Ene 052020
 

Dr. Juan Carlos Rodríguez Masa.

juancarlosrm@unex.es

Introducción

Los campesinos de nuestra geografía otorgan a San Antonio Abad el patronato de los animales, pero esto no siempre fue así. Nada en su hagiografía hacía presagiar su abogacía especial. Su historia de vida fue escrita en griego, alrededor del año 375, por San Atanasio de Alejandría y, posteriormente, traducida al latín por Evragio de Antioquía e irradiada por todo el Occidente medieval. Efectivamente, su hagiografía presenta la figura de un hombre que crece en santidad, y lo convierte en modelo de piedad cristiana.

San Antonio Abad, según la Vita Antonii de San Atanasio, nació hacia el año 251 en la aldea de Coma (hoy Quaeman-el´Arous)[1], al sur de Menfis (Egipto), de padres campesinos y acaudalados. Según cuenta la leyenda, en una Misa resonaron en él estas palabras de Jesús: “si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres”. Por ello, al morir sus padres vendió todos sus bienes, donó el dinero a los pobres y se consagró a la vida eremítica. De esta manera San Antonio Abad se convirtió en uno de los iniciadores de las comunidades de monjes en la historia del cristianismo, que luego se fueron extendiendo por todo el mundo y que siguen existiendo en nuestros días. Durante su vida de anacoreta, en los desiertos de Nitria y Scete (Bajo Egipto), fue atormentado y tentado por el demonio, quien le ofreció riquezas y placeres, a los que San Antonio respondió con un incremento de sus oraciones y penitencias.

San Antonio Abad falleció en el año 356, probablemente a los 105 años de edad. Fue sepultado por sus discípulos en un lugar secreto, siendo su cuerpo milagrosamente hallado dos siglos más tarde. Sus restos fueron desenterrados en el año 561, durante el gobierno del emperador Justiniano. Según cuenta una leyenda, popularizada en el siglo XV por una traducción del latín al francés de Pierre de Lanoy, el obispo Teófilo habría descubierto el cuerpo de San Antonio Abad envuelto en una túnica de fibras de palma que le habría regalado San Pablo ermitaño. En el año 663, con motivo de la revuelta del pueblo egipcio contra el emperador Heraclio, los restos fueron trasladados a la iglesia San Juan Bautista de Constantinopla.

En el 1070, las reliquias del Santo Ermitaño, procedentes de Oriente, son trasladadas desde Bizancio a Francia a manos de un caballero francés llamado Jocelyn, Señor de Castronovo, Albenciano y la Mota de San Desiderio, quien había estado luchando como cruzado en Constantinopla, allí las recibió de manos del emperador como regalo por los servicios prestados tras su viaje a Tierra Santa. El interés de este caballero francés por conseguir las reliquias de Antonio el Ermitaño, es debido a la curación del mismo, al parecer por intercesión directa del Santo tras ser gravemente herido durante una batalla. Dichas reliquias se colocaron inicialmente en la Iglesia Parroquial de Santa María, localizada en la Villa de San Desiderio. En el 1074, las reliquias del Santo se trasladaron a la nueva Iglesia de Mota “Motte Saint-Didier” (Vienne, Francia), construida para este fin, y donde se conservan hasta la fecha.

En aquel tiempo y lugar de la llegada de las reliquias de San Antonio Abad a Francia, entre 1085 y 1095, una epidemia misteriosa denominada “ignis sacer”, “fuego sagrado” o “mal de los ardientes”, asoló las regiones de Europa medieval. Dicha epidemia fue descrita por las crónicas como una extraña enfermedad, concebida como castigo divino por sus profundos estados alterados de conciencia y cuyos síntomas, similares a la lepra en su fase más avanzada, consistían en fuertes dolores en brazos y piernas. Los afectados acudían a la iglesia donde se veneraban las reliquias de San Antonio Abad invocando su intercesión, pues la popularidad de este Santo taumaturgo era conocida de Oriente a Occidente por la Vita Antonii. Uno de los afectados por el “Fuego de San Antón” fue el hijo de un noble delfines[2] llamado Gastón de Valloire, que ante la gravedad de su hijo, prometió al Santo que si éste sanaba fundaría un hospital, anejo a su iglesia de la ciudad, para la atención de afectados y mendigos, dando origen a la Orden Hospitalaria de San Antonio Abad, llamados popularmente Antonianos.

A partir del siglo XI, fue cuando su fama milagrosa, como sanador, se extendió entre el pueblo mediante la Orden Hospitalaria de los monjes Antonianos. Desde aquellos remotos e iniciales tiempos de la fundación de la Orden por Alfonso VII en 1146 y hasta 1787, año de su supresión, transcurrieron casi seis siglos y medio, donde miles de peregrinos fueron testigos de la hospitalidad y fervor de unos monjes entregados a los pobres y desfavorecidos.

La Iglesia, en su interés por transmitir a los fieles el ejemplo de santidad que había llevado a cabo este “cristiano ejemplar”, encargó a los mejores artistas representar sobre lienzo la “Vida” de este ilustre monje anacoreta. Así pues, las “Tentaciones de San Antonio Abad” han sido motivo de inspiración de los artistas desde el Renacimiento, y continúan siéndolo hasta la actualidad. Basta recordar algunos de los artistas más significativos que han llevado el tema al lienzo, como Fra Angelico (1395-1455), Joan Reixach (1411-1484), Jheronimus Bosch “El Bosco” (1450-1516), Quinten Massys (1466-1530), Juan de la Abadía el Viejo (1470-1498), Joachim Patinir (1480-1524), Fray Juan Bautista Maíno (1581-1649), Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599​-1660), David Teniers (1610-1690), Francisco Rizi (1614-1685), Francisco de Goya (1746-1828). Y entre los pintores más modernos, Cézanne (1839-1906), Diego Rivera (1886-1957), Max Ernst (1891-1976) y Salvador Dalí (1904-1989) han seguido esta tradición y, de una forma sorprendente, pusieron de actualidad las “tentaciones” del Santo anacoreta de los desiertos de la Tebaida. Un importante número de estas piezas, pertenecientes a distintas técnicas, épocas y estilos, se exponen en las salas del Museo Nacional del Prado de Madrid.

  1. San Antonio Abad. Un Santo viejo[3] muy actual

Los habitantes de nuestra geografía otorgan a San Antonio Abad, o San Antón[4], el patronato sobre los animales y señor del fuego, pero esto no fue así desde el principio, donde la devoción resulta más próxima a los cánones eclesiásticos que a los que se suponen populares. La devoción a San Antonio Abad, por popular que pueda llegar a ser, tiene como referencia una serie de motivos proporcionados y difundidos por las narraciones eclesiásticas. Para conocer la vida de San Antonio Abad, también conocido como Antonio El Grande o El Magno[5], y más popularmente como San Antón, estudiaremos su hagiografía[6], tomando como texto fundamental para la composición de este apartado La Vida, obra del insigne patriarca San Atanasio de Alejandría[7].

La Vida[8], escrita en griego, fue compuesta a mediados del siglo IV (pocos años después de la muerte de San Antonio) y posteriormente traducida al latín por Evragio de Antioquía[9] y difundida por todo el Occidente medieval[10]. Dicha obra hace dudar de la historicidad del personaje por la veracidad histórica del contenido[11], pero, a pesar de lo creíble, o no, de sus hechos, lo que parce indiscutible es el gran impacto que San Antonio ejerció en la devoción popular medieval[12].

 

 Imagen I. San Antonio Abad

Reixach, Joan

Temple sobre tabla, 91 x 64 cm.

Hacia 1450 – 1460

Madrid, Museo Nacional del Prado[13].

Toda la cronología se basa en la hipótesis de que las fechas en La Vida son correctas. Esta obra fue la fuente principal utilizada por Santiago de la Vorágine[14] para redactar su Leyenda Dorada en año 1478. La influencia de la Leyenda Dorada en la cultura occidental es un hecho incuestionable, sus traducciones y ediciones hispanas son las denominadas Flos Sanctorum o libros de las vidas de los Santos, entre las que sobresalen las forjadas por El Padre Pedro Ribadeneira[15] y el Maestro Alonso de Villegas[16].

 

 Imagen II. San Antonio Abad meditando

Lodi, Giovanni Agostino da

Óleo sobre tabla, 42,5 x 30,5 cm.

Hacia 1510

Madrid, Museo Nacional del Prado[17].

En los Flores Sanctorum de Villegas y Ribadeneira[18] la vida de San Antonio Abad está presente. En la traducción de Villegas, de finales del siglo XVI, aparecen algunas novedades en la vida, milagros y hechos prodigiosos atribuidos a San Antonio Abad como es la Tau y el cerdo de su iconografía[19]: “… el Tao con que pintavan á este Santo, denota, que por virtud de la Cruz alcanço vitoria de los demonios. Pintanle tambien á sus pies un puerco con una capanilla: y es la razon, porque en Francia, teniendose devocion grande con S. Antonio, por estar alli su cuerpo, acostumbraran en todas la piaras, y crias de puercos, señalar uno, poniendole una campanilla, para ofrecerle cierto dia; y estiman en tanto aquel puerco, que si le hurtan, sienten mas su perdida, que si les fuesen hurtados otros muchos; y este es el que pintan junto al Santo…”[20].

 

Imagen III. Las tentaciones de San Antonio Abad

El Bosco

Óleo sobre tabla de madera de roble, 73 x 52,5 cm.

Hacia 1510 – 1515

Madrid, Museo Nacional del Prado[21].

Otro repertorio bastante completo de los sucesos relacionados con la vida de San Antonio Abad son las obras de Blas Antonio de Ceballos, denominadas: Libro nuevo, Flores sagradas de los yermos de Egypto, publicada en Madrid en el año 1686; Flores del yermo, pasmo de Egipto, asombro del mundo, sol del occidente, portento de la gracia: Vida y milagros del grande San Antonio Abad, publicada en Madrid en 1779. Ceballos nos habla de las vueltas que los labradores daban a la Iglesia para proteger a sus animales[22], costumbre que ha llegado hasta nuestros días[23].

Los elementos contrastados y acentuados por las diversas fuentes, muestran a San Antonio con un comportamiento bien definido: “…reservado, silencioso, pero ardiente y apasionado en sus esfuerzos, tenaz y constante en sus proyectos, dotado de un gran equilibrio, afable, afectuoso y fiel en la amistad, siempre alegre, desde el momento en que sus visitantes veían su mirada. En definitiva, un hombre de gran voluntad y serenidad, pero, a la vez, un teólogo…”[24].

  1. Hagiografía de San Antonio Abad: padre del cenobitismo, anacorismo y ascetismo

2.1. Nacimiento y juventud

San Antonio, venerado por la iglesia como patriarca de los cenobitas, esto es, de los religiosos que viven en comunidad bajo un mismo convento y una misma regla, nació a mediados del siglo III en una aldea del Egipto. El lugar y fecha de nacimiento de San Antonio son inciertos, ya que existen discrepancias entre los diversos autores. En lo referente al lugar, la opinión más extendida, suele citar como lugar de origen la aldea de Coma (Kiman-el-Arus), cerca de Heracleópolis Magna en Fayum, en el Egipto Medio. En lo referente a la fecha de nacimiento, El Santo, habría nacido entre los años 250 y 260[25]:“…el hijo fue nuestro Padre San Antonio, que nació, según escrive San Geronymo, y Sozomeno, (i) año de doscientos y cincuenta y tres, ó cinquenta y quatro, siendo Summo Pontifice Fabiano, y Emperador de Roma Decio, cruelísimo perseguidor, que fue de la Iglesia. Y es de advertir, que por escusar prolijidades, no descrivo las varias opiniones, que hay entre los Autores, acerca de el Lugar, y año fixo en que nació…”[26]. San Atanasio plasma en La Vida la fecha de muerte del Santo en el año 356[27], el cual: “…tenía en esa fecha ciento cinco años de edad…”[28], según esto, San Antonio nació en el año 251[29].

San Antonio, según su hagiógrafo San Atanasio, fue egipcio de nacimiento y sus padres eran cristianos acomodados[30]: “…Fue San Antonio natural, y tuvo su origen de una Provincia de Egypto llamada en lengua Arabiga, Layde, de una Ciudad llamada Laytun; el nombre de su Padre era Bpeahex, y de Su Madre Gabix; los quales eran Nobles, no solamente de linage, sino tambien de costumbres, eran en fin buenos Christianos, y tenian singular devocion al Arcangel S. Miguel; eran muy ricos en rentas, heredades, y davan la mayor parte de sus cobranzas, y frutos por amor de Dios á los pobres…[31].

San Antonio, tras la muerte de sus padres, heredó una cuantiosa herencia. Tenía entonces unos veinte años y quedó al cuidado de su única hermana, mucho más joven que él. Poco tiempo después, sintió la necesidad de dedicarse a la oración, inclinándose en la lectura reparó en un paisaje evangélico perteneciente a San Mateo “…si quieres ser perfecto, anda, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; después, ven y sígueme…”[32]. Para conseguir este recogimiento espiritual repartió todos sus bienes entre los necesitados y dejó a su hermana al cuidado de una comunidad de vírgenes para que se encargaran de su educación: “…y dejando su casa, se retiró a un sitio no muy distante, del lugar; porque todavía no se había introducido la costumbre de que los solitarios viviesen muy separados de las poblaciones, ó solos en los desiertos. Escogió por guia y por maestro, en la nueva carga que comenzaba, á un santo viejo que desde su juventud se había retirado á la soledad. Admiraron al maestro los progresos del discípulo. No sabía estar ocioso. Empleaba en el oficio manual ó en el trabajo de manos, el tiempo que no ocupaba en la oración. Su humildad, su modestia, su dulzura, su devoción, su igualdad de ánimo le hicieron tan amable á todos los solitarios, que comúnmente le llamaban el “amado de Díos”…”[33].

2.2. Vida ascética y combates con los demonios

Cumplidas estas premisas, el Santo se retiró cerca de su propia casa y comenzó su carrera de vida ascética[34]. Durante este periodo, de iniciación, se producen los primeros combates del Santo con los demonios descritos por su hagiógrafo en La Vida: “…primero trató de hacerlo desertar de la vida ascética recordándole su propiedad, el cuidado de su hermana, los apegos de su parentela, el amor al dinero, el amor a la gloria, los innumerables placeres de la mesa y todas las demás cosas agradables de la vida (…) El perverso demonio entonces se atrevió a disfrazarse de mujer y hacerse pasar por ella en todas las formas posibles durante la noche, sólo para engañar a Antonio…”[35].

Imagen IV. Las tentaciones de San Antonio Abad

Patinir, Joachim; Massys, Quinten

Óleo sobre tabla, 155 x 173 cm.

Hacia 1520 – 1524.

Madrid, Museo Nacional del Prado[36].

El Santo, en su esfuerzo por la perfección, decidió trasladarse a vivir a los sepulcros que se hallaban cerca de su aldea natal y estableció su residencia en una tumba vacía durante aproximadamente quince años. Durante su estancia en la tumba, su hagiógrafo, describe nuevamente los extraños conflictos entre el Santo y los demonios: “…así llegó una noche con gran número de demonios y lo azotó tan implacablemente que quedó botado en el suelo, sin habla por el dolor. Afirmaba que el dolor era tan fuerte que los golpes no podían haber sido infligidos por ningún hombre como para causar semejante tormento…”[37].

La vida ascética de San Antonio, fue testimonio y modelo de lucha contra los demonios con un amplio margen a lo maravilloso mediante las visitas de varios seres fantásticos: “…en cierta ocasión, al iniciar su nueva existencia de anacoreta, se vio fuertemente asediado por deseos de fornicación. Luchó con tales apetitos, rezó y pidió a Dios que le permitiera ver con sus propios ojos al diablo que tentaba a los jóvenes con esas cosas. Tan pronto como con el recurso de su fe logró superar aquella prueba, un demonio en forma de niño negro, se presentó ante él, se postró a sus pies y le dijo: yo soy ese al que acabas de vencer…”[38].

Imagen V. Tentación de San Antonio Abad

Anónimo (Círculo de Guercino)

Lápiz negro, Sanguina sobre papel marrón, 404 x 269 mm.

Siglo XVII

Madrid, Museo Nacional del Prado[39].

El demonio, arropado bajo distintos disfraces, acosa al anacoreta en su soledad, se aparece e intenta apartarlo de su camino de muchas maneras llegando a infringirle crueles torturas morales y físicas: “…estando san Antonio un día en oración, se le apareció una joven de bello rostro y aspecto adornado; blanco era su vestido como la nieve, su color rosado y bonita en exceso; sus cabellos del color del oro y su vestimenta real. Azorando ante tanta belleza y temiendo las artimañas del diablo, el santo eleva la vista al cielo (…), y le pide a Dios le muestre la verdadera figura del tentador; quien despojado de su disfraz se convierte, de nuevo, en un niño de manos y pies retorcidos…”[40].

Imagen VI. Las tentaciones de San Antonio Abad

Coecke van Aelst, Pieter

Óleo sobre tabla, 41 x 53 cm.

Hacia 1543 – 1550

Madrid, Museo Nacional del Prado[41].

San Antonio sufrió las acometidas del demonio viéndose tentado por la lujuria, el poder y la riqueza que trataban de hacer abandonar su firme propósito. La tentación carnal[42], una de la pruebas a las que debe enfrentarse el Santo, fue narrada con detalle por San Atanasio[43]:“…pero el demonio, que odia y envidia lo bueno, no podía ver tal resolución de un hombre joven, sino que se puso a emplear sus viejas tácticas también contra él. Primero trató de hacerlo desertar en la vida ascética recordándole su propiedad, el cuidado de su hermana, los apegos de su parentela, el amor al dinero, el amor a la gloria, los innumerables placeres de la mesa y todas las demás cosas agradables de la vida. Finalmente le hizo presente la austeridad y todo lo que va junto con esta virtud, sugiriéndole que el cuerpo es débil y el tiempo es largo (…). El perverso demonio entonces se atrevió a disfrazarse de mujer y hacer pasarse por ella en todas las formas posibles durante la noche, sólo para engañar a Antonio. Pero él llenó sus pensamientos de Cristo, reflexionó sobre la nobleza de alma creada por Él, y solo su espiritualidad, y así apagó el carbón ardiente de la tentación…”[44].

Imagen VII. Tentaciones de San Antonio Abad

Teniers, David

Óleo sobre tabla, 51 x 71 cm.

Hacia 1647

Madrid, Museo Nacional del Prado[45].

2.3. La búsqueda de la soledad en el desierto

A la edad aproximada de treinta y cinco años, San Antonio, en su perseverancia por la práctica ascética, decidió retirarse de la tumba donde habitaba y buscó la soledad absoluta del desierto. El Santo se marchó hacía una montaña llamada Pispir, cerca del Nilo, y en un fortín deshabitado se encerró durante veinte años para practicar la vida ascética, para ello, se abasteció de agua y pan para seis meses, y bloqueó la entrada e impidió el paso a toda persona, desapareció como en un “santuario”: “…sólo dos veces al año recibía pan, que le dejaban caer por el techo…”[46]. San Antonio no dejó entrar a sus amigos y peregrinos que venían a verlo, los cuales, inducidos por la vida monástica se congregaron en la montaña y formaron la primera colonia de ascetas.

Imagen VIII. San Antonio Abad en un paisaje

Maíno, Fray Juan Bautista

Óleo sobre tabla, 61 x 155 cm.

Hacia 1612 – 1614

Museo Nacional del Prado[47].

El Santo pasó encerrado casi veinte años y practicó solo la vida ascética, no salió nunca y fue raramente visto por otros. Pero debido a que había muchos que ansiaban y aspiraban imitar su vida, cedió de sus importunidades y decidió salir. Sus propios amigos fueron los que forzaron y echaron la puerta abajo, según su hagiógrafo: “…Antonio salió como de un santuario, como un iniciado en los sagrados misterios y lleno de Espíritu de Dios (27). Fue la primera vez que se mostró fuera del fortín a los que vinieron hacia él. Cuando lo vieron estaban asombrados al comprobar que su cuerpo guardaba su antigua apariencia: no estaba obeso por la falta de ejercicio ni macilento por sus ayunos y luchas contra los demonios: era el mismo hombre que habían conocido antes de su retiro…”[48].

San Antonio, tras veinte años de vida ascética, abandonó su soledad y se convirtió en “Padre Espiritual”, dedicándose a la organización e instrucción de un grupo de monjes. Muchos cristianos atraídos por esta nueva espiritualidad, se trasladaron a vivir junto a San Antonio, iniciándose así la primera comunidad de ermitaños de vida en común, pero sin ninguna regla.

2.4. Milagros en el desierto

El anacoreta, tras cinco años como instructor de su doctrina, decidió retirarse nuevamente al desierto, en esta ocasión el lugar elegido fue el interior de la Alta Tebaida (región del Antiguo Egipto), entre el Nilo y el Mar Rojo. Aquí pasó los últimos cuarenta años de su vida, pero al contrario que en Pispir, recibió generosamente a sus visitantes. Durante este periodo de tiempo obró varios milagros y sanó a muchos enfermos en el desierto[49]: “…por él el Señor sanó a muchos de los presentes que tenían enfermedades corporales y liberó a otros de espíritus impuros…”[50].

San Antonio recibió a todos los discípulos y admiradores que se acercaban a verle, como su hagiógrafo y amigo San Atanasio: “…la amistad de San Antonio y San Atanasio (293-373) debió surgir en las largas visitas que este sabio prelado hacía a los ermitaños del desierto, admirado y edificado de aquel tipo de espiritualidad y de ortodoxia cristiana. San Atanasio llegó a ser obispo de Alejandría y luchó sin desfallecer toda su vida contra la arraigada herejía arriana, contando siempre con el apoyo de su amigo Antonio, que incluso en algún momento se trasladó a Alejandría para ayudarle en su predicación contra esta grave desviación de la doctrina…”[51].

El interés de San Antonio llegó hasta los emperadores: “…cuando Constantino Augusto, oyeron estas cosas, le escribían como a un padre, rogándoles que les contestara…”[52]. Pronto su fama comenzó a extenderse y su popularidad se hizo patente entre sus devotos, hasta el punto de que un gran número de seguidores le tomaron como maestro y muchos peregrinos lo buscaban para la salvación de sus almas. El Santo, se convirtió en un personaje de leyenda, la fama de su doctrina, austeridad y absoluta soledad recorrieron todo Oriente.

Cuando San Antonio llegó a la edad de 90 años, pensó que él era el monje más solitario del desierto, pero descubrió que no estaba en lo cierto, un sueño le reveló la existencia de otro anacoreta, “San Pablo Ermitaño”, que también vivía en el desierto, a quién visitó al día siguiente en una cueva adentrada en el desierto: “…en el año 341, habiendo llegado S. Pablo a los ciento trece años de su vida celestial en la tierra, y habitando en otra soledad S. Antonio (8), que a la sazón era nonagenario (cómo el mismo solía decir), empezó a molestarle una tentación de vanagloria, fijándose en su mente el pensamiento que nadie habría servido a Dios por tanto tiempo en la austeridad de vida como la suya y retirado de toda comunicación con todo el mundo retirado en los grandes desiertos. Dios permitió esta tentación para cumplir sus altísimos destinos. Y en efecto, mientras Antonio descansaba, en la noche siguiente, le fue revelado que otro ermitaño había mucho mejor que él y que debía ponerse en camino para visitarle…”[53].

Tras el encuentro de ambos Santos, San Pablo predice que pronto moriría y le pidió a San Antonio el manto que le había dado el Obispo Atanasio, para enterrar su cuerpo con él. Cuando San Antonio regresó dónde estaba San Pablo, lo encontró muerto, su hagiógrafo en La Vida nos describe este momento: “…Antonio encuentra a Pablo orando de rodillas y con las manos extendidas, aunque ya había muerto. Y, finalmente, dos leones llegan a todo correr para dar su adiós al Santo con grandes gemidos y a cavar con sus garras la fosa que recibiría su cuerpo. Antonio lo envuelve en la capa de Atanasio…”[54].

 

Imagen IX. San Antonio Abad y san Pablo, primer ermitaño

Velázquez, Diego Rodríguez de Silva y

Óleo sobre lienzo, 261 x 192,5 cm.

Hacia 1634

Madrid, Museo Nacional del Prado[55].

2.5. Muerte del Santo

El anciano Santo, poco antes del final de su vida, bajó de la montaña hasta Alejandría para predicar contra los arrianos y toda la ciudad corrió a ver al “Varón de Dios”: “…respondiendo al llamado de los obispos y de todos los hermanos (70), bajó de la montaña y entrando en Alejandría denunció a los arrianos. Decía que su herejía era la peor de todas y la precursora del anticristo (…). Todo el pueblo se alegraba al escuchar a semejante hombre anatemizar contra la herejía que luchaba contra Cristo (…)También los paganos e incluso los mal llamados sacerdotes, iban a la iglesia diciéndose: “Vamos a ver al Varón de Dios”…”[56]. Después San Antonio regresó a la Montaña, donde tuvo una visión y predijo los estragos de la herejía arriana[57]: “…La ira está a punto de golpear a la Iglesia, y ella está a punto de ser entregada a hombres que son como bestias insensibles…”[58].

Cerca de los ciento cinco años de vida, San Antonio, tuvo la premonición de su muerte, y como tenía costumbre de visitar a los monjes en el Montaña se lo hizo saber: “…esta es la última visita que les hago y me admiraría si nos volvemos a ver en esta vida. Ya es tiempo de que muera, pues tengo casi ciento cinco años…”[59] Tras informarles se dirigió en soledad hacia la Montaña dónde acostumbraba vivir. Pocos meses después enfermó y llamó a dos discípulos suyos que le acompañaban y visitaban a causa de su avanzada edad y que al igual que él hacían vida ascética y les dijo: “… Me voy por el camino de mis padres, como dice la Escritura (cp. Re 2,2; Jos 23, 14), pues me veo llamado por el Señor (…), háganme ustedes mismos los funerales y sepulten mi cuerpo en tierra, y respeten de tal modo lo que les he dicho, que nadie sino ustedes sepan el lugar. En la resurrección de los muertos, el Salvador me lo devolverá incorruptible. Distribuyan mi ropa. Al obispo Atanasio denle mi túnica y el manto donde yazgo, que él mismo me dio pero que se ha gastado en mi poder; al obispo Serapión denle la otra túnica, y ustedes pueden quedarse con la camisa de pelo (47, 2). Y ahora, hijos míos, Dios los bendiga. Antonio se va y no está más con ustedes…”[60]. Ellos entonces, siguieron las indicaciones que él les había dado, prepararon y envolvieron el cuerpo y lo enterraron en la tierra.

La edad de la muerte de San Antonio es incierta[61], ya que existen discrepancias entre diversos autores:“…Murió San Antonio á los diez y siete de Enero del año del Señor de trescientos y sesenta y uno, según San Geronymo, y el trescientos y cinquenta y ocho según el Cardenal Baronio, de edad de ciento y cinco años…”[62]. Efectivamente, diversos autores afirman que Antonio vivió hasta los 105 años, y que dio orden de que sus restos reposasen a su muerte en una tumba anónima. Sin embargo, alrededor de 561 sus reliquias fueron llevadas a Alejandría, donde fueron veneradas hasta alrededor del siglo XII, cuando fueron trasladadas a Constantinopla (nombre histórico de la actual ciudad de Estambul).

 

 Imagen X. Funeral de San Antonio Abad

Angelico, Fra

Temple sobre tabla de madera de chopo, 19,7 x 29,3 cm.

Hacia 1426 – 1430

Madrid, Museo Nacional del Prado[63].

  1. Reliquias y orden monástica de San Antonio Abad

En el 1070, las reliquias del Santo Ermitaño, procedentes de Oriente (veneradas desde el siglo VI en Alejandría y consecutivamente en Constantinopla), son trasladadas desde Bizancio a Francia[64] a manos de un caballero francés llamado Jocelyn[65], Señor de Castronovo, Albenciano y la Mota de San Desiderio, quien había estado luchando como cruzado en Constantinopla, allí las recibió de manos del emperador como regalo por los servicios prestados tras su viaje a Tierra Santa. El interés de este caballero francés por conseguir las reliquias de Antonio el Ermitaño, es debido a la curación del mismo, al parecer por intercesión directa del Santo tras ser gravemente herido durante una batalla[66].

Dichas reliquias se colocaron inicialmente en la Iglesia Parroquial de Santa María, localizada en la Villa de San Desiderio. En el 1074, las reliquias del Santo se trasladaron a la nueva Iglesia de Mota “Motte Saint-Didier” (Vienne, Francia), construida para este fin, y donde se conservan hasta la fecha[67]. En aquel tiempo y lugar de la llegada de las reliquias de San Antonio Abad a Francia, entre 1085 y 1095, una epidemia misteriosa denominada “ignis sacer”, “fuego sagrado”, o “mal de los ardientes”[68] que asoló las regiones de Europa medieval. Dicha epidemia era descrita por las crónicas como una extraña enfermedad, concebida como castigo divino por sus profundos estados alterados de conciencia[69] y cuyos síntomas, similares a la lepra en su fase más avanzada, consistían en fuertes dolores en brazos y piernas“…les consumía las entrañas, les pudría los miembros, que se volvían negros como el carbón. O morían de modo miserable, o bien arrastraban una vida miserable, después de que se les desprendieran las manos y los pies en estado de putrefacción…”[70]. Los afectados acudían a la iglesia donde se veneraban las reliquias de San Antonio Abad invocando su intercesión, pues la popularidad de este Santo taumaturgo era conocida de Oriente a Occidente por la Vita Antonii.

Los resultados avalan el procedimiento, se habla de curaciones milagrosas, entre ellas la del hijo de un poderoso e importante noble delfines[71]. Tras la curación de éste último, su padre ofrece su hacienda al Santo y funda, junto a su hijo milagrosamente sanado y varios caballeros con conocimientos médicos, una pequeña comunidad laica denominada Hermanos de San Antonio o Antonianos, quienes habilitan en el año 1095 una casa-hospital junto a la Iglesia que albergaba las reliquias de San Antonio (Francia) llamado “Casa de los Pobres[72] para cuidar y curar a aquellos afectados por el fuego sagrado[73]: “…ante la llegada masiva de enfermos a la iglesia donde se veneraban las reliquias de San Antón Abad, se creó una fraternidad de laicos, dedicada a atenderles. Tenían conocimientos médicos y corazón caritativo. Al principio fueron pocos: Gastón, el fundador, su hijo Guerín y ocho compañeros. Junto a la iglesia de las reliquias, habilitaron una casa-hospital que se llamó “casa de los pobres”. A los enfermes les llamaban “hermanos de los pobres” o “de la limosna”…”[74]. La iniciativa de estos caballeros que prestan gratuitamente sus servicios, son profesionalmente médicos y vocacionalmente monjes, puso las bases para constituir una nueva orden hospitalaria, comenzando así la aventura antoniana en Europa. Será en las sesiones del concilio de Clermont, celebrado en el año 1095 cuando se apruebe, por voluntad de Urbano II, la asociación hospitalaria que tomó el nombre de Hospitalarios de San Antonio[75].

A partir de ese acontecimiento, la devoción y orden de San Antonio, así como la tarea hospitalaria que representaba, se desarrolló y expandió dentro y fuera de Europa, mediante la fundación de un importante número de casas[76]. Los afectados por la enfermedad imploraban a San Antón para librarse de este “mal divino”. Por este motivo, hasta tiempos recientes se invocaba a San Antón como protector de las enfermedades de la piel.

Desde aquellos remotos e iniciales tiempos de la fundación de la Orden Hospitalaria de San Antón por Alfonso VII en 1146, hasta 1787, año de su supresión, transcurrieron casi seis siglos y medio, donde miles de peregrinos fueron testigos de la hospitalidad y fervor de unos monjes entregados a los pobres y desfavorecidos afectados por el fuego de San Antón.

Los monjes Antonianos disfrutaron de diversos privilegios reales que les permitió recorrer, exentos de tributos, y acompañados de puercos, campanillas, bacines y atabaques, los lugares del Reino y pedir limosna para el mantenimiento de sus encomiendas y hospitales, conocida esta costumbre como “la demanda de San Antón”, práctica que recorrió, durante varios siglos, las ciudades, villas y lugares de España[77].

Efectivamente, despareció la Orden, pero no la advocación a San Antón Abad que sigue dando sentido a los signos que rodean su figura: el cerdo, la campanilla, el fuego, la Tau, etc. Asimismo, sus costumbres y ceremonias de veneración y culto sobrevivieron a sus máximos promotores, los Antonianos, y se pueden constatar en multitud de tradiciones locales, unas se perdieron y han sido recuperadas y otras se han mantenido a lo largo de los siglos.

 Notas

[1] “…Como lugar de origen se suele dar la aldea de Coma (Kiman-el-Arus), en el Egipto medio, cerca de la antigua Heracleópolis…” San Atanasio de Alejandría. “Vida de San Antonio Padre de los monjes”. Apostolado Mariano. Serie los Santos Padres. Nº 10. Sevilla, 1991. Página 7.

[2] El Delfinado: antigua provincia del sureste de Francia con capital en Grenoble, que corresponde desde 1790 con los departamentos de Isère, Drôme y Hautes-Alpes.

[3] La caracterización de “viejo” es peculiar y deben ser tomados en consideración sus varios sentidos. Se refiere, por un lado, a que la iconografía suele comúnmente mostrar una figura de monje “viejo”, aunque no estrictamente anciano, especialmente en las escenas del desierto. Por otro lado, está integrado dentro de lo que se podría tomar como el estrato antiguo de devoción cristina bien enraizado con la religiosidad popular pero posteriormente postergado por devociones a otros santos, promovidas por órdenes religiosas con creciente presencia social o fomentadas por los prelados en sus respectivas diócesis o cumpliendo normas provenientes de la Santa Sede. Velasco Maíllo, Honorio M. “naturaleza y cultural en los rituales de San Antonio”. Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. Vol. LXIV. Nº1. Instituto de Lengua, Literatura y Antropología (CSIC). Madrid, Enero-junio de 2009. Página 238.

[4] “…De ana (arriba) y de tenens (teniente, tenedor o el que tiene algo), deriva la palabra Antonio que significa tener o poseer cosas de alto valor; nombre acertado para este santo, que despreció los bienes de este mundo y disfruto de los celestiales…”. De la Vorágine, Santiago. La leyenda dorada. Alianza Forma Editorial, S.A. Madrid, 1987. Página 107.

[5] “…San Antonio aparece en la hagiografía del catolicismo de oriente con los apelativos de El Grande y El Magno. No obstante, la tradición cristiana occidental también lo conoce con el nombre de san Antonio de Vienne, al su de Lión, en el margen izquierdo del río Rhône, se conservan unas reliquias que pertenecieron al santo anacoreta…” Limón Pons, Miquel Ángel. “Historia y ritual de la fiesta de San Antonio Abad en la Isla de Menorca”. Narria: Estudios de artes y costumbres populares. Número 109-102. Menorca, 2005. Página 60.

[6] Historia o relato de la vida de un santo. Del griego hágios (santo) y grafía (descripción).

[7] “…San Atanasio, nació alrededor del año 295. En el año 325, siendo diácono, acompañó al patriarca Alejandro, su predecesor, al Concilio de Nicea, donde fue condenada la herejía arriana. Fue consagrado obispo de Alejandría el 8 de junio de 328. Toda su vida se vio envuelta por la controversia u las luchas desencadenadas por el arrianismo, constituyéndose él uno de los baluartes de la verdadera fe proclamada por el Concilio de Nicea. Cinco veces tuvo que sufrir el deterioro de su sede, bajo los emperadores Constantino, Constancio, Juliano y Valente. Entre 335 y 337 estuvo en Tréveris; entre 339 y 346, en Roma; los últimos tres destierros los pasó en el desierto de Egipto: 356-362, 362-363, 365-366. Vuelto finalmente a Alejandría, muere en 373 (…).Es indudable también que, fuera del influjo doctrinal, la presencia de San Atanasio fue decisiva en la orientación esencialmente escriturística y evangélica del movimiento monacal. Y, entre todas sus obras, en su “Vida de San Antonio” la que constituye su aporte más significativo al desarrollo del espíritu monacal…”. San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Páginas 3-5.

[8] San Atanasio escribió la “Vida” según unos con ocasión de su primer destierro en el desierto, en la Tebaida, encontrándose entre los monjes, 356-362; según otros, la habría escrito a su vuelta definitiva a Alejandría, después de 366. Actualmente ya nadie discute que haya sido San Atanasio quien efectivamente escribió la “Vida”. Lo que si se discute entre los entendidos es el carácter de esta biografía, es decir, cuál es su género literario, la veracidad histórica de su contenido, lo propio del pensamiento de San Antonio. Como todo documento antiguo, incluido el Nuevo Testamento, también la “Vida” da más lugar de lo probable al mundo de lo maravilloso y, por ende, de lo demoniaco. La “Vida de San Antonio” fue escrita por San Atanasio en griego. Del texto griego se conocen 165 manuscritos. Más de la mitad de ellos se conservan en la forma que recibieron en la compilación de Simeón Metafrasto, el hagiógrafo griego, a fines del siglo X. San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Páginas 6 – 11.

[9] “…La “Vida de san Antonio” fue escrita por san Atanasio en griego. Del texto griego se conocen 165 manuscritos. Más de la mitad de ellos se conservan en la forma que recibieron en la compilación de Simeón Metafrasto, el hagiógrafo griego, a fines del siglo X. Este texto ha tenido hasta ahora sólo dos ediciones originales. La edición príncipe fue hecha por David Hoeschel en 1611, por este texto conoció la “Vida” todo el siglo XVII. En 1698, los benedictinos de la Congregación de San Mauro, J. Loppin y B. de Montfaucon publicaron la primera edición crítica de las obras de san Atanasio. Es la edición benedictina la que todavía figura en la “Patrología griega” de Migne (tomo 26, columnas 837-976). De hecho, ambas ediciones, salvo algunas variantes, siguen utilizando el texto “metafrástico”. Sería necesaria una edición crítica del texto griego. Del texto original hay dos versiones latinas y varias orientales. La versión latina más conocida es la debida al presbítero Evagrio de Antioquía, que en el año 388 llegó a ser obispo de su ciudad; Evagrio era amigo de san Jerónimo, y dedicó su traducción a Inocencio, amigo común de ambos, muerto en 374. Esta versión es, pues, del tiempo mismo de san Atanasio, y debió ser hecha poco después de la publicación del original, lo que demuestra su amplia difusión y popularidad…” San Atanasio de Alejandría. “Vida de San Antonio”. Traducción al castellano de la versión de Evagrio por los Monjes de la Isla Liquiña. Cuadernos Monásticos. Año 10. Número 33-34. Chile, 1975. Página 176.

[10] “…la vida de san Antonio escrita por san Atanasio y acompañada de la traducción latina de Evagrio en Patrología Griega XXVI, col. 835-976. Un buen estado de la cuestión con referencias bibliográficas e iconográficas en “Antonio Abate”, Bibliotheca Sanctorum, vol. II Roma (1989), p. 106-136. Una traducción contemporánea comentada y con un índice de revisión de fuentes en Sant Atanasi, Vida de sant Antoni, Publicacions de I´Abadia de Montserrat, Barcelona, 1989. La controversia sobre las fuentes ha sido caldo de cultivo para los historiadores de la Iglesia. El texto griego hoy dispone, según la opinión de Daniel Codina i Miquel Estradé, monjes de Monstserrat, no es suficientemente crítico. El texto de Evagrio, ha llegado hasta nuestros días en mal estado…”. Nuet Blanch, Marta. “San Antonio tentado por la lujuria. Dos formas de representación en la pintura de los siglos XIV y XV”. Locus Amoenus. Número 2. Barcelona, 1996. Página 114.

[11] Atanasio había recogido directamente sus enseñanzas y, aunque las corrigió estilísticamente, no hay razón para pensar que sean inauténticas las lecciones sobre su vida. No se pone en duda la historicidad del personaje, pues la crítica ha establecido sólidamente la autenticidad atanasiana de la famosa Vita Antonii y el obispo de Alejandría compuso este libro hacia el año 375, cuando se encontraba exiliado en el desierto. Sánchez Domingo, Rafael. La encomienda de San Antón de Castrojeriz. Derecho de asistencia en el Camino de Santiago. Ediciones Trea, S. L. Asturias, 2004. Páginas 34-36.

[12] “…San Antonio no es, pues, una figura mítica, pura creación de san Atanasio, como tampoco lo son las diversas circunstancias y etapas de su vida. Sin embargo, hay que conceder que las diversas anécdotas, individualmente consideradas, no poseen todas las mismas calidades. La mayor dificultad estriba en la presentación de la doctrina espiritual de san Antonio y en algunos aspectos de su lucha contra los demonios; es evidente que si en lo esencial san Atanasio es fiel a la figura de su héroe, no es menos cierto que expone sus propias reflexiones sobre el tema. No creemos que se pueda ir tan lejos como afirmar que la “Vida” es un tratado de espiritualidad; ella es, efectivamente, una biografía, que pretende credibilidad histórica (5-7), pero que tiene, además de esta finalidad confesa, también otra, abiertamente declarada: dar a los monjes un modelo digno de imitación (4; 93, 1.9; 94, 1). Es posible que san Atanasio haya tomado en cuenta el género biográfico de la antigüedad y que incluso haya conocido determinadas biografías de autores paganos que pudieran haberle servido de modelo…”. San Atanasio de Alejandría. “Vida de San Antonio”. Opus cit. Página 173.

[13] “…Representado como un anciano de cabellos y barba grises, san Antonio lleva la túnica blanca, el escapulario azulado y el manto parduzco con capucha de los antonianos en cuyo hombro está bordada la tau en azul que le identifica (…)Además de este atributo, el autor incluye en la composición otros elementos que permiten reconocer al santo: el libro de la regla de la orden de los antonianos y la campana para ahuyentar a los demonios en la mano derecha, el bordón -casi un báculo- en la mano izquierda, el cerdo alusivo al demonio y las tentaciones de la carne tras él, y, a sus pies, las llamas que brotan del suelo, conocidas como «fuego de san Antón», relativas a la enfermedad que los miembros de la orden se dedicaban a curar…”. Silva, P. Donación Várez Fisa. Museo Nacional del Prado, Madrid, 2013. Página 34. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[14] Santiago de la Vorágine, (Varazze, 1230 – Génova, 1298) fraile dominico del siglo XIII y llegó a ser Obispo de Génova, ha pasado a la historia por ser el autor de la Leyenda Dorada, probablemente la más importante recopilación de biografías de santos y la más influyente en el arte europeo de todos los tiempos.

[15] Pedro de Ribadeneira (Toledo, 1526 – Madrid, 1611), biógrafo, historiador de la Iglesia y escritor ascético español del Siglo de Oro.

[16] Alonso de Villegas (Toledo, 23 de octubre de 1533 – 23 de enero de 1603), también conocido por su personaje semiacrónimo Selvago, que puede ser también su segundo apellido, de origen genovés fue un eclesiástico y escritor español.

[17] “…Pintada sobre madera de haya, muestra a San Antonio Abad (c. 251-356) leyendo un libro -probablemente el de la regla de la orden de los Antoninos, fundada en el siglo XI- que descansa en una roca. Sobre ésta aparece una campana, utilizada por los ermitaños para espantar demonios y ahuyentar tentaciones, y apoyado en ella un bastón en forma de tau, símbolo de la vida futura y de la dignidad abacial de su propietario; elementos iconográficos habituales en la representación del santo. La fisonomía de éste, un anciano calvo de luengas barbas con la frente surcada de arruga…” Falomir Faus, M. Pintura italiana del Renacimiento. Guía. Museo Nacional del Prado. Madrid, 1999. Página 122. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[18] “…Nos se puede fácilmente creer la multitud, grandeza, y utilidad de los milagros que Dios Nuestro Señor hizo por san Antonio en todo genero de enfermedades y males, y particularmente contra los demonios; sobre los quales, como vitorioso y triunfador, tuvo tan gran señorio e imperio, que bastaba su solo nombre para atormentarlo y echarlos de los cuerpos…” Pedro Ribadeneira. Flos Sanctorum o Libro de la vida de los Santos. En el qual se contienen las Vidas de Christo Señor Nuestro y de su Santíssima Madre, y de todos los Santos que reza la Ygesia Romana, por todo el año. Ed. de Luis Sánchez. Madrid, 1616. Folio 124.

[19] “…El pueblo, que para todo tiene su explicación, atribuye el hecho de aparecer un cerdito a los pies de San Antón a una leyenda que dice que, habiendo parido una cerda, uno de los cerditos nació anormal y no podía tenerse en pie; la piedad del Santo hizo que éste se compadeciese del pobre animal y le bendijese; en aquel momento el cerdo sanó y pudo andar; tanto agradeció al Santo su curación que se puso a caminar a su lado…” De Hoyos, Nieves. “Las Fiestas de San Antón”. Temas Españoles. Número 299. Publicaciones Españolas. Madrid, 1957. Página 4.

[20] De Villegas. Alonso. Opus cit. Folio 111.

[21] “…De forma totalmente original y única entre las versiones que dio del santo, el pintor le muestra absorto, sumido en sus pensamientos en la soledad de la naturaleza, encarnada en ese tronco de árbol hueco que le cobija y que está magistralmente traducido. Ni siquiera sostiene un libro en las manos; lo tiene cerrado, colgado de su cinturón. Nada parece alejarle de esa concentración interior, y lo mismo puede decirse de su atributo, el cerdo con la campanilla en la oreja que descansa a sus pies, ajeno al ataque del diablo que está a punto de golpearlo…”. Silva, P. El Bosco, La Exposición del V Centenario. Museo Nacional del Prado. Madrid, 2016. Páginas 251-257. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[22] “…Nicolás Rusier, Morador de la Ciudad de Napoles, año de 1455, tenía una Mula manca, que no podia andar, sino con mucha dificultad: y viendo que otros Labradores, el dia de San Antonio, llevavan sus ganados, y cavalgaduras a la Iglesia del Santo, para que diesen en contorno de ella, las bueltas que la devocio de los Fieles acostumbra, llevó lo mejor que pudo su Mula, confiando en el bendito Abad, que se le avia de sanar, y no le salio vana su esperanza: porq apenas huvo dado tres bueltas, quando la vio sana, y que corria tan ligeramente, como sino huviera tendido ninguna lesion…”. Ceballos, Blas Antonio de. Libro nuevo, Flores sagradas de los yermos de Egypto. Ed. de Antonio Gonçalez de Reyes, Madrid, 1686. Folio 362. Transcripción paleográfica realizada por el autor.

[23] Uno de los rituales más relacionados con la festividad del Santo es la bendición de animales, que va seguido del ceremonial o cabalgata de las tres vueltas o vueltas sagradas que se celebran en muchos pueblos de España, donde los jinetes efectúan tres vueltas en torno a un lugar sagrado: la iglesia, la imagen del Santo, una ermita o la hoguera de San Antonio. Una de las celebraciones más singulares que nos encontramos en Extremadura es la Encamisá o Carrera de San Antón de Navalvillar de Pela (Badajoz), que se celebra la noche del 16 de enero. Véase Rodríguez Masa, Juan Carlos. Historia, tradición y fe en un pueblo de la Sierra de Pela: Navalvillar (1418-2018). Diputación de Badajoz. Badajoz, 2018.

[24] Brugada, Mrtiriá. “San Antonio Abad, una vida alternativa”. Colección Santos y Santas. Nº 101. Centro de Pastoral Litúrgica. Barcelona, 2005. Páginas 3 y 4.

[25] “…El grande san Antonio (…) nacido en el año 251. Era natural de Cómo, lugar pequeño cerca de Herácla en el alto Ejipto…” Croisset. Año Cristiano y fastos del Crsitianismo. Glorias, martirios, peregrinaciones, padecimientos, vida, virtudes y milagros de todos los santos del año que celebra la Iglesia, con todas las dominicas, epístolas y evangelios de cada día. Madrid, 1846. Página 157.

[26] Ceballos, Blas Antonio de. Flores de el Yermo. Opus cit. Folio 6.

[27] “…a vista de los espíritus celestiales que estaban presentes para ser testigos de su último aliento, entregó el alma a su Criador el día 17 de enero del año 356, que se contaba el noveno del imperio de Constancio…”. Ibídem. Página 167.

[28] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 7.

[29] “…Nace Antonio en Egipto, cerca de Menfis, en el año 251…”. Fernández Peña, María Rosa. “El culto a los Santos: devoción, vida, arte y cofradías”. Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas. Simposium 16. San Lorenzo de El Escorial, 2008. Página 679.

[30] “…Habiendo muerto sus padres, cuando Antonio contaba con tan solo veinte años de edad, se halló heredero de una rica herencia, y con el cuidado de una hermana de pocos años…”. Croisset, Juan. Año Cristiano. Opus cit. Página 83.

[31] Navarro, Joseph. Vida y milagros del príncipe de los anacoretas y padre de los cenobiarcas, nuestro Padre San Antonio Abad, el Magno. Barcelona, 1683. Folios 1 y 2.

[32] La Santa Biblia. 18 Edición. Ediciones Paulinas. Madrid, 1987. San Mateo, 19, 21.

[33] Croisset, Juan. Opus cit. Página 83.

[34] “…Todo el que quería enfrentarse consigo mismo sirviendo a Cristo, practicaba la vida ascética solo, no lejos de su aldea. Por aquel tiempo había en la aldea vecina un anciano que desde su juventud llevaba vida ascética en la soledad. Cuando Antonio lo vio, “tuvo celo por el bien” (Gl 4,8), y se estableció inmediatamente en l vecindad de la ciudad (…). Ahí, pues, pasó el tiempo de su iniciación y afirmó su determinación de no volver a la casa de sus padres ni de pensar en sus parientes, sino de dedicar todas sus inclinaciones y energías a la práctica continua de vida ascética…” San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Páginas 17 y 18.

[35] Ibídem. Página 19.

[36] “…La tentación que sufre san Antonio por la intervención de tres mujeres jóvenes ricamente vestidas que tratan de apartarle del camino de la virtud, incitándole a la lujuria, en presencia de la joven alcahueta (…), no aparece en ninguna de sus hagiografías, frente a lo que sucede con otros pasajes de su vida incluidos en ella. La manzana que le ofrece una de las jóvenes -como moderna Eva- al santo alude al pecado original, mientras que la que está a su espalda, acariciándole el cuello, deja ya ver su naturaleza demoníaca en la forma de la cola de su traje, y el mono, símbolo del demonio …”Silva, P. Patinir. Estudios y catálogo crítico. Museo Nacional del Prado. Madrid, 2007. Páginas. 242-253. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[37] Ibídem. Página 22.

[38] Nuet Blanch, Marta. Opus cit. Página 115.

[39] “…En el dibujo se representa a San Antonio arrodillado en primer término apoyando una mano en un libro y alza la otra para detener el ataque de un demonio que, volando, intenta golpearle con un bastón; en el suelo, otro, se acerca amenazante al santo…”. Mena Marqués, M. Catálogo de dibujos. VI. Dibujos italianos del siglo XVII. Museo del Prado. Madrid, 1983. Páginas 105 y 106- Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[40] Nuet Blanch, Marta. Opus cit. Página 114.

[41] San Antonio es tentado por el Diablo, transformado en una bella mujer desnuda y al que acompaña una bruja. El fondo con la ciudad en llamas, así como los monstruos y demás elementos. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[42] “…El peligro representado por la mujer, y sus distintas formas de representación, encajan perfectamente en el marco de una concepción cultural determinada, aunque no estática. En el Antiguo Testamento, Eva es la persona elegida por el diablo para caer en la tentación. La pérdida del estado de gracia en manos de la mujer revertirá en la condición ulterior de la humanidad. El Nuevo Testamento, en contradicción con el Antiguo, proporcionará una nueva luz sobre el asunto. La conversión de María Magdalena, la Samaritana y otras mujeres de vida disoluta a una vida santa, y la aceptación del cambio por parte de Jesucristo, representarán una novedad en el ideario de las antiguas escrituras. La iglesia primitiva, a través de la palabra de san Pablo y a partir del modelo de vida de los padres del desierto, en particular, preferirá, ante el debate sobre la naturaleza de la mujer, inclinarse a favor de una ideología de rechazo a lo femenino…”. Nuet Blanch, Marta. Opus cit. Página 116.

[43] “…Poniale el demonio delante, como cebo, los apetitos blandos, y deleytosos de la carne; pero él con el escudo de la Fe, con ayunos, y vigilias domaba su carne, y de ellos se defendía. Aparecióle algunas veces en figura de una doncella sobremanera hermosa, y lasciva, para provocarle á mal; y él acordándose del fuego infernal, del gusano roedor, de las tinieblas perpetuas, y de la desesperación y confusion eterna de los que sueltan la rienda a los apetitos bestiales, fácilmente desechaba, y vencia aquellas sucias representaciones (…). A esta voz se estremecio todo el edificio, y las paredes se abrieron, y salieron aquellos infernales monstruos en campo contra Antonio, tomando, para mas espantarle, varias, y horribles figuras, de leones, de toros, de lobos, de aspides, de serpientes, de escorpiones, de osas y osos, y otras bestias fieras, dando cada una sus bramidos, y sus voces, conforme a su naturaleza de figura. Acometenle con su vista espantosa, con sus garras, con sus dientes, con sus cuernos, y hacen para él despedazando sus carnes con un dolor terribilisimo; y el valeroso, é invencible Soldado de Christo estaba intrépido, puestos los ojos, y el corazon en Dios, y haziendo burla de sus enemigos, les decía: muy flacos y cobardes debeis de ser, pues venis tantos contra uno solo…” Ribadeneyra, Pedro. Flos Sanctorum, de las Vidas de los Santos. Madrid, 1761. Folios 185 – 187.

[44] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 19.

[45] En esta iconografía, se representa el tema de las Tentaciones de San Antonio Abad. En la escena vemos a una joven diablesa que irrumpe, con un acompañante, y reemplaza a la vieja de las versiones precedentes y del original de la Gemäldegalerie Berlín, en el cubículo del santo. El surrealismo ambiental y los monstruos de estirpe demoníaca evocan imágenes bosquianas, pero la elegancia del gesto y la indumentaria de la pareja, símbolo de vanidad y lujuria, encubren el dramatismo intrínseco del relato. Los personajes sugieren, de forma pintoresca, la presencia de los pecados capitales; la Gula, con expresión bonachona y un amplio collar de salchichas, penetra en la cavidad rocosa a caballo de un esqueleto, y la Pereza se reconoce en la joven con aspecto cansino que apoya el mentón en su mano; en el ángulo izquierdo, la Ira cabalga victoriosa sobre un león, y vencida a sus pies figura la Envidia, simbolizada por una manzana, y en el ángulo opuesto, la Avaricia; el embudo que sirve de caso al jinete volador simboliza la Lujuria, y los motivos sobre el altar, la vanidad de la vida; personificaciones que toma de las Artes Morales de Coornhert. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[46] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 25.

[47] “…Este eremita temprano se hizo muy popular a lo largo de toda la Edad Media, sobre todo por el poder sanador de enfermedades contagiosas que se le atribuyó. Aparece sentado de frente al espectador parapetado por una formación rocosa de perfiles redondeados bañados aquí por las sombras de lo que parece un plácido atardecer junto a un ancho río. En la orilla opuesta, y junto a unos frondosos árboles, puede verse una iglesia, seguramente una alusión a su condición de fundador de la Orden de los Antoninos o Antonitas…”. Ruiz, L. Juan Bautista Maíno: 1581-1649. Museo Nacional del Prado. Madrid, 2009. Páginas 136 y 137. Procedencia de la imagen: https://www.museodelprado.es.

[48] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 26.

[49] “…Un hombre llamado Frontón, oriundo de Palatium. Tenía una horrible enfermedad: se mordía continuamente la lengua y su vista se le iba acortando. Llegó hasta la montaña y le pidió a Antonio que rogará por él. Oró y luego le dijo Frontón: “Vete, vas a ser sanado”. Pero él insistió y se quedó durante días, mientras Antonio seguía diciéndole: “No te vas a sanar mientras te quedes aquí. Vete, y cuando llegues a Egipto verás en ti el milagro”. El hombre se convenció por fin y se fue, y al llegar a la vista de Egipto desapareció su enfermedad. Sanó según las instrucciones que Antonio había recibido del Señor mientras oraba. Una niña de Busiris en Trípoli padecía de una enfermedad terrible y repugnante: una supuración de sus ojos, nariz y oídos se transformaba en gusanos cuando caía al suelo. Además su cuerpo estaba paralizado y sus ojos eran defectuosos. Sus padres supieron de Antonio por algunos monjes que iban a verlo, y teniendo fe en el Señor que sanó a la mujer que padecía hemorragia, les pidieron que pudieran ir con su hija. Ellos consistieron. Los padres y la niña quedaron al pie de la montaña con Pafnucio, el confesor y monje. Los demás subieron, y cuando se disponían a hablarle de la niña, él se les adelantó y les habló todo sobre los sufrimientos de la niña y de cómo había hecho el viaje con ellos. Entonces, cuando le preguntaron si esa gente podía subir, no se lo permitió sino que dijo: “Vayan y, si no ha muerto, la encontrarán sana. No es ciertamente ningún mérito mío que ella haya querido venir donde un infeliz como yo; no, en verdad; su curación es obra del Salvador que muestra su misericordia en todo lugar a los que lo invocan. En este caso el Señor ha escuchado su oración, y Su amor por los hombres me ha revelado que curará la enfermedad de la niña donde ella está”. En todo caso el milagro se realizó: cuando bajaron, encontraron a los padres felices y a la niña en perfecta salud…”. San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 53.

[50] Ibídem. Página 26.

[51] Fernández Peña, María Rosa. Opus cit. Página 681.

[52] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 65.

[53] Ibídem. Página 87.

[54] San Jerónimo. “La Vida de San Pablo, el primer ermitaño”. Introducción, traducción y notas de Fernando Rivas, osb (Abadía de San Benito, Luján). Cuadernos Monásticos. Nº 115. Buenos Aires, 1995. Página 553.

[55] El asunto está tomado de La leyenda dorada de Jacobo de la Vorágine (siglo XIII), donde se narra el viaje de san Antonio Abad para visitar a san Pablo, el primer ermitaño cristiano (siglo IV), en el desierto de Egipto. San Antonio, a quien Velázquez presenta vistiendo el hábito marrón con capa negra de los hospitalarios de San Antonio, aparece cinco veces en el cuadro: a lo lejos se le ve preguntando el camino a un centauro y también en conversación con un sátiro. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[56] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Páginas 59 y 60.

[57] “…detestaba la herejía de los arrianos (69), y exhortaba a todos a no acercárseles ni a compartir su perversa creencia. Una vez, cuando algunos de esos impíos arrianos llegaron donde él, los interrogó detalladamente; y al darse cuenta de su impía fe, los echó de la montaña, diciendo que sus palabras eran peores que venenos de serpientes…”. Ibídem. Página 59.

[58] Ibídem. Página 67.

[59] Ibídem. Página 70.

[60] Ibídem. Páginas 71 y 72.

[61] “…Nace Antonio en Egipto, cerca de Menfis, en el año 251…”. Fernández Peña, María Rosa. Opus cit. Página 679.

[62] Ribadeneyra, Pedro. Opus cit. Folio 192.

[63] “…Se trata de una de las escenas de la predela de un retablo dedicado a la vida de san Antonio Abad, monje fundador del movimiento eremítico. Esta tabla se ha tenido siempre como obra de la escuela o círculo de Fra Angelico, pero tras su estudio y restauración en el Museo del Prado, puede afirmarse que fue pintada por el propio Angelico. Así lo sugieren sus notorias concomitancias técnicas, formales y compositivas con piezas de características similares atribuidas a este pintor florentino…” Falomir, M. Memoria de Actividades 2016. Museo Nacional del Prado. Madrid, 2016. Páginas 82 y 83. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[64] Las reliquias de San Antonio Abad, procedentes de Oriente, llegaron a un lugar del delfinado francés, cercano a Vienne, denominado entonces la-Motte-aux-Boix y ahora Saint-Antoine-I´Abbaye. Llegaron privadamente, en el equipaje de un caballero, de nombre Geilin o Jocelyn, que había ido como cruzado a Bizancio a luchar contra los tucos. Ollaquindia Aguirre, Ricardo. “La orden hospitalaria de San Antonio en Navarra”. Cuadernos de etnología y etnografía de Navarra. Nº 74. Navarra, 1999. Página 595.

[65] “…Un hombre originario del Delfinado, un tal Jocelyn, señor de Castronovo, Albenciano y la Mota de San Desiderio, las llevaría consigo a su regreso a Francia, depositándolas en La Motte S. Didier o en la Motte –aux-Bois, traslado que habría tenido lugar durante la segunda mitad del siglo XI, concretamente el año 1074, durante el pontificado de Alejandro II. Desde entonces se veneran en Vienne unas reliquias insignes de un gran eremita en el templo que construyó en su honor Guión Desiderio , heredero de Jocelyn…”. Sánchez Domingo, Rafael. “Una institución hospitalaria en el Camino de Santiago: la ciencia médica de la Encomienda antoniana de Castrojeriz (Burgos)”. Estudios Superiores del Escorial. La Iglesia Española y las Instituciones de Caridad. Actas del Simposium 1/4-IX-2006. Colección del Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas. Ediciones Escurialenses (EDES). Servicio de Publicaciones. Madrid, 2006. Página 547.

[66] “…Cavallero muy valeroso, exercitado en armas, llamado Jocelino, Señor de Castro-Nuevo, Albenciano, y de la Mota de San Desiderio, y de otras muchas Fuerzas, y Lugares; el qual estando por Capitan General en servicio del Rey de Francia, en guerra, que en aquel siglo se hacia contra los Helvecios, que son los que moran en los Cantones, fue en una sangrienta batalla, que se dio un dia cerca del Monte Jura, derribado en el cavallo con tres mortales heridas, quedando en el campo tendido entre los muertos, y como tal, fue de noche sacado a una Hermita, que estaba a poca distancia de alli, dedicada a San Antonio, donde estuvieron velandole toda la noche; pero assi que queria amanecer bolvio en su acuerdo, con gran admiración de sus compañeros, á quienes refirió lo que por él havia pasado aquella noche, y como se le havian aparecido multitud de demonios, que le havian querido ahogar, y llevar a las penas eternas, porque no havia cumplido cierta promesa de visitar los Santos Lugares de Jerusalen, que le havian encargado su padre a la hora de la muerte, que cumpliese por él; y que estando padeciendo tan temerosa vision, llamó con todo su corazon a Dios, para que le socorriesse: Y el piadoso señor Señor, en aquel mismo momento lo consolo, embiando a su favor a nuestro Sagrado Abad, el qual, con gran Magestad reprehendio á los espiritus malignos, porque se havian atrevido a entrar en su Hermita, y maltratar a su huesped; pero que assi que los demonios le vieron, no pudiendo impacientes su venerable presencia, se ausentaron, dando grandes aullidos, San Antonio se llegó á él, y le dixo con palabras de mucho amor, que no temiesse, porque él era el Protector de aquella Hermita, y le havia assistido, y se libraria de todos quatos le quisiessen ofender; con condicion, que luego se pusiesse en camino para los Lugares Santos de Jerusalen, y cumpliesse, como buen hijo, la promessa, que havia ofrecido á Dios cumplir por su padre, y quando la huviesse cumplido, se viniesse por Constantinopla, donde á fuer agradecido, por el beneficio recibido, traladasse del el Oriente á estas partes de Europa las reliquias de su cuerpo…” Ceballos, Blas Antonio de. Flores de el Yermo. Opus cit. Páginas 277 y 278.

[67] “…Haviendose acabado con piedad, y limosna de los Fieles, y con el fervoroso zelo, y solicitud de Guion Desiderio, el Templo de nuestros Bienaventurado Padre, se ordenó colocar en él su bendito cuerpo, con tan grandes demostraciones de amor, fiestas, luminarias, e intervenciones de fuego, que es imposible el poderlo significar; y en particular el sumptuoso aparato, y grandeza con que se vieron adornadas, con riquisimas colgaduras, flores, y oloradas yervas las calles de aquella dichosa Villa, por donde havia que pasar la Procesión; la qual se hizo con tan copiosas luces, devoción, solemnidad, y regocijo de musicas, alternadas de dulces voces, y varios instrumentos, que sensiblemente enamoraban, y alegraban las danzas, acompañamiento de Soldados, tambores, trompetas, y chirimias, que jamás en aquella Villa se vió otra semejante, ni mas plausible; porque ademas del gran concurso de gente que de toda Francia assistio a ver esta sagrada colocacion, tambien se hallo en ella muchos Nobles Cavalleros Titulares, y el Ilustrisimo Señor Arzobispo de Viena, vestido de Pontifical, assistido de toda la Clerecia, y otros ilustres Prelados, y Religiosos (…) dentro de la caxa se halló un vaso de metal cerrado con cera, y el Señor Arzobispo públicamente le abrió, halló en él una cedula de pergamino, con unas letras antiquisimas, que casi no se dexaban leer uqe decian: ESTE ES EL CUERPO, Y LAS RELIQUIAS DEL GLORIOSO CONFESSOR SAN ANTONIO ABAD, TRAHIDAS DE EGIPTO…”. Ceballos, Blas Antonio de. Flores de el Yermo. Opus cit. Página 280.

[68] “…Tal enfermedad se extendería en Centroeuropa de desde el siglo X vinculada al consumo del pan del centeno y a la mala alimentación común entre los más pobres. En realidad se trata del ergotismo gangrenoso siendo una intoxicación, el herpes zoster o culebrilla, causada por el virus varicella-zoster (VZC), el mismo que provoca la varicela. Dicho virus, que puede ser contraído en la infancia, se propaga por el organismo del afectado al envejecer o al darse un debilitamiento de las defensas inmunitarias. A las pocas semanas el enfermo presentaría erupciones cutáneas en forma de ampollas, cuyas segregaciones provocarían el contagio. La neuralgia desencadenada puede llegar a ser muy dolorosa y prolongada, dando lugar al nombre medieval asignado a dicha enfermedad…” Sánchez Martín, Carlos. “La extinción de la orden medieval de San Antonio abad en Toledo. Un ejemplo de regalismo eclesiástico”. La desamortización: el expolio del patrimonio artístico y cultural de la Iglesia en España. Actas del Simposium 6/9-IX-2007. Madrid, 2007. Página 543.

[69] Investigaciones relativamente recientes, llevadas a cabo por estudiosos de la microbiología sagrada, como Albert Hofmann y Gordon Wason, han venido a descubrir que ese cornezuelo de centeno que produce el ergotismo, contiene alcaloides que, si son administrados convenientemente, también son capaces de producir profundos estados alterados de conciencia, acompañados de visiones, muy semejantes a los producidos por ingestión de sustancias psicotrópicas como el LSD o el cacto peytol de que hacen uso varios pueblos indígenas de las altiplanicies mexicanas, como los tarahumara y los huichocles, incluso Hofmann ha informado que, con toda probabilidad, estas sustancias alucinógenas que ingerían los mystes en los misterios eleusianos para alcanzar determinados estados superiores de conciencia, que los llevarían a sus visiones de lo trascendente y a la comprensión de los misterios que estarían preparadas a base de tortas hechas de harinas contaminadas con el cornezuelo. Sánchez Domingo, Rafael. “Una institución hospitalaria en el Camino de Santiago…”. Opus cit. Páginas 557 y 558.

[70] Pascual Mayoral, Pilar y García Ruiz, Pedro. “Los Antonianos y la Cofradía de San Antonio Abad de Calahorra”. Kalakorikos, 14. 2009. Página 415.

[71] “…La Sagrada Religión Antoniana tuvo principio, por la divina gracia, y favor de Dios, en un Lugar del Arzobispado de Viena, llamado Mota, año de la Encarnación del Señor de mil y noventa y cinco (…) que guardan la Regla de San Agustin, y militan debaxo de la invocación de nuestro Gran Padre San Antonio, que fundaron dos Cavalleros, padre, é hijo, llamado el uno Gaston, y el otro Girondo; los quales, estando padeciendo una gravisima enfermedad, se valieron de la intercesión de San Antonio: eran sus devotos, y con muchas lagrimas, y devocion le prometieron, que si les alcanzba de la divina gracia la salud que deseaban, de emplearse toda su vida en su servicio, y distribuir su hacienda en beneficio de los pobres; y fue tan del agrado de Dios esta promesa, que al punto que la hicieron, se hallaron con tan enteras, y robustas fuerzas, como si no huvieran estado enfermos; y no fue solo este el favor que recibieron de este Santo, porque a la siguiente noche, estando acostado Gaston en la cama, se le aparecio el Santo, y le dixo, que por su intercesión gozaban salud, y los recibia por sus hijos, y aceptaba el voto que le havian hecho, con condicion que en aquel Lugar de la Mota, cuidasen con caridad a los pobres afligidos enfermos, que padecen, por secreto juicio de Dios, la enfermedad del fuego sacro (…) y viendo el Santo su humilde recelo, le dio el baculo, que trahia en su resplandeciente mano , que parecia estar hecho al modo de una letra Griega T y le mando que se fixasse en la tierra; y haviendo el virtuoso Cavallero obedecido, vió que instantáneamente creció en un ameno, y deleytoso arbol, y que sus ramas se esparcian por todo el Orbe, con abundancia de flores, y hermosos frutos, y febaxo del arbol se veian muchos pobres llagados y afligidos, y consumidos, sin pies, ni manos, y que a la sombra del arbol se recreaban, sustentaban, y consolaban, y justamente vio de salir del Cielo un mano de incomprehendible hermosura, que les bendecia, con celestial favor, y admirando Gaston con tan divina vision, no sabia que queria significar aquello que veia, y entonces San Antonio le dio a entender, como aquel arbol florecido significaba la caridad, y Religion Antoniana, que su piadoso afecto, y devocion, se havia de fundar en aquel Lugar, en servicio de Dios Nuestro Señor, y beneficio de los pobres…” Ceballos, Blas Antonio de. Flores de el Yermo. Opus cit. Páginas 284-286.

[72] “… la llegada masiva de peregrinos enfermos a la iglesia de Montmajour, situada cerca de la ciudad francesa de Vienne, movilizó a la población de la comarca que de manera voluntaria comenzó a socorrer a peregrinos. Un grupo de laicos con conocimientos médicos habilitaron una casa junto a la Iglesia que albergaba las reliquias de San Antón y comenzaron a atender enfermos. Esta primera casas-hospital se llamó “Casa de los Pobres” y a los enfermos laicos que la atendían “Hermanos de los Pobres” o “Hermanos de la Limosna”. Poco después construyeron un hospital que llamaron “Hospital de Desmembrados”, donde realizaron las primeras operaciones quirúrgicas importantes, como la amputación de manos y piernas, para evitar la expansión de la gangrena. Esta intervención sería denominada “Serratura”. Por suerte, un experto cirujano apellidado Barthomé dejó testimonio escrito de las técnicas utilizadas durante las amputaciones, y de la composición del brebaje que utilizaban par anestesiar a los enfermos engangrenados: El paciente estaba sentado en una silla y era sujetado a ella por los ayudantes. Le ponían un velo sobre el rostro. Le hacían tomar un preparado a base de opio, morelle, jusquiame y mandrágora, bien líquido, y muy fuerte. Le ponían en la boca una esponja humedecida con agua de vinagre y un trozo de cuero para apretarse los dientes. Cuando el enfermo perdía el conocimiento el cirujano cogía la sierra que estaba depositada en el brasero. Durante la recuperación el enfermo era tratado con hierbas medicinales y una alimentación sana, a base de “buen pan elaborado con harina no contaminada de cornezuelo, buen vino a ser posible de la “santa viña” y buena carne de cero criado por los Antonianos”. Los tratamientos incluían también el “vino santo”, elaborado con uvas seleccionadas. Este vino era pasado por las reliquias del Santo y utilizado a continuación para tratar lesiones menores de los afectado por el “fuego de San Antón”…” Pascual Mayoral, Pilar y García Ruiz, Pedro. “Los Antonianos y la Cofradía de San Antonio Abad de Calahorra”. Kalakorikos, 14. 2009. Página 416.

[73] “…Aquí tuvo origen, y principio en las partes Occidentales su nobilísima Religión, aunque muy diferente del que tuvo en las Orientales de la Thebayda, donde fundo sus primeros Conventos (…). Aquí en una aparición milagrosa, que hizo el Santo al noble Cavallero Gaston, y a su hijo Girondo les dio la insignia, o señal del poder, figurada en la Cruz, o letra T, que en Griego es llamado Tau, de quien hace mencion el Profeta Ezequiel en el cap. 9. De aqui se extendió este Orden Sagrado por todas las regiones de Europa, y mas alla, cuyo blanco de su profession fue siempre el amor, y caridad con los pobres…” Navarro, Joseph. Opus cit. Páginas 254 y 255.

[74] Ollaquindia Aguirre, Ricardo. “La orden hospitalaria…”. Opus cit. Página 595.

[75]“…el III Concilio Ecuménico de Letrán, celebrado en 1179 bajo el pontificado de Alejandro III intervino en el lamentable estado de aislamiento a que eran sometidos los leprosos, declarando que siendo fieles como los demás, no debían ser indignos de alterar con sus semejantes, de manera que para hacer más soportable su existencia, muchos de ellos adoptaron el sistema de peregrinaciones, con profundo sentido práctico, adoptando mejores medidas de higiene y cambiando de clima, aún sin contar con la asistencia espiritual que impetraban, ayuda que pronto recibirán de la nueva Orden de los hijos de san Antonio…”. Sánchez Domingo, Rafael. “Decreto de extinción de la Orden de San Antonio de Vienne en España. Un ejemplo de intransigencia religiosa”. Revista de la Inquisición: (intolerancia y derechos humanos). Nº 14. 2010. Páginas 138 y 139.

[76] “…desde el departamento de Isère, en Francia, la orden se extiende hacia el sur, en la región de Drôme, en los Alpes, conformando la abadía di Bourg-St. Antoine, la filial primogénita. En Susa se establecieron en 1188, conformando residencia estable. Hacia 1190 se inició la edificación de la primera casa en Roma; en 1191, la de Memmingen, en Alemania; en 1199, la preceptoría de Montferrand (Puy de Dôme), al igual que en Aumônièrs (Saone), Besançon (Doubs), Grandvaux (Marne), así como la primera y más importante fundación en Castilla, el monasterio de Castrojeriz, en Burgos, y poco después en Olite, Navarra. En virtud de importantes donaciones la nueva orden se expandirá por Oriente Medio, de manera que el año 1218 se suscita una agria controversia entre la orden de San Antonio y el patriarca de Jerusalén por la posesión de la casa de San Juan de Arce, en Palestina. En 1230 se instaura la orden hospitalaria en Versucchien, en el Alto Marne; en 1236, en Fráncfort, y en 1250, en la ciudad holandesa de Maastricht y en Albi, al sur de Francia…”. Sánchez Domingo, Rafael. La encomienda de San Antón de Castrojeriz. Opus cit. Página 50.

[77] Rodríguez Masa, Juan Carlos. “Puercos, campanillas, bacines y atabaques” para la demanda de San Antón: un Real Privilegio en la España de los Reyes Católicos”. XLV Coloquios Históricos de Extremadura: dedicados a: a la figura del Rey Fernando el Católico, con motivo del V centenario de su fallecimiento en Madrigalejo (Cáceres). Trujillo del 19 al 25 de septiembre de 2016. Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura. Cáceres, 2017. Página 568.