Oct 012005
 

Teodoro Martín Martín.

img1Introducción

La pintura de historia en el siglo XIX es producto de los concursos académicos organizados por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, por encargo público, de la Corona o a solicitud de particulares. Así lo explica Carlos Reyero en su estudio sobre el tema, cuando habla del cuadro antes del cuadro[1]. Esta pintura, prosigue el mismo autor, trata de crear en el lienzo un espacio ilusorio de tres dimensiones a través de la enfatización de los elementos que contribuyen a resaltar la profundidad, y que son los siguientes:

  1. Las líneas del pavimento.
  2. La distribución de los personajes en planos distanciados.
  3. Los elementos variados que completan la idea de tercera dimensión.

El afán verista les lleva a la reconstrucción arqueológica de los lugares concretos en los que se desarrolla la acción. Usan composiciones que implican movimientos y representan acontecimientos relevantes, protagonizados por personajes de la Historia, que generalmente tienen lugar en interiores. Los cuadros son de regular tamaño y están entonados en un color uniforme.

«El retiro del Emperador Carlos V a Yuste, argumento que tiene especial relevancia entre los pintores de historia de fines del siglo XIX, plantea la decrepitud del poderoso y enlaza con el interés hacia los aspectos emotivos de la Historia, a la vez que constituye una reflexión más sobre el final de la vida. En ese convento extremeño, señala Carlos Reyero, tuvo lugar una escena a la que se recurre varias veces en virtud de su carácter pintoresco, la presentación de Don Juan de Austria a Carlos V, siendo el cuadro de E. Rosales la creación más afortunada desde un punto de vista plástico, aunque ya había precedentes de este tema[2]«.

Que yo conozca existen los siguientes cuadros sobre Carlos V en el Monasterio de Yuste:

  1. Entrada de Carlos V en el Monasterio de Yuste del valenciano Joaquín Agrasot (1837-1919).1887.Perteneció al Museo del Prado y estando en depósito en la Escuela Provincial de Bellas Artes de Oviedo fue destruido en ocasión de los sucesos de 1934.Hay también otro cuadro con igual temática de J. Alarcón, pintor murciano que se dio a conocer en la Exposición Nacional de 1871.El cuadro de Carlos V es de 1887.
  2. Carlos V en Yuste de Miguel Jadraque (1840-1919). Pertenece al Museo del Prado, pero hoy se halla depositado en la casa de la Tierra de Salamanca.
  3. Don Juan de Austria presentado a Carlos V del pintor gerundense Benito Mercadé Fábregas (1821-1897). 1862. Fue comprado por Isabel II y hoy se halla depositado en el Salón de Recuerdos del palacio segoviano de Riofrío. Presentación de Don Juan de Austria al Emperador Carlos V en Yuste por Eduardo Rosales Gallina (1836-1873).1869. Se trata de un lienzo de 76×23 cms. firmado en su ángulo inferior derecho. Lo adquirió el marqués de Portugalete cuyos herederos lo legaron en 1919 al Museo del Prado donde se halla depositado.
  4. De 1881 es el cuadro titulado: El Emperador Carlos V recibiendo el Viático en el Monasterio de Yuste, del pintor madrileño Joaquín Mª Herrer Rodríguez, que ya obtuvo una mención especial en 1862 con una obra titulada Entrevista de Carlos V y San Francisco de Borja. Este cuadro lo adquirió el Estado y lo tiene depositado desde 1880 en el Museo Provincial de Bellas Artes de Albacete. El primero también adquirido para el Museo Nacional se halla en la Universidad de Zaragoza.

Carlos Mª Esquivel y Rivas

Hijo del también pintor Antonio Mª Esquivel nació en Sevilla y estudió en Paris bajo la dirección de Mr. León Gogniet. El 20 de Noviembre de 1857 es nombrado profesor de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid cargo que mantuvo hasta su muerte[3]. Presentó diferentes obras desde 1849 a las Exposiciones de Bellas Artes. De 1858 es «Los últimos momentos de Felipe II en el Real Monasterio de San Lorenzo». Fue en la de 1862 cuando presentó «La visita de San Francisco de Borja al Emperador Carlos V». Este lienzo se halla hoy día en una de las paredes del crucero de la catedral de Segovia. Está firmado en su ángulo inferior izquierdo. Las medidas aproximadas son 3×3 metros es pues de gran formato.

Descripción: Carlos I, su confesor y San Francisco de Borja se hallan en el centro del lienzo, a la izquierda hay otro monje jerónimo que trata de sujetar una silla, que va a ceder a San Francisco para que se siente y converse con el Emperador. A la derecha y erguido encontramos a un noble caballero con espada. Los cinco personajes se hallan en una habitación, en cuyo lado izquierdo se insinúa una ventana. En el ala opuesta una puerta nos expresa la existencia de un claustro o patio con arquerías. En las blancas paredes de la sala hay una cruz y sobre ella un cuadro representando a Cristo crucificado. Detrás del Emperador se vislumbra una estantería y una mesa con libros.

De esta obra decía un periódico de la época: «El cuadro del Sr. Esquivel, aunque débil en sus actitudes, está bien dispuesto y no mal caracterizado. La fisonomía del Emperador es propia y adecuada; solo echamos de menos el rostro de San Francisco siendo en el lienzo la figura principal, aparece de espaldas con el objeto de que resalte más la de Carlos de Gante. El dibujo es en la obra del Sr. Esquivel un tanto imperfecto, y si se exceptúa la cabeza del Emperador, todo lo demás del cuadro carece de verdad en los detalles. Del colorido ya hemos dicho que es triste y tan fría en su entonación, tan poco manejados los realces y los oscuros, que ni una forma se destaca de la plana superficie de la tela. Las ropas están plegadas y sombreadas, con más arte y simetría que verosimilitud, viéndose en ellas el cuidadoso artificio de la escuela que sigue el laureado autor de la familia de un oficial muerto en África»[4]. Maria Elena Gómez Moreno, en su artículo Pintura y Escultura Españolas del Siglo XIX, señala que «Carlos Mª hijo de Antonio Mª Esquivel, es continuador de la obra de su padre, pero sin la personalidad de aquel».[5]

Interpretación de la obra

Son muchas las lecturas e interpretaciones que se han hecho de este cuadro. Unas en cuanto al lugar representado: Jarandilla o Yuste. Otras sobre el tiempo histórico que intenta representarse: 1556, Julio de 1557 o Diciembre de 1557.Hay discusión también sobre los personajes representados. De ellos, salvo el Emperador y San Francisco de Borja, hay dudas a cerca de los otros tres. Estas cuestiones y otras de tipo iconográfico nos ocuparán en este apartado.

La historiografía nos aporta algunos datos que aclaran postulados y problemas antes apuntados. Julián Lozano en su reciente estudio sobre los jesuitas señala que Carlos V y el Duque de Gandía tuvieron varias entrevistas. En Diciembre de 1556 «encomendó al padre Borja una delicada misión diplomática. Le encarga que vaya junto a la reina Catalina de Portugal para asegurar para su nieto, el príncipe Carlos, la Corona Portuguesa en caso de que faltase el rey Don Sebastián, que contaba entonces tres años»[6]. Borja vuelve a Yuste a dar cuenta al Cesar Carlos de los resultados obtenidos en Portugal, quedando Carlos muy satisfecho en Julio de 1557.El 23 de Diciembre del mismo año es de nuevo requerido, alojándose Borja junto al Emperador «merced y regalo no ha hecho a nadie», según cuenta en carta a Lainez el propio San Francisco. Esta es la última vez que se vieron ambos personajes. Carlos V murió en Septiembre de 1558 y dejó como testamentarios a Felipe II y Francisco de Borja.[7]

El gran erudito extremeño Domingo Sánchez Loro en su Inquietud Postrimera de Carlos V señala lo siguiente: [8]«Hoy ha estado el P. Francisco de Borja con Su Majestad bien dos horas y media. Dice S. M. que está bien trocado de cuando era marqués de Lombay.19 de Diciembre de 1556… El 21 el P. Francisco de Borja estuvo otra vez en larga y privada audiencia con S.M..Y el 22 se despidió y volvió a Plasencia…» Según este autor San Francisco de Borja no vino a hablar para que el Emperador protegiese a los jesuitas, sino a recordar viejos tiempos de juventud. Estas visitas se realizaron en Jarandilla y no en Yuste. De aquí el sacerdote valenciano marchó a Plasencia para tratar del asiento de su orden en dicha ciudad. Según Sandoval y el P. Sigüenza el de Borja trató de que Carlos V apoyara a los jesuitas. «El 26 de diciembre de 1557, señala Sánchez Loro, vuelve a tratar con S.M. el P. Francisco Pescador -así se denominaba vulgarmente por humildad el padre Francisco de Borja- pero que nadie sabía lo que hablaron, aunque después se supo que trataron del asunto de la venida de la infanta Maria de Portugal, cuyo negocio fue a procurar a Lisboa».[9]

El profesor M. Fernández Álvarez también alude a las razones del encuentro entre los dos personajes. A este respecto apunta: «En la cuestión del pleito por la Regencia de Portugal a la muerte de Juan III (11 de Junio de 1557), pretendían gobernar en la minoría del rey Don Sebastián de tres años Catalina viuda del rey difunto y hermana del Emperador Carlos V y su hija Doña Juana madre del rey Don Sebastián. Ante el posible fallecimiento de éste Carlos V pretendía que los derechos dinásticos a la Corona Portuguesa recayeran en el príncipe Don Carlos hijo de Felipe II y Maria Manuela de Portugal. Para esta misión recibió a San Francisco de Borja… El P. Borja logró un éxito completo en sus gestiones. Se anticipaba así la unidad peninsular realizada en 1582 por Felipe II.».[10]

De los tres apuntamientos historiográficos precedentes se desprende que la entrevista del cuadro debió celebrarse en el Monasterio de Yuste y en fecha posterior a la muerte del Rey Juan III. La primera entrevista en el castillo de Jarandilla es de tipo protocolario y en recuerdo de tiempos pasados en común. La fecha de Julio de 1557 es problemática dado que no hacía un mes que había fallecido el rey lusitano y por tanto el tema de la regencia y de la sucesión posible de Don Sebastián no podría haberse tratado. A este respecto no olvidemos las distancias y tiempos entre Yuste y Lisboa así como los caminos y veredas que les aproximaban.

La presencia de dos frailes jerónimos en la entrevista aleja la posibilidad del castillo de Jarandilla. ¿Qué sentido tiene que un fraile ofrezca en la sede de los Álvarez de Toledo un asiento a San Francisco? Además las arquitecturas que se insinúan en el cuadro aluden más a un claustro monástico que a un patio de castillo. Es pues en Diciembre de 1557, estando ya el Emperador en el Monasterio cuando recibe al P. Borja, alojándole en su residencia, hecho que alude a la confianza que se tenían y la confidencia de que trataban.

En cuanto a los personajes retratados por Esquivel, si es que lo que pintó existió en la realidad histórica, me inclino por lo siguiente. El eje Carlos-Francisco modula la relación y articula el esqueleto estructural básico y central, es donde se ubica la acción, es la parte activa, lo demás es complementario pasivo. El fraile que está detrás de los dos personajes principales estimo que sea el confesor de Carlos V, Fray Juan de Regla. Fue uno de los miembros más destacados de la orden jerónima en aquellas fechas tanto por su profunda piedad como por sus estudios, extremos que le habían merecido ser llamado para asistir al Concilio de Trento. Imbuido de santa humildad no fue fácil convencerle para que aceptase el delicado puesto de confesor imperial[11]. Julián Lozano dice del confesor que informaba continuamente al Emperador de las acusaciones de herejía de que era objeto continuamente la Compañía de Jesús. Por otra parte fue manifiesta la enemistad de este monje y el dominico Bartolomé de Carranza, como lo demuestran fehacientemente los estudios del P. Tellechea Idígoras. Su actitud de escucha, preocupación y seriedad contenida nos habla de un hombre de confianza del Emperador, vigilante y preocupado por los asuntos que embargan al Cesar, al que protege espiritualmente. El otro fraile jerónimo no creo que tenga más significación que la de ser auxiliar de fray Juan de Regla.[12]

Queda por dilucidar quien es el noble que aparece a la derecha de la escena principal vestido elegantemente al estilo español del siglo XVI. Descarto por lo apuntado antes que sea el Conde de Oropesa, Don Fernando Álvarez de Toledo. Pienso en dos posibles candidatos: Don Luís de Ávila y Zúñiga, comendador de Alcántara y veterano compañero de campañas militares en Alemania, vivía en Plasencia y fue el que más le habló de las bondades de la comarca de la Vera como posible retiro imperial. No es descartable la figura del mayordomo Don Luis Méndez de Quijada, señor de Villagarcía, tutor y protector de Don Juan de Austria. Descarto al secretario Gaztelu y a la ayuda de cámara Van Male, que no concibo vestidos de forma tan señorial y con espada al cinto. El porte del caballero es mas bien de señor de vasallos, condición que cumplen Zúñiga y Quijada. Me inclino por el comendador de Alcántara, Ávila y Zúñiga, Marqués de Mirabel, el cual acompañaría a Francisco de Borja desde Plasencia al Monasterio para informar al Emperador de su gestión en Portugal.


NOTAS:

[1] Carlos Reyero: La pintura de Historia en España. Cátedra. Madrid 1989.Pág.96 y siguientes.

[2] Carlos Reyero: La pintura de Historia del siglo XIX en España. Catálogo de la Exposición celebrada en Madrid en 1992, Pág.57.

[3] M.Ossorio y Bernard: Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX. Librería Gaudí Madrid 1975.Pág.207.

[4] M.Ossorio y Bernard: ob. cit. Pág.208.Sobre las Exposiciones Nacionales de Pintura en la España del siglo XIX véase la tesis doctoral de J. Gutiérrez Burón. Madrid 1987. 2 vols.

[5] Maria Elena Gómez Moreno: Pintura y escultura españolas del siglo XIX. Summa Artis. Vol .XXXV. Madrid 1993.Pág.271.

[6] Julián Lozano Navarro: La Compañía de Jesús y el poder en la España de los Austrias. Cátedra Madrid 2005.Pág.94.

[7] Julián Lozano: Ob. cit. Pág.98. El marqués de Valparaíso en su obra El Perfecto Desengaño, 1638, alude también a estas entrevistas. Págs.59 a 66.

[8] Domingo Sánchez Loro: La Inquietud postrimera de Carlos V. Cáceres.1958. Vol. III Yuste. Pág.274 y sig.

[9] D.Sánchez Loro: Ob. Cit. Pág.475.»En carta del 28 de Diciembre, apunta Gaztelu, que el padre Francisco de Borja pudo allanar los tratos entre la expresada infanta y su madre».Pág.477.

[10] M. Fernández Álvarez: La España del Emperador Carlos V. Tomo XX de la Historia de España de Don Ramón Menéndez Pidal. Madrid 1982.Pág. 934 y 935.

[11] M. Fernández Álvarez: Ob. cit. Pág.920.

[12] El Libro de Yuste de Fray Luís de Santa María, de 1629, alude a que el confesor de Carlos V, monje Jerónimo, tenía entrada franca a las dependencias del palacio imperial desde el claustro nuevo. (Pág.680).

Oct 012004
 

Por Fréderic Chordá, Felipe-Gil Peces Rata y Teodoro Martín Martín.

INTRODUCCION

El presente estudio tiene por objeto el análisis de la personalidad y la obra del obispo Pedro de Godoy. Natural de Aldeanueva de la Vera, diócesis de Plasencia, en Extremadura, ingresó en la orden de predicadores en la que regentó diferentes puestos de responsabilidad. Catedrático de Teología en el Estudio Salmantino fue designado obispo de Osma en 1663, para recalar después en Sigüenza, obispado que gobernó hasta su muerte en 1677. Este hombre y su obra nos parecían enormemente representativo de las capas sociales dominantes en la sociedad española del siglo XVII.

Esta nuestra aproximación al personaje la realizamos tras un exhaustivo análisis de la documentación a él referida. Lo cual nos ha exigido la consulta de una gama variada de centros de documentación histórica en su pueblo natal, en Salamanca, Madrid o Sigüenza, lugares en los que su huella fue más patente. Pero los textos escritos nos han servido como referentes de las representaciones iconográficas del personaje y que han llegado hasta nuestros días.

La última parte de nuestra ponencia tiene por objeto la aproximación a Fray Pedro de Godoy, a través de una de sus imágenes conservada en la Catedral de Siguenza, Nos referimos al cuadro hoy depositado en su Archivo Capitular y que nos lo presenta en actitud de escritor, con una pluma en la mano, cercano a una mesa en la que sobresalen sus “Disputaciones Teológicas”.

I) LOS SOPORTES DOCUMENTALES SOBRE PEDRO DE GODOY

Previa a toda reflexión sobre un personaje o una época el historiador debe plantearse la búsqueda de la información, con un método de contraste de fuentes adecuado. Eso es lo que se ha llevado a cabo en nuestro caso. La consulta de los libros sacramentales en la Parroquia de Aldeanueva de la Vera, los de grados y accesos a Cátedra en la Universidad de Salamanca, el expediente de limpieza de sangre para ser nombrado predicador de Felipe IV sito en el Archivo General de Palacio en Madrid, han sido algunas de aquellas. Sus obras escritas en forma de manuscritos o impresas han sido consultadas de forma fehaciente y sistemática.

Nos parece destacado subrayar el rastreo de datos en el Archivo de la Catedral Seguntina, última etapa existencial de nuestro biografiado. Allí se han estudiado las Actas Capitulares y los libros de Obra y Fábrica del periodo en que Godoy gobernó la diócesis, 1672 a 1677. Con un resultado desigual nos ha permitido contrastar información que ya teníamos referenciada en otras obras sobre el tema, impresas o sin publicar aún.

En esta etapa previa de hallazgos documentales nos ha sido fundamental la existencia de cuatro representaciones iconográficas de nuestro personaje. La primera en el tiempo el retrato existente en la sacristía de la iglesia de su villa natal. Pertenece al periodo en que regentó la diócesis de Osma. En Sigüenza sobre Fray Pedro tenemos dos cuadros. Uno en la Galería de obispos, obra reciente, hecho sobre el original de la Catedral y otro el que nos parece de más interés y valor para reflejar la “imagen” del Obispo Godoy. Nos referimos al que se conserva hoy en día en el Archivo Catedralicio. Es este el que nos servirá de base a nuestro estudio iconográfico sobre el personaje representado. Existe una última copia, sobre los originales de Sigüenza, realizada en el siglo XX, y ubicada en la Sala Capitular Nueva del Convento de los padres dominicos de San Esteban en Salamanca.

Con este bagaje de herramientas nos hemos planteado el rastreo de la huella que Godoy dejó a lo largo de su discurrir vital. Una huella histórica y otra visual, icónica diríamos también. Nos parece que ambas reflejan muy bien a un personaje y su existencia. En nuestro caso un intelectual representativo de lo que se hacía y cómo se trabajaba en la España del siglo XVII, etapa fundamental en nuestra historia.

II) LA FIGURA HISTÓRICA DE PEDRO DE GODOY

Hoy es posible establecer un estudio biográfico de Fray Pedro de Godoy. Ello es así tras el descubrimiento y puesta en común de la documentación a él referenciada. La reciente obra de Teodoro Martín titulada “Dos escritores de la Vera en el siglo XVII”. Cáceres, 2003, ha puesto de manifiesto la gran variedad de fuentes existentes y su bondad informativa.

Los hallazgos en el Archivo de la catedral de Sigüenza y en el Archivo General de Palacio de Madrid[1] han completado el arco vital de este personaje del siglo XVII, representante significativo de la organización eclesial española y con un alto nivel de jerarquía y expresión, asimismo, de la intelectualidad de los años mil seiscientos.

Nace nuestro autor en 1608, en la localidad de Aldeanueva de la Vera, en aquellas fechas lugar dependiente de la ciudad de Plasencia. Perteneció a una familia con orígenes en la pequeña nobleza. “Su bisabuelo Francisco de Godoy vino a este lugar de la villa de Cáceres, en donde siempre fue tenido y estimado por caballero e hijosdalgo”[2]. Otro responde que “son tenidos por la gente más noble deste dicho lugar y por tales fueron siempre tenidos.”[3] “El padre del Maestro Pedro Gil el Mozo fue alcalde y sexmero de la Sierra y oficios que se dan siempre a gente limpia.”[4] Todas estas citas avalan claramente sus orígenes hidalgos.

Desde temprana edad muestra el niño y luego joven Pedro su afición por los libros y el estudio. Entre las obras que a él se le atribuyen, a los 13 años, hay una titulada “Suma de la muerte y honras de S.M. el rey Dn. Felipe III de las Españas….en los reales conventos de San Jerónimo y Sto. Domingo”. Colegido por Pedro de Godoy, impreso en 1621, en Madrid y con una extensión de 2 hojas. Tengo mis dudas de que esta obra sea realmente trabajo de Godoy. El contenido de los dos folios y la edad de Godoy en esa fecha me hacen dudarlo[5].

Dato cierto es que en 1624 toma el hábito dominico en el convento de San Esteban de Salamanca e inicia sus estudios universitarios. En 1632 estando en el colegio de San Gregorio de Valladolid obtiene el título de Bachiller por esta Universidad, que completó con el de Licenciado y Maestro de Teología en 1638 en Salamanca. La docencia fue una de sus competencias profesionales y en este sentido inicia en 1638 su labor docente en el estudio salmantino que le llevará en 1650 a ser Catedrático de Vísperas de Teología y en 1658 Catedrático de Prima en la mencionada Ciencia

Esta labor como profesor la compatibiliza con la de prior de su convento de San Esteban en el trienio 1654-56, así como maestro y capitular en varios Capítulos de la Orden dominicana de la provincia de Castilla.

Este quehacer intelectual es reconocido a nivel nacional. Su cátedra y sus escritos representan la continuación de la obra teológica de la escuela de Francisco de Vitoria y el neotomismo del siglo XVI. Por todo ello es nombrado predicador del rey Felipe IV en 1647 y años después, en 1663 nominado obispo de Osma, obispado que gobierna hasta 1672. Este año es ascendido a la sede de Sigüenza, en la que fallece en 1677, a las 69 años de edad, habiendo sido preconizado como arzobispo de Granada, cargo que no llegó a ocupar.

Es en su etapa de titular de Osma cuando decide publicar parte de su obra. Sus trabajos manuscritos de cátedra eran plagiados con mucha frecuencia y ello le empujó a imprimir sus obras sobre teología dogmática y moral preferentemente. La edición se inicia en 1666 y concluye en 1672; surgen así siete volúmenes de una obra que se nominó Disputaciones Teológicas, un volumen por año. Consta de tres partes, 33 tratados, 205 disputaciones, 1255 capítulos y más de 5600 páginas. Fue la obra de su vida. Que yo conozca se hicieron dos ediciones de este trabajo, la original en Osma y otra en Venecia en 1696. Todos los volúmenes están escritos en latín, con gran profusión de citas bíblicas[6].

Este personaje dedicado al estudio teológico y a la docencia universitaria podría dar la imagen de personalidad altanera, distante y orgullosa de sí mismo. Nada más alejado de la realidad. Los datos que nos dejan los que le trataron hablan de un ser modesto y humilde, “temblaba al subir a la Cátedra”, señalan algunos[7]. Ajeno al poder y al medro personal de él se dijo que “jamás puso en Madrid los pies”[8]. Hombre estudioso al máximo, de un talento natural y con una sabiduría y sentido de la profundización en el mundo del dogma y las ideas poco comunes.

Su rigurosa vida religiosa, desarrollada en los claustros conventuales y universitarios, era compatible con el cultivo de la amistad y la lealtad. Durante el gobierno episcopal buscó siempre el acuerdo con los cabildos catedralicios; la concordia era superior intelectualmente al conflicto señalaba . Su afición al estudio y la lectura le llevó a la ceguera en los dos últimos años de su vida.

Grandes escritores, desde Nicolás Antonio hasta Miguel de Unamuno, han valorado su obra y significación histórica, como el ave fénix de la escuela teológica de Salamanca.

El gran teólogo francés J.B.Gonet, profesor en Burdeos, se inspiró en el maestro Pedro de Godoy para componer su “Clypeus Theología Thomisticae”. Todo ello nos habla de una figura señera de la intelectualidad española del siglo XVII, aún centrada, con exceso diríamos, en los temas de la teología dogmática y moral.

¿Qué nos dice la obra gráfica que hemos heredado de Fray Pedro de Godoy?. Es este el cometido de la siguiente parte de este trabajo[9].

III) FRAY PEDRO DE GODOY, OBISPO DE SIGÜENZA

Catalogación

Autor desconocido: Fray Pedro de Godoy, Obispo de Sigüenza.

Ubicación actual: En el Archivo Capitular de la Catedral de Sigüenza.

Análisis Material

Medidas: 1,7 X 1,3 m.; lleva marco negro ancho, con una simple moldura ondulada, de mucho vuelo, sin más decoración.

Técnica: Óleo sobre tela.

Estado de conservación: el lienzo está rasgado en varios lugares, dejando ver la trama; está muy oscuro por la suciedad acumulada con el tiempo; no parece recortado, por su estructura de composición y la presencia de varios símbolos en los márgenes; el marco también está mal, atacado por la carcoma. La fotografía digital de la imagen ha permitido, virtualmente, recuperar buena parte de su aspecto original; en ésta ha podido basarse la parte visual del estudio que, de lo contrario, no hubiera podido hacerse.

fig1Figura 1: Fray Pedro de Godoy, Obispo de Sigüenza, de autor desconocido (1,7 X 1,3 m., óleo sobre tela), hacia 1675, Archivo Capitular de la Catedral de Sigüenza.

Descripción

La imagen (figura 1) presenta un modelo, viejo, de aspecto masculino, vestido de blanco hasta los pies, con esclavina negra sobre los hombros y pecho, y capucha bajada; está en un sillón, casi en la esquina de una mesa, con libros y útiles de escritura, sujetando una pluma en una mano y un cuaderno en la otra; va a escribir. En el ángulo superior izquierdo hay un escudo, en el de abajo de ese lado una forma aproximadamente triangular, que es una mitra, encajada en el ángulo, con una faja, y también abajo, a la derecha, hay un paño, dispuesto como un rectángulo, que hace una cartela con sus pliegues, con algo escrito. La luz va de desde la derecha; modelo y muebles están en posición de tres cuartos.

El fondo, como el suelo, del que se ve un poco, son lisos.

El modelo está acercándose al papel, haciendo el gesto de escribir con naturalidad, adelantando la mano, que se acerca al espectador; en su impulso mueve la pierna, revolviendo el vestido y el mantel rojo de la mesa: todo él está implicado en la acción de escribir; no se ve el cuerpo, bien cubierto por la ropa.

La cabeza, de tres cuartos, ofrece bien sus rasgos; el pelo es casi blanco, muy rizado, alborotado, abundante y corto; la piel es clara, colorada, de haber sido muy rubio, de luz algo grasa; la frente es amplia, bien iluminada, entre la cabellera abundante y las cejas finas y rectas; los ojos son grises y miran, suavemente, al espectador; las ojeras, junto a la nariz, hacen dos pequeñas marcas; la nariz es recta, estrecha y larga, sin exagerar, en proporción a la cara; la boca tiene los labios finos; la mandíbula es bien evidente, muy particular, y las mejillas son fláccidas, ablandadas por la edad, rebosantes sobre la capucha; la vejez también se ve en lo marcado del perfil y en los labios rojos planos. Va afeitado.

Su actitud es atenta, con su cabeza erguida, la boca firme, mira al espectador, saliendo de su mundo, afable y seriamente desviado ahora de su cometido. Precisión de rasgos y gesto son bien particulares, retratando en su individualidad al modelo.

Lleva una cruz pectoral colgando, dorada con piedras, de un hilo también dorado. En el dedo anular de su derecha hay un anillo cuadrado; en esa mano sujeta una pluma blanca, bien evidente sobre el fondo negro; ahí la bocamanga está algo recogida, para hacer más fácil la escritura. La mano izquierda sujeta el cuaderno donde acaba de escribir, en latín: Que los ojos vivan a la luz clara de los tratados del Doctor Angélico sobre el Misterio de la Inefable Encarnación[i]; su pulgar sujeta la vuelta del papel y, sin coherencia visual, empuja el texto hacia abajo.

El modelo escribe de corrido, sin consultar; se presenta al espectador en actitud que expresa con simplicidad su cometido.

Objetos de la mesa

La mesa está tapada por un mantel rojo, muy amplio, que llega hasta los pies, ocupando mucho espacio; si la imagen se mira desde abajo, se constituye como un primer plano que da profundidad al modelo, en un efecto que empuja la mirada de afuera adentro (repoussoir). El tablero está bien iluminado, de un tono más claro que el faldón; hay un tintero con su caja de arena, un bote de vidrio con dos plumas, una campanilla y una pila de dos libros, al fondo; estas cosas marcan la profundidad, como la graduación de una regla.

En tres esquinas de la imagen hay otros tantos objetos, acotando el campo del modelo, sin distraer su identidad concreta e íntima. Arriba, a la izquierda, están sus armas, coronadas del emblema dominico y el distintivo (capelo) de obispo; abajo, en el mismo lado, hay la forma triangular de una mitra rodeada de una faja, que se sostiene con artificio. También abajo, a la derecha, hay una cartela que identifica al modelo, y dice, en latín: Ilustrísimo y Reverendísimo Señor Doctor Fray Pedro de Godoy, que fue Obispo de Osma, elegido Arzobispo de Granada y Pamplona, últimamente Obispo y Señor de Sigüenza, constructor de esta parroquia. Murió el día 25 de enero de 1677, a la edad de 78; es como un pañuelo bordado, con una guirnalda y pliegues y vueltos que enmarcan el rectángulo apaisado, encajado además por el mantel. Los tres objetos señalan un primerísimo plano y destacan mucho por estar en tres quicios; tienen un tratamiento decorativo del que no participa el retrato, con las amenidades del marco vegetal del escudo, los bordados de la mitra y los márgenes de la cartela; tienen los colores de la imagen, especialmente en las entonaciones de los encarnados, pero su carácter es muy distinto del modelo y su mundo, contrastando. La percepción que de estos objetos tenga el espectador depende muchísimo de la altura del cuadro: si estaba alto, mitra y cartela dejarían de estar abajo para estar cerca, dominando al espectador.

El análisis del esqueleto estructural de la imagen nos permite entender sus ideas madre visuales (figuras 2 y 5).

fig2a fig2b fig2c

Figura 2: Ideas Madre

Se trata de una imagen realista, compuesta con simplicidad, recurriendo a una formulación lineal (diagonal armas-mano-cartela), alineación marginal en L armas-mitra-cartela) y esquema poligonal (busto, mesa, objetos, silla) (esquemas de Arnau Miquel Amengual).

Contexto

Datación: Después de 1675, fecha de fundación de la Capilla de San Pedro, y hasta alrededor de 1677, fecha de la muerte de Godoy.

Ubicación original: La inscripción del cuadro lo sitúa en la Parroquia de San Pedro, en la propia Catedral de Sigüenza (constructor de esta Parroquia), para la que se hizo; Minguella[ii] dice que estuvo en la Sacristía; allí sólo lo verían los presbíteros que se preparaban para celebrar, pudiendo servir para su edificación; se supone puesto alto, manifestando autoridad, y recordando que el modelo había sido quien fundara la Parroquia; es posible incluso que funcionara como un Memento, recordatorio y oración por los difuntos[iii] que forma parte del rito de la Misa, pidiendo su admisión en el Cielo. Luego estuvo en la nave de esa Capilla, expuesto a la consideración de los fieles, sin ser Santo, que canónicamente no lo es, pasando después, para mejor conservación, recientemente, al Archivo Capitular, su lugar actual.

Circunstancias: La Parroquia fue fundada, el 4 de marzo de 1675, por Fray Pedro de Godoy para dar asistencia religiosa a los fieles de Sigüenza, considerando que no quedaba suficientemente atendido el culto en la ciudad. Se dedicó a San Pedro, su patrón y, también, Primado de los Apóstoles, primer Papa y Vicario de Cristo, de quien se declaran sucesores, con ese título, los demás, y con los que están en paz y comunión todos los Obispos, también como sucesores de los Apóstoles, entre los que querría incluirse, para mostrar la unidad católica de la Iglesia. Pudiera ser que estas consideraciones estuvieran en las intenciones de Godoy al hacer su fundación.

fig3Figura 3: Fray Pedro de Godoy, Obispo de Osma, de autor desconocido (1,3 X 0,9 m., óleo sobre tela, 1663-1672), Parroquia de San Pedro, Aldeanueva de la Vera (Cáceres).

Variante formal del retrato de Sigüenza, bendiciendo; el modelo se presenta aquí como pastor de almas, con cruz pectoral y anillo, que son sus distintivos de Obispo de Osma, y no como maestro, en un concepto muy diferente de la otra imagen; pudiera ser, por anterior, la fuente del de Sigüenza. Sería pintado entre 1663 y 1672, años de su pontificado en esa sede, según consta en una inscripción latina que lleva, hasta que fue nombrado Obispo de Sigüenza; se habría hecho para recordarlo como hijo de Aldeanueva, y benefactor de la parroquia (a la que dotó de una capellanía y regaló diferentes ornamentos litúrgicos). Acaba de ser (2004) magníficamente restaurado.

Hay variantes en Aldeanueva de la Vera (Cáceres) (figura 3), su pueblo, bendiciendo, en la Galería de Obispos, en el claustro superior del Palacio Episcopal de Sigüenza, réplica de éste, y en el Convento de Dominicos de San Esteban, de Salamanca, copia moderna y libre del nuestro.

No hay, en el Archivo Capitular, ninguna referencia al eventual contrato para el cuadro, por lo que puede decirse que fue un encargo del propio Obispo, de sus familiares o ejecutores testamentarios.

El modelo es Fray Pedro de Godoy (1608-1677), fraile predicador, Prior del Convento de Dominicos de San Esteban, en Salamanca (1654-1656), Catedrático de Prima en la Facultad de Teología de la Universidad de Salamanca en 1658, Obispo de Osma (1663) y, desde 1672 a su muerte, de Sigüenza[iv].

En el ángulo superior izquierdo está su escudo episcopal; y bajo el capelo de obispo está el emblema dominico[v].

La mitra expresa, con el anillo y la cruz pectoral, su condición de obispo, teniendo esos objetos un carácter iconográfico. La mitra simboliza, en su estructura simétrica, el conocimiento de ambos Testamentos de la Biblia, y, también, cada una de sus dos partes (ínfulas) manifiestan una el espíritu y la otra la letra[vi].

La cinta con cruces bordadas sobre la mitra es el palio, distintivo que los arzobispos llevan al cuello sobre la casulla, durante las celebraciones litúrgicas; los arzobispos tienen autoridad sobre las distintas diócesis que componen las provincias eclesiásticas, que ellos presiden.

La cartela informa, entusiásticamente y sin corrección expresiva, que podía haber sido nombrado Arzobispo de Granada o Pamplona, si hubiera vivido más, que ejercía el Señorío de la ciudad de Sigüenza, y que fundó la Parroquia de la Catedral, en donde estuvo primeramente el retrato. Las cifras de su edad (78) son de caligrafía distinta a las del resto de la inscripción; su biógrafo Minguella las discute y dice que sólo llegó a los setenta[vii].

Los libros, y lo que escribe, manifiestan que Godoy fue un importante comentarista de la obra de Santo Tomás de Aquino, el más importante autor de la Orden de los Frailes Predicadores, a la que él pertenecía, publicando muchos importantes tratados sobre el pensamiento tomista. En 1666 salió el primer tomo de susDisputaciones Teológicas, de un conjunto de siete, dedicado al Misterio de la Encarnación, al que se refieren las frases que escribe en el cuadro; fue editado e impreso a costas del Obispo.

El paño que cubre la mesa, habitual en este tipo de retratos, pudiera ser una referencia a la industria textil que había en Sigüenza, documentada desde fines del XVII[viii].

En todas las diócesis hay galerías de retratos de los obispos que han sido, manifestando la continuidad y la permanencia de la institución en el tiempo, siendo cada titular un eslabón de la cadena; esta idea es uno de los motivos del retrato. En 1936, con la Guerra Civil, se perdió buena parte de esa colección, salvándose el de Godoy, que se ha intentado rehacer después.

fig4aFigura 4a: El Padre José de Sigüenza, de B. Carducho ( 130 X 117 cms. óleo sobre lienzo, 1602. Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial).
Precedente castellano del retrato de Godoy.
fig4bFigura 4b: Erasmo, por Holbein el Joven, (43 X 33 cms., óleo sobre tabla, 1523, Museo del Louvre, París).
Holbein es el creador, en los Países Bajos, del retrato del intelectual, como un hombre dedicado a sus estudios, en la intimidad; esta tipología se difundirá y será la base de nuestro retrato de Godoy, también intelectual.

La composición de este retrato sigue el modelo, o tipología, que han usado otros autores antes, como Carducho, en su retrato de Fray José de Sigüenza, en El Escorial (1602) (figura 4), o Zurbarán, para el de Fray Gonzalo de Illescas, en la Sacristía de Guadalupe (1639); más allá deriva del tipo creado por Holbein en 1523 para retratar a Erasmo (figura 4), presentando al intelectual, como un hombre ya no joven, bien individualizado y realista, en un entorno austero, sentado en su mesa, escribiendo[ix]; este tipo fue retomado por Durero (1526) y circuló, en grabados, y otras imágenes, llegando a Castilla; así, fue aplicado para dar la imagen del intelectual, llegándose hasta el ejemplo concreto del nuestro. Tiene la gravedad oscura y austera de la época de Carlos II, manifestando sólo lo esencial.

De otra parte, este retrato expresa, como concepto, un carácter intelectual dominico, que, en la Edad Media y buena parte de la Moderna, no separaba, como lo hacemos nosotros, información de conocimiento, usando, como ha recordado Carruthers, las destrezas mnemotécnicas para disponer los argumentos del razonamiento[x], con las artes fundamentales del lenguaje: gramática, lógica y retórica, dividiendo el material a recordar en unidades cortas de fácil memorización, que puedan ser usadas cuando hagan falta[xi]. Fray Pedro de Godoy escribe sin ayudas ni papeles, de memoria, siguiendo el ejemplo de Santo Tomás de Aquino, su maestro, recordando en la concentración que le permitía la soledad de su celda, o su ensimismamiento, los argumentos que necesitaba para escribir[xii]; se ha llegado a pensar que Tomás compuso sus obras mayores de forma directa, sin borrador, dictando como si leyera un libro ante sus ojos; (…) simplemente parecía dejar que su memoria vertiera sus tesoros[xiii].

Finalmente, el modelo manifiesta un tipo físico que puede ser característico de su lugar de nacimiento, Aldeanueva de la Vera, en Cáceres, donde incluso hoy es posible encontrar gentes de su aspecto, rubias, rubicundas, de ojos claros y perfil afinado.

Síntesis

El retrato de Fray Pedro de Godoy, Obispo de Sigüenza, resulta una síntesis de las circunstancias del modelo, fraile, maestro y obispo, presentado en su identidad bien individual; todos los rasgos, además del parecido, sirven para plasmar una idea de persona, sintetizando una vida de austeridad y estudio: naturaleza y biografía se manifiestan en el retrato[xiv], revelando al modelo[xv].

El retrato sigue ciertamente las pautas que para dar, canónicamente, la imagen del intelectual establecieron Holbein y Durero; esa tipología es aplicada, con las oportunas adaptaciones, por los pintores castellanos, como Carducho, modelo, directo o indirecto, de nuestro retratista.

Público y personal, aquí mejor que privado, puesto que se presenta una acción que se hará pública en un libro, se armonizan en la imagen. De una parte, Godoy es un fraile predicador, que viste su hábito con natural simplicidad y no la sotana de obispo; además es un maestro que, siguiendo la tradición de su Orden, y el ejemplo de Santo Tomás, escribe la buena doctrinaque lleva bien pensada en la cabeza, en los palacios de la Memoria[xvi], haciéndose plásticamente evidente esa circunstancia en la frente bien iluminada; por eso redacta de memoria y sin ayudas, como el Santo, solo, aplicando las destrezas aprendidas en su tiempo de formación; así, el retrato resulta muy apropiado para expresar, de modo práctico, un carácter dominico. El autor ha insistido en el aspecto mental de la escritura más que en el mecánico, dejando la pluma, muy destacada, en el aire, por su posición central y el tono muy contrastado sobre el fondo. Trabaja en humilde soledad, sin secretario que le asista.

Además, Godoy es obispo, y como tal ha contribuido a la construcción de la parroquia, en la que estuvo el retrato, como memoria del benefactor; esa condición se muestra en el anillo y pectoral, en la mitra y, también, en la silla, indicando que es señor de la ciudad, y trasunto de sus dos cátedras, la una en la Universidad de Salamanca, llegando a titular de Prima, y la otra de Obispo, desde la que fija la recta doctrina a la que, precisamente ahora, está dedicado, aumentándola; esta presencia episcopal es mínima y no altera para nada su condición de fraile, tan sólo matizándola o ampliándola; la mitra, en un rincón, es, a la vez, visualmente importante y significativamente secundaria respecto de los escritos, manifestando que lo más importante es la obra que deja. Además, está lo personal, en los rasgos y el gesto; es un hombre que fue rubio, entrado en años, de facciones algo ablandadas, notable quijada y boca decidida, que no empañan su mirada afable; va a lo suyo, en el gesto de escribir, incorporado, sin descansar la espalda en el respaldo, adelantando la pierna derecha, con la pluma en la mano, ya casi rasgueando, aún articulando lo que tiene en la mente para verterlo al papel, con la bocamanga recogida, para hacer más fácil la tarea; es aquí un hombre de actividad interior, en su celda, en el que destaca su condición de maestro y escritor, subrayada por los objetos que lo acompañan.

Se trata de un retrato intelectual, moral o conceptual, que dijo Lomazzo[xvii], conocido tratadista renacentista italiano del retrato, conocido en la Castilla de la época (Velázquez tenía su Tratado del Arte de la Pintura…).

El modelo y autor escribe que el misterio indecible (o inefable), que el Verbo se hace carne (Jn. 1:14), que la Santidad de Dios asume la naturaleza humana, queda, paradójicamente, aclarado mediante la palabra (verbo) escrita, desarrollando las ideas de Santo Tomas, aceptadas por la Iglesia que lo hizo Doctor, y expresadas también en sus obras. Fray Pedro de Godoy ha convertido en parte de su vida los libros de Santo Tomás (liber vitae), y de esa experiencia vital ha hecho su libro[xviii]: ése es el sentido esencial del retrato; no es un orador sino un comentarista intelectual, que da argumentos a otros, un ser consagrado a una Escritura, queconstituyó vastos campos de conocimiento y discurso con su propia lógica: la Teología[xix].

Esta presentación del Obispo, retirado en su estudio, es compatible con su engarce con el espectador, creando un espacio psicológico, mirando al otro lado, como perdido en un punto lejano, viendo sin ver, un momento, inmediatamente antes de escribir, cuando aún está pensando; con este recurso, el espectador puede captar, plena y frontalmente, las facciones, la mirada, espejo del alma, y el carácter de Godoy, transformando el modelo de Holbein, como hicieron otros pintores, en el que Erasmo estaba dedicado a sus papeles, ignorando por completo el mundo exterior, sin crear un espacio de relación, siendo la mirada del espectador casi furtiva.

El retrato es muy austero, muy propio del alma castellana[xx] de la época, sin nada que distraiga del personaje en su cometido; aquellos que le han conocido pueden reencontrarlo aquí por su semejanza; para aquellos que ya no vivieron con él es un memorial[xxi], la presencia sustitutiva de un ser que ya no es de este mundo, para que así le conozcan y conversen con él.

Así, se expresan los dos cometidos del modelo, de un lado maestro y escritor (mesa con sus útiles) y, de otro, obispo (silla); es muy eminente su carácter de autor, incorporándose decididamente para escribir, muy intelectual, con su frente iluminada y la pluma al aire, volando sus pensamientos.

Luego están los variados elementos codificadores, o indexadores (como etiquetas), y definidores del modelo, que lo identifican en su complejidad, más allá de la apariencia verosímil[xxii]: sus armas, que los entendidos interpretan, la mitra y el palio (éste último nunca lo pudo llevar porque murió antes de ser arzobispo), y la cartela, para que cualquiera que sepa leer, conozca quién es el personaje, puesto que es condición irrenunciable de todo retrato la presentación de la identidad de alguien concreto, distinto de todos los demás[xxiii]; estas cosas, esenciales aunque dispuestas marginalmente, son formalmente complementarias y, en su configuración, tienen un carácter, por sus detalles y adornos, mundano que es diferente del retrato en sí.

Hoy, Godoy podría ser también autor teológico, que los hay, aunque ese ámbito ha evolucionado, y sus argumentos serían otros; pero aún quedan profesores de universidad y obispos, por lo que podría tener una vida parecida a la que, en su tiempo, fue; no obstante, por la configuración de nuestro sistema político, y la separación entre la Iglesia y el Estado, no sería ya Señor de Sigüenza, quedando sin el poder de gobernar la ciudad.

El cuadro está compuesto dignamente, con reposada verdad, y es eficaz para presentar la figura del modelo con variedad de registros, bien ordenada claridad, fidelidad sin idealización, y deliberada austeridad; el tratamiento de la profundidad y el uso del color son precisos y suficientes, evitando cualquier manera personal, y sin la soltura de otros pintores, pareciendo obra ajustada y voluntariosa de un autor que ha medido con realismo sus recursos.

fig5Figura 5: Esqueleto Estructural

Godoy se presenta afirmándose en su identidad de religioso, maestro y escritor: el gesto esencial es el de avanzarse para escribir. De los libros de doctrina ha hecho su vida y aquella, enrriquecida en el libro de su vida, vuelve de nuevo, aumentada por Godoy, al libro que escribe,manifestando una evolución (esquema de Arnau Miquel Amengual).

Así pues, el artista ha seguido una tipología retratística, fijada en el Norte el siglo anterior, yendo, como otros pintores, más allá, al menos en dos sentidos: por una parte ha sabido crear un ámbito en el que las miradas de modelo y espectador coincidan y, por otra, ha incorporado los rasgos individuales del Obispo en una expresión que sintetiza su carácter y biografía, manifestando la esencia de la persona afirmándose en su identidad de religioso, maestro y escritor: el gesto esencial es el de avanzarse para escribir; se trata de la bella expresión de un ser humano diciendo plenamente y con simplicidad lo que es[xxiv], puesto que el verdadero Arte del Retrato, dice Schelling, consistiría en abrazar la idea de una persona dispersa en los gestos individuales y momentos de la vida, para fijar el compuesto de esa idea en un solo momento[xxv].

Relación de figuras:

  • Retrato de Fray Pedro de Godoy
  • Ideas Madres
  • Copia del retrato de Aldeanueva
  • Fray José de Sigüenza, de Carducho
  • Erasmo, de Holbein el Joven
  • Esqueleto Estructural

Pies de las figuras:

  1. Fray Pedro de Godoy, Obispo de Sigüenza, de autor desconocido (1,7 X 1,3 m., óleo sobre tela), hacia 1675, Archivo Capitular de la Catedral de Sigüenza.
  2. Ideas Madre
    Se trata de una imagen realista, compuesta con simplicidad, recurriendo a una formulación lineal (diagonal armas-mano-cartela), alineación marginal en L armas-mitra-cartela) y esquema poligonal (busto, mesa, objetos, silla) (esquemas de Arnau Miquel Amengual).
  3. Fray Pedro de Godoy, Obispo de Osma, de autor desconocido ( 1,3 X 0,9 m., óleo sobre tela, 1663-1672), Parroquia de San Pedro, Aldeanueva de la Vera (Cáceres).
    Variante formal del retrato de Sigüenza, bendiciendo; el modelo se presenta aquí como pastor de almas, con cruz pectoral y anillo, que son sus distintivos de Obispo de Osma, y no como maestro, en un concepto muy diferente de la otra imagen; pudiera ser, por anterior, la fuente del de Sigüenza. Sería pintado entre 1663 y 1672, años de su pontificado en esa sede, según consta en una inscripción latina que lleva, hasta que fue nombrado Obispo de Sigüenza; se habría hecho para recordarlo como hijo de Aldeanueva, y benefactor de la parroquia (a la que dotó de una capellanía y regaló diferentes ornamentos litúrgicos). Acaba de ser (2004) magníficamente restaurado.
  4. a) El Padre José de Sigüenza, de Carducho (130 X 117 cms. óleo sobre lienzo, 1602. Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial). Precedente castellano del retrato de Godoy.
    b) Erasmo, por Holbein el Joven, (sin medidas, óleo, 1523, Museo del Louvre). Holbein es el creador, en los Países Bajos, del retrato del intelectual, como un hombre dedicado a sus estudios, en la intimidad; esta tipología se difundirá y será la base de nuestro retrato de Godoy, también intelectual.
  5. Esqueleto Estructural.
    Godoy se presenta afirmándose en su identidad de religioso, maestro y escritor: el gesto esencial es el de avanzarse para escribir. De los libros de doctrina ha hecho su vida y aquella, enrriquecida en el libro de su vida, vuelve de nuevo, aumentada por Godoy, al libro que escribe, manifestando una evolución (esquema de Arnau Miquel Amengual).

Pensando en clave histórica

La figura de Pedro de Godoy representa, a través de su obra y vida intelectual, un paso importante en la revitalización y puesta al día del pensamiento de Tomás de Aquino.


NOTAS:

[1] Al ser propuesto Pedro de Godoy en 1647 para predicador de Felipe IV se instruye el correspondiente expediente de limpieza de sangre. Consiste éste en una serie de infor- maciones que se piden sobre sus ascendientes, familia y fama a efecto de aprobar el nombramiento y concederle el referido título. Puede verse el citado expediente en el A.G. de Palacio. Madrid. Fondo personal, caja 7943, expediente 3.

[2] A.G. de Palacio. Madrid. expediente citado. Así responde el que contesta en noveno lugar al interrogatorio que se hace en su pueblo de origen.

[3] A.G. de Palacio, referido expediente, respuesta del segundo interrogado.

[4] A.G. de Palacio, referido expediente. Penúltimo vecino consultado en el lugar de Aldeanueva de la Vera.

[5] En la Real Academia de la Historia hay dos ejemplares, idénticos, de esta obra, impresos con licencia por la viuda de Cosme Delgado, en el año 1621, en Madrid. Uno pertenece a la colección Salazar, N-32, y el otro a la Serie General, nº 9/3646 (35).

[6] Antonio Palau y Dulcet habla de una tercera edición en el año 1763, pero no he hallado ejemplares ni referencias precisas de la misma.

[7] Teodoro Martín Martín: ob.cit.pág. 86, cita la referencia que hace, entre otros, su sobrino Juan Gil de Godoy en su obra “El mejor Guzmán….” Barcelona, 1717. 3 Volúmenes.

[8] Teodoro Martín Martín: ob.cit.pág 85 y siguientes.

[9] Hay cuatro cuadros representando a nuestro personaje; uno en la Catedral de Sigüenza, sin duda el mejor de los tres. Hay otro en la Parroquia de San Pedro Apóstol de Aldeanueva de la Vera, que ha sido limpiado y marqueteado espléndidamente este mismo año, otro en el Convento de San Esteban de Salamanca, Sala Capitular Nueva. El cuarto se halla en la Galería de Obispos de Sigüenza, sita en el Palacio Episcopal.

[i] Agradezco a mi estimada colega Mercè Solina su colaboración para establecer los textos castellanos a partir de los latinos.

[ii] Minguella y Arnedo, Historia de la Diócesis de Sigüenza y sus Obispos, Madrid, 1910-13, 3 vols, 91-98; especialmente en p. 97: Existe en la Sacristía de S. Pedro de Sigüenza un cuadro en lienzo, retrato suyo en el que aparece alto de cuerpo, enjuto de carnes, de frente espaciosa, mirada penetrante, rostro lleno de gravedad y surcado de arrugas.

[iii] En muchas Sacristías hay una relación con los nombres de los difuntos por los que se aplica una Misa; el cuadro pudiera tener, además de recordatorio del fundador, esa función de sufragio.

[iv] Para situar a Godoy: T. Martín Martín, Dos Escritores de la Vera en el Siglo XVII: Pedro de Godoy…, Jaraíz de la Vera (Cáceres), 2003.

[v] El blasón de armas que usó en sus sellos Don Pedro Godoy (según aparece en la Capilla de San Pedro) (…) son quince jaqueles, ocho en azur y siete en oro; están orladas por veneras (aquí casi no se ven) (…) los jaqueles o escaques simbolizan a los nobles que aventuraron sus vidas y estados en las guerras, emresas y batallas, de las que salieron victoriosos, dando muerte al enemigo. El timbre, que va sobre el escudo, para distinguir la dignidad eclesiástica, es el capelo de Obispo, forrado de sinople, y lleva pendientes a cada lado cordones de igual color y seis borlas en tres series, empezando por una y acabando en tres (aquí hay una última fila de cuatro) (Peces Rata, F., Heráldica en la Ciudad del Doncel, Barcelona, Editorial Escudo de Oro, 1993, 84-85). Debajo del capelo está el emblema dominico, una cruz ajedrezada, inscrita en un círculo o rueda, en blanco y negro (que son los colores del hábito de los Predicadores), tomando los brazos forma de flor de lis, muy dinámica, formando una estrella de ocho puntas, casi girando.

[vi] Peces, 17, atribuye la interpretación a Inocencio III (1198-1216).

[vii] Minguella, 97: lo considera septuagenario.

[viii] Los libros de actas del Ayuntamiento nos hablan en 1512 de la existencia de un veedor de tintoreros y en 1515 de la existencia de un veedor de paños, sin que quede otra documetnación de los siglos medievales y de los anteriores al XVIII (De Terán, «Sigüenza, Estudio de Geografía Urbana», Estudios Geográficos, [Madrid, CSIC, 1946, noviembre], no. 25, 633-666, esp. 650); añade que, en 1687, diez años después de la muerte de Godoy, se estableció una fábrica de bayetas y otros tejidos (651).

[ix] Los ejemplos canónicos del retrato intelectual (son) los de Erasmo por Durero y Holbein (Brilliant, Portraiture, Londres, 1991, Reaktion Books, 73); el retrato de Holbein: Un distinguido estudioso humanista, un hombre de mediana edad, modestamente vestido, de facciones precisas, que ha vivido la vida de la mente y comunicado sus pensamientos y sentimientos a los demás en sus muchos escritos, públicos y particulares (ibidem, 74); la obra de Brilliant recoge, sin pretensión original, un conjunto sugestivo y bien ordenado de imágenes diversas y textos de diferentes autores sobre el retrato. Las traducciones, salvo indicación, son mías.

[x] Carruthers, El Libro de la Memoria, Historia, Antropología y Fuentes Orales [Barcelona], 2, 30, 2003, 4-21; la cita es de la p. 6; se trata de la versión castellana (de D. Udina) de la introducción del libro inglés: The Book of Memory. A Study of Memory in Medieval Culture, Cambridge, 2002, Cambridge University Press.

[xi] Carruthers, 13.

[xii] Carruthers, 8.

[xiii] Carruthers, 11; la autora toma la información de la Vida de Santo Tomás de Aquino, de Bernardo Gui y Bartolomé de Capua, sus colaboradores, usada como testimonio para la primera encuesta de canonización, tal como la publicó Foster (1949), editor inglés de la documentación biográfica de Santo Tomás (ver nota 3).

[xiv] Gombrich (Arte e Ilusión, 1960), a propósito, dice que el buen retrato es una fiel construcción de un modelo relacional (…) el proceso activo en el que naturaleza y arte se unen mediante la representación (Brilliant, 39).

[xv] Descubrir algún nucleo crítico de la personalidad como el objeto propio de su representación (…) el núcleo invisible de uno mismo (Brilliant, 67); se trata del modo revelatorio de retratística (ib.).

[xvi] En los palacios de la memoria me encuentro a mí mismo y de esa abundancia obtengo otras imágenes que uno a la trama del pasado e incluso a lo por venir. Actos, hechos y esperanzas los pienso y repienso todos como si fueran el presente (San Agustín, en: Vilanova, Rememoración en la Historia,Historia, Antropología y Fuentes Orales [Barcelona], 2, 30, 2003,28).

[xvii] Moffitt (The Theoretical Basis of Velázquez’s Court Portraiture, Zeitschrift für Kunstgeschichte, [1990], 53,2, 216-225) se refiere a los ritratti intelettualide Lomazzo:Los mejores son los retratos intelectuales, en los que las manos del artista se ponen a presentar las formas naturales a los ojos para (así ) expresar el concepto que está en su mente, o la Idea. (La forma exterior) por fuera expresa esa Idea (224); usa el propio texto de Lomazzo (de 1585). El análisis de Moffitt se centra en el concepto del retrato real, añadiendo también ideas sobre el retrato en general.

[xviii] Las palabras (…) deben ser interpretadas y adaptadas continuamente a lo que él (Wyclif, a partir de San Agustín, importante referente en toda la Edad Media), llama el liber vitae (Carruthers, 16, ver la nota 24).

[xix] Nadin, The Civilization of Illiteracy, Dresden, 1997, Dresden University Press, 422; este autor hace un análisis del hecho: La religión introducía el poder unificador de la palabra escrita en un mundo de diversidad y arbitrariedad: la Palabra se vio adornada de cualidades divinas. Y así, entrando en el terreno de lo abstracto, separada ya de la naturaleza, de donde había surgido, la religión llegó al dogma. (…)Se fue distanciando de la organización social y del trabajo, constituyendo una institución independiente de las otras (ejército, gremios, bancos) pero conectada a ellas. (…) La palabra religiosa escrita que exaltaba el poder de Dios, su eternidad y unidad, y la promesa de un mundo mejor, después de esta vida, era el resultado de expresar lo que no había en la naturaleza que es lo inmediato y transitorio. (…) El texto religioso quedó, para siempre, lleno de este sentido de un tiempo y un espacio situados más allá de lo inmediato, tan estable como la sucesión infinita de los ciclos naturales inmutables; y se convirtió en un instrumento de diferenciación jerárquica. Una vez escrita, la palabra recibía una validez perpetua; así, la misma Escritura quedaba investida de la cualidad eterna y universal. (…) el lenguaje permite diversificar la experiencia humana y libera a los humanos que conocen la Escritura de la presencialidad (co-presencia) (Libro IV, Cap. 4, especialmente bajo el epígrafe And the Word Became Religion, 427-424, de donde proceden las citas) Para una perspectiva más amplia de Nadin ver mi web sobre el libro : http://www.xtec.es/~fchorda/civiweb/index.htm.

[xx] Un gusto español ya antiguo por la austera severidad (Moffitt, 216), con referencia al retrato.

[xxi] Los retratos (como los escritores desde Plinio han ideo repitiendo), confieren inmortalidad; son, dice Castiglione, como memoriales, estando al servicio de la memoria (Moffitt, 219); Castiglione era también conocido en nuestro país en los siglos XVI y XVII, habiendo sido traducido El Cortesano, por Boscán, a principios del XVI.

[xxii] Los retratos incorporan diferentes propiedades indexales con la función primaria de señalar una presencia individual por medios simbólicos (…); las pinturas, como las palabras, son signos (…) en la misma relación con (los elementos de la imagen) que nombres propios dispuestos ante los objetos denotados por éstos (Brilliant, 26).

[xxiii] La pérdida del nombre convierte el retrato en un asunto inútil (Brilliant, 174).

[xxiv] Godoy se nos presenta en este supremo momento de auto-realización (…), “fuera de sí mismo”, estando completamente absorbido por su cometido(Brilliant, 102).

[xxv] The Philosophy of Art, circa 1802, Minneapolis, 1989, ed. de D.W. Stoot, 146.

Oct 012003
 

Teodoro Martín Martín.

Producida la expulsión de los monjes de su Convento tiene lugar la incautación y venta por el Estado de sus bienes muebles e inmuebles y su aplicación a la extinción de la Deuda Pública. Quizás sea este uno de los capítulos más desconocidos de la Historia de Yuste. Para su análisis nos han sido de gran valor las siguientes fuentes documentales:

En el A.H.N. de Madrid los fondos de Hacienda, en especial los que produjo la Junta Nacional del Crédito Público en 1820-23,así como los expedientes de funcionarios públicos a partir de los índices elaborados por A. Matilla Tascón. También los de pensiones a exclaustrados.

En El A.H.P. de Cáceres hemos consultado los protocolos notariales correspondientes a los partidos de Navalmoral de la Mata, Plasencia y Trujillo, así como la sección Bienes Nacionales. Ha sido también de especial utilidad la sección Hacienda y dentro de ella la Serie clero, en la que hemos hallado 13 expedientes. Así mismo se pueden encontrar referencias interesantes en el fondo V. Paredes.

En el A.H.P. de Toledo hemos consultado los protocolos notariales correspondientes a las ventas judiciales del partido de Oropesa, del que dependían Valdeverdeja y Puebla de Naciados en 1820-23.

En el A. Municipal de Trujillo hemos visto los protocolos del periodo, con escaso éxito por cierto a la hora de encontrar documentación específica, y los planos de términos de dehesas que nos han servido en parte para paliar la ausencia de ventas judiciales. Algunos documentos sobre contribuciones en el municipio nos han servido para contrarrestar la ausencia de información en los protocolos.

¿Qué sabemos hasta ahora de la desamortización de Yuste ?En verdad poco, la bibliografía existente nos dice que “a manos de particulares pasaron los bienes que en la comarca de la Vera y los partidos de Trujillo o Plasencia pertenecieron al Monasterio”[1]. Es preciso pues abordar con la profundidad que nos posibilita la documentación existente este importante capítulo.

Lo primero por lo que tenemos que preguntarnos es la legislación que regula estas operaciones. De todo el cúmulo de normativas que se dieron durante la revolución liberal a nuestra institución le afecta, en especial, la del Trienio Liberal y la del periodo mendizabalino. Estas con menor incidencia.

Es la ley de monacales de 1º de Octubre de 1820, que suprime los monasterios en su artículo primero, la que afecta a la orden jerónima. Por su art. tercero liberaba a los beneficios eclesiásticos de la dependencia monástica haciéndoles depender de los ordinarios. Por el 23 los bienes de aquellos se aplicarían al Crédito Público[2]. Casi todo el patrimonio de Yuste es vendido en aplicación de esta ley del Trienio. Complementario fue el decreto de 25 de Octubre del año citado y el de las Cortes Extraordinarias de 18 de Diciembre de 1821 por el que los censos se podían redimir con 2/5 de créditos de capitalización y 3 encréditos con interés, y comprarse a su tiempo lo mismo que los otros bienes nacionales[3].

Al producirse la vuelta del Absolutismo en 1823 se anuló lo vendido en el Trienio, invalidándose las ventas realizadas sin indemnizar a los compradores. Estos volvieron a recuperar lo comprado por el decreto de 3 de Septiembre de 1835, que mandaba devolver a sus antiguos titulares los bienes nacionales adquiridos en los años veinte. Otra disposición de 25 de Enero de 1837 ratificaba la devolución (art. 1º) y regulaba los pagos de plazos aún por concluir (art. 4º).

A muy pocas fincas de Yuste le afectó la legislación de Mendizábal. Sólo algunos censos y los bienes que compró el Banco de San Carlos fueron de nuevo subastados. El decreto de 19 de Febrero de 1836 regulaba las ventas estableciendo una reglamentación específica que se completó con la real instrucción de 1º de Marzo del mismo año. A destacar que las enajenaciones las llevaría a cabo la Dirección General de Rentas y Arbitrios de Amortización y que la iniciativa de tasación era de los particulares, que serían los que abrían el procedimiento de venta. Al contrario que en el Trienio en el que tasación y subasta eran iniciativa del Estado. El pago se podría hacer en deuda consolidada o en dinero efectivo, frente a sólo en deuda pública que exigía la normativa del Trienio.

Se estima que los compradores de aquel periodo fueron 7679 individuos y que las fincas rematadas ascendieron a 25177.El precio de tasación fue de 449.899423 reales y el de remate 1045.609788 reales. Dado que en esta desamortización se vendieron fincas de monasterios y algunos conventos, más bien pocos, hemos de subrayar la buena acogida que tienen los remates, los cuales doblan el precio de la tasa[4].

Como ya dijimos la iniciativa de las ventas fue de la Administración. La Junta Nacional del Crédito Público en Madrid, junto a los intendentes de las provincias y los comisionados de aquella fueron los motores de la puesta en venta de los bienes incautados. Papel importante cupo en este procedimiento a los ayuntamientos. Hemos hallado en el Archivo Municipal de Trujillo informes y notas del Consistorio sobre las propiedades de Yuste, con el estado de sus arrendamientos y plazos en que cumplen, todo ello dirigido al Ministerio de Hacienda a fin de que se proceda a su tasación y remate[5].

Con la información que los consistorios y los intendentes proporcionaban a la J.N. del Crédito Público, ésta elaboraba las listas de fincas con su tasación y fecha de remate. Hemos hallado los documentos manuscritos de envío de la referida Junta a las publicaciones periódicas que anunciaban las ventas (Gaceta de Madrid primero y después el Boletín de Oficio del Crédito Público).Coinciden totalmente los envíos con los anuncios de subastas que se publican, al menos en los que hacen referencia a Yuste. Veamos los anuncios y tasa de las propiedades de la institución que estamos estudiando.

Remate el 24 de Marzo de 1821 en la ciudad de Trujillo[6]

rls
La parte creciente y menguante de la dehesa de Palacio de Enmedio 150000
La parte creciente y menguante de la dehesa de Baq. de Maribela 36666
La parte creciente y menguante de la dehesa de Valdeacebuche 107266
La parte creciente y menguante de la dehesa Revilla de Valdeacebo 16733
La parte creciente y menguante de la dehesa Hocecillas 37666
La parte creciente y menguante de la dehesa Lasorda 66666
La parte creciente y menguante de la dehesa Revilla de Guadalupe 8000
La parte creciente y menguante de la dehesa de Reinilla 18000
La parte creciente y menguante de la dehesa de Bienlasveo 26333
La parte creciente y menguante de la dehesa Tomilloso de la Umbría 52900
La parte creciente y menguante de la dehesa Casas de Yuste 26666
La parte creciente y menguante de la dehesa Presas y Melenas 17167
La parte creciente y menguante de la dehesa Moheda de Marta 18200
La parte creciente y menguante de la dehesa Hocinillos 4333
La dehesa de Cerro Luzón, redonda, de cabida 700 cabezas 183333
La dehesa de Rinconcillo de Yuste, redonda, de 700 183333
La dehesa Trinidades y Almendrillo, cabida de 1300 433333

Remate en Plasencia el 24 de Abril de 1821[7]

rls
Una dehesa llamada de Salta al Campo 265750
¾ partes dela dehesa Haza de la Bazagona 395137´17
La mayor parte de la dehesa de Mingazo 113366´2
Una parte de la dehesa de Aldeanueva de Beringues 11122´23
Una parte de la dehesa de Palazuelo[8] 4112´10
Una parte de la dehesa de Saucedilla de las Casas 4013´31
Una parte de la dehesa Casa de la Vega en Jaraiz 577
Una casa en la C/ Medina nº 5 de Plasencia 24226

Remate en Navalmoral de la Mata el 14 de Abril de 1821[9]

En Cuacos rls
El Imperial Monasterio, con sus oficinas y palacio de Carlos V 1.300000
Una cerca con un molino de aceite, otro harinero y huerta de 8 huebras 84728
Una huerta titulada de Boró con dos charcas y viñedo de 6 huebras 23920
Una huerta titulada de la Panadería de 8 huebras 20914
Un huerto titulado de Zapatería, con olivos y parras, de media huebra 1530
La Berraquera con morales y cobertizo para bueyes 2400
Los olivos del patio de la iglesia 396
Un criadero de cerdos y 15 fanegas de terreno inculto 1500
Los nogales de la portería 6750
Una cabrería, con corral y casa para el pastor 1100
Un majuelo de viña y olivar, con casa de 25 peonadas y 200 olivos 50620
Un castañar viejo murado de piedra, de 25 fanegas 11000
Un castañar nuevo, con 1282 olivos y 12 peonadas de viña 91020
Un olivar, llamado del Roso, con 519 olivos, higueras y viñas 37560
La Florida con olivos y viñas 6795
La heredad de Cabero de 80 peonadas de viña y 390 olivos 39400
En la Granja de Valmorisco rls
Un molino de aceite 3500
Un olivar murado, con naranjos y limoneros e higueras 13595
Un huerto llamado del Cerezo, con 30 olivos y 5 álamos 7950
Una viña de 8 peonadas y olivar 12000
Un olivar grande con 3844 olivos y 61 higueras 167455
Una viña al tinado de 2 peonadas 2000
La cerca de Los Pajares murada, con 86 olivos y 25 fanegas de tierra 4910
Un castañar perdido de 20 fanegas de tierra, poblado de robles 2000

Remate en Oropesa el 3 de Mayo de 1821[10]

rls
Una dehesa titulada el Bravo en Valdeverdeja, de 305 fan. y 1 prado 225000
Una casa en la Puebla de Naciados, en la Plaza, con huerto y horno 75000
Dos cercados murados de piedra, de media fanega de tierra de 1ª 3700
Una viña, en la Puebla, de 24 peonadas,11 olivos e higueras 5500

Estos son todos los anuncios de subastas de bienes del Monasterio que hemos hallado. Contrastando estas propiedades con las que el Catastro de Ensenada u otros documentos previos nos señalan hallamos algunas ausencias. Faltan los censos de Trujillo, Plasencia y pueblos de la Vera pero ya apuntamos que su redención o venta no se hace en el Trienio Constitucional. Faltan también las subastas de la casa de Trujillo, las que poseía en la Villa de Cuacos y sobre todo la dehesa de Rodeznera, en Serradilla, de la cual era el mayor partícipe el Monasterio. A falta de documentación en contra entendemos que estas propiedades se venden antes del periodo desamortizador, posiblemente con la autorización de venta que se hace en 1813, en que se enajena el molino de Plasencia.

Cuando el Estado se hace cargo de los bienes monásticos ha de venderlos con cierta celeridad sino quiere entrar a gestionarlos o arrendarlos, a parte de abonar los impuestos a que las fincas siguen sujetas. A este respecto, y dentro de la escasez de documentación, hemos hallado que el subcolector de Plasencia, en razón del subsidio eclesiástico, exige el 21 de Julio de 1836, la cantidad de 6459 reales y 24 maravedis a causa de la capitalización que de sus tierras se hacían en la citada diócesis y que ascendían a 36.362 reales y 17 maravedis. En aquella aparecía como el tercer convento en volumen por el citado subsidio, después de Guadalupe y el Escorial. El comisionado del Crédito Público no sabe qué hacer y lo remite a Bernardo B. Tarrius, pero este compró solo las propiedades en Cuacos, no las de Trujillo y Plasencia. Eran los problemas lógicos de adecuación de un sistema fiscal anticuado a la nueva realidad de las propiedades[11]. A veces el propio Estado debe gestionar las fincas en tanto las vende, hemos encontrado un arriendo de la bellota en la dehesa de Haza de la Bazagona en 1836, un año antes de rematarse la misma.[12]

Veamos como se producen las enajenaciones por zonas y propiedades singularizadas. Aquellas a las que no aludimos es que no existe documentación que nos permita hablar de su remate.

A) Propiedades en Cuacos

Según la escritura de venta judicial que hemos consultado en la subasta verificada el 21 de Septiembre de 1821 en Navalmoral se presenta un lote único con todas “las fincas y pertenencias del extinguido Monasterio de San Gerónimo de Yuste, exceptuada la iglesia, situadas en término y jurisdicción de la Villa de Cuacos”.Se presentó el lote con un precio de tasación que ascendía a 279784 reales, y la remató en la misma cantidad Ambrosio García Roda, para ceder a Maria Pascual Bonanza, vecina de Madrid. No se respetó la división en lotes de las publicaciones que hemos señalado antes, ni el precio real, que con las retasas quedó demasiado a la baja. Estas propiedades de Cuacos, incluida la Granja de Valmorisco y sin la iglesia, que ascendía a 1.893043 reales en tasación se vendieron por la cifra arriba indicada[13]. A señalar que en 1838 Bernardo B. Tarrius, casado en 1834 con Maria Pascual, compra también la iglesia del Monasterio por cincuenta duros (1000 reales).El nuevo propietario dedicó el complejo, iglesia y coro incluidos, a la cría de gusanos de seda. (Según el P. Alboraya en su Historia del M. de Yuste la venta de la iglesia se hizo el 20 de Octubre de 1838 ante Raimundo Gálvez Caballero).Véase también el protocolo nº. 23528-673, del referido notario en el A. H. de P. Notariales de Madrid.

B) Fincas en Plasencia y su partido

  1. Dehesa Haza de la Bazagona. Los ¾ de esta heredad que pertenecían a Yuste fueron tasados en 395137 reales y rematados en 910000 r. por Juan Manuel Monje e Hijo, apoderados en Plasencia del Banco Nacional de San Carlos. La fecha el 15 de Junio de 1821[14]. También consta esta adquisición en el “estado de las fincas nacionales adquiridas por el B. N. S. Carlos en varias provincias”[15]. Al desaparecer la entidad y cambiar sus accionistas el Estado retoma la dehesa y la de Palazuelo, volviéndose por ello a subastarse en el período de Mendizábal. En 1837 se tasa en 238125 reales y se remata en 465000 r. por Julián Fernández Marquina[16]. Este supera la otra subasta que tiene lugar en Madrid y que no alcanza el valor de remate señalado. El desarrollo y pujas de ambas pueden verse en los papeles del Fondo V. Paredes[17]. El auténtico adquiriente de esta finca no fue el tal Marquina, puesto que la obtuvo para ceder a Vicente Silva, que es el que la paga en años sucesivos[18].
  2. Parte en dehesa de Palazuelo. También fue adquirida por los agentes del citado Banco en 1822, siendo su tasación de 4112 reales. El mencionado apoderado la arrienda en 1822 por cinco años y en todo su término redondo[19]. Tras la llegada de Mendizábal la finca vuelve al Estado que la retasa y anuncia de nuevo. El precio total por el que se oferta es de 205500r.El adquiriente fue Agustín Sánchez Rico, vecino de Serradilla[20]. No obstante nos aparecen desde 1842 documentos de pago a nombre del Marqués de la Constancia, vecino de Plasencia[21].
  3. Dehesa de Saltal Campo. Fue rematada el 23 de Junio de 1821 en 265750 r. por Antonio Alonso Varona e Hijo. Estos acordaron ceder la tercera parte de la misma a Ventura Delgado a cambio de una compensación económica[22].
  4. Dehesa de Mingazo. Fue rematada el 3 de Agosto de 1821 por Antonio Alonso Varona e Hijo, pero para ceder a Ventura Delgado Garrido. El remate fue el mismo que la tasación, 113366 r., lo que nos indica que no hubo puja, precisamente para impedirla se asociaron estos dos personajes[23].
  5. Parte en la dehesa de Aldeanueva de Beringues. Según el expediente de subasta del total de esta dehesa que era de varios conventos de Plasencia, la adquirió en su mayor parte en época de Isabel II, Joaquín Rodríguez Leal. Pero en una nota se dice que “el Monasterio de Yuste tenía una parte de 6080 reales en venta y en renta 164 r. Todo se vende excepto la del Imperial Convento que fue vendida en 1822, y que se ha devuelto a su compradora Maria Francisca Fernández de esta vecindad por decreto de la Intendencia. Plasencia 15 Octubre de 1836.”Desconocemos por cuanto se remató la parte de yerbas en esta heredad[24].

C) Propiedades en la Puebla de Naciados y su zona

  1. Dehesa del Bravo, sita en las jurisdicciones de la Puebla y Valdeverdeja, de 315 fanegas de cabida. Se tasó en 225000 r. Al no haber postor se retasó bajando el precio a 129450 r. Fue rematada por Manuel Rodríguez Cabrera, vecino de Valdeverdeja, en 165100 r. y la fecha 18 de Septiembre de 1822[25].
  2. Fincas en la Puebla. Una viña de 24 peonadas y dos cercados como de media fanega cada uno, de primera calidad y murados. Se tasaron en 9200 r. y se vendieron, el 10 de Mayo de 1821, en favor de Eugenio Gómez, vecino de la citada villa, por los reales de partida[26].

D) En Trujillo y su tierra

Nos ha sido imposible hallar las ventas judiciales de este partido. Las consultas que hemos hecho de los diferentes escribanos carecen de este tipo de documentación tan interesante para analizar los remates y los auténticos compradores. Por ello nos vamos a guiar, en la compra de las dehesas de Yuste, por los propietarios que aparecen a fines del s. XIX en una serie de planos de fincas, a escala 1/25000.En las mismas aparecen el nombre del propietario, la extensión, el líquido imponible y la renta que genera.

Sabemos el precio con el que salen en tasación, desconocemos el de remate, que no debió alejarse mucho del primero. Conocemos también que todas las haciendas de nuestro monasterio en la zona trujillana se venden en el Trienio. Los compradores suelen ser los que aparecen en esta relación[27].

  • Almendrillo…………………………J. García Carrasco e hijos, condes de Sta. Olalla
  • Hocino ……………………………..L. Ezpeleta Contreras y J. Fco. Sanz Arias
  • La Sorda……………………………Enrique Granda y Calderón de Robles
  • Bienlasveo…………………………Antonio Pérez-Aloé Silva
  • Reina………………………………..Pedro Lacalle García
  • Reinilla………………………………Enrique Granda y Calderón de Robles
  • Rinconcillo de Yuste……………S. Vegas Martín y V.e I. Collazo Arias[28]
  • Rivilla de Valdeacebuche……..Duquesa de Valencia y M. Artaloytia García
  • Rivilla de Guadalupe……………Rosario Paredes y Hered. de Santiago Gil
  • Tomilloso de la Umbría………..Rosario Paredes y M. Martín Gutiérrez
  • Trinidades………………………….Joaquín Jenche Atocha y socios
  • Valdeacebuche…………………..Adolfo Fernández Gutiérrez
  • Marivela y Hocecilla……………Marqués de la Conquista[29]
  • Presas y Maleznas………………Marqués de la Conquista

Esto es todo lo que podemos señalar en lo que hace referencia a la desamortización de las fincas de Yuste. La pérdida de la documentación no posibilita señalar más precisiones sobre ventas, rematantes e incidencias que pudieran haberse producido. Sabemos el precio a que ascendía la tasación del conjunto 4.407143 reales y 15 maravedis. Los remates escasamente superaron esta cifra, dadas las retasas a la baja tan frecuentes y la falta de licitadores.

Una pregunta surge en seguida, ¿Quiénes fueron los beneficiarios de estas ventas? “Fueron relativamente pocos, en su mayoría ya importantes propietarios u hombres de negocios emergentes. Las causas que explican esta homogeneidad entre los adquirientes son que, durante este periodo, las fincas salieron a subasta en extensiones bastante grandes y que los pagos habían de hacerse, necesariamente, en títulos de la Deuda. Esto último suponía unos bajos precio reales de compra debido a la desvalorización de los títulos”[30]. Estas aseveraciones que comparto en su totalidad, parecen deducirse en el caso estudiado por nosotros y se complementan con otras circunstancias (escasez de posibles compradores en algunas zonas, desconocimiento y temor ante el futuro del proceso, etc.) A ello hay que añadir estrategias por parte de los compradores como recurrir a la retasa con frecuencia quedando las subastas desiertas o formando “sociedades“ con los posibles competidores para repartirse dehesas sin competir (caso de Saltalcampo y Mingazo en nuestro estudio).

Todo lo anterior generó que en la mayoría de los casos la tasación y el remate coincidiera o no fuera significativa la puja. Con ello disminuyeron sustantivamente los ingresos del Estado, fin primordial de la operación. Pero, ¿Qué grupos sociales específicos acapararon las fincas? Veamos algunos ejemplos representativos.

El Monasterio, la cerca, tierras anejas y la Granja de Valmorisco fue comprado por una propietaria de Madrid llamada Maria Pascual Bonanza. Era hija de un marino valenciano, jefe en 1802 de la Escuadra. Viuda de Ramón Rodríguez, archivero del extinguido almirantazgo, se vuelve a casar en 1834 con Bernardo B. Tarrius. Este era natural de Barcelona y destacado liberal. Fue miembro de la Junta Provisional Consultiva formada en Madrid en 1820 y secreto inspirador del café Lorencini de la capital[31]. En 1836 fue Director General de Loterias, falleciendo en Talavera de la Reina en 1848, dejando viuda y dos hijos[32].

Esta pareja nos parece representativa de los compradores de esta época; funcionario cercano a las operaciones, de ideas liberales y con cargo en la administración, vinculado por matrimonio con personas de influencia y tradición poseedora de títulos de la Deuda. Se observa esto último al comprobar en los pagos la tenencia de cupones o certificaciones de juros, de deuda consolidada, cédulas de caja, documentos de deuda sin interés, etc.

Otra tipología de compradores son los notarios o escribanos de las ciudades cercanas a las fincas(caso de Delgado Garrido en Plasencia) o cargos públicos (Alonso Varona, Alcalde constitucional de Plasencia).No faltaron las instituciones compradoras, el caso más representativo es el Banco Nacional de San Carlos, cuyos accionistas intentaron sacarle del marasmo en que se encontraba y lo que consiguieron fue precipitar su ruina, al perder el dinero empleado en 1823.Actuó el Banco en Plasencia comprando dos dehesas de Yuste, Haza de la Bazagona y Palazuelo, a través de sus apoderados J. M. Monje e Hijo. A ambos se les había dado un poder amplio, el 21 de Mayo de 1821, para actuar en nombre de aquel en las compras. Podríamos hablar de intermediarios “distinguidos“[33].

También encontramos propietarios locales o hacendados ricos del lugar como nos lo demuestra la tenencia de papel de la Deuda al realizar sus pagos; es el caso de los dos compradores en la zona de la Puebla de Naciados: Eugenio Gómez y M. Rodríguez Cabrera, este último adquisidor de la dehesa de El Bravo. Aparecen también titulados como los García Carrasco, condes de Sta. Olalla, los García Golfín y Chaves, condes de la Oliva, los Orellana y Pizarro, marqueses de la Conquista, etc. A esta nómina habría que añadir la de políticos locales como A. Pérez-Áloe que pasa de comerciante en lanas a gobernador civil de Cáceres en 1836 y después a diputado en Cortes, muy similar es el caso de A. García Ochoa en la zona de Trujillo. Vicente Silva y la saga de los Rodríguez Leal es otro ejemplo de cómo desde la abogacía se llega a ser terrateniente y después a diputado en Cortes.[34]

Respecto al volumen de las ventas realizadas hemos de señalar lo que ya apuntamos en nuestros cómputos para el Trienio en Extremadura, que las ventas ascendieron a 101.206046 r. de los cuales casi la mitad procedían de Monasterios 48 millones, seguidos de las encomiendas de las Ordenes Militares. En la distribución de tierras vendidas Yuste quedaba muy por detrás de Guadalupe y el Escorial, con un valor en sus tierras que sólo en tasación ascendían a cuatro millones y medio de reales.[35]

Estas cifras resultan evidentemente insignificantes comparadas con las de futuras desamortizaciones. Simón Segura estima el porcentaje de las ventas del Trienio en torno al 10% del total enajenable a nivel nacional y a lo largo del s. XIX.[36]

El Monasterio de Yuste perdió toda su riqueza en aquel proceso histórico. No solo sus fincas y bienes inmuebles. También los derechos señoriales que pasaron a dominio del Estado, los beneficios eclesiásticos que permanecieron bajo la autoridad de los obispos y el derecho sobre sus censos. Los tenía en Trujillo, Plasencia y sobre todo en algunos pueblos de la Vera. ¿Eran una manifestación de política social para con los campesinos o un procedimiento para adquirir sus heredades? Esto ya es tema de otra investigación a la que por ahora renunciamos.


NOTAS:

[1] J. García Pérez: La desamortización eclesiástica y civil en la provincia de Cáceres (1836-1870) Inst. Cult. El Brocense. Cáceres.1994. pág. 50

[2] Sobre la legislación desamortizadora véase mi libro en Narcea. Madrid 1973.

[3] Gaceta de Madrid 3 de Enero de 1822. “Durante el Trienio Liberal el cobro de los censos por el Estado quedó paralizado totalmente, porque no hubo personal que pudiera dedicarse a la formación de los numerosos volúmenes de que debían constar las cuentas corrientes de los deudores de esta clase”.J. Bello, Frailes intendentes y políticos. Taurus. Madrid 1997. pág 91.

[4] Ver J. Bello ob. cit. pág 39.Para cifras de remate y tasación véanse la Gaceta de Madrid de 31 de Marzo y de 24 de Julio de 1822 en lo que hace referencia a la llamada entonces provincia de Plasencia.

[5] Archivo Municipal de Trujillo. Carpeta 5 Legajo 1157.El mismo contiene incluso las cargas de misas de cada propiedad en el caso de Trujillo.

[6] A.H.N. Hacienda Leg.2546, 2, nº 44.También Gaceta de Madrid de 26-III-1821.La parte creciente y menguante de una dehesa hace referencia a la subida o bajada en el precio de arriendo para pastos, precio que servía de base para la cotización de la finca a la hora de fijar su valor real.

[7] A.H.N. Hacienda Leg. 2546, 1, nº 96 y 99.También en Gaceta de Madrid de 6-IV-1821 y 28-IV-1821.

[8] Esta parte de finca no debió venderse en 1821, por ello sale de nuevo a subasta en 1822 por un valor de 4112 reales. B. de Of. del Crédito Público,4-XII-1822

[9] A.H.N. Hacienda. Leg.2546, 1. nº 84.Gaceta de Madrid 18 Abril 1821.No debió de haber postores en esta fecha ni en la celebrada el 30 de Abril. Por ello sale de nuevo publicado el 7 de Julio del mismo año para su venta después de una retasa. En esta se hacen los lotes más pequeños que en la primera de Abril. A notar que la remisión al Boletín de todos los documentos de la J. N. del Crédito Público los firma Bernardo de Borja Tarrius, funcionario de aquella y esposo de la compradora de estos lotes y del Monasterio.

[10] Gaceta de Madrid 9 de Mayo de 1821.Al no haber postor vuelve a subastarse, previo anuncio en la Gaceta el 12 de Julio del mismo año la dehesa del Bravo. La nueva retasa ha rebajado el precio a 129450 reales.

[11] A.H.N. Hacienda Leg. 5657,1,4º

[12] A.H.P. Cáceres. Hacienda, clero. Caj. 81, exped.16.

[13] A.H.P. Cáceres. Protocolo de F. Lozano González. nº 1416,año 1822

[14] A.H.P. Cáceres. Protocolo de J. Garrido Lovero, nº 914,año 1821

[15] Véase Memoria histórica sobre el B.N.S. Carlos, San Fernando e Isabel II, obra de Ramón de Santillán. También Pedro Tedde de Lorca. El Banco de San Carlos (1782-1829). Alianza B. de España. Madrid 1988.pág.346.

[16] B.V.B.N. de 14 de Marzo de 1837.También en Teodoro Martín: La Desamortización en Extremadura. Rev. Est. Extremeños. Badajoz.1978.

[17] A.H.P. Cáceres, Fondo V. Paredes. Leg.3 documento 27 y 59.

[18] A.H.P. Cáceres. Hacienda, clero. Cartas de pago de varios años en Caja 226, documentos 146 y 797.

[19] A.H.P. Cáceres. Protocolo de P. Acebo Gamonal, nº 8, año1822.

[20] A.H.P. Cáceres Fondo V. Paredes. Subasta y pagos de esta dehesa, leg.3, doc.20.

[21] A.H.P. Cáceres. Hacienda, clero, Caja 227, exp.473 y Caja 229, exp.306.

[22] A.H.P. Cáceres. Protocolo de Acebo Gamonal nº8, año 1822

[23] A.H.P. Cáceres. Protocolo de Acebo Gamonal nº8, año 1822

[24] A.H.P. Cáceres. Fondo Paredes, Leg.3, documento 17.

[25] A.H.P. Toledo Protocolo de F. Sánchez de la Torre. nº 12876,año1822

[26] A.H.P. Toledo Protocolo de F. Sánchez de la Torre. nº 12875. año 1821

[27] A. Municipal de Trujillo. Planos de Dehesas de Trujillo, s.a.

[28] Esta y la de Hornillo fueron compradas por J. García Carrasco e Hijos según el leg.4631 (1) del Ministerio de Hacienda en A.H.N. Fondos Contemporáneos.

[29] A. Mun. Trujillo. Papeles Varios sobre contribuciones en Marzo de 1854

[30] Germán Rueda en la Historia de España de Ramón Menéndez Pidal. Espasa Calpe. Madrid 1998.Vol.XXX, pág.692.

[31] A. Gil Novales: Las sociedades Patrióticas en el Trienio Liberal. Tecnos. Madrid 1975.Vol.II, Pág.953.El citado Tarrius debió de ser una personalidad con influencia en el Trienio, un decreto de las Cortes de 29 de Septiembre de 1820 le nombra para la 3ª plaza de individuos de la Junta Nacional del Crédito Público. Hasta entonces era jefe del Departamento de la Balanza de Comercio. El 29 de Junio del año siguiente las mismas Cortes le conceden una licencia de dos meses para restablecer su salud.

[32] Hemos seguido la biografía de esta pareja en los expedientes de funcionarios públicos existentes en la sección de Hacienda del A.H.N. en concreto leg. 5043(1), expediente 51 y leg. 524, exp.4534. Véase de A. Matilla Tascón el Índice de expedientes de funcionarios públicos. Hidalguía. C.S.I.C. Madrid 1962. Bernardo de Borja Tarrius aparece en 1844 como vocal del Consejo de Instrucción Pública nombrado por el Gobierno. Véase Teodoro Martín Martín: “Educación y Participación en Madrid”. Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid. Madrid 2002. pág 60.

[33] A.H.P. Cáceres. Protocolo de P. Acebo Gamonal nº 8,año 1822

[34] Sobre la desamortización en Extremadura además de los trabajos citados véase de J. P. Merino Navarro: La Desamortización en Extremadura. F.U.E. Madrid 1976, y Teodoro Martín: La Desamortización en Extremadura (1836-1895), Rev. Estud. Extrem. Badajoz 1978.

[35] Teodoro Martín: La Desamortización en Extremadura (1820-1823), Revista de Estudios Extremeños, Badajoz, 1975, pág.12 y 13.

[36] F. Simón Segura: La Desamortización Española del s.XIX. Inst. Est. Fiscales. Madrid 1973. pág.262, nota 176.

Oct 012002
 

Teodoro Martín Martín.

Hace aproximadamente treinta años, en el crepúsculo del régimen del general Franco, España, y por ende Extremadura, vivían momentos de esperanza no exentos de preocupación. Los hombres y mujeres que poblábamos estos pagos buscábamos con afán las formas más adecuadas y posibles para establecer la difícil convivencia entre los españoles.

En ese ambiente tuvo lugar, en 1973 y en Badajoz, el primer Seminario “Bravo Murillo” de desarrollo regional. Estaba organizado por la Real Sociedad Económica de Amigos del País de la ciudad y por el Instituto “Pedro de Valencia” de su Diputación Provincial. El citado Seminario, que se reiteró en años sucesivos, contaba con el apoyo de un grupo de hombres extremeños vinculados al que luego sería Ministro Enrique Sánchez de León.

Estas fueron las coordenadas espacio-temporales en que tuve ocasión de conocer a Carmelo Solís Rodríguez, sacerdote pacense, consciente de su ministerio pero también abierto a los nuevos tiempos y las inquietudes que por la transición nos acechaban. Su asistencia a las conferencias y coloquios del Seminario denotaban el interés de Carmelo por los problemas de su tiempo, compatibles con el Concierto que dirigido por él tuvo lugar en Olivenza, teniendo como sede una de sus bellas iglesias manuelinas, y canciones de su querido polifonista Juan Vázquez de Badajoz.

Fueron aquellos años anteriores a 1975 los que sirvieron de marco cronológico a un conocimiento, estima y por último aprecio de este clérigo extremeño, doctor en Filosofía y Letras, canónigo archivero de la Catedral, Director del Real Conservatorio Superior de Música de su ciudad y destacado musicólogo. Aunque más que su currículum lo que sobresalía en Carmelo era su amplitud de conocimientos en línea con la mejor tradición del humanismo extremeño.

Las Artes, todas en su más amplia variedad de manifestaciones, estuvieron presentes en su biografía. Destacaré solamente unas muestras de sus colaboraciones en la Revista de Estudios Extremeños.

En 1972, en el Vol II del nº 28, publica “Un inédito de Morales en Montijo”. Se trata de un trabajo sobre el hallazgo de una tabla, obra de Morales o de su taller, sita en el monasterio de las Clarisas de Montijo. Se titulaba la obra “Cristo con la cruz acuestas” y la fechaba en torno a 1560. En ese mismo volumen aparecía, y no era casual, mi artículo sobre la desamortización en la Vera.

Un año después, en 1973, ve la luz un extenso y documentado análisis sobre otro gran extremeño, titulado: “El arquitecto Francisco Becerra: su etapa extremeña“, Vol II del nº 29. Lo dedicó al archivero y cronista de Trujillo Juan Tena Fernández y en él mostraba fehacientemente sus dotes como investigador, en las que el rigor en el tratamiento de las fuentes, el análisis documental de la metodología y la selección de fotografías hablaban de una sistemática en verdad universitaria.

En 1974, también en la citada revista, nos deleita con un estudio sobre un famoso polifonísta del XVI, según los fondos del Archivo Capitular de la Catedral. Se titula “Juan Vázquez en la catedral de Badajoz”, Vol I, nº 30. En este y el anterior número aparecen otras dos colaboraciones mías en la mencionada publicación. Parece que nos poníamos de acuerdo a la hora de publicar. Honor para mí, entonces un aprendiz de historiador.

En el mes de mayo de 1975 ve la luz en la revista “Bellas Artes” un interesante artículo suyo titulado “El retablo de Morales en Puebla de la Calzada”, que luego se inserta ampliado en el libro publicado por la Institución Cultural “Pedro de Valencia”, con el titulo “Los Morales de la catedral de Badajoz”. Precisamente sobre este gran pintor extremeño son dos trabajos de aquella época que publicó en 1977 y 1978, en los volúmenes 33 y 34 de la Rev. de E. Extremeños. Se trata de dos extensos y documentadísimos artículos titulados “Luís de Morales: nuevas aportaciones documentales”.

He citado aquí estas obras que me sirvieron para conocer a un hombre culto, amante de la Historia de su ciudad y su tierra, en el que las Artes eran su preocupación y actividad básica. El conocimiento de Morales, Becerra o Juan Vázquez es un ejemplo de lo que señalo. Posteriormente vendría una obra más extensa, más depurada y concretizada si se quiere, pero continuadora de las preocupaciones que le embargaban en la década de los setenta del siglo XX, época en la que le conocí y estimé. El último trabajo de Carmelo Solís de que he tenido conocimiento antes de su fallecimiento en el año 2001 fue su aportación a los XXVII Coloquios Históricos de Extremadura, celebrados en Trujillo en 1998. En aquella ocasión nos regaló con un análisis del Retablo Mayor de la iglesia de San Francisco como exponente de la escultura barroca en la ciudad de Pizarro. Como todo lo que salió de su pluma de excelente factura.

Amplia y variada es la temática que abordó nuestro llorado compañero y colega. El deseo de brevedad nos lleva a citar también su artículo “Los órganos en la catedral de Badajoz”, publicado en 1999 por el Museo Catedralicio en su colección de Hª y Arte. No podemos ignorar el discurso de contestación que pronunció en 1997 en la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes de la que era Académico de número y censor. En aquella ocasión nos deleitó con su “Torres para un paisaje”, sobre los campanarios de Extremadura. Fue publicado en 1999 en Badajoz por Tecnigraf.

Sirvan estas líneas para evocar la figura y obra de Carmelo Solís Rodríguez, un extremeño de pro, culto y afable, cercano y preocupado por todo lo que de verás interesa a los seres humanos. El concierto que en Septiembre de 2001 se celebró en el Monasterio de Yuste a cargo del Coro del Real Conservatorio Superior de Música de Badajoz, en homenaje a su figura, fue merecido y recordado por todos. Sean estas líneas una modesta recensión de su obra y sincera muestra de estima por Carmelo Solís Rodríguez desde La Vera.

En Aldeanueva, Mayo 2002

Oct 012001
 

Teodoro Martín Martín.

SU VIDA

No son muchos los datos que, procedentes de fuentes fidedignas, poseemos hoy día de Fray Martín de la Vera. Todos los autores consultados aceptan que su lugar de nacimiento fue Garganta la Olla, bello pueblo de la comarca cacereña de la Vera. Los Libros Sacramentales no existen para el año en que pudo haber nacido. Sobre esta fecha todos señalan mediados de 5. XVI, solo uno da una fecha, 1561[1]. A falta de datos esta fecha es problemática dado que su profesión tuvo lugar en 1584, lo que supone que tenía 23 años al profesar, hecho no habitual en los ingresos en ordenes, que solían rondar los dieciocho años.

Su nacimiento en Garganta la Olla está corroborado por su nombre. El topónimo de la Vera es ya lúcido, pero es el nombre de Martín el que lo ubica en el referido pueblo. Florencio López Ortigo, estudioso del lugar, señala que fue muy devoto de San Martín, cenobio y luego ermita que existió, hoy en ruinas, en aquel termino municipal. Precisamente Fray Martín donará “un misal nuevo dorado” para el referido templo según consta en el libro de fábrica de la ermita de San Martín, sito en el Archivo Parroquial de Garganta.[2]

Sus padres fueron Francisco Hernández e Isabel Moya, de profesión labradores. Francisco de los Santos dice “hijo de padres honrados”[3]. Poco más sabemos sobre sus orígenes y deambular vital, repetimos, por escasez de fuentes.

Hay alguna referencia a cerca de su niñez, periodo anterior a la profesión en 1584, fecha que todos aceptan como cierta. Lo que parece verdad es que estudió en el Colegio que se instituyó en el Escorial y que allí aprendió escolástica, lenguas griegas y hebreas, Matemáticas y todo género de Bellas Letras[4]. Algún autor señala que estos estudios los llevó a cabo después de profesar[5], El padre de los Santos apunta que “le hicieron colegial nada más profesar, por su inteligencia en las lenguas hebreas y griega, en matemática y en lo escolástico”.[6]

Sea al final de su niñez o en plena juventud lo que todos aceptan es que se forma “en el cálido ambiente científico y filosófico, con incursiones místicas e incluso cabalísticas, que dominaban en el Escorial desde la estancia allí de Arias Montano. Fue precisamente el gran humanista extremeño quien enseñó a Fray Martín lenguas clásicas y matemáticas”.[7]

En este caldo de cultivo espiritualista, sino queremos denominarlo eramista, se sitúa nuestro personaje. “En su niñez aprendió la aritmética práctica siendo estudiante, algo de esfera, y a persuasión de Fray José de Sigüenza procuró estudiar las matemáticas con el Dr. Arias Montano, que le había instruido en lenguas”.[8]

En parecidos términos se expresa Ben Rekers, que sitúa como discípulos de Arias Montano “a los monjes Sigüenza, Alaejos, Martín de la Vera, Francisco Trujillo y Gaspar Cendol”[9]. Concluidos sus estudio quedó pasante en el Colegio escurialense, hecho que aconteció tras su profesión el 26 de octubre del año 1584. Esta fecha es aceptada por la mayoría de los autores como toma de hábitos, salvo un manuscrito de la Biblioteca Nacional que lo sitúa el 6 de octubre del mismo año.[10]

Tras unos años en el Centro señalado es enviado como regente de la Cátedra de Artes al Convento-Colegio de Ntra. Sra. De la Piedad de Benavente, donde ejerció también la responsabilidad de Vicario. Tras una serie de años en la ciudad zamorana se le designa Vicario de la Abadía de Parraces (Segovia), donde le encontramos gestionando los intereses y derechos de la misma, vinculada desde tiempos de Felipe II al Monasterio de San Lorenzo del Escorial. En 1606 realiza una visita al priorato de Santo Tomé del Puerto a fin de resolver en un apartamiento de apelaciones con los vecinos y alcalde de la localidad.[11]

El Monasterio de 5. Lorenzo poseía derechos eclesiásticos vinculados a beneficios, préstamos y abadías anexadas en el partido de Sta. Mª de Párraces, integrados por los derechos en los lugares de Cobos, Bercial, Marugan, etc. De todos los lugares de este partido el Monasterio era dueño de los diezmos, primicias y pie de altar[12]. Pues bien en estas fechas de comienzo del siglo XVII Fray Martín de la Vera tiene la responsabilidad de administrar y gestionar los temas referidos a estos territorios. Es un periodo que le otorga experiencia en una labor para la que no había tenido preparación en su periodo de formación.

Tuvo después varios prioratos. El primero fue el del Monasterio de Ntra. Sra. de Gracia en Carmona, en el que estuvo un trienio. Acabado el mismo se quedo en Sevilla a seguir unos pleitos para su Real Casa de San Lorenzo, tocante al Nuevo Rezado[13]. Después fue prior del Monasterio de Santa Ana de Tendilla (Guadalajara), institución en la que llevó a cabo una obra meritoria tanto en la gestión del Monasterio como en la guía espiritual de los monjes allí congregados.[14]

El tercer priorato fue en el Monasterio soriano de San Jerónimo de Espeja. Y es estando en él, se entiende que como prior, cuando Felipe IV lo nombra máximo responsable de la comunidad de San Lorenzo del Escorial. Ello tuvo lugar en el capítulo General del 1 de mayo de 1621. La confirmación se hizo el 24 del mismo mes, como XV prior del Real Sitio.

La etapa cumbre en la vida de Fray Martín de la Vera se inicia con la llegada al trono de Felipe IV, monarca con el cual tendrá siempre una gran sintonía personal e intelectual y ello a pesar del permanente enfrentamiento de nuestro prior con el Conde Duque de Olivares. (Véase el anexo 1).

El conflicto surgió en octubre de 1621 al tratar el valido de quitar al Monasterio las dehesas del Campillo y Monesterio. Su objeto era edificar sobre aquellos terrenos el Palacio del Buen Retiro, que luego se construiría, por oposición de Fray Martín, en las inmediaciones del prado de San Jerónimo en Madrid. El Conde Duque puso pleito al Convento en su demanda, que resolvió el Rey con su conocida frase de: “Desengáñate, duque, esas haciendas son de los religiosos, como este capote es mío”[15]. Al final el conflicto se sentenció a favor del Monasterio, pero a costa de amargos sinsabores y de no pequeños gastos. Para siempre quedó el enfrentamiento entre el prior Fray Martín de la Vera y el poderoso valido de Felipe IV.

Nuestro personaje permaneció en el priorato dos trienios, hasta 1627. En este sexenio ocurrieron hechos muy variados que relacionamos a continuación:

  • En 1622 visita el Monasterio Rubens y el año siguiente lo hace el Príncipe de Gales futuro Carlos 1 Estuardo.
  • El 6 de marzo de 1624 se reforman las Constituciones del Colegio de San Lorenzo el Real entorno a la dotación de Cátedras y elección del Rector.
  • Capítulo General de la Orden, 27 de Abril de 1624 en San Bartolomé de Lupiana, que presidió Fray Martín de la Vera. También dirigió el que se celebró el 19 de Noviembre de 1626 y en el que se elige como General a Fray Francisco de Cuenca. Así mismo, preside el capítulo privado celebrado el 22 de junio de 1624. En el celebrado en 1627 “quedó encargado el General de hacer imprimir el Ordinario y ceremonial de la Orden, dispuesto y trabajado con mucho acierto por el padre Fr. Martín de la Vera”.[16]
  • Visita el Escorial en 1626 el cardenal Barberini, sobrino y legado del papa Urbano VIII, elegido en 1623.
  • El 15 de mayo de 1624 fue reelegido por segunda vez prior y confirmado hasta 1627, en que concluyó su mandato y le sucedió en el cargo Fray Lucas de Alaejos. Existe bastante documentación en el Archivo General de Palacio del sexenio 1621-1627 en lo referente a la gestión del Convento y sus relaciones con la Casa Real. A ellos remito a aquellos que deseen ampliar el tema. La mayor parte hacen referencia a la administración del Monasterio y sus intereses, conflictos con nobles, políticos o pueblos en los que la Comunidad Jerónima poseía derechos y privilegios.[17]

Tema aparte en el mismo sexenio son los conflictos que surgen al construirse el Panteón Real en el Monasterio. El legajo nº 3 del citado fondo nos habla de las quejas del prior y su convento en torno a los dineros para la obra. Esta se hallaba parada en Julio de 1626 “a causa de que el prior impide a los maestros y oficiales pasar adelante, no socorriéndoles con el dinero que se les debe de la cantidad que hay prometida y destinada que son más de 100.000 reales, los cuales tiene a modo de embargo a título de decir que ha puesto en esta obra del dinero del Monasterio 14.000 ducados sin que conste de cuenta fenecida”[18]. La Junta de Obras y Bosques pide que se separe al prior y convento de la gestión y dirección de las obras del Panteón Real.

Este conflicto no está generado por la comunidad jerónima y su rector, sino por la ya conocida inoperancia de la administración a la hora de gestionar sus obras y recursos. En el mismo legajo citado hay un expediente de 6 de mayo de 1625, en el que se dispone que la urna y nicho para la Emperatriz Mª de Austria, en las Descalzas Reales de Madrid, se haga a cuenta de las obras del Panteón de San Lorenzo. Hartos de pagar con sus rentas la obra, cierta justificación hallamos en la medida adoptada por la comunidad de jerónimos del Real Sitio.

Terminado su priorato fue nombrado diputado el 23 de Agosto de 1631, el 22 de Octubre de 1631 y el 10 de Mayo de 1633. En el capítulo Privado de Febrero de 1634 fue elegido, en San Bartolomé de Lupiana (Guadalajara), LXII General de la Orden Jerónima, por muerte del anterior Fray Cristóbal de Santa María. Fue el primer profeso del Escorial que ascendió al generalato.

“Fue uno de los grandes generales que ha tenido la religión mereciendo en su Real Casa el gozo que dura, y durará siempre de haberle tenido por Hijo y la Orden por padre. Escribió a la Orden algunas Cartas Comunes, que descubrieron bien su celo en orden a la observancia, y en su tiempo juntó tres veces Capítulo privado, por causas grandes que hubo para eso. De estas fueron las principales, el defender la autoridad de aquella Silla y hacer que las Ordenaciones de los Rótulos se ejecutasen como en ellos se disponen”.[19]

Le sucedió en 1636 como General el P. Fray Pedro Rosales, del Monasterio del Parral (Segovia). Acabado el generalato volvió a San Lorenzo. Cuando el Rey iba al Monasterio era frecuente que visitara su celda, removiera sus libros y le hiciera consultas. Otros personajes doctos se comunicaban con él, como el Cardenal Zapata, con el cual tuvo una estrecha amistad.

Pero la enemistad histórica con el valido y la inquina que le tenía el prior de San Lorenzo, “hechura del primero”, trataron de apartarle del Monasterio y le enviaron sin excusa de prior al colegio de Jesús en Ávila. Cuando partió pronunció la frase “yo voy a morir por la obediencia”[20]. Tuvo lugar el 8 de Junio de 1637. Murió el 7 de octubre del mismo año en la ciudad abulense. Su entierro fue digno y honorífico como se merecía nuestro prior. Según la memoria Sepulcral de su tumba se encuentra en la sepultura 1ª en el Patio del Refectorio.

En 1649 fueron trasladados sus huesos a San Lorenzo del Escorial, con gran solemnidad y comenzando en esta ocasión a “celebrarse por primera vez con música las exequias y entierro de religiosos”[21]. Había vivido en torno a setenta y cinco años, cifra sin duda elevada para la media de vida en aquellos tiempos, incluso entre los miembros de los estamentos privilegiados.

SU OBRA

Tres trabajos conocemos del padre Fray Martín de la Vera. Dos de ellos publicados en su época y desconocemos que haya habido ediciones recientes. Así lo señala Palau en su Manual del Librero Hispanoamericano.[22]

La primera que se editó fue la denominada “Instrucción de eclesiásticos previa y necesaria al buen uso y práctica de las ceremonias muy útil y provechosa a eclesiásticos y seglares para saber como han de orar y adorar a Dios en lo divino y honrar a los hombres en lo político”. Madrid, Imprenta Real 1630, 40, 8, con 376 p.a. 24 h. de índice. Dedicada y consagrada con todo acatamiento a la piedad del no menos pío y católico monarca D. Felipe IV, N0 5. Rey de las Españas y de las Indias. Tiene dos ilustraciones; una con el título y dedicatoria y otra con la figura de Felipe IV defendiendo la Eucaristía y con un fondo de lucha en campo abierto. En la dedicatoria de la obra se auto califica “capellán de V. Majestad Felipe IIII”.[23]

En esta obra, como se desprende del título, se llevan a cabo una serie de recomendaciones litúrgicas cara al culto y la oración. En esta el papel de la música era crucial. Tanto él como Sigüenza coinciden en que ordenó cantar fabordones, una formula simple de polifonía aplicada especialmente al recitado de los salmos.[24] El mismo autor señala más adelante: “Los jerónimos se sintieron de hecho impulsados a defender su especial modo de vivir su profesión, en la que el coro era oficina o estancia de trabajo, ya que los aires que corrían eran otros”.[25]

“El Coro y la oración, dice Fray Martín, reprime la lascivia de la carne por el trabajo que trae consigo, principalmente levantándose a maitines a media noche en cualquier tiempo que sea, y con cualquier temporal que corra, estando en él dos y tres horas, que en invierno es intolerable por el frío, y por la interrupción del sueño; ni lo pueden recompensar por la mañana, porque al amanecer (cuando menos) se ha de volver a levantar, que a muchos les parece esto segundo, supuesto lo primero, más trabajoso, siendo dos cosas en que vale poco la costumbre para sentirse menos y de ordinario la interrupción del sueño se continúa entre maitines y prima, sin remedio…”[26]

Otra peculiaridad que destaca nuestro autor es la de la Oración mental, que entre los jerónimos se celebra por la tarde en el Coro y después de Completas[27]. La obra que comentamos mantiene el horario característico de la vida en los claustros, a este respecto señala:

“La Iglesia tiene dividido el oficio divino en tantas horas… a media noche nos despierta para los maitines, quiere que este tiempo sea largo, casi iguala al oficio de todo el día; por la mañana quiere que madruguemos con el Sol o antes, a Prima. De allí a otras tres horas, que le vamos con la Tercia, y Misa a ofrecer sacrificio, y después della, que casi son otras tres horas, y a cerca de medio día, que acudamos a la Sexta i a la Nona, después de la comida, antes que el Sol se ponga nos llaman a las Vísperas, y puesto el Sol para cumplimiento de nuestra tarea y oficio acabamos con las Completas…”[28]

En 1636 ve la luz la segunda obra impresa de nuestro autor. Se titula “Ordinario y ceremonial, según las costumbres y rito de la Orden de N. P. San Gerónimo”: Madrid en la Imprenta Real. Libro en 40, 179 folios mas tabla de índice. En la portada imagen de 5. Jerónimo con su simbología y paisaje al fondo. En el prólogo señala las razones que impulsan a crear este ordinario y ceremonial de la orden jerónima, que se hace siendo el prior general y que es conforme a las reglas y rúblicas del Misal y Breviario Romano de Pío V, de nuevo reformado por Urbano VIII, pontífices romanos y según el ceremonial de los obispos de Clemente VIII y el ritual de Paulo V. Va dirigido a todos los priores y correctores de las casas jerónimas. El libro, tras el prólogo, consta de 15 capítulos con sus respectivos apartados.

Se establece en el mismo que al menos debe haber ocho horas de Coro y señala gráficamente que “el oficio de los monjes es rezar”[29]. Quedan fijadas las fiestas a celebrar: Santa Paula, Sta. Engracia. 5. Juan de Ortega, 5. Jerónimo y 5. Eugenio, entre otras.

En otros capítulos habla de la función e importancia de la música, las tres maneras de canto: canto llano puntado, el tono alto sin punto, y el tono baxo o rezado. Alude al valor del canto de órgano, que se usa en las fiestas principales y en domingos y fiestas de guardar. Sugiere que ha de haber maestro de capilla, al cual deben seguir y obedecer los cantores[30]. Trata también del Noviciado, que señala puede durar hasta siete años[31]. Debe haber capítulos de culpa, en la sexta feria para reconocer las culpas y errores cometidos, en ellos no se dicen las culpas graves o de acusación o denuncia.[32]

Aparte de las dos obras comentadas compuso otra denominada: “Exegesis, seu Explicatio Theoricarum Planetarum eorumque practica atque organica demonstratio”. Picatoste, en su Biblioteca Científica Española del siglo XVI, pagina 320, dice que no llegó a imprimirse. Señala también que formaba un códice en folio mayor, muy bien escrito, con figuras de colores, y una especie de atlas o apéndice en otro tomo, con círculos movibles de cartón sobre tabla para saber las horas de los movimientos de los astros y su situación El padre Julián Zarco, señalaba en 1930, que “no hace mucho vi el tomo primero de que habla Picatoste en manos de un particular”.[33]

La obra que comentamos, según M. Pecellín[34], estaba dispuesta para la edición y dedicada al Conde Duque de Olivares (?). Quienes conocen el manuscrito, sigue diciendo este autor, elogian los constructores de mapas y círculos móviles, adecuadamente coloreados, que Fray Martín incluye para determinar la situación y el movimiento de los astros.

Elaboró también otros instrumentos para los cálculos astronómicos, que quedaron en la Biblioteca Escurialense, los cuales probablemente se quemaron en el siniestro de 1671.

De todo lo anterior se deduce que Fray Martín de la Vera fuera considerado como uno de los monjes de más conocimientos que han vivido en San Lorenzo y de los más ponderados, a juzgar por sus escritos.

SU PERSONALIDAD

De su biografía y obra intelectual se deduce una fuerte y asentada peculiaridad caracterológica. Esta naturaleza fuerte, proveniente posiblemente de sus orígenes serranos, se robustece con una sólida formación en su niñez y adolescencia. El círculo escurialense de Arias Montano y el espiritualismo de la segunda mitad del siglo XVI reforzaron su mente y despertaron su poderoso cerebro.

Los años al frente de conventos jerónimos, primero en Benavente, luego en Carmona, Tendilla, Espeja y el Escorial le proporcionan una contrastada y vital experiencia en los asuntos económicos y de relaciones humanas, que culminaron en el periodo 1621 a 1627. En estos años la desilusión ante las peripecias cortesanas y ambiciones políticas le llevaron a un cierto intimismo y reforzamiento de sus convicciones y vivencias religiosas, que sabe expresar en sus dos trabajos publicados.

El periodo final, de 1631 hasta su fallecimiento, aunque le encumbra al generalato de la Orden representa el canto de cisne de su biografía relacional. La desilusión y el desencanto así como la envidia de sus iguales le llevaron a un disimulado adiós a este mundo tras los muros de Ávila.

Nos hallamos pues ante una alta personalidad, espejo de modestia, honradez, capacidad y eficacia, poseedor de un poderoso cerebro. Su vida fue ejemplar y pletórica de sencillez, con un afanoso sentido de la minuciosidad, el buen orden y la honrada administración. El padre de los Santos nos dice que mostraba “loable afabilidad y prudencia”[35]. Otros autores resaltan su apacibilidad y talento, agradable conversación y costumbres santas. Lo singular y ajustado de su parecer y consejo en todas las materias le llevó a mantener una buena amistad a lo largo de su vida con Felipe IV, el cual le consultaba en sus viajes a El Escorial. La gravedad de su última etapa vital se expresa diáfanamente en las pinturas que hemos heredado de él.

ANEXO I

Carta autógrafa del Conde Duque de Olivares al Prior de San Lorenzo del Escorial, Fray Martín de la Vera.

“V. P. lea esa memoria y la comunique con el convento, y después de haber tomado acuerdo sobre ello, me vea para que se asiente lo que mas gusto fuere de S. M. y mas servicio suyo. Dios guarde á V. P. muchos años como deseo. De Palacio, sábado. ”Yo el Conde de Olivares.”

Respuesta del Prior al Valido de Felipe IV:

“La resolución que V. E. pide, aunque es facil respecto del deseo que este convento tiene de servir á 5. M. (q. D. g.), no lo es en otras cosas, y á esta causa tiene necesidad de tiempo para mirarlo: será con la brevedad que yo pueda. Solo digo por ahora, que dudo yo esta casa pueda pasar quitándole el pasto de los carneros, y en general de que esta hacienda es dote y propiedad de iglesia, dada con gravísimas y grandísimas cargas y obligaciones. Esto supuesto, este convento no lo puede enagenar sin incurrir en escomunión, salvo concurriendo una de las tres causas que pone el derecho: necesidad, piedad, eminente utilidad. Por mí y por este convento prometo hacer en servicio de 8. M. lo que sin ofensa de Dios pudiere, porque así presumo lo quiere Su Magestad. Lo demás dejo á la ponderación de y. E., como de caballero docto, cristiano y pio, á quien Nuestro Señor con aumento de sus bienes guarde y prospere. Deste convento á 10 de octubre de 162 1.= -Fr. Martín de la Vera.”


NOTAS:

[1] Manuel Pecellín Lancharro en “Gran Enciclopedia Extremeña”.Mérida 1992. Vol 10, pág 134.

[2] Florencio López Ortigo: Estudio histórico y cultural de la Villa de Garganta la de Garganta la Olla. 1990. Págs. 35 y 36.

[3] Francisco de los Santos: Cuarta parte de la Hª de la Orden de San Jerónimo. (134673).Madrid 1680. pag 754

[4] Diccionario de Hª Eclesiástica de España. C. 5. 1. C. Madrid 1975.Vol. IV. Pág. 2733.

[5] Julián Zarzo Cuevas: Discurso en la Real Academia de la Historia. J. Los Jerónimos de San Lorenzo el Real del Escorial. Impr. Monasterio 5. Lorenzo del Escorial 1930. Pág 103.

[6] Francisco de los Santos. ob. cit. Pag 754.

[7] Gran Enciclopedia Extremeña. Pág 134.

[8] Enciclopedia Espasa-Calpe. Vol 67, pág 1344. Voz fr. Martín de la Vera.

[9] Ben Rekers: Arias Montano. Taurus. Madrid. 1973. Pág 149. Fray Martín fue ayudante de A. Montano en la Biblioteca. Pág 183.

[10] B. Nacional. ms. 13565. Titulo :Libro de los monjes de esta Casa de San Lorenzo

[11] Archivo General de Palacio. Secc. Patronato Real, 5. Lorenzo del Escorial. legajo 38.

[12] Gregorio Sánchez Meco: El Escorial y la Orden Jerónima. Patr. Nacional. Madrid 1985. Pág.119.

[13] Francisco de los Santos: ob. cit. pág 754.

[14] Debió ser estando de prior en Sta. Ana de Tendilla, cuando es elegido diputado el 10 de febrero de 1617. Debo este dato a mi buen amigo, Fray Ignacio de Madrid, M. del Parral, al que agradezco la colaboración prestada.

[15] Este conflicto está bien relatado en la obra del P. de los Santos, y también en José Quevedo: Hª del Real Monasterio de San Lorenzo, llamado comúnmente del Escorial. Madrid. 1854. Pág 108 a 110.

[16] Francisco de los Santos: ob. cit. pág 117.

[17] Archivo General de Palacio: Secc. Patronato Real. 5. Lorenzo del Escorial. Legajos nº 40, 101 y 130, entre otros.

[18] A. General de Palacio: Sección Administrativa: Conventos Legajo nº 384.

[19] Francisco de los Santos: ob. cit. Pág 129.

[20] Francisco de los Santos: ob. cit. Pág 756.

[21] Francisco de los Santos: ob. cit. Pág 756. Cuando en el texto se habla de música, debemos entender obviamente “Instrumentos de música”.

[22] A. Palau y Dulcet: Manuel del librero Hispanoamericano. Barcelona 1975. Vol. 36. Pág 31.

[23] Tanto de la Instrucción como del Ordinario, del que luego hablamos existen ejemplares en la Biblioteca Nacional y en la Real de 5. Lorenzo del Escorial.

[24] Luis Hernández: El culto divino en el M. del Escorial. En IV Centenario Iglesia y Monarquía: La Liturgia. Madrid. 1986. Pág 46.Instrucción de eclesiásticos, pág. 195.

[25] Luis Hernández: ob. cit. pág 43.

[26] Fray Martín de la Vera: Instrucción de eclesiásticos. Madrid 1630. Pág 216.

[27] Fray Martín de La Vera: Instrucción de eclesiásticos. Madrid 1630. Pág 223.

[28] Fray Martín de la Vera: Instrucción de eclesiásticos. Madrid 1630. Pág 252.

[29] Fray Martín de la Vera: Ordinario y Ceremonial. Madrid 1636, pág 94. También Luis Hernández: ob. cit. Pág 42

[30] Fray Martín de la Vera. Ordinario y Ceremonia. Madrid 1636. Pág 128 y stes.

[31] Fray Martín de la Vera: Ordinario y Ceremonia. Madrid 1636. Pag 131.

[32] Fray Martín de la Vera: Ordinario y Ceremonia. Madrid 1636. Pág 130.

[33] Julián Zarzo Cuevas: ob. cit. pág 103.

[34] Manuel Pecellín Lancharro: ob. cit. vol.10, pág 134.

[35] Francisco de lo Santos: ob. cit. pág 754.