Dic 292020
 

 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

RESUMEN

Tras la visita y residencia del Corregidor de la ciudad de Trujillo al lugar de Madrigalejo, se celebra Concejo abierto el 29 de enero de 1720, para tratar sobres las disposiciones del Corregidor. En este trabajo se realiza un estudio del acta de aquella reunión del Concejo de Madrigalejo, que puede ser una cata, en un momento concreto –hace exactamente 300 años-, de la política concejil. El documento está recogido en los Libros de Actas del Archivo Municipal de Madrigalejo.

En el documento se hacen patentes las posturas dispares entre el Corregidor y Concejo: la intención del Corregidor de introducir cambios y reformas en la gestión concejil y la resistencia a realizar los cambios por parte de las Justicias locales. Así mismo llama la atención actitudes y asuntos de la actividad política que pueden ser familiares hoy en día, como “auditorías”, “recortes” en salarios y dietas, indicios de “corrupción”, “comisiones de investigación”, etc.

 

INTRODUCCIÓN.

 

Indagando en el Archivo Municipal de Madrigalejo, me asaltó la curiosidad de saber qué podía deparar la actividad concejil 300 años atrás. Tan solo encontré dos actas de reuniones a Concejo en 1720. Una de ellas está fechada el 29 de enero y, poco después, la segunda, del 10 de marzo. Y a partir de esta fecha, existe un vacío hasta 1725, lo que parece indicar que el libro contiguo ya no se conserva.

Las actas concejiles abordaban asuntos que atañían de forma específica a la comunidad. Sería el caso de reglamentar la protección de cosechas -acotando las siembras, las viñas y la enriadera para el lino, o regulando rastrojos y agostaderos, etc.-; o de velar por los bienes de propios –dehesas, ejidos, eras…-; luchar contra los fuegos veraniegos; mediar con el Monasterio de Guadalupe en los conflictos de lindes o vecindad; poner precio a los productos de abastos, como el vino o los granos del pósito; procurar una fragua o una casa para la cilla; acomodar a un herrero, cirujano, maestro o sacristán; aislar y proteger a la población ante enfermedades contagiosas; tratar sobre el alistamiento de los soldados o cómo organizar los pagos de impuestos, así como cualquier otra cuestión que pudiera afectar al conjunto de los vecinos.

En esta línea van las dos actas de 1720, pues tratan asuntos que afectan directamente al devenir de la comunidad. Si en la primera se aborda el tema de la gestión del Concejo, la segunda es más de orden doméstico, pues está destinada a buscar un cirujano para ejercer en el lugar. Nada de particular hasta aquí. Sin embargo, leyendo detenidamente el documento fechado el 29 de enero, revela cosas muy interesantes que conviene analizar y en el que se advierten actitudes y asuntos de la actividad política de hace tres siglos que podemos encontrar en la prensa de hoy en día.

 

RAZÓN DE LA JUNTA.

 

El epígrafe del acta fechado el 29 de enero de 1720 reza de la siguiente manera: Acuerdo sobre si se a de repartir el seis por ziento en los libros y sobre los viajes de las justizias, salarios y alcanzes que hizo el sr. Corregidor en la visita. En el título, ya se advierte que, en realidad, son varios los asuntos que se habrían de tratar en la reunión del Concejo, aunque todos tienen un origen común, que es la visita que realiza el Corregidor de la ciudad de Trujillo al lugar de Madrigalejo y los mandatos que dejó estipulados para que fueran ejecutados.

El Corregidor era un funcionario de su Majestad; era el representante del Rey en un territorio formado por varios municipios y villas, llamado corregimiento. Al Corregidor lo nombraba el Rey, a instancias del Consejo de Castilla, que era el principal órgano asesor del monarca. Residía en la cabeza del corregimiento, es decir, en la ciudad principal del territorio, donde ejercía como alcalde. En las demás villas y aldeas de la jurisdicción, tenía las funciones de controlar a los regidores, de fiscalizar las haciendas locales y la calidad de los abastimientos, así como ser juez en la administración de justicia en lo civil y criminal. Y al finalizar su mandato –que estaba estipulado en tres años-, era examinada su actuación al frente del cargo, en lo que se llamaba “juicio de residencia”.[1]

En un principio –mediados del S. XIV-, el corregidor castellano era una figura excepcional, que solo intervenía en casos concretos y a petición de los concejos de las ciudades de realengo, para dirimir conflictos provocados por las rivalidades entre las banderías locales. Fue en el reinado de los Reyes Católicos, en las Cortes de Toledo de 1480, cuando se consolidó la figura del corregidor. Con este y otros cambios institucionales, se intenta modernizar el Estado, reforzando el poder real en las ciudades frente a los bandos nobiliarios, a través de la presencia de un funcionario real.[2]

En el caso que nos ocupa, el Corregidor de la ciudad de Trujillo habría hecho su correspondiente visita y residencia al lugar de Madrigalejo con anterioridad a la convocatoria del Concejo del 29 de enero de 1720, para ejercer sus funciones de control, fiscalización y revisión de las actuaciones de los representantes concejiles, de los libros de cuentas, del reparto de impuestos y de todo lo que pudiera ser objeto de inspección en las villas y aldeas de su jurisdicción. En el trienio comprendido entre 1717 y 1720, ejercía como corregidor en Trujillo D. Matías Crespo Suárez[3].

A través de Lorenzana de la Puente –en la lectura inaugural de los XLVI COLOQUIOS HISTÓRICOS DE EXTREMADURA-, sabemos que D. Matías Crespo era una persona celosa de su deber y honrada, que no se dejaba manipular por los regidores de la ciudad, pertenecientes a los principales linajes de Trujillo. Por ello, no estaba bien mirado por los poderosos y, durante su ejercicio, se le acusó de nombrar oficios que no le correspondían, de recortar el sueldo a los regidores y oficiales, de intentar fiscalizar las cuentas de los bienes de propios, etc., y le llegaron, incluso, a organizar una especie de escrache, llamado “fuego de la mariquilla con cencerros”, a la una de la madrugada, en la puerta de su casa, con voces y gritos contra el corregidor.[4]

Cuando fue a Madrigalejo a realizar la visita y residencia de control pertinente, seguro que su fama le precedería.

 

LLAMADA A CONCEJO

 

Como era uso y costumbre, las justicias –las autoridades del momento- llamaron a Concejo abierto, al son de campana repicada, para que se reunieran donde solían, que era en las casas de ayuntamiento. Las justicias convocantes eran los alcaldes ordinarios Bartolomé García Arias y Juan Sánchez Loro, los regidores Juan Cortés y Melchor Olalla, y el procurador síndico del común Alonso Gil Jiménez.

Al sonido de la campana, acudieron los siguientes vecinos: Gregorio Benito, Juan Jiménez Díaz, Alonso Gil Jiménez (viejo), Miguel Fernández Cortés, Francisco Moreno, Bartolomé ¿Fijara?, Juan Orejudo, Juan García Iglesias, Felipe Benito, Juan García Moreno, Antón Falaya, Francisco Martín Moreno, Blas González, Miguel Fernández Moreno, Juan Sánchez Caballero, Francisco Solís, Bartolomé Sánchez Malpartida, Juan Rodríguez David, Domingo López, Diego Pizarro, Juan de Madrid, Diego Largo, Juan Cano, Martín Sierra ¿..?, Andrés Bermejo y Andrés Palmerín. Además, también aparecen registrados más abajo Francisco García Ruiz, Pedro Santos, Francisco Blanco y Juan Fernández Bermejo. Por lo que puede contabilizarse en esta nómina, formaron el cónclave de aquel concejo treinta vecinos, además de las cinco autoridades convocantes y del escribano, Cristóbal Blázquez.

La afluencia a esta reunión de concejo fue sensiblemente superior a otras convocatorias anterior y posteriormente, lo que da idea de la importancia de la junta. Tan solo fue superada por otra que tuvo lugar el 31 de marzo de 1719 –con más de cincuenta asistentes- y en la que se trató sobre el rompimiento (roturación) de la dehesa boyal –la Quebrada-, porque convenía al bien común, y fue convocada a petición de varios vecinos a través del procurador síndico[5].

Y antes de continuar, nos detenemos para hacer un breve comentario sobre los nombres de aquellos vecinos de Madrigalejo que vivieron hace trescientos años. Repasando los apellidos que aparecen en el documento y dejando aparte patronímicos como García, Fernández, Sánchez, Jiménez o González, que podían y pueden encontrarse en cualquier punto de la geografía española, llama la atención que muchos de ellos aún perviven entre nuestros vecinos del siglo XXI, como Arias, Loro, Cortés, Gil, Benito, Moreno, Pizarro, Cano, Sierra, Cabanillas, Blázquez, Granjo o Blanco. Y en cuanto a los nombres de pila, se observa que predomina “Juan”, cosa que no tiene nada de extraño por estar en relación con el patrón del pueblo, San Juan Bautista.

Pero volviendo al tema, una vez congregados los vecinos, se les comunicaron las tres disposiciones que el Corregidor había considerado oportuno establecer en la visita para que fueran cumplidas. Las tres se refieren a aspectos económicos. A continuación, exponemos cada una de ellas, así como los acuerdos que el Concejo adoptó en relación con esas instrucciones.

 

CONTROL Y GESTIÓN DE IMPUESTOS

 

El primero de los asuntos que trataron abordaba el tema del control y de la gestión de los impuestos. El documento dice así: -el Corregidor mandó- quen los libros de repartimientos de dévitos reales se reparta el seis por ziento para el pago de subsidiarios y costas de ejecutores y conduzir de dichos devitos a las arcas.

Como más arriba se ha comentado, entre las funciones del Corregidor, estaba la de fiscalizar las haciendas locales. En realidad, la gestión de los impuestos de los concejos corría a cargo de sus Justicias y Regidores –las autoridades locales-, que debían ser ayudados y presididos por los corregidores. Es lo que puede leerse en la Novísima Recopilación de las Leyes de España, en el epígrafe de “Repartimiento y cobranza de tributos”, apartado 1: Los Escribanos de Concejo, u otros que tengan poder especial para ello, hagan cada uno en su jurisdicción los padrones de pecheros para el repartimiento de contribuciones. Y se declara privativo de las Justicias y Regidores, ayudados y presididos de los Corregidores, hacer el repartimiento[6].

Nos encontramos en el Antiguo Régimen, concretamente en el reinado de Felipe V, un periodo en la que se llevaron a cabo profundas reformas con el objetivo de centralizar la Hacienda Española. Recordemos que los Austrias mantuvieron la estructura política establecida por los Reyes Católicos, como una unión de reinos articulados en dos coronas: la Corona de Castilla, conformada por los reinos de Castilla y León, cuyos territorios gozaban de unidad jurídica e institucional, y la Corona de Aragón, constituida por los reinos de Aragón, Valencia, Mallorca, el principado de Cataluña, además de los reinos de Sicilia, Córcega y Cerdeña, y Nápoles, en la que cada uno de los territorios mantenían sus propias leyes e instituciones. El Conde Duque de Olivares –valido de Felipe IV-, en 1624, ya tuvo en mente la centralización en un solo reino siguiendo el estilo y las leyes de Castilla. Pero sería Felipe V, con los Decretos de Nueva Planta (1707, 1716), quien fue aplicando las leyes de Castilla en cada uno de los reinos de la Corona de Aragón. Por este procedimiento, las veguerías y bailías propias de la organización municipal de dicha Corona fueron sustituidas por los corregimientos.

En cuanto a los tributos concejiles, la recaudación de los impuestos en los municipios estaba basado en el sistema de encabezamientos, a través del cual, a cada concejo, se le asignaba un nivel de riqueza por el que debía contribuir, que es el montante de los encabezamientos[7]. Y esta contribución se cobraba por el método de repartimientos, es decir, mediante la derrama, entre los vecinos pecheros, de lo que debía contribuir cada localidad. Esto suponía una cierta autogestión fiscal por parte de los pueblos[8].

Siguiendo con la Novísima Recopilación de las Leyes de España, un poco más abajo, en el apartado 8, la Ley decía: En los pueblos encabezados por alcabalas, cientos, millones, tercias y fiel medidor, solo puedan repartir los Alcaldes y Regidores lo que, bajado el producto de puestos públicos y ramos arrendables, faltare para cubrir el encabezamiento, con más el seis por ciento de conducción y cobranza, y las quiebras que hubiere[9]. Es decir, la cantidad que debían cobrar los alcaldes y regidores a través de la derrama sería la diferencia entre el montante del encabezamiento y lo que se hubiere recaudado a través de los arrendamientos de tributos, más el 6 % por los gastos de cobranza de los tributos y el alcance de las quiebras, si las hubiese.

Ese apartado se complementa con el 24, en el que se puede leer que se abone a las Justicias y Regidores un seis por ciento por gastos de cobranza y conducción, y unos y otros entreguen a los sucesores en el oficio cuenta con pago dentro del término que se expresa, quedando de cargo de los que entraren el cobro del tercio último del año[10]. Por tanto, una vez que el Corregidor había revisado los Libros de Repartimiento del Concejo, mandó que se repartiera ese 6% para el pago de subsidiarios y costas de ejecutores o, lo que es lo mismo, para los gastos ocasionados en la gestión del cobro de los tributos, lo que decía la ley. Y una vez que se hubiesen hecho efectivos los pagos, dice el manuscrito que habría de conducir (…) dichos devitos a las arcas, refiriéndose a las arcas reales, es decir, a la ciudad de Trujillo, en la que se centraba la recaudación.

En los Libros de Repartimiento aparecían reflejados la nómina de vecinos pecheros, por el producto que pagaban –matanzas, aceitunas, vinagre y consumo- y la cantidad que tenían que abonar. Hubiese sido muy interesante haber podido revisar los Libros de Repartimiento del Concejo de Madrigalejo de aquellos años, pero lamentablemente, los que se conservan en su Archivo Municipal comienzan a partir de 1760[11].

Una vez que los vecinos conocieron lo que el Sr. Corregidor había ordenado, se posicionaron de la siguiente manera: que se corra como se a corrido hasta aora sin embargo de lo mandado por su Señoría el Sr. Correxidor y queste es su sentir. Es evidente, a través del nexo adversativo, que los lugareños expresaron su desacuerdo con llevar a cabo los cambios indicados por el Corregidor y preferían que siguiese el statu quo.

 

CONTROL DE GASTOS Y TOMA DE CUENTAS

 

En relación con los gastos del Concejo, dice el documento: Y así mismo –el Corregidor- fue servido de mandar –que- no se pague a los alcaldes por razón de viajes de por año (…) más de ochenta reales a cada alcalde, y a los rexidores, escribano y demás ofiziales de Conzejo nada = y que las corrias de términos toma de quentas no se haga más gasto quel de un alcalde (ilegible).

En este punto, el Corregidor pretendía regular lo que hoy en día podríamos llamar el “cobro de dietas”; es decir, los honorarios que debían recibir las personas que, por su cargo u oficio, tuvieran que realizar algún tipo de viaje –normalmente a la ciudad de Trujillo-, o de desplazamiento dentro del término, como, por ejemplo, para controlar lindes o cualquier problema que se plantease. Y al tomar cuentas al Concejo, el Corregidor ordena que se lleven a cabo algunos “recortes” en los gastos. Así, entre las disposiciones, dice que no se debe abonar a cada alcalde más de ochenta reales, y que las demás autoridades y oficiales no deberían recibir ninguna remuneración. Uno de los alcaldes, tras haber sido elegido para el cargo, obligatoriamente debía ir a Trujillo para hacer su juramento y, después, él mismo era el que debía tomar juramento al resto de los elegidos para ese año, ya en Madrigalejo. Por lo tanto, al menos en una ocasión, uno de los alcaldes debía viajar hasta la ciudad, a lo que se sumarían otros desplazamientos que llevasen a cabo ante cualquier circunstancia que se plantease durante su ejercicio.

Los vecinos, reunidos en concejo, vuelven a decir que se queden las cosas como estaban hasta ese momento: Ansí mismo acordaron por el segundo capítulo de los viajes de conzejales dijeron y acordaron se corra como se ha corrido hasta ora en lo que mira a viajes y gastos de corrías de términos y ojeos de lobos y toma de quentas y todo lo demás. Vemos que los lugareños no estaban de acuerdo con las propuestas del Corregidor de hacer recortes, y que, al fin y al cabo, eran algunos de los desafueros que se achacaban a D. Matías Crespo, los de minorar los sueldos de los oficiales y regidores, intentar fiscalizar las cuentas de propios, etc.[12].

No estaban de acuerdo los vecinos con que se menguara el presupuesto para gastos y dan sus razones, pues, a las sugerencias del Corregidor –viajes, recorrido del término y toma de cuentas-, los reunidos añaden el ojeo de lobos y todo lo demás. O lo que es lo mismo, que al concejo le salían más partidas de gastos que al Corregidor y unos trabajos que debían ser abonados.

Vemos también que, en el capítulo de gastos, un apartado importante debía ser el que ocasionaban las cacerías de lobos. Sus gastos venían determinados tanto por el número de jornaleros que se necesitaban para ojear o levantar los ejemplares y llevarlos a la trampa donde serían capturados, como para pagar las recompensas a quienes presentaran alguno o varios lobos, vivos o muertos. Hay que tener en cuenta que, durante siglos, se ha llevado a cabo una dura persecución a los lobos, debido a los daños que causaban en los rebaños, en un territorio donde la explotación ganadera era una actividad importante.

 

INDICIOS DE CORRUPCIÓN

 

Por último, el Corregidor también investigó las cuentas del Concejo, y no las encontró claras. Este es el tercer asunto al que hace referencia el documento. Las irregularidades que salieron a la luz tras la revisión de los libros se refieren a quentas por malgastadas y no justificadas. Y el Corregidor manda que los culpados paguen esos alcances de sus haciendas y que lo paguen de pronto.

Las personas investigadas habían dejado ya su cargo. Cada año, por San Juan, se renovaban las Justizias. Concretamente las elecciones de 1719 aparecen reflejadas en el acta del 29 de junio[13]. A partir de esta fecha, Alonso Garzía del Barrio y Miguel Fernández Moreno habían sido sustituidos en sus funciones de alcaldes ordinarios por Bartolomé Garzía Arias y Juan Sánchez Loro; los regidores Juan Ximénez Díaz y Francisco Moreno de Porras, por Juan Cortés y Melchor Olalla, y el procurador síndico del común Bartolomé Garzía Arias, por Alonso Xil Ximénez el mozo. Vemos que Bartolomé García Arias repite en la siguiente corporación y pasa de ser procurador a alcalde ordinario.

En la junta de los vecinos, se habla sobre los alcanzes de las tres justizias residenziadas. Es decir, que fueron tres las autoridades investigadas. En esta ocasión, los vecinos tampoco acatan las resoluciones del Corregidor y acuerdan crear lo que hoy llamaríamos una “comisión de investigación”. Esta comisión estaría formada por el Sr. Cura, el Procurador Síndico y seis hombres u ocho que no sea ninguno de los conprehendidos –comprometidos- en dichas quentas. El Cura rector de la Iglesia de San Juan Bautista de Madrigalejo desde 1719 hasta 1727 era D. Alonso Sánchez Gil[14], y recordemos que el Procurador Síndico era Alonso Gil Jiménez, el mozo -para diferenciarlo de otro vecino homónimo a quien llamaban el viejo-. El procurador síndico era el representante del común, encargado de “promover los intereses del pueblo, defender sus derechos y quejarse de los agravios que padecía”[15]. Las personas que se nombraron para esta determinación fueron las siguientes: Juan Sánchez Monçon nieto, Domingo López y Andrés Palmerín. Estos, a su vez, debían nombrar a otros para que les acompañaran en la “comisión de investigación”.

Los vecinos en la junta del concejo decidieron que, en este asunto de las cuentas alcanzadas, se ejecutase lo que el Sr. Cura, el Procurador Síndico y los demás diputados nombrados determinaren (…) y no otra cosa sin embargo de lo resuelto por el Sr. Correxidor –es la puya dada contra el Corregidor-. Y, además, dijeron que se pene a ello sin sumisión alguna. No iban a quedar sin castigo. De todo ello fueron testigos Francisco Cabanillas, Francisco Blázquez y Bartolomé Granjo.

Y termina el documento aclarando también que, en relación con los salarios de contadores –quienes revisaran las cuentas-, se procediera como se había hecho siempre.

 

CONCLUSIONES

 

Cualquier documento de tiempos pasados nos aporta información muy valiosa, que contribuye a conocer mejor un momento concreto. Es lo que ocurre con el manuscrito que se ha analizado en este trabajo, de una forma especial, para la historia local de Madrigalejo. La consideración especial se basa en el hecho de que se abordan en él varios asuntos relativos a la gestión de su Concejo.

Si se tiene en cuenta que el gobierno de una población se ejercía desde el concejo, pero que también estaba limitado por la autoridad de la ciudad a cuya tierra pertenecía, en este documento se hacen patentes las dos posturas que, sobre algunos asuntos concejiles, mantenían, por un lado, la ciudad de Trujillo a través de las disposiciones del Corregidor, y por el otro, el lugar de Madrigalejo a través de sus vecinos.

Además, teniendo en cuenta que los corregidores constituían el enlace del Estado con los territorios en los que ejercían su función, y estando en un momento de cambios destinados a ejercer una mayor centralización, el Corregidor de Trujillo pretende introducir una serie de reformas. Al mismo tiempo, sin embargo, los vecinos de Madrigalejo, como también ocurriera en la ciudad de Trujillo, preferían seguir sin que se produjese cambio alguno. Al fin y al cabo, este corregidor se iría y vendría otro en su lugar, que podría ser menos estricto.

Por otra parte, llama la atención que, a pesar de la perspectiva que pudieran ofrecer 300 años de diferencia, este documento revela ciertas similitudes con actitudes y hechos de la política actual, que pueden leerse en las cabeceras de cualquier periódico de hoy. Hemos visto que entonces también se producían lo que en la actualidad llamamos escraches –alentados por los adversarios políticos-; auditorías; recortes en gastos, salarios y dietas; asuntos de corrupción por cuentas mal gastadas y no justificadas, y hasta comisiones de investigación. Y, además, la importancia que entonces, como ahora, se daba y se da a la gestión y al control de los impuestos, imprescindibles en cualquier época, para llevar a cabo la administración de los servicios a la comunidad.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

 

– Archivo Municipal de Madrigalejo. Colección Archivos Municipales de Extremadura. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura y Turismo. Diputación de Cáceres.

– P. FERNÁNDEZ ALBADALEJO. La Crisis de la Monarquía. Volumen IV de Historia de España. Editorial Crítica Marcial Pons. 2009.

-F. LORENZANA DE LA PUENTE: “Trujillo en el siglo XVIII. Dirigentes urbanos y dinámica institucional”. Actas de los XLVI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2017. Pág. 32.

Novísima Recopilación de las Leyes de España. Tomo VI. Título XXII.

– L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S. A. Badajoz. 2008.

https://confilegal.com/20161218-los-corregidores-mucho-mas-que-jueces/

https://journals.openedition.org/medievalista/1075

https://www.revistaquercus.es/noticia/3537/actividades/el-exterminio-del-lobo-en-extremadura.html

 

FUENTES:

-Archivo Municipal de Madrigalejo. Signatura 15.

 

APÉNDICE

Acuerdo sobre si se a de repartir el seis por ziento en los libros y sobre los viajes de justicia, salarios y alcanzes que hizo el Sr. Corregidor en la visita.

En el lugar de Madrigalejo, jurisdizión de la ciudad de Truxillo, en veinte y nueve días del mes de henero de mil setezientos y veinte años, sus mercedes, los señores Bartolomé Garzía Arias y Juan Sánchez Loro, alcaldes ordinarios en dicho lugar por su magestad, Juan Cortés y Mechor Olalla, rexidores, Alonso Gil Jiménez, procurador síndico del común, todos del conzejo deste dicho lugar, estando en las casas de ayuntamiento, a son de campana repicada, como lo acostumbran para tratar y conferir las cosas tocantes a el servizio de su magestad y utilidad desta república, a cuyo sonido acudieron a dicho ayuntamiento Gregorio Benito, Juan Ximénez Díaz, Alonso Gil Ximénez viejo, Miguel Fernández Cortés, Francisco Moreno, Bartolomé ¿Fijara?, Juan Orejudo, Juan Garzía Yglesias, Felipe Benito, Juan Garzía Moreno, Antón Faluya, Francisco Martín Moreno, Blas González, Miguel Fernández Moreno, Juan Sánchez Caballero, Francisco Solís, Bartolomé Sánchez Malpartida, Juan Rodríguez David – +, Domingo López, Diego Pizarro, Juan de Madrid, Diego Largo = Y aviéndoles hecho saver a dichos vecinos co (Juan Cano, Martín Sierra ¿–¿, Andrés Bermejo, Andrés Palmerín =) mo por el Sr. Corregidor de la ziudad de Truxillo, en la visita y residenzia en que hizo en este lugar, fue servido de mandar quen los libros de repartimientos de dévitos reales se reparta el seis por ziento para el pago de subsidiarios y costas de ejecutores y conduzir de dichos devitos a las arcas = Y así mismo fue servido de mandar no se pague a los alcaldes por razón de viajes de por año, no se les pase más de ochenta reales a cada alcalde, y a los rexidores, escribano y demás ofiziales de Conzejo nada = y que las corrias de términos, toma de quentas no se haga más gasto quel de un alcalde (ilegible) = y que por los alcanzes que se han fecho a las justizias residenziadas por razón de partidas que les desecho en sus quentas por malgastadas y no justificadas se les arían que en dichos alcanzes, de sus haziendas para el pago del, laplicazión que su señoría hizo en dicha visita al terzio de abril venidero, y oi manda lo paguen de pronto, para quen uno y otro se determine lo que más convenga, de uno y otro acordaron lo siguiente = Aviéndoseles fecho saber lo tocante al seis por ziento dijeron y acordaron lo siguiente = dixeron que por lo que mira a este capítulo se corra como se a corrío hasta aora sin embargo de lo mandado por su Señoría el Sr. Correxidor y queste es su sentir = Ansí mismo acordaron por el segundo capítulo de los viajes de conzejales dijeron y acordaron se corra como se ha corrido hasta ora en lo que mira a viajes y gastos de ¿corrías? de términos y ojeos de lobos y toma de quentas y todo lo demás = Y por lo que mira a los alcanzes de conzejales residenziados dijeron y acordaron lo siguiente = Dijeron que por lo que mira a los alcanzes fechos sobre los alcanzes de las tres justizias residenziadas se nombra al Sr. Cura para que acompañado con el procurador síndico en nombre de todo el común con asistencia del pte y seis hombres u ocho que no sea ninguno de los conprehendidos en dichas quentas y que lo questos determinaren se ejecute y no otra cosa sin embargo de lo resuelto por el Sr. Correxidor que luego que por dicho Sr. Cura, procurador síndico y demás diputados nombrados sesté i pase y esto se pene a ello sin sumisión alguna, así lo dijeron y acordaron siendo testigos Francisco Cabanillas, Francisco Blázquez, Bartolomé Granjo, vecinos deste dicho lugar y lo firmaron de sus mercedes el que supo y nombraron las personas siguientes por diputados para esta determinación.

Juan Sánchez Monçon nieto, Domingo López, Andrés Palmerín, y questos nombren otros los que les parezca para acompañados. Así lo dijeron y firmaron como va dicho. Al acer el acuerdo se hallaron Francisco Garzía Ruiz, Pedro Santos y Francisco Blanco = Y Juan Fernández Bermejo. Y por lo que mira a salarios de contadores dijeron corran por donde se a corrido siempre.

Bartolomé Garzía Arias, Juan Sánchez Loro, Alonso Gil Ximénez, Alonso Gil Ximénez, Martín Gil Ramos, Juan Ximénez, Miguel Cortés, Francisco Garzía Ruiz, Miguel Fernández Moreno, Fernando Moreno, Juan Orejudo, Juan Garzía Yglesias, Juan Rodríguez David, Juan Fernández Bermejo, Francisco Cavanillas.

 

Por mandado del gobierno

Cristóval Blázquez.

 

[1] https://confilegal.com/20161218-los-corregidores-mucho-mas-que-jueces/

[2] M.ASENJO-GONZÁLEZ. Función pacificadora y judicial de los Corregidores en las villas castellanas y ciudades a fines de la Edad Media:   https://journals.openedition.org/medievalista/1075

[3]F. LORENZANA DE LA PUENTE: “Trujillo en el siglo XVIII. Dirigentes urbanos y dinámica institucional”. Actas de los XLVI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo 2017. Pág. 32.

[4] Ibídem. Pág. 36 y 37.

[5] Archivo Municipal de Madrigalejo. Signatura 15.

[6] Novísima Recopilación de las Leyes de España. Tomo VI. Título XXII. Pág. 267.

[7] P. FERNÁNDEZ ALBADALEJO. La Crisis de la Monarquía. Volumen IV de Historia de España. Editorial Crítica Marcial Pons. 2009. Pág. 472.

[8] Ibídem.

[9] Novísima Recopilación…. Op. cit. Pág. 267.

[10] Ibídem. Pág. 268.

[11] Archivo Municipal de Madrigalejo. Colección Archivos Municipales de Extremadura. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura y Turismo. Diputación de Cáceres. Pág. 88.

[12] F. LORENZANA DE LA PUENTE: “Trujillo en el siglo XVIII. Dirigentes… Op. cit. Pág. 36.

[13]Archivo Municipal de Madrigalejo. Signatura 15. Fecha: 29 de junio de 1719.

[14]L. RODRÍGUEZ AMORES. Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf S. A. Badajoz. 2008. Pág. 305.

[15]F. LORENZANA DE LA PUENTE: “Trujillo en el siglo XVIII. Dirigentes… Op. cit. Pág. 52.

Dic 222016
 

Guadalupe Rodríguez Cerezo.

 

Hace quinientos años, la entonces aldea de Madrigalejo debió ver alterado su tranquilo devenir cuando tuvo que acoger a una comitiva muy especial. Bien es cierto que no era todo el séquito que acostumbraba a llevar el rey Fernando el Católico en sus desplazamientos, puesto que, desde su salida de Plasencia, una parte sustancial del acompañamiento ya se hallaba esperándole en Guadalupe. Porque el monarca, con sus más cercanos colaboradores, se había planteado realizar el viaje con gran parsimonia y por caminos mucho más llevaderos, debido a que venía ya bastante enfermo. De Plasencia había salido el día 28 de diciembre de 1515. Atravesó en andas el río Tajo por el puente del Cardenal y no llegó a Jaraicejo hasta el día 2 de enero. Al día siguiente partió la comitiva hacia Trujillo, donde le hicieron un buen recibimiento, con festejo de toros incluido. En esta ciudad descansó varios días, hasta después de la festividad de los Reyes Magos. Siguió camino por Abertura, donde firmó algunos documentos, y a Madrigalejo debió llegar hacia el 14 de enero.

En un paraje muy cercano a esta última localidad, Fernando el Católico sufrió un empeoramiento que obligó a detenerse a la comitiva y fue llevado al mejor edificio del lugar, la Casa de Santa María, donde ya se había alojado en otras dos ocasiones anteriormente. Este edificio pertenecía al Monasterio de Guadalupe y, aunque no era una hospedería, porque se trataba de una casa de labranza desde donde los frailes administraban la importante hacienda agropecuaria que poseían en la zona, sí es cierto que podían alojarse en ella ciertos personajes a quienes no se les podía negar el hospedaje. Y así está también constatada que pernoctaron en la Casa de Santa María otros reyes, como D. Sebastián de Portugal y Felipe II.

Si en un principio se decidió parar con el fin de que el rey recobrara fuerzas y, una vez restablecido, continuara el camino, los días iban pasando y su salud no mejoraba. Ante este contratiempo, el embajador del príncipe Carlos, Adriano de Utrecht, que se encontraba en Guadalupe con la otra parte del séquito, se trasladó rápidamente a Madrigalejo en cuanto tuvo conocimiento de la gravedad del monarca, porque los intereses de su señor podían verse perjudicados. Esto era así porque, a pesar de las conversaciones que recientemente habían mantenido en Abadía, el último testamento que había firmado el Rey en Aranda de Duero en 1515 seguía vigente. En este testamento, como también estaba escrito en el que había firmado en Burgos en 1512, dejaba la gobernación de los reinos a su nieto predilecto, el infante don Fernando, basándose en la incapacidad para gobernar de la reina Juana y porque estaba convencido de que su nieto Carlos no viajaría nunca a España a hacerse cargo del gobierno. Y es que Carlos de Gante, nacido y educado en Flandes, que no conocía las lenguas que se hablaban en España, era considerado como un intruso por su abuelo, el rey de Aragón. Por el contrario, su hermano Fernando había nacido y había sido educado en la corte Castellana, a la vera de su abuelo, que ahora agonizaba en Madrigalejo.

Para velar por la sucesión del príncipe Carlos, Adriano de Utrecht pidió entrevistarse con el Rey en estos momentos tan delicados. D. Fernando dijo que se fuera, que no quería verle. “No viene sino a ver si muero[1]”, dijo. Sin embargo, al final, y gracias a la intervención de los Consejeros, le recibió. La entrevista fue muy breve y le encargó que regresara a Guadalupe, que allí se encontrarían y retomarían las conversaciones en unos días, porque el Rey no era consciente del estado tan crítico en el que se encontraba.

Se enteró de la gravedad de su situación cuando los físicos le comunicaron que había llegado el momento de solucionar los asuntos que tuviera pendientes en el cielo y en la tierra. Entonces llamó a su confesor, Fray Tomás de Matienzo, y con él se confesó muy despacio. Después llamó a sus Consejeros, el doctor Galíndez de Carvajal y los licenciados Vargas y Zapata, y con ellos tuvo una reunión que fue transcendental.

En esta reunión se trataron asuntos claves para el futuro de los reinos. Se pusieron sobre la mesa los peligros que podía ocasionar que el infante don Fernando asumiera la gobernación de los reinos. En primer lugar, por la corta edad del infante (doce años tenía entonces), porque estaría su voluntad en manos de los poderosos que mirarían más por sus intereses que por los de la Corona. Además, porque al ser el segundo en el orden sucesorio podía disputar el trono a su propio hermano, lo que conllevaría una gran inestabilidad y podría desencadenar una guerra civil entre los partidarios de uno u otro hermano. Los Consejeros hicieron ver al monarca que todo por lo que habían luchado y todo lo que habían conseguido los Reyes Católicos durante su largo reinado podía perderse. En ese momento, el Rey decidió otorgar un nuevo testamento.

Continuó la reunión tratando sobre la gobernación de los reinos cuando falleciera don Fernando. Estuvieron de acuerdo que correspondía asumirla a quien estaba llamado a ser el sucesor, el príncipe Carlos. Y en el tiempo de espera entre la muerte del Rey y la llegada del Príncipe a los reinos hispánicos, asumiría la regencia de la Carona de Aragón el Arzobispo de Zaragoza, don Alonso de Aragón, hijo ilegítimo del Rey, mientras que el Cardenal Jiménez de Cisneros lo haría en los reinos Castellanos.

Todos estos acuerdos se trasladaron a los escribanos para que redactaran el testamento, quienes acuciados por las prisas se pusieron a trabajar de inmediato, “porque el mal del Rey se agravaba y la escritura no era pequeña[2]”. Mientras tanto, el día 21, también se redactaron y firmaron otros documentos importantes. Y ese mismo día 21, la reina Germana llegó a Madrigalejo con el tiempo justo para despedir a su esposo. Por fin, al atardecer del día 22, el rey Fernando el Católico firmó su último testamento, recibió la Santa Unción y, poco después, entró en agonía.

El Rey falleció en la madrugada del día 23 de enero de 1516, vestido con el hábito de Santo Domingo. Ese mismo día se abrió el testamento que había sido firmado unas horas antes y, tras haber sido practicado la correspondiente evisceración al cadáver del Rey, éste emprendió el camino hacia Granada, con un escaso séquito, para ser enterrado junto a la reina Isabel la Católica en el convento de San Francisco de la Alhambra hasta que pudieran ser trasladados a la Capilla Real de la catedral granadina, que estaba en construcción, donde reposan en la actualidad.

La casa de Santa María siguió ejerciendo su función hasta que, a mediados del siglo XIX, cuando se hicieron efectivas las leyes desamortizadoras, fue expropiada por pertenecer a la Iglesia al ser propiedad del Monasterio de Guadalupe. Estuvo abandonada durante cuatro años, en los que fue expoliada, y después se parceló y se vendió como solares, en los que se construyeron un buen número de viviendas. De la antigua edificación del siglo XIV sólo se conservó una cámara, la única que no fue destinada a vivienda, sino que fue utilizada como almacén y como pajar, y a duras penas ha podido llegar hasta nuestros días.

Por tanto, con la Desamortización, se produjo el desmantelamiento de la Casa de Santa María y, con ello, el hecho mismo de la muerte del Rey había caído en el olvido. Bien es verdad que, en la memoria colectiva del pueblo, seguía viva la leyenda de la muerte del Rey. Según la leyenda, Fernando V (pues aquí siempre fue el V y no el Católico) había muerto al caerse del caballo o de la carroza, según la versión, por el susto que se había llevado cuando bajaba la cuesta de la Cruz de los Barreros. Hay que aclarar que esta cuesta dista mucho de ser ningún precipicio; sin embargo, algo debió pasar en aquel entorno para que haya sobrevivido esta historia, transmitida de generación en generación, hasta nuestros días. Quizás ocurrió que en la Cruz de los Barreros se produjo el repentino empeoramiento del monarca.

Y después de más de un siglo de olvido, 1952 fue un año importante en la recuperación de la memoria de la muerte de Fernando el Católico en Madrigalejo. Entre abril de 1951 y marzo de 1952 se celebró oficialmente a nivel nacional el V Centenario del Nacimiento de los Reyes Católicos, y el Ayuntamiento de Madrigalejo se unió a aquellas celebraciones el 23 de enero de 1952, efemérides de la muerte de Fernando el Católico, con una serie de actos y la presencia de importantes personalidades. Todo ello fue preparado por el entonces secretario del Ayuntamiento, D. Ubaldo Rubio Calzón, siendo alcalde D. Francisco Gómez Lozano de Sosa[3]. De aquellas celebraciones, quizás lo más importante para recuperar del olvido un hecho tan significativo fue el trabajo científico realizado por D. Ubaldo Rubio, basado en el manejo de una bibliografía y unos documentos básicos, que ha sido esencial para revalorizar aquellos importantes acontecimientos. En la localización de la bibliografía y de los documentos contó con la inestimable ayuda de su hermano, el agustino Padre Luciano Rubio, bibliotecario entonces en el Real Monasterio del Escorial.

Todo lo que ha sido expuesto hasta ahora[4] ya fue objeto de estudio en este mismo foro, en los primeros años de andadura de los Coloquios Históricos de Extremadura. Pues en 1971, Lorenzo Rodríguez Amores presentó el trabajo “La Casa de Fernando el Católico en Madrigalejo”. Pocos años después, Waldo Rubio Calzón contribuyó con dos ponencias sobre el mismo tema: en 1977, con el artículo titulado “Fechas en que estuvo en Madrigalejo el rey Don Fernando V, el Católico, y Documentos que firmó”, y al año siguiente, con “La Casa de Nuestra Señora de Guadalupe en Madrigalejo”.

Puede decirse que 1971 fue otro año clave en el asunto que estamos tratando, concretamente para la conservación del único resto que quedaba de la antigua Casa de Santa María. En el trabajo presentado en los Coloquios[5] ese año, Lorenzo Rodríguez Amores, al referirse a la Casa de Santa María, decía: “…El estado actual de este histórico recinto es lamentable, queda un trozo con tapias y maderas antiguas, y corre peligro que desaparezca (…) Señores, yo les pido ayuda para rescatar esta reliquia y les emplazo para que interesen a todos los Organismos especialmente aquí representados…” Y terminaba diciendo: “Señores, tengo ilusión de que en estos Coloquios saldrá la iniciativa de restauración de la Casa de Santa María y se recabe para el pueblo el TÍTULO DE REAL VILLA DE MADRIGALEJO”.

Este fue el primer llamamiento de muchos que vinieron a continuación. A partir de ese momento, comenzó un movimiento encaminado a trabajar en dos direcciones. Por una parte, lograr que la Casa de Santa María fuera declarada Monumento Nacional y, por la otra, denunciar y airear el estado de abandono en el que se encontraba el edificio y su amenaza de ruina.

Las gestiones para el reconocimiento de Monumento Nacional se iniciaron ese mismo año de 1971 y las llevó personalmente Lorenzo Rodríguez Amores[6]. Las primeras noticias oficiales no se reciben hasta 1976. Con fecha de 13 de mayo, el Director General del Patrimonio Artístico y Cultural comunica al Delegado Provincial de Educación y Ciencia de Cáceres[7] lo siguiente:

 

“Vista la propuesta formulada por los servicios Técnicos correspondientes, ESTA DIRECCIÓN GENERAL ha acordado:

1º.-Tener por incoado expediente de declaración de Monumento Histórico Artístico con carácter Provincial, a favor de los Restos de la “Casa de Santa María” en Madrigalejos (Cáceres),

2º.-Conceder trámite de audiencia en el momento oportuno a cuantos tengan interés en el expediente instruido a tal efecto.

3º.-Hacer saber al Ayuntamiento de Madrigalejos que de conformidad a lo dispuesto en el artículo 17 de la Ley de 13 de mayo de 1933 y artículo 33 de la misma, todas las obras que hayan de realizarse en el Monumento cuya declaración se pretende deben ser sometidas a conocimiento y autorización de esta Dirección General.”

 

Esta notificación tiene su importancia porque implicaba que el edificio ya estaba protegido por las leyes de conservación de Patrimonio. Aunque no fue hasta 1980 cuando, por el real decreto 594/1980 de 22 de febrero fue declarado Monumento Histórico Artístico de carácter Nacional la “Casa de Santa María” en Madrigalejo (Cáceres)[8], nueve años después de haberse iniciado los primeros trámites.

Paralelamente a esas gestiones, se estuvieron llevando a cabo una serie de llamamientos destinados a denunciar y a tomar conciencia sobre el lamentable estado de conservación en el que se encontraba el histórico lugar. Con esta finalidad, el Colegio Nacional Fernando el Católico organizó una preciosa actividad escolar que involucraba a sus alumnos. Estos, entre mayo y junio de 1972, escribieron una serie de cartas a diversas instituciones y personalidades, entre ellas al Ministro de Información y Turismo[9], a Su Alteza Real el Príncipe de España[10], a la Real Academia de la Historia[11] y al Instituto de Cultura Hispánica[12]. De todas las cartas enviadas se obtuvieron algunas buenas palabras y poco más, pues las peticiones no se encontraban entre sus competencias. Sólo una de las misivas tuvo un resultado concreto. Con fecha del 6 de julio la Directora del colegio, Dª Rosa Vellón Velasco, recibió una comunicación del Delegado Provincial del Ministerio de Información y Turismo ofreciendo una audiencia en la que tratarían sobre el asunto. La reunión estaba emplazada para la semana siguiente en la Delegación Provincial de Cáceres. No tenemos noticias si salió algo de aquel encuentro, lo que sí podemos decir es que se estaba hablando de ello, lo que suponía ya un paso. Algo se iba moviendo.

El 25 de julio de 1974, en la portada del periódico regional HOY, podía leerse el titular “En Madrigalejo, se vende la casa donde murió Fernando el Católico”. En su interior apareció una entrevista a Lorenzo Rodríguez Amores hablando de la Casa de Santa María, de los hechos históricos que en ella ocurrieron, del estado en el que se hallaba el edificio y terminaba con el mismo llamamiento que ya había hecho en los Coloquios de Trujillo[13]. A los pocos días, el diario ARAGÓN-ESPRÉS se hizo eco de la noticia en el apartado “Temas candentes”. Decía el titular: “Les pido ayuda para rescatar esta reliquia”, con referencia a la casa donde murió Fernando de Aragón[14]. También el Noticiero de Zaragoza reprodujo el reportaje del HOY[15].

A partir de entonces se recibieron algunas ofertas, entre ellas una donación de los dueños del inmueble (D. Luis Fraile y Dª Justa Ciudad) al Ministerio, concretamente a la Dirección General de Patrimonio Artístico y Cultural[16], pero ninguna cuajó. El tiempo pasaba, y la situación iba empeorando. Por aquellos años, la empresa Hidroeléctrica Española se encontraba rehabilitando el Conventual de San Benito en Alcántara y, en los contactos propios de las obras con la Delegación Provincial de Cultura, esta compañía tuvo conocimiento de que el edificio donde había fallecido el rey Fernando el Católico estaba en venta[17]. Fue entonces cuando la Casa de Santa María fue adquirida en propiedad por Hidroeléctrica Española y enseguida dieron comienzo los trámites oportunos para las obras de restauración y rehabilitación.

Por fin, en 1984, puede decirse que se había logrado el objetivo por el que tanto se había luchado y la Casa de Santa María estaba salvada y restaurada. El proyecto, hasta el último detalle del mobiliario, y la dirección de las obras corrieron a cargo del arquitecto D. Miguel de Oriol e Ybarra, ligado familiarmente a la empresa eléctrica. En la restauración, se respetó lo que aún quedaba en pie: los muros y las grandes vigas de madera que soportaban la techumbre de una sala rectangular (de unos cien metros cuadrados), precedida de un pequeño vestíbulo. Lo prioritario era enderezar el muro principal, pues estaba venciéndose hacia afuera. Durante meses y con la ayuda de unos fuertes estribos, se fue llevando la pared a su sitio hasta que quedó totalmente corregida. La fachada exterior se remató enluciendo el muro y pintándolo de blanco siguiendo la estética de las casas colindantes, excepto un buen trozo del esquinazo y de la fachada menor, que ha quedado como testigo visible de los antiguos materiales con los que está construido el edificio.

El espacio interior que nos había llegado era tan humilde y se encontraba tan arruinado que fue necesario un adecentamiento radical. En su rehabilitación se emplearon materiales tradicionales como las losetas de barro cocido con las que se cubrió el suelo y los azulejos talaveranos que sirvieron para vestir los paramentos.

En la recuperación de la sala tienen especial protagonismo los azulejos de cerámica, pues en ellos, D. Miguel de Oriol plasmó todo un programa de contenido simbólico que es una verdadera lección de Historia[18], en donde se destacan la importancia de los hechos que se vivieron en este mismo lugar en 1516 y la trascendencia del reinado de los Reyes Católicos. Los elementos gráficos que nos ilustran en esta estancia consisten en un friso de castillos, que se encuentra dispuesto alrededor de todo el perímetro superior de la sala; un gran escudo de los Reyes Católicos, situado en uno de los frentes menores; una representación del mapa de América con los pueblos amerindios, que podemos contemplarlo en la pared opuesta; una enorme cartela con un texto de Gonzalo Fernández de la Mora relatando los hechos ocurridos en Madrigalejo en 1516, flanqueada por los escudos de Aragón y de Castilla, que ocupan uno de los paramentos mayores, y, justamente enfrente, tenemos la imagen de la Virgen de Guadalupe, porque el edificio pertenecía a este Monasterio en el momento del fallecimiento del Rey. Y como elemento que aglutina todos esos temas, una decoración inspirada en los grutescos del estilo Plateresco enmarca cada uno de los paneles.[19]

Son muy significativas las palabras del D. Miguel de Oriol para explicar el friso de los Castillos: “Recuerdo los documentos que estudié para ornamentar tan modestísimo espacio. Las banderas de aquel entonces no servían: presidían banderías y lo que yo buscaba era un símbolo de concordia, de unión. La única expresión material presente en todas las regiones de España recién unificada era el “castillo” que, construido en todos y cada uno de sus escenarios reconquistados, defendía a los guerreros: la guerra había sido el singular nexo entre españoles. Así que me dibujé una extensa colección de los más famosos para componer la cenefa cerámica que habría de culminar el zócalo perimetral”[20]. Esta explicación nos introduce en el periodo final de la Edad Media, que está representado en los ochenta y cuatro castillos del friso, cuando el territorio peninsular estaba dividido en unos reinos que llevaban una trayectoria desigual, aunque tenían un objetivo común: el de echar al invasor en ocho siglos de Reconquista. Porque los castillos fueron claves en la Reconquista, tanto en el avance y en el retroceso de las fronteras, como en la fijación de población en los territorios recuperados. Y por supuesto, no podemos dejar de ver también en estas fortalezas la expresión gráfica del poder económico y político creciente de la nobleza que caracterizó al medievo.[21]

Llama la atención, por su colorido y por su tamaño, el escudo de los Reyes Católicos. Es la plasmación visual de la soberanía que ejercieron Isabel y Fernando y en él está presente su gran proyecto: la “unión de reinos”. Las armas de las coronas de Castilla y de Aragón se exhiben en el blasón y lo hacen por partida doble. En el primer y en el cuarto cuadrante encontramos las figuras que representan a los reinos de Castilla y León, mientras que los cuarteles segundo y tercero reproducen las armas de Aragón y de Sicilia. El sentido de esta repetición se encuentra en que tanto el Rey como la Reina eran monarcas de cada uno de esos reinos. Y cuando tras la conquista de Granada, el territorio nazarí fue incorporado a la corona de Castilla, su símbolo fue agregado al escudo, por eso aparece una granada en el entado. El reino de Navarra se incorporaría en 1515, cuando la reina Isabel ya hacía años que había fallecido, por eso no se representa en el escudo de los Reyes Católicos.[22]

Además, el blasón nos informa de mucho más. En el timbre, la corona abierta nos habla del poder que detentan los monarcas. También la voluntad de poder y el respeto de los reyes se expresa en el águila de San Juan Evangelista que soporta el escudo, pero asimismo es una aportación de la reina Isabel, pues el águila ya estaba presente en su escudo personal porque, desde niña, tenía una devoción especial hacia este evangelista. Este símbolo refleja una nueva forma de gobernar, abandonando las fórmulas feudales y estableciendo la monarquía autoritaria, basada en el poder del rey y en el respeto a las leyes y a los fueros.[23]

Las divisas personales de los Reyes a ambos lados del escudo, en la parte inferior, nos remiten a los juegos galantes medievales. El yugo con el nudo gordiano cortado de Fernando es el homenaje a su esposa Isabel, jugando con las iniciales de “Yugo” e “Ysabel”, que en la grafía de la época se escribía con Y. Pero también es la expresión del criterio de actuación de Fernando: la razón de estado, porque tanto da cortar que desatar. Asimismo las flechas son el homenaje de Isabel a su esposo, con la común F en las iniciales de “Fernando” y de “Flechas”.[24]

La presencia del mapa del continente americano en el interior de la Casa de Santa María, utilizando de nuevo palabras de D. Miguel de Oriol, es un “recordatorio que sitúa a España como corazón emocional y geográfico de los descubrimientos transoceánicos”[25]. De todos es conocido que el descubrimiento y colonización de América es uno de los grandes hechos de la Historia universal, que comenzó con los Reyes Católicos. Y el mapa “pretende ser un testimonio de respeto y un homenaje mudo a los pueblos amerindios, aquellos que vivían en tribus o en imperios organizados cuando llegaron los españoles y que tuvieron que romper, bruscamente, el proceso de su evolución histórica y afrontar la experiencia de la aculturación. Pero también respeto y homenaje a aquellos españoles que hicieron posible, con escasos medios, la incorporación de todo un  continente a la civilización occidental”[26].

Además, la simbología concebida por el arquitecto-restaurador también está presente en el mobiliario que él mismo diseñó. En el centro de la estancia situó una gran mesa de cristal con varias sillas alrededor para que se sentaran representantes de las autonomías[27], sobre una gran alfombra con los emblemas de las Órdenes Militares de Alcántara, Santiago, Calatrava y Montesa en las esquinas. Y en la puerta de acceso, un ramillete de granadas de bronce, obra del escultor Francisco López[28], recibe y despide al visitante, clara alusión a la conquista de Granada y a la salida del cadáver regio de este edificio hacia la ciudad donde sería enterrado.

Concluyendo: después de todos los avatares por los que ha ido pasando un lugar tan emblemático para la Historia de España como es la Casa de Santa María de Madrigalejo, por ser donde el rey Fernando el Católico firmó su testamento definitivo y donde falleció, podemos decir que se pudo frenar la deriva de desaparecer que llevaba, que se logró proteger con las leyes que cuidan los monumentos, que se restauró y que, con esta rehabilitación, se ha incrementado nuestro patrimonio. Asimismo, junto a los restos de la Casa de Santa María, se han incorporado recientemente dos edificios colindantes: uno es la sede del Museo Municipal y, en el segundo, se ha construido un centro de interpretación, y donde puede contemplarse otro resto del antiguo edificio que ha sido recuperado recientemente: su aljibe. Por tanto, cuando en este año de 2016 estamos celebrando el V Centenario de la muerte del rey Fernando el Católico, podemos mostrar con orgullo el testimonio material donde sucedieron aquellos acontecimientos. Y para que todo ello haya sido posible tuvo mucho que ver el llamamiento que, desde este foro de los Coloquios Históricos de Extremadura, hizo Lorenzo Rodríguez Amores en la comunicación titulada: “La Casa de Fernando el Católico en Madrigalejo”, en 1971.

 

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA:

-S. LÓPEZ-LAGO ROMERO: “Se vende la Casa donde murió Fernando el Católico”. Diario HOY. 25- julio-1974.

-“Se restaura la Casa donde murió Fernando el Católico”. Diario HOY. 8-octubre-1984.

– A. LORO CARRANZA y G. RODRÍGUEZ CEREZO: “La Casa de Santa María de Madrigalejo: una pequeña lección de Historia”. Revista del Ateneo de Cáceres. Nº 13. Abril, 2013.

– M. de ORIOL e YBARRA: “Ropa tendida”. Diario ABC. Sección Tribuna. Martes, 1 de agosto de 2000.

-“La Patria”. En la Tercera de ABC. 29 de noviembre de 2011.

-Cayetano ROSELL: Crónicas de los Reyes de Castilla desde Don Alfonso el Sabio, hasta los Católicos don Fernando y Doña Isabel. En BIBLIOTECA de AUTORES ESPAÑOLES, desde la formación del lenguaje hasta nuestros días. TOMO III. Editor, M. Rivadeneyra. Madrid, 1878.

-L. RODRÍGUEZ AMORES: Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf editores. Badajoz. 2008.

-“La Casa de Fernando el Católico en Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 1971.

-G. RODRÍGUEZ CEREZO: “Sobre la Casa donde murió Fernando el Católico”. Revista del Ateneo de Cáceres. Nº 12. Junio, 2012.

-W. RUBIO CALZÓN: “Fechas en que estuvo en Madrigalejo el rey Don Fernando V, el Católico, y Documentos que firmó”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 1977.

-“La Casa de Nuestra Señora de Guadalupe en Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 1978.

 

APÉNDICE FOTOGRÁFICO

 1. Fernando el Católico

2. Cuesta de Cruz de los Barreros

 

3. Facsimil del Testamento del Rey.

 

4. Exterior de la casa de Sta María antes de la restauración

5. Interior de la casa de Sta María antes de la restauración

6. Inscripción de la restauración de la Casa de Sta María

7. Exterior de la casa de Sta María

8. Cartela con la inscripción de G. Fernández de la Mora

9. Escudo de los RRCC

10. Mapa de América

11. Vista general del interior de la casa de Sta María

12. Racimo de granadas de la puerta de acceso

Bibliografía

[1]Cayetano ROSELL: Crónicas de los Reyes de Castilla desde Don Alfonso el Sabio, hasta los Católicos don Fernando y Doña Isabel. En BIBLIOTECA de AUTORES ESPAÑOLES, desde la formación del lenguaje hasta nuestros días. TOMO III. Editor, M. Rivadeneyra. Madrid, 1878.

[2] Ibidem.

[3] W. RUBIO CALZÓN: “Fechas en que estuvo en Madrigalejo el rey Don Fernando V, el Católico, y Documentos que firmó”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 1977.

[4] L. RODRÍGUEZ AMORES: Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Tecnigraf editores. Badajoz. 2008. Y “La Casa de Fernando el Católico en Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 1971.

  1. RUBIO CALZÓN: “Fechas en que estuvo en Madrigalejo el rey Don Fernando V, el Católico, y Documentos que firmó”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 1977. Y “La Casa de Nuestra Señora de Guadalupe en Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 1978.

[5] L. RODRÍGUEZ AMORES: “La Casa de Fernando el Católico en Madrigalejo”. Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. 1971.

[6] L. RODRÍGUEZ AMORES: Crónicas Lugareñas. Madrigalejo. Op. cit. Pág. 192.

[7] Registro de entrada en la Delegación Provincial de Educación y Ciencia de Cáceres, nº 8256, con fecha de 26 de mayo de 1976.

[8] B.O.E. 2 de  abril  de  1980. El Delegado de Cultura de Cáceres que había abierto el expediente fue D. Teófilo González Porras, que estuvo en el cargo entre marzo de 1978 y junio de 1983.

[9] Contestó el Director General de Promoción del Turismo, Esteban Bassols, remitiendo al Delegado Provincial en Cáceres

[10]Entonces era el príncipe D. Juan Carlos. La contestación la firma el Coronel Alfonso Armada y alega la falta de fondos para poder ayudar.

[11] Contesta el secretario perpetuo de esta institución, Julio Guillén, poniendo el caso en conocimiento de la Dirección General de Bellas Artes.

[12] Firma la respuesta el secretario Técnico, Luis Hergueta, remitiendo al Director General de Bellas Artes.

[13] El reportaje, firmado por Soledad López-Lago Romero, aparecía en la página 9.

[14] Aragón Exprés. 29 de julio de 1974.

[15] HOY. 8 de octubre de 1984. Pág. 11.

[16] Ibidem.

[17] Información proporcionada por D. Teófilo González Porras, entonces Delegado Provincial de Cultura.

[18] A. LORO CARRANZA y G. RODRÍGUEZ CEREZO: “La Casa de Santa María de Madrigalejo: una pequeña lección de Historia”. Revista del Ateneo de Cáceres. Nº 13. Abril, 2013.

[19] Ibidem.

[20] M. de ORIOL E YBARRA: “Ropa tendida”. Diario ABC. Sección Tribuna. Martes, 1 de agosto de 2000.

[21] A. LORO CARRANZA y G. RODRÍGUEZ CEREZO: “La Casa de Santa María de Madrigalejo…” Op. cit.

[22] Ibidem.

[23] Ibidem.

[24] Ibidem.

[25] M. de ORIOL e YBARRA: “La Patria”. En la Tercera de ABC. 29 de noviembre de 2011.

[26] Cita extraída del artículo de A. LORO CARRANZA y G. RODRÍGUEZ CEREZO: “La Casa de Santa María de Madrigalejo…”

[27] M. de ORIOL E YBARRA: “Ropa tendida”. Diario ABC. Op. cit.

[28] M. de ORIOL e YBARRA: “La Patria”… Op. cit.