún tono más oscuro. Además, habría inconvenientes en la calefacción, la cual mostraba averías constantemente y, sumado ello a la ausencia de mobiliario de asistencia y a la falta de caballetes, el correcto desempeño del magisterio artístico era muy complejo. Esta necesidad de caballetes se debía principalmente a que en las asignaturas de Pintura y Dibujo el número de alumnos era muy elevado; en 1978 la Escuela acogía a 78 alumnos, 37 mujeres y 41 hombres, siendo 33 de estas plazas gratuitas para los diferentes alumnos que se encontraran en disponibilidad de pedirla. Al año siguiente, la Escuela ya contaba con 91 alumnos pero estas cifras se verían incrementadas, sobre todo, a principios de los años ochenta, con un total de 137 alumnos[35]. Los elevados números de asistentes a esta docencia hicieron que llegaran a remitirse quejas por parte del alumnado que criticaban el hecho de que hubiera más matriculados que caballetes, lo que les imposibilitaba, en ocasiones, el asistir a clases por ausencia de espacio en las aulas. Ante ello se le respondía que el mayor número de matriculados se debía a que bastantes estudiantes solían abandonar el curso poco después de iniciarlo y que ésta era una medida para compensar ese postrero déficit. En concreto, a la queja de una alumna se le explicó que si introdujeran más caballetes en las aulas habría menos espacio para poder ejecutar las prácticas y que ello sería contraproducente. Por otra parte, también se justificaba la dirección del centro aludiendo que la falta de interés por parte del Diputado Delegado por esta escuela hacía que no se elevaran en condiciones las quejas emitidas[36].

            Para intentar solventar estos problemas ya surgió la posibilidad de volver a crear una Escuela de Artes y Oficios ligada al Convento de San Francisco[37], lugar al que finalmente se trasladó en el año 1983. Este antiguo edificio franciscano, restaurado poco tiempo antes, permitía a la Escuela disponer de un espacio con el que no contaba en la antigua sede, lo que condujo a un incremento del número de alumnos[38].

  1. La Escuela de Bellas Artes en la actualidad

            Con la Institución Cultural “El Broncese” la Escuela recibiría un gran impulso al integrarse en todo un programa de inquietudes artísticas que afectará a la localidad cacereña desde el centro neurálgico artístico que sería el Convento de San Francisco, el cual, tras la remodelación y su conversión en Complejo Cultural, acabará acogiendo en su seno no sólo a la Escuela de Bellas Artes, sino también al Conservatorio de Música y a la Escuela de Danza. A ello se le sumó un aumento de talleres con los de Grabado, Escultura y Cerámica, que vinieron acompañados de un nuevo elenco de profesores los cuales, en su mayoría, procedían de una formación artística sevillana y que supusieron un aire renovador para la entidad. Así, a partir de los años 80, la Escuela de Bellas Artes contaría con el magisterio de personalidades como Pedro Valhondo, José Antonio Calderón Silos, Javier Llinás, José F. Gozalo Delgado o Ana Isabel Martínez Blay. A ello habría que sumarle el paso breve de algunos profesores como Ángel Breña o Juana Gómez[39].

            Pero antes de que la Escuela de Bellas Artes tuviera el aspecto con el que hoy se presenta el público, se conservan escritos en los que Juan José Narbón, director de esta escuela desde 1984, criticaba duramente la situación extremeña respecto a la cultura por parte de las entidades públicas y privadas. Así, critica la degradación del Patrimonio y el decrecimiento notorio de artistas y obra vernácula. De este modo, apela a la Institución Cultural “El Brocense” a que siga teniendo el buen hacer y los medios para ejercer la enseñanza artístico-cultural y a la recuperación del patrimonio que Extremadura tanto necesita. En esa idea, Juanjo, como gustaba que lo llamaran, hace un llamamiento y dice textualmente:

                        «…que la Escuela de Bellas Artes de la Excma. Diputación Provincial de Cáceres no                       cumple, quizá desde sus inicios, con la filosofía propia de unas docencias artísticas                     mínimamente suficientes para iniciar en el arte a los cacereños que posean inclinación a                          esta forma de vida espiritual.»[40]

               

                Continuando con esa idea, dice que las dos asignaturas que en aquellos momentos se impartían, Pintura y Dibujo, estaban anticuadas y no se encontraban a la altura de lo que correspondía a la ciudad de Cáceres. Achaca, además, a que desde la muerte de Eulogio Blasco “hace más de 25 años” no se volviesen a impartir más clases de Escultura o que no se crearan otras asignaturas tan importantes como Grabado. Pero aparte de las críticas, también anima a que se introduzcan otras actividades de una “nueva visión cultural” ligadas a las artes populares, como la Cerámica, cuya desaparición tilda de cercana por culpa del capitalismo y la producción en serie, pero también la Platería, la Orfebrería o el Repujado. Así, muestra su interés en que si eso pudiese llevarse a cabo dejaría a los profesores que ocuparan los espacios que ellos quisiesen en el Complejo San Francisco y por orden de importancia reclamó el asentamiento de las asignaturas de Dibujo, Pintura, Escultura, Grabado, Cerámica y Orfebrería y Platería, la mayoría de las cuales se imparten en la actualidad[41] y se habrían estado desarrollando desde el curso 1986/1987[42].

            Además, se realizaban otro tipo de actividades como viajes de estudios para visitar poblaciones de alrededor, tanto de Extremadura como de Portugal, con costes, por lo general, sufragados por la Excelentísima Diputación Provincial y también se podían ejercer actividades docentes fuera de sus dependencias, relacionadas con el paisaje, incluyendo el traslado a localidades cercanas como Torrequemada[43]. En este caso, por ejemplo, se buscaba que los diferentes talleres de Dibujo, Pintura y Grabado se centraran en tomar apuntes y hacer práctica de perspectiva aérea, tonalidad ambiental, masas, estatismo y movimiento, detallismo superfluo y color, mientras que en Modelado y Cerámica se preocupaban por los volúmenes, las superficies y texturas y también por los apuntes, la perspectiva aérea y el color. Por otra parte, también estaban las propuestas de los concursos para los alumnos, hoy desaparecidos, en los que los trabajos había que realizarlos fuera de la Escuela, sin ayuda de ningún profesor en técnica libre, con limitaciones definidas según el taller y con jurados ajenos al profesorado del centro docente. Con las obras realizadas se hacía una muestra al final del curso en la Sala “El Brocense”, pero también en el Conjunto de Santa María de Plasencia y en el Museo “Pérez Comendador y Magdalena Leroux” de Hervás. Además, por su vinculación a la Institución Cultural “El Brocense” se observa en ocasiones la dedicación de algunos días de la Sala de Exposiciones de esta entidad para muestras de alumnos de la Escuela, así como para antiguos alumnos que guardasen vinculación con la Institución como es el caso de Juan A. Talavero[44]. Así, a través del Área de Artes Plásticas del Brocense, también se organizaban exposiciones itinerantes destinadas a aquellos alumnos que ya contaran con una mayor producción tanto en calidad como en cantidad, dándoles la oportunidad de ir otorgándoles un currículo expositivo que en el futuro les diera paso a certámenes garantes de mayor prestigio.

            De cara al exterior, la Escuela de Bellas Artes colaboró con diferentes instituciones a través, por ejemplo, de los EIAM, Exposiciones Ibéricas de Arte Moderno, tanto en Campo Maior como en Cáceres y participaron en ellas profesores de la Escuela. Contaron con una gran preocupación de Juan José Narbón por su organización y prueba de ello es la enorme cantidad de material documental conservado actualmente en el Museo de Historia y Cultura “Casa Pedrilla”. Pero también, con motivo del hermanamiento de la capital cacereña con la ciudad francesa de La Roche-sur-Yon, se organizaron muestras en las dos urbes por parte del profesorado tanto de la Escuela de Cáceres como de la de Plasencia[45].

            Con el fin de poder dar cabida a las necesidades que requería una Escuela de Bellas Artes de la importancia que iba consiguiendo la cacereña, se varió la localización de ésta a la Calle Ancha nº 1, dando la fachada principal del edificio a esta vía y el flanco derecho de la casa a la Plaza de San Mateo. De este modo, la Escuela de Bellas Artes pasó a situarse en la Casa de los Ulloa, edificio del siglo XVI y que sería adquirido por la Institución para ser remodelado por parte del arquitecto de la Diputación Provincial Alfredo Fernández y el cual, como bien anota López-Lago Ortiz, “ejercería una profunda reestructuración arquitectónica que comprenderá la estructuración de diferentes salas con un tamaño determinado en función de las necesidades de las diversas disciplinas artísticas”[46]. El principal condicionante para ello fue el respeto que hubo en el proyecto por la distribución interior, teniendo que ubicarse los diferentes talleres en ocasiones en salas contiguas al no poder gozar de grandes espacios. Para preparar todo el traslado, el 10 de enero de 1991 se convocó una reunión en la Presidencia de la Diputación para tratar la suspensión de las clases de Bellas Artes, analizar la fecha de disponibilidad del Palacio de los Ulloa, trabajar el tipo de traslado y el montaje de la nueva Escuela –ya con el sobrenombre “Eulogio Blasco”– y precisar el mobiliario nuevo que requeriría la entidad y la fecha de inauguración. Con el cargo de director, a Juan José Narbón le competió encargarse de esta situación[47]. De hecho, se conservan anotaciones a mano por parte de este artista en donde muestra los requerimientos de espacios concretos, como las aulas de Modelado, donde precisa de mesas caballete, tableros para las mesas, caballetes altos y bajos, escalerillas para las tallas en alto, armaduras, mesas para vaciados, depósitos… e incluso se busca solventar un lugar para una clase de talla en madera. Por otra parte, se pide que estas aulas estén en las habitaciones del piso bajo, cerca de los desagües, para facilitar el trabajo de acometida en las grandes pilas de agua como finalmente ocurrió. Para los talleres de Dibujo y Pintura el principal problema recayó en los encargos de las reproducciones de escayola y para el taller de Cerámica era necesario la contratación de un profesor, teniendo la opción de consultar en la Escuela Madrileña de Cerámica o ir a las escuelas de Talavera de la Reina[48]. Del mismo modo, y también escrito a mano, Juan José Narbón expone un ejemplo de cómo debería ser la Convocatoria de Director de la Escuela de Bellas Artes, y para ello exponía una serie de condiciones como que el demandante tenía que ser licenciado en Bellas Artes, haber tenido al menos una experiencia de 5 años como director o director adjunto de una escuela o facultad, ser mayor de 40 años, etc. Además, alude a que esta petición debía extenderse por las escuelas y facultades de España e insistía en su inclusión en el periódico El País[49], aunque, definitivamente, lo aquí expuesto nunca llegaría a realizarse puesto que Narbón mantendría el cargo de director hasta 1992. Por último, con este nuevo emplazamiento, se añadió una materia más de docencia, el Diseño Gráfico, la cual otorga el toque más moderno a las habituales enseñanzas artísticas y supliría la carencia de actividades visuales con las últimas tecnologías. La primera profesora en ocupar este puesto fue Rosario Castellano, aunque apenas llegaría a completar un curso académico y, posteriormente, pasaría a formar parte del elenco de profesores Lourdes Méndez-Germain, quien le daría el impulso definitivo a un taller que hoy en día es de los más solicitados. Esa vinculación al Diseño como práctica artística llegaría a su culmen en el año 2000, cuando la Escuela de Bellas Artes “Eulogio Blasco”, junto con otras empresas relacionadas con el mundo de la publicidad, fundó el Círculo Extremeño del Diseño con fines regionalistas, destinado a impulsar esta práctica en pos de una mayor competitividad de las empresas extremeñas.

            De este modo, quedaba establecida una Escuela de Bellas Artes que se vincularía a la vida cultural y artística de la provincia de Cáceres, dirigida desde 1992 por Felicidad Rodríguez Suero, aunque con un paréntesis entre 2004 y 2005 en el que el cargo de director recayó en el actual profesor de Dibujo José Fernando Gozalo Delgado, quien acabaría apartándose del mandato de la Escuela por motivos personales. Durante los últimos años del viejo siglo, el objetivo principal en la Escuela era el consolidar los estudios a través de la elaboración de un Reglamento de Régimen Interno que administrara los diferentes aspectos influyentes en las enseñanzas artísticas de la Institución. Así, quedaba establecido un nuevo sistema de formación que superaría al anterior más anclado en el pasado. Este nuevo método de aprendizaje se basaba en la mayor movilidad de un alumnado al que se le impedía estar más de tres años en uno de los talleres, aunque siempre podía contar con la posibilidad de que, una vez cursado los tres cursos pertinentes, pudiera llevar a cabo un proyecto de especialización avalado por el claustro de profesores y que le daba derecho a estar hasta dos años más en la Escuela. Con ello se conseguía una diferenciación en el aprendizaje, ajustada a las necesidades dependientes de los diferentes cursos que, al compartir tiempo y espacio de magisterio, permite la posibilidad de una mayor permeabilidad de los alumnos y el intercambio de experiencias entre ellos. Por otra parte, la posibilidad de elaborar un proyecto le permite al artista en formación un desarrollo creativo más especializado contando con la supervisión de un profesorado altamente cualificado[50]. A esto habría que sumarle, como bien recuerda el profesor Bazán de Huerta, el carácter de no oficialidad que envuelve a estas enseñanzas y el cual otorga al alumnado una mayor libertad respecto a temas como asistencia o evaluación, consiguiendo con ello que el ejercicio de la tarea artística sea más voluntarioso[51].

            Pero, como se ha visto, la Escuela de Bellas Artes “Eulogio Blasco” no es, en absoluto, un organismo que se encierra en sí mismo basándose en un estricto plan de trabajo, sino que, al contrario, es un ejemplo para las enseñanzas artísticas por las diferentes propuestas que se han llevado a cabo con su ayuda. Así, además de las ya mencionadas relaciones con Francia y Portugal, dentro de España, destacaría la colaboración en 1996 con la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid con motivo de las celebraciones del décimo aniversario de la declaración de Patrimonio de la Humanidad de la ciudad extremeña. De este modo, alumnos de Arquitectura y de la Escuela de Bellas Artes realizaron series de pinturas que invadieron la ciudad. El lugar desde donde se impulsaba todo el programa era la Escuela cacereña y habría colmado el mes de julio de ese año con actividades, dando como resultado la exposición inaugurada a finales de ese año titulada La poética de la ciudad: visiones sobre Cáceres. Por otra parte, también es reseñable la vinculación con los premios “Indalecio Hernández” otorgados por el Ayuntamiento de Cáceres a través de su Premio de Pintura. Debido a ello, el primer premio lo concede la Institución Cultural “El Brocense” y la elaboración de las primeras bases y el papel dentro del jurado recayó en las Escuelas, tanto la placentina como la cacereña. A esto habría que sumarle su colaboración con el Certamen de Pintura para Discapacitados “Al-Quercus” cuya primera edición fue en el 2002.

            En relación con la vida cultural de la ciudad, es necesario destacar su vinculación a la Feria Iberoamericana de Arte Contemporáneo “Foro Sur”, con quien colabora haciendo actos artísticos que inmiscuyen a la capital provincial en el aparato artístico contemporáneo. Así, obras como Bellas Artes en Construcción en 2004 o Cruz en el año 2005, dejarían una marca en la vida artística cacereña[52].

            En la actualidad, continúa con esta dinámica y prueba de ello es la colaboración con la ONG PETE en el año 2013, consistente en la realización de unos marcos artísticos para la exposición del fotógrafo Dominic Rieger[53] o la reciente exposición llevada a cabo por el taller de Dibujo en la Estación de Autobuses de la localidad cacereña titulada A dos manos, que suponía un diálogo entre los alumnos del citado taller y los cuadernos de viaje Baluerna.

            Durante los últimos cursos, una de las problemáticas que se ha presentado en la Escuela de Bellas Artes ha sido la desaparición, no se sabe si temporal o definitiva, de la actividad de modelo del natural con la que contaban los talleres de Escultura, Pintura y Dibujo y la cual estaba vigente desde hacía más de veinte años. Lo que se inició como una tarea que apenas ocupaba un mes durante los primeros años que se implantó, acabó convirtiéndose en una obligatoriedad para los alumnos de segundo curso de los talleres mencionados y ocuparía gran parte de la actividad en tercero. Las decisiones tomadas desde la Diputación han negado al alumnado la posibilidad de formarse en este aspecto tan importante de las Bellas Artes, y desde este colectivo se han elevado diferentes quejas y sugerencias para solucionar un problema que ha afectado al proceso educativo de los último cursos. Con el tiempo se verá si finalmente se deciden por el mantenimiento de una enseñanza que es imprescindible para una completa formación artística o si por el contrario optan por quitarla, truncando una formación esencial para muchos de los talleres. Por el momento, la voluntariedad de alumnos y profesores de la Escuela de Danza, ha dado como solución temporal la sustitución de modelos profesionales por modelos voluntarios pertenecientes a esta institución, lo cual es muestra de la solidaridad existente entre los diferentes magisterios artísticos desarrollados en la ciudad de Cáceres.

Conclusión

            Como se ha podido leer, la actividad docente relacionada con las Artes en Cáceres trasciende cien años atrás, dándole una consistencia que hoy en día se mantiene gracias a la Institución Cultural “El Brocense” y al cuerpo docente y directivo de la formación. De este modo, la Escuela de Bellas Artes “Eulogio Blasco” se ha convertido en un cuerpo cultural más de la ciudad de Cáceres y un referente en Extremadura de la actividad artística, debido a su implicación con los diferentes programas que la ciudad extremeña ha llevado a buen puerto en pos de la cultura.

            Por otra parte, y con un sentido más histórico, la sucesión de Escuelas ha supuesto un faro de referencia para los artistas que, a lo largo de las diferentes generaciones, han dejado su huella en la docencia del alumnado, en las colecciones artísticas de Cáceres y en los activos culturales de la ciudad.

            Así, son muchos los pasos que ha recorrido la enseñanza artística en Cáceres pero aún son más los que le quedan a esta Institución por recorrer aunque para ello tenga que sortear los obstáculos, como siempre económicos, que en estos momentos afectan a todo el mundo de la cultura.

BIBLIOGRAFÍA Y DOCUMENTACIÓN

Archivos

            Archivo de la Diputación Provincial de Cáceres.

            Archivo de la Escuela de Bellas Artes Eulogio Blasco.

            Archivo del Museo de Historia y Cultura “Casa Pedrilla”.

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[1]     Ramón CORZO SÁNCHEZ, “Las Academias de Bellas Artes de Andalucía. Su origen, historia y organización Actual” en Temas de Estética y Arte, nº 25, (2011). p. 209.

[2]     Claudia Pérez Catalán y Diego del Moral Martínez, (Coords.), Catálogo de los Fondos Artísticos de la Escuela de Artes y Oficios Adelardo Covarsí, Badajoz, Escuela de Artes y Oficios Artísticos “Adelardo Covarsí”, 2006, p. 71.

[3]     Ibídem, p. 73.

[4]     Gustavo Hurtado Muro (Cáceres, 1878-1960) fue un artista polifacético formado con los maestros cacereños Andrés Valiente y Luis Perate. Sus estudios artísticos fueron completados en la Academia de Bellas Artes de San Fernando con, entre otros, Francisco Pradilla como impulsor de su talento. Su vinculación a la pintura desapareció prácticamente con la entrada del nuevo siglo para dedicarse plenamente a las Ciencias y a la labor docente, la cual ejercerá en la Escuela de Provincial de Artes Industriales como Profesor de Dibujo Geométrico y, desde 1917 hasta su fallecimiento, en otros centros de la capital cacereña.

[5]     “Solicitud de Subvención para transformar la Escuela Municipal de Artes y Oficios en Escuela Elemental de Trabajo” con fecha de 6 de diciembre de 1932, Negociado 2º Pueblo de Cáceres. Expediente para transformar la Escuela municipal de Artes y Oficios en Escuela Elemental de Trabajo y Subvención para instalarla en un nuevo local. Años 1932-41. Signatura 02993/21, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Servicios, Educación, Fondo Educación (General), Serie: Subvenciones.

[6]     Juan Caldera Rebolledo (Cáceres, 1897-1946) inició sus estudios con Gustavo Hurtado Muro y posteriormente se formó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Tras su paso por las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes –y también por las Regionales– y no conseguir los éxitos esperados, a partir de 1926 se retiraría de la pintura hasta 1941 para volcarse en la docencia. Así, estaría trabajando desde 1925 en el Instituto de Enseñanza Media “El Brocense” de Cáceres, como profesor ayudante de Dibujo, en el Colegio de San Francisco, en la Escuela de Magisterio y en la Escuela Elemental de Trabajo, formando a gran cantidad de alumnos que posteriormente también acabarían en la enseñanza como Martínez Terrón o Juan José Narbón.

[7]     La figura de Eulogio Blasco López “el Mudo” (Cáceres, 1890-1960) es de las más importantes del arte cacereño. El sarampión que le afectó con tres años le dejó sordomudo y tuvo que formarse en el Colegio Nacional de Sordomudos en Madrid. Estudió, a la postre, en la Escuela Especial de Pintura, Escultura y Grabado de la capital y trabajó como grabador en la Real Casa de la Moneda. Tras viajar por Europa y fijar taller en Barcelona, en 1935 se establece definitivamente en Cáceres y a partir de 1940 pasó a ejercer como profesor en la Escuela de Artes y Oficios de esta localidad. De esta forma, durante los cuarenta y los cincuenta, junto a Emilio Macías, será Profesor Auxiliar de la clase de Modelado, vaciado y talla en la Escuela Elemental de Trabajo y Capataces Agrícolas de Cáceres e incluso impartiría docencia de Modelado en los períodos estivales. Por otra parte, en 1957 seguiría vinculado a la institución que en estos momentos recibía la denominación de Escuela de Maestría Industrial, como Auxiliar Interino de Modelado, Vaciado y Talla.

[8]     Moisés BAZÁN DE HUERTA, “Notas sobre la Escuela de Bellas Artes de Cáceres” en Aguas Vivas. Boletín del Colegio de Doctores y Licenciados en Filosofía y Letras y en Ciencias. Segunda Época. Nº5, Extremadura, (1987).

[9]     Felicidad RODRÍGUEZ SUERO, “Enseñanzas Artísticas. Un sello de calidad y prestigio” en VV.AA.   en Institución Cultural “El Brocense”. 25 Aniversario, Badajoz, Institución Cultural “El Brocense”, 2005, p. 101.

[10]   Javier García Téllez (Cáceres, 1888-1963) será una personalidad importante para la formación artística en la capital cacereña y además será recordado por el Instituto de Enseñanza Secundaria que lleva su nombre en esta localidad. Formado con Julián Perate en dibujo, mostró interés por la fotografía, en la cual se especializará en Madrid hasta su regreso a Cáceres a principios de los años veinte. Establecido en esta ciudad, abrió su taller en la Calle Pintores y en 1929 ganaría una medalla de oro en la Exposición Iberoamericana de Sevilla al exponer imágenes de la parte antigua de Cáceres. En los años postreros fue concejal del Ayuntamiento de Cáceres y fundó la Escuela Elemental de Trabajo de la cual sería director y en la que impartió clases de fotografía.

[11]   “Carta de D. Javier García Téllez al Sr. Presidente de la Excma. Diputación Provincial de Cáceres” con fecha de 12 de julio de 1941. Negociado 2º Pueblo de Cáceres. Expediente para transformar la Escuela municipal de Artes y Oficios en Escuela Elemental de Trabajo y Subvención para instalarla en un nuevo local. Años 1932-41. Signatura 02993/21, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Servicios, Educación, Fondo Educación (General), Serie: Subvenciones.

[12]   “La obra Sindical Formación Profesional de Madrid interesa se comuniquen datos relacionados con las escuelas Eelementales o de Trabajo Existentes en la Provincia” con fecha de 3 de mayo de 1945, Negociado 21 Pueblo de Madrid, Signatura 3861/41. Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Servicios, Educación, Fondo Educación (General).

[13]   Moisés BAZÁN, op. cit.

[14]   M. J . T., “Maestría industrial, cuna de la FP en Cáceres” en Diario Hoy. Edición Digital, 25/10/2010.

[15]   “Convocatoria de Ingreso” en Expediente num. S/N de 1960, Negociado de Educación, en Educación, Escuela de Bellas Artes, Funcionamiento de la Misma. Signatura 2974 nº 2, 4, en Expediente 2 0297/002, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Expediente de Funcionamiento. Expediente de Actividades de la Escuela de Bellas Artes 1960-1983.

[16]   “Oficio del Director de la Escuela Elemental de Bellas Artes en el que comunica haber quedado campeones en vaciado en escayola y modelado y vaciado D. Esteban Tejado Higuero y D. Manuel Mateos Rodríguez” en Expediente num. 19 de 1961, Negociado de Educación, Educación, Escuela de Bellas Artes, Funcionamiento de la Misma. Años 1960-79. Signatura 2974 nº 2, 4, en Expediente 2 0297/002, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Expediente de Funcionamiento. Expediente de Actividades de la Escuela de Bellas Artes 1960-1983.

[17]   Emilio Macías Sáenz (Coria, 1911, Cáceres, 1971) se formó en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, donde obtuvo brillantes calificaciones. Director de la Escuela Elemental de Bellas Artes, también ejerció como docente en el Instituto de Enseñanza Media “El Brocense” de la capital cacereña. A él también se le debe la organización de las primeras ediciones de la Bienal Extremeña de Arte.

[18]   “Informe del Director de la Escuela Elemental de Bellas Artes en su Primer año de Funcionamiento” en Expediente num. 49 de 1961, Negociado de educación, Educación, El Sr. Director de la Escuela Elemental de Bellas Artes remite informe de la misma. Signatura 2974 nº 2, 4, en Expediente 2 0297/002, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Expediente de Funcionamiento. Expediente de Actividades de la Escuela de Bellas Artes 1960-1983.

[19]   Profesor de dibujo en la Escuela de Maestría Industrial y docente también en la escuela Elemental de Bellas Artes de la Diputación Provincial de Cáceres, Indalecio Hernández Vallejo (Valencia de Alcántara, 1922-2000) comenzó a pintar de joven y cursaría desde los dieciséis años estudios en la Escuela de Artes y Oficios de Cáceres. Posteriormente, continuaría su formación en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid y sería becado por la Diputación para realizar una estancia en Italia. Fue además profesor en los colegios de las Carmelitas y en el Paideuterion de la capital cacereña.

[20]   Victoriano Martínez Terrón (Ceclavín, 1928) fue una de las personalidades que se vincularon a la Escuela como alumno para luego volver a ella como profesor. Inició  sus estudios en la Escuela Elemental de Trabajo de Cáceres con los pintores Juan Caldera, Eulogio Blasco y Emilio Macías, aunque posteriormente sería becado por la Diputación para estudiar en la Escuela de Bellas Artes “Santa Isabel de Hungría” de Sevilla. Ejerció como profesor en la Escuela de Bellas Artes de Cáceres desde 1961.

[21]   Menos conocido es el malpartideño Alonso Mostazo Plata (Malpartida de Cáceres, 1932, Sant Boi, 2009) quien desde joven mostró predisposición en las artes y con doce años ingresó en la Escuela de Artes y Oficios de Cáceres para preparar el ingreso en la Academia de San Fernando. En la capital cacereña recibió clases de Eulogio Blasco y Emilio Macías hasta que con veinte años de edad fue aceptado en la Academia de Madrid, donde permaneció hasta 1957 logrando excelentes resultados. Su labor docente la inició al año siguiente en Cáceres, en el Instituto “El Brocense” y también pasaría a trabajar en la Escuela de Bellas Artes de esta ciudad hasta que se trasladó con su esposa primero a Herreruela y después a Sant Boi.

[22]   Moisés BAZÁN, op. cit.

[23]   “Propuesta del Sr. Director de la Escuela Elemental de Bellas Artes para variar los gastos previstos y hacerse con una colección de libros de arte”, Expediente núm. 4 y num. 161 del año 1964 gestionado por la Diputación Provincial de Cáceres, Negociado de Educación, en Educación, Escuela de Bellas Artes, Adquisición de Material. Años 1961-79. Signatura 2974 nº 2, 4, en Expediente 2 0297/002, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Expediente de Funcionamiento. Expediente de Actividades de la Escuela de Bellas Artes 1960-1983.

[24]   Juan José Narbón (San Lorenzo de El Escorial, 1927, Cáceres, 2005) se formó en la Academia de Bellas artes de San Fernando. Ejerció como profesor en la Escuela de Bellas Artes de Cáceres de la que también fue director tras la jubilación de Julio Tizón e impulsó la práctica de las Bellas Artes en esta ciudad. Consiguió, entre otros logros, la actual sede de la Escuela y también la formación de la Escuela de Bellas Artes “Rodrigo Alemán” de Plasencia.

[25]   Moisés BAZÁN, op. cit.

[26]   El pintor cántabro Ubaldo Cantos (Castro Urdiales, 1930, Cáceres, 2010) ejerció el magisterio en Cáceres como Catedrático de Dibujo del Instituto “El Brocense”, donde también fue director, y durante un breve período de tiempo en la Escuela Elemental de Bellas Artes. Academicista, destacó por sus paisajes de Extremadura y por sus retratos.

[27]   Al igual que el autor expuesto en la nota anterior, José Luis Turina (Madrid, 1919) trabajó como profesor poco tiempo en la capital cacereña, como Catedrático de Dibujo, pues continuó su carrera profesional en Barcelona al poco de llegar a Extremadura. Aún así, destacó la oportunidad que le dio Cáceres como lugar de exposición pues aquí haría sus primeras muestras en solitario tras su formación en la Academia de Bellas Artes de San Fernando.

[28]   “Expediente para declarar de urgencia la realización de las obras de adaptación de locales para Escuela Elemental de Bellas Artes e Imprenta Provincial” en Expediente num. S/N de Año 1974 en la Sección MOV y Negociado de Contratación y P. Signatura 3872, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Obras en Edificios de la Diputación.

[29]   “Moción de la Presidencia sobre el traslado de la Escuela Elemental de Bellas Artes y de la Imprenta Provincial a unos locales de la Avenida Hernán Cortés” en Expediente num. S/N de 1973 del Negociado de Asuntos Generales. Signatura 3872, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Obras en Edificios de la Diputación.

[30]   Julio Tizón Diz (San Cristovo de Cea, 1917, Orense, 1999), sordo de nacimiento, se volcó en la pintura y tras su paso por un colegio de sordomudos en Santiago de Compostela, a los 11 años decidió ingresar en la Escuela de Bellas Artes y Oficios de la ciudad gallega. Tras la Guerra Civil fue admitido en San Fernando y allí le dio clases el pintor extremeño Eugenio Hermoso antes de empezar a vivir una vida bohemia que le condujo por diferentes lugares de España. Al casarse con una cacereña en 1968, se trasladó a esta ciudad, donde ejerció de profesor y director de la Escuela de Bellas Artes hasta su jubilación a los 68 años de edad. Su andadura como maestro en Cáceres la inició en 1972, año en el que le contratan como profesor concertado de las asignaturas de Dibujo y Pintura en la Escuela Elemental de Bellas Artes de la Diputación. En 1985 se retiró de su cargo y la Institución le nombró Director Honorífico.

[31]   Moisés BAZÁN, op. cit.

[32]   “Carta de Victoriano Martínez Terrón dirigida al Ilmo. Sr. Presidente de la Excma. Diputación Provincial de Cáceres” con fecha de 7 de diciembre de 1978 en Expediente num. 45 del año 1979, Sección de Secretaría y Negociado de Asistencia Social en Educación, Escuela de Bellas Artes, Años 1978-1979, en Expediente 2 0297/002, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Expediente de Funcionamiento, Expediente de Actividades de la Escuela de Bellas Artes 1960-1983.

[33]   “Carta de Julio Tizón Diz, director de la Escuela Elemental de Bellas Artes dirigida al Ilmo. Sr. Presidente de la Excma. Diputación Provincial de Cáceres” con fecha de 17 de enero de 1979 en Expediente num. 45 del año 1979, Sección de Secretaría y Negociado de Asistencia Social en Educación, Escuela de Bellas Artes, Años 1978-1979, en Expediente 2 0297/002, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Expediente de Funcionamiento. Expediente de Actividades de la Escuela de Bellas Artes 1960-1983.

[34]   “Informe del Sr. Diputado Delegado de la Escuela Elemental de Bellas Artes” en Expediente num. 582 de 1978, Sección de Secretaría y Negociado de Asistencia Social, en Educación, Escuela de Bellas Artes, Adquisición de Material. Años 1961-79. Signatura 2974 nº 2, 4, en Expediente 2 0297/002, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Expediente de Funcionamiento. Expediente de Actividades de la Escuela de Bellas Artes 1960-1983.

[35]   “Relación de Alumnos” a 10 de Marzo de 1979 en Educación, Escuela de Bellas Artes, Relación de Alumnos Matriculados. Años 1979-82. Signatura 2974 nº 2, 4, en Expediente 2 0297/002, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Expediente de Funcionamiento. Expediente de Actividades de la Escuela de Bellas Artes 1960-1983.

[36]   “Escrito de alumna” en Expediente num. 812 de 1980, Sección de Secretaría y Negociado de Asistencia Social, en Educación, Escuela de Bellas Artes, Escritos de Alumnos. Años 1980-1981. Signatura 2974 nº 2, 4, en Expediente 2 0297/002, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Expediente de Funcionamiento. Expediente de Actividades de la Escuela de Bellas Artes 1960-1983.

[37]   “Propuesta de la Presidencia solicitando del Ministerio de Educación y Ciencia Autorización para la creación de una Escuela de Artes y Oficios dependiente de Esta Diputación” en Expediente num., S/N de 1983, Sección de Secretaría y Negociado de Asistencia Social, Educación, Bellas Artes. Signatura 2974 nº 2, 4, en Expediente 2 0297/002, Fondo Diputación Provincial de Cáceres, Expediente de Funcionamiento. Expediente de Actividades de la Escuela de Bellas Artes 1960-1983.

[38]   Moisés BAZÁN, op. cit.

[39]   Ibídem.

[40]   Escrito de Juan José Narbón reclamando unas mejores condiciones para las enseñanzas artísticas en Cáceres en Personaje: Juan José Narbón; Documentos: Escuela de Bellas Artes, Carpeta CD/798.08 en Archivo LIV Juan José Narbón. Carpeta Documental del CD 794/08 al 801/08. Archivo del Museo de Historia y Cultura “Casa Pedrilla”.

[41]   Ibídem.

[42]   Moisés BAZÁN, op. cit.

[43]   “Plan de Viaje para Torrequemada” en Personaje: Juan José Narbón; Documentos: Escuela de Bellas Artes, Carpeta CD/798.08 en Archivo LIV Juan José Narbón. Carpeta Documental del CD 794/08 al 801/08. Archivo del Museo de Historia y Cultura “Casa Pedrilla”.

[44]  “Acta de la Primera Reunión del Comité Asesor de la Sala de Arte «El Brocense»” con fecha de 20 de diciembre de 1986, en Personaje: Juan José Narbón, I Acta Comité Asesor de la Sala de Arte “El Brocense” 1986, Carpeta CD/797.08 en Archivo LIV Juan José Narbón. Carpeta Documental del CD 794/08 al 801/08. Archivo del Museo de Historia y Cultura “Casa Pedrilla”.

[45]   Felicidad RODRÍGUEZ, op. cit., pp. 95-97.

[46]   Samuel López-Lago Ortiz, “Las enseñanzas artísticas en la Escuela de Bellas Artes Eulogio Blasco” en Revista Aldaba, Cáceres, nº 1, (2012), pp. 27-30.

[47]   “Carta dirigida a Juan José Narbón por parte de Manuel Veiga López” con fecha de 8 de enero de 1991 en Personaje: Juan José Narbón; Documentos: Escuela de Bellas Artes, Carpeta CD/798.08 en Archivo LIV Juan José Narbón. Carpeta Documental del CD 794/08 al 801/08. Archivo del Museo de Historia y Cultura “Casa Pedrilla”.

[48]   “Anotación a mano acerca de los requerimientos de la nueva Escuela de Bellas Artes” en Personaje: Juan José Narbón; Documentos: Escuela de Bellas Artes, Carpeta CD/798.08 en Archivo LIV Juan José Narbón. Carpeta Documental del CD 794/08 al 801/08. Archivo del Museo de Historia y Cultura “Casa Pedrilla”.

[49]   Escrito a mano de “Ejemplo de Convocatoria para la Elección de Director de Escuela de Bellas Artes” en  Personaje: Juan José Narbón; Documentos: Escuela de Bellas Artes, Carpeta CD/798.08 en Archivo LIV Juan José Narbón. Carpeta Documental del CD 794/08 al 801/08. Archivo del Museo de Historia y Cultura “Casa Pedrilla”.

[50]   Felicidad RODRIGUEZ, op. cit., pp. 105 y 106.

[51]   Moisés BAZÁN, op. cit.

[52]   Felicidad RODRIGUEZ, op. cit., p. 102.

[53]   Redacción, “La Escuela de Bellas Artes «Eulogio Blasco» colabora en una muestra sobre la labor de una ONG con sede en la India” en Europapress.es, 05/03/2013.

 

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