Nov 252021
 

 Pedro Emilio López Calvelo

 

Juana Petra fue la primera en subir al patíbulo. Iban a dar las 8 de la mañana de un lluvioso día de enero. Le temblaba el labio inferior. Tan solo unos minutos más tarde le tocó el turno a Demetrio José. A las 8 y veinte minutos todo había terminado.

 

PALABRAS CLAVE

Hervás, garrote, ajusticiamientos, capilla, Cofradía de la Caridad, patíbulo

 

RESUMEN

En las dos últimas décadas del siglo XIX se levantó patíbulo en tres ocasiones en Hervás, ajusticiándose a un total de cuatro condenados ya que uno de los ajusticiamientos fue doble.

Todos ellos fueron condenados a muerte por homicidio y, para todos, el modo de cumplimiento de la sentencia a muerte, dictadas por la Sala de lo Criminal de la Audiencia de Cáceres y ratificadas por el Tribunal Supremo tras los respectivos recurso de casación, fue el garrote, modo de ejecución de condenados a muerte que era el oficial en el país desde que Fernando VII, en 1828, había abolido definitivamente la ejecución en horca.

Ninguno de los ejecutados era de Hervás ni cometió su homicidio en esta población: si los habitantes de Hervás vieron levantar patíbulo y ajusticiar condenados en estas décadas finales del siglo XIX fue por la condición de cabeza de partido judicial adquirida por el municipio durante el periodo del Sexenio revolucionario.

 

INTRODUCCIÓN

 

En los años finales del siglo XIX se produjeron en Hervás cuatro ajusticiamientos a garrote en tres actos de ajusticiamiento (en uno de ellos se dio muerte a dos personas): ninguno de los ajusticiados procedía de la localidad de Hervás, pero la reciente adquisición de la capitalidad del partido judicial llevó al municipio hervasense al triste espectáculo de ver levantar el cadalso en tres ocasiones en los últimos veinte años del siglo.

 

En este artículo pretendemos aproximarnos al análisis de la pena de muerte en Extremadura en esta etapa finisecular a través de los casos registrados en Hervás; además, la posibilidad de hacer un seguimiento en la prensa de la época de estas ejecuciones  nos permitirá, de paso, contemplar el sensacionalismo que acompañaba a estos actos de ejecución en público.

Utilizaremos para nuestro análisis las distintas fuentes de investigación a que hemos podido acceder, que son de diferente tipología. Se trata, por un lado, de fuentes de carácter histórico y judicial que nos aportan los datos y circunstancias en que se cometieron los delitos por los que fueron condenados a muerte los reos y las consideraciones tenidas en cuenta a la hora de dictaminar las sentencias, y, por otro lado, de fuentes literarias, bibliográficas y periodísticas a partir de las cuales podemos observar la percepción y el impacto social de estas ejecuciones y que permiten apreciar el ritual que conllevaban estos actos de ejecución que eran de carácter público.

  • Archivo Municipal de Hervás (en adelante AMH): en realidad, apenas hemos encontrado datos referidos a estas ejecuciones en el AMH; sin embargo, a la primera pista referida a ellas la encontramos, por casualidad, leyendo las actas de las sesiones del pleno de Ayuntamiento de la época.
  • Archivo de la Diputación Provincial de Cáceres, donde se conserva la documentación legislativa referida a las Sentencias del Tribunal Supremo en materia criminal y donde hemos encontrado las referencias a los juicios y los recursos de casación interpuestos por los reos.
  • Archivo Diocesano de Cáceres; Libro 40: Cofradía de Nuestra Señora de la Caridad. Partida de ajusticiados que asiste la Cofradía como hermanos de ella; limosnas y su distribución desde 1793.
  • Fuentes periodísticas y literarias de carácter nacional, en las que hemos encontrado una gran cantidad de noticias de los ajusticiamientos con un tratamiento muy sensacionalista.
  • Fuentes periodísticas de carácter local: el periódico local El Ariete, publicado entre 1896 y 1897 hizo un relato exhaustivo de uno de los ajusticiamientos (el último) que coincidió con el periodo de publicación del periódico.
  • Bibliografía variada (que se expondrá al final del artículo).

 

No abundan los trabajos sobre la pena de muerte y su dinámica histórica en la región extremeña y los que existen, en general, fueron publicados hace tiempo. Son clásicos ya los trabajos del que fue profesor de la Universidad de Extremadura, Ángel Rodríguez Sánchez; otros trabajos clásicos se deben a los investigadores Teodoro Fernández Sánchez y Javier Marcos Arévalo. Sólo hemos encontrado un trabajo reciente, escrito por el historiador Santiago Aragón Mateos.

LOS CASOS DE ASESINATO Y SUS SENTENCIAS

 

Hemos conocido las circunstancias de los asesinatos que trajeron como consecuencia las sentencias a pena de muerte a partir del análisis de las sentencias del Tribunal Supremo en materia criminal de la Colección Legislativa de España a través de los recursos de casación contra las sentencias de pena de muerte presentadas por los condenados a muerte por medio de sus abogados (las condenas a pena de muerte fueron decretadas por la Sala de lo Criminal de la Audiencia de Cáceres, que fue donde se desarrollaron los juicios; los recursos de casación fueron resueltos por el Tribunal Supremo).

 

Tal como hemos indicado, en Hervás se produjeron tres actos de ejecución en los que se ajustició a cuatro personas entre 1884 y 1897. Los ajusticiados fueron:

 

CONDENADO FECHA DE EJECUCIÓN
JULIÁN MARTÍN SÁNCHEZ 24 ABRIL 1884
DEMETRIO JOSÉ GARCÍA RODRÍGUEZ

JUANA PETRA GARCÍA GONZÁLEZ

10 ENERO 1895
CEFERINO RODRÍGUEZ DELGADO 11 FEBRERO 1897

 

Todos ellos, como se verá, fueron condenados por delitos de asesinato u homicidio. Curiosamente, ninguno de los ajusticiados había nacido ni tenía su domicilio en Hervás. Las ejecuciones se produjeron en Hervás en su calidad de cabeza del partido judicial adquirida poco antes de la primera ejecución.

 

Reseñaremos brevemente las circunstancias que hicieron que Hervás llegara a convertirse en cabeza de partido judicial.

Hervás había pertenecido desde la Edad Media al Ducado de Béjar; el 1 de diciembre de 1816, tras varios siglos pleiteando por ello, el municipio accedió al Real Privilegio de Exención y Villazgo, lo que le convirtió en villa jurisdiccionalmente independiente de la de Béjar. En 1833, como consecuencia del reajuste territorial y administrativo llevado a cabo por Javier del Burgo, Hervás -destacado núcleo industrial- pasó a pertenecer a la provincia de Cáceres, convirtiéndose en la población provincial de mayor tamaño por encima de Plasencia en dirección hacia Salamanca. Se tiene constancia documental de que, al menos desde 1829, Hervás está compitiendo con la población de Granadilla –que la poseía en aquel momento- por la capitalidad de la cabecera de Partido Judicial.  Una Real Orden de 23 de marzo de 1866 decretó el cambio de la capitalidad de partido judicial a favor de Hervás, pero tal cambio no se llevó a efecto hasta 1868, ya dentro del periodo del Sexenio Revolucionario. Tras la reclamación realizada por la población de Granadilla, y en tiempo políticamente muy inestable, la cabecera del partido fue restituida a Granadilla en enero de 1872 (Decreto del 8/01/1872); finalmente, un decreto de 26 de junio de 1873 devolverá a Hervás, definitivamente, la capitalidad del  partido judicial (lo que supuso el traslado del juzgado y del registro de la propiedad).

 

 

 

IMAGEN 1. El Imparcial, 30 junio 1873

 

  • Caso de JULIÁN MARTÍN SÁNCHEZ

 

Julián Martín, natural de la Alquería del Castillo, fue condenado a muerte por parricidio, cometido en la persona de su hijo Romualdo Martín Fernández.

Julián Martín estaba casado en segundas nupcias con María Vázquez, con la que tenía dos hijos (una niña de 3 años y un bebé de pocos meses); también vivía con ellos su hijo Romualdo, de 15 años, nacido de su primer matrimonio y que había heredado de su difunta madre los pocos bienes que poseía la familia. Según la sentencia, el matrimonio maltrataba con frecuencia al hijo adolescente hasta que la mujer, María, amenazó con abandonar el domicilio si Romualdo seguía viviendo en él. La mañana del día 22 de marzo de 1883, estando María Vázquez ausente de la localidad, apareció muerto en su casa el joven Romualdo, certificando inicialmente el médico su muerte por apoplejía. Pero, como se difundieron rumores públicos de que podía tratarse de una muerte violenta (el cadáver presentaba arañazos y esquimiosis en la garganta), el Juez de 1ª Instancia decretó la exhumación del cadáver que fue analizado por facultativos que decretaron que “la muerte había sido producida por asfixia por sofocación y que había habido un criminal cuyas huellas habían quedado impresas en el cuello, mejillas y otros sitios”. Ante las evidencias “confesó en último estado Julián Martín, que habiendo concebido con bastante anterioridad a la realización del hecho, la fatal idea de matar a su hijo” [1].

La Sala de lo Criminal de la Audiencia de Cáceres calificó los hechos constitutivos del delito de parricidio con las circunstancias agravantes de alevosía y premeditación sin atenuantes, por lo que le condenó a la pena de muerte “que se ejecutará en la cabeza del partido judicial de Hervás en la forma prevenida por la ley”. El Tribunal Supremo, tras la presentación del recurso de casación, decretó la sentencia como ajustada a derecho, decretando “no haber lugar al recurso de casación admitido de derecho en beneficio de Julián Martín Sánchez” (9 de febrero de 1884) [2].

 

  • Caso de DEMETRIO JOSÉ GARCÍA RODRÍGUEZ Y JUANA PETRA GARCÍA GONZÁLEZ.

 

Este matrimonio formado por Demetrio J. García y Juana P. García, naturales ambos y residentes en la población de Mohedas, fueron condenados a la pena de muerte por el asesinato del padre de Juana Petra, Manuel García Hernández, de 79 años.

Al parecer, el día 29 de junio de 1893, estando Manuel García acostado en su cama “ambos esposos, los dos procesados, se abalanzaron sobre el desdichado anciano, sujetándole uno la cabeza, más que para impedir su débil defensa, para que el otro le estrangulase con toda comodidad, como únicamente dice Demetrio en una de sus declaraciones, mientras que el otro los estranguló, en efecto, en breves momentos”, según consta en la sentencia de la Audiencia de Cáceres de 29 de mayo de 1894 [3].

Los asesinos fueron condenados a la pena de muerte por los delitos de parricidio con el agravante de alevosía y asesinato en parentesco en el caso de Juana Petra y de asesinato con el agravante de alevosía en el caso de Demetrio José (quién, además, ya había sido condenado, en abril de 1878, por el delito de parricidio frustrado a la pena de ocho años y un día de presidio mayor).

Los condenados interpusieron recurso de casación ante el Tribunal Supremo el 17 de agosto de 1894 alegando quebrantamiento de forma e infracción de ley en la sentencia que les condenó; los abogados defensores trataron de demostrar, por medio de recurso de casación, que había contradicciones entre las preguntas y respuestas del juicio, entendiendo que los dos acusados no podrían haber cometido el mismo delito de asesinato. Sin embargo, el Tribunal Supremo decretó que “examinada la causa por esta Sala (…), no ha encontrado ningún otro fundamento para declarar procedente el recurso de casación por infracción de ley ni por quebrantamiento de forma”, manteniéndose para los acusados la condena a pena de muerte impuesta por la Audiencia de Cáceres [4].

La prensa de la época dio cuenta de la sentencia producida el 29 de mayo de 1894, aportando abundante información sobre el parricidio. El diario El País narraba así el hecho de autos:

Manuel García Hernández, de ochenta años de edad y padre de Juana, vivía al cuidado y sostenimiento de su hija y de un nieto del pobre anciano que alternaban por semanas.

El 20 de Junio de 1893 correspondía al primero de la semana en que al anciano le tocaba recogerse en casa de su hija; así es que entró en el domicilio de ésta y se acostó.

Pocos momentos después se entabló entre padre e hija una ligera disputa por insistir Juana en que el cuidado de aquel le era gravoso. En seguida Juana se lanzó sobre su padre y le estranguló con la ayuda de su marido, quien sostuvo al pobre viejo por la cabeza a fin de que Juana cometiera el crimen `con más comodidad´ (textual).

Después de muerto el anciano, Demetrio José se marchó a la taberna.

A la una de la madrugada él y su mujer sacaron el cadáver y lo arrojaron al pozo de un cercado próximo, donde fue encontrado pocos días después” [5].

 

  • Caso de CEFERINO RODRÍGUEZ DELGADO

 

Ceferino Rodríguez, natural de Miera y vecino del pueblo de Nava de Béjar, fue condenado a la pena de muerte por la Audiencia de Cáceres por el delito de robo y homicidio.

Ceferino Rodríguez dio muerte a Prudencio Martín García la noche del 17 de julio de 1895 en el sitio de las Cobedas, próximo a la carretera de Extremadura a Castilla. Prudencio Martín era un arriero que transportaba entre Salamanca y Cáceres una carga de caballería con dos pellejos de aceite; al parecer Ceferino hizo trato con él de forma que, llegada la noche, se dispusieron a dormir juntos; aprovechando la noche y el sueño de Prudencio Martín, el referido Ceferino Rodríguez, con intención de robar los pellejos de aceite, asesinó al primero asestándole varios golpes en la cabeza con una piedra de más de diez kilos (los pellejos le fueron ocupados al Ceferino por la Autoridad según consta en la sentencia).

Ceferino Rodríguez fue condenado a la pena de muerte por el delito de robo con resultado de homicidio con los agravantes de alevosía, nocturnidad, buscado de propósito y en despoblado.  Presentado el recurso de casación en beneficio de reo en junio de 1896, el Tribunal Supremo “no encuentra motivos de casación por quebrantamiento de forma ni por infracción de ley” [6], por lo que confirmó la pena de muerte impuesta por la Audiencia de Cáceres.

 

EL GARROTE

 

Como se ha puede apreciar por las sentencias, todos los acusados fueron condenados a morir en garrote. El garrote era el método habitual de ejecución de los condenados a muerte en España desde que el Código Penal de 1822 introdujo la práctica de esta forma de ejecución de la pena capital que, hasta esa fecha, se realizaba habitualmente por ahorcamiento. Será, no obstante, la Real Cédula de 28 de abril de 1828 por la que el rey Fernando VII aboliese definitivamente la muerte en horca disponiendo que en lo sucesivo se ajusticiase en garrote. Para ésta sustitución la Real Cédula de Fernando VII alegaba razones humanitarias: “el inevitable rigor de la justicia con la humanidad y la decencia en la ejecución de la pena capital, y que el suplicio en que los reos expíen sus delitos no le irrogue infamia cuando por ellos no la mereciesen, he querido señalar con este beneficio la grata memoria del feliz cumpleaños de la reina mi muy amada esposa, y vengo a abolir para siempre en todos mis dominios la pena de muerte en horca; mandando que en adelante se ejecute en garrote” [7].

 

Los Códigos posteriores de 1848, 1850 y 1870 regulaban también las ejecuciones en garrote, que debían celebrarse sobre tablado, de día, con publicidad y con carácter público, al menos hasta 1900.

El  método  del garrote consiste  en un tornillo o torniquete  que se fija a un madero en el suelo. El aparato se coloca en la garganta del reo, sentado junto al madero; a su espalda se sitúa el funcionario de la manivela. A una señal comienza a girar el tornillo con lo que la abrazadera  se cierra sobre la garganta y la muerte se produce por asfixia, estrangulamiento y rotura de las vértebras cervicales” [8].

 

En un principio había tres tipos de garrote: el garrote ordinario se aplicaba a las personas del pueblo llano; por medio del garrote vil se ajusticiaba a los condenados por delitos infamantes; el garrote noble se reservaba para los condenados de alta condición social. El Código Penal de 1848, a la vez que excluía cualquier otro método de ejecución, puso fin a estas distinciones, denominándose en adelante genéricamente como ejecución en garrote.

La pena de muerte podía ser complementada con una pena especial, en función de la gravedad y las circunstancias del delito cometido, de forma que el castigo pudiera tener un efecto ejemplarizante ante el grupo social: eran las condenas de descuartizamiento, arrastramiento o encubamiento. Estos complementos a la pena de muerte se aplicaron en la España del siglo XIX, pero estaban ya en desuso en estos momentos finales del siglo.

La pena se ejecutará en garrote, de día, en sitio adecuado de la prisión en que se hallare el preso y a las dieciocho horas de notificarle la señalada para la ejecución, que no sería verificada en días de fiesta religiosa o nacional” Código Penal, 1870; artículo 102. [9].

 

En su libro “La pena de muerte”, D. Sueiro, especialista en el tema, apunta una curiosa cita de un autor de principios del siglo XX que narra así: “El garrote es algo más noble y reposado que la cuelga inglesa, porque es algo más sedentario y eminente. El condenado se ofrece sedente sobre un banquillo, sobre un alto tablado teatral; puede discurrir por él y hablar desde allí a la muchedumbre si así lo desea (…) Todo es solemne y clásico en este arte de dar muerte (…). El garrote vil es la tragedia de un pueblo latino, grave y decoroso, como el nuestro, que gusta de la pompa litúrgica y de los dramas históricos” [10].

 

ANTES DEL CUMPLIMIENTO DE LAS SENTENCIAS: “ESTAR EN CAPILLA

 

Para acercarnos a cómo se producía una ejecución a garrote y las horas previas a la misma en la España de finales del siglo XIX podemos ayudarnos de fuentes artísticas y literarias. La pintura de Ramón Casas: Garrote vil, en la que se representa la ejecución de Aniceto Poblador en la Barcelona de 1894 o el poema con el mismo título de Valle Inclán son buena muestra de ello. Si hacemos caso de estas manifestaciones literarias y artísticas la ejecución de un reo en la España del siglo XIX estaba revestida de un complejo ceremonial en el que condenados, funcionarios varios, religiosos, agentes de autoridad, autoridades y espectadores formaban un complejo conglomerado humano.

Pío Baroja en su obra “La decadencia de la cortesía” (citada por D. Sueiro) narra así la ejecución de Higinia Balaguer:

Años después presencié la ejecución de Higinia Balaguer, la del crimen de la calle de Fuencarral, desde los desmontes próximos a la cárcel. Hormigueaba el gentío. Soldados de a caballo formaban un cuadro muy amplio. La ejecución fue rápida. Salió al tablado una figurita negra. El verdugo la sujetó los pies y las faldas. Luego los hermanos de la Paz y la Caridad y el cura con una cruz alzada formaron un semicírculo delante del patíbulo y de espaldas al público. Se vio al verdugo que ponía a la mujer un pañuelo negro en la cara, que daba una vuelta rápidamente a la rueda, quitaba el pañuelo y desaparecía. En seguida el cura y los hermanos de la Paz y la Caridad se retiraron y quedó allí la figurita negra, tan pequeña, encima de la tapia roja de ladrillo, ante el cielo azul claro de una mañana madrileña [11].

 

Este texto de Pío Baroja aporta un dato interesante que afecta a los últimos momentos de la vida de los condenados a muerte al citar a los hermanos de la Paz y la Caridad; se trata de miembros de una cofradía que actuaba para atender las últimas atenciones espirituales y materiales de los condenados a muerte, una especie de “apostolado entre los condenados a la última pena” [12].

Para los condenados por la Audiencia de Extremadura, como es el caso de nuestros reos, actuaba la Cofradía de Nuestra Señora de la Caridad, con sede en Cáceres. El historiador Ángel Rodríguez Sánchez en su obra Morir en Extremadura narra la forma de actuación de esta cofradía en 82 sentencias de muerte determinadas por la Real Audiencia de Extremadura entre 1792 y 1909 y atendidas por la Cofradía de la Caridad; desgraciadamente una laguna en la documentación entre 1877 y 1908 nos quita la posibilidad de conocer datos concretos de la atención a todos los reos ejecutados en Hervás  por parte de esta Cofradía, pero, sin duda, esta atención debió producirse de forma similar a cómo se produjo con los demás condenados a muerte.

La notificación de la negación del indulto y la confirmación de la proximidad de la ejecución de la sentencia de muerte desencadenaba una actuación institucional que aislaba al reo y lo ponía “en capilla”; la actuación de la Cofradía de la Caridad iba encaminada a dotar al reo, en los últimos momentos, de una serie de bienes materiales de los que normalmente carecía en la cárcel y de humanizar esas últimas horas en prisión buscando conseguir el arrepentimiento y la salvación del alma del condenado. Miembros de la hermandad eran enviados, en turnos de dos o tres horas, para permanecer junto al reo y reconfortarle. Mientras, otros hermanos de la cofradía recorrían las calles de la población pidiendo limosnas para atender las necesidades del reo al que iban a ajusticiar. El dinero recaudado iba destinado a financiar los gastos materiales y espirituales del preso mientras permanece en capilla: “esta dádiva será el cauce utilizado para tranquilizar la conciencia social” [13].

Estas limosnas servirán para pagar la alimentación de los reos en capilla (una alimentación especial y diferente de la del resto de los condenados: caldos de gallina, potaje, jamón, bizcochos, bolluelas, leche y vino según A. Rodríguez); para dotar de un menaje de habitación básico para aportar a esas últimas horas de cierta “comodidad”: ropa de cama, mantelería, vasos, braseros, almohadas, colchones, candiles,… y para proporcionarles algunos objetos de uso personal: tabaco, ropa para acceder al patíbulo,..

Por otro lado, se proporcionaban al reo una serie de atenciones espirituales: auxilios sacramentales, celebración de misas, organización de la última voluntad del condenado, enterramiento…

Este mismo historiador, A. Rodríguez, da una visión de cuál sería el efecto de “entrar en capilla” en los condenados a muerte:

La cárcel es un sistema de reclusión que unifica una serie de tratamientos que contribuye a fijar una imagen del condenado como ser menesteroso que ha llegado donde está por merecimiento propio. El reo que ha sido condenado a morir ha acumulado tal cantidad de sufrimiento en el tiempo de permanencia en la cárcel que, cuando llega al patíbulo, no responde al estímulo social. En efecto, la capilla desempeña un papel adormecedor; pásese a un ser hambriento que sea semiviva representación de la privación, a un estadio de abundancia artificial, para que tal hombre se derrumbe en la inconsciencia y llegue aturdido a encontrarse con la muerte” [14].

 

LA CARCEL, EL LUGAR DE EJECUCIÓN DE HERVÁS Y EL VERDUGO

 

La cárcel de Hervás que acogió a los presos durante el proceso de capilla era, como es lógico, una cárcel de Partido Judicial, y sabemos que desde hacía pocos años, estaba situada en el edificio de las Casas Consistoriales del pueblo: un edificio situado, entonces, en las afueras de la población que había sido construido a principios del siglo XVIII como enfermería del Convento de Padres Franciscanos de la Bien Parada de Abadía. El edificio fue desamortizado en la primera mitad del siglo XIX y fue adquirido por el Ayuntamiento de Hervás a un particular en 1872 para convertirlo en las Casas Consistoriales del municipio (anteriormente ayuntamiento y cárcel habían estado instalados en las dependencias del también desamortizado Convento de Padres Trinitarios de la localidad –hoy convertido en Hospedería de Turismo-).

A partir del libro “Las cárceles de España: colección de datos descriptivos y estadísticos de los establecimientos carcelarios”, publicado en 1893, conocemos algunos datos de esta cárcel de Hervás: se trataba de una cárcel de partido por sistema de aglomeración. Constaba de tres departamentos, con capacidad para 70 hombres, tenía un calabozo de castigo e incomunicación y patio para el recreo de los reclusos. Había, además, un despacho para el Jefe de la Cárcel, y un almacén para utensilios, grillos y otros efectos. Era abastecido de agua por un demandadero a partir de la fuente pública, contaba con alumbrado de petróleo y tenía dos empleados: el Jefe de la Cárcel y el Demandadero, cuyos sueldos eran de 700 y 425,25 pesetas respectivamente. “El edificio está situado a la salida de la población; no tiene local destinado a depósito municipal ni guardia para la vigilancia exterior” [15].

 

Acerca del lugar en el que se desarrollaron las ejecuciones en Hervás, en un primer momento pensamos que, debido a lo avanzado que estaba el siglo XIX y a que, por aquellos momentos, ya había muchas voces contra el hecho de que se realizaran ejecuciones públicas, con toda la parafernalia que ello conlleva –tal como hemos visto en las fuentes literarias- estas ejecuciones se habrían realizado en un patio en el interior de la prisión de Hervás. Pero la lectura de las actas de sepultura y de algún medio de prensa demuestra que fueron ejecuciones públicas todas ellas (casualmente, o no, todas se realizaron en jueves) suponemos que con todo el proceso de montaje de tablado, conducción al patíbulo en carro,…

Sabemos que en Hervás el patíbulo se instaló en el sitio de El Robledo, una zona entonces alejada del pueblo, amplia, de límites un tanto imprecisos, pero creemos que el tablado debió montarse en las cercanías de la actual Ermita de San Antón: a finales del siglo XIX el edificio de la ermita no era el actual, sino que existía otra ermita, dedicada a los Mártires San Fabián y San Sebastián, construida en el siglo XVII (existía cerca un crucero y, no muy alejado, el rollo instalado desde la consecución de la Exención y Villazgo en 1816): “era una casa rústica de una sola planta con un portal en la entrada con viguería de castaño” [16].

 

 

 

IMAGEN 2. Ermita de los Santos Mártires, Hervás, en cuyas cercanías se instaló el patíbulo para las ejecuciones.

 

Como norma general, el condenado era conducido hasta el lugar elegido para ubicar el cadalso en un carro y flanqueado por los funcionarios de la Audiencia, miembros de la Cofradía, alcaldes de la custodia, sacerdotes, etc. Este patíbulo situado en alto ejemplifica un doble proceso de intimidación: el reo siente que es separado de la tierra desde el momento en que empieza a subir al cadalso; el público, a su vez, percibe la elevación del patíbulo como el gigantismo de la justicia: ambos, condenado y asistentes, quedan sobrecogidos.

 

Acerca de la figura del verdugo que ejecutó las sentencias no tenemos una confirmación concreta de su nombre –no aparece mencionado su nombre en ningún documento-, aunque aparece citado en los documentos periodísticos de las ejecuciones, cuando se informa de su viaje a Hervás. Pero, aún sin que se llegue a indicar su nombre, tenemos evidencias de quién fue el verdugo que ejecutó, al menos, a los tres últimos reos ejecutados en Hervás. En su libro “Garrote vil. Rituales de ejecución, verdugos y reos en la España contemporánea”, Eladio Romero indica que a finales del siglo XIX en España había cinco verdugos titulares, cada uno correspondiente con cinco Audiencias territoriales (alguno de los cuales llegó a ser un personaje muy famoso, como el de la Audiencia de Barcelona Nicomedes Méndez López); en la de Cáceres laboraba –es el término que suele utilizarse- Saturnino de León Virreales. Apenas hemos encontrado datos de su actividad como verdugo en la provincia de Cáceres, sin embargo, sí hemos encontrado referencias de él en la prensa salmantina, ya que intervino como verdugo en el ajusticiamiento de los reos del crimen de Galisancho, llevado a cabo en la población de Alba de Tormes en 1897. En los periódicos La OpiniónEl Adelanto de los días 9 y 10 de diciembre de dicho 1897, en extensas crónicas sobre el crimen citado y las ejecuciones, se dice que Saturnino de León, natural de Toledo, era padre de cinco hijos y que, en esa fecha, llevaba ejerciendo como  verdugo doce años en los que había ejecutado a 11 condenados –habría ejercido, por tanto, desde 1885-; “su aspecto es repulsivo en alto grado y el sentimiento de repugnancia que causa auméntase al oírle hablar con cínico desparpajo de su oficio y de la precisión y seguridad de los aparatos que usa, cuya invención se atribuye y que califica de inmejorables. Conserva como recuerdo un escapulario de cada uno de los reos que ha ajusticiado, y asegura que diariamente reza algunas oraciones por su eterno descanso” [17].

Era habitual que cada verdugo poseyera su propio instrumento de garrote que transportaba a los lugares donde iba a aplicar la pena; y era frecuente que cada verdugo hiciera sobre el instrumento aquellos arreglos que él consideraba como apropiados como mejoras para su funcionamiento.

La revista El Defensor del Contribuyente nos permite conocer que Saturnino de León aún estaba ejerciendo como verdugo de la Audiencia de Cáceres en 1904.

 

 

 

 

IMAGEN 3: Revista El Defensor del Contribuyente. 30 de abril de 1904

 

Como curiosidad, hemos encontrado en el periódico Heraldo Toledano de 9 de febrero de 1909 una noticia sobre tribunales en la que se habla de un juicio por jurados contra Saturnino de León, vecino del pueblo de La Estrella, acusado de homicidio. Desconocemos si se trata del mismo Saturnino de León, de ser así sería éste un triste final para una persona que ejerció una triste profesión.

 

EL CUMPLIMIENTO DE LAS SENTENCIAS

 

Para conocer el cumplimiento de las sentencias es útil recurrir a la prensa de la época ya que, como dijimos, en el Archivo Municipal de Hervás apenas han quedado rastros de estas ejecuciones. Es muy curioso observar el sensacionalismo con el que se narran estas ejecuciones en la prensa de la época. Para el caso de la última ejecución, la de Ceferino Rodríguez contamos, además de con la narración de la prensa nacional, con una fuente local que narra la ejecución con gran cantidad de detalles: se trata del periódico El Ariete, un periódico quincenal que circuló en Hervás entre septiembre de 1896 y octubre de 1897 (con anterioridad existió en Hervás otro periódico de similares características –El Eco de Hervás-, que circuló entre agosto de 1895 y marzo de 1896).

Todas fueron ejecuciones públicas, a pesar de que una Real Orden de 1894 establecía que los patíbulos no podían levantarse en lugares públicos: “los reos de la pena capital, en sus horas postreras, suelen ser asunto de de una afrentosa y despiadada curiosidad que, trocando en espectáculo el ejemplo, turba el recogimiento de que tanto ha menester el afligido, y ofende la delicadeza de los sentimientos cristianos” (R.O. 1894) [18]. La aplicación de esta ley, como puede suponerse, tuvo muchos altibajos y no se aplicó en el caso de Hervás.

 

  • Cumplimiento de sentencia: JULIÁN MARTÍN SÁNCHEZ

De los tres procesos de ejecución es del que menos datos disponemos, ya que apenas ocupó espacios en la prensa del momento. En realidad sólo hemos encontrado dos referencias: una en febrero de 1884 en la que se notifica que en la Sala Segunda de la Audiencia del Tribunal Supremo de Madrid se vio el recurso contra la sentencia impuesta por la Audiencia de Cáceres (no se indica el resultado de la vista).

 

 

 

IMAGEN 4: Diario Oficial de Avisos de Madrid. 9 de febrero de 1884.

 

La segunda referencia ya es relativa a la ejecución, pero no narra la ejecución misma. Se trata de una nota aparecida en diferentes periódicos (Diario Oficial de Avisos de Madrid, El Imparcial,…) en la que se da cuenta del destacamento militar que se desplazó desde Cáceres a Hervás para asistir al ajusticiamiento.

 

 

 

IMAGEN 5: Diario Oficial de Avisos de Madrid. 22 de abril de 1884.

 

No hay más noticias de prensa en este caso. Las últimas referencias las hemos encontrado en el Registro Civil y en el Archivo Parroquial de Hervás: son los registros de defunción y la anotación de enterramiento de Julián Rodríguez.

A partir de la anotación en el Registro Civil, realizada a las 11 de la mañana del día 24 de abril de 1884 sabemos que Julián Martín Sánchez había nacido en la Alquería del Castillo, que contaba con cuarenta y cinco años y que su ocupación era la de propietario. Falleció (hora de ejecución) a las ocho de la mañana en el sitio llamado del Robledo por muerte en garrote vil.

La inscripción en el libro de difuntos de la parroquia de Santa María de Aguas Vivas de Hervás (la única que existía en aquel momento en la población) es más explícita:

En la Villa y Partido judicial de Hervás, provincia de Cáceres, Diócesis de Plasencia, a las ocho de la mañana del veinticuatro de abril de mil ochocientos ochenta y cuatro, fue ejecutado por la justicia a consecuencia de haber cometido el delito de asesinar a su propio hijo, Julián Martín, marido de María Vázquez, natural de Orbijuela, anejo del Pino Franqueado, hijo legítimo de Juan Martín y María Rosa Sánchez. Recibió los auxilios espirituales que exije nuestra Sta. Religión, y a su cadáver se le dio sepultura esca. en el campo santo de esta villa. Y firmo: Eduardo Mendoza” (párroco de la iglesia) [19].

 

 

  • Cumplimiento de sentencia: DEMETRIO JOSÉ GARCÍA RODRÍGUEZ Y JUANA PETRA GARCÍA GONZÁLEZ.

Contrariamente a la falta de noticias de la ejecución de Julián Martín, del cumplimiento de sentencia que nos ocupa hay mucha información.

El caso de Demetrio José y Juana Petra fue el primero del que tuvimos conocimiento -y el que nos permitió “tirar del hilo” hasta conocer el resto de los casos-, y lo fue al encontrar en el acta de plenos del día 23 de diciembre de 1894 del Ayuntamiento de Hervás la siguiente reflexión:

“(…) Unánimemente se acordó así mismo, se hiciera constar en acta el sentimiento con que la Corporación ha sabido por la prensa periódica de Madrid que ha sido denegado en Consejo de Ministros el indulto de los reos condenados á la pena de muerte por la Excma. Audiencia de lo Criminal de Cáceres, por el delito de parricidio cometido en el pueblo de Mohedas perteneciente á este partido judicial, y estando muy próxima la ejecución de la Sentencia que por ministerio de la ley ha de verificarse en esta Villa, como cabeza de partido, con el fin de evitar que este vecindario presencie tan triste y doloroso espectáculo, creyendo interpretar fielmente los sentimientos caritativos del mismo, vista la excitación que reina desde que se tiene la evidencia de su pronta ejecución acuerda se dirijan comunicaciones á los Ilmos. Sres. Obispos de Coria y Plasencia, á todos los Diputados y Senadores de la provincia, á las personalidades mas distinguidas de la política, que militan en los partidos monárquicos, á los Excmos. Sres. Ministros de la Gobernación y Gracia y Justicia así como á todos los periodicos de mayor circulación de España, a fin de que todos interpongan su poderosa influencia cerca de S.M. la Reina Regente (Q.D.G.) para que ejerza una vez más la más hermosas de todas las regias prerrogativas a favor de los desgraciados reos José Demetrio García y su esposa Juana; y para en el caso de que no pudiera conseguirse por la enormidad del crimen cometido, que se dirija una instancia suscrita por todos los individuos de la Ilustre Corporación á el Ilmo. Sr. Presidente de la Audiencia de lo Territorial de Cáceres solicitando acuerde el Tribunal Sentenciador que la ejecución de la pena de muerte de indicados reos se verifique en el pueblo donde se cometió el delito, en vista de la escitación reinante que hace temer se alterara el orden público en el día que haya de llevarse á efecto, teniendo además en cuenta que producirá más ejemplaridad el castigo de los delincuentes en el lugar donde murió la víctima, que no en un punto lejano como se encuentra esta Villa, ofreciendo no obstante este Ayuntamiento sufragar todos los gastos que se originen con motivo de la ejecución en dicho pueblo (…) [20].

 

Perdido el recurso de casación, es de suponer que los abogados defensores, ante la inminencia de la ejecución de sus defendidos, intentaran que ésta no se llevara a cabo, para lo que solicitarían, con toda probabilidad, el indulto para los condenados y el cambio de la sentencia de muerte por otra menor, que sería la cadena perpetua. Esta circunstancia es la que aprovecharían los miembros del Ayuntamiento de Hervás en su intento de que la ejecución no tuviera efecto en el municipio. La Corporación de Hervás se sumaba a las peticiones de indulto a la Reina Regente (Mª Cristina, esposa del fallecido Alfonso XII y regente hasta la mayoría de edad de Alfonso XIII) o, si ésta no era concedida (“por la enormidad del crimen cometido”), pretendía de la Audiencia de Cáceres que la ejecución se realizara en el propio municipio de Mohedas donde ocurrió el asesinato, para lo que se alegaba el estado de excitación y las posibles alteraciones de orden público en la población de  Hervás y la efectividad de la ejemplaridad en el municipio de los condenados. Tal era el deseo de que no se ejecutase a los reos en Hervás que, incluso, se asumían los gastos de la ejecución en Mohedas. No tenemos noticia de que a Hervás llegara contestación de ninguna de las instancias citadas en la sesión de la Corporación (la Reina Regente, los Ministros, o la Audiencia de Cáceres), sospechamos que no fue así; lo que sí sabemos es que la sentencia se ejecutó en Hervás el día 10 de enero de 1895.

Ya la prensa, en mayo de 1894 había informado de la condena a muerte de los acusados; los periódicos El Liberal, La Correspondencia de España o La Iberia dejaban constancia del hecho:

 

 

IMAGEN 6. El Liberal. 29 de mayo de 1894.

 

El Diario de Córdoba del 1 de junio de 1894 apuntillaba: “El público dio muestras de aprobación cuando se leyó la sentencia”.

La sentencia se cumplió, como hemos dicho, el día 10 de enero de 1895. La prensa nacional se hizo amplio eco desde varios días antes, comentando el traslado a Hervás de los presos y del verdugo, el estado de excitación de los condenados esos días previos y de la ejecución final.

Por ejemplo, el Diario Oficial de Avisos de Madrid del día 7 de enero notifica la conducción en coche celular  de los presos desde Cáceres “saliendo con ellos hasta la estación el gobernador y los jefes de la guardia civil. La reo fue llorando hasta la estación. El marido iba muy sereno. La ejecución será el día 9”.

 

 

 

 

 

 

 

IMAGEN 7. Diario Oficial de Avisos de Madrid. 7 de enero de 1895

 

El periódico La Vanguardia de España del día 8 indicaba que “en el mismo tren, y escoltado por una pareja de la Guardia Civil, va el verdugo”.

El diario El Liberal del día 8 de enero se hace eco del ruego que ha enviado el Ayuntamiento de Hervás a la prensa en petición de que interceda ante los poderes públicos y a diputados y senadores de la provincia para evitar el ajusticiamiento que se va debe producir en Hervás.

La ejecución, finalmente, no se produjo el día 9 como aparece indicado en alguna noticia de prensa anterior; se llevó a cabo el día 10, quizá a la espera de la resolución de la solicitud de indulto, aunque la información en la prensa aparece, como es lógico por los sistemas de comunicación de la época con algún retraso. El periódico La Correspondencia de España del día 10 de enero, pero reflejando una crónica del 9 a las 9,15 horas, comenta que los reos han sido puestos en capilla indicando que “ayer no fueron puestos en capilla, porque se esperaba la llegada  de la fuerza de caballería. Se les ha puesto a las ocho de la mañana. Hay gran afluencia de forasteros, que vienen a presenciar la ejecución.

Aquí todo el mundo trabaja por el indulto, siendo imposible conseguirlo por la enormidad del delito” [21].

Una vez los reos en capilla, la prensa da cumplida información sobre su estado; el Diario Oficial de Avisos de Madrid del día 10 informa:

Los reos se encuentran extraordinariamente excitados. Demetrio insultó esta mañana al médico forense, señor Villar; después ha sufrido un fuerte ataque nervioso. Durante él ha delirado, pronunciando frases incoherentes. Asegura que ha sido condenado por la declaración del médico forense e insulta al escribano actuario de su causa. Clama pidiendo a la Providencia amparo y protección a sus desgracias.

El espectáculo es desconsolador y triste y muy penoso para cuantos lo presencian. Los esfuerzos hechos para conseguir que se confiese resultan inútiles.

Juana, sentada en el suelo, llora desconsolada, protestando de su inocencia. Sus agudos lamentos se oyen en toda la prisión, donde es difícil entrar dadas las prohibiciones  severísimas que con este propósito se han dictado.

No obstante, adquiriré noticias, y, a falta de éstas, telegrafiaré los rumores que lleguen a mi conocimiento” [22].

 

IMAGEN 8: Diario Oficial de Avisos de Madrid. 10 de enero de 1895

 

La ejecución se produjo finalmente a las ocho de la mañana del día 10 de enero. También aparece reflejada en distintos medios de prensa; en  La Correspondencia de España del día 11 –pero reflejando una crónica de las 9,5 horas del día 10-  puede leerse: “Anoche se confesaron los reos. Esta mañana, a las ocho, se cumplió la sentencia ante numeroso gentío que acudió a presenciar la ejecución. La reo fue dando gritos de terror por todo el camino, hasta que llegó al patíbulo. Demetrio fue sereno, pero muy pálido.

Un pequeño grupo rodea constantemente el cadalso, donde están los cadáveres. No hay más gente a causa de la lluvia. Reina orden completo” [23].

El acto final, entonces, la mañana del día 10 de enero podemos imaginarlo así: después de la última cena de los condenados llegarían los auxilios espirituales, la confesión y el arrepentimiento de los reos que se prologarían a lo largo de la noche por eclesiásticos y miembros de la Cofradía de la Caridad; finalmente lo reos serían llevados en carro al patíbulo, en el sitio de El Robledo, vestidos con hábito negro, y conducidos por miembros de la Guardia Civil y Guardias Municipales. Junto al patíbulo estarían esperando las autoridades judiciales y municipales y el gentío que acudió a presenciar la ejecución. Según la costumbre de la época, los reos se sentarían en el banco del garrote rezando un Credo y con un crucifijo en sus manos y así, mientras musitaban la oración, les debía sorprender el golpe de manivela que acababa con su vida.

Como en el caso de la ejecución de 1884 hemos encontrado las inscripciones de fallecimiento y entierro en el Registro Civil de Hervás y en el Archivo Parroquial de la iglesia de Santa María de Aguas Vivas.

A partir de estas fuentes sabemos que Juana Petra García González, la primera en ser ejecutada, hija de Manuel y de Nicolasa, había nacido en la población de Mohedas y contaba con 42 años, se dedicaba a las labores de su casa y falleció a las ocho de la mañana debido a “asfisia por estrangulación” –Registro Civil-, “ajusticiada en garrote vil el Robledo por el delito de parricidio en la persona del Manuel, a las ocho de la mañana” –Registro Parroquial-.

Su marido, Demetrio José García Rodríguez era natural de Mohedas y contaba con 44 años, de profesión jornalero; fue ajusticiado en segundo lugar, a las ocho y cuarto, constando las mismas causas en ambos registros, aunque, curiosamente, en el registro parroquial se omite la apreciación “en garrote vil”.

El párroco que firmó el acta indica, en ambos casos, que recibieron los sacramentos de penitencia y eucaristía y que fueron enterrados de caridad.

Una última alusión a la ejecución la encontramos en las actas del Ayuntamiento de Hervás. En la sesión de la Corporación del día 13 de enero ésta acuerda expresar su agradecimiento a todas aquellas personas que intervinieron en el intento de lograr el indulto de los condenados:

“(…) Así mismo y por unanimidad también se acordó se hiciera constar en acta, el agradecimiento de la Corporación a los Sres. Diputados y Senadores de la provincia, y en especial á el Excmo. Sr. Don Joaquín González Fiori así como á los demás Excmos. Sres. que han gestionado cerca de S.M. la Reina, y Ministro de Gracia y Justicia para conseguir el indulto de los reos ejecutados el 10 del actual, quedando plenamente convencidos de la imposibilidad material de conseguirlo debido á la enormidad del delito cometido y malos antecedentes de los condenados á tan tristísima pena, acordando que el Sr. Presidente en nombre del Ayuntamiento, escriba á los que han intervenido dándole las más expresivas gracias, por la actividad desplegada con tan noble fin (…)” [24].

 

 

Cumplimiento de sentencia: CEFERINO RODRÍGUEZ DELGADO

Como hemos indicado, la ejecución de Ceferino Rodríguez está documentada no sólo a través de la abundante prensa nacional si no, también, a través de una extensa crónica en el periódico local El Ariete, que había empezado a publicarse en Hervás pocos meses antes de la ejecución. Ya en su primer número, el 1 de septiembre de 1896, este periódico quincenal notificaba la denegación, por parte del Consejo de Ministros, del indulto de la pena de muerte a Ceferino en sesión del día 22 de agosto –hecho que, también,  fue recogido por la prensa nacional-.

Bien nos consta que los Senadores y Diputados de la provincia en unión de otras respetabilísimas personas han hecho supremos esfuerzos para alcanzar el indulto, pero sin duda algún hado fatal persigue a este país condenado a sufrir el baldón de ver levantarse con tanta frecuencia el patíbulo, aún para reos que no tienen de común con el mismo país más que la coincidencia momentánea del sitio escogido para perpetrar el crimen” [25].

En este número de El Ariete del 1 de septiembre se aportan también algunos datos personales del condenado; se indica que era natural  de Mina de Ribera, partido de Vitigudino y vecino de Nava de Béjar, que estaba casado, era arriero y tenía en aquellos momentos 27 años. Después de narrar brevemente el crimen por el que Ceferino fue condenado a muerte y hacer una  valoración moral sobre el mismo, el periodista aporta un dato curioso: informa de que pocos meses antes de cometer el crimen, Ceferino Rodríguez vino a Hervás “exclusivamente” a presenciar como espectador la ejecución de Demetrio José y de Juana Petra.

Acercándose la fecha de la ejecución se hacen nuevos intentos de conseguir el indulto para el condenado. El diario El Imparcial del día 22 de enero de 1897 hace una reseña de la comisión de personalidades (senadores y diputados de la provincia de Cáceres) que hacen visita al Ministro de Gracia y Justicia para solicitar el indulto de Ceferino Rodríguez “que habrá de ser ejecutado uno de estos días en Hervás”. La argumentación para solicitar el indulto es extensa:

La circunstancia de haberse impuesto la pena capital tan solo por prueba de indicios, el carecer el reo de antecedentes penales, el largo tiempo transcurrido desde el mes de julio en que fue sentenciado, el haberse ejecutado hace pocos meses otra sentencia de pena capital en aquel mismo juzgado y la feliz coincidencia de haberse interpuesto el día del Santo de S.M. el rey entre la fecha en que se decretó el cumplimiento del fallo y la ejecución de éste, fueron las razones alegadas al señor Ministro de Gracia y Justicia, el cual ofreció llevar nuevamente al Consejo de ministros el asunto para que sea resuelto en definitiva. Dichos señores visitarán esta tarde al señor Cánovas” [26].

El indulto no llegó y, como en el caso anterior, los periódicos nacionales empezaron a dar noticias varios días antes de la ejecución. El periódico El Imparcial notificaba el día 9 de febrero que el día anterior, a las 8 de la tarde, había salido desde Cáceres en dirección a Hervás el reo, cuyo ajusticiamiento estaba previsto para el día 11 y cuyo indulto había sido denegado hasta en tres ocasiones: “va gravemente enfermo de tisis pulmonar, y llora con el mayor desconsuelo. Le acompaña la Guardia Civil” [27].

También por informaciones de la prensa sabemos que Ceferino, de apodo el Hospiciano, fue puesto en capilla, veinticuatro horas antes de la ejecución como era preceptivo, a las ocho de la mañana del día 10 de febrero. Los periódicos La Dinastía y El Liberal –día 11- informaban de la negativa del condenado a firmar la sentencia que le fue leída, indicando que le asistían en sus últimas horas diversos sacerdotes y personas piadosas. También informaban de su arrepentimiento y de que pasó las últimas horas escuchando con recogimiento a los sacerdotes.

Los periódicos del día 12 de febrero daban ya la información de que la ejecución había tenido lugar el día 11 a las ocho de la mañana. El periódico El País indicaba que “subió al patíbulo queriendo aparecer tranquilo, pero al sentarse en el banquillo estaba tan abatidísimo que hubo necesidad de ayudarle para que no se cayera” [28].

Pero, como decíamos, la crónica más completa de los hechos apareció en el periódico local El Ariete del día 20 de febrero de 1897.

Preliminares de la ejecución: En el tren de la madrugada del día 8 llegaron el ejecutor de la justicia y un alguacil de la Audiencia, encargado éste de conducir la ejecutoria y desde luego el público comprendió que pocos días tardaría en cumplirse el fallo, concurriendo gran número de personas a la estación a las horas del tren, deseosas de conocer al reo, que llegó a ésta en la madrugada del día 9, conducido en coche celular, custodiado por la Guardia Civil, siendo trasladado a la cárcel en un carro. La fuerza pública compuesta de un piquete de infantería y otro de la Guardia Civil mandada por sus respectivos oficiales, llegaron el día 10.

El cadalso se levantó en la planicie que forma el Robledo alto, a corta distancia de la ermita de San Antón, ocupando una buena posición que, por grande que sea la concurrencia, todos pueden contemplar el espectáculo hasta sus más pequeños detalles.

El reo: Como se ha dicho llegó en la madrugada del día 9, y fue encerrado en uno de los calabozos de la cárcel del partido, siendo entonces cuando empezó a comprender el motivo de su viaje, pues según nuestros informes, venía en la creencia de que había sido llamado para prestar una declaración. Por la tarde del mismo día 9 rogó que fuera llamada su esposa y que por telégrafo se pidiera al diputado Sr. Fiori que gestionara nuevamente el indulto, y en ambas cosas fue complacido inmediatamente. A las ocho de la mañana del siguiente día 10, le fue leída la sentencia y no pudo firmar la notificación por la excitación nerviosa que sufría y, aunque mostró bastante serenidad, en algunos momentos dio rienda al llanto.

Desde luego los sacerdotes de esta villa y los hermanos de San Vicente de Paul se constituyeron en acompañantes del reo, a quien excitaron a tomar algún alimento, pero inútilmente, porque Ceferino manifestó serle imposible deglutirlo; a las once recibió la visita de un hermano de su esposa, que le entregó una carta de ésta, manifestando sería imposible venir por encontrarse enferma; esta visita y la carta le emocionaron mucho; ya cerca de media noche hizo confesión general y a las seis de la madrugada le fue administrada la sagrada Comunión; a las siete recibió la visita del verdugo, a quien saludó afectuosamente tanto al entrar como al despedirse. Durante todo el tiempo que estuvo en capilla el pulso del reo marcaba 90 pulsaciones, a pesar de su aparente serenidad.

La ejecución: A las ocho menos cinco minutos, el infeliz Ceferino Rodríguez fue subido al patíbulo. Tanto en el trayecto como en el tablado mostró la mayor resignación, no profirió una sola frase ofensiva contra nadie; repetía las oraciones que recitaban los sacerdotes; besó con fervor varias veces el crucifijo y dio las mayores muestras de arrepentimiento confiando en Dios. A las ocho en punto quedó cumplida la justicia humana y el reo había dejado de existir.

¡Que Dios haya recibido su alma arrepentida y purificada con la pena y el perdón!.

No es cierto que Ceferino Rodríguez haya hecho pública confesión del crimen porque se le ha castigado y se haya revelado autor de otro homicidio; pero de su arrepentimiento, de muchas de las frases que ha pronunciado, se colige claramente que el Jurado no se equivocó y que los miembros que le constituyeron pueden tener la conciencia tranquila” [29].

Se nos muestra, por tanto, una crónica bastante completa del proceso: la llegada del reo y el verdugo, la estancia en capilla, la función de los Hermanos de la Cofradía de la Caridad (en este caso los hermanos de San Vicente de Paul), el levantamiento del cadalso y la ejecución.

Pero, además, hemos encontrado una crónica de la ejecución curiosa en el periódico El Isleño, de Palma de Mallorca, del día 16 de febrero (al parecer Ceferino Rodríguez había pertenecido al Batallón Baleares). Reproduciremos un par de fragmentos que pueden complementar la información anterior:

Hemos hablado con él durante su estancia en capilla, y apenas si podía contestarnos por lo abatido de su ánimo. Sólo me encargó  hiciera presente a todos los señores directores de periódicos su arrepentimiento, y que con su lectura inculcaran a los pueblos las más sanas doctrinas, para no incurrir en delitos tan abominables, con objeto de no verse en afrenta tan bochornosa. […]

Hasta la primera hora ha estado resignadísimo, confiando en recibir la gracia del indulto. A las cinco de la madrugada confesó y comulgó sin oponer resistencia alguna y muy contrito. Después tomó un chocolate, que los hermanos de la Caridad le ofrecieron y aceptó gustoso.

Al partir para el patíbulo suplicó a todos el perdón. Fue acompañado por dos sacerdotes. Al presentarse el teniente de la fuerza que mandaba la escolta hubo una escena desgarradora, por haber servido el reo en el mismo regimiento” [30].

Como en los otros casos, también se encuentran las anotaciones de la defunción en el Registro Civil y en el Registro Parroquial. En el caso del Registro Civil se indica que “se ignora si otorgó disposición testamentaria y que a su cadáver se habrá de dar sepultura en el cementerio católico de esta villa”. La anotación del Registro Parroquial, después de los datos personales del finado, indica que “murió ahorcado por el verdugo por el crimen de asesinato en la persona de Prudencio García en la jurisdicción de esta villa, se le ausilio hasta en última hora y firmo, Eduardo Mendoza” [31].

 

La de Ceferino Rodríguez debió ser, quizá, de las últimas ejecuciones públicas en nuestro país; la sensibilización social contra el carácter público y festivo que habían tenido estas ejecuciones en el pasado promovió el desarrollo de legislación contraria a la misma. Finalmente,  la denominada Ley Pulido de 9 de abril de 1900 (su nombre hace referencia a Ángel Pulido, médico y  parlamentario, partidario de la abolición de la pena de muerte que promovió una iniciativa de ley contra las ejecuciones abiertas) ya suprimiría el carácter público de las ejecuciones: “…La pena se ejecutará en garrote, de día, en sitio adecuado de la prisión en que se hallare el preso y a las dieciocho horas de notificarle la señalada para la ejecución, que no sería verificada en días de fiesta religiosa o nacional” [32].

 

NOTAS:

[1] y [2]   Colección legislativa de España. Sentencias del Tribunal Supremo en materia criminal. Primer semestre de 1884, nº 131, pp. 388-390. Madrid, 1885.

[3] y [4] Colección legislativa de España. Jurisprudencia criminal. Volumen III de 1894. De julio a diciembre; nº 41. Pp. 119-122. Madrid, 1916.

[5] El País. Diario Republicano Independiente. 30 de mayo de 1894.

[6] Colección legislativa de España. Jurisprudencia criminal. Volumen II de 1896. De abril a junio; nº 159. Pp. 376-379. Madrid, 1914.

[7] y [8] Marcos Arévalo, J. (1984): El hacinamiento, la marginalidad y la pena de muerte: la cárcel de Badajoz en el siglo XX. Diputación Provincial de Badajoz. pag. 127.

[9], [10] y [11] SUEIRO, D. (1974): La pena de muerte. Ceremonial, historia, procedimientos. Alianza Ed. Madrid. pag. 134.

[12]  Fernández Sánchez, T. (1975): “Un siglo de horca y garrote en la Real Audiencia de Extremadura”. Congreso de Estudios Extremeños. Dip. Provincial de Badajoz. p. 200

[13] Marcos Arévalo, J. (1984): op. cit. p.132.

[14]. Rodríguez Sánchez, A. (1980: Morir en Extremadura. Instit. Cultural El Brocense. Diput. Provincial de Cáceres, p.63.

[15] Guillén Andreu. N. y López Cancio, A. (1983): Las cárceles de España: colección de datos descriptivos y estadísticos de los establecimientos carcelarios. Imprenta J. Comas, Sabadell.

[16] Marciano de Hervás (2009): “Historia de Hervás: sus orígenes. Estudios Bejaranos, nº 13. Centro de Estudios Bejaranos, pag. 40.

[17] El Adelanto, Diario Político de Salamanca. 10 de diciembre de 1897.

[18] Real Orden de 24 de noviembre de 1894.

[19] Archivo Parroquial de Hervás. Libro de Difuntos, 1884. Inscripción nº 37.

[20] Archivo Municipal de Hervás (AMH). Libro de actas de corporación municipal. 23 de diciembre de 1894. Legajo 31, cap. 4, folio 99.

[21] La Correspondencia de España. 10 de enero de 1895.

[22] Diario Oficial de Avisos de Madrid. 10 de enero de 1895.

[23] La Correspondencia de España. 11 de enero de 1895.

[24] AMH. Libro de actas de corporación municipal. 23 de diciembre de 1894. Leg. 31, cap. 5, fols 3v-4.

[25] El Ariete. 20 de febrero de 1897.

[26] El Imparcial. 22 de enero de 1897.

[27] El Imparcial. 9 de febrero de 1897.

[28] El País. 12 de febrero de 1897.

[29] El Ariete. 20 de febrero de 1897.

[30] El Isleño. 16 de febrero de 1897.

[31] Archivo Parroquial de Hervás. Libro de Difuntos, 1897. Inscripción nº 8.

[32] Ley de 3 de abril de 1900 (Ley Pulido).

 

BIBLIOGRAFÍA:

ARAGÓN MATEOS, S.: Delincuentes y patíbulos en Badajoz a través de fuentes literarias y periodísticas (siglos XVIII-XIX). Revista de Estudios Extremeños, 2015. Tomo LXXI, nº III, pp. 2069-2096.

  • COLECCIÓN LEGISLATIVA DE ESPAÑA. JURISPRUDENCIA CRIMINAL. Imprenta de la Revista de Legislación. Madrid, 1916.
  • FERNÁNDEZ SÁNCHEZ, T.:Un siglo de horca y garrote en la Real Audiencia de Extremadura”. V Congreso de Estudios Extremeños. Diputación Provincial de Badajoz, 1975.
  • LUCEA AYALA, V.: Reos, verdugos y muchedumbres: la percepción popular de la penalidad y la pena de muerte. Zaragoza, 1855-1915. Revista Zurita, pp. 129-158.
  • MARCOS ARÉVALO, J.: El hacinamiento, la marginalidad y la pena de muerte: la cárcel de Badajoz en el siglo XX. Diputación Provincial de Badajoz, 1984.
  • RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A.: Morir en Extremadura (La muerte en la horca a finales del Antiguo Régimen). Institución Cultural El Brocense. Diputación Provincial de Cáceres, 1980.
  • RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A.: La soga y el fuego. La pena de muerte en la España de los siglos XVI y XVII. En AMNISTÍA INTERNACIONAL (ed.): La pena de muerte y su abolición en España. Los Libros de la Catarata.
  • ROMERO GARCÍA, E.: Garrote vil. Rituales de ejecución, verdugos y reos en la España contemporánea. Ed. Nowtilus, 2014.
  • SERRANO TÁRREGA, M.D.: La pena capital en el sistema español. UNED. Col. Aula Abierta, 64. Madrid, 1992.
  • SUEIRO, D.: La pena de muerte. Ceremonial, historia, procedimiento. Alianza Ed. Madrid, 1974.
Nov 242021
 

Dr. Francisco González Lozano. fglozano@hotmail.com

Dra. Guadalupe Pérez Ortiz. mgperort@gmail.com

Dña. Rocío Pérez Ortiz. rocioperezortiz@gmal.com

 

Resumen:

 

El trabajo que se presenta a los Coloquios Históricos de Extremadura en su L edición recoge un análisis exhaustivo de un nutrido conjunto de profesores que impartieron docencia en el Seminario Metropolitano San Atón de Badajoz entre los años 1850 y 1960. Se ha elegido este periodo por ser un tiempo sumamente interesante tanto para la historia de la Iglesia católica como para el propio seminario pacense. De los 7 docentes seleccionados abordaremos aspectos biográficos, educativos, laborales y de su producción científica. Con este estudio queremos rendir homenaje a los docentes seleccionados y al propio Seminario de Badajoz como un centro educativo de referencia en toda Extremadura a lo largo de sus más de 350 años de historia.

 

 

  1. Introducción

 

En el marco del L aniversario de los Coloquios Históricos de Extremadura hemos creído oportuno rendir homenaje al Seminario Metropolitano San Atón de Badajoz institución eclesiástica y educativa con más de 350 años de historia. Muchas y muy variadas eran las posibilidades para rendir este merecido homenaje. De todas ellas nos hemos decantado por sus profesores y dado al amplísimo plantel de docentes que han pasado por las aulas de San Atón en más de 350 años delimitamos este trabajo al periodo cronológico de 1850 a 1960 por ser una época sumamente interesante en la institución y en la propia Iglesia  católica. Dentro del nutrido grupo de profesores que desempeñaron su tarea en estos 110 años hemos hecho una selección de 7 docentes que son los que se van a exponer en estas páginas. Abordaremos aspectos biográficos, educativos, laborales y de producción científica de cada uno de ellos.

 

2.     Profesores destacados del Seminario San Atón de Badajoz y su trayectoria

 

La vida educativa del Seminario tiene como objeto principal al seminarista, que como protagonista de su crecimiento personal desarrolla un camino en el que se rodea de múltiples herramientas que persiguen tal fin: constituciones, reglamentos, planes de estudio, asignaturas, horarios, espacios educativos, etc. que entrelazándose de manera organizada, constituyen los pilares sobre los que se asienta la gestión, dirección y orientación del Seminario. Además, en todo este recorrido el seminarista se encuentra asesorado y acompañado de sacerdotes que ejercían diferentes funciones en todo su proceso formativo: rector, vice-rector, administrador, director espiritual y profesores, etc.

En esta contribución a los L Coloquios Históricos de Extremadura queremos rendir homenaje a una parte del inmenso plantel de profesores que impartieron su docencia en el Seminario de Badajoz. Su misión sobrepasará la explicación aséptica de las materias en las que habrán de ser instruidos los colegiales para obtener un grado académico; buscando ser en todo momento educadores integrales de jóvenes ansiosos de conocimiento. La labor de los profesores no se limitaba a impartir la docencia que les indicara el obispo. Las Constituciones del obispo Obregón señalaban la disciplina interna de los colegiales y de los profesores. Conforme a éstas, la dirección académica de la educación de los colegiales recae sobre los catedráticos[1], quienes, para instruir a los jóvenes y desempeñar la enseñanza de las asignaturas, se esmerarán en el aprovechamiento e ilustración de los alumnos. Han de velar, sin acepción de alumnos, por el crecimiento y la sabiduría de sus pupilos y serán maestros encargados de guiar y acompañar los procesos educativos de sus alumnos en el terreno académico y en otros aspectos propios de la vida interna del Seminario, manteniendo contacto asiduo con el rector.

El informe de José Quevedo, rector entre 1853 y 1855, ya apuntaba la necesidad de una preparación adecuada de los catedráticos; la razón era la falta de sacerdotes preparados a quienes pudiera fiarse tan difícil cargo[2].

Años más tarde, el obispo Pantaleón Montserrat y Navarro mandaba un nuevo Reglamento para el Seminario Conciliar[3]. En lo que respecta a la tarea docente, destacamos, en primer lugar, la invitación que hace a los profesores a ser puntuales en su tarea y a enseñar en virtud a los seminaristas.

Muestra de la preocupación del profesorado por la vida y el crecimiento de los alumnos es el inicio sistemático de los “expedientes de conducta” que a partir de 1866 recogen el comportamiento de los colegiales. Los catedráticos rellenaban un informe personal donde las opciones que podían señalar respecto al alumno eran “bueno / malo / regular”[4]. Este detallado documento que se realizaba individualmente recogía también las faltas de asistencia a clase; además, expresaba la aplicación de los alumnos con los calificativos de “mucha / alguna / bastante / regular / poca / incalificable”. En un último apartado se recogían los castigos impuestos por los catedráticos a los malos comportamientos de sus alumnos. Esta relación de documentos nos demuestra la laboriosidad exquisita de la junta de disciplina y de los catedráticos respecto a sus alumnos. El registro individualizado del comportamiento, así como del aprovechamiento de las materias, daba una visión detallada del avance o estancamiento de los que aspiraban a la clerecía y de los alumnos externos.

En 1868, el obispo Ramírez Vázquez al frente de la diócesis y del Seminario solicitaba por carta a los profesores que calificaran por asignaturas sueltas el aprovechamiento de los alumnos con preferencia al sistema de aplicar una sola nota al conjunto de todas[5]; era su deseo tener una visión más concreta de la evolución y disposición de los seminaristas en las cátedras. Además, respecto a los teólogos, se debería tener en cuenta la conducta moral y disciplinar de dichos alumnos.

Será en 1928 cuando encontremos un nuevo Reglamento para el Seminario[6], promulgado por el obispo Ramón Pérez Rodríguez. En lo que respecta a la relación profesor-alumno, destacamos el artículo 94 que invita al cariño, respeto y obediencia de los seminaristas hacia los profesores y superiores. Poco más recoge esta normativa respecto a planes de estudio o vida académica, más allá de la importante insistencia en el aprovechamiento de los tiempos tanto de clases como de estudio.

Han sido muchos los profesores que lo largo de los más de 350 años de historia del Seminario han pasado por sus aulas. Por ello, resulta complicado hacer una selección adecuada. Con esa conciencia de quedar atrás a muchos buenos maestros emprendemos ahora la tarea de sacar a la luz una pequeña, pero relevante, muestra de algunos de los docentes del Seminario San Atón en las fechas que delimitan nuestra contribución a estos Coloquios.

 

 

2.1.         Tomás Romero de Castilla y Perozo

 

Los datos que custodia el archivo del Seminario relativos a este profesor   comienzan el 25 de octubre de 1845, fecha en la que su padre solicitaba una beca para que Tomás de doce años,[7] pudiera comenzar los estudios en el centro. Beca que le fue concedida según consta en el mismo documento[8]. Los libros de matrícula certifican que superó sus estudios con la calificación de sobresaliente. Obtuvo el grado de bachiller en Teología el 21 de junio de 1853[9]. Ejerció como catedrático de Lógica y Metafísica en el Seminario al ser nombrado por Miguel Calabia, Gobernador eclesiástico, en 1853[10]; estas materias las impartió hasta el curso 1857-1858. En 1857 se hace cargo de la enseñanza de Historia de la Filosofía hasta el curso académico 1859-1860, cuando renunció voluntariamente a dicha cátedra.

Continuó su labor docente en el Instituto Provincial de Badajoz, donde ejerció como catedrático sustituto de Psicología, Lógica y Ética desde el 14 de abril de 1856[11]. Seguidamente amplió estudios en el Instituto Provincial de Badajoz, obteniendo el título de bachiller en Artes el 12 de diciembre de 1860[12]. En los años 1860 al 1862 consiguió el grado de bachiller en la Facultad de Filosofía y Letras por la Universidad de Sevilla, obteniendo la calificación de sobresaliente, el 12 de diciembre de 1860[13].

Su vida, en adelante, estará ligada al Instituto Provincial, donde ejerció las funciones de secretario, vice-director y director del mismo. Falleció el 22 de febrero de 1910[14].

La producción bibliográfica de Tomás Romero de Castilla es extensa y sumamente interesante:

 

  • Elementos de Psicología Experimental: para uso de los alumnos del instituto de esta provincia. Badajoz, Imp. de la viuda de Artega, 1876.
  • Contestación al folleto ¿Católico ó Krausista? De Ramiro Fernández y Valbuena. Badajoz, Tip. La Minerva Extremeña. 1881.
  • Discurso leído por Tomás Romero de Castilla en la velada literaria que en honor de Moreno Nieto celebraron el claustro del Instituto y la Prensa de Badajoz el dia 2 de octubre del presente año. Badajoz, Tipografía La Minerva Extremeña, 1882.
  • Elementos de Lógica: para uso de los alumnos del instituto de esta provincia. Badajoz, Tip. y Estereot. La Minerva Extremeña, 1880.
  • Nuestro concepto de la razón y la doctrina de Santo Tomás de Aquino: réplica á D. J. M. Ortí y Lara. Badajoz, D. E. Orduña, 1881.
  • Elementos de Filosofía Moral: para uso de los alumnos del instituto de esta provincia. Badajoz, Imprenta y encuadernación La Minerva Extremeña, 1893.
  • Inventario de los objetos recogidos en el Museo Arqueológico de la Comisión Provincial de Monumentos de Badajoz. Badajoz, Tip. El Progreso de Antonio Arqueros, 1896.

 

2.2.         Tirso Lozano Rubio

 

Tirso se matricula en tercer curso de Latín y Humanidades del Seminario Conciliar de Badajoz el año 1879[15]. Contaba con catorce años. Su condición económica desfavorable le llevó a solicitar beca, siendo agraciado como porcionista. Las calificaciones obtenidas en su primer año de estancia en el centro fueron extraordinarias. En dos años concluyó sus primeros estudios, pasando posteriormente, en el curso académico 1881-1882 a la etapa de Filosofía, donde permaneció los tres años correspondientes. En 1884 se encuentra matriculado en Teología, donde permaneció los siete años prescritos por el Plan de estudios. Posteriormente continúa sus estudios en Derecho Canónico, concluyendo en el año 1892-1893.

Por lo que respecta a sus primeras funciones como educador del Seminario, lo encontramos como “encargado de alumnos” en el curso académico 1890-1891, a la vez que estudiaba séptimo de Teología[16]. Cumplió la misma misión educativa en los cursos académicos 1891-1892, 1892-1893, 1894-1895, 1895-1896, 1896-1897, 1897-1898, 1898-1899 y 1899-1900. En el año 1897 aparece como profesor encargado de algunas asignaturas, aunque los registros no nos han facilitado qué materias impartió aquél curso académico. Nos consta que en octubre de 1915 firma el Plan de estudios para aquel curso académico como prefecto de estudios. Será entonces cuando comprobamos que impartió Sagrada Escritura en los cursos de tercero a quinto de Teología[17].

Obtuvo el título de licenciado y doctor en Teología en la Universidad Pontificia de San Ildefonso de Toledo y la licenciatura en Derecho Canónico por la Universidad de Sevilla en 1900[18].

En su trayectoria profesional podemos encontrar innumerables cargos eclesiásticos y civiles que ejerció con brillante pasión[19]: canónigo lectoral de la Catedral, Académico Correspondiente de la Real Academia de la Historia por la provincia de Badajoz en Madrid, miembro de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos desde 1899 hasta 1938, director del Boletín del Obispado, vocal del Patronato del Museo Provincial y Socio de Número de la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País desde el 16 de enero de 1894 hasta 1938. Además, mantuvo una estrecha relación con la Caja de Ahorros de Badajoz, donde ocupó los cargos de: Miembro del Consejo de Administración, Inspector, Vicepresidente y Presidente en los años 1932 al 1938[20].

Su producción bibliográfica es extensa y sumamente interesante:

 

  • Estatutos de la Santa Iglesia Catedral de Badajoz. [S.l., s.n.], 1858.
  • Breve crónica o historia del plan o marcha progresiva observada en la clase de primer año de filosofía. [S.l., s.n.], 1882.
  • Las armas de la dialéctica o breve instrucción para los actos escolásticos en cátedras y academias. Badajoz, [s.n.], 1894, (Tip. y litografía de Uceda Herms.).
  • Historia de Montánchez. Badajoz, [s.n.], 1894, (Tip., Lit., y Encuadernación de Uceda Hermanos).
  • Atlas geográfico-filosófico compuesto para los alumnos de historia de la Filosofía por el Dr. Tirso Lozano y Rubio. Badajoz, [s.n.], 1896, (Tip., Lit. y Enc. de Uceda Hermanos).
  • Atlas de Geografía comparada ó histórico-moderna. Badajoz, Uceda hermanos, 1897.
  • Hermeneuticae Sacrae et Scripturae Sanctae : programma. Pace Augusta, [s.n.], 1896, (ex Tipographía La Industria, de Uceda Hermanos).
  • Hermeneuticae Sacrae et Scripturae Sanctae : programma ad mentem enciclicae Providentissimus Deus… Leonis Papae XIII. Pace Augusta, [s.n.], 1897, (ex Tipographía La Industria, de Uceda Hermanos).
  • Lexicon de sistema filosóficos. Badajoz, [s.n.], 1897, (Imp., Lit. y Enc. de Uceda Hermanos).
  • De historia de Badajoz apéndices a la historia del Dr. Mateos. Badajoz, Arqueros, 1930.
  • Suplemento de la Historia eclesiástica de la ciudad y obispado de Badajoz de Juan Solano de Figueroa y Altamirnano. Badajoz, Imp. del Hospicio Provincial, 1935.
  • Anotaciones de griego y latín. [S.l., s.n., s.a.].
  • Cuadro sinóptico que contiene las principales batallas pertenecientes a la historia de España. [Badajoz], [s.n., s.a.], (Imp. Lit. y Enc. de Uceda Hermanos).

 

2.3.         Enrique Triviño Forte

 

En el año 1895 comienza sus estudios en el Seminario Enrique Triviño Forte, natural de Almendralejo. Tenía catorce años y cursó entonces 1º de Latín y Humanidades como colegial externo[21]. En las observaciones aparece “sisenandista”, sección del Seminario destinada a los niños más pobres que no podían costear los gastos de manutención y matrícula. Sus calificaciones, ya en este primer curso, fueron extraordinarias.

En el curso 1896 estudia 2º de Latín y Humanidades como seminarista interno[22]. Continuaban sus calificaciones en la misma línea. El año 1897 cursa 3º de Latín y Humanidades como alumno interno, ocupando el puesto octavo de los treinta y seis alumnos de su curso. Obtuvo las máximas calificaciones durante el año. En el año 1898, con dieciocho años, cursa 4º de Latín y Humanidades. Destacaba, nuevamente por su brillante expediente académico. En el año 1899, disfrutando de media beca, cursa 1º de Filosofía. Continúa la línea de excelencia de notas[23].

A partir del curso 1900-1901, Enrique Triviño continuaría sus estudios en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma, residiendo en el Colegio Español San José. Triviño obtuvo la mención de Laudatos verbis amplissimis en Lengua Griega[24]. Allí recibió el grado de bachiller en la Facultad de Filosofía. Durante el curso 1901-1902, obtuvo el primer premio en Metafísica y en Física y Química. Además tuvo mención honorífica en Lengua Francesa y en la Academia Romana de Santo Tomás, fundada por León XIII para completar los estudios filosóficos[25].

La andadura de Enrique Triviño continúa en Roma: en esta ocasión en la Facultad de Teología. Fue allí donde obtuvo el primer premio en Teología dogmática, accesit en Historia eclesiástica y Arqueología cristiana. Además, tuvo una mención honorífica en Lengua hebrea, Teología moral y Literatura española[26]. También el premio de S. A. R. la Infanta Doña Isabel por su Memoria sobre la oportunidad de la definición dogmática del Misterio de la Inmaculada en el siglo XIX[27].

La primera muestra fehaciente de su labor como profesor la encontramos en el Plan de estudios del curso 1909-1910[28], etapa en la que impartió Literatura general en 4º de Latín y Humanidades. Ese mismo curso académico impartiría Instituciones canónicas y disciplinares en 5º de Teología. Además, se encargaría de Derecho público en el primer curso de Derecho Canónico y Derecho español y procedimientos en el segundo curso de Derecho Canónico.

De los cursos 1910-1911 al 1912-1913, los planes de estudio que se custodian en el archivo del Seminario no detallan los profesores que impartieron las diferentes asignaturas. Pero según consta en el libro de los expedientes personales de los profesores del Seminario, Enrique Triviño “doctor en las facultades de Teología, Filosofía y Derecho canónico, explicó Instituciones canónicas, Derecho público eclesiástico, Retórica y Literatura general en el curso 1909-1910”[29]. Estas mismas asignaturas, según el mencionado libro de expedientes de profesores, las impartió al curso siguiente. Durante el año 1912-1913 explicó Teología fundamental, Patrología y Oratoria sagrada. Será en el curso académico 1913-1914 cuando Enrique Triviño aparezca como profesor de Teología fundamental en el primer curso de Teología, impartiendo también Patrología y Oratoria sagrada en quinto curso de Teología[30].

Durante el curso académico 1915-1916, se encargó de la Teología fundamental en primer curso de Teología y de Patrología y Oratoria sagrada, en esta ocasión siendo dos asignaturas independientes. Nuevamente, en el curso académico 1917-1918 impartía Teología fundamental en el primer año de Teología.

Destacamos, por último, que formó parte de la Comisión elegida para elaborar el Proyecto del Estatuto de Extremadura[31].

En cuanto a sus publicaciones encontramos:

 

  • Cartas a Antonio Rodríguez-Moñino. Badajoz, [s.n.], 1944-1945
  • Novena a Nuestro Padre Jesús Nazareno del Amparo : que se venera en su capilla de la Iglesia de Santo Domingo de Badajoz por el pueblo y por la Cofradía de N. P. Jesús del Amparo, Dulce Nombre del Señor y María Santísima del Mayor Dolor, erigida canónicamente en la misma Iglesia. Badajoz, [s.n.], 1942, (Tipografía Española).
  • Sermón predicado en la capilla del Real Palacio de Madrid en la fiesta de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María, el día 8 de diciembre de 1925. Badajoz, [s.n.], 1926, (Tip. Joaquín Sánchez).
  • [La educación y la instrucción]: discurso leído en la apertura del curso 1910-1911 en el Seminario Conciliar de Badajoz. [Badajoz, [s.n.], 1910].

 

2.4.         Eloy Pedrajas Núñez Romero

 

Nace el 1 de diciembre de 1868, en Cabeza del Buey[32]. Terminados sus estudios de segunda enseñanza, contando con quince años, ingresó en el Seminario Conciliar de Córdoba, donde estudió Teología y Derecho Canónico, ordenándose sacerdote el 23 de diciembre de 1893. Obtuvo la licenciatura en Filosofía y Letras el año 1895[33].

Fue nombrado profesor de Religión y Moral en el Instituto de Segunda enseñanza de Badajoz donde ejerció como tal hasta su muerte. Compaginó la docencia con otros cargos eclesiásticos, como vice-secretario o archivero bibliotecario del Instituto. Impartió también clases de Religión e Historia sagrada a los futuros maestros, hasta que en 1908 se creara la Escuela Normal Superior de Magisterio de Badajoz, fecha en la que se separaron las aulas del Instituto al que antes estaban unidas[34].

En el curso académico 1900 a 1901 fue nombrado profesor de Geografía por el obispo Ramón Torrijos[35]. En los cursos 1901 a 1902 y 1902 a 1903 explicó las asignaturas de Historia de España e Historia universal. En el curso académico 1903 a 1904 fue nombrado por el obispo Hevia profesor de las asignaturas de Patrología y Oratoria sagrada. Al año siguiente explicó las mismas asignaturas. Ejerció como secretario de estudios en el curso 1904-1905[36].

El obispo Soto Mancera lo mantuvo como profesor de Patrología y Oratoria sagrada en el curso académico 1905-1906. Al año siguiente explicó Derecho público y eclesiástico y Oratoria sagrada, continuando su labor como secretario de estudios.  El Plan de estudios del curso 1908-1909 detalla que fue profesor de Instituciones canónicas y disciplinares, Patrología y Oratoria sagrada en el quinto curso de Teología. Al curso siguiente sólo impartiría Patrología y Oratoria sagrada[37]. Los dos siguientes años explicaría las materias de Patrología y Oratoria sagrada[38]. Será en el curso académico 1911-1912 cuando se haría cargo de la Historia de la literatura y Retórica hasta el año siguiente[39].

Destacar, por último que fue Socio de Número de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, ingresando en 1895 y de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras desde 1899[40] y fue condecorado con la Encomienda de la Real y Militar Orden de Cristo, de Portugal, y con la Cruz italiana de Bene merenza[41].

El listado de las publicaciones de Eloy Pedrajas Núñez Romero es el siguiente:

 

  • Compendio de historia eclesiástica: contestación al indice oficial de materias exijidas[sic] a los alumnos que cursan el 2º año de religión en los institutos provinciales de 2ª enseñanza. Badajoz, [s.n.], 1899, (Imp., Litog. y Encuad. de Uceda Hermanos).
  • Lecciones de historia sagrada: contestación al indice oficial de materias exijidas [sic] a los alumnos que cursan el primer año de religión en los institutos provinciales de 2ª enseñanza. Badajoz, [s.n.], 1899, (Imp., Lit. y Encuad. de Uceda Hermanos).
  • Guadalupe: impresiones artístico-religiosas. Badajoz, Uceda Hermanos, 1902.
  • La oratoria sagrada ante las Ciencias eclesiásticas. Badajoz, Uceda Hermanos, 1904.
  • Lecciones de Historia Sagrada. Badajoz, Uceda, 1909.
  • Además prologó el libro La revolución de las escuelas filosóficas: breve estudio histórico-crítico de los humanos conocimientos en el siglo XIII, é impulso que alcanzaron merced á la actividad de Tomás de Aquino, obra de THOUS MONCHO, A. J. [Badajoz, s.n., 1902], (Valladolid, Tip. de José Manuel de la Cuesta).

 

2.5.         Fernando Castón Durán

 

Nació en Manilva (Málaga), el 12 de febrero de 1882, trasladándose muy pronto a Extremadura[42].  A los doce años entra en el Seminario, en la sección de San Sisenando, sirviendo como fámulo al resto de los colegiales. Los educadores de la época pronto se fijaron en él por su magnífico expediente académico. A los veinticinco años recibió las Sagradas Órdenes de Presbiterado el 18 de agosto de 1907.

El expediente académico de Fernando Castón Durán nos muestra un alumno brillante[43]. Siendo aún colegial del centro, fue nombrado profesor del mismo, en las etapas de Latín y Humanidades. En el curso 1905-1906, a la par que cursaba cuarto curso de Teología, explicó primero de Latín, y Lengua castellana. Lo mismo en los dos cursos siguientes. En el curso 1908-1909, siendo alumno externo de segundo curso de Derecho Canónico, explicó segundo de Latín, segundo de Lengua castellana, Historia de España e Historia sagrada y de 1909 a 1912 explicó las mismas asignaturas. Obtuvo la licenciatura en Teología por la Universidad de Sevilla en 1911.

Durante veintidos años ejerció la docencia en el Seminario San Atón explicando diversas materias. Sería en el año 1927 cuando concluiría su etapa como docente en el establecimiento. El motivo fue la discrepancia con la decisión tomada por el obispo Ramón Pérez, que deseaba inaugurar la nueva sede del Seminario en la cañada Sancha Brava. Las razones argüidas por Fernando Castón eran el elevado coste y el largo desplazamiento que habría de efectuarse entre la sede en la que residían y el nuevo emplazamiento en la margen derecha del Guadiana a su paso por Badajoz.

Tras su marcha del Seminario, continuó ejerciendo la docencia con clases particulares y de Religión en el Colegio del Carmen impartiendo Latín. Fue también Académico Correspondiente de la Historia, título otorgado por su aportación a la historia extremeña y de la diócesis pacense. También fue nombrado consejero del Centro de Estudios Extremeños en 1945 y miembro de la Institución de Servicios Culturales de la Diputación.

Las grandes obras firmadas bajo su propio nombre son las siguientes:

 

  • Zurbarán y la casa de los Morales en Llerena. Badajoz, Diputación de Badajoz, Servicios culturales, 1948.
  • Rincones de la Historia Extremeña. Badajoz, Monte de Piedad y Caja General de Ahorros, 1945.
  • Viejos valores pacenses. Badajoz, Ayuntamiento, 1949.
  • Los escritos de Fernando Castón fueron publicados en varios periódicos, como Norma, Hoja del Lunes y Diario Hoy, firmados bajo el pseudónimo de Licenciado Pero Pérez. Lo mismo ocurre en la Revista de Estudios Extremeños, en la que encontramos los siguientes artículos bajo el pseudónimo con el que firmaba:
  • “Antología de un registro notarial”. 13/2, (1939), pp. 149-165.
  • “Antología de un registro notarial”. 13/3, (1939), pp. 235-354.
  • “Ambiente político de Badajoz en 1820-23 (I): alborozo ciudadano”. 8/3, (1934), pp. 299-319.
  • “El dómine Galindo”. 11/2, (1937), pp. 167-175.
  • “La portuguesa rica”. 15/1, (1941), pp. 1-19.
  • “Colegio de Jesuitas de Fregenal: la silla del patrono”. 11/3, (1937), pp. 2305-216.
  • “El colegio de Jesuitas de la Higuera”. 12/1, (1938), pp. 15-25.
  • “Moriscos, cuchilladas y ¿favor a la justicia?”. 15/2, (1941), pp. 207-220.
  • “Ambiente político de Badajoz en 1820-23”. 9/2, (1935), pp. 129-154.
  • “Francisco de Terrazas”. 10/3, (1936), pp. 241-267.
  • “Posa en Badajoz la Reina Madre de Portugal doña Mariana Victoria, viuda de José I”. 11/1, (1937), pp. 11-22.
  • “Rehala”. 2/3, (1928), pp. 523-528.
  • “El proceso de solano”. 5/1, (1931), pp. 1-13.
  • “La vida concejil en la Serena durante los siglos XVI y XVII”. 5/3, (1931), pp. 303-315.
  • “La brecha de las aguas”. 18/2, (1944), pp. 265-269.
  • “Testamento de Doña Isabel de Aguilar”. 14/1, (1940), pp. 15-32.
  • “Catequesis de los moriscos extremeños”. 10/1, (1936), pp. 31-49.
  • “Estampas viejas”. 10/2, (1936), pp. 135-141.
  • “El Badajoz urbano y demográfico de hace un siglo”. 14/2, (1940), pp. 121-134.
  • “El proceso de Solano”. 4/3, (1930), pp. 291-307.
  • “Querella de Dosma contra el Cabildo”. 12/2, (1938), pp. 117-135.
  • “La encomienda de Calatrava (II)”. 4/2, (1930), pp. 233-241.
  • “Francisco de Parada”. 16/2, (1942), pp. 201-227.
  • “El Licenciado Zapata”. 17/1, (1943), pp. 11-28.
  • “El Licenciado Zapata”. 17/2, (1943), pp. 163-185.
  • “La encomienda de Calatrava (I). 3/3, (1929), pp. 405-413.
  • “Querella de Dosma contra el Cabildo”. 13/1, (1939), pp. 9-20.
  • También en la Revista de Estudios Extremeños publicó dos artículos en los que firmaba con su propio nombre, alejándose del pseudónimo; son los siguientes:
  • “Miscelánea: Zurbarán y la casa de los Morales de Llerena”. 3/3-4, (1947), pp. 437-441.
  • “La Virgen del Pajarito: miscelánea”. 15/3, (1941), pp. 310-311.

 

 

2.6.         Enrique Delgado Gómez

 

Nace en Valverde de Llerena el 17 de julio de 1888[44]. Los primeros datos académicos que hallamos en el archivo se remontan al curso académico 1901-1902, donde se encuentra matriculado en tercer curso de Latín y Humanidades como alumno interno[45]. En el Seminario permaneció hasta el tercer curso de Teología, con un expediente académico sobresaliente. Su formación académica continuará en la Academia de Santo Tomás de Roma, donde cursó dos años de Filosofía, obteniendo el título de doctor en Filosofía el 2 de mayo de 1911. También cursó tres años de Teología en la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma y otros tres de Derecho Canónico, llegando a obtener el título de doctor en ambas Facultades, el 11 de marzo de 1912 y el 9 de julio de 1914, respectivamente[46]. Fue ordenado presbítero el 14 de julio de 1912[47].

En 1908 comienza su docencia en el Seminario San Atón impartiendo Geometría y Trigonometría en el segundo curso de Filosofía[48]. Compaginaba la docencia con los estudios de su tercer año de Teología. Hasta el curso académico 1915-1916 no volvemos a constatar su misión como catedrático, año en el que enseñó Lógica, Ontología, Aritmética y Álgebra en el primer curso de Filosofía, al mismo tiempo que ejercía la docencia de Historia natural y Geología en el segundo curso de la misma etapa. Este elenco de asignaturas las impartirá Enrique Delgado hasta el curso académico 1918-1919.

Será el año 1921 cuando nuestro alumno aparecerá en los planes de estudio como profesor del Tratado de Gracia de Cristo, que se imparte en el segundo curso de Teología; asignatura que enseñará también en el tercer y cuarto curso de la misma etapa.

Ese mismo año, el obispo Ramón Pérez firma el Plan de estudios del curso académico 1921-1922 junto al secretario de estudios, Enrique Delgado[49].

La docencia del profesor continuará en el segundo curso de Latín y Humanidades en el año 1923, donde impartirá Aritmética y Geometría; ese mismo año enseñará Aritmética en tercer curso de Latín y Geometría en el cuarto curso de la misma etapa académica; en el quinto curso se dedicará a las asignaturas de Álgebra y Trigonometría. Esta tarea docente la sigue compaginando con la secretaría de estudios[50]. En el curso 1926-1927, enseña Lógica y Ontología en el primer curso de Filosofía[51]. Al año siguiente impartirá el Tratado de Sacramentos en el segundo curso de Teología y la misma materia en el tercer y cuarto curso de la referida etapa.

Es nombrado rector interino del Seminario y canónigo de la S. I. Catedral de Badajoz[52]. A la muerte de José Velardos Parejo, José María Alcaraz y Alenda, obispo entonces de la diócesis pacense, lo nombró vicario general. Fue preconizado obispo de Almería el 10 de junio de 1943 por el Papa Pío XII[53]. El año 1946 fue nombrado obispo de Pamplona[54]. Falleció en 1978[55].

 

2.7.         José Velardos Parejo

 

Nació en La Haba, el 19 de enero de 1869. Ingresó en el Seminario a principios del curso académico 1882-1883[56]. De su expediente académico[57] destacamos que obtuvo la máxima calificación en todas las asignaturas y todos los años.

José Velardos fue el responsable y tutor de otros alumnos internos y externos que acudieron al Seminario. Su misión sería acompañar a los jóvenes y ser su encargado en la ciudad para cualquier asunto relacionado con la vida del alumno. Así, el primer colegial que tuvo a su cargo, fue su propio hermano, Justo Velardos Parejo. La misma misión cumplió los cursos académicos 1891-1892, 1894-1895, 1895-1896, 1896-1897, 1897-1898, 1898-1899 y 1899-1900.

Entre su amplio currículum encontramos los siguientes datos: fue ordenado presbítero en 1893; obtuvo el grado de doctor en Sagrada Teología en septiembre de 1896 y la licenciatura en Derecho Canónico en abril de 1906. Fue nombrado vice-rector del Seminario en 1899 y canónigo de la Catedral, por oposición, el 30 de marzo de 1903.  Además, ejerció como vicario general, administrador del erario diocesano, deán de la Catedral y gobernador eclesiástico en sede vacante. El Santo Padre lo nombró su camarero secreto supernumerario en 1925. A estos honorables cargos le sumamos haber sido capellán de diversas comunidades religiosas y responsable de varias delegaciones episcopales[58].

Fue filósofo y teólogo, eminentemente tomista y consiguió reducir la complejidad de las disciplinas superiores a principios tan claros, tan prácticos y tan breves que todos sus alumnos conseguían entender la ciencia teológica. Mientras estudiaba en el Seminario, sus superiores le encargaron impartir clases a los más pequeños y a lo largo de su vida no le faltaron ofertas para diversas cátedras y cargos diocesanos[59].

Enumeramos, a continuación las asignaturas que impartió José Velardos en los diferentes cursos académicos. Este expediente personal nos demuestra, una vez más, su talla profesional y bagaje intelectual. En el curso 1906-1907 impartió, según podemos constatar en los planes de estudio, Teología especial en tercer y cuarto curso de Teología, utilizando los manuales de Mas, Santo Tomás y Marchini[60]. Este elenco de asignaturas son las que explica consecutivamente hasta el curso académico 1915-1916, en las que aparece como profesor de Teología moral, usando el manual de Gury Ferreres. Lo mismo sucederá al curso siguiente. Será en año académico 1917-1918 cuando José Velardos se haga cargo de la denominada Teología dogmática, en esta ocasión usará el manual de Mazzella Horatio; impartirá esta asignatura en los cursos de segundo a cuarto de la etapa teológica. Precisamente ese año, firma el Plan de estudios como prefecto de estudios[61]. En el año 1921-1922, aparece como profesor del Tratado de Verbo Encarnado, del cual se hará cargo, según consta en los planes de estudio, hasta el curso académico 1923-1924.  El 24 de julio de 1932 falleció.

 

A modo de conclusión y para hacer referencia al magnifico plantel de profesores que integraron el Seminario en la época de estudio incluimos una tabla resumen de los mismos.

 

 

 

Nombre Cargo Año
Juan Antonio Utrera Rector 1851
Catedrático de Religión y Moral 1851
Catedrático de Geografía e Historia 1851-1852
Antonio Ríos Rector 1852
Marcos Velar Rector 1852
Catedrático de Moral y Dogmática 1852-1853
Ángel Sáenz de Valluercas Vicerrector 1851
Catedrático de Sagrada Escritura 1853
Catedrático de Lugares teológicos 1852-1853
Rector 1857-1860
Venancio Pedroso Catedrático de Teología 1852
Vicente Agustín Pardo Vicerrector 1856-1859
Lope de Morales y Morales Administrador 1851
Antonio de los Ríos Administrador 1852
Domingo Sarabia Director de la Casa de Ordenandos 1851
Catedrático de Moral 1852-1853
Pascual Cózar Catedrático de Ampliación 1851-1854
Francisco Delgado Catedrático de Física e Historia natural 1851-1853
Nicolás Jiménez Catedrático de Matemáticas 1851-1857
Juan Gómez Quevedo Catedrático de Retórica y Poética 1851
Agustín Guillén Catedrático de Retórica y Poética 1851-1855
Juan de Dios Carrillo Catedrático de Latín y Castellano 1851
Plácido Sabido Catedrático de Latín y Castellano 1851-1854
Agustín Bermejo Catedrático de Latín 1852-1854
Tomás Romero de Castilla Catedrático de Metafísica 1853-1858
José Sánchez Gutiérrez Catedrático de Filosofía, Moral y Sagrada Escritura 1853-1854
Juan Antonio Cervera Catedrático de Lugares teológicos y Fundamentos de religión 1853-1854
Valeriano Ordóñez Catedrático de Física 1853-1854
Francisco Javier Leal Catedrático de Instituciones canónicas 1853-1855
Evaristo Merchán Catedrático de Patrología 1853-1855
José María López Catedrático de Teología 1853-1856
Ildefonso Pérez Catedrático de Teología dogmática 1853-1857
Rafael Melendo Catedrático de Cánones 1853-1855
Julián de la Barrera Catedrático de Hebreo 1853-1856
José Quevedo Catedrático de Historia eclesiástica 1853-1856
Pedro Rino Médico-cirujano 1856
Ángel Román Practicante de cirugía y barbero 1853-1859
Miguel Giles Catedrático de Gramática 1854-1857
Andrés Villarroya Catedrático 1854-1857
Miguel Arias Gómez Catedrático 1854-1857
Vicente Pardo Rector 1854-1857
Catedrático 1854-1857
José Rodrigo Catedrático de Música  
José María López Catedrático de Filosofía 1857-1860
Nicolás Giménez Catedrático de Filosofía 1857-1860
Baltasar Roncero Catedrático de Latín 1857-1860
José Santalucía Catedrático de Latín 1857-1860
José Romero Catedrático Interino 1857-1860
Manuel López Romero Catedrático de Ética 1857-1859
I.                     Rectores, vicerrectores, catedráticos y trabajadores. 1850-1860

 

 

  1. Fuentes y bibliografía

 

Archivo Seminario Metropolitano San Atón de Badajoz

A.S.M.M.B. Sección administración, libro 73, fol. 53.

A.S.M.M.B. Sección gobierno, caja 1.

A.S.M.M.B. Sección gobierno, libro 11.

A.S.M.M.B. Sección gobierno, libro 6.

A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 2 (archivo intermedio).

A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 27.

A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 54.

A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 57.

A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 17.

A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 18.

A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 55.

A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 69.

A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 70 bis (1).

A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 70 bis.

 

 

Boletín Obispado de Badajoz

 

B.O.O.B. 2-1-1903.

B.O.O.B. 16-1-1905.

B.O.O.B. 13-8-1929.

B.O.O.B. 2-8-1932.

 

Boletín del Obispado de Pamplona, 87, (1946).

 

 

MARROQUÍN MARTÍNEZ, L. y SEPÚLVEDA MANGAS, R. “D. Tirso Lozano Rubio y la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País de Badajoz”. Revista de Estudios Extremeños, 70-extra, (2014), pp. 863-881.

 

Pontificio Colegio Español de San José. Catálogo del Centenario: 1892-1992… [S.l., s.n.], D.L., 1991, (Madrid, Gráficas Benzal), pp. 75 y 188.

 

ROSIQUE NAVARRO, F. “Badajoz y los intelectuales en la II República. Una aproximación”. Revista de Estudios Extremeños, 41/2, (1985), pp. 376-390.

 

SÁNCHEZ PASCUA, F. El Instituto de Segunda Enseñanza en Badajoz en el siglo XIX. Badajoz, Departamento de Publicaciones de la Excma. Diputación, 1985.

 

http://www.enciclopedianavarra.com/navarra/delgado-Gómez-enrique/5948

 

http://www.rseeap.org/modulos/mod_documentos/pub/listado.php?idcat=3&_

 

[1] Cfr. A.S.M.M.B. Sección gobierno, libro 6, art. 7.

[2] Cfr. A.S.M.M.B. Sección gobierno, caja 1.

[3] Cfr. Ibidem.

[4] A.S.M.M.B. Sección gobierno, libro 11, fol. 7 vto.

[5] Cfr. A.S.M.M.B. Sección gobierno, caja 1. Actas del consejo de disciplina, fol. 5.

[6] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 2 (archivo intermedio).

[7] A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 55, fol. 55.

[8] Ibidem (nota marginal).

[9] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 17, fol. 2.

[10] Cfr. A.S.M.M.B. Sección administración, libro 73, fol. 53.

[11] Cfr. Libro del personal facultativo, A.I.Z.B. folio 1, cit. en SÁNCHEZ PASCUA, F. El Instituto de Segunda Enseñanza en Badajoz en el siglo XIX. Badajoz, Departamento de Publicaciones de la Excma. Diputación, 1985, p. 189.

[12] Cfr. Ibidem, p. 188.

[13] Cfr. Hoja de servicios, A.I.Z.B. legajo 10, nº 288-289, cit. en Ibidem, p. 287.

[14] Ibidem, p. 189.

[15] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 54.

[16] Cfr. Ibidem, caja 56.

[17] Cfr. Ibidem, caja 2 (archivo intermedio).

[18] Cfr. Ibidem, libro 18, fol. 3.

[19] Cfr. MARROQUÍN MARTÍNEZ, L. y SEPÚLVEDA MANGAS, R. “D. Tirso Lozano Rubio y la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País de Badajoz”. Revista de Estudios Extremeños, 70-extra, (2014), pp. 863-881.

[20] Cfr. Ibidem, p. 865.

[21] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 57.

[22] Cfr. Ibidem.

[23] Cfr. Ibidem, caja 58.

[24] Cfr. Ibidem.

[25] Cfr. B.O.O.B. 2-1-1903, p. 18.

[26] Cfr. B.O.O.B. 16-1-1905, p. 25.

[27] Cfr. Ibidem, p. 26.

[28] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 2 (archivo intermedio).

[29] A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 18, fol. 18.

[30] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 2 (archivo intermedio).

[31] Cfr. ROSIQUE NAVARRO, F. “Badajoz y los intelectuales en la II República. Una aproximación”. Revista de Estudios Extremeños, 41/2, (1985), p. 376.

[32] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 18, fol. 25.

[33] Cfr. Hoja de Servicios, A.I.Z.B., legajo 10, nº 423, cit. en SÁNCHEZ PASCUA, F. El Instituto de segunda enseñanza…, o.c., p. 235.

[34] Cfr. Ibidem.

[35] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 18, fol. 25.

[36] Cfr. Ibidem, fol. 1.

[37] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 2 (archivo intermedio).

[38] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 18, fol. 25.

[39] Cfr. Ibidem.

[40] Cfr. SÁNCHEZ PASCUA, F. El Instituto de segunda enseñanza…, o. c., p. 235.

[41] Cfr. Ibidem, p. 236.

[42] Seguimos en el estudio de la biografía a Augusto Rebollo Sánchez en la comunicación presentada en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Badajoz, en febrero de 2003, http://www.rseeap.org/modulos/mod_documentos/pub/listado.php?idcat=3&_pagi_pg=3 (29.01.2021).

[43] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 69.

[44] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 27.

[45] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 70 bis (1).

[46] Cfr. Pontificio Colegio Español de San José. Catálogo del Centenario: 1892-1992… [S.l., s.n.], D.L., 1991, (Madrid, Gráficas Benzal), pp. 75 y 188.

[47] Cfr. Ibidem, p. 158.

[48] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 2 (archivo intermedio).

[49] Cfr. Ibidem. Plan de estudios fechado a 23 de septiembre de 1921.

[50] Cfr. Ibidem. Plan de estudios fechado a 15 de septiembre de 1923.

[51] Cfr. Ibidem. Sigue ejerciendo como secretario de estudios, según el Plan de estudios fechado a 25 de septiembre de 1926.

[52] Cfr. B.O.O.B. 13-8-1929, p. 161.

[53] Cfr. A.A.S. 35, (1943), p. 181.

[54] http://www.enciclopedianavarra.com/navarra/delgado-Gómez-enrique/5948 (29.01.2021).

[55] Cfr. Boletín del Obispado de Pamplona, 87, (1946), p. 328.

[56] Cfr. B.O.O.B. 2-8-1932, pp.151-152.

[57] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, libro 70 bis.

[58] Cfr. Ibidem, pp. 151-152.

[59] Cfr. Ibidem, p. 147.

[60] Cfr. A.S.M.M.B. Sección secretaría, caja 2 (archivo intermedio).

[61] Cfr. Ibidem. Plan de estudios fechado en octubre de 1917.

Nov 222021
 

   Antonio González Cordero

  

RESUMEN:

 

Las peculiares circunstancias de Talavera la Vieja, la antigua Augvstobriga romana, sumergida desde hace ya casi sesenta años, han impedido una investigación a fondo del yacimiento, aunque gracias a los ocasionales descensos del nivel del agua del pantano de Valdecañas, y a los potentes arrastres hacia el interior de la cuenca de grandes volúmenes de lodo, numerosas estructuras y monumentos que permanecían enterrados, han vuelto a ver la luz, facilitando con ello su estudio. Entre los lugares que aún no se conocían, estaban las necrópolis, donde se han identificado un número importante de enterramientos, a través de los cuales, hemos podido conocer la variabilidad de sus prácticas funerarias, siendo las sepulturas rectangulares con cubiertas de tejadillo a doble vertiente, las cistas cuadrangulares y los mausoleos de planta rectangular, los más destacados ejemplos. También hemos podido atestiguar la celebración de banquetes funerarios, tanto por la presencia de restos de comida en el exterior de las tumbas, como de tubos de libación, ambos probablemente sirvieron de elementos de señalización del sepulcro, junto a los numerosos epígrafes y otros tipos de elementos objeto de estudio en el presente trabajo.

  

  1. INTRODUCCIÓN.

 

Los estudios sobre Talavera la Vieja se han multiplicado en los últimos veinte años[1], rindiendo un postrer homenaje a quienes habitaron este lugar, ahora desolado campo de ruinas, en cuyo laberinto de cascotes, se mezclan lo viejo con lo nuevo, sin posibilidad a veces de separar aquello que formó parte del sustrato romano, orientalizante o del Bronce Medio, los tres periodos de ocupación reconocidos, cuyas bruscas interrupciones, de forma premonitoria, parecían anticipar lo que también ocurriría en el siglo XX. Arrasada, expoliada e incluso dinamitada, tan solo ofrece retales de su historia a quien sepa leer entre líneas, tarea que empecinadamente emprendimos hace más de treinta años, documentando una evolución, siempre a peor, de sus vestigios, y a lo largo de los cuales, la transformación en barro de la tierra que cubría sus ruinas y el posterior corrimiento hacia el interior de la cuenca del pantano, ha permitido la exhumación de numerosos vestigios de ese pasado.

Fig. 1- Ubicación de las necrópolis de Talavera la Vieja sobre fotografía de satélite. Fuente Google Earth Pro.

 

Uno de capítulos aún no tratados, es el de sus necrópolis (Fig. 1), cuya existencia, más que evidente, se intuía a tenor de la abundante presencia de epígrafes funerarios dispersos por toda el área urbana, donde fueron empleados a discreción por los constructores de la moderna Talavera la Vieja, como vulgar mampostería. Su identificación, pese a la suposición inducida por su habitual presencia a la salida de las ciudades, no había podido ser precisada hasta el día de hoy, cuando esos movimientos de tierra a los cuales aludíamos, especialmente agresivos con la periferia urbana, expusieron las partes sobresalientes de los laterales de algunas tumbas y otros indicios lo suficientemente claros, para ubicar al menos dos necrópolis. Ambas se emplazan a oriente y occidente de la población, es decir, en sus extremos, aunque, por otros testimonios de los talaverinos[2], podríamos señalar un tercer núcleo más allá del castellum aquae, de lo que antes se tenía por una torre de la muralla[3], en el camino sur de la ciudad.

 

  1. LA NECRÓPOLIS DE LOS MÁRTIRES.

 

La primera de las necrópolis y más importante por el número y tipo de sepulcros descubiertos, es la que se encuentra en el solar de la ermita de los Santos Mártires Fabián y Sebastián[4]. Su ubicación, extramuros de la Augustobriga romana, coincide con el lugar donde finalizaba el decumano máximo de la ciudad y comenzaba el camino hacia los baños de la Cuadra, muy cerca de la confluencia del río Alija en el Tajo. La huella de esta arteria debió de permanecer tras el abandono de la población, pese a la ruina que minaría los edificios levantados por los romanos, pues a finales del s. XV, y cuando se repuebla con el nombre de Talavera la Vieja, su trazado es respetado, convirtiéndose en la principal arteria de la localidad con el nombre de calle Real. Este eje, tanto en el presente como en el pasado, serviría para vertebrar los barrios de la ciudad, articulados por medio de una gran parrilla, cuyas calles se corresponden igualmente con la parcelación de cada manzana dispuesta por los agrimensores romanos.

Fig. 2- Localización de la ermita de Los Mártires y de la necrópolis oriental de Talavera la Vieja. Foto de 1959. Paisajes Españoles.

 

La verdadera extensión del área de enterramiento es desconocida, pues desde la colmatación del vaso del pantano en 1963, y salvando el incidente que tuvo lugar en 1966, por el cual hubo de ser vaciado completamente, el nivel del agua nunca había descendido por debajo de la cota 291 sobre un nivel máximo de aforo que es de 315 m.s.n.m. Sin embargo, el hecho de que la mayor parte de las tumbas conocidas se deban a los estragos causados por la actividad erosiva del oleaje en sus orillas, nos hace sospechar, que más allá de lo que nos permite contemplar los acusados descensos del estío, la necrópolis, se extendía bajo la ermita hacia el olivar anexo, continuaba hacia la era empedrada de “Tío Sotero Prieto” situada un poco más al norte, y rebasando las tapias  del Corral Concejo, se adentraba en los corrales situados a derecha e izquierda, de esta manera, los viajeros que entraban o salían de la ciudad, se encontraban, como en otras muchas ciudades del mundo romano, una avenida flanqueada por monumentos funerarios. (Fig. 2)

 

Tan solo uno de sus límites parece estar claro, y lo marca el arroyo que lleva por nombre la Ruiza. Es un límite físico, pero a su vez simbólico, pues el arroyo parece servir de imagen del mítico río Aqueronte, en cuya orilla el barquero del Hades esperaba para guiar las sombras de los difuntos hasta el otro lado del río. No es casual, por tanto, que a pocos metros de su orilla acabara el pomerium o espacio urbano construido, dando paso al dominio mortuorio que por extensión era considerado un lugar sagrado e inviolable. No es de extrañar, por tanto, que existiera una planificación urbanística previa en la concepción de ambos espacios, el de los vivos y el de los muertos, circunstancia que a su vez explicaría el carácter hipodámico de la ciudad, reflejado incluso en la construcción moderna.

 

Puede ser una coincidencia, pero este punto fue considerado, asimismo, el límite urbano de la moderna Talavera la Vieja, erigiendo frente a la ermita, en el chaflán de un corral, y entre los caminos de la barca de Alija y el carril de la Palomera, un crucero adornado con una columna de mármol blanco rosáceo, originaria probablemente de las canteras de Borba-Estremoz, permaneciendo allí junto al pedestal que los sustentaba, hasta los años ochenta, cuando la ciudad se convirtió en una improvisada cantera, mientras que los torsos de los verracos y otras piezas singulares, permanecen sumergidas cerca de la pasadera del arroyo de la Ruiza, el cual circunvalaba por el oeste la colina donde se levanta la ermita, delimitando tal y como hemos dicho el área de los enterramientos.

 

Hoy las ruinas de la ermita apenas sugieren lo que fue, pero siglos atrás, tanto el edificio, como los solares anexos, fueron objeto de atención por quienes visitaron “Talaverilla”, atraídos, no por la construcción en sí del edificio, de una arquitectura bastante modesta, típica de las arquitecturas góticas rurales, sino por la reiterada presencia de epígrafes latinos en los alrededores.

 

De sus avatares dan cuenta varios documentos. El más antiguo data de 1571, aproximadamente 80 años después de la reocupación y refundación de esta población, y trata de una carta que el humanista toledano Alvar Gómez de Castro remite al Obispo de Plasencia D. Pedro Ponce de León. En dicho documento habla de una lápida escrita en latín que se hallaba en el interior de la ermita[5], distinta de la que se menciona unos años más tarde en las Relaciones Topográficas de Felipe II[6] y a su vez diferente de aquella otra a la que se alude en un manuscrito del P. Román de la Higuera[7]. En suma, una crecida colecta de epígrafes, muchos de los cuales aparecen en los estudios dedicados al lapidario de este municipio[8].

 

La ermita y sus epígrafes constituyen por tanto uno de los principales alicientes para viajeros y curiosos que recalan en Talavera la Vieja, de ahí, que sin sospechar aun lo que albergaba éste enclave, le dediquen bastantes párrafos, a través de los cuales se puede seguir la historia del edificio y comprender incluso el porqué de su advocación. En este sentido, tenemos la suerte de contar con las descripciones de Hermosilla y Córnide[9], las más importantes sobre las antigüedades que albergaba la población. La primera, es una larga crónica con algunas conjeturas sobre la ubicación de las principales estructuras de la ciudad romana, la segunda, sin embargo, profundiza en unos supuestos orígenes de la villa y su nombre, sin obviar la importancia de las ruinas y reparar en algunos detalles que el anterior académico pasó por alto.

 

Acerca de la ermita en cuestión, la crónica de Hermosilla, por ejemplo, no hace sino certificar el estado de ruina y abandono en el que se encuentra, es decir, cuando habían transcurridos tres siglos aproximadamente de lo que debió de ser la fecha de su construcción, y dos siglos posteriores a la visita de Alvar Gómez. En el texto, se alude a su estado de la siguiente manera:  «Cerca de la villa empieza á verse por todas partes una infinidad de sillares de piedra berroqueña (de que abunda muchísimo todo el país), los mas de quatro pies de largo, tres de ancho y dos de alto, algunos mayores, algunos con molduras y cornisas, y otros lisos. La puerta y ésquinas de una ermita arruinada, que llaman de los mártires, á la entrada del pueblo, está hecha de estos sillares unidos muy rústicamente al resto del edificio, que es de ladrillo y barro; y aunque ya sin tejado ni techo, conserva quatro arcos góticos de muy mala construccion que lo sostenían. Delante de esta ermita hay un trozo de columna de un pie de diametro y seis de alto, de marmol blanquísimo y de grano tan fino como el de Carrara, con una cruz de hierro«[10]. La descripción se completa con la noticia de varios epígrafes, algunos conocidos, otros inéditos y el hallazgo de sendos fragmentos de esculturas zoomorfas conocidas popularmente como verracos. Es posible que estas figuras pudieran haber sido incorporadas a alguna tumba o monumento sepulcral de la necrópolis en época romana, costumbre nada inhabitual por otra parte, como parece deducirse de los casos en que presentan sobre sus costados epígrafes funerarios, siendo un ejemplo cercano el de la localidad de Villar del Pedroso.

 

En ese estado de decadencia se presentará también a otros ilustres visitantes de la localidad que antecedieron a los académicos antes mencionados, entre ellos Antonio Ponz[11], al propio Ambrosio de Morales[12], que no consigna, al menos que conozcamos, ninguna noticia sobre el particular, además de las respuestas a la encuesta enviada por el Cardenal Lorenzana[13] a las cuales los Vicarios y Curas Párrocos de la época debían de responder.

 

Más de medio siglo después, cuando se redacta el Diccionario Histórico-Geográfico de Pascual Madoz[14], se constata ya el empleo del solar de la ermita como el nuevo cementerio de Talavera la Vieja «…y en las afueras el cementerio construido en una ermita destechada, titulada los Mártires”, interesante circunstancia que se mantiene desde 1870 hasta 1908, fecha en la que con motivo de una inspección, se decreta el traslado del camposanto a una nueva ubicación. El documento alusivo a dicho traslado, fue salvado junto a otros, por el secretario del ayuntamiento D. Julio Brasero Arroyo, cuando se produjo éxodo de sus habitantes. Es en extremo interesante, pues en las alegaciones para su clausura, se dice que el cementerio no reúne las condiciones para los fines a los cuales estuvo destinado, no pudiéndose efectuar a la profundidad debida las inhumaciones por las malas condiciones del terreno, además, dándose el caso de por su poca extensión, al hacer las aperturas de las fosas, se da con restos de cadáveres, algunos de ellos recientes, ofendiéndose los sentimientos de estos habitantes, que ven así maltratados los restos de sus antepasados[15].

 

Suprimido el cementerio viejo, la ermita se cierra a cal y canto para evitar profanaciones. Es entonces cuando se desploman arcos y paredes, hasta llegar al estado de abandono en que la encontramos, conservando tan sólo una parte de los paramentos del lateral izquierdo del edificio, con cuatro pilares laterales en pie y el muro que cerraba la ermita reducida a sus cimientos. Finalmente, la pérdida del mortero que recubría y amalgamaba esos muros, ha puesto al descubierto el alma de la construcción, donde se han hallado embutidos nuevos epígrafes[16] y piezas de granito trabajadas con molduras y boceles propios de edificios de cierta nobleza, tal vez despieces del basamento o la cornisa de uno de los mausoleos que hemos localizado años atrás, a pocos metros del monumento.

 

Parejo a la ruina del edificio y durante más de cincuenta años se ha venido sucediendo en paralelo otro fenómeno si cabe más destructivo, motivado por la actividad erosiva de las aguas que periódicamente inundan esta zona. Consiste este fenómeno en el desplazamiento masivo, lento y por gravedad, de las arcillas del terreno a causa de su plasticidad y fluidez adquirida por éstas cuando se empapan de agua. De este modo, la tierra que envuelve las ligeras pendientes del altozano donde se halla la necrópolis y sin el estorbo que suponen la existencia de muros o construcciones, se han ido deslizando hacia el fondo del pantano, de tal forma, que en los años subsiguientes a los descensos de nivel de las aguas y como si de una excavación se tratara, afloran los tejadillos de las tumbas, tubos de libación y muros de algún mausoleo. A esta circunstancia no es ajeno el resto del embalse, donde el fenómeno de disgregación y transporte de las partículas de tierra hacia el interior de la cuenca ha permitido localizar una decena de asentamiento rurales romanos, visigodos y mozárabes, sepulcros, silos, alfares e incluso tres embalses que datan del apogeo del municipio romano[17] y otros restos aún más antiguos, representativos de las distintas etapas de la prehistoria y de la protohistoria de la comarca[18]

 

Pese al aparente prodigio que para el arqueólogo supone encontrar al descubierto ruinas que sólo una excavación arqueológica habría podido destapar, hay que advertir, que dicho proceso de erosión laminar encierra una perversidad, pues igual que podemos asistir un año al descubrimiento de nuevos vestigios, al siguiente constatar su desaparición, tan es así, que nuestras observaciones son a veces los únicos testimonios de los cuales podemos disponer para la reconstrucción actual de muchos de los yacimiento expuestos. Caso de la necrópolis cuya semblanza nos proponemos trazar.

 

La documentación de muchos de los sepulcros que aquí se mencionan tiene una antigüedad de veinte años, por lo que muchos de ellos ya han sido devorados por la intemperancia de los elementos, aunque estos mismos, como explicamos líneas atrás, han dado lugar a la aparición de otros nuevos y los que sin ninguna duda van a seguir emergiendo.

 

Es lamentable que, en este lugar concreto, es decir, el de la necrópolis, nunca se haya realizado una excavación arqueológica, pese a que todos los indicios apuntaban a que aquí se hallaba una de las áreas de enterramientos más destacadas de la ciudad. La única campaña que en este sentido se puso en marcha fue a la par que se ultimaba el abandono de Talavera la Vieja, es decir hace más de cincuenta años, cuando el equipo de García Bellido planteó algunos cortes en distintas áreas dentro del casco urbano[19]. Las razones por las cuales no se interviene, por ejemplo, la zona de la ermita y en otros lugares señalados, son varias, pero la más poderosa obedece a los dictados políticos del régimen imperante, según la cual no convenía obtener mayores conocimientos de una ciudad que iba a quedar sumergida, por tanto, todo lo que se hizo, y en contra de la opinión de los arqueólogos que intervinieron, simplemente pretendía cubrir las apariencias.

 

Las quince tumbas documentadas hasta ahora, se hallan en una cota cercana a la línea de mínimo descenso del nivel del agua, que es lo mismo que decir, en el punto donde el embate y el ataque erosivo cobra una mayor virulencia, de tal forma, que cada una de las unidades sepulcrales detectadas, parecen acomodarse al óvalo que describe el cerro sobre el que se asienta la necrópolis y en el punto donde cambia con mayor rapidez el grado de buzamiento de la pendiente, aunque esta percepción se debe probablemente a la desigual intensidad con la que se ha ido decapando la zona. La orientación de las tumbas es diversa y aunque predomina la componente Este a Oeste con la cabeza del inhumado supuestamente colocada hacia este último punto cardinal, hay al menos dos sepulcros con orientación Norte-Sur.

 

Entre las tumbas que se han podido documentar, una se hallaba aparentemente intacta, de seis podemos ofrecer una descripción parcial, pues casi todas han visto degradadas alguna de sus partes, de cuatro podemos intuir su existencia gracias a la presencia de tubos de libación visibles a ras de suelo y de otras podemos inferir su presencia merced a las diferentes evidencias conservadas. Predominan las tumbas de tejadillo a dos aguas, hoyos excavados en el suelo entibados con paredes de ladrillo y cubiertas planas, dos estructuras cuadrangulares delimitadas por piezas latericias que suponemos sirvieron de postrer depósito de una incineración, y, por último, un sepulcro que debió de tener el aspecto de un mausoleo, del que sólo permanece la cimentación de cantos rodados que correspondía al basamento.

 

2.1. LOS SEPULCROS.

A título individual los sepulcros[20] presentan las siguientes características tipológicas:

 

1- Tumba de dimensiones medias presenta cubierta de tegulae dispuestas en forma de tejadillo. La pérdida por erosión de parte de un lateral permite incluso contemplar el lecho de la misma a base de tegulae plana. En ese mantillo inferior se hallaron dos ampollas de vidrio conservadas en las vitrinas de la Fundación Concha. Se ignora si el ajuar lo completaban otros objetos. Medidas, 180 X 57 cm. La orientación de la estructura era E – W.

Fig. 3- Ejemplos de tumbas de tejadillo y cubierta plana en la necrópolis del solar de Los Mártires.

 

2- Tumba de dimensiones medias presenta cubierta de tegulae dispuestas en forma de tejadillo con el mismo tipo de piezas tapando pies y cabecera. Se ignora si tuvo ajuar, pues fue expoliada. Medidas, 190 X 55 aprox. La orientación de la estructura era N – S. (Fig. 3.1)

 

3- Tumba de dimensiones medias presenta cubierta de tegulae dispuestas en forma de tejadillo. Se ignora si tuvo ajuar.  178 X 44 cm. La orientación de la estructura era E – W.

 

4- Tumba de dimensiones medias presenta cubierta de tegulae dispuestas en forma de tejadillo con el mismo tipo de piezas tapando pies y cabeza. Se ignora si tuvo ajuar. Dado el estado de degradación del sepulcro no es posible proporcionar medidas. La orientación de la estructura era E – W.

 

5- La sepultura está realizada excavando una fosa de forma rectangular en los depósitos aluviales. Presenta unas dimensiones medias y se halla compuesta por paredes de ladrillos dispuestos horizontalmente formando una hilada y cuya función era la de delimitar la caja de la tumba, con cubiertas planas de tégulas. Se ignora el contenido, pues en apariencia está intacta. Medidas 183 X 68 cm. La orientación de la estructura era N – S. (Fig. 3.2)

 

6- Tumba de dimensiones medias que presenta paredes de ladrillos y la cubierta seguramente de tegulae, a juzgar por los fragmentos que el agua había esparcido por los alrededores. Se ignora si tuvo ajuar. Medidas imprecisas en su longitud porque su mitad aún se halla enterrada, anchura de 86cm. La orientación de la estructura era N – S.

 

7- Tumba de pequeñas dimensiones compuesta por una estructura lateral de ladrillos parcialmente superpuestos. Probablemente estuvo cubierta por tégulas dispues­tas a dos aguas, aunque nada de la superestructura nos ha quedado, al ser la tumba prácticamente destruida por numerosas interfacies. Dado su tamaño, hemos de suponer que alojó un sujeto infantil. Se ignora si contenía algún tipo de ajuar. Medidas: 0,90 X 0,45 m. La orientación de la estructura era N – S.

 

8- La estructura del enterramiento consta de una superestructura conformada a base de una cubierta de tegulae y un tubo cerámico dispuesto verticalmente que asoma apenas 5 cm. por encima del suelo, compuesto por dos piezas tipo ímbrices. La orientación de la estructura era E – W.

 

9- También posee un tubo de libación compuesto por dos piezas tipo ímbrices y la cabecera de una tumba rectangular, donde asoman tégulas hincadas en vertical.

Fig. 4- Tubos de libación de la necrópolis de Los Mártires

 

10- Tubo de libación compuesto por dos ímbrices de distinta medida en el arco. (Fig. 4.1)

 

11- Tubo de libación compuesto por tres ímbrices.

 

12- Tubo de libación fragmentado y lateral de la tumba entibado con materiales latericios y tégulas. (Fig.4.2)

 

Fig. 5- Planta de un mausoleo en la necrópolis de Los Mártires.

13- Restos de la cimentación de un edificio de planta cuadrangular compuesto por un relleno de cantos rodados. La anchura de los muros de la cimentación oscila entre los 70 cm. y los 80 cm. de ancho y recuerda especialmente a los acotados que conservaron este tipo de cimentaciones con una parte del alzado de tapial, presentes en el solar de los Columbarios[21] y en la necrópolis del Albarregas, ambas en Mérida[22]. (Fig. 5)

 

14- Restos de un enterramiento de incineración, del cual únicamente hemos podido documentar un tramo menor de la estructura de la cista, así como parte del interior de la misma, conformada por paredes de ladrillo de 49 X 49 cm. No se conoce el ajuar.

 

15- Cista compuesta por paredes de losetas de barro cocido sin enfoscar de 68 X 63 cm. Se ignora si tuvo ajuar.

 

En paralelo a las tumbas también se han documentado otro tipo de restos, concentrados principalmente en el exterior de las mismas y dentro de manchas oscuras destacadas sobre la greda rojiza dominante en el terreno. Consisten estos restos en cerámicas, huesos de cerdo, cordero y náyades (Margaritifera auricularia), lo cual nos hace pensar que fueron acarreadas hasta allí como parte necesaria de un ritual que incluía el banquete funerario. Reforzaría también esta idea la presencia de los tubos de libación, conductos construidos para las profusiones típicas de las celebraciones periódicas en honor a los difuntos. De estas manchas proceden además los únicos materiales con los que hemos podido contar para aventurar una datación, y aunque la colecta es bastante escasa, resulta muy significativa. Todos tienen en común una procedencia superficial, a excepción de los dos ungüentarios de vidrio, únicos materiales recuperados del interior de una de las tumbas. Consta el depósito de una lucerna y un disco de otra, varios fragmentos de piezas de cerámica y dos trozos de pulseras.

Fig. 6- Lucerna y disco de lucerna procedentes de la necrópolis de Los Mártires. Museo Fundación Antonio Concha.

De la lucerna con volutas en el gollete del pico decorada con una Victoria alada con peplo y un clípeo virtutis, la inscripción SC, elaborada en paredes finas afín a las producciones emeritenses[23]. Podemos decir que es del tipo Dressel 11, fechable a finales del siglo I d.C., aunque es posible su pervivencia localmente hasta el siglo II d.C. El otro fragmento de lucerna posiblemente se trata de otra Dressel 11, aunque solo conserva el relieve del disco con escena erótica[24]. Ambas se exponen en las vitrinas del Museo de la Fundación Antonio Concha. (Fig. 6)

 

Entre los restos de contenedores, constan varios fragmentos de vasos de paredes finas que podríamos datar a finales del s. I, fecha que estaría en sintonía con la ofrecida por las lucernas. Aparte de estos, tenemos varios fragmentos de sigillatas claras del tipo Hayes 52 a los que se adjudica una cronología más tardía que, pondría de manifiesto la vigencia de los enterramientos en el sitio al menos hasta finales del s. III.

Fig. 7- Ungüentarios procedentes de un enterramiento de la necrópolis de Los Mártires.

Los dos ungüentarios, formas Isings 82 y 26 pueden datarse a principios del s. I al s. II. El primer ejemplar consiste en una pieza piriforme de mediano tamaño, con una altura total de 8 cm, la panza bien marcada, perfil bulboso, cuello alto tubular estrecho, con la embocadura bien marcada y borde vuelto. La base ligeramente rehundida en el centro mide 4,5 cm. Podría identificarse con la forma Isings 26[25], presente en diversos yacimientos desde Tiberio al siglo II d.C. (Fig. 7)

 

El segundo corresponde a un recipiente de 8,5 cm. de altura. Tiene el cuello de forma tubular y no presenta ningún estrechamiento que lo separe del cuerpo inferior, que es de forma troncocónica. La base mide 6,5 cm. y es ligeramente cóncava en el centro, lo que permite un mejor apoyo en posición vertical. Es un tipo cercano por tanto a la forma Isings 82[26] producciones en vigor de medidos del s. I, a la época flavia, es decir, s. II. Ambos ejemplares están realizados con la técnica de soplado en vidrio incoloro.

 

A los siglos III-IV corresponden también los dos fragmentos de pulsera conservados en las vitrinas del Museo de la Fundación Concha. La primera pieza formaba parte de una pieza circular de vidrio negro opaco con decoración externa a modo de pequeños granos trenzados y gallonados, su diámetro es de 9 mm. El otro fragmento es también de vidrio negro opaco, pero presenta una superficie totalmente lisa sin decoración alguna. Su diámetro es de 8 mm.

 

En consonancia con lo hallado, también parece estar la cuestión de las orientaciones de los sepulcros, pues si en los primeros siglos del imperio son frecuentes las orientaciones Norte-Sur, vemos como a partir del s. III es casi más frecuente encontrar enterramientos con la componente Este-Oeste. Especial atención merecen también la presencia de los tubos de libación, que en estas latitudes alcanzan su máxima popularidad entre los siglos II y III, época en la que algunos autores ponen de manifiesto su relación con las regiones norteafricanas[27], aunque para sus orígenes se han señalado múltiples focos.

 

De todo lo expuesto se concluye que nos encontramos ante una necrópolis cuya duración corre pareja a la vida del municipio augustobrigense. Los datos aportados, básicamente la tipología de los ungüentarios y los restos cerámicos encontrados en los paquetes de relleno asociados, indica que la urbanización de esta parcela como necrópolis se remontaría a finales del s. I, una implantación temprana que concuerda con lo que sabemos sobre el origen de este municipio[28] que no parece que decaiga durante la época bajo imperial, aunque la ausencia de materiales fechables a partir de este momento se hace muy notoria, no sólo en el área sepulcral, sino en el propio área urbana, con un monetario extremo de época de Valentiniano, es decir de mediados del s. V.

 

Acerca de cuál era el rito predominante, si inhumación o cremación, debemos decir que ambos debieron de coexistir, y aunque en apariencia predominan las inhumaciones, nada permite asegurar que todas las tumbas de una cierta longitud y por ejemplo cubiertas de tejadillo estuvieran adscritas exclusivamente a este rito, podría tratarse igualmente de cremaciones en busta bajo cubierta, como acontece en las necrópolis onubenses[29]. Por lo que no puede afirmarse taxativamente que solo las cistas estuvieran adscritas al rito de la cremación.

 

Refuerza esta hipótesis también el hecho de contar con la presencia de un ustrinum o un bustum caracterizado por una infraestructura compuesta por una base de arena con los límites laterales marcados por la presencia de  fragmentos de tegulae hincadas verticalmente, en cuyo interior, además de una serie de fragmentos cerámicos no diagnosticables, constatamos la presencia de restos humanos, particularmente denticiones y fragmentos de cráneo con huellas de rubefacción que apuntan a la cremación previa de cadáveres.

 

Por el contario, aunque los tubos de libaciones se asocian con más frecuencia a tumbas del rito de incineración, hay que decir que no es raro tampoco encontrar inhumaciones provistas de este sistema. Casos de evidente paralelismo se localizan en las necrópolis emeritenses donde igual que sucede en la necrópolis de Augustóbriga, se emplean dos ímbrices enfrentados por el lado cóncavo para formar el tubo[30], además de las que poseen un tubo vertical cónico o cilíndrico completo incrustado en la tapa e incluso ánforas con el fondo cortado[31] o en el  resquicio entre la cabecera y la cobertura de tégulas a dos aguas. Muchas de las tumbas con este dispositivo datan del s. I.

 

La aparente modestia de los enterramientos se contrapone a la presencia de un edificio que tuvo un indudable carácter monumental, pero que desgraciadamente fue objeto de expolio al ser removidos sus materiales más nobles hasta los cimientos para ser reutilizados en la construcción de la ermita, donde se pueden contemplar embutidos en la cimentación de lo que queda del muro norte. En la provincia de Cáceres este tipo de construcciones son prácticamente desconocidas, tan solo se le podría asemejar el mausoleo aparecido en Jarandilla[32] mientras que, en las necrópolis emeritenses, por rescatar un ejemplo cercano, los hallazgos de este tipo se cuenta por docenas. La construcción de los mismos, estuvo presente desde los primeros momentos de la vida en aquella colonia hasta al menos el s. IV, siendo siempre un ejemplo de diferenciación social, a tenor de los hallazgos que en ellos se han producido, una semblanza acrecentada en el resumen que se ha elaborado recientemente sobre esta cuestión[33].

 

La obliteración de la necrópolis romana diez siglos después por un edificio cristiano, obedece seguramente a una costumbre que cambió la topografía funeraria de las ciudades romanas y que tiene su origen en la expansión del cristianismo, según la cual los cementerios, ya sea intramuros o extramuros se asociarán a basílicas cristianas, a martyiria o a lugares donde se evoca la memoria de un mártir. El hallazgo en este lugar de lápidas escritas en latín, algunas con sonoros nombres cristianos o asociados a esta religión por los colonos que repueblan este lugar a finales de la Edad Media, les indujo probablemente a creer que se hallaban ante uno de esos espacios, por lo que los nuevos moradores deciden edificar una ermita consagrada a los santos Fabián y Sebastián (mártires de mediados del s. III y principios del s. IV respectivamente). San Sebastián especialmente, no falta en los altares de los pueblos extremeños, por ser entre otras cosas el patrón protector de las cosechas y defensor contra plagas y enfermedades, siendo mimetizada y/o sincretizada su celebración con otras fiestas de abolengo pagano.

Más adelante asistiremos a una falsificación sobre un ara romana que pretendía adjudicar a otros santos mártires como Vicente, Sabina y Cristeta a esta localidad, bautizando de paso con el nombre de la Ebura carpetana a la misma, de modo que la tradición martirial en Talavera la Vieja parece que tiene un acendrado origen, que no sabemos si tiene que ver con el descubrimiento del cementerio romano en cuestión y sus epígrafes.

 

La importancia de estos hallazgos es doble por dos cuestiones: la primera de raíz topográfica y urbanística, ya que de manera coyuntural van a aparecer en una zona que tradicionalmente se consideraba exenta de ocupación; contribuyendo su conocimiento a reforzar la hipótesis que ya se planteaba al hablar de la existencia de una muralla en este sector[34], la cual dejaría precisamente extramuros a la necrópolis, y al arroyo de la Ruiza como protagonista en el papel de frontera entre el espacio urbano y la morada de los muertos. La segunda cuestión, derivada de la anterior, tiene un carácter más histórico y arqueológico, pues conlleva a la adaptación de las áreas funerarias a la norma organizativa clásica romana de situar los sepulcros con arreglo a los ejes cardinales, colaborando con su presencia en el diseño de los límites propios de la ciudad; pudiendo relacionarse además, con la importante vía que prolongaba el decumano máximo hacia el Este, vía que articulaba la comunicación hacia el ramal principal del Itinerario 25, refrendado por la presencia de un miliario en las proximidades del reconstruido puente del Conde[35].

Fig. 8- Epígrafe de Ivlivs Silavanvs procedente de la necrópolis de Los Mártires.

 

2.2. EPÍGRAFES DE LA ERMITA DE LOS MÁRTIRES

De toda la epigrafía rescatada en la ciudad, con seguridad se conocen varios epígrafes procedentes del solar de la ermita mencionados por los antiquiores que visitaron este lugar. Varios han sido recuperados recientemente, de los cuales, uno se hallaba inédito[36], otro se conocía desde hace 400 años pero se ignoraba el paradero[37] hasta su rescate por la Fundación Antonio Concha, y un tercero, publicado hace unos años, ha podido ser releído y corregido, gracias al estudio que de la inscripción hemos hecho a partir de una reconstrucción fotográfica tridimensional[38], aunque aún, por circunstancias que tienen que ver con el deterioro del soporte, es bastante incompleto. (Fig. 8)

 

La cuarta y quinta de las inscripciones fueron reseñadas por Gómez de Castro, una incompleta de mármol que debería figurar como inédita, donde solamente se podía leer parte de la fórmula final[39] y la célebre inscripción que el insigne humanista se llevó a Toledo, localidad donde ahora recala en el Museo de Santa Cruz dedicada a Marcvs Palphvrivs Laetinvs[40].

 

La sexta inscripción aparece reseñada por Hermosilla[41] y se encontraba incrustada en las gradas del altar mayor. Se da por desaparecida, pues el altar y sus gradas fueron

Fig. 9- Sección de una cupa sectile, desplazada de su lugar original para ser utilizada de umbral en una casa de Talavera la Vieja.

 

desmontados tras la secularización del edificio. De otras muchas, no hemos podido confirmar su origen, pero sin duda alguna, una parte de las mismas formaron parte de esta necrópolis, tal vez la primera y más importante construida en la ciudad y a la cual pertenecen no solo los monumentos reseñados, sino los verracos traídos desde el castro vetón de Alija[42] y algunas de las piezas que conformaban grandes cupae sectile, compuestas a base de secciones semicirculares ensambladas unas a otras y revocadas posteriormente con una capa de estuco, de las cuales, al menos dos, hemos identificado sirviendo de soleras a la entrada de sendas viviendas. La peculiar morfología de estas rebanadas de piedra correspondientes a cupae de gran tamaño, se achaca a la llegada de nuevos pobladores a este extremo nororiental de la Lusitania romana, quizá ante las expectativas de ampliación del espacio agrícola. Se trata de gentes de la más diversa procedencia, pero en Lusitania su ascendencia parecer mayoritariamente norteafricana e itálica, sobre todo gentes de Mauritania y Tingitania con su bagaje de ideas y conceptos religiosos atraídos por la prosperidad de las tierras colonizadas y capitalizadas por Emerita Augusta. Su arribada a estas tierras fue creciendo sobre todo a partir del s. II d.C. significando de cara a los ritos y costumbres funerarias, nuevos aportes a las ya de por sí complejas y variadas costumbres del mundo romano. (Fig.9)

 

La tumba para los romanos era una manera de sobrevivir a la muerte, y si bien en principio, las cupae se asocian a personas de origen humilde, libertos, esclavos o hijos de libertos, la monumentalización de los ejemplares de Augustóbriga y los que se encuentran repartidos por su territorio delata la presencia de familias que han adquirido cierto estatus, pues, arquitecturas de las características aquí descritas, evidentemente requieren un poder adquisitivo notable. Es por tanto de presumir, que entre los siglos II y III d.C. existiría ya en esta comarca, una clase de ricos propietarios, obstinados en hacer valer su prestigio ante los demás, levantando a su muerte, obras sobresalientes a imitación del patriciado urbano de ciudades como Emerita Augusta (Mérida), Capera (Cáparra), Turgalium (Trujillo) o Norba, (Cáceres), donde éste tipo de monumentos también tuvieron un papel destacado[43], pero no con el exagerado tamaño con que aquí se presentan, resaltando así como una peculiaridad regional.

 

El interés de las cupae aquí retratadas estriba no solo en el conocimiento que aporta sobre una clase social distinguida, sino en la excentricidad y singularidad de tales monumentos segmentados, prácticamente ceñidos a la geografía del norte de la Lusitania, de los cuales, tan solo conocemos siete ubicaciones más, en una plazuela de Guijo de Granadilla, tal vez procedente de Cáparra, otro en la finca Encinahermosa de Malpartida de Plasencia, en el Castrejón de Peraleda de San Román, las dos cupae del valle de San Gil en Aldeanueva de la Vera, la de Parrala en Jarandilla[44] y las de Talavera la Vieja. Fuera de nuestro territorio, se registra un caso en Vimianzo (La Coruña), considerado igualmente un unicum dentro de la Gallaecia. No obstante, los amplios vacíos del mapa provincial, obligan a ser prudentes, porque estamos seguros que los ejemplares aquí reseñados tienen una representatividad determinada por lo azaroso de nuestra exploración, que, de ser más sistemática y sosegada, hará aflorar otros datos y los hará igualmente significativo.

 

  1. LA NECRÓPOLIS DEL CERCADO BENITA Y PALOMARES.

La segunda de las necrópolis se halla entre los cerquillos de Benita y Palomares, en la salida occidental del decumano, camino conocido como la Cuesta Blanca y que era por donde más tarde recibiría la carretera de Bohonal de Ibor. Esta área sepulcral parece pues discurrir también, en estrecha relación con un importante camino, que partiendo de aquí se dirigía a los asentamientos situados al oeste de la ciudad, algunos como el de Casar Blanco y Torre de Alonso, anotados en las fuentes como torres o casas fuertes[45]. Mantiene una escasa presencia de sepulcros, debido sobre todo a que ha sido menos afectada por la erosión, al encontrarse en un terreno llano y precintado por los muros de separación de los huertos, los cuales, si no han contenido la migración de las partículas finas de tierra, si lo han hecho con la grava, por lo que la profundidad de los enterramientos no se ha visto tan menoscabada.

Fig. 10- Tumbas delimitadas por tégulas del Cercado Benita-Palomar, ubicadas en la necrópolis occidental de Talavera la Vieja.

Pudo ser una necrópolis secundaria o de menor importancia, pero al no haberse excavado ningún sepulcro y desconocer la tipología de la sepultura, la disposición de las ofrendas fúnebres y cronología de las mismas, no hemos podido precisar la época durante la cual estuvo en uso, así como las características de los difuntos o del ritual de enterramiento subsiguiente, salvo que en los casos donde el tamaño indica claramente que se trataba de una inhumación. Otra información bastante certera es la relativa a la orientación de los enterramientos, dispuestos de este a oeste, tendencia predominante en los enterramientos del Bajo Imperio y deducible en este caso por la posición de las tégulas empleadas en la delimitación de la caja, cuyos bordes sobresalen levemente de la tierra. (Fig. 10)

 

La ubicación paisajística del cementerio es pareja a la anterior, salvo porque el arroyo Mamaleche, que bordeaba la localidad por esta parte, sirve de límite a la expansión de la necrópolis hacia el oeste, quedando esta constreñida entre su cauce y unas viviendas extramuros, cuya planta está contribuyendo a dibujar la erosión. Curiosamente es también el límite de la Talavera moderna, y significativamente otro crucero, ornamentaba la salida de la calle Real por este extremo en dirección a Bohonal de Ibor.

 

Una de las hipótesis que manejamos es que dichos enterramientos estuvieran vinculados a la domus anexa, pues tiene todas las características de un asentamiento suburbano, emplazado allí, tal vez, porque su principal actividad, a juzgar por los hornos y obradores latericios descubiertos, la obligara a guardar cierta distancia con el entorno urbano más concentrado, y evitar así molestias a sus habitantes. Este lugar pudo tener un papel importante en la producción de cerámicas de la localidad, similar al descubierto en otro punto de la periferia urbana en el antiguo solar del campo de futbol, donde moldes de sigillatas, algunos epigráficos y un número importante de fragmentos de las mismas características, confirman esta población como un centro de fabricación importante, cuya actividad pudo hallarse al servicio de más de un centenar de domi de esta época distribuidas por la comarca el Campo Arañuelo y aledaños.

 

  1. LA NECRÓPOLIS DEL CAMINO DEL ALMENDRO.

 

El último lugar de la ciudad del cual tenemos noticias de hallazgos relacionados con enterramientos se localiza al sur de la ciudad, coincidiendo con el final del eje cardinal, en el comienzo del camino denominado por los talaverinos del Almendro o La Pista. La noticia del hallazgo de varios sepulcros fue aportada por los últimos habitantes de Talavera la Vieja, los cuales rememoraban el hallazgo de esqueletos y vasijas en el interior de las tumbas. Nuestras pesquisas llegaron a identificar el sitio, ocupado por el olivar de los Pareones, a la derecha del camino, saliendo de la población. Si nuestro cálculo es correcto, solapó al cardo de la ciudad, pues por el otro extremo se dirige en línea recta hacia los jardines del peristilo del foro, donde posteriormente se instaló la iglesia y la plaza del pueblo.

 

Su exposición a los elementos ha sido menor, pues se sitúa en una cota más elevada que las necrópolis anteriores, dificultando por tanto su inmersión en los años secos cuando el pantano no alcanza la cota máxima de llenado, lo que hace suponer, que cualquier resto se encontrará en mejor estado que las necrópolis oriental y occidental.

 

  1. APUNTES FINALES

 

Pese a la escasez de sepulcros y otros monumentos funerarios que debían de corresponder a un municipio de esta calidad, se han podido extraer algunas conclusiones sobre el mundo de la muerte en Avgvstobriga. Por el momento se ha documentado la existencia de un ritual de inhumación y de incineración, coexistiendo ambos, por lo menos desde el s. I[46], periodo de fundación de la ciudad, hasta principios del s. III d.C., hecho documentado por otra parte, en numerosas necrópolis hispanas[47], sobre todo del Alto Imperio.

 

Los ajuares, casi inexistentes o extremadamente sencillos, deben su pobreza a la condición azarosa de las exhumaciones, prestándose su imagen de pertenencia a las clases modestas de la población, aunque otra cara ofrecen algunos epígrafes, cuya calidad, a veces con un campo escultórico de un retrato labrado en mármol, nos remite en su uso a las clases más acomodadas a imitación de las emeritenses, lugar de procedencia de alguno de los personajes enterrados aquí[48]. La presencia de un mausoleo junto al camino, buscando quizá situarse lo más cerca posible de la entrada de la ciudad, es otro factor a considerar acerca de la categoría de esta necrópolis en la urbana, pues sepulcros de estas características, casi siempre se construyen para reflejar la posición socioeconómica de los personajes allí enterrados.

 

En cuanto a la orientación de los enterramientos del solar de Los Mártires, contrapuestos unos a otros, no parece que obedezcan a una organización preestablecida, sino a un modo totalmente aleatorio, facilitado en principio, por la amplitud del espacio disponible. Al menos, en la parte conocida, las tumbas aparecen separadas a bastantes metros unas de otras, aunque esta es una apreciación subjetiva que habrá que dilucidar con una excavación, pues desconocemos con precisión la estructura organizativa interna. Lo contrario, sin embargo, parece deducirse de la colocación de las tumbas del cercado Palomares, donde las tumbas detectadas, se hallan dispuestas a corta distancia unas de otras y en paralelo. Parece esta última, una planificación premeditada, quizá en un intento de subsanar el desperdicio de terreno a que se había llegado en la necrópolis oriental, sin que esta ampliación afecte a esa concepción normativa con respecto a la ubicación de la morada de los muertos, ahora radicada en el otro extremo del camino.

 

No dudamos que la necrópolis oriental fuera la más importante de la ciudad. El simple hecho de que en su entorno se hallan localizado los epígrafes de mejor calidad y los restos de mayor monumentalidad, así parece confirmarlo, incluso la desorganización antes aludida y la posible saturación provocada por esa circunstancia, tal vez fuera motivada por tratarse de la instalación original. No obstante, el simple hecho de concentrar hallazgos que no superan el s. III, cuando en el espacio urbano, tanto el numerario, como la cerámica u otros materiales recuperados, demuestran que el asentamiento se prolongó al menos hasta el s. V, obliga a pensar en la apertura de nuevas necrópolis extramuros de la ciudad, de ahí que las tumbas se multipliquen en torno a la red viaria.

 

La inauguración de necrópolis en la salida de las ciudades es por otra parte un hecho redundante, distinguiendo con su antigüedad, extensión, monumentalidad y permanencia, la categoría del vial en torno al cual se acomodan. Aparte del caso que estamos tratando, podemos citar por su importancia a la necrópolis oriental de Mérida[49], uno de cuyos núcleos mortuorios más profusos e importantes se ajusta al camino este de salida, en dirección a la ciudad de Medellín, asimismo las de otras muchas localidades del Imperio.

 

No obstante, y en un momento impreciso, relacionado tal vez con las invasiones, la ciudad se va a ir despoblando, no así el territorio, que acusa un incremento poblacional a expensas probablemente de la disolución urbana. Dispersos por el territorio, podemos encontrar nuevos enclaves poblacionales desplegados en torno al Arroyo Tamujoso, Peñaflor, castillo de Alija y sus orillas[50], el Cerro de las Cabras, en construcciones cercanas al cerro Viruelas, el Majadal del Castaño, o la Hoja de Carrasco[51], estas dos últimas, orientadas a la explotación oleovinícola durante la Tardoantigüedad, poseyeron sendas necrópolis, cuyas tumbas, aparte de ampliar el abanico tipológico de enterramientos de inhumación en este sector, con su pobreza constructiva y la práctica inexistencia de ajuares, determinará las señas de identidad de los nuevos habitantes[52].

 

[1] Aguilar Tablada-Marcos, B. Mª. (1997): Augustobriga. Una ciudad romana bajo las aguas, Revista de Arqueología, 190. 38-47; Martín Bravo, A. Mª. (1998): Evidencias de comercio tartésico junto a puertos y vados de la cuenca del Tajo, Archivo Español de Arqueología, 71, 37-52. Martín Bravo, A. Mª. 1999: Los orígenes de la Lusitania. El I Milenio a.C. en la Alta Extremadura, Biblioteca Archaeologica Hispana, 2, Madrid; Jiménez Ávila, F. J. y González Cordero, A. (1999): Referencias Culturales en la definición del Bronce Final y la Primera Edad del Hierro de la Cuenca del Tajo: el yacimiento de Talavera la Vieja, Cáceres., II Congreso de Arqueología Peninsular, Zamora-Alcalá de Henares: Vol. III, 191-190; Celestino, S. y Jiménez Ávila, F. J. (2004): El conjunto orientalizante de Talavera la Vieja (Cáceres). Estudio preliminar, Anejos del Archivo Español de Arqueología, XXXII. 197-208; Aguilar Tablada-Marcos, B. Mª. y Sánchez de Pardo, Mª. D. (2006): Evidencias de un taller de vidrio en la ciudad romana de Augustobriga (Talavera la Vieja, Cáceres), Lucentum, XXV: 177-194; Jiménez Ávila, F. J. (ed.) (2006): Los objetos orientalizantes. El conjunto orientalizante de Talavera la Vieja (Cáceres), Memorias 5, Museo de Cáceres. 89-114; Perea, A. (2006): Estudio del proceso técnico de fabricación y significado de la orfebrería de Talavera la Vieja. El conjunto orientalizante de Talavera la Vieja (Cáceres), Memorias 5, Museo de Cáceres.63-108; Jiménez Ávila, F. J. y Salgado Carmona, J. A. (2006): Objetos de marfil, hueso y vidrio. Objetos varios. El conjunto orientalizante de Talavera la Vieja (Cáceres), Memorias 5, Museo de Cáceres. 155-162; Montero Ruiz, I. y Rovira LLorensa, S. (2006): Comentario sobre las composiciones de los metales del conjunto. El conjunto orientalizante de Talavera la Vieja (Cáceres), Memorias 5, Museo de Cáceres. 109114; López Grande Mª J. y Velázquez, F. (2006): Los escarabeos egipcios. El conjunto orientalizante de Talavera la Vieja (Cáceres), Memorias 5, Museo de Cáceres. 115-130; Garrido García, J. A. (2006): Análisis malacológico. El conjunto orientalizante de Talavera la Vieja (Cáceres), Memorias 5, Museo de Cáceres. 183-187, Portillo, M. y Albert R. Mª. (2006): Análisi de fitolitos. El conjunto orientalizante de Talavera la Vieja (Cáceres), Memorias 5, Museo de Cáceres. 189-193; Salgado Carmona, J. A. (2006): Las Cerámicas. El conjunto orientalizante de Talavera la Vieja (Cáceres), Memorias 5, Museo de Cáceres, 131-154; González Cordero, A. y Morán Sánchez, C. J. (2006): Talavera la Vieja y su entorno arqueológico, en J. Jiménez Ávila (Ed.): El conjunto orientalizante de Talavera la Vieja (Cáceres), Memorias 5, Museo de Cáceres.  131-154; Jiménez Ávila, F. J. y González Cordero, A. (2012): Una tumba “de carro” en la necrópolis orientalizante de Talavera La Vieja (Cáceres), Actas do V Encontro de Arqueologia do Sudoeste Peninsular, Almodóvar: 213-233; González Cordero, A. (2013): Iter Aquarum. El pantano del arroyo Quebrantas, obra hidráulica desconocida para la administración de agua a la ciudad romana de Augustobriga. XIX Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo. 133-172; Morán Sánchez, C. J. (2014): Augustobriga (Talavera la Vieja). Ciudades Romanas de Extremadura Stvdia Lusitanica 8, (Nogales, T. y Pérez, M. J. Eds), 223-246; Salgado Carmona, J. A. (2015): Talavera la Vieja (Cáceres), un asentamiento Orientalizante en la cuenca del río Tajo. Territorios comparados: los valles del Guadalquivir, El Guadiana y el Tajo en época tartésica. Anejos de AEspA LXXX. 393-410; González Cordero, A. (2015): La Edad del Bronce en el Campo Arañuelo. XXI Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo. 107-158; Gimeno Pascual, H. (2016): Aportaciones a la epigrafía de Augustoriga (Talavera la Vieja, Cáceres). Veleia, Serie minor 33. 155-171; Morán Sánchez, C. J. (2017): La documentación inédita de las excavaciones de A. García Bellido en Augustobriga (Talavera la Vieja, Cáceres). 150 años de Historia de la Arqueología: Teoría y método de una disciplina. Mem. De la Soc. Española de Historia de la Arqueología III, (Ayarzagüena M. et al, Eds.), 357-377; Gómez-Pantoja, J. L. y González Cordero, A. (2020): La grande casquería lusitana. Nuevos y olvidados epígrafes de Augustobriga. Gerión 38/2, 489-517.

 

[2] Agradecemos toda esta información a Vicente Manzano y a Anastasio Bayán (†), cuya privilegiada memoria ha hecho posible que muchos datos, de otra manera insalvables, puedan se documentados en estas y otras páginas que hemos escrito acerca del pasado de esta población.

[3] García y Bellido, A. (1956-61): Excavaciones en Augustóbriga. Talavera la Vieja, Cáceres. Noticiario Arqueológico V, 235-239.

[4] Se confunde esta ermita con la de la Fuensanta o Fuente Santa mencionada en el capítulo 40 de las Relaciones Topográficas de Felipe II, redactada en torno a 1578. Dicha ermita se encontraba en el castillo de Alija y sustituía por tradición a otra, emplazada dos centenares de metros más abajo, de la cual no queda más que el dibujo de su planta y un conjunto de tumbas excavadas en la roca alrededor de ella. Abundantes fragmentos de mármol, constituyen pobres indicios decorativos de tradición mozárabe, sino visigoda del templo más antiguo.

[5] Gómez de Castro, A.: “Carta en donde cuenta el viage que hizo a Plasencia a ver a su Obispo D(on) Pedro Ponce de Leon, dando razon de algunas antiguedades que advirtio particularmente en Rocafrida” (ff. 96-101). Ms. B.N. nº 13.009 (siglo XVIII) en Hernando Sobrino, Mª.  R. 2010: Manuscritos de contenido epigráfico de la Biblioteca Nacional de Madrid (siglos XVI-XX). La transmisión de las inscripciones de la Hispania romana y visigoda, Madrid. 398-399; Gómez de Castro, A.: Carta del m(aes)tro Alvar Gómez, en que cuenta la visita que hizo al Obispo de Plasencia, D. Pedro Ponce de León, y varias antigüedades de Estremad(ur)a. Ms. CC-BP, MSS/59(9); (Copia de (B.N. Dd. 28, p. 96 a 101 vº) (1801); (Copia en la biblioteca Pública de Cáceres del ms. de la B.N. Dd. 28, p. 96 a 101 vº) (1877).

http://www.europeana.eu/portal/record/09407a/8F008F42DE7C76358077D3920625573275C6237C.html

[6] Ms. Relaciones Topográficas de Talavera la Vieja, escritas el 29 octubre de 1578 por mandato del rey Felipe II. (Ms. RBME J-I-13 (Ms. RBME J-I-13 Encuadernado en media pasta, en el lomo: «Descripción de los pueblos de España. 2»: Talavera la Vieja, Cáceres; f. 436r-441r.).

[7] Hernando Sobrino, Mª. R. (2010): Manuscritos de contenido epigráfico de la Biblioteca Nacional de Madrid (siglos XVI-XX). La transmisión de las inscripciones de la Hispania romana y visigoda, Madrid. 139-141. Y en el Ms. de Román de la Higuera (1538-1611) (Ms. BNE. 1.632, s. XVI [Historia eclesiástica de España. Tomo V].

 

[8] Salas Martín, J. y González Cordero, A. (1991-1992): Nuevas aportaciones a la epigrafía latina de la provincia de Cáceres. Norba, 11-12. 171-198.; González Cordero A. (2000): Catálogo de inscripciones romanas del Campo Arañuelo, La Jara y los Ibores. VII Coloquios Histórico Culturales del Campo Arañuelo. Navalmoral de la Mata. 115-164; Gimeno Pascual, H. (2016): Aportaciones a la epigrafía de Augustoriga (Talavera la Vieja, Cáceres). Veleia, Serie minor 33. 155-171; Gómez-Pantoja, J. L. y González Cordero, A. (2020): La grande casquería lusitana. Nuevos y olvidados epígrafes de Augustobriga. Gerión 38/2, 489-517.

 

[9] Hermosilla de Sandoval, I. (1796): «Noticia de las ruinas de Talavera la Vieja, leída en la Academia de 2 de julio de 1762», Memorias de la Real Academia de la Historia 1, 1796, 345-362; Córnide, J. (1797): «Continuación de la Memoria de Don Ignacio Hermosilla, sobre las ruinas de Talavera la Vieja», Memorias de la Real Academia de la Historia 1, 1796, 363-408 (Usando probablemente el manuscrito «Primera parte de las antigüedades de Extremadura», de Agustín Francisco Forner y Segarra).

[10] Hermosilla de Sandoval, I. (1796). Op. cit., 347.

[11] Ponz, A. (1784): Viage por España, Tomo VII, carta V, 81. Este viajero y académico pasó por Talavera la Vieja en 1777: «Inmediata á este sitio hay una ermita construida en gran parte de antiguos sillares». Teniendo en cuenta a Hermosilla, trae a colación el epígrafe de Elena, pero no dice dónde está, solo afirma que es una de las dos más legibles”.

[12] «Y que demás de estos letreros hay otros muchos, que en el mes de mayo deste presente año de 78 vino á ver Ambrosio de Morales, coronista de su Magestad, el cual podrá dar mejor razon destas cosas por ser de su facultad». No he encontrado nada de él referente a Talaverilla”.

[13] «Asimismo en la sacristía de esta iglesia se hallan unas lápidas con inscripciones antiguas cuyo contenido se ignora […] y a la salida del pueblo una ermita arruinada que llaman los mártires Santos Fabián y Sebastián«. Lorenzana, Ms., 1784: Descripciones o Relaciones de Lorenzana (1784), cuestionario de catorce preguntas donde se intenta recabar información de todo tipo sobre los pueblos de la Archidiócesis de Toledo. El manuscrito con las respuestas se conserva en el Archivo Diocesano de Toledo. Existe: J. Porres de Mateo – H. Rodríguez de Gracia – R. Sánchez González, Descripciones del Cardenal Lorenzana, Toledo, 1986.

[14] Madoz, P. (1849): Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, Madrid, vol. 14, 576. En la reedición de 1955 de la Biblioteca Extremeña., 167. “La ermita: Situada a la entrada del pueblo, viniendo desde el embarcadero. La puerta y esquinas estaban hechas con sillares, reaprovechados, de piedra berroqueña y alguna más de mármol. Tenía cuatro arcos góticos. El resto era de ladrillo y barro. Tenía un altar mayor con gradas. Delante había un crucero de hierro sobre una columna de mármol”.

[15] Santos Sánchez, M. (1993): Historia de Talavera la Vieja. La romana Augustóbriga. Talavera de la Reina. 213. Es de suponer que esos antepasados con los que tropezaban, no sólo correspondían a cadáveres recientes, sino a los restos del primitivo cementerio romano, pues no faltan noticias del hallazgo de vidrios y monedas entre aquellos restos.

[16] Gómez-Pantoja, J. L. y González Cordero A., (2020). Op. cit., 505. La última inscripción encontrada en las paredes de la ermita corresponde a un colono emeritense. Tiene de particular, aparte del texto en sí, la colocación en el muro del epígrafe, al contrario de lo que era habitual en las casas de la localidad, donde las letras solían quedar hacia dentro, costumbre que recoge Hermosilla, (1796). Op. cit, 349-350, en su crónica: «Y aun supe por cosa notoria, que cuando se hace ó se repara alguna casa, cuidan mucho los dueños de que el portugués (son precisamente de esta nación los albañiles de toda aquella comarca) ponga las letras de las piedras dentro del muro de modo que no se vean, porque son (así se explican) rétulos de condenados«.

[17] González Cordero, A. (2000). Op. cit., 133-134, nº 24 (HEp 11, 2001, 134); González Cordero, A. (2002): “Construcciones domésticas del mundo romano y de la tardoantigüedad. Los asentamientos de la cuenca del pantano de Valdecañas.”. IX Coloquios Histórico Culturales del Campo Arañuelo. Navalmoral de la Mata, 65-86.

[18] González Cordero, A. y Morán Sánchez, C. (2006): Talavera la Vieja y su entorno arqueológico. Memorias del Museo de Cáceres, 5. Cáceres, 19-44.

[19] A. García y Bellido (1956-61): Op. cit. Apenas nos dejó una reseña de los trabajos cuya dirección encargó a J. Mª Blázquez, cuyos diarios y comentarios fueron publicados recientemente por Morán Sánchez, C.  J. (2017). Op. cit; y en otra obra, sobre el contenido epigráfico por Gimeno Pascual, H. (2016) Op. cit. En aquellos diarios tampoco se incluyeron todos los hallazgos, pues por múltiples canales, hemos recibido noticias, por ejemplo, del descubrimiento de una pintura mural con una bella copa donde bebía un pájaro a espaldas del peristilo del foro, del hallazgo de mosaicos y vasijas enteras en un corte efectuado frente a la puerta de la iglesia, o como se abandonaron las cajas con cerámicas, vidrios y plomos en la pensión donde se hospedaban los arqueólogos junto a otros materiales, que los dueños de la misma, acabaron arrojando a la basura.

[20] Desconocemos si la respuesta 44 de la Relaciones Topográficas de Felipe II, los datos que proporciona acerca del descubrimiento de sepulcros se corresponden con éste área, pues dice textualmente: “Al quarenta e quatro dixeron que demás de las dhas antigüedades que van declaradas se an hallado en esta juzon en la rrribera de tajo algunos vecinos andando plantando heredades sepulcros antiguos e sacados los guesos que dentro estaban eran de tan inmensa grandeza que las cabezas se ponían algunos hombres de dha villa por capacetes y que esto acontecia al dho Miguel Gutierrez y la canilla de la pierna era tan grande que con ser bien dispuesto el dho Miguel Gutz le llegaba cerca de el medio muslo”.

[21] Bello, R. y Márquez, J. (2007): Los primeros contextos romanos de Augusta Emerita. El vertedero de Los Columbarios”. Contextos ceràmic i cultura material d´época augustal a l´oocident romá, 426.

[22] Ramírez Sádaba, J. L. y Gijón Gabriel, E. (2004): Las inscripciones de La Necrópolis del Albarregas (Mérida) y su contexto arqueologico. Veleia, 11, 121.

[23] Bustamante Álvarez, M. (2015): Consumo y producción cerámica en época romana en la comarca del Campo Arañuelo (Cáceres). Verdolay, 14 MAM. 194.

[24] Bustamante Álvarez, M. (2009): Colección cerámica de época romana de la Fundación Concha (Navalmoral de la Mata): nuevos datos para el conocimiento de la romanización del Campo Arañuelo. XVI Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo, 85. Fig. 13, nº 6; Bustamante Álvarez, M. (2015). Op. cit., 194.

[25] Isings, C. (1957): Roman Glass. From dated finds. Groningen/Djakarta, Academiae Rheno Traiaectinae. Instituto Archaeologico, 42.

[26] Isings, C. (1957). Op. cit., 42.

[27] Gálvez Izquierdo, Mª. P. (2009): La necrópolis occidental de Caesaraugusta en el s. III (calle Predicadores, 20-30, 114.

[28] Salas Martín, J. (1985): Notas acerca de la Augustóbriga vettona (actual Talavera la Vieja, Cáceres), Norba 6, 51-66.

[29] Vidal Teruel, Nuria de la O. y Campos Carrasco, J. M. (2006): Las necrópolis de Onuba. Anales de Arqueología Cordobesa, 17. Vol II, 29.

[30] Molano Brías, J. y Alvarado Gonzalo, M. (1993): El enterramiento de la c/Circo Romano nº 10: aportación al conocimiento de las tumbas con tubos de libaciones en Augusta Emerita. Anas, 4-5,161-173; Ayerbe Vélez, R. (2001): “Excavación de un área funeraria del s. III en los alrededores de la Vía de la Plata. Intervención arqueológica realizada en la Vía de la Plata s/n”. Memoria 5, 26; Márquez, Pérez, J. (2006): Los Columbarios: arquitectura y paisaje funerario en Augusta Emerita. Serie Ataecina, 2, 28; Bejarano Osorio, A. M. (2000): Intervención arqueológica en el antiguo solar de la Campsa. Espacio funerario de época altoimperial. Mérida excavaciones arqueológicas 1998, Memoria, 4, 305-332.

[31] Roberto de Almeida, R. y Jerez Linde, J. M. (2015): Ânforas –Carrot- em Avgvsta Emerita e la Vega. Al-Madam, 19/II, 6-30.

[32] González Cordero, A. y Hernández López, M (1992): El mausoleo turriforme de Jarandilla. Alcántara, 26. Tercera época. Cáceres, 49-60.

[33] Murciano Calles, J. Mª. (2010): Historiografía de los aspectos funerarios de Avgvsta Emerita (s. I-IV). Cuadernos Emeritenses, 36. Mérida.

[34] Aguilar-Tablada Marcos, B. M.ª (1997). Op. Cit. La existencia de muralla en Talavera la Vieja es aún objeto de controversia, pues a lo que se tiene como tal muralla, es a un tramo que nosotros creemos que corresponde al acueducto y la supuesta torre cuadrada, a un depósito limario, castellum aquae, o estanque de decantación de agua, evidentemente de orígen romano.

[35] González Cordero, A. (2001): «Catálogo de Inscripciones Romanas del Campo Arañuelo, La Jara y Los Ibores», VII Coloquios Históricos-Culturales del Campo Arañuelo, 122.

[36] Gómez-Pantoja, J. L. y González Cordero, A. (2020). Op. cit., 505. [M(arcvs)?] Villivs . M(arci) [f(ilivs)] / Pap(iria) . emerite/nsis . h(ic) . s(itvs) . e(st) / [—] + [—]+[—] / —–

[37] Ibid., 497-498. Pompeia / Inventa / an(norvm) LV . h(ic) s(ita) e(est) / s(it) t(ibi) t(erra) l(evis) . Pom/peia Cast[a] / de s(vo) f(caciendvm) c(vravit)

[38] González Cordero A. (2001). Op. cit., 141, nº 40; (HEp 11, 2001, 132). HEpOL 24507. Funeraria -EPEX 1005113- Se trata de una estela de granito con remate semicircular y un creciente lunar en alto relieve. Está muy deteriorada por la erosión. Medidas: (90) x 42 x 24. Letras: 5,5. Apareció a unos 25 m. al sur de la ermita de los Mártires, en la portilla de un cercado y Elías Montero la acarreó hasta su casa, en la parte alta del pueblo, para utilizarla como poyo. Allí se conserva entre las ruinas. La nueva transcripción y adenda alcanza a ver seis líneas, de las cuales solo son legibles las dos primeras: Ivl(ivs). Silva/nvs. Ivli . F(ilivs )/ [- – -] / – – – – – –

[39] Gómez-Pantoja, J. L. y González Cordero, A. (2020). Op. cit., 495. Funeraria -EPEX 1005125-: – – – – – – [- – -] annorvm VII/ mater filiae/ d(e) . s(uo) . F(aciendvm ). Curavit; Sánchez Cantón F. J. (1927): Viaje de un humanista español a las ruinas de Talavera la Vieja. Archivo Español de Arte y Arqueología 3, 224, nota 2, señala que «no figura esta inscripción en las Memorias de la Academia (t. I, 1796, pág. 345)»; Hernando Mª. R. (2010). Op. cit., 399, al hacer el comentario del manuscrito afirma: «es muy posible que se trate de CIL II 935, aunque no podemos asegurarlo». Creemos que se trata de un epígrafe diferente porque esta es de mármol y parecen claras las palabras mater y filia, y el numeral VII, circunstancias que no coinciden de manera alguna con la inscripción citada del CIL.

 

[40] En Terreros y Pando E. de (1758): Paleografía española, Madrid., 129, Lam. 17, 3: “Trajola de Talavera la Vieja, […], el Maestro Alvar Gomez de Castro, bolviendo de visitar al sabio Obispo de Plasencia Don Pedro Ponce de Leon, y de reconocer sus manuscritos[40]. […]. Las letras son tan estrechas, y unidas, además de las ligadas, y las lineas tan delgadas, y sutíles, que estando la piedra algo maltratada del tiempo, ha sido menester mucha diligencia, para certificarse de la verdadera lectura”.

 

[41]Hermosilla de Sandoval, I (1796): Op. cit., 350, estampa 3ª, let. N; CIL II 930 (CPILC 483). HEpOL 25002. Lín. 2: nexos AL y AE:  «Es un sillar de piedra berroqueña de tres pies de alto y uno y tres quartos de ancho (c. (83) x c. 48): está en las gradas del altar mayor de la ermita arruinada de los mártires, a la entrada de la villa»: Elena / Alaesi f(ilia) / h(ic) s(ita) e(st) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis) / MODEII / [- – -]A[- – -]. Como estaba en las gradas del altar, posiblemente desgastada por el borde u oculta tal vez podría leerse como [H]elena /[B]alaesi?.

[42] González Cordero, A. (2018): La herencia de los vettones en el Campo Arañuelo y la Jara cacereña. XXIV Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo. 137-174.

[43] Gómez-Pantoja, J. L; González Cordero, A; Hernando Sobrino, Mª R y Madruga Flores, J. V. (2012): Las cupae de Cáceres. Las cupae Hispanas. Origen, difusión, uso y tipología.  J. Andreu editor. Fundación Uncastilo. Tudela. Pp. 417-542.

[44] González Cordero, A (2021): Raros monumentos funerarios en Aldeanueva dela Vera. Revista Cultural Pencona, 17, 16-19.

[45] En concreto la del Casar Blanco y la de Torre Alonso son mencionadas en la respuesta 29 de las Relaciones Topográficas de Felipe II. Una era el punto acordado para el pago del censo anual de los habitantes de Bohonal al Conde de las Mirandas. Anastasio Bayán, que llegó a conocer una de ellas, nos la describió como un torreón de planta cuadrada con el alma de argamasa y la base de sillares, por lo que sospechamos que se tratara de un mausoleo particular, tal vez similar al destruido durante las labores de construcción de los canales de regadío en la Viña del Bobo, cerca de Alija, donde hallaron los tres bustos expuestos en el Museo de Cáceres.

[46] Todas las manifestaciones funerarias de esta ciudad, salvo las que en su momento se dieron en torno al periodo Orientalizante, son plenamente romanas. No hay ni un solo caso, ni siquiera sospecha, de la implicación en los enterramientos de población indígena, salvo que los verracos hubieran sido utilizados como elemento de monumentalización en algún tipo de sepulcro de una población romanizada. Con ello queremos desterrar la acendrada creencia de que la ciudad romana se funda sobre un castro, cuya ascendencia vettona se ligaría mediante el sufijo briga al nombre de Augusto. Tal caso pudo ser el de una parte de su componente poblacional, pero nunca el del solar de la ciudad, pues no hay ni un solo vestigio que lo justifique.

[47] Beltrán de Heredia Bercero, J. (2007): La vía sepulchralis de la plaza Vila de Madrid. Un ejemplo del ritual funerario durante el alto imperio en la necrópolis occidental de Barcino. Quarhis, 3 (época II), 26.

[48] Gómez-Pantoja, J. L.; González Cordero, A. (2020). Op. cit., 505.

[49] Sánchez Barrero, P. D. y Marín, B. (2000): Caminos Periurbanos de Mérida. In Mérida. Excavaciones Arqueológicas 1998 Memoria, 4, 561.

[50] González Cordero, A. (1996): El tiempo entre tinieblas. Historia de los Bárbaros en el Campo Arañuelo.  XVIII Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo.  168.

[51] González Cordero, A. (1996): Romanización del Campo Arañuelo. La implantación rural. III Coloquios Histórico-Culturales del Campo Arañuelo. 72.

[52] Es de esperar, que esta modesta contribución al conocimiento de la antigua ciudad romana de Augustóbriga, no constituya la única llamada de atención sobre este particular y que ulteriores trabajos de salvamento, contribuyan, dentro de una línea científica, a acercarnos al conocimiento de estos espacios, no en tanto por la recuperación de materiales, que ya de por sí puede ser importante, sino por los trasuntos ideológicos y simbólicos que su investigación nos puede deparar.

 

Nov 202021
 

Manuel García Cienfuegos

Cronista Oficial de Montijo y Lobón

 

“Luis Chorot, devoto de la impersonalidad, enamorado del anonimato que esconde sus prosas cáusticas en los seudónimos ‘El Abad Metomentodo’ y ‘El Bachiller Cantaclaro’, es un hombre feliz porque los demás lo sean; él quiere contagiar felicidad a todos los mortales. Su vivir se ha deslizado, sin graves complicaciones, en la delicia de aquella áurea mediócritas que cantó el poeta, sin más contrariedades que las inherentes a la perra condición de los hijos de Adán después de la expulsión del Paraíso. Nada de luchas por conquistar posición; nada de sinsabores por ver en peligro el bienestar.

Espíritu culto por la facilidad que el poder de su inteligencia le ofrece para adquirir cultura, jamás ha necesitado emplear esfuerzo alguno para resolver dificultades que no ha encontrado en su camino. Esto ha hecho de él un mero espectador de la vida, más bien que un actor que tome parte activa en sus luchas. En el andar de sus días, ha ido desgranando en conversaciones, en cartas, en artículos, en rimas, el comentario que le sugiere el espectáculo presente, el efecto emotivo que le produce su aparición o su contacto. A veces, risueño y burlesco; a veces, incisivo y satírico; en ocasiones, lleno de iracundia agresiva; y no faltan los casos en que un vaho intenso de afectiva ternura empapa la intensa emoción del comentario”. Consideraciones que hace José López Prudencio[1] en el prólogo de la obra del Bachiller Cantaclaro, “Hilvanes y zurcidos”[2].

El Bachiller Cantaclaro hace autocrítica de su quehacer poético: “Confieso mi pecado: Los versos que yo hago (mal rimados y, a veces, bien medidos), son anárquicos versos, que al olvido la rima y la medida relegaron”[3]. En Luis Chorot, Bachiller Cantaclaro, la musa retozona, siempre ágil y jocunda llena de optimismo en todos los campos, saltando de un género a otro y abordando los temas más dispares, en graciosas evoluciones del pensamiento y el espíritu. Más para propio recreo que sometida a exigencia o convencionalismos externos[4]. En otras de sus obras publicadas. “Los penúltimos inquilinos del Congreso”, Cantaclaro desgrana versos satíricos sobre sus señorías, diputados de las constituyentes de la II República.

Al hombre escritor, al poeta y narrador le dolieron las injusticias. Luis Chorot batalló desde sus escritos en reivindicaciones necesarias por el bien del país, de Extremadura, de la comarca, Lobón, Puebla de la Calzada y Montijo. Escribía desde Orgullópolis (Cantón de tierra holganza) con precisión, removiendo las conciencias aturdidas de sus coetáneos: “Extremadura, agoniza. La pereza, la mata. Falta actividad, porque faltan ideales. Faltan ideales, porque sobran egoísmos”.

La asignatura que le costó aprobar al Bachiller Cantaclaro fue la construcción del puente sobre el Guadiana, acercando así las poblaciones de una y otra orilla de la comarca de las Vegas Bajas. Bautizado como Puente de los Suspiros por el tiempo que tardó en construirse. Luis Chorot no cejó en sus peticiones hasta ver aprobado el proyecto. Insistió durante varios años en sus demandas, estuviese el gobierno de uno u otro color.

La memoria evoca, ahora, una fotografía tomada en el Frontón Jay-Alay de San Sebastián, ciudad en la que Chorot y su familia veraneaban, igual que hacia la Familia Real. Luis Chorot ocupó un asiento en el palco contiguo al Real. El extremeño aprovechó el momento distendido para pedirle a don Alfonso XIII que intercediera para que fuese aprobado el proyecto del Puente de los Suspiros. Alfonso XIII le anunció una confidencia: un viaje a tierras extremeñas. Era el verano de 1928.

 

1.- FAMILIAS CHOROT COCA

La estirpe Chorot es oriunda de Sabandia (Saboya), incardinada en la familia Chorot Boisverd; en España Chorot de Hoyos. El escudo de la familia es partido. En la parte alta tres estrellas de plata de cinco puntas, y en el inferior en campo azul, un ciervo de oro. Cuando usan casco miran de frente por descender de Jefe de Estado, por lo regular usan corona de conde[5]. En Alicante, Francisco Chorot Palatín, casó con una dama de la aristocrática familia de Hoyos. Los Chorot fueron familia distinguida y altos funcionarios del Estado, en sus monopolios del tabaco y la sal, labor que desarrollaron en Alicante, Tembleque y La Rambla. Descendiente directo de Chorot Palatín, fue Ángel Chorot Prieto, natural de Montilla (Córdoba)[6]. Cadete en la Academia Militar de Segovia, pero abandonó la disciplina castrense para ser colaborador y ayudante del Marqués de Salamanca en la Empresa de Ferrocarril Madrid-Lisboa[7], residiendo en la ciudad de Badajoz. Al final de tan importante obra, fue condecorado con la Cruz de Cristo portuguesa y del Mérito Civil española.

Ángel Chorot Prieto contrajo matrimonio con María de Coca Pizarro, en la ermita de Ntra. Señora de Barbaño, Patrona de Montijo, en 1869. El matrimonio vivió en la llamada Casa Grande[8], en la calle Altozano de Lobón. Ángel Chorot[9] alternó la administración de la hacienda heredada de sus padres políticos, Antonio de Coca Amigo y Catalina Pizarro Picón, con su hermano político Pedro de Coca Pizarro[10]; unido a sus afanes en la vida política. Fue diputado provincial por el partido conservador[11], desde 1874 hasta 1896, formando parte de las Comisiones de Fomento, Gobernación, Especial de Presupuestos, vicepresidente de la Comisión Provincial y diputado delegado del Manicomio del Carmen de Mérida[12].

Los orígenes de la familia Coca se localizan en Ciudad Real, donde tuvieron capilla-panteón en la iglesia de San Pedro. Familia muy ligada a la de Triviño, principal linaje de la capital manchega. Ganaron los Coca, Ejecutoria de Hidalguía en Ciudad Real, Puertollano, Granada, Montijo y Puebla de la Calzada (s. XVII). En esta última villa contrajo matrimonio Rodrigo de Coca Triviño con Olalla de la Huerta Barrena.

A finales del siglo XVIII, Juan de Coca Triviño y Silva, hijo de Juan de Coca Triviño y de Catalina Sánchez Silva, contrajo matrimonio con Leonor Esteban Cortesano Maza. Fue Regidor por el estado noble de la Cofradía del Santísimo Sacramento, Capitán de las milicias liberales y su más influyente político. Los hijos del matrimonio: Alonso, Juan, Bartolomé y Miguel Coca Maza, figuran como nobles en el censo de 1829.

Los cuatro hermanos Coca Maza, aparecen en los Repartimientos de la Contribución en 1852, siendo los principales contribuyentes, abanderando la oligarquía burguesa de propietarios, terratenientes y latifundistas de Puebla. Los Coca se unieron, entre otras, a las familias, Amigo, Gragera, Conejo, Bejarano, Maza, Pozo, Díez Madroñero…, ocupando cargos en el Consistorio Municipal, siendo alcaldes y regidores. Bartolomé de Coca Maza, fue diputado provincial por los moderados en 1837 y alcalde de Puebla en 1821 y 1834-1835.

Alonso de Coca Maza, hermano de Bartolomé, fue alcalde de Puebla de la Calzada. Vivió en la calle Badajoz, contrajo matrimonio con María Antonia Amigo Gragera. Para su sociedad de bienes gananciales, compraron varios predios urbanos en la calle Badajoz, colindantes donde ellos vivían, a la familia Molano, Miguel Montes y, los herederos de Juan Ardila Carretero. Sobre el solar de estas casas, su nieta, María Antonia Conejo de Coca con su esposo, Jorge Díez Madroñero López de Ayala (1848-1911), VII marqués de la Vega, construyeron el palacio[13].

Antonio de Coca y Amigo, hijo de Alonso de Coca y María Antonia Amigo Gragera, casó en la villa de Lobón con Catalina Pizarro Picón[14]. Los Pizarro y Barrena eran los herederos de la Casa Grande de Lobón, situada en la calle Altozano, descendientes de las familias Zambrano y Barrena, al contraer matrimonio el lobonero Juan Lucas Barrena Macías, familiar del Santo Oficio con Elvira Zambrano Bolaños. La hija de estos, Catalina, se unió en matrimonio con su pariente Antonio Pizarro de Luna, matrimonio que tuvo tres hijos: Pedro, Elvira y María Dolores Pizarro Barrena. Los Zambrano y Pizarro fueron familias nobles procedentes de Fuente del Maestre.

El matrimonio, Antonio de Coca Amigo y Catalina Pizarro Picón, tuvieron tres hijos. Pedro, soltero. Elvira que fue a vivir a Puebla de la Calzada por su matrimonio con Mariano Maza Bejarano[15], licenciado en derecho, dedicado a la actividad agro ganadera, y María que casó con Ángel Chorot Prieto.

Antonio de Coca Amigo fue diputado nacional[16] y provincial[17]. Tuvo un papel importante en la vida política de Lobón durante el bienio progresista, gobierno largo de la Unión Liberal, final del moderantismo y los primeros años del sexenio democrático[18]. Tras el pronunciamiento de La Gloriosa, Antonio de Coca fue elegido, el 25/X/1868, alcalde de Lobón[19]. Renovado en el cargo el 2/I/1869[20]. Logró ayudas del Gobernador de la provincia para las obras de reparación y remodelación de la Casa Consistorial.

Tras meses de una apasionada actividad política y social, Antonio de Coca, para suavizar la dureza del calor del mes de julio, decidió pasar unos días con su familia en los Baños de Fuensanta[21], balneario ubicado en Pozuelo de Calatrava (Ciudad Real), municipio de la comarca histórica del Campo de Calatrava, cercano a la villa de Almagro, donde el alcalde de Lobón encontraría la muerte. Falleció durante el fuego cruzado que tuvo con un grupo de ladrones que trataban de robar los fondos del establecimiento-balneario[22].

 

2.- LOS HERMANOS CHOROT DE COCA

Tras la fatídica muerte de Antonio de Coca Amigo, aún con luto, su hija María de Coca Pizarro se unió en matrimonio con Ángel Chorot Prieto. Matrimonio al que le nacieron cinco hijos: Antonio, abogado; contrajo matrimonio en Badajoz con Pilar del Rincón Marcilla. Fue miembro distinguido del Ateneo de Badajoz[23] y Jefe de la Sección Administrativa de Primera Enseñanza de Badajoz, falleció el 11 de agosto de 1922.

Luís, licenciado en Derecho, protagonista de este trabajo. Nació en Lobón el 18 de abril de 1876[24]. Contrajo matrimonio en Puebla de la Calzada, el 3 de febrero de 1899, con Magdalena Castillo Pozo[25]. Un año antes, Luis Chorot se había licenciado en Derecho en Madrid. El matrimonio Chorot Castillo vivió en Puebla de la Calzada[26]. Fue presidente de la Sociedad Casino El Ejemplo, cuyo antiguo edificio fue reformado bajo su mandato. Al iniciar su hijos estudios universitarios, la familia marchó a Madrid[27].

Joaquín Chorot de Coca, contrajo matrimonio con Remedios Cortés García. Vivió en la Casa Grande. Fue alcalde de Lobón, presidente del Sindicato Católico Agrario, de la Junta Local de Ganaderos, de la Unión Patriótica local y del Círculo Recreativo. Araceli, soltera, apasionada por la música y las tertulias culturales. Colaboró mucho con el templo parroquial. Al ser propietaria de la Casa Grande la donó al Instituto Secular Hogar de Nazaret, fundado por el sacerdote de Fuente del Maestre, Luis Zambrano Blanco.

Por último Mercedes Chorot de Coca[28], casó con su primo hermano Eduardo Maza de Coca[29]. Luis Chorot de Coca y Magdalena Castillo Pozo tuvieron cuatro hijos: Magdalena, Luis, Ángel y Juan. Luis Chorot heredó la vocación literaria de su tío Francisco Chorot Prieto, poeta y colaborador de Julián Castellanos en una obra teatral en verso, llamada “La monarquía relámpago”, fechada en 1870, dura crítica a la dinastía carlista. Se publicó en la imprenta de Tomás Alonso, calle Isabel la Católica de Madrid[30]. Antes de su marcha a Madrid, Luis Chorot alternaba el ejercicio de la abogacía con la gestión de las propiedades de la familia[31]. Fue miembro cualificado de la Agrupación de Propietarios de Fincas Rústicas de Badajoz. Intentó mostrar con una serie de argumentos que la Reforma Agraria no era lo más adecuado para Extremadura, se debe afirmar el capital no al capitalismo, y lo donado a los hijos como anticipo de legítima no debe invalidarse[32].

 

3.- LUIS CHOROT. REIVINDICACIONES

El diario Correo de la Mañana[33], publicaba el 16/V/1915, un artículo de Luis Chorot, que titulaba “Extremadura, agoniza. La pereza, la mata. Falta actividad porque faltan ideales. Faltan ideales, porque sobran egoísmos”. Así atizaba Luis Chorot las conciencias de los lectores del periódico que dirigía su amigo José López Prudencio. Vayamos a la materia ¿Qué muere en Extremadura?, se preguntaba Luis Chorot. Respondiendo: “Nunca estuvo más repleta de vida y más pujante, exclamará algún ricachón, solazándose en el precio escandaloso de su trigo[34]. ¡Qué inoportuno es este cronista! dirá algún político, dándoselas de protector y de influyente. Precisamente debido a mis gestiones el río Guadiana contará con algún puente más[35]. Un siglo de promesas políticas y medio siglo de orfandad inmerecida, hacen morir de tuberculosis a las dos provincias más robustas de España. Díganlo los pueblos condenados a eterna incomunicación y desamparo.

¿Cómo salir del pantano? ¿Cómo resucitar a la vida de la nación? ¿Cómo adquirir nuestro pasaporte de españoles dignos de atención? Uniéndonos todos sin desconfianzas. Para ello, lo primero es regenerarnos en el sentido de sacudir nuestra pereza. Los pueblos que quieren vivir, viven, si la constancia, la abnegación y el sacrificio se agrupan en torno a la bandera de la patria chica. ¿Hay intereses creados y caciquiles enredos que por sus pasados odios y antiguas rencillas no puedan vivir unidos? Pues a descartarlos con valentía, como lastre que estorba y dificulta el progreso y bienestar de los pueblos… No os paséis de maliciosos. Me estorba la notoriedad, como estorba a un gordo comodón la camisa almidonada. Ni soy maurista, a pesar de ser hombre de orden; ni soy datista, a pesar de ser español; ni soy poeta tradicionalista, ni me tengo que avergonzar de haber sido romanonista[36], ni tengo ama de cría republicana. No soy fulanista. Soy un modesto burgués ni perseguido de caciques ni necesitado de gobernadores; en una palabra, soy extremeño”.

Luis Chorot firmaba sus escritos con el seudónimo Bachiller Cantaclaro, pero en esta ocasión lo hace con su nombre y apellidos. He aquí el motivo: “Concluyo, firmando contra mi costumbre. Nunca puse mi cédula al pie de mis modestos escritos. Si hoy firmo no es por fatua exhibición, ni porque sepáis quién os hablo vuestro sencillo lenguaje, sino para recabar el honor de ser el primer extremeño que se avergüenza de serlo, si las cosas no varían”[37].

El Bachiller Cantaclaro, el último día de 1915, volvía a la carga desde Correo de la Mañana: “Resucitad, Donoso Cortés, Bravo Murillo, López de Ayala, Moreno Nieto y tantos otros cuyos nombres no caben en boca nacida de puros grandes. Daos prisa a levantaros de vuestras tumbas, que España se achica y Extremadura se hunde. Malditos los tiempos actuales, entregados al pastoreo abusivo y a la rudeza que nos descredita. ¡Pueblos extremeños haced algo!”[38].

A comienzos de diciembre de 1916 dirige una carta que publica Correo de la Mañana[39], a su amigo y pariente, diputado en Cortes, el emeritense Antonio Pacheco y Lerdo de Tejada[40]: “Querido amigo, porque las circunstancias lo exigen, y tu prestigioso valer lo aconseja, me veo obligado a invitarte hoy a un necesario examen de conciencia… Qué duda cabe, que los momentos actuales son momentos críticos para la regeneración, prosperidad y progreso de tu distrito y de nuestra desgraciada provincia. Todo minuto desperdiciado hoy, vale por medio siglo de inactividades, olvidos y abandonos pasados; de los que no eres, ciertamente culpable. La ocasión la pintan calva”.

La carta solicitaba al diputado su participación en la construcción de una vía de comunicación muy necesaria para el progreso de los pueblos de la comarca: “Sesenta años pacienzudamente transcurridos de hacer y deshacer estudios y trazados de campo, en la dicho carretera que uniendo la de Cáceres a Badajoz (olvidada hace tres lustros), pone en comunicación a Puebla de Obando con La Roca, a estos pueblos con Montijo, Puebla de la Calzada y Lobón, y a todos con la Tierra de Barros al finalizar en el cruce donde se une la de Almendralejo con la de Madrid a Lisboa”. Razonando el Bachiller Cantaclaro: “La justicia grita que la descrita carretera de La Roca a Montijo por Puebla de la Calzada a la de Puente del Antrín a Almendralejo en las cercanías de Lobón, debe ser urgentemente concedida y hecha, o con barcas de maroma sobre el Guadiana como fue trazada en su primer proyecto, o con puente[41], ¿por qué no?”[42]

Desde Lobón, Cantaclaro, en esta ocasión con el seudónimo L. Cobarde, denunciaba el trato que recibía el pueblo de Lobón en la entrega del servicio postal de Correos[43]. Decía “Cuatro días en diecisiete lleva Lobón sin cartas, giros, periódicos, etc. Por tanto no estaría mal que el señor Llano Valdés, gobernador civil, viera de arreglar esto, si a él le incumbe, pues de nuestro alcalde nos consta la seriedad de sus órdenes”[44].

En octubre de 1917, el Bachiller Cantaclaro escribe una carta[45] que dirige a un doctor de la ciudad. En ella manifiesta las diferencias que existen entre la ciudad de San Sebastián[46] y la capital del reino, Madrid. “Pasé este verano en San Sebastián, a donde más que el imán de sus encantos, me trajo el huir del polvo sucio y de la atmósfera impura de nuestra patria chica. En aquella bendita tierra se encuentran sobrados temas, que no son frívolas bellezas, que enamoran a los asiduos del cine panorámico. ¡Qué seriedad de vida! ¡Qué ordenado respeto! ¡Qué envidiable administración pública!… Allí la igualdad y la fraternidad son un hecho; nada llama la atención; nadie es más que nadie. La blusa del obrero honrado no pringa con mancha de origen al pulcro esmoquin del aristócrata; la lugareña y la encopetada señorona, desapercibidas pasan, conviviendo con afectuoso respeto en los innúmeros tranvías, sin adulaciones del desvalido ni desprecios del pudiente”.

Luis Chorot, a regreso de San Sebastián, estuvo en Madrid resultándole amarga la estancia, al ver cómo está la capital de España. “Tropecé con lo de siempre. El atávico obstáculo de las propiedades regionales. El hospital de desahuciados enfermos provinciano, a cargo de doctores endiosados. En cada esquina un dulcamara desaprensivo de conciencia al uso. La meca de los gitanos políticos, dedicada a poner parches mentirosos a cojeras inveteradas, para lucir como nuevos los efectos desechados de provincias en el primer mercado del chinchorreo y la zancadilla[47]. La bandera de la moralidad abandonada en mitad de la calle y arrebatada por una tribu madrugadora, escudada en la falta de carbón, para mejor andar a oscura. El pueril afán novatorio de tertulias cafeteras. El comentario chismoso para rellenar periódicos ahítos de vulgaridad. La adulación premiada. La rectitud, expiando miedosas culpas, huyendo del procaz vocerío, que a todos ensordece. La burguesía en desvencijada y amenazante mecedora los beneficios circunstanciales de la catástrofe mundial. Los borregos socialistas, ambiciosos de hierba ajena, atropellando inconscientes la propia reserva en pos de ambiciones solapadas de redentores cobardes, siempre deslumbrados por el potente reflector de alguna humana e individual conveniencia. La indisciplina social, asustando al más templado. Madrid está infestado. Madrid no conoce a España”.

Los días 27 y 28 de agosto de 1920, el Bachiller Cantaclaro, escribe desde su veraneo donostiarra un artículo que divide en dos partes con el titular: “Badajoz resurge. Nuestra provincia sacude su pereza”. Cantaclaro, en el principio de su comentario, preguntaba “¿De dónde sacará esas deducciones este cándido articulista?, dirán para sus adentros ciertos personajillos que miran a ras de suelo sin curarse de homicidas personalísimas. ¿Qué de dónde? De la imparcial elocuencia de los hechos. Maldiciente de oficio o miope de la inteligencia será quien no se haya apercibido del fenómeno”. Señalando: “Lo que nunca ha sucedido; hoy se asocian capitales, se crean Cajas Rurales y de Ahorro, en donde el dinero se coloca, haciendo desaparecer la usura, se compran máquinas de todas clases para dar impulso a la industria agrícola… Durmió Extremadura saboreando su bienestar económico y gozándose en sus glorias pasadas cerca de medio siglo, y herida en su amor propio en estos últimos años, ha corrido a bastante buena velocidad y ha sacudido su pereza y su modestia aisladora y modorra”[48].

 

4.- EL PUENTE DE LOBÓN, PUENTE DE LOS SUSPIROS

Fue una asignatura que le costó al Bachiller Cantaclaro, no cejando hasta aprobarla. Insistió durante varios años en sus demandas, estuviese el gobierno de uno u otro color, persistió en su petición desde comienzos del siglo XX. Los últimos años de la tercera década del siglo, fueron muy intensos para Luis Chorot. A finales de abril de 1928, el Bachiller Cantaclaro se dirigía a los lectores de Correo Extremeño[49], con el título “Una carretera y un puente. De Roma a nuestros días, Guadiana abajo”[50]. Como siempre, Chorot, era explícito en su razonada petición: “Fijaos bien, mis queridos paisanos; desde antes de Jesucristo hasta la fecha, no hay un solo puente construido en toda la llanura fertilísima que separa a Mérida de Badajoz”. Para dirigirse al paisanaje y autoridades de la comarca: “¿No os morís de vergüenza, montijanos, poblanchinos, talaveranos, loboneros, roqueños, naveños, zanganeros… Si no dais voces, si no pedís socorro en las invernadas en que el Guadiana os incomunica amenazando ahogaros, ¿cómo queréis que se os adivine desde Madrid la necesidad de vuestro puente?”.

Dos meses después, este diario informaba[51] de la visita que una comisión, presidida por el Gobernador Civil de la provincia, que había hecho al Ministro de Fomento, Conde Guadalhorce, Rafael Benjumea Burín (1876-1952), que se había interesado vivamente, prometiendo resolver con urgencia la demanda, que era la construcción de la carretera de La Roca a Lobón, con un puente. Formaron parte de la comisión los señores Suárez Somonte[52], marqués de la Frontera[53], Romero, Chorot, Conejo y otros.

En vísperas de la festividad de San José, 17/III/1929, Cantaclaro volvía de nuevo a la carga en sus reivindicaciones: “Charlas, indiscreciones, curioseos y menudencias. Sueños carreteriles. El puente de los suspiros”. Con la ironía que le caracterizaba dice: “El ministro escribe en sus memorias. Imposible demorar un minuto más la construcción de la carretera de La Roca de la Sierra a la del Puente del Antrín, por Montijo y Puebla de la Calzada[54] con puente necesario sobre el río Guadiana, en las cercanías de Lobón… Señor don Joaquín Tafur, ingeniero jefe de Obras Públicas. Badajoz. Agradecidos y encantados de tanta amabilidad. El encantado soy yo. Adiós, señores. Siempre a su disposición, amigo Benjumea”. Claro está, amable lector, concluía Cantaclaro, que todo esto ha sido un sueño. Pero gusta tanto creérselo de verdad[55].

Poco a poco las noticias iban siendo más halagüeñas. El 8 de mayo de 1929, la Comisión que gestionaba la construcción del Puente de Lobón, visitaba al ministro de Fomento en Madrid. Presidía la comisión, Luis Chorot, junto con el alcalde de Montijo, Francisco Rodriguez Cavero, y los señores Sancho Conejo, Maza y Carrión. Saliendo muy satisfechos de la reunión[56]. Un día después el diario badajocense decía “El puente sobre el río Guadiana se construirá en el trozo quinto de la carretera de La Roca de la Sierra a Montijo y Puebla de la Calzada. El ministro de Fomento tiene el propósito de sacar las obras en un plazo breve, y es de esperar que la construcción figurará entre uno de los primeros proyectos que estudie el ministro”[57].

Luis Chorot de Coca y Sancho Conejo de Coca, visitaron, a parte de la comisión creada, al ministro de Fomento, logrando que el ministro diera las órdenes oportunas para que por los señores ingenieros se proceda al rápido estudio del proyecto, que será llevado a la realidad con la mayor premura[58]. A comienzos de julio, Lino Duarte Insúa[59], publicaba una interesante carta en Correo Extremeño, sobre el ferrocarril de Fregenal de la Sierra a San Vicente de Alcántara, haciendo alusión al llamado Puente de los Suspiros: “Pronto se construirá un puente sobre el Guadiana en las proximidades de Lobón, para que la comunicación rodad del sur con el norte de la provincia pueda también hacerse sin tocar a Badajoz y dejarlo a un lado”[60].

El corresponsal de Correo Extremeño en Puebla de la Calzada, a finales de noviembre, informaba: “Hoy es esperada en esta localidad la visita de un ingeniero nombrado por el ministro de Fomento para el estudio de lo concerniente a la construcción del puente sobre el río Guadiana en las proximidades de Lobón. El citado ingeniero, que viene desde Madrid acompañado por el culto abogado y propietario -hijo de Lobón- don Luis Chorot, será recibido por nutridas representaciones de las fuerzas vivas de Puebla de la Calzada, Montijo y Lobón, a cuyo frente irán los señores alcaldes de dichos pueblos”[61]. Fue cuando los ediles de la Corporación de Lobón tomaron este acuerdo: “que durante un año, por este Ayuntamiento, se paguen dos jornaleros que podrán dedicarse a cualquiera de las operaciones o trabajos que haya que realizar, y además doscientas peonadas de carros durante el mismo año que los jornaleros para el acarreo de arena o grava”[62].

Un año después, el 30 de septiembre de 1930, Cantaclaro, contaba la situación en la que se encontraba el Puente de Lobón: “El puente de los Suspiros sería un hecho y estaría ya construyéndose, en las cercanías de Montijo, Puebla y Lobón, si el ministro de Fomento (más docto y más enterado de su oficio, que ha servido a España), no hubiera dejado el puesto, a la necesidad de roer los huesos de su honra, que el desquite y el ayuno han decretado con alboroto punible… El ingeniero a quien tocó en suerte el proyecto, el as de los ingenieros puentíferos, don César Villalba, es un incansable trabajador. Este ingeniero, orgullo de su carrera, hace bien las cosas y las hace pronto. No desconfiar. Antes de fin de año el proyecto será aprobado y entonces habrá llegado el momento de que los pueblos se impongan, por su justicia, a los que ignoran a nuestra olvidada Extremadura”[63].

César Villalba Granda realizó los proyectos de tres puentes extremeños; Villanueva de la Serena, sobre el Guadiana; el de Alarza, sobre el Tajo, hoy no visible por las aguas del embalse de Valdecañas; y el de Lobón, sobre el Guadiana[64]. Su presupuesto de ejecución material fue de 1.281.987,48 pesetas y el de contrata 1.474.285,60[65]. Los trabajos se ejecutaron en treinta y dos meses, durante los años centrales de la II República. El puente de 538 metros de longitud fue inaugurado en julio de 1935.

De Luis Chorot de Coca, alto prócer, por sus desvelos para la construcción del puente, sólo queda hoy en una placa colocada en el puente que dice “Este puente, construido por el Estado siendo ministro de Obras Públicas el Excelentísimo Señor conde de Guadalhorce por iniciativa y gestiones del preclaro extremeño, don Luis Chorot Coca a quienes los Ayuntamientos y pueblos beneficiados tributan esta imperecedera muestra de gratitud. 1948”.

 

5.- AFANES LITERARIOS

Luis Chorot comparte sus escritos de reivindicación y crítica con sentimientos costumbristas, como estos agradecidos versos dedicados a un Puesto de perdiz. Acudo al texto: “El campo continúa perezoso./ El aguardo va siendo fastidios;/porque el reclamo sigue silencioso,/ Entre el monte, un ratón le hace mil muecas,/ Un enjambre de abejas/ le agranda las orejas./Sigue mudo el reclamo. Pero advierte/que un perro se divierte/los montones de piedra olfateando./Otra vez el silencio… Ya, por fin,/ allá en las lejanías canta un macho/y una hembra montada en un picacho/alegre y casquivana coquetea/donde el macho la sienta y no la vea./El reclamo miedoso se levanta/y una cabra espanta/a la feliz pareja/que más y más se aleja/burlando campanillas y esquilones./He aquí las diversiones/que entusiasman a tantos cazadores/A quienes Dios castiga por traidores./¡Vaya una diversión!/Si un amigo algún día/me invitara a cazar el perdigón/difícilmente iría/y en castigo de fijo lo metía/en la cárcel diez años por guasón”[66].

El 10 de mayo de 1917, El Bachiller Cantaclaro, escribe una crónica desde Villafranca de los Barros con motivo de celebrarse el último día de la novena a Ntra. Señora de Lourdes, que Virginia Macón organizaba y costeaba anualmente. “Gran dama debe ser, decía Cantaclaro, la que se acuerda de Dios en medio de las comodidades y abundancias terrenas, patrocinando tan grandes empresas”. Luis Chorot narra que “Villafranca es un pueblo todo decoración, todo luz; pero luz de sol, luz de día; un pueblo al menos en el aspecto externo, lucido, campechano, marchoso, como diría un andaluz; un pueblo, dispuesto siempre a la perpetua fiesta; más grande que llano; aristocrático a ratos; a veces indisciplinado y democrático, con todas las bullangas sevillana de jarana y vocerío. Sus feraces campos semejan, por sus fertilidades, a las exuberantes campiñas de las selvas vírgenes americanas. Sus varias iglesias, majestuosas y atendidas con el lujo más refinado, nos da la sensación de una piedad algo supersticiosa, que intentara comprar la asistencia Divina. Entre el cementerio y la villa se alza el colegio de San José, de la Compañía de Jesús, que con sus jardines y parques atendidos y detallados, nos enseñan progreso, pese a los más enemigos que entienden, que sotana y adelanto son anti tétricos”. Luis Chorot se acomoda en la popular fonda Reverte[67], de la que dice que la amable llaneza y el ruido corren pareja, no sin antes tropezar con gitanos y mendigos profesionales, que fundan su oficio en no hacer nada y viven como los gorriones, de las migajas y abundantes y descuidadas del ajeno mantel.

Un repique de campanas de la iglesia parroquial, nos anuncia festejo grande, en la casa de Dios, cita el Bachiller, continuando “¡El predicador! El predicador sube, dicen ansiosas miradas y siseos indiscretos, dicta la crónica el Bachiller. ¿Quién es? Preguntamos. El que la sagrada cátedra ocupa, es un apóstol moderno, es un extremeño ilustre, es el docto y elocuentísimo magistral de la Catedral de Madrid, mil veces ilustrísimo señor don Enrique Vázquez Camarasa. Extremeños: ¡qué alegría!; pero qué inmensa tristeza. Reclamando así la figura de tan notable sacerdote: “Nosotros bendecimos mil veces a la suerte que nos deparó la ocasión de tal deleite. Extremeños; qué alegría; pero que inmensa tristeza. Don Enrique Vázquez Camarasa, nació en nuestra calumniada Extremadura pero a tan gran brillante hubo que hacerle el montaje en tierras extrañas. Lástima grande que nuestro palacio solariego sea tan mezquino para hospedar a la grandeza de nuestros genios”[68].

Regresamos, sigue Cantaclaro. El tren acorta su marcha. Almendralejo; la estación repleta de personas que enronquecen y aturden; entre la turba multa, una música monótona y trompetera no cesa de tocar, divisamos algunos uniformes, en sitio visible, el Ayuntamiento en pleno, miles de personas clamorean. Pensamos enseguida ¿Sabrán que viene Camarasa? ¿Habrá nacido aquí? Es la Sinfónica que llega, concluía Luis Chorot.

6.- HILVANES Y ZURCIDOS

Con este nombre se conoce una serie de ensayos poéticos de un suave y finísimo humorismo, que denota las dotes de escritor del Bachiller Cantaclaro, para vencer esa resistencia de una obra de madurez que le consagra como escritor. Luis Chorot, ha conseguido un gran éxito con la publicación de Hilvanes y Zurcidos. Así su autocrítica y nostalgias, ayes del alma, rimas becquerianas, sonatería, etc. Son dignas de mención. La obra va acompañada de un prólogo de López Prudencio y un epílogo de Ramírez Tomé[69], de la sección crítica y noticias de libros del diario ABC, 17/XI/1935.

El libro, en ciento noventa páginas, ofrece ciento veintiocho poemas que el autor divide en varios capítulos de acuerdo con la temática que presenta: 1) Naderías, quisicosas, menudencias y fruslerías. 2) Chinitas y chinatazos y ecos del ambiente. 3) Granitos de mostaza, negrescogramas y humoradas. 4) Cajón de sastre. 5) Glosario teresiano, religiosas. 6) Versos íntimos, nostalgias y ayes del alma. 7) Rimas becquerianas, 8) Sonetería. 9) Romances. El Bachiller Cantaclaro subtituló su obra “Lo que se llama perder el tiempo. Ensayos poéticos”.

“Luis Chorot es un espíritu culto, enamorado de su tierra. Sensible a todas las emociones que sugiere el caminar por el mundo. Capaz de intervenir como actor principal en el teatro de la vida, y recluido en el castillo interior de sus observaciones, con el desdén -tan patricio y tan extremeño- de quien para todo tiene una sonrisa, a veces burlona, a veces piadosa y comprensiva, por aquello de comprenderlo todo es perdonarlo todo”[70].

El Bachiller Cantaclaro, abre su poemario con una Autocrítica, de la que entresaco: “Prescindo de las reglas de retórica./He olvidado hace tiempo la poética;/si bien no hallo la moción estética/en la moda cubista y estrambótica”[71]. Compone desde la sencillez en el capítulo Naderías. “¿Visteis al sol de invierno despedirse/al morir de una tarde mustia y fría?/Tan rojo de vergüenza suele irse,/que para no ser visto mata al día”[72]. “Arar… arar… arar/esparcir la semilla y… esperar/ que cuaje la esperanza, que Dios quiera cuajar”[73]. En Chinitas y chinatazos y ecos del ambiente, Cantaclaro, va a directo a la realidad política y social que vive: “A un obrero parado de Extremadura/más harto de promesas que de provechos,/un socialista, de esos de cara dura,/que cedió sus deberes por los derechos,/ le coaccionaba el voto, argumentando/que el pobre es el que debe seguir mandando… ¡Vete ya, si no quieres que yo me pierda!/¡Lárgate ya! ¡Enchufista! Has de saber;/que aunque tú con la izquierda logres comer,/la cuchara se coge con la derecha; con la zurda se vierte, no se aprovecha./¿Sabedlo para siempre! Tened presente/que con la izquierda come muy poca gente”[74]. “¿Político y leal? No, no es creíble./Metafísicamente, es imposible./Dichosos… No reíros muy de prisa/.Porque así, os dura menos vuestra risa”[75].

En tiempos de censura. La peña del café, el Bachiller aguza su pluma: “Pide copa y café, fúmate un puro/y habla mal del Gobierno, de seguro/que toda la tertulia te acompaña./Hablar mal de Gobierno/lo mismo en el estío que en invierno/es placer delicioso y muy humano/. Pero mucho cuidado… piano… piano…/ Mira bien lo que dices/ Ojo, no te deslices/. Que a la derecha o a la izquierda mano,/puede haber un soplón,/que, vengativo, acecha la ocasión”[76]. Los desasosiegos espirituales del poeta se los expone desde su Glosario teresiano. Veamos: “Nacemos, nos divertimos/y después de que gozamos,/terrible suerte, morimos/porque es fuerza que muramos,/pues para morir nacimos”[77]. “Bendito sea mi Señor,/que da vida al que perece,/dando muerte a quien merece/ser premiado con su amor”[78].

En los versos, en el mensaje e inspiración del Bachiller Cantaclaro, siempre estuvo sus sentimientos por la tierra donde nació, Extremadura. “Quiero estar entre mi gente/Entre mi gente extremeña/perezosa, indiferente/siempre fecunda y risueña./Oh, tierra donde nací/pródiga en renunciaciones,/sepulta mis ilusiones,/Que para ti las viví”[79]. En sus delicadezas becquerianas, Cantaclaro escribe desde su romanticismo: “Podrá acabarse todo en este mundo/Todo, menos mi amor/Porque ese, ya no es mío, como tuyo/vivirá lo que yo/logré vivir en ti. Tú sabrás cuánto/Velo en tu corazón”[80]. “Soy amor puro. Soy llama ardiente/que poco a poco, matando va/Fuego invisible, que el alma siente/Ven, aunque abrases. No tardes más”[81].

De la Sonetería, que así  tituló el Bachiller, desde la Improvisación, con asonantes y todo, en el cumpleaños de mi hija: “Un año más, pasó. Quién lo diría/Un año, cuya losa siento encima./El Creador de los mundos no escatima/el galopar del tiempo…, día tras días./Tú cumples uno más, con la alegría/de quien ve la ilusión que se aproxima./Y yo, miedoso, veo que la cima/alcanzo de mi vida -que no es mía-/Así lo manda Dios, ¡hija querida!/ /Este es el mundo. Por distintos modos,/le ríen o le lloran a la vida,/juventud y vejez… Más, todos, todos,/pedimos al Señor salud y suerte,/y eterna vida, pero… sin la muerte”[82].

Hago prosa los versos finales que el Bachiller Cantaclaro coloca como cierre de “Hilvanes y zurcidos”, en los que aparecen sus valores, su personalidad. “Nunca he sido yo hombre rico. Injusta fama me dieron mi caridad, mi alegría, mis amigos pedigüeños, y un sensible corazón que sabe llorar a tiempo las lástimas que en el mundo causaron malos sujetos. Nada tengo. Poco ansío. Nada envidio. Nada espero. Sin que se tome a reclamo. Cuanto diere este librejo, después de pagar los gastos de editores y libreros, con permiso de mis hijos, sirva para el paro obrero, de aquellos menesterosos que nacieron en mi pueblo o en las aldeas extremeñas que conmigo convivieron. Yo no quiero llamar mío, nada que produzca esto. ¿Qué no produce?… ¡Paciencia! De esto, tan mío nada quiero. Si alguien me lo agradeciere, lo puede pagar en rezos. Y si no me lo agradecen ni me rezan, ¡allá ellos! Quien cumple con su conciencia no mira agradecimientos. ¿Es un pan? ¿Es medio pan? Lo que sea. ¡Ni Marx, ni menos!”[83].

En el Epílogo, Alfredo Ramírez Tomé, que gozó de una saludable amistad con Luis Chorot, confirmada por su hijo Juan Chorot Castillo, Juancho, en un artículo publicado en ABC el 24/V/2004[84]; dice: “nada le arredra al Bachiller; todo lo acomete, y aún en aquellas empresas que distan de su competencia o de sus aficiones, sabe arreglárselas de modo que no hace mal papel, y aún hay ocasiones en que resulta airoso. El secreto está en que todo lo fía a su profesión, acaso anacrónica, de caballero andante. Él lo proclama así: las gentes sonríen y le dejan que persiga sus quimeras, sin recelar que va a la pelea pertrechado de dos armas terribles: un corazón generoso y vehemente, lanza ante la cual no hay resistencia posible, y una simpatía que aureola su ser, adarga en la que se embotan los dardos, por bien disparados y punzantes que fueren”[85].

 

7.- LOS PENÚLTIMOS INQUILINOS DEL CONGRESO

Editado por Luz y Vida, por subtítulo: “Semblanzas a la ligera al alcance de cualquiera”. Esta obra la forman versos satíricos sobre los diputados de las Constituyentes de la II República (1931-1933)[86]. En su dedicatoria o brindis dice Cantaclaro: “A los que aquel llamó burgos podridos’ (tan despectivamente maltratados, como imprudentes calumniados). ¡Pobres pueblos! ¡Qué mansos! ¡Qué sufridos! Os entregasteis a desconocidos. Aquellos que nombrasteis diputados, triunfan a costa de los engañados, trocando las promesas en olvidos. ¿Burgos podridos, el sostén de España?…. Podrido, ¿es el burlado, o el que engaña? Mostrad vuestra entereza. Ya veréis, cuan presto acaba el mal que padecéis. ¡Siempre adelante! No hay que acobardar. ¡Hurra ‘burgos podridos’! ¡A votar! Nota muy importante y necesaria, a esta dedicatoria estrafalaria. Se disolvió el Congreso tan famoso, y la izquierda insolente se fue al foso; triunfando el derechismo y mandando a paseo el enchufismo… Y votaron, votaron… y votaron… y todas las izquierdas se esfumaron. ¡Hurra burgos podridos! ¡Españoles! Seguid todos unidos”[87].

Cantaclaro faena en sus propósitos: “He aquí el tinglado de la moderna farándula, con su actores: unos -los menos- son personajes verdaderos; otros, personajearon al dictado de las de las propias afirmaciones, coreadas por la claque. Los más son personajillos y comparsas en esta tragicomedia protestada por el público burlado”[88]. Y así el Bachiller lanza sus dardos hacia personajes como Romanones, Castelar, Unamuno, Azaña, Prieto, Gil Robles, Besteiro, Lerroux, Fernando de los Ríos, Gregorio Marañón, Martínez Barrios, Sánchez Albornoz, Martínez de Velasco, Clara Campoamor, Marcelino Domingo, Largo Caballero, Ángel Ossorio, Luis Tapia, Casares Quiroga, Juan Botella Asensi, Zulueta, Rafael Salazar Alonso, Diego Hidalgo, Narciso Vázquez, Eduardo Barriobero, Jiménez Asúa, Pérez Madrigal, Vidarte, Eduardo Ortega, José Antonio Balbontín, Basilio Álvarez, Pérez Madrigal y Companys, entre otros.

7.1.- PRIMERA SERIE. Acoge “Algunos personajes de las Constituyentes de la segunda República española”. Comenzando con Romanones[89], “cazador de codornices/hombre de grandes narices/de mal olfato dispones,/perdiste las elecciones que pediste:/y después que las perdiste,/hoy a la opinión le dices/que fuiste un engañado, político fracasado”[90]. Siguiendo con don Miguel de Unamuno: “está cansado/más que cansado: hastiado/asqueado, afligido… La vida le ha enseñado/a convencer del tiempo que ha perdido./… le duele la República de Azaña”[91]. Y Gil Robles del que dice el Bachiller: “Te aclama la nación y en ti confía./Eres el hombre del día./ Que viva el líder de las causas nobles./Si la paz llega así… Viva Gil Robles”[92]. Sobre el socialista Julián Besteiro escribe que “es el único valor universal que posee el socialismo nacional”, pero en los últimos versos, Cantaclaro rectifica: “Besteiro es un sectario/y un hombre estrafalario,/que ideó travesuras a montones/dispuesto a no perder las votaciones”[93].

De Diego Martínez Barrio, escribe Chorot, “es un hombre bueno, al par que sevillano,/a quien quiere Lerroux como a un hermano./Es un Martínez más (entre otros varios)/este Martínez Barrio./Pero un Martínez de grandes condiciones/para eso de aguantar revoluciones./Debajo del mandil hay… pantalones”[94]. De Félix Gordón Ordás[95], explota Cantaclaro: “¡Ciudadanos! Abajo el caciquismo/que engendró el monarquismo/. ¡Muera el señoritismo!/conscientes ciudadanos ¡Libertad!/ Y para que os respeten, respetad./Que no quede un burgués en la nación./Camaradas, he dicho. Así es Gordón,/hombre profesional del mitineo, que alterna la ovación con el pateo”[96]. Chorot presenta a un modesto agrario, para decir que ha resultado ser un hombre extraordinario. Vayamos a los versos: “Es don José Martínez de Velasco/persona a la que nadie le hizo asco./Recto, modesto, ecuánime, educado,/listo, activo, simpático y honrado./¡Cuántos quisieran ser/lo que ha sido este hombre, sin querer!”[97].

7.2.- SEGUNDA SERIE. El autor sale al encuentro de la mujer Clara Campoamor, de la que dice: “Una abogado bella/ que en las Cortes descuella,/y en cuanto se vuelva la tortilla/ ha de ser ministrable la chiquilla… Clarita Campoamor puede casarse./Es una muchachita lista y fina,/que no perdió su esencia femenina./Le obliga su apellido a enamorarse./Si en su Campo hay Amor, debe notarse./Aunque tuvo la idea peregrina/de ir a las Cortes -sino se contamina-/saldrá de allí sin masculinizarse./Tiene buen corazón la diputado/que dicho sea de paso es abogado./Aunque sea radical republicana/y defienda el divorcio, a nadie choque/si después de casada llega a anciana/sin soltar al marido que le toque”[98].

7.3.- TERCERA SERIE.  Es donde ofrece al lector: “Los Comunes. Aclarando: Bocetos al carbón en rengloncitos cortos y sencillos de algunos personajes de ocasión; o por mejor decir, personajillos”. En los versos zarandea con su crítica y sátira a Manuel Azaña, “Opinión o parecer de este hombre ¿de valer? Azaña, ¿vale? Vale, Azaña./Lo grita toda España./Este vale no es vale de valer./El vale quiere decir/adiós que te vaya bien./¿El talento de Azaña? ¡Puro cuento!/Si vale algo… no valdrá ¡un talento!”[99]. A Indalecio Prieto: “No nombro los petróleos porque no quiero que me den los óleos”[100]. De Francisco Largo Caballero: “Pues por su diplomacia y desparpajo, le nombraron ¡ministro del Trabajo!”[101]. También a Luis de Zulueta[102], “¿Zulueta? Interjección/Diputado cunero/y ministro de Estado de ocasión”[103]. A Juan Botella Asensi[104]: “Llegó a ministro (ministro lo es cualquiera),/y el pobre enloqueció de tal manera,/que no hay quien le componga su mollera./No hace más que gritar ¡Disolución!/¡Intriga! ¡Rebelión!/Qué se yo cuántas cosas. Y… un jamón/. Su locura no tiene solución”[105].

Luis Chorot se acerca a la figura de Basilio Álvarez Rodríguez[106]: “Aunque gasta sotana este hombre vivo, es un hombre capaz y progresivo. Es el Muñoz Torrero liberal/de las Constituyentes inmortales;/predica el bien y no practica el mal./Es un consuelo, en medio de los males,/tener en el Partido Radical/un defensor de eternos ideales”[107].

Así califica el Bachiller al Partido Republicano Radical: “Ese iluso partido, que algún día,/ha de trocar en bienes nuestro mal/aunque ya todo el mundo desconfía/que gobierne Lerroux, el clerical”[108]. Acercándose al paisano extremeño Diego Hidalgo[109]: “Aquí está Diego Hidalgo. Lector, ¿he dicho algo?/ Nació en Extremadura/este hijo de Los Santos,/que es un hombre de altura/¡muy cerca de dos metros de estatura!/Parece que no es uno de tantos./Destacó entre las gentes/de las Constituyentes/como autor de un proyecto meditado/de ley agraria,/que fue muy discutido y desechado/por la turba sectaria,/que la del agro ley hubo aprobado,/ruina del productor/y hambre del campesino labrador”[110]. De Juan Vidarte[111], diputado extremeño, el Bachiller le dice: “Un muchacho oportunista que se hizo socialista. Has realizado tu sueño,/a título de extremeño./Creo que no podrás quejarte./De poco tiempo a esta parte/Vi darte todo, Vidarte”[112].

7.4.- CUARTA SERIE. Que Chorot nomina “Los últimos…”. Juristas de alquiler, jenízaros y la turba multa. Abriendo el capítulo de esta guisa: “Un padre de su hijo que dijo lo que dijo y no lo dijo”, en alusión a Ángel Ossorio[113]: “De los nombres oso y río/tu nombre, Ossorio, se fragua;/de modo que hasta en el agua/haces el oso, hijo mío”[114]. Sobre Eduardo Ortega[115]: “Es del partido de la lengua larga./Está en la oposición constantemente,/izquierdista rabioso, no consiente/guardar nunca un secreto; él se encarga/de fraguar la tormenta que descarga/sobre Indalecio Prieto”[116]. Cantaclaro versa sobre el diputado socialista extremeño Narciso Vázquez Torres[117]. Un buen hombre, dice Chorot, que padece socialitis crónica, escribe de él: “Yo lo quiero con afecto sincero,/a este experto dentista,/aspirante a ingeniero,/que malgastó su vida socialista/sirviendo de cabeza al campo obrero”[118].

“Esto toca a su fin. Libre el paso que viene Balbontín[119], escribe el Bachiller Cantaclaro: “Fue poeta católico,/madrigalesco, épico y bucólico./Hoy es semianarquista,/defensor del partido comunista./Y mañana será… fraile profeso./ No sé si es Balbontín a Va al botín”[120]. Y casi concluye Cantaclaro su obra con Los pobrecitos de la Esquerra[121]”: Entre los esquerrosos/que usaron el quórum, generosos,/está Companys[122], rojizo rabasaire[123]/que supo difamar a los caídos/y que, laireteando, logró por Sabadell/ser diputado -de los del nuevo estilo-/Allá en la Humanitat, que mejor se llamara Odiosidat/fue un escritor que supo aprovecharse/de la grey destructora/social renovadora”[124].

En el Epílogo, Luis Chorot de Coca se despide: “¡Id con viento fresco! ¡Id, benditos de vuestros estómagos! Los que fuisteis detentadores de la voluntad nacional durante un largo bienio. Los destructores de España al dictado de vuestro medro personal. ¡Id con Dios! Y, si con Dios no podéis ni queréis ir ¡que con vuestro laicismo, el diablo os lleve! Quedad solos con vuestros rencores y dejar en paz a España. ¡Ah! Si delinquisteis, los que fueseis, pagad vuestras culpas, para quedar en paz con vuestros estragos”[125].

 

9.- FALLECIMIENTO. SU HIJO,  JUAN CHOROT CASTILLO

El 21 de diciembre de 1935 falleció, con ochenta y cuatro años, María de Coca Pizarro, madre de Luis Chorot de Coca. Un año más tarde, en los primeros y azarosos días del anuncio de una guerra entre españoles, el 21 de julio, fallecía Luis Chorot en Madrid.

El Diario HOY publicó, un año después de su fallecimiento, el 21/VII/1937, un obituario. Entre otros elogios a su persona decía: “No escribió ninguna línea que no estuviese dedicada a mejorar las condiciones de vida de Extremadura y a enaltecerla”. El Bachiller Cantaclaro dejó en su partida varias publicaciones, entre otras: “Refritos en prosa”. “Melancólicas y Románticas”. “Hilvanes y zurcidos, lo que se llama perder el tiempo, ensayos poéticos”. “Los penúltimos inquilinos del Congreso, semblanzas a la ligera al alcance de cualquiera; retratos al carbón, estampas, siluetas y caricaturas”. “Llamamiento a la concordia” (Conferencia abogando por la creación del Sindicato Católico Agrario). “El Monótono cuento de la vida” (Conferencia leída en la Asociación de la Prensa de Badajoz). “La Reforma Agraria en España” (Discurso pronunciado en el Ateneo de Madrid con motivo del primitivo proyecto de la Ley Agraria), 1932. Cuando en 1935 publica Hilvanes y zurcidos, anuncia que tiene en preparación: “Hojarascas de mi pobre huerto” (Colección de artículos periodísticos) y “Cuentos en prosa”.

El testigo de su pasión literaria fue tomado por su hijo Juan, también abogado, dramaturgo y poeta[126]. Articulista, colaborador del diario ABC, redactor de La Codorniz, desde 1952-1977[127] -donde firmaba como Juancho e Iván-, buen amigo de Antonio Mingote, Chumi Chúmez y Cela. Juan Chorot Castillo[128] fue autor teatral de las obras “X=2” y “De seis a ocho, asesinar a López”.

Vinculado a la ciudad abulense de Las Navas del Marqués y a los Festivales de esta ciudad ducal. Donde representó obras populares: Carmen, La Boheme, Aída, Rigoletto, Otelo, La verbena de la Paloma. Agua, azucarillos y aguardiente y la Venganza de don Mendo. La primera experiencia teatral en la ciudad ducal de Las Navas de la mano de Juan Chorot fue la representación de la comedia de Carlos Llopis: “Nosotros, ellas y el duende”. Heredando la afición de la marquesa de Las Navas y duquesa de Medinaceli, doña Ángela Pérez de Barradas y Bernuy.

Juan Chorot Castillo permanece en el recuerdo de la Ciudad Ducal, fue su pregonero, y un pequeño teatro lleva su nombre. No en vano fue promotor y director de la escena teatral y operística.

 

FUENTES CONSULTADAS

 

ARCHIVO MUNICIPAL DE LOBÓN (AML). Legajo 19, Carpeta 30. Legajo 30, Carpetas 17 y 21. Legajo 32, Carpeta 2. Legajo 33, Carpeta 7. Legajo 55, Carpeta 12. Legajo 86, Carpeta 7.

ARCHIVO PARROQUIA LOBÓN (APL). Libro V de Matrimonios (1828-1853). Libro XI Defunciones, (1907-1926).

ARCHIVO PARROQUIA PUEBLA DE LA CALZADA (APPC). Libro V de Casados y Velados (1876-1903)

ARCHIVO GOMÁ. Documentos de la Guerra Civil. Abril-Junio 1938. CSIC, Madrid 2016

CASTILLO GRAGERA J.: “El escritor Luis Chorot de Coca”. Diario HOY, 29/VI/1982.

CHOROT DE COCA, L.: “Los penúltimos inquilinos del Congreso. Semblanzas a la ligera al alcance de cualquiera”. Luz y Vida. Madrid, 1934. “Hilvanes y zurcidos. Lo que se llama perder el tiempo. Ensayos poéticos”. Luz y Vida. Madrid, 1935.

CORREO DE LA MAÑANA. Números: 362, 24/II/1915; 364, 26/II/1915; 412, 16/V/1915; 671, 31/XII/1915; 752, 22/III/1916; 959, 2/XII/1916; 1.048, 25/III/1917; 1.084, 10/v/1917; 1.212, 7/X/1917; 1.235, 3/XI/1917; 1.971, 14/II/1920; 2.137, 27/VIII/1920; 2.138, 28/VIII/1920; 3.240/26/VII/1924.

CORREO EXTREMEÑO, Números: 7.528, 28/IV/1928; 7.563, 21/VI/1928; 7.262, 17/III/1929; 7.265, 21/III/1929; 7.305, 8/V/1929; 7.306, 9/V/1929; 7.312, 16/V/1929; 7.348, 4/VII/1929; 7.497, 23/XI,1929; 7.758, 30/IX/1930.

DIARIO HOY. 21/VII/1937

GARCÍA ROLDÁN, A.: “La Codorniz: la sátira en el primer franquismo (1941-1966)”. Aportes, Revista de Historia Contemporánea, núm.82, año XXVIII (2, 2013).

REGISTRO CIVIL LOBÓN (RCL) Libro VI de Nacimientos (1876-1877)

REVISTA DE OBRAS PÚBLICAS (ROP), Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de España. 83, Tomo I, año 1935, núm. 2.663 y 2.664.

ROSIQUE NAVARRO, F.: “La Reforma Agraria en Badajoz durante la II República (La respuesta patronal)”. Badajoz 1988.

 

 

[1] (Badajoz 1870-1949). Fundó y dirigió Noticiero Extremeño y Correo de la Mañana. Alma del Centro de Estudios Extremeños, Cronista Oficial de Badajoz y Archivero municipal. Académico correspondiente de las Reales Academias de la Lengua y de la Historia. Crítico literario desde las columnas del diario ABC.

[2] Cf. HILVANES Y ZURCIDOS. LO QUE SE LLAMA PERDER EL TIEMPO. A manera de prólogo. Madrid 1935, pgs.11 y 12.

[3] Ibíd. Autocrítica, pg.15.

[4] Ibíd. Epílogo, pg.183.

[5] Agradezco a Cándido Chorot Ortiz de la Tabla la cesión de algunos datos de la familia Chorot.

[6] Nació el 26/V/1833. Falleció en Lobón el 2/III/1907, Cf. ARCHIVO PARROQUIA DE LOBÓN (APL). Libro XI Defunciones, años 1907-1926.

[7] Inaugurada el 8 de octubre de 1881 por los reyes de España y Portugal, Alfonso XII y Luis I.

[8] La Casa Grande tiene sus orígenes en el notable edificio que levantó el comendador santiaguista, Diego de Alvarado, tío carnal del adelantado Pedro de Alvarado. Tuvo en su fachada hasta comienzos del s. XX el escudo de los Alvarado,  fue vendido a Fernando Calzadilla Maestre.

[9] Fue uno de los mayores contribuyentes de Lobón. A finales de 1882 se le asignaba una cuota de contribución de 1.575 pesetas. Cf. ARCHIVO MUNICIPAL DE LOBÓN (AML). Legajo 32, Carpeta 2. Su viuda, María de Coca Pizarro declaraba doscientas cincuenta y dos hectáreas de tierra, repartidas por la Tiesa, Valdeovejas, Arenal, Granadinos, Vega del Moral, Guapero y Valderromero. Cf. AML. Legajo 55, Carpeta 12, 16/VI/1910.

[10] De estado civil soltero, vivía en la Casa Grande. Notable hacendado y gran contribuyente. Fue alcalde de Lobón y presidente del Sindicato Católico Agrario.

[11] Había sido seguidor de Antonio de Orleans, duque de Montpensier, durante el tiempo que éste mantuvo sus pretensiones a la corona.

[12] También fue miembro de la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País de Badajoz, desde el 20/VIII/1885.

[13] Contrajeron matrimonio en Puebla de la Calzada el 4/IX/1890 ante el cura regente, Anselmo Rabanal y Trejo. Cf. ARCHIVO PARROQUIA PUEBLA DE LA CALZADA (APPC). Libro V de Casados y Velados (1876-1903), fol. 201 vto. María Antonia, era hija de Andrés Conejo Guisado y Leonor de Coca Amigo. Nieta paterna del coronel carlista de caballería y Ayudante de Campo del Infante don Sebastián de Borbón Braganza, Sancho Conejo Bejarano y María de los Dolores Guisado Bejarano.

[14] Sus padres fueron Pedro Pizarro Barrena y María Picón Roa. Matrimonio celebrado el 20/II/1849 ante el cura ecónomo José Benito Calderón. Cf. APL, Libro V de Matrimonio, 1828-1853, fol. 79 vto.

[15] Hijo de Juan Antonio Maza y Leonor Bejarano. Su hermano, Saturnino Maza Bejarano, fue alcalde de Puebla de la Calzada, 1884-1885. Mariano Maza Bejarano, junto con sus hermanos políticos Ángel Chorot Prieto y Pedro de Coca Pizarro, herederos de un molino harinero en el río Guadiana, lo vendieron al Marqués de la Vega, que edificó el edificio y salto de Las Turbinas, junto a Lobón desde donde dio luz eléctrica a éste, Puebla de la Calzada, Montijo, Solana de los Barros y Almendralejo.

[16] Elecciones 15/I/1869. Legislatura 1869-1871. Elección parcial escrutada el 30/IV/1869. Antonio de Coca no fue admitido diputado, y en su lugar, en sesión del 25/V/1869, lo fue Gregorio García Ruiz. La limpieza de aquellas elecciones fue puesta en entredicho.

[17] En la legislatura 1854-1856. Tomó posesión el 7/IX/1954 para el período 1854-1856, por el Partido Moderado. Cesó en el cargo el 11/VIII/1856.

[18] En el Repartimiento individual de la contribución territorial de 1852 figura como el mayor contribuyente, con un líquido imponible de 4.006,32 reales. 16.024 por tierras, 2.629 por casas y 15.237 por ganadería.

[19] Cf. AML. Legajo 19, Carpeta 30.

[20] Ibíd. Legajo 30, Carpeta 21.

[21] Mandado a construir por Carlos María Isidro de Borbón, hermano de Fernando VII, edificio que fue incendiado en 1847 durante la segunda guerra carlista, y reconstruido después. Sus aguas se recomendaban en baño o bebida para el reumatismo, neurosis, neuralgias, litiasis, desarreglos menstruales etc.

[22] Información publicada en los diarios madrileños El Imparcial y La Correspondencia de España, 20 y 21 de julio de 1869. Cf. AML. Legajo 30, Carpeta 21. Sesión celebrada el 22/VII/1869, fol. 18 vto.

[23] Tuvo por compañeros atenienses a López Prudencio, Texeira, Bardají, Macías y Fernandez de Molina, junto con otros intelectuales y escritores de Badajoz. Publicó en la tipografía de Antonio Arqueros, “Carta a Josefa”. Fue como su padre miembro de la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País de Badajoz, 14/IX/1894.

[24] REGISTRO CIVIL DE LOBÓN (RCL). Libro VI de Nacimientos (1876-1877) fol.13.

[25] APPC. Libro V de Matrimonios (1876-1903), fol. 318. Hija de Juan Castillo Burdallo, de la Roca de la Sierra, y Rosa Pozo Coca, de Puebla de la Calzada. Hermana del propietario Leopoldo Castillo Pozo, tercer mayor contribuyente de Lobón por sus propiedades agrícolas en su término, presidente del Consejo de Administración del Matadero de Mérida, casado con Filomena Amigo Conejo. Magdalena Castillo fue sobrina de Justo Castillo Burdallo, vecino de La Roca de la Sierra, diputado provincial por el Partido Liberal (1909-1913), diputado delegado en Establecimientos de Beneficencia. También fue diputado provincial, por el distrito electoral de San Vicente de Alcántara, Pedro Castillo Burdallo (1875-1882), que fue capitán de monterías. Don Antonio Covarsí, padre del pintor Adelardo Covarsí, conocido por el montero genial lo llamaba maestro.

[26] A la que llamó en sus escritos Puebla de La Gutibamba. En la casa situada en la antigua calle Puerto, hoy practicante Alfonso González. En la fachada puede verse el escudo de la familia Castillo, cuyos orígenes están en Montenegro de Cameros (Soria), insertada en el Solar de Tejada. Pedro José Castillo de Tejada y López de Tejada fue el primero que llegó a Extremadura, vivió en Cáceres dedicado al comercio. Conoció en San Vicente de Alcántara a la que fue su mujer, María Antonia Gomes de Carvalho, de familias de Portalegre (Portugal), comerciantes y agricultores de San Vicente de Alcántara. Fue alcalde-regente en San Vicente en la Guerra de la Independencia, entre otros cargos. Litigó contra el Concejo sanvicenteño por su condición de hidalgo. De San Vicente de Alcántara, sus predecesores pasaron a la villa de La Roca de la Sierra. Luis Chorot fue redimido del Servicio Militar, en aplicación al artículo 151 de la Ley de Reclutamiento y Reemplazo del Ejército de 1885, estableciéndose pagar 1.500 pesetas cuando el mozo prestaba servicio en la Península y 2.000 pesetas cuando le correspondía servir en Ultramar. En la sesión del Consistorio Municipal de Lobón, 16/X/1898, se acuerda, a petición de su padre, expedir certificación de libertad de quintas. Cf. AML Legajo 33, Carpeta 7, fols. 87 vto y 88.

[27] En la capital de España participó en las más importantes tertulias literarias, artísticas y políticas del momento. Publicando dos libros.

[28] Nació en Lobón, el 28/XI/1889. Falleció en Puebla de la Calzada el 16/II/1967.

[29] Alcalde de Puebla de la Calzada 1916-1917. Hermano de Eduardo fue Cándido Maza de Coca, que levantó el actual edificio del Ayuntamiento y las obras de reforma de la ermita de la Concepción. Ambos proyectos realizados por el arquitecto de Badajoz, Adel Pinna Casas.

[30] CASTILLO GRAGERA J.: “El escritor Luis Chorot de Coca”. En Diario HOY, 29/VI/1982, pg. 21.

[31] Participa en actos de la vida social y política. Lo leemos en Zafra con motivo de una reunión con el Marqués de la Frontera, donde interviene antes del brindis leyendo unos versos, llenos de espíritu festivo e irónico. Cf. CORREO DE LA MAÑANA, núm. 1.212, 7/X/1917, pg.1. Entre sus amistades más íntimas figura Ramón Eltoro Lalueza, capellán de honor de S.M. Participó en los homenajes a Luis Chamizo y José López Prudencio. Al fallecer en 1911 el Marqués de la Vega, el hijo menor de éste, Jorge, tuvo su consejo de familia presidido por Luis Chorot de Coca.

[32] ROSIQUE NAVARRO, F.: La Reforma Agraria en Badajoz durante la II República (La respuesta patronal). Badajoz 1988, pg.153.

[33] Considerado el periódico de mayor circulación de Extremadura. Correo de la Mañana, posteriormente, se fusionó con el Noticiero Extremeño, formando Correo Extremeño. Correo de la Mañana estuvo sostenido económicamente por Sebastián García Guerrero, conservador y maurista, fue presidente de la Diputación de Badajoz. Correo de la Mañana apareció el 26/II/1914, antesala de la I Guerra Mundial (28/VI/1914-11/XI/1918). El devenir de los años mostró su línea editorial conservadora, apoyando al Marqués de la Frontera, Francisco Marín Bertrán de Lis. Correo de la Mañana fue desde 1918 órgano provincial maurista.

[34] El artículo se publica en plena confrontación bélica de la I Guerra Mundial, donde España se mostró neutral. Neutralidad que produjo un boom económico a ciertas economías (vasca, asturiana y catalana), pero sumió, a la economía española en un círculo inflacionista sin precedentes en su historia.

[35] En alusión al Puente de Lobón, llamado Puente de los Suspiros por el tiempo que tardó en ser aprobado su proyecto. Aprobó el proyecto del puente, el ministro de Fomento, Rafael Benjumea Burín, I Conde Guadalhorce, en el gobierno de Primo de Rivera, 1925-1930. El puente fue una obsesión permanente de Luis Chorot de Coca.

[36] Seguidor del Conde de Romanones, Álvaro de Figueroa y Torres, realista en política, adscrito al liberalismo clásico y su decidida fe monárquica.

[37] CORREO DE LA MAÑANA, núm. 412, págs.1 y 2.

[38] Ibíd. núm. 671, pg.1

[39] Ibíd. núm. 959, 2/XII/1916, pg.3.

[40] Elegido por el Distrito de Mérida para las legislaturas desde 1898 hasta 1919, y desde 1914 a 1923. En ocasiones por el partido liberal y otras con los conservadores. Luis Chorot, al distrito electoral Mérida- Alburquerque, lo bautizó como “Grageronia-Amicicia”, en referencias a Alonso Gragera Maza, abogado y diputado nacional conservador, natural de Puebla de la Calzada, y Antonio María Amigo Guisado, padre político del emeritense Antonio Pacheco, que dominaban la situación política del distrito, desde su influyente familia Pacheco.

[41] En referencia al Puente de los Suspiros, Puente de Lobón.

[42] El 14/II/1920 escribe desde Puebla de la Calzada: ¡Ya tenemos carretera! Será cosa de repicar en gordo. El Bachiller Cantaclaro agradecía las gestiones al diputado Sancho Conejo de Coca, por el tramo de carretera La Roca-Montijo, incluido un puente sobre el río Alcazaba. “Poco a poco se va haciendo algo. No desmayéis, extremeños. Pedid y no callaros”. Cf. CORREO DE LA MAÑANA, núm. 1.971, pg.2. Sancho Conejo de Coca, pariente de Luis Chorot,  fue elegido diputado por el distrito de Badajoz en la legislatura 1919-1920 por el Partido Maurista.

[43] Lobón tuvo desde siglos estafeta de correos, de la que dependía Puebla de la Calzada y Montijo. Los avances en las comunicaciones acabaron con la dependencia de estas dos últimas poblaciones con la primera. En la sesión municipal del 27/IX/1867 se dio cuenta que la estafeta de correos estaba en Montijo, al haberse inaugurado la línea de ferrocarril Badajoz-Ciudad Real, la cual pasaba por dicha villa. Cf. AML. Legajo 30, Carpeta 17.

[44] CORREO DE LA MAÑANA, núm. 1.048, 25/III/1917, pg.3.

[45] Ibíd.  núm. 1.235, 3/XI/1917, pg.2

[46] Ciudad donde veraneaba Luis Chorot con su familia.

[47] Era presidente del Consejo de Ministros el liberal Manuel García Prieto (1859-1938).

[48] CORREO DE LA MAÑANA, núm. 2.137 y 2.138, pg. 2 y 3.

[49] Producto de la fusión entre Correo de la Mañana y Noticiero Extremeño. La nueva empresa tuvo en la dirección al escritor José López Prudencio, comenzando sus publicaciones en noviembre de 1927 y concluyendo en agosto de 1931.

[50] Cf. CORREO EXTREMEÑO, 28/IV/1928, núm. 7.528, pg.8

[51] Ibíd. 21/VI/1928, núm. 7.573, pg.1.

[52] Ignacio Suárez Somonte. Catedrático de Matemáticas. Diputado en Cortes (1920-1923 y 1927-1929) y director general de Primera Enseñanza con Primo de Rivera.

[53] Francisco María Bertrán de Lis (Madrid 1874-Badajoz 1940). Diputado nacional por Badajoz durante los años 1914-1923, y representante de actividades de la vida nacional en 1927-1929.

[54] El 26/VII/1924, Julio García Pérez, Secretario de la Comunidad de Labradores de Montijo y Secretario de una Comisión organizada, presentó en Madrid una petición para que se construyera esta carretera. Petición que fue respondida por el senador vitalicio del Reino, Vicente Alonso Martínez, trasladando al asunto al director de Agricultura e ingeniero agrónomo, José Vicente-Arche y López quien recomendó activamente a carreteras y “veremos si se puede obtener resultado satisfactorio”. Cf. CORREO DE LA MAÑANA, núm. 3.240, pg.4.

[55] Cf. CORREO EXTREMEÑO, núm. 7.262, pg.8. Cuatro días más tarde, escribía Federico Cabo Gragera, desde Puebla de la Calzada: “Necesidades de los pueblos. El Puente de los Lamentos y las barcas de Lobón. Aspiraciones legítimas de una rica comarca”, apoyando las peticiones que Luis Chorot venía haciendo. Utilizando la hilaridad en su final: “Qué es un puente? Un puente es una cosa endemoniada, que sólo sirve para que lo pida mucha gente y no se le conceda a ninguna. Es una obra insegura y puede caerse; la barca no se cae nunca, podrá irse al fondo, pero despacito, suavemente”. Cf. Ibíd. núm. 7.265, 21/III/1929, pg.3.

[56] Ibíd. núm. 7.305, pg.1.

[57] Ibíd. núm. 7.306, 9/V/1929, pg.5.

[58] Ibíd. núm. 7.312, 16/V/1929, pg. 6. La información era ofrecida desde Puebla de la Calzada por el corresponsal, Félix Expósito Ciudad.

[59] (Alburquerque, 1871-Badajoz, 1950). Escritor, Jefe de Administración de Telégrafos, Académico correspondiente de la Real de la Historia,  Sevillana de Buenas Letras y Arqueológica de Portugal. Hijo predilecto de Alburquerque y su Cronista Oficial.

[60] Cf. CORREO EXTREMEÑO, núm. 7.348, 4/VII/1929, pg.8.

[61] Cf. Ibíd. núm. 7.497, 23/XI/1929, pg.6

[62] AML. Legajo 86, Carpeta 7. Sesión 25/XI/1929.

[63] Cf. CORREO EXTREMEÑO, núm. 7.758, 30/IX/1930, pg.11. César Villalba Granda pertenecía a la Jefatura de Puentes y Cimentaciones del Estado.

[64] Atrás quedaba la respuesta que dio el cura párroco de Puebla de la Calzada, el 20/VI/1798, al interrogatorio remitido por Tomás López, geógrafo de los dominios de su Majestad: “Por el camino de esta villa a la de Lobón, a poco más de media legua, tiene su corriente el río Guadiana, que cuando está crecido se pasa por una barca, cuya construcción, propiedad y derechos de portazgo pertenecen al señor de la dicha villa de Lobón”.

[65] REVISTA DE OBRAS PÚBLICAS (ROP), Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de España. 83, Tomo I, año 1935, núm. 2.663, pgs.71-75; y 2.664, pgs.81-85.

[66] CORREO DE LA MAÑANA, núm. 752, 22/III/1916, pg.1. También en su obra HILVANES Y ZURCIDOS. Imprenta Luz y Vida, Madrid 1935, pgs.80-81.

[67] Fonda que regentaban Alberto Iglesias y Carmen Ramírez. Situada en la plaza de Fernando Ceballos.

[68] CORREO DE LA MAÑANA, núm. 1.084, pg.4. Enrique Vázquez Camarasa (Almendralejo, 1880-Burdeos (Francia), 1946). Durante el asedio del Alcázar de Toledo, Vázquez Camarasa entró en la fortaleza, autorizado por el gobierno republicano, a oficiar una misa que habían solicitado los sitiados. La actuación de Vázquez Camarasa fue poco comprendida y después de aquellos acontecimientos tuvo que abandonar España, refugiándose en Francia, donde falleció. Cf. ARCHIVO GOMÁ. Documentos de la Guerra Civil. Abril-Junio 1938. CSIC, Madrid 2016, pg.78.

[69] Alfredo Ramírez Tomé, redactor Jefe de ABC. Fue iniciador de la celebración del Día de Cervantes, 23 de abril.

[70] Consideraciones que José López Prudencio hace en el prólogo de la obra de Luis Chorot.

[71] HILVANES Y ZURCIDOS, pg.15.

[72] Ibíd. Crepúsculo vespertino, pg.24

[73] Ibíd. El monótono oficio del labrador, pg.28

[74] Ibíd. Los hijos de… Marx, pg.35.

[75] Ibíd. Contradicciones, pg.67.

[76] Ibíd. En tiempo de censura. La peña del café, pg.72.

[77] Ibíd. Románticos aleteos celestiales, pg.116.

[78] Ibíd. Glosario teresiano, pg.117. Luis Chorot de Coca gozó de la amistad del obispo de Badajoz, Adolfo Pérez Muñoz (1913-1920). El obispo hizo una Visita Pastoral a la Parroquia de Lobón, alojándose en la Casa Grande, residencia de la familia Chorot. Estuvo en Lobón los días 20 y 21/II/1915. Era párroco Álvaro Martín Núñez. Cf. CORREO DE LA MAÑANA, núm. 362 y 364, 24 y 26/II/1915, pg.2.

[79] HILVANES… Cúmplase mi voluntad, pg.126.

[80] Ibíd. Rimas, pg.139.

[81] Ibíd. Parodia, pg. 141.

[82] Ibíd. Al correr de la pluma, pg.162. Dedicado a su hija Magdalena.

[83] Ibíd. Nota final. Importante, pg.178 y 179.

[84] Webgrafía: https://www.abc.es/opinion/abci-recuerdos-200405240300-9621664321644_noticia.html

[85] HILVANES. pg.182.

[86] Los resultados electorales dieron una aplastante victoria a la conjunción republicano-socialista. En ella se integraron destacados intelectuales: Unamuno, Marañón, Madariaga, Ortega y Gasset, Sánchez Román…

[87] LOS PENÚLTIMOS… pgs.5 y 6.

[88] Ibíd. pg.9.

[89] Álvaro de Figueroa y Torres (Madrid, 1863-1950). Luis Chorot de Coca, en un artículo publicado en Correo de la Mañana, 16/V/1915, manifestó no avergonzarse de haber sido seguidor del conde de Romanones.

[90] LOS PENÚLTIMOS… pg.19.

[91] Ibíd. pg.33.

[92] Ibíd. pg.45.

[93] Ibíd. pg. 47 y 48.

[94] Ibíd. pg.81.

[95] (León, 1885-Ciudad de México, 1973. Presidente del Consejo de Ministros del gobierno republicano en el exilio (París, 1951-1960). Fue veterinario. Perteneció al Partido Radical Socialista. Cofundador del Partido Unión Republicana (1934).

[96] LOS PENÚLTIMOS… pg.87.

[97] (Madrid, 1875-1936). Militante del Partido Liberal-Demócrata. Diputado en Cortes y Senador. Fundador y líder del Partido Agrario. se encargó de la cartera de Agricultura, en el Gobierno presidido por Joaquín Chapaprieta, y poco después pasó a desempeñar la cartera de Estado. LOS PENÚLTIMOS… pg.101.

[98] LOS PENÚLTIMOS… pgs.111 y 112.

[99] Ibíd. pgs.119 y 120.

[100] Ibíd. pg.129.

[101] Ibíd. pg.135.

[102] (Barcelona, 1878-Nueva York, 1964). Pedagogo, escritor, ministro y embajador de España en la Segunda República.

[103] LOS PENÚLTIMOS… pg.139. La palabra cunero, se aplica a los candidatos o diputados que son presentados por sus partidos en un distrito electoral al que no pertenecen.

[104] (Alcoy, 1884-Ciudad de México, 1942). Abogado y político. Militó en el Partico Radical Socialista, del que fue expulsado. Fundó en 1932 Izquierda Radical Socialista. Diputado en Cortes y Ministro de Justicia.

[105] LOS PENÚLTIMOS… pg.143.

[106] (Orense, 1877-La Florida, EEUU, 1943). Se ordenó sacerdote. Defensor del pueblo gallego, frente a la política de su tiempo. Fue diputado a Cortes por el Partido Republicano Radical, pero disiente de éste por su acercamiento a la Confederación Española de Derechos Autónomos (CEDA). En 1936 se presentó a las elecciones por el partido de Manuel Portela Valladares.

[107] LOS PENÚLTIMOS… pg.145.

[108] Ibíd. pg.147.

[109] Diego Hidalgo Durán (Los Santos de Maimona, 1887-Madrid, 1961). Abogado, notario y escritor. Diputado en Cortes por la provincia de Badajoz, con el Partido Republicano Radical. Fue Ministro de la Guerra.

[110] LOS PENÚLTIMOS… pgs.151 y 153.

[111] Juan Simeón Vidarte Franco-Romero (Llerena, 1902-Ciudad de México, 1976). Abogado, dirigente del PSOE. Diputado a Cortes por la provincia de Badajoz en las tres elecciones celebradas durante la II República.

[112] LOS PENÚLTIMOS… pg.167.

[113] Ángel Ossorio Gallardo (Madrid, 1873-Buenos Aires, 1946). Jurisconsulto, político y escritor. Su vida política presenta una evolución, desde un perfecto conservador, monárquico y católico hasta alinearse con posiciones republicanas e izquierdistas durante la II República. Fue embajador en Francia, Bélgica y Argentina.

[114] LOS PENÚLTIMOS… pg.173.

[115] Eduardo Ortega y Gasset (Madrid, 1882-Caracas, 1965). Periodista, jurista, diputado a Cortes por el Partido Radical Socialista,  y fiscal general de la II República. Hermano de José Ortega y Gasset.

[116] LOS PENÚLTIMOS… pg.179.

[117] Narciso Vázquez Torres, (Llera, 1875-Dun Sur Meuse, Francia, 1952), Médico odontólogo. Presidente de la Diputación de Badajoz 1931-1934 y 1936.  Diputado a Cortes: Elecciones 28/06/1931 Badajoz. Destacado miembro del Partido Socialista, miembro del comité nacional del PSOE hasta 1938, siéndolo también del de UGT entre 1931 y 1932. Participó activamente en la Reforma Agraria de la provincia de Badajoz.

[118] LOS PENÚLTIMOS… pg.189

[119] José Antonio Balbontín Gutiérrez (Madrid, 1893-1978). Escritor. Tras un fugaz paso por el Partido Radical Socialista, fundó el Partido Social Revolucionario, por el que fue diputado por Sevilla en las Cortes de 1931, haciéndose famoso por sus intervenciones incendiarias. Entre 1933 y 1934 pasó por el Partido Comunista.

[120] LOS PENÚLTIMOS… pg.187

[121] En referencia a Esquerra Republicana de Cataluña, fundada en 1931, partido de izquierda, democrático y catalanista. Fundado por Francesc Macià Lusà.

[122] Lluis Companys i Jover (Lérida, 1882 – Barcelona, 1940). Político y abogado, de ideología catalana y republicana. Líder de Esquerra Republicana de Cataluña, ministro de Marina en España y presidente de la Generalitat de Cataluña.

[123] El que cultiva en Cataluña la tierra según el contrato de rabassa morta; y por extensión, aparcero, colono o arrendatario de un predio rústico ajeno, en Cataluña.

[124] LOS PENÚLTIMOS… pg.195.

[125] Ibíd. pg.209.

[126] Conoció entre otros a Pedro Muñoz Seca, Jacinto Benavente, Eduardo Marquina y los hermanos Álvarez Quintero. Cf. Obituario a Juan Chorot Castillo por Álvaro Mateos López, publicado en el diario EL MUNDO, 21/VI/2006, https://www.elmundo.es/elmundo/2006/06/19/obituarios/1150678319.html

[127] Cf. GARCÍA ROLDÁN, A.: “La Codorniz: la sátira en el primer franquismo (1941-1966)”. Aportes, Revista de Historia Contemporánea, núm.82, año XXVIII (2, 2013), pg.46.

[128] Nació el 2/X/1919 en San Sebastián. Falleció el 15/VI/2006.

Nov 182021
 

Julio Fernández-Sanguino Fernández

Resumen:

La primera imprenta de la que se tiene noticias en la ciudad de Cáceres estuvo a cargo de los hermanos Miguel y Lucas de Burgos, oriundos del pueblo riojano de Arnedillo, que se instalaron en 1820 en el antiguo Convento de Santo Domingo para trasladarse posteriormente a la Plaza Mayor. Miguel de Burgos era un destacado editor que había comenzado su labor en la capital del Reino a principios del siglo XIX, llevando su nombre las primeras publicaciones que se imprimieron en Cáceres, que se vendían en su establecimiento junto con otros libros editados en Madrid. Hacia 1828 Lucas de Burgos se hizo cargo del negocio familiar en Cáceres, que despuntó tras el fallecimiento de Fernando VII con la impresión de diversas obras que nos muestran aspectos culturales, sociales y políticos de aquellos años. Asimismo, Lucas de Burgos imprimiría en la nueva etapa constitucional el Boletín Oficial de la Provincia en 1834, continuando, tras su fallecimiento, su viuda e hijos a partir del 14 de octubre de 1846.

Palabras clave: imprenta, libros, boletines oficiales, editores y libreros.

 

Summary:

The first printing press of which there is news in the city of Cáceres was in charge of the brothers Miguel and Lucas de Burgos, originally from the Riojan town of Arnedillo, who settled in 1820 in the old Santo Domingo Convent to later move to the Main Square. Miguel de Burgos was a prominent publisher who had begun his work in the capital of the Kingdom at the beginning of the 19th century, bearing his name the first publications that were printed in Cáceres, which were sold in his establishment along with other books published in Madrid. Around 1828 Lucas de Burgos took over the family business in Cáceres, which emerged after the death of Fernando VII with the printing of various works that show us cultural, social and political aspects of those years. Likewise, Lucas de Burgos would print in the new constitutional stage the Official Gazette of the Province from 1834, continuing, after his death, his widow and children from October 14, 1846.

Key words: printing press, books, official gazettes, publishers and booksellers.

 

 

  1. Antecedentes

Las impresiones de libros en Extremadura destacan por su antigüedad, ya que la primera obra de la que se tiene constancia se confeccionó en el taller del flamenco Bartolomé de Lila en 1489 en Coria. Junto a este libro, de Pedro Gracia Dei con el título Blasón General y Nobleza del Universo: al serenísimo príncipe, alto y muy poderoso rey Don Juan II de Portugal, sobresale igualmente Abito y armadura espiritual, de Diego Cabranes que fue editado en Mérida por Francisco Díaz Romano, originario de Guadalupe, en 1544[1].

Inicialmente, las impresiones de libros realizadas en Extremadura estuvieron vinculadas con la Iglesia, diversificándose posteriormente sus contenidos con ediciones en Trujillo en el siglo XVII y en Badajoz, Llerena y Plasencia en el Siglo de las Luces[2].

De la obra editada en Trujillo, cabe señalar que Juan Pizarro fue el autor de un soneto inserto en los preliminares de la Historia ejemplar de las dos constantes mujeres españolas y de una Apología de D. Luis Pacheco de Narváez[3]. Juan Pizarro firmó ese libro en Trujillo en 1623, ya que conocía y había afianzado al personaje referenciado, noble militar que fue una figura primordial de la escuela de esgrima española denominada “Verdadera Destreza”, siendo muy probable que el texto fuese redactado por el propio Pacheco[4]. Asimismo, es de señalar el libro estampado en Trujillo, posiblemente en 1721, sobre[5]:

Satisfaccion que da Don Francisco de Herrera y Heraso, Cavallero de Justicia de la Religion de San Juan, à los cargos que le hazen los Provissores de la Ciudad de Plasencia, sede vacante; y al Lic. Don Diego de Castro Calderon, abogado de los Reales Consejos, Vicario en aquel tiempo de la ciudad, y partido de Truxillo…

 

En relación con las publicaciones editadas en la ciudad de Cáceres, se podría citar al Memorial de la ciudad de Plaseucia a Felipe IV suplicando que con objeto de atender a la mejor defensa de la ciudad…, que se estima, según la catalogación de la Biblioteca Nacional, que se pudo imprimir en Cáceres sobre 1642 a petición del Ayuntamiento de Plasencia.

Por otro lado, las publicaciones periódicas se desarrollaron en nuestro país en el siglo XVII con las gacetas oficiales, generalizándose los periódicos a lo largo del siglo siguiente, periodo en el que aparecieron los diarios en su segunda mitad. Al principio del siglo XIX, la Guerra Independencia generó la edición de numerosas publicaciones en un gran número de ciudades españolas al convertirse los periódicos en un instrumento más de la contienda dada la importancia de la información y de la opinión en aquellos momentos.

Cáceres no tenía una imprenta en esos años; sin embargo, la avidez informativa surgida tras la aprobación de la Constitución de 1812 motivó que el abogado y político cacereño Álvaro Gómez Becerra fundase un periódico confeccionado manualmente, naciendo así Asociación de Cáceres a principios del año 1813. La publicación se nutrió de los textos facilitados por los socios, que eran copiados por el bibliotecario, equivaliendo la exposición del periódico en la sala de lectura a su publicación[6].

 

  1. Instalación de una imprenta en Cáceres en el Trienio Liberal, 1820

Con la instauración del absolutismo después de la llegada de Fernando VII una vez finalizada la guerra contra las tropas napoleónicas, desaparece la prensa como instrumento de información y se restringieron los textos impresos hasta la llegada del Trienio Liberal tras el pronunciamiento de Riego. Desde 1820 a 1823 se instaura nuevamente la Constitución de 1812 y vuelven a editarse numerosas publicaciones en el país, siendo precisamente al inicio de esta etapa constitucional cuando se implanta una imprenta en Cáceres.

Jiménez Berrocal, cronis­ta oficial de Cáceres, reconoce que el establecimiento de una imprenta en la ciudad se puede considerar tardío, ya que se produjo en 1820 de la mano de los hermanos Miguel y Lucas de Burgos, oriundos del pueblo riojano de Arnedillo. Se instalaron en primer lugar en el antiguo Convento de Santo Domingo y posteriormente en un local situado en el denominado Portal Llano de la Plaza Mayor. De su taller saldrían los primeros libros y periódicos que se van a imprimir en Cáceres entre ellos el Semanario Patriótico en 1822[7].

Miguel de Burgos fue un destacado impresor y librero que había comenzado su labor en la capital del Reino a principios del siglo XIX, pudiéndose apreciar en el Catálogo de la Biblioteca Nacional de España que editó unas trescientas obras a lo largo de la primera mitad del siglo XIX. Las primeras publicaciones que se imprimieron en Cáceres llevarían su nombre, destacándose la siguiente referencia bibliográfica:

José Alonso Quintanilla. Discurso inaugural sobre las utilidades de las ciencias que han de enseñarse en la nueva Universidad de segunda enseñanza de Cáceres leído el 18 de noviembre de 1822. Cáceres : Imprenta de Don Miguel de Burgos : impreso a costa de Don Andres Rega de San Juan, 1822.

 

En el establecimiento de Miguel de Burgos en Cáceres se vendieron igualmente obras impresas en Madrid con reseñas que fueron difundidas en la prensa madrileña de entonces, pudiéndose citar al Diccionario militar portátil de Fernández Mancheño de 1822, Pensamientos de J. J. Rousseau y el Plan de la antigua y nueva división política, militar, judicial y eclesiástica de España al año siguiente o el tratado de Filosofía política editado en 1824[8].

 

  1. Publicaciones en el nuevo periodo absolutista de Fernando VII, 1823

Las publicaciones volverían a resentirse con la implantación nuevamente del absolutismo en nuestro país tras la entrada de los denominados “Cien Mil Hijos de San Luis”. En Cáceres, Miguel de Burgos seguiría editando con su nombre las obras que se confeccionaron por entonces, destacándose la encargada por el Consejo Real de Castilla en 1824 sobre:

Plan de todos los pueblos que comprende en el dia la Provincia de Extremadura y los partidos en que se divide : ciudades, villas, lugares, despoblados, y obispados … con espresion de las Autoridades, número de vecinos.

 

Posteriormente, las impresiones en Cáceres tuvieron la referencia de “Imprenta de Burgos titulada del Real Acuerdo”, como se puede apreciar en el Calendario de Extremadura para el año 1826[9]. La siguiente obra catalogada de la que se tiene constancia fue Adición al memorial ajustado, hecho en virtud y mandato del consejo …, de Pedro Alcántara López de Zúñiga, Conde de Miranda, que se editó en Cáceres en 1828 con la anotación de “imprenta de don Lucas de Burgos. Impresor del Real Acuerdo”.

Miguel de Burgos por aquellas fechas seguía dedicado a su imprenta y librería en Madrid, situada en la calle de Toledo frente a San Isidro el Real[10], por lo que se estima que su hermano Lucas de Burgos se hizo cargo entonces de forma oficial de la imprenta familiar en Cáceres.

 

  1. La imprenta en Cáceres en la nueva etapa constitucional, 1833

Al final de la etapa absolutista de Fernando VII, la vida política empieza a normalizarse en España, estableciéndose seguidamente la edición de una publicación oficial en aquellas provincias no tenían todavía este tipo de divulgaciones. Sería el caso de Cáceres, imprimiéndose en 1834 el Boletín Oficial de la Provincia en el que figuraba Lucas de Burgos como impresor[11].

Al inicio de 1833, la obra de Luis José María Moxó, Barón de Juras Reales, sobre El espíritu del siglo, recogiendo el discurso pronunciado en la Real Audiencia de Extremadura el día 2 de enero de ese año, mantenía la alusión a la Imprenta del Real Acuerdo. A partir del año siguiente, se haría referencia únicamente a la Imprenta de Lucas de Burgos en la que se editaron una serie de obras en Cáceres que nos permiten conocer detalles de la vida cotidiana de aquellos años. Así, tenemos discursos pronunciados con motivo de las aperturas anuales de la Real Audiencia de Extremadura, el 2 de enero de 1834 por Francisco de Olabarrieta y el 2 de enero de 1836 por Antonio Fernández del Castillo, y del Tribunal de la Audiencia Territorial de Cáceres, el 2 de enero de 1838 por su ministro decano Francisco de Paula Miguel Sánchez.

Asimismo, sobresalen los textos médicos, como Curación del grippe o catarro epidémico de Rafael Cáceres en 1837, o publicaciones sobre litigios, como Memoria sobre la causa de dilapidaciones de Guadalupe : que ofrece al público el juez que ha entendido en su formación en 1838 y la posterior Vindicación de Don Felipe Rosado de Belalcazar, Mayordomo Mayor que fue del extinguido Monasterio de Guadalupe contra la memoria publicada por el subdelegado de rentas de Trujillo, Don José García de Atocha sobre la causa de dilapidaciones del mismo Monasterio, por Felipe Rosado de Belalcázar en 1839.

Del mismo modo, tendrían una importancia especial las publicaciones relacionadas con la política de entonces, pudiéndose citar las que hicieron referencia en el último año mencionado a Contestación al manifiesto publicado por el diputado provincial don Mauricio Ceresoles : sobre las pasadas elecciones de senadores y diputados para las Cortes de mil ochocientos treinta y nueve y al texto de Nicomedes-Pastor Díaz sobre La cuestión electoral en diciembre de 1839 y enero de 1840.

En este último texto de setenta páginas, el Jefe Político de Cáceres, antecedente de los posteriores Gobernadores Civiles, divulgaría una serie de consideraciones a los electorales y a todos los ciudadanos de la provincia que gobernaba, aleccionando sobre lo que se debería de votar en los comicios que se iban a celebrar y mostrándose defensor de la clase política que unos años más tarde ocupó el poder en el periodo conocido como Década Moderada[12].

 

  1. Imprenta de Viuda de Burgos e Hijos

Lucas de Burgos seguiría como impresor en Cáceres hasta su fallecimiento, manteniendo la imprenta su viuda e hijos a partir del 14 de octubre de 1846. Dos años antes, se había creado en Cáceres una Agencia General de Negocios a cargo de Antonio Concha y Compañía para instalar una imprenta con “prensa de hierro” y otro establecimiento de librería y encuadernación, por lo que se desprende que hasta esos momentos solo existía el Lucas de Burgos en la ciudad. La Imprenta de Antonio Concha y Compañía edito el Boletín de la Agencia de Cáceres, periódico popular, de conocimientos útiles, noticias, avisos y anuncios que salió el 3 de julio de 1844. Posteriormente, este último impresor se hizo cargo desde primeros de 1848 de la impresión del Boletín Oficial de Cáceres en sus talleres situados en la Plazuela de la Isla núm. 1[13].

Por último, cabe destacar que la Imprenta de la Viuda de Burgos e Hijos estuvo en funcionamiento al menos hasta 1854, año que imprimió las Manifestación que hace a el público Don Rafael Sánchez Cumplido Inspector de Instrucción pública de esta provincia y la obra del cronista Nicanor Román de Regoyos sobre El Padre Cobos. Con posterioridad, las publicaciones que se editaron en Cáceres salieron de la Imprenta de Concha y Compañía, destacándose Programa de retórica y poética para los alumnos del segundo periodo de 2ª enseñanza de Luis Sergio Sánchez en 1856.

 

Notas / bibliografía:

 

[1] Las referencias bibliográficas de estas obras se pueden ver en la Biblioteca Digital Hispánica, http://bdh-rd.bne.es/, y en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, http://www.cervantesvirtual.com/.

[2] SÁNCHEZ DE LA CALLE, José Antonio y LEONATO GONZÁLEZ, M. Rosario. “Historia de la Imprenta en Plasencia (finales del siglo XVIII a principios del XXI)”. Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 2004, http://www.chdetrujillo.com/historia-de-la-imprenta-en-plasencia-finales-del-siglo-xviii-a-principios-del-xxi/.

[3] VALLADARES REGUERO, Aurelio. “Luis Pacheco Narváez: apuntes bio-bibliográfi­cos”, Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, 173, 1999, p. 557.

[4] LAGUNA FERNÁNDEZ, Juan I. “Luis Pacheco de Narváez: Unos comentarios a la vida y escritos del campeón de la corte literaria barroca de Felipe III y Felipe IV, y su supuesta relación con el Tribunal de la justa venganza contra Francisco de Quevedo”. Lemir 20, 2016, p. 248.

[5] Las obras editadas en Cáceres y referenciadas en este trabajo se han obtenido de la catalogación de la Biblioteca Nacional de España, http://catalogo.bne.es/.

[6] FERNÁNEZ-SANGUINO FERNÁNDEZ, Julio. “Poemas en el periódico manuscrito Asociación de Cáceres en 1813”. Revista científica, literaria y artística del Ateneo de Cáceres. Nº. 19, diciembre 2018, pp. 20 a 23.

[7] JIMÉNEZ BERROCAL, Fernando, cronis­ta oficial de Cáceres. “La Imprenta, el primer periódico impreso fue el Semanario Patriótico de la Provincia de Cáceres, en 1822”, http://www.cronistasoficiales.com/?p=3017.

[8] El Universal, 25-11-1822; Nuevo diario de Madrid, 14-2-1823; Diario de la capital, 11-4-1823 y Diario de Madrid, 29-4-1824, respetivamente. Biblioteca Nacional de España, http://bne.es/ (En adelante BNE).

[9] Diario de avisos de Madrid, 11-11-1825. BNE.

[10] Boletín Oficial de Zamora, 19-10-1833. Biblioteca Virtual de Prensa Histórica, http://prensahistorica.mcu.es/ (En adelante BVPH).

[11] Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres, año 1834 y siguientes. BVPH.

[12] FERNÁNEZ-SANGUINO FERNÁNDEZ, Julio. “El escritor Nicomedes-Pastor Díaz en el entramado político-financiero de mediados del siglo XIX”. Cuadernos de Historia Moderna y Contemporánea, Vol. 39 (2017), Universidad Complutense de Madrid, p. 133.

[13] Boletín de la Agencia de Cáceres, Nº 1, 3-7-1844. Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres, Nº 123, 14-10-1846, y Nº 2, 2-1-1848. BVPH.

 

Apéndice fotográfico

Fig. 1: José Alonso Quintanilla. Discurso inaugural…  Cáceres: Imprenta de Don Miguel de Burgos, 1822.

Fig. 2: BOEP de Cáceres, 21-1-1835, Imprenta de Don Lucas de Burgos, 1935.

Fig. 3: La cuestión electoral… Imprenta de Don Lucas de Burgos, 1939.

Fig. 4: BO de Cáceres, 14-10-1846, Imprenta de la Viuda de Burgos, 1946.

 

Nov 162021
 

Juan Carlos Fernández Rincón

 

El Santuario de la Virgen de la Montaña está dedicado a la patrona de Cáceres y es uno de los lugares a los que los cacereños tienen mayor devoción. Es tal la importancia que tiene en la ciudad, que calles, instituciones, negocios e incluso personas reciben el nombre de la patrona.

El origen de esta Virgen se encuentra en el siglo XVII, cuando Francisco Paniagua, natural de Casas de Millán, trajo una imagen de esta Virgen a la villa de Cáceres.

Paniagua se asentó como ermitaño en la Sierra de la Mosca y lo que al principio fue una pequeña ermita se convirtió en un santuario al cabo de unos años, con la ayuda inestimable del Clérigo D. Sancho de Figueroa y Ocano.

El Obispo Jerónimo Ruiz Camargo bendijo el Santuario en 1626 y en 1635 se fundó la Cofradía de la Virgen de la Montaña. Otras fechas importantes son: En 1906 se declaró a la Virgen de la Montaña patrona de la ciudad de Cáceres y el 12 de octubre de 1924, fue coronada.

Como ya se habrán podido imaginar, la patrona de Cáceres recibe este nombre por el lugar en el que permanece.

Se trata de un Santuario construido en el siglo XVIII, de estilo barroco en su interior y con una sola nave con capillas laterales con imágenes de Santa Ana y del Cristo de la Salud.

El retablo principal es de estilo churrigueresco y acoge la imagen de la Virgen de la Montaña, que data del siglo XVII y es una policromía sobre madera de nogal que representa a la Virgen con el Niño en su brazo izquierdo.

Cabe destacar que el santuario tiene uno de los mejores miradores desde el que se puede ver toda la ciudad de Cáceres, casi como si estuvieras mirando por la ventana de un avión.

Aunque a lo largo de la historia se ha bajado a la Virgen a Cáceres en momentos de mucha necesidad, como sequías, guerras o enfermedades, en 1928 se creó el Novenario de la Virgen de la Montaña, por el que la Virgen estaría durante 9 días en la ciudad.

La Bajada de la Virgen de la Montaña es la fiesta más importante en su honor. Se baja en procesión con la Real Cofradía de la Santísima Virgen de la Montaña 11 días antes y se vuelve a subir después del Novenario en la Concatedral de Santa María.

Además, cabe destacar que la actual Virgen de la Montaña no es la misma que la que trajo a Cáceres Francisco de Paniagua, pues se encargó una nueva talla y la original se encuentra en el Convento de San Pablo, aunque no está totalmente documentado.

 

Pero para el estudio de su Historiografía nos basamos en las aportaciones documentales y los estudios realizados por el Profesor Floriano Cumbreño por los años sesenta que reproduzco y amplio a continuación:

Consultando los protocolos de los escribanos cacereños que dieron fe en el siglo XVII, y especialmente, por las fechas críticas en que nacía, se desarrollaba, y se instalaba firmemente en los corazones de los habitantes de la vieja villa la devoción a la Virgen de la Montaña, se encuentran noticias que vienen, en algún modo a esclarecer o ilustrar determinados aspectos, que, más o menos directamente se relacionan con la venerada Patrona de Cáceres, desde el punto de vista del interés histórico.

He encontrado infinidad de noticias de este acontecimiento, que, si bien pudieran carecer de verdadera trascendencia histórica, no pueden ser de todo indiferentes para los devotos de la Virgen, que son, por decirlo de alguna manera, todos los que hayan bebido agua de la fuente del Concejo, o hayan subido alguna vez a la Sierra de la Mosca.

El tranquilo ambiente en que transcurría la vida de nuestra villa durante los siglos XVI y XVII, en la que las relaciones sociales, jurídicas y económicas, se reflejaban en los protocolos notariales sin apenas particularidades dignas de mención como materia histórica, de no aprovecharlas en monografías muy del momento o pequeños artículos. Para encontrar algo nuevo y serio, hacía preciso armarse de una gran paciencia para bucear entre esos venerables legajos, de letra endiablada, algunos en muy mal estado que no permitían su hojeo normal. He podido sacar gran cantidad de artículos, pequeñas biografías, que a veces puedo afirmar, que aquellas personas me son más familiares que mis vecinos o catovis que trato casi a diario.

En este trabajo, para no extenderme mucho, no querría aportar muchos documentos de los que gran cantidad tengo relacionados, a veces de escasa fortuna literaria, si no que me referiré a los autores que han hecho un estudio más amplio, como puede ser en una publicación que lo que pretendieron en su momento es dar una intención más o menos preponderante de historificación a sus trabajos monográficos con tan excelsa protagonista. Por todo ello quedan liberados de este trabajo tantos impresos en forma de artículos o trabajos periodísticos, folletos, sermones, obras poéticas, discursos, etc., en los que siempre se puede encontrar, bajo un aspecto, un poco, o más de un poco, de sustancia histórica, y, en el mismo un dato historiográfico, que a veces es difícil de no comentar a lo largo de estas líneas.

Creo que, la bibliografía histórica de la Virgen de la Montaña es tan escueta como escasa; sus deficiencias, sus valores, sus particularidades, sus características y las incidencias de un proceso historiográfico, son lo normales y corrientes en esta clase de obras. Aún más se agrava el caso, cuando apenas pueden citarse Cinco obras o monografías que merezcan la calificación de especialmente históricas. Aunque también puedo decirles que de esas cinco, podría sobrar alguna, como luego veremos.

Alguien puede pensar que la Virgen de la Montaña no está suficientemente historiada, pero lo está y no insuficientemente, debiendo considerar al hacer esa afirmación la proximidad cronológica de los hechos que dieron lugar a la introducción de su culto, Imagen y devoción; y, no menos, la sencilla y perfecta conjunción, que tuvo lugar entre la intervención puramente providencial de ciertos hechos y circunstancias, captables nada más para el historiador, teólogo, o persona de grandes creencias religiosas.

Es lógico y natural que, en el orden de historias de esta naturaleza, se anteponga el sentimiento religioso a cualquier otro motivo activo de realización, ya que sería inconcebible que los principios históricos de un fervor de tal carácter no tuvieran una íntima conexión con estos principios, como guardando una imprescindible relación de causa efecto.

Después de alguna consideración hacen pensar en las causas por las que en el proceso histórico relativo a nuestra Patrona existe en su iniciación un largo retraso en cuanto a los conocimientos de ésta, aunque, claro es, solo se puede echar de menos una circunstancia o una pormenorización de los hechos que, naturalmente, no empañan, el esplendor de la causa providencial, de presencia de la Virgen, pues sin Ella no hubiera habido historia.

Este retrato de conocimientos históricos que, sobre la Virgen de la Montaña sufrieron, quizás no los primeros devotos, pues los pudieron alcanzar por experiencia propia, sino las inmediatamente siguientes generaciones, no afectó al curso triunfal de la propagación del sentimiento de amo a la futura Patrona. Por otra parte, ya se comprenderá que no les era precisa a nuestros antepasados, en esos primeros tiempos, otra ciencia que la infusa.

La bibliografía histórica de la Virgen de la Montaña con algo así como una prehistoria, que en verdad no empieza en el principio de los tiempos, a los que esta puede llegar… teóricamente a condición de emplear a fondo y a ultranza la fantasía y la imaginación, pero guarda una remota analogía con ella en cuanto es difícilmente captable, con rigor cronométrico las precisiones que señalen y vayan jalonando los primeros tiempos de esta devoción, en su aspecto histórico, bajo una especie de estudio con fondo de arqueología moral.

Refiriéndome no a la historia, sino a la bibliografía de ésta. Entendiendo que lo primero que podemos encontrar en esta historiografía es una ingenua literatura religiosa en la que se pone alas a una enfervorizada fantasía, un piadoso espíritu mariano, intuyendo una cierta correlación entre la Virgen como madre de Dios y la sobrenaturalidad de otra realidad que en este caso podríamos considerar mediata.

A la Virgen María, así a secas, le puede, incluso sobrar su historia temporal, pero bajo una advocación particular e histórica, con su presencia iconográfica, con su particularización onomástica, y tan realista también, además de su carácter toponímico, se hace casi necesario rodear su presencia, tan concreta y perfilada para nuestros sentidos, de una ciencia y una experiencia cuyos valores nos edifique la historia real y humana de este acontecimiento permanente, trascendental y continuamente renovado y actualizado.

Es verdad que una presencia divina no necesita de justificaciones históricas, pero, también es verdad que, estas contribuyen a comprender y explicar, aquel milagro sucedido con presencia humana para los más curiosos o exigentes devotos y al propio tiempo para los más resabiados o escépticos, que exigen evidencias más comprobables para sentimientos de menor alcance.

Hay alguno de estos cinco autores de los que hablaremos a continuación que considera la aparición de la Virgen como algo milagroso, cuando no fue así. La Patrona cacereña, vino a nosotros por causas normales (teniendo también en cuenta, el profundo espíritu religioso de la época), su estimación histórica no necesita alcanzar categoría de extraordinaria o excepcional, puesto que la categoría y la anécdota, estaban puramente fundidas, pero es bien sabido y puede también suponerse, que este caso no afecta a la existencia de un milagro imperceptible; milagro en el sentido de una Voluntad Divina; imperceptible quizás, solo ante la conciencia histórica, pero no ante el sencillo pensamiento religioso.

Nada de milagroso puede señalarse entre la serie de hechos y acontecimientos todos humildes y humanos para el historiador, que recogió los amores de los cacereños a su Patrona. Pero, si acertamos a desprendernos de prejuicios, no habrá de ser difícil dar una parte a la sensibilidad, al espíritu, a la intuición, para descubrir que sí, esos hechos en fila, constituyen o pueden constituir una historia, incluso una gesta, todos en la más sencilla y hasta ingenua síntesis, pueden denunciarnos la presencia de un milagro, aunque haya que tener en cuenta que a este lo define la iglesia, lo discurre el teólogo, lo presiente el místico y los sospecha vehemente el hombre y la mujer creyente, cualquiera que sea el grado de su fe o el poder de sus percepciones.

Podríamos considerar lo dicho hasta ahora como unas consideraciones preliminares, a lo mejor sin llegar a entenderme por el lector, pero lo que he pretendido es intentar explicar el corto proceso historiográfico a efectos de mejor entender a las cinco personas que escribieron y profundizaron en el nacimiento del culto a la Virgen de la Montaña y aportaron algún libro o panfleto de más o menos extensión.

También decir o contar que, hoy es fácil de apreciar con toda claridad que la Virgen de la Montaña tiene sus orígenes en claros testimonios históricos; es decir, humanos de los que sería difícil prescindir, a no ser, que se cuente con el auxilio de la gracia, que algún autor lo contempla, porque esos testimonios descansan, antes que, en conceptos históricos, en hechos pertenecientes a una realidad bien conocida y contrastada, la que luego de transcurrida, se hizo tradición.

El proceso historiográfico seguido con la Virgen de la Montaña, en cuanto hace relación a los orígenes de su culto y de su Imagen, se corresponde con la infinidad de procesos semejantes, que se dan en la católica y marianista España de la época.

No es pues, una excepción cuanto ocurre y ocurrió en el trayecto y recorrido, con sus incidencias de la versión histórica de esa Imagen, desde el momento que tiene su principio, no en Ella misma, sino en la fe robusta y sencilla de un hombre hipersensibilizado, como fue Francisco de Paniagua, tal que lo hechos que le sucedieron, e inmediatamente después de él, son como vemos hoy a través de los últimos historiadores, claros y evidentes e incapaces de suscitar problemas de orden moral.

No se podrían aducir muchos datos concretos sobre la existencia de un largo periodo ante-histórico o prehistórico durante el cual el buen pueblo cacereño se satisfizo con la real presencia de la Imagen envuelta en las brumas del misterio religioso. Esto le bastaba y no existía ni curiosidad ni necesidad de que alguien lo descifrase, descorriendo el velo para que entrara la luz de la historia.

No importa la falta de noticias concretas de que adolecieron nuestros antepasados de varias generaciones, y digo de varias generaciones, porque se suman los dos últimos tercios del siglo XVII y los primeros del siglo XVIII, como luego veremos.

Un primer historiador que no conforman los cinco a los que me he referido al principio de estas páginas es D. Juan Rodríguez de Molina, de familia conocidísima, acomodada y muy prolífica en prestigios a escala local, que se mantuvo en el apogeo, precisamente a través de los siglos XVII y XVIII. Respetables clérigos, abogados del Consejo de SM, escribanos del ayuntamiento, familiares del Santo Oficio etc…

He aquí lo que dice sobre el origen iconográfico de la Patrona de Cáceres en un manuscrito cuyo título es La Historia descriptiva de la Villa de Cáceres y que dice entre otras cosas lo siguiente: “La tradición está variada en las noticias, afirmando unas su aparición, o Hallazgo, en aquella enriscada cumbre; y asegurando otras, fue trahida la preciosa Efigie por un Peregrino, que con limosnas dio principio a la Hermita.” (Revista Extremadura X, 339); a cuyo texto resulta oportuno agregar que al referirse en la misma página al Santuario y Camarín comenta: “… de la primorosa y pulida construcción, con hospedería capaz y habitación separada para el Hermitaño.”. De aquí, profundizando podemos asegurar que él no es el autor de estas afirmaciones, ya que el Licenciado Juan Rodríguez de Molina no pudo conocer esas construcciones en el Santuario de la Virgen de la Montaña, parecen hablar de 1760 y no de 1660.

Esta historia descriptiva es, indudablemente valiosa, al objeto de afirmar los primeros sentimientos del pueblo con respecto a su Virgen, que eran puramente religiosos, sin preocupaciones mediatizadoras o inquietudes de otro orden y resulta aún más valioso porque es difícil aportar otros ejemplos y precisamente de personas de acreditada ilustración a las que no se le puede negar por las noticias que de ellas conocemos que pudiesen ver, sospechar o presentir entre contemplaciones, adoraciones y rezos a su Patrona ciertas perspectivas históricas que completasen o perfeccionasen los alcances de un grandioso hecho que rebosaba por todas partes, irradiando al infinito.

Pero, de todas maneras, ya muy superado ese periodo y esa inquietud, a que me he referido, todavía seguía flotando en el ambiente una vaga y piadosa tradición alrededor de la Virgen. Y, como ejemplo de ello, pueden citarse las palabras del fraile exclaustrado D. Zoilo Congregado, que hacia mediados del siglo XIX se expresaba así en la fiesta de la Virgen: “Hace dos siglos y medio que apareció la Santísima Virgen de la Montaña en este valeroso peñascal…”, lo cuenta Publio Hurtado en su Ayuntamiento y Familias cacerenses.

CINCO HISTORIAS DE LA VIRGEN

Son cinco las obras que, adoptando la forma monográfica y con designio historiográfico, tratan de la Virgen de la Montaña y fueron impresas, que es el tema del trabajo, o por lo menos yo no conozco más. Aunque en algún momento he comentado que podría reducirse su número, sin resentirse la dedicación de tantos eruditos y no eruditos, a tratar este tema, aunque no en Monografías o libros escritos.

Pero, así como sería raro que un asunto tan local y tan cercano para los cacereños, surgiese una desconocida obra impresa, o existiese algún manuscrito, y refiriéndome a esto últimos puede citarse un caso de la mayor excepción, pues supongo que estará en poder de los herederos de Publio Hurtado un trabajo de esta clase, cuyo autor fue un abuelo de éste, según la siguiente mención en su monumental obra de Ayuntamiento y Familias cacerenses ya comentada, en la página 440. Se refiere su ilustre nieto a D. Ignacio Rodríguez Hurtado y Grande de Vega y por ella nos enteramos que escribió una historia o reseña referente al Santuario y Hermandad de la Virgen de la Montaña, de cuya cofradía fue Mayordomo, diciendo textualmente de dicha historia: “yo la conservo inédita entre mis papeles”. D. Ignacio R. Hurtado vivió por la mitad del siglo XIX, aunque lo rebasó ampliamente, pues en 1860 y siguientes desempeñaba cierto cargo. Fue padre del gran escritor, dramaturgo y poeta Antonio Hurtado.

A partir de ahora, con la concisión que me sea posible, voy a referirme a cada una de esas cinco historias o monografías, escritas e impresas alrededor de nuestra Patrona.

También, me gustaría saber hacerles entender, que todas se mueven en un estrecho campo y resulta variada en cuanto a criterios, conceptos y métodos, en sus valores de síntesis, como en los de mera exposición. Es natural que así sea, no solo por los motivos específicos que ofrece el tema, sino también porque el ciclo historiográfico se inicia en 1732 y termina aproximadamente por 1950, ampliable a nuestros días como veremos al final, pero en esos dos siglos largos, era natural que la trayectoria de desarrollo sufriese las deviaciones de las nuevas perspectivas que sucedían a cada nueva publicación, y, ello sin contar las influencias y experiencias que alguna vez aportaron y, más aún aportaran, autores meros aficionados pero muy preparados universitariamente.

Estos cinco historiadores de nuestra Virgen de la Montaña con sus obras son los siguientes:

1.- Aparición y Devoto Novenario de Nuestra Señora de la Montaña, escrita en Salamanca por un devoto de S. M.  D. Eugenio García Honorato en 1732.

2.- Breve noticia del Origen del Santuario de la milagrosísima Imagen, que con el título de la Montaña se venera extra-muros de la M. N. y L. Villa de Cáceres, provincia de Extremadura, escrita por D. Simón Benito Boxoyo, Presbítero, natural de la misma Villa, Diputado Eclesiástico de su Cofradía, en el año 1784. Con licencia en Salamanca.

3.- La Virgen de la Montaña, escrita por D. Juan Daza Malato de Cáceres. Imprenta de la Viuda de Burgos en 1854.

4.- Historia documentada del Santuario e Imagen de Nuestra Señora de la Montaña, Patrona de la ciudad de Cáceres, escrita por Fray Ángel Ortega, O. F. M. Impresa por Luciano Jiménez Merino. Portal Llano 19 de Cáceres en 1924.

5.- Historia del culto y del Santuario de Nuestra Señora de la Montaña, Patrona de Cáceres, escrita por D. Miguel A. Ortí Belmonte, Correspondiente de las Reales Academias de la Historia y Bellas Artes de San Fernando y Hermano de la Cofradía. Dos volúmenes en 4º menor de 268 y 240 páginas, más índices, editados por la Diputación Provincial de Cáceres, Servicios Culturales en 1949 1950, y que contiene fotograbados. Hoy los conserva la Cofradía varios ejemplares en un solo volumen.

Al final comentaremos, sin extendernos mucho, alguna más de las mencionadas.

1º.- LA HISTORIA DEL DEVOTO DE S. M. por EUGENIO GARCÍA HONORATO

Esta obra la traigo a este trabajo sin haberle echado una ojeada, sino ignorando que haya otra referencia, que la cortísima que le dedica Boxoyo que citaré, y eso que el mismo Boxoyo explica que una de las razones de su obra era la necesidad de salir al paso de las erróneas afirmaciones del Devoto y rectificárselas para que no engendren confusión.

Se trata de un trabajo que tiene muy poco de intencional historificación, pues parece no tener otro objeto que, el de ensalzar la gloria eterna de la Madre de Dios y enfervorizar a sus lectores dirigiendo y centrando sus devociones a esta particular advocación, haciéndoles presentir, que los orígenes de la Virgen de la Montaña no son históricos, puesto que se deben a una causa sobrenatural.

Si entendemos que es así, en realidad Eugenio García Honorato que así se llamaba, no cabe dentro de la serie de historiógrafos de la Virgen, debiendo, por el contrario, tener un lugar más acomodado en ese periodo ante-histórico al que me he referido al principio de este trabajo.

Al Devoto, no se le puede negar que fue el primer autor que rompió el silencio que rodeaba a la Virgen de la Montaña. Hablamos siempre de letra impresa, pues la manuscrita se llevaban ya más de cien años usándola en documentos de la Cofradía y en instrumentos públicos, si bien ante la indiferencia y falta de curiosidad por lo que de valor histórico podía tener. Cuando escribió su obra en 1732, el medio ambiente no estaba en condiciones de exigir una particularización en los aspectos de examen que ofrecía la Virgen: sus orígenes, sus introductores, su Imagen, su ermita, su Cofradía, etc. La consideraba indivisible, bajo todos los puntos de vista, incluidos, como es natural, los de orden temporal e histórico.

El texto de Boxoyo por el que nos ha llegado el conocimiento de esta obra es, tan corto como severo, y se encuentra en su Breve noticia del Origen del Santuario… relacionada ya anteriormente. Ésta la escribió medio siglo después de imprimir la suya el Devoto, es decir en 1884, y nos dice que uno de los estímulos para escribirla la de haber visto correr en manos de muchos cacereños y cacereñas, un librito impreso en Salamanca, en 1732, con su título Aparición y devoto Novenario de Nuestra Señora la de la Montaña, escrito por un devoto de S. M. sin declarar su nombre. Agrega que advirtió muchas contradicciones, con los documentos de la Cofradía, y que no está en su ánimo impugnar el librito, ni decir cosa alguna contra la persona devota que haya sido su autor, antes bien, le alaba el celo y el deseo de mayor culto de Nuestra Señora, debiendo creer que solo escribió por noticias vagas e infundadas, sin consultar ningún documento de la Cofradía, que seguro ésta le hubiera proporcionado.

Boxoyo le echa encima la falta de una documentación que, él mismo, (era a la sazón, como hace constar en la portada de su libro Breve noticia…, Diputado Eclesiástico y Archivero de la Cofradía, pues, cabe recordar que fue archivero de todas las Cofradías a las que perteneció) tenía a su cargo. Aunque también debemos reconocer que, cuando escribió su obra el Devoto en 1732, el archivo de la Cofradía, seguro que, no existía o era solo un cúmulo de papeles amontonados sin orden ni concierto.

Leyendo el título de la obra, Aparición y Devoto Novenario…, cuyo término parece envolver, o de encontrarse en forma implícita, algún sucedido prodigioso, más menos explicado en la obra, simplemente supuesto a priori.

De todas formas, no debemos entrar más a fondo, pues como he dicho antes, es una obra a la que conocemos tan solo por su título y por un breve juicio de Boxoyo. Estas dos bases son importantes, pero solo pueden orientar hacia una pista segura, aunque sin posible concreción. El Devoto además de carecer de documentos, también carecía de intuición para buscarlos. No se acordó de ellos porque más bien fue llevado de un impulso hacia una finalidad más noble: la extender una devoción que cada vez se arraigaba más en la Villa cacereña, concentrando esta devoción por medio de su individualización en la Imagen de María de la Montaña, contribuyendo a que su trabajo perdurase y se extendiese por la espiritualidad cacereña.

2º.- BREVE NOTICIA DEL ORIGEN DEL SANTUARIO DE LA MILAGROSÍSIMA IMAGEN, CON EL TÍTULO DE LA MONTAÑA SE VENERA EXTRA-MUROS DE LA M. N. y L. VILLA DE CÁCERES, PROVINCIA DE EXTREMADURA,  por SIMÓN BENITO BOXOYO

Por las consideraciones precedentes, puede tenerse a este ilustrado sacerdote, a quien tanto debe la historia de Cáceres, como el primer historiador de la Virgen de la Montaña. En su breve trabajo se encuentran las fuentes básicas de las historias subsiguientes, y potencialmente los datos que dejo de sumar a su obra, por razones de espacio, e impresión tan minúscula, por lo que fueron dados como inéditos por sus sucesores, pues en su sentido literal lo eran. Con ello, pudieron amplificar justamente y desarrollar aquel fundamental embrión que el buen clérigo les facilitó con su instinto de historiador, que éstos aplicando criterios más modernos en exposición y valoración aprovecharon bien y fielmente hasta el mismo límite que permitían los modestos hechos históricos, que terminaron siendo una verdadera historia en valoración literaria.

Nadie podrá quitarle la gloria a Boxoyo de ser el primero en acarrear materiales de autenticidad indiscutible para iniciar la historiografía de la Virgen de la Montaña, representados en la documentación de un archivo, que, hasta él, nadie consideró como una fuente de conocimiento, no ya única, sino decisiva, para establecer, relacionar, calibrar y ordenar los hechos fundamentales de una historia que se vivía en su máximo apogeo, en aquel momento.

La inclinación que siempre observó Boxoyo hacia la indagación histórica, le hizo sopesar, los pocos legajos que entonces existían en la Cofradía y al punto supo captar el valor informativo que ofrecían y el valioso servicio que podrían prestar para hacer luz sobre los orígenes de la devoción, de su Imagen, de la ermita y actual Santuario; noticias que solo andaban por la insegura memoria de algunos devotos, ya probablemente deformadas por el uso y abuso e tan deficiente vehículo como es el de la transmisión verbal.

Pero a la distancia de siglo y medio de los sudores y trabajos de Francisco de Paniagua y de los sinsabores amarguras de D. Sancho de Figueroa y Ocano, la Imagen, el Culto y la Devoción, se mostraban esplendorosos ante la plácida y magnifica realidad que contemplaba Boxoyo como piadoso sacerdote y analista enamorado de su pueblo.

El libro “La Breve Noticia…”, pues vino más que a sustituir una deficiencia de este proceso historiográfico, a iniciar una trayectoria, que, ni las historias que le siguieron, ni las que se escribirían después, serán capaces de desviar, pues el encauzamiento que les dio, precisamente por no tener nada de original ni casi personal, en cuanto a efectos de su propio concepto, es lógico que resulte difícil de rectificar. Es verdad que su trabajo carece de un sentido moderno, de actualidad conceptual, y de un sistema metódico. No solo en los años que escribió hubieran admitido rigores y disciplinas todavía no usados, pero también si lo hubiera intentado, no había encontrado campo donde emplearlos, dada la brevedad extraordinaria de su historia; tan breve que, recuerda una miniatura literaria, constituyendo, incluso, una admirable síntesis, que cubre y justifica todos los defectos, ausencias y carencias, y que la hace al propio tiempo compacta y esquemática. El hecho es que Boxoyo cumplió el pronóstico que se hizo al escribirlo y que siendo nuevo todo lo que dejó en ella e inéditos todos los documentos en que basó el contenido de su trabajo, aportó a la Historia de la Virgen de la Montaña más que los que le siguieron, ya que el verdadero interés de su librito está en la extraordinaria luz que hizo de una vez, con la mera alusión a las fuentes históricas.

La importancia de la obrita de Boxoyo radica en que sus defectos se dejaron sentir y dieron frutos de modo inmediato, con lo que quedó establecida esa línea historiográfica de la que será muy difícil que algún autor se pueda separar.

Una de las valoraciones que también podríamos hacer de su obra, es el caso en que el archivo de la Cofradía, podría sufrir algún extravío o destrucción, como tantos otros de instituciones religiosas de cualquier ciudad, por alguna circunstancia, que podríamos considerar como fortuitas. Y, en caso de dispersión o desaparición. ¿Cómo podría haberse puesto en pie, el tema histórico de la Virgen de la Montaña, al menos con el orden y perfección con que hoy se nos muestra…?

3º.- LA VIRGEN DE LA MONTAÑA, por JOSÉ DAZA MALATO

Nada menos de setenta años, transcurrieron desde la impresión del luminoso volumen del clérigo Boxoyo hasta la publicación de la Virgen de la Montaña, debida a D. Juan Daza Malato, en 1854. Les confieso que no he visto ningún ejemplar de esta obra, igualmente parca, aunque de ella, lo ha reflejado la revista El Santuario de la Montaña, que editaba la Cofradía y que reprodujo, en varios de sus números.

¿Pero quién fue Daza Malato? Los cacereños aficionados a la historia de Cáceres habrán leído u oído hablar de este apellido asociado a un topónimo urbano: La Botica de Daza, que estaba en la calle Pintores. Y digo como topónimo, porque en realidad, la inmensa mayoría de las veces se empleaba como punto de referencia topográfica: junto a la botica e Daza, cerca de la botica de…, al pasar por la botica de…, frente a la botica de…. La botica parecía de miniatura, por lo pequeña, y el boticario, siempre sentado en su puerta tras el umbral, era un vejete carrilludo, de ojos un poco saltones. Estamos hablando de principios del siglo XX.

Este buen anciano era hijo del autor de La Virgen de la Montaña, Juan Daza Malato, que fue impresa en 1854. Obra tan breve de extensión como la de su antecesor Boxoyo, ya comentada, pues, aunque tenía 128 páginas, tipo octavilla, una parte del librito se la lleva un Álbum poético de varios autores, además de la Novena, con lo que dejan bastante reducido el texto histórico. Al final de este trabajo y fuera de estos cinco libros comentaré alguno parecido editado a finales del siglo XX. Una de las críticas que se le hicieron en su momento a Daza es que, se metió en intrincadas reflexiones buscando imposibles paralelismos entre la aparición de Nuestra Señora de Guadalupe y la de la Montaña.

Daza no era, indudablemente, un historiador, al menos un historiador con vocación. Yo diría que un aficionado a la historia, siempre que se entienda ésta, no como una particular atracción, sino como una curiosidad universal que se apodera de todo trabajador intelectual, y que no es, profesional de disciplina alguna. Su principal faceta la constituyó el periodismo. Hojeando periódico que fundó,“El Regenerador Extremeño” cuyo primer número tiene la fecha de 30 de noviembre de 1852, que fue semanario hasta el número 63, correspondiente al 5 de julio de 1853 y desde aquí bisemanario de martes y sábados, pueden apreciarse sus dotes de periodista, hasta con cierto sentido moderno, instintos publicitarios, discretas concesiones al interés de los lectores, fácil calibración de los valores noticiosos… en una palabra: era un importante periodista, a lo mejor el más importante de la época, y no porque fuera el único sino por sus condiciones propias; y sus méritos suben aún más si se tiene en cuenta los elementos y circunstancias de la época y la parcela donde desarrolló su corta pero densa actividad periodística.

Parece no faltarles cierto sentido comercial a sus escritos, dirigido, claro es, por criterios personales, cosa natural, pues sin aspiración inteligente ni inquietud, su existencia nos sería ahora desconocida. Y quiero referirme, sino fuera debida a esta condición de sagacidad periodística, la sospecha, intuición o adivinación que se le ofrecía a su relativamente fácil pluma, para sustituir el librito y novena de Boxoyo, sin duda agotado en esas fechas, aparte de su álbum poético de varios autores, poco tenía que escribir para quien, como él, no pensó en historiar porque esta parte la tenía resuelta con la obrita de Boxoyo.

De todos modos, si poco se puede estimar en esta historia de Daza, por falta de aportaciones de algún valor, subjetivo u objetivo, hay que valorarla e incluirla en esta Historiografía de la Virgen como una publicación que si, reiterativa, sirvió, sin embargo, para llenar un ya largo transcurso de tiempo desde la Breve Noticia de Boxoyo evitando un vacío en la Historia de la Virgen de la Montaña.

El librito de Daza, por esta razón, debió ser bien y prontamente acogido por los cacereños y quizás el éxito principal lo viesen sus convecinos, más que en el asunto principal, en la necesidad práctica de la Novena, agotada la anteriormente publicada, y, en la literatura poética, tema de especial interés para aquella sociedad de 1850. Todo ello hacía que su obra tuviese en su variedad una especie de designio para captar adquirientes, o lo que es lo mismo, lectores y usuarios, viéndose en este detalle ese sentido periodístico que hay que reconocerle y tomarle en consideración ante su soledad profesional, la escasa tradición de esta actividad en la villa de Cáceres, aunque pronto si hubo una prensa apasionada, romántica, polemista y numerosa; y sobre todo grandes y agiles profesionales del periodismo, bien entrado el siglo XX.

Hay algún detalle en la personalidad de Daza que parece viene a confirmar, de que el librito que dedicó a la Virgen de la Montaña era para su captación de lectores y apoyo a su vena de político que iniciaba, pues no era un hombre de condición piadosa absorbente.

Y por si fueran pocas las facetas de su personalidad, todavía se pueden citar, la de geógrafo, pues fue autor de una “Cartilla geográfica-estadística de Extremadura”, que la imprimió Daza también en la Imprenta de Burgos e Hijos, en 1854. También se le reconoce autor de un pequeño libro sobre “El Ferrocarril hispano-lusitano y la provincia de Cáceres”, editado en 1856 por la misma imprenta.

Publio Hurtado dijo de él, que era bibliotecario y escritor. Dice que vino a Cáceres el año 1852, procedente de su pueblo Valencia de Alcántara. Fue nombrado Encargado de la Biblioteca Provincial.

Como resumen puede asegurarse que Juan Daza no puede considerarse como un verdadero escritor de la Virgen de la Montaña, aunque, por otra parte, resulte dignamente mencionable en cualquier biografía de la Patrona cacereña. En su obra no se encuentra nota alguna personal que no sea de un tono gris y que alterna entre dos matices muy pocos diferenciados: entre lo mediocre y lo discreto.

Careció de conceptos formados en cuanto a discriminación de los valores históricos, cuando tan fácil le hubiera sido pesarlos y considerarlos, de haber tenido en cuenta la pequeña y a la vez gran obra de Boxoyo, que parecía señalarle con el dedo, el lugar de las auténticas fuentes y textos para ilustrar su historia de la Virgen de la Montaña, de su Sagrada Imagen, de su Culto, de su Santuario y de sus verdaderos entronizadores Paniagua y Sancho de Figueroa, aunque si les soy sincero, si vino a cumplir un cometido historiográfico y a resolver momentáneamente una situación de larga crisis en el proceso bibliográfico-histórico de la Virgen de la Montaña.

4.- HISTORIA DOCUMENTADA DEL SANTUARIO E IMAGEN DE NUESTRA SEÑORA DE LA MONTAÑA, PATRONA DE LA CIUDAD DE CÁCERES, por FRAY ANGEL ORTEGA, O.F.M.

El Padre Fr. Ortega, O.M.M., imprimió en 1924 su historia documentada del Santuario e Imagen de Nuestra Señora de la Montaña. Exactamente habían transcurrido desde la Breve Noticia de Boxoyo ciento cuarenta años. En este intervalo de casi siglo y medio, a igual distancia de ambas publicaciones (setenta años), imprime la suya Juan Daza Malato.

La obra del Padre Ortega, es ya una verdadera historia, sin los piadosos rasgos de imaginación de la del Devoto de S.M., nombrado en primer lugar García de Honorato, sin la exagerada contracción de la de Boxoyo y sin la falta de relieves de la de Daza. En su página 71 de su libro, el mismo nos da en pocas líneas un juicio sobre las historias anteriores, reflejando un acertado criterio estético y moderno. De la del Devoto comenta que es un folleto de pocas páginas “y de menos valor histórico, pues demuestra no haber visto ningún documento ni poseer el autor criterio alguno”.

Hace como no podía ser menos, justicia a Boxoyo en su Breve Noticia, y dice que está escrita con la más sana crítica y a la vista de los documentos del Archivo. Agrega que Boxoyo refuta al anterior, y añade algunas más noticias y lo denomina como El Historiador de la Montaña. De la Virgen de la Montaña de Daza, se limita a manifestar que la parte histórica es copia de la de Boxoyo.

El Padre Ortega tiene pocos precedentes (por no decir que carece de ellos) en la historiografía mariana de la Montaña, pero este hecho, que viene a hacer casi forzosa su originalidad, no aminora o desvanece la presencia de una personalidad constituida con caracteres específicos que le hacen estar presente en su historia con alma, vida y corazón.

El Padre Ortega no se limita en su historia a ordenar hechos y documentos, echándoles un poco de retórica y literatura para su hilación y más perfecto ajuste. Antes, al contrario, dejando intactos y subsistentes esas realidades de otrora que llegan a nosotros por vía de conocimientos reflejos, se adelanta a ellas para adentrarse en ese conocimiento y sorprender sus sustentaciones espirituales, las que, indudablemente tiene siempre, aunque nuestra cortedad de alcances no acierte a identificarlas tantas veces.

Esta es la razón de que el Padre Ortega lleve a su historia consideraciones, notas y curiosas noticias, que, sin referirse directamente al tema de su obra, constituye valiosas aportaciones a la historia local, distinguiendo inquietudes, anhelos y preocupaciones, que ayudan a ambientar el tempo histórico en que tuvieron lugar los sucesos relatados.

Claro es que fray Ángel Ortega no era nuevo en estas disciplinas; no era un espontáneo, como Daza, por ejemplo; sino que se trataba de un escritor bien acreditado, y, como es natural, en trabajos relacionados con la religión, y, por lo tanto, le tenían que ser un tanto familiares. Son bien conocidos y apreciados sus trabajos relacionados sobre la Inmaculada Concepción, sobre la tradición concepcionista de Sevilla, sobre el Monasterio de la Rábida y muchos más.

Después de lo comentado de su obra y sus conocimientos siempre profundos, ¿qué dificultades podía tener para él con tan grandes recursos literarios, científicos y de pura inspiración el intento de formalizar una historia de la Virgen de la Montaña? Una historia que por lo demás, se ofrecía tan sencilla de exponer que para ser veraz el historiador solo debía de atender a unos hechos naturales, ingenuos, impregnados en el fuerte y tierno espíritu de religiosidad que dominaba a la España del siglo XVII y a unos normales acontecimientos sucedáneos de aquellos hechos, con las características de la vida y sociedad de aquel tiempo.

Poca dificultad tuvo el Padre Ortega para dar cima a su historia. Es verdad que se encontró, sino del todo desbrozado el camino, si indicado en su escasa longitud, por Boxoyo. Aquí no hay cuestiones que resolver, ni que aclarar dudas, ni interpretaciones por las que optar, pues nuestra Virgen, por muy en el fondo que nos metamos en el intento de agotar su biografía histórica, no presenta aspectos o extremos que necesiten del auxilio de la crítica o una sistemática especial, y si en algún punto lo necesitara sería muy leve e intranscendente.

Aunque también tengo que decir algo en su contra, y es que, pese a su experiencia y preparación historiográfica, no acudió a fecundos registros que ya existían, como los diocesanos o parroquiales, quizás pensando, no con poca razón, pero no toda, que la Historia de la Virgen de la Montaña estaba integra en el archivo de la cofradía y extraordinariamente compendiada en el librito de Boxoyo. Sin embargo, por otro lado, supo aprovechar algunos papeles viejos que tuvo a su alcance, curiosos textos olvidados, apenas manejados o jamás consultados, que ajustó hábilmente a su historia documentada salpicándola de notas eruditas, anecdóticas, ilustrativas, que, al dar verdad a su obra, rompían la monotonía o resaltaban el poco relieve que ofrecía el relato desde el punto de vista histórico.

Por eso y porque su prosa resultaba fácil, espontánea, como hablada, pero no de estilo oratorio, ya que tiene que ver con el sentido retórico y clásico que desemboca en una gran facilidad para la lectura.

Fray Ángel pudo hacer, por sus características morales y temperamentales, su cultura, su experiencia como escritor, una obra grandilocuente, y sin embargo solo quiso hacer una obra histórica, y, efectivamente la hizo; cosa admirable, que envuelve un gesto de renunciación de los apoyos más firmes y seguros con que contaba el autor.

Podemos pensar que fray Ángel, resolvió al leer su obra, una contradicción, que más que contradicción es un contrapunto, el efecto armonioso de concordar lo mejor del alma franciscana, con lo más inteligente de su secundaria vocación de escritos o historiador.

Su trabajo es de una armonía difícilmente de conseguir, además de que no polarizó el sentido de su trabajo en un ardiente documento, reflejo de las inspiraciones de su alma, sentimental, sensible y sensitiva solo abierta al amor divino, y ello fue porque tuvo presente en todo momento la participación del elemento histórico.

En resumen: fray Ángel Ortega no pudo escribir una historia de la Virgen de la Montaña absolutamente objetiva. ¿Cómo lo hubiera hecho un humilde y santo varón franciscano, que parecía una viva representación física y moral del de Asís?… Pero no desdeñó aplicar métodos y técnicas que hacen de su obra, antes que anacrónica, una historia moderna y científica, porque acierta a valorar, no solamente con ese criterio eterno de los hechos y las persona, sino también con ese criterio menos valioso, pero que han de estar presente en obras de esta naturaleza; es decir el criterio histórico, el de la época, el actual o cualquiera de ellos que sirva de punto de relación o unidad de medida y, aún mejor, todos ellos.

5.- HISTORIA DEL CULTO Y DEL SANTUARIO DE NUESTRA SEÑORA DE LA MONTAÑA por MIGUEL A. ORTÍ BELMONTE

Después de una historia de la Virgen de la Montaña como la del Padre Ortega tenía que ser bastante difícil remontarla en el caso de que su sucesor se atuviese poco más o menos, al aprovechamiento de los mismos materiales usados por el anterior. Ortí Belmonte, efectivamente siguió los pasos del anterior, bebió en las mismas fuentes y consultó y reprodujo los mismos textos, relatando los mismos hechos.

Es verdad que tuvo que someterse a esa servidumbre que al historiador impone su antecesor, cuando éste ha tratado su tema con la suficiente inteligencia, ha interpretado los textos con cierto hermetismo y ha desarrollado su trabajo con la amplitud requerida. Solo le quedan al sucesor dos caminos para intentar que prevalezca su obra sobre la anterior, acudir a otras fuentes que le faciliten nuevas noticias y datos que, en algún modo puedan insertarse y hasta influí en el proceso histórico a desarrollar, o prolongar cronológicamente el fenómeno o las consecuencias del fenómeno histórico desarrollado.

El primer camino no lo siguió Ortí y a la fe que pudo hacerlo, quizá porque coincidió con el Padre Ortega en la creencia de que no daba más de sí, desde el punto de vista histórico, la Virgen de la Montaña. Es posible que no le falte razón.

El segundo camino es el que hizo distinguir una obra de otra, haciéndolas distintas, aunque dentro de una misma armadura, puesto que las bases, el alzado y la consistencia de materiales, de la de Ortí son los mismos de la Historia documentada…: Ortí actualizó la historia de la Virgen, es decir la prolongó hasta sus mismos tiempos, al imprimir un segundo volumen con sus trabajos, a no dudar, interesantes y algunos bienes valiosos, constituidos por discursos, descripciones, poesías y acontecimientos importantes relacionados con el culto a la Patrona de Cáceres, todo ello, indudablemente de valor histórico, pero cuya sustancia todavía era inmadura, para verlos desde una historia de la Virgen con la perspectiva histórica; es decir, con el sabor, la solera y la noble pátina que comunica el tiempo a cosas y personas dándoles esa consideración que tiene unos límites imprecisos pero que todos fijamos sin previas nociones, ni medidas ni convencionalismos.

No sería cosa de enfrentar a Ortega y Ortí, porque entre otras razones, no se encontrarían motivos para ello. Por comparar creyeron que una articulación más minuciosa a sus obras, no las mejoraba o perfeccionaba, sin embargo, la diferencia de aspectos ambientales y de textos aparentemente no relacionados, pero sí de modo indirecto, no fueron muy apreciados por uno y otro historiador, en la creencia que eran sabidos, habían sido adivinados o se descontaban como supuestos.

Estas ausencias no se notan en la obra del Padre Ortega, debido a que su franciscanismo impregnó de trascendencias y de alto sentido a su narración, pero Ortí no podía estar en el mismo caso; su preparación o formación universitaria con su brillante secuela profesional le hicieron derivar su bien experimentada atención en busca de valores de captación documental igualmente ( aunque siempre sin salir demasiado del círculo trazado por Boxoyo), pero valores un tanto originales que necesitaban de apreciados, calibraciones, juicios y atribuciones que, en sus relieves daban y dieron a su obra algunas variantes sobre la de fray Ángel Ortega. Me refiero particularmente a particularidades tangenciales con la historia de la Virgen, que, constituyendo legítimos materiales para ella, tienen o pueden tener otros valores independientes al margen de ella. Ortí no podía prescindir de ellos porque constituían por si mismos una parte muy importante de sus estudios específicos: la arqueología y el arte, para lo que ni si quiera era necesario poseer un fino sentido de la valoración actual de los aspectos más íntimamente relacionados con la historia.

Todo ello le permitió aportar a su obra noticias muy interesantes, de carácter tanto histórico como crítico, entre los que entran artistas, estilos y atribuciones, que, aunque no habíamos echado de menos en la obra del Padre Ortega, no desarrolló con las dimensiones y, quizá, con la capacidad, con que Ortí desarrolló este aspecto secundario, pero completamente de la suya. A este efecto, son dignas de notar las páginas que consagra a la obra del Santuario moderno, las intervenciones de diferentes artistas y, más principalmente, por la importancia histórica e intrínseca de su arte, al retablo de la capilla mayor.

Aun suscribiendo por mi parte, todas sus afirmaciones y deducciones, es de reconocer como, sin pretensiones, expone con autoridad académica, juicios muy dignos a tenerlos en cuenta y que, en algunas ocasiones, están por encima de la modestia del extremo trazado.

Tanto el P. Ortega como Ortí Belmonte, exponen opiniones que, algunas son coincidentes, aunque creo que erróneas. Creo suponer, ambos parten para sostenerlas de la documentación extraída del archivo de la Cofradía, en la que, además no está nada clara la cuestión, sino sujeta a una interpretación personal, como es el dualismo de la Iconografía de la Virgen de la Montaña, de la que no ha tratado ningún autor anterior y que ofrece muchas dudas para los estudiosos de este tema. La opinión del profesor Floriano del que he bebido para este trabajo, dice: Que son erróneos muchos de los comentarios e interpretaciones de estos dos autores, en un instrumento increíblemente inédito, y por eso jamás consultado, y comenta que es increíblemente inédito, porque de siempre se conoció de su existencia, fecha del mismo, escribano ante quien se otorgó, y, por lo tanto, lugar donde podía encontrarse. Existe un documento muy importante, que no estimuló si quiera, la intuición de ningún historiador, a pesar de que parecía ofrecérsela a todos, por decirlo así, en bandeja de plata, y lo era, tanto para la historia de la Virgen y sus imágenes como para iluminar un poco la noble pero borroso persona de una de las figuras decisivas de nuestra historia, y , por lo mismo, de toda nuestra historia religiosa, por su intervención trascendental en su culto como Patrona de Cáceres: El Licenciado D. Sancho de Figueroa y Ocano, cuyo testamento fue otorgado en Cáceres ante el escribano Gonzalo de Aldana y Ulloa, el día 6 de julio de 1660, y está citado en su partida de defunción. Y lo más curioso es que el P. Ortega y Ortí, comentan la citada partida en sus historias.

Es una lástima que ninguno de sus autores se decidiese a buscar dicho testamento en el registro indicado. Yo creo que en su momento podría haber habido alguna dificultad para encontrarlo y por eso de esta situación.

De todos modos, y aunque estos comentarios pudieran ser negativos, Ortí enriqueció la Historia de la Virgen de la Montaña, desde ángulos más eruditos y criteriológicos que Fray Ángel, aunque no pudo aumentar mucho el volumen de elementos narrativos que, éste aportó a la suya.

Ortí salió bien airoso de su empeño, cosa no fácil si se tiene en cuenta que los hechos históricos, como tales, carecen de interés propio, para que pueda el historiador emplearse a fondo, bien con su literatura, bien con su técnica, bien con su experiencia y habilidad, en esa lógica inductiva o deductiva, sin a veces resolver los problemas o cuestiones de orden histórico. Todavía supo sacar gran partido de una historia, que apenas era historia, y, a pesar, de los precedentes de Boxoyo, con su síntesis, y del Padre Ortega con su desarrollo, y todo esto, dejando incólume, en todos sentidos la perspectiva histórica, con que desde un principio se mostró la presencia, con todas sus incidencias, de la Virgen de la Montaña, tan asentada y fija como Ella misma, lo está en la cumbre de la Sierra de la Mosca, tan firme como las propias rocas, que sirvieron al bendito Paniagua para hacer su trono a la Madre de Dios.

Ortí cerró, con su Historia del Culto Santuario…, al menos por ahora, el proceso historiográfico de la Virgen de la Montaña, que he intentado analizar con la ayuda del Profesor Floriano en estas líneas, que él mismo publicó en el Periódico Extremadura en los meses de abril, mayo y junio de 1965 en largos artículos, que yo he tratado de resumir y aclarar según la mirada del siglo XXI. También decirles que en su momento la Junta de Gobierno de la que me honro en presidir actualmente como Mayordomo, editó en los años 80 del pasado siglo, esta historia de Ortí en un libro que no es difícil de conseguir hoy día.

Después de lo tratado ha habido infinidad de artículos, y algún que otro libro pero referido a discursos, pregones, poesías, como son los de la foto 9 referido a poesías sobre la Virgen de la Montaña, incluido una de Gabriel y Galán, al que dediqué un trabajo para estos Coloquios el pasado año 2020, escrito por D. Valeriano Gutiérrez Macías, erudito investigador, militar y político del pasado siglo XX.

Aunque también existe otro libro, creo yo, muy importante y más actual, resumen de todos los anteriores editado por la Fundación Mercedes Calles y Carlos Ballesteros, ubicada en el Palacio de los Becerra de la ciudad Monumental de Cáceres, que se realizó con motivo de una gran exposición por la puesta de largo de la citada fundación en 2006, en la que fueron Comisarios de esa exposición, Doña María del Mar Lozano Bartolozzi, Presidenta actual de la Academia de Extremadura, y D. Miguel Rodríguez Cancho, ambos Catedráticos de la Universidad de Extremadura. En el que se recogen: la Devoción histórica a la Virgen de la Montaña, así como la religiosidad popular cacereña; las manifestaciones modernas del culto mariano; la arquitectura del Santuario; el programa iconográfico y ajuar litúrgico del Santuario; la conservación de la memoria; la Montaña y su conjunto sacro; y un Catálogo de las obras seleccionadas para dicha exposición. Es el más completo y moderno estudio sobre la Virgen y su Ermita, realizado por los más eruditos investigadores de la ciudad, siete en total, con las mejores técnicas de reproducción y fotografía y habiendo bebido de las fuentes de Boxoyo, Publio Hurtado y otros, así como el archivo de la Real Cofradía de la Santísima Virgen de la Montaña.     Sería interminable recoger todo lo escrito sobre esta maravillosa historia, tan fácil de creer en ella y también, porque no, de entender, como es El Culto a la Virgen de la Montaña, la construcción de su Santuario, su Ermita, etc…

Apéndice fotográfico

Foto 1.  Santuario Virgen de la Montaña de Cáceres. Propiedad de la Cofradía

Foto 2.  Como ejemplo. Un Libro de Eugenio García de Honorato, (Internet)

Foto 3. Breve noticia del origen del Santuario de la milagrosísima imagen, con el título de la Montaña se venera extramuros de la M. N. y L. villa de Cáceres, provincia de Extremadura.  Por Simón Benito Boxoyo. Propiedad de la Biblioteca de Cáceres

Foto 4.  Periódico “El Regenerador Extremeño, dirigido por D. Juan Daza Malato (Internet)

Foto 5.  El padre fray Ángel Ortega. Foto de Internet

Foto 6. Libro: Historia documentada del Santuario e imagen de Nuestra Señora de la Montaña, patrona de la ciudad de Cáceres, por Fray Ángel Ortega. Biblioteca Rodríguez Moñino de Cáceres.

Foto 7.  Foto de Miguel A. Ortí Belmonte

Foto 8. Historia del culto y del Santuario de Nuestra Señora de la Montaña. Miguel A. Ortí Belmonte, propiedad del autor.

Foto 9.  Algunos Libros sobre distintos autores, entre ellos el de Cantores de la Virgen de la Montaña por D. Valeriano Gutiérrez Macías, todos, propiedad del autor.

Foto 10. Libro editado por la Fundación Mercedes Calles y Carlos Ballesteros en 2006, con motivo de una gran exposición en el Palacio de los Becerra. Libro propiedad del autor

 

 

Nov 152021
 

Francisco Cillán Cillán

Dr. en Filosofía y Letras

Cronista Oficial de Puerto de Sta. Cruz

y de Santa Cruz de la Sierra

E-mail: francisco.cillan41@gmail.com

 

La obra de Francisco Pizarro es contemplada de distintas formas como su actuación personal, por lo que ha recibido calificativos muy diversos, a nuestro parecer algunos llenos de odio e inquina, como “sanguinario”, “carnicero”, “dictador”, “tirano”, “cerdo cruel de Extremadura”,  “que solo buscaba el oro”,  etc. Los que siguen esta tendencia consideran que los conquistadores representan la barbarie y lo inhumano y que la moral de los indios era superior a la de los cristianos de la época de la conquista. Esos principios están aún defendidos incluso por los altos mandatarios del Perú que niegan sistemáticamente los sacrificios cruentos de seres humanos de los incas y sus guerras de exterminio y consideran idílico el mundo que crearon. Lejos están de la realidad, como han demostrado cronistas de la época e incluso actuales, de gran solvencia por sus escritos. Es cierto que hubo una época al comienzo de la conquista, quizá la más oscura y cruenta, en la que Pizarro tuvo que realizar cabalgadas y rancherías bajo las órdenes de sus superiores, que poco tuvieron que ver con el periodo en el que él era gobernador y daba sus órdenes. Pero veamos como sucedieron los hechos en esos primeros veinte años en las Indias Occidentales.

Después de algo más de un años de actividad militar bajo las órdenes del Gran Capitán, Gonzalo Fernández de Córdoba, por las tierras italianas, Francisco Pizarro regresó a Trujillo con la intención de embarcar para las Indias. Algunos consideran que fue en el cuarto viaje de Colón, que salió de Cádiz el 9 de mayo de 1502, cuando emprendió dicho viaje. Así lo asegura el poeta Antonio Ferrer, entre otros historiadores, en la siguiente coplilla puesta en boca del protagonista:

Y de Trujillo, mi patria,

salí solo y miserable

y me trajo al Nuevo Mundo

Colón famoso en sus naves[1].

Sin embargo pensamos que es más acertada la versión de Gonzalo Fernández de Oviedo entre otros cronistas, al afirmar que fue en la expedición dirigida por frey Nicolás de Ovando[2], que el 13 de febrero del 1502 salió del Puerto de Sanlúcar de Barrameda[3], y llegó a “Santo Domingo el 15 de abril de dicho año”. Estaba formada por una flota de treinta y dos navíos y dos mil quinientos españoles, la más importante que se fletó hasta entonces, en ella iba gente perteneciente a los reinos de Castilla y León[4] de diferentes oficios: soldados, funcionarios, religiosos, artesanos e incluso, por primera vez, algunas familias dispuestas a establecerse en el otro lado del Atlántico.

Los primeros años de Pizarro en las Indias quedan reflejados y resumidos en la Real Cédula otorgada por Carlos I para la concesión del escudo de armas, dada en Madrid el 13 de noviembre de 1529, donde se dice que pasó a la Española “veinticinco años atrás poco más o menos” con el comendador de Larez o Lara[5], gobernador que fue de la isla y se halló en su conquista y pacificación. Y de allí pasó con Alonso de Ojeda a Tierra Firme, llamada Castilla del Oro, y como capitán le ayudaste a la pacificación y conquista de mucha parte de ella. Posteriormente con Vasco Núñez de Balboa descubriste el Mar del Sur. Y asimismo ayudaste a nuestro gobernador Pedrarias de Ávila o Dávila[6] a pacificar todos los pueblos cristianos en dicha Tierra Firme con la entrada a Urabá y Darién.

De lo anterior se deduce que Pizarro estuvo los primeros años de su llegada en La Española, aunque no he visto reflejada su actividad con claridad en ninguna parte, suponemos que participó como armígero de Ovando en la pacificación y colonización del interior de la isla. Pero el Trujillano necesitaba espacios más amplios de conquista, su cuna, su situación económica y su juventud impedían de principio ocupar puestos destacados, que le permitieran alcanzar la fama. La oportunidad se presentó cuando Alonso de Ojeda es nombrado gobernador de Nueva Andalucía, territorio que se extendía desde el cabo Vela hasta el golfo de Urabá en la actual Colombia[7]. Y el 10 de noviembre de 1509 partió desde Santo Domingo hacia las costas de Tierra Firme para explorarlas[8]. Le acompañaba el piloto Juan de la Cosa. Llevaban dos navíos y dos bergantines, en los cuales se embarcaron trescientos hombres y doce yeguas. Tomaron tierra en un lugar próximo a la actual ciudad de Cartagena de Indias en Colombia, que por entonces no se había fundado. Pizarro era uno más de aquellos valientes aventureros que con ilusión se enfrentarían a lo desconocido. Los contactos con los nativos, según Bartolomé de Las Casas, fueron desde el principio muy violentos y provocaron verdaderas masacres en ambos bandos de contendientes, aunque las diferencias de armamentos eran muy desiguales, los perros amaestrados para la guerra y los hombres a caballo con sus lanzas, así como el hierro y acero de las armas, ballestas, espingardas y después arcabuces daban una superioridad a los españoles, frente a los indios con sus flechas y varas tostadas, aunque más tarde utilizaran hondas con piedras y flechas envenenadas. Las fortalezas de los nativos, cuando las hubo, tenían escasa consistencia, de ahí que necesitaran un número muy superior al de los cristianos para conseguir algunas victorias[9]. Por primera vez los españoles leyeron a los indios en castellano el Requerimiento ordenado por la Corona, antes de entrar en combate. Documento en el que se explica a groso modo los entresijos de la formación de la iglesia católica y la fe cristiana contenidas en el credo, y se pide a los nativos que reconozcan

“a la Iglesia por señora y superiora del Universo mundo, y al Sumo Pontífice, llamado papa, y en su nombre al Rey y a la Reina doña Juana, nuestros señores, en su lugar, como a superiores y señores y reyes destas islas y tierra firme, por virtud de la dicha donación, y consintáis y deis lugar que estos padres religiosos os declaren y prediquen lo susodicho”[10].

Con la amenaza de que serían considerados herejes y enemigos de la Corona española, los que no abandonaran sus creencias paganas y aceptaran la fe de Cristo, y condenados a muerte o a la esclavitud. A partir de entonces el citado documento se consideró de obligada lectura antes de entrar en combate con los nativos. A pesar de las buenas intenciones de la monarquía española la conquista fue inevitablemente cruenta, como son todas las guerras. De las Casas narra un episodio, donde se comprueba lo cruel de las contiendas por una y otra parte, en el que nos vamos a detener, para eliminar todos los otros que necesariamente se dieron, con el fin de no hacer el relato más patético y dar fluidez al resto del contenido histórico. Pizarro debió encontrarse en este suceso, aunque el cronista no lo cita, pues por entonces no tenía graduación militar y por lo tanto carecía de responsabilidad en lo acaecido. Sucedió que Ojeda y Juan de la Cosa habían hecho muchos esclavos en el pueblo indígena de Calamar, por lo que los indios juraron vengarse. Pasado un tiempo Ojeda y Nicuesa se unieron para buscar al piloto de la Cosa que había quedado con 50 hombres para explorar el terreno y su tardanza en el regreso les hizo pensar en lo peor. Tomaron 400 hombres, a los que mediante pregón público prohibieron que tomaran cosa alguna de los indios, so pena de muerte. Desembarcaron en el puerto natural de Cartagena, y a caballo ambos líderes dirigieron de noche a su gente hacía el pueblo indígena de Turbaco y antes de entrar se dividieron en dos bandos. Unos papagayos con sus gritos delataron la presencia de los españoles. Los nativos al oírlos, conscientes de lo que podía pasar, salieron despavoridos unos con armas y otros sin ellas, pero algunos, al no ver a nadie, reflexionaron y regresaron a sus bohíos, pensando que no debían quedar más cristianos porque ya habían realizado su venganza. Otros aturdidos corrían sin rumbo y toparon con los españoles, a unos los “desbarrigaban” con sus lanzas, mientras en el otro bando los “despedazaban” con sus espadas. Luego prendieron fuego el poblado y muchos encontraron la muerte envueltos en llamas en sus casas.

Las mujeres, con sus criaturas en los brazos, salían huyendo, pero cuando vieron los caballos, que nunca habían visto, se tornaban a las casas que ardían, huyendo más de aquellos animales, que no los tragasen, que de las vivas llamas. Hicieron los españoles allí increíble matanza, no perdonando mujeres ni niños chicos ni grandes[11].

Después vino el saqueo y en ese trajín andaban cuando toparon con el cadáver de Juan de la Cosa, que con sus hombres, había caído en una emboscada. Estaba amarrado a un árbol, cubierto su cuerpo de flechas envenenadas, que originaron una gran hinchazón y produjeron severas deformaciones, con horribles y espantosas señales. El horror y el pavor que produjo en los expedicionarios son indescriptibles, tanto que ninguno osó quedarse allí aquella noche[12].

Ojeda  procuró que sus hombres se sobrepusieran al acontecimiento vivido y continúo la marcha por la costa, sorteando toda clase de ataques. El 20 de enero de 1510 fundó un pequeño fuerte con treinta viviendas en la parte más oriental del golfo de Urabá-Darién, al que denominó San Sebastián de Urabá, en memoria del piloto tan cruelmente asesinado, dado que les recordaba al santo asaeteado por los romanos, tantas veces invocado por los cristianos ante la peste[13]. Los españoles realizaron algunas razias para buscar oro y víveres, porque los indios se negaron a proporcionárselos. Un día se presentó Bernardino de Talavera con un barco que traía pan de mandioca y tocino y la hambruna se palió momentáneamente. Pero los ataques de los nativos cada vez eran más frecuentes y feroces, e iban diezmando sin piedad a los cristianos con flechas envenenadas. Así estuvieron ocho largos meses sin que llegara la ayuda prometida desde Santo Domingo por el bachiller Martín Fernández de Enciso, lugar teniente de Ojeda. En uno de esos combates una saeta atravesó la pierna del Adelantado, quien pidió al cirujano que cauterizase su herida con dos placas de hierro incandescentes para evitar el efecto del veneno[14]. Y, aunque en un principio el galeno se negó a realizarlo, ante la amenaza de que sería ahorcado sino aceptaba su orden, aplicó el remedio, y luego le envolvió la pierna en paños mojados en un tonel de vinagre. Las Casas afirma que así salvó Ojeda la vida y tan pronto se vio recuperado, como no llegaban refuerzos y estaba cojo y enfermo, tomó el barco que había traído Bernardino y se trasladó a La Española en su búsqueda[15]. Dejó entonces al frente del fortín de San Sebastián a Pizarro, con el nombramiento de teniente, aunque con la función propia de capitán[16]. Cieza de León afirma que fue el primer capitán de esa provincia, donde pasó grandes afanes y penalidades[17]. Y ordenó al Trujillano que resistiera y defendiera el fuerte durante cincuenta días, trascurrido los cuales podía regresar a la isla en busca de ayuda[18].

Pasó el tiempo señalado sin que los auxilios llegaran y los ataques de los nativos para expulsar a los cristianos no cesaban. La supervivencia estaba al límite de lo soportable, se habían comido hasta los valiosos caballos en aquellos trances. Pizarro comenzó hacer los preparativos para pasar también a La Española, con unos 70 hombre que le quedaban, pero era imposible trasladar a todos en los dos bergantines que le habían dejado y decidió esperar a que el hambre, las enfermedades y los ataques de los indios seleccionara a los más afortunados, por ver si mientras tanto llegaba la ansiada ayuda, luego los repartió lo mejor que pudo en las dos embarcaciones y salieron del puerto de Urabá. Pero cuando parecía que todo se iba a solucionar positivamente, el barco dirigido por Valenzuela chocó, al parecer con un gran pez, que los que lo vieron consideraron que debió ser una ballena, y se rompió el timón, por lo que quedó a la deriva, el naufragio fue inevitable y en él perdieron la vida todos sus ocupantes, sin que nada pudieran hacer el resto de compañeros por salvarlos. Los 35 hombres conducidos por Pizarro continuaron su camino y frente a Cartagena toparon con la flotilla comandada por el bachiller Fernández de Enciso, que llevaba, para socorrer a Ojeda, 15 caballos, cerdos, armas, pólvora y 150 hombres de refuerzo. El bachiller ordenó a Pizarro y su gente que le siguieran. De nada sirvieron las explicaciones y ruegos del Trujillano y sus hombres para que se dirigieran todos a La Española, vista la experiencia tan negativa que habían tenido. La tozudez de Enciso los condujo de nuevo a Urabá. En el golfo la nave capitana encalló con el valioso cargamento que transportaba, con ella se perdieron los víveres, animales, armamento, pólvora, varios hombres y hasta las credenciales de Enciso. Cuando llegaron a San Sebastián de Urabá el panorama con que se encontraron fue desolador, los indios habían quemado y destruido todo, pero el Bachiller ordenó desembarcar y se encontró con la sorpresa de que escondido en unas barricas venía de polizón [19], Vasco Núñez de Balboa[20].

“Un mancebo de hasta treinta y cinco o pocos más años, bien alto y dispuesto de cuerpo, y buenos miembros y fuerzas y gentil gesto de hombre, muy entendido y para sufrir mucho trabajo”[21]… “Era blanco, de pelo y barba rojizos, e impresionaba a cuantos lo trataban por la gracia nerviosa de sus ademanes y su persuasiva elocuencia”[22].

Pronto adquiriría popularidad entre sus compañeros por su carisma y valor. Los indios continuaron hostigando a los recién llegados, e incrementaban las hostilidades cuando se veían favorecidos por el clima adverso, la insalubridad o la falta de alimentos en el lugar. A finales de noviembre de 1510 el Bachiller no sabía que camino tomar, y Balboa, que ya había recorrido esta costa con Juan de la Cosa y Bastidas le aconsejó que estarían mejor situados al otro lado del golfo, en la parte norte, donde había un pueblo de nativos y abundancia de maíz. Los consejo hicieron efecto, tomaron a los indígenas el pueblo de Darién, situado en el interior, próximo a la desembocadura de un río, donde se asentaron, fundaron un poblado nuevo al que pusieron por nombre Santa María la Antigua del Darién, en honor de la Virgen Sevillana de la misma denominación, a la que los pasajeros se encomendaban antes de partir para América. El lugar estaba rodeado de indios pescadores, agricultores y, sobre todo, generosos, y la ciudad se convirtió en la capital de la zona y base para nuevas expediciones de conquista del territorio colindante.

Diego de Nicuesa, gobernador de Veragua[23] y del norte de Tierra Firme, reclamó la colonia[24], dado que los límites entre las dos gobernaciones eran muy imprecisos. Se trasladó hasta la ciudad reclamando sus derechos, pero el cabildo de la ciudad lo rechazó y Vasco Núñez de Balboa, que era la verdadera autoridad de Santa María, no lo aceptó y lo embarcó en un bergantín viejo y mal aparejado, que se perdió en el mar con 10 de sus criados y nunca más se supo de él[25]. Enciso pretendió tomar el mando de la nueva colonia, argumentando que era el lugar teniente de Ojeda, pero no pudo probarlo por la pérdida de la documentación cuando se hundió la nave capitana. Además era muy impopular y reclamaba el oro que requisaban los expedicionarios a lo indios para sufragar los gastos que había originado la expedición de refuerzo que él formó. Los habitantes de la colonia, comandados por Balboa, se sublevaron y lo acusaron de que todo lo quería para él. Lo apresaron y el 4 de abril de 1511, un mes después de Nicuesa, lo embarcaron para La Española, donde sería juzgado. Iba acompañado del alcalde Zamudio y el corregidor Juan de Valdivia, con el fin de que atestiguaran en el juicio, ante el virrey Diego de Colón, la causa del apresamiento y pidieran la interinidad de la alcaldía de la ciudad para Balboa, hasta nuevo nombramiento por parte del rey. Enciso fue acusado de abuso de autoridad y apropiación indebida, y el Jerezano fue elegido alcalde de Santa María la Antigua, cuyo gobierno muy peculiar duraría desde el año 1510 hasta el 1514. Utilizó con mesura la violencia, frente a la gran dureza practicada por otros. Este suceso no lo olvidará Enciso y procurará vengarse de los amotinadores tan pronto encuentre la ocasión, y años después actuará con dureza contra Pizarro, cuando pretende pasar a España para pedir las capitulaciones de Toledo.

 

Pizarro a las órdenes de Vasco Núñez de Balboa y Pedrarias Dávila

Francisco Pizarro entró pronto a formar parte de las huestes de Vasco Núñez, la población andaba escasa de alimentos y se sabía que a unas treinta leguas de Santa María en dirección norte había una región dominada por los indios Cueva, que era rica en oro y sobre todo en maíz. Balboa ordenó al Trujillano que al frente de seis hombres inspeccionara dicho territorio. Cuando llevaban un cierto trecho de navegación por el río, les salió el cacique Cemaco al frente de un nutrido contingente de nativos con pretensiones de vengar antiguas querellas sostenidas con los españoles. Fue tal el recibimiento que hicieron a los cristianos con flechas y piedras, que Pizarro y su gente  tuvieron que abrirse paso entre los indios, que en número muy superior los acosaban por todas partes. Así logró regresar al poblado cristiano con sus hombres, todos descalabrados y heridos, aunque las flechas afortunadamente no estaban envenenadas. Balboa, al enterarse de que el soldado Francisco Hernán había quedado con vida en campo enemigo, mandó a Pizarro que con gente regresara a por él y a pesar de su estado consiguió traerlo vivo[26].

Varias incursiones a territorio indígena tuvo que realizar nuestro protagonista en otros momentos con resultados diversos. En una de esas salidas acompañó al Jerezano y oyeron contar a los nativos como al otro lado del istmo abundaba el oro y perlas y había un mar inmenso. El 31 de agosto de 1513 se ofició una misa y se pasó revista a 190 hombres con los que salió del puerto de Santa María la Antigua y el día uno del mes siguiente partió para las tierras de los indios Cueva, gobernada por el cacique Careta. Las Casas asegura que la expedición estaba formada por los más vigorosos y los más aptos para soportar las mayores dificultades. Embarcaron en un bergantín y diez grandes botes, y en dirección norte llegaron hasta el territorio de Careta, con el que guardaba una vieja amistad porque en una ocasión lo defendió de las tribus vecinas, y a cambio le había entregado su hija Anayansi, que con el tiempo se convertiría en una bella mujer, de la que se enamoraría Balboa. Allí estuvo algunos días y al final decidió partir con 92 soldados y dos sacerdotes, en pleno invierno, cuando las lluvias inundaban la región. Penetraron tierra adentro dispuestos a atravesar la cordillera de Darién. Nada les detuvo, ni la tupida y hostil selva tropical, ni las lluvias torrenciales, ni la agresividad de algunas tribus que les salían al paso, mientras otras huían ante el estrepitoso ruido de las armas de fuego al disparar, el ladrido de los perros, a los que tenían verdadero pavor por los horrores presenciados, o el tintineo constante de armaduras y espadas. Los expedicionarios pasaban de un poblado indígena a otra por el sendero que los indios tenían marcado.

El martes, 25 de septiembre de dicho año los guías mostraron al jefe de la expedición una cima desde la cual se podía ver el mar. Balboa mandó a sus hombres detenerse y en solitario ascendió hasta la cumbre del monte y en la lontananza divisó un brazo de mar que entraba en la tierra, al que llamó golfo de San Miguel[27], comprendió que pertenecía a una gran extensión de agua, a la que bautizó con el nombre de Mar del Sur, que hoy conocemos como Océano Pacífico. Con los 80 hombres que le quedaban continuó la marcha durante cuatro días hasta las playas del ansiado mar, y llegaron a una ensenada, la que más tarde se llamaría Golfo de San Miguel, por ser el santo del día en que fue descubierto. Y tomó posesión de aquellas aguas, en nombre de la Corona, tal vez como lo describe la iconografía tradicional, sumergidas las piernas y los brazos levantados con el estandarte de la conquista en la derecha mientras en la otra alzaba la espada, la cruz o quizás el estandarte de Santa María, según el artista de turno. El escribano levantó acta de lo sucedido, reflejando todos los que participaron, y en el listado aparecen en primer lugar Vasco Núñez de Balboa, seguido del capellán de la expedición, el dominico Andrés de Vera, en tercer lugar Francisco Pizarro, y detrás todos los demás.

El 23 de noviembre el gobernador decidió regresar por camino diferente, para descubrir nuevas tierras. El 19 de enero de 1514 llegaron a Santa María la Antigua, y sus habitantes celebraron jubilosos tan insólito acontecimiento al saber que traía abundancia de oro y perlas. Las puertas del imperio español se habían abierto de par en par, al ampliarse generosamente el horizonte de conquista en un océano que ningún europeo había contemplado con anterioridad. Por entonces, comenzó a llamarse al Darién y su zona Castilla de Oro y Balboa ejercía su autoridad de forma intermitente sobre ella. Pizarro comenzaba a salir del anonimato y a escalar puestos en el mundo de la fama, primero con la defensa numantina que realizó del fuerte de San Sebastián de Urabá y ahora con el grandioso descubrimiento, que como segundo, presenció junto a Balboa.

El Jerezano acababa de alcanzar la cúspide de la fama, pero su gloria se vería eclipsada muy pronto. El 14 de abril de 1514 salió del puerto de Sevilla, en dirección a Tierra Firme, una gran expedición dirigida por el aristócrata y militar segoviano Pedrarias Dávila[28], formada por 19 navíos y 1.500 hombres, según cuenta Pascual de Andagoya[29], llegó a Santa María la Antigua de Darién el 29 de junio de dicho año[30]. Traía el nombramiento de gobernador y capitán general de Castilla de Oro, que comprendía las gobernaciones de Ojeda y de Nicuesa, otorgado el 27 de julio de 1513 en Valladolid[31]. Se extendía dicho territorio desde el cabo de la Vela, en la Guajira[32], hasta el límite de Panamá con Veragua, provincia perteneciente a los herederos de Colón. Pedrarias tenía por entonces 63 años y una gran experiencia militar en las contiendas europeas y africanas, pero eran nulos los conocimientos que sobre los indios poseía. La expedición fue numerosa y con gran demanda de pasajeros, debido a la difusión que mandó hacer el rey Fernando el Católico sobre todo por Castilla, y las circunstancias favorables que se dieron al frustrarse una campaña de Gonzalo Fernández de Córdoba (el Gran Capitán) a Italia, con lo que se quedaron gran número de soldados en paro. Se alistaron muchos hidalgos, entre los pasajeros se encontraban algunos que alcanzarán renombre en la conquista y colonización de las Indias. Pascual de Andagoya, Hernando de Soto, Diego de Almagro, el padre Hernando de Luque, Gonzalo Fernández de Oviedo (que iba como veedor), Francisco de Montejo, Sebastián de Benalcázar, Bernal Díaz del Castillo, etc. Era la primera vez que se mandó un obispo a América, fray Juan Quevedo, y llevaba todo su séquito: un deán, un arcediano, un chantre, un maestrescuela, varios canónigos, tres sacristanes y un arcipreste[33]. Pedrarias también llevaba un amplio cortejo.

Vasco Núñez, acompañado del cabildo de la ciudad, salió a recibir al nuevo gobernador, que venía con su esposa, acompañados de su escolta armada, y les ofrecieron pleitesía. Balboa, siguiendo la costumbre de la época, tomó la escritura de nombramiento, la besó y la colocó sobre su cabeza en señal de acatamiento, por ser orden real, y “le ofreció obediencia en nombre suyo y de todos, y de servirle como gobernador del Rey”. Amigablemente los habitantes de la ciudad compartieron sus casas, que tenían el techo de paja, con los recién llegados y les proveyeron de pan de maíz, cazabi[34], raíces, frutas de la tierra y agua del río. Pedrarias les ofreció raciones de tocino, carne salada, bizcochos y otras cosas que traían en la armada. Pedrarias comentó que traía una Real Cédula firmada el 28 de julio de 1513 en Valladolid para que tomara juicio de residencia a Vasco Núñez por los años que había sido alcalde Mayor de Darién, como solía hacerse con los que cesaban en su cargo, si había alguna queja sobre su gobierno[35].

Los reyes entregaron a Pedrarias algunas normativas para el buen gobierno de la provincia de Tierra Firme y protección de los indígenas, como la firmada en Burgo el 4 de agosto de ese mismo año. Mandato del que hizo caso omiso la mayor parte de las veces el Segoviano. Igualmente se le entregó el Requerimiento, que como dijimos era de obligado cumplimiento el leerlo a los nativos antes de entrar en combate. La poca validez de esta recomendación era notoria. Estaba escrito en castellano, idioma que no conocían los indígenas y trataba de unas creencias que nunca habían escuchado y menos se las habían explicado con detenimiento. Era absurdo pensar que la respuesta fuera positiva. El padre Las Casas argumentó ampliamente lo poco creíble de dicho documento por parte de los nativos, y Oviedo aconsejó a Pedrarias que no lo leyera, pues afirma que los indios “primero eran salteados, y después de presos é atados se les leía, é con esto eran dados por esclavos é repartidos é vendidos”[36].

El primer problema con el que se encontró Dávila y que no lo pudo evitar fue el caos que se formó en la colonia con su llegada. Santa María la Antigua tenía unos 500 habitantes y de pronto se vio cuadriplicado o quintuplicado su número, con lo que eso supuso en cuanto al alojamiento y manutención. La hambruna y la modorra, enfermedad con fiebre y somnolencia profunda, acompañadas de complicaciones pulmonares y renales se apoderaron de la población[37]. Pedrarias se vio obligado a movilizar a su gente, pues era mejor que tenerlos parado en aquella situación, y comenzó a realizar expediciones de reconocimiento tierra adentro. Pizarro pasó a ser hombre de confianza y lugarteniente del jefe de turno en varias de ellas, que le proporcionaran pingües beneficios en indios y oro. La crudeza de la conquista se acrecentó severamente, la buena voluntad de consenso y pacificación de los indígenas con que se mostraba Balboa no se apreció en Pedrarias. El conflicto alcanzó niveles difíciles de narrar, que se fueron acrecentando según disminuía el oro que necesitaban enviar a Castilla y para pagar a la milicia, la barbarie aumentaba: perros adiestrados que destrozaban los cuerpos de los indios, poblados saqueados e incendiados, rapto de mujeres y niños, nativos tomados como esclavos para trabajar en las minas o ser vendidos, conquistadores perdidos y atrapados en los pantanos o en medio de la selva, indios sublevados por doquier. El espectáculo era tan dantesco que Andagoya quedó impresionado ante tanta crueldad, y José Antonio del Busto Duthurburu lo consideró uno de los episodios más crueles de toda la conquista de las Indias Occidentales.

La primera cabalgada en la que participó Pizarro con el nuevo gobernador estaba dirigida por Gaspar de Morales, pariente de Pedrarias, que se dirige hacia el sur, con el fin de andar la ruta de Balboa en su descubrimiento del Pacífico y buscar la isla rica en perlas. El Trujillano, que conoce el camino, es elegido lugarteniente, y ambos líderes estuvieron a punto de perder la vida. Salieron en dos canoas con 30 hombres cada uno para visitar las islas vecinas, pero les sorprendió la noche con gran enfurecimiento de la mar y perdieron el rumbo, así estuvieron navegando y luchando contra la tempestad cuando a la mañana siguiente aparecieron en la costa de uno de los islotes. Sometieron a los caciques Ponca, Chiapes y Tumaco, entre otros, que hicieron amistad con los españoles y les comunicaron la existencia de un gran imperio sureño y lejano. Fue la primera vez que el Trujillano oyó hablar del supuesto imperio Inca. Los nativos de aquellas playas, después de someterlos, en general recibieron pacíficamente a los cristianos, quienes tomaron posesión en nombre del rey de España de las islas de las Perlas. Forma este pequeño archipiélago un grupo de 25 ó 30 islas agrupadas en torno a una mayor, pero en general casi todas son fértiles. Llegaron a la isla Rica a la que rebautizaron con el nombre de isla del Rey. El caique los obsequió con una cesta llena de perlas que pesaban 110 marcos, todas muy valiosas, pero había una que “era como una nuez pequeña (otros dijeron que como una pera cermeña)”, que al parecer la regaló el cacique de la isla en pago del vasallaje y con el tiempo adquiriría gran renombre en la corte española por su forma, color y brillo especial, y con el tiempo al pasar de mano en mano de reinas y princesas recibiría el nombre de la Peregrina. Tenía 95 marcos de peso y era de 31 quilates. Fue vendida a un mercader para ajustar el quinto que había que pagar al rey, luego la adquirió Pedrarias para su esposa, Isabel de Bobadilla, que la vendió a Isabel de Portugal, consorte de Carlos I de España, por 4.000 ducados, con la que Tiziano realizó el conocido retrató de la emperatriz, luciéndola en el pecho como colgante de collar[38]. “Los españoles entregaron cuentas y espejos y cascabeles y otras cosillas de las nuestras, de que el cacique fue muy alegre” [39].

Los expedicionarios regresaron a mediados de 1515, por camino diferente, buscando la dirección más recta a Santa María la Antigua de Darién, por lo que tuvieron que enfrentarse a varias tribus que les salieron al encuentro, y consiguieron oro y sobre todo muchos esclavos. Pizarro obtuvo grandes beneficios en indios y en metales preciosos, según el registro que hizo en la fundición de 3.720 pesos de oro fino y 272 de oro bajo, además de valiosas perlas. Y sobre todo logró una encomienda en dicha isla, además de otra en comunidad, que le serán muy útiles para las incursiones hacia el sur que haría años más tarde.  Por entonces se trasladó la esposa de Pedrarias a Castilla con gran cantidad de oro y la perla Peregrina, que la puso en almoneda en 1.200 castellanos, aunque luego se pagó mucho más cara, como hemos visto[40].

Poco tiempo tuvo de descanso nuestro personaje, al ser nombrado de nuevo lugarteniente del capitán Luis Carrillo que organizó una incursión al sureste de Santa María, en las regiones de Abrayme y de Teruy. Una más de las cabalgadas que con frecuencia se van a realizar durante este periodo con el único fin de conseguir oro y capturar indios destinados a la venta. Llevaban también el propósito por mandato real de fundar pueblos en los señoríos de los caciques principales[41], para asentar indígenas con el fin de que vivieran en paz y se fuera realizando la colonización. El terreno por el que tuvieron que caminar, cuajado de tupidos bosques tropicales, lagunas y pantanos, habla de su crudeza, pero regresaron a la ciudad con centenares de indos destinados como esclavos a la venta en las islas o llevados a las minas. Fundaron algunos poblados que durarían poco tiempo, porque el sistema compulsivo de sometimiento con fines puramente económicos y métodos inhumanos originó respuestas belicosas muy violentas, por parte de los nativos tan pronto se percibieron de ello, que produjeron cuadros muy sangrientos. El 30 de noviembre de 1515 Pedrarias organiza una nueva expedición, con unos trescientos soldados, doce equinos y, sobre todo, una jauría de perros bien adiestrados. Funda el fuerte de Acla en el mismo lugar que estaba, equidistante de Darién y del Pacífico, deja diez o doce hombres, bajo las órdenes de Lope de Olano y regresa enfermo a Santa María. Nombra a Espinosa jefe de la expedición[42], que queda con 200 soldados de a pie y 10 de a caballo, y a Pizarro su lugarteniente con el grado de capitán, entre sus soldados iba Diego de Almagro, que hasta entonces desde su llegada a Indias se había dedicado a la agricultura, la ganadería y el comerció principalmente con alguna incursión conquistadora. A finales de diciembre de dicho año emprendieron la marcha en dirección al noroeste, originando una de las cabalgadas más largas, sangrientas e inhumanas de por entonces. Los indígenas responden con dureza y destruyen el fuerte de Acla, al poco tiempo de salir los españoles, no dejando a ninguna persona viva de las que en él se encontraban. Los expedicionarios vuelven a mediados de marzo de 1517 con un suculento botín de más de 2.000 indios destinados al mercado de esclavos en La Española.

En una nueva campaña, que se organiza en septiembre de ese mismo año, bajo el mando del factor y veedor Juan de Tavira, se alista Pizarro como su lugarteniente, llevan la misión de descubrir la región de Dabaibe y salen en tres pequeñas embarcaciones y algunas canoas. Remontaron el río Atrato, que desemboca en el golfo de Urabá. Las lluvias torrenciales sorprendieron a los españoles, arrastrando árboles, tierra y piedra que bajaban de los montes próximos. Los indios ayudaban con sus flechas a la naturaleza para que los cristianos no pudieran desembarcar. La falta de agua potable y de víveres creo una situación insostenible entre aquellos infelices que no podían salir de sus bergantines. El jefe de la expedición y el tesorero, Juan Navarro de Virués, perecieron ahogados al pretender pasar de una embarcación a otra, y Pizarro tuvo que hacerse cargo del mando en aquella delicada situación, elegido por sus mismos compañeros de expedición[43]. Faltaban más de la mitad de los hombres y los que quedaban estaban famélicos, agotados y desmoralizados y de acuerdo con ellos decidió regresar a Santa María. El objetivo de la marcha no se había cumplido, el Trujillano, a base de pérdidas económicas y mucho sacrificio, se iba curtiendo en la lucha contra los indios y contra la naturaleza, tan adversa a la que él conoció en su tierra extremeña.

En el 1518 Pedrarias ofreció una nueva oportunidad a Pizarro y a los que habían perdido gran parte de su fortuna en la expedición anterior, para que se resarcieran, y autorizó una correría de saqueo y captura de indios en la región de Abrayme, pensando en el éxito que se había obtenido tres años atrás. El Trujillano, conocedor del terreno y uno de los perdedores de gran parte de su fortuna en la anterior empresa, fue elegido capitán jefe de la expedición al frente de 50 hombres, que se animaron a seguirle. El resultado fue un fracaso, esquilmados los nativos y los metales años atrás, ya no dieron para más. Y sin población autóctona el hambre hacía su presencia y llegaba a veces a límites insospechados, difíciles de narrar. Tuvieron que matar siete caballos que llevaban para paliar la necesidad y regresar a Darién. Pizarro tuvo que vender gran parte de los esclavos que le quedaban, pero no aminoró su espíritu aventurero, mientras seguía aprendiendo en la escuela de la vida y, lo que es más importante en aquel mundo donde estaba, ganándose la confianza de sus superiores nombrados por el monarca, que eran sus auténticos representantes, a los que tenía que obedecer con total lealtad, porque estaban impregnado del poder divino.

Pero ellos también le necesitaban, en ese mundo se había creado una sociedad estratificada en tres estamentos diferenciados según Rolando Mellafe. Unos cuantos se habían enriquecido y eran los que ocupaban los más altos cargos del poder político, social y financiero, y subvencionaban las incursiones, bien de forma individual o en grupos, formando compañías. El gobernador otorgaba la autorización y el botín se repartía, una vez extraída la quinta parte del rey, entre los participantes, quedando el doble para el capitán o líder de la expedición. El beneficio de la conquista redundaba en provecho de los financieros. El segundo grupo estaba formado por aquellos que iban destacando del resto y poco a poco escalaban puestos hasta subir al escalón superior. Solían ser intrépidos capitanes, que “se entendían con los soldados, creándose entre ellos verdadera popularidad, según fuese su valentía o conocimiento de las regiones”, terminaban ocupando puestos en el Cabildo y “haciéndose cada vez más imprescindibles por su experiencia y conocimiento de la psicología indígena”. Son los verdaderos conquistadores, a los que el Gobernador para tenerlos contentos entrega tierra, en forma de encomiendas, y las minas.

“Bajo ellos estaba la masa de soldados, colonos y artesanos, que en momentos confunden sus oficios, alternando el papel de labradores y mineros, desde los cuales, en realidad, cuidaban a las cuadrillas de esclavos e indios encomendados, con el de soldados”[44].

Hemos dejado a Balboa olvidado y conviene recordar que hacía mientras tanto, aunque sea de manera sucinta. El 20 de marzo de 1515 recibió una cédula real firmada en Valladolid el 23 de septiembre del año anterior por la que se le nombraba adelantado de la mar del Sur y gobernador de las provincias de Panamá y Coiba[45]. Pedrarias tuvo que entregarle el documento debido a las presiones del obispo de Darién, fray Juan de Quevedo. Pero las desavenencias entre ambos líderes surgieron y aparentemente sin solución. Para aquietarlas el prelado había propuesto, según la costumbre de la época, el matrimonio de María Arias de Peñalosa[46], hija de Pedrarias, con el Jerezano, y el mismo obispo los casó por poderes, puesto que la novia estaba en España. El Segoviano, como recompensa, ordenó a su yerno el 24 de agosto de 1516 la reconstrucción de la ciudad Acla en el istmo panameño, imponiéndole unas normas muy estrictas, que puntualmente cumplió[47]. Balboa en colaboración con varios socios formaron la “Compañía del Mar del Sur” para explorar las costas del Pacífico. Y trasladó maderos, jarcias, velas, aparejos, brea y anclas por igual españoles e indios a hombros hasta la costa sur del Istmo panameño, con la intención de montar allí  dos bergantines y recorrer las islas adyacentes y el litoral del Pacífico, para colonizarlo y buscar un paso al otro gran océano. La participación de Diego de Almagro en esta empresa está recogida en la Colección de documentos inéditos… que recopila Medina.

Algunos enemigos de Vasco Núñez denunciaron ante Pedrarias esta actividad, advirtiéndole que su yerno pensaba sublevarse contra él[48]. Poco le faltó al Segoviano para encargar a Pizarro, que ya era su hombre de confianza, que trajera preso a Balboa y ambos se encontraron en las inmediaciones de Acla. Es de suponer que aquella misión no debió ser muy grata para el Trujillano por su vieja amistad con el preso, pero sabía que la obediencia en la milicia era fundamental si no quería sufrir el mismo castigo que el reo. Tampoco tenían muy claro la pena que podía imponérsele, conociendo su historial. Pero esta vez el obispo nada pudo hacer, aunque algunos consideran que incluso fue su acusador. Pedrarias tejió una sarta de embuste contra su yerno, para ensalzarse asimismo ante la situación tan precaria en que se encontraba, dado que se le había sometido a un juicio de residencia por Lope de Sosa, gobernador de Canarias, que venía a sustituirle. Dávila ordenó a Gaspar de Espinosa, alcalde mayor de la ciudad, que dictaminara sentencia y la ejecutara de inmediato a ser decapitado por traidor y usurpador de tierras sujetas a la real Corona, por conspiración y rebelión frustrada contra la autoridad legalmente constituida, y por delito de alta traición a S. M. Y, aunque el alcalde se negaba a dictaminarla, porque consideraba que merecía perdón por los grandes servicios hechos al Rey, tuvo que acatar la orden y el reo fue ajusticiado en la plaza de Acla entre el 13 y el 21 de enero de 1519, junto con cuatro de sus compañeros, mientras Balboa clamaba la falsedad de la acusación y sus deseos que mostró siempre de servir a su soberano[49]. La ejecución fue para unos un acto de justicia como afirmó Andagoya; para Oviedo y Las Casas entraba dentro de la inhumanidad y tiranía con que actuaba Pedrarias, tanto con indios como con españoles; mientras que la mayoría pensaba, con la mentalidad propia de aquellos tiempos, que era un castigo divino por haber enviado a Diego de Nicuesa preso en un barco para que se lo tragara el mar y haber usurpado el poder a Enciso. Lo cierto es que el proceso del juicio y la sentencia completa se perdieron sin dejar huella para la historia[50].

Cumplida esa misión en julio de ese mismo año, Pedrarias encomendó a Espinosa que descubriera la costa oeste de Panamá. Salieron en los dos barcos de Balboa y tres canoas 115 hombres, entre los que se encontraban Andagoya, Hernando de Soto, Pizarro, que era el lugarteniente de la expedición. Su puesto de mando le obligó a realizar misiones importantes de exploración arriesgadas, surtir de alimentos al resto de la tropa, o castigar con dureza a Urraca, cacique de Natá y sus indios, que se habían levantado contra los españoles, castigando severamente a los pocos cristianos que en la localidad quedaban y desmantelando el resto de la población[51]. Llevaba por compañero a Diego de Almagro, con el que ya explotaba una mina de oro junto con Hernando de Luque y un tal Diego de Mora. Espinosa diseñó la población de Natá y dejó en ella a Francisco de Compañón, como capitán al frente de un número de españoles. Y en octubre regresó con grandes ganancias en víveres, indios y oro a Panamá, por lo que Pizarro pudo resarcirse de las pérdidas que tuvo en anteriores expediciones y salir generosamente enriquecido de ésta, como sucedió al resto de sus compañeros, sobre todo los que fueron socios financieros de la incursión.

Mientras tanto, Pedrarias vio que el dorado metal se agotaba en Castilla de Oro, las poblaciones autóctonas estaban muy diezmadas y el resto habían huido al interior de la selva para evitar que los tomaran como esclavos. La capital, Santa María la Antigua, presentaba malos accesos y quedaba desplazada con respecto a la ampliación de conquista que el descubrimiento de Balboa había abierto. Todo ello hizo que el Segoviano tomara la decisión  de trasladarse a la costa occidental y fundar una ciudad, que fuera el centro de inflexión de futuros descubrimientos y conquistas. Hubo muchos lugareños que se opusieron, porque veían en ello la desaparición de sus negocios, incluso de la población entera, como en realidad sucedió. Dávila el 15 de agosto de 1519 fundó la localidad de Nuestra Señora de la Asunción de Panamá[52], por la festividad del día, siendo la primera ciudad que se creó en las costas del Pacífico de América[53]. Al otro lado del Istmo, junto a las costas atlánticas estaba la ciudad  de Nombre de Dios, que había sido fundada en el 1510 por Diego de Nicuesa[54]. Pronto ambas localices quedarían unidas por un camino de piedra de 80 Km. de largo, que sería lugar de tránsito de personas, animales y mercancías de España para el Perú y viceversa.

Al llegar victoriosos los hombres de Espinosa, aunque no habían estado en la fundación, fueron considerados como primeros pobladores, otorgándoles casa y encomiendas, como si en realidad lo hubieran sido. Pizarro y Almagro salieron doblemente beneficiados y engrandaron considerablemente su hacienda. El Manchego participa en algunas expediciones por el istmo de Panamá, donde adquiere excelente reputación como soldado, sin que lograra ascensos en el escalafón militar, como lo haría su compañero, socio y amigo, Francisco Pizarro. Pero con mayor visión para los negocios que el Trujillano, una vez que se le asignó su lugar de residencia, se fue a Darién, donde tenía casa y terrenos con animales, y “trajo ganados por tierra ansy vacas como puercos”[55]. Durante los cuatro años siguientes, se quedó a vivir en Panamá, dedicándose a los negocios, sin intervenir presencialmente en ninguna de las cabalgadas, que se organizaron, aunque subvencionaba parte de ellas, por lo que recibía sus compensaciones. Administraba la hacienda de Pizarro y el padre Luque, y se cree que en este tiempo se formó la “Compañía” que los tres concertaron, al menos verbalmente. Tuvo un hijo con la india cristianizada de Panamá, Ana Martínez, sin que se sepa más de ella, al que puso su mismo nombre y le conoceremos como Diego de Almagro, el Mozo. Procuró darle una buena educación y formación, pero acabó mal, como se sabe.

Andagoya también se estableció en la nueva localidad y fue elegido regidor por el Cabildo en el 1521, cuando se dio a Panamá el título de ciudad. Su defensa constante que hace de los nativos, denunciando en sus escritos los malos tratos que reciben y como son esclavizados, supuso que en el 1522 fuese nombrado  “visitador general de los indios” por el rey de España Carlos I, y en el desempeño de su función llegó al golfo de San Miguel, donde se encuentra una provincia que llaman Chuchama[56], muy poblada de gente, que hablan la lengua de los Cuevas. Allí le contaron sus habitantes que todas las lunas llenas vienen del sur por la mar unos hombres, que los tienen atemorizados, porque los exigen altos tributos, hasta el punto que no pueden salir ni a pescar. Proceden de una provincia que se denomina Birú, palabra que en boca de los soldados se corrompe y da Pirú, donde habita un poderoso cacique, que poseía grandes cantidades de oro y plata. Andagoya se ilusionó con aquellos fantásticos relatos y con la autorización del gobernador Pedrarias organizó en el 1522 una expedición que duró poco, según él mismo cuenta en la Relación de los sucesos acaecidos…, donde dice que: “llegó a aquel río del Perú, que está más acá del río de Sant Joan”, y que “tardó sólo seis o siete días en ir desde Chochama hasta Birú o Pirú”. Esas palabras nos hacen coaligar que penetró poco en la actual Colombia, a pesar de que afirma que realizó “el viaje del Perú”, y varias veces asegura en su citado escrito que fue el verdadero descubridor de dicho reino. Lo cierto es que en esa expedición sufrió un grave percance, que estuvo a punto de costarle la vida. Tomó una canoa para reconocer el litoral de la provincia de Birú y la profundidad del cauce de los ríos, pero al chocar con unos escollos volcó, permaneciendo sumergido en el agua durante largo tiempo hasta que uno de los jefes indios pudo sacarlo. Eso le produjo una larga enfermedad de más de tres años que le impidió montar a caballo y realizar nuevas salidas en busca del tan deseado Dorado, y le pidió Pedrarias, según cuenta él mismo en la Relación, que debía continuar Pizarro, Almagro y el padre Luque en tan deseada búsqueda.

y que ellos me pagarían lo que había gastado. Yo respondí que en lo de darles la jornada que holgaba dello; pero en lo de la paga yo no quería de ellos, porque a pagarme a mí los gastos, no les quedaba a ellos con que comenzar la cosa, porque no tenían ellos en aquel tiempo más de hasta seis mil pesos y aun éstos no todo en dinero[57].

Mientras tanto, el cacique Urraca había cercado Natá con un número muy elevado de indios, de forma que los cristianos no podían salir más allá de un tiro de piedra fuera de la ciudad a buscar alimentos. Pedrarias preparó una expedición de socorro con ciento sesenta españoles, dos caballos y algún tiro de artillería. Llevaba por capitán de su guardia a Francisco Pizarro, conocedor de la zona, que se enfrentó al cacique Urraca y, tras varias refriegas y muchos indígenas muertos, consiguió vencerlo. Una vez pacificada la región, el 20 de mayo de 1522 fundó la ciudad de Natá que se convertiría en el centro de futuras incursiones para penetrar en las regiones adyacentes[58].

El Trujillano había conseguido en estos veinte años de estancia en las Indias Occidentales un puesto destacado entre aquella pequeña aristocracia. Su arriesgo, valor y valentía ante el peligro, su decisión acertada en momentos difíciles, su fidelidad al jefe de turno, poco habitual entre aquellos conquistadores, su buen trato a los compañeros de milicia, su eficacia en la lucha contra los indios, en las múltiples expediciones en las que había participado, con resultados muy desiguales, hizo que se ganara el aprecio de Pedrarias, le nombrara su lugarteniente y hombre de confianza en los asuntos militares y en el reparto de encomiendas, después de fundar Panamá, le entregara la encomienda de Chochama en la isla de Taboga con 150 indios, donde Almagro recibió 40 indígenas, para completar los 80 que obtuvo en el cacicazgo de Susy, de modo que casi toda la isla era de ambos[59]. El padre Luque, recibió 70 indios en el cacicazgo de Perequete.

Pizarro ya era reconocido y había adquirido la categoría de vecino de la ciudad de Panamá, por lo que podía desempañar las más altas funciones dentro del cabildo. Había alcanzado cierta posición económica, notoriedad y un lugar envidiable dentro de la sociedad reducida del Istmo. Pero su obra no se limitará a estos primeros años en las Indias Occidentales, sino que se llenará de otros muchos actos positivos, como ya se sabe y han reconocido historiadores de todos los tiempos y tendencias, por los que le han dado calificativos muy favorables, como “El Buen Capitán”, “hombre de gran valentía, de comportamiento medido y de buenas intenciones”, “deseoso de agradar y de muchos amigos”, “muy confiado, de muy buena condición y conciencia”, “noble y generosos de condición”, “de espíritu estoico y senequista”, etc. Mientras los indios dirán que era el Apu Macho o “el más valiente en la guerra y el más humano en la paz”. Apelativos que no son los que se dan a una persona asesina, cruel o que solo le interesara el oro, que sorprendentemente le llegó por añadidura. Sin que esto quiera decir que no hubo atropellos de toda clase, efectuados por los españoles y también por los indios, como sucede en todas las guerras y especialmente en las de invasión. Ninguna conquista, por definición, es pacífica, porque nadie se somete de buen grado a un dominador extranjero; pero, dentro de la crueldad que toda empresa de este tipo conlleva, existen matices, y la realizada por Pizarro no fue de las más cruentas, hubo otras muchas que se realizaron con mayor virulencia y crueldad e incluso con exterminio de la población nativa.

 

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[1] Ferrer: Acto I, esc. III.

[2] Nicolás de Ovando nació en Brozas (Cáceres) en el 1460. Era hijo del capitán Diego Fernández de Cáceres y Ovando y de su primera mujer Isabel Flores de las Varillas, dama de la Reina Isabel la Católica. Ingresó en la orden militar de Alcántara y fue comendador de Lares, actualmente Esparragosa de Lares en Badajoz. En el 1502 fue nombrado gobernador y administrador colonial de La Española, actual República Dominicana y Haití, sustituyendo a Francisco de Bobadilla, comendador de Calatrava. Durante su gobernación se hicieron los primeros repartos de encomiendas, fundó diferentes pueblos de cristianos, conventos y promovió la agricultura. Trasladó la ciudad de Santo Domingo al enclave actual. Pero la población nativa quedó muy diezmada, debido a las cruentas guerras y a las enfermedades. En el 1509 fue sustituido y se le hizo un juicio de residencia. El 29 de mayo de 1511 falleció en Sevilla y fue enterrado en el convento de San Benito de Alcántara (Cáceres), residencia oficial de la orden alcantarina, donde llegó a ser  comendador mayor.

[3] OVIEDO, Part.1ª, lib. 3º, cap. VII y LAVALLÉ, 2004: lib. I, put. 2.

[4] Recordar que el descubrimiento se debió al reino de Castilla-León, con Extremadura, Andalucía, Murcia y Canarias y por lo tanto en un principio estaban excluidos de pasar a las Indias los vecinos de los reinos de Aragón-Cataluña, Valencia y Baleares, pero cuando muere Isabel la Católica, su esposo Fernando autoriza el paso a todos los demás reinos de España.

[5] Oviedo escribe Larez, y Barrenechea, Lara. Aclarar la imprecisión de que no son 25 años atrás, sino que son 27, pues se embarcó en la expedición del comendador de Lara, que era Nicolás de Ovando, como se ha dicho.

[6] Podemos encontrar esta denominación escrita al menos de tres formas diferentes: Pedrarias Dávila, Pedrarias de Ávila y Pedro o Pero Arias de Ávila. Agustín de Zárate, lib. II, cap. VIII, escribe Pedro Arias, gobernador de Castilla de Oro, cuya capital fue Santa María de Darién y después Panamá.

[7] Tierra Firme quedó divida en Nueva Andalucía, y la zona de Castilla de Oro, que iba desde San Sebastián de Urabá hasta la actual Costa Rica, concedida a Diego de Nicuesa, por Real Cédula de 28 de febrero de 1510. El Rey Fernando el Católico autorizó a los dos nuevos gobernadores la embarcación de 200 hombres de la Península y 600 hombres de la Isla La Española.

[8] Alonso de Ojeda nació en Torrejoncillo del Río (Cuenca) en el 1466, aunque hay diferencia de criterios en la fecha de nacimiento e incluso del lugar. Era oriundo de Ojeda, cerca de Oña. Por influencia del obispo de Badajoz, Juan Rodríguez de Fonseca, fue al frente de una de las naves colombinas en el 2º viaje del Almirante, realizado en el 1493, y participó activamente en someter a los indios de La Española y en otras misiones que le encomendó Colón. Regresó a España y el 18 de mayo de 1499 salía del puerto de Santa María en una sola carabela, proporcionada por el prelado Fonseca y acompañado de Américo Vespucio y Juan de la Cosa. Recorrió las costas de Venezuela, donde localizaron algunos palafitos o viviendas lacustres, que a Vespucio le recordaron Venecia, de ahí que pusieran al lugar Venecia Chica o Venezuela, y las costas Colombia entre el 1499 y 1502, de todo ello levantó un plano Juan de la Cosa.

[9] LAS CASAS, lib. II, cap. I.

[10] Ibidem, lib. II, cap. LVII.

[11] Ibidem, lib. II, cap. LVIII.

[12] Ibidem, lib. II, cap. LVIII y LÓPEZ DE GOMARA, 1ª prt., cap. LVIII.

[13] Estaba en la actual Colombia, próximo a la localidad de Necoclí, Antioquia.

[14] FERNÁNDEZ DE OVIEDO, 2ª part., lib. VII. Solemos citar a este cronista por el apellido Oviedo.

[15] Ojeda con gran dificultad para andar, tras el fracaso, fue destituido de su cargo por el rey de España y se retiró al Monasterio de San Francisco de la capital dominicana, sumido en una gran pesadumbre y allí murió el año 1515. Su cuerpo fue enterrado a petición propia en la puerta principal del templo para que fuera pisado por los que acudieran a la iglesia, consciente de que sería una forma de pagar por los errores cometidos en su vida.

[16] LAS CASAS, lib. II, cap. LX.

[17] Pedro Cieza nació en Llerena por el año 1520, aunque otros lo retrasan hasta el 1522, en el seno de una familia acomodada. En el 1535 se embarca para América y participa en la fundación de varias ciudades, bajo las órdenes de los capitanes Alonso de Cáceres y Jorge Robledo, en Cartagena de Indias (Colombia). Luego pasó a formar parte de los hombres del adelantado Sebastián de Benalcázar en Popayán. Intervino en el enfrentamiento entre Benalcázar y Robledo sin éxito, lo que costó la vida a este último, que fue ajusticiado en el 1546. Cieza pasa al Perú, incorporado a las tropas reales y después de Xaquixaguana se instala en Lima, donde permanece hasta el 1551 que regresa definitivamente a España. El Presidente Pedro de la Gasca le nombró cronista oficial y le concedió acceso a los archivos oficiales para escribir su historia, que comenzó a escribirla, según él mismo dice, en e1541 en Cartagena, perteneciente a la gobernación de Popayán, y la terminó el 8 de septiembre de 1550 en Lima. Y fue dedicada al muy alto y poderoso señor don Felipe II, príncipe de España. Cieza se inspiró además de los protocolos oficiales en los relatos que los mismos conquistadores e indios le contaban, como en sus propias observaciones viajeras y en las experiencias de guerra.

[18] CIEZA DE LEÓN, Prt. 3ª, cap. VI.

[19] Esa es la opinión del padre LAS CASAS, lib. II, cap. LXII, mientras que FERNÁNDEZ DE OVIEDO asegura que fue entre las velas del barco.

[20] Balboa nació en Jerez de los Caballeros (Badajoz) en el seno de una familia de hidalgos de baja alcurnia, se embarcó para las Indias Occidentales con el escribano Rodrigo Gutiérrez de Bastidas, nacido en el 1445 en el barrio sevillano de Triana, convertido en empresario en colaboración con Joan de Ledesma prepararon uno de los llamados “viajes andaluces o menores”, con licencia de los Reyes Católicos. Llevaban de piloto a Juan de la Cosa, famoso cartógrafo que ya había navegado con Colón. Salieron del Puerto de Cádiz en enero de 1502, según FERNÁNDEZ DE OVIEDO, en Historia General… Vol. III, lib. XXVI, cap. II, en dirección a las Indias Occidentales, donde tan sólo se conocían Las Antillas, la costa de Venezuela, las Guayanas y la costa septentrional de Brasil, todo lo demás estaba por descubrir. Balboa con ellos exploró la orilla de Tierra Firme, al oeste del cabo de la Vela, en el litoral atlántico colombiano, descubrieron la desembocadura del río Magdalena y llegaron hasta el golfo de Urabá. Vasco Núñez se afincó en La Española y Ovando lo acusó de incursiones en su territorio de colonización y lo hizo prisionero. Fue liberado y se dedicó a la agricultura sin éxito, pero con muchas trampas, por lo que sus acreedores lo perseguían y fue cuando huyó clandestinamente de Santo Domingo escondido en el barco de Enciso, que se dirigía a Urabá, como hemos dicho. El resto de su biografía la iremos desarrollando a través de este estudio.

[21] LAS CASAS, lib. II, cap. LXII.

[22] MADUEÑO GALÁN: 53

[23] Veragua fue un territorio en la América Central, equivalente más o menos a la actual Costa Rica, que Carlos V tuvo que conceder a Diego Colón, hijo del Almirante, para zanjar unos pleitos que tenía con la familia (OVIEDO, 1ª prt., lib. IV, cap. VII).

[24] En una Real Cédula de 1510 se declara que el golfo de Urabá correspondía a Alonso de Ojeda. AGI. Registros 139-1- 3, fol. 34.

[25] LAS CASAS, lib. II, cap. LXVIII.

[26] Ibidem, lib. II, cap. XXXIX.

[27] El cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, que conoció a Balboa, en Historia general y natural… hace una descripción detallada de este descubrimiento.

[28] Pedrarias nació en Segovia en el 1440 en el seno de una familia de judeosconversos de Toledo. Era hijo de Pedro Arias Dávila, el Valiente, doncel de Enrique IV y contino y coronel de los Reyes Católicos, que participó en la guerra de Navarra, y de su segunda mujer María Ortiz de Valdivieso. El padre Las Casas denomina a Pedrarias con el sobrenombre de Furor domini, por su trato inhumano a los indios y por la excesiva dureza que usaba con los españoles. Se casó con la segoviana Isabel de Bobadilla y Peñalosa, hija, según PRESCOTT, lib. II, cap. I, de doña Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya, camarera de la reina y su amiga personal, que tenía tanta ascendencia en la Corte que el pueblo decía: “Después de la Reina de Castilla, la Bobadilla”. Isabel era veinte años más joven que él, pero de gran coraje y no dudó en dejar a siete de los nueve hijos que tuvo en España y marchar con su marido al Darién por algún tiempo. Estuvo de gobernador de Castilla de Oro desde el 1514 a 1526, y fue destituido tras el segundo juicio de residencia, realizado por Juan de Salmerón. Poco después se le entregó la gobernación de Nicaragua, que gobernó de 1528 al 6 de marzo de 1531, que falleció. La madre de su esposa y su propia mujer (las Bobadilla) fueron clave en su defensa en múltiples ocasiones (CORREA: 369).

[29] Pascual de Andagoya nació en el pueblecito de Andagoya, actualmente una aldea del valle de Cuartango en la provincia de Álava. Se cree que el acontecimiento tuvo lugar en el 1498 por unas declaraciones que hace el cronista Fernández de Oviedo, al afirmar que era un mancebo cuando se alistó a la expedición de Pedrarias Dávila, que no debía sobrepasar los 16 años. Su padre era el hidalgo Joan Ibáñez de Arca, pero desconocemos quien fue su madre y cómo se llamaba. Su vida en América está llena de altibajos. Participará en varias expediciones por orden de Pedrarias y sobre todo fue el primero que se aventuró en ir en busca de Birú o Pirú, actualmente el Perú. Se casó con una dama de apellido Tovar, que estaba al servio de la esposa de Pedrarias, obtuvo una encomienda de indios y fue padre de un hijo al que denominó Juan, que estuvo con Hernando Pizarro en el cerco de Cuzco. En el 1539 Carlos V le nombró adelantado y gobernador de San Juan, una franja costera en Colombia, donde fundó la ciudad de Buenaventura. En el 1541 mandó a Jorge Robledo a la conquista de nuevos territorios y fundo la ciudad de Antioquia. Andagoya murió en Cuzco el 18 de septiembre de 1548.

[30] Andagoya, en la Relación de los sucesos… da estos datos, otros historiadores ponen cifras diferentes, algunos afirman que fueron 22 barcos y unos 2.000 hombres los que formaban la expedición que organizó Pedrarias, al nombrarle el rey Fernando el Católico gobernador de Tierra Firme.

[31] A.G.I., legajo II, y Colección de viajes Fernández Navarrete, T. III: 337.

[32] Es la punta más septentrional de América del Sur, en la actual Colombia.

[33] Vid. MENA GARCÍA, 1998.

[34] Pan cazabi o cazabe era un sucedáneo del pan de trigo, pero hecho con mandioca, siguiendo el mismo proceso, con horneado incluido. Fue muy utilizado por los conquistadores.

[35] A.G.I.: 109-1-5.

[36] OVIEDO: Historia General… 1ª parte, cap. III: XLV, nota 7.

[37] Andagoya afirma que murieron de hambre y modorra en sólo un mes unos setecientos pobladores, y siete u ocho meses después la población había quedado reducida a la mitad.

[38] La Peregrina perteneció a la corona de España durante siglos y la lucieron varias reinas. José Bonaparte al dejar su reinado se la lleva junto con otras joyas de lo borbones, pasa a EE.UU. y la van adquiriendo sucesivos compradores. En la película “Ana de los mil días” la lleva puesta Elizabeth Taylor, y en el año 2011 se vende por 11,5 millones de dólares. Sin embargo, otra versión dice que está en España, que se la regalaron al rey Alfonso XIII con motivo de su boda y que la ha lucido la reina doña Sofía.

[39] LAS CASAS, lib. II, cap. LXV.

[40] LAS CASAS, lib. II, cap. LXVI.

[41] Esta forma de realizar la conquista es la que Balboa había descrito al rey Fernando el Católico en una de sus cartas.

[42] Gaspar de Espinosa podemos encontrarlo escrito Espinoza, porque en el siglo XVI se distinguía entre consonantes sordas y sonoras, pero hemos preferido escribirlo con -s-, dado que hoy no hay distinción de sonoridad.

[43] LAVALLÉ, 2004, 1ª part., pto. 2: 40 y ss.

[44] MELLAFE: 17.

[45] A.G.I., lib. de Tierra firme, año 1513 y TORIBIO MEDINA, T. II. Adelantado equivalía a jefe de la tropa del gobernador Pedrarias, nombramiento que irritó más al Segoviano y acrecentó las diferencias que se habían establecido entre ambos.

[46] Tras el ajusticiamiento de Balboa, María casó con el regidor de Segovia, Rodrigo González de Contreras y de la Hoz, que en el 1535 tomó posesión de la gobernación de Nicaragua. La otra hija de Pedrarias, Isabel Arias Dávila y Bobadilla casó con Hernando de Soto, al servicio de Dávila en Tierra Firme, capitán de Francisco Pizarro en el Perú y más tarde el conquistador de la península de la Florida.

[47] ALTOLAGUIRRE, 1914: 109, que toma la referencia de la Carta de Pedrarias a SM, 20-01-1516, asegura que fue el Segoviano el fundador de Acla, cuando uno de los hombres del cacique Careta se había sublevado contra su voluntad. Pedrarias lo mandó llamar e intervino en su reconciliación entre ambos indígenas, entregándolo un estandarte de V. M., que tomó y “alçó en nombre de todos por verdaderos vasallos”. Una forma de presentarse como auténtico pacificador de los indios ante el rey, cuando en realidad era todo lo contrario.

[48] Algunos cronistas consideran que Pedrarias había recibido de Fernando el Católico una cédula real en la que una de las cláusulas pedía que se prendiera al rebelde Balboa y le remitiera a España para que rindiera cuenta de las acusaciones de Enciso por la desaparición de Diego de Nicuesa.

[49] MENA GARCÍA, 2015, cap. IV: 110 y ss.

[50] Vid. AGI. Colección de Juan Bautista Muñoz, T. 76. Memorial de Gonzalo Fernández de Oviedo denunciando abusos de Pedrarias Dávila y sus oficiales en la Gobernación de Castilla del Oro.

[51] BUSTO DUTHURBURU, 1978: 89 y ss.

[52] El 15 de septiembre de 1521 Panamá recibió el título de ciudad y el escudo de armas, mediante real cédula otorgada por Carlos I, rey de España.

[53] A comienzo de 1670 el pirata inglés Henry Morgan destruyó la ciudad antigua, que poco después se trasladaría a la actual Panamá a unos diez kilómetros al suroeste de la vieja.

[54] En el 1503 Cristóbal Colón funda un asentamiento con el nombre de Santa María de Belén en el lugar que más tarde ocuparía Nombre de Dios, que duró tan solo medio año por falta de población. En el 1510 Lope de Olano, lugar teniente de Diego de Nicuesa, funda en dicho lugar la población de Belén, donde juntó hasta 300 hombres, que duró algo más de 8 meses, pero se abandona el lugar porque era un puerto malsano y la población estaba en un cerro. Nicuesa ese mismo año funda de nuevo el poblado con la denominación de Nombre de Dios. En el 1511, se origina nueva despoblación, pero con la fundación de Panamá en el 1519 adquiere protagonismo al unirse los dos puertos marítimos. Y el 23 de noviembre de 1537 por Real Provisión recibe el título de ciudad.

[55] Respuesta que da Diego Díaz en la probanza que hace Almagro el 13 de abril de 1531.

[56] Fray Bartolomé de las Casas, lib. II, cap. LXVI, dice que “llegaron a un pueblo de un cacique que había por nombre Chuchama”. El termino se puede aplicar a una provincia, a un pueblo o a un cacique y podemos verlo escrito, según el cronista de la época, de muy distintas formas: Chochama, Chuchama, Chichaza, o Chinchama, que escribe Zárate, etc.

[57] Para ampliar detalles conviene consultar la descripción que se hace cuando concede Carlos V y su madre doña Juana el escudo de armas a Pascual de Andagoya, una vez que fue nombrado adelantado y gobernador de la provincia del Río San Juan en el 1539, recogida en el siguiente documento: Sociedad de Bibliófilos Españoles (MDCCCXCII): Nobiliario de conquistadores de Indias. Pascual de Andagoya. Tomo XXX. Madrid,  pág. 13.

[58] En el año 1515 Gonzalo de Badajoz descubrió esta región donde consiguió bastante oro. Un año más tarde Gaspar de Espinosa estuvo en el poblado nativo de Natá cuatro meses y por carta contó a Pedrarias lo poblada que estaba la zona por el gran número de bohíos que tenía, y la abundancia de víveres que había en maíz, venados, pavos, pescados. Vid. LAS CASAS, lib. II, cap. CLXIII, para ampliar conocimientos, sobre todo de esta última parte de Natá.

[59] MELLAFE: 36.

Nov 122021
 

 Antonio Cantero Muñoz

1 INTRODUCCIÓN

Las representaciones de la Pasión (o Autos de Pasión), así como la presencia en procesiones de figuras bíblicas, es un aspecto muy importante sobre las manifestaciones de religiosidad popular en Extremadura, cuestión analizada por Francisco Tejada Vizuete[1], así como por Javier Marcos Arévalo y Sebastián Díaz Iglesias[2]. Con respecto a Trujillo no había nada publicado, hasta que en el año 2006 di a conocer el encuentro de la Verónica con el Nazareno el Miércoles Santo, así como la participación de las figuras bíblicas en la procesión del Entierro de Cristo el Viernes Santo[3]. Sin embargo, he localizado importantes testimonios inéditos de cierta relevancia, que acreditan su conservación y permanencia en las celebraciones pasionistas durante el siglo XIX, que será el objeto de mi comunicación.

Históricamente, los Autos de Pasión hunden sus raíces en la Edad Media, su fin era hacer más asequibles a los creyentes los dogmas de la religión, complementando las historias narrativas contenidas en muros, vidrieras, bóvedas, tímpanos, capiteles, o retablos. Facilitaban su enseñanza, pues su contenido se podía comunicar mejor, con el lenguaje hablado y sus montajes escénicos. A principios del siglo XVI, la antigua costumbre de celebrar de manera festiva y con representaciones teatrales los distintos ciclos litúrgicos, especialmente la Pasión de Cristo, fue objeto de crítica por parte de los reformadores de una iglesia, que dejaba mucho que desear como institución de carácter religioso.

Durante el Concilio de Trento, los luteranos defendieron la iconoclastia y el culto interno como medio de depuración de la fe, proclamando que «no se debe adorar a Cristo en la eucaristía, ni honrarlo mediante fiestas, ni pasearlo en procesiones, ni llevarlo a los enfermos«[4]. Por su parte, los católicos argumentan que las manifestaciones externas eran apropiadas para excitar los sentimientos interiores de sumisión y reverencia a Dios, así como que las imágenes constituían una gran ayuda para la formación religiosa. En consecuencia, la celebración de la Semana Santa fue fomentada, pues servía para manifestar con imágenes y representaciones de forma visual, los mensajes de los Evangelios de la liturgia del Triduo Pascual[5]:

Enseñen diligentemente los obispos por medio de la historias de los misterios de nuestra redención, expresados en pinturas y en otras imágenes, se instruye y confirma al pueblo en los artículos de la fe, que deben ser recordados y meditados continuamente y que de todas imágenes sagradas se saca gran fruto, no sólo porque recuerdan a los fieles los beneficios y dones que Jesucristo le ha concedido, sino también porque se ponen a la vista del pueblo los milagros que Dios ha obrado por medio de los santos y ejemplos saludables de sus vidas, a fin de que den gracias a Dios por ellos, conformen su vida y costumbres a imitación de la de los santos, y se muevan a amar a Dios y a practicar la piedad«.

En Trento, las representaciones de teatro sacro con actores vivientes fueron prohibidas, aunque se permitieron los desfiles con imágenes inmóviles, dentro de los cánones establecidos por las autoridades eclesiásticas. Sin embargo, el único recuerdo permitido de los Autos de Pasión, fue el acompañar los pasos con personas disfrazadas de figuras bíblicas, con su rostrillo y martirio o símbolo que facilitaban su identificación, que permanecían mudas durante el cortejo. Esto supone el máximo acercamiento entre la religión oficial católica y la religiosidad popular, que era muy propensa a la teatralización de las celebraciones religiosas[6]  

En este contexto, junto a los desfiles procesionales, alcanzaron gran auge los sermones y representaciones de escenas de la Pasión, en los que además de varias imágenes penitenciales, participaban figuras bíblicas y los pregoneros o «resaores«, que narraban la escena que se estaba interpretando, con el fin didáctico antes indicado[7], cuyo texto a pesar de los avatares históricos se ha conservado[8].

2 LAS REPRESENTACIONES DE LA PASIÓN POR LA COFRADÍA DE JESÚS NAZARENO

Por tradición histórica, las cofradías con la advocación Jesús Nazareno, cuidaban de que tuviera lugar el llamado “Sermón del Paso”, donde se escenificaba toda la historia del Misterio de la Redención, con especial referencia al Sacrificio de Isaac, haciéndonos saber que cuando el hijo de Abrahan iba a ser inmolado, cargó con el leño para el sacrificio, como lo hizo Jesús Nazareno con la cruz camino del Calvario, para morir por nuestros pecados, con el fin de redimir al género humano.

En el caso concreto de la de Trujillo, ya es conocida la representación de las tres caídas de Jesús Nazareno[9], cuyo momento más relevante era el encuentro con la Verónica[10], al objeto de limpiarle el rostro, acto que tenía lugar en las inmediaciones del edificio conocido como Casa de la Cadena[11].

Durante ese periodo, el transcurso de la procesión por las calles era anunciado por una trompeta, que se detenía por primera vez a la puerta del convento de San Francisco, cuya comunidad rendía honores. Al llegar a la Plaza Mayor se apartaba la Verónica, para encontrarse con el Nazareno en las casas que fueron de don Alonso de Herrera, (lugar conocido como Casa de la Cadena), donde tenía lugar la segunda humillación, acercando el paño para limpiar el rostro por tres veces, volviendo la cabeza del Nazareno a los penitentes que le seguían[12], al tener su efigie un mecanismo para poderlo hacer, realizándose esta representación desde 1629. La última tenía lugar en las puertas del convento de la Encarnación, donde también era recibido por los dominicos.

Existen varios testimonios que acreditan, que durante la segunda mitad del siglo XIX, continuó la tradición del encuentro de Jesús Nazareno con la Verónica. Así, en las juntas de los cofrades que celebraban cada año el Domingo de Ramos, conforme al artículo 21.3º de sus estatutos, tenían por objeto preparar la procesión del Miércoles Santo, donde también se procedía a designar los hermanos de paso y quienes los regían. Asimismo, se reseñaba el cofrade a quién le correspondía “para hacer los pasos” o las representaciones de la Pasión. En la que tuvo lugar el 25 de marzo de 1877, se nombraron  “para hacer los pasos: Diego Lozano y Juan Lozano. Para la corneta Manuel Avis”.

Es muy importante el artículo que publicó el periódico La Opinión, con fecha 31 de marzo de 1926. En el mismo, se describe cómo era la Semana Santa en Trujillo en la década de los años 70 del siglo XIX, narrando con precisión en los términos antes expuestos, el encuentro de Jesús Nazareno con la Verónica, en la Plaza Mayor de Trujillo[13]:

Miércoles Santo. A las cinco de la tarde de ese día se organizaba la procesión de los Pasos, que salía del Santuario de Jesús y terminaba en San Francisco. En la Plaza Mayor tenía lugar la ceremonia de enjugar la Verónica el rostro de Jesús. A este fin, en la Casa de la Cadena se tenía preparada, por los Hermanos Imagen de la Verónica, quienes al aproximarse la procesión a la escalera estrecha, única que inmediatamente por la plaza da acceso a la parte superior de la de abastos, la bajaban a paso acelerado hasta la de Nuestro Padre Jesús, que paraba algunos metros antes de referida escalera. Era desplegado el velo que en sus manos llevaba la Verónica al acercarle a la cara de Jesús, y ante la fiel muchedumbre aparecía impreso el rostro del Salvador. Retirada la imagen para formar en la procesión, el Nazareno volvía la cabeza a todas partes, como buscando agradecido a la santa mujer compasiva, entre tanto que un sonido lánguido y prolongado de clarinete o corneta, juntamente con lo emocionante de la escena, ponía una nota de dolor y emoción honda entre los fieles. Antes, en la plaza, se habían presentado las tres caídas de Jesús”.

La edición del periódico La Opinión de 28 de marzo de 1923, recoge una poesía del poeta Gregorio Rubio Mariño, conocido como “Goro”, que se refiere expresamente al referido encuentro:

¡Que tiempos aquellos,

qué pronto se marcha.

Qué tiempos aquellos

de Semana Santa!

Era yo muy niño.

Aun no me dejaba

salir por mi cuenta,

andar a mis anchas.

Siempre de la mano

de nuestra criada,

de aquella que nunca,

nunca me soltaba.

Es Miércoles Santo.

Vamos a la plaza

a ver La Caída

de la renombrada

procesión en donde

Cristo «jocicaba»

(Frase de sencillas

gentes comarcanas)

La plaza esta llena

de gente que aguarda

el paso del Cristo

que se arrodillaba.

De pronto se agitan,

se oye la algaraza.

¡Ya viene, ya llega!

¡Ya se ven las andas!

Vienen en silencio.

Ahora no hay campañas.

Tan solo se oyen

las acompasadas

y fúnebres notas

del tambor o caja

que el señor «Salinas»

sin papel tocaba.

Ya llegan al arco.

Ya están en la plaza.

El Señor del Huerto,

ahora el de la Caña;

ahora llega el otro;

los hombres de agachan

porque da en el arco

la cruz empinada.

¡Este es el que impone.

Este es el que aguarda

con tanta impaciencia

la gente en la plaza!

De la Cruz a cuesta

se denominaba,

por llevar al hombro

la preciosa carga.

Era un viejo Cristo

de faz demarcada,

(tanto que a los chicos

¡qué miedo nos daba!)

¡Con aquellos ojos.

Con aquella cara

tan llena de sangre,

tan desfigurada!

¡Con una corona

de auténtica zarza,

con unas espinas

muy largas muy largas!

Con aquellas sienes

tan acribilladas….

¡pobrecito Cristo,

que pena inspiraba!

Aquel era el Cristo

que tenía fama

entre las sencillas

gentes comarcanas.

Aquel era el Cristo

por el que lloraban

cuando se caía

cuando “jocicaba”.

¡Ya llega el momento.

Ya hicieron parada!

¡Ya se arremolinan,

suéltame muchacha!

No quiere. Yo tiro

con todas mis ganas

y al fin me veo libre

de aquella tenaza.

¡Quiero verlo cerca.

Quiero ver las caras

que aparecen luego

en la tela blanca,

en aquel pañuelo

con el que limpiaba

el sudor al Cristo

aquella otra Santa

¡Mirala, ya viene.

Ya corre, ya baja

por las escaleras!

¡La traen en volandas.

Mirar como llora,

Mirar como avanza

dispuesta a limpiarle

a Jesús la cara!

Tocan a silencio

Todo el mundo calle

¡Parece mentira

que halla tantas almas.

Ya se agacha el Cristo.

La gente le tapa,

me empino, me empino,

pero no veo nada!

Veo a las mujeres.

Las veo angustiadas,

unas que suspiran

otras que lloraban,

y yo también lloro,

¡más lloro de rabia

porque no me dejan

ver lo que allí pasa!

Ya pasó el momento.

Ya se desparraman.

Ya veo a la imagen,

pero levantada.

Ya lleva el pañuelo

con el que limpiara

la faz dolorida,

tres veces marcada.

¡Ya se acabó todo!

Ya otra vez e marcha

se ponen los hombres

que llevan las andas.

Ya desaparecen.

Ya suenan lejanas

las fúnebres notas

del tambor o caja

¡Qué escenas aquellas.

Y como se graban.

Qué tiempo, qué pena,

qué pronto se pasan!

 

Pero por parte de la Cofradía de Jesús Nazareno, las representaciones de la Pasión continuaban, aunque la estación de penitencia había finalizado en la Iglesia de San Francisco, quedando allí las sagradas imágenes.  El Jueves Santo por la tarde, tenía lugar a la imagen de Jesús Nazareno el Sermón de la Pasión o Sermón del Paso, donde se escenificaba todo el Misterio de la Redención, con especial referencia al Sacrificio de Isaac, haciendo saber que cuando el hijo de Abraham iba a ser inmolado portó la leña, como lo hizo Jesús Nazareno camino del Calvario, para redimir al género humano tras su muerte en la Cruz. Comenzaba a las 8 de la tarde, a cuyo término desde el coro se anunciaba la sentencia a muerte dictada por Pilatos, simulando la aceptación por el Eterno Padre de la muerte de su Hijo, por la salvación del género humano. Comenzaba a las 8 de la tarde, a cuyo término desde el coro se anunciaba la sentencia a muerte dictada por Pilatos, simulando la aceptación por el Eterno Padre de la muerte de su Hijo, por la salvación del género humano. De este acto, también da cuenta el periódico La Opinión de 31 de marzo de 1926[14]:

Jueves Santo: Además de los oficios propios de este día, a las ocho de la noche se predicaba en San Francisco el Sermón de la Pasión. Al terminar la oración sagrada, desde el coro se anunciaba la sentencia a muerte dictada por Pilatos contra Jesús, y desde el crucero de la Iglesia se simulaba la aceptación por el Eterno Padre de la muerte de Jesucristo por la salvación del género humano”.

            Además de la referida sentencia, a su término también se cantaba el Sermón del Ángel[15]. Su objeto, es explicar el verdadero sentido de la condena de Cristo, sirviendo de confortación al propio Nazareno. También se conoce con el nombre de sentencia buena frente a la sentencia mala dictada por Pilatos, que siempre es anterior. Sirve de justificación divina de la muerte de Jesús, que permite su condena en beneficio de la Humanidad, pues supone liberar al género humano del pecado. Este dato hasta ahora desconocido, consta en el libro donde se anotaban los hermanos de paso de esta cofradía[16]:

Antonio Lozano Salvan, soltero, ha sido admitido hermano de paso gratuitamente, por haber hechado el pregón del Ángel varios años, en el sermón de Pasión el 12 de febrero de 1881, sin voz ni voto”.

En este momento desconocemos cual era el texto de la referida sentencia a muerte al Nazareno, ni tampoco la del Sermón del Ángel, este último cantado, ignorando también su tono musical, pero entiendo que sería similar al de otras muchas localidades[17]. Creo que se podría haber usado, los textos contenidos en el libro titulado, Cantos Dolorosos en que se explica la Pasión de Nuestro Divino Redentor y Angustias de María Santisima Nuestra Madre y Señora, por cuanto un ejemplar se conserva en la biblioteca de Monasterio de Guadalupe, en razón de la cercanía e influencia de dicho cenobio con Trujillo.

La junta que tuvo lugar el 6 de abril de 1884, que era Domingo de Ramos, comenzó por señalar el recorrido que debía seguir el cortejo el Miércoles Santo, en vista de las obras efectuadas en la Plaza Mayor. Después de discutir la cuestión que tenía cierta transcendencia, pues afectaba al acto tan emblemático como el encuentro con la Verónica, “se acordó que el Paso se haga en la parte baja de la Plaza, y que la Verónica se instale en la casa que siempre lo ha hecho bajando las escaleras estrechas del Paseo para verificar el paso, y que la procesión vaya por la carrera acostumbrada”.

3 LA COFRADÍA DE LA SOLEDAD Y EL SERMÓN DE LAS SIETE PALABRAS Y DESCENDIMIENTO

Como regla general, las cofradías cuya advocación es Soledad de Nuestra Señora y Santo Sepulcro, se han encargado de organizar el Sermón de las Siete Palabras y Descendimiento, antes del comienzo de la estación de penitencia de la tarde noche del Viernes Santo. Su fin básico también era el didáctico, pues frente a las teorías protestantes, pretendía enseñar con recursos visuales, al proceder al desenclavamiento y traslado de la imagen del Jesús por dos vecinos, que representaban a los Santos Varones José de Arimatea y Nicodemo, que una vez que Cristo muere en la Cruz, su dimensión divina sigue unida tanto a su cuerpo, llagado por la Pasión y enterrado en el Sepulcro, como a su alma, aunque cuerpo y alma estuvieran separadas. La imagen del Santo Sepulcro estaba especialmente preparada para participar en la ceremonia del Descendimiento, al tener sus brazos articulados, como nos dice Ramos Rubio[18] con respecto a la que hoy se encuentra en la Iglesia de Santa María la Mayor de Trujillo.

En el año 2006, acredite la presencia de figuras bíblicas en el cortejo de la procesión del Entierro de Cristo[19], en concreto las de José de Arimatea y Nicodemo, pues el inventario de bienes de la Cofradía de la Soledad, incluía “dos bandas, una colorada y otra pjica de tafetán de los dos caballeros Nicudemus y Arimatea”.

Tengo que hacer una precisión, con respecto a los sermones que estaban a cargo de esta cofradía. El libro titulado El Procesionario de Trujillo, cuyo contenido conocemos a partir del 2010[20], aporta un dato nuevo y relevante, relativo a que se predicaban dos sermones el Viernes Santo, pero en dos sitios distintos. El primero en la Ermita de la Magdalena[21], que tendría lugar fuera del templo si el tiempo lo permitía: “El Viernes Santo por la tarde, se hacen en la Hermita de la Magdalena la Procesión del Descendimientto de la Ymagen de Xpto Nro Señor de la Cruz, que se dice el entierro de Christo”. Más tarde la ceremonia del Descendimiento, al indicar que “finalizado el sermón y puesto el Sr en el ataud”, es decir desenclavado el cuerpo de Cristo, e introducido en el Sepulcro. A continuación la procesión de la Soledad, que partía del Convento de la Encarnación a las nueve de la noche, refiriéndose entonces al Sermón de la Soledad, distinto del anterior[22]: “Llegada la hora, que será las de las nueve de la noche poco más o menos, en que esta Juntto al Cabildo y la Justicia Rl en la Yª de dicho Conventto se predica la plática

Esta era la tradición histórica de la Cofradía de la Soledad, que de alguna forma se volvió a reflejar en el art. 2 de los estatutos aprobados en 1848[23], que se expresaba en los siguientes términos:

Costear las funciones que se practicaran en el Viernes de la Semana Santa, cuales son el Sermón de las Siete Palabras, Descendimiento, y Soledad, todo sin perjuicio de aumentar otras funciones si lo permitieran las circunstancias y fondos de la Cofradía”.

Sin embargo, cuando las reglas fueron presentados a la autoridad diocesana, don Manuel Tiburcio Diaz, en calidad de gobernador eclesiástico por delegación del obispo don Gregorio Valera, resolvió que no se aprobará de forma completa el artículo 2, del que solo se permitiría que tuviera lugar el Sermón de la Soledad:

Habiendo visto las precedentes Constituciones y Reglamento de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de la Ciudad de Trujillo, presentadas pª su aprobación pr los hermanos y cofrades de la misma, ha tenido a bien S Señoría por ante mi el infrascripto Secretario, acordar su aprobación cuanto ha lugar en dro, salvo siempre los derechos parroquiales, prohibiendo pª hora  hasta nueva disposición en contrario los dos Sermones de la Siete Palabras y Descendimiento de que habla el artículo segundo de las Constituciones”.

Una de las causas que explica la negativa de la autoridad diocesana, deriva de las irreverencias y malas conductas que tenían lugar durante el mismo, dando lugar a incidentes. Siempre ha existido una estrecha relación entre fiestas y religión, formando un todo interrelacionado que no se podía separar. La fiestas, que coincidían con una celebración religiosa tan relevante como el Viernes Santo, suponía la ruptura de la vida cotidiana, cesando las actividades laborales y productivas, disfrutando de unos merecidos días de recreo y diversión. Por tanto, los vecinos participaban masivamente en los actos de culto, que muchas veces eran momentos de  esparcimiento, que servían para disminuir las tensiones de la rígida sociedad de la época.

Disponemos de varios testimonios que lo acreditan, como el acta de la junta de hermanos del Nazareno de 24 de enero de 1847[24], donde se modificó el día que tendría lugar el Sermón de Pasión. Su razón, es que habiéndose predicado hasta ahora en la madrugada del Viernes Santo, debido a que el día anterior tenía lugar el mismo en las iglesias conventuales, pero que tras los procesos desamortizadores fueron suprimidas, “y con el fin de evitar también muchas irreverencias que se cometían en espresado día de Viernes Santo, se acordó, que el expresado Sermón de Pasión se predique en lo subcesivo el Jueves Santo a las ocho de su noche en la Yglesia de Sn Francº, hoy Parroquia de San Andrés”.

Esta situación no es coyuntural de un año, como también refleja el oficio remitido por el párroco Ildefonso Cidoncha al Alcalde de Trujillo, de 6 de marzo de 1850[25]:

Habiéndose prohibido en años anteriores el Sermón de las Siete Palabras, qe se predicaba en la Ygª de S. Franco de esta Ciudad por los desacatos e irreverencias qe durante el se cometían en el Templo y deseoso el Sr. Gobernador de complacer a los cofrades de la Soledad qe no ha cesado de suplicar les conceda de nuevo su permiso pª qe se predique el Sermón indicado Su Sria está pronto a permitirlo spre que la Autoridad Civil salga garante no solo del orden sino de la devoción y reverencia q los fieles deben obserbar en el Sto Templo

            Al efecto e encarga esplore la voluntad de VS y si se halla dispuesta a corregir los escándalos qe dieron margen a la prohibición de dicho Sermón, ya evitando qe las personas de uno y otro sexo estén confundidas y mezcladas unas con otras, ya poniendo de trecho en techo personas qe vigilen por el orden y compostura, ya en fin tomando todas las precauciones q le sugiera su prudencia y cele religioso, no ponga obice a los deseos de espresados cofrades. Sirvase VS manifestarme su modo de pensar pª según el dar mi resolución a los cofrades con tiempo suficiente para q puedan preparar lo necesario al efecto”.

A pesar de lo resuelto desde Plasencia, la Cofradía de la Soledad se mantuvo fiel a sus tradiciones. Así resulta del siguiente testimonio de 21 de febrero de 1856, sobre invitación que se hizo a la Corporación Municipal, para que asistiera a su estación de penitencia, que me ha sido proporcionado por Francisco Moreno Mandado. Este documento tiene un valor excepcional, pues describe con detalle cómo sería el cortejo, indicando todas las figuras bíblicas que participaban, que antes lo habrían hecho en el Sermón de las Siete Palabras y Descendimiento. Destacan soldados romanos escoltando al Santo Sepulcro, así como las siguientes figuras bíblicas: la Verónica, María de Salomé, María de Cleofás y María Magdalena, las Doce Sibilas y los Arcángeles [26]:

La Lucida Milicia Nacional de Caballería abrirá paso para contener el numeroso concurso que es consiguiente se agolpe a ver esta Religiosa Función. A esta escolta seguirán cuatro niños lujosamte vestidos, figurando una de las Tribus más conocidas en el Viejo Testamento, regidos aquellos por dos hermanos de dicha Cofradía. Detrás de este pequeño Coro, se presentará la Cruz de Ntro Redentor, regida por uno de los Cofrades más antiguos, subsiguiendola un Coro de Nazarenos, representados por niños de tierna edad. A este Coro seguirán todas las Cofradías, y después el Coro de las Doce Sivilas, figuradas por otras tantas Jobenes vestidas también con toda propiedad, llevando sus atributos, nombres y profecías.

            De esperar es, que el Paso del Santo Sepulcro, que sigue será presidido por el Sr Comandante de la Milicia Nacional, acompañado de todos los Sres oficiales del mismo cuerpo, y de los demás que se hallen en esta Ciudad. Este paso será escoltado por una pequeña fuerza vestida a la Romana, acompañada de la que tenga a bien disponer el Sr Comandante de la Milicia Nacional. Cuatro niñas igualmte vestidas figurando a la mujer Verónica y las Tres Marías, seguir con sus atributos, y después el paso de S. Juan Evangelista, regido también por uno de nuestros Hermanos. A este paso seguirá el Coro de Arcángeles, representados por niños llevando los correspondtes distintivos por donde son mas conocidos y sus inscripciones a saber. S. Miguel con el escudo y espada Quis sicut Dei (Quien como Dios). S Gabriel con el ramo de azucenas Fortitudo Dei (fortaleza de Dios). S Rafael con el Pez Medicina Dei (Medicina de Dios). El Ángel de la Guardia con un niño de la mano. S. Uriel Ygnis Dei. S. Sealtiel Oratio Dei”.

Señalar también, que las figuras bíblicas iban con sus correspondientes martirios, que es el símbolo que los identifica y distingue de los demás[27].

El artículo publicado en la edición de La Opinión de 31 de marzo de 1926[28] acredita lo que hemos expresado. Reitera la presencia de figuras bíblicas, que participaban mientras se predicaba el Sermón de las Siete Palabras. A destacar, el montaje de luz y sonido propios de la época, para hacerlos más impactantes:

Viernes Santo. Los hermanos de las demás Cofradías, terminados los oficios de este día, se dedicaban a preparar para el Sermón de las Siete Palabras. Un amplio velo de luto, que parte desde la parte posterior de la rotonda de San Francisco y es el mismo que hoy se usa aunque colocado de modo diverso, cubría todo el retablo y altar mayor. En el Presbiterio se construía un monte con dos carros de leña, piedras etcétera; en la parte superior se colocaba un Crucifijo de tamaño natural; en la parte posterior siete velas encendidas. A los lados del Crucifijo estaban niñas vestidas de Ángeles, que el pueblo llamaba las Marías y las Sibilas. A las doce en punto comenzaba el Sermón. Terminada la predicación de cada palabra, una de las Marías apagaba una vela. Durante las pláticas, estas mismas Marías iban y venían, con paso mesurado y muy reverentes, desde los lados del monte hasta la Cruz, adorando al Salvador. Al terminarse la predicación, a las tres de la tarde, se simulaba la conmoción de la Naturaleza con la muerte de Cristo, por medio de ruidos y luces que semejaban truenos, relámpagos, agitando el ramaje del monte etc. Sonaban entonces tres golpes en un barrilete, y a continuación tres campanadas en la torre, comenzando a dar sesenta, pausadas y lúgubres, la campana grande de Santa María la Mayor. En los años en que no había Descendimiento, terminadas estas escenas religiosas, los Hermanos preparaban el Santo Sepulcro y demás imágenes para la procesión del Santo Entierro, que se tenía al atardecer y salía de San Francisco y terminaba en la misma Iglesia con el Sermón de la Soledad, que al regreso era predicado.

El conflicto entre el obispado de Plasencia y la Cofradía de la Soledad de Trujillo continuó durante varios años, de los que disponemos de varios testimonios, de finales de la década de los años 70 del siglo XIX. Así, el 15 de marzo de 1877 la Cofradía de la Soledad le hizo saber al arcipreste de Trujillo, que como el obispado se negó a autorizar el Sermón del Descendimiento en la Ermita de San Lázaro, pues antes tampoco lo permitió en San Francisco, solicitaba que indicara en qué templo podría tener lugar[29]:

Reunidos en sesión la noche precedte los hermanos de luz de dicha Cofradía q indignamte presido y visto y examinado con detención el Decreto marginal q SSY el obispo de Plasencia se ha dignado estampar a la esposicion dirigida por mencionada Cofradía pretendiendo autorización para celebrar el Descdendimto el Viernes Santo en el atrio de la Ermita de S. Lázaro, por unanimidad se ha acordado dirijir a V la presente a fin de que se sirva designar una Yglesia de esta población en que poder celebrar la función del Descendimto sin qe pueda faltarse al decoro y recibimto acordando al propio tiempo esta Cofradía que si no señala Yglesia o local sagrado en que hacer referida función, no hacer ninguna en el presente año.

            Esta Cofradía espera de V se digne contestarla para disponer lo conveniente por la premura del tiempo. Firmado con fecha 15 marzo 1877 por Juan Blanco Giménez, dirigido al Arcipreste de Trujillo”.

El arcipreste contestó que consideraba una impertinencia, la invitación a designar otro lugar para el Sermón del Descendimiento, apercibiendo que de no hacerlo la Soledad, estaría a cargo del clero local en la Parroquia de San Martín[30]:

            Contestando a la comunicación de fecha de ayer 15 en la cual me manifiesta dos cosas: 1º que les designe una Yglesia de esta población en que poder celebrar la función del Descendimiento, sin que pueda faltarse al derecho y respeto religioso. 2º Que esa Cofradía tiene acordado suprimir el resto de las funciones que tiene de obligación en el presente año; debo decir a la 1ª que es una impertinencia el exigirme la designación de una Yglesia cuando Vdes sabiendo que no la hay fuera de la de S. Francisco; se han dirigido a el Ilmo Prelado solicitando su superior permiso para poder celebrar dicha función del Descendimiento a campo raso o sea, en el ábside de la hermita de S. Lázaro.

            A la 2ª manifestación, o sea a la brusca resolución de que esa Cofradía de no celebrar función ninguna diré que si Vdes no las hacen el clero tomará de su cuenta la procesión del Sto Entierro y Sermón de la Soledad, porque estas funciones puede hacerse holgadamente en la Yglesia de Sn Martín  no hay motivo para privar a los fieles de estos actos religiosos”.

            El 26 de marzo de 1877, la hermandad en contestación a comunicación recibida el 23 de marzo de 1877, señaló que todas las imágenes sagradas estaban a su disposición, en concreto la Virgen de la Soledad y Magdalena en San Pedro, Santo Sepulcro en San Francisco:

Enterada esta Cofradía de la comunicación de V fha 23 del corriente, y puesto qe se exije se pongan a disposición del respetable clero de esta ciudad, las imágenes y cera con qe cuenta dicha Cofradía, para las funciones del Viernes Santo, a fin de celebrar el Sto Entierro y Sermón de la Soledad, debo manifestar a V qe las Ymagen de Ntra Señora y Bendita Magdalena asi como el Sto Sepulcro están a su disposición las primeras en la Yglesia de S. Pedro y el segundo en la de S. Franco en inteligencia de qe dichas Ymágenes sean sacadas por parte del clero y vueltas a la Yglesia de S. Pedro todas tres donde serán recibidas por la Cofradía y Sras Religiosas y la cera se entregará el Viernes por la mañana la que pueda facilitarse”.

La situación de conflicto que estamos describiendo, vuelve a suceder en 1879. El arcipreste hizo saber el 26 de marzo a la Soledad[31], que el obispo le había facultado a suspender el Sermón de las Siete Palabras y Descendimiento, salvo que se hubiera garantías de evitar excesos:

En comunicación del 22 de los corrientes recibida en la mañana de este día me dice el Ylmo Obispo de la Diócesis que si yo creo real y verdaderamente que se adoptaran las medidas necesarias  (por quien corresponda y se ha comprometido con el Prelado) para que se eviten los excesos en la Yglesia de Sn Francisco con motivo del Sermón de las Siete Palabras pueda yo pueda autorizar se predique este sermón en espresado templo.

            En uso pues, de las facultades que me concede el Sr. Obispo, he venido en disponer que mientras no se me garanticen por quien deba, las seguridades ofrecidas al Prelado, no se permite el Sermón de las Siete Palabras, teniendo que advertir a V que el Clero hará la función de Soledad, caso de no predicarse aquel Sermón”.

También se apercibía que en cualquier caso tendría lugar el Sermón de la Soledad, a cargo del clero local. Sin embargo, ese año se autorizaron todos los sermones, en razón de las seguridades dadas por la autoridad municipal, de responder del orden y compostura durante la celebración de las funciones religiosas.

A pesar de lo dicho, estas celebraciones continuaban dando problemas. Así resulta de la comunicación de 18 de marzo de 1880, donde el obispado hizo saber al arcipreste de Trujillo, a través de su secretario don Cayetano González, que debía indicar al párroco de San Francisco (designando al templo como San Andrés), que prohibía el Sermón de las Siete Palabras y Descendimiento, autorizando la procesión y Sermón de la Soledad[32]. Asimismo, que el de Pasión tuviera lugar en la Iglesia de Jesús:

  • Enterado SSY el Obispo mi Señor de los desórdenes y profanaciones que desgraciadamente tienen lugar todos los días en la Iglesia de San Francisco de esa Ciudad, con motivo de los Sermones de las Siete Palabras y Descendimiento, sin que en la Autoridad Eclesiástica ni la civil hayan podido evitar tamaños excesos; ha tenido a bien ordenar que por conducto de V se diga al Párroco de San Andrés que este está en su derecho para no permitir se prediquen tales sermones en su iglesia parroquial. Pero no sucediendo lo mismo respecto a la Procesión y Sermón de la Soledad que se predica en dicha iglesia, dispuso SSY que continuen celebrándose según costumbre. Asimismo, cree conveniente SSY que el Sermón de Pasión que viene predicándose en la expresada iglesia de San Francisco, pudiera predicarse en otra iglesia o capilla, como la de Jesús, cuya designación comete al celo y prudencia de V”.

El 21 de marzo de 1880, la cofradía de la Soledad en la persona de Manuel Ramos, hizo saber al arcipreste, que lo antes indicado, supondría que la cofradía no podría recaudar limosnas, que era su único recurso económico para sufragar sus cultos. En consecuencia, no celebraría ninguna función religiosa el Viernes Santo[33]:

Con vista de al comunicación de V fha de ayer en la qe se inserta la de la Sra de Cámara de este obispado, esta Cofradía ha celebrado junta de oficiales, y vista la negativa para poder celebrar el Sermón de las Siete Palabras y siendo por lo tanto imposible hacer el petitorio popular según ha venido de costumbre, desde tiempo inmemorial, para allegar recursos (de qe carece) con qe poder sufragar los gastos necesarios para dicho objeto, ha acordado por unanimidad de votos, no hacer función ninguna en el próximo Viernes Santo sin que por ello, nieguen su cooperación a lo que pueda hacerse por el clero de otras corporaciones, y mantener el culto a Ntra Divina Sra como siempre y sin qe sea motivo para separarse de ella ni deshacer la sociedad religiosa”.

El 22 de marzo de 1880, el obispo se dirigió nuevamente al arcipreste, para indicarle que ante la petición de dejar sin efecto la prohibición de los sermones, en razón del perjuicio reseñado, la suspendería si estimaba que se daban garantías suficientes para evitar los excesos habituales de este acto:

Habiéndose presentado una instancia para que dejemos sin efecto la prohibición de celebrar en el templo de San Franco de esta ciudad las funciones de Viernes Santo, en especial la que se refiere al Sermón de las Siete Palabras, y habiéndose comprometido quien puede llevarla a cabo que se evitarian todos los excesos que puedan haber en esos casos en años anteriores, hemos venido en acordar que si V juzga que real y verdaderamente se adoptarán las medidas necesarias al efecto, pueda acordar el que se predique en el mencionado templo el Sermón de las Siete Palabras, avisando de este mismo acuerdo al párroco de San Andrés a los efectos oportunos”.

El arcipreste tenía claro, que los problemas del comportamiento de quien asistía a los sermones, no derivaban del lugar donde tenían lugar, que era la Iglesia de San Francisco, sino de quien era el responsable de su organización, así como quienes asistían a dichos actos. En vista de lo cual, el 22 de marzo de 1880 don Francisco Navarro, dirigió comunicación a la Cofradía del Nazareno para que los celebrara a partir de entonces en la Iglesia de Jesús[34]:

Habiendo significado el Ylmo Sr Obispo de la Diócesis en comunicación del 18 del corriente, la conveniencia de que el Sermón de Pasión se predique en otra iglesia que en la de Sn Francisco, e indicando que se predicara en la de Jesús, lo comunico a V para que haga a los demas señores que componen la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno, a fin de que en lo sucesivo se haga en espresada iglesia lo que se venía haciendo en la de Sn Francisco por cuenta de esa Cofradía”.

A final se acordó que el Sermón de las Siete Palabra y Descendimiento tuviera lugar cada siete años, con lo que se evitan los problemas descritos. Este dato también lo proporciona la edición del periódico La Opinión de 31 de marzo de 1926[35]

El Descendimiento.- Cada siete años se tenía la conmovedora y piadosa ceremonia del Descendimiento. Este acto religioso revestía extraordinaria solemnidad, y para proceder a él y darle mayor realce, se obtenía del Obispo de la Diócesis un Decreto, autorizándole. Tenía lugar a las cuatro de la tarde con asistencia de todo el clero revestido de ornamentos sagrados. Un sacerdote, subido en una escalera y ayudado por otro u otros dos, descolgaba la imagen Santa. Otro sacerdote, ya terminado el Descendimiento, con voz dolorida clamaba: “Varones Santos, presentadle a su Madre”, lo cual hecho repetía: “Presentadle ahora al pueblo, varones Santos” y terminaban llevándole al Santo Sepulcro. Lo demás continuaba como en años anteriores.

 

REFLEXIONES

Desde el resurgir cofrade a partir de la década de los años 80 del siglo pasado, en muchas localidades se adoptó el modelo de la Semana Santa de la ciudad de la Giralda, lo que suponía la pérdida de sus ricas tradiciones. La presente comunicación acredita de forma fehaciente, la presencia durante varias centurias de representaciones de la Pasión en la Semana Santa de Trujillo.

Desde 1986 el Colegio Sagrado Corazón de Jesús, a través del grupo Passio organiza la representación de la Pasión según San Mateo, que tiene lugar el Viernes de Dolores en la Iglesia de San Francisco. Se reflejan todos los momentos de la Pasión, desde la Entrada Triunfal en Jerusalén hasta la Resurrección, con imágenes estáticas de los participantes y voz en off. Entiendo que aunque no tiene mucha antigüedad, es acto cultural importante en el que participan muchos vecinos, debiendo ser conservado y puesto en valor.

Por parte de la Cofradía de Jesús Nazareno, en 2019 recuperó la representación de los tres caídas del Nazareno: la primera en el palacio de san Carlos, donde la Verónica limpia el rostro al Nazareno con el paño original que antaño usaba[36]; la segunda, en el Palacio de la Conquista; la última, en la Casa de las Cadenas. Asimismo, aunque en 2021 no hubo estación de penitencia, en la misa que tuvo lugar el Jueves Santo en San Martín, se leyó la sentencia que condenaba a muerte a Jesús. Por tanto, esta entidad está realizando un importante esfuerzo por recuperar y poner en valor sus tradiciones más seculares, debiendo continuar con este proceder.

Con respecto al Sermón del Descendimiento y de la Soledad, que cómo hemos visto tenían lugar en la tarde del Viernes Santo, no hay nada desde hace años, ni por parte de la Parroquia de Trujillo, ni tampoco por las cofradías del Santo Sepulcro o de la Soledad de los Antiguos Cruzados Eucarísticos, por ser estas herederas de la hermandad titulada Soledad, que existía desde mediados del Siglo XVI, que fue refundada en 1848.

Entiendo que debemos tener muy presente la frase de don Antonio Domínguez Ortiz, cuando indicó que “ningún grupo humano mantiene su identidad si desprecia sus tradiciones”. Por tanto, sería muy importante la recuperación del Sermón del Descendimiento, con la presencia de las figuras bíblicas que antaño participaban en el Siglo XIX. En primer lugar por su dimensión religiosa, pero también por la turística, en una localidad donde esta actividad tiene tanta relevancia.

Quizás en razón del marcado carácter festivo del Viernes Santo, se complicado organizar el Sermón del Descendimiento con figuras bíblicas ese día, pero el mismo bien podría tener lugar el Sábado de Pasión en la Iglesia de Santa María la Mayor, donde existe un Crucificado que tiene los brazos articulados[37], por participar antaño en este emblemático acto. Creo que por parte de la asociación cultural Junta de Cofradías y Hermandades Penitenciales de Trujillo, podría hacerse cargo de dicha actividad con indudable relevancia también cultural, que se ajustaría a sus fines y actividades descritos en el artículo 2 de sus estatutos[38].

 

[1]      TEJADA VIZUETE, F.: Manifestaciones folklóricas para litúrgicas en la Baja Extremadura. En Revista de Estudios Extremeños 1987 Volumen 43 nº 3, páginas 699-728. MÁRCOS ARÉVALO.J, DÍAZ IGLESIAS, S.: Lo exótico en los cercano: Rituales y especialidades de la Semana Santa en Extremadura. En La Semana Santa: Antropología y Religión en Latinoamérica. Valladolid 2008, páginas 159 y 167.

[2]      MARCOS AREVALO.J y DÍAZ IGLESIAS, S.: Lo exótico en lo cercano: Rituales y especialidades de la Semana Santa en Extremadura. En Congreso Latinoamericano de Religiosidad Popular. Palabras a la imprenta. Tradición oral y literatura en la religiosidad popular Valladolid 2019 paginas 159 y 167.

[3]      CANTERO MUÑOZ, A.: La Semana Santa en Trujillo durante la Edad Moderna. Badajoz 2006 página 155.

[4]      Concilio de Trento, Sesión XV.

[5]      Concilio de Trento, Sesión XV.

[6]      FERNÁNDEZ DE PAZ, E.: La influencia de la Contrarreforma en la configuración de la Semana Santa andaluza. En Religión y Cultura Tomo II, Sevilla 1999, pp. 500- 501.

[7]      LABARGA GARCIA, F.: Actas del V Congreso Nacional de Cofradías bajo la advocación de Jesús Nazareno. Camino del Calvario: rito, ceremonia y devoción. Cofradías de Jesús Nazareno y figuras bíblicas. Córdoba 2016

[8]      Cantos Dolorosos en que se explica la Pasión de Nuestro Divino Redentor, y Angustias de Maria Santísima Nuestra Madre y Señora. Málaga 1785

[9]      CANTERO MUÑOZ, A.: La Semana Santa en Trujillo durante la Edad Moderna. Badajoz 2006 página 155.

[10]     CANTERO MUÑOZ, A.: La Semana Santa en Trujillo durante la Edad Moderna. Badajoz 2006 página s 155-156

[11]     TENA FERNÁNDEZ, J: Trujillo Histórico y Monumental. Trujillo 1988, página 336.

[12]     Es habitual que la imagen de Jesús Nazareno tenga el brazo articulado para bendecir a los fieles, pero el caso de Trujillo que giraba la cabeza, creo que es algo único.

[13]     Archivo Municipal de Trujillo. La Opinión 31 marzo 1926. La Semana Santa en Trujillo no hace cincuenta años.

[14]     Archivo Municipal de Trujillo. La Opinión. 31 marzo 1926. El artículo se refiere literalmente a Autos Sacramentales, cuando en realidad debe decir autos sacros, pues la penitencia no es un sacramento.

[15]     RAVÉ PUERTO, J.L.: Nazarenos en la campiña, sentencias, mandatos y saetas. En Actas III Congreso Internacional de Cofradías y Hermandades «Salvados por la Cruz de Cristo». Murcia 2018, paginas 31-50

[16]     Archivo Parroquial de Trujillo. Parroquia de Santa María la Mayor. Cofradía de Jesús Nazareno.

[17]     Camino del Calvario: rito, ceremonia y devoción. Cofradías de Jesús Nazareno y figuras bíblicas. Actas del V Congreso Nacional de Cofradías bajo la advocación de Jesús Nazareno (Puente Genil 2014). Fermín Labarga, director.. Córdoba 2015.

[18]     RAMOS RUBIO J.A.: Historia de la Semana Santa en Trujillo Cáceres 1993 página 58.

[19]     CANTERO MUÑOZ, A.: La Semana Santa en Trujillo durante la Edad Moderna. Badajoz 2006 página 113.

[20]     CILLAN CILLAN, F. y  RAMOS RUBIO, JA: El Procesionario de Trujillo. Badajoz 2010.

[21]     CILLAN CILLAN, F. y  RAMOS RUBIO, JA: El Procesionario de Trujillo. Badajoz 2010, páginas 79-85

[22]     CILLAN CILLAN, F. y  RAMOS RUBIO, JA: El Procesionario de Trujillo. Badajoz 2010, páginas 85-91

[23]     Archivo Parroquial Trujillo. Parroquia de San Martín. Constituciones de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad.

[24]     Archivo Parroquial Trujillo. Parroquia Santa María la Mayor. Cofradía de Jesús Nazareno. Libro de Acuerdos y Concordias de la Cofradía de Ntro. P. Jesús Nazareno desde septiembre de 1846.

[25]     Archivo Municipal de Trujillo. Correspondencia. Siglo XIX

[26]     Archivo Municipal de Trujillo. Correspondencia. Siglo XIX. Manifiesto que presenta la Ylustre Cofradía de Ntra Sra de la Soledad de esta Ciudad de las funciones religiosas qe va a hacer en el Viernes Santo próximo en la Yglesia de S. Franco, donde se halla constituida aquella: En el dicho día y hora de la doce de la mañana serán predicadas las Siete Palabras que pronunció Ntro Redentor en su Agonía por D. José Pulido Cura de Huerta de Animas, estando el Templo magníficamente adornado, y ocupado con Centinelas de la Benemérita Milicia Nacional para guardar el orden debido. En el mismo día y a la hora de las 5 de su tarde saldará la Procesión del Santo Entierro de Ntro Sr Jesucristo vajo el orden sigte

[27]     Por ejemplo, Judas Iscariote lleva la bolsa con las treinta monedas, San Pedro Apóstol las llaves del Cielo.

[28]     Archivo Municipal de Trujillo. La Opinión 31 marzo 1926. La Semana Santa en Trujillo no hace cincuenta años.

[29]     Archivo Parroquial Trujillo. Parroquia de San Martín.

[30]     Archivo Parroquial Trujillo. Parroquia de San Martín.

[31]     Archivo Parroquial Trujillo. Parroquia de San Martín.

[32]     Archivo Parroquial Trujillo. Parroquia de San Martín.

[33]     Archivo Parroquial Trujillo. Parroquia de San Martín.

[34]     Archivo Parroquial Trujillo. Parroquia de San Martín.

[35]     dArchivo Municipal de Trujillo. La Opinión 31 marzo 1926. La Semana Santa en Trujillo no hace cincuenta años.

[36]     Dicho paño fue restaurado por don José María Pérez de Herrasti y Narváez.

[37]     Dicha efigie también fue restaurada por don José María Pérez de Herrasti y Narváez.

[38]     Estatutos asociación Junta de Cofradías y Hermandades Penitenciales de Trujillo. Artículo 2º. Los fines y actividades de ésta asociación serán los siguientes: a) Velar por la continuidad y la calidad de los desfiles procesionales, fomentando la participación, la vistosidad y la devoción, procurando evitar su descenso. b) Organizar actos culturales y recreativos, así como difundir la cultura en todos sus aspectos, organizando cuantas actividades sean necesarias ara este fin (procesiones, excursiones, debates, conferencias, exposiciones, actos culturales, etc.). Así como colaborar con otras organizaciones para alcanzar el fin indicado. c) Realizar toda clase de actos benéfico-sociales, a favor de los socios de esta JCH. d) Participar, si el pleno lo considera pertinente, en los Órganos de Participación Ciudadana dependientes de las Instituciones Públicas que así lo solicitasen, para el desarrollo y progreso de la Ciudad de Trujillo. e) Gestionar, administrar y recabar fondos, subvenciones y aportaciones de cualquier índole que le puedan ser concedidas. f) Realizar cualquier tipo de actividad que estime interesante el pleno y que no vulnere la legalidad vigente.

Nov 092021
 

José Barrio Moya.

Fue don Miguel de Muesas un destacado militar extremeño que ocupó altos cargos en la administración borbónica americana, entre ellos el de gobernador y capitán general de la isla de Puerto Rico durante el reinado de Carlos III..

Todas las referencias que hemos consultado sobre don Miguel de Muesas afirman que nació en 1715 en Extremadura. Aunque la primera noticia no podemos confirmarla, con respecto a su lugar de nacimiento este tuvo lugar en la ciudad de Trujillo, siendo hijo de don Juan José de Muesas y doña Ana Antonia Molano.

Muy joven don Miguel de Muesas ingresó en la carrera militar y con sólo veinte años le encontramos como cadete en el regimiento de infantería de Granada para pasar mas tarde a ser segundo teniente en el de Aragón. Como ayudante de campo intervinó en la campaña de Italia al mando del general Francisco Pignatelli [1].

En 1749 don Miguel de Muesas y su regimiento fueron enviados a Cuba para reforzar la guarnición militar de la isla con objeto de impedir las acometidas de los ingleses. Su buena actuación  en aquella  circunstancia hizo que fuera nombrado comandante del castillo del Morro en Santiago de Cuba, con la misión de defender la ciudad de posibles ataques marítimos. Fue tal el éxito que don Miguel de Muesas demostrò en aquel cargo que en 1766 Carlos III le nombró gobernador de aquella población., cargo que tuvo que abandonar dos años mas tarde para pasar a Puerto Rico como gobernador y capitán general de la isla, en sustitución  de don José Trentor-

El gobierno de don Miguel de Muesas en Puerto Rico fue, en líneas generales, de una gran eficacia, resolviendo muchos de los problemas que afectaban a la isla, finalizando  la construcción del castillo de San Cristóbal, considerado como una  de las fortificaciones mas grandes levantadas en la América hispana- El castillo fue mandado edificar po Carlos III en 1764 al mariscal de campo don Alexander O, Reilly y en su construcción intervinieron los ingenieros Tomás O, Daly y Juan Francisco Mestre para, como siempre, defender las isla de los incansables inglese. Durante su gobierno en Puerto Rico, don Miguel de Muesas fundó varias poblaciones como Cayey, Aguadilla, Cabo Rojo y Guaynabo.

Don Miguel de Muesas  dejó en Puerto Rico dos  importantes iniciatvas. Una fue la promulgación del Decreto General, en el que exponía las obigaciones que debía tener un teniente gobernador para que la isla  contara siempre con un buen gobierno, y la segunda se concretó en la educación, estableciéndo que todas las familias tenían la obligación de enviar a sus hijos a la escuela de la que no saldrían hasta que no aprendieran a leer y escribir, sin que importara el color de su piel. [2]

El único punto oscuro del gobierno de don Miguel de Muesas en Puerto Rico fue su actuación con los cimarrones, esclavos negros libres que huían de las Antillas menores para buscar refugio en Puerto Rico. Par acogerlos y con autorización de Carlos III, don Miguel de Muesas fundó el poblado de San Matero de los Cangrejos, hoy Santurce, nombre que recibió en 1880, como homenaje a don Pablo Ubarri y Capetillo, primer conde de San  José de Santurce, originario de aquella localidad vizcaína y firme partidario de mantener la soberanía  española en Puerto Rico.

La actitud de don Miguel de Muesas con los cimarrones fue polémica, pues los consideraba ladrones y maleantes, por lo que recompensaba a todas aquellas personas que los capturasen y entregasen a las autoridades, permirtiendo que fueran apaleados y castigando, asimismo, a quienes los ayudasen.

Don Miguel de Muesas contrajo matrimonio don la señora catalana doña Josefa Bernes y Ferrer, de cuya unión  nacieron tres hijos, bautizados con los nombres de  Baltasar Francisco. Vicente María y José María que., al igual que su padre, siguieron la carrera militar.

Don Miguel de Muesas abandonó Puerto Rico en 1776, regrasando a España y estableciéndose en Madrid, donde  el 12 de octubre  de 1782, otorgó su testamento ante el escribano Pedro Cuende. [3]

En aquel documento declara con orgullo, en primer lugar que es coronel de Ynfanteria de los Reales Ejercitos y Capitan General que he sido de la ciudad e ysla de Puerto Rico con otros empleos y gracias que he merecido de la Real Piedad de Su Magestad que Dios guarde y constan de sus Reales Cedulas.

            Confiesa  que es hijo de don Juan José de Muesas y doña Ana Antonia Molano vecinos que fueron y yo natural de la ciudad de Trujillo en Extremadura.

            No olvida reseñar que se encuentra sin enfermedad alguna, fuera de cama, entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, a la vez que se afirma como profundamente creyente.

Pide que tras su muerte su cádaver fuera amortajado interiormente en abito de nuestro serafico padre San Francisco[4] y exteriormente con el uniforme de mi grado.

Establece que si falleciese en Madrid sus restos mortales fueran sepultados sin pompa ni vanidad en la bóveda  de la iglesia del convento de San Basilio el magno de cuya orden y religion soy hermano general con las exequias, honra en que se ha de hacer y acompañmiento que dispone el reveredisimo padre Don Pedro de Muesas ex abad general de esta provincia de Castilla, mi hermano, que reside en dicho monasterio. Si por el contrario su muerte acaeciese fuera de Madrid quiere ser enterrado en la yglesia parroquial de aquel pueblo con misa, oficio de difuntos y demas que alli se acostumbra en los entierros de personas de honor en prevencion que si se hallase presente Doña Josefa Bernes y Ferrer mi muger, que a la sazon se halla en la ysla y ciudad de Puerto R ico e hijos, se ha de hacer todo a eleccion y dispoisicion suya.

            Encarga  que se dijesen por su alma cincuenta misas rezadas, pagando cuiatro reales de limosna por cada una. Declara que el marqués Jústiz  de Santa Ana, vecino de La Habana le adeudaba cuatrocientos pesos fuertas resto de mayor suma comno cosnta de las quentas que me tiene remitidas y obran en mi poder.

            Confiesa estar casado con doña Josefa Bernes y Ferrer, nacida en la ciudad de Barcelona, de cuya unión nacieron los tres hijos ya citados, don Baltasar Francisco, don Vicente María y don José María. Don Baltasar Francisco fue ayudante mayor del Regimiento de Infantería de Toledo, casado con doña Jacoba de Hoya y Sarmiento, don Vicente María  y don José María fueron subtenientes del Regimiento de Infanteria de Vitoria, aunque este último residía en Puerto Rico.

Doña Josefe Bernes y Ferrer no llevó a su enlace con el  militar extremeño dote alguna ni otra cosa que aquellos bestidos y adornos correspodientes a una persona decente, por lo que no otorgo a su favor escriptura de tal, y que el caudal que tenemos ha sido adquirido durante nuestro matrimonio.

            Confiesa don Manuel de Muesas que su hijo don Baltasar Francisco me ha causado crecidos gastos voluntarios y para recompensar en el modo posible a los otros dos hermamos, quiero y es mi voluntad delegar  y mandar a don Vicente Maria de Muesas un juego completo de oro sobresaliente que se compone de espadin, baston, hevillas para corbatin, zapatos, charreteras para calzones y caja para tavaco y un juego de diez y ocho botones de oro con argollas tambien de oro para almillas. La misma donación hace a su otro hijo.

Envia a doña Jacoba de Hoya Saavedra, esposa de su hijo Baltasar Francisco una de las mejores sortijas de diamantes.

            Manda que a uno de mis esclavos llamado Juan de Dios de Muesas que me ha seguido a estos reynos, se le deje  ern plena libertad luego que yo fallezca como desde aora para entomces  se le conceda y en tal calidad de le mantenga en mi casa, haciedo el servicio que le fuere posible, asitiendole con todo lo necesario  como yo lo he hecho y no ande con fatiga, pero si quiero usar no se le impida su expresada libertad.

            Quiere que tras su muerte, a sus testamentarios, sin intervención judicial, hagan ynventario de todos mis bienes alajas y bendan solamente el coche, mulas y muebles de casa con cuio importe paguen el gasto del funeral y demas que ocurra y el sobrante si lo hubiera, con el dinero que se hallare, alajas de oro, plata y diamantes, lo cusrtodien todo en un cofre o arca con dos o mas llabes, la que se ponga en la Depositaria Genereal de Madrid para oviar de cuidados y fatigas a los señores mis testamentarios hasta que se de el destino que dejo prevenido.

            Nombraba por sus albaceas  testamentarios a su  esposa, que a la sazón residía en Puerto Rico, a sus tres hijos, a su hermano don Pedro de Muesas, don Manuel Vadillo y don Manuel Herrera. Por último  nombraba por sus herederos a sus tres hijos por iguales partes.

El día  20 de mayo de 1783 don Miguel de Muesas otorgaba una memoriar en la que añadía y modificaba algunas claúsulas de  su testamento. [5].

Don Miguel de Muesas falleció el 26 de julio de 1783 en el lugar de Poyos comprehendido en el distrito de esta comandancia de Castilla la Nueva[6]. Esta afirmación aparece transcrita en la escritura de partición de los bienes del militar extremeño, que se llevó a cabo en Madrid el 12 de agosto de 1785.[7].

DOCUMENTO 1ª.-

Testamento del señor don Miguel de Muesas

                                                                       En 12 de octubre de 1782.

En el nombnre de Dios todo poderoso Amen. Sepase por esta publica escriuptura de testamento, ultima y postrimera voluntad vieren como yo Dn Miguel deMuesas, coronel de ynfanteria de los Reales Exercitos, Governador y Capitan General que he sido de la ciudad e ysla de Puerto Rico con otros empleos, honras y gracias que he merecido a la Real Piedad de S.M. que Dios guarde y constan de sus Reales Cedulas y Decretos, hijo legitimo de los sres. Dn Juan Josef de Muesas y Dª. Ana Antonia Molano, ya difuntos, vecinos que fueron  y yo natural de la Ciudad de Trugillo en Extreemadura, hallandome como me hallo por la misericordia de Dios nuestro señor fuera de cama, sin enfermedad alguna corporal y en mi sano, entero y cabal juicio, memoria y entendimiento natural, creyendo y confesando como firme y verdaderamente creo y confieso en el alto e incomprehensible misterio de la Santisima Trinidad, Dios Padre, Hijo y espiritu santo, tres personas distintas y un solo Dios vedadero y en todos los demas misterios y articulos que tiene, cree y confiesa nuestra Sta. Madre Yglesia Catolica y Apostolica Romana bajo de cuia fee y creencia he vivido y protexto vivir y morir como catolico cristiano, temeroso de la muerte cosa cierta y natural a toda criatura viviente quanto su hora dudosa y deseando no me coja desprevenido quando suceda mi falleciniento y lo pueda estar con una formal disposicion, para que esta sea con el acierto que requiere una cosa de tanta importancia como lo es el  presente, desde luego tomo y elijo por mi intercesora y abogada a Maria Santisima Madre de Dios y señora nuestra, santo de mi nombre, Angel de mi guarda y a los demas santos y santas de la Corte celestial a quienes humildemente pido intrercedan  con el todo Poderoso perdone mis culpas y me haga heredereo de su santa Gloria bajo de cuia fiel deprecacion hago y ordeno por mi propio movimiento, madura deliberacion, mi testamento. ultima y final voluntad en la forma y manera siguiente.

1ª.- Primeramente encomiendo mi alma a Dios nuestro señor que la crio y redimio con el inestimable precio de su santisima sangre y el cuerpo mando a la tierrra de que fue formado como centro suio, el qual quiero que quando su Divina Magestad sea servido llebarme  de esta presente vida a la eterna, sea amortajado interiormente en abito de nuestro serafico padre San Francisco y exteriormente en el uniforme de mi grado, y6 si falleciere en esta Corte sea sepultado sin pompa ni vanidad an la boveda de la yglesia del monasterio de nuestro padre San Basilio el Magno, de cuia orden y religion soy hermano  general, con lass exequias, misa, oficio, honra en que se ha de hacer y acompañamiento que dispusiese el revenredisimo poadre Dn Pedro de Muesas ex abad provincial de esta provicia de Castilla, mi hermano, que reside en dicho monasterio y testamentarios, y si hubiese fallecido dejo en su lugar para el entierro al padre Abad que entonces fuese de el y al de mis albaceas y testamentarios. Y si acaeciese mi fallecimiento en otra parte, se ejecute el entierro en la Yglesia Parroquial de aquel pueblo con misa, oficio de difuntos y demas que alli se acostumbra en los entierros de personas de honor con prevencion que si se hallase presente Doña Josefa Bernes  y Ferrer, mi muger, que a la sazon se halla en la ysla de dicha ciudad de Puerto Rico o hijos, se ha de hacer todo a eleccion y disposicion suia.

2ª.-  Mando se celebren por mi anima e yntencion quarenta misas rezadas con limosna de quatro reales cada una, las quales, dejando la quarta perteneciente a la colectoria parroquial se digan por los sacerdotes o religiosos que dispusiesen mis albaceas o qualquiera de ellos.

3ª.- A las mandas forzosas, redempcion de cautibos, casa santa de Jerusalem y Hospitales General y de la Pasion de esta Corte, ordeno se les de lo preciso y acostumbrado, con que las desisto y aparto de todo derecho a mis bienes.

4ª.- Declaro que por ejecutoria de los señores del Supremo  Consejo Real de lasYndias y me debe dar su escribano de camara Don Manuel de la Vega, se manda de me debuelban los mil y seiscientos  pesos fuertes que estando de Governador en dicha ciudad de Puerto Rico me sacaron de multa de orden de dicho Consejo y depositaron en cajas reales de aquella ciudad, dando mil pesos a Don Antonio de Cordoba, vecino y regidor de ella con motivo de la question  que con el tube sobre cierto descubierto de Reales Cajas de dos oficiales reales de ellas por indiciados  en el, quiero y mando se cobren dichos pesos lo mas pronto que sea posible en virtud de dicha ejecutoria que debe sacarse y yo no lo he hecho a causa de que no se pierda o extravie dicho ynstrumento por la  presente guerra.

5ª.- Tambien declaro que el señor marques de Justiz de Santa Ana vecino de la Habana me esta debiendo como unas quatrocientos pesos fuertes de mayor suma como consta de las quentas que me tiene remitidas y obran en mi poder, quiero se cobren.

6ª.- Asimismo  quiero y es mi voluntad que si algo debiere al tiempo de mi fallecimiento se pague, jistificado que sea.

7ª.- Yt declaro estar casado y belado segun orden de nuestra Santa Madre Yglesia con la señora Dª. Josefa Bernes y Ferrer, natural de la ciudad de Barcelona, de cuio matrimonio tenemos y hemos procreado por nuestros hijos a Dn. Baltasar Francisco de Muesas, ayudante mayor del Regimiento de Ynfanteria de Toledo, casado con Dª. Jacoba de Hoya y Saabedra, a Dn. Vicente Maria de Muesas, subteniente del Regimiento de Ynfanteria de Victoria y a Dn. Josef Maria de Muesas tambien subteniente del mismo Regimiento de Victoria que al presente se hallan en di8cha ciudad de Puerto Rico, declarolos por tales mis hijos legitimos y de la dicha señora mi esposa.

8ª.- Tambien declaro que la referida señora mi muger no trajo a mi poder dote alguno ni otra cosa que aquellos bestidos y adornos correspondientes a una persona decente por lo que no otorgue a su favor escriptura de tal y que el caudal que tenemos hasuido adquirido durante nuestro matrimonio por lo que y para saber a lo que ascendia hice (sin incluir el valor de siete esclabos negros) un computo prudencial al tiempo de ausentarme de dicha ciudad para esta Corte que fue en abril del año pasado de mil setecientos sesenta y ocho, y  del todo del monton deje en su poder en aquel entonces la mitad de diho caudal por considerarsele como se le considere perteneciente a su derecho de ganaciales, y fue en dinero en especie catorce mil duros, los quales o la mayor parte segun me tiene abisado los tiene impuestos con el redito  del cinco por ciento que alli es permitido en casa y compañia de Dn Pedro de la Torre y de Dn Manuel Diaz, vecinos de dicha ciudad, ocho arrobas y media a nueve de plata  labrada para el servicio de la casa, un aderezo de diamantes y otras alajas y ajuar de casa y seis esclabos varones y hembras, de todo lo qual tengo minutas en mi poder, y la otra mitad de dicho caudal lo trage conmigo y existe  a saber quatro arrobas poco mas o menos de plata labrada par a mi servidumbre , cinco mil pesos sencillos que no existen porque me los quitaron los yngleses al principio de la presente guerra, ciento y cinco mill reales de vellon que tengo impuestos  con reditos correspondientes en los cinco Gremios mayores de esta Corte, cinquernta mil reales que tengo en mi poder y casa y otras alajas de oro y diamantes, de forma que tengo en esta Corte (sin ncesidad de valerme de ello por aora a causa de tener lo suficiente para mi manutencion con el sueldo que el Rey me da y los reditos del dinero puesto en los cinco Gremios mayores de esta Corte) componen la suma de ciento ochenta y cinco mil reeales de vello, de los quales quiero poner por mi mismo en el Real Fondo  Renta Vitalicia en favor y cabeza de dichos mis tres hijos, ciento ochenta mil reales de vellon que sale y corresponde a sesenta mil cada uno reserbando como reserbopara mi mientras yo viva el redito del nueve por ciento annual y despues de mis dias quiero sea lo llebe y disfrute la expresada señora mi muger como obligacion sola de dar de dicho redito en cada un año doscientos ducados de vellon a cada uno de dichos mis tres hijos y suios y quedarse ha, con lo demas para que con ello y la viuedad que lograra por viuda de coronel y el resto de catorce mil ducados se pueda mantener con la decencia y honor correspondiente a su persona, hecho cargo de que despues de los dias de su vida la heredaran como hijos, y muerta que sea dicha señora  entre a cobrar y disfrutar cada uno de los referidos mis tres hijos los quinientos ducadosannuales, redito de los sesenta mil de principal puestos a su favor y cabeza, y si yo falleciese antes de hacer dicha imposicion de ciento ochenta mil reales en el referido Real Fondo quiero se haga esta incontinenti en la forma arriba referida por mis testamentarios y a que tenga efecto les hago el encargo y suplica corresponciente.

9ª.- Yten declaro que dicho mi hijo Dn Baltasar de Muesas me ha causado crecidos gastos voluntarios y para recompensar en el modo posible a los otros dos  sus hermanos, quiero y es mi voluntad de legar y mandar como desde luego lego y mando al Dn. Vicente Maria de Muesas un juego comnpleto de oro sobresaliente quese compone de espadin, baston, hevillas para corbartin, zapatos, charretras para calzones y caja para tavaco y un juego de diez y ocho botones de oro con argollas tambien de oro par almillas; y al Dn. Josef Maria de Muesas el otro juego completo de oro de que uso diariamente y tiene las mismas piezas de espadin, hevillas, baston y caja que el antecedente y asi mismo otro juego de diez y ocho botones tambien de oro con argollas de lo propio para almillas, y mando que ninguno de dichos tres hermanos se pidan unos a otros, ni hagan traer a colacion y particion cosa alguna de lo que antes hubiesen gastado y recivido de mi y su señora madre.

10ª.- Asi mismo lego y mando a D ª.Jacoba  de Hoya y Saabedra.muger de dicho mi hijo Fn. Baltasar una de las mejores sortijas de diamantes.

11ª.- Yt  mando que a uno de mis esclabos llamado Juan de Dios de Muesas que me ha seguido a estos Reynos se le deje en plena libertad luego que yo fallezca como desde aora para entonces se la concedo, y en tal calidad de libre se mantenga en mi casa, haciendo el servicio que le fuere posible y aistiendole con todo lo necesario como yo lo he hecho y no ande con fatiga, pero si quiere usar no se le impedira su expresada libertad.

12ª.- Prebengo que si dejase alguna memoria escrita y firmada de mi puño, se ha de obserbar, cumplir y ejecutar su contenido en todo y por todo como parte esencial de este mi testamento y como si en el fuera inserta e hiciera especial mencion pues asi lo quiero, ordeno y es mi voluntad.

13ª.- Yt quiero que yo fallezca procedan mis testamentarios sin intervencion judicial a hacer y hagan ymbentario de todos mis bienes alajas, y bender y bendan solamente el coche, mulas y muebles de casa con cuio importe paguen los gastos del funeral y demas que ocurra y el sobrante, si lo hubiese con el del dinero que se hallase, alajas de oro, plata  y diamantes lo custodien todo en un cofre o arca con dos llabes, la que se ponga en la Depositaria general de Madrid a su disposicion para oviar de cuidados y fatigas en su custodia a los señores mis testamentarios, hasta que se de el destino que dejo prevenido y previniese en la memoria.

14ª.- Y para cumplir y pagar lo aqui contenido y6 que comprehendise la memoria, si la hiciese y llebo reserbada, elijo y nombro por mis albaceas y testamentarios a la expresada señora Dª- Josefa Berrnes mi legitima muger que al presente reside en dicha ciudad de Puerto Rico, a los insinuados Dn. Baltasar de Muesas, mi hijo, ayudante mayor del Regimiento de Ynfanteria de Toledo, que al presente se halla en la ciudad de Cadiz, Dn. Vicente Maria y Dn Josef Maria de Muesas, tambien mis hijos, subtenientes de dicho Regimiento de Victoria que se hallan en compañia  de dicha señora mi esposa por estar dicho Regimiento de guarnicion en la precitada ciudad de Puerto Rico y al mencionado padre maestro Dn. Pedro de Muesas, mi hermano, ex abad provincial de Castilla del orden de nuestro padre San Basilio, que reside en el monasterio de esta Corte, a los señores Dn. Manuel Vadillo, oficial mayor de la Secretaria del Despacho universal de Guerra, Dn. Pedro Franco, tambien oficial de dicha Secretaria y al señor Dn. Manuel Herrera, cavallero del orden de Santiago, oficial mayor de la Secretaria de la Real Camara por lo tocante a la Corona de Aragon, a todos juntos y a cada uno insolidum a quienes doy y confiero todo poder y facilidades que se requiere y necesiten para que luego que yo fallezca , lo hagan cumplir y se entren y apoderen de todos mis bienes, alajas, efectos, papeles custodiandolo todo por si mismos, a su arvitrio y voluntad, sin intervencion de  ningun juez, justicia ni tribunales, como llebo insinuado, de modo que la expresada señora mi muger e hijos reciban por aquellas manos y no se les oculten  ni estrabien mis bienes, alajas y papeles, sin  que con ningun pretexto se les retengan ni retrasen como asi lo confio de las notorias relebantes prendas y circunstancias de los prenotados señores mis albaceas, cuio cargo les dure todo el tiempo que necesiten aunque sea pasado el prefinido por derecho, pues desde luego se le prorrogo sin limitacion no obstante de que espero la evacuacion de ello mas pronta que sea posible y que den noticia de mi fallecimiento a mi muger e hijos.

15ª.- Y cumplido y pagado todo, en el residuo y remanente que quedare de todos mis bienes, alajas, derechos y acciones que al presente tengo y en adelante me correspondan por qualquiera causa, titulo o razon que sea, ynstituyo, elijo y nombro por mis unicos y universales herederos a los dichos Dn. Baltasar de Muesas, ayudante mayor del Regimiento de Ynfanteria de Toledo, a Dn. Vicente Maria y Dn. Josef Maria de Muesas, subtenientes del expresado Regimiento de Ynfanteria de Victoria, mis tres hijos y de la referida señora Dª. Josefa Bernes, mi muger para que por iguales partes lo hayan, lleben, gocen  y hederen dichos mis tres hihos con la bendicion de Dios y la mia.

16ª.- Y por el presente revoco, anulo y doy por ningunos de ningun valor ni efecto todos y qualesquier testamentos, poderes para hacerlos, cobdicilos, declaraciones, memorias y otras qualesquier ultimas disposiciones que antes de esta haya hecho y otorgado por escrito, de palabra o en otra forme por que todas quiero no valgan, ni hagan fee en juicio ni fuera de el, salbo  este mi testamento y la memoria, si la dejase, por mi ultima y deliberada voluntad en aquellos mejores modo, via y forma que haya lugar en derecho, asi lo digo y otorgo ante el presente escribano del rey nuestro señor y de Camara del Consejo Real de Hacienda y de la Real Junta gener al de tavacos del Reyno, en Madrid a doce de octubre de mil setecientos ochenta y dos, siendo testigos Dn. Francisco Fernando de Flores, presbytero = Dn. Francisco Pliego y Valdes cavallero del orden de Santiago, cavallerizo de Campo de S.M. = Dn. Sebastian  de Pliego y Valdes, tambien cabellero del orden de Santiago, oficial de la Contaduria de las Reales Ordenes Militares = Dn. Domingo de Medina = y  Dn. Antonio Ribas, vecinos y residentes en esta dicha villa y Corte de Madrid y el señor otorgante que yo el escribano  de S.M. doy fee conozco lo firmo.

Don Miguel de Muesas. Ante mi =Pedro Cuende.

(Archivo Histórico de Protocolos de Madcrid. Protocolo = 20016, folº. 16-21- Escribano = Pedro Cuende).

DOCUMENTO 2º.-

Memoria que otorgo don Miguel de Muesas.

                                                                       23 de marzo de 1783.

En el nombre de Dios nuestro seeñor digo yo Don Miguel de Muesas que llebando lo que prebiene en laq clausula doze de mi testamento que otorgue el dia doze de octubre de nil setezientos ochenta y dos, principio la memoria y quiero sea porcion de mi final boluntad en la forma siguiente.

– Por los años de mil setecientos cinquenta y cinco me presto don Alonso Garcia vecino de Cadiz quatrocientos pesos duros para acabar de abiarme para ir a Yndias y como este sugerto ultimamente no se me ha hecho recivo, quiero y es  mi voluntad que se sepa de sus herederos y que a estos  se les satisfaga lo que exprese mi recibo.

-. Ygualmente declaro que con don Josef de el Duque suegro de este thesorero gener al don Francisco Martos tube quentas para mi abio quando fui a Yndias, pero el dinero que me adelanto se lo satisfize en la Habana para su apoderado Aguirre y en consequenzia me escribio dicho Duque quedaba satisfecho, cuia carta se encuentra en mis papeles. Pero que quedaba un pico de ciento y tantos pesos, los que justificados por la quenta se satisfazaran.

– Dejo al marques de Rubi, theniente general por memoria de lo que he amado a su padre, dozena y media de botones de oro con argollas, y estos se rebajaran de la mejora que hago a mi hijo Vicente Maria pidiendo disimulo no le deje el espadin de oro que era mi yntencion por no diserminar  estos dos juegos a mis chicos.

– A los criados que me sirban al tiempoi de mi fallecimiento les dejo un foblon a cada uno despues de pagado sus mes corriente.

– A mi hermano el maestro Muesas se le asistira con la mesada que le doi para tavaco y chocolate diurante su vida con tres duros al mes.

– De las alajas que tengo de quadritos y relicarios guarnecidos de plata tomara una de ellas cada uno de mis albaceas, o las que quieran, incluso doña Leonarda de Pliego y Valdes.

– Toda mi ropa blanca que este util no se vendera y se conserbara para que le sirva a mis hijos respecto de que bendran en Yndias escasos de ropa.

– Respecto a que mi hermano por sus achaques continuos y poco corazon parece no  puede asistir a ser mi albacea, quiero y es mi voluntad y pido al señor don Francisco de Pliego y Valdes, caballerizo de Su Magd. le sostituta y haga todas las funciones que corresponden al referido su hermano consultando con el todos mis parientres.

– Dejo el catre de caoba guarnecido de plata a dicho señor don Francisco Pliego y Valdes.

– Suplico a mis albaceas y con particularidad al señor don Francisco de Pliego y Valdes se vea con el señor don Miguel Galvez, de el Consejo de Guerra y si fuese con el ecmº. Señor Don Josef de Galvez con mis rendindas suplicas de que en atencion a mis dilatados servicios en la guerra pasada y ultimamente en las Yndias me haga su excelencia la honrra de que con decencia de traslade a mi muger (si volviese) a España en compañia de sus dos hijos, y asi mismo si su excº. tubiese por combeniente que se me perdone la media annata que tengo paghada de el Gobierno que ultimamentehe exercido en Puerto Rico y he sido el unico que la ha pagado de todos mis anteriores y subcesores como asi lo tiene expuesto a su excº. sin ynstancia formal, por las urgencias de la guerra, y le pido tambien rendidamente que en consequencia de mi amor al servicio de mis aciertos en los manejos, declarando esto para el Rey y su excelencia mire por mis hijos y muger comprehendiendo a mi hjo Baltasar, ayudante de el Reximiento de Ynfanteria de Toledo,m cuio honor y protecion espero de la felicidad , amor y respeto que ha demostrado a la Casa de su excelencia, y respecto a lo poco que dejo a mi muger y hijos, como se manifi8esta se creditren que en veinte y tres años de mandos en Yndias, apenas se me enquentra lo preciso par a el funeral  para la purerza con que he caminado, en cuios terminos y vajo de las conclusiones arriba mencionadas finalizo esta mi memoria. Madrid y marzo veinte de mil setecientos ochenta  y tres.

Miguel de Muesas.

(Archivo Histórico de Protocolos de  Madrid. Protocolo =  24834, folº. 519-520 vltº. Escribano = Felipe de Estepar).

DOCUMENTO 3º

Escriptura de particion de los vienes del Coronel don Miguel de Muesas entre su viuda e hijos.

12 de agosto der 1785.

En la villa de Madrid a doze de agosto de mil setecientos ochenta y cinco Don Baltasar y Don Joseph Maria de Muesas, el primero capitan de Ynfanteria y ayudante mayor del regimiento de Toledo y el segundo subteniente del de Victoria, ambos residentes en esta Plaza, uno y otro por su hecho propio y el dicho don Joseph Maria tambien  como apoderado especial de la señora Doña Josefa Bernes su madre y de don Vicente Maria de Muesas su hermano, subteniente de dicho regimiento de Victoria, resident es en la iudad de Cadiz, por virtud del poder que su favor otorgaron en ella a quinze de julio proximo pasado ante Fernando de la Parra, escribano de su numero que se inserta y es el siguiente.

PODER.-

Y en uso de dicho poder  que declara el referido Don Josef Maria no estarle suspendido ni limitado y que le tiene aceptado y en caso necesario de nuebo acepta dijeron que el señor Don Miguel de Muesas, coronel de los Reales Exercitos y Governador que fue de la ysla de Puerto Rico, padre de los otorgantes y marido de dicha señora su madre, fallecio en dia veinte y seis de julio del año pasado de mil setezientos ochenta y tres en el lugar de Poyos, comprehendido en el distritode Castilla la Nueva, habiendo instituido por sus herederos a sus tres hijos Don Baltasar, Don Vicente y Don Jose de Muesas y con motivo de hallarse ausentes de esta Corte los dos ultimos y tambien la referida Doña Josefa Bernes, suy madre en la ysla de  Puerto Rico, se procedio por el Juzgado de Guerra de esta dicha Plaza en conformidad de los Reales Decretos a la formalizacion del ymbentario y demas autos  con  asistencia de los testamentarios, del Don Baltasar  y defensor  que se nombro a los ausentes y para que se hiciese lo mismo de los bienes y caudales que habian quedado en Puerto Rico y otra qualquier parte se expediran los despachos correspondientes que a conseciencia  de estas disposiciones se ha confiado el caudal y bienes que deven dividirse entre los otorgantes y sus principales, mediante lo qual y siendo como son todos mayores de edad han convenido en hazer la dicha  partizion y liquidazion sin necesidad de nombrar contadores por hallarse como de hallan instruidos en sus respctibos derechos y con objeto de evitar gastos, lo que asi expusieron al señor asesor de guerra de esta plaza

CUERPO GENERAL DEL CAUDAL.-

– primeramente se ponen por cuerpo general del caudal que dejo dicho señor don Miguel de Muesas ciento noventa y nuebe mill ciento sesenta y quatro reales con diez y ocho maravedis a que ascendio quanto quedo en esta Corte y lo componen  las partidas siguientes = ciento treinta y cinco mil reales  capital impuesto en los cinco gremios mayores  de esta Corte por escritura que otorgaron los señores depositarios directore de ella a favor de dicho señor Don Miguel de Muesas en treinta y uno de julio de mil setezientos setenta y nuebe por quatro años con premio de dos y medio por ciento y subsisten en dicha Diputazion tres mil trescientos setenta y cinco reales que cobro de dicho redito Don Francisco Pliego Valdes havilitado para ello = cinco mil sesenta y dos en que tambien cobro de los mismos reditos el Don Baltasar de Muesas hasta fin de julio proximo pasado = veinte mil ochocientos catorce reales a que asciden segun sus tasas las alajas de plata inbentariadas en esta Corte = ochocientos sesenta y quatro reales en que esta tasada una sortija de diamantes = veinte y dos mil trescientos sesenta y nuebe reales y quatro maravedis  que se encontraron  en especie al tiempo de la muerte de dicho Don Miguel = mil quinientos y cinquenta y seis reales y veinte y ocho maravedis del sueldo devengado hasta su fallecimiento que cobro Valdes = tres mil y setenta  reales y veinte maravedis que tambien cobro dicho valdes de Don Miguel de Aguirre de Cadiz y siete mil ciento y veinte y tres reales que produjo la venta y almoneda de los muebles, equipaje y demas bienes inbentariados en esta Corte que todo asciende a dichos ciento noventa y nuebe mil ciento noventa y quatro reales y diez y ocho mar avedis, 199194 rs y 18 mrs.

– yd es cuerpo de este caudal aquatro cientos nueve mil noveceintos quarenta y dos reales  de vellon a que ascendio el que exiete en Puerto Rico y se halla en las partidas siguiientes = doscientos sesenta mil reales que le r eportan treze mnil pesos fuertes que se han conducido y estan en la Habana y a disposicion de dicha señora Doña  Josefa Vernes e ynteresados = treinta y dos mil reales que en oro se condujeron a Cadiz desde la ysla de Puerto Rico = diez y ocho mil reales que en seicientos pesos fuertes tambien ser condujeron a Cadiz = diez y sxeis mil y dozcientos reales de vellon valor de las alajas y bienes que existen en poder de dicha señora Doña Josefa = sesenta y nuebe mil setezientos y quatro reales valor intensivo de la vajilla de plata labrada que tambien se condujo a Cadiz y ultimamente catorze mil reales que se han considerado por valor los esclavos que existen , cuyas partidas ascienden a dichos quatrocientos nuebe mil novecientos quarehnta reales de vellon, 409949 rs,

BAJAS Y DEDUCIONES.-

– primeramente se vajan veinte y tres mil ciento ochenta y tres reales y quatro maravedis que importan las quentas dada por Don Francisco Pliego Valkdes de los gastos echos en Madrid por funeral, misas, pago de criados y demas segun apareze de dichas quentas, cuya cantidad tiene sacada a escepcion de setezientos cinquenta y ocho reales sobre lo que esta tratado de trasacion, 23153 rs y 4 mrs.

– yd se vajan doientos pesos fuertes quje hazen quatro mil reales por dos derechos pagados a la conclusion y registro de la vajilla de plata a Cadiz, 4000 rs.

– yd dos mil reales por los gastos suplidos para las honrras y misdas celebradas en Puerto Rico, 2000 rs.

– yd novecientos reales satisfechos por deuda a Don Juaquin Pober, 900 rs.

– yd se vajan para que se paguen a Don Antonio Garcia vecino de Cadiz quatrocientos pesos que hacen  ocho mil reales por deuda que declara a su favor en la memoria testamentaria debe dicho señor a don Miguel de Muesas, 8000 rs.

– mas tres mil reales por otra deuda que declara a favor de Don Josef Duque, 3000 rs.

– y ultimamente se vajan tres mil reales que se consideran por los gastos de la testamentaria y sera mas o menos segun lo que se activase hasta su conclusion, 3000 rs.

– ymportan las vajas = 440832 rs.

– total caudal = 609134 rs y 18 mrs.

– queda reducido el caudal a 565051 ts y 14  mrs.

– corresponde por su mitad de ganaciales a la señora Doña Josefa Vernes = 282505 rs y 24 mrs.

– resultan liquidos par a partir entre los tres hijos her ederos otros 282525 rs y 24 mrs.

HIJUELA PARA LA SEÑORA DOÑA JOSEFA VERNES.-

– la señora Doña Josefa Vernes t iene que haver 282525 rs y 24 mar s.

PAGO.-

– se la dan en pago catorze mil y cien reales en los trei8nta y dos mil que se condujeron en oro a Cadiz y con el resto que son  diez y siete mil novecientos se han de pagar las deudas de Don Juaquin Pober, de don Antonio Garcia y Don Josef Duque y los gastos de conclusion de la vajilla y funeral de Puerto Rico, 14100 rs.

– mas se la dan en pago los novecientos pesos que hazen diez y ocho mil reales que se condujeron en plata a Cadiz, 18000 rs.

– mas diez y  seis mil y doscientos  reales en el valor ede todaslas alajas y bienes que tiene dicja señora, 16200 rs.

– mas se la adjudica toda la vajilla de plata que esta en Cadiz y por ella los sesenta y nuebe mil setecientos quarenta reales de su intrinseco valor, 69740 rs.

– mas se la aplica ciento y cinquenta mil quinientos ochenta y cinco reales y veinbte y quatro maravedis en el dinero que se halla en la Habana pues el resto se repartira entre los hijos segun se explicara en sus hijuelas, 150485 rs y 24 mrs.

– ymporta en haver de la expresada señora 282525 rs y 24 mrs.

HIJUELA DE DON BALTASAR DE MUESCAS.-

– tiene que haver como uno de los tres hijos y herederos de su padre, 94175 rs y 8 mrs.

PAGO.-

– primeramente  se le dan en pago quinze mil rs de vellon que tiene recividos a buena quenta en esta Corte, 15000 rs.

– mas se le dan en pago cinco mil sesenta y dos reales impuestos en gremios, 5062 rs.

– mas se le aplican en la plata labrada  que hay en esta Corte seis mil ochentra y cinco reales y cinco maravedis de  vellon,  que es la tercera parte porque las otras dos son adjuicadas a sus hermanos con igualdad, 6685 rs y 5 mrs.

– yt se le aplican y adjudican en los ciento treinta y cinco mil reales impuestos en la depositariade los cinco gremios mayores de esta Corte quarenta y quatro mil reales de vellon para que los haya y posea como vienes propios, 44000 rs.

– y ultimamente se le adjudican y dan en pago en el dinero que existe en la Habana veinte y tres mil quatrocientos veinte y ocho realee y tres maravedis para que los cobre, 23428  rs y tres mrs.

– ymporta el haver de dicho Don Baltasar de Muesas como uno de los tres hijos y herederos del señor Don Miguel de Muesas su padre, noventa y quatro mil ciento setenta y cinco reales y ocho jmaravedis y siendo la misma cantidad laque le va adjudicada queda enteramente pagado.

HIJUELA DE DON VICENTE DE MUESAS.-

– tiene que haver el señor Don Vizente de Muesas como uno de los tres hijos y herederos del seños don Miguel de Muesas su padre.

PAGO.-

– primeramente se le dan en pago quarenta y quatro mil realas de vellon en la partida de los ciento treinta y cino mil que se hallan  impuestos en la Compañia de los zinco gremios  mayores para que los posea como suyos propios, 44000 rs.

– ydem se le pagan seis mil seiecientos ochenta y  cinco reales y cinco maravedis tercera parte que existe en esta Corte, pues los otros dos se aplican a sus hermanos, 6685 rs y 5 mrs.

– y ultimamente se le dan en pago en el dinero que se halla en la Habana quarenta y tres mil quatrocientos nobenta reales y tres maravedis, 43490 rs y 3 mrs.

– ymporta el haver de dicho Don Vizente Maria de Muesas noventa y quatro mil ciento detejnta y cinco reales y ocho maravedis y siendo la misma cantidad lo que le va adjudicada en las partidas expresadas, queda satisfecho enteramente, 94175 rs y 8 mrs.

HIJUELA DE DON JOSEF MARIA DE MUESAS.-

– tiene que haver Don Josef Maria de Muesas como uno de los tres hijos y herederos de su padre el señor Don Miguel de Muesas, 94175 rs y 8 mrs.

PAGO.-

– primeramente se le adjudican en pago quarenta y quatro mil reales de vellon en la partida de los ciento treinta y cinco mil que se hallan impuestos en la compañia de los cinco gremios mayores de esta Corte que igual cantidad va aplicada a sus hermanos, 44000 rs.

– yd se le adjudican la tercera parte de la platalabradaque esta en esta Corte y poor ella seis mil seiscientos ochenta y cinco reales y cinco maravedis segun se tasa, 6685 rs y 5 mrs.

– yd se le adjudican y da en pago  una sortija de diamantes que existe y esta tasada en 894 rs.

– y ultimamentese les adjudican y aplican  en la partida de dinero que se halla en la Habana segun queda expuesto quarenta y dos mil quinientos y seis reales y tres maravedis para que los cobre y posea como suyos propios, 42596 rs y 3 mrs.

– ymporta el haver de  dicho don Josef Maria de Muesas noventa y quatro mil ciento setenta y cinco reales y ocho maravedis y siendo igual cantidad la que se va aplicada  queda enteramente pagado, 94175 rs y 8 mrs.

DECLARACIONES.-

– se declara que siendo aplicados a dichos Don Baltasar, Dn Vicente y Don Josef a quarenta y quatro mil reales en cada uno en la partida de los ciento treinta y cinco mil que estan impuestos en la Compañia de los cinco gremios mayores de esta Corte faltan que dar aplicazion a los tres mil que hay de diferencia de los gastos ocasionados hasta la conclusion de esta testamentaria por lo que han de percivir al mismo tiempo que sus principales losdichos Don Baltasar y Don Josef  Maria otorgantes quienes quedaran responsables a el pago de los gastos otogando carta de pago a favor de los señores diputados de los cinco gremios del todo de la imposicion poresente de  reditos de que no se ha echo merito por estar cobrados hasta fin de julio  proximo poasado.

-Ygualmente se declara que el citado señor don Miguel de Muesas por su testamento lego y mando a los expresados sus dos hijos Don Vizente y Don Josef Maria deMuesas a cada uno un juego de espadin, evillas, baston y caja de oro, de los quales tampoco se ha hecho merito en esta partizion por darse por entregados y satisfechos de estas mandas y tambien se da por entregado el Don Baltasar de Muesas de una sortija guarnecida de diamantes que lego y mando darle su padre a Doña Jacoba de Oya muger del Don Baltasar y remite se haran estas  prevenciones y declaraciones para que en todo tiempo conste.

Firmaron como testigos Don Felipe Moreno, Don Manuel Thomas Alvarez y don Tomas de Garma Yñiguez residentes en esta Corte

Baltasar de Muesas, Don Josef de Muesas. Ante mi = Felipe de Estepar.

(Archivo Históruico de Protocolos de Madrid. Protocolo = 24835, folº. 15-22. Escribano = Felipe Estepar).

[1] .- Francisco Pignatelli y Aymerich , hijo del noble napolitano on D mingo Pignatelli y Baéz, marqués de San Vicxente y de la señora catalana doña Ana Francisca Aywerich de Cruilles, nació en Barcelona el 23 de febrero 1687 y murió en la localidad francesa de Compiége el 14 de julio de 1751. Muy joven, en 1698, ingresó en los Reales Ejércitos, alcanzandco en 1708, en plena guerra de Sucesión el grado de coronel. y en 1709 elo de bigadier. Felipe V, que le tenía en mucha estima, le nombró  caballero de la Orden de Alcántara y en 1735 gobernador de Badajoz y dos años más tarde, de Zaragoza. E ntre 1738 y 1749  ocupó el cargo de capitán general de Aragón, que tuvo que abandonar  para luchar en la guerra de Sucesión  de Austria, defendiendo los derechos de Felipe V al ducado de Parma. Fue además comandante general de la costa de Granada y embajador en Francia (1749), falleciendo en Compiége en 1751.

[2] MONTERO PEDRERA, R.Mª y CALDERÓN ESPAÑA, Mª. C.- “El Directorio General de Miguel de Muesas en Puerto Rico (1770-1775), primer caso de intrevención  gubernamental  en enseñanza primaria” en V Coloquio de la Historia de la Educación.Historia de las relaciones educativas entre España y América. Sevilla, Universidad  de Sevilla., Departamento de Teoría e Historia  de la Educación, 1988, pp.161-169.

[3] .- A.H.P.M.- Perotocolo = 20016, folº. º16-21. Escribano = Pedro Cuende. Ver Documento 1º

[4] .- Durante los siglos XVII y XVIII muchos españole querian, que tra su muerte, su cádaver fuese amortajado con el hábito de san Fvrancisco, tanto por la devoción al santo de Asis  como por la creencia que con ello se les abría  las puertas del cielo (vid.- CEA, A.- “Los  ciclos de la vida. Ritos y costumbres en torno a los difuntos en Salamanca” en Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, Vol. XL, 1985.

[5] .- A.H.P.M.- Protocolo  = 24834, folº. 519-529 vltº Escribano = Felipe de Estepar. Ver documento 2º.

[6] .- Seguramente se trataba de Santa María de Poyos  o Poyos, pueblo de la provincia de Guadalajara que, en 1956, quedó sumergido por el embalse de Buendía

[7] .- A.H.P.M.- Protocolo = 24835, folº. 25-22. Escribano = Felipe de Estepar. Noticia  que amablemente me ha facilitado Susana Celemín Alonso. Ver documento 3 º.

Nov 022021
 

Alicia Barbero Cuesta & Jesús Barbero Mateos

Presentación

La historia de la educación en Extremadura es, probablemente, una de las asignaturas pendientes de la historiografía regional. Bien es cierto que en los últimos años han aflorado estudios relativos a este ámbito, que han afrontado los análisis de determinados aspectos de interés, casi siempre centrados en el rescate y puesta en valor de elementos escolares y datos relativos a las escuelas de poblaciones concretas de la región.

La construcción de la historia en general y, particularmente, la de la educación en Extremadura, debe ser un proceso que promueva la generalización de conclusiones a partir de los datos analizados para distintas localidades, más que la adaptación de la historia general al ámbito de la educación. En este sentido, es mucho lo que se puede aportar desde informaciones inéditas que pueden contribuir a clarificar y a edificar el proceso de evolución educativa regional.

Por nuestra parte, presentamos los principales datos referidos a las circunstancias de las escuelas de la provincia de Cáceres, cuando la Guerra Civil de 1.936 a 1.939 tocaba a su fin,  centrados en tres ámbitos interrelacionados: escuelas, alumnos y maestros para tener una visión global de la situación. Se ofrecen, finalmente, tablas y gráficos que permiten cotejar visualmente estas informaciones.

Todo ello se ha realizado trabajando sobre una encuesta remitida por la autoridad gubernativa para su cumplimentación, durante el primer trimestre de 1939, al amparo del proceso de recogida de datos promovido desde el Ministerio de Educación Nacional, con la intención de adoptar medidas respecto del diseño de un nuevo sistema educativo español.

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