Ene 052021
 

Antonio Salvador Plans

Universidad de Extremadura

PROVISIONAL

 La procedencia familiar del escritor es muy clara: procedía básicamente de Salamanca, más en concreto de la zona charra. Solo una rama de sus abuelos era originaria de la zona norte de la provincia cacereña (Coria, Casillas de Coria). Pero al final, estos antepasados extremeños acabaron estableciéndose en el pueblecito de Frades de la Sierra, donde nacería el escritor en 1870. En esa pequeña localidad vivió desde esa fecha hasta su traslado más definitivo a Salamanca en 1885 (tras una breve estancia, parece que no excesivamente grata y productiva, en 1882). En esa ciudad universitaria cursa el magisterio elemental. Después marcha a Madrid para continuar con el cuarto y último curso de lo que se denominaba Magisterio Normal. Ejerce como maestro en Guijuelo (1889 – 1892) y posteriormente en Piedrahita (1892 – 1898). Desde esta localidad inicia seguramente sus primeros contactos con Extremadura, en concreto con la familia de la que luego sería su mujer, Desideria, que ya vivía en Guijo de Granadilla con sus tíos, a donde se desplaza con frecuencia en cuanto tiene la oportunidad. Deja el magisterio en 1898 y marcha a Guijo, a ayudar en el cuidado de las tierras al tío de su mujer. A partir de ese momento, lo que habían sido esporádicos encuentros con Extremadura se convertirán ya en constantes hasta su muerte[1].

 

Si tardía es ya, por tanto, su conocimiento de la realidad lingüística extremeña del momento, también lo es su plasmación literaria. Y sin embargo, aunque sin la intensidad de algunas de las “extremeñas”, ya existen claras referencias en su obra. Aunque cuando se alude a la plasmación popular y dialectal de la lengua generalmente se piensa en Extremeñas, esta situación solo es verdad en parte. También en Castellanas (1902) aparecen aisladamente algunos rasgos populares, puestos, pertinentemente, en boca de campesinos, pastores y personajes similares. Así, en El ama[2], un pastor se lamenta por la muerte de esta fuerte mujer con un “haiga mucho valor y haiga pacencia…”. También en Cuentas del tío Mariano, ‘hogaño’, ‘nengún’, ‘derramao’, ‘asín’, ‘mu’, ‘pa’, ‘cualisquiera’. En la carta que Ana María escribe en el poema de dicho nombre, se encuentran en varias ocasiones “resultao”, “pensao”, “determinao de dir hogaño”. Aparecen pues en boca de personajes, nunca en la del narrador. Por eso abundan más en las composiciones con diálogo, como De Ronda (‘ande vas’, ‘miaja’, ‘cacho’, ‘cuantis’, ‘ancá’… y así a lo largo de toda la composición, sin duda una de las más interesantes en el campo que estoy analizando.

También en Campesinas(1904) en donde recoge poemas en ocasiones ya escritos con anterioridad, hallamos, una vez más exclusivamente en los diálogos, las expresiones populares. Por ejemplo, en “Una nube”, prácticamente constante en boca del padre de la novia. También en poesías sueltas, incluidas a veces en esta obra, como “Noche fecunda”, “¿Qué tendrá…?”. En todo caso, la intensidad es mucho menor.

 

Sobre todo, abundan las expresiones populares en su magnífica obra en prosa. Es verdad que casi siempre identificamos a Gabriel y Galán con su poesía, y probablemente con razón, pero me gustaría destacar que, para mí su prosa, sus diez cuentos, no desmerecen en absoluto en su producción. Galán se permitió en ellos algunas libertades ausentes de su poesía. Es, por ejemplo, mucho más directamente social y debelador de la injusticia. Parece menos constreñido a las normas literarias y a su propia ideología que en su producción en verso. Pero es que además, al abundar los diálogos, la aparición de la lengua popular se encuentra más justificada. No voy a detenerme ahora en ellas porque ya lo he realizado extensamente en otra ocasión[3]. De los diez breves cuentos, prácticamente todos transcurren en Extremadura. Varios de ellos aparecieron también inicialmente en la Revista de Extremadura: “Dos amores” (abril de 1901) que es su primer relato en prosa, “El vaquerillo” (diciembre de 1901), “Quijotada” (junio de 1902), “Majadablanca” (febrero de 1903). Otros se publicaron en El Adelanto salmantino (“El tío Gorio”), El Adarve cacereño (“Disparate” y “El tío Tachuela”) o El Noticiero, también cacereño (“Herida de ala”). Incluso en la Guía de Cáceres de mayo de 1904 se registra inicialmente “Las ferias de Arcaica”, nombre tras el que se esconde el de la capital de la Alta Extremadura Tan solo uno de ellos, “Es un cuento”, el único que además no posee elementos lingüísticos populares, se encontraba inédito a la muerte del escritor.

 

Si volvemos a su poesía, probablemente la diferente intensidad en la aparición del habla popular en Castellanas, Campesinas y Extremeñas venga dada por una cuestión de estructura interna de su obra: en las primeras es generalmente el poeta el que aparece en el “yo lírico”, como narrador de la acción, mientras que en la segunda se expresa ese sujeto lírico a través de los personajes interpuestos.

 

Gabriel y Galán es, en este punto que estamos analizando, un producto de su época, una época reivindicadora de lo regionalista y de las esencias populares, muy próximo a lo que se conoce como el costumbrismo literario regionalista, en auge en la época de finales del XIX e inicios de la siguiente centuria[4]. Por citar brevemente algunos nombres, recuérdese los de Rosalía de Castro en Galicia o de Juan Maragall en Cataluña (ambos, por cierto, prologuistas de la obra del escritor afincado en Guijo). Pero también Vicente Medina en Murcia (seguramente el que más influyó en el desarrollo de la literatura regional), los salmantinos Luis Maldonado o Saturnino Galache, el asturiano Teodoro Cuesta, entre otros muchos. Es decir, se encuentra inserto Galán en una corriente común a prácticamente toda la Península.

 

El escritor de Frades no es el primero que utiliza el habla popular de la zona en sus escritos. Si dejamos a un lado un caso pintoresco, como es la novela de Clara Jara de Sotos, titulada El instruido en la corte y aventuras del extremeño (1789), en donde lo que abunda sobre todo son vulgarismos, el primer intento serio de aproximación al habla popular extremeña es el del pacense Adolfo Vargas y Cienfuegos, autor de piezas teatrales como La romería de Bótoa, ya en la segunda mitad avanzada del XIX. También en 1867 había aparecido, del mismo autor, A impulsos de la codicia. La finalidad de la aparición de los rasgos populares en ambas obras tiene una indiscutible finalidad burlesca y además pueden casi asimilarse más al andaluz que al habla de nuestra región.

 

En 1875 se publica la obra de Vicente Barrantes Días sin sol, referida a la tensa situación vivida en el escaso margen temporal de la Primera República. Destacan sus cuadros Sucedido y sobre todo Idilio de última hora.

Mayor interés posee, en mi opinión, la obra Plumazos (1892) del escritor almendralejense Rogelio Triviño Fortes, quien en la tercera parte de su obra, “Almendralejo cómico”, refleja con bastante fidelidad el habla popular de la zona.

Surgen a lo largo de las últimas décadas del siglo XIX, repartidas por la geografía nacional, revistas culturales, en cuyos consejos de redacción figuran, casi exclusivamente, personalidades conocidas, al menos en el plano regional. Se trata, pues, de una corriente elitista, muy en la línea de lo que había supuesto en Sevilla la figura de Antonio Machado Álvarez y su moderna concepción del folclore y de la cultura popular. Recuérdese que, bajo su patrocinio, surgieron ideas similares en numerosos puntos. En Extremadura, la revista El fol-klore frexnense y Bético – Extremeño (1883). Entre estas revistas destaca una de vital importancia en la trayectoria galaniana: la Revista de Extremadura (fundada en 1899 y que se editó hasta 1911), cuyos directores fueron sucesivamente Publio Hurtado y Daniel Berjano. Muchos de los intelectuales más prolíficos en la revista publicaron poesías o sobre todo breves narraciones en prosa, con abundantes referencias a la lengua popular. No se olvide que, bajo la referencia lingüística de D. Ramón Menéndez Pidal, uno de sus objetivos, siguiendo las tradiciones de Demófilo, era la recogida exhaustiva de material popular, sobre todo de canciones y romances. Solo con la nómina de autores es suficiente para darnos una idea de esta magna empresa: Rafael García – Plata de Osma, Diego María Crehuet, Publio Hurtado, Luis R. Varo, Luis Grande Baudesson, Luis Hermida, Ramón Barco, Daniel Berjano, Edgardo de Amarante, Máximo Sánchez Recio… A este grupo se incorpora Gabriel y Galán, que publica en la revista, por primera vez, algunos de sus poemas de índole extremeña. Aquí Gabriel y Galán no solo publica composiciones “dialectales”, sino también de otra índole muy distinta. Por ejemplo, en el número de noviembre de 1902 aparece un poema de indudable corte modernista, “Las canciones de la noche”, que el escritor quería incorporar a su obra Campesinas.

 

De esta revista llegó a decir Ortega y Gasset que fue “el más serio y valioso esfuerzo que en provincias se ha hecho de aportación a la cultura”. En mayor o menor medida, todos colaboraron en el gran empeño pidaliano de recopilación de romances (principalmente García Plata de Osma).

En este ambiente intelectual, Gabriel y Galán mantiene una amplísima correspondencia con numerosas personalidades de la cultura extremeña, de la salmantina e incluso con Menéndez Pidal.

 

Me centraré, en siguientes páginas en Extremeñas. En cuanto a su conocido y popular poemario, surgiría de inmediato una pregunta fundamental: ¿cuáles son las composiciones incluidas en ellas? La pregunta no es baladí e intentaré mostrarlo con este cuadro comparativo en el que puede observarse que no hay dos editores de la obra que coincidan ni en el número ni en los poemas concretos que habría que analizar.

 

CUADRO COMPARATIVO.

(ANEXO 1)

Extremeñas                     1ª         2ª         3ª       O.C.1  O.C.2   Ag       Aust.   Univ.   Am.     G.H.     Ed.   Del

 

El Cristu benditu

Varón

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

+

El embargo + + + + + + + + + + + +
La embajadora + + + + + + + + + + + +
El deshauciado + + + + + + + + + + + +
Sibarita + + + + + + + + + + + +
Los postres de la merienda + + + + + + + + + + + +
El desafío + + + + + + + + + + + +
Cara al cielo + + + + + + + + + + + +
El baño + + + + (A) +
El lobato y la borrega + + + + (A) +
Bálsamo casero + + + + + + + + + + +
Campos vírgenes + + + + + + + + + +
La Cenéfica + + + + + + + + + +
La Gedihonda + + + + + + + + + +
En fabla del lugarejo + + + + + + + + + +
Plétora + + + + + + + + + +
El cantar de la chicharra + + + + + + + + + +
A Plasencia + + + + + + +
Las represalias de Pablos + + + + + + + +
Entre yo y el mi criado +
Número de poemas 9 12 18 18 18 18 18 18 18 20 20 18

 

Presento en este cuadro la tabla comparativa de 11 ediciones de esta obra del poeta. Sigo las tres primeras ediciones de su poesía (la primera y la segunda aún revisadas por el poeta y la tercera ya aparecida tras su muerte), las dos de Obras completas de 1905 (la primera) y 1924 (la octava), la de Aguilar de 1967 (la mexicana de Porrúa, 1981, es idéntica), la de Amaru (Salamanca, 2003), Gonzalo Hidalgo en la Diputación de Badajoz (1991). En 2005 apareció en la Editora Regional la obra completa realizada por dos de sus nietos y más recientemente Felipe Núñez y Fernando R. De la Flor han publicado una nueva edición de la obra poética del escritor de Frades en Delirio, en mayo de 2019. Junta a ellas, la de Castellanas, Nuevas Castellanas y Extremeñas, aparecida en Espasa – Calpe, colección Austral en 1979 y la de Obras escogidas, Badajoz, Universitas, 1996[5].

 

Es difícil señalar qué poemas deberían incluirse en la nómina de Extremeñas. Parece clara la pertenencia de los 9 poemas de la primera edición y los tres añadidos de la segunda, todos ellos por voluntad expresa del poeta. Pero el resto, desde esos 12 hasta los 18 más habituales o los 20 de Gonzalo Hidalgo (en realidad también 18, porque 2 aparecen como anexos, pero curiosamente son “El baño” y “El lobato y la borrega”, que el propio Galán había incorporado a su segunda edición). También la edición de los nietos contiene 20 poemas. No puedo ahora más que señalar este hecho, sin detenerme en exceso, pero habría que revisar, con criterios rigurosos estos añadidos, muchas veces sin ningún criterio. Muchas de estas composiciones aparecen a partir de la tercera edición, la llevada a cabo por su hermano Baldomero, fallecido ya el poeta. Habría motivos de habla popular en composiciones como “Campos vírgenes”, La “Gedihonda”, “En fabla del lugarejo”, que aparece habitualmente de modo impropio como “La fabla del lugar”, “Plétora”. Aunque personalmente las incluiría en la edición de la obra, podrían figurar como apéndice.

Pero ni una sola nota “dialectal” en “El cantar de la chicharra”, que había sido publicada ya en 1903. Tampoco en “A Plasencia”, además de 1901. Considero que esta debe ser radicalmente excluida (a nadie se le ha ocurrido, por ejemplo, incluir las dedicadas a El Guijo, Aldeanueva del Camino o a Zarza de Granadilla).

 

En cuanto a “Las represalias de Pablo”, con elementos populares, sin embargo estaba ya publicada desde 1902, por lo que el poeta podía perfectamente haber optado por incluirla desde el principio. De ese mismo año es “Entre yo y el mi criado” y tampoco parece que lo que Galán consideraba un mero juego tuviese entidad suficiente, en su opinión, para incorporarse a la selección. En mi opinión ninguna de estas cuatro composiciones debería figurar en la nómina de extremeñas.

 

Es decir, se necesita una profunda revisión crítica de Extremeñas, para no contrariar incluso la propia voluntad del escritor. Es verdad que la tradición textual de más de un siglo pesa muy sustancialmente, pero considero que todos estos poemas, explicando

pormenorizadamente las motivaciones y el momento de su introducción histórica en la obra, deberían ir en un apéndice, no en el cuerpo de la obra. No se olvide que se trata de un poeta sumamente popular y que pronto empiezan a aparecer, de algunos de sus poemas más conocidos, versiones bastante libres y diferenciadas. Además, cada poema debería ir precedido por una pequeña nota explicativa de su trayectoria.

 

Es evidente que los diversos editores son absolutamente responsables y tienen libertad para componer la obra como consideren más idónea, porque se trata, al cabo y a la postre, de su edición. Pero creo que sería necesaria al menos una explicación de los motivos de su elección (o de su rechazo), que lamentablemente falta en una inmensa mayoría de los casos.

 

Expondré mi opinión al respecto: además de las incorporadas por el autor en las dos primeras ediciones, me parece que deberían incluirse todas las que poseen elementos dialectales. Habría que explicar pormenorizadamente la trayectoria de cada uno de los poemas. El resto, por respeto a la tradición, deberían figurar exclusivamente en un apéndice que ilustrase la trayectoria histórica de la obra.

 

Por otra parte, tampoco el texto que hoy puede leerse es plenamente coincidente entre las versiones originalmente entregadas por el poeta para su publicación en los periódicos y revistas y las que aparecieron después en los libros impresos. De nuevo habría poco que objetar en las dos primeras ediciones, teóricamente al menos, supervisadas por el autor, aunque sabemos que en Salamanca, ciudad en cuyas imprentas se editaban, no siempre se entendía la peculiaridad dialectal mostrada por el poeta afincado en Guijo. Pero en la tercera edición, ya llevada a cabo después de su muerte, fue su hermano Baldomero quien se ocupó de esta cuestión.

 

Esta variación entre la publicación inicial y la de las primeras ediciones ya había llamado la atención de Menéndez Pidal, quien pretendía quizás encontrar un espejo dialectal demasiado fijo y riguroso. En una carta, probablemente de finales de 1902, le dice lo siguiente:

 

“Un aspecto que también me interesa mucho de su poesía de V. Es el dialectal. Colecciono los números de la Revista de Extremadura donde publica V. Trozos en dialecto y aun tengo del Correo Placentino la improvisación titulada La Cenéfica y una copia manuscrita de El Cristu Benditu (…) Comparando esta copia con el texto impreso

de la poesía hallo palabras con una i final añadida, como altari, marquesi, bastoni, pañali, la miesi, la nueci, suprimidas o enmendadas en el texto impreso. ¿Las ha suprimido V. Por no usarse más que en región reducida, o por no hallarlas comprobadas en el habla popular”[6].

 

Y en efecto, casi todos los términos apuntados por Menéndez Pidal habían desaparecido, excepto “pañali”, que se mantiene.

 

El propio poeta es consciente de estas variaciones. En una carta enviada a Unamuno, le señala que « verá usted cosas ilógicas, o mejor, que lo parecen. No son mías ; son de la gente de acá, que a veces, por ejemplo, dicen qui, y a veces que, según… los casos. Ellas y usted sabrán por qué ». Él mismo refleja esta vacilación en poemas como « Varón », entre otros.

 

La propia Revista de Extrmadura era muy consciente de la pulcritud de los escritos que presentaba, hasta el punto de que, cuando ya muerto Gabriel y Galán recibió la tercera edición de sus Extremeñas, inmediatamente agradeció el envío, pero al mismo tiempo añadía que se observaban “en su texto alteraciones y erratas que vamos á anotar, comparando lo impreso con lo antes publicado en vida y bajo la inspección del autor, y con algunos originales de las propias poesías que poseemos”[7]. La idea central de la venerable revista se encuentra muy cercana a la tesis que estoy defendiendo. Hay que tener en cuenta la versión original y las correcciones llevadas a cabo por el poeta en sus dos primeras ediciones. A partir de ahí hay que mirar con lupa y suma atención los cambios producidos (salvo, claro está, evidentes erratas tipográficas o de otra índole).

 

Las correcciones afectan tanto a los títulos como a formas concretas, algunas de las cuales mostraré brevemente en el cotejo que realizaré a continuación.

 

Si tomamos como punto de partida la publicación de algunos de estos poemas, como por ejemplo “Varón” en la Revista de Extremadura[8], llama la atención el que prácticamente sin excepción no haya sido considerada esta versión por los múltiples editores modernos del poeta. Y sin embargo, en algún caso creo que sería conveniente. Entre otras razones de no poca importancia, porque las ediciones acaban no coincidiendo ni con la inicial ni con ninguna de las inmediatamente posteriores, sino que cada editor escoge muchas veces la que considera más conveniente sin que conozcamos muy bien el criterio de selección. Las variaciones de la primera edición[9] con respecto a la publicada en la revista son relativamente importantes. Este fenómeno es muy llamativo en “Varón”, poema del que además disponemos de su versión manuscrita, pero prácticamente es común a todas las demás composiciones. No profundizo en estas páginas en poesías como “Varón” o “Sibarita” porque ya las he estudiado con mayor intensidad en otro lugar[10].

 

Analizaré ahora como ejemplo “Los postres de la merienda” (Revista de Extremadura, III, 1901, 256-258). En el ANEXO 2 presento la versión aparecida en la revista y las variantes de las tres primeras ediciones. Destaco en negrita los sucesivos cambios.

 

ANEXO 2 Los postres de la marienda

 

Los postres de La merienda (R. Ex.)

 

El sol quemaba, y al mediar el día,

interrumpió Francisco la faena,

una faena trabajosa y ruda,

menos propia de hombres que de bestias;

y laxos ya los músculos de hierro,

medio asfixiado, con las fauces secas

frotándose los párpados ardientes

y mascando el polvillo de la tierra,

á la sombra abrasada de un olivo

se dispuso a comerse la merienda:

un pedazo de pan como caliza

y un trago de agua… si la hubiese cerca.

 

Y entávía gruñi el amo – meditaba;

pos no sé yo qué más jacel se puea

que trabajal jasta que el cuerpo ice

que anqui quiera no pué jacel más juerza.

Y gruñi el amo. Y pa los cuatro reales

es menestel queal jecho una breva,

y estrozarsi la ropa y no traersi

ni un cacho tajaína de merienda

pa qui el cuerpo no iga que no puedi

y se abarranqui con la carga acuestas.

 

Y no se pué pensal en tajaínas:

la probi la mujel bien lo quisiera,

mas si la jago yo mercal tocino

se me quean sin pan el hijo y ella.

Y ahora menos mal que los jornalis

rejundin más, anqui sual me cuestan;

pero asin que se pasi el tiempo esti,

con tres reales náa más uno se quea

jasta que espués la bellotera llegui

y espués tamién la aceitunera venga

pa que siquiera otro mesín poamos

ganal escasamenti la peseta.

los tres reales, y el ivierno

que se pué rejilal sin cuasi leña,

ni aceiti p’al candil, ni náa de trigo,

que se poni á sesenta la janega.

No quëa más que el ajo de patatas,

si hay algo de cundío pa cocelas,

que no lo habrá, si la mujel no Sali

por áhi avergonzá con la aceitera.

 

Yo podía robali al amo mesmo

bellotas y aceitunas pa vendelas

y cosas de más válida que tieni

juera de casa y en su casa mesma.

Pa jacelo me sobran asauras,

y halbeliá y humol y mucha juerza,

pero ejaba perdía á la mi genti

si en el ajo me cojin y me enrean.

Y anqui no. Ni mi padri jizu eso,

ni me ijo enjamás que lo jiciera,

ni aninantis he sío de la uña,

ni quieri la mujel que ahora lo sea.

No jacía falta ni siquiá pensalo

si hubiá jornal contino de peseta,

pero súas y súas como un negro

y á ganala algún mes cuantis que llegas.

 

Y asín tieni que sel. Yo no me arrocho

á jacel la brutá, mas que me muera,

porque á mí no me sali la robáina

y amtis me junda que me jaga a ella.

Seguiremos asín, como poamos,

anqui me jieri que el chiquino y ella

no se puean jartal de pan de trigo

ni un torresnino pa colalo tengan.

Por aquí iba Francisco en sus pensares

cuando de pronto resonó ya cerca.

 

A diferencia de la mayoría de poemas incluidos en Extremeñas, en éste la narración se efectúa en castellano y sólo existen elementos populares en el habla del jornalero. Incluso encontramos una contraposición entre el hablar normativo del amo y el popular de Francisco, en una oposición de gran interés[11].Los cambios en este poema han sido numerosos y de importancia. No voy a señalar diversas alternancias que afectan a cuestiones estrictamente gráficas, por considerarlas irrelevantes o a evidentes errores posteriormente corregidos[12]. Existen cambios acentuales como ‘entávia’, transformado en ‘entavía’, cambio que considero acertado, y de nuevo aspectos populares caprichosamente sustituidos. La forma ‘anqui’ aparece en cuatro ocasiones en la versión primitiva. En la primera edición se sustituye tres veces por ‘aunque’, normalizando. En otra se cambia la estructura ‘anqui me jieri’ por ‘porque me gieri’. El contexto me parece más adecuado con una estructura concesiva que con una causal: “seguiremos asín, como poamos , / anqui me jieri que el chiquino y ella / no se puean jartal de pan de trigo”[13] (‘a pesar de que me jieri…”). Sin embargo, el cambio ha sido realizado ya en la primera edición por el propio escritor, por lo que es preciso respetarlo.

 

Existe normalización en algún caso. Es lo que sucede con ‘pos’ / ‘pues’, ya sustituido también en otros poemas. La forma registrada en la revista es más popular. En la publicación periódica había aparecido “pa qui el cuerpo…” y en las sucesivas ediciones “pa que”. Ambas soluciones son posibles y desde luego podían oírse perfectamente en la zona. El propio Gabriel y Galán lo indica en una carta a Miguel de Unamuno, tal y como ya he destacado páginas más arriba. En la primera ocasión, se elige la posibilidad de aparición del verbo ‘decir’ con aféresis: ‘ice’, ‘iga’. En las posteriores versiones, ‘dici’, ‘diga’. Creo que debemos fijarnos en la sistematicidad de este cambio en la versión en Extremeñas de este y otros poemas, lo que indica en este punto específico una voluntad consciente por parte del escritor nacido en Frades de la Sierra.

 

Pero tal y como había sucedido, por ejemplo, con “Varón”, aquí también encontramos soluciones fonéticas más acordes con lo que cabría esperar en la zona de las tierras de Granadilla tan conocidas por el poeta y cuya modalidad lingüística pretende reflejar. Así, frente a los iniciales ‘estrozarsi’, ‘traersi’, ‘avergonzá’, hallamos en la primera edición ‘estrozalsi’, ‘traelsi’ y ‘avelgonzá’. Como se observa, muchos de las innovaciones de estos poemas afectan principalmente al cambio R > L en posición implosiva. No se olvide que este fenómeno fonético, de origen leonés, es muy habitual en la zona de Guijo. Pero también ‘náa’, sustituido por ‘ná’, más vulgar indudablemente. En la misma línea se encuentra la sustitución de ‘seguiremos’ por ‘siguiremos’, con vacilación del vocalismo átono inicial. Resulta desde luego más habitual la solución ‘entavía’ (‘todavía’) que en la publicación periódica había aparecido como ‘entávia’, cuya acentuación resultaría sumamente extraña.

 

En este poema existe una indudable intención del poeta de mejorar el texto, con cambios frecuentes que afectan a términos e incluso a estructuras. Además, estos cambios no sólo se producen en la parte dialogada del poema, que es donde interviene el jornalero, sino también en la parte narrativa del mismo. De esta manera asistimos a la sustitución de “músculos de hierro” por “músculos de acero”, “sombra abrasada de un olivo” / “sombra candente de un olivo”, “asin que se pasi” / “n’ámas que pasi”, “la bellotera llegui” / “la bellotera ayúe”, “y otra vez” / “y luego…”, “y gruñi el amo. Y pa los cuatro reales” / “y gruñi. Y pa ganal los cuatro reales”, “el chiquino y ella” / “el muchacho y ella”, “si el niño y la mujel” / “si el chico y la mujel”. El cambio afecta incluso al sistema preposicional (“de merienda” / “pa merienda”) o al pronombre por cambio de referencia: en la versión original “y á ganala algún mes cuantis que llegas”, cuyo referente es ‘peseta’. En las ediciones, “y á ganalo”, con referente en ‘jornal’, que resulta además más pertinente en el contexto, aunque ambas formas sean posibles[14]. Acierta también el poeta, en mi opinión, en un ejemplo como éste: “tres reales náa más” / “tres reales pelaos”. También cuando introduce el adjetivo ‘fino’, ausente en la primera versión en este contexto, en boca del amo que, no lo olvidemos, “gruñe” –aunque sea en castellano-: “ni quiero señoritos que se tardan / una hora en comerse la merienda” / “ni señoritos finos que se tardan / una hora en comerse la merienda”. Muy pertinente en el contexto resulta esta sustitución: “el amo que le daba la peseta” / “el amo que no daba la peseta”, cambio con el que se acentúa el carácter injusto de este personaje y en consecuencia se ofrece un nuevo elemento esencial de dramatización del poema y de las dudas que se plantea el maltratado jornalero.

 

Los cambios pueden afectar incluso a versos completos: “frotándose los párpados ardientes” / “limpiándose los ojos escaldados”; “y halbeliá, y humol y mucha juerza” / “me sobra halbeliá, me sobra juerza”; “no jacía falta ni siquiá pensalo / si hubiá jornal contino de peseta”, sustituidos por “”ni falta que jacía ni pensalo / con un jornal contino de peseta”.

 

Además encontramos ausencias y presencias de versos entre las versiones que estamos cotejando. En la primera edición de Extremeñas faltan estos versos que sí habían aparecido en la Revista de Extremadura:

 

“Y no se pué pensal en tajaínas”:

la probi la mujel bien lo quisiera,

mas si la jago yo mercal tocino

se me quean sin pan el hijo y ella”.

 

Poco añadían estos versos a la situación narrada. De ahí probablemente la supresión. Por el contrario, sí encontramos en el libro dos versos que se incorporan:

 

“Aguantando, aguantando lo que venga,

jasta que se llenin las medías”

 

Los cambios pues en este poema son muy numerosos y en general (pese a mi opinión contraria en alguno) creo que acertados. Los errores atribuibles a los editores, algunos de los cuales ya he destacado, me parecen evidentes, como es el caso ya indicado de “axfisiado” en las tres primeras ediciones. A diferencia pues de lo que sucede con otros poemas, en este las correcciones resultan mayoritariamente pertinentes y mejoran el texto. Incluso en buena medida se acerca más al habla popular de la zona conocida por el escritor.

 

En la segunda edición no se encuentra prácticamente ninguna novedad con respecto a la primera. Tan solo la aparición de “más” con tilde en “á jacel la brutá, más que me muera”. En la versión inicial y en la primera, no se encontraba con tilde, porque había sido considerada como una estructura adversativa. Es lo correcto. Por tanto, en la segunda edición existe una errónea interpretación de “más” como adverbio de cantidad, imposible en el contexto.

 

En la tercera, quiero comentar la forma “pus” (‘pus no sé yo qué más jacel se puea”). Estamos ante un verso cambiante en las primeras versiones. En la de la Revista de Extremadura se lee “pos no sé yo qué más jacel se puea”. La primera (sigue igual en la segunda) había normalizado, como antes señalaba, “pos” por “pues”, eliminando la forma popular. En la tercera edición, “pus”, también popular y que parece más cercano a la versión ofrecida en la Revista.

 

También corrige esta tercera edición una evidente errata de la primera y segunda, que había puesto “qëa” (frente al correcto “quëa).

 

Hay que destacar en este caso la supresión de los dos versos finales:

 

“Si lo oye el de la jaca, de seguro

le señala un jornal de dos pesetas”

 

Supresión que ha inducido a disparidad en su interpretación[15]15. Se ha indicado que la desaparición tendría que ver con el hecho de ser dos versos “excesivamente revolucionarios” para la mentalidad del poeta y que por eso habría optado por su supresión. Es posible que en efecto le pareciesen demasiado expresivos. De hecho, era una poesía que consideraba “revolucionaria y anárquica”, hasta el punto de negarse a leerla en Madrid en el Ateneo en mayo de 1902[16]. Pero debía parecerle inconveniente el poema entero, y no sólo esos versos, que él mismo mantuvo en las ediciones de las que fue responsable y que incluso endureció con cambios lingüísticos como los que ya he destacado. Sólo tras su muerte se suprimieron los citados versos, en concreto en la tercera edición.

 

Por tanto, cuando se habla con suma frecuencia de la asistematicidad de la poesía galaniana, hay que procurar ser conscientes de la dificultad de transmisión de un poeta popular. Pero en líneas generales, el escritor sí procura ofrecer un sistema dialectal en el que existe variación lingüística, como la había en la realidad que él conocía perfectamente, pero hay que insistir en que en general respeta básicamente lo que oye, lo que va seleccionando. Cosa diferente es lo que sucede con las posteriores ediciones, de las que obviamente no es el responsable. Hay que intentar, pues, en mi opinión, analizar detenidamente estas cuestiones para devolver, en la medida en que esto sea posible, el texto más cercano a lo que quiso exponer el escritor[17].

 

Una última cuestión podríamos plantearnos. Aunque se trata de un exfuturo y en consecuencia de una quimera, ¿tenemos algún indicio de por dónde hubiesen ido los caminos poéticos galanianos de no haber fallecido tan temprana y prematuramente? Aunque obviamente no es fácil la contestación, que entra directamente en el terreno de la especulación, podemos intuir que este camino dialectal y popular de Extremeñas no hubiese sido el de más amplio recorrido. Me baso para ello en un aspecto que ya he analizado en otro momento, el análisis de su conciencia dialectal. El escritor afincado en Guijo denominaba al habla empleada en estas composiciones como “la jerga lingüística de por aquí”18, con el significado peyorativo que siempre ha tenido el término jerga. El propio autor no la consideraba la más apropiada en todo momento para la expresión literaria. En palabras textuales suyas recogidas en sus cartas, dice expresamente: “He escrito y pienso escribir muy pocos en este lenguaje para evitar monotonías y repeticiones”. Si nos ceñimos a las dos primeras ediciones, responsabilidad del poeta (aparecidas en 1903 y 1904, respectivamente) muchas de las composiciones se encontraban inéditas, pero de las ya publicadas con anterioridad, El Cristu Benditu seguramente fue escrita hacia finales de 1898, Varón en la Revista de Extremadura (1901), En esta misma revista, “Sibarita” (febrero de 1902), “Los postres de la merienda” en junio de 1901. Pero incluso las que suelen incluirse (no siempre en mi opinión razonablemente) en este libro, a partir de la tercera edición, “La Cenéfica”, dedicada a Plasencia se leyó en octubre de 1901, “Las represalias de Pablo” en la Revista de Extremadura, abril de 1902, “Entre yo y el mi criado” fue leída en julio de 1902, y “En fabla del lugarejo”, en diciembre de ese mismo año. Tan solo “Plétora” y “Campos vírgenes” son de 1904. Es decir, parece que las preocupaciones poéticas y estilísticas del escritor de Frades cuando fallece iban por otros derroteros. Le preocupaba, fundamentalmente la incorporación de nuevas composiciones a Castellanas y la reedición de Campesinas. Pero como ya he indicado, en esta última obra, que se prestaba muy especialmente a ello por su temática, las referencias al habla popular no son particularmente abundantes, aunque existan. Gabriel y Galán era una personalidad inquieta en la búsqueda de su ideario poético. Por eso podemos sospechar, nada más, por supuesto, que intuir que la fase dialectal de su obra no parecía ser su mayor preocupación estética y estilística en sus momentos finales. Esta circunstancia no impide en absoluto pensar en una vuelta al tema en su lamentablemente truncado futuro, aunque compatibilizándolo con otras inquietudes literarias.

 

Aun así, Extremeñas, con todos los problemas que ya he destacado en estas páginas, se nos presenta como un sólido conjunto, en lo que no deja de ser una re-creación literaria del habla popular de la zona norte de Extremadura, de un lenguaje lleno de leonesismos, vulgarismos, arcaísmos, localismos, que además no le resultaban precisamente desconocidos, algunos incluso coincidentes con los que existían en la zona en que había nacido y se había criado. Su exquisito sentido de la observación contribuyó decisivamente en el reflejo de las diversas composiciones que integran la obra.

 

 

[1] Para profundizar en su biografía resulta imprescindible la obra de Jesús Gabriel y Galán, nieto del escritor, titulada José María Gabriel y Galán: su vida, su obra, su tiempo, Mérida, Editora Regional, 2004.

 

[2] Una de sus más célebres composiciones, que, como es sabido, obtuvo el triunfo en los Juegos Florales de Salamanca en 1901 y con la que iniciaba precisamente el libro. A ella se refería muy expresamente el crítico Francisco Fernández Villegas, Zeda, prologuista de la obra y que había participado como miembro del Jurado en la concesión del premio.

 

[3] “El habla popular en la prosa de José María Gabriel y Galán”, Salamanca, Revista de Estudios, 52, 2005, pp. 315 – 340. 3

 

[4] Puede verse al respecto el trabajo de Pilar Montero Curiel, “Las hablas extremeñas en la literatura regional y su presencia en la Revista de Estudios Extremeños (1927 – 2012)”. En Revista de Estudios Extremeños , 2014, tomo LXX, número 1, pp. 625 – 658.

[5] Además de las tres primeras ediciones de Extremeñas, he tenido en cuenta, para el anexo 1, las siguientes referencias bibliográficas: Obras Completas: he manejado la 1ª edición, Salamanca, Imp. Francisco Núñez, 1905, la 3ª edición aumentada, Salamanca, Imprenta y Encuadernación Salmanticense, 1906, la de Madrid, Librería de Fernando Fé, 1909, la 7ª y 8ª edición, ambas de 1924. El primer cuadro de O. C. responde a las primeras y el segundo a las que se publicaron a partir de 1924, edición que supuso un cambio importante. Indico también la clásica de Aguilar, Madrid, 19676ª (Ag), la de Porrúa, México, 1981 (aunque no aparece en el cuadro, por coincidir plenamente con la de Aguilar), la deAmaru, Salamanca, 2003 (Am.), Extremeñas, edición de Gonzalo Hidalgo Bayal, colección “Clásicos extremeños”, Diputación de Badajoz, 1991 (G.H.), la edición de José María y Jesús Gabriel y Galán Acevedo, Mérida, Editora Regional, 2005 (Ed.) y más recientemente la de Felipe Núñez y Fernando R. De la Flor en la editorial Delirio, en 2019 (Del). También Castellanas, Nuevas Castellanas y Extremeñas,   Amaru, Salamanca, 2003 (Am.), Extremeñas, edición de Gonzalo Hidalgo Bayal, colección “Clásicos extremeños”, Diputación de Badajoz, 1991 (G.H.), la edición de José María y Jesús Gabriel y Galán Acevedo, Mérida, Editora Regional, 2005 (Ed.) y más recientemente la de Felipe Núñez y Fernando R. De la Flor en la editorial Delirio, en 2019 (Del). También Castellanas, Nuevas Castellanas y Extremeñas,   Madrid, Espasa – Calpe, colección Austral, 1979 (Aust.) [he manejado la quinta edición. La primera data de 1948], Obras escogidas, Badajoz, Universitas, 1996 (Univ.). En negrita he destacado los poemas que aparecieron en la Revista de Extremadura y en cursiva los dos que la tradición textual ha denominado con nombres que en mi opinión no eran los más apropiados.

[6]  Vid. Arés Vidal, Concha y Rodríguez Cepeda, Enrique: “Ramón Menéndez Pidal y Galán (cinco cartas inéditas de Don Ramón sobre el Romancero)”, Homenaje Universitario a Dámaso Alonso, Madrid, Gredos, 1970, pp. 161 – 170.

[7]  En “Notas bibliográficas”, Revista de Extremadura, VII, 1905, 603-604.

[8]  Tomo III, 1901, pp. 84-87.

[9]  Gabriel y Galán, José María: Extremeñas, 1902, Est. Tip. Calón, á cargo de A. Iglesias, Plaza de la Libertad, 10, Salamanca.

[10] “La transmisión textual de Extremeñas de José María Gabriel y Galán”, VIII Congreso de Estudios Extremeños, Badajoz, 2007, pp. 2152 – 2175.

[11] Para un análisis pormenorizado del dialectalismo del escritor de Frades, puede consultarse el estudio de Miguel Becerra Pérez . “Precisiones sobre el dialectalismo de Gabriel y Galán”, en Gabriel y Galán. Época y obra. Mérida, Editora Regional, 2006, pp 35 – 61. Para el caso concreto que se comenta, vid. Salvador Plans, Antonio: “La conciencia dialectal en Gabriel y Galán.” Alcántara, nº 63, julio – diciembre 2005, p.29. 

[12] Aunque también puede darse el fenómeno contrario. En la versión inicialmente publicada había aparecido “medio asfixiado”. En la primera se cambia, evidentemente por error, por “axfisiado” y así permanece en las dos siguientes. Se corrigió posteriormente.

 

[13]  Todas las ediciones consultadas optan sin embargo por el nexo causal.

[14]  En algún ejemplo concreto, el cambio no deja de ser intrascendente, aunque curioso. Así, en la primera ocasión, el aceite “se poni á sesenta la janega”, mientras que en las otras, es “a cincuenta la janega”, en uno de los pocos casos registrados que deben haberse dado de bajada de precio de este producto básico.

[15]  La mayoría nada señala al respecto. Gonzalo Hidalgo (Loc. cit., p. 98), indica, con razón, que figuraban en la primera edición. Habría que añadir que también en la segunda. En cuanto a la edición a cargo de los nietos del poeta, se destaca que habían aparecido en la Revista de Extremadura, pero no en las versiones posteriores (loc. cit. p. 211). No es completamente cierto, como puede comprobarse.

[16] Dan la información sus nietos en la edición ya comentada (p. 211).

[17]  No voy a insistir aquí en un ejemplo paradigmático, como es el de “Sibarita”, que ya he analizado en otro momento. Pero la diferencia de valoración del poema entre dialectólogos de la talla de Manuel Alvar, Manuel Ariza o Juan Felipe García Santos responde a la diversidad muy sustancial de la fuente escogida. De ahí la valoración muy negativa de los dos primeros, frente a la elogiosa y muy positiva del tercero. En realidad es que han estado comentando dos textos absolutamente divergentes, prácticamente con poquísimos elementos comunes y en consecuencia casi dos poemas diferentes.

 

Dic 312020
 

 Manuel Ruiz Durán

 

RESUMEN

La religiosidad popular en la Iglesia católica es la expresión externa de la experiencia interna del amor a Dios, a su santísima Madre y a los santos. Y una de estas expresiones externas, más significativas, son las procesiones. Esta actividad, no única pero más destacada, que llevan a cabo las hermandades y cofradías, es la organización de la salida procesional de sus titulares. Lo que hoy llamaríamos protocolo.

Este artículo quiere poner el valor que la procesión, de la Hermandad del Señor Santiago Apóstol, Santo Entierro de Cristo y Nuestra Señora de las Lágrimas, no es un acto externo carente de sentido o preparación, sino la expresión adecuada del verdadero espíritu cofrade que preside su identidad, función y dedicación. Ella quiere ser maestra en el arte de la organización, no dejando lugar a la improvisación. Pero sin perder nunca y siendo fieles a las motivaciones fundamentales de sus estatutos o constituciones, por la cual nacieron.

Y este trabajo procesional tiene como fin la evangelización, el anuncio de la Buena Noticia de Jesucristo, convirtiéndose en predicación silenciosa y enseñando, de manera directa, los misterios de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo y los Dolores y virtudes de nuestra Santísima Madre, de forma plástica.

Esta manifestación pública de fe debe realizarse siempre con el mayor decoro y la mayor dignidad.

 

 

Somos un pueblo peregrino. Nuestra meta es alcanzar el Reino de Dios, y todo en nuestra vida es una sucesión de oportunidades de gracias, que Dios nos otorga para alcanzar el fin al que Él nos convoca y nos llama.

Nuestra religiosidad y nuestra experiencia de Dios no queda sólo como una experiencia interna e intimista, sino que brota hacia el exterior, manifestando externamente todo aquello que vivimos internamente.

Una de estas expresiones externas son las procesiones. La actividad, no única pero más destacada, que llevan a cabo las hermandades y cofradías son la organización de la salida procesional de sus titulares. Lo que hoy llamaríamos protocolo.

Y este trabajo procesional debe tener como fin la evangelización, el anuncio de la Buena Noticia de Jesucristo, convirtiéndose en predicación silenciosa y enseñando, de manera directa, los misterios de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo y los Dolores y virtudes de nuestra Santísima Madre, de forma plástica. Esta manifestación pública de fe debe realizarse siempre con el mayor decoro y la mayor dignidad.

Y la RAE nos define, en su tercera acepción, que protocolo es el “conjunto de reglas establecidas por norma o por costumbre para ceremonias y actos oficiales o solemnes”.

Tomando como punto de partida estas afirmaciones, vamos a ir caminando desde el doce de mayo 1512[1], que encontramos el primer documento que cita a nuestra cofradía ya procesionando, aunque su existencia es más antigua, hasta las actas del S. XIX donde montaremos el protocolo procesional de la cofradía del Señor Santiago Apóstol, Santo Entierro de Cristo y Nuestra Señora de las Lágrimas. Y todo ello, podemos afirmar, gracias al Auto Sacramentas del descendimiento de Cristo que, desde tiempo inmemorial, posee nuestra hermandad en su Cristo articulado, sita en su actual sede canónica de la parroquia de Santa María la Real (S. Agustín) de Badajoz.

 

CAPÍTULO I

UNA HERMANDAD QUE SIEMPRE PROCESIONÓ CON SUS TITULARES

Dos son los momentos procesionales de nuestra cofradía a lo largo de su historia. El viernes Santo por la tarde, el Santo Entierro de Cristo y Nuestra Señora de las Lágrimas, como se recoge en sus estatutos y en el breve apostólico de “nuestro señor padre Clemente VIII” [2], y la otra en el día de su otro titular, Señor Santiago Apóstol, el 25 de cada julio.

Voy hacer un breve recorrido por los siglos XVI al XVIII donde recojo las notas y comentarios más destacadas, de los momentos procesionales, en las actas capitulares de la S.I.C. de Badajoz. Ellas quieren ser el preámbulo, la preparación para toda la riqueza procesional del S. XIX de nuestra cofradía.

1.- Señor Santiago apóstol, 25 de Julio de cada año

Destaco en primer lugar algunas aportaciones al tema que nos trae entre manos de la seriedad, decoro, la preocupación que se llevaba en la preparación del día del Señor Santiago y en su procesión después de la santa misa. Y termino con unas conclusiones que nos ayudaran a enfocar nuestro trabajo.

12 de mayo de 1512[3]. “Procesiones anuales son generales. Por este dicho

día los que son señores… dijeron que las procesiones de la Trinidad, y de san Pedro y de Santiago y de Santa María del Castillo el día de la natividad de nuestra señora y de los mártires S. Sebastián y S. Fabián y la de San José … y antigua en sus fiestas son generales y así lo declaro por antiguas”.

24 de julio 1587[4].” El aguacil del Obispo y lugar en la procesión. En este

día y cabildo los dichos señores capitulares mandaron para el primero día del cabildo para tratar si el aguacil del obispo a de ir en medio de la procesión. En las procesiones generales y para si a de pasar adelante al tener el libro a su señoría los dos colaterales”.

21 de julio 1647[5]. “Procesionar a Señor Santiago a las seis de la tarde. …

Oído a los señores comisarios acordaron la procesión … que suele hacerse el día de Santiago por la mañana[6] en su Iglesia se haga solemne a la tarde después de las seis”.

 

Folio suelto encontrado en la caja 11, el día 2 de noviembre de 1658[7]. Con

fecha “29 de julio de 85” dice así:” el Sr. Chapín suplicó a su señoría se revocare el cabildo en que se declaró que dicho señor había perdido la procesión del día de Santiago y que se le remitiese la pena en que se mandó multarle por haber faltado a ella; respecto que el excusado hizo algunas diligencias para saber si podía excusarse. Y su señoría acordó se hiciese llamamiento para tratar este punto en atención a la suplica … (Salió el Sr. Chapín)”. En otra ocasión, el Sr. Vega, por estar enfermo y sin fuerza pide no ir a la procesión y quedarse en la Iglesia. Esta vez la decisión final queda en su conciencia[8]

24 de julio 1676[9]. “D. Solano se excusa de las procesiones… por

impedimento. Solano Cosme no puede ir a la procesión. La despide y recibe en la puerta antigua. Se le remite a D. Diego de Sama para que el Sr. Ramírez prosiga la procesión”.

20 de julio de 1691[10]. “Se le preste a la Cofradía de Santiago los enseres

para la fiesta y solicitan al Sr. D. Diego de Sama que asista”.

28 de julio 1702[11]. “Se diga misa solemne y procesión general a Santiago”.

Tras la festividad de Santiago Apóstol, se celebra “el día 30 del presente una misa solemne, con repique de campanas y por la tarde se haga procesión a la ermita del Sr. Santiago (estamos en la catedral) y el Sr. Deán lo haga partícipes a los comisarios de la ciudad. Está el Sr. D. Ginés Suarez de Rayas= Y que diga la misa el Sr. Acre Esquela”.

23 de julio 1743[12]. “La procesión a Santiago en su día como otros años. …

Se confirmo el llamamiento que estaba hecho sobre si se ha de ir la procesión a Santiago en su día por estar el Castillo amenazando ruina en vista de lo que expuso el Sr. Echevarría y Francisco López… Se puede ir sin riesgo entrando por la calle de santa María y después girando a la derecha a salir a la calle de Santiago. Se haría como en otros años por estas calles”.

4 de octubre 1757[13]. “Se pongan en solfa las tres misas nuevas de Santiago

Apóstol y se traigan de Madrid… para todos los misales de la aparición y la traslación del santo”. Son traídas de Madrid el día 12 de octubre del corriente: “se remite dos ejemplares de las misas de traslación y aparición del santo patrono para que se rece en sus días correspondientes y su señoría acordó que se responda dándoles las gracias por su celo y fervor en el mayor culto del santo”.

Conclusiones.

Fidelidad a celebrar cada año la fiesta de nuestro titular.

Se plantean desde el principio los lugares que deben tener las autoridades eclesiásticas.

Toda procesión tiene su hora de salida y ésta puede cambiarse por motivos extraordinarios o justificados.

Participaban en la procesión canónigos de la S.I.C. de Badajoz y éstos eran elegidos y nombrados por el cabildo para que los representasen, llegando incluso a poder ser multados si no asisten.

Las procesiones son presididas siempre por un presbítero o capellán, que la

acompaña en todo el recorrido.

La procesión sale de su sede canónica y se recoge en ella, por la puerta asignada.

Para el mayor decoro procesional y devocional de las personas que participan

en ella, se pide al cabildo que deje los enseres. No sabemos cuáles eran, pero en actas sucesivas se van detallando las peticiones, como el “vecado[14], la plata[15], tres fuentes, cuatro candeleros y cuatro buxias[16], las alajas para el adorno del altar[17], ornamentos[18], un terno encarnado[19], una cruz, un atril de plata[20], los tafanes[21]” o se remite sólo a dejar lo solicitado en otros años[22] o se les deniega por parte del cabildo, como los “vamilleteros[23], los candeleros[24], los tafanes[25]

La cofradía solicita la asistencia de sacerdotes y canónigos conocidos y queridos

por la Hermanada, como D. Diego de Sama para que presida la procesión, o sacerdotes para “decir la misa de Santiago”, como D. Diego Amador Naharro[26], el Sr. De la Quintana[27], D. Bernardo Lario[28], José de la Peña[29], señor Cañanate[30], D. Francisco Pérez[31],el Sr. Secretario, Sr. Bega[32], Sr. Maldonado[33], Sr. Jerez, que excusó en el secretario Sr. Bega[34], Sr Varcarcel[35], D. Antonio Minaio, canonigo[36], padre Fernando del Peral[37] .

La procesión debe tener su recorrido y éste debe ser comunicado a las

autoridades y ser revisado, por si existe algún problema en las calles a la hora de procesionar.

La cofradía vive en comunión con la Iglesia de España y acoge las normas

nuevas para la procesión del Santo.

 

2.- Santo Entierro de Cristo y nuestra Señora de las Lágrimas. Viernes santo, por la tarde, después del descendimiento.

Las tres primeras actas de 1573 y 1668 nos va a poner en contexto de la existencia de procesiones y hermandades que le daban vida a la fe rezada en nuestra ciudad de Badajoz.

Desde el acta capitular con fecha de 1709, comenzamos a encontrar enseres y utensilios que nuestra S.I.C. presta a la cofradía del Señor Santiago. Algunos de ellos serán para la celebración de los oficios del Viernes Santo, pero en otros nos vamos a preguntar para qué podían servir, ya que no son utilizados para tal función religiosa. Y la respuesta la encontramos en la actuación que la Hermanad realizaba entre los oficios y la procesión: el auto sacramental del descendimiento. Y todos estos elementos, que tienen que ver con la pasión, muerte, descendimiento y enterramiento de Cristo, son los que va a procesionar, marcando la primera fase de la estructura total de la procesión. Las otras dos quedarán formadas por los pasos de las efigies titulares, Cristo Yacente y Nuestra Señora de la Lágrimas. Y junto a ellas, irán apareciendo cofrades, regidores, mayordomos y autoridades civiles, militares y religiosas que van completando la belleza y el decoro procesional por las calles de nuestra ciudad.

Libro 1573, pag 91vto[38]. “En este día y cabildo los dichos señores mandaron

llamar para el primero día de cabildo para tratar los oficios de la semana santa hasta las procesiones

4 de abril 1668[39].- “Procesión General. …Acordó su señoría que para el

domingo que viene se haga Procesión General que piden los regidores de la cofradía de Nuestra Señora de Botoa. Y los señores Roblero y Pedro de Lepe se firman de ver a su mayordomo y darle parte que se acuerde y que su Ylma señale la Iglesia donde podrían ir”.

7 de abril 1668[40].- “Procesión general S. José. Habiendo hecho relación los

señores Robledo y D. Pedro de Lepe del ánimo del Señor obispo en razón de la procesión general su señoría acordó se haga y se vaya a S. José”.

18 de marzo 1709[41]. “Se presten para el Viernes Santo las dos fuentes[42] y un

agua manil”.

10 de abril 1710[43]. “Pide que se le presten para la procesión de Entierro de

Cristo dos fuentes grandes, un agua manil[44] y dos incensarios”.

23 de marzo 1711[45]. “Pidiendo para la procesión y para el descendimiento

un agua manil y dos fuentes de plata”.

Petición del mayordomo de la cofradía del señor Santiago pidiendo las alhajas o alhajas de plata o plata que todos los años se le presta para la procesión del Viernes Santo por la tarde.”

21 de marzo 1721[64]. “Se leyó una petición del Sr. Santiago que pide el

mayordomo. Y cumpla con 200 reales”.

18 de marzo 1728[65]; 7 de abril 1729[66]. “Préstese la plata dando recibo de

lo que se entrega. Dicho día y cabildo se leyó otra petición del mayordomo de la cofradía de Santiago pide se le preste la plata que otros años para la función del descendimiento y entierro de Cristo que se celebra en la ermita el Viernes Santo”.

3 de abril 1783[67]. “Otro día y cabildo se leyó otra petición de Tomas

Carbonal y devotos de Nuestra Señora de las Lágrimas del Castillo en que para su Función piden los tafetanes de colgar y su señoría acordó como lo piden”.

Conclusiones.

Esta acta de la caja 3 nos da dos datos importantes; por un lado, afirma la

existencia de procesiones ya en la ciudad y por otro, sin nombrarlo, la existencia de cofradía/s y de imágenes que procesionaban.

Las dos actas capitulares de 1668 nos avalan el dato anterior y nos abren el

abanico procesional de la ciudad.

Es el Obispo quien la preside y quiere que se realice en acto.

Comienza por afirmar la existencia de procesiones generales o magnas en la ciudad.

Ésta se realiza en el domingo de la octava de pascua, 11 de abril.

Se nombra a la Hermandad de Botoa.

Su lugar de salida o el templo de salida de esta hermandad de Botoa es la Iglesia de S. José.

Desde 1709 van aparecer los objetos que el cabildo presta a la hermandad para

la procesión. Vamos a ir detallándolos: fuentes[68], un agua manil[69]o lavabo, incensarios[70], alhajas de plata[71],

Por primera vez en 1720 se le pide dinero por adelantado, cuando en todas las

actas que hemos citado y seguiremos haciéndolo, sólo se firma el recibo.

En 1728 se habla por primera vez en las actas capitulares de la “función del

descendimiento”.

En 1783, aparece por primera vez en las actas capitulares la Virgen de las

Lágrimas.

 

  1. Otros momentos procesionales de la Cofradía en la vida de la ciudad.

Son 4 los mementos que voy a destacar y que recoge el pulso de la importancia de nuestra hermandad.

  1. Martes, 11 de junio 1697[72]. “Salga la procesión de la octava del Corpus fuera de la Iglesia. Al tiempo ver con el Sr. Obispo sobre la procesión del día de la octava del Corpus y se haga por las calles y conforme el día de la colocación con la selección de reliquias y cofradías …
  2. Viernes, 5 de mayo 1701[73]. “Se diga la misa solemne y procesión general a Santiago, se avise al obispo y solemne vecado al Sr. Dean para que lo envíe al se. Gobernador. Acordose que el lunes 8 del corriente por la mañana se diga misa solemne y 4 capas y por la tarde haya procesión general que ha de ir a la ermita del Señor Santiago sita en el castillo para lo cual se dé recado por el presente al Sr. Obispo y al Dean para que lo envía a la ciudad y al Sr. Gobernador para que se le haga saber y que se responda a la carta de su Majestad = obedecido = y que diga la misa y haga repique de campanas y se ponga dicha célula en la sacristía para que todos pidan a Dios por los buenos sucesos y feliz viaje del Rey nuestro señor”.
  3. Viernes, 1 de abril 1704[74]. “Carta del Rey nuestro señor = Se hagan rogativas 9 días, procesión por el claustro y general a Santiago avisando a la ciudad. Este dicho día y cabildo se leyó dicha carta del Rey nuestro señor que Dios guarde, en que manda que se hagan rogativas por su salud y por los buenos sucesos de su campaña. Acuerda y determina su señoría que desde mañana sábado se hagan rogativas y nueve días de procesión por el claustro y el ultimo se haga procesión general a Santiago por la tarde y que se convide al Sr. Obispo y a la gente y que se pongan células en la sacristía para que todos los eclesiásticos pidan por la salud de su Majestad y que todos los días se diga una colecta en la misa”.
  4. 11 de marzo 1706[75]. “Carta de la Reina nuestra señora. Se responda y que se diga una misa solemne el domingo y procesión general a Santiago y se escriba a los curas. Leyó dicha carta de la Reina nuestra señora en que encarga qyue se hagan rogativas publicas por los buenos sucesos y viaje del Rey nuestro señor, que Dios guarde. Acordase que el domingo 14 del corriente se diga misa solemne y por la tarde procesión general a la ermita del Señor Santiago y que avise a la ciudad y se llame para mañana para señalar asientos a los Grandes de España y Generales de esta frontera”.

 

Conclusiones

La cofradía del Sr. Santiago y su mayordomo tenían una relación eclesial y

pastoral con la S.I.C y sus canónigos de estrecha colaboración. A la vez que se une y participan en la oración y rogativas por sus monarcas en los momentos importantes de sus vidas y de nuestra nación.

Se denota el lugar privilegiado que tenía la ermita del señor. Santiago en la vida

eclesial de la ciudad, no solo en sus obligaciones procesionales y litúrgicas, sino en la participación de las procesiones generales y celebraciones solemnes como la de la octava del Corpus.

La ciudad de Badajoz y sus eclesiásticos son parte activa en la hora de participar

de los cultos litúrgicos en su diversidad de necesidades.

 

  1. Rentas y gastos al final de un año cofrade: 6 de diciembre de 1770[76].

Renta cierta

 

Tiene esta cofradía 152 reales y 12 mns de censos, que cada un año se le pagan por diferentes sujetos a esta ciudad.

 

Tiene esta dicha cofradía 108 hermanos que estos contribuyen en cada entierro que hay en dicha cofradía con la pecha de seis cuartos, y habiéndose regulado por un quinquenio los que han fallecido han debido contribuir con 3 entierros, y por ellos 213 reales y 30 mns

 

Y por razón de 50 insignias de la Pasión de Cristo Señor nuestro la llevan con la Mayor decencia otros tantos nazarenos, y dan de limosna la que es su voluntad, y habiéndose regulado por el mismo quinquenio importa otra limosna 300 reales.

 

Y también esta cofradía ocho regidores que estos que estos todos los meses deben contribuir con la limosna de dos reales de vellón cada uno, lo que salen a pedir con las varas para juntar otra limosna todos los domingos del año y su producto son 0192_

 

Y también por llevar la Urna en donde va su D.M. dan de limosna los fieles que la llevan 0072_

 

Y también para llevar a la Virgen 0048_

 

Y también hace esta cofradía con la autoridad judicial dos petitorios para los gastos de dicha procesión que estos son regulados por el mismo quinquenio importan 0190_

 

Y también de la procesión se entregan cuatro varas a personas de buena conducta que estos bajan a la ciudad, y piden limosna para el Señor en la que juntan 0090_

 

Y también para hacer la función del Glorioso Señor Santiago que es el dia 25 de Julio se hace otro petitorio que se sacará 0070_

 

Importa la renta anual cienta e incienta los expresa dos 1248 reales y 8 mns. vellón y se pasa a demostrar los gastos que esta cofradía tiene y son a saber =

 

Gastos

 

Primeramente al párroco por la asistencia a la fiesta del santo Patrono por la mañana y tarde incluso los otros sacristanes 0025

Y también a dos monaguillos de la santa Iglesia 0008_

Y también a la Comunidad de S. Gabriel por la asistencia de dicha fiesta 0072

Y también al predicador 0060

Y también por el refresco que es costumbre dar a la comunidad por la tarde         0030

Importa dicha función                   0195

 

Gastos procesión

Viernes Santo

 

Al párroco y sacristán por su asistencia        0028_

A la comunidad de S. Gabriel por lo mismo             0088_

Al predicador por el Sermón    0060_

Importan dichos gastos                                             0176_

 

Entierros regulados

 

Por los 3 entierros regulados al año se pagan a la comunidad de S. Gabriel 0216_

Al capellán para la celebración de las misas en los domingos y días de fiesta en el año que se aplican por los hermanos vivos y difuntos de dicha cofradía 240_

 

Por manera que conferida la renta de esta               Gastos-0827

cofradía con los gastos e ella quedan de sobrantes             Renta- 10248-8

cuatrocientos y un reales vellón y ochos mno.                   Sobrante 0421-8

los que se distribuyen en el mayor culto del Sr. y para que conserve

donde convenga.

 

Doy esta firma en Badajoz a 6 de Diciembre de 1770

 

  1. Joseph Jaramillo

Melilla

Mayordomo

 

Capítulo II

Hermandad del Señor Santiago Apóstol, Santo Entierro de Cristo y Nuestra Señora de las Lágrimas (6 de abril 1800 al 1902)

Con la firma del acta[77] por parte del secretario de la Cofradía D. Francisco Gerónimo Vázquez Díaz y del hermano mayor, D. Juan Tamayo, en fecha de 6 de abril de 1800, damos comienzo a este nuevo periodo[78] que quiere dar luz y enriquecer a la Hermandad del Señor Santiago Apóstol, Nuestra Señora de las Lágrimas y Santo Entierro de Cristo[79], descubriendo algunos de los momentos más importantes de su historia [80],[81],[82],[83]:

Desde su nacimiento en 1600[84] hasta 1809 en la Ermita del Castillo.

Desde 1809 hasta 1829, en el Convento de los Remedios.

Desde 1829 hasta 1835 en el Convento de Observantes de San Francisco.

1837, expropiación.

Desde 1837 hasta 1841, posiblemente las efigies estuvieran en el convento de S. Francisco, en una capilla cerrada o se trasladasen a la Ermita de los Remedios.

De 1841, hasta el 11 de diciembre de 1870, las imágenes y los enseres ya están en la Ermita de los Remedios.

Desde 1870 hasta la fecha de hoy, se encuentran en la parroquia de Santa María la Real (S. Agustín)[85].

Y en medio de este vaivén, la hermandad no sólo procesionaba, sino que lo hacía con un protocolo existente, como lo veremos en su libro de actas.

2.1. Badajoz año 1800. Acta del 6 de abril de 1800[86]

Esta acta nos indica la seriedad de esta Cofradía, tanto en la organización de su procesión, como en la moralidad que deben tener de los hermanos que portan las insignias y la invitación a las autoridades militares de la época en la función más importante de la Hermandad del Señor Santiago Apóstol, Santo entierro de Cristo, Nuestra Señora de las Lágrimas, la procesión del Viernes Santo, en la tarde.

Se nombra por primera vez a los “nazarenos” y se eligen “a cuatro” para que en la procesión “vayan rigiendo ésta, procurando se observe la mayor devoción y buen orden que corresponde en semejante culto”. En la actualidad, ellos son los llamados diputados de orden dentro de nuestra cofradía.

Se acuerda que las “insignias[87] que se “hayan de repartir en la procesión sean a sujetos honrados y no de otra forma”, siendo ésta una tarea exclusiva del mayordomo.

Una de las tareas de los comisarios de fiestas era no sólo invitar a las autoridades que iban a escoltar al Santo Entierro de Jesucristo sino “una correspondiente atención”, y se nombra como invitados destacados “al Exmo. Sr. Capitán Real de esta provincia… con el Señor Gobernador militar de esta plaza y demás sujetos canateriados[88] de ella

[89] Este legajo 8, documento A nos guarda dos tesoros importantes.

En lo referente a la Cofradía y a la efigie de Nuestra Señora de las Lágrimas, en su folio 3 y 3vto, dice que “entre los años mil seiscientos ochenta y seis hasta el de mil seiscientos noventa y cinco fue hecha la imagen de la Virgen de las Lágrimas, a expensas de la cofradía de Santiago, como consta en los libros de cuentas respectivos a dichos años, siendo du mayordomo Juan Martín. Que las manos de la misma imagen de Nuestra Señora de las Lágrimas fueron hechas por la referida cofradía en el año de mil setecientos nueve, para hacer el paso de poner la Efigie del cuerpo de Nuestro Señor Jesu Christo en los mismos brazos, quando se desciende de la Cruz en el Viernes Santo: el cual paso se ha hecho desde dicho año hasta el presente, y enseguida la procesión del entierro de Christo”.   Dato fundamental para entender que entre 1798 y 1800 existe ya el auto sacramental del descendimiento y la estructura procesional para el siglo XIX.

Y en lo que toca a lo civil y político sobre las cofradías, se dice en el folio 25 vto.: “se haya mandado por S.M. en su Real bando de 16 de septiembre de 1766 en el que con motivo de declarar nulas todas las cofradías que no estén aprobadas por el Real Supremo Consejo de Castilla, aunque tengan la de los ordinarios Diocesanos por lo que toca a lo espiritual, en que se consideró correspondiente según la Ley 3ª, punto 14, libro 8 de la recopilación[90].

Y por último, como queda recogido en el acta 6 de abril de 1800, una de las obligaciones del hermano mayor era recoger los libros de cuentas y asientos del mayordomo saliente y entregárselos al secretario para su mejor custodia, “y considerando que en dicha cofradía se halla como tal secretario de ella el Exmo. de este número D. Francisco Gerónimo Vázquez en cuyo poder podrán estar con mas custodias los libros y documentos respectivos a la misma cofradía, que igualmente se le entreguen por otro mayordomo”.

 

Capítulo III

Contenidos de los libros de acuerdos y asientos de la Cofradía

desde 5 de junio de 1814 a 11 de abril 1841

3.1.- Contenido del Libro de acuerdos.

El libro de acuerdos recoge una gran variedad de temas que preocupaban a la Hermandad, decisiones, acuerdos y problemas que surgen en el desarrollo de la vida cofrade. Podremos descubrir como aquellos problemas no están lejos de los que tenemos en la actualidad en nuestras cofradías. Es cierto que muchas de estas dificultades, entre ellas económicas, como sucede en la actualidad, vienen dadas por la situación convulsa en la que vivía la ciudad de Badajoz. Por ello, el trabajo de aquellos cristianos devotos fue el de buscar soluciones para que la hermandad siguiera adelante y el culto que le tributaba nuestra ciudad, en sus conventos y ermitas, fuera el más digno y fervoroso. También destacamos, la cantidad de presbíteros que se hacían hermanos, como se recoge en el libro de asientos, y que las actas lo verifican dándole su función y misión propia en la hermandad.

El contenido de este libro de acuerdos es muy extenso y rico, por ello vamos a detenernos sólo en el tema que nos tare entre manos: el protocolo de la procesión[91].

Acta del 5 de Junio 1814

Se acuerda aa creación del inventario para que el nuevo hermano se haga “cargo de los efectos, libros cobradores, cuentas y demás efectos que pertenecían a la cofradía asiendo de ellos formal inventario para que en todo tiempo conste”.

Acta del 2 de septiembre 1814

Podemos considerar que con esta acta estamos ante una actualización, en algunos puntos concretos, de los estatutos de 1800. Hemos llegado a la nueva sede, a un nuevo lugar y necesitamos actualizarnos. Por ello, nos encontramos una serie de acuerdos con la comunidad de los Remedios, para los entierros, con la comunidad misma y las obligaciones entre convento y hermandad, destacando la “asistencia a la procesión del santo entierro y al sermón del descendimiento, todo por la limosna de cien reales”.

Acta del 6 de agosto de 1815

Tras elegir al hermano mayor, éste reconoce el trastorno que ha sufrido la hermandad y en palabras textuales, “ya que había principiado arreglar el trastorno tan grande que había sufrido esta hermandad por la entrada de los enemigos en esta plaza”.

Los gastos extraordinarios que están suponiendo los entierros de los hermanos, está afectando a los hermanos de Hacha de la Virgen y del Señor, las cargas de estos es de media fanega de trigo anual, renovando su hacha y quedando libres de pechas. Lo mismo ocurrirá con los que llevan al Señor, la Virgen y el palio, que deberán contribuir con lo de costumbre.

Este acta reconoce la existencia de nuestra cofradía, de manera explícita, desde antes de 1640 cuando dice: “acuerdan también se le de entrada gratuitamente a Manuel Barreros Ruiz y se le exonere de pechas hasta que llegue a la edad de veinte años, por su asistencia a los entierros y demás ocupaciones que se ofrecen en esta hermandad, igualmente por los méritos que tienen contraídos su padre, y los que hicieron su bisabuelo, abuelos y tíos, pues desde el año mil seiscientos cuarenta hasta el presente todos han sido hermanos mayores y diputados de ella”.

Y en el libro de asientos[92], cuando se anota a su nieta Vicenta Ruiz a edad de nueve años, vuelve a recordarnos los méritos de esta familia, “desde el principio al siglo 1600”.

Se acuerda la elaboración de un nuevo libro de hermanos porque el anterior se encuentra en mal estado[93]. El acta recoge un dato importante que se tenía en el libro antiguo de acuerdos sobre la nueva Urna del Señor: “Últimamente que mediante haberse perdido el libro de acuerdos en el que se hallaban anotadas las limosnas particulares, que hicieron algunos hermanos, para la formación de la Urna y otras obras…”. Entre estos hermanos se encuentran los que la Hermandad llama “hermanos jubilados” que son:

“D. Juan Robles que dio 500 reales, D. Josef y su mujer Dª. Carolina que dieron una colcha valorada en seis mil reales, D. José Zebada y Dª. Carolina Binteno, su mujer, por varias limosnas. Y ahora se han hecho cargo de las gaviotas para el pabellón de la Señora, D. Juan Tamayo y Dª. Petronila Carrasco, su mujer, hermano mayor y se reconocen sus buenos servicios, D. Eustaquio María por haber sido hermano mayor de Palio treinta y seis años y D. Francisco Bazquez y su mujer por haber sido secretario de esta hermandad muchos años”.

Acta del 29 de julio 1816

Esta acta recoge luna de las funciones del Muñidor, el cual debe asistir a todos los entierros de los hermanos parar llevar el estandarte, vara o lo que necesiten los Hermanos mayores; como a las novenas, meditaciones, procesiones y demás fiestas de la Hermandad.

Estas funciones quedan recogidas también en el libro de asientos[94]. “Reconquistada esta plaza por el ejército británico”, esta batalla ha provocado en la hermandad pérdidas de los libros de cuentas y asientos, lo que provoca un desorden a la hora de los entierros. El mayordomo pide que se arregle cuanto antes.

Se acuerda “hacer fiesta del Señor del Sepulcro en el día de la Ascensión, la cual se ha componer de misa cantada y sermón”. Se dice que “los caudales que proceden de limosnas que hacen los fieles al señor del Sepulcro se inviertan en la Señora y el Santo”.

Y finalmente se acuerda que se haga un listado de nombres y clases de todos los hermanos que dan limosnas para “la construcción del santo paso el señor Santiago… como los particulares para el culto del señor y la señora”.

Aparece un listado de hermanos y su clase dando cuartillas de grano de trigo, distintas cantidades de reales para las novenas y una túnica de lino y mangas, dos farolas para alumbrar a la señora en la procesión del Viernes Santo y “el caparazón del pavelloso a la Señora”.

Acta del 7 de abril de 1817

El acta recoge las obligaciones del Hermano Francisco Gómez Rodríguez, vecino y labrador de esta ciudad, y después las de su ahijado Antonio Gómez Rodríguez, sin que el mayordomo y regidores puedan quitarle este derecho mientras cumplan con dar de limosna Trigo de buena calidad y ciento sesenta reales, al menos durante seis años consecutivos, y “mientras cumpla dicha oferta, podrá continuar en la posesión de la corona todo el tiempo que dure su vida y sea su voluntad”.

También se acuerda que el hermano D. José López Martínez que tenía adquirido el derecho a la misma insignia, de su libre y espontanea voluntad, digo “cedía y renunciaba en toda forma el derecho que le corresponde a favor de Antonio Gómez Rodríguez”.

Acta del 30 de Julio de 1817

Se acuerda el refresco que se da a los hermanos después de la procesión del Viernes Santo por la tarde, “se limitase o diese éste a los hermanos que llevan los pasos y hachas en esta procesión y a nadie más”.

Las obligaciones de los sacerdotes que se asientan como hermanos en la cofradía. Tienen que “asistir a todas las funciones y fiestas que ésta tiene, según su obligación”. No pagarían pechas, pero en el caso que no cumplan sus obligaciones, pasarían a ser hermanos particulares y pagarían sus pechas.

Acta del 1 de agosto de 1819

Se acuerda sobre la antigüedad de los hermanos de hacha del Señor y de la Virgen en la procesión del santo entierro de Cristo.

Existía un problema de antigüedad de los hermanos de Hacha por llevar las andas del Señor y de la Virgen en la procesión del Santo Entierro y su lugar a la hora de portarlos. Se acuerda que “se saque el libro de asientos… se hagan comparecer por citación a la junta, y se le haga entender la antigüedad que cada uno ha de llevar en la procesión; y el que no sea conforme se le diga que se excluirá de hermano de hacha y se pondrá otro en su lugar, pues este es el modo que ha encontrado para cortar altercados que forman escándalos en asuntos religiosos”.

Acta del 17 de Febrero de 1820

Acuerdo sobre el arreglo de antigüedad de los hermanos de Hacha de la Virgen.

No habiéndose arreglado del todo el problema en el paso de la Señora, se “acordó que se les hiciese saber a estos hermanos de hacha compadeciesen en la casa del hermano mayor D. Juan Rastrollo y con presencia del libro de entradas y diputados de la misma hermandad anunciarle la antigüedad a cada uno a fin de cortar disputas que se hacen en un acto tan religioso y día tan memorable para todo católico cristiano… se le da a cada uno de los hermanos… ala y número en que debe colocarse… como también el que se pongan dos listas, la una para el hermano mayor del ala derecha y la otra para la de la izquierda. … Y últimamente que cuando algún hermano se encuentre imposibilitado por enfermedad, ausencia u otra ocurrencia no podrá ponerse otra persona que no sea su hijo, ya que aquí radicaba el problema. Esta preferencia no será extensiva a yernos ni parientes”.

El acta termina con el listado de número, nombre y fecha de los 12 hermanos de ala derecha e izquierda, con arreglo a la antigüedad. El primero de cada ala es el hermano mayor, de ala derecha D. Juan Hernández, 3 de abril de 1803 y de ala izquierda, D. Francisco Plaza de Pineda, 3 de abril de 1803.

Acta del 7 de agosto de 1824

Esta acta recoge la petición que hace el hermano mayor, D. Juan Tamayo, para el cambio de fecha de novena de Nuestra Señora de las Lágrimas, de cuaresma a septiembre, el día de la virgen 15 de septiembre, Virgen de los Dolores[95]. Y entre las razones que lo justifican, encontramos esta: “por distraerse en gran manera el cuidado de su mayordomo, por tener que atender a un mismo tiempo a este objeto, y al de preparar todo lo conveniente para la función del descendimiento y procesión del santísimo Entierro”.

Acta del 8 de agosto 1824

Se acuerda: Realizar una colecta para la compra del terciopelo negro para el Señor del santo Sepulcro.

Acta del 22 de febrero de 1829      

Salida del convento de nuestra Señora de los Remedios para ir al convento de san Francisco en Badajoz.

La primera reunión tiene lugar en una habitación de la casa de uno de los regidores de la hermandad, D. Josef Barreros “a consecuencia del llamamiento para tratar y conferenciar asuntos de la hermandad”, siendo ésta la transición del convento de los Remedios al convento de los Franciscanos[96].

La primera condición es que para llevarse las “Efigies y su cofradía en la Iglesia de este convento interior” es la de tener “capilla o hermita propia[97], a causa del mal estado de la capilla, y como dice el acta, “con mal decencia” para las Efigies.

Para ello, y dando cumplimiento a las exigencias de las religiosas y del Rvdo. Padre Guardián de los Franciscanos, para “la traslación de las Efigies al convento de san Francisco”, los franciscanos ceden las competencias de cesión y donación bajo los pactos y exigencias recíprocas establecidas en un documento (que, citado en el acta, en la actualidad no se tiene). Dicho escrito debería recogerse en un documento que se elevaría a público posteriormente, por seguridad jurídica de la Cofradía. El acta termina apostillando: “sus representantes (cofradía) no han deseado, ni desean otras cosas que el bien y felicidad de la misma y su conservación”.

Este buen hacer queda recogido en la carta de D. Manuel Barrantes al Obispo de la Diócesis, en el año 1829 [98], en el acta del 5 de noviembre de 1830[99] y en las obras y donaciones[100] que se realizan.

Acta del 5 de diciembre de 1830

En la celda del M.R.P. guardián del convento de N.P. S. Francisco, con la junta de gobierno de éste año, se reúnen en “Junta General” para tratar, entre otros temas, el refresco que se daba después de cada procesión del Viernes Santo por la tarde a todos los hermanos que portaban los pasos en la procesión del Santo Entierro. Pero la junta de gobierno acuerda que “en consideración a lo que trabajan, ha llegado a criticarse esta costumbre como aburrida y escandalosa, para alegar el más ligero motivo de crítica y evitar que por ésta se resfríe la devoción y piedad se prohíbe en adelante toda clase de refresco en el convento y en casa del mayordomo, aunque sea de sus propios intereses”. Por ello se acuerda, “gratificar a los referidos hermanos por su trabajo… la cantidad de trescientos reales que se entregarán a ellos mismos” y se pasará en cuenta al mayordomo[101].

Acta del 16 de enero de 1831         

Se acuerda la creación de un nuevo libro cobratorio por el mismo mayordomo y los regidores Aguilar y Rebolledo con arreglo al libro principal de asientos de hermanos.

Acta del 22 de mayo 1837               

La hermandad sufre una expropiación. Carta de la “comisión de la Excma. Diputación de Badajoz de esta ciudad” al “mayordomo de la cofradía de Santiago de esta ciudad”, en fecha 22 de mayo de 1837 y firmada por D. Francisco Ocampo.

Dice así: “Autorizado por la Exma. Diputación de esta provincia para la averiguación y ocupación de bienes y ventas pertenecientes en este partido a cofradías y otros establecimientos por consignación del decreto de las Cortes de… cumplimentada mi comisión por las autoridades civiles… me dirijo a usted… con urgencia… con formal entrega de las pertenencias en metálico o frutos, acompañando inventario duplicados autorizados por quien corresponda y fincas y efectos que pertenezcan a la cofradía. … uno de los inventarios lo pasare a la Excma. Diputación y el otro quedará en poder de usted para resguardo… No retrase usted cumplir por la parte… de este oficio”.

Acta del 11 de abril 1841

Después de la desamortización y tras 4 años de silencio de actas, la hermandad quiere volver a levantar su culto, devoción y esplendor que en otros tiempos tuvo.

“Reunidos en junta los hermanos de la Cofradía del Apóstol Santiago y Santo Entierro de Cristo, en la casa del mayordomo D. Nicolás Rebolledo…” constata la realidad de la cofradía, recuerda la historia y su origen. “… Aunque si es verdad que las circunstancias miserables de la época han sido causa de la frialdad y decadencia de la mayor parte de muchos los hermanos, que aunque llenos de ardor y buenos deseos de religiosidad no han podido cumplir con las cuotas que les estaban señaladas; con las justas ideas de volver a fomentar en la parte posible de esta cofradía del Santo Entierro de Cristo, única concedida por Real Orden, y que en otros tiempos ha sido singular y que ha llamado la atención por su hermosura y esplendor a los de esta población y fuera de ella”.

Por ello, “acordaron en primer lugar nombrar una comisión de su seno… que manifestara si tiene voluntad y están prontos a continuar de hermanos y contribuir pagando sus pechas”.

“En segundo lugar, queda nombrado de regidor de campo para el recogido de limosnas en el hermano José Grageras”. Y si la “recolecta fuera suficiente” en otra acta establecería que “se repararía todo aquello que fuera necesario para la procesión del Viernes Santo en la tarde del viernes”.

Por último, el gozo de querer levantar la hermandad y ser en palabras del misma acta: “y que en otro tiempos ha sido singular y que ha llamado la atención por su hermosura y esplendor a los de esta población y fuera de ella”, se nombra a los dos primeros hermanos mayores de cabecera de la Urna del Señor y de la Virgen: “queda a si mis mismo admitir las proposiciones de los hermanos Miguel Pérez y José Salas. El primero hermano mayor del Señor… En igual forma quedo obligado como cabecera hermano mayor de la virgen José Salas. Y José Gragera como cabecera de palio”.

3.2.- Contenido del Libro de asientos con cargas.

Este apartado da cumplimiento a lo acordado[102] en el Convento de los Remedios, siendo hermano mayor D. José Antonio Rodríguez y habiendo celebrado reunión la Cofradía para que se trasladen todos los hermanos existentes del libro viejo de asientos a uno nuevo, ya que el antiguo ha sufrido destrozos por la última guerra con los franceses, siendo el nuevo hecho con mayor claridad. Por espacio en este artículo, sólo vamos a citar los elementos y obligaciones que portaban y tenían los hermanos, los cuales compondrán el protocolo de la procesión del Viernes Santo por la tarde.

Los elementos y obligaciones que portaban los hermanos eran los siguientes:

Cruz de guía y estandarte, con velas que lo acompañan, petitorios, insignias de

la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo (corona de espinas, cíngulo, trompetas, dados, Agua manil, clavos, túnica, potencias, la santa Cruz, llaves, vinagre, paño de la Verónica).

Nos encontramos otro grupo de hermanos que portaban Hachas de cera con

cuarteto y sin él, la urna del Señor y de la Virgen, con hermanos de brazo a derecha e izquierda, al igual que hermanos portadores del palio de nuestra Señora de las Lágrimas, junto con los hermanos mayores del Señor y de la Señora.

Y otro grupo formado por las autoridades civiles y militares y eclesiásticas (Sr.

Obispo, Dean y canónigos de la S.I.C. el capellán de la Hermandad, sacerdotes, diáconos, subdiáconos y seminaristas).

Capítulo IV

Protocolo de la procesión del Viernes Santo, del Señor Santiago Apóstol, Santo Entierro de Cristo y Nuestra Señora de las Lágrimas

En el libro de entrada de la Hermandad, cuando un hermano se “asentaba”, a no ser que fuera “mozo soltero o soltera o viudo o viuda”, se le ponía el nombre del matrimonio y seguidamente la obligación, si la tenía, con la Hermandad. Estas obligaciones iban desde lo que portaban en la procesión, como lo que regalaban, o el lugar que ocupaban llevando las andas o el palio.

De toda la información que he desentrañado de cada hermano, nos pone en conocimiento de cómo podía ser la procesión de nuestra Cofradía y que símbolos, insignias e imágenes procesionaban. Y algo más importante, cómo se vivía espiritualmente este día y cómo los Santos Oficios marcaban el contenido de la procesión. Y para ello vamos a retomar dos textos tomados de las actas de la cofradía.

 

1.- Libro de acuerdo, acta del 7 de agosto de 1824, donde el Hermano Mayor, D. Juan Tamayo dice: el mayordomo ha “de preparar todo lo conveniente para la función del Descendimiento y procesión del Santísimo Entierro”. Este comentario nos pone en alerta de la existencia del Cristo articulado que tenemos en la actualidad en la parroquia de Santa María la Real (S. Agustín) con el cual se realizaba el auto sacramental del descendimiento y se llevaba a la urna para ser procesionado. Y a la vez, en la citada función, los símbolos, llamados en esta época” insignias” eran colocadas, creemos, en cojines o bandejas, para ser llevadas y enseñadas al pueblo santo detrás de la cruz de Guía y por delante de la urna del santo Entierro de Cristo. Las insignias, que aparecen citadas en el libro de asientos y portadas por los hermanos de la hermandad, son todas las que aparecen en la semana de Pasión de Nuestra Señor Jesucristo: clavos, corona de espinas, cáliz, vinagre, potencias dado verónica, túnica, cíngulo, llave, manopla trompeta y la Santa Cruz.

2.- Reconstruyendo las “obligaciones de los hermanos” en el libro de asientos, y los listados que aparecen en las páginas 147, 153, 159, 165 y 171 donde se nos habla de los hermanos que llevaban al Señor y la Señora, los hermanos de Acha[103] del Señor y la Señora y los del Palio de la Virgen[104], podemos saber cómo estaba estructurada la procesión.

Según los datos obtenidos la procesión constaba de tres cuerpos:

La cruz procesional que abre toda procesión y el estandarte de guion de la

Hermandad. Le siguen todas las insignias que recuerdan la semana de pasión de Nuestro Señor Jesucristo, para cerrar este cuerpo con la Cruz del Cristo descendido en la “función del descendimiento”.

Este cuerpo lo abre un hermano “con un Acha de cera blanca con cuartero”.

Seguidos por dos filas de 12 hermanos de “Acha de alumbrado” que iban a derecha e Izquierda de la Urna del Señor. Y en el centro, portado en unas andas, con 12 hermanos, el Santo entierro de Cristo. La cabecera de este paso de andas lo presidía el “Hermano Mayor del Señor”, y la primera andilla de cada lado de las andas, los dos hermanos más antiguos con esta obligación.

El tercer cuerpo de la procesión es el paso de Nuestra Señora de las Lágrimas.

Se abre con dos farolas que son donadas por el diputado D. Juan Moreno Salamanca “para alumbrar a la Señora en la procesión del Viernes Santo[105]. A derecha e izquierda van los “hermanos de Acha alumbrando a la Señora” con 12 hermanos en cada fila, y en el centro el paso de andas de la Señora y a su mismo lado, 10 hermanos que portan “las varas del palio” de la Señora. En este cuerpo, van también, como en el anterior, el Hermano Mayor del paso de la Virgen y el Hermano Mayor de Palio, y la primera andilla de cada lado de las andas son los dos hermanos más antiguos con esta obligación.

Toda la procesión, de principio a fin, estaba acompañada por los hermanos y hermanas, lo que hoy conocemos como nazarenos, que sin obligación ninguna, como se recoge en el libro de asientos, iban con una vela encendida, velando por sus imágenes e insignias.

Junto a ellos iban los “nazarenos de orden”, como aparece en el acta de 1800.

También existen los llamados “hermanos petitorios” que se distribuían por cada uno de los cuerpos para recoger las ofrendas de los devotos de nuestra cofradía del santo Santiago apóstol, Santo entierro de Cristo y Nuestra Señora de las Lágrimas.

Y por último, sabemos por el libro de asientos y por las actas, que acompañaban en todas sus “funciones” el capellán, sacerdotes hermanos de la misma, diáconos y subdiáconos, pero no nos costa dónde iban colocados, al igual que las autoridades militares y demás sujetos, como aparece en el acta de 1800. Podemos pensar que detrás de cada uno de los pasos del Señor y de la Señora, o de la Virgen de las Lágrimas, cerrando la procesión.

 

 

 

 

 

 

CAPÍTULO V

Los periódicos de la ciudad y sus noticias sobre la Cofradía

Son muchas las noticias y cometarios que encontramos en los periódicos de la época que hablan de la semana santa, en concreto, de nuestra cofradía. La variedad ideológica de la prensa de la época es expresión de la realidad social que vive nuestra ciudad, nuestra nación, y no es ajena nuestra hermandad, a la hora de comentar las salidas procesionales cada Viernes Santo en la tarde.

En el presente capítulo pretendo, no recoger todo lo que se dice sobre nuestra cofradía sino, aportar un testimonio cualificado de lo que está viviendo y que recoge la prensa de la época[106], o al revés, lo que se comenta en los periódicos de la ciudad son un reflejo claro de lo que vive la hermandad, recién instalada en parroquia de Santa María la Real. Estos comentarios dan validez a los análisis y decisiones que se están tomando en la hermanad, como lo encontramos en las actas de la época.

El avisador de Badajoz, 22 marzo 1882. “El viernes Santo a las doce del día, principiarán en la Iglesia de santa María la Real el ejercicio de las tres horas de agonía y acabada se hará el Descendimiento de Nuestro Señor Jesucristo, predicando el Sr. D. Vicente Rino”.

Diario de Dabajoz, 13 abril 1884. “Debe haber variado la legislación militar en lo que se refiere a los honores que las tropas del ejército han de tributar en ciertos actos de culto católico; y decimos esto porque en las procesiones de Semana Santa hemos observado que la escolta de algunos pasos llevaba el ros a la espalda y hasta la Guardia Civil marchaba en igual forma en la procesión del Viernes Santo. Este honor estaba reservado a la sagrada Eucaristía; pero nunca a las imágenes”.

El avisador de Badajoz, 9 abril 1887. “El viernes a las doce, las tres horas de agonía en la Parroquia de Santa María la Real; a las cuatro y media el sermón del descendimiento y a las cinco, procesión del Santo Entierro. Predicará el Sr. D. Vicente Rino”.

El avisador de Badajoz, 10 abril 1890. “No pudo salir la procesión anunciada, por causa de la lluvia”. Y el periodista refleja la tensión de la época y la dificultad de los militares de realizar su tarea: “El Excmo. Sr. Capitán general, velando celoso por el bien público y en particular por el bienestar del ejército, que trae a mal traer en Madrid a nuestros senadores y diputados, negó con mucha finura y con toda galantería el concurso de la guarnición a las comisiones de las cofradías que fueron a pedírselos para el mayor esplendor de las procesiones”.

La Región Extremeña, 1 abril 1893. “La de ayer fue más ordenada y solemne, acudiendo, como es antigua costumbre, las autoridades civiles y militares (éstas representadas) y casi todas las dignidades de la Iglesia catedral, presididas por el ilustrísimo señor obispo de la Diócesis”.

La Región Extremeña, 1 abril 1893. “A la procesión de ayer tarde no asistió, aunque estaba preparada para verificarlo, fuerza de la guardia civil, porque a causa, según parece, de un olvido, no se le comunicó la oportuna orden”.

Correo Extremadura, 24 marzo 1894. “Las procesiones han estado este año bastante desanimadas, exceptuando la del Viernes Santo, a la que asistieron todas las autoridades”.

La Región Extremeña, 13 abril 1895. “¿Por qué en las procesiones se permite a algunas mujeres que vayan delante de las imágenes cantando saetas?. Eso, en los pueblecillos puede tolerarse, pero aquí no debe suceder lo mismo”.

La Región Extremeña, 14 abril 1895. “Este año hemos tenido una novedad las noches del Jueves y Viernes Santo. La de haber luz eléctrica en los balcones del palacio municipal”.

Heraldo de Badajoz, 4 abril 1896. “Pasaron los días de Semana Santa en los que nuestro vecindario ha dado una saludable de fe religiosa… De las procesiones merece mención especial la del santo Entierro, a la que acompañaba todo el clero con su S.I. el Prelado y comisiones muy numerosas de las corporaciones civiles e institutos del Ejército”.

El Avisador de Badajoz, 22 abril 1896. “Por la tarde, serán las tres horas de Agonía en Santa María la Real; a las cuatro el sermón y a las cinco la procesión del Santo Entierro”.

Heraldo de Badajoz, 17 de abril 1897. “La procesión del Santo Entierro salió ayer poco después de la hora fijada y también se vio favorecida de fieles. El clero todo con el Cabildo Catedral y el Ilmo. Sr. Obispo asistió; comisiones de todos los institutos y cuerpos armados de la guarnición; comisiones civiles y en la presidencia figuraban el Sr. Gobernador civil, de uniforme, la representación del Excmo. Sr. Gobernador Militar y dos concejales”.

La Región Extremeña, 2 abril 1898. “La banda municipal está ensayando algunas marchas fúnebres para las procesiones de Semana Santa”.

Heraldo de Badajoz, 7 abril 1898. “Mañana de once a doce se practicará en la parroquia de Santa María la Real, el devoto ejercicio del Vía Crucis, y a continuación el de las Tres Horas de Agonía, en la forma de años anteriores. A las cuatro de la tarde del mismo día, el sermón del descendimiento, que predicará el Coadjutor de dicha parroquia D. Daniel Serrano y Milara, y a las cinco tendrá lugar la procesión del Santo Entierro de Cristo, con asistencia de la Hermandad, Excmo. Ayuntamiento y clero de las cuatro parroquias”.

Heraldo de Badajoz, 9 abril 1898. “La de ayer también resultó solemne. A ella concurrió el clero y nuestro digno prelado. La presidió el Gobernador Civil señor Oyarzabal, con el Alcalde Sr. Hidalgo y el Coronel Sr. Puente, y hermanos de la cofradía. Las comisiones militares fueron numerosas, en cambio de la representación civil solo vimos al inspector de la Escuela Sr. Abarzuza, el Secretario de la Junta de Instrucción pública, a D. Fernando Campos de los empleados del Gobierno y la representación de telégrafos compuesta de tres individuos; de las demás corporaciones y centros oficiales no vimos a nadie. Dio escolta una sección del Regimiento de Castilla con música y banda”.

La Región Extremeña, 6 abril 1901. “Fue presidida por el Gobernador civil, llevando a su derecha al coronel de la zona, Sr. Jiménez, en representación de la autoridad militar y el Teniente Alcalde D. Gerardo Albarrán, y a su izquierda el alcalde Sr. Uceda”.

Nuevo Diario de Badajoz, 27 marzo 1902. “Esta parroquia tendrá oficios también mañana a las siete los Divinos Oficios, y a las quince el vía crisis; a las diez y seis saldrá con la solemnidad de costumbre la procesión del Santo Entierro y Virgen de las Lágrimas, a la que asistirá el clero de las cuatro parroquias, tribunal eclesiástico, corporaciones municipal, militar y civil, así como los seminaristas del Conciliar de S. Atón y Ordenandos; presidirá dicha procesión el Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis y el Gobernador civil de la provincia”.

La Región Extremeña, 29 marzo 1902. “La procesión de ayer tarde la presidió el Sr. Gobernador civil Sr. López Oyarzabal juntamente con un coronel de infantería en representación del Sr. Gobernador militar y con el alcalde D. Ignacio Santos. En la presidencia eclesiástica vimos al Sr. Obispo de la Diócesis”.

Nuevo Diario de Badajoz, 30 marzo 1902. “La procesión del Santo Entierro se verificó ayer tarde en la misma forma de años anteriores. Asistieron comisiones civiles y militares, el Prelado de la diócesis acompañado del Deán y del Doctoral, el Tribunal Eclesiástico, la Hermandad del santo Entierro, el coronel del Regimiento de caballería de Villarobledo en representación de la Autoridad militar, el Gobernador civil de la provincia, el Alcalde y el Ayuntamiento bajo mazas”.

 

Fuentes y Bibliografía

Fuentes documentales:

ARCHIVOS ECLESIÁSTICOS DE MÉRIDA-BADAJOZ

Actas capitulares de la S.I.C. de Badajoz

Fondo Parroquial. Santa María la Real

Caja 36. Libro de Hermandades

Caja 140. Legajo 8

Libro de acuerdos de la Cofradía del Señor Santiago Apóstol, Nuestra Señora de las Lágrimas y Santo Entierro de Cristo.

Fondo Obispado

Badajoz, impreso civil 336-359 (249, 426, 311 A-T).

ARCHIVO DE LA COFRADÍA DEL SEÑOR SANTIAGO APÓSTOL, NUESTRA SEÑORA DE LAS LÁGRIMAS Y SANTO ENTIERRO DE CRISTO

Libro 1º de actas

PERÍODICOS

El Avisador (1882-1891), Correo de Extremadura (1891-1904), La Coalición (1892-

1904), Diario de Badajoz (1883-1891), Nuevo Diario de Badajoz (1892-1904), Heraldo de Badajoz (1896-1898), La Región Extremeña (1893-1903), El Orden (1891-1893), El Liberal Extremeño (1898-1899).

 

(AHN)Archivo Histórico Nacional, 00001420, consejos, 7091, exp. 8, folio 21-22.

[1] Actas capitulares, caja 1, libro 1, pag.17.

[2]AHN – 00001420, consejos, 7091, exp. 8, folio 21-22.

“Declaración jurada y firmada, que yo D. Joseph Jaramillo Melilla presbítero de esta ciudad doy, como mayordomo de la Cofradía de Sr. S. Santiago patrono y defensor de España, que se sirve en su ermita en el Castillo de esta Plaza, la cual Cofradía fue aprobada en 13 de Agosto del año pasado de 1604 por el Sr. Licenciado Mateo Canveco Provisor Vicario General que fue de este obispado, por el Ilmo. Sr. D.. Andrés Fernández de Córdova obispo, que fue de él, con la cual aprobación se acudió a Nuestro señor padre Clemente VIII, el cual expidió su Breve Apostólico aprobando la dicha cofradía en 9 de enero de 1605 concediendo muchas indulgencias y gracias tanto para en vida, como para la hora de la muerte a los cofrades que fuesen de ella y fue admitida como Hermandad a la Iglesia Lateranense como miembro de la misma, para participar de todas las gracias concebidas a ella, y las referida Cofradía tiene la obligación todos los Viernes Santos del año sacar la procesión del Santo Entierro de Cristo, anterezo de Sermón, y el paso lastimoso del Descendimiento a la voz del predicador, en la que lleva las insignias de la pasión de V.D.M. y que le acompaña su Santísima Madre con el título de las Lágrimas”.

[3] Actas capitulares, caja 1, libro 1, pag.17.

[4] Id., caja 4-5, libro 1587-1594, pag.3vto.

[5] Id., caja 10, libro 1641-1649.

[6] Id., caja 15, libro 1683-1687, 24 de julio 1686.

[7] Id., caja 11, libro 1655-1660, 2 de noviembre de 1658.

[8] Id., caja 26, libro 1751-1754, 24 de julio 1754, pag.254 y vto.

[9] Id., caja 14, libro 1674-1679, 24 de julio de 1676.

[10] Id., caja 16, libro 1690-1696; 20 de julio de 1691; 23 de julio de 1704; 19 de julio 1713, pag201vto; 18 de julio 1714, pag.19vto.

[11] Id., caja 17, libro 1700-1703, 28 de julio de 1702.

[12] Id., caja 24, libro 1741-1743, 23 de julio 1741, pag.18.

[13] Id., caja 27, libro 1754-1759, 4 de octubre 1757.

[14] Acta 16 de julio 1700; 20 de julio 1701.

[15] Acta 13 de julio de 1712; 24 de julio de 1726, pag.316vto; 11 de julio 1731, pag. 148vto; 24 de julio 1754, folio 254 y vto.

[16] Id., caja 20, libro 1720-1727, 23 de julio 1727, pag.41vto.

[17] Id., caja 22, libro1733-1736, 22 de julio 1735; acta 18 de julio 1738; 24 de julio 1739; 13 de julio 1740; 21 de julio 1741, pag.18; 19 de julio 1743; 20 de julio 1746; 20 de julio 1753, folio 1.

[18] Acta 24 de julio 1744; 20 de julio 1746; 19 de julio 1752; 8 de julio 1773.

[19] Acta 19 de julio 1747; 24 de julio 1778, pag.15.

[20] Acta 19 de julio 1747.

[21] Acta 16 de julio 1783; 16 de julio 1802, pag. 200.

[22] Acta 18 de julio de 1692; 18 de julio 1755; 8 de julio 1773; 16 de julio 1779; 19 de julio 1782; Acta 16 de julio 1783; 15 de junio 1785.

[23] Acta 18 de julio de 1692.

[24] Acta 23 de julio 1756.

[25] Acta 15 de junio 1785.

[26] Acta 24 de julio 1693.

[27] Acta 23 de julio 1694.

[28] Acta 20 de julio de 1740; 21 de julio 1741, pag. 18; 24 de julio 1744.

[29] Acta 23 de julio 1743.

[30] Acta 21 de julio 1747.

[31] Acta 19 de julio 1752.

[32] Acta 24 de Julio 1754, folio 254y vto.

[33] Acta 15 de marzo 1759.

[34] Acta 20 de julio 1759, pag.9.

[35] Acta 23 de julio 1762, pag. 233.

[36] Acta 23 de julio 1773.

[37] Acta 24 de julio 1778, pag.15.

[38] Caja 3, libro 1572-1587, pag 91vto.

[39] Caja 12, libro 1665-1668.

[40] Id.

[41] Caja 18, libro 1706-170, pag. 172vto.

[42] Acta 21 de marzo 1747; acta 4 de abril 1748; acta 16 de abril 1756; 28 de marzo 1754; 17 de marzo 1766.

[43] Ib. Pag.271.

[44] Acta 4 de abril 1748.

[45] Caja 18, Libro 1710-1714, 23 de marzo 1711.

[46] Id., caja 18, Libro 1710-1714, acta 27 de marzo de 1712.

[47] Caja 18, Libro 1710-1714, 6 de abril 1713.

[48] Caja 18, Libro 1710-1714, 22 de marzo 1714, pag. 251.

[49] Caja 19, libro 1714-1717, 4 de abril 1725, pag.58vto.

[50] Caja 19, libro 1714-1717, 26 de marzo 1716, pag. 142 vto.

[51] Caja 19, libro 1714-1717, 30 de marzo 1719, pag. 142 vto.

[52] Caja 19, libro 1717 -1720, 21 de marzo 1720, pag. 260 vto.

[53] Caja 20, libro 1727-1728, 3 de abril 1727, pag. 8vto.

[54] Caja 21, libro 1728- 1730, 31 de marzo 1730, pag. 196.

[55] Caja 21, libro 1730- 1731, 12 de marzo 1731.

[56] Caja 21, libro 1730- 1731, 31 de marzo 1732.

[57] Caja 22, libro 1732- 1733, 26 de marzo 1733.

[58] Caja 22, libro 1733- 1736, 12 de abril 1734.

[59] Caja 23, libro 1733- 1736, 15 de marzo 1736.

[60] Caja 23, libro 1733- 1736, 8 de abril 1737.

[61] Caja 23, libro 1733- 1736, 21 de marzo 1738.

[62] Caja 23, libro 1738-1739,. 17 de marzo 1739.

[63] Caja 24, libro 1739-1741, 31 de marzo 1740.

[64] Caja 20, libro 1720-1727, 21 de marzo 1720, pag. 57.

[65] Caja 20, libro 1727-1728, 18 de marzo 1720, pag, 118.

[66] Caja 21, libro 1728-1730, 7 de abril 1729, pag. 107.

[67] Caja 31, libro 1781-1785, 3 de abril de 1783.

[68] Acta 18 de marzo 1709; 10 de abril 1710; 23 de marzo 1711.

[69] Acta 18 de marzo 1709; 10 de abril 1710; 23 de marzo 1711.

[70] 10 de abril 1710.

[71] Acta 27 de marzo de 1712; Acta 6 de abril de 1713; 22 de marzo 1714, pag. 251; acta 4 de abril 1725, pag. 58vto; 26 de marzo 1716, pag. 142 vto; 30 de marzo 1719, pag. 142 vto; 18 de marzo 1720, pag, 118; 7 de abril 1729, pag. 107; 31 de marzo 1730, pag. 196; 12 de marzo 1731; 31 de marzo 1732; 26 de marzo 1733; 12 de abril 1734; 15 de marzo 1736; 8 de abril 1737; 21 de marzo 1738; 17 de marzo 1739; 31 de marzo 1740.

[72] Caja 16, libro 1696-1700, acta, martes, 11 de junio 1697.

[73] Caja 17, libro 1700-1703, acta, viernes, 5 de mayo 1701.

[74] Caja 17, libro 1704-1706, acta, viernes, 1 abril 1704, pag. 81.

[75] Caja 17, libro 1704-1706, acta 11 marzo 1706.

[76] AHN – 00001420, consejos, 7091, exp. 8, folio 21-22.

[77] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Fondo parroquial, legajo 14, nº 362 al 374, folio 5vto.

[78] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Fondo parroquial, caja 36 (libro de hermandades).

[79] Libro de acuerdos de la Cofradía del Señor Santiago Apóstol, Nuestra Señora de las Lágrimas y Santo Entierro de Cristo.

[80] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Fondo parroquial, impreso civil 336-359 (249,426,311 A-T), folio1.

[81] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Fondo parroquial, Libro de acuerdos de la Cofradía, acta 5 de junio de 1814, folio 1.

[82] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Fondo parroquial, Libro de acuerdos de la Cofradía, acta 22 de febrero de 1829, folio 38-38vto.

[83] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Fondo parroquial, Libro de acuerdos de la Cofradía, carta de 22 de mayo de 1837, folio 60-60vto.

[84] D. Esteban Mira Caballos, en su libro, Hermandades y Cofradías en Badajoz a finales de la edad moderna, junta de Extremadura, consejería de cultura, Badajoz 2002, pag.110-112.

[85] Las actas de 26 de marzo de 1871 y 31 de marzo de 1872 están solicitando guardar los enseres de la Cofradía en el coro bajo de la ermita de los Remedios o en alguna habitación de la Iglesia de las Descalzas.

[86] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Fondo parroquial, legajo 14, nº 362 al 374.

[87] Las insignias, que aparecen citadas en el libro de asientos y portadas por los hermanos de la hermandad, son todas las que aparecen en la semana de Pasión de Nuestra Señor Jesucristo: clavos, corona de espinas, cáliz, vinagre, potencias dado verónica, túnica, cíngulo, llave, manopla trompeta y la Santa Cruz.

[88] Personas que toda autoridad lleva consigo y los acompañan.

[89] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Fondo parroquial, Caja 140, documento A-B, cofradía, legajo 8, 1798-1800.

[90] Relaciónese este Real bando con la intervención de D. Carlos Witte y Pau en la copia literal y aprobación de las constituciones de nuestra hermandad en el año 1800. Vid. Supra 2.2.

[91] Véase libro de acuerdos de la Cofradía del Señor Santiago Apóstol, Nuestra Señora de las Lágrimas y Santo Entierro de Cristo desde 9 de junio de 1814 a 11 de abril 1841.

[92] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Fondo parroquial, Libro de asientos, fol. 15.

[93] Vid. Infra Cap. V.

[94] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Fondo parroquial, Libro de asientos, fol. 27.

[95] Recuérdese el acta de 6 de abril de 1800, sobre el tema de la novena.

[96] El acta ciada pertenece a la fecha 2 de septiembre de 1814

[97] Véase dichas obligaciones en el acta 2 de septiembre de 1814.

[98] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Badajoz, Cofradías, caja 259, legajo 22, número 430.

[99] D. Manuel Barrantes López, procurador de pleitos sobre la traslación de la hermandad y de las Efigies al nuevo convento. Libro de entrada, Capítulo IV, en fecha de 14 abril de 1830.

[100] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz, Fondo parroquial, Libro de entrada, capítulo IV, en fecha de 2 de agosto de 1830, D. Antonio La Fuente y señora; Juan Vázquez y señora.

[101] Véase el acta de 30 julio de 1817.

 

[102] Acta del 7 de agosto de 1815

[103] Podemos encontrarlo también escrito hacha.

[104] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz. Fondo Parroquias, Parroquia Santa María la Real (Badajoz), Libro de acuerdos, acta de 11 de abril 1841, p. 62

[105] Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz. Fondo Parroquias, Parroquia Santa María la Real (Badajoz), Libro de acuerdo, acta del 29 de julio de 1816, p. 15 vto.

[106] Los periódicos visualizados con noticias relevantes y su fechas de edición son: El Avisador (1882-1891), Correo de Extremadura 1891-1904), La Coalición (1892-1904), Diario de Badajoz (1883-1891), Nuevo Diario de Badajoz (1892-1904), Heraldo de Badajoz (1896-1898), La Región Extremeña (1893-1903), El Orden (1891-1893) y El Liberal Extremeño (1898-1899).

 

Dic 312020
 

Mª Concepción Romo Santos

(U. C. M.)

 

Resumen

La idea central de este trabajo es la de analizar la simbiosis entre dos ramas del conocimiento: Poesía y Matemáticas. El lenguaje matemático se ha caracterizado por su precisión, claridad y exactitud, atributos que por cierto en opinión de autores como Pío Baroja, deben caracterizar el estilo de cualquier escritor.

Poesía y Matemáticas comparten no sólo la medida (en el caso de los versos rimados) sino en todo caso armonía, belleza, juego, artificio y creatividad.

Ambas disciplinas comparten la común tarea de analizar el infinito y la búsqueda de una serie de verdades, tanto personales como universales, así como una finalidad estética de búsqueda y canto de la belleza.

Fueron muchos los escritores que apoyaron al poeta del pueblo. Analizamos los escritos de Unamuno, César Real de la Riva, E. Sánchez Alegría, José María de Cossío, José María de Pereda, María Romano, Luis Jiménez Martos, Alberto Navarro González, Sánchez de Horcajo y Gerardo Diego.

Teniendo en cuenta que Don José María Gabriel y Galán, estuvo componiendo 20 años y escribió 146 poesías. Haciendo un cálculo, si hubiera vivido 75 Años, es decir 60 de producción, hubiera escrito 438 poesías

Estudiaremos también la aritmética que hay en algunas de las poesías de Gabriel y Galán ya que los campesinos tienen que hacer muchas cuentas para poder sobrevivir de su trabajo. Analizaremos los poemas siguientes: Las cuentas del tío Mariano, Varón, Surco arriba y surco abajo y Bálsamo casero

 

  • Introducción: Matemáticas y poesía

La idea central de este trabajo es la de analizar la simbiosis entre dos ramas del conocimiento: Poesía y Matemáticas.

Poesía y Matemáticas comparten no sólo la medida (en el caso de los versos rimados) sino en todo caso armonía, belleza, juego, artificio y creatividad.

Ambas disciplinas comparten la común tarea de analizar el infinito y la búsqueda de una serie de verdades, tanto personales como universales, así como una finalidad estética de búsqueda y canto de la belleza.

La imaginación no actúa menos en un geómetra que crea que en un poeta que inventa, aunque operan de manera diferente sobre un objeto: el primero lo desnuda y lo analiza, el segundo lo compone y embellece.

Expresaremos lo que algunos grandes hombres dijeron sobre este tema.

El gran matemático Karl Weierstrass afirmó lo siguiente: “Un matemático que no tenga también algo de poeta, nunca será un matemático completo”.

El lenguaje matemático se ha caracterizado por su precisión, claridad y exactitud, atributos que por cierto en opinión de autores como Pío Baroja, deben caracterizar el estilo de cualquier escritor.

Oswald Spengler afirmó : “El enigma del número está muy próximo al misterio de la forma poética.”

Ernesto Sábato : “ La primera vez que asistí a la demostración de un teorema, sentí que entraba en un universo perfecto y trasparente; del Caos ingresaba al Orden”

La poesía siguiente es de Gonzalo Sánchez Vázquez:

Vais paralelos Lenguaje y Geometría

Con un punto supremo de armonía

Juntas están Matemáticas y Poesía.

 

Terminaremos con un pareado anónimo:

Algunos dicen que la ciencia matemática es prosaica

Pero nada hay tan bello como la fórmula algebraica.

 

  • Vida y obra de Gabriel y Galán

2-a) Vida

José María Gabriel y Galán nació en Frades de la Sierra (Salamanca) el 28 de junio de 1870 y murió en Guijo de Granadilla (Cáceres) el 6 de enero de 1905. Nacido en el seno de una familia propietaria de sus tierras, sus padres fueron Narciso Gabriel y Bernarda Galán. Su madre era gran aficionada a la poesía, la cual trasmitió a su hijo. Su infancia trascurrió en su villa natal, donde asistió a la escuela. A los 15 años se trasladó a Salamanca para cursar los tres primeros años de Magisterio en la Escuela Normal, de esta época son sus primeros versos. El cuarto curso (1888-1889) lo realiza en la Escuela Central de Madrid, ciudad que le produce rechazo, cómo se desprende de sus cartas de Modernópolis. Obtenido el título de maestro en grado superior y con excelentes calificaciones, con diecinueve años, realiza un viaje a Galicia (julio 1889) junto a su compañero y amigo de estudios el coruñés Casto Blanco Cabeza (1869-1955) quedando impresionado por el paisaje gallego. Allí compone “La fuente vaquera y Adiós”.

Obtenido el título de Magisterio se le destina a Guijuelo (a unos 20 Km de su pueblo natal), dónde ejerce de 1889 a 1892. Posteriormente se traslada a Piedrahita (Ávila) y allí se instala de 1892 a 1898. En esta etapa su estado de ánimo era bajo (firmaba las cartas a sus amigos como El Solitario), definiéndose como un hombre de aspecto melancólico, sensible y de profundas convicciones religiosas (infundidas por su madre) que ya se irán percibiendo en sus poemas.

En 1893, tras conocer a su mujer Desideria García Gascón (1874-1954), a la que él cariñosamente llamaba “Mi vaquerilla”, nacida en el seno de una familia de terratenientes, experimenta un cambio radical que se acentúa a partir de su boda el 26 de enero de 1898 en Plasencia. Abandona el magisterio y se traslada a Guijo de Granadilla, dónde administra la dehesa “El Tejar”, uno de los latifundios propiedad de la familia de su esposa. Allí encontró el tiempo y el sosiego para madurar su poesía alrededor del campo, las gentes y las monterías.

2-b) Testimonios de otros escritores

Su obra se aparta del modernismo, siendo conservadora en estructura y temática, defiende la tradición, la familia, el dogma católico y la vida campesina. Usa “el castuo”, un dialecto extremeño en alguna de sus poesías, para captar la palabra hablada por los campesinos.

Con el nacimiento de su primer hijo, Jesús en 1898, compone “El Cristu Bendito”, primera de sus famosas extremeñas.

Su consagración como poeta arranca en 1901 cuando en los juegos florales celebrados en el teatro Bretón de Salamanca fue galardonado con “la flor natural”, por su composición “el ama”, inspirada por la reciente muerte de su madre. En este poema nuestro poeta se mete en el personaje de su padre.

Su fama se acrecienta, tras ser triunfador en los juegos florales de Zaragoza, Sevilla, Lugo y Buenos Aires. En 1902, año en que publica sus dos primeros volúmenes “Poesías“ y “Castellanas “, fue invitado por el Ateneo de Madrid para dar un recital poético que concluyó con un sonoro éxito. El Guijo de Granadilla también quiso contribuir a homenajear a su celebérrimo vecino con el título de Hijo Adoptivo que la villa le concede el 13 de abril de 1903, ocasión para la que compone “Sólo para mi lugar”.

En política era de ideas carlistas y colaboró con la prensa católica, conocida como la “Buena Prensa”. Pertenecía al partido político “Comunión Tradicionalista “.

El 31 de diciembre de 1904 comenzó a encontrarse mal y falleció el 6 de enero de 1905, se cree que por un ataque de apendicitis aguda. El profundo arraigo del poeta en la población de su comarca se manifiesta en los testimonios de quienes presenciaron el duelo: “Pobres y ricos, jóvenes y viejos, hombres y mujeres, todos, absolutamente todos, acudieron presurosos a la casa mortuoria para orar ante el cadáver por el eterno descanso de su alma y besar sus pies y manos. Las mujeres llorosas y los hombres entristecidos fueron besando los queridos restos”.

Tras la muerte del poeta, su hermano Baldomero Gabriel y Galán, veló por su obra, promocionándola en varias ediciones.

Gabriel y Galán fue uno de los primeros autores que denunció ante Alfonso XIII la miseria de la comarca de las Hurdes, a partir de los poemas “La jurdana” y “A su Majestad el Rey”, ambos de 1904. Posteriormente el Monarca afirmó que fue a través de ambas poesías como tomó conciencia del problema de un territorio que aún tardaría en visitar (1922).

Unamuno admiraba la poesía de Gabriel y Galán, hasta llegó a leer “El Cristu Benditu” en el Ateneo de Madrid. La amistad con don Miguel fue profunda, leal y duradera, compartiendo ambos el gusto por la poesía. En una carta del 10 de enero de 1903 Unamuno le escribe: “Usted sabe cuán de veras admiro su labor, como le aliento a proseguir en ella por bien del arte nacional y sin otra mira alguna, y como le quiere su leal amigo”.

El Rector de Salamanca diría a su muerte: “No ha pasado Galán por la tierra como callada sombra, deja cantos de consuelo para los pobres soñadores del sueño de la vida. En estos cantos nos queda el alma de su alma. Se la dio su pueblo y a su pueblo vuelve”.

Otros escritores también hablaron de este poeta del pueblo:

El catedrático de Literatura de la Universidad Salamantina, don César Real de la Riva, es autor del libro “Vida y poesía de José María Gabriel y Galán”, editado por la Diputación de Salamanca.

En este libro D. César afirma que la condición de ser la suya una “poesía vivida” y su enraizamiento en la tradición dan paso a la exposición de los tres núcleos fundamentales de la obra de Galán: el poema de la madre, el poema de la tierra y el poema de la vida.

La madre como “arcilla santa y fecunda” y manantial de virtudes, la fecundidad de la tierra que alimenta su poesía – aunque a veces el terreno sea áspero, bravío – y la vida nueva y esperanzadora hacen surgir las más hermosas composiciones de Galán ( El ama, El poema del gañán, El Cristu Benditu).

  1. Sánchez Alegría, es autor del libro “El campo en la poesía ( de Hesiodo a Gabriel y Galán)”. Publicación de Afrodisio Aguado, 1957

El autor en este libro desarrolla en seis apartados los rasgos considerados más característicos del poeta de Frades.

-Poeta del campo eminentemente popular (reflejo de la vida campesina).

-Poeta profundamente cristiano.

-Cantor entusiasta del campo – animadversión a la ciudad.

-Hombre de preocupaciones sociales (fraternidad, justicia, caridad cristiana, trabajo).

– Poeta-labrador (descripción de faenas agrícolas y ganaderas).

– Modelo virtuoso en la temática religiosa, patriota y terruñera ( Dios, patria, hogar).

A lo largo del libro constata Sánchez Alegría las huellas de autores como fray Luis de León, Meléndez Valdés, Zorrilla o Vicente Medina.

José María de Cossío es autor de “Cincuenta años de poesía española”

Cossío escribe en su libro: “Su sentimiento directo del campo, su intensidad patética, su fidelidad a una tradición “villanesca” a la que se sintió ligado, sin conocer acaso su existencia, su puntualidad en el retrato de tipos y costumbres rurales, son hechos incontestables, claramente advertidos por los lectores de sus versos, ya que es, junto a Bécquer, el poeta más leído hoy mismo”.

José María de Pereda afirmó: “No recuerdo haber leído trozo de poesía más honda, más humana ni más conmovedora”

Publicado por R. Patron, aparece en Bolonia (1965) el libro de María Romano “La poesía di Gabriel y Galán”

En este libro, Romano da cuenta de las abundantes descripciones galanianas, del reflejo de determinadas épocas del año (otoño-siembra, primavera) y de las secuencias de la jornada campesina (alba, atardeceres, anochecer del día). También de la relevancia del amor desde el célebre episodio biográfico de los “gorrioncillos” hasta “El Cristu Benditu”.

La autora presenta al poeta como continuador de la tradición cultural y artística que arranca de Teócrito y Virgilio, llega a fray Luis y continúa perpetuándose hasta el cantor de Frades.

Luis Jiménez Martos es autor del libro “José María Gabriel y Galán. Poesía y prosa” Editorial Magisterio Español.

En esta obra el autor señala el regionalismo poético como una “fuerza alineada contra la invasión del modernismo” y recoge también la favorable opinión de autores y críticos (Unamuno, Maragall, Pardo Bazán, Pereda, Rueda).

También señala la influencia directa de Galán en Chamizo y otras huellas: el rastro en la poesía doméstica o cotidiana de Unamuno y algunos líricos de la generación del 36 (Panero, Rosales, Vivanco, Ruiz Peña, Muelas etc.), el reflejo en Pemán o las conexiones con Miguel Hernández.

Alberto Navarro González es autor del libro “Obras escogidas de Gabriel y Galán” publicada con el patrocinio de la Caja de Ahorros de Salamanca en 1971.

Alberto Navarro catedrático de Literatura española de la Universidad salmantina presenta a Galán como uno de los máximos cantores españoles de la naturaleza y el paisaje. Su sinceridad, su espontaneidad y la indudable originalidad en el reflejo del campo son notas que le separan de autores anteriores con los que, sin embargo, mantiene contacto ( fray Luis, Meléndez Valdés), su lírica visión del paisaje castellano se anticipa y compite con la posterior de Antonio Machado. La presencia de “la noche, el mar y la montaña” en sus poesías nos trae la imagen de un poeta soñador y romántico que, si por un lado nos muestra la huella de Bécquer, por otro nos acerca a la estética modernista.

Sánchez de Horcajo es autor del libro “La poesía social en Gabriel y Galán”. Editorial El Reino. Torrejón de Ardoz, 1988.

El autor afirma que Gabriel y Galán ha sido un precursor de toda la poesía social que se ha hecho después. Un poeta del pueblo entregado al pueblo.

Galán que conoce y trabaja el campo y sufre la dureza de la climatología, se convertirá por ello en el poeta de los campesinos, quienes se reconocen en sus cantos.

El poeta interesó siempre al pueblo. Éste lo tomó como su mejor aliado, defensor de los pobres y humildes, al mismo tiempo que crítico con los privilegiados.

Difícilmente encontraremos un poeta que tenga tan copioso número de lectores; su venero hondo y caudaloso explica la sucesión de ediciones populares en España e Hispanoamérica, de modo especial en los lugares cuya configuración paisajística, social y humana se corresponde con la propia de la poesía galaniana.

Nunca un poeta ha logrado tan rotunda identificación entre su obra y la sociedad a la que iba destinada.

2-c) Legado de Gabriel y Galán

José María Gabriel y Galán escribió para nuestro deleite una gran cantidad de poemas. Fueron los siguientes:

Castellanas———————————– 17

Nuevas Castellanas————————- 22

Extremeñas———————————- 18

Religiosas———————————— 25

Campesinas———————————– 27

Fragmentos en verso y prosa————- –37

Total——————————————-146

Teniendo en cuenta que Don José María Gabriel y Galán sólo vivió 35 años y que comenzó a escribir poemas a los 15, estuvo componiendo 20 años.

Vamos a hacer un cálculo de las poesías que hubiera escrito si hubiera vivido 75 años, es decir 60 años de producción

Haciendo la regla de tres

146 ———— 20 años

X   ———— 60 años

X = (146 x 60): 20 = 438

438 poemas hubiera compuesto nuestro gran poeta lírico. Además bastantes de sus poesías poseen 300 versos o más. Como por ejemplo:

Regreso (342 versos)

Ana María, fragmentos de un poema (350 versos)

La presea (356 versos)

Sólo para mi lugar (652 versos). Éstos leídos por su autor ante el pueblo de Guijo de Granadilla, al recibir el honroso título de hijo adoptivo del mismo (13 abril 1.903)

La fuente vaquera (374 versos). Poema dedicado a su amigo Don Casto Blanco Cabeza “Castiño“.

Las hazañas de Coral (300 versos)

Mañanas y tardes (332)

Gerardo Diego se aventuró a señalar el enriquecimiento indudable que se habría producido en el poeta si hubiera tenido una vida más larga.

“Para mí no es dudoso, que, si hubiera vivido algunos años más, el refinamiento, la independencia y libertad de sentimiento poético, que acusan sus últimas y mejores poesías, se hubieran acentuado hasta incorporarle resueltamente a la mejor poesía, a la siempre difícil poesía, que es y fue siempre la verdadera poesía perenne, poesía que alcanzó en sus mejores y más inspirados trances (…). Gracias a Dios Gabriel y Galán, aún malogrado por la temprana muerte, fue un verdadero poeta”.

Gerardo Diego “Previsión de Gabriel y Galán”. Correo Literario, nº5, Septiembre 1954.

 

2-d) ¿En qué lugares transcurrió la vida de nuestro poeta?

Si hacemos un mapa de los lugares donde trascurrió su vida veremos que todos están muy cerca de Frades de la Sierra, su pueblo de nacimiento.

Desde Frades de la Sierra a:

Salamanca, 40 Km.

Madrid, 248 km.

Guijuelo, 20 km.

Piedrahita, 57 km.

Guijo de Granadilla, 88 km.

Plasencia, 97 km.

 

  1. Aritmética en algunas de las poesías de Gabriel y Galán

En algunas de sus poesías, los campesinos hacen sus cuentas. Analizaremos cuatro de ellas.

3-a) Las cuentas del tío Mariano

La poesía está formada por cuartetos. Los cuartetos tienen cuatro versos de arte mayor(es decir que poseen nueve o más sílabas, en esta poesía tienen nueve sílabas) con rima consonante. Riman el primer verso con el cuarto y el segundo con el tercero.

Gabriel y Galán concedió gran importancia a lo rural, sus paisajes y personajes populares, muchos de los cuales fueron reales como el tío Mariano, con acusada personalidad y cualidades humanas peculiares, representativas de la sociedad de su tiempo.

El tío Mariano era uno de tantos renteros del campo salmantino, al que no le salen las cuentas entre la cosecha que recogerá y los gastos de la explotación. Cifra su esperanza y gozo en que el amo le rebajará sólo seis fanegas de las que le cobra para la renta. El poeta pide al amo que atienda la justa reivindicación de su rentero.

Araba el tío Mariano

la húmeda tierra gredosa,

y entre la bruma lluviosa

del horizonte lejano,

con cierta noble ansiedad

que a la amargura se junta,

miraba, al volver la yunta,

las torres de la ciudad.

Allí los amos estaban

 

de aquel pedazo de llano,

 

ya convertido en pantano

 

por lluvias que no amainaban.

 

Y no pensaba el rentero

 

que el amo estaba al abrigo

del bofetón del hostigo

y el frío del aguacero.

Aspiraciones más parcas

tentaban al viejo charro

mientras hundía en el barro

sus bien calzadas abarcas.

………………………………………

Y así malamente araba

y echaba el hombre sus cuentas,

las cuentas de aquellas rentas

que por las tierras pagaba.

 

 

Bien hechadas las tenía,

pero con mal resultado,

y así, terco y porfiado,

las iba haciendo aquel día;

“Las rastras ya no las miento;

hogaño, si pinta el año,

no será ningún extraño

que me arrimase a las ciento.

Se ha derramao en sazón;

la desará fue mu guapa,

y si sigue asín, no escapa

de haber buena granición.”

( Este cálculo lo hacía

con las leves omisiones

de langosta, inundaciones

de pedriscos y sequía…)

“¡Ahora, tanto pa calzar,

tanto en vestir y en comer…”

(Y no hablaba de beber,

porque era hablar… de la mar.)

“Tanto pa contribuciones,

tanto pa renta y simiente…”

Y así fue del remanente

practicando sustracciones.

Y de las ciento supuestas

sustrajo el tío Mariano

tantas fanegas de grano,

que al pasar de ciento estas,

puso cara de ansiedad,

 

dijo con pena, mirando

y el cuerpo zarandeando,

las torres de la ciudad:

“Si hogaño fuese hallá un día

y el amo bajar siquiera

seis fanegas…,¡cualisquiera,

cualisquiera me tosía!…”

¡Señor del tío Mariano!:

si acude a ti, sé piadoso,

que harás un hogar dichoso

con seis fanegas de grano.

 

3-b) Varón

Es un poema de verso libre con rima asonante en los versos pares. En esta poesía describe cómo no debe ser la educación y la vida de un campesino, al ridiculizar con fino humor cómo la educación recibida en la ciudad, le ha incapacitado para resolver los problemas elementales en la vida cotidiana del pueblo, como el cálculo del aceite que toca a la familia en la almazara.

El campesino hace rápidamente la cuenta, de sesenta cuartillos hay que averiguar cuántos corresponden a una media tercia de una quinta, la quinta de 60 es 12, la tercia de 12 es 4 y la media de 4 es 2. Luego a la familia le tocan 2 cuartillos.

El campesino ridiculiza a su hijo pues después de múltiples cuentas dice que el resultado es .

Es un magnífico poema por el gran mensaje que encierra, pues gracias a estos versos vemos como ha evolucionado el desarrollo humano.

 

¡Me jiedin los hombris

que son medio jembras!

Cien veces te ije

que no se lo dieras,

que al chiquín lo jacian marica

las gentis aquellas.

 

Ahora ya lo vide, y a mi no me mandis

más vecis que güelva.

Te largas tu a velo,

que pue que no creas

que tu cuerpo ha parío aquel mozu,

ni que lo cebasti con tu lechi mesma,

ni que tiene metía en la entraña

sangri de mis venas.

N’amás de mimarros

y delicaezas

que ha queao lo mesmo que un jilo

paliúcho y sin chispa de juerza

Ca instanti se lava,

ca instanti se peina,

ca instanti se múa

toa la vestimenta,

y se encrespa los pelos con jierros

que se lo retuestan,

y en los dientis se da con boticas

de unos cacharrinos que tieni en la mesa,

y remoja el moquero con pringuis

n’amás pa que güela.

¡Jiedi a señorita

dendi media lengua!

…………………………………….

“Mi papá, mi mamá, mi abuelita…”

así chalrotea,

como si el mocoso juesi un señoruco

 

de los de nacencia.

Ni mienta del pueblo, ni jaci otro oficio

que dil a una escuela

y palral de bobás que allí aprendí,

que pa na le sirvin cuantis que se venga.

Pa sabel sus saberis le ije:

“Sácame la cuenta

del aceiti que hogaño mos toca

del lagal po la parti que es nuestra.

Se maquilan sesenta cuartillos

p’acá parti entera,

y nosotros tenemos, ya sabis,

una media tercia

que tu madre heredó de una quinta

que tenía tu agüela Teresa.”

¡Ya ves tú que se jaci en un verbo!

Sesenta la entera,

doci pa la quinta

cuatro pa la tercia,

quita dos pa una media, y resultan

dos pa la otra media.

Pues el mozo empringó tres papelis

de rayas y letras,

y pa ensenrearsi

de aquella maeja

ijo que el aceiti que a mí me tocaba

era”pi menus erre”, ¿te enteras?

¡Pus pues dil jacindu

 

las sopas co ella!

¿ Y eso son saberis?

¡Esas son fachendas!

…………………………………………

Hay que dil a buscar al muchacho

cuantis que se puea,

y le dicis a aquellos señoris

que esu no quita pa que se agraeza,

pero que a su padri le jaci ya falta;

y asín se la enreas.

No lo quió jolgacian, aunque muchos

saberis trujiera.

Y no es esu solu lo que a mi me enrita,

que otras ocas me jacin más mella…

Hay que dil a buscalo ca y cuando:

que venga, que venga;

porque, mira: ¡ me jiedin los hombres

que son me dio jembras!…

 

3-c) Surco arriba y surco abajo

Es una poesía de verso libre con rima asonante en los versos pares. En este poema vemos a un hombre arando a la vez tierra y sentimiento. Estos versos fueron leídos en la función celebrada en el teatro Bretón de Salamanca, con asistencia de su Majestad el Rey Don Alfonso XIII.

El tío Roque que era otro personaje tomado de la realidad, después de echar sus cuentas y ver que no le cuadraban, por las elevadas rentas que tenía que pagar, no se limita a manifestar y centrar su esperanza en la generosidad del amo, para que le baje seis fanegas sino que se plantea no pagar las deudas. Pero el problema está en su conciencia, que le repugna no pagar lo que debe, aunque hacerlo, sabiendo que es injusto, supone quitarse de lo imprescindible para sobrevivir.

El poeta incorpora otro elemento importante, la visita que hará el Rey a Salamanca y la confianza del tío Roque en que no vendrá a ver la plaza y piensa que los responsables de la ciudad, le plantearán tan lamentable situación al monarca que al conocerla, así lo espera el tío Roque, tomará las medidas oportunas para solucionarla.

Araba el tío Roque

con su yunta de dóciles vacas:

con la Triguerona

con la Temeraria.

Y conforme la reja iba hendiendo

la tierra esponjada,

que al calor y a la luz descubría

las frescas entrañas,

el secreto pensar del tío Roque

que el silencio en redor barruntaba

 

Si la mesma canción de otros años

hogaño nos pasa,

di que nos avía

la miaja senara.

Ca vez más señora

te se pone la tierra y más mala.

No te sirve que le heches simiente

como chochos de gorda y de blanca,

ni que en piedra lípiz

gastes las pestañas,

ni que rompas, y bines y tercies,

y les des aricá bien temprana.

Cuasi con coguelmo

seis fanegas o siete derramas

Y te dan veintinueve raídas,

que ni cuasi el trabajo le sacas.

Y esto es echar uno

las cuentas galanas,

porque si una pedrea te viene,

que no son muy ralas,

ni siquiera te deja un pajuco

pa sacar del invierno las vacas,

¡ cuanti más un chocho

pa meter en casa!

Y entá no es lo malo

que no cojas nada,

porque en un apurón, hate cuenta

que un invierno…en la cárcel se pasa;

pero, amigo, te afronta con pagos

porque, claro, que no tienes cara

pa cuadrarte y decir que lo debes…

pero no lo pagas…

y lo cual es mejor no decirlo,

pues no habiendo vergüenza, no hay nada…

¡Vuelve, Triguerona!

¡Vuelve Temeraria!

 

Y no miento ahora

los runrunes continuos que andan

de que el rey mesmamente en persona

viene a Salamanca

que no es mala seña

si tampoco falla…

¡Vuelve Triguerona!

¡Vuelve Temeraria!

Yo no sé, pero yo me imagino

de que el rey no vendrá a ver la Plaza,

que en el mesmo Madrid habrá muchas,

no agraviando a la nuestra, tan guapas.

Me imagino de que él no se fía

y que viene a oservar lo que pasa,

porque hacienda en poder de criaos

se la lleva en un verbo a la trampa.

Me imagino que viene a enterarse

de si tiras p’alante u atrasas,

de si siembras, u comes, o ayunas,

u pierdes u ganas.

De modo y manera

que en queriendo fijarse una miaja,

se ha de dir al Palacio enterao

de má e cuatro lástimas,

que, si a mano viene,

podrá remediártelas,

u quisiera poner los posibles,

que en pusiéndolos bien no te fallan…

Yo no sé; pero yo me imagino

de que el rey no vendrá a ver la Plaza

Y si solo la Plaza le enseñan

los de Salamanca…

¡Para , Triguerona!

¡Tente, Temeraria!

 

3-d) Bálsamo casero

Es una poesía de verso libre con rima asonante en los versos pares. En este poema nuestro poeta del pueblo afronta la reivindicación social. Quico está asustado por todo lo que deben pero su mujer Cleta hace las cuentas y le tranquiliza pues podrán pagar hasta la última perra.

Estamos perdíos,

no hay que dali güeltas,

que ya estoy mu jarto

de jechal la cuenta,

y ca ves que güelvo

se me poni dolol de cabeza.

-Quico, no te agines.

-Paecis boba, Cleta;

quedrás que me esponji,

u que baile, u que jaga fachenda;

mentris que la genti

mos jaci esta cuenta:

“ Dies al escribano,

dieciséis al tío Lucio Candela,

nuevi a la comadri

y ocho a tía Endelenceia,

sin contal los caíos de hogaño,

que entri to, pues, se arrima a sesenta…

 

 

¡Estamos perdíos…

no hay que dali güeltas!

u se vende el cachujo de casa

y en cueros mos quean…,

¡u me ajorco y me ajorro de andalmi

jechando más cuentas!

-¡Vamos, no esvaríes,

que ni en groma, ni en groma siquiera

debin de mintalsi

brutás como esa!

Y más que las trampas

tampoco te aprietan

pa que asín te agines,

pa que asín de ajogao te veas.

Verdá que se debin

toas esas gabelas;

pero, mira, tenemos posibles

pa pagal sin vendel la jacienda.

Treinta duros quiciás la potranca

te vali en la feria;

tres guarrapos, a cinco, son quinci,

y preñá la lichona nos quea;

entri yo y la muchacha otros cinco

mos ganamos jilando dos telas,

que quiciás este ivierno poamos

Jjlal dos y media;

con los burros, a días perdíos,

tu te sacas tres durus de güebras,

y las miajas de rastras que faltan

y el réito que sea,

lo poemos matal con jornalis

de la aceitunera,

de los cavucheos

y de la lavería.

Si asperan un año,

no se quea a debel una perra.

 

 

-¡Hora¡ Ya lo veo;

no sé jechal cuentas,

porque no pienso en esos rinconis

que a ti te se acuerdan.

Lo que jago es ponelme möorro

cuando doy en quereli dal güeltas;

y con estas que tú me has jechao,

me has barrío el dolol de cabeza…

 

 

  • Bibliografía
  1. De Cossío, José María.: “Cincuenta años de poesía española”, 1960
  2. Diego, Gerardo.: “Previsión de Gabriel y Galán”. Correo Literario, nº 5, septiembre 1954.
  3. Gabriel y Galán, José María.”Obras completas”. Universitas Editorial. Badajoz 1996
  4. Gómez Martín, Fernando E.: “Gabriel y Galán y la posteridad. Acogida y crítica del poeta en la segunda mitad del siglo XX”. Papeles del Novelty número 13. Salamanca, enero 2006.
  5. Jiménez Martos, Luis.: “José Mª Gabriel y Galán. Poesía y prosa”. Editorial Magisterio Español
  6. Navarro González, Alberto.: “Obras escogidas de Gabriel y Galán”. Publicada con el patrocinio de la Caja de Ahorros de Salamanca, en 1971.
  7. Peralta Coronado, Javier: “Las matemáticas en el arte, la música y la literatura”. Tendencias pedagógicas. Madrid 1998
  8. Real de la Riva.: “Vida y poesía de José María Gabriel y Galán”. Editado por la Diputación de Salamanca.
  9. Revista “Salamanca. Revista de Estudios”. Gabriel y Galán. Estudios conmemorativos en el centenario de su muerte. Ediciones de la Diputación de Salamanca, 2005 .
  10. Romano, María.: “La poesía di Gabriel y Galán”. Publicada por R. Patron, Bolonia 1965.
  11. San Martín Molina, Ricardo. : “Matemáticas y poesía “. Recursos didácticos e investigación. Número 1. Febrero 2008
  12. Sánchez Alegría, E. : “El campo en la poesía ( de Hesiodo a Gabriel y Galán)”. Publicación de Afrodisio Aguado, 1957.
  13. Sánchez de Horcajo.: “La poesía social en Gabriel y Galán”. Editorial El Reino. Torrejón de Ardoz, 1988

 

 

 

 

Dic 302020
 

Soledad Ucedo Villa

 

José Mª Gabriel y Galán, nació en Frades de la Sierra (Salamanca) el día 28 de junio de 1870, se celebra este año el 150 aniversario de su nacimiento por lo que se dedica la XLIX edición de los Coloquios Históricos de Extremadura a este escritor como poeta extremeño. Falleció el 6 de enero en Guijo de Granadilla (Cáceres). Hijo de campesinos propietarios de sus tierras, pasó su infancia en su pueblo natal y cursó allí los estudios de primaria.

A los 15 años, en octubre de 1885, solicita ingresar como alumno en la Escuela Normal de Salamanca para iniciar sus estudios de Magisterio. Se adjunta solicitud.

 

Cuadro Nº1.

Sr. Director de la Escuela Normal superior de Maestros de esta Provincia.

José María Gabriel Galán natural de Frades con cédula personal de undécima clase número 11.582, que exhibe a V.S. con el debido respeto expone: que desea ingresar como alumno en esa Escuela de su digno cargo, para lo cual acompaña adjuntos los documentos exigidos en la Circular de esa Dirección de 11 de Agosto de 1885.

Por todo lo cual suplico a V.S. se digne señalar día y hora en que haya de sufrir el examen de ingreso preparatorio. Gracia que el exponente no duda alcanzar de V.S. cuya vida guarde Dios m. a.

Salamanca, Octubre 28 de 1885.

José Mª Gabriel Galán

 

 

Fue admitido en dicha escuela y estudió los tres primeros años de Magisterio. El 21 de junio de 1888, tras superar los exámenes oportunos, obtiene el título de Maestro de Primera Enseñanza Superior.

 

Cuadro Nº 2

ESCUELA NORMAL SUPERIOR DE MAESTROS DE SALAMANCA

Acta de exámenes de reválida para Maestro de primera enseñanza Superior.

 

  1. José Gabriel y Galán natural de Frades de la Sierra provincia de Salamanca que nació el día 28 de Junio de 1870, habiendo hecho constar los estudios que expresa la adjunta hoja, y sufrido en los días veintitrés de Junio de 1888 los ejercicios necesarios para obtener el título de Maestro de primera enseñanza Superior ante los Jueces que suscriben, y en la forma que previene el Reglamento de 15 de Junio de mil ochocientos sesenta y cuatro ha sido calificado con la nota de Sobresaliente en el ejercicio escrito, la de Sobresaliente en el oral, y la definitiva de Sobresaliente para Maestro de primera enseñanza Superior.

 

Salamanca, 21 de Junio de 1888

 

Tras las brillantes calificaciones y con el reciente título de Maestro de primera enseñanza fue destinado a Guijuelo (Salamanca) a tan sólo 20 km de su pueblo, aquí ejerció desde el 1889 hasta el 1892. Los métodos didácticos que utilizó eran los propios de una educación en valores para formar a la persona, motivando tanto a nivel educativo como en conocimientos con su propia poesía, que había comenzado a escribir en sus años de estudio en Salamanca y dedicada en su mayoría a la gente sencilla y a los campesinos que sienten verdaderamente la vida del campo. Como ejemplo incluimos un poema. [3]

 

MI VAQUERILLO

He dormido esta noche en el monte
con el niño que cuida mis vacas.
En el valle tendió para ambos
el rapaz su raquítica manta
¡y se quiso quitar-¡pobrecito!
su blusilla y hacerme almohada!
Una noche solemne de junio,
una noche de junio muy clara…
Los valles dormían,
los búhos cantaban,
sonaba un cencerro,
rumiaban las vacas…
y una luna de luz amorosa,
presidiendo la atmósfera diáfana,
inundaba los cielos tranquilos
de dulzuras sedantes y cálidas.
¡Qué noches, qué noches!
¡Qué horas, qué auras!
¡Para hacerse de acero los cuerpos!
¡Para hacerse de oro las almas!
Pero el niño ¡qué solo vivía!
¡Me daba una lástima
recordar que en los campos desiertos
tan solo pasaba
las noches de junio
rutilantes, medrosas, calladas,
y las húmedas noches de octubre,
cuando el aire menea las ramas,
y las noches del turbio febrero,
tan negras, tan bravas,
con lobos y cárabos,
con vientos y aguas!…
¡Recordar que dormido pudieran
pisarlo las vacas,
morderle en los labios
horrendas tarántulas,
matarlo los lobos,
comerlo las águilas!…
¡Vaquerito mío!
¡Cuán amargo era el pan que te daba!
Yo tenía un hijito pequeño
-hijo de mi alma,
que jamás te dejé si tu madre
sobre ti no tendía sus alas!-
y si un hombre duro
le vendiera las cosas tan caras!…
Pero ¿qué van a hablar mis amores,
si el niñito que cuida mis vacas
también tiene padres
con tiernas entrañas?
He pasado con él esta noche,
y en las horas de más honda calma
me habló la conciencia
muy duras palabras…
Y le dije que sí, que era horrible…,
que llorándolo el alma ya estaba.
El niño dormía
cara al cielo con plácida calma;
la luz de la luna
puro beso de madre le daba,
y el beso del padre
se lo puso mi boca en su cara.
Y le dije con voz de cariño
cuando vi clarear la mañana:
-¡Despierta, mi mozo,
que ya viene el alba
y hay que hacer una lumbre muy grande
y un almuerzo muy rico… ¡Levanta!
Tú te quedas luego
guardando las vacas,
y a la noche te vas y las dejas…
¡San Antonio bendito las guarda!…
Y a tu madre a la noche le dices
que vaya a mi casa,
porque ya eres grande
y te quiero aumentar la soldada… [4]

 

 

No describe José Mª la infraestructura de la escuela, sí algún compañero que también trabajó en ella, ejemplo, Fernández del Campo, decía que era “pobrísima” o Lorenzo Niño afirmaba que era un local falto de luz, pequeñísimo, sin ventilación y con mal pavimento. Por entonces estaban matriculados unos 150 niños con los que tenía que trabajar a diario por un sueldo ochocientas veinticinco pesetas anuales, que pagaba el Ayuntamiento.

Su tarea docente y educadora le ocupaba seis horas diarias y se dedicó con mucho entusiasmo como manifestaron algunos testimonios de sus discípulos que elogiaban a su maestro no sólo en su tarea docente, sino como educador y amigo. Apostaba él por un sistema de enseñanza individualizado, como manifestó en uno de sus exámenes de 2º curso en Salamanca, “…como si no tuviera más que educar e instruir a un solo individuo…” Por entonces este sistema, debido a la ratio en el aula y para evitar el desorden en clase, estaba prohibido y se vio obligado a utilizar un método mixto y aplicaba el individual en las clases particulares que daba a domicilio. Como era costumbre por entonces, el maestro llevaba a sus discípulos a misa los Domingos haciéndose responsables de ellos, tarea que le gustaba porque él era, desde pequeño, muy religioso, pero que no cumplía siempre porque solía pasar muchos fines de semanas en su pueblo, lo realizaba con frecuencia hasta Galán se enteró por Miguel de Unamuno del comentario que hizo en público el cura en misa diciendo que el maestro se ausentaba los domingos, decidió no volver acompañar a los alumnos a misa, ya que no toleraba las imposiciones impertinentes. [5]

Guijuelo homenajea la labor de este Maestro utilizando su nombre para señalar diferentes asociaciones culturales, como por ejemplo la Asociación de Padre y Madres de alumnos y alumnas del colegio de Educación Primaria.

Con tres años de docencia en Guijuelo, siente necesidad de cursar estudios superiores y decide seguir formándose, por lo que se marcha a Madrid para continuar estudios de 4º curso de Magisterio en la escuela Normal Central de la capital cuyo edificio hoy, desde el año 1945, es el Instituto de Bachillerato Lope de Vega. [6]

Fig. Nº 1. Instituto Lope de Vega. Madrid.

La Escuela Normal Central de Madrid, se le conocía también como Escuela Normal Superior, fue una institución estatal creada en 1839, con el objetivo de formar a maestros de escuela ya titulados. Desde su inicio, el funcionamiento de la escuela quedó regido por el reglamento Interino de la Escuela Normal de Instrucción Primaria de 27 de mayo de 1837, firmado por Juan Subercase aprobándose el Reglamento para el régimen y gobierno de la escuela que velaba por la formación de inspectores de primera Enseñanza y de profesores. [7]

En el año 1892, cuando se celebraba el IV centenario del Descubrimiento de América, con la formación recibida en esta Escuela Normal Central, Galán es destinado a Piedrahita, municipio de la provincia de Ávila, para hacerse cargo de la escuela, tomando posesión el 19 de abril del mismo año y con un salario de mil docientas pesetas anuales, lo que le permite disfrutar de un nivel de vida mejor que en Guijuelo. Ejerce aquí una brillante labor pedagógica hasta el año 1898 aplicando los nuevos conocimientos adquiridos en Madrid. Durante este periodo de su vida sólo tenemos conocimientos por las cartas que escribe a sus amigos, firmadas la mayoría con el seudónimo “El Solitario” por su bajo estado de ánimo, triste, melancólico y muy sensible que le caracterizaba. Fue un hombre muy religioso, como hemos dicho anteriormente, ideas que le había inculcado su madre. [8]

En esta localidad enseguida se hizo muy devoto de la patrona la Virgen de la Vega. Lo demuestra un poema que escribió y se lo envío a un amigo, que lleva por título:

 

A Piedrahita

 

Pueblo que a los pies postrado

de la Virgen de la Vega

suspiras enamorado:

¡Tu ruego hasta el cielo llega!

¡Tu amor te será premiado!

 

Pueblo que así sabe orar,

Pueblo que así sabe amar

y así cifra en Dios su anhelo,

es pueblo que ha de alcanzar

las bendiciones del cielo.

 

Tu fe te eleva y te abona.

¡Sigue postrado a las plantas

de tu divina Patrona,

y téjele una corona

de hermosas plegarias santas!

 

Dile que en Ella confías,

pídele virtudes puras,

confiésale cuanto ansías,

cuéntale tus alegrías,

llórale tus amarguras…

 

Dile que tú necesitas

una madre que en tus cuitas

te dé remedio y consuelo

cuando recurras al Cielo

con oraciones benditas.

 

Dile, sí, que de su mano

bajo el poder soberano

te acoges con puro amor,

¡y dile que en ser cristiano

cifras tu gloria mayor!

 

Y díselo al mundo entero

con varonil entereza

y santo orgullo sincero;

porque eso es noble grandeza

de cristiano verdadero.

 

Pueblo que sabe rezar,

nunca al borde del abismo

debe por nada temblar.

¡Pueblo que a Dios sabe honrar,

se sabe honrar a sí mismo!

 

Alza, pues, tus oraciones;

pues mientras ellas ascienden

por las celestes regiones,

otras tantas bendiciones

sobre tus hijos descienden.

 

¡Cuán grande ante Dios pareces

cuando, con tu fe por guía,

alzas al Cielo tus preces!

¡Cómo a los pies de María

Te sublimas y engrandeces!

 

Sigue a las plantas postrado

de la Virgen de la Vega

suspirando enamorado;

¡siempre el buen hijo que ruega,

es por su Madre escuchado!

 

Tú, que la sabes amar,

tú, que la sabes honrar

y en su amor cifras tu anhelo,

¡por Ella habrás de lograr

las bendiciones del Cielo! [9]

 

Se puede decir que fue como un sacerdocio su cargo de maestro, cuyo objetivo primordial era sacar buenos ciudadanos, quería educar el corazón de sus discípulos tanto como la inteligencia, les hablaba de la hermosura y grandeza del alma a la vez que les iniciaba en la ciencia. José Mª admiraba el campo, la naturaleza por lo que con frecuencia paseaba con sus alumnos/as por esos paisajes abulenses contemplando su belleza en los amplios horizontes y comparando, dicha belleza con el interior del ser humano. Así, entre bromas y veras, estudiaba las distintas aficiones y psicología de cada chico y hasta les escribía versos para que se dieran cuenta de sus defectos y se enmendaran, por ejemplo a uno muy charlatán le escribió éste para corregir su locuacidad. A modo de adivinanza.

“Charlatán incorregible

sempiterno e infinito

que su vicio más temible

es no cerrar su piquito

Es el lorito.”

 

 

La facilidad y afición que tenía con la poesía le permitía utilizarla en su labor docente enseñando a sus alumnos/as a conocer desde temprana edad el arte métrico, así participaban escribiendo cantares para la escuela, en álbums, en el reverso de los retratos, etc.

Como educador, Gabriel y Galán encarnaba con su labor los dotes que Don Francisco Giner de los Ríos, pedagogo, quería para el Maestro. Diciendo literalmente:

“Que tenga una educación fundamental capaz de despertar en su alma un sentido profundo, enérgicamente varonil, moral, delicado, piadoso; un amor a todas las grandes cosas, a la religión, a la naturaleza, al bien, al arte; una conciencia transparente de su fin , nutrida por una vocación arraigada; gustos nobles, dignidad de maneras, hábito del mundo, sencillez, sobriedad, tacto y ese espíritu educador, en fin, que remueve como la fe los montes , y que lleva en su seno, quizá cual ningún otro, el porvenir del individuo y de la patria.”[10]

Llega a su vida el amor en 1893, enamorándose de Desideria García Gascón, durante su noviazgo siguió ejerciendo la docencia hasta que decidió contraer matrimonio el 26 de enero de 1898 en Plasencia (Cáceres) lo que le obliga a cambiar completamente su vida dejando la escuela para dedicarse de lleno a las tareas del campo, profundamente apegado a esta vida desde su niñez, como confiesa él mismo en una carta a la condesa Pardo Bazán, “…al cultivo de unas tierras y al cuidado y cariño de mi gente…” administrando la dehesa “El Tejar” Extremadura, propiedad de la familia de su esposa.[11]

Cuando finaliza su estancia en Piedrahita, el Maestro se hace, como recuerdo, una fotografía con la última promoción de los alumnos de su escuela, ya que el poeta quiere dejar como un legado a aquellos niños que tuvo la suerte de educar.

Fig. Nº2. Últimos alumnos/as de J. M. Gabriel y Galán

 

En la parte posterior escribe un poema, que es la última lección de este hombre, y que hoy guardan como un tesoro los descendientes de aquellos niños. El poema autógrafo dice así:

Cuando de Dios el mandato
nos obligue a separarnos
observad este retrato
como un testigo grato
para jamás olvidarnos.
Yo que os estimo y os quiero
con cariño verdadero
jamás os tendré en olvido
pues quedará siempre entero
vuestro recuerdo querido.
Hacedlo también así
y cuando de mí estéis lejos,
sed buenos como hasta aquí,
y no olvidéis mis consejos,

aunque os olvidéis de mí. [12]

 

En Piedrahita, de Gabriel y Galán queda la huella en una calle, que lleva su nombre, y en el viejo caserón que fuera su hogar, las antiguas dependencias del Palacio de los Duques de Alba, y que hoy se llama: La Casa de Gabriel y Galán y sobre todo quedó en la memoria de aquellos que tuvieron la suerte de tener a este poeta por maestro, hoy todos fallecidos, pero cuyo recuerdo queda en sus descendientes y testigo mudo, de todo ello, se levanta el Viejo Torreón del Palacio de los Duques de Alba y frente a él un balcón, ahora cerrado, desde donde el poeta miraba en las tardes de invierno o primavera la Torre del Reloj.

Fig. Nº 3. Torre del reloj frente al palacio

 

En la actualidad, la casa es un museo donde se pueden observar objetos personales del poeta. Una habitación está dedicada a una de sus poesías más conocidas, “El Embargo”, escrita en castúo y de su libro, “Extremeñas”. Es interesante también la cocina montada con utensilios de la época, que guarda, sin lugar a duda, un gran valor etnográfico. [13]

Fig. Nº 4. Casa de Gabriel y Galán en Piedrahita

Tras el matrimonio con Desideria, comienza una nueva etapa de su vida en Extremadura, ya que fija su residencia en Guijo de Granadilla y se dedica a su familia y a las tareas del campo, dando testimonio de su día a día en los poemas que escribe, que con el transcurso del tiempo acumuló numerosos y merecidos premios, el primero y muy significativo fue el certamen literario, en Salamanca, dedicado a los “Juegos Florales” en el que concursó con el poema: “ El ama” inspirado en el amor a su madre, recia mujer de Castilla que le animó en sus principios literarios.

Fig. Nº 5.- Publicación del poeta premiado en el “Imparcial”

Citamos otros premios importantes que recibió el poeta: Zaragoza (1902), Murcia (1903), Lugo (1903) y Sevilla (1903), así como el nombramiento de hijo adoptivo de la localidad de Guijo de Granadilla o el homenaje recibido en Argentina al ser premiada su poesía “Canto al trabajo” . [14]

Fig. Nº6.- Casa de Galán en Guijo de Granadilla

La Casa de Gabriel y Galán en Guijo de Granadilla hoy es un Museo en su honor, legado por los descendientes en 1980, se encuentra abierta al público desde 1985.
Se distribuye en dos plantas donde se pueden ver objetos personales del poeta. También nos encontramos con una habitación dedicada a una de sus poesías más conocidas “El Embargo”, escrita en castúo. Apreciable es la cocina de indudable valor etnográfico.

Fig. Nº 7.- Interior de la casa –museo de Galán en Guijo de Granadilla

 

Dejó su docencia de forma activa, pero sus dotes de maestro los seguía ejerciendo en su vivir diario y ha estado y está presente en las escuelas y colegios de toda la geografía extremeña, sobretodo hubo unos años que junto a Luis Chamizo, sus poemas se recitaban en una semana de primavera que se celebraba en toda la Comunidad Autónoma conocida como “La Semana de Extremadura en la Escuela o Semana de Extremadura en Convivencia”. Fue un movimiento, espontaneo, libre que nació en el 1978 con el inicio de la democracia preautonómica. El objetivo principal era eliminar del mapa la frontera provincial entre Cáceres y Badajoz, dos provincias que vivían de espaldas desde los puntos de vistas administrativo, civil y religioso. Se programaban actividades para la promoción y el fomento de cultura extremeña con un estudio del Estatuto de Autonomía con el fin de conocer mejor la población escolar y ciudadana, todo era posible con la colaboración de asociaciones, instituciones y colectivos públicos y privados. Se celebraba en la escuela, la mayoría rural y muy humilde cuyos edificios se llenaban en estos días de objetos de labranzas, recuerdo de los abuelos; trajes regionales; las paredes se cubrían de cartulinas con la silueta de nuestra región y con banderas tricolores: verde, blanca y negra. [15]

Fig. Nº8. Exposición en la escuela

Fig. Nº 9.- Exposición bandera y traje regional

 

El entusiasmo que ponían los maestros y los alumnos por sentirse extremeños hacía que todos estudiaran, muy motivados, la región autonómica en el aula desde distintos punto de vista: geográfico, los Ríos Tajo y Guadiana; las Sierras de Tentudía o Guadalupe, la exuberante vegetación de Monfragüe y Cornalvo; personajes como Zurbarán, Pizarro,…       Este estudio salía a la calle con exposiciones y actuaciones donde no faltaba la recitación de alguna poesía de Gabriel y Galán y bailes regionales ensalzando el folklore extremeño.

Fig. Nº10.- Alumno recitando un poema de Gabriel y Galán

Este curso 2019/2020, en febrero, conmemorando el aniversario de la aprobación del Estatuto de Autonomía de Extremadura por las Cortes Generales, el 25 de febrero de 1983, se ha celebrado una nueva edición del “Día de Extremadura en la Escuela” organizados por los CPR de la Comunidad, con el objetivo de recuperar esta tradición que durante tantos años se llevó a cabo en las escuelas de toda la región.

Dicha actividad consistió, a la vez que en una convivencia, en una Feria de muestras donde cada centro aportó su visión sobre Extremadura, a través de la organización de talleres y actuaciones que nos ofrecieron una visión particular sobre nuestra Comunidad Autónoma, así se hizo, como lo manifestó la Delegada de Educación, Susana Fajardo. “Mostraron sus trabajos, realizados por los propios escolares, junto a actividades y propuestas interactivas en las que todos los visitantes disfrutaron de robótica educativa, arte, gastronomía, danza, naturaleza, música, fiestas populares, o conocimiento del entorno natural”.

 

FUENTES Y WEBGRAFÍA

 

[1] Fernando E. Gómez Martín. Gabriel y Galán Maestro- Poeta de Castilla. Pag. 1. Vindicación del poeta a los 100 años de su titulación como Maestro.

[2] Fernando E. Gómez Martín. Gabriel y Galán Maestro- Poeta de Castilla. Pag. 2 Vindicación del poeta a los 100 años de su titulación como Maestro.

[3] Gabriel y Galán. Castellanas. Nuevas Castellanas. Extremeñas. Pag. 1. Colección Austral. Espasa Calpe, S.A.

[4] José María Gabriel y Galán. Obras completas. Pags 307, 308 y 309. Edición Junta de Extremadura.ConsejeríadeCultura.

[5] José Mª Gabriel y Galán Acevedo. José Mª Gabriel y Galán. Su vida. Su obra. Su tiempo. Pags. 89, 90, 92 y 94. Editora Regional de Extremadura. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura.

[6] https://es.wikipedia.org/wiki/josé María Gabriel y Galán

[7] https://es.wikipedia.org/wiki/escuela Normal de Madrid

[8] Mariano de Santiago Cividades. Epistolario de Gabriel y Galán. Pag. 40. Gráfica Excelsior, Campomanes,6. Madrid.

[9] José Mª Gabriel y Galán. Obras Completas. Pp 1033, 1034 y 1035. Ediciones Junta de Extremadura. Consejería de Cultura.

[10] Mariano de Santiago Cividades. Epistolario de Gabriel y Galán. Pag. 41, 42 y 43 Gráfica Excelsior, Campomanes,6. Madrid.

[11] Gabriel y Galán. Castellanas – Nuevas Castellanas- Extremeñas. P.1. Colección Austral Espasa Calpe, S.A.

[12] Mariano de Santiago Cividades. Epistolario de Gabriel y Galán. Pags. 43 y 44 Gráfica Excelsior, Campomanes,6. Madrid.

[13] web

[14] José Mª Gabriel y Galán Acevedo. José Mª Gabriel y Galán. Su vida. Su obra. Su tiempo. Pag. 247. Editora Regional de Extremadura. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura.

[15] http://www.hoy.es/extremadura/semana-extremadura-escuela.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Dic 302020
 

 

 Juan Carlos Rodríguez Masa

Universidad de Extremadura

juancarlosrm@unex.es

 

 

  1. Introducción

La bella comarca extremeña de Las Hurdes (o Jurdes, como siempre la han llamado sus moradores), ubicada en el extremo norte de la provincia de Cáceres, ha inspirado infinidad de tópicos desde su “descubrimiento oficial” en el siglo XVI. Durante siglos, aunque de manera más acentuada en los albores del siglo XX, las Jurdes se convirtieron en un exótico escaparate patrio donde los mitos, misterios y leyendas hicieron correr ríos de tinta en la literatura.

La orografía endiablada de la zona, repleta de vertiginosos barrancos y escabrosos valles, propiciaron su aislamiento y “primitivismo” durante siglos. Además, el erróneo conocimiento geográfico de la comarca, cuyo territorio era confundido con el vecino valle de Las Batuecas (formando un todo), contribuyó al invento de una zona geográfica fabulosa, poblada según algunos por una “raza inferior”. Dentro de esta contingencia, muchos de los escritores de finales del siglo XIX, marcados por una idea preconcebida, ofrecieron una visión de Batuecas-Hurdes desfigurada, cuando no fantasmal, fundamentada principalmente en el desconocimiento de su realidad.

En la primera década del siglo XX, el estado general de la comarca jurdana suscitó la fundación en 1903 de la sociedad filantrópica La Esperanza de las Hurdes por el Ilmo. Sr. D. Francisco Jarrín y Moro, canónigo de Salamanca y más tarde Obispo de Plasencia, y otras destacadas personalidades. Esta asociación benéfica nació para redimir a la comarca de la pobreza y promover la “regeneración” de la zona, y su órgano de expresión fue la revista mensual Las Hurdes (1904-1908). Entre los numerosos colaboradores que participaron en la revista se encontraba el poeta Gabriel y Galán. Fue precisamente este poeta el que envió en 1904 una composición de 84 versos, “La jurdana”, en cuyas estrofas describió la precaria situación de los hurdanos, reclamando para ellos dos limosnas: ¡Pan de trigo para el hambre de sus cuerpos! ¡Pan de ideas para el hambre de sus almas! El poema no pasó desapercibido entre las élites intelectuales españolas y sembró una semilla de concienciación sobre el “país hurdano”, que germinó y dio sus frutos gracias a la intensa actividad pastoral del ilustre prelado placentino, Sr. Jarrín.

 

  1. La mitificación de Las Batuecas-Hurdes (mitad del siglo XVI hasta finales del XVII)

El conjunto Batuecas-Hurdes ha formado a lo largo de la historia un todo, un sistema, constituyendo una realidad complementaria hasta, al menos, el siglo XIX. Parece ser que el primer texto, de carácter legal, donde se localiza el topónimo se remonta a una escritura de cesión y deslinde de 8 de enero de 1327[1], documento por el cual la antigua villa de Granada[2] (denominada Granadilla desde la toma de su homónima andaluza) donaba las dehesas de Batuecas y Jurde[3], hasta entonces bajo su jurisdicción, al vecino concejo de La Alberca[4]. Los moradores de este territorio, fuertemente aislado del resto de comarcas, fueron casi desconocidos por el resto del país, desarrollando durante siglos un tipo de cultura de la pobreza, endogámica y peculiar, que les hizo aparecer como seres desconcertantes para sus futuros “descubridores”[5].

Las primeras menciones documentales sobre la zona y sus moradores, de contenido más imaginario que real, fueron producidas durante el siglo XVI, coincidiendo en el tiempo con las exploraciones oceánicas que incorporaron a la Corona castellana nuevos territorios y civilizaciones. En efecto, el “descubrimiento” oficial de Batuecas-Hurdes se situó en estricto paralelo con el descubrimiento, conquista y colonización del continente americano. Las Batuecas nacieron como un “Nuevo Mundo” en Castilla, convirtiendo a estos dos territorios dispares, América y Las Batuecas, en objetos homólogos para la actividad de geógrafos, historiadores, escritores y, por su puesto, Cronistas de Indias.

Según la bibliografía consultada, el primer autor que registró los orígenes de la leyenda del “bárbaro batueco” (que en realidad eran los hurdanos) fue el fraile dominico Diego Durán[6], en su obra Historia de las Indias de Nueva España e islas de la tierra firme (1579), también conocido como Códice Durán. Al analizar algunos pasajes de su Historia, donde el dominico aludió a ciertos conceptos de la cosmovisión mexica, nos encontramos que, este defensor de la pureza religiosa, comparó conceptos y objetos del mundo indígena con los occidentales, a fin de que fueran más cercanos para el lector[7]. En este sentido, el padre Durán en el prólogo a la segunda parte de su Historia, al tratar las posibilidades de evangelización de la población de la Nueva España, comparó al “indio” novohispano con los “toscos” habitantes de Las Batuecas[8].

La composición de Fray Diego Durán se anticipó en varias décadas a la comedia de Lope de Vega, Las Batuecas del Duque de Alba, considerada el punto de partida de la “paradoja” y la fabulación socio-céntrica posterior sobre la comarca[9]. Marcelino Menéndez Pelayo dató la escritura de esta comedia de Lope entre 1604 y 1614[10]. Sin embargo, Morley y Bruerton, a juzgar por la métrica de la obra, la situaron entre 1598 y 1600 (en cualquier caso, nunca después de 1604)[11]. No obstante, la obra fue impresa algunos años después de la muerte de su autor, en 1638. Por todo ello, debemos anotar que es poco probable que Lope haya sido el primero que difundió la leyenda, ni incluso pensamos que haya sido el pionero en relacionar el descubrimiento de Las Batuecas y el de América, aunque probablemente su primacía literaria nos ha producido la ilusión de su prioridad[12]. La brillante imaginación de Lope, guiada y refrenada por unos informantes que conocían la comarca, intervino en los detalles y no en los aspectos esenciales de la “historia” que ya circulaba por los principales centros del país: Madrid y Salamanca[13]. En este sentido, y coincidiendo con la opinión de Menéndez Pelayo, debemos señalar que el comediógrafo seguramente no inventó la leyenda, aunque por la celebridad de sus escritos contribuyó principalmente a difundirla: “…puede decirse que la recogió apenas nacida…”[14].

Lope de Vega no visitó la comarca de Las Hurdes, pero oyó hablar de ella como un “país” primitivo, de vida arcádica[15]. Por ello, el “Fénix de los Ingenios” se inspiró para el argumento de la comedia, ambientada en la reinado de los Reyes Católicos, en la historia de una pareja de enamorados que huyeron del Duque de Alba (Don Juan de Arce y Doña Brianda) y se adentraron en un valle desconocido, Las Batuecas, donde se encontraron con una “tierra mágica” poblada por unas gentes “semihumanas” que hablaban con voces godas, y cuyos antepasados veneraban al demonio: “…y en el riñón de Castilla, encierra aquesta montaña / gente, que en fin descendió / de los fugitivos Godos / quando España se perdió…”[16]. Desde el principio de la obra aparecieron Taurina, “salvaje de cabellos desordenados, vestida con pieles”, y Giroto, “salvaje de cabellos largos, vestido con pieles” [17]. Sin duda, el poeta escenificó un paralelismo material y espiritual entre el descubrimiento del Nuevo Mundo y el descubrimiento de Las Batuecas: “…Que ignorancia? / Nosotros habitamos este valle, / cerrado de estos montes espesísimos, / cuyas sierras empinan sus cabeças / a topetar con las estrellas mismas, / sin que jamás ninguno aya sabido / quién fue el primero que nos dio principio. / En esta lengua habramos, estas choças / nos cubren, estos árboles sustentan, / y la caça que matan nuestros arcos…” [18]. Desde esta perspectiva, frente a la América en proceso de colonización, se alzaron estas Batuecas lopescas todavía vírgenes[19].

El relato teatral, cargado de exageraciones, se desarrolló sobre los dos condicionantes que constituyeron la esencia de la leyenda: aislamiento completo del territorio y salvajismo de sus habitantes, los cuales fueron subrayados por Lope en varias ocasiones. Además, Félix Lope de Vega Carpio, a quien Cervantes calificó como el Monstruo de la Naturaleza, introdujo nuevos elementos en la leyenda: la brujería y los demonios. En efecto, Lope fue el primero en introducir la leyenda del demonio en Las Batuecas, así lo advertimos la siguiente acotación: “…sale un Demonio en forma de Satiro, media máscara hacia la boca, con cuernos hasta la cintura un desnudillo de cuero blanco, y de la cintura á los pies de piel, á la hechura de cabrón, como le pintan…”[20]. Al mismo tiempo, en la acción teatral aparecieron misterios, supersticiones, hechicería, magia negra, y un largo etcétera de fenómenos sobrenaturales, “demostrando” así la naturaleza mágica que definió a la comarca durante varios siglos. Así pues, Las Batuecas se convirtieron en un escenario de la lucha entre las fuerzas del bien (cristianismo) y del mal (demonios e infieles), uniendo la comarca a esa esencia de misterio y de enigma que ha tenido desde entonces.

Indiscutiblemente, Lope de Vega escenificó y difundió la denominada ignominiosamente “leyenda negra” hurdana en los escenarios de toda Castilla, poniendo firmes cimientos a la generación de tópicos (alrededor de Las Hurdes y los hurdanos) que otros autores posteriores se encargaron de divulgar. Por todo ello, el gran Lope de Vega se intituló como el codificador y “padre” de la leyenda mitificadora de la zona, así como el primer “historiador” que definió el rocambolesco aspecto de sus habitantes, haciendo de aquellos barrancos “habitación de salvajes y demonios”.

En el periodo en el que se desarrolló esta peculiar acción teatral apenas existen referencias documentales sobre el tema, aunque sin duda alguna los elementos de la tradición que recogió Lope de Vega procedieron de las noticias y leyendas que circulaban por las posesiones ducales en la Alta Extremadura durante su estancia, como gentilhombre de cámara, en el palacio castillo de los Duques de Alba en Alba de Tormes (Salamanca), donde vivió entre 1592 y 1595[21]. Durante el transcurso de esta visita realizó un viaje, en una fecha imprecisa, por las posesiones ducales en la Alta Extremadura, en el que procuró un encuentro con el Valle y con las leyendas (de tintes paradisíacos) que enriquecían su geografía desconocida[22].

Las noticias y detalles suministrados por la Orden de Carmelitas Descalzos, instalados desde finales del quinientos en el “Desierto” de San José del Monte Batuecas, también debieron ser utilizados por el comediógrafo[23]. Sobre los descalzos hemos consultado el Memorial de la Provincia de San Gabriel, de la Orden de los Frayles Menores de la Obseruancia publicado por Fray Juan Bautista Moles[24] en 1592 (anterior o, cuanto menos, coetáneo de Las Batuecas de Lope). El padre Moles señaló que San Francisco, al volver de Compostela, se adentró en el límite de Salamanca y Cáceres, y desde allí apuntó que, desde tiempos antiguos, era frecuente que tanto los frailes como los pastores de la zona avistaran: “…muchas vezes de noche mucha claridad, y resplandores…”[25]. Del mismo modo, en la Crónica de la Reforma de los Descalzos de Nuestra Señora del Carmen (impresa en 1683, casi un siglo más tarde de haberse producido los acontecimientos), fray José de Santa Teresa se hacía eco de los rumores que ubicaban fantasmas y demonios en el valle de Las Batuecas.

Efectivamente, el cronista, historiador y teólogo carmelita Fray José de Santa Teresa refirió cómo el padre provincial de la orden en Castilla la Vieja, Fray Tomás de Jesús, encomendó en 1597 al padre carmelita descalzo Fray Alonso de la Madre de Dios, natural de Las Brozas, la tarea de encontrar un enclave adecuado para la fundación de un convento de desierto en el Valle de Las Batuecas. Fray Alonso, alentado por las noticias que le dieron, accedió a los escarpados montes batuecos y realizó una minuciosa descripción de cómo se llevó a cabo la elección del Valle: “…en los Pueblos mas distantes corría fama, q en tiempos passados avia sido aquel sitio habitacion de salvajes, y gente no conocida en muchos siglos, oída, ni vista de nadie, de lengua, y usos diferentes (…) que veneravan al demonio, que andavan desnudos, que pensavan ser solos en el mûdo, porq nunca avían salido de aquellos claustros…”[26].

Los testimonios escritos nos aseguran que Lope de Vega no tuvo la prioridad absoluta en el conocimiento del mito hurdano, pues, con anterioridad a la edición de la comedia, hubo diversos autores que hicieron alusión al hallazgo de las Jurdes y al tópico de la ascendencia goda de los batuecos. Uno de ellos fue el padre Gabriel Quiroga de San Antonio[27], quien en su libro, Breve y verdadera relación de los successos del Reyno de Camboxa (1604), señaló que las “Majadas[28] de Jurdes” fueron descubiertas por un cazador del duque de Alba[29]. Así pues, Las Hurdes-Batuecas aparecieron como tierra de caza en esta versión impresa de la leyenda[30]. Tras el dominico Gabriel Quiroga fueron varios los autores que trataron de este extraordinario hallazgo, siendo sustituido en sus relatos las “Majadas de Jurde” por Las Batuecas[31].

Un testimonio relevante, sobre todo porque amplió con datos inéditos la escueta referencia de Quiroga, fue el del teólogo Basilio Ponce de León[32], quien en 1611 confirmó la misma idea[33]: antiguos españoles que huyendo de la invasión musulmana se escondieron en el valle de Las Batuecas, donde estuvieron escondidos cerca de ochocientos años, engendrando ininterrumpidamente prole tras prole, hasta que los descubrió el Duque de Alba que practicaba en él la caza: “…eran ya tan bárbaros y tan olvidados estaban de su origen, que casi no les quedaba huella alguna de cristianos…”[34].

Otro autor que mencionó los míticos valles batuecos fue el sacerdote jesuita Juan Eusebio Nieremberg, en su obra Curiosa filosofía (publicada por primera vez en 1629). El erudito Padre Nieremberg recogió la versión mitológica de las Batuecas como “Paraíso Terrenal”, cuyos moradores vivían como “bestias sin religión”: “…en medio de España se nos han encubierto por inmemoriales años unos valles que llamamos aora las Batuecas, sin saber nosotros dellos, ni los que estavan alli de nosotros, criandose en aquel espacio breve como bestias sin religion, sin noticia de mas mundo: pues si en la frequencia del mundo, y sin extraordinaria providencia del cielo se nos ocultò aquella tierra hasta estos dias, que mucho, si el Paraiso se nos escondiese por singular consejo de Dios, y ministerio de los Angeles…”[35].

También, el catedrático de hebreo y griego de la Universidad de Alcalá, Alfonso Sánchez, divulgó el mito del salvajismo en Las Batuecas en su obra magna De Rebus Hispaniae Anacephalaeosis (1634). Este erudito salmantino, a la sazón buen amigo de Lope de Vega, se ocupó de Las Batuecas en el capítulo V del séptimo libro, titulado De Batuecis, donde se aventuró a decir que los “batuecos” hablaban un idioma desconocido[36] compuesto con algunos términos semejantes a los godos[37]. Para este “magister” salmantino, Las Batuecas eran una región misteriosa y escondida, oculta en el confín de Castilla con Extremadura, entre montañas y abismos ajenos a la decantada planicie castellana[38]. Del mismo modo, Alfonso Sánchez criticó lo que consideraba una paradoja: el descubrimiento de nuevos mundos exteriores mientras se ignoraban los propios. La obra de este erudito historiador, tenida por histórica tras su traducción al latín (“La Lengua de las Cosas Verdaderas”), gozó de cierta recepción entre los doctos, refrendando y concediendo carta de naturaleza histórica a la leyenda elaborada por Lope.

Casi medio siglo después de la publicación de la comedia de Lope de Vega, y siguiendo el planteamiento temático de éste, apareció la obra teatral El Nuevo Mundo en Castilla (1671) de Juan de Matos Fragoso, dramaturgo y poeta español de origen portugués. Esta comedia teatral también se situó en la época de los Reyes Católicos, cuya acción se gestó entorno a la peripecia amorosa de dos criados del Duque -don Juan Almendrares y doña Isabel de Avendaño- que huyeron de Alba, ante el deseo manifestado por el Duque de que Isabel se casara con otro personaje de la Casa Ducal[39]. Evidentemente, más que una creación nueva, el fondo argumental de esta comedia fue una refundición del texto de Lope, del que copió, con ligeras variaciones, versos y estrofas enteros. Aunque, probablemente concedió una mayor presencia al personaje del demonio[40]. Así, mediante esta producción dramática de enredo, Matos Fragoso redifundió la leyenda mitificadora de Las Batuecas en la Corte madrileña[41].

  1. La desmitificación de Las Batuecas-Hurdes (finales del XVII y XVIII)

Durante el siglo XVII se tramó en torno a Las Batuecas-Hurdes una fábula literaria que, partiendo de Las Batuecas del Duque de Alba, terminó proyectando sobre la comarca una imagen falseada de la realidad. Por ello, en paralelo a las hipótesis literarias mantenidas por Lope de Vega o Matos Fragoso se originó otro tipo de discurso que negó las fantasías, fabulaciones y falacias sobre este famoso Valle. En este sentido, el bachiller Tomás González de Manuel, presbítero y vecino de la Alberca, en su Verdadera relación y manifiesto apologético, de la antigüedad de Las Batuecas, y su descubrimiento (1693), arremetió indignado contra todos los que habían creado y divulgado la leyenda del salvajismo en Las Batuecas. Igualmente, pretendió deportar las patrañas sobre los batuecos como gente ignorante e ignorada, enjuiciando la historia de Alfonso Sánchez[42].

Del mismo modo, el Padre Feijoo[43] se propuso desterrar las fabulaciones sobre las Batuecas con “Fábula de las Batuecas y países imaginarios” (1730) en el tomo IV (discurso décimo) de su Teatro crítico universal, dando paso a un acercamiento historiográfico del tema[44]. Así pues, Feijoo desmontó la quimérica constitución del mito de las Batuecas y censuró todas las invenciones de la ficción supersticiosa[45] y, además, los errores de conocimiento, abundantemente distribuidos por una literatura de divulgación[46].

Lejos de las fábulas de Feijoo, en la segunda mitad del siglo XVIII se dieron los primeros pasos para deshacer toda una serie de planteamientos geográficos equivocados e incertidumbres sobre la historia y condiciones de vida de la comarca hurdana, por lo que avanzó a marchas forzadas la desmitificación de la región. Con esta pretensión encontramos a Antonio Ponz[47], quien recogió en el tomo séptimo de su Viage de España (1772-1794) las impresiones de sus jornadas por Las Batuecas y Las “Jurdes”. Efectivamente, el “abate Ponz” describió su patrimonio monumental y dio noticias sobre la vida, costumbres, monumentos y recursos de las distintas localidades visitadas, asentando así los límites entre lo mitológico y el marco geográfico e histórico del territorio[48].

A finales de la centuria del setecientos, Eugenio Larruga Boneta[49], en su colosal obra Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España (1795), fue el primero en definir de un modo más objetivo la región y establecer los límites exactos de su territorio, contribuyendo a deshacer el tradicional equívoco que confundía el desierto de las Batuecas con Las Hurdes[50]. En realidad, este ilustrado polifacético aragonés recabó los factores físicos, políticos y fiscales de la población hurdana, y éstos quedaron reflejados en la reseña que hizo de este territorio[51]. Además, E. Larruga denunció las condiciones de vida de los hurdanos (ya no “batuecos”) a través de un discurso progresista y comprometido en la propuesta de reformas, que no volverá a ser retomado hasta finales de la centuria siguiente[52].

Probablemente, E. Larruga fue el primer historiador que estableció una clara distinción entre Las Hurdes y Las Batuecas, cerrando de alguna manera toda una serie de planteamientos geográficos equivocados. No obstante, después de la aportación de E. Larruga tuvieron vigencia multitud de errores estrictamente geográficos sobre el lugar[53]. Así, el geógrafo erudito de Carlos III, Tomás López[54], fue uno de los autores que contribuyó con sus mapas a mantener el confusionismo geográfico sobre el conjunto Batuecas-Hurdes, ya que tanto en su Mapa de la Provincia de Estremadura (1766) como en otro más detallado sobre esta zona, Mapa de la Provincia de Extremadura: que contiene los partidos de Badajoz, Alcántara, Cáceres, Llerena, Mérida, Plasencia, Truxillo y Villanueva de la Serena (1798), López denominó “Tierra de las Batuecas” a un amplio territorio que comprendía la comarca de Las Hurdes, el valle de Las Batuecas, la villa de La Alberca y otras localidades de la actual comarca de Sierra de Francia[55].

En definitiva, el Siglo de las Luces se clausuró con visiones contrapuestas sobre el conjunto Batuecas-Hurdes, y buena prueba de ello fue la reedición de la “Verdadera relacion y manifiesto apologetico de la antiguedad de las Batuecas y su descubrimiento” (1797) de Tomás González de Manuel, cuyo propósito evidente (a priori) no podía ser otro que el de atacar de nuevo las leyendas e inexactitudes que corrían sobre Las Batuecas. No obstante fue sintomático que en esta edición se antepusiera una extensa composición poética (Epístola a Deliso), de mano anónima (F.D.V.), que relanzó de nuevo la imagen mítica de la comarca[56]: “…Allí en pajizas reducidas casas / De tosca firme piedra, sin cultura, / De indocto campesino por la mano / Con regla no aprendida, bien formadas / Verás reliquias sin igual dichosas / De la dorada edad, que la avaricia / Y el guerrero Nembrot abandonaron. / Entre empinados escabrosos montes / Se ocultan las sencillas Alquerías…”[57].

  1. La nueva dimensión del mito de Las Batuecas-Hurdes (siglo XIX)

En la bisagra entre los siglos XVIII y XIX encontramos una nueva dimensión del espacio Batuecas-Hurdes, pues el lugar sirvió de destierro político para toda una serie de aristócratas revolucionarios y sacerdotes liberarles, así como para toda clase de enemigos de los monarcas Carlos IV y Fernando VII[58]. Sin duda, durante el final de la Década Ominosa, o segunda restauración del absolutismo, el tópico de Las Batuecas como lugar de destierro intelectual terminó por alcanzar la prensa madrileña, concretamente la revista satírica El Pobrecito Hablador (agosto de 1832 a marzo de 1833), publicada por Mariano José de Larra[59], con el seudónimo de Pérez de Munguía. Larra, en su Carta a Andrés escrita desde las Batuecas por el Pobrecito Hablador (1823), se burló de la caracterización extranjera de los españoles adoptando el batuequismo como característica nacional, apareciendo comentarios irónicos sobre la situación del “país hurdano”[60]. En efecto, Larra jugó con la estructura del mito y cautivó a la sociedad romántica de comienzos del XIX, caracterizada por una vuelta a lo antiguo, al despojamiento, al gusto por un estilo más “rústico” [61].

Indistintamente, la disciplina geográfica estaba dando los primeros pasos para definir de modo objetivo el lugar. En este sentido, el Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal (1826-1829), dirigido por el ilustrado Sebastián Miñano[62], contribuyó de manera destacada a delimitar el perímetro del territorio hurdano. Además, el trabajo de Miñano constituyó una aportación de gran interés en la historiografía hurdanófila, ya que arremetió con rotundidad contra la literatura sobre el tema, calificando el descubrimiento de la comarca de meras fábulas inventadas[63].

Sin lugar a dudas, el desconocimiento histórico de la comarca, junto al confusionismo geográfico, favoreció la construcción de un “nuevo” relato novelado, de contenido más imaginario que real, sobre un territorio convertido ahora en lugar de destierro y castigo. Este tipo de relato sirvió para abultar el tópico y la leyenda negra que otros autores se encargaron de divulgar. Una leyenda que lejos de ser enterrada alcanzó un amplio eco social en el siglo XIX[64].

Pero no fueron exclusivamente dramaturgos y poetas quienes en pleno siglo XIX se encargaron de reconstruir y popularizar nuevamente el mito de Batuecas-Hurdes[65]. En este sentido, la responsabilidad del geógrafo Pascual Madoz en esta nueva popularización del mito fue decisiva, puesto que este político español publicó con gran éxito su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (1845 y 1850) en 15 volúmenes, en cuyos tomos IX y X mencionó la comarca de Las Hurdes[66] con todo lujo de inexactitudes e incluso difamaciones denigrantes para las gentes a las que posiblemente nunca conoció “…está habitado el país por una raza degenerada e indolente…”[67]. Al parecer, este ilustre geógrafo nunca visitó Las Hurdes, y lo que plasmó fueron las líneas de unas cartas que le envió el sacerdote don Vicente Montero, que estuvo por los años 40 del siglo XIX como párroco de la localidad hurdana de Pinofranqueado y sus anejos[68]. Sin duda, “el Madoz” se impuso y abrió el camino para nuevas interpretaciones mitológicas de la comarca, de sus habitantes y de su historia, potenciando de manera decisiva la difusión de la antigua fábula.

La estela de Pascual Madoz fue seguida por grandes científicos “al pie de la letra”. Efectivamente, el periodista, historiador y polígrafo español Juan Pérez de Guzmán y Gallo[69] nombró la comarca de Las Hurdes en su Crónica de la provincia de Cáceres (1870), incluida en la obra histórica titulada Crónica General de España, refiriéndose a ellas como un país casi desconocido en el resto de la nación, poblado por mujeres y hombres “adustos y selváticos”[70]. Esta visión deformada, cuando no fantasmagórica, que ofrecieron de las Hurdes los escritores hasta finales del siglo XIX, se fundó, ordinariamente, en el desconocimiento de su realidad, en el clisé formado por leyendas que sobre ellas corrían y en su asimilación y reproducción mecánica[71].

Al mismo tiempo, poco favor le hizo a la región las fabulaciones de Romualdo Martín Santibáñez[72]sobre la supuesta tradición judía de la comarca en su libelo literario Historia de la Santa Cruz del Casar de Palomero (1870)[73]. Este notario de la villa jurdana de Casar de Palomero integró la fábula de los “judíos hurdanos” en la leyenda del conjunto Batuecas-Hurdes[74]. En un nuevo alarde de fantasía, el ilustre escritor pinense en su opúsculo titulado “Un mundo desconocido en la provincia de Extremadura: Las Hurdes” (1876), publicado en la Revista quincenal La Defensa de la Sociedad, vinculó el asentamiento de las comunidades judías en la comarca de Las Hurdes con los judíos deportados de Jerusalén por el emperador Vespasiano a Mérida, los cuales se refugiaron en la comarca tras el edicto expulsorio de 1492[75].

En efecto, Martín Santibáñez convirtió a los judíos en los primeros pobladores del Desierto hurdano, contaminando la mitología negra hurdana con difusas consideraciones literarias pseudojudías, ignoradas hasta ese momento por la historia y leyenda hurdana[76]. Desde una perspectiva histórica, carece de fundamento pues no disponemos de documentos que avalen, aunque ciertamente muchos de los judíos fueron a Portugal, pero no existen pruebas evidentes de que algunos de ellos se quedaran en Las Hurdes. Por ello, esta visión mitológica de Las Hurdes como refugio aforado de judíos es un dato insostenible a la luz de la metodología histórica, porque probablemente los judíos exiliados de Extremadura se encaminaron hacia Portugal a través de los puntos fronterizos establecidos por los monarcas en la raya española-portuguesa[77]. En el regionalismo romántico de Romualdo Martín no existieron fronteras perceptibles entre historia y literatura. Así, este escribano casareño dejó sentados unos orígenes infundados, y, a partir de él, numerosos escritores repetirán hasta la saciedad los mismos argumentos[78].

Como contrapunto a lo expuesto anteriormente, debemos señalar que Martín Santibáñez llevó a cabo un trabajo netamente hurdanófilo y fue uno de los primeros (si no el primero) en culpar de la pobreza de la comarca a la desidia de la Administración: “…La salud pública está en igual abandono… Donde no hay que comer, ni que vestir, ¿Cómo no han de reinar las más terribles enfermedades? ¡Pobres hurdanos! Vuestra pobreza, vuestra triste posición, vuestro nombre… ¡qué poco eco hacen en ninguna parte, por más que escupáis con vuestra presencia a la cara de la caridad cristiana y de todos los españoles! …”. [79]. En este sentido, este intelectual hurdano expuso la necesidad de articular una política religiosa que, con la ayuda de la instauración de escuelas y caminos, se pusiese al servicio de la regeneración comarcal[80]. Además, en su compendio historiográfico ofreció una visión del territorio hurdano más realista de la que se había dado hasta entonces y, por ello, sus descripciones sirvieron como fuente bibliográfica para otros conocidos hurdanófilos: “…por la exactitud y riqueza de sus datos y la verdad de sus descripciones, que anulan todas las fábulas difundidas hasta ahora sobre Las Hurdes…”[81].

Tampoco faltaron los ejemplos finiseculares de grandes científicos internacionales que siguieron avalando una interpretación mitológica de la comarca y su historia, como el eminente geógrafo francés Élisée Reclus[82]. Este destacado teórico y militante del anarquismo, en su obra Nouvelle Géographie Universelle (1876), se refirió a los pobladores de Las Batuecas como una tribu de “salvajes”[83]. En términos parecidos a Élisée Reclus se expresaron otras autoridades científicas nacionales del momento, entre ellas, el Doctor Pedro González de Velasco[84], fundador y director del Museo Etnográfico de Madrid. Este ilustre adalid de las ciencias médicas presentó una Nota acerca del estado de Las Hurdes (1880) en la Sociedad de Antropología y Etnografía, mediante la cual, el Doctor Velasco continuó propagando las muchas fábulas y calumnias sobre las Hurdes y sus moradores, anotando textualmente: “…entre nosotros, en nuestra propia casa, tenemos también desheredados para quienes a aún no han sonado la hora de la benéfica nueva. Parecerá paradoja decir que entre dos provincias como las de Salamanca y Cáceres existan Las Hurdes, y que sus habitantes representen al desnudo al hombre primitivo. ¡¡Al lado de Salamanca, Las Hurdes!! Sí, señores; allí cerca se hallan Las Hurdes, y sus moradores huyen de los que se les acercan, y los hurdanos viven en zahúrdas que degradan al hombre en cuya frente brilla el sol de la inteligencia (…). Pues nosotros, que tanto lamentamos la barbarie de ciertos remotos países, tenemos ante nosotros una región á cuyas covachas no han llegado ni las artes ni las industria…”. [85].

La prensa de la época también acogió otros relatos que fabulaban con este territorio olvidado. En esta línea encontramos, por ejemplo, el artículo Tribus primitivas (dividido en tres capítulos: 1º Geografía, 2º Etnografía y 3º Aventura de un caballero en la Hurdes), incluido en El Tiempo. Periódico Universal de Política (5 de agosto de 1882). La narración, firmada con las iniciales C.S.A., posiblemente correspondientes al escritor y periodista Carlos Soler Arques. El artículo instituyó un temprano antecedente de la ficción ensayística, puesto que habló de una comarca (Las Hurdes) habitada por verdaderas “tribus primitivas”[86].

El primero de julio de 1890, el cronista de Extremadura, Vicente Barrantes[87], pronunció ante los miembros de la Sociedad Geográfica de Madrid una conferencia titulada Las Jurdes y sus Leyendas (1891) en respuesta a la Nota del Dr. Velasco. El “explorador extremeño”, bibliófilo y diputado a Cortes pretendió con su discurso demoler los errores, convertidos en tópicos, arrastrados durante siglos y recogidos por el Doctor González de Velasco[88]. Barrantes repitió lo que con anterioridad dijeron otros autores y se apoyó, también, en la información que le facilitó Francisco Pizarro y Capilla, maestro de Casar de Palomero e Inspector Provincial de Educación en la zona[89]. En efecto, Barrantes contribuyó a desmitificar los desatinos y las fabulaciones con las que autores precedentes e incluso coetáneos pintaban a los hurdanos como salvajes criaturas, afirmando que el estado de las Hurdes se debía a la opresión históricamente ejercida por el municipio de la Alberca[90]: “…la supresión de los privilegios no fué verosímilmente conocida por los jurdanos, que viven fuera del mundo, y siguieron reinando allí las mismas costumbres tradicionales, y siguió la Alberca siendo señora del territorio ilegalmente…”[91].

El segundo médico que escribió sobre la comarca (después de Dr. Velasco) y, quizás, el primero que franqueó aquellos parajes fue el francés Jean B. Bide​. Este médico, expedicionario y “antropólogo” recabó una valiosa información en los viajes científico-turísticos que realizó a la región, que dio a conocer en dos conferencias leídas ante la misma Sociedad Geográfica a la que se había dirigido Barrantes (Sociedad Geográfica de Madrid), bajo el título “Las Batuecas y Las Jurdes” (1892). El propio Bide anotó que la Nota del Dr. D. Pedro Velasco fue el señuelo que suscitó su interés por la realidad de los hurdanos. Los argumentos que Bide esgrimió, gracias al trabajo de campo realizado “in situ”, fueron diametralmente opuestos a la extensa literatura fabulosa que circulaba sobre los jurdanos. Efectivamente, Bide, que era consciente de que el germen del mito hurdano (salvajismo) se hallaba entre las páginas del diccionario de Madoz, elaboró un discurso legendario para pretender acabar con las “fábulas y patrañas esparcidas sobre las Jurdes y sus pobladores”[92].

Iniciado el siglo XX, en el contexto regeneracionista de mejora de “escuelas y despensas” de Joaquín Costa, un tercer médico, don José González Castro[93], que firmaba sus artículos como Crotóntilo[94], completó la interpretación imagológica del jurdano en su artículo “Las Jurdes” (1901), publicado en la Revista de Extremadura. Este médico rural, que ejerció en pequeñas poblaciones del norte de la provincia de Cáceres (Abadía, Guijo de Santa Bárbara, o Mirabel), perfiló un estudio antropológico del jurdano con caracteres análogos o similares a “razas inferiores” y hasta a animales (sodomía y bestialismo), volviendo al tópico barroco del “bárbaro batueco”[95].

  1. Regeneracionismo y “catolicismo social”, para desvelar el mito de Las Hurdes (primeras décadas del siglo XX): Jarrín y Moro

Durante la primera década del siglo XX surgió en Extremadura, junto al “regeneracionismo” de finales del siglo anterior, una corriente del “catolicismo social” que encontró en Las Hurdes una base elemental para sus argumentos. El principal problema de la comarca era la pobreza, tanto moral como económica[96]. Así, el estado general de Las Hurdes suscitó la creación de una asociación de “jurdanófilos”, cuyos miembros se agruparon el 8 de julio de 1903 alrededor de “La Esperanza de Las Hurdes”, una asociación católica que surgió con el objetivo de aunar esfuerzos para mejorar moral y materialmente a los habitantes de la comarca[97]. El gran impulsor de esta sociedad filantrópica fue el M. I. Canónigo Magistral de la Catedral de Salamanca y luego Obispo de Plasencia, don Francisco Jarrín y Moro[98], quien recorrió Las Hurdes en el otoño de 1902 y de cuya visita surgió la idea de crear una sociedad protectora de la comarca jurdana[99].

Efectivamente, “La Esperanza de Las Hurdes” nació para promover el desarrollo de la zona y luchar por la redención espiritual y material de Las Hurdes. Sus integrantes persiguieron un objetivo común: la “regeneración” del país jurdano[100]. Del acto de constitución de la Sociedad, surgieron 34 socios protectores y 15 numerarios. El 10 de octubre de 1903 se reunió por primera vez la recién creada asociación, presidida por el Obispo de Coria, Monseñor Peris Mencheta, y dirigida por el Sr. Jarrín. El presidente efectivo de aquella primitiva reunión fue Pablo Hernández, párroco del Pinofranqueado, a quien correspondía este cargo por mandato de la propia asociación[101]. Francisco Martín Valencia era el vicepresidente y como vocales actuaron Juan Pérez Martín, que hacía las veces de tesorero, Patricio Segur Pascual, Santiago Pascual, Lucas Marcos y Tomás Gómez. El 24 de octubre de ese mismo año se aprobaron los estatutos de esta asociación benéfica, que se titulaba Sociedad Protectora de los hurdanos[102].

El órgano de expresión de la Sociedad “La Esperanza de Las Hurdes” fue la revista Las Hurdes (1904-1908), de periodicidad mensual, y cuyo primer número apareció el 22 de febrero de 1904[103]. La nueva revista sirvió para sensibilizar a la sociedad sobre la realidad hurdana, dar cuentas de las acciones de esta sociedad benéfica y captar nuevos socios. El fundador de la revista fue el Excmo. Señor don Jacinto de Orellana-Pizarro y Abecia, XI Marqués de la Conquista y Albaida, quien se hizo cargo de los gastos de impresión, dejando para “La Esperanza” las ganancias de las suscripciones. Asimismo, el director de la revista fue don Francisco Jarrín, activamente secundado por su colaborador activo, el joven presbítero Dr. D. José Polo Benito[104] (ordenado presbítero en Salamanca en febrero de 1904)[105], y por una serie de colaboradores que publicaron, durante cerca de cuatro años, interesantes artículos sobre la geografía, la historia y sobre todo las costumbres de Las Hurdes. Dicha publicación se convirtió en un foro de discusión y debate encaminado a plasmar las visiones que cualificados autores tenían sobre el país hurdano. Los artículos solían abordar distintos aspectos de la realidad hurdana, fundamentalmente aquellos de tipo etnológico y antropológico, además de encauzar las críticas hacia la inacción e indolencia institucional y la dejadez administrativa[106].

Entre los numerosos colaboradores que participaron en la revista Las Hurdes se encontraba el poeta José María Gabriel y Galán[107], considerado por la mayoría de autores un hombre de profundas convicciones religiosas y hondas preocupaciones sociales. Sin embargo, algunos críticos, como Arturo Souto o Antonio Merino Vicente[108], con absoluta rotundidad han entendido fuera de toda razón considerar a Galán un escritor social[109]. Sin duda, la vida de Gabriel y Galán cambió radicalmente cuando abandonó su dedicación a la enseñanza, y se trasladó a vivir, tras su boda con Desideria García Gascón en 1898, al pueblo cacereño de Guijo de Granadilla, en donde tomó la dirección y administración de una gran dehesa extremeña denominada “El Tejar”, propiedad del tío de su esposa[110]. En Guijo de Granadilla, el joven poeta debió tener contacto frecuente con los moradores de Las Hurdes y, posiblemente, conoció a través de ellos sus condiciones de vida y la delicada situación de la comarca extremeña. Por ello, en apoyo de esta tierra no dudó en aceptar el cargo de delegado en este municipio de la Sociedad “La Esperanza”, con la finalidad de obtener fondos para salvar el subdesarrollo de Las Hurdes[111].

Mediante carta de 28 de enero de 1904, el Sr. Jarrín solicitó cooperación a Gabriel y Galán para incluirlo como colaborador de la revista Las Hurdes, instándole a preparar una composición para el primer número de la misma. Gabriel y Galán no se negó y envió al canónigo un poema de 84 versos titulado “La Jurdana”. Dicha composición no pudo entrar en el primer número de la revista, pero apareció en el número siguiente, con fecha de 22 de marzo de 1904. Indudablemente, el tríptico poético “La Jurdana” fue el mejor alegato del poeta y su más hermosa petición a favor de los hurdanos, saltando poderosamente a la vista los desgarradores versos de su última estrofa: “…Yo les pido dos limosnas para ellos / a los hijos de mi patria: / ¡Pan de trigo para el hambre de sus cuerpos! / ¡Pan de ideas para el hambre de sus almas![112].

En efecto, aunque fueron muchas las ocasiones en las que Gabriel y Galán se sintió motivado a escribir en extenso sobre Las Hurdes (“El Ama”, “El Embargo”, etc.,), el poema “La Jurdana” fue el más crítico ante el problema social hurdano y en el que mostró más vehemencia al denunciar tan injusta situación. El poema no pasó desapercibido entre las élites intelectuales españolas, desarrollando una campaña de concienciación sobre Las Hurdes y de captación de nuevos socios para “La Esperanza de Las Hurdes” [113]. Así, esta Sociedad benéfica recibió las adhesiones del arzobispo de Burgos, de los obispos de Salamanca, de Zamora y de Badajoz, del duque de Alba, del ministro de Asuntos extranjeros, R. San Pedro, etc., de tal forma que cuando se celebró la primera asamblea general el 1 de agosto de 1904, la sociedad contaba con 181 miembros protectores y 91 miembros ordinarios. En la fecha de esta primera asamblea general, la sociedad tenía un capital de 3.470 pesetas y 90 céntimos[114]. De igual modo, en la asamblea se felicitó, por su activa propaganda, a los delegados don Modesto Batuecas y don Joaquín Gutiérrez, respectivamente médico y cura de Pozuelo, al excelentísimo don Modesto Durán, de Villanueva de la Sierra, a don Leopoldo Periañez, de Torrecilla de los Ángeles, a don Martín Botejara de Villa del Campo y al inolvidable poeta don José María Gabriel y Galán, de Guijo de Granadilla[115].

En septiembre de 1904, ante la anunciada visita del joven soberano Alfonso XIII a Salamanca, don Francisco Jarrín no quiso perder la oportunidad de exponer ante el Rey la situación de Las Hurdes. Para ello, el canónigo organizó y financió a un grupo de hurdanos de Nuñomoral para que actuasen como danzantes ante el monarca. Además, el Sr. Jarrín decidió publicar un número especial de la revista Las Hurdes dedicado al viaje[116]. En esa tirada extraordinaria Gabriel y Galán envió el poema titulado A su M. el Rey, que era un grito de socorro en favor de quienes consideraba los más necesitados, los hurdanos: “…Señor, en las tierras hermanas / de estas tierras castellanas / no viven vida de humanos / nuestros míseros hermanos / de las montañas jurdanas…”[117].

El 1 de octubre al mediodía, los “danzantes” hurdanos lucieron ante el monarca sus habilidades, y cuando Alfonso XIII se dirigió para felicitar al Sr. Jarrín, éste aprovechó el momento para entregarle el número extraordinario de la revista Las Hurdes y pedirle ayuda humanitaria para los habitantes de esta comarca. Además, fue éste el momento en el que Alfonso XIII se comprometió a visitar posteriormente Las Hurdes. Aquella folclórica iniciativa sembró una semilla de concienciación sobre el “país hurdano” que pronto germinó y dio sus frutos gracias a la extraordinaria dedicación del canónigo salmantino y su colaborador, el presbítero don José Polo Benito. Sin duda, ambos personajes encabezaron una serie de intentos para mover la conciencia de organismos y destacadas personalidades ante el problema hurdano.

Además, el joven Rey solicitó todos los números publicados de la revista Las Hurdes y reconoció que su primera noticia sobre la lastimosa situación de la comarca hurdana le llegó gracias a los versos de Gabriel y Galán: “Conozco las Hurdes por una poesía de Galán, que leí no sé cuándo, y que, lo confieso, me impresionó profundamente”. Fue el rey Alfonso XIII quien pronunció estas palabras durante su visita a Salamanca y Gabriel y Galán, quien las registró en una carta a su amigo Mariano, fechada el 30 de octubre de 1904 en Guijo de Granadilla[118].

A partir de este momento, el trabajo de reorganización fue perseguido conjunta y metodológicamente por “La Esperanza”, en la que tuvieron cabida representantes de todos los intereses, o mejor dicho de todas las necesidades que había que satisfacer en la zona[119]. Según su director, el Sr. Jarrín, la verdadera regeneración del territorio hurdano radicaba en “maestros para instruir, pinos que explotar y caminos por donde conducir los productos”[120]. En este sentido, fueron varias las iniciativas adoptadas por esta Sociedad en 1905, como la plantación de pequeños pinares en Pinofranqueado, Caminomorisco y Nuñomoral, así como la edificación de varias escuelas en puntos estratégicos, “cesando con ella la vergüenza nacional que suponía el tener que habilitarse por algunos maestros la sombra de un árbol por aula de enseñanza y su tronco como mesa de escritorio” [121]. En el mismo año también se pusieron en marcha los estudios de campo para la construcción de caminos y puentes que vendrían a mejorar la precaria red de comunicaciones de Las Hurdes. Indistintamente, la voz de la revista Las Hurdes se escuchaba con respeto y entusiasmo y nuevos componentes engrosaron las filas de este “ejercito humanitario”: el conde de Retamoso, don Avelino Ortega, don Escobar Prieto, don Bernaldo de Quirós, don Eloy Bullón y la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País[122].

En un momento clave para la comarca jurdana, don Francisco Jarrín (en ese momento Chantre de la Santa Iglesia Catedral de Salamanca) fue designado el 26 de noviembre de 1906 para la Iglesia y Obispado de Plasencia, vacante por defunción de D. Pedro Casas Souto[123]. Poco tiempo después, el 6 de diciembre del mismo año, el Sr. Jarrín fue promovido a la silla episcopal de Plasencia[124] por Bula de San Pio X[125]. Una vez propuesto para Obispo de la diócesis placentina, fue consagrado el primero de mayo de 1907 e “hizo su entrada” el 15 del mismo mes[126]. Cuando el Ilmo. Sr. D. Francisco Jarrín y Moro tomó posesión de la mitra placentina trajo consigo a su fiel colaborador don José Polo Benito, por entonces nombrado Secretario-canciller del Obispado de Salamanca (1907), canónigo de Salamanca y Examinador sinodal (1908)[127]. Desde entonces, los dos salmantinos formaron un tándem de gran rentabilidad social, en el que el obispo Jarrín aportaba serenidad y mesura propias de su edad madura, y su secretario de cámara y gobierno, Polo Benito, la vehemencia combativa propia de su juventud[128].

Don Francisco Jarrín, durante el desempeño de su ministerio episcopal (1907-1912), desarrolló una intensa actividad pastoral, en la que destacó su interés de promoción, defensa y regeneración de la comarca hurdana, ganándose el sobrenombre de “celosísimo protector de Las Jurdes”[129]. El ilustre prelado placentino no cesó en su labor ingente en favor de la comarca jurdana, realizando toda clase de obras sociales y culturales en favor de los hurdanos[130]. Esta “regeneración” alcanzó una notable expresión en el Congreso Nacional de Hurdanófilos celebrado en Plasencia durante los días 14 y 15 de junio de 1908[131]. El Congreso fue coorganizado por Francisco Jarrín, y su secretario de cámara, José Polo Benito, y contó con el apoyo y la presencia de destacados políticos de la época, como Segismundo Moret[132], que ya por entonces había desempeñado la dirección de varios ministerios y hasta la misma presidencia del Gobierno. Por todo ello, el evento tuvo una gran repercusión en toda España, concluyendo con la adopción de grandes acuerdos novedosos y progresistas para la comarca hurdana[133]. Tras la celebración del simposio, el “problema mediático de Las Jurdes” trascendió su antiguo ámbito “reducido y provincial” y adquirió “una dimensión nacional”[134]. Sin duda, el Congreso fue el detonante que llamó la atención para el interés que posteriormente despertaron Las Hurdes con la visita de Alfonso XIII.

Asimismo, debemos destacar que el Sr. Jarrín fue un obispo eminentemente social, como lo ponen de relieve algunas de sus preocupaciones y de sus obras[135]. Efectivamente, el advenimiento de Francisco Jarrín, “el obispo social de Plasencia”, supuso una renovación de la conciencia obrera y favoreció la aparición de los primeros brotes de Acción Social Católica en la Diócesis de Plasencia. Su labor, junto a la de su secretario de cámara, don José Polo Benito, fructificó en numerosas asociaciones obreras de signo católico (sindicatos, cajas rurales, pósitos, círculos y centros sociales obreros, etc.), repartidas por parroquias salamantinas, cacereñas y pacenses. Efectivamente, la erección de círculos y sindicatos católicos se convirtió en una de las principales metas que se marcó Monseñor Jarrín a su llegada a la diócesis placentina[136].

La inesperada muerte de Francisco Jarrín, mientras realizaba la visita pastoral a la parroquia de Ibahernando (Cáceres) la noche del 3 de noviembre de 1912[137], supuso una gran pérdida para la Diócesis de Plasencia, especialmente para la comarca hurdana, ya que su figura había marcado un antes y un después en la “calumniada” región. Pero algo había cambiado para siempre: la cuestión de Las Hurdes había sido planteada de una manera tan impactante que ya no podría ser olvidada por la opinión pública ni por los que tenían responsabilidades de gobierno[138]. Sin duda, el prelado placentino había sembrado una semilla de esperanza en el pueblo hurdano, cuyo fruto más importante aún tardaría diez años en llegar.

Desgraciadamente el Obispo Jarrín no pudo ser testigo de la visita real que realizó S.M. el Rey Alfonso XIII a la comarca, del 20 al 24 junio de 1922, un acontecimiento fundamental para el futuro de las tierras hurdanas. Así, el monarca cumplió su promesa regia efectuada en 1904 al Sr. Jarrín durante la representación de “danzantes” hurdanos en Salamanca. Como no podía ser de otra manera, el promotor de este viaje real fue don José Polo Benito, quien al parecer se ganó el sobrenombre de “Padre de las Hurdes”. Además de Alfonso XIII, el grupo de expedicionarios incluía al Duque de Miranda, jefe de la Casa Real; Vicente Piniés, ministro de Gobernación; los médicos Gregorio Marañón[139] y Ricardo Varela; el periodista José García Mora, cronista de la marcha; el fotógrafo Campúa, quien la ilustraría; el ingeniero de montes Santiago Pérez Argemí, gran conocedor de las Hurdes; y el ayuda de cámara del soberano, el teniente coronel Obregón.

En definitiva, el viaje de Alfonso XIII supuso para Las Hurdes un verdadero impulso en el bienestar material, social y moral en todos sus ámbitos, comenzando a difuminarse definitivamente la leyenda negra que acompañó a la comarca durante siglos. Por ello, la figura de Francisco Jarrín construyó el cimiento al edificio regenerador hurdano y su legado permitió la redención aclamada por el poeta José María Gabriel y Galán. Asimismo, el patronazgo del prelado placentino, activamente secundado por su secretario Polo Benito, fue recogido con el mismo patrocinio y dirección por el Real Patronato de Las Hurdes (1922-1931), una institución de Beneficencia que asumió las actividades de “La Esperanza de las Hurdes”. Las acciones del Patronato se encargaron de encauzar el urgente desarrollo de la región y la acción sanitaria, comenzando así una nueva etapa de regeneración de la sociedad hurdana en todos sus aspectos y que progresivamente dejó una huella todavía visible hoy en esta extraordinaria comarca cacereña[140].

 

[1] “…La donación de Las Hurdes y Las Batuecas por el Concejo de Granadilla al Concejo de La Alberca, fechada en 8 de enero de la Era de 1327 (año 1291) está inserta en el mismo registro, folios 34 y 36…”. Berrogain, Gabrielle. “Ordenanzas de La Alberca y sus términos Las Hurdes y Las Batuecas”. Anuario de historia del derecho español. Número 7. Ministerio de Justicia. Madrid, 1930. Página 382.

[2] Colunga, Alberto. Santuario de la Peña de Francia. Tercera Edición. Editorial San Esteban. Salamanca, 1990. Página 18.

[3] Matías Marcos, Juan David. “De las Ordenanzas (1515) de la alberca a la Tierra sin pan (1933) de Buñuel: breve historia cultural de la dominación de Las Hurdes”. Tuércele el cuello al cisne: las expresiones de la violencia en la literatura hispánica contemporánea (Siglos XX y XXI). Editorial Renacimiento. Sevilla, 2016. Páginas 165 y 166.

[4] “…Sepan cuantos esta carta vieron como nos. El concejo de Granada, por hacer bien y merced a vos, el concejo del Alberca, damos vos y otorgamos vos por Dehesas estos castañales y estos lugares que aquí estan dichos, y los mojones son estos: Primeramente, como va la carretera del Alberca para Cepeda, y da en en los mojones, entre nos y Miranda, e como partamos por los mojones con Miranda, y va a dar a Francia, y Francia arriba como va hasta el Arroyo de la Alberca y el Arroyo arriba hasta la Aldea (…) comienza en Portielventoso e va todo carrera fasta la Vega de Coria e dende la Azeituna arriba como partimos Ciudad Rodrigo, e donde vierten aguas a la foz de Aceituna, de Riomalo por cima de las cumbres como da en cima de Batuecas (…) Juan Domínguez, notario del Rey en Ronda que ponga su signo; que fue fecha a ocho días de enero de mil trescientos y veinte y siete años …”. Blanco Carrasco, José Pablo. Las Hurdes. Aislamiento, pobreza y redención social (siglos XVI al XX). Universidad de Extremadura. Servicio de Publicaciones. Cáceres, 2008. Páginas 49 y 50.

[5] Pecellín Lancharro, Manuel. “María de las Hurdes, de Luis Antonio de Vega, difusión de la “leyenda negra” hurdana”. Revista de Estudios Extremeños. Tomo XLIX. Número 1. Excelentísima Diputación Provincial de Badajoz. Badajoz, 1993. Página 193.

[6] “…Durán, Diego. Sevilla, Corona de Castilla, ca. 1537 – Nueva España, ca. 1588. Según Emiliano Jos, Durán viajó a Nueva España a los 7-8 años de edad y se instaló en Texcoco (Tezcoco). Dávila Padilla (cap. Final de su Historia de la fundación…): “F: D[iego] D[urán] hijo de México, escribió dos libros, uno de historia y otro de antiguallas de los indios mexicanos, la cosa más curiosa que en esta materia se ha visto. Vivió muy enfermo y no le lucieron sus trabajos, aunque parte de ellos están ya impresos en la Philosofía natural y moral, del padre Joseph Acosta (…)”. Durán profesó a los diecinueve años el día 8 de marzo de 1556 en el convento de Santo Domingo ubicado en Texcoco. Fue nombrado presbítero en 1559. A los veintidós años Durán fue nombrado diácono y, en 1561, fue destinado al convento de Oaxaca. Durán fue sacerdote en varios pueblos de indios por la zona sur de la Nueva España, aprovechó tiempo para obtener datos de los indios y de los religiosos sobre el pasado prehispánico y para redactar su Historia. En torno a 1565 se encontraba en la ciudad de México. En 1581 era vicario de Hueyapan (…), en 1587 se encontraba grave en el convento de Santo Domingo según las actas de la Orden. Dávila Padilla señala 1588 como el año de su muerte y el cronista Franco anota el año 1587…”. Denisova, Natalia K. Filosofía de la historia de América: los cronistas de indias en el pensamiento español. Fundación Academia Europea e Iberoamericana de Yuste. Tecnigraf. Badajoz, 2019. Páginas 259 y 260.

[7] Máynez Vidal, Pilar. “Fray Diego Durán y los trabajos de traducción de un nuevo mundo”. Caravelle. Cahiers du monde hispanique et luso-brésilien. Número 66. Toulouse, 1996. Página 101.

[8] “…si consideramos que en españa ay otra gente tan rruda y basta como ellos, o poco menos, como es la gente que muchas partes de castilla ay, conviene assaver hacia sayago: las batuecas, y en otros muchos rrincones de provincias: donde son los hombres de juicios estranamente toscos y groseros y sobre todo faltos de doctrina mucho mas que estos naturales: pues a estos cada domingo y fiesta se les enseña la doctrina, y se les pedrica la ley evangelica y a Aquellos acontece no oyr un solo sermon la vida en muchas partes…”. Durán, Diego. Historia de las Indias de Nueva España e islas de la tierra firme. [Manuscrito]. México, 1579. Folio 226r.

[9] Catani, Maurizio y Fernández Gómez, Luciano. Las Hurdes o la fábula de Las Batuecas. Informe final para la Excma. Diputación Provincial de Cáceres. Cáceres, 1987. Página 67.

[10] “…LXXVI. LAS BATUECAS DEL DUQUE DE ALBA. No figura en la primera lista de El Peregrino, y sí en la segunda, lo cual indica que fué escrita entre los años 1604 y 1614; pero la tradición a que se refiere debió de recogerla Lope en Alba de Tormes, donde hizo tan larga residencia en los últimos años del siglo XVI, visitando entonces, según sospechamos por fuertes indicios, una parte de la Extremadura Alta, donde encontró los argumentos de La Serrana de la Vera, de Los Chaves de Villalba y de otras varias comedias. La de Las Batuecas apareció en la Parte 23 (póstuma), impresa en 1638…”. Menéndez y Pelayo, Marcelino. Estudios sobre el teatro de Lope de Vega. Crónicas y leyendas dramáticas de España. Tomo 3. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 1949. Páginas 352 y 353.

[11] “…La comedia de Lope es anterior a 1600. Morley y Bruerton la sitúan entre 1598 y 1600…”. Rozas, Juan Manuel. «Las Batuecas del Duque de Alba» de Lope de Vega. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Alicante, 2002. Página 3.

[12] Maurice Legendre. Las Hurdes. Estudio de geografía humana. Enrique Barcia Mendo (Traducción), Paloma Sánchez Miguelez y José Pablo Blanco Carrasco (Edición y estudio), Luciano Fernández Gómez (Coda). Editora Regional de Extremadura. Mérida, 2006. Página 98.

[13] Blanco Carrasco, José Pablo. Opus Cit. Páginas 81 y 82.

[14] Menéndez y Pelayo, Marcelino. Opus Cit. Página 354.

[15] Herrera, Javier. Estudio sobre Las Hurdes de Buñuel (Evidencia fílmica, estética y recepción). Editorial Renacimiento. Sevilla, 2006. Página 164.

[16] De Faria y Sousa, Manuel. Parte veinte y tres de las comedias de Lope Felix de Vega Caripo del abito de San Pedro. María de Quiñones. Madrid, 1638. Página 35.

[17] Encontramos un cierto paralelismo en Las Carantoñas de Acehúche (fiesta declarada de Interés Turístico Nacional que se celebra los días 20 y 21 de enero en la localidad cacereña de Acehúche). Las Carantoñas son hombres que se visten con pieles de animales curtidas y una máscara. Representan las bestias que adoraban a San Sebastián cuando murió asaeteado. Invenciones inverosímiles, seres humanos convertidos, cíclicamente, en bestias imaginarias.

[18] De Faria y Sousa, Manuel. Parte veinte y tres de las comedias de Lope Felix de Vega Caripo del abito de San Pedro. María de Quiñones. Madrid, 1638. Página 25.

[19] Rodríguez de la Flor Adánez, Fernando. “Hurdes/Batuecas: una utopía regresiva”. Alcántara: revista del Seminario de Estudios Cacereños. Número 31-32. Diputación Provincial de Cáceres. Cáceres, 1994. Página 66.

[20] De Faria y Sousa, Manuel. Opus Cit. Página 37.

[21] Pedraza Jiménez, Felipe B. Lope de Vega: Pasiones, obra y fortuna del «monstruo de naturaleza». Edaf. Madrid, 2009. Página 36.

[22] Rodríguez de la Flor Adánez, Fernando. De Las Batuecas a Las Hurdes. Fragmentos para una historia mítica de Extremadura. Editora Regional de Extremadura. Badajoz, 1999. Página 40.

[23] Ibídem. Página 35.

[24] Moles, Juan Bautista. ¿Nápoles (Italia)?, 1542 – Plasencia (Cáceres), XII.1605. Fraile franciscano (OFM), escritor.

[25] Moles, fray Juan Baptista. Memorial de la Provincia de San Gabriel, de la Orden de los frayles Menores de Obseruancia. Pedro Madrigal. Madrid, 1592. Reproducción facsimilar por Publicaciones de Archivo Ibero-Americano, colección Crónicas Franciscanas de España. Editorial Cisneros. Madrid, 1984. Página 91.

[26] Santa Teresa, Giovanni Giuseppe di. Reforma de los Descalzos de Nuestra Señora del Carmen de la primitiva observancia hecha por Santa Teresa de Jesús en la antiquissima Religión fundada por el gran profeta Elías. Tomo Tercero. Libro X. Capítulo XIII. Julián de Paredes. Madrid, 1683. Página 6v.

[27] Fray Gabriel de San Antonio, llamado Gabriel Quiroga de San Antonio en la edición francesa de su obra, (¿Ocaña, c. 1565? – 1608) fue un fraile dominico, historiador de los españoles en Oriente y uno de los primeros en contemplar la antigua ciudad jemer de Angkor.

[28] Majada: lugar donde se recoge de noche el ganado y se albergan los pastores.

[29] “…descubrieróla los Camboxas andando a caça de badas; como se descubrieró en Castilla, en tiempo del Emperador Carlos V las Majadas de Jurde, junto ala peña de Francia (que agora son del Duque de Alva, a quien el Emperador hizo, merced dellas por averlas descubierto un caçador suyo) …”. De San Antonio, Fray Gabriel. Breve y verdadera relación de los successos del Reyno de Camboxa. Al Rey Don Philipe nuestro Señor. Pedro Lasso. Valladolid, 1604.

[30] Catani, Maurizio y Fernández Gómez, Luciano. Opus Cit. Página 68.

[31] Zulaika Hernández, Josu M. “Bascuence en Las Batuecas, un delirio de James Howel”. Sancho el sabio: Revista de cultura e investigación vasca. Número 35. Fundación Sancho el Sabio Fundazioa. Vitoria-Gasteiz, 2012. Página 56.

[32] Ponce de León y Varela, Basilio. Granada, 1570 – Salamanca, 28. VIII.1629. Religioso agustino (OSA), teólogo, catedrático de Prima y canciller de la Universidad de Salamanca, escritor.

[33] “…in media ferme Hispania, nec nimis protenso regno, cum Maurorum lues illa invasit, viginti non amplius milliaribus nostris à Salmantica, nonnullos ex antiquis Hispanis se abdidisse intra locorum planitiem natura munitam rupibus, ac fere inaccessam, quam appellamus Batuecas, & octigentis fermè annis latuisse, illosque nobis nec de fama notos, nos illis ignotos prorsus. Donec Albano Duce illac venatum exercente, ceruumque per eas rupes insequente, ad eam planitiem multis hominibus refertam, antiquum Hispanorum habitum conservantibus, ita iam Barbaris, ut nullum ferè Christianorum vestigium apud illos remanserit, aditus patuerit…”. Ponce de León, Basilio. Basilii Poncii Legionensis Augustiniani…Variarum disputationum ex utraq; theologia scholastica, & expositiva. Pars prima. Salmanticae: apud Antonian Ramirez del Arroyo, viduam. Salamanca, 1611. Página 466.

[34] Solórzano Pereira, Juan de. De Indiarum iure. Liber I. De Inquisitione Indiarum (1629). Ed. y trad. C. Baciero; Ana María Barrero García; Jesús María García Añoveros y José María Soto Rábanos. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid, 2001. Página 331.

[35] Nieremberg, Juan Eusebio. Curiosa filosofia y tesoro de maravillas de la naturaleza examinadas en varias questiones naturales. Libro Primero. Capítulo XXXV. Imprenta del Reno. Madrid, 1634. Página 30.

[36] Zulaika Hernández, Josu M. Opus Cit. Página 57.

[37] “…Repertum ibi genus hominum nulli mortalium aut cognitum, aut auditum. Linguae nostris nulla notitia (…). Nihil à barbara lingua perceptum, praeter quasdam voces Gotticis temporibus símiles…”. Sánchez, Alfonso. Magistri Alfonsi Sanctii de rebus Hispaniae Anacephalaeosis. Libri Septem. Antonio Duplastre. Compluti, 1634. Página 369.

[38] Domínguez Berrueta, Juan. “Las Jurdes”. Anthropos. Bd.2. H.3. Salzburgo (Austria), 1907. Página 492.

[39] Rodríguez de la Flor Adánez, Fernando. De Las Batuecas a Las Hurdes…Opus Cit. Página 50.

[40] Matías Marcos, Juan David. “Genlis y Hartzenbusch reescriben a Lope o Les Battuécas frente a Las Batuecas (del duque de Alba)”. Revista Cuadernos de Aleph. Número 7. Asociación Aleph. Valencia, 2015. Página 154.

[41] “…Dem. Ya no me pidas, Gerarda / que a tus preguntas acuda / con el gusto, que solia / sin replicarte a ninguna / ni me pida que enternezca / la voluntad, que mas dura / se resiste a quien la adora / y que mi fuego la infunda; / porqué me voy desta tierra / en cuya verde espesura / estuve seiscientos años / con tan próspera fortuna / desde el tiempo que Rodrigo / por una loca hermosura / rindió la mísera España / a la Africana coyunda…”. Matos Fragoso, Juan de. “El Nuevo Mundo en Castilla”. Comedias Nuevas escritas por los mejores ingenios de España. Parte XXXVII. Melchor Cano. Madrid, 1671. Páginas 135 y 136.

[42] “…de rebus Hispania, lib. y. cap. de Batuecis ,fol. 368. que dice lo siguiente : un hombre y una muger de la familia del señor Duque de Alba se habían enamorado, y que por huir de la ira del Duque, no teñiéndose por seguros en España, se habían ido a unas montañas distantes de Salamanca como doce leguas, que por su aspereza no habían sido penetradas de ninguno de sus vecinos, que de ellos; y que subiendo estos tales por aquellos montes, pareciéndoles que habían llegado al cielo, habían descubierto un valle, y en él unos hombres sin culto, ni ornato del cuerpo, y de lenguage no conocido, si es algunos términos semejante d lo de los tiempos de los Godos idólatras, como los indios, aunque habían hallado algunas cruces algo perdida la forma de ellas: y que dando noticia por la tierra de lo que fiabian descubierto, se juntaron algunas gentes, y de la familia dei señor Duque de Alba, con armas , habían penetrado y atravesado por los montes ó sierras , y habían despoblado el tal valle. Estas y otras cosas semejantes dice este autor, que mas parecen ficciones poéticas que otra cosa. Y de esta novedad tan sin fundamento sacó el otro la comedia: y en su opinión será así; pues aunque dice, que Gil González, Cronista del Rey, tiene esto por fabuloso, se atienen mas á lo que otros le han dicho, entre los quales solo trae á Lope de Vega en primer lugar de la poesía…”. González de Manuel, Tomás. Verdadera relación y manifiesto apologético, de la antigüedad de las Batuecas y su descubrimiento. Antonio de Zafra. Madrid, 1693. Páginas 38 y 39.

[43] Fray Benito Jerónimo Feijoo y Montenegro; Casdemiro, 1676 – Oviedo, 1764. Erudito español. Fue uno de los espíritus más universales de su tiempo, exponente del racionalismo ilustrado.

[44] Rueda, Ana. “La fabulación de las Batuecas en el debate franco-español sobre la España no ilustrada”. eHumanista: Journal of Iberian Studies. Volumen 27. Universidad de California. Estados Unidos, 2014. Página 194.

[45] Rodríguez de la Flor Adánez, Fernando. De Las Batuecas a Las Hurdes…Opus Cit. Página 107.

[46] “…a vista de tantas tan patentes pruebas de ser falso lo que se dice de los habitadores de las Batuecas, ¿quién no admirará, que esta fábula se haya apoderado de toda España? ¿Qué digo yo España? También a las demás Naciones se ha extendido; y apenas hay Geógrafo Extranjero de los modernos, que no dé el hecho por firme (…) ¿Qué cosa tan absurda, como colocar muchos Pueblos en un Valle tan estrecho, que según las noticias seguras que hoy tenemos, apenas da espacio para una muy pequeña población? Sin embargo, con toda aquella amplitud le imaginan todos los que en España están preocupados de la fábula común, atribuyéndole la circunferencia de ocho ó diez leguas, y constituyéndole una pequeña Provincia, compuesta de varios Pueblos que habitaba aquella bárbara y solitaria gente. ¡Oh qué desengaño para tantos crédulos contumaces que están siempre obstinados a favor de tradiciones populares y opiniones comunes!…”. Feijoo y Montenegro. Fr. Benito Jerónimo. “Fábula de las Batuecas y países imaginarios”. Teatro crítico universal o Discursos varios en todo género de materias, para desengaño de errores comunes. Tomo cuarto. Discurso 10. Imprenta de Blas Román. Madrid, 1778. Páginas 270 y 271.

[47] Antonio Ponz Piquer (Bejís, Castellón, 28 de junio de 1725 – Madrid, 4 de diciembre de 1792), conocido en su época como “el abate Ponz”, fue un historiador ilustrado, pintor y viajero español.

[48] “…en pueblos algo mas distantes eran mayores las patrañas, creyendo, que los moradores de Batuecas eran salvages, sin conocimiento de mas mundo que aquel, y que veneraban al demonio. Despachaban por cosa indubitable, que cierta Señora dependiente de la casa de Alba, y un caballero á quien su amor le habla rendido, habiéndose puesto en huida, encontraron este nuevo mundo, y desconocida gente, cuyo lenguage no entendieron, fuera de algunas voces góticas. Todo fueron ficciones creidas en Salamanca, Madrid, y otras partes, y aun se compusieron novelas, y comedias sobre ellas…”. Ponz Piquer, Antonio. Viage de España, en que se da noticia de las cosas mas apreciables, y dignas de saberse que hay en ella. Tomo VII. Joachin Ibarra. Madrid, 1778. Página 184.

[49] Larruga y Boneta, Eugenio (Zaragoza, 15 de noviembre de 1747 – Madrid, 15 de febrero de 1803). Erudito, historiador y bibliógrafo.

[50] “…los mas de estos pueblos gozan de una hermosa y frondosa campiña, y de aguas abundantes y cristalinas. Su terreno es ménos ó mas feraz, según la mayor ó menor inmediación á la sierra, excepto algunos pedazos que hay en ésta poblados de matorrales: tambien hay pastos para ganado cabrio, vacuno y colmenas. Las poblaciones situadas en la llanura tienen mucha tierra de labor de buena calidad, y dehesas para ganado estante y trashumante…”. Larruga Boneta, Eugenio. Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España. Tomo XXXV. Antonio Espinosa. Madrid, 1795. Página 241.

[51] “…no sé puede culpar á aquellos habitantes de desidiosos, aunque todas las circunstancias fisicas y políticas son tan contrarias á su industria: los pocos y miserables frutos que recogen, son efectos de un trabajo increible, pues á veces para plantar un arbolito, tienen que desquajar un pedregal, reducir á polvo las piedras, y echar este polvo en los hoyos para que haga oficio de tierra…”. Ibídem. Página 240.

[52] Sánchez Granjel, Mercedes. Las Hurdes, el país de la leyenda: entre el discurso ilustrado y el viaje de Alfonso XIII. Milenio. Lérida, 2003. Páginas 30 y 31.

[53] Rodríguez de la Flor Adánez, Fernando. De Las Batuecas a Las Hurdes…Opus Cit. Página 124.

[54] Tomás López de Vargas Machuca (Madrid, 1730-ibidem, 1802) fue un geógrafo y cartógrafo español del período ilustrado.

[55] Sánchez Granjel, Mercedes. Opus Cit. Página 31.

[56] Rodríguez de la Flor Adánez, Fernando. De Las Batuecas a Las Hurdes…Opus Cit. Página 126.

[57] González de Manuel, Tomás. Verdadera relacion y manifiesto apologetico de la antiguedad de las Batuecas y su descubrimiento. Segunda Edición. Francisco de Toxar. Salamanca, 1797. Página 8.

[58] “…La lista de desterrados ilustres en Batuecas se abre con el Conde de Macuriges, que estuvo recluido en el Santo Desierto cuatro años en la década de los noventa del siglo XVIII; el canónigo de León y arcediano de Valderas que muere en el Santo Desierto, 1829, tras seis años de reclusión; Luis Pereira de la Guardia, también estuvo allí desterrado; Blas Gregorio de Ostolaza y Ríos, y éste es, quizá, el más conocido de los confinados en Batuecas, Capellán real y deán de la Catedral de Murcia, estuvo en Batuecas por orden de Fernando VII, desde marzo de 1818 a febrero de 1819 y de julio de 1825 a mayo de 1826. Finalmente, también Miguel Cuadrado, capellán de Ciudad Rodrigo, fue recluido en Batuecas, por Real Orden de 1833…”. Rodríguez de la Flor Adánez, Fernando. De Las Batuecas a Las Hurdes…Opus Cit. Páginas 135 y 136.

[59] Mariano José de Larra y Sánchez de Castro (Madrid, 24 de marzo de 1809-Madrid, 13 de febrero de 1837) fue un escritor, periodista y político español y uno de los más importantes exponentes del Romanticismo español. Es considerado, junto con Espronceda, Bécquer y Rosalía de Castro, la más alta cota del Romanticismo literario español.

[60] Rueda, Ana. “La fabulación de las Batuecas en el debate franco-español sobre la España no ilustrada”. eHumanista: Journal of Iberian Studies. Volumen 27. Universidad de California. Estados Unidos, 2014. Página 190.

[61] “…Andrés mío: Yo pobrecito de mí, yo Bachiller, yo batueco, y natural por consiguiente de este inculto país, cuya rusticidad pasa por proverbio de boca en boca, de región en región, yo hablador, y careciendo de toda persona dotada de chispa de razón con quien poder dilucidar y ventilar las cuestiones que a mi embotado entendimiento se le ofrecen y le embarazan, y tú cortesano y discreto! ¡Qué de motivos, querido Andrés, para escribirte! Ahí van, pues, esas mis incultas ideas, tales cuales son, mal o bien compaginadas, y derramándose a borbotones, como agua de cántaro mal tapado. Esa breve dudilla se me ofrece por hoy, y nada más. «¿No se lee en este país porque no se escribe, o no se escribe porque no se lee?» …”. Pérez de Munguía, Juan (seud. de Mariano José de Larra). “Carta a Andrés escrita desde las Batuecas por El Pobrecito Hablador (Articulo enteramente nuestro)”. El Pobrecito Hablador. Revista Satírica de Costumbres. N.º 3 – septiembre de 1832. Imprenta de Repullés. Madrid, 1832. Páginas 3 y 4.

[62] Sebastián de Miñano y Bedoya (Becerril de Campos, provincia de Palencia, 20 de enero de 1779-Bayona, 6 de febrero de 1845) fue un escritor, periodista, geógrafo, historiador y político afrancesado español.

[63] “…todo cuanto se ha referido en varios libretes, y aun en algunos diccionarios geográficos, acerca del descubrimiento de las Batuecas, son meras fábulas inventadas para la diversión de niños y de gente ociosa…”. Miñano y Bedoya, Sebastián. Diccionario geográfico-estadístico de España y Portugal. Tomo II. Imprenta de Pierart-Peralta. Madrid, 1826. Página 21.

[64] Sánchez Granjel, Mercedes. Opus Cit. Página 9.

[65] Rodríguez de la Flor Adánez, Fernando. De Las Batuecas a Las Hurdes…Opus Cit. Página 153.

[66] Iglesias, Anselmo. Las Hurdes, paraíso olvidado: Historia veraz de los pueblos hurdanos. Gráficas Sandoval. Cáceres, 1996. Página 48.

[67] “…habitado el pais por una raza degenerada é indolente, ni aun se conocen los oficios mas necesarios a la vida, su ocupación se reduce á pedir limosna por las provincias inmediatas, lo mismo los hombres que las mugeres y niños; algunos venden el fruto de sus huertos en el part. de Ciudad-Rodrigo, y muchas mugeres se dedican á criar niños espósitos de las cunas de esta c. y la de Plasencia, en lo que cifran su principal fortuna, y es tanto su anhelo por recibir el precio de las lactancias, que hay muger que mantiene 4 ó 5 criaturas ayudada de una cabra, alimentadas todas con la miseria consiguiente en medio de la desnudez, y arrojadas sobre las camas de helécho, sin cariño y sin cuidado maternal; de suerte, que mas son espectros vivos, que perecen luego de hambre y de frío, llegando muy pocos á una juventud siempre débil y enfermiza (…) Sus alimentos son tan escasos como nocivos: en general su alimento ordinario es la patata cocida y compuesta con sebo de cabra, la cual comen sin mas preparativo; después alguna judia, pero siempre con esta grasa, y por último, hojas frutales cocidas, raices y tronchos de yerbas silvestres, castañas, bellotas y alguna berza: apenas se conoce el pan, y el que usan es de centeno ó de los mendrugos que recogen pordioseando; solo cuando están próximos á la muerte se les da pan de trigo.… ”. Madoz e Ibáñez, Pascual. Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar. Tomo IX. La Ilustración. Est. Tipográfico-Literario Universal. Madrid, 1847. Página 362.

[68] Barroso Gutiérrez, Félix. “Indumentaria tradicional en Las Hurdes”. Revista de Folklore. Número 269. Obra Social y Cultural de Caja España. Valladolid, 2003. Página 169.

[69] Pérez de Guzmán y Gallo, Juan. Ronda (Málaga), 25.II.1841 – Madrid, 23.IV.1928. Periodista, historiador y escritor.

[70] “…En el partido judicial de Granadilla hay una comarca conocida con el nombre genérico de Las Hurdes, que comprende cinco concejos ó ayuntamientos con 46 alquerías, distribuidas en lo eclesiástico en siete parroquias (…). De este país casi desconocido en el resto de la nacion, apenas se ha escrito mas que lo que Larruza dice en sus Memorias (1), y una obrita titulada Historia de las Hurdes, por D. Vicente Montero, cura del Pino, que permanece en manuscrito y de la cual se ha tomado la apreciable descripción que el Sr. Madoz ha insertado en su Diccionario (…). En la Historia de las Hurdes del Sr. Montero, de quien Madoz tomó todo un estenso artículo sobre esta comarca se completa el cuadro con el de las costumbres que allí se observan (…). Hombres y mujeres son de baja estatura y de un aspecto asqueroso y repugnante, aumentado con la palidez y miseria que asoma á sus rostros; en cámbio son ágiles trepan por las montañas con la mayor ligereza, y no hay distinción en uno ú otro sexo en cuanto á las ocupaciones necesarias para ganar su subsistencia. Todas estas circunstancias hacen que sean adustos y selváticos…”. Pérez de Guzmán, Juan. “Crónica de la provincia de Cáceres”. Crónica general de España, o sea, historia ilustrada y descriptiva de sus provincias sus poblaciones más importantes de Península y de Ultramar. Editores Rubio, Grilo y Vitturi. Madrid, 1870. Páginas 28 y 29.

[71] Marcos Arévalo, Javier. La construcción de la antropología social extremeña: (cronistas, interrogatorios, viajeros, regionalistas y etnógrafos). Universidad de Extremadura. Cáceres, 1995. Página 502.

[72] Don Romualdo Martín Santibáñez (Pinofranqueado, 1824-Casar de Palomero, 1895).

[73] Pecellín Lancharro, Manuel. Opus Cit. Página 193.

[74] “…los restantes judíos que habitaban en el Casar, con este fracaso, unos se hicieron cristianos y otros principiaron a expatriarse de él; y ya en 1492, cuando los Reyes Católicos decretaron la expulsión de los mismos del dominio español, pocos tuvieron que abandonar sus hogares en el Casar, pues habían quedado reducidos a un numero muy diminuto…”. Martín Santibáñez, Romualdo. Historia de la Santa Cruz del Casar de Palomero. Diputación Provincial de Cáceres. Cáceres, 1988. Página 12. (Edición facsímil de la editada en Plasencia, Imprenta de los Menores de Ramos, en 1870).

[75] Martín Manuel, Marciano. “La judería de Hervás (Cáceres): Historia de una invención”. XLII Coloquios Históricos de Extremadura. Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura. Cáceres, 2013. Página 9.

[76] Martín Manuel, Marciano. “La invención de la tradición: Leyendas apócrifas de los Judíos de Las Hurdes y Las Batuecas”. Revista de estudios extremeños. Volumen 59. Número 2. Diputación de Badajoz. Badajoz, 2003. Página 523.

[77] Ibídem. Página 528.

[78] Barroso Gutiérrez, Félix. “La falsa leyenda de los judíos de Casar de Palomero”. Alminar. Número 48 (octubre 1983). Institución Pedro de Valdivia y Periódico HOY. Badajoz, 1983. Página 13.

[79] Martín Santiváñez, Romualdo. “Un mundo desconocido en la provincia de Extremadura: Las Hurdes”. Edición y estudio: María Jesús Lorenzo Blanco. Fundación Caja Badajoz. Badajoz, 2016. Página 58. (Reedición de la editada por La Defensa de la Sociedad. Tomo 9. Madrid, 1876).

[80] Blanco Carrasco, José Pablo. Opus Cit. Página 104.

[81] Barrantes, Vicente. Aparato bibliográfico para la historia de Extremadura. Tomo II. Establecimiento tipográfico de Pedro Nuñez. Madrid, 1877. Página 297.

[82] Jacques Élisée Reclus, más conocido como Élisée Reclus (Sainte Foy la Grande, Gironda, Francia, 15 de marzo de 1830 – Torhout, Bélgica, 4 de julio de 1905), también conocido como Eliseo Reclus en los países de lengua española, fue un geógrafo francés, miembro anarquista de la Primera Internacional, creador de la Geografía social. Sus innumerables trabajos sobre geografía humana y geografía económica están entre los mejor elaborados en la historia de estas ciencias.

[83] “…C´est précisément dans la province de Salamaque, á soixante kilométres á peine de ce <<foyer>> des études, qu´au milieu de l´âpre vallée des Batuecas, au-dessous des rochers de la Peña de Francia, vivent encore des populations qualifiées de << sauvages >>, et que l´on accuse, évidemment á tort, de ne pas même connaître les saisons. Récemment, diverses légendes se racontaient au sujet e cette peuplade: on prétendait même qu´elle était restée complétement inconnue de ses voisins jusqu´aux âges modernes…”. Reclus, Élisée. Nouvelle Géographie Universelle. Librairie Hachette. Paris, 1876. Página 693.

[84] Pedro González de Velasco (23 de octubre de 1815 en Valseca de Boones, actualmente Valseca, Segovia – 21 de octubre de 1882, Madrid). Fue un famoso médico y antropólogo español. Conocido por ser el fundador en 1875 del Museo Nacional de Antropología que en tiempos fue su vivienda habitual.

[85] González Velasco, Pedro. Las Hurdes. Nota a la Sociedad Española de Antropología y Etnología. Imprenta de Aurelio J. Alaria. Madrid, 1880. Página 4.

[86] “…Es una preocupación creer que solo en la Oceanía, en el centro de África o en las Sabanas de América es donde se hallan hordas incultas y donde tiene aún la civilización que ganar palmos de terreno. Hay, en el partido judicial de La Granadilla -provincia de Cáceres-, una comarca que lleva el nombre genérico de Las Hurdes, casi desconocida en el resto de la Nación y habitada por verdaderas tribus primitivas…”. C. S. A. “Tribus primitivas. Geografía. Etnografía. Aventuras de un caballero en las Jurdes”. El Tiempo. Periódico Universal de Política. Madrid, 5 de agosto de 1882. Página 1.

[87] Vicente Barrantes Moreno (Badajoz, 24 de marzo de 1829-Pozuelo de Alarcón, 17 de octubre de 1898) fue un poeta y bibliófilo español.

[88] “…Por Octubre de 1880, con ocasión de un suceso ocurrido en una Sociedad científica digna de mejor empleo, tuve que apelar á la prensa rectificando errores impropios del tiempo en que vivimos, y para hacer justicia á un modesto historiador de las Jurdes, cuya obra nadie consulta, que sería el mejor medio de conocer teóricamente siquiera aquella inabordable comarca. Fué el caso que el insigne médico D. Pedro González de Velasco, ya difunto, fundador del Museo anatómico que excitando á la Sociedad á estudiarlas y redimirlas de la barbarie. Los que recuerden aquella hoja impresa, que circuló con abundancia y produjo en los periódicos declamaciones no menos abundantes, como era natural, tampoco habrán olvidado la ligereza impropia de un verdadero sabio que padeció el grave doctor, reproduciendo en pleno año 80 del siglo por excelencia crítico é investigador la novela que insertó D. Pascual Madoz en el tomo IX, pág. 301 de su Diccionario Geográfico, cuyo error fundamental consiste en pintar al país como lo pintó en su comedia Lope hace tres siglos, error indisculpable en un libro que podrá tenor poco de literario, pero blasona de geográfico y estadístico desde la misma portada. Pues ¿qué diré de la Nota del doctor antropólogo? No se concibe hecho tan desatinado de hombre tal, que con solo asesorarse de cualquier extremeño medianamente ilustrado, pudo evitar á su buena memoria semejante mancha, y menos se concibe la acogida que encontró aquella Nota en una Sociedad científica…”. Barrantes, Vicente Barrantes. “Las Jurdes y sus leyendas. Conferencia leida en la Sociedad Geográfica de Madrid la noche del 1.º de julio de 1890 (Publicada ahora con una Nota final)”. Establecimiento tipográfico de Fortanet. Madrid, 1893. Páginas 10 y 11.

[89] “…inspira tal lástima el espectáculo terrible de la miseria en toda su desnudez, que el convencimiento y la compasión mueven y arrastran involuntaria e incontrastablemente el ánimo de la investigación ansiando encontrar el germen del mal para extirparlo y arrojar con sus raíces la savia gangrena que alimenta estas calamidades permanentes, cuyo lúgubre atavío nos sonroja y envilece…”. Pizarro y Capilla, Francisco. Informe acerca del estado moral y material de las Hurdes en cuanto se relaciona con la educación e instrucción de sus habitantes y sobre los medios de establecer las escuelas de primera enseñanza. Imprenta de Nicolás María Jiménez. Cáceres, 1880. Páginas 5 y 6. (Lo presentó en la Junta de Instrucción Pública de la provincia de Cáceres, 1879).

[90] Marcos Arévalo, Javier. “Las Hurdes están más arriba”; “Las Hurdes están más abajo” …: Territorio, Grupo Social e Identidad”. Etnicex: revista de estudios etnográficos. Número 8. Asociación Profesional Extremeña de Antropología (APEA). Cáceres, 2006. Página 25.

[91] Barrantes, Vicente Barrantes. “Las Jurdes y sus leyendas. Conferencia leida en la Sociedad Geográfica de Madrid la noche del 1.º de julio de 1890 (Publicada ahora con una Nota final)”. Establecimiento tipográfico de Fortanet. Madrid, 1893. Página 67.

[92] “…Se ha dicho que los Jurdanos constituían una raza degenerada y bastarda, descendiente de los Godos. Podemos afirmar que tal suposición es en un todo gratuita. Sin determinar categóricamente cuál pueda ser su procedencia, desde luego sentamos que no presentan diferencia alguna con los demás habitantes de Extremadura, ni por la conformación de su cráneo, ni por su estructura anatómica. Son hombres como los demás…”. Bide, Jean B. “Las Batuecas y Las Jurdes”. Boletín de la Sociedad Geográfica de Madrid. Librería Gutenberg. Madrid, 1892. Página 73.

[93] José González Castro, alias “Crotontilo” (Fermoselle, Zamora, 1862 – Béjar, Salamanca, 1923), fue un médico, escritor, periodista e inspector de trabajo español.

[94] “…Crotontilo’ era el pseudónimo empleado en sus escritos por el médico salmantino José González Castro, destinado, a la sazón en Mirabel, tras pasar muchos años en Guijo de Santa Bárbara. Destacó como médico higienista, llegando a ser inspector de trabajo. Publicó varios opúsculos sobre la sanidad obrera e industrial: “El trabajo de la mujer en la industria” (1912), “Cartilla higiénica del obrero y su familia” (1917). Fue amigo íntimo del poeta Gabriel y Galán y colaboró en la prensa salmantina y extremeña (‘Revista de Extremadura’, ‘Regional’, etc.). ‘Regional’ dio en su primer número la noticia de que Crotontilo había obtenido el premio Roel de Real Sociedad Española de Higiene, dotado con 500 pesetas, por un trabajo sobre la pubertad. Un premio que consiguió Polo Benito sobre la higiene hurdana…”. Flores del Manzano, Fernando. “Acción Social Católica y asociacionismo agrario en la diócesis de Plasencia: 1903-1931”. Revista de Estudios Extremeños. Tomo LXVIII. Número II. Diputación de Badajoz. Badajoz, 2012. Páginas 790 y 791.

[95] “…el estudio antropológico del jurdano ofrece interés notable, pues da la razón de ser de esa rasa. El jurdano es generalmente pequeño de cuerpo (I), de color oscuro, cabello crespo, barba rala, cabeza pequeña, aplanado de occipucio, diámetro biparietal exagerado, frente inclinada hacia adelante, consecuencia de lo saliente del borde orbitario del frontal, resultando aquella, pequeña y estrecha, orejas grandes con el lóbulo adherido, fisionomía, en fin, inexpresiva y con un sello particular que delata al imbécil. Todos esos caracteres, corresponden á razas inferiores y hasta á animales. Desde el idiota en último grado, cuya vida es puramente vegetativa, hasta el imbécil en sus primeras gradaciones, expresa la menos grave por simple debilidad intelectual, hay muchos estados psicopáticos, que en las Jurdes pueden apreciarse con facilidad. El jurdano en general, solo percibe el mundo exterior y aprecia y se da cuenta de su personalidad. La conciencia solo concibe ideas que engendran la precepción inmediata, con juicios de naturaleza primitiva. El poder de recepción y asimilación de ideas abstractas, es nulo, y de ahí la ausencia de sentido ético, que sirve de freno á impulsos egoístas propios de todo abúlico…”. González Castro, José. (Crotontilo). “Las Jurdes”, Revista de Extremadura. Año III. Número 29. Cáceres, 1901. Página 510.

[96] Blanco Carrasco, José Pablo. Opus Cit. Página 109.

[97] “…El 8 de julio de 1903, convocada por el canónigo Jarrín, tuvo lugar, en la casa parroquial de Cambroncino, una asamblea a la que asistieron los canónigos Jarrín y Polo Benito, el abogado Mancebo, de Salamanca, el diputado provincial don Francisco Durán Martín, una representación oficial de los cinco municipios de Las Hurdes y de los siguientes pueblos vecinos: Pozuelo, Torrecilla de los Ángeles, Casar de Palomero, Rivera Oveja y La Pesga (…). La Esperanza de Las Hurdes quedó constituida de la siguiente manera: Director (por aclamación), don Francisco Jarrín y Moro; presidente de honor, el señor obispo de Coria, don Ramón Peris Mencheta; presidente del Comité directivo, don Pablo Hernández, cura de Pino Franqueado; tesorero, don Juan Pérez, secretario del Ayuntamiento de Pino Franqueado; secretario, don Tomás Gómez; vocales, don Patricio Segur, de Nuñomoral; don Lucas Marcos, de Cabezo; don Santiago Pascual, de Cáceres…”. Maurice Legendre. Opus Cit. Página 597.

[98] Francisco Jarrín y Moro (Salamanca, c. 1843-Ibahernando, 1912) fue un obispo español.

[99] “…se convocó á una reunión bajo la presidencia del Sr. Jarrín que con feliz acogida tuvo lugar en Cambroncino el 8 de Julio del pasado año, y á ella acudieron, representados, el dignísimo Diputado á Cortes por este distrito y decidido é incansable protector de los hurdanos D. Rafael Durán Martín, el excelentísimo Sr. Marqués de Albaida y el Diputado provincial D. Eloy Sánchez de la Rosa, haciéndolo personalmente nuestro diligente y cariñoso Diputado provincial D. Florencio Durán Martín, comisiones de Salamanca, Pozuelo, Torrecilla de los Ángeles, Casar de Palomero, Pesga, Ribera Oveja y de los cinco municipios hurdanos, y con cuya concurrencia se constituyó la Sociedad, nombrado socios fundadores a todos los señores asistentes…”. Gómez, Tomás. Memoria leída en la Junta General que la Sociedad “La Esperanza de las Hurdes” celebró el día 11 de agosto. Imprenta de Calatrava. Salamanca, 1904. Páginas 5 y 6.

[100] Marcos Arévalo, Javier. La construcción de la antropología…Opus Cit. Página 504.

[101] “…Convenidas las bases para formar el Reglamento por que se había de regir la incipiente Sociedad, fué nombrada Junta directiva, en la que se dio representación á los cinto municipios hurdanos, siendo conferida su presidencia al dignísimo é inteligente Párroco de Pinofranqueado, el Ldo. D. Pablo Hernández, cuya actividad y celo en el desempeño de su cargo mercen aplausos, que gustoso consigno, asi como también al gratuito trabajo y decidida cooperación del Tesorero D. Juan Pérez, Secretario de aquel Ayuntamiento…”. Gómez, Tomás. Memoria leída en la Junta General que la sociedad “La Esperanza de las Hurdes” celebró el día 11 de agosto. Imprenta de Calatrava. Salamanca, 1904. Página 6.

[102] Blanco Carrasco, José Pablo. Opus Cit. Páginas 109 y 110.

[103] Las Hurdes. Revista Mensual Ilustrada. Año I. Número 1. Lunes 22 de enero de 1904. Imp. de Calatrava a cargo de L. Rodríguez. Salamanca, 1904.

[104] José Polo Benito (Salamanca, 27 de enero de 1879 – Toledo, 22 de agosto de 1936) fue un clérigo y escritor español, deán de las catedrales de Plasencia y Toledo, presidente y consejero de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Plasencia y promotor del viaje de Alfonso XIII a Las Hurdes en 1922.

[105] Colomina Torner, Jaime. “Sacerdotes Toledanos Académicos”. Toletum: Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Número 26. Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Toledo, 2013. Página 48.

[106] Montañés Pereira, Roberto C. “Aproximación a la “Leyenda Negra” de las Hurdes: las visiones de Marañón, Buñuel y Albiñana”. XXXI Coloquios Históricos de Extremadura. Centro de Iniciativas Turísticas de Trujillo. Cáceres, 2003. Página 317.

[107] “…Nacido en Frades de la Sierra (Salamanca) el 28 de junio de 1870, pero fue adoptado como autor extremeño, ya que, tras su enlace matrimonial en 1898 en Plasencia con una joven extremeña, Desideria García Gascón. Dimite de su cargo de maestro y se traslada a vivir a Guijo de Granadilla (Cáceres), donde vivió consagrado a la labranza y a la vida familiar, convirtiéndose en terrateniente. Allí empieza a producir su poesía en lengua extremeña. Este autor combinó tanto el uso del castellano como el del dialecto extremeño en sus obras…”. López Rodríguez, Pedro Manuel. “Regionalismo extremeño y su influencia en los autores extremeños en la literatura de principios del Siglo XX. Una puesta en común”. VIII Jornadas de Historia de Almendralejo y Tierra de Barros. Asociación Histórica de Almendralejo. Almendralejo (Badajoz), 2017. Página 249.

[108] “…Arturo Souto o Antonio Merino Vicente, con absoluta rotundidad han entendido fuera de toda razón considerar a Galán un escritor social. Para uno, Gabriel y Galán no era un poeta natural puesto que tendía a escamotear todo lo miserable, todo lo injusto y sombrío que rodeaba a la vida de los pastores y labriegos; para el segundo, sería osado, parcial o inexacto hablar de Gabriel y Galán como un poeta social…”. Gabriel y Galán, José María. “Gabriel y Galán o la necesidad de ser en la palabra escrita”. Alcántara: revista del Seminario de Estudios Cacereños. Número 63. Diputación Provincial de Cáceres: Institución Cultural El Brocense. Cáceres, 2005. Página 41.

[109] “…Sus reivindicaciones son poco convincentes, ya que no tienen continuidad en su obra, sólo subyacen y aparecen de manera esporádica y circunstancial. Parece una denuncia testimonial, literaria más que real, para la galería y con la intención de quedar bien, no con el firme deseo de que tan preocupante situación socioeconómica y cultural desapareciera…”. Gómez Martín, Fernando E. “José María Gabriel y Galán, poeta del pueblo”. Salamanca: Revista de Estudios. Número 52 (Ejemplar dedicado a: Monográfico Gabriel y Galán: estudios conmemorativos en el centenario de su muerte). Diputación de Salamanca. Salamanca, 2005. Página 68.

[110] “… José María Gabriel y Galán era maestro en Piedrahíta cuando contrae matrimonio con Desideria a finales de enero de 1898 (…), el matrimonio se traslada a Guijo de Granadilla, donde José María –abandonado el magisterio– se ocuparía de la administración de los bienes, fincas y ganado, de Juan Antonio Rivero Galán: se trata de un rico hacendado, pariente suyo, y casado con una tía carnal de su mujer; con este matrimonio había vivido Desideria hasta el día de su boda, por lo que para ella era volver a casa. Guijo de Granadilla está situado muy cerca del río Alagón, un poco aguas abajo de la actual presa del pantano que lleva el nombre del poeta. Gabriel y Galán vive en Guijo, pero ha de moverse también por Zarza y Granadilla, donde están algunas de las fincas, así como por otros pueblos de la zona en los que se ventilan los negocios ganaderos de Juan Antonio: Ahigal, Santibáñez el Bajo, El Bronco, Montehermoso, Coria… Las ferias solían ser visita obligada para cuantos tenían que comprar y vender ganado. Y, por supuesto, Plasencia, la ciudad más próxima, lugar de abastecimiento especializado y de servicios para los pueblos comarcanos. Una comarca ésta –téngase en cuenta– que es la antesala de las Hurdes: la distancia del Guijo a Mohedas y Casar de Palomero es pequeña, no tanto entonces como ahora, bien es cierto, cuando había que hacer el camino a pie o en caballería. Por otra parte, las comunicaciones en las Hurdes no pasaban de unos malos caminos por terreno las más de las veces accidentado. Para andar por las Hurdes en coche faltaban todavía treinta años. Consta que Gabriel y Galán tuvo interés e intención de visitar las Hurdes. Pero las dificultades del viaje, unido a las muchas tareas y compromisos que bien pronto le sobrevinieron al poeta, sobre todo después de obtener la flor natural en los Juegos Florales de Salamanca de 1901, dejaron sin cumplir aquel deseo. Unos juegos florales, por cierto, cuyo jurado preside Unamuno y del que forma parte otro personaje, don Francisco Jarrín…”. Rodríguez Núñez, Teresiano. “Pan y cultura, la limosna exigida de un poeta”. Periódico HOY del jueves, 6 de enero de 2005. Badajoz, 2005. Página 13.

[111] Fernández Daza, Carmen. “Gabriel y Galán o la necesidad de ser en la palabra escrita”. Alcántara. Época IV. Número 63. Diputación de Cáceres. Cáceres, 2005. Página 50.

[112] Gabriel ý Galán, José María. “La Jurdana”. Las Hurdes. Revista Mensual Ilustrada. Año I. Número 2. Martes 22 de marzo de 1904. Imp. de Calatrava a cargo de L. Rodríguez. Salamanca, 1904. Páginas 39 – 41.

[113] Rodríguez Núñez, Teresiano. Opus Cit. Página 14.

[114] Gómez, Tomás. Memoria leída en la Junta General que la Sociedad “La Esperanza de las Hurdes” celebró el día 11 de agosto. Imprenta de Calatrava. Salamanca, 1904. Páginas 9 y 10.

[115] Maurice Legendre. Opus Cit. Páginas 570 y 571.

[116] Fernández Daza, Carmen. Opus Cit. Páginas 50 y 51.

[117] Gabriel ý Galán, José María. “Á S.M. EL REY”. Las Hurdes. Revista Mensual Ilustrada. Año I. Número 8º. Viernes 30 de septiembre de 1904. Imp. de Calatrava a cargo de L. Rodríguez. Salamanca, 1904. Páginas 178-180.

[118] “…Él [rey] pidió todos los números de Las Hurdes anteriores al extraordinario y dijo a los que le presentaron el grupo de jurdanos: “Conozco las Hurdes por una poesía de Galán, que leí no sé cuándo, y que, lo confieso, me impresionó profundamente”. Y basta de jurdanos y de reyes, que son seres unos y otros que no parecen todos hijos de Adán y Eva, porque… ¡qué horrendas desigualdades Dios mío!…”. Gabriel y Galán, José María. Epistolario. Seleccionado y editado por Mariano de Santiago Cividanes. Fernando Fe. Madrid, 1918. Página 233.

[119] Maurice Legendre. Opus Cit. Página 571.

[120] “…Así lo ha entendido el por mil títulos benemérito director de esta Sociedad, Ilustrísimo Sr. D. Francisco Jarrín, al imponerse la pesada carga de sostener tres maestros y construir tres escuelas, Riomalo de Abajo, Fragosa y Riomalo de Arriba, estando sufragando también en este caserío un camino que lo comunique con Castilla…”. Gómez, Tomás. Memoria leída en la Junta General que la Sociedad “La Esperanza de las Hurdes” celebró el día 8 de agosto. Imprenta de Calatrava. Salamanca, 1905. Página 8.

[121] Gómez, Tomás. Memoria leída en la Junta General que la Sociedad “La Esperanza de las Hurdes” celebró el día 21 de julio. Imprenta de Calatrava. Salamanca, 1906. Página 7.

[122] Gómez, Tomás. Memoria leída en la Junta General que la Sociedad “La Esperanza de las Hurdes” celebró el día 21 de julio. Imprenta de Calatrava. Salamanca, 1906. Página 11.

[123] “…S. M. el Rey (Q. D. G.), por decreto fecha 26 del actual, se ha dignado nombrar para la Iglesia y Obispado de Plasencia, vacante por defunción de D. Pedro Casas Souto, á D. Francisco Jarrín y Moro, Chantre de la Santa Iglesia Catedral de Salamanca. Y habiendo sido aceptado este nombramiento, están practicando las informaciones y diligencias necesarias para la presentación á la Santa Sede…”. Ministerio de Gracia y Justicia. Gaceta de Madrid. Número 331. Martes 27 de noviembre de 1906. Madrid, 1906. Página 782.

[124] “…El día 6 de Diciembre del mismo año fue promovido a la Silla episcopal de Plasencia. Dios habrá premiado los méritos del Prelado…”. “El ilustrísimo y reverendísimo señor don Francisco Jarrín y Moro”. Ilustración Católica. La Hormiga de Oro. Año XXIX. Número 46. 16 de noviembre de 1912. Barcelona, 1912. Página 722.

[125] García Lucas, Francisco. Heráldica Episcopal Placentina. Recopilación y descripción de los blasones de los prelados placentinos del 1190 a 2019. Punto Rojo Libros S.L. Sevilla, 2019. Página 136.

[126] “…Nació don Francisco Jarrín en Salamanca el 20 de marzo de 1843, teniendo, por consiguiente, ahora 69 años (…). Propuesto para Obispo de esta diócesis, fue consagrado el 1º de mayo de 1907 e hizo su entrada el 15 del mismo mes. Ha sido, pues, poco más de cinco años Obispo de Plasencia (…). Cuando, la primera vez que ha Obispo vino a Béjar, le dijo el que esto escribe que pensaba fundar el Centro Social hoy aquí existente, acogió la idea con entusiasmo, contribuyendo después a la fundación con un importante donativo y suscribiéndose con una cantidad mensual para el sostenimiento del mismo (…). El día 5 del corriente, fue trasladado el cadáver del Sr. Obispo desde el pueblo de Ibahernando, pasando por Trujillo, á la capital de la diócesis, adonde llegó a las cinco y media de la tarde con números acompañamiento de sacerdotes y seglares en coches y automóviles. El vicario capitular interino, M.I. Sr. D. Jesús M. de Echeverría, el Ilmo. Cabildo y demás clero de la ciudad, el Ayuntamiento en pleno, precedido de maceros, autoridades civiles y militares y gran muchedumbre de fieles, esperaban para dar testimonio de respeto y cariño a los restos del que fue su Prelado. A hombres de sacerdotes y seguido de una numerosísima comitiva, fue conducido el féretro hasta el palacio episcopal, en el que entró a las siete de la noche. El jueves, a las diez de la mañana, después de llevado el cadáver a la catedral, se celebraron en esta muy solemnes funerales, en lo que ofició de Pontifical el señor Obispo de Coria, presidiendo en el coro el señor Obispo de Ciudad-Rodrigo. Terminados, el cadáver recibió sepultura junto al altar de la Asunción, a la izquierda mirando al mismo…”. S.A.B. “El Ilmo. Sr. Dr. D. Francisco Jarrín y Moro. Obispo de Plasencia”. La Victoria. Semanario de Béjar. Sábado 9 de noviembre de 1912. Año XIX. Número 934. Béjar (Salamanca), 1912. Página 1.

[127] Colomina Torner, Jaime. “Sacerdotes Toledanos Académicos”. Toletum: Boletín de la Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Número 26. Real Academia de Bellas Artes y Ciencias Históricas de Toledo. Toledo, 2013. Página 48.

[128] Flores del Manzano, Fernando. “Acción Social Católica…Opus Cit. Página 780.

[129] Hernández Díaz, José María. “Santuario de la ciencia para la pobreza del pueblo. El Seminario Diocesano de Salamanca (1874-1900)”, en Bonilla, José Antonio; Barrientos, José (coords.). Estudios históricos salmantinos. Homenaje al P. Benigno Hernández Montes. Universidad de Salamanca. Salamanca, 1999. Página 200.

[130] “…La famosa diócesis placentina tiene ya Prelado. El día 5 de Diciembre fué proconizada en Roma para Obispo de Plasencia el ilustre Jarrín. Escribir la biografía de este hombre singular es tarea abrumadora para mi pluma, falta del vigor necesario para expresar todo el valer, toda la grandeza, todo el talento y santidad que atesora el alma del hasta ayer Chantre de la Catedral de Salamanca. El nuevo Obispo es uno de éstos raros hombres que, de cuando en cuando, surgen de las muchedumbres, impulsadas por una fuerza poderosa; y que resumen en sí mismos virtudes y talentos con los que triunfan en la vida en cuantas empresas acometen.…” CROTONTILO (seudónimo de José González): “El obispo de Plasencia”. El Adelanto. Diario político de Salamanca. Año XXIII. Número 6915. Salamanca, 12 de enero de 1907. Página 1.

[131] “…El Congreso Nacional de hurdanófilos no aspira á ser una asamblea más, sino la reunión de los que van á laborar por la patria. Ni políticas ni sectarismo de color; en este congreso, el primero que en España se convoca con propósitos de patriótico hamanitarismo, se va á discutir reposada y serenamente de lo nuestro; esas ánsias, que ahora se sienten vivas y ardorosas de mejorar la condición social de los pueblos, esa oleada de filantropía y de altísimo españolismo que desde hace algun tiempo corre por la prensa, tendrán en este Congreso campo de acción dilatado y rico. El Gobierno español ha asociado sus energías á la empresa comenzada por la Esperanza de las Hurdes. Y si en los años de labor de ésta simpática Sociedad, la tierruca pobre ha visto edificar escuelas, abrir caminos, remediar necesidades con el préstamo gratuito, descuajar malezas, y con el alfabeto en una mano y el arado en la otra iniciarse una época de mayor prosperidad…”. Polo Benito, José. “Congreso Nacional en favor de las Hurdes. Convocatoria”. Crónica del Congreso Nacional de Hurdanófilos celebrado en Plasencia en los días 14 y 15 de junio de 1908. Talleres de Imp. y encuadernación M. Ramos. Plasencia, 1908. Página 6.

[132] Segismundo Moret y Prendergast (Cádiz, 2 de junio de 1838 – Madrid, 28 de enero de 1913) fue un hacendista, literato y político español.

[133] “…CONCLUSIONES. El Congreso Nacional de Hurdanófilos suplica al dignísimo representante del Gobierno español mejore en lo posible las condiciones morales y materiales de la comarca jurdana. Para lograr la más pronta realización de esto, la Comisión propone el nombramiento de la siguiente comisión ejecutiva: Excelentísimo señor ministro de Fomento, vizconde de Eza, conde de Retamoso, don Segismundo Moret, don Juan M. Chaves, señor Obispo de Plasencia, Coria y Salamanca, don Eloy Bullón, don Fernando Sánchez Arjona, don Luis Grande, don Pablo Hernández, don Juan Pérez y don José Polo Benito. Propone las siguientes conclusiones: 1ª Que se declare la utilidad pública la Sociedad La Esperanza de las Hurdes y se conceda una subvención para realizar con ella más fácil y prontamente los altos fines que persigue. 2ª Se concederá un premio de 25 pesetas á los que hagan plantaciones de pinos en cada cuatro áreas de terreno. 3ª El Gobierno subvencionará anualmente la construcción de una escuela municipal. 4ª La Diputación provincial de Cáceres señalará en los presupuestos una cantidad para menaje escolar. 5ª Los municipios hurdanos se comprometen á que los maestros propietarios ó interino residan en los pueblos. 6ª La Esperanza de las Hurdes estimulará con premios la buena asistencia de los escolares. 7ª Se establecerá de un modo fijo la enseñanza de adultos. 8ª Se nombrará un inspector para las escuelas provinciales. 9ª Se procurará por el Gobierno, la Diputación, los municipios y La Esperanza de las Hurdes la terminación de la carretera y la construcción de los siguientes caminos vecinales: 1º Desde Caminomorisco á la estación del Villar, 2º Desde Caminomorisco al Puerto de las Herias. 3º Desde Nuñomoral al Puerto de Casares. 10ª Se estudiará, procurando llevarlo á la práctica, el establecimiento de una farmacia en las Jurdes y de los médicos subvencionados por el Estado, la Diputación, los municipios y La Esperanza de las Hurdes…”. Polo Benito, José. “La Sesión de clausura”. Crónica del Congreso Nacional de Hurdanófilos celebrado en Plasencia en los días 14 y 15 de junio de 1908. Talleres de Imp. y encuadernación M. Ramos. Plasencia, 1908. Páginas 144 y 145.

[134] Matías Marcos, Juan David. La producción geosimbólica de Las Hurdes: teoría, historia y práctica de un territorio imaginario (Tesis doctoral). Departamento de Lenguas Modernas y Literaturas Comparadas. Universidad de Extremadura. Cáceres, 2016. Página 298.

[135] Jarrín y Moro, Francisco. Carta pastoral que con motivo de su entrada en la Diocesis de Plasencia dirige á clero y pueblo el Obispo de expresada diócesis. Imp. de Calatrava Salamanca, 1907. Jarrín y Moro, Francisco. Preceptiva literaria o Retórica y Poética. Imp. Generoso Montero. Plasencia, 1907.

[136] “…nos creemos que la acción social católica bien dirigida puede dar beneficios grandes a la Iglesia y á los fieles. Preciso es, sin embargo, no dejarse deslumbrar por la brillantez y seducción de estos temas nuevos, en los que hemos entrado todos, acaso un poco tarde y no convenientemente preparados. No son fáciles ni llanos los caminos de esta acción y urge antes de fundar cualquier asociación de esta índole, que estudiemos bien las condiciones de vida en que nace y ha de desarrollarse para evitar posibles fracasos. Para esto y con el fin de que la acción social en nuestra amada diócesis se ejercite de un modo racional y bien fundado en la realidad, muy pronto distribuiremos entre los Sacerdotes el libro que con el título “Manual del propagandista” ha editado recientemente el Consejo Nacional de las Corporaciones Católico-obreras de España…”. Flores del Manzano, Fernando. “Acción Social Católica…Opus Cit. Página 778.

[137] “…En Ibahernando donde se encontraba con motivo de una visita pastoral, ha fallecido el ilustre prelado de la Diócesis placentino Ilmo. Sr. don Francisco Jarrin Moro. Su muerte ha causado general sentimiento en toda la provincia donde eran bien conocidas las grandes virtudes y extraordinarias dotes del prelado difunto cuyos meritísimos trabajos e pro de la región hurdana bastarían por si solas para colocar su nombre entre los más preclaros y beneméritos…”. “El Obispo de Plasencia”. El Bloque. Año VI. Número 255. Cáceres, 7 de noviembre de 1912. Página 1.

[138] Maurice Legendre. Opus Cit. Página 574.

[139] “…En 1922, en un viaje de reconocimiento médico-sanitario para preparar la visita del Rey Alfonso XIII, el doctor Marañón escribió que Las Hurdes constituían un problema sanitario y que las alquerías altas deberían haber sido abandonadas porque sus tierras de cultivo eran demasiado pobres…”. Catani, Maurizio. “Historia y antropología de la comarca de Las Hurdes”. Narria: Estudios de artes y costumbres populares. Número 67-68. Universidad Autónoma de Madrid. Madrid, 1994. Página 8.

[140] Domínguez Domínguez, José Pedro. “Real Patronato de las Hurdes (1922-1931): Una institución de beneficencia al servicio de las Hurdes”. Revista de estudios extremeños. Vol. 63. Nº 1. Excelentísima Diputación Provincial de Badajoz. Badajoz, 2007. Página 104.

Dic 292020
 

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

RESUMEN

Tras la visita y residencia del Corregidor de la ciudad de Trujillo al lugar de Madrigalejo, se celebra Concejo abierto el 29 de enero de 1720, para tratar sobres las disposiciones del Corregidor. En este trabajo se realiza un estudio del acta de aquella reunión del Concejo de Madrigalejo, que puede ser una cata, en un momento concreto –hace exactamente 300 años-, de la política concejil. El documento está recogido en los Libros de Actas del Archivo Municipal de Madrigalejo.

En el documento se hacen patentes las posturas dispares entre el Corregidor y Concejo: la intención del Corregidor de introducir cambios y reformas en la gestión concejil y la resistencia a realizar los cambios por parte de las Justicias locales. Así mismo llama la atención actitudes y asuntos de la actividad política que pueden ser familiares hoy en día, como “auditorías”, “recortes” en salarios y dietas, indicios de “corrupción”, “comisiones de investigación”, etc.

 

INTRODUCCIÓN.

 

Indagando en el Archivo Municipal de Madrigalejo, me asaltó la curiosidad de saber qué podía deparar la actividad concejil 300 años atrás. Tan solo encontré dos actas de reuniones a Concejo en 1720. Una de ellas está fechada el 29 de enero y, poco después, la segunda, del 10 de marzo. Y a partir de esta fecha, existe un vacío hasta 1725, lo que parece indicar que el libro contiguo ya no se conserva.

Las actas concejiles abordaban asuntos que atañían de forma específica a la comunidad. Sería el caso de reglamentar la protección de cosechas -acotando las siembras, las viñas y la enriadera para el lino, o regulando rastrojos y agostaderos, etc.-; o de velar por los bienes de propios –dehesas, ejidos, eras…-; luchar contra los fuegos veraniegos; mediar con el Monasterio de Guadalupe en los conflictos de lindes o vecindad; poner precio a los productos de abastos, como el vino o los granos del pósito; procurar una fragua o una casa para la cilla; acomodar a un herrero, cirujano, maestro o sacristán; aislar y proteger a la población ante enfermedades contagiosas; tratar sobre el alistamiento de los soldados o cómo organizar los pagos de impuestos, así como cualquier otra cuestión que pudiera afectar al conjunto de los vecinos.

En esta línea van las dos actas de 1720, pues tratan asuntos que afectan directamente al devenir de la comunidad. Si en la primera se aborda el tema de la gestión del Concejo, la segunda es más de orden doméstico, pues está destinada a buscar un cirujano para ejercer en el lugar. Nada de particular hasta aquí. Sin embargo, leyendo detenidamente el documento fechado el 29 de enero, revela cosas muy interesantes que conviene analizar y en el que se advierten actitudes y asuntos de la actividad política de hace tres siglos que podemos encontrar en la prensa de hoy en día.

 

RAZÓN DE LA JUNTA.

 

El epígrafe del acta fechado el 29 de enero de 1720 reza de la siguiente manera: Acuerdo sobre si se a de repartir el seis por ziento en los libros y sobre los viajes de las justizias, salarios y alcanzes que hizo el sr. Corregidor en la visita. En el título, ya se advierte que, en realidad, son varios los asuntos que se habrían de tratar en la reunión del Concejo, aunque todos tienen un origen común, que es la visita que realiza el Corregidor de la ciudad de Trujillo al lugar de Madrigalejo y los mandatos que dejó estipulados para que fueran ejecutados.

El Corregidor era un funcionario de su Majestad; era el representante del Rey en un territorio formado por varios municipios y villas, llamado corregimiento. Al Corregidor lo nombraba el Rey, a instancias del Consejo de Castilla, que era el principal órgano asesor del monarca. Residía en la cabeza del corregimiento, es decir, en la ciudad principal del territorio, donde ejercía como alcalde. En las demás villas y aldeas de la jurisdicción, tenía las funciones de controlar a los regidores, de fiscalizar las haciendas locales y la calidad de los abastimientos, así como ser juez en la administración de justicia en lo civil y criminal. Y al finalizar su mandato –que estaba estipulado en tres años-, era examinada su actuación al frente del cargo, en lo que se llamaba “juicio de residencia”.[1]

En un principio –mediados del S. XIV-, el corregidor castellano era una figura excepcional, que solo intervenía en casos concretos y a petición de los concejos de las ciudades de realengo, para dirimir conflictos provocados por las rivalidades entre las banderías locales. Fue en el reinado de los Reyes Católicos, en las Cortes de Toledo de 1480, cuando se consolidó la figura del corregidor. Con este y otros cambios institucionales, se intenta modernizar el Estado, reforzando el poder real en las ciudades frente a los bandos nobiliarios, a través de la presencia de un funcionario real.[2]

En el caso que nos ocupa, el Corregidor de la ciudad de Trujillo habría hecho su correspondiente visita y residencia al lugar de Madrigalejo con anterioridad a la convocatoria del Concejo del 29 de enero de 1720, para ejercer sus funciones de control, fiscalización y revisión de las actuaciones de los representantes concejiles, de los libros de cuentas, del reparto de impuestos y de todo lo que pudiera ser objeto de inspección en las villas y aldeas de su jurisdicción. En el trienio comprendido entre 1717 y 1720, ejercía como corregidor en Trujillo D. Matías Crespo Suárez[3].

A través de Lorenzana de la Puente –en la lectura inaugural de los XLVI COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA-, sabemos que D. Matías Crespo era una persona celosa de su deber y honrada, que no se dejaba manipular por los regidores de la ciudad, pertenecientes a los principales linajes de Trujillo. Por ello, no estaba bien mirado por los poderosos y, durante su ejercicio, se le acusó de nombrar oficios que no le correspondían, de recortar el sueldo a los regidores y oficiales, de intentar fiscalizar las cuentas de los bienes de propios, etc., y le llegaron, incluso, a organizar una especie de escrache, llamado “fuego de la mariquilla con cencerros”, a la una de la madrugada, en la puerta de su casa, con voces y gritos contra el corregidor.[4]

Cuando fue a Madrigalejo a realizar la visita y residencia de control pertinente, seguro que su fama le precedería.

 

LLAMADA A CONCEJO

 

Como era uso y costumbre, las justicias –las autoridades del momento- llamaron a Concejo abierto, al son de campana repicada, para que se reunieran donde solían, que era en las casas de ayuntamiento. Las justicias convocantes eran los alcaldes ordinarios Bartolomé García Arias y Juan Sánchez Loro, los regidores Juan Cortés y Melchor Olalla, y el procurador síndico del común Alonso Gil Jiménez.

Al sonido de la campana, acudieron los siguientes vecinos: Gregorio Benito, Juan Jiménez Díaz, Alonso Gil Jiménez (viejo), Miguel Fernández Cortés, Francisco Moreno, Bartolomé ¿Fijara?, Juan Orejudo, Juan García Iglesias, Felipe Benito, Juan García Moreno, Antón Falaya, Francisco Martín Moreno, Blas González, Miguel Fernández Moreno, Juan Sánchez Caballero, Francisco Solís, Bartolomé Sánchez Malpartida, Juan Rodríguez David, Domingo López, Diego Pizarro, Juan de Madrid, Diego Largo, Juan Cano, Martín Sierra ¿..?, Andrés Bermejo y Andrés Palmerín. Además, también aparecen registrados más abajo Francisco García Ruiz, Pedro Santos, Francisco Blanco y Juan Fernández Bermejo. Por lo que puede contabilizarse en esta nómina, formaron el cónclave de aquel concejo treinta vecinos, además de las cinco autoridades convocantes y del escribano, Cristóbal Blázquez.

La afluencia a esta reunión de concejo fue sensiblemente superior a otras convocatorias anterior y posteriormente, lo que da idea de la importancia de la junta. Tan solo fue superada por otra que tuvo lugar el 31 de marzo de 1719 –con más de cincuenta asistentes- y en la que se trató sobre el rompimiento (roturación) de la dehesa boyal –la Quebrada-, porque convenía al bien común, y fue convocada a petición de varios vecinos a través del procurador síndico[5].

Y antes de continuar, nos detenemos para hacer un breve comentario sobre los nombres de aquellos vecinos de Madrigalejo que vivieron hace trescientos años. Repasando los apellidos que aparecen en el documento y dejando aparte patronímicos como García, Fernández, Sánchez, Jiménez o González, que podían y pueden encontrarse en cualquier punto de la geografía española, llama la atención que muchos de ellos aún perviven entre nuestros vecinos del siglo XXI, como Arias, Loro, Cortés, Gil, Benito, Moreno, Pizarro, Cano, Sierra, Cabanillas, Blázquez, Granjo o Blanco. Y en cuanto a los nombres de pila, se observa que predomina “Juan”, cosa que no tiene nada de extraño por estar en relación con el patrón del pueblo, San Juan Bautista.

Pero volviendo al tema, una vez congregados los vecinos, se les comunicaron las tres disposiciones que el Corregidor había considerado oportuno establecer en la visita para que fueran cumplidas. Las tres se refieren a aspectos económicos. A continuación, exponemos cada una de ellas, así como los acuerdos que el Concejo adoptó en relación con esas instrucciones.

 

CONTROL Y GESTIÓN DE IMPUESTOS

 

El primero de los asuntos que trataron abordaba el tema del control y de la gestión de los impuestos. El documento dice así: -el Corregidor mandó- quen los libros de repartimientos de dévitos reales se reparta el seis por ziento para el pago de subsidiarios y costas de ejecutores y conduzir de dichos devitos a las arcas.

Como más arriba se ha comentado, entre las funciones del Corregidor, estaba la de fiscalizar las haciendas locales. En realidad, la gestión de los impuestos de los concejos corría a cargo de sus Justicias y Regidores –las autoridades locales-, que debían ser ayudados y presididos por los corregidores. Es lo que puede leerse en la Novísima Recopilación de las Leyes de España, en el epígrafe de “Repartimiento y cobranza de tributos”, apartado 1: Los Escribanos de Concejo, u otros que tengan poder especial para ello, hagan cada uno en su jurisdicción los padrones de pecheros para el repartimiento de contribuciones. Y se declara privativo de las Justicias y Regidores, ayudados y presididos de los Corregidores, hacer el repartimiento[6].

Nos encontramos en el Antiguo Régimen, concretamente en el reinado de Felipe V, un periodo en la que se llevaron a cabo profundas reformas con el objetivo de centralizar la Hacienda Española. Recordemos que los Austrias mantuvieron la estructura política establecida por los Reyes Católicos, como una unión de reinos articulados en dos coronas: la Corona de Castilla, conformada por los reinos de Castilla y León, cuyos territorios gozaban de unidad jurídica e institucional, y la Corona de Aragón, constituida por los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, el principado de Cataluña, además de los reinos de Sicilia, Córcega y Cerdeña, y Nápoles, en la que cada uno de los territorios mantenían sus propias leyes e instituciones. El Conde Duque de Olivares –valido de Felipe IV-, en 1624, ya tuvo en mente la centralización en un solo reino siguiendo el estilo y las leyes de Castilla. Pero sería Felipe V, con los Decretos de Nueva Planta (1707, 1716), quien fue aplicando las leyes de Castilla en cada uno de los reinos de la Corona de Aragón. Por este procedimiento, las veguerías y bailías propias de la organización municipal de dicha Corona fueron sustituidas por los corregimientos.

En cuanto a los tributos concejiles, la recaudación de los impuestos en los municipios estaba basado en el sistema de encabezamientos, a través del cual, a cada concejo, se le asignaba un nivel de riqueza por el que debía contribuir, que es el montante de los encabezamientos[7]. Y esta contribución se cobraba por el método de repartimientos, es decir, mediante la derrama, entre los vecinos pecheros, de lo que debía contribuir cada localidad. Esto suponía una cierta autogestión fiscal por parte de los pueblos[8].

Siguiendo con la Novísima Recopilación de las Leyes de España, un poco más abajo, en el apartado 8, la Ley decía: En los pueblos encabezados por alcabalas, cientos, millones, tercias y fiel medidor, solo puedan repartir los Alcaldes y Regidores lo que, bajado el producto de puestos públicos y ramos arrendables, faltare para cubrir el encabezamiento, con más el seis por ciento de conducción y cobranza, y las quiebras que hubiere[9]. Es decir, la cantidad que debían cobrar los alcaldes y regidores a través de la derrama sería la diferencia entre el montante del encabezamiento y lo que se hubiere recaudado a través de los arrendamientos de tributos, más el 6 % por los gastos de cobranza de los tributos y el alcance de las quiebras, si las hubiese.

Ese apartado se complementa con el 24, en el que se puede leer que se abone a las Justicias y Regidores un seis por ciento por gastos de cobranza y conducción, y unos y otros entreguen a los sucesores en el oficio cuenta con pago dentro del término que se expresa, quedando de cargo de los que entraren el cobro del tercio último del año[10]. Por tanto, una vez que el Corregidor había revisado los Libros de Repartimiento del Concejo, mandó que se repartiera ese 6% para el pago de subsidiarios y costas de ejecutores o, lo que es lo mismo, para los gastos ocasionados en la gestión del cobro de los tributos, lo que decía la ley. Y una vez que se hubiesen hecho efectivos los pagos, dice el manuscrito que habría de conducir (…) dichos devitos a las arcas, refiriéndose a las arcas reales, es decir, a la ciudad de Trujillo, en la que se centraba la recaudación.

En los Libros de Repartimiento aparecían reflejados la nómina de vecinos pecheros, por el producto que pagaban –matanzas, aceitunas, vinagre y consumo- y la cantidad que tenían que abonar. Hubiese sido muy interesante haber podido revisar los Libros de Repartimiento del Concejo de Madrigalejo de aquellos años, pero lamentablemente, los que se conservan en su Archivo Municipal comienzan a partir de 1760[11].

Una vez que los vecinos conocieron lo que el Sr. Corregidor había ordenado, se posicionaron de la siguiente manera: que se corra como se a corrido hasta aora sin embargo de lo mandado por su Señoría el Sr. Correxidor y queste es su sentir. Es evidente, a través del nexo adversativo, que los lugareños expresaron su desacuerdo con llevar a cabo los cambios indicados por el Corregidor y preferían que siguiese el statu quo.

 

CONTROL DE GASTOS Y TOMA DE CUENTAS

 

En relación con los gastos del Concejo, dice el documento: Y así mismo –el Corregidor- fue servido de mandar –que- no se pague a los alcaldes por razón de viajes de por año (…) más de ochenta reales a cada alcalde, y a los rexidores, escribano y demás ofiziales de Conzejo nada = y que las corrias de términos toma de quentas no se haga más gasto quel de un alcalde (ilegible).

En este punto, el Corregidor pretendía regular lo que hoy en día podríamos llamar el “cobro de dietas”; es decir, los honorarios que debían recibir las personas que, por su cargo u oficio, tuvieran que realizar algún tipo de viaje –normalmente a la ciudad de Trujillo-, o de desplazamiento dentro del término, como, por ejemplo, para controlar lindes o cualquier problema que se plantease. Y al tomar cuentas al Concejo, el Corregidor ordena que se lleven a cabo algunos “recortes” en los gastos. Así, entre las disposiciones, dice que no se debe abonar a cada alcalde más de ochenta reales, y que las demás autoridades y oficiales no deberían recibir ninguna remuneración. Uno de los alcaldes, tras haber sido elegido para el cargo, obligatoriamente debía ir a Trujillo para hacer su juramento y, después, él mismo era el que debía tomar juramento al resto de los elegidos para ese año, ya en Madrigalejo. Por lo tanto, al menos en una ocasión, uno de los alcaldes debía viajar hasta la ciudad, a lo que se sumarían otros desplazamientos que llevasen a cabo ante cualquier circunstancia que se plantease durante su ejercicio.

Los vecinos, reunidos en concejo, vuelven a decir que se queden las cosas como estaban hasta ese momento: Ansí mismo acordaron por el segundo capítulo de los viajes de conzejales dijeron y acordaron se corra como se ha corrido hasta ora en lo que mira a viajes y gastos de corrías de términos y ojeos de lobos y toma de quentas y todo lo demás. Vemos que los lugareños no estaban de acuerdo con las propuestas del Corregidor de hacer recortes, y que, al fin y al cabo, eran algunos de los desafueros que se achacaban a D. Matías Crespo, los de minorar los sueldos de los oficiales y regidores, intentar fiscalizar las cuentas de propios, etc.[12].

No estaban de acuerdo los vecinos con que se menguara el presupuesto para gastos y dan sus razones, pues, a las sugerencias del Corregidor –viajes, recorrido del término y toma de cuentas-, los reunidos añaden el ojeo de lobos y todo lo demás. O lo que es lo mismo, que al concejo le salían más partidas de gastos que al Corregidor y unos trabajos que debían ser abonados.

Vemos también que, en el capítulo de gastos, un apartado importante debía ser el que ocasionaban las cacerías de lobos. Sus gastos venían determinados tanto por el número de jornaleros que se necesitaban para ojear o levantar los ejemplares y llevarlos a la trampa donde serían capturados, como para pagar las recompensas a quienes presentaran alguno o varios lobos, vivos o muertos. Hay que tener en cuenta que, durante siglos, se ha llevado a cabo una dura persecución a los lobos, debido a los daños que causaban en los rebaños, en un territorio donde la explotación ganadera era una actividad importante.

 

INDICIOS DE CORRUPCIÓN

 

Por último, el Corregidor también investigó las cuentas del Concejo, y no las encontró claras. Este es el tercer asunto al que hace referencia el documento. Las irregularidades que salieron a la luz tras la revisión de los libros se refieren a quentas por malgastadas y no justificadas. Y el Corregidor manda que los culpados paguen esos alcances de sus haciendas y que lo paguen de pronto.

Las personas investigadas habían dejado ya su cargo. Cada año, por San Juan, se renovaban las Justizias. Concretamente las elecciones de 1719 aparecen reflejadas en el acta del 29 de junio[13]. A partir de esta fecha, Alonso Garzía del Barrio y Miguel Fernández Moreno habían sido sustituidos en sus funciones de alcaldes ordinarios por Bartolomé Garzía Arias y Juan Sánchez Loro; los regidores Juan Ximénez Díaz y Francisco Moreno de Porras, por Juan Cortés y Melchor Olalla, y el procurador síndico del común Bartolomé Garzía Arias, por Alonso Xil Ximénez el mozo. Vemos que Bartolomé García Arias repite en la siguiente corporación y pasa de ser procurador a alcalde ordinario.

En la junta de los vecinos, se habla sobre los alcanzes de las tres justizias residenziadas. Es decir, que fueron tres las autoridades investigadas. En esta ocasión, los vecinos tampoco acatan las resoluciones del Corregidor y acuerdan crear lo que hoy llamaríamos una “comisión de investigación”. Esta comisión estaría formada por el Sr. Cura, el Procurador Síndico y seis hombres u ocho que no sea ninguno de los conprehendidos –comprometidos- en dichas quentas. El Cura rector de la Iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo desde 1719 hasta 1727 era D. Alonso Sánchez Gil[14], y recordemos que el Procurador Síndico era Alonso Gil Jiménez, el mozo -para diferenciarlo de otro vecino homónimo a quien llamaban el viejo-. El procurador síndico era el representante del común, encargado de “promover los intereses del pueblo, defender sus derechos y quejarse de los agravios que padecía”[15]. Las personas que se nombraron para esta determinación fueron las siguientes: Juan Sánchez Monçon nieto, Domingo López y Andrés Palmerín. Estos, a su vez, debían nombrar a otros para que les acompañaran en la “comisión de investigación”.

Los vecinos en la junta del concejo decidieron que, en este asunto de las cuentas alcanzadas, se ejecutase lo que el Sr. Cura, el Procurador Síndico y los demás diputados nombrados determinaren (…) y no otra cosa sin embargo de lo resuelto por el Sr. Correxidor –es la puya dada contra el Corregidor-. Y, además, dijeron que se pene a ello sin sumisión alguna. No iban a quedar sin castigo. De todo ello fueron testigos Francisco Cabanillas, Francisco Blázquez y Bartolomé Granjo.

Y termina el documento aclarando también que, en relación con los salarios de contadores –quienes revisaran las cuentas-, se procediera como se había hecho siempre.

 

CONCLUSIONES

 

Cualquier documento de tiempos pasados nos aporta información muy valiosa, que contribuye a conocer mejor un momento concreto. Es lo que ocurre con el manuscrito que se ha analizado en este trabajo, de una forma especial, para la historia local de Madrigalejo. La consideración especial se basa en el hecho de que se abordan en él varios asuntos relativos a la gestión de su Concejo.

Si se tiene en cuenta que el gobierno de una población se ejercía desde el concejo, pero que también estaba limitado por la autoridad de la ciudad a cuya tierra pertenecía, en este documento se hacen patentes las dos posturas que, sobre algunos asuntos concejiles, mantenían, por un lado, la ciudad de Trujillo a través de las disposiciones del Corregidor, y por el otro, el lugar de Madrigalejo a través de sus vecinos.

Además, teniendo en cuenta que los corregidores constituían el enlace del Estado con los territorios en los que ejercían su función, y estando en un momento de cambios destinados a ejercer una mayor centralización, el Corregidor de Trujillo pretende introducir una serie de reformas. Al mismo tiempo, sin embargo, los vecinos de Madrigalejo, como también ocurriera en la ciudad de Trujillo, preferían seguir sin que se produjese cambio alguno. Al fin y al cabo, este corregidor se iría y vendría otro en su lugar, que podría ser menos estricto.

Por otra parte, llama la atención que, a pesar de la perspectiva que pudieran ofrecer 300 años de diferencia, este documento revela ciertas similitudes con actitudes y hechos de la política actual, que pueden leerse en las cabeceras de cualquier periódico de hoy. Hemos visto que entonces también se producían lo que en la actualidad llamamos escraches –alentados por los adversarios políticos-; auditorías; recortes en gastos, salarios y dietas; asuntos de corrupción por cuentas mal gastadas y no justificadas, y hasta comisiones de investigación. Y, además, la importancia que entonces, como ahora, se daba y se da a la gestión y al control de los impuestos, imprescindibles en cualquier época, para llevar a cabo la administración de los servicios a la comunidad.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

– Archivo Municipal de Madrigalejo. Colección Archivos Municipales de Extremadura. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura y Turismo. Diputación de Cáceres.

– P. FERNÁNDEZ ALBADALEJO. La Crisis de la Monarquía. Volumen IV de Historia de España. Editorial Crítica Marcial Pons. 2009.

-F. LORENZANA DE LA PUENTE: “Trujillo en el siglo XVIII. Dirigentes urbanos y dinámica institucional”. Actas de los XLVI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2017. Pág. 32.

Novísima Recopilación de las Leyes de España. Tomo VI. Título XXII.

– L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S. A. Badajoz. 2008.

https://confilegal.com/20161218-los-corregidores-mucho-mas-que-jueces/

https://journals.openedition.org/medievalista/1075

https://www.revistaquercus.es/noticia/3537/actividades/el-exterminio-del-lobo-en-extremadura.html

 

FUENTES:

-Archivo Municipal de Madrigalejo. Signatura 15.

 

APÉNDICE

Acuerdo sobre si se a de repartir el seis por ziento en los libros y sobre los viajes de justicia, salarios y alcanzes que hizo el Sr. Corregidor en la visita.

En el lugar de Madrigalejo, jurisdizión de la ciudad de Truxillo, en veinte y nueve días del mes de henero de mil setezientos y veinte años, sus mercedes, los señores Bartolomé Garzía Arias y Juan Sánchez Loro, alcaldes ordinarios en dicho lugar por su magestad, Juan Cortés y Mechor Olalla, rexidores, Alonso Gil Jiménez, procurador síndico del común, todos del conzejo deste dicho lugar, estando en las casas de ayuntamiento, a son de campana repicada, como lo acostumbran para tratar y conferir las cosas tocantes a el servizio de su magestad y utilidad desta república, a cuyo sonido acudieron a dicho ayuntamiento Gregorio Benito, Juan Ximénez Díaz, Alonso Gil Ximénez viejo, Miguel Fernández Cortés, Francisco Moreno, Bartolomé ¿Fijara?, Juan Orejudo, Juan Garzía Yglesias, Felipe Benito, Juan Garzía Moreno, Antón Faluya, Francisco Martín Moreno, Blas González, Miguel Fernández Moreno, Juan Sánchez Caballero, Francisco Solís, Bartolomé Sánchez Malpartida, Juan Rodríguez David – +, Domingo López, Diego Pizarro, Juan de Madrid, Diego Largo = Y aviéndoles hecho saver a dichos vecinos co (Juan Cano, Martín Sierra ¿–¿, Andrés Bermejo, Andrés Palmerín =) mo por el Sr. Corregidor de la ziudad de Truxillo, en la visita y residenzia en que hizo en este lugar, fue servido de mandar quen los libros de repartimientos de dévitos reales se reparta el seis por ziento para el pago de subsidiarios y costas de ejecutores y conduzir de dichos devitos a las arcas = Y así mismo fue servido de mandar no se pague a los alcaldes por razón de viajes de por año, no se les pase más de ochenta reales a cada alcalde, y a los rexidores, escribano y demás ofiziales de Conzejo nada = y que las corrias de términos, toma de quentas no se haga más gasto quel de un alcalde (ilegible) = y que por los alcanzes que se han fecho a las justizias residenziadas por razón de partidas que les desecho en sus quentas por malgastadas y no justificadas se les arían que en dichos alcanzes, de sus haziendas para el pago del, laplicazión que su señoría hizo en dicha visita al terzio de abril venidero, y oi manda lo paguen de pronto, para quen uno y otro se determine lo que más convenga, de uno y otro acordaron lo siguiente = Aviéndoseles fecho saber lo tocante al seis por ziento dijeron y acordaron lo siguiente = dixeron que por lo que mira a este capítulo se corra como se a corrío hasta aora sin embargo de lo mandado por su Señoría el Sr. Correxidor y queste es su sentir = Ansí mismo acordaron por el segundo capítulo de los viajes de conzejales dijeron y acordaron se corra como se ha corrido hasta ora en lo que mira a viajes y gastos de ¿corrías? de términos y ojeos de lobos y toma de quentas y todo lo demás = Y por lo que mira a los alcanzes de conzejales residenziados dijeron y acordaron lo siguiente = Dijeron que por lo que mira a los alcanzes fechos sobre los alcanzes de las tres justizias residenziadas se nombra al Sr. Cura para que acompañado con el procurador síndico en nombre de todo el común con asistencia del pte y seis hombres u ocho que no sea ninguno de los conprehendidos en dichas quentas y que lo questos determinaren se ejecute y no otra cosa sin embargo de lo resuelto por el Sr. Correxidor que luego que por dicho Sr. Cura, procurador síndico y demás diputados nombrados sesté i pase y esto se pene a ello sin sumisión alguna, así lo dijeron y acordaron siendo testigos Francisco Cabanillas, Francisco Blázquez, Bartolomé Granjo, vecinos deste dicho lugar y lo firmaron de sus mercedes el que supo y nombraron las personas siguientes por diputados para esta determinación.

Juan Sánchez Monçon nieto, Domingo López, Andrés Palmerín, y questos nombren otros los que les parezca para acompañados. Así lo dijeron y firmaron como va dicho. Al acer el acuerdo se hallaron Francisco Garzía Ruiz, Pedro Santos y Francisco Blanco = Y Juan Fernández Bermejo. Y por lo que mira a salarios de contadores dijeron corran por donde se a corrido siempre.

Bartolomé Garzía Arias, Juan Sánchez Loro, Alonso Gil Ximénez, Alonso Gil Ximénez, Martín Gil Ramos, Juan Ximénez, Miguel Cortés, Francisco Garzía Ruiz, Miguel Fernández Moreno, Fernando Moreno, Juan Orejudo, Juan Garzía Yglesias, Juan Rodríguez David, Juan Fernández Bermejo, Francisco Cavanillas.

 

Por mandado del gobierno

Cristóval Blázquez.

 

[1] https://confilegal.com/20161218-los-corregidores-mucho-mas-que-jueces/

[2] M.ASENJO-GONZÁLEZ. Función pacificadora y judicial de los Corregidores en las villas castellanas y ciudades a fines de la Edad Media:   https://journals.openedition.org/medievalista/1075

[3]F. LORENZANA DE LA PUENTE: “Trujillo en el siglo XVIII. Dirigentes urbanos y dinámica institucional”. Actas de los XLVI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2017. Pág. 32.

[4] Ibídem. Pág. 36 y 37.

[5] Archivo Municipal de Madrigalejo. Signatura 15.

[6] Novísima Recopilación de las Leyes de España. Tomo VI. Título XXII. Pág. 267.

[7] P. FERNÁNDEZ ALBADALEJO. La Crisis de la Monarquía. Volumen IV de Historia de España. Editorial Crítica Marcial Pons. 2009. Pág. 472.

[8] Ibídem.

[9] Novísima Recopilación…. Op. cit. Pág. 267.

[10] Ibídem. Pág. 268.

[11] Archivo Municipal de Madrigalejo. Colección Archivos Municipales de Extremadura. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura y Turismo. Diputación de Cáceres. Pág. 88.

[12] F. LORENZANA DE LA PUENTE: “Trujillo en el siglo XVIII. Dirigentes… Op. cit. Pág. 36.

[13]Archivo Municipal de Madrigalejo. Signatura 15. Fecha: 29 de junio de 1719.

[14]L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S. A. Badajoz. 2008. Pág. 305.

[15]F. LORENZANA DE LA PUENTE: “Trujillo en el siglo XVIII. Dirigentes… Op. cit. Pág. 52.

Dic 292020
 

Francisco Rivero Domínguez

Cronista oficial de Las Brozas

 

Resumen

El militar de Brozas Pedro Romo Vivas escribió una obra, no publicada, y cuyo original poseo gracias a la gentileza de su hijo. El título de la obra es “Sobre la conquista y colonización de América. (Nicolás de Ovando y otros). A primeros del año 1990, este ensayo fue presentado a los Premios Constitución que organizaba ese año la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura.

No hay ningún extremeño, interesado por la cultura, que no se haya atraído por este tema universal: La conquista y colonización de América, sobretodo sabiendo que en Las Brozas nació el primer gobernador de Indias, Nicolás de Ovando, comendador mayor de la Orden Militar de Alcántara, que sustituyó al descubridor Cristóbal Colón en la gestión y gobierno de la isla La Española, que hoy conforman dos países: República Dominicana y Haití.

La tesis del autor es que durante siglos los extremeños guerrearon contra los moros en la Reconquista del suelo patrio; guerrearon entre sí por hacerse con el poder en la región y en el Reino de Castilla, por lo que su vida era un continuo guerrear: por eso mismo, salir a la conquista de un nuevo continente era su “modus vivendi”.

Como buen militar, Romo argumenta que “quisimos justificar la bravura del extremeño como soldado. Sus dotes innatas para la guerra se basan en dos pilares singulares y eternos, que son disciplina y valor. Por añadidura, austeridad, coraje ante el sufrimiento, y paciencia. Fuera de los Ejércitos, confunden frecuentemente combatividad con agresividad. El extremeño es combativo, pero no agresivo.

 

 

 

Pedro Romo Vivas (Las Brozas, 1914 – 1990) fue un militar y ensayista que escribió una pequeña novela y muchas historias firmando con el sobrenombre francés de “Beau geste” (“Bello gesto”), según me cuenta su hijo Mariano Romo, hombre dedicado a los libros antiguos y que posee una librería en Madrid, de igual nombre “Libros Mariano Romo”.

Pedro quedó huérfano de padres, que fallecieron en 1918, con dos días de diferencia por la pandemia de la “Gripe Española”, que por cierto no fue española, sino universal y que para algunos investigadores empezó en Francia en 1916 o en China en 1917. El resultado fue 40 millones de muertos en todo el mundo. La razón por la que se le conoce en todas partes como la Gripe Española es que nuestro país era un país neutral en la I Guerra Mundial (1914 – 1918) y no censuró, como otras naciones europeas, las informaciones médicas y que sí las hizo públicas. Desde entonces arrastró esa denominación de Gripe Española. Con apenas 4 años, era el mayor de tres hermanos (Pedro, Aurelia y Teresa), fue un niño precoz, e inquieto, y famoso por las muchas bromas que realizaba con las gentes del pueblo. Teresa se convirtió en madre Carmelita de la Tercera Orden dentro del convento –colegio que fundaron las Carmelitas de Orihuela en Brozas en 1914, y que en 2014 recibieron un homenaje por parte el pueblo de Brozas.

Pedro Romo, ya, de jovencito, tras presenciar la actuación de la compañía teatral del actor y empresario Ramón Tejela, se enamora de la hija de éste (Julia), y se escapa del pueblo, uniéndose al grupo de cómicos. En Madrid intenta acogerse a ésta profesión, pero, al ser menor de edad, la Guardia Civil le devuelve a Brozas, tras la denuncia de su abuela Sofía Carbajo.

La Guerra Civil le llevó a combatir, con el ejército nacional, en el frente del Alto de los Leones, y en las batallas de Teruel, donde recibe distinciones militares (Cruces al Mérito Militar, y al Mérito en Campaña). En 1938 se une en matrimonio, en Segovia, con Natividad Aguado, que en 1939 da a luz, en Brozas, a una niña (María Dolores, “Loli”).

En el Diario Oficial del Ministerio del Ejército del miércoles, 13 de agosto de 1958 aparece su nombre al recibir una gratificación dentro del Grupo de Auxiliares del Almacén del Ejército, como Sargento especialista de la Escuela de Aplicación y Tiro de Artillería (Sección Campaña). Asimismo, en el Diario Oficial de ese mismo ministerio correspondiente al domingo 24 de agosto de 1958, aparee por llevar siete trienios (21 años) en la citada Escuela de Aplicación y Tiro de Artillería, por lo que comenzaría a cobrar el siguiente trienio a partir de septiembre de 1958. Ejerce como militar toda su vida, hasta que obtiene la jubilación anticipada (hacia 1975). Gran amante de Brozas, donde pasa grandes temporadas, y gran curioso histórico y literario. Se dedica a viajar e investigar (buen conocedor de la obra de Azorín). Indaga en bibliotecas y archivos, y da fin a su obra extremeña.

 

A primeros del año 1990, este ensayo fue presentado a los Premios Constitución que organizaba ese año la Consejería de Educación y Cultura de la Junta de Extremadura. El 8 de junio de ese mismo año, una empresa de Madrid le hizo un presupuesto para editar el libro, en un papel blanco de 80 gramos, de 21x 15 centímetros, para un total de 304 páginas y una tirada de 2.000 ejemplares ascendía a 836.234 pesetas, que corresponderían hoy a poco más de 5.000 euros, pero por falta de recursos económicos no consiguió publicar.

Pedro Romo Vivas falleció en Brozas en 1990, y reposa junto a su esposa, en el cementerio, muy cerca de sus padres, abuelos y hermana.

Nuestro protagonista dibujó su casa realizando una “recreación”, de la que pudo ser la construcción original de la fachada, en un principio, de una sola planta, del arquitecto de la Orden Militar de Alcántara, Pedro de Ibarra, (Alcántara 1510 – 1570), discípulo de Juan de Herrera, con el que colaboró en la obra de El Escorial, y que dirigió las obras del cercano templo de Santa María de la Asunción de la villa, su obra maestra, considerada desde 1988 Monumento Nacional.

 

El ensayo sobre la conquista y colonización de América

No hay ningún extremeño, interesado por la cultura, que no se haya atraído por este tema universal: La conquista y colonización de América, sobretodo sabiendo que en Las Brozas nació el primer gobernador de Indias, Nicolás de Ovando, comendador mayor de la Orden Militar de Alcántara, que sustituyó al descubridor Cristóbal Colón en la gestión y gobierno de la isla La Española, que hoy conforman dos países: República Dominicana y Haití.

La tesis del autor es que durante siglos los extremeños guerrearon contra los moros en la Reconquista del suelo patrio; guerrearon entre sí por hacerse con el poder en la región y en el Reino de Castilla, por lo que su vida era un continuo guerrear: por eso mismo, salir a la conquista de un nuevo continente era su “modus vivendi”.

Nuestro protagonista, Pedro Romo Vivas, escribió una obra, no publicada, y cuyo original poseo gracias a la gentileza de su hijo. El título de la obra es “Sobre la conquista y colonización de América. (Nicolás de Ovando y otros). Son 69 hojas mecanografiadas en la parte posterior sin usar de unos folios de artillería telemetrista, que muy bien podrían haber sido desechados por el Ejército, aunque el capítulo dedicado a Mont Roig se suma aparte con 8 folios, numerados con la paginación 57.1; 57,2; 57, 3…

El original comienza con una introducción, de seis folios, en el que el autor dice que fueron consultados exhaustivamente para la elaboración de este ensayo el padre Yepes, Torres y Tapia Cea Bermúdez, Rubio Muñoz-Bocanegra, Julio Rosado, Publio Hurtado, Guerra y Orbe, Alonso Maldonado, Fernando del Pulgar, Tapia y Paredes, Antonio Guerra, Padre Mariana, Garcilaso de la Vega, Fray Francisco de Redes, y Andrada, Hernán Pérez del Pulgar, Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros y Eugenio Escobar Prieto, autor, entre otros, del libro “Hijos ilustres de la villa de Brozas”, del que se han publicado desde 1901 cuatro ediciones, en alguna de las cuales ha intervenido este autor con la ampliación de la biografía del actor Casimiro Ortas Rodríguez.

Poseo, cedidos por su hijo, dos originales; uno de ellos, de 69 cuartillas, está escrito a máquina, una máquina que debería ser bastante antigua, hay textos que se leen muy bien, con la cinta nueva y otros que apenas se dejan ver. Comienza con un capítulo dedicado a una reflexión, desde el folio 7 al 20. El segundo capítulo (páginas 21 a 26) está dedicado a las Órdenes de Caballería. El tercero, muy corto, (páginas 27 a 30) es todo para Alcántara. Dos folios están dedicados al apartado de “la Encomienda”. El autor como broceño, consagra muchas hojas al capítulo de Brozas y al comendador mayor. Llama la atención que el tema siguiente esté dedicado a “Los infantes de Aragón en Extremadura”, no en balde realizaron una guerra para hacerse con todo el territorio de la región y crear en ella un reino independiente que ahogase a Castilla. Es curioso que metiera de “estrangis” un asunto dedicado a “Mont Roig”, el actual Monroy, con una paginación distinta, al suponer que se incluyó a última hora. Estos originales concluyen con el capítulo “La guerra del Clavero”.

 

El segundo original

Este original tiene 221 folios en total, (pero algunos repetidos en la numeración y así figuran 196), escritos a máquina y metidos por capítulos en unos sobres de cartas del Banco Popular, llenos de apuntes mecanografiados. En su prolegómeno, Pedro Romo habla de ¿Por qué fueron extremeños los conquistadores? y de la región de Extremadura y también del hombre extremeño

En la introducción cita al prestigioso historiador inglés Lord Thomas Macaulay (1800 – 1859) cuando en su obra “Estudios históricos” escribe: Para conocer profundamente la anatomía patológica de los gobiernos y las causas que conducen a su decadencia y postración en que a veces vienen a caer los grandes Estados, se hace necesario el estudio de la Historia de España y de los españoles”. Macaulay era famoso por sus juicios críticos. En el periódico español “El Mundo” del 14 de julio de 2010 hay su famosa frase: “La prueba suprema de virtud consiste en poseer un poder ilimitado sin abusar de él”

El escritor habla de “que en este ensayo se tratará el tema de los conquistadores de América; quiénes fueron, de donde salieron, por qué muchos, muchísimos, fueron extremeños; por qué los más señalados fueron extremeños. De paso se dirá de qué pueblos salieron y cómo vivían hasta el momento de su partida para el Nuevo Mundo. Todas estas cuestiones desgranadas se irán haciendo palpables conforme vayamos avanzando”.

En esta época reciente en que hay una hispanofobia contra los grandes hombres que conquistaron, con grandes sacrificios, todo un continente para la cultura, civilización y religión imperante en Europa, tenemos que reivindicar lo nuestro, lo propio. Es algo que llama la atención que países que han reconocido la legalización de los matrimonios mixtos en 1967 condenen lo que hacíamos los españoles desde siglos atrás y tachan de racistas a los españoles del siglo XVI porque se casaban con las indias, algo que ya recomendaban los Reyes Católicos. Y estos que habla de que los españoles hicimos genocidios no dejaron ningún indio vivo más allá de Río Grande, se puso de manifiesto en un curso de verano de este año 2020 en El Escorial sobre novela histórica dirigido por el periodista y comentarista Antonio Pérez Henares. Este ha publicado recientemente una novela sobre la vida de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, el descubridor de las cataratas argentino-brasileñas de Iguazú.

En el libro, aún no publicado, se tratan varios temas, como el capítulo dedicado al guerrero; otro a las “Órdenes de Caballería”, la Encomienda, Alcántara, Gutiérrez de Sotomayor, Mont Roig, Los Solís y los Ovando, un maestre, 1492 como año singular, Nicolás de Ovando; la hora del Descubrimiento y concluye con una reflexión final. A lo largo de esta ponencia iremos desgranando, de una manera breve, lo que se dice en cada capítulo.

En el apartado de las Órdenes de Caballería, el autor se fija lo que hicieron los cruzados en Tierra Santa para recuperar esos territorios para la cristiandad y así los españoles que fueron a conquistar nuevos territorios para el Rey Católico de España, tuvieron como ejemplo a esos freyres soldados: Aquellas órdenes de caballeros hispanos se miraron en el espejo de los cruzados de Oriente. Y sus congregaciones religioso – guerreras se formaron a imagen y semejanza de aquellas que lucharon en Palestina para conquistar a los musulmanes los Santos Lugares del cristianismo. Además, sin dotes guerreras, los extremeños no hubieran hecho absolutamente nada.

Hace un rápido estudio de las órdenes militares: Calatrava, El Temple, Montesa, y las dos extremeñas: Alcántara, nacida en Portugal como San Julián del Pereiro, y la de Santiago surgida en la iglesia de igual nombre de Cáceres: Todas las órdenes tenían igual finalidad y funcionamiento análogo. Estaban formadas por hombres que mantenían en sus cerebros unas ideas muy claras, la de recuperación del territorio hispano para la cristiandad. Eran pequeños ejércitos con disciplina y leyes de honor.

Estudia también Pedro Romo lo que son las encomiendas antes de entrar a detallar la Orden Militar de Alcántara. Las encomiendas eran terrenos que los Reyes entregaban a las órdenes militares Para su custodia y explotación en nombre de dichas órdenes. De hecho, un estudioso de la de Alcántara informa que tenía de renta dos millones de monedas de aquella época y de capital unos 50 millones, una verdadera fortuna. Su formación militar y sus ingresos hacían que las órdenes militares fueran como unos estados dentro del Estado. Me recuerda, salvando mucho la distancia uno de mis viajes al África central, concretamente a la República de Camerún, donde hay varios reinos, con sus correspondientes reyes.

No lo podía entender; sería algo así como nuestras comunidades autónomas actuales. Un ejemplo práctico de ello con el rey de Batoufam o el Sultán de Fumbam.

           Camerún estaba formado por numerosos reinos, de ahí que en la actual República camerunesa haya todavía muchos jefes tribales que llevan el nombre de rey, (chefferi) como es el caso del de Batoufam, Su Majestad Nayang Toukam Inocent, un hombre simpático que conoce muy bien los Sanfermines de Pamplona y que manda sobre unas 12.000 personas. Fue una agradable visita la que hice a su palacio, a su salón del trono, concluyendo la jornada con una cena especial y la danza  guerrera de su pueblo y a la especial cena que nos dedicó.

            Esa jornada concluyó en el Dominio de Petpenoum, un lugar encantador, al borde de un lago, con todas las comodidades (incluido wifi), y que es propiedad de un francés. Para llegar hasta allí hay que recorrer 9 kilómetros por un camino, que por la noche tiene su riesgo. De todas formas, merece la pena.

            Un rey de primera es el Sultán de Fumbam, Su Majestad El Hadj Ibrahim Mbombo Njoya, el rey de los bamunes, reino fundado a finales del siglo XIV y que posee una lengua propia, inventada por su ascendiente en 1869, denominada «Shu-mon», que pudo ser descifrada gracias a una tabla escrita en esta lengua, en árabe y en francés, y que se puede ver en el museo del sultán. Por cierto se está construyendo junto al palacio un nuevo edificio que propone una muestra de los objetos artísticos de esta tribu con estilos museísticos mucho más modernos.

            El sultán tiene un protocolo extraordinario a su salida de la mezquita los viernes. Es agasajado por sus súbditos, mientras grandes trompetas anuncian su llegada y dos le abanican. Lentamente desde el templo hasta el palacio, el rey agradece las muestras de afecto de su pueblo. Los caballos, muy engalanados, brican delante del real cortejo. Al final nos recibió en su salón del trono y resulta que habla un español perfecto por haber sido años atrás embajador de Camerún en Guinea Ecuatorial.

Volvamos al tema extremeño:

“La encomienda jugó un papel en el poblamiento, explotación y cultivo de los terrenos, pues 1.500 años de yugo romano, visigodo y musulmán, habían ido desertizando y despoblando         . El establecimiento de minúsculos municipios y de otros extensos unidos y vinculados entre sí por lazos irrompibles de disciplina y religión, permitieron a las órdenes ser estados dentro del Estado.

Un paso concreto es cuando estudia la Orden Militar de Alcántara, asentada en un pequeño pueblo del oeste de España y con el Partido de la Serena, en la actual comarca de la Serena en el sureste de Extremadura. El protagonismo de esta villa viene desde los tiempos romanos cuando bajo el mandato del emperador hispano Trajano se construye el puente sufragado por las tribus de los alrededores y cuyo constructor, Cayo Julio Lácer, lo terminó “para la eternidad” en el año 105 de nuestra era, con 58 metros de altura y que se sigue usando hoy en día, `para asombro de muchos por su uso y porque no se reserva el mejor puente del mundo romano, “pues es un recreo para los amantes de la belleza y el arte”. Los árabes le nombraron como Kantara As Saif: “El puente de la espada”

Alcántara estaba relativamente cerca de tres grandes ciudades romanas: Emérita Augusta (Mérida), Cauria (Coria) y Conimbriga (Coimbra).

Con el tiempo, los caballeros de San Julián del Pereiro tomaron la villa, cedida por un documento real firmado en Ciudad Rodrigo, el 16 de junio de 1218.También se posesionaron de la cercana aldea de Las Brozas, situada al este, como a unas tres leguas de la villa capital (15 kilómetros), y que tenía ya una fortaleza situada sobre una colina, donde con el tiempo se constituyó la Encomienda Mayor y que en el pueblo se le conoce como “El Palacio”, por ser residencia de la segunda autoridad alcantarina, tras el Maestre: el Comendador Mayor, que venía a ser como el capitán general de las frailes –soldados. Los habitantes de esta comarca muchos se hicieron soldados, por lo que tuvieron que venir a repoblarlas y cuidar de sus tierras portugueses y salmantinos.

 

La villa de Las Brozas

Cuenta Pedro Romo sobre su villa natal de Las Brozas que “generalmente los inviernos húmedos, pero templados mantienen el crecimiento de las especies herbáceas por lo que, al llegar mayo y junio, lo que fue un hermoso prado coloreado por millones de flores se convierte en tierra desgreñada y brozosa. El prado se dora y las altas hierbas tantos meses alegres y de belleza cromática se secan tornándose hosco y seco con el fuerte calor de Extremadura, y todo el campo es una pura broza. De ahí, seguramente, le vino el nombre raro y peregrino de Las Brozas”.

Estudia el tema curioso del refrán: “En Brozas, ni vaca ni moza; y si me apura, ni sacristán ni cura”. El autor considera que en los terrenos de esta villa había buenas y bravas hembras de ganado vacuno, como sigue habiéndolas en estos años del siglo XXI. Una anécdota, buena parte de las terneras, crías de las vacas broceñas, llegan hasta El Líbano saliendo del puerto de Cartagena. Y en cuanto a las mozas se consideraban recias y bravas…En la segunda parte del famoso refrán, en esa época había muchos frailes – soldados, que con el tiempo relajaron sus costumbres y tenían sus barraganas y amas de casa con las que saciar el apetito sexual. Esto cuenta sobre este asunto Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, académico correspondiente de la Real de la Historia, desempolvando documentos del concejo brocense: “en los que se reglamentaban impuestos y exacciones. Toda viuda que contrajera matrimonio antes del año y medio de la muerte de su esposo pagaba una multa consistente en un marco de plata, y toda mujer pública que viniera a vivir de asiento a la villa, 12 maravedíes”.

Otro tema curioso que trata es el del Toro de San Marcos, una fiesta que se está recuperando estos años en la villa, y cuyo tema fue tratado ya en el siglo XV por Luis Zapata de Chaves, natural de Llerena (1526 – Valladolid 1595), en su libro “Miscelánea de curiosos casos”, editado por la Compañía Iberoamericana de Publicaciones, con sede en Madrid y delegaciones en Barcelona y Buenos Aires.

Tras contar varios casos de corridas de toros en tiempos del emperador Carlos V, por Valladolid, Salamanca o Talavera de la Reina, se centra en Brozas. Esto dice de nuestro pueblo, con el estilo de escritura del siglo XVI (en la imagen copia del libro original archivado en la Biblioteca Nacional):

“Pensé atrás decir este caso que diré, y olvidóseme, como cuando del coso se escapa algún toro para correrse otra vez, y este cuento es de lo que pasa los días de San Marcos cada año, en un lugar que se llama Las Broças, tierra de Alcántara».

            “En aquel lugar teniendo alguno espantable y temeroso toro, y que de fiero no se pueden con el averiguar, dásele a la Iglesia. Llegando el día de San Marcos, a la víspera de él, donde no le para hombre que vea, y llegado en su asnillo ante el embajador de San Marcos, le dice: “Marco, amigo, ven conmigo a las Broças, que de parte de San Marcos te llamo para su fiesta”. El toro luego deja sus pastos, y manso váse delante de él; entra a las vísperas a la Iglesia como un cordero manso, y pónenle en los cuernos rosas y guirnaldas las mujeres; y sin hacer mal a nadie, sálese acabadas las vísperas al campo allí cerca. Otro día va en la procesión suelto entre la gente, y pasa un arco del claustro, tan estrecho que ha menester para pasar ladear los cuernos, y esto sin que se lo diga nadie, y toda la misa se está de pie delante de las gradas del altar mayor, y acabada de alzar la hostia postrera y de consumir alguna vez, sálese de la Iglesia a todo correr, como muchacho de la escuela, y base por esos montes y jarales, volviendo a su bravura natural”.

Pedro Romo sugiere, como lo hiciera años más tarde, el párroco de Santa María la Mayor. Gregorio Carrasco, que “es muy posible que el toro fuera alimentado el día de autos con ciertas hierbas adormecedoras que solo la gente campesina conocía y “drogado” cambiase su natural y anulara su bravura”

No se le pasa por alto, tras una relación de los personajes más importantes de la localidad como Francisco Sánchez de las Brozas, al que compara como rival de Erasmo de Rotterdam; y el comendador mayor de la Orden de Alcántara. Los comendadores eran en tiempos antiguos excelsos guerreros y en siglos posteriores “estos cargos los ocuparon hombres jóvenes… con la conquista de América, estos pueblos siguieron enviando guerreros a la campaña del nuevo continente”.

 

Los Infantes de Aragón en Extremadura

El siguiente capítulo, titulado “Los infantes de Aragón en Extremadura”, está dedicado a la guerra civil que en el primer tercio del siglo XV hubo en la Orden Militar de Alcántara protagonizado por el maestre Juan de Sotomayor y su sobrino Gutierre de Sotomayor, que fuera clavero (tercera autoridad de la orden) y posteriormente comendador mayor en Las Brozas.

Don Juan de Sotomayor fue comendador mayor en la villa de Las Brozas y por entonces se portó muy bien “había tratado con infinita dulzura y distinción a los Infantes de Aragón siempre que estos se acercaban por Extremadura”. Los infantes eran Enrique y Pedro, quienes eran hijos del rey Fernando de Antequera (Fernando I de Aragón), quien colocó muy bien a todos sus siete descendientes. Uno fue Alfonso, que le sucedió en el torno (Alfonso V); otro, Juan, fue rey de Navarra, y después de Aragón, tras el fallecimiento de su hermano mayor. María fue reina de Castilla por su matrimonio con Juan II y Leonor, reina consorte de Portugal, por su desposorio con el monarca luso. El infante Enroque fue maestre de la orden militar extremeña de Santiago; Sancho maestre de la de Alcántara y Pedro, el más pequeño, fue infante solo.

¿Qué querían los Infantes de Aragón en Extremadura?, pues hacer de ella un reino independiente, ya que Castilla estaba emparedada entre Portugal, Navarra y Aragón. Como los dos hermanos tenían el poder acumulado de las órdenes militares, y ante un rey Juan II, dedicado más a la cultura y otros menesteres, muy debilitado en su reinado, querían apoderarse de todos estos territorios para estrechar el cerco al reino castellano.

Estando en Alcántara y en ausencia de su tío el maestre Juan de Sotomayor arresta al infante don Pedro cuando, desde Alburquerque, llegó a Alcántara para hacerse con las propiedades y el poder de la Orden Militar. Y dice Pedro Romo: “El infante don Pedro se había metido en Alcántara subrepticiamente. Contando con la complicidad del maestre, sus tropas destruyeron algunas fortalezas menores, como la de Belvis y Navarra (que puede verse en la margen derecha de la carretera de Brozas a Alcántara) y Jartín, (una finca que le da nombre el Arroyo de Jartín entre los términos municipales de Las Brozas y Villa del Rey)”. Mientras tanto, el infante don Enrique atacó Valencia de Alcántara y se apropió de muchos rebaños de ganado. Don Juan de Sotomayor entregó Alcántara al infante y se quedó allí con él. Días después, el infante ataco la Encomienda Mayor de las Brozas, pero los habitantes de esta aldea supieron defenderse y el infante don Pedro no pudo nada contra su fortaleza, ni siquiera saquear la villa como hubiera deseado”.

            Gutierre de Sotomayor, comendador mayor, detiene al infante don Pedro y se pone al servicio del rey don Juan II de Castilla. En un capítulo genera, en julio de 1432 se depone al maestre Juan de Sotomayor y se nombra al comendador como nuevo maestre, siendo refrendado en diciembre de ese año por una bula del Papa Eugenio IV.

Por contar un chascarrillo de este maestre, a pesar de que la Orden Militar de Alcántara obligaba a la castidad, tuvo hasta 15 hijos de 8 mujeres. Gutierre está enterrado en el Monasterio de Guadalupe.

 

Mont Roig que es Monroy

El autor dedica dos capítulos a Mont Roig, que con el tiempo se transformó en Monroy, la villa de los Cuatro Lugares, junto a Hinojal, Talaván y Santiago del Campo. En este caso estudia la figura del clavero Alonso de Monroy, Clavero de la Orden Militar de Alcántara que hizo guerra a su maestre Gómez de Cáceres y Solís, y que consiguió ser también maestre, el penúltimo, antes que los Duques de Plasencia colocaran en el maestrazgo a su hijo don Juan de Zúñiga, bajo cuyo mandato se creó la Academia donde trabajó Elio Antonio de Nebrija y escribió la Gramática Castellana, editada en Salamanca en 1492, pero que cuyo original debió trabajarlo entre las localidades de Gata Alcántara, Las Brozas y Zalamea de la Serena, donde don Juan mandó construir un palacio.

Volvamos a la historia que concluye cuando la Orden Militar de Alcántara tiene hasta tres maestres en muy poco tiempo: Gómez de Cáceres y Solís, Alonso de Monroy y Juan de Zúñiga. Esta época fue muy violenta tanto que llego a haber una verdadera guerra civil entre los freyres de la milicia alcantarina, por apoyar al rey Enrique IV contra su hermanastro Alfonso de Castilla.

Sostiene Romo que “Don Gómez de Cáceres, nuevo maestre de Alcántara, y continuador de Sotomayor en el poderío y en la autoridad indiscutida, retuvo a su lado al de Monroy como pieza importante para el logro de sus grandes planes que no eran otros que la consolidación del poder de la Orden y de su persona en el dominio e toda Extremadura”, pues Gómez de Cáceres también era comendador de la Orden de Santiago.

 

Pese a todo el maestre metió en la cárcel a su valiente clavero porque en la boda Leonor de Solís, hermana del soberano de la Orden, hubo una fiesta con justas, que terminaron con uno de sus oponentes herido, Francisco de Hinojosa. El grupo que detuvo al clavero se detuvo en Brozas para curarle algunas heridas y lo llevaron a prisión a Alcántara, donde se logró escapar a los pocos días.

Con el tiempo, Monroy se hizo con la fortaleza de Azagala y allí resistió como un bravo las embestidas de las tropas el maestre que quería recuperarla. Con el tiempo hicieron las paces. Sin embargo, duró poco; de nuevo el maestre Gómez de Solís se alzó contra el rey y éste mando a Alonso de Monroy que le combatiese, por lo que destituyó del maestrazgo al primero y colocó a su aliado.

A Alonso de Monroy le sustituyó en el maestrazgo de Alcántara Juan de Zúñiga Pimentel, un joven hijo de la Duquesa de Arévalo, casada con el Duque de Plasencia, quien solicitó al rey el maestrazgo para su hijo Juan y también al Papa Sixto IV, logrando así que su vástago fuera el último maestre de la Orden de Alcántara. Incluso se llegó a nombrar un tercer maestre, Francisco de Solís, sobrino del maestre fallecido, por lo que hubo tres maestres: Alonso de Monroy, encarcelado, y el joven Juan de Zúñiga.

En el folio 67 termina su primer original Pedro Romo y concluye aquí con la siguiente frase: Jugada tan osada y procedimientos tan expeditos dejó anonadados a los partidarios de don Alonso que desconfiaron de salvar a su jefe”. Alonso de Monroy, conocido en la historia como el Clavero, murió en el castillo de Azagala en el año de 1511.

 

Los Solís y los Ovando

En el segundo original, más amplio que el primero y del que faltan las páginas 128 y 129, tiene varios capítulos: “Los Solís y los Cáceres”, “Un maestre, dos, tres”, “1492, un año muy singular”, “Ovando: Capitán General y Gobernador, “La hora XXIV del Descubrimiento” y “Reflexión final”.

Para Pedro Romo que conoce bien el tema sostiene que “el dominio de Extremadura por la Orden de Alcántara y su Maestre era la palanca que permitía tener un puesto preeminente en el Reino de Castilla.

 

Nicolás de Ovando y el Descubrimiento

El autor, como buen brocense, se fija en una de los hijos ilustres más importantes de la villa: Nicolás de Ovando, primer gobernador en las Indias, nombrado por los Reyes Católicos y sustituto del descubridor y navegante Cristóbal Colón y del juez pesquisidor Francisco de Bobadilla. Este llegó en agosto de 1500 y prendió a los Colón y los envió a España. Cometió tantos desmanes en la isla que los monarcas nombraron a Ovando para sustituirle. Y escribe Romo: “El cometido de Ovando no era nuevo, pero lo parecía. Y se mostraba nueva aquella misión por estar decidido los Reyes Católicos a empezar, de una vez por todas, con el buen gobierno de la isla. Había que colonizar aquellos extensos dominios y darle una organización cristiana y española. Las rencillas y las particulares codicias tenían que terminar. Había que civilizar a aquellas gentes en los usos y costumbres españoles”.

 

El comendador mayor seleccionó personajes de la guerra de Granada, entre ellos apellidos tan ilustres en la historia de España y, por ende, de la de Extremadura, como Aldana, Villarroel, Saavedra, Montejo, Orellana, Barrantes, Hinojosa, Ocampo, Godoy, Holguín, Hurtado, Sanabria, Trejo, Chaves, Sande, Paredes y Villalobos, entre otros. Y se sumaron nombres que dieron fama a la historia hispanoamericana como Francisco Pizarro que fue con él a la isla de La Española y en otro viaje Hernán Cortés.

Y más adelante, el ensayista sostiene que “Ovando fue la causa que hizo posible el trasplante a latitudes remotas. Desde la prehistoria, en Extremadura se formó una raza de pastores y guerreros con duros músculos y enorme capacidad de resistencia frente a privaciones y contrastes. El nombramiento de Ovando, como gobernador en Indias, puso en pie a Extremadura”.

            En su reflexión final, como buen militar, Romo argumenta que “quisimos justificar la bravura del extremeño como soldado. Sus dotes innatas para la guerra se basan en dos pilares singulares y eternos, que son disciplina y valor. Por añadidura, austeridad, coraje ante el sufrimiento, y paciencia. Fuera de los Ejércitos, confunden frecuentemente combatividad con agresividad. El extremeño es combativo, pero no agresivo.

Los folios originales concluyen en el número 196 con el siguiente párrafo: “A partir de 1505 afluyeron de todas las regiones de España: Castilla, León, Cantabria, Vasconia y hasta de Aragón (que al principio se abstuvo por tener sus miras el Reino en el Mediterráneo), no iban en plan guerrero en su mayoría, por lo que siguieron siendo los extremeños, las fuerzas que formaban en todos sus cuerpos de expedición armada: Menestrales, artesanos, campesinos, comerciantes y otras profesiones, eran de toda España, pero combatientes siguieron siendo, en su mayoría, extremeños, motivo este para considerar que los conquistadores de América fueron extremeños en general, aunque figure en primera fila y en letras de oro, sus principales capitanes”.

 

 

APÉNDICE FOTOGRÁFICO

Fig 1. Pedro Romo en 1938

Fig 2. Pedro Romo en 1980

Fig 3. Condecoraciones militares de Pedro Romo

Fig 4. Casa de Pedro de Ibarra

Fig 5. Dibujo de Pedro Romo de su casa y la de Pedro Ibarra

Fig 6. Certificación del Premio Ensayo

 

Dic 282020
 

Manuel Quesada Fernández

 

RESUMEN

Este trabajo muestra la historia de la Semana Santa de Trujillo en la primera mitad del siglo XX, a través de sus cofradías. Etapa de gran relevancia para el movimiento cofrade, en la que destacamos la unión de las cofradías, que consiguió el empuje necesario para afrontar con éxito grandes retos y novedades, que aún perduran en la Semana Grande trujillana. Historia que hasta ahora se había tratado de una manera muy superficial, incluso con algunos errores, que trataré de justificar y enmendar.

En el estudio de esta parte del movimiento cofrade, exponemos datos inéditos, sacamos a luz numerosa información que con el paso del tiempo se había olvidado, contribuyendo con ello a enriquecer la historia de la Semana Santa de Trujillo.

Podemos dividir el estudio en dos grandes bloques, que son, los años anteriores a la fusión de las cofradías, que abarcaría desde el año 1900 hasta el año 1916, y a partir de dicha fusión, es decir, desde el año 1917 hasta el año 1950.

 

ANTECEDENTES

A pesar de las vicisitudes pasadas en otros siglos, tres eran las cofradías penitenciales que perduraron en el tiempo;

La Cofradía de la Vera Cruz: No tenemos constancia del año exacto de su fundación, aunque sabemos que existía ya en el año 15181. De esta Cofradía no conocemos hasta el momento datos sobre su funcionamiento, pero si sabemos de una tibia existencia en los años que vamos a tratar2.

La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad: Se conoce su existencia desde el año 15653, de esta Cofradía y de la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, se conserva una cantidad importante de documentación a lo largo del tiempo, que nos ha permitido conocer la estrecha relación que tenían ambas cofradías, llegando a firmar dos concordias, siendo la más importante la firmada en 18484, es de gran importancia conocer la estrecha relación que existía entre estas cofradías, para comprender la unión que finalmente se produjo en el año 1917, como estudiaremos a continuación.

Por último, la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno: Probablemente existiera antes de 1616, pero es de este año del que existen constancia fehaciente5, como hemos dicho anteriormente, existe gran cantidad de información de esta cofradía a lo largo de la historia.

 

EL MOVIMIENTO COFRADE TRUJILLANO EN LOS INCIOS DEL SIGLO XX

(1900 – 1916)

Como ya hemos dicho en la introducción, tres eran las cofradías penitenciales que llegaron hasta los albores del siglo XX. Desafortunadamente no son muchos los datos que se conservan de ellas. Algún libro de cuentas y la información que hemos podido recoger de noticieros locales de la época, es la base sobre la que apoyamos el presente trabajo.

Relativo a la cofradía de la Soledad y de la Vera Cruz, prácticamente no hemos encontrado documento oficial alguno, pero sí bastantes referencias a la primera en los periódicos locales de la época, no corriendo la misma suerte la de la Vera Cruz de la que apenas constan unos pocos apuntes. Existe también un libro de cuentas de la Cofradía del Nazareno que inicia sus inscripciones en 1889 y termina en 19166. A través de toda esta información, hemos podido concluir, que eran dos las funciones fundamentales que tenían las cofradías penitenciales trujillanas en los inicios del siglo XX. La primera, sería la organización de todo lo relacionado con la Semana Santa, como la preparación de la cuaresma, sermones, funciones religiosas y estaciones de penitencia. El segundo objetivo, serían las funciones asistenciales a los cofrades en el momento de la defunción, el acompañamiento a la hora de la inhumación, con la presencia de hachones e insignias de las cofradías y cera que portaban los propios cofrades, así como el sufragio del alma del difunto mediante oficios religiosos, costeados por la propia cofradía.

Las cofradías en el inicio del siglo XX se encontraban en estado precario, la extrema situación económica deficitaria hacía que las cofradías fueran dependientes de la voluntad de los bienhechores que tenían a bien entregar una limosna para el sustento de estas entidades. Así, en el periódico la Opinión de Trujillo se advertía constantemente de esta situación, cabe destacar el contenido del siguiente artículo; “Ya en otra ocasión, haciéndonos cargo del estado precario de las Cofradías á quienes pertenece organizar las fiestas de la Semana Santa, llamamos la atención de las personas piadosas para que auxiliaran á esas Cofradías(…)Ha transcurrido un año desde que con motivo del lastimoso efecto que nos causaron las procesiones de Semana Santa escribimos sobre el asunto y vemos que hemos conseguido muy poco.(…) No hay pueblo, por chico que sea, donde con más ó menos lujo no se exteriorice el culto cristiano de esos días tan solemnes. Sin embargo, aquí donde la piedad es grande, la caridad inagotable y los sentimientos religiosos arraigados, y generales las fiestas de la Semana Santa resultan ridiculizadas por su excesiva pobreza, asistencia tan reducida y arcaico ceremonial7.

 

CONSTITUCIONES

Conocemos como constituciones al reglamento por el que se regían las cofradías, en ellas se recogían los derechos y obligaciones de los hermanos, los cargos que conformaban la dirección de las cofradías y su forma de elección, los fines de las cofradías, etc. En el caso de la Cofradía del Nazareno, las constituciones que regían en el periodo que estamos estudiando, eran unas constituciones aprobadas por la autoridad eclesial, el 10 de marzo de 1846. No voy a entrar a detallar estas constituciones puesto que ya han sido ampliamente estudiadas y publicadas8. Las tres cofradías tenían unas constituciones antiguas y obsoletas y de ello se hicieron eco en varias ocasiones en el periódico la Opinión de Trujillo. Destacamos un artículo del año 1912 que nos describe la situación de las cofradías de la época en relación a las constituciones: “(…)Renuévense esos vetustísimos pergaminos á que las Cofradías dan el nombre de constituciones y mediante nuevos artículos más en armonía con los tiempos de hoy, véase el modo de nutrir de socios esas Hermandades, y entonces ni faltarán recursos ni iniciativas evitándose con ello el que tanto se abuse del petitorio(…)9.

 

MUJERES COFRADES

Ni que decir tiene que la presencia de las mujeres en las cofradías, hasta el momento había sido prácticamente nula. En la época que nos concierne, a las mujeres casadas no se les permitía pertenecer como hermanas, tan solo podían pertenecer aquellas que estuvieran o bien solteras, o bien viudas y únicamente para gozar de las atenciones asistenciales que ofrecía la cofradía en caso de defunción. Así, las viudas para ser inscritas como hermanas, tenían que pagar media entrada, que era la cuota que correspondía para adquirir los derechos de hermano. Lo mismo tenían que pagar los viudos casados en segundas nupcias para que sus esposas adquirieran los derechos asistenciales. Las mujeres solteras se inscribían en los libros de socios indicando esta situación.

 

ÓRGANOS DE GOBIERNO

La dirección de las cofradías de la época se caracterizaba por la única presencia de varones, con un nivel intelectual y social medio – alto. Las cofradías eran dirigidas por los alcaldes, que era la denominación que tomaban la persona que ocupaba el puesto, lo que hoy conocemos como presidente o hermano mayor.

Existía un mayordomo de arca, también conocido como depositario, que se encargaba de la llevanza de los libros contables de la cofradía y del depósito de los fondos con que la misma contaba. Así pues, se encargaba de librar los pagos, con la supervisión del alcalde, de todos los gastos que la cofradía hacía y se encargaba de recoger el montante económico procedente de las limosnas, petitorios o pago de entradas de los hermanos que se incorporaban, estas funciones en la actualidad las realiza el tesorero.

Contaban también con un secretario que hacía las mismas funciones de gestión que hacen en la actualidad los secretarios de las cofradías, se encargaban de levantar actas de las reuniones y de la custodia de los libros de actas de las cofradías.

También contaban con la figura del diputado mayor o diputado menor, también llamado diputado primero y segundo, a los que se les encargaban diferentes funciones organizativas, como, por ejemplo, regir las imágenes en las procesiones u otro tipo de cuestiones de menor importancia. Suplían al presidente cuando faltaba o estaba impedido por motivos de salud. En la actualidad esta figura la conocemos como vicepresidente o vicehermano mayor.

Importante también la figura del mayordomo de iglesia, encargado de la ornamentación y cuidado de imágenes, de la custodia de los enseres de la iglesia y de la limpieza de la misma10. En el caso de la Cofradía del Nazareno, el mayordomo de iglesia, se encargaba también del mantenimiento y puesta a punto de la iglesia de Jesús, así como de preparar todos los enseres que se precisaban para los oficios religiosos que se celebraban en la iglesia.

Y por último existía también la figura del demandadero o sirviente, que se encargaba de las asistencias a los cofrades difuntos, de citar a los cofrades para las juntas, cobrar las deudas con la cofradía, etc. Este servicio era remunerado mensualmente. Esta figura es parecida a la del muñidor, prácticamente realizaba las mismas funciones.

En cuanto a las personas que ocupaban estos cargos, en la cofradía del Nazareno, vemos la evolución de algunas personas que empiezan ocupando cargos menores y terminan en la cúspide de la dirección de la Cofradía. Este es el caso, por ejemplo, de Juan José de la Cruz López que fue alcalde de la cofradía hasta la reorganización de la cofradía en 1917, y que empezó como 2º diputado en 1908. Figura importante también la de Juan Sanabria, que ocupó el cargo de alcalde de la cofradía, prácticamente desde principios de siglo hasta que le tomó el relevo Juan José de la Cruz, en ese momento continuó ocupando el cargo de mayordomo, hasta la reorganización de la cofradía, y ocupando el cargo de sirviente, en la cofradía ya reorganizada, como veremos más adelante11.

 

RECURSOS ECONÓMICOS E INVERSIONES DE LA COFRADÍA

En cuanto a los recursos económicos debemos decir que era el verdadero problema que sufrían las cofradías. De esto dependía en gran medida el futuro de las mismas y fue este el principal motivo por el que terminaron uniéndose. En estos primeros años del siglo XX las cofradías atravesaban un gran calvario económico, pues con los ingresos que tenían no conseguían ilusionar, simplemente sus directivos se dedicaban a gestionar los recursos, y a duras penas conseguían cubrir todos los gastos ordinarios que tenían.

Podemos definir cuatro tipos de ingresos, que son los únicos que recibían las cofradías por aquella época; eran los relativos al pago de entrada o media entrada, según los casos, de los nuevos hermanos que se incorporaban. Las limosnas y petitorios que se realizaban en las funciones de Semana Santa, y en los funerales de los hermanos de la cofradía y por el arriendo de los hachones de la cofradía, singular este último movimiento, no por su cuantía, sino por las personas que los arrendaban pertenecientes a la nobleza de la época, como son la condesa de tres palacios o el vizconde de Amaya.

En cuanto a los gastos, gran parte de los mismos se realizaban para el mantenimiento de la iglesia de Jesús, en el caso de la cofradía del Nazareno, en el pago de los sermones y de los oficios funerarios a los sacerdotes y en cera para las procesiones. Gastos que eran cada vez más costosos y que provocaron que el último año, antes de la fusión de todas las cofradías, al cierre de cuentas se arrojara un resultado deficitario12.

 

FUNCIONES RELIGIOSAS

Las funciones religiosas, principalmente se llevaban a cabo en cuaresma y Semana Santa. Durante la cuaresma, se organizaban sermones en la iglesia de Jesús, todos los miércoles de cuaresma, a excepción del miércoles de ceniza. El Jueves Santo en San Francisco, se realizaba el sermón de la Pasión. El Viernes Santo se realizaba el sermón de las siete palabras, por la mañana y el sermón de la Soledad, que se predicaba al término de la procesión de ese día13. Estos sermones eran ofrecidos por sacerdotes, generalmente de Trujillo o de sus arrabales y sufragados por las cofradías organizadoras. Así, los sermones de cuaresma y el sermón de pasión, eran sufragados por la Cofradía del Nazareno y el sermón de las siete palabras y el de la Soledad por la Cofradía de la Soledad. Sin embargo, ya en los últimos años se pusieron de acuerdo para sufragarlos entre ambas cofradías, como nos cuentan el noticiero local de la época; (La cofradía del Nazareno) de común acuerdo con la cofradía de la soledad y a expensas de ambas, han encargado los sermones de pasión y siete palabras al P. Melquiades, franciscano del Palancar,”14. Además se contaba también, en estos sermones, con la participación de la Banda Municipal de Música, actuaciones que eran costeadas también por las cofradías15.

 

PROCESIONES

Dos eran las procesiones que se llevaban a cabo durante la Semana Santa. La primera se realizaba el Miércoles Santo, salía sobre las seis de la tarde de la iglesia de Jesús, pasando por la calle Encarnación, Merced, Canalejas, San Antonio, Sofraga, Sillería, Plaza Mayor y terminaba en la iglesia de San Francisco16. Esta procesión, en 1911 pasó a realizarse el Jueves Santo, debido a las condiciones meteorológicas de aquel año, que hicieron que se suspendiera la procesión del miércoles por la lluvia, aplazándose su celebración a la tarde del Jueves Santo, continuando así hasta la actualidad. El Viernes Santo se realizaba la segunda estación de penitencia de la Semana Santa. Salía de San Francisco, con un recorrido similar a la procesión comentada anteriormente17.

– Imágenes;

Referente a las imágenes que procesionaban en esta época, podemos decir que en la procesión del Miércoles o Jueves Santo, la imagen principal era la de Nuestro Padre Jesús Nazareno, salían también la Oración en el Huerto, la Verónica y la Magdalena. En cuanto a la procesión del Viernes Santo, la imagen principal era el Cristo Yacente. Hasta 1915 se procesionaba el mismo Cristo articulado utilizado para el descendimiento que en la actualidad se conserva en la iglesia de Santa María. En dicho año, Doña María Guillen Cano, gran benefactora de Trujillo y de su Semana Santa, donó el paso actual del Santo Sepulcro a la Cofradía y se estrenó el Viernes Santo de ese mismo año18. Junto al Cristo Yacente, salían las imágenes de la Soledad, la Magdalena y San Juan

– Adorno de los Pasos

Ya en los inicios del siglo XX toma especial importancia el adorno floral de los pasos con flores silvestres, principalmente con escobas que se recogían en el campo o con hierbas aromáticas como el romero. Así, por ejemplo, encontramos una anotación en el libro de cuentas del Nazareno en la que se refiere a este aspecto, en el libro hay movimientos en los que se paga al “cogedor de flores” o se invierte en la compra de “romero para el huerto”, refiriéndose al paso de la Oración en el Huerto.

– Música

La música en las procesiones empieza a tener especial relevancia en la primera mitad del siglo XX, así en los inicios de siglo ya podemos ver cómo año tras año, se invierte en el pago del acompañamiento musical realizado por la Banda Municipal de la época. Por poner un ejemplo, en el año 1914 aparece un gasto en el libro de cuentas del Nazareno, en el que se le pagan 30 pesetas a Francisco Durán, por la “banda que toca en la procesión”.

 

LA UNIÓN DE LAS COFRADÍAS

(1917 – 1918)

Si importante fue lo acontecido hasta la fecha, más importante, si cabe, fue lo que ocurrió entre los años 1917 y 1918, pues marcó una nueva era en la Semana Santa trujillana.

Hasta entonces, las cofradías habían funcionado de manera independiente, con acuerdos importantes de colaboración, pero siempre respetando la independencia de cada una. Es a partir de este momento, cuando podemos hablar de una unión de todas las cofradías penitenciales trujillanas.

Los testimonios que han ido pasando de generación en generación, siempre nos han hablado de una unión cofrade, pero nunca se ha estudiado en profundidad este aspecto, siempre se ha dado por hecho que esto era así y nadie lo había cuestionado. Sin embargo, recientemente, ha tenido esta unión cierta transcendencia y así nos lo hacía saber Antonio Cantero Muñoz, en su trabajo de los XLVII Coloquios históricos de Extremadura diciendo; José Antonio Ramos Rubio, en su libro titulado El Procesionario de Trujillo, señala que en virtud de la Concordia mencionada, el 5 de febrero de 1848 se unen las cofradías del Nazareno y Soledad, siendo esta apreciación errónea, lo cual ha tenido cierta transcendencia” y continúa diciendo; En el mismo libro de actas, se refleja que la Concordia es un acuerdo sin más entre hermandades sobre puntos concretos, en ningún caso de unión, como se vuelve a reflejar en el acta de 23 de abril de 1876. La citada Concordia dejó de estar en vigor el 14 de noviembre de 1880, continuando cada cofradía su vida propia independiente, como consta en las juntas de ambas entidades correspondientes a los años siguientes.”

Aunque, es cierto que la concordia celebrada entre ambas cofradías en 1848, no es más que un acuerdo de mutua colaboración, y no un acuerdo de unión como nos narra Ramos Rubio19, fue esta concordia la que sentó las bases de la unión que se produciría años más tarde. Sin embargo, los datos que aporto en este trabajo no se conocen si no se hace un estudio en profundidad sobre el asunto, y seguramente fue este el motivo por lo que Ramos Rubio cometió el error que a mi juicio no es tan grave como nos cuenta Cantero Muñoz, básicamente porque unos años más tarde se produjo la unión.

Hasta la fecha todos los indicios que teníamos nos conducían a una unión de las cofradías penitenciales de Trujillo. Tanto los testimonios que teníamos, de personas de la propia cofradía resultante, como estudios realizados por varios historiadores, nos conducían a una unión cofrade. Ya, D. Juan Tena, en su magnífica obra, «Trujillo, histórico y monumental», nos decía, al hablar sobre la iglesia de Jesús; “La Cofradía de nuestro Padre Jesús de Nazaret, ha sido modernamente reorganizada bajo el título de Cofradía de Jesús del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad, existente hoy en San Francisco”20, también Ramos Rubio, en su estudio sobre la Semana Santa trujillana decía “Estas primigenias Cofradías han llegado a nosotros, tras haber pasado muchas vicisitudes y muchos cambios, de una forma u otra agrupadas en la Cofradía del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad”21. Cabe recordar la importancia del testimonio de D. Juan Tena, no solo por la brillantez de su trabajo como riguroso historiador, sino también por ser testigo directo de esta fusión, pues D. Juan Tena vivió en primera persona la reorganización de la cofradía, de hecho, en el mismo año de la aprobación canónica de las constituciones, en 1918, fue el predicador del Sermón de Pasión.

Estos datos se refuerzan además, con lo recogido en el título de posesión de la iglesia de Jesús otorgado por el Juez de primera instancia D. Rufino Gutiérrez, en el que se cita que la iglesia de Jesús era de la Cofradía del Santo sepulcro desde tiempo inmemorial, recogiendo el auto lo siguiente:”(…) que la Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra señora de la Soledad, establecida canónicamente en esta población y adscrita a la parroquia de Santa María la mayor – vulgo San Francisco -, viene poseyendo desde, digo, en concepto de dueña desde tiempo inmemorial la finca urbana que se describe (…) finca urbana propia de la Cofradía señalada con el número 5 de la Plaza Ruiz de Mendoza”22. Este auto judicial reconoce la propiedad de la iglesia de Jesús a la Cofradía del Santo Sepulcro, refiriendo que la poseía desde tiempo inmemorial.

También reforzamos nuestra teoría con lo recogido en las constituciones de la Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad aprobadas canónicamente en el año 1949; “Por cuanto ésta ilustre cofradía surgió hace muchos años, de la refundición de otras que desde tiempo inmemorial existían en ésta Ciudad de Trujillo, se adoptó el título del «SANTO SEPULCRO Y NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD» con lo que se satisface la devoción tanto de los caballeros como de las señoras que en clase de cofrades, pertenezcan a la misma”23

Es cierto que todos estos datos, a pesar de ser muy evidentes, no son concluyentes, pues hacen ver que se produjo una unión, pero no lo hacen de forma determinante, de manera que no nos quepa ninguna duda.

Podemos afirmar categóricamente, que la Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad se fundó en abril de 1917. Sin embargo, Ramos Rubio ubica la fundación de esta cofradía en el año 192424, dato erróneo puesto que tenemos constancia de esta fundación gracias al libro de cuentas de la cofradía del Santo Sepulcro en el que se recoge el siguiente texto; “Cuenta anual de ingresos habidos y gastos realizados por esta cofradia, desde su fundación en 1º de abril de mil novecientos diez y siete al dia de la fecha. Trujillo 1 de marzo de 1918”.25 En este mismo documento, que es muy importante para justificar como pretendemos, la unión que se produjo, queda acreditada sin lugar a dudas, que esta cofradía la componen las tres que habían perdurado en el tiempo, la de la Vera Cruz, la de la Soledad y la del Nazareno. De las dos primeras, y como primeros movimientos de la cuenta de ingresos en el mes de abril de 1917, dice lo siguiente; “Fondos de la antigua cofradia de la vera cruz, 100,00 Pesetas / idem idem de la soledad, 53,25 Pesetas” queda por tanto acreditado que ambas cofradías desembocaron en la nueva, es decir, que se fusionaron para formar la nueva cofradía. Sin embargo, más que una fusión, lo que realmente se produjo fue una absorción, de las dos cofradías por la del Nazareno, además del ya comentado cambio de nombre. Así en las primeras cuentas presentadas en 1918, en la suma de ingresos hay una diferencia de 33,30 pesetas, que sería correspondiente a la cantidad que aportaba la Cofradía del Nazareno. Además de esto, ya en las cuentas de los primeros años se puede ver cómo sigue los mismos patrones, en cuanto al funcionamiento, que dicha cofradía; se encargan de los funerales de los hermanos de la Cofradía del Nazareno, se encargan del mantenimiento de la iglesia de Jesús, se encargan de los actos que celebraba la del Nazareno, de procesionar a la propia efigie del Nazareno, de sufragar y organizar un triduo y la fiesta de la Piedad y un sin fin de coincidencias que afianzan la teoría de que esta seguía siendo la misma cofradía26, con la particularidad de que habían cambiado el nombre, como nos narraba D. Juan Tena “modernamente reorganizada” y que había absorbido a las otras dos que probablemente se encontraban más debilitadas.

Una observación que me llama la atención y que refuerza la idea que vengo defendiendo, es que el libro de cuentas de la Cofradía del Nazareno tiene la última anotación el 31 de diciembre de 1916, quedando en dicho libro varias páginas en blanco donde poder anotar los movimientos, si los hubiera habido. Como contrapunto, observamos que el libro de cuentas de la cofradía del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad comienza, como hemos comentado anteriormente, a primeros de abril de 1917, sería mucha coincidencia, si un libro no fuera la continuación del otro.

Pero hay muchas más coincidencias, aunque solo vamos a comentar una pocas que sirvan como muestra. Por ejemplo, podemos atender a lo que recoge el propio documento que comentábamos anteriormente, referente a las cuentas de la fundación de la cofradía: “Satisfecho por el vizconde de amaya alquiler de hachas, 18,25 Pesetas” Movimiento idéntico al que se recogía en el libro de cuentas del Nazareno de manera recurrente en años anteriores. También hay otro movimiento que dice: “A D. Fabian Rodriguez por el sermón de la pasión, 30,00 Pesetas” Sermón que hasta la fecha venía organizando y pagando la Cofradía del Nazareno y por último un movimiento que no deja lugar a dudas sobre nuestra teoría, que dice: “oficio por el alma de D. José de la Cruz (q.e.p.d.), 8,00 Pesetas”, correspondiente al pago del oficio por el alma del que fuera alcalde de la Cofradía del Nazareno, al menos hasta 1915.

A parte de todo esto, desde la reorganización del movimiento cofrade en 1917, Juan Sanabria se encarga de las tareas propias de muñidor, recogido como sirviente en el libro de cuentas de la cofradía, asignándole un sueldo mensual de 10 Pesetas. Recordemos que Juan Sanabria ocupó los cargos de alcalde y tesorero o depositario de la cofradía del Nazareno.

También, la cofradía del Santo Sepulcro continúa desde un primer momento a cargo del cuidado de la imagen de Jesús Nazareno, así en fechas muy cercanas a la unión de las cofradías, concretamente en septiembre de 1917 encontramos un recibo del libro de cuentas de la Cofradía del Santo Sepulcro, que recoge el abono del “arreglo de la túnica de Nuestro Padre Jesús Nazareno”.

Con todo lo expuesto anteriormente podemos ya afirmar rotundamente que las Cofradías Penitenciales de Trujillo se fusionaron en una, para fundar la Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad. Aun así y para que no quede la más mínima duda de que esto fue así, hay dos testimonios claves que resuelven cualquier duda que pueda surgir, el primero se recoge en el periódico la Opinión de Trujillo del año 1917, donde se publica un artículo bajo el título “NUEVA COFRADÍA” que recogía la siguiente crónica; “El estado de pobreza en que venían viviendo las cofradías religiosas, ya por el reducido número de cofrades, ya por los escasos servicios y asistencias a funerales, principales fuentes de ingresos, era causa de que los cultos de Semana Santa, dentro de su grave y majestuosa solemnidad, se hicieran con demasiada modestia, poco relativa a lo que exige la proverbial religiosidad y piedad de Trujillo. Tres años de entusiasta labor por parte de distinguidas damas y el celo de los antiguos cofrades han conseguido despertar nuevamente el perdido entusiasmo y reconstruir bajo la denominación de Cofradía del Santo Entierro ó Sepulcro y Soledad las de Jesús Nazareno, Vera-Cruz y Soledad. El domingo último y bajo la presidencia de los presbiteros señores Abril, Cancho y Rodríguez, delegados del señor Obispo y con asistencia de los cofrades antiguos y señores adheridos, se celebró una junta en San Francisco, donde fueron discutidas y redactadas las nuevas constituciones,(…)”.27

El segundo testimonio corresponde al Decreto del Obispo de Plasencia, D. Ángel Regueras López, de 28 de febrero de 1918 en el que autoriza, la fusión de las Cofradías del Nazareno y de la Soledad en la nueva Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad28. Con todo ello, queda perfectamente clarificada la unión que se produjo y las cofradías que se fusionaron, para formar la Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad.

Por tanto, sería un error histórico considerar que la Cofradía del Nazareno desapareciera o dejara de existir, pues lo que hizo fue fusionarse y cambiar de nombre, continuando su existencia hasta la actualidad como Cofradía del Santo Sepulcro.

 

EL MOVIENTO COFRADE BAJO LA TUTELA DE LA ILUSTRE COFRADÍA DEL SANTO SEPULCRO Y NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD

(1917 – 1950)

La Semana Santa trujillana y su movimiento cofrade quedaron reforzados mediante la unión ya comentada, al amparo de la Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad. A partir de su fundación, notamos un incremento de su actividad, así como una renovación de ideas e ilusiones, algunas de ellas muy acertadas, que perduraron hasta nuestros días. Principalmente podemos destacar la legalización de la posesión de la iglesia de Jesús, la incorporación de nuevos pasos a las procesiones o el establecimiento de cuotas anuales a los hermanos cofrades, medida tomada para aliviar la situación económica deficitaria que existía. Destacamos también la inclusión de la mujer como hermana, sin atender a su estado civil, como acostumbraban las cofradías fusionadas.

La Cofradía seguía la tradición de sus predecesoras, encargándose de las funciones asistenciales a los hermanos cofrades en el momento de su defunción y organizando las funciones religiosas y las procesiones durante la Semana Santa.

Para actualizar los enseres de la cofradía al cambio producido en su nombre y en su escudo, una de las primeras medidas tomadas, fue la actualización de su imagen corporativa. Por ello se renuevan los escudos de madera de los hacheros, se bordan los estandartes con el nuevo escudo, o se pintan los monogramas en los hachones. Todo ello quedó recogido en el libro de cuentas de la cofradía29.

 

TÍTULO DE ILUSTRE

Prácticamente, desde la gran unión cofrade de principios de siglo, se ha reconocido a esta Cofradía con el título de Ilustre. Sin embargo, el paso de los años, ha hecho que cayera en el olvido la persona por la que esta cofradía puede lucir, y luce en la actualidad, tan distinguido título, desconociendo a quién se debe tal privilegio. La recuperación de la memoria histórica cofrade que pretendo con este trabajo, desvela este enigma tan relevante que, sin lugar a dudas, es uno del hallazgo más importante del mismo.

Las cofradías o hermandades que pueden utilizar el título de Ilustre son aquellas que cuenten, entre sus filas, con un hermano que ostente o haya ostentado tal distinción. Varios son los motivos por los que una persona adquiere el grado de Ilustre, pero nos centraremos en el grado otorgado a los títulos nobiliarios, en especial al título de Marqués pues es este el título que ostentó la persona por la que la cofradía adquiere el título de Ilustre Cofradía. Se trata del Excelentísimo Señor D. Jacinto de Orellana-Pizarro y Avecia. Este señor fue, nada más y nada menos que, el XI Marqués de Albayda, marquesado que goza de grandeza de España, y por este motivo el grado de su titular es de Excelentísimo Señor. Sin embargo, el grado de Ilustre es inmediatamente inferior al que ostentó D. Jacinto de Orellana – Pizarro como Marqués de Albayda, por ello hay que atender a lo acontecido en su familia en un periodo anterior, para saber en qué momento obtuvo la dignidad de Ilustre.

  1. Jacinto de Orellana – Pizarro y Avecia, nació en el año 1841, su padre, D. Jacinto Telesforo de Orellana y Díaz obtiene el título de Marqués de la Conquista el 6 de abril de 1848. Este título, que no goza de grandeza de España, le otorgó la dignidad de Ilustrísimo Señor, tanto a él, como a su hijo primogénito, D. Jacinto de Orellana – Pizarro. Ambos ostentan esta dignidad, hasta que D. Jacinto Telesforo obtiene el título de Marqués de Albayda, el 3 de marzo de 188730, a partir de ese momento, es cuando ostentan ambos, uno por título y el otro por primogenitura, la dignidad de Excelentísimo Señor.

Queda, por tanto, suficientemente acreditado que, D. Jacinto de Orellana – Pizarro y Avecia ostentó el grado de Ilustre durante casi 40 años. Con todo ello, la cofradía que contara entre sus hermanos cofrades con este señor, puede utilizar el título de Ilustre Cofradía.

Es difícil demostrar que este señor perteneció a la Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad sin tener localizado el libro de Hermanos, ni los libros de actas de aquella época donde se pudiera recoger tal pertenencia. Sin embargo, era un deber de la cofradía, que, al fallecer los hermanos de la misma, se aplicara un funeral para el sufragio del alma del difunto. Al aplicarse tal oficio, el sacerdote pasaba recibo a la cofradía para que el tesorero librase el pago de los servicios religiosos.

El XI Marqués de Albayda, muere el 4 de noviembre de 1919, y queda registrado en el libro de cuentas de la Cofradía del Santo Sepulcro una nota, a modo de recibo, del párroco de Santa María que recoge el siguiente texto; “Recibí de la tesorería de la Hermandad del Sto Sepulcro la cantidad de veintidos pesetas cincuenta centimos por el oficio de difunto del hermano excmo marques de albaida (q.e.p.d). Para que conste firmo en Trujillo a 19 de noviembre de 1919”. Es este recibo el que nos va a certificar que el Excelentísimo Marqués de Albayda, perteneció a esta cofradía y con esta pertenencia, la cofradía adquirió el título de Ilustre.

  1. Jacinto de Orellana – Pizarro, no fue el único noble que perteneció a esta Cofradía. Su única hija, heredera del Marquesado de Albayda, la Excelentísima Señora María de la Concepción Orellana Pizarro y Maldonado, también fue hermana de tan Ilustre Cofradía. Al igual que pasó con su padre, cuando fallece, la cofradía ofrece un funeral para el sufragio de su alma. Se recoge también el recibo en el libro de cuentas de la cofradía de éste oficio religioso y dice así; “He recibido de D. Benjamin moreno, tesorero de la cofradia del santo sepulcro la cantidad de treinta y ocho pesetas con cincuenta centimos como honorarios parroquiales del funeral de segunda clase aplicado en sufragio del alma de la excma sra marquesa de albayda (q.e.p.d) celebrado en la parroquia de mi cargo el día de la fecha. Trujillo 5 de diciembre de 1927” firma el recibo Félix Álvarez.

Si ya de por sí, es un honor para la Cofradía lucir el título de Ilustre, mayor honor es hacerlo por la pertenencia a esta Cofradía de un descendiente directo del conquistador Francisco Pizarro.

 

CONSTITUCIONES

Dos son las constituciones que rigieron a esta cofradía durante el tiempo que tratamos. Las primeras fueron aprobadas por la autoridad eclesial en 1918 y las segundas en 1949. Las segundas se conservan íntegras en el archivo histórico de la propia Cofradía.

En estas constituciones se empieza a vislumbrar la presencia de mujeres, aunque de manera tibia y totalmente sometidas a la voluntad de los varones. Se regula en su artículo segundo el escudo y el hábito de la cofradía que no es otro, que el que utilizan en la actualidad los cofrades de esta Cofradía.

La admisión de nuevos cofrades, recogida en su artículo cuarto, era previa aprobación de la Junta Directiva, quien decidía si se admitía o no. Podían acceder tanto hombres, como mujeres o niños, siempre que estos últimos hubieran hecho la primera comunión y tuvieran permiso de sus padres o tutores; las funciones asistenciales a los difuntos dejan de hacerse a las familias de los cofrades, pasando a gozar de este beneficio a título individual, así el artículo noveno dice: “estos derechos son personales y para ello es condición indispensable, por parte de los cofrades, el tener satisfechas sus cuotas”. Y en el artículo octavo referido a los derechos que se adquieren al ser cofrades, se recoge: “Los cofrades, sin distinción de clases, tendrán derecho (con excepción de cualquier otro miembro de su familia) a la asistencia de la cofradía(…) al entierro del cofrade en caso de fallecimiento”, disipando cualquier duda que pudiera haber a la hora de beneficiarse de los servicios que ofrecía la Cofradía.

En el capítulo de la organización y gobierno de la cofradía, no encontramos importantes cambios, podemos destacar la denominación que se hace al órgano de gobierno, que se llamará Junta Directiva o Junta de Gobierno, y a la Junta de todos los Hermanos que se denominará Junta General. Establecen también la renovación de cargos directivos en dos turnos, cada dos años. Terminan estas constituciones con la clasificación detallada de los cargos que componen la Junta Directiva. Al final de las constituciones consta el siguiente texto; “Plasencia, 15 de Febrero de 1949 – Vº.Bº. El Vicario General, Lic. RAFAEL GARCÍA”31.

 

MUJERES COFRADES

Ya en esta etapa cofrade se empieza a permitir la inscripción de mujeres a la Cofradía, sin discriminación por su Estado Civil, empezando a ocupar algún cargo directivo, pero limitando mucho el ejercicio del mismo y siempre sometido al control de los varones. Desde mi punto de vista, esto atendía más bien, a un interés recaudatorio, pues se duplicaban los ingresos, si las mujeres también pagaban su cuota, al fin y al cabo, se iban a beneficiar igualmente de las asistencias en su defunción.

Empieza, por tanto, un lento proceso en el que poco a poco la mujer se va abriendo camino en el mundo cofrade. Así, podemos ver, como en las constituciones de 1949 a las que nos hemos referido anteriormente, queda recogida la forma en que pueden participar las mujeres en la Cofradía. Una participación muy limitada, que no les permitía participar en los Órganos de Gobierno. Uno de sus artículos establece; “Sin intervención en el gobierno de la cofradía, pueden ingresar las señoras de reconocida piedad”. Se permitía su permanencia como cofrade, pero se les prohibía acceder a cargos directivos. En las obligaciones y derechos de los cofrades, referente a las mujeres, se matiza lo siguiente; “Las señoras y los niños (estarán obligados) sólo al cumplimiento de las constituciones, sin desempeño de cargo alguno. Se exceptúan las designadas para Camarera Mayor y Menor de Nuestra Señora de la Soledad, con voz, pero sin voto, en las juntas.”

En relación con el derecho de voz y voto de las mujeres, se especifica lo siguiente: “con excepción de las señoras y niños, todos los cofrades tendrán voz y voto en las juntas generales, en la elección de cargos, pudiendo ser elegidos para los mismos” Por tanto, la única forma que tenían las mujeres de hacerse oír en las Juntas, era a través de las Cameras Mayor y Menor que eran las únicas que gozaban del derecho de ser oídas en las mismas.

 

ÓRGANOS DE GOBIERNO

Encontramos bastantes cambios en las denominaciones de los cargos directivos, con la inclusión de nuevas figuras, no contempladas anteriormente. Así, como una de las personas más importantes dentro de la dirección de la Cofradía, se crea la figura del Director Espiritual, que en la actualidad lo conocemos como Consiliario. Recaía sobre el párroco de Santa María la Mayor y entre sus funciones estaba la de presidir honoríficamente las Juntas Generales y Directivas, gozando de voz y de voto, a diferencia de los consiliarios actuales que en general tienen voz, pero no tiene derecho a voto. Se encargaba también de visitar y consolar a los cofrades enfermos, entre otras cuestiones.

Lo que hoy conocemos como Presidente o Hermano Mayor, pasa a denominarse Mayordomo Mayor, con las mismas atribuciones que los Alcaldes en el inicio del siglo XX, aunque la mayoría de las cuestiones tenía que resolverlas de mutuo acuerdo con el Director.

El Vicemayordomo Mayor era el encargado de suplir al Mayordomo Mayor cuando faltase y de ayudar al Gobierno de la Cofradía, se suprimen por tanto las figuras de los Diputados, que hacían estas funciones en los inicios del siglo.

El Secretario realizaba las mismas funciones que venían realizando sus predecesores, encargándose, además, de la custodia de los originales de las constituciones.

El Depositario que hacía las funciones de lo que hoy conocemos como Tesorero, encargándose de librar los pagos, siempre autorizados por el Mayordomo Mayor, y de realizar los cobros que correspondieran a la cofradía.

El Mayordomo de Cera e Iglesia al que se le atribuye la función de suplir al Mayordomo Mayor y al Vicemayordomo Mayor en caso necesario y se le encarga la custodia de todos los ornamentos de la Cofradía destinados al culto, así como el cuidado de la imágenes, altares y capillas y la realización del inventario de bienes de la Cofradía.

Además, se crea la figura de los Vocales, para auxiliar a los cargos citados anteriormente y sustituirlos en caso de ausencia o enfermedad, limitando su número a cuatro personas.

También se crea la figura de Camarera Mayor y Menor, encargándoles, bajo la supervisión del Mayordomo de iglesia, guardar y custodiar las ropas de las imágenes y vestirlas para las procesiones, así como adornar los altares y andas donde se coloquen las mismas. La Camarera Menor sustituirá a la Mayor en caso de ausencia o enfermedad y la ayudará con sometimiento de sus actuaciones a la misma.

Contaban también con la figura del Sirviente que hacía las funciones del Muñidor y que cobraba entre diez y quince pesetas mensuales. Contaron con esta figura hasta el año 1927.

En cuanto a las personas que ocupaban los cargos, tenemos, por ejemplo, a D. Benjamín Moreno, persona muy conocida en Trujillo, que hacía la función de depositario de la Cofradía desde el año 1922, acompañándole en la Dirección y como Mayordomo Mayor, D. Marcelino González – Haba, abogado que se encargó de solicitar la posesión de la Iglesia de Jesús. D. Luis Buenadicha Cruz, sacerdote trujillano, Director Espiritual de la Cofradía, o D. Antonio Blanco Leo, que ocupó el cargo de Mayordomo Mayor, y que era tío de D. Agustín Villanueva Blanco, quien fuera Presidente de la Ilustre Cofradía del Santo Sepulcro durante muchos años y Fundador, Presidente y Presidente de Honor de la Junta de Cofradías de Trujillo. También, D. Juan Terrones López, abogado de profesión y muy ligado al periódico La Opinión de Trujillo, ocupó el cargo de Tesorero o D. Juan Fernández Paredes que ocupó el cargo de Mayordomo Mayor de la Cofradía y fue alcalde de Trujillo entre 1937 y 1938.

 

RECURSOS ECONÓMICOS E INVERSIONES DE LA COFRADÍA

Uno de los principales motivos por los que se produjo la gran fusión de las cofradías, sin lugar a dudas fue el económico. Grandes dificultades económicas atravesaron las cofradías en los inicios del siglo XX, como hemos visto anteriormente. Sin embargo, la unificación económica de las cofradías suponían un alivio económico para la organización de la Semana Santa y un balón de oxígeno que se tradujo en un notable incremento de inversiones que dieron mayor pomposidad a las procesiones.

Así pues, el principal cambio en la fuente de ingresos fue el cobro de cuotas anuales a los cofrades permitiendo que las mujeres se pudieran inscribir como hermanas de la cofradía sin ninguna discriminación como ya hemos tratado. Esto aseguraba unos ingresos anuales en función de los socios inscritos que rondarían los doscientos. Dos eran las cuotas establecidas, dos pesetas para aquellos que contaran con menos recursos y cinco pesetas para los que gozaran de buena posición económica. Además, contaban con los ingresos procedentes de los entierros y funerales, así como de las limosnas de los petitorios de Jueves y Viernes Santo, las limosnas de cera y los donativos que algunos benefactores trujillanos, principalmente mujeres, ofrecían a la Cofradía. Testimonio de todo ello quedó recogido en el periódico local, diciendo; “los principales ingresos que la cofradía tiene son por las cuotas de cinco y dos pesetas que anualmente abonan los cofrades, que con los de asistencia a funerales, ya muy reducidos, apenas alcanzan a sufragar los gastos y de ahí que haya que recurrir a la piedad de los devotos»32. Ante la falta de recursos económicos, tuvieron que buscar otras alternativas de ingresos con el arriendo de la única posesión que tenían, que no era otra que la Iglesia de Jesús. Así pues, en los primeros años se dedicaron al trasladado de Altares y demás enseres de la Iglesia de Jesús, para dejarla libre para ser arrendada. Además, solucionaron la situación legal de la Iglesia, obteniendo el título posesorio de la misma en el año 192433. A partir de 1927 se publica anuncio del arriendo en el periódico La Opinión que decía lo siguiente; “Se arrienda. La cofradía del Santo Sepulcro cede en arrendamiento el local de la iglesia que fue de Nuestro Padre Jesús. Para informes, don José O´Mullony”34, finalmente se arrienda en 1933 para albergar una carbonería.

En cuanto a los gastos que la Cofradía realizaba debemos destacar las inversiones hechas en el mantenimiento de los enseres, andas y vestidos de las efigies. Pero sin lugar a dudas, destacamos las inversiones realizadas para la salida en procesión de nuevas Imágenes. También encontramos otro tipo de gastos que en la actualidad serían excesivos e irrelevantes por la implicación que ahora tienen con las cofradías, los directivos y algunos socios dispuestos a realizar cualquier tipo de trabajo en beneficio de la misma. Así encontramos que se pagaba un sueldo mensual a un sirviente o se contrataba a carpinteros para el montaje y desmontaje de las andas e Imágenes para la procesión.

Recurrentes también eran los pagos destinados a los servicios del clero, como por ejemplo los realizados a los Predicadores de los Sermones, los realizados por el encargo de misas de difuntos por las almas de los Cofrades o los realizados por los denominados derechos de procesión, que sufragaban los costes de vestuario de Sacristán y Monaguillos. Un gasto curioso que observamos es el realizado para convidar a los Sacerdotes que realizaban los Sermones, así encontramos el siguiente apunte; “He recibido del mayordomo de cera, por jerez pastas y café para el orador 4 (Pesetas)”.34

 

FUNCIONES RELIGIOSAS

En cuanto a las funciones religiosas continuaban con la tradición de la organización de los sermones de Pasión en la tarde de Jueves Santo, de las siete palabras en la mañana del Viernes Santo y de Soledad el Viernes Santo por la noche. También se organizaban novenas a la Soledad, en los días previos a la Semana Santa35. De estas novenas encontramos el siguiente apunte: “La novena a Nuestra Señora de los Dolores, terminada el Martes Santo, ha estado muy concurrida de fieles de distintos sexos. Durante ella han predicado don Valentín Casares y don Arturo Castillo, quienes, con su reconocida competencia, han desarrollado temas propios de la época cuaresmal”. 36

 

PROCESIONES

La primera procesión que se llevaba a cabo en Semana Santa era la Procesión de los Pasos, que se realizaba el Jueves Santo por la tarde. Solía salir sobre las siete de la tarde del templo de San Francisco. El recorrido era San Francisco, Plaza de Aragón, Pardos, Ruiz de Mendoza, Encarnación, Merced, Canalejas, San Antonio, Sofraga, Sillería, Plaza Mayor, Hernando Pizarro y Herreros37, era el mismo que a principios de siglo, con la salvedad de que en este caso no salía de la Iglesia de Jesús. Se pedía a los vecinos por donde pasaba la procesión que iluminaran las fachadas de sus casas y al Ayuntamiento se le solicitaba que pusiera unos focos en el centro de la plaza mayor para iluminar el paso de la procesión.

El Viernes Santo salía la Procesión denominada del Santo Entierro, que lo hacía sobre las ocho de la tarde, seguía el mismo recorrido que la Procesión de los Pasos del día anterior y se hacían las mismas indicaciones comentadas anteriormente referentes a la iluminación. Al término de esta procesión se predicaba el Sermón de Soledad y tras este, desde el año 1931, sobre las once de la noche, se sacaba en procesión a la Virgen de la Soledad.

Esta Procesión, denominada “del Silencio” partía de la Iglesia de San Francisco, pasaba por Ruiz de Mendoza, Encarnación, Nueva, Azobejo, Tiendas, Plaza Mayor, Carnicería y Herreros, para regresar a San Francisco.38 Las normas establecidas para esta Procesión le daban un toque que la hacía diferente y especial con respecto al resto de estaciones de penitencia. Se realizaba sin ningún tipo de música, en escrupuloso silencio y se pedía a los vecinos que no iluminaran sus fachadas, tal y como pedían para el resto de procesiones, así lo relataba el periódico local: “A esta procesión no asistirán las autoridades ni será acompañada por música alguna, rogándose a todos los asistentes, así como a quienes presencien su paso, guarden el mayor silencio posible.”39Además, desde el mismo año en que se instaura esta procesión y por primera vez en la historia de la Semana Santa, los cargueros y los que relevan a estos durante el recorrido de la procesión, vestían hábito y tapaban su cara con un capuz dando origen a lo que conocemos como capuchones. Con ello podemos decir que fue en este momento y en esta procesión donde se estrena el conocido “capuchón” del Santo Sepulcro en la misma forma que hoy lo conocemos. Así lo contaba el periódico La Opinión: “El solo hecho de llevar la cara tapada movía a gran parte del público a hacer frecuentes indagaciones para saber quienes eran. Empresa difícil, pues la igualdad del hábito y lo muy semejante de los tipos, proporciona una completa confusión en cuanto cambiaban de sitio y ya no podía señalarse con certeza cual era el conocido. Para satisfacer la curiosidad general daremos a continuación los nombres de los señores que, venciendo la apatía tan característica en el pueblo de Trujillo, han lucido por primera vez el hábito de la Ilustre Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad. (…)”40, continuando el texto enumerando a todos los que vistieron el capuchón, haciendo un total de veintiún varones, entre los que se encontraban, por ejemplo, los hermanos Juan y Miguel Higuero Vidarte, Julián García de Guadiana y Artaloytia o Antonio Blanco Leo.

Las procesiones en esta época se celebraron de manera ininterrumpida, a excepción de las del año 1936. Este año, el Gobernador Civil de Cáceres mandó circular a los Ayuntamientos prohibiendo la celebración de las mismas. Así lo hacía saber el periódico La Opinión, insertando íntegro el contenido de la circular: “Siendo muchas las solicitudes a este Gobierno pidiendo autorización para celebrar procesiones en la próxima Semana Santa,(…)he tenido a bien disponer por la presente que queda prohibida absolutamente la celebración de procesiones en la referida Semana Santa, con carácter general, en todos los pueblos de la provincia”.41 La cofradía se limitó ese año a realizar el descendimiento y a procesionar las Imágenes por el interior del templo de San Francisco.

– Imágenes

Las Imágenes que desfilaban en la Procesión de los Pasos de Jueves Santo eran la Oración en el Huerto, Jesús Nazareno, la Magdalena, San Juan y la Soledad. Poco a poco y motivado por el empuje que la fusión de las Cofradías dio a la Semana Santa, se fueron ampliando las Imágenes que participaban en esta procesión. Así en 1923 hay dos incorporaciones relatadas en la crónica publicada en un noticiero local, que dice así: “dentro de los escasos recursos conque cuenta (la Cofradía) ha formado, con imágenes de la hermandad, el calvario, paso en el que aparecen en grupo el Stmo. Cristo de la agonía, la Soledad y San Juan y también saldrá procesionalmente la antigua imagen de Jesús en la columna, magnifica escultura que bien merece gastarse unas pesetas en repararla”.42 También en 1931 se añade un nuevo paso, el Cristo de las Maravillas, relatado de la siguiente manera en el noticiero local: “En la procesión de los pasos salió por primera vez el Stmo. Cristo de las maravillas, valiosa escultura de talla de las religiosas de san francisco el real (san pedro)”.43

En 1934 se acomete la ansiada restauración de Jesús en la Columna, recogiendo al respecto la siguiente crónica: “(…)Jesús en la Columna (magnífica y antigua efigie de talla que este año ha sido restaurada, y a nuestro juicio, muy acertadamente por el pintor trujillano Juan Tamayo, que ha sabido dar con sencillez un tono y colorido que la avaloran, así como otros detalles que le acreditan de buen maestro, merecedor al elogio que, con el nuestro, ha recibido de muchos que detenidamente observaron su obra)”.44

El Viernes Santo las Imágenes que desfilaban en la Procesión del Santo Entierro eran: el Santo Sepulcro, la Soledad, la Magdalena y San Juan, incrementándose también el número de efigies que participaban en esta Procesión. Así en 1918 se restaura y procesiona por primera vez la Virgen de las Angustias, que preside el Altar Mayor de San Francisco45 y en 1929 sacarían por primera vez a la que denominaron Dolorosa, más conocida por la Virgen del Mayor Dolor del convento de San Miguel. Así lo relataban en el noticiero local; “(…)La nota saliente de la procesión de Viernes Santo, de este año, la constituyó el feliz acuerdo de figurar entre los valiosos Pasos la magnifica escultura de talla, de la Dolorosa, que se venera en el altar mayor de San Miguel, generosamente cedida por las religiosas dominicas”.46 En la procesión denominada “del Silencio” únicamente salía la Imagen de la Soledad.

También empezamos a ver en esta época los primeros traslados que eran realizados el Miércoles Santo para trasladar del Convento de San Pedro hasta la iglesia de San Francisco al Nazareno. Así nos lo anunciaba el periódico La Opinión: “Esta noche, a las ocho, saldrá de San Pedro la procesión de Jesús Nazareno, para ser trasladado a la parroquia de San Francisco”.47

– Mejoras en los Pasos

Ya en los primeros años de funcionamiento de la Cofradía, se empiezan a tomar las primeras medidas encaminadas a la mejora y mantenimiento de los pasos que salían en procesión. Así podemos ver, en el libro de cuentas de la Cofradía del Santo Sepulcro varias anotaciones al respecto.

En 1917 se reparaban “las andas viejas del Nazareno y tornillos nuevos”, un año después se hacían unas andas nuevas para el paso de las Angustias y se confeccionaba un cajón para guardarlas. Ese mismo año se hacían unas mejoras también en el paso del Nazareno como indica el recibo de la carpintería que dice: “por el arreglo de las andas del Nazareno para ponerle las columnas portaluces, hierros para las mismas y darlas dos manos de pintura”. Unos años más tarde, en 1924, encontramos el siguiente recibo de carpintería: “por unas andas nuevas y la cruz para el paso de el Nazareno en las procesiones de Semana Santa, teñidas y barnizadas, con molduras doradas”. Así lo relataban en el periódico La Opinión; “en la procesión del jueves santo se estrenarán los faroles colocados en el paso del nazareno, donación de doña Antonia Mediavilla de Martín, así como las nuevas andas y la cruz del mismo costeadas por la cofradía”.48 Estos son algunos ejemplos de las numerosas mejoras en los pasos costeadas en gran parte por la Cofradía.

Música

Gran importancia toma el factor musical en las procesiones de Semana Santa, si ya en la etapa inicial del siglo XX contaban con la participación de la Banda Municipal de Música, a esta se suma la Banda de Cornetas y Tambores del Colegio Santiago y Santa Margarita participando inicialmente, una el Jueves Santo y la otra el Viernes Santo, debutando finalmente las dos bandas en ambas procesiones. A las dos se les gratificaba por su participación, a la banda de música con ciento sesenta pesetas y a la de cornetas con cincuenta pesetas.49 También empiezan a surgir el canto religioso tradicional que conocemos como saeta, que según las crónicas de la época en algunas ocasiones resultaban irreverentes y desafortunadas en su contenido. Así lo cuenta el noticiero local: “Desde hace unos años, se quiere imitar a otras poblaciones con los cantos de saetas, al paso de las procesiones, se ha convertido en un abuso de mal gusto por los que sin tener condiciones hacen reir con sus cantos alterando la religiosidad del acto. Todo lo contrario de lo que son las saetas entonadas con fervor y agradable voz.”50; y en un comunicado de la propia Cofradía al año siguiente decían: “(…) Además, y teniendo en cuenta el desorden que en años anteriores se observaron en las procesiones a causa de los cantos de saetas, esta Junta (Directiva), muy encarecidamente, ruega a todos se abstengan de hacerlo, pues si bien con ellas se exterioriza la fe cuando se entonan con armonía y fervor, resulta una irreverencia el provocar la hilaridad del público cantando sin ton ni son.” 51

Sin embargo, el paso de los años hizo que se fueran perfeccionando y en 1934 podemos ver un anuncio en el periódico La Opinión de Trujillo que apostaba por el fomento de la saeta en el que decía; “SAETAS.- Durante el paso de las procesiones, por la plaza mayor, en las noches de Jueves y Viernes Santo, se radiarán saetas de afanados cantantes por el magnífico amplificador «Philips», de cuyos aparatos es representante el industrial Francisco García Arce.”52

 

 

[1] CANTERO MUÑOZ, A.: La Semana Santa en Trujillo durante la Edad Moderna, Badajoz 2006. p. 49

[2] Archivo parroquial de Santa María. Libro de cuentas de la Cofradía del Sto. Sepulcro y de Ntra. Sra. de la Soledad (1917-1931). En el primer movimiento de la cuenta de ingresos de esta cofradía, se recoge “fondos de la antigua cofradía de la vera cruz”. Por otro lado; Periódico La Opinión de Trujillo Nº 954 de 31 de marzo 1926. “cofradías erigidas en la iglesia de San Francisco y Jesús (…) la de la Santa Cruz y Corazón de Jesús”. También se hace mención a esta cofradía en el Periódico la Opinión de Trujillo Nº 485 de 5 de abril de 1917; “(…)reconstruir bajo la denominación de Cofradía del Santo Entierro ó Sepulcro y Soledad las de Jesús Nazareno, Vera-Cruz, (…)”

[3] CANTERO MUÑOZ, A.: La Semana Santa en Trujillo durante la Edad Moderna, Badajoz 2006. p. 93

[4] Archivo Parroquial de Santa María. Libro de acuerdos y concordias de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús 1846 – 1884. Junta general de 5 de febrero de 1848.

[5] CANTERO MUÑOZ, A.: La Semana Santa en Trujillo durante la Edad Moderna, Badajoz 2006. p. 124

[6] Archivo Parroquial de Santa María. Libro de cuentas de la Cofradía del nazareno (1889-1916). Cuando nombremos al libro de cuentas del Nazareno, estaremos refiriéndonos a éste libro.

[7] Periódico la opinión de Trujillo – Nº 223 de 28 de marzo de 1912.

[8] CANTERO MUÑOZ, A: La cofradía de Jesús Nazareno de Trujillo 1820 – 1848. Actas de los XLVII coloquios históricos de Extremadura. Año 2018.

[9]Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 223 de 28 de marzo de 1912.

[10] Archivo Parroquial de Santa María. Libro de Hermanos de Luz de Jesús Nazareno (1846 – 1899). En las primeras páginas de este libro se recogían las constituciones aprobadas en 1846 y que regían en los inicios del siglo XX. En este libro vienen detallados los cargos y funciones de los directivos.

[11] Archivo Parroquial de Santa María. Libro de cuentas de la Cofradía del Nazareno (1889-1916). En éste libro de cuentas podemos ver quienes aprueban y firman las cuentas anuales, año tras año y el cargo que ocupan, así como los pagos realizados al sirviente.

[12] Archivo Parroquial de Santa María. Libro de cuentas de la Cofradía del nazareno (1889-1916).

[13] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 954 de 31 de marzo de 1926. Recoge el siguiente artículo “(…)Los hermanos preparaban el Santo Sepulcro y demás imágenes para la procesión del Santo Entierro, que se tenía al atardecer y salía de San Francisco y terminaba en la misma iglesia con el sermón de la Soledad, que al regreso era predicado.”

[14] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 111 de 17 de marzo de 1910.

[15] Archivo Parroquial de Santa María. Libro de cuentas de la Cofradía del Nazareno (1889-1916). En este libro podemos ver como se pasan recibos a la cofradía referentes a la banda de música por su actuación en los sermones.

[16] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 16 de 16 de abril de 1908.

[17] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 954 de 31 de marzo de 1926.

[18] Archivo histórico de la Ilustre Cofradía del Santo Sepulcro. Libro de Constituciones de la Cofradía del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad de 1949. También encontramos una anotación al respecto en el Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1738 de 9 de abril de 1941.

[19] RAMOS RUBIO, J.A.: Historia de la Semana Santa en Trujillo, Cáceres, editado por la Iltre. Cofradía “Cristo Cautivo y San Juan” P. 28.

[20] TENA FERNÁNDEZ, J. Trujillo Histórico y monumental, Salamanca 1988. P. 134.

[21] RAMOS RUBIO, J.A.: Historia de la Semana Santa en Trujillo, Cáceres, editado por la Iltre. Cofradía “Cristo Cautivo y San Juan”. P. 10.

[22] Archivo histórico de la Junta de Cofradías y Hermandades Penitenciales de Trujillo. Título posesorio de la Iglesia de Jesús.

[23] Archivo histórico de la Ilustre Cofradía del Santo Sepulcro. Constituciones año 1948.

[24] RAMOS RUBIO, J.A.: Historia de la Semana Santa en Trujillo, Cáceres, editado por la Iltre. Cofradía “Cristo Cautivo y San Juan” P. 29.

[25] Archivo Parroquial de Santa María. Libro de cuentas de la Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad (1917-1931). Nos estaremos refiriendo a este libro cuando citemos al libro de cuentas de esta Cofradía.

[26] Archivo Parroquial de Santa María. Libro de cuentas de la Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad (1917-1931). En el libro de cuentas de la cofradía, se pueden observar multitud de recibos con los conceptos que comentamos.

[27] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1318 de 23 de marzo de 1933.

[28] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 954 de 31 de marzo de 1926.

[29] Archivo parroquial de Santa María. Libro de cuentas de la Cofradía del Sto. Sepulcro y de Ntra. Sra. de la Soledad (1917-1931). Encontramos varios movimientos de cuentas que reflejan lo tratado.

[30] Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España y títulos del Reino (www.diputaciondelagrandeza.es).

[31] Archivo histórico de la Ilustre Cofradía del Santo Sepulcro. Libro de Constituciones de la Cofradía del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad de 1949.

[32] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 853 de 24 de abril de 1924.

[33] Archivo histórico de la Junta de Cofradías y Hermandades Penitenciales de Trujillo. Título posesorio de la Iglesia de Jesús.

[34] Toda la información que no está referida en este apartado ha sido sacada del archivo parroquial de Santa María. Libro de cuentas de la Cofradía del Sto. Sepulcro y de Ntra. Sra. de la Soledad (1917-1931).

[35] Archivo parroquial de Santa María. Libro de cuentas de la Cofradía del Sto. Sepulcro y de Ntra. Sra. de la Soledad (1917-1931).

[36] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1322 de 20 de abril de 1933.

[37] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº de 21 de marzo de 1918.

[38] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1215 de 1 de abril de 1931.

[39] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1215 de 1 de abril de 1931.

[40] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1216 de 9 de abril de 1931.

[41] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1477 de 8 de abril de 1936.

[42] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 770 de 28 de marzo de 1923.

[43] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1216 de 9 de abril de 1931.

[44] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1372 de 5 de abril de 1934.

[45] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº de 21 de marzo de 1918. En este periódico se recoge el siguiente fragmento; “(…)en esta procesión se estrenará el paso de Ntra Sra de las Angustias”.

[46] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1111 de 4 de abril de 1929.

[47] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1110 de 27 de marzo de 1929.

[48] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 852 de 16 de abril de 1924.

[49] Archivo parroquial de Santa María. Libro de cuentas de la Cofradía del Sto. Sepulcro y de Ntra. Sra. de la Soledad (1917-1931).

[50] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1166 de 24 de abril de 1930.

[51] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1215 de 1 de abril de 1931.

[52] Periódico La Opinión de Trujillo – Nº 1371 de 28 de marzo de 1934.

 

 

Dic 262020
 

Dra. Guadalupe Pérez Ortiz. Directora de los Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz y de la Biblioteca del Seminario Metropolitano San Atón mgperort@gmail.com

 

Dña. Rocío Pérez Ortiz. Técnico de la Biblioteca del Seminario Metropolitano San Atón rocioperezortiz@gmail.com

 

Dr. Francisco González Lozano. Párroco de San José (Almendralejo) fglozano@hotmail.com

 

 

Resumen: con el desarrollo de este trabajo trataremos de dar a conocer a los interesados en la materia algunas de las principales obras que sobre Astronomía se conservaban en la Biblioteca del Seminario de Badajoz al alcance delos investigadores y que fueron lectura recurrente en una época concreta de nuestra historia. La Biblioteca del Seminario, como veremos en páginas sucesivas, alberga entre sus muros, casi en silencio, algunos ejemplares de gran valía y riqueza para el estudio de esta antiquísima ciencia.

 

 

  • Introducción: aproximación al concepto de astronomía

 

Es por todos conocida la importancia que la Astronomía ha tenido a lo largo de la historia para las diversas civilizaciones y culturas. Este trabajo pretende ser prueba de ello, aunque si bien es cierto, que desde una vertiente muy específica, la que a la literatura se refiere. Con el desarrollo del mismo trataremos de dar a conocer, a cuantos puedan estar interesados, algunas de las principales obras que sobre Astronomía se conservaban en la Biblioteca del Seminario Metropolitano de San Atón de Badajoz, la cual alberga entre sus muros algunos ejemplares de gran valía y riqueza para el estudio de esta antiquísima, pero nunca obsoleta, ciencia.

Antes de emprender el estudio de las obras que sobre Astronomía se conservan en la Biblioteca del Seminario queremos señalar, muy brevemente, algunos datos interesantes sobre esta ciencia que nos permitan acercarnos al menos someramente al fenómeno que vamos a analizar.

La Astronomía (del griego αστρονομία = άστρον + νόμος, etimológicamente “ley de las estrellas”) es la ciencia que se ocupa del estudio de los cuerpos celestes, así como todos los fenómenos ligados a ellos[1]. Todas las civilizaciones han tenido, en mayor o menor medida, contacto con esta ciencia y personajes de la talla de Aristóteles, Tolemo, Copérnico, Brahe, Kepler, Galileo, Newton, Kirchhoff, Eistein, etc., han sido algunos de sus máximos cultivadores.

La historia de la Astronomía se remonta a los orígenes mismos del hombre. Antiguamente se ocupaba exclusivamente de los movimientos de los objetos visibles a simple vista. En Babilonia encontramos el Disco Celeste de Nebra que es considerado como la representación más antigua, hasta la fecha conocida, de la bóveda celeste. Más tarde, los antiguos griegos hicieron importantes contribuciones a esta ciencia tales como la definición de magnitud[2]. Ellos postulaban que la Tierra era plana siguiendo el modelo aristotélico y definían lo celestial como un concepto que pertenecía a la perfección mientras que lo terrestre era imperfecto y opuesto ello.

La Astronomía Observacional estuvo estancada durante la Edad Media en Europa a excepción de las aportaciones que hizo el rey Alfonso X el Sabio con sus tablas alfonsíes[3], pero si había florecido en el mundo Persa y Árabe. Prueba de ello es que a finales del siglo X Al-Khujandi, astrónomo persa, había construido en Teherán (Irán) el que fue el observatorio más importante de la antigüedad[4]. También en Persia, Omar Khayyam llevó a término la reforma del calendario acercándose mucho al Gregoriano. A finales del siglo IX otro astrónomo persa, Al-Farghani, se centró en el estudio del movimiento de los cuerpos celestes dando lugar a interesantes trabajos. En el siglo XV, Abraham Zacuto adaptó las teorías astronómicas que hasta el momento se conocían aplicándolas a la navegación[5].

Durante siglos, la visión egocéntrica de que el Sol y otros planetas giraban alrededor de la Tierra fue una máxima no cuestionada. Sin embargo, en el Renacimiento Copérnico propuso el Modelo de Heliocentrismo del Sistema Solar que más tarde sería defendido, divulgado y corregido por Galileo[6] y Kepler[7]. Galileo añadió el uso del telescopio como algo novedoso, lo que le permitió precisar mucho en sus observaciones. Al principio sólo se obtuvieron reglas Ad-hoc como las Leyes de Movimiento Planetario de Kepler (s. XVII). Fue, más tarde, Isaac Newton quien extendió a los cuerpos celestes las teorías de la gravedad terrestre conformado la Ley de Gravitación Universal[8], inventando así la mecánica celeste con la que explicó el movimiento de los planetas consiguiendo unir el vacío entre las teorías de Kepler y Galileo. Este hecho supuso la unificación entre la Astronomía y la Física (Astrofísica). Tras la publicación de los Principios Matemáticos de la Filosofía Natural por Newton se transformó considerablemente la navegación marítima. A mediados del siglo XVII y gracias a la utilización de modernos instrumentos de latitud y relojes se ubicó cada lugar de la Tierra en los mapas. Más tarde, a finales del siglo XIX, se descubrió que al descomponer la luz del Sol se podían observar multitud de líneas de espectro. Se descubrió también que las estrellas eran objetos muy lejanos y similares al Sol pero con variadas temperaturas, masas y tamaños.

La astronomía moderna ha descubierto gran variedad de objetos tales como quásares, radiogalaxias, agujeros negros, etc., y ha utilizado estas observaciones para desarrollar teorías físicas que describen estos objetos. La Cosmología ha hecho grandes avances durante el siglo XX como el modelo del Big Bang, la radicación de fondo de microondas, la Ley de Hubble, etc.[9]

 

  • La biblioteca del Seminario Metropolitano San Atón de Badajoz: breve recorrido histórico
  1.  

Inicios y desarrollo

 

Los orígenes de la biblioteca van ligados a la historia del Seminario, a aquellos comienzos el 3 de mayo de 1664, con los primero colegiales, Domingo Tablero y Antonio de Silva y, cómo no, con la fundación definitiva gracias al obispo fray Jerónimo Rodríguez Valdera. En sus comienzos no puede hablarse una biblioteca a la imagen de lo que conocemos hoy, siglos a atrás siempre se hacía referencia a la “librería” del Seminario, nacida a la vez que la institución aunque con pocos medios debido a la escasez de recursos para la creación de la misma. Esa “librería” primigenia estaba formada por un reducido número de textos bíblicos que poco a poco fue aumentando gracias a las donaciones de otras instituciones, así como de fieles que entregaban parte de sus fondos a la misma. Claves era los 60 reales[10] que los alumnos del seminario pagaban al ingresar en el mismo y que se destinaban a su formación y, por tanto, a la compra de obras para la enseñanza.

Para el obispo Solís y Gragera la biblioteca fue esencial en su magisterio. En las constituciones del Seminario puso en valor a la biblioteca como el medio necesario y primordial para la formación de los alumnos, dotándola de normativa propia y, cómo no, de recursos económicos propios. En el capítulo XXI de las mencionadas Constituciones Generales (1784) se recogen los elementos constitutivos de la misma, punto por punto. Son las únicas Constituciones en las que se alude directamente a la biblioteca.

Pero no se queda ahí la relación del obispo con la biblioteca, consiguió ponerla en funcionamiento a imagen y semejanza de un centro moderno, como en otras diócesis españolas y muy especialmente en Francia e Italia. Tal era el vínculo que se estableció entre el obispo y la “librería” que: “Hemos determinado ceder como en efecto, hemos cedido ara ello los libros y obras mas selectas de nuestra Librería propia y hecho trasladar a dicho Seminario estas, y las que nos han parecido más útiles y convenientes de los libros que se hallan en nuestro Palacio Episcopal…”.

Estas palabras fueron pronunciadas por el obispo Solís y Gragera al consolidar oficialmente la Biblioteca del Seminario de Badajoz, a finales del 1786. Hay que remontarse al 9 de diciembre de 1786, fecha en la que Solís y Gragera y el Cabildo catedralicio firmaban un edicto de consolidación para la Biblioteca.

El trabajo incesante del Obispo, con las constituciones formuladas para su creación, va dando vida poco a poco a la misma. Hay que destacar que en sus orígenes y para poder ya hablar de la existencia de una biblioteca, parte muy importante de los fondos de la primitiva “librería” fueron los libros llegados del Colegio de la Compañía de Jesús de Badajoz y las 14 cargas del Colegio de Jesuitas de Higuera la Real[11]. Queda así patente el papel tan importante de los Jesuitas en cuento a la cultura, de manera especial en relación a la educación y pedagogía.

Hasta el momento los fondos eran en su mayoría relativos a las ciencias religiosas y con la llegada del material de la Compañía las ramas se diversifican: astronomía, física, botánica, medicina, matemáticas, etcétera.

Muchos han sido los que han escrito sobre esta biblioteca, ya los hemos mencionado en líneas anteriores, los estudios de Solar y Taboada[12], Rubio Merino[13] y Blanco Cotano[14] respaldan que Solís y Gragera junto con el cabildo catedralicio firmaron la consolidación de Biblioteca el 9 de diciembre de 1786, un documento cuyo fin principal era reafirmar la Constitución de 1784. Pero si hay una medida que resaltar y que mayor repercusión haya tenido con el paso de los siglos es la apertura de la Biblioteca del Seminario de Badajoz al público, convirtiéndose en la primera biblioteca pública de Badajoz.

Para esta primera biblioteca pública en la ciudad Solís y Gragera decide que “hasta que pueda disponer de mayores arbitrios que le permitan enriquecer y aumentar la biblioteca ha determinado ceder los libros y obras más selectas de su biblioteca personal y trasladar al seminario las obras que le habían parecido más útiles sitas en el Palacio Episcopal[15]”. Y es ahora cuando se establece lo que podíamos considerar el primer reglamento para el funcionamiento de la biblioteca a finales del siglo XVIII.

En esta época el fondo de la biblioteca contaba con 821 títulos, más de 2000 volúmenes, y poco a poco, en los años siguientes casi llegar a duplicarse el número debido a los libros provenientes de bibliotecas de los colegios jesuitas extinguidos y a las donaciones recibidas, hay que destacar las de los obispos don Amador Merino y Malaguilla (1730-1755) y don Alonso Solís y Gragera (1783-1797). Se crea en esta etapa el Catálogo Fundacional de la Biblioteca. ¿Qué podemos encontrar en él? Un gran número de ejemplares de la Biblia, comentarios de las Sagradas Escrituras, obras de Teología Dogmática, Escolástica y Moral, obras de Filosofía, varios ejemplares de historia de la Iglesia y de historia profana y otras obras que fueron incluidas bajo el título de “asuntos varios” y que eran, en gran medida, manuales de apoyo a la docencia.

Tomada forma la Biblioteca llega el reconocimiento del Seminario como Centro Universitario adscrito a la Universidad de Salamanca, por la Real por Real Cédula de Carlos IV, de 17 de agosto de 1793, estableciéndose cuatro facultades: Arte, Teología Escolástica y Moral, Derecho Civil y Derecho Canónico.

La etapa de gloria y esplendor de la Biblioteca en la historia antigua se cierra con el fin del mandato de Solís y Gragera, quien dio todo y trabajo por conseguir que el prestigio y reconocimiento de la Biblioteca se perpetuara en el tiempo y así lo demuestras los escritos han llegado a nuestros días.

Años más tarde, con Delgado Moreno, que fue arzobispo de la diócesis, volvió el interés por la Biblioteca y todo lo que conlleva la misma, pero los avatares de la época que llevaron a la ocupación de Badajoz por parte del ejército francés, hicieron que lo que se había conseguido hasta 1808 se viniera abajo, la Guerra de la Independencia había comenzado.

El funcionamiento del Seminario sufrió un notable retroceso con la guerra viéndose particularmente afectada la Biblioteca, muchos libros fueron robados, otros tantos desaparecieron, algunos quemados, todo ello conllevó la pérdida para siempre de importantes obras y, por tanto, la desaparición de piezas singulares para la historia y la cultura en general. Eso sí, hubo libros que tuvieron la suerte de volver al Seminario en 1814, había permanecido hasta entonces en manos de las autoridades militares. Una vez recuperadas las obras, Delgado Moreno manda ordenar la documentación conservada por clases y estantes. En el año 1819 se realiza un nuevo catálogo, que también es conservado en la actualidad, en éste se reflejarán las pérdidas sufridas durante los saqueos de la guerra, más de mil títulos de diferente temática desaparecieron para siempre, principalmente de ámbito teológico.

El débil patrimonio bibliográfico con el que se quedó la Biblioteca tras la guerra fue poco a poco aumentando y durante los siglos XIX y XX recibió grandes donaciones que fueron un revulsivo para el fondo. ¿De dónde venían esas remesas de libros? En primer lugar, llegaron las obras incautadas a los conventos masculinos de la ciudad de Badajoz durante las desamortizaciones, eso sí, el volumen era testimonial, pues la mayoría de títulos se destinarios a la Biblioteca Pública de Badajoz y a la Diputación Provincial. En segundo lugar, la valiosa donación del obispo Soto Mancera (1904-1910), tan voluminosa como rica por la calidad de sus obras, tal es así que gran parte de los incunables y de los ejemplares de mayor valor bibliográfico con los que la biblioteca ha contado fueron donados por él.

 

La biblioteca hoy

Es necesario hacer referencia a otras épocas más recientes para así poder conocer la historia de la biblioteca en sí, sin ahondar en la materia pero al menos con los datos primordiales para tener una información general, de este modo hay que destacar la llegada de donaciones de bibliotecas personales, destacamos la de don Aquilino Camacho Macías (Derecho e Historia); don José María Robles Febré (Literatura), don José García (Sagrada Escritura) y don Tomás Fernández Tamayo (Filosofía) y un nutrido conjunto de obras, de variada índole, donadas por el arzobispo don Antonio Montero. A todo esto hay que sumar la gran donación del sacerdote de la diócesis, don Antonio García Moreno, ya no solo de biblioteca personal, sino de publicaciones actuales que llegan periódicamente a la institución y que él se encarga de sufragar. En el último lustro el que fuera arzobispo de la diócesis, don Santiago García Aracil, donó su biblioteca particular de la que había estado haciendo uso durante mandato y que tuvo a bien legar a la Biblioteca del Seminario permitiendo así enriquecer considerablemente el fondo de la misma, no solo por su cantidad, sino por la calidad y variedad de los mismo.

Los años pasan y la Biblioteca sigue creciendo, poco a poco y gracias a esas grandes y prestigiosas donaciones va recuperando el nivel y la importancia de aquella biblioteca por la que tanto luchó Solís y Gragera. Llegamos a nuestros días con una instalación que desde 1927 se sitúa en el Seminario Metropolitano de San Atón y que ha sufrido modificaciones con el paso de los años; el gran cambio tuvo lugar en 2015, con el arzobispo don Santiago García Aracil, que tanto veló por la cultura, se inauguran las instalaciones que actualmente son la biblioteca, un moderno edificio anexo al Colegio Diocesano San Atón, con entrada directa desde la calle que facilita así el acceso de la misma por parte de estudiantes e investigadores de diversa índole.

El edificio está distribuido en tres plantas, la principal con una primera sala de trabajo y estudio, y una gran habitación en la que se encuentran los libros que corresponden al fondo moderno. La primera planta en la que se custodian con mimo las obras pertenecientes al fondo antiguo y que con este gran cambio en las instalaciones han ganada, pues un moderno sistema controla la temperatura, humedad y luz para que estas obras de siglos atrás sigan vivas. Y la segunda planta en la que se recoge las revistas a la que la biblioteca está suscrita y se reciben de forma periódica, las revistas inactivas y una parte dedicada al archivo histórico del Seminario.

En cuanto al fondo del que hemos hecho referencia, podemos decir que pertenece en su mayoría al ámbito de las ciencias religiosas, aunque no por ello se han descuidado otras ramas del saber, gracias a las múltiples donaciones se han ido enriqueciendo otras temáticas. En la actualidad existen alrededor de 50.700 volúmenes, los cuales se encuentran ubicados en esos armarios/archivadores que se disponen entre las tres plantas con las que la Biblioteca cuenta. Además, la entidad mantiene más de 75 suscripciones activas a revistas (teológicas, filosóficas, pedagógicas, históricas y literarias). Esto supone estar hablando de más de 3.000 volúmenes adicionales que no son libros. Estos fondos llegan a nuestras instalaciones por medio de compras, suscripciones a editoriales y por donaciones, tanto de entidades culturales extremeñas como de particulares, destacando muy especialmente las del clero extremeño.

Los fondos se organizan siguiendo una clasificación temática diseñada específicamente para nuestro centro a finales del siglo XX. Las grandes materias de las que se constituye son: A (arte), B (bibliografía), D (derecho civil), F (filosofía en sus diversos tratados, filosofía de la naturaleza, historia de las ciencias), FC (filología clásica: autores griegos y latinos) H (historia), L (literatura, lingüística y filología castellana, francesa, italiana, inglesa, alemana, etc.), S (sociología) y T (Teología).

En cuanto a los fondos cabe destacar las obras clasificadas con la signatura EN (ediciones notables) custodiadas de manera especial puesto que podrían clasificarse bajo la condición de «raros», como sucede en otras bibliotecas. Los incunables (1484-1499) con los que cuenta el centro son: SALIS, Baptista de, Summa casuum conscientiae. Rosella casuum. Venetiis: GeorgiusArrivabene. (1495); BENITO, Santo. Regula. Compilatio regulae S. Benedicti. In Monasterio BMV de Monteserratto. (1499); BIONDO, Flavio. Historiarum ab inclinatione Romanorum imperiidecades. Venetiis: Thomas de Blavis. (1484); ZUTPHANIA, Gerardu de, De spiritualibusascensionibus. In Monasterio BMV de Monteserrato: Johannes Luschner. (1499); MARCELO, Nonio. De proprietatelatinisermonis. Venetiis: Antonius de Gusago. (1498); CESARIENSE, Prisciano. Opera. Venetiis: BonetusLocatellus: impens. OctavianiScoti. (1496); Pseudo Buenaventura. De instructionen ovitiorum. De quattuor virtutibus cardinalibus. De triplicivia, sive Incendium amoris, alias Fons vitae. Meditationes vitae Christi In Monasterio BMV de Monteserrato. (1499).

Pero no queda aquí el interesante y rico grueso de obras, destacamos la extraordinaria Políglota de Amberes o Biblia Regia de Arias Montano (1569). No faltan otras Biblias interesantísimas del siglo XVI, particularmente las ilustradas dado que sus múltiples grabados se llegan a considerar puras piezas de arte. También pueden citarse, como ejemplo, la edición «princeps» romana de El Fisiólogo de San Epifanio (1587), de la que uno de los pocos ejemplares existentes en España es el de la Biblioteca del Seminario. Por recordar sólo algunos libros de estas ediciones notables y raras bástenos citar los Sermones de San Vicente Ferrer (1509), la Catena aurea de Santo Tomás de Aquino (1520), las Obras de Virgilio (1527), la edición italiana del Orlando Furioso de Ariosto (1556), la edición de 1558 de la Gramática latina de Nebrija o, del mismo año, el Catecismo del arzobispo de Toledo Bartolomé Carranza, uno de los poquísimos ejemplares existentes en el mundo.

 

  • Libros de Astronomía en la Biblioteca del Seminario San Atón de Badajoz

 

En la Biblioteca del Seminario pacense existen un total de 18 títulos sobre astronomía. Éstos, que fueron escritos por autores de la talla de Camile Flammarion o Galileo Galilei, se distribuyen entre los siglos XVI-XIX (1573-1880). Procedamos en este momento al análisis de cada una de estas obras. Para ello, presentamos una ficha técnica, ordenada cronológicamente, en la que se nos dan a conocer los datos más significativos de estos ejemplares. Además, incluiremos imágenes de cada una de ellas.

 

 

 

 

 

 

1

 

 

 

 

 

 

Autor

Pérez de Moya, Juan. (San Sebastián del Puerto, 1513- Granada, 1597). Matemático, mitógrafo y escritor español. Estudió en Salamanca donde alcanzó el grado de bachiller. Fue un vulgarizador de las disciplinas matemáticas y escribió el libro más importante de esta disciplina en castellano en el siglo XVI, Diálogos de aritmética práctica y especulativa (1562). Compuso, además, Arte de Marear (1564), verdadera exposición de los conocimientos del momento donde recogió cómo se trazaban las meridianas en las cartas de navegación, el uso del astrolabio, las alteraciones de la aguja o el uso de la ballesta para la estrella polar; un Tratado de matemáticas (1573), un Tratado de Geometría (1573) y unas Reglas para contar sin pluma y de reducir unas monedas castellanas a otras.
Título Tratado de cosas de Astronomía y Cosmographia y Philosphia Natural.
Publicación Alcalá de Henares: Por Juan Gracian, 1573.
Signatura C 5006 (2)
 

 

Contenido

Descripción científica en tres libros de toda clase de elementos terrestres, marítimos y celestes, con indicación precisa de los movimientos de las estrellas y nociones fundamentales de filosofía natural, del estudio de la esfera, la cosmografía (se incluyen las longitudes y latitudes de algunos pueblos) y la navegación (sobre el manejo del astrolabio, así como el uso de los «reloxes solares, orizontales y verticales», disciplina que el autor denomina «horologiographia»). Nos interesa de forma particular la segunda parte de la obra, la cual se dedica exclusivamente a la Astronomía. Dividida en 26 capítulos los cuales oscilan indistintamente entre cuestiones de Astronomía y Astrología.

 

 

 

 

 

 

 

 

2

Autor Valle, Bartolomé del.
Título Explicación y pronóstico de los dos cometas.
Publicación Granada: por Francisco Hielan y Pedro de la Cuesta, 1616.
Signatura C 6105 (6)
Contenido Acceder a datos técnicos sobre la obra resulta una tarea compleja, debido, a nuestro juicio, a que en ningún momento llegó a ser impresa de forma independiente sino que compartió estructura dentro de un tratado general de Astronomía, editado por el mismo autor. Su volumen da prueba de ello, tan solo 24 páginas que recogen un interesantísimo estudio con aires un tanto novelescos sobre el fenómeno de los cometas.

 

En especial, el autor se centra, de una forma casi literaria, en dos de los más importantes cometas estudiados hasta la fecha (principios del siglo XVII): posición, tamaño, brillo, forma, etc, son algunos de los aspectos analizados en la obra, en la que cuesta un tanto discernir si se trata de un estudio puramente científico o engalanado de aires literarios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

3

 

 

 

 

Autor

Tosca, Tomás Vicente (Valencia, 1651-1723). Eurito valenciano, matemático, cartógrafo y teólogo.Ingresó en la Academia valenciana estudiando Gramática, Filosofía y Teología. Estudió Griego, Hebreo e Italiano. Se dedicó durante su juventud al estudio de las Ciencias Matemáticas. En 1672 obtuvo el título de Teólogo. En 1686 funda el movimiento de los Novatores (grupo de pensadores, científicos, filósofos españoles del siglo XVIII que desarrollan un interés preilustrado por las novedades científicas atomistas en oposición al Escolasticismo tomista y neoaristotélico). Al momento de su muerte, con 71 años, dejó una biblioteca de 1000 volúmenes.
Título Compendio matemático en que se contienen todas las materias más principales de las ciencias que tratan de la cantidad. Tomo VI: que contiene la Astronomía.
Publicación Madrid: Imprenta de Antonio Marín, 1727
Signatura C 5013
 

 

 

 

 

 

 

 

Contenido

Se trata de la obra más importante de este autor.Se encuentra la obra dividida en 9 tomos: 1. Geometría elemental, Aritmética inferior y Geométrica práctica. 2. Aritmética superior, Álgebra, Música. 3. Trigonometría, Secciones cónicas, Maquinaria. 4.Estática, Hidroestática, Hidrotécnica, Hidrometría. 5. Arquitectura civil, Montea y Cantería, Arquitectura militar, Pirotécnica o Artillería. 6. Óptica, Perspectiva, Catóptrica, Dióptrica y Meteoros. 7. Astronomía. 8. Geografía y Náutica. 9. Gnomónica, Ordenación del tiempo, Astrología.

 

Tomás Vicente Tosca dedicó un volumen de su obra por entero a la Astronomía por considerarla la ciencia más importante dentro de las matemáticas cuyo origen sitúa en el origen mismo del mundo. En este tratado divide la Astronomía para su estudio en: Esferas celestes; Sol; Luna; Eclipses; Estrellas fijas; Planetas Superiores y Planetas inferiores.

                                         

 

 

 

 

 

4

 

 

Autor

Galilei, Galileo. (Pisa, 1564- Florencia, 1642). Astrónomo, filósofo, matemático y físico que estuvo relacionado estrechamente con la revolución científica. Sus logros incluyen la mejora del telescopio, gran variedad de observaciones astronómicas, la primera Ley del Movimiento y un apoyo determinante para el copernicanismo. Ha sido considerado como el «padre de la astronomía moderna», el «padre de la física moderna» y el «padre de la ciencia». Su trabajo se considera una ruptura de las asentadas ideas aristotélicas y su enfrentamiento con la Iglesia Católica Romana suele tomarse como el mejor ejemplo de conflicto entre la autoridad y la libertad de pensamiento en la sociedad occidental.
Título Opere di Galileo Galilei. Tomo I.
Publicación Padua: Stamperia del Seminario: appresso Gio: Manfré, 1744
Signatura C 5046 (1)
 

 

 

 

 

 

Contenido

Esta obra es una de las más importantes escritas por Galileo. A través de sus cuatro volúmenes se exponen algunas de las teorías más significativas sobre la ciencia astronómica que han partido del autor o de otros investigadores. No debemos olvidar que el autor fue considerado como el padre de la Astronomía moderna, lo que nos permite postular que este ejemplar fue obra de referencia en bibliotecas y otros centros culturales y científicos.

 

En el primer tomo se exponen algunas de las aseveraciones dispuestas por el autor sobre teorías del campo de la astronomía que han sido postuladas por otros científicos de todos los tiempos. De este modo podemos acceder a las disertaciones de Galileo sobre las cartas de Tolomeo, el discurso apologético de Ludovico della Colombe, las consideraciones sobre el libro de Vicenzio Grazia.

 

5
Autor Galilei, Galileo.
Título Opere di Galileo Galilei. Tomo II.
Publicación Padua: Stamperia del Seminario: appresso Gio: Manfré, 1744.
Signatura C 5046 (2)
 

 

Contenido

Este segundo volumen de la obra es utilizado por Galileo para exponer a los investigadores, estudiantes, científicos y al público en general que se haya interesado en cuestiones de Astronomía algunas de sus teorías y disertaciones. Así podemos acceder al Tratado de la Esfera o a diversas   operaciones astronómicas. Además, se exponen múltiples datos sobre los cometas, haciendo especial alusión al cometa que fue visible en el año 1618. La obra se completa con las letras que Galileo escribió al príncipe Leopoldo aclarándole algunos de sus postulados más significativos, que el segundo curioso por las cuestiones de astronómicas pero con poco conocimiento en las mismas no llegaba a comprender. Este hecho nos permite observar la buena conexión existente entre el príncipe y el científico, y entender como en ciertas ocasiones Galileo fue enormemente beneficiado por las clases poderosas.

 

6
Autor Galilei, Galileo.
Título Opere di Galileo Galilei. Tomo III.
Publicación Padua: Stamperia del Seminario: appresso Gio: Manfré, 1744.
Signatura C 5046 (3)
 

 

 

Contenido

El tercer tomo lo dedica Galileo a dos cuestiones que han estado presente a lo largo de toda su obra: la gravedad y la materia. Respecto a la primera expone algunas de sus teorías que fueron de suma relevancia para la sociedad de su época y rebate ciertos principios arraigados en la sociedad que consideraba anquilosados en el pasado y carentes de todo fundamento científico. Este hecho supuso que otros científicos del momento mantuvieran continuos enfrentamientos con Galileo. En relación a la materia, Galileo expone el tema a través de su Diálogo de la Ciencia Nueva, ofreciendo a los investigadores máximas nuevas que han servido a la ciencia a lo largo de largos periodos de tiempo.

 

 

7
Autor Galilei, Galileo.
Título Opere di Galileo Galilei. Tomo IV.
Publicación Padua: Stamperia del Seminario: appresso Gio: Manfré, 1744.
Signatura C 5046 (4)
 

 

 

 

Contenido

El último tomo de la obra es utilizado por el autor para exponer algunas de sus más afamadas disertaciones, como fueron las P. Calmet. Además, recoge una síntesis general pero exhaustiva sobre los diferentes puntos que han sido tratados a lo largo de toda la obra, exponiendo un conjunto de máximas y postulados que pueden venir a resumir los estudios e investigaciones realizadas por el autor hasta la fecha. Este resumen final es considerado por algunos investigadores tanto de tiempos pasados como actuales como el compendio perfecto sobre Astronomía del siglo XVIII.

 

 

8
 

 

 

 

 

 

Autor

Hervás y Panduro, Lorenzo. (Horcajo de Santiago (Cuenca), 1735- Roma, 1809). Polígrafo jesuita, lingüista y filólogo español. Escribió unos 90 volúmenes. Su obra fundamental es una especie de enciclopedia escrita en italiano, la Idea dell’Universo, (Cesena, 1778-1792). La obra se divide en once tomos repartidos en 21 volúmenes y tres partes: «Historia de la vida del hombre», «Elementos cosmográficos» y, sobre todo, «Lengua». Esta última parte fue la que más fama le dio: contiene un compendio o catálogo de muy diversas lenguas, muchas de ellas exóticas, y una relación bibliográfica de los autores que escribieron gramáticas y diccionarios en diversos idiomas. En 1792 publicó Analisi filosofico-teologica della natura della carita. En esta época publica también Virilità dell’ Uomo («Virilidad del Hombre», en 4 volúmenes., 1779-80); Vecchiaja e morte dell’ Uomo (1780), Viaggio estatico al Mondo planetario (1780), de la que después hará una versión revisada en español); Storia della Terra (1781-83)
Título Viaje estático al mundo planetario: en que se observan el mecanismo y los principales fenómenos del Cielo. Parte primera. Tomo I.
Publicación Madrid: Imprenta de Aznar, 1793.
Signatura C 5012 (1)
 

 

 

 

 

Contenido

Tomo 1: La importancia del cielo es sobradamente conocida por todos. También lo fue para este autor que lo definía como “algo sorprendente y admirable por su indefinida extensión y por el número, variedad y fenómenos que sus astros ofrecen continuamente al hombre”.

 

Esta obra que mezcla los aspectos puramente científicos con un aire novelesco se presenta dividida en 4 volúmenes. En ellos, el autor acomete un viaje que le lleva a diferentes lugares. En el primer tomo al Sol para analizar su tamaño, color, luz, propagación de la luz, distancia entre el Sol y la Tierra, etc.

 

9
Autor Hervás y Panduro, Lorenzo.
Título Viaje estático al mundo planetario: en que se observan el mecanismo y los principales fenómenos del Cielo. Parte primera. Tomo II.
Publicación Madrid: Imprenta de Aznar, 1793.
Signatura C 5012 (2)
 

 

 

Contenido

Tomo 2: El segundo tomo de la obra prosigue con el viaje iniciado en el tomo anterior. Se presenta dividido en tres jornadas de viaje: en la primera de ellas continúa su viaje al Sol, comenzado en el tomo anterior, y emprende un nuevo trayecto hacia Mercurio y Venus, dos planetas que considera claves para el estudio y conocimiento del mundo planetario. En la segunda jornada se centra en el planeta Mercurio estudiando su movimiento y grandeza. Por la gran cantidad de datos que aporta sobre el mismo podemos manifestar que es un profundo conocedor de su historia. Por último, llega a Venus para analizar su figura, masa y densidad.

 

 

10
Autor Hervás y Panduro, Lorenzo.
Título Viaje estático al mundo planetario: en que se observan el mecanismo y los principales fenómenos del Cielo. Parte segunda. Tomo III.
Publicación Madrid: Imprenta de Aznar, 1793.
Signatura C 5012 (3)
 

 

 

 

 

 

 

 

 

Contenido

Tomo 3: Se trata del viaje más largo acometido por el autor dado que se integra por 4 intensas jornadas:

 

1º Le lleva a la Luna. Por los datos que aporta sobre la misma podemos manifestar que conoce la conoce al detalle y que su aportación es de gran calidad. De ella nos habla sobre su iluminación, eclipses, distancia con respecto a la Tierra y el influjo de esta respecto a los hombres. Este último dato es de gran significación dado que, en muchos casos, el hombre del siglo XVIII otorgaba a la Luna ciertos poderes que significaban beneficio y prosperidad, pero, en otros casos, eran enfermedades y calamidades.

 

La 2º jornada de viaje discurre en el planeta Marte para mostrarnos su grandeza, color, manchas, etc.

 

El 3º día se destina exclusivamente al planeta Júpiter donde nos muestra su color, tamaño, órbita.

 

Y por último, va a Saturno donde nos habla de su densidad, anillo, movimiento, etc. El estudio que se aporta relativo al anillo de Saturno colma las expectativas el hombre del siglo XVIII y en algunos matices supone un adelanto a las investigaciones realizadas hasta la fecha.

 

 

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Autor Hervás y Panduro, Lorenzo.
Título Viaje estático al mundo planetario: en que se observan el mecanismo y los principales fenómenos del Cielo. Parte segunda. Tomo IV.
Publicación Madrid: Imprenta de Aznar, 1793.
Signatura C 5012 (3)
Contenido Tomo 4: En el cuarto volúmen se ejecuta la última jornada de viaje que le lleva a centrarse exclusivamente en el fenómeno de los cometas. En este tomo analiza en primer lugar algunas cuestiones de carácter general referidas a los cometas: qué son, sus movimientos, tamaños, formas, colores, etc., así como la distancia entre ellos y la Tierra. Posteriormente, aporta datos exhaustivos de los cometas que han acontecido hasta la fecha de la obra (1793), así como la repercusión de los mismos en la sociedad y la ciencia del siglo XVIII.

 

12
 

 

 

 

 

Autor

Biot, Jean Baptiste. (Paris 1774-1862). Es considerado como uno de los físicos franceses más prestigiosos del siglo XIX. También cultivo con interesantes resultados la Química, la Matemática y la Astronomía. Fue la primera persona en descubrir las propiedades ópticas únicas de la mica, y del mineral basado en la mica denominado biotita (el nombre del mineral se puso en su honor). En el año 1804 elaboró un globo y ascendió con Joseph Gay-Lussac a una altura de cinco kilómetros en lo que sería las primeras investigaciones sobre la atmósfera terrestre. Se conoce la magnitud adimensional en termodinámica como número de Biot.
Título Traité élémentaire d`astronomie physique.
Publicación París: Bachelier, imprimieur-libraire, 1841-1857.
Signatura C 5024
 

 

 

Contenido

Prueba de sus trabajos sobre Astronomía es este libro dividido en tres volúmenes que en la Biblioteca del Seminario aparecen encuadernados conjuntamente, suponemos que para facilitar el estudio a los interesados en la materia. En él, se ha prescindido totalmente del texto para centrarse únicamente en los objetos que son estudiados por esta ciencia. De este modo, a lo largo de la obra aparecen 65 láminas sobre elementos y tratados fundamentales de Astronomía Física. La calidad de los grabados y dibujos es significativa por ello fue tomada como obra de referencia para otros investigadores.

 

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Autor

Flammarion, Camille. (Francia 1842-1925). Era un astrónomo francés conocido por sus obras de popularización de la astronomía. Comenzó su carrera como astrónomo en 1858 como colaborador del Observatorio de París. En 1883 fundó un observatorio astronómico en Juvisy-sur-Orge. En 1887 fundó la Sociedad astronómica francesa.

Flammarion fue el primero en sugerir los nombres actuales de Tritón, satélite de Neptuno y de Amaltea, luna de Júpiter, si bien estos nombres serían aceptados oficialmente únicamente varias décadas más tarde. Sus numerosas observaciones de Marte le otorgaron el honor de que uno de sus cráteres recibiera su nombre. Entre los muchos honores que recibió en vida destaca la condecoración de la Legión de honor en 1912 por su labor de popularización de la astronomía.

Título Narraciones de lo infinito: historia de un cometa, la vida universal y eterna.
Publicación Barcelona: Jané Hermanos, 1869.
Signatura C 6274 (4)
Observaciones Traducida de la última edición francesa por A. López Llasera. Obra ilustrada con grabados.
 

 

 

 

Contenido

No se trata esta obra de una novela de ficción, como a muchos lectores podría parecerles, sino de todo lo contrario. Es un estudio riguroso y preciso nacido del suelo cinético.

 

El cometa que va a presentarse en escena a lo largo de toda la obra ha existido. Muchas personas lo vieron brillar por todo el mundo. Las fechas de sus apariciones no son arbitrarias ni elegidas al azar son las reales, así como el conjunto de lugares. De todos los fenómenos descritos en la obra no hay ni uno sólo inventado, todos son base de profundas y exhaustivas investigaciones científicas. Por ello, esta obra es considerada como uno de los mejores trabajos de investigación sobre cometas hasta la fecha existentes. Supuso un punto y aparte de lo escrito hasta el momento, muchas investigaciones sobre los cometas cayeron por tierra asentando las bases de una nueva etapa en este desconocido campo.

 

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Autor Flammarion, Camille.
Título Historia del cielo.
Publicación Madrid: Imprenta de Gaspar y Roig, 1874.
Signatura C 6281
Observaciones Traducida al español por C. Ochoa. Contiene interesantísimos grabados.
 

 

 

 

 

Contenido

Cuenta el autor que encontrándose reunido en el cabo de Flamanville con una serie de eruditos mantenían una interesantísima conversación en la que muy pronto la Astronomía se convirtió en el eje de la misma. Así se fueron forjando una serie de sesiones en las que se iba tomando nota de lo que allí se hablaba. De estas anotaciones surge la obra Historia del Cielo.

 

Las páginas que configuran este libro despliegan la vista ante la historia popular de la Astronomía. Hecho muy interesante dado que es una de las escasas obras conservadas en la Biblioteca que presenta esta vertiente de la Astronomía: la muy apreciada Astronomía popular. Se divide en 16 capítulos que corresponden a cada una de las reuniones que aquel grupo de amigos mantuvo para conversar sobre el cielo y la Tierra, la filosofía del cielo según los Galos, la antigüedad de la Astronomía, el origen de las constelaciones, los signos del zodíaco, naturaleza, la estructura del cielo, los sistemas astronómicos, el mundo terrestre de los antiguos, el mundo de los primeros cristianos, el mundo de la Edad Media, la superstición de los números, grandeza y decadencia de la astrología y el tiempo y el calendario.

 

 

 

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Autor Flammarion, Camille.
Título Las tierras del cielo: astronomía popular, descripción astronómica, física, climatológica y geográfica de los planetas.
Publicación Madrid: [s.n.], 1877.
Signatura C 6264
Observaciones Versión española por Segundo Flórez.
 

 

 

 

Contenido

Se trata de una obra sumamente precisa sobre Astronomía. Dividida en 9 libros y otros tantos capítulos, dentro de cada uno de ellos abarca todos y cada uno de los aspectos de esta ciencia. A nuestro juicio puede ser considerada más que como una obra de placentera lectura como un trabajo científico y de conocimiento. Sin embargo, la historia constata todo lo contrario. Es considerada como un exponente de referencia dentro de este campo científico. Debemos señalar que incorpora una parte muy significativa sobre la Astronomía popular.

 

Comienza con un análisis detallado de la óptica a finales del siglo XIX (señalar que el mismo supuso punto y aparte de las investigaciones efectuadas hasta a fecha), para posteriormente centrarse en el conocimiento del Sol, el planeta Mercurio, Venus, la Tierra, La luna, Marte, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. De todos ellos se muestran interesantes estudios sobre sus características, volumen, densidades y otras propiedades.

 

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Autor Fuertes Acevedo, Máximo. (Oviedo, 1832- Madrid, 1890). Cursó sus estudios de Ciencias en las Universidades de Oviedo y de Madrid. Su labor intelectual es varia y de interés dentro de la cultura asturiana. Cultivó sobremanera los estudios científicos, histórico-biográficos y literarios. Como biógrafo de asturianos supo continuar la especialidad histórica fundada en el S.XVIII por Campomanes y el canónigo González Posada. Entre sus obras publicadas, cabe destacar: Curso de Física elemental y nociones de Química (1879); Mineralogía asturiana (1880); El darwinismo: Sus adversarios y defensores (Badajoz, 1883); Noticias históricas de la prensa periodística de Asturias (1868); Bosquejo acerca del Estado que alcanzó en todas las épocas la literatura en Asturias, seguido de una extensa bibliografía de los escritores asturianos (Badajoz, 1885); Vida y escritos del Marqués de Santa Cruz Marcenado (1886); La atmósfera: su composición, su importancia en la vida terrestre, presión atmosférica y modo de apreciarla (1885); Influencia de los Agustinos en la literatura española (Badajoz, 1887). Fundador del Boletín-Revista del Instituto de Badajoz.
Título Estudios sobre astronomía, física y meteorología al alcance de toda clase de personas.
Publicación Badajoz: [s.n.], 1880.
Signatura C 6279
Observaciones El ejemplar que se conserva en la Biblioteca aparece dedicado por el autor de la obra. Este hecho puede ser debido a la estancia del autor en la ciudad.
 

 

 

Contenido

El libro aparece divido en tres grandes partes que se corresponden con el título de la obra. La dedicada a la Astronomía es la de mayor tamaño y a nuestro juicio la más pulcramente tratada ofreciendo un análisis digno de toda mención y referencia para otros autores, investigadores y público en general. Como en muchas de las obras expuestas en el apartado dedicado al autor, nos presenta un recorrido escueto pero exhaustivo de elementos claves de esta ciencia: el Sol, la Tierra, la Luna, los planetas, los asterorides, los cometas, las estrellas fijas, las constelaciones, las nebulosas, la vía láctea, etc.

 

 

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Autor Ball, Robert Stanele.
Título La historia de los cielos: tratado popular de astronomía.
Publicación Barcelona: Ramón Molina, [s.a.]
Signatura C 6301
Observaciones Obra dotada de multitud de grabados y cosmolitografias.
 

 

 

 

 

Contenido

Tal es el título de nuestro maravilloso libro. Trátese, a decir verdad, de una historia maravillosa y si pudiéramos narrarla convenientemente se reconocerían desde luego su incomparable interés, su belleza exquisita, que conducen a la contemplación de los más poderosos esfuerzos de la naturaleza y de los más admirables coronamientos del genio humano”.

 

De este modo da comienzo esta interesante obra en la que se trata de dar respuesta a un conjunto de preguntas sobre los aspectos más interesantes de esta ciencia: ¿Qué es el Sol, qué calor produce, que volumen y a qué distancia se halla de la Tierra?; ¿Qué es la Luna, qué paisajes nos presenta, cómo se mueve y que relaciones guarda con nuestro globo?; ¿Son los planetas como la Tierra?; ¿Qué sabemos de los satélites de Júpiter y de los anillos de Saturno?; ¿Qué diremos de todas las variedades de estrellas?; ¿Qué es la Vía Lactea?, y por último ¿qué se sabe de las nebulosas que los telescopios permiten ver?…

 

 

 
Autor Flammarion, Camille.
Título Las maravillas celestes.
Publicación Barcelona: Jané Hermanos, [s.a.]
Edición
Signatura C 6274 (1)
Observaciones Traducida de la última edición francesa por A. López Llasera. Obra ilustrada con 57 grabados.
 

 

 

 

 

Contenido

Miles de ejemplares se han editado de este pequeño libro que pretende difundir de manera única las maravillas de la naturaleza y que se debe, según palabras del autor, al progreso creciente de la Astronomía. Si comparamos algunas de las diferentes ediciones existentes de la obra podremos comprobar como cada reimpresión ha sido corregida y aumentada siguiendo la marcha de la ciencia. Son incluidos nuevos grabados que realzan la calidad de este estudio.

 

En el ejemplar que se conserva en la Biblioteca del Seminario San Atón hemos podido observar como aparecen algunas aportaciones novedosas respecto a otras ediciones. El capítulo del Sol aparece modificado con los últimos descubrimientos del análisis espectral. A los capítulos sobre Marte y Júpiter se les ha otorgado mayor importancia. El de los eclipses ha sido completado con los nuevos sucesos acaecidos hasta la fecha   (septiembre de 1877). El capítulo de las estrellas dobles ha sido corregido. Además, los grabados han sido aumentados hasta 57 diferenciándose notoriamente de la primera edición.

 

  • Conclusiones
  1.  

A modo de conclusión queremos manifestar la importancia de la Biblioteca del Seminario Metropolitano San Atón de Badajoz con un extenso fondo de más de 50.000 volúmenes que permiten el estudio de numerosas disciplinas y, aunque bien es cierto, que el mayor volumen y relevancia lo tienen las obras de Teología, la selección de grandes obras sobre Astronomía expuestas a lo largo de estas páginas dan prueba de ello.

 

  • Bibliografía

A.S.M.M.B. Sección Gobierno, Constituciones (1783-1797).

A.S.M.M.B. Sección Administración, Libro de contabilidad (1783-1789).

ARRUTI, A. “La rebelión de los astrónomos: Copérrnico y Kepler” en Nueva revista de política, cultura y arte, LXXVI (2001), pp. 83-85.

BERNAL GONZALEZ, A. “Plutón y las Leyes de Kepler” en Tribuna de Astronomía: revista de Astronomía, Astrofísica y Ciencias del Espacio, LXXX (2006), pp. 68-69.

BLANCO COTANO, M. El primer centro Universitario de Extremadura: Badajoz 1793. Historia pedagógica del Seminario de San Atón. Cáceres: Universidad de Extremadura, Servicio de Publicaciones, 1998, pp. 218-222.

DEYERMOND, A. Historia de la literatura española I. Barcelona: Ariel, 1985. p. 166.

KEESING, R.G. “La Historia del manzano de Newton” en Contemporary Physics, XXXIX (1998), pp. 377-91.

PANNEKOEK, A. History of astronomy. New York: Dover books, 1989.

PEREZ DE LABORDA, A. “Kepler y Galileo: la ciencia moderna” en Cuadernos Salmantinos de Filosofía, VI (1979), pp. 31-46.

RUBIO MERINO, P. El Seminario Conciliar de San Atón. (1664-1964). Madrid: Artes gráficas Maribel, 1964, pp. 304-310.

SAMSÓ, J. “Abraham Zacuto y la astronomía europea en el mundo árabo-islámico” en Revista de Investigación y Ciencia, CCCXXII (2003), pp. 68-75.

SOLAR Y TABOADA, A. El Seminario de San Atón de Badajoz. Badajoz, 1945, pp. 85-89.

 

[1] Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española. Diccionario de la lengua española. 23ª ed. Madrid: Espasa, 2004.

[2] PANNEKOEK, A. History of astronomy. New York: Dover books, 1989.

[3] DEYERMOND, A. Historia de la literatura española I. Barcelona: Ariel, 1985. p. 166.

[4] TEKELI, S. Biography in Dictionary of Scientific Biography. New York, 1970-1990. (voz: Al-Khujandi).

[5] SAMSÓ, J. “Abraham Zacuto y la astronomía europea en el mundo árabo-islámico” en Revista de Investigación y Ciencia, CCCXXII (2003), pp. 68-75.

[6] PEREZ DE LABORDA, A. “Kepler y Galileo: la ciencia moderna” en Cuadernos Salmantinos de Filosofía, VI (1979), pp. 31-46.

[7] ARRUTI, A. “La rebelión de los astrónomos: Copérrnico y Kepler” en Nueva revista de política, cultura y arte, LXXVI (2001), pp. 83-85.

[8] BERNAL GONZALEZ, A. “Plutón y las Leyes de Kepler” en Tribuna de Astronomía: revista de Astronomía, Astrofísica y Ciencias del Espacio, LXXX (2006), pp. 68-69.

[9] KEESING, R.G. “La Historia del manzano de Newton” en Contemporary Physics, XXXIX (1998), pp. 377-91.

[10] A.S.M.M.B. Sección Gobierno, Constituciones (1783-1797).

[11]Libro de contabilidad del Seminario Metropolitano San Atón (1783-1789), fol. 123 en ASMMB.

[12] SOLAR Y TABOADA, A. El Seminario de San Atón de Badajoz. Badajoz, 1945, pp. 85-89.

[13] RUBIO MERINO, P. El Seminario Conciliar de San Atón. (1664-1964). Madrid: Artes gráficas Maribel, 1964, pp. 304-310.

[14] BLANCO COTANO, M. El primer centro Universitario de Extremadura: Badajoz 1793. Historia pedagógica del Seminario de San Atón. Cáceres: Universidad de Extremadura, Servicio de Publicaciones, 1998, pp. 218-222.

[15]A.S.M.M.B. Sección Gobierno, Constituciones (1783-1797).

Dic 242020
 

 

Luis Vicente Pelegrí Pedrosa

 

Toda la historiografía, clásica y actual, asume la imagen de Gonzalo Pizarro como un promimente hidalgo trujillano, coronel, destacado militar en las guerras de Granada, de Italia junto al Gran Capitán y viejo guerrero indómito que muere peleando en la guerra de Navarra. Padre de una numerosa prole bastarda, fruto de aventuras extramatrimoniales. Llamado, «el Largo»; «el Tuerto» y «el Romano»[1]. El estudio pormenorizado de las fuentes y la resolución de contradicciones que, hasta ahora se han pasado por alto, ofrece una nueva visión y permite contrastar la realidad con el mito que tiene un momento concreto de creación. Es una de las claves del tópico que denominamos al estilo de fundador de saga, con amplio eco historiográfico y que pretendemos desmontar con este trabajo. La «deconstrucción» del mito del «coronel Pizarro», paradójicamente, contribuye a completar la biografía de su hijo bastardo nunca reconocido: Francisco Pizarro, conquistador del Perú, durante el período de su juventud y comienzo en las armas que, hasta ahora, se podía llamar «los años perdidos» y que, creemos, ya se pueden denominar «los años encontrados». Revisamos toda la información biográfica disponible sobre el personaje, en dos ámbitos: uno, su origen familiar y contexto social; y, otro, su carrera militar. En los títulos de los apartados de este trabajo expresamos los tópicos que rebatimos.

El contexto social de partida: los antecedentes familiares colectivos, la posición heredada, por un lado; y el prestigio y el ascenso económico y social, personal e individual, conseguido, o no, por otro lado, marcan la distancia entre el éxito o la continuidad. A su vez, el estatus de cada uno de los miembros del linaje variaba según fueran o no mayorazgos, o herederos y cabezas de principales bienes de la familia, y según la fortuna pesonal y las red de contactos de cada uno de ellos. Podemos dividir el marco vital de Gonzalo Pizarro en dos momentos y escenarios principales, como se va a demostrar: en Trujillo, la mayor parte de su vida, salvo alguna campaña bélica, y la última década en la guerra de Navarra.

 

 

 

 

1- Un hidalgo prominente y prolífico padre extramatrimonial.

Para acarcarnos a la cronología vital de Gonzalo Pizarro hay que recurrir a la comparativa con la de sus hijos, conquistadores del Perú, natural, Francisco Pizarro; y legítimo, Hernando Pizarro; así como hay que atender a su su trayectoria militar. Si consideramos que pudo tener a su hijo Francisco, cuando él contaba en torno a 20 años y si, según las fechas más seguras, éste nació entre 1478 y 1482, podemos concluir que Gonzalo Pizarro nació hacia 1460, o como muy pronto, entre los años finales de la década de 1450. Por tanto, cuando se supone que prestó servicios en la Guerra de Granada se encontraría en la veintena de años. Cuando se casó en 1503 y, a finales de ese año o principios del siguiente, tuvo a su hijo Hernando, se encontraría comenzando la cuarentena[2]. En la contienda de Navarra, se hallaba en la cincuentena. Por todo ello, la edad más posible de su fallecimiento, en 1522, se sitúa en torno a los 62/65 años. Paradójicamene, muy próxima a la de su hijo bastardo que nunca reconoció  ni legitimó, pero que le superó con creces en méritos militares y en fama

Gonzalo Pizarro y Rodríguez de Aguilar, fue hijo de Hernando Alonso Pizarro y de Isabel Rodríguez de Aguilar. Nieto de Hernando Alonso de Hinojosa y de Teresa Martínez Pizarro por el lado paterno; y de Juan Rodríguez de Aguilar y de Leonor Trapero, por el materno. Los antecedentes más antiguos conocidos de sus apellidos en su línea directa de ascendencia son los que se describen a continuación. Por línea paterna, Diego Hernández Pizarro, su bisabuelo, casado con Sevilla López de Carvajal. A partir de abuela Teresa, ya nombrada, hija de los anteriores, el apellido Pizarro le llega por vía femenina, quién además lo antepuso a sus hijos sobre el de su marido. Por línea materna, el apellido proviene de su bisabuela, Inés Rodriguez de Aguilar, casada con Benito Hernández Altamirano, hijo a su vez de Sancho Hernández Altamirano y Juana García Caballero, tatarabuelos de nuestro protagonista quién, gracias, por tanto, a la ascendencia materna, entronca con el linaje más preeminente de Trujillo.[3] Si tenemos en cuenta un plazo vital de reproducción de unos 25 años por generación, tendríamos, partiendo de la cronología de Gonzalo Pizarro, como años más probables de nacimiento de sus padres, en torno a 1430-35, de sus abuelos hacia 1410-1400 y de sus bisabuelos: 1375-1380. De hecho, los datos que conocemos de algunos de ellos, por los memoriales genealógicos familiares, nos aproximan a esta afirmación. El padre, Hernando Alonso Pizarro estaba vivo en 1477, cuando relizó una venta.[4].

Tuvo dos hermanos, Diego y Juan Pizarro; y tres posibles hermanas: Isabel Rodríguez de Aguilar, Inés Rodríguez de Aguilar y Estefanía de Vargas.Todas ellas poseen nombres y apellidos por parte materna, pero también coinciden con los apellidos de la familia de su mujer[5]. Desconocemos que lugar ocupaba por edad, entre los hermanos. Vamos a tratar del tema al estudiar los nombres familiares. Sólo tenemos noticias documentales ciertas de su hermano Juan que emigró a Indias, hacia 1502, cuando nuestro protagonista preparaba su boda, como veremos, y fue econmendero en Santo Domingo que murió sin sucesión y al que heredó, como es sabido[6]. Estefanía de Vargas, puede que no fuera hermana. Había muerto en 1536. En el testamento de ese año de su hijo, Juan Pizarro, figura como difunta. La menciona como tía, pero puede ser perfectamente tía política[7]. De hecho, en nuestra opinión la expresión «mi hermana» que usa el capitán Gonzalo Pizarro, también en su última voluntad, puede referirse a hermana política, o sea cuñada. La razón principal del argumento: el apellido Vargas pertenece a su familia política y ese mismo nombre corresponde, en la misma generación a una hermana de su madre, como vamos a tratar al ocuparnos de las relaciones con la familia de Isabel de Vargas.

 

Las fecha de matrimonio de Gonzalo Pizarro está clara. El 29 de julio de 1503, en la puerta de enmedio de Santa María la Mayor de Trujillo, Fernando Alonso Villarejo, clérigo, vicario, lugarteniente del arcipreste “ende presentes Gonzalo Pizarro e Isabel de Vargas, su esposa». Hicieron presentación de las dispensa del provisor general y vicario en lo espritual del obispado de Plasencia, “por la autoridad apostólica, yo obe dispensado y dispensé a Gonzalo Pizarro e Isabel de Vargas, vecinos de la ciudad de Trujillo, para que, no obstante el impedimente de consanguinidad que entre ellos había de segundo e tercer grado, puedan casar por palabras legítimas de presente, según que más por extenso se dice”. Previamente recibieron sentencia absolutoria, en Plasencia, a cuya diócesis pertenecía Trujillo, el 24 de marzo de ese mismo año: “Yo absolví a los dichos Gonzalo Pizarro, estando presente, e a la dicha Isabel de Vargas, absente (…) de la sentencia de excomunión en que incurrieron por se haber esposado estante el dicho impedimento, por la presente doy licencia en facultad».

Por tanto, el matrimonio fue excomulgado por no haber pedido licencia previa de consanguinidad que, una vez obtenida, fue de nuevo celebrado. Si la suspensión de la primera ceremonia se realizó el 24 de marzo de 1503, quiere decir que ésta se efectuó antes de esa fecha. Este dato es muy importante para calcular la fecha de nacimiento del primogénito, el futuro conquistador Hernando Pizarro que, por las fechas de concepción, pudo haber nacido a fines de ese mismo año. Éste es un aspecto se había pasado por alto hasta ahora.

Su legítima mujer, Isabel de Vargas y Rodriguez de Aguilar, hija de Inés Rodríguez de Aguilar y de Hernando de Vargas,  era su tía segunda; ya que era prima hermana de su madre que se convirtieron así en nuera y suegra[8].  El abuelo materno de Gonzalo, ya citado, y la madre de su mujer, eran hermanos.  Por tanto, el entronque común de ambos cónyuges eran los bisabuelos de él, a la vez que abuelos de ella, los ya citados Benito Hernández Altamirano e Inés Rodríguez de Aguilar. Su edad de matrimonio fue bastante tardía para la época, con más 40 años, como se ha dicho. Esta circunstancia, la consanguinidad con la novia y la diferencia de edad con la novia, ya que era una generación mayor, tiene toda la apariencia de un matrimonio convenido entre familias del mismo linaje de los Rodríguez de Aguilar, aunque se pudieran aproximar en edad los contrayentes, porque la novia puede que fuera la menor de entre sus hermanos[9]. No obstante, no hubo unanimidad en la aceptación del novio dentro de la familia de ella[10].

Los familiares de la novia se dividieron a favor del enlace, las mujeres: la madre; Inés Rodríguez de Aguilar y las hermanas Leonor de Vargas y Estefanía de Vargas; en contra, los hombres: los hermanos Sancho y Gonzalo, este último para más abundamiento homónimo del novio y con una característica que nos va a ayudar a arrojar luz sobre otro tópico de Gonzalo Pizarro. Y para la oposición de éstos se apresuró la celebración del matrimonio. Esta premura explicar el hecho de obviar la consanguinidad que derivó en nulidad. Quizá podamos suponer que por denuncia de alguno de los opositores al enlace.[11] Con ese dato sobre Estefanía, confirmamos que era cuñada y no hermana del capitán Gonzalo Pizarro, como adelantamos más arriba.

 

Por otro lado, la nómina de testigos nos aproxima a las relaciones personales y familiares del contrayente. Fueron, Juan Nuñez de Prado, Juan de Chaves, Nuño de Chaves, Martín de Chaves, Diego García de Chaves, Francisco de Gaete. Firmas de ambos apellidos eran habituales en documentos de los Pizarro, según Canilleros, y tal y como vamos a verificar más adelante[12].

 

El matrimonio tuvo poca duración, poco más de cinco años, debido a la prematura muerte de Inés, en 1508[13], un año después que su madre[14]. Esas fechas nos sitúan de pleno en el contexto de  epidemia que asoló Castilla por esas fechas. Llama la atención, por tanto, lo mayor que se casó; la diferencia, de casi una generación entre el primogéntico bastardo, Francisco, y el promogénito legítimo, Hernando; y que todos los hijos habidos fuera de matrimonio no fueron fruto de relaciones de juventud, que podría ser más común, sino en la madurez, una vez quedó viudo[15].  Incluso fundó una nueva familia en Pamplona, como se verá, a pesar de los hijos bastardos y legítimos que dejó en Trujillo.

 

Gonzalo Pizarro tuvo once hijos e hijas con mujeres distintas: Francisco Pizarro, con Francisca González Mateos; con Isabel de Vargas y Rodríguez de Aguilar, su legítima mujer, ya nombrada: Hernando Pizarro, Isabel de Vargas, Inés Rodríguez de Aguilar; con María Alonso: María de Aguilar, Juan Pizarro y Gonzalo Pizarro; con María de Biedma: Graciana y Catalina Pizarro; y con una mujer desconocida: María y Francisca Rodríguez.[16] La única mujer legítima, como se ha visto pertenecía al estamento hidalgo, igual que él, el resto eran plebeyas[17]. El testamento de uno de los hijos menores, Juan Pizarro, sirve para argumentar la estrecha relación general que existió tanto entre todos los hermanos y que parece fomentó el padre. El testamento de nuestro protagonista, como «pantalla» final de toda una trayectoria recoge la ya repetida tendencia de preocuparse y acordarse de todos sus hijos menos del ilegítimo mayor. Incluso no olvida a sus «hijas navarras», María y Graciana. Envía, a sus albaceas en Trujillo, dotación para casarse o ser monjas. Para la otras dos hijas, de madre desconocida, María y Francisca Rodríguez, monjas. De todas ellas, y de que se cumpliera el destino social dispuesto, debían encargarse Estefanía de Vargas e Inés Rodríguez[18].

 

El estudio de la nomenclatura de nombres y apellidos personales, cuando no había unas reglas legales fijas, es muy interesante para determinar, tanto las vinculaciones afectivas con los familiares y ancestros, como para conocer el lugar de cada uno en la sucesión de bienes y derechos dentro del linaje. En su generación, Gonzalo y sus hermanos, Diego y Juan reciben el primer apellido paterno. Sin embargo, las  tres hermanas: Isabel, Inés y Estefanía,  reciben los apellidos por parte de la madre, la dos primeras el primer apellido: Rodríguez de Aguilar; y la tercera, otro del linaje materno: Vargas. Mientras que en la generación de su padre tanto aquél, como su hermano y dos hermanas recibieron el Pizarro de Hinojosa de primer apellido, resultado de anteponer el primer de la madre de todos ellos, Teresa Martínez Pizarro, al Hinojosa de su marido: Hernando Alonso de Hinojosa[19].

Gonzalo Pizarro mantuvo la misma regla. Los hijos e hijas, incluidos los conquistadores, ostentaron todos el apellido Pizarro, menos sus dos hijas legítimas, Isabel de Vargas e Inés Rodríguez de Aguilar , que llevaban en primer lugar respectivamente el primer y segundo apellido de la madre. La primera era además homónima de ella y la segunda lo era de su tía paterna.

Era tradición entonces, y lo siguió siendo durante siglos, en Extremadura y en el conjunto de Castilla, imponer al hijo primogénito el mismo del abuelo paterno. Sin embargo, nuestro protagonista no sigue esta norma, ya que su abuelo, como se ha visto, era Hernando Alonso de Hinojosa. Para encontrar ese hombre hay que retraerse hasta tres generaciones atrás, a un bisabuelo paterno, Gonzalo Díaz, Casado con Francisca Alonso de Hinojosa, ya citados. Tampoco ninguno de sus hermanos lleva el nombre de Hernando, dominante en el linaje de los Hinojosa. Aunque se pudiera conjeturar que el cambio, en la nomenclatura familar, fuera resultado del mismo que impuso Teresa Martínez Pizarro en los apellidos. Es significativo que el nombre de su hermano Diego provenga también de tres generaciones atrás, del padre, ya nombrado, de su abuela Teresa. Por tanto, éste último evoca prioritariamente la ascendencia de los Pizarro, mientras que Gonzalo con su nombre recuerda la ascendencia en origen de los Hinojosa, sin que esta dualidad nos permita averiguar cual de los dos era mayor y tenía prelación en su generación.

Gonzalo sí respetó la tradición de dar el nombre del abuelo paterno a su hijo primogénito y legítimo, Hernando Pizarro y Vargas, el otro conquistador destacado del incario. El nombre Hernando también lo debe a su abuelo materno, es decir, por parte de los Vargas; de quienes recibió también la ascendencia Bejarano, el segundo linaje histórico más destacado de Trujillo por su bisabuelo, Juan Alonso Bejarano, casado con Leonor Alonso de Vargas e hijo, a su vez, de Sancho Ximénez Bejarano y de Isabel López de Carvajal.

De sus hijos con María Alonso, le dio a uno su nombre, futuro conquistador del Perú junto a sus otros tres hermanos. De sus dos hijas con María de Biedma, a una le dio el nombre de su tía paterna, Gracia Pizarro de Hinojosa. Ese nombre ya venía de la hermana de su abuela paterna, Teresa Martínez Pizarro (Apéndices). Los demás nombres de sus hijos, varones y mujeres, María, Francisca,  Francisco, Juan, eran abundantes en el santoral de cualquier linaje, y el de Francisco-Francisca, tenía antecedentes, tres generaciones atrás al progenitor, como se ha visto, con Francisca Alonso de Hinojosa[20].

Los Pizarro formaban parte de la hidalguía, auténtica «clase media» en la sociedad rural castellana, entre la nobleza y el pueblo llano, con propiedades pero no las suficientes como para vivir de rentas. Las principales salidas profesionales y vías de progreso para un hidalgo, sobre todo si no era mayorazgo, se ceñían a la pluma: ser funcionario del Rey; la cruz y la Iglesia; las armas y el Ejército. Ésta fue la vía de promoción pesonal que escogió Gonzalo Pizarro que por su condición social, como miembro más bajo del estamento nobiliario, podía optar al rango de capitán y, más dificilmente, al de coronel aunque, con méritos de guerra se podía ascender a éste puesto que, como vamos a demostrar, nunca alcanzó nuestro protagonista. Gonzalo Pizarro pertenecía a una rama secundaria de los Pizarro por línea materna y su apellido de origen era Hinojosa, como hemos comprobado[21].

Sobre su promoción en el poder político, según Mira Caballos, a partir de los datos ofrecidos por Fernández-Daza, Gonzalo Pizarro fue regidor de Trujillo en 1486[22]. Mantenemos nuestas reservas sobre esta circunstancia, como vamos a tratar en otro apartado. A cerca de su posición económica, contamos, como balance de una vida, con la referencia de bienes y propiedades que Gonzalo Pizarro, lega en su testamento. Declara tener tres propiedades «heredamiento de la Zarza, con todas sus pertenencias, molino e cerca , e casa e tierra, e ansimismo las casas que yo tengo en Trujillo», y la «posesión de Valmesado»[23]. El heredamiento de la Zarza tenía también viña y huertas Con las dos primeras propiedades, formó un mayorazgo que heredó su hijo primogénito legítimo, Hernando Pizarro. La casa sería incoporada por éste al actual palacio de la Conquista, como es sabido. La tercera posesión, se repartió entre sus tres hijos legítimos y herederos, ya conocidos, Hernando, Isabel de Vargas e Inés Rodríguez de Aguilar. No era un gran caudal, pero en una sociedad donde la mayoria de la población, rural y campesina, carecía del principal recuso, la tierra, es una base notable de riqueza y de prestigio. La propiedes de la Zarza son heredadas y, por exclusión, y si no hay mención de que lo fueran también la casa de la Plaza y la posesion de Valmesado, hemos de concluir que éstas últimas propiedades fueron adquirida por él[24].

Entre sus vías principales de ingresos se encontraban, tanto su sueldo de capitán como las posibilidades de negocio que le facilitaron sus cometidos oficiales, en Navarra, tal y como tratamos más adelante; así como las posibilidades de botín que daban los usos de la guerra: «compré a varios soldados del saco en la ciudad de Nájera, -1521- de suso, unas cuentas gruesas de, ambar en ocho reales, e un cofrecillo con dos llaves, todo lo cual vale más de lo que yo di por ello, mando que se vuelvan a sus dueños, pagando lo que yo di por ellos»[25]. Por otro lado, las numerosas mandas piadosas que ordena en su testamento reflejan los valores cristianos de caridad y, a la vez, de ostentacion social de las que estaba obligado a hacer gala un hidalgo[26].

 

2.-«El coronel y viejo guerrero». El tópico del «Romano» y el «Tuerto».

           

               Los motes, junto a rasgos físicos, como ser tuerto, eran, en la época, señas de identidad para reconocer a las personas, muy extendidos entre los convecinos de una población. Y más en una ciudad mediana como se puede considerar a Trujillo a principios del siglo XVI, en el conjunto de la Corona de Castilla. A pesar de ello, ninguno de los testigos de las informaciones que vamos a analizar y que le conocían bien a él y a su familia, aluden a Gonzalo Pizarro como «el tuerto» ni como «el romano»; sólo uno de ellos lo menciona como «el largo». De hecho, éste es el único mote que conocemos en las fuentes documentales, asociado sin ningún tipo de duda a nuestro protagonista y el que nos parece más auténtico, como vamos a demostrar.

El análisis de los motes corre parejo al de las acciones guerreras en las que se implica a Gonzalo Pizarro. La única noticia que tenemos, en una fuente directa, sobre la posible presencia de Gonzalo Pizarro en la Guerra de Granada, se debe a García Torvisco, un testigo en la Información del linaje de Francisco Pizarro, para obtener en hábito de Santiago, realizada en Trujillo el agosto de 1529, cuando el conquistador preparaba su capitulación y salto definitivo al incario:

Supo e vido, este testigo, que en tierra de moros, Gonzalo Pizarro, padre del dicho capitán, fue     tres      veces desafiado de moros en Loxa y en Veles Málaga e que salió todas tres veces al desafío, e todas       tres veces venció y ansí cree este testigo e tiene de cierto que, siendo el dicho capitán, hijo de tal         padre que, si oviera sido desafiado que obiera salido al desafío, que esta es la verdad de lo que             sabe     cree vido, oyo dezir, e al presente se le acuerda[27].

 

Para Porras Barrenechea, el testigo es tan directo que incluso lo considera un escudero de Gonzalo en aquella contienda[28]. Hay una paradoja en esa afirmación que se contradice con su ejercicio como regidor de Trujillo, como se anunció. Si estuvo en la toma de Loja y de Vélez Málaga, 1486-1487, dificilmente pudo ser, por esas mismas fechas, regidor en Trujillo. Y, al revés, si fue regidor, no pudo estar presente en esos dos acontecimientos bélicos, salvo que contase con una licencia específica. Por lo tanto, una de dos: o no tuvo el peso que se le ha supuesto en la oligarquía local o, tal vez, ni siquiera participó en la Guerra de Granada.

Por otra parte, ¿cuándo pudo quedar tuerto? Si acaso hubiera sido en la Guerra de Granada, cabe preguntarse, ¿un capitán lisiado, aunque sólo fuera por esa tara, con más de 50 años, podría haber optado a un puesto de combate en la Guerra de Navarra, siquiera a puestos de intendencia y retaguardia, como vamos a ver? Nuestra respuesta, más intuitiva que argumentativa es: no, difícilmente. En nuestra opinión, nunca estuvo tuerto. ¿De dónde puede provenir el tópico, entonces?.

Ambas paradojas pueden tener una solución si reinterpretamos una información que da Muñoz de San Pedro en su estudio sobre la familia política del capitán[29]. Sus dos cuñados, Sancho y Gonzalo participaron en la Guerra de Granada. El segundo además era apodado «el tuerto» porque perdió un ojo en un duelo ¿pudo confundir el testigo García Torivisco a uno y a otro, y de ahí la tradición errónea de suponer tuerto a Gonzalo e incluso dar por hecha su presencia en la guerra granadina? Es una hipótesis muy posible. Es difícil tanta coincidencia de dos paisanos homónimos y coetáneos, que sufrieran la misma mutilación en la misma guerra.

En la Información que se realizó en Trujillo, en abril de 1534, para ser armado Hidalgo Pizarro caballero de Santiago, en un interrogatorio similar y con el mismo fin al que encargó su hermano cinco años antes, Hernando de Orellana, convecino y amigo de la familia expone:

A la primera pregunta dijo que conosce al dicho Hernando Pizarro, de más de treinta años a esta parte, e sabe que es natural de la dicha cibdad, hijo de Gonzalo Pizarro el largo, que llamaban, y           de        Isabel de Vargas, su mujer, ya difuntos, vecinos que fueron de esta dicha cibdad, a los cuales    conoció este testigo muy bien de vista e trato que con ellos tovo»[30].

Podemos aportar otra prueba directa de época sobre el apelativo «el largo». Se halla en los documentos que manejó el conde de Canilleros, en su archivo familiar, para su trabajo, ya citado, sobre la mujer del capitán Pizarro, al referir las discordancias de los hermanos en relación al enlace entre Isabel de Vargas y Pizarro «que dijeron el Largo»[31]. Suponemos es una referencia a su elevada estatura. Su hijo natural, Francisco, está demostrado que era alto para aquella épocacomo refieren las crónicas y demuestran los estudios antropológicos de sus restos[32].Y Hernando era también corpulento. Esa característica pudo ser un rasgo genético heredado por sus hijos y que justifica ese mote en el padre.

En otra investigación anterior ya descartamos la participación de Gonzalo Pizarro en la segunda guerra italiana del Gran Capitán y en la campaña de Cefalonia, 1500-1504, durante la cual se forjó como militar su hijo bastardo y futuro conquistador del Perú[33]. La prueba más evidente de que no tomó parte en aquella guerra es que, el año álgido de la misma, 1503, -batallas de Ceriñola y Garellano- estaba preparando su boda en Trujillo, como vamos a ver. Esta paradoja había sido pasada por alto por toda la historiografía hasta ahora. Es más, si el Gonzalo Pizarro que menciona el alarde de 1502, que revistó a los caballeros movilizables de Trujillo, y que estudió Ladero Quesada[34], es nuestro protagonista, hay más motivo todavía para descartar su presencia en Italia, y por el contrario, probar su estancia en su ciudad natal por esos mismos años.

Por otro lado, no tenemos pruebas directas para afirmar que estuviera en la primera, de 1494 a 1498. Sólo contamos, como indicio, con la única posible mención directa en un documento a su apelativo «el Romano», en el citado alarde de 1502[35] Desde luego de lo que carecemos realmente es de evidencia alguna que justifique ese mote, en relación a la versión de su estancia en la capital vaticana, como supuesto guardián del castillo de «Sant Angelo», a pesar de su amplia difusión historiográfica[36].

La primera referencia a este tópico, como otros, tiene su punto de partida en la obra panegírica «Varones ilustres del Nuevo Mundo», escrita por su bisnieto: Fernando Pizarro de Orellana, publicada en Madrid, en 1639, de la que vamos a tratar, plagada de inexactitudes, pero que ofrece muchas pistas para investigar y reescribir la biografía de los Pizarro[37]:

Por esta causa, pocos años que apenas pasaba de los diez y seis, pudo acompañar a su     padre en las             guerras de Italia y Francia: donde asistió mucho tiempo, hallándose como alférez de su padre, en todas las facciones importantes que se ofrecieron. Estas fueron          muchas, porque, como dicen Zorita y otros historiadores, en las compañías de Pizarro, Zamudio y Villalva, libraban los          capitanes generales de sus Magestades los buenos sucesos, y el dichoso fin de ellos acreditaba sus        esperanzas».

En esta obra debieron apoyarse los litiganges para incorporar datos fehacientes el otros genealógicos que, a todas luces son manipulados en el ya citado Memorial[38]:

El testamento del mismo Hernando Alonso que en el pleito antiguo de thenuta presentó don Gregorio       de Tobar, otorgado por testimonio de   González de Guadalupe, escribano público de la Puebla de     Santa María de Guadalupe, en ella, a día 5 del mes de enero de 1476, en el cual declara por sus hijos        legítimos y de Isabel Rodríguez, su mujer, a Gonzalo, Juan y Diego Pizarro, a quienes instituye por        sus únicos y universales herederos, expresando que dicho Gonzalo se hallaba sirviendo en las guerras de Italia. Qué con Juan había tenido muchos gastos en darle buena enseñanza y estudio y que Diego le había servido, como buen hijo, más tiempo que los demás hasta que tuvo casamiento.

 

La guerra de conquista de Navarra se extendió, con diversa intensidad, durante más de una década. 1512 fue año de combates casi contínuos, tras la rápida conquista del reino, en poco más de dos meses, en verano, por las tropas del Duque de Alba, enviado por Fernando el Católico y el derrocamiento del rey Juan III Albret, coaligado con el rey de Francia, Luis XII. Inmediatamente se produce la primera contraofensiva francesa y rebelión de una parte de la nobleza y de las ciudades navarras, en el último trimestre de ese mismo año. La nobleza y navarros beaumonteses eran partidarios de Castilla y Aragón y los agramonteses lo eran de Francia. Desde diciembre se extendió un período de  reorganización del poder en el reino, salvo choques puntuales, y operaciones mútuas de hostigamiento y saqueo con  pequeños combates y escaramuzas, salvo la breve y efímera alteración de marzo de 1516. Sin embargo, la tercera contraofensiva, que llevó al repliegue de las armas españolas de casi todas las principales ciudades, hasta la definitiva reconquista,  prolongó la guerra abierta durante más de un año:  de mayo de 1521 a julio de 1522. En este momento tienen lugar:  el cerco francés de Logroño, del 5 a 11 de junio de 1521;  las principales y más sangrientas batallas campales, como la de Noáin, el 30 de ese mismo mes, y la toma del castillo de  Maya, el 19 de julio de 1522, que cierra lo más crudo de ese ciclo; si bien, la resistencia se prolongó, ultrapuertos, en la Baja Navarra, casi dos años más. Por tanto, entre los cuatro momentos, propiamente dichos de guerras y operaciones militares, se intercalan otras tantas etapas  de pacificación  y  relativa tranquilidad[39].

Los documentos oficiales, que vemos más adelante, no permiten situar a Gonzalo Pizarro en el escenario bélico antes de enero de 1515, pero el análisis de las crónicas sí. Gracias  a la obra del cronista real de Fernando el Católico, Jerónimo Zurita, aparece citado en el contexto de noviembre de 1512, después de la rápida y exitosa conquista del reino por el duque de Alba y durante los movimientos castellano-aragoneses para frenar la  primera contraofensiva franco-navarra y levantar el cerco de Pamplona que duró todo ese mes. La narrativa de la crónica permite deducir que nuestro protagonista no se encontró sitiado, dentro de la capital, sino que formaba parte de las tropas que acudieron en su auxilio y provocaron que el enemigo levantase en campamento y se retirase, antes de sufrir un movimiento envolvente de contracerco[40].

Luego que el duque de Nájera tuvo la nueva de ser cercada Pamplona, el mismo día mandó apercibir       todo el ejército, con propósito de ponerse en lo alto de la sierra, porque si tal dispusición hubiese,            quería dar en el real de los franceses: o tomar un fuerte, de donde pudiese quitarles las vituallas.           Envió a don Álvaro de Luna, y a Pedro Ruiz de Alarcón, y a Pizarro, que descubriesen el campo: y    reconociesen los pasos hacia la parte de Huarte de val de Araquil: porque por allí les entraban a los       franceses los bastimentos: y también para que viesen si se podía subir la artillería en lo alto de la          sierra, porque esto los detuvo que no pasase aquel día el   ejército, a ponerse a vista de la ciudad.       Entretanto que los franceses aderezaban las cosas necesarias para dar el combate

 

Y en la segunda ocupación y pacificación del reino[41]:

 

En el principio del año del Nacimiento de Nuestro Señor de 1514 tuvo el marqués de Comares aviso,      que el rey don Juan de Albret tenía trato con algunos soldados de S. Juan de Pie del Puerto, para que       enclavasen la artillería: y se le diese entrada en la fortaleza. Esto se descubrió por uno dellos al               capitán Gonzalo Pizarro:

 

Confeccionando un extracto, a partir del propio inventario del Fondo Rena, del Archivo General de Navarra, obtenemos las siguiente relación de nueve expedientes[42]. En total, distinguimos trece documentos, extendidos a lo largo de 8 años de forma contínua, de 1515 a 1522 y que pueden agruparse en 9 expedientes principales, que tratan de cuatro asuntos principales, :  1) Obras en la fortaleza de San Juan Pie de Puerto, y objeciones en el empleo del dinero al efecto.- 2) Cobro de atrasos en sueldos.-  3) Negocios mineros.- 4) Compra de una capitanía.- Los primeros asuntos podemos calificarlos de oficiales, en función de su cargo, principalmente, y los otros dos son más particulares[43].

Gonzalo Pizarro encontró la fortaleza de San Juan de Pie de Puerto, a donde fue destinado, desprotegida y en lamentable estado. En marzo de 1516 solicitó fondos para su reparo que recibió, 200 ducados. El «veedor general de obras» debió de poner algún reparo al empleo de los mismos, porque el  6 de junio de 1517 recibió orden de devolver esa cantidad al pagador real -Real Cédula de la reina Juan y de Carlos I-. Gonzalo se negó a reintegrarlos, alegando que se habían empleado en «servicio de sus Altezas», bajo orden del virrey de Navarra, duque de Nájera. Más de dos años después, Juan Rena se los seguía reclamando -requerimiento y comparecencia de ambos ante notario, en Pamplona, el 19 de noviembre de 1519-.

Las órdenes de demolición o, por el contrario, de reconstrucción y mantenimiento de fortalezas coinciden con las etapas de rebelión y pacificacion respectivamente para evitar que navarros y franceses las utilicen en el primer caso y para guarnecer el reino en el segundo caso. En la primavera de 1516,  el cardenal Cisneros, regente de Castilla, ordenó derribar todas las fortalezas, incluidas las pertenecientes a los aliados navarros beaumonteses,  salvo algunas consideradas estratégicas. Por otro lado, se remozaron las del cinturón pirenaico, pero sobre todo las defensas de Pamplona. En ese contexto, recibió Gonzalo Pizarro el encargo de remozar la fortaleza de San Juan de Pie de Puerto. En noviembre de 1521 Carlos I, de nuevo, ordenó el derribo de las fortalezas que aún quedaban en pie, manteniendo únicamente las de Pamplona, Estella y Puente la Reina. Por contra, en marzo de 1522 los españoles volvieron a tomar Roncesvalles con su derribo parcial y fortificación. Es  la situación que describen las libranzas de pago de  ese año a su favor: «por derrocar la fortaleza de Monreal, los muros de Lumbier, y tomar la casa de Roncesvalles».

El atraso en el pago de las soldadas era frecuente motivo de motines en los ejércitos. Gonzalo Pizarro esperó pacientemente los atrasos que le debía la hacienda militar en concepto de ayudas de costa y que podemos considerar como dietas y gastos ordinarios que tuvo que adelantar en el cumplimiento de sus misiones. Desde, por lo menos 1516, tenía concedidos anualmente: 25.000 maravedíes -90 ducados- Por si acaso se encontraba en algún destino, apoderó a Juan de Gamboa, en Pamplona, en septiembre de 1520, para poder cobrar. Eso no ocurrió hasta justo un año después, cuando recibió la cantidad correspondiente a 1518: «y hasta agora no le han seido pagados a costa de las alteraciones pasadas»;. El último pago que había recibido, hasta entonces, por este concepto, fue el del año anterior y aún le debían, cuando  cobró, las del siguiente ejercicio, 1519. 4 de agosto, 3.258 mrs, -12 ducados que adelantó el año anterior a «ciertas gentes de esas compañias, cuando entraron los franceses en el reino», que se asentó en los «Libros del sueldo». Lo que parece indicar que socorrió con dinero a algunos compañeros de armas y tenía solvencia económica para ello[44].

Los asuntos de índole particular de Gonzalo Pizarro tratan de sus negocios, invirtiendo en una explotación minera, al alza entonces, y en la adquisición de un compañía: no hay que olvidar que un capitán era un «empresario de la guerra» a riesgo y ventura propios. Él y Pedro de Malpaso[45], veedor general de obras del reino de Navarra, acordaron solicitar, en sociedad  y repartirse por mitad, el monopolio de los derechos de explotación minera del reino. No dio tiempo a la concesión por la muerte del rey a Fernando el Católico, en enero de 1516, lo cual indica que el acuerdo es anterior a esa fecha. Malpaso volvió a  pedirla con un nuevo socio a los nuevos reyes: Juana y Carlos I que se la otorgaron. Pizarro le reclamó y llegaron a un acuerdo: Malpaso le cede casi la mitad de su participación, a cambio de retirarse del negocio, que luego el propio Pizarro traspasó a Juan Rena, a título particular, por valor de 16 ducados. No parece que tuviera perspectivas muy lucrativas el negocio. -Concordia del 28 de agosto de 1519 y cesión del 9 de septiembre de ese mismo año-

En 1521, Gonzalo Pizarro compró una capitanía vacante, la del capitán Valdés[46], y pidió, al virrey, los 300 ducados para pago del precio de la misma, a través del pagador real, Juan Rena, -reconocimiento de deuda, 25 de noviembre de 1521- quién se comprometió a librarle esa cantidad en nombre del virrey, en fecha que, efectivamente, se cumplió -recibo, 7 de febrero de 1522-

por razón que vos el dicho capitán Pizarro disteis una carta al (del) señor conde de Miranda para los                  señores gobernadores en que les suplicasteis que la capitanía de Alonso de Valdés la den a la persona       que el dicho señor conde les suplicare Lo cual prometo de cumplir dentro del dicho término y que          directa ni indirecta no iré ni vendré contra ello y que dentro de diez días  primeros siguientes os daré        carta del dicho señor conde de Miranda para que libremente podáis sacar vuestra patente de la dicha          capitanía y que el dicho señor conde no será contra vos[47]

 

Aun así, Gonzalo Pizarro, debería de haber recibido una carta de pago, por haber abonado el precio de la capitanía. Sin embargo, recibió  todo lo contario, un libramiento por una cantidad equivalente para que la pagase No aparenta lógica el acto. No obstante, se puede plantear la siguiente hipótesis viable: Gonzalo Pizarro se cobró, en forma de patente de capitanía vacante, alguna cantidad que, para cumplir funciones de su cargo, adelantó de su propio bolsillo, como se puede comprobar que ocurió en otras ocasiones por otras cartas de libranzas de ese mismo año. Es más, tenemos la sospecha de que es la misma que recibe su hijo, Hernando Pizarro. Y que, una vez más,  nos encontramos, en ese tema, con otra de las mitificaciones del cronista familiar por excelencia.

De todas las fechas y acontecimientos descritos, en los que participa nuestro protagonista, podemos reconstruir el siguiente itinerario, durante la guerra de Navarra. En noviembre de 1512 participa en las operaciones militares para evitar el cerco francés de Pamplona, en la primera contraofensiva.  Todo parece indicar que estuvo destinado en  la fortaleza de Maya durante 1514, ya que se encontraba allí a principios de ese año y del siguiente. En marzo de 1516, a comienzos del segundo contraataque navarro-francés, lo encontramos destinado en San Juan de Pie de Puerto[48].     Las fechas de los documentos oficiales de 1519, entre el 28 de agosto y el 19 de noviembre, lo sitúan en Pamplona, puede que en una estancia continua, donde también se encontraba el 21 de septiembre de 1520.  Justo un año después, el 2  de septiembre de 1521, también se halla en la capital del reino. En ese caso no pudo tratarse de una estadía continua,  por la toma de esa ciudad por los franceses, en la tercera contraofensiva, en mayo, aunque fuera una ocupación efímera. A fines de ese año,  y principios del siguiente,  se desplaza en misión por Monreal, Lumbier  y Roncesvalles. De nuevo lo hallamos en Pamplona en 1522,  el 7 de febrero y el 14 de septiembre, día de su testamento.

Tuvo su residencia principal en Pamplona, durante su vida en Navarra. Los enseres que lega, rebelan algunos lujos de su mobiliario en las casas «donde posso»: «cinco varas de Londres» -telas-; «ropas de lienzo de camas, ansí como colchones, sábanas, colchas, paños, y otras ropas de cama cualesquier». «taza pequeña de plata de peso de un marco», «un jarro de plata» «dos cofres que yo tengo en la ciudad de Logroño». «Piezas de plata, seda y ropas de mi vestir». En esa casa casa convivía con su criada y madre de dos hijas, María de Viedma[49].

No es demostrable que muriera a consecuencia de  heridas sufridas en combate sino de posible enfermedad aunque fuera cerca del frente. ¿Por qué pensamos que no murió a consecuencia del cerco y toma del castillo de Maya, el 19 de julio de 1522?  Primero, porque no hay constancia directa documental de su participación en el mismo, ni siquiera referencia en su testamento, confeccionado poco más de dos meses después. Segundo, porque en la libranza, citada, del 4 de agosto, no hay ninguna referencia a mala salud o que tenga problemas para librar. Tercero, si hubiera estado de forma permanente en Pamplona, entre febrero y septiembre de ese año, tal y como puede indicar el hecho de su presencia en esos meses, no es viable siquiera su concurso en aquel acontecimiento bélico.

Dispuso que su entierro se realizase en la iglesia de San Francisco, de Pamplona y de allí se trasladasen sus restos a la iglesia mayor de Trujillo, o a la que allí dispusieran sus testamentarias ya citadas[50]. Su fecha de muerte, por tanto hay que situarla en torno a la de su testamento, el 14 de septiembre de 1522, por su precario estado de salud:

 

Estando presentes por testigos, Martín de Chaves, maestre de Campo; Hernando de Gina, tenedor de             bastimentos de este reino; e Gonzalo de Aponte, vecino de Trujillo; e Juan de las Cabezas y Cristóbal             Gutiérrez, vehedor de la gente de guerra, e Hernando de Medina, criado del dicho maestre de campo        e porque el dicho capitán Gonzalo estaba muy indispuesto de su persona y no se podía asentar en la           cama para firmar rogó a todos los señores testigos e testamentarios que firmaran por él, los cuales      todos firmaron». Y como testamentarios en Trujillo, los dos familiares más allegados, su hija Inés,     que tal vez fuera la mayor o en quién depositaba más confianza.

 

Los datos que ofrece esta cita son muy reveladores de las perspectivas y cometidos del capitán Gonzalo Pizarro en Navarra. 1) Los testigos, con quienes mantenía indudablemente una estrecha relación son mandos ante todo relacionados con funciones que podríamos asimilar a Intendencia e Inspección del Ejército, lo cual refuerza la idea, ya expuesta, de que los cometidos de nuestro protagonista se movieron prioritariamente en este ámbito. 2) Los dos paisanos presentes, fueron además albaceas testamentarios y se comprueba el estrecho lazo y vieja amistad personal que mantiene el maestre de Campo Martín de Chaves que, como explicamos, fue también testigo en su boda, en Trujillo, en 1503 y con quién pudo partir hacia Navarra[51].

Una vez que Gonzalo Pizarro salió de Trujillo, en 1512. Todo indica que se planteó una nueva vida en Pamplona, más allá de la contingencia de la guerra, como nueva oportunidad. Hubo cinco años de relativa tranquilidad y sin perspectivas de guerra cotínua. Sin combates, ni botín, había pocas posibilidades de prosperar para un soldado profesional con ambición, salvo adaptarse a un sueldo por tareas de retaguardia e intendencia que, por otro lado, eran más apropiadas para su avanzada edad para la época, en la cincuentena de años. ¿Por qué Navarra , y no cualquier otro de los muchos destinos militares que ofrecía entonces la creación del Imperio Español? La respuesta puede econtrarse en su estrecha relación con su paisano y superior, el maestre de campo, Martín de Chaves, que pudo actuar como aliciente, como se ha demostrado. Son conocidos los lazos de paisanaje y parentesco en losmovimientos migratorios de la Edad Monderna. En el fondo, la instalación del capitán Pizarro en el nuevo territorio en conquista, lo era[52].

Asentanto conclusiones. Gonzalo pertenecía a una línea secundaria del linaje Pizarro,  por vía femenina, desde sólo dos generaciones atrás.  Ni fue mayorazgo, ni tenemos pruebas fehacientes de que fuera cabecera de linaje o el mayor de sus hermanos, como no sea por la herencia que recibió en la Zarza. Con una posición económica que no le permitía vivir de rentas, ni tampoco asus hijos, escogió la vía de las armas, propia de la hidalguía y de segundones de casas nobles. No hay evidencias claras de que fuera  un miembro destacado de la oligarquía local ni en poder económico ni político.

No hay pruebas de que Gonzalo Pizarro pasase la mayoría de su vida batallando, ausente de su ciudad de origen, sino que las evidencias demuestran más bien todo lo contrario; salvo su paso por la Guerra de Granada. Podemos descartar, como hemos demostrado en estudios anteriores, que participase en la segunda guerra italiana del Gran Capitán y no hay demostración de que combatiese en la primera, y si lo hizo no tuvo en papel destacado por las crónicas. Aun así, no hay justificación evidente de motes como «el Romano» o el «Tuerto» como resultado de acciones de guerra; y el de «el Largo», es el único realmente contrastado. Todo ello hay que admitirlo así mientras no se compruebe su  presencia en otras campañas militares, durante esos mismos años. Sin embargo, cuando en Navarra ejerce desde un principio como capitán, significa que tenía experiencia previa.

No debía gozar de una posición económica y social muy holgada en Trujillo cuando, en 1512, ya mayor, se aventura al riesgo de una guerra, en Navarra. Y no debía tener mucho apego por volver, cuando fundó una nueva familia en Pamplona, aunque en sus mandas testamentarias, al ocuparse de sus últimas hijas naturales, procurase que se instalasen en Trujillo y ordenase su propio entierro definitivo en su ciudad natal.

No desempeñó grandes misiones de acción en la guerra de Navarra, sino tareas secundarias «descubiertas» de exploración; y de retaguardia: levantar cercos del enemigo y, labores de intendencia y  aprovisionamiento de fondos en relación al suministro y reparación de fortalezas o, por el contrario, derrocar otras fortalezas capturadas al enemigo. No obstante, por sus servicios allí, mereció ser recordado en los anales del cronista real, Jerónimo Zurita. Nunca fue coronel. La rimera mención como capitán en documentos oficiales, hasta ahora conocidos, es de 1512., como se ha expuesto.

El citado Pleito Ejecutoria de 1863, complementa la verificación de éste hecho[53]:

Y porque con lo dicho concurre en probarse la identidad del capitán Gonzalo por la citada escriptura        de venta que quedan referidas, pues muchasde ellas fueron otorgadas después del casamiento que    contrajo con Isabel de Vargas, que fue en veinte y nueve de julio del año pasado de mil quinientos      tres, -la boda definitiva- en ninguna de ellas se hace mención de su mujer, como era preciso, siendo       instrumentos de adquisición de bienes que había de adquirir necesariamente por mitad y lo que más,       es que siendo capitán de grande ordenanza, desde el año de mil quinientos y trece, aunque     posteriormente se otorgaron algunas de las referidas escripturas, en ninguna de ellas se hace mención

 

Aunque alcanzó el rango de capitán, es muy significativo que los testigos que le conocían y declararon en las resepctivas informaciones para hábitos de sus hijos, ninguno se refiere a él con este grado que sí hacen explícito para sus vástagos. Ello puede ser indicio de que no había en Trujillo una memoria destacada sobre la carrera militar del progenitor de los conquistadores del Perú, si bien fue el creador de la estirpe en el oficio de las armas y que ambos llevaron a su culmen[54].

¿Cuál es la principal fuente historiográfica de los tópicos sobre Gonzalo Pizarro? Se trata de una publicación, en forma literaria, de un memorial de méritos que Juan Pizarro de Orellana, redactó ante la Corona, para apoyar las pretensiones de su primo, Juan Hernando Pizarro, al marquesado de la Conquista, que obtuvo en 1629, confirmado dos años después[55]. Ambos eran nietos de Hernando Pizarro, por dos ramas distintas, y bisnietos de Gonzalo Pizarro, de ahí la necesidad de ensalzar entronque común, glorificar a un descendiente que solicita mercedes reales y dar realce, incluso en forma de tópicos, a los méritos del fundador de la saga guerrera. El título abreviado: «Varones ilustres del Nuevo Mundo», publicado en Madrid en 1639, como se ha dicho. El origen del tópico de la muerte en el asalto de Maya[56]:

Después de haber servido en estas guerras mucho tiempo, -Hernando Pizarro- muerto su padre en el         asalto de Amaya. Y, desbaratando a un capitán francés que le venía a socorrer, le pareció que, con          usta causa podía pretender la sucesión de las compañías de su padre; asistiéndole el Derecho Divino           y Natural; porque los grandes servicios que por su persona había hecho, solicitaban y aseguraban esta pretensión.

A cerca de los tópicos de la graduación de coronel y de Italia, en el que implica también a Hernando Pizarro, del que ya hemos adelantado una cita:

Considerado el valor con que en Italia, Francia y Navarra sirvió siendo       alférez de las compañías del             coronel Gonzalo Pizarro, su padre, y capitán de infantería, enviado por el Rey, don Felipe I, en     Gante, a 27 de julio de 1521, el lugar del rebelado Nicorte».

 

De paso, junto al párrafo anterior, confirma el grado de capitán obtenido por Henando Pizarro que se reforzó por tres vías posibles y complementarias: la posibilidad de heredar por méritos el puesto de su padre y la compañía que éste compró, como se vio al tratar de sus negocios en Navarra y el propio nombramiento que obtuvo en 1521, con poco más de 18 años[57].

A pesar del tópico del ejemplo paterno, como «fundador de la saga», extendido hasta ahora por toda la historiografía que ha tratado del tema, podemos afirmar que la influencia directa del padre en el hijo natural fue poca, y menos en su promoción militar; como, por el contrario, si la tuvo, indiscutiblemente, en la de su hijo legítimo, Hernando Pizarro. Como hemos demostrado ya en otro trabajo, no sólo podemos afirmar que Francisco Pizarro sí participó en la segunda guerra italiana junto al Gran Capitán sino que, para ello, no necesitó del apoyo paterno[58].  El desapego entre ambos, a lo largo de sus vida, parece ser mutuo. Sin embargo, Francisco sí lo menciona personalmente en su testamento[59]. Desconocemos la razón, y si esta circunstancia tuvo como detonante algún hecho de desencuentro concreto. Lo cierto es que Gonzalo Pizarro nunca reconoció ni legitimó a su vástago bastardo, a pesar de que ello era frecuente en la hidalguía y la nobleza de la época, en todos sus escalones[60]. Se puede afirmar que el fin del mito del viejo coronel, en realidad capitán, Gonzalo Pizarro, «el Largo», refuerza el real de su hijo bastardo, nunca reconocido, del joven militar, también de carrera, hecho a sí mismo:  Francisco Pizarro, conquistador y capitán general del Perú

 

 

[1]Todos, o gran parte, de estos asertos se repiten de forma invariable, en casi todos los biógrafos de Francisco Pizarro, de manera que sería prolijo y hasta tesdioso citarlos, autor por autor. Un ejemplo, divulgativo, de la reiteración de estos tópicos en «La heroica muerte Gonzalo Pizarro, el Largo, el padre bastardo del conquistador del Perú». Diario ABC, 20 de junio de 2017.

 

[2] MIRA CABALLOS, Esteban.: Francisco Pizarro, una nueva visión de la conquista del Perú. Barcelona, Crítica, 2018, pp.65-66; 313. Idem. «Documentos inéditos sobre Gonzalo Pizarro, padre del conquistador del Perú». Actas de losXXXIX Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 2012.

[3] El conde de Canilleros, MUÑOZ DE SAN PEDRO, Miguel, sigue siendo referencia fundamental para el estudio genealógico de los Pizarros. Todas las aportaciones de autores posteriores, en este terreno, se basan en completar o matizan sus datos. «Información sobre el linaje de Hernando Pizarro». Revista de Estudios Extremeños, t.XXII, nº II, Badajoz, 1966, p.213. «Francisco Pizarro debió llamarse Díaz o Hinojosa. Las rencillas familiares trujillanas y el cambio de apellidos en los ascendientes del conquistador del Perú». Revista de Estudios Extremeños, t.VI, nº 3-4, Badajoz, 1950. «Informe sobre el nacimiento de Francisco Pizarro», Boletín de la Real Academia de la Historia, t..CLXV, Cuaderno I, pp.109-129.

[4] Ver los apéndices de extractos de los memoriales genealógicos, clasificados en párrafos. Y las deducciones que hacemos más adelante sobre la cronología de los suegros de Gonzalo Pizarro, al tratar de su boda. Los datos genealógicos de estos documentos deben tratarse con reserva, sobre todo los conducentes a demostrar la vinculación con el pretendido tronco común de todas las partes litigantes, Diego Hernando Pizarro y Sevilla López de Carvajal, bisabuelos de Gonzalo Pizarro, como se ha dicho. Sin embargo, en general, las en fechas de los documentos principales que hemos usado, contenidos en estos sumarios, no hay grandes divergencias entre las partes aunque sí la haya en su interpretación y en algunos datos de enlaces familiares. Por ejemplo, sabemos por esta fuente que Diego Hernández Pizarro y su primera mujer, Teresa Martínez Pizarro habían fallecido ya en 1428, año en que sus hijos pactan el reparto de la herencia, Memorial párrafos 340 y 341.  Hemos utilizado los ejemplares del Archivo de la Fundación Obra Pía de los Pizarro. Memorial Ajustado hecho con citación de las partes. Madrid, 17 de octubre de 1742. Ejecutoria del Mayorazgo del marqués don Francisco Pizarro. Madrid, 1863. Se trata de sendos compendios de argumentos y sentencias de varias ramas de los Pizarro, a partir del entronque citado, para dirimir la propiedad de los mayorazgos fundados por el capitán Gonzalo Pizarro y sus hijos, Francisco, Juan y Hernando Pizarro.

[5] Esta relación de hermas y hermanos se basa en la genealogía más reciente publicada por Mira y se fundamentan, principalmente en el Memorial y Pleito. Los datos ofrecidos para Diego y Juan, por esos documentos, son refutados, desde luego, por varias partes. De hecho, y en lo que más nos interesa, varias partes cuestionan que los mencionados Juan, arcediano en la catedral de Jaén, y Diego, platero y vecino de Guadalupe sean hermanos del capitán Gonzalo Pizarro; y que su padre hiciera testamento en 1476 en esa misma villa, estando de paso, cuando era vecino de Trujillo. En ese dudoso documento se menciona, como vamos a tratar, de la supuesta estancia de nuestro protagonista en Italia.

[6] CUESTA, Luisa.: «Una documentación interesante sobre la familia del conquistador del Perú». Revista de Indias, t.8, Madrid, 1947. Testamento de Gonzalo Pizarro., pp.870-871. MIRA, Francisco Pizarro, cit.p.63.

[7] Estefanía de Vargas crió a los tres hijos legítimos del capitán, según Canilleros, Vid. «Doña Isabel…», cit. p.26. Sin embargo, Juan Pizarro, bastardo, en su testamento, (Cuzco, 16 de mayo de 1536), estipuló: «mando que, por el ánima de Estefanía de Vargas, mi tía, que me crió, cien misas e paguen lo acostumbrado». Por el mismo testamento sabemos que su hermana carnal también había fallecido: «mando que, por el ánimia de María de Aguilater, mi hermana, se digan cincuenta misas y se pague lo acostumbrado». Igualmente menciona mandas a favor de sus otras dos medio hermanas, Inés Rodríguez de Aguilar, de su hermanastro Hernando, y Graciana, hija de María de Biedma. Esto demuestra que hubo relación entre los hermanastros, seguramente por iniciativa del propio padre, aunque nunca recordase al primero. Por otro lado, el hecho de que Juan conociera a Graciana, la hermanastra nacida en Navarra, confirma que se cumplieron las disposiciones de su padre para con ella y su hermana en Trujillo. CUESTA, cit., pp.867, y 872-873.

[8] MUÑOZ DE SAN PEDRO, Miguel: «Doña Isabel de Vargas, esposa del padre del conquistador del Perú», Revista de Indias, nº 11, Madrid, 1951. El conde de Canilleos recoge en este trabajo la transcripción literal del acta de matrimonio y de la sentencia de dispensa y absolución, dada por el provisor de Plasencia, doctor Fernando de la Puente. El autor se basa, como él mismo afirma, en el manuscrito que redactó Diego de Hinojosa, en 1548, y recopiló su sobrino, Alonso de Hinosa, en 1563, pp.10-27.

[9] “hermosa dama”, la define el manuscrito original y «joven tía de Gonzalo» la califica Canilleros, Ibídem, p.24

[10] También había discordias entr

e los dos clanes, Pizarros y Vargas, desde la muerte de Hernando de Vargas, el padre de la novia, en 1488, Ibídem, p.11. Podemos interpretar que tal vez la boda pudo ser un intento de aplacarlas. Vid. MUÑOZ DE SAN PEDRO, Miguel: Crónicas trujillanas del siglo XVI. Cáceres, 1952.

[11] Ibídem, p. 25. Cfr. MIRA, Francisco Pizarro…, p.273.

[12]Ibídem,pp.26-27

[13]Muñoz de San Pedro, «Información sobre el linaje de Hernando Pizarro», p.213.

[14] «Doña Isabel de Vargas…». Según Canilleros y los datos biográficos del manuscrito de Hinojosa, Inés Rodríguez de Aguilar murió «como, años antes, su marido, Hernando de Vargas, de calenturas con peste» y era «gruesa y cargada» y «mujer de recia condición», enfrentada a los familiares de su marido y a sus hijos. Al igual que aquél, falleció con 70 años.Él era: «alto, moreno, valiente, no» muy rico, aunque tuvo buena casa y caballos». Idem, pp.1, 22 y 24. De ahí que «podamos interpretar que la respectivas cronologías vitales de ambos sean: 1437-1507 para ella y 1418-1488 para él, como se ha dicho. Por ello, con una importante diferencia de edad, entre ambos, casi una generación, como se repitió en el matrimonio de su hija con el capitán Pizarro, siendo en ese caso mayor la mujer. Ines Rodríguez de Aguilar. Hacia 1437 y murió con unos 70 años, como el marido de calenturas con peste de 1507, p.24

[15]Eso sí, desconocemos cuándo nacieron y quién fue la madre de las dos hijas que menciona en su testamento y a las que dota para monjas: María y Francisca Rodríguez. Cuesta, cit., pp.868-869.

[16]MIRA, Francisco Pizarro... p.274. La unión con María Alonso tuvo que tener lugar entre 1508 y 1512, desde que se quedó viudo hasta que partió a Navarra, como vamos a comprobar.

[17]Francisca González, madre natural de Francisco Pizarro, criada de doña Beatriz Pizarro de Hinojosa, tía de Gonzalo Pizarro, en el convento de freilas de San Francisco de la puerta de Coria, en Trujillo, como es sabido, pertenecía a una familia de cristianos viejos, demostrados, pero plebeyos, dedicados posiblemente al comecio y trato textil. María Alonso formaba parte de una familia de molineros de la Zarza y María de Biedma era su criada, como admite el propio Gonzalo en su testamento. Según Mira, «los Ropero», familia de Francisca González, tenían alguanas tierras y un molino en la Zarza -hoy Conquista de la Sierra-, al igual que los Pizarro. Vid. MIRA. «Francisco Pizarro…» p.90. De ser así, habría que aceptar para esa familia una mayor posición social respecto a la conocida y una tradición «molinera y zarzeña» en los amoríos del capitán Pizarro que, en cualquier caso, refuerza la vinculación familiar con esta población. Todas tuvieron recuerdo y algún legado en el testamento del capitán, menos Francisca González y su hijo Francisco. Vid. Cuesta, Luisa.: «Una documentacion interesante sobre la familia del conquistador del Perú». Revista de Indias, t.8, Madrid, 1947. Testamento del capitán Gonzalo Pizarro, pp.866-871

[18]CUESTA, cit. p.868-869,

[19]MIRA, Francisco Pizarro… p.273.

[20] Ella es, por cierto, el antecedente más cercano, en el linaje, al nombre de Francisco, que recibió el futuro conquistador del Perú, con lo cual no se puede afirmar que sea extraño al mismo aunque no sea frecuente.

[21] La abuela, Teresa Martínez Pizarro, como se ha adelantado, antepuso su apellido a sus cuatro hijos. Martín, Hernando Alonso, Gracia y Beatriz, y postergó el de Hinojosa de su marido porque su familia no vengó el asesinato de éste a mano del clan de los Coraxo. Muñoz de San Pedro, Miguel: «Francisco Pizarro debió apellidarse Díaz o Hinojosa. Las rencillas familiares trujillanas y el cambio de apellidos en los ascendientes del conquistador del Perú». Revista de Estudios Extremeños, VI, nº 3-4, Badajoz, 1950, pp.503-542. El cabeza del linaje era su hermano mayor, Álvaro, quién heredó de sus padres la conocida casa de los Pizarro, junto a Santa María. De él descienden los condes de Torrejón y los marqueses de San Juan de Piedras Albas, según Canilleros. Muñoz de San Pedro, Miguel:»Informe sobre el nacimiento…», pp.118.

[22] Durante el siglo XV, hubo al menos seis Pizarros que fueron regidores de Trujillo: Ferrán Alonso Pizarro en 1434 -que pudo ser el abuelo de Gonzalo-, Sancho Pizarro en 1480, Alonso Pizarro en 1484, García Pizarro y Gonzalo Pizarro en 1486 y Juan Pizarro en 1511. FERNÁNDEZ- DAZA ALVEAR, Carmen: La ciudad de Trujillo y su tierra en la Baja Edad Media. Badajoz, Junta de Extremadura, 1993, pp. 332-340. Canilleros afirma que el padre de nuestro protagonista fue regidor, pero por la cronología el Ferrán Alonso mencionado sería su buelo si acaso. «Información sobre el linaje de Francisco…», p.361.

[23]CUESTA, cit., p.868

[24] Según Canilleros, Gonzalo Pizarro heredó estas propiedades de los Vargas, después de nacer su hijo Francisco, es decir, su posesión es posterior a 1478, fecha más antigua de su posible nacimiento. MUÑOZ DE SAN PEDRO, M.: «Informe sobre el nacimiento…», p.112. Pero no encontramos la explicación a esta afirmación, porque los Vargas, en realidad, eran familia política, por parte de su mujer.

[25]CUESTA, citl., p.870. Testamento de Gonzalo Pizarro.

[26] Ibidem, pp.868-869

[27]PORRAS BARRENECHEA, R.: «Información sobre el linaje de Francisco Pizarro, hecha en Trujillo de Extremadura en 1529». Revista de Estudios Extremeños, t.VI, nº III-IV, Badajoz, 1950, pp.331-393. Cita en página 380.

[28] Lo supone escudero suyo, por la expresión «vido». Ibidem. p.349.

[29] MUÑOZ DE SAN PEDRO, «Doña Isabel de Vargas…, p.23

[30]MUÑOZ DE SAN PEDRO, «Información sobre el linaje de Hernando Pizarro…», cit., pp.220-221.

[31]Idem. «Doña Isabel de Vargas…», p.24.

[32]MIRA, «Francisco Pizarro…», p.70

 

[33]PELEGRÍ PEDROSA, Luis Vicente.: «Francisco Pizarro en las guerras de Italia (1497-1504). La formación militar del conquistador del Perú». Coloquios Históricos de Extremadura, 2019. (En prensa). Edición digital en la página web de los Coloquios.

[34] LADERO QUESADA. Miguel Ángel: «La caballería y la población de Extremadura, según los alardes de 1502». Norba, Revista de Historia, nº 17, Cáceres, 2004, p.179.

[35] Ibidem, cit., p.179.

[36] Según Porras Barrenechea, en una conferencia dictada en 1949, pero sin pruebas documentales, Gonzalo Pizarro el Largo y el Romano fueron dos pesonas homónimas distintas. Indirectamente acertó, porque tampoco hay evidencias de que fueran la misma persona.

Vid, MIRA. Francisco Pizarro…pp.70-316.

[37] PIZARRO Y ORELLANA, Fernando: Varones ilustres del Nuevo Mundo. Madrid, Díaz de la Carrera,1639, p.246. Esta teoría de la presencia de Gonzalo Pizarro, mencionado como padre del conquistador, en la segunda guerra italiana del gran Capitán, fue trasmitida a la historiografía del siglo XIX, por Manuel José Quintana. Vid. QUINTANA, Manuel José.: Vidas de españoles célebres. Edición de Espasa Calpe, Madrid, 1922, vol.II, p.35.

[38] Memorial, párrafo 345.

[39] En esa década larga fueron virreyes y capitanes generales de Navarra, con sede en Pamplona: desde diciembre de 1512 a mayo 1516, Diego Fernández de Córdoba y Arellano, marques de Comares; desde esa última fecha, Antonio Manrique de Lara,  duque de Nájera, hasta agosto de 1521; cuando fue nombrado nuevo virrey el conde de Miranda, Francisco de Zúñiga y Avellaneda que aparece en la documentación autorizando libranzas y pagos a Gonzalo Pizarro. Los cambios de gobierno coinciden con la pacificación tras sofocar las correspondientes revueltas.

[40] Zurita, Jerónimo.: Historia del Rey don Fernando el Católico , de las empresas y liga de Italia. Zaragoza, 1580. Edición electrónica de Francisco Javier Iso (coordinador). «Del combate que se dio a la ciudad de Pamplona por el rey don Juan». Libro X, Capítulo XLI.

[41] Ibidem. «De lo que el rey proveía para la conservación del reino de Navarra». Libro X. Capítulo, LXXXII.

[42] En el inventario se indica la ubicación en caja y número. El productor de los documentos es siempre Juan Rena, como pagador real. Todos los documentos  pertenecen a la serie de este cargo e institución y varían en su formato, según  la función administrativa que cumplen: a) informes; b) correspondencia de salida o de entrada -en versión definitiva o en minuta-; c) disposiciones reales; d) justificantes de pago.

1-Informe-inventario de la munición, artillería y bastimentos existentes en la fortaleza de Maya (Amaiur, Baztán) para conocimiento del virrey y del licenciado Vargas, tesorero real. 19 de abril de 1515. Contiene: Informe sobre las necesidades de la fortaleza, y ordenes del virrey para cumplimiento de lo informado. Testimonio notarial del requerimiento de Anton Alguacil, capitán, a Gonzalo Pizarro, capitán, de la entrega de la fortaleza de Maya, con su munición, en cumplimiento de Real Cédula. Maya, 17 de enero de 1515. 5 hojas. Caja 43, nº 3-14.

2-Minutas de cartas de Juan Rena sobre la ayuda de costa de Gonzalo Pizarro, capitán, los memoriales enviados al cardenal Cisneros, gobernador; las obras de Lumbier; y los problemas en el pago de las obras de la fortaleza de Pamplona. 1 de enero de 1516; 31 de diciembre de 1516. 1 hoja. Caja 24, nº 24-26 .

3-Carta de Gonzalo Pizarro a Juan Rena sobre los reparos de la fortaleza de San Juan de Pie de Puerto. 3 de marzo de 1516. 1 hoja. Caja 24, número 22.

4-Real Cédula de Juana I y Carlos I, refrendada por el cardenal Cisneros, a Gonzalo Pizarro, capitán, mandando devolver a Juan Rena 200 ducados para reparos de la fortaleza de San Juan de Pie de Puerto. 6 de junio de 1517. Contiene: Carta testimonial de Ginés Martínez de Salazar, escribano, certificando la negativa de Gonzalo Pizarro, capitán, de entregar los 200 ducados a Juan Rena . Pamplona, 19 de noviembre de 1519. 1 hoja. Caja 28, nº 2.

5-Concordia entre Gonzalo Pizarro y Pedro de Malpaso, veedor general de obras, y cesión a Juan de Rena. Pamplona, 28-VIII-1519 y 9 de septiembre de 1519. Caja 83, nº 8

6-Real Cédula del rey Carlos I, a Juan Rena para pago de ayuda de costa a Gonzalo Pizarro, capitán. 27 de agosto de 1521. Contiene: Recibo de Gonzalo Pizarro del dinero entregado por Juan Rena. Pamplona, 2 de septiembre de 1521. Real Cédula a Francisco de Vargas, tesorero real, mandando pagar a Gonzalo Pizarro, capitán, una merced de 25.000 maravedís de ayuda de costa. Zaragoza, 9 de agosto de 1518. Carta de poder de Gonzalo Pizarro. Pamplona, 21 de septiembre de 1520. 4 hojas. Caja 34, nº 1-81.

7-Reconocimiento de deuda de Juan Rena a favor del capitán Gonzalo Pizarro, de 300 ducados por llevar una carta del conde de Miranda, Francisco López de Zúñiga y Avellaneda, virrey de Navarra, a los gobernadores de Carlos I. 25 de noviembre de 1521. Contiene: Recibo de Gonzalo de Pizarro de 300 ducados entregados por Juan Rena. Pamplona, 7 de febrero de 1522. Carta de obligación del virrey, conde de Miranda, a favor de Juan Rena, de entrega de una libranza de los gobernadores para pago de 300 ducados al capitán Gonzalo Pizarro. 4 hojas. Caja 33, nº 7.

8-Libranza del virrey a Juan Rena para pago a Gonzalo Pizarro, capitán, por derrocar la fortaleza de Monreal, los muros de Lumbier, y tomar la casa de Roncesvalles. 1 de marzo de 1522. 1 hoja. Caja 34, nº 3-107.

9-Libranza del virrey a Juan Rena, a favor de Gonzalo Pizarro, capitán, por el socorro entregado a las capitanías de Ursiano y Collazos durante la defensa del reino. 4 de agosto de 1522. 1 hoja. Caja 29, nº 3-143.

[43] Mira, en su trabajo de 2012, enumera siete documentos; en 2018, por el contrario, señala diez:  uno fechado en cada uno de estos años: 1515, 1516, 1517 y 1521 y tres en 1519 y 1522 respectivamente. Nosotros aportamos tres más: las minutas de cartas de 1516, la Real Cédula de 9 de agosto de 1518; y el poder de Gonzalo Pizarro. Pamplona, 21 de septiembre de 1520.  Cfr. MIRA, «Documentos inéditos…» p.301; Idem. «Francisco Pizarro…», p.317.

 

[44]Hay que distinguir entre sueldo y ayuda de costa, como hace el mismo interesado en sus mandas testamentarias, cuando encarga a su albacea, cabezalero y paisano: «de las deudas que Su Magestad me debe en el ayuda de costa que me mandó hacer y de mi salario de capitán de este año, y todo lo cobre el dicho Martín de Chaves, y todas las otras deudas que pareciere en esta ciudad y en exército». CUESTA, cit., p.870.

[45]Hizo otros negocios con él. En su testamento explica: «mando a Juan Pizarro, mi hijo un macho de silla que yo tengo en que cabalgo» (…) «un macho que yo compré de Antonio de Malpaso». Ibídem, pp.868,870.

[46] El capitán Valdés participó en la rebelión del 24 de septiembre por atrasos en los pagos de los sueldos y fue apresado en el castillo de Burgui. Murió allí en combate, cuando,  en la primera contraofensiva, las tropas navarro-francesas de Juan III Albret y del general La Palice sitiaron la fortaleza durante dos días y la asaltaron el 21 de octubre

[47] La transcripción del texto tiene más sentido con el «del» en vez de con el «al»

[48] El  3 de mazo, de 1516, como se ha dicho, pidió fondos para hacer obras de mantenimiento y pagar los sueldos atrasados de los 800 hombres destinados a guarnición de San Juan de Pie de Puerto. -Carta a Juan Rena-. Esos efectivos no podían ser todos de su mando, ya que exceden con creces, en número, los que corespondían a una compañía: 250 a 300 hombres, ni pudo dar el sólo la orden de acantonarlos allí ya que, por esa cifra, es una atribución que corresponde a un coronel, grado que él nunca tuvo y necesitaria una habilitación específica para ello.

[49]CUESTA, cit., pp.868 y 871.

[50]CUESTA, cit., p.867. Hernando Pizarro, en su testamento de 1557, reconoce que su padre está enterrado en la iglesia de la Zarza y dispone que se enterrase con él, por tanto, ambos deberían haber de compartido sepultura en la iglesia del convento de San Francisco de Trujillo. Cfr. MIRA, Francisco Pizarro…, p.75.

[51] La cantidad de la dote para sus «hijas navarras», María y Graciana, para matrimonio o en religión, en Trujillo, la encarga a Martín de Chaves, para que en su ciudad natal lo entregue a Diego Mexía, hijo de Juan Martín de Prado, que también fue testigo en su boda. Era tan estrecha la vinculación del capitán Pizarro con esta familia que a «Diego Mexía, vecino de la dicha de Trujillo, a el cual pido por merced que haya por encomendadas a las dichas mis hijas, como y de la manera que a él le pareciere. CUESTA, cit., p.868 y 870.

[52]Es significativo que no haya constancia de esa misma relación estrcha con otro ilustre mando extremeño en aquella contienda, el coronel Villalba, del que era insparable el Pizarro que mencionan lasa crónicas en la segunda guerra italiana del Gran Capitán. Otra prueba de que Gonzalo no era ese Pizarro.

[53] En la argumentación de Agustín de Orellana Pizarro, marqués de la Conquista, contra sus oponentes, el Conde de Cancelada y el Conde de Torrejón. Se podría decir que era un capitán reconocido «en nómina» en los cuadros de mando del Ejército, según la Ordenanza de 1503, además de contar con su «patente». El grado de coronel aparece en las crónicas de la época como un capitán de capitantes o de varias compañías. Pero es un grado reconocido que no se adjudica en ninguna fuente directa al capitán Gonzalo Pizarro. Vid. LADERO QUESADA, Miguel Ángel: Ejércitos y armadas de los Reyes Católicos: Nápoles y el Rosellón (1494-1504). Madrid, Real Academia de la Historia, 2010.

[54]PORRAS BARRENECHEA, Raúl: «Información sobre el linaje de Francisco Pizarro, hecha en Trujillo de Extremadura, en 1529. Revista de Estudios Extremeños, t.VI, nº III-IV, 1955, pp.331-393.- MUÑOZ DE SAN PEDRO, Miguel: «Información sobre el linaje de Hernando Pizarro». Revista de Estudios Extremeños, t.XXII, nº II, 1966, pp. 209-227.

[55] PELEGRÍ PEDROSA, Luis Vicente. «La sucesión de Hernando Pizarro y el marquesado de la Conquista (1578-1629): bases de la oligarquía indiana en Extremadura». Actas del Congreso la Tierra de Trujillo en el Renacimiento (1500-1600). Trujillo, 2006.

[56]PIZARRO Y ORELLANA, cit. p.246.

[57]Ibidem, p.245.Copia simple del        nombramiento en Archivo General de Indias, Patronato, legajoº 1, ramo 1. En ella anota, de su puño y letra, el I marqués de la Conquista, que presenta copia simple en el expediente porque su apoderado ha perdido el original.

[58] Francisco Pizarro, tanto por necesidad como por vocación, eligió la carrera de las armas en la que superó con creces a su progenitor. Si acaso, tal vez sólo le sirviera la pertenencia al linaje Pizarro, de  impulso inicial a su aventura, para partir a Italia, gracias a las relaciones y los vínculos de paisanaje y parentesco de los trujillanos presentes en Roma. Y aun así, ello se deba posiblemente más al linaje Paredes y al cardenal de Santa Cruz, alto dignatario extremeño en la Corte del papa Alejandro Borgia.

[59] En él se reconoce Francisco como hijo del capitán Gonzalo Pizarro. PORRAS BARRENECHEA, Raúl: «El testamento de Francisco Pizarro, conquistador del Perú». Cuadernos Hispanoamericanos, nº 131, Madrid, 1960, p.218. Además del reconocimiento explícito que hacen los testigos en su Información de limpieza de sangre. 1529.

[60] Mira Caballos plantea la hipótesis de que fuera hijo adoptivo aunque no reconocido, e hijo natural de un primo de Gonzalo. MIRA, Francisco Pizarro…pp.66-69