Feb 012020
 

PEDRO BARRANTES: PRIMER SEÑOR DE LA CUMBRE.

 

JESÚS BERMEJO BERMEJO

 

  1. INTRODUCCIÓN.

 

Con motivo del 460 aniversario de la compra del pueblo de La Cumbre por Pedro Barrantes, el tema de mi intervención, en estos Coloquios Históricos de Extremadura, entorno a su figura resulta para mí, casi, de obligada dedicación y empeño.

De todos/as es conocida la leyenda del apellido “Barrantes”1: Nuño Fernández Valiente, que vivió en los siglos IX-X, era capitán de unos de los navíos del Conde D. Fernán Sánchez. Esta embarcación transportaba un nutrido grupo de normandos que se disponían a luchar contra los sarracenos que estaban apostados en Sevilla. Cuentan que, al llegar al puerto de Zenfanejo, junto a San Lúcar de Barrameda, los árabes los esperaban en ocho naos dispuestas para el ataque. Los normandos, por su parte, habían puesto una recompensa para quien cruzase la “barra” de embarcaciones primero. Nuño Fernández, haciendo alarde de su maestría marítima, fue el primero que cruzó, derrotando y echando a pique las embarcaciones. De este hecho surgieron unos versos:

“Por la pasar la barra antes, Que los otros navegantes Ñuño Fernández, valiente, Fue llamado entre la gente

Por sobrenombre Barrantes.”2

 

 

  1. BARRANTES Y

 

 

 

El apellido viajó, desde Galicia, por los reinos de León y Castilla, simultaneado con la reconquista a los musulmanes y, posterior, repoblación cristiana. Una parte importante

 

1 Hazaña que se encuentra entre los papeles de Pedro Barrantes Aldana, Canónigo de la Catedral de Burgos, nació en Alcántara (Cáceres) y falleció en Burgos el 9 de Agosto de 1658. Fue Secretario del Arzobispo Don Alonso Manrique desde 1605. Fundó el Hospital de San Julián y San Quirce, después llamado «Hospital de Barrantes».

2 González Cáceres, José Luis y María Dolores Díaz Rodríguez. “La Cumbre desde el recuerdo”. Joman

  1. Páginas 28-29.

 

se asentó en Extremadura, concretamente en Alcántara, donde la figura de Garci Fernández Barrantes3 se convierte en la antesala del arraigo del apellido en nuestra región: Maestre de Alcántara entre 1254 y 1284, fue privado4 del rey Alfonso X “el sabio” y participó en la reconquista de los territorios de Orihuela y Niebla entre muchos otros.5

El Solar alcantarino de los Barrantes del siglo XIII y las proezas de esta familia durante la reconquista nos llevan a Don Fernando Rodríguez de Villalobos, Maestre de la Orden de Alcántara entre los años 1394-1408 y Pedro Fernández Barrantes o, más bien, a su hija pues un rumor de amoríos, raptos y despechos ha ensombrecido, desde siempre, la causa del porque una rama de esta familia se estableció en Trujillo. Es casi imposible desligar las habladurías de la época con la verdad de los hechos pero lo cierto es que,

por preservar la honra de su hija, Pedro Fernández Barrantes decidió trasladarse a Trujillo junto con su familia.6

Hipótesis aparte, lo cierto es que, ya en 1429, se tiene constancia de la presencia de la familia Barrantes en Trujillo; tal como cita Fernán Gómez de Ciudad Real, sobre los hechos en el castillo de esta ciudad, donde quedaron a cargo de la justicia caballeros naturales de la villa, entre ellos Juan Barrantes.7

 

 

3 Su nombre completo parece haber sido Frey García Fernández Barrantes, ya que se dan dos versiones sobre sus antecedentes; hijo del señor de San Andrés de Barrantes, parroquia de Ribadumia en Galicia, y que antes de hacerse religioso había estado casado con Aldonza Díaz de Pereros y había tenido descendencia; otra que fuera el tercer hijo de Alonso Fernández Barrantes, señor de los cotos de Barrantes y Tomiño, a 10 km de Bayona y del río Miño en Galicia, noble gallego que se había establecido en Alcántara.

4 Alude al que goza de la confianza de un rey, príncipe, mandatario, etc. y puede ejercer una influencia

sobre sus decisiones.

5 Es más que probable que las ochos aspas de adornan el escudo de los Barrantes se deban a la figura de de Garci Fernández Barrantes, Maestre de la Orden de Alcántara, por sus muchos actos al frente de la

Orden; aunque también es posible que se deban al origen de esta bordadura, es decir, a la toma de Baeza en 1227 por Diego López de Haro, quien auxilió al rey Fernando III el Santo junto a 500 caballeros, entre los que se encontraba Garcés o García de Barrantes. A todos los caballeros se les concedió “ocho aspas de oro sobre campo de gules” (ocho cruces de San Andrés sobre fondo rojo) en la bordura de sus escudos heráldicos. María Antonia Carmona Ruiz. La conquista de Baeza. Universidad de Sevilla. 2010.

6 “Existen muchas versiones sobre este hecho: una habla del enamoramiento de Fernando Rodríguez de

Villalobos hacia la hija y el posterior rapto; otra interpretación habla de un forzamiento del Maestre Villalobos hacia la doncella con la consecuencia de un embarazo; y otra simplemente fue la negativa de Fernández Barrantes a la relación entre ambos”. Miguel Ángel García Rodríguez. “La Cumbre Historia y Sentimiento”. Diputación de Cáceres. 2018. Págs. 62-63.

7 Fernán Gómez de Ciudad Real. Centón Epistolario: “Epístola XXXVII… Al muy alto e muy poderoso el

Señor Rey Don Juan el Segundo nuestro Señor… a Vra Señoria narré cumplidamente el fecho del castillo de Troxillo. Dallí partimos, habiendo primero liberado al Condestable de su sigureza, e dexado buen recaudo en la Villa, encargada la justicia al Bachiller Rodrigo Rodríguez… e Juan de Chaves, e a Finojosa, e Barrantes, Caballeros naturales de la Villa…”.

 

La presencia de la familia en los acontecimientos históricos de Trujillo debía de quedar patentes en la gran gesta conquistadora.

 

 

  • BARRANTES, PIZARRO Y TRES JÓVENES DE SU TIEMPO.

 

 

 

Pedro Barrantes y Fernández de Ulloa era hijo de Juan Barrantes y Francisca Rodríguez de Cervantes, pertenecía al linaje de los Añascos y habría nacido en Trujillo entre los años 1507-1510, al igual que sus compañeros de infancia, letras y conquistas Juan Pizarro (1510) y Diego García de Paredes hijo (1506) y; en atención a las palabras que escribiría Don Fernando Pizarro y Orellana: “entre los primeros fueron los caballeros de Trujillo Juan Pizarro Orellana, Pedro Barrantes y Diego García de Paredes, que como por el valor de sus personas y conocidas calidad habían de tener los primeros lugares con el Marques (Francisco Pizarro)”; la amistad entre los tres caballeros se habría sustentado desde la más tierna infancia, pasando por las coincidencias en su

educación y ambientes comunes de la época.8

 

En sus años mozos escucharon las hazañas de Francisco Pizarro que, con tan solo 20 años, estuvo a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba, “El Gran Capitán”, en las Campañas de Nápoles; llegó, en 1503, al Nuevo Mundo con la expedición de Nicolás de Ovando; socorrió a Alonso de Ojeda y fue testigo del descubrimiento de “La Mar del Sur” con Vasco Núñez de Balboa, gozando por ello del reconocimiento y la fama en su ciudad natal.

En 1523 se asoció con Diego de Almagro y Hernando de Luque para conquistar los territorios del “Birú”9 y desde esa fecha hasta 1528 las calamidades y los esfuerzos de conquista habían surcado el océano hasta un Trujillo que, por la época, engrosaba un nutrido grupo de hidalgos dispuestos a continuar lo que sus antepasados con la Reconquista a los árabes, si Francisco Pizarro les daba la oportunidad de pasar la misma raya que los “Trece de la Fama”

 

 

8 Entre los q temiero los lucellos que después sucedieron, fueron los cavalleros de Truxillo Juan Pizarro de Orellana, Pedro Barrantes (Seños de la Villa de La Cumbre, fucellor de un hermano de Garci-Fernandez Barrantes, feptimo Maestre de Alcantara) y Nueftro gran Diego García de Paredes, que como por el valor de fus perfonas, y conocida calidad avian de tener los primeros lugares con el Marqués… Varones Ilustres del Nuevo Mundo, Escrito por Fernando Pizarro y Orellana.

9 El Imperio Inca del Perú.

 

La oportunidad llegó, en 1529, Francisco Pizarro regresó a su Trujillo tras las Capitulaciones de Toledo10, por las que se le concedía licencia para la conquista del Perú, entonces “Nueva Castilla”. En dichas Capitulaciones se disponía que tenía un año para preparar la empresa y que se le autorizaba a llevar 150 “peninsulares”, 100 que podía reclutar en América, 50 esclavos negros, oficiales de la Real Hacienda, así como eclesiásticos y religiosos.

De los 150 peninsulares jugaron un papel importante sus hermanos Gonzalo y Juan Pizarro, buscando hombres de confianza para tal fin. Con este propósito, el pequeño de los Pizarro no dudaría de conceder el privilegio a su “compañero” Pedro Barrantes (García de Paredes se uniría en Panamá11), para formar parte de la gesta como “soldado de a caballo”.12

 

En 1532 partieron de Panamá 180 soldados, entre los que se encontraba nuestro protagonista, desembarcando cerca de Tumbes.

Ríos de tinta con distintas versiones y hechos recorren la historia de la conquista de Perú. No vamos a detenernos en dar una visión propia, sino que, ateniéndonos a los testimonios de los hijos de Pedro Barrantes: Diego García de Paredes y Barrantes y Álvaro de Loaisa y Barrantes13; el que sería primer Señor de La Cumbre estuvo presente en este desembarco y la batalla de Cajamarca, donde se destaca la captura de Atahualpa y se resalta que estuvo entre los que siguieron a Francisco Pizarro, es decir, en el

amanecer del 16 de noviembre de 1532, sábado, Atahualpa se presentó en la plaza de Cajamarca con más de 10.000 indios.

Más 30.000 guerreros incas se aproximaban a la ciudad, los conquistadores empalizaron la plaza y se escondieron en un patio adyacente a esperar la orden de Pizarro. Un gran desfile se desplegó ante los ojos de los conquistadores, en perfecto orden, regueros de

 

 

 

10 Por la Capitulación de Toledo firmada el 26 de julio de 1529 por la reina consorte Isabel de Portugal, esposa de Carlos V, se concedió a Francisco Pizarro 200 leguas hacia el sur desde la desembocadura del río Santiago (1°20’N a 9°57’S) para constituir la gobernación de Nueva Castilla.

11 Diego García de Paredes se unió, junto con Hernando de Soto, a la expedición de Pizarro en Panamá.

El hijo del conocido como “Sansón extremeño” ya había participado en la conquista de los territorios de la actual Nicaragua.

12 En la Batalla de Cajamarca, el 16 de noviembre de 1532, Pedro Barrantes figura como uno de los 63 conquistadores a caballo entre los 168 españoles presentes.

13 Informaciones de oficio y parte: Pedro Barrantes, descubridor y conquistador del Perú y su hijo Alvaro

de Paredes Loaisa, canónigo de la catedral de Cuzco, comisario del Santo Oficio del Cuzco y su obispado. Consta también Jerónimo de Loaisa (O.P.). Información contenida, 1586. Pares.

 

personas se alineaban para marchar al paso de su emperador, quien avanzaba rodeado de 10.000 indios quiteños en una litera construida toda de oro macizo.

A su encuentro no salió nadie, salvo el dominico fray Vicente de Valverde. El religioso se acercó hasta la litera y le entregó una biblia a Atahualpa diciéndole:

  • Aquí está la palabra de Dios, único y verdadero, retráctate de tus creencias paganas y acepta el bautismo de Cristo y la autoridad del Rey de España Carlos I

El inca cogió el libro con curiosidad pensando que dentro se hallaba lo que aquel hombre le decía con tanto ímpetu. Después de examinarlo una y otra vez, viendo que era algo sin importancia ni valor, Atahualpa tiró el libro al suelo.

  • ¡Blasfemia!- gritó Fray Vicente de
  • ¡Traición!- gritó Francisco Pizarro desde la posición donde

Acto seguido, un tiro de arcabuz dio la señal de alarma, salieron todos los jinetes espada en mano, con la artillería secundando el ataque. Pizarro picó espuelas y se apresuró hasta la litera del emperador; en ese momento según las crónicas, se tiró del caballo y tomó prisionero a Atahualpa. Durante esos momentos, un grupo de jinetes hizo un círculo entorno al Marqués y Atahualpa. Como se ha dicho, de los testimonios de sus propios hijos, uno de los jinetes era Pedro Barrantes.14

También estuvo en el sitio de Cuzco y su posterior conquista.15

 

 

  1. EL ORO

La historia del apresamiento de Atahualpa, su confinamiento y el precio del rescate ha sido analizada desde muchos puntos de vista. El emperador propuso a Pizarro llenar la habitación donde se encontraba preso, el conocido “Cuarto del Rescate”, dos veces, una con oro y otra con plata, a cambio de su libertad. Pizarro aceptó y durante tres meses no

 

 

 

 

14 Stuart Stirling. Francisco Pizarro Conquistador de los Incas. El Ateneo (Argentina), 2007.

15 Entre los años 1533 y 1534 los capitanes del Gobernador, Sebastian de Belalcázar, Diego de Almagro, Hernando de Soto, Juan Pizarro y otros cumplieron con maestría, tacto y valor, la conquista de los

lugares principales y más ricos del antiguo Tahuantinsuyu”. Manuel Ballesteros. Francisco Pizarro.

Historia 16 Quorum.1992.

 

pararon los súbditos del inca en traer oro, hasta reunir 84 toneladas de oro y 164 de plata.16

De ahí partió casi la totalidad de la fortuna de los conquistadores que estuvieron con Francisco Pizarro durante la contienda. A Pedro Barrantes le correspondió 8.880 pesos de oro y 362 marcos de plata.

En el año de 1535, el Marqués emitió una licencia general para todos aquellos que quisieran regresar a España. Pedro Barrantes fue uno de los pocos en aprovechar dicha licencia.

Junto con Hernando Pizarro, Diego García de Paredes y otro caballeros (Juan Pizarro se quedó en Cuzco), ese año regresó a España a llevar el “Quinto Real”17 al emperador Carlos V. Pero García de Paredes se alistó en los tercios europeos y participó en las guerras de Flandes, Francia, Túnez y Sicilia; y Hernando Pizarro sería encarcelado en 1539 por el ajusticiamiento de Diego de Almagro. Antes esta perspectiva, Pedro Barrantes se convirtió en uno de los hombres de confianza de Francisco Pizarro para la gestión económica de las riquezas de la conquista de Perú en España.

Es por ello que la información y documentos consultados establecen que, durante esa época, vivió en Sevilla. El 26 de junio de 1535 se encontraba reclamando el oro suyo y de otros compañeros que le habían confiscado los oficiales de la Casa de la Contratación.

Existe una ejecutoria18 ganada por Francisco Pizarro ante la Chancillería de Granada en 1538, en el podemos conocer que en 1534 Pizarro había confiado a Pedro Barrantes el transporte a España un cargamento de 10.000 pesos de oro19. Ese año llegaron los dos últimos navíos con el rescate de Atahualpa. Juan Pizarro figuraba en los documentos del metal precioso, pero este se encontraba en Cuzco y Pedro Barrantes fue su hombre de confianza, por lo que se le hizo la entrega en Jauja para tal fin.

 

16 Lizette Paternina. Lingoro.info. «El rescate de Atahualpa, pagado con Oro».

17 El quinto del rey o quinto real era un tributo que se pagaba al rey cuando se capturaba una presa o descubría un tesoro y que era igual a la quinta parte (20%) de lo capturado o descubierto. En particular

la expresión Quinto del Rey o Quinto Real suele hacer referencia a un impuesto de la quinta parte establecido en 1504 por la Corona de Castilla sobre la extracción de metales preciosos, principalmente el oro y la plata, y otros artículos dentro de los territorios de lo que fue la América española.

18 Documento público en el que se consigna una sentencia firme.

19 El día 17 se le había hecho entrega de 15.000 pesos de oro de a 15 quintales, en 52 barras y una plancha de oro, valorado cada peso en 450 mrs. La ejecutoria ganada por

don Francisco Pizarro, gobernador del Perú, ante la Chancillería (1538) Pedro Andrés Porras Arboleda. Facultad de Derecho. Universidad Complutense de Madrid

 

La codicia y los múltiples trámites para una administración adecuada propiciaron que en febrero de 1536 se presentara una demanda contra Pedro Barrantes en el que se alegaba que el oro llegado en lingotes tenía un valor de 5.362.343 mrs (según la Casa de la

Contratación). De este tesoro, la Corona se apropió de 4.511.250 mrs, prometiendo devolverla en juros20.

Pedro Barrantes se quedó 851.093 mrs., y de esta cantidad abonó 529.500 mrs que eran del conquistador Pizarro. Quedando en deuda por valor de otros 321.108 mrs. De esta deuda, nuestro protagonista pretendió pagar a la familia Pizarro 264.937 mrs. y quedarse los 56.250 restantes en calidad de derechos de portes. Al final la justicia consideró que el coste del transporte fuera de 10.000 mrs, debiendo pagar Barrantes el resto.

 

  1. REGIDOR EN TRUJILLO Y SEÑOR DE LA VILLA DE LA

 

El desenlace final de estos procesos jurídicos determinó el ascenso social de Pedro Barrantes, puesto que, durante esos años, el cobro de los réditos21 de los juros debió superar bastante los 10.000 mrs correspondientes como transportista; y aunque su relación con los Pizarros siguió siendo estrecha ( consta su testimonio junto a favor de Hernando Pizarro22 durante su proceso por la muerte de Diego de Almagro23), nuestro protagonista se aprovecharía de su condición de tesorero y transportista para aumentar su hacienda.

 

 

 

20 Un juro no puede considerarse un título, sino más bien un certificado. Era un papel por el que se definía un privilegio a favor de la persona citada en él. Esta persona declaraba entregar al rey un capital y, a cambio, el rey le concedía el privilegio de cobrar una parte de determinados impuestos de la Renta feudal, citados en el documento, hasta una cantidad prefijada.

21Rédito: cantidad de dinero que produce periódicamente un capital.

22 En el testamento de Hernando Pizarro se declara que debía a Pedro Barrantes, vecino y regidor de Trujillo, cierta cantidad de los 40.000 maravedís al año que le pagaba por una cantidad a censo que le entregó, a través de su mayordomo Diego Moreno. Mira Caballos Esteban “Hernando Pizarro y la perpetuación de su linaje. Un testamento desconocido de 1557”. CHDE. Trujillo 2014.

23 “…que Pedro Barrantes e Juan Pizarro de Orellana… anduvieron los sobredichos en las provincias del

Perú debajo de la bandera e compañía del dicho Hernando Pizarro… el dicho Pedro Barrantes es pariente muy cercano del dicho Hernando Pizarro, natural de la ciudad de Trujillo, donde los susodichos son vecinos y naturales y parientes dentro del cuarto grado…” Escribania de Cámara de justicia. Leg 1007 – Causa criminal seguida en el Consejo entre Don Diego de Almagro y otros contra Francisco, Gonzalo y Hernando Pizarro, sobre la muerte del adelantado don Diego de Almagro. Escrito de tachas de testigos presentado por el Fiscal Villalobos.

 

Es por ello que, en 1545 ya estaba en Trujillo ostentando el cargo de Regidor24.

 

En aquella época, a finales de la década de 1550, ya en tiempos de Felipe II, la tierra de Trujillo, una de las más extensas, con más de 300.000 hectáreas, lugares y vasallos subordinados a su política social, económica y administrativa se vio inmersa en un curioso fenómeno de desmembración de parte de su territorio y poblaciones donde el Obispo de Plasencia, don Gutierre de Vargas de Carvajal, desempeñó un papel importante.

El concejo de Trujillo, a pesar de contar con fuertes leyes y edictos de antiguos reyes que dejan clara su fuerte vinculación a la Corona de Castilla (como las de Juan II en 1442, a través de una Real Pragmática en la que se compromete a no enajenar el realengo), es ninguneado en lo referente a este aspecto.

La bancarrota real y las continuas guerras en Flandes y contra el turco propiciaron que la Corona tuviera que conseguir dinero de forma rápida. Por ello, entre los años 1558 y 1559 varios lugares son vendidos por parte de la Corona de Castilla a diferentes señores e hidalgos que los compran para establecer su propia jurisdicción. Por lo extenso del tema, nos vamos a centrar en el lugar de La Cumbre, que fue comprado por nuestro protagonista: Pedro Barrantes.

Cuando se produce estos hechos, Pedro Barrantes se encontraba en Trujillo tratando de vender las casas, viñas, tierras y censos que tenía en Sevilla, a través de su criado Alonso Caballero25. También, según el testamento que presenta Alonso Fernández Barrantes26, ya poseía casa en La Cumbre, con huertos y tierras.

Las actuaciones de la venta se efectuaron a cargo del juez comisionado de Trujillo Núñez de Avendaño, el propio Pedro Barrantes y el representante de la ciudad, el bachiller Prieto.

Al igual que el pueblo de Plasenzuela, La Cumbre no figuraba en el lote inicial de lugares que la Corona otorgó al Gutierre de Vargas Carvajal. Fue una especie de cambio: Madrigalejo, Piedrahitilla, Alcaria y Abertura por Plasenzuela y La Cumbre.

 

24 El regidor era un cargo de los municipios de la Corona de Castilla.

25 Entre septiembre y octubre de 1551, Pedro Barrantes y su mujer Juana de Paredes, otorgan poderes a Alonso Caballero, su criado, para que venda las propiedades que poseen en Sevilla, señalando que las casas se encuentran en la Carretería y la calle de Placentines y que tienen censos sobre las casas y tenerías de Pedro Diente, a la puerta de Carmona. A. M . T Protocolos de García de Sanabria, Leg 1, s/f.

26 “…el asiento e casa de La Cumbre en que io bibo con sus guertos e términos…” “Alonso Fernandez de

Barrantes. Su testamento”. Apuntes genealógicos de su casa. Boletin dde la Real Academia de la Historia. Tomo 99, 1931. Madrid, pp 225-267.

 

Sobre el termino adjudicado a la nueva villa no hubo especial disputa: desde el río Gibranzos por el camino de Trujillo hasta la “dehesa de Rodas” y, entre “Casillas” y “Magasquilla”, hasta “Casa Sola”; y de ahí hasta “Martin Rubio”, volviendo al rio Gibranzos27.

Del termino, una legua cuadrada, se pasó al padrón de habitantes, donde si surgieron controversias. El Juez Núñez de Avendaño recurrió al testimonio de Mateo Jiménez, Bartolomé Sánchez y Alonso Gil, personas viejas y naturales de La Cumbre que, por consiguiente, conocían bien al vecindario. El 3 de noviembre de 1559, el juez, acompañado de los alcaldes ordinarios, anduvo por el pueblo, determinando el padrón

de vecinos. De los 230 vecinos iniciales y, tras varias discusiones, se determinó 178 vecinos finales.28

Pedro Barrantes pagó por cada vecino 16000 maravedíes más media legua de término. El pago se dividió en dos partes: primeramente se pagaron un millón quinientos mil maravedíes en el mes de abril de 1559 y el resto en noviembre, cuando se consolidó el término y padrón.

La Cumbre pasó a ser villa y Pedro Barrantes “Señor” de la misma. Título que ostentarían sus hijos y descendientes hasta el siglo XIX (que desempeñaron un papel mayor aún, si cabe, en la historia de La Cumbre. La casa palacio ya debía de estar por esa fecha pero no el rollo jurisdiccional que, aún hoy, conservan los escudos de los Barrantes y Paredes.

La historia escrita en piedra, testimonio que queremos resaltar hoy con motivo del 460 aniversario de la compra de La Cumbre por Pedro Barrantes.

 

27 En el charco de los leñadores.

28 Es evidente, el “regateo” de Pedro Barrantes para pagar.

 

Bibliografía:

 

CUESTA, Luisa: “Una documentación interesante sobre la familia del conquistador del Perú”, Revista de Indias Nº 8. Madrid, 1948.

FERNÁNDEZ DE OVIEDO; Gonzalo: Historia General y Natural de las Indias. Madrid, Atlas, 1992.

GARCÍA RODRÍGUEZ MIGUEL ÁNGEL. La Cumbre: del Calcolítico a la guerra de Cuba. Su Historia. Coloquios Históricos de Extremadura 2015.

González Cáceres, José Luis y María Dolores Díaz Rodríguez. “La Cumbre desde el recuerdo”. Joman 2008.

Miguel Ángel García Rodríguez. “La Cumbre Historia y Sentimiento”. Diputación de Cáceres. 2018.

FRANCISCO PIZARRO CONQUISTADOR DE LOS INCAS. STUART STIRLING, EL ATENEO (ARGENTINA), 2007

BREVE HISTORIA DE FRANCISCO PIZARRO. BARLETTA ROBERTO. NOWTILUS, 2008

BERNARD LAVALLÉ: FRANCISCO PIZARRO, BIOGRAFÍA DE UNA CONQUISTA. LIMA, INSTITUTO FRANCÉS DE ESTUDIOS ANDINOS / INSTITUTO DE ESTUDIOS PERUANOS / EMBAJADA DE FRANCIA EN EL PERÚ / INSTITUTO RIVA-AGÜERO, 2005.

Sanchez Rubio Rocio y María Angeles. “Señorialización en la Tierra de Trujillo a mediados del siglo XVI”. Extremeña de Comunicación y Producciones. 2007.

ALLER ET VENIR DE TRUJILLO AU PÉROU, SECONDE MOITIÉ DU XVIE SIÈCLE. GREGORIO SALINERO. BIBLIOTHÈQUE DE LA CASA DE VELÁZQUEZ NO 34.

 

 

 

 

Resumen:

 

Este año 2019 se cumplen 460 años de la venta del pueblo de La Cumbre, en Cáceres, (1559-2019) por Pedro Barrantes, conquistador de Perú junto con la familia Pizarro; que jugó un papel muy importante en el traslado de las riquezas de Atahualpa a España. Hombre cercano a los Pizarro y a Diego García de Paredes (hijo). Se desprende en este trabajo el testimonio de su vida y sus hazañas.

Ene 192020
 

Manuel Rubio Andrada. Provisional

 Dedicatoria: A Vicente Pastor González, amigo, colaborador y compañero de tantas y tantas aventuras arqueológicas. Que descanse en la paz del Padre Misericordioso

 

 Resumen:

En este trabajo intentamos poner al día la lectura y transcripción de la inscripción medieval del interior de la puerta de Santiago de Trujillo.

Se divide en dos partes. Buen espacio de los contenidos que se ofrecieron han sido borrados por la erosión y, a no mucho tardar, el resto seguirá el mismo camino.

Con lo que todavía es evidente, nos hemos acercado a su cronología, motivos sociales a los que se asocia e incluso al hecho que lo motivó.

Esperamos sea de su agrado

 

 Lámina 1. La inscripción del interior del arco de Santiago, Trujillo (Cáceres)

 Introducción

  • Generalidades (Lám 1)

Características de las inscripciones medievales

Cuando intentamos estudiar las escrituras medievales no esperemos realizar su lectura con facilidad. Encontrar la misma claridad y precisión que ofrecen escritos posteriores es en la práctica muy difícil. Comprender totalmente los contenidos del texto dependerá, en gran medida, de su estado de conservación.

En este tipo de inscripciones a veces son evidentes la ausencia de espacio interlineales, como ocurre en esta, duplicidades, cambios de determinados signos… la que ahora estudiamos no es una excepción. A esas dificultades debemos añadir el deterioro del soporte; situado al oeste, lugar donde mayormente azota el viento y el agua en su lenta pero incansable labor destructora mediante la erosión.

El papel social de esta inscripción

La inscripción que nos ocupa se encuentra distribuida en dos partes: una a la izquierda y otra adosada a ella por la derecha.

Socialmente hay dos cuestiones que no debemos pasar por alto: a pesar de su altura, esta inscripción era de fácil lectura en su tiempo, dadas las buenas características de las grafías. La información que transcribía la inscripción, dada su situación al interior, va dirigida en general a todo el pueblo de Trujillo y en particular a un selectivo sector de la ciudad, los que saben leerla, ya que la mayoría de la sociedad era analfabeta.

En general resta decir el efecto ostentatorio y publicitario que sin duda alcanzó la inscripción y los escudos que la acompañan para trujillanos y visitadores, para amigos y … Al ocupar este lugar privilegiado en el paisaje enemigos cultural interior de la ciudad, hacía pasar bajo ella a las más altas cabezas, ya fueran del linajes amigos como enemigos. No cabe duda que tanto para la minoría selecta como para el resto de la población fue un icono de identidades -monarquía, ciudad, señorío- en el devenir cotidiano del Bajo Medievo y la Modernidad.

Para la mayoría de la población analfabeta, alguien se ocuparía de narrar los hechos que allí se plasmaron; el nombre del rey, los nobles…sin embargo unos doscientos años después, la propia erosión y las variaciones del lenguaje, ante la ausencia de mediadores, su contenido cayó en el olvido: ya era desconocido.

El manuscrito del s. XVII nos expresa en 1634 que era imposible su lectura[1]. Como se ha apuntado, tal dificultad era debida esencialmente a las variaciones del lenguaje.

…Y asimismo en la puerta que llaman de Santiago están las dichas armas de los Altamiranos, por bajo del escudo real, por la parte de fuera y por la de dentro; están también a un lado de un letrero que está escrito encima de la puerta, el cual dicho letrero no acertamos a leer, y las dichas armas están por cima de ellas las reales de Castilla y León…

 

El momento histórico

La inscripción va acompañada de escudos de la realeza castellano leonesa cuyo contenido general no posee motivos variables a lo largo de diversos reinados, prácticamente desde Fernando III (1230) hasta los Reyes Católicos (1475). Por esto poco nos aportan para aproximarnos al momento histórico de su cronología.

No mayor exactitud nos ofrece el escudo de la casa de Orellana, situado en la parte inferior derecha, que no debe ser muy anterior al reinado de Alfonso XI (1312 – 1350); pues él fue quien concedió este señorío. Aunque como escudo de linaje pudo existir desde mucho antes.

Por completar el panorama heráldico diremos que, fuera del soporte, adosado a su izquierda, hay un escudo de la ciudad de Trujillo, el más antiguo, pues hay que suponer su datación en el mismo tiempo que la inscripción. Representa a Nuestra Señora con Jesús niño, su hijo divino, asomados a una ventana coronada. De él nos ocuparemos en otro momento.

La técnica (Lám 2)

Antes de acometer este trabajo debió concretarse el texto y plasmarse en un material de fácil manejo que admitiera correcciones, añadidos etc. En él ya estaría determinado el pautado lineal; nuestro monumento carece de espacio interlineal debido posiblemente a la necesidad de plasmar un texto más bien largo en un espacio pequeño y con un tamaño de letra adecuado para que permitiera su lectura a cierta distancia -desde el suelo se leen determinadas palabras que aún persisten- y a la necesidad de dedicar una parte considerable a la expresión heráldica como síntesis de lo narrado.

El texto se distribuyó en dos partes con alineaciones sin correspondencia, es decir, primero se lee el soporte de la izquierda y después el de la derecha.

En ellos se procedió a grabar las letras del texto. En ellas, especialmente en las E mayúsculas y en la minúscula del final de la novena línea, de la parte derecha, nos ha dejado clara huella de su proceso técnico.

Lám 2. Técnica de grabación visible en la letra E minúscula

En general una vez dibujado, se hizo el trazo piqueteado con fino cincel, cilíndrico, de material adecuado, con un diámetro de unos 3 mm.

Así cada letra dibujada se recubría por orificios piqueteados por el buril y separados unos de otros una distancia adecuada, en torno al centímetro. Una vez llenada de orificios la línea de la letra se procedía a picar los espacios intermedios con un cincel plano. Logrado el contorno de la letra con habilidad se pasaba pacientemente a su pulimentación.

 

Estado de la cuestión

El manuscrito del s. XVI dedica poco espacio a los fundadores de la casa de Orellana La Vieja y nuestra inscripción no parece que fuera objeto de ninguna reseña o comentario. 

Como antes mencionamos, ya en 1634 era dificultosa su comprensión por diferentes causas, el manuscrito del s. XVII así nos lo expresa[2].

Versión de D. Gabriel Llabrés

Entre los estudiosos del tema, anteriores al siglo XX, no hemos encontrado mención alguna. Cuando nuestra inscripción se encontró con un personaje adecuado a su categoría fue a comienzos de ese siglo. Tuvo suerte, pues se trató del erudito mayorquín D. Gabriel Llabrés, quien muy sobre la marcha la pudo dedicar algo de su escaso tiempo. Dados los medios fotográficos del momento suponemos que hubo de ser ayudado de unos prismáticos.  

Según Dª Cecilia Martín Pulido la transcribió en sus dos partes de la siguiente manera [3]:

La parte de la izquierda dice así:

…EN . LA : ERA : DE : MIL : C :

C : C : C :

E : SEIS : ANO : EN : EL : MES DE : ENER

{o} : EL : MUY : NOBLE : {senyor}

I : DON ALFONSO : DE :  {Joan se labró}

ARO : E : CASTILLO

En la parte derecha nos ofreció este contenido:

MATEOS : DE : AL

PONSO : MATEOS :

DE : TRUGIELLO :

E : EL : DICHO : JO

HAN : ALPONSO : C

OMENZÇO : A : LABRAR

JUEVES : PRIMERO :

DIA : DE : AGOSTO : D

ELA : DICHA : ERA : JOAN DE CORDOBA : O :

En 1913 pasó bajo ella sin mencionar su existencia D. Federico Acedo Trigo [4].

Versión D. Clodoaldo Naranjo

Debemos llegar a Clodoaldo Naranjo para encontrar otra interesante referencia[5]. Nos narra D. Clodoaldo como existe una lápida conmemorativa en el interior del arco de Santiago en la que ha podido leer (transcribir):

…el M. Noble Rey Alfonso onceno …Alonso Matheos…de el dicho Johan Alfonso de la Cámara…era mil e trescientos sesenta…

Versión D. Juan Tena Fernández

Muy brevemente también alude a ella D. Juan Tena Fernández, así nos narra[6]:

…Por dos veces he intentado leer estas laudes. La última ha sido hace poco y aunque me ayudaron Antonio Naharo Blázquez y otros alarifes, casi nada pude conseguir dada la dificultad de obtener calcos en piedras verticales colocadas a mucha altura…

Versión José Antonio Ramos Rubio

En 2016 D. José Antonio Ramos Rubio la transcribió de esta forma[7]:

EN LA ERA DE MIL E CCC E LX E IX AÑOS (1331)EN EL MES DE EL MUY NOBLE REY DON ALFONSO VNCENO TRUGLLO LA SEGUO DEL ALLO QUE EL MURODESTA VILLA QUE ES DADA ONDO… (mandó reparar la muralla).

(hay un escudo de Castilla y León, y otro de Altamirano. Fuera, en la hornacina ahora vacía, había una imagen de Santiago en piedra y al lado otro escudo Altamirano).

Anexa otra inscripción donde podemos leer:

ALFONSO MATHEOS DE ALPOSO MATEO DE TRUGSELLO E EL DIGNO SONAR AL DORSO E OMENEOL ALABRARMEDES PRIMERO DIA DE AGOSTO DE LA DIGNA ERA SONAR DE CORDOVAR.

Esta versión adolece, a nuestro juicio, de cierta liberalidad, algo que se constata al compararla con la transcripción que ofrecemos a continuación, fruto de una observación cuidadosa.

 

  • Nuestra versión

Parte izquierda (Lám 3 y 4)

Lám 3. Parte izquierda de la inscripción interior del arco de Santiago, Trujillo (Cáceres)

Generalmente los estudiosos de esta inscripción no presentan su lectura, ofrecen una transcripción personal. Su versión, a veces, es bastante dispar de la nuestra, otras, no tanto. Por nuestra parte en este trabajo intentaremos simultanear su lectura y transcripción[8].

Ofrecemos una fotografía de cada parte, acompañadas de un dibujo calco de las mismas con lo cual damos por escrito nuestra versión lectora: a la vez, ponemos sus signos al alcance de cualquier interesado en intentar acercarse con cierta profundidad al tema.

Lám 4. Calco sobre fotografía

Comenzamos su estudio agrupando las líneas por los contenidos que encierran.

Las dos primeras líneas hacen referencia a la circunstancia temporal, a su localización en el tiempo. Comenzamos su lectura por la izquierda y dividiremos la primera línea en cuatro partes:

El primer cuarto nos ha llegado muy deteriorado, en él se observan trazos poco definidos y sin aparente conexión, prácticamente nos resulta ilegible.

El segundo ofrece una S seguida de una R y entre ambas la parte curva de una D invertida; continúa un espacio ilegible, propio para encajar uno o dos signos y en seguida observamos otra bien trazada S, seguida de un signo que no conocemos, pero cuya forma se acerca a la parte inferior del tercero siguiente que podría ser una A pues parece completar la palabra ERA.

Es en el tercer cuarto de esta primera línea, tras dos puntos continúan dos puntos de separación de palabras cuando encontramos una ampulosa E, seguida de R y los trazos centrales e inferiores del signo que no reconocemos y al que antes aludimos como A. Así pues, lo transcribimos como los autores citados: ERA.

Tras un breve espacio muy deteriorado y a la derecha surge la parte inferior de una L que debe pertenecer al comienzo de la mencionada era: MIL, seguida de dos puntos.

El último cuarto continúa con la parte inferior de tres C y ya muy cerca del extremo derecho se aprecian restos lineales que no atinamos a definir a que signos correspondieron.

Siguiendo ya en la segunda línea por la izquierda, la primera mitad está perdida; seguimos hasta el final del renglón y tras una dudosa O hay una S y la siguiente serie de bien conservados signos:

OS:EM:EL:MES:DE:

Tras lo leído, estas dos primeras líneas nos acercan como hemos mencionado a la circunstancia temporal de la labra.

Lectura y transcripción de las líneas 3ª, 4ª y 5ª.

En las líneas 3ª, 4º y 5ª, está claro que cambia la circunstancia temporal para ir presentando el nombre de un personaje importante.

Los comienzos de la tercera están perdidos o bien por la erosión o por ocupación del espacio reservado al escudo real.

Continúan los adjetivos propios de un individuo, de alto abolengo que leemos como:

L:RUY:ROBLE:RSE

La cuarta se presenta ilegible en los comienzos para mostrar con dificultad en su continuación:

:DN:ALFOR      

Sigue hasta el final de línea un espacio muy deteriorado.

En los comienzos de la quinta se lee con bastante claridad:

ENO

El valor múltiple de la letra R por M y N, además del de su propia grafía, nos hace posible transcribir esta parte del texto como:

AL:MUY:NOBLE:REYSEÑOR:DON:ALFONSO:ONCENO

Una cuestión por mencionar en este párrafo es la inclusión de la letra R -transcrito como rey- adosada a SE -transcrito como señor-, este hecho lo veremos repetido con mayor claridad en la parte derecha, en su línea cuarta: ORtr -Orellana Trujillo-.

Llabrés: EL:MUY:NOBLE:(señor).

Clodoaldo Naranjo transcribe: el M. Noble Rey Alfonso onceno…

Ramos Rubio: EL MUY NOBLE REY

Nosotros, no sin dificultad, leemos y transcribimos:

RUY:NOBLE:RSE es decir EL MUY NOBLE REY Y SEÑOR

Como hemos mencionado utiliza la unión de dos abreviaturas para expresar en Alfonso XI el título de monarca y el de señor.

A partir de la línea seis, incluida esta, el texto se encuentra muy deteriorado. En alguna línea reconocemos algún signo lo que no nos ha permitido reconocer palabra ni hacer transcripción alguna.

Parte derecha (Lám 5 y 6).

Lám 5. Parte derecha de la inscripción medieval del arco de Santiago, Trujillo (Cáceres)

 

  • Lectura y transcripción de las líneas 1ª, 2ª, 3ª, 4ª, 5ª y 6ª.

La segunda mitad está mejor conservada posibilitando en gran parte su lectura y transcripción, ello ayuda a completar la parte izquierda.

De la primera línea, cuya lectura no hemos dibujado por tener gran deterioro, solamente nos resultó rescatable una O cerca de su final y seguida de otros trazos que con dificultad pueden concretar una S.

Los comienzos de la segunda línea presentan una pequeña A sobre M e indica la dificultad en la expresión TH de MATHEOS.

Lám 6. Calco sobre fotografía, (30-5-19. 16h 45´)

En conjunto leemos esta segunda línea:

MATHEOS:DE:AL

Continúa la lectura de la tercera con bastante facilidad:

FOSO:MATHEOS:

Con ciertas dudas en la cuarta nos inclinamos por leer:

DE:ORTru:ELLO:

En la quinta:

E:EL:DICHO:JO

La sexta:

HAN ALFONSO

La transcripción de estas seis primeras líneas nos menciona varios nombres masculinos. Primeramente, se cita a MATEOS, después continúa ALFONSO MATEOS DE ORELLANA Y TRUJILLO, no debe haber dudas sobre su paternidad del anterior expresada con la preposición de pertenencia DE.

Continúa un “ya mencionado” JUAN ALFONSO, que debe corresponderse con el MATEOS de comienzos de la segunda línea y del que acaba de hacer mención. Es decir en realidad hace mención a un solo individuo, primero menciona su apellido, después quien era su padre y finalmente su nombre.

  • Según las fuentes[9], este Juan Alfonso -Mateos-, era el único hijo varón del aludido ALFONSO MATEOS DE ORELLANA Y TRUJILLO y su nombre completo expresado en la inscripción debió ser Juan Alfonso Mateos, también denominado de la Cámara. Excepto en la parte jurisdiccional, él fue quien obtuvo en 1335 el señorío de Orellana la Vieja; así pues en los comienzos este señorío fue solamente una concesión parcial.

Por la forma desarrollada la expresión de estos nombres que, como acabamos de ver hacen referencia a uno solo, semejan una testificación documental de algún o algunos hechos significativos que, suponemos se debieron relatar con claridad en la parte ya perdida de la izquierda.

 

  • Lectura y transcripción de las líneas 7ª, 8ª, 9ª, 10ª y 11ª.

 

Sigamos con nuestra inscripción que, a partir de la sexta línea, completa la circunstancia temporal expresada en los comienzos de la parte izquierda.

Así, en la séptima línea se lee con bastante seguridad:

OMENCOL: LABRA:

En la octava hay un signo que nos resulta desconocido que leemos como J; siguen:

UE ES:P IMERO:

Continúa la novena con dos caracteres cuyo estado de conservación no nos permite su lectura, en su continuación tenemos el mes, que ahora si se nombra:

:DE:AJOSTO:De

En la decima leemos:

T A:DICHA:ERA:JO

  • Como hemos mencionado la transcripción de las líneas 7ª, 8ª, 9ª y 10ª   completan el tiempo de su realización, al que ya se aproximó al señalar la era al comienzo de la inscripción.

 

Finalmente la línea once refiere el nombre del escriba, ya iniciado en los finales de la diez.

N   :DE:CORDOVA

Lo transcribimos como Juan de Córdoba; de él o de su obra no hemos encontrado rastro alguno.

 . Conclusiones

Leído y transcrito el documento intentemos primero profundizar en la circunstancia temporal y posteriormente la social para concretar, en lo posible, la fecha de su realización y las circunstancias sociales que la hicieron posible.

Como acabamos de ver, el primer párrafo de nuestra inscripción -las dos primeras líneas-, aparentemente hacen referencia incompleta a la circunstancia temporal de su realización; se completó de manera precisa en el segundo párrafo de la segunda parte, líneas 7ª, 8ª, 9ª y 10ª.

No es frecuente este tipo de particiones en la exposición del tiempo aunque si mantiene la precisión y ello nos ha permitido ajustar la cronología de manera bastante precisa.

Se nos dice con exactitud, en la segunda parte, que la labra comenzó el jueves primero de agosto de la era mencionada. Intentemos acercarnos a esa fecha, concretamente a la era, es decir a su equivalente en años.

Para esto nos servimos de algunos hechos de interés que pudieron ser causa del grabado.

Tal suceso debe relacionar al rey Alfonso XI, a Trujillo y a la familia Orellana, puesto que a ellos son los puntos conocidos de la mención.

Resumiendo la vida del monarca, diremos que Alfonso XI (Salamanca 1311, Gibraltar 1350), sucedió siendo muy niño, a su padre Fernando IV en 1312; fue proclamado mayor de edad en 1325 con apenas catorce años y murió de la peste negra, durante el sitio de Gibraltar[10]. Entre sus hechos de armas más importantes destacamos la batalla del Salado en 1340 y la toma de Algeciras con su reino en 1344.

De estos dos uno motivó la fundación del monasterio de Guadalupe, la batalla del río Salado; aparentemente no tuvo un significado especial para nuestra ciudad pues no hemos encontrado rastros de su participación. El otro hecho si debió tener un significado importante para Trujillo pues estuvo beligerante en el mismo su milicia concejil[11],

El acontecimiento de la toma de Algeciras es nuestro favorito para completar la parte izquierda de esta inscripción; por él nos inclinamos pues el hecho bien mereció un monumento como el estudiado.

Fray Alonso Fernández silencia las campañas del río Salado y Algeciras; si nos narra en sus Anales la participación de la milicia concejil de Trujillo en varias campañas menores de Alfonso XI, entre ellas la defensa de Badajoz contra los portugueses en 1334 y la toma del castillo de Alcántara en 1337[12]. Así pues Algeciras no fue su bautismo militar.

Tomado de una copia del manuscrito anónimo del Escorial, así nos narra D. Francisco Cerda y Rico la participación en la toma de Algeciras, de nuestra milicia[13].

Et cerca de D. Joan puso luego su Real el concejo de Ávila, et al cabo destos el concejo de Arévalo, et luego delante el concejo de Truxiello, et cerca destos el concejo de Coca…

Esto justifica la inclusión, adosado en lugar preeminente de la izquierda, del escudo representativo de la ciudad como partícipe en los hechos que se mencionan -nuestro primer escudo conocido- partícipe en una acción muy meritoria que deberíamos destacar mucho más de lo que se hace.

Suponemos que cuando se hizo la lápida el rey Alfonso XI vivía. La conquista de Algeciras tuvo lugar el 26 de marzo de 1344, entre esa fecha y la muerte del rey en 1350, el primero de agosto coincidió en jueves solamente en el año 1348. Es muy probable que, en ese día, de ese año -era de MCCCLXXIV-, se comenzó a realizar nuestra inscripción.

 

Se menciona después la persona de Alfonso XI. La relación de Alfonso XI con la familia Orellana, tiene su más significativa expresión en la persona de Juan Alfonso de la Cámara -a quién menciona la inscripción- fue a él a quien Alfonso XI concedió el señorío territorial de Orellana la Vieja, el 2 de febrero de 1335 y posterior licencia de mayorazgo en 1340-1341. Pero… faltaba la concesión jurisdiccional para ser plenamente señor de sus siervos.

Parece lógico admitir que en un documento de estas características, en el que es evidente una indudable relación personal entre el monarca -Alfonso XI- y Juan Alfonso, este presentara su nombre completo, sin añadidos propios de denominaciones más populares como: de la Cámara. Indica como cuestión significativa, la pertenencia destacable que tenía su padre Alfonso Mateos tanto al territorio de Orellana como a la ciudad de Trujillo expresado en la inscripción: “DE ORTru: ELLO”.

La inclusión de los diez roeles del escudo señorial de Orellana, incluido a la derecha bajo el escudo real del monarca castellano-leonés, parece indicar que, como normalmente sucedía, utilizaban ya su escudo como signo de linaje, aunque siempre bajo el del monarca y de momento, sin la compañía del título señorial.

De ello se desprende que Alfonso XI no estaba dispuesto a perder su patrimonio más allá de lo estrictamente necesario.

También no debemos de olvidar que, durante este tiempo está muy presente la ambición territorial en la zona de Orellana del monasterio de Guadalupe…hasta ahora un personaje en la sombra pero de gran influencia.

La situación de búsqueda del equilibrio de fuerzas mediante “contrapartidas”, “hacer méritos”, “entrar en compensaciones”… es el ambiente que se desprende de lo narrado y es en él, cuando pudo surgir la idea de dedicar esta lauda a la toma de Algeciras que tanto significó para los cristianos: volver a tomar el control del estrecho.

Ello fue ocasión para que en diversos lugares se realizaran lápidas conmemorativas como la propuesta aunque con sus circunstancias particulares[14].

Tras lo expuestos hemos procurado dotar para su estudio de unas “herramientas” necesarias. Cada cual está en condiciones de sacar sus propias conclusiones, a buen seguro que no serán muy diferentes a las nuestras.

Notas 

[1] LODO DE MAYORALGO, José Miguel (1974): Un manuscrito genealógico trujillano del siglo XVII. Hidalguía nº 127, pág 922.

 

[2] LODO DE MAYORALGO, José Miguel (1974): Un manuscrito genealógico trujillano del siglo XVII: Los Altamiranos y Torres. Hidalguía nº 127, pág 838 y 922 .

[3] MARTÍN PULIDO, Cecilia (2009): Trujillo en la fotografía de Llabrés. XXXVIII Coloquios Históricos de Extremadura, vol. 2, pág 511–530.

[4] ACEDO TRIGO, Federico (1913): Guía de Trujillo. Madrid.

[5] NARANJO ALONSO, Clodoaldo (1929): Trujillo sus hijos y monumentos. Pág 179 y 180.

[6] TENA FERNÁNDEZ, Juan (1968): Trujillo histórico y monumental. Pág 401.

 

[7] RAMOS RUBIO, José Antonio (2016): Aportaciones históricas sobre el Alcázar de los Chaves. La Opinión de Trujillo 11-1-2016. Revista digital.

 

[8] Prescindimos ofrecer fotografías lineales que nosotros hemos utilizado en casos de dificultad, su exclusión es debido a la necesidad de eliminar el material fotográfico de dudoso resultado en la impresión.

[9] ADAMEZ DÍAZ, Antonio (2005): Los señoríos de Orellana la Vieja y Orellana de la Sierra. Pág 39 ss. Muñoz Moya Editores. Badajoz.

 

[10] RECUERO LISTA, Alejandra (2016): El reinado de Alfonso XI de Castilla (1312-1350,. pág 480. Universidad Autónoma. Madrid.

[11] CERDA Y RICO, Francisco (1787): Crónica de Alfonso el onceno, Madrid. Pág 439-440. Biblioteca Digital de Castilla y León.

[12] FERNÁNDEZ ALONSO (1627): Historia y anales de la ciudad y obispado de Plasencia. Pág 71. Madrid.

[13] NARANJO, Clodoaldo (1929): Trujillo, sus hijos y monumentos. Pág 181.

CERDA Y RICO, Francisco (1787): Crónica de Alfonso el onceno. Madrid. Pág 525.

[14] MARTÍNEZ ORTEGA, Ricardo (2003): Op. cit.

 

Ene 182020
 

Rocío García Rodríguez.

Introducción.

Este trabajo aborda la relación artística entre Plasencia, Madrid y el Museo del Prado en los siglos XVIII y XIX, vinculación mediante cuatro elementos artísticos culturales de dos estilos artísticos neoclasicismo y romanticismo: un conjunto artístico El Capricho en Madrid financiado por la XIII duquesa de Plasencia algunas de sus pinturas conservadas en el Museo del Prado, una arquitectura la ermita de Nuestra Señora del Puerto patrona de Plasencia en Madrid patrocinada por un antiguo corregidor de Plasencia y dos pinturas: La Santísima Trinidad de Francisco Ruiz de la Hermosa, pintor y fotógrafo formado en Madrid y residente en Plasencia y la pintura Doña Juana de Castilla la loca, por el artista y profesor placentino Nicanor Álvarez Gata realizada ex profeso para Plasencia.

En la anterior Época Moderna, especialmente en el Renacimiento Plasencia guardó una estrecha relación artística con Salamanca, a quien imitaba en arquitectura, pintura y escultura con un fluir recíproco de artistas entre ambas diócesis vecinas. En la Época contemporánea, el modelo artístico basculó hacia Madrid, la capital cambio motivado por el sistema de gobierno central con un trasiego de artistas entre ambas villas y repitiendo los modelos a los que contribuyeron las normas de la Real Academia de Bellas artes San Fernando en Madrid. Era el nuevo centro cultural donde se formaban autores locales.

Contexto histórico artístico del s. XVIII y XIX

Época ilustrada: En España se dio en el siglo XVIII caracterizado por el reformismo borbónico, nueva dinastía real llegada de Francia, país hegemónico continental. Esta centuria se conoció en Europa como siglo de las luces o de la razón, porque era el valor que predominaba, junto a la crítica constructiva del pasado y del presente, el cultivo de la inteligencia y educación, así como los derechos universales del hombre.

En el siglo XIX España adoleció inestabilidad política (monarquía absolutista, liberal, repúblicas, regencias reales) que impidió un desarrollo económico regular, guerras internacionales como la invasión napoleónica y guerras en ultramar con las que perdió las colonias paralizando la industria, conflictos bélicos nacionales como las guerras carlistas. Era un país de centralismo legal, pero con provincianismo mediante el caciquismo. La clase media era escasa, apenas había burgueses. En la religión imperaba la católica, con auge de procesiones y nuevas congregaciones pastorales, se desamortizaron los conventos que fueron ocupados por instituciones estatales o vendidos a particulares. Culturalmente había gran analfabetismo pero la educación primaria comenzó a democratizarse.

Respecto al arte en estas dos centurias se sucedieron dos estilos artísticos antagónicos: el neoclasicismo y el romanticismo conviviendo con el realismo.                                      El neoclasicismo surgió en el siglo XVIII, una tendencia estética que reflejó los valores intelectuales de la Ilustración. En España las normas de este estilo estaban regidas por la Real Academia de Bellas artes de San Fernando en Madrid, promovida por un rey Borbón. El romanticismo surgió en centro Europa, fue un movimiento cultural surgido a final del siglo XVIII contrario a los valores de la Ilustración y la estética del Neoclasicismo, primando los sentimientos. Es considerado el primer movimiento cultural que abarcó toda Europa. En la mayoría de países se dio de 1800 a 1850 en España es tardío y breve ya que el realismo tuvo mayor fuerza y predominó desde mitad del siglo XIX.

Jardín palacio y pinturas para El capricho en Alameda de Osuna 1787-1839.

El conjunto artístico de jardín, arquitectura y colección pictórica llamado El Capricho era la residencia de verano de la Casa de Osuna. La denominación El Capricho alude al deseo personal de una noble ilustrada implicada en el ambiente romántico, ya que, en este movimiento cultural, las pasiones originales de personalidades sensibles se reflejaban en caprichos. En aquella época el término capricho era único, en vez del actual concepto de antojo. Comparte nombre con el conjunto de grabados goyescos Los Caprichos realizados a final de esta centuria dieciochesca que muestran la sociedad, particularmente la nobleza española por el célebre autor protegido y amigo de la refinada y rica familia.

La patrocinadora fue María Josefa de la Soledad Alfonso Pimentel y Téllez Girón, XIII duquesa de Plasencia (1752-1834), casada con Pedro de Alcántara Téllez-Girón IX duque de Osuna, conocida por este título nobiliario. Fue una protectora de artistas. Su vinculación con Plasencia es a través de su título nobiliario y mediante la propiedad de grandes extensiones de tierras en la región.

A los 27 años, tras pleitos[1], heredó los títulos nobiliarios (Fig. 1) de su tío fallecido sin descendencia Joaquín López de Zúñiga Sotomayor, entre ellos, el ducado de Plasencia del que tomó posesión su marido en su nombre en 1777. Fue hija única por lo que acumuló 2 principados, 6 marquesados, 10 condados, 7 ducados (entre ellos Plasencia) y un vizcondado. Además, mediante matrimonio fue consorte de 4 títulos.

Fig 1

El ducado de Plasencia fue creado a final del s. XV para la familia Zúñiga, los titulares del título no residieron en Plasencia pues la casa solariega Stúñiga, luego Zúñiga perteneció a sus parientes los condes de Plasencia, hasta que al no tener descendencia pasó a sus familiares ennoblecidos con el marquesado de Mirabel en el I tercio del s. XVI.

Los duques de Plasencia se asentaron en Sevilla durante el siglo XVI por el monopolio comercial de Indias transatlántico. Ya en el siglo XVII vivieron en Béjar ducado que poseían, en el castillo palacio Zúñiga y en la casa solariega de la plaza de la Piedad hasta que fue donado como monasterio en 1532 y en la villa de recreo renacentista El Bosque, edificada a las afueras en el siglo XVI, lo que repercutió en el proyecto del palacio El Capricho. Por iniciativa de los duques se instaló la manufactura de paños llamando a maestros flamencos, originando en Béjar el monopolio de la producción de paños y tinte, demostrando ser una familia noble que invertía en industria, no sólo terratenientes como la mayoría en España. En el siglo XVIII los titulares del ducado se trasladan a Madrid por sus cargos cortesanos borbónicos.

De sus nueve hijos, los primeros cuatro fallecieron en la infancia. Sobrevivieron:              Josefa, marquesa de Marchini; casó con el marqués de Camarasa, conocida por este título. Joaquina, condesa de Osilo; casó con el marqués de Santa Cruz, conocida por este título. Francisco de Borja, X duque de Osuna; casado con la condesa de Beaufort-Spontin.       Pedro de Alcántara, príncipe de Anglona y marqués de Javalquinto; casado y con hijos. Y Manuela, condesa de Coginas; casó con el duque de Abrantes, conocida por este título.

Entre sus distinciones honoríficas figuran la presidencia de la junta de damas de honor y mérito creada por Carlos III y dama de la Orden de damas nobles de la reina Mª Luisa.

Actualmente, la titularidad del ducado placentino también recae en una mujer, María de Gracia de Solís-Beaumont y Téllez-Girón XX duquesa de Plasencia desde 1975.

Fig 2. Arquitectura

En 1783 la duquesa compró 14 hc en Barajas, en las afueras de Madrid para construir una finca de recreo. Empezó en 1787, terminando 52 años después, en 1839, muriendo 5 años antes. El palacio fue edificado por Manuel Machuca[2] sobre una casa existente, añadió dos torres para las habitaciones de los hijos, los señoritos. En 1793 le sucedió Mateo Medina[3], que añadió otros dos torreones denominados del Duque y la Duquesa; La planta casi cuadrada, es circunscrita por cuatro torres aterrazadas, decoradas con jarrones.

En el siglo XVIII la única fachada que se remodeló fue la que da al jardín. En ella se construyó un peristilo con ocho columnas y una escalera de cantería con dos ramales.

  • Antecedentes arquitectónicos:

El concepto de villa campestre con un interior clasicista, un jardín con esculturas, arriates y templetes trae reminiscencias del Palacio de Sotofermoso en el pueblo de Abadía, provincia de Cáceres junto al ducado de Plasencia. Como el duque de Alba, mandó llamar a artistas foráneos, adquirió esculturas italianas y realizó veladas intelectuales nocturnas.

La arquitectura de la residencia se inspira en el Petit Trianon, en el parque de Versalles, edificado en 1768, exponente del neoclasicismo por integrar la moda de la Época Moderna con la simbiosis con la naturaleza. La fachada es una clara remembranza.

La casita del labrador se basa en La aldea de la reina que edificó la reina consorte María Antonieta en 1783 en el jardín del Versalles uno de los palacios reales del Valle del Loira. Francia era el modelo al ser la potencia hegemónica de Europa, y más para una noble ilustrada como María Josefa, considerada afrancesada.

El laberinto se basa en el laberinto de época Tudor del palacio Hampton Court en Londres.

El templo de Vesta se basa en los jardines de Tívoli, residencia veraniega papal italiana.

  • Repercusión

La talla pétrea del jabalí en un manantial influyó en la escultura del jabalí del jardín del palacio del marqués de Cerralbo en Madrid. Basadas en El Porcellino o jabalí de Florencia escultura romana que copió en el siglo XVII el escultor italiano barroco Pietro Tacca.

Este conjunto artístico es la consecuencia de una rivalidad entre aristócratas, ya que las tres damas más importantes e influyentes del país del momento estaban construyendo bellos parques. Cayetana, la duquesa de Alba rodeó su palacio de Liria en Madrid con un exquisito vergel y la Reina María Luisa comenzó los jardines del Palacio de Aranjuez.

Un inventario de 1795 de los muebles y alhajas del palacio muestra que el cuarto principal o Pieza de comer poseía mesas finas de nogal y cortinas de China, el pavimento de azulejos representaba la batalla de Issos[4]; el cuarto de señoritas tenía cortinas de tafetán encarnadas, el Gabinete lucía cortinas blancas con cenefas achinadas y había una escribanía de plata, entre otras piezas; la Ante alcoba de la señora, y su Alcoba con cama imperial charolada color de porcelana.

En la planta noble estaban las estancias de la duquesa, las más lujosas. En una de las torres que da al jardín se encontraba su Gabinete redondo, una de las joyas del palacio donde colgaban las pinturas goyescas. En esta primera planta se ubicaban también los cuartos del duque y la biblioteca, entre otras. La planta acogía los cuartos de los criados.

El primer puente de hierro construido en España en 1830 se conserva en este parque.     La duquesa ordenó construir estanques, que conectaban el canal principal que recorre el parque con el salón de baile, que es donde ofrecía fiestas. Este edificio se levanta sobre un pequeño manantial (donde se puede observar la figura de un jabalí que permanece bajo un arco mirando hacia el riachuelo), del que se surtía de agua el resto del parque.

En la invasión francesa de 1808, El Capricho fue del general francés Agustín Belliard, alojando a sus tropas napoleónicas.

En 1813 devolvieron El Capricho a la duquesa, lo reformó Antonio López Aguado arquitecto Mayor de Madrid. Se repoblaron arbustos. Se construyó el casino de baile. Se levantaron columnas y relieves de las estaciones: primavera, verano, otoño e invierno.

En 1834, tras la muerte de la duquesa, lo heredó su nieto, Pedro Alcántara, quien encargó a Martín López Aguado, hijo del anterior arquitecto, que los torreones se cubrieron con tejados y nuevas construcciones, como una zona de exedras en la plaza de los Emperadores, dedicadas a su abuela, que como el resto, están rodeadas de abundante vegetación. Fue el primero en España en patrocinar una carrera de caballos en sus jardines, fundó una sociedad para criar caballos pura sangre.

En su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (Madrid, 1845-1850), Pascual Madoz se refiere al parque como “… una de las posesiones más hermosas y magníficas que hay en España, y la única quizá que puede competir con los Reales Sitios”

Tras la muerte de Pedro Alcántara en 1844, lo heredó su hermano, Mariano, quien lo cuidó y celebró allí fiestas para la alta sociedad, en 1863 en honor de Isabel II. Era un derrochador del patrimonio familiar, perdió a las cartas 2,3 hectáreas del jardín, hoy camping Osuna y vendió la colección pictórica del palacio, algunas llegaron al Prado.

En 1856 el palacio fue fotografiado por el galés Charles Clifford, un romántico pionero de la fotografía de viaje por la pintoresca España para el mundo anglosajón en esa época, trabajó y murió en Madrid. La fotografía se conserva en la biblioteca nacional de España.

Por las deudas del duque, su viuda y heredera, la princesa María Leonor de Croy y Lowenstein, arrendó la finca al duque de Santoña hasta 1896, cuando fue obligada a subastar las propiedades heredadas, a Gustavo Bauer era un judío húngaro representante en España de la banca de la familia Rothschild. Añadió un nuevo piso en la fachada nortea, adquirió tapices y obras artísticas, celebró fiestas a las que acudió Alfonso XIII. Sus tres hijos conservaron la finca en buen estado hasta 1934.

Durante la II República fue declarado Jardín Histórico, aunque sin consecuencias.

Durante la Guerra Civil, se construyeron en el Jardín refugios antiaéreos subterráneos, ubicándose el Estado Mayor del Ejército del Centro, mandado por el general Miaja, la posición Jaca. Entorno al palacio hay restos de respiraderos de los refugios.

En 1946 los arruinados Bauer lo vendieron a una inmobiliaria que proyectó un hotel.

Tras décadas de relativo abandono de sus 17 hectáreas con 1000 árboles y 90.000 metros cuadrados de arbustos, aves, ardillas rojas, musarañas y demás, en 1974 fue comprado por el Ayuntamiento, y en 1985 fue declarado Bien de interés cultural reformándose.

Es visitable viernes, sábados, domingos y festivos. Desde 2005 hay conciertos, teatro, danza en lo que se llama las «Tardes de Capricho». Desde 2016 se puede visitar el búnker.​

En 2019 se abriría el museo del Capricho: una galería interactiva con proyecciones en 3D, tendrá como ejes la Ilustración y el papel de la mujer en el XVIII con la XIII duquesa de Plasencia como protagonista. Se articulará en tres plantas, así, el acceso al palacio ya no será restringido. La Dirección General de Bibliotecas, Archivos y Museos del Ayuntamiento ha diseñado el museo que acogerá conciertos y conferencias. Con el cambio del partido del gobierno municipal se ha paralizado la inauguración.

  • Cine y televisión basado en la duquesa y en su conjunto artístico.

En 1928 se rodó la cinta muda La condesa María por el cineasta Benito Perojo, basada en la obra teatral homónima de Juan Ignacio Luca de Tena.

En 1960 se grabó Un rayo de luz por el director Luis de Lucía, protagonizado por Marisol.

En 1965 se rodó Doctor Zhivago por el cineasta David Lean, protagonizada por la británica Julie Christie oscarizada ese año por otro film.

En 2008 se grabó Sangre de mayo del director José Luis Garci, con Paula Echevarría.

En 2016 se rodaron escenas del capítulo 25 Tiempo de ilustrados de la serie El ministerio del tiempo temporada tercera de TVE, María Adánez caracterizó a la duquesa.

En la película Volaverunt dirigida por Bigas Luna en 1999, la duquesa de Osuna fue interpretada por Ayanta Barilli, intérprete y escritora finalista en el premio Planeta 2018.

Actualmente, solo se autorizan rodajes de hechos acontecidos en el jardín o en la época.

Jardín El Capricho

El arquitecto de corte Pablo Boutolou[5] fue el primer diseñador del “jardín de las delicias” como se llamó al Capricho, introdujo el jardín anglo-chino en España, opuesto al francés. Posteriormente, contribuyeron al diseño el paisajista Jean-Baptiste Mulot en 1787 y el paisajista Pierre Provost en 1795, de la corte francesa. En el contrato se les prohibía trabajar en otro jardín español tras finalizar esta obra, garantizando la cualidad de único al Capricho. En 1796 se añadió el paisajista Ángel María Tadey Borghini. Mulot volvió a Francia por la revolución francesa y Provost fue asesinado cuidando El Capricho por tropas napoleónicas en la invasión francesa de España.

Hay un laberinto de arbustos basado en el famoso de Enrique VIII de las seis esposas, creador de la Iglesia anglicana, del palacio Hampton Court, Londres. Hay que caminar 370 metros para alcanzar su centro y 320 para salir sin extraviarse. En esa época simbolizaba la búsqueda vital del hombre: en pos del alma, sabiduría o felicidad. En 1946 un avión Iberia tuvo un aterrizaje forzoso en él y tuvo que ser replantado.

Estas referencias inglesas, francesas e italianas aluden al siglo de las luces. En sus riachuelos hay cisnes y patos. Hizo plantar miles de ejemplares de su flor favorita, la lila.

Los invitados a las veladas en el jardín fueron el dramaturgo Moratín[6], el poeta Tomás de Iriarte[7], los pintores Esteve, Goya, Ducker, la cantante Luisa Todi[8], Ramón de la Cruz[9], Meléndez Valdés[10], entre otros. Como ya hicieron sus antepasados los duques de Plasencia desde el s. XVI en el palacio del marqués de Mirabel en Plasencia, en el giardino colgante invitando a humanistas extremeños y extranjeros como el escultor Leoni, el médico y tratadista Luis de Toro, el compositor Cristóbal de Morales teniendo como anfitrión al placentino y cronista Luis de Ávila y Zúñiga, marqués consorte de Mirabel.

Algunos de sus elementos son: el Palacio, la Ermita: donde vivía un sacerdote ermitaño, la Fuente del parque, la casa de la vieja, el palacete de baile, el Templete, el estanque de los Cisnes, la Rueda de Saturno (Obelisco), el Abejero (para apicultura), el estanque de las Tencas, la casa del artillero y la Batería o Fortín (para adiestramiento militar de los hijos)el puente de Hierro y puente sobre el arroyo, la isla y monumento al III Duque de Osuna, la casa de Cañas, el pabellón de Esteras, el quiosco embarcadero, el casino de baile, el jardín de flores, la plaza de toros, columnas de los enfrentados (Duelistas), el invernadero, exedra y plaza de los emperadores, la fuente de los delfines, el jardín de la fuente de las ranas, la gruta del laberinto, la casa de vacas, la Plaza de plátanos, el estanque de los patos, y la casa de oficios.

Decoración interior

Parte del mobiliario y obras de arte se trasladaba en época estival desde su residencia habitual, el palacio de la Puerta de la Vega en Madrid donde se instalaron los duques recién casados, allí custodiaban obras de El Bosco, Caravaggio, Tiziano, Rubens, Van Dyck, de italianos, Sánchez Coello, de un alumno de Tintoretto, José de Ribera, Velázquez, etc heredados de sus ancestros que protegieron a pintores. El IX duque de Osuna era pintor aficionado y socio de la Compañía para el Grabado de los Cuadros de los Reales Palacios. Se le hizo académico de honor de San Fernando en 1792. El matrimonio encargó la instrucción en dibujo de sus hijos a Esteve.

El material pavimental llegó de Valencia, no se conservan elementos originales interiores

La casa ducal proyectó pinturas murales en los techos de los gabinetes, frescos en los paramentos creando trampantojos, algunos realizados por el italiano Ángel María Tadei y Burghini[11] creador de arquitecturas efímeras, como arcos triunfales, para la familia regia como pintor de corte y diseñó cenotafios para la alta nobleza española, entre otras obras.

Los duques encargaron a Goya siete escenas de la vida rural entre 1786 y 1787 para el palacio El Capricho: aunando escenas de ocio y pastoriles del neoclasicismo con temática del romanticismo, iniciándose una relación clientelar durante décadas.

En la siguiente década adquirieron cuatro escenas de brujas y dos de comedias relacionadas con la superstición para el gabinete de la duquesa en la misma residencia.

Además de retratos familiares, un juego de bocetos para tapices (conservados en el Museo del Prado) y cuatro ejemplares de los Caprichos, mostrando la influencia recíproca al compartir la denominación de los populares grabados con la villa campestre.

Actualmente, algunos de esas obras las custodia la pinacoteca más grande del Estado, el museo del Prado protagonista de la presente edición de los coloquios de Extremadura.

 Colección pictórica de la XIII duquesa de Plasencia en el Museo del Prado

1785 Retrato de Mª Josefa de la Soledad Alfonso Pimentel y Téllez Girón, círculo de Genaro Boltri[12]: es una aguada de gouche y témpera de formato oval (Fig. 3).

Fig 3

 

1787-1788 Los duques de Osuna y sus hijos, Goya[13]: retrato del matrimonio en un interior con cuatro de sus hijos durante su infancia. El retrato familiar era una novedad en España, a los duques ilustrados les influyeron las tendencias franco inglesas y lo encargaron con motivo de la recepción del título del ducado de Osuna (Fig. 4).

Fig 4

 

1796-1797 Duquesa de Osuna como dama de la orden de las damas nobles de la reina María Luisa, A. Esteve[14]: acompañada de Mercedes de Rojas y Tello, futura marquesa de Villanueva de Duero, y su hija María Asunción. El artista pintó para la casa ducal durante casi cuatro décadas, muestra influencia de la exquisitez pictórica de Luis Paret y Alcázar[15]. Mercedes posteriormente, también fue distinguida como dama de esa orden.

1797 Retrato de Manuela Isidra Téllez Girón, futura duquesa de Abrantes: considerado el mejor retrato infantil por Agustín Esteve. La representada tenía dos años y medio, al artista le repercutió el concepto espacial de Goya, le influyó la posición de las Meninas de Velázquez[16] así como reminiscencias de la dulzura gestual de Murillo[17] (Fig. 5).

Fig 5

1798 Joaquina Téllez Girón, A. Esteve: la retratada de 13 años, posa de pie con el cabello largo suelto, propio de su condición de soltera. Peinado que pudo tomar como modelo del celebérrimo retrato de la duquesa de Alba por Goya en 1795 también de pie y de blanco. Joaquina fue ama y camarera de la infanta Luisa Fernanda y su hermana Isabel II. Representada junto a un globo terráqueo por su esmerada educación, tras casarse repitió el ejemplo materno creando una tertulia con intelectuales coetáneos.

1805 La marquesa de Santa Cruz, Goya: la retratada con 20 años, recostada en un lecho respaldado por un cortinaje teatral, es tipología del retrato neoclásico, viste un elegante vestido de gasa blanca va coronada de hojas de roble, con sus frutos, según la moda de los tocados vegetales del período, simbolizando cualidades. Apoya su brazo izquierdo en una guitarra en forma de lira, instrumento de moda en la época, identificada como musa. Le influyó La maja vestida que finalizó en 1807, a su vez basada en las Venus de Tiziano, y en la Venus de Velázquez. Repercutió en la escultura de Antonio Canova[18]. (Fig. 6)

Fig 6

1805 Pedro de Alcántara, IX duque de Osuna, G. Ducker[19]: aguada. Se casó con 16 años en San Pedro el Real en Madrid con Mª Josefa de 21 años, fue un hombre culto lo que refleja su expresión. Intervino en la guerra contra Inglaterra por lo que viste una casaca. Porta la insignia de la orden de Carlos III en el ojal izquierdo como embajador de Viena aunque no pudo cruzar a Austria. Murió a los 52 años en la Madrid invadida por Francia. Se observa el binomio en la forma de pintar de Ducker. Aplicó un punto de color fino y apretado con el que da volumen al rostro y, por contra, soltó la pincelada en la ropa y en el fondo, aplicando preciosismo en la distinción. Usó una mínima gama cromática, propia de sus retratos varoniles. De formato vertical, figura una inscripción a la derecha (Fig. 7).

 

Fig 7

 

1813 Joaquina Téllez Girón, marquesa de Sª Cruz, G. Ducker: aguada. Segunda hija de los duques. Fue nuera de la aristócrata austriaca Mariana Waldstein, pintora y miniaturista, a quien retratara Goya vestida de maja. Tuvo nueve hijos con su esposo, primer Director del Real Museo de Pinturas. Fue dama de la Orden de la reina Mª Luisa. Retrato oval, el artista rubrica y fecha junto a la nuca. Además de una inscripción trasera identificando a la noble. Figura sin joya alusivas a su rango, proyecta una intensa mirada. Es de característica sencillez, elegancia y depurada técnica de suave punteado de Ducker.

1816 La duquesa de Abrantes, Goya: la retratada recibió una educación ilustrada, cultivó la música y el canto, simbolizadas por la partitura. Fue el último retrato que pintó Goya de una noble, pagado por la madre la XIII duquesa de Plasencia. La retratada, presentada de busto, mira al espectador, viste a la moda francesa, porta perlas alusivas a su clase social, va tocada con una corona de rosas blancas según la moda española. La técnica es vibrante, rápida, los restregones de luz y las pinceladas negras avanzan ya su estilo tardío.

El museo del Prado expuso una muestra temporal “El desafío del blanco. Goya y Esteve retratistas de la Casa de Osuna” del 20/06/17 al 1/10/17, cuya comisaria fue Virginia Albarrán doctora en Historia de Arte por la Universidad complutense, especialista en A. Esteve. Se exhibieron obras financiadas por la duquesa para el El Capricho, que no custodia el museo del Prado sino fundación Goya en Aragón y colecciones particulares.

  • Repercusión

Practicaban valores ilustrados, abogaban por la educación mediante la difusión de su arte exhibiendo piezas en el Palacio de las Artes y la Industria de Madrid construido en 1882.

Los nietos de la duquesa continuaron con su ejemplo de mecenazgo hacia pintores extranjeros como el francés François Gabriel Lepaulle y españoles como Federico de Madrazo y Genaro Pérez Villaamil, algunas de estas obras están en el Museo del Prado.

 

 Fig 8. Ermita de Nuestra Señora del Puerto en Madrid, 1716-1718

El promotor fue Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre (Soria, 1646-Madrid, 1729), I marqués de Vadillo, funcionario destacado durante los reinados de Carlos II y Felipe V. Fue corregidor de Plasencia, de Madrid de 1715 hasta su muerte. En agradecimiento a sus servicios durante la guerra de Sucesión, Felipe V le dio el marquesado de Vadillo en 1712.

Sus familiares paternos arrendaban grandes extensiones en Extremadura. Su padre era gobernador del partido de La Serena, por lo que este mecenas sin ser extremeño, guardaba una estrecha vinculación con la región.

Fue corregidor de Plasencia de 1789 a 1796, allí desarrolló su devoción por la Virgen del Puerto, patrona de Plasencia, que mantendría tras mudarse de la villa. Esos siete años contó por lo general con la aprobación de sus gobernados. Al finalizar el primer periodo de tres años como corregidor, tanto el ayuntamiento como la cámara de comercio solicitaron su renovación, que fue concedida por el Consejo de Castilla. Instaló una fábrica de vidrio y cristal en la localidad en 1696, la atención a pobres, empedrado de calles, reparación de puentes y reparación de caminos. Estas acciones serían constantes en todos sus corregimientos: en Salamanca, Jaén, Córdoba.

En la explanada situada entre el río Manzanares y el Campo del Moro, junto al puente de Segovia financió la edificación de la ermita de la Virgen del Puerto (Fig.8). La zona fue allanada y embellecida; se trazó un paseo (paseo de la Virgen del Puerto) y entre este y el cauce del río se erigió la ermita (hoy avenida de Extremadura)

El joven arquitecto Pedro de Ribera, fue nombrado teniente maestro mayor de la Villa por el marqués de Vadillo sin contar con el consejo municipal, lo que enojó a Ardemans, maestro mayor de la Villa y arquitecto real, que edificaba el palacio de la Granja de San Ildefonso (Ribera ascendería a maestro mayor en 1726, tras la muerte de Ardemans).  El 10 de septiembre de 1718 se instaló la imagen con una procesión.

La función era facilitar que las lavanderas cumpliesen el precepto dominical, y establecer guarderías-escuelas para sus hijos.   El marqués dispuso que hubiera dos capellanes. Dejó el patronazgo de la ermita a sus descendientes del marquesado de Vadillo. Como los marqueses vivían fuera de Madrid, el patronazgo recayó en los Padres Rectores del Colegio Imperial.

En época de Carlos III el Paseo Nuevo (Actualmente de la Virgen del Puerto) se elevó y se construyó una escalera para salvar el desnivel entre el paseo y la ermita.

En 1780 se edificaron casas en torno a la ermita, iniciándose la urbanización de la zona. El arquitecto Juan Durán amplió la ermita con nuevas dependencias. Retiró las cubiertas de pizarra de los chapiteles y recubrió con cinc.

Durante la Guerra Civil española destruyeron y robaron sus retablos. La talla de la virgen quedó destrozada y la nueva se encargó al escultor Víctor González Gil. Las edificaciones anexas y los capiteles de las dos torres delanteras quedaron en un complejo equilibrio. Así de deteriorada fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1945.

En 1948 se aprobó el proyecto de restauración por los arquitectos Rafael Mendoza y Jenaro Cristos, que canalizaron el Manzanares. Suprimieron las construcciones anejas de 1780. En 1951 se reabrió al culto. La reconstrucción fue mencionada en el NO-DO, se eliminó el revoco de las fachadas y dejando al aire los ladrillos y la sillería de sus paramentos, se volvieron a poner pizarras en su cubierta.

En el siglo XXI el paseo y la ermita se incluyeron en el entorno de Madrid Río.

Es uno de los primeros ejemplos de arquitectura barroca en España. La fachada está enmarcada por dos torres, cada una coronadas por campanas y chapiteles. El portal es adintelado. El interior de periodo borbónico. La capilla es de planta ochavada. El sepulcro del marqués de Vadillo, fue también realizado por Pedro de Ribera. Las torres se decoran con balcones privilegiados desde los que los patronos asistían a las romerías y los festejos. El chapitel de la cúpula se soporta sobre un tambor octogonal (ochavado). El edificio está sustentado por pilastras. Inicialmente, las romerías fueron celebradas por los inmigrantes gallegos y asturianos. Su forma general fue calcada en las ermitas seiscentistas de los jardines del palacio del Buen Retiro, formaba parte de un interesante complejo urbanístico, así como el puente de Toledo sobre el cauce del río Manzanares.

La talla de Ntra. Sra. Del Puerto se diferencia de la original imagen de la Virgen del Puerto en que la madrileña tiene el cabello castaño y en la autoría y fecha de realización.

La adoración popular por la Virgen del Puerto hizo que se creara una romería y verbena el 8 de septiembre, día de Extremadura. En el s. XIX era conocida popularmente como la romería o verbena de la Melonera, por los puestos de ventas de melones y sandías que se solían instalar en las cercanías a la ermita.

Pintura La Santísima Trinidad

Fig 9

Es un lienzo de tema religioso de Francisco Ruiz de la Hermosa, hacia 1872 encargado por Eladio Mozas Santamera natural de Guadalajara, cura en la diócesis placentina.        Su ubicación original era la Iglesia de Santo Domingo o iglesia conventual Sª Vicente, en Plasencia. Su localización actual es un muro lateral de la nave del oratorio de la casa madre Josefino Trinitaria Plasencia en la calle Sancho Polo nº 3.   Su estilo es academicista, heredero del neoclasicismo, la técnica es óleo, formato alargado.

Análisis formal:

Es una composición de formato vertical (Fig. 9) Los dos tercios superiores lo ocupa el cielo, el tercio inferior lo ocupa un orbe abrazado por un reptil. Hay un esquema triangular: En el lado derecho Dios padre, en el izquierdo Jesús, en el centro superior, en la cúspide piramidal, la paloma del Espíritu santo.   Dios padre está sedente sobre nubes. Con la mano derecha abierta extendida hacia abajo y adelante bendice a su hijo. En la mano izquierda porta un objeto. Viste una túnica blanca, un manto rosado, un nimbo triangular. Su rostro es anciano, el cabello es blanco a media melena, está barbado. Dos ángeles sostienen los pliegues de su manto.

Cristo aparece sentado. En su brazo izquierdo sostiene la cruz. Viste un paño de pureza rojo, deja el torso desnudo dejando ver la llaga de la Pasión. Es un cuerpo joven, musculado. Su rostro está barbado, luce media melena castaña y nimbo de rayos aúreos. El pie desnudo adelantado deja ver la llaga del clavo. Con el índice de su mano izquierda señala tres querubines a sus pies (cabezas de angelotes aladas)

La paloma blanca vuela, presenta sus alas extendidas simétricamente, aparece en el eje de la composición, emana rayos dorados.

En la parte inferior hay una bola grisácea en torno a la que se abraza una serpiente que acoge una manzana con su cola y abre la boca.                            El pie de la cruz de madera pende sobre el cuerpo del animal.                         Hay una pareja de angelotes sobre las testas de Dios padre y del hijo.

Iconografía, iconología: En la parte superior, el mundo celeste, predominan tonos pastel. En el nivel bajo, el mundo terrestre, priman los colores fríos. El registro alto es el cielo, por la presencia divina, las nubes. El registro inferior es el inframundo o mundo terrenal, enfatizada esta interpretación por la ausencia de ángeles.

La cruz símbolo del sacrificio de Jesús por la humanidad apunta a la serpiente símbolo del mal o del demonio. Representaría que Cristo resucitado victorioso sobre la muerte ataca al pecado original representado por la manzana prohibida del jardín del Edén.

El mensaje es la representación de Dios uno y trino: una unidad en tres figuras. Es la imagen del dogma católico de la Santísima Trinidad. El discurso artístico encaja para el espacio, ya que, es la capilla primigenia de la congregación femenina josefino trinitaria, una de sus bases es la defensa del postulado de la Santísima Trinidad.

El resultado estético está al servicio de un mensaje catequético para el espectador. La obra es de carácter religioso. Una pieza artística comprensible para un público general.

Historia condicionó que Margarita Robles co fundara la congregación josefino trinitaria, de adolescente oró ante el cuadro tras la indicación de su confesor Don Eladio y recibió la vocación, y la inspiración para crear una congregación de convivencia y educativa.

El autor comenzó su trayectoria profesional artística en Madrid en la década de los sesenta con estudio fotográfico y pictórico en la Plaza de la Cebada nº 9.

Tras realizar trabajos para la corte real, aumentó su clientela y sus posibilidades económicas y trasladó su estudio a Calle de los Estudios 2 esquina a la de Toledo Madrid, rodeado de otros artistas.

Con la revolución La Gloriosa de 1868, la reina Isabel II fue exiliada a Francia y sus colaboradores huyeron voluntaria o forzosamente de la capital por lo que Francisco se trasladó a Plasencia, donde estuvo activo desde los años setenta hasta 1905, con estudio en el Rincón de San Nicolás nº 2.

Se ha escrito erróneamente que fue pintor de corte de la reina de la dinastía Borbón pero no figura entre los pintores regios oficiales en la documentación oficial. Propongo dos hipótesis por las que se ha reproducido este error: porque él adujera esta circunstancia para forjarse un nombre en su nueva ciudad laboral o porque su clientela exagerara una colaboración puntual para la corte para dar más relevancia a los encargos de este artista.

Se conservan tarjetas de visita de sus estudios en colecciones privadas.

En Plasencia fue profesor de dibujo en el colegio femenino de la Purísima o Inmaculada Concepción situado en el palacio del marqués de Santa Cruz, cuya fotografía de postal realizó él. Además, fue maestro de pintura de Nicanor Álvarez Gata, pintor placentino. Fue profesor de Francisco Mirón, que luego fue arquitecto municipal entre sus obras, el proyecto de la puerta baja del parque Los pinos. De estilo modernista y ecléctico, y restaurador de estilo como su intervención en la fachada del palacio de las dos torres o de Monroy en 1913.

Adquirió popularidad como retratista, y luego como fotógrafo, captando imágenes de Plasencia, se conservan pocas, un autorretrato y la panorámica de la ciudad desde el cerro de San Miguel, esta fotografía de 1896 y otra en el salón de plenos del Ayuntamiento de Plasencia, son de momento las instantáneas más antiguas de la ciudad.

Actualmente, la obra de maestro y aprendiz comparten espacio en la misma sala: la fotografía de la villa placentina y un cuadro de Nicanor Álvarez

Pintura Doña Juana de Castilla.

El autor fue Nicanor Álvarez Gata en 1885. El destinatario era el Consejo municipal de Plasencia. Se encuadra en el estilo del romanticismo, la técnica es óleo sobre lienzo. Es una pintura de género histórica, en concreto historia de España. (Fig. 10)

Fig 10

Respecto al análisis formal: Es una composición de formato apaisado. La reina joven centra la distribución dominando la escena, de pie ante su simple silla de tijera con una almohada. Porta ropa de grueso terciopelo negro, su pelo largo bajo una toca, como una viuda. Tiene la mirada perdida, su anatomía muestra el embarazo de la infanta Catalina de Austria, lleva en su mano izquierda, débil y delgada las dos alianzas. Impasible al frío del inhóspito paisaje en que descansa el séquito.

A un lado una hoguera con humareda por el viento, al otro el ataúd de su marido con el blasón imperial, dispuesto sobre parihuelas, sus asideros muestran el brillo de su desgaste por el uso, a ambos lados dos grandes velas, con la mecha titilando por la ventisca.

Sedente junto al féretro, una dama joven, con un libro abierto, mira paciente y resignada a la viuda. Un religioso de hábito blanco arrodillado, barbado, encapuchado, lee una plegaria portando un cirio.

A la derecha los cortesanos junto a un tétrico árbol, en sus caras expresan cansancio, aburrimiento y compasión por el ánimo de su soberana, llevan lujosos trajes de brocado. En la esquina superior derecha un monasterio, en la izquierda el resto de la comitiva regia,

Es atardecer, con un cielo encapotado los elementos climatológicos enfatizan la tensión emocional del argumento, reforzado por la intensidad expresiva de las figuras. Nicanor quiso emular el sentido rítmico y equilibrado de la composición, estructurada en aspa, con atmósfera. Hay preciosismo en los elementos decorativos (A Pradilla, el pintor original, le influyó su formación bajo el pintor escenógrafo Mariano Pescador).                

El realismo es intenso, de ejecución vigorosa y segura, dibujo definido y técnica libre.

La iconografía e iconología: Juana la loca era un personaje femenino muy representado en la época romántica en varias disciplinas artísticas por encarnar la enfermedad mental, la pasión, la femme fatale, la juventud y la muerte.

Las velas a punto de consumirse representarían que, además de la muerte física de Felipe el hermoso, la muerte en vida que está a punto de sufrir la protagonista, encerrada la mayor parte de su vida, por incapacitación mental cuestionada por historiadores.

Historia: Nicanor Álvarez Gata nació en Plasencia en 1849, en una familia pobre. Tenía una hermana María. No acabó sus estudios porque debió trabajar para ayudar en casa. Aprendió pintura en la ciudad con Francisco Ruiz de la Hermosa pintor y fotógrafo proveniente de Madrid, profesor de dibujo del colegio la Purísima Concepción.                        

En 1878 el marqués de Mirabel y el ayuntamiento placentino financiaron su viaje y estancia en Madrid, cursó grabado y pintura. Desde 30 de noviembre 1882 copió obras en el Museo del Prado como Ribera, Jordaens, Velázquez, Murillo, Eduardo Rosales etc. Entre 1888 y 1890 se formó en Roma becado por la diputación cacereña. Fue profesor de pintura de una escuela de Madrid.

El estilo del romanticismo se caracterizaba por la conciencia del Yo, la primacía del genio creador de un universo propio, la valoración de lo diferente frente a lo común, un fuerte nacionalismo, el liberalismo frente al despotismo ilustrado; la originalidad, lo especial, la creatividad; la nostalgia de paraísos perdidos (de la infancia o de una nación) y la obra imperfecta, inacabada y abierta. La mayoría de estos rasgos se dan en el pintor placentino.

Pintores románticos españoles que condicionaron el aprendizaje en la capital:                   Pérez Villamil máximo paisajista.                                                                                         Goya: pintor oficial de la corte, algunas de sus obras son de este estilo.                               Federico Madrazo: pintor de cámara, retratista, hijo y padre de pintores. Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.                                                    Mariano Fortuny: pintor, acuarelista y grabador, yerno de Madrazo.                        A. Mª Esquivel: pintor de cámara, co fundador del liceo, académico de la Real Academia. Leonardo Alenza: pintor, grabador, prototipo de artista romántico en vida y obra.    Eduardo Rosales: pintor de Historia, casi director del museo del Prado pero murió joven.

En 1893 volvió a Plasencia, fue maestro de dibujo en el colegio de la Constancia o de Sª Calixto, como fue anteriormente su maestro en Plasencia. Vivió con su hermana, ambos solteros. Era cazador. Murió pobre aunque le tocó la lotería una vez. Falleció el 8 de marzo de 1909, con 59 años, como un prototipo de artista romántico acorde a su época y a su tendencia artística. En su sepulcro en el cementerio de su localidad, figura su paleta y pinceles, otra característica de su genio romántico reivindicativo.

Exhibió en exposiciones locales y nacionales, fue alabado por sus colegas, citado en prensa, jurado de concursos pictóricos. Se denominó pintor de historia, además abordó el género religioso, el costumbrismo, el retrato, la alegoría etc.

Algunas obras están en Cáceres, el museo casa Pedrilla, en el complejo de San Francisco en el Palacio de la diputación de Cáceres, y en el complejo cultural de Santa María de Plasencia como la copia que realizó del Cristo de Velázquez, subrayando su fuerte relación con el museo del Prado que acoge el Crucificado del pintor sevillano.

El 8 de mayo de 1885, Nicanor copió el cuadro “Doña Juana la loca” en una sala del museo del Prado según consta en la página 78 en el libro de copistas de 1882-1886.

Esta réplica la envió al consistorio placentino como agradecimiento por una ayuda económica para seguir estudiando y residiendo en Madrid. En una epístola del 6 de julio de 1886 Nicanor dona su réplica pictórica al ayuntamiento y pide que le recomienden a la diputación para obtener ayuda económica. El consistorio coloca el cuadro en el salón de sesiones. Luego adornó el despacho de alcaldía. Al remodelarse la casa consistorial en 1972, se trasladó al palacio del doctor Trujillo donde el ayuntamiento se ubicó temporalmente: allí estuvo en la antesala del despacho del alcalde. En la casa consistorial remodelada se colocó en el corredor de acceso a la torre del reloj. En 1993 ingresó enrollado en una estantería el Archivo municipal de Plasencia, pues el marco se rompió deteriorando la tela. En 2017 la junta de Extremadura procedió a su restauración tras petición del alcalde. En junio de 2018 se instaló en la sala de plenos del ayuntamiento, en la planta inferior ubicado en la plaza mayor de Plasencia.

Conclusiones

  1. La talla de la ermita de Ntra. Sra. Del Puerto de Madrid es más fiel a la original que acogió la ermita de la Virgen del Puerto de Plasencia.
  2. Las obras artísticas que promovió la XIII duquesa de Plasencia no ha tenido suficiente difusión en Plasencia, uno de sus ducados.
  3. Del pintor Francisco Ruiz no hay una biografía ni un catálogo de sus obras y sería muy beneficioso para la cultura de la localidad placentina.
  4. Del pintor placentino Nicanor Álvarez no se ha escrito un catálogo de sus obras ni su biografía, falta divulgación de este personaje cultural local.
  5. Las cuestiones abordadas son un campo de investigación para futuros historiadores.

 

Bibliografía y recursos web

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https://www.museodelprado.es/aprende/biblioteca/biblioteca-digital/fondo/1882-1886-libro-de-copistas/c60e236b-2494-4b87-b7a4-5205356cc0f0?searchid=f164a3d0-2422-4937-ee96-76c0987e7c19# (Pintura Doña Juana) Consultado el 18/07/19.

https://www.youtube.com/watch?v=zwnMUMpuSJQ (Muestra temporal M. del Prado) Consultado el 19/07/19.

Notas

[1] En el Archivo histórico de Nobleza en Toledo, en la sección ducado de Osuna se conserva el manuscrito del proceso por el ducado de Plasencia y otros títulos entre Mª Josefa y su marido con su tío Joaquín Diego López de Zúñiga Sotomayor, [XII] duque de Béjar.

[2] Machuca y Vargas: Madrid, 1750 – 1799. Arquitecto formado por Ventura Rodríguez. Trabajó en España.

[3] M. Medina de Puerta Vergara: Madrid 1761 – 1806. Arquitecto y profesor en la Academia de Madrid.

[4] Batalla entre el ejército macedonio de Alejandro Magno y el persa de Darío III en 333 a. C.

[5] (s. XVIII-XIX) conocido en Madrid como el maestro teatrista, un escenógrafo. Hijo y hermano de paisajistas, formado en París, Inglaterra y Holanda. Realizó el jardín del príncipe y el jardín del deleite en Aranjuez. Fue el jardinero mayor de corte en la Real Quinta del Pardo.

[6] Leandro Fernández de Moratín (Madrid 1760-París 1828) poeta y el más importante comediógrafo neoclásico del siglo XVIII español.

[7] Tomás de Iriarte (Tenerife 1750-Madrid 1791) Fabulista, traductor, dramaturgo y poeta de la Ilustración y el Neoclasicismo, músico hermano de los diplomáticos y sobrino de un escritor humanista.

[8] Luísa Rosa de Aguiar Todi (Setúbal, 1753 – Lisboa, 1833) fue una célebre mezzosoprano lusa, con una voz potente y rica, con alto talento dramático.

[9] R. de la Cruz Cano y Olmedilla (Madrid, 1731 — 1794) fue un dramaturgo, uno de los definidores del casticismo madrileño en el «arte nuevo de hacer comedias» expresado en sainete o entremés.

[10] Juan Meléndez Valdés (Ribera del Fresno, Badajoz 1754 – Francia, 1817) poeta, jurista y político.

[11] Ángel María Tadei (h. 1765 Lugano, Italia-h. 1840) Estucador, escenógrafo y decorador del teatro de Milán y con trayectoria laboral en Madrid.

[12] Genaro Boltri (Nápoles, h. 1730 – Madrid, 1788) pintor de la corte de Carlos III en Nápoles y en Madrid.

[13] Francisco José de Goya y Lucientes (Aragón 1746-Burdeos, 1828) uno de los maestros españoles de la pintura. Abordó la pintura de caballete, mural, grabado y dibujo. Su estilo evolucionó desde el rococó, al neoclasicismo, hasta el prerromanticismo, siempre interpretados de una forma personal y original.

[14] Agustín Esteve y Marqués (Valencia 1753–1820), pintor de la Casa Real en Madrid. Fue aprendiz de Goya, es valorado uno de los retratistas españoles relevantes de fin del s. XVIII y principios del s. XIX.

[15] L. Paret y Alcázar: (Madrid, 1746 – 1799) dibujante y acuarelista, de estilo muy personal, más cercano al rococó de Watteau que al neoclasicismo del pintor de la corte regia Mengs. Abordó varios géneros.

[16] Diego Velázquez (Sevilla, 15991​-Madrid 1660), fue un pintor de corte, de estilo barroco considerado uno de los máximos exponentes de la pintura del siglo de oro español y maestro de la pintura universal.

[17] Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla 1618–1682) pintor formado en el tardío naturalismo, evolucionó hacia el barroco con una sensibilidad preconizando el rococó en sus imitadas creaciones iconográficas.

[18] Antonio Canova (1757-1822 Venecia) pintor del neoclasicismo, considerado el mejor escultor europeo desde Bernini. Evolucionó al romanticismo. Repercutió en escultores del s. XIX.

[19] Guillermo Ducker: documentado entre 1795 y 1830, miniaturista supuestamente holandés, de técnica precisa, dibujo perfecto y armonioso colorido. Fue muy apreciado por sus contemporáneos.

Ene 182020
 

Rocío García Rodríguez.

Introducción.

Este trabajo aborda la relación artística entre Plasencia, Madrid y el Museo del Prado en los siglos XVIII y XIX, vinculación mediante cuatro elementos artísticos culturales de dos estilos artísticos neoclasicismo y romanticismo: un conjunto artístico El Capricho en Madrid financiado por la XIII duquesa de Plasencia algunas de sus pinturas conservadas en el Museo del Prado, una arquitectura la ermita de Nuestra Señora del Puerto patrona de Plasencia en Madrid patrocinada por un antiguo corregidor de Plasencia y dos pinturas: La Santísima Trinidad de Francisco Ruiz de la Hermosa, pintor y fotógrafo formado en Madrid y residente en Plasencia y la pintura Doña Juana de Castilla la loca, por el artista y profesor placentino Nicanor Álvarez Gata realizada ex profeso para Plasencia.

En la anterior Época Moderna, especialmente en el Renacimiento Plasencia guardó una estrecha relación artística con Salamanca, a quien imitaba en arquitectura, pintura y escultura con un fluir recíproco de artistas entre ambas diócesis vecinas. En la Época contemporánea, el modelo artístico basculó hacia Madrid, la capital cambio motivado por el sistema de gobierno central con un trasiego de artistas entre ambas villas y repitiendo los modelos a los que contribuyeron las normas de la Real Academia de Bellas artes San Fernando en Madrid. Era el nuevo centro cultural donde se formaban autores locales.

Contexto histórico artístico del s. XVIII y XIX

Época ilustrada: En España se dio en el siglo XVIII caracterizado por el reformismo borbónico, nueva dinastía real llegada de Francia, país hegemónico continental. Esta centuria se conoció en Europa como siglo de las luces o de la razón, porque era el valor que predominaba, junto a la crítica constructiva del pasado y del presente, el cultivo de la inteligencia y educación, así como los derechos universales del hombre.

En el siglo XIX España adoleció inestabilidad política (monarquía absolutista, liberal, repúblicas, regencias reales) que impidió un desarrollo económico regular, guerras internacionales como la invasión napoleónica y guerras en ultramar con las que perdió las colonias paralizando la industria, conflictos bélicos nacionales como las guerras carlistas. Era un país de centralismo legal, pero con provincianismo mediante el caciquismo. La clase media era escasa, apenas había burgueses. En la religión imperaba la católica, con auge de procesiones y nuevas congregaciones pastorales, se desamortizaron los conventos que fueron ocupados por instituciones estatales o vendidos a particulares. Culturalmente había gran analfabetismo pero la educación primaria comenzó a democratizarse.

Respecto al arte en estas dos centurias se sucedieron dos estilos artísticos antagónicos: el neoclasicismo y el romanticismo conviviendo con el realismo.                                      El neoclasicismo surgió en el siglo XVIII, una tendencia estética que reflejó los valores intelectuales de la Ilustración. En España las normas de este estilo estaban regidas por la Real Academia de Bellas artes de San Fernando en Madrid, promovida por un rey Borbón. El romanticismo surgió en centro Europa, fue un movimiento cultural surgido a final del siglo XVIII contrario a los valores de la Ilustración y la estética del Neoclasicismo, primando los sentimientos. Es considerado el primer movimiento cultural que abarcó toda Europa. En la mayoría de países se dio de 1800 a 1850 en España es tardío y breve ya que el realismo tuvo mayor fuerza y predominó desde mitad del siglo XIX.

Jardín palacio y pinturas para El capricho en Alameda de Osuna 1787-1839.

El conjunto artístico de jardín, arquitectura y colección pictórica llamado El Capricho era la residencia de verano de la Casa de Osuna. La denominación El Capricho alude al deseo personal de una noble ilustrada implicada en el ambiente romántico, ya que, en este movimiento cultural, las pasiones originales de personalidades sensibles se reflejaban en caprichos. En aquella época el término capricho era único, en vez del actual concepto de antojo. Comparte nombre con el conjunto de grabados goyescos Los Caprichos realizados a final de esta centuria dieciochesca que muestran la sociedad, particularmente la nobleza española por el célebre autor protegido y amigo de la refinada y rica familia.

La patrocinadora fue María Josefa de la Soledad Alfonso Pimentel y Téllez Girón, XIII duquesa de Plasencia (1752-1834), casada con Pedro de Alcántara Téllez-Girón IX duque de Osuna, conocida por este título nobiliario. Fue una protectora de artistas. Su vinculación con Plasencia es a través de su título nobiliario y mediante la propiedad de grandes extensiones de tierras en la región.

A los 27 años, tras pleitos[1], heredó los títulos nobiliarios (Fig. 1) de su tío fallecido sin descendencia Joaquín López de Zúñiga Sotomayor, entre ellos, el ducado de Plasencia del que tomó posesión su marido en su nombre en 1777. Fue hija única por lo que acumuló 2 principados, 6 marquesados, 10 condados, 7 ducados (entre ellos Plasencia) y un vizcondado. Además, mediante matrimonio fue consorte de 4 títulos.

El ducado de Plasencia fue creado a final del s. XV para la familia Zúñiga, los titulares del título no residieron en Plasencia pues la casa solariega Stúñiga, luego Zúñiga perteneció a sus parientes los condes de Plasencia, hasta que al no tener descendencia pasó a sus familiares ennoblecidos con el marquesado de Mirabel en el I tercio del s. XVI.

Los duques de Plasencia se asentaron en Sevilla durante el siglo XVI por el monopolio comercial de Indias transatlántico. Ya en el siglo XVII vivieron en Béjar ducado que poseían, en el castillo palacio Zúñiga y en la casa solariega de la plaza de la Piedad hasta que fue donado como monasterio en 1532 y en la villa de recreo renacentista El Bosque, edificada a las afueras en el siglo XVI, lo que repercutió en el proyecto del palacio El Capricho. Por iniciativa de los duques se instaló la manufactura de paños llamando a maestros flamencos, originando en Béjar el monopolio de la producción de paños y tinte, demostrando ser una familia noble que invertía en industria, no sólo terratenientes como la mayoría en España. En el siglo XVIII los titulares del ducado se trasladan a Madrid por sus cargos cortesanos borbónicos.

De sus nueve hijos, los primeros cuatro fallecieron en la infancia. Sobrevivieron:              Josefa, marquesa de Marchini; casó con el marqués de Camarasa, conocida por este título. Joaquina, condesa de Osilo; casó con el marqués de Santa Cruz, conocida por este título. Francisco de Borja, X duque de Osuna; casado con la condesa de Beaufort-Spontin.       Pedro de Alcántara, príncipe de Anglona y marqués de Javalquinto; casado y con hijos. Y Manuela, condesa de Coginas; casó con el duque de Abrantes, conocida por este título.

Entre sus distinciones honoríficas figuran la presidencia de la junta de damas de honor y mérito creada por Carlos III y dama de la Orden de damas nobles de la reina Mª Luisa.

Actualmente, la titularidad del ducado placentino también recae en una mujer, María de Gracia de Solís-Beaumont y Téllez-Girón XX duquesa de Plasencia desde 1975.

 

 

 

Arquitectura (Fig. 2)

En 1783 la duquesa compró 14 hc en Barajas, en las afueras de Madrid para construir una finca de recreo. Empezó en 1787, terminando 52 años después, en 1839, muriendo 5 años antes. El palacio fue edificado por Manuel Machuca[2] sobre una casa existente, añadió dos torres para las habitaciones de los hijos, los señoritos. En 1793 le sucedió Mateo Medina[3], que añadió otros dos torreones denominados del Duque y la Duquesa; La planta casi cuadrada, es circunscrita por cuatro torres aterrazadas, decoradas con jarrones.

En el siglo XVIII la única fachada que se remodeló fue la que da al jardín. En ella se construyó un peristilo con ocho columnas y una escalera de cantería con dos ramales.

  • Antecedentes arquitectónicos:

El concepto de villa campestre con un interior clasicista, un jardín con esculturas, arriates y templetes trae reminiscencias del Palacio de Sotofermoso en el pueblo de Abadía, provincia de Cáceres junto al ducado de Plasencia. Como el duque de Alba, mandó llamar a artistas foráneos, adquirió esculturas italianas y realizó veladas intelectuales nocturnas.

La arquitectura de la residencia se inspira en el Petit Trianon, en el parque de Versalles, edificado en 1768, exponente del neoclasicismo por integrar la moda de la Época Moderna con la simbiosis con la naturaleza. La fachada es una clara remembranza.

La casita del labrador se basa en La aldea de la reina que edificó la reina consorte María Antonieta en 1783 en el jardín del Versalles uno de los palacios reales del Valle del Loira. Francia era el modelo al ser la potencia hegemónica de Europa, y más para una noble ilustrada como María Josefa, considerada afrancesada.

El laberinto se basa en el laberinto de época Tudor del palacio Hampton Court en Londres.

El templo de Vesta se basa en los jardines de Tívoli, residencia veraniega papal italiana.

  • Repercusión

La talla pétrea del jabalí en un manantial influyó en la escultura del jabalí del jardín del palacio del marqués de Cerralbo en Madrid. Basadas en El Porcellino o jabalí de Florencia escultura romana que copió en el siglo XVII el escultor italiano barroco Pietro Tacca.

Este conjunto artístico es la consecuencia de una rivalidad entre aristócratas, ya que las tres damas más importantes e influyentes del país del momento estaban construyendo bellos parques. Cayetana, la duquesa de Alba rodeó su palacio de Liria en Madrid con un exquisito vergel y la Reina María Luisa comenzó los jardines del Palacio de Aranjuez.

Un inventario de 1795 de los muebles y alhajas del palacio muestra que el cuarto principal o Pieza de comer poseía mesas finas de nogal y cortinas de China, el pavimento de azulejos representaba la batalla de Issos[4]; el cuarto de señoritas tenía cortinas de tafetán encarnadas, el Gabinete lucía cortinas blancas con cenefas achinadas y había una escribanía de plata, entre otras piezas; la Ante alcoba de la señora, y su Alcoba con cama imperial charolada color de porcelana.

En la planta noble estaban las estancias de la duquesa, las más lujosas. En una de las torres que da al jardín se encontraba su Gabinete redondo, una de las joyas del palacio donde colgaban las pinturas goyescas. En esta primera planta se ubicaban también los cuartos del duque y la biblioteca, entre otras. La planta acogía los cuartos de los criados.

El primer puente de hierro construido en España en 1830 se conserva en este parque.     La duquesa ordenó construir estanques, que conectaban el canal principal que recorre el parque con el salón de baile, que es donde ofrecía fiestas. Este edificio se levanta sobre un pequeño manantial (donde se puede observar la figura de un jabalí que permanece bajo un arco mirando hacia el riachuelo), del que se surtía de agua el resto del parque.

En la invasión francesa de 1808, El Capricho fue del general francés Agustín Belliard, alojando a sus tropas napoleónicas.

En 1813 devolvieron El Capricho a la duquesa, lo reformó Antonio López Aguado arquitecto Mayor de Madrid. Se repoblaron arbustos. Se construyó el casino de baile. Se levantaron columnas y relieves de las estaciones: primavera, verano, otoño e invierno.

En 1834, tras la muerte de la duquesa, lo heredó su nieto, Pedro Alcántara, quien encargó a Martín López Aguado, hijo del anterior arquitecto, que los torreones se cubrieron con tejados y nuevas construcciones, como una zona de exedras en la plaza de los Emperadores, dedicadas a su abuela, que como el resto, están rodeadas de abundante vegetación. Fue el primero en España en patrocinar una carrera de caballos en sus jardines, fundó una sociedad para criar caballos pura sangre.

En su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar (Madrid, 1845-1850), Pascual Madoz se refiere al parque como “… una de las posesiones más hermosas y magníficas que hay en España, y la única quizá que puede competir con los Reales Sitios”

Tras la muerte de Pedro Alcántara en 1844, lo heredó su hermano, Mariano, quien lo cuidó y celebró allí fiestas para la alta sociedad, en 1863 en honor de Isabel II. Era un derrochador del patrimonio familiar, perdió a las cartas 2,3 hectáreas del jardín, hoy camping Osuna y vendió la colección pictórica del palacio, algunas llegaron al Prado.

En 1856 el palacio fue fotografiado por el galés Charles Clifford, un romántico pionero de la fotografía de viaje por la pintoresca España para el mundo anglosajón en esa época, trabajó y murió en Madrid. La fotografía se conserva en la biblioteca nacional de España.

Por las deudas del duque, su viuda y heredera, la princesa María Leonor de Croy y Lowenstein, arrendó la finca al duque de Santoña hasta 1896, cuando fue obligada a subastar las propiedades heredadas, a Gustavo Bauer era un judío húngaro representante en España de la banca de la familia Rothschild. Añadió un nuevo piso en la fachada nortea, adquirió tapices y obras artísticas, celebró fiestas a las que acudió Alfonso XIII. Sus tres hijos conservaron la finca en buen estado hasta 1934.

Durante la II República fue declarado Jardín Histórico, aunque sin consecuencias.

Durante la Guerra Civil, se construyeron en el Jardín refugios antiaéreos subterráneos, ubicándose el Estado Mayor del Ejército del Centro, mandado por el general Miaja, la posición Jaca. Entorno al palacio hay restos de respiraderos de los refugios.

En 1946 los arruinados Bauer lo vendieron a una inmobiliaria que proyectó un hotel.

Tras décadas de relativo abandono de sus 17 hectáreas con 1000 árboles y 90.000 metros cuadrados de arbustos, aves, ardillas rojas, musarañas y demás, en 1974 fue comprado por el Ayuntamiento, y en 1985 fue declarado Bien de interés cultural reformándose.

Es visitable viernes, sábados, domingos y festivos. Desde 2005 hay conciertos, teatro, danza en lo que se llama las «Tardes de Capricho». Desde 2016 se puede visitar el búnker.​

En 2019 se abriría el museo del Capricho: una galería interactiva con proyecciones en 3D, tendrá como ejes la Ilustración y el papel de la mujer en el XVIII con la XIII duquesa de Plasencia como protagonista. Se articulará en tres plantas, así, el acceso al palacio ya no será restringido. La Dirección General de Bibliotecas, Archivos y Museos del Ayuntamiento ha diseñado el museo que acogerá conciertos y conferencias. Con el cambio del partido del gobierno municipal se ha paralizado la inauguración.

  • Cine y televisión basado en la duquesa y en su conjunto artístico.

En 1928 se rodó la cinta muda La condesa María por el cineasta Benito Perojo, basada en la obra teatral homónima de Juan Ignacio Luca de Tena.

En 1960 se grabó Un rayo de luz por el director Luis de Lucía, protagonizado por Marisol.

En 1965 se rodó Doctor Zhivago por el cineasta David Lean, protagonizada por la británica Julie Christie oscarizada ese año por otro film.

En 2008 se grabó Sangre de mayo del director José Luis Garci, con Paula Echevarría.

En 2016 se rodaron escenas del capítulo 25 Tiempo de ilustrados de la serie El ministerio del tiempo temporada tercera de TVE, María Adánez caracterizó a la duquesa.

En la película Volaverunt dirigida por Bigas Luna en 1999, la duquesa de Osuna fue interpretada por Ayanta Barilli, intérprete y escritora finalista en el premio Planeta 2018.

Actualmente, solo se autorizan rodajes de hechos acontecidos en el jardín o en la época.

Jardín El Capricho

El arquitecto de corte Pablo Boutolou[5] fue el primer diseñador del “jardín de las delicias” como se llamó al Capricho, introdujo el jardín anglo-chino en España, opuesto al francés. Posteriormente, contribuyeron al diseño el paisajista Jean-Baptiste Mulot en 1787 y el paisajista Pierre Provost en 1795, de la corte francesa. En el contrato se les prohibía trabajar en otro jardín español tras finalizar esta obra, garantizando la cualidad de único al Capricho. En 1796 se añadió el paisajista Ángel María Tadey Borghini. Mulot volvió a Francia por la revolución francesa y Provost fue asesinado cuidando El Capricho por tropas napoleónicas en la invasión francesa de España.

Hay un laberinto de arbustos basado en el famoso de Enrique VIII de las seis esposas, creador de la Iglesia anglicana, del palacio Hampton Court, Londres. Hay que caminar 370 metros para alcanzar su centro y 320 para salir sin extraviarse. En esa época simbolizaba la búsqueda vital del hombre: en pos del alma, sabiduría o felicidad. En 1946 un avión Iberia tuvo un aterrizaje forzoso en él y tuvo que ser replantado.

Estas referencias inglesas, francesas e italianas aluden al siglo de las luces. En sus riachuelos hay cisnes y patos. Hizo plantar miles de ejemplares de su flor favorita, la lila.

Los invitados a las veladas en el jardín fueron el dramaturgo Moratín[6], el poeta Tomás de Iriarte[7], los pintores Esteve, Goya, Ducker, la cantante Luisa Todi[8], Ramón de la Cruz[9], Meléndez Valdés[10], entre otros. Como ya hicieron sus antepasados los duques de Plasencia desde el s. XVI en el palacio del marqués de Mirabel en Plasencia, en el giardino colgante invitando a humanistas extremeños y extranjeros como el escultor Leoni, el médico y tratadista Luis de Toro, el compositor Cristóbal de Morales teniendo como anfitrión al placentino y cronista Luis de Ávila y Zúñiga, marqués consorte de Mirabel.

Algunos de sus elementos son: el Palacio, la Ermita: donde vivía un sacerdote ermitaño, la Fuente del parque, la casa de la vieja, el palacete de baile, el Templete, el estanque de los Cisnes, la Rueda de Saturno (Obelisco), el Abejero (para apicultura), el estanque de las Tencas, la casa del artillero y la Batería o Fortín (para adiestramiento militar de los hijos)el puente de Hierro y puente sobre el arroyo, la isla y monumento al III Duque de Osuna, la casa de Cañas, el pabellón de Esteras, el quiosco embarcadero, el casino de baile, el jardín de flores, la plaza de toros, columnas de los enfrentados (Duelistas), el invernadero, exedra y plaza de los emperadores, la fuente de los delfines, el jardín de la fuente de las ranas, la gruta del laberinto, la casa de vacas, la Plaza de plátanos, el estanque de los patos, y la casa de oficios.

 

Decoración interior

Parte del mobiliario y obras de arte se trasladaba en época estival desde su residencia habitual, el palacio de la Puerta de la Vega en Madrid donde se instalaron los duques recién casados, allí custodiaban obras de El Bosco, Caravaggio, Tiziano, Rubens, Van Dyck, de italianos, Sánchez Coello, de un alumno de Tintoretto, José de Ribera, Velázquez, etc heredados de sus ancestros que protegieron a pintores. El IX duque de Osuna era pintor aficionado y socio de la Compañía para el Grabado de los Cuadros de los Reales Palacios. Se le hizo académico de honor de San Fernando en 1792. El matrimonio encargó la instrucción en dibujo de sus hijos a Esteve.

El material pavimental llegó de Valencia, no se conservan elementos originales interiores

La casa ducal proyectó pinturas murales en los techos de los gabinetes, frescos en los paramentos creando trampantojos, algunos realizados por el italiano Ángel María Tadei y Burghini[11] creador de arquitecturas efímeras, como arcos triunfales, para la familia regia como pintor de corte y diseñó cenotafios para la alta nobleza española, entre otras obras.

Los duques encargaron a Goya siete escenas de la vida rural entre 1786 y 1787 para el palacio El Capricho: aunando escenas de ocio y pastoriles del neoclasicismo con temática del romanticismo, iniciándose una relación clientelar durante décadas.

En la siguiente década adquirieron cuatro escenas de brujas y dos de comedias relacionadas con la superstición para el gabinete de la duquesa en la misma residencia.

Además de retratos familiares, un juego de bocetos para tapices (conservados en el Museo del Prado) y cuatro ejemplares de los Caprichos, mostrando la influencia recíproca al compartir la denominación de los populares grabados con la villa campestre.

Actualmente, algunos de esas obras las custodia la pinacoteca más grande del Estado, el museo del Prado protagonista de la presente edición de los coloquios de Extremadura.

 

 

 

Colección pictórica de la XIII duquesa de Plasencia en el Museo del Prado

1785 Retrato de Mª Josefa de la Soledad Alfonso Pimentel y Téllez Girón, círculo de Genaro Boltri[12]: es una aguada de gouche y témpera de formato oval. (Fig. 3)

1787-1788 Los duques de Osuna y sus hijos, Goya[13]: retrato del matrimonio en un interior con cuatro de sus hijos durante su infancia. El retrato familiar era una novedad en España, a los duques ilustrados les influyeron las tendencias franco inglesas y lo encargaron con motivo de la recepción del título del ducado de Osuna. (Fig. 4)

1796-1797 Duquesa de Osuna como dama de la orden de las damas nobles de la reina María Luisa, A. Esteve[14]: acompañada de Mercedes de Rojas y Tello, futura marquesa de Villanueva de Duero, y su hija María Asunción. El artista pintó para la casa ducal durante casi cuatro décadas, muestra influencia de la exquisitez pictórica de Luis Paret y Alcázar[15]. Mercedes posteriormente, también fue distinguida como dama de esa orden.

1797 Retrato de Manuela Isidra Téllez Girón, futura duquesa de Abrantes: considerado el mejor retrato infantil por Agustín Esteve. La representada tenía dos años y medio, al artista le repercutió el concepto espacial de Goya, le influyó la posición de las Meninas de Velázquez[16] así como reminiscencias de la dulzura gestual de Murillo[17]. (Fig. 5)

1798 Joaquina Téllez Girón, A. Esteve: la retratada de 13 años, posa de pie con el cabello largo suelto, propio de su condición de soltera. Peinado que pudo tomar como modelo del celebérrimo retrato de la duquesa de Alba por Goya en 1795 también de pie y de blanco. Joaquina fue ama y camarera de la infanta Luisa Fernanda y su hermana Isabel II. Representada junto a un globo terráqueo por su esmerada educación, tras casarse repitió el ejemplo materno creando una tertulia con intelectuales coetáneos.

1805 La marquesa de Santa Cruz, Goya: la retratada con 20 años, recostada en un lecho respaldado por un cortinaje teatral, es tipología del retrato neoclásico, viste un elegante vestido de gasa blanca va coronada de hojas de roble, con sus frutos, según la moda de los tocados vegetales del período, simbolizando cualidades. Apoya su brazo izquierdo en una guitarra en forma de lira, instrumento de moda en la época, identificada como musa. Le influyó La maja vestida que finalizó en 1807, a su vez basada en las Venus de Tiziano, y en la Venus de Velázquez. Repercutió en la escultura de Antonio Canova[18]. (Fig. 6)

1805 Pedro de Alcántara, IX duque de Osuna, G. Ducker[19]: aguada. Se casó con 16 años en San Pedro el Real en Madrid con Mª Josefa de 21 años, fue un hombre culto lo que refleja su expresión. Intervino en la guerra contra Inglaterra por lo que viste una casaca. Porta la insignia de la orden de Carlos III en el ojal izquierdo como embajador de Viena aunque no pudo cruzar a Austria. Murió a los 52 años en la Madrid invadida por Francia. Se observa el binomio en la forma de pintar de Ducker. Aplicó un punto de color fino y apretado con el que da volumen al rostro y, por contra, soltó la pincelada en la ropa y en el fondo, aplicando preciosismo en la distinción. Usó una mínima gama cromática, propia de sus retratos varoniles. De formato vertical, figura una inscripción a la derecha. (Fig. 7)

1813 Joaquina Téllez Girón, marquesa de Sª Cruz, G. Ducker: aguada. Segunda hija de los duques. Fue nuera de la aristócrata austriaca Mariana Waldstein, pintora y miniaturista, a quien retratara Goya vestida de maja. Tuvo nueve hijos con su esposo, primer Director del Real Museo de Pinturas. Fue dama de la Orden de la reina Mª Luisa. Retrato oval, el artista rubrica y fecha junto a la nuca. Además de una inscripción trasera identificando a la noble. Figura sin joya alusivas a su rango, proyecta una intensa mirada. Es de característica sencillez, elegancia y depurada técnica de suave punteado de Ducker.

1816 La duquesa de Abrantes, Goya: la retratada recibió una educación ilustrada, cultivó la música y el canto, simbolizadas por la partitura. Fue el último retrato que pintó Goya de una noble, pagado por la madre la XIII duquesa de Plasencia. La retratada, presentada de busto, mira al espectador, viste a la moda francesa, porta perlas alusivas a su clase social, va tocada con una corona de rosas blancas según la moda española. La técnica es vibrante, rápida, los restregones de luz y las pinceladas negras avanzan ya su estilo tardío.

El museo del Prado expuso una muestra temporal “El desafío del blanco. Goya y Esteve retratistas de la Casa de Osuna” del 20/06/17 al 1/10/17, cuya comisaria fue Virginia Albarrán doctora en Historia de Arte por la Universidad complutense, especialista en A. Esteve. Se exhibieron obras financiadas por la duquesa para el El Capricho, que no custodia el museo del Prado sino fundación Goya en Aragón y colecciones particulares.

  • Repercusión

Practicaban valores ilustrados, abogaban por la educación mediante la difusión de su arte exhibiendo piezas en el Palacio de las Artes y la Industria de Madrid construido en 1882.

Los nietos de la duquesa continuaron con su ejemplo de mecenazgo hacia pintores extranjeros como el francés François Gabriel Lepaulle y españoles como Federico de Madrazo y Genaro Pérez Villaamil, algunas de estas obras están en el Museo del Prado.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fig 8. Ermita de Nuestra Señora del Puerto en Madrid, 1716-1718

El promotor fue Francisco Antonio de Salcedo y Aguirre (Soria, 1646-Madrid, 1729), I marqués de Vadillo, funcionario destacado durante los reinados de Carlos II y Felipe V. Fue corregidor de Plasencia, de Madrid de 1715 hasta su muerte. En agradecimiento a sus servicios durante la guerra de Sucesión, Felipe V le dio el marquesado de Vadillo en 1712.

Sus familiares paternos arrendaban grandes extensiones en Extremadura. Su padre era gobernador del partido de La Serena, por lo que este mecenas sin ser extremeño, guardaba una estrecha vinculación con la región.

Fue corregidor de Plasencia de 1789 a 1796, allí desarrolló su devoción por la Virgen del Puerto, patrona de Plasencia, que mantendría tras mudarse de la villa. Esos siete años contó por lo general con la aprobación de sus gobernados. Al finalizar el primer periodo de tres años como corregidor, tanto el ayuntamiento como la cámara de comercio solicitaron su renovación, que fue concedida por el Consejo de Castilla. Instaló una fábrica de vidrio y cristal en la localidad en 1696, la atención a pobres, empedrado de calles, reparación de puentes y reparación de caminos. Estas acciones serían constantes en todos sus corregimientos: en Salamanca, Jaén, Córdoba.

En la explanada situada entre el río Manzanares y el Campo del Moro, junto al puente de Segovia financió la edificación de la ermita de la Virgen del Puerto (Fig.8). La zona fue allanada y embellecida; se trazó un paseo (paseo de la Virgen del Puerto) y entre este y el cauce del río se erigió la ermita (hoy avenida de Extremadura)

El joven arquitecto Pedro de Ribera, fue nombrado teniente maestro mayor de la Villa por el marqués de Vadillo sin contar con el consejo municipal, lo que enojó a Ardemans, maestro mayor de la Villa y arquitecto real, que edificaba el palacio de la Granja de San Ildefonso (Ribera ascendería a maestro mayor en 1726, tras la muerte de Ardemans).             El 10 de septiembre de 1718 se instaló la imagen con una procesión.

La función era facilitar que las lavanderas cumpliesen el precepto dominical, y establecer guarderías-escuelas para sus hijos.                                                                                      El marqués dispuso que hubiera dos capellanes. Dejó el patronazgo de la ermita a sus descendientes del marquesado de Vadillo. Como los marqueses vivían fuera de Madrid, el patronazgo recayó en los Padres Rectores del Colegio Imperial.

En época de Carlos III el Paseo Nuevo (Actualmente de la Virgen del Puerto) se elevó y se construyó una escalera para salvar el desnivel entre el paseo y la ermita.

En 1780 se edificaron casas en torno a la ermita, iniciándose la urbanización de la zona. El arquitecto Juan Durán amplió la ermita con nuevas dependencias. Retiró las cubiertas de pizarra de los chapiteles y recubrió con cinc.

Durante la Guerra Civil española destruyeron y robaron sus retablos. La talla de la virgen quedó destrozada y la nueva se encargó al escultor Víctor González Gil. Las edificaciones anexas y los capiteles de las dos torres delanteras quedaron en un complejo equilibrio. Así de deteriorada fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1945.

En 1948 se aprobó el proyecto de restauración por los arquitectos Rafael Mendoza y Jenaro Cristos, que canalizaron el Manzanares. Suprimieron las construcciones anejas de 1780. En 1951 se reabrió al culto. La reconstrucción fue mencionada en el NO-DO, se eliminó el revoco de las fachadas y dejando al aire los ladrillos y la sillería de sus paramentos, se volvieron a poner pizarras en su cubierta.

En el siglo XXI el paseo y la ermita se incluyeron en el entorno de Madrid Río.

Es uno de los primeros ejemplos de arquitectura barroca en España. La fachada está enmarcada por dos torres, cada una coronadas por campanas y chapiteles. El portal es adintelado. El interior de periodo borbónico. La capilla es de planta ochavada. El sepulcro del marqués de Vadillo, fue también realizado por Pedro de Ribera. Las torres se decoran con balcones privilegiados desde los que los patronos asistían a las romerías y los festejos. El chapitel de la cúpula se soporta sobre un tambor octogonal (ochavado). El edificio está sustentado por pilastras. Inicialmente, las romerías fueron celebradas por los inmigrantes gallegos y asturianos. Su forma general fue calcada en las ermitas seiscentistas de los jardines del palacio del Buen Retiro, formaba parte de un interesante complejo urbanístico, así como el puente de Toledo sobre el cauce del río Manzanares.

La talla de Ntra. Sra. Del Puerto se diferencia de la original imagen de la Virgen del Puerto en que la madrileña tiene el cabello castaño y en la autoría y fecha de realización.

La adoración popular por la Virgen del Puerto hizo que se creara una romería y verbena el 8 de septiembre, día de Extremadura. En el s. XIX era conocida popularmente como la romería o verbena de la Melonera, por los puestos de ventas de melones y sandías que se solían instalar en las cercanías a la ermita.

Pintura La santísima Trinidad

Es un lienzo de tema religioso de Francisco Ruiz de la Hermosa, hacia 1872 encargado por Eladio Mozas Santamera natural de Guadalajara, cura en la diócesis placentina.        Su ubicación original era la Iglesia de Santo Domingo o iglesia conventual Sª Vicente, en Plasencia. Su localización actual es un muro lateral de la nave del oratorio de la casa madre Josefino Trinitaria Plasencia en la calle Sancho Polo nº 3.                                        Su estilo es academicista, heredero del neoclasicismo, la técnica es óleo, formato alargado

Análisis formal:

Es una composición de formato vertical (Fig. 9) Los dos tercios superiores lo ocupa el cielo, el tercio inferior lo ocupa un orbe abrazado por un reptil.                                        Hay un esquema triangular: En el lado derecho Dios padre, en el izquierdo Jesús, en el centro superior, en la cúspide piramidal, la paloma del Espíritu santo.                                   Dios padre está sedente sobre nubes. Con la mano derecha abierta extendida hacia abajo y adelante bendice a su hijo. En la mano izquierda porta un objeto. Viste una túnica blanca, un manto rosado, un nimbo triangular. Su rostro es anciano, el cabello es blanco a media melena, está barbado. Dos ángeles sostienen los pliegues de su manto.

Cristo aparece sentado. En su brazo izquierdo sostiene la cruz. Viste un paño de pureza rojo, deja el torso desnudo dejando ver la llaga de la Pasión. Es un cuerpo joven, musculado. Su rostro está barbado, luce media melena castaña y nimbo de rayos aúreos. El pie desnudo adelantado deja ver la llaga del clavo. Con el índice de su mano izquierda señala tres querubines a sus pies (cabezas de angelotes aladas)

La paloma blanca vuela, presenta sus alas extendidas simétricamente, aparece en el eje de la composición, emana rayos dorados.

En la parte inferior hay una bola grisácea en torno a la que se abraza una serpiente que acoge una manzana con su cola y abre la boca.                                                               El pie de la cruz de madera pende sobre el cuerpo del animal.                                               Hay una pareja de angelotes sobre las testas de Dios padre y del hijo.

Iconografía, iconología: En la parte superior, el mundo celeste, predominan tonos pastel. En el nivel bajo, el mundo terrestre, priman los colores fríos. El registro alto es el cielo, por la presencia divina, las nubes. El registro inferior es el inframundo o mundo terrenal, enfatizada esta interpretación por la ausencia de ángeles.

La cruz símbolo del sacrificio de Jesús por la humanidad apunta a la serpiente símbolo del mal o del demonio. Representaría que Cristo resucitado victorioso sobre la muerte ataca al pecado original representado por la manzana prohibida del jardín del Edén.

El mensaje es la representación de Dios uno y trino: una unidad en tres figuras. Es la imagen del dogma católico de la Santísima Trinidad. El discurso artístico encaja para el espacio, ya que, es la capilla primigenia de la congregación femenina josefino trinitaria, una de sus bases es la defensa del postulado de la Santísima Trinidad.

El resultado estético está al servicio de un mensaje catequético para el espectador. La obra es de carácter religioso. Una pieza artística comprensible para un público general.

Historia condicionó que Margarita Robles co fundara la congregación josefino trinitaria, de adolescente oró ante el cuadro tras la indicación de su confesor Don Eladio y recibió la vocación, y la inspiración para crear una congregación de convivencia y educativa.

El autor comenzó su trayectoria profesional artística en Madrid en la década de los sesenta con estudio fotográfico y pictórico en la Plaza de la Cebada nº 9.

Tras realizar trabajos para la corte real, aumentó su clientela y sus posibilidades económicas y trasladó su estudio a Calle de los Estudios 2 esquina a la de Toledo Madrid, rodeado de otros artistas.

Con la revolución La Gloriosa de 1868, la reina Isabel II fue exiliada a Francia y sus colaboradores huyeron voluntaria o forzosamente de la capital por lo que Francisco se trasladó a Plasencia, donde estuvo activo desde los años setenta hasta 1905, con estudio en el Rincón de San Nicolás nº 2.

Se ha escrito erróneamente que fue pintor de corte de la reina de la dinastía Borbón pero no figura entre los pintores regios oficiales en la documentación oficial. Propongo dos hipótesis por las que se ha reproducido este error: porque él adujera esta circunstancia para forjarse un nombre en su nueva ciudad laboral o porque su clientela exagerara una colaboración puntual para la corte para dar más relevancia a los encargos de este artista.

Se conservan tarjetas de visita de sus estudios en colecciones privadas.

En Plasencia fue profesor de dibujo en el colegio femenino de la Purísima o Inmaculada Concepción situado en el palacio del marqués de Santa Cruz, cuya fotografía de postal realizó él. Además, fue maestro de pintura de Nicanor Álvarez Gata, pintor placentino. Fue profesor de Francisco Mirón, que luego fue arquitecto municipal entre sus obras, el proyecto de la puerta baja del parque Los pinos. De estilo modernista y ecléctico, y restaurador de estilo como su intervención en la fachada del palacio de las dos torres o de Monroy en 1913.

Adquirió popularidad como retratista, y luego como fotógrafo, captando imágenes de Plasencia, se conservan pocas, un autorretrato y la panorámica de la ciudad desde el cerro de San Miguel, esta fotografía de 1896 y otra en el salón de plenos del Ayuntamiento de Plasencia, son de momento las instantáneas más antiguas de la ciudad.

Actualmente, la obra de maestro y aprendiz comparten espacio en la misma sala: la fotografía de la villa placentina y un cuadro de Nicanor Álvarez

Pintura Doña Juana de Castilla, denominada la loca

El autor fue Nicanor Álvarez Gata en 1885. El destinatario era el Consejo municipal de Plasencia. Se encuadra en el estilo del romanticismo, la técnica es óleo sobre lienzo. Es una pintura de género histórica, en concreto historia de España. (Fig. 10)

Respecto al análisis formal: Es una composición de formato apaisado. La reina joven centra la distribución dominando la escena, de pie ante su simple silla de tijera con una almohada. Porta ropa de grueso terciopelo negro, su pelo largo bajo una toca, como una viuda. Tiene la mirada perdida, su anatomía muestra el embarazo de la infanta Catalina de Austria, lleva en su mano izquierda, débil y delgada las dos alianzas. Impasible al frío del inhóspito paisaje en que descansa el séquito.

A un lado una hoguera con humareda por el viento, al otro el ataúd de su marido con el blasón imperial, dispuesto sobre parihuelas, sus asideros muestran el brillo de su desgaste por el uso, a ambos lados dos grandes velas, con la mecha titilando por la ventisca.

Sedente junto al féretro, una dama joven, con un libro abierto, mira paciente y resignada a la viuda. Un religioso de hábito blanco arrodillado, barbado, encapuchado, lee una plegaria portando un cirio.

A la derecha los cortesanos junto a un tétrico árbol, en sus caras expresan cansancio, aburrimiento y compasión por el ánimo de su soberana, llevan lujosos trajes de brocado. En la esquina superior derecha un monasterio, en la izquierda el resto de la comitiva regia,

Es atardecer, con un cielo encapotado los elementos climatológicos enfatizan la tensión emocional del argumento, reforzado por la intensidad expresiva de las figuras. Nicanor quiso emular el sentido rítmico y equilibrado de la composición, estructurada en aspa, con atmósfera. Hay preciosismo en los elementos decorativos (A Pradilla, el pintor original, le influyó su formación bajo el pintor escenógrafo Mariano Pescador).                

El realismo es intenso, de ejecución vigorosa y segura, dibujo definido y técnica libre.

La iconografía e iconología: Juana la loca era un personaje femenino muy representado en la época romántica en varias disciplinas artísticas por encarnar la enfermedad mental, la pasión, la femme fatale, la juventud y la muerte.

Las velas a punto de consumirse representarían que, además de la muerte física de Felipe el hermoso, la muerte en vida que está a punto de sufrir la protagonista, encerrada la mayor parte de su vida, por incapacitación mental cuestionada por historiadores.

Historia: Nicanor Álvarez Gata nació en Plasencia en 1849, en una familia pobre. Tenía una hermana María. No acabó sus estudios porque debió trabajar para ayudar en casa. Aprendió pintura en la ciudad con Francisco Ruiz de la Hermosa pintor y fotógrafo proveniente de Madrid, profesor de dibujo del colegio la Purísima Concepción.                        

En 1878 el marqués de Mirabel y el ayuntamiento placentino financiaron su viaje y estancia en Madrid, cursó grabado y pintura. Desde 30 de noviembre 1882 copió obras en el Museo del Prado como Ribera, Jordaens, Velázquez, Murillo, Eduardo Rosales etc. Entre 1888 y 1890 se formó en Roma becado por la diputación cacereña. Fue profesor de pintura de una escuela de Madrid.

El estilo del romanticismo se caracterizaba por la conciencia del Yo, la primacía del genio creador de un universo propio, la valoración de lo diferente frente a lo común, un fuerte nacionalismo, el liberalismo frente al despotismo ilustrado; la originalidad, lo especial, la creatividad; la nostalgia de paraísos perdidos (de la infancia o de una nación) y la obra imperfecta, inacabada y abierta. La mayoría de estos rasgos se dan en el pintor placentino.

Pintores románticos españoles que condicionaron el aprendizaje en la capital:                   Pérez Villamil máximo paisajista.                                                                                         Goya: pintor oficial de la corte, algunas de sus obras son de este estilo.                               Federico Madrazo: pintor de cámara, retratista, hijo y padre de pintores. Director de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.                                                    Mariano Fortuny: pintor, acuarelista y grabador, yerno de Madrazo.                        A. Mª Esquivel: pintor de cámara, co fundador del liceo, académico de la Real Academia. Leonardo Alenza: pintor, grabador, prototipo de artista romántico en vida y obra.    Eduardo Rosales: pintor de Historia, casi director del museo del Prado pero murió joven.

En 1893 volvió a Plasencia, fue maestro de dibujo en el colegio de la Constancia o de Sª Calixto, como fue anteriormente su maestro en Plasencia. Vivió con su hermana, ambos solteros. Era cazador. Murió pobre aunque le tocó la lotería una vez. Falleció el 8 de marzo de 1909, con 59 años, como un prototipo de artista romántico acorde a su época y a su tendencia artística. En su sepulcro en el cementerio de su localidad, figura su paleta y pinceles, otra característica de su genio romántico reivindicativo.

Exhibió en exposiciones locales y nacionales, fue alabado por sus colegas, citado en prensa, jurado de concursos pictóricos. Se denominó pintor de historia, además abordó el género religioso, el costumbrismo, el retrato, la alegoría etc.

Algunas obras están en Cáceres, el museo casa Pedrilla, en el complejo de San Francisco en el Palacio de la diputación de Cáceres, y en el complejo cultural de Santa María de Plasencia como la copia que realizó del Cristo de Velázquez, subrayando su fuerte relación con el museo del Prado que acoge el Crucificado del pintor sevillano.

El 8 de mayo de 1885, Nicanor copió el cuadro “Doña Juana la loca” en una sala del museo del Prado según consta en la página 78 en el libro de copistas de 1882-1886.

Esta réplica la envió al consistorio placentino como agradecimiento por una ayuda económica para seguir estudiando y residiendo en Madrid. En una epístola del 6 de julio de 1886 Nicanor dona su réplica pictórica al ayuntamiento y pide que le recomienden a la diputación para obtener ayuda económica. El consistorio coloca el cuadro en el salón de sesiones. Luego adornó el despacho de alcaldía. Al remodelarse la casa consistorial en 1972, se trasladó al palacio del doctor Trujillo donde el ayuntamiento se ubicó temporalmente: allí estuvo en la antesala del despacho del alcalde. En la casa consistorial remodelada se colocó en el corredor de acceso a la torre del reloj. En 1993 ingresó enrollado en una estantería el Archivo municipal de Plasencia, pues el marco se rompió deteriorando la tela. En 2017 la junta de Extremadura procedió a su restauración tras petición del alcalde. En junio de 2018 se instaló en la sala de plenos del ayuntamiento, en la planta inferior ubicado en la plaza mayor de Plasencia.

Conclusiones

  1. La talla de la ermita de Ntra. Sra. Del Puerto de Madrid es más fiel a la original que acogió la ermita de la Virgen del Puerto de Plasencia.
  2. Las obras artísticas que promovió la XIII duquesa de Plasencia no ha tenido suficiente difusión en Plasencia, uno de sus ducados.
  3. Del pintor Francisco Ruiz no hay una biografía ni un catálogo de sus obras y sería muy beneficioso para la cultura de la localidad placentina.
  4. Del pintor placentino Nicanor Álvarez no se ha escrito un catálogo de sus obras ni su biografía, falta divulgación de este personaje cultural local.
  5. Las cuestiones abordadas son un campo de investigación para futuros historiadores.

 

Bibliografía y recursos web

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https://www.youtube.com/watch?v=zwnMUMpuSJQ (Muestra temporal M. del Prado) Consultado el 19/07/19.

 

 

 

 

 

 

Fig. 1: Proceso por la titularidad del ducado de Plasencia y otros, 1777, Archivo Histórico de Nobleza.

Fig. 2: Palacio y jardín El Capricho, Madrid, financiado por la XIII duquesa de Plasencia.

Fig. 3: Retrato de la duquesa, círculo de Genaro Boltri, 1785, M. del Prado

Fig. 4: Los duques de Osuna y sus hijos, Goya, 1788, M. del Prado

Fig. 5: Manuela Isidra Téllez Girón, A. Esteve, 1797, M. del Prado.

Fig. 6: Joaquina, la marquesa de Santa Cruz, Goya, 1805, M. del Prado

Fig. 7: Pedro de Alcántara, IX duque de Osuna, G. Ducker, 1805, M. del Prado

Fig. 8: Ermita de Ntra. Sra. Del Puerto, Madrid.

Fig. 9: Stma. Trinidad por Francisco Ruiz de la Hermosa, h. 1872, Plasencia.

Fig. 10: Doña Juana de Castilla la loca, N. Álvarez Gata, 1885, Plasencia.

[1] En el Archivo histórico de Nobleza en Toledo, en la sección ducado de Osuna se conserva el manuscrito del proceso por el ducado de Plasencia y otros títulos entre Mª Josefa y su marido con su tío Joaquín Diego López de Zúñiga Sotomayor, [XII] duque de Béjar.

[2] Machuca y Vargas: Madrid, 1750 – 1799. Arquitecto formado por Ventura Rodríguez. Trabajó en España.

[3] M. Medina de Puerta Vergara: Madrid 1761 – 1806. Arquitecto y profesor en la Academia de Madrid.

[4] Batalla entre el ejército macedonio de Alejandro Magno y el persa de Darío III en 333 a. C.

[5] (s. XVIII-XIX) conocido en Madrid como el maestro teatrista, un escenógrafo. Hijo y hermano de paisajistas, formado en París, Inglaterra y Holanda. Realizó el jardín del príncipe y el jardín del deleite en Aranjuez. Fue el jardinero mayor de corte en la Real Quinta del Pardo.

[6] Leandro Fernández de Moratín (Madrid 1760-París 1828) poeta y el más importante comediógrafo neoclásico del siglo XVIII español.

[7] Tomás de Iriarte (Tenerife 1750-Madrid 1791) Fabulista, traductor, dramaturgo y poeta de la Ilustración y el Neoclasicismo, músico hermano de los diplomáticos y sobrino de un escritor humanista.

[8] Luísa Rosa de Aguiar Todi (Setúbal, 1753 – Lisboa, 1833) fue una célebre mezzosoprano lusa, con una voz potente y rica, con alto talento dramático.

[9] R. de la Cruz Cano y Olmedilla (Madrid, 1731 — 1794) fue un dramaturgo, uno de los definidores del casticismo madrileño en el «arte nuevo de hacer comedias» expresado en sainete o entremés.

[10] Juan Meléndez Valdés (Ribera del Fresno, Badajoz 1754 – Francia, 1817) poeta, jurista y político.

[11] Ángel María Tadei (h. 1765 Lugano, Italia-h. 1840) Estucador, escenógrafo y decorador del teatro de Milán y con trayectoria laboral en Madrid.

[12] Genaro Boltri (Nápoles, h. 1730 – Madrid, 1788) pintor de la corte de Carlos III en Nápoles y en Madrid.

[13] Francisco José de Goya y Lucientes (Aragón 1746-Burdeos, 1828) uno de los maestros españoles de la pintura. Abordó la pintura de caballete, mural, grabado y dibujo. Su estilo evolucionó desde el rococó, al neoclasicismo, hasta el prerromanticismo, siempre interpretados de una forma personal y original.

[14] Agustín Esteve y Marqués (Valencia 1753–1820), pintor de la Casa Real en Madrid. Fue aprendiz de Goya, es valorado uno de los retratistas españoles relevantes de fin del s. XVIII y principios del s. XIX.

[15] L. Paret y Alcázar: (Madrid, 1746 – 1799) dibujante y acuarelista, de estilo muy personal, más cercano al rococó de Watteau que al neoclasicismo del pintor de la corte regia Mengs. Abordó varios géneros.

[16] Diego Velázquez (Sevilla, 15991​-Madrid 1660), fue un pintor de corte, de estilo barroco considerado uno de los máximos exponentes de la pintura del siglo de oro español y maestro de la pintura universal.

[17] Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla 1618–1682) pintor formado en el tardío naturalismo, evolucionó hacia el barroco con una sensibilidad preconizando el rococó en sus imitadas creaciones iconográficas.

[18] Antonio Canova (1757-1822 Venecia) pintor del neoclasicismo, considerado el mejor escultor europeo desde Bernini. Evolucionó al romanticismo. Repercutió en escultores del s. XIX.

[19] Guillermo Ducker: documentado entre 1795 y 1830, miniaturista supuestamente holandés, de técnica precisa, dibujo perfecto y armonioso colorido. Fue muy apreciado por sus contemporáneos.

Ene 162020
 

 

Serafín Martín Nieto.

Resumen

En 1582, el obispo de Coria don Pedro García de Galarza fundaba ex novo en Cáceres la actual Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, a la que dotó de ordenanzas. Él mismo fue el encargado de elegir los oficiales que iban a llevar a cargo.

Cumpliendo el viejo anhelo de sus antecesores de reducir el número de hermandades existentes en la villa, le agregó seis cofradías, con todas sus rentas y bienes. Entre ellas, la de Santa María de los Caballeros, cuya ermita se convertiría en la iglesia de la nueva cofradía.

 

 

En los XXVI Coloquios Históricos de Trujillo de 1997, abordamos el estudio de las ordenanzas fundacionales de las tres cofradías que durante siglos tuvieron como principal función la celebración en la calle de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo. Una de ellas, fue la de Nuestra Señora de la Soledad.

Se atribuye a Isabel de Valois, segunda esposa de Felipe II, la divulgación de esta devoción. De Francia había traído un cuadro que representaba a la Virgen en su séptimo dolor, la Soledad. Pronto se extendió esta iconografía entre las damas de la Corte y los habitantes de Madrid. En 1565, Gaspar Becerra recibió el encargo de tallar una imagen de vestir para el convento de Nuestra Señora de la Victoria que se convirtió en el prototipo de esta advocación. A la camarera mayor de la reina, la condesa de Ureña, doña María de la Cueva y Toledo, se le ocurrió cambiar los tradicionales tafetanes de seda de colores con que se vestían a la vírgenes -como actualmente se conserva en Portugal- por el negro, propio del luto.

En 1579, fue promovido para la sede de Coria, don Pedro García de Galarza, colegial del de San Bartolomé de la Universidad de Salamanca, consejero de Felipe II, uno de los más importantes prelados con que ha contado la diócesis de Coria. En 1582, por su especial empeño, se funda en Cáceres la cofradía de Nuestra Señora de la Soledad.

Como claramente se reseña en las ordenanzas fundacionales, la cofradía fue fundada ex novo por el mencionado obispo. No sólo la dotó de ordenanzas, sino que también nombró los oficiales que la iniciarían, con la novedad de que además de los habituales diputados legos, instituyó el cargo de diputado eclesiástico, que a lo largo de los siglos ostentaría el abad del cabildo de clérigos de San Pedro.

En la villa de Cáçeres, a veinte e ocho días del mes de noviembre de mil e quinientos e ochenta y dos años, el Yllustrísimo e rreverendísimo señor don Pedro Garçía de Galarza, por la graçia de Dios obispo de Coria, del Consejo de su Magestad,etc., patrón e ffundador ad perpetuan rei memoriam de la sancta conffradía de Nuestra Señora de la Soledad del Monte Calvario instituida en esta dicha villa, aviendo conmovido los ánimos de los ffieles cristianos al servicio, amor e rreverençia de la Virgen Santa María, Madre de Jesucristo, Señor nuestro, e de haçer ffestividad e conmemoración de la santa soledad en que su mesmo Hixo la dexó quando en el Monte Calvario tomó voluntariamente huma(na) muerte para nos da eterna vida. E aviéndose juntado para ello muchos ffieles cristianos y hecho hermandad y conffradía, porque el orden conserva e perpetúa las cosas, e su Señoría ylustrísima mandó hazer e se hiçieron para la buena conservación e perpetuidad desta sancta hermandad estatutos e ordenanças por donde los hermanos se rrijan e gobiernen en horden en conçierto e asentallas e escrivillas en este libro original, que son las de suso contenidas, en cuyo ffina comienza este auto, las quales su Señoría dixo que aprovava e aprobó en tal manera que tengan fuerza de ley y estatuto episcopal por la autoridad ordinaria que para ello tiene. E mandó que por ellas de juzgue e determine e rrigan las cosas tocantes a la dicha conffradía e, si nesçesario hera, interponía e interpuso en ellas su autoridad e decreto pastoral, declarando, como declara, e da liçençia a las personas que serán en ffueren elegidas para el régimen de la dicha conffradía que puedan ampliar e rreformar las dichas ordenaças según paresçiere que conviene, porque en todo interpone su autoridad y decreto.

E porque la muchedumbre trae confusión, su Señoría eligió de los dichos hermanos por offiçial e que rrijan y sirvan la dicha conffradía a los siguientes:

A Joan Holguín por escribano e que tenga este libro e rrazón de la dicha conffradía. E porque este offiçio a de ser como archivo e rreçetorio della y la mudança pervierte la memoria en las cosas, su Señoría mandó queste offiçio le sirva el dicho Joan Holguín por su vida.

A Hernando Canbero por mayordomo para en lo tocante a los conffrades seglares e bienes de la dicha conffradía. E para el orden e recogimiento de clero e rreligiosos que ffueren conffrades de la dicha conffradía a Alonso Durán, clérigo.

A Antonjo Gutiérrez el Moço e Joan de Figueroa Robles por deputados para el dicho rregimiento.

A Françisco Çervigón e Garçía Hernández por alcaldes e que rrijan la çera de la dicha conffradía.

A los quales todos su Señoría eligió por la buena administración e servicio de sus bienes y les encargó las conçiençias en el usso y exerçiçio dellos. E lo firmó de su nombre ut supra, siendo testigos el liçençiado Mateo Sánchez e Christóval de Arriaga y Christóval de Mora, clérigos presbíteros, capellanes de su Señoría yllustrísima. Petrus episcopus cauriensis. Por mandato de su Señoría yllustrísima, Joan Sánchez de Ledesna, secretario[1].

La cofradía se funda “a honor y rreverençia de la serenísima reina de los ángeles, madre de Dios e señora nuestra, y de la soledad y angustia y tristeza que tuvo desde que nuestro señor Jesucristo, su sacratísimo hijo y nuestro dios fue cruçifficado hasta que rresuçitó”.

Ambos momentos, Muerte y Resurrección, van a marcar hasta nuestros días la diacronía de esta hermandad. Y su nombre original será “de la Soledad e Angustias de Nuestra Señora”, “instituida en la hermita del Calvario, extramuros desta villa, y en la de Nuestra Señora de los Cavalleros, ques en el arraval de la dicha villa”.

Las ordenanzas se configuran en veintiún títulos, que regulan la vida espiritual de la hermandad, su organización, las procesiones, las obligaciones de los cofrades.

Se radica la cofradía en la emita de Santa María de los Caballeros y se instituye la fiesta principal el 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción. Todos los cofrades, sin necesidad de ser muñidos, estaban obligados a asistir tanto a la fiesta como a las vísperas, debiendo permanecer hasta el rezo de un responso por los cofrades difuntos, bajo pena de una libra de cera[2].

Una vez concluida la fiesta, se celebraba cabildo para elegir los oficiales que regirían la cofradía y administrarían sus bienes. Estos eran: el mayordomo, que debía ser persona abonada; dos alcaldes y dos diputados. Los cargos se renovaban anualmente y sólo tenían derecho de elección los oficiales salientes[3]. Al mayordomo le competía el cobro de las rentas, el cuidado de mandar sepultar a los cofrades difuntos y encargarles las misas de ordenanza por sus almas. Los alcaldes tenían como misión llevar las antorchas a los entierros y a las procesiones[4]. El cargo de mayor responsabilidad era el de escribano –de ahí su carácter vitalicio-, por lo que requería que recayese en persona “savia, discreto y cuidado (sic) e de toda conffiança”, por lo que para cubrir la vacante, el mayordomo había de reunirse con los alcaldes y diputados, y además con cuatro cofrades “que sean personas onrradas e çelosas del bien e augmento desta conffradía”. Si no demostrase diligencia o se ausentase frecuentemente de Cáceres, de manera que tuviera descuidada su función, podría ser removido y sustituido por otro[5].

Una vez elegidos, todos estaban obligados a aceptar los cargos para no incurrir en pena de cuatro libras de cera y de expulsión definitiva, si persistían en su negativa[6].

El último domingo de cada mes, se reunían en la ermita para recibir a los nuevos hermanos y disponer lo necesario para el aumento de la cofradía. A este fin, disponían de un bufete y unas bancas para sentarse. Este día, el capellán celebrana misa con responso por los difuntos con la asistencia obligatoria de todos los cofrades bajo pena de entregar una libra de cera[7].

La cofradía debía organizar todos los años tres procesiones. El domingo de Pasión o domingo de Lázaro, a mediodía, todos se congregaban en la ermita para, con asistencia del cabildo de San Pedro, presididos por las cruces de las cuatro parroquias, haciendo estación en las iglesias de San Juan y Santa María, llevar en procesión a la imagen de Nuestra Señora “al sitio e lugar que dizen del Calvario, questá en el exido desta dicha villa onde está la ynsinia del Santo Calvario en una hermita”, donde permanecía hasta el Viernes Santo. Tras la predicación del sermón a cargo de un fraile franciscano, el cortejo retornaba hasta Santa María, desde donde las cruces volvían a sus parroquias.

La segunda tenía lugar el “Viernes de Pasión” (Viernes Santo). Organizados del mismo modo que el Domingo de Lázaro, subían al Calvario a buscar la imagen. Tras la predicación del sermón por un franciscano, se bajaba hasta Santa María la imagen de Nuestra Señora de la Soledad cubierta de luto.

La tercera se desarrollaba la mañana de Pascua de Resurrección, “a la para que más cómodo parezca”. Una vez concluida la predicación, en esta ocasión, por parte de un fraile dominico, salía de Santa María la imagen totalmente descubierta y sin luto con destino a la ermita, donde se dejaba colocada en su altar.

El mayordomo designaba los cofrades que debían llevar a hombros la imagen. Si se negaban, incurrían en pena de cuatro libras de cera[8].

Todos los viernes de Cuaresma se celebraba en el Calvario una misa rezada, pero si “hiziere tiempo áspero de aguas e ayres, de tal manera que buenamente no se pueda yr ni decir la dicha misa”, permanecerían en la ermita de la Soledad[9].

Cuando el mayordomo tenía conocimiento del fallecimiento de un cofrade, ordenaba al muñidor que muñiese por las calles con las campañillas e insignias para que toda la cofradía asistiera al entierro. Los alcaldes portaban las antorchas delante del cadáver. A la mayor brevedad posible, encargaría dos misas por su alma y pagaría la apertura y cierre de la sepultura, so pena de una libra de cera. Igualmente se procedía cuando fallecía la mujer de un cofrade o sus hijos legítimos bajo la patria potestad. En el caso de los clérigos, la cofradía enterraba a las dos personas que designasen. Pero si el hijo del cofrade tuviese menos de cuatro años, el mayordomo y alcaldes sólo estaban obligados a mandar las hachas, sin necesidad de asistir a él[10].

Existía la costumbre en Cáceres de heredar la cofradía. Es decir, en aquellas que contaban con números clausus, debían recibir como hermano al hijo mayor del cofrade difunto, si era mayor de catorce años, siempre y cuando lo solicitara dentro del plazo de un año desde el fallecimiento de su padre. Si erea menor, se le esperaba hasta que cumpliera la edad. Una vez trascurridos este plazo, perdían todos los derechos. Si el hijo mayor del cofrade falleciese antes que su padre, su hijos eran preferidos a sus tíos. En la de la Soledad, que nacía con carácter general, este privilegio consistía en pagar de limosna por su entrada por sólo tres reales y libra de cera[11].

Las mujeres eran recibidas como cofrades pero sólo para lucrarse se las gracias espirituales. Las mujeres de cofrades pagaban cuatro reales y una libra de cera si entraban en vida de sus maridos; después de muertos, la misma limosna señalada para las mujeres de su clase[12]. Cuantas veces enviudase y volviese a casar, estaba la cofradía obligada a aceptar a su nueva esposa por la limosna de dos libras de cera[13].

El recibimiento de los nuevos cofrades tenía lugar en cabildo, con asistencia de la mayoría de los oficiales, salvo que el solicitante se encomendase in articulo mortis, pues entonces bastaba con la asistencia del mayordomo, un alcalde y un diputado, y en defecto de este, el escribano, sin que en ello medie “amistades nj otros fines[14]. La cofradía estaba obligada a enterrar a las personas que se encomendaban a ella y aplicarles las mismas misas que a los cofrades. Si estos pertenecieran al estado común, oficial o labrador, pagaban doce reales; las personas “de más calidad”, mayor cantidad a discreción del mayordomo[15]. Sin embargo, era obligación enterrar gratis, pero sin decirle ninguna misa, al encomendado que fuere pobre de necesidad o aquellos cuyos bienes no superasen los tres mil maravedís, siempre que no perteneciese a otra cofradía. Al escribano debía le competía averiguar estas circunstancias[16].

Las órdenes del mayordomo relativas al servicio de la cofradía eran de obligado cumplimiento para todos los hermanos, so pena de dos libras de cera que, de no pagarlas, acarreaba la expulsión para siempre[17].

Como era habitual en las demás cofradías cacereñas, el mayordomo rendía cuentas anualmente el día de las elecciones ante los oficiales viejos, es decir los correspondientes al año de su mayordomía, y los nuevos, o sea, los designados para el siguiente, estando obligado a pagar a su sucesor el alcance que se le hiciere dentro de un plazo de tres meses. Para asentarlas, el mayordomo se reunía con dos oficiales del año de su mandato, los más entendidos en cuentas, y una vez aprobadas en el cabildo, se trasladaban a un cuaderno, con expresión pormenorizada del cargo (los propios, rentas, limosnas, entradas de cofrades), el descargo y el alcance. Este cuaderno tenía que ser debidamente custodiado por el escribano para presentarlo al obispo o a su visitador general en el transcurso de las periódicas visitas[18].

Como ya hemos, dicho, la cofradía revestía un carácter general frente a las antiguas que solían contar con números clausus. Por ello, cualquier persona que solicitara su ingreso, era aceptada. Sin embargo, la limosna con que contribuía variaba de su condición social, pero todos, a excepción de los sacerdotes, entregaban una libra de cera. Así, los clérigos de misa no pagaban nada a cambio de comprometerse a asistir a las procesiones siempre que no tuvieran un impedimento legítimo. Los que por sus oficios de platero, tintoreros, sastres, zapateros, etc. pudieran servir los cargos, veintidós reales. Los que entraban para no servir, tales como labradores, pastores, hortelanos, recueros, canteros, albañiles, carpinteros, bataneros, carniceros, etc. treinta y tres reales. Los escribanos del número, procuradores, cuarenta reales. Los caballeros que gozaran entre cien mil y ciento cincuenta mil maravedís de renta, cuarenta y cuatro reales; y los que disfrutaban de mayores cuantías, ochenta y ocho reales. La cuota de las mujeres dependía también de su condición de social y de si eran o no esposas de cofrades. Las hidalgas, veintidós reales; las mujeres e hijas de ciudadanos, así como las monjas del monasterio de Jesús, quince; las de San Pablo, por cuanto no las enterraba la cofradía, solo seis[19].

Pero muy pronto, estas ordenanzas fundacionales empezaron a ser enmendadas y aumentadas[20]:

En Cáçeres a veinte y ocho días de noviembre de mil y quinientos ochenta y dos años, se juntaron a hazer y se hizo el primero cabildo para ordenar las cossas cumplideras desta sancta cofradía en la yglessia de Nuestra Señora de los Cavalleros, que desde agora se yntitula y nonbra de la Soledad del Monte Calvario, que es a la calle de Solanas, extramuros desta villa, los señores Hernando Canbero Valberde, mayordomo desta santa confradía; y Antonio Gutiérrez el moco, hijo de Gerónimo Gutiérrez, y Joan de Figueroa Robles, diputados; Francisco Çervigón y Garçi Hernández, alcaldes; y Alonsso Durán clérigo mayordomo diputado por el clero; por ante mí Juan Gonçález Holguín, escribano desta santa Hermandad, todos primeros offiçiales della. Y en alta boz se leyeron las dichas hordenanças fechas para la buena conservación y exerçiçio de esta hermandad para las rrever y hordenar en lo que se deva, según lo que el tiempo a mostrado ser necesario y se enmendaron y añadieron en los siguientes”: que el plazo de un año para solicitar la entrada el hijo de un cofrade difunto, si estaba ausente de la villa, no empezaba a correr hasta su regreso[21]. Que por la segunda mujer, por cuanto ya se le enterró a la primera, pagaría dos libras de cera , habida cuenta que la limosna de entrada era baja, y así, por las sucesivas, siempre y cuando no fuesen cofrades antes del matrimonio[22]. Aumentaron a dieciséis reales la limosna de la gente del común que se encomendare[23]. Solo muñirían por los niños menores de siete años y los alcaldes cumplirían con mandar las hachas al entierro[24].

Además acordaron proveerse de andas y un paño para los entierros y pagar los derechos de los cofrades y encomendados; pero si estos perteneciesen a otras cofradías que entierran a sus hermanos, solo aportaría la parte que le correspondiere.

Otrossí, que aya un estandarte de seda con las ynssignias de Soledad y Calvario, y una cruz de plata ençima” para llevarlo a las procesiones y entierros. Y como para dicho menester se necesitaba otra persona, decidieron que en adelante fueran tres los diputados y los alcaldes. Por ello, eligieron a Juan de Robles de la Rocha y a Diego Hernández Cotrina, respectivamente.

El domingo 30 de enero de 1583, el mayordomo, alcaldes y diputados fundacionales acordaron encargar unas campanillas para que un muchacho muñera por los difuntos y convocara a cabildo y procesiones, por cuyo trabajo recibiría quince reales anuales. Igualmente, que hubiera un portero para avisar a los oficiales de la celebración de los cabildos y guardar la entrada, con un salario de doce reales. Se asignó a los alcaldes el arreglo de la capilla y altares para las fiestas; y al mayordomo, el de la imagen de la Virgen. Con vistas a la próxima Semana Santa, para la primera procesión, decidieron incorporar el Crucifijo de la iglesia, quedando instituida así la ceremonia del descendimiento: “Que la nuestra imagen de la nuestra ygresia y el Cristo que está en ella, lo llevemos a nuestras proçessiones como ya queda hordenado de la imagen (la Virgen), y que el Cristo se quite de la cruz a la venida de la proçessión del Viernes Santo y la cruz venga con un sudario[25].

Fig 1. Imagen del Cristo Yacente articulado para la ceremonia del descendimiento. Foto: Serafín Martín Nieto

El 28 de junio de 1583, se reunieron los alcaldes y diputados fundacionales con el nuevo mayordomo, Pedro González, para trasladar la fecha de la fiesta principal, seguramente por interferir en la que el día de la Inmaculada celebraba la cofradía de la Misericordia, de mayor antigüedad, “porque este día se haze en este lugar y soleniza fiesta de otras confradías y advocaciones, por lo qual se ha visto ynpedirse las unas con las otras”, al 2 de julio, “porque en este lugar no ay commemoraçión para el día de la Vissitaiçón de Santa Yssabel”. En consecuencia, se mudó a dicho día la elección de oficiales. Los alcaldes servirían medio año, tres desde la fiesta de la Visitación hasta el último cabildo del mes de diciembre, y otros tres el resto del año[26].

Para evitar la picaresca de algunos clérigos que, acogiéndose a la ordenanza octava, pedían el ingreso en la cofradía in articulo mortis o cuando fallecía algún familiar con el interés de que fuesen enterrados gratis, sin haber prestado ningún servicio a la cofradía, el 2 de julio de 1 583, determinaron recibirlos con una carencia de treinta días[27].

En 1584, se renovaron todos los cargos. Fueron elegidos mayordomo García Solana, diputados Alonso Pizarro, Alonso Moraga y Alonso Cano; alcaldes Juan Martín de Tovar, Juan Nevado y Alonso Gómez. El 29 de julio de dicho año, resolvieron que uno de los diputados se quede el año completo. Si no se pusiesen de acuerdo, lo echarían a suerte. El 26 de agosto, “porque es razón dar premio a quien sirve”, aumentaron los salarios: el del cobrador de las rentas, se fijó en dos ducados anuales; el del mayordomo, en dos ducados y dos gallinas; el del escribano, en quinientos maravedís; el de los alcaldes y diputados por asistir a las cuentas, en tres reales a cada uno, que percibirían en caso de no poder asistir por enfermedad o ausencia de la villa. El 24 de diciembre, arbitraron que los seis alcaldes debían asistir a las procesiones so pena de dos libras de cera y, además, los viejos debían entoldar la ermita el domingo de Resurrección[28].

El 7 de julio de 1585, moderaron la entrada de las monjas del monasterio de Santa María de Jesús a un ducado y una libra de cera -limosna reservada a las mujeres del común-, en vez de la que pagaban las nobles e hidalgas como les hubiera correspondido. El 24 de noviembre, acrecentaron en uno más el número de alcaldes, con el fin de que llevase el crucifijo a los entierros. El 27 de diciembre, facultaron al mayordomo para recibir los nuevos cofrades con la obligación de informar al escribano para que los asentara en los libros[29].

Fig 2. Nuestra Señora de la Soledad a comienzos del siglo XX

Las desavenencias sobre quienes debían portar las imágenes y las hachas. El 1 de abril de 1591, ante la inminencia de las procesiones convinieron que el domingo de Pasión, sacarían la imagen de la Soledad cuatro nobles, alumbrados por cuatro nobles con hachas, y la llevarían en hombros hasta Fuente Concejo; allí serían relevados por los ciudadanos, en dos turnos, desde dicha fuente hasta la primera cruz en la esquina del cercado de Melchor de Ulloa, y desde allí hasta el Calvario. El Viernes Santo, los caballeros bajarían la imagen de la Virgen hasta la primera cruz, desde allí hasta Fuente Concejo por los ciudadanos, donde volverían a cogerla los nobles. En la mañana de Resurrección, sólo los nobles cargarían con la imagen, mientras los cuatro alcaldes alumbrarían con las hachas[30].

El estreno, por parte de la cofradía de la Misericordia, de la imagen de Jesús Nazareno el Miércoles Santo de 1609 debió de impactar y ser el motivo por el que, el 27 de mayo, el mayordomo Benito Martín Serrano y el diputado noble don Gabriel de Saavedra encargaran al escultor Tomás de la Huerta la hechura de un Cristo Resucitado que debía de estar acabado para el día de San Andrés, conforme a las condiciones estipuladas en el contrato[31]. Dicha imagen, hoy desaparecida, procesionó en Cáceres desde 1610 a 1929[32].

Fig 3. El Resucitado de Tomás de la Huerta

Curiosamente, tres días antes de la aprobación episcopal de las ordenanzas fundacionales, la cofradía se dotó de su primera renta, seguramente con la limosna de entrada de los cofrades. El 25 de noviembre, don Diego de Carvajal y su mujer doña María Golfín le vendieron ocho mil maravedís de renta de censo por el principal de ciento dos mil, que impusieron sobre dos aceras a los hornos tejeros del Junquillo[33]. Su patrimonio se incrementaría rápidamente con los bienes de las cofradías que el obispo Galarza mandó agregar.

De los documentos se desprende que todos tenían conciencia de que se trataba de una nueva cofradía, no una continuidad de la de Santa María de los Caballeros, que se extinguió por decisión episcopal hasta tal punto que su ermita cambió de advocación. Así lo entendieron también los coetáneos, pues ni siquiera mantuvieron la fiesta principal de Santa María de los Caballeros.

Estos fueron los primeros oficiales, a los que les competió, cumpliendo el mandato del obispo, iniciar la cofradía.

 

Año

Mayordomo

Diputados

Diputado eclesiástico

Alcaldes

Escribano

1582

Hernando Cambero Valverde

Antonio Gutiérrez el mozo, Juan de Figueroa Robles

Alonso Durán

Francisco Cervigón, García Hernández

Juan González Holguín

1583

Hernando Cambero Valverde

Antonio Gutiérrez el mozo, Juan de Figueroa Robles

Alonso Durán

Francisco Cervigón, Diego Hernández

Juan González Holguín

1584

García Solana

Alonso Pizarro, Alonso Moraga, Alonso Cano

 

Juan Martín de Tovar, Juan Nevado, Alonso Gómez

 

1585

Cristóbal Delgado

Sancho de Paredes, Gonzalo de Cáceres Andrada

 

Diego Jiménez, Jerónimo López, José de Cabañas

 

 

Para el poder civil y eclesiástico, constituyó una constante preocupación la abundancia de cofradías que no contaban con fundaciones y ordenanzas debidamente aprobadas. Así lo manifiesta el sínodo convocado en 1537 por el obispo de Coria don Francisco de Mendoza y Bobadilla:

Algunos, movidos con buen zelo, ordenan cofradías, las quales han crescido y crescen en tanto número que podrían traer daño, y haze en ella estatutos que, por no ser bien mirados, se siguen dellos inconvenientes. A lo qual queriendo obviar, sancta sínodo aprobante, estatuymos y mandamos que de aquí adelante en nuestra diócesi no se hagan ni establezcan cofradías algunas sin nuestra especial y expresa licencia, ni se hagan estatutos, constituciones ni ordenanças, ni aquellas se guarden ni observen sin que primeramente sea todo por nos visto, examinado y aprobado”.

A fin de mermar su relevancia, el sínodo estatuyó que aquellas cofradías que poseyeran bienes, dedicaran la cuarta parte de sus ingresos al sostenimiento de un hospital. “E si huviere muchas cofradías, dentro de quatro meses los mayordomos e oficiales dellas declaren y elijan los hospitales donde quieren dedicar y gastar lo suso dicho. Y los que no cumpliere lo susodicho, mandamos a nuestros provisores o visitadores tomen y gasten la dicha quarta parte en los dichos hospitales, y donde no huviere hospital, se haga otra obra pía, qual al obispo o su provisor y a los dichos cofrades y cura del lugar pareciere[34].

A lo largo de su historia, muchas cofradías han visto saqueadas sus rentas mediante su aplicación por decreto de la autoridad eclesiástica y civil a diversos fines.

García y García en el tomo del Synodicon Hispanum dedicado a las diócesis extremeñas afirma no haber encontrado ninguna noticia referente a otro sínodo convocado por este obispo en 1543, que citan otros autores[35].

Lo cierto es que esta enajenación de parte de sus rentas decretada en la constitución LII de 1537 no tuvo respuesta alguna. Sin embargo, el anuncio de la apertura de otro sínodo convocado por el ya cardenal Bovadilla en Cáceres el 10 de mayo de 1545, suscitó enormes suspicacias entre las numerosas cofradías cacereñas, temerosas de que su intención fuera extinguirlas y aplicar sus rentas a ciertos hospitales. El 3 de mayo de dicho año, los mayordomos de las cofradías de San Bartolomé del Pizarral, San Benito de los Alcoces, San Blas el Viejo, Santísimo Sacramento, Santa María de los Caballeros, San Juan de los Olmos y las Ventanas, Vera Cruz, San Juan de los Ovejeros, Santo Domingo el Viejo, Santa Lucía, Nuestra Señora de la Concepción, la cofradía y hospital de San Salvador de los Recueros otorgaron poder a procuradores de Cáceres, Coria, Salamanca –donde se hallaba la Audiencia metropolitana de Santiago-, Supremo Consejo de Castilla y cualquier otra justicia y para comparecer ante los asistentes al sínodo para exponer que las cofradías habían obtenido sus rentas con su esfuerzo y haciendas, y con ellas enterraban a cuantas personas se encomendaban, y que, por lo tanto, no consentían que se tratase dicho asunto en el sínodo ni que se hiciera novedad, pues de lo contrario se arruinarían muchas ermitas “a cuya advocaçión y devoçión se an hecho e ynstituydo muchas cofradías, las quales hermjtas e yglesias son muy neçesarias e provechosas ansy para dezir las mjsas que en ellas se dizen como para el ornamento desta villa[36].

Al obispo don Pedro García de Galarza, a quien nada arredraba, le cupo la aplicación de los decretos del Concilio de Trento. Y como sus antecesores, pero sin titubear, determinó la reducción de los numerosos institutos religiosos existentes en Cáceres, los cuales llevaban una vida bastante languideciente, con escasos cofrades y más exiguas rentas.

La creación de la cofradía de la Soledad le sirvió de excusa para suprimir seis cofradías, cuyas rentas agregó a la nueva fundación:

“A esta santa conffradía se juntaron e aunaron el año de mil e quinientos e ochenta e dos otras conffradías, conviene a saber:

La de Santa María de los Cavalleros con su casa y hermita, ques donde se sirve esta santa confradía.

La de San Miguel, que se sirve en la dicha hermita y casa.

La de Santa María del Prado, que se servía en la iglesia de señor San Juan.

La de San Antonio con su hermita, que es en la calle de Joan de la Peña, ffrontero de la casa de Gabriel Gutiérrez, que se servía en la dicha hermita.

La de Santa María la Vieja, que se servía en Señor Santiago.

La de Santa Marina, que se servía en la iglesia de señor San Juan”[37].

De todas estas cofradías, apenas quedan noticias. Sólo de la de Santa María la Vieja se ha conservado un libro.

 

SANTA MARÍA DE LOS CABALLEROS

 

 Fig 4. Acta fundacional de la cofradía de Sta María de los Caballeros

 La de Santa María de los Caballeros se fundó el 2 de septiembre de 1470. “Estando los cofrades que fueron en fazer e establecer e hordenar esta cofradía de la bienaventurada gloriosa señora Santa María de los Cavalleros” en casa del cantero Valentín Blázquez, eligieron como escribano a Juan Holguín, quien lo era del número. No han llegado a nosotros estas ordenanzas fundacionales, que estaban asentadas en el “libro viejo”, tan sólo cuatro capítulos. Por nota inserta, sabemos que fueron reformadas en 1552, siendo mayordomo Benito Sánchez. Su fiesta principal era el 15 de agosto, la Asunción de Nuestra Señora, que se celebraba con misa, a la que estaban obligados a asistir todos los cofrades sin necesidad de ser muñidos así como a las vísperas del día anterior, so pena de cuatro maravedís. Los clérigos que la celebraban, recibían de limosna lo que los oficiales determinaban. Como era habitual en las demás cofradías, celebraban una misa mensual por el alma de los cofrades difuntos y otra el domingo siguiente a la fiesta principal. El 6 de agosto, Transfiguración del Señor, se reunía el cabildo general. El que no asistiere, debería pagar cuatro maravedís al peñero, y si no quisiere pagar, los alcaldes acompañarían al peñero para ir a embargarle. El escribano informaría a todos los cofrades de las cuentas rendidas por el mayordomo[38].

Desde Publio Hurtado se viene afirmando erróneamente que fue también hospital[39]. La confusión se debe a que el hospital que fundara Diego García de Ulloa el Rico en unos solares que había comprado a su hijo tenía por advocación Santa María de los Caballeros[40].

De hecho, si la cofradía hubiera contado con un hospital, no se habría opuesto, como lo hizo junto con las restantes hermandades de la villa, según ya hemos referido, a los designios del obispo cardenal Bovadilla de agregar las rentas de estos institutos a un hospital, pues hubiera resultado favorecida.

Radicaba en la ermita de Santa María de los Caballeros, hoy de la Soledad. La capilla mayor es la parte más antigua, si bien en 1747 la apeó el maestro Francisco Encinales por cuanto amenazaba ruina a causa de un corrimiento de tierras. Su forma ochavada es similar a la de algunas de ermitas y capillas del siglo XV que se conservan en Cáceres, entre ellas la capilla mayor de la antiquísima ermita de San Pedro de los Caballeros hoy convertida en capilla lateral de la actual ermita de las Candelas; o la del convento de San Pablo, circa 1474[41], la del Espíritu Santo, de 1513[42].

Fig 5. Ábside de Santa María de los Caballeros. Foto: Serafín Martín Nieto

Fig 6. Ábside de San Pedro de los Caballeros. Fotos: Serafín Martín Nieto

En torno a las fechas de la fundación de la cofradía, la ermita estaba en obras. En su testamento de 1479, Alonso González mandó cumplir la donación de su suegra Isabel García, madre de su primera mujer, de veinte maravedís para las obras de Santa María de los Caballeros[43].

En su testamento de 5 de septiembre de 1534, Beatriz García, mujer de Juan García, mandó dar el más viejo de los dos mantos que poseía a Beatriz Jiménez “que tiene cargo de servir en la yglesia de Nra. Sra. Sta Mª de los Caballeros” y además dos maravedís para aceite de la lámpara de la ermita[44].

En el presbiterio, al lado del evangelio, cabe remarcar el precioso arcosolio gótico con tracerías, presidido por un blasón con la cruz. Fue mandado construir por el clérigo Miguel Martín, cura de San Mateo, como altar de la Santa Cruz. Contando con licencia del obispo, preparó su sepultura en la ermita, a los pies de mencionado altar donde aún se conserva su lápida sepulcral, a la que mandó trasladar los huesos de su padre desde el convento de San Pablo. Fundó una capellanía para cuyo patronato designó a su sobrino Hernán Martínez. En caso de que no tuviese sucesión, se dividirían en tres partes: una para la iglesia de Santa María de los Caballeros, otra para su cofradía con la obligación de decirle una misa el día de San Juan Evangelista, y la tercera para la cofradía de la Vera Cruz[45].

Fig 7. Altar de la Santa Cruz. Fotos: Serafín Martín Nieto

Fig 8. Sepultura que construyera el clérigo Miguel Martín.. Fotos: Serafín Martín Nieto

El 23 de octubre de 1522, ante el escribano Francisco Ruiz, Miguel Martín clérigo donó al cabildo y a su abad, Francisco Martín, ciento cincuenta maravedís de renta de censo sobre el suelo de sus casas de moradas, fronteras a la ermita, linde las de Miguel García Vaquero y por la espalda corrales de Francisco Romero, para que le digan un aniversario cantado de réquiem por su alma “en el altar de la Cruz, ques dentro de la yglesia de Santa María de los Cavalleros, onde yo tengo my sepoltura”, al mismo tiempo que los aniversarios en San Mateo y las vísperas del día antes de los difuntos[46]. Además, Ante Alonso de Trujillo, el 16 de febrero de 1528, sobre el suelo de dichas casas, donó a la cofradía doscientos cincuenta maravedís más otros cien de renta perpetuos para la celebración dos misas rezadas anuales con responso el día de la Transfiguración y el de la Exaltación de la Cruz[47].

Por parte de la cofradía, el 7 de agosto de 1548, ante Pedro de Grajos, se puso demanda a Hernán Núñez y a su mujer Isabel de Torres sobre la enajenación hecha de la mejora de las casas de las casas que fueron del clérigo Miguel Martín a favor de Isabel de Torres, “por tenerlas ésta mui mal tratadas, destruidas y menoscabadas en mucho”, por lo que solicitaban la restitución. La sentencia del pleito de 24 de noviembre de dicho año obligaba a Isabel de Torres a entregar la casa a la cofradía, que la dio a censo perpetuo a Diego de Tovar y Catalina de Castañeda. Sin embargo, el 27 de enero de 1555, ante Francisco Borje, estos hicieron dejación a favor de la cofradía.

Por escritura de 9 de julio de 1558, ante Pedro de Grajos, dio a censo infiteusis para siempre jamás a Diego de Solís e Isabel Delgado, como principales deudores, y a Pedro de Solís como su fiador, dichas casas con corral en la calle que baja a San Francisco, fronteras a la iglesia de Santa María de los Caballeros, que lindaban con la de Francisco García Peña y con la calle de Sierpe y por detrás con casas del sastre Juan García y corrales de Francisco Martín y Juan Sánchez, por ochenta y dos reales y medio anuales pagaderos en las dos pagas habituales, por San Juan y Navidad.

De estos pasó una parte a Luis de Tovar y Catalina Sánchez, pues Isabel Delgado las dividió en dos, quedándose ella con la más pequeña a a que se accedía por la calle de la Sierpe. Catalina Sánchez, estando ya viuda, ante Juan Romero, el 30 de septiembre de 1586, reconoció el censo de cincuenta y cinco reales y medio a favor de la cofradía de la Soledad sobre esta casa que lindaba, entonces, con la del batanador Benito Martín Constantino y con la de Martín Sánchez y “con otra casilla que se sacó de la deslindada cuia puerta salía a la calle de la Sierpe” que poseía Isabel Delgado viuda de Domingo de Solís, la cual pagaba los veintisiete reales restantes.

Francisco Hernández Solana, presbítero beneficiado de San Mateo, Andrés Martín Machado y el clérigo Benito Cotrina fueron los sucesivos dueños. En 1691, la compró Benito Tejada del concurso de acreedores del referido Cotrina.

Estas casas, en la esquina de Fuente Nueva con Sierpe las compraría a los Tejada el monasterio riojano de Valvanera para vivienda del fraile administrador de la cabaña lanar que pastaba en el término de Cáceres. Por este motivo, a petición del mayordomo Pedro Gutiérrez, el 16 de abril de 1751, fray Alonso Ruiz reconoció esta carga[48]. A pesar de los sucesivos propietarios y reformas, sobre la fachada que da a Sierpes se han conservado algunos elementos decorativos, entre ellos la cruz con los clavos que tanto prodigó el mencionado sacerdote. Como cura de San Mateo, fue capellán de las monjas de San Pablo, en cuya iglesia fundó la capilla de la Santa Cruz, luego capilla de San José o de los Aldanas, donde estuvo enterrado su padre. En la clave, figura el mismo blasón con la Santa Cruz y los tres clavos que en la actualidad es el emblema de la Real Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y Santo Entierro, que lo ha heredado del blasón del tantas veces mencionado Miguel Martín.

Además de esta, la cofradía tenía otra casa en la calle de San Francisco, en el Altozano (incluida hoy en el convento de Santa Clara), que le había donado Juan Mateos Catana, linde las de Lope Rodríguez y las de Juan Delgado, que tenían dadas en arriendo a Benito Rodríguez Chacón. El 10 de mayo de 1558, la cofradía pidió licencia al visitador Salcedo para acensuar esta casa y la que mandó Miguel Martín clérigo, linde las de Francisco García Peñaranda y la calle de Sierpe, “las quales andando en alquiler se perderían porque no avría quien las rreparare e se gastará más en los rreparos que valen los alquileres”. El visitador delegó en el clérigo Suero Díaz Barroso. El 13 de mayo comenzaron los pregones. El 11 de junio, el cantero Benito García las pujó en dieciocho reales de renta anual. Los tasadores nombrados por los compradores, Juan Martín albañil, y por la cofradía, Bartolomé González albañil, declararon que las casas valían menos de lo que daba por ellas Benito García, pues se estaban cayendo.  El 27 de marzo de 1559, las vendieron a censo al referido cantero y a su mujer María Hernández por seiscientos doce maravedís[49].

La cofradía había comprado de Pedro Alonso Golfín ciento cincuenta maravedís de renta de censo perpetua en el suelo y propiedad de un alcacer, linde con los que fueran de Juan Gordillo y de Hernando de Sepúlveda y con una calleja de dos varas de ancho para entrar y salir al Camino Llano. El 17 de julio de 1559, Álvaro de Ulloa Aldana y su hijo Hernando de Aldana vendieron a Diego de Migolla el viejo, vecino de Cáceres y morador en Torremocha, una casa con solares y alcacer en la calle de los Solanas[50]. A pesar de haberla comprado con esta carga sobre dos partes del alcacer, enseguida entabló pleito. “Y los hermanos e cofrades de la cofradía, visto que se nos movía pleyto y que se gastarjan más dineros en el dicho pleyto que valía el prinçipal, fue mandado en cabildo que se conçertase con el señor del dicho alcaçer”. El 13 de julio de 1560, ante Francisco Borje, la cofradía dio poder al mayordomo para esta transacción, por cuanto Migolla había ofrecido dar seis mil maravedís de principal, que puestos a censo al quitar rentarían quinientos, con lo que la cofradía ganaría cada año trescientos cincuenta maravedís más.

El 26 de julio de 1561, tras haber obtenido licencia del visitador Salcedo y haberse rematado en Migolla en dicha cantidad en pública subasta, el mayordomo Juan de Coria otorgó la carta de venta[51].

La villa celebraba la procesión del Corpus Christi con especial solemnidad. Además de la contratación de danzas, chirimías, invenciones, tarasca, etc., todos los gremios y cofradías participaban con sus estandartes. El 26 de mayo de 1570, el concejo mandó librar en el mayordomo de Santa María de los Caballeros dos ducados por la folia[52] del día del Corpus y otro ducado por la cera que gastaron[53].

Hacia 1577, la cofradía había encargado un retablo para la ermita. No debía de contar con muchos caudales, pues tuvieron que pedir dinero prestado. Así en el inventario de bienes que dejó Francisco Pavón, figura el siguiente asiento: “Más. Se deven diez ducados que Francisco Pavón prestó a la Cofradía de Ntra. Sra. de los Cavalleros para hazer un rretablo[54]. Este retablo sería reemplazado por el actual entre 1728 y 1730, obra del salmantino Luis González[55].

Con enorme esfuerzo, logró reunir una serie de rentas, que, a resultas de la anexión, heredaría la nueva cofradía de la Soledad.

  • 100 maravedís perpetuos sobre casa en la calle de San Francisco (Fuente Nueva) que Catalina Martín, viuda de García Hernández Higuero, vendió a Periáñez y su mujer María Sánchez con varias cargas, entre ellas estos maravedís que su marido dejó en testamento para que los cofrades le mandaran decir en su ermita una misa rezada el día de Nuestra Señora de la O[56].
  • 100 maravedís perpetuos sobre casa de Isabel Alonso, viuda del tejedor Francisco Ojalvo, que habían comprado al difunto bachiller Ojalvo clérigo, sita en la calle que va de Solanas a la Puerta de Mérida, linde con casa del herrero Jerónimo Ojalvo y con la de la mujer e hijos del zapatero Juan Martín[57].
  • 485 maravedís de renta perpetua sobre el suelo de una casa que Benito Jiménez y su mujer Juana Díaz tomaron del mayordomo Andrés Martín, ante el escribano Gonzalo García Ternero, en la colación de San Mateo, linde la de Alonso Hernández Ramadilla y las de Benito García, hijo de Mari Méndez. Como no podían sostener la casa ni pagar la renta, el 28 de marzo de 1541, su suegro y fiador, el botero Pedro Martín, la traspasó a Benito Hernández Chacón y su mujer Mari González[58].
  • 39 maravedís perpetuos sobre el corral de las casas del barbero Juan Sánchez Nevado en la calle de Solanas, linde las de Antonio de Sepúlveda.
  • 935 maravedís perpetuos sobre casa en Sierpe que el procurador Gonzalo Jiménez había comprado a su suegra Isabel Delgado, linde la de Martín Sánchez y la de Benito Martín Constantino.
  • 600 maravedís perpetuos sobre una casa al altozano de Valderricote, linde la de Francisco Cotrina Delgado y las del tintorero Hernando Juárez, -hoy incluidas estas tres últimas en el convento de Santa Clara-, que Juan García y su mujer Catalina García habían recibido en dote de su suegra y madre Catalina Rodríguez[59].
  • 500 maravedís de renta al quitar que el hortelano Gabriel Sevillano y su mujer Isabel Alonso cargaron sobre una viña en Pozo Morisco[60]. Su hijo Alonso Sevillano la vendió libre de censo a Martín Delgado. La cofradía entabló pleito contra Francisco Cotrina Delgado y Bartolomé Delgado, herederos de su hermano y tío Martín Delgado, que fueron condenados a reconocer esta hipoteca[61].
  • 300 maravedís y una gallina de renta sobre el suelo de unas casas en la calle de Carniceros, de la viuda e hijos del corredor Juan Pérez, linde las del carpintero Martín Jiménez y las de la cofradía de Santa Marina. La cofradía vendió a los propietarios este censo por 7.360 maravedís[62].
  • 285 maravedís y medio de renta de censo sobre huerto en la ribera, de Juan García Jarón y su mujer Francisca Vara, linde las viñas de Juan Bocarro y las de Gutierre de Solís y la rivera, por el principal de 4.000[63].
  • Censo que pagaba Alonso Pérez, mayoral de Francisco de Ovando, sobre casa en la calle que dicen de Juan Caballero, a la colación de San Mateo. El 25 de enero de 1556, se la vendió a Alonso Pérez Gallego con esta carga[64].
  • Vasco Martín legó en su testamento un ducado y dos gallinas de renta a las cofradías de Nuestra Señora de los Caballeros, la Magdalena, Santo Domingo y San Francisco para que le aplicasen ciertas misas[65].
  • 250 maravedís perpetuos sobre casa en Fuente Nueva, linde la de Pedro Gutiérrez y la de Antón Sánchez Amigo[66].
  • 935 maravedís sobre casa en la calle de la Sierpe, la última, que confinaba con la de Fuente Nueva, casa de la mujer e hijos de Martín Sánchez difunto y por la espalda con la del sastre Hernando Marín sastre[67].No sabemos de dónde procede su denominación de “los Caballeros”, pues entre los nombres de los oficiales y cofrades que han llegado a nosotros apenas figura algún miembro de la nobleza local. Por muy fragmentaria que sea, nos indica que predominaban los pecheros, algunos hidalgos cuya mayor parte ejercían empleos manuales.
  •             Junto con las dos casas propiedad de la cofradía, estas rentas le permitían cierto desahogo económico.

Año

Mayordomo

Alcaldes

Escribano

Cofrades

1470

 

 

Juan Holguín

Valentín Blázquez, cantero

1528

 

 

Alonso Tejado

 

 

Andrés Martín

 

 

 

1545

García Solana

Jerónimo González

 

Diego Martínez Espadero, Alonso Martín, Juan de Coria, Pedro Jiménez, Gonzalo y Juan Jiménez Solana, Bartolomé Martín Berrocal

1558

Bartolomé Delgado

Diego Sánchez Solana

García Solana

Francisco de Paredes Sánchez, Diego de Solís, Martín Delgado, Juan García Jarón, Juan Díaz, Juan Pérez tintorero

 

1559

Juan Pérez tintorero

Bartolomé Sánchez Melón y Juan de Coria el mozo

García Solana

Juan Delgado, Bartolomé Delgado, Martín Delgado, Francisco Pavón, Diego Sánchez Solana, Benito González Solana, Francisco Martín Berrocal, Andrés Martín Carretero

1561

Juan de Coria

Jerónimo González herrador, Juan Delgado tintorero

García Solana

Juan Solana, Diego Sánchez Solana, Francisco García Peñaranda, Benito García cantero, Benito Jiménez Solana, Pedro García, Francisco Martín Berrocal

1564

Diego Sánchez Solana

 

 

 

1569

Jerónimo González herrador

 

 

 

El hecho de que en el plano de Claudio Coello figure paradójicamente exenta la ermita de la Soledad ha inducido a algunos autores al error de afirmar que las casas colindantes datan de la segunda mitad del siglo XIX. Nada más alejado de la realidad. Hay constancia documental desde el siglo XVI de la existencia de la calle y de las casas adosadas a la capilla.

El 20 de agosto de 1538, ante Fernando Conde, el mercader Gonzalo Jiménez vendió a Juan García y a su mujer Beatriz García una casa a Santa María de los Caballeros, linde las de Miguel Ortega y delante la calle real. Estos las traspasaron el 6 de septiembre de 1559, ante Benito González, al sastre Juan García y a su mujer Inés Hernández. En esta carta de venta, se perfila más su ubicación: en calle de Solanas, linde casas de Francisco Pavón y la plazuela de Juan Delgado y por detrás la calle del horno y de frente la ermita de Santa María de los Caballeros[68].

El 13 de enero de 1560, Diego de Manjarrés, vecino de Oropesa, vendió un censo a favor de Juan Delgadillo de Paredes que cargó sobre una casa “en la calle que dizen de Solanas, e alinda de una parte la esquina de dicha casa con la dicha calle de Solanas e con las dos calles, la una que va a la Fuente Nueba e la otra a Santa María de los Caballeros, e de otra parte alinda con casa de Sancho de Paredes[69].

El 27 de enero de 1575, Benito Sánchez Amigo tejedor y su mujer Leonor Martín reconocieron un censo a favor de doña María de Ovando sobre dos casas colindantes que habían comprado al cardador Diego Sánchez Solana cardador y a su madre Antonia López, sitas en la calle de Santa María de los Caballeros, que lindaban con casas de la portuguesa Leonor Martín, viuda del albañil Luis González, y la casa pequeña con la ermita[70].

                                       SERAFÍN MARTÍN NIETO

[1] ARCHIVO DIOCESANO DE CORIA-CÁCERES (A.D.C-Cc.). Parroquia de San Mateo de Cáceres (S.M.). Libro nº 102 (35): Cofradía de Santa María de los Caballeros. Cofradía de la Soledad. Ordenanzas de 1470 y acuerdos hasta 1627. Fols. 13v.-14v.

[2] Ordenanza primera.

[3] Ordenanza segunda.

[4] Ordenanza tercera.

[5] Ordenanza décimo novena.

[6] Ordenanza décimo octava.

[7] Ordenanza cuarta.

[8] Ordenanza quinta.

[9] Ordenanza sexta.

[10] Ordenanza décimo sexta.

[11] Ordenanza novena.

[12] Ordenanza décima.

[13] Ordenanza décimo tercera.

[14] Ordenanza duodécima.

[15] Ordenanza décimo cuarta.

[16] Ordenanza décimo séptima.

[17] Ordenanza décimo quinta.

[18] Ordenanza vigésima.

[19] Ordenanza vigésimo primera.

[20] A.D.C-Cc. S.M. Libro nº 102 (35): Cofradía de la Soledad. Nuevas Ordenanzas y acuerdos hasta 1628. Fols. 11-12.

[21] Afecta a la novena ordenanza fundacional.

[22] Afecta a la décimo tercera ordenanza fundacional.

[23] Afecta a la décimo cuarta ordenanza fundacional.

[24] Afecta a la décimo sexta ordenanza fundacional.

[25] A.D.C-Cc. S.M. Libro nº 102 (35): Cofradía de la Soledad. Nuevas Ordenanzas y acuerdos hasta 1628. Fols. 12 y v.

[26] Ibid. Fols. 12v.-13v.

[27] Ibid. Fols. 13v.-14.

[28] Ibid. Fols. 14-15.

[29] Ibid. Fols. 15 y v.

[30] Ibid.Fols. 18 y v.

[31] ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁCERES (A.H.P.Cc.). Protocolos de Juan Romero. Caja 4.255.

[32] MARTÍN NIETO, Serafín: “Viejas imágenes de Nuestra Semana Santa. I”. Periódico Extremadura. 3 de marzo de 1989. En este artículo, narramos las vicisitudes de esta imagen lamentablemente perdida.

[33] A.H.P.Cc. Protocolos de Pedro de Pérex. Caja 4.125. Año 1582.

[34] GARCÍA Y GARCÍA, Antonio: Synodicon Hispanum. V. Extremadura: Badajoz, Coria-Cáceres y Plasencia. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid, 1990. Págs. 292-293.

[35] Ibid. Pág. 328.

[36] A.H.P.Cc. Protocolos de Sancho Giménez. Caja 3.939. Años 1544-1546.

[37] A.D.C.-Cc. S. M. Libro nº 102: Cofradía de Santa María de los Caballeros. Cofradía de la Soledad. Ordenanzas de 1470 y acuerdos hasta 1627. Fols. 21v.-22.

[38] Ibid. Fols 1 y v.

[39]HURTADO, Publio: La Parroquia de San Mateo de Cáceres y sus agregados. Imprenta La Minerva. Cáceres, 1918. Pág. 114: “En edad remota fue hospital y después fue santuario denominado de Santa María de los Caballeros”.

[40] A.D.C.-Cc. Parroquia de Santiago de Cáceres. Libro 60: Hospital de los Caballeros. 1486-1830. Fols.4v-5. En su testamento de 1486, Diego García de Ulloa el Rico señaló 20.000 maravedís de renta para fundar un hospital con cinco camas para “pobres que fueren y vinieren a esta villa e quisieren yr a posar a él” en unas casas caídas intramuros en la calle de la Puerta de Mérida, linde las que fueron de Gonzalo de la Rocha y casas que había trocado con su hijo Gonzalo de Ulloa para agregarlas a la fundación. Incluso había concertado la portada con el cantero Valentín Vázquez.

ARCHIVO DE LA FUNDACIÓN TATIANA PÉREZ DE GUZMÁN EL BUENO. Cáceres, Leg. 29-8. Ante Gregorio de Grajos, el 2 de agosto de 1504, en su testamento, Juan de Carvajal el Viejo dispuso que, en caso de que Fernandico, su criado, muriese siendo menor, los dos tercios de los bienes que le cedía los heredase el hospital de Santa María de los Caballeros para ayuda a los pobres.

A.H.P.Cc. Protocolos de Benito González. Caja 3.819. Año 1560. El 16 de abril, Bartolomé González Hanique y su mujer María Alonso tomaron a censo quinientos maravedís de renta a favor de Juan de Paredes Delgadillo, los cuales carga sobre sobre casa “a do dizen la Puerta de Mérida e alinda de una parte con casas del ospital de Nuestra Señora Santa María de los Cavalleros” y otra de los otorgantes.

Ibid. Protocolos de Benito González. Caja 3.820. El 26 de abril de 1561, Hanique y su mujer reconocieron un censo a favor de la capellanía de Teresa Pérez, difunta, sobre su casa “al altoçano de la Puerta de Mérida, que alinda de una parte con casa de Juan Blanco e de otra parte con casa del ospital de los Cavalleros”.

Ibid. Protocolos de Juan Martínez Sigler. Caja 4.369. El 14 de febrero de 1605, Juan Sánchez Bermejo, oficial de sombrerero, y su mujer María Vara vendieron al también sombrerero Benito Martín y a su mujer María Rodríguez una casa en Torremochada con corral que linda con la muralla, con algunas cargas de censo, entre ellas cuarenta y ocho reales “que avéis de pagar al ospital de Nuestra Señora de los cavalleros de esta villa en seis años primeros siguientes”, por la limosna que el padre del vendedor mandó al Hospital. El comprador reconoce este mismo día el censo a favor del mayordomo del hospital y no al de la cofradía de la Soledad, heredera de las rentas de la cofradía de Santa María de los Caballeros.

Con estas pocas citas, queda evidente que el hospital de Santa María de los Caballeros no tenía nada que ver con la actual ermita de la Soledad.

[41] MARTÍN NIETO, Serafín: “San Pablo de Cáceres: de Casa de Beatas a Convento de Clausura (1425-1591)”. XXIV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. Pág. 272.

[42] MARTÍN NIETO, Serafín: “La ermita cacereña del Espíritu Santo”. XXXIX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, 2010. Pág. 427.

[43] ARCHIVO DE LA FUNDACIÓN TATIANA PÉREZ DE GUZMÁN EL BUENO. Cáceres, Leg. 31-33. Testamento de 18 de junio de 1479 ante Pedro González.

[44] A.H.P.Cc. Protocolos de Fernando Conde. Caja 3.712.

[45] ARCHIVO HISTÓRICO PROVINCIAL DE CÁCERES (A.H.P.Cc.). Protocolos de Cristóbal de Cabrera. Caja 3.626. Cuad. VIII. Testamentos. Otorgado el 27 de febrero de 1528 ante Francisco Gómez.

[46] A.D.C-Cc. Parroquia de San Mateo de Cáceres. Leg. 21 doc, 12. Cabildo Eclesiástico

[47] Por entonces, la casa lindaba con la del mencionado Vaquero y las de Mendo de Valdés. En 1749, reconocieron estas cargas don Diego de Figueroa Villalobos y doña María de castro Solís (A.H.P.Cc. Protocolos de Pedro José Cisneros. Caja 3.689).

[48] Ibid. Protocolos de Pedro José Cisneros. Caja 3.689. Año 1751. Fols 65-66v.

[49] Ibid. Protocolos de Pedro de Grajos. Caja 3.925. Año 1559.                                                                             

[50] Ibid. Protocolos de Cristóbal de Cabrera. Caja 4.416.                                         

[51] Ibid. Protocolos de Pedro de Grajos. Caja 3.926.

[52] Covarrubias, en su Tesoro de la lengua castellana, define así la folia: “Es una çierta dança portuguesa, de mucho ruido porque ultra de ir muchas figuras a pie con sonajas y otros instrumentos…”.

[53] ARCHIVO MUNICIPAL DE CÁCERES. Actas Capitulares. 1569-1574. Fol. 91. Además, medio ducado al que sacó la invención de la venta; otro medio ducado a la del pescador y que no se den ventajas de las danzas porque de ellas se paga esto, al sacristán de Santiago un ducado por la mejor invención de la cruz y a Juan del Herena otro por haber montado el altar más rico.

[54] A.H.P.Cc. Protocolos de Pedro González. Caja 3.830. Año 1577. 22 junio.

[55] MARTÍN NIETO, Serafín: “San Pablo de Cáceres: de Casa de Beatas a Convento de Clausura (1425-1591)”. XXIV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo. Pág. 272.

[56] A.D.C.-Cc. S.M. Leg. 21, doc. 35. Cabildo Eclesiástico. La escritura de veta pasó ante Alonso de Trujillo el 10 de mayo de 1528.

[57] A.H.P.Cc. Protocolos de Juan Romero. Caja 4.238. Año 1586. Lo reconoce a instancias del mayordomo Cristóbal Delgado “por se aver juntado la dicha confradía con la otra que nuevamente se hizo de Nuestra Señora de la Soledad”.

[58] Ibid. Protocolos de Fernando Conde. Caja 3.713. Año 1541.

[59] Ibid. Protocolos de Francisco de Medrano. Caja 4.037         . En 1590, a instancias del mayordomo Francisco Cervigón, reconocieron a la cofradía de la Soledad por dueña de estos tres censos.

[60] Ibid. Protocolos de Cristóbal de Cabrera. Caja 4.419. 20 de agosto de 1564.

[61] Ibid. Protocolos de Alonso de Solís. Caja 4.370. Año 1579. 17 julio.

[62] Ibid. Protocolos de Alonso de Solís. Caja 4.370. Año 1579. 4 octubre.

[63] Ibid. Protocolos de Pedro de Grajos. Caja 3.932. 19 de septiembre de 1569.

[64] Ibid. Protocolos de Benito González. Caja 3.818.

[65] Ibid. Protocolos de Pedro de Grajos. Caja 3.928. Su hijo mayor, el pelaire Francisco Pavón, era el encargado de cobrar esta renta y distribuirla. E 28 de marzo de 1564. El bachiller Francisco Romero, poseedor de las casas, sitas en la Cornudilla, por compra que hizo a Benito Ojalvo, reconoció esta carga.

[66] Ibid. Protocolos de Diego González. Caja 3.823. El 30 de enero de 1544, el clérigo Bartolomé Martín clérigo vendió la casa a Francisco Durán por doce mil maravedís.

[67] Ibid. Protocolos de Juan Romero. Caja 4.246. El 24 de marzo de 1594, el mesonero Juan González y su mujer Isabel García las dieron a censo por 57 reales y 12 maravedís anuales a Martín Alonso y a María de Tovar, su mujer, quienes además debían pagar la renta a la cofradía de la Soledad

[68] A.D.C.-Cc. S.M. Leg. 22, doc. 3. Cabildo Eclesiástico.

[69] A.H.P.Cc. Protocolos de Benito González. Caja 3.819.

[70] A.H.P.Cc. Protocolos de Pedro González. Caja 3.829.

Ene 122020
 

                                  

Soledad Ucedo Villa.

(Fig. Nº 1)

Nació en Badajoz en el año 1767 en el Nº 18 de la calle Santa Lucía, como lo demuestra una placa de mármol en la fachada de la casa en la que se puede leer: “EN ESTA CASA NACIÓ MANUEL GODOY, PRÍNCIPE DE LA PAZ, 1767-1967”, colocada por la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País cuando se cumplieron doscientos años de su nacimiento. Estuvo muy ligado a la ciudad pacense de Castuera, tanto que algunos cronistas e historiadores creen que nació allí, pero la realidad es que pasó temporadas en una casa solariega, propiedad de sus padres.

La vida de Godoy transcurre en los siglos XVIII y XIX cuando en España al igual que en Europa, Francia, Inglaterra y Alemania, culmina el movimiento cultural e intelectual de la Ilustración. [1]

Este movimiento, surgió como consecuencia del racionalismo, siendo éste el carácter más saliente del siglo XVIII, cuya principal característica fue la indiferencia en materia religiosa y una exagerada crítica en temas políticos. La gente se preocupaba sólo de las cosas de este mundo, buscando la felicidad del ser humano, que se creyó encontrar identificando al hombre con la naturaleza, libre de trabas impuestas por la sociedad, había, por tanto, que destruir, los obstáculos a nivel religioso, político y social existente para levantar un mundo nuevo, lo que conlleva disipar las tinieblas de la humanidad mediante las luces de la razón, el fin de esta época era iluminar la vida de las persona, de ahí que este siglo se le conozca en la historia como “el siglo de la razón o de las luces”. [2]

Las nuevas ideas, afirmaban que la riqueza de un país se hallaba en la explotación de las tierras, por eso se dio mucha importancia a la agricultura y al cultivo de los campos, a la vez, que a la industria y al comercio. Los campesinos empezaron a utilizar las máquinas agrícolas, así permitieron una producción más abundante y acelerada, también mejoraron la calidad de las tierras con el uso de abonos químicos y nuevos productos.

En todos los países hubo cambios fundamentales en la vida de los pueblos, gracias a los grandes inventos del hombre: (Fig. Nº 2 y 3)

 

Descubrimiento de la fuerza del vapor y su aplicación al empleo de las máquinas. Labor importante fue la que realizó el escocés Watt, en el 1770. Así nació el maquinismo, que revolucionó todas las actividades de aquella época.

A partir de entonces, la mecanización de la industria textil reemplazó a la producción manual. En poco tiempo se multiplicaron las fábricas y con ellas nació la gran industria y el comercio a gran escala. [3]                                                              

A nivel político, en España, en etapa de la Ilustración, como la dinastía de los Austrias estaba en decadencia, se inauguró la casa de Borbón con el rey francés Felipe de Anjou, Felipe V, introduciendo en España influencias francesas en cuanto a ideologías y monumentos, como el Palacio de Aranjuez o el Real de Madrid, el Museo del Prado,… Pero pronto surgió el descontento dando lugar a la guerra de sucesión hasta el reinado de Carlos III, que protegió la industria de la tapicería, cerámica y sericicultura, fomentó la Marina, que alcanzó entonces su mayor esplendor. Fundó escuelas y academias. Por su buena labor en Madrid se le conoce a Carlos III, como “el Político” o “el mejor Alcalde de Madrid. (Fig. Nº 4)

Se vivió un gran esplendor hasta que surgieron los conflictos bélicos de la Revolución Francesa (1789- 1799) y la Guerra de la Independencia (1808- 1814) teniendo en España muchas consecuencias. Durante este período inestable reinaron en España Carlos IV, Fernando VII e Isabel II. Destacó el extremeño, al que dedicamos esta comunicación, Manuel Godoy, ministro de rey Carlos IV, Político español. Nacido en el seno de una familia noble empobrecida. A los diecisiete años acompañó a su hermano a Madrid y ambos ingresaron en la guardia de corps (tropas de la casa real). Allí inició una fulgurante carrera gracias, al apoyo de la entonces princesa de Asturias y del rey, éste supo ganarse la confianza de ambos soberanos, gracias a sus dotes de político. [4]

Con tan sólo veinticinco años, en el 1792, recibió el Toisón de Oro y fue nombrado primer ministro del Estado. Emprendió reformas que tuvieron como fin limitar o controlar el poder de la Alta Nobleza, también reanudó las políticas reformistas, redujo los monopolios gremiales, apoyó la ley agraria, suprimió algunos impuesto. En 1793 fundó la primera escuela de Veterinaria y dos años después, una Escuela Superior de Medicina en Madrid. Creó el Cuerpo de Ingenieros Cosmógrafos, el Jardín Botánico de Sanlúcar, el Cuerpo de Ingenieros de Caminos, el Depósito Hidrográfico, el Observatorio Astronómico, la Escuela de Sordomudos, … Fue mecenas de la Arqueología española, impulsó las excavaciones arqueológicas en Duratón, Sagunto o Mérida y la restauración de la Torre de Hércules en La Coruña. Cabe destacar que auspició la primera legislación de alcance nacional para la protección de Antigüedades, la Instrucción formada por la Real Academia de la Historia sobre el modo de recoger y conservar los monumentos antiguos descubiertos o que se descubran en el Reino. Dictó una normativa vanguardista que por primera vez obligaba a la protección también de los monumentos hebreos y árabes. Fue también un gran mecenas artístico: protegió a Goya, Meléndez Valdés, Moratín, etc. [5]

Liberalizó los precios de las manufacturas, intentó salvar al rey Luis XVI de la guillotina. Finalmente, la ejecución del monarca francés llevó a España a declarar la guerra a Francia. Poco después, el curso desfavorable del conflicto obligó a Godoy a negociar y a firmar el tratado de Basilea, recuperando España todas las tierra conquistada por los franceses en el País Vasco y Navarra a cambio de la parte española de la Isla de Santo Domingo, lo que le valió el apelativo de «príncipe de la Paz», título, bien merecido, que había obtenido por el tratado de paz firmado en el 1795. [6]

En 1798 se vio obligado a abandonar su cargo, debido a las presiones del Directorio francés, que dudaba de su lealtad, pero siguió contando con la confianza de Carlos IV, prueba de ello es que apenas dos años después, volvió a empuñar las riendas del gobierno. Fue por aquel entonces cuando, ayudado por los franceses, logró ganar «la guerra de las Naranjas» contra Portugal. [7]

Manuel Godoy fue, el extremeño más poderoso de su tiempo. Pero además del poder político, llegó a reunir numerosas casas y posesiones, por ejemplo, en Madrid era dueño de tres palacios: el llamado Palacio de Godoy, situado en la plaza de la Marina Española; la Casa de recreo del II Conde del Campo Alange, en Carabanchel y el Palacio de Buenavista. A todos les dotó, y revistió sus paredes y techos, con su colección de arte, ya que acumuló en solo dieciséis años, de 1792 a 1808, cerca de mil cien pinturas, valiéndose, sin escrúpulos, de su posición social para conseguir obras maestras que estaban en manos de la aristocracia y la Iglesia españolas. Su colección reflejó de ese modo la riqueza de los fondos de pintura flamenca, italiana y española de los siglos XVI a XVIII que había en España hacia 1800. El favorito real también encargó pinturas a los mejores artistas españoles de la época, particularmente retratos de él mismo y de sus familiares y decoraciones para su palacio madrileño. Su pinacoteca se puede considerar la primera moderna de España, ya que no fue here­dada, sino formada por un advenedizo, de acuerdo con lo que iba a ser la tendencia del coleccionismo a lo largo del siglo XIX, entre las que se contaban “La Venus del espejo” de Velázquez, las dos “majas” de Goya, la Escuela del amor, de Correggio , en la National Gallery, Londres, y adquiridas por Godoy a la XIII duquesa de Alba, Apolo y Marsias, de Ribera, Musées Royaux des Beaux-Arts de Belgique, Bruselas, Santo Tomás de Villanueva niño repartiendo limosnas, de Murillo ,Cincinnati Art Museum, San Pedro con Alejandro VI y Jacopo Pesaro, de Tiziano. [ 8]

Pero en 1808 se produjo su caída, exilio y confiscación de todos sus bienes.

Sus palacios y posesiones, tras el “motín de Aranjuez”, fueron objeto de rapiña por parte de las turbas asaltantes. No obstante, también el Estado se hizo con la posesión de muchos de tales bienes, así como el duque de Wellington (regalados por Fernando VII) parte de las cuales pueden contemplarse en Apsley House o en la National Gallery, o fueron botín de las tropas napoleónicas.

Manuel Godoy fue hecho prisionero, si bien, liberado poco después por orden de Napoleón, se dirigió hacia Bayona, donde se reunió con el príncipe Fernando y los reyes. Estos últimos abdicaron dejando el trono de España en manos de Napoleón. A los setenta y dos años, se exilió en París, donde escribió sus Memorias. [9]

“La historia de Godoy la planteó la envidia y la escribió el odio”. Frase escrita por Antonio Rodríguez Moñino en 1958, puede dar una idea de la mezcla de sentimientos, traspasando las barreras del tiempo. Cierto es que Godoy no fue ningún santo, sino un déspota con sus virtudes y sus defectos. En el siglo XIX todas las ideas que hay en contra de Godoy, se deben a la información procedente de personas que tuvieron un papel destacado en la historia. Para los liberales encarnaba lo más abyecto de la tradición librepensadora nacida del movimiento revolucionario del XVIII; para los conservadores, su descrédito del trono y de las instituciones monárquicas y su comportamiento libertino y depravado, constituían afrentas que nadie conseguiría borrar y le acompañarían hasta la actualidad. [10]

Este concepto de Godoy como déspota se ensañó en la historia hasta el 1990 en especial por el origen de su rápido encumbramiento y la amplitud de sus poderes, así su fama e imagen en general fueron nefastas durante décadas. Desde 2001, los estudios sobre Godoy, empiezan a transmitir una imagen y valoración más positivas, destacando que fue la propaganda napoleónica quien manipuló y tergiversó la realidad para poner al pueblo en su contra y que luego se unió más tarde la negativa de Fernando VII, que le había considerado siempre un peligroso rival.

Como hemos dicho anteriormente, el encono de Fernando VII contra Godoy, el nuevo rey tras la Guerra de Independencia, fue evidente y éste le obligó a renunciar a sus títulos nobiliarios y confiscó todos sus bienes, sin dar razón de causa alguna. [11]

 

Posteriormente, Isabel II le devolvió sobre el papel a Godoy todos sus bienes. Le fueron reintegrados los honores, cargos militares y títulos, salvo los de «Príncipe de la Paz», «Generalísimo» y «Gran Almirante», pero Godoy, ya octogenario, no volvió nunca más a España. Murió en París en 1851, con la que se dice, una modesta pensión.

Tras el saqueo del palacio de Godoy, sólo se pudieron inventariar 381 obras, de las cuales, más o menos un centenar pasó a manos de su primera esposa, María Teresa de Borbón y Villabriga, condesa de Chinchón y sobrina de Carlos IV, en 1813. El resto, fueron cedidas a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1816 y forman la base de su Museo, es el mayor grupo de pinturas de la colección que se conserva intacto.

Veinte obras de Godoy pertenecen hoy al Museo del Prado, Museo que se inauguró el 19 de Noviembre 1819, como lo anunció el 18 de noviembre de ese año La Gaceta de Madrid, diciendo literalmente: “ … propagar el buen gusto en materia de bellas artes…”

También en la noticia: “… hermoseaba la capital del reino y se contribuía al ilustre y esplendor de la nación”. [12] Por lo que se conmemora este año el bicentenario de su creación y al que se dedican estos Coloquios Históricos de Extremadura. Estas pinturas, no llegaron a esta pinacoteca de forma directa, sino en circunstancias variadas y escalonadamente en el tiempo. No obstante, entre ellas se cuentan algunas de las pinturas más admiradas del Prado. El Cristo crucificado, de Velázquez (Fig. Nº 5), pero muchas son obras de segundo rango que entre 1881 y 1942 se cedieron en depósito a otras instituciones públicas y permanecen en ellas, como Triunfo de Cibeles El triunfo del amor, de Pieter van Lint, o El rapto de las sabinas, atribuido a Sebastiano Conca.  [13]

Nº 5

Goya, que contaba con el mecenazgo del poderoso Godoy, es sin duda el artista mejor representado en el Prado, con unos 130 cuadros en el museo, quinientos dibujos y una representación de su obra grabada, por pinturas procedentes de la colección del valido, no en vano este llegó a poseer 26 obras del artista aragonés de las cuales, actualmente el Prado tiene nueve.

Dos retratos de cuerpo entero de “Carlos IV” y de “La reina María Luisa”.

“La Maja Desnuda” pintada en el año 1800 y “La Maja Vestida” en el 1803. Ambas llegaron al Prado en el 1901, procedentes de la Academia de San Fernando.

Los tres tondos alegóricos: “El comercio”, “La agricultura” y “La industria”, pintadas para decorar la antecámara pública del Palacio madrileño de Godoy, fueron trasladados al Prado en el 1932 cuando se demolió parte del edificio para ensanchar la calle Bailén.

“El general Don Antonio Ricardo” que aún conserva el símbolo “CC” con lo que se reconocían las pinturas de Godoy, pasó al Prado en el 1931.

“La condesa de Chinchón”, pintado en la primavera del 1800, cuando la condesa estaba embarazada. El Prado compró esta obra en el año 2000. [14] (Fig. Nº 6 ,7 y 8)

 

      

                      

                       

                                                                             

               

CUADRO Nº 1: Nueve obras artísticas de goya en el Prado procedente de la colección de Godoy.

 

       NÚMERO

 

TÍTULO CARACTERÍSTICAS

AÑO QUE LLEGÓ AL PRADO Y AUTOR

          UNO

 

RETRATO CarlosIV. ÓLEO SOBRE LIENZO. 280 x 336

       1900     GOYA

            

             DOS

RETRATO Reina Mª Luisa. ÓLEO SOBRE LIENZO 208X127

         1900   GOYA

           TRES

 

La Maja Desnuda. ÓLEO SOBRE LIENZO 98X191

         1901   GOYA

 

           CUATRO

La Maja vestida. ÓLEO SOBRE LIENZO. 95X188

         1901   GOYA

           CINCO

 

El General Antonio Ricardo ÓLEO SOBRE LIENZO 112X84

         1931   GOYA

           SEIS

 

La agricultura. TEMPLE SOBRE LIENZO

         1932   GOYA

           SIETE

La industria. TEMPLE SOBRE LIENZO

         1932   GOYA

 

           OCHO

El Comercio. TEMPLE SOBRE LIENZO

         1932   GOYA

 

           NUEVE

La Condesa de Chinchón.

ÓLEO SOBRE LIENZO 216X144

         2000   GOYA

 

                                          

No hay que descartar la posibilidad de que otras obras de la misma procedencia se incorporen al Museo en el futuro. [15]

Castuera guarda recuerdos de esta ilustre persona y como homenaje el Instituto de Educación Secundaria lleva su nombre.

No obstante, el homenaje más plausible en honor a Godoy se halla en la rotonda de la confluencia de la avenida Juan Carlos I, la calle Obispo San Juan de Ribera y las plazas de San Atón y de Minayo de Badajoz. Siguiendo un viejo proyecto inconcluso de 1807, y coincidiendo con el bicentenario del comienzo de la guerra de la Independencia en 2008, la ciudad  rindió un homenaje a Godoy consistente en una estatua inaugurada el 14 de junio de ese mismo año, obra de Luis Martínez Giraldo. El que fuera Príncipe de la Paz y duque de Alcudia aparece uniformado de general y porta junto al pergamino la vara de mano y el sable. Godoy cuenta, asimismo en esta ciudad, con una calle en el barrio de San Fernando y con una plaza en el Casco Antiguo, denominada del Príncipe de la Paz. [16] (Fig. Nº 9)

Finalizaría aquí mi trabajo, pero dado el personaje al que se dedican estos coloquios vamos a citar algunos nombres que dirigieron esta pinacoteca a lo largo de los siglos.

En la actualidad dirige el museo, desde el 17 de marzo del 2017, Miguel Falomir Faus. Destacamos la labor de Alcántara Téllez- Girón y Pedro de Alonso Pimentel, en un periodo de tiempo comprendido entre el 1820 y 1823, le siguió Luis Álvarez Catalá, ya en el siglo XX cabe destacar la labor de Fernando Álvarez de Sotomayor y Zaragoza. Desde el 1970 al 1978 fue Director del Museo del Prado, Xavier Salas Bosch, al que se le dedica la XLVIII edición de los Coloquios Históricos de Extremadura de este año 2019, precisamente por conmemorar el bicentenario de la fundación del Museo y porque Xavier de Salas estuvo durante un tiempo ligado a la ciudad de Trujillo, ya que en un principio, el matrimonio Xavier y Carmen Ortueta Martínez, a través de la Asociación de Amigos de Trujillo, que ellos fundaron en el 1972, ayudaron a la reconstrucción de edificios y salvar el barrio antiguo de la villa medieval que muchos estaban en ruina y posteriormente crearon en 1981, La Fundación Xavier Salas, con el fin de contribuir al desarrollo cultural de Extremadura e Iberoamérica, cuya sede se encuentra en el Convento de la Coria, un edificio del siglo XV, restaurado, donde en la actualidad se realizan actividades académicas, culturales y sociales. Dicha Fundación está reconocida, clasificada e inscrita en el Registro de Fundaciones del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con el número 33 como institución benéfico-docente de carácter privado y con personalidad jurídica propia. También en el Registro de Organizaciones No Gubernamentales de Desarrollo de Extremadura con el número 160.

La Fundación Xavier de Salas es miembro de la Asociación Extremeña de Fundaciones y pertenece igualmente a la Asociación Española de Fundaciones. [17] (Fig. Nº 10

                                                       

FUENTES Y WEBGRAFÍA

[1] Juan Blanco Cea. Historia 4º. Editorial Bruño. Madrid, 1969. Pp102

[2] Fernando Lázaro y E. Correa Calderón. Antología Literaria, 6º curso. Ediciones Anaya. Salamanca, 1972. Pp 138.

[3] Juan Blanco Cea. Historia 4º. Editorial Bruño. Madrid, 1969 Pp 102 y103.

[4] Espasa Calpe. Enciclopedia Universal Ilustrada. Tomo XXVI. Editorial Espasa Calpe, S.A. Madrid, 1925. Pp 454- 455.

[5] Juan Blanco Cea. Historia 4º. Editorial Bruño. Madrid, 1969. Pp 105

[6] Miguel Ángel Melón , Emilio La Parra y Fernando Tomás Pérez. Manuel Godoy y su tiempo. Tomo I. Editora Regional de Extremadura. Colección Estudio. Pp 679.

[7] Espasa Calpe. Enciclopedia Universal Ilustrada. Tomo XXVI. Editorial Espasa Calpe, S.A. Madrid, 1925. Pp 457

[8]  Rose-de Viejo, Isadora, «La formación y dispersión de las colecciones artísticas de Manuel ­Godoy en Madrid, Roma y París (1792-1852)», Manuel Godoy y la Ilustración, Mérida, Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, 2001.

[9] https//m.casadellibro.com

[10] Miguel Ángel Melón , Emilio La Parra y Fernando Tomás Pérez. Manuel Godoy y su tiempo. Tomo I. Editora Regional de Extremadura. Colección Estudio. Pp. 35, 36 y 37.

[11] https//m.casadellibro.com

[12] Gaceta de Madrid, noviembre de 1819.Anuncio de la apertura del Museo del Prado. Madrid, Hemeroteca Municipal. Ayuntamiento de Madrid.

[13] Alfonso E. Pérez Sánchez. Museo del Prado. Océano grupo Editorial, S:A. pp 111.  

[14] Rose de Viejo, Isidora, “Pinturas en el Museo del Prado procedentes de la antigua colección de Manuel Godoy”, Boletín del Museo del Prado,IV, 12 Madrid, septiembre- diciembre de 1983. Pp 170- 178.

[15] Articultura. La colección de Arte de Godoy. Junio 10, 2015.

[16] www.elperiódicoextremadura.com

[17] www. Turismocaceres.org/es/información-turistica/museo-de-la-fundación-xavier-de-salas

                                                                               SOLEDAD UCEDO VILLA

 

 

                                                                            

 

 

 

 

          

 

 

 

 

  

          

 

 

 

 

 

 

 

Ene 112020
 

Teodoro A. López López. (Provisional).

Desde época muy temprana la Iglesia, a efectos de su organización, administración y conservación de su memoria ha custodiado celosamente sus documentos. No hay ninguna institución que acumule material tan valido ni en tal cantidad.

                                                                                                                         

Por su rigor, amplitud y variedad, la documentación conservada resulta fuente histórica insoslayable para el conocimiento no sólo de la Iglesia sino de la cultura y el saber en general.

 

Con el paso del tiempo los archivos eclesiásticos se han ido adecuando a las determinadas técnicas de cada momento, contando en la actualidad por lo general con las mejores instalaciones y organización.

 

Un archivo es el conjunto ordenado de documentos escritos, emitidos y recibidos, cuya redacción acompaña las diferentes manifestaciones de todo ser, que desarrolla una persona o la colectividad de personas.

 

El profesor BATTELLI dice que al ordenar los papeles de un archivo se ha de tener en cuenta la ACTIVIDAD DEL ENTE y se han de disponer de forma que se vea cómo funciona la ENTIDAD, de tal manera que se vea su organización primitiva. Esto es lo que llamamos respetar el ORDEN DE PROCEDENCIA.

 

La vida de estos grupos o corporaciones provoca la redacción de piezas escritas de toda naturaleza, que sirven para perpetuar su memoria. Por eso, los archivos son base fidedigna de la historia pública y privada. Es labor de los investigadores convertirla en fuentes secundarias, así “los recuerdos hacen historia y la historia impresa se convierte en historia viva”. Y cuanto más antigua, continua   y abundante sea su documentación, más importante será el archivo para la indagación del pasado.

 

En el ámbito religioso se encuentran instituciones con una personalidad específica e influyente que más han perpetuado. El exponente más claro lo tenemos en las catedrales y en las curias episcopales. Sus fondos archivísticos podrían catalogarse de continuos, refiriéndose a un amplio periodo cronológico, lo que avala su importancia como fuente histórica de primer orden. No debe olvidarse el papel tan importante que siempre ha desempeñado la Iglesia dentro de la sociedad civil.      

POLITICA ARCHIVÍSTICA DE LA IGLESIA

Desde sus comienzos, la Iglesia se preocupó de conservar la memoria de   su misión pastoral y de las obras realizadas.

En marco pastoral decía Pablo VI: “en los archivos eclesiásticos se conservan las huellas del paso del Señor en la historia de los hombres” (Alocución a los archiveros de la iglesia 26 de septiembre de 1963)

El interés de los Papas por la conservación del patrimonio cultural eclesiástico-y en nuestro caso de los archivos- se ha manifestado de forma patente desde el siglo IV.

  1. Desde sus orígenes a Inocencio III. (313-1216)

En el siglo IV el Papa San Dámaso manda conservar los documentos eclesiásticos en los llamados TURRIS CHARTULARIA, que se encontraba en la basílica de San Lorenzo in Dámaso primer archivo eclesiástico, origen del futuro Archivo Secreto Vaticano.

En el siglo VI San Gregorio VII “Magno” ordena las formulas determinadas para un escrito o documento. En efecto, aparecen los notarios o TABELLONES. Así encontramos el Liber diurnus (s. VI-XI); Beviarium dictandi y Summa dictandi. Después se pasó a LOS REGISTROS PONTIFICIOS de la Curia Romana, que eran muy utilizados en tiempo de Inocencio III (1198-1216) para ver la validez de los privilegios presuntamente concedidos por la Sede Apostólica.        

En la Baja Edad Media apenas contamos con algunas referencias documentales   sobre intentos de ordenación de los archivos eclesiásticos, a nivel de iglesia, como en Tarragona el 1360 en que el Reino de Aragón dispone los registros sacramentales en parroquias; mientras que en Castilla no comienza hasta los siglos XV.

 

  1. Concilio de Trento.(1545-1563)

El Concilio de Trento es con quien se empieza la verdadera política de los archivos, en especial los diocesanos y los parroquiales, aunque no trata directamente, sino como consecuencia del funcionamiento y prácticas de determinadas instituciones eclesiásticas. Así ordena la regulación canónica de los matrimonios, la unidad e indisolubilidad del matrimonio y los matrimonios clandestinos. Esta normativa en España será de aplicación obligatoria desde el 12 de julio de 1564, fecha en que Felipe II decretó oficialmente la ejecución de los documentos tridentinos. Será Juan de Ribera, obispo de Badajoz el primero que lo aplicará en Badajoz. (1562-68).

 

Sixto V, en 1588, con la Constitución Apostólica reglamentó la creación de archivos en las diferentes instituciones de la Iglesia y su funcionamiento a través de la Cámara Apostólica por los “Estatutos y Reglamento de los Archivos Eclesiásticos”. Es una verdadera doctrina de organización y práctica archivística.

 

A partir de Benedicto XIII (1724-1730) con la Constitución Apostólica “Máxima vigilancia” aborda dirección del archivo, dos llaves, inventario y catálogo, seguridad e integridad, apertura al público, en los archivos diocesanos.

 

 

 

  1. Apertura del Archivo Secreto Vaticano por León XIII el 1880 y su proyección diocesana. (1902-1932)

 

León XIII (1880) concede la apertura del Archivo Secreto Vaticano pasando a ser el archivo patrimonial de la Iglesia a ser un archivo documental para utilización de los investigadores. En efecto, a principio del siglo XX aparecen las grandes colecciones históricas de Momsem, Devifle o Pastor.

 

El primer tercio del s. XX la Secretaría de Estado da un “Reglamento para la custodia y uso de las Bibliotecas y Archivos Eclesiásticos “con la ordenación y descripción, inventario y catálogo, custodia y conservación, vigilancia de los investigadores, pergaminos. (1902).

 

El Secretario de Estado, Cardenal Mery del Val, en 1907, dirige una Circular a los obispos italianos sobre el patrimonio cultural de la Iglesia, dando origen al comisionado diocesano para los archivos de la Iglesia. En 1914, la carta de Mons. Ragonessi, Nuncio Apostólico de España a los obispos españoles les dice que en los archivos se conservan los mejores fondos documentales para la Historia de España.

 

Con la aprobación del Código de Derecho Canónigo por Benedicto XV (1917), en los cánones 372-378 trata “de diversos archivos eclesiásticos en general y los episcopales o diocesanos en particular” sobre el personal responsable, archivero nato o canciller y el notario, índice, local, inventario. Le siguen la creación de la Escuela Vaticana de Paleografía y Diplomática y la facultad de Historia de la Iglesia en la Universidad Gregoriana de Roma (1923).

 

Además el C.I.C. del 1917 ordena que cada diócesis tenga un archivo propio y conserve los documentos como testimonio de su misión y actividades, tanto en el aspecto espiritual como material.

 

En efecto, D. Ramón Pérez Rodríguez nombra al archivero capitular y diocesano a D. Fernando Castón Durán, previa oposición al beneficio eclesiástico catedralicio el 1922 que desempaña hasta su muerte 1951.

 

Para España fue decisiva la circular de Tedeschini, de 1929, a instancia de Pío XI, quien crea una Junta Central Técnica, con sede en Madrid, presidida por el Cardenal Primado D. Pedro Segura Sáenz (1927-1931), delegando esta presidencia en el archivero capitular de Toledo y se prevé las Juntas diocesanas para estos asuntos.

 

  1. Concilio Vaticano II (1962-1965)

El Concilio Vaticano II no afronta el tema por falta de tiempo y el esquema de 19 de noviembre de 1961 se traslada a las conferencias Episcopales. El nuevo Código de Derecho Canónigo de 1983 sintetiza la normativa conciliar en los cánones 486 al 491 insistiendo en el índice o guía, inventario y catálogo de los documentos, lugar y seguridad, dos llaves, obligación del archivo histórico como patrimonio documental.

    

En junio de1988 Juan Pablo II instituyó la Pontificia Comisión para conservación del Patrimonio Artístico e Histórico, dentro de la Congregación para el Clero, siendo reformada y denominada Pontificia Comisión para los Bienes de la Iglesia, con autonomía propia.  

 

La Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia fue creada el 1993. Pero es la Circular para los Bienes Culturales de la Iglesia, del Arzobispo Francesco Marchisano, del 2 de febrero de 1997, la que comienza así: “La Función Pastoral de los Archivos de la Iglesia”. En ella se anima a los archiveros y responsables de los Archivos Eclesiásticos, Diocesanos, Capitulares y Parroquiales como de otras Instituciones Eclesiales a valorar el patrimonio documental en un contexto pastoral a través de la tutela material, la organización de la gestión, la protección de las fuentes, la oportuna accesibilidad y la promoción de la iniciativas culturales, todas encaminadas a la valoración del depósito documental que está recogido y se ha estado recogiendo en cada Iglesia Particular y en las diversas instituciones eclesiales”. D. Santiago García Aracil la ejecuta dando origen a esta nueva andadura en los archivos eclesiásticos en Badajoz.

 

La asociación de los Archiveros de la Iglesia en España trabaja hoy y entre sus actividades celebra los congresos nacionales y la publicación de sus actas en “Memoria ecclesiae”. Este año se realiza el encuentro bienal en la diócesis de Plasencia.

 

                                                                                                                                                       

  1. ORGANIZACIÓN GEOGAFICA

 

¿Cuáles son las corporaciones o entidades a las que corresponden nuestros archivos?

 

 

Según sea la naturaleza de las instituciones productoras, de cuya historia, función y actividades su documentación sea, recoge la memoria fehaciente, para establecer una clasificación general de los principales archivos eclesiásticos de una Iglesia Particular. Los más importantes del clero secular, son los Archivos catedralicios o capitulares, los episcopales o diocesanos y los parroquiales.

 

A veces los fondos eclesiásticos no siempre están en el archivo adecuado. Así se encuentran reunidos en uno sólo el capitular y diocesano en los siglos XIII-XV en la diócesis pacense. Los correspondientes a estos siglos de las Ordenes Militares en Extremadura no existen entre nuestros fondos.

 

Después de la Desamortización del 1836, parte del patrimonio documental de la Iglesia se conserva en Instituciones del Estado: Archivo Histórico Nacional, Biblioteca Nacional, Archivo General de Simancas. Estos archivos estatales ponen a disposición de los investigadores los fondos fundamentales de esta procedencia.

Lámina 1

Pueblos de la diócesis pacense originaria son 49.

Albuera, la, Alburquerque, Alconchel, Alconera, Almendral, Atalaya, Badajoz, Barcarrota, Bodonal de la Sierra, Burguillos del Cerro, Codosera, la, Corte de Peleas, Cheles, Feria, Fregenal de la Sierra, Higuera de Vargas, Higuera la Real, Jerez de los Caballeros, Lapa, la, Morera, la, Nogales, Oliva de Jerez, Parra, la, Puebla del Maestre, Roca de la Sierra, la, Salvaleón, Salvatierra de los Barros, San Benito de Olivenza, San Jorge de Alor, Santa Marta, Santo Domingo de Olivenza, Solana de los Barros, Talavera la Real, Táliga, Torre de Miguel Sesmero, Valencia del Mombuey, Valencia del Ventoso, Valverde de Burguillos, Valverde de Leganés, Valle de Matamoros, Valle de Santa Ana, Villagarcía de la Torre, Villalba de los Barros, Villanueva del Fresno, Villar del Rey, Villarreal, Zafra y Zahinos.

 Lámina 2

Provincia de León en Extremadura (1230-1873)

 Provisorato de Llerena: Ahillones, Azuaga, Berlanga, Bienvenida, Calzadilla de los Barros, Campillo de Llerena, Cantalgallo, Cardenchosa, anejo Azuaga, Casas de Reina, Fuente del Arco, Fuente del Maestre, Granja, Guadalcanal, Higuera, anejo de Valencia de las Torres, Hinojosa del Valle, Hornachos, Llera, Llerena, Maguilla, Malcocinado, anejo de Guadalcanal, Puebla del Prior, Reina, anejo a Fuente del Arco, Retamal de Llerena, Ribera del Fresno, Santos de Maimona, los, Trasierra, anejo de Reina, Valencia de las Torres, Valverde de Llerena y Usagre.

 

Provisorato de Mérida: Alange, Albalá, Alcuéscar, Aljucén, Almendralejo, Almoharín, Arroyo de San Serván, Arroyomolinos de Montánchez, Aceuchal, Benquerencia de Montanchez, Botija, Calamonte, Carmonita, anejo de Cordovilla, Cordovilla, Carrascalejo. anejo de Aljucén, Casas de D. Antonio, Don Alvaro, Esparragalejo, Garrovilla, Mérida, Mirandilla, Montijo, Nava de Santiago, la, Oliva de Mérida, Palomas, Puebla de la Calzada, Puebla de la Reina, Salvatierra de Santiago, San Pedro de Mérida, Torre de Santa María, Torremavor, Torremejía, Torremocha, Valdefuentes, Valdemorales, Valverde de Mérida, Villafranca de los Barros, Villagonzalo, Zarza de Alange y Zarza de Montánchez

 

Vicaría de Jerez: Jerez, Valle de Matamoros y Vale de Santa Ana.

 

Vicaría de Tudía: Arroyomolinos de León, Cabeza de la Vaca, Calera, la, Cañaveral, Fuente de Cantos, Fuentes de León, Monesterio, filial de Montemolín, Montemolín,

Pallares, Nava, la, filial de Montemolín, y Segura de León.

                                                                                                 

Partido de la Serena (1240-1873)

 

Lámina 3

Obispado-Priorato de Magacela-Villanueva: Campanario, Coronada,la, Esparragosa de Lares, Haba,la, Magacela, Sancti Spiritus y Villanueva de la Serena.

Obispado-Priorato de Zalamea de la Serena: Esparragosa de la Serena, Guarda, la, filial de Quintana, Higuera de la Serena, Quintana de la Serena, Valle de la Serena y Zalamea de la Serena.

 

Lámina 4

        

Pío IX con la Bula “Quo gravius”, de 14 julio de 1873 , suprime la jurisdicción de las Ordenes Militares, anexionando los territorios a las diócesis más cercanas,

 

Lámina 5

 Organigrama

 La documentación de los archivos actuales de la Iglesia SON DE PROPIEDAD PRIVADA, Y SE HALLAN INCURSO EN EL PATRIMONIO CULTURAL ESPAÑOL. Son bienes culturales con un doble valor: religioso y cultural. La Iglesia facilita su consulta al público. Como toda clase de archivos, sean estos civiles o eclesiásticos, siempre existen determinados documentos cuya consulta es reservada y aún prohibida.        

 

 

III. ARCHIVOS ECLESIASTICOS

 

ARCHIVO CAPITULAR PACENSE

 

       CUADRO DE CLASIFICACION[1]

   
       

SECCIONES

SERIES

SUBSERIES

 

 

 

I. Secretaría

1.Pergaminos

1.1.            Pontificios

 

 

1.2.            Eclesiásticos

 

 

1.3       Reales

 

 

1.3.            Privados

 

2.Actas capitulares

2.1.   Cabildo Pleno

 

 

2..2. Cabildo Canónico

 

 

 

 

3.Comunicaciones

3.1 Solicitudes

 

 

3.2. Correspondencia Pontificia.

 

 

3.3.Corespondencia Episcopal.

 

 

3.4.Autoridades civiles y militares

 

 

3.5. Instituciones Reales

 

 

3.6. Colecciones de Cartas Reales

 

 

3.7. Nunciatura

 

 

3.8 Cartas privadas

 

 

 

 

4.Personal

4.1 Cabildo catedral

 

 

4.2.Clero catedral

 

 

4.3. Informaciones-limpieza de sangre

 

 

4.4. Capellanes de coro

 

5. Varios

5.1. Archivo

 

 

5.2. Conventos

 

 

5.3.Histórico

 

 

5.4.Impresos

 

 

5.5.Junta Diocesana

 

 

5.6. Libros numerados

 

 

5.7. Parroquial

 

 

5.8. Seminario

 

 

 

II. Administración Económica

1. Mesa capitular

1.1. Libranza

 

 

2.2. Hacienda

 

2.       Contaduría

2.1.Diezmos

 

 

2.2. Censos

 

 

2.3. Subsidios, excusado, noveno y Tercias Reales.

 

 

 

III. Fábrica

3.1. Cargo y data

Libranza

 

3.2. Nomina y salarios

Artistas, alarifes, pintores.

 

 

 

IV. Liturgia

Servicio al altar y coro

1.Puntos de coro

 

 

2.Consueta

 

 

3.Culto

 

 

4.Calendarios, Epactas, fiestas

 

 

 

V. Fundaciones Pías

1. Fundaciones

1.1. Capellanías

 

 

1.2.Obras Pías

 

 

1.3.Memorias de misas, vínculos

 

3.Palacio Episcopal

Viviendas, cargas y cabildo

 

 

 

VI. De Justicia

1.Asuntos civiles

Testamentos

 

2. Asuntos procesales

Demandas

 

3. Asuntos jurídicos

Pleitos

 

4. Asuntos penal-     criminal

Sentencias

 

 

 

VII. Archivo musical

1.Partituras/Partichelas

 

 

2.Libros musicales

 

 

3. Libros procesionales

 

 

4.Libros corales

 

 

 

Junto a los diplomas reales los prebendados unieron escrituras que recogían los derechos del Cabildo sobre aldeas, casas, pastos, ganados… Fue incrementándose la documentación durante los siglos XIV y XV sin orden. En los casos de defensa o de prueba obligada de los derechos del Cabildo, hizo necesaria la búsqueda y localización fue más dificultosa. En efecto, comienza   las primeras ordenaciones.

 

Archiveros capitulares: Ruy García y Alonso Pérez Martel (1519), Rodrigo Dosma (1581), Juan Solano de Figueroa (1665) Ascensio de Morales (1750-1754) por designación real, Juan de Mustra (1848), José Gabriel Martínez (1810). Fernando Castón Durán (1922-51), Pedro Rubio Merino (1953-1966), Carmelo Solís Rodríguez (1975-2001) y Teodoro A. López López (2007-2018)

 

En el año 2007 el 31 de mayo se hace cargo el autor y lleva a cabo el traslado de todos los Archivos Eclesiásticos, a la planta baja del antiguo Palacio Episcopal C/ Obispo Juan de Ribera nº 13, que fue comprado por la diócesis a la Obra Pía “Marín de Rodezno”, propiedad del cabildo catedral (2005).

 

SECCIÓN MUSICAL

 

LOS CATÁLOGOS DE MÚSICA

 

“Memoria de los libros, papeles e instrumentos que tiene la Iglesia para su uso. Idem de los libros que se hallan en el coro y librería para cantar el oficio divino”. Francisco de Paula Truxillo. ACB. Signatura 19, núm. 289. (equivalencia, Sección III, serie 12 Mixtura, leg. 19, nº 289). 1791.

 

Catalogo musical. Rafael Jiménez Rubio. Fondos musicales. 1925.

 

LIBROS CORALES.

 

Libros corales de la Catedral de Badajoz. Estudio y catalogación por Carmelo Solís Rodríguez y Francisco Tejada Vizuete[2]. Libros 1-60. Estantería.1998.

 

 

 

LIBROS MUSICALES   NO CORALES

 

Nº 1 Liber Psalmorum et Himnorum. Nº 2 Liber responsoriorum Brevium ab Antonino González scriptum. Anno Domini 1897. Nº 3 Capitularium totius anni ad primam capitulum. Nº 4 Obras de Tomás Luís de Vitora. Nº 5 Semana Santa. Nº 6 Obras de Eduardo Lobo. Nº 7 Libro de Morales. Nº 8 Liber Missarum de José de Torres. Nº 9 Libro de Juan Esquivel. Nº 10 Propium Himnorum. Nº 11 Liber Himnorum de José Rodrigo. Año 1900. Nº 12 Liber Himnorum de José Rodrigo. Año 1897. Nº 13 Salterio de 1818 de Fernando Cortés. Nº 14 Misas y Motetes de Alfonso Lobo. Año 1602. Nº 15 Obras de Muñoz y de Cañas. Año 1730. Nº 16 Misas de Juan Esquivel. Año 1608. Nº 17 Obras de Tomás Luís de Vitoria. Nº 18 Libro del Salmista de Antonio González Valdenciel. Año 1894.                        

                  

LIBROS PROCESIONALES. Son los Responsorios para las 54 procesiones claustrales antes de la misa conventual. Cuando se celebraba la procesión de Todos los Santos, el 1 de noviembre de 1775, a las nueve de la mañana los canónigos tuvieron que interrumpirla por el Terremoto de Lisboa. Al no sufrir daño grave en el templo anualmente se cantó el Te Deum de acción de gracias hasta   finales del siglos XX.  

 

PARTITURAS Y PARTICHELAS.

 

Género: Misas a varias voces, invitatorios, antífonas, himnos, motetes, villanciscos, los “propios” y lección de difuntos.

Autores: Trujillo, Carvallo, Anónimo, Rodríguez, Eslava y Rodrigo.

Fechas: 1750, 1782, 1798, 1797, 1802, 1806, 1826, 1827, 1829, 1834, 1888 y S/F.

Tonalidad: Do Mayor, Fa Mayor, Re Mayor, Sol menor, Re menor, Sí B Mayor, Do menor, Mi b Mayor, Mi menor,

Voces: Tiple alto y Tenor y Bajo. Tiple 1. 2 y 3, alto y tenor. 1º Coro. Alto solo. 2º Coro: Tiple alto y Tenor y bajo.   Tiple 1º , 2º, alto y tenor. Tiple 1º , 2º y tenor, Tiple 1º , 2º y tenor, (bajete). Bajo. Bajo 2º coro. Coro 1º Alto y Tenor Coro 2º Tiple y Bajo. Coro 1º Tiple Coro 2º Tiple, Alto, Tenor y Bajo y S/V.

Instrumentos: Violines 1º y 2º, Trompa 1º y acompañamiento. Violines 1º y 2º, bajón obligado y Acompañamiento. Violines 1º y 2º, dos trompas añadidas y Acompañamiento. Violines 1º y 2º, Oboes 1º y y 2º Trompas 1º y 2º y Acompañamiento. Acompañamiento. Violines 1º, 2º y Tenor (Bajete). Violines 1º y 2º, Clarinetes 1º y 2º, Bajo y Acompañamiento. Violines 1º y 2º y Acompañamiento. Violines 1º y 2º, Flauta, Clarinetes 1º y 2º, Bajo y acompañamiento al órgano. Violines 1º y 2º, oboes 1º y 2º, Flauta, Trompas 1º y 2º y Acompañamiento. Violines 1º y 2º, Oboes 1º y 2º. Trompas 1º y 2º y órgano obligado. Órgano obligado, Trompas 1º y 2º. Violines 1º y 2º, Flauta, clarinetes 1º y 2º, Fagot, Trompas 1º y 2º, Acompañamiento y órgano obligado. Acompañamiento. Violines 1º y 2º y Acompañamiento.

Copias. En buen estado y muchas con manchas de agua. Algunas partituras incompletas. Otras partituras arregladas.

 

 

  1. ARCHIVOS EPISCOPALES O DIOCESANOS

 

Son creados en las diócesis por mando del Concilio de Trento al mandar que los obispos titulares fuera residenciales

 

Hay que señalar como se dijo en los Archivos capitulares, que nuestro archivo diocesano no tienen una clasificación uniforme, aunque con nombre distinto, obedece a funciones idénticas. Los tipos documentales son unas en forma de libros, y otras como documentos sueltos (expedientes), formando legajos. Peculiaridad excepcional las series nominales y series reales (ubicadas).

 

ARCHIVOS EPISCOPALES O DIOCESANOS

Cuadro ce clasificación[3]

 

Secciones

VICARIA GENERAL

JUSTICIA

ADMINISTRACION

Subsección I

Canciller-secretario

Provisor

Ecónomo

Series

Vicarias episcopales

Delegaciones diocesanas

Correspondencia,

Expedientes de órdenes sagradas,

Cofradías y Religiosidad popular

Registros personales, Concursos de curato y padrones parroquiales.

Boletines del Obispado

Conventos

Pleitos Civiles Contenciosos, Secularizaciones Adulterio, Homicidio, y Pecado público

Mesa Maestral,

Patrimonio

Testamentos, Bienes y Propiedades Limosnas, Colecturía

Fundaciones

Cuentas parroquiales de fábrica

Subsección II

Notario eclesiástico

Tribunales de la Rota y de 1ª y 2º Instancia

Gastos y datta

Series

Expedientes extraordinarios, Entables y copias de partidas sacramentales.

Separaciones, Nulidades

Nómina ,de salarios de personal

Entradas y salidas. Libramiento,

Subsección III

Vicarias territoriales

Juzgados

Obras y planos

Series

Vicarías Episcopales, Delegaciones, consiliarios

Pleitos Criminales

Construcción y reparación de templos.

 

 

Archivo secreto del obispo. Reservado al Obispo y destruido cuando dejan la diócesis.

 

 

ORDENES MILITARES EN LA BAJA EXTREMADURA

 

Obispado- Priorato de ORDEN DE SANTIAGO

Cuadro de clasificación[4]

 

 

I PARTE

SERIES nominales

SERIES nominales

SERIES nominales

SERIES nominales

SERIES nominales

SERIES nominales

Provincia de León en Extremadura

Iglesia, ermitas y conventos

Órdenes Sagradas

Capellanías y Obras Pías

Asuntos matrimoniales

Asuntos civiles

Asuntos criminales

I I PARTE

SERIES reales

SERIES reales

SERIES reales

SERIES reales

SERIES reales

SERIES reales

 

Iglesia, ermitas y conventos

Órdenes Sagradas

Capellanías y Obras Pías

Asuntos matrimoniales

Asuntos civiles

Asuntos criminales

 

 

 

Obispado- Priorato de la ORDEN DE ALCÁNTARA

 

Cuadro de clasificación[5]

 

 

Series reales

Series reales

1. Dignidad Episcopal

6.Asuntos civiles y criminales

2. Parroquias

7.Asuntos matrimoniales

3.Visitas

8. Varios

4.Capellanías, patronatos y obras pías

9 Fondo Parroquial de la Serena antes de la Bula “Quo gravius”

5.Ordenes Sagradas

 

 

Archiveros dicesanos: Antonio Gómez Fabra (1701),Matías Sutil, (1713),José Gabriel Martínez (1810), Col (1900), Fernando Castón Durán (1922-1951), Pedro Rubio Merino(1953-1966), Eladio Méndez Venegas (1982-2006) y Teodoro A. López López (2006-2018)

 

 

REFORMA CONCORDATARIA DE 1958.

En virtud del solemne concordato del 27 de agosto de 1953, la Sagrada Congregación Consistorial da el decreto el 30 de abril de 1958, con el mismo valor de Bulas Apostólicas de Pío XII, y a través de la Nunciatura envía la Dirección General de Asuntos Eclesiásticos y aparece publicado el 19 de noviembre del mismo año.

Del obispado de Córdoba al de Badajoz. Arciprestazgo de Castuera.

  1. Castuera, 2. Almorchón, 3. Benquerencia de la Serena, 4. Cabeza del Buey, 5. Helechal, 6. Malpartida, 7. La Nava, 8. Peraleda del Zaucejo, 9. Puerto Urraco.

         Del Obispado de Cáceres al de Badajoz.

Los pueblos de Puebla de Obando y San Vicente de Alcántara.

Del Obispado de Badajoz al de Coria-Cáceres. Arciprestazgo de Montánchez.  

1.Albalá. 2. Alcuéscar 3. Almoharín. 4. Arroyomolinos de Montánchez. 5. Botija. 6. Casas de D. Antonio. 7. Montánchez. 8. Salvatierra de Montánchez. 9. Torre de Santa María. 10. Torremocha. 11. Valdemorales. 12. Zarza de Montánchez

 

  

ARCHIVOS PARROQUIALES

 

Los nuevos locales de los Archivos Eclesiásticos fueron ampliados para recoger los archivos parroquiales. El arzobispo implanta la circular de la Pontificia Comisión para Bienes Culturales de la Iglesia con fecha de 2 de febrero de 1997, y se lleva a cabo en el año 2013 en nuestra diócesis. Ya se había hecho en Cáceres voluntariamente el año 1974. Plasencia aún están en las parroquias.

 

Previamente confeccioné un modelo de entrega a cada párroco para que los fuesen preparando, le sigue una visita personal para solucionar las dificultades que surgían. Finalmente se procedió a la recogida por arciprestazgos en un camión cerrado en presencia del vicario episcopal, el arcipreste, párroco y archivero Una vez recogido se depositaron en su compacto correspondiente. Se recogieron  los libros anteriores al año 1900, como sigue en este modelo:  

 

DOCUMENTO DE CESIÓN EN DEPÓSITO

 

RELACIÓN DE ENTREGA Y RECEPCIÓN DE LOS FONDOS DOCUMENTALES DE LOS ARCHIVOS PARROQUIALES AL ARCHIVO HISTORICO DIOCESANO DEL ARZOBISPADO DE MÉRIDA-BADAJOZ

 

                                                                                                           Hoja Nº 1

INSTITUCIÓN U ORGANO REMITENTE:

Ciudad, pueblo o villa: FERIA                                

Parroquia SAN BARTOLOMÉ

Arciprestazgo de ZAFRA

 

Fecha de ingreso

18

Junio

2013

Día                 Mes                             Año                              

 

Datos de identificación, control y descripción de los documentos a transferir.

                                                                                                                

Sección/

serie

Nº orden   de

caja   o archivador

Control de libros, carpetilla y hojas

Fechas

Extremas

Primera y última

partida

I, 1

1

Bautismo 1

1501-1540

…?

…?

 

1

Bautismo 2

1548-1564

Tomás…

Alonso…

 

2

Bautismo 3

1564-1623

Francisca Gómez

Ana Rodríguez

Juan Becerra

José Manuel Gonzalo

 

                                                                                                                 Hoja Nº 2

 

Datos de identificación, control y descripción de los documentos a transferir.

 

       

Hilario González Muñoz

I, 3

13

Matrimonio 1

1564-1671

Pascual…

Juan Antón

 

13

Matrimonio 2

1672-1711

Esteban Martín

Juan Ruiz

 

13

Matrimonio 3

1712-1742

Juan de Bolaños

Diego Pérez

Miguel Vázquez

 

                                                                                                                 Hoja Nº 3

 

Datos de identificación, control y descripción de los documentos a transferir.

 

Sección/

serie

Nº orden   de

caja   o archivador

Control de libros, carpetilla y hojas

Fechas

Extremas

Primera y última

Partida

       

Juan Montero

I, 4

16

Defunciones 1

1637-1671

…?

Alonso Fernández

 

16

Defunciones 2

1672-1697

Párvulo

María…

 

16

Defunciones 3

1698-1710

Párvulo

Juan Carvajal

Párvulo

Isabel Muñoz

 

                                                                                             

             Hoja Nº 4

 

Datos de identificación, control y descripción de los documentos a transferir.

 

Sección/

serie

Nº orden   de

caja   o archivador

Control de libros, carpetilla y hojas

Fechas

Extremas

 

I, 6

22

Índices Bautismo-Matrimonio

1700 (M)

1800 (B)

 

I, 7.1

23

Exp. Matrimonio Ordinarios 1

1782-1864

 

 

24

Exp. Matrimonio Ordinarios 2

1865-1871

 

 

25

Exp. Matrimonio Ordinarios 3

1871-1877

 

 

26

Exp. Matrimonio Ordinarios 4

1878-1886

 

 

27

Exp. Matrimonio Ordinarios 5

1887-1899

 

II, 1

28

Cuentas Fábrica 1

1623-1674

 

 

28

Cuentas Fábrica 2

1707-1774

 

 

29

Cuentas Fábrica 3

1774-1819

 

II, 2

30

Escrituras 1

1656

 

 

30

Escrituras 2

1705

 

 

31

Escrituras 3

1732

 

 

34

Testamentos 1

1712-1767

 

 

34

Testamentos 2

1747-1834

 

 

34

Testamentos 3

1835-1849

 

II, 3

35

Rentas y Censos 1

1674

 

 

35

Rentas y Censos 2

1675-1703

 

II, 6

36

Libros Becerro

1705-1745

 

             Hoja Nº 5

 

Datos de identificación, control y descripción de los documentos a transferir.

 

Sección/

serie

Nº orden   de

caja   o archivador

Control de libros, carpetilla y hojas

Fechas

Extremas

 

II, 7

37

Colecturía 1

1643-1664

 

 

37

Colecturía 2

1674-1709

 

 

37

Colecturía 3

1705-1740

 

II, 8

38

Colecturía Misas 1

1740-1767

 

 

38

Colecturía Misas 2

1767-1819

 

 

38

Colecturía Misas 3

1857

 

V, 1

39

Padrón Parroquial

1905

 

VI, 1

40

Hermandad Santos Mártires

1574

 

 

40

Hermandad Virgen Dolores

1765

 

 

40

Hermandad Inmaculado Corazón María

1858-1892

 

VI, 4

41

Cuentas Hermandad Virgen Consolación 1

1797-1833

 

 

41

Cuentas Hermandad Virgen Consolación 2

1806-1818

 

 

41

Cuentas Hermandad de las Ánimas 1

1715-1760

 

 

41

Cuentas Hermandad de las Ánimas 2

1760-1797

 

 

41

Cuentas Hermandad de las Ánimas 3

1796-1833

 

 

42

Cuentas Hermandad San Miguel 1

1618-1748

 

 

42

Cuentas Hermandad San Miguel

1739-1797

 

 

42

Cuentas Hermandad San Marcos

1685-1738

 

 

42

Cuentas Hermandad Santos Mártires

1748-1793

 

 

43

Cuentas Hermandad Stmo. Sacramento 1

1678-1759

 

             Hoja Nº 6

 

Datos de identificación, control y descripción de los documentos a transferir.

 

Sección/

serie

Nº orden   de

caja   o archivador

Control de libros, carpetilla y hojas

Fechas

Extremas

Primera y última

Partida

 

43

Cuentas Hermandad Stmo. Sacramento 2

1761-1797

 

 

43

Cuentas Hermandad Virgen del Rosario 1

1634-1642

 

 

43

Cuentas Hermandad Virgen del Rosario 2

1674-1717

 

 

43

Cuentas Hermandad Virgen del Rosario 3

1718-1767

 

 

43

Cuentas Hermandad Virgen del Rosario 4

1815-1827

 

VI, 5

44

Lista Cofrades y

Cuentas Hermandad Sta. Cruz

1712

 

VII, 1

45

Fundaciones

 

s. XIX

 

VII, 2

46

Capellanías

Varias Fechas

 

VII, 3

47

Obras Pías Leonor Cordero

1697-1767

 

 

47

Obras Pías Hilario Fernández Torrado

1774

 

X

48

Varios

 

Varias

 

 

 

En muchas parroquias sólo existían los libros sacramentales. El comportamiento de los párrocos fue ejemplar. Un amplio informe del archivero fue entregado al Sr. Arzobispo sobre el estado en que se hallaban los archivos concentrados con aporte fotográfico.

 

Toda esta documentación más la generada en los años 1901 a 1985 fue  microfilmada y puesta a disposición de los investigadores en el archivo diocesano y Centro Cultural “Santa Ana” de Almendralejo, pasando a través de éste una copie a los Mormones de Utah. Ante el problema surgido junto con otras 22 diócesis hizo que interviniera Roma con severas directrices sobre los   archivos diocesanos. Los obispos extremeños en el año 2008 secundaron   las normas en sendos decretos.  

 

                                                                                                          

Ordenación archivística

 

Si la clasificación de los archivos viene determinada por el devenir histórico, no ocurre igual en la ordenación de los documentos al intervenir la voluntad humana. Nos encontramos con la labor ingente y meritoria, realizada por D. Fernando Castón.

 

Nos deja una enumeración ordenada con legajos y expedientes en distintas series, dando origen a la confusión de archiveros e investigadores. Por un lado, las series existentes son actas capitulares, correspondencia, colecciones de cartas Reales, Pontificias, Eclesiásticas y otras privadas, puntos de coro, fábrica, mesa capitular, capellanías, obras pías, subsidios, excusados y noveno; por otro, las series nominales: pergaminos, libros numerados manuscritos y mixtura con más de 300 cajas, 14.000 fichas, con su materia, a saber Archivo (Años 1691-1980. Expedientes, 41). Arte (Años 1642-1980. Exp. 56). Censos (Años 1642-1980. Exp. 56). Civil (Años 1361-1979). Docs. En orden cronológico). Clero catedral (Exp. de provisión, en orden cronológico). Consueta (Años 1521-1979. en orden cronológico). Conventual (Años 1477-1863. Docs. de los conventos de la ciudad y de la diócesis, en orden cronológico). Culto (Años 1441-1979 Docs. en orden cronológico). Diezmos (Años 1781-1805. Libros 4). Episcopal (Años 1357-1979. Docs. en orden cronológico). Hacienda (Años 1380-1979. Docs. en orden cronológico). Hacienda Años 1564-1835. Libros 13). Histórico (Años 1335- 1930. Docs. en orden cronológico). Informaciones genealógicas (Años 1335-1833. Docs. en orden alfabético). Instituciones Reales (Años 1525-1834. Docs. en orden cronológico). Muchos de ellos en pergamino. (Equivalencia. Sección I, serie 1). Junta Diocesana (Años 1815-1834. Docs. en orden cronológico. Casi todo es de tipo económico. Jurídico (Años 1442-1944. Sentencias, pleitos etc. en orden cronológico). Capellanes de coro (Años 1681-1790. 14 libros de hacienda y 2 de cuentas). Nunciatura (Años 1587-1826. Correspondencia). Obras y reparaciones (Años 1542-1963. Docs. en orden cronológico). Palacio Episcopal (Años 1575-1978. Docs.). Parroquial (Años 1575-1956. Docs. en orden alfabético). Penales (Años 1440-1884. Docs. en orden cronológico). Pontificios. (Años 1313-2004. Docs. 60) Procesales (Años 1445-1857. Docs. en orden cronológico).). Pueblos. Docs. en orden alfabético). Seminario Diocesano (Años 1657-1951. Docs. en orden cronológico) y Varios (Años 1605-1835. Docs. en orden cronológico). Al no tener presente esta realidad da origen confusión de archiveros e investigadores a la hora de hacer las búsquedas ..

 

El sucesor D. Pedro Rubio en 1953 se plantea una restructuración y llega a escribir:

En aquella ocasión el autor consideró conveniente respetar la ordenación y clasificación de los fondos documentales del Archivo tal como las encontró al hacerse cargo de su dirección. Huelga decir que esta prístina ordenación y clasificación de los fondos se encuentra muy lejos de los criterios archivísticos actuales. Como acomodarla a estos criterios, exigiría reordenar “ex novo” todos los fondos, el autor consideró entonces preferible respetar este “statu quo”, añadiendo en este momento, a modo de elemental tabla de equivalencias, el nombre de sección, en la que encajarían mejor los distintos fondos dentro de una más moderna y exigente reorganización archivística. Basta decir que muchas de las que en el fichero reciben el nombre de secciones no pasan de ser meras series de otras secciones más amplias, subdivididas a su vez en series, por lo que el número excesivo de las actuales secciones, quedaría considerablemente reducido”[6].            

 

Dicha dificultad me encontré en 2006 al hacerme cargo de la dirección de los Archivos Eclesiásticos, pero una vez informatizados todos los ficheros en 2009 pude observar que se reducía el problema con las nuevas tecnologías- Base de Datos – Access- y facilitaba mucho las búsquedas pertinentes.

 

 

  1.  CONSERVACIÓN Y CUSTODIA

 

  1. Espacio.

 

Consciente el Sr. Arzobispo D. Santiago García Aracil de la finalidad de los archivos de la Iglesia compra la diócesis el bajo del antiguo palacio episcopal al Cabildo Catedral, como propietario al ser una Obra Pía “Fundación Marín de Rodezno”, situ en la calle Obispo San Juan de Ribera nº 13.    

 

Tras dos traslados del archivo diocesano a la sala capitular el 1974 durante las obras en el edificio antiguo,(nº 13), el 2001 se lleva al nuevo edificio de la curia diocesana (Calle Obispo San Juan de Ribera nº 2) y finalmente, tengo que hacer el tercer traslado de los fondos documentales diocesanos, cuando el Arzobispo D. Santiago García Aracil crea los Archivos Eclesiásticos del Arzobispado de Mérida-Badajoz, y me nombra el 30 de mayo de 2006 director de los mismos. Se ubican en la planta baja del anterior obispado C/San Juan de Ribera nº 13, Realizadas las obras de adaptación y las mejores instalaciones con la financiación de Caja Sur, se inaugura el 13 de septiembre de 2007 coincidiendo con el XXIII Congreso Nacional de Archiveros de la Iglesia en España, que se celebraba en Mérida y Badajoz.   El 2011 se hace la ampliación para recoger los 275 archivos parroquiales de la diócesis, y se concentran el 2013.

 

La distribución espacial es como sigue: Recepción, despacho de dirección y sala de   investigadores con doce puestos. Tras un largo pasillo y los servicios por una puerta brindada se accede a las salas de los fondos capitulares, reprografía y catalogación. Simétricamente un almacén y en el fondo la sala de los fondos diocesanos y a la derecha la de los fondos parroquiales.  

 

  1. Las condiciones ambientales

 

Las instalaciones se han tenido muy presentes. A este respecto se deben considerar tanto las características del soporte como de la “materia escriptoria sustentada”, esto es, las tintas. Entre las más importantes relativas al soporte se encuentran, refiriéndonos concretamente al caso del pergamino las siguientes:

 

  1. TEMPERATURA Y HUMEDAD. Estas deben ser las que corresponden a la naturaleza de los materiales del documento, refiriéndonos particularmente al pergamino en las condiciones óptimas como son: Temperatura: entre16º y los 21ºC.   Humedad: entre el 50% y el 60%. Estas deben de ser continuas en el tiempo, sin alteraciones importantes. Los problemas derivados de las alteraciones de estos parámetros son varias:

–     Si el pergamino se almacena a niveles de temperatura y humedad bajos puede sufrir una pérdida irreversible de elasticidad e, incluso, producirse un cambio de tamaño.

–     Por otro lado, los cambios de los niveles de humedad, esto es, alternancia de períodos de humedad alta con otros en que es baja pueden provocar la distensión de las fibras que constituyen el pergamino y, consecuentemente, su ondulación.

  1. ILUMINACIÓN. Otro factor a tener en cuenta es el nivel de exposición a la luz. La intensidad de la luz se mide en Lux y en el caso del pergamino se establecen los siguientes parámetros en el caso si está expuesto públicamente. La intensidad máxima debe de ser 50 lux.
  2. LAS TINTAS.

           A todo lo anterior hay que sumar los efectos que se pueden producir en las tintas.En primer lugar sería necesario determinar la composición de esta. De cualquier forma, uno de los tipos de tinta empleados más corrientemente en la Edad Media y Moderna corresponde a la clase de las tintas metaloácidas. Entre sus componentes se cuentan sulfatos que son poco estables, puesto que en presencia ácidos. En consecuencia corroen el soporte. Se recomienda, como regla general, que las condiciones ambientales sean del 50% humedad relativa y 18º C de temperatura para estas tintas. Igualmente, las tintas son susceptibles a los daños ocasionados por la luz visible y ultravioleta. De este modo, se recomienda eliminar esta radiación y almacenar los objetos en un lugar lo más oscuro posible. Finalmente, la contaminación del aire acelera la corrosión de la tinta.     En caso de tratarse de tintas de “humo negro”, empleadas menos frecuentemente en las épocas referidas, la exposición a la luz provoca la pérdida de color, empalidecimiento y emborronamiento La documentación tiene siempre que estar en una temperatura y humedad constantes a todas horas y todos los días del año. Además, lo más probable es que la persona, que maneja estos sistemas (Fotómetro, humificador, deshumificador, termómetro, fotómetro, ultraviómetro, filtros para vapores y aerosoles) no tenga ningún conocimiento de conservación de documentos, en caso que existiesen.

                                                                                                              

  1. DIFUSIÓN Y APERTURA

 

Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz

 

Los Obispos García Aracil, Benavente Mateos y Rodríguez Magro, el 8 febrero de 2008 dictan las normas, por las que se han de regir los archivos de la Archidiócesis de Mérida-Badajoz y las dos diócesis sufragáneas como siguen:

                 NORMATIVA

Los Archivos de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz, prestan un servicio a la sociedad en la divulgación de la cultura, poniendo a su disposición la consulta de sus fondos documentales que contribuyen al estudio y conocimiento de la sociedad en una determinada época. Co­rresponde al archivero, por encargo de la autoridad diocesana, la custo­dia y conservación de dicho fondo. El es el responsable de la correcta utilización de los documentos y de su buena conservación.

 

La Diócesis de Plasencia, cada fondo está en la Institución que ha generado y recibido esa documentación. Fondo Capitular, en la Catedral; Fondo Diocesano en el Obispado; y, los fondos parroquiales en sus respectivas Parroquias.

 

La Diócesis de Coria-Cáceres, tiene concentrado el Fondo Parro­quial anterior al año 1900 junto con el Fondo Diocesano en el Archivo Diocesano. El Fondo Capitular se encuentra en la Concatedral de Coria. Fondo Parroquial contemporáneo, en sus respectivas Parroquias.

CONSULTA FONDOS DOCUMENTALES

  • Para la consulta de los fondos documentales el investigador deberá rellenar una ficha, donde se hará constar sus datos personales, indi­cando detalladamente la documentación que desea consultar y la finalidad que con ello se propone. A quienes vayan a realizar consultas más de una vez, se les entregará otra ficha auxiliar donde reflejarán los libros que diariamente consulten.
  • Los investigadores realizarán las consultas en la Sala de Lecturas. El acceso al Depósito Documental queda reservado al personal del Archi
  • La consulta realizada en nuestros Archivos será gratuita.

 

♦   Se solicitará al Archivero el Documento que se quiera consultar.

 

  • No se pondrá sobre el documento el papel donde se escribe.
  • Se tendrá especial cuidado al volver la hoja.
    • Durante la consulta del documento se utilizará lápiz, quedando prohibido el uso de bolígrafo o cualquier tipo de rotulador.
  • La documentación deteriorada será retirada de consulta.
    • Los Libros dispuestos en la Biblioteca Auxiliar pueden consultarse y para ello sea preciso solicitarlos. Una vez utilizados, deberán ser colocados en su sitio.
    • No se podrá sacar, fuera del Archivo ningún documento, salvo en excepciones (exposiciones, museos,…), siempre con la debida autorización. Tampoco se realizarán préstamos de los libros pertenecientesa la Biblioteca Auxiliar.
  • No se permite fumar dentro de las dependencias del Archivo.
    • No se permite tener conectado el teléfono móvil dentro de la Sala de Lectura, por respeto a los otros investigadores.
    • Las personas que investiguen en nuestros Archivos deberán hacer mención en sus publicaciones de la procedencia de los documentos de dichos Archivos.
    • No se realizaran trabajos de investigación ni de búsquedas genealógi­cas por parte de los archiveros.

REPRODUCCIÓN DE DOCUMENTOS

  • No se realizarán fotocopias de libros o expedientes ni serie documental completa.
  • No está permitido el uso de cámara digital. Cuando sea necesario, en casos puntuales, será el propio Archivo quién realice la fotografía.
  • No se realizarán fotocopias de libros impresos.

 

Horarios

 

De martes a viernes, de 10,30 a 14.00 h.

 

RESUMEN

 

A veces en nuestras investigaciones queremos encontrar hallazgos según nuestros deseos personales y en otras se dan sorpresas que no esperamos. No obstante, la dura realidad de la investigación se impone.

 

El presente trabajo quiere soslayar estos interrogantes debido al desconocimiento de la Historia de la Iglesia, por algunos de sus visitantes. Amén de nociones mínimas del latín, paleografía, diplomática. Archivística y Biblioteconomía son dos disciplinas distintas con titulación diferente; aunque tengan cierta afinidad, como ocurre con otras ciencias.  

 

Cuatros verbos operativos vertebran la exposición:

 

Clasificar: Nos viene impuesta por la historia local eclesiástica de las Instituciones que han engendrado la documentación. En el caso de la provincia de Badajoz han coexistido cuatro obispado durante 643 años simultáneamente y el resto de los obispados de Plasencia y Toledo aún pendientes.

 

Ordenar: Este quehacer propio de los archiveros es más discutible al jugar la libertad. Los estudios archivísticos siguen su evolución. Pero hoy con las nuevas tecnologías informáticas se pueden salvar sin un cambio radical a la hora de reenumerar legajos y expedientes, que ya han sido utilizados en anteriores publicaciones o hay que hacer una perfecta equivalencia de series. Aún más especialistas en archivística no proliferan.  

 

Conservar: Ha sido notable esta nueva andadura con la concentración de los Archivos Eclesiásticos de Mérida-Badajoz en los inicio del siglo XXI. Las nuevas instalaciones modélicas han preservado situaciones adversas.

 

Difundir: La nueva legislación dada por los Obispos de la Provincia Extremeña que rigen en todas la diócesis han propiciado un uso acertado de patrimonio documental eclesiástico. Poco a poco se va abriendo, saliendo del uso casi exclusivo y demandado para los árboles genealógicos.

 

 

[1] Catalogo-Inventario del Archivo de la Catedral de Badajoz. Teodoro A. López López y Tomás Pérez Marín. En preparación. Fase final. Badajoz 2019.

[2] Separata del Volumen IV de las Memorias de la Real   Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Trujillo 1998. págs. 327-384.

 

[3] Nos limitamos a ordenar según el fichero existente, que para la publicación del catálogo inventario será trabajo de otros archiveros.

[4] Catálogo-Inventario. Fondo Orden de Santiago. Priorato de San Marcos de León. Provincia de León en Extremadura. Teodoro A. López y Dionisio Martín. En prensa. Badajoz 2018.

 

[5] Catálogo-Inventario. Fondo Orden de Alcántara. Priorato de Magacela y Zalamea. Teodoro A. López y Dionisio Martín. Badajoz 2017.  

 

[6]   La Catedral de Badajoz 1255-2005. Guía general –Inventario analítico del archivo. Badajoz 2007. pág. 723.

Ene 082020
 

Manuel Jesús Ruiz Moreno.

Monfragüe o Monsfragorum, monte fragoso, monte abrupto, para el historiador Velo y Nieto es el nombre que le dieron los romanos a esta zona del norte de la provincia de Cáceres, que linda por su margen izquierda con el rio Tajo (VELO Y NIETO, 1968 : 349). Aunque según las investigaciones de Ramos Rubio, bien pudiera venir de la forma Mons fractus, que en la lengua leonesa evolucionó hacia la forma Monsfrag, como monte fracturado, un monte cortado por el rio Tajo, como puede observarse en la realidad (RAMOS RUBIO, 2016: 13). Esta zona estuvo habitada desde tiempos prehistóricos. Como así lo atestiguan los numerosos testimonios encontrados, en forma de pinturas rupestres y estelas funerarias decoradas, atribuidas a la Edad del Bronce y del Hierro (PULIDO, 1991: 72). En lo alto del picacho de 465 m. de altura parece que se construyó un pequeño reducto defensivo que se atribuye ya a la Edad del Bronce. Tras su posterior dominación por Roma, sus legiones debieron construir un punto de vigilancia aprovechando las construcciones anteriores. Al que añadieron otra atalaya al otro lado del rio Tajo, en el lugar que se conoce como Cerro de Gímio, con la intención de controlar un camino secundario al de la ruta de la plata, en opinión de Lavado Paradinas (LAVADO, 1985: 128).

Imagen nº1. Monsfrag o monte fracturado. Fotografía propiedad de Francisco Mateos Cotrina

Los árabes se asentaron construyendo una fortaleza que denominaron Al-mofrag, y es su poder estaría hasta una fecha comprendida entre los años 1165 y 1169. Periodo en el que habría sido tomado por un aventurero portugués llamado Geraldo Sempavor al servicio del rey Alfonso I de Portugal. Este guerrero efectuó unas conquistas espectaculares en la futura zona de expansión del reino de León. Tomando Cáceres, Montáchez y Trujillo, entre otras plazas de esta zona de la transierra leonesa (CARDALLIAGUET, 1988: 87). En 1169 Sempavor intentó el asalto a la ciudad de Badajoz, pero Martínez Díez es de la opinión que no contaba con las fuerzas suficientes para tomarla con un golpe de mano, por lo que debió pedir ayuda a su monarca para rendir la población. Alfonso I se presentó con los refuerzos necesarios, pero el rey de León, Fernando II, acudió en socorro de la ciudad, defendiendo su derecho a anexionar la población en fechas posteriores (MARTÍNEZ DÍEZ, 1995: 106) En esta acción los leoneses fueron apoyados por Fernando Rodríguez de Castro, noble castellano que se encontraba al servicio de los almohades. Señala Ruiz Gómez, en su estudio sobre las guerras y los pactos, que don Fernando Rodríguez procedía de la familia de los Castro, una de las familias más influyentes en las Coronas de Castilla y León en el siglo XII. Don Fernando “el Castellano” hubo de abandonar la Corte del reino de Castilla debido a los enfrentamientos con la familia de los Lara, a causa de la tutela del futuro rey Alfonso VIII. Razón por la que se desnaturalizó marchando a servir al reino de León. Pasándose después al servicio de los almohades. El ejercito combinado, venció a los portugueses, y sus líderes fueron tomados prisioneros. Para recuperar su libertad, los portugueses debieron entregar parte de sus conquistas. Recibiendo Fernando II la plaza de Cáceres, mientras el de Castro recibía las plazas de Montánchez, Trujillo, Santa Cruz y Monfrag (RUIZ GÓMEZ, 1996: 155).

Imagen nº 2. Tras la ofensiva de los almohades las fortalezas de Cáceres, Almofrag y Alcántara son tomadas por los musulmanes. Cortesía del grupo de recreación medieval Fronteros de Extremadura. Fotografía propiedad del autor

La Crónica Latina de Castilla lo refiere así: “Tunc et captus fuit Giraldo qui dicebatur sine Pavors et traditus in manus Roderici Castellani cui proliberatione sua dedit idem Giraldus Montanges, Turgellum, Sancta Crux, Monsfrague”. Territorio en el que formó un señorío independiente. Un año después, 1170, los almohades realizan una campaña contra el reino de Castilla, razziando la vega del Tajo, llegando hasta la ciudad de Toledo. Ello provocó una gran alarma en este reino y en los vecinos de León y Portugal. Ante esta situación de peligro Fernando II intentó fortalecer con guarniciones fiables las nuevas plazas adquiridas en primera linea de frontera. Y con el apoyo de Fernando Rodríguez de Castro y Armengol VII de Urgel, ambos caudillos aliados de rey de León, se creó una hermandad armada con sede en Cáceres. Lugar del que toma su nombre “Fratrum de Cáceres”o,”militum de Canceris”, según aparece en la documentación de la época. Documentos recogidos por el profesor Martín Rodríguez en el apéndice documental de su estudio “Los orígenes de la Orden Militar de Santiago” el 1 de agosto de 1170, según el Calendario de Uclés, la Ordinem de Cáceres comienza a andar bajo el mando de un maestre, Petro Fernandi (Pedro Fernández). Con la finalidad de luchar contra el infiel y defender la cristiandad. A imitación de otras Órdenes militares ya existentes, como los templarios y los calatravos (MARTÍN, 1974: 7). Siguiendo la investigación de Martín Rodríguez sabemos que al años siguiente el arzobispo de Santiago de Compostela se interesa por los fratres y firma con ellos un acuerdo de hermandad acogiéndolos bajo su protección. En febrero de 1171 los caballeros de Cáceres pasan a convertirse en los Caballeros de Santiago, nombre por el que serán conocidos desde entonces y tomando como enseña una espada roja. Entre los primeros bienes donados por el rey leonés a la nueva Orden de Santiago, en ese mismo año (1171) encontramos la fortaleza de Almofrag, “castillo situado a orillas del Tajo, en la frontera musulmana”. Firmando como confirmante Fernandus Roderici, propietario de este castillo en aquellos momentos, lo que nos verifica el apoyo del “Castellano” a esta nueva cofradía militar (MARTÍN, 1974: 17). Entre los primeros miembros de la Orden de Santiago encontramos al Conde Rodrigo Álvarez de Sarria, noble leonés perteneciente a una acaudalada familia de Lugo. Al que se le nombra comendador mayor de la Orden. Sus buenos contactos con el reino portugués harán revertir grandes beneficios a los santiaguistas, como anota el historiador Velo y Nieto en su estudio “La Orden de Caballeros de Monsfrag”. Entre ellos la donación del rey Alfonso de Portugal a la Orden de Santiago de los castillos de Abrantes y Monsanto con la expresa condición de que “los había de poseer el comendador Don Rodrigo y no otro alguno” (VELO Y NIETO, 1950: 42). Sobre las mismas fechas, opina Lavado Paradinas en “El castillo de Monfragüe y la Orden de Montegaudio”, Rodrigo Álvarez podía haber estado al cargo de la custodia del castillo de Monfragüe por parte de la Orden de Santiago (LAVADO, 1985: 130). Pero poco duraron esas posesiones en manos de los caballeros de Santiago. Las treguas entre el reino de León y los almohades se terminan en el verano de 1174. Momento en el que aprovecharon los musulmanes para lanzar una ofensiva contra el territorio leonés. Las fecha de la caída de las plazas de Cáceres y almofrag en manos de los musulmanes es muy discutida. Unos dicen que fue en 1173 (MUÑOZ, 1974: 66). Otros como el profesor Huici Miranda, Navarro del Castillo y Mota Arévalo piensan que fue en 1174. Atendiendo a este criterio sabemos que el 3 de septiembre del citado año (1174), parte de Sevilla una expedición bajo el mando de Abu Hafs, hermano del Califa, con destino a Ciudad Rodrigo (HUICI, 2000: 272). En dicha expedición no se lograría conquistar la citada población, pero en el camino de vuelta arrasarían y tomarían otros puntos fuertes como fueron Alcántara, Cáceres y Almofrag. Cáceres como ciudad en la que estaba asentado el convento principal de la Orden de Santiago, fue la población que más resistencia opondría a los almohades, y en la que caerían la mayor parte de sus caballeros (NAVARRO, 1980: 298). Momento en el que las diferencias entre los supervivientes de la Orden de Santiago y el rey Fernando II provocaría la ruptura de relaciones entre ambos. Por lo que la Orden de Santiago pasaría a fundar su nuevo convento matriz en el reino de Castilla. La villa de Uclés donada por el rey Alfonso VIII tiempo antes, en enero de 1174, se convierte en el cuartel general de los caballeros santiaguistas (MOTA, 1962: 27). Pero en este tiempo, ocurrió un hecho que daría mas tarde origen a la Orden de Monfragüe. El enfrentamiento entre Rodrigo Álvarez y el resto de sus miembros con motivo de las divergencias en la forma de organizarse los santiaguistas. Sabemos ya de las primeras desaveniencias del conde Rodrigo, desde los primeros pasos con los fratres de Santiago,cuando expresó en un documento su deseo de entrar en la Orden del Temple si abandonaba sus votos con los santiaguistas (GONZÁLEZ, 1960: 584). Pero es a finales de 1173 o principios de 1174, cuando Rodrigo Álvarez lleva a cabo su separación efectiva de la Orden. Aprovechando la estancia del legado papal, el cardenal Jacinto, en el reino de León, Rodrigo se entrevistó con él y le pidió salirse de la Orden de Santiago y fundar una nueva Orden más estricta (LOMAX, 1965: 46). Y en la que no se aceptara el matrimonio a sus miembros, como ocurría en la de Santiago (FOREY, 1994: 251) Deseo que le fue concedido por el Cardenal y mientras se procedía a su aprobación se confinó con sus seguidores en otro lugar. Quizás el castillo de Abrantes, señala Julio González, para seguir la regla cisterciense (GONZÁLEZ, 1960: 585). En los primeros momentos la Orden no aparece con denominación alguna en los documentos que se la relacionan (AYALA, 2003: 103). Solo sabemos que el papa Alejandro III confirma lo acordado, en diciembre de 1175 (FOREY, 1994: 251) y que le prohibe admitir a antiguos miembros de la Orden de Santiago, así como recibir castillos y villas que pudieran ser fuente de discordia entra ambas órdenes (GONZÁLEZ, 1960: 585). Tomando como enseña una cruz: la mitad blanca y la mitad roja. Símbolo impuesto por el abad del Císter que los había acogido (GONZÁLEZ, 1960: 585). Buscando nuevos reinos en los que guerrear sin tener problemas con los santiaguistas marchó hacia Aragón. Reino donde sabemos que la nueva Orden ya contaba con algunas donaciones concedidas previamente por el rey aragonés Alfonso II, en julio de 1174, tales como la recién conquistada fortaleza de Alfambra (FOREY, 1994: 252). Siendo en este lugar en el que el monarca quiso que fijaran su convento principal. Razón por la cual comenzó a conocerse como Orden de Alfambra (MARTÍNEZ, 2002: 44).

Imagen nº 3. Fortaleza de Alfambra, primera posesión de la Orden de Montegaudio en el reino de Aragón. Fotografía propiedad del autor

La cesión de dicho territorio a la nueva orden recién fundada, puede haber sido debida a los intentos del rey de Aragón de desvincularse del apoyo de las Órdenes Militares internacionales como el Temple y el Hospital. Órdenes que podían perseguir unos objetivos distintos a los de la Corona. Con estas donaciones, Forey es de la opinión de que el rey Alfonso II trataba de asegurarse una ayuda en la defensa de sus fortalezas fronterizas poniéndolas en la mano de una orden más pequeña, y por lo tanto mas manejable que la del Temple (FOREY, 1994: 252). También podemos pensar que esta donación podía estar influida por la presencia del cardenal Jacinto que estaba en este reino desde principios de 1174. Ya que sabemos que el delegado papal se encontraba en enero de dicho año en Zaragoza, para asistir al matrimonio del rey Alfonso II con la infanta Sancha de Castilla (RODAMILANS, 2018: 950). La Orden siguió creciendo en la Corona de Aragón, pero el conde Rodrigo poco tiempo permaneció en dicho reino, pues se sabe que marchó a Tierra Santa, sobre 1176. Allí adquirió una propiedad en el un monte cercano a Jerusalén. Éste punto era el primer lugar desde donde se veía la ciudad. Por lo que se lo conocía como “Monte del gozo”, Monte Gaudio, Monte de la alegría o Montjoy (GONZÁLEZ, 1960: 585). A partir de ese momento la orden asumió el nombre de “Militia Sanctae Mariae Montis Gaudii de Jerusalem”, es decir, Milicia de Santa María de Montegaudio de Jerusalén (MARTÍNEZ, 2002: 45). No está claro si ya había algún tipo de fortificación en dicho monte, o lo construyeron los hombres del Conde Rodrigo, lo cierto es una bula Papal fechada en 1180 indica que el citado Conde estaba construyendo una capilla en aquel lugar y que en la fecha de expedirse la bula, el templo no estaba terminado (FOREY, 1994: 253).

Imagen nº 4. Reconstrucción de ermita de Monte Gaudio. Cortesía del grupo de recreación medieval Fronteros de Extremadura. Fotografía propiedad del autor

Conocemos de la existencia de algunas donaciones en octubre de 1176 y junio de 1177 por parte de Reinaldo de Chatillon, y confirmadas por el rey de Jerusalén, Balduino IV. Concesiones con la condición de que Rodrigo y sus compañero luchasen de forma continua contra los infieles desde las nuevas fortalezas entregadas (FOREY, 1994: 253). También recibió otras donaciones por parte de Guillermo de Monferrat, la princesa Sibila y el Prior del capítulo del Santo Sepulcro (JASPERT, 2005: 84). Pero pese al número importante de donaciones, el alistamiento a la Orden de Montegaudio debió tener poco éxito. Pues en noviembre de 1180 Rodrigo consigue del Papa un privilegio en el que se le permitía aceptar como hermanos de su orden a vascos, aragoneses y demás brabanzones, siempre que hubieran nacido libres y hubieran sido absueltos de sus crímenes y pecados. Esto es, mercenarios y carne de horca que solo podían redimirse ingresando en una orden militar, como apunta el profesor Alain Demurger (DEMURGER, 2005: 70).

Imagen nº 5. Caballeros de Montegaudio entrenando. Cortesía del grupo de recreación medieval Fronteros de Extremadura. Fotografía propiedad del autor

Durante estos años la Orden siguió acumulando donaciones, tanto en en Tierra Santa, Italia, Aragón, Castilla y León. Años en los cuales el maestre Rodrigo realizó varios viajes visitando sus posesiones. En 1182 el rey Alfonso VIII dona mediante documento fechado el 15 de diciembre en Median de Rioseco a la Orden de Montegaudio la población de Villaviudas en el valle de Balna, entre Tablada y Reinoso (González, 1960: 827) Para el profesor Rodríguez-Picavea, la orden de Montegaudio fue la primera milicia hispánica en tener posesiones en el Oriente Latino. Pero anota que aunque la denominación avocara al convento en el monte del gozo, la realidad es que el cuartel general efectivo de la orden, seguía siendo la fortaleza de Alfambra (RODRIGUEZ-PICAVEA, 2008: 97). En otoño de 1186, el profesor Carlos de Ayala anota que se produce el primer intento de anexión de la orden de Montegaudio por una orden mayor, en esta caso la del Temple. La iniciativa partió de Fr. Pedro de Ciliis, comendador de Alfambra (AYALA, 2003: 105). Dicho comendador ofreció al maestre provincial del Temple todas las fortaleza y propiedades de la Orden en Aragón, Castilla y Galicia (GONZÁLEZ, 1960: 586). Operación que a decir de Martínez Diez fue abortada por el propio maestre y la no conformidad del rey de Aragón que se opuso a dicha incorporación (MARTÍNEZ, 2002: 45). En este tiempo de crisis interna de la orden de Montegaudio, un suceso dio otra vuelta de tuerca a la situación crítica de la misma. En julio de 1187 se produce la batalla de Hattin, entre los cruzados y las tropas de Saladino. Enfrentamiento en el que, en opinión de Terence Wise en su estudio “The knights of Christ” participó un pequeño destacamento de la Orden de Montegaudio, muriendo todos en el combate (WISE, 1993: 31).

  

Imagen nº 6. Recreación de la batalla de Hattin. Cortesía de Silverio Fernández

A los sucesos dramáticos de la toma posterior de Jerusalén por parte de los musulmanes, en octubre del mismo año, y la probable pérdida de todas las posesiones de los montegaudios en Tierra Santa, se unió la muerte del maestre Rodrigo, ocasionando una pérdida de rumbo de citada milicia, y una vuelta a las posiciones de partida en la fortaleza de Alfambra (MARTÍNEZ, 2002: 45). Pero el rey Alfonso II no estaba por la labor de ceder ante los templarios, e intentó revitalizar a la orden de Montegaudio, que aún conservaba esa denominación, con la donación en diciembre de 1187 del castillo de Villel, situado al sur de Alfambra (FOREY, 1994: 257). Ante el vano intento de sacar a la orden adelante, y hallándose ésta sin maestre efectivo desde la muerte del Conde Rodrigo; el rey aragonés dispuso en octubre de 1188 que se crease una nueva Orden militar denominada “Del Santo Redentor”. Orden en la que se unirían los efectivos y bienes de una orden hospitalaria, fundada poco tiempo antes en Teruel, para la caridad y la redención de cautivos, llamada “el Hospital del Santo Redentor”; con la Orden de Montegaudio. Documento de fusión en el que la Orden de Montegaudio es denominada también como Orden de Alfambra. Confirmando dicho acuerdo Rodrigo González comendador de la Orden en Castilla y Juan García comendador de Alfambra. (GONZÁLEZ, 1960: 587). Pero la nueva Orden no nacía con buen pie, las disensiones entre los miembros hospitalarios y los militares pronto se hicieron patentes. Además surgió la lucha por el poder entre las facciones castellanas-leonesas y las aragonesas, por lo que Alfonso II decidió en 1196 fusionar a la Orden del Santo Redentor en Aragón a la Orden del Temple (MARTÍNEZ, 2002: 45). El 29 de abril de 1196 Fralino de Luca con el título de maestre de Montegaudio y del Santo Redentor y de Alfambra hace entrega al Temple de todos los castillos y tierras pertenecientes a su Orden en la Corona de Aragón. González anota que esta medida no fue aceptada por los miembros castellano y leoneses de la Orden, que acudieron a exponer su caso al Papa Inocencio III, para evitar esta anexión. La investigación de esta reclamación se inicia en Roma en 1198. Entre tanto los templarios leoneses, siguiendo las directrices de sus hermanos de Aragón, ocupan todas las posesiones de los montegaudios en ese reino (GONZÁLEZ, 1960: 588). Mientras se suceden estos acontecimientos en el reino de Castilla se esta produciendo una gran ofensiva almohade que está arrasando el territorio defendido por los freires de Trujillo. Tras la batalla de Alarcos en 1195 los musulmanes van a explotar esta gran victoria dirigiendo un ataque contra los castellanos. Partiendo de Sevilla el 15 de abril de 1196, los almohades van a arrasar y tomar el flanco occidental del reino castellano. Lo cuentan los Anales Toledanos de la forma siguiente: “Priso el Rey de Marruecos a Montachez, e Santa Cruz e Turgiello e Placença e vinieron por Talavera e cortaron el Olivar e Olmos, Santa Olalla e Escalona e lidiaron Mqueda e non la prisieron e vinieron cercar Toledo e coertaron las viñas e los arboles”. Trujillo no sería recuperada por los castellanos hasta 1233, pero Plasencia si, en ese mismo año se 1196 (RUIZ, 2015:82). Ante esta situación tan crítica para el reino castellano, Alfonso VIII vería con muy buenos ojos la implantación en su territorio de los miembros castellanos de la Orden de Montegaudio, y seguramente en ese mismo años de 1196, les donase el castillo de Monfragüe. Castillo cercano a Plasencia que ya había pertenecido a la Orden de Santiago siendo comendador el conde Rodrigo Álvarez y que también se habría recuperado junto con la anterior ciudad (GONZÁLEZ, 1960: 589). La nueva Orden creada eligió como maestre a Rodrigo González, líder de la disidencia contra la rama de los Montegaudio aragoneses, tomando el nombre de Orden de Monfragüe o Monfrag. Por ser este castillo el lugar donde asentaron su convento principal (VELO Y NIETO, 1950: 72).

Imagen nº 7. Castillo de Monfragüe. Fotografía propiedad de Francisco Mateos Cotrina

A ella seguramente podrían haberse unido algunos miembros supervivientes de la Orden de Trujillo. Ya que todas las posesiones de los trujillenses habían sido desmanteladas en la ofensiva almohade, y ambas estaban bajo la regla cisterciense. A esta razón puede obedecer los testimonios de algunos investigadores como Publio Hurtado en su libro dedicado a los castillos y torres de la provincia de Cáceres (HURTADO, 1989: 181), Ponz en sus libros de viajes por Extremadura (PONZ, 1983: 156) y Naranjo Alonso en su publicación sobre Trujillo y sus monumentos, en los que se expresa una relación de anexión o pertenencia entre los trujillenses y los de Monfrag. (NARANJO, 1983: 75). Incluso la Enciclopedia de la Religión Católica en el apartado dedicado a la Orden de Monjoie dice que después de la caída de Jerusalén, los miembros de esta Orden se refugiaron en Europa, donde el rey Alfonso IX de León les entregó los castillos de Monfrac y Trujillo. Pero al poco tiempo bajo dichas denominaciones formaron dos Órdenes distintas. La ocupación por parte de los caballeros del castillo de Monfragüe debió implicar remodelaciones en el mismo para reforzar su defensa y amoldarse a la nueva situación de ser el convento principal de esta Orden. Ya que, según la opinión de Lavado Paradinas, debía encontrarse en malas condiciones tras el paso de la ofensiva musulmana ese mismo año. Sería en aquellos años cuando se construiría la torre redonda que actualmente puede observarse en el lado oriental, así como el recinto defensivo que protege a dicha torre, incorporando además un aljibe, situado entre los muros del primer y segundo nivel de defensa de la fortaleza. Siendo la torre pentagonal que ahora se observa, de construcción posterior a su dominio por los caballeros de Montfragüe. Probablemente del siglo XV, cuando el castillo estaba ya en poder de familias nobiliarias de Plasencia (LAVADO, 1985: 133).

Imagen nº 8. Torre del castillo de Monfragüe, posiblemente construida por los caballeros de Montegaudio. Fotografía propiedad del autor

Las concesiones del rey y particulares a la Orden de Monfragüe se sucedieron durante los años siguientes. En enero de 1197 unas rentas sobre las salinas de Talavera. En junio de 1206 una heredad en Magán. Las Diffiniciones de la Orden y Cavallería de Calatrava conforme al Capítulo General celebrado en Madrid, año de MDCLII dice así: “A vos Don Rodrigo González Maestre de Monfrac, de la Orden de Montegaudio”. En 1210 los de Monfragüe debían tener en su poder la villa de Segura, pues es permutado por otros bienes a petición del rey Alfonso VIII de Castilla, según aparece en la publicación de Zapater: “El Cister militante en la campaña dela iglesia contra la Sarracena furia” (ZAPATER, 1662: 220). En cuanto a la ubicación de esta villa de Segura hay criterios dispares. Publio Hurtado menciona tres fortalezas que llevaron el nombre de Seguras en la provincia de Cáceres: una cerca del municipio de Cáceres, que junto con una torre perteneció a la familia de los Mogollones; otra cerca de la villa de Alcántara; y la tercera junto al pueblo del mismo nombre entre Plasencia y Hervás. Según el citado autor, esta última fortaleza perteneció a los templarios (HURTADO, 1989: 87). Marciano de Hervás en sus apuntes históricos sobre los orígenes de la población de Hervás anota que según la documentación consultada por él en el Archivo Histórico Nacional, la permuta de Segura haría alusión a Segura de la Sierra en la provincia de Burgos (MARCIANO MARTÍN, 1060: 1999). Personalmente nos decantamos por la ubicación señalada por Julio González en su estudio sobre la repoblación de Castilla la Nueva, en la que hace mención que la población de Segura, junto con la de Oliva, se situaban en el camino de Plasencia a Salamanca (GONZÁLEZ, 1975: 295).

Imagen nº 9. Aljibe del castillo de Monfragüe. Fotografía propiedad de Francisco Mateos Cotrina

Confirmando con Hurtado que dicha denominación sería la actual Segura de Toro. Pero el pleito con los templarios continuaba y éstos seguían insistiendo en adueñarse de todos los bienes que habían sido de la Orden de Montegaudio. Por ello los caballeros de Monfragüe buscaron un aliado entre las Órdenes militares de obediencia cisterciense, la Orden de Calatrava (GONZÁLEZ, 1960: 590). En este tiempo de incertidumbre para el futuro de la Orden, el rey Alfonso VIII realizó en 1212 una incursión en territorio almohade buscando el enfrentamiento directo con los ejércitos musulmanes, e intentar vengarse de la derrota de Alarcos de 1195 (RUIZ, 2015: 86). El combate entre castellanos y almohades se llevo a cabo en las Navas de Tolosa y se convirtió en una de las mayores victoria de las armas cristianas contra los musulmanes. En palabras del arzobispo Jiménez de Rada, recogidas por el profesor García Fitz en su estudio sobre la citada batalla: “Todas las Órdenes Militares, tanto las hispánicas como las internacionales con intereses en Castilla, estuvieron presentes en las Navas” (GARCÍA, 2005: 198). Por lo que no es aventurado pensar que aunque con pocos miembros en su haber, y aunque ninguna crónica haga referencia a la presencia de caballeros de Monfragüe en dicha batalla; la afirmación del arzobispo, y las condiciones de apoyo incondicional que debieron mantener los citados caballeros a aquel que había sido su benefactor, el rey castellano Alfonso VIII haría posible que miembros de la Orden de Monfragüe luchasen por su rey en dicha batalla. Siguiendo a García Fitz en su citada investigación sabemos que a pesar de la escasa información que nos ha llegado sobre los contingentes de las Órdenes Militares participantes en dicha batalla, el citado autor sugiere que debieron emplearse a fondo y que pagaron un alto precio en vidas humanas. Información que se puede deducir de la posición que ocuparon en el orden de batalla: el núcleo central del ejército castellano, una de las posiciones más expuestas; así como la muerte en batalla o a consecuencia de ella, de muchos de los máximos dirigentes de las Órdenes Militares que se allí se personaron, como el maestre de Santiago, del Temple y el de Calatrava (GARCÍA, 2005: 199). Observaciones que nos permiten lanzar la hipótesis de que si los calatravos estaban en primera línea de la batalla de las Navas de Tolosa, sus protegidos de Monfragüe no debieron estar muy lejos, seguramente encuadrados en sus filas. Consecuencia muy importante para la supervivencia de los de Monfragüe, porque aunque se había conseguido la victoria para el lado cristiano, con la pérdida de los milites de Monfragüe en dicha batalla, la Orden estaba abocada a una pronta desaparición.

Imagen nº 10. Recreación de la batalla de las Navas de Tolosa. Fotografía propiedad de Silverio Fernández.

En el capítulo general de la Orden del Císter llevado a cabo en 1215, se estudió el caso entre el Temple y los de Montegaudio y se consideró que la acción mas beneficiosa debía ser la incorporación de la Orden de Monfragüe a la de Calatrava. Pero esta indicación de integración en los calatravos no fue aceptada por una parte importante de los caballeros de Monfragüe, y se mantuvieron independientes. Pruebo de ello es que siguieron recibiendo donaciones, como la recibida pos su maestre Rodrigo Bermúdez en 1218 del castillo de Miravete, ubicado entre Albalat y Trujillo. Fortaleza cedida por el concejo de Plasencia (RODRIGUEZ-PICAVEA, 2008: 100).

Imagen nº 11. Restos de la fortaleza de Miravete, donada a los caballeros de Monfragüe. Fotografía propiedad del autor

En 1221, el rey de Castilla Fernando III decide terminar con esta situación sancionando que todos los bienes de la Orden de Monfragüe pasen a Calatrava “Considerans etiam penuriam, et annulationem ordinis de Montfrag, qui licet quodam magnus fuerit, aminiculo indiget iam externo istum in dictum Calatravensem ordinem and Christi serviti augmentum cupies commutarii (…) Dono itaque Deo ordini et magistro et tratibus supradictis castellum de Montfrag cum omnibus gragiis et petinentiis suis” (AYALA, 2003: 107). Pero de nuevo algunos freires de Monfragüe se negaron a la asimilación y mantuvieron su autonomía, reivindicando sus derechos ante la Santa Sede. Ésta, tras una larga deliberación, consensuó en junio de 1234 que las reclamaciones de los de Monfragüe estaban bien fundamentadas y que podían seguir siendo independientes. Pero la decisión real no fue revocada y la Orden de Monfragüe desapareció (FOREY, 1994: 265). Sus escasos miembros y los bienes inmuebles que les quedaban fueron asimilados por la Orden de Calatrava (RODRIGUEZ-PICAVEA, 2008: 100).

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Ene 052020
 

Dr. Juan Carlos Rodríguez Masa.

juancarlosrm@unex.es

Introducción

Los campesinos de nuestra geografía otorgan a San Antonio Abad el patronato de los animales, pero esto no siempre fue así. Nada en su hagiografía hacía presagiar su abogacía especial. Su historia de vida fue escrita en griego, alrededor del año 375, por San Atanasio de Alejandría y, posteriormente, traducida al latín por Evragio de Antioquía e irradiada por todo el Occidente medieval. Efectivamente, su hagiografía presenta la figura de un hombre que crece en santidad, y lo convierte en modelo de piedad cristiana.

San Antonio Abad, según la Vita Antonii de San Atanasio, nació hacia el año 251 en la aldea de Coma (hoy Quaeman-el´Arous)[1], al sur de Menfis (Egipto), de padres campesinos y acaudalados. Según cuenta la leyenda, en una Misa resonaron en él estas palabras de Jesús: “si quieres ser perfecto, ve y vende todo lo que tienes y dalo a los pobres”. Por ello, al morir sus padres vendió todos sus bienes, donó el dinero a los pobres y se consagró a la vida eremítica. De esta manera San Antonio Abad se convirtió en uno de los iniciadores de las comunidades de monjes en la historia del cristianismo, que luego se fueron extendiendo por todo el mundo y que siguen existiendo en nuestros días. Durante su vida de anacoreta, en los desiertos de Nitria y Scete (Bajo Egipto), fue atormentado y tentado por el demonio, quien le ofreció riquezas y placeres, a los que San Antonio respondió con un incremento de sus oraciones y penitencias.

San Antonio Abad falleció en el año 356, probablemente a los 105 años de edad. Fue sepultado por sus discípulos en un lugar secreto, siendo su cuerpo milagrosamente hallado dos siglos más tarde. Sus restos fueron desenterrados en el año 561, durante el gobierno del emperador Justiniano. Según cuenta una leyenda, popularizada en el siglo XV por una traducción del latín al francés de Pierre de Lanoy, el obispo Teófilo habría descubierto el cuerpo de San Antonio Abad envuelto en una túnica de fibras de palma que le habría regalado San Pablo ermitaño. En el año 663, con motivo de la revuelta del pueblo egipcio contra el emperador Heraclio, los restos fueron trasladados a la iglesia San Juan Bautista de Constantinopla.

En el 1070, las reliquias del Santo Ermitaño, procedentes de Oriente, son trasladadas desde Bizancio a Francia a manos de un caballero francés llamado Jocelyn, Señor de Castronovo, Albenciano y la Mota de San Desiderio, quien había estado luchando como cruzado en Constantinopla, allí las recibió de manos del emperador como regalo por los servicios prestados tras su viaje a Tierra Santa. El interés de este caballero francés por conseguir las reliquias de Antonio el Ermitaño, es debido a la curación del mismo, al parecer por intercesión directa del Santo tras ser gravemente herido durante una batalla. Dichas reliquias se colocaron inicialmente en la Iglesia Parroquial de Santa María, localizada en la Villa de San Desiderio. En el 1074, las reliquias del Santo se trasladaron a la nueva Iglesia de Mota “Motte Saint-Didier” (Vienne, Francia), construida para este fin, y donde se conservan hasta la fecha.

En aquel tiempo y lugar de la llegada de las reliquias de San Antonio Abad a Francia, entre 1085 y 1095, una epidemia misteriosa denominada “ignis sacer”, “fuego sagrado” o “mal de los ardientes”, asoló las regiones de Europa medieval. Dicha epidemia fue descrita por las crónicas como una extraña enfermedad, concebida como castigo divino por sus profundos estados alterados de conciencia y cuyos síntomas, similares a la lepra en su fase más avanzada, consistían en fuertes dolores en brazos y piernas. Los afectados acudían a la iglesia donde se veneraban las reliquias de San Antonio Abad invocando su intercesión, pues la popularidad de este Santo taumaturgo era conocida de Oriente a Occidente por la Vita Antonii. Uno de los afectados por el “Fuego de San Antón” fue el hijo de un noble delfines[2] llamado Gastón de Valloire, que ante la gravedad de su hijo, prometió al Santo que si éste sanaba fundaría un hospital, anejo a su iglesia de la ciudad, para la atención de afectados y mendigos, dando origen a la Orden Hospitalaria de San Antonio Abad, llamados popularmente Antonianos.

A partir del siglo XI, fue cuando su fama milagrosa, como sanador, se extendió entre el pueblo mediante la Orden Hospitalaria de los monjes Antonianos. Desde aquellos remotos e iniciales tiempos de la fundación de la Orden por Alfonso VII en 1146 y hasta 1787, año de su supresión, transcurrieron casi seis siglos y medio, donde miles de peregrinos fueron testigos de la hospitalidad y fervor de unos monjes entregados a los pobres y desfavorecidos.

La Iglesia, en su interés por transmitir a los fieles el ejemplo de santidad que había llevado a cabo este “cristiano ejemplar”, encargó a los mejores artistas representar sobre lienzo la “Vida” de este ilustre monje anacoreta. Así pues, las “Tentaciones de San Antonio Abad” han sido motivo de inspiración de los artistas desde el Renacimiento, y continúan siéndolo hasta la actualidad. Basta recordar algunos de los artistas más significativos que han llevado el tema al lienzo, como Fra Angelico (1395-1455), Joan Reixach (1411-1484), Jheronimus Bosch “El Bosco” (1450-1516), Quinten Massys (1466-1530), Juan de la Abadía el Viejo (1470-1498), Joachim Patinir (1480-1524), Fray Juan Bautista Maíno (1581-1649), Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599​-1660), David Teniers (1610-1690), Francisco Rizi (1614-1685), Francisco de Goya (1746-1828). Y entre los pintores más modernos, Cézanne (1839-1906), Diego Rivera (1886-1957), Max Ernst (1891-1976) y Salvador Dalí (1904-1989) han seguido esta tradición y, de una forma sorprendente, pusieron de actualidad las “tentaciones” del Santo anacoreta de los desiertos de la Tebaida. Un importante número de estas piezas, pertenecientes a distintas técnicas, épocas y estilos, se exponen en las salas del Museo Nacional del Prado de Madrid.

  1. San Antonio Abad. Un Santo viejo[3] muy actual

Los habitantes de nuestra geografía otorgan a San Antonio Abad, o San Antón[4], el patronato sobre los animales y señor del fuego, pero esto no fue así desde el principio, donde la devoción resulta más próxima a los cánones eclesiásticos que a los que se suponen populares. La devoción a San Antonio Abad, por popular que pueda llegar a ser, tiene como referencia una serie de motivos proporcionados y difundidos por las narraciones eclesiásticas. Para conocer la vida de San Antonio Abad, también conocido como Antonio El Grande o El Magno[5], y más popularmente como San Antón, estudiaremos su hagiografía[6], tomando como texto fundamental para la composición de este apartado La Vida, obra del insigne patriarca San Atanasio de Alejandría[7].

La Vida[8], escrita en griego, fue compuesta a mediados del siglo IV (pocos años después de la muerte de San Antonio) y posteriormente traducida al latín por Evragio de Antioquía[9] y difundida por todo el Occidente medieval[10]. Dicha obra hace dudar de la historicidad del personaje por la veracidad histórica del contenido[11], pero, a pesar de lo creíble, o no, de sus hechos, lo que parce indiscutible es el gran impacto que San Antonio ejerció en la devoción popular medieval[12].

 

 Imagen I. San Antonio Abad

Reixach, Joan

Temple sobre tabla, 91 x 64 cm.

Hacia 1450 – 1460

Madrid, Museo Nacional del Prado[13].

Toda la cronología se basa en la hipótesis de que las fechas en La Vida son correctas. Esta obra fue la fuente principal utilizada por Santiago de la Vorágine[14] para redactar su Leyenda Dorada en año 1478. La influencia de la Leyenda Dorada en la cultura occidental es un hecho incuestionable, sus traducciones y ediciones hispanas son las denominadas Flos Sanctorum o libros de las vidas de los Santos, entre las que sobresalen las forjadas por El Padre Pedro Ribadeneira[15] y el Maestro Alonso de Villegas[16].

 

 Imagen II. San Antonio Abad meditando

Lodi, Giovanni Agostino da

Óleo sobre tabla, 42,5 x 30,5 cm.

Hacia 1510

Madrid, Museo Nacional del Prado[17].

En los Flores Sanctorum de Villegas y Ribadeneira[18] la vida de San Antonio Abad está presente. En la traducción de Villegas, de finales del siglo XVI, aparecen algunas novedades en la vida, milagros y hechos prodigiosos atribuidos a San Antonio Abad como es la Tau y el cerdo de su iconografía[19]: “… el Tao con que pintavan á este Santo, denota, que por virtud de la Cruz alcanço vitoria de los demonios. Pintanle tambien á sus pies un puerco con una capanilla: y es la razon, porque en Francia, teniendose devocion grande con S. Antonio, por estar alli su cuerpo, acostumbraran en todas la piaras, y crias de puercos, señalar uno, poniendole una campanilla, para ofrecerle cierto dia; y estiman en tanto aquel puerco, que si le hurtan, sienten mas su perdida, que si les fuesen hurtados otros muchos; y este es el que pintan junto al Santo…”[20].

 

Imagen III. Las tentaciones de San Antonio Abad

El Bosco

Óleo sobre tabla de madera de roble, 73 x 52,5 cm.

Hacia 1510 – 1515

Madrid, Museo Nacional del Prado[21].

Otro repertorio bastante completo de los sucesos relacionados con la vida de San Antonio Abad son las obras de Blas Antonio de Ceballos, denominadas: Libro nuevo, Flores sagradas de los yermos de Egypto, publicada en Madrid en el año 1686; Flores del yermo, pasmo de Egipto, asombro del mundo, sol del occidente, portento de la gracia: Vida y milagros del grande San Antonio Abad, publicada en Madrid en 1779. Ceballos nos habla de las vueltas que los labradores daban a la Iglesia para proteger a sus animales[22], costumbre que ha llegado hasta nuestros días[23].

Los elementos contrastados y acentuados por las diversas fuentes, muestran a San Antonio con un comportamiento bien definido: “…reservado, silencioso, pero ardiente y apasionado en sus esfuerzos, tenaz y constante en sus proyectos, dotado de un gran equilibrio, afable, afectuoso y fiel en la amistad, siempre alegre, desde el momento en que sus visitantes veían su mirada. En definitiva, un hombre de gran voluntad y serenidad, pero, a la vez, un teólogo…”[24].

  1. Hagiografía de San Antonio Abad: padre del cenobitismo, anacorismo y ascetismo

2.1. Nacimiento y juventud

San Antonio, venerado por la iglesia como patriarca de los cenobitas, esto es, de los religiosos que viven en comunidad bajo un mismo convento y una misma regla, nació a mediados del siglo III en una aldea del Egipto. El lugar y fecha de nacimiento de San Antonio son inciertos, ya que existen discrepancias entre los diversos autores. En lo referente al lugar, la opinión más extendida, suele citar como lugar de origen la aldea de Coma (Kiman-el-Arus), cerca de Heracleópolis Magna en Fayum, en el Egipto Medio. En lo referente a la fecha de nacimiento, El Santo, habría nacido entre los años 250 y 260[25]:“…el hijo fue nuestro Padre San Antonio, que nació, según escrive San Geronymo, y Sozomeno, (i) año de doscientos y cincuenta y tres, ó cinquenta y quatro, siendo Summo Pontifice Fabiano, y Emperador de Roma Decio, cruelísimo perseguidor, que fue de la Iglesia. Y es de advertir, que por escusar prolijidades, no descrivo las varias opiniones, que hay entre los Autores, acerca de el Lugar, y año fixo en que nació…”[26]. San Atanasio plasma en La Vida la fecha de muerte del Santo en el año 356[27], el cual: “…tenía en esa fecha ciento cinco años de edad…”[28], según esto, San Antonio nació en el año 251[29].

San Antonio, según su hagiógrafo San Atanasio, fue egipcio de nacimiento y sus padres eran cristianos acomodados[30]: “…Fue San Antonio natural, y tuvo su origen de una Provincia de Egypto llamada en lengua Arabiga, Layde, de una Ciudad llamada Laytun; el nombre de su Padre era Bpeahex, y de Su Madre Gabix; los quales eran Nobles, no solamente de linage, sino tambien de costumbres, eran en fin buenos Christianos, y tenian singular devocion al Arcangel S. Miguel; eran muy ricos en rentas, heredades, y davan la mayor parte de sus cobranzas, y frutos por amor de Dios á los pobres…[31].

San Antonio, tras la muerte de sus padres, heredó una cuantiosa herencia. Tenía entonces unos veinte años y quedó al cuidado de su única hermana, mucho más joven que él. Poco tiempo después, sintió la necesidad de dedicarse a la oración, inclinándose en la lectura reparó en un paisaje evangélico perteneciente a San Mateo “…si quieres ser perfecto, anda, vende cuanto tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en los cielos; después, ven y sígueme…”[32]. Para conseguir este recogimiento espiritual repartió todos sus bienes entre los necesitados y dejó a su hermana al cuidado de una comunidad de vírgenes para que se encargaran de su educación: “…y dejando su casa, se retiró a un sitio no muy distante, del lugar; porque todavía no se había introducido la costumbre de que los solitarios viviesen muy separados de las poblaciones, ó solos en los desiertos. Escogió por guia y por maestro, en la nueva carga que comenzaba, á un santo viejo que desde su juventud se había retirado á la soledad. Admiraron al maestro los progresos del discípulo. No sabía estar ocioso. Empleaba en el oficio manual ó en el trabajo de manos, el tiempo que no ocupaba en la oración. Su humildad, su modestia, su dulzura, su devoción, su igualdad de ánimo le hicieron tan amable á todos los solitarios, que comúnmente le llamaban el “amado de Díos”…”[33].

2.2. Vida ascética y combates con los demonios

Cumplidas estas premisas, el Santo se retiró cerca de su propia casa y comenzó su carrera de vida ascética[34]. Durante este periodo, de iniciación, se producen los primeros combates del Santo con los demonios descritos por su hagiógrafo en La Vida: “…primero trató de hacerlo desertar de la vida ascética recordándole su propiedad, el cuidado de su hermana, los apegos de su parentela, el amor al dinero, el amor a la gloria, los innumerables placeres de la mesa y todas las demás cosas agradables de la vida (…) El perverso demonio entonces se atrevió a disfrazarse de mujer y hacerse pasar por ella en todas las formas posibles durante la noche, sólo para engañar a Antonio…”[35].

Imagen IV. Las tentaciones de San Antonio Abad

Patinir, Joachim; Massys, Quinten

Óleo sobre tabla, 155 x 173 cm.

Hacia 1520 – 1524.

Madrid, Museo Nacional del Prado[36].

El Santo, en su esfuerzo por la perfección, decidió trasladarse a vivir a los sepulcros que se hallaban cerca de su aldea natal y estableció su residencia en una tumba vacía durante aproximadamente quince años. Durante su estancia en la tumba, su hagiógrafo, describe nuevamente los extraños conflictos entre el Santo y los demonios: “…así llegó una noche con gran número de demonios y lo azotó tan implacablemente que quedó botado en el suelo, sin habla por el dolor. Afirmaba que el dolor era tan fuerte que los golpes no podían haber sido infligidos por ningún hombre como para causar semejante tormento…”[37].

La vida ascética de San Antonio, fue testimonio y modelo de lucha contra los demonios con un amplio margen a lo maravilloso mediante las visitas de varios seres fantásticos: “…en cierta ocasión, al iniciar su nueva existencia de anacoreta, se vio fuertemente asediado por deseos de fornicación. Luchó con tales apetitos, rezó y pidió a Dios que le permitiera ver con sus propios ojos al diablo que tentaba a los jóvenes con esas cosas. Tan pronto como con el recurso de su fe logró superar aquella prueba, un demonio en forma de niño negro, se presentó ante él, se postró a sus pies y le dijo: yo soy ese al que acabas de vencer…”[38].

Imagen V. Tentación de San Antonio Abad

Anónimo (Círculo de Guercino)

Lápiz negro, Sanguina sobre papel marrón, 404 x 269 mm.

Siglo XVII

Madrid, Museo Nacional del Prado[39].

El demonio, arropado bajo distintos disfraces, acosa al anacoreta en su soledad, se aparece e intenta apartarlo de su camino de muchas maneras llegando a infringirle crueles torturas morales y físicas: “…estando san Antonio un día en oración, se le apareció una joven de bello rostro y aspecto adornado; blanco era su vestido como la nieve, su color rosado y bonita en exceso; sus cabellos del color del oro y su vestimenta real. Azorando ante tanta belleza y temiendo las artimañas del diablo, el santo eleva la vista al cielo (…), y le pide a Dios le muestre la verdadera figura del tentador; quien despojado de su disfraz se convierte, de nuevo, en un niño de manos y pies retorcidos…”[40].

Imagen VI. Las tentaciones de San Antonio Abad

Coecke van Aelst, Pieter

Óleo sobre tabla, 41 x 53 cm.

Hacia 1543 – 1550

Madrid, Museo Nacional del Prado[41].

San Antonio sufrió las acometidas del demonio viéndose tentado por la lujuria, el poder y la riqueza que trataban de hacer abandonar su firme propósito. La tentación carnal[42], una de la pruebas a las que debe enfrentarse el Santo, fue narrada con detalle por San Atanasio[43]:“…pero el demonio, que odia y envidia lo bueno, no podía ver tal resolución de un hombre joven, sino que se puso a emplear sus viejas tácticas también contra él. Primero trató de hacerlo desertar en la vida ascética recordándole su propiedad, el cuidado de su hermana, los apegos de su parentela, el amor al dinero, el amor a la gloria, los innumerables placeres de la mesa y todas las demás cosas agradables de la vida. Finalmente le hizo presente la austeridad y todo lo que va junto con esta virtud, sugiriéndole que el cuerpo es débil y el tiempo es largo (…). El perverso demonio entonces se atrevió a disfrazarse de mujer y hacer pasarse por ella en todas las formas posibles durante la noche, sólo para engañar a Antonio. Pero él llenó sus pensamientos de Cristo, reflexionó sobre la nobleza de alma creada por Él, y solo su espiritualidad, y así apagó el carbón ardiente de la tentación…”[44].

Imagen VII. Tentaciones de San Antonio Abad

Teniers, David

Óleo sobre tabla, 51 x 71 cm.

Hacia 1647

Madrid, Museo Nacional del Prado[45].

2.3. La búsqueda de la soledad en el desierto

A la edad aproximada de treinta y cinco años, San Antonio, en su perseverancia por la práctica ascética, decidió retirarse de la tumba donde habitaba y buscó la soledad absoluta del desierto. El Santo se marchó hacía una montaña llamada Pispir, cerca del Nilo, y en un fortín deshabitado se encerró durante veinte años para practicar la vida ascética, para ello, se abasteció de agua y pan para seis meses, y bloqueó la entrada e impidió el paso a toda persona, desapareció como en un “santuario”: “…sólo dos veces al año recibía pan, que le dejaban caer por el techo…”[46]. San Antonio no dejó entrar a sus amigos y peregrinos que venían a verlo, los cuales, inducidos por la vida monástica se congregaron en la montaña y formaron la primera colonia de ascetas.

Imagen VIII. San Antonio Abad en un paisaje

Maíno, Fray Juan Bautista

Óleo sobre tabla, 61 x 155 cm.

Hacia 1612 – 1614

Museo Nacional del Prado[47].

El Santo pasó encerrado casi veinte años y practicó solo la vida ascética, no salió nunca y fue raramente visto por otros. Pero debido a que había muchos que ansiaban y aspiraban imitar su vida, cedió de sus importunidades y decidió salir. Sus propios amigos fueron los que forzaron y echaron la puerta abajo, según su hagiógrafo: “…Antonio salió como de un santuario, como un iniciado en los sagrados misterios y lleno de Espíritu de Dios (27). Fue la primera vez que se mostró fuera del fortín a los que vinieron hacia él. Cuando lo vieron estaban asombrados al comprobar que su cuerpo guardaba su antigua apariencia: no estaba obeso por la falta de ejercicio ni macilento por sus ayunos y luchas contra los demonios: era el mismo hombre que habían conocido antes de su retiro…”[48].

San Antonio, tras veinte años de vida ascética, abandonó su soledad y se convirtió en “Padre Espiritual”, dedicándose a la organización e instrucción de un grupo de monjes. Muchos cristianos atraídos por esta nueva espiritualidad, se trasladaron a vivir junto a San Antonio, iniciándose así la primera comunidad de ermitaños de vida en común, pero sin ninguna regla.

2.4. Milagros en el desierto

El anacoreta, tras cinco años como instructor de su doctrina, decidió retirarse nuevamente al desierto, en esta ocasión el lugar elegido fue el interior de la Alta Tebaida (región del Antiguo Egipto), entre el Nilo y el Mar Rojo. Aquí pasó los últimos cuarenta años de su vida, pero al contrario que en Pispir, recibió generosamente a sus visitantes. Durante este periodo de tiempo obró varios milagros y sanó a muchos enfermos en el desierto[49]: “…por él el Señor sanó a muchos de los presentes que tenían enfermedades corporales y liberó a otros de espíritus impuros…”[50].

San Antonio recibió a todos los discípulos y admiradores que se acercaban a verle, como su hagiógrafo y amigo San Atanasio: “…la amistad de San Antonio y San Atanasio (293-373) debió surgir en las largas visitas que este sabio prelado hacía a los ermitaños del desierto, admirado y edificado de aquel tipo de espiritualidad y de ortodoxia cristiana. San Atanasio llegó a ser obispo de Alejandría y luchó sin desfallecer toda su vida contra la arraigada herejía arriana, contando siempre con el apoyo de su amigo Antonio, que incluso en algún momento se trasladó a Alejandría para ayudarle en su predicación contra esta grave desviación de la doctrina…”[51].

El interés de San Antonio llegó hasta los emperadores: “…cuando Constantino Augusto, oyeron estas cosas, le escribían como a un padre, rogándoles que les contestara…”[52]. Pronto su fama comenzó a extenderse y su popularidad se hizo patente entre sus devotos, hasta el punto de que un gran número de seguidores le tomaron como maestro y muchos peregrinos lo buscaban para la salvación de sus almas. El Santo, se convirtió en un personaje de leyenda, la fama de su doctrina, austeridad y absoluta soledad recorrieron todo Oriente.

Cuando San Antonio llegó a la edad de 90 años, pensó que él era el monje más solitario del desierto, pero descubrió que no estaba en lo cierto, un sueño le reveló la existencia de otro anacoreta, “San Pablo Ermitaño”, que también vivía en el desierto, a quién visitó al día siguiente en una cueva adentrada en el desierto: “…en el año 341, habiendo llegado S. Pablo a los ciento trece años de su vida celestial en la tierra, y habitando en otra soledad S. Antonio (8), que a la sazón era nonagenario (cómo el mismo solía decir), empezó a molestarle una tentación de vanagloria, fijándose en su mente el pensamiento que nadie habría servido a Dios por tanto tiempo en la austeridad de vida como la suya y retirado de toda comunicación con todo el mundo retirado en los grandes desiertos. Dios permitió esta tentación para cumplir sus altísimos destinos. Y en efecto, mientras Antonio descansaba, en la noche siguiente, le fue revelado que otro ermitaño había mucho mejor que él y que debía ponerse en camino para visitarle…”[53].

Tras el encuentro de ambos Santos, San Pablo predice que pronto moriría y le pidió a San Antonio el manto que le había dado el Obispo Atanasio, para enterrar su cuerpo con él. Cuando San Antonio regresó dónde estaba San Pablo, lo encontró muerto, su hagiógrafo en La Vida nos describe este momento: “…Antonio encuentra a Pablo orando de rodillas y con las manos extendidas, aunque ya había muerto. Y, finalmente, dos leones llegan a todo correr para dar su adiós al Santo con grandes gemidos y a cavar con sus garras la fosa que recibiría su cuerpo. Antonio lo envuelve en la capa de Atanasio…”[54].

 

Imagen IX. San Antonio Abad y san Pablo, primer ermitaño

Velázquez, Diego Rodríguez de Silva y

Óleo sobre lienzo, 261 x 192,5 cm.

Hacia 1634

Madrid, Museo Nacional del Prado[55].

2.5. Muerte del Santo

El anciano Santo, poco antes del final de su vida, bajó de la montaña hasta Alejandría para predicar contra los arrianos y toda la ciudad corrió a ver al “Varón de Dios”: “…respondiendo al llamado de los obispos y de todos los hermanos (70), bajó de la montaña y entrando en Alejandría denunció a los arrianos. Decía que su herejía era la peor de todas y la precursora del anticristo (…). Todo el pueblo se alegraba al escuchar a semejante hombre anatemizar contra la herejía que luchaba contra Cristo (…)También los paganos e incluso los mal llamados sacerdotes, iban a la iglesia diciéndose: “Vamos a ver al Varón de Dios”…”[56]. Después San Antonio regresó a la Montaña, donde tuvo una visión y predijo los estragos de la herejía arriana[57]: “…La ira está a punto de golpear a la Iglesia, y ella está a punto de ser entregada a hombres que son como bestias insensibles…”[58].

Cerca de los ciento cinco años de vida, San Antonio, tuvo la premonición de su muerte, y como tenía costumbre de visitar a los monjes en el Montaña se lo hizo saber: “…esta es la última visita que les hago y me admiraría si nos volvemos a ver en esta vida. Ya es tiempo de que muera, pues tengo casi ciento cinco años…”[59] Tras informarles se dirigió en soledad hacia la Montaña dónde acostumbraba vivir. Pocos meses después enfermó y llamó a dos discípulos suyos que le acompañaban y visitaban a causa de su avanzada edad y que al igual que él hacían vida ascética y les dijo: “… Me voy por el camino de mis padres, como dice la Escritura (cp. Re 2,2; Jos 23, 14), pues me veo llamado por el Señor (…), háganme ustedes mismos los funerales y sepulten mi cuerpo en tierra, y respeten de tal modo lo que les he dicho, que nadie sino ustedes sepan el lugar. En la resurrección de los muertos, el Salvador me lo devolverá incorruptible. Distribuyan mi ropa. Al obispo Atanasio denle mi túnica y el manto donde yazgo, que él mismo me dio pero que se ha gastado en mi poder; al obispo Serapión denle la otra túnica, y ustedes pueden quedarse con la camisa de pelo (47, 2). Y ahora, hijos míos, Dios los bendiga. Antonio se va y no está más con ustedes…”[60]. Ellos entonces, siguieron las indicaciones que él les había dado, prepararon y envolvieron el cuerpo y lo enterraron en la tierra.

La edad de la muerte de San Antonio es incierta[61], ya que existen discrepancias entre diversos autores:“…Murió San Antonio á los diez y siete de Enero del año del Señor de trescientos y sesenta y uno, según San Geronymo, y el trescientos y cinquenta y ocho según el Cardenal Baronio, de edad de ciento y cinco años…”[62]. Efectivamente, diversos autores afirman que Antonio vivió hasta los 105 años, y que dio orden de que sus restos reposasen a su muerte en una tumba anónima. Sin embargo, alrededor de 561 sus reliquias fueron llevadas a Alejandría, donde fueron veneradas hasta alrededor del siglo XII, cuando fueron trasladadas a Constantinopla (nombre histórico de la actual ciudad de Estambul).

 

 Imagen X. Funeral de San Antonio Abad

Angelico, Fra

Temple sobre tabla de madera de chopo, 19,7 x 29,3 cm.

Hacia 1426 – 1430

Madrid, Museo Nacional del Prado[63].

  1. Reliquias y orden monástica de San Antonio Abad

En el 1070, las reliquias del Santo Ermitaño, procedentes de Oriente (veneradas desde el siglo VI en Alejandría y consecutivamente en Constantinopla), son trasladadas desde Bizancio a Francia[64] a manos de un caballero francés llamado Jocelyn[65], Señor de Castronovo, Albenciano y la Mota de San Desiderio, quien había estado luchando como cruzado en Constantinopla, allí las recibió de manos del emperador como regalo por los servicios prestados tras su viaje a Tierra Santa. El interés de este caballero francés por conseguir las reliquias de Antonio el Ermitaño, es debido a la curación del mismo, al parecer por intercesión directa del Santo tras ser gravemente herido durante una batalla[66].

Dichas reliquias se colocaron inicialmente en la Iglesia Parroquial de Santa María, localizada en la Villa de San Desiderio. En el 1074, las reliquias del Santo se trasladaron a la nueva Iglesia de Mota “Motte Saint-Didier” (Vienne, Francia), construida para este fin, y donde se conservan hasta la fecha[67]. En aquel tiempo y lugar de la llegada de las reliquias de San Antonio Abad a Francia, entre 1085 y 1095, una epidemia misteriosa denominada “ignis sacer”, “fuego sagrado”, o “mal de los ardientes”[68] que asoló las regiones de Europa medieval. Dicha epidemia era descrita por las crónicas como una extraña enfermedad, concebida como castigo divino por sus profundos estados alterados de conciencia[69] y cuyos síntomas, similares a la lepra en su fase más avanzada, consistían en fuertes dolores en brazos y piernas“…les consumía las entrañas, les pudría los miembros, que se volvían negros como el carbón. O morían de modo miserable, o bien arrastraban una vida miserable, después de que se les desprendieran las manos y los pies en estado de putrefacción…”[70]. Los afectados acudían a la iglesia donde se veneraban las reliquias de San Antonio Abad invocando su intercesión, pues la popularidad de este Santo taumaturgo era conocida de Oriente a Occidente por la Vita Antonii.

Los resultados avalan el procedimiento, se habla de curaciones milagrosas, entre ellas la del hijo de un poderoso e importante noble delfines[71]. Tras la curación de éste último, su padre ofrece su hacienda al Santo y funda, junto a su hijo milagrosamente sanado y varios caballeros con conocimientos médicos, una pequeña comunidad laica denominada Hermanos de San Antonio o Antonianos, quienes habilitan en el año 1095 una casa-hospital junto a la Iglesia que albergaba las reliquias de San Antonio (Francia) llamado “Casa de los Pobres[72] para cuidar y curar a aquellos afectados por el fuego sagrado[73]: “…ante la llegada masiva de enfermos a la iglesia donde se veneraban las reliquias de San Antón Abad, se creó una fraternidad de laicos, dedicada a atenderles. Tenían conocimientos médicos y corazón caritativo. Al principio fueron pocos: Gastón, el fundador, su hijo Guerín y ocho compañeros. Junto a la iglesia de las reliquias, habilitaron una casa-hospital que se llamó “casa de los pobres”. A los enfermes les llamaban “hermanos de los pobres” o “de la limosna”…”[74]. La iniciativa de estos caballeros que prestan gratuitamente sus servicios, son profesionalmente médicos y vocacionalmente monjes, puso las bases para constituir una nueva orden hospitalaria, comenzando así la aventura antoniana en Europa. Será en las sesiones del concilio de Clermont, celebrado en el año 1095 cuando se apruebe, por voluntad de Urbano II, la asociación hospitalaria que tomó el nombre de Hospitalarios de San Antonio[75].

A partir de ese acontecimiento, la devoción y orden de San Antonio, así como la tarea hospitalaria que representaba, se desarrolló y expandió dentro y fuera de Europa, mediante la fundación de un importante número de casas[76]. Los afectados por la enfermedad imploraban a San Antón para librarse de este “mal divino”. Por este motivo, hasta tiempos recientes se invocaba a San Antón como protector de las enfermedades de la piel.

Desde aquellos remotos e iniciales tiempos de la fundación de la Orden Hospitalaria de San Antón por Alfonso VII en 1146, hasta 1787, año de su supresión, transcurrieron casi seis siglos y medio, donde miles de peregrinos fueron testigos de la hospitalidad y fervor de unos monjes entregados a los pobres y desfavorecidos afectados por el fuego de San Antón.

Los monjes Antonianos disfrutaron de diversos privilegios reales que les permitió recorrer, exentos de tributos, y acompañados de puercos, campanillas, bacines y atabaques, los lugares del Reino y pedir limosna para el mantenimiento de sus encomiendas y hospitales, conocida esta costumbre como “la demanda de San Antón”, práctica que recorrió, durante varios siglos, las ciudades, villas y lugares de España[77].

Efectivamente, despareció la Orden, pero no la advocación a San Antón Abad que sigue dando sentido a los signos que rodean su figura: el cerdo, la campanilla, el fuego, la Tau, etc. Asimismo, sus costumbres y ceremonias de veneración y culto sobrevivieron a sus máximos promotores, los Antonianos, y se pueden constatar en multitud de tradiciones locales, unas se perdieron y han sido recuperadas y otras se han mantenido a lo largo de los siglos.

 Notas

[1] “…Como lugar de origen se suele dar la aldea de Coma (Kiman-el-Arus), en el Egipto medio, cerca de la antigua Heracleópolis…” San Atanasio de Alejandría. “Vida de San Antonio Padre de los monjes”. Apostolado Mariano. Serie los Santos Padres. Nº 10. Sevilla, 1991. Página 7.

[2] El Delfinado: antigua provincia del sureste de Francia con capital en Grenoble, que corresponde desde 1790 con los departamentos de Isère, Drôme y Hautes-Alpes.

[3] La caracterización de “viejo” es peculiar y deben ser tomados en consideración sus varios sentidos. Se refiere, por un lado, a que la iconografía suele comúnmente mostrar una figura de monje “viejo”, aunque no estrictamente anciano, especialmente en las escenas del desierto. Por otro lado, está integrado dentro de lo que se podría tomar como el estrato antiguo de devoción cristina bien enraizado con la religiosidad popular pero posteriormente postergado por devociones a otros santos, promovidas por órdenes religiosas con creciente presencia social o fomentadas por los prelados en sus respectivas diócesis o cumpliendo normas provenientes de la Santa Sede. Velasco Maíllo, Honorio M. “naturaleza y cultural en los rituales de San Antonio”. Revista de Dialectología y Tradiciones Populares. Vol. LXIV. Nº1. Instituto de Lengua, Literatura y Antropología (CSIC). Madrid, Enero-junio de 2009. Página 238.

[4] “…De ana (arriba) y de tenens (teniente, tenedor o el que tiene algo), deriva la palabra Antonio que significa tener o poseer cosas de alto valor; nombre acertado para este santo, que despreció los bienes de este mundo y disfruto de los celestiales…”. De la Vorágine, Santiago. La leyenda dorada. Alianza Forma Editorial, S.A. Madrid, 1987. Página 107.

[5] “…San Antonio aparece en la hagiografía del catolicismo de oriente con los apelativos de El Grande y El Magno. No obstante, la tradición cristiana occidental también lo conoce con el nombre de san Antonio de Vienne, al su de Lión, en el margen izquierdo del río Rhône, se conservan unas reliquias que pertenecieron al santo anacoreta…” Limón Pons, Miquel Ángel. “Historia y ritual de la fiesta de San Antonio Abad en la Isla de Menorca”. Narria: Estudios de artes y costumbres populares. Número 109-102. Menorca, 2005. Página 60.

[6] Historia o relato de la vida de un santo. Del griego hágios (santo) y grafía (descripción).

[7] “…San Atanasio, nació alrededor del año 295. En el año 325, siendo diácono, acompañó al patriarca Alejandro, su predecesor, al Concilio de Nicea, donde fue condenada la herejía arriana. Fue consagrado obispo de Alejandría el 8 de junio de 328. Toda su vida se vio envuelta por la controversia u las luchas desencadenadas por el arrianismo, constituyéndose él uno de los baluartes de la verdadera fe proclamada por el Concilio de Nicea. Cinco veces tuvo que sufrir el deterioro de su sede, bajo los emperadores Constantino, Constancio, Juliano y Valente. Entre 335 y 337 estuvo en Tréveris; entre 339 y 346, en Roma; los últimos tres destierros los pasó en el desierto de Egipto: 356-362, 362-363, 365-366. Vuelto finalmente a Alejandría, muere en 373 (…).Es indudable también que, fuera del influjo doctrinal, la presencia de San Atanasio fue decisiva en la orientación esencialmente escriturística y evangélica del movimiento monacal. Y, entre todas sus obras, en su “Vida de San Antonio” la que constituye su aporte más significativo al desarrollo del espíritu monacal…”. San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Páginas 3-5.

[8] San Atanasio escribió la “Vida” según unos con ocasión de su primer destierro en el desierto, en la Tebaida, encontrándose entre los monjes, 356-362; según otros, la habría escrito a su vuelta definitiva a Alejandría, después de 366. Actualmente ya nadie discute que haya sido San Atanasio quien efectivamente escribió la “Vida”. Lo que si se discute entre los entendidos es el carácter de esta biografía, es decir, cuál es su género literario, la veracidad histórica de su contenido, lo propio del pensamiento de San Antonio. Como todo documento antiguo, incluido el Nuevo Testamento, también la “Vida” da más lugar de lo probable al mundo de lo maravilloso y, por ende, de lo demoniaco. La “Vida de San Antonio” fue escrita por San Atanasio en griego. Del texto griego se conocen 165 manuscritos. Más de la mitad de ellos se conservan en la forma que recibieron en la compilación de Simeón Metafrasto, el hagiógrafo griego, a fines del siglo X. San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Páginas 6 – 11.

[9] “…La “Vida de san Antonio” fue escrita por san Atanasio en griego. Del texto griego se conocen 165 manuscritos. Más de la mitad de ellos se conservan en la forma que recibieron en la compilación de Simeón Metafrasto, el hagiógrafo griego, a fines del siglo X. Este texto ha tenido hasta ahora sólo dos ediciones originales. La edición príncipe fue hecha por David Hoeschel en 1611, por este texto conoció la “Vida” todo el siglo XVII. En 1698, los benedictinos de la Congregación de San Mauro, J. Loppin y B. de Montfaucon publicaron la primera edición crítica de las obras de san Atanasio. Es la edición benedictina la que todavía figura en la “Patrología griega” de Migne (tomo 26, columnas 837-976). De hecho, ambas ediciones, salvo algunas variantes, siguen utilizando el texto “metafrástico”. Sería necesaria una edición crítica del texto griego. Del texto original hay dos versiones latinas y varias orientales. La versión latina más conocida es la debida al presbítero Evagrio de Antioquía, que en el año 388 llegó a ser obispo de su ciudad; Evagrio era amigo de san Jerónimo, y dedicó su traducción a Inocencio, amigo común de ambos, muerto en 374. Esta versión es, pues, del tiempo mismo de san Atanasio, y debió ser hecha poco después de la publicación del original, lo que demuestra su amplia difusión y popularidad…” San Atanasio de Alejandría. “Vida de San Antonio”. Traducción al castellano de la versión de Evagrio por los Monjes de la Isla Liquiña. Cuadernos Monásticos. Año 10. Número 33-34. Chile, 1975. Página 176.

[10] “…la vida de san Antonio escrita por san Atanasio y acompañada de la traducción latina de Evagrio en Patrología Griega XXVI, col. 835-976. Un buen estado de la cuestión con referencias bibliográficas e iconográficas en “Antonio Abate”, Bibliotheca Sanctorum, vol. II Roma (1989), p. 106-136. Una traducción contemporánea comentada y con un índice de revisión de fuentes en Sant Atanasi, Vida de sant Antoni, Publicacions de I´Abadia de Montserrat, Barcelona, 1989. La controversia sobre las fuentes ha sido caldo de cultivo para los historiadores de la Iglesia. El texto griego hoy dispone, según la opinión de Daniel Codina i Miquel Estradé, monjes de Monstserrat, no es suficientemente crítico. El texto de Evagrio, ha llegado hasta nuestros días en mal estado…”. Nuet Blanch, Marta. “San Antonio tentado por la lujuria. Dos formas de representación en la pintura de los siglos XIV y XV”. Locus Amoenus. Número 2. Barcelona, 1996. Página 114.

[11] Atanasio había recogido directamente sus enseñanzas y, aunque las corrigió estilísticamente, no hay razón para pensar que sean inauténticas las lecciones sobre su vida. No se pone en duda la historicidad del personaje, pues la crítica ha establecido sólidamente la autenticidad atanasiana de la famosa Vita Antonii y el obispo de Alejandría compuso este libro hacia el año 375, cuando se encontraba exiliado en el desierto. Sánchez Domingo, Rafael. La encomienda de San Antón de Castrojeriz. Derecho de asistencia en el Camino de Santiago. Ediciones Trea, S. L. Asturias, 2004. Páginas 34-36.

[12] “…San Antonio no es, pues, una figura mítica, pura creación de san Atanasio, como tampoco lo son las diversas circunstancias y etapas de su vida. Sin embargo, hay que conceder que las diversas anécdotas, individualmente consideradas, no poseen todas las mismas calidades. La mayor dificultad estriba en la presentación de la doctrina espiritual de san Antonio y en algunos aspectos de su lucha contra los demonios; es evidente que si en lo esencial san Atanasio es fiel a la figura de su héroe, no es menos cierto que expone sus propias reflexiones sobre el tema. No creemos que se pueda ir tan lejos como afirmar que la “Vida” es un tratado de espiritualidad; ella es, efectivamente, una biografía, que pretende credibilidad histórica (5-7), pero que tiene, además de esta finalidad confesa, también otra, abiertamente declarada: dar a los monjes un modelo digno de imitación (4; 93, 1.9; 94, 1). Es posible que san Atanasio haya tomado en cuenta el género biográfico de la antigüedad y que incluso haya conocido determinadas biografías de autores paganos que pudieran haberle servido de modelo…”. San Atanasio de Alejandría. “Vida de San Antonio”. Opus cit. Página 173.

[13] “…Representado como un anciano de cabellos y barba grises, san Antonio lleva la túnica blanca, el escapulario azulado y el manto parduzco con capucha de los antonianos en cuyo hombro está bordada la tau en azul que le identifica (…)Además de este atributo, el autor incluye en la composición otros elementos que permiten reconocer al santo: el libro de la regla de la orden de los antonianos y la campana para ahuyentar a los demonios en la mano derecha, el bordón -casi un báculo- en la mano izquierda, el cerdo alusivo al demonio y las tentaciones de la carne tras él, y, a sus pies, las llamas que brotan del suelo, conocidas como «fuego de san Antón», relativas a la enfermedad que los miembros de la orden se dedicaban a curar…”. Silva, P. Donación Várez Fisa. Museo Nacional del Prado, Madrid, 2013. Página 34. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[14] Santiago de la Vorágine, (Varazze, 1230 – Génova, 1298) fraile dominico del siglo XIII y llegó a ser Obispo de Génova, ha pasado a la historia por ser el autor de la Leyenda Dorada, probablemente la más importante recopilación de biografías de santos y la más influyente en el arte europeo de todos los tiempos.

[15] Pedro de Ribadeneira (Toledo, 1526 – Madrid, 1611), biógrafo, historiador de la Iglesia y escritor ascético español del Siglo de Oro.

[16] Alonso de Villegas (Toledo, 23 de octubre de 1533 – 23 de enero de 1603), también conocido por su personaje semiacrónimo Selvago, que puede ser también su segundo apellido, de origen genovés fue un eclesiástico y escritor español.

[17] “…Pintada sobre madera de haya, muestra a San Antonio Abad (c. 251-356) leyendo un libro -probablemente el de la regla de la orden de los Antoninos, fundada en el siglo XI- que descansa en una roca. Sobre ésta aparece una campana, utilizada por los ermitaños para espantar demonios y ahuyentar tentaciones, y apoyado en ella un bastón en forma de tau, símbolo de la vida futura y de la dignidad abacial de su propietario; elementos iconográficos habituales en la representación del santo. La fisonomía de éste, un anciano calvo de luengas barbas con la frente surcada de arruga…” Falomir Faus, M. Pintura italiana del Renacimiento. Guía. Museo Nacional del Prado. Madrid, 1999. Página 122. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[18] “…Nos se puede fácilmente creer la multitud, grandeza, y utilidad de los milagros que Dios Nuestro Señor hizo por san Antonio en todo genero de enfermedades y males, y particularmente contra los demonios; sobre los quales, como vitorioso y triunfador, tuvo tan gran señorio e imperio, que bastaba su solo nombre para atormentarlo y echarlos de los cuerpos…” Pedro Ribadeneira. Flos Sanctorum o Libro de la vida de los Santos. En el qual se contienen las Vidas de Christo Señor Nuestro y de su Santíssima Madre, y de todos los Santos que reza la Ygesia Romana, por todo el año. Ed. de Luis Sánchez. Madrid, 1616. Folio 124.

[19] “…El pueblo, que para todo tiene su explicación, atribuye el hecho de aparecer un cerdito a los pies de San Antón a una leyenda que dice que, habiendo parido una cerda, uno de los cerditos nació anormal y no podía tenerse en pie; la piedad del Santo hizo que éste se compadeciese del pobre animal y le bendijese; en aquel momento el cerdo sanó y pudo andar; tanto agradeció al Santo su curación que se puso a caminar a su lado…” De Hoyos, Nieves. “Las Fiestas de San Antón”. Temas Españoles. Número 299. Publicaciones Españolas. Madrid, 1957. Página 4.

[20] De Villegas. Alonso. Opus cit. Folio 111.

[21] “…De forma totalmente original y única entre las versiones que dio del santo, el pintor le muestra absorto, sumido en sus pensamientos en la soledad de la naturaleza, encarnada en ese tronco de árbol hueco que le cobija y que está magistralmente traducido. Ni siquiera sostiene un libro en las manos; lo tiene cerrado, colgado de su cinturón. Nada parece alejarle de esa concentración interior, y lo mismo puede decirse de su atributo, el cerdo con la campanilla en la oreja que descansa a sus pies, ajeno al ataque del diablo que está a punto de golpearlo…”. Silva, P. El Bosco, La Exposición del V Centenario. Museo Nacional del Prado. Madrid, 2016. Páginas 251-257. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[22] “…Nicolás Rusier, Morador de la Ciudad de Napoles, año de 1455, tenía una Mula manca, que no podia andar, sino con mucha dificultad: y viendo que otros Labradores, el dia de San Antonio, llevavan sus ganados, y cavalgaduras a la Iglesia del Santo, para que diesen en contorno de ella, las bueltas que la devocio de los Fieles acostumbra, llevó lo mejor que pudo su Mula, confiando en el bendito Abad, que se le avia de sanar, y no le salio vana su esperanza: porq apenas huvo dado tres bueltas, quando la vio sana, y que corria tan ligeramente, como sino huviera tendido ninguna lesion…”. Ceballos, Blas Antonio de. Libro nuevo, Flores sagradas de los yermos de Egypto. Ed. de Antonio Gonçalez de Reyes, Madrid, 1686. Folio 362. Transcripción paleográfica realizada por el autor.

[23] Uno de los rituales más relacionados con la festividad del Santo es la bendición de animales, que va seguido del ceremonial o cabalgata de las tres vueltas o vueltas sagradas que se celebran en muchos pueblos de España, donde los jinetes efectúan tres vueltas en torno a un lugar sagrado: la iglesia, la imagen del Santo, una ermita o la hoguera de San Antonio. Una de las celebraciones más singulares que nos encontramos en Extremadura es la Encamisá o Carrera de San Antón de Navalvillar de Pela (Badajoz), que se celebra la noche del 16 de enero. Véase Rodríguez Masa, Juan Carlos. Historia, tradición y fe en un pueblo de la Sierra de Pela: Navalvillar (1418-2018). Diputación de Badajoz. Badajoz, 2018.

[24] Brugada, Mrtiriá. “San Antonio Abad, una vida alternativa”. Colección Santos y Santas. Nº 101. Centro de Pastoral Litúrgica. Barcelona, 2005. Páginas 3 y 4.

[25] “…El grande san Antonio (…) nacido en el año 251. Era natural de Cómo, lugar pequeño cerca de Herácla en el alto Ejipto…” Croisset. Año Cristiano y fastos del Crsitianismo. Glorias, martirios, peregrinaciones, padecimientos, vida, virtudes y milagros de todos los santos del año que celebra la Iglesia, con todas las dominicas, epístolas y evangelios de cada día. Madrid, 1846. Página 157.

[26] Ceballos, Blas Antonio de. Flores de el Yermo. Opus cit. Folio 6.

[27] “…a vista de los espíritus celestiales que estaban presentes para ser testigos de su último aliento, entregó el alma a su Criador el día 17 de enero del año 356, que se contaba el noveno del imperio de Constancio…”. Ibídem. Página 167.

[28] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 7.

[29] “…Nace Antonio en Egipto, cerca de Menfis, en el año 251…”. Fernández Peña, María Rosa. “El culto a los Santos: devoción, vida, arte y cofradías”. Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas. Simposium 16. San Lorenzo de El Escorial, 2008. Página 679.

[30] “…Habiendo muerto sus padres, cuando Antonio contaba con tan solo veinte años de edad, se halló heredero de una rica herencia, y con el cuidado de una hermana de pocos años…”. Croisset, Juan. Año Cristiano. Opus cit. Página 83.

[31] Navarro, Joseph. Vida y milagros del príncipe de los anacoretas y padre de los cenobiarcas, nuestro Padre San Antonio Abad, el Magno. Barcelona, 1683. Folios 1 y 2.

[32] La Santa Biblia. 18 Edición. Ediciones Paulinas. Madrid, 1987. San Mateo, 19, 21.

[33] Croisset, Juan. Opus cit. Página 83.

[34] “…Todo el que quería enfrentarse consigo mismo sirviendo a Cristo, practicaba la vida ascética solo, no lejos de su aldea. Por aquel tiempo había en la aldea vecina un anciano que desde su juventud llevaba vida ascética en la soledad. Cuando Antonio lo vio, “tuvo celo por el bien” (Gl 4,8), y se estableció inmediatamente en l vecindad de la ciudad (…). Ahí, pues, pasó el tiempo de su iniciación y afirmó su determinación de no volver a la casa de sus padres ni de pensar en sus parientes, sino de dedicar todas sus inclinaciones y energías a la práctica continua de vida ascética…” San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Páginas 17 y 18.

[35] Ibídem. Página 19.

[36] “…La tentación que sufre san Antonio por la intervención de tres mujeres jóvenes ricamente vestidas que tratan de apartarle del camino de la virtud, incitándole a la lujuria, en presencia de la joven alcahueta (…), no aparece en ninguna de sus hagiografías, frente a lo que sucede con otros pasajes de su vida incluidos en ella. La manzana que le ofrece una de las jóvenes -como moderna Eva- al santo alude al pecado original, mientras que la que está a su espalda, acariciándole el cuello, deja ya ver su naturaleza demoníaca en la forma de la cola de su traje, y el mono, símbolo del demonio …”Silva, P. Patinir. Estudios y catálogo crítico. Museo Nacional del Prado. Madrid, 2007. Páginas. 242-253. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[37] Ibídem. Página 22.

[38] Nuet Blanch, Marta. Opus cit. Página 115.

[39] “…En el dibujo se representa a San Antonio arrodillado en primer término apoyando una mano en un libro y alza la otra para detener el ataque de un demonio que, volando, intenta golpearle con un bastón; en el suelo, otro, se acerca amenazante al santo…”. Mena Marqués, M. Catálogo de dibujos. VI. Dibujos italianos del siglo XVII. Museo del Prado. Madrid, 1983. Páginas 105 y 106- Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[40] Nuet Blanch, Marta. Opus cit. Página 114.

[41] San Antonio es tentado por el Diablo, transformado en una bella mujer desnuda y al que acompaña una bruja. El fondo con la ciudad en llamas, así como los monstruos y demás elementos. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[42] “…El peligro representado por la mujer, y sus distintas formas de representación, encajan perfectamente en el marco de una concepción cultural determinada, aunque no estática. En el Antiguo Testamento, Eva es la persona elegida por el diablo para caer en la tentación. La pérdida del estado de gracia en manos de la mujer revertirá en la condición ulterior de la humanidad. El Nuevo Testamento, en contradicción con el Antiguo, proporcionará una nueva luz sobre el asunto. La conversión de María Magdalena, la Samaritana y otras mujeres de vida disoluta a una vida santa, y la aceptación del cambio por parte de Jesucristo, representarán una novedad en el ideario de las antiguas escrituras. La iglesia primitiva, a través de la palabra de san Pablo y a partir del modelo de vida de los padres del desierto, en particular, preferirá, ante el debate sobre la naturaleza de la mujer, inclinarse a favor de una ideología de rechazo a lo femenino…”. Nuet Blanch, Marta. Opus cit. Página 116.

[43] “…Poniale el demonio delante, como cebo, los apetitos blandos, y deleytosos de la carne; pero él con el escudo de la Fe, con ayunos, y vigilias domaba su carne, y de ellos se defendía. Aparecióle algunas veces en figura de una doncella sobremanera hermosa, y lasciva, para provocarle á mal; y él acordándose del fuego infernal, del gusano roedor, de las tinieblas perpetuas, y de la desesperación y confusion eterna de los que sueltan la rienda a los apetitos bestiales, fácilmente desechaba, y vencia aquellas sucias representaciones (…). A esta voz se estremecio todo el edificio, y las paredes se abrieron, y salieron aquellos infernales monstruos en campo contra Antonio, tomando, para mas espantarle, varias, y horribles figuras, de leones, de toros, de lobos, de aspides, de serpientes, de escorpiones, de osas y osos, y otras bestias fieras, dando cada una sus bramidos, y sus voces, conforme a su naturaleza de figura. Acometenle con su vista espantosa, con sus garras, con sus dientes, con sus cuernos, y hacen para él despedazando sus carnes con un dolor terribilisimo; y el valeroso, é invencible Soldado de Christo estaba intrépido, puestos los ojos, y el corazon en Dios, y haziendo burla de sus enemigos, les decía: muy flacos y cobardes debeis de ser, pues venis tantos contra uno solo…” Ribadeneyra, Pedro. Flos Sanctorum, de las Vidas de los Santos. Madrid, 1761. Folios 185 – 187.

[44] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 19.

[45] En esta iconografía, se representa el tema de las Tentaciones de San Antonio Abad. En la escena vemos a una joven diablesa que irrumpe, con un acompañante, y reemplaza a la vieja de las versiones precedentes y del original de la Gemäldegalerie Berlín, en el cubículo del santo. El surrealismo ambiental y los monstruos de estirpe demoníaca evocan imágenes bosquianas, pero la elegancia del gesto y la indumentaria de la pareja, símbolo de vanidad y lujuria, encubren el dramatismo intrínseco del relato. Los personajes sugieren, de forma pintoresca, la presencia de los pecados capitales; la Gula, con expresión bonachona y un amplio collar de salchichas, penetra en la cavidad rocosa a caballo de un esqueleto, y la Pereza se reconoce en la joven con aspecto cansino que apoya el mentón en su mano; en el ángulo izquierdo, la Ira cabalga victoriosa sobre un león, y vencida a sus pies figura la Envidia, simbolizada por una manzana, y en el ángulo opuesto, la Avaricia; el embudo que sirve de caso al jinete volador simboliza la Lujuria, y los motivos sobre el altar, la vanidad de la vida; personificaciones que toma de las Artes Morales de Coornhert. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[46] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 25.

[47] “…Este eremita temprano se hizo muy popular a lo largo de toda la Edad Media, sobre todo por el poder sanador de enfermedades contagiosas que se le atribuyó. Aparece sentado de frente al espectador parapetado por una formación rocosa de perfiles redondeados bañados aquí por las sombras de lo que parece un plácido atardecer junto a un ancho río. En la orilla opuesta, y junto a unos frondosos árboles, puede verse una iglesia, seguramente una alusión a su condición de fundador de la Orden de los Antoninos o Antonitas…”. Ruiz, L. Juan Bautista Maíno: 1581-1649. Museo Nacional del Prado. Madrid, 2009. Páginas 136 y 137. Procedencia de la imagen: https://www.museodelprado.es.

[48] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 26.

[49] “…Un hombre llamado Frontón, oriundo de Palatium. Tenía una horrible enfermedad: se mordía continuamente la lengua y su vista se le iba acortando. Llegó hasta la montaña y le pidió a Antonio que rogará por él. Oró y luego le dijo Frontón: “Vete, vas a ser sanado”. Pero él insistió y se quedó durante días, mientras Antonio seguía diciéndole: “No te vas a sanar mientras te quedes aquí. Vete, y cuando llegues a Egipto verás en ti el milagro”. El hombre se convenció por fin y se fue, y al llegar a la vista de Egipto desapareció su enfermedad. Sanó según las instrucciones que Antonio había recibido del Señor mientras oraba. Una niña de Busiris en Trípoli padecía de una enfermedad terrible y repugnante: una supuración de sus ojos, nariz y oídos se transformaba en gusanos cuando caía al suelo. Además su cuerpo estaba paralizado y sus ojos eran defectuosos. Sus padres supieron de Antonio por algunos monjes que iban a verlo, y teniendo fe en el Señor que sanó a la mujer que padecía hemorragia, les pidieron que pudieran ir con su hija. Ellos consistieron. Los padres y la niña quedaron al pie de la montaña con Pafnucio, el confesor y monje. Los demás subieron, y cuando se disponían a hablarle de la niña, él se les adelantó y les habló todo sobre los sufrimientos de la niña y de cómo había hecho el viaje con ellos. Entonces, cuando le preguntaron si esa gente podía subir, no se lo permitió sino que dijo: “Vayan y, si no ha muerto, la encontrarán sana. No es ciertamente ningún mérito mío que ella haya querido venir donde un infeliz como yo; no, en verdad; su curación es obra del Salvador que muestra su misericordia en todo lugar a los que lo invocan. En este caso el Señor ha escuchado su oración, y Su amor por los hombres me ha revelado que curará la enfermedad de la niña donde ella está”. En todo caso el milagro se realizó: cuando bajaron, encontraron a los padres felices y a la niña en perfecta salud…”. San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 53.

[50] Ibídem. Página 26.

[51] Fernández Peña, María Rosa. Opus cit. Página 681.

[52] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Página 65.

[53] Ibídem. Página 87.

[54] San Jerónimo. “La Vida de San Pablo, el primer ermitaño”. Introducción, traducción y notas de Fernando Rivas, osb (Abadía de San Benito, Luján). Cuadernos Monásticos. Nº 115. Buenos Aires, 1995. Página 553.

[55] El asunto está tomado de La leyenda dorada de Jacobo de la Vorágine (siglo XIII), donde se narra el viaje de san Antonio Abad para visitar a san Pablo, el primer ermitaño cristiano (siglo IV), en el desierto de Egipto. San Antonio, a quien Velázquez presenta vistiendo el hábito marrón con capa negra de los hospitalarios de San Antonio, aparece cinco veces en el cuadro: a lo lejos se le ve preguntando el camino a un centauro y también en conversación con un sátiro. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[56] San Atanasio de Alejandría. Opus cit. Páginas 59 y 60.

[57] “…detestaba la herejía de los arrianos (69), y exhortaba a todos a no acercárseles ni a compartir su perversa creencia. Una vez, cuando algunos de esos impíos arrianos llegaron donde él, los interrogó detalladamente; y al darse cuenta de su impía fe, los echó de la montaña, diciendo que sus palabras eran peores que venenos de serpientes…”. Ibídem. Página 59.

[58] Ibídem. Página 67.

[59] Ibídem. Página 70.

[60] Ibídem. Páginas 71 y 72.

[61] “…Nace Antonio en Egipto, cerca de Menfis, en el año 251…”. Fernández Peña, María Rosa. Opus cit. Página 679.

[62] Ribadeneyra, Pedro. Opus cit. Folio 192.

[63] “…Se trata de una de las escenas de la predela de un retablo dedicado a la vida de san Antonio Abad, monje fundador del movimiento eremítico. Esta tabla se ha tenido siempre como obra de la escuela o círculo de Fra Angelico, pero tras su estudio y restauración en el Museo del Prado, puede afirmarse que fue pintada por el propio Angelico. Así lo sugieren sus notorias concomitancias técnicas, formales y compositivas con piezas de características similares atribuidas a este pintor florentino…” Falomir, M. Memoria de Actividades 2016. Museo Nacional del Prado. Madrid, 2016. Páginas 82 y 83. Procedencia de la imagen: www.museodelprado.es

[64] Las reliquias de San Antonio Abad, procedentes de Oriente, llegaron a un lugar del delfinado francés, cercano a Vienne, denominado entonces la-Motte-aux-Boix y ahora Saint-Antoine-I´Abbaye. Llegaron privadamente, en el equipaje de un caballero, de nombre Geilin o Jocelyn, que había ido como cruzado a Bizancio a luchar contra los tucos. Ollaquindia Aguirre, Ricardo. “La orden hospitalaria de San Antonio en Navarra”. Cuadernos de etnología y etnografía de Navarra. Nº 74. Navarra, 1999. Página 595.

[65] “…Un hombre originario del Delfinado, un tal Jocelyn, señor de Castronovo, Albenciano y la Mota de San Desiderio, las llevaría consigo a su regreso a Francia, depositándolas en La Motte S. Didier o en la Motte –aux-Bois, traslado que habría tenido lugar durante la segunda mitad del siglo XI, concretamente el año 1074, durante el pontificado de Alejandro II. Desde entonces se veneran en Vienne unas reliquias insignes de un gran eremita en el templo que construyó en su honor Guión Desiderio , heredero de Jocelyn…”. Sánchez Domingo, Rafael. “Una institución hospitalaria en el Camino de Santiago: la ciencia médica de la Encomienda antoniana de Castrojeriz (Burgos)”. Estudios Superiores del Escorial. La Iglesia Española y las Instituciones de Caridad. Actas del Simposium 1/4-IX-2006. Colección del Instituto Escurialense de Investigaciones Históricas y Artísticas. Ediciones Escurialenses (EDES). Servicio de Publicaciones. Madrid, 2006. Página 547.

[66] “…Cavallero muy valeroso, exercitado en armas, llamado Jocelino, Señor de Castro-Nuevo, Albenciano, y de la Mota de San Desiderio, y de otras muchas Fuerzas, y Lugares; el qual estando por Capitan General en servicio del Rey de Francia, en guerra, que en aquel siglo se hacia contra los Helvecios, que son los que moran en los Cantones, fue en una sangrienta batalla, que se dio un dia cerca del Monte Jura, derribado en el cavallo con tres mortales heridas, quedando en el campo tendido entre los muertos, y como tal, fue de noche sacado a una Hermita, que estaba a poca distancia de alli, dedicada a San Antonio, donde estuvieron velandole toda la noche; pero assi que queria amanecer bolvio en su acuerdo, con gran admiración de sus compañeros, á quienes refirió lo que por él havia pasado aquella noche, y como se le havian aparecido multitud de demonios, que le havian querido ahogar, y llevar a las penas eternas, porque no havia cumplido cierta promesa de visitar los Santos Lugares de Jerusalen, que le havian encargado su padre a la hora de la muerte, que cumpliese por él; y que estando padeciendo tan temerosa vision, llamó con todo su corazon a Dios, para que le socorriesse: Y el piadoso señor Señor, en aquel mismo momento lo consolo, embiando a su favor a nuestro Sagrado Abad, el qual, con gran Magestad reprehendio á los espiritus malignos, porque se havian atrevido a entrar en su Hermita, y maltratar a su huesped; pero que assi que los demonios le vieron, no pudiendo impacientes su venerable presencia, se ausentaron, dando grandes aullidos, San Antonio se llegó á él, y le dixo con palabras de mucho amor, que no temiesse, porque él era el Protector de aquella Hermita, y le havia assistido, y se libraria de todos quatos le quisiessen ofender; con condicion, que luego se pusiesse en camino para los Lugares Santos de Jerusalen, y cumpliesse, como buen hijo, la promessa, que havia ofrecido á Dios cumplir por su padre, y quando la huviesse cumplido, se viniesse por Constantinopla, donde á fuer agradecido, por el beneficio recibido, traladasse del el Oriente á estas partes de Europa las reliquias de su cuerpo…” Ceballos, Blas Antonio de. Flores de el Yermo. Opus cit. Páginas 277 y 278.

[67] “…Haviendose acabado con piedad, y limosna de los Fieles, y con el fervoroso zelo, y solicitud de Guion Desiderio, el Templo de nuestros Bienaventurado Padre, se ordenó colocar en él su bendito cuerpo, con tan grandes demostraciones de amor, fiestas, luminarias, e intervenciones de fuego, que es imposible el poderlo significar; y en particular el sumptuoso aparato, y grandeza con que se vieron adornadas, con riquisimas colgaduras, flores, y oloradas yervas las calles de aquella dichosa Villa, por donde havia que pasar la Procesión; la qual se hizo con tan copiosas luces, devoción, solemnidad, y regocijo de musicas, alternadas de dulces voces, y varios instrumentos, que sensiblemente enamoraban, y alegraban las danzas, acompañamiento de Soldados, tambores, trompetas, y chirimias, que jamás en aquella Villa se vió otra semejante, ni mas plausible; porque ademas del gran concurso de gente que de toda Francia assistio a ver esta sagrada colocacion, tambien se hallo en ella muchos Nobles Cavalleros Titulares, y el Ilustrisimo Señor Arzobispo de Viena, vestido de Pontifical, assistido de toda la Clerecia, y otros ilustres Prelados, y Religiosos (…) dentro de la caxa se halló un vaso de metal cerrado con cera, y el Señor Arzobispo públicamente le abrió, halló en él una cedula de pergamino, con unas letras antiquisimas, que casi no se dexaban leer uqe decian: ESTE ES EL CUERPO, Y LAS RELIQUIAS DEL GLORIOSO CONFESSOR SAN ANTONIO ABAD, TRAHIDAS DE EGIPTO…”. Ceballos, Blas Antonio de. Flores de el Yermo. Opus cit. Página 280.

[68] “…Tal enfermedad se extendería en Centroeuropa de desde el siglo X vinculada al consumo del pan del centeno y a la mala alimentación común entre los más pobres. En realidad se trata del ergotismo gangrenoso siendo una intoxicación, el herpes zoster o culebrilla, causada por el virus varicella-zoster (VZC), el mismo que provoca la varicela. Dicho virus, que puede ser contraído en la infancia, se propaga por el organismo del afectado al envejecer o al darse un debilitamiento de las defensas inmunitarias. A las pocas semanas el enfermo presentaría erupciones cutáneas en forma de ampollas, cuyas segregaciones provocarían el contagio. La neuralgia desencadenada puede llegar a ser muy dolorosa y prolongada, dando lugar al nombre medieval asignado a dicha enfermedad…” Sánchez Martín, Carlos. “La extinción de la orden medieval de San Antonio abad en Toledo. Un ejemplo de regalismo eclesiástico”. La desamortización: el expolio del patrimonio artístico y cultural de la Iglesia en España. Actas del Simposium 6/9-IX-2007. Madrid, 2007. Página 543.

[69] Investigaciones relativamente recientes, llevadas a cabo por estudiosos de la microbiología sagrada, como Albert Hofmann y Gordon Wason, han venido a descubrir que ese cornezuelo de centeno que produce el ergotismo, contiene alcaloides que, si son administrados convenientemente, también son capaces de producir profundos estados alterados de conciencia, acompañados de visiones, muy semejantes a los producidos por ingestión de sustancias psicotrópicas como el LSD o el cacto peytol de que hacen uso varios pueblos indígenas de las altiplanicies mexicanas, como los tarahumara y los huichocles, incluso Hofmann ha informado que, con toda probabilidad, estas sustancias alucinógenas que ingerían los mystes en los misterios eleusianos para alcanzar determinados estados superiores de conciencia, que los llevarían a sus visiones de lo trascendente y a la comprensión de los misterios que estarían preparadas a base de tortas hechas de harinas contaminadas con el cornezuelo. Sánchez Domingo, Rafael. “Una institución hospitalaria en el Camino de Santiago…”. Opus cit. Páginas 557 y 558.

[70] Pascual Mayoral, Pilar y García Ruiz, Pedro. “Los Antonianos y la Cofradía de San Antonio Abad de Calahorra”. Kalakorikos, 14. 2009. Página 415.

[71] “…La Sagrada Religión Antoniana tuvo principio, por la divina gracia, y favor de Dios, en un Lugar del Arzobispado de Viena, llamado Mota, año de la Encarnación del Señor de mil y noventa y cinco (…) que guardan la Regla de San Agustin, y militan debaxo de la invocación de nuestro Gran Padre San Antonio, que fundaron dos Cavalleros, padre, é hijo, llamado el uno Gaston, y el otro Girondo; los quales, estando padeciendo una gravisima enfermedad, se valieron de la intercesión de San Antonio: eran sus devotos, y con muchas lagrimas, y devocion le prometieron, que si les alcanzba de la divina gracia la salud que deseaban, de emplearse toda su vida en su servicio, y distribuir su hacienda en beneficio de los pobres; y fue tan del agrado de Dios esta promesa, que al punto que la hicieron, se hallaron con tan enteras, y robustas fuerzas, como si no huvieran estado enfermos; y no fue solo este el favor que recibieron de este Santo, porque a la siguiente noche, estando acostado Gaston en la cama, se le aparecio el Santo, y le dixo, que por su intercesión gozaban salud, y los recibia por sus hijos, y aceptaba el voto que le havian hecho, con condicion que en aquel Lugar de la Mota, cuidasen con caridad a los pobres afligidos enfermos, que padecen, por secreto juicio de Dios, la enfermedad del fuego sacro (…) y viendo el Santo su humilde recelo, le dio el baculo, que trahia en su resplandeciente mano , que parecia estar hecho al modo de una letra Griega T y le mando que se fixasse en la tierra; y haviendo el virtuoso Cavallero obedecido, vió que instantáneamente creció en un ameno, y deleytoso arbol, y que sus ramas se esparcian por todo el Orbe, con abundancia de flores, y hermosos frutos, y febaxo del arbol se veian muchos pobres llagados y afligidos, y consumidos, sin pies, ni manos, y que a la sombra del arbol se recreaban, sustentaban, y consolaban, y justamente vio de salir del Cielo un mano de incomprehendible hermosura, que les bendecia, con celestial favor, y admirando Gaston con tan divina vision, no sabia que queria significar aquello que veia, y entonces San Antonio le dio a entender, como aquel arbol florecido significaba la caridad, y Religion Antoniana, que su piadoso afecto, y devocion, se havia de fundar en aquel Lugar, en servicio de Dios Nuestro Señor, y beneficio de los pobres…” Ceballos, Blas Antonio de. Flores de el Yermo. Opus cit. Páginas 284-286.

[72] “… la llegada masiva de peregrinos enfermos a la iglesia de Montmajour, situada cerca de la ciudad francesa de Vienne, movilizó a la población de la comarca que de manera voluntaria comenzó a socorrer a peregrinos. Un grupo de laicos con conocimientos médicos habilitaron una casa junto a la Iglesia que albergaba las reliquias de San Antón y comenzaron a atender enfermos. Esta primera casas-hospital se llamó “Casa de los Pobres” y a los enfermos laicos que la atendían “Hermanos de los Pobres” o “Hermanos de la Limosna”. Poco después construyeron un hospital que llamaron “Hospital de Desmembrados”, donde realizaron las primeras operaciones quirúrgicas importantes, como la amputación de manos y piernas, para evitar la expansión de la gangrena. Esta intervención sería denominada “Serratura”. Por suerte, un experto cirujano apellidado Barthomé dejó testimonio escrito de las técnicas utilizadas durante las amputaciones, y de la composición del brebaje que utilizaban par anestesiar a los enfermos engangrenados: El paciente estaba sentado en una silla y era sujetado a ella por los ayudantes. Le ponían un velo sobre el rostro. Le hacían tomar un preparado a base de opio, morelle, jusquiame y mandrágora, bien líquido, y muy fuerte. Le ponían en la boca una esponja humedecida con agua de vinagre y un trozo de cuero para apretarse los dientes. Cuando el enfermo perdía el conocimiento el cirujano cogía la sierra que estaba depositada en el brasero. Durante la recuperación el enfermo era tratado con hierbas medicinales y una alimentación sana, a base de “buen pan elaborado con harina no contaminada de cornezuelo, buen vino a ser posible de la “santa viña” y buena carne de cero criado por los Antonianos”. Los tratamientos incluían también el “vino santo”, elaborado con uvas seleccionadas. Este vino era pasado por las reliquias del Santo y utilizado a continuación para tratar lesiones menores de los afectado por el “fuego de San Antón”…” Pascual Mayoral, Pilar y García Ruiz, Pedro. “Los Antonianos y la Cofradía de San Antonio Abad de Calahorra”. Kalakorikos, 14. 2009. Página 416.

[73] “…Aquí tuvo origen, y principio en las partes Occidentales su nobilísima Religión, aunque muy diferente del que tuvo en las Orientales de la Thebayda, donde fundo sus primeros Conventos (…). Aquí en una aparición milagrosa, que hizo el Santo al noble Cavallero Gaston, y a su hijo Girondo les dio la insignia, o señal del poder, figurada en la Cruz, o letra T, que en Griego es llamado Tau, de quien hace mencion el Profeta Ezequiel en el cap. 9. De aqui se extendió este Orden Sagrado por todas las regiones de Europa, y mas alla, cuyo blanco de su profession fue siempre el amor, y caridad con los pobres…” Navarro, Joseph. Opus cit. Páginas 254 y 255.

[74] Ollaquindia Aguirre, Ricardo. “La orden hospitalaria…”. Opus cit. Página 595.

[75]“…el III Concilio Ecuménico de Letrán, celebrado en 1179 bajo el pontificado de Alejandro III intervino en el lamentable estado de aislamiento a que eran sometidos los leprosos, declarando que siendo fieles como los demás, no debían ser indignos de alterar con sus semejantes, de manera que para hacer más soportable su existencia, muchos de ellos adoptaron el sistema de peregrinaciones, con profundo sentido práctico, adoptando mejores medidas de higiene y cambiando de clima, aún sin contar con la asistencia espiritual que impetraban, ayuda que pronto recibirán de la nueva Orden de los hijos de san Antonio…”. Sánchez Domingo, Rafael. “Decreto de extinción de la Orden de San Antonio de Vienne en España. Un ejemplo de intransigencia religiosa”. Revista de la Inquisición: (intolerancia y derechos humanos). Nº 14. 2010. Páginas 138 y 139.

[76] “…desde el departamento de Isère, en Francia, la orden se extiende hacia el sur, en la región de Drôme, en los Alpes, conformando la abadía di Bourg-St. Antoine, la filial primogénita. En Susa se establecieron en 1188, conformando residencia estable. Hacia 1190 se inició la edificación de la primera casa en Roma; en 1191, la de Memmingen, en Alemania; en 1199, la preceptoría de Montferrand (Puy de Dôme), al igual que en Aumônièrs (Saone), Besançon (Doubs), Grandvaux (Marne), así como la primera y más importante fundación en Castilla, el monasterio de Castrojeriz, en Burgos, y poco después en Olite, Navarra. En virtud de importantes donaciones la nueva orden se expandirá por Oriente Medio, de manera que el año 1218 se suscita una agria controversia entre la orden de San Antonio y el patriarca de Jerusalén por la posesión de la casa de San Juan de Arce, en Palestina. En 1230 se instaura la orden hospitalaria en Versucchien, en el Alto Marne; en 1236, en Fráncfort, y en 1250, en la ciudad holandesa de Maastricht y en Albi, al sur de Francia…”. Sánchez Domingo, Rafael. La encomienda de San Antón de Castrojeriz. Opus cit. Página 50.

[77] Rodríguez Masa, Juan Carlos. “Puercos, campanillas, bacines y atabaques” para la demanda de San Antón: un Real Privilegio en la España de los Reyes Católicos”. XLV Coloquios Históricos de Extremadura: dedicados a: a la figura del Rey Fernando el Católico, con motivo del V centenario de su fallecimiento en Madrigalejo (Cáceres). Trujillo del 19 al 25 de septiembre de 2016. Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura. Cáceres, 2017. Página 568.

Ene 032020
 

José Pastor Villegas, Doctor en Ciencias (Sección de Químicas) e investigador en Historia de la Ciencia y la Tecnología y Jesús. F. Pastor Valle, Ingeniero Industrial.

Resumen

El Real Museo de Pinturas, origen del actual gran Museo Nacional del Prado (MNP), fue inaugurado el 19 de noviembre de 1819. Esta fecha, sin más, dice poco si no se consideran los antecedentes científicos y tecnológicos de la Ilustración española (1700-1808 o 1814).

Tras los reinados de Felipe V y Fernando VI, Carlos III y José Moñino Redondo, conde de Floridabanca y secretario del Despacho de Estado, decidieron alrededor de 1779 construir un edificio científico y tecnológico en la parte media del Paseo del Prado, junto al Real Jardín Botánico de Madrid, que estaba en traslado avanzado desde la Huerta de Migas Calientes y fue inaugurado inaugurado solemnemente en 1781. El nuevo edificio que quisieron construir incluiría la Academia de Ciencias Naturales, como alto organismo de docencia e investigación, el Real Gabinete de Ciencias Naturales y otras instituciones científicas y tecnológicas conexas; las obras comenzaron en 1785 según proyecto definitivo y dirección del arquitecto madrileño Juan de Villanueva y de Molina.

Reinando Carlos IV, el conde de Floridablanca encargó los Estatutos académicos al prestigioso químico Domingo García Fernández en 1791, siendo poco conocido o desconocido que José Antonio Pavón Jiménez y Pedro Gutiérrez Bueno, dos científicos extremeños ilustres en Madrid, fueron propuestos como académicos pensionados. El también extremeño Manuel Godoy y Álvarez de Faria, secretario de Estado, decidió en 1796 no establecer la Academia de Ciencias Naturales.

Las obras del edificio académico finalizaron antes de la Guerra de la Independencia (1808-1814). Reinando Fernando VII, se reparó el edificio de la non nata academia, y se inauguró el Real Museo de Pinturas en la fecha mencionada al principio.

Hace cuarenta años que Xavier de Salas Bosch (Barcelona, 1907 –Madrid, 1982), recién finalizada su dirección del MNP (1971-1978), y ya vinculado con Trujillo (Cáceres), se preguntó ¿Qué es el Museo del Prado? Su respuesta está recogida en el presente trabajo, a la que sumamos unos apuntes científico-tecnológicos nuestros sobre el MNP del bicentenario.    

 

  1. Introducción

Corriendo el convulso siglo XIX español, el 19 de noviembre de 1819 se inauguró el Real Museo de Pinturas reinando Fernando VII, cuyo nombre oficial se cambió tres veces en ese siglo. En 1830, se llamó Real Museo de Pinturas y Esculturas, denominación que se mantuvo hasta que la reina Isabel II fue al exilio en 1868. Desde ese año hasta 1872, se denominó Museo Nacional de Pinturas. Desde 1872 hasta el presente, se denomina oficialmente Museo Nacional del Prado.

Obviamente, se cumplirán los doscientos años de la inauguración en el mes de noviembre próximo. Según hemos leído, la idea motriz difundida institucionalmente es celebrar el Bicentenario del Museo Nacional del Prado como el gran regalo que se ha dado la nación española y explicar, cómo, a consecuencia de acontecimientos sociales y políticos, una colección privada concebida para deleite de unos pocos acabó convirtiéndose en la institución cultural principal de todos los españoles.

Así pues, los Coloquios Históricos de Extremadura de 2019 se celebran casi coincidentes con tal efemérides. Acertadamente, están dedicados a la figura de Xavier de Salas Bosch (Barcelona, 1907 – Madrid, 1982), quien fue director de tan importante museo mundial de 1971 a 1978; él y su esposa Carmen Ortueta Martínez (Santander, 1913-Trujillo, Cáceres, 2012) fundaron la Asociación de Amigos de Trujillo en 1972, y tomaron la decisión de establecer la Fundación Xavier de Salas en 1981 con sede en el Convento de la Coria, donde se celebran estos XLVIII Coloquios Históricos de Extremadura.

En estudios nuestros sobre la Historia de la Ciencia y Tecnología, conexos con Extremadura y América, no han faltado imágenes artísticas como documentos. A título de ejemplo, en nuestro libro Páginas extremeñas sobre el caucho, editado por la Fundación Xavier de Salas[1], la lámina del polifacético Cristoph Weiditz con texto en alemán corresponde a la exhibición del juego de pelota en 1529, documento que nos sirvió para concluir que el extremeño Hernán Cortés trajo el primer material de caucho a Europa en su viaje a la España de Carlos V en 1528, es decir, tras el descubrimiento y conquista del Imperio Mexica durante la expedición cortesiana (1519–1521), hecho que hemos recordado en el congreso internacional celebrado recientemente en Medellín y Trujillo[2].  

Pues bien, en el presente trabajo tratamos de los antecedentes científicos y tecnológicos inmediatos del Real Museo de Pinturas, insuficientemente conocidos, sin olvidar a los intelectuales de la Ilustración Española oriundos de Extremadura. En segundo lugar, recordamos lo que fue el Museo Nacional del Prado para el mencionado director Salas Bosch, vinculado con Extremadura. Y, en tercer lugar, apuntamos una mirada científica y tecnológica nuestra a los materiales que se conservan en el bicentenario de tan gran museo internacional.

 

  1. Preilustración e Ilustración en España

Publicaciones diversas que tratan de la Historia de la Ciencia y la Tecnología Española vienen a coincidir en señalar que España estuvo ausente del punto de partida de la Revolución Científica de los siglos XVI y XVII[3], revolución que marca una etapa anterior y otra posterior. La llamada Ciencia moderna (macro y microcosmo) surgió con las aportaciones de grandes científicos europeos, siendo uno de ellos el conocido matemático, físico y astrónomo británico Isaac Newton (Woolsthorpe, Lincolnshire, 1642 – Londres, 1727)[4], autor de la importante obra Philosophiae naturalis principia mathematica (Principios matemáticos de la Filosofía natural), publicada en Londres en 1687.

En España, en el reinado de Felipe II (1556-1598), se inició un apagón científico y tecnológico. Como es sabido, se impuso en 1558 la obligación de obtener autorización para publicar cualquier libro y prohibió al año siguiente los estudios en universidades extranjeras para evitar la contaminación del protestantismo. En opinión del médico y bioquímico Severo Ochoa de Albornoz (Luarca, 1905 – Madrid, 1993)[5], Premio Nobel de Fisiología y Medicina en 1959[6], compartiéndolo con el bioquímico Arthur Kornberg (Brooklyn, Nueva York, 1918 – California, 2007), por estar más interesado en los asuntos de allá arriba que en los de aquí abajo, es decir, una religión mal entendida[7]. En nuestra opinión, tal apagón fue una realidad tras la Primera Expedición Científica a América (1571 – 1577), que se organizó y realizó en dicho reinado[8].

La atonía comenzó a remontarse en el reinado de Carlos II (1665-1700). En ese reinado, se tomó conciencia del atraso científico español. Se denunció el atraso correspondiente a la medicina moderna y conocimientos iatroquímicos y biológicos afines en la Carta filosófico-médico-chymica…, de Juan de Cabriada (Valencia, 1665 – Bilbao, post 1714), médico, fisiólogo y químico[9], publicada en 1687[10], es decir, el mismo año que Isaac Newton publicó su célebre obra antes mencionada; es un manifiesto, entre cuyos principales fragmentos figura:

 

“Que abramos los ojos, para poder ver las amenas y deliciosas provincias, que los escritores modernos, nuevos Colones y Pizarros, han descubierto por medio de sus experimentos, así en el macro como en el microcosmos. Y que sepamos que hay otro mundo nuevo, esto es, otra medicina más que la galénica, y otras firmísimas hipótesis sobre que poder filosofar”.          

 

El mencionado Juan de Cabriada y otros, conocidos como novatores, fueron científicos y tecnólogos preilustrados sin cabida en las instituciones existentes, por lo que tuvieron que depender de nobles y clérigos, y agruparse en “tertulias” independientes o en torno a mecenas. La única institución docente de relieve desde 1625 fue los Reales Estudios del Colegio Imperial de Madrid, de la Compañía de Jesús[11].

Hubo instituciones preilustradas para el desarrollo científico y tecnológico en España[12]: Colegio de San Telmo, fundado en Sevilla en 1681; Regia Sociedad de Medicina y otras Ciencias, fundada en Sevilla en 1681; Academias de Ingenieros de Barcelona (c. 1715) y de Guardiamarinas de Cádiz (1717); y el Real Seminario de Nobles de Madrid (1726). En otras palabras, instituciones vinculadas a cuerpos sociales (médicos, ejército y marina mercante) y a ciudades peninsulares (Madrid, Sevilla, Barcelona y Cádiz).

Como es sabido, la Ilustración fue un hecho en Francia, Alemania y en otros países, entre ellos España, en el siglo XVIII, cuya característica principal fue la aplicación de la razón por intelectuales y grupos sociales relevantes para iluminar los asuntos de la Edad Moderna en curso, de ahí que se denomine también Siglo de la razón o Siglo de las luces.

En España, hubo ilustración entre 1700 (llegada de Los Borbones) y 1808 (invasión de España por las tropas napoleónicas) o 1814 (fin de la Guerra de la Independencia). Durante la Ilustración española se sucedieron los reinados de Felipe V (1700-1724-1746), Luis I (1724-1724), Fernando VI (1746 – 1759), Carlos III (1759 – 1788), Carlos IV (1788 – 1808), José I (1808-1814) y comenzó el reinado de Fernando VII (1814 – 1833); hubo reformas diversas y se desarrolló una gran actividad ideológica, social y política, con su cenit en el reinado de Carlos III. La muerte de este rey, casi coincidente con el inicio de la Revolución Francesa (1789), marca un punto de inflexión pues las aspiraciones reformistas pierden su vigor en comparación con los reinados borbónicos anteriores, y se llegan a pagar las luces de la razón, sucediéndole un absolutismo monárquico en todo su apogeo[13]. Insistiendo, la esperanza desmesurada en el papel regenerador de la Ciencia y Tecnología moderna empezó a decaer al comienzo de la Edad Contemporánea.

            Con los Borbones, contando con el apoyo y la colaboración de políticos ilustrados, se impulsó la ciencia y la tecnología para recuperar el atraso científico y tecnológico, abriéndose España a Europa. Las medidas políticas ilustradas tendentes a la recuperación fueron[14]:

  • Contratación en el extranjero de un número importante de científicos y tecnólogos, que viniesen a ejercer en España.
  • Selección de españoles para completar su formación en el extranjero de pensionados por cuenta del Estado. Los países preferidos fueron Francia, Inglaterra, etcétera.
  • Establecimiento de nuevas instituciones para sumar el esfuerzo de los científicos y tecnólogos foráneos arraigados en suelo español y los pensionados repatriados, una vez completada su formación. Los más en la Villa y Corte de Madrid, pero muchos también en provincias, fueron surgiendo establecimientos diversos: jardines botánicos, gabinetes de Historia natural, observatorios astronómicos, laboratorios físicos y químicos, colecciones de máquinas, escuelas de ingeniería, etcétera.
  • Establecimiento de una Academia de Ciencias, con categoría de auténtica universidad.

 

  1. Antecedentes científicos y tecnológicos en los reinados de Felipe V y Fernando VI

Reinando Felipe V, se fundaron la Real Academia Española (1713), también conocida como Real Academia de la Lengua, y la Real Academia de la Historia (1738). En el mismo reinado surgió un proyecto de Academia general, es decir, sin desligar letras y ciencias.

Del reinado de Fernando VI data la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando (1752), denominada actualmente Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, sita desde 1773 en el palacio de Goyeneche (Madrid, calle de Alcalá, 13). Del mismo reinado data el primer Real Jardín Botánico de Madrid, sito en el soto de la Florida de Madrid, en la llamada Huerta de Migas Calientes, a orillas del río Manzanares, en donde estuvo desde 1755 hasta ser ordenado su traslado el 25 de julio de 1774 al Paseo del Prado de San Jerónimo[15], es decir, reinando Carlos III.

Un proyecto de Academia general surge también en el reinado de Fernando VI por iniciativa de José de Carvajal y Lancaster (Cáceres, 1768 – Madrid, 1754), estadista, diplomático y ministro[16], quien buscó el asesoramiento de Ignacio Luzán Claramunt de Suelves y Gurrea (Zaragoza, 1702 – Madrid, 1754)[17], hombre de letras con conocimientos científicos. Más interesante es que, siendo ministro de Estado, pensionó en Roma en 1748 a José de Hermosilla y Sandoval (Llerena, Badajoz, 1703 – Leganés, Madrid, 1776)[18], ingeniero militar en el Real Cuerpo de Ingenieros de Madrid e interesado por la arquitectura civil. Este hecho tiene importantancia porque Fernando VI le encargó la construcción del nuevo Hospital General de la Corte (calle Santa Isabel); dirigió las obras durante algún tiempo según su proyecto de 1755, continuando la dirección de las obras el arquitecto real Francesco Sabatini (Palermo, Italia, 1721 – Madrid, 1797)[19], quien añadió parte de su nuevo proyecto. Después, reinando Carlos III, el llerenense tuvo protagonismo en la urbanización del Paseo del Prado y el arquitecto Ventura Rodríguez (Madrid, 1717 – Madrid, 1785)[20] en el embellecimiento.    

Otro proyecto académico del reinado de Fernando VI data de 1753, más interesante que el anterior, fue el establecimiento en Madrid de una Sociedad Real de Ciencias, concebida como centro de investigación y de enseñanza. Tal proyecto fue un encargo expreso de Zenón de Somodevilla y Bengoechea, marqués de la Ensenada (1702 – Medina del Campo, Valladolid)[21], desde la Secretaría de Marina e Indias; contó con la colaboración de Jorge Juan y Santacilia (Novelda, Alicante, 1713 – Madrid, 1773), náutico, físico, astrónomo, geógrafo y cartógrafo[22]. Ni este proyecto ni el anterior se realizaron.

  1. Antecedentes científicos y tecnológicos en el reinado de Carlos III

Del reinado de Carlos III data el Real Gabinete de Historia Natural, cuyo origen es de 1771 y está detallado en la Gaceta de Madrid[23]. Por Real orden de 17 de octubre de 1771, que firma el marqués de Gimaldi en San Lorenzo de El Escorial en esa fecha, se admitió la oferta que Pedro Franco Dávila hizo al rey del Gabinete de Historia Natural que había formado y tenía en París. El mismo rey destinó en seguida varias curiosidades de su propiedad particular para enriquecer tal gabinete y muchos particulares enviaron también materiales y colecciones para el desarrollo de la nueva institución científica. En la misma publicación oficial se dio noticia el 2 de enero de 1775 del importante establecimiento del Gabinete de Historia Natural, también llamado Museo de Historia Natural, y más adelante se avisó al público que desde el 4 de noviembre de 1776 (festividad de San Carlos) podían visitarse tres salas en el piso segundo de la calle de Alcalá, donde estaba establecida la Real Academia de las Tres Nobles Artes de San Fernando, visitado también frecuentemente por el rey y familia. Tras la muerte de su primer director, el nuevo establecimiento continuó funcionando y por Real orden de 11 de diciembre de 1787 se introdujo también la enseñanza de las Ciencias Naturales y continuó con la denominación de Real Gabinete de Historia Natural hasta bien avanzado 1815. Después, por Real orden de 1 de octubre de 1815 se denominó Museo de Ciencias Naturales hasta 1913. Desde ese año se denomina Museo Nacional de Ciencias Naturales[24], estando dedicado al estudio y difusión de tales ciencias.

En el bicentenario de la muerte del mencionado Pedro Franco Dávila[25], se insistió acertadamente que si bien es verdad que en 1752, reinando Fernando VI, Antonio de Ulloa[26] proyectó un Estudio y Gabinete de Historia Natural, el Real Gabinete de Historia Natural de Madrid inaugurado en el reinado de Carlos III fue la base y fundamento del actual Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid[27].    

Figura 1. Carlos III, óleo sobre lienzo de Rafael Antón Mengs, 1774. Fuente: Museo Nacional del Prado, fotografía descargada por José Pastor Villegas con autorización para publicación.

Tras estos necesarios pormenores, destacamos que Carlos III y José Moñino Redondo (1728, Murcia – Sevilla, 1808)[28], conde de Floridablanca, secretario del Despacho de Estado (1777 – 1792), centraron su atención en los asuntos científicos y tecnológicos en el Paseo del Prado de San Jerónimo, como resume a continuación.

Figura 2. José Moñino y Redondo, conde de Floridablanca, óleo sobre lienzo de Francisco de Goya y Luciente, 1783. Fuente: Museo Nacional del Prado, fotografía descargada por José Pastor Villegas con autorización para publicación.

En 1781, ya prestaba servicio parte del Real Hospital General (edificio ocupado hoy por el Centro de Arte Reina Sofía), terminada su construcción en la parte baja de dicho paseo por el arquitecto Francesco Sabatini. En relación con las Ciencias de la salud, fue un avance ilustrado importante pues en los bajos del nuevo hospital comenzaría su actividad el Real Colegio de Cirugía de Madrid el 1 de octubre de 1787.

Figura 3. El Jardín Botánico desde el paseo del Prado, óleo sobre tabla de Luis Paret y Alcázar, hacia 1790. Fuente: Museo Nacional del Prado, fotografía descargada por José Pastor Villegas con autorización para publicación.

También, en 1781 fue inaugurada solemnemente por Carlos III la nueva sede del Real Jardín Botánico, sito en la parte media del Paseo del Prado, trasladado desde su primer emplazamiento antes mencionado a propuesta de Casimiro Gómez Ortega (Añover de Tajo, Toledo, 1741 – Madrid, 1818), científico de amplio currículo: médico, boticario mayor de los Ejércitos, etcétera. En el nuevo jardín continuó siendo catedrático primero de Botánica y director, y fue gestor de la política ilustrada en lo referente a la Historia natural metropolitana y ultramarina en los reinados de Carlos III y Carlos IV[29]. Hoy, el Real Jardín Botánico de Madrid, con extensión menor que en su inauguración, depende del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y es una de las instituciones más visitadas del Madrid científico, accediendo por la Puerta Norte, en la Plaza de Murillo, frente a la fachada sur del cercano edificio Villanueva del Museo Nacional del Prado que más adelante mostramos.

En el Real Jardín Botánico de Madrid se impartió docencia de Botánica general y aplicada para médicos, cirujanos y boticarios de acuerdo con el Reglamento de 16 de marzo de 1783. En los solemnes actos celebrados el 6 y 9 de diciembre de 1786, a los que asistió el conde de Floridablanca, en representación del rey, y numerosas personalidades nacionales y extranjeras, el entonces boticario Vicente Cervantes Mendo (Ledrada, Salamanca – México, 1829)[30] pronunció un discurso brillante el primer día[31], en el que reflejó el momento político-científico español y sus perspectivas de futuro, aludiendo en uno de los párrafos a la obra visible ya de la Academia de Ciencias Naturales y a algunas de sus dependencias. En otras palabras, en nuestra opinión, reforzaba la defensa de España ante Europa con criterio científico en base al Real Jardín Botánico de Madrid y a su entorno científico. No hay que olvidar que casi coincidente con la disertación de Vicente Cervantes Mendo, se informaba de la publicación de la Oración apologética por la España y su mérito literario…[32], obra del conocido extremeño Juan Pablo Forner y Segarra (Badajoz, 1756 – 1797)[33], jurista, a quien el propio conde de Floridablanca había encargado la respuesta oficial al escritor francés Nicolas Masson de Morvilliers en la polémica sobre el pasado científico español; polémica inútil y que contribuyó a dudar de sobre la capacidad hispana para dedicarse a la Ciencia y una visión excesiva sobre su papel en la renovación de las estructuras socio-económicas españolas[34].

El mencionado Vicente Cervantes Mendo, discípulo distinguido de Casimiro Gómez Ortega, no era extremeño de nacimiento pero sí con ascendientes maternos de Casar de Cáceres (Cáceres) y casado después con extremeña de Hervás (Cáceres), se había formado profesionalmente como boticario y botánico en el Madrid de los años finales del reinado de Carlos III; tuvo vinculación profesional con el Real Hospital General de Madrid antes de pasar a Nueva España como catedrático de Botánica de México formando parte de la Real Expedición Botánica a Nueva España (1787-1803), llegando a ser un insigne científico hispanomexicano[35].

Pues bien, estando en construcción el nuevo jardín botánico madrileño, Carlos III y el conde de Floridablanca decidieron alrededor de 1779 establecer también una Academia de Ciencias Naturales, como alto organismo de enseñanza e investigación en Madrid. Sobre tal academia se ha sabido relativamente poco hasta la publicación de Rumeu de Armas (referencia 14).

Para ello, escogieron un solar extenso en el bello y concurrido Prado de San Jerónimo, próximo al monasterio del mismo nombre y al palacio del Buen Retiro. En 1785 fue elegido el arquitecto Juan de Villanueva y de Montes (Madrid, 1739 – Madrid, 1811)[36], en cuya biografía consta:

Figura 4. Juan de Villanueva, busto en mármol de José Grajera y Herboso, 1877-1878. Fuente: Museo Nacional del Prado, fotografía descargada por José Pastor Villegas con autorización para publicación.

“El año 1785 es crucial en la biografía artística de Juan de Villanueva, ya que en febrero, mientras dirige la recepción y consolidación del Patio de Mascarones de El Escorial, comienza a proyectar por orden del secretario de Estado, a la sazón José Moñino, conde de Floridablanca, un Real Museo de Historia Natural en el paseo del Prado, junto al Jardín Botánico. El proyecto del edificio que será Museo del Prado es presentado el 30 de mayo de 1785 a Carlos III cuando se encuentra acompañado del príncipe [futuro Carlos IV] y del mismo Floridablanca. Para responder al encargo que el ministro de Estado le hizo, Villanueva presentó entonces dos opciones posibles de edificio. Una de ellas, ilustrada en cuatro láminas que se conservan en la Academia de San Fernando, tenía unos característicos pórticos cubiertos para el paseo público. De la otra, muy distinta y sin tales pórticos, ha quedado constancia únicamente por la maqueta de madera que se conserva en el propio Museo, ya que sus planos se han perdido. Este último proyecto sin pórticos exteriores fue elegido por el propio Rey para su construcción en paralelo al antiguo Paseo del Prado de Atocha, en continuidad con el jardín Botánico y bajo la iglesia y el doble claustro de los Jerónimos. A finales de aquel mismo año de 1785 se inician los movimientos de tierras y la apertura de zanjas de cimentación del futuro edificio, que en 1788, año de la muerte de Carlos III, veía elevarse sus muros sobre la rasante del terreno.

La utilidad pública era una condición irrenunciable de las obras de la Ilustración y el futuro edificio del Museo del Prado tenía para Villanueva un doble compromiso: hermosear la ciudad y crear un establecimiento para el estudio, la investigación y la instrucción pública. En concreto, el programa de necesidades que el Museo tenía que alojar en su interior con la solidez y extensión apropiadas incluía un Gabinete de Historia Natural con salas de estudio, una Academia de Ciencias Naturales con capacidad para sus instrumentos, laboratorios, aulas y biblioteca, y un gran salón para las juntas académicas. Tres establecimientos en un único gran edificio.

El solar del futuro Museo se elegía entonces para crear un frente prolongado paralelo al Prado de Atocha, a los pies de la iglesia y convento de San Jerónimo, con una fachada alargada de escaso fondo construido y asentado sobre un terreno que en su estado natural presentaba una doble pendiente, con una fuerte inclinación desde los jerónimos hacia el Paseo del Prado, y con un desnivel más suave entre la fuente de Neptuno y la antigua puerta de Atocha. Para preparar el solar y sacar partido de las pendientes del terreno, Villanueva creó un muro de contención en ángulo y en relación con él hizo el vaciado necesario para dejar definido un plano horizontal, a la cota del Prado, sobre el que elevar el edificio. De este modo, la nueva topografía del lugar estaba modelada para comenzar a responder por sí sola al triple uso requerido, ya que favorecía que existieran tres diferentes accesos sobre diferentes niveles del terreno y en tres orientaciones también diferentes.

La principal idea del proyecto de Villanueva consistía en crear dos plantas bajas funcionalmente independientes, con circulaciones interiores siguiendo esquemas de fondos de saco, y dispuestas una encima de otra. La destinada a Academia de Ciencias tenía entrada y salida por la puerta sur, enfrentada al jardín Botánico y a su misma cota. Y el Museo-galería de Historia Natural tenía entrada y salida a una cota superior por la puerta norte, a cuya altura se accedía desde el Paseo del Prado gracias a una característica rampa que recortaba en curva la pendiente natural del terreno. Se creaba así un edificio de un extraño neoclasicismo pintoresco, nacido de las condiciones topográficas de un lugar que explican su configuración tanto funcional como compositiva.

El resultado de esta operación de adaptación al terreno creaba una obra con dos entradas distintas, en niveles también distintos y en orientaciones opuestas, cada una de ellas a dar acceso a una única planta del edificio y caracterizada por un orden clásico propio, de capiteles corintios asociados a la puerta de la Academia y jónicos para la puerta del Museo. Faltaría para responder al programa de necesidades inicial dar forma y posición al salón de juntas. Éste es, de nuevo, un edificio independiente, de eje perpendicular a los dos anteriores, con su propia puerta de entrada y salida, el pórtico dórico central orientado a poniente, e imaginado por Villanueva como un gran templo laico de tipo basilical y cabecera absidial”.

Figura 5. Vista de las fachadas norte y principal (oeste o de Velázquez) del Museo del Prado y fotografía de Xabier de Salas Bosch. Fuente: Cartel de los XLVIII Coloquios Históricos de Extremadura, 2019.

En nuestra opinión, el cartel ilustrativo de los XLVIII Coloquios Históricos de Trujillo (Figura 5), además de destacar a Xavier de Salas Bosch, sirve para ilustrar los párrafos anteriores. La Figura 6 es también muy ilustrativa.

Figura 6. Vista de la fachada sur del Museo del Prado, desde el interior del Jardín Botánico, óleo sobre lienzo de José María Avrial y Flores, hacia 1835. Fuente: Museo Nacional del Prado, fotografía descargada por José Pastor Villegas con autorización para publicación.

Volviendo a Rumeu de Armas, hubo cierta discrepancia entre el arquitecto y el ministro en la denominación del edificio:

“La idea de Carlos III era que el edificio fuese conocido con el nombre de Academia de Ciencias, el organismo más importante a cobijarse dentro de sus muros. Pero el arquitecto Villanueva, por su cuenta y riesgo, decidió bautizarlo con la denominación de Museo de Ciencias, dada la importancia de las instituciones que se iban a integrar en el mismo y el carácter acentuadamente experimental con que estaban concebidas las enseñanzas de dichas disciplinas.

Al conde de Floridablanca no le agradó ni poco ni mucho el arbitrario cambio operado en la concepción original, y continuó aferrado a la idea de que el verdadero objeto de la edificación era cobijar una Academia de Ciencias Naturales.

Ha de advertirse que a la Academia de Ciencias, como alto organismo rector, venían a sumarse diversas instituciones encargadas de investigar y difundir las más variadas disciplinas; por esta razón puede afirmarse que la nueva entidad se asemeja en todo a una auténtica Universidad de las Ciencias”.

 

Hubo también polémica con Bernardo de Iriarte (Puerto de la Cruz, Santa Cruz de Tenerife, 1735 – Burdeos, Francia, 1814)[37] y Tomás Iriarte (Puerto de la Cruz, Santa Cruz de Tenerife, 1750 – Madrid, 1791)[38] . El conde de Floridablanca iba encaminado a establecer una Academia de Ciencias Naturales en un gran edificio (conocido hoy como edificio Villanueva del Museo Nacional del Prado) en donde iban a establecerse también el Real Gabinete de Historia Natural y otras dependencias científicas y tecnológicas: Laboratorio químico, Observatorio astronómico, Gabinete de máquinas y la Academia de las tres artes (si fuera posible). En cambio, los eruditos hermanos insistían en el establecimiento de una Academia general (Ciencias y Letras).  

 

    

Figura 7. Portada del discurso leído por Pedro Gutiérrez Bueno en la apertura de la Real Escuela de Química, Madrid, Imprenta Real, 1788. Fuente: Biblioteca Nacional de España, fotografía recibida con autorización para publicación.

En particular, concerniente a la Química, mencionamos brevemente que mientras se terminaba la construcción del edificio proyectado por el arquitecto Villanueva, se estableció provisionalmente la Real Escuela y Real Laboratorio de Química en lo que fue Botica del Convento del Carmen Descalzo, con entrada por la calle de Alcalá. La enseñanza pública de la Química comenzó en esta institución, dependiente del Ministerio de Estado, el 2 de enero de 1788 (último año del reinado de Carlos III) con un discurso inaugural pronunciado por el catedrático primero Pedro Gutiérrez Bueno (Figura 7), boticario, a quien se considera en algunas publicaciones madrileño cuando en realidad es Pedro Gutiérrez Jiménez (Cáceres, 1743 – Madrid, 1822)[39]. En el discurso pronunciado elogió al rey (Carlos III) y al Ministerio de Estado, manifestando la conexión de la Química con otras ciencias y con las artes, la necesidad de esta ciencia para justificar la necesidad de su enseñanza y la gloria que en el futuro proporcionaría. En particular, hablando de la necesidad de la Química dijo[40] lo que a continuación se transcribe con ortografía actual:

“Pongamos la consideración en los lentos y sucesivos conatos con que el entendimiento humano ha ido formando y perfeccionando las artes que sirven al uso de la vida. Sale el hombre de las manos de la naturaleza; y sin otro auxilio que la sagacidad de su entendimiento, se ve en la tierra rodeado de incomodidades y de peligros que le molestan, le oprimen, y le acongojan. Quiere sustentarse, y halla desabridos los frutos que le ofrece la fecundidad de la naturaleza no cultivada. Quiere abrigarse, y desgajando ramas, y matando fieras, fabrica una cabaña rústica, y se ciñe con su vestido áspero. Estimulado del deseo de apartar de sí la incomodidad de estos auxilios, medita, examina, experimenta; y en este punto, valiéndose de la actividad del fuego, derrite, o ablanda con él los metales, y de esta primera operación química salen como en tropel los instrumentos más necesarios que sirven a la Agricultura, a la Arquitectura, y a las fábricas. Acompañó después la Química a todas las restantes operaciones de la comodidad y de la magnificencia con inseparable unión, contribuyendo perennemente a este esplendor, a esta majestad, a esta infinidad de invenciones que dan tan ilustre prueba de la fuerza, grandeza y divinidad del espíritu que nos anima. Ella desenterró el oro en las entrañas de los montes, fundió la plata, suavizó el hierro, modificó el bronce, proporcionándolos a la infinita variedad de labores y usos con que hoy nos sirven y nos recrean. Ella reveló la naturaleza íntima de todas las piedras, descubrió sus principios, mostró sus usos. Ella proveyó de instrumentos maravillosos a la Astronomía, para que trasladando su vista a la inmensidad del espacio, corra de sol en sol, de planeta en planeta, de mundo en mundo, observe sus concertados giros, siga y calcule sus movimientos, describa las leyes del Universo, y perciba el orden admirable de los entes que dominamos. Ella suministró vidrios al Físico para desentrañar la luz, separar sus rayos, dividir sus colores, y producir los maravillosos efectos de la Óptica. Ella dio al Pintor los materiales con que la superficie de una tabla o de un lienzo abulta los seres, emula los milagros de la naturaleza, y retrata sus obras, tal vez mejorándolas. Ella enseñó… “

 

La enseñanza química impartida estaba más o menos en sintonía con la Revolución Química que se estaba iniciando en esos años, principalmente desde la publicación en 1789 del Traité élémentaire de Chimie, del gran científico Antoine Lauret Lavoisier, conocimientos que convirtieron definitivamente la Química en ciencia (ciencia experimental) y la dejaron en condiciones de continuar su desarrollo para llegar al estado actual. Tal tratado fue pronto conocido y traducido al español en España y virreinato de Nueva España[41]. En otras palabras, España, ausente en el inicio de la Revolución Científica de los siglos XVI y XVII como dijimos en el apartado segundo, estuvo en la iniciación de la Revolución Química del siglo XVIII.

Otros dos Laboratorios de Química se establecieron en Madrid casi coincidentes con mencionado centro inaugurado, ambos de Química aplicada. Uno fue el Laboratorio de Química metalúrgica, a cargo del químico francés contratado Françoise Chavaneau (Notron, Francia, 1754-Francia, 1842)[42], funcionó primero en la calle Hortaleza de Madrid y después en la calle del Turco (hoy Marqués de Cuba). El otro fue el Laboratorio de Química aplicada a las artes, a cargo del prestigioso químico español de formación francesa Domingo García Fernández (Belorado, Burgos, c. 1759? – 1829 pos.)[43], autor de diferentes investigaciones y publicaciones nacionales e internacionales, una de ellas con el mencionado Juan Pablo Forner Segarra[44], jurista que también tuvo relación con Pedro Gutiérrez Bueno. Los tres laboratorios madrileños y el segoviano, a cargo del químico francés contratado de gran reputación europea Joseph Louis Proust (Angers, Francia, 1754 – Angers, 1826)[45], fueron refundidos con posterioridad, de lo cual nos hemos ocupado en trabajos anteriores.

 

  1. Academia de Ciencias Naturales non nata en el reinado de Carlos IV y Real Museo de Pinturas en el reinado de Fernando VII

Siguiendo a Rumeu de Armas (referencia 14), el conde de Floridablanca, ya en el reinado de Carlos IV, contactó en 1791 con el mencionado Domingo García Fernández, pidiéndole asesoramiento para establecer los Estatutos de la futura Academia de Ciencias Naturales de Madrid como centro de enseñanza e investigación; informó a mediados de ese año que en su opinión los académicos serían de cuatro tipos: honorarios, asociados, pensionados y supernumerarios. De ellos, los pensionados (Matemáticas, Astronomía, Geografía, Mecánica e Hidráulica, Física experimental, Reinos animal y mineral, Botánica, Química y Medicina y Cirugía) eran los más importantes y deberían residir en Madrid, fijando su número en veinticuatro y proponiendo sus nombres. Entre los académicos pensionados que seleccionó figuraban dos ilustres extremeños residentes en Madrid: el boticario y botánico José Antonio Pavón Jiménez (Casatejada, Cáceres, 1754 – Madrid, 1840) como botánico, y el mencionado Pedro Gutiérrez Bueno como químico. De ambos, hemos escrito en trabajos anteriores, el más reciente en el trabajo presentado en los Coloquios de 2017, que estuvieron dedicados a la Ilustración en Extremadura[46].

Sin embargo, tras la destitución del conde de Floridablanca en 1792, la Academia de Ciencias, todavía non nata, fue clausurada por decisión de Manuel Godoy y Álvarez de Faria (Badajoz, 1767 – París, Francia, 1851)[47], siendo secretario de Estado. La decisión fue tomada en orden reservada el 6 de septiembre de 1796, escribiendo “no se verá concluido el establecimiento”. Por consiguiente, se cumplieron los vaticinios de Leandro Fernández de Moratín, hechos en 1787, sobre la suerte que correría la Academia de Ciencias Naturales a la caída del conde de Floridablanca. Sin embargo, las demás instituciones más o menos conexas con tal academia le debieron cierto desarrollo y progreso, declarándose él mismo su protector (referencia 14).

Obviamente, con la decisión tomada se perdieron los grandes esfuerzos del conde de Floridablanca, quien en una Instrucción reservada para la dirección de la Junta de Estado, establecida por Real Decreto de 8 de julio de 1787, decía en nombre del rey Carlos III[48]:

 

“Las enseñanzas públicas y las Academias tienen por objeto el complemento de la educación, que es la instrucción sólida de mis súbditos en todos los conocimientos humanos. En esta parte, lo que hace más falta es el estudio de las Ciencias Exactas, como las Matemáticas, la Astronomía, la Física Experimental, Química, Historia Natural, la Mineralogía, la Maquinaria y otras ciencias prácticas. Con el fin de promover entre mis vasallos el estudio, aplicaciones y perfección de estos conocimientos, he resuelto fundar una Academia de Ciencias, y encargo muy particularmente a la Junta coopere a estas ideas, y las recuerde con frecuencia y oportunidad”.                  

De aquel proyecto de Carlos III de instituciones científicas reunidas en un único edificio junto al Real Jardín Botánico han llegado hasta nuestros días dos instituciones científicas dispersas: Museo Nacional de Ciencias Naturales (sito en el antiguo Palacio de las Artes y la Industria del Paseo de la Castellana, calle José Gutiérrez Abascal, 2) y Real Observatorio Astronómico (construido en el Cerrillo de San Blas y constituido en 1790, reinando Carlos IV, reanudando su actividad en 1845). En cambio, el nacimiento del establecimiento académico científico tuvo que esperar hasta la Regencia de María Cristina de María Cristina de Borbón Dos Sicilias (1833 – 1840), estableciéndose primero la Real Academia de Ciencias Naturales de Madrid por Real Decreto de 7 de febrero de 1834. Reinando Isabel II (1843-1868), tal academia científica fue declarada suprimida trece años después y establecida la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid por Real Decreto de 25 de febrero de 1847, que llega hasta nuestros días. Desde 1897, la sede de esta academia científica es la calle Valverde de Madrid, números 22 y 24 (anterior sede de la Real Academia Española), en la que celebramos el 17 de abril de 2018 uno de los actos del bicentenario del nacimiento del insigne ingeniero civil extremeño Cipriano Segundo Montesino y Estrada (Valencia de Alcántara, 1817 – Madrid, 1901), que fue su tercer presidente.

Finalizada la Guerra de la Independencia (1808-1814), que había quedado al país en ruina, y sin entrar en más detalles, se inauguró el Real Museo de Pinturas el 19 de noviembre de 1819 con solo 311 pinturas expuestas en tres salones (154 en el primero, 136 en el segundo y 21 en el tercero), todas de autores españoles, catalogadas en catálogo de ese año[49]; asistió Fernando VII (Figura 8) y su esposa María Josefa Amalia de Sajonia. José Gabriel de Silva y Waldstein (¿Viena, Austria, 1782 – Madrid, 1839), académico, diplomático y político[50], fue el primer director palatino (1819-1820), quedando abierto el museo al público tan solo los miércoles; la apertura continuó hasta marzo de 1826, cerrando durante dos años para acometer reformas, como es sabido (referencia 14).

Figura 8. Fernando VII con manto, óleo sobre lienzo de Francisco de Goya y Lucientes, 1814-1815. Fuente: Museo Nacional del Prado, fotografía descargada por José Pastor Villegas con autorización para publicación.

  1. El Museo Nacional del Prado según Xavier de Salas Bosch

El currículo del historiador del arte Xabier de Salas Bosch (Barcelona, 1907 – Madrid, 1982) figura como historiador del arte en el Diccionario biográfico español, de la Real Academia de la Historia[51], en el que consta que estuvo vinculado con el Museo Nacional del Prado, como subdirector (1962-1971) y director (1971-1978). En cambio, no figura en el currículo referenciado el folleto que tiene por título ¿Qué es el Museo del Prado?[52] (Figura 9), raro de encontrar, que hemos localizado en la actual Biblioteca y Archivo del Museo Nacional del Prado (MPN) tras insistir.

Siendo subdirector del MNP durante las direcciones de Francisco Javier Sánchez Cantón (1960-1968) y de Diego Angulo Íñiguez (1968-1971), uno de los problemas que le preocupó fue la contaminación química atmosférica interior por afectar la conservación de las obras de arte, contaminación producida por diferentes fuentes contaminantes, fijas y móviles:

“El número de visitantes aumentaba de día en día, la amplitud tomada por el turismo en España, fenómeno social que incidía preferentemente en las zonas costeras, pasaba en parte por Madrid, estando los turistas cultivados ansiosos de conocer las colecciones. Los visitantes crecieron en estos años a un ritmo que se acercó en mucho a los 100 000 anuales, situándose en las cercanías del millón de visitantes, sin contar más que parcialmente a los estudiantes habituales del mismo. Esto comportaba una contaminación atmosférica interior que agravaba la exterior, ya que Madrid, crecido monstruosamente, y convertido en una ciudad de tres millones de habitantes, no tenía medidas dispuestas, ni aun previstas, para contrarrestar la contaminación debida a las industrias de su extrarradio, a las calefacciones de toda la ciudad y al extenso parque de automóviles que, para colmo de males, pasa por el Paseo del Prado, formando un río ininterrumpido que recorre todo un frente del museo [fachada occidental o de Velázquez].

El subdirector entonces, que es quien escribe esta historia, desde su primera declaración a la prensa, denunció la existencia de este grave problema, que afectaba gravemente la conservación de las obras de arte. Su primera llamada de atención (1961) cayó en vacío; la reiteró numerosísimas veces, algunas con escándalo de quienes tenían en su manos la posibilidad de emprender su remedio. En tanto las necesidades del museo hicieron preciso el aumento de personal. Pero disposiciones desafortunadas de la Administración fueron causa de que el taller de restauración iniciara su descomposición, pues las plazas fueron declaradas a extinguir. Se soñó en organizar la restauración según modelo italiano, sin tener en cuenta, ni tenía ni podía tener en muchos años, ni el personal ni los medios, del que fue tomado como modelo”.

 

            Nos dice también que su gestión como director entre 1971 y 1978 no fue fácil por la maraña administrativa, afirmando que “las reglas de la Administración no tienen relación con el funcionamiento diario de un organismo como el Museo del Prado”. Entre las dificultades, señala la problemática de la instalación del aire acondicionado en el recinto del museo, problemas de personal, etcétera. Muchos problemas los heredó su sucesor en la dirección José Manuel Pita Andrade (1978-1981):

 

“Heredó éste las obras de instalación del aire acondicionado paralizadas desde hace más de un año; los graves problemas de personal; la necesidad de revisión conjunta de los fondos en depósito, que no hallando el que suscribe manera de conseguir personal para ello, fue iniciada por con personal universitario por medio de la ayuda a la Investigación, siendo interrumpida al alcanzar las obras del museo el local en que trabajan. Heredó también el afán sentido por todos los que conocen la vida del museo de que precisa resucitar al Patronato del mismo con facultades suficientes para conseguir vencer la maraña administrativa”.        

Y finaliza respondiendo a su pregunta con el párrafo que resaltamos:

“El museo del Prado es patrimonio común a todos y una de las mayores colecciones que jamás han sido reunidas. Algo que es orgullo de España, y que precisa conservar adecuadamente para el futuro”.

Figura 9. Portada del folleto escrito por Xavier de Salas Bosch en marzo de 1979. Fuente: Fototeca de José Pastor Villegas, fotografía realizada con autorización en la Biblioteca y Archivo del Museo Nacional del Prado, Madrid, 08.08.2019, con autorización para publicación.

  1. Apuntes científicos y tecnológicos nuestros sobre el Museo Nacional del Prado del bicentenario

Como es sabido, el MNP conforma en la actualidad un campus museístico, iniciado en 1995, que se suele llamar Campus del Prado, formado por el Edificio Villanueva, el Claustro de los Jerónimos, el Casón del Buen Retiro, el Edificio administrativo y el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro. Sin duda, tal complejo es uno de los más importantes del mundo.

Corriendo 2019, se está conmemorando el bicentenario del MNP, uno de los más importantes del mundo. Según circular de su director actual, Miguel Falomir Faus[53], datos de la Biblioteca y el Archivo de la institución a tener en cuenta son:

– Una colección artística, accesible a más de dos millones y medio de visitantes anuales, y con un fondo bibliográfico y documental accesible, tanto a los usuarios internos como externos.

– En el Casón del buen Retiro, actual sede del Centro de Estudios del MNP, se encuentra la Biblioteca, cuya sala de lectura, denominada Sala Giordano, se ubicada desde 2009 bajo la espléndida bóveda pintada por Luca Giordano, en donde se sirven los fondos de la biblioteca y del archivo.

– La Biblioteca del MNP cuenta con unos 100 000 libros (monografías y obras de referencia), 1500 títulos de revistas, 260 títulos de catálogos de subastas, materiales audiovisuales, recursos electrónicos especializados, carteles y folletos. Además, conserva un destacado patrimonio bibliográfico (impresos y manuscritos) anteriores a 1900, importante por su cantidad (7000 volúmenes), por su especialización (tratados de pintura y arquitectura, libros de fiestas, cartillas de dibujo y libros de iconografía, emblemas, anatomía y fisiognomía) y por la rareza de algunos de sus ejemplares.

– El Archivo del MNP reúne, organiza, conserva y difunde la documentación generada o recibida en el ejercicio desde su fundación en 1819. Custodia los fondos propios del propio MNP y otros fondos. El conjunto de la documentación asciende a aproximadamente 5200 unidades de instalación.

Pues bien, considerando:

– Que la Química es la ciencia experimental que tiene por objeto el estudio de la composición, estructura, propiedades y transformaciones de la materia, así como los cambios energéticos conexos con tales transformaciones.

– Que el origen de la Química está en la conquista del fuego, desarrollada en el transcurso del tiempo del tiempo en lugares diversos y por intereses diversos, a la que nada ha escapado o que nada funciona sin ella, es decir, que está presente en la vida y en todos los aspectos de la vida.

– Que mirando al pasado, se pueden distinguir cinco etapas históricas: Prealquimia (desde tiempo inmemorial hasta el siglo IV a. C.), Alquimia (desde el siglo IV a.C. hasta 1500, aproximadamente), Etapa de Transición a la Química (Iatroquímica entre 1500-1650 y Época Inicial de la Química entre 1650-1775), Antoine Laurent Lavoisier (1743-1794) y la Revolución Química, y Química Contemporánea (Edad Contemporánea).

– Y el discurso de Pedro Gutiérrez Bueno pronunciado en la inauguración de la Real Escuela y Real Laboratorio de Química en 1788, en el que afirma la utilidad de la Química “porque ella dio al Pintor los materiales con que la superficie de una tabla o de un lienzo abulta los seres, emula los milagros de la naturaleza, y retrata sus obras, tal vez mejorándolas”.  

Hemos decidido terminar el presente trabajo con unos apuntes sobre la Fragua de Vulcano (Figura 10), importante obra de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, 1599 – Madrid, 1660)[54], pintada en Roma, vendida en España en 1634, que fue una de las 311 que se expusieron en la inauguración del Real Museo de Pintura, y que se conserva en el MNP. De acuerdo con un trabajo anterior[55], la escena recoge el momento en que Apolo irrumpe en la fragua de Vulcano, quien está trabajando una pieza de armadura en su fragua junto con los cíclopes Brontes, Estéropes y Piracmon, para avisarle que su mujer le ha sido infiel con el dios Marte; un personaje aparece en el fondo, que puede ser un ayudante, o bien el gallo, personaje que alerta a los amantes y protege para que no sean descubiertos; figuran también los materiales propios del trabajo en una fragua. El estudio de la obra mediante análisis químicos y otras técnicas experimentales proporcionó información interesante del soporte sobre el que está realizada la obra, pintura del lienzo central y tiras verticales, etcétera.  

Afirmamos que hay mucha química conexa con las obras del MNP: materiales y técnicas. Asimismo, algunas obras enseñan calladamente química y otras ciencias experimentales, y también tienen interés tecnológico y didáctico.

Figura 10. La Fragua de Vulcano, óleo sobre lienzo de Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Velázquez), 1630. Fuente: Museo Nacional del Prado, fotografía descargada por José Pastor Villegas con autorización para publicación.

  1. Conclusiones
  2. Los antecedentes inmediatos del Real Museo de Pintura, inaugurado el 19 de noviembre de 1819 se encuentran en la Ilustración española (1700-1808 o 1814), siendo principalmente científicos y tecnológicos pues el denominado actualmente Edificio Villanueva en el llamado Campus del Prado se proyectó e inició su construcción en el reinado de Carlos III para sede de la Academia de Ciencias Naturales non nata y otras instituciones científicas y tecnológicas reunidas: Laboratorio químico, Observatorio astronómico, Gabinete de máquinas y la Academia de las tres artes (si fuera posible). Reinando Carlos IV, los Estatutos se redactaron, figurando dos ilustres extremeños residentes en Madrid propuestos como académicos comisionados: el casatejano José Antonio Pavón Jiménez y el cacereño Pedro Gutiérrez Bueno, ambos de profesión farmacéutica. En ese reinado, el también extremeño Manuel Godoy y Álvarez de Faria, secretario de Estado, decidió en 1796 que tal academia científica no se construiría.
  3. El conocido historiador del arte Xavier de Salas Bosch (Barcelona, 1907 – Madrid, 1982), vinculado con el Museo Nacional del Prado y con Extremadura, recién terminada su dirección (1971-1978) es autor del interesante folleto ¿Qué es el Museo del Prado?: su historia y sus problemas, en el que termina afirmando en marzo de 1979 queEl Museo del Prado es patrimonio común a todos y una de las mayores colecciones que jamás han sido reunidas. Algo que es orgullo de España, y que precisa conservar adecuadamente para el futuro”.
  4. En nuestra opinión, el Museo Nacional de Prado conserva algunas obras que enseñan calladamente Historia de la Ciencia (Ciencias Experimentales) y la Tecnología (incluyendo la Técnica) y necesitan de los avances científicos y tecnológicos para su conservación y estudio integral.

 

Agradecimientos y dedicatoria

Al personal de los numerosos archivos y bibliotecas que hemos visitado. En particular, al personal de la Biblioteca y Archivo del Museo Nacional del Prado por la solvencia y diligencia con que nos han atendido.

Reiteramos nuestro agradecimiento a la Asociación Cultural Coloquios Históricos de Trujillo, organizadora. En particular, nuestro deseo de que pronto pueda sumar el Prof. D. Vicente Pastor González.

Finalmente, reiteramos nuestra gratitud a la Fundación Xavier de Salas que ya expresamos en 2003 como autores del libro Páginas extremeñas sobre el caucho.  

Notas

[1] PASTOR VILLEGAS, José, PASTOR VALLE, Jesús Francisco, Páginas extremeñas sobre el caucho, Trujillo, Cáceres (España), Ediciones la Coria, Fundación Xavier de Salas, 2003, pág. 128-129.

[2] PASTOR VILLEGAS, José, PASTOR VALLE, Jesús F., “De1spués del Imperio Mexica: aspectos científicos y tecnológicos prehispánicos aportados por Hernán Cortés, novohispanos e hispanomexicanos”, en Actas del Congreso Internacional Hernán Cortés en el siglo XXI. V Centenario de la llegada de Hernán Cortés a México, Medellín y Trujillo, 4, 5 y 6 de abril de 2019, en prensa.

[3] LÓPEZ PIÑERO, José María, Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII, Barcelona, Labor, 1979, págs. 371-384.

[4] ALFONSECA, Manuel, Grandes científicos de la humanidad, Madrid, Espasa Calpe, 1998, vol. 2, págs. 154-155.

[5]ALFONSECA, Manuel, Grandes científicos de la humanidad, Madrid, Espasa Calpe, 1998, vol. 2, págs. 157-158.

[6] ALFONSECA, Manuel, Grandes científicos de la humanidad, Madrid, Espasa Calpe, 1998, vol. 1, pág. 120.

[7] OCHOA, Severo, “Prólogo”, en RAMÓN Y CAJAL, Reglas y consejos sobre investigación científica, Madrid, Espasa Calpe, 1995, págs. 9-10.

[8]PASTOR VIILLEGAS, José, PASTOR VALLE, Jesús Francisco, PASTOR VALLE, Montaña Belén, “Las expediciones científicas a América y las expediciones a América dirigidas por Miguel de la Quadra-Salcedo y Gallarre”, en XLV Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, Cáceres, Ciempozuelos (Madrid), Estugraf Impresores, 2017, págs. 381-409.

[9] LÓPEZ PIÑERO, José María, “Cabriada, Juan de”, en Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Barcelona, Ediciones Península, 1983, vol. 1, págs. 149-152.

[10] LÓPEZ PIÑERO, José María, “La carta filosófica-médico-chymica (1867) de Juan de Cabriada. Punto de Partida de la Medicina Moderna en España”, Asclepio, 1965, 17, 207-214.

[11] LÓPEZ PIÑERO, José María, Ciencia y técnica en la sociedad española de los siglos XVI y XVII, Barcelona, Labor, 1979, págs. 387-401.

[12] LAFUENTE, Antonio, PESET, José Luis, “Los inicios de la institucionalización de la ciencia moderna en España”, en MARTÍN FERRO, P., Actas del simposium CCL aniversario del nacimiento de Joseph Celestino Mutis, Cádiz, 1986, págs. 49-58.

[13] PUERTO, Javier, “La Ciencia durante la Ilustración y la Guerra de la Independencia”, An. R. Acad. Nac. Farm., 2009, 75 (E), 527-576.

[14] RUMEU DE ARMAS, Antonio, Origen y fundación del Museo del Prado, Valencia, Instituto de España, 1980.

[15] CORRAL, José de, La vida cotidiana en el Madrid del siglo XVIII, Madrid, Ediciones La Librería, 2000, págs. 171-185.

[16] OZANAM, Didier, “Carvajal y Lancaster, José de”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2012, vol. 28.

[17] PALACIOS GUTIÉRREZ, Elena, PALACIOS FERNÁNDEZ, Emilio, “Luzán Claramunt de Suelves y Gurrea”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2012, vol. 21.

[18] DICCIONARIO BIOGRÁFICO ESPAÑOL, “Hermosilla y Sandoval, José de”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2011, vol. 25, págs. 729-730.

[19]DÍEZ-PASTOR IRIBAS, Concepción, “Sabatini, Francesco”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2010, vol. 16.

[20] GAVILÁN MONLEÓN, Gavilanes, “Rodríguez Tizón, Ventura”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2013, vol. 44.

[21] GÓMEZ URDÁÑEZ, José Luis, “Somedevilla y Bengoechea, Zenón de”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2012, vol. 23.

[22] NAVARRO BROTÓNS, Victor, “Juan y Santacilia, Jorge”, en Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Barcelona, Península, 1983, vol. 1, 483-486.

[23]JANER, Florencio, “El antiguo Gabinete de Historia Natural”, Gaceta de Madrid 1858, núm. 219, 7 de agosto de 1858, pág. 4.

[24] CALATAYUD ARINERO, María de los Ángeles, Catálogo de las expediciones y viajes científicos españoles, Madrid, C. S. I. C., Imprenta Aguirre, 1984, pág. 20.

[25] CALATAYUD, María de los Ángeles, “Franco Dávila, Pedro Dávila”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2011, vol. 20.

[26] NAVARRO BROTÓNS, Victor, “Ulloa, Antonio de”, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Barcelona, Ediciones Península, 1983, vol. 2, págs. 382-385.

[27] CALATAYUD ARINERO, María de los Ángeles, “Antecedentes y creación del Real Gabinete de Historia Natural de Madrid”, Arbor, 1986, núm. 482, págs. 9-33.

[28] VALLEJO GARCÍA-HEVIA, José María, “Moñino Redondo, José”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2013, vol. 49.

[29] PUERTO SARMIENTO, Francisco Javier, “Gómez Ortega, Casimiro”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2011, vol. 23, págs. 505-508.

[30] PASTOR VILLEGAS, José, “Vicente Cervantes Mendo: lugar y fecha de nacimiento, bicentenario no conmemorado y próximo 250 aniversario”, An. R. Acad. Nac. Farm., 2007, 73, págs. 747-762.

[31] PASTOR VILLEGAS, José, “La formación y ejercicio profesional en España de Vicente Cervantes Mendo”, Asclepio, 2010, 70, núm. 2, julio-diciembre, págs. 517-540.

[32] Memorial Literario, Instructivo y Curioso de la Corte de Madrid, diciembre de 1786, pág. 50.

[33] CAÑAS MURILLO, Jesús, “Forner y Segarra, Juan Pablo”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2011, vol. 20, págs. 477-481.

[34] PUERTO SARMIENTO, Francisco Javier, Ciencia e Historia en España (Oración de gracias), Discurso leído el día 28 de octubre de 2012 en el acto de su recepción por el Excmo. Sr. D. Francisco Javier Puerto Sarmiento, y contestación por el Excmo. Sr. D. Luis Alberto Cuenca, Madrid, Real Academia de la Historia, 2012.

[35]PASTOR VILLEGAS, José (ed. y coord.), Ledrada, el insigne científico hispanomexicano Vicente Cervantes Mendo y Zafra, Béjar (Salamanca), AGH Impresores, 2011.

[36] MONLEÓN GAVILANES, Pedro, “Villanueva y de Montes, Antonio de”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2012, vol. 50, 2013.

[37] QUINTANA BERMUDEZ, Covadonga de, “Iriarte, Bernardo de”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2011, vol. 27.

[38] PRIETO DE PAULA, Ángel de, “Iriarte, Bernardo de”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2011, vol. 27.

[39]PASTOR VILLEGAS, José, “Pedro Gutiérrez Bueno [Jiménez], farmacéutico y químico ilustrado e ilustre extremeño en Madrid”, en Actas de las I Jornadas de Historias locales de Extremadura, Garrovilla de Alconétar (Cáceres), 23 de mayo de 2009, Plasencia, Gráficas Rozalén, 2010, págs. 243-249.

[40] Memorial Literario Instructivo y Curioso de la Corte de Madrid, 1788, febrero de 1788, págs. 302-309.

 

[41]PASTOR VILLEGAS, José, “El insigne científico Vicente Cervantes Mendo”, en PASTOR VILLEGAS, José (ed., coor.), El insigne científico Vicente Cervantes Mendo, Ledrada y Zafra PASTOR VILLEGAS, José (ed. y coord.), Ledrada, el insigne científico hispanomexicano Vicente Cervantes Mendo y Zafra, Béjar (Salamanca), AGH Impresores, 2011, págs. 297-311.  

[42]PORTELA MARCO, Eugenio, “Chavaneau, Francisco”, en Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Barcelona, Ediciones Península, 1983, vol. 1, págs. 214-216.

[43] DICCIONARIO BIOGRÁFICO ESPAÑOL, “García Fernández, Domingo”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2011, vol. 21, pág. 378.

[44] FORNER SEGARRA, Juan Pablo, GARCÍA FERNÁNDEZ, Domingo, Noticia de las aguas minerales de la fuente de Solán de Cabras en la sierra de Cuenca, Madrid, Viuda de Ibarra, Hijos y Cía, 1787.

[45]PORTELA MARCO, Eugenio, “Proust, José Luis”, en Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Barcelona, Ediciones Península, 1983, vol. 2, 201-205.

[46] PASTOR VILLEGAS, José, “Apuntes sobre los Reales Hospitales de Guadalupe en la Ilustración y tres insignes científicos extremeños conexos con las reformas sanitarias ilustradas”, en XLVI Coloquios Históricos de Extremadura, Ciempozuelos (Madrid), Estilo Estugraf Impresores, 2017, págs. 571-589.

[47] LA PARRA LÓPEZ, Emilio, “Godoy y Álvarez de Faria, Manuel”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2011, vol. 23, págs. 222-228.

[48] DURÁN MIRANDA, Armando, “La Ciencia española vista por los académicos desde la Academia”, en La Real Academia de Ciencias 1582-1995, Madrid, Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, 1995, págs. 187-253.

[49] Catálogo de los cuadros de Escuela española que existen en el Real Museo del Prado, Madrid, Imprenta Real, 1819.

[50] CORRAL RAYA, José de, “Silva Bazán y Walstein, José Gabriel de”, en Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2013, vol. 46.

[51] GARCÍA SEPÚLVEDA, María del Pilar, “Salas Bosch, Xavier de”, Diccionario biográfico español, Madrid, Real Academia de la Historia, 2013, vol. 45

[52] SALAS BOSCH, Xavier de Salas, ¿Qué es el Museo del Prado? Su historia y sus problemas, Madrid, Ediciones Orgaz, 1979, 22 págs.

[53] FALOMIR, FAUS, Miguel, Resolución del Director del Museo Nacional del Prado por la que se aprueba la instrucción por la que se establece el procedimiento de funcionamiento de los servicios de la Biblioteca y del Archivo del Museo Nacional del Prado, Madrid, 27 de marzo de 2019, págs. 1-7.

[54] PÉREZ SÁNCHEZ, Alfonso E., “Rodríguez de Silva y Velázquez, Diego”, en Diccionario biográfico español, 2013, vol. 44.

[55] GARRIDO PÉREZ, María del Carmen, CABRERA, José María, McKIM-SMITH, Gridley, NEWMAN, Richard M., Boletín del Museo del Prado, 1983, vol. 4, núm. 11, págs. 79-95.