Oct 011993
 

Marcela Martín Giménez.

A sugerencia del Sr. Moderador de los XXI Coloquios Históricos de Extremadura, he recopilado datos sobre los dioses y costumbres religiosas de los mayas, antecesores de los habitantes de la ciudad de Trujillo, Honduras C.A. Ciudad que había sido fundada por un Trujillano paisano nuestro, y sobre la que presenté en dichos coloquios la dimensión religiosa católica a partir de su fundación.

Pienso que antepasados nuestros lógicamente vivieron las reminiscencias de los ritos y costumbres mayas, lo que sería estremecedor cuando el ritual incluyera el sacrificio humano.

Me mueve este estudio el poder penetrar en la oscuridad de la noche que se cernió sobre los hechos históricos de esta civilización antigua, avanzada, con datos llegados desde Trujillo, ciudad Hondureña.

Ruego disculpen la pobreza del trabajo, mi afán no es otro que animar a otras personas.

DEIDADES PRINCIPALES DEL PANTEON MAYA

CODICES HONDURAS C.A. pág. 250

El Panteón Maya. Itzamná, señor de los cielos (Dios D)

Prescindiendo de Hunab Ku, el creador, que no parece haber desempeñado papel importante en la vida de la gente del pueblo, y que quizás era considerado por ellos más como una lejana abstracción teologal que como un creador personal, se destacaba a la cabeza del panteón maya el gran Itzamná, hijo del Humab Ku. En los códices, Itzamná aparece representado como un viejo de mandíbulas sin dientes, carrillos hundidos, nariz aguileña y algunas veces barbudo. Su nombre tiene dos jeroglíficos, el primero, que es su propia cabeza, y el segundo que significa «rey, emperador, monarca, príncipe o gran señor»; de manera que el segundo de los jeroglíficos del nombre ITZAMNA declara su posición como jefe del panteón maya.

Desgraciadamente, son pocas las representaciones de las deidades mayas. De Itzamná, diremos que era el Señor de los Cielos, de la Noche y del Día.

Se dice de Itzamná que fue el primer sacerdote, el inventor de la escritura y de los libros (Códices), que dio a los diferentes lugares de Yucatán el nombre con que se conocen y que dividió las tierras en esa región. Estas actividades, por su naturaleza, indican que el culto de Itzamná «no tuvo su origen» en Yucatán, o sea en el territorio del Nuevo Imperio, sino que fue traído de alguna otra parte; y como sabemos que la institución sacerdotal y la escritura jeroglífica se desarrollaron primero en el Viejo Imperio, es obvio que ha de haber sido una deidad transplantada del Viejo al Nuevo Imperio. Como primer sacerdote e inventor de la escritura jeroglífica, y por extensión del calendario y de la cronología. Itzamná es claramente un dios cuyo origen se remonta a los principios de la historia maya, y que probablemente estuvo siempre a la cabeza del panteón de aquellas gentes.

Durante las importantes ceremonias relativas al Año Nuevo maya, Itzamná era invocado especialmente para que evitara las calamidades públicas. En el mes de Uo, durante una ceremonia celebrada en su honor en su carácter de dios sol, los sacerdotes más ilustrados que se hallaban presentes consultaban los libros sagrados para conocer por medio de ellos los agüeros del año que llegaba. Durante el mes de Zip lo invocaban, junto con su mujer Ixhel, como al dios de la medicina. Y luego, en el mes de Mac, era adorado por los viejos en una ceremonia junto con los Chaces, o dioses de la lluvia. Itzamná era una deidad benévola, siempre amiga del hombre. Nunca se ve asociado su nombre con la destrucción o desastre, y nunca aparece en los códices acompañado de los símbolos de la muerte.

CHAC, DIOS DE LA LLUVIA (DIOS B)

El dios de la lluvia, Chac, está representado en los códices con una larga nariz de proboscídeo y dos colmillos enrollados que le salen de la boca y se dirigen hacia abajo, uno hacia delante y el otro hacía atrás. El adorno que lleva en la cabeza es generalmente una faja anudada y el jeroglífico de su nombre tiene un ojo que en el Códice Tro‑Cortesiano toma decididamente la forma de una T. Se ha sugerido que este último elemento representa lágrimas que brotan del ojo, el cual, a su vez, puede simbolizar la lluvia, y, por consiguiente, la fertilidad.

Chac era una divinidad universal de primera categoría. Por cierto que si fuéramos a juzgar únicamente por el número de sus representaciones en los códices, tendría que considerarse como más importante todavía que Itzamná. La figura de Chac aparece 218 veces en los tres códices mayas que se conocen, mientras que la de Itzamná solo se representa 103, y no se encuentra para nada en el Códice Peresiano. Chac era, en primer término, un dios de la lluvia, y por asociación de ideas, un dios del viento, el trueno y el relámpago; de aquí, por extensión, se le tenía por dios de la fertilidad y la agricultura en un sentido más amplio, siguiendo la idea del crecimiento y la germinación, y, en último término, por dios de las sementeras de maíz.

El dios de la lluvia era considerado no solamente como una deidad única, sino al mismo tiempo como cuatro dioses, o sea un Chac diferente para cada uno de los cuatro puntos cardinales, teniendo cada punto cardinal su propio color especial que lo acompaña. Chac Xib Chac, el hombre Rojo Chac del Este; Sac Xib Chac, el Hombre Blanco Chac del Norte; Ek Xib Chac, el Hombre Negro Chac del Oeste y Kan Xib Chac, el Hombre Amarillo Chac del Sur. Esta concepción es semejante a nuestra propia creencia acerca de la Santísima Trinidad, compuesta de tres dioses en uno: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Así, pues, el dios de la lluvia era considerado como cuatro dioses en uno: el Chac Rojo que presidía en el este, el Chac Blanco que presidía en el norte, el Chac Negro que presidía en el Oeste y el Chac Amarillo que presidía en el Sur.

En el mes de Chen o en el de Yax se celebraba un gran festival en honor a los Chaces, que llamaban el ocná, que quiere decir «entrar en casa». Con anticipación se consultaba a los cuatro dioses conocidos con el nombre de los Bacabes, que estaban íntimamente asociados con los cuatro Chaces y también con los cuatro puntos cardinales, a fin de que indicaran un día propicio para la ceremonia, la cual estaba consagrada a la renovación del Templo de los Chaces. Durante esta ceremonia, que se celebraba una vez al año, se renovaban los ídolos de barro y los incensarios del mismo material, y, si era necesario, se reconstruía el templo y se colocaba en la pared una tablilla en escritura jeroglífica conmemorando el suceso.

De igual manera que Itzamná estaba asociado con el dios sol, chac parece haber estado con el dios del viento; en realidad, puede ser únicamente, una manifestación del dios de la lluvia, y es posible que no haya tenido existencia separada.

El dios (o dioses) de la lluvia era, como Itzamná, una deidad benévola, un amigo constante del hombre, asociado con la creación y la vida, y jamás enemigo suyo, pues nunca se aliaba con las potencias de la destrucción y de la muerte. Además, para el cultivador ordinario de maíz, cuyo mayor interés en la vida era su sementera, es decir, para la gran mayoría del pueblo, Chac «era la mas importante de las deidades», y su intervención amistosa era requerida por el maya corriente más a menudo que la de todos los demás dioses combinados.

EL DIOS DEL MAIZ (DIOS E)

En el orden de la frecuencia de su representación en los códices corresponde el tercer lugar, con mucha razón, al dios del maíz o dios de la agricultura, que aparece 98 veces en los tres manuscritos. Se le representa siempre como un joven, y algunas veces con una mazorca de maíz como ornamentación de la cabeza. De todos los dioses representados en los códices, esta joven deidad ofrece el mayor grado de deformación de la cabeza, como se ve por su frente marcadamente prolongada hacía atrás. El jeroglífico de su nombre es su propia cabeza.

Este dios era el patrono de la labranza, y los códices le presentan ocupado en gran variedad de trabajos agrícolas.

Lo mismo que el maíz que simboliza, tiene muchos enemigos y su destino estaba sujeto a otros dioses, los de la lluvia, el viento, la sequía, el hambre y la muerte. En un lugar se presenta bajo la protección del dios de la lluvia y en otro en fatal combate con el dios de la muerte.

Como lo indica su figura, es un dios de maíz, que representaba el espíritu, no sólo del grano en formación, sino también del cereal maduro. De igual manera que Itzamná y Chac, eran una deidad benévola, un dios de la vida, prosperidad, abundancia y fructificación, y nunca, salvo cuando toma parte en singular combate, se le ve asociado con la muerte.

AH PUCH, DIOS DE LA MUERTE (DIOS A)

De conformidad con el excesivo temor a la muerte que existía entre los antiguos mayas, corresponde el cuarto lugar por el orden de su representación en los códices, al dios de la muerte, que aparece 88 veces en los tres manuscritos. Se le representa en ellos con todos los atributos de la muerte, tiene por cabeza unas calaveras, muestra las costillas desnudas y proyecciones de la columna vertebral; o, si su cuerpo está cubierto de carne, ésta se ve hinchada y cubierta de círculos negros que sugieren la decoloración del cuerpo debida a la descomposición. Accesorios imprescindibles del vestido del dios de la muerte son sus ornamentos en forma de cascabeles. Estos aparecen algunas veces atados a sus cabellos o a fajas que le ciñen los antebrazos y piernas, pero más a menudo están prendidos de un collar en forma de golilla. Estos cascabeles de todos los tamaños, hechos de cobre (y a veces hasta de oro).

Ah Puch, la antítesis de Itzamná, tiene como él dos jeroglíficos de su nombre, y es, después de éste, la única deidad que se distingue de esta manera. El primero representa la cabeza de un cadáver con los ojos cerrados por la muerte, y el segundo la cabeza del dios mismo, con la nariz truncada, mandíbulas descanada y como prefijo un cuchillo de pedernal para los sacrificios. El dios de la muerte era la deidad patrona del día Cimi, que significa «muerte» en maya.

En el caso de Ah Puch, como en el de Itzamná y Chac, estamos frente a una deidad de primera clase, no solo por la frecuencia de sus representaciones en los códices, sino también por el grande e inmoderado terror a la muerte que existía entre los mayas, quienes creían que todo mal, y especialmente la muerte, emanaba de éste dios. Como jefe de los demonios, Hunhan reinaba sobre el noveno y más bajo de los nueve mundos subterráneos de los mayas, o infiernos, y todavía hoy creen los mayas modernos que bajo la figura de Yun Cimil, el Señor de la Muerte, merodea en torno a las habitaciones de los enfermos en acecho de su presa.

Ah Puch es claramente una deidad malévola, la primera de esta clase que hemos encontrado. Su figura, o el jeroglífico de su nombre, está asociado frecuentemente con el dios de la guerra y de los sacrificios humanos.

XAMAN EK, DIOS DE LA ESTRELLA POLAR (DIOS C)

La quinta deidad más común en los códices es Xamán Ek, el dios de la estrella polar que aparece 61 veces en los tres manuscritos. Se le representa siempre con la misma cara de nariz roma, y pintas negras peculiares en la cabeza. No tiene más que un jeroglífico de su nombre, su propia cabeza que se ha comparado a la del mono.

En algún lugar se habla de Xamán Ek como del «guía de los mercaderes» y bien pudo haberlo sido, puesto que la estrella polar es la única estrella fija que se observa en las latitudes del Peten y Yucatán, que no cambia radicalmente de posición durante el año. Era una deidad benévola, se la encuentra asociada con el dios de la lluvia.

EK CHUAH, EL CAPITAN NEGRO DE LA GUERRA (DIOS L)

Ek Chuah es la sexta deidad más comúnmente representada en los códices y se presenta en ellos 40 veces. Tiene un labio inferior grueso y colgante y aparece generalmente pintado de negro, el color de la guerra, en el códice Tro‑Cortesiano, o parcialmente de negro en el códice de Dresde. El jeroglífico de su nombre es un ojo con un aro negro. Este dios parece haber tenido un carácter doble y un tanto contradictorio.‑ como dios de la guerra era malévolo pero como dios de los mercaderes ambulantes era propicio. En su carácter malévolo lo hechos visto ya con Ixchel, armado de jabalinas y de lanza, tomando parte en la destrucción del mundo por el agua. Como un dios favorable aparece llevando un fardo de mercancías sobre la espalda, semejante a un mercader ambulante y en algún lugar se le muestra con la cabeza de Xamán Ek, dios de la estrella polar que, como hemos visto se dice que era el «guía de los mercaderes». Por último, Ek Chuah era el patrono del cacao, y los que poseían plantaciones de este fruto celebraban una ceremonia en su honor. En uno de sus aspectos parece haber sido hostil al hombre, y en el otro su amigo, una deidad de dos caras.

EL DIOS DE LA GUERRA, DE LOS SACRIFICIOS HUMANOS Y DE LA MUERTE VIOLENTA (DIOS F).

Esta deidad aparece 33 veces en los códices; es la séptima por razón de su frecuencia y se presenta siempre en relación con la muerte. Su característica más constante es una línea negra que le rodea parcialmente el ojo y se prolonga hacia abajo sobre la mejilla. Su propia cabeza es el jeroglífico de su nombre. Puede ser el patrono del día maya Manik, cuyo signo es la mano en actitud de agarrar símbolo tal vez de su costumbre de hacer prisioneros en la guerra o de tomar todo lo que quiere. Se le muestra algunas veces en compañía de Ah Puch, el dios de la muerte, en escenas de sacrificios humanos. Es también un dios de la guerra por derecho propio, y se le ve incendiando casas con una antorcha en una mano, mientras que con la otra, armada de una lanza, las echa por el suelo. Ya se ha mencionado la costumbre de sacrificar a los prisioneros nobles de guerra, y así parecen combinarse en esta deidad el concepto de un dios de la guerra y el de un dios de la muerte mediante la violencia y los sacrificios humanos.

EL DIOS DEL VIENTO, POSIBLEMENTE KUKULCAN (DIOS K)

La asociación que alguien ha sugerido del famoso héroe de la cultura maya‑mexicana, Kukulcan (el bien conocido Quetzalcoatl de la mitología azteca), con el dios maya del viento, no se ha establecido con certeza. El dios del viento aparece raras veces en los códices, habiendo por todo menos de una docena de representaciones del mismo y ni una sola en el códice Tro‑Cortesiano, un manuscrito de los últimos tiempos del Nuevo Imperio. Además, en vista de la posición predominante que tuvo Kukulcan en la época del Nuevo Imperio parece extraño en verdad que si aquel era el dios del viento no se hayan encontrado más representaciones suyas en los códices, que proceden todos del Nuevo Imperio.

En cambio, la asociación del viento con Chac, el dios de la lluvia es muy estrecha. En el códice Peresiano vemos a Chac haciendo una ofrenda a la cabeza del dios del viento en conexión con una ceremonia de final de Katún. Y es que, en realidad, la identificación del dios del viento con Kukulcan se funda casi enteramente en la asociación parecida que hay en la mitología azteca Quetzalcoatl con Ehecatl, el dios del viento que barre el camino del dios de la lluvia. Como los dioses mayas del viento y de la lluvia están así mismo íntimamente asociados y, puesto que el dios maya del viento como Quetzalcoatl‑Ehecatl, el dios azteca del viento tienen grandes trompas foliadas, puede muy bien haber alguna relación entre el dios maya del viento y Kukulcán. Sin embargo esta conexión se ha sugerido tan sólo y no ha sido establecida definitivamente. El propio Chac, principal dios maya de la lluvia, ha sido identificado como Kukulcán por varias autoridades. Algunos creen que la conexión, por lo demás muy natural, entre el dios del viento y el dios de la lluvia es tan estrecha, que indica que el primero no es más que una manifestación especial del segundo y que, en consecuencia, no debiera considerarse como una deidad separada. El jeroglífico de su nombre se encuentra frecuentemente en relación con el de Chac.

IXCHEL, DIOSA DE LAS INUNDACIONES, LA PREÑEZ, EL TEJIDO Y TAL VEZ DE LA LUNA (DIOSA I).

Ixchel era un personaje importante del panteón maya, aunque aparentemente poco amiga del hombre. Ya la hemos visto en la figura de una vieja airada vaciando las ánforas de su cólera sobre la tierra, en un cuadro que pinta la destrucción del mundo por el diluvio. Aparece también como la personificación del agua, como elemento de destrucción, de las inundaciones y torrentes de lluvia y en ese concepto, era ciertamente una diosa malévola.

Pero Ixchel parece haber tenido también su lado bueno. Era la consorte de Itzamná, Señor del cielo, y mientras su marido se muestra algunas veces como el dios del sol, ella la patrona de la preñez e inventora del arte de tejer. Sin embargo, en los códices se la representa generalmente, como una diosa del agua, vieja y colérica, rodeada de símbolos de muerte, y destrucción, con una serpiente retorcida en la cabeza, y con uñas en los dedos de las manos y los pies, parecidas a las garras de una fiera, lo que por cierto ha hecho que algunos la llamen la vieja diosa de las garras de tigre.

IXTAB, DIOSA DEL SUICIDIO

Anteriormente se ha mencionado el hecho de que los antiguos mayas creían que los suicidas se iban directamente al paraíso. Tenían una diosa especial a la que consideraban la patrona particular de los que se habían privado de la vida ahorcándose, y la llamaban Ixtab diosa del suicidio. Puede verse esta diosa en el códice de Dresde, donde aparece pendiente del cielo por medio de una cuerda que esta enrollada a su cuello; tiene los ojos cerrados por la muerte y en una de sus mejillas se distingue un círculo negro que representa la decoloración debida a la descomposición de las carnes.

RITOS Y CEREMONIAS SU NATURALEZA EN GENERAL.

Había muchos ritos y ceremonias para toda clase de necesidades, individuales y colectivas; en favor de la criatura de un humilde leñador, hasta las fiestas generales que se celebraban para aliviar el hambre que afligía a la comunidad a causa de una prolongada sequía. Sin embargo el procedimiento parece ser semejante en todas ellas: 1º, el ayuno y abstinencia, preliminares que incluía un tabú temporal contra las relaciones sexuales para el sacerdote que oficiaba y para los principales, como símbolo de purificación espiritual; 2º, selección anticipada, por medio de la adivinación sacerdotal, de un día propicio para celebrar el rito ; y durante la propia ceremonia; 3º, la expulsión del espíritu maligno del seno de los fieles; 4º, el sahumerio de los ídolos; 5º, las oraciones; 6º, y más importante de todos, el sacrificio, si era posible, de algún ser viviente, un venado, un perro, aves o peces, y, en ocasiones más solemnes, de una o varias victimas humanas. En todos los sacrificios de seres vivientes, ya fuesen animales, aves, peces u hombres, se untaba con sangre de la victima la cara del ídolo del dios en cuyo honor se celebraba la ceremonia. Los propios sacerdotes se embadurnaban con sangre coagulada. La mayoría de las ceremonias terminaban con comilonas, orgías y embriaguez general, siendo esta última, según los antiguos padres católicos, la conclusión inevitable de toda ceremonia maya.

SACRIFICIOS HUMANOS

Los sacrificios humanos se hacían de varias maneras; la más común y tal vez la más antigua, puesto que se practicaba en los tiempos del Viejo Imperio, era la extracción del corazón. Después de desnudar a la victima y pintarle el cuerpo de azul (el color de los sacrificios), le ponían un tocado puntiagudo en la cabeza y la conducían al lugar del sacrificio, que era algunas veces en el atrio del templo y otras la cima de la pirámide sobre la cual estaba edificado. Se expulsaba primero a los espíritus malignos y se pintaba también de azul, el color sagrado, el altar del sacrificio, formando generalmente de una piedra convexa en la parte superior, a fin de poder encorvar hacía arriba el pecho de la victima. En seguida se apoderaban de ésta los cuatro chaces, pintados también de azul, asiéndole cada uno por un brazo o una pierna y la extendían acostada sobre el altar. El nacom se adelantaba entonces con el cuchillo de pedernal en la mano y lo hundía entre las costillas de la victima en la parte inferior del pecho izquierdo. Luego introducía la mano en la abertura, arrancaba el corazón todavía palpitante y colocándolo en un plato, se lo entregaba al chilán, o sacerdote oficiante, quien embadurnaba con sangre rápidamente la cara del ídolo del dios en cuyo honor se había hecho el sacrificio. Si la victima había sido inmolada en la cima de la pirámide, los chaces arrojaban el cuerpo al patio de abajo, donde sacerdotes de inferior rango despojaban de la piel el cuerpo todavía caliente, a excepción de las manos y los pies. El chilán, después de quitarse las vestiduras del sacrificio, se ataviaba de la piel de la victima todavía chorreando sangre y bailaba solemnemente en unión de los espectadores. A veces particularmente si la victima inmolada había sido un soldado valiente, dividían su cuerpo en pedazos que se comían los nobles y otros espectadores durante la ceremonia. Las manos y los pies estaban reservados para el chilán y si la victima había sido un prisionero de guerra, el que lo había capturado usaba alguno de sus huesos como adorno y muestra de su arrojo.

Las mujeres y los niños eran sacrificados con igual frecuencia que los hombres.

Oct 011993
 

Marcela Martín Jiménez.

A mi misma me parece una tremenda osadía dedicar mi ponencia a este tema que tan ilustres personas han tratado y al que yo no podré aportar nada que valga la pena, pero si me gustaría presentarlo para que a fuer de ser tan pobre haya quien bien dispuesto y con brillantez nos deleite con hechos que jalonaron de gloría la historia de ese lugar, recóndito y maravilloso que eligió el emperador, Yuste.

Quien visitó ese lugar en el que el tiempo parecía haberse parado podría ahora comprender el espíritu que me guía a traerlo al recuerdo de todos, es lugar apartado, fuera del mundanal ruido, que acerca a Dios y eleva el alma, seguramente ese fue el hecho por el que el emperador se decidió aun siendo señor de muchos estados escoger ese sitio que habían elegido unos ermitaños con el fin de no ser molestados y poder elevar sus almas a Dios.

Me mueve a estudiar este tema la vida de quién teniéndolo todo, poder riqueza, se despoja de ello, para vivir la religión en la profundidad que conlleva la fe de creer en Dios Todopoderoso.

I.- EL MONASTERIO DE YUSTE Y LA RETIRADA DEL EMPERADOR CARLOS V. Textos escogidos de Fr. José de Sigüenza, Fr. Prudencio de Sandoval y D. Pedro Antonio de Alarcón, Monjes Jerónimos. Jaraiz de la Vera, Cáceres, cuarta edición 1983.

La fundación del Monasterio de San Jerónimo de Yuste, en la Vera de Plasencia – por el R. P. José de Sigüenza, O. S. J.

Con fluidez va narrando este Fraile como empezó lo de los ermitaños; primero en Plasencia, donde estuvieron poco tiempo porque vieron que les resultaba difícil llevar la vida de soledad que anhelaban. Con todo detalle, explica la búsqueda y encuentro del lugar donde vivirían y fundarían su monasterio. Da el detalle, del nombre del personaje que les hizo cesión de aquellas tierras en escritura otorgada en 1402 y a 24 de Agosto. Con fama de santos atraen a otros y se hacen religiosos. En 1408 y a través del Infante Don Fernando les llega una Bula del Papa Benedicto XIII, para que pudiesen edificar allí donde vivían un monasterio de la Orden de San Jerónimo, debajo de la regla de San Agustín. Sigue narrando las peripecias que sufren al ser echados por el Obispo de Plasencia, y recuperado de nuevo su lugar tienen otros inconvenientes como son el sustento que al final el caballero Garci Álvarez de Toledo les soluciona.

Este Fraile se preocupa de explicar ampliamente lo concerniente a la creación del monasterio y a las cosas religiosas de los frailes, contando los pormenores de la vida que llevan en ese lugar. Lo apartado del mundo, la gran pobreza, la gran entrega.

II.- ESTANCIA Y MUERTE DEL EMPERADOR CARLOS V EN EL MONASTERIO DE YUSTE por el Mtro. D. Fray Prudencio de Sandoval, su cronista. Obispo de Pamplona.

«De las ocupaciones y ejercicios en que Su Majestad pasaba la vida, que todo fue un dechado no solo de seglares, hombres de mundo, pero aun de religiosos perfectos. Vivía tan pobremente que más parecían sus aposentos robados por soldados que adornados para tan gran príncipe y sólo había en todos ellos unos paños negros, como de luto, y no en todos, sino en sólo aquel en que Su Majestad dormía, y una sola silla de caderas, que más era media silla, tan vieja y ruin que si se pusiera en venta no dieran por ella cuatro reales; por los vestidos era harto pobres, y siempre de negro. Lo único que tenía de más valor era un poco de plata para su servicio, y la plata era llana, que no había en toda ella una pieza dorada ni curiosa.»

Nos cuenta con sencillez pero con una gran riqueza de datos y pormenores los hechos cotidianos del soberano en Yuste, cuando habla con el cocinero, el panadero, o los barberos.

Se extiende al explicar, lo buen amigo que era el césar de la música, y como escuchando a los monjes cantar decía: «Fulano erró». Entendía la música y la sentía y gustaba de ella, llegando a llevar el compás y a cantar a consonancia con los que cantaban en el coro.

Describe los últimos días del emperador y una frase importante fue: «In me manos, ego in te maneam» es decir, Estais en mi, yo estaré en Tí.

Aquí empieza a desdibujarse el todopoderoso emperador para ir dejando paso al hombre de gran fe, de fe viva. Con voz potente acabó su vida exclamando ¡Ay, Jesús!

III.- UNA VISITA AL MONASTERIO DE YUSTE por D. Pedro Antonio de Alarcón 1873.

Detengámonos ahora a contemplar un inmenso Escudo de piedra que adorna la alta cerca.

Aquél Escudo, abrigado por las poderosas alas del águila de dos cabezas y encerrado entre las dos columnas de Hércules, con la leyenda de Plus Ultra, comprende en sus cuarteles las armas de todos los estados del augusto Monje. (Dice a continuación los nombres de los Estados y cuando lleva unos sesenta o algo así dice etc…).

Encima del Escudo se lee esta Inscripción, casi borrada por la acción del tiempo sobre la mala calidad de la piedra:

«En esta casa de San Jerónimo se retiró a acabar su vida el que toda la gastó en defensa de la Fe y conservación de la Justicia, Carlos V, Emperador, Rey de las Españas, cristianísimo, invictísimo. Murió el 21 de Septiembre de 1558.»

Su llegada a Yuste fue visitando primero la Iglesia donde le recibió la Comunidad con cruz, cantando el Te Deum Laudamus, y colocado después Su Majestad, en una silla, fueron todos los monjes por su orden besándole la mano, y el Prior le dirigió una breve arenga, felicitando a la comunidad por haberse ido a vivir entre ellos.

Nuevos detalles que se centran en la explicación del Escudo y en la Inscripción que hay encima de él.

Como en otros autores se nos presenta a un césar espiritual, por encima del hombre de historia,

EL PERFECTO DESENGAÑO, por el Marqués de Valparaíso. Edición introducción, notas y selección de María Dolores Cabra Loredo (Madrid 1983).

EL MANUSCRITO DEL MARQUES DE VALPARAISO.

A Francisco González de Andía, virrey de Navarra y de Sicilia y capitán general de Orán y Mazalquivir, el rey Felipe IV concedió el marquesado de Valparaíso en el año 1632.

Dedicó la obra al conde duque de Olivares, don Gaspar de Guzmán y Pimentel, con quien le unía una estrecha amistad.

Habla el marqués de los servicios prestados a los padres y abuelos de Felipe IV, de lo que podemos deducir que bien pudo ser un soldado, de cierta graduación, en los reinados anteriores. Es importante señalar este aspecto de su historia porque con ello sitúa la imagen de Carlos V a través de su hijo Felipe II, como un césar, un semidiós, héroe solitario, soldado y cruzado de Europa y del mundo.

El manuscrito de don Francisco, es un resumen de papeles sueltos y diversos libros de la vida del césar que más le impresionaron, que resume la grandeza del emperador.

El marqués que generacionalmente estaba cerca del emperador, nos muestra, sin embargo, una figura lejana, inasequible, y con un poder interior que le hace superior, casi divina.

LA INGENTE LABOR DEL ARCHIVERO DE SIMANCAS, TOMAS GONZALEZ.

Canónigo placentino y su hermano Manuel.

La mayor parte de los documentos históricos y políticos de los archivos españoles habían ido a los depósitos de París, durante los años terribles de la guerra de la Independencia. Al ser devueltos en 1815, los depositaron en el archivo de Simancas, el cual le fue encomendado a don Tomás para que inventariara y clasificara su contenido. Don Tomás hasta su muerte en 1833, basándose en la documentación que tuvo entre sus manos, recogió no solo lo último de la vida del emperador a través de documentos auténticos e inédito, sino también la correspondencia cruzada entre el césar y los más importantes súbditos de sus estados. Este trabajo cubrió las lagunas existentes en la historia. Su hermano Manuel sigue con el trabajo de don Tomás y completa este con un apéndice de once documentos.

MANUSCRITO

La vida que el emperador tuvo en el convento de Yuste, hasta que pasó a la eterna.

La princesa Doña Juana, hija del emperador, quiso saber por átomos, la vida de su padre en el monasterio de Yuste y encargó a Fray Martín de Angulo, prior del convento, que le hiciese de todo una relación.

Es el Monasterio de Yuste, de los religiosos (monjes solitarios) de San Jerónimo, los más observantes que tiene la iglesia de Dios, un convento asentado en la Vera, obispado de Plasencia, tierra de muchas aguas, de fuentes, cercano de la nieve, con frutas de todo género, de invierno y de verano; es tierra apacible y la de mayor templanza y recreación que hay en España.

Allí en el Monasterio el emperador llevó una vida que fue un dechado, no sólo seglar, hombre del mundo, sino también como religioso perfecto.

En Yuste, dijo al prior y a otros padres graves de la casa que lo que más había deseado era ser fraile o donado de un monasterio y servir allí como el menor de la casa, más que venir a ser servido, y por esto, ya que sus enfermedades no le daban lugar para servir, quiso ser servido con aquella pobreza. De manera que ya que no fue fraile en la profesión, serlo en las obras porque amó cuanto pudo la pobreza.

La obediencia que mostró en este monasterio fue mayor que sí él realmente fuera fraile, porque quiso obedecer sin ser mandado.

Entendía y le gustaba la música, los frailes le escuchaban detrás de la puerta que salía al altar mayor, llevando el compás y cantar a consonancia con los que cantaban y si alguno erraba decía consigo mismo, aquel erró.

Le visitaba don Luis de Ávila, comendador mayor de Alcántara y de su cámara, que como casado con la hija heredera de la casa de Mirabel, vivía en Plasencia. Hablaban de las guerras que habían estado juntos. Le contó en una ocasión D. Luis que estaba pintando, en una bóveda de su casa, el encuentro que Su Majestad había tenido con el rey de Francia, junto a Renti. Preguntándole la disposición de la pintura y oyendo que echados de sus puestos los enemigos habrían huido a toda prisa, respondió: «procura don Luis que el pintor modere la acción, parezca honrada retirada, no huida porque verdaderamente no lo fue». No quería que el honor ajeno padeciese.

Decían los frailes que el emperador con solas las gracias naturales que tenía su persona, afabilidad y prudencia, guiara las voluntades de todos.

El padre Francisco de Borja llegó a besarle la mano, puesto de rodillas y discutían el uno porque se levantase y el otro por permanecer de rodillas y el Padre Borja lo convenció al decirle que hablar con Su Majestad era como sí lo hiciera con Dios Nuestro Señor, que sabe diría la verdad en todo. Que había elegido la compañía de Jesús aunque era nueva porque ninguna hay tan antigua y tan aprobada que en algún tiempo no haya sido nueva y no conocida.

San Francisco de Borja dijo entre otras alabanzas del césar que había oído de su boca que desde que tuvo veintiún años de edad había tenido cada día un rato de oración mental.

Este autor se para más a las explicaciones de todo lo que concierne a la vida que lleva en Yuste el emperador. Su relación con los monjes, su deseo de ser uno de ellos y el no poder serlo debido a sus males. Lo eleva espiritualmente hasta el punto de alejarlo y hacerlo un semidiós.

HISTORIA UNIVERSAL- CESAR CANTU

TOMO XXV MADRID 1849

El autor empieza poniendo de manifiesto que Carlos V se preocupaba del gobierno y de su gloría.

Renuncia en favor de su hermano Fernando, sus posesiones de Alemania y el título de Emperador y volvió a España. Dos años vivió en el Convento de Yuste, en Extremadura, cultivando su pequeño jardín y ocupándose de trabajos mecánicos y ejercicios de piedad. Como no conseguía poner acorde dos relojes exclamó: «¡Que loco era, he pretendido, no obstante, reducir a la uniformidad tantos pueblos diferentes en su lenguaje y clima!».

Viéndole el conde de Burens, con quien tenía mucha familiaridad, cojear por la gota, le dijo: «El imperio cojea. No son los pies los que gobiernan, replicó, sino la cabeza.» Después de su abdicación vio su bufón, Pedro de San Corbas que se le quitaba el sombrero, lo cual le sorprendió mucho; pero el emperador le dijo: «No me queda otra cosa que darte que esta demostración de cortesía.»

Tenía gusto de leer a Tucídides en italiano. Como los grandes de su corte se manifestaban descontentos de que se entretenía mucho tiempo con Guicciardini, les contestó: «En un abrir y cerrar de ojos puedo hacer cien grandes como vosotros; pero solo Dios puede hacer un Guicciardini.»

Le aconteció también tener que decir:»Los letrados me instruyen, los negociantes me enriquecen, los grandes me despojan».

Aún se cita lo siguiente: «la larga reflexión es la garantía del buen éxito. El tiempo y yo contra otros dos. Los estados se gobiernan por sí mismos, cuando se les deja obrar; los innovadores no producen más que turbulencias.» Decía también que su buen ejército debía tener la cabeza italiana, el corazón alemán y el brazo castellano.

Trata este hecho poniendo en boca del emperador frases que nos hacen profundizar en sus sentimientos y su forma de ser, en su rectitud.

También en el Tomo XXV, nos cuenta Cesar Cantú lo que dijo de Carlos V Ludovico Aristo, Poeta italiano (Reggio Emilia 1474 Ferrata 1533) alaba a Carlos V diciendo que es el emperador mas sabio y mas justo que ha existido desde Augusto y que existirá nunca.

CATALOGO MONUMENTAL DE ESPAÑA

PROVINCIA DE CACERES 1914-1916

Por José Ramón Melida, página 382.

YUSTE.-

«Ultima morada de Carlos V, primera sepultura. Hallase escondido el monasterio de Yuste, en lo más agreste de la Vera, entre Jarandilla y Cuacos. La belleza del sitio, por lo quebrado y por la vegetación exuberante que allí y en granadísima extensión se descubre, es regalo de los ojos y justifica lo escogiera para retiro aquel insigne monarca guerrero.»

Lo que apunta el Sr. Mélida es técnicamente geográfico, con pinceladas históricas, relata algo de la fundación del monasterio especificando su situación y enclave. Con datos arquitectónicos nos presenta el monasterio y la iglesia.

MOTIVOS EXTREMEÑOS por Tomás Martín Gil

Otro Monasterio «YUSTE’ (Agosto 1945) págs. 377-83.

Preocupado por el proyecto de obras de conservación del Monasterio de Yuste nos presenta la nota siguiente: «En la página 1007 del número 220 del Boletín Oficial del Estado de 8 de Agosto actual (año 1945), se inserta una disposición firmada por el excelentísimo señor Ministro de Educación Nacional dirigida al ilustrísimo señor Director General de Bellas Artes, cuyo título es así; ORDEN de 17 de Julio de 1945, por la que se aprueba el proyecto de obras de conservación del Monasterio de Yuste (Cáceres), monumento nacional, importa pesetas 157.198,07.

Y luego pasa entre otras cosas a explicarnos: – El sitio.- «No parece sino que los paisajes de excepción, aquellos que se apoderan del alma y esclavizan los sentidos del hombre, deben estar ocultos. Lejos del mundanal ruido. Cuidadosamente recatados, como honesta doncella. Así el sitio de Yuste… no se podía llegar en automóvil».

«… un dulcísimo día de otoño, vimos los árboles tan frondosos y crecidos, que es maravilla, adornados de encendidos colores. Algunos parecían abrasarse en llamas de un amarillo cálido, de purpúreos rojos, con reflejos metálicos cuando les hería el sol.»

«… El sitio de Yuste, sin duda alguna, es un paisaje de atardecer, de ocaso. El soberbio horizonte que desde allí se divisa, es en las últimas horas de la tarde, cuando adquiere todo su valor: cuando los contraluces le hacen mostrar todas las bellezas de sus lejanías… desde la terraza del palacio, la silueta de los montes lejanos de un azul violeta, recordaría otros sitios, otras tierras menos luminosas, tal vez, que fueron para el paisaje vistos en la montaña y en mediodía de su vida heroica. En Yuste, no; el paisaje y la tierra extremeña tienen que ser gustados al anochecer; pero, por ello, tendría para Carlos una belleza inefable.

La Iglesia, el convento, el palacio y jardines.- La Iglesia es pobre, demasiado abandonada de los hombres, el convento lo era todo y al ser abandonado sus dos claustros y sus vastas crujías (pasillos largos), iban desprendiéndose, poco a poco de sus piedras venerables.

…la alberca arruinada y llena de plantas parásitas… inculta avenida de bojes y arrayanes que conduce a la puerta principal de la iglesia.

Preocupación por esa construcción que encierra parte de la historia. Nos sitúa en el lugar admirando su entorno pero de una forma elevada, ¿desde el alma? desde el orgullo de ser parte de esta tierra extremeña.

Nos habla de la Iglesia, de su pobreza, la compara con Guadalupe y dice: «Y he pensado que existió una esencial diferencia entre ambas iglesias; la una está dedicada a una devotísima imagen de Nuestra Señora, a la que toda España tiene veneración; la otra, era solo la iglesia de un monasterio. En Guadalupe se hizo el monasterio para la Iglesia.»

Del Convento, de sus ruinas dice: «Los vecinos de Cuacos se llevaron los labrados trozos de granito para utilizarlos en forma pintoresca, en los soportales de la plaza del pueblo pudimos ver algunos.»

Del palacio y sus jardines, nos cuanta como:»apenas ni reparé en el primero, y si, un poco más en los segundos, la terraza de entrada, con su rampa de acceso de ladrillos rojos, su fuente, hoy muda; su montadero; su augusta paz, invitatoria al reposo, fue para mi, objeto predilecto de meditaciones … Diré, pues, como único comentario, que los restos de árboles en los jardines, de Yuste son un continuo reproche, al par que una lección de belleza natural.

HISTORIA DE ESPAÑA

Marqués de Lozoya

Salvat Barcelona 1970 Tomo III.

Viaje de Carlos V a Extremadura.

En Noviembre de 1556 pasó el áspero puerto de Jarandilla llevado en silla de manos a hombros de labradores. «Encareciendo algunos la aspereza del camino, y de tan mal puerto, dixó su Majestad: «No pasaré ya otro en mi vida sino el de la muerte.» (Sigüenza).

El 14 de aquél mes pidió hospedaje en el magnifico castillo que en esta villa tenía el Conde de Oropesa y que le sirvió de residencia hasta la terminación de las obras del palacete que había mandado construir en el monasterio de Yuste. El 3 de febrero de 1557, terminados los trabajos, llegó el césar, con grandísima alegría, al retiro que se había dispuesto. Su primera visita fue a la Iglesia, a escuchar el Te Deum que cantaron los monjes.

… Canalizaron el agua para que brotase en fuentes y se remansase en estanques … el palacio, cuyo arquitecto fue fray Antonio de Villacastin … dice que reproduce la planta del de Prizenhof, en Gante, donde Carlos había nacido … En realidad todo el monasterio quedó convertido en palacio imperial, … Los mismos monjes estaban a su servicio. El General de la Orden, fray Francisco de Tofiño, destino a Yuste su mejor equipo de predicadores y a los religiosos de mejores voces para que la capilla fuese perfecta. En la habitación que le servía de dormitorio había una ventana dirigida en sentido oblicuo al altar mayor de la Iglesia, para que desde la cama pudiese el enfermo seguir los divinos oficios.

El marqués de Lozoya nos cuenta históricamente los hechos pormenorizando detalles de su viaje, llegada, del lugar etc… Son otros datos para seguir descubriendo al personaje.

CACERES

Miguel Muñoz de San Pedro Conde de Canilleros

Editorial Everest León 1973.

YUSTE.

El monarca más poderoso de la tierra, con un reducido séquito, comenzó la vida en aquel modesto retiro de cuatro habitaciones: dos pequeñas un saloncito y el dormitorio, comunicado éste por una puertecilla con el presbiterio de la Iglesia. Amplia huerta.

Una inscripción en el muro de la glorieta recuerda la enfermedad y muerte del monarca.

Sepultado en Yuste, en un ataúd de castaño que aún se conserva, fue llevado luego al Escorial.

Hace referencia al monasterio y a la Iglesia de la que recuerda el retablo con la copia del cuadro de Tiziano, La Gloría, que el emperador tuvo en este retiro. Retablo de Antonio Segura (siglo XVI).

Bello paisaje inmutable. En la huerta el escudo con el águila bicéfala. Todo hace evocar al poderoso monarca, que vino a morir aquí, en la paz de Dios y de Extremadura.

Tipo reseña para la guía de Cáceres y su provincia. Mueve a interés para poderlo visitar.

Entre sus notas sobresale la figura majestuosa del emperador, y queda entre líneas el orgullo de que fuera Extremadura elegida para culminar su vida el emperador, cuanto más alto esté el césar más alta Extremadura.

CARLOS V UN EMPERADOR PARA EUROPA

Otto Von Habsburg

Colección clio 1992 Madrid

El 28 de Agosto de 1556, Carlos se separó en Gante, su ciudad natal, de Felipe. Nunca se volverían a ver. Una flota de 56 barcos condujo al Emperador y a su séquito hasta España; el 28 de Septiembre echaban ancla en el puerto de Laredo. El 25 de Noviembre, el Emperador entró por primera vez en el monasterio de los Jerónimos de Yuste. La casa de campo que se había hecho construir no estaba todavía completamente terminada, pero el 5 de febrero de 1557, el Emperador pudo instalarse definitivamente allí con su pequeño séquito.

Muchas leyendas se han urdido en torno a esta última fase de la vida de Carlos V y la historia no puede liberarse totalmente de ellas. Los monjes fijaron por escrito las costumbres del Emperador hasta en sus más mínimos detalles.

Carlos V no vivió en Yuste ni como un monje ni como un ermitaño. En realidad, Carlos llevaba la vida de un gran señor.

Desde el 1 de septiembre de 1558, Carlos estuvo postrado en cama. Su estado de salud se fue haciendo más preocupante de día en día, tanto que Quijada mandó llamar al arzobispo de Toledo, Carranza, para que diera la extremaunción al Emperador. El enfermo estaba en pleno uso de sus facultades y participó en la solemne acción. El mismo prescribió el orden en el que deberían ser leídos los salmos y plegarias.

El 20 de septiembre empeoró el estado del emperador. La muerte estaba aproximándose, era sólo cuestión de horas. El arzobispo Carranza consolaba al moribundo y le aseguró que, por los padecimientos de Cristo en la cruz, alcanzaría el perdón de sus pecados y la vida eterna. Los monjes se turbaron ante estas palabras. Este suceso desempeñó luego un papel importante cuando se procesó a Carranza por herejía. El arzobispo acabó su vida en las cárceles de la Inquisición. El hermano Villalba asistía al Emperador moribundo alternativamente con Carranza. Le hablaba del santo del día, del apóstol Mateo, y le recordaba que éste era hermano de Matías, el patrón de su nacimiento. Le aseguraba que estos dos grandes intercesores le guiarían a través de la muerte hasta la vida eterna. El Emperador murió en las primeras horas del día 21 de septiembre de 1558; su última palabra fue: «Jesús».

El rasgo más sobresaliente del carácter del Emperador, tal y como se deduce de sus escritos y de sus obras, fue sin lugar a dudas el dominio sobre sí mismo. Tenía control sobre cada uno de sus sentimientos. La fuerza de voluntad y la paciencia se unían a una confianza absoluta en Dios que no le abandonó nunca. Esta le permitió sobrellevar todos los infortunios, que aceptó como la voluntad del Todopoderoso. Señor de sí mismo, pudo también dominar a los demás.

Carlos era amigo de las artes. Como la mayoría de los miembros de su familia, amaba la música.

De Carlos V y de Tiziano se relatan las mismas anécdotas que de Maximiliano y de Durero, ambos casos se cuenta que el Emperador recogió el pincel que se le había caído al pintor de las manos, con las palabras de que el artista era un príncipe en el reino del espíritu y, por lo tanto, del mismo rango que el Emperador. Según su pensamiento, básicamente de cuño medieval, la representación artística era en primer lugar un servicio a Dios, y no como para los humanistas y los mecenas del Renacimiento, la apoteosis del hombre en la cumbre de la perfección.

Carlos inició la lucha por la unidad eclesiástica, basándose en su personal fe cristiana.

Para Carlos, la religión estaba vinculada estrechamente con el respeto por la ley, que consideraba sagrada e inseparable del concepto mismo del imperio. Por esta razón, acuñó sus monedas con el lema «Como el sol rige los cielos, así rige el Emperador la tierra». Creía firmemente en el dicho real de los visigodos: Rex eris si recta facis: si autem non facis non eris. (Serás rey si obras con justicia: no lo serás si obras de otro modo.)

Fue capaz de encontrar placer en la naturaleza, en las artes, amó la filosofía y las ciencias.

Este autor nos cuenta con datos concretos lo concerniente al viaje de venida de Carlos a España; numéricamente señala las fechas, los barcos etc… Se adentra luego en detalles ya expuestos por otros autores. Explica su muerte y en la que hace verdadero hincapié es en el aspecto religioso que para el emperador era lo primero de todo, se hace eco de otros autos que dicen que era el mejor cristiano que nunca se había encontrado (Castiglione) o Joseph Lortz, historiador, se atreve incluso a decir:»si se excluye a los santos y a los penitentes, Carlos fue el mejor servidor de la Iglesia de su tiempo.»

Aquí ya se va descubriendo la personalidad del César como hombre de plena fe.