Oct 032013
 

José Sendín Blázquez.

 Dejando a un lado la posible presencia del Paleolítico Inferior en nuestra región y que podría derivarse del tipo Aculadero de Cádiz, a partir de la glaciación Mindel la Península Ibérica conocerá uno de los momentos más brillantes de la Prehistoria.

Coincide con el Paleolítico Inferior avanzado y con el Paleolítico Medio. Tradicionalmente se conoce con la denominación de «Achelense».

Los yacimientos de este periodo se sitúan abundantes en los valles de los ríos. Suelen localizarse en las terrazas fluviales con cómodo acceso a las aguas fluviales. Allí resultaba mucho más fácil apropiarse de los animales que se acercaban a las orillas.

La Meseta del Duero conoció una serie de lugares muy propicios para este tipo de explotación.

A lo largo de medio millón de años de duración que tuvo el Achelense se advierte una industria lítica que conoce un próspero ascenso de perfección, aprovechamiento y hermosura.

Extremadura sirvió de puente y contacto entre las regiones de la Meseta Norte y el Sur, influenciada claramente por el Continente Africano.

La colección que nosotros poseemos está recogida primordialmente en les terrazas del Alagón y más aún del Jerte, pero también guarda testimonios notables del Tiétar y de las mismas orillas del río Tajo.

El elemento más representativo es el hacha de mano o bifaz que debió ser utilizado sin emmangar y que el hombre tallaba «in situ» abandonándola tras su primer servicio, pudiendo recuperarla, en ocasiones posteriores pera los mismos fines.

Posiblemente también se utilizaran piezas montadas tal vez ya en periodos posteriores.

Junto a les hachas aparecen lascas talladas, buriles, raspadores, azuelas, hendedores, triedros, etc. Algunas de estos modelos casi desconocidos en el resto de la España Norte.

El material utilizado se adscribe a los tipos de cuarcitas. Abundante, en la región presenta una diversidad de colorido y resistencia que a la hora de su presentación nos ofrece ejemplares que van desde el color blanco al negro.

Así, pues, tenemos una diversidad tan marcada de colorido y de tallado que nos hallamos ante una colección llamativa y quizás única.

Hacemos constar ya como muy significativo, que de las quince mil piezas, que calculamos poseer, más de diez mil pertenecen e la región Jerte-Alagón. Tiene sus primeras manifestaciones en la finca de ‘»La Berrozana”, término y termina en las cercanías de Coria, siguiendo los cauces de dichos ríos y los arroyuelos que desembocan en ellos y siempre a ambos lados de los mismos.

Estamos pues ente el mayor yacimiento Paleolítico a1 aire libre hoy co­nocido.

Esta afirmación aparentemente hiperbólica resulta satisfactoria­mente comprensible porque precisamente estas terrazas fluviales fueron re­movidas a partir de los regadíos de los pantanos de Gabriel y Galán y Valdeo­bispo pera convertirlas en bancales y llanuras hábiles para el cultivo. Existen sin embargo, suficientes lugares respetados y que sirven para estu­diar las distintas capas que nos revelan la situación original de los estra­tos con una claridad incuestionable (adjuntamos algunas fotografías).

El centro neurálgico de estos yacimientos se encuentra en la línea Carcabeso-Aldehuela-Galisteo.

Se trata, pues, de un yacimiento de gran personalidad y al que a pesar nuestras intenciones por darlo a conocer, en nuestra región se sigue el empeño de silenciarlo. Sólo la Junta de Extremadura ha recibido con interés nuestra colección y esté en marcha el proceso para declararle de interés histórico artístico especial.

 Los mejores entusiastas de lo que poseemos, las hemos encontrado en Levan­te, Cataluña, Galicia y el extranjero.

De los más cercanos es mejor no hablar porque revelan intenciones torcidas que ya manifestaron en los años de la Dictadura y que ellos mismos o sus hijos, volvieron a repetir en los comienzos de la Democracia.

Volviendo e le colección, existen en ella unos cuantos millares de ejem­plares del yacimiento de Cerrocincho y Las Coscojas en los términos de Pera­leda de la Mata.

De aquí queda la mejor representación que existe del lugar en Extremadura porque lo demás ha marchado lejos de nuestra autonomía, inclu­so al extranjero y en manos de algunos que se dicen extremeños.

También poseemos una buena representación del Neolítico, principal­mente de dos lugares: el asentamiento vetónn del Tejado, pueblo cercano a Béjar y del cazadero neolítico de Mirabel.

El primero está formado por el aporte de la «Colección Olleros», que adquirimos en Béjar hace unos treinta años.

Los ejemplares del segundo fueron recogidos en las cercanías de Mirabel en el lugar que los nativos llaman la «Trampa» y que es uno de los mejores caza­deros que existían de la época. Nosotros lo conocimos en su total integridad hasta que alguien ansioso lo desmontó en parte para buscar lo que allí no podía hallarse.

Complementan la colección piezas diversas y muy interesantes pertene­cientes a épocas y lugares distintos y distantes. Son bronces, molinos, cerámi­cas etc., etc. Un número muy importante procede del Levante Español.

            En conjunto nos hallamos ante una colección hoy expuesta en la Catedral de Plasencia pero sólo provisionalmente y en consecuencia mal presentada.

Estamos aguardando los, propietarios de ella, una ocasión idónea para ubi­carla en algún sitio donde pueda contemplarse en toda su grandeza. Si no la encontramos en Plasencia (y parece que no) la buscaremos donde haga falta y además pronto.

El comienzo sería un estudio determinado y científico. Es imprescindible. Pero creo que todos deben comprender que dada la magnitud del estudio debe hacerse en el lugar donde se instale definitivamente.

E1 estudio que se ha realizado sobre el Yacimiento Achelense de El Sar­talejo nos parece una parte indicativa de lo que es la colección. Su autor, tras diversas gestiones para averiguar de donde procedía nuestra colección, recogió diversos ejemplares que ha estudiado personalmente.

Como complemento adjuntamos una serie de fotografíes que complementan y justifican cuento venimos diciendo.

Presentamos algún ejemplar para que se tenga une idea aún más clara y los asistentes satisfagan en parte su cu­riosidad durante unos momentos.

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