Sep 222013
 

Alvárez Ruiz, Fernándo: «Trujillo y la Orden Agustiniana»

Bueno Rocha, José: «La primera evangelización de Extremadura»

Fernández Serrano, Francisco: «Las escuelas de Cristo en Extremadura»

Fernández Serrano, Francisco: «Prehistoriografía trujillana. Trujillo en la Historia y Anales de Fray Alonso Fernández O.F.S.»

Guerín Betts, Patricio: «D. Pedro Gómez de la Torre, Obispo de Plasencia»

Moreno Lázaro, Juan: «Guía turística de Trujillo»

Muñoz Gallardo, Juan Antonio: «Fray Alonso Mateos de Torres y Tapias»

Muñoz Gallardo, Juan Antonio: «Caminos de Santiago en Gascuña en el siglo XIII»

Naharro y Riera, Alfonso: «Culturas célticas en Extremadura»

Núñez Martín, Ramón: «Alguna personalidades trujillanas del siglo XVI»

Palomo Iglesias, Crescencio: «Convento de Santa Catalina en Aldea Nueva de la Vera»

Paule Rubio, Angel: «Yo tambien fui quinto»

Rodríguez Cerezo, Josefa: «Doña Catalina Arroyo, una precursora»

Sánchez Alegría, Eleuterio: «Por qué se prefirió Yuste para residencia de Carlos V»

Sánchez Morales, Narciso: «El centrismo jerónimo hoy»

Sánchez Rodilla, Magdalena: «Mujeres en la guerra de la Independencia en Extremadura»

Solís Rodríguez, Carmelo: «El Monasterio de religiosas de Santa María y de la Magdalena»

Soria Sánchez, Valentín: «Noticias arqueológicas recientes de Extremadura»

Soria Sánchez, Valentín: «Noticias de Monasterios en los archivos de Casa Tejada, Collado y Tejeda»

Oct 011973
 

Narciso Sánchez Morales.

Si en política -y hablo en el sentido clásico de la palabra «polites» y de su perfeccionante «civis», con las que abarco al hombre en cuanto que éste vuelca su persona hacia? el exterior- siempre he concebido el ser humano como un homólogo del árbol, cuanto mas en esa otra ciencia o rama del sabor que hemos dado en llamar teología viva, antropología radical o Sabiduría a lo divino.

Pero la visión de este árbol es La tomada desde diferentes puntos de vista, ya se trate de enfocarle en sus relaciones con el mundo circundante o en su intimidad intelectual y espiritual. El ideal, un ideal que consideramos asequible, es enfocar al hombre completo, al material y al espiritual, en unidad de relaciones con el entorno y con Dios. Algo de esto ha intentado D. José Larraz con su reciente libro «Humanística», publicado por la Editora Nacional y tan sinceramente auto criticado y sintetizado por el mismo autor en el extraordinario del «Ya» del 7.X.1973. Y algo de esto buscamos nosotros, no solo con este y otros ensayos, sino con toda nuestra propia vida experiencial, en sus palpos tanto con lo divino como con lo humano, en la compleja vida que nos ha tocado vivir.

Mas antes de sintetizar expongamos las polaridades o tensiones a que estamos sometidos, en el exterior y en el interior.

En el primero de los campos, -sobre el que pudiéramos volcar toda la antropología social moderna como síntesis de todos los saberes humanos: físicos, psíquicos e intelectuales-, el ser humano, el hombre, se siente como aherrojado, aprisionado y avasallado, por los límites inabarcables de lo infinito y por las imperceptibles limitaciones y diferenciaciones de lo infinitésimo se mueve el hombre como un mediocosmos, diríamos mejor, mesocosmos, entre los espacios infinitos del macrocosmos y los inconmensurables del microcosmos; y se mueve esposado, entre ataduras a lo que originariamente fue y a lo que será en la última parusía. No olvidemos que el hombre, rey de la creación, proviene de aquel minúsculo grano de mostaza que fue el hidrógeno, a partir de aquella su primera y prototípica explosión nuclear expresada en la fórmula del ateo von Ditfurth: «En el principio fue el hidrógeno». Luego ese hombre camina por el tiempo a impulso de la evolución, siguiendo el lema fáustico de Goethe «En el principio fue la acción», y acabara en brazos de la divinización, haciendo realidad el versículo juanino «En el principio fue el Verbo».

Pero así como el hidrógeno se escindió y, en movimiento complejo, se pluralizó, de la misma forma el hombre se ha desdoblado en su devenir histórico, siguiendo la pauta de toda la creación.

Estamos, pues, en esa fase, para nosotros aparentemente larga, que pudiéramos llamar «complejidad humana o vida de interrelaciones humanas», en la que el ser humano forma parte de la complicada trama del mundo, sujeto a los cruzamientos que deben su origen a la diferenciación de razas, lenguas y religiones, todo lo cual, aparentemente, tiende a desunir, pero que, en el fondo, no constituye mas que un estadio para el pase a la fusión definitiva.

Solo una visión de unidad de origen y destino puede mantener, sin degenerar en caos, este entramado, está como retenido en el tiempo y en el espacio hasta que tenga lugar su lenta fusión, al evaporarse esas mismas coordenadas espaciotemporales.

Hemos visto la conservación de este cosmos o mediocosmos, llamado hombre, como se ve la existencia de un árbol, en tanto que este hombre esté radicado en un espacio geopolítico: de nación, continente o planeta. Así como el árbol clava sus profundas raíces en la tierra que le sustenta, mantiene su robusto tronco en su proximidad radical y airea las ramas aun por encima de las propias bardas, de la misma forma el hombre fija sus pies en su tierra o región natal, su cuerpo en la nación que le alimenta y relaciona, y su mente y cabeza lanzadas mas allá de las propias fronteras, ofreciendo al extraño o extranjero frutos de universalidad.

El hombre, así concebido como árbol, responde perfectamente al ideal carolino tan sostenido y predicado por los Caballeros de Yuste y por la recta interpretación de la Hispanidad, ideal que encuentra su plasmación en la «Universitas-Cristiana» de Carlos I, hija de la comprensión, paciencia y tolerancia, del genio hispano. Nadie ha sabido mejor que el español prescindir de las diferencias de razas, lenguas y religiones, y bien quisiéramos que el mundo todo, apoyado en esta doctrina vivencial, salte desde los nacionalismos, por los continentalismos, a una unidad planetaria e incluso galáxica, sin necesidad de acudir a las fricciones temporales que suelen producirse en las creaciones de naciones, continentes y planetas. Una verdadera Antropología Social o Humanística salvaría los desgastes y retenciones de la evolución de la especie humana, en camino de su perfección espacio-temporal.

– II –

Mas esta polarización o tensión exterior se enfrenta sincrónicamente, con esa otra interior, espiritual, que, desgraciadamente, al sor humanamente resuelta, también ha influido e influye en la exterior o político social. Me refiero a la tensión de los espíritus, tensión que surge con el choque de unas religiones con otras y, dentro de cada una de ellas, con esas explosiones cismáticas, en que los platillos de lo tradicional y lo innovador pugnan por destruir el equilibrio de la balanza del sistema religioso. Religión es una, algo que religa a Dios.

Pero desde que el hombre aparece en el planeta, tras esa hominización que explica la ciencia evolucionista, surge la contradicción interior en sus relaciones, personales y sociales, frente al Creador como Dios. Desde el Antiguo Testamento y Libros Sagrados o Tradiciones religiosas de los pueblos primitivos se complica la trama teológica, porque el Dios Uno se desvanece en un pluralismo de deidades del mal denominado paganismo, en el fondo, tan religioso como el bíblico. Las deidades no eran más que la plasmación de la polifania de Dios, vista bajo el prisma humano. Lo mismo que las civilizaciones, las más evolucionadas, el mundo pasa por esos tros estadios de lo religioso o mítico, lo metafísico y lo experiencial, en el que Dios es aproximado o separado del foco especular de cada uno de los pueblos o civilizaciones, siempre a medida de su menor o mayor cultura. Es siempre un Dios transcendente, aun para aquellos mal llamados ateos, que sintiendo a Dios, claman por desconocerlo. Pero dentro de la línea ortodoxa de la visión directa del Creador, y del Verbo encarnado, por el que fueron hechas todas las demás cosas, cuanta tensión y cuantas polaridades, humanas, en torno a la autenticidad de esa posesión.

Vamos a prescindir de las fases anteriores a la historia de la Iglesia, desde la primera escisión entre Pedro y Pablo hasta la más reciente de los viejos y nuevos católicos del Vaticano I. Limitémonos a nuestro tiempo, a las tensiones que hoy presionan sobre la Iglesia: las de las separadas en torno a la incardinazación en una Iglesia más universal, más católica, en sus conatos de convocar un Concilio Universal Cristiano; y las de la Iglesia de Roma, la hasta ahora, por antonomasia, católica. Y dentro de estas dos clases de tensiones, ciñémosnos a las de casa, a las polaridades de integrista y progresistas, que tanto desequilibran el fiel de la balanza. Ha sido el hace unos días fallecido Gabriel Marcel, con su aguda visión del problema religioso, quien mejor ha enfocado esta pugna de platillos por llevarse el gato al agua, enfoque que recojo del ABC del 10 de Octubre de 1.973, transcripción, a su vez, del publicado en «Domingos de ABC» de hace unas tres semanas: (Refiriéndose al progresismo como conformismo a líneas futuras, lo mismo que el integrisrno lo es a líneas pasadas, escribe cuanto sigue): «Obsérvese que se desarrolla de este modo un conformismo «a rebours» (al revés), un conformismo de vanguardia. El progresismo actual no os sino un intenta de «mise en forme» de ese conformismo que, evidentemente, dista mucho de reconocerse como tal». Y luego torna al conformismo a lo pasado: «… se impone establecer de buenas a primeras que el rechazo del progresismo no implica en grado alguno adhesión a un integrismo que no es, ¡ay!, en general, sino una forma anquilosada ¿el pensamiento religioso. De lo que, en verdad, se trata, es de combatir la anquilosis, sea cual fuere la forma en que esta se manifieste. Creo conveniente, para superar esta antinomia entre progresismo e integrismo, recurrir a la idea de una fidelidad, propiamente creadora, que me parece define el papel esencial de la Iglesia». Y luego acentúa lo de esta fidelidad creadora, este equilibrio dinámico que hemos dado en llamar postura centro, por el que la Iglesia, aprovechando las experiencias de la Tradición y satisfaciendo la necesidad de Innovación, se mueve y progresa a un ritmo más musical y acompasado a su misión espiritual en el tiempo.

La Tradición, lo hemos escrito varias veces, es la fe viva de los muertos, de aquellos que nos precedieron dando testimonio de la vivencia de Dios; el tradicionalismo, en cambio, es la fe muerta de los vivos, de ciertos vivos que quieren vivir a expensas de los que otros sembraron y recolectaron. La Innovación, igualmente, puede caer en un facilismo, más de índole natural, que de índole sobrenatural; en una desmoralización, no solo de los instrumentos y lugares de culto, sino de toda la vida interior, reduciéndola a simple tránsito a un cielo en la tierra, a una redención social y temporal, más que personal y eterna. Está más próxima a una materialización que a una espiritualización.

– III –

Hay que buscar una solución a este par de polaridades o tensiones: la externa, que en el camino de la evolución natural de la creación separa a los pueblos con esas grandes diferencias de razas, lenguas y religiones; y la interna, aquella mas íntima que divide a los espíritus de las élites religiosas, de aquellos que están frustando su vocación más excelente, la de ser voceros y pregoneros de la de la definitiva parusía. La consecuencia última de la primera de las tensiones es la guerra, bien local, nacional, internacional o intercontinental; la de la segunda, en cambio, es el cisma y la herejía, mejor dicho, la atomización y debilitación de las ataduras con Dios, la muerte de la religión.

Tanto una como otra tensión solo pueden superarse a base de centrar nuestra existencia, tanto en lo natural como en lo sobrenatural, en la ciencia de lo humano y en la sabiduría de lo divino, concibiendo al hombre como un compuesto do materia y espíritu. Y vuelvo a la semejanza del árbol, no en su estado estético, sino en su acción dinámica: En él, son acciones simultaneas el profundizar las raíces y crecer exteriormente, y así será en el hombre el penetrar en su propia interioridad y a la vez abrirse a la realidad de la naturaleza, de las otras criaturas y de Dios. Con ello llego a que solo el hombre, que es a la vez activo y contemplativo, que está al mismo tiempo inmerso en la acción y en la contemplación, puede ser la, solución de estas tensiones tanto político-ecuménicas como espirituales-religiosas. Es decir, se impone una especie de equilibrio dinámico, un centro en progresivo avance, que cuide tanto de lo natural como de lo sobrenatural, que encierre en sí los adelantos de las ciencias y los íntimos, arcanos de la Sabiduria, algo así como el encuadramiento de todos los conocimientos humanos aparentando a una finalidad única: la marcha de la criatura hacia el Creador. Se impone una nueva interpretación del «ora et labora» de las Ordenes monásticas, una especie de «oratio et maschina», por lo que, sin dejar de usar y manejar la máquina, el hombre se eleva y desmaterializa en una unión mental con el Creador, supremo manager del engranaje del microcosmos, mediocosmos y macrocosmos en su devenir temporal. Habría que reactualizar esa espiritualidad de fusión de acción y contemplación. «La acción y contemplación -escribe Urs de Balthasar en la revista Internacional Católica I/73- no son dos momentos separables. Una interior disposición, oyente, recipiente y abierta es la causa de toda acción, y esta misma debe superarse en una actividad más íntima, que asume, como pasión, lo que realmente es acción de Dios en el hombre».

Y, como estamos en el VI centenario de la fundación de la Orden de los Jerónimos, me atrevo a sugerir, si no constituiría un Modelo de centrismo espiritual, aplicable a nuestros tiempos, con esa transformación de su «ora et labora» en nuestro «oratio et maschina», la vida que otrora llevarán los monjes Jerónimos en su siglo fundacional. Voy a evocarlos en pocas líneas, ya que el tierno brote del árbol de Ordenes religiosas, podado por Mendizábal, bien merece la pena sea cuidado y guiado, dentro del ambiente que nos rodea.

– IV –

Surge, por doquier, en esta edad de los átomos microcósmicos y de los quasares ultracósmicos, mientras el mediocosmos se desvanece esperando a Godot, consumido por una ya crónica fiebre de materialismo y agusticismo, la pregunta de si es aun posible la clásica y cristiana formula del «ora et labora», en su ideal y en su vivencia. A duras penas se sostienen los viejos monasterios hispanos, no en su exterior, que más bien parecen revestirse y remozarse con hipócritas brochazos de pátina para atraer hasta las mismas puertas de sus amurallados recintos a curiosos turistas, y hasta a provocadoras e insinuantes sirenas abikinadas, cual las hemos contemplado, no hace mucho, a las mismas puertas del Desierto de S. José de las Batuecas, sino en su interior, donde las vocaciones quédanse, por desgracia, en temporales vacaciones, en unos cuantos años al rescoldo de una espiritualidad que no acaba de cuajar en el hombre de hoy día. Y, sin embargo, ahí siguen esos fornidos troncos de árboles, que son hombres de carne y hueso como nosotros, hombres hechos de raíces, como el franciscano Pedro de Alcántara; armados de simbólicas espadas y corazas, ataque y defensa contra el aun existente Luzbel, como el espiritual capitán Iñigo de Loyola; y mujeres, de sensibilidad femenina y grandeza de alma, como la abulense Madre Teresa de Jesús.

Es hondo el problema, una especie de sistema de ecuaciones diofánticas, donde el espíritu tiene que afinar para dar con las soluciones interrelacionadas. Yo confió en Dios, y en el espíritu de los hombres, hechos a su imagen y semejanza, que la santidad seguiré viviendo entre nosotros, encastillada en materiales soledades para aquellos que solo la reconozcan en la intimidad, y esparcida por todos los dominios del mundo moderno, para aquellos que, como Iñigo, ven a Dios en todas las cosas, desde en la flor hasta en el pulido y reluciente acero de cualquier humano artefacto.

Lo que necesitan ahora los viejos Monasterios es de una especie de nuevas Ordenes Militares, mitad monjes mitad soldados, que unan, como antaño, pared monacal con salón mundanal. No es que se repita lo ya fenecido y quedado sólo en tradición simbólica, sino que se materialice el lazo o nexo de unió entre la espiritualidad en redoma y la espiritualidad en aroma. A ello van esas Asociaciones de nuevos Caballeros de Yuste, Guadalupe, Pilar,..Los primeros están empeñados en esa moderna batalla de ecumenismo, de «Universitas Christiana» a lo Carlos V y ya empiezan a operar, como otrora, en Europa, con ese movimiento literario «Poesía Espiritual», y al que el Dr. Hermann Kuprian ha proporcionado un modernismo manifiesto, publicado en Europa-Publikation (Abril 1.973), cuyo contenido, netamente yustino, es una digna contra réplica al programa del ateizante y neodadaista movimiento «Poesía Concreta», demoledor no sólo del espíritu, sino también de la letra y, en general, de todo signo de expresión.

Los segundos, los Caballeros de Guadalupe, están dando nuevas formas al rancio contenido de la Hispanidad. Guadalupe, gracias a esta Asociación, va polarizando en torno al medieval monasterio todo cuanto atiende a una Hispanidad o Iberidad universal. Hasta esas jornadas ecuestres de la Hispanidad no son más que los modernos torneos de unos Caballeros de esa espiritualidad en su trasiego de vasos comunicantes, monasterio-mundo.

Y han tan solo unos días, precisamente el 30 de Septiembre, festividad de S. Jerónimo, Caballeros de Yuste y Monjes Jerónimos del mismo monasterio, se reunieron en su gótica iglesia para conmemorar el VI Centenario de la fundación de la Orden Jerónima, hoy dirigida por Fray Ignacio de Madrid, General de la Orden, Prior del Monasterio. Nada se ha perdido de aquel espíritu primero de sus fundadores, de los primeros ermitaños de Villaescusa, que se trasladarían más tarde a Lapiana y que en Octubre de 1.373, representados por Pedro Fernández de Pecha y Pedro Román, alcanzarían del Papa Gregorio XI se les llamase «frailes o ermitaños de S. Jerónimo».

Así, estos ermitaños, concebidos en Villaescusa de Haro -(la antigua Fuentebreñosa de la Mancha conquense, que por pecado y gracia de un Maestre de Santiago se convierte en Vilaescusa o Villaescusa, ya que por los amores con Vila se excusaron los tributos de la villa)gestados en Lapiana, nacidos en el Parral, crecidos en Yuste y Guadalupe y exaltados en el Escorial y Lisboa, son los Jerónimos hispanos y lusos, que tanta gloria dieron a las Españas. Cierto que mueren con Mendizabal en 1.835, pero, tras frustrados intentos de volver a la vida en 1.854 y 1.884, resucitan definitiva mente en 1.924 con esos claros y esperanzadores rebrotes de Santa María del Parral, San Isidoro del Campo (Santiponce-Sevilla). San Jerónimo de Yuste y Jávea de Alicante.

Es la Orden prototípica de los tiempos modernos, «apegada al sentir espontáneo y personal, fundada por individuos desligados entro sí y no por ningún caudillo de la fe, como Santo Domingo o San Ignacio», Orden muy símil a la de los hermanos de la Devotio Moderna del preeminente Tomás Groote que elevara a países do alto desarrollo material al norte flamenco y que Américo Castro ansiaba para el resurgir de España. Tsstimonio de ello son estas frases arrancadas a «Aspectos del vivir hispánico»: «Si el tipo de religiosidad jerónima hubiese podido arraigar en el pueblo español,.., tal vez España hubiese llegado a la técnica industrial y al capitalismo europeo, a base de la santificación del trabajo inteligente de las manos, que en último término fue cultivado en el siglo XV por aquellos frailes, por judíos (conversos o no) y por moriscos».

Los Jerónimos, sin ardores ni arrebatos, supieron conjuntar la vida religiosa y el trabajo físico, y de ahí constituyan hoy un foco de atracción para estas masas modernas, inmersas en el trabajo y ahítas de prolongación espiritual. Es el monje ideal para este mediocosmos u hombre, señor de la materia, y tan alejado del microcosmos del científico como del macrocosmos del místico. El «ora et labora» es algo inseparable del hombre, por estar este hecho, al mismo tiempo, de barro y espíritu, «ora et labora» que es desear cristalice en estos tiempos atómicos en la «oratio et maschina» que hemos indicado y estamos presucionando.

Oct 011973
 

Eleuterio Sánchez Alegría.

(Capítulos entresacados de su libro inédito «La última página de la historia de Carlos V: Yuste», escrito en Trujillo en 1958, IV centenario de la muerte del emperador)

I – LA SIERRA DE GREDOS
Elogio que de ella hace el Doctor Marañón

Dícese que allá por el año 1525, cuando Carlos V andaba preocupado por el sitio de Pavía, le arremetieron de pronto unas fenomenales fiebres que pusieron en guardia a sus médicos y entonces fue cuando recibió el consejo de que abandonase Valladolid e instalarse su Corte en Madrid. De hecho, don Carlos, el gran Quijote viviente, deshacedor de entuertos, siempre en guerra, «huésped de todas partes, viviendo palacios prestados,» no tomó ninguna determinación de momento, pero aquella insinuación no se echó en saco roto y así vemos que su hijo del rey don Felipe, a la muerte de la princesa María, resuelve trasladar la corte a Madrid el año 1545, el mismo año que el Papa Paulo III convoca el Concilio de Trento. Con una visión muy certera aquellos médicos de la España imperial habían intuido o experimentado ya la salubridad de nuestra futura capital, de aquel «Madrid, castillo famoso, que al rey moro aliviaba el miedo».

Así, pues, el descubrimiento de los aires puros y sanos de las sierras cercanas a Madrid ya estaba hecho en los esplendorosos siglos de oro, si bien ahora estén de moda el ponderar sus excelencias, con motivo de los deportes de sky y montañismo. De hecho, desde el principio de nuestro siglo XX se vienen cotizando y elogiando ambas sierras. La de Guadarrama, al ser más accesible a los madrileños, se convirtió pronto en el obligado centro de excursionismo. Algo más tarde lo fue también la de Gredos, esa formidable «columna vertebral de la tierra castellana», como con certera frase de médico diría el Dr. Goyanes, esclarecido especialista de la terapéutica del cáncer.

Parece que la promoción de esta Sierra se debe a la iniciativa de nuestro elegante y caballeroso rey don Alfonso XIII, empezando por crear el gran «coto nacional» de caza mayor y desde aquellas deliciosas alturas a donde ascendió decidido, según nos relata el marqués de la Vega Inclán, «considero con patriótica clarividencia que no tan sólo con ocasión de deportes, sino también desde otros muchos puntos de vista debía esta región privilegiada ser objeto de grande atención, de estudio y de intensa divulgación.»

En consecuencia, sobre la base del Sindicato de Turismo de Hoyos del Espino se fueron creando sucesivamente otros muchos sindicatos, que han sabido orientar el turismo en aquella zona, fomentando los deportes y acondicionando dignos hospedajes, que culminaron en el magnífico Parador Nacional de Turismo, situado en el delicioso paraje de un macizo central de la Sierra, a unos 1650 metros de altura y a poca distancia del río Tormes, acotado ahora para pesca de truchas, con sus cuarenta y dos habitaciones de todo confort, constituye el alojamiento ideal para disfrutar de la calma y el aire limpio de las grandes alturas y hasta para cazar allí la «capra hispánica.»

Guadarrama por ser más accesible fue muy pronto un centro de excursionismo por parte de los madrileños. Gredos tardó más en serlo, pero el gran interés que en ella puso ya de antiguo la Comisaría Regia del Turismo, luego el Patronato y ahora la Dirección General de dicho Ministerio, sea hoy en lugar favorito de muchos españoles, para pasar allí unas vacaciones y son ya bastantes los extranjeros que la frecuentan.

Y es que Gredos es algo extraordinario -nos dirá el Dr. Marañón- es la suma de todas las cosas sanas y admirables que encierra el clima de montaña, en todos sus aspectos y en todas sus altitudes. En ninguna parte del mundo se dan reunidos bajo un cielo tan maravillosamente azul, con un sol tan constante y hermoso, la dulzura de los valles templados de Arenas de San Pedro, los climas aún suaves, pero más tónicos y fuertes de la región de Piedrahita y Barco de Avila, y por fin toda la gradación de alturas, con toda la gradación de flores, que termina en las regiones empenachadas por las nieves perpetuas…»

Es preciso que sepamos cómo es éste tesoro y que cerca está de nosotros. Aún ahora, sin medios de comunicación fáciles, bastan dos horas de automóvil para llegar a los lugares de Guisando, sagrados para los españoles, donde empieza la bravía región; más allá está la comarca del Tiétar, de tan inmejorable clima y vegetación, que causa verdadera sorpresa a los que por primera vez la visitan.

Y aludiendo al viaje que hiciera por la Sierra de Gredos, en compañía del cirujano y biólogo Goyanes, autor de interesantes estudios sobre la región, escribía:«Hemos podido convencernos de las excepcionales condiciones sanitarias de la Sierra y sus valles, por su orientación, sus condiciones climatológicas, su hidrología, sus alimentos, etc. Todo allí es saludable y lo será más cada día, a medida que se multipliquen los medios de comunicación y con ello mejoren las condiciones de vida de los pequeños pueblos serranos, muchos de ellos casi totalmente aislados hasta hace poco tiempo.»

Y para especial satisfacción de los madrileños, añadía lo siguiente: «Las excepcionales condiciones sanitarias de Madrid, que todos los médicos hemos podido comprobar tanto en las circunstancias habituales como bajo los azotes epidémicos, se deben en gran parte a la proximidad de las dos grandes Sierras, Guadarrama y Gredos, que como pulmones colosales purifican sin cesar el aire que respiramos los habitantes de la ciudad, supliendo con la fuerza de su pureza y bien ayudado por el sol, las faltas de higiene, la escasa alimentación, los defectos del subsuelo y todas las circunstancias que serían desastrosas en otra ciudad lóbrega y mal aireada.»

Por tratarse de una autoridad tan grande cual es la del Dr. Marañón y por la relación misma que tiene con el tema que estamos tratando de las predilecciones de Carlos V por Yuste, copiaremos aquí el final de ese su elogio médico a la Sierra de Gredos: «la pedagogía moderna se da cuenta de todo lo que ha perdido en bondad el hombre al apartarse de la naturaleza. En ella está no sólo la salud del cuerpo sino la del corazón… Un proverbio antiguo de la India dice que «es una muerte absoluta irse de la vida sin haberse compenetrado con la verdad eterna de la vida.» Y esa verdad no ha de buscarse en el trajín de las ciudades, sino en el pleno campo, donde la propia vida se incorpora al ritmo universal y en donde, sin imágenes y sin templos, se encuentra en todas partes a Dios.»

II – LA VERA Y EL VALLE DE PLASENCIA
Elogio de la región

En enero de 1605 salía a la luz en Madrid la «Primera parte del Ingenioso Hidalgo D. Quijote de la Mancha» aparecía en Tarragona una «Segunda parte», debida al Licenciado Alonso Fernández de Avellaneda, nada afecto a Cervantes, a quien ultraja en el prólogo. Era este autor, sin embargo un ilustre dominico, conocido hombre de letras y natural de Tordesillas. Años más tarde, en el 1627, publicaba una muy documentada e interesante obra: «Historia y anales de la ciudad y obispado de Plasencia.» De su libro I y capítulo V recogemos, pues, el siguiente fragmento, que tan alta idea nos da de esta doble región que tiene por espina dorsal la Sierra de Gredos:

«La Vera y Valle son de los sitios más deleitables, amenos y fértiles que hay en España y aún en Europa y Asia. Y si los griegos creyeron que estaban en España los campos Elíseos, habitación de los dioses y premio de los varones justos, a ninguna tierra se podían atribuir con mayor fundamento que a la Vera y Valle de Plasencia.Homero escribió que los campos Elíseos estaban en estos reinos. Y lo refiere Estrabón… Este gravísimo autor escribe una relación de los fénices, por la cual consta que Homero estuvo en España, el cual afirma no haber hallado entre todas las tierras de Europa y Asia, donde nació y se crió, provincia más a propósito de este paraíso gentílico que la meridional de España, donde experimentó que había con realidad y verdadera existencia la amenidad y Delicias que los poetas fingen de la corte de los dioses. Eforo escribió que en España ninguno andaba de noche, porque los dioses paseaban la tierra; y así, los que caminaban, se quedaban donde les cogía la noche. Pues si los antiguos pusieron el paraíso gentílico y los campos Elíseos en la parte meridional de España, por sus delicias y amenidades, a ninguna otra viene más a propósito ni con mayor propiedad que a esta tierra de Plasencia y su Vera y Valle, que, cayendo en la parte meridional, excede en abundancia de regalos de diferentes géneros que produce la tierra y en los aires y en las aguas saludables, que todo sustenta, deleita y causa recreación.»

En ese mismo siglo XVII, y concretamente en el año 1667, volvía a repetir al pie de la letra estos mismos conceptos -cosechados total o parcialmente en la «Historia General» de Rodrigo Méndez de Silva- el escritor jarandillense Azedo de la Berrueza, quien haciendo mención de esto, inicia el primer capítulo de sus «Amenidades, florestas y recreos de la provincia de la Vera alta y baja de Extremadura».

Un juicio más al día y también más imparcial, por tratarse de un extranjero, es el que nos da el francés Lucas Dubreton, en su estudio «La fin de Carles Quint», publicado en la «Revue de deux monedes», núm. 19, París, 1956: «La Vera de Plasencia parece un edén que se prolonga sobre los bordes del Jerte: jardines, árboles frutales y esta impresión de fertilidad, de naturaleza exuberante, nos acompaña a través de los innumerables vericuetos del camino que asciende a la Sierra. Después vienen las rocas salpicadas de robles… Aquí y allá olivares pálidos, cuyas hojas verdes, de verde metálico, contrastan con el gris de la tierra, atravesada de venas rojas que realzan el tono. Pocos pueblos. La atmósfera cristalina ahoga el paisaje sin destruir perspectivas. A lo lejos el perfil azulado de las montañas, con reverberaciones de nieve… En verdad que los románticos se equivocan, al afirmar que el emperador de ambos mundos se enterró en esta Tebaida; aquí existe una soledad sin desesperanza, sin ruptura con el siglo…»

III – COMISIÓN IMPERIAL QUE VISITA LA VERA DE PLASENCIA

1.

Después de los elogios antedichos a la Sierra de Gredos, a la Vera y el Valle de Plasencia, a nadie extrañara que una Comisión imperial, encargada «ex professo» por el emperador de que le buscarse en España un lugar ameno y de clima saludable, adonde retirarse a algún monasterio, eligiese preferentemente este paraje cacereño. Sin embargo, los que conozcan el delicioso Monasterio de Piedra, que es acaso la más grande maravilla de la naturaleza que hay en España, o el también admirable y extraordinario monasterio de Monserrat, se preguntarán por qué razón se prefirió entre todos a este extremeño, inferior incluso al de Guadalupe, ya que era un hogar tradicional de nuestros Reyes.

La respuesta no es nada fácil y aún se complican con otras cuestiones relacionadas con este mismo tema. Pero por de pronto sentemos el hecho de que Yuste fue preferido a todos los demás monasterios tan hermosos, que, aún entre los mismos frailes Jerónimos, había en España.

Se dice que allá por el año 1543 llegó la referida Comisión imperial a Plasencia y les gustó mucho la ciudad, por cierto, pero como el mandato del emperador era que le proporcionasen un lugar de verdadera quietud y apartamiento, desistieron de todo intento de buscarle allí alojamiento en el palacio del marqués de Mirabel, tan amigo del César, o en cualquiera de las muchas mansiones señoriales de tan hermosa ciudad, cuya «Isla» formada por el río Jerte tanto enamoraba a Felipe V, hasta el punto de que durante su breve estancia allí se generalizó la frase de «La Corte en la Isla y la Isla en la Corte».

Lo curioso es que dicha Comisión había recorrido ya bastantes tierras de Andalucía y Baja Extremadura y parece que estuvieron a punto de elegir para los planes del emperador un convento de franciscanos en Salvatierra de los Barros, que, si hubiéramos de creer a Pascual Madoz, «fue construido a expensas de don Carlos, con el designio de acabar en él sus días». Carlos V ciertamente fue muy amigo de los franciscanos y sabemos que tenían por confesor a uno de ellos, llamado fray Colapio y que con ocasión de la Dieta de Worms se esforzó lo que pudo por conseguir de Lutero una retractación de sus errores, si bien fue vano su intento.

Desde luego, a un hombre sincero y noble como nuestro emperador no es de extrañar que le agradase este estilo de frailes, que se caracterizan más que otros por su pobreza y humildad. Pero por lo demás no tenemos datos suficientes para el hecho de que don Carlos edificase un convento a sus expensas, cuando él anduvo siempre en continuas peticiones de dinero a los procuradores en Cortes y que tanto le regatearon, según hemos visto. No obstante, afirmamos que no repugna tal suceso o confesemos nuestra ignorancia sobre este asunto. El caso es que la Comisión imperial decidió no aceptar tal convento como última morada del César Carlos, alegando que el clima era muy riguroso. Suponemos que aludirían al verano.

2.

Mas hay una realidad evidente y es que en torno a las dos Sierras de Guadarrama y Gredos, o no muy lejos de ellas, desde el siglo XVI se han construido todos los palacios, residencias de nuestros Reyes, Austrias y Borbones, y en efecto allí están bien airosos y galanos El Escorial, La Granja, Ríofrío, Arenas de San Pedro, Aranjuez, Boadilla del Monte, El Pardo, Toledo, y finalmente Madrid, capital de España… ¿Es que se percataron de las excelencias de las Sierras bajo el aspecto de salubridad, belleza natural, razones políticas de procedencia por ser el centro geográfico de la nación u otros motivos?. Toledo, por supuesto, ya había sido escogido desde muy antiguo como Corte de España, si bien ello obedece probablemente a razones estratégicas: ser el punto clave entre las dos Castillas, León y demás reinos.

En verdad, muchas son las cuestiones que se plantean y que nos llevarían muy lejos de nuestro propósito. Pero sirva lo apuntado para sugerir una razón más en pro de Yuste, lugar apartado es cierto, aunque no muy lejos prácticamente de Madrid y situado en la misma línea de Guadarrama y Gredos, pero además saludable, frondoso y ameno como el primero. Y por serlo, gustó a la Comisión delegada y todavía más al emperador.

Ya en el año 1667 afirmaba lo siguiente Gabriel Azedo de la Berrueza y Porras: «Se retiró, inspirado de Dios que le regía, dejando los tráfagos del mundo, a vida más quieta y sosegada; para lo cual, por consejo de sus astrólogos y grandes de su Corte, eligió para su descanso, dentro de nuestra España, la tierra de mejor cielo, más sana, más apetecible, amena y recreable que hay en toda Europa, que es fertilísima provincia (= región) de la Vera, donde sus tranquilos y suaves aires son puros y sanos y sus aguas regaladas».

Y en una visión que peca de exceso de extremeñísmo -el autor ya supone que se le tachen de «explosión de orgullo extremeñista»- nos dirá también en 1950 Elías de Tejada, catedrático de Derecho en la Universidad de Sevilla:

«… Si, como he dicho en otra parte, Felipe II viene a ser la retribución de Villalar y representa la encarnación cabal de las austeridades castellanas, Carlos V es el hombre que recoge el brío genial de Extremadura. Felipe fue el prototipo de rey castellano, intransigente hasta el fanatismo, adusto hasta lo hermético, dueña de sí mismo hasta lo estoico, enamorado paladín de una idea imposible ni más ni menos que su legítimo hermano Don Quijote; al paso que Carlos V viene desde Flandes para poseer toda su vida el sentido alegre y juvenil, andariego y afanoso de los conquistadores. A los versos del capitán Guzmán en la «Soldadesca» de Torres Naharro corresponden las jornadas del saco de Roma; a sus campañas de Argel y de Alemania, con indomable capacidad andariega, la indomable capacidad andariega de los conquistadores; Bárbara de Blomberg es la hermana de doña Marina: sus pecados y sus virtudes dan en los típicamente extremeños. Por su tempero espiritual, ya que no por su nacimiento, o su universalismo sin mengua de su ardoroso riesgo individualista, por todos sus pecados y por todas sus virtudes, Carlos de Gante es, más que emperador de Alemania, el único e incomparable gran rey de Extremadura.

No fue azar de la fortuna el que le trajo morir, ya viejo y gastado, a estos campos de Yuste. Su cansancio es de nuestro pueblo. Cuando se retira de la escena política porque a la hora de los arrebatos heroicos ha sucedido la de los planteamientos calculistas, Extremadura se retira del orbe americano porque también pasó la oportunidad para la creación individual y heroica.

Su agotamiento corresponden al agotamiento de Extremadura, su destiempo a nuestro destiempo. Su hora fue la nuestra en tanto grado, que, al enterrarse de su vida en la floresta de Yuste, dio un símbolo de enterramiento histórico de nuestra patria extremeña». («Tres escritores extremeños», Cáceres, 1950)

Oct 011973
 

Angel Paule Rubio.

… Hace ya …. no importa el tiempo, fue ayer. Caló muy hondo. El presente histórico está desempolvando loa hechos, presentándolos con vitalidad, energía, limpidez; el antaño se confunde con el hogaño. Es un abrazo íntimo del ayer y del hoy. Vamos a renacer, a saborear. Somos quintos.

Hoy 23 de Agosto. Mañana es la feria del Campo. Hay que hacer las listas. Tu irás al Juzgado. No hace falta. Verás Empecemos por la calle Larga. Florinda, Isabel, y Félix, etc. etc. ¡Ves! No nos hemos quedado ningún mozo ni moza por relacionar. ¿Ves, qué fácil? Esta noche hay que «echar los novios. ¿Has avisado a los quintos del año que viene? ¡Claro! ¿Dónde nos reuniremos? En el bar de «Pona». Es el mejor sitio. Adiós, hasta las once. Allí estábamos todos, salientes y entrantes. Empieza la fiesta vendiendo la secular bota. Discutimos su precio y arreglado. La bota para los quintos del próximo año. Con ese dinero y al son del tamboril, flauta y castañuelas se recorría el pueblo. Las mozas estaban nerviosillas, corrían de acá para allá como alocadas cervatillas. ¡Van a echar los novios! La ronda continua. ¿Qué hora tienes? Las doce. Al parecer todo dormita, pero ¡no!, las muchachas escuchan, cada ventana y balcón tiene detrás unos oídos atentos. un corazón palpitante. Quieren saber ¿qué? Que novio le va a tocar.

Los quintos se disocian en dos grupos. Vosotros al álamo del Egido. Nosotros al de la puerta de la Iglesia. El pueblo separa ambos árboles. Todo está a punto. Un quinto con voz de trocho, lanza su «vamos a empezar» ¡Preparados! Los de arriba contestan ¡Si! No con menos hercúlea voz. La suerte iba a unir aunque fuera por un solo día a un mozo y una moza, en fortuito noviazgo. En una bolsa aguardan los mozos, otra es para las mozas. Se mezclan, se revuelven y ya está. Un quinto saca una papeleta. Le lee en alta voz. A pleno pulmón lanza al aire un ¡Benito Gómez! Mientras esto ocurrir arriba, el grupo de abajo hacia lo mismo. ¡Juana Sánchez! ¡Va bueno! ¡Bueno va! Coreando se, danzaba el estribillo:

A la puerta de la novia, hay un sillón colorado donde se sienta Benito y Juana al otro lado. Así, una tras otra se iban formando parejas.

Terminaba con la aurora. El día venía. Los mozos y mozas dormitaban. Los quintos, no se cansan, siguen. Ya es día 24. Corros por todas partes. Se comenta. Has tenido suerte. Te ha tocado buen novio. El mío, viejo, pero rico. Etc. etc.

Los quintos habían terminado. Los entrantes, con bota vieja, pero con vino viejo, empezaban su turno. Era así como el cetro de su autoridad, como la savia que con solera vieja daba nueva energía. Ya están investidos. Desde hoy son los organizadores de los bailes domingueros. Invulnerables, intocables. Unidos con lazos férreos, más que los de Fuenteovejuna. Nadie dañara con palabras u obras a uno de ellos sin que le costara cara le felonía. Si te encuentras alguna vez con ellos, trátalos como se merecen. Son tranquilos, acogedores. Te ofrecerán vino de su bota. Bebe aunque no te apetezca. Tiene sabor recio, añejo, ancestral.

Ya es 7 de septiembre. Nos reuniremos a las 9 de la mañana en el bar de Bautista. ¿Estamos todos? Vamos por el macho cabrio. Adornado con cintas de colores. Dale pan mojado en vino. Ya está borracho. Salgamos, Orquesta, tamboril flauta y castañuelas. Las calles se animan. Viejos y jóvenes, hombres y mujeres salen a la calle, Pasan los quintos. Es una institución secular. Ha terminado la ronda. Hay que sacrificar el macho. Carne para dos días. Las madres preparan la comida. Comen y beben juntos. Ya estamos día 8. Los quintos no han dormido. Hay que dar la alborada. Es la fiesta de los Melones (Natividad de Nª Señora). Tocan a misa. Misa solemne. El Sr. Alcalde espera en la puerta. Va delante. Nosotros detrás en retaguardia. La música ameniza la marcha. También espera el párroco. Un momento y sale felicitándonos. Caminamos hacia la iglesia. El templo nos abre sus puertas. Comienza la misa. Se aproxima el momento sublime: La Consagración. Sones de tamboril, notas de flauta, castañueleo. El sacerdote eleva a Cristo. Ahora los sones son pausados, místicos, sublimes, inolvidables. Con que ilusión lo hacíamos. Que contentos estarían los ángeles. Que orgulloso estaría Dios. Sus quintos le alababan con notas salidas de lo mas recóndito de sus almas. Termina la misa. Salida.

Calle abajo caminan los quintos. Hay baile gratis. Lo pagan los quintos. Es la hora de comer. Carne de macho cabrío, vino tinto. La comida está animada. Se habla del Ofertorio de la tarde. ¡Qué ofrecemos! Se discuten las ofrendas. Al fin todos de acuerdo. Es para la Virgen. La procesión llega a la plaza. La Virgen preside, colocada sobre una mesa el Ofertorio. Sacerdote y acólitos sentados en bancos. Ofrecen los quintos: Gallos, botellas. Siguen mozas, mujeres niños. Bizcochón, velas, melones, dinero, gallos. Las Hijas de María recogen las ofrendas. Empieza la venta. El sacerdote pone precio. Se vende todo. Aquel grupito de aprendices a mozas, compran un gallo. Es para comérselo en santa unión. Aquellos otros compran la botella. Hay que celebrarlo. Es nuestra Señora de los Melones. Ya camina la procesión hacia el templo.

Baile más baile.. Alegría, bullicio, algazara, emoción, amor. Es hora de cenar. Los quintos anuncian: ¡Hasta luego! Si, con el estómago lleno continúa la danza.

Calle abajo caminan. Van alegras. Unidos por lazos estrechos, imperecederos, imborrables. La cena está preparada. Siéntate. No quiero cenar. Una madre de un quinto espontáneamente dice: para bailar hay que tener la barriga llena. Son las doce de la noche. El salón vuelve a llenarse. La juventud se divierte. Alguna mujer novio. El que le gusta termina de bailar con ella. Abre los ojos, ensancha el corazón.

Es la hora de descansar. Termina la fiesta.

Solo los incansables contienen. Dame la bota que eche un trago. ¡Que se mueva la botella de coñac. Ese instrumento toca mal. Ahí va la grasa. Un buen trago y adelante. Rompe el alba. Adiós, adiós. El grupo se disgrega. Hasta Diciembre. Es la segunda y última fiesta.

Pasa el tiempo. De vez en cuando se toman unas copas juntos No de manera oficial. Llega Diciembre. Es el mes de bailar las mozas.

Martes y sábados de cada semana del citado mes. Tamborilero y flauta, quintos y castañuelas animan las veladas por las calles y Casas villanovenses. Casa por casa, donde hay mozas llega el bullanguero grupo. Unos golpes a la puerta y una voz potente dice ¡Bailas! Si o no, es la respuesta. De estos dos monosílabos depende que en la casa y con su moza bailen los quintos. La pareja baila, los demás miran, la bota circula. El padre invita. Los quintos caminan. Así y no de otra forma, recorren las casas del pueblo.

Ya es 24 de Diciembre. Hay que madrugar. Otro macho cabrío, engordado por los quintos en los huertos de los vecinos, sin que nadie objete. Todos acatan. También forma parte de este secular rito.

Recorre el pueblo engalanado con sus cintas y cencerro. Va detrás. Conoce a sus dueños. Todos en animado grupo, caminan por las empinadas calles entre las gentes que salen a felicitarlos con su presencia.

Son las once de la mañana. El macho cabrio va a ser sacrificado. Carne para Navidad. Hoy es día de preparación. Mañana es la fiesta central. Todo gira en su torno. Comida y charla. ¿Quien será la Pantasma?. ¡Ya está!, serás tu, Antolín. Bueno, si no quiere otro, seré yo. ¿Quien llevará el sable? Juan es un buen mozo, dice uno. Juan arruga el entrecejo. ¡Qué va a hacer!. No hay mas que hablar y él llevará el sable.

!Ah! Falta el del saco. No hay problema. ¿A qué hora viene la orquesta? Esta tarde, sobre las ocho. ¿Os habéis olvidado de las naranjas? Esta noche hay que…. De comprarlas nada. El huerto de José las tien muy buenas. Se puede saltar bien, pero cuidado con el pozo. Con el saco de naranjas al hombro, bajo la luz de la luna, llegamos a nuestro aposento. Ya es muy de noche. Unos a dormir, otros como espartanos continúan la velada. Viene el día. Hay que dar la alborada. Se hace con gran silencio. Solo se deja oír las notas de los instrumentos. Termina la ronda.

Ya es hora, hay que vestir la Pantasma. Dos mozas, lo visten de saya charra, pañuelo de manila sobre los hombres, pendientes y pañuelo de colores sobre la cabeza. Labios pintados, coloretes sobre el rostro. Ya no es Antolín, yo diría es Antolina, aunque por pocas horas.

Juan tiene el Sable limpio, sable que estuvo en la guerra de África. Lleva pinchadas seis naranjas y la séptima en la punta. Lleva guantes blancos. Está de gala. Sable, naranjas y Juan en un ensamble perfecto, con la verticalidad de la plomada. Preparado para salir, no al campo de batalla, si no a pedir, ¿la paz? ¡No!, el chorizo.

Todos en la calle. Hay orquesta, tamboril y castañuelas. Las puertas de las casas se abren. Sube el Pantasma. Va hacia la cocina, donde se acostumbra a colgar los chorizos. Si nadie sale a su pase, coge el mejor y al saco. Si hay alguien, el pantasma es prudente, espera la dádiva que le ofrecen generosamente. Dinero y chorizo es el binomio conjunción. Todo va al saco. Todo el pueblo es espléndido con sus quintos. Ellos también saben agradecerlo. Termina.

Suenan las campanas. Misa solemne. Al igual que en la fiesta de la Virgen de las Melones, se recoge al Sr. Alcalde, marcha el séquito. El Sr. Cura, espera. Estamos en el templo. Don Rogelio el párroco y D. Telesforo, el alcalde, se dirigen a sus sitios. Los quintos a la tribuna. La iglesia está abarrotada. No se cabe. Es el día de Navidad. El emocionante acto de la Consagración se repite. Termina la misa. Hay que adorar al Niño-Dios. Va delante el Sr. Alcalde. Detrás los quintos. Ofrecen y besan los pies del recién nacido.

Marchamos hacia el salón. Baile. Pagan los quintos. Todo corre de su cuenta. Se baila la jota al son de castañuelas. Todas las mozas quieren tocarlas. Están orgullosos de sus quintos.

El tamborilero, a la sazón Basilio, coge sus doce mejores chorizos. Cobra sus trabajos melodiosos y hasta siempre.

Esta es la historia de nuestro tradicional folklore. Pena da al cronista que esto se esfume, se pierda en oscuridad de los tiempos. Es una riqueza que debe conservarse. Algo que queda grabado en el corazón de la juventud, que cuando lo recuerda, lo añora lo vive, lo transmite a sus hijos, como un cadencioso cuento, que sin embargo es una realidad histórica. Proyecto a mis hijos, para que en su día, ellos realicen los que su padre viviera unos años antes.

A Vds., mis amigos, que en estas sesiones de trabajo habéis querido conservar el patrimonio de nuestros mayores. Gracias por haber escuchado estas páginas, que no son ni más ni menos que trozos de nuestra historia, en una simbiosis de religioso y profano, teñidos y aderezados con el amor de la unidad.

Soy con ustedes.

Oct 011973
 

Valentín Soria Sánchez.

Licenciado en Filosofía, en Derecho Canónico, y en Filosofía y Letras.

En el archivo parroquial de Casatejada, a 40 kilómetros de Jarandilla (Cáceres), D. Angel Rueda, primer arcipreste de Casatejada, recientemente creado, me enseñó los bien conservados documentos. Yo he escogido algunos datos sobre frailes dominicos, franciscanos y agustinos recoletos que pasaron por allí donde aparte el 13 de agosto de 1908 bautiza en Casatejada fray Alonso de Arroyo, del orden de mi P. S. Francisco, descalzo. El 27 de octubre del mismo año bautiza fray Gerónimo Roda, de la orden de predicadores. El 17 de octubre de 1720 bautiza fray Joseph de la Soledad, religioso de nuestro Padre San Agustín. El 29 de junio de 1735 bautiza fray Manuel de Santa Isabel.

Fray Francisco de San Pedro bautiza en las siguientes fechas (según el libro de bautiza dos de Casatejada desde 1733 a 1765): El 9 de mayo de 1733. Era religioso agustino descalzo. También bautiza el 10 del mismo mes y año. Y el 14 de mayo; el 31 de mayo; el 20 de junio; el 27 de junio; el 15 de julio; el 18 de julio; el 28 de agosto. También en dicho año, el 15 de septiembre, el 16 y el 4 y el 5 de octubre; el 25 y el 29 de octubre.

Y en el mismo año el 14 de noviembre. Al año siguiente, bautiza en las siguientes fechas: el 6 de febrero un puente, el 7, y el 28 de febrero. El uno, el 3, el 4 de marzo (en este día dos bautizos). El 13 y el 22 de marzo.

Bautiza el 15 de mayo de 1734; el 22 del mismo; el 25 de mayo. Y el 12 y 13 de junio; el 4 y 7 de junio. El 14, y 16 y 25 de agosto, el 26 (este día dos bautizos), 27, 28, 29 (dos bautizos).

Dentro del mismo año 1734 Francisco de San Pedro bautiza el día 1 de septiembre, el 5, el 7, 23 (dos bautizos), 24, del mismo mes de septiembre. En octubre, los días 3, 4 y 6 (dos bautizos). En noviembre los días 15, 16,19. En diciembre los días 6, 7, 20, 26, 27, 28 del mismo año.

El día 8 de octubre de 1733 encontramos a fray Juan de los Angeles, «religioso agustino descalzo», bautizando en Casatejada. El 15 de abril del año siguiente, hace dos bautizos fray Francisco de Jesús, «religioso de Nuestro Padre San Agustín, recoleto».

Fray Diego de Jesús, «religioso descalzo de Nuestro Padre San Francisco»; quien también bautiza el día 5 del mismo mes y año.

Fray Diego Marcos de Jesús, bautiza el 30 agosto de 1735; era «religioso descalzo de N. P. S. Francisco».

Fray Juan de San José bautiza el 3 de septiembre de 1735. Era «religioso agustino descalzo, era teniente de la parroquia del Sr. San Pedro».

Fray Miguel de San Cayetano bautiza el 22 de abril de 1736. Era «religioso agustino recoleto».

El día 3 de junio de 1736 bautiza fray Alonso de Santa Bárbara, «religioso agustino recoleto».

El día 13 de septiembre de 1734 desbautizado en Casatejada «Pedro de Alcántara y de la Stma. Trinidad, dijo del Dr. D. Pedro Joseph Díez del Castillo (de Trujillo), y doña Francisca Rita Sánchez de Parada (de Salamanca)».

Transcribimos una interesante partida: «En la Villa de Casatejada en 16 días del mes de diciembre de 1735 años yo Fray Juan de san Joséph relixioso de N. P. San Agustín, era theniente de la parrochial de Sr. S. Pedro de esta villa, bauticé solemnemente a una infanta que murió el día 27 del mes de este mes de diciembre de este año y que se llama Theresa María, hija lexitima de Lucas de jerez y de su mujer Florentina Yzquierdo vecinos de esta villa. Fue su padrino Thomás Yzquierdo Carnazodam, al que le acerque la obligación y parentesco. Fray Juan de San Joseph».

El día 11 de julio de 1736 bautiza fray Bernardo de Santa Teresa, que era «religioso agustino recoleto».

El día 8 de octubre de 1827 el cura theniente Diego de Parera bautiza a «Cándida, hija de Juan Moyano y Apollonia «Tobal», y hay esta nota marginal de 26 de agosto de 1870 que dice: «certifique de orden judicial», y se ve la firma: Solís.

Fray Juan Parrón bautiza el 23 de abril de 1830.

El día uno de mayo de 1825 en Casatejada existe en la «comunidades San Francisco del Berrocal, de Belvis de Monroy».

D. Adolfo Maya, ecónomo de Collado y encargado de Mesillas me ha dado las máximas facilidades para consultar el archivo parroquial. En Collado he encontrado estos datos que transcribimos seguidamente.

Los días 15 y 22 de octubre de 1775 bautiza en Collado, población cercana a Jaraiz de la Era, fray Martín Rodríguez, «religioso observante de N. Padre San Francisco, de Xarandilla, cura teniente interino», y también bautiza el 12 de noviembre del mismo año.

Una de las lápidas de Collado dice así: «Aquí yace dos Francisco Manzano de Carvajal chantre dignidad y canónigo de Santa iglesia de Plasencia. Dotola por sus sobrinos, hijos de Juan Domingo y Mora, María de Carvajal y sucesores. Murió en 1682». Tiene como armas un escudo con bandas.

La primera partida de bautismo de Collado empieza el día 12 de marzo de 1599. Encontramos bautizando en Collado a fray Pedro Bravo «del convento de santo Domingo de Plasencia» el día 16 de noviembre de 1631.

En una de las actas de visita fechada en Jaraiz, el dos de diciembre de 1673 era estampada la firma de fray Alonso García de Losada, obispo de Constantina, gobernador del obispado de Plasencia. El día 14 de octubre de 1676 bautiza en Collado fray Juan González, religioso del orden de N. P. San Agustín de Jarandilla».

Fray Joseph Gómez, bautiza el día 20 de mayo de 1813 en Collado. El 31 de diciembre de 1889 la parroquia de Collado pertenecía al arciprestazgo de Jarandilla, cosa perfectamente explicable por la distancia por camino recto, así como durante muchísimo tiempo Tornavacas perteneció al partido judicial de Jarandilla, ya que antes los caminos por la sierra acortaba las distancias, como el Emperador pasó de Tornavacas a Jarandilla, sin pasar por Plasencia, lo cual hubiera sido dar un largo rodeo.

También en el año 1898 la parroquia de San Cristóbal de Collado pertenecía al arciprestazgo de Jarandilla; en 1902 ya pertenece al arciprestazgo de Jaraiz.

Me ha proporcionado algunos datos del archivo parroquial D. Pedro Lobo, ecónomo primeramente y en la actualidad párroco de Tejada del Tietar, quien desde hace años publica una simpática y documental hoja informativa de su localidad.

En el siglo XVII, existía en Tejada del Tietar (Cáceres), a 44 kilómetros de Jarandilla la «Demanda del nombre de Jesús». Entonces se le pidieron a la demanda 3.000 reales para la adquisición de una custodia para la parroquia. Esto debió parecer demasiado y desorbitado al mayordomo Fulgencio Durán, pues digno de recordación, no siempre grata.

Su abono fue retrasado y demorado en la cuenta de tal cofradía. A tanto llegó el asunto que de nuevo hubo de recabarse en la autoridad del Visitador para ver el modo de que se hiciera efectivo tal es 3.000 reales, intervino ante el y cómico y amenazó al indicado mayordomo a su pago fijándole un plazo máximo de cinco meses.

Dentro de este tiempo los debía poner a disposición del licenciado don Francisco Jiménez, presbiterio, vecina de la Villa de Tejada. Este fue nombrado depositario de esta y otras cantidades «que para este fin se aplicaren».

Y para que no ocurriera como otras veces que se le olvidaba, ahora se le dice que debe hacerlo «bajo pena de excomunión mayor y con apercibimientos de más agravadas». Y tales 3.000 reales fueron anotados y abonados.

En el siglo XVIII, al siglo siguiente, a pesar de la resistencia que manifestó la Demanda del nombre de Jesús de Tejada, para dar el dinero a la parroquia hubo de seguir ayudando con sus abundantes caudales a la misma.

Así el año 1727 se ordena entre en 239 reales «para la adquisición de una casulla y otras cosas». Porque se indica «que estaba la fábrica falta de caudales». En aquel año de 1727 era mayordomo Francisco Martín. Se añade «que enviniendo la iglesia a mejor fortuna tendrá la obligación de devolvérselos».

Años más tarde, en 1736, la «Demanda del nombre de Jesús», entrega a la iglesia «para vestiduras» 200 reales de vellón y también en 1736 «en atención a que los caudales de la iglesia somos y cortos por la falta de frutos de los años antecedentes «hubo de dar 400 reales para compra de casulla y frontales».

Estos han sido los datos sueltos recogidos y facilitados en los archivos interesantes de Tejada del Tietar, de Casatejada y de Collado.

Oct 011973
 

Josefi Rodríguez Cerezo.

Un nombre que reclama un puesto en la historia de las grandes obras hidráulicas en el Río Guadiana es el de mi bisabuela Catalina Arroyo, natural de Madrigalejo, que en la primera decena de nuestro siglo en su afán de progreso y un arrojo impropio de una mujer y de la mentalidad capitalista de la época, decide sujetar las aguas del Guadiana, y aprovechar el salto para dar fluido eléctrico a los pueblos de la comarca, sin mas medios que su gran potencia económica. El sitio que elige es donde está hoy el embalse de Orellana, que por cierto ha cubierto los restos de la obra, que en las grandes avenidas del río las destruía, y por tres veces las reconstruyo con un tesón inaudito Estos desastres la llevarían a la ruina y al sepulcro, y esto ultimo no por ver sus gavetas vacías, sino por el «berrenchin» de no ver su sueño en marcha, aunque a pesar de todo las turbinas llegaron a funcionar varios anos y dar corriente a los pueblos de Orellana, Navalvillar de Pela, y Acedera. Pero, no es solamente estos pueblos donde Doña Catalina, sustituye el clásico candil o el remontaico «quinquel» por la bombilla incandescente, sino que instalando un gran motor en Madrigalejo, y en combinación con el fluido del Salto del Guadiana, llegará la luz eléctrica por primera vez a Casas de Don Pedro, Talarrubias, Puebla de Alcocer y Esparragosa del Caudillo, entonces Delares, en total una población de 25.000 almas. Para estar en contacto con sus empleados en los diferentes pueblos. Doña Catalina instala un teléfono para su uso exclusivo, desde Madrigalejo en su domicilio a las diferentes dependencias de la Red. Casi todos estos pueblos utilizarían este medio de comunicación cincuenta años después.

De su visión de futuro, no podemos dudar, cuando el mismo Estado, claro que con otros medios, incluso desviando el curso del río y prácticamente en el mismo sitio, hará. no una, sino tres enormes presas (Cijara, García Sola y Orellana) cuya energía llega al extranjero.

Doña Catalina Arroyo contó desde un principio con el apoyo moral del preclaro abogado, su primo Don Antonio Gallego y del hombre publico de la provincia Don Luis Grande Baudesson, cuyo periódico «El Adarve», se hará ecos del acontecimiento, lo que nos demuestra que no era una idea descabellada.

El pueblo, que algunas veces tiene cierta sensibilidad, para captar la marcha de una empresa o negocio, opinaba que el fracaso era debido a la falta de conciencia en los que dirigían la obra, especialmente el administrador a quien apodaban «el negro».

Nuestro gran novelista Reyes Huertas, en la «Sangre de la Raza» cita la obra de mi bisabuela, a quien en vez de llamarla por su nombre. Catalina Arroyo, la dice Carolina Claros y en el pasaje, en que el boticario reformista de su novela. Don Juan, que también fue en personaje de carne y hueso y en la vida real era Don Jacobo, fustigaba a los ricos, por el inmovilismo de su dinero, uno de estos le responde: «-Metiéndonos en negocios, ¿no? pero hombre, ahí tiene Vd. un ejemplo vivo. Doña Carolina Claros, mientras se dedico a su dehesas fue la casa mas fuerte del encinar, metiéronla a la pobre señora en eso de las fábricas y arruinada está. La musa popular mas o menos inspirada cantaba:

Doña Catalina Arroyo,
tiene pleitos con Guadiana
y ha venido en los papeles
que el río es el que gana.

Fermín, dice a la tía
con mucha, pena y dolor
esto de la luz
va a ser nuestra perdición
y la tía le contesta,
con mucha serenidad,
yo tengo pesetas
«pa Guadiana embaldosar».

Mi bisabuela, tenia gran predilección por Trujillo donde no faltaba a sus Ferias y Fiestas y pasaba temporadas, teniendo su casa en la incomparable plaza Mayor de dicha Ciudad.

Oct 011973
 

Juan Antonio Muñoz Gallardo.

Sobre una de las vías principales de la peregrinación a Santiago de Compostela que conduce del Puy a Ostatat, la Orden Militar española de Santiago de la Espada Roja poseía, en el siglo XIII, una Encomienda, no lejos de Condom (unos 10 kilómetros al Suroeste), entre Larresingle y Vopillon.

Estaba situada al lado de un puente romano que saltaba el río Osse. Monumento histórico, conservado en perfecto estado, levantando sobre el lecho cenagoso del río sus robustas arcadas, desiguales y de un aspecto pesado.

Del conjunto de los edificios vecinos que llevan su nombre no queda ya nada. La antigua vía de los peregrinos no muestra más que la escolta de los setos que la separaban de las tierras de labor que se extienden en sus lados, sin que nada quede para recordar de que hubo allí una Encomienda con su hospital, con su capilla y sus dependencias.

Mis investigaciones sobre la Orden de Santiago de la Espada Roja ?que en España se la nombra «Orden de Santiago» (de Sancti Jacobi)? me han conducido a informarme sobre la importancia de sus propiedades en Francia. Partiendo de la indicación dada por el bulario de esta Orden, que fue editado en Madrid en 1719, el nombre de Pontis de Ortiga se presenta a mi curiosidad: «Hospitale Pontis de Ortiga quod est in Vasconia«, dice este texto en la página 190. página 3 de la escritura número 1.

¿Dónde situar su emplazamiento?

Los manuscritos de Daignan du Sendat, que datan de principios del siglo XVIII, hacen alusión a esta Encomienda en la segunda parte de su obra Memorias para servir a la historia eclesiástica de la diócesis de Auch. La Crónica Eclesiástica, de Dom Brugeles, editada en 1746, habla igualmente de ella. L. Mazeret, en la Crónica de la Iglesia de Condom, fechada en 1927, dice, hablando de la vía Lectouse-Eauze: «Esta vía franquea el río (l’0sse) cerca de un hospital convertido más tarde en la Encomienda del Puente de Artigas, villa principal de la Orden de Santiago de la Espada Roja en Gascuña.»

La posición de la Encomienda está más exactamente situada por Adrien Lavergne en su obra sobre Los Caminos de Santiago en Gascuña, aparecida en 1887:

«Al borde del Osse, dice, los peregrinos encontraban la Encomienda del Puente de Artigues, villa principal de la Orden de Santiago de la Espada Roja en Gascuña. La casa de los caballeros-religiosos protectores de los peregrinos y la capilla aún marcada por Cassini han desaparecido; pero el viejo puente existe aún sobre el Osse y se notan restos del viejo camino, pavimentado con grandes piedras y dirigido de Este a Oeste.»

Esta carta de Cassini, fechada en 1744, indica, en efecto, marcada con una cruz la «Capilla de Lartique», cerca del puente sobre el Osse.

Estando así fijado el emplazamiento de la Encomienda, queda precisar su historia y lo que fue de ella a lo largo de los siglos. La tarea será difícil por la falta de documentos, tanto en Francia, como en España. En presencia de los terrenos que evocamos se está intentando escarbar el suelo para arrancar las piedras que podían aportar datos precisos.

La pequeña cruz que indica la carta de Cassini sobre la capilla que fue largo tiempo la única superviviente de la Encomienda, está en el centro de una tierra limitada al Este por el Osse; al Norte, por el Landrix, su afluente; al Sur, pasa el antiguo camino romero; al Oeste se encuentra el Camino de Montreal. Otro documento ?más antiguo, puesto que data de 1641? el Terrier de las Damas Fontévvistes del antiguo priorato de Vopillón. trata de una tierra vecina: «en el campo puente, confrontando a levante el Osse, al mediodía y a poniente la calle pública (es decir, el camino romero) y la Iglesia de Nuestra Señora del Puente».

De esta iglesia no se encuentra nada. Entre 1744, fecha de la carta de Cassini, y 1887, en que aparece la obra de Lavergne, existe una laguna en lo que concierne a este santuario. No se sabe ni Cuándo fue demolido, ni cómo. Sin embargo, persiste un rumor en la región, poblada de numerosas alquerías. Una de ellas ?que lleva el nombre de la Esperanza?, a 700 u 800 metros al Oeste del Puente de Artigas, al borde del camino romero, se dice que fue reconstruida alrededor de 1860, por consiguiente después del testimonio de Cassini (1744), en el que no figura. Reconstruida con materiales procedentes de los edificios religiosos de la Encomienda ?y no construida, porque existía en la época en que fue redactado el Terrier des Dames Fontevristes de Vopillón, es decir, hacia 1641. Esto nos enseña en efecto que«esta alquería tenía casa, eras, jardín, todo reunido se llamaba la Esperanza».

En el plan catastral de 1826 no figura.

Tal como se encuentra, abandonada hoy, no muestra sus orígenes. Es de toda evidencia que los bloques de piedra, con la pátina secular, que forman el marco de las puertas, de las ventanas y hasta los ventanales del granero, no han sido tallados para un modesto edificio rural. No solamente el cuidado prestado a esta talla de los bloques, sino también sus dimensiones muestran la desproporción entre su uso reciente y por el cual fueron creados; convicción que se afirma más aún al ver en el portal del establo de jambas macizas de hermosa piedra blanca adornada de un cordón delicadamente cincelada.

Estos materiales tienen ciertamente su origen en la que fue capilla de la Encomienda, y el rumor público no se equivoca sobre este punto.

¿Es esto todo lo que nos ha llegado de los edificios testigos de lejano peregrinaje? No. La tierra misma, saturada de cascotes de tejas, destrozos de ladrillos, de pedazos de piedra calcárea, a los cuales se adhiere aún un mortero duro, deja escapar numerosos vestigios, deja ver afloramiento de cimientos. Al borde de la carretera, en contra bajo, las ruinas arrojadas para limpiar el campo van acumulándose. En una parte del terreno son los huesos los que muestran la situación del cementerio dependiente de la Encomienda. Como una bella muestra del pasado, puede admirarse un capitel recogido en estos lugares; decorado con una piña acompañada sobre sus costados de dos ornamentos en forma de cruz o de bardón, muestra bien al estilo particular del siglo XII.

Se nota bien, al ver su parte posterior, que fue tallado para hacer cuerpo con la albañilería de un pie derecho de un portalón o de un alféizar de una ventana románica. Ello es, en todo caso, la mejor prueba de la presencia aquí de un edificio religioso, del cual conocemos el origen, y del que querríamos seguir la historia.

Si hubo allí, en el tiempo de la extensión romana, una mansión, sobre esta vía que unía Lectore a Eauze, puede ser objeto de investigaciones; yo me he limitado a la época en que la peregrinación a Compostela seguía estos mismos caminos en bien de las regiones de Aquitania. Por otra parte, la Iglesia de Compostela quería, desde el siglo XII y particularmente bajo el episcopado de Diego Gelmirez, asegurar, a lo largo de los principales caminos romeros, la posesión de varios centros de acogimiento, como tenían los Templarios, los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén y diversas cofradías.

Es así que Pontis de Ortiga figura entre las etapas de las que el Arzobispado de Compostela asumía el entretenimiento, cuyos gastos eran posibles por concesiones de los derechos acordados por los soberanos o por los señores del lugar. Vino un tiempo en que la Iglesia compostelana trató de liberarse de estos cargos y transfirió sus posesiones fuera de España a otras instituciones hospitalarias; Pontis de Ortiga (que lo escriben Pontis de Urticae) fue objeto de una transmisión de este género.

Tuvo lugar en favor de la Orden Militar de Santiago, creada en España desde 1170, y ya beneficiara desde 1183, ciertos privilegios en Francia. Fue un acuerdo firmado en Toledo en Mayo de 1254, que precisa las condiciones: se trata de un cambio; la Iglesia de Compostela recibió de la Orden de Santiago ciertas posesiones en tierras leonesas y sobre todo una región de Galicia vecina a la ciudad de peregrinación, lo que aseguraba la concentración de los bienes episcopales. En compensación, la Orden de Santiago recibió la posesión total de la ciudad de Mérida, que compartía desde 1232 con el Arzobispado compostelano; y como complemento de este derecho, «el hospital de Pontis de Ortiga y los demás hospitales que tenía la Iglesia de Compostela en la Gascuña y en los demás lugares limítrofes con Santa María de Rocamador, la ciudad de Tolosa y hasta Burdeos«.

Tal documento ponía estos hospitales bajo la dominación de Uclés, casa madre de la orden santiaguista, situada en Castilla. Esto figura en la bula de esta orden, página 190.

No se sabe por qué continuación de errores ha podido interpretarse este acto por algunos autores como si se tratara de un cambio en sentido inverso y que fuera la Orden de Santiago la que transfiriera sus posesiones de Gascuña al Arzobispado de Compostela. Un ejemplo de esta interpretación lo da José López Agurleta en su obra importante, pero desbordada de detalles imaginarios, publicada en Madrid en 1731, sobre la Vida del fundador de la Orden de Santiago. Habla en la página 307 de esta escritura, «por la cual ciertos hospitales de Gascuña fueron cedidos a la Iglesia compostelana».

Este error ha sido repetido varias veces. Para evitarlo hubiera bastado leer el documento en cuestión, redactado en muy buen latín, según el informe del erudito latinista Francisco Prechac. Este acto está firmado por el Arzobispo de Compostela D. Juan Arias, por fray Petrus por por poderes del Maestre de Santiago Pelay Pérez Correa, y por los dignatarios de la Orden, a cuya cabeza figura G. Didaci (Gonzalo Díaz), comendador de Gascuña. En este documento no se encuentra el detalle de los hospitales cambiados, y es de sentir; el buscarlos se presta a engaño, a menos que se admita que pudiera tratarse de los que poseía la Iglesia compostelana en la época y que los enumera un documento apostólico citado por López Ferreiro en Historia de la Santa Iglesia de Compostela. En esta obra, editada en 1901, se dice, en el tomo IV, páginas 308 y siguientes, que «la Iglesia compostelana sostenía casas de recogimiento a lo largo del camino de Santiago. Algunas de estas casas se encontraban en Francia y en Italia. Así, en la Diócesis de Agen, cerca del puente de Ortica, había una iglesia con un hospital. De todas estas iglesias y hospitales se hace mención en la bula de confirmación de Alejandro III, del 20 de Marzo de 1178».

Sea lo que fuere, Pontis Urticae fue el principal de estos establecimientos santiaguistas en Gascuña; se le consideró como cabeza de la Orden, cosa que nos confirma Daignan de Sendat en Memorias, diciendo «haber efectuado investigaciones en los archivos del Capítulo Metropolitano de Auch y haber encontrado que la casa del puente de Artigas era jefe de la Orden de Uclés en Gascuña».

En la misma obra (segunda parte, libro III, páginas 993 y siguientes) Daignan de Sendat dice haber encontrado en los archivos del Puente de Artigas, que «el difunto Amanieu, Arzobispo de Auch, había adquirido dicha Encomienda al precio de 30.000 soles morlaaz a Pedro de Verga, caballero que llevaba hábito de Uclés y la insignia de esta Orden».

El autor de Memorias se asombra: «¿Con qué derecho, dice, este caballero de la Orden de Santiago ha podido vender y alienar esta casa?» Se ve por ello que Daignan du Sendat, no habiendo podido conocer el acuerdo de 1254, ignoraba que hubiera en Gascuña un Comendador de la Orden de Santiago. Este era entonces Gonzalo Díaz. Lo mismo que había en los reinos de León, de Castilla, de Aragón y de Portugal un Comendador de la Orden que obraba con el nombre de Maestre, un Comendador de Gascuña pudo ser habilitado para tratar de la cesión de Puente Artigues.

Siempre en relación de esta adquisición por Amanieu II de Armagnac, Daignan du Sendat añade que «dicho Arzobispo había cambiado dichas armas y le había puesto una cruz y una espada roja en cruz».

Cruz y espada eran las armas de otra orden que se reclamaba igualmente del Apóstol Santiago, tomando el nombre de Orden de Santiago de la Fe y de la Paz.

Así desapareció la presencia de la Orden Militar española en este lugar. Fue alrededor de 1268 que la venta del Puente de Artigues puso fin a esta Encomienda, que no tuvo más que una existencia breve: de 1254 a 1208, cuando en otros lugares de Gascuña la Orden de Santiago conservó sus encomiendas hasta el siglo XVIII.

¿La misión hospitalaria de este establecimiento cesó cuando el santiaguista Pedro de Verga (o de Varga) lo alienó? La ausencia de documentos no nos permite afirmarlo. Sabemos que la Orden de la Fe y de la Paz, que se instaló en este lugar, había sido creada en 1228 por el Arzobispo de Auch, Amanieu I de Gresinhac. La bula de 1230 que confirmó su fundación le decía «creé à l’instar» (creada a modo de) de la Orden española de Santiago.

Se adivina a qué punto podía producirse una confusión, que marca, desde entonces, la mayor parte de las obras que tratan de la Orden santiaguista. El cronista español Agurleta confunde los hechos; el bulario español mismo se pierde sobre este punto, y uno se encuentra desconcertado al encontrar en los archivos procedentes de Uclés, conservado en Madrid, una copia de la bula de Gregorio IX, fechada en 1230, que trata de las posesiones de la Orden de Santiago de la Fe y de la Paz. La confusión alcanza su máximo en lo que concierne a las posesiones de estas dos Ordenes. De la creación de 1228 se deduce que tuvo por objeto no tanto el recogimiento de los peregrinos de Compostela ?como fue el caso de la Orden de Santiago de la Espada Roja?, sino más bien hacer entrar en los bienes de la Iglesia auscitania lo que se le había privado por el hecho de la querella albigense.

Ignoramos dónde se ejerció la actividad de esta Orden, que tuvo como Gran Maestre, en 1231, a Odón de Pardaillan, poderoso señor de la región. Uno de sus sucesores, Raymond de Marre, fue acusado de inercia. La Orden se desgregaba; varios de sus miembros se incorporaron, hacia 1261, a la abadía de Feuillant, también en decadencia. En 1267 el Papa Clemente IV dirigió al Arzobispo de Auch, Amanieu II d’Armagnac, una carta instándole a reconstituir la Orden de la Fe y de la Paz, «casi completamente abolida, dice, y expuesta a la risión del pueblo de la comarca». Raymond de Marre fue depuesto de su cargo. El Arzobispo entonces adquirió la casa santiaguista del Puente de Artigues y puso en ella a su sobrino Roger de Armagnac.

Por mi parte, yo me he dedicado a la evocación de la caballería militar española, que tuvo una Encomienda de tan corta duración, diferiendo así de sus semejantes establecidas en Manciet, en Armagnac, en Orion, en el Bearn y sobre todo en Bessant en las Landes, establecimiento hospitalario cuyos Comendadores continuaron durante siglos siendo nombrados por los Reyes de España, convertidos después de finalizar la Reconquista administradores de las cuatro órdenes militares de su país: las de Calatrava, de Santiago, de Alcántara y de Montesa.