Oct 292018
 

Dr. Juan Carlos Rodríguez Masa.

juancarlosrm@unex.es

Resumen.

Durante el Medievo hubo varias “Extremaduras”, extremos de la Reconquista medieval, cuyas delimitaciones fueron imprecisas. A medida que avanzó la Reconquista de la Extremadura castellano-leonesa hacia las regiones meridionales, las fronteras cristiano-musulmanas, que eran sumamente cambiantes, fueron desplazadas hacia el sur, y con ellas sus límites o extremaduras. La Reconquista hizo de Trujillo un lugar estratégico para los dos bandos enfrentados. Tras la reconquista cristiana de la ciudad trujillana se inició un proceso de estructuración y repoblación del espacio. El concejo determinó los límites de los ejidos concedidos a las aldeas, cuyo conjunto constituyeron el alfoz trujillano, un territorio soberano de la Corona de Castilla.

La organización territorial de la Península Ibérica tras la Reconquista fue confusa y compleja. Con los siglos se fue diluyendo el concepto de las “extremaduras” medievales y se transfirió el nombre a la región que hoy conocemos como Extremadura. La pluralidad jurisdiccional se acompañaba de la administrativa, lo cual dificultaba aún más la identificación de las diversas y cambiantes unidades administrativas que formaban parte de la historia institucional extremeña durante la etapa moderna. La actual comunidad autónoma de Extremadura, exceptuando algunos cambios en sus límites, ya era en el siglo XVII un espacio identificable y tangible, pero carecía de instituciones propias consolidadas y de una definición administrativa unitaria. La falta de voto en Cortes impedía a Extremadura constituirse oficialmente como provincia, lo que significaba que su legitimidad radicaba únicamente en el poder otorgado por la ciudad de Salamanca, intitulándose esta ciudad como “cabeza” de Extremadura hasta el XVIII.

  1. Introducción

El concepto geográfico de Extremadura como tierra de frontera apareció, posiblemente, en la Castilla medieval de mediados del siglo XI. No obstante, sus límites fueron poco nítidos, pues el concepto de “frontera” es, y ha sido siempre, algo móvil y variable[1], en continua dependencia de los avatares políticos, y aún más en la historia medieval peninsular, empujada por el ideal de recuperar el suelo peninsular ocupado por la media luna: “…Extrematura o Extremadura no es otra cosa que un abstracto derivado de Extremo o Extremado, del mismo modo que rapadura, matadura, andadura y demás vocablos creados con el sufijo –ura, que con verbos o adjetivos forma nuevos sustantivos derivados. La palabra Extremo para designar las tierras fronterizas o límites del reino la encontramos ya en Castilla en el siglo IX…”[2].

Según algunas hipótesis, el término Extremadura o Extrematura ya era utilizado durante el Medievo para denominar a los territorios fronterizos localizados en la frontera de los reinos cristianos de León, Castilla y Portugal con los reinos musulmanes de Badajoz, Toledo y Lisboa: “…en la actual Extremadura sólo eran “extremadura” las tierras de Plasencia, Trujillo y Medellín; el resto era territorio incluido en la designación meramente geográfica de la Trasierra leonesa y más al Sur en el reino de Badajoz bajo dominación musulmana…”[3].

La palabra Extremadura, con su indiscutible significado de “extremo” de un reino o país, se aplicó a las actuales provincias de Salamanca, Segovia, Ávila y Soria que constituyeron la zona fronteriza de los reinos cristianos. Esos “extremos” o confines de los reinos hispanos, estaban sometidos a la presión, las razias y las algaradas de unos y otros, musulmanes y cristianos[4]: “…se llamaban en la Edad Media extremaduras a los territorios por donde iban expandiéndose los estados cristianos durante la Reconquista, que al principio en las márgenes del Duero (…). Después, el sentido de este nombre se corre en Castilla a Segovia; y más tarde al sur del Tajo. En Aragón se aplicó a la ribera del Cinca, cuando allí estaba la frontera con los moros. En León quedó el nombre de Extremadura en las actuales provincias de Cáceres y Badajoz; y en la desembocadura del Tajo está la Extremadura portuguesa…”[5].

Efectivamente, durante la Edad Media hubo varias “Extremaduras”, extremos de la Reconquista medieval. Así, nadie discute la existencia de una Extremadura castellana (su capital era Ávila), una Extremadura leonesa (su capital era Salamanca) y una Extremadura portuguesa (continuación de la leonesa), cuyas delimitaciones fueron imprecisas, porque en ninguno de los tres reinos existió una unidad administrativa que llevase su nombre.

A medida que avanzó la Reconquista de la Extremadura castellano-leonesa hacia las regiones meridionales, las fronteras cristiano-musulmanas, que eran sumamente cambiantes, fueron desplazadas hacia el sur, y con ellas sus límites o Extremaduras. A partir de las Navas de Tolosa en 1212, los almohades dejaron de ser un peligro y comenzó la definitiva Reconquista de las Extremaduras leonesa y castellana. Del mismo modo, se produjo una enorme complejidad en la administración del territorio como consecuencia de la Reconquista y Repoblación. Así pues, la Extremadura leonesa pasó a denominarse “Transierra” y la Extremadura portuguesa, la zona de Lisboa, cuyas tierras han conservado hasta el día de hoy estos nombres, a diferencia de lo sucedido con los nombres las Extremaduras castellanas[6] que han desaparecido.

Con el paso del tiempo las Extremaduras del Medievo perdieron su nombre, pasando a denominarse “Extremadura” a las tierras de las actuales provincias de Cáceres y Badajoz. El desplazamiento del nombre de Extremadura desde las tierras segovianas, abulenses, sorianas y salmantinas hacia la actual Extremadura era una realidad en el siglo XV[7], pues según la Crónica de Juan II de 1429: “…los infantes don Enrique y don Pedro en rebeldía contra el rey desde Trujillo hacían guerra y robaban toda la tierra de Extremadura…”[8]. Dicha “Extremadura” citada en las crónicas ya iba definiendo la Extremadura actual.

La división territorial de la Corona de Castilla tras la Reconquista fue confusa y compleja en Extremadura. El territorio extremeño formó parte de la llamada Provincia de Salamanca; integrada por los partidos de Salamanca, Trujillo y León de la Orden de Santiago. Extremadura, era un territorio soberano de la Corona de Castilla cuyos pobladores se hallaban sujetos a una triple realidad jurisdiccional: realengo, señorío (tanto laico como eclesiástico) y órdenes militares.

La situación de Trujillo y su tierra, durante el citado periodo, era de dependencia directa de la Corona, convirtiéndose así en tierra de realengo. La frontera se situó más al sur y Trujillo y su tierra, al igual que otras zonas extremeñas, pasaron alternativamente a manos cristianas y musulmanas. Tras la conquista de Trujillo se inició un proceso de estructuración y repoblación del espacio. Trujillo era el principal núcleo del conjunto del término. El concejo determinó los límites de los ejidos concedidos a las aldeas, cuyo conjunto constituyeron el alfoz trujillano.

El reinado de los Reyes Católicos, en su conjunto, fue para España un periodo de renovación y de crecimiento que la llevó con rapidez y decisión hacia la hegemonía europea. Cuando los Reyes Católicos consiguieron la unidad del estado español, comenzaron a realizar profundas modificaciones en diversas instituciones con el fin, tanto de mostrar el poder de la monarquía, como de lograr una administración unificada más eficaz, entre estas instituciones se encontraban los Consejos y las Cancillerías, a partir de los cuales se consolidó la estructura estatal.

A efectos fiscales, las actuales tierras de Extremadura se englobaban a finales del XVI en diferentes unidades, llamadas provincias y partidos. Estas circunscripciones creadas a finales del siglo XVI carecían de cualquier valor jurídico o administrativo y tenían un caracter meramente fiscal.

En la segunda mitad del siglo XVIII y en el marco renovador de la Ilustración, la administración borbónica impulsó un paquete de medidas encaminadas a mejorar las tareas de gobierno. Una de ellas fue el establecimiento de las Audiencias provinciales, entre ellas la de Extremadura. Una vez constituida la corporación se llevó a cabo la composición de Partidos, dando lugar a la primera concepción territorial y jurisdiccional de Extremadura.

  1. La Reconquista de Extremadura por las Órdenes Militares

Para muchos historiadores el comienzo de la Reconquista se inició en Asturias, el año 722, con la batalla de Covadonga, a manos del Don Pelayo. Otros estudiosos, consideran las campañas de Alfonso I como el inicio formal de una guerra heroica, la llamada “Reconquista”[9]. Durante la primera mitad del siglo XII, los diversos reinos y señoríos de la “España cristiana” conocieron grandes cambios feudales, religiosos y territoriales en sus fronteras, que pusieron en peligro su existencia frente al creciente poder musulmán. Los cambios feudales y religiosos vinieron con las “reformas gregorianas”, impuestas sobre la Iglesia por el Papa Gregorio VII y por la influencia cluniaciense, forjadas y extendidas por toda Europa desde los monasterios franceses.

A la muerte de Alfonso VI de León (1109), llamado “el Bravo”, estallaría un enfrentamiento feudal entre Castilla, Aragón, el naciente Condado de Portugal y las nuevas instituciones religiosas –imitadas del Islam- nacidas en Tierra Santa, que se llamaron las Órdenes de Caballería para la defensa de la Cristiandad y de los Santos Lugares[10].

En el siglo XII los reinos cristianos de Portugal y León se repartieron el territorio del Guadiana occidental para su conquista. Badajoz fue tomado en el años 1230 por Alfonso IX de León, pero no se consolidó el dominio leonés sobre el resto de la actual provincia hasta el reinado de su hijo Fernando III de Castilla y de León (1230-1252). En la conquista, dominio, repoblación y explotación de ese extenso territorio cabe destacar el protagonismo de las Órdenes militares y religiosas de Santiago y de Alcántara, sin olvidar el de los concejos ciudadanos y señoríos laicos.

En el siglo XII los territorios extremeños son fronterizos y como tales muy inestables, la zona sufrirá avances y retrocesos tanto por parte musulmana como cristiana. La sociedad extremeña durante los siglos XII y XIII pasará por dos fases clara y nítidamente diferenciadas. Puede hablarse de una primera etapa de frontera[11] y de otra segunda etapa de retaguardia. La segunda comenzará con posterioridad a la batalla de las Navas de Tolosa (1212), considerando “Las Navas”, como el hecho fundamental de La Reconquista, que marcará el declive del poderío almohade. En ella, castellanos y leones unificarán esfuerzos para luchar contra la Media Luna[12].

Los años precedentes a la Batalla de Las Navas están caracterizados por continuos avances y retrocesos. El asentamiento cristiano definitivo en Extremadura se produce con la reconquista de Coria efectuada en el año 1142 por el rey castellano-leonés Alfonso VII (1126-1157). Durante las campañas de Alfonso VII en Extremadura, Salamanca fue su cuartel general, por cuya razón quiso ponerla en estado de defensa: “…á este fin los alcaldes y jurados acordaron, en 1147, fabricar ó rehacer el muro de la ciudad propiamente dicha, y levantar otra cerca comprendiendo en ella los arrabales. De esta época data el engrandecimiento de Salamanca y su opulencia…”[13]. El control cristiano de Coria permitió establecer en el río Tajo la frontera entre la Extremadura cristiana y la musulmana.

La muerte de Alfonso VII trajo consigo la separación entre las coronas de León y de Castilla. Del mismo modo, en las disputas permanentes por el espacio extremeño destacó el avance leonés a manos de Alfonso Téllez Meneses[14] y la conquista de Plasencia, ésta última a manos del monarca castellano Alfonso VIII, quién constituyó una fuerte expedición contra los sarracenos[15], irrumpiendo por la parte nordeste de Extremadura en el 1180 y fundando la ciudad de Plasencia[16].

Consecutivamente, Alfonso VIII continuó su campaña hacia el sur consiguiendo llegar a Trujillo y apoderarse de dicha población, concediendo en 1195 a la Orden militar de Trujillo el castillo y la villa[17]: “…tocaba Trujillo en la antigua jurisdicción, con tierras de Cáceres y Montánchez, al Poniente; del condado de Medellín y vizcondado de Puebla de Alcocer, por Mediodía; con tierra de Talavera por Saliente, y con tierra de Plasencia por el Norte…”[18]. Así pues, la conquista de Trujillo se produjo cuando todos los territorios al norte del Guadiana eran cristianos, su alfoz territorial se extendió desde los ríos Almonte al Guadiana y del Tamuja al macizo de las Villuercas. La tierra de Trujillo era zona de frontera en la que se sucedieron las incursiones devastadoras desde ambos lados y el avance-retroceso de los límites de la misma.

En 1185 se llevó a cabo la primera incursión de Alfonso VIII en territorio musulmán, le acompañó como fuerza la Orden de Alcántara, y entraron en Talavera, Trujillo, la Serena hasta Sevilla. El monarca iba avanzando en sus conquistas y tomando castillos a los sarracenos: Albalat, Monfragüe, Mirabel, pasó el Almonte y llegó a Trujillo y Santa Cruz, cuyo castillo destacó en el más elevado punto de su sierra. Alfonso VIII tomó Trujillo hacia 1186 y otros castillos de su tierra, como los de Cañamero y Logrosán[19]. El monarca castellano (Alfonso VIII) no se conformó y extendió su conquista por las tierras bajo extremeñas irrumpiendo en los alfoces sevillanos e incluso amenazando a Córdoba, ello conllevó a que los musulmanes, viendo peligrar sus reinos, solicitaron ayuda al Norte de África dando lugar, en 1190, a la invasión almohade que tuvo consecuencias muy negativas para los cristianos[20].

Después de la derrota de la Batalla de Alarcos, el poderoso ejército almohade recobró gran parte de los territorios cristianos de la región extremeña, como Montánchez, Trujillo o Plasencia, de tal modo que dichos territorios tornaron nuevamente a manos sarracenas[21]. La derrota cristiana en la Batalla de Alarcos en 1195 dio paso a una nueva situación para Castilla, viéndose obligada a reorganizar sus fuerzas mediante la creación de “nuevas órdenes militares territoriales”. Estas “nuevas órdenes”, con plenitud de atribuciones y más comprometidas con los monarcas para la defensa de los territorios y relativamente menos dependientes del Papa, van a gobernar la mayoría del territorio extremeño[22]. La permanente inseguridad de los territorios extremeños, conquistados durante el largo proceso de reconquista, dio lugar a la consolidación de órdenes militares. Los caballeros de las órdenes militares tuvieron un importante protagonismo en la conquista de Extremadura. Las órdenes militares, llamadas por el rey, tenían una doble función: por una parte defendían los territorios frente a los posibles ataques musulmanes, y por otro lado explotaban las riquezas del lugar.

La región extremeña acogió a dos de las milicias más importantes nacidas en la Península, Alcántara[23] y Santiago, una de carácter internacional, el Temple, fundada en Tierra Santa en 1118, y otras dos de vida prácticamente efímera, Monfragüe-Montegaudio y Trujillo. Dichas órdenes militares, gracias a su disciplina interna, eficaz jerarquización y sistema de organización mediante encomiendas, llegaron a ser un pilar básico para la monarquía cristiana en la lucha contra el Islam, puesto que fueron un instrumento de la Iglesia para su defensa y un vehículo de carácter ideológico, ya que dependieron en última instancia del Papa.

2.1. La conquista de Trujillo y su territorio (1232)

El monarca castellano Alfonso VIII, tras la derrota de Alarcos, fue el protagonista de la reconquista definitiva de las tierras extremeñas, abatiendo a los musulmanes en la Batalla de las Navas de Tolosa, llevada a cabo en el mes de julio de 1212.

La conquista de Extremadura se inició por las tierras de Alcántara (1213) al oeste, junto con Alburquerque, cuyo castillo fue ocupado en 1218 por Alfonso Téllez Meneses[24]. Casi de manera simultánea, por el este, fueron conquistándose las diferentes fortalezas situadas en los alrededores de los vados que concurrían en el Guadiana, extendiéndose el dominio castellano hacia Puebla de Alcocer y Herrera, poblaciones incorporadas a Castilla entre 1220 y 1225. A partir de ese momento, Alfonso IX de León, tomó Cáceres (1229), Montánchez, Mérida (1230), Badajoz (1230) y su hijo, Fernando III El Santo conquistó Trujillo, Medellín y demás fortalezas extremeñas, internándose en Andalucía para ocupar el Valle del Guadalquivir.

La conquista definitiva de Trujillo se produjo en tiempos de Fernando III (El Santo) el 25 de enero de 1232, en ella participaron como capitanes los maestres y comendadores mayores de las órdenes militares, entre los que destacaron el Maestre de Alcántara don Arias Pérez Gallego, y el obispo de Plasencia don Domingo, junto a ellos también otros caballeros de los tres linajes protagonistas de la historia local trujillana: los Altamirano, los Bejarano y los Añascos “…entre ellos sobresalió de forma singular Fernán Ruiz Altamirano un cristiano valeroso, intrépido, que al frente de un puñado de leales logró abrir la puerta del muro y facilitar la entrada de las tropas cristianas al recinto amurallado y así poder tomar la fortaleza…”[25].

Tras la toma o conquista de Trujillo en el 1232 (para otros autores en el 1233), su concejo mantendrá bajo su jurisdicción, sin una limitación clara y exacta hasta finales del siglo XIII, un amplio territorio[26]: “…cuyos límites estaban prácticamente definidos por los dominios jurisdiccionales circundantes, (Plasencia, Cáceres, Puebla de Alcocer), allí dónde los accidentes naturales marcaban una línea divisoria clara –ríos Tamuja, Almonte y Gargáligas-, o que se fueron definiendo en años posteriores donde esa línea divisoria no lo era tanto, como ocurría con Talavera, Toledo y Montánchez. En todos los casos y muy tempranamente y siempre antes del siglo XIII y estaban fijados con claridad sus límites jurisdiccionales, con un territorio de aproximadamente 3.400Km, que se extendía desde el Almonte al Guadiana y del Tamuja al macizo de las Villuercas…”[27]. La conquista de Trujillo se produjo cuando todos los territorios al norte del Guadiana eran cristianos. Un año más tarde caerá el último reducto musulmán en esta latitud, que había hecho fuerte en el castillo de Santa Cruz y sus tierras se adherirán a las de Trujillo para conformar un extenso alfoz.

La recompensa a las órdenes militares que habían prestado ayuda no se hizo esperar. El Maestre de la Orden de Alcántara, D. Arias Pérez, pidió al monarca la villa de Trujillo, pero el Rey no accedió a esta petición, a cambio le entregó un heredamiento en Medellín y la villa de Magacela con su castillo, sin embargo, se reservó Trujillo para la Corona.

La división territorial de la Corona de Castilla tras la Reconquista fue confusa y compleja en Extremadura. El territorio extremeño formó parte de la llamada Provincia de Salamanca; integrada por los partidos de Salamanca, Trujillo y León de la Orden de Santiago[28]. Extremadura, era un territorio soberano de la Corona de Castilla cuyos pobladores se hallaban sujetos a una triple realidad jurisdiccional: realengo, señorío (tanto laico como eclesiástico) y órdenes militares.

La pluralidad jurisdiccional se acompañaba de la administrativa, lo cual dificultaba aún más la identificación de las diversas y cambiantes unidades administrativas que formaban parte de la historia institucional extremeña durante la etapa moderna. Sobre el Rey recaía la suprema autoridad en el proceso de repoblación del espacio que hasta ese momento se consideraba “tierra de nadie”, puesto que la invasión musulmana había roto toda la vinculación con el orden jurídico anteriormente existente y nadie podía ejercer derecho de propiedad, ya que según el ordenamiento jurídico del momento, le correspondía a la Corona. Esta condición inicial de realengo que poseen todas las tierras incorporadas a La Corona no duraría mucho tiempo, debido a las continuas concesiones y donaciones del Rey a Órdenes Militares, Nobleza e Iglesia.

La situación de Trujillo y su tierra, durante el citado periodo, era de dependencia directa de la Corona, convirtiéndose así en tierra de realengo[29]. La reclamación del territorio por el Maestre de la Orden de Alcántara, debido al compromiso y promesa que tuvo Fernando III antes de llevar a cabo la empresa conquistadora, no se llevó a cabo, debiéndose contentar con las concesiones al sur del Guadiana (encomienda de Magacela). La frontera se situó más al sur y Trujillo y su tierra, al igual que otras zonas extremeñas, pasaron alternativamente a manos cristianas y musulmanas.

Tras la conquista de Trujillo se inició un proceso de estructuración y repoblación del espacio. Trujillo era el principal núcleo del conjunto del término. El concejo determinó los límites de los ejidos concedidos a las aldeas, cuyo conjunto constituyeron el alfoz trujillano. Aldeas dependientes del concejo, situadas en sus tierras y con una organización más o menos complejas. Los ejidos se crearon como zona vital para la expansión comunitaria. Por lo general, los ejidos solían estar a las salidas de las aldeas, villas y poblaciones rurales que diferían de los demás terrenos con los que compartía ciertas similitudes (dehesas boyales y baldíos) en que no se permitía roturarlos y, por lo tanto, no se podían sembrar. De igual modo, los ejidos servían de asiento para las eras.

A Trujillo se le concedió una extensa tierra y un amplio y diverso término. El límite geográfico venía marcado, en la mayoría de los casos, por un accidente geográfico: ríos y montañas. En su antigua jurisdicción lindaba con las tierras de Cáceres y Montánchez, el Condado de Medellín y Vizcondado de Puebla de Alcocer, Concejo de Talavera, Condado de Deleitosa y Plasencia, Monroy y Torrejón, constituían sus vecindades.

A lo largo de todo el siglo XIII, durante los reinados de Alfonso IX, de Fernando III y Alfonso X (El Sabio), se agregaron a Castilla y León una nutrida población musulmana, a la que se dio el nombre de mudéjares, población muy laboriosa y próspera, que mantuvo su propia lengua –la aljamía- y costumbres.

Una fecha importante en todo el reino de Castilla-León, lo marcó la rebelión general de “los moros” en 1263, extendida por las zonas y comarcas de reciente ocupación. Rebelión que indujo al rey Alfonso X a la deportación de la mayoría de los mudéjares hacia Granada o África; lo que provocó el abandono de extensos campos y explotaciones; aparte de la repercusión que tuvo en la producción artesanal y la paralización del comercio y del intercambio de productos. La beneficiada de este abandono de campos y cultivos fue La Mesta (La Hermandad de Ganaderos Trashumantes de Castilla), a la que el Rey Sabio, en 1273, otorgó enormes privilegios y preeminencias sobre campos, dehesas y pastos de toda Extremadura que quedaron abandonados por la expulsión de los mudéjares; a donde sus inmensos rebaños venían a invernar desde Castilla Vieja, Tierra de Campos y el norte de León. A esta crisis económica se unió, desde finales del siglo XIII, la “cuestión sucesoria” a la Corona castellana, entre Sancho IV (El Bravo), hijo segundo de don Alfonso, y sus sobrinos los Infantes de La Cerda (hijos del primogénito, don Fernando, que ya había muerto), dejando sus derechos al trono al mayor de estos Infantes[30].

El triunfo de Las Navas aseguró a Castilla la posesión definitiva de los términos situados entre el Tajo y el Guadiana. Debido a ello, el Concejo de Talavera, pasó a extender su dominio por el sur hasta las estribaciones occidentales de los Montes de Toledo, el Guadiana y su afluente el Estena, y por el oeste, el Ibor que actuaba de frontera con Extremadura. Sería en Valladolid, el 15 de mayo de 1293, cuando Sancho IV (El Bravo), concedió a Talavera tres dehesas: la de Jevalillos, Iván Román (llamada posteriormente de los Guadalupes) y el Castrejón de Ibor, alcanzando con ello el punto máximo de su expansión. Transcurrido un tiempo, tras esta sorprendente ampliación del término talaverano, brotaron ciertas dificultades y debates por cuestiones de límites territoriales entre Talavera y Trujillo. Será en el reinado de Alfonso XI cuando se producirá la pérdida de una parte de la dehesa de Iván Román, con motivo de la fundación de la Puebla de Santa María de Guadalupe.

El rey Alfonso XI recorrió estos parajes por su afición a la caza mayor y a la cetrería. Incluso, los dejó bellamente descritos con todo lujo de detalles en su Libro de la Montería (1342-1345). Como botón de muestra, en el citado libro aparecen ciertas alusiones a la Sierra de Pela, dividida en dos: Sierra Menor y Sierra Mayor[31], tratándose de un espacio de vegetación frondosa y refugio de osos, venados y jabalíes. Asimismo, cita dentro de la misma un “Colmenar del Villar” que podría ser el origen de la población de Navalvillar de Pela: “… La Sierra de Pela es muy realmente de Osso en invierno, e algunas vezes en verano, e ay siempre buenos Puercos, e son las bozerias, la una por cima de la cumbre de la sierra, e si yuguiere el Venado catáte el Aldea Dorellana en el valle de la Fuente del Azor. E son las armadas, la una en la Loma de sobre Senda Nueva, e otras dos en los Prados, que son entrel Pilar Menor e la Fuente del Azor, e si yoguiere el Venado catáte a la Parriella sobrel Colmenar del Villar, es la bozeria esso mismo por cima dela sierra los rostros cótra la Parriella. E son las armadas, la una al Colmenar del Villar, e la otra al Enzinar, que nó passe contra Valde Palacios: e la otra armadaen la cima de la Loma de sobre la senda Nueva, e de mas desto en los cabeços dela sierra ha menester omes, q desseñen con canes de renuevo, porq es el monte grande. La Xariella de Iuste es buen monte de Puerco en verano, e en tiempo de los Panes: e non ha bozeria. E es ela armada en las Navas. La Sierra de Pela la menor es bué monte de Puerco en invierno, e algunas vezes ay Osso, e son las bozerias, la una por cima de la cumbre dela sierra, e la otra en la senda q es entre Pela la mayor, e este monte que non passe a Pela la mayor, e la otra al Canto desta sierra catante a la Puebla del Alcocer. E son las armadas, a los Prados, que son entre Pela la mayor el la menor catante la Fuente del Açor…”[32].

  1. La Tierra de Trujillo (del siglo XIII al XV)

El gobierno de Alfonso X fue uno de los reinados más favorables a la ciudad de Trujillo. El rey Sabio otorgó en Segovia (el 27 de julio de 1256) Fuero Real a Trujillo, en éste se concretaron sus privilegios y se amplió su jurisdicción. Del mismo modo, Trujillo se convirtió en una localidad libre, vinculada a la Corona con las lógicas repercusiones que tendría para la vida de una ciudad cristiana bajomedieval: concejo, acotamiento del término, legislación, etc. Igualmente, en este Fuero Real se otorgó poder al concejo para tener montes y dehesas.

Al iniciarse el segundo tercio del siglo XIII quedó configurado el espacio que pasó a depender del concejo de la Villa. Trujillo quedó como principal núcleo del conjunto del término, un amplio y diverso territorio sobre el que la Ciudad-concejo ejerció un dominio concreto. A toda ciudad medieval le correspondía “una tierra” donde ejercer la jurisdicción de la ciudad, el alfoz, su naturaleza era el marco en el que convergían los factores políticos, económicos y sociales. El gobierno de la ciudad y su tierra se confió a tres familias: Altamiranos, Bejaranos y Añascos, que fueron los tres linajes en los que se dividieron los primeros caballeros villanos. Las familias principales de Trujillo se adscribieron a uno de estos tres linajes, estos caballeros dirigieron en un primer momento el gobierno local de la Villa. Los Altamiranos se afincaron en las inmediaciones del Guadiana, por donde después se levantó Orellana la Vieja. Seguidamente, entre Orellana la Sierra (entonces Orellana la Nueva) y Navalvillar de Pela, se establecieron los Bejaranos, mientras que los Añascos (familia de los Pizarro), ocuparon los campos de Zorita, Alcollarín y la Zarza (hoy Conquista de la Sierra).

El concejo de Trujillo salvaguardó bajo su jurisdicción un amplio territorio en el que se promovieron repartos de tierras y pobladores. Tras el definitivo paso a poder cristiano, se definió el territorio concedido a Trujillo y sobre el que ejercerá su señorío. Un amplio alfoz delimitado por el norte y noroeste por el río Almonte, al sur por el Guadiana y el Gargáligas, por el este, el río Tamuja marcaba los límites con las tierras cacereñas. Plasencia, Cáceres, las Órdenes militares de Santiago y Alcántara, Medellín y las Tierras de Toledo y Talavera conformaban las jurisdicciones vecinas de Trujillo.

3.1. La repoblación de la Tierra de Trujillo: un espacio amplio y diverso

La amplitud del término asignado a Trujillo favorecerá el desarrollo de un importante número de aldeas y lugares que conformarán un territorio y una población con unas particularidades concretas. El concejo de Trujillo poseerá, en nombre de la Corona, el derecho y la jurisdicción de alto, bajo, mixto y mero imperio sobre un amplio territorio, incluidos lugares y poblados, ejerciendo Trujillo su dominio en este espacio, por real gracia, un gran señorío, con idéntica autoridad a las que disfrutase cualquier institución civil, eclesiástica con título nobiliario.

El fenómeno reconquistador debía ir acompañado de un proceso repoblador, una parte de las líneas repobladoras esbozadas la justifica la toponimia. El número y significación de los topónimos que anuncian un crecimiento zonal más intenso es elocuente en lo que se refiere al origen del poblamiento rural, pues alude a la consolidación de las formas desarrolladas después de la frontera y con lugares que van precedidos por los sufijos Val-, Nava-, Fuente, apuntan hacia un poblamiento aldeano más consistente en cuanto a su localización en zonas en las que era posible el aprovechamiento mixto, es decir, se desarrollará esencialmente en zonas llanas y de abundantes recursos. Muchos de ellos aparecen al sur de la cuenca del Tajo y valle del Guadiana.

La toponimia de algunas aldeas, lugares y dehesas nos revelan el tipo de terreno en el que están situados: “…Pizarroso, Berrocal; al tipo de vegetación: monte alto, monte bajo, Mohedas; Abertura alude a la tala que hubo que hacer en el denso monte; Logrosán proviene de Lucus (bosque); o las distintas especies dominantes en ellas: Madroñera, La Zarza, Robledillo, o alguna circunstancia especial como Herguijuela de eclesiola (iglesia pequeña) y antes era llamada La Calzada que ha permanecido el nombre en un título de la Casa Ducal de Alba, el Condado de la Calzada…”[33].

En esta misma línea, la toponimia permite aventurar hipótesis más interesantes por la relación que propone entre la terminología empleada y el nacimiento de un poblamiento esencialmente cristiano en aquellos espacios que como los del sur del Guadiana se caracterizan por mantener una relativa presencia del elemento musulmán. Este grupo de poblamiento cristiano está constituido por las poblaciones que van precedidas de Granja de-, Puebla de-, Torre de-, Villa-, Cortijo-. El número de topónimos y su distribución cronológica y espacial apunta las tendencias anteriormente expuestas. Si bien hemos considerado el desarrollo del poblamiento rural apoyado básicamente en la toponimia mayor, la toponimia menor supone un complemento esencial al corroborar la totalidad del proceso.

El reparto de topónimos como villar-, casar-, sugiere algunas ideas interesantes. La primera de ellas es la proliferación de iniciativas particulares que desarrollaron pequeños asentamientos dispersos. El número de casares, entendidos como pequeñas explotaciones-aldeas aumenta en los primeros años del siglo XIV y se localizan esencialmente en espacios de intensa despoblación, constituyendo reducidos asentamientos aislados germen de futuras aldeas. Otro tanto podemos decir de las menciones a villares como forma de poblamiento alejada y típica de los primeros momentos de la colonización púes solo se mantienen hasta 1290. En el siglo XIV las referencias se reducen y adoptan otra significación[34].

El origen de los repobladores del territorio extremeño, según la documentación disponible, fue de una gran diversidad, destacando leoneses, castellanos y portugueses[35]. También hay constancia de la presencia judía en tierras pacenses desde fechas muy tempranas: “…en 1263 Alfonso X El Sabio, para beneficiar a Badajoz ordenó que los judíos de su término pagasen un tributo (el onceno) al concejo de dicha ciudad…”[36].

La peste negra o bubónica, la terrible epidemia que asoló a Europa a mediados del siglo XIV, se abatió también sobre Castilla, y el rey Alfonso, que se encontraba sitiando Gibraltar, fue una de sus víctimas en el año 1350. Esta muerte daría ocasión a una nueva y prolongada guerra civil entre el nuevo rey Pedro I, cuya crueldad y espíritu vengativo sería resaltado por los cronistas de la época y sus hermanos los Infantes de Trastámaras, ensangrentando de nuevo las villas y ciudades de Extremadura, ya bastante devastadas y despobladas a causa de la terrible enfermedad.

Durante los siglos XIV y XV, el territorio extremeño siguió siendo escenario de continuas luchas entre las banderías de nobles, partidarios de la Corona y otros contra ella, que redundaron en la ruina de la región y la destrucción de los recursos agrícolas y ganaderos. Los escasos documentos que se conservan hasta mediados del siglo XIV no ofrecen información sobre los núcleos poblacionales pertenecientes a Trujillo. Hemos de suponer que los repartos de tierras efectuados por el concejo, a partir del momento de la conquista, fueron enmarcados en una doble finalidad. En primer lugar, la propia defensa de la tierra. Este objetivo debió tener un corto periodo de validez, ya que Trujillo constituía un último reducto del dominio musulmán en tierras de la actual provincia de Cáceres, cercado, excepto en cierta parte del sur, por tierras conquistadas en los años anteriores (Cáceres, 1229; Montánchez, 1230; Mérida 1230; Badajoz, 1230; Puebla de Alcocer 1220-1225). En segundo lugar, la ocupación y dominio del territorio concedido a Trujillo.

No sabemos como se llevó a cabo el proceso repoblador, ya que Trujillo no contó, en un primer momento, con fuero que registrase su estructura interna y organización territorial. Tampoco se conservan libros de repartimientos (si es que existieron) que nos dieran luz sobre el asentamiento humano en su tierra[37]. Así pues, Plasencia por el norte, Cáceres por el occidente, Medellín al sur y Talavera a oriente, configuraron los límites del alfoz de Trujillo que inició el proceso de poblamiento y organización de su territorio.

Una vez reducido este “embolsamiento”, la frontera se alejó rápidamente de las tierras trujillanas, pasando éstas a la retaguardia y perdiendo efectividad el carácter defensivo que pudieron tener los núcleos de población, ya que el Guadiana fue inmediatamente sustituido por el Guadalquivir como escenario de los intereses expansivos de la Corona castellano-leonesa. La Corona ordenó revisar aquellas propiedades en la que parecía existir diferencias en cuanto a los límites entre los propietarios y el concejo. El juez asignado para ello recorrió una parte importante del territorio trujillano al objeto de determinar los límites precisos de las tierras concejiles. Un total de veintiocho sentencias sobre dichos términos hace que dispongamos de un importante número de datos en cuanto al poblamiento de dichas zonas[38]. Será a partir de esa fecha, cuando localizaremos información que nos permita conocer el poblamiento de la tierra trujillana, todo parece apuntar que se trataba de un espacio débilmente poblado, especialmente las zonas situadas al sur del término.

El proceso de repoblación fue lento, ya que algunos fenómenos acaecidos como la expulsión de los judíos, la peste, etc., ralentizaron este fenómeno[39]. La repoblación fue un fenómeno complejo, tanto que para tratar el tema con mayor propiedad, habría que hablar de repoblaciones, habida cuenta que una parte significativa del territorio se está repoblando en el siglo XIV, y aun en el siglo XV persisten amplias zonas despobladas, que se están colonizando entonces. Algunas tierras situadas al sur del término de Trujillo se estaban poblando en la segunda mitad del siglo XIV.

Para repoblar un lugar era necesario que el rey primeramente concediese los términos, para que posteriormente el concejo o el señor beneficiado dispusiesen todo lo relativo al asentamiento de los nuevos pobladores, al reparto de las tierras, a la defensa del territorio y a todo lo concerniente al poblamiento. Primero fue necesario constituir la autoridad local que había de regular el asentamiento de los que llegasen, mediante la concesión de las correspondientes tierras y, en ocasiones, lugares de residencia ya construidos o solares para edificarlos[40]. Igualmente, la repoblación de un lugar conllevaba cargas de servicios y tributos a favor del concejo[41].           

3.2. El amojonamiento y deslinde del ejido de Navalvillar (1418)

Durante el reinado del débil y acomodaticio Juan II de Castilla (1406 y 1454), parece posible que el término de Trujillo, al sur y hasta donde llegaban los límites jurisdiccionales del territorio, fuese en un inicio un espacio débilmente poblado y con una escasa afluencia de efectivos poblacionales. El poblamiento de esta zona, muy lento, se impulsó durante el siglo XV, como ponen de manifiesto el proceso de repartimientos encaminados a hacer atractivo el asentamiento de los hombres en las tierras trujillanas del sureste, al tratarse de un espacio aislado, mal comunicado y escenario, a finales del siglo XIII, de las correrías de los Golfines[42], dedicados posiblemente al merodeo desde los castillos que poseían, como tantos otros nobles de la época: “…esta zona era de pastos y de tránsito de ganados trashumantes, resultaba peligrosa por su despoblación y lejanía y era objeto de frecuentes ataques de las bandas de golfines que merodeaban por sus parajes…”[43].

La pretensión del concejo de Trujillo[44] tendente a asegurar el control y poblamiento de estas tierras acuerda el 18 de marzo de 1418 el deslindamiento y amojonamiento del ejido de Navalvillar para aumentar su población[45]. Los ejidos eran terrenos propios de las aldeas en los que no se podía realizar labor salvo con licencia del concejo, de aprovechamiento común. Los ejidos estaban a disposición de los vecinos de la localidad, eran tierras comunales y libres para pastos y también para viñas, huertas, molinos, etc., por eso estaban cercanos al núcleo de población. Los ejidos de las aldeas solían ser de un tiro de ballesta a su alrededor.

Seguidamente, realizaremos la transcripción literal de parte del legajo de Amojonamiento y Deslinde del ejido de Navalvillar por sentencia del bachiller en leyes Bartolomé Rodríguez el 16 de diciembre de 1418. En Navalvillar, a 18 de marzo de 1418, ante el escribano Blasco Domínguez:“…el primer mojon es en la fuente del Rayo, e luego en su derecho va a dar a la majada del mesto e desde su derecho a la cabezuela e desde como va a dar el resto de la jara e de las huertas e en su derecho de Navamojada quedando la nava en el exido e desde justo en su derecho como va a dar al azuchal de la pedriza, e desde su derecho como va a dar a la huerta del membrillo e en su derecho como va al camino que va de la Parrilla a Navalvillar e su derecho como da por la linde y mojones de entre ambas Pelas e desde su derecho tornando al primer mojon hincado, a salvo de los q aparecieren a Navalvillar que puedan ir e tornar al turcal e a la veguilla por este dicho termino amojonado de sus uso por donde dijeron, q por cuanto esto era servicio del dicho Sr Rey e por honra del dicho Concejo e la dicha tierra sea bien poblada que por ello daban y dieron el dicho ejido, asi de su uso declarando a todos los que ahora moran en el dicho lugar y moren de aquí en adelante e ahi vinieran a vivir para que vivan todos igualmente…”[46].

Otro incentivo propuesto por el concejo para garantizar el poblamiento de estas tierras tan distantes, fue la entrega de heredades a quienes se asentaban en aquellas zonas fijando incluso lugares repoblados por iniciativa privada, como la desparecida aldea de Valdepalacios[47], pueblo matriz de Logrosán (Cáceres). El lento proceso de crecimiento de población del concejo de Trujillo a lo largo del siglo XV, especialmente la zona situada al sur del territorio, parece acelerarse en los últimos veinte años del mismo, así lo reflejan las licencias concedidas en ese periodo, donde podemos apreciar que el Lugar de Navalvillar será uno de los lugares más solicitados para las mismas[48].

  1. El concejo de Trujillo y su alfoz en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna

El reinado de los Reyes Católicos, en su conjunto, fue para España un periodo de renovación y de crecimiento que la llevó con rapidez y decisión hacia la hegemonía europea. Don Fernando y Doña Isabel consiguieron la unidad del estado español y comenzaron a realizar profundas modificaciones en diversas instituciones con el fin, tanto de mostrar el poder de la monarquía, como de lograr una administración unificada más eficaz.

Un cambio de dinastía, totalmente imprevisto, tuvo una gran importancia para el nuevo rumbo de la Historia de España y para la Historia de Extremadura, que conoció en el siglo XVI grandes cambios sociales y económicos. Muertos los Reyes Católicos sucedió en el trono de los reinos unidos de Castilla, León, Aragón, Granada, Sicilia y Navarra su nieto el invicto Carlos I de España y poco después V Emperador de Alemania. El Emperador tiene todavía una parte de monarca medieval, de continuador de la labor realizada por sus abuelos los Reyes Católicos. Debemos destacar la estrecha relación que mantuvo el Emperador con la ciudad de Trujillo y el gran protagonismo que tuvo durante este reinado, principalmente en tres apartados: Trujillo renacentista, Trujillo relacionado con el imperio europeo y con el imperio americano. La aceptación del monarca Carlos I como Rey de España supuso un motivo de pacificación y concordia para el concejo de Trujillo[49].

En el siglo XVI, en la España de los Austrias, el eje de la administración estaba en la fiscalidad. La mayoría de las ciudades, villas y aldeas que hoy formaban parte de Extremadura (ninguna de las cuales tenía en aquellos años representación en Cortes) se englobaban en grandes unidades fiscales, provincias y partidos, que dependían de Salamanca, una de las dieciocho ciudades que en aquellos momentos tenían voto en Cortes.

A efectos fiscales, las actuales tierras de Extremadura se englobaban a finales del XVI en diferentes unidades, llamadas provincias y partidos. Estas circunscripciones creadas a finales del siglo XVI carecían de cualquier valor jurídico o administrativo y tenían un carácter meramente fiscal. Entre estas provincias se repartían, especialmente en tres (Salamanca, Trujillo y la provincia de León de la Orden de Santiago), las distintas localidades que han terminado formando parte de la región extremeña y otras que, más tarde, tras siglos de relación, pasarían a los territorios limítrofes[50].

La zona norte de Extremadura pertenecía al Partido de Salamanca. Allí, además de los señoríos de Casar de Palomero, Cilleros, Garganta la Olla, Marchagaz, Palomero, Pasaron, Robledillo de Gata, San Martin de Trebejo, Tejeda, Trebejo, Villamiel y Descargamaría, en la Tierra de Béjar se incluían las localidades de Hervás, Baños y La Garganta. No obstante, los enclaves esenciales eran los de las tierras de Coria (Coria, Torrejoncillo, Pedroso, Portage, Pescueza, Cachorrilla, Casillas, Casas de D. Gómez, Huélaga, Calzadilla, Guijo de Coria, Morcillo, Perales, Hoyos y Acebo) y Granadilla (Granadilla, La Alberca, Soto Serrano, Pinofranqueado, Obejuela, Sauceda, Mestas, Encina, Masegal, La Muela, Robledo, Abellanal, Orcajo, Aldehuela, Las Herias, Abadía, Aldeanueva, La Granja, La Zarza, Guijo de Granadilla, Ahigal, Santibañez, El Bronco, Cerezo, Ribera de Oveja, La Pesga y Mohedas). Como podemos apreciar, en éste ámbito fiscal se englobaban localidades que luego, mucho más tarde, tras formar parte de Extremadura pasaron a Salamanca, como La Alberca y Soto Serrano[51].

La provincia de León, de la Orden de Santiago, contenía tanto ciudades, como otras localidades, algunas ya despobladas y otras actualmente incluidas en las provincias de Badajoz, Cáceres, Huelva y Sevilla. La Extremadura leonesa, con unos 40.000 km2 (relegada a un segundo plano dentro del contexto fiscal y militar de la Corona castellanoleonesa), subsistía bajo la dependencia administrativa de las autoridades salmantinas.

La provincia de Trujillo, provincia de la Corona de Castilla y posteriormente de España se mantuvo hasta la creación de la Provincia de Extremadura, comprendía buena parte de la Extremadura actual e importantes enclaves de otras limítrofes. Estaba constituida por diversos señoríos, villas eximidas, localidades no adscritas y varias comarcas: Tierra de Trujillo, Tierra de Cáceres, Tierra de Alcántara, Tierra de Badajoz, Tierra de Belalcázar, Tierra de Plasencia, Tierra de Siruela, Tierra de Capilla, Tierra de Valverde, Tierra de Medellín, Tierra de Magacela y Tierra de Galisteo. Por todo ello, podemos decir que el partido de Trujillo, dentro de la Provincia de Salamanca, contenía ya a finales del siglo XVI una buena parte de las tierras que constituirán definitivamente la Extremadura actual[52]. La Provincia de Extremadura (Provincia de Estremadura en castellano antiguo), aparece por primera vez con esa denominación en 1548, en el Libro de las grandezas y cosas memorables de España de Pedro de Medina.

  1. La ciudad de Trujillo y su Tierra en crisis: el impacto de la Guerra de Restauración Portuguesa (1640-1668)

La vida del Reino prosiguió y a los múltiples escenarios militares que mantuvo la Monarquía de Felipe IV en Europa y América, y que sirvieron de justificación de las ventas citadas anteriormente, vinieron a sumarse a partir de 1640 los levantamientos de Cataluña y Portugal que acercaron los conflictos militares a una tierra que había visto, hasta entonces, la guerra como algo costoso pero lejano.

La Guerra de Separación de Portugal (conocida también como Guerra de la Independencia, Secesión o Restauración de Portugal 1640-1668), situó Badajoz en el centro de una región en guerra. La acción continua de bandas dedicadas al pillaje y la concentración de efectivos y operaciones en la frontera extremeño-alentejana, provocaron la devastación de los pueblos situados en este espacio, mientras que la propia ciudad de Badajoz se convirtió en la principal plaza de armas contra Portugal. En ella se creó en 1646 la Capitanía General de Extremadura, donde se estableció el grueso del Real Ejército de Extremadura y su Capitán General. Extremadura se convirtió en escenario fundamental del levantamiento luso y Trujillo en antesala de dicho teatro. El conflicto portugués tuvo una repercusión directa en al conjunto de la Tierra de Trujillo afectando en primer lugar a sus recursos humanos.

A mediados del siglo XVII se concedió previo pago voto a dos territorios que no se identificaban con una ciudad: Galicia (hasta entonces representada por Zamora) y Extremadura (que lo era por Salamanca). Para el caso de Extremadura el dinero para la compra lo aportaron seis localidades (cuatro ciudades, Badajoz, Mérida, Plasencia y Trujillo y dos villas, Alcántara y Cáceres; otras dos invitadas, Jerez de los Caballeros y Llerena, no aceptaron). De forma genérica, a partir de 1651, un territorio llamado Extremadura tenía presencia en Cortés. Para algunos esta compra del voto de Cortés supondría un primer acto que mostraría la presencia de Extremadura como entidad territorial[53]. En 1651 se otorgaría a Trujillo la merced de voto en Cortes para lo cual tendría que hacer un desembolso de cinco millones de maravedís.

Desde 1647 a 1652, en cinco años, la serie de catástrofes que se sucedieron sobre toda la región debieron ser terribles, a juzgar por la cantidad de rogativas, procesiones penitenciales y oraciones públicas que se hicieron en todos los pueblos. Hay que tener en cuenta que en estos aciagos años lo que no destruían las lluvias, la heladas o los calores sofocantes del verano, era robado o asolado por las partidas de portugueses que incursionaban en los pueblos desde la frontera; o bien los propios ejércitos castellanos, acuartelados en Extremadura, que tenían que vivir sobre el terreno de lo que saqueaban o incautaban a los campesinos. En la década siguiente, en 1662 y 1663, volvieron a emprenderse acciones militares en toda la frontera, con idénticos resultados.

Cuando en 1665 subió al trono el último representante de la dinastía austriaca, Carlos II de España (el Hechizado), Trujillo tenía encima un desastre económico tan pronunciado que necesitó mucho tiempo para recuperarse. Desde 1676 hasta 1685 se volvieron a repetir las desgracias y reveses de la década anterior; acontecimientos desdichados que fueron creciendo y azotando con mayor fuerza a medida que avanzaba el conflicto y reinado del débil monarca Carlos II, el último de los Austria[54].

La nueva y larga Guerra de Sucesión a la Corona estalló en 1701, cuando ya había sido jurado por las Cortes Generales del Reino Felipe V de Borbón, como un nuevo monarca. Nuevamente, Extremadura se vio transitada por tropas foráneas de ejércitos castellanos, portugueses, franceses e ingleses.

  1. La Tierra de Trujillo en el siglo de la Ilustración

El siglo XVIII se considera, en la historia general de España, un periodo de crecimiento demográfico, de reformas políticas y de expansión económica, donde se llevarán a la práctica nuevas organizaciones territoriales que perseguirán la finalidad de reformar el Estado. Con Felipe V de Borbón se inicia una intensa centralización, que marcará nuestra organización territorial prácticamente hasta la actualidad, aunque este centralismo no terminará con la diversidad que ya existía en determinados territorios. A partir del 1718 el territorio se distribuirá en unidades administrativas, primero denominadas “intendencias”[55] y luego, provincias. Al frente de cada una se sitúa un funcionario, que será el representante del rey. Desde el punto de vista económico, las reformas de Felipe V tuvieron efectos positivos, ya que durante el siglo XVIII algunos núcleos de la Península Ibérica comenzaron un despegue económico posibilitado por el proceso de industrialización de sus materias primas. Estas zonas son mínimas en comparación con el resto peninsular que sigue basando su economía en la tierra, como era el caso de Extremadura.

Extremadura era un mosaico de jurisdicciones confusas, de infraestructuras administrativas dominadas por señores feudales: “…esta realidad se mantiene vigente hasta fecha muy tardía, 30 de mayo de 1790, momento en que la Monarquía decide crear la Real Audiencia de Extremadura, a petición de las ciudades y villas con voto en Cortes (Badajoz, Mérida, Plasencia y Alcántara). Así, a fines del siglo XVIII, el territorio extremeño estaba articulado en torno a nueve Partidos Jurisdiccionales: Trujillo, Cáceres, Alcántara, Plasencia, Coria, Badajoz, Mérida, Llerena y La Serena…”[56]. La agricultura y la ganadería constituyen las fuentes indispensables de riqueza que articulan la vida social, política y económica de sus habitantes. Los señoríos eran muy numerosos, las percepciones de derechos feudales muy frecuentes, el control de los vasallos muy importante y la confusión jurisdiccional un verdadero problema. Estos rasgos permiten definirla como tierra de frontera, como espacio marginado que conduce a la sociedad que se asienta aquí a la emigración.

De igual forma, el siglo XVIII trajo consigo un aumento importante de las fuentes para conocer la evolución de la población española y averiguar su realidad histórica de la manera más amplia y fiable mediante Interrogatorios y Cuestionarios para satisfacer estos deseos de conocimiento. Los datos que facilitan las contestaciones a las preguntas formuladas son elementos muy valiosos para conformar la historia de cada localidad[57].

En la segunda mitad del siglo XVIII y en el marco renovador de la Ilustración, la administración borbónica impulsó un paquete de medidas encaminadas a mejorar las tareas de gobierno. Una de ellas fue el establecimiento de las Audiencias provinciales, entre ellas la de Extremadura: “…lo primero era conocer el territorio y para ello los máximos responsables de la nueva Audiencia (Regente, Oidores y Alcaldes) se comprometieron en una visita que abarcó toda Extremadura. Entre los meses finales de 1790 y los primeros de 1791 los diferentes partidos fueron inspeccionados e interrogados por un miembro del Tribunal, a fin de obtener un informe detallado de cada municipio que recogiera sus particularidades y deficiencias susceptibles de mejora…”[58].

La creación de la Real Audiencia de Extremadura en 1790, por Real Cédula de Carlos I, fue uno de los acontecimientos más relevantes de la historia regional en este siglo de la Ilustración, que designó a Cáceres como sede de este alto Tribunal de Justicia, intentando preservar su independencia y autonomía frente a la Real Intendencia o a la Capitanía General que se ubicaban en Badajoz. El 27 de abril de 1791, en el discurso que sirvió para la apertura de la Real Audiencia de Extremadura, Juan Meléndez Valdés, desgranó la situación social y el atraso secular de su tierra amada: “…Extremadura ha sido hasta aquí, en el imperio español, una provincia tan ilustre y rica como olvidada (…). Todo está por crear en ella, y se confía hoy a nosotros: sin población, sin agricultura, sin caminos, industria ni comercio, todo pide, todo solicita y demanda la más sabia atención, y una mano reparadora y atinada para nacer á su impulso, y nacer de una vez sobre principios sólidos y cierto, que perpetúen por siempre la felicidad de sus hijos, y con ella nuestra honrosa memoria…”[59].

Una vez constituida la corporación se llevó a cabo la composición de Partidos, dando lugar a la primera concepción territorial y jurisdiccional de Extremadura, pues todavía en 1791 se consideraba Extremadura (Estremadura) como una única provincia:“…hasta principios del siglo XVIII no harán su aparición los primeros organismo con sus correspondientes cargos -Capitanía General, Intendencia del Ejército y Provincia (1720) y, el más importante de todos, la Real Audiencia de Extremadura (1791) – que, si bien no pueden ser calificados como típicamente extremeños, extenderán, como tribunal llerenense, sus competencias y radio de acción por todo el territorio de la Provincia de Extremadura. Todos otorgarán, poco a poco, una cierta personalidad jurídica y político-administrativa al territorio regional, pero no conviene olvidar que ni eran organismos exclusivamente extremeños ni sus actuaciones, sujetas a las directrices emanadas del Poder central, se encaminaron de manera clara y decisiva a la resolución de los agudos y peculiares problemas socioeconómicos que aquejaban a la Provincia…”[60]. Se dividió el territorio extremeño en Partidos Judiciales, que en un principio fueron nueve (Trujillo, Cáceres, Alcántara, Plasencia, Coria, Badajoz, Mérida, Llerena y La Serena)[61], correspondientes a los pueblos y ciudades de mayor importancia, iniciándose inmediatamente visitas de cada uno de los Ministros de la Audiencia para que informasen de la situación y condiciones de su población; y enviar un informe al Consejo Real con los resultados[62].

Con la fundación de la Real Audiencia de Extremadura llegó a estas tierras un grupo de profesionales e intelectuales cuyas funciones no se limitaron exclusivamente al conocimiento de los partidos que recorrieron, sino que desplegaron un fuerte compromiso social que se tradujo en la propuesta de soluciones para hacer frente a los problemas que, heredados de siglos, acuciaban a la Provincia y a cuantos aquí habitaban[63].

[1] Martínez Díez, Gonzalo.“Extremadura: Origen del nombre y formación de las dos provincias”. Anuario de la Facultad de Derecho. Número 2. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. Cáceres, 1983. Página 67.

[2] Martínez Díez, Gonzalo. “La Extremadura castellana: del fuero de Sepúlveda al fuero de Alcaraz”. Homenaje al Profesor José Antonio Escudero. Tomo III. Editorial Complutense. Universidad Complutense. Madrid, 2012. Página 155.

[3] Martínez Díez, Gonzalo. “Extremadura: Origen del nombre…”. Opus cit. Página 77.

[4] Domené Sánchez, Domingo. “Origen y formación de Extremadura”. Universo Extremeño. Nº 1. Club Universo Extremeño. Cáceres, 2006. Página 2.

[5] Carrtero, Anselmo. Las nacionalidades ibéricas: (Hacia una federación democrática de los pueblos hispánicos). Ediciones de las Españas. México, 1962. Página 26.

[6] Callejo Serrano, Carlos. “Barones catalanes en la Reconquista de Extremadura”. Revista de Estudios Extremeños. Vol. 42. Nº 3. Badajoz, 1986. Página 664.

[7] Martínez Díez, Gonzalo. “Extremadura: Origen del nombre…”. Opus cit. Página 81.

[8] Domené Sánchez, Domingo. Opus cit. Página 8.

[9] “…Alfonso I (…) ataca con furia a los musulmanes obligándoles a desplazarse hacia el Sur. Avanza, cautiva, extermina, ocupa numerosas ciudades, y sus vanguardias hostigan sin descanso a los fugitivos desde los páramos leoneses hasta los estribos de Gredos. Tras liquidar a cuanto musulmán encontraba a su paso…”. Terrón Albarrán, Manuel. “IV Historia Política de la Baja Extremadura en el Período Islámico”. Historia de la Baja Extremadura. Periodo Islámico. Tomo I. Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Badajoz, 1986. Página 319.

[10] Cardalliaguet Quirant, Marcelino. Cáceres en su historia (Crónicas y reportajes de una ciudad singular). Librería Figueroa. Cáceres, 2017. Páginas 56 y 57.

[11] “…En la primera etapa, la Extremadura actual se convierte en uno de los espacios de más intensa lucha, debido a los intereses contradictorios de las monarquías occidentales (Castilla, León y Portugal) y a la frontera cristiano-musulmana (…). Durante este periodo, sólo excepcionalmente los cristianos controlaran lugares al sur del Tajo, como Cáceres y Trujillo. Su ocupación será en todo caso efímera (…). Durante esta etapa, la Extremadura actual, como corresponde a tierra de frontera, está poco poblada (…). Después de Las Navas, Extremadura conocerá ya solamente la ofensiva cristiana…” Clemente Ramos, Julián. “La sociedad rural extremeña (siglos XII-XIII)”. Revista de Estudios Extremeños. Volumen XLVI. Número 3. Diputación de Badajoz. Badajoz, 1990. Páginas 541 y 542.

[12] Mazo Romero, Fernando y del Pino, José Luis. “El Régimen Señorial en Badajoz durante la Edad Media”. Historia de la Baja Extremadura. Período Islámico. Tomo I. Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Badajoz, 1986. Página 684.

[13] “…Por los años de 1156, los caballeros salmantinos D. Suero Fernández y su hermano don Lope fundaron la orden militar de Álcantara, es decir, una sociedad religiosa y militar que á la vez de practicar las virtudes cristianas, hacía la vida del campamento…”. Picatoste, Valentín. Descripción é Historia política, eclesiástica y monumental de España para uso de la juventud. Consejo de Instrucción Pública. Madrid, 1891. Página 35.

[14] Hacia el año 1200 Alfonso Téllez Meneses había conquistado y poblado la villa de Alburquerque, plaza que quedará en posesión de su familia hasta el advenimiento de la dinastía Trastámara, constituyendo el primer caso, en el tiempo, de un señorío nobiliario en tierras de Badajoz. Mazo Romero, Fernando y del Pino, José Luis. “El Régimen Señorial en Badajoz durante la Edad Media”. Historia de la Baja Extremadura. Período Islámico. Tomo I. Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Badajoz, 1986. Página 684.

[15] Fernández, Alonso. Historia y Anales de la Ciudad y Obispado de Plasencia. Biblioteca Extremeña. Publicaciones del Departamento Provincial de Seminarios de FET y de los JONS. Cáceres, 1952. Páginas 24 y 25.

[16] “…Don Alfonso VIII de Castilla era emprendedor como su abuelo don Alfonso VII y como su tío Don Fernando II de León. A vueltas con los cabecillas moros y coadyuvando á las sublevaciones de éstos contra los almohades, procuraba entretanto ir fortificando la frontera meridional del reino de Toledo, y ocupando otros lugares del lado sudoriental, como Cuenca y sus pueblos comarcanos. Hacia 1185 debió ser cuando vino á Extremadura y fundó la ciudad de Plasencia, pués en el siguiente le vemos ya en ella firmando documentos en el que se dá á la ciudad este nombre. El arzobispo toledano se limita a decir en tono ampuloso que el insigne monarca convirtió a manos á nuevos trabajos (después de los militares en que antes se ocupara) y edifico la ciudad de la gloria, á la cual constituyó por fortaleza y le puso por nombre Plasencia, atrayendo á ella pobladores, ensanchando sus términos y poniendo allí sede episcopal…”. Martínez y Martínez, Matías Ramón. Historia del Reino de Badajoz durante la dominación musulmana. Tip. y librería de Antonio Arqueros. Badajoz, 1904. Página 250.

[17] “…En marzo de 1195, Alfonso VIII concede a la Orden militar de Trujillo el castillo y villa de Trujillo junto con otros castillos en lo que posteriormente será su tierra: “Sanctam Crucem, prope Trugellum, situm in monte Arduo, et alia duo castella, quórum alterum vocatur Cabannas, reliquun vero Zuferola”. Esta mención, unida a la que se hace del castillo de Cañamero en 1220 y del castillo de Logrosán, constituyen las únicas referencias con las que contamos del periodo anterior a 1232. Hemos de resaltar en todas ellas el evidente y marcado carácter defensivo, como es obvio por su situación y el momento. Sin embargo, podemos suponer que al amparo de estas fortalezas se concentraría una población atraída precisamente por la posibilidad de protección que podrían proporcionar. Pese a esta escasez de noticas, hemos de suponer que una gran parte de los 23 lugares y aldeas que dependen del concejo de Trujillo en 1485, constituyeran ya algún tipo de agrupamiento antes de 1232…”. Sánchez Rubio, María de los Ángeles. El Concejo de Trujillo y su Alfoz en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. Badajoz, 1993. Página 39.

[18] Naranjo Alonso, Clodoaldo. Trujillo sus hijos y monumentos. ESPASA-CALPE, S.A. Madrid, 1983. Página 89.

[19] Galiana Núñez, Magdalena. Trujillo en sus textos históricos y en sus documentos (de los árabes al s.XX). CISAN. Trujillo (Cáceres), 2004. Página 23.

[20] Rodríguez Amores, Lorenzo. Crónicas Lugareñas Madrigalejo. Tecnigraf, S.A. Badajoz, 2008. Página 86.

[21] “…El día 15 de abril de 1196 sale de Sevilla la tropa al mando del propio califa, internándose en Extremadura y cruzando el Guadiana por las cercanías de Medellín para avanzar hasta Montánchez (…). A continuación los almohades prosiguen su avance arrollador hacia Santa Cruz, cuyos habitantes habían huido, y hacia Trujillo, que también se lo encuentran evacuado (…). Las tropas musulmanas cruzan el Tajo y cercan Plasencia, defendida por Alfonso Téllez de Haro, la toman al asalto haciendo cautivos a los pocos defensores que quedaron con vida, entre ellos el obispo y sus canónigos (…). El ejército almohade siguió por tierras castellanas asolando los campos, pero sin poder tomar, a pesar de los correspondientes asedios, Talavera, Maqueda ni Toledo, puesto que, según parece, los calores veraniegos hacen desistir de la lucha al califa, que toma la decisión de regresar a Sevilla, oportunidad que aprovecha Alfonso VIII para recuperar Plasencia en el mismo año de 1196. Sin embargo, este monarca no logra rebasar el Tajo y todo el territorio que hay desde Trujillo hacia el sur queda en poder de los almohades…”. Ibídem. Página 87.

[22] Sobre las Órdenes Militares en Extremadura véanse Pereira Iglesias, J. L. “Gobierno, administración y recursos de las Órdenes Militares en la Extremadura de los siglos modernos”. Las Órdenes Militares en la Península Ibérica. Vol II. Edad Moderna. Ed. Universidad de Castilla la Mancha. Cuenca, 2000. De la Montaña Conchiña, José Luis. La Extremadura Cristiana (1142-1350). Poblamiento, poder y sociedad. Universidad de Extremadura. Servicio de Publicaciones. Badajoz, 2002.. Bullón de Mendoza, Alfonso. “Las Órdenes Militares en la Reconquista de Extremadura”. MILITARIA. Revista de Cultura Militar. Número 15. 2001.

[23] “…Por los años de 1156, los caballeros salmantinos D. Suero Fernández y su hermano don Lope fundaron la orden militar de Álcantara, es decir, una sociedad religiosa y militar que á la vez de practicar las virtudes cristianas, hacía la vida del campamento…”. Picatoste, Valentín. Descripción é Historia política, eclesiástica y monumental de España para uso de la juventud. Consejo de Instrucción Pública. Madrid, 1891. Página 36.

[24] Adámez Díaz, Antonio. Los Señoríos de Orellana la Vieja y Orellana la Sierra. Muñoz Mora Editores Extremeños. Badajoz, 2005. Páginas 30 y 31.

[25] Galiana Núñez, Magdalena. Opus cit. Página 25.

[26] Martín Nieto, Dionisio A. y Díaz Díaz, Bartolomé. Los Priores de la Magacela de la Orden de Alcántara (la mal llamada sexta dignidad de la Orden). Diputación Provincial de Badajoz. Badajoz, 2002. Páginas 70 y 71.

[27] Bernal Estévez, Ángel. Poblamiento, transformación y organización social del espacio extremeño. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura y Patrimonio. Mérida, 1998. Página 112.

[28] Pereira Iglesias, J,L. “Gobierno, administración y recursos de las Órdenes Militares en la Extremadura de los siglos modernos”. Las Órdenes Militares en la Península Ibérica. Vol II. Edad Moderna. Ed. Universidad de Castilla la Mancha. Cuenca, 2000. Página 1828.

[29] Realengo es la calificación jurisdiccional que tienen los lugares dependientes directamente del rey, es decir, cuyo señor jurisdiccional es el mismo rey. Se utiliza como término opuesto a señorío.

[30] Cardalliaguet Quirant, Marcelino. Cáceres en su historia…Opus cit. Páginas 69 y 70.

[31] Castaño Fernández, Antonio M. Los nombres de Extremadura. Estudios de Toponimia Extremeña. Editora Regional de Extremadura. Badajoz, 2004. Páginas 229 y 230.

[32] Libro de la Montería que mando escrevir el muy alto y muy poderoso Rey Don Alfonso de Castilla y León. Acrecentado por Gonçalo Argote de Molina. Dirigido A la S.C.R. M. del Rey Don Philipe Segundo. Sevilla, 1582. Página 91.

[33] Galiana Núñez, Magdalena. Opus cit. Página 34.

[34] De la Montaña Conchiña, José Luis. La Extremadura Cristiana (1142-1350). Poblamiento, poder y sociedad. Universidad de Extremadura. Servicio de Publicaciones. Badajoz, 2002. Página 80.

[35]…el principal aporte demográfico, siempre según la información disponible, procede del antiguo reino de León. Asturgalaicos en su mayor parte, leoneses propiamente dichos, y más tarde gente procedentes de Zamora y Salamanca (…). El segundo gran contingente en importancia fue el de las gentes procedentes del reino de Castilla, repartidas por las tierras por ellos conquistadas, en particular por los concejos de Plasencia, Trujillo y Medellín. La mayor parte procedían del concejo de Ávila, pero también se ha detectado la presencia de segovianos, burgaleses, sorianos, vallisoletanos, emigrantes naturales de los valles cantábricos (Quintana), para finalmente rastrear también la presencia de inmigrantes procedentes de los concejos de Toledo y Talavera…”. Bernal Estévez, Ángel. Poblamiento, transformación y organización social del espacio extremeño. Siglos XIII al XV. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura y Patrimonio. Mérida, 1998. Página 274.

[36] Mazo Romero, Fernando y Luis del Pino, José. “Aspectos demográficos, sociales, económicos e institucionales del Reino de Badajoz durante la Baja Edad Media”. Historia de la Baja Extremadura. Periodo Islámico. Tomo I. Real Academia de las Letras y las Artes. Badajoz, 1986. Página 749.

[37] Sánchez Rubio, María de los Ángeles. El Concejo de Trujillo y su Alfoz en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. Badajoz, 1993. Página 40.

[38] Ibídem. Página 41.

[39] Sobre la repoblación del Concejo de Trujillo véase Sánchez Rubio, María de los Ángeles. El Concejo de Trujillo y su Alfoz en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. Badajoz, 1993. Páginas 59-61.

[40] Izquierdo Benito, Ricardo. Reconquista y repoblación de la Tierra Toledana. Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos. Diputación Provincial. Toledo, 1983. Página 17

[41] “…el conjunto de tierras entregadas a los repobladores se fundaba, sobre todo, en los servicios que también habrían de prestar como contrapartida a su disfrute. Junto con la casa o el solar, podían recibir distinta cantidad de tierra, generalmente la suficiente para cultivarla con una yunta de bueyes (una yeguada) y además, en ocasiones, viña, huerto o arbolado. Se procuraba que los lotes fuesen similares. La parte principal que se entregaba a los repobladores, que solía ser la que se iba a dedicar a la labranza, generalmente de cereales, recibía el nombre de quiñón. La tierra laborable llevaba consigo la carga de servicios y tributos (pechos) a favor de la comunidad concejil o del señor…”. Ibídem. Página 19.

[42] Los golfines aparecen en las tierras convertidas en frontera entre el Tajo y el Guadiana. Eran bandoleros o bandidos de frontera, quienes habían hecho del robo y del secuestro su modo ordinario de vida.

[43] Bernal Estévez, Ángel. Poblamiento, transformación… Opus cit. Página 116.

[44] Corporación o grupo de personas integrado por un intendente y varios concejales que se encarga de administrar y gobernar un municipio.

[45] “…Navalvillar estaba encontrando tantísimas dificultades para poblarse que en 1418 el concejo se ve obligado a concederle término propio para facilitar la atracción de nuevos pobladores, en medio de un mar de dudas sobre sus posibilidades de supervivencia, finalmente despejadas hacia finales de este siglo cuando se produce un intenso movimiento roturador, documentado a través de 23 licencias de rompimiento de terrenos en el breve transcurso de 6 años…”. Bernal Estévez, Ángel. Poblamiento, transformación y organización social del espacio extremeño. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura y Patrimonio. Mérida, 1998. Página 114.

[46] Archivo Municipal de Trujillo. Amojonamiento y deslinde del ejido de Navalvillar por sentencia del bachiller en leyes Bartolomé Rodríguez el 16 de diciembre de 1418. En Navalvillar, a 18 de marzo de 1418, ante el escribano Blasco Domínguez. Legajo 2, carpeta 4. Folios 1r-2r. Legajo 3. Folios 258r-259v. Se hizo un segundo amojonamiento por el corregidor de Trujillo, Álvaro Porras, en Acedera, a 16 de octubre de 1492, ante Alfonso Rodríguez de Almazán. Legajo 2, carpeta 4. Folios 2r-4r. Legajo 3. Folios 259v-262r. Hay un segundo cuadernillo que contiene un traslado de 15 de febrero de 1629 y una copia del acta de restitución que se hizo a la ciudad de Trujillo de un pedazo del ejido de Navalvillar. En Navalvillar, a 3 de mazro de 1418. Legajo 2, carpeta 4. 13 folios.

[47] “…Sea por las condiciones del terreno ó por las escasas aguas, ó bien, como dice la tradición, por el crecido número de hormigas y otros insectos que pululaban por aquella zona, es lo cierto que el primitivo pueblo de Valdepalacios (1), que comenzó allí á fundarse á raíz de la reconquista, hubo de ser trasladado del actual ó absorbido por él, recibiendo éste por antonomasia el nombre de lugar sano, lucus sanus, de donde por corrupción se formó después, Lugursan, Lugurusan ó Logrosán. (1). A la iglesia de Valdepalacios perteneció la actual campaña del Ayuntamiento. En la iglesia parroquial se conserva un cáliz y varios libros también de aquella. Hoy solo se ven sus ruinas transformadas en pajar. Dicese asimismo que los Concejales del nuevo pueblo le Logrosán tenían obligación de asistir todos los años á cierta fiesta ó ceremonia conmemorativa celebrada en aquellos sitios el día de Pascua de Resurreccion…”. Roso de Luna, Mario. Logrosán (Legajo Histórico). Por el doctor Mario Roso de Luna. Académico C. de la Historia y Caballero de varias Órdenes. Año 1898. Excmo. Ayuntamiento de Logrosán. Cáceres, 2007. Folios 54 y 55.

[48] “… Esta zona era de pastos y de tránsito de ganados trashumantes, resultaba peligrosa por su despoblación y lejanía y era objeto de frecuentes ataques de las bandas de golfines que merodeaban por sus parajes. Para tratar de poner remedio a esta situación el concejo de Trujillo solicitó a la reina D. María en 1295 la constitución de una heredad a favor de Garci Sánchez de Trujillo, a quien se facultó para formar una aldea por poblar la zona y ahuyentar a los bandidos…”. Bernal Estévez, Ángel. Poblamiento, transformación y organización social del espacio extremeño. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura y Patrimonio. Mérida, 1998. Página 116.

[49] Galiana Núñez, Magdalena. Opus cit. Página 256.

[50] Sánchez Marroyo, Fernando. “Estructura Político-Institucional de Extremadura (1808-1874)”. Revista de Estudios Extremeños. Tomo LXIX. Número 1. Centro de Estudios Extremeños. Diputación de Badajoz. Badajoz. 2013. Página 144.

[51]Ibídem. Página 145.

[52]Ibídem. Página 147.

[53] Sánchez Marroyo, Fernando. “Estructura Político-Institucional de Extremadura (1808-1874)”. Revista de Estudios Extremeños. Tomo LXIX. Número 1. Centro de Estudios Extremeños. Diputación de Badajoz. Badajoz. 2013. Página 148.

[54] Cardalliaguet Quirant, Marcelino. Cáceres en su historia…Opus cit. Página 111.

[55] Institución de origen frances, implantada en España en el siglo XVIII y cuyo titular ostentaba poderes militares, hacendísticos, judiciales y policiales.

[56] Corrales Álvarez, Álvaro. “La villa de Fuente de Cantos a finales del Siglo XVIII. Análisis histórico a partir del Interrogatorio de la Real Audiencia”. VII Jornada de Historia de Fuente de Cantos. Organizada por “Lucerna”, Asociación Cultural de Fuente de Cantos en colaboración con el Excmo. Ayuntamiento de Fuente de Cantos. Diputación de Badajoz. Badajoz, 2007. Página 147.

[57] Otras fuentes documentales básicas de finales del siglo XVIII, son el Interrogatorio de Tomás López y el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura de 1791. Dichas fuentes, pretenden conocer mediante cuestionarios la realidad socioeconómica del reino de Castilla y sus provincias, entre las que se encuentra Extremadura y dentro de ella la población de Navalvillar de Pela, localidad donde más nos interesa proyectar todos sus valores.

[58] Granjel, Mercedes. “Médicos y cirujanos en Extremadura a finales del siglo XVIII”. DYNAMIS. Vol. 22. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Granada. Granada, 2002. Páginas 158 y 159.

[59] Meléndez Valdés, Juan. Discurso de Apertura de la Real Audiencia de Extremadura (27 de abril de1791). Ed. de M.A. Lama Hernández. Mérida, 1991. Páginas 63 y 64. “Discurso sobre los grandes frutos que debe sacar la provincia de Extremadura de su Nueva Real Audiencia, y plan de útiles trabajos que ésta debe seguir para el día solemne de su instalación y apertura, 27 de abril de 1791”.

[60] García Pérez, Juan. “El problema de la personalidad regional. Algunas reflexiones sobre elementos configuradotes de la identidad colectiva en Extremadura”. Alcantara. Revista del Seminario de Estudios Cácereños. Nº13-14. 1988.

[61] “…A fines del siglo XVIII, el territorio extremeño estaba articulado en torno a nueve Partidos Jurisdiccionales: Trujillo, Cáceres, Alcántara, Plasencia, Coria, Badajoz, Mérida, Llerena y La Serena…”. Corrales Álvarez, Álvaro. “La villa de Fuente de Cantos a finales del Siglo XVIII. Análisis histórico a partir del Interrogatorio de la Real Audiencia”. VII Jornada de Historia de Fuente de Cantos. Organizada por “Lucerna”, Asociación Cultural de Fuente de Cantos en colaboración con el Excmo. Ayuntamiento de Fuente de Cantos. Diputación de Badajoz. Badajoz, 2007. Página 147.

[62] Cardalliaguet Quirant, Marcelino. Cáceres en su historia…Opus cit. Página 128.

[63] Melón Jiménez, Miguel Ángel. “Extremadura a finales del Antiguo Régimen”. Actas de las Jornadas de historia de las Vegas Altas «La batalla de Medellín» (28 de marzo de 1809). Medellín-Don Benito, 26 y 27 de marzo de 2009 / coord. por José Angel Calero Carretero, Tomás García Muñoz. Badajoz, 2009. Página 29.

Dic 302017
 

Dr. Juan Carlos Rodríguez Masa.

juancarlosrm@unex.es

  • Introducción

 

El siglo XVIII es el “siglo de la Razón” o “siglo de las Luces”, la época de la “ilustración”, porque una explicación racional del mundo venía a “iluminar” las sombras heredadas de la tradición. La prueba es que, en la historia general de España, el siglo XVIII es considerado un periodo de crecimiento demográfico, de reformas políticas y de expansión económica, donde se llevaron a la práctica, con la finalidad de reformar el Estado, nuevas organizaciones territoriales.

La llegada de los Borbones al trono español conllevó cambios sustanciales en la sociedad española, pues con Felipe V de Borbón (1700-1746) se inició una intensa centralización que marcó nuestra organización territorial, prácticamente, hasta la actualidad, aunque este centralismo no terminó con la diversidad existente en los diversos lugares peninsulares. Desde el punto de vista económico, las reformas de Felipe V tuvieron efectos positivos, ya que algunos núcleos de población emprendieron un “despegue económico”. Pero estas zonas fueron escasas en comparación con el resto península, eminentemente agraria, que permaneció basando su economía en la tierra[1]. La actitud reformista era patrimonio de una minoría (grandes pensadores, literatos y artistas) y sus planteamientos llegaron muy desdibujados al mundo rural extremeño.

Efectivamente, el conjunto de las ideas ilustradas circularon, inicialmente, entre unas élites reducidas; sólo sabían leer los sacerdotes, los clérigos y los sectores más acomodados de la burguesía de las ciudades. La nueva dinastía borbónica propició importantes cambios en la estructura del Estado y favoreció un proceso renovador, imbuido por el espíritu ilustrado, procedente de Europa. Las reformas borbónicas pretendieron colocar a España, lógicamente, en la órbita de influencia francesa. Los Borbones introdujeron varios cambios importantes respecto a sus predecesores: “abrieron” el país al comercio internacional y facilitaron la inclusión de extranjeros. Estas tímidas medidas de modernización, inspiradas por los reformistas ilustrados españoles, impulsaron el deseo de conocer en profundidad la realidad histórica del territorio español, y por consiguiente, del extremeño: abundaron las descripciones de viajeros (españoles y extranjeros), se elaboraron censos generales de población (Censo del Conde de Aranda, Censo de Floridablanca, etc.,) y se articularon interrogatorios o cuestionarios (Interrogatorio del Marqués de la Ensenada, Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura, etc.,) que ofrecieron una útil y completa muestra de la realidad nacional, regional o local, puesto que examinaron todos los “órdenes de la vida”: el económico, político, social y cultural. El Interrogatorio proporcionaba un conocimiento en profundidad de la estructura del territorio, abarcando a todas las poblaciones y aldeas del territorio nacional, incluso las de menor entidad[2]. Entre estas localidades se encontraba el Lugar de Navalvillar de Pela, aldea de la ciudad de Trujillo desde el siglo XV al XIX.

El presente artículo pretende reconstruir la realidad histórica del pueblo de Navalvillar de Pela durante la segunda mitad del siglo XVIII, en base a las informaciones del Interrogatorio del Marques de la Ensenada (1753) y el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura (1791). Efectivamente, el presente trabajo se sustenta principalmente sobre fuentes primarias, documentos que contienen la voz de las personas en el pasado, a las que de una manera u otra “hemos entrevistado” a través de los textos generados por ellos.

La historia de Navalvillar de Pela, y su jurisdicción, transcurre paralelamente al devenir histórico extremeño y por extensión al español. Conocer su historia nos permite entender lo que sucedió en el pasado, con el propósito de encontrar respuestas en el presente.

 

  • Luces y sombras en la Extremadura del siglo de la Razón

 

El acceso de la Casa de Borbón a la Corona de España iba a suponer un cambio fundamental en el país, pues con la venida de la nueva dinastía borbónica, la idea de sentar sobre nuevas bases la administración comenzó a concretarse. Así, en 1718, el territorio español se dividió en unidades administrativas, primero denominadas “intendencias” y luego, “provincias”. Hasta el siglo XVIII no quedó definida Extremadura como entidad administrativa. A ello contribuyó la creación de la Intendencia de Extremadura (1720) con capital primero de Mérida y, poco después, trasladada a Badajoz. Tras una fase de adaptación, el sistema de intendencias fue reajustado en 1749, durante el reinado de Fernando VI (1746-1759), con una reforma de límites territoriales, lo que conllevó a la creación de la Provincia de Estremadura, cuya capital era Badajoz [3].

La Extremadura de mediados del siglo de la Razón (siglo XVIII), era un mosaico de jurisdicciones confusas, de infraestructuras administrativas dominadas por señores feudales. La agricultura y la ganadería constituyeron las fuentes indispensables de riqueza que articularon la vida social, política y económica de sus habitantes. Los señoríos eran muy numerosos, las percepciones de derechos feudales muy frecuentes, el control de los vasallos muy importante y la confusión jurisdiccional un verdadero problema[4]. Estos rasgos permitieron definir Extremadura como tierra de frontera, como un territorio deprimido, atrasado y escasamente poblado que conduce a la sociedad que se asienta aquí a la emigración[5]. Para dar una cierta unidad a la olvidada Extremadura fue fundamental la creación de la Real Audiencia. En efecto, el monarca Carlos IV, por Real Pragmática de 30 de mayo de 1790, decidió dotar a la Provincia de un tribunal superior para impartir justicia y estableció una Audiencia Real en la ciudad de Cáceres[6]. El ámbito de su jurisdicción coincidió, salvo pequeñas modificaciones, con el de la actual comunidad extremeña. El 27 de abril de 1791, en el discurso que sirvió para la apertura de la Real Audiencia de Extremadura, Juan Meléndez Valdés, desgranó la situación social y el atraso secular de su tierra amada: “…Extremadura ha sido hasta aquí, en el imperio español, una provincia tan ilustre y rica como olvidada (…). Todo está por crear en ella, y se confía hoy a nosotros: sin población, sin agricultura, sin caminos, industria ni comercio, todo pide, todo solicita y demanda la más sabia atención, y una mano reparadora y atinada para nacer á su impulso, y nacer de una vez sobre principios sólidos y cierto, que perpetúen por siempre la felicidad de sus hijos, y con ella nuestra honrosa memoria…”[7].

Una vez constituida la corporación y configurados los partidos judiciales, que en un principio fueron nueve (Trujillo, Cáceres, Alcántara, Plasencia, Coria, Badajoz, Mérida, Llerena y La Serena)[8], se encomendó a los magistrados que recorriesen, personalmente, sus partidos judiciales con visita a todos sus pueblos[9]. Con la fundación de la Real Audiencia de Extremadura llegó a estas tierras un grupo de profesionales e intelectuales cuyas funciones no se limitaron exclusivamente al conocimiento de los partidos que recorrieron, sino que desplegaron un fuerte compromiso social que se tradujo en la propuesta de soluciones para hacer frente a los problemas que, heredados de siglos, acuciaban a la Provincia y a cuantos aquí habitaban[10]. Para tal fin se elaboró un interrogatorio (Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura) de 57 preguntas, que habrían de contestar las autoridades civiles y eclesiásticas de cada localidad.

Además de los visitadores de la Real Audiencia, un gran número de viajeros extranjeros, movidos por diversas razones, recorrieron la heterogénea geografía extremeña en todas direcciones durante el siglo XVIII. Estos viajeros ofrecieron una visión de Extremadura dominada por un tono más bien triste y favorecieron la “construcción de estereotipos” sobre un supuesto carácter específico y los hipotéticos “rasgos particulares” de sus habitantes: los extremeños. En este sentido, la mayor parte de los viajeros hicieron alusión a una alegórica singular desunión, al ancestral individualismo, salvajismo y paganismo[11], y a la imagen de perezosos y atrasados[12]. Así lo recogió, a finales del siglo XVIII, el ilustre clérigo de Jaraicejo (Cáceres), Francisco Gregorio de Salas, quien dedicó a sus paisanos la siguiente Décima a Estremadura:

“Espíritu desunido

anima á los Estremeños;

jamás entran en empeños,

ni quieren tomar partido:

cada cual en sí metido,

y contento en su rincón,

aunque es hombre de razón,

vivo ingenio y agudeza,

vienen a ser por pereza

los indios de la nación”.[13]

En la memorable Décima, del sacerdote jaraicejano, se encuentran (en un contexto jocoso) buena parte de las ideas, reales o tópicas, así como los estereotipos y prejuicios que circularon sobre los extremeños en la España de finales del siglo XVIII[14]. Por otra parte, en el retrato de Extremadura que brotó de la pluma de estos viajeros no imperó únicamente ese tono oscuro y sombrío que se pueda pensar[15]. En esas pinceladas y rasgueos de la pluma, que dibujaron la región extremeña durante el siglo de la Razón, existieron algunas zonas que cautivaron la atención de los visitantes por su singular colorido, belleza y riqueza natural[16]. Esto ocurrió en el territorio ocupado por la comarca que, peyorativamente, recibió el nombre de “Siberia Extremeña”, tradicionalmente olvidada y marginada, cuyo nombre ha dado lugar a todo tipo de conjeturas[17].

A principios del siglo XIX, las tierras de la Siberia Extremeña, cuyos límites geográficos e históricos son imprecisos[18], formaban parte del Arzobispado de Toledo y de la zona oriental del partido de Trujillo. Un amplio territorio fraccionado en enormes latifundios[19] y sembradas de coladas, veredas, cordeles y cañadas reales que los poderosos señores de la Mesta utilizaban para el tránsito de sus rebaños. La división provincial de España (1833) incorporó todos los pueblos de esta comarca, La Siberia, a la provincia de Badajoz, cuya división provincial se completó con la subdivisión en partidos judiciales de 1834. Desde ese año, las poblaciones de esta comarca fueron integradas en los partidos de Herrera del Duque y de Puebla de Alcocer. Así, sus municipios quedaron enlazados por un sentimiento de pertenencia a la misma comunidad y cada partido llegó a convertirse en una referencia no sólo judicial sino también administrativa, electoral, recaudatoria e incluso comercial.

  • Navalvillar de Pela: aldea trujillana (1418-1834)

 

En la puerta de entrada a la Siberia Extremeña, se encuentra el municipio de Navalvillar de Pela, localidad objeto de estudio. Los diversos hallazgos arqueológicos de distintas épocas encontrados de forma diseminada en las inmediaciones, ninguno de ellos, invita a pensar que el origen de Navalvillar de Pela sea anterior al periodo de repoblación que siguió a la conquista de Trujillo en 1232 en forma de núcleo poblacional organizado[20].

Al sur y hasta donde llegaban los límites jurisdiccionales del territorio trujillano, parece posible que fuese en un inicio un espacio débilmente poblado y con una escasa afluencia de efectivos poblacionales[21]. El poblamiento de esta zona, muy lento, se impulsó en las décadas finales del siglo XV, como ponen de manifiesto el proceso de repartimientos encaminados a hacer atractivo el asentamiento de los hombres en las tierras trujillanas del sureste, al tratarse de un espacio aislado, mal comunicado y escenario, a finales del siglo XIII, de las correrías de los Golfines[22]. La pretensión del Concejo de Trujillo, tendente a asegurar el control y poblamiento de estas tierras, acuerda el 18 de marzo de 1418 el Amojonamiento y Deslinde del ejido de Navalvillar para aumentar su población[23], cuya carta fue escrita en pergamino y signada por el escribano Blasco Domínguez[24].

El lento proceso de crecimiento de población del concejo de Trujillo[25] a lo largo del siglo XV, especialmente la zona situada al sur del territorio, parece acelerarse en los últimos veinte años del mismo, así lo reflejaron las licencias concedidas en ese periodo, donde apreciamos que el Lugar de Navalvillar fue uno de los lugares más solicitados para las mismas[26].

En enero de 1628, don Fernando Pizarro y Orellana[27] presentó en el Consejo de Hacienda un memorial por el que solicitó la compra-venta de la jurisdicción del Lugar de Navalvillar de unos trescientos vecinos y una legua de término. El proceso de venta de resultó complicado, ya que concedida la solicitud, don Fernando Pizarro y Orellana renunció a tal adquisición y traspasó a su hermano, Juan de Orellana Pizarro, sus derechos sobre el Lugar de Navalvillar[28]. Por Cédula Real, fechada en Madrid el 10 de enero de 1629, se ratificó la compra del Lugar de Navalvillar a Don Juan Orellana Pizarro[29].

Del mismo modo, y como era habitual, se ofreció a los vecinos acudir al tanteo pudiendo hacerse con su jurisdicción en un plazo aproximado de sesenta días. No esperaron a la finalización del plazo, ya que el 29 de enero de 1629, los vecinos negociaron el “tanteo” y ofrecieron más de la cantidad acordada por don Juan de Orellana para impedir la compra del lugar por este caballero trujillano[30]. El Consejo de Hacienda aceptó el acuerdo y el comisionado despojó a Don Juan de Orellana Pizarro de su posesión y condición, tan brevemente disfrutada, como primer señor de la villa de Navalvillar de Pela[31].

Navalvillar de Pela gozó y disfrutó del estatus de villa independiente y de realengo durante cuatro años, ya que en 1633 perdió su condición de villa exenta, libre e independiente (de por sí y para sí), debido a que Trujillo consiguió satisfacer lo prometido a la Corona y reclamó la devolución de su antigua aldea. En poco espacio de tiempo, Navalvillar de Pela pasó de ser aldea de la ciudad de Trujillo a villa de señorío, villa eximida de realengo y nuevamente aldea trujillana hasta la división territorial (provincial y regional) de 1834, que se integró al Partido judicial de Puebla de Alcocer (Badajoz).

 

 

 

 

3.1. El Lugar de Navalvillar de Pela según el Interrogatorio del Marqués de la Ensenada (1753)

El 10 de octubre de 1749 se promulgó el Real Decreto, expedido por Fernando VI[32] al Marqués de la Ensenada[33], que ordenaba realizar una magna averiguación, con la intención de racionalizar el complicado e injusto sistema tributario vigente en aquella época, para la puesta en práctica de una Única Contribución (Catastro)[34]. Para ello, se envió a todos los municipios de la Corona de Castilla un cuestionario impreso de cuarenta preguntas, el denominado Interrogatorio del Marqués de la Ensenada. Los datos recopilados supondrán una fuente documental de incalculable valor para el conocimiento de las provincias de la Corona de Castilla y su población, pues era la más exhaustiva y minuciosa averiguación disponible sobre las 22 provincias de Castilla[35].

Los datos obtenidos del Catastro de la Ensenada (1750-1754), es documentación primaria, ya que se trataba de repuestas de “personas de prestigio” de cada localidad (cura, alcalde, regidores y escribanos) que “bajo y cargo de juramento” de decir la verdad, respondieron a las cuarenta preguntas del Interrogatorio. Casi todos los aspectos del municipio dejaron su huella en el Catastro, se examinaron todos los “órdenes de la vida”: el económico, político, social y cultural ofreciendo una completa y útil muestra de la realidad local.

Las autoridades locales de Navalvillar de Pela contestaron al Interrogatorio el 8 de agosto del mil setecientos cincuenta y tres[36]. Entre las respuestas generales encontramos datos demográficos[37]. En este sentido, hacemos un inciso para aclarar que todos los censos anteriores al de Aranda (1768-1769) no cuentan el número de habitantes sino el de vecinos, es decir, los vecinos eran las unidades de producción y consumo, el pequeño grupo humano que contribuía como unidad de cargas financieras y militares del Estado, apareciendo el problema del coeficiente para hallar un número multiplicador y convertir los vecinos en habitantes[38].

De igual modo, en el cuestionario encontramos datos referentes a la situación puntual de cada lugar acompañado de planos de los territorios, quizás para paliar la falta de cartografía[39]. Así, el Catastro de Ensenada nos describe los tipos y calidades de tierra, así como, los productos que se obtienen de ella[40].

3.1.1. La agricultura como base de la economía

La propiedad de la tierra de Navalvillar de Pela, en el siglo XVIII, estaba estrechamente relacionada con su explotación. La tierra, constituía la principal fuente de riqueza de la localidad, pues se trataba de un municipio eminentemente agrícola, donde existía una gran dependencia del Sector Primario, que era el eje fundamental del desarrollo y base de la estructura económica. Igualmente, mediante otra de las respuestas del Interrogatorio podemos conocer los tipos de frutos: “…11ª A la undécima pregunta dijeron que en este termino se cogen los frutos de trigo, cebada, avena, centeno, aceite, vino, miel, cera y frutas…”[41].

La actividad ganadera del Lugar de Navalvillar era básicamente extensiva, encontrándose caracterizada por una baja productividad y rentabilidad económica, debido posiblemente al bajo grado de transformación de productos que se obtenían de la misma. En respuesta a la pregunta veinte del Catastro nos encontramos con las especies de animales existentes en el lugar[42]. La cabaña ganadera suponía para Navalvillar de Pela una considerable fuente de ingresos, no obstante, debemos diferenciar entre el ganado estante (permanece dentro de los límites jurisdiccionales) y ganado trashumante (ganado que emigra de otros territorios aprovechando los pastos del término). El ganado estante, servía de sustento y trabajo a los vecinos de la localidad, ya que les aportaba diversos recursos como: fuente de alimentación en el consumo, medio de transporte de personas y mercancías, fuerza de tiro para labrar la tierra y labores de trilla del cereal, transformación de la lana y piel, abono de las tierras (estiércol), etc. Mientras que el ganado trashumante, se trataba de grandes rebaños mesteños que, organizados a través de las cañadas, venían a pastar y a pasar el invierno en la zona, el aprovechamiento de los suelos se hacía previo arrendamiento, que enriquecía a los propietarios de los terrenos arrendados.

En definitiva, podemos resaltar como el ganado estante tenía una trascendental importancia, puesto que constituía un complemento básico de la agricultura (estiércol, fuerza de tiro, etc.) y de la economía familiar, pues posibilitaba la obtención de productos para el consumo, como podría ser la leche, lana, miel, etc. Pero sería el ganado trashumante, ganado ovino en concreto, el que generaría los más significativos y cuantiosos ingresos[43]. No obstante, dentro del sector primario, recalcamos la actividad de la apicultura[44], sobrepasando las mil doscientas noventa colmenas en la localidad[45].

3.1.2. La industria y el comercio

Las actividades pertenecientes al sector secundario, también afloraron en el Catastro, donde observamos la existencia de varias industrias transformadoras, entre las que se encontraban diversos molinos harineros, un molino de aceite y dos tejares[46]. Además de las industrias referidas de transformación de productos agrarios, aparecen reflejados diversos oficios artesanos, caracterizados por el predominio absoluto de la producción de subsistencia, donde su marco económico, principalmente era un pequeño taller artesanal. En un repaso a los oficios nos encontramos con un herrero, un alarife o albañil, un carpintero, dos sastres y dos zapateros[47]. Para el abastecimiento, los peritos y autoridades de Navalvillar ponen de manifiesto la existencia de una taberna y un abastecedor o almacén de jabón[48].

En el sector terciario, observamos una característica a enfatizar como fue la ausencia de tratantes y comerciantes[49]. Del mismo modo, se describen los entresijos, perfectamente estipulados, de la compra-venta de ganado, ya que sus precios estaban claramente establecidos dependiendo de la especie, sexo y edad[50].

            En lo referente a Sanidad, Educación y Administración Pública, comprobamos que la atención cotidiana estaba en manos de dos cirujanos o sangradores que curraban las enfermedades. La educación estaba a cargo de un maestro, y la Administración Pública del Ayuntamiento, quedaba compuesta por los diversos funcionarios de justicia y profesionales del derecho como regidores, alcaldes y notario[51].

3.1.3. Las finanzas municipales y las fiestas

Los ingresos y gastos de la localidad aparecen reflejados en las Repuestas Generales dos, veintitrés y veintiocho. Aquí podemos comprobar como los vecinos pagaban anualmente, por razón de alcabalas, cinco mil cuarenta Reales[52]. En lo que respecta a las fiestas, en el Catastro menciona, únicamente, las fiestas del Corpus. Asimismo, en la respuesta a la pregunta número veinticinco del Catastro, encontramos una de las primeras referencias escritas que relaciona el nombre de San Antón Abad con Navalvillar de Pela: “…a la Demanda de Sn Antón Abad de Salamanca, y costo que haze la persona que biene a su Cobranza Veintey siete Rs…”[53]. Estos demandadores o bacinadores de limosnas de San Antón, eran los monjes de la Orden Hospitalaria de San Antón, estos monjes, bajo la protección del Santo, eran los encargados de curar en sus casas-hospitales la enfermedad denominada Ignis Sacer, fuego de San Antonio, o mal de los ardientes, para ello, recorrían la zona que constituía la jurisdicción de su encomienda, provistos de bacines y una campanilla para hacerse notar. Los monjes antonianos llevaban una T (Tau) bordada en su hábito, curaban con “vino milagroso” y ponían campanas a los cerdos que pertenecían a sus hospitales para conseguir alimentos para ellos, una práctica ritual muy difundida en diversas poblaciones de España y que procuraba, cada año, un cerdo para ser criado y mantenido por la comunidad y luego ser subastado o rifado el día de la fiesta del Santo, 17 de enero.

Las fiestas en honor a San Antonio Abad son de singular importancia en la historia local de Navalvillar de Pela, consideradas en la actualidad de carácter oficial e institucional, teniendo un particular protagonismo al tratarse de la fiesta mayor de los peleños, gentilicio local. Efectivamente, San Antonio Abad o San Antón, como es popularmente conocido, estaba incluido en el abigarrado santoral católico y su devocionismo popular estaba presente desde tiempos inmemoriales entre los peleños, tal vez, por su patronazgo sobre los animales y las enfermedades de la piel.

3.2. El Lugar de Navalvillar de Pela según el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura (1791)

Los manuscritos originales de las respuestas dadas por el Lugar de Navalvillar de Pela al Interrogatorio se encuentran en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres. Asimismo, estas respuestas se hallan transcritas dentro de la obra dirigida por Miguel Rodríguez Cancho y Gonzalo Barrientos Alfageme, y patrocinada por la Asamblea de Extremadura en 1995.

Las cincuenta y siete preguntas del cuestionario de la Real Audiencia de Extremadura, que los propios funcionarios realizaron personalmente a las autoridades civiles y eclesiásticas de la localidad, encierran en sus respuestas las preocupaciones y los intereses más diversos: entorno, sociedad, política, economía y religión.

3.2.1. El entorno

En respuesta a la primera pregunta conocemos los límites jurisdiccionales de la aldea de Navalvillar[54] a finales del mil setecientos: “…este lugar es aldea de la ciudad de Trujillo, su capital y dista de ella diez leguas…”[55]. En lo que refiere al paisaje, acentuamos la Sierra de Pela[56] (la cual daba nombre al Lugar de Navalvillar), dónde se criaba la grana o pelotilla, de la mata de coscoja, que los propios valencianos recolectaban para sus tintes[57].

La información que recibió la Administración sobre el estado de las calles era poco halagüeña, pues las calles de Navalvillar de Pela estaban mal empedradas, eran de regular extensión y permanecían a falta de limpieza[58]. El Teniente Cura narraba así el estado de las calles: “…en este pueblo las más de las calles son anchas, aunque ai dos o tres angostas, estan aseadas según lo permite su configuración, que se allan desempedradas en la mayor parte, estando las mas llanas y algunas pendientes…”[59]. Otro de los elementos que ayudaron a definir el urbanismo de los municipios era la presencia de posadas y hospitales. Navalvillar de Pela contaba con una posada para el hospedaje de camineros o arrieros y un hospital[60]. Igualmente, el Teniente Cura reflejó la existencia de una posada y de un hospital[61].

3.2.2. La sociedad

            En 1791, el Lugar de Navalvillar contaba con 360 vecinos (equivalente a unos 1440 habitantes), de ellos 150 eran jornaleros, 120 labradores, 42 ganaderos y 10 artesanos[62]. Idénticamente, el Teniente Cura puntualizaba el número de vecinos, así como la existencia de otros profesionales: cuatro sastres, cinco zapateros, dos albañiles, dos cirujanos y un boticario, también nos informa de que los profesionales no constituyen gremio alguno[63].

Del mismo modo, se nombraba la existencia de una fuente de agua potable donde se surtían los vecinos, especialmente en verano, pero la falta de limpieza de la misma causaba muchas enfermedades entre el vecindario[64]. Por ello, el Teniente Cura recomendó encañar el agua de esta fuente[65].

Otra de las cuestiones importantes radicaba en conocer la realidad de las escuelas de primeras letras, centros, que como su propio nombre indica, se dedicaban a enseñar los conocimientos básicos. Navalvillar de Pela disfrutaba de una escuela y un maestro de primeras letras[66]. Dicha escuela era pagada por los vecinos del lugar y quedaban sin enseñanza los niños de las familias más pobres[67].

 

 

3.2.3. La política

La justicia era uno de los elementos claves del Interrogatorio. El Lugar de Navalvillar quedaba englobado en materia de justicia a la Audiencia de Cáceres y en lo eclesiástico al Obispado de Plasencia[68]. En relación con el Ayuntamiento, era importante analizar los cargos locales, su número y composición. El Interrogatorio constataba que en Navalvillar de Pela había dos alcaldes, tres regidores, dos diputados de abastos y un procurador[69]. Para articular la política local se intentaba conocer la existencia de casa consistorial. En este sentido, figuraba en la población un ayuntamiento con cárcel[70]: “…en este pueblo ai casas de ayuntamiento y carzel de corta estension y estado, y no ai otro edificio ni archivos publicos ni oficios de hipotecas…”[71].

3.2.4. La economía

Las cuestiones económicas eran, sin duda alguna, las que encerraban las respuestas de mayor interés para la Administración Central. Las actividades agropecuarias constituían la fuente principal de subsistencia de los habitantes de Navalvillar de Pela a finales del mil setecientos. Así, las cosechas recogidas en el municipio eran, principalmente, las de trigo, cebada y centeno[72].

Los diezmos[73] de lo cosechado lo percibía el Obispo y Cabildo de Plasencia, la fábrica y el cura de la iglesia, y el Real Monasterio de Guadalupe. Efectivamente, la agricultura suponía el sustento económico más importante de la localidad, pues la tierra cultivada se dedicaba a necesidades humanas. Los cereales, labrados por bueyes y yuntas, constituían la base alimenticia de la población[74]. Los cultivos de regadío eran exiguos, ya que los vecinos reconocían la existencia de pocas huertas en el término, donde se cultivaban productos hortícolas como lechugas, tomates, pimientos[75]. Igualmente, el Teniente Cura habló del escaso número de huertas y de la variedad de frutos que de ellas se recolectaban[76]. En lo que se refiere al paisaje adehesado, Navalvillar de Pela poseía una dehesa boyal de pasto y labor[77].

Por otra parte, con la finalidad de incrementar los terrenos dedicados a cultivos, los habitantes de Navalvillar de Pela transformaban el paisaje mediante la quema y la roza del monte[78]. Otra de las realidades que afectaban al municipio era la escasa extensión de sus territorios cultivados debido a la existencia de terreno montuoso en el lugar, donde habitaba multitud de caza que amenazaba los cultivos y las reses de sus vecinos, por ello, la caza de fieras estaba premiada en el municipio[79].

Otro aspecto interesante, vinculado a las explotaciones agropecuarias, tenía que ver con el sector ganadero. En Navalvillar de Pela existía un predomino del ganado cabrío, después el ovino y, consecutivamente, el porcino[80]. Indistintamente, se aludía al predominio de unas 1.200 colmenas en el término[81].

En lo referente al apartado de fiscalidad y recursos municipales, la primera actividad a tratar será el abastecimiento de la población. En este sentido, los abastos existentes en Navalvillar eran de carne, vino y jabón[82]. Otro aspecto era el referido a las ferias y mercados, según sus vecinos no se celebraba ninguno de estos eventos: “…a la dezima dijeron: que no ay en este pueblo ferias ni mercado alguno, ni nezesidad de ellos por causa de haverlos ymediatos, que no ay comerzio de generos ni frutos…”[83].

En el apartado dedicado a la industria, el primero de los aspectos a analizar serían las fábricas, y comprobamos que en Navalvillar existía una fábrica de lino[84]. Así lo describía el Teniente Cura: “…a la undecima se responde: no ai fabrica en este pueblo, a escepcion de la de lino que se usa labrada por mugeres, par el consumo del pueblo y aun de algunos otros, e ignoro las proporciones para establecerelas…”[85]. Igualmente, el Teniente Cura mencionó la existencia de un molino de aceite[86]: “…a la quadrajesima dixeron: que en este pueblo ay un molino solo de azeite y no ay machina alguna especial para trillar, no otra que fazilite el benefizio de la cosecha…”[87].

3.2.5. La religión

La religiosidad constituye una de las características principales que impregnan numerosas actividades del hombre. Por lo que respecta a la iglesia, como centro de concurrencia habitual para las gentes, llegó a ser costumbre (en siglos pasados) de servirse del templo para los más variados menesteres. En 1791, Navalvillar de Pela presentaba una parroquia, Santa Catalina, que era aneja a la de Orellana la Vieja, con dos tenientes curas que proveía el Obispo de Plasencia[88]. Otras edificaciones religiosas de interés, por sus características (como hitos particularizados) o por su incidencia sobre la organización morfológica de las poblaciones, eran las ermitas que proliferaban tanto en el interior de los núcleos, como en sus alrededores. De ordinario, cada población contaba con varias ermitas. En el caso concreto de Navalvillar de Pela su número ascendía a tres[89]. No obstante, el Teniente Cura citó, únicamente, dos ermitas: Nuestra Señora de la Caridad y de San Sebastián[90].

Otro elemento a analizar en el Interrogatorio fueron las cofradías y las finalidades de su fundación, puesto que los elementos más interesantes de las cofradías eran los fondos que poseían, su institución y el número de hermanos. La fundación de cofradías constituía una práctica muy habitual, sobre todo a lo largo de la Edad Media, como institución que servía para encauzar la devoción laica[91]. Las cofradías fueron diseñadas para transmitir la doctrina cristiana mediante la presencia social y la exaltación religiosa. Por este motivo, los cofrades participaban activamente en los cultos básicos de la iglesia como misas, bautismos, procesiones, etc., y especialmente en la celebración religiosa de la advocación bajo cuyo nombre se hallaba la cofradía. Además, estas asociaciones generalmente realizaban prácticas benéfico-asistenciales para atender a una sociedad desprotegida, en situaciones de enfermedad, orfandad, viudedad, auxilio de muerte, etc[92].

En 1791, el número de cofradías en Navalvillar de Pela era de dos: una denominada del Señor o El Santísimo, cuyos fondos ascendía a 1.730 reales, con 130 cofrades, y la segunda cofradía de Nuestra Señora de la Caridad, con 1.007 reales de fondos y 120 cofrades[93]. Igual respuesta corroboraba el Teniente Cura[94].

Otro aspecto tratado fue el relacionado con los cementerios, debido a su vinculación directa con la religión. El cementerio, al igual que la iglesia, era escenario del quehacer cotidiano, realizándose en él las prácticas colectivas más diversas, desde la celebración de concejos a la venta de productos o la acogida de ganado, hasta su utilización como ámbito de esparcimiento en el que se celebraban las actividades lúdicas o festivas. Por su parte, a la Administración le interesaba esta cuestión por temas sanitarios, puesto que en muchas localidades los enterramientos seguían realizándose en el interior de las iglesias y Navalvillar de Pela no constituía una excepción a dicha realidad. Por ello, los vecinos advirtieron de la necesidad de construir un cementerio[95].

También hemos de referirnos a las mentalidades colectivas sobre la muerte, con especial referencia a las disposiciones testamentales sobre el lugar de inhumación de cadáveres, pues la práctica común era depositarlos en interior de iglesias, conventos o ermitas[96]. La iglesia era un centro de reunión de la comunidad en sentido amplio, pues en ella se integraban el mundo de los vivos y de los muertos. Así, mientras que los vecinos con menos recursos quedaban desplazados al recinto exterior inmediato al templo o cementerios, en su seno interior ofrecía su última morada a los difuntos más adinerados mediante la creación y mantenimiento de una serie de fundaciones piadosas, conocidas como capellanías para: “…salvar sus amas, descargar conciencias, asegurar su ida cielo y encontrar el perdón de sus pecados para ir al regazo de Jesús…”[97]. La creación de capellanías constituyó uno de los pilares básicos de la economía de la Iglesia[98].

Por todo ello concluimos este epígrafe puntualizando que en Navalvillar de Pela existían, a finales del siglo de la Razón, un total de dieciséis capellanías: “…20 Se responde: que no ai beneficios en este pueblo y si hay diez y seis capellanías…”[99].

 

  1. Conclusiones

Llegados a este momento no nos queda otra tarea que la finalizar el presente trabajo, al menos por el momento, y en este sentido se nos manifiesta la necesidad de expresar que en el Lugar Navalvillar de Pela, durante “el siglo de la Razón”, apenas se detectaron síntomas de cambios en sus estructuras sociales, políticas y económicas que pretendieron los reformistas lustrados.

El sector primario era la base de la estructura económica de la localidad, según los datos obtenidos de las fuentes documentales primarias (Interrogatorios), donde gran parte de su superficie la ocupaban los cultivos de cereales y los pastizales, y, junto con ello, encinares y matorral. Los cereales, la vid y sobre todo el olivo (para la obtención del aceite de oliva), fueron sus principales recursos. También las colmenas constituyeron una importante fuente de ingresos. En definitiva, tierra de secano y agricultura con bajos rendimientos. De la misma forma, la ganadería tenía notable importancia en la economía local, ya que la ganadería lanar era, casi con toda seguridad, el principal recurso económico en la localidad durante “el siglo de las Luces”, debido a que se trataba de un lugar de cruce y de llegada de rebaños mesteños.

Un aspecto a matizar es el incremento de la población, llegando a duplicarse por dos el número de vecinos en el paso de siglo XVIII al XIX, debido probablemente a que mermaron las grandes catástrofes demográficas producidas por hambrunas y epidemias que afectaron a toda la Nación. Este crecimiento de población debía conllevar una ampliación de las superficies de cultivo, pero la tierra, que alcanza gran valor, estaba mal repartida y era poco productiva. Consecuentemente, este crecimiento demográfico favoreció el rejuvenecimiento de la población de la localidad y contribuyó, junto con otros factores ideológicos y económicos, al deterioro de las estructuras sociales que habían permanecido en los últimos siglos.

En definitiva, el Lugar de Navalvillar de Pela responde globalmente a las características de otros municipios extremeños del Antiguo Régimen. Del mismo modo, no presenta síntomas que vaticinen el derrumbamiento del sistema estamental y una evolución de su actividad económica en el tránsito del siglo XVIII al XIX. Sin duda, las mayores trasformaciones, aquí como en otras poblaciones extremeñas, se produjeron un siglo después (siglo XX) con los nuevos adelantos técnicos como el ferrocarril o la incipiente energía eléctrica.

 

[1] “…En una sociedad tan eminentemente agraria como era la España del siglo XVIII, la formación de un mercado único dependía de la constitución de un sistema de intercambios masivos y sistemáticos de los productos agrícolas, y más concretamente de los cereales panificables, a escala nacional. Este sistema no existía, ni siquiera llevaba trazas de estarse…”. Carreras Albert y Tafunell Xavier. Historia Económica de la España Contemporánea. Ed. CRÍTICA. Barcelona, 2007. Página 17.

[2] Rodríguez Cancho. M. “Interrogatorios del siglo XVIII. Estudio Comparativo”. Norba. Revista de arte, geografía e historia. Nº 2. 1981. Página 223.

[3] “…En 1718, por obra del cardenal Alberoni, se introdujo el sistema de intendencias. Dos años después se creaba la de Extremadura, con capital primero de Mérida y, poco después, trasladada a Badajoz. Tras una fase de aclimatación y con resultados poco brillantes, el sistema sería reorganizado en 1749, con una reforma de límites, lo que significó su definitivo asentamiento. Cada provincia tendría su intendente. De esta forma, a mediados de aquella centuria, la existencia de una provincia de Extremadura era lugar común. En 1756 un mapa, muy elemental, de un juvenil Tomás López, el gran cartógrafo español de la Ilustración, caracterizaba a la provincia de Extremadura, cuya capital era Badajoz, de una forma muy simple…”. Sánchez Marroyo, Fernando. “Estructura político-institucional de Extremadura (1808-1874)” Revista de Estudios Extremeños. Tomo LXIX. Nº I. Badajoz, 2013. Páginas 149 y 150.

[4] “…desde el punto de vista de la administración civil, Extremadura no era más que un conglomerado inorgánico de ciudades y villas realengas y de extensos señoríos eclesiásticos y seglares…”. Domínguez Ortiz, Antonio: Sociedad y Estado en el siglo XVIII español. Ariel, Barcelona, 1976. Página 205.

[5] “…Extremadura, región fronteriza con Portugal, perjudicada por las guerras y el contrabando, era en las últimas décadas del siglo XVIII un territorio deprimido, atrasado y escasamente poblado (11 h/km², la mitad de la media nacional), anclada en la tradición, la rutina y la pobreza, una parte considerable de cuyos pastos controlaba la Mesta, una estructura de la propiedad desigual e injusta…”. López Casimiro, Francisco. “Reformismo e Ilustración en la Baja Extremadura. Fuente del Maestre en la segunda mitad del siglo XVIII”. Revista de Estudios Extremeños. Vol. 62, Nº 1. Badajoz, 2006. Página 291.

[6] López Casimiro, Francisco. “Reformismo e Ilustración en la Baja Extremadura. Fuente del Maestre en la segunda mitad del siglo XVIII”. Revista de Estudios Extremeños. Vol. 62, Nº 1. Badajoz, 2006. Página 290.

[7] Meléndez Valdés, Juan. Discurso de Apertura de la Real Audiencia de Extremadura (27 de abril de1791). Ed. de M.A. Lama Hernández. Mérida, 1991. Páginas 63 y 64. “Discurso sobre los grandes frutos que debe sacar la provincia de Extremadura de su Nueva Real Audiencia, y plan de útiles trabajos que ésta debe seguir para el día solemne de su instalación y apertura, 27 de abril de 1791”.

[8] “…A fines del siglo XVIII, el territorio extremeño estaba articulado en torno a nueve Partidos Jurisdiccionales: Trujillo, Cáceres, Alcántara, Plasencia, Coria, Badajoz, Mérida, Llerena y La Serena…”. Corrales Álvarez, Álvaro. “La villa de Fuente de Cantos a finales del Siglo XVIII. Análisis histórico a partir del Interrogatorio de la Real Audiencia”. VII Jornada de Historia de Fuente de Cantos. Organizada por “Lucerna”, Asociación Cultural de Fuente de Cantos en colaboración con el Excmo. Ayuntamiento de Fuente de Cantos. Diputación de Badajoz. Badajoz, 2007. Página 147.

[9] Rodríguez Amores, Lorenzo. Crónicas Lugareñas Madrigalejo. Tecnigraf, S.A. Badajoz, 2008. Página 335.

[10] Melón Jiménez, Miguel Ángel. “Extremadura a finales del Antiguo Régimen”. Actas de las Jornadas de historia de las Vegas Altas «La batalla de Medellín» (28 de marzo de 1809). Medellín-Don Benito, 26 y 27 de marzo de 2009 / coord. por José Angel Calero Carretero, Tomás García Muñoz. Badajoz, 2009. Página 29.

[11] “..Hay un aspecto, en la región extremeña, que puede resultar de gran interés y que sería el tema de las Hurdes, a las que Sir John Talbot Dillon se refiere como tierras de salvajismo y paganismo entre sus habitantes, de desdicha y miseria. Todo ello va a formar parte de la leyenda, mantenida por diferentes autores hasta bien entrado el siglo diecinueve, acerca del atraso y barbarie de los hurdanos…”. Rol Jiménez, Jennifer y Alonso Sánchez, Ángela. “Extremadura, la mirada de una tierra por el paso de los viajeros durante los Siglos XVIII, XIX y XX”. XXXIV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, 2005. Página 624.

[12] “…Rasgos positivos sencillos, francos, sacrificados, hospitalarios y gentes de honor y probidad. Rasgos negativos: aislados, taciturnos, indolentes, atrasados, individualistas…”. Marcos Arévalo, Javier. La construcción de la Antropología Social Extremeña (cronistas, interrogatorios, viajeros, regionalistas y etnógrafos). Universidad de Extremadura. Servicio de Publicaciones. Cáceres, 1995. Página 176.

[13] Gregorio de Salas, Francisco. Colección de los epigramas y otras poesías críticas, satíricas y jocosas. Tercera Edición. Imprenta de Don Mateo Repullés. Madrid, 1816. Páginas 40 y 41.

[14] “…la mayoría identifica a Extremadura con una unidad territorial definida, que cobra personalidad propia, se articula o define en contraste con Portugal, Andalucía y Castilla. Unos pocos perciben variaciones internas (Hurdes, Gata, Comarca de Guadalupe), y menos son los que plantean la diversidad intrarregional. En casos aislados llegan a escribir sobre pobladores paganos y salvajes, y acerca de razas y pueblos diferentes, interiores…”. Marcos Arévalo, Javier. La construcción de la Antropología Social Extremeña (cronistas, interrogatorios, viajeros, regionalistas y etnógrafos). Universidad de Extremadura. Servicio de Publicaciones. Cáceres, 1995. Páginas 176 y 177.

[15] Rol Jiménez, Jennifer y Alonso Sánchez, Ángela. “Extremadura, la mirada de una tierra por el paso de los viajeros durante los Siglos XVIII, XIX y XX”. XXXIV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, 2005. Página 618.

[16] “…Al oeste, se ve una bella panorámica de la montaña de Naval Villar una hermosa masa que se parece a los montes Albanos, cuya forma es igualmente buena y muy similar en la delineación, pero ésta es considerablemente de más grandes dimensiones y mejor desarrollada en este lado que como se veía desde Logrosán cuando la contemplé por primera vez. Inmediatamente después de dejar este oasis, entramos en un extenso xaral, el más bello y extenso que haya atravesado jamás…”. Martín Calvarro, Jesús A. Viajeros Ingleses por Extremadura (1760-1910). Volumen II. Diputación de Badajoz. Badajoz, 2004. Página 70.

[17] “…Algunas conjeturas atribuyen el nombre, Siberia Extremeña, al alejamiento de la comarca y a la carencia de vías de comunicación. Para otros, tiene que ver con algunas imágenes de la gran región asiática relacionadas con su aislamiento, lo extremoso del clima, lugar de destierro de personajes de la corte, etc. Después, algunos viajeros representantes de comercio y otros visitantes habrían propagado su nombre…”. Camacho Cabello, José. “La Siberia extremeña. Marco geográfico y desarrollo histórico” Revista de Estudios Extremeños. Vol. 55. Nº 3. Badajoz, 1999. Páginas 955-956.

[18] “…Su accidentada orografía por encuadrarse en el extremo nororiental de la provincia de Badajoz en la estribaciones de los Montes de Toledo que a su vez marcan el curso del Guadiana y del Zújar…”. González Ledesma, Cándido. “La cabaña ganadera de la Siberia Extremeña a mediados del siglo XVIII”. Actas de los IV Encuentros Comarcales. Estudios Comarcales Vegas Altas, La Serena y la Siberia. Siruela, 8 y 9 de abril de 2011. Diputación de Badajoz. Badajoz, 2012. Página 247.

[19] “…En la Meseta sur, Extremadura y Andalucía predominaban los latifundios, pertenecientes a la nobleza…”. Carreras Albert y Tafunell Xavier. Historia Económica de la España Contemporánea. Ed. CRÍTICA. Barcelona, 2007. Páginas 12 y 13.

[20] “…al menos desde finales del siglo XII era éste un terreno poco o nada poblado, situado en medio de una extensa franja fronteriza cuyos límites fueron traspasados frecuentemente por cristianos y musulmanes en continuas incursiones de reconocimiento y saqueo…”. Adámez Díaz, Antonio. Opus cit. Páginas 26 y 27.

[21] “…al sur y hasta donde llegaban los límites jurisdiccionales del alfoz, es posible que solamente estuviera poblada la aldea de Orellana la Vieja en los albores del siglo XIV. La colonización de esta parte de la penillanura y de la llanura aluvial de la margen derecha del Guadiana se produjo a lo largo del siglo XIV con distintas alternativas y desiguales resultados. El único poblamiento agrupado por la dos Orellanas, Acedera y Navalvillar, se ordena alrededor de la sierra de Pela en el extremo sur… ”. Bernal Estévez, Ángel. Opus cit. Páginas 115 y 116.

[22] “…Esta zona era de pastos y de tránsito de ganados trashumantes, resultaba peligrosa por su despoblación y lejanía y era objeto de frecuentes ataques de las bandas de golfines que merodeaban por sus parajes…”. Bernal Estévez, Ángel. Opus cit. Página 116.

[23] “…Si al lugar de Navalvillar, que es en termino de Trujillo, fuese dado término para que viviesen los que agora en el moran, que se vendrian a bivir a el de mas de los que agora en el moran, otros muchos asi de tierra de Toledo como de otras partes por que la Tierra de Trujillo fuese mejor poblada ellos acordaron de dar termino a el dicho Lugar…”. Bernal Estévez, Ángel. Opus cit. Página 116.

[24] “…Amojonamiento y Deslinde del ejido de Navalvillar por sentencia del bachiller en leyes Bartolomé Rodríguez el 16 de diciembre de 1418”. En Navalvillar, a 18 de marzo de 1418, ante el escribano Blasco Domínguez. El primer mojon es en la fuente de Ruyo eluego en su derecho va adar ala majada del mesto edonde asu derecho ala cabezuela edonde como va a dar en el resto de la Jara e dehay huesas e en su derecho de navamojada quedando lanave en el Exido e donde ayuso en su derecho como va adar su el Aguila de la pedriza edonde en su derecho como va adar enla huerta del membrillo edonde isu derecho como va al camino que va dela Parrilla a Navalvillar ederecho como da por la linde y mojones de entre ambas pelas edonde su derecho tomando al primer mojon fincando a salvo de los q parecieren a Navalvillar…”. A.M.T. Amojonamiento y deslinde del ejido de Navalvillar por sentencia del bachiller en leyes Bartolomé Rodríguez el 16 de diciembre de 1418. En Navalvillar, a 18 de marzo de 1418, ante el escribano Blasco Domínguez. Legajo 2, carpeta 4. Folios 1r-2r. Legajo 3. Folios 258r-259v. Se hizo un segundo amojonamiento por el corregidor de Trujillo, Álvaro Porras, en Acedera, a 16 de octubre de 1492, ante Alfonso Rodríguez de Almazán. Legajo 2, carpeta 4. Folios 2r-4r. Legajo 3. Folios 259v-262r. Hay un segundo cuadernillo que contiene un traslado de 15 de febrero de 1629 y una copia del acta de restitución que se hizo a la ciudad de Trujillo de un pedazo del ejido de Navalvillar. En Navalvillar, a 3 de mazro de 1418. Legajo 2, carpeta 4. 13 folios.

[25] “…Navalvillar estaba encontrando tantísimas dificultades para poblarse que en 1418 el concejo se ve obligado a concederle término propio para facilitar la atracción de nuevos pobladores, en medio de un mar de dudas sobre sus posibilidades de supervivencia, finalmente despejadas hacia finales de este siglo cuando se produce un intenso movimiento roturador, documentado a través de 23 licencias de rompimiento de terrenos en el breve transcurso de 6 años…”. Bernal Estévez, Ángel. Opus cit. Página 114.

[26] “…Aunque tardía en su origen y más aún en su poblamiento, esta zona marginal y extrema del término de Trujillo logró crear una red de núcleos poblados con tendencia al agrupamiento (entre 5 y 9 Km de distancia entre sí), donde vuelven a repetirse dos elementos casi constantes, la presencia del relieve accidentado y la repetición del binomio tierra de extremos (…). Esta zona era de pastos y de tránsito de ganados trashumantes, resultaba peligrosa por su despoblación y lejanía y era objeto de frecuentes ataques de las bandas de golfines que merodeaban por sus parajes…”. Bernal Estévez, Ángel. Opus cit. Página 116.

[27] “…Don Fernando Pizarro y Orellana, Comendador de Bétera, regidor perpetuo de Trujillo y del Consejo de Órdenes, inicia las gestiones para convertirse en señor de Navalvillar…” Sánchez Rubio, Mª Ángeles y Sánchez Rubio, Rocío. “Jurisdicciones en venta. La Tierra de Trujillo en los siglos XVII y XVIII”. La Tierra de Trujillo: desde el Barroco al Neoclasicismo (Siglos XVII y XVIII).Actas del Congreso. Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Trujillo, 2007. Página 31.

[28] “…Don Juan de Orellana Pizarro adquiría el 6 de diciembre de 1628 el señorío de Navalvillar, de unos 300 vecinos y una legua de término, con la condición expresa de que dicho señorío sería firme sólo en el caso de que la ciudad no pudiera satisfacer la cantidad prometida a cambio de cesar las ventas y, puesto que dicho pago podría dilatarse, se procedería a dar la posesión del lugar a su nuevo señor…”. Sánchez Rubio, Mª Ángeles y Sánchez Rubio, Rocío. “Jurisdicciones en venta. La Tierra de Trujillo en los siglos XVII y XVIII”. La Tierra de Trujillo: desde el Barroco al Neoclasicismo (Siglos XVII y XVIII).Actas del Congreso. Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Trujillo, 2007. Página 43.

[29]“…La jurisdicción y señorío y vasallaje del lugar de Navalvillar jurisdicción de la ciudad de Trujillo el cual declaró tendría doscientos vecinos y una legua de termino y que pagaría su precio a diez y ocho mil ciento y treinta maravedís siente mil doscientos y cincuenta ducados por legua (…) consintió que la dicha venta se hiciese con don Juan de Orellana Pizarro caballero de la orden de Santiago…”. Díaz Ramírez, Segundo. En busca de la historia de Navalvillar de Pela. Don Benito (Badajoz), 1988. Páginas 60 y 62.

[30] “…Sepan quantos esta carta de poder vieren como nos, el conçejo, justicia y regimiento del lugar de Navalvillar de Pela, jurisdiçion de la çiudad de Trujillo, estando juntos en nuestro conçejo y ayuntamiento, hvienéndose para ello tocado la campana como es costumbre, coviene a saber, Andrés Moreno de Juan Alonso y Lucas Fernández de la Sierra, alcaldes ordinarios de este lugar pos Su Magestad, y Juan Arias y Bartolomé Sánchez Gutierre y Miguel Hernández Ramos, regidores del conçejo de dicho lugar, en voz y en nombre deste dicho conçejo y sus veçinos y por lo que toca al bien e derecho deste dicho lugar, dezimos que por quanto a la nuestra notiçia ha venido que don Juan de Orellana, veçino de la çiudad de Trujillo, para sí mimo o para don Fernando Piçarro su hermano o para don Juan Pizarro, veçino y regidor de dicha çiudad, quieren comprar la jurisdiçion deste dicho lugar y quitarla de la dicha çiudad de Truxillo que la tiene, y ser esto en gran daño y perjuiçio de los vezinos deste dicho lugar por salir del señorío de su rey y señor natural y pasar a la de un cavallero (…) y para no reparar y remediar, usando de lo que el derecho nos conzede y con comun consentimiento de la gran parte de los veçinos deste dicho lugar, otorgamos nuestro poder cumpido como de derecho se requiere a Juan Moreno y Alonso Gonzáles de la Sierra y Pedro Garçia Ximeno, vecino de dicho lugar, y a Bartolomé Álvarez de Prado, procurador en los Reales Consejos (…) para que por nosotros y en nuestro nombre y del dicho conçejo y lugar y sus vezinos y república, puedan contradezir la dicha venta o enagenaçión y suplicar y supliquen a Su Magestad y señores de sus Reales Consejos se le dé a este dicho lugar y sus veçinos por el tanto la jurisdiçion y señorío que tiene comprada el dicho don Juan de Orellana o el dicho don Fernando o don Juan Pizarro o otra qualquiera persona de qualquier estado o calidad que sea. Que este lugar y conçejo y sus veçinos ofrezen de servir a Su Magestad con la misma cantidad y en la misma forma y manera que los susodichos (…) y para la paga y cumplimiento dello puedan obligar y obliguen al dicho lugar y conçejo y sus vienes propios y rentas presentes y futuros; sobre lo qual puedan otorgar y otorgen todas y cualesquiera escritura o escrituras (…). En el lugar de Navalvillar a veinte y nueve días del mes de henero de mil seisçientos veinte y nueve años….”. Sánchez Rubio, Mª Ángeles y Sánchez Rubio, Rocío. Opus cit. Página 92.

[31] “…Antes de marcharse se llevó un famoso reloj que aún se conserva en una de las torres del Palacio en Orellana la Vieja, debajo del mismo hay una inscripción que dice: aunque me ves que aquí estoy del Valdelapeña soy…”. Díaz Ramírez, Segundo. Opus cit. Página 73.

[32] Fernando VI de Borbón (Madrid, España, 23 de septiembre de 1713 – Villaviciosa de Odón, provincia de Madrid, 10 de agosto de 1759), llamado el Prudente o el Justo, rey de España desde 1746 hasta 1759, cuarto hijo de Felipe V y de su primera esposa María Luisa Gabriela de Saboya. Se casó en la Catedral de San Juan Bautista de Badajoz con Bárbara de Braganza en 1729, que fue Reina de España hasta su muerte en 1758.

[33] Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada (1702-1781), fue un estadista y político ilustrado español. Llegó a ocupar los cargos de secretario de Hacienda, Guerra y Marina e Indias. Nació en Hervías o en Alesanco, ambas en la actual comunidad autónoma de La Rioja (España), probablemente el 20 de abril (día de san Zenón) de 1702, y murió en Medina del Campo, actualmente en la provincia de Valladolid (España), el 2 de diciembre de 1781.

[34]“…Con Fernando VI, bajo administración del Marqués de la Ensenada, se adoptan en 1740 instrucciones para formalizar un Catastro General a fin de crear un nuevo sistema tributario y establecer la Única Contribución. Para obtener los datos necesarios se plantea un Interrogatorio de 40 preguntas, dirigidos a los diversos pueblos de la Corona de Castilla que sirva para confeccionar el libro de Repuestas Generales de la jurisdicción, diferentes a las Respuestas Particulares o conjunto de declaraciones sobre patrimonio individuales…”. Rodríguez Cancho. M. “Interrogatorios del siglo XVIII. Estudio Comparativo”. Norba. Revista de arte, geografía e historia. Nº 2. 1981. Página 223.

[35] “…Sucesivos ministros de Hacienda de Felipe V y Fernando VI acariciaron la idea de establecer para toda España la “única contribución”, a la vista de que en Cataluña se daba la feliz conjugación de aceptación social del tributo y altos ingresos para el erario con un fuerte resurgimiento económico. Uno de esos ministros, el marqués de la Ensenada, convenció al monarca de la bondad del proyecto. Se puso en marcha mediante la promulgación de un decreto en 1749 que mandaba confeccionar un catastro de la riqueza de las provincias de Castilla (…). En un lapso de tiempo breve (dados los medios de la época) fue compilada toda la información que podía recabarse públicamente sobre las propiedades y los ingresos del conjunto de la población…”. Carreras Albert y Tafunell Xavier. Opus cit. Página 11.

[36] “…Don Diego Sánchez Ramiro cura teniente de la Parroquia de Santa Catalina (…) Juan Martín Almohalla y a Juan Mayor, Alcaldes pedáneos de primero y segundo voto uno y otro del estado General, Diego Miguel, Pedro Gimeno y Bartolome Nogales, Regidores, Juan Muñoz Parralejo, Procurador Síndico, Juan Bernal y Pedro de Masa, escribanos del Concejo que todos juntos componen Ayuntamiento que concurrieron con dicho cura, y en compañía de Ambrosio Nogales, Cristóbal Ramiro y Alonso García Redondo vecinos de este lugar…”. Ibídem. Folio 107v.

[37] “…21ª A la vigésima prima dijeron que este pueblo se compone de trescientos sesenta y cuatro vecinos y que no hay en su término ningunas casas de campo ni alquerías y responden. 22ª A la vigésima segunda dijeron que este pueblo tiene trescientas diez casas habitables, veinte y siete inhabitables y tres arruinadas y responden (…) 36ª A la trigésimo sexta dijeron que en este pueblo hay cincuenta pobres de solemnidad, y responden (…) 38ª A la trigésimo octava dijeron que en este pueblo hay seis eclesiásticos incluso los tenientes de cura y responden. 39ª A la trigésimo novena dijeron que en este pueblo no hay convento alguno y responden…”. Ibídem. Folio 118v.

[38] “…Durante mucho tiempo, durante todo el XIX y buena parte del XX, se han estado utilizando coeficientes muy altos en parte para estar compensar las ocultaciones de los vecindarios. Pero tras los estudios de Bustelo se ha reconducido el tema y se utilizan coeficientes muchos menores en torno a 3,5-4. Nosotros creemos que el coeficiente de conversión de vecinos en habitantes para la tierras de la Submeseta Sur se mueve en una banda comprendida entre 3,5 y 4,2 siendo su valor más probable algo inferior a 4 a mediado del siglo XVIII, 3,8 para los vecindarios del Catastro…”. Camacho Cabello, José. “La población de la Siberia Extremeña. Siglos XVI, XVII y XVIII”. Revista de Estudios Extremeños. Tomo LVI. Nº 1 Enero-Abril. Badajoz, 2000. Página 210.

[39]“…3ª A la tercera dijeron que a juicio prudente les parece tendrá este término desde Levante a Poniente una legua, y del Norte al Sur otra con poca diferencia, y que el circuito tendrá tres leguas y media (…) por el L linda este término con el da la ciudad de Trujillo, por la dehesa que llaman de Alcornocalejo (…) por P con alijares comunes que están en el termino de dicha ciudad, por el N con tierra y dehesas de Ntra. Sra. de Guadalupe, que están en dicho término de la referida ciudad, y con la caballería de ella que llaman el Guijo y por el S con la dehesa que llaman de Pela, propia del Conde del Real (…) y con el alijar de la contienda ciudad contigua la dehesa de los Cogolludos, propia del Marqués de San Juan y de Orellana la Vieja…”. A.G.S. Catastro de Ensenada, Respuestas Generales de la aldea de Navalvillar de Pela, 8 de agosto de 1753. Folio 109 r.

[40] “…4ª A la cuarta pregunta dijeron que todas las tierras y terreno del término son de secano a excepción de algunas que hay de regadío para hortaliza en huertos que estas producen en los sitios de Valdelapeña y Valdemenbrillo, siendo todas las demás de secano de tierras muradas de viñas, olivares, frutales, tierras de labor, dehesa boyal de pasto, ejido, baldíos, bosques y matorrales (…) 5ª A la quinta que todas las tierras de labor del termino declaradas son de primera, segunda y tercera calidad y las de pasto solo de segunda y tercera y la que ocupa la hortaliza en huertos de regadío de primera, la de frutales de primera y regada la de viñas solo de segunda, y la que ocupan los olivares de primera, segunda y tercera, responden 6ª A la sexta dijeron que los plantíos de árboles que se hallan en las tierra declaradas de este término son olivos, viñas, cereales, higueras, melocotones, granados y algunas encinas (…) 10ª A la decima pregunta dijeron que en el término de este pueblo, a juicio prudente, les parece ocupará en sembradura seis mil y trescientas fanegas de trigo (…) de riego fanega y media de primera calidad, en viñas dos fanega y media de segunda, en frutales de primera y segunda veinte fanegas de por mitad en olivos ciento y dieciocho fanegas, las diez y ocho de primera calidad, cincuenta y cuatro de segunda y lo restante de tercera; en tierra de labor de particulares doscientas setenta y cuatro de primera calidad, cincuenta de segunda y cuatro de tercera, ciento treinta y seis fanegas y lo restante inútiles por desidia…”. Ibídem. Folio 109v

[41] Ibídem. Folio 112r.

[42]“…a la vigésima dijeron que en este pueblo hay las especies de ganado vacuno de bueyes, vacas, ovejas, carneros, cabras, machos, cerdos, caballos, mulas, mulos, jumentas, jumentos y que no hay quien tenga en él cabaña ni yeguada que pasten en su término, ni hay caballos de regalo, ni mulas de coche, responden…”. Ibídem. Folio 118r.

[43] “…Cuyos ganados lanares trashumantes son propios del Marqués de Belamazán y Gramosa, vecino de la villa de Agreda en Castilla la Vieja…”. Ibídem. Folio 118r.

[44] La apicultura es la actividad agropecuaria dedicada a la crianza de abejas y a prestarles los cuidados necesarios con el objeto de obtener y consumir los productos que son capaces de elaborar y recolectar.

[45] “… 19ª A la decima novena dijeron que es este término hay mil doscientas y noventa y seis colmenas regular crian entre tres un enjambre, considerando su valor anualmente, por un quinquenio, siete reales, a cada una la consideran media libra de cera en rama a tres reales, la libra de miel cuartillo y medio, a real y medio el cuartillo, que junto todo de enjambre, miel y cera, hecha la cuenta queda una utilidad al año a cada colmena siete reales y medio y a cada una regulan su valor en catorce reales…”. A.G.S. Catastro de Ensenada, Respuestas Generales de la aldea de Navalvillar de Pela, 8 de agosto de 1753. Folio 117r

[46] “…17ª A la décima séptima dijeron que en este término hay tres molino harineros, uno al sitio del arroyo Gargáliga distante del pueblo media legua de dos paradas, propio de Don Antonio Nogales presunto residente en Indias en la ciudad de Puebla de los Ángeles que hoy administra su madre, Ana Murillo, vecina de este lugar, viuda de Bartolomé Nogales (…), otro molino de una parada en la misma ribera de Gargáliga y la misma distancia , propio de Ambrosio Nogales y Juan Martín Arroyo, vecinos de este lugar (…) y otro de una parada al sitio del arroyo Hermoso distante del pueblo un cuarto de legua, propio de Don Joseph Muñoz de Nogales capellán de menores, residente en la villa del Alcázar de San Juan, provincia de la Mancha, el que administra Juan Muñoz Parralejo, su padre (…). Asi mismo hay un molino de aceite de una viga dentro del pueblo al sitio de la ladera, propio de Ambrosio Nogales (…). Un tejar al sitio de Santa Ana distante del pueblo doscientos pasos, propio de Pedro Gallardo (…) otro al dicho sitio y distancia al que regulan de utilidad sesenta reales, que es propio del concejo de este lugar…”. A.G.S. Catastro de Ensenada, Respuestas Generales de la aldea de Navalvillar de Pela, 8 de agosto de 1753. Folio 114r.

[47]“…33ª A la trigesima tercia dijeron que este pueblo hay un alarife o albañil llamado Joseph Pino (…), un herrador o albertar (…), un herrero que lo es Pedro Broncano (…), hay dos zapateros que son Martín Fabero y Antonio Gomez (…), dos sastres que lo son Juan Beato y Pedro Pacha…”. Ibídem. 125r

[48] “…29ª A la vigésima novena dijeron que en este pueblo hay solo una taberna pública que al presente mantiene vende por mayor o por menor Bartolomé Sánchez Hidalgo, vecino de él al que regulan por este trato de utilidad anual seiscientos Reales por sí, y saben que el Concejo tiene ajustados los derechos sisa en novecientos Reales al año, con más siete arrobas de vino para sus gastos; hay también un Abasto de Jabón el que al presente mantiene Simón Fernández, vecino de Orellana la Vieja, con la obligación de pagar el cuarto en libra a su Majestad en la ciudad de Trujillo…”. Ibídem. Folio 122v

[49] “…31ª A la trigesima prima dijeron que en este pueblo no hay tratante, ni comerziante alguno, que por sí, ní otra persona administre su caudal…”. Ibídem. 123v.

[50] “…18ª A la decima octava dijeron que el esquilmo animal de las ovejas de la tierra considerando la lana, borrego y queso, producen en esta forma entre nueve ovejas regular una arroba de lana, y esta por su valor cuarenta reales, entre tres crian un borrego y esta al destete le regulan vale ocho reales, de queso a cada una le consideran una libra a real y medio cada una, la cuenta viene a dar de esquilmo cada una anualmente ocho reales y veinte maravedís y medio, una borrega de año regular vale catorce reales y de dos años que hace ya de oveja diez y ocho reales (…), al cabrio entre dos cabras regular crian un chivo, que este al destete le consideran siete reales de valor, a cada una de queso la regulan dos libras (…). A cada vaca de vientre la regulan criando entre tres un becerro, que este al destete le dan de valor cincuenta reales (…) a cada puerca de cria la regulan crian dos lechones, al destete consideran cada uno de valor de doce reales, queda de utilidad veinte y cuatro reales, de marranillo vale veinte y cuatro reales, de marrano de dos años cincuenta, y de tres años arriba que es puerco setenta reales y si este se engorda podrá llegar, unos años con otros, en un quinquenio de siete arrobas, regulando cada una a trece reales (…). Una jumenta consideran cada tres años una cria y esta al año, de macho o hembra, la regulan valer sesenta reales, en que viene a quedar de utilidad anualmente veinte reales; siendo de dos años el jumento vale cien reales, de tres años arriba que hace de burro para poderse trabajar con el, le regulan en ciento y cincuenta reales, siendo hembra de dos años vales noventa reales y de tres arriba que es burra para criar ciento y treinta reales…”. Ibídem. Folio 195r.

[51] “…a Juan Nicolás González sacristán y organista, por su oficio incluso los emolumentos le regulan novecientos Reales al año; a Juan Martín Almohalla y a Juan Mayor, Alcaldes les consideran de utilidad, por las dependencias que se ofrecen al Común de vecinos fuera de lo que tienen por el Concejo, treinta Reales a cada uno, a los regidores Diego Miguel, Pedro Ximeno, Bartolomé Nogales por lo mismo y por las posturas y remates doce Reales a cada uno, además de lo que tienen por el Concejo a Juan Bernal del número de Ayuntamiento la regulan de utilidad, además del salario que le da el Concejo y rebajados los ochenta Reales que paga de pensión al convento de Guadalupe, por dependencias sueltas, y asistimiento al Pósito trescientos y ochenta Reales, así mimo le regulan por Notario Apostólico cuarenta Reales, a Pedro de Masa, escribano de la otra escribanía de número, y Ayuntamiento se le regulan de utilidad por la misma razón trescientos y ochenta Reales, por no ser notario; a Juan Sánchez Orzio por su oficio de cirujano, sangrador y barbero se le regula de utilidad al año novecientos Reales, a Joseph Adame por lo mimo mil Reales a Pedro Francisco Javier, maestro de primeras letras en atención a los cortos muchachos le consideraron doscientos cincuenta Reales, el que no tiene salario por el Concejo…”. Ibídem. Folio 195v.

[52] “…2ª A la segunda que este pueblo es aldea de la ciudad de Trujillo, con jurisdicción pedánea, cuyo Corregidor aprueba y confirma anualmente Alcaldes, Regidores, Procurador, Ministro y demás justicia que le proponen los que cumplen, y que saben y les consta, por estar así encabezado, pagan los vecinos de este pueblo anualmente a su Magestad, en sus arcas Reales de dicha ciudad por razón de alcabalas cinco mil cuarenta Reales (…). 23ª A la vigésima tercia dijeron que este Pueblo y su Concejo goza y tiene por suyo propio una casa de Ayuntamiento con su Cárcel inclusa en ella, el Pósito de granos y contiguas a ella las casas Carnicería en el sitio de la Plaza pública; tiene así mismo un hospital sin renta para albergue y recogimiento de pobres al barrio de la Caridad…”. Ibídem. Folios 108v, 118v y 122r.

[53] “…25ª A la vigésimo quinta dijeron que este Concejo paga anualmente por fiestas del Corpus cincuenta y tres reales (…) A la Demanda de San Antonio Abad de Salamanca, y costo que hace la persona que viene a su cobranza, veinte siete reales; del hospital de locos de Valladolid, seis reales; a la Casa Santa de Jerusalén, seis reales (…) 26ª A la vigésima sexta dijeron que este Concejo tiene contra si tres censos impuestos con facultad real redimibles, que el uno es de mil y quinientos reales de réditos anuales que se pagan a la obra pía que en la villa de Orellana la vieja fundó Don Jacinto Ruiz, Arcipreste que fue de la de Santa Olaya, en el arzobispado de Toledo, los que se pagan a Don Francisco Leal cura rector de este pueblo, y residente en la villa de Orellana la Vieja, como administrador de dicha obra y su Principal es de cincuenta mil Reales…”. Ibídem. Folio 120r.

[54] “…A la primera dixeron: que este lugar es aldea de la ciudad de Truxillo y que esta en su capital, y dista de ella diez leguas. Y su situación por los quatro vientos es la siguiente: por la parte del sur esta situado al sopie de la sierra nominada Pela y constituido en terreno pedregoso y parte de planicie pendiente de la sierra, dista de la villa de Cáceres quince leguas. Tiene de extensión el termino de lebante a poniente una legua, de norte a sur otra; confina por parte de lebante con termino de la villa de las Casas de Don Pedro, de la que dista tres leguas, por la del sur con villa de Orellana la Sierra y dista una legua, por poniente con el lugar de Acedera distante una legua, y por la del norte con deesas del Monasterio de Guadalupe. Todos estos pueblos estan comprehendidos en el termino de la nueba Audiencia de Cazeres; este lugar, el de Orellana la Sierra y Azedera son del Obispado de Plasencia, y el de las Casas de Don Pedro a el Arzobispado de la ciudad de Toledo…”. Barrientos Alfageme, Gonzalo y Rodríguez Cancho, Miguel. Interrogatorio de la Real Audiencia. Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de Trujillo. Tomo II. Asamblea de Extremadura. Badajoz, 1996. Página 347.

[55] “…A la primera se responde: que este lugar es aldea de la ciudad de Trujillo, su capital y dista de ella diez leguas; su situación por los quatro vientos es como se sigue: por las del sur esta situado al sopie de la sierra nominada Pela, su termino parte de planicie y parte pendiente de dicha sierra, y dista de la villa de Cazeres quince leguas. Tiene su termino de extensión desde levante a poniente una legua y dede el norte al sur otra con corta diferencia. Confina por la parte de levante con terminos y jurisdiccion de la villa de la Puebla de Alcocer y con los de las Casas de Don Pedro, la distancia a estos al primero dista tres leguas y al segundo dos, y por la poniente con terminos del lugar de Azedera y dista de esta una legua, por la parte del sur con termino y jurisdiccon de la Villa de Orellana la Sierra y dista de ella una legua, por la del norte con termino o deesas del Real Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe y termino y jurisdizion del lugar de Logrosan; y este pueblo es de la jurisdizion desta nueva Audienzia y este pueblo es del Obispado de Plasencia…”. Ibídem. Página 356.

[56] “…43. Se responde: que en la sierra referida en la repuesta a la pregunta quarenta y una hay muchos azebuches, olivos silvestres, que se pueden enxertar, pero este terreno ni el de sus faldas no es facil dividirse suertes entre los vecinos por sus muchas pendientes, piedras y maleza, pero es conveniente que desde el camino de San Andres y el de Azedera para arriba se de facultad al vecino que quisiese hazer heredad para hacerla, señalando antes la justicia terreno y poniendo el muro correspondiente para defensa de los arboles (…) 44. Se responde: que en los terminos de este pueblo hay una sierra poblada de charnecas y de toda especie de monte pardo, cuia cavida desde el camino de San Andres por una parte y por la otra desde el camino de Azedera es extensa, no puedo individualizarla, me remito a lo que la señora justicia ha ynformado sobre este particular; se halla inculta a causa de sus pendientes y muchas piedras…”. Ibídem. Página 365.

[57] “…A la quadrajesima quarta se dice: que en el termino no ai mas arboles que algun alcornoque y mui rara encina, y no se aprovecha su fruto por estar entre monte feroz y bravios. Y no ai noticia de yerbas medicinales y en la sierra suelen cogerse la grana o pelotilla de la mata llamada coscoja para el tinte en grana y suelen venir los valencianos a por ellas…”. Ibídem. Página 354

[58] “…A la octava dixeron: que las calles de este pueblo las unas son anchas y angostas, y las mas de ellas tienen poca pendiente, y aunque estan limpias no tienen el correspondiente aseo por no estar empedradas la mayor parte de ellas…”. Ibídem. Página 349.

[59] Ibídem .Página 358.

[60] “…A la novena dixeron: que ay una casa de posada en que voluntariamente recojen algunos camineros o arrieros, de corta capazidad su estension. Que ay un camino real que confina con la deesa boyal de este lugar, llano y espazioso, sin transitos peligrosos y que solo an conzido en el dos desgracias que fueron causales, pero no por defecto del camino (…). A la vijesima prima dixeron: que ay un solo hospital y que este no tinene mas dotazion que la de diez y seis maravedies que contribuie cada vezino difunto y este se administra por la justizia, distribuiendolo en sus reparos y aseos…”. Ibídem. Página 349.

[61]“…9. Se responde: que en este pueblo ai solo una casa de posada, en la qual se recojen algunos arrieros. Y ai solo en este termino un camino real, en el cual no hay paso peligroso y si solo se a adbertido en dos o tres desgracias en la entrada de lo confines de la villa de las Casas de Don Pedro (…). 21. Se responde: que en este pueblo hay solo un hospital y no tiene otra dotacion que diez y seis maravedies de cada difunto, se administra por la justicia actual y su limosna se emplea en repartos y aseos…”. Ibídem. Página 358.

[62] “…A la tercera dixeron: que este pueblo tiene trescientos sesenta vecinos, y de estos son ciento y veinte labradores y peujaleros, ciento y cinquenta jornaleros, quarenta i dos de oficio de ganaderos, diez artesanos, cinco empleados en el travaxo de artes liberales, y treinta i tres viudas, no ai gremio con ordenanzas algunas. Y las dibersiones mas comunes son el calva, varra y caza, y no se nota vicio alguno con esceso, ni los jornaleros abusan en el modo ni oras de trabajo, y se les pago de jornal lo siguiente: en la sementera dos reales, en recolecion de frutos a quatro reales…”. Ibídem. Página 348.

[63] “…A la tercera se responde: que tiene este pueblo de vecindad trecientos sesenta vecinos, y son aplicados a la lavor y usan de ella con corta diferencia ciento treinta vecinos, y cinto i quince poco mas o meno estas sirbiendo de ganaderos, unos en el Monasterio de Guadalupe i otros en este pueblo i en los inmediatos, los demas restantes son artesanos, y ai de oficio de sastre quatro, cinco zapateros, dos albañiles, dos cirujanos, un boticario; que no ai gremios algunos. Y la diversión mas comun entre los moradores es la barra y juego de calva, y cazar fieras, conejos y perdices; y no se nota especial inclinacion a vicio alguno, ni abuso en los oficiales i jornaleros en el modo u horas de sus trabajos, ni en el precio de sus jornales, siendo el corriente en este pueblo en la sementera dos reales y en la recoleccion de mieses quatro reales…”. Ibídem. Página 356.

[64] “…A la trijesima octava dixeron: que ay en este pueblo una fuente con abundanzia de agua de buena calidad, y en el término ay algunas de corto mineral. Y los rios mas ynmediatos son las Gargaligas, que pierden la corriente en tiempo de estio y de ynvierno mantienen alguna pesca de pezes medianos, pero de buena calidad y se aprobechan sus aguas en alguna tablas ondas para los ganados de todas espezies. Y no se conoze ayga aguas minerales ni uso de ellas…”. Ibídem. Página 353.

[65] “…38. Se responde: que en este pueblo (hay) una fuente con mucha abundancia de superior calidad, he tomado informes de los cirujanos en orden a la mayor utilidad de ella y me afirman y aseguran que limpiandola todos los años se nota mucho alivio en las enfermedades y aumento del gentio, como se a esperimentado principalmente en las quartanas y tercianas. Es cierto que depende tambien este quebranto de estar abierta y hechar muchas inmundicias, por lo que mi parece era el ponerla en medio del pueblo con cañeria y caños por ser facil su execucion y ser utilisimo al pueblo por estar muid estante de el, y en tiempo verano van las señoras mugeres por agua cometiendo mucho excesos. Tambien hay otras en el dicho termino, aunque suelen secarse en el estio. Hay un rio nominado Gargaligas, que tambien pierde su corriente en el verano y solo quedan en el estio algunos charcos profundos, donde mantiene alguna pesca de buena calidad y se aprovechan sus aguas por los ganados de estos vecinos. No hay sitio comodo para habrir canal o zequia para riego y se experimenta grande necesidad de agua en el estio y no hallo remedio para reparar este daño que en aumento y extensión de las lagunas del termino. No hay minerales de que se pueda usar…”. Ibídem. Página 364.

[66] “…a la vijesima septima dixeron: que ay maestro de niños de primeras letras, sin dotación alguna, pagando cada niño al maestro un solo real al mes y cada semana ocho maravedies en el dia sabado. Y que no ay estudio de gramatica e ygnoran el medio para establezerle…”. Ibídem. Página 352.

[67] “… 27. Se responde: que en este pueblo hay un solo maestro de primeras letras, sin dotación fija y contribuie cada un niño con un real cada mes y diez y seis maravedies a la semana; este pueblo por ser mui numeroso y por instantes aumentarse, pues de treinta años a esta parte hay seiscientas personas mas y ser mui notable el perjuicio de la poca solicitud en esto, soy de parecer que convenia que huviese dos con alguna dotacion del fondo, de donde ha de salir lo ignoro. Y no hay estudio de gramatica e ignoro el medio de establecerle a causa de los cortos propios y rentas de este concejo…”. Ibídem. Página 363.

[68] “…NAVALVILLAR DE PELA, L. de España, provincia de Estremadura, partido de Trujillo, obispado de Plasencia. A.P., 512 vec., 2,388 habitantes, I parr, I pósito. Situado en la falda N. de las sierras de su nombre, con buenas aguas y clima, cercado de tierras de labor, olivares y viñas en la parte de la sierra, y en todo lo demas monte bajo…”. Miñano, S. Diccionario geográfico y estadístico de España y Portugal. Tomo VI. Imprenta de PieratPeralta. Madrid, 1827. Página 228.

[69] “…A la segunda dixeron: que este lugar no es de señorío particular, no ai mitad de oficios, y la elección de sujetos de justica se hace por los vocales que salen cumplido el año, y aprobandola el corregidor de la capital y no abiendo padecido antes contradicción de los vecinos, a quienes se hace saber. Y el numero de estos sujetos se comprende de dos alcaldes, el uno que es de primer voto es presidente de la junta de propios y el otro lleba el gobierno del posito con los interbentores de el, ai tres regidores, dos diputados de abastos y un procurador personero, haciendo la eleccion de estos tres ultimos por votos de los veinte quatro electores que nombra todo el cumun de los vecinos, con arreglo a la real ynstruccion y ordenes comunicadas a este fin. Los alcaldes son pedaneos y solo conocen de las causas que no esceden de la cantidad de dos mil maravedies por mas o menos. No ai abogado ni procurador en este pueblo y si ai dos escribanos nuemerarios y ambos de ayuntamiento, i son las suficientes para este vecindario, tienen de salario anual cada un quatrocientos reales que se pagan del caudal de los propios y arbitrios aprovados por el reglamento, y se guarda el arancel de la Real Pragmática de mil setezientos veinte i dos…”. Barrientos Alfageme, Gonzalo y Rodríguez Cancho, Miguel. Interrogatorio de la Real Audiencia. Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de Trujillo. Tomo II. Asamblea de Extremadura. Badajoz, 1996. Páginas 347 y 348.

[70] “…a la quinta dixeron: que ay casas de ayuntamiento, con su carcel de mediana estension y una panera para el trigo del posito, que no ay archivos publicos ni ofizios de hipotecas…”. Ibídem. Página 348.

[71] Ibídem. Página 357.

[72] “…a la trigésima quinta dixeron: que en este termino se crian trigo, zevada, avena, zenteno, pero con escasez a causa de ser terreno poco fértil. Y que se cria el fruto de azeituna de buena y mediana calidad, por ser el terreno acto para ello. Y tambien se crian buena peras, granadas y algunas ciruelas, y de todo esto se paga diezmo. Y todas estas especies se consuelen en el pueblo, sin que se verifique aiga sobrante, a escepcion de que algunos años le aiga de azeite y suele ser el precio por quinquenio a treinta i seis reales. Los diezmos de granos los perciben sus interesados en esta forma: el Señor Obispo de Plasenzia percibe dos partes, el cavildo de dicha ziudad dos partes, y la fabrica una, el señor cura tres partes, y la yglesia de ese lugar un noveno, y el Real Monasterio de Guadalupe un noveno y dos tercios. Y en estos referidos frutos no se nota aumento especial ni considerable, ni disminución. Tambien se coje algun lino…”. Ibídem. Página 364.

[73] “…Junto a la relación espiritual de la Iglesia con el pueblo, existió otra materia, económica, que permitía la financiación eclesiástica a través de la contribución de los fieles. Nos referimos a los diezmos y primicias, que habían de ser entregados cada año en señal de acatamiento al domino de Dueño Soberano…”. Pérez-Coca Sánchez-Matas, Carmen. “Tributación eclesiástica en la diócesis de Plasencia. Siglos XV-XVI. Anuario de la Facultad de Derecho. Nº 5. Universidad de Extremadura. 1987. Página 123.

[74] “…A la trijesima sextima dixejon: que se acostumbra en este pueblo cultibar las tierras con reja y azada, tirando la reja los bueyes mas comúnmente y algunas yuntas de jumentos…”. Barrientos Alfageme, Gonzalo y Rodríguez Cancho, Miguel. Interrogatorio de la Real Audiencia. Extremadura a finales de los tiempos modernos. Partido de Trujillo. Tomo II. Asamblea de Extremadura. Badajoz, 1996. Página 353.

[75] “…A la trijesima sesta dixeron: que solo en este pueblo ay dos guertas de riego, en la una se crian diferentes legumbres, como sin verzas, lechugas, tomates, pimientos; y esta arboleda de castaños, granados, higueras y algunos naranjos, duraznos. En la otra se suele plantar las mismas legumbres dichas y esta arbolada de olibos, granados y melocotones y higueras. Los referidos frutos son de mediana calidad. Asimismo ay otras guertas diferentes con pie de agua e yncultas a causa de confinar con terreno montuoso y recibir notable daño de la caza…”. Ibídem. Página 353.

[76] “…36. Se responde: que en el termino de este lugar hay dos o tres huertas de riego y se crian en ellas legumbres, a saber: brezas, lechugas, tomates y pimientos. Estan arboleadas, la una de castaños, higueras y algunos naranjos, granados y perales, que producen medicinalmente fruta de buena calidad; en la otra se plantan y crian las legumbres referidas y estan arboleadas con arboles de las referidas especies, a escepcion de los castaños. Hay quatro valles abundantes de aguas mui afables, para que si los vecinos tuvieran medios y mas aplicacion fuera un remedo de la Vera. Tambien impide mucho la inmediación de los montes feraces con quienes confinan, criandose en estos diversidad de caza, que las destruie y perjudica…”. Ibídem. Página 364.

[77] “…A la duodécima dixeron: que este lugar ay propios y arbitrios en esta forma: los propios valen setecientos diezisiete reales de la renta de un juro que este lugar tiene a su favor, y los arvitrios que consisten en el sobrante de yerbas de la deesa boyal y yerbas comunes del ejido, que valen por quinquenio dos mil y novecientos reales; y no ai mas caudales publicos que los referidos, los que se invierten con arreglo al reglamento aprobado con el Consejo…”. Ibídem. Página 349.

[78] “…46. Se responde: que se suelen quemar los montes el año que se sacan en labor de roza, repartiendo entre los vecinos labradores por suertes y aunque se hecha raya para defender los arboles utiles, se queman algunos con riesgo y peligro de pagar el daño que se juzga por los comisionados para el zelo deste ramo…”. Ibídem. Página 354.

[79] “…48. Se responde: que los vecinos deste pueblo tienen grande nezesidad de tierras y con este motivo an sacado algunos particulares algunas eredades en sesmos montuosos y algunas de tierra rasa sin monte, y esta de corta cavida, una estan ya desquajadas y otras no, se discute tendran facultad para aberlo ejecutado y el remedio que allamos para que los vecinos que no an tomado parte alguna de tierra no tengan perxuicio, es que la justicia les de permiso para sacar igual parte en terreno montuoso i de igual calidad (…) 44 “…Se responde: que en este termino hay pocos arbole utiles, a excepcion de los olivos. No hay noticia que se crien en el yervas medicinales (…) 49. Se responde: que este pueblo no tiene mas que la deesa boyal, que tiene de estension o de cavida setecientas i cinquenta fanegas, y no tiene sin monte, sino es de algunas cañadas y lo demas terreno esta cubierto de monte pardo, como son caharnecas, lentiscas y jaras; esta de puro pasto y se a labrado una o des veces con facultad real, y rozandola el monte y quemandolo después (…). 53. Se responde: ai caza de todas las especies con abundancia de la menuda y reses montunas, como son jabalíes, venados, gamos y muchos lobos, y toda ella ocasiona notables daños la caza en las sementeras y los lobos en los ganados. Se sale a matar dichas fieras tres o quatro veces al año y se premia cada caveza de lobo en quatro ducados y la de la loba ocho ducados, y de zorra en diez reales, y suelen matarse por año cinquenta o sesenta de todas clases…”. Ibídem. Páginas 366 y 367.

[80] “…55. Se responde: que ai cria de ganados de lana y cabrio y de zerda, y de todas clases ai corto numero; ai quatro o cinco vecinos que comercian en ganado cabrio y abra de esta especie, inclusas las cabras, dos mil cabezas por mas o menos; y el numero de el lanar asciende a mil y quinientas, inclusas las escusas de los ganaderos de Guadalupe; el nuecero de zerda sera de mil y doscientas…”. Ibídem. Página 355.

[81] “…54. Se responde: que ai colmenas y se crian y conserban en corchos, su número al presente asziende a el de mil y doscientas poco mas o menos, se alimentan de la flor del romero, jara, lentisca y madroñera y otras diferentes; y se ignora la cogida de la miel y cera por ser mui variable e incostante, y hace muchos años que dan poco fruto, pero el año que estan regulares suele dar cada una dos quartillos de miel y media libra de cera. No se esfuerzan los vecinos a esta granjería por los muchos animales que las devoran….”. Ibídem. Página 355.

[82] “…A la quarta dixeron: ai en este pueblo tres avastos publicos, que son vino, carne y javon, y estos se rematan sacandose a publica subasta en el mejor postor, y el importe se incluye en los repartimientos de las reales contribuciones. Y los pesos y medidas de que se usa en este pueblo estan arreglados al mardo de Abila y son conformes con los que los pueblos inmediatos. Y hace falta carnicería por no haver sitio para la matanza, ni despacho y siguiendose perjuicio al publico…”. Ibídem. Página 348.

[83] Ibídem. Página 349.

[84] “…A la oncena dixeron: que no ay fabricas de ninguna espezie ni tintes y si solo se fabrica el lienzo que se consume en el pueblo labrandose por solo mujeres…”. Ibídem. Página 349.

[85] Ibídem. Página 358

[86] “…40. Se responde: en este pueblo hay solo un molino de azeyte y no hay maquina especial que facilite el beneficio de la cosecha…”. Ibídem. Página 365.

[87] Ibídem. Página 354.

[88] “…A la dezima octaba dijeron: que en este pueblo ay solo una parroquia nominada Santa Cathalina, y que hinoran su dotacion y emolumentos; y que hay dos curas thenientes y estos los nombra el Ylustrisimo Señor Obispo de Pasenzia, y que el cura rector reside en la villa de Orellana la Vieja, a quien esta aneja esta parroquia…”. Ibídem. Página 350. “…16. Se responde: que no hay en este pueblo catedral alguna y solo hay dos curas thenientes, teniendo cada uno de renta fixa ochocientos reales, que les paga el cura rector de Orellana la Vieja, a quien esta anexa esta parroquia. Asimismo hay dos sacerdotes, cuia renta se espresara en la razon que se de las capellanias de este pueblo (…). 18. Se responde: que en este pueblo hay solo una parroquia nominada Santa Catalina y su dotacion y emolumentos consisten en el producto de un noveno que tiene a su favor de todos los granos y frutos, que suelen valer por un quinquenio seiscientos reales cada año; asimismo tiene a su favor escrituras de censos, cuios reditos anuales juntos en una suma componen la cantidad de cinquenta y seis reales y seis maravedies; ydem tiene a su favor el rompimiento de sepulcros, cuio producto regulado por un quinquenio quinientos y cincuenta reales; de modo que resulta ser su dotación anual la de mil doscientos y seis reales y seis maravedies poco mas o menos. Nombra los parroquos de esta yglesia el Ylustrisimo Señor Obispo de Plasencia…”. Ibídem. Página 359.

[89] “…A la vijesima terzia dijeron: que en este pueblo ay tres hermitas, una de Nuestra Señora de la Caridad, otra de San Sebastian y otra de Santa Ana, y que se concurre a ellas celebrando fiesta y prozesion, sin que por este motibo se aya notado ser ocasion de quimeras. Que no tienen rentas fixa alguna y suele recojer limosnas voluntarias y no fixas de quarenta reales a zinquenta reales, los que recojen sus respectivos mayordomos, dando quenta de ello al señor juez eclesiastico en su visita y no residen en ella hermitaño alguno…”. Ibídem. Página 351.

[90] “…23. Se responde: en este pueblo hay dos hermitas, la una de Nuestra Señora de la Caridad (esta intramuros), y la otra de San Sebastian (extramuros), en ambas se celebra procesión en su dia y no se ha notado hayan sido ocasión de quimeras. No tienen mas renta que las limosnas voluntarias, que ascienden por quinquenio a ciento y treinta reales a corta diferencia. No hay en ellas hermitaño…”. Ibídem. Página 362.

[91] “…La cofradía es una institución con personalidad jurídica propia que nace de la asociación de fieles que se unen para cumplir diversos fines: sociales, caritativos, piadosos, penitenciales e incluso festivos, y que se rige por una normativa interna contenida en sus Estatutos. Atendiendo a la finalidad religiosa de las cofradías, el derecho eclesiástico las define como “reuniones de fieles que, con aprobación del ordinario, se erigen a veces en las iglesias para auxiliar al clero en el sostenimiento del culto”…”. Castro Pérez, Candelaria, Calvo Cruz, Mercedes y Granado Suárez, Sonia. “Las cofradías en la institución parroquial, siglos XVII-XVIII: una aplicación al señorío episcopal de la Villar de Agüimes, Canarias (España)”. Procesos históricos: revista de historia, arte y ciencias sociales. Nº 13. Universidad de los Andes. Venezuela, 2008. Página 3.

[92] “…Existe una vida después de la muerte y para alcanzarla es necesario morir en la gracia de Dios, la obligatoria asistencia en el momento de fallecimiento de uno de sus miembros. De esta forma, el cofrade se aseguraba un entierro digno y un cierto número de misas por el sufragio de su alma…”. Ibídem. Página 5.

[93] “…A la vijesima segunda dixeron: que solo existen en este pueblo dos cofradias, la una del Señor y la otra de Nuestra Señora de la Caridad, y que ygnoran sus cofrades e instituto, y si saben que cuida de su cumplimiento el juez eclesiastico…”. Barrientos Alfageme, Gonzalo y Rodríguez Cancho, Miguel. Opus cit. Página 351.

[94] “…22. Se responde: que existe en este pueblo dos cofradias, la primera del Santisimo, cuyo fondo actual asciende a mil setecientos treinta reales y el numero de cofrades a ciento y treinta; la Segunda de Nuestra Señora de la Caridad, tiene de fondo mil y siete reales. El numero de cofrades asciende a ciento y veinte, su instituto es asistir los cofrades el dia de la Asuncion a la funcion eclesiastica…”. Ibídem. Página 362.

[95] “…a la dezima nona dixeron: que no ay zementerio en este pueblo y no falta lugar donde comidamente se pueda hazer, y ay nezesidad de diho zementerio por ser pequeña la yglesia…”. Ibídem. Página 360.

[96] “…La razón de querer ser inhumados en lugar sacralizado o lo más cerca del mismo, se basaba en la creencia fuertemente arraigada de que sería más fácil acceder a la salvación de las almas…”. Cantero Muñoz, Antonio. La Semana Santa en Trujillo durante la Edad Moderna. Edita: D. José María Pérez de Herrasti y Narváez. Indugrafic, S.L. Córdoba, 2006. Página 26.

[97] Santos Torres, Ángela Patricia. “Una aproximación económica y religiosa al funcionamiento de las capellanías de misas en la ciudad de Vélez 1720-1750. Anuario de Historia Regional y de las Fronteras. Volumen 17. Nº 1. Escuela de Historia de la Universidad Industrial de Santander. Colombia, 2012. Página 47.

[98]“…Las capellanías son fundaciones perpetuas hechas con la obligación aneja de cierto número de misas u otras cargas espirituales que debe cumplir el poseedor en la forma y lugar previstos por el fundador…”. Castro Pérez, Candelaria, Calvo Cruz, Mercedes y Granado Suárez, Sonia. “Las capellanías en los siglos XVII-XVIII a través del estudio de su escritura de fundación”. Anuario de Historia de la Iglesia. Nº 16. Universidad de Navarra, Facultad de Teología. Navarra, 2007. Página 336.

[99] Barrientos Alfageme, Gonzalo y Rodríguez Cancho, Miguel. Opus cit. Página 360.

Dic 212016
 

Dr. Juan Carlos Rodríguez Masa.

juancarlosrm@unex.es

  1. Introducción

La asistencia social y en particular los servicios hospitalarios suscitaron en todas las etapas de la historia eclesiástica grupos organizados dedicados especialmente a esta función. La mayor parte de estos grupos se configuraron como cofradías, pero un pequeño número tuvo un desarrollo mayor y consiguió cristianizar en familiar religiosa propiamente dicha, es decir, una institución de derecho pontificio, con regla y constituciones propias y organización jerárquica y geográfica. Durante la Edad Media europea se consolidaron varias de estas familias-órdenes hospitalarias, entre las que destacó la Orden de San Antonio Abad que perduró hasta los tiempos modernos[1].

La Orden Hospitalaria de San Antón, los Antonianos[2] en el habla popular, no sólo auxiliaba a los peregrinos y caminantes, fundamentalmente en los pasos alpinos, sino que también albergaba y cuidaba a los enfermos que padecían dolencias cutáneas contagiosas: peste, lepra, sarna, enfermedades venéreas, y, particularmente, el llamado fuego de San Antón[3].

La enfermedad denominada fuego de San Antón (ignis sacer, mal de los ardientes o culebrilla) tuvo varios episodios epidémicos y causó grandes estragos en la Europa de los siglos X al XV, cuyo síntoma característico era la aparición de una especie de gangrena de las extremidades y un “fuego” abrasador en todo el cuerpo, causado por la oclusión arterial, que en los casos más graves la carne se tornaba “seca y negra” y los miembros quedaban “momificados”.

A partir del año 1492, tras el final de la Reconquista y la reunificación del Estado, los Reyes Católicos impulsaron una nueva política hospitalaria con la que intentaron mejorar la asistencia prestada durante la Edad Media. Se debe reconocer a Isabel y Fernando la voluntad por extender una importante red de Hospitales públicos, entre los que destacamos, los pertenecientes a la Orden de San Antón.

Los monjes Antonianos lograron durante varios siglos, gracias al favor de los soberanos católicos, una considerable expansión de varias decenas de casas hospitalarias por todos los reinos españoles. Del mismo modo, disfrutaron de diversos privilegios Reales “por la gran devoción y reverencia que sentía por el Santo”. El Real Privilegio más importante que se conserva concedido a los Antonianos, que conocemos gracias a una confirmación de los Reyes Católicos[4], fue la orden que permitió a los Antonianos recorrer, exentos de tributos, y acompañados de puercos, campanillas, bacines y atabaques, los lugares del Reino y pedir limosna para el mantenimiento de sus encomiendas y hospitales[5], conocida esta costumbre como “la demanda de San Antón”[6], práctica que recorrió, durante varios siglos, la mayoría de “ciudades, villas y lugares del Reino”.

Los demandadores de limosnas recorrían la zona que constituía la jurisdicción de su encomienda. Entre las diversas encomiendas dependientes de la Preceptoría General de Castrogeriz (Burgos), se hallaba el Hospital de San Antón de Salamanca, cuya casa-hospital tenía demanda en los obispados extremeños de Coria, Plasencia, Badajoz y la Serena.

 

  1. El fuego sacro o fuego de San Antón

Los habitantes de nuestra geografía, así como los lugareños de nuestros municipios otorgan a San Antonio Abad o San Antón, el patronato sobre los animales y señor del fuego, pero esto no fue así desde el principio, donde la devoción resulta más próxima a los cánones eclesiásticos que a los que se suponen populares[7].

La devoción a San Antonio Abad[8], también conocido como Antonio El Grande o El Magno[9], y más popularmente como San Antón, por popular que pueda llegar a ser, tiene como referencia una serie de motivos proporcionados y difundidos por las narraciones eclesiásticas. Su hagiografía[10], transmitida principalmente por la obra La Vida[11] del insigne patriarca San Atanasio de Alejandría[12], presenta la figura de un hombre que crece en santidad y lo convierte en modelo de piedad cristiana. La Vita de San Atanasio decía que los demonios se disfrazaban de otros ermitaños, este motivo ha sido un buen pretexto para hacer de la visibilidad del mal una trasgresión. Las Tentaciones de San Antonio han sido motivo de inspiración de los artistas desde el Renacimiento, y continúan siéndolo hasta la actualidad. Baste recordar algunos de los artistas más significativos que han llevado el tema al lienzo como El Bosco[13], Teniers, Patinir o Dalí entre otros.

Hay dos Sanantones en los altares. Uno es veterinario, protector de los animales domésticos, cuya festividad se celebra el 17 de enero, donde los ritos de fertilidad[14] o ritos entorno al fuego, se convierten en verdaderos protagonistas, cuyas virtudes consisten en purificar las almas o protegerlas contra “seres misteriosos”. Otro es médico, patrono de una Orden Hospitalaria que se dedicó a curar los enfermos del fuego sacro mediante la aplicación de hierbas medicinales y una sana alimentación, con pan de harina no contaminada, buen vino y jamón, logrando el alivio e incluso la recuperación del enfermo.

              El consumo de pan de centeno contaminado por cornezuelo[15] conducía al llamado “fuego sacro”, “mal de los ardientes” o “fuego de San Antón”, alusiones todas ellas con las que se nombraba al ergotismo[16], una enfermedad que se caracterizaba por la aparición de la gangrena de los miembros, trastornos del sistema nervioso central y finalmente la muerte[17].

El “fuego de San Antón”, introducido en Europa hacia el año mil, pronto se extendió por todo el continente. Para finales del siglo XI, se conocía bastante bien sus terribles efectos, esta enfermedad llegó a ser una epidemia en la Edad Media[18]. El ergotismo[19] o “fuego sacro” presentó un carácter epidémico en repetidas ocasiones durante gran parte de la Edad Media. El ergotismo se presentaba bajo dos manifestaciones: el ergotismo convulsivo y el ergotismo gangrenosos. En el ergotismo gangrenoso el enfermo inicialmente se quejaba de una debilidad general acompañada de dolores en los miembros. A medida que pasaban las semanas, el pie o la mano aparecían inflamados. Seguidamente, aparecían violentos dolores en los miembros afectados semejantes a una quemadura, esta dolencia era el fuego sagrado (ignis sacer) o fuego de San Antonio.

El ergotismo era una afección que se cebaba amplia y fundamentalmente con la población humilde, hambrienta y menesterosa, sobre todo en los momentos de escasez de alimentos[20]. El “fuego de San Antón” tenía para su curación, como es lógico en ese momento, connotaciones religiosas y médicas. Se consideraban ligado a un “castigo divino”. Hay que tener en cuenta que la enfermedad dependía, en buena medida de Dios y, evidentemente, del comportamiento humano, donde mediante un ritual, los mojes Antonianos convertían las cosas en sagradas y generaban salud y salvación. Estos Hermanos Hospitalarios de San Antonio sirvieron a los enfermos, los pobres, los abandonados y los huérfanos, en sus propios hospitales e hicieron grandes contribuciones a la Enfermería, gracias a la gran experiencia adquirida en el cuidado de los enfermos del “fuego del San Antón” mediante la utilización de una serie de procedimientos resolutivos que trataban de poner fin práctico a la enfermedad.

  1. La Orden Hospitalaria de San Antón en la Edad Media

Durante el periodo medieval las Órdenes Militares[21] tenían muy claro su doble función: la defensa del reino frente a los musulmanes y la labor asistencial[22], ésta última, dividida en atención espiritual y hospitalidad[23]. El significado de hospitalidad[24], como las instituciones (hospitales) que se dedican a practicarla, ha ido evolucionado a lo largo del tiempo[25]. Los orígenes asistenciales se situaron en Jerusalén[26], esta dedicación, englobada en una red de conventos, encomiendas y prioratos, se extendería por toda la cristiandad latina. Aproximadamente, hasta el siglo XVI, las Órdenes Militares mantuvieron su carácter religioso-militar[27] y fueron determinantes en el asentamiento, difusión y evolución de los establecimientos hospitalarios[28]. Asimismo, fueron las primeras en crear instituciones en las que se prestaba cuidados a los pobres y se facilitaba alojamiento a quienes se dirigían a grandes centros de peregrinación[29].

Los siglos XI y XII se caracterizaron por una extraordinaria progresión de fundaciones hospitalarias y caritativas en todo el Occidente. Durante las Cruzadas se fundaron numerosas órdenes religiosas, cuyo propósito era el cuidado de enfermos[30]. Asimismo, en las rutas de peregrinación se llevaron a cabo por parte de determinadas órdenes religiosas la fundación de albergues y hospitales cuya misión principal era proporcionar asistencia a los peregrinos. Algunas de estas órdenes hospitalarias fueron los hospitalarios de San Lázaro (Montpellier 1120), los hospitalarios del Espíritu Santo o Hermanos de la Paloma y la Orden de Canónigos Regulares Agustinos de San Antonio Abad, llamados popularmente Antonianos[31]. Bajo el patronato de San Antonio se designan una serie de órdenes que podemos dividir en dos grandes bloques: Antonianos de Oriente[32] y Antonianos de Occidente, éstos últimos, extendidos por toda Europa y el Nuevo Mundo.

 

3.1. El posible origen de la Orden Hospitalaria de San Antón (Siglo ¿XI?)

Hasta la fecha y según la bibliografía disponible[33], la Orden Hospitalaria de San Antonio Abad (llamados popularmente Antonianos) tiene su origen a finales del siglo XI en Francia[34], debido a la curación milagrosa del hijo de un noble delfines llamado Gastón de Valloire que ante la gravedad de su hijo, que había enfermado del llamado Fuego de San Antonio, prometió al Santo que si éste sanaba fundaría un hospital anejo a su iglesia de la ciudad.

En el 1070, varios años antes del nacimiento de la nueva orden hospitalaria[35], las reliquias del Santo Ermitaño, procedentes de Oriente (veneradas desde el siglo VI en Alejandría y consecutivamente en Constantinopla), son trasladadas desde Bizancio a Francia[36] a manos de un caballero francés llamado Jocelyn[37], Señor de Castronovo, Albenciano y la Mota de San Desiderio[38], quien había estado luchando como cruzado en Constantinopla, allí las recibió de manos del emperador como regalo por los servicios prestados tras su viaje a Tierra Santa. El interés de este caballero francés por conseguir las reliquias de Antonio El Ermitaño, es debido a la curación del mismo, al parecer por intercesión directa del Santo tras ser gravemente herido durante una batalla[39].

Dichas reliquias se colocaron inicialmente en la Iglesia Parroquial de Santa María, localizada en la Villa de San Desiderio. En el 1074, las reliquias del Santo se trasladaron a la nueva Iglesia de Mota “Motte Saint-Didier” (Vienne, Francia)[40], construida para este fin, y  donde se conservan hasta la fecha[41].

En aquel tiempo y lugar de la llegada de las reliquias de San Antonio Abad a Francia, entre 1085 y 1095, una epidemia misteriosa denominada “ignis sacer”, “fuego sagrado” o “mal de los ardientes”[42] asoló las regiones de Europa medieval. Dicha epidemia era descrita por las crónicas como una extraña enfermedad, concebida como “castigo divino” por sus profundos estados alterados de conciencia[43] y cuyos síntomas, similares a la lepra en su fase más avanzada, consistían en fuertes dolores en brazos y piernas:“…les consumía las entrañas, les pudría los miembros, que se volvían negros como el carbón. O morían de modo miserable, o bien arrastraban una vida miserable, después de que se les desprendieran las manos y los pies en estado de putrefacción…”[44]Los afectados acudían a la iglesia donde se veneraban las reliquias de San Antonio Abad invocando su intercesión, pues la popularidad de este Santo taumaturgo era conocida de Oriente a Occidente por la Vita Antonii.

Los resultados avalan el procedimiento, se habla de curaciones milagrosas, entre ellas la del hijo de un poderoso e importante noble delfines[45]. Tras la curación de éste último, su padre ofrece su hacienda al Santo y funda, junto a su hijo milagrosamente sanado y varios caballeros con conocimientos médicos, una pequeña comunidad laica denominada Hermanos de San Antonio o Antonianos, quienes habilitan en el año 1095 una casa-hospital junto a la Iglesia que albergaba las reliquias de San Antonio (Francia) llamado “Casa de los Pobres [46] para cuidar y curar a aquellos afectados por el fuego sagrado[47]: “…ante la llegada masiva de enfermos a la iglesia donde se veneraban las reliquias de San Antón Abad, se creó una fraternidad de laicos, dedicada a atenderles. Tenían conocimientos médicos y corazón caritativo. Al principio fueron pocos: Gastón, el fundador, su hijo Guerín y ocho compañeros. Junto a la iglesia de las reliquias, habilitaron una casa-hospital que se llamó “casa de los pobres”. A los enfermes les llamaban “hermanos de los pobres” o “de la limosna”…”[48].

La iniciativa de estos caballeros que prestan gratuitamente sus servicios, son profesionalmente médicos y vocacionalmente monjes, puso las bases para constituir una nueva orden hospitalaria, comenzando así la aventura antoniana en Europa. Será en las sesiones del concilio de Clermont, celebrado en el año 1095 cuando se apruebe, por voluntad de Urbano II, la asociación hospitalaria que tomó el nombre de Hospitalarios de San Antonio[49]. A partir de ese acontecimiento, la devoción y orden de San Antonio, así como la tarea hospitalaria que representaba, se desarrolló y expandió dentro y fuera de Europa mediante la fundación de un importante número de casas[50].

 

3.2. La fundación de la Orden Hospitalaria de San Antón (1218)

En las sesiones del Concilio de Clermont en el 1095, el Papa Urbano II aprobó a la citada fraternidad/hermandad de laicos como asociación hospitalaria para la asistencia de peregrinos y enfermos que tomó el nombre de Hospitalarios de San Antonio siendo éstos dependientes económica y religiosamente de los benedictinos de la abadía de Montmajour[51]. Los Antonianos fueron ganando de manera vertiginosa gran prestigio, gracias a la intercesión del Santo y a la terapéutica empleada por sus hermanos. Por motivos de la fuerte expansión de las casas que crecieron bajo el espíritu de la hospitalidad antoniana, aparece la necesidad de buscar una solución para dotar a las encomiendas de mayor autonomía jurisdiccional y económica.

En el año 1218, más de un siglo después del nacimiento de los hospitalarios de San Antonio, esta fundación se elevó a Orden Religiosa por la bula del Papa Honorio III. Una nueva Bula Papal Ad apostolicae dignitatis de Bonifacio VIII, del 10 de junio de 1297, daba un paso institucional muy importante para la Orden[52], puesto que expresaba el cambio a congregación de canónigos regulares[53], adscrita a la regla monástica de San Agustín[54]. Por ello, la regla que seguirían en lo sucesivo era la que dictó San Agustín, obispo de Hipona, quien había organizado los monasterios bajo una serie de prescripciones[55].

La Orden estaba dirigida por el Gran Maestre, elegido de manera vitalicia y que tenía su residencia en Francia (Casa de San Didier). Los miembros de la orden guardaban el uso de un hábito común, ataviados con una túnica de sayal negra con capuchón y una cruz azul en forma de Tau[56] (signo con gran simbolismo gráfico y numérico) bordada en el lado izquierdo del pecho, sobre el corazón. La Tau (T) era el emblema de los Antonianos[57]..

Entre los tratamientos utilizados por los Antonianos contra el fuego sacro destacaba la ingesta de vino de la santa viña, cuyo vino, primeramente se derramaba sobre las reliquias del Santo y seguidamente se recogía y se lo ofrecían a sus pacientes[58]: “…vino bendito en contacto con las reliquias del santo, que se utilizaba para bañar las heridas o quemaduras a fin de que curasen…”[59]. Otras terapéuticas utilizadas por los Antonianos eran los ungüentos[60] y bálsamos a base de hierbas, aceites, etc., y como último recurso la amputación[61].

 

3.3. La implantación y expansión de la Orden Hospitalaria de San Antón en España (siglos XIII-XV)

Los monjes Antonianos, con una fisionomía canónica y con una dedicación principalmente hospitalaria, fueron ganando prestigio de manera acelerada y la Orden se extiende rápidamente por casi todo el orbe conocido[62]: África, Europa[63] e incluso a Nueva España (México) de la mano de los monjes españoles.

La historia de los Antonianos en España está directamente relacionada con el Camino de Santiago. La implantación de la Orden en España se llevó a cabo mediante la protección de Alfonso VII[64], quien fundó en 1146 y en un enclave neurálgico, el Convento de Castrojeriz[65] (Burgos) en cumplimiento de su plan de eliminar las guarniciones almorávides en la zona de influencia del Pisuerga y de la frontera del Tajo, para dar estabilidad y estructuración al territorio recientemente reconquistado y para propiciar seguridad, alimento, cobijo y sanación a los peregrinos que se dirigían a Santiago de Compostela para venerar las reliquias del Santo. El monarca, el 17 de junio de 1304, exime a los pobladores de la Encomienda castreña de satisfacer cualquier tipo de pecho (pago)[66].

Castrojeriz, un pueblo emblemático del Camino de Santiago a su paso por la provincia de Burgos, fue elegido para establecer el primer convento español donde residirá el Comendador Mayor de la Orden de San Antonio en España, con potestad directa sobre veintitrés casas-hospitales, cuya encomienda comprendía las dos Castillas – Castilla la Mancha[67] y Castilla y León[68]– la Andalucía cristiana [69], Portugal e Indias[70]: “…las Indias fueron refugio y amparo de los desesperados de España, iglesia de los alzados, salvoconducto de los homicidas, pala y cubierta de los jugadores, añagaza en general de mujeres libres…”[71]. El convento, hoy en ruinas, disponía de monasterio, iglesia y hospital, en él se atendía espiritualmente a los peregrinos, se ayudaba a los pobres y se curaba a los enfermos que acudían, incluidos los del fuego sacro. La actitud hospitalaria de los antonianos de Castrojeriz era conocida desde el momento de la fundación del monasterio, actividad descrita en el Compendio de la Historia Antoniana[72].

3.3.1. La demanda de San Antón: un Real Privilegio

Desde el siglo XIII hasta finales del XV la Orden de San Antonio Abad vivió tiempos de gran prosperidad en España, cuyo territorio, inmerso en la empresa reconquistadora y lucha contra el Islam, se había ido poblando de santuarios y altares de San Antón, pues la devoción a este Santo era palpable y de gran relevancia en todos los estratos sociales de la época[73]. La Orden de los Canónigos Regulares de San Antón era posiblemente la principal Orden que mantenía una importante red hospitalaria en el reino de Castilla, donde los enfermos que eran acogidos en sus hospitales recibían asistencia médica y religiosa. La llegada de enfermos del fuego sagrado a un hospital regentado por los Antonianos debía hacerse notar con el toque de matracas, campanillas, etc. Los Antonianos preveían la llegada de peregrinos a cualquier hora del día y de la noche y para su alivio, les colocaban panecilllos y jarras de vino. Los peregrinos solicitaban la Tau bendecida y aceptaban el pan y el vino benditos e incluso campanillas con la imagen del Santo[74].

La importancia de la Encomienda de Castrojeriz se acrecentó a partir del reinado de Alfonso XI y de su hijo Enrique de Trastámara, quien declara en un privilegio fechado en Valladolid el 1369: “…que nos abemos muy grande devocion en la dicha orden de San Antón, e esso mismo hovo del rey Alfonso, nuestro Padre (que Dios perdone) e fizo mucho bien y mucha merced en su vida a dicha orden…”[75].

El Real Privilegio más importante que se conserva concedido a los Antonianos de Castrojeriz fue el otorgado por Enrique II, fechado en Sevilla el 14 de junio del año 1369 que viene a confirmar la exención de pecho, pedido y fonsado, y que conocemos gracias a una confirmación de los Reyes Católicos[76]. Dicha orden permitía a los antonianos recorrer, exentos de tributos, los lugares del Reino y pedir limosna para el mantenimiento de sus encomiendas y hospitales[77], conocida esta costumbre como “la demanda de San Antón”, práctica que recorrió infinidad de ciudades, pueblos y aldeas de España durante siglos. Las limosnas que se ofrecen en nombre de San Antón tienen tres finalidades: para el cuidado y curación de los enfermos, para el culto, adorno y fábrica en que se aloja el cuerpo del Santo, y para el culto de las imágenes del Santo en cualquier iglesia[78].

Otro Real Privilegio otorgado por Enrique III, el 27 de octubre de 1406, declaraba como los demandadores de San Antón podían ir acompañados de cerdos[79], campanillas, bacines[80], etc., por todo el Reino de Castilla. Dentro de los ingresos procedentes de las limosnas, caben citar a los animales, fundamentalmente cerdos, mantenidos a base de la contribución de los fieles por devoción al Santo: “…otrosi consentimos traer puercos, e campanillas, e bacines, e atabaques, e todo lo que cumpliese a la dicha orden de San Antón e uviesen menester para la dicha demanda, en los dichos nuestros Lugares y Jurisdicciones, según que siempre se usó, e non consintades que alguno, nin algunos maten, nin orendan, nin tomen los dichos puercos, ni las otras cosas cualesquiera que a la dicha orden pertenezcan en cualquier manera(…). E ordenamos prender e castigar con ayuda de las autoridades a los miembros rebeldes…”[81].

 

 

 

  1. La Orden Hospitalaria de San Antonio Abad ante los Reyes Católicos (1475-1516)

El reinado de los Reyes Católicos, en su conjunto, fue para España un periodo de renovación y de crecimiento que la llevó con rapidez y decisión hacia la hegemonía europea. Don Fernando y Doña Isabel computaron la reforma religiosa entre sus principales afanes político-religiosos. Su política eclesiástica tuvo unos objetivos muy concretos: provisiones beneficiales, delimitación de la jurisdicción eclesiástica, honestidad del clero y reformas monásticas[82]. Cuando los Reyes Católicos consiguieron la unidad del estado español, comenzaron a realizar profundas modificaciones en diversas instituciones con el fin, tanto de mostrar el poder de la monarquía, como de lograr una administración unificada más eficaz, entre estas instituciones se encontraban los hospitales de San Antón[83] que se dedicaban a una cierta labor terapéutica.

La documentación sobre la acción reformadora de los Reyes Católicos es muy variada y exuberante, hemos dado preferencia manifiesta a la documentación referente a la Orden de San Antón[84].

              Cuando llegó a Castilla el reinado de los Reyes Católicos (1475), la Orden Hospitalaria de San Antón tenía casi tres siglos de vida. Durante el siglo XV, se dictaron varias disposiciones reales que favorecieron la situación económica de la Orden de San Antón española: el 10 de diciembre de 1484 la reina católica expide desde Sevilla una provisión, a petición del comendador de la orden de San Antón de Castrojeriz, para que sea guardado por todos el privilegio de pedir limosna[85]. Del mismo modo, el 19 de diciembre de 1488 se expidió orden real desde Valladolid por voluntad de los Reyes Católicos para que se guardaran los privilegios, libertades y exenciones que disfrutaba la Orden de San Antón[86].

Igualmente, existe constancia de otro documento (carta), del 20 de diciembre de 1490, que contiene un seguro otorgado por los Reyes Católicos desde Sevilla al comendador mayor de la orden de San Antón, sus procuradores y bacinadores: “para que puedan andar libremente por el Reino acompañados de cochinos, recorriendo las ciudades y villas sin temor a ser prendados, heridos ni matados”[87]. El 2 de junio de 1492, los Reyes Católicos, desde Córdoba, confirmaron los privilegios y exenciones de la encomienda mayor antoniana de Sevilla. En dicho texto constan insertas la carta de Enrique II, a favor de la orden de San Antón de Castrojeriz, así como las confirmaciones del propio monarca y de sus sucesores otorgadas los años 1364, 1371, 1379 y 1391, respectivamente, en las que se hace referencia al rey don Alfonso, padre de don Enrique, benefactor de la orden “que era hospital en el que se recogían enfermos y plagados del fuego infernal”[88]. El monarca pretendía reforzar la autoridad del comendador mayor, ampliar los privilegios de la Orden de San Antón y permitir que los frailes antonianos pudieran postular acompañados de cerdos y beneficiarse con el producto de la venta de los cerdos criados en las calles y alimentados por los vecinos[89].

Los demandadores de limosnas de la Orden Hospitalaria de San Antón, provistos de puercos, campanillas, bacines y atabaques para hacerse notar, recorrían la zona que constituía la jurisdicción de su encomienda. De la encomienda mayor de Castrojeriz dependían los monasterios de Castilla, Portugal e Indias Orientales. De hecho, desde mediados del siglo XV, bajo la encomienda mayor de Castrojeriz, dependían las encomiendas y preceptorías de Toro, Valladolid, Benavente, Segovia, Murcia, Albacete, Jaén, Baeza, Córdoba, Sevilla, Toledo[90], Ciudad Real, Talavera, Cadalso, Atienza, Cuenca, Madrid, Alfaro y Salamanca[91].

A finales del siglo XV, durante el reinado de los Reyes Católicos, suenan voces de denuncia con ocasión del cobro de la demanda por parte del tesorero de la encomienda de San Antón de Castrogeriz que obligó a intervenir a la reina[92]. Asimismo, en el 1497, Fray Juan de Haro, comendador de San Antón de Sevilla y uno de los personajes de mayor relevancia de la familia antoniana en España, acusa y rechaza al recién fallecido comendador mayor de Castrogeriz, Fray Manuel de Testtis, por su gestión fraudulenta de la encomienda mayor y expresa su deseo de que esa situación no se vuelva a repetir[93]. Dicha denuncia tuvo un efecto inmediato en la Corona, quien en 1501 ordenó la inspección, mediante visita controlada, de las casas de San Antón españolas. Los visitadores de San Antón tenían un itinerario[94] y pesquisas fijadas para todas las casas antonianas de Castilla.

4.1. La demanda de San Antón en Extremadura y la visitación del Hospital de Salamanca (1502)

Los alborotos de finales del siglo XV en las casas antonianas castellanas tuvieron varias causas, ya que detrás de las luchas estaban los intereses personales y familiares de los comendadores y la imperecedera cuestión de las pensiones anuales al Comendador Mayor de Castilla y al Abad de Francia, pues no olvidemos que, según los estatutos, todas las casas antonianas eran filiales de la Abadía francesa de Saint-Antoine. Casi nada se sabía, pues, de lo que era una enfermería antoniana medieval. Antonio de Acuña era el capellán de los Reyes Católicos y se empeñó en dar cuenta puntual del estado en que encontró las enfermerías antonianas[95].

El Libro de las visitaciones del año 1502 recoge la voluntad de don Fernando y doña Isabel: “…que non dedes ni encomendedes encomienda nin beneficio alguno en las dichas casa de Sanat anton a ninguna ni alguna persona que sea estrangeros dellos, salvo a personas que sean naturales destos nuestros reinos…”[96].

Entre las diversas encomiendas dependientes de la Preceptoría General de Castrogeriz, se hallaba el Hospital de San Antón de Salamanca[97], cuya casa-hospital tenía demanda en los obispados extremeños de Coria, Plasencia, Badajoz y la Serena.

Seguidamente, plasmaremos la visita ejecutada al Hospital de San Antón Abad de Salamanca[98] el veinte de febrero del año 1502. Durante la visita, el rico comendador de Salamanca declara que ha reparado el hospital y que mantiene en su casa a un pobre que tiene cortada la pierna del mal de San Antón. Del mismo modo, afirma que se recibe a todos los enfermos que tocan a la puerta del hospital[99]: “…visitación de la casa de señor Sant anton de Salamanca (…), y veynte dias del mes de febrero. Año de quinientos y dos (…)dize que tiene esta casa demanda en este obispado de Salamanca y Coria y Plazencia. Ciudad Rodrigo y Badajoz y la Serena y tierra de Medina del Campo. Y dize que las demandas en tiempos de Fray Manuel de Testis dava quarenta y dos mil maravedis y en tiempo de Fray Nicolas de Mata dava cincuenta. L. M. (…) Y preguntando sobre el valor de las questas y demandas de la dicha casa (…) Del obispado de Plazencia dize este dicho testigo que el dicho Juan Rodrigues y Pedro Cubero y Pero Martin le tuvieron cuatro años en diez y ocho mil maravedís y cree que ahora está en mas, y sabe que después le tuvo Juan Lopez y tiene agora, y que siempre se a dado inpetra, y que cree que dando dinero se dara siempre. Del obispado de Coria dize que de tres años antes le tuvo Andres de Vega y que de cierto no lo sabe lo que vale  pero que cree que valdra quinze o veynte maravedís, y que a dos años que se predicaron bullas y que entonces valdría harto mas. Por el obispado de Badajoz y la Serena dize que abra siete años que Juan Lopes lo arrendo en veynte mil maravedís…”[100].

La práctica de la demanda de San Antón recorrió durante varios siglos la mayoría de ciudades, villas y lugares de Extremadura. Como botón de muestra, estos demandadores o bacinadores de limosnas de San Antón llegaron hasta el municipio pacense de Navalvillar de Pela, jurisdicción de la Casa-Hospital de Salamanca. Así lo registra el Castro del Marqués de la Ensenada (1753) en respuesta a la pregunta número veinticinco: “…a la Demanda de Sn Antón Abad de Salamanca, y costo que haze la persona que biene a su Cobranza Veintey siete Rs…”[101]

Antes de continuar, debemos comentar que en Navalvillar de Pela se celebran -desde antaño- las fiestas patronales de San Antón Abad, cuyo acto principal es La Encamisá o Carrera de San Antón. Para la financiación de estas  fiestas, la Asociación Cofradía San Antón (A.C.S.A.), como entidad organizadora, ha de proveerse de fondos económicos con los que afrontar los diversos gastos que conllevan las Fiestas. Junto al Mayordomo, se nombran una serie de regidores, cuya obligación es pedir limosna (“la Pedía”) para la Cofradía. Obviamente, la labor de estos regidores era y sigue siendo fundamental, ya que los ingresos que se obtiene con “la Pedía” son parte esencial para la economía de la Cofradía.  Durante “la Pedía” los directivos de la Cofradía, organizados en parejas y con diversas huchas, se reparten el pueblo por zonas y salen a recorrer, acompañados del tambor, una por una todas las casas del pueblo, llamando a la puerta con la consigna ¡somos los del Santo! Cada casa colabora en la medida de sus posibilidades. La costumbre peleña de “la Pedía”, nos recuerda a la práctica antoniana de los demandadores de limosnas de San Antón.

 

  1. La decadencia y extinción de la Orden de San Antonio Abad (Siglos XVII y XVIII)

Las críticas hacia la demanda de San Antón fueron en aumento, de tal modo que los clérigos y seglares de la Iglesia Occidental se manifestaban en contra de los frailes mendicantes, llegando incluso a la prohibición temporal de la misma durante varios años del siglo XVI[102]. Tiempo después, los antonianos volvieron a ganar la confianza de los monarcas que volvieron a renovar sus privilegios reanudando su demanda destinada a la asistencia de enfermos en sus hospitales. Esta  situación de privilegio de las encomiendas de canónigos regulares de San Antón Abad perduró hasta la primera mitad de siglo XVIII, al igual que su finalidad espiritual y asistencial.

El 24 de agosto de 1787, el papa Pío VI, mediante la bula rex catholicus[103] obtenida por Carlos III,  suprimió la orden de Canónigos Regulares de San Antón Abad de la Vienne en España. El contenido del documento pontificio decreta la supresión y extinción de la Orden de San Antonio Abad, también la dispersión de los monjes, extinción de contratos de los laicos y el fin de los bienes muebles e inmuebles[104].

A finales del siglo XVIII, la orden de San Antonio Abad en España se encuentra envuelta en plena decadencia, en primer lugar, por los problemas que había ido arrastrando a lo largo de los siglos y que había superado una y otra vez, como eran los abusos de los demandadores, falta de disciplina y las dudas acerca de la hospitalidad, y en segundo lugar, el que sería el factor detonante para su disolución: la Ilustración y el cambio de mentalidad que le acompañó. Esta nueva situación acontecida en el siglo de la Razón y de las “Luces” conduce al monarca, Carlos III, a solicitar a Roma la extinción de la orden de San Antón en España y sus encomiendas dependientes de América, puesto que la religiosidad popular cultivada por los antonianos se había convertido en poco creíble, sus costumbres y practicas iban generando mal estar entre la población española de la época.

Las Encomiendas de la Orden quedaron suprimidas en el año 1791, de manera que los monasterios antonianos de España sobrevivieron varios años más que los del resto de Europa. Todos sus bienes y derechos que poseía la Orden se entregaron al Rey de España[105].

  1. Conclusiones

La devoción de San Antonio Abad abarca la totalidad de España, ya que su festividad ha sido celebrada, desde hace décadas, en prácticamente todas las regiones españolas. Sus principales patronazgos sobre los animales y las enfermedades de la piel, han contribuido a que este Santo taumaturgo haya sido venerado en prácticamente todos los rincones de nuestra geografía desde la Edad Media, momento en que San Antonio Abad adquiere fama como sanador de la enfermedad epidémica, de procedencia divina, conocida como ignis sacer o “Fuego de San Antón”.

Desde aquellos remotos e iniciales tiempos de la fundación de la Orden Hospitalaria de San Antón por Alfonso VII en 1146, hasta 1787, año de su supresión, transcurrieron casi seis siglos y medio, donde miles de peregrinos fueron testigos de la hospitalidad y fervor de unos monjes entregados a los pobres y desfavorecidos afectados por el fuego de San Antón. Los monjes Antonianos disfrutaron de diversos privilegios reales que les permitió recorrer, exentos de tributos, y acompañados de puercos, campanillas, bacines y atabaques, los lugares del Reino y pedir limosna para el mantenimiento de sus encomiendas y hospitales, conocida esta costumbre como “la demanda de San Antón”, práctica que recorrió, durante varios siglos, las ciudades, villas y lugares de España.

Efectivamente, despareció la Orden, pero no la advocación a San Antón Abad que sigue dando sentido a los signos que rodean su figura: el cerdo, la campanilla, el fuego, la Tau, etc. Asimismo, sus costumbres y ceremonias de veneración y culto sobrevivieron a sus máximos promotores, los Antonianos, y se pueden constatar en multitud de tradiciones locales, unas se perdieron y han sido recuperadas y otras se han mantenido a lo largo de los siglos. La ceremonia de veneración en torno al culto de San Antonio Abad, que los Antonianos empleaban en siglos pasados, contenía ciertas connotaciones con multitud de celebraciones y ritos que se han celebrado y continúan celebrándose por toda la geografía española el 17 de enero, en conmemoración al fallecimiento del Santo.

En definitiva, el atronador murmullo del tambor, cencerros y campanillos, los limosneros con las bandejas petitorias recorriendo las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades, los jóvenes recogiendo y amontonando la leña (combustible para alimentar grandiosas hogueras), los adornos y atavíos para los caballos, mulos y asnos, los dulces más exquisitos, que bendecidos se repartirán para la “protección de las bestias”, todo, absolutamente todo, anuncia que el 17 de enero, día de San Antón Abad, se aproxima.

 

 

[1] “…en la Baja Edad Media europea se consolidan algunas de estas familias hospitalarias. Entre otras destacan las entonces llamadas de Ordenes Hospitalarias de San Antón y San Lázaro que se hacen presentes en gran parte de las ciudades de Europa y perduran en los tiempos modernos. En los reinos españoles logran una considerable expansión de varias decenas de casas y consiguen el favor de los soberanos…”. García Oro, José y Portela Silva, María José. “La Orden de San Antón y la asistencia hospitalaria en Castilla durante el Renacimiento”. Archivo Ibero-Americano: Revista Franciscana de Estudios Históricos. Segunda Época. Año 65. Números 250-251. Padres Franciscanos Españoles. Madrid, enero-agosto 2005. Página 303.

[2] “…ANTONIANO. El religioso de la Órden de San Antonio Abad. En algunas partes se llama ANTONINO…”. Diccionario de la Lengua Castellana compuesto poa la Real Academia Española, Segunda Edición. Por D. Joaquín Ibarra, impresor de Cámara de S.M. y de la Real Academia. Madrid, 1783. Página 84.

[3] “…gangrena en las extremidades que se originaba por comer cereales afectados por el cornezuelo, un hongo que se desarrollaba sobre todo en el centeno…”. Rodríguez Mateos, María Victoria. “El origen de los hospitales”. Salud Extremadura. Periódico del Servicio Extremeño de Saludo. Año V. Número 45. SES. Consejería de Sanidad y Consumo. Junta de Extremadura. Mérida, julio de 2007. Página 21.

[4] “…ordenamos que los miembros de la orden puedan andar y anden con Bacines e sin Bacines por todos los reinos de Castilla sin que nadie se lo impida ni les exija tercio, cuarto, ni quinto por razón alguna, antes bien, sean bien recibidos e les sean dadas las buenas pesadas seguros e desembargados de otros pasadores. Otrosí, por quanto dicha orden fue y es fechura del rey Don Alfonso, nuestro Padre e Nuestra; tenemos por bien que la dicha orden e sus bacinadores, Mayordomos y Criados, sean exentos y quitos de todo pecho y pedido, e soldados, e menores, e servicio, de cualquier manera se haya de dar e pagar en todos los nuestros reinos…”. Ibídem. Páginas 181 y 182.

[5] “…Los antonianos de Olite tienen licencia para pedir de todo; y no solamente en Navarra, sino también en Castilla y Aragón. Van por los pueblos con un carro y recogen legumbre, cereales, huevos, aceite, quesos, etc. para el Hospital. El carro es tirado por un macho que lleva colgado del cuello una especie de estandarte y campanillas. El estandarte ostenta en azul la cruz de San Antón, la Tau, sobre fondo negro…” Ollaquindia Aguirre, Ricardo. Opus cit. Página 157.

[6] Los devotos de San Antón daban todo, pero a cambio de ello el santo alejaba el “fuego” de sus carnes y de El demandador de San Antón llevaba consigo los libros en que están inscritos los nombres de cofrades, así como breviarios, padrenuestros, traslados de los privilegios y, alzado sobre el lomo de su burro “un tabernáculo del barón de San Antonio”. En él se guardaba una (falsa) reliquia que servía para “marcar” el ganado de los labradores. No solo traían regalitos (campanillas, cuchillos, guantes, cinturones, objetos de devoción) para ganarse el favor del párroco, sino que se servían de todos los medios de la época para impresionar a la gente (…). Sin embargo el punto culminante de sus visita a los pueblos era la exhibición de la reliquia, que se tocaba y se ponía en contacto con los establos, casas y ganados para que su poder milagroso pasara a toda persona y cosa por la fuerza del contacto físico. El demandador de San Antón era persona humilde, pero por llevar su hábito y su insignia representaba al Santo en la tierra.  Aichinger, Wolfran. El fuego de San Antón y los hospitales antonianos en España. Verlag Turia+Kant. Viena, 2009. Páginas 35-38.

[7] “…de ana (arriba) y de tenens (teniente, tenedor o el que tiene algo), deriva la palabra Antonio que significa tener o poseer cosas de alto valor; nombre acertado para este santo, que despreció los bienes de este mundo y disfruto de los celestiales…”. De la Vorágine, Santiago. La leyenda dorada. Alianza Forma Editorial, S.A. Madrid, 1987. Página 107.

[8] San Antón ocupa un puesto indiscutible en la tradición piadosa del pueblo cristiano español que todos los 17 de enero inicia el año con romerías y festejos en su honor, organizados en ciudades y pueblos por cofradías y hermandades. Y ha sido fuente de inspiración de numerosos artistas, entre ellos que Velázquez, dato a tener muy en cuenta por ser muy escasa la representación de nuestro gran artista llevó al lienzo. Fernández Peña, María Rosa. “El culto a los Santos: devoción, vida, arte y cofradías”. Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas. Simposium 16. San Lorenzo de El Escorial, 2008. Página 678.

[9] “…San Antonio aparece en la hagiografía del catolicismo de oriente con los apelativos de El Grande y El Magno. No obstante, la tradición cristiana occidental también lo conoce con el nombre de san Antonio de Vienne, al su de Lión, en el margen izquierdo del río Rhône, se conservan unas reliquias que pertenecieron al santo anacoreta…”. Limón Pons, Miquel Ángel. “Historia y ritual de la fiesta de San Antonio Abad en la Isla de Menorca”. Narria: Estudios de artes y costumbres populares. Número 109-102. Menorca, 2005. Página 60.

[10] Historia o relato de la vida de un santo. Del griego hágios (santo) y grafía (descripción).

[11] San Atanasio escribió la “Vida” según unos con ocasión de su primer destierro en el desierto, en la Tebaida, encontrándose entre los monjes, 356-362; según otros, la habría escrito a su vuelta definitiva a Alejandría, después de 366. Actualmente ya nadie discute que haya sido San Atanasio quien efectivamente escribió la “Vida”. Lo que si se discute entre los entendidos es el carácter de esta biografía, es decir, cuál es su género literario, la veracidad histórica de su contenido, lo propio del pensamiento de San Antonio. Como todo documento antiguo, incluido el Nuevo Testamento, también la “Vida” da más lugar de lo probable al mundo de lo maravilloso y, por ende, de lo demoniaco. La “Vida de San Antonio” fue escrita por San Atanasio en griego. Del texto griego se conocen 165 manuscritos. San Atanasio de Alejandría. “Vida de San Antonio Padre de los monjes”. Apostolado Mariano. Serie los Santos Padres. Nº 10. Sevilla, 1991. Páginas 6 y 11.

[12] “…San Atanasio, nació alrededor del año 295. En el año 325, siendo diácono, acompañó al patriarca Alejandro, su predecesor, al Concilio de Nicea, donde fue condenada la herejía arriana. Fue consagrado obispo de Alejandría el 8 de junio de 328. Toda su vida se vio envuelta por la controversia u las luchas desencadenadas por el arrianismo, constituyéndose él uno de los baluartes de la verdadera fe proclamada por el Concilio de Nicea (…). Es indudable también que, fuera del influjo doctrinal, la presencia de San Atanasio fue decisiva en la orientación esencialmente escriturística y evangélica del movimiento monacal. Y, entre todas sus obras, en su “Vida de San Antonio” la que constituye su aporte más significativo al desarrollo del espíritu monacal…”. Ibídem. Páginas 3-5.

[13] “…En 1490 el Bosco pintó las Tentaciones de San Antonio, en la actualidad en el Museo del Prado. El Santo vestido de monje encapuchado ocupa el centro de la composición, acurrucado, los diablillos no turban la contemplación del Antonio…”.  Blázquez Martínez. José María. “Las Tentaciones de San Antonio en el Arte Contemporáneo”. Norba-Arte. Vol XXIV. 2004. Página 167.

[14] “…Algunos ritos de fertilidad con animales también se relacionan con ermitas. Así, la de san Adrián en Álava, donde “dando tres vueltas alrededor de la San Casa, cuando existía, quedaban las yeguas preñadas con absoluta seguridad” (…). Un informante de Treviño (…) nos contó recientemente que “su padre tenía una yegua que nunca se quedaba preñada. Se la ofreció a San Antonio (Abad) de Urkiola y a partir de entonces tuvo catorce crías, una cada año, que nacían siempre entre San Antonio y San Vítor…”. Erkoreka, Antón. “Ritos de fertilidad”. KOBIE (Serie Antropológica Cultural). Nº V. Bizkaiko Foru Aldundia-Diputación Foral de Bizkaia. Bilbao, 1991. Página 166.

[15] “…el cornezuelo del centeno (Claviceps purpurea) es un hongo ascomiceto parásito de un gran número de cereales. Destacaba sobre las espigas como una excrecencia, el esclerocio, en forma de cuerno –de ahí a su nombre- que se desarrolla en los granos del cereal. Tiene una longitud comprendida entre uno y cuatro centímetros y unos cuatro milímetros de ancho y su color que varía entre el púrpura y el negro (…). Las personas resultaban afectadas al consumir pan hecho con harina contaminada con esclerocios y en ellas el ergotismo se presentaba de dos formas (…) Ambas formas de ergotismo han causado graves epidemias, sobre todo durante la Edad Media…”. Quesada Díaz, Antonio. “El cornezuelo del centeno a los largo de la historia: mitos y realidades”. Pasaje a la Ciencia. Nº 14. Editada por el I.E.S. Antonio de Mendoza. Alcalá la Real (Jaén) Junio, 2011. Página 16.

[16]“…El ergotismo se describió hace más de 2000 años. La primera referencia data del siglo IX a. C., se describió una epidemia de ergotismo gangrenoso. El ergotismo convulsivo se refirió por primera vez en el siglo XI; una epidemia mixta (ergotismo gangrenoso y convulsivo) se comunicó también en el siglo XI (…). La última epidemia se registró en Francia en 1951, cuando un panadero, tratando de evadir un impuesto de granos, compró un cargamento de harina contaminada con licor de contrabando: el pan elaborado afectó a más de 2000 personas, con cuatro muertes…”. Ruano Calderón, L.A. y Zermeño Pohls F. Ergotismo. Presentación de un caso y revisión de la bibliografía. Revista de Neurología. Nº 40. Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía de México. México, 2005. Páginas 412 y 413.

[17] “…ARDIENTES. (MAL DE LOS) (Medicina). Enfermedad que apareció repetidas veces bajo forma epidémica en ciertas provincias de España, Francia y Sicilia, del décimo al duodécimo siglo. Llamóla Santo Tomás ignis infernalis, por el terrible é incurable; conociósela igualmente bajo el nombre de sideración y de fuego sacro, creyéndose sin duda que este azote tenia algo de divino; otros la denominan fuego pérsico, sin que nos haya sido dado encontrar el fundamento de tal denominación. Y mas comúnmente, por fin se llamó fuego de San Antón, por cuanto se creía que la intercesión de dicho santo era el único remedio que detenia sus efectos…”. De Paula Mellado, Francisco. Enciclopedia moderna. Diccionario universal de literatura, ciencias, artes, agricultura, industria y comercio. Tomo Tercero. Establecimiento tipográfico de Mellado. Madrid, 1851. Página 152.

[18] “…arden los hombres entre si y dicen que es fuego de San Antón, otros dicen que es fuego de San Marsal, otros le llaman fuego del Santo; y se de qualquiera manera de esta: Dice Constantino, que tomes los huevos crudos, batelos, y ponlos en aquel lugar , y sobre los huevos pon las hojas de los bledos, maravillosamente sanarás, y dice, que tomes el estiércol de las palomas, y el azeyte, mézclalo todo en uno, y unta aquel lugar, y toma un paño limpio, mojalo en él, pónselo encima y luego sanará…”. Arnau de Vilanova, Antonio Bandinell. Libro de la Medicina, llamado Tesoro de Pobres. En el que se hallaran remedios muy aprobados para la sanidad de diversas enfermedades. Con un régimen de sanidad. Imprenta de Pedro Escuder, Barcelona, 1747. Páginas 132 y 133.

[19] “…Es curioso que Vaca de Alfaro, en su manuscrito sobre hospitales de Córdoba, menciones como sinónimo de “fuego sacro” al cáncer, ya que, si bien durante mucho tiempo, en que se desconocía la etiología del “fuego sacro”, y no podía, por ende, llamársele ergotismo, como hoy se le llama…”. Saldaña Sicilia, Germán. Opus cit. Página 54.

[20] “…una gran hambre reinó en Francia, sobre todo en Aquitania, hasta tal punto que los hombres comieron las hierbas de los campos como animales…Y hubo una gran epidemia. Los pobres fueron devorados por el fuego sagrado en tan gran número que la iglesia de Saint-Maixent quedó llena de los que eran llevados a ella…”. Carmona García, Juan Ignacio. Enfermedad y sociedad en los primeros tiempos modernos. Secretariado de Publicaciones de la Universidad de Sevilla. Sevilla, 2005. Página 152.

[21] “…El asentamiento, difusión y evolución de los establecimientos hospitalarios en Occidente están muy ligados a las órdenes religiosas, ya que éstas fueron las primeras en crear en Europa occidental instituciones en las que se prestaban cuidados a los enfermos y peregrinos, dedicando en sus monasterios zonas más o menos amplias labores de hospitalidad (…). En las rutas de peregrinación también se llevó a cabo la fundación por parte de determinadas órdenes religiosas de albergues y hospitales que se crearon con el propósito de proporcionar asistencia a los peregrinos…”. Rodríguez Mateos, María Victoria. Los hospitales de Extremadura 1492-1700. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. Cáceres, 2003. Páginas 28 y 29.

[22] Esta labor asistencial no es absolutamente nueva en la Europa occidental. Durante la Alta Edad Media encontramos algunos ejemplos que, a la sombra de las actividades caritativas propias de las órdenes monásticas, nos presentan centros de asistencia que tal vez no podamos calificar aún de hospitalarios, pero si al menos de cuidado de enfermos. Novoa Portela, Feliciano y Villalba Ruiz de Toledo, F. Javier. “La labor asistencial de las Órdenes Militares”. VA. Las Órdenes Militares en la Europa Medieval. Edición a cargo de Feliciano Novoa Portela y Carlos de Ayala Martínez. LUNWERG Editores. Barcelona, 2005. Página 196.

[23] “…La hospitalidad humanitaria suele ser considerada como un fenómeno que desde sus orígenes está íntimamente unido a la caridad cristiana (sentimiento religioso que pone de manifiesto una serie de desigualdades –económicas, físicas, sociales- surgidas entre los hombres que se encuentran relacionadas entre sí en el seno de cualquier comunidad) (…). Los establecimientos de beneficencia pasaron a denominarse, en general. Hospitales, término que los definía como casas de hospedaje destinados a socorrer y a amparar según los casos a aquellas personas que lo necesitasen…”. Álvaro Barra, María del Prado y Morlans Loriente, María José. Hospitales existentes en la provincia de Cáceres durante la Edad Media. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. Cáceres, 1993. Páginas 11 y 13.

[24] En la Antigüedad Clásica existieron centros religioso-sanitarios de algún modo destinados a fines terapéuticos, pero en sentido estricto no pueden considerarse hospitales, ya que, aunque en ellos se alojaba y trataba a los enfermos, su fin primordial era lograr la comunicación del hombre con los dioses, para de este modo recobrar la armonía entre el cuerpo y el espíritu y recuperar a través de ella la salud. Rodríguez Mateos, María Victoria. Los Hospitales de Extremadura 1492-1700. Junta de Extremadura. Consejería de Sanidad y Consumo. Cáceres, 2003. Página 27.

[25] “…el término hospital no tiene el mismo significado en la Edad Media o en la Moderna que en los tiempos actuales, pues ha pasado de entenderse como un asilo o albergue en el que los pobres y peregrinos –enfermos o no- recibían cobijo y comida, a ser un establecimiento destinado a proporcionar tratamiento y cuidados médicos a quienes lo necesiten, independientemente de su citación económica… ”. Rodríguez Mateos, María Victoria. Opus cit. Página 11.

[26] “…Durante la Edad Media, peregrinos de toda Europa acudían a los Santos Lugares, desafiando toda suerte de peligros y riesgos, expuestos en todo momento a parecer a manos de los sarracenos y llegando al término de su penoso viaje, los que no sucumbían a las fatigas de una larga y azarosa marcha, en lamentable desamparo…”. Salvá, Jaime. La Orden de Malta y las acciones navales españolas contra turcos y berberiscos en los siglos XVI y XVIII. Instituto Histórico de Marina. Madrid, 1944. Página 11.

[27] Monacato y caballería son, pues, los dos elementos esencialmente constitutivos de las distintas órdenes militares, hasta el punto de que sin la necesaria conjunción de solemne profesión monástica y pertenencia al orden de la caballería, no es posible hablar de ellas con propiedad. De Ayala Martínez, Carlos. “Origen, significado y tipología de las Órdenes Militares en la Europa Medieval.”. VA. Las Órdenes Militares en la Europa Medieval. Edición a cargo de Feliciano Novoa Portela y Carlos de Ayala Martínez. LUNWERG Editores. Barcelona, 2005. Página 14.

[28] A pesar de que los primeros hospitales se dedicaban casi en exclusividad a misiones asilares, poco a poco sus funciones se fueron ampliando, incluyendo también, aunque fuera en pequeño grado, la asistencia a enfermos. De acuerdo a estas funciones los hospitales medievales pueden dividirse en cuatro grupos fundamentales: leproserías, hospitales para enfermos pobres, hospicios para indigentes y albergues para peregrinos. Rodríguez Mateos, María Victoria. Opus cit. Página 13.

[29] “…la asistencia y atención a los enfermos y necesitados siempre estuvo entre las tareas prioritarias de la Iglesia, tomando ejemplo de la propia vida y enseñanza de Jesucristo (Mt. 4, 23; 25, 35 y 40)…”. Campos y Fernández de Sevilla, Francisco Javier. “La religiosidad popular en los pueblos de la provincia de Toledo, según las «Relaciones Topográficas» de Felipe II”. Religiosidad popular y modelos de identidad en España y América. Coord. por Palma Martínez-Burgos García y José Carlos Vizuete Mendoza. Ediciones de la Universidad de Castilla-La Mancha. Cuenca, 2000. Página 95.

[30] “…La orden de San Juan había nacido a fines del siglo XI y comienzos del siglo XII como una institución dedicada al cuidado de pobres, enfermos y peregrinos. Aunque a lo largo de la duodécima centuria se transformó en una orden militar debido a las apremiantes necesidades defensivas del oriente latino, nunca llegó a perder su inicial faceta asistencial. Durante la baja edad media, en efecto, los freires sanjuanistas seguían manteniendo un componente propiamente hospitalario…”. Barquero Goñi. Carlos. “La orden del Hospital en el Campo de San Juan durante la baja edad media. Siglos XIV y XV”. La Orden de San Juan entre el Mediterráneo y La Mancha. Recoge los contenidos presentados al Congreso Internacional de Historia de la Orden Militar de San. Universidad de Castilla La Mancha. Alcázar de San Juan, 2009. Página 69.

[31] Orden italiana, que auxiliaba a los peregrinos fundamentalmente en los pasos alpinos, fue la de los Antonianos, fundada en la segunda mitad del siglo XI. Esta orden de los Antonianos o Antonitas no sólo se dedicó a atender a los peregrinos y caminantes, sino que también albergó y cuidó a los enfermos que padecían el llamado fuego sacro o fuego de San Antón, denominación con la que entonces se conocía a la erisipela (aunque también podría tratarse del herpes zóster), y en general a los afectados de enfermedades cutáneas. Rodríguez Mateos, María Victoria. Opus cit. Página 29.

[32] “…Antonianos de Oriente. Comprende cuatro ramas (…). El fin de la orden es contemplativa y admite la faceta misionera. Asimismo, los antonianos tienen dos ramas femeninas: antonianas de Alep y antonianas baladitas, ambas provienen de los antonianos libaneses maronitas y conforman la congregación libanesa de derecho pontificio…”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Páginas 42 y 43.

[33] Citaré entre la bibliografía de base utilizada cuatro importantes libros recuperados para la recomposición y estudio, desde el punto de vista bibliográfico, de la importante orden de Canónigos Regulares de San Antón: Suárez del Castillo, Fernando. Compendio de la Historia Antoniana. Sevilla, 1603; Baltasar Abissino, Juan. Fundación, vida, y regla de la Grande Orden Militar, y Monástica de los Cavalleros, y Monjes del Glorioso Padre San Antón, en la Etiopía Monarchía del Preste Juan de Indias. Valencia, 1609; Navarro, Joseph. Vida y milagros del príncipe de los anacoretas y padre de los cenobiarcas, nuestro Padre San Antonio Abad, el Magno. Barcelona, 1683; y Ceballos, Blas Antonio de. Flores de el Yermo, pasmo de Egypto, assombro de el mundo, sol de Occidente, portento de la gracia: vida y milagros de el grande San Antonio Abad. Barcelona, 1759.

[34] “…en la Europa tambien ay una Orden de Encomienda Monastica, y llevan por insignia la Cruz azul, de hechura de Tau, la qual es diferente de la Orden Militar de San Antón que ay en la Etiopia: (como es tambien la de Oriente) aunque esta orden de San Anton de la Europa es muy antigua, porque fue su fundacion el año mil y 95, según Panucio, y se intitula de San Antón Abad de Viena, en Francia, sigue la regla de San Agustín. Sus fundadores fueron dos Cavalleros de la misma ciudad de Viena, llamados Gaston, y Girondo. El motivo que tuvieron para la fundación de la Orden de San Anton, fue ver la mucha devocion que por toda Europa (y por todo el mundo) tienen este glorioso Santo…”. Baltasar Abissino, Juan. Fundación, vida, y regla de la Grande Orden Militar, y Monástica de los Cavalleros, y Monjes del Glorioso Padre San Antón, en la Etiopía Monarchía del Preste Juan de Indias. Valencia, 1609. Folio 2.

[35] “…Nos situamos en Vienne, ciudad del delfinado francés, departamento al sur de Lyon. Es el año 1070. Geilin, señor del delfinado, trae de Constantinopla una reliquia insigne de San Antonio Abad y la coloca en una iglesia nueva edificada en La Matte Saint-Didier…”. Ollaquindia Aguirre, Ricardo. “La Tau en Navarra y en el camino de Santiago”. Cuadernos de etnología y etnografía de Navarra. Año nº 30, Nº 72. Navarra, 1990. Página 270.

[36] Las reliquias de San Antonio Abad, procedentes de Oriente, llegaron a un lugar del delfinado francés, cercano a Vienne, denominado entonces la-Motte-aux-Boix y ahora Saint-Antoine-I´Abbaye. Llegaron privadamente, en el equipaje de un caballero, de nombre Geilin o Jocelyn, que había ido como cruzado a Bizancio a luchar contra los tucos. Ollaquindia Aguirre, Ricardo. “La orden hospitalaria de San Antonio en Navarra”.Opus cit. Página 595.

[37] “…sus nombres dependen de los relatos, históricos o legendarios, contados en la Edad Media y recogidos en diversos escritos. Micheli les llamó Gastón y Girondo. Mischlewski, Jocely, Gastón y Guerin. Mocellin-Spicuzza, Gelin, hijo de Guillermo el Cornudo, y Gastón de la Valoire. La cuestión onomástica es accidental. Lo importante son los hechos narrados: unos caballeros que marchan a Tierra Santa como cruzados, que vuelven con reliquias del santo eremita y fundan una fraternidad hospitalaria denominada de San Antonio, cuyo distintivo fue la cruz azul, la tau…”. Ollaquindia Aguirre, Ricardo. “La Orden Militar de San Antón”. Cuadernos de etnología y etnografía de Navarra. Año nº 32, Nº 75. Navarra, 2000. Página 157. “…Iocelino pues alegre có el dó de tan gran thesoro, haviendole dado las gracias a el Emperador dela merced, tomada su lizencia sacó las Reliquias de el cuerpo Santo, llevándolas en su compañía, y los Religiosos de aquel Monasterio, que le quisieron seguir, se embarcó para su patria, adonde llegó con prospera  navegación, y có muy dichosa Iornada. Fue Iocelino  recibido con grá alegria de todos, y con grandes demostraciones de regozijo…”. Falcón, Amaro. Compendio de la historia antoniana traducida del latín en lengua castellana por el Maestro fr. Fernando Suarez Pro de la Orden de Nra. Sª del Carmen en la Pro. de Andalucia. Dirigida a Don Alonso Diego López de Zuñiga y Sotomayor Duque de Bejar, Marques de Jibraleon y Conde de Belalcázar. Impreso en Sevilla: por Francisco Perez. Sevilla, 1603. Página 71.

[38] “…Un hombre originario del Delfinado, un tal Jocelyn, señor de Castronovo, Albenciano y la Mota de San Desiderio, las llevaría consigo a su regreso a Francia, depositándolas en La Motte S. Didier o en la Motte –aux-Bois, traslado que habría tenido lugar durante la segunda mitad del siglo XI, concretamente el año 1074, durante el pontificado de Alejandro II. Desde entonces se veneran en Vienne unas reliquias insignes de un gran eremita en el templo que construyó en su honor Guión Desiderio, heredero de Jocelyn…”. Sánchez Domingo, Rafael. “Una institución hospitalaria en el Camino de Santiago: la ciencia médica de la Encomienda antoniana de Castrojeriz (Burgos)”. Estudios Superiores del Escorial. La Iglesia Española y las Instituciones de Caridad. Actas del Simposium 1/4-IX-2006. Colección del Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas. Ediciones Escurialenses (EDES).  Servicio de Publicaciones. Madrid, 2006. Página 547.

[39] “…Cavallero muy valeroso, exercitado en armas, llamado Jocelino, Señor de Castro-Nuevo, Albenciano, y de la Mota de San Desiderio, y de otras muchas Fuerzas, y Lugares; el qual estando por Capitan General en servicio del Rey de Francia, en guerra, que en aquel siglo se hacia contra los Helvecios, que son los que moran en los Cantones, fue en una sangrienta batalla, que se dio un dia cerca del Monte Jura, derribado en el cavallo con tres mortales heridas, quedando en el campo tendido entre los muertos, y como tal, fue de noche sacado a una Hermita (…) a costa de su sangre, y continuos triunfos , supo grangear tanto el favor de el Emperador, que quando llegó la ocasión de bolverse á Francia, le dio entre otros dones de gran valor, y estima, el precioso cuerpo de San Antonio, el qual trajo con mucha reverencia, y devocion á la Villa de Mota, que esta situada en la Provincia de Viena, año de mil y setenta, siendo Summo Pontifice Alexandro II y Emperador del Oriente Michael Ocavo Parapinazo y Enrique Octavo, Emperador de Alemania…”. Ceballos, Blas Antonio de. Flores de el Yermo, pasmo de Egypto, assombro de el mundo, sol de Occidente, portento de la gracia: vida y milagros de el grande San Antonio Abad. Barcelona. 1759. Páginas 277 y 278.

[40] Las reliquias se custodiaban en la Iglesia de San Antonio de la villa de La Mota (en el Delfinado, La-Motte-Saint-Didier, actualmente Saint-Antoine-l´Abbaye, San Antonio Abad, en el departamento francés de Isère). Dicha iglesia era la iglesia conventual de un priorato benedictino cuyos monjes se ocupaban del santuario. Gastón y su comunidad que en principio estaba formada por laicos, erigieron un hospital cerca, donde cuidaban de los peregrinos que visitaban el santuario de la Iglesia de San Antonio y de los enfermos, particularmente de aquellos afligidos por el Fuego de San Anton. http://es.wikipedia.org.

[41] “…haviendose acabado con piedad, y limosna de los Fieles, y con el fervoroso zelo, y solicitud de Guion Desiderio, el Templo de nuestros Bienaventurado Padre, se ordenó colocar en él su bendito cuerpo, con tan grandes demostraciones de amor, fiestas, luminarias, e intervenciones de fuego, que es imposible el poderlo significar; y en particular el sumptuoso aparato, y grandeza con que se vieron adornadas, con riquisimas colgaduras, flores, y oloradas yervas las calles de aquella dichosa Villa, por donde havia que pasar la Procesión; la qual se hizo con tan copiosas luces, devoción, solemnidad, y regocijo de musicas, alternadas de dulces voces, y varios instrumentos, que sensiblemente enamoraban, y alegraban las danzas, acompañamiento de Soldados, tambores, trompetas, y chirimias, que jamás en aquella Villa se vió otra semejante, ni mas plausible (…) dentro de la caxa se halló un vaso de metal cerrado con cera, y el Señor Arzobispo públicamente le abrió, halló en él una cedula de pergamino, con unas letras antiquisimas, que casi no se dexaban leer uqe decian: ESTE ES EL CUERPO, Y LAS RELIQUIAS DEL GLORIOSO CONFESSOR SAN ANTONIO ABAD, TRAHIDAS DE EGIPTO…”. Ceballos, Blas Antonio de. Opus cit. Página 280.

[42] “…Tal enfermedad se extendería en Centroeuropa de desde el siglo X vinculada al consumo del pan del centeno y a la mala alimentación común entre los más pobres. En realidad se trata del ergotismo gangrenoso siendo una intoxicación, el herpes zoster o culebrilla, causada por el virus varicella-zoster (VZC), el mismo que provoca la varicela (…). La neuralgia desencadenada puede llegar a ser muy dolorosa y prolongada, dando lugar al nombre medieval asignado a dicha enfermedad…”. Sánchez Martín, Carlos. “La extinción de la orden medieval de San Antonio abad en Toledo. Un ejemplo de regalismo eclesiástico”. La desamortización: el expolio del patrimonio artístico y cultural de la Iglesia en España. Actas del Simposium 6/9-IX-2007. Madrid, 2007. Página 543.

[43] Investigaciones relativamente recientes, llevadas a cabo por estudiosos de la microbiología sagrada, como Albert Hofmann y Gordon Wason, han venido a descubrir que ese cornezuelo de centeno que produce el ergotismo, contiene alcaloides que, si son administrados convenientemente, también son capaces de producir profundos estados alterados de conciencia, acompañados de visiones, muy semejantes a los producidos por ingestión de sustancias psicotrópicas como el LSD. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Páginas 557 y 558.

[44] Pascual Mayoral, Pilar y García Ruiz, Pedro. “Los Antonianos y la Cofradía de San Antonio Abad de Calahorra”. Kalakorikos, 14. 2009. Página 415.

[45] “…La Sagrada Religión Antoniana tuvo principio, por la divina gracia, y favor de Dios, en un Lugar del Arzobispado de Viena, llamado Mota, año de la Encarnación del Señor de mil y noventa y cinco (…) que guardan la Regla de San Agustin, y militan debaxo de la invocación de nuestro Gran Padre San Antonio, que fundaron dos Cavalleros, padre, é hijo, llamado el uno Gaston, y el otro Girondo; los quales, estando padeciendo una gravisima enfermedad, se valieron de la intercesión de San Antonio…”. Ceballos, Blas Antonio de. Opus cit. Páginas 284 y 286.

[46] “… la llegada masiva de peregrinos enfermos a la iglesia de Montmajour, situada cerca de la ciudad francesa de Vienne, movilizó a la población de la comarca que de manera voluntaria comenzó a socorrer a peregrinos. Un grupo de laicos con conocimientos médicos habilitaron una casa junto a la Iglesia que albergaba las reliquias de San Antón y comenzaron a atender enfermos. Esta primera casas-hospital se llamó “Casa de los Pobres” y a los enfermos laicos que la atendían “Hermanos de los Pobres” o “Hermanos de la Limosna”. Poco después construyeron un hospital que llamaron “Hospital de Desmembrados”, donde realizaron las primeras operaciones quirúrgicas importantes, como la amputación de manos y piernas, para evitar la expansión de la gangrena…”. Pascual Mayoral, Pilar y García Ruiz, Pedro. Opus cit. Página 416.

[47] “…Aquí tuvo origen, y principio en las partes Occidentales su nobilísima Religión, aunque muy diferente del que tuvo en las Orientales de la Thebayda, donde fundo sus primeros Conventos (…). Aquí en una aparición milagrosa, que hizo el Santo al noble Cavallero Gaston, y a su hijo Girondo les dio la insignia, o señal del poder, figurada en la Cruz, o letra T, que en Griego es llamado Tau, de quien hace mencion el Profeta Ezequiel en el cap. 9. De aqui se extendió este Orden Sagrado por todas las regiones de Europa, y mas alla, cuyo blanco de su profession fue siempre el amor, y caridad con los pobres…” Navarro, Joseph. Vida y milagros del príncipe de los anacoretas y padre de los cenobiarcas, nuestro Padre San Antonio Abad, el Magno. Barcelona, 1683. Páginas 254 y 255.

[48] Ollaquindia Aguirre, Ricardo. Opus cit.  Página 595.

[49] “…el III Concilio Ecuménico de Letrán, celebrado en 1179 bajo el pontificado de Alejandro III intervino en el lamentable estado de aislamiento a que eran sometidos los leprosos, declarando que siendo fieles como los demás, no debían ser indignos de alterar con sus semejantes, de manera que  para hacer más soportable su existencia, muchos de ellos adoptaron el sistema de peregrinaciones, con profundo sentido práctico, adoptando mejores medidas de higiene y cambiando de clima, aún sin contar con la asistencia espiritual que impetraban, ayuda que pronto recibirán de la nueva Orden de los hijos de san Antonio…”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Páginas 138 y 139.

[50]“…desde el departamento de Isère, en Francia, la orden se extiende hacia el sur, en la región de Drôme, en los Alpes, conformando la abadía di Bourg-St. Antoine, la filial primogénita. En Susa se establecieron en 1188, conformando residencia estable. Hacia 1190 se inició la edificación de la primera casa en Roma; en 1191, la de Memmingen, en Alemania; en 1199, la preceptoría de Montferrand (Puy de Dôme), al igual que en Aumônièrs (Saone), Besançon (Doubs), Grandvaux (Marne), así como la primera y más importante fundación en Castilla, el monasterio de Castrojeriz, en Burgos, y poco después en Olite, Navarra…”. Ibídem. Página 50.

[51] Es un conjunto monástico situado a pocos kilómetros de la ciudad de Arlés perteneciente al departamento de Bocas del Ródano al sur de Francia.

[52] “…la orden sería aprobada en 1095 por el Papa Urbano II en el concilio de Clermont, famoso ante todo por la proclamación de la primera cruzada. Honorio III la confirmaría por Bula Papal en 1218, acogiendo la regla monástica de San Agustín desde 1297 por nueva Bula Papal, en este caso de Bonifacio VIII. Hasta entonces los Antonianos habían tenido como superiores religiosos a los benedictinos de la abadía de Montmajeur, en las cercanías de Arles, que desde 1088 se dedicarían a la asistencia religiosa de los peregrinos. Tras esta fecha los monjes de San Antón conseguirán la plena independencia, siendo desde entonces el Gran Maestre de la orden, el prior de los Antonianos…”. Sánchez Martín, Carlos. “La extinción de la orden medieval de San Antonio Abad en Toledo. Un ejemplo de regalismo eclesiástico”. La desamortización: el expolio del patrimonio artístico y cultural de la Iglesia en España. Actas del Simposium 6/9-XI-2007 / coord. por Francisco Javier Campos y Fernández de Sevilla. Madrid, 2007. Página 542.

[53] “…Los canónigos regulares se organizaron jurídicamente en el Sínodo de Letran, celebrado el año 1059, bajo el impulso del cardenal Hildebrando, fututo Gregorio VII, y de san Pedro Damiano, cuyos ímpetus se centraron en la reforma de la institución religiosa existente con el fin de fundar un nuevo orden (…). El movimiento reformador gregoriano pasó de las catedrales a las colegiatas, santuarios y otras iglesias, y se ocuparon de labores litúrgicas, de beneficencia, atención de peregrinos, etcétera…”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 58.

[54] Aunque es difícil definir la espiritualidad de los canónigos regulares, todas las comunidades adoptaron la regla de San Agustín, aunque no le concedieron el mismo contenido ni el mismo significado, puesto que la mayor parte de los canónigos se contentó con cumplir la Regula prima. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 56.

[55]…en primer lugar, la erección de una comunidad religiosa clerical, renuncia absoluta a la propiedad privada, castidad, obediencia al superior, caridad. El ideal de san Agustín era la vida comunitaria sacerdotal de la Iglesia de Jerusalén en el tiempo de los apóstoles…”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 56.

[56] “…del habito y costumbre de los religiosos. Tense manda conforme a los estatutos que todas los comendadores y religiosos trayga habito y vestido honestos y decentes (…) anden con sotanas y manteos y calzas llanas y todo el paño negro (…) y en cada una de las ropas largas traygan la potencia o Tau que en el habito dela oja orden el qual sea de terciopelo azul o raso claro, ni poniendo enlos ojos taus guarniciones ni cordones de oro ni de plata, el qual dicho Tau an siempre de traer consigo en ropa corta o larga assi de camino como en casa…”. García, Fr. Pedro. Orden Hospitalaria de San Antonio: Estatutos, ordenaciones y constituciones de la Orden Hospitalaria de San Antón confirmados por el Capítulo celebrado en Toledo en el año 1592. Testimonio del Protonotario Apostólico Marius Theodolus sobre algunas bulas y privilegios concedidos por los Romanos Pontífices a favor de la Orden de San Antón. 1609. Folio 12.

[57] “…la Tau ha sido siempre un símbolo salvífico, una marca de los justos según el profeta Ezequiel, un signo amuleto mágico de protección contra la peste y contra los poderes malignos e incluso un emblema sagrado entre los paganos adoradores de Serapis, para los que simboliza la vida venidera. También fue utilizada la Tau por los franciscanos, quizás porque para que San Francisco padeció la enfermedad del fuoco sacro, de la que sería tratado por los Antonianos, o quizás por la admiración del Santo al Convento de Castrogeriz cuando peregrinó a Santiago…”. De Gilbert Rojo Barón de Gavín, Manuel Fuertes. La nobleza corporativa en España: nueve siglos de entidades nobiliarias. Ediciones Hidalguía. Gráficas Arias Montano, S.A. Madrid, 2007. Página 100.

[58] “…un brebaje que se bautizó como el agua de San Antonio, tenía poderes curativos (…). Los panes de San Antonio, realizados desde el siglo XI y hechos con harina especial y pura de centeno (…). La manteca de cerdo, considerada milagrosa era untada sobre los órganos afectados, paliando parte de la infección (…). Pero de todos los remedios curativos, tal vez sea el del Santo Vino el más célebre…”. Morán Suárez, Isabel. “El Fuego de San Antonio: estudio del ergotismo en la pintura del Bosco”. Asclepio. Vol. XLVIII. Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC). Madrid, 1996. Página 188.

[59] Argente del Castillo Ocaña, Carmen. Opus cit. Página 41.

[60] “…en el tratamiento de la gangrena seca que recomienda el doctor Sanponts en su discurso sobre el fuego de San Antón en el año 1792 (…). La curación externa se dirigía del modo siguiente, en los principios, á fin de avivar la parte que empezaba a percibir alguna torpeza al tacto, se aplicaba una mezcla de manteca y aguardiente sobre el lugar que amenazaba la gangrena, después se seguía la curación con un ungüento, compuesto por tres libras de aceyte de olivas, una libra de trementina, media libra de cera amarilla, y suficiente cantidad de vino…”. Aichinger, Wolfran. El fuego de San Antón y los hospitales antonianos en España. Verlag Turia + Kant. Viena, 2009. Páginas 103 y 104.

[61] “…Desda edad le dio una enfermedad que se llama fuego de Sant Antón en un pie; y no la entendiendo los medicos, la hizieron remedios contrarios. Estaria como quinze dias con terribles dolores; al cavo se le murio la pierna. Y biendo lo medicos que el fuego le subia mui arriba, determinaron cortarsela. Por presto que esto se hizo, ya le habia subido al muslo, quedando todo lo demas tan negro y con tal olor (…) no ubo cirujano que se atreviese con sus erramientas a serrar tal ueso como el del muslo. I ansi, llamaron un entallador que trajese su sierra; y con ella se la aserraron mudandose unos y otros…”. Aichinger, Wolfran. Opus cit. Página 106.

[62] “…Y siendo las dispensaciones, y que no las hagan singran necessidad, porque no vengan aprercer las leyes: es decreer que dsupensar Dios tantas vezes por intercesión de susiervo Antonio en las leyes natrurales, haziendo por el tanto milagros (…). Y continuandose esta devocion del Santo en los animos de los Principes hasta el dia de oy, y con la frecuencia y multitud de milagros, se a hecho tan famoso el nombre de Antonio, en toda la redondez de la tierra, que no ay nacion, ni Provincia, que no tenga noticia deste Santo, ni Ciudad, ni lugar por pequeño que sea que no tenga Iglesia, o Altar, o Imagen suya…”. Falcón, Amaro. Compendio de la historia antoniana traducida del latín en lengua castellana por el Maestro fr. Fernando Suarez Pro de la Orden de Nra. Sª del Carmen en la Pro. de Andalucia. Dirigida a Don Alonso Diego López de Zuñiga y Sotomayor Duque de Bejar, Marques de Jibraleon y Conde de Belalcázar. Impreso en Sevilla: por Francisco Pérez. Sevilla, 1603. Dedicatoria.

[63] La congregación de los antonianos se extendió por toda Europa, llegando a regentar 369 hospitales. En Roma, los antonianos tenían el privilegio de atender sanitariamente al romano pontífice, y en sus desplazamientos siempre le acompañaba un religioso profeso de dicha congregación. El emperador Maximiliano les ennobleció en 1502 otorgándoles un blasón (águila negra y cruz de San Antón). La orden alcanzó un desarrollo material muy importante, lo que lesionó su disciplina monacal. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 47.

[64] Alfonso VII, emperador de León (1105-1157), procuró que el reino de León tuviera siempre primacía sobre los demás reinos cristianos, adquiriendo una efectividad al igual que la había tenido anteriormente. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Páginas 153 y 156.

[65] “…Alfonso el emperador y esposa Doña Juana en 1146 “rehedificaron” esta Real Casa Hospital con la obligación de curar todos los enfermos tocados del fuego de san Antón dotándolas con diversos privilegios…”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 153.

[66] “…yo el dicho Rey D. Fernando, por hacer y limosna é por el amor de Dios, é del confesor bienaventurado S. Antón, e poque el dicho lugar sea mejor poblado e vala mas, quito para siempre jamás de todo pecho á cinquenta pobladores que y vinieren a morar, de aquí adelante, que sean quitos e franqedos de todos los pechos, asi de servicios como de pedidos e de emprestidos, e de yantares, é de martiniegas, é de fonsado, é de fonsadera, e de toda facendera, é de ayuda, é de todos los otros pechos é pedidos que a Mi hobieren á dar los de la tierra, en qualquier manera que sea, que nombre hayan de pecho, salvo ende moneda forera, cuando acaeciere de siete en siete años…E mando a los dicho pobladores que si alguno o algunos contra esto les quisieren pasar o prendar por algunos pechos de los que sobredicho son, que ge lo no consientan, é que les amparen la prenda, é que no cayan en pena por ello, ca lo que montare los pechos que me ellos habian á pechar mando que los descuenten de la abeza del pecho á aquellos con quien los ellos habían de pechar…”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Páginas 151 y 152.

[67] Hospital de San Antón de Toledo: “…Estuvo también situado extramuros de la ciudad, en la actual carretera de Madrid, en el de San Lázaro y la ermita de San Eugenio, donde todavía se conserva un columna de piedra con la cruz de hierro. Fue fundado alrededor de 1316 por don Gonzalo Ruiz de Toledo, señor de Orgaz (quien fue su primer patrono y a quien sucedieron sus descendientes, los Condes de Orgaz), para la curación de cierta enfermedad llamada “fuego sacro” o fuego de San Antón…”. Zamorano Rodríguez, María Luisa. El Hospital de San Juan Bautista de Toledo durante el siglo XVI. Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos. Diputación Provincial de Toledo. Toledo, 1997. Página 59.

[68] “…En León el primer hospital de San Antonio surgió en 1531, y aunque su nombre era hospital de Sant Marçiel, pronto se cambió por el de San Antonio gracias a una bula de Clemente VII, dada en Roma el 6 de mayo de 1531 (…). Tenía dos divisiones claras: un pabellón para los hombres y otro para las mujeres. Así mismo, contaba con diferentes salas como, por ejemplo, la Purísima, San Antón, San Rafael, Nuestra Señora del Carmen, Santa Ana, Jesús, San Marcelo, etc., y por supuesto una para las hermanas, otra de operaciones, una iglesia y su capilla…”. Arias Fernández, Ana Isabel. San Antonio Abad y el Hospital de la beneficencia de León (I). Argutorio: Revista de la Asociación Cultural “Monte Irago”. Año 8. Nº 16.  Astorga (León), 2006. Página 13.

[69] “…Dedicados o bajo la advocación de San Antón o San Antonio Abad, existían en Córdoba dos hospitales diferentes entre sí, como aparece de su nombre, de su situación topográfica y de la finalidad distinta que ambos perseguían (…) Hospital Real e Imperia de San Antón (…) FUNDACIÓN.- De los documentos existentes no hemos podido poner en claro la fecha de su fundación. Parece ser que tuvo lugar no mucho después de la reconquista. La primer noticia cierta de él se tiene hállase en el testamento de D. Marcos de Quintana Dueñas, otorgado en 21 de Mayo de 1277 (…). Hospital de Nuestra Señora de la Concepción y del glorioso San Antón Abad (…) Dedúcese la antigüedad de su fundación de la patena de un cáliz que se conserva y de una pintura al fresco de Nuestra Señora de la Concepción…”. Saldaña Sicilia, Germán. Monografía Histórico-Médica de los Hospitales de Córdoba. Primera Edición. Tipografía Artística – San Álvaro. Córdoba, 1935. Página 57.

[70] “…La encomienda castellana llegó a tener 23 casas-hospitales en Castrogeriz, Valladolid, Medina del Campo, Toledo, Sevilla, Cuenca, Murcia, Salamanca, Plasencia, Segovia, Córdoba, Toro, Benavente, Atienza, Talavera, Cadahalso, Ciudad Real, Iruela, Albacete, Baeza, Cuevas, Alcalá la Real y México (…) La encomienda olitense tuvo 14 casas-hospitales: Olite, Pamplona, y Tudela en Navarra; Zaragoza, Calatayud, y Huesca en Aragón; Valencia y Orihuela en el reino valenciano; Barcelona, Cervera, Lérida, Tárraga Y Valls en Cataluña, y Palma de Mallorca…”. Ollaquindia Aguirre, Ricardo. Opus cit. Página 271.

[71] Guerra, Antonio. Sevilla, hospital de Indias. La asistencia médica durante el Descubrimiento. Almuzara. Sevilla, 2005. Página 27.

[72]“…está la Encomienda mayor en el Camino Francés que va a Santiago de Galicia, y así se da en ella gran cantidad de limosnas a los peregrinos que van a dicha Romería, y habido año que han pasado por allí más de seis mil franceses y de otras naciones, y a todos se les da una ración de pan y algunos vino llevando necesidad, y a todos unos panecillos pequeños hechos para el día de San Antón y benditos aquella noche, juntamente con el vino santo: que lo uno y lo otro consta por la experiencia las maravillas que obra así para enfermedades como la peste y especialmente contra el fuego (…). Tiene esta Encomienda Mayor el Hospital enfrente de la Casa, que por medio pasa el Camino Real y en el Hospital, que es de obra muy antigua, viven los cojos y mutilados, y las personas que están disputadas para el servicio y cura de enfermos: y a todos se les da todo lo que han menester para su sustento y vestido con mucha puntualidad y abundancia…”. Falcón, Amaro. Opus cit. Páginas 193 y 194.

[73] “…El otro medio a sido hazer devotos de este gran Santo, no solo a hombres vulgares y comunes, sino a Emperadores, Reyes, Duques, y Principes, sembrando en estos generosos pechos una tan pura, rara, y singular devoción (…). Y no quiso nuestro Señor que se acabase la devoción de Sant Antón en esta gran casa de Bejar con la muerte del Duque Don Francisco; antes la quiso acrecentar con que no solo V. Excelencia, que sucedió en los estado de su Padre y en la herencia de sus heroicas y eccellentes virtudes, continuase la devocion del gran Patriarca Antonio, mandandome que prosiguesse esta traducción con gran instancia. Pero que tambien la excelentisima Señora Duquesa de Bejar dignísima compañía de V. Excelencia tuviesse la mesma devocion con nuestro gran Santo…” Falcón, Amaro. Compendio de la historia antoniana traducida del latín en lengua castellana por el Maestro fr. Fernando Suarez Pro de la Orden de Nra. Sª del Carmen en la Pro. de Andalucia. Dirigida a Don Alonso Diego López de Zuñiga y Sotomayor Duque de Bejar, Marques de Jibraleon y Conde de Belalcázar. Impreso en Sevilla: por Francisco Pérez. Sevilla, 1603. Dedicatoria.

[74] Los enfermos del fuego de San Antón procuraban llegar de día anunciando su llegada con el canto Ultreya, acompañado de los sones de subáculo-flauta, después visitaban el santuario, recibían con devoción el Tau, especie de escapulario, el pan, el vino y las campanillas con la cruz de San Antonio, todo bendecido según el rito antoniano, pudiendo hospedarse en el hospital anejo al monasterio. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 565.

[75] Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Páginas 175 y 176.

[76] “…ordenamos que los miembros de la orden puedan andar y anden con Bacines e sin Bacines por todos los reinos de Castilla sin que nadie se lo impida ni les exija tercio, cuarto, ni quinto por razón alguna, antes bien, sean bien recibidos e les sean dadas las buenas pesadas seguros e desembargados de otros pasadores. Otrosí, por quanto dicha orden fue y es fechura del rey Don Alfonso, nuestro Padre e Nuestra; tenemos por bien que la dicha orden e sus bacinadores, Mayordomos y Criados, sean exentos y quitos de todo pecho y pedido, e soldados, e menores, e servicio, de cualquier manera se haya de dar e pagar en todos los nuestros reinos…”. Ibídem. Páginas 181 y 182.

[77] “…Los antonianos de Olite tienen licencia para pedir de todo; y no solamente en Navarra, sino también en Castilla y Aragón. Van por los pueblos con un carro y recogen legumbre, cereales, huevos, aceite, quesos, etc. para el Hospital. El carro es tirado por un macho que lleva colgado del cuello una especie de estandarte y campanillas. El estandarte ostenta en azul la cruz de San Antón, la Tau, sobre fondo negro…” Ollaquindia Aguirre, Ricardo. Opus cit. Página 157.

[78] Argente del Castillo Ocaña, Carmen. “La Orden Hospitalaria de San Antón en la diócesis de Baeza-Jaén. Cuadernos de Estudios Medievales y Ciencias y Técnicas Historiográficas. Nº 2-3. Universidad de Granada. Granada, 1974. Página 45.

[79] Este animal era símbolo de las tentaciones del santo, pero no hay que olvidar que todo cerdo representa también el estilo de alimentación de los cristianos victoriosos, por oposición al de los “moros”.

[80] Bandejas con las que los antonianos pedían limosna. Aichinger, Wolfran. El fuego de San Antón y los hospitales antonianos en España. Verlag Turia + Kant. Viena, 2009. Página 60.

[81] Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 182.

[82]“…los Monarcas deseaban, por consiguiente, emprender una reforma sistemática, dirigida por prelados de su confianza, que corrigiese las costumbres desarregladas de los religiosos, sanease la administración de los monasterios y que a continuación se llevase a la práctica por religiosos de la respectiva orden…”. García Oro, José. La reforma de los religiosos españoles en los tiempos de los Reyes Católicos. Instituto “Isabel la Católica” de Historia Eclesiástica. Valladolid, 1969. Página 35.

[83] “…los Reyes Católicos inician una política de reunificación y construcción hospitalaria que es una expresión más de del deseo de un Estado unificado y que, al igual que ocurre con otras realizaciones arquitectónicas, supone a la vez, como señala el profesor Nieto Alcaide, “un instrumento imprescindible para configurar una imagen visual del poder”, integrándose en la ciudad como un símbolo de permanente y visible de la fuerza y la autoridad de la monarquía…”. Rodríguez Mateos, María Victoria. Los hospitales de Extremadura 1492-1700. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Extremadura. Cáceres, 2003. Página 39.

[84] “…1502. Junio 5. Toledo. Los Reyes al reformador de la Orden de S. Antón, Fr. Juan Antón de Ravena. Provisión en su favor de la casa de S. Antón de Castrojeriz. El Rey y la Reyna. Fray Juan Antón de Ravena visitador de la orden de San Antón destos nuestros reynos. Ya sabes que después de Fray Manuel de Tetis, comendador que fue de la casa se San Anton de Castroxeriz fallecio desta presente vida, a casa que la dicha casa no estaba bien regida e las personas que en ella stavan gastaban mal las rentas della, nos, por una nuestra cedula, ovimos mandado a Don Alonso de Mendoza conde de Castro que pusiese una buena persona de la dicha orden en la dicha casa, para que la toviese en administración e gastase e distribuyese los frutos e rentas della en las cosas para que fueron dotadas (…) porque creemos que la dicha casa e encomienda sera mejor regida e administrada , los pobres della mas ayudados…”. García Oro, José. La reforma de los religiosos españoles en los tiempos de los Reyes Católicos. Instituto “Isabel la Católica” de Historia Eclesiástica. Valladolid, 1969. Página 495.

[85] “…a través del privilegio real se autorizaba a los monjes antonianos de Castrojeriz y encomiendas subordinadas el pedir dinero por los reinos de España sin que nadie les molestara ni perturbara, bajo pena de diez mil maravedís para quien osara contravenir este privilegio, de manera que todos los oidores, alcaldes, caballeros y oficiales tenían obligación de guardar la orden emanada de la voluntad real en su afán de privilegiar a los antonianos…”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 185.

[86] “… Privilegio de los Reyes Católicos concedido a frey Manuel de Testis, comendador mayor de San Antón de Castrojeriz el 19 de diciembre de 1488, para que se guarden y se respeten los antiguos privilegios, libertades y exenciones otorgados por los antiguos emperadores para que los monasterios de la orden de San Antón fueran liberados…”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 185.

[87] “…A.G.S., R.G.S., Carta-seguro otorgado por los Reyes Católicos al comendador mayor de la orden de San Antón, procuradores y bacinadores de la orden el 20 de diciembre de 1490, para que puedan andar libremente por el reino acompañados de cochinos, recorriendo las ciudades y villas sin temor a ser prendados, heridos ni matados, f. 141…”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 186.

[88] “…A.G.S., R.G.S., Confirmación real de privilegios a la cabeza de las encomiendas de la orden de San Antón. Privilegios de 1364, 1371, 1379 y 1391 respectivamente, f. 13. ”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 186.

[89] “…los Reyes a través de la confirmación de numerosos privilegios a la Orden de San Antón de los Reinos de España, Portugal e Indias Occidentales, cuya Encomiendo Mayor se encontraba en Castrojeriz (privilegios de 1484, 1488, 1490, 1492 y 1495), les autorizaba a recorrer libremente los lugares de los Reinos con bacines –bandejas- y atabaques pidiendo limosnas y acompañados de cerdos, sin que nadie pudiera perturbarles, ni apresarles. A través de esta fórmula de la exención y privilegio, los Reyes Católicos posibilitaban el sostenimiento económico de una sólida y vertebrada red hospitalaria cuya gestión corría a cargo de la Orden de San Antón…”. Sánchez Domingo, Rafael. “Una institución hospitalaria en el Camino de Santiago: la ciencia médica de la Encomienda antoniana de Castrojeriz (Burgos)”. Estudios Superiores del Escorial. La Iglesia Española y las Instituciones de Caridad. Actas del Simposium 1/4-IX-2006. Colección del Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas. Ediciones Escurialenses (EDES).  Servicio de Publicaciones. Madrid, 2006. Páginas 560 y 561.

[90] “…En la ciudad de Toledo hay un hospital de la militar Orden de San Antonio Abad, el cual aunque goza un pingüe Encomienda de la dicha orden, con el pretexto de su manutención, usa una gruesa porción de cabezas de ganado de cerda, por privilegio que dice tener, inundando con ellas todas las calles de esta ciudad, y dentro de ella nacen, se crían, y se mantienen con lo que se arreglan a coger…”. Aichinger, Wolfran. Opus cit. Página 123.

[91] En la ciudad de Salamanca: “…HOSPITALES=A principios del siglo XVI existían en nuestra ciudad los que á continuación se espresan (…): 3º El de San Antón para curar la horrible enfermedad conocida con el nombre de Fuego sacro ó fuego de san Anton. Por los años de 1256 se hace ya mención a este hospital…” Album Salmantino, Semanario de ciencias, literatura, bellas artes é intereses materiales. Nº1. Tomo 1. Salamanca, Domingo, 5 de febrero de 1854. Página 15. “…No se tiene noticia cierta de cuando se fundase la de Salamanca; mas por los años 1256 ya estaba fundada según consta de una escritura á favor de los padres dominicos …”. Dorado, Bernardo. Historia de la ciudad de Salamanca. Imp. del ADELANTE,  a cargo de Juan Sotillo. Salamanca, 1861. Páginas 144 y 145.

[92] “…Este asunto presentaba todos los indicios de haberse cometido un fraude por parte de dos sujetos, uno vecino de Itero de la Vega y otro de Paredes de Nava, al objeto de engañar a la encomienda de San Antón de Castrojeriz con motivo de la recolección de la bula de San Antón y apropiarse de una cantidad que no les correspondía, por lo que obligó a intervenir a la reina y a la justicia ordinaria de las merindades implicadas para encontrar y juzgar al estafador…”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 207.

[93]“…Fray Manuel de Testis, como intruso, proveído fraudulentamente al margen del patronato real, que instaló a amigos suyos franceses en las diversas encomiendas, practicó él mismo el cumulativismo beneficial, enajenó muchos bienes y convirtió a Castrogeriz en un albergue de franceses…”. García Oro, José y Portela Silva, María José. “La Orden de San Antón y la asistencia hospitalaria en Castilla durante el Renacimiento”. Archivo Ibero-americano. Revista Franciscana de Estudios Históricos. LXV. Año 2005. Página 305.

[94] Sevilla: del 22 al 27 de enero de 1502; Córdoba: 30 de enero de 1502; Ciudad Real: 5 de febrero de 1502; Toledo: 10 de febrero de 1502; Cadahalso: 12 y 13 de febrero de 1502; Segovia: del 15 al 17 de febrero de 1502; Salamanca: del 20 al 23 de febrero de 1502; Toro: del 26 al 28 de 1502. García Oro, José y Portela Silva, María José. Opus cit. Página 308.

[95] “…1.-en la casa o encomienda observando el estado físico de la residencia del comendador y su comunidad; del hospital, si existe; de la iglesia con sus elementos (templo, capillas y alates, sacristía; objetos y ajuar debidamente inventariados; 2.-en la documentación institucional (Regla y constituciones de San Antón, docuementos reales y pontificios) y personal (título beneficial, nombramiento de la Orden, documentos de profesión y ordenación) de la encomienda; 3.-en la hacienda y su valoración: heredades, casa urbanas, rentas, cuestiones en el distrito de la encomienda; 4.-en la situación del comendador que se investiga en dos turnos sucesivos: en el interrogatorio de los visitadores sobre gobierno de la comunidad, si existe, observancia religiosa (oficio divino, cultos y sufragios, normativa regular respecto a la vida sacramental, obediencia a los superiores, ayunos y abstinencias); honestidad en su conducta con obligación de responder a imputaciones y difamación, enajenaciones o fraudes en la administración y obras y mejoras realizadas o en curso; en las declaraciones de testigos cualificados, obre o mujer, sobre la vida y gobierno del comendador. La inspección local culmina con dos actos: la promulgación de unas ordenanzas o decretos de visita, que imponen obligaciones inmediatas al comendador…”. García Oro, José y Portela Silva, María José. Opus cit. Páginas 307 y 308.

[96] Aichinger, Wolfran. El fuego de San Antón y los hospitales antonianos en España. Verlag Turia + Kant. Viena, 2009. Páginas 83 y 84.

[97] “…Hospital de San Antón. Le fundaron hacia los años de 1230 los religiosos de San Antonio Abad, que tenían en Castrojeriz su casa y la encomienda mayor; eran acogidos a él los que padecían el llamado fuego infernal, y por antífrasis sacro ó de San Antón; con la primar denominación los designa Enrique II en su cédula expedida en Sevilla á 14 de Julio de 1366 (I), en estos términos: “que la dicha órden es hospital donde se habitan é cogen muchos enfermos plagados (llagados) del fuego infernal”. Por esta cédula y la dada en Valladolid á 27 de Octubre de 1368, aclara, amplía y confirma todas las mercedes y privilegios que tenía la órden, de la que fue muy devoto su padre el rey don Alfonso XI. Por ella, permite que la órden pueda tener “puercos é campanillas é bacines é atabaques” y todo lo cumpliese y hubiese menester para la demanda en todas la ciudades, villar y lugares de sus reinos y señoríos; y que “non sea embargada ni contrastada por tercio, nin por cuarto, nin por quinto, nin po diezmo, nin por otra razón alguna, nin por la demanda de la Cruzada”. A los freires, legos, procuradores y criados que andaban en estas procuraciones, tenían los pueblos que darles “buena posada, segura é desembargada de otros posadores (huéspedes) sin dineros; e viandas, é lo que hubieran menester por sus dineros”. Estaba libre la orden de todo pecho y servicio, así en hueste como en armada, y de toda dependencia ó jurisdicción eclesiástica, salvo la de nuestro señor papa, como dice Enrique II. A los acogidos se les daba el nombre de quemados; muchos a quienes lo permitia su estado, salían á pedir ó á la demanda de campanillas, bacines ó atabaques. Tenían el privilegio estos hospitales de que los cerdos de su pertenencia, que era la única propiedad de muchos de ellos, pudiesen andar libres por las poblacione …”. Villar y Macias, M. Historia de Salamanca. Tomo II. Imprenta de Francisco Nuñez Izquierdo. Salamanca, 1887. Páginas 377 y 378.

[98] “…Hospital de San Antón. Le fundaron hacia los años de 1230 los religiosos de San Antonio Abad, que tenían en Castrojeriz su casa y la encomienda mayor; eran acogidos a él los que padecían el llamado fuego infernal, y por antífrasis sacro ó de San Antón; con la primar denominación los designa Enrique II en su cédula expedida en Sevilla á 14 de Julio de 1366 (I), en estos términos: “que la dicha órden es hospital donde se habitan é cogen muchos enfermos plagados (llagados) del fuego infernal”. Por esta cédula y la dada en Valladolid á 27 de Octubre de 1368, aclara, amplía y confirma todas las mercedes y privilegios que tenía la órden, de la que fue muy devoto su padre el rey don Alfonso XI. Por ella, permite que la órden pueda tener “puercos é campanillas é bacines é atabaques” y todo lo cumpliese y hubiese menester para la demanda en todas la ciudades, villar y lugares de sus reinos y señoríos; y que “non sea embargada ni contrastada por tercio, nin por cuarto, nin por quinto, nin po diezmo, nin por otra razón alguna, nin por la demanda de la Cruzada”. A los freires, legos, procuradores y criados que andaban en estas procuraciones, tenían los pueblos que darles “buena posada, segura é desembargada de otros posadores  (huéspedes) sin dineros; e viandas, é lo que hubieran menester por sus dineros”. Estaba libre la orden de todo pecho y servicio, así en hueste como en armada, y de toda dependencia ó jurisdicción eclesiástica, salvo la de nuestro señor papa, como dice Enrique II. A los acogidos se les daba el nombre de quemados; muchos a quienes lo permitia su estado, salían á pedir ó á la demanda de campanillas, bacines ó atabaques. Tenían el privilegio estos hospitales de que los cerdos de su pertenencia, que era la única propiedad de muchos de ellos, pudiesen andar libres por las poblaciones…”. Villar y Macias, M. Historia de Salamanca. Tomo II. Imprenta de Francisco Nuñez Izquierdo. Salamanca, 1887. Páginas 377 y 378.

[99] “…Hospital de San Antonio Abad- Por los años 1230, siendo Gobernador de Salamanca D. Alvar Pérez de Castro, señor del Infantado de León, sabemos que los religiosos de la órden de San Antonio Abad (que en el año de 1146 habían entrado en España y hecho su establecimiento principal en la de Castrojeriz, donde tenían su Comendador mayore fundaron en Salamanca en la colación de San Román, un hospital de su orden, para que en él fuesen curados los que padecían el mal llamado vulgarmente fuego de Sna Antón, á que los antiguos daban el nombre de fuego sagrado (Ruy Mendez, Población gen. De España). Consta ya la memoria de este hospital en el año 1256 (…). Además se erigió una cofradía que contaba de crecido número de individuos que daban cuantiosas sumas de para el culto del santo, siendo costumbre llevar á dar vueltas á esta casa, en la víspera y día de su festividad, muchos caballos, mulas y caballerías menores. A consecuencia de la mala fábrica y mucha antigüedad se arruinó la iglesia y hospital á mediados del año de 1697, siendo su comendador Frey D. Toribio López Estrada, y reedificada nuevamente se hizo la traslación á ella del Santísimo y del Santo, que durante la obra había estado en el convento de San Esteban en el día 21 de Abril de 1710, con asistencia del Cabildo, Ciudad y de la Comunidad de San Esteban, en cuya función hizo de Preste D. Enrique Esion. Dean de Salamanca Jues conservador que era de la misma encomienda de San Antón. Ultimamente en virtud de Breve del Papa Pio VI en el año de 1791 quedó suprimida esta órden en todos los dominios de España siendo a la sazón último comendador Frey D. Benigno Sánchez. Sus rentas se agregaron al hospital general, y demolida la iglesia se vendió sus suelo y sitio del hospital á D. Francisco Nieto Bonal, Seño de Inigo, que los incorporó en us casas principales con quienes lindaba…”. Crónica de Salamanca. Revista de Ciencias, Literatura y Artes. Tomo II. Número 2. Salamanca, 1861. Páginas 14 y 15.

[100] García Oro, José y Portela Silva, María José. Opus cit. Páginas 377 y 381.

[101] Archivo General de Simancas. En adelante A.G.S. Catastro de Ensenada, Respuestas Generales. Año 1753. Folio 210. (recurso digital www.pares.mcu.es).

[102] “…Dio la Santa Sede permiso a los Antonianos con varias limitaciones…”. Aichinger, Wolfran. Opus cit. Página 43.

[103]Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Páginas 276 y 277.

[104] “…suppressio canonicarum regularium ordinis sancii Antonii Viennensis in Hispania. Pius PP. VI. Ad perpetuam rei memoriam. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Páginas 276 y 277.

[105]…se suprimía la Orden de los canónigos regulares de san Antonio establecida en España: las veintitrés casas de los Reinos de Castilla y León, y las catorce de los reinos de Aragón y Navarra con su eremitorio y la soledad de Orihuela, de la misma manera quedaban anulados todos los privilegios e indultos generales y especiales que anteriormente les hubieran sido otorgados, despojando de toda autoridad al Comendador general de la Orden y los superiores de las distintas preceptorias…”. Sánchez Domingo, Rafael. Opus cit. Página 174.