Oct 011993
 

José Martín Vizcaíno.

Hermano Mayor-Presidente de la Cofradía de la Santísima Virgen del Puerto de Madrid

El Excmo. Sr. D. Antonio de Salcedo y Aguirre, primer marqués del Vadillo, corregidor de Plasencia (1.689 – 1.696) y de Madrid (1.715 – 1.729), en que murió, ha sido uno de los grandes devotos de la Virgen del Puerto, Patrona de la episcopal ciudad extremeña.

Cuando estaba en Plasencia robaron las alhajas que la Virgen tenía en el Camarín del Santuario y al saber la sacrílega noticia cuando se estaba afeitando, le produjo tal disgusto que hizo la promesa de no volverse a afeitar y mudar de ropa hasta encontrar a los ladrones, logrando apresarlos en Portugal.

Una vez de corregidor en Madrid, determinó hacer un Santuario a la Patrona de Plasencia, entre las riberas del Manzanares y los regios jardines del Palacio Real, encargando la obra al famoso arquitecto D. Pedro de Rivera, que edificó un templo de bellísima traza, declarado Monumento Nacional Histórico Artístico (28 – XII – 45), al que el generoso marqués dotó con profusión.

De esta manera se estableció en la Villa y Corte el culto a la Stma. Virgen del Puerto, el 8 de septiembre de 1.718, que ha proporcionado a Plasencia el señalado privilegio de ser la única población de España que tiene en Madrid Santuario propio de su Excelsa Patrona.

En el epitafio que cubre el sepulcro del fundador en le Santuario madrileño de la Virgen del Puerto, se puede leer una frase muy significativa: “Aquí está enterrado quien no debía haber nacido o no debía haber muerto”.

Durante estos doscientos sesenta y cinco años, la devoción de los placentinos, creciendo de día en día, se ha mantenido firme hasta cristalizar en la espléndida realidad de la Cofradía madrileña de la Stma. Virgen del Puerto de los momentos actuales.

El día 16 de octubre de 1.954, el prelado diocesano de Madrid – Alcalá aprobó canónicamente la Cofradía y sus Estatutos, y el día 18 de abril de 1.955, quedó constituida en el Santuario la primera Junta Directiva con D. José Montero Neria de Hermano Mayor y D. Ildefonso Prieto López de Director Espiritual, ambos ilustres placentinos ya fallecidos.

Para que el apostolado seglar de la Cofradía esté conforme, en lo posible, con las orientaciones del Concilio Vaticano II y para que en sus tareas participen el mayor número de cofrades, han sido creadas dentro de la Junta Directiva las Secciones siguientes:

  1. Asuntos Económicos: ingresos y gastos
  2. Caridad: canastillas de la Virgen, visitas a enfermos, socorros a necesitados.
  3. Fomento del Culto y Devoción: visita domiciliaria, adoración nocturna, camareras de la Virgen, semana mariológica, fiestas anuales, culto en la Ermita.
  4. Juventud: escolanía, excursiones, formación, deportes.
  5. Patrimonial: conservación y aumento del patrimonio, adquisición de bienes inventariables, restauración del Santuario por la Dirección General de Patrimonio Artístico y Cultural.
  6. Propaganda y Publicaciones: impresos, folletos, radio prensa, televisión.
  7. Relaciones Sociales: Arzobispado, parroquia, cofradías de la diócesis placentina y extremeñas en Madrid, hogar extremeño, obispado y autoridades de Plasencia.
  8. Transeúntes de Plasencia: orientación y ayuda.

El número de cofrades se aproxima a los 800.

Las fiestas mayores de abril y de septiembre adquieren cada año mayor solemnidad, así como la de octubre en honor de San Calixto I, el gran Papa de la Caridad y Patrono de las obras sociales.

El Sacramento del Matrimonio ha registrado, en el año 1.983, un promedio de 20 bodas mensuales.

Continúan celebrándose, los domingos y días de precepto, las tradicionales Misas de 11 ½ y 12 ½.

Con el fin de que el Santuario del Puerto llegue a ser el verdadero SANTUARIO EXTREMEÑO DE LA CAPITAL DE ESPAÑ, la Directiva de la Cofradía seguirá solicitando de los Ayuntamientos de la región las imágenes más representativas de Extremadura. Hasta ahora ocupan lugares preferentes en le Camarín de la Virgen, los cuadros de la Stma. Virgen de la Montaña, Patrona de Cáceres; de la Stma. Virgen de Argeme, Patrona de Coria; de Jesús Nazareno, titular de la Cofradía del Silencio de la Catedral de Plasencia; de la Stma. Virgen de la Salud, de arraigada devoción en Plasencia.

El Santuario del Puerto es un auténtico enclave de Plasencia en Madrid, ojalá lo fuera también de Extremadura.

Oct 011993
 

Marcela Martín Giménez.

A sugerencia del Sr. Moderador de los XXI Coloquios Históricos de Extremadura, he recopilado datos sobre los dioses y costumbres religiosas de los mayas, antecesores de los habitantes de la ciudad de Trujillo, Honduras C.A. Ciudad que había sido fundada por un Trujillano paisano nuestro, y sobre la que presenté en dichos coloquios la dimensión religiosa católica a partir de su fundación.

Pienso que antepasados nuestros lógicamente vivieron las reminiscencias de los ritos y costumbres mayas, lo que sería estremecedor cuando el ritual incluyera el sacrificio humano.

Me mueve este estudio el poder penetrar en la oscuridad de la noche que se cernió sobre los hechos históricos de esta civilización antigua, avanzada, con datos llegados desde Trujillo, ciudad Hondureña.

Ruego disculpen la pobreza del trabajo, mi afán no es otro que animar a otras personas.

DEIDADES PRINCIPALES DEL PANTEON MAYA

CODICES HONDURAS C.A. pág. 250

El Panteón Maya. Itzamná, señor de los cielos (Dios D)

Prescindiendo de Hunab Ku, el creador, que no parece haber desempeñado papel importante en la vida de la gente del pueblo, y que quizás era considerado por ellos más como una lejana abstracción teologal que como un creador personal, se destacaba a la cabeza del panteón maya el gran Itzamná, hijo del Humab Ku. En los códices, Itzamná aparece representado como un viejo de mandíbulas sin dientes, carrillos hundidos, nariz aguileña y algunas veces barbudo. Su nombre tiene dos jeroglíficos, el primero, que es su propia cabeza, y el segundo que significa «rey, emperador, monarca, príncipe o gran señor»; de manera que el segundo de los jeroglíficos del nombre ITZAMNA declara su posición como jefe del panteón maya.

Desgraciadamente, son pocas las representaciones de las deidades mayas. De Itzamná, diremos que era el Señor de los Cielos, de la Noche y del Día.

Se dice de Itzamná que fue el primer sacerdote, el inventor de la escritura y de los libros (Códices), que dio a los diferentes lugares de Yucatán el nombre con que se conocen y que dividió las tierras en esa región. Estas actividades, por su naturaleza, indican que el culto de Itzamná «no tuvo su origen» en Yucatán, o sea en el territorio del Nuevo Imperio, sino que fue traído de alguna otra parte; y como sabemos que la institución sacerdotal y la escritura jeroglífica se desarrollaron primero en el Viejo Imperio, es obvio que ha de haber sido una deidad transplantada del Viejo al Nuevo Imperio. Como primer sacerdote e inventor de la escritura jeroglífica, y por extensión del calendario y de la cronología. Itzamná es claramente un dios cuyo origen se remonta a los principios de la historia maya, y que probablemente estuvo siempre a la cabeza del panteón de aquellas gentes.

Durante las importantes ceremonias relativas al Año Nuevo maya, Itzamná era invocado especialmente para que evitara las calamidades públicas. En el mes de Uo, durante una ceremonia celebrada en su honor en su carácter de dios sol, los sacerdotes más ilustrados que se hallaban presentes consultaban los libros sagrados para conocer por medio de ellos los agüeros del año que llegaba. Durante el mes de Zip lo invocaban, junto con su mujer Ixhel, como al dios de la medicina. Y luego, en el mes de Mac, era adorado por los viejos en una ceremonia junto con los Chaces, o dioses de la lluvia. Itzamná era una deidad benévola, siempre amiga del hombre. Nunca se ve asociado su nombre con la destrucción o desastre, y nunca aparece en los códices acompañado de los símbolos de la muerte.

CHAC, DIOS DE LA LLUVIA (DIOS B)

El dios de la lluvia, Chac, está representado en los códices con una larga nariz de proboscídeo y dos colmillos enrollados que le salen de la boca y se dirigen hacia abajo, uno hacia delante y el otro hacía atrás. El adorno que lleva en la cabeza es generalmente una faja anudada y el jeroglífico de su nombre tiene un ojo que en el Códice Tro‑Cortesiano toma decididamente la forma de una T. Se ha sugerido que este último elemento representa lágrimas que brotan del ojo, el cual, a su vez, puede simbolizar la lluvia, y, por consiguiente, la fertilidad.

Chac era una divinidad universal de primera categoría. Por cierto que si fuéramos a juzgar únicamente por el número de sus representaciones en los códices, tendría que considerarse como más importante todavía que Itzamná. La figura de Chac aparece 218 veces en los tres códices mayas que se conocen, mientras que la de Itzamná solo se representa 103, y no se encuentra para nada en el Códice Peresiano. Chac era, en primer término, un dios de la lluvia, y por asociación de ideas, un dios del viento, el trueno y el relámpago; de aquí, por extensión, se le tenía por dios de la fertilidad y la agricultura en un sentido más amplio, siguiendo la idea del crecimiento y la germinación, y, en último término, por dios de las sementeras de maíz.

El dios de la lluvia era considerado no solamente como una deidad única, sino al mismo tiempo como cuatro dioses, o sea un Chac diferente para cada uno de los cuatro puntos cardinales, teniendo cada punto cardinal su propio color especial que lo acompaña. Chac Xib Chac, el hombre Rojo Chac del Este; Sac Xib Chac, el Hombre Blanco Chac del Norte; Ek Xib Chac, el Hombre Negro Chac del Oeste y Kan Xib Chac, el Hombre Amarillo Chac del Sur. Esta concepción es semejante a nuestra propia creencia acerca de la Santísima Trinidad, compuesta de tres dioses en uno: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Así, pues, el dios de la lluvia era considerado como cuatro dioses en uno: el Chac Rojo que presidía en el este, el Chac Blanco que presidía en el norte, el Chac Negro que presidía en el Oeste y el Chac Amarillo que presidía en el Sur.

En el mes de Chen o en el de Yax se celebraba un gran festival en honor a los Chaces, que llamaban el ocná, que quiere decir «entrar en casa». Con anticipación se consultaba a los cuatro dioses conocidos con el nombre de los Bacabes, que estaban íntimamente asociados con los cuatro Chaces y también con los cuatro puntos cardinales, a fin de que indicaran un día propicio para la ceremonia, la cual estaba consagrada a la renovación del Templo de los Chaces. Durante esta ceremonia, que se celebraba una vez al año, se renovaban los ídolos de barro y los incensarios del mismo material, y, si era necesario, se reconstruía el templo y se colocaba en la pared una tablilla en escritura jeroglífica conmemorando el suceso.

De igual manera que Itzamná estaba asociado con el dios sol, chac parece haber estado con el dios del viento; en realidad, puede ser únicamente, una manifestación del dios de la lluvia, y es posible que no haya tenido existencia separada.

El dios (o dioses) de la lluvia era, como Itzamná, una deidad benévola, un amigo constante del hombre, asociado con la creación y la vida, y jamás enemigo suyo, pues nunca se aliaba con las potencias de la destrucción y de la muerte. Además, para el cultivador ordinario de maíz, cuyo mayor interés en la vida era su sementera, es decir, para la gran mayoría del pueblo, Chac «era la mas importante de las deidades», y su intervención amistosa era requerida por el maya corriente más a menudo que la de todos los demás dioses combinados.

EL DIOS DEL MAIZ (DIOS E)

En el orden de la frecuencia de su representación en los códices corresponde el tercer lugar, con mucha razón, al dios del maíz o dios de la agricultura, que aparece 98 veces en los tres manuscritos. Se le representa siempre como un joven, y algunas veces con una mazorca de maíz como ornamentación de la cabeza. De todos los dioses representados en los códices, esta joven deidad ofrece el mayor grado de deformación de la cabeza, como se ve por su frente marcadamente prolongada hacía atrás. El jeroglífico de su nombre es su propia cabeza.

Este dios era el patrono de la labranza, y los códices le presentan ocupado en gran variedad de trabajos agrícolas.

Lo mismo que el maíz que simboliza, tiene muchos enemigos y su destino estaba sujeto a otros dioses, los de la lluvia, el viento, la sequía, el hambre y la muerte. En un lugar se presenta bajo la protección del dios de la lluvia y en otro en fatal combate con el dios de la muerte.

Como lo indica su figura, es un dios de maíz, que representaba el espíritu, no sólo del grano en formación, sino también del cereal maduro. De igual manera que Itzamná y Chac, eran una deidad benévola, un dios de la vida, prosperidad, abundancia y fructificación, y nunca, salvo cuando toma parte en singular combate, se le ve asociado con la muerte.

AH PUCH, DIOS DE LA MUERTE (DIOS A)

De conformidad con el excesivo temor a la muerte que existía entre los antiguos mayas, corresponde el cuarto lugar por el orden de su representación en los códices, al dios de la muerte, que aparece 88 veces en los tres manuscritos. Se le representa en ellos con todos los atributos de la muerte, tiene por cabeza unas calaveras, muestra las costillas desnudas y proyecciones de la columna vertebral; o, si su cuerpo está cubierto de carne, ésta se ve hinchada y cubierta de círculos negros que sugieren la decoloración del cuerpo debida a la descomposición. Accesorios imprescindibles del vestido del dios de la muerte son sus ornamentos en forma de cascabeles. Estos aparecen algunas veces atados a sus cabellos o a fajas que le ciñen los antebrazos y piernas, pero más a menudo están prendidos de un collar en forma de golilla. Estos cascabeles de todos los tamaños, hechos de cobre (y a veces hasta de oro).

Ah Puch, la antítesis de Itzamná, tiene como él dos jeroglíficos de su nombre, y es, después de éste, la única deidad que se distingue de esta manera. El primero representa la cabeza de un cadáver con los ojos cerrados por la muerte, y el segundo la cabeza del dios mismo, con la nariz truncada, mandíbulas descanada y como prefijo un cuchillo de pedernal para los sacrificios. El dios de la muerte era la deidad patrona del día Cimi, que significa «muerte» en maya.

En el caso de Ah Puch, como en el de Itzamná y Chac, estamos frente a una deidad de primera clase, no solo por la frecuencia de sus representaciones en los códices, sino también por el grande e inmoderado terror a la muerte que existía entre los mayas, quienes creían que todo mal, y especialmente la muerte, emanaba de éste dios. Como jefe de los demonios, Hunhan reinaba sobre el noveno y más bajo de los nueve mundos subterráneos de los mayas, o infiernos, y todavía hoy creen los mayas modernos que bajo la figura de Yun Cimil, el Señor de la Muerte, merodea en torno a las habitaciones de los enfermos en acecho de su presa.

Ah Puch es claramente una deidad malévola, la primera de esta clase que hemos encontrado. Su figura, o el jeroglífico de su nombre, está asociado frecuentemente con el dios de la guerra y de los sacrificios humanos.

XAMAN EK, DIOS DE LA ESTRELLA POLAR (DIOS C)

La quinta deidad más común en los códices es Xamán Ek, el dios de la estrella polar que aparece 61 veces en los tres manuscritos. Se le representa siempre con la misma cara de nariz roma, y pintas negras peculiares en la cabeza. No tiene más que un jeroglífico de su nombre, su propia cabeza que se ha comparado a la del mono.

En algún lugar se habla de Xamán Ek como del «guía de los mercaderes» y bien pudo haberlo sido, puesto que la estrella polar es la única estrella fija que se observa en las latitudes del Peten y Yucatán, que no cambia radicalmente de posición durante el año. Era una deidad benévola, se la encuentra asociada con el dios de la lluvia.

EK CHUAH, EL CAPITAN NEGRO DE LA GUERRA (DIOS L)

Ek Chuah es la sexta deidad más comúnmente representada en los códices y se presenta en ellos 40 veces. Tiene un labio inferior grueso y colgante y aparece generalmente pintado de negro, el color de la guerra, en el códice Tro‑Cortesiano, o parcialmente de negro en el códice de Dresde. El jeroglífico de su nombre es un ojo con un aro negro. Este dios parece haber tenido un carácter doble y un tanto contradictorio.‑ como dios de la guerra era malévolo pero como dios de los mercaderes ambulantes era propicio. En su carácter malévolo lo hechos visto ya con Ixchel, armado de jabalinas y de lanza, tomando parte en la destrucción del mundo por el agua. Como un dios favorable aparece llevando un fardo de mercancías sobre la espalda, semejante a un mercader ambulante y en algún lugar se le muestra con la cabeza de Xamán Ek, dios de la estrella polar que, como hemos visto se dice que era el «guía de los mercaderes». Por último, Ek Chuah era el patrono del cacao, y los que poseían plantaciones de este fruto celebraban una ceremonia en su honor. En uno de sus aspectos parece haber sido hostil al hombre, y en el otro su amigo, una deidad de dos caras.

EL DIOS DE LA GUERRA, DE LOS SACRIFICIOS HUMANOS Y DE LA MUERTE VIOLENTA (DIOS F).

Esta deidad aparece 33 veces en los códices; es la séptima por razón de su frecuencia y se presenta siempre en relación con la muerte. Su característica más constante es una línea negra que le rodea parcialmente el ojo y se prolonga hacia abajo sobre la mejilla. Su propia cabeza es el jeroglífico de su nombre. Puede ser el patrono del día maya Manik, cuyo signo es la mano en actitud de agarrar símbolo tal vez de su costumbre de hacer prisioneros en la guerra o de tomar todo lo que quiere. Se le muestra algunas veces en compañía de Ah Puch, el dios de la muerte, en escenas de sacrificios humanos. Es también un dios de la guerra por derecho propio, y se le ve incendiando casas con una antorcha en una mano, mientras que con la otra, armada de una lanza, las echa por el suelo. Ya se ha mencionado la costumbre de sacrificar a los prisioneros nobles de guerra, y así parecen combinarse en esta deidad el concepto de un dios de la guerra y el de un dios de la muerte mediante la violencia y los sacrificios humanos.

EL DIOS DEL VIENTO, POSIBLEMENTE KUKULCAN (DIOS K)

La asociación que alguien ha sugerido del famoso héroe de la cultura maya‑mexicana, Kukulcan (el bien conocido Quetzalcoatl de la mitología azteca), con el dios maya del viento, no se ha establecido con certeza. El dios del viento aparece raras veces en los códices, habiendo por todo menos de una docena de representaciones del mismo y ni una sola en el códice Tro‑Cortesiano, un manuscrito de los últimos tiempos del Nuevo Imperio. Además, en vista de la posición predominante que tuvo Kukulcan en la época del Nuevo Imperio parece extraño en verdad que si aquel era el dios del viento no se hayan encontrado más representaciones suyas en los códices, que proceden todos del Nuevo Imperio.

En cambio, la asociación del viento con Chac, el dios de la lluvia es muy estrecha. En el códice Peresiano vemos a Chac haciendo una ofrenda a la cabeza del dios del viento en conexión con una ceremonia de final de Katún. Y es que, en realidad, la identificación del dios del viento con Kukulcan se funda casi enteramente en la asociación parecida que hay en la mitología azteca Quetzalcoatl con Ehecatl, el dios del viento que barre el camino del dios de la lluvia. Como los dioses mayas del viento y de la lluvia están así mismo íntimamente asociados y, puesto que el dios maya del viento como Quetzalcoatl‑Ehecatl, el dios azteca del viento tienen grandes trompas foliadas, puede muy bien haber alguna relación entre el dios maya del viento y Kukulcán. Sin embargo esta conexión se ha sugerido tan sólo y no ha sido establecida definitivamente. El propio Chac, principal dios maya de la lluvia, ha sido identificado como Kukulcán por varias autoridades. Algunos creen que la conexión, por lo demás muy natural, entre el dios del viento y el dios de la lluvia es tan estrecha, que indica que el primero no es más que una manifestación especial del segundo y que, en consecuencia, no debiera considerarse como una deidad separada. El jeroglífico de su nombre se encuentra frecuentemente en relación con el de Chac.

IXCHEL, DIOSA DE LAS INUNDACIONES, LA PREÑEZ, EL TEJIDO Y TAL VEZ DE LA LUNA (DIOSA I).

Ixchel era un personaje importante del panteón maya, aunque aparentemente poco amiga del hombre. Ya la hemos visto en la figura de una vieja airada vaciando las ánforas de su cólera sobre la tierra, en un cuadro que pinta la destrucción del mundo por el diluvio. Aparece también como la personificación del agua, como elemento de destrucción, de las inundaciones y torrentes de lluvia y en ese concepto, era ciertamente una diosa malévola.

Pero Ixchel parece haber tenido también su lado bueno. Era la consorte de Itzamná, Señor del cielo, y mientras su marido se muestra algunas veces como el dios del sol, ella la patrona de la preñez e inventora del arte de tejer. Sin embargo, en los códices se la representa generalmente, como una diosa del agua, vieja y colérica, rodeada de símbolos de muerte, y destrucción, con una serpiente retorcida en la cabeza, y con uñas en los dedos de las manos y los pies, parecidas a las garras de una fiera, lo que por cierto ha hecho que algunos la llamen la vieja diosa de las garras de tigre.

IXTAB, DIOSA DEL SUICIDIO

Anteriormente se ha mencionado el hecho de que los antiguos mayas creían que los suicidas se iban directamente al paraíso. Tenían una diosa especial a la que consideraban la patrona particular de los que se habían privado de la vida ahorcándose, y la llamaban Ixtab diosa del suicidio. Puede verse esta diosa en el códice de Dresde, donde aparece pendiente del cielo por medio de una cuerda que esta enrollada a su cuello; tiene los ojos cerrados por la muerte y en una de sus mejillas se distingue un círculo negro que representa la decoloración debida a la descomposición de las carnes.

RITOS Y CEREMONIAS SU NATURALEZA EN GENERAL.

Había muchos ritos y ceremonias para toda clase de necesidades, individuales y colectivas; en favor de la criatura de un humilde leñador, hasta las fiestas generales que se celebraban para aliviar el hambre que afligía a la comunidad a causa de una prolongada sequía. Sin embargo el procedimiento parece ser semejante en todas ellas: 1º, el ayuno y abstinencia, preliminares que incluía un tabú temporal contra las relaciones sexuales para el sacerdote que oficiaba y para los principales, como símbolo de purificación espiritual; 2º, selección anticipada, por medio de la adivinación sacerdotal, de un día propicio para celebrar el rito ; y durante la propia ceremonia; 3º, la expulsión del espíritu maligno del seno de los fieles; 4º, el sahumerio de los ídolos; 5º, las oraciones; 6º, y más importante de todos, el sacrificio, si era posible, de algún ser viviente, un venado, un perro, aves o peces, y, en ocasiones más solemnes, de una o varias victimas humanas. En todos los sacrificios de seres vivientes, ya fuesen animales, aves, peces u hombres, se untaba con sangre de la victima la cara del ídolo del dios en cuyo honor se celebraba la ceremonia. Los propios sacerdotes se embadurnaban con sangre coagulada. La mayoría de las ceremonias terminaban con comilonas, orgías y embriaguez general, siendo esta última, según los antiguos padres católicos, la conclusión inevitable de toda ceremonia maya.

SACRIFICIOS HUMANOS

Los sacrificios humanos se hacían de varias maneras; la más común y tal vez la más antigua, puesto que se practicaba en los tiempos del Viejo Imperio, era la extracción del corazón. Después de desnudar a la victima y pintarle el cuerpo de azul (el color de los sacrificios), le ponían un tocado puntiagudo en la cabeza y la conducían al lugar del sacrificio, que era algunas veces en el atrio del templo y otras la cima de la pirámide sobre la cual estaba edificado. Se expulsaba primero a los espíritus malignos y se pintaba también de azul, el color sagrado, el altar del sacrificio, formando generalmente de una piedra convexa en la parte superior, a fin de poder encorvar hacía arriba el pecho de la victima. En seguida se apoderaban de ésta los cuatro chaces, pintados también de azul, asiéndole cada uno por un brazo o una pierna y la extendían acostada sobre el altar. El nacom se adelantaba entonces con el cuchillo de pedernal en la mano y lo hundía entre las costillas de la victima en la parte inferior del pecho izquierdo. Luego introducía la mano en la abertura, arrancaba el corazón todavía palpitante y colocándolo en un plato, se lo entregaba al chilán, o sacerdote oficiante, quien embadurnaba con sangre rápidamente la cara del ídolo del dios en cuyo honor se había hecho el sacrificio. Si la victima había sido inmolada en la cima de la pirámide, los chaces arrojaban el cuerpo al patio de abajo, donde sacerdotes de inferior rango despojaban de la piel el cuerpo todavía caliente, a excepción de las manos y los pies. El chilán, después de quitarse las vestiduras del sacrificio, se ataviaba de la piel de la victima todavía chorreando sangre y bailaba solemnemente en unión de los espectadores. A veces particularmente si la victima inmolada había sido un soldado valiente, dividían su cuerpo en pedazos que se comían los nobles y otros espectadores durante la ceremonia. Las manos y los pies estaban reservados para el chilán y si la victima había sido un prisionero de guerra, el que lo había capturado usaba alguno de sus huesos como adorno y muestra de su arrojo.

Las mujeres y los niños eran sacrificados con igual frecuencia que los hombres.

Oct 011993
 

Marcela Martín Jiménez.

A mi misma me parece una tremenda osadía dedicar mi ponencia a este tema que tan ilustres personas han tratado y al que yo no podré aportar nada que valga la pena, pero si me gustaría presentarlo para que a fuer de ser tan pobre haya quien bien dispuesto y con brillantez nos deleite con hechos que jalonaron de gloría la historia de ese lugar, recóndito y maravilloso que eligió el emperador, Yuste.

Quien visitó ese lugar en el que el tiempo parecía haberse parado podría ahora comprender el espíritu que me guía a traerlo al recuerdo de todos, es lugar apartado, fuera del mundanal ruido, que acerca a Dios y eleva el alma, seguramente ese fue el hecho por el que el emperador se decidió aun siendo señor de muchos estados escoger ese sitio que habían elegido unos ermitaños con el fin de no ser molestados y poder elevar sus almas a Dios.

Me mueve a estudiar este tema la vida de quién teniéndolo todo, poder riqueza, se despoja de ello, para vivir la religión en la profundidad que conlleva la fe de creer en Dios Todopoderoso.

I.- EL MONASTERIO DE YUSTE Y LA RETIRADA DEL EMPERADOR CARLOS V. Textos escogidos de Fr. José de Sigüenza, Fr. Prudencio de Sandoval y D. Pedro Antonio de Alarcón, Monjes Jerónimos. Jaraiz de la Vera, Cáceres, cuarta edición 1983.

La fundación del Monasterio de San Jerónimo de Yuste, en la Vera de Plasencia – por el R. P. José de Sigüenza, O. S. J.

Con fluidez va narrando este Fraile como empezó lo de los ermitaños; primero en Plasencia, donde estuvieron poco tiempo porque vieron que les resultaba difícil llevar la vida de soledad que anhelaban. Con todo detalle, explica la búsqueda y encuentro del lugar donde vivirían y fundarían su monasterio. Da el detalle, del nombre del personaje que les hizo cesión de aquellas tierras en escritura otorgada en 1402 y a 24 de Agosto. Con fama de santos atraen a otros y se hacen religiosos. En 1408 y a través del Infante Don Fernando les llega una Bula del Papa Benedicto XIII, para que pudiesen edificar allí donde vivían un monasterio de la Orden de San Jerónimo, debajo de la regla de San Agustín. Sigue narrando las peripecias que sufren al ser echados por el Obispo de Plasencia, y recuperado de nuevo su lugar tienen otros inconvenientes como son el sustento que al final el caballero Garci Álvarez de Toledo les soluciona.

Este Fraile se preocupa de explicar ampliamente lo concerniente a la creación del monasterio y a las cosas religiosas de los frailes, contando los pormenores de la vida que llevan en ese lugar. Lo apartado del mundo, la gran pobreza, la gran entrega.

II.- ESTANCIA Y MUERTE DEL EMPERADOR CARLOS V EN EL MONASTERIO DE YUSTE por el Mtro. D. Fray Prudencio de Sandoval, su cronista. Obispo de Pamplona.

«De las ocupaciones y ejercicios en que Su Majestad pasaba la vida, que todo fue un dechado no solo de seglares, hombres de mundo, pero aun de religiosos perfectos. Vivía tan pobremente que más parecían sus aposentos robados por soldados que adornados para tan gran príncipe y sólo había en todos ellos unos paños negros, como de luto, y no en todos, sino en sólo aquel en que Su Majestad dormía, y una sola silla de caderas, que más era media silla, tan vieja y ruin que si se pusiera en venta no dieran por ella cuatro reales; por los vestidos era harto pobres, y siempre de negro. Lo único que tenía de más valor era un poco de plata para su servicio, y la plata era llana, que no había en toda ella una pieza dorada ni curiosa.»

Nos cuenta con sencillez pero con una gran riqueza de datos y pormenores los hechos cotidianos del soberano en Yuste, cuando habla con el cocinero, el panadero, o los barberos.

Se extiende al explicar, lo buen amigo que era el césar de la música, y como escuchando a los monjes cantar decía: «Fulano erró». Entendía la música y la sentía y gustaba de ella, llegando a llevar el compás y a cantar a consonancia con los que cantaban en el coro.

Describe los últimos días del emperador y una frase importante fue: «In me manos, ego in te maneam» es decir, Estais en mi, yo estaré en Tí.

Aquí empieza a desdibujarse el todopoderoso emperador para ir dejando paso al hombre de gran fe, de fe viva. Con voz potente acabó su vida exclamando ¡Ay, Jesús!

III.- UNA VISITA AL MONASTERIO DE YUSTE por D. Pedro Antonio de Alarcón 1873.

Detengámonos ahora a contemplar un inmenso Escudo de piedra que adorna la alta cerca.

Aquél Escudo, abrigado por las poderosas alas del águila de dos cabezas y encerrado entre las dos columnas de Hércules, con la leyenda de Plus Ultra, comprende en sus cuarteles las armas de todos los estados del augusto Monje. (Dice a continuación los nombres de los Estados y cuando lleva unos sesenta o algo así dice etc…).

Encima del Escudo se lee esta Inscripción, casi borrada por la acción del tiempo sobre la mala calidad de la piedra:

«En esta casa de San Jerónimo se retiró a acabar su vida el que toda la gastó en defensa de la Fe y conservación de la Justicia, Carlos V, Emperador, Rey de las Españas, cristianísimo, invictísimo. Murió el 21 de Septiembre de 1558.»

Su llegada a Yuste fue visitando primero la Iglesia donde le recibió la Comunidad con cruz, cantando el Te Deum Laudamus, y colocado después Su Majestad, en una silla, fueron todos los monjes por su orden besándole la mano, y el Prior le dirigió una breve arenga, felicitando a la comunidad por haberse ido a vivir entre ellos.

Nuevos detalles que se centran en la explicación del Escudo y en la Inscripción que hay encima de él.

Como en otros autores se nos presenta a un césar espiritual, por encima del hombre de historia,

EL PERFECTO DESENGAÑO, por el Marqués de Valparaíso. Edición introducción, notas y selección de María Dolores Cabra Loredo (Madrid 1983).

EL MANUSCRITO DEL MARQUES DE VALPARAISO.

A Francisco González de Andía, virrey de Navarra y de Sicilia y capitán general de Orán y Mazalquivir, el rey Felipe IV concedió el marquesado de Valparaíso en el año 1632.

Dedicó la obra al conde duque de Olivares, don Gaspar de Guzmán y Pimentel, con quien le unía una estrecha amistad.

Habla el marqués de los servicios prestados a los padres y abuelos de Felipe IV, de lo que podemos deducir que bien pudo ser un soldado, de cierta graduación, en los reinados anteriores. Es importante señalar este aspecto de su historia porque con ello sitúa la imagen de Carlos V a través de su hijo Felipe II, como un césar, un semidiós, héroe solitario, soldado y cruzado de Europa y del mundo.

El manuscrito de don Francisco, es un resumen de papeles sueltos y diversos libros de la vida del césar que más le impresionaron, que resume la grandeza del emperador.

El marqués que generacionalmente estaba cerca del emperador, nos muestra, sin embargo, una figura lejana, inasequible, y con un poder interior que le hace superior, casi divina.

LA INGENTE LABOR DEL ARCHIVERO DE SIMANCAS, TOMAS GONZALEZ.

Canónigo placentino y su hermano Manuel.

La mayor parte de los documentos históricos y políticos de los archivos españoles habían ido a los depósitos de París, durante los años terribles de la guerra de la Independencia. Al ser devueltos en 1815, los depositaron en el archivo de Simancas, el cual le fue encomendado a don Tomás para que inventariara y clasificara su contenido. Don Tomás hasta su muerte en 1833, basándose en la documentación que tuvo entre sus manos, recogió no solo lo último de la vida del emperador a través de documentos auténticos e inédito, sino también la correspondencia cruzada entre el césar y los más importantes súbditos de sus estados. Este trabajo cubrió las lagunas existentes en la historia. Su hermano Manuel sigue con el trabajo de don Tomás y completa este con un apéndice de once documentos.

MANUSCRITO

La vida que el emperador tuvo en el convento de Yuste, hasta que pasó a la eterna.

La princesa Doña Juana, hija del emperador, quiso saber por átomos, la vida de su padre en el monasterio de Yuste y encargó a Fray Martín de Angulo, prior del convento, que le hiciese de todo una relación.

Es el Monasterio de Yuste, de los religiosos (monjes solitarios) de San Jerónimo, los más observantes que tiene la iglesia de Dios, un convento asentado en la Vera, obispado de Plasencia, tierra de muchas aguas, de fuentes, cercano de la nieve, con frutas de todo género, de invierno y de verano; es tierra apacible y la de mayor templanza y recreación que hay en España.

Allí en el Monasterio el emperador llevó una vida que fue un dechado, no sólo seglar, hombre del mundo, sino también como religioso perfecto.

En Yuste, dijo al prior y a otros padres graves de la casa que lo que más había deseado era ser fraile o donado de un monasterio y servir allí como el menor de la casa, más que venir a ser servido, y por esto, ya que sus enfermedades no le daban lugar para servir, quiso ser servido con aquella pobreza. De manera que ya que no fue fraile en la profesión, serlo en las obras porque amó cuanto pudo la pobreza.

La obediencia que mostró en este monasterio fue mayor que sí él realmente fuera fraile, porque quiso obedecer sin ser mandado.

Entendía y le gustaba la música, los frailes le escuchaban detrás de la puerta que salía al altar mayor, llevando el compás y cantar a consonancia con los que cantaban y si alguno erraba decía consigo mismo, aquel erró.

Le visitaba don Luis de Ávila, comendador mayor de Alcántara y de su cámara, que como casado con la hija heredera de la casa de Mirabel, vivía en Plasencia. Hablaban de las guerras que habían estado juntos. Le contó en una ocasión D. Luis que estaba pintando, en una bóveda de su casa, el encuentro que Su Majestad había tenido con el rey de Francia, junto a Renti. Preguntándole la disposición de la pintura y oyendo que echados de sus puestos los enemigos habrían huido a toda prisa, respondió: «procura don Luis que el pintor modere la acción, parezca honrada retirada, no huida porque verdaderamente no lo fue». No quería que el honor ajeno padeciese.

Decían los frailes que el emperador con solas las gracias naturales que tenía su persona, afabilidad y prudencia, guiara las voluntades de todos.

El padre Francisco de Borja llegó a besarle la mano, puesto de rodillas y discutían el uno porque se levantase y el otro por permanecer de rodillas y el Padre Borja lo convenció al decirle que hablar con Su Majestad era como sí lo hiciera con Dios Nuestro Señor, que sabe diría la verdad en todo. Que había elegido la compañía de Jesús aunque era nueva porque ninguna hay tan antigua y tan aprobada que en algún tiempo no haya sido nueva y no conocida.

San Francisco de Borja dijo entre otras alabanzas del césar que había oído de su boca que desde que tuvo veintiún años de edad había tenido cada día un rato de oración mental.

Este autor se para más a las explicaciones de todo lo que concierne a la vida que lleva en Yuste el emperador. Su relación con los monjes, su deseo de ser uno de ellos y el no poder serlo debido a sus males. Lo eleva espiritualmente hasta el punto de alejarlo y hacerlo un semidiós.

HISTORIA UNIVERSAL- CESAR CANTU

TOMO XXV MADRID 1849

El autor empieza poniendo de manifiesto que Carlos V se preocupaba del gobierno y de su gloría.

Renuncia en favor de su hermano Fernando, sus posesiones de Alemania y el título de Emperador y volvió a España. Dos años vivió en el Convento de Yuste, en Extremadura, cultivando su pequeño jardín y ocupándose de trabajos mecánicos y ejercicios de piedad. Como no conseguía poner acorde dos relojes exclamó: «¡Que loco era, he pretendido, no obstante, reducir a la uniformidad tantos pueblos diferentes en su lenguaje y clima!».

Viéndole el conde de Burens, con quien tenía mucha familiaridad, cojear por la gota, le dijo: «El imperio cojea. No son los pies los que gobiernan, replicó, sino la cabeza.» Después de su abdicación vio su bufón, Pedro de San Corbas que se le quitaba el sombrero, lo cual le sorprendió mucho; pero el emperador le dijo: «No me queda otra cosa que darte que esta demostración de cortesía.»

Tenía gusto de leer a Tucídides en italiano. Como los grandes de su corte se manifestaban descontentos de que se entretenía mucho tiempo con Guicciardini, les contestó: «En un abrir y cerrar de ojos puedo hacer cien grandes como vosotros; pero solo Dios puede hacer un Guicciardini.»

Le aconteció también tener que decir:»Los letrados me instruyen, los negociantes me enriquecen, los grandes me despojan».

Aún se cita lo siguiente: «la larga reflexión es la garantía del buen éxito. El tiempo y yo contra otros dos. Los estados se gobiernan por sí mismos, cuando se les deja obrar; los innovadores no producen más que turbulencias.» Decía también que su buen ejército debía tener la cabeza italiana, el corazón alemán y el brazo castellano.

Trata este hecho poniendo en boca del emperador frases que nos hacen profundizar en sus sentimientos y su forma de ser, en su rectitud.

También en el Tomo XXV, nos cuenta Cesar Cantú lo que dijo de Carlos V Ludovico Aristo, Poeta italiano (Reggio Emilia 1474 Ferrata 1533) alaba a Carlos V diciendo que es el emperador mas sabio y mas justo que ha existido desde Augusto y que existirá nunca.

CATALOGO MONUMENTAL DE ESPAÑA

PROVINCIA DE CACERES 1914-1916

Por José Ramón Melida, página 382.

YUSTE.-

«Ultima morada de Carlos V, primera sepultura. Hallase escondido el monasterio de Yuste, en lo más agreste de la Vera, entre Jarandilla y Cuacos. La belleza del sitio, por lo quebrado y por la vegetación exuberante que allí y en granadísima extensión se descubre, es regalo de los ojos y justifica lo escogiera para retiro aquel insigne monarca guerrero.»

Lo que apunta el Sr. Mélida es técnicamente geográfico, con pinceladas históricas, relata algo de la fundación del monasterio especificando su situación y enclave. Con datos arquitectónicos nos presenta el monasterio y la iglesia.

MOTIVOS EXTREMEÑOS por Tomás Martín Gil

Otro Monasterio «YUSTE’ (Agosto 1945) págs. 377-83.

Preocupado por el proyecto de obras de conservación del Monasterio de Yuste nos presenta la nota siguiente: «En la página 1007 del número 220 del Boletín Oficial del Estado de 8 de Agosto actual (año 1945), se inserta una disposición firmada por el excelentísimo señor Ministro de Educación Nacional dirigida al ilustrísimo señor Director General de Bellas Artes, cuyo título es así; ORDEN de 17 de Julio de 1945, por la que se aprueba el proyecto de obras de conservación del Monasterio de Yuste (Cáceres), monumento nacional, importa pesetas 157.198,07.

Y luego pasa entre otras cosas a explicarnos: – El sitio.- «No parece sino que los paisajes de excepción, aquellos que se apoderan del alma y esclavizan los sentidos del hombre, deben estar ocultos. Lejos del mundanal ruido. Cuidadosamente recatados, como honesta doncella. Así el sitio de Yuste… no se podía llegar en automóvil».

«… un dulcísimo día de otoño, vimos los árboles tan frondosos y crecidos, que es maravilla, adornados de encendidos colores. Algunos parecían abrasarse en llamas de un amarillo cálido, de purpúreos rojos, con reflejos metálicos cuando les hería el sol.»

«… El sitio de Yuste, sin duda alguna, es un paisaje de atardecer, de ocaso. El soberbio horizonte que desde allí se divisa, es en las últimas horas de la tarde, cuando adquiere todo su valor: cuando los contraluces le hacen mostrar todas las bellezas de sus lejanías… desde la terraza del palacio, la silueta de los montes lejanos de un azul violeta, recordaría otros sitios, otras tierras menos luminosas, tal vez, que fueron para el paisaje vistos en la montaña y en mediodía de su vida heroica. En Yuste, no; el paisaje y la tierra extremeña tienen que ser gustados al anochecer; pero, por ello, tendría para Carlos una belleza inefable.

La Iglesia, el convento, el palacio y jardines.- La Iglesia es pobre, demasiado abandonada de los hombres, el convento lo era todo y al ser abandonado sus dos claustros y sus vastas crujías (pasillos largos), iban desprendiéndose, poco a poco de sus piedras venerables.

…la alberca arruinada y llena de plantas parásitas… inculta avenida de bojes y arrayanes que conduce a la puerta principal de la iglesia.

Preocupación por esa construcción que encierra parte de la historia. Nos sitúa en el lugar admirando su entorno pero de una forma elevada, ¿desde el alma? desde el orgullo de ser parte de esta tierra extremeña.

Nos habla de la Iglesia, de su pobreza, la compara con Guadalupe y dice: «Y he pensado que existió una esencial diferencia entre ambas iglesias; la una está dedicada a una devotísima imagen de Nuestra Señora, a la que toda España tiene veneración; la otra, era solo la iglesia de un monasterio. En Guadalupe se hizo el monasterio para la Iglesia.»

Del Convento, de sus ruinas dice: «Los vecinos de Cuacos se llevaron los labrados trozos de granito para utilizarlos en forma pintoresca, en los soportales de la plaza del pueblo pudimos ver algunos.»

Del palacio y sus jardines, nos cuanta como:»apenas ni reparé en el primero, y si, un poco más en los segundos, la terraza de entrada, con su rampa de acceso de ladrillos rojos, su fuente, hoy muda; su montadero; su augusta paz, invitatoria al reposo, fue para mi, objeto predilecto de meditaciones … Diré, pues, como único comentario, que los restos de árboles en los jardines, de Yuste son un continuo reproche, al par que una lección de belleza natural.

HISTORIA DE ESPAÑA

Marqués de Lozoya

Salvat Barcelona 1970 Tomo III.

Viaje de Carlos V a Extremadura.

En Noviembre de 1556 pasó el áspero puerto de Jarandilla llevado en silla de manos a hombros de labradores. «Encareciendo algunos la aspereza del camino, y de tan mal puerto, dixó su Majestad: «No pasaré ya otro en mi vida sino el de la muerte.» (Sigüenza).

El 14 de aquél mes pidió hospedaje en el magnifico castillo que en esta villa tenía el Conde de Oropesa y que le sirvió de residencia hasta la terminación de las obras del palacete que había mandado construir en el monasterio de Yuste. El 3 de febrero de 1557, terminados los trabajos, llegó el césar, con grandísima alegría, al retiro que se había dispuesto. Su primera visita fue a la Iglesia, a escuchar el Te Deum que cantaron los monjes.

… Canalizaron el agua para que brotase en fuentes y se remansase en estanques … el palacio, cuyo arquitecto fue fray Antonio de Villacastin … dice que reproduce la planta del de Prizenhof, en Gante, donde Carlos había nacido … En realidad todo el monasterio quedó convertido en palacio imperial, … Los mismos monjes estaban a su servicio. El General de la Orden, fray Francisco de Tofiño, destino a Yuste su mejor equipo de predicadores y a los religiosos de mejores voces para que la capilla fuese perfecta. En la habitación que le servía de dormitorio había una ventana dirigida en sentido oblicuo al altar mayor de la Iglesia, para que desde la cama pudiese el enfermo seguir los divinos oficios.

El marqués de Lozoya nos cuenta históricamente los hechos pormenorizando detalles de su viaje, llegada, del lugar etc… Son otros datos para seguir descubriendo al personaje.

CACERES

Miguel Muñoz de San Pedro Conde de Canilleros

Editorial Everest León 1973.

YUSTE.

El monarca más poderoso de la tierra, con un reducido séquito, comenzó la vida en aquel modesto retiro de cuatro habitaciones: dos pequeñas un saloncito y el dormitorio, comunicado éste por una puertecilla con el presbiterio de la Iglesia. Amplia huerta.

Una inscripción en el muro de la glorieta recuerda la enfermedad y muerte del monarca.

Sepultado en Yuste, en un ataúd de castaño que aún se conserva, fue llevado luego al Escorial.

Hace referencia al monasterio y a la Iglesia de la que recuerda el retablo con la copia del cuadro de Tiziano, La Gloría, que el emperador tuvo en este retiro. Retablo de Antonio Segura (siglo XVI).

Bello paisaje inmutable. En la huerta el escudo con el águila bicéfala. Todo hace evocar al poderoso monarca, que vino a morir aquí, en la paz de Dios y de Extremadura.

Tipo reseña para la guía de Cáceres y su provincia. Mueve a interés para poderlo visitar.

Entre sus notas sobresale la figura majestuosa del emperador, y queda entre líneas el orgullo de que fuera Extremadura elegida para culminar su vida el emperador, cuanto más alto esté el césar más alta Extremadura.

CARLOS V UN EMPERADOR PARA EUROPA

Otto Von Habsburg

Colección clio 1992 Madrid

El 28 de Agosto de 1556, Carlos se separó en Gante, su ciudad natal, de Felipe. Nunca se volverían a ver. Una flota de 56 barcos condujo al Emperador y a su séquito hasta España; el 28 de Septiembre echaban ancla en el puerto de Laredo. El 25 de Noviembre, el Emperador entró por primera vez en el monasterio de los Jerónimos de Yuste. La casa de campo que se había hecho construir no estaba todavía completamente terminada, pero el 5 de febrero de 1557, el Emperador pudo instalarse definitivamente allí con su pequeño séquito.

Muchas leyendas se han urdido en torno a esta última fase de la vida de Carlos V y la historia no puede liberarse totalmente de ellas. Los monjes fijaron por escrito las costumbres del Emperador hasta en sus más mínimos detalles.

Carlos V no vivió en Yuste ni como un monje ni como un ermitaño. En realidad, Carlos llevaba la vida de un gran señor.

Desde el 1 de septiembre de 1558, Carlos estuvo postrado en cama. Su estado de salud se fue haciendo más preocupante de día en día, tanto que Quijada mandó llamar al arzobispo de Toledo, Carranza, para que diera la extremaunción al Emperador. El enfermo estaba en pleno uso de sus facultades y participó en la solemne acción. El mismo prescribió el orden en el que deberían ser leídos los salmos y plegarias.

El 20 de septiembre empeoró el estado del emperador. La muerte estaba aproximándose, era sólo cuestión de horas. El arzobispo Carranza consolaba al moribundo y le aseguró que, por los padecimientos de Cristo en la cruz, alcanzaría el perdón de sus pecados y la vida eterna. Los monjes se turbaron ante estas palabras. Este suceso desempeñó luego un papel importante cuando se procesó a Carranza por herejía. El arzobispo acabó su vida en las cárceles de la Inquisición. El hermano Villalba asistía al Emperador moribundo alternativamente con Carranza. Le hablaba del santo del día, del apóstol Mateo, y le recordaba que éste era hermano de Matías, el patrón de su nacimiento. Le aseguraba que estos dos grandes intercesores le guiarían a través de la muerte hasta la vida eterna. El Emperador murió en las primeras horas del día 21 de septiembre de 1558; su última palabra fue: «Jesús».

El rasgo más sobresaliente del carácter del Emperador, tal y como se deduce de sus escritos y de sus obras, fue sin lugar a dudas el dominio sobre sí mismo. Tenía control sobre cada uno de sus sentimientos. La fuerza de voluntad y la paciencia se unían a una confianza absoluta en Dios que no le abandonó nunca. Esta le permitió sobrellevar todos los infortunios, que aceptó como la voluntad del Todopoderoso. Señor de sí mismo, pudo también dominar a los demás.

Carlos era amigo de las artes. Como la mayoría de los miembros de su familia, amaba la música.

De Carlos V y de Tiziano se relatan las mismas anécdotas que de Maximiliano y de Durero, ambos casos se cuenta que el Emperador recogió el pincel que se le había caído al pintor de las manos, con las palabras de que el artista era un príncipe en el reino del espíritu y, por lo tanto, del mismo rango que el Emperador. Según su pensamiento, básicamente de cuño medieval, la representación artística era en primer lugar un servicio a Dios, y no como para los humanistas y los mecenas del Renacimiento, la apoteosis del hombre en la cumbre de la perfección.

Carlos inició la lucha por la unidad eclesiástica, basándose en su personal fe cristiana.

Para Carlos, la religión estaba vinculada estrechamente con el respeto por la ley, que consideraba sagrada e inseparable del concepto mismo del imperio. Por esta razón, acuñó sus monedas con el lema «Como el sol rige los cielos, así rige el Emperador la tierra». Creía firmemente en el dicho real de los visigodos: Rex eris si recta facis: si autem non facis non eris. (Serás rey si obras con justicia: no lo serás si obras de otro modo.)

Fue capaz de encontrar placer en la naturaleza, en las artes, amó la filosofía y las ciencias.

Este autor nos cuenta con datos concretos lo concerniente al viaje de venida de Carlos a España; numéricamente señala las fechas, los barcos etc… Se adentra luego en detalles ya expuestos por otros autores. Explica su muerte y en la que hace verdadero hincapié es en el aspecto religioso que para el emperador era lo primero de todo, se hace eco de otros autos que dicen que era el mejor cristiano que nunca se había encontrado (Castiglione) o Joseph Lortz, historiador, se atreve incluso a decir:»si se excluye a los santos y a los penitentes, Carlos fue el mejor servidor de la Iglesia de su tiempo.»

Aquí ya se va descubriendo la personalidad del César como hombre de plena fe.

Oct 011993
 

Valeriano Gutiérrez Macías.

Académico C. de la Real de la Historia.

El estudio del folklore, – palabra que empleó por primera vez Ambrosio Merton en la revista londinense “The Atheneum” en 1848 – lleva a no pocas consideraciones y algunas muy interesantes, relacionadas con la milicia, que conviene poner de relieve en este trabajo.

Muchos cambios de folklore, de unas regiones a otras, en los que los soldados, en sus horas de descanso, organizan tertulias y divertimientos, no pocos plenos de originalidad. El ocio, en la verdadera extensión de la palabra, bajo el signo castrense, por la índole del servicio, facilita este intercambio.

Entonces, hay, como si dijéramos a modo de un intercambio de canciones, refranes, dichos, etc.

Así, cuando se reúnen soldados de Galicia, Asturias, Extremadura, Aragón, Andalucía…jubilosamente, dan a conocer cuanto caracteriza a su tierra por lo que respecta al material folklorístico, tan interesante, como fácilmente se puede constatar.

No faltan soldados que con dos cucharas hacen el mismo sonido que si manejasen diestramente las más estupendas castañuelas. “¿El mejor bailaor y sin castañuelas?”, tal es una expresión de Ahigal, pueblo de la alta Extremadura, cuyos hijos se distinguen por sus buenos golpes o machadas.

La cosa tiene su explicación por la incorporación establecida de los ocho llamamientos militares actuales a los Cuerpos, en los que se airea al rico venero popular, tan digno de admiración como buscado con ahínco por los investigadores de la rama de la Etnología.

Aquí se puede comentar mucho.

Y lo propio por lo que concierne a la paremiología, que agrupa los comprimidos filosóficos cristalizados a través de los tiempos. Cervantes, nuestro escritor por antonomasia, llamaba a los refranes evangelios breves.

Hay también entre unos y otros servidores de la Patria intercambio de palabras por lo extrañas que son, por el efecto que les producen y se oyen manifestaciones como ésta, que no podemos omitir: “No te repuchis, quinto”, que cabe interpretar en el sentido de que no te ofendas ni te subleves.

Y es que, pensándolo bien, no hay otra manera de encontrarse, salvo hoy, con la terrible lacar de la emigración, ahora muy mitigada por la crisis económica, a la que, en todo caso, hay que poner coto, como sea, por la sangría que representa para la nación, como ocurrió en otros tiempos pasados de nuestra historia. Al poema “Regreso”, del celebrado vate campesino José María Gabriel y Galán (1870 – 1905), pertenece el verso “…y vuelvo a vuestro lado”, que ahora está muy de actualidad.

Además, hay que tener en cuenta que, antiguamente, el servicio a la Patria duraba tres y hasta cuatro años, en África.

Marchaban los soldados a Marruecos casi niños y volvían hechos unos hombres. ¡Cuántas impresiones se cambiarían en estos períodos tan amplios que daban de sí lugar a la transformación del hombre!

Cada región tiene sus instrumentos musicales, como harto es sabido, que constituyen verdaderas maravillas para – como el mejor acompañamiento – traducir el folklore nacional, variopinto por excelencia.

Cada región tiene sus instrumentos musicales, como harto es sabido, que constituyen verdaderas maravillas para – como el mejor acompañamiento – traducir el folklore nacional, variopinto por excelencia.

Conviene recalcar que nos estamos refiriendo a gente joven, con muchas ilusiones e inquietudes, sin temor a nada, dispuestos siempre a comunicar lo propio, lo que distingue específicamente a las parcelas de donde procede.

Porque el autor de este ensayo vive en Extremadura, donde desarrolla sus actividades y conoce su folklore, va a incluir algunas canciones, letrillas, refranes, dichos, etc. de la tierra parda, que estudian los afamados folkloristas Rafael García Plata de Osma, Manuel García Matos, Antonio Rodríguez – Moñino, Ángela Capdevielle, Adolfo Maillo García, Domingo Sánchez Loro, Juan Pedro Vera Camacho, Isabel Gallardo de Álvarez, Isabel Alía Pazos, etc. Aparte mencionaremos a los que fueron prestigiosos músicos militares, Bonifacio Gil, Guillermo Guió, Fernández Amor, Santiago Berzosa González y Julio Terrón. Todas estas figuras hicieron las importantísimas aportaciones de sus obras, que hoy son consultadas por cuantos se interesan por estas cuestiones, que muestran la idiosincrasia de los hombres de la región centro – occidental española.

Una forma de organizar los espectáculos era – y sigue siéndolo – la solemne conmemoración de los patronos de los Cuerpos. Siempre había y habrá espontáneos que amenicen las celebraciones con sus aires y decires, plenos de agudeza e ingenio, sobresaliendo el humor y algunas otras formas pintorescas que constituyen su sal y pimienta.

PIORNAL

Techo de Extremadura, a 1160 m., es famoso por su fiesta típica del “Jarramplas”, que tiene lugar el día 20 de enero. No se conoce – anota Emilio Páramo Sánchez – el origen del “Jarramplas”. Se barajan teorías desde mitológicas (Las luchas y el castigo que infligió Hércules a Caco), hasta las ceremonias vistas por los primeros conquistadores de América entre los indios, o la más simple, en la que se habla del personaje como el típico ladrón de ganados, que es sometido al castigo y a las burlas de sus convecinos. La fiesta se celebra el 20 de enero, en honor de San Sebastián, casi siempre entre nieve. El protagonista “Jarramplas”, vestido con un traje de cintas multicolores, una rara máscara con cuernos y crines de caballo y acompañado de un tamboril de piel de perro que toca con gruesas “cachiporras”, se dispone a recibir durante el día una verdadera lluvia de golpes. Nabos, troncos de col, bolas de nieve arrojadas por el pueblo, etc.

Cuenta Piornal con un importante grupo folklórico que da a conocer sabrosas, alegres y dignas de ser aventadas canciones. El grupo se acompaña con música de acordeón y de varios instrumentos tradicionales: la botella de anís, el caldero, el peculiar triángulo y almirez. Lo forman hombres y mujeres. Han grabado “Villancicos rondaores” y otros aires piornaliegos. Debido a esta circunstancia transmiten las letrillas y músicas propias del pueblo.

Piornal tiene tradición cantoral que sus quintos llevan a la mili:

El veinte de enero,
cuando más nieva,
sale un capitán valiente
a poner bandera
——
La otra tarde un piornalego
amargamente lloraba;
porque no alcanzaba el burro
al pilar a beber agua.
——
Que la tomatera
que no da tomate,
que no es tomatera,
que es hierba que nace.
——
Que la pimentera
que no da pimiento,
que no es pimentera,
que es hierba del huerto.

ARROYO DE LA LUZ Villa de labradores y alfareros. Posee un rico folklore en el vestir y en las canciones que se entonaban al son del pandero moruno en los “corros” que desfilaban por la Corredera el Lunes de Pascua de Resurrección. Incluimos en este trabajo la copla que con frecuencia nos recita el esclarecido hijo de la localidad, el filósofo Pedro Caba:

¿Dónde estará mi amante
que no ha venío,
ni a la voz, ni al reclamo
ni al retumbío?

Con la copla que trasladamos ahora a los lectores brotaba de las mozas un son de queja, cuando se formaban, antiguamente, en Arroyo, los bailes del pandero en cualquier esquina, aunque fuesen las de las iglesias, al son monorrítmica del pandero y no acudían los mozos:

Toda la calle viene
llena de Juanes;
como no viene el mío
no viene nadie.

Canciones arroyanas de quintos

Ya se van los quintos, madre,
ya se llevan a mi hermano,
ya no tiene quién le dé
pañuelo para la mano

Ya se van los quintos, madre,
ya se llevan a mi primo,
ya no tiene quién le dé
pañuelo para el bolsillo.

La vara de San José

La vara de San José
todos los años florece;
la vergüenza de los hombres
se ha perdido y no aparece.

GARGANTA LA OLLA

Cuna de la garrida moza que tiene por sobrenombre “La serrana de la Vera”, que en la historia hecha leyenda, presenta también su folklore, con la famosa danza de “Las Italianas” y canciones de quintos:

Ya se van los quintos, madre,
ya se va mi corazón,
ya se van los que tiraban
chinitas a mi balcón

(Estribillo:
Si te toca te aguantas,
que te tienes que ir,
que tu madre no tiene
para librarte a ti.

Si te toca te aguantas,
que te tienes que ir.

Mi morena tiene pena,
porque soy “quinto” de hogaño.
Yo le digo a mi morena
que pronto pasan tres años.

Si te toca te aguantas,
que te tienes que ir,
que tu madre no tiene
para librarte a ti.

Si te toca te aguantas
que te tienes que ir .

Esta calle la rondan los mozos,
los que se van a la guerra,
voluntarios y forzosos.

Esta calle la rondan los mozos…

Si te toca te aguantas,
que te tienes que ir,
que tu madre no tiene
para librarte a ti.

Si te toca te aguantas
que te tienes que ir.

Caminito de la fuente,
las mozas llorando van.
Se dicen unas a otras.
“Mi novio también se va”

(Al estribillo)

A tu puerta puse un guindo
y a ventana un cerezo.
Por cada guinda, un abrazo;
Por cada cereza, un beso.

(Al estribillo)

JERTE

En la población de Jerte – enclavada en el maravilloso valle de Plasencia, que lleva a evocar la estampa oriental de los cerezos en flor – se baila la “Jota del Jerte”. He aquí una copla que dice lo que son las jerteñas:

Vale más una jerteña
con una cintita al pelo
que toda la serranía
vestida de terciopelo.

ABERTURA

En esta localidad, próxima a Trujillo, cuna de la Conquista, se ponían los quintos en el Ayuntamiento. Estaban esperando el sorteo que empezaba a las nueve en punto de la mañana. De aquí la canción:

¡Qué ganas tengo que lleguen
las nueve de la mañana,
para saber si mi suerte
ha sido buena o mala!

Acostumbraban a poner dos cántaros del fino cobre de Guadalupe. En uno iban las papeletas con los nombres y en el otro los números. Cantaban, tanto los nombres como los números, dos niños, y el alguacil o “El voz pública”, como se llamaba allí, daba a conocer dichos nombres y números. Aludiendo a esto, había una copla que decía:

Mete la mano, chiquillo,
en ese cántaro nuevo
y sácame el número uno
que me vaya de este pueblo.

¡Qué ocurrencia de quintos!

Somos los “quintos” de hogaño
y verán los fanfarrones
que nos sobra valentía
y tenemos pantalones.

Todos temen a Melilla
como si en Melilla hubiera
algún león encantado
que a los hombres comiera.

Las mocitas de este pueblo
son pocas y bailan bien
y en llegando a la costura,
ninguna sabe coser.

Esta copla iba muy en contra de la realidad.

Esta es la “Calle Real”,
la de las mozas garridas,
que tienen sal por arrobas
y que son muy pretendidas.

La pandereta del “quinto”
no lleva oro ni plata;
lleva el aro de una criba
con piel de perro y sonajas.

Uno de los quintos abertureños cantó en la calle del domicilio de su amada:

¡Adiós, “Calle de la Huerta”,
cuánto por ti he paseado,
y lo que yo pasearía
si no fuera a ser soldado!

La copla hizo fortuna entonces y en años siguientes, pues con sólo variar el nombre de calles, iba sirviendo para todo “quinto”, enamorado de reemplazos posteriores.

Alguna vez se dio el caso de que, entre los “quintos” sorteados ya y los que se sortearían después, no reinó el buen compañerismo. Ello lo justifican las dos coplas que figuran a continuación. Cantaron los no sorteados:

Los “quintos” son los que cantan,
que los “sextos” ya no valen;
pues van las calles arriba
sin decir adiós a nadie.

Y cantaron los aludidos:

Estos “quintos” no son “quintos”,
que son niños por criar;
pues rompen las panderetas
por no saberlas tocar.

Casi todas estas coplas fueron acompañadas por estribillo. Había varios, pero es oportuna su omisión, porque en ellos anduvo muy libertina la picaresca de manos del Diablo.

VILLAMESÍAS

Los de Villamesías solían cantar en las rondas de quintos:

Esta noche, si Dios quiere,
me tengo que divertir
con permiso del alcalde
y de la Guardia Civi.

Aquí se ve el respeto que tenían a las autoridades y sus agentes, en sentido un tanto irónico. Pero hay que añadir que las canciones no adolecían de sus notas picarescas. Los quintos de las fechas evocadas había días que constituían la máxima autoridad de hecho. Cometían toda clase de excesos. Volteaban carros, cogían pollos y gallinas, en fin, par qué seguir. Después, el alcalde los sancionaba con arreglos de calles y caminos o imponiéndoles multas que pagaban los padres.

IBHERNANDO

Debemos al comandante Honorífico de Artillería, Antonio Cartagena Martínez, parte de la letra del folklore de su pueblo natal, Ibahernando, que incluimos seguidamente:

Bien sé que estás acostada,
pero, dormidita no,
yo sé que estarás diciendo:
Ese que canta es mi amor.

Por una calle me voy,
por la otra doy la vuelta,
la que quiera ser mi novia
que deje la puerta abierta.

A lerén, lerén, lechuga,
a lerén, lerén, cogollo.
Se ha muerto mi delirio,
madre, cómprame otro.

¡Qué contenta está la novia,
porque estrena cama nueva;
más contento estará el novio
que se va acostar en ella.

La madrina es una rosa
y el padrino es un clavel,
la novia es un espejo
y el novio se mira en él.

Viva la novia y el novio
y el cura que los casó,
y padrino y la madrina
y que viva también yo.

HERGUIJUELA

Cuando las guerras Carlistas se cantaba en la localidad, por las mozas:

Ojos que te vieron dil
por aquel camino llano,
¿cuándo te verán venil
con el canuto en la mano?

MONTEHERMOSO

En Montehermoso, de la parcela cacereña, capitalidad del traje típico regional que se distingue por el famoso sombrero, promontorio de borlas, se cantan en todas las fiestas de la localidad y, principalmente, el día del Patrono, San Bartolomé, 24 de agosto, por los mozos, rondas con letras algunas muy picarescas. Vamos a incluir una que nos ha facilitado Juan Clemente Quijada, monterhermoseño de ley y capitán del Cuerpo de Oficinas Militares:

Cuando yo era chiquinino
me arruyaban las mozuelas,
y ahora que soy mayorcito,
juyen de mí como ciervas.

Hacemos la salvedad de que la terminación INO distingue a los hipocorísticos cariñosos de la tierra parda.

¿Me quieres, Costilla?
-Te quiero, Costal.
-Dame las manos
y vamos a bailar.

Ya se van los “quintos”, madre,
ya se van los buenos mozos,
ya queda la plaza llena
de tuertos y legañosos.

Claramente alude a los que no van a la prestación del honroso servicio militar.

PUERTO DE SANTA CRUZ

En Santa Cruz hay un árbol,
en El Puerto caen las hojas
y en el pueblo de Ibahernando
están las mejores mozas.

¿Me quieres, Talega?
-Te quiero, Costal.
-Pos conmigo esta noche
te vas a acostal.

TORREJONCILLO

Pueblo industrial, famoso por sus antiguos telares y la fiesta de “La envamisá”, se canta:

El novio le dio a la novia
la mano por la gatera;
pero no pudo saberse
lo que el novio le dio a ella.

NAVALMORAL DE LA MATA

Esta localidad es una de las más bellas puertas de entrada en la alta Extremadura. A ella corresponde esta nota folklórica, que es un elogio de las bellas moralitas:

¿Con qué lavas la cara
que la tienes tan bonita?.
-Me lavo con agua clara
de la fuente de la ermita.

VIANDAR DE LA VERA

El Sargento Mutilado Permanente, Bonifacio Miranda, nos dice algo popular de su pueblo natal; el segundo en altitud de la fértil comarca cacereña de La Vera:

Viandar, parar y andar,
la merienda adelante
y no atrás.

Sin duda alguna para evitar la sustracción.

VILLANUEVA DE LA VERA

En el desarrollo de la fiesta del “Pero-Palo”, declarada de Interés Turístico, las mozas y los mozos, ataviados con el típico indumento, cantan:

Ese que llaman “Reviste”
y por nombre Pero-Palo,
ha salido en la sentencia
que tiene que ser quemado
a eso del tercer día.

COMARCA DE LA SIBERIA EXTREMEÑA

En la provincia de Badajoz existe la comarca denominada “La Liberia Extremeña”, a la que pertenecen estas rondas:

Por esta calle abajo
va una gallina,
con la cola a la rastra,
la muy cochina.

Catalina María Márquez,
¿cómo has tenido el valor
a casarte con Juan Lanas
estando en el mundo yo?.

Por la calle abajo
van tres ratones;
uno va haciendo media
y el otro calzones.

Y el otro lleva la cesta
de los botones.

A la comarca citada pertenecen estas estrofas, que denotan los exacerbacismos y rivalidad entre pueblos vecinos:

El castillo de Herrera
se está jundiendo;
una pulga y un piojo
los están sosteniendo

En Peloches, no hagas noche,
en Herrera, las que quieras,
en Fuenlabrada de los Montes,
las semanitas enteras.

SIRUELA

Por la curiosidad que presentan, vamos a incluir una expresión relacionada con la forma en que pretendían a las mozas, antiguamente, en Siruela, de la provincia de Badajoz:

¿Me quieres, Mantuda?
Te quiero, Estropajo.
-Pues ya está hecho el ajo.

El diálogo de la manifestación amorosa no puede ser más rudo y expresivo.

VILLANUEVA DE LA SERNA

En la populosa Villanueva de la Serena, también de la Baja Extremadura, cuando existía Caja de Recluta, al incorporarse los quintos, cantaban:

Al entrar en Villanueva
lo primero que se ve,
la Caja de Recluta
y el Teniente Coronel.

ESPARRAGOSA

En encomio de las mozas de Esparrgosa, se cantaba esta copla:

Las mozas de Esparragosa
tienen todas tanta maña
que hasta el agua de la fuente
la toman con una caña.

DON BENITO

Esta apacible y próspera ciudad de la provincia de Badajoz, a través del muy aplaudido “Grupo Caramancho”, ha resucitado mucho de su antiguo folklore. De allí son estas canciones de quintos:

Ya se van los quintos, madre;
ya se va mi corazón,
ya se va quien me tiraba
chinitas en mi balcón.

(Estribillo)

Si te toca te aguantas
que te tienes que ir,
que tu madre no tiene
para librarte a ti,

para librarte a ti,
para librarte a ti…
Si te toca te aguantas
que te tienes que ir.

Las madres son las que lloran,
que las novias no lo sienten.
Les quedan cuatro chavales
y con ellos se divierten.

Al estribillo

A ti te ha tocao el uno
y a tu compañero el dos.
¡Qué suerte tan desgraciá
que habéis tenío los dos!

Al estribillo

Esta es la calle del aire,
la calle del remolino,
donde se remolinea
tu corazón con el mío.

Al estribillo

Un pie tengo en el umbral
y otro tengo en el tejado.
Mira si por tu cariño,
vivo yo espatarracao.

Al estribillo

Frecuente también era este otro estribillo:

Acabarse la paja,
morirse el burro
y caerse el pesebre
todo fue uno;

fue todo uno, niña,
fue todo uno,
acabarse la paja
y morirse el burro.

OLIVENZA

Ciudad de la provincia de Badajoz, a dos kilómetros de Portugal. La razón fundamental de su existencia está en que el rey don Dionis de Portugal, en 1.306, ordenó edificar un castillo y una ciudadela, que pasaron a la Corona de España en la llamada “Guerra de las Naranjas”. Tiene magníficos monumentos, como la fabulosa iglesia de Santa María del Castillo y Santa María Magdalena, y el Hospital de la Misericordia. Olivenza fue hace poco declarada Conjunto Monumental Histórico – Artístico. Su gastronomía es muy rica, requiriendo especial mención el “Bollo podre”, “Las quesadas” y la “Técula Méluca”, de fórmula casi misteriosa, arcano aún por descifrar, pues nadie ha podido ni siquiera imitar esta maravillosa muestra de la repostería extremeña.

A las luchas y vicisitudes de Olivenza se debe la siguiente canción.

Las chicas de Olivenza
no son como las demás:
son hijas de España
y nietas de Portugal.

Las oliventinas muestran la belleza de la mujer lusitana y el salero y la gracia de la mujer española.

Del folklore oliventino es la siguiente estrofa:

Anda diciendo tu madre
que tiene un olivar;
el olivar que tú tienes
es que te quieres casar.

PLASENCIA

Plasencia, llamada por sobrenombre “La Perla del Jerte”, sede episcopal, “Grata a Dios y a los hombres”, tiene también un rico y variado folklore, del que, a continuación ofrecemos una muestra.

LOS QUINTOS DE HOGAÑO

(Canción de ronda de los coros de Plasencia)

Dicen que no hay morenas por los rincones,
morenas hay que roban los corazones.
-Traime, majico, un peine,
de esus que en Madre vendin;
azuli, colorau, pajusu y verdi.
-Adios, cariñosita, quitapesaris,
que me voy a la guerra
y tú no lo sabis,
por unas malas lenguas
y malas voluntadis.

La ronda va por la calli
la ronda va por la calli,
no va ningún andalú,
que todos son extremeñus
y llevan la sal de Jesús.

Hola, resalá y olé,
lleva la sal de Jesús.

Desde que te vi, morena,
me van a matar,
me tiene a mí
malitu en la cama
desde que te vi.

GARROVILLAS DE ALCONETAR

En la villa de Garrovillas de Alconetar, después de las ferias de San Mateo, mozos y mozas se reúnen y hasta la Navidad cantan, entre otras, esta estrofa

Mi suegra, la novelera,
no encuentra nuera a su gusto;
que haga una de madera
y luego le coja el fruto.

BADAJOZ

Transcribamos a continuación una copla geográfica badajocense:

Una niña bonita
se tragó, se tragó;
Montijo y La Puebla,
Talavera y Lobón.

Y si no la sujetan
se traga a Badajoz,
el cuartel de la Bomba,
con artilleros y tó…

PAREMIOLOGÍA

Es muy curiosa la paremiología extremeña, y, como toda, goza de la fuerza, “porque, en pocas palabras y de un modo atractivo, expresan generalmente la verdad, ofrecen un consejo o reflejan una experiencia que resulta valiosa”. Un verdadero haz podríamos formar. Vayan algunas muestras.

“Primero están los dientes/, después el tragadero”.

“A los viajeros les quita Dios el dormir,/ pero no les quita el gruñir”.

“Alos viejos les quita Dios el mascar, / pero no les quita el tragar”.

“El que habla mal de la pera/ comer quiere de ella”.

“El tiempo que viene a su tiempo/ es buen tiempo”.

“El que en la juventud se come la sardina/ en la vejez caga las espinas”.

“El que a mi casa no viene/ de la suya me desecha”.

“Ahí va la loba,/ con el tocino en la boca” (indica la hora de comer entre los que cogen aceitunas o “apañadores”, en los olivares, y que anuncian en voz alta).

“El que quiere comer de la olla ajena/ que tenga la suya sin tapadera”.

“No comer por haber comido/ nada perdido”.

“Por San Antón / pares son” (Las perdices, que se aparecen).

“Por San Antón/ toda ave pon”.

“Entre San Sebastián y Los Mártires/ no salgas de casa aunque de pan no te jartes”.

“Tú lo que quieres es peer en botija, para que retumbe”. (Alude a quién fanfarronea, que no quiere pasar inadvertido, que a toda costa quiere que se le oiga)

DICHOS

Son muchísimos los que podríamos agavillar y tienen su encanto. He aquí los que damos a conocer a los lectores:

“Por Navidad/ muchos a Guadalupe van/ pero luego van los que van”.

“Ruin con ruin/ así se casan en Dueñas”.

“El tamborilero de Bodonal/ que tacando, tocando/ se le olvidó tocar”.

“Si tienes un hijo conde o desea ser duque/ mételo a fraile en Guadalupe” (El real y secular monasterio mariano extremeño, uno de los principales templos de la cristiandad).

“Si quieres matar a un fraile/ quítale la siesta y échale de comer tarde”. (Los frailes se levantan muy temprano y llevan el horario a rajatabla).

“O por fraile o por hermano/ todo el mundo franciscano”.

Estos saberes, estos sentires, estas canciones, proverbios y dichos, salidos de lo más hondo de la entraña del pueblo, del pueblo más sincero, han recorrido el mundo entero, desde la tórrida y húmeda manigua cubana hasta la jungla filipina, desde las heladas tierras centroeuropeas, hasta los resecos desiertos africanos, siempre en boca de soldados, de soldados y misioneros.

Y han dejado algo de ellos en aquellas tierras, han dejado parte del alma y, a veces, frecuentemente, la vida. Pero con ello han inspirado y moldeado, a lo largo del tiempo, el folklore de otras regiones, de otros países, pues la huella del hombre auténtico, en nuestro caso el soldado, es imperecedera.

BIBLIOGRAFÍA

ALIA PAZOS, Isabel: Trabajos periodísticos sobre asuntos extremeños en los diarios “Extremadura” y “Hoy”, de Cáceres y Badajoz, respectivamente, y comunicaciones presentadas a los Congresos de Estudios Extremeños.

BERZOSA GONZÁLEZ, Santiago: “Boda típica extremeña”, fiesta típica en Torrejoncillo” “Cáceres canta”, “Sinfonía extremeña”, “Tornavacas canta”, “Redoble, redoble” etc.

BLÁZQUEZ MARCOS, José: “Por la vieja Extremadura”, “Guía artística de la provincia de la provincia de Cáceres”, Cáceres. Tipografía Extremadura. 1929

CAPDEVIELLE, Ángela: “Cancionero de Cáceres y su provincia”. Servicios Culturales de la Diputación Provincial de Cáceres. Artes Gráficas. Madrid, 1969.

COLLADO ALONSO, Gregoria: “Ensayos sobre asuntos extremeños”.

CORDERO GÓMEZ, Juan Luis: “Lírica arroyana”.

GALLARDO DE ALVAREZ, Isabel: Colaboraciones sobre folklore en la “Revista de Estudios Extremeños”, de los Servicios Culturales de la Diputación Provincial de Badajoz.

GARCÍA MATOS, Manuel: “Lírica popular de la alta Extremadura”.Unión Musical Española. Madrid, 1944.

GARCÍA-PLATA DE OSMA, Rafael: “Geografía popular de Extremadura. Apuntes folklóricos recogidos en Alcuéscar”. Revista de Extremadura. Cáceres.1.907. “Los sanchicos de Alcuéscar”. Revista de Extremadura. Cáceres, 1.907

GARCÍA SERRANO, Rafael: “Bailando hasta la Cruz del Sur”. Gráficas Gíes. Madrid, 1954.

GIL GARCÍA, Bonifacio: “Folklore musical extremeño. Principales rasgos de su riqueza tonal”, Revista de Estudios Extremeños, Badajoz, 1935. “Cancionero popular de Extremadura”. Colección, estudio y notas. Dos tomos. Publicaciones de la Diputación Provincial de Badajoz. Badajoz, 1971.

GONZÁLEZ BARROSO, Emilio: “Cancionero popular extremeño”. Biblioteca Básica Extremeña. Badajoz, 1980.

GONZÁLEZ MENA, María Ángeles: “Museo de Cáceres. Sección de Etnografía”. Servicios Culturales de Publicaciones del Ministerio de Educación y Ciencia. Madrid, 1976.

HOYOS, Nieves de: Ensayos publicados y comunicaciones presentadas a los Congresos de Estudios Extremeños.

MAILLO GARCÍA, Adolfo: “Ensayos sobre material folklórico”. Diario “El Imparcial”, Madrid, 1930.

MARTÍN GIL, Tomás: “Motivos extremeños” (artículos publicados en “La Montaña” y “Extremadura” de Cáceres; “Revista del Centro de Estudios Extremeños” y “Hoy”, de Badajoz). Escuelas Profesionales del Sagrado Corazón de Jesús. Juan Bravo, 3. Madrid, 1968.

NICOLÁS RODRÍGUEZ, Santos: Información proporcionada al autor de este ensayo.

SÁNCHEZ LORO, Domingo: Trabajos sobre “Los coros placentinos y coros y danzas”, del libro “Jornadas Literarias por la Alta Extremadura”. Cáceres, 1955.

TERRÓN SOBRADO, Julio: “Recopilación de canciones populares”. Plasencia.

Oct 011993
 

Fray Patricio Guerín Betts.

Sobre el año y lugar de nacimiento de este muy ilustre personaje no hay noticia tan exacta e indiscutible como sería de desear. Se calcula que sería hacia el 1400 y en Trujillo. Vivió alrededor de setenta años y su vida se puede dividir en dos secciones muy marcadas: la nacional y la internacional.

En 1430 consiguió en Salamanca el título de bachiller en leyes. Por entonces era clérigo de Ávila, donde fue canónigo y también en Salamanca y Deán de Astorga. Desde 1436 licenciado en leyes y abad de Santa María de Husillos (Palencia). En 1438 el Papa Eugenio IV le concede beneficios en León y Palencia. Este mismo año es nombrado oidor del Palacio Apostólico y miembro del Tribunal de la Rota Romana.

Y a partir de entonces comienza la segunda parte de su vida, sin duda la más gloriosa y fecunda para la Iglesia Universal. Embajadas a Florencia (1438), Venecia (1439), Sena (1440). Legado del Papa en las Dietas de Maguncia (1441), Francfort (1441, 1442), Nüremberg (1443,1444), Francfort (1445,1456).

En 1445 fue nombrado oidor general de la Cámara Apostólica y en 1446 cardenal del título del Santo Ángel en Pescheria. También el Papa Nicolás V le envió varias veces a Alemania, donde desde 1447 estuvo dos años. Junto con el emperador Federico fue promotor del concordato de Viena en 17 de febrero, 1448. Estuvo también en Bohemia y Hungría. Desde 1450 a 1454 le enviaron a Florencia, Venecia y Milán, para preparar una cruzada contra los turcos.

El Papa Calixto III (español) le mandó una vez más a Alemania y Hungría (1445,1456) y Bosnia (1457). En 1461, ya en el pontificado de Pío II, aún está en Hungría y le llegaron a llamar Protector de los Húngaros.

Junto con el cardenal Bessarión fue íntimo consejero del Papa Pío II, que le nombró obispo de Porto en 1461.

Paulo II le encomendó formar una Liga de Estados Italianos. Los dos últimos años los pasó en Roma y fue elegido Camarlengo del Sacro Colegio. Falleció el 11 de enero, 1469 y fue enterrado en la iglesia de San Marcelo. El cardenal Bessarión redactó el epitafio.

Su relación con España en la segunda época de su vida no pudo ser mucha, pero existió a través de algunos nombramientos. Ya Eugenio IV le nombró obispo de Coria en 1443 y en 1446 de Plasencia. Aquí fundó la cátedra de Humanidades, Nicolás V le dio la Encomienda de la abadía cisterciense de Moreruela en Zamora en 1449. Se da la circunstancia curiosa de que el mismo Carvajal era opuesto a las Encomiendas, mas, quizás en este caso concreto hubo algún motivo especial para aceptar. Lo cierto es que tenemos una hermosa fotocopia de un documento del Papa Pío II en que apoya una reclamación de Carvajal como tal abad comendatario de Moreruela a favor de los derechos de la Comunidad. Reza así:

“Pius episcopus, servus servorum Dei. Dilectis filiis Decano Ecclesiae Bracharensis et Officiali Bracharensi. Salutem et Apostolicam Benedictionem, Conquesti sunt Nobis Venerabilis Frater noster Iohannes episcopus Portuensis, qui monasterium de Moreruela cisterciensis Ordinis Zamorensis dioecesis ex concessione et dispensatione Apostolicae Sedis in commendam obtinet et Conventus eiusdem ad Alvarus Peres et quidam alii laici Bracharensis diócesis super quibusdam possessionibus et aliis immobilibus in dicta dioecesi Bracharensi cosistentibus mobilibusque bonis, fructibus, redditibus, proventibus et rebualiis ad dictum Monasterium legitime spectantibus iniuriantur eisdem. Itaque Discretioni vestrae per apostólica scripta mandamus quatenus, vocatis qui fuerint evocandi et auditis hinc inde propositis, quod iustum fuerit, appellatione remota, decernatis, facientes quod decreveritis per censuram ecclesiasticam firmiter observari. Testes autem qui fuerintnominati, si gratia, odio vel timore subtraxerint, censura simili, appellatione cesante, compellatis veritati testimonium perhibere. Quod, si non ambo iis exsequendis potueritis interesse, alter vestrum ea nihilominus exequátur. Datis Viterbii anno Incarnationis Dominicae millesimo quadragintesimo sexagésimo secundo, tertio nonas iunii, pontificatus nostri anno quarto .”

Que traduciendo quiere decir:

“Pío, obispo, siervo de los siervos de Dios. A los amados hijos el Decano de la iglesia de Braga y al oficial de Braga. Salud y la bendición apostólica. Se nos han quejado nuestro Venerable Hermano Juan, obispo de Porto, que tiene en encomienda el monasterio de Moreruela, de la Orden cisterciense en la diócesis de Zamora por concesión y dispensa de la Sede Apostólica y la Comunidad del mismo contra Álvaro Peres y algunos otros seglares de la diócesis de Braga, sobre diversas posesiones y otros inmuebles sitos en dicha diócesis de Braga, así como bienes muebles, frutos y réditos, rentas y otras cosas que corresponden legítimamente a dicho Monasterio y contra los cuales comenten desmanes. Por lo tanto mandamos a vuestra Discreción por este escrito apostólico que, llamados los que fueren de llamar y habiendo oído las razones alegadas por unos y otros, dispongáis lo que sea justo, sin admitir apelación y hagáis guardar lo decretado firmemente bajo censura eclesiástica. En cuanto a los testigos nombrados, si por soborno, odio o temor fallasen, les obliguéis bajo la misma censura y sin posibilidad de recurrir, a dar testimonio de la verdad. Que, si ambos no pudieseis ocuparos en ejecutar lo sobredicho, uno al menos de vosotros lo ejecute. Dado en Viterbo el año de la Encarnación del mil cuatrocientos sesenta y dos a tres de junio y en el cuarto de nuestro pontificado.”

Lo cual es buena muestra de la solicitud del Cardenal por sus encomendados de España. Aunque estuvo fuera más de treinta años, había marchado ya maduro y muy relacionado y eso no se olvida fácilmente. Según Denfle, citado por Pastor (t.V, p.121), fundó un colegio en Salamanca.

En su monumental obra Historia de los Papas Ludovico Pastor le menciona en los cinco primeros volúmenes (Barcelona, 1910). En la página 120 del tomo IV y sgtes. dice:

“…Juan de Carvajal, jaladalid de los cardenales de más severas ideas eclesiásticas. Su máxima favorita era: Sufrirlo todo por Cristo y su Iglesia. Su gran modestia y su total monosprecio de la celebridad han sido la causa de que la memoria de aquel varón enteramente extraordinario no haya alcanzado todo el esplendor que merecía…dio en 22 legaciones brillantes pruebas de su abnegada fidelidad y espíritu de sacrificio en por de la causa de la iglesia y que de todos sus viajes no trajo otra cosa sino la fama de su honestidad sacerdotal…Había ido a Hungría lleno de fuerza y salud en tiempo de Calixto III…y volvió hecho un viejo y quebrantado de aquella espinosa legación …En Roma se tributaba la mayor veneración a aquel varón sufrido…Ningún otro cardenal, se decía con justicia, ha trabajado tanto, ni tolerado tan indecibles fatigas como él en los seis años de aquella legación, en la cual se consagró al más sublime de los intereses es de la Iglesia, la defensa de su fe…De buena gana asistía con sus consejos a las personas de todos estados y apoyaba a los débiles contra los poderosos y ni por un instante desmintió los rasgos característicos: la severidad y la justicia…En su modesta casa…reinaba la mayor simplicidad y un orden ejemplarísimo. Su manera de vivir severamente ascética hacía posible al cardenal socorrer copiosamente a los pobres y acudir a las iglesias necesitadas. Nunca faltó a una solemne festividad eclesiástica o a un consistorio y en estos decía su parecer con libertad, pero sin aspereza ni espíritu contencioso…sus discursos eran breves, sencillos, inteligibles, rigorosamente lógicos…Se puede decir que no había nadie en Roma que no se hubiese inclinado ante aquel carácter de alteza y profundidad enteramente extraordinarias…Lo propio que a sus contemporáneos ha obligado Carvajal a los historiadores más modernos a tributarle no sólo estima y reconocimiento, sino también admiración”

En 1752 publicó sobre él una obra (De rebus gestis Ioannis S.R.E.Card. Carvajalis Commentarius) en Roma. En 1947 apareció en Málaga la del P. Lino Gómez Canedo Don Juan de Carvajal y en el Diccionario de Historia Eclesiástica de España un artículo de J. R. Codina en 1972

Oct 011993
 

Juan García-Murga Alcántara.

En nuestra área cultural y social mediterránea, y particularmente dentro de ella en la regional extremeña, más que en otras zonas y colectividades o ámbitos geográficos, la calle de nuestras ciudades y pueblos se nos presenta como un núcleo de convivencia, de encuentro y manifestación de civilizaciones: “voy a la calle”, es una expresión que encierra un valor mucho más profundo que el simple hecho de salir de casa, se trata de un programa o forma de vivir la contenida en esta sencilla frase: se diría que el recinto doméstico se prolonga de puertas afuera del reducido lugar donde vivimos.

Nuestra sociedad es abierta, climáticamente receptiva e invitadora al contacto personal; se crea lo que se denomina “ambiente”, palabra de difícil comprensión y definición, y que está marcada en su contenido por las personas que viven y laboran en un determinado lugar: son los seres humanos los que marcan el ambiente, no se puede en ningún caso creer en le determinismo de los lugares: el historiador, por ejemplo; sabe muy bien que para decir que un determinado rincón del mundo imprime carácter, ha de estudiarse el citado lugar generalmente desprovisto de la finalidad primera para la que se concibió, y sin la presencia de los habitantes primitivos que lo hicieron; son los hombres de cada día los que, con la evolución de su pensamiento, que fluye afortunadamente sin fin, dan una interpretación trascendente a los edificios, rincones y ámbitos ahora con frecuencia desiertos o poco o nada utilizados.

La calle de los núcleos donde se desenvuelve nuestra sociedad es, lo repetimos, lugar de encuentro e invitación a la convivencia, la cual puede y debe estar rodeada de valores espirituales y también materiales que sean estéticamente hermosos.

Los recintos urbanos actuales, se les considera como reflejo de épocas pasadas en su trama constructiva o como prefiguración o encuadre de acontecimientos históricos, merecen en muchas ocasiones su custodia, vigilante por nuestra parte, pero sin procurar una mera conservación sino una valoración con criterios actuales, que no pueden pretender una conservación erudita si más: conservar por conservar es un criterio que no debe estar presente nunca en la mente del historiador: esta iniciativa supuestamente conservadora se trata en muchos casos de un costosísimo capricho; ¿y el valor de la simple contemplación estética, sin más?, podríamos preguntarnos; es éste un preciosísimo valor moral, pero su calidad alcanza mayor brillo si se procura orientar la referida contemplación a procurar el perfeccionamiento, en su uso por parte de la comunidad en donde se incruste, del monumento de que se trate.

Todos comprendemos que existen muchas clases de lo que se ha dado en llamar “vida”; los edificios en sí y las obras de arte no son seres vivos, pero participan de esa vida en tanto en cuanto el sentido que les den esas personas que los construyen y habitan; el historiador sabe como pocos que el hombre no hace las cosas sin una finalidad, especialmente aquellas iniciativas que por su tamaño, dificultad de ejecución, importancia, …son obras de y para una colectividad; lo que ocurre es que , partiendo de la base de poseer una mente equilibrada y ágil, ha de tenerse como criterio de la máxima importancia el de la armonía de los elementos de un conjunto arquitectónico o recinto urbano; consideramos este mismo equilibrio armónico, que también exigimos en las arquitecturas actuales, como un valor integrante del patrimonio artístico que se pretende defender; nos sentimos menos vivos si nos rodean obras que parezcan testimonio de la falta de interés estético o cultural de otros seres humanos, especialmente cuanto más cercanos sean a nosotros, en el espacio y el tiempo; el monumento queda de esta forma disminuido en importancia, la pretensión de originalidad se convierte en una muestra de falta de gusto, tan frecuente por otra parte en muchos elementos puestos a nuestro servicio en esta vida excesivamente volcada a lo práctico, utilitario y materialista.

Obviamente la vida moderna no puede desenvolverse a nuestro gusto en los mismos ámbitos urbanos que en épocas pasadas; son diferentes materiales y otras técnicas constructivas, la población es mucho más numerosa y uniformizada, imponiéndose de esta forma criterios en los que prime lo práctico, el sentido de lo colectivo antes que el genio individual; pero, a pesar de todo, los hombres de nuestra época no tienen que pasar a la Historia como aquéllos que perdieron el gusto estético y destruyeron todo lo que merecía la pena conservar en le terreno del arte y del amor por los edificios monumentales; en vez de modernos se nos podría llamar bárbaros, pero en el sentido etimológico de la palabra: extranjeros en el campo de la Cultura.

Oct 011993
 

Mª Jesús Fernández García.

Si bien la intención última y fundamental que motiva los primeros relatos sobre el Nuevo Continente es informativa y forma parte de la obligación adquirida por los viajeros-conquistadores de referir detalladamente a la corona sobre lo acaecido y lo hallado en las nuevas tierras, sus narraciones y las de posteriores cronistas, algunos de ellos meros recopiladores de las historias oídas y otros auténticos etnógrafos, tienen el carácter de textos interesantes para su estudio desde la perspectiva historiográfica, pero también filológica. Aunque descartada a priori cualquier intención de nacer como textos literarios, las crónicas sobre América son desde hace tiempo consideradas una importante página de la historia literaria en lengua española.

El relato del primer contacto con América llega de la mano de su más directo protagonista, Cristóbal Colón[1], en forma de diario de navegación y de cartas. Por su parte, Hernán Cortés será el cronista, aunque no único, de una nueva etapa en el proceso, la de conquista y dominación militar de los pueblos de Mesoamérica; le seguirán F. López de Gomara, que escribe a partir de los recuerdos del conquistador, y Bernal Díaz del Castillo, cuya Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España es resultado de una reacción crítica ante la versión de los hechos dada por López de Gomara. Vendrán después nuevas visiones de la «gesta» y de la figura del conquistador en la línea de una historiografía de las grandes epopeyas y de los héroes.

En el caso de las Cartas de relación de Hernán Cortés se ha destacado la presencia continua de un deseo de encumbramiento personal[2], palpable a través de la personalización de los acontecimientos y de la toma de decisiones. Los móviles políticos y económicos que el conquistador tenía tanto en tierras americanas como españolas subyacen al relato, que se presenta en forma de cartas al Emperador como una comunicación aparentemente cerrada, donde un emisor en primera persona refiere su experiencia personalísima en las nuevas tierras que los españoles van ocupando política y militarmente. En Hernán Cortés se unen cronista y protagonista siguiendo el modelo autobiográfico que, para las Crónicas de Indias, inauguró Colón y que será después muy seguido. Caracteriza este modelo la focalización personal de todo el relato.

De entre las cinco cartas[3] que Hernán Cortés escribe al emperador Carlos I, hemos elegido la Segunda Relación. Esta carta, como relato de un viaje, contiene los avatares vividos en un espacio que va desde el puerto de Veracruz, ciudad fundada por Cortés en 1519 y de donde sale la expedición en Agosto de ese mismo año, hasta la ciudad de Tenochtitlán, posterior salida de ella y vuelta a Segura de la Frontera, población que habían fundado los españoles poco antes como puesto defensivo y fronterizo entre el señorío de Moctezuma y las provincias de los aliados y nuevos vasallos de la corona española. En esta población concluye Cortés su relación al Emperador en Octubre de 1530. Desde su arribo al continente, la fama de la ciudad de Tenochtitlán y del poder de su cacique Moctezuma determinó que Cortés convirtiera a una y otro en el objetivo último de su internada en el territorio azteca desde la costa. Aunque Hernán Cortés escribe su relación no como diario sino como una visión retrospectiva de lo acaecido bastantes meses antes al momento de su narración, cronológicamente los hechos se recuperan en una secuencia lineal fiel a su sucesión real en el tiempo, de modo que el relato progresa como un lento avance hacia la gran ciudad.

El conjunto de la carta atiende a dos ejes: por un lado la narración de lo hecho y por otro la descripción de lo visto. A ellas, se superpone un metadiscurso compuesto por las reflexiones y las dudas que el autor manifiesta sobre su capacidad de transmitir con verosimilitud su experiencia y, en general, sobre la dificultad de aprehender verbalmente las nuevas realidades[4].

Aunque los acontecimientos que se narran en esta Segunda Relación son de gran trascendencia en la trayectoria personal del conquistador, según ha puesto de manifiesto la historiografía sobre él[5], nuestro objeto de análisis se encuentra en el eje de la visión, de la descripción de lo visto por Cortés. Distintos autores se han detenido en este aspecto especialmente atractivo que es el de la reacción del descubridor, conquistador, colonizador, en suma, del hombre europeo ante la visión de una realidad desconocida y se han empleado distintos términos para intentar sintetizarla en una palabra: asombro, sorpresa, admiración.

Eran sobrados los motivos que tenían los españoles para asombrarse y uno de ellos es el paisaje. Aunque se ha reconocido la importancia que la descripción de la naturaleza tiene en los cronistas de Indias hasta el punto de que en algunos de ellos es un «valor artístico aislado»[6], no se ha incidido demasiado en distinguir la descripción del paisaje natural de la de un paisaje urbano.

El paisaje natural y selvático[7] que tanto representa en el discurso de otros cronistas está en un segundo plano en Hernán Cortés que hace menciones más bien breves y generales a él:

«e así pasé un puerto que está al fin desta provincia, que pusimos nombre el puerto del Nombre de Dios, por ser el primero que en estas tierras habíamos pasado. El cual es tan agro y alto, que no lo hay en España otro tan dificultoso de pasar.»

«Desde aquí anduve tres jornadas de despoblado y tierra inhabitable a causa de su esterilidad y falta de agua y muy gran frialdad que en ella hay…»

Tan sólo en una ocasión la contemplación de dos volcanes[8] le merece mayor atención y la descripción es más reposada:

«Que a ocho leguas desta ciudad de Churultecal están dos sierras muy altas y muy maravillosas, porque en fin de agosto tienen tanta nieve que otra cosa de lo alto dellas sino la nieve se parece; y de la una, que es la más alta, sale muchas veces, así de día como de noche, tan grande bulto de humo como una gran casa, y sube encima de la sierra hasta las nubes, tan derecho como una vira; que, según parece, es tanta la fuerza con que sale, que aunque arriba en la sierra anda siempre muy recio viento, no lo puede torcer; y porque yo siempre he deseado de todas las cosas desta tierra poder hacer a vuestra alteza muy particular relación, quise désta, que me pareció algo maravillosa, saber el secreto, y envié diez de mis compañeros, tales cuales para semejante negocio eran necesarios, y con algunos naturales de la tierra que los guiasen y les encomendé mucho procurasen de subir la dicha sierra y saber el secreto de aquel humo de dónde y cómo salía…»

Una descripción por otra parte plagada de algunos de los recursos más frecuentes en el estilo descriptivo de Hernán Cortés, como veremos para la descripción de las ciudades, y que pueden entenderse como vehículos de la expresión de un sentimiento de asombro. Nos referimos a la presencia de partículas como muy, mucho, tan, tanto, a veces en estructuras comparativas o consecutivas, y a adjetivos como maravilloso y gran(de).

La focalización es mucho más nítida y detallada cuando el centro de la descripción son algunas de las ciudades que Cortés halla a su paso camino de Tenochtitlán. Hasta el momento de esta expedición la experiencia colonial de Hernán Cortés se reducía a las islas, por ello su viaje por el interior del Continente supone el progresivo descubrimiento de una civilización altamente desarrollada como el propio Cortés reconoce. Descubrir ciudades con una organización, tanto urbanística como comercial, en nada menor a la europea era quizás lo que el conquistador menos podía esperar. El auténtico encuentro con estas civilizaciones y el asombro que ello produce en Cortés tienen su momento preciso ante la contemplación de las ciudades mesoamericanas. La descripción de las mismas refleja la admiración que despiertan en los recién llegados españoles, admiración teñida sin duda de intereses económicos y políticos. El lenguaje que sirve a esta descripción es lo que desde nuestra perspectiva filológica más nos interesa y, en concreto, determinar qué recursos lingüísticos emplea el cronista y al servicio de qué visión están.

LAS CIUDADES MEXICANAS:

Hernán Cortés nombra en su Segunda Relación veinticuatro ciudades, de las cuales visita catorce[9], aunque describe detalladamente sólo siete, aquellas que debieron parecerle más importantes.

Pero además Cortés plaga su narración de referencias a ciudades pequeñas, pueblos, aldeas y alquerías, poblaciones menores en general, de las que normalmente no menciona el topónimo. El efecto logrado es la sensación de que los territorios por los que deambulan los españoles no son parajes deshabitados sino que, muy al contrario, densamente poblados[10]:

«Y a la cuarta jornada entré en una provincia que se llama Sienchimalen, en que hay en ella una villa muy fuerte y puesta en recio lugar (…); y en el llano hay muchas aldeas y alquerías de a quinientos y a trescientos y a doscientos vecinos labradores (…)»

«E antes que hobiesen lugar de se juntar les quemé cinco o seis lugares pequeños de hasta cien vecinos e truje cerca de cuatrocientas personas, entre hombres y mujeres, presos…»

«(…) y en la ribera dél hay muchas y grandes poblaciones, y toda la provincia es muy llana y muy fuerte, y abundosa de todas las cosas de la tierra y de mucho y casi innumerable gente.»

«En esta gran ciudad estuve proveyendo las cosas que parecía que convenía al servicio de vuestra sacra majestad, y pacificando y atrayendo a él muchas provincias, y tierras pobladas de muchas y muy grandes ciudades y villas y fortalezas…»

Al lado de estas poblaciones menores y algunas ciudades de las que apenas nos ofrece más que el nombre, fueron objeto de una descripción más detallada siete ciudades que son por orden de aparición en el relato Tascaltecal, Churultecal, Temixtitán, Iztapalapa, Tezcuco, Ocupatuyo e Izzucan. La capital del imperio azteca, Temixtitán[11], es de entre ellas la más extensamente descrita. El ritmo del relato se frena para resaltar con detalle cada una de sus particularidades.

En la descripción de unas y otras hay unos elementos comunes que aparecen en mayor o menor medida desarrollados:

1. Como acabamos de ver el número de habitantes es casi una constante en la información sobre una ciudad, al igual que la localización de la misma que se hace bien señalando la distancia en leguas de otra ya conocida o bien dando alguna peculiaridad del terreno en que se ubica:

«Esta ciudad de Churultecal está asentada en un llano…»

«E aquellas personas que conmigo iban a Muteczuma me dijeron que no parase, sino que me fuese a otra ciudad que está a tres leguas de allí, que se dice Iztapalapa (…) Terná esta ciudad de Iztapalapa doce o quince mil vecinos; la cual está en la costa de una laguna salada grande, la mitad del agua y la otra mitad en la tierra firme.»

«E la cabeza dél es una muy gran ciudad que está junto a esta laguna salada (…) E llámase esta ciudad Tezcuco, y será de hasta treinta mil vecinos.»

«En este tiempo vinieron a se ofrecer al real servicio de vuestra majestad los naturales de una población grande que está encima de aquellas sierras, dos leguas de donde el real de los enemigos estaba, y también al pie de la sierra donde he dicho que sale aquel humo, que se llama esta dicha población Ocupatuyo (…) Será esta ciudad de hasta cinco o seis mil vecinos…»

2. Un índice de desarrollo y bienestar para Cortés lo constituyen las casas y edificios en general: es importante su número en una localidad, la riqueza de los materiales constructivos, su extensión y número de aposentos así como la existencia en ellas de jardines o huertas aledaños. Por ello son habituales informaciones como:

«Esta ciudad de Churultecal (…) tiene hasta veinte mil casas dentro del cuerpo de la ciudad, e tiene arrabales otras tantas.»

En Iztapalapa:

«Tiene el señor della unas casa nuevas que aún no están acabadas, que son tan buenas como las mejores de España, digo de grandes y bien labradas, así de obra de cantería como de carpintería y suelos (…) Tiene en muchos cuartos altos y bajos jardines muy frescos (…) Tiene una muy grande huerta junto a la casa (…) y dentro de la huerta una muy grande alberca de agua dulce, muy cuadrada, y las paredes della de gentil cantería…»

En Tezcuco:

«Tiene, señor, en ella muy maravillosas casas y mezquitas, y oratorios muy grandes y muy labrados.»

En Caltanni, una población menor que no se incluye en este grupo de las mejor descritas, llamó la atención de Cortés la calidad de las casas del cacique local:

«(…) y a la abajada del dicho puerto, entre unas sierras muy agras, está un valle muy poblado (…) llegué a un asiento algo más llano, donde pareció estar el señor de aquel valle, que tenía las mayores y más bien labradas casas que hasta entonces en esta tierra habíamos visto, porque eran todas de cantería labradas y muy nuevas, e había en ellas muchas y muy grandes y hermosas salas y muchos aposentos muy bien obrados; y este valle y población se llama Caltanni.»

Comentarios breves sobre las casas se desperdigan a lo largo de toda la Segunda Relación y todos tienen en común la calificación en grado superlativo del adjetivo que se atribuye a dichas construcciones:

«nos aposentaron en unas muy buenas casas del señor del lugar»

«y en lo alto de este cerro terná una población de hasta cinco o seis mil vecinos, de muy buenas casas…»

«dije que había muy grandes poblaciones y casas muy bien obradas, de mejor cantería que en ninguna de estas partes se había visto.»

Sorprenden especialmente a Cortés los edificios religiosos. Este encuentro con una realidad que desconoce, la del templo-pirámide azteca, y la necesidad de nombrarlo le lleva a elegir un término como mezquita, con que se denomina la realidad antagónica del mundo católico que Cortés siente más próxima[12]:

«E certifico a vuestra alteza que yo conté desde una mezquita cuatrocientas y tantas torres en la dicha ciudad, y todas son de mezquitas.»

«(…) en todas muy buenos edificios de casas y torres, en especial las casas de los señores y personas principales y de las sus mezquitas u oratorios, donde ellos tienen a sus ídolos.»

3. En consonancia con el planteamiento utilitario y con la visión del colonizador que centra su atención sobre todo en la viabilidad de un proyecto de ocupación y explotación económica, están por un lado las descripciones de los mercados y por otro la mención, siempre ponderativa, de las tierras de labranza:

3.a. En cuanto a los mercados, las descripciones pormenorizadas corresponden a los de Tascaltecal y al de la capital, Tecnochtitlán; en ambas se resaltan, por un lado, la cantidad de los productos que pueden hallarse en dichos mercados y para ello se sirve del empleo frecuentísimo de los cuantificadores mucho(a) y tanto(a)al igual que de enumeraciones. La calidad se subraya por medio del adverbio muy, modificador siempre de adjetivos positivos y también por medio de comparaciones con realidades del ámbito hispánico o del mundo. Por último, un rasgo como la variedad se expresa por medio del determinante todo (a). El conjunto de estos elementos o recursos superlativos convierte las descripciones en un cuadro de conjunto que recoge productos, oficios vinculados a la venta, medidas, recaudadores de impuestos y personas que deambulan por él, todos bajo una visión subjetiva que les encarece y exalta sus valores.

En Tascaltecal:

«Hay en esta ciudad un mercado en que cuotidianamente, todos los días, hay en él de treinta mil almas arriba vendiendo y comprando, sin otros muchos mercadillos que hay por la ciudad en parte. En este mercado hay todas cuantas cosas, así de mantenimiento como de vestido y calzado, que ellos tratan y pueden haber. Hay joyerías de oro y plata y piedras (…) tan bien concertado como puede ser en todas las plazas y mercados del mundo. Hay mucha loza de todas maneras y muy buena, y tal como la mejor de España. Venden mucha leña y carbón y yerbas de comer y medicinales. Hay casas donde lavan las cabezas como barbero y las rapan; hay baños. Finalmente que entre ellos hay de toda manera de buena orden y policia y es gente de toda razón y concierto.»

La descripción del mercado de Tenochtitlán es más prolija en enumeraciones de minerales, de aves, de hierbas, de verduras y frutas, de pescados y en general de todos los productos que podían hallarse en él, desde ropa de algodón hasta vasijas de barro, pasando por colores para pintores, cuya venta se distribuye por calles como era también la costumbre gremial en Europa. La necesidad de subrayar cantidad y variedad requiere de expresiones como «en mucha cantidad», «en gran cantidad», «infinitas maneras», «de diversas maneras», «de muchas maneras» (además de las ya señaladas mucho y todo), que culminan en frases ponderativas del tipo de:

«(…) donde hay todos los géneros de mercadurías que en todas las tierras se hallan (…), donde venden todos los linajes de aves que hay en la tierra (…) donde hay todas las raíces y yerbas medicinales que en la tierra se hallan (…) Hay todas las maneras de verduras que se fallan.»

Y para concluir:

«Finalmente, que en los dichos mercados se venden todas cuantas cosas se hallan en toda la tierra, que demás de las que he dicho son tantas y de tantas calidades, que por prolijidad y por no me ocurrir tantas a la memoria, y aun por no saber poner los nombres, no las expreso.»

Estilo encomiástico que se da desde el primer momento de la descripción donde se refiere al lugar en que se instala el mercado y al número de personas que acuden a él:

«Tiene otra plaza tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca, toda cercada de portales alrededor, donde hay cotidianamente arriba de sesenta mil ánimas comprando y vendiendo.»

3.b. Por lo que se refiere a la información sobre las tierras de labor es siempre de tipo positivo, resaltándose su fertilidad y su buen aprovechamiento, con lo que se subraya al mismo tiempo el desarrollo de las técnicas agrícolas. Las tierras en torno a la ciudad de Tascaltecal:

«En esta provincia de muchos valles llanos y hermosos, y todos labrados y sembrados, sin haber en ella cosa vacua.»

En Churultecal:

«Esta ciudad es muy fértil de labranzas, porque tiene mucha tierra y se riega la más parte della (…), porque es tanta la multitud de la gente que en estas partes mora, que ni un palmo de tierra hay que no esté labrado.»

En Izzucan:

«Tiene un balle redondo, muy fértil de frutas y algodón, que en ninguna parte de arriba se hace (…); todo este valle se riega por muy buenas acequias, que tienen muy bien sacadas y concertadas.»

El conjunto de esta información debe considerarse de tipo socioeconómico; al mismo tiempo que con admiración y con sorpresa, Cortés describe con los ojos de un hombre práctico que encuentra calidades insospechadas y que quiere transmitir el valor, también material, del hallazgo, de esta forma justifica indirectamente su presencia y su modo de proceder puesto que el resultado compensa sobradamente las dificultades de la empresa.

4. En las dos últimas ciudades descritas por Cortés, tras la experiencia del levantamiento de Tenochtitlán, la información sobre las mediadas defensivas de las ciudades se hace más detallada:

En Ocupatuyo:

«Y toda esta ciudad está cercada de muy fuerte muro de cal y canto, tan alto como cuatro estados por de fuera de la ciudad (…) Y por toda esta muralla va su petril tan alto como medio estado; para pelear tiene cuatro entradas tan anchas como uno puede entrar a caballo (…) En toda la cerca tienen mucha cantidad de piedras grandes y pequeñas y de todas las maneras, con que pelean.»

En Izzucan:

«Está en un llano a la falda de un cerro mediano, donde tiene una muy buena fortaleza; y por la otra parte del llano está cercada de un hondo río y de barranca, que es muy alta, y sobre la barranca hecho un pretil toda la ciudad, tan alto como un estado; tenía por toda esta cerca muchas piedras.»

Como venimos viendo, la descripción no es plana y falta de emotividad en ningún caso. Cortés no tiene inconveniente en expresar la admiración que le produce la contemplación de ciertas ciudades y admitir lo increíble que su relato puede resultar:

De Tascaltecal:

«La ciudad es tan grande y de tanta admiración, que aunque mucho de lo que de ella podría decir dejé, lo poco que diré creo que es casi increíble…»

De Tenochtitlán:

«(…) mas como pudiere, diré algunas cosas de las que vi, que, aunque mal dichas, bien sé que serán de tanta admiración que no se podrán creer, porque los que con nuestros propios ojos las vemos nolas podemos con el entendimiento comprehender…»

Esta admiración se traduce en el relato en una serie de recursos lingüísticos, principalmente recursos de superlación[13] cuya acumulación en cualquiera de las descripciones lleva a concluir que la visión de Cortés es sobre todo magnificadora del paisaje urbano.

1. El recurso más frecuente es la intensificación por medio del adverbio muy, modificador habitual de adjetivos cuyo significado remite a esferas distintas pero siempre positivas: muy poblada, muy torreada, muy alta, muy concertada, muy abrigada de sierras, etc.

La asociación al adjetivo buen(o), tanto antepuesto como pospuesto al sustantivo, y al adverbio bien es una de las más frecuentes: cosas que ellos comen muy buenas, nos metieron en una aposento muy bueno, me hicieron muy buen acogimiento, de muy buen suelo, muy buenas tierras, muy buena fortaleza, muy buenas acequias, muy bien sacadas y concertadas, oratorios muy grandes y muy bien labrados.

Con otros adjetivos como, gran(de), fuerte y fértil la intensificación con muy tiene también varios ejemplos:

  • una muy grande huerta, una muy gran(de) ciudad, un muy gran sitio, oratorios muy grandes, una muy grande alberca;

  • el aposento era muy fuerte, oratorios muy fuertes, cercada de muy fuerte muro de cal;

  • esta ciudad es muy fértil, un balle muy fértil.

En algún caso el adverbio refuerza la expresión de un adjetivo de por sí ya ponderativo: muy maravillosas casas y mezquitas, muy hermosos corredores y salas; o de estructuras comparativas: muy mayor que, muy más fuerte que, muy mucha más gente que.

2. Mucho(a) acompañando a un sustantivo para expresar la cantidad de forma imprecisa no tiene normalmente valor superlativo, sin embargo es su reiterada presencia en algunos contextos en los que se une a otras formas como muy, tan o todo, permite atribuirle una intención intensificadora del número. En Iztapalapa Cortés describe la casa del señor local en estos términos:

«Tiene en muchos cuartos altos y bajos jardines muy frescos, de muchos árboles y flores olorosas; asimismo albercas de agua dulce muy bien labradas, con sus escaleras hasta el fondo. Tiene una muy grande huerta junto a la casa, y sobre ella un mirador de muy hermosos corredores y salas, y dentro de la huerta una muygrande alberca de agua dulce, muy cuadrada, y las paredes della de gentil cantería, e alrededor della un andén de muy buen suelo ladrillado, tan ancho, que pueden ir por el cuatro paseándose (…). De la otra parte del andén, hacia la pared de la huerta, va todo labrado de cañas con unas verjas, y detrás della todo de arboledas y yerbas olorosas, y dentro del alberca hay mucho pescado, y muchas aves, así como lavancos y cercetas y otros géneros de aves de agua; y tantas, que muchasaves casi cubre en el agua.»

Otros cuantificadores como taltantanto o el adjetivo gran(de) no son tan habituales como muy y mucho. Los primeros cuando aparecen lo hacen en estructuras consecutivas de intensidad y gran tiene valor ponderativo en el sintagma «la gran ciudad» que sustituye con mucha frecuencia al topónimo Tenochtitlán. El adverbiobien también intensifica adjetivos en ejemplos como: bien rico, bien satisfecho y bien grande y maravilloso.

En cuanto a los numerales parece que en algunos casos su imprecisión les hace funcionar más como indicación intensificadora de la cantidad que como cifra con valor real: «una población de cuatro o cinco mil indios».

La presencia de adjetivos y sustantivos con valor ponderativo tampoco es muy abundante: se reiteran adjetivos como maravilloso (a), hermoso y gentil, además de sustantivos como grandeza o bondad.

3. En cuanto a la expresión sintagmática, la mayoría de las locuciones que podemos aislar se orientan a la intensificación de la cantidad: «en mucha cantidad», «de toda manera», «sin cuento», «hasta» y «más de» seguidas del numeral.

4. Las estructuras comparativas y las consecutivas de intensidad son las formas más frecuentes de expresión oracional con finalidad ponderativa.

4.a. La comparación, siempre de superioridad o de igualdad, se realiza en ocasiones con respecto a ciudades españolas o al conjunto de España[14]:

En Tascaltecal:

«La ciudad es tan grande y de tanta admiración (…) porque es muy mayor que Granada y muy más fuerte y de tan buenos edificios y de muy mucha más gente que Granada tenía al tiempo que se ganó…»

En Temixtitán:

«Es tan grande la ciudad como Sevilla y Córdoba.»

«Tiene esta ciudad muchas plazas (…) Tiene otra plaza tan grande como dos veces la ciudad de Salamanca.»

En Iztapalapa:

«Tiene el señor della unas casas nuevas que aún no están acabadas, que son tan buenas como las mejores de España, digo de grandes y bien labradas.»

Sus soldados, enviados a ver las minas de oro de Moctezuma, cuentan haber visto muchas y grandes ciudades:

«En especial me dijeron que habían visto una casa de aposentamiento y fortaleza que es mayor y más fuerte y más edificada que el castillo de Burgos.»

No faltan casos de comparación con el conjunto del mundo:

«Hay joyerías de oro y plata y piedras, y de otras joyas de plumajes, tan bien concertado como puede ser en todas las plazas y mercados del mundo.»

La comparación por medio de superlativos relativos con respecto a ciudades vistas anteriormente en el continente americano es un recurso que dibuja una línea creciente de progresivo asombro a medida que se conocen nuevas ciudades:

De Churultecal:

«Es la ciudad más a propósito de vivir los españoles que yo he visto de los puertos acá.»

De una población menor como Caltanni: «que tenía las mayores y más bien labradas casas que hasta entonces en esta tierra habíamos visto»

4.b. Las consecutivas de superlatividad o de intensidad son un recurso habitual para reflejar encomiásticamente cualidades y cantidades y aun para compararlas con otras realidades. Las correlaciones se hacen por medio de las partículas tan….que, tal….que y tanto….que:

Tascaltecal:

«Finalmente que entre ellos hay que toda manera de buena orden y policía y es gente de toda razón y concierto; y tal, que lo mejor de Africa no se le iguala.»

De Churultecal:

«En obra de quince o veinte días que allí estuve quedó la ciudad y tierra tan pacífica y tan poblada que parecía que nadie faltaba della.»

«(…) porque es tanta la multitud de la gente que en estas partes mora, que ni un palmo de tierra hay que no esté labrada.»

Iztapalapa:

«(…) e alrededor della un andén de muy buen suelo ladrillado, tan ancho, que pueden ir por él cuatro paseándose.»

Los españoles que visitaron las minas de oro describieron a Cortés lo visto:

«(…) y en el camino pasaron tres provincias, según los españoles dijeron, de muy hermosa tierra y de muchas villas y ciudades, y otras poblaciones en mucha cantidad, y de tales y tan buenos edificios, que dicen que en España no podían ser mejores.»

TENOCHTITLAN, LA GRAN CIUDAD:

Sin duda Tenochtitlán es el plato fuerte de la conquista de Hernán Cortés. En su segunda carta hace una amplia descripción de la más importante urbe del imperio azteca, descripción más extensa y detallada que incluye tanto a la ciudad como al gran señor de ella, Moctezuma. En el vocabulario cortesano Tenochtitlán es siempre «la gran ciudad», antes y después de su levantamiento contra los españoles:

«(…) entré por una calzada que va por medio desta dicha laguna de dos leguas, fasta llegar a la gran ciudad de Temixtitán»

«(…) en esta gran ciudad estuve proveyendo las cosas que parecía que convenía al servicio de vuestra sacra majestad»

«(…) porque yo quisiera tomar algunos a vida, para me informar de las cosas de la gran ciudad, y de quién era señor después de la muerte de Moctezuma»

«(…) de aquel herido, supe muy por extenso las cosas de la gran ciudad de Temixtitán»

A tal tipo de consideración de la ciudad le corresponde una equivalente para el señor de ella. Moctezuma siempre es «gran señor» que, lógicamente, ostenta un «gran poder» y tiene un extenso imperio donde ejercerlo, pues «era su señorío casi tanto como España» y «era tan temido de todos, así presentes como ausentes, que nunca principe del mundo lo fue más.»[15]

Desde el comienzo de la relación Cortés manifiesta su objeto de llegar hasta ella y hacer vasallo de la corona a su cacique a cualquier precio:

«Y dije asimesmo que tenía noticia de un gran señor que se llamaba Moctezuma, que los naturales desta tierra me habían dicho que en ella había (…) Y confiando en la grandeza de Dios, y con que me ofrecí (…) a mucho más de lo a mí posible. Porque certifiqué a vuestra alteza que lo habría, preso o muerto, o súbdito a la corona real de vuestra majestad.»

Conocida esta intención por Moctezuma en reiteradas ocasiones sus mensajeros intentan evitar este encuentro dibujando la ciudad a Cortés como pobre y estéril, restándole atractivos ante los ojos del conquistador:

«(…) y que todavía me rogaba que no curase de ir a su tierra, porque era estéril, y padeceríamos necesidad, y que de dondequiera que yo estuviese le enviase a pedir lo que yo quisiese, y que lo enviaría muy complidamente. Yo le respondí que la ida a su tierra no se podía excusar, porque había de enviar dél y della relación a vuestra majestad…»

«(…) de parte dél me dijeron que él me enviaba aquello y me rogaba que me volviese y no curase de ir a su ciudad, porque era tierra muy pobre de comida, y que para ir a ella había muy mal camino, y que estaba toda en agua, y que no podía entrar a ella sino en canoas, y otros muchos inconvenientes que para la ida me pusieron…»

La conciencia de su valor como centro económico-político del imperio, pero también de su calidad urbanística, le hacen considerarla con su habitual estilo encomiástico «la mejor y más noble ciudad de todo lo nuevamente descubierto del mundo, y ella perdida se perdía todo lo que estaba ganado por ser la cabeza de todo y a quien todos obedecían.»

En cualquier elemento de su descripción un recurso superlativo está presente:

Las calles:

La calle por la que se aproxima Moctezuma con su séquito al encuentro de Cortés «es muy ancha y muy hermosa y derecha». La ciudad «tiene cuatro entradas todas de calzada hecha a mano, tan ancha como dos lanzas jinetas» y «son las calles della, digo las principales, muy anchas y muy derechas».

Las casas:

«Hay en esta gran ciudad muchas casas muy buenas y muy grandes (…), demás de tener muy buenos y grandes aposentamientos, tienen muy gentiles vergeles de flores de diversas maneras.»

Los puentes:

«Hay sus puentes, de muy anchas y muy grandes vigas juntas y recias y bien labradas, y tales, que por muchas dellas pueden pasar diez de caballos juntos a la par.»

Los templos:

«Hay en esta gran ciudad muchas mezquitas o casas de sus ídolos, de muy hermosos edificios»

En la descripción del templo más importante de la ciudad se reúnen la mayor parte de los recursos de superlación que venimos viendo como los más frecuentes en el estilo de Cortés:

– el recurso a la falta de palabras para la descripción:

«(…) y entre estas mezquitas hay una, que es la principal, que no hay lengua humana que sepa explicar la grandeza y particularidades della»

– intensificación con muy y con cuantificadores como mucho y bien:

«Tiene dentro deste circuito, toda a la redonda, muy gentiles aposentos, en que hay muy grandes salas y corredores (…) Hay bien cuarenta torres muy altas y bien obradas.»

– ponderación con oraciones consecutivas de intensidad:

«(…) es tan grande, que dentro del circuito della, que es todo cercado de muro muy alto, se podía muy bien facer una villa de quinientos vecinos.»

«Son tan bien labradas, así de cantería como de madera, que no pueden ser mejor hechas ni labradas en ninguna parte.»

– estructuras comparativas con realidades españolas:

«Hay bien cuarenta torres muy altas (…); la más principal es más alta que la torre de la iglesia mayor de Sevilla.»

– la adjetivación, en forma superlativa o no, también es de contenido semántico positivo:

«hay unos buenos aposentos», «muy hermosos edificios», «muy gentiles aposentos».

5. Las llamadas «casas de placer» también le causan suficiente admiración a Cortés como para detenerse en una detallada descripción, plagada de enumeraciones. Se trata de distintos tipos de casas de recreo que van desde jardines con estanques, donde se crían las más variadas especies de aves y peces, hasta auténticos zoos donde se exhiben felinos enjaulados de todo tipo, pasando por casas donde los objetos estrambóticos son personas deformes, enanos o albinos.

5.a. El número y la variedad tanto de las casas como de los contenidos de ellas se ponderan de diversas formas:

– con mucho(a) y todas:

«Tenía, así fuera de la ciudad como dentro, muchas casas de placer, y cada una de su manera de pasatiempo.»

«Tenía otra casa donde tenía muchos hombres y mujeres monstruos.»

«E las otras casas de placer que tenía en su ciudad dejo de decir por ser muchas y de muchas calidades».

«y en cada una destas casas había un ave de rapiña, comenzando de cernícalo hasta a águila, todas cuantas se hallan en España y muchas más raleas que allá no se han visto.»

– con expresiones como «mucha cantidad» o «en cantidad»

«E de cada una destas raleas había mucha cantidad»

«Había en esta casa ciertas salas grandes (…) y en todas o en las más había leones, tigres, lobos, zorras y gatos de diversas maneras y de todos en cantidad»

5.b. Por su parte, las calidades son ponderadas por medio de:

– el adverbio muy intensificando el valor de adjetivos de por sí encarecedores como maravilloso, gentil o hermoso:

«Tenía una casa poco menos buena que ésta, donde tenía un muy hermoso jardín con ciertos miradores (…) y los mármoles y las losas dellos eran de jaspe, muy bien obradas.»

«Tenía otra casa muy hermosa, donde tenía un gran patio losado de muy gentiles losas.»

«Había en esta casa ciertas salas grandes, bajas, todas llenas de jaulas grandes, de muy gruesos maderos, muy bien labrados y encajados, y en todas o en las más había leones, tigres, lobos…»

– con una consecutiva de intensidad unida a la referencia a la imposibilidad de expresar verbalmente lo que se ha visto:

«Tenía dentro de la ciudad sus casas de aposentamiento, tales y tan maravillosas, que me parecería casi imposible decir la bondad y grandeza dellas. E por tanto no me porné en expresar cosas dellas, más de que en España no hay su semejante.»

– con oraciones comparativas:

«Tenía (…) muchas casas de placer (…) tan bien labradas cuanto se podía decir»

«E las casas eran hondas cuanto estado y medio, y tan grandes como seis pasos en cuadra.»

Incluso la falta de recurso alguno de superlación puede ser reflejo de la verosimilitud con que se quiere presentar algo que ha producido un gran asombro y que de otra manera podría parecer exageración. Así, la frecuente elección del verbo certificar evidencia el deseo de reforzar la autenticidad de un dato que magnifica la existencia de estos lugares de recreo: las exigencias económicas y el número de personas necesario para el mantenimiento diario de dichas casas de placer:

«Certifico a vuestra alteza que a las aves que solamente comían pescado se les daba cada día diez arrobas dél, que se toma de la laguna salada. Había para tener cargo destas aves trecientos hombres, que en ninguna otra cosa entendían.»

El estilo superlativo no se reduce a la descripción de la ciudad, está también presente en otras como en las de las riquezas de Moctezuma y en los regalos que éste hace a Cortés, pero tales descripciones sobrepasan nuestros límites.

En resumen, admiración y asombro ante la organización de las ciudades y la calidad de su urbanismo es la reacción del conquistador, pero subyace a esta manifestación una realidad de fondo: la existencia de una civilización con altos índices de desarrollo. La evidencia de este desarrollo en su vertiente socioeconómica (también técnica y cultural) tiene para Cortés su más palpable reflejo en el número de ciudades que vertebran el territorio, en las dimensiones de las mismas, en la fastuosidad de sus edificios públicos y en la racionalidad de su trazado viario. Todo ello le lleva a Cortés a equiparar con España esta tierra y pedir para ella el nombre de Nueva España:

«Por lo que yo he visto y comprehendido cerca de la similitud que toda esta tierra tiene a España, así en la fertilidad como en la grandeza y fríos que en ella hace, y en otras muchas cosas que la equiparan a ella, me pareció que el más conveniente nombre para esta tierra era el de la Nueva España del mar Océano; y así, en nombre de vuestra majestad se le puso aqueste nombre.»

Pese al sentimiento de predestinación religiosa que se ha destacado en la mentalidad cortesana, el discurso de Cortés en esta Segunda Relación no se basa en la contraposición del salvaje con el europeo. La consideración de estos pueblos como bárbaros se debe sobre todo a su desconocimiento de la religión católica y a la práctica de sacrificios humanos y en ningún momento al desprecio de otras formas culturales. Las referencias a sus similitudes con España y, en general, su estilo ponderativo, al tiempo que quieren construir la imagen de unos territorios ricos merecedores del esfuerzo conquistador y colonizador, son prueba del reconocimiento de una realidad equiparable a la conocida.

Pero en esta misma equiparación radica la raíz del problema americano: América no es una tierra de nadie, no es un despoblado donde el principio de prioridad sea aplicable. América ya estaba descubierta y la presencia española necesitará justificaciones teóricas y no sólo las estrictamente religiosas[16].

El discurso cortesano en esta Segunda Relación es acorde con la visión del desarrollo del medio urbano y lingüísticamente el estilo superlativo es el que le sirve para describirlo. El resultado es una visión magnificadora que se lleva a cabo por diversos medios:

  1. La superlación por vía morfemática no se da en el caso de las descripciones de ciudades.

  2. Los medios léxicos son fundamentalmente el adverbio muy y en contadas ocasiones bien; determinantes cuantificadores como mucho, tan, tanto, todo ogran; la adjetivación en las descripciones no es muy rica y básicamente se reduce a la repetición de adjetivos como maravilloso, hermoso y gentil. Tampoco son muy frecuentes los sustantivos con valor superlativo, apenas dos, grandeza y bondad.

  3. En cuanto a los medios sintagmáticos, como hemos visto, la superlación de cantidad y variedad se apoya en expresiones como en gran cantidad, en mucha cantidad, en todas maneras, etc.

  4. La expresión oracional de la ponderación se lleva a cabo mediante oraciones comparativas y consecutivas de intensidad.

  5. Si bien los recursos no son muy variados, es sobre todo la acumulación de ellos, y de otros que en principio no tienen sentido superlativo como la enumeración o la presencia continua de numerales, lo que traduce en el estilo descriptivo de Cortés esa impresión de asombro.

BIBLIOGRAFIA:

  • Hernán Cortés, Cartas de la Conquista de México, Madrid, Sarpe, 1987.

  • Cioranescu, A.: «De la Edad Media al Renacimiento: el descubrimiento de América y el arte de la descripción», Historia y Crítica de la Literatura española, Vol. 2, Barcelona, Crítica, 1980, pp. 243-246.

  • Donaire Pulido, Mª José: «La expresión de «superlación» en la poesía satírica, burlesca y amorosa de Quevedo», I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, 1988, pp. 329-337.

  • Esteva Fabregat, Claudio: «Los indios de México en la versión de Cortés», Actas del Congreso Hernán Cortés y su tiempo, Editora Regional, 1987, pp. 475-496

  • González Calvo, José M.: «La expresión de la superlación en el Marqués de Santillana», I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, 1988, pp. 417-433.

«Sobre la expresión de lo superlativo en español (1)», Anuario de Estudios Filológicos, 1984.

  • Martinell, Enma: «Manifestación lingüística del asombro: el Diario del primer viaje de Cristóbal Colón», I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, 1988, pp. 1261-1271.

  • Rebollo Torío, M. A., «Cuestiones sobre el grado en español», Anuario de Estudios Filológicos, Facultad de Filosofía y Letras de la UNEX, pp. 191-195.

  • Rodríguez Cancho, Miguel y Pereira Iglesias, José Luis: «Conquista y colonización de Nueva España. Valoración Historiográfica», Actas del congreso Hernán Cortés y su tiempo, Editora Regional, 1987, pp.415-424.

  • Wilkes, John: Hernán Cortés, conquistador de México, Madrid, Akal, 1990.


NOTAS:

[1] Sobre la lengua del Almirante hay algunos estudios como el ya clásico de Menéndez Pidal «La lengua de Cristóbal Colón» (Bulletin Hispanique, XLII (1940), pp. 1-28) y, más reciente, el artículo de Enma Martinell «Manifestación lingüística del asombro: el Diario del primer viaje de Cristóbal Colón», Actas del I Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, 1988, pp. 1261-1271.

[2] Este afán por exaltar su triunfo personal tiene varias manifestaciones en el texto: por un lado, la omisión de los nombres de sus capitanes a los que, según Bernal Díaz del Castillo, consultaba siempre antes de cualquier acción arriesgada, dada la necesidad de mantener un grupo de fieles. Por otro, la continua referencia a que es muy bien recibido a su paso por pueblos y ciudades y a que deja tras de sí vasallos de la corona y «mis amigos». La intención es presentarse a sí mismo como una figura imprescindible para la conquista pacífica de los nuevos territorios. Este personalismo se ha explicado como un deseo de dejar a un lado a los posibles competidores en el fin político de convertirse en Gobernador de México.

[3] Citamos por la edición de las Cartas de la Conquista de México de la Biblioteca de Historia de España, Sarpe, 1987.

[4] Al comienzo de su segunda carta dice Cortés:

«E porque querer de todas las cosas destas partes y nuevos reinos de vuestra alteza decir todas las particularidades y cosas que en ellas hay y decir se debían sería casi proceder al infinito, (…) a vuestra sacra majestad suplico me mande perdonar; porque ni mi habilidad, ni la oportunidad del tiempo en que a la sazón me hallo, para ello me ayudan. Mas que todo, me esforzaré a decir a vuestra alteza lo menos mal que yo pudiere la verdad…»

Y antes de comenzar la descripción de Tenochtitlán, Cortés advierte:
«Porque para dar cuenta, muy poderoso señor, a vuestra real excelencia de la grandeza, extrañas y maravillosas cosas desta gran ciudad de Temixtitán, y del señorío y servicio deste Muteczuma, señor della (…) sería menester mucho tiempo y ser muchos relatores y muy expertos: no podré yo decir de cien partes una de las que dellas se podrían decir (…). Pero puede vuestra majestad ser cierto que si alguna falta en mi relación hobiere, que será antes por corto que por largo…»

Esta dificultad de describir realidades queno son identificables o superan lo previsible y desbordan la capacidad del cronista es también manifiesta en Colón:
«no bastarían mil lenguas a referillo, ni su mano para lo escribir»
Cita de Enma Marinell, «art. cit.», pág. 1270.

[5] Acontecimientos tales como la ruptura con la autoridad del gobernador de Cuba, el enfrentamiento con Pánfilo Narváez o el levantamiento de Tenochtitlán y la huida de la ciudad en lo que se ha llamado la Noche Triste.

[6] Así lo considera José Mª Martínez Val en «El paisaje geográfico en los historiadores de Indias», Revista de Indias, VI, 20, p. 2, citado por Enma Martinell, «art. cit.», pág. 1271.

[7] Incluso en el paisaje natural habría que distinguir el salvaje de un paisaje antrópico en el que Cortés sí se fija: tierras de labor, huertas, jardines, etc., como reflejo de una actividad económica despiertan el interés del conquistador, de modo que incluye su descripción como un índice más del desarrollo de estos pueblos.

[8] Se trata de los volcanes del Valle de México el Popocatépetl (5482 m.) y el Iztacihualt (5386 m)

[9] La información toponímica en esta Segunda Relación es muy abundante: nombres de ciudades, de provincias y pueblos, no así la onomástica personal.

[10] Contribuye a ello la continua información del número de vecinos de la localidad nombrada o descrita como recurso que permite hacerse una idea de su tamaño e importancia, aunque este dato siempre es un número aproximado que Cortés hace fluctuar en un centenar o un millar; también dan idea de la densidad de población las cantidades de individuos que participan en las batallas o forman parte de ejércitos, cifras que van desde treinta mil, cien mil, ciento cuarenta y nueve mil, hasta un «número infinito de gente de contrarios».

[11] Temixtitán es la variante empleada por Cortés del topónimo más generalizado de Tenochtitlán. De igual forma, Cortés emplea Muteczuma en lugar de Moctezuma.

[12] Alejandro Cioranescu, en su artículo «De la Edad Media al Renacimiento: el descubrimiento de América y el arte de la descripción» (Historia y Crítica de la Literatura española, Vol. 2, pp. 242-246), atribuye a esta primera generación de cronistas la peculiaridad de aprehender las nuevas realidades asimilándolas a las ya conocidas por medio de los nombres de éstas últimas. Los cronistas posteriores recogerán el nombre indígena reconociendo la absoluta originalidad de objetos, seres, etc. Los americanismos en la Segunda Relación son sólo tres: panicap «que es cierto brebaje que ellos beben», cacap «que es una fruta como almendras» ymaguey «miel de unas plantas que llaman (…) maguey, que es muy mejor que arrope.»

[13] Entendida la superlación como la expresión del máximo o mínimo grado de la calidad o de la cantidad. Ver en la bibliografía José M. González Calvo, Miguel A. Rebollo Torío y Mª José Donaire Pulido.

[14] La comparación con el mundo español es un modo de aproximar realidades, según Enma Martinell, «art. cit».

[15] La organización política que se deduce de este tipo de consideraciones es la de un férreo sistema centralista y personalista con una estructura aristocrática, que difería poco de los sistemas europeos. El propio Cortés hace una interpretación del sistema equiparando este funcionamiento al de las ciudades estado de Italia.

[16] Sobre esta cuestión de carácter historiográfico, los profesores Rodríguez Cancho y Pereira Iglesias (ver bibliografía) opinan que:
«Conceptos como los de Descubrimiento, Conquista y Pacificación y Colonización precisan de una rigurosa revisión y valoración historiográfica. El primero de tales conceptos, descubrimiento de América, es una invención del pensamiento europeo…» (pág. 416)

Y respecto a las justificaciones que la acción española en América precisó, añaden:
«Su legitimación requiere de un proceso teórico doctrinal elaborado a posteriori y que se basa en una doble línea argumental: consideraciones pragmáticas y utilitaristas (explotación económica), consideraciones ético-religiosas (evangelización) que se desarrollan con gran profusión entre los cronistas e historiadores de la época (…) Cuando los territorios son tierra de nadie, la justificación se fundamenta en el derecho de prioridad; pero las Indias tenían dueños legítimos ¿cómo privarles de tal derecho?»
(pág. 417)

Oct 011993
 

Miguel Alba Calzado y Mª Jesús Fernández García.

La vinculación entre mujer y alfarería está contenida en los relatos míticos sobre el origen de esta ocupación en culturas diversas y distantes. Muchas de estas interpretaciones míticas hacen depender la existencia de la alfarería de una divinidad femenina, identificada a veces con la propia Madre Tierra, que transmite el conocimiento en beneficio de la humanidad, en ocasiones a través de un agente también femenino[2].

Estudios etnográficos sobre sociedades africanas y americanas que hasta el presente siglo se han mantenido en estadios tecnológicamente primarios nos revelan que, en muchos de estos pueblos, la elaboración de vasijas de arcilla es tarea fundamentalmente femenina[3]. Pese a la distancia geográfica, se dan entre ámbitos culturales tan dispares como el africano y americano una serie de características coincidentes en lo que a la práctica alfarera se refiere: en primer lugar, es la mujer la responsable de todo el proceso de elaboración, un proceso técnico caracterizado por la ausencia de construcciones específicas y máquinas que determinan su factura totalmente manual. Además, el fin último de la producción es el abastecimiento local, cuando no se restringe al consumo propio, de modo que la comercialización rara vez supera los límites del poblado. De igual manera que para el hombre se reservan funciones muy específicas como la defensiva, la pastoril y la cinegética, entre las funciones domésticas de la mujer se incluye la manufactura de recipientes cerámicos junto a otras actividades artesanales como la elaboración de tejidos, de curtidos o la cestería. La cerámica resultante reúne unas características técnicas afines: además de su factura a mano (modelado estático)[4], las pastas son groseras, cocidas a baja temperatura en una atmósfera reductora o mixta que no siempre precisa de hornos. Las formas son simples y eminentemente utilitarias sin que la presencia o ausencia de decoración presente una pauta fija.

Si retrocedemos en el tiempo, encontramos esas mismas premisas técnicas en la cerámica Neolítica, Calcolítica y de la Edad del Bronce (Inicial y Pleno) de los yacimientos arqueológicos del actual territorio extremeño[5]. Si bien se carece de pruebas concluyentes acerca de su autoría, por paralelismo etnoarqueológico apoyado en la división del trabajo por sexos se podría argumentar que la alfarería pudo ser en su origen una actividad sino exclusiva sí mayoritariamente practicada por mujeres. De ser así, la producción cerámica femenina habría predominado alrededor de cinco mil años frente a los últimos dos mil quinientos mil de alfarería masculina. Con los profundos cambios aculturativos acaecidos en el Bronce Final y en la Edad del Hierro, aparecen entre los materiales arqueológicos[6] vasijas modeladas con torno rápido, de pastas decantadas y cocidas en hornos a alta temperatura en atmósfera oxidante[7], combinadas con otras de factura rudimentaria y de características semejantes a las anteriormente enumeradas para la cerámica más arcaica. La lectura que se ha hecho de este contraste es que coexisten dos tipos de producción: una, la autóctona, y otra foránea de las «cerámicas finas» llegadas en una primera fase a través del comercio en respuesta a una demanda promovida, entre otras razones, por motivos de prestigio social. Estas cerámicas torneadas, con el paso del tiempo, se generalizarán en el mundo ibérico mediante producciones de artesanos locales, artífices masculinos, probablemente, como entre griegos y fenicios. De igual forma «la nueva cerámica» aumentará progresivamente su presencia en las comunidades celtíberas castreñas del interior (por ejemplo, entre lusitanos y vettones), relegando paulatinamente a las de modelado estático atribuibles, como hipótesis, a la mujer dentro de una economía doméstica que pretende la autosuficiencia. Las vasijas a torno, «finas» y comunes denotan una ascendente especialización profesional, reflejo de los cambios sociales operados en la última fase de la Edad del Hierro, truncados por la completa asimilación cultural romana. Desde la romanización, el oficio es una actividad eminentemente masculina, plenamente especializada.

En resumen, sin desestimar motivos culturales importados relativos a la mentalidad y al comportamiento, parece que entre las causas que motivan el cambio de la actividad alfarera como tarea femenina a oficio masculino se hallan la profesionalización de los artífices (dedicación exclusiva), la asunción del torno rápido, el aumento de la producción a media y gran escala y la comercialización exterior.

Con la desarticulación del Imperio romano, las invasiones y el posterior establecimiento del reino visigótico, reaparece la cerámica modelada a mano (y a torneta), que coexiste con la producida a torno, por lo que cabe preguntarse si de nuevo la realización de la vajilla doméstica es asumida por la mujer en el marco de una economía autárquica rural. En cambio, en ciudades como Mérida[8], la cerámica altomedieval mantiene una ejecución técnica propia de alfareros de oficio que perpetuará la comunidad mozárabe hasta ser relevados por los artífices islámicos.

En los casos aún vigentes en la Península Ibérica de cerámica femenina, reducida a ámbitos rurales muy concretos, se mantienen atávicamente algunos de los rasgos que la enlazan con antiguas formas de elaboración alfarera. Así en Moveros y en Pereruela, provincia de Zamora, las mujeres protagonizan todo el proceso de elaboración[9]. Realizan sus vasijas, que constituyen una producción reducida, sobre una torneta baja que impulsan intermitentemente con la mano. Un caso semejante era el de Mota del Cuervo[10] (Cuenca) y el de algunas localidades asturianas. En territorio portugués, Emili Sempere documenta los centros de Pinhela, localidad próxima a la frontera con Zamora, y Malhada Sorda en la Beira Alta[11]. En Canarias[12], las alfareras prescinden del torno y de la torneta en la factura de sus piezas completamente manual. Un ejemplo de sistema mixto pervive en Molelos (Portugal), donde la mujer comparte con el hombre todas las funciones a excepción del torneado que compete al varón, en tanto que la cocción, en hornos de soenga, es responsabilidad femenina.

Las circunstancias que rodean hoy la participación femenina en Extremadura son muy distintas a las de los centros citados. A grandes rasgos, el papel de la mujer en la alfarería tradicional extremeña[13] se centra en la realización de tareas subsidiarias, habitualmente ocasionales y dependientes de la categoría económica del taller. Se da el caso de ausencia total en el proceso técnico en los centros dedicados a la producción de grandes recipientes de almacenamiento como tinajas[14] y conos, en tanto que su participación es prácticamente inexistente en los alfares desvinculados del espacio doméstico, denominados «fábricas»[15], o en aquellos donde, aun compartiendo el mismo espacio el obrador y la vivienda, en el pasado dispusieron de una plantilla amplia de oficiales y aprendices que cubrían cualquier aspecto del proceso, salvo lo relativo a ciertos tipos de decoración de los que tradicionalmente se ocupaba la mujer. Tampoco se ha dado presencia femenina en los obradores de elementos cerámicos para la construcción: teja, ladrillo, baldosa y tubos.

En lo referente a la comercialización hay una presencia tímida de la mujer, aunque poco a poco irá aumentando su protagonismo hasta compartir en algunos casos esta función con el hombre.

A modo de regla general para el ámbito extremeño, se puede afirmar que el grado de intervención de la mujer es mayor cuanto más limitados son los efectivos humanos y económicos de un alfar. En efecto, se observa la siguiente constante en todas las localidades alfareras: cuando el número de operarios[16] es tres o más, las posibilidades de intervención de la mujer se reducen al mínimo, si es que se dan; con dos, aumentan, aunque no deja de ser su participación ocasional y restringida; y en los que el alfarero trabaja en solitario es cuando la mujer pasa a asumir ciertas responsabilidades en el proceso de elaboración. En muchos casos, coincide este momento de mayor participación femenina con los primeros años de matrimonio y el establecimiento de un alfar propio y concluye cuando los hijos alcanzan la edad suficiente para reemplazarla. Con todo, en ningún caso se puede hablar de mujeres alfareras, sino de la esposa o la(s) hija(s) del alfarero que realizan esporádicamente unas funciones auxiliares muy concretas, tales como el acarreo de agua para proceder a la mezcla de las arcillas, retirar las vasijas de la mesa del torno, enasar, vigilar las fases de oreo y secado y cargar y descargar el horno. Tareas como la extracción de arcilla, desmenuzamiento, batido y colado, amasado, torneado y cocción son actividades reservadas por completo al hombre. Los motivos que sustentan tal exclusión son fundamentalmente las limitaciones físicas y causas de naturaleza sociocultural. Las primeras se deben al gran esfuerzo que hay que desarrollar en las actividades anteriormente mencionadas, para las que se considera al hombre más capacitado. La segunda argumentación basada en causas socioculturales, enraizadas en la mentalidad de un sistema patriarcal, va encaminada a conservar y reproducir unos patrones de comportamiento inquebrantables: la alfarería era una profesión privativa del rol masculino, por ello nunca se enseñaba el oficio a las hijas. El hermetismo llegaba incluso a privar de la transmisión del oficio a los hijos varones de las hijas del alfarero y a los hijos de los hermanos de la esposa.

En aquellos talleres más prósperos hay que añadir un tercer motivo: el hecho de alcanzar un determinado estatus económico implicaba liberar a la mujer de cualquier actividad manual fuera del ámbito doméstico.

En cambio, donde la mujer adquiría un protagonismo hegemónico, bien dentro o fuera del núcleo familiar, era y es en la decoración cerámica y, más concretamente, en determinadas técnicas decorativas. Como en el resto del panorama peninsular, la alfarería tradicional extremeña reúne una serie de motivos decorativos que de forma más o menos testimonial acompañan a la obra utilitaria. De ordinario, los sencillos motivos impresos o incisos, realizados durante el torneado, son obra del hombre. Sin embargo, a la mujer le corresponden aquellas decoraciones que son resultado de esquemas laboriosos con motivos florales o geométricos de factura esmerada, minuciosa y precisa que ocupan gran parte de las piezas. En el pasado dos técnicas decorativas eran exclusivas de la mujer: el enchinado y el bruñido. Ambas tienen como soporte preferentemente la obra de agua (jarro, botijos, cantarilla, jarra de agua, dama de noche, etc.) El bruñido consiste en efectuar dibujos sobre la superficie del recipiente, bañado en un engobe colorado muy fino, antes de que se haya secado la pieza, valiéndose de una piedra pulida (un pequeño canto de río) humedecida con la lengua; el resultado es un trazo brillante de rápida ejecución que, combinado con otros, da lugar a motivos vegetales preferentemente florales. El enchinado es la técnica decorativa basada en la incrustración de pequeñas piedras de cuarzo blanco sobre la superficie plástica de las piezas cuando están a medio secar. Los motivos, de composición libre, son vegetales y estrellados y se desarrollan en un solo lado del recipiente, en tanto que el bruñido circunda toda la pieza. En uno y otro caso las mujeres trabajaban en grupos, en un quehacer reiterativo, fiel a un patrón tradicional pero abierto a la incorporación de matices que permiten reconocer la procedencia de un taller e inclusive su autoría. En Salvatierra de los Barros o en los centros con alfareros originarios de allí, la esposa e hijas del artesano solían ser bruñidoras; en Ceclavín ocurría de forma similar con las enchinadoras. Dos técnicas decorativas tradicionales, que realizan indistintamente el hombre o la mujer, son el dibujo con tierra blanca bajo cubierta de vidriado transparente (plomo) y el esgrafiado sobre este mismo engobe blanco.

En plena década de los noventa parece ya incuestionable la evolución que el sentido de la mayor parte de obra alfarera ha experimentando desde una función fundamentalmente utilitaria hasta una meramente decorativa. Esta inversión de prioridades en la obra alfarera que han traído los nuevos tiempos ha hecho que a veces el recipiente de barro sea un simple soporte material para la labor decorativa. Pese a que en algunos centros esta tarea es exclusiva de las manos femeninas, no se ha dado un cambio parejo en la consideración de la autoría de la pieza, de modo que cualquiera que sea el grado de participación de la mujer en las distintas fases del proceso alfarero e incluso aunque su papel sea preponderante en la decoración y ello le confiera el interés comercial a la pieza, la obra final es considerada siempre resultado del trabajo masculino y será el hombre el que la firme si es que la obra va así diferenciada. Las propias decoradoras suelen restar importancia a su labor y considerar que no es equiparable al buen hacer del torneado.

En lo referente a la venta, antaño era frecuente que cada alfar dispusiese de un arriero, con preferencia miembro de la familia, que se encargaba de la comercialización exterior de la obra. La venta directa en la vivienda-alfar daba alguna ocasión de intervenir a la mujer cuando el maestro estaba ocupado o se hallaba ausente. Sin embargo, diversas circunstancias irían dando un mayor protagonismo a la mujer posibilitando su incorporación a la venta local y a la ambulante. Serían éstas la falta de hombres disponibles durante y después de la Guerra Civil, la recesión económica de la posguerra, que redujo las plantillas de operarios al mínimo y obligó a los alfareros a asumir el papel de arrieros o, en su lugar, a recurrir a la ayuda de la esposa o de alguna hija, y el vacío provocado en el sector por la fuerte emigración en respuesta a la crisis del oficio conforme decreció el consumo de obra utilitaria a lo largo de los años 60 hasta nuestros días. A diferencia del hombre, cuando el transporte aún se hacía en caballerías, la mujer encargada de la venta en los pueblos aledaños solía ir siempre acompañada y recorría trayectos cortos que le permitieran el regreso en el mismo día.

En una región eminentemente agrícola como Extremadura, la actividad artesanal en general y la alfarería en particular no pueden desvincularse del mundo rural. Dentro del entramado de relaciones y consideraciones sociales que se desarrollan en este medio, la categoría del alfar (medida en términos de producción, calidad de las instalaciones, número de trabajadores, ventas, etc…) determina el estatus social que la familia alfarera alcanza entre sus convecinos. Entre las diversas dedicaciones profesionales, la consideración social de los menestrales era y es siempre superior a la del campesinado. En nuestros días, la consideración social de la mujer, colaboradora o no en el oficio, ha ido pareja a la del alfarero (marido o padre), revalorizándose en los casos en los que la producción se ha orientado hacia una cerámica con intención decorativa, se ha modernizado el taller o se han abierto nuevas vías a la comercialización. Más precaria es la situación en aquellos talleres que, fieles al esquema productivo tradicional, no han sido capaces de afrontar la crisis.

Los cambios profundos que el oficio ha experimentado en los últimos decenios han si no acabado sí minimizado algunos de los inconvenientes y de las barreras que la mujer tenía planteadas para el acceso al trabajo alfarero como plena protagonista de él. Por un lado, la fase de preparación de la materia prima se ha simplificado con la comercialización a bajo costo de arcilla empaquetada lista para modelar, la adquisición de esmaltes y engobes industriales amplía el campo de la decoración y la mecanización del alfar (torno eléctrico, horno de gas o eléctrico, batidora, amasadora, etc.) ha suplantado la fuerza manual por la de tipo artificial. Por otro, el oficio no ha quedado ajeno a la incorporación de la mujer al mundo laboral en todos los campos. Escuelas de Bellas Artes, escuelas taller y cursos esporádicos del INEM han tenido y tienen como principales demandantes a mujeres. Para algunas de ellas la cerámica creativa se convierte en una opción profesional.

En la actualidad, es en el campo creativo donde la mujer reencuentra la cerámica, desligada de su antiguo sentido utilitario y erigida en expresión artística. En Extremadura existen algunos ejemplos renombrados de mujeres ceramistas[17] que enriquecen con su obra el campo experimental e inagotable de la cerámica.


NOTAS:

[1] Un extracto de esta comunicación se publicó en el catálogo de la exposición «La mujer en la alfarería española», (coord. Ilse Schütz, Agost, Museo de Alfarería, 1993, pp. 34-35)

[2] C. Lévi-Strauss hace en su libro La alfarera celosa (Barcelona, Paidós, 1986) un análisis de algunos de los mitos sobre el nacimiento de la alfarería entre tribus del Continente americano y observa cómo la mayoría de ellos presentan una figura femenina como dueña del arte de hacer vasijas de barro:

«De cualquier modo que se la llame: madre-Tierra, abuela de la arcilla, dueña de la arcilla y de las vasijas de barro, etc., la patrona de la alfarería es una bienhechora, pues, según las versiones, los humanos le deben esta preciosa materia prima, las técnicas cerámicas o bien el arte de decorar las vasijas». (pág. 35)

[3] Así lo señala C. Lévi-Strauss para el Continente americano:

«Sin pretender remontarnos a los orígenes, no hay duda de que en América es más frecuente que la alfarería incumba a las mujeres.» (Op. cit., pág. 34)

Ian Hodder para ilustrar las posibilidades del análisis etnoarqueológico referido a la tecnología cerámica se sirve de la alfarería femenina keniata (The Present Past.An Introduction to Anthropology for Archaeologists, London, Batsford Ltd, 1982).

[4] Esta terminología más precisa es la que emplea Emili Sempere (Rutas a los alfares. España y Portugal, Barcelona, 1982, pág. 46), pues hay que tener en cuenta que inclusive con el torno rápido el trabajo no deja de ser «manual».

[5] Son datos extensibles al resto de la Península, pero en los que a Extremadura respecta disponemos, hasta la fecha, de un representativo conjunto cerámico que han proporcionado yacimientos como Cueva de la Charneca (Oliva de Mérida), de época neolítica; del período calcolítico, los Barruecos (Malpartida de Cáceres) y la Pijotilla (Vega del Guadiana) y de la Edad del Bronce, Palacio Quemado (Alange) y Cueva del Conejar (Cáceres), entre otros. Algunos de los estudios sobre estos yacimientos arqueológico pueden encontrarse en el volumen Extremadura Arqueológica II, Mérida, Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura y UEX, 1991.

[6] Sirvan de referencia los materiales cerámicos hallados en los yacimientos del Bronce Final (período orientalizante) de Cancho Roano (Zalamea de la Serena) y la Necrópolis de Medellín; de la Edad del Hierro, Castro de Villasviejas del Tamuja (Botija) y Castro prerromano de la Ermita de Belén (Zafra).

[7] Sin embargo, responden a estas mismas características y coinciden en este mismo horizonte cultural las llamadas cerámicas grises, realizadas en cocción reductora.

[8] Tal y como revelan los datos proporcionados por la excavación en curso del solar de Morerías (Mérida).

[9] Se refieren a la alfarería de estos centros J. LLorens Artigas y J. Corredor Matheos en su obra Cerámica popular espñola, Barcelona, Editorial Blume, 1982, pp. 63-70.

[10] Natacha Seseña, «La alfarería en Mota del Cuervo (provincia de Cuenca)», Revista de Dialectología y Tradiciones Populares, nº XXIII, 1967, pp. 339-346.

[11] Emili Sempere, op. cit., pp. 332 y 327 respectivamente.

[12] Respecto a Canarias, J. LLorens Artigas y J. Corredor Matheos, op. cit., pp. 180-183.

[13] Para el contenido de los datos expuestos, nos hemos basado en los centros activos de la región extremeña durante la década de los 80: un total de veinte localidades alfareras, distribuidas nueve en la provincia de Badajoz y once en la de Cáceres. En lo básico, la información es válida también para la región del Alentejo portugués.

[14] Centros productores de recipientes de gran envergadura fueron Guareña, Castuera y Miajadas en la provincia pacense y Arroyomolinos de Montánchez en Cáceres, junto con Torrejoncillo única localidad que se mantiene en activo.

[15] El término «fábrica» es el que registra Pascual Madoz en 1846 en su Diccionario Geográfico, Estadístico-Histórico de España y sus posesiones de ultramar para referirse a las alfarerías corrientes. Tal denominación ha pervivido en algunos centros extremeños hasta nuestros días. Sirvan de ejemplo los de Plasencia, Fregenal de la Sierra, Talarrubias, Mérida, etc.

[16] En los años 80, por la falta de demanda de recipientes utilitarios, ningún alfar de los registrados disponía de más de tres operarios, aunque muchos disfrutaron de plantillas más numerosas en el pasado.

[17] Cabe señalarse algunos nombres como los de Isabel Torrado (Cañamero), Inés Madejón (Navalmoral de la Mata), Paloma Sánchez (Cáceres) o María de Elena (Mérida).

Oct 011993
 

Benigno Domínguez Cuesta.

Ninguna ocasión anterior se presentó tan propicia a mi pluma como esta de las Bodas de Plata del C. I. T. para hacer una incursión en la conciencia histórica de cuanto supuso la Extremadura de la retina. Si algo está destinado a permanecer de toda celebración y es digno de ser recordado, es aquello que nos conmovió por entrañable.

Es rastreable toda huella que permanece de alguna forma archivada en la escritura, pero no lo es menos la que nos fue transmitida inexplicablemente por la propia fisonomía de nuestra madre Extremadura.

El empeño que me guía, no tiene fronteras, quisiera aunar los sentimientos de cuantos conscientemente se ocuparon de dejarnos descripciones literarias como de tantos que por accidente fueron al Índice General del celebrado Archivo de Indias en Sevilla.

Al caso, es igualmente válido el testimonio de los que volvieron poderosos de la gesta para establecerse y fundar mayorazgos o esos otros, los más, que luego de prolongarse la provisionalidad de su viaje necesitaron continuar unidos con los de acá mediante la escritura, de los que tenemos noticias gracias a la protocolaria administración y sus hábitos archivadores.

Entre los que fueron conscientes de estar escribiendo la Historia, traigo por ejemplo a P. Las Casas cuando dice: «e que la peor de ellas -se está refiriendo al archipiélago de las Antillas- es más fértil que la Huerta del Rey de Sevilla».

Las distintas Extremaduras de la diáspora que en cada extraterrado se han ido acumulando, tienen la expresión más plástica en esta que quiero llamar » La Extremadura de la retina». Lo permanente se viste de la levedad de lo efímero. Mi paso habrá participado de esta realidad incuestionable del paisaje cuanto más intrascendente sea mi persona en el fallido intento de hablar con la voz de los elementos.

LA EXTREMADURA DE LA RETINA

A) PRELIMINAR

(Reanudante estado latente de la memoria de cuantos pioneros extremeños participaron del descubrimiento y la conquista del Nuevo Mundo.)

Para que desde el comienzo se me entienda, busqué esta ponencia en la que poder disfrutar, al menos, de la recompensa de lo que la retina está dispuesta a apreciar. Y porque es la Extremadura de la retina, una Extremadura de todos.

Para hablarles de un ente cual es la patria de los extremeños, ninguna entidad tan subjetiva cual es la tierra de Extremadura, sus venas de agua y sus climas.

Me sitúo en un tiempo heroico, ya lo hizo Homero cuando dio al mundo su particular visión de la patria de los griegos. Antes de que las palabras de esta intervención predisponga los ánimos a pensar en situaciones a los que no me sería grato acudir, aclaro que para mí -y de esto tampoco quedó libre Homero- la Historia, la tradición oral, nos dio una materia originaria con la que sin grandes aportaciones imaginativas se pudo recrear,

……………………………………………………

*Catalogación realizada en El Archivo de Indias (Sevilla), por Enrique Otte. Según sus datos de estas cartas, pertenecen a Badajoz 23.A Cáceres 14.Destinadas a 78 Lugares de Extremadura.

Bajo el sello de sus personalidad, las cualidades del sistema cultural que con el tiempo se convino en llamar la cultura de Occidente.

El hombre más alejado de la pequeña- «Gran Historia», de Extremadura y que por el azar un día se encontrase en posesión del formidable manojo de Cartas de Particulares de Indias *, una vez leídas sospecharía que quienes las escribieron pertenecieron a una entidad equiparable por su marco y los acontecimientos históricos que describen al espacio arqueológico de una etapa histórica única para ese pueblo, como lo fue la Grecia heroica para Homero.

Aquiles, Agamenón, Ajax, Menelao, Hétor: sus grandes ejércitos y abundantes naves, las disputas por los trofeos de guerra y el pugilato por alcanzar honores en razón a sus personales hazañas, son de este lado del espejo meros modelos de los que inexorablemente van a beber los hechos de nuestros Pizarros, Hernán Cortés, Pedro de Valdivia…Allí como aquí la voz del pueblo no se levantó. En una sociedad aristocrática solo tienen protagonismos los reyes. Una vez más en la Historia de la Humanidad, el pueblo fue el soporte de los hechos y sufrirá el hurto de su protagonismo en beneficio de los amparados por los dioses. También aquí, la Extremadura que va a la conquista de las Indias está vertebrada desde las poderosísimas Órdenes. El poder temporal y el espiritual de las Ordenes se deja sentir presente en cada hombre. Para los que escribieron esas misivas a las que anteriormente se hizo referencia, no las ignoraron, para que sus escritos llegasen sin problemas, no era tan definitorio el término Extremadura como…» tal lugar de la Orden de…Alcántara, Santiago etc.

Cada hombre, a parte de claves definitorias de su territorialidad extremeña, manifiesta unos rasgos elitistas que lo enmarcan dentro de la casta a la que pertenece. El vasallaje, es a pesar de lo avanzado de la época, el renuente que más se deja sentir en su pensamiento. Es tan claro el hecho que quien es señor de vasallos ha alcanzado la igualdad de trato con su antiguo dueño. Para los nuevos americanos todos los castellanos en tal sentido son señores.

De Grecia, de su tiempo y de las grandezas que el mundo venidero halló, se ha escrito loando. De lo nuestro, de aquel sentimiento de Conquista, de la fructificación de una raza en tierras que inmediatamente eran asimiladas, nos ha quedado tan solo el lado amargo y el costurón de una herida que por más años que pasen no nos deja de manar pestilencias.

Extremadura venía siendo sin que existiese América. Extremadura para el hombre de hoy no es reconocible sin el intento de comprender la epopeya de la Conquista. Como en todo lo Indiano, cuanto es cultura va a ser de ida y vuelta. El mestizaje se impregna tanto en la sangre como en las geografías. Se modifican las fisonomías de las tierras no exploradas y en la Extremadura añosa se sufren las transformaciones por el empuje del oro de los indianos creando casas fuerte, mayorazgos y señoríos.

Esa Extremadura «Americana» habla hoy a los ojos de quien acierte a distinguirla en la retina. Exige, eso si, hacer el peregrinaje. Está aquí y también al otro lado del «lago» -Lago y Charco, cariñosamente lo dieron en nombrar los indianos en las epístolas a sus parientes-.

Muchas Extremaduras empezaron a nacer entonces. Muchas Grecias le deben hoy a Grecia haber sido la madre de Occidente… ¿Por que avergonzarnos?…

Alguien puede salirme al paso precisando que el asunto de América fue empresa Española, Misionera, Real o del Papado…Y yo no diré que no. EL Helenismo sin Roma nunca hubiese gozado de universalidad. ¡Pero eso ¿Que importa?!

A Roma lo que es de Roma y a Grecia su idiosincrasia, su parto y el reconocimiento de la legitimidad del hijo que parió para disfrute de los siglos venideros.

El canto de todo un pueblo en la desnudez de lo cotidiano cuando ya las gestas son la MEMORIA, se guarda en cartas a privados. Son ellos la voz del Homero que a Extremadura le ha faltado -al menos yo no lo conozco-. La memoria colectiva de Extremadura, no es menos rica, por el contrario, es más, mucho más rica de lo que aparentan sus ya mitificadas piedras catalogadas por el reconocimiento de patrimonio de la Humanidad.

Si no un Homero, hoy se empieza a hacer un poco de esa justicia que la historia jamás le hizo. Cierto que no es esto lo único -con ser de justicia- lo que Extremadura hoy demanda.

La leyenda que corrió de boca en boca, no la propagaron lenguas foráneas, ni fue fruto de malquerencias. Tendremos la ocasión de cotejar en que opinión tenían por ejemplo, los indianos hijos de Trujillo a su tierra. Los más la nombran: «tierra tan miserable «*. Estoy por decir que estos trujillanos eran sinceros cuando decían: «Así que haríais muy gran placer en quitaros de esa miseria y veniros acá y dejar esa ruin tierra porque no es más que para quién tiene mucho dinero»*

A pesar de todo, quién así renegaba de lo propio, con el justo derecho de hacerlo, no deja de sentir un flujo de fuertes emociones de infancia y de crecencia; de vecindad solidaria con los desheredados sus iguales, teniendo muy presentes los grandes espacios abiertos, las incomparables perspectivas de la Extremadura de la Retina.

Tiempo habrá en la disertación que resta para acudir a las autoridades, es decir a cuantos alternaron pluma y espada. Se me antojó prometedor el cotejo ya iniciado de las duras calificaciones que aquellos extremeños de a pie dejaron escritas sin más pretensión que aleccionar a sus allegados. Tal es el tono de sinceridad que algunos, no paran en el insulto y buscan el desafío para aquellos menos aventureros que no se deciden por América: «…Porque las nuevas que vienen de allá, son tales que meten grima, y cierto tengo creído, era más de lo que dicen, porque la tierra es tan mísera y tan lacerada que no sé cuales son las gentes, que en ella están…que a quien Dios quiso bien lo pasó a esta parte, por no saber las miserias de España, que bendito Nuestro Señor en estas tierras no habremos cuidado, haya año malo, que llueva que no llueva, no hay hambre en esta tierra»*

Para estas tierras de España claro que América era la tierra de provisión -sometidas a dos fuerzas de tenaza a cual más atenanzandoras, el clima extremo, de la basta y dura y los poderes señoriles herederos de hechos de guerra, que al hombre le tienen en consideración de gleba o vasallo, que no súbdito, adscrito a la propiedad, los más de ellos sin que en la vida hayan tenido ante ellos la presencia física del señor-. Para los que se quitaban el yugo, América era más aún que la tierra de provisión; era tierra bendecida donde se hacía posible el sueño irrealizable de invertir el destino de quien nació atado al señor haciéndolos por hechos de armas señores de vasallos…»…vos y mis hijos podéis gozar de estos indios…»* «Pues recia cosa será tornar a trabajar de nuevo y desasosegado. Pues aquí me gana otro de comer, y yo me paseo, y así será para siempre.»*

Los casos que vengo citando, para nada los consideraría anecdóticos, esa veintena de voces, son de hombres distintos,

*AMERICA 323.

Muestra aleatoria sin clasificación posible, donde se reitera machaconamente conceptos tales como:

«…Y os quitaredes de esa miseria que en la tierra hay, porque es cierto que no sé cómo os podéis sustentar. Acá ganaríais más en un mes a vuestro oficio que allá en un año…»* «… e ir a esa tierra no hay para qué, porque hay mucha pobreza y trabajo por allá, y acá pasamos mejor…»; «»…Y se quite de la miseria de esa tierra…»

……………………………………………………….

AMERICA 16O.

AMERICA 360.

AMERICA 413.

VISION GLOBALIZADORA DE LOS NUEVOS ESPACIOS A DOMINAR POR LOS COMQUISTADORES.

B) LOS CAMINOS INICIATICOS

Extremadura de caminos milenarios aportó al descubrimiento y la conquista un elemento humano definitorio, sobrante, rebosante del legado histórico de una tierra de fronteras, insertando en los vastos territorios a hombres marcados con el sino de la transcendencia. Cuando más tarde el extremeño acude para hacer asentamientos ya se han olvidado los míticos discursos del Almirante, ya nadie busca «…paraíso terrenal donde no puede llegar nadie, salvo por voluntad divina». Casi todo es explicable, ahora les importa menos buscar las explicaciones en las alturas. Los extremeños de ese momento saben que tierra pisan y no precisan buscarle explicaciones sobrenaturales paradisíacas a las magnitudes nunca antes conocidas de sus aguas y sus tierras. A diferencia de tantos que practican el «rancheo», el burdo comercio del «rescate», los extremeños andan en busca de nueva morada, les es intranscendente que la creación de América sea obra de cartógrafos, que en tantos casos la conocían menos que ellos forzados a patearla desentrañando sus intrincadas geografías. Estos si tuvieron el derecho de darle sus nombres: Américo Vespucio o Juan de la Cosa (Golfo de Venezuela). El hombre ocioso por oficio en las horas muertas de sus sueños juega a dibujar a «a-prender» la realidad que por su idiosincrasia se le escapa.

Estos saben dibujar, aquellos otros, solo, que no es poco, apropiarse del espacio posible en su retina. Sí. Ya lo dije: La Extremadura de la retina no es menos cierta que una América en la retina.

De esta Extremadura y de aquella América es sabroso testimonio, que sería un desprendido lujo desestimarlo, el de Reginaldo de Lizarraga, dominico, hombre de preparación universitaria, historiador. (1539, natural de Medellín. Extremadura) autor de: Descripciones del Perú, Tucumán, Río de la Plata y Chile.»Dice:…más el tal dará muestras de un corto entendimiento, porque no creer los hombres sino lo que en su patria ven, es de los tales.» i en anteriores descripciones fue la voz no letrada, en el momento presente quiero dejar constancia de los ecos de las autoridades. El enseñante empieza por aleccionarnos y por razón de su autoridad se ha de creer en lo que no se ve, y sin embargo su substrato es de raigambre castua cuando dice:…porque no hablaré de oídas sino muy poco, y entonces diré haberlo oído a personas más fidedignas: Lo demás he visto con mis propios ojos y como dicen palpando con mis manos, por lo cual lo visto es verdad y lo oído no menos «*.

La insistencia con que a fuer de pesado me reitero sin que me sienta feliz y convencido por haber trasmitido la idea central de esta disertación no es chistosa y menos gratuita: Los ojos para mirar, para ver el alma. El ojo extremeño no podía escapar a los universales principios que gobiernan al hombre. Todo avance se cimenta en la constatación que siempre es reanudante estado latente de memoria. Y si adrede he empleado en un párrafo pasado la palabra «castuo», porque es donde el alma -en este caso la extremeña- se manifiesta en razón de niveles profundos , es porque he querido jugar un poco con el léxico: «…la tierra de todos estos valles es de buen » migajón» -dice Reginaldo de Lizarraga- la cual regada con las acequias…pero desde mayo comienza una garúa, llamada así de los marineros…son unas nieblas espesas, que mojan un poco la tierra)* En mi mente netamente extremeña se ha dibujado lapidaría una palabra que quiere maridaje : migajón de los castuos.

*Descripción del Perú, Tucumán, Ríos de la Plata y Chile.

Reginaldo de Lizarraga, dominico. (1.539 ó 1540) Nace en Medellín de Extremadura.

LA APROPIACION DE LOS GRANDES ESPACIOS

C) EXTREMADURA EN EXPANSION ULTRAMARINA.

Los pioneros de la conquista se enfrentaron a la inmensa geografía de tierras hasta entonces difícilmente comparables.

En los primeros momentos la confusión, fruto del desconocimiento, en nada ayudó a comprender la realidad. La fantasía se instala allí donde no llega la visión de la retina. Los muchos intentos con resultados infructuosos crean de una parte el mito de lo inalcanzable y de la otra el desprecio por lo que pueda existir en tierras en las que nada sostenible encontraron sus expedicionarios.

No es casual que la penetración esté sujeta a los flujos y reflujos individuales y que coincida el momento de las penetraciones más audaces con aquellos en los que el gesto individual de un hombre hace cambiar los pasos de la Historia. Hoy tenemos testimonios sobrados para trazar este perfil; por fortuna podemos hacer hablar a los testigos visuales, traerlos a la memoria que ellos, conscientemente, nos dejaron. Dice «Xeres»*: «…y será lo dicho, que los cristianos han hecho temor a los infieles y admiración a todos los humanos; porque ¿cuándo se vieron en los antiguos ni modernos tan grandes empresas de tan poca gente contra tanta, y por tantos climas de cielo y golfos de mar y distancia de tierra a conquistar lo no visto ni sabido? Y ¿quién se igualará con los de España? No por cierto los Judíos, Griegos ni Romanos, de quien más que de todos se escribe. Porque, si los romanos tantas provincias sojuzgaron, fue con igual, o poco menos número de gente, y en tierra sabidas y proveídas de mantenimiento usado con capitanes y ejércitos pagados. Más nuestros Españoles, siendo pocos en número, que nunca fueron juntos sino doscientos o trescientos, y algunas veces ciento y aún menos. Y el mayor número fue solo una vez veinte años ha, que fueron con el Capitán Pedrarias mil trescientos hombres. Y los que en diversas veces han ido, no han sido pagados ni forzados, sino de su propia voluntad y a su costa han ido. Y así han conquistado en nuestro tiempo más tierras que la que antes se sabía que todos los príncipes fieles e infieles poseían; manteniéndose con los mantenimientos bestiales de aquellos que no tenían noticias de pan y vino; sufriéndose con yerbas y raíces y frutas, han conquistado lo que ya todo el mundo sabe; y por tanto, no escribiré referente al presente más de lo sucedido en la conquista de la Nueva Castilla; y mucho no escribiré, por evitar prolijidad.»

La memoria escrita de Xérez, traída a la actualidad para el caso que nos ocupa pudiera parecer prolija. No me lo ha parecido a mí porque entiendo que con ella estoy apuntando el dardo de mi extremeñidad señalando a muy concretos fundadores. Estos no nombrados seres de la historia, hoy más conocidos en el campo de la leyenda, dieron continuas pruebas de arrojamiento creciéndose en hechos donde lo humano hubiese sido la flaqueza, de ese substrato ya apuntado de su origen, no temieron «la corná», porque: !Hambre por hambre! la de allí les podía encaminar a la fama. De ese meollo existencial sacaban fuerzas donde otros encontraron flaqueza. De desastre, que por la fuerza de la lógica y según el curso de los acontecimientos, otros hubiesen aprendido el escarmiento que desautoriza, a ellos le dio pie para invitar en desafío a la realidad y jugarle por farol la baza del destino concluyendo sus hazañas en la ya referida conclusión a que llegó «Xeres «* y que me permito repetir por concluyente ocupando el lugar de mis juicios, ya expresados prolijamente: «…han conquistado lo que ya todo el mundo sabe».

Sin llegar al barroquismo del andaluz Xéres, Diego de Trujillo,* de aguda y contreñida prosa, sugiere, más que dicta los modos y la forma en que él, acompanañando a sus heroicos paisanos, valiéndose de los mismos términos del lenguaje que a tantos nos es tan familiar, va forzando o casi alumbrando el nacimiento desde lo ignoto, de un paisaje conquistado. Con riesgo de perder lo general de mi afirmación esta que ahora transcribo, es una muestra de esa narración: «vimos un camino, que parecía una sierra arriba, y el Gobernador envió a Hernando Soto con cuarenta hombres, y yo fui con él a que siguiese aquel camino, hasta ver a donde iba a parar. Y empezaron a hallar tierra poblada, y al cabo de veinte leguas, dimos en un pueblo que se dice Cajas, de grandes edificios, y en él estaba un capitán de Atabalipa, con más de mil indios de guerra…»

A estos adelantados, que como ya se ha dicho cambiaron el sentido de la Historia, les cabían la Indias en la cabeza, tenían en sus ojos dibujado un continente parido de la Extremadura de la retina. Con el reanudante estado de la memoria de su tierra lentamente fueron apareciendo, guiados por indicios que el instinto amplía, tierras hermanadas para que sus ojos fuesen perfilando desde el sueño la realidad despojada de imágenes ficticias y forjando las Gobernaciones que nada tienen ya de irrealidad. Sí, para lograr sus fines acudieron a cuantos recursos puso el azar en sus manos, tales como tratar con un pueblo inocente, pero no sumiso. Vivir inmersos en la creencia y conducir las más de las veces a hombres famélicos y avarientos. El valor personal, la apostura en algunos casos. La astucia siempre e incluso a veces la crueldad. No les tembló la mano a la hora de planificar sobre el mapa de «las entradas» o luego ya a la hora de los repartos y el asentamiento de sus Gobiernos. Les guiaba el más pragmático de los realismos y la voluntad más responsable. Como hombres serios, nada pesaba tanto como poseer, la tosquedad y la gravedad era adorno deseado y deseable si se quería atesorar. La incertidumbre de un mañana descarga la conciencia, justifica la riqueza para quien todo se lo debe a ese mismo principio del que escapa, y hace bueno el dicho de que «…más cornadas da el hambre».

Entrevistas estas razones y supuestamente admitidas por el lector poco más necesito para llegar a la conclusión del enunciado de este capítulo:

Hombres crecidos en las abiertas perspectivas de la Extremadura de la retina fueron los que propiciaron el después de la retina capaz de la apropiación sin traumas por los grandes espacios de la incógnita América.

* Francisco de Xerez. Verdadera relación de la conquista del Perú….Por el magnifico y esforzado caballero Francisco Pizarro.

* Diego de Trujillo. Natural de Trujillo, participó en la Conquista del Perú.

Oct 011993
 

Domingo Domené.

1. De las escuelas parroquiales a las municipales.

Sabido es que durante la Edad Media la enseñanza elemental, que hoy llamamos primaria o básica, estuvo encomendada a la Iglesia a través de las diversas escuelas: catedralicias, monacales, parroquiales, etc.

Pero cuando a partir del siglo XIV el aumento de la población impide que todos los posibles alumnos – que tampoco debían ser demasiados -, puedan ser atendidos en las escuelas tradicionales y por lo tanto por religiosos, surgen los primeros maestros seglares que mediante una retribución están dispuestos a ejercer su docencia y que se asocian en gremios como cualquier otro industrial o artesano de la época.

En ese mismo siglo XIV comienzan los Municipios a consignar en sus ordenanzas la obligación de sostener escuelas. Esas escuelas municipales solían ser regentadas por un maestro seglar al que se le contrataba, generalmente, por un período de tres años. Mas hemos de entender siempre, para evitar equívocos de competencia entre Iglesia y Ayuntamientos, que las escuelas municipales eran supletorias o complementarias de las parroquiales y que era la Iglesia quien en última instancia vigilaba el contenido de la enseñanza en la escuela municipal.

Como los maestros van siendo cada vez más numerosos y no hay ninguna disposición legal que los ampare consiguen que Enrique II expida en Toro (1370) un Pragmática que les concede una serie de privilegios que si no debieron aumentar su bienestar material, sí les dio prestigio social: “poder usar de toda clase de armas, exención del servicio militar y alojamiento a las tropas en tránsito; prohibición de ser encarcelados; prelación del despacho de sus litigios por los tribunales de justicia; y la asignación, a los que hubiesen enseñado durante cuarenta años, de una especio de retiro retribuido”[1]. La verdad es que estos privilegios no les eran exclusivos y que gozaban de ellos numerosos gremios.

Durante el reinado de los Reyes Católicos llega a preceptuarse la obligación de la asistencia a escuela con sanción penal, incluso, para quienes no acudan. La ley, realmente, nunca llegó a aplicarse.

Carlos I confirma la Pragmática de Enrique II y muestra su interés por los maestros cuando llega a un pueblo; el metódico Felipe II reglamenta los exámenes de maestro, manda que las autoridades visiten la escuela una vez al año, y tasa el precio de las cartillas de lectura, para evitar abusos.

Pero las escuelas municipales dependen de la propia situación económica del Municipio, y así cuando a partir de Felipe IV muchos Ayuntamientos empiezan a carecer de los más elementales recursos, uno de los primeros gastos que se suprimen es el de la enseñanza, hecho éste que será tradicional en toda la historia de España.

Aumentan entonces los maestros, que a título particular, se dedican a ejercer su profesión. Los de Madrid, agrupados en gremio como cualquier otro artesano que se estime crean la Hermandad de San Casiano (1642) para ayudarse mutuamente y controlar la calidad de la enseñanza. Felipe IV les concede la facultad de examinar a los aspirantes a maestros, tanto en Madrid como en el resto de Castilla. Leamos cuanto al respecto se nos dice, y que nos muestra claramente cual era el nivel de sus conocimientos y por derivación, cuales eran las enseñanzas que se impartían en las escuelas[2]: “Cualquiera que intentare ser examinado de maestro de primeras letras, si es para estar en esta Corte, ha de tener su fe de bautismo y ha de hacer con asistencia de los Hermanos Mayores de la Congregación de San Casiano y ante el escribano de ella, información de limpieza de sangre, vida y costumbres, y de haber sido pasante cuatro años con maestro aprobado en esta Corte, con seis testigos; y hecho, le examinarán los referidos, para ello ha de saber leer sueltamente, así en libro de molde como de coro, bula y letra manuscrita antigua y difícil; ha de saber escribir las seis formas de letras que son bastardilla, grifa, italiana, romanilla, de coro y redonda; ha de dar razón en la Aritmética de las cuatro reglas, con las de quebrados, reducción, prorrateo, reglas de tres, compañías, aligaciones, mezclas y testamentos y falsas posiciones y extracción de las raíces cuadrada y cúbica; también ha de saber la Doctrina cristiana que contiene el Catecismo del Padre Ripalda, y otras respuestas que se hallan en el libro titulado Arte de escribir por preceptos geométricos, que dio a la luz el maestro Juan Claudio Aznar de Polanco, pues por él examinan además de ser libro útil y preciso para dichos profesores; y saliendo aprobado … acudirá a sacar el título a la Escribanía de gobierno del Real y Supremo Consejo de Castilla. Si es para fuera de Madrid…” se seguirá el mismo procedimiento.

2. Las “escuelas de amiga” y las “de costura”.

Todo cuanto llevamos dicho es válido únicamente para las escuelas de niños.

Para lo que hoy llamamos enseñanza preescolar o de párvulos existían las “escuelas de amiga”, es decir locales donde una mujer de buena moralidad y harta paciencia reunía, mediante retribución, a unos cuantos pequeños y donde los entretenía como mejor le daba Dios a entender.

Para las niñas, ya creciditas, existían las llamadas “escuelas de costura”, en las cuales una mujer con la consabida buena moralidad y previa licencia de las autoridades y examen elemental de la doctrina cristiana, les enseñaba a leer y escribir malamente, los principios de la fe, y los más corrientes tipos de costura, bordado y cosas afines.

3. La primera escuela de Institución Primaria en Villamiel.

Los tres tipos de escuela: de amiga, de costura, parroquial, los hubo en cualquier población mediana y Villamiel lo era.

Mas la primera escuela pública de Villamiel, de la cual tengamos noticia ciertas es la que fundara don José Jerez, posiblemente en 1.771, cuando Carlos III – de quien era consejero don José – reorganiza la enseñanza.

Don José Jerez y Baile, villamelano de pro “era miembro del Gremio y Claustro de la Universidad de Salamanca por ser catedrático de Primaria de Leyes en Constituciones de Preámbulo, Canónigo-Deán de la Santa Iglesia Catedral de Ciudad Rodrigo, Teniente Vicario General de los Ejércitos reales y – ello casi se da por supuesto después de tanto título – miembro del Consejo de su Majestad”[3].

Deseoso de ayudar a su pueblo, en la medida de lo posible, crea una Capellanía perfectamente dotada – era la única congrua, es decir, capaz de sustentar a un sacerdote -, construye o al menos repara el camino que a través de la ladera Sur de la Sierra de Jálama va de Villamiel a Ciudad Rodrigo, y sobre todo y por lo que ahora nos ocupa crea la primera escuela pública, regida por un seglar, de la que tenemos noticia. Y al decir que crea una escuela hemos de entender el sentido del verbo crear en su exacto significado: hacer algo de la nada. En efecto, edifica el local – escuela y la casa del maestro (ambos existen en la actualidad, aunque ahora sean casas particulares), y cede además los bienes precisos para que con sus rentas pueda vivir el maestro. A efectos legales la creación del deán Jerez tenía la consideración de Obra Pía, es decir, estaba bajo la supervisión de la Iglesia.

¿Por qué creó don José la escuela? En primer lugar para dejar más libre al párroco y que éste pudiese dedicarse con mayor intensidad a su labor pastoral; en segundo lugar, porque cree que un maestro debe estar mejor preparado en aquello de las seis clases de letras, en lo de los quebrados, la reducción y los prorrateos, etc. que evidentemente no se enseñaba en los seminarios; y finalmente porque había visto el interés del rey por mejorar la enseñanza y para don José los deseos del rey eran órdenes. (El camino de Jálama, por ejemplo, lo arregló porque así lo deseaba el rey. Antonio Ponz nos lo cuenta).

El primer maestro de la nueva escuela fue don Rafael Hernández Cano del que no sabemos más que el nombre y que era miembro de la prestigiosa y elitista Cofradía del Santísimo de Villamiel.

Por cierto que ese año citado, 1771, el Rey firma una Real Provisión en la que vuelve a regular el procedimiento para los exámenes de maestro, que es prácticamente el mismo que el de 1.642 salvo en la diferencia de que tales exámenes pueden realizarse en cualquier localidad, ante escribano, y remitirse los ejercicios a la madrileña Hermandad de San Casiano para que los califique. Pero dicha Real Provisión contiene otros preceptos que por su curiosidad e interés transcribimos:

“Ni los maestros ni las maestras podrán enseñar a niños de ambos sexos; de modo que las maestras admitan sólo niñas y los maestros varones en sus escuelas públicas.”

“Para que se consiga el fin propuesto (la mejor educación posible) a lo que contribuye mucho la elección de los libreros en que los niños empiezan a leer, que habiendo sido hasta aquí fábulas frías, historias mal formadas o devociones indiscretas, sin lenguaje puro ni máximas sólidas, con las que se depravaba el gusto de los mismos niños y se acostumbraban a locuciones impropias, a credulidades nocivas y a muchos vicios trascendentales a toda la vida, … mando que en las escuelas se enseñe, además del pequeño y fundamental Catecismo que señale el ordinario de la diócesis, el Catecismo histórico de Fleury, y algún compendio de historia de la Nación, que señalen respectivamente los corregidores de las cabezas de partido con acuerdo o dictamen de personas instruidas, y … de que fácilmente se puedan surtir las escuelas del mismo partido”[4].

Vemos que el rey intenta poner una cierta racionalidad en la enseñanza e incluso en la elección de los libros de texto. Lo extraño aquí es la imposición del Catecismo de Fleury, que además de su carácter no español, sería incluido en el Índice.

La escuela fundada por el Deán Jerez, merced a sus rentas propias, debió estar un tanto al margen de la desidia y el abandono a los que solían estar sometidas las escuelas tuteladas y financiadas por los Ayuntamientos. Tuvo un triste final cuando, dado su carácter de Obra Pía, fue desamortizada en 1.836.

4. ¿Era el maestro también relojero?

Esa desaparición de escuelas, como efecto no deseado de las leyes desamortizadoras, debió ser común a muchos pueblos de España, tantos, que en 1.838 el Gobierno – bajo la inspiración de Pablo Montesino – tuvo que autorizar un Plan de Instrucción Primaria y un Reglamento de las escuelas públicas, por los que se obligaba al establecimiento de tales centros en los pueblos, según el vecindario; se establecen asimismo los sueldos de los maestros y las retribuciones que estos pueden percibir de los niños pudientes. El nombramiento del maestro será potestativo del Ayuntamiento, quien por otra parte será el que abone sus haberes, aunque con el visto bueno del Jefe Político Provincial.

Esos sueldos de los maestros deben ser un tanto aleatorios. Pascual Madoz dice en su Diccionario, con datos de 1.843, y refiriéndose a Villamiel; “Escuela dotada con el producto del peso de la harina, 200 reales por el régimen del reloj y la corta retribución de los 50 niños de ambos sexos que concurren”.

Si tenemos en cuenta que los datos que Madoz proporciona son los que le han facilitado los respectivos Ayuntamientos, entenderemos todo lo que de capcioso hay en esa información. El producto del peso de la harina, el impuesto que gravaba el consumo de harina, era variable de un año para otro; y además, defraudar al Fisco – sea éste municipal o nacional – ha sido siempre una inveterada afición patria; luego, lo que percibiera el maestro por “el producto del peso de la harina” era sumamente variable; lo de los 200 reales del régimen del reloj, los únicos seguros y ciertos por otra parte, no sabemos si exigían que el maestro fuese también el relojero de la Villa, o el encargado al menos de darle diariamente cuerda; aquello otro de la “corta retribución de los 50 niños de ambos sexos que concurren”, es una media verdad – en lo de la corta retribución – y una mentira total, porque aquellas fechas sigue vigente la Provisión de Carlos III que prohibía la enseñanza mixta, y además el que asistieran juntos a escuela niños y niñas, ya mayorcitos, hubiera supuesto un escándalo y un ataque frontal a la moralidad pública.

En resumen, que el pobre maestro de Villamiel, desaparecida la Obra pía fundada por don José Jerez, debía sufrir el hambre que la tradición asigna al gremio; hambre que por otra parte casi le estaba impuesta por Ley como veremos en el apartado siguiente. (A título de comparación, odiosa y discriminatoria como todas las comparaciones, digamos que el mismo Madoz informa de que el Secretario del Ayuntamiento cobraba 2.000 reales, de un presupuesto municipal de 6.000).

5. Pobres, por Circular del Sr. Ministro.

Poco a poco se va sintiendo la necesidad de regular la formación de los maestros y abandonar el anticuado sistema de la pasantía – del que nos hablaba la Ordenanza de la Hermandad de San Casiano – . Va surgiendo esporádica, y, a veces anárquicamente las Escuelas Normales.

En 1.849 se da un Reglamento Orgánico para los nacientes centros, y junto al Reglamento, el Señor Ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas, don Fermín Caballero, envía una circular a los jefes políticos, en la cual y entre otras perlas van las siguientes:

“No haya en el Escuela Normal… ni mezquindad ni lujo. Aquella apoca el ánimo e infunde hábitos de ruindad y desaseo; pero no es menos perjudicial el lujo en establecimientos destinados a educar a personas que han de pasar su vida en condición obscura y honrada medianía. Los maestros educados en ellos perderían los hábitos de sencillez, de frugalidad, de amor al trabajo que deben acompañarles en toda su carrera; cobrarían odio a su profesión, adquiriendo necesidades que luego no han de ser satisfechas, y se engendraría en ellos ese disgusto de toda condición modesta, ese excesivo afán de mejorar de suerte y adquirir bienes materiales, que en nuestros días atormenta a tantos hombres y pervierte los mejores caracteres”. (El Sr. Ministro cubriría, sin duda, todas sus necesidades y no tendría excesivo afán de cambiar de suerte y de adquirir bienes materiales, que seguro ya poseía.)

Pero el Sr. Ministro de lo heterogéneo – Comercio, Instrucción y Obras Públicas, todo en una cartera es sumamente original – se sentía inspirado y siguió:

Después de aclarar que no se debe enseñar demasiado a la gente de las aldeas porque “no tendrán el tiempo necesario para la reflexión y el estudio”, dice algo tan demencial como lo siguiente: “Dar demasiada latitud a las materias, es un lujo de enseñanza impropio, perjudicial, que , o bien abruma a entendimientos no dispuestos a recibirla, o engendra pedantes insufribles, que envanecidos luego con su saber mal digerido, salen de una condición que les hubiera ofrecido paz y bienestar, para correr tras de otra donde solo encuentran zozobra y miserias”.

La Filosofía educativa de don Fermín Caballero, autor del primer Reglamento, que pretende ser serio, de las escuelas públicas, de la Edad Contemporánea se condensa en otras palabras antológicas: “Sin saber leer y escribir puede un hombre ser buen padre de familia, súbdito obediente, pacífico ciudadano: nada de esto será se le faltan los principios de la moral, y si desconoce los deberes que la religión prescribe”.[5] (no se nos ocurre más que preguntar el porqué don Fermín no convertiría las escuelas públicas en escuelas de catequesis, entidades estas que nosotros creemos también son necesarias.)

Pero en el haber de ese Ministro tan citado no todo han de ser notas negativas. Anotemos dos: una pintoresca y otra, ciertamente positiva. La pintoresca: por Real Orden de 1 de diciembre de ese mismo año (1849), se ordena que en las escuelas públicas se enseñe sólo la letra bastardilla, que por sus condiciones de belleza y claridad debía ser preferida al carácter inglés que la moda iba imponiendo[6]. (Aunque parezca extraño, solamente hacía cinco años que se había obligado que en cuestiones ortográficas se siguiesen las reglas de la Real Academia, porque hasta entonces cada cual había escrito como mejor le parecía).

La otra nota, la buena nota de don Fermín: la creación (1849) del Cuerpo de Inspectores provinciales de Instrucción Primaria, que con categoría de facultativos eran los “encargados de visitar las escuelas, de velar por la puntual aplicación de las medidas dictadas a favor de la enseñanza y de amonestar a las autoridades cuando no cumplieran con sus deberes. Aconsejando a los maestros, enseñándoles continuamente, informando al gobierno sobre el estado de la enseñanza y necesidades de las escuelas, hicieron estos funcionarios en pocos años lo que sin ellos no hubiera podido conseguirse en muchos, y dieron un impulso extraordinario a la instrucción primaria.[7]

6. Llega un Inspector.

Los nuevos Inspectores de Instrucción Primaria entran rápidamente en acción. En octubre de 1.851[8] el Inspector Provincial se reúne con el Ayuntamiento de Villamiel “después de haber visitado la escuela pública elemental de niños”, (eso es, que acogía únicamente a niños de 5 a 10 años) y “previno dicho señor que era necesario preparar el local y el menaje de aquel establecimiento de conformidad con las disposiciones vigente, … que era indispensable para obtener buenos resultados en la enseñanza auxiliar al maestro con un ayudante”, (esto último se debería sin duda al elevado número de alumnos, que no podemos precisar; digamos, como referencia que en 1.825 Calomarde dispuso que se estableciese un pasante de maestro en las escuelas con más de 100 niños. Calomarde, además de receptor de sonoras bofetadas principescas, fue uno delos pocos ministros que en el siglo pasado quisieron enfrentarse con mayor seriedad y buena intención, pero con menos eficacia, ante el problema de la enseñanza; de ahí nuestra duda sobre si su orden sobre los pasantes de maestro tuviera validez alguna); el Sr. Inspector previno además al Ayuntamiento a “que providenciase lo oportuno para cumplir en todas sus partes con la circular inserta en el boletín Oficial de al Provincia del 27 de septiembre último (que hacía referencia a la creación de escuelas de niñas), “así como para que vuelvan a la instrucción primaria de esta villa las Obras Pías que con este objeto fundó el doctor don José Jerez, deán y Canónigo que fue de la Santa Iglesia Catedral de Ciudad Rodrigo”.

El Sr. Inspector olvidaba que había habido una desamortización de los bienes de la Iglesia, y que incluso, apenas tres meses antes de su visita se había decretado la venta de los bienes realengos y baldíos, que en este pueblo eran numerosos, y que por consiguiente el Ayuntamiento tenía las arcas vacías.

Los representantes del Municipio dieron al señor Inspector la típica respuesta municipal, cortés e imprecisa, que no compromete a nada. Se acuerda ocuparse de lo expuesto “hasta satisfacer en todos los deseos del Señor Inspector, que son los de la Corporación, declarando desde luego acordada la creación de la escuela de niñas, si bien suspendiendo la publicación de al vacante hasta tanto que sea asegurada su dotación, para todo lo cual la Corporación se reserva proponer los arbitrios necesarios”.

Pasados dos meses (13 de diciembre de 1851) el alcalde, Policarpo Navarro y los concejales dicen que “han meditado detenidamente sobre el arbitrio que deban proponer para la dotación de la maestra de niñas y no encuentran otro que imponer dicha cantidad sobre la contribución de inmuebles, cultivo y ganadería, pues aunque está ya recargada con los otras dos contribuciones de industria y consumo, aún cabe este pequeño recargo sobre lo que permite la Ley”. Se manda copiar al Gobernador civil, para la aprobación de los arbitrios o”o resulte lo que sea de justicia”.

No debió resultar nada porque diez años después, y a pesar de la continua insistencia del Inspector don Cándido H. De Bustamante, la escuela de niñas sigue sin crearse; presumiblemente, el local y el menaje también se quedaron sin reparar.

7. Aparecen las cuentas claras.

En 1.853 (10-enero-1853) se nombra profesor de la escuela de niños a don José Polo Toribio, quien entre otros méritos, tiene el – no escaso- de ser el único aspirante. (Teóricamente debiera haber habido una terna de aspirantes). Se le asigna una dotación anual fija, con cargo a los fondos municipales, de 2.200 reales (2.000 de sueldo y 200 para pago de casa y material escolar), más la eventual de los niños no pobres que concurren y que mensualmente será; 1 real y 20 maravedíes, los que principian; 2 reales los que deletrean; 3 reales los que lean; y 4 reales, los que escriban y cuenten, “con obligación de enseñar de balde a todos los niños pobres de esta población que señale el Ayuntamiento”.

En fin, algo se iba consiguiendo en cuanto a la retribución del profesor. Recordemos que diez años antes – fecha de los datos de Madoz – el maestro sólo tenía seguros 200 reales; ahora se dice que se le pagarán 2.200. Lo malo es que no siempre se le pagarán, como más tarde veremos.

8. Palabras, palabras, palabras.

El 9 de agosto de 1.855 el Inspector ataca de nuevo. Dice que acaba de visitar la escuela de niños y que hay poca asistencia, que el local está tan desastroso como siempre, que otro tanto sucede con el escaso menaje, que es necesaria y obligatoria la creación de la tan ya citada escuela de niñas, y que el ayuntamiento debe sacar el dinero de donde pueda para cumplir con esta última obligación. El Inspector debe estar ciertamente enfadado, y los siempre corteses representantes municipales dicen a todo que sí, que el Sr. Inspector tiene razón, y que la escuela de niñas empezará a funcionar a comienzos del último trimestre del año en curso.

El Inspector se fue, no sabemos si confiado, pero de la prometida escuela – como era de esperar – nunca más se supo.

No sabemos si el curioso lector, en este caso oyente, se habrá fijado en la fecha de la visita del Inspector: el 9 de agosto; pero, ¿había clase en agosto? Pues claro que sí. La Real Orden de 23 de mayo de ese mismo año preceptuaba que serían días de escuela todos los del año salvo los domingos y demás días de fiesta entera; las vacaciones de Navidad: del 24 de diciembre al 1 de enero, ambos inclusive; las de Semana Santa: del Miércoles Santo hasta el Martes de Pascua, también incluidos; los días del santo y cumpleaños de Sus Majestades, y los días de fiesta nacional (que no se especifican); por costumbre, también se hacía fiesta: lunes y martes de Carnaval, Miércoles de Ceniza, lunes y martes de Pentecostés y el Día de los Difuntos. También por costumbre en muchas localidades se vacaba la tarde de los jueves en las semanas que no tenían día festivo. No había pues, vacaciones de verano. (Éstas, las vacaciones caniculares, como entonces se decía, se establecerán por R.O. de 6 de julio de 1.888, y únicamente entre el 18 de julio y el 31 de agosto. Por cierto, que como los maestros debían aprovechar esas vacaciones para redondear un tanto sus exiguos ingresos, dando clase en el local de la escuela, ello fue rigurosamente prohibido tres años después).

9. Se acerca la Ley Moyano.

En 1.857 (2 – febrero – 1857) y en la recogida de datos para facilitar la futura implantación de la Ley de Instrucción Pública que en esas fechas se estaba debatiendo en el Congreso, el Gobernador Civil ordena a los alcaldes “manifiesten sin pérdida de tiempo los recursos con que cuentan para la habilitación de las escuelas públicas”; el mismo Gobernador dice que según sus informes, Villamiel debe disponer de 2.000 reales para habilitación y 2.000 más para menaje, (ello se entiende que además de los 2.000 que cobraba el maestro como sueldo); el Ayuntamiento responde como siempre, que el local es bueno y el menaje regular – recordemos la opinión contraria del inspector no hacía demasiado tiempo – y que por consiguiente no hace falta presupuestar esos 4.000 reales, y además, aunque quisiera hacerlo le sería imposible por carencia de recursos. Pero he aquí que por aquellas fechas surge un hecho que da lugar a otra odiosa comparación, que algunos tal vez achaquen a la mala intención del autor.

El médico de la Villa, don Tomás Calzada, cobraba en ese año 3.000 reales, más las igualas; pero como estima que es una retribución muy baja – y posiblemente lo fuera – renuncia al cargo. El Ayuntamiento, que antes le ha dicho al Gobernador que carece de recursos, concede al médico un aumento de 2.500 reales.

En fin, el 17 de julio la Reina sanciona la Ley de Instrucción Pública, más conocida como Ley Moyano, que por primera vez divide la enseñanza en los tres ciclos actuales: primaria, media y superior, que implanta un texto único para todas las escuelas (obligación que pronto caerá en desuso); que implanta definitivamente las Escuelas Normales, y que incluso prevé la posibilidad de que el Estado ayude a los pueblos que no puedan costear por sí mismos la instrucción primaria (extremo éste que tampoco se cumplirá con exactitud). Los maestros de la época le pusieron una sola objeción: que el derecho a la jubilación que ya las había prometido en 1.370 Enrique II, y en fecha más reciente Calomarde (1.825), no les fuera reconocido.

10. La “característica generosidad” del maestro.

El Ayuntamiento de 1.859 (13-2-1859) forma un presupuesto adicional para educación “ascendente a 925 reales”, que se distribuyen de la forma siguiente: 525 reales para menaje y material de escuela, 400 reales para pagar al maestro por los niños pobres de solemnidad, que unidos a los 400 que se le deben por este último concepto desde el año anterior, hacen un total de 1.325 reales. Se supone que al maestro se le van a abonar los 800 reales que se le adeudan; mas, esa cantidad debe parecerle a los munícipes excesiva, así que acuerdan “por unanimidad absoluta” invitar al profesor de Instrucción Pública de la población, don José Polo Toribio” a que acuda al Ayuntamiento “a fin de intentar un convenio con dicho profesor”, y éste “con la generosidad que le caracteriza accedió a él en la cantidad de 700 reales de vellón”, pagaderos por trimestres. En resumen, que al profesor se le habían prometido 2.000 reales de sueldo, pero sólo se le habían abonado 1.600 y si quiere cobrar los débitos, tiene que hacer una rebaja, a cambio de la cual se le dirá – ¡faltaría más! – que es buena persona, con lo que ya podrá comer tranquilo y satisfecho.

11. Trevejo se une a los problemas.

En 1.859 el vecino pueblo de Trevejo, privado por las leyes desamortizadoras de sus bienes de propios, está en franca bancarrota. En agosto se encarga interinamente de su administración al Ayuntamiento de Villamiel (14 – agosto – 1859), que como sabemos tampoco anda muy sobrado de fondos. Como primera medida este último Ayuntamiento ruega al secretario de aquella Villa, – Trevejo -, don Balbino Escobedo que provisionalmente se ocupe de la instrucción pública. Dos meses más tarde “unida ya (definitivamente) la Villa de Trevejo a esta de Villamiel, deben considerarse como una sola población la matriz y su arrabal (aunque estén separadas por un mal camino de dos kilómetros) y no reuniendo el número de almas para sostener dos escuelas (lo que indica que las tantas veces prometida escuela de niñas sigue sin crearse) diríjase una comunicación que comprenda los extremos que sean oportunos a la Junta Superior de Instrucción Primaria de la provincia para que acuerde la supresión de la escuela incompleta de dicho arrabal”. El gobierno de Villamiel en Trevejo no podía empezar con peor pie. Ello daría lugar a un resentimiento y a un sentido de humillación, que en parte, todavía perduran. Pese a la petición de suprimir la escuela de Trevejo, y según lo previsto en la Ley Moyano, siguió habiendo maestro en dicho pueblo aunque sus haberes los percibía a través de la Diputación y no del Ayuntamiento.

12. Un profesor un tanto osado.

En 1.861 (4 – enero – 1.861) el nuevo profesor de Villamiel, que indudablemente desconoce el terreno que pisa, se siente valiente y osado. Hasta se atreve a poner condiciones al Ayuntamiento para su continuidad en la escuela: 1ª. Que se le asignen 20 duros mensuales de dotación y retribución y que se le abonen mensualmente, conforme a la R.O. de 17 de junio de 1.860; 2º. “Que si le conviniera tener casa abierta, no se le hará pagar arbitrio de consumos”. (Y es que el arbitrio de consumos debía ser bastante arbitrario, y el maestro sospechaba que lo que se le daba de sueldo por su lado, se le iba a quitar por otro. Años después, el “grito santo” de la Revolución del 68 en Villamiel será: “¡Viva la libertad! ¡Abajo consumos!); 3º. Que en el “semestre primero del corriente año se arregle la escuela o parte”.

El Ayuntamiento dice lo de siempre: ni sí, ni no. A la primera petición – los 20 duros mensuales – que se conforme con los 3.300 reales estipulados, más lo que pueda cobrar de los niños no pobres. (Hay una diferencia de 1.500 reales entre lo que pide el profesor y lo que se le concede); a la segunda petición – no pagar arbitrio de consumos – : “que se hará en la primavera próxima o a principios de verano”.

El maestro debió conformarse con los 3.300 reales, porque no se habla en los libros ni de su renuncia, ni de ningún otro nombramiento.

13. El maestro no paga los consumos.

En 1.865 (13 – junio – 1.865) figuran como maestros de las dos escuelas del Municipio don Miguel Parra Velázquez, que lo es de Villamiel, y que es quien había reclamado los 20 duros mensuales y el no pagar consumos; y don Domingo Corbacho, que lo es de Trevejo.

Don Miguel se ausentará un año después (10 – mayo – 1.867) sin haber pagado los últimos tres trimestres del famoso arbitrio y que importaban 20 escudos y quinientos cincuenta y seis milésimas. Ese débito debió molestar bastante al Ayuntamiento, más que por el importe en sí, porque al fin y a la postre el maestro se había salido con la suya. (Había cuenta que un escudo equivalía a 10 reales, tras el oportuno cálculo podemos saber que el famoso arbitrio de consumos suponía para el profesos el 8,33 % de su sueldo).

14. Desaparece la escuela de Trevejo.

Don Domingo Corbacho tendría que dejar su escuela de Trevejo (2 – julio – 1.868) cuando el Sr. Ministro de Fomento don Severo Catalina tuvo la afortunada idea de suprimir las Escuelas Normales – que se habían convertido en peligroso foco de ideas liberales y ya no cumplían aquellos fines tan claramente expuestos, años atrás, por el ínclito don Fermín Caballero – y para rematar la operación ordenó que en los pueblos de menos de 500 habitantes se encomendase la enseñanza al párroco, al coadjutor o a otro eclesiástico; únicamente a falta de estos, y como mal menor podría nombrarse un maestro seglar. Como en Trevejo sí había párroco, Bartolomé Barrientos de nombre, fue éste el sustituto del maestro; aunque por poco tiempo, y por circunstancias totalmente ajenas a su voluntad.

15. El Sexenio Revolucionario, que introduce novedades educativas, acaba en misa.

Ante la salida de Isabel II, de España (1.868), el 2 de octubre de ese mismo año la autotitulada Junta Revolucionaria de Villamiel se hace cargo del gobierno del Municipio. Una de las primeras medidas que toma es la de destituir a los profesores; pero ese mismo día los repone en sus destinos. En aquel momento tales profesores eran don Doroteo Carrasco “de manifiestas ideas liberales” y doña Ceferina Pascua a quien también se cree “adherida a la causa de la libertad”. (Es la primera noticia que tenemos de la tan ansiada escuela de niñas, cuya fecha de creación ignoramos, por otra parte); pero no se hace otro tanto con el cura de Trevejo. Don Juan Francisco González, alcalde pedáneo de esta localidad, comunica al Presidente de la Junta revolucionaria de Villamiel, don Juan Crisóstomo Gómez Gordillo (quien anteriormente había sido Gobernador Civil de Guadalajara y después lo será de Manila), lo siguiente: “He recibido sus comunicaciones referentes a la destitución (del párroco) de esta escuela, y no puedo dar cumplimiento a ellas por falta de Secretario. Sírvase Vd. En su vista acordar lo que proceda. El local y la llave de él, como no es edificio de la Villa y sí casa particular no me es permitido cerrarlo, ni apoderarme de la llave”. El día 18, el párroco – el ya citado don Bartolomé Barrientos – escribe al Presidente de la Junta: “Gustoso me resigno, por hoy, a la destitución de esta escuela. Y doy a la Junta las más expresivas gracias por las palabras lisonjeras con que se ha dignado favorecerme en la instrucción de los veinte o treinta niños de ambos sexos que existen en esta Parroquia, por más que me sea sensible no hayan producido el efecto que Vd. Se proponía”.

Ignoramos si la escuela de Trevejo se cerró, si fue repuesto el maestro anterior o si don Bartolomé siguió, en forma desinteresada, dando clase. Sospechamos que debió suceder este último dada la índole tan poco revolucionaria de los revolucionarios de Villamiel; por la oposición de Trevejo, representado por su alcalde pedáneo, al cierre de la escuela; y por la nueva legislación que en virtud del Decreto – Ley de 14 de octubre de octubre de 1.868 permitía a todos los españoles establecer y dirigir escuelas de primera enseñanza sin necesidad de título, ni de autorización previa.

En enero de 1.869 (3 – enero – 1969) se confirma a los profesores en sus funciones, pero se les retira la potestad de cobrar a los niños, en virtud de otro Decreto.

(A partir de este momento y como los Ayuntamientos pagaban tarde y mal la situación de muchos maestros se hizo angustiosa; en 1.871 se les debían en toda España unos 20 millones de reales, y el Ministro de Fomento Ruiz Zorrilla ordenó que fuesen abonados por el Tesoro y cargados a los respectivos Ayuntamientos).

Ese mismo año se sustituyó el estudio del Catecismo, por el del Título II de la recién aprobada Constitución, a la que obligatoriamente hubo de prestársele juramento de fidelidad, lo que consta hizo doña Ceferina Pascua el 24 de abril del año siguiente.

En 1.870 (26 – marzo – 1870) se ha ordenado introducir en la escuela ársele juramento de fidelidad, lo que consta hizo doña Ceferina Pascua el 24 de abril del año siguiente.

En 1.870 (26 – marzo – 1870) se ha ordenado introducir en la escuela ársele juramento de fidelidad, lo que consta hizo doña Ceferina Pascua el 24 de abril del año siguiente.

En 1.870 (26 – marzo – 1870) se ha ordenado introducir en la escuela de Villamiel la enseñanza del Sistema Métrico Decimal y se ha establecido un calendario para ello. Durante el mes de abril se enseñará el metro; el mes de mayo, el litro; y en junio, el kilogramo.

Los años siguientes debieron ser de gran penuria económica: los presupuestos para Instrucción Pública se rebajan; don Domingo Obregón – dueño de la casa donde viven los maestros – dice que o se le pagan los 18 duros de renta anual acordados, en lugar de los 16 realmente percibidos, o pone en la calle a los maestros (5 – julio – 1.873). El Ayuntamiento abona los 6 duros que le debe de los tres años anteriores.

La situación económica llegó a ser tan mala que incluso el cura dijo que se marchaba porque no tenía medios para subsistir (12 – febrero – 74).

Durante los años del Sexenio las buenas y religiosas costumbres de los profesores se han debido ir relajando un tanto, tal vez porque creyeran demasiado en el art.21 de la Constitución del 69 que garantizaba la libertad de cultos, además del más puro laicismo en la enseñanza. El caso es que en 1.874 (30 – mayo – 1.874) el Ayuntamiento acuerda “se haga ver a los profesores de esta Villa, por medio de comunicación, el disgusto con que la Corporación (ve) la falta de asistencia de los mismos a los actos religiosos en los días festivos, y particularmente a la Misa con los niños y niñas en corporación, exigiendo de los profesores devuelvan la comunicación que se les pase, con nota de quedar enterados”.

Ese mismo año (1974) la prohibición de cobrar a los niños no pobres implantada cinco años antes debe haber desaparecido, ya que se autoriza a los profesores a percibir de los alumnos “dos reales (mensuales) hasta que dejen de leer en Catón y cuatro a los que lean en otros libros, cuenten, escriban, etc.”

16. Hacia la modernidad.

Gran avance en pro de la independencia del Magisterio supuso el que a partir de 1.876 el nombramiento para las diversas escuelas fuese realizado por el Rector de la Universidad correspondiente, evitando así el caciquismo y el nombramiento de favor.

Un año después el eterno problema del lamentable estado del local escuela de niños es ya extremado. Leamos (21 – abril – 1877) lo que dice el alcalde dirigiéndose a los concejales: “que les constaba que con motivo de hallarse ruinosa la escuela de niños había mandado apuntalarla oportunamente; esto no obstante, el Inspector al hacer la visita hace pocos días, indicó debía proveerse al maestro de un local interino para evitar el que pudiera suceder una desgracia”. Ignoramos las medidas que se tomaron al respecto.

En 1.882, y para evitar el tradicional retraso con el que los maestros percibían sus retribuciones se creó en cada capital de provincia una caja especial en la cual los Ayuntamientos habían de ingresar dichas retribuciones; esa caja pagaría a los maestros trimestralmente. Se concedía, además, a los Gobernadores el poder usar de medidas coercitivas frente a los Ayuntamientos morosos. La tal Caja y las tales medidas coercitivas dieron su resultado, porque varios años después (12 – agosto – 1.894) el alcalde de Villamiel comunica a los concejales una noticia, que dados los antecedentes del Ayuntamiento, nos resulta sorprendente: “se ha ingresado más cantidad que la necesaria para cubrir dichas atenciones de Instrucción Primaria”, lo que ha de tenerse en cuanta para el próximo ejercicio económico.

En 1884 se dispone que las maestras – cuyo sueldo se ha nivelado con el de los maestros – dirijan las escuelas mixtas, esto es: las escuelas a las que asistan niños de ambos sexos; esa medida fue recibida con desagrado en numerosos pueblos y entre ellos debió estar Trevejo, puesto que sabemos que cinco años después ejerce allí un maestro, aunque ignoramos en que fecha fue restablecida la escuela suprimida en 1.868 (23 – junio – 1.88).

El 1 de enero de 1.887 se recibe escrito del Director General de Instrucción Pública en el que se comunica haber concedido una biblioteca al pueblo; y ese mismo año se concede a los maestros – además de las vacaciones de verano, ya citadas – el tan ansiado derecho de jubilación retribuida.

17. Un maestro conflictivo y una maestra que desaparece.

El hacerse el Censo electoral de 1.889 no son incluidos en él ni don Pedro Costa Martín, – profesor de Trevejo -, ni don Manuel Pérez Gutiérrez, profesor de Villamiel, por su condición de empleados municipales. (Eran de este tipo las elecciones a realizar).

Ese don Manuel Pérez debió ser una constante fuente de conflictos. De él se dice; (26 – enero – 1889) “que a pesar del tiempo transcurrido y de las citaciones dirigidas ya de palabra, ya por escrito, no había sido posible conseguir que el profesor de Instrucción Primaria don Manuel Pérez y Gutiérrez presente las cuentas del material de su escuela correspondientes a los tres últimos ejercicios”, mientras que la profesora sí lo ha hecho. Su actitud es comunicada al Gobernador Civil. El mismo año se le denuncia ante el Juzgado y la Junta Local de Escuelas porque ha causado una lesión en un ojo, “lo tiene deshecho” dice el acta correspondiente, al niño Eusebio Obregón Montero (quien pasado el tiempo preciso será Rector del Seminario y Canónigo de Ciudad Rodrigo); además se quejan los denunciantes del abandono en el que don Manuel tiene a los niños, ya que la escuela “parece una plaza de toros”, teniendo también abandonada la enseñanza religiosa; los padres denunciantes terminan diciendo que de seguir así retirarán a sus hijos de la escuela ya que los prefieren ignorantes a mal educados.

Don Manuel debió tener las cosas poco claras y en noviembre permutó con don Esteban Silva Blanco y marchó a Robleda, en Salamanca, sin despedirse de nadie, sin rendir las consabidas cuentas e incluso llevándose la llave de la escuela. Un año después el asunto sigue coleando, puesto que le Gobernador Civil pide que a la mayor brevedad posible se le remita certificación del día en que cesó don Manuel. El Ayuntamiento comunica todo lo que ya sabemos y por último acuerda “que se le ruegue a referida superior autoridad que obligue a repetido profesor a rendir las cuentas dichas”. Suponemos que así debió hacerse porque no volvemos a oír hablar del asunto (21 – dic. – 1.890).

(El nuevo profesor don Esteban Silva, una de las primeras cosas que hizo fue pedir al Ayuntamiento que se le rebajase a su esposa el importe del arbitrio de consumos, a lo que el Ayuntamiento, generosamente accedió).

Pero si terminan los conflictos con el profesor, comienzan con la profesora.

En 1.890 tomó posesión de la escuela de niñas, como maestra propietaria, doña Ignacia Dolores Robuster y Álvarez, quien automáticamente y con permiso del Rector, se ausentó de la Villa para cursar estudios en la Escuela Normal Central de Madrid. En su lugar dejó como maestra, y a sus expensas, a doña Ana Roncero Cantero.

Dos años más tarde se informa haberse abierto expediente, por abandono de servicio, siguiendo órdenes superiores, a doña Ignacia. La Junta Local informa “que desde el 18 de junio de 1.890 en que tomó posesión de su escuela, ni un solo día ha estado al frente de la misma y que en 30 de septiembre último terminó la última licencia que le fue concedida”. Doña Ana, su sustituta, dice no saber donde se encuentra – doña Ignacia – y además, sigue diciendo, que ésta le debe seis meses y que como ella no tiene dinero, puesto que doña Ignacia cobró sueldo y material, dejará la escuela. El Ayuntamiento acordó nombrar a doña Ana como maestra interina, hasta tanto no proveyese el Rector otra cosa. Al año siguiente se pide a la evasiva doña Ignacia – que debe haber aparecido – que justifique las cuentas de los cursos 90 – 91 y 91 – 92.

18. Pequeños problemas: la vida sigue igual.

Por motivos económicos surge otro conflicto, no demasiado enconado, que tardará en resolverse casi dos años y que perderá, como siempre, el maestro.

Parece ser que bastantes padres de los niños llamados no pobres preferían que estos abandonasen la escuela antes que pagar. Una Comisión se encargó de estudiar la cantidad que en total debían pagar esos niños, confeccionar la lista de los mismos e incluso la posibilidad de que ese dinero fuere recaudado por el Ayuntamiento y entregado al maestro. Se llegó a la conclusión de que por ese concepto se podrían recaudar 260 ptas. anuales. La cantidad pareció excesiva a los comisionados quienes además juzgaron que el maestro estaba suficientemente bien pagado. En conclusión, se acuerda suprimir la retribución que los niños no pobres venían pagando. La escuela, pues, será gratuita para todos. (Libros de Actas de 21-10-94; 27-1-95; 10-2-95; 21-4-95; 9-2-96 y 3-5-96).

Los señores que desde siempre nos han gobernado desde Madrid suelen ser a veces hasta imaginativos y sentimentales e incluso dan leyes de profunda sensibilidad. Viene esto a cuento porque el art. 2º de la Ley de 19 de septiembre de 1.896 dispuso que en las puertas de las escuelas se colocase un cuadro con la siguiente inscripción: “Niños, no privéis de la libertad a los pájaros; no los martiricéis ni les destruyáis sus nidos. – Dios premia a los niños que protegen a los pájaros, y la Ley prohíbe que se les cace, se destruyan sus nidos y se les quiten las crías”. El Boletín Oficial que incluyó tal normativa tal vez sea el único que pueda figurar en una antología de la poesía lírica.

Dejemos lo poético y vayamos a lo cotidiano.

En 1.898 toma posesión como profesora propietaria doña Antonia Posadas Luengo, cesando la interina y sufrida doña Ana Roncero, quien llena de amor al pueblo volverá a esta Villa 18 años después, como propietaria, y aquí se jubilará al final de la Guerra Civil (1.939).

En el curso 1900-1901 se crea una escuela de adultos, dotada con la cuarta parte del sueldo del maestro y la cuarta parte del material que se asigna a la escuela ordinaria. Las cantidades consignadas para esa escuela son 206,25 ptas. de sueldo y 60 ptas. de material, pagaderas por quintas partes durante cada uno de los meses en que funcionen dichas escuelas, esto es: de noviembre a marzo, ambos inclusive. El horario será de 7 a 9 de la tarde.

En 1.901 se publica el nuevo Plan de estudios de las Escuelas de Instrucción Primaria y que comprende las siguientes materias: Doctrina Cristiana y Nociones de Historia Sagrada; Lengua Castellana (Lectura, Escritura, Gramática), Aritmética, Geografía e Historia; Rudimentos de Derecho; Nociones de Geometría; Idem de Ciencias Físicas, Químicas y Naturales; Idem de Higiene y Fisiología Humana; Dibujo; Canto; Trabajos Manuales; Ejercicios corporales.

A finales de la primavera de 1.901 se cierran las escuelas de Villamiel, a petición del médico, por haber sarampión; se suspenden también los exámenes semestrales.

Al año siguiente se acuerda que el párroco don Agustín Hernández Peral visite las escuelas al menos una vez al mes. (1-2-1902)

En noviembre del mismo año se rompe una viga de la escuela de niñas. Se acuerda repararla urgentemente y que el gasto no ascienda a más de 300 ptas. (23-nov-1.902)

19. Se suprime la escuela de Trevejo.

Apenas comenzado el curso 1902-03 se recibe una comunicación del Presidente de la Diputación Provincial en la que se dice que ha sido suprimida la escuela de Trevejo sostenida con fondos provinciales. Se transmite la comunicación a la profesora del arrabal y se le satisfacen las 30 ptas. que importa el arriendo del local. Una vez más, el cura viene a solucionar el problema: dará escuela gratis si se le proporciona el local y el material. El Ayuntamiento accede e incluso los maestros de Villamiel cederán parte del material de sus escuelas para facilitar el trabajo de don José Roldán, que es el párroco de la antigua Villa.

20. Un gran maestro

Por las dos escuelas se van sucediendo numerosos maestros los cuales y dada la brevedad de su estancia apenas si dejan recuerdo. Si acaso, será justo citar a don Germán García Fernández quien permaneció ocho cursos, a don Eugenio Moreno Rodríguez, quien permanecerá diez y al cual el Inspector, don Ildefonso Yañez, concedió un voto de gracias, es decir: una felicitación pública por la brillantez de su trabajo; y a doña Juana Sanguino Fajardo, que habiendo sido profesora de esta Villa – en fecha que ignoramos – donó 200 ptas. para que se invirtieran en material fijo con destino a su antigua escuela.

En 1.922 se incorpora como propietario don José Viera López, el cual permanecerá aquí hasta 1.936.

La labor de don José fue sumamente eficaz. Es sin duda el profesor – que durante la época estudiada – ha dejado más y mejor profunda huella.

En sus horas libres y con la ayuda de un hermano, organizó una academia para estudios de Bachillerato de la cual salió una gran cantidad de alumnos que accedería a estudios superiores, en número sorprendente para la época.

Paralela a la labor de don José fue la de doña Ana Roncero.

21. Descripción de las escuelas

En 1.923 el Inspector, don Ángel Rodríguez Matas, emite un informe sobre el estado de las escuelas de la Villa. En resumen viene a decir:

  1. Escuela de niñas. Situada en la Plaza del Rollo, con unas dimensiones de 8,5 m. de largo, 6 m. de ancho y 2,75 m. de alto. Cuenta con una iluminación de 2 metros cuadrados, que es insuficiente. Con todas esas limitaciones la preparación de los alumnos no es buena. Regenta la escuela – la ya citada – doña Ana Roncero.
  2. Escuela de niños: 10 m. de largo, 5 m. de ancho y 3,30 m. de alto. Superficie de iluminación: 3,5 metros cuadrados. Número de alumnos matriculados: 74; asistencia media: 40. La organización es buena y se cree que dará notables resultados. Regenta la escuela: don José Viera López.

Por esas mismas fechas – acaba de proclamarse la Dictadura – el vocal de la Junta de Enseñanza, don Ricardo Galván, propone se dote de escuela a Trevejo.

22. La República: problemas de fiestas y técnicos.

Al proclamarse la República se le pide al Consejo escolar de Primera Enseñanza – que es como se llamó a la antigua Junta Local de Enseñanza – que proponga las fechas de las ocho fiestas locales que por Ley le corresponde designar.

El Consejo propone: el 19 de marzo (Festividad de San José); el 19 de Mayo (San Pedro Celestino, Patrono de la Villa); 1 de noviembre (Festividad de Todos los Santos); 21 de noviembre (Nª Sª de la Piedad, Patrona de la Villa) y 8 de diciembre (Festividad de la Inmaculada Concepción); pero el escrito en el que se envía la propuesta al Consejo Provincial es “recibido, devuelto y protestado … basando la devolución y protesta en haber tenido en cuenta ese Consejo (el Local) el espíritu laico que informa las leyes de al República”. El Consejo Local, presidido por doña Ana Roncero – el alcalde se negó a asistir a ninguna de las reuniones – propuso un nuevo calendario de fiestas: 23 de abril (Día del Libro), dos días en Carnaval, dos días en mayo (fiestas del pueblo), dos días en noviembre (por los mercados y feria de ese mes), y el 1 de octubre (Día del Maestro) (4-4-32).

En noviembre de 1.932 don José Viera propone al Consejo la creación de dos escuelas unitarias para cada sexo, y otra de párvulos. Se le hizo caso a medias, ya que se construyeron las dos actuales ubicadas en el paraje denominado La Sorda.

El mes de diciembre el Consejo acuerda: “que los maestros cumplan y que la maestra enseñe a las niñas a coser con la máquina Alfa; la maestra dice que no la usa por no haber niñas mayores y estimar más conveniente otras costuras; y que al ser cuestión técnica – en la que no tienen competencia ni el Ayuntamiento ni el Consejo – se lo comunicará al Sr. Inspector y obrará en consecuencia (11-12-32). (No sabemos ni cuando se había adquirido la polémica máquina Alfa, ni cual sería el dictamen del Inspector, al respecto).

Ya a final del año, el mismo Consejo – que debía reunirse con harta frecuencia – declara que los principales centros de interés que deben informar toda la enseñanza han de ser la República y la enseñanza de la Agricultura; tal vez esos centros de interés no interesen demasiado a las chicas porque doña Ana informa que no se ha matriculado ninguna alumna en al clase de adultos (22-12-32).

En 1.934 se cierran nuevamente las escuelas por la epidemia de sarampión.

23. Final: ¿se culturizarían los concejales?

A finales de enero de 1.936 cesa – ya lo hemos dicho – don José Viera, que se traslada a Coria, por concurso. Le sustituye don Francisco Barrigón.

El 15 de septiembre de 1.936 toma posesión de la escuela de Trevejo – que suponemos se habría creado hacía poco tiempo – don Jesús Delgado Valhondo.

El que después será gran y conocido poeta, movido sin duda por sus sentimientos humanitarios ante las miserias que acaba de ver dada su reciente incorporación , propone la creación de una cantina y un ropero escolar 815-9-36). El ropero escolar debió crearse, puesto que apenas quince días más tarde se acordó reunir a los padres de familia par que dijeran cuales eran, a su parecer, los niños más necesitados de ropa, mientras, consta se seguía trabajando por la cantina.

Dadas las características de la población de Trevejo, pobreza extremada y trabajo de los niños, se autorizó a Delgado Valhondo para que las 6 horas de clase las distribuyera a su mejor criterio, pero sin desatender la labor escolar.

Aunque la estancia de Valhondo en Trevejo fue corta, su recuerdo será perdurable.

Y finalmente, como punto final a esta breve exposición, daremos cuenta de la más desacertada decisión que se tomó en aquellos días.

En noviembre de 1.936 el concejal don Dimas Rodrigo Pérez, invitó a los maestros – en reunión del Consejo – a trasladar las bibliotecas escolares al Ayuntamiento. Se aceptó la invitación (4-11-36).

No sabemos si el señor Rodrigo Pérez movido por su amor a los libros, siempre inocentes, quiso librarlos de los desastres de la guerra; o si, simplemente, quería que los libros estuviesen en el Ayuntamiento para que los concejales se culturizasen más, lo que tampoco hubiera sido malo.

Únicamente podemos hablar de un resultado cierto: de aquellas bibliotecas escolares, nunca más se supo.


NOTAS:

[1] CASAS Y SÁNCHEZ, Manuel: “Elementos de Historia de la Pedagogía” Zaragoza, 1.913, pág. 161

[2] Ibídem: pag. 180

[3] Véase mi libro: “Apuntes para una Historia de la Encomienda de Trevejo”. En prensa

[4] CASAS: ob. cit. pág. 196

[5] Ibídem; pag. 216 y ss.

[6] Ib. pág. 223

[7] Ib. pag. 219

[8] Todas las fechas, con indicación de día, mes y año, que a partir de aquí aparezcan entre paréntesis, corresponden a los libros de Actas. Libros de Actas del Ayuntamiento de Villamiel: se indica el mes en letra: ej. (13-dic-1851) Los Libros de Actas de la Junta Local de escuelas: se expresa toda la fecha en número; ej (1-2-1902). Se ha utilizado este procedimiento, no muy usual, porque tales libros de Actas están sin numerar y lo mismo sucede con sus hojas.