Oct 012006
 

Teodoro Agustín López López.

Director de los Archivos Eclesiásticos, del Arzobispado de Mérida-Badajoz.

Es un hecho generalizado la celebración gozosa de acontecimientos que hablan de las raíces o de los origines de un pueblo o de una institución cívica o religiosa. De aquí sea grato dar a conocer la historia más significativa de los mismos.

LA ANTIGUA ARCHIDIÓDESIS DE MÉRIDA. AÑO 255.

Este año se celebra el 1750 aniversario de la Carta Sinodal de San Cipriano con los 36 Padres del Concilio de Cartago en otoño de 254. Las dos iglesias particulares de MÈRIDA Y ASTORGA- LEÓN preguntan a través de sus Obispos Félix y Sabino sobre la apostasía de Basílides y Marcial, sus inmediatos antecesores.

Para la cristiandad de Mérida se trataría de su primera mención, en donde ya aparece como una iglesia organizada jerárquicamente y con fieles responsables y comprometidos en medio de las persecuciones. A los pocos años ocurrieron los martirios de los Santos Eulalia, Servando y Germán, y Lucrecia.

Al recordar estos vetustos papeles con motivo de dicho aniversario no podemos ceñirnos a un enfoque puramente histórico, sino a las connotaciones teológicas y pastorales actuales. Los problemas son idénticos, y las soluciones son diversas según los tiempos, afirma Mondolfo. Ante una sociedad laicista que aboga por un laicismo radical, en donde no cabe ninguna religión y algunos cristianos apostatan de su fe, puede orientar estas pautas de comportamiento.

1. ASPECTOS HISTÓRICO-AMBIENTALES

El Texto

El texto tiene varias ediciones (Migne, Flórez, García Villada…) siendo la más crítica y aceptada hoy la de G. HARTELL (Viena 1871) en el “Corpus Scriptorum Ecclesiasticorum Latinorum. Academiae litterarum coesarae Vindobonensis. Vol. III. Pars II. S. Thascii Caecilli Cipriani Opera omnia ex recensione G. Hartell. (Vindononae, 1871) p. 735-743”. Nosotros utilizaremos el texto bilingüe de las Obras de San Cipriano por Julio Campos. BAC. Madrid 1964, p. 631-640.

No faltan voces de historiadores coetáneos que en estudios críticos discrepan en algunos puntos: Julio Pérez Llamazares en su obra Historia de la Real Colegiata de S. Isidoro de León (1927); Esteban Rodríguez Amaya “El caso del Obispo Marcial de Mérida” en Revista del Centro de Estudios Extremeños, Mayo-agosto 1933, Tomo VII, núm 2, p. 105-153; y Ramón Teja “Mérida cristiana en el siglo III: Sus primeros Obispos” en las Actas de las Jornadas de estudios Eulalienses”, Mérida 1993, p. 35-44. No obstante, toda la Tradición y todos los autores son unánimes en creer auténtica la Carta de referencia, es decir, escrita por San Cipriano, como en creer igualmente cierto todos los hechos que en ella se narran.

El autor

El autor es la excepcional personalidad de Thascio Cecilio Cipriano que se dirige a las comunidades cristianas de Astorga-León y Mérida, previa petición hecha por las mismas. Fue elegido arzobispo de Cartago el año 248, y por tanto metropolita de la Iglesia africana. Entre sus escritos afronta el problema de los “lapsi” o caídos en idolatría, por lo que acuden a él y ser una autoridad en el Occidente latino[1], como se desprende de la carta: “En ella nos dais a conocer que Basílides y Marcial, por haberse manchado con los billetes de idolatría y por ser culpables de crímenes nefandos, no deben ejercer el episcopado y las funciones episcopales[2]. Después añade: “ y Marcial, por su parte, además de frecuentar largo tiempo banquetes vergonzosos e impuros de los gentiles como miembro de una asociación, y de enterrar a sus hijos en la misma asociación a la manera de los paganos, en sepulcros profanos y entre paganos, ha afirmado en acto público, ante el procurador ducenario, que había obedecido a las órdenes de la idolatría y que había renegado de Cristo”[3]. Cipriano tuvo que huir en la persecución de Decio el 250, y apresado por el edicto de Valeriano el 257 y fue ejecutado después del segundo el 258. Posemos las actas auténticas de su martirio.

Cronología

La mayoría de los autores datan el concilio y la carta de los obispos africanos con S. Cipriano a la cabeza, el año 254 o la primera mitad de 255. No puede ser anterior porque el Papa Esteban fue elegido el 12 de mayo del 254, y en ella leemos: “Y no puede anularse la elección verificada con todo derecho, porque Basílides, después de descubiertos y confesados por sí mismo, haya ido a Roma y engañado a nuestro colega Esteban, que por estar tan lejos no está informado de la verdad de los hechos y haya obtenido de él ser establecido ilegítimamente en su sede, de la que había sido depuesto con derecho”[4]. Con esto Basílides, lejos de borrar sus delitos ha acumulado otros nuevos; pues a los pecados anteriores ha añadido la mentira y el dolo. Ni se debe culpar tanto al que incautamente fue sorprendido cuanto se ha de execrar al que engañó fraudulentamente. Basílides pudo engañar a los hombres, pero a Dios no “porque nadie se ríe de Él”. Tampoco a Marcial podrá aprovechar la falacia; porque el episcopado, diciendo y amonestando el Apóstol que “el obispo ha de ser intachable, como dispensador de los dones de Dios”[5]. Por tanto no ha de ser posterior al 258, en que muere San Cipriano.

Destinatarios

A Cipriano y los obispos africanos se dirigen el presbítero Félix y las comunidades cristianas de León-Astorga, y el diácono Elio y las comunidades de Mérida, siendo portadores de las mismas los obispos hispanos Félix y Sabino. La correspondencia dirigida desde Hispania, más otra que escribió desde Zaragoza un “hombre de fe” y defensor de la verdad como Félix, no se nos ha conservado por lo que la única información disponible sobre los hechos es la respuesta sinodal.

Valor y significación

El presente documento reviste un gran valor y significado doble: por un lado, es el primer testimonio escrito de que existen en Hispania comunidades plenamente organizadas con diáconos, presbíteros y obispos” asimismo a Elio, diácono, y al pueblo de Mérida, Salud, hermanos, en el Señor”; y por otro, de que en Astorga-León, MERIDA y Zaragoza hay comunidades vivas y pujantes que velan por la ortodoxia.

Aparece desde un enfoque teológico el problema de los que ofrendan a los ídolos, y obtienen el certificado acreditativo, la administración de la penitencia a los mismos, la pérdida del oficio episcopal, y su reintegración al mismo tras haber obtenido la absolución[6].

Contenido

Las noticias que da la Epístola dirigida por San Cipriano a Elio o Lelio, diácono de Mérida y a otros destinatarios que en ella se nombran, es que Marcial se contaminó con varios crímenes, entre los que sobresalen el certificado de idolatría y el de pública apostasía, por lo que es depuesto canónicamente de su Sede, siendo sustituido por Félix. Pues según la Constitución del Papa Cornelio al ser removido podía ser admitido a la penitencia laical.

Aceptó la penitencia y después intentó usurpar la Silla Episcopal de Mérida. Félix recurre a San Cipriano, como portador de una carta de Elio y de sus fieles, a la que S. Cipriano contesta que ha de se relegado al esta laical y que no se aprovechase de la sentencia contraria dada en favor de Basílides por el Papa S. Esteban, mal informado y engañado en el caso.

Guía epigráfica

  1. Ante la apostasía de Basílides y Marcial (1), se pide una respuesta (2).
  2. Ha de estar en consonancia con los preceptos divinos (1). Por tanto, se han de elegir obispos de conducta intachable (2).
  3. El pueblo cristiano no puede permanecer al margen (1). Según textos bíblicos se ha de remover a los indignos (2)
  4. La intervención del pueblo en la elección de sus obispos (1), aprobando o rechazando a los candidatos (2). También es extensible a los presbíteros y diáconos (3). De este modo se ha de evitar la llegada al sacerdocio de personas indignas (4)
  5. Confirmación de los obispos presentes en la designación (1), como fue el caso de Sabino (2) Recurso de Basílides al Papa Esteban (3). Intento de reposición de Marcial en la sede. (4).
  6. La carta peticionaria de los tres obispos, Feliz, Sabino y Feliz de Zaragoza (1) en que afirma la postura penitente de los dos colegas idólatras (2) a la que responde Cipriano que no puede volver a ejercer el ministerio sagrado según costumbre antigua. (3)
  7. Anima a los cristianos a no decaer en la fe, ya que pasará igual al fin de los tiempos.
  8. Defensa firme de la dignidad episcopal (1), apoyándose en textos bíblicos (2) y que estas excepciones no oscurecen la fe cristiana (3).
  9. No obstante, algunos obispos abogan por una flexibilidad disciplinaria para ellos, (1), pero afirma que los cómplices de delitos ajenos son reos. (2) Por fin, todos aprueban la religiosa inquietud de mantener integra y sinceramente la fe.

2. TEXTO COMPLETO

CIPRIANO A FÉLIX Y A LOS FIELES DE LEÓN, ASTORGA Y MÉRIDA

Cipriano, Cecilio, Primo, Policarpo, Nicomedes, Luciano, Su­ceso, Sedato, Fortunato, Jenaro, Secundino, Pomponio, Honorato, Víctor, Aurelio, Satio, Pedro, otro Jenaro, Saturnino, otro Aure­lio, Venancio, Quieto, Rogaciano, Tenax, Félix, Fausta, Quinto, otro Saturnino, Lucio, Vicente, Liboso, Geminio, Marcelo, Yam­bo, Adelfio, Victorico y Pablo, a Félix presbítero y a los’ fieles de León y Astorga, y a Ello diácono, y al pueblo de Mérida, salud en el Señor.

1 1. Cuando nos hemos reunido, hemos leído vuestra carta, hermanos carísimos, que nos habéis dirigido por mediación de Félix y Sabino, nuestros colegas, según es la integridad de vues­tra fe y el temor de Dios, y en ella nos dais a conocer que Basílides y Marcial, por haberse manchado con los billetes de idola­tría y por ser culpables de crímenes nefandos, no deben ejercer el episcopado y las funciones pontificales. Deseáis que os conteste a esta cuestión y que os proporcione una ayuda y alivio con nues­tra opinión a vuestra inquietud justa y necesaria. 2. Pero a este vuestro deseo está ya dada la respuesta, más que por nuestras deliberaciones, por los preceptos divinos, y éstos ya de antiguo mandan con palabras del cielo y con leyes de Dios cuáles y quié­nes deben ser los que sirven al altar y celebran los sacrificios divinos. En el Éxodo, efectivamente, habla Dios a Moisés y le advierte con estas palabras: Los sacerdotes, que se acercan al Se­ñor Dios deben purificarse, no vaya a abandonarlos el Señor (Ex 19,22). Y además: Y cuando acuden a servir al altar del Santuario, no tendrán conciencia de delito, para no morir (Ex 30, 20-21). Asimismo en el Levítico manda el Señor y dice: El hom­bre que tuviere mancha y vicio, no se acercará a hacer ofrendas a Dios (Lev 21,17).

II 1. Una vez enseñados e informados de esto, desde luego no hay más remedio que atenerse por nuestra parte a las prescrip­ciones divinas y no hacer aceptación de personas en estas cuestiones, y la condescendencia humana no puede consentir nada a nadie en materias en,:que se interpone el mandato y la ley divina. Ni tampoco debemos olvidarnos de lo que dijo el Señor a los judíos, por el profeta Isaías, increpándoles e irritándose de qué despreciaran los preceptos divinos por seguir doctrinas humanas. Este pueblo, dice, me honra con los labios, pero su corazón está muy alejado de mí (Is 29,13). Y esto lo repite el Señor en el Evange­lio con estas palabras: Rechazáis el precepto de Dios por mantener vuestra tradición (Mc 7,9). 2. Teniendo muy en cuenta estos avisos y considerándolos solícita y religiosamente en e1: nombra­miento de los obispos, no debemos elegir prelados sino a los de ‘una conducta limpia e intachable, para que puedan ofrecer santa y dignamente los sacrificios a Dios, y por eso puedan ser escu­chados en las súplicas que elevan por la integridad del pueblo del Señor, pues está escrito: Dios no escucha al pecador, sino escucha :al que honra a Dios y cumple su voluntad (Io 93). Por lo cual es necesario elegir para el episcopado de Dios a los que conste que son escuchados por Dios, después de diligente y auténtico examen.

III 1. No se ha de lisonjear el pueblo, como si puede estar inmune del contagio de delito, si comunica con el obispo pecador y presta su consentimiento al ejercicio del episcopado de su jefe, ya que amenaza con estas palabras la justicia de Dios por boca del profeta Oseas: Sus ofrendas son como pan de duelo; cuantos lo coman se contaminarán (Os 9,4). Con esto quiere enseñarnos y mostrarnos que todos los que se hubieren manchado con el sacrificio de un obispo profano e ilegítimo están atados totalmente al pecado. 2. Esto mismo lo encontramos declarado en los Números cuando Coré, Dathan y Abirón reclamaron para sí el derecho de sacrificar contra el sacerdote Aarón. Entonces también ordenó el Señor por Moisés que el pueblo se apartase de ellos para no verse inaplicado con el mismo crimen, juntándose a los revoltosos. Se­paradlos, dijo, de las tiendas de los injustos y crueles, y no toquéis nada de lo que les pertenece, no vayáis a perecer con ellos, parti­cipando de su pecado (Num 16,26). Por lo cual el pueblo, obe­diente a los mandatos del Señor y temeroso de Dios, debe apar­tarse de un obispo pecador y no mezclarse en el sacrificio del obispo sacrílego, cuando, sobre todo, tiene poder o de elegir obispos dig­nos, o de recusar a los indignos.

IV 1. Vemos que viene de origen divino el elegir al obispo en presencia del pueblo, a la vista de todos, para que todos lo aprueben como: digno e idóneo por juicio y testimonio públicos, como manda el Señor en los Números a Moisés con estas palabras: Tonta a Aarón, tu hermano, y a Eleazar, su hijo, y los subirá al monte ante toda la asamblea, y quita a Aarón su vestido y pón­selo a Eleazar, su hijo, y morirá Aarón allí, quedando puesto junto a los suyos (Num. 20,25-26). 2. Dios manda que ante toda la asamblea, se elija al obispo, esto es, enseña y muestra que es preciso no se verifiquen las ordenaciones sacerdotales sin el conocimiento del pueblo que asiste, de modo que en presencia del pueblo se descubran los delitos de los malos o se publiquen los méritos de los buenos, y así sea la elección justa y regular, des­pués de examinada por el voto y juicio de todos. 2. Y esto se observa después, según la enseñanza divina, en los Hechos de los Apóstoles, cuando, tratando de elegir un obispo en lugar de Judas, Pedro habla al pueblo: Se levantó, dice, Pedro en medio de los discípulo, y la asamblea convino en una cosa (San Cipriano no cita todo el texto) (Act 1,15). 3. Y no sólo advertimos que observaron esto los apóstoles en la elección de obispos y sacer­dotes, sino en la de diáconos; sobre lo cual en los Hechos, también está escrito: Y convocaron, dice; los doce a todo el pueblo de los discípulos y les dijeron (Act 6,2). 4. Lo cual, por cierto, se cumplía tan diligente y previsoramente, para evitar que llega­ra al ministerio del altar o a la dignidad episcopal un indigno. Pues el designar algunas veces a indignos, no según la voluntad de Dios, sino según la presunción del hombre, y que disgustan a Dios las que no provienen de justa y regular elección, el mismo Dios lo manifiesta por las palabras del profeta Oseas: Se eligieron su rey, sin contar conmigo (Os 8,4).

V. Por lo cual se ha de cumplir y mantener con diligencia, según la enseñanza divina y la práctica de los apóstoles, lo que se observa entre nosotros y en casi todas las provincias; es decir, que para celebrar las designaciones regularmente, allí donde ha de nombrarse un obispo para el pueblo deben reunirse todos los obispos próximos de la provincia y elegirse el obispo en presen­cia del pueblo, que conoce perfectamente la vida de coda uno y conoció la actuación en su conducta. 2. Esto vemos que se ha cumplido en la designación de nuestro colega Sabino, puesto que se le ofreció el episcopado y se le impuso las manos en sustitución de Basílides por voto de toda la comunidad y por el juicio de los obispos que se habían reunido personalmente o que os habían escrito sobre él. 3. Y no puede anularse la elección veri­ficada con todo derecho, porque Basílides, después de descubier­tos sus delitos y confesados por sí mismo, haya ido a Roma y engañado a nuestro colega Esteban, que, por estar tan lejos, no está informado de la verdad de los hechos, y haya obtenido de él ser restablecido ilegítimamente en su sede, de la que había sido depuesto con derecho. Con esto no ha hecho Basílides más que acumular delitos en vez de borrarlos, de modo que ha aña­dido a los pecados anteriores el crimen de falacia y embuste. 4. Menos, pues, hay que culpar al que se ha dejado sorprender por descuido que reprobar al que sorprendió por engaño. Pero si ha podido Basílides atrapar en sus enredos a los hombres, no puede a Dios, según la palabra escrita: Dios no puede ser burlado (Gol 6,7). Tampoco a Marcial puede servirle su engaño para retener el episcopado, culpable como es de graves delitos, puesto que el Apóstol avisa con estas palabras: Es preciso que el obispo sea intachable, como administrador de Dios (Tit 1,7).

VI 1. Por lo cual, como escribís, hermanos carísimos, y como afirman nuestros colegas Félix y Sahino, y como otro Félix de Zaragoza, hombre de fe y defensor de la verdad, indica en su carta, habiéndose contaminado Basílides y Marcial del nefando certificado de idolatría, 2, y Basílides, además, de la mancha del certificado, estando enfermo en el lecho, blasfemó contra Dios y reconoció que había blasfemado, y por el remordimiento de su conciencia depuso el episcopado espontáneamente y se entregó a hacer penitencia, rogando a Dios y dándose por satisfecho si po­día comunicar como laico; y Marcial, por su parte, además de frecuentar largo tiempo banquetes vergonzosos e impuros de los gentiles como miembro de una asociación, y de enterrar a sus hijos en la misma asociación a la manera de los paganos, en se­pulcros profanos y entre los paganos, ha afirmado en acto público, ante el procurador ducenarío, que había obedecido a las órde­nes de la idolatría y que había renegado de Cristo; y habiendo otros muchos y graves delitos en que están implicados Basílides y Marcial, 3, por todo esto en vano intentan ejercer los tales las funciones del episcopado, siendo manifiesto que estos individuos no pueden estar al frente de la Iglesia de Cristo ni deben ofre­cer sacrificios a Dios, sobre todo habiendo decretado ya hace tiempo nosotros y todos los obispos en todo el mundo, y aun nuestro colega Cornelio, obispo pacífico, y justo y honrados con el martirio por la bondad de Dios, que tales hombres pueden ser admitidos a la práctica de la penitencia, pero removidos del clero y de la dignidad episcopal.

VII. No os dejéis impresionar, hermanos carísimos, si en algunos, al fin de los tiempos, vacila su fe indecisa y su irreligio­so temor de Dios o no persevera la concordia de la paz. Ya está anunciado que sucederán estas cosas al fin del mundo y ya predijeron las palabras del Señor y el testimonio de los apóstoles que, al ocaso del mundo y al acercarse el anticristo, todo lo bueno decaerá, mientras lo malo y adverso avanzará.

VIII 1. Y aunque estemos en los últimos tiempos, sin em­bargo, en la Iglesia de Dios no ha decaído el vigor evangélico ni se debilitó la fuerza del valor cristiano y de la fe, de modo que no quede una porción del episcopado que en manera alguna sucumba ante estas ruinas y naufragios de la fe, sino, al contra­rio, defienda con fortaleza y firmeza el honor de la majestad di­vina y la dignidad episcopal, guardando en su corazón un pleno temor de Dios. 2. Recordamos y sabemos que, a pesar de sucum­bir y ceder los demás, Matatías defendió enérgicamente la ley de Dios; que Elías se mantuvo firme, y luchó valerosamente, cuando fallaban los judíos y se apartaban del culto de Dios; que Daniel dio frecuentes y valientes ejemplos de glorioso testimo­nio, sin dejarse atemorizar ni por la soledad del destierro ni por la hostilidad de una tenaz persecución; que asimismo los tres jóvenes, sin doblegarse por los pocos años de edad ni por ame­nazas, hicieron resistencia con lealtad contra el tormento del fuego de los babilonios y vencieron al rey victorioso, aunque cau­tivos ellos. 3. No importa el número de prevaricadores o traido­res que se han levantado ahora en la Iglesia contra la Iglesia, e hicieron bambolearse a la vez la fe y la verdad; queda en mu­chos un espíritu sincero y una religión íntegra y una alma entre­gada a su Señor y su Dios, y la perfidia ajena no puede aplastar hasta derribarla a la fe cristiana, sino más la excita y exalta hasta la gloria, conforme a lo que exhorta el santo Apóstol cuando dice: ¿Qué, pues, si algunos de ellos no creyeran, acaso su incredulidad hizo vana la fidelidad de Dios? Lejos de eso. Pues Dios es veraz, y todo hombre, mendaz (Rom 3,3-4). Si todo hombre es mendaz y sólo Dios es veraz, ¿qué otra cosa debemos hacer los servidores, y sobre todo los obispos de Dios, sino abandonar los errores y mentiras humanas y permanecer en la verdad de Dios, guardando preceptos del Señor?

IX 1. Por lo cual, aunque hubo algunos de nuestros colegas, hermanos carísimos, que creen deber aflojar en la disciplina divina, y comunican temerariamente con Basílides y Marcial, no tiene por qué trastornar este hecho nuestra fe, ya que el Espíritu Santo amenaza en los Salmos con estas palabras : Tú has odiado la enseñanza, y echaste a la espalda mis palabras. Si veías un la­drón, te juntabas a él, y tenías participación con los adúlteros (Ps 49,17-18). Declara que son participantes y cómplices de los delitos ajenos los que se unieron a los delincuentes. 2. Y esto mismo escribe el apóstol Pablo cuando dice: Susurradores, ca­lumniadores, enemigos de Dios, injuriadores, soberbios, jactanciosos, conspiradores, los que, habiendo conocido el juicio de Dios, no comprendieron que los- que obran tales maldades son dignos de muerte, no sólo obran el mal, sino también dan su conformidad a los que obran así (Rom 1,30-32). Porque los que obran tales maldades, dice, son dignos de muerte. Declara y como prueba son dignos de muerte y abocados al castigo no sólo los que obran el mal, sino también los que aprueban a los que obran así, los que, mezclándose con los malos y los pecadores y con los que no hacen penitencia, y comunicando ilícitamente, se man­chan con el contacto de los culpables y, uniéndose a ellos, en la culpa, tampoco se separan en el castigo. 3. En consecuencia, elo­giamos a la vez que aprobamos vuestra religiosa inquietud por la integridad de la fe, amadísimos hermanos, y en cuanto nos posible, os exhortamos con nuestra carta a no comunicar sacrílegamente con los obispos profanos y manchados, sino a mantener con temor religioso la firmeza íntegra y sincera de vuestra fe.

Os deseamos, hermanos carísimos, la más completa salud.

3. Las dos Bulas de Traslación

La invasión sarracena arrasó la iglesia emeritense. Pasan cuatro siglos sin que el palio arzobispal cayera sobre ningún sujeto. Entonces Calixto II nombra a Diego Gelmírez, obispo de Santiago de Compostela para que lo ostentase junto a la tumba del Apóstol Santiago.

BULA DEL 27 DE FEBRERO de 1120

Con la autoridad de Dios concedemos a la sede compostelana, dotada de honorable y abundante clero y pueblo, la dignidad de metropolitana y te subordinamos, queridísimo hermano y coepíscopo Diego, a ti y a tus sucesores, los obispos, que ahora rigen las diócesis sufragáneas y los que las rijan en adelante, por la misericordia de Dios, y te otorgamos amplia facultad para consagrar obispos en aquellas que en otro tiempo los tuvieron, si el numero y los deseos del clero y el pueblo lo merece. (El texto de la Historia Compostelana).

(El texto de fuentes independientes añade: hasta que, por voluntad de Dios, la ciudad de Mérida, vuelta a la jurisdicción cristiana, merezca obtener un arzobispo)

Del texto de la Historia Compostelana, se puede apreciar que no aparece la cláusula en la que condicionaba el traslado: “donec disponente Deo, Emerita civitas christiano potentatui restituta, cardinales meruerit antistitem obtinere”

BULA DEL 23 de JUNIO de 1124

Asintiendo, pues, a los ruegos de tu fraternidad, confirmamos a perpetuidad, por la presente, a la Iglesia Compostelana del bienaventurado Santiago, en la que se cree encontrarse el cuerpo del mismo apóstol, amado de Dios, la dignidad de catedral arzobispal, que antes habíamos concedido temporalmente, hasta tanto la ciudad de Mérida volviese al dominio y culto cristianos.

(Con ligerísimos matices coinciden el texto de la Historia Compostelana y la de las fuentes independientes.)

Nuevas gestiones consiguieron el paso con una nueva concesión sobre la perpetuidad del mismo.

IIª INSTAURACIÓN DE LA DIÓCESIS PACENSIS. AÑO 1255.

1. Antecedentes históricos

Los historiadores locales y foráneos coinciden en afirmar la existencia indiscutible de una Iglesia mozárabe en el Badajoz islámico. No obstante, discrepan en algunos elementos discutibles, pero hay otros que la confirman.

Ramiro II confirma a la Iglesia de Santiago de Compostela todas sus posesiones y entre los confirman dicho Diploma entre otros aparecen como testigos Oueco, obispo Legionensis (León), Julio, obispo de Badaliaucu, Salomón Uesensis obispo, Salamón, Astoriensis (Astorga), con fecha de 13 de noviembre de 932.

El Código árabe 593 de la Biblioteca Nacional, fechado en los años 1049-1050 ha sido ignorado por los historiadores – afirma Lambert. Por él tenemos noticia certera del obispado de Badajoz, aunque no tengamos los nombres de los obispos, pero sí deja ver sus huellas. Aparece una lista nominal con la división eclesiástica de España, en la que figuran las seis sedes metropolitanas con sus sufragáneas y entre ellas Mérida con treces sillas: BEJA, Lisboa, Ossonoba, Idaña, Coimbra, Viseo, Lamego -Caliabria, Salamanca, Ávila, Elbora, Coria y BADAJOZ. De donde se deduce que en la mitad del siglo XI figura el obispado de Beja, como “Pace”, como lo fuera el obispado de Badajoz.

Otros privilegios rodados de la Santa Iglesia Catedral suponen su existencia: Alfonso VII de León (1175), Sancho IV el Bravo (1282) y Fernando IV el Emplazado (1295).

Las Bulas de Gregorio IX ordenan la restauración de las sedes episcopales de Emérita y Badajoz porque ya de antiguo ambas ciudades tuvieron esa dignidad “quae sedem episcopis antiquis habuerunt”.

2. Historiografía moderna y contemporánea

Ha sido motivo de estudios por los historiadores, cuyas opiniones han sido recogidos por Tirso Lozano en su obra De Historia de Badajoz. Anexos (1930). De ella me valgo.

¿Cuándo y con qué nombre se hizo la restauración de la iglesia particular en la Baja Edad Media?

La opinión de Rodrigo de Dosma (s. XVI), Solano de Figueroa (s. XVII), Flórez (s. XVIII) y Fernández Guerra (s. XIX) es que fue el año 1230 inmediatamente que fue reconquistada tuvo su primer obispo Fray Pedro Pérez. No lo prueban con ningún documento. La razón que alega Solano es el privilegio de Sancho IV (1282) en que confirma los derechos concedidos a su bisabuelo, Alfonso IX, reconquistador de estas tierras.

Otra opinión sostiene que Fray Pedro Pérez fue elegido el año 1255. Fita, (s. XIX), Lozano Rubio, Camacho Macias, Rubio Merino /s. XX). Su fundamento fundamentalmente fue el privilegio de Alfonso X, dado en Valladolid el 9 de julio de dicho año, en donde se halla tras la firma del obispo de Segovia, la de Fray Pérez, electo de Badalloz y en un diploma de 22 de enero de 1256 ya le reconoce como consagrado, “primus episcopus pacensis”. De aquí, que inquietara a Rubio Lozano y a través contacto epistolar con el prefecto del Archivo Vaticano, monseñor Mercati, por medio del profesor de paleografía R. P. Carlos Silva Tarouca, con la siguiente pregunta: “Nel Registro di Gregorio IX, ad Auvray nr. 561 se dice: “Die 29 oct. 1230 Greg. IX, concedit, oepo. Comp. facult. ordinandi episcopos in ecclesias Emeritae et Badaioz. “Se demanda se in questo luogo c´é altro” Respuesta: “R. V. 15, f.42, r- -non c´é altro”. Ciertamente se encuentra y no se dice más.

En cuanto al título “pacensis” era propio de la ciudad portuguesa de Beja, que al no ser instaurada después hasta el año 1770, fue dado a la sede episcopal de Badajoz.

Nuestra modesta aportación en este trabajo es dar a conocer a los lectores, no la bula fundacional de la erección canónica del siglo XIII, que aún no sabemos su paradero, pero sí proporcionales en lengua vernácula tanto las bulas y documento que precedieron a la misma (1230-1252) como la inmediata posterior (1256), en que ya se afirma la existencia del primer obispo Fray Pedro. Estas fueron pedidas con motivo de dicha efemérides por el Sr. Arzobispo D. Santiago García Aracil, el 28 de octubre de 2005 y recogidas por mí meses después en el Archivo Vaticano.

3. Documentos papales sobre la diócesis de Mérida y Badajoz.

I. Bula “Gaudeamus” de Gregorio IX, 29 octubre de 1230.

Concede facultades para constituir cabildos y consagrar los obispos de las ciudades de Mérida y Badajoz

…… Pero con el fin de que la iglesia no permanezca desordenada, cuando no existe quien la gobierne y pueda el pueblo corromperse fácilmente, por la presente te concedemos autorización, por esta vez, para nombrar canónigos y consagrar obispos en las iglesias de Mérida y Badajoz, ciudades antiguas, salva en el futuro la facultad de presentar y elegir en los capítulos de las iglesias según los dictados de la potestad canónica.

Dado en Anagni el 29 de octubre, año cuarto de nuestro pontificado. (Bula Gaudeamus. Registros Vaticanos, 15, fol. 41 v., anno IV, c. 85).

II Bula “Qui celestia simul” de Gregorio IX, 29 octubre de 1230

Por la que se da facultades para dispensar irregularidades a los sujetos “ex defecto natalium”, de suspensión para recibir las órdenes.

El que rige a un tiempo con omnipotente sabiduría cielo y tierra entregando las llaves del Reino de los cielos con potestad de atar y desatar como Vicario suyo a Pedro y a sus sucesores, por institución no humana sino divina, mediante el establecimiento de leyes saludables, obligatorias cuando lo exija la necesidad urgente o lo postule la máxima utilidad publica, sin perjuicio del derecho. Así lo previo en algunos casos según su omnímodo poder, de modo que los obligados obedezcan sin ninguna acepción de personas, cuando no se considere conceder favor a alguna persona en estos casos, lugar o tiempo, sobre todo teniendo en cuenta el divino servicio. Por lo tanto, como Mérida y Badajoz liberados poco ha del poder sarraceno para el culto divino necesiten nuevos servidores de dicho culto, pero no se encuentren en ninguna parte quienes se quieran entregar con peligro a la defensa de las tierras recientemente conquistadas, teniendo plena confianza en tu fidelidad y buen juicio, te concedemos facultad por la presente para dotar a dichas iglesias de personas y can6nigos en esta nueva situación, aun con defecto de nacimiento, o con costumbres libres o suspensos de ordenes, o perseguidos por oficio.

(Registros Vaticanos, 15, fol. 42 r, anno IV, c. 85.)

III. Documento procesal de Gregorio IX, fechada el 3 de octubre de 1234 y dirigida al obispo de Lugo, para que inicie la instrucción del proceso; ya que anteriormente Don Bernardo de Compostela elije para Mérida al Maestro Alfonso, porcionario de su iglesia, y a los dos meses se niega a consagrarlo. .

La petición de nuestro amado hijo el Maestro Alfonso, leída en nuestra presencia, compendia lo que nuestro venerable hermano el arzobispo compostelano había suplicado a la sede apostólica: la concesión de que en la Iglesia de la ciudad de Mérida, en manos paganas durante largo tiempo y recobrada de nuevo, por disposición de Dios se nombrase como pastor a un varón idóneo para restaurar el culto cristiano; del mismo modo, después de larga deliberación para encontrar la persona que, desdeñada la suavidad de los dulces amigos, aceptase el cargo expuesto a mucha pobreza, con peligro de muerte cercano, por estar situado en la fauces de los bárbaros, como no se encontrase nadie que estuviera dispuesto a tales delicias, nombro como pastor de la citada iglesia e invistió con el anillo al citado maestro, cuya diligencia conocía por experiencia, llamándole y haciendo que le llamasen elegido, y que clérigos y laicos le prestaran la reverencia debida al elegido. Avisado este de que, trasladado; seguiría gozando de su confianza, se le asigno cierta cantidad de bienes para su sustento y para las reparaciones necesarias en la ciudad, según lo prometido; pasados dos meses, cambiado su parecer e Interrumpida su marcha sin causa razonable, atormento y apenó con palabras injuriosas a quien le había nombrado, demostrando que ser necio quien era considerado prudente; burlado por el juego, aseguro que lo había elegido el, conteniendo con firmeza a los acusadores, ya que el elegido se había vuelto tan desafecto que no ofrecía ninguna respuesta. Ante esta situación, inmerecidamente engañado contra toda esperanza, confuso y abrumado por el mal cariz de de tal elección, renunciando a el derecho de elección, a favor de la iglesia compostelana, a quien correspondía por manto apostólico, acudi6 rápidamente a la clemencia de la sede apostó1ica por apelación sometiendo al amparo de su protección su persona, sus bienes y el derecho de elección que tenia, pero como lo antes enviado se apoyaba en la verdad, suplicaba se permitiera que los constituidos por Jesucristo jueces para enjuiciar a los que padecen injurias, corrijan lo anteriormente hecho, para que no se comete Injusticia con los inocentes. Mandamos y ordenamos a tu paternidad por escrito apostólico que acudiendo en persona al lugar indicado, averiguando la verdad en todo lo posible, sin aparato de juicio, sin daño de las costumbres, en el plazo de 10 meses nos expongas en carta cerrada lo averiguado. Pondrá el punto final el citado Arzobispo haciéndoselo presenta en persona o por procurador idóneo al representante apostólico y aceptando lo que exija el derecho. Rechazando las impugnaciones y posponiendo la apelación.

Dado en Perusa el 3 de octubre, año octavo.

(Registro vaticano 17, fol. 210.- Trascrito Por MANSELLA REOYO. Iglesia Castellano-Leonesa p.303-304 y en resumen por AUVRAY, n. 2. 106

IV. Bula “Misereor et Misereor”, de Gregorio IX, 24 de junio de 1234

Dirigida a los arzobispos de Compostela y Toledo para cada uno en sus respectivas provincias, procediera sin demora a la consagración de obispos de aquellas ciudades que antes lo hubieran tenido y se aprecia que siguen siendo aptas para el honor pontifical.

Ordena el Arzobispo toledano que en las ciudades de su provincia antiguamente sedes episcopales y reconocidas aptas para el honor episcopal procuren promover al Episcopado a varones idóneos con autoridad apostólica.

(Bula Misericors et Miserator, (Registros Vaticanos, 17, fol., 190 v, anno VIII, c. 137. POTTHAST, Regenta Pontificum Romanorum, n° 9481).

En los mismos términos se escribe al Arzobispo Compostelano.

(AUVRAY, n° 1990. POSTTHAST desconoce la remisión de esta bula al Compostelano; solo la menciona como dirigida al de Toledo)

V. Bula de Inocencio IV, 23 de diciembre de 1252

En que se encomienda al obispo de Cartagena, Fray Pedro Gallego, la restauración de tres obispados que aún no se mencionan, y que por documentos posteriores resultan ser el de la antigua Ossonova en el Algarbe, el de Badajoz y el de Medina- Sidonia.

Como por el poder y la diligencia del querido hijo ilustre Rey de Castilla y León y también de su primogénito muchas diócesis se han librado de manos sarracenas y en las que, después de su liberación aun no se han nombrado Obispos, ni se pueden señalar en que provincias metropolitanas estuvieron enclavadas, y entre algunos metropolitanos de aquellos lugares se discuta esta cuestión, nos movidos por las suplicas del mismo, le concedemos facultad de nombrar los primeros obispos con conocimiento y anuencia del venerable hermano arzobispo de Compostela.

(Bulario franciscano de los romanos Pontífices, 1759, p. 89, n° 24. Postthac, n° 16.086 y 16.087).

VI. Bula “Cum nostrus carissimus” de Alejandro IV de 18 de octubre de 1255

Por el que se comisiona al Obispo de Marruecos, Don Lope, tras cuyas gestiones que en breve plazo realiza, y encontramos elegido para Badajoz a Fray Pedro Pérez. (1255-1264) Aunque no se consagra hasta después del 27 de noviembre de ese mismo año.

Como nuestro querido hijo, el ilustre rey de Castilla y León ha levantado en los terrenos reconquistados a los sarracenos por el y sus antepasados: Cartagena, Silves y Badajoz, catedrales y, ya que los limites de estas Diócesis no pueden conocerse ni por testimonios escritos ni orales, por haber estado largo tiempo en poder de los sarracenos, para que en esta situación no permanezcan en desorden y confusionismo, te concedemos plena autoridad para delimitar con ayuda de peritos y reprimir con censura eclesiásticas a los objetores, una vez oídos a quienes interese.

Dado en Anagni el 29 de octubre, primer año”

4. Actos y celebraciones

Con motivo de los setecientos cincuenta aniversarios de la restauración de la sede episcopal se celebra con diversos actos conmemorativos. Afirma Mons. García, Aracil, arzobispo de Mérida – Badajoz en su carta pastoral 2005: “Es un hecho generalizado la celebración gozosa de acontecimientos que hablan de las raíces, o de los orígenes de un pueblo, o de una institución, cívica o religiosa. Estas celebraciones constituyen una ocasión para revisar o recuperar la propia identidad, y para que sus actuales miembros reafirmen su conciencia de pertenencia, y miren al futuro con renovado optimismo apoyados en el sólido pasado que le pertenece”. De aquí sea grato dar a conocer la historia más significativa de nuestra iglesia diocesana y celebrar y afirmar nuestra pertenencia a la Iglesia particular.

En los domingos de cuaresma se llevaron a cabo a la Iglesia Catedral las peregrinaciones desde las cinco vicarías; mientras una serie de publicaciones perpetuarán dicho evento: los libros litúrgicos del Misal y Liturgia de las Horas para que en todos los templos se puedan celebrar la liturgia propia y varios libros históricos sobre la iglesia de Mérida y Badajoz con trabajos de especialistas, respectivamente, por una parte; y la apertura del Proceso de canonización de los fieles de nuestra Archidiócesis, y la reforma de los estatutos de canónicos, por otra.

Las nuevas tecnologías se han instalado en el templo catedralicio para una mayor participación de los asistentes y la restauración del retablo mayor de la Catedral. No tardó en saltar a la prensa local la contestación de alguna asociación laical. Sin embargo, la documentación antigua sobre la crujía acalló a los indocumentados.

APENDICE DOCUMENTAL

I. Bulas del siglo XII

img01II. Bulas del siglo XIII

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NOTAS:

[1] Bernardo Velado Graña .Comunicación: La Carta Sinodal de San Cipriano y otros 36 Obispos africanos a las comunidades de Astorga-León y Mérida. Congreso Internacional de Astorga Romana. 1986.

[2] Obras completa de San Cipriano. Edición bilingüe Tratado 67. nº I, 1. Biblioteca Autores Cristianos 241 (Madrid, 1964) p. 631-640.

[3] Ibídem, VI, 2

[4] Ibídem, V, 3.

[5] Zacarías, García Villada. Historia Eclesiástica de España. Madrid, 1929-1936, n 5 p. 188.

[6] Aquilino Camacho Macías. La Antigua sede Metropolitana de Mérida. Proceso evolutivo de una “Iglesia local” Manuscrito mecanografiado. Roma 1965. fol 37-46.

Oct 012006
 

Pablo Iglesias Aunión.

INTRODUCCIÓN

Nuestras tierras agrestes y difíciles, bañadas por un sol que las transforma en tierra de duro trabajo han conocido con el paso del tiempo, la presencia desde sus primeros moradores hasta nuestros días, el cambio en maneras y formas de trabajarlas y exigirles sus frutos. Quizá un denominador común ha sido común a lo largo de todo este tiempo el cristianismo y por ende, la presencia de la Iglesia.

Ahora, quiere y hace acto de presencia un laicismo que resulta ser heredero de unas ideas ilustradas mal digeridas, que con el deseo impositivo e intolerante del absolutismo ideológico, nos quiere hacer ver que de cristianismo nada y de Historia de la Iglesia en la construcción del pasado, en la mirada del presente y en el caminar hacia el futuro, menos. Sin embargo, el nacimiento de muchos de los pueblos, villas, aldeas y ciudades desde el último cuarto el primer tercio del siglo XIII y hasta la primera década del siglo XVI en la Baja Extremadura (en Extremadura en general) reflejan todo lo contrario: la Iglesia estuvo presente, modeló, recogió, abrazó, sintetizó y aunó formas de vida diversas y complicadas por la presencia de hombres y mujeres que llegaban a estas tierras desde la lejanía a pesar de estar dentro de un mismo Reino.

Y aún me sirve como introducción al estudio de la Iglesia en la Baja Extremadura, el que ahora, asistimos en nuestra cultura occidental a la persecución irrespetuosa contra el cristianismo, contra quienes lo representan y contra quienes alegan que creen firmemente que su forma acertada y adecuada de vivir (su negación y persecución es lo que parece ahora llamarse “tolerancia”). Y en todo ello hay una agria y crítica mirada hacia la Iglesia Católica, muy especialmente la Iglesia Católica. Pues bien, en este breve trabajo, pretendo y propongo que alcancemos con nuestra mirada histórica la rica herencia que cristianismo e Iglesia Católica en la zona enmarcada cronológicamente entre los años 1490 y 1556 nos ha legado y no puede ser acallada. Porque lo que la Iglesia Católica aportó a la sociedad, la cultura, el arte, la organización política y administrativa y la economía de estos pueblos que nacían con fuerza y que rezumaban Evangelio por los cuatro costados de sus puntos cardinales.

Ahora, que se pretende propagar toda una serie de tesis que manipulan en muchos casos la verdad más todavía, que usan medias verdades, que re-interpretan la Historia con datos al antojo de las particulares visiones y, lo que me parece más peligroso, intentan vaciar la Historia borrando los capítulos que están escritos por la mano del quehacer eclesiástico. Hay una clara posesión de posturas en los que engañosamente se afirma que el progreso supone obligatoriamente “la ausencia de Dios”. Ausentar a Dios de nuestras vidas es, apostar por una vida donde quien se ausenta es ella misma. Apostemos por una Historia opaca, parcialmente estudiada, conscientemente olvidada en ciertos aspectos y momentos donde nuestra Iglesia está claramente presente -en este caso la Iglesia Particular de Extremadura- y dejaremos vacía la memoria del recuerdo afable y del quehacer de tantas personas que se han entregado para que el legado histórico sea rico, serio y comprensible. No estaremos, al aceptar este juego, cayendo en un relativismo que generalmente termina en injusticia, una injusticia histórica o hacia la misma Historia.

Me van a permitir, que rozando el mismo borde metodológico de la Historia, este trabajo sea una apuesta definitiva por el respeto que antropológicamente ha existido en las relaciones entre Dios y el hombre -qué es si no la Historia y quién si no su Señor- hasta el punto, que cuando se analiza y se comprende los motivos por los que hombres y mujeres se atrevieron a sortear y superar multitud de adversidades, cuando desde tierras leonesas y gallegas en los primeros momentos del siglo XIII y durante los siglo XIV y XV bajaron hasta las orillas del Guadiana y riberas del Lácara y Lorianilla para ocuparlas y levantar su futuro, lo hicieran con la seguridad de que contaban sobre todo y especialmente con el amparo, protección y vigilancia de la Iglesia, de aquella Iglesia que al igual que hoy, representa la maravilla de un Dios hecho hombre: así lo creían aquellos cristianos y así lo creemos los de hoy quizá por eso, el actual laicismo no comprende otro discurso que el de querer borrar históricamente aquel pasado. Pero la Historia no se puede borrar. Podemos no leerla en su justa media. No querer trabajar con sus realidades. Pero no puede ser ocultada bajo ninguna ideología. Por cierto, el cristianismo, la teología, la antropología cristiana y la Historia misma, siempre han valorado el método histórico y la realidad del pasado humano en su muy justa medida y se nos presenta al historiador como valiosas herramientas de trabajo.

Durante los siglos XIV y XV se van a consolidar muchas de las estructuras características de Extremadura. Los latifundios y el predominio señorial siguen incrementándose motivado por un escaso poder de la monarquía, escasez de población (como podremos observar) y una mínima fuerza de los concejos municipales. Las grandes familias y en nuestro caso particular, las órdenes militares y la Iglesia dominan la situación.

Es por todo ello por lo que se ha afirmado con toda exactitud que, la historia de un grupo humano del Occidente medieval no es completa sin el análisis que desempeñó en él la Iglesia, Fran fuerza ideológica, política y económica, que está siempre presente y moldea de algún modo todos los comportamientos. La Iglesia tiene además vasallos, y es preciso aludir a ella como señor temporal de aldeas, pueblos y hombres.[1]

Nada hay en todo ello nada de subjetivo puesto que, es la Historia quien nos aporta los datos, realidades y fases en el nacimiento de estas localidades estudiadas y esto, no es variable ni manipulable. Como tampoco lo es su interpretación, que en todo momento no quiere apartarse de una correcta metodología histórica.

“Organización Eclesiástica e Historia de la Iglesia en la Baja Extremadura: siglos XIII-XVI” es una apuesta decidida por encontrar y aportar, ahora que estamos en la Archidiócesis de Mérida-Badajoz de conmemoraciones históricas, una granito más en la enorme montaña de su conocimiento histórico. Como he indicado anteriormente, si entre los siglos XIV y XVI podemos hablar de una institucionalización de la vida eclesiástica (objetivo primordial de este trabajo) es porque con anterioridad hay una presencia estable del cristianismo.

Y efectivamente, las primeras comunidades cristianas estables aparecen suficientemente arraigadas en la Lusitania ya en el s. III. La carta de san Cipriano al clero y pueblo de Emérita Augusta (255-257) es el documento más antiguo que poseemos de la Provincia Metropolitana de Lusitania, con capitalidad en Augusta Emérita, de la que fueron sufragáneas las diócesis de Pace (Beja), Olissipona (Lisboa), Oxonoba (Silves), Idigitania (Diana a Velha), Conímbriga (Coimbra), Bisseon (Víseu), Lameco (Lamego), Caliabria (¿?), Elbora (Évora), Salmántica, Ábula (Ávila), Cauria (Coria) y Numancia (Zamora), de las que solamente Caliabria ofrece dudas sobre su localización.

Nuestra Archidiócesis ha celebrado con alegría el 1.750 aniversario de esta carta e igualmente se ha dispuesto a la celebración de otro no menos importante acontecimiento. El Papa Gregorio IX insiste en la restauración de las Sedes de Mérida y Badajoz (Bula del 29 de octubre de 1230) al Arzobispo de Santiago D. Bernardo, quien dio cumplimiento a las exigencias del Pontífice, nombrando obispos para ambas diócesis. El de Mérida fue D. Alfonso, porcionario de la Iglesia de Santiago, pero sería anulado su nombramiento a los pocos meses por el mismo arzobispo. Y con el fin de evitar una nueva restauración, cedió Mérida y su tierra a los Caballeros de la Orden de Santiago, que establecieron en ella el Provisorato de la Provincia de León de dicha Orden, donde quedará inserto este presente trabajo de investigación.

No sería hasta el reinado de Alfonso X El Sabio cuando se crease en Badajoz un cabildo catedralicio, con sus privilegios, y se determinase una circunscripción territorial propia, separada de la jurisdicción de las órdenes de Caballería, por la Bula del Papa Alejandro IV (1255) que nombró obispo de la diócesis a Fray Pedro Pérez. La segunda de nuestras celebraciones. Luego creo es el momento oportuno para presentar en estas jornadas el presente estudio.

P.1. REALIDAD SOCIAL Y DEMOGRÁFICA EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XV: SUS ANTECEDENTES EN LA COMARCA DE MONTIJO.

“A diez y ocho días del mes de octubre, de noventa y ocho años. Los dichos visitadores llegaron al lugar de Lobón y fueron a la iglesia que es de la vocación de nuestra Señora, donde ficieron juntar a los alcaldes, regidores y otras personas de esta dicha villa…”[2]

Lo que hoy conocemos como Comarca de Montijo, hemos de ubicarla históricamente en la Baja Extremadura dentro del área de influencia de Mérida, desde donde se producirá el control de todo el proceso de repoblación a partir del primer tercio del siglo XIII. Sin querer entrar en el mismo proceso de reconquista, ya tratado en otros trabajos de investigación que han sido presentados en estos mismos Coloquios[3], si es importante que tengamos un conocimiento más profundo de la manera en la que van surgiendo las futuras localidades, centro de estudio entre los años 1490 y 1556[4]. Sabemos que desde el momento en el que el rey Alfonso IX, sobre el año 1230 toma definitivamente la ciudad de Mérida, aparecerá en escena la Iglesia a quien, por medio del Arzobispo de Santiago, el rey entrega la propia ciudad y sus tierras, acuerdos que se cierran el 12 de abril del año 1231 con una Concordia entre la Orden Militar de Santiago, representada por el Maestre don Pedro González y el propio Arzobispo. Incluso el sello papal con la bula de Inocencia IV desde Lyón en el año 1245, aunará más la figura importantísima de la Iglesia en todo el proceso del nacimiento de los núcleos pertenecientes a la corona y administrados por la Iglesia.

Se había formado así la llamada Encomienda de Mérida estructurada en torno a localidades como Mérida, Acehuchal, Aljucén, Almendralejo, Alguijuela (actualmente Torremayor), Arroyo de San Serván, Calamonte, Carmonita, Carrascalejo, Cordobilla de Lácara, Don Álvaro, Esparragalejos, Fuente del Maestre, Lobón, Los Santos, Puebla de la Calzada, Montijo, La Nava de Santiago, Los Santos de Maimona, Mirandilla, Trujillanos, Torremejías, Valverde de Mérida y Villafranca. Un basto y amplio territorio que con el paso del tiempo, se iría acotando y delimitando en encomiendas menores e incluso procediendo a su enajenación por medio de ventas de tal forma que a mediados del siglo XVI, el panorama habría cambiado bastante.

La configuración de la Comarca de Montijo proviene más desde el ámbito de actuación de la propia Orden Militar de Santiago a través de las encomiendas de Montijo y Lobón que cerrarán su actuación y que igualan realidades comarcales que afectan más a localidades como: Puebla de la Calzada, Torremayor, La Garrovilla, Esparragalejo, La Nava de Santiago, Carmonita, Cordobilla y las propias villas de Lobón y Montijo. Sobre estos núcleos presentamos el estudio de las instituciones eclesiásticas que fueron naciendo entre los años 1490 y 1456 estructuradas de la siguiente forma: parroquias con sus colaciones y curatos; ermitas; cofradías; hospitales eclesiásticos; bienes y posesiones de estas instituciones con sus mayordomos y cuentas.

Sabemos que una vez se produce y pone en marcha todo el proceso de repoblación, las tierras fueron reguladas en su reparto quedando una tercera parte para el Arzobispado, la Orden de Santiago y el futuro Obispado de Mérida. Las otras dos terceras partes para los habitantes de Mérida pero, debiendo quedarse en reserva de ellas igualmente una tercera parte destinada a todos aquellos que quisieran asentarse. Los montes también fueron repartidos, una mitad para el Arzobispado y los freires y la otra mitad para la ciudad de Mérida. Nuevos privilegios, obligaciones y derechos, irían cerrando en los años siguientes (entre los años 1275 y 1327) el tejido territorial sobre el que empezarían a nacer las localidades que ahora se estudian. Fue precisamente en los privilegios nacidos el 28 de abril del año 1327 de la mano del Maestro don Vasco Rodríguez Cornago, donde por primera vez tenemos constancia documental de estas localidades:

“E otrosi, les otorgamos todo su término, e sus aldeas que lo ayan bien e cumplidamente; e que los aldeanos que moraren las aldeas, e en su término, también la aldea del Rubio y el Montijo y el puerto de Carmonita y Cordobilla y el Almendralejo, como todos los otros que en sus aldeas morasen…”[5]

Entre los años finales del siglo XIV y el siglo XV, van a ir naciendo cada una de las aldeas, pueblos y villas que a continuación presento en un estudio demográfico donde se han cruzando diversas fuentes pero que esencialmente presenta el recuento que los visitadores santiaguistas hacían en sus descripciones. Se hace para los años de 1494 a 1529[6]:

TABLA I: DEMOGRAFÍA ENTRE LOS SIGLOS XV Y XVI

1494 1498 1501 1503 1508 1511 1515 1529
Cordobilla 15 15 20 20 20 68
Esparragalejos 34 40 48 48 46 48 40 69
La Nava 6 9 20 32
Puebla de la Calzada 36 70 66 66 77 60 70 120
Montijo 254 270 299 300 230 190 270 353
Carmonita 8 21 21 18 17 15 16
Garrovilla 88 100 97 97 141 125 120 235
Lobón 251 280 272 274 220 170 250 321
Alguijuela 86 100 98 98 90 91 92 155

img01

Según la tabla[7], destacan esencialmente tres localidades que indudablemente van a marcar de manera fuerte su presencia en los planos sociales, económicos, políticos y eclesiástico. Son: Montijo, Lobón y La Garrovilla (aparecen en el gráfico número 1 perfectamente reflejados). Nos encontramos ante unas formas de claro poblamiento rural, donde las mencionadas localidades se configuran como el típico modelo de señorío santiaguista de la Extremadura de esta época. Si quizá el análisis nos exige establecer unas marcas de mínimos, donde no existe ningún núcleo de población inferior a diez habitantes como unas máximas, en los que tampoco hay núcleos superiores a los cuatrocientos.

Merece en estos primeros acercamientos a las poblaciones destacar las referencias que nos pueden ubicar mejor la existencia de una población acorde con la realidad no ya solo regional sino también peninsular. En la villa de Montijo, en el año 1474, atendiendo a la información proporcionada por la Corona de Castilla dentro del repartimiento del llamado Servicio y Medio Servicio se menciona la presencia de una pequeña comunidad judía:

“Aljama de los judíos de Mérida, con los judíos de Montejo [Montijo] dos mil e quinientos maravedíes. Fecho este repartimiento original en la ciudad de Segovia por el Rabí Jacó Aben-Núñez, físco del Rey y Rabí Mayor del Reino.”[8]

La Orden de Santiago protagonizará una política repobladora una vez que de manera gradual la zona ha sido reconquistada, utilizando la mencionada orden para las delimitaciones y marcas geográficas, las propias fronteras naturales entre unos lugares y otros y el paso natural de los ríos. No podemos olvidar, que el tejido sobre el que se produce este asentamiento y los objetivos de los moradores desplazados desde el norte hacia un lugar totalmente desconocido es indudablemente el de encontrar tierras ricas, que están bañadas por ríos como el Guadiana (al sur) -principalmente- el Lácara y el Lorianilla (norte de la comarca). Es esta misma fertilidad de las tierras lo que atrajo a lo mencionados pobladores ayudados por la cercanía de Mérida, que ya llevaba varios siglos como Sede Metropolitana y próxima a Badajoz, donde poco después se crearía en el año 1275 un núcleo eclesial como Diócesis que conforma lo que hoy es la Archidiócesis de Mérida-Badajoz. Fueros, privilegios y cartas pueblas y el amparo desde la administración y estructura de la Orden de Santiago, garantizaba la vida en los pueblos, aldeas y villas que desde mediados del siglo XIII comenzarían a crecer.

Si bien es cierto, la comarca montijana dentro de la Encomienda Emeritense a finales de la Edad Media responde a unos bajos modelos demográficos. La explicación la encontramos en que la Orden de Santiago, dentro de su política de repoblación y de la política que aplicaba para administrar y gobernar los territorios encomendados, no contempló la potenciación de determinados núcleos urbanos. Efectivamente habrá mejoras en la administración, lo vamos a poder contemplar en el análisis de los pueblos de esta comarca, con transformaciones y nacimientos de nuevas encomiendas y núcleos de población. Incluso en estos parámetros de comportamientos santiaguistas entendemos el alza de unos núcleos que, existiendo antes de ser entregados en manos de la orden de santiago, serán con ella cuando realmente conozcan el auténtico despegue. Aquí reside uno de los principales elementos de unión para englobar temáticamente los anteriormente mencionados pueblos.

En todos ellos, habrá un detonante: la Iglesia. Nos presenta una jerarquía, organización y funcionamiento que son dignos de estudio para los primeros años, entre 1490, 1494, 1498, 1500, 1503 y 1521. Donde la relación Corona y Orden de Santiago unido al Priorato (en este caso de León), regulaban toda la vida local. Visitadores que a las puertas de los templos parroquiales o en las plazas de los pueblos, recibían a los visitadores de la Orden quienes mostraban sus privilegios y capítulos generales que eran obedecidos por alcaldes, regidores, mayordomos y hombres elegidos como de aceptable reputación entre los vecinos:

“…Fueron leídos los poderes que del Rey e la Reyna nuestros señores traían y por ellos (alcaldes, regidores, cura y otras personas) fueron obedecidos y puestos encima de sus cvabezas, con la reverencia que debían. Y dijeron que estaban puestos y aparejados a todo lo que de parte de sus Altezas mandasen…”.[9]

P.2. PRIMEROS MOMENTOS: origen y nacimiento. Años: 1490-1521

Entre los años de 1494 y 1520, tenemos ya una información detallada de los siguientes núcleos: Elguijuela, Esparragalejo, Montijo, Carmonita, Puebla de la Calzada, La Garrovilla, Cordobilla y Lobón:

TABLA II: PUEBLOS Y ENTIDADES ECLESIÁSTICAS EXISTENTES

LOCALIDAD PARROQUIA CURA MAYORDOMO ECONOMÍA ERMITAS – HOSPITALES
Alguijuela Santiago Pero Hernández, hábito de San Pedro Posee tierras y ganado
Esparragalejo Santiago Lucas Fernández, hábito de San Pedro Lo lleva directamente el comendador Carece de bienes.
La Garrovilla Nuestra Señora Diego Sánchez, clérigo Orden de San Pedro Posee tierras y ganado Nuestra Señora de La Carilla
Cordobilla Ermita de la que no da nombre
Montijo San Isidro Fray Juan Ruíz (1486-1490) y Fray Bartolomé Pérez (1490). Orden de Santiago Adscrito a la mayordomía de San Pedro Unificada a la de San Pedro Hospital de Pobres
San Pedro Fray Bartolomé Pérez (1490). Orden de Santiago Existe pero no da el nombre Posee tierras y ganados
Puebla de la Calzada Nuestra Señora Juan García Salvador del hábito de San Pedro Existe pero no da el nombre Posee tierras y ganados
Lobón Nuestra Señora Pero Fernández, de la orden de Santiago Juan Lozano Posee tierras y ganados Hospital de Santa María
Hospital de Santiago

Nos encontramos con una realidad poblacional que desde mediados del siglo XIII se había iniciado en una repoblación y con unos asentamientos que especialmente al margen derecha del río Guadiana, dentro de la ruta entre Mérida y Badajoz y, algunas de las localidades estudiadas como Alguijuela, aparecen ya mencionadas en el momento de la delimitación. Conozcamos el nacimiento de estas localidades y su vinculación a la Iglesia, como fuente y punto de referencia para su origen e incluso categoría poblacional (aldea, pueblo o villa).

2.1. Alguijuela

“Por los dichos visitadores no fueron a visitar el dicho lugar porque es muy pequeño. Visitose la dicha iglesia que es de la vocación de Santiago. El sagrario de ella es pequeño, con unas puertas pintadas con cerradura y llave. Y dentro una caja en la que estaba el Santo Sacramento con mucha limpieza, en unos corporales de lienzo”.[10]

Era cura de este lugar Pero Hernández del hábito de Pedro. Se informa de la riqueza que nos presenta arquitectónicamente uno de los edificios que se convertirán con el paso del tiempo en una de las piezas más destacadas de la propia comarca y que dará, a mediados del siglo XVI, nombre a la propia villa al ser enajenada como villa de Torremayor[11]. En el año 1494 la descripción del templo parroquial es breve pero interesante. Dice que en su altar mayor posee un Crucificado de madera pequeño junto a una cruz de latón. En este altar mayor posee un ara con sus corporales e hijuelas, con un palio de lienzo. En la pared aparece pintada la imagen del Señor Santiago, titular de la parroquia, junto a otras historias. La iglesia es de piedra mampuesta y la capilla donde se sitúa el altar mayor es de madera acapillada, y el cuerpo de la iglesia de madera tosca y toda ella acapillada.

Veremos como tónica general en los templos de los pueblos bajo la jurisdicción de la Orden, como se ampliarán y sus materiales irán enriqueciéndose. De hecho, cuatro año después, en la visita del año 1498, la parroquia de Santiago de Alguijuela posee ya tres altares, uno de ellos dedicados a la advocación del santo patrón, otro de los Santos Mártires (San Fabián y San Sebastián) tónica general en todos los pueblos y villas estudiados y el tercero a San Antón. En este mismo año se afirma que “…la iglesia está bien reparada e los altares bien ataviados.” La estructura arquitectónica de la iglesia igualmente ha cambiado y sus materiales comienzan a enriquecerse como lo demuestra la capilla del altar mayor que ahora está realizada en piedra acapillada, mientras el resto del templo es de madera tosca. Sin embargo, para los visitadores santiaguistas no deja de ser un templo de menor rango al no poseer aún pila bautismal, elemento indiscutible para tipificar la importancia y rango de la localidad. Pero no tardará en adquirir esta categoría y en ello, sus bienes y rentas lo empiezan a declarar en la última década del siglo XV: poseía tres pedazos de tierra que le rentaban al año trece fanegas de pan de llevar. Dos tercios de esa producción eran de trigo y uno de cebada. A ello hay que unirle ocho fanegas de cebada y una vaca.

2.2. Esparragalejo de Mérida.

“Visitose el dicho lugar de Esparragalejo. No se visitó por ser muy pequeño y por no le facer costa y porque no hay sagrario, ni cura. Un clérigo del hábito de San Pedro que se llama Lorenzo Fernández. Le sirve allí las fiestas y domingos”.[12]

La iglesia es de la vocación del Señor Santiago, realizada con una única nave sobre arcos. En el altar mayor hay una imagen de Santiago realizada en madera pintada. Un altar con sus corporales e hijuelas. Posee pila de bautizar. Otros altares pobres. Poseía la iglesia campanario con una campana pequeña. Puede responder Esparragalejo al típico núcleo de población que fue abandonado tras las invasiones musulmanas y que lentamente conocerá el resurgir con la repoblación y la actividad de la Orden de Santiago. Es el propio clérigo quien da la información a los visitadores confirmado que dicha iglesia no posee bienes por lo que el sustento económico queda reducido exclusivamente a las limosnas. Aclara que lleva de soldada ochocientos maravedíes y, los domingos que acude a decir misa, medio costal de pan.

2.3. Carmonita y Cordobilla.

“De poco días a esta parte, se han juntado algunos vecinos de la comarca a facer una aldehuela que se llama Carmonita, en que hay siete u ocho vecinos. Tiene una ermita para dicho lugar, sin vocación y ahí le dicen de tiempo en tiempo misa.”[13]

Es precisamente en Carmonita, pequeña aldea que ve ahora su nacimiento, uno de los ejemplos de la riqueza documental e informativa de los libros santiaguistas. Aspecto que ocurrirá igual que en Cordobilla sobre la que en el mismo año de 1494 se dice que “…hay una ermita cerca del lugar en la que alguna vez se dice misa.” Pidieron los visitadores en su interés por recoger y controlar lo más adecuadamente los territorios de la orden, información de estos lugares al Bachiller y Provisor Alonso Ruíz Zambrano, reiterándose que de estos lugares, no se poseen datos sobre personas, curas, ni renta, ni tienen contribución a la mesa maestral.

2.4. La Garrovilla

“La iglesia es de la vocación de Nuestra Señora. Posee un sagrario con sus puertas bien pintadas y con cerradura y llave. Dentro de una caja estaba el Santísimo Sacramento, e unos corporales de lienzo, todo ello puestos con mucha limpieza.”[14]

Son los vecinos de este mismo lugar, Pedro Chamarro y Pedro Serrano, quienes informan en el año 1494 a los visitadores que La Garrovilla pertenece a la Mesa Maestral de Mérida a la que aportan anualmente la cantidad de trescientas fanegas de trigo y doscientas dieciocho fanegas y tres celemines de cebada y centeno. Recordemos que La Garrovilla se alza junto a Montijo y Lobón, como una de las localidades más importantes a finales del siglo XV y principios del XVI desde el punto de vista demográfico. En la visita del año 1498 aparece la descripción de la parroquia de Nuestra Señora, cuya imagen se encontraba en el altar mayor realizada en madera de bulto. En el mismo altar, la imagen aparece adornada con otras historias evangélicas. Un segundo altar dedicado a la vocación de los Santos Mártires y el tercer a San Antón en el que aparecía una imagen de la Virgen.

Era la iglesia de La Garrovilla de una sola capilla en el que se ubicaba el altar mayor. Construida sobre bóveda pequeña, con un arco principal que albergaba un crucifijo pequeño junto a otras dos imágenes de las que nada se dice. Toda la iglesia era de piedra mampuesta (a diferencia de otras que ya hemos indicado eran de materiales pobres), levantada sobre cuatro arcos de albañilería y cubierta de madera tosca y tejada. Poseía pila de bautizar, lo que significaba que, a parte de la propia funcionalidad sacramental, se seguía un control exigido por los visitadores a través de los libros de bautizados y sería a la vez para el control demográfico puesto que, los censos de la corona castellana contabilizaban por el número de pilas la evolución de la población.

En 1498 era cura de este lugar Diego Sánchez, clérigo perteneciente a la orden de San Pedro, el cual ostentaba el título de colación dado por el Provisor García Ramírez. También poseía anexos al beneficio consistentes en una tierras que le producían al año entre cinco y seis fanegas de cebada; unas casas en la ciudad de Mérida por las que percibía de su morador, doscientos cincuenta maravedíes. No era pues mala la situación económica del párroco puesto que, a todo lo anterior hemos de añadir la cantidad que percibía en concepto de pie de altar que el mismo confirma en la visita que suficiente para poderse mantener.

Pero si hay algo que identifica realmente La Garrovilla a lo largo de su historia y especialmente de su Historia Eclesiástica es la ermita de Nuestra Señora de La Carilla (futura ermita de Nuestra Señora de La Caridad, patrona). Existe información documentada de ella desde el año 1498 cuando aparece situada en el término de La Garrovilla, considerada ya como un edificio en buen estado si bien no hay descripción de ella. Conocemos el nombre del administrador económico que realizaba funciones de mayordomo en la ermita, Juan Visado, que presentó sus cuentas ante el bachiller y Provisor Alonso Ruíz Zambrano de mil ciento noventa y cinco maravedíes, tres cuartillos de trigo y dos celemines de cebada, más tres ovejas y tres cabras. La venta de todo ello debería ser destinada a la realización de una caja donde guardar el Santísimo así como, obras para la mejora de la mencionada ermita.

Hablar de La Garrovilla es indudablemente hablar de la advocación en torno a Nuestra Señora de la Caridad, o como aparece expresada a finales del siglo XV como Nuestra Señora de Lacarilla. El origen de su culto debió estar próximos a la última década de la centuria del Quinientos, si tenemos en cuenta que en 1494 su ermita está ya hecha: “Hay en este lugar, en su término, una hermita que se llama de Santa María de la Carilla, la cual está bien reparada. Tiene un corral, parte de una casa y cincuenta colmenas.”

La ermita no contaba con mayordomo pero un vecino de lugar se encargaba de regular, llevar y presentar las cuentas, Juan Visado, el cual lo hacía con autorización del bachiller Alonso Ruiz Zambrano, Provisor de la Provincia. Entre los años 1500 y 1503, los visitadores precisan aún más el lugar donde se encontraba la ermita, distante a una legua de La Garrovilla. Era una fábrica realizada toda ella en piedra mampuesta, sobre dos arcos de cantería, cubierta de madera tosca y caña. La ermita poseía un portal realizado en materiales de muy buena calidad y que se comenzó a levantar en 1498 finalizándose en 1500. Nuestra Señora de la Caridad pasaría a ser titular de la parroquial sustituyendo primero mencionado.

2.5. Montijo.

“En domingo, a veinte días del mes de octubre de noventa y ocho años. Los dichos visitadores fueron a la iglesia de esta dicha villa del Montijo que es de la vocación del señor san Pedro, donde fueron juntados los alcaldes y regidores y otras gentes de esta dicha villa.“[15]

Basta decir a la hora de hablar de Montijo, Lobón y Puebla de la Calzada para los años finales del siglo XV que tocamos una realidad totalmente distinta a los pueblos y lugares anteriormente descrito. Bajo el mismo sistema de visitas santiaguistas y bajo el mismo punto de partida de los fueros y repartimientos para la encomienda emeritense, muy pronto tanto Lobón como Montijo se convertirían en cabezas de encomienda, algo que ya ha sido expuesto en pasadas edición de estos mismos coloquios de Historia. La complejidad de su estructura eclesiástica será uno de los elementos que nos sirva para que nos demos cuenta que son tres localidades santiaguistas con un peso específico dentro de la Orden pero muy especialmente Lobón y Montijo.

Montijo contará a finales del siglo XV con dos templos que se disputaban la titularidad parroquial, San Isidro que lo venía siendo como primera iglesia local a lo largo de todo el siglo XV y cuyos orígenes posiblemente los encontremos en los primeros momentos de la repoblación. Y el templo de San Pedro Apóstol, quien definitivamente quedará (lo es hoy en día) como parroquia e iglesia matriz en la Villa.

Además de los mencionados edificios, contaba con un hospital de pobres dependiente de la parroquia de San Pedro, todo ello con una fábrica interesante y con una mayordomía que movía bastantes intereses económicos. Es muy posible que aún no estuviera en construcción la ermita de Nuestra Señora de Barbaño de la cual no se poseen noticias documentadas hasta 1553, aunque tampoco se menciona la presencia de la imagen titular en ninguno de los edificios expresados anteriormente. Sólo a este respecto una reseña: la existencia de un culto a nuestra Señora de Barbaño ya existía por tanto se dice que cuando la imagen fue encontrada, fue trasladada a la iglesia de San Isidro única existente en Montijo de la que las crónicas más antiguas hablan era de época visigoda. Son los años finales del siglo XV el momento exacto en que hay litigio por la ubicación de la imagen y por tal de la ermita, cabiendo la posibilidad de que intencionadamente los visitadores santiaguistas omitiesen aludir a ella expresamente.

La iglesia de San Isidro de la que como digo se habla en algunas crónicas era de época visigoda[16], aparecerá por primera vez descrita en el año 1498. Por las referencias a sus mayordomos y curatos, podemos con cierta exactitud remontarnos hasta el año 1490 como momento en que dejó de ostentar el título de parroquia que pasó a la San Pedro Apóstol (por ello hablaré de su curato y mayordomía al abordar el estudio de ésta última). No hay fuentes escritas anteriores a las fechas que estamos manejando pero si podemos decir que entre 1490 y 1500 es ya posible sus primeros estudios arquitectónicos y referencias artísticas.

En el año 1498 se decían en ella los oficios diurnos y se guardaba aún en su Sagrario el Santísimo Sacramento al estar en obras el templo parroquial de San Pedro:

“…el cual se visitó y está en un sagrario pobre, de una arquilla, con su cerradura y llave. Estaba limpiamente, aunque pobremente. Y estaban en sus corporales y un almaizal[17] y otras cosas de lino.”[18]

Sabemos por las visitas de los años 1500 y 1503, con la funcionalidad de parroquia totalmente perdida y adquirido el rango de ermita, que en ella ya no se decía misa. Los mandamientos santiaguistas a este respecto son claros, volcándose toda la actividad constructiva y económica en la de San Pedro. Igualmente se alude a los problemas que ocasiona el que se continúen enterrándose en el atrio de la mencionada iglesia:

“Fallose que esta ermita de San Isidro avía muchos cuerpos sepultados de dichas pestilencias.”[19]

Si es cierto que las descripciones entre los años 1503 y 1505 nos sirven para comprender como era la primitiva parroquia montijana. Continuaba teniendo el sagrario por estar en obras y hacerse uno nuevo en la de San Pedro. Los visitadores expresan en sus mandamientos que la fábrica y mayordomía de la ermita quede definitivamente unido a la de San Pedro. Hay un abandono tanto en el culto como del propio edificio del que ya no se preocupan los visitadores y sólo se preocuparán de ella para que no caiga en ruina (cosa que ocurrirá en el último cuarto del siglo XVII transformándose en casa granero de los condes). A pesar de todo lo anterior, los visitadores no podían descuidar el aspecto de un templo que seguía conservando elementos propios de culto y de la fe por lo que mandaron:

“…de decir una misa cada semana en la ermita a caubsa de los difuntos que hay en ella.”[20]

La pérdida en buena medida de esta funcionalidad empujó a los visitadores de la orden a decretar toda una serie de mandamientos en beneficio del culto y para la mejora de la fe, aunque para nosotros hoy supone una pérdida desde el punto de vista del valor, la riqueza y el patrimonio artístico:

“Falláronse en dos de ellos [altares] una imágenes de bulto, muy antiguas y muy feas, las cuales se mandaron quitar de allí y consumirlas[quemarlas] porque ponían indevoción a quienes las veían.”[21]

Será ya en el año 1511, cuando se realicen sobre ella las últimas reparaciones y remodelaciones para su conservación ya totalmente a cargo de la fábrica de la parroquia de San Pedro:

“Esta ermita se reparó, e todo lo de ella necesario, es de la iglesia de esta dicha villa. E el mayordomo de la dicha iglesia mayor, tenía cargo de la reparación. E ansí mismo se mandó dichos mandamientos, al dicho cura de la dicha villa, que diga cada semana en la dicha ermita, según es obligación e administra.”[22]

No puedo sin embargo dejar pasar por alto una aportación interesante que hace esta ermita a las manifestaciones de la pintura gótico-tardía en esta zona. Tuvo esta ermita en tiempos de su plena funcionalidad una rica expresión artística. Poseía varios altares, en el mayor aparecía una imagen de Nuestra Señora realizada en madera buena (añ0 1500) y en otro de sus altares, bajo la advocación de los Santos Mártires, aparecían sus titulares, San Fabián y San Sebastián pintados en la pared, todo ello adecentado con manteles y cortinas y con un frontal igualmente pintado. Dichas imágenes de los santos aparecían en la pared pintadas bajo un pergamino de color rojo y amarillo en representación del cielo.

En cuanto a lo que respecto a la parroquia de San Pedro en el año 1494 se cita ya como parroquial de la villa y títulos de beneficios, colación y mayordomía nos permiten estudiarla a partir del año 1490.

“La iglesia parroquial de la dicha villa es de la vocación del San Pedro, e fallaron por cura de ella a fray Bartolomé Pérez, freire del hábito de Santiago.”[23]

De ella se dice que es la más antigua de la villa luego debió de ser comenzada a construir mucho antes de 1490, otro aspecto es el referido título de parroquia. Prueba de lo que decimos es que, desde el primer momento comienza a ser descrita y en el año 1498 se dice que toda ella es de piedra mampuesta, muy bien labrada, con una capilla cubierta de madera acapillada y tejada con teja con su correspondiente pila de bautizar. Estamos en uno de las primeras fases de construcción de las cuatro principales que ha llegado a conocer entre los años 1494 y 1605. En este primera fase constructiva, que abarcará los año 1498 a 1500 contaba ya con cuatro altares, campanario con campanas pequeñas (la actual torre no comenzaría a construirse hasta el año 1508).

Las cuentas de la fábrica parroquial lo disponen todo para sufragar los gastos que ocasionan las mencionadas obras:

“Iten. Se les mandó que vendan el dicho trigo e cebada e que se labre del dinero de ella la iglesia que está comenzada, que es la de San Pedro. Y que si esto no bastare, que vendan las vacas e el buey, e el añojo, suso dicho para la fábrica de la dicha iglesia.”[24]

Por tomar un ejemplo de la importancia que irá adquiriendo la fábrica parroquial y mayordomía de la propia iglesia, en el año 1494 poseía un total de ocho pedazos de tierra que le proporcionaban un total de 191 fanegas de trigo y 25 fanegas de cebada; un huerto que le producía 152 maravedíes; varias casas que le rentaban 250 maravedíes; ganado consistente en un buey, una vaca y un añojo. En el año 1498 no sólo mantiene esa producción sino que ya ha invertido parte del dinero en obras de la iglesia logrando como digo, que la producción sea beneficiosa y no varíe.

Respecto al curato parroquial, hubo un periodo de tiempo en que la colación fue compartida para los dos templos, San Isidro y San Pedro. Fray Juan Ruíz fue nombrado en torno al año 1486 como cura de la iglesia parroquial de San Isidro al que le sucedió en el año 1490 fray Bartolomé Pérez que quedaría finalmente como párroco de San Pedro. Ambos eran del hábito de Santiago. Es de este último de quien obtenemos una rica información sobre su Carta de Privilegio que presentó a los visitadores y que estaba firmada por el Provisión López González de Valbuena y la Carta de Provisión a su vez firmada por el Provisor de San Marcos de León, don García Ramírez, refrendada por el Maestre don Alonso de Cárdenas. Estas cartas fueron presentadas en los años 1494 y 1498 (cada vez que se producía una visita) de tal manera que es la última la que nos ofrece una mayor claridad y entender el proceso.

Las cartas y provisiones no sólo daban y otorgaban un título sino que además, sino que lo vinculaban sobre algo, especialmente lo que conocemos como beneficioque suponía convertirlo en administrador y responsable último de todos los bienes parroquiales. Cuando la Orden de Santiago pasó a manos de la Corona (año 1493), todas estas cartas y privilegios tenían que estar refrendadas por los propios monarcas:

“…le mostró una carta de presentación e provisión del Rey e la Reyna, nuestros señores. Firmada de sus nombres e sellada con sus sellos, señalado de algunos señores del Consejo de las Órdenes. Por lo que le presentaron el Beneficio e servicio de ella y en forma, mandaba al pueblo lo oviese por tal. E le aprovaban la presentación e colación a él fecha por el provysor López González de Valbuena, Provisor e Vicario General. Pareció estar fecha en Écija a trece días del mes de noviembre, anno del nacimiento de nuestro salvador Iesucripto de mile e quinientos e un años. E refrendada de Miguel Pérez Almarán su secretario.” [25]

Podemos pues afirmar que, fray Bartolomé Pérez ostentaba el título de cura de la iglesia de San Pedro desde el año 1490 y que la parroquia, fue refrendada en su título de colación en el año 1501 por los Reyes Católicos puesto que, fue en 1493 cuando paso la orden santiaguista a depender totalmente de la Corona. Título de Beneficio, Curato y Colación las recibiría de la institución eclesiástica en la última década del siglo XV pero, al cambiar la titularidad de la orden de los Maestres a los Reyes Católicos necesitó de su aprobación real. Que sucedió a fray Juan Ruíz queda claro en la siguiente cita:

“E ansy mismo mostró en las espaldas, una confirmación del dicho Provisor, firmado de su nombre y sellada con su sello y refrendada de los visitadores pasados. Fue proveído de su beneficio por finado y muerte de Juan Ruiz, clérigo del hábito de Santiago.”[26]

Destacar finalmente, que entre los años 1494 y 1498, el curato de la parroquia de San Pedro tenía una serie de anexos al beneficio, disfrutando de ellos en exclusividad. Poseía una viña, que se perdió y el propio Bartolomé Pérez la recuperó por el aprovechamiento que de ella se hacía de la uva. También poseía un pedazo de tierra que apenas le aportaba algo. Las celebraciones en días festivos, las donaciones en cera y vino, misas votivas y otros oficios, le rentaban al año mil maravedíes, permitiéndolo vivir holgadamente.

Una nueva realidad se nos abre como Montijo entre los últimos años del siglo XV y principios del siglo XVI: el hospital de pobres, del que esta villa ha sabido dar cuenta a lo largo de los siglos por la presencia de una institución caritativa siempre a favor de los más necesitados y dependiente de la Iglesia y que fue núcleo temático en la pasada convocatoria de estos Coloquios[27] por lo que no incidiré mas que recordar que, estaba a las espaldas de la iglesia de San Isidro, junto a la casa del Comendador al lado de la parroquia de San Pedro de quien dependía administrativa y económicamente.

2.6. Puebla de la Calzada.

“La iglesia del dicho lugar es de la vocación de nuestra Señora. El cura se llama Juan García Salvador, que lo es del hábito de Sant Pedro.”[28]

Puebla de la Calzada, junto a Montijo, Lobón y Torremayor, formarán progresivamente un triángulo de gran importancia para el desarrollo histórico de la Comarca. Puebla es uno de los más claros exponentes de la acción repobladora de la orden santiaguista y de la implantación de sus estructuras.

Conocemos por estudios realizados que Puebla, denominada en los primeros momentos por la Orden de Santiago como Puebla de Mérida, es el resultado de tres aldeas de claro origen medieval, una de las cuales, la Aldea del Rubio hemos citado en las primeras cartas puebla entregada a la ciudad de Mérida. Las otras dos aldeas eran conocidas como Aldea del Carazo Torrefresno. Fue una familia asentada en Montijo[29] quien daría lugar a la llamada Aldea del Rubio y que, posteriormente, finales del siglo XIV principios del siglo XV, el maestre don Alonso Suárez de Figueroa procedió al agrupamiento de caseríos en un solo núcleo, proceso que afectó a estas tres aldeas dando lugar a la Puebla de Mérida[30].

Puebla aparece perfectamente documentada ya a finales del siglo XV, siendo el año 1494 un reflejo claro de la existencia de edificios claramente santiaguistas, dando su información el cura de la iglesia Juan García el cual expresa a los visitadores que se encuentran en Lobón al no poder pasar por una crecida de las aguas del río Guadiana, que es tierra de Mérida y que tiene por iglesia parroquial la de Nuestra Señora. Poseía ya en estas fechas la parroquia tres pedazos de tierra que le producen al año doce fanegas de trigo; todas las rentas y las limosnas que percibe, son empleadas en la reforma y reparación de la fábrica parroquial pues se encuentra bastante deteriorada.

En el año 1498 la iglesia de Nuestra Señora aparece mejor descrita. Es una iglesia de una sola nave que se levanta sobre cinco arcos de albañilería. Ladrillo, cal y arena son los elementos más utilizados y que se encuentran en la práctica totalidad de edificios de aquellos lugares sobre los que actúa la Orden de Santiago y no son de nueva creación. Poseía una capilla en cuyo arco principal aparecía un Crucifijo de madera y dos imágenes pintadas, las cuales introducen a Puebla en el circuito de pueblos y villas de la pintura gótico tardía. La iglesia tenía Sagrario:

“El sagrario es pequeño, con sus puertas y cerraduras y dentro una arquylla, con su cerradura y llave en la que está el Corpus Divino.”[31]

La advocación parroquial es uno de los casos más curiosos por la evolución que va experimentando desde estos primeros años, en la que es mencionada como Nuestra Señora, para pasar entre los años 1508, 1511 y 1515 a ser denominada como Nuestra Señora de la Asunción[32] y a principios del siglo XVII (1603-1605) como Nuestra Señora de la Encarnación.

También curiosamente resulta algo complejo seguir el beneficio curado de la parroquia. Dichos beneficios que hemos visto como los disfrutan dependientes siempre de la orden santiaguistas, en el caso de Puebla de la Calzada están repartidos para ésta, la Orden de Santiago y la Orden de San Pedro que estaba formada exclusivamente por presbíteros que llegaron en muchos de nuestros pueblos a formar Cofradías o Hermandades de Clérigos. Así, en Puebla de la Calzada desde el año 1494 al año 1550, el curato recaerá en miembro del hábito de San Pedro: Juan García Salvador (1494-1498); Diego Alonso (1500-1508); Alonso Trigo (1508-1511); Rodrigo Alonso (1511-1515). Para los años 1550 a 1556 será Juan Esteban ya de la Orden de Santiago.

Junto a ello, la iglesia de Nuestra Señora no obtiene el título de parroquia hasta el año 1509, otorgado desde el conventual de San Marcos de León por su priorAntonio Dardas y firmado en Valladolid el 24 de diciembre del mencionado año. Así lo afirma la visita del año 1511:

“E por colación de don Antonio Dardas, prior del convento de San Marcos de León, fecha en Valladolid a veinte e cuatro días del mes de diciembre del dicho año de quinientos y nueve.”[33]

Una pregunta nos asalta al analizar la mencionada documentación: ¿por qué no aparece expresamente como iglesia parroquial hasta el año 1556? La documentación nos ofrece a este respecto algunos datos interesantes, pero hemos de viajar hasta los años centrales del siglo XVI, entre 1550 y 1556. La colación fue otorgada por el convento pero, para que tenga una validez, tiene que estar refrendada como ya hemos dicho, por la propia Corona y esto no ocurre hasta el año 1532:

“…por presentación de Vuestra Majestad, firmada de la Emperatriz, Nuestra Señora, fecha en la ciudad de Segovia a catorce días del mes de setiembre de mil quinientos e treinta e dos años, por colación del Prior don Martín de Caballa, Prior de San Marcos de León.”[34]

Como no podía ser de otra forma, esto mismo tiene una repercusión en el aspecto económico visible por medio de su mayordomía. Fueron mayordomos de la iglesia Martín Axenxo en 1500; Alonso Pérez para el año de 1508; Andrés Fernández para 1509; Pedro Gragera para el año de 1510; Blas Martín en 1511 proveído por el Concejo; Toribio Sánchez para 1513; Juan Bartolomé para 1514 y Bartolomé Ruis para el año 1515.

Decimos que hay un claro reflejo en el aspecto económico porque el cura de la iglesia en el año 1500, Diego Alonso afirma que es acogido por el Concejo que le da de soldada mil maravedíes. Los títulos del beneficio para el año 1508 siendo cura Alonso Trigo dicen:

“..que es hombre de mucha caridad, él es muy buen hombre y muy ataviado de su iglesia, de manera que se puede tener de los buenos curas de la parroquia.”[35]

La pertenencia a la encomienda de Mérida por parte de Puebla, hace que la iglesia exprese una serie de posesione, bienes y rentas que al ser en un primer momento enviadas para su revisión y aprobación por parte del Prior, se oculten en buena medida el total de ellas, obviamente en un intento de que no fueran fiscalizadas en su totalidad. Así por ejemplo, en el año 1500, los diezmos eran llevados en su totalidad por don Alonso de Cárdenas a través de su mayordomo Álvaro Sánchez Triguero, al igual que ocurriera con el llamado impuesto del menudo[36]. Sin embargo, cuando son revisadas e inspeccionadas por los visitadores, éstas suelen ser mayores que las declaradas en un principio:

“En el libro de la visitación pasada [año 1500] dijo que esta iglesia no tiene ningún propio. El visitador que hoy es, por información halló que la dicha iglesia tiene en término del dicho lugar, ochenta fanegas de trigo.”[37]

Pero las propiedades eran aún mayores puesto que en 1511 alcanzó a tener tierras en diferentes lugares del término de Puebla y del Ejido de Montijo que le rentaban un total de ochenta fanegas de trigo y 120 de cebada.

No puedo finalizar el estudio sobre la iglesia de Nuestra Señora sin hacer referencia a la cuestión advocacional recogida por medio de los altares y retablos. A parte de las referencias en el año 1500 sobre un único altar sobre el que se ubicaba la imagen de Nuestra Señora, imagen de bulto, aparecía otra imagen advocada a San Blas. En el año 1508 la iglesia posee tres altares donde el mayor sigue dedicado a la advocación de Nuestra Señora, otro a San Antonio y el otro a San Bartolomé, los mismos que aparecen en el año 1515. La historia de la retablística en Puebla de la Calzada alcanzará unas dimensiones interesantes con el pleito entre Estacio de Bruselas, el Concejo de Puebla y Luis de Morales, pero que escapa a las intenciones de este estudio.

Junto a la iglesia de Nuestra Señora, tenemos en Puebla de la Calzada la ermita de Santiago, cuyas referencias documentales nos ofrecen su localización muy cercana a donde estuvo situado el primer núcleo de población, la Aldea del Rubio, próxima al río Guadiana y frente a la villa de Lobón. Se dice de ella en el año 1508:

“…en este dicho lugar, está una ermita de Santiago que se faze agora. De la cual se falló por mayordomo a Martín Matheos Sánchez, al cual le fue pedida la cuenta de la que había recibido e soltado en nombre de la dicha ermita.”[38]

En este mismo año se invierten en obras para la ermita dos mil maravedíes resultantes de una pena impuesta al Caballero de Cuantía, Andrés Barrena. Entre los años el año 1503-1511 le son tomadas las cuentas a los mayordomos Mateos Sánchez y Alonso Sánchez Ovejero respectivamente, al último de ellos se le hace el mandato siguiente:

“…que se acrece el arco de la capilla e se ponga sobre el altar la imagen del Señor Santiago, pintado con algunas historias suyas. E cuando oviere disposición, se acabe de facer la dicha iglesia, e face el altar de blanquear, e la pintura. Que esté fecho para la fiesta del Señor Santiago primero que viene. E que se pongan armas reales de la Orden, so pena de dos mil maravedíes.”[39]

Para el año 1515 dicho altar está terminado y la ermita blanqueada y pintada, construyéndose en su nave principal un arco toral. Los bienes de la ermita también van aumentando, con su cabaña ganadera consistente en un toro, dos vacas y un añojo. El mayordomo, Miguel Sánchez (para este año de 1515) fue alcanzado con setecientos setenta y tres maravedíes, los cuales le ordenaron fueran gastados todos en la terminar la obra de la ermita.

Tuvo para Puebla de la Calzada esta ermita una importancia extraordinaria, esencialmente por los motivos de su erección. El lugar donde fue levantada es una zona donde en torno a 1970 fue localizada un antigua villa romana con un rico mosaico que se conserva en el Museo Arqueológico de Badajoz y en el que se puede leer la inscripción Dexterus[40]. Estos edificios residen en un progresivo culto a los santos, dentro de las necesidades que el hombre siente de tener protectores contra los males que le aquejan. La existencia de aguas salutíferas con poderes milagrosos y curativos situadas en parajes con pozos subterráneos, fue el origen de esta ermita que con su construcción, indudablemente se persigue la cristianización de estos lugares que habían sido durante mucho tiempo, lugares de culto pagano. Existía al lado de la ermita una fuente de agua, como ocurriera en la cercana villa de Lobón.

Las virtudes curativas de emanaban de ella la convierten en un centro de culto, en un espacio sagrado del cual se irradia salud material y espiritual, que sus fundadores ponen bajo la advocación de Santiago patrono de la Orden. Una ermita que dispuso además de un único altar con la imagen de Santiago, labrado entre los años 1515 y 1550.

2.7. Lobón

“El altar mayor tiene una imagen de Nuestra Señora de madera dorada y pintada y a sus espaldas unos rayos dorados y en la pared, muchas historias pintadas. Y en el altar un cruz de latón y un ara con sus corporales e hijuelas. Un palio de lienzo con sus flotaduras…”[41]

Lobón tiene una importancia bastante significativa en el proceso que estudiamos y fue durante el siglo XV, uno de los núcleos más importantes de la encomienda emeritense que pronto se convirtió en cabeza de encomienda, protagonismo que únicamente supo arrebatárselo la villa de Montijo. Lobón contó con comendador ya en el año 1460, residente en la misma localidad, don Diego de Alvarado, que llegó a llevar acumuladas las villas de Lobón y la de Montijo, lo que nos da una idea de la categoría de la localidad. Además es de las pocas visitas (junto a Montijo) que la orden santiaguista realiza, especificando el nombre de aquellos vecinos que asisten a la presentación de los privilegios de la propia orden. Así en el año 1494 se dice que fueron testigos Juan Martín de los Santos, Juan Esteban, Juan González Vaquerizo, Fernando Ruíz, Santos Moreno y Rodrigo Méndez, de los cuales y de cada uno de ellos, recibieron los visitadores el juramento de obedecerlos y decir toda la verdad en lo que les fuera preguntado.

Es quizá por todo ello, por lo que la información que los visitadores de la Orden de Santiago vierten sobre Lobón muestra una riqueza fascinadora en alguno de los procesos descriptivos tanto de sus edificios como de las relaciones entre comendador y orden. Tengamos en cuenta que, entre 1494 y 1517, Lobón contaba con: una iglesia parroquial, dos hospitales (Santa María y Santiago), dos ermitas (santos Mártires y Santa Brígida) y una casa fortaleza con su torre defensiva.

Respecto a la iglesia parroquial, es de la vocación de Nuestra Señora, imagen en madera dorada, que presidía el altar mayor. Poseía la imagen a sus espaldas unos rayos dorados y en la pared otras historias pintadas. La iglesia poseía tres naves sobre unos arcos de albañilería, siendo la de la capilla mayor de madera acapillada al igual que el resto de la iglesia que es toda de madera tosca. En la capilla, existía una viga donde aparecía pintado un crucifijo. Las obras de la iglesia corrían a cargo de los vecinos:

“Los vecinos de esta dicha villa, de sus caridades e limosnas, de poco tiempo acá, han comenzado a hacer una torre, que está fecha muy buena y la iglesia comenzada y prosiguen con sus limosnas y su obra.”[42]

También destaca de la situación de Lobón las condiciones en las que se encuentra el cura titular de la parroquia. Es el primer caso en el que su titular, Pero Hernández clérigo de la Orden de Santiago, el cual se encuentra ausente por lo que los visitadores se tienen que limitar a la información que le proporciona el clérigo de la Orden de San Pedro Gonzalo Moreno. El curato es mantenido por mandamiento de don García Ramírez, Prior del Convento de San Marcos quien así mismo ha dado la orden de que en ausencia del titular, sea este otro quien desempeñe las funciones. Las causas de encontrarse ausente son claras:

“…El cual estaba ausente del dicho beneficio por mandamiento de don García Ramírez, Prior del Convento de San Marcos de León por algunas causas e inconvenientes que han nacido entre él y el pueblo.”[43]

De toda esta situación podemos deducir por las actuaciones de los visitadores, prior y la propia orden, cómo funcionaba y el interés siempre por parte de la Iglesia de conocer y tener controlada la situación en sus territorios, máxima de un pueblo que era cabeza de encomienda. Al preguntar al clérigo sustituto sobre las rentas y anexos del beneficio y decir que desconoce lo que todo ello podía rentar, los visitadores no satisfechos recurren a determinadas personas del lugar sobre los que se expresan como “hombres honrados de esta villa” de quien logran extraer la información necesaria. Recordemos que los visitadores al llegar a un pueblo o lugar determinado, hacían reunirse, generalmente en la puerta del templo parroquial a los alcaldes, regidores y hombres honrados o buenos de la villa a quienes les exigían voto de obediencia del Capítulo General de la Orden y el compromiso de decir la verdad de todo lo tocante a la información sobre ese lugar. De esta manera, informan que la parroquia no tiene anexos ni beneficios, salvo una casa en la ciudad de Badajoz, la cual está administrada en 200 maravedíes al año, pero que realmente la situación es pobre. Junto a la casa, una huerta y otras pequeñas cosas que junto a lo que saca al pie del altar le sirve a él y los curas que fueren de la parroquial.

Esta situación económica queda ratificada por el entonces mayordomo, Juan Lozano, que remite a los visitadores para comprobar que no existen cuentas de la fábrica parroquial a los mismos testigos anteriormente interrogados. Sin embargo, el mayordomo afirma que la parroquia si posee tierras, aunque el curato no tenga rentas ni anexos. Posee una tierra en Valdeallente, en las eras de la villa, que renta en cada año cuatro fanegas de trigo; una casa en esta misma villa, con una renta anual de 120 maravedíes. Posee cuatro vacas paridas, con sus terneros y añojos junto a otras cuatro vacas paridas, que hacen más gastos estas últimas que provecho, todo ello obtenido no compra de la fábrica parroquial sino que han llegado a ella mediante limosna. Los visitadores ordenan al mayordomo guarde bien todos esos bienes para cubrir las necesidades parroquiales.

Tenía la villa de Lobón dos hospitales, algo inusual para un lugar que en estos años de 1494 y 1498 no superaba los 258 vecinos y con localidades como Montijo, Mérida y Badajoz muy próximas. Uno de ellos era el llamado hospital de Santa María, situado a las espaldas de la iglesia del que hoy no queda absolutamente restos de él. Se trataba de un edificio realizado sobre pilares de albañilería con su portal y una casa delantera donde se ubicaban las camas para los enfermos y el acogimiento de pobres. Completaba el edificio un corral y el establo. Los encargados del mencionado hospital eran el mayordomo Domingo Fernández que a la vez ejercía de hospitalero, el cual fue alcanzado en su cuenta con 1.938 maravedíes, los cuales eran empleados en la reparación del hospital, especialmente de su corral. Al finalizar la primera década del siglo XVI, el hospital de Santa María continúa utilizándose pues de él se dice en torno a los años de 1508 y 1510 que se encuentra en buen estado y bien reparado y que su mayordomo, Antón Sánchez, fue alcanzado en la cuenta de su año, con 2.164 maravedíes que emplea en reparaciones y mantenimiento del hospital. Este hospital dependía por tal de la parroquial mientras que el otro, nos cuenta unos orígenes y evolución bien diferente.

Se trata del segundo de los hospitales denominado de Santiago, que en el año de la visita (1498) se describe así pues merece la pena su trascripción literal:

“…el cual está fecha una capilla de bóveda con sus vergadas de madera de palo. Está un altar donde está el Santo Sacramento e una imagen de Nuestra Señora de madera, dorada y pintada. Este edificio de hospital y capilla comenzó a facer e edificar con Diego de Alvarado, comendador que fue de la dicha villa. E puso en obra el dicho edificio, por autoridad de una bula del papa Sixto de gloriosa memoria.”

García de Alvarado como hemos indicado anteriormente, fue el primer comendador de Lobón entre los años 1460 y 1480, fechas en las que situamos el comienzo de sus obras, posiblemente a partir de la década de los años 70 pues la Bula está firmada por el Papa Sixto, en referencia a Sixto IV que fue Sumo Pontífice entre los años 1471 y 1484 (este fue al papa que mandó construir la capilla Sextina que posteriormente pintaría Miguel Ángel). En la iglesia del hospital, fueron enterrados tanto don García de Alvarado como su mujer doña Isabel:

“En la dicha capilla está enterrado el dicho García de Alvarado y su mujer.”[44]

Volviendo al hospital y casa, la administración y gastos de él, correrían a cargo del dicho Comendador y sus sucesores y que en el momento de la visita posee dona Isabel, mujer del comendador y los hijos Diego y Juan de Alvarado, el cual éste último es en estos momentos comendador de la villa de Lobón. Interesante a partir de este momento, el que los patronos del hospital intentan que las cuentas y el hospital no sean visitados ante lo cual, los mismo visitadores santiaguistas le recuerdan a los Alvarado, que deben obediencia por el Capítulo General a la Orden, por lo que terminaron cediendo ante la presión de los santiaguistas. Las obras del hospital continuaron durante los primeros años del siglo XVI (1500 a 1508) para finalizarles prácticamente en los años centrales del siglo XVI.

Se componía el hospital de una primera estancia en la que se encontraba la capilla a la que se le adosaba la iglesia, como segundo espacio y que recibía el mismo nombre:

“Y en ella un cuerpo de iglesia grande cubierta y a los lados diez ventanas cerradas que dicen que había dos altares.”[45]

Un tercer espacio lo ocupaba la sacristía sobre la que se levantaba el campanario con tres campanas.

La llegada de los franciscanos en el año 1564 a Lobón y la intervención de la condesa de Puebla del Maestre, doña Elvira de Figueroa sobre la que se procedió la venta de la villa tras enajenarse de la Orden, convirtieron el hospital de Santiago en residencia de los franciscanos observantes de la Provincia de San Gabriel. Los libros de fábricas parroquiales de Lobón, Montijo, Puebla de la Calzada y Torremayor, así como los pertenecientes a cofradías y hermandades, están llenos de anotaciones sobre sus predicaciones por toda la comarca. Hoy en día pueden aún verse los restos del mencionado hospital consistente en parte de la bóveda de la iglesia.

Finalmente la villa de Lobón poseía dos ermitas, una bajo la advocación de los Santos Mártires y la otra de Santa Brígida. La primera de ella ubicada en el ejido de la villa en cuyo altar mayor, pintadas en la pared aparecía las imágenes de San Fabián y San Sebastián. Se trataba de un edificio de tres naves sobre arcos de albañilería recubiertas de madera tosca y teja. Se mantiene de las limosnas de los vecinos y no posee más cuentas ni bienes.

La segunda, de Santa Brígida, que se comenzó a construir entre los años 1507 y 1508. Se trata de una capilla pequeña, con un arco de ladrillo. Era su mayordomoAlonso Yañez el cual presenta una cuenta que es empleada toda ella en las obra de la dicha ermita. La ermita se encontraba en las afueras de la villa, cerca de la ribera del Guadiana. La ubicación de la villa de Lobón es en lo alto de un cerro a cuyas faldas pasa el mencionado río. En la actualidad no queda absolutamente nada de ella.

2.8. La Nava de Santiago

No hay referencias documentales sobre la Nava del Membrillo (actualmente de Santiago) para el siglo XV, puesto que los primeros datos documentales y las primeras informaciones dadas por los visitadores santiaguistas corresponden a los años 1507-1508. Se trata de un territorio perteneciente a la jurisdicción de Mérida, que entregaba a la Mesa Maestral todos sus bienes, diezmos y primicias que pertenecían al comendador de la ciudad emeritense.

La única información en estos momentos existente sobre La Nava es en torno precisamente a su iglesia parroquial bajo la advocación de Nuestra Señora Santa María, la cual en los años de la visita, 1507-1508 se encuentra en obras y por disposición de los mandamientos de los visitadores, se está cubriendo el templo y al igual que ocurre en otras localidades estudiadas, todos los bienes de su fábrica deben ser empleados en terminar dichas obras.

En el año 1511 comienza a construirse la capilla por mandato de don Alonso de Cárdenas, capilla realizada sobre ladrillos. En 1515 ya está terminada expresando los visitadores que se ha terminado muy bien. Se construye en este año también su pila bautismal, finalmente a mediados del siglo XVI aparece descrita de la siguiente forma:

“La iglesia es de una sola nave y pequeña. Tiene la capilla una bóveda redonda. Y en ella un altar, y en el una imagen bendita de Nuestra Señora. Al lado de dicha capilla hay dos altares, y en uno, hay otros dos altares, y en uno hay una imagen de Santa Quiteria, metida en una caxa de madera pintada.”

Es inseparable del nombre de La Nava de Santiago el de su actual patrona, Santa Quiteria pero escapa a los ejes cronológicos para estos primeros momentos[46].

P.3. SIGNIFICADO Y PRESENCIA RELIGIOSA: LA IGLESIA EN SU ORGANIZACIÓN

La organización eclesiástica que se desprende de la presencia en todos estos pueblos y villas por parte de la Orden de Santiago viene marcada desde un principio por su carácter autónomo respecto a la autoridad diocesana por su dependencia directa del Papa. Los territorios castellanos, dependientes del Prior de Uclés y para la zona estudiad del convento de San Marcos de León (cuya acción era mucho más amplia que los pueblos expresados en este estudio), ejercían un gobierno que marcó desde un principio la acción eclesiástica-pastoral que para el caso especificado lo hizo a través de dos Prioratos, el de Mérida y el de Llerena.

Hemos ido analizando a través de los documentos, como la acción y fuerza del provisor resulta esencial para comprender la realidad eclesiástica en estos momentos. Los provisores o vicarios actuaban como jueces en quienes el Prior delegaba su autoridad y jurisdicción lógicamente ayudados por su curia, autoridad que recaía sobre párrocos, beneficiados, capellanes pueblo cristiano en general.

Son estos unos años en los que el sentir religioso y la propia estructura eclesiástica caminan de forma paralela pero no unidas. Hay manifestaciones religiosas en algunos pueblos que nos conducen a hablar sobre la extensión del fenómeno de los milagros, las advocaciones marianas con gran predominio en las titularidades de las parroquias y ermitas, altares y retablos mayores, Lógicamente el hombre del momento reacciona con parámetros diferentes. Tengamos en cuenta que desde el primer tercio del siglo XIII y hasta finales del XV, se produce la llegada de una población extraña a las tierras sobre las que se asienta. Este hombre es también un ser temeroso que necesita de la protección tanto directa de las estructuras propias existentes en ese momento que le de seguridad como de los sobrenatural. Está aquejado, como en algún momento del presenta trabajo hemos indicado, por males que le afectan directamente: la peste, las plagas, la situación de inseguridad bélica, las sequías, las enfermedades que diezman la población y que les obligaron en ocasiones a dejar sus propios lugares.

Las comunidades asentadas en torno a sus parroquias y ermitas, buscan esos abogados celestiales y llegan a esos compromisos con los santos para defenderse de los peligros inminentes. Es entonces cuando la devoción y el culto se materializa como hemos podido ver en la erección de altares, ermitas e incluso cofradías.

Los clérigos enseñaban la fe y estaban obligados por mandamiento expreso de la Orden ha llevar el control de los bautizados y que los Sacramentos fueran impartidos como manda la Santa Fe Católica. Los libros de visitas expresan en muchas localidades esas iniciativas.

“Que de aquí en adelante tenga un libro en el sagrario en que estén los nombres de los bautizados, e sus padres e madre, e padrinos e madrinas.”[47]

Incluso el tema de los conversos se da en algunas de las localidades estudiadas pues no podemos olvidar que nos movemos en el reinado de los Reyes Católicos y dentro de sus diferentes proyecciones políticas, junto al control e intentos de centralización, estuvo igualmente el religioso y el unificador bajo una sola fe La comarca estudiada es ejemplo, hemos mencionado la existencia a finales del siglo XV de aljamas de judíos y para la vigilancia en la fe y en los procesos de conversión, Montijo nos abre la puerta a ello con una expresión de los visitadores claros:

“Visitaron los convertidos que en esta dicha villa había, e fallaron que había en esta ocho vecinos, los cuales se hallaron bien informados en decir las cosas de la santa fe católica. Y en aquello que fueron hallados defectuosos, fueron impuestos e dogmatizados e encargados al dicho cura del dicho lugar.”[48]

Una deducción aparente nace de lo anterior. La preocupación de la Iglesia por la relajación y la fijación de las cuestiones esenciales en lo tocante a la fe eran clara. Si comparamos los mandamientos tocantes a la preservación de la fe y su catequesis, en relación a la administración y conservación de bienes, rentas y censos, la diferencia es grande. Es cierto que, todo iba en beneficio del crecimiento eclesiástico pero también somos sabedores de la relajación en muchas funciones cara al pueblo cristiano y que desembocará, unido a otros aspectos de mayor calado, en el Concilio de Trento (1543-1563), donde los teólogos españoles tendrían mucho que decir y se impondrían en aspectos tan interesantes como la justificación del hombre por sus obras mediante la gracia de Dios.


NOTAS:

[1] Véase para esta interesante apreciación, la Historia de Extremadura. Tomo II: Los Tiempos Medievales, concretamente las páginas dedicadas al comportamiento socio-religioso y organización eclesiástica. Biblioteca Básica de Extremadura. Editorial Universitas. Badajoz, 1985.

[2] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1103. Villa de Lobón. Año 1498.

[3] Iglesias Aunión, Pablo: La política económica de los Reyes Católicos en la Orden Militar de Santiago. La Mesa Maestral en la Encomienda de Mérida: 1494-1556. XXXIII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, 2004.

[4] Las fechas vienen determinadas por la propia documentación utilizada, especialmente las actas de los Libros de Visitas de la Orden Militar de Santiago que para la práctica totalidad de los pueblos estudiados, se inician a finales del siglo XV (1494-1498) y finalizan en una primera fase a mediados del siglo XVI (1556-1560). Posteriormente volvemos a tener un amplio conjunto documental para la primera década del siglo XVII (1603-1605).

[5] Navarro del Castillo, Vicente: Montijo. Apuntes históricos de una villa condal. Págs. 22-23. Mérida, 1973.

[6] Las fechas intentan reflejar el momento inicial y despegue de los índices demográficos en comparación con otros recuentos. Quiere ser una primera expresión de la vida en estas localidades y sus asentamientos.

[7] Los datos que aparecen recogidos en la tabla están cotejados de tres fuentes. La primera los libros de visitas de la Orden de Santiago para estas localidades y años (Libros números 1101, 1103, 1104, 11071108 y 1109), procedentes del Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. En segundo lugar los datos recogidos en la obra de Rodríguez Blanco, Daniel, págs. 97-98 de su obra titulada La Orden de Santiago en Extremadura. Siglos XIV-XV. En tercer lugar, igualmente los que aparecen en la obra de Iglesias Aunión, Pablo, pág. 43, de la obra titulada Historia de la Comarca de Lácara. Del Medioevo a los Tiempos Modernos.

[8] Iglesias Aunión, Pablo: Historia de la Comarca de Lácara. Del Medioevo a los Tiempos Modernos. Pág. 45. Edita: Adecóm-Lácara. Excma. Diputación Provincial de Badajoz. Badajoz, 2002. IIª Edición.

[9] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1103. Villa de Lobón. Año 1498.

[10] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número 1101. Lugar: Alguijuela. Año 1494

[11] Alguijuela es la actual localidad de Torremayor. Aparece en la documentación de la Orden de Santiago mencionada de muy diversa forma tal como, Alguijuela, Elguijela e incluso Iljuela, propio de una regla no muy fija en el castellano. Ocurrirá con otras localidades como Barvanna, Varbana o Barbaño.

[12] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1101. Lugar de Esparragalejo de Mérida. Año 1494.

[13] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1101. Lugar Carmonita. Año 1494.

[14] Ibíd.

[15] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1103. Lugar: Montijo. Año 1498.

[16] Moreno de Vargas, Bernabé: Historia de la ciudad de Mérida y pueblos de su comarca. Págs. 456-457. Patronato de la Biblioteca Pública Municipal y Casa de la Cultura. VIIIª Edición. Mérida, 1992.

[17] El almaizal es un paño litúrgico que el sacerdote se ponía sobre los hombros.

[18] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro Número: 1103. Lugar: Montijo. Año 1498.

[19] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libros números: 1104-1106C. Lugar: Montijo. Años 1500-1503.

[20] Ibíd.

[21] Ibíd.

[22] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1108. Lugar: Montijo. Año 1511.

[23] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1101. Lugar: Montijo. Año 1494.

[24] Ibíd.

[25] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1103. Villa de Lobón. Año 1498.

[26] Ibíd.

[27] Iglesias Aunión, Pablo: Asistencia, caridad y pobreza en la Baja Extremadura. Los hospitales de pobres en la villa de Montijo y sus expresiones artísticas. Siglos: XV-XX. Actas de los XXXIV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, 2005.

[28] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1101. Lugar: Puebla de la Calzada. Año 1494

[29] Es importante aclarar que, Puebla de la Calzada dista de Montijo aproximadamente medio kilómetro, separados sus términos por una carretera comarcal.

[30] Bernal Estévez, A.: Poblamiento, transformación social del espacio extremeño. Siglos XIII al XV. Editora Regional. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura y Patrimonio. Pág. 165.

[31] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1103. Lugar: Puebla de la Calzada. Año 1498.

[32] Posiblemente la expresión Asunción pueda tratarse de un error ya que en las fechas que aparece expresada de esta manera, la parroquia poseía un altar mayor en cuyo retablo aparecía la imagen de Nuestra Señora de la Encarnación junto a una imagen del arcángel Gabriel.

[33] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1108. Lugar: Puebla de la Calzada. Año 1511.

[34] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1112. Lugar: Puebla de la Calzada. Años 1549-1551.

[35] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1104. Lugar: Puebla de la Calzada. Año 1500.

[36] El menudo recaía sobre producciones pequeñas que eran pagadas al pie del altar en lo tocante a frutas y hortalizas.

[37] Ibídem. Nota 34.

[38] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1108. Lugar: Puebla de la Calzada. Año 1511.

[39] Ibíd.

[40] Álvarez Martínez, J.M.: La época romana. Página 108. Historia de la Baja Extremadura. Tomo I. Real Académica de la Letras y las Artes de Extremadura. Badajoz, 1986.

[41] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1101. Lugar: Lobón. Año 1494.

[42] Ibíd.

[43] Ibíd.

[44] Ibíd.

[45] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1107-C. Lugar: Lobón. Año 1507-1508.

[46] Para el estudio de las advocaciones patronales entre los siglos XVI-XVII recomendamos la consulta de obras como las de Vicente Navarro del Castillo en su obra Apuntes históricos de Esparragalejo y su Patrona, la Virgen de la Salud” editada por el autor en el año 1991; para el caso por ejemplo de Montijo con nuestra Señora de Barbaño, de Pablo Iglesias Aunión las Actas del XXXII Coloquios Históricos de Extremadura sobre las devociones marianas en la Baja Extremadura, fuentes historiográficas y comprensión de la religiosidad y piedad popular. En él aparecen las advocaciones patronales para Esparragalejo, La Garrovilla, La Nava de Santiago y Montijo.

[47] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1101. Lugar: Lobón. Año 1494.

[48] Archivo Histórico Nacional. Sección: Órdenes Militares. Orden Militar de Santiago. Libro número: 1106. Lugar: Montijo. Año 1503.

Oct 012006
 

José María González-Haba Guisado.

Consiste este trabajo, como lo dibuja su título, en la búsqueda de una verdad.

«¿Tu verdad.? No, la verdad.
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela»

En el pensar de la Grecia Clásica, se decía que la verdad se complacía en ocultarse. Por ello, PARMÉNIDES llamó aleteia al hecho de quitar el velo que ocultaba la realidad.

Con el tiempo tal expresión se debilita y en los nuevos años se la denomina Apocalipsis.

Aseguro que desconozco cuándo y cómo en el caso a analizar se veló un pedazo de la vida. Yo solo vengo a presentar desnuda la realidad.

Desde el año de 1960 en que fui designado Letrado-Jefe de la Asesoría Jurídica de una Entidad Aseguradora de Automóviles, el mundo de la circulación rodada, supuso más del 80 % de mi actividad profesional.

Absorbió mi horizonte. Más, si un problema estaba relacionado con mi provincia de Cáceres.

Un día, no se si de 1991 o de 1992, en mis manos aparecieron, por entregas, las páginas de la publicación titulada «Cáceres historia viva. Cien años de vida cacereña», debidas al diario HOY.

En las mismas se afirmaban cosas como éstas: Cáceres fue la primera provincia peninsular que tuvo un automóvil matriculado como tal; la primera que contó con un servicio de taxi, la ciudad de Coria; la primera donde se establece una línea regular de autobuses, Cáceres-Trujillo; igualmente la primera donde ocurre una víctima mortal.

He aquí el resumen del magistral trabajo del periodista cacereño Don FERNANDO GARCÍA MORALES, publicada en el citado diario HOY, el 30 de mayo de 1976.

De todas estas primicias, la que llamó de manera más poderosa mi atención fue la muerte de una persona por su relación con mis quehaceres.

La difundí por vía oral, en mis clases en la Escuela de Práctica Jurídica en la Universidad de Extremadura e igualmente la publiqué en mi obra «Seguro Voluntario-Necesario y No Necesario del Automóvil,» 1995, página 34, con estas literales palabras:

«Fue en Cáceres donde se produjo el primer accidente mortal del automóvil en el que pereció el Abogado y deportista Don FERNANDO GARCÍA BECERRA, que había matriculado el 18 de Noviembre de 1904 con el número CAC-3, un Renault de 10 caballos, con el que se causó la muerte».

Así las cosas, un día conocí que, mea culpa, el Magistrado Sr. DÍAZ MENDEZ escribió de esta manera:

GONZALEZ-HABA Y GUISADO señala que fue en Cáceres donde se produjo el primer accidente mortal del automóvil en el que pereció. Se trata de un trabajo titulado «El Seguro en relación con la circulación de vehículos de motor«, incluido en «Derecho de Seguros, 11», publicado por el Consejo General del Poder Judicial, 1966, pagina 113.

Pasaron los años y el silenciar se convirtió en olvido. Pero un buen día, volvió al recuerdo el dramático suceso. En 2004, pensé que iba a cumplirse el centenario del siniestro por lo que decidí publicar una nota en la prensa para lo cual comencé a buscar algunos datos y confirmaciones.

Acudí a la trujillana BLANCA FERNÁNDEZ RODRÍGUEZ, mujer del trujillano Luís GUTIÉRREZ LOZANO, por su asistencia diaria a los Juzgados, y con los datos que la entregué me localizara en el Registro Civil los de la muerte del Sr. GARCÍA BECERRA. Incluso colaboró el Juez encargado del Registro, RAIMUNDO PRADO BERNABEU.

El tiempo pasaba la defunción no aparecía. Hasta el amigo Juez entendió que la búsqueda era una tomadura de pelo mía.

No desesperé. Pasó el 18 de Noviembre y a empezar con nuevo bríos, pues yo no abandonaría aquél apasionante suceso.

Revisé mis fuentes, volví a mis viejos papeles. Y sucedió de esta suerte:

Tomé dos obras cacereñas, raíces de mis sondeos, desde sus índices onomásticos.

  1. «La ciudad de Cáceres. Estampas de medio siglo de pequeña historia», 1953 del escritor Don MIGUEL MUÑOZ DE SAN PEDRO».
  2. «Cáceres visto por un periodista» de GERMÁN SELLERS DE PAZ, 1981.

Mi último repaso de la primera obra había terminado en el año de 1904, fecha de la presunta muerte de nuestro conductor, Sr. GARCIA BECERRA. Los años posteriores estaban olvidados de mi primera lectura.

Encontré en el lugar dedicado al año de 1911 estas reveladoras palabras: «Capítulo XXX. Política y Literatura. 1911».

En uno de los párrafos de la página 200 se habla del periodista y poeta BELMONTE, conversador ameno y prototipo de la elegancia, simpático y humorista, bullía y figuraba en el primer plano social. Su popularidad, aunque con matices distintos, podríamos compararla con la de FERNANDITO GARCÍA BECERRA; «cuyo nombre viene a nuestra memoria porque en este año murió en un accidente automovilístico en la carretera de Irún constituyendo su entierro en Cáceres, a donde fue traído su cadáver una auténtica manifestación de duelo, por las generales simpatías que generaba este muchacho, rico, un poco derrochador y un mucho aficionado al toreo».

El cielo se había abierto para mí. La luz me llenó de alegría por ser ansioso de rectificar mis noticias; era la hora de la paz y de publicar mis yerros a toda orquesta.

La primera medida fue encargar desde BLANCA FERNÁNDEZ al Registro de Irún datos sobre nuestros deseos, que son contestados amabilísimamente con el Documento que aportamos.

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img03En él se dice de éste modo:

«En la Villa de Irún. Provincia de Guipúzcoa, a las 10 de la mañana del día once de septiembre de mil novecientos once, ante Don Gregorio Morales, Juez Municipal de la misma y Don Carlos Indart, Secretario, compareció Doña Verónica Urti…, viuda, mayor de edad de esta vecindad, manifestando que Don FERNANDO GARCíA BECERRA Y LÓPEZ MONTENEGRO, natural de Cáceres de edad de treinta y dos años, propietario, falleció a las 12 horas de la mañana de ayer, en el Hospital de esta villa, a consecuencia de fractura de cráneo, de lo cual daba parte en debida forma por encargo de la Sra. Superiora.

En vista de esta manifestación y de la certificación facultativa presentada, el Sr. Juez Municipal dispuso extender la presente acta de Inscripción, consignándose en ella además de lo expuesto por la declarante y en virtud de las noticias que se han podido adquirir las circunstancias siguientes:

Que era viudo en el acto de su fallecimiento, de Doña MARÍA BERJANO, natural de Cáceres de cuyo matrimonio tuvieron un hijo llamado JOSÉ.

Que era hijo legítimo de Don PEDRO GARCÍA y de Doña ADELA LÓPEZ MONTENEGRO, naturales de Villanueva, ambos ya difuntos.

Que no se sabe si otorgó testamento.

y que su cadáver sería trasladado con la debida autorización al Cementerio de Cáceres.

Fueron testigos presenciales Don Estéban Soro y Don Anastasio Pérez, mayores de edad, empleados y domiciliados en esta villa.

Leída íntegramente esta Acta, invitadas las personas que deben suscribirla a que la leyeran por sí, si así lo creían conveniente, se estampó en ella el sello del Juzgado Municipal y la firman el Sr. Juez y los Testigos haciéndolo a ruego de la declarante, que dijo no saber, Don Juan María Semper, mayor de edad, de esta vecindad, que certifico.»

De esta manera tan simple y sencilla queda resuelto y decidido de cuándo y dónde sucede la muerte de nuestro personaje cacereño Don FERNANDO GARCÍA BECERRA Y LÓPEZ MONTENEGRO.

Ya podían trabajar los citados amigos en la indagación registral.

Un nuevo camino para trabajar. Camino que haré en este nuevo andar.

Porque:

a) FERNANDO GARCÍA MORALES, en la página 101 de su «Cáceres, historia viva» describió el siniestro de esta manera: «Fue en Cáceres donde se produjo el primera accidente mortal de automóvil en el que pereció el abogado deportista cacereño Don FERNANDO GARCÍA BECERRA que había matriculado, el dieciocho de noviembre de mil novecientos cuatro con el numero CAC-3, un Renault de 10 caballos y cuatro cilindros con el que se causó la muerte».

El trujillano JOSÉ LOZANO RAMOS, en su interesantísimo libro «El Automóvil en Trujillo», 1995, versión de una Comunicación aportada en 1985 a los Coloquios Históricos de Extremadura, y que recoge, en su página 16 tamaño suceso casi literalmente.

Años más tarde MATILDE MURILLO DEL CASTILLO, año 2000 lo mismo describe en su libro «La Fotografía en Extremadura».

Ya he descrito mi posición al beber en la fuente de FERNANDO GARCÍA MORALES.

Conocía de mucho antes la obra del Sr. MUÑOZ DE SAN PEDRO, «La Ciudad de Cáceres». Lo relativo a nuestro protagonista había terminado en el año de 1904. Mi paseo por esas páginas había concluido en el año de la muerte presunta. Las anteriores visitas al libro estaban totalmente desaparecidas.

Analizando los datos que poseo reales, que la muerte no es en 1904, lo deduzco:

a’) De los actos conocidos de Don FERNADO GARCÍA BECERRA Y LOPEZ MONTENEGRO.

En el año de 1907 inscribe en el registro de automóviles un nuevo vehículo marca Rochet, número 4188, de 24 HP Y de cuatro asientos, su carrocería es doble, una de carrera con asiento portátil detrás y otra de doble faetón y que fue el vehículo CAC-13.

Al año siguiente, 1908 en el mes de abril, inscribe otro nuevo automóvil, también marca Rochet, de 3 frenos, 40 HP, 5 asientos, tipo Scheider, doble faetón que fue el CAC-16.

b ‘) Desde referencia de terceras personas.

GERMÁN SELLERS DE PAZ, en «Cáceres visto por un periodista», página 226 habla de «La nueva ganadería de Don JOSÉ y FERNANDO GARCÍA BECERRA se lidió en Cáceres por primera vez en 1905.»

b) MUÑOZ DE SAN PEDRO, Conde de Canilleros, abunda en su obra en estos dos detalles:

a ‘) Año de 1906, cuando en la peregrinación extremeña a Guadalupe, para ofrendar una lámpara votiva, afirma que se desplazaron dos familias de la capital en sus automóviles de los que eran dueños Don MANUEL LÓPEZ MONTENEGRO y los hermanos PEPE Y FERNANDO GARCÍA BECERRA.

b’) Año de 1907, cuando FERNANDO interviene en un festejo cómico en la Plaza de Toros de Cáceres, como matador.

Tampoco fue FERNANDO GARCIA BECERRA, la primera víctima mortal en accidente automovilístico de España.

Desconozco cómo, cuándo y dónde acontece el primer mortal suceso. En Madrid fue en 1908, cuando una joven es alcanzada y muerta en una esquina de la calle Barquillo.

Una tercera rectificación quiero hacer, Don FERNANDO GARCIA BECERRA, no era Abogado. Quizás su titulación fuera la de Licenciado en Derecho. En los archivos del Colegio de Abogados de Cáceres, no aparece por parte alguna.

Esta distinción es muy tenida en cuenta por nosotros. La realidad es la que es y no es dable sustituir.

Seguidamente recojo algunos Aspectos Curiosos de cuanto he terminado de exponer.

1.- EL PRIMER ACCIDENTE MORTAL DE LA HISTORIA.

El que fuera Magistrado de la Sala Primera del Tribunal Supremo Don JOSE LUIS ALBACAR LÓPEZ, («Los daños derivados del tráfico ante la Jurisdicción Civil», La Ley 1992-3, página 1036 y ss»), afirma que RODRÍGUEZ DEVESA sienta como el primer acontecimiento mortal automovilístico sucedido el 18-08-1896, en Londres, cuando un coche que iba a velocidad de 6 kilómetros por hora atropelló a la modista BRIDGET DISCOLL.

Complemento la cita con otra de J.K. BRIDGET («Historia de las Comunicaciones. Transportes Terrestres», 1965, página 127) Acá se lee que «Los automóviles de vapor empezaron a multiplicarse por los caminos de Europa, por ejemplo Inglaterra, la opinión pública se mostró escéptica y opuesta al nuevo invento. La aparición de aquellos monstruos humeantes y ruidosos, aterraban a los cocheros de los elegantes cabs ingleses, por lo que, en primer lugar se impusieron graves tributos a los propietarios de los nuevos vehículos, hasta que en 1837 bajo la presión de las compañías de transportes de tracción animal y ferroviaria el Parlamento Británico votó el famoso Red Flaq Bill, o Decreto de la Bandera Roja, que señalaba una velocidad máxima de 4 millas por hora para los automóviles, y obligaba a que cada vehículo de esta clase fuese precedido por un hombre a pie, con un banderín de color rojo o una linterna. Además cada vez que se cruzara con un coche de caballos el automóvil tenía que detenerse. Esta Ley permaneció en vigor hasta 1896»

1.1.- LA VELOCIDAD.

El Derecho español, el Reglamento de 17-09-1900, ordenaba en su artículo 16 que en ningún caso excederá la velocidad de 28 km/h, aproximándose a ella solamente en terreno llano y despoblado donde el tránsito sea limitado.

En la travesía de los pueblos se reducirá por regla general al máximo de 12 km/h; en los sitios estrechos, en las curvas de pequeños radio, enfrente de las bocacalles y en el cruce con tranvías se moderará la marcha lo necesario para evitar accidentes.

La regla más curiosa que conozco en este terreno, a los efectos de resguardarse de siniestros, la encontré y recogí de BERTRAND RUSSELL, y practicada por los pitagóricos, decía así: «No andar por las carreteras» (Historia de la Filosofía Occidental,» 1994, pagina 69).

1.2.- CÁCERES ADELANTADA DEL AUTOMOVILISMO.

Expresión ésta que recojo de FERNANDO GARCÍA MORALES.

La manifiesta en estos terrenos:

a) En el Registro de Automóviles:

El artículo 6 del citado Reglamento de 1900 ordenó en su apartado tercero, que en el Gobierno Civil de cada provincia habrá un Registro General para los automóviles, por lo que a cada provincia se refiera.

El primer vehículo matriculado en España sucedió en Palma de Mallorca, el día 31-10-1900.

Superó, únicamente, en unos días al CAC-1 que ocurre en la fecha 18¬11-1900. Su titular era el vecino de Plasencia Don FABIÁN MUÑOZ, y el vehículo un triciclo, marca Climent. No se guarda memoria del propietario, que se cree fuere algún técnico que acudiera para alguna obra de esta ciudad.

Recordaré que el primer automóvil matriculado en Madrid tiene lugar el 19-08-1907.

Como Anexo de este trabajo acompaño la numeración y titularidad de los cincuenta primero vehículos matriculados en Cáceres.

b) El Primer Taxi Español.

Es el número dos del Registro de Cáceres, a nombre de la Unión Extremeña en la ciudad de Coria, matriculado el 18-11-1904, es marca De Dion Boston de 25 HP movido por vapor.

c) La Primera Línea de Autobuses.

Su trayectoria fue Cáceres- Trujillo , servida por dos autobuses matriculados el mismo día, el 4-12-1907 y de la misma marca Sag Gaggenau.

El CAC-8, de ocho asientos.
El CAC-9 con dos departamentos, uno con asientos de primera en número de seis y otro de segunda con diez.

La titularidad de la firma ARTALOYTIA, SÁNCHEZ y CORTÉS.

1.3.- OTROS DATOS GENERALES.

Cuando hablé del primer automóvil de Madrid es necesario recordar esta advertencia de J. LERAL TA GARCÍA («Madrid, Villa y Coche», 1993, página 238), esto es que no se trata del primer circular por allá, y sí el primero que acudió a la cita impuesta por el Ayuntamiento para su ingreso en el recién inaugurado Registro Municipal de Matriculaciones.

Se trataba de un Panhard-Levassor, propiedad de Don VALENTÍN CÉSPEDES Y CÉSPEDES, Y su conductor Don Luis VELÁZQUEZ.

Testimonios vivos de aquéllas calendas afirman que los primeros que circulan solo sirven para experimentos mecánicos, porque aquellos venerables cacharros, que no otra cosa fueron, los primeros vehículos de tracción mecánica. Eran tan complicados en sui manejo y tan sencillamente imperfectos, que precisaban de una mano experta para conducirlos y cuidarlos.

Arrancaban cuando arrancaban, a base de manivela, y con sudar hasta más no poder.

Cuando daban dos falsas explosiones y se paraban, sin venir a cuento y sin tener porque había que desmontarlos pieza a pieza, y si dábamos al fin con la avería menos mal.

Consecuentemente, Don JOSÉ DE ECHEGARA y afirmó que el coche, como deporte y entretenimiento, bien, pero que de ninguna manera como medio práctico de transporte.

Todo resultaba extraño, novedoso incluso la figura del conductor o chauffeur, como se decía entonces. En invierno, para defenderse del frió que pasaba en el pescante, se embutía en un abrigo de pelo que le daba aspecto de oso y vestíase en verano con un guardapolvo blanco de cuello y puños azules, tocándose con una gorra de visera puesta al revés.

ADIOS FINAL

Termino acercándome a la tumba de FERNANDO, en el Cementerio de Cáceres, en el Panteón Familiar de Don DANIEL BERJANO ESCOBAR, en el primer patio.

Allá yacían los restos de su esposa Doña MARÍA VICTORIA BERJANO, desde el día 3-4-1909.

Los de FERNANDO, primero ingresaron en un nicho. Pasados los años, el hijo de ambos ordenó extraer de sus sepulturas los restos y encerrarlos juntos para siempre.

Descansa en Paz, FERNANDO, a la vez que musito una oración y la promesa de no volver a alterar tu tranquilidad.

Termino con aquellas palabras que se leían en los caminos de Roma junto a las tumbas allá existentes: «Siste, viator, heroem calcas» que traduzco libérrimamente: caminante, detente, que tus pasos pueden dañar a quien tanto caminó en su vida y luego de ella.

¡Adiós, FERNANDO!

ANEXO I

REGISTRO GENERAL DE VEHÍCULOS DE LA PROVINCIA DE CÁCERES

CC-1.- Don FABIÁN MUÑOZ SERVAN, Plasencia. Propietario de un triciclo marca Climent, matriculado el 18-11-1900.

CC-2.- «La UNIÓN EXTREMEÑA», Coria. Matrícula el día 6-6-1904, un automóvil marca De Dion Boston, para dedicarlo al servicio público, de 25 HP.

CC-3.- Don FERNANDO GARCÍA BECERRA LÓPEZ MONTENEGRO, Cáceres. El 18-11-1904, matricula un Renault de 10 HP, 4 cilindros, 2 frenos, uno de pedal y otro de palanca, con cuatro asientos.

CC-4.- Don FRANCISCO CANO BOTE, Trujillo, Día 7-1-1905. Renault de 2 cilindros y 12 HP.

CC-5.- Don MANUEL LÓPEZ MONTENEGRO, Cáceres. Año de 1905, vehículo De Dion Boston, faetón y 8 HP.

CC-6.- Don MANUEL LÓPEZ MONTENEGRO, Cáceres. Año de 1907. Vehículo Boyer Puteau, 5 asientos, 2 frenos, 12 HP.

CC-7.- Don JUAN ANTONIO MEDIAVILLA PÉREZ ALOE, Trujillo. Año de 1907. Vehículo Delauna Belleville, 4 cilindros.

CC-8.- Don FELIPE RAMOS MARÍN, Cáceres y Don ENRIQUE CORTES PÉREZ, Trujillo. Año de 1907. Ómnibus cerrado de 8 asientos, marca Sag Gaggenau, 4 cilindros, 24/32 HP, tres velocidades.

CC-9.- Don FELIPE RAMOS MARÍN, Cáceres y Don ENRIQUE CORTÉS PÉREZ, Trujillo. Año de 1907. Ómnibus con dos departamentos de viajeros, 6 asientos de primera y 10 de segunda. Cuatro cilindros y cuarenta HP, tres velocidades y marcha atrás.

CC-10.- Don EMILIO MARTÍNEZ MORENO, Trujillo. Año 1907, Panhard de 10 HP.

CC-11.- Don FELIPE RAMOS MARÍN, Cáceres. Año 1907, Ómnibus Sag Gaggenau, cuarenta HP, cuatro cilindros y departamentos de primera y segunda clase, 16 asientos.

CC-12.- Don FERNANDO SÁNCHEZ OCAÑA, Plasencia. Año 1907, Fiat 14/18 HP, 6 asientos.

CC-13.- Don FERNANDO GARCÍA BECERRA y LÓPEZ MONTENEGRO, Cáceres. Año 1907, Vehículo Rochet, 24 HP, cuatro asientos, carrocería doble, de carrera con asiento portátil detrás y otra de doble faetón con cuatro asientos.

CC-14.- Don ENRIQUE GRANDA Y CALDERÓN DE ROBLES, Don Benito. Año de 1908. Panhard-Levassor, 35 HP.

CC-15.- Don Luís PÉREZ ALOE MEDIAVILLA, Trujillo. Año 1908, vehículo Sindentsch, de dos cilindros.

CC-16.- Don FERNANDO GARCÍA BECERRA y LÓPEZ MONTENEGRO, Cáceres. Año de 1908, vehículo Rochet, tres frenos, cinco asientos, 40 HP, doble faetón.

CC-17.- Don FELIPE RAMOS MARÍN, Cáceres. Año 1908, Ómnibus, marca Suddentsche, cuatro cilindros y 32 HP.

CC-18.- Don MANUEL LÓPEZ MONTENEGRO, Cáceres. Año 1908. Vehículo Hispano-Suiza, 20/30 HP, doble faetón.

CC-19.- Don FRANCISCO GUILLÉN CANO, Trujillo. Año 1908. Iberia 35 HP.

CC-20.- Don ANDRÉS SÁNCHEZ DE LA ROSA, Cáceres 1909. Panhard-Levassor, 18 HP, faetón.

CC-21.- Don JOSÉ ZUGASTI MACÓN, Cáceres. Año 1910. FN doble faetón. CC-22.- Don ANTONIO PÉREZ ALOE SILVA, Trujillo. Año 1910. Fiat 15/20 HP.

CC-23.- Don GONZALO GONZÁLEZ BORREGUERO, Cáceres. Año 1911. Hispano-Suiza, 12/15 HP, cuatro cilindros.

CC-24.- Don HERMENEGILDO GARCÍA LOBO, Cáceres. Año 1911. Berliet de cuatro asientos, 15/22 HP, doble faetón.

CC-25.- Don ENRIQUE GRANDA CALDERÓN DE ROBLES, Don Benito. Año 1911. Mercedes, dos asientos dentro y dos en el pescante.

CC-26.- Don FRANCISCO BENITO VINIEGRA, Cáceres. Año 1911. Cotteran, 10/12 HP, dos cilindros.

CC-27.- Don JUAN SÁNCHEZ SÁNCHEZ, Madroñera. Año 1911. Panhard-Levassor, 15 HP.

CC-28.- Don JUAN SÁNCHEZ MARTÍN-MORA, Trujillo. Año 1911. Nideausse, 12 HP.

CC-29.- Don VICTOR BERJANO GÓMEZ, Cáceres. Año 1911. Ford de 10 HP, cuatro cilindros, dos velocidades y marcha atrás, doble faetón y cuatro asientos.

CC-30.- Don JOSÉ ROSADO GIL, Cáceres. año 1912. Mercedes 8 HP Y cuatro asientos.

CC-31.- Don JOSÉ ZUGASTI MARTiN, Cáceres. Año 1912. Vehículo FN, 30/40 HP, cuatro cilindros, dos velocidades, marcha atrás, y frenos de manos y pies.

CC-32.- Don GENARO APARICIO RUIZ, Cáceres. año 1912. Sizaire Nandía, de 10 HP.

CC-33.- Don JOSÉ ELÍAS PRAT, Cáceres. Año 1912. Vehículo L’Aurraine, 24 HP, cuatro cilindros.

CC-34.- Don ÁLVARO DE ULLOA y FERNÁNDEZ DURÁN, Madrid. Año 1912. Panhard-Levasser, cuatro cilindros, 12/22 Hp, cuatro asientos.

CC-35.- Don CIPRIANO HIGUERO ÁVILA, Cáceres. Año 1912. Panhard-Levasser, 20 HP.

CC-36. Don ENRIQUE GRANDA CALDERÓN DE ROBLES, Don Benito. Año 1913. Mercedes 20 HP, faetón de 6 asientos.

CC-37.- Doña MANUELA MONTENEGRO VILLARROEL, Alcántara. Año 1913. Vehículo Mitchell, 13 HP.

CC-38.- Don DANIEL BERJANO ESCOBAR, Cáceres. Año 1913. Regol, 12 HP, cuatro asientos.

CC-39.- Don JOSÉ MARÍA VALVERDE GIL, Trujillo. Año 1913. Mercedes Benz, doble faetón, 15 HP.

CC-40.- Doña JUSTA LÓPEZ MONTENEGRO y SAENZ LAGUNA, Cáceres. Año 1913. Panhard.

CC-41.- Don MIGUEL PÉREZ CARRASCO, Valencia de Alcántara. Año 1913. Maxwell.

CC-42.- Don JESÚS PALACIOS G. Cáceres, Año 1913. Landers de 15/20 HP.

CC-43.- Don JOSÉ GRANDE CALLEJA, Cáceres. Año 1913. Panhard-Levasser, doble faetón de carrocería, cuatro asientos.

CC-44.- Don DIEGO TRESPALACIOS CARVAJAL, Cáceres. Año 1913. Panhard-Levasser, doble faetón de carrocería, cuatro asientos y 11/15 HP.

CC-45.- Don ANTONIO BERNÁLDEZ VILLEGAS, Valencia de Alcántara. Año 1913. Hispano-Suiza, doble faetón y 15 HP.

CC-46.- Don RAFAEL BONILLA SAMA, San Vicente de Alcántara. Año 1913.¬Maxwell, cuatro cilindros y 30 HP.

CC-47.- SOCIEDAD CABRAL-GILL, San Vicente de Alcántara. Año 1913. Maxwell, 20/25 HP, cuatro cilindros, cinco asientos, doble faetón.

CC-48.- Don MIGUEL MAYORALGO TORRES CABRERA, Cáceres. Año 1913. Mercedes 8/18 HP, doble faetón.

CC-49.- Don DIEGO TRESPALACIOS CARVAJAL, Cáceres. Año 1913. Renault, 11 HP de dos asientos.

CC-50.- Doña CAROLINA ALVARADO, Cáceres. Año 1913, Ford T de carrocería Torpedo.

ANEXO II

La Orden de 24 de Mayo de 1907 recoge las contraseñas de las placas de los automóviles.

Recojo únicamente aquéllas que en sus inicios son distintas a las posteriores:

ALBACETE.- ALB.
BILBAO.- B.L.
CÁCERES.- C.A.C.
CASTELLÓN.- C.A.S.
SEGOVIA.- S.E.G.
TENERIFE.- T.E.
TERUEL.- T.E.R.

Oct 012006
 

José María González-Haba Barrantes.

ORÍGENES DE NUESTRA REGIÓN.

La Extremadura cristiana que dará origen a lo que ahora es nuestra región, se inicia con la conquista de Coria por Alfonso VII en 1142. Después, el mismo Alfonso trazó la línea divisoria entre Castilla y León, a partir de la cumbre serrana, por medio de la Calzada de la Plata.

Fernando II de León puebla Ciudad Rodrigo, con su territorio y diócesis, en 1161, y atrajo al arzobispo compostelano concediéndole, en 1162, la totalidad del señorío de Coria con su jurisdicción.

La acentuada despoblación, el malestar de los musulmanes en el país, la escasa atención prestada por los almohades en varios años y las “ayudas” dadas por los habitantes de las ciudades, permitieron a Geraldo Sempavor que conquistase: en abril o mayo de 1165, Trujillo; en septiembre, Évora; y en diciembre del mismo año, Cáceres. En marzo de 1166, Montánchez; y poco después Serpa y el castillo de Juromenha, en el que situó gente para utilizarlo como base para tomar Badajoz.

Por su parte, los leoneses se extendieron por el sur del Tajo, ocupando Alcántara en 1166; pero a falta de concejos y pobladores para constituirlos, convino al reino leonés confiar parte de la frontera a las Órdenes Militares.

El término de Trujillo ofrecía enormes dificultades para su repoblación y defensa, lo mismo que ocurría al de Talavera y al de Ávila que lindaban con el de Trujillo. Lo que Alfonso VIII de Castilla resolvió fundando Plasencia en 1186, e instituyendo catedral y obispo en 1189. Plasencia fue repoblando sus términos, primero los próximos a la calzada, después Béjar y, por otro lado, las cuencas del Jerte y Tietar.

La euforia nacida de Las Navas de Tolosa (1212), permitió a Castilla y León conquistar Alcántara (1213), con lo que el río Tajo se convierte en río cristiano, haciendo muy difíciles o imposibles las razias musulmanas.

Alfonso Téllez, en 1218, ocupa el castillo de Alburquerque; después, incorpora la mal llamada Siberia extremeña, constituyendo una zona nexo entre la Alta y la Baja Extremadura por un lado, y el reino de Toledo por otro. Esta Siberia, cuya tierra es apta para pastos, nunca ha conocido densidad demográfica. Las antiguas vías que la atraviesan, especialmente en dirección norte, se vieron frecuentadas en los ss. XII y XIII por gentes de Ávila, Toledo, Talavera, Sevilla y Córdoba.

Alfonso Téllez en 1222, cedió sus derechos en los Montes de Toledo y en la Siberia extremeña al arzobispo de Toledo. Fernando III adquirió del arzobispo cuanto tenía en los Montes y en esa tierra de Alcocer (1246), que vendió al concejo toledano.

CONFIGURACIÓN JURISDICCIONAL.

La conquista de Extremadura estuvo encabezada por la corona, y de hecho, gran parte de su territorio quedó bajo su jurisdicción. En las primeras décadas del s. XIII las Órdenes Militares participan en la conquista de Los Barros y La Serena y en pequeños sectores de concejos entre el valle del Guadiana y la penillanura cacereña, lo que les reportó amplios dominios que sobrepasaron muy pronto en extensión a los territorios reales. Justo en este momento comienza el asentamiento nobiliario en Extremadura y surgen los primeros señoríos que con el tiempo se convertirían en poderosos estados.

La jurisdicción de realengo está mejor representada desde el Sistema Central hasta el valle del Guadiana, especialmente entre el Sistema Central y el Tajo. Aquí los concejos constituyen verdaderos centros de atracción para los pobladores. Coria y Plasencia son los importantes en esta zona. Ambos recibieron fueros; Plasencia en 1189, a la vez que se le dotaba con más de 3.500 km2 de término, desde el Sistema Central al Tajo. Coria, con 864 km2 de término, desde Sierra de Gata-Hurdes hasta el Tajo.

En la penillanura altoextremeña, dos grandes concejos: Cáceres y Trujillo. El primero, recibió carta de poblamiento en 1229; sus límites, desde el Tajo hasta la Sierra de San Pedro, 1.700 km2. A Trujillo, Alfonso X, por carta, le confirma el amojonamiento realizado entre los términos de Trujillo, Toledo y Talavera. Quedando a Trujillo, un término de 3.400 km2. entre el Tajo y el Guadiana.

En el valle del Guadiana, el concejo de Badajoz. La ciudad fue conquistada en 1230 por Alfonso IX. Tuvo obispado en 1255 y recibía de Alfonso X, en 1258, 1.750 km2 de alfoz.

El sector oriental de la Alta Extremadura, conocido por las Villuercas, pertenecía al concejo de Talavera, y desde el s. XIII estaba intentando fomentar el poblamiento a través de privilegios reales.

GUADALUPE.

Sancho IV de Castilla (1284-1295) señaló a favor del concejo de Talavera la parte extrema de su territorio en la Jara y los Montes, concretamente tres dehesas, una de las cuales lindaba con el alfoz de Trujillo, en el sector del Ibor y las Villuercas. En esa dehesa talaverana y próximo al río Guadalupe, se aparece la Virgen María a finales del s. XIII o principios del XIV.

Su fama de milagrosa se extiende rápidamente por toda la comarca, tanto que sobre 1330, Alfonso XI, rey de Castilla y León, en una de sus cacerías habituales por aquellos parajes, atraído por la celebridad de la Virgen de Guadalupe acude a visitarla y le impresionó el gran número de peregrinos y el estado ruinoso de la pequeña ermita, por lo que ordenó ampliarla y edificar en sus inmediaciones hospital y albergue donde atender a los romeros que acudían a implorar a la santa imagen.

A la vez, el rey castellano-leonés se prometió levantar allí un gran santuario mariano y mandó señalar los términos del mismo en 67.93 km2, los que mermaron los términos de Talavera y Trujillo. Un año después se hizo el amojonamiento, quedando Guadalupe totalmente emancipada.

Hacia 1336 terminaron las reformas de la capilla guadalupense, convertida ahora en espacioso templo de estilo mudéjar toledano.

Alfonso XI volvió a Guadalupe para agradecer a la Virgen la victoria del Salado (29 de octubre de 1340), batalla que a Ella había encomendado, y mandó construir el actual templo gótico, que se edificó durante los años 1341 al 1367.

Alfonso XI concedió al santuario el priorato secular y el patronato real y, el arzobispo de Toledo, Don Gil Álvarez de Albornoz, lo instituyó canónicamente en enero de 1341.

La puebla que había surgido en torno a la iglesia, fue reconocida como población de realengo, y en agosto de 1348, Alfonso XI concedió al prior secular del santuario el señorío civil sobre la Puebla de Guadalupe, por lo que desde el 28 de agosto de 1348, dejó su condición de realengo y fue sometida a la autoridad eclesiástica y civil del prior.

Al mandar construir, en 1383, Don Pedro Tenorio, arzobispo de Toledo, un puente sobre el río Tajo, creció la devoción a Nuestra Señora de Guadalupe.

Juan I de Castilla, el 15 de agosto de 1389, apoyado en su derecho de patrono, mandaba se erigiese la iglesia de Guadalupe en monasterio y, renunciando al Patronato, entregaba al monasterio en la persona de Fr. Fernando Yáñez de Figueroa, de la Orden Jerónima, y a sus sucesores, cuanto pertenecía al santuario y le habían entregado los reyes sus antecesores, junto con los términos y el señorío de mero y mixto imperio sobre la Puebla de Guadalupe. Don Juan Serrano, que había renunciado al priorato secular el 11 de octubre de 1389, el 23 del mismo mes dio posesión del monasterio a la comunidad jerónima, cerrándose el ciclo de los priores seculares, después de cuarenta y ocho años, bajo el patronato real y el señorío civil del santuario sobre la población.

Benedicto XIII, el “Papa Luna”, el 16 de octubre de 1394, confirmó la erección del santuario en monasterio con la bula “Haec quae pro utilitate”.

López, en su libro “Estremadura”, de 1798, editado por la Asamblea de Extremadura, 1991, pag. 227, dice de Guadalupe y su monasterio: “El prior es aquí señor en lo espiritual y temporal, Nullius Diecesis, inmediato a su Santidad, con vezes episcopales en virtud de bullas pontificias y reales privilegios, por lo que nombra alcalde mayor y demás justicias y exerce todos aquellos actos que se siguen a la jurisdicción de mero y mixto imperio y asimismo, por lo que pertenece al gobierno espiritual, exerce en todo la jurisdicción casi espiritual”.

Las nuevas ideas políticas del s. XIX, motivaron el decreto del 6 de agosto de 1811, con la extinción total de los señoríos jurisdiccionales de la nación, por lo que cesó el régimen civil del prior del monasterio de Guadalupe, después de 463 años. Y a causa de las leyes exclaustrantes, los monjes jerónimos, en septiembre de 1835, fueron expulsados del monasterio guadalupense, donde habían pasado 446 años, manteniendo al monasterio como uno de los centros más importantes por la devoción popular, la cultura y las artes, que alcanzaron aquí un gran desarrollo, sobresaliendo su biblioteca, la escribanía de libros cantorales miniados, los talleres de bordaduría y de orfebrería, sus Reales Hospitales, con las Escuelas de medicina y cirugía y farmacia, Colegio de Infantes así como el mecenazgo a renombrados artistas que dejaron un enorme conjunto de obras de arte.

A partir de septiembre de 1835, desaparecido el “nullius dioecesis”, el santuario quedó como parroquia secular de la diócesis de Toledo, a la que eclesiásticamente pertenecía. Pero desde dos años antes, 1833, Guadalupe integraba el territorio civil de Cáceres, como luego veremos.

“Los arzobispos de Toledo, desde 1206, alcanzan notable influencia política y social pues sus posesiones y rentas eran extraordinarias…En la Edad Moderna (ss. XVI-XVIII), la circunscripción diocesana de Toledo incluía no solo el territorio de la actual diócesis, sino también el de las que luego fueron diócesis de Madrid, Getafe, Alcalá, Ciudad Real y parte de las provincias de Guadalajara, Albacete, Jaén, Badajoz, Cáceres y Granada…En virtud del Concordato con la Santa Sede de 1851, se segregaron del territorio de la diócesis de Toledo, el territorio de las diócesis de Ciudad Real, en 1877, y el de la de Madrid-Alcalá, en 1885”. (Guía de la Archidiócesis de Toledo-2002, pags. 12-13).

Conviene esclarecer, sobre el “territorio de la diócesis de Toledo”, que hacia 1099, s. XI, conquistado el término de la antigua diócesis de Alcalá, desaparece esta diócesis y su territorio es agregado a Toledo.[1]

Y es preciso clarificar que al año 2002, “la circunscripción diocesana de Toledo”, estaba reducida a los 22 arciprestazgos en la citada Guía enumerados, todos con pueblos toledanos[2] menos el arciprestazgo nº. 10, que es el de Guadalupe –Cáceres-; el 11, el de Herrera del Duque –Badajoz-, y el 13, el de Puebla de Alcocer –Badajoz-, donde están relacionados los pueblos que los componen[3]. Por lo tanto, al 2002, han dejado de ser “territorio diocesano toledano”, Getafe y la “parte de las provincias de Guadalajara, Albacete, Jaén y Granada”. O sea, que fuera del territorio civil de la provincia de Toledo, la diócesis de Toledo sólo tiene los tres arciprestazgos extremeños[4].

Mas volvamos al 1835 y al monasterio de Guadalupe que, como consecuencia de los continuos cambios políticos e ideológicos, de desamortizaciones y saqueos, de la invasión francesa, de la guerra carlista…vino a parar en penosa ruina.

Vicente Barrantes Moreno, Cronista de Extremadura y diputado a Cortes, visitó Guadalupe en 1878 y quedó tan impresionado de la destrucción que observaba, que inició una “Campaña Pro Restauración del Monasterio” con sus escritos en la prensa regional y nacional, a cuya labor se unieron otros de igual temple.

Esta “Campaña por la Restauración del Monasterio”, preparó una peregrinación regional a Guadalupe, celebrándose del 12 al 14 de octubre de 1906 y participando en ella más de 10.000 peregrinos de toda Extremadura.

De esta romería nació la idea de solicitar a Roma la declaración canónica de la Virgen de Guadalupe como Patrona de Extremadura, que con todo entusiasmo apoyaron los cardenales arzobispos de Toledo y de Sevilla y los obispos de Ávila, Badajoz, Ciudad Rodrigo, Córdoba, Coria y Plasencia, todos con jurisdicción pastoral en nuestra tierra, así como por la unanimidad de las autoridades civiles, en nombre de todo el pueblo extremeño, dando como resultado que, el20 de marzo de 1907, el Papa San Pío X declarara a la Virgen de Guadalupe, celestial Patrona principal de toda la región de Extremadura.

También el 2 de junio de 1908, seminaristas extremeños peregrinaron a Guadalupe y, de ella, salió el himno “Augusta Reina” a la Santa Patrona.

Otra consecuencia de la Campaña Pro Restauración del Monasterio, fue la llegada de la Orden Franciscana a Guadalupe el 7 de noviembre de 1908 haciéndose cargo del santuario y de lo que quedaba del monasterio. Con los franciscanos no sólo se restauró el monasterio, sino que “el conjunto actual restaurado nos convence de que la Orden franciscana después de noventa y cuatro años de continuas reformas, restauraciones artísticas y obras nuevas, puede presentar un santuario-convento ciertamente más bello y completo que el que recibió en 1908 y, en algunos aspectos, más hermosos que el que dejaron los jerónimos en 1835”[5].

El 12 de octubre de 1928, la Virgen fue coronada canónicamente por el cardenal primado de España, D. Pedro Segura y Sáenz, en presencia del rey Alfonso XIII, del gobierno, del clero y del pueblo. El santuario de Guadalupe fue elevado por Pío XII a los honores de basílica en 1955, y honrado con la visita de Juan Pablo II, de feliz memoria, el 4 de noviembre de 1982.

NUEVO MARCO ADMINISTRATIVO.

Hacia 1653 y para comprar el voto en Cortes, surge en España una provincia con el nombre de Extremadura, formada con los dos antiguos partidos de Trujillo y Provincia de León de la Orden de Santiago. El de Trujillo, tal y como se le conocía desde el censo fiscal de 1591, estaba integrado por dieciséis unidades, y el segundo, por seis; en total, veintidós unidades territoriales nacidas tras la Reconquista[6].

Como había previsto la Constitución de 1812, se pretendió dotar a España de un nuevo modelo administrativo.

Mediante el Decreto de las Cortes del 27 de enero de 1822, España se dividía en 52 provincias, según el trabajo de Felipe Bauzá. Extremadura fue partida en dos: la Alta y la Baja Extremadura, con capitales en Cáceres y en Mérida. En la Baja, Badajoz ganó la batalla a Mérida.

Al volver al poder Fernando VII, anuló todo lo actuado. Y por el Real Decreto de 30 de noviembre de 1833, dos meses después de muerto Fernando VII, y debido al trabajo de Javier de Burgos, se establecía de forma definitiva la división de España en provincias. Extremadura quedó partida en dos, Badajoz y Cáceres, que al igual que las otras provincias españolas, para formarse, recibían pueblos de unas regiones y daban a otras. Concedieron a Cáceres pueblos de Ávila, de Béjar, de Salamanca; y, de “Talavera y su tierra”, once: Bohonal de Ibor, Talavera la Vieja, Alía, Carrascalejo, Castañar de Ibor, Garvín, Guadalupe, Navalvillar de Ibor, Peraleda de San Román, Valdelacasa de Tajo y Villar del Pedroso[7]. Y Cáceres cedió poblaciones a Salamanca. Badajoz recibió de Sevilla, y, de “Talavera y su tierra”, Castilblanco y Valdecaballeros[8]. Badajoz cedió localidades a Sevilla, a Huelva y a Córdoba.

DIVISIÓN ECLESIÁSTICA.

En Extremadura, provincia única pero muy extensa en territorio, formado por las 22 unidades territoriales nacidas de la Reconquista, a más de las tres diócesis oriundas: Badajoz, Coria y Plasencia, desde dicha época de la Reconquista, ejercían funciones pastorales en ella las diócesis de Sevilla, Toledo, Ávila, Córdoba y Ciudad Rodrigo.

Mérida, desde la época romana, era sede arzobispal o provincia eclesiástica, pero al estar bajo el poder de los sarracenos, en 1120, por los “buenos oficios” del obispo Gelmirez, pasaron a Santiago de Compostela y a sus prelados, los derechos metropolitanos de Mérida, asignando a Santiago todas las diócesis que le pertenecían a medida que fuesen siendo reconquistadas. Por lo que, desde tal fecha, las tres diócesis extremeñas pertenecían a la provincia eclesiástica de Santiago de Compostela.

Por el Concordato con la Santa Sede de 1851, las diócesis extremeñas dejan de pertenecer a la provincia eclesiástica de Santiago de Compostela. Las diócesis de Coria y Plasencia, pasan a ser sufragáneas de la provincia eclesiástica de Toledo; y la de Badajoz, sufragánea de la de Sevilla. Las otras diócesis que ejercían funciones pastorales en el territorio civil de Badajoz y en el de Cáceres, siguen ejerciéndolas.

En 1958, la diócesis de Córdoba cede a la de Badajoz los pueblos que tenía en su territorio. Y en 1959 las de Plasencia y Coria-Cáceres arreglan sus límites con las diócesis de Ávila y Ciudad Rodrigo. Pero la diócesis de Toledo, se mantiene como en la Edad Media y en la Moderna. Aún hoy, sigue igual, ejerciendo funciones pastorales en Extremadura; en el territorio civil de Cáceres, tiene el arciprestazgo de Guadalupe, compuesto por las parroquias de los 11 pueblos que en 1833 habían pasado a Cáceres, y, en el territorio civil de Badajoz, conserva los arciprestazgos de Herrera del Duque, formado por 8 parroquias, y el de Puebla de Alcocer, con 12 parroquias. De estos 20 pueblos, 18 siempre han sido de Badajoz, los otros dos, desde 1833.

ESTATUTO DE AUTONOMÍA DE EXTREMADURA.

La Ley Orgánica 1/1983, de 25 de febrero, aprueba el Estatuto de Autonomía de Extremadura, que en su Art. 2.1 establece: “El territorio de Extremadura es el de los municipios comprendidos dentro de los actuales límites de las provincias de Badajoz y Cáceres”[9].

Por primera vez en su historia, Badajoz y Cáceres tienen los mismos fines y han de usar los mismos caminos para conseguirlos.

El gobierno de la Comunidad Autónoma, al elegir el Día de Extremadura, no podía escoger, para celebrar con la mayor gloria, honor y popularidad tal fiesta, ninguno que tuviera mayor significación entre todos sus habitantes que el día 8 de septiembre, día de la festividad de nuestra Patrona, la Virgen de Guadalupe.

Y no podemos dejar de reflejar, para honor y honra de la Junta de Extremadura, lo que el P. Sebastián García, O.F.M., afirma en su libro El Real Monasterio de Guadalupe, pag. 45: “A partir de la época autonómica de Extremadura, el Real Monasterio entró en un período de mayores reformas, restauraciones y actividades culturales”Lo que podemos interpretar como que Toledo y su autonomía, por no estar en su terreno, no tienen interés en Guadalupe, pero el arzobispado toledano, todo.

PROVINCIA ECLESIÁSTICA.

Por la bula “Universae Ecclesiae”, del 28 de julio de 1994, el Papa Juan Pablo II, crea la Provincia Eclesiástica extremeña[10]. En la citada bula podemos leer: “Juan Pablo, Obispo…procuramos cuidar con toda solicitud de que las instituciones católicas proporcionen a los fieles las ayudas oportunas y se acomoden adecuadamente a sus necesidades. Por lo que ahora dirigimos nuestro pensamiento hacia una región de España, hacia el territorio autonómico civil que lleva el nombre de “Extremadura”…en razón de lo cual, con el acuerdo de la Conferencia Episcopal Española, en virtud de nuestra Potestad apostólica …erigimos la Provincia Eclesiástica que se llamará Mérida-Badajoz y segregamos de la Iglesia Metropolitana de Sevilla la Sede Episcopal de Badajoz, cuyo nombre…se cambia por el de Mérida-Badajoz, y la elevamos a rango de Iglesia Metropolitana. La Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz, de nueva erección, está formada por la Iglesia de este mismo nombre y por las diócesis sufragáneas de Coria-Cáceres y de Plasencia, que hasta hoy han pertenecido a las Provincias eclesiásticas de Sevilla y Toledo”[11].

CONCILIO VATICANO II Y CÓDIGO DE DERECHO CANÓNICO.

El Papa Juan XXIII, tenía pleno conocimiento de que la Iglesia Católica necesitaba una reforma. Por eso, el 25 de enero de 1959, anunció a los cardenales su triple decisión de celebrar un Sínodo de la diócesis romana, de convocar un Concilio Ecuménico y de reformar el Código de Derecho Canónico de 1917.

Y en mayo de ese mismo 1959, se inician los trabajos preparatorios del Concilio Vaticano II, y con la Constitución Humanae salutis, del 25 de diciembre de 1961, Juan XXIII convoca el Concilio ecuménico. En el punto 2 de esta Constitución, dice: “La Iglesia asiste en nuestros días a una grave crisis de la humanidad, que traerá consigo profundas mutaciones. Un orden nuevo se está gestando, y la Iglesia tiene ante sí misiones inmensas, como en las épocas más trágicas de la historia. Porque lo que se exige hoy de la Iglesia es que infunda en las venas de la humanidad actual la virtud perenne, vital y divina del Evangelio”.

Y en su punto 8[12]“El próximo Concilio ecuménico está llamado a ofrecer al mundo, extraviado, confuso y angustiado bajo la amenaza de nuevos conflictos espantosos, la posibilidad, para todos los hombres de buena voluntad, de fomentar pensamientos y propósitos de paz; de una paz que puede y debe venir sobre todo de las realidades espirituales y sobrenaturales, de la inteligencia y de la conciencia humana, iluminadas y guiadas por Dios, Creador y Redentor de la humanidad”.

Con este espíritu se inicia y se trabaja en el Concilio Vaticano II hasta su clausura, el 8 de diciembre de 1965, promulgando Constituciones, como la Lumen gentium, de 1964, sobre la Iglesia[13]; y la Gaudium et spes, de 1965, sobre la Iglesia en el mundo actual[14]. Decretos como el de Christus dominus Decreto Sobre el oficio pastoral de los Obispos en la Iglesia; y Declaraciones.

La Iglesia, conocedora de los problemas que existen entre algunas diócesis creadas en los primeros siglos y, en España, crecidos sus territorios a causa de la Reconquista, que en los tiempos actuales chocan con las nuevas divisiones territoriales civiles, provocando conflictos y molestias administrativas, civiles y eclesiásticas, para los fieles católicos, la Iglesia, repito, queriendo solucionar estos problemas, promulga el citado Decreto Sobre el oficio pastoral de los Obispos en la Iglesia, que en el punto 2, del Capitulo II, trata de la circunscripción de las diócesis[15]. Y en su número 22, manda: “Para conseguir el fin propio de la diócesis es menester que en el pueblo de Dios que pertenece a una misma diócesis se manifieste claramente la naturaleza de la Iglesia…en cuanto a la circunscripción de las diócesis atañe, decreta el sacrosanto Concilio que, en la medida que lo exija el bien de las almas, se atienda cuanto antes a la conveniente revisión, dividiéndolas, desmembrándolas, o mudando sus límites”[16].

En el número 23[17], ordena: “En la revisión de los límites de una diócesis hay que salvaguardar ante todo la unidad orgánica de cada diócesis en lo que atañe a personas, oficios e instituciones, a la manera de un cuerpo que vive adecuadamente. Mas en los casos particulares, sopesando cuidadosamente todas las circunstancias, ténganse presente los criterios que siguen: 1)En la determinación de los límites de una diócesis téngase en cuenta la variedad de la composición del Pueblo de Dios, la cual puede contribuir mucho a ejercer más aptamente el ministerio pastoral; y procúrese juntamente que las agrupaciones demográficas de este pueblo coincidan en lo posible con los centros civiles e instituciones sociales que constituyen su estructura orgánica. Por lo cual el territorio de cada diócesis sólo puede ser continuo. Atiéndase también, si se da el caso, a los límites de las circunscripciones civiles y a las circunstancias particulares de personas y lugares en el orden, por ejemplo, psicológico, geográfico e histórico”.

Y en el número 24, decide: “Por lo que atañe a la ejecución de los cambios o innovaciones según la norma de los n.22-23, conviene que las competentesConferencias episcopales, cada una para su territorio, sometan a examen estos asuntos y luego propongan sus decisiones y deseos a la Sede Apostólica”[18].

El mismo Decreto, en su Capitulo III, apartado II, regula la Circunscripción de las Provincias eclesiásticas en sus números 39 y 40.

El número 39, ordena: “El bien de las almas pide la debida circunscripción no sólo de las diócesis, sino también de las provincias eclesiásticas, de forma que se provea mejor a las necesidades del apostolado de acuerdo con las circunstancias sociales y locales y se hagan más fáciles y fructuosas las relacionesde los Obispos entre sí…así como de los Obispos con las autoridades civiles”[19].

El n.40: “Así, pues, para conseguir los fines indicados, el sacrosanto Concilio determina estatuir: 1.- Revísense oportunamente los límites de las provincias eclesiásticas”[20].

Y en el número 41, establece: “Conviene que las competentes Conferencias episcopales examinen la cuestión de la circunscripción de dichas provincias, según las normas ya establecidas en los n.23 y 24 sobre la delimitación de las diócesis, y propongan sus decisiones y deseos a la Sede Apostólica”[21].

Termina este Decreto con la disposición general, número 44: “Decreta el sacrosanto Concilio que, al revisar el Código de Derecho Canónico, se definan las leyes adecuadas de acuerdo con los principios que se sientan en este decreto”[22].

Concluido el Concilio Vaticano II, como estaba previsto, la Iglesia Católica renueva y reforma el Código de Derecho Canónico de 1917. Y el Papa Juan Pablo II, con la Constitución del 25 de enero de 1983, lo promulga, expresando el deseo de que “la nueva legislación canónica constituya un eficaz instrumento que permita a la Iglesia configurarse de acuerdo al espíritu del Concilio Vaticano II, disponiéndose así cada vez mejor para cumplir en este mundo su misión salvadora”[23].

El nuevo Código, mostrando el espíritu del Concilio, en el Libro II trata “del Pueblo de Dios”, y en su parte I, “De los fieles cristianos”, “quienes, incorporados a Cristo por el bautismo, se integran en el pueblo de Dios”, c.204[24]. Y en la sección II, trasluciendo el contenido del Decreto Sobre el oficio pastoral de los Obispos en la Iglesia, prescribe “De las Iglesias particulares y de sus agrupaciones” y en el Titulo I, ordena lo relativo a Las Iglesias particulares, cánones 368 al 430, determinando:

En el canon 368: “Iglesias particulares son principalmente las diócesis”[25].

En el canon 369: “La diócesis es una porción del pueblo de Dios, cuyo cuidado pastoral se encomienda al Obispo con la colaboración del presbiterio”[26].

En el canon 372.1: “Como regla general, la porción del pueblo de Dios que constituye una Diócesis u otra Iglesia particular debe quedar circunscrita dentro de un territorio determinado, de manera que comprenda a todos los fieles que habitan en él”[27].

El CIC mantiene rígidamente el criterio territorial como elemento de delimitación de las entidades jurisdiccionales para las que rige la normativa sobre Iglesias particulares o diócesis, y el domicilio o quasi-domicilio de cada fiel como criterio para determinar la pertenencia a una u otra diócesis”,cometarios al c.372 del CIC editado por la Universidad de Navarra,1983.

El Titulo II, decide sobre Las agrupaciones de Iglesias particulares en los cánones 431 al 446, prescribiendo:

En el canon 431.1: “Para promover una acción pastoral común en varias diócesis vecinas (…) las Iglesias particulares se agruparán en provincias eclesiásticas delimitadas territorialmente[28].

Canon 431.3: “Corresponde exclusivamente a la autoridad suprema de la Iglesia, oídos los Obispos interesados, constituir, suprimir o cambiar las provincias eclesiásticas”[29].

Y decide sobre las Conferencias Episcopales, en los cánones del 447 al 459.

PUEBLOS EXTREMEÑOS EN LA DIÓCESIS DE TOLEDO.

He glosado cómo, desde 1142, con la toma de Coria, se fue ganando a los musulmanes el suelo en el que hacia 1653, surgió la provincia de Extremadura, formada por las 22 unidades territoriales nacidas de la Reconquista. Y cómo, al mismo tiempo, las antiguas diócesis volvían a la vida, a la vez que se creaban otras nuevas, y viejas y nuevas, oriundas y foráneas, ejercían funciones pastorales en el territorio extremeño. En esa época, tampoco faltaban Obispos que montaban a caballo empuñando la espada para recuperar tierras y agregarlas a sus dominios eclesiásticos -o a los suyos propios, como el de Toledo-.

También he referido los cambios administrativos civiles y eclesiásticos habidos en España a partir del siglo XIX y sus consecuencias.

Y acabo de transcribir y comentar las normas que la Iglesia, por medio del Vaticano II, ha dado para que, aquellas de sus diócesis que, desde tiempos lejanos, como Extremadura, están reclamando inútilmente la parte territorial de su demarcación civil, que fue ocupada eclesiásticamente por otra diócesis en la época de la Reconquista, tengan un resultado feliz.

Dichas nuevas normas, con toda la razón, lógica y sentido común, determinan: “que las agrupaciones demográficas de este pueblo coincidan en lo posible con los centros civiles e instituciones sociales que constituyen su estructura orgánica” y “atiéndase también, si se da el caso, a los límites de las circunscripciones civiles y a las circunstancias particulares de personas y lugares en el orden, por ejemplo, psicológico, geográfico e histórico”. Todo ello, “para lograr el fin propio de las diócesis” y “el bien de las almas”[30].

Después de lo comentado, con todo respeto y reverencia, digo que no entiendo cómo Toledo aún mantiene en su diócesis el arciprestazgo de Guadalupe -Cáceres-, y los de Herrera del Duque y Puebla de Alcocer –Badajoz-, y lo digo, basándome en lo siguiente, ya anteriormente glosado:

1.-Guadalupe siempre ha sido y es extremeña. Y su Virgen, Santa María de Guadalupe, siempre ha sido la Patrona de Extremadura. Así lo proclama la tradición y así es reconocido por extremeños y no extremeños.

Para más abundamiento, desde el s. XII, en el territorio civil de aquella Extremadura, las diócesis de Toledo, Ávila, Ciudad Rodrigo, Córdoba y Sevilla, a más de las oriundas de Coria, Plasencia y Badajoz, ejercían funciones pastorales. Y de siempre, todos estos obispos han reconocido a la Virgen de Guadalupe como Patrona de Extremadura.

2.-La situación administrativa civil de España cambió en 1833, quedando dividida en provincias. Y Extremadura, en las provincias de Badajoz y de Cáceres. Como antes hemos anotado, para formar la de Cáceres, de la región de “Talavera y su tierra” asignaron a Cáceres once pueblos, entre ellos, Guadalupe que, desde el siglo XIV, constituían un arciprestazgo de la diócesis de Toledo. Y así permanecen en la actualidad. También de “Talavera y su tierra” adjudicaron a Badajoz, Castilblanco y Valdecaballeros.

3.- Herrera del Duque y Puebla de Alcocer, también desde el siglo XIV, son dos arciprestazgos de la diócesis de Toledo, en el territorio civil de la provincia de Badajoz, y además, desde el 21 de abril de 1834, Herrera del Duque y Puebla de Alcocer, son partidos judiciales de Badajoz, a donde han pertenecido de siempre.

4.- La Campaña Pro Restauración del Monasterio de Guadalupe organizó una peregrinación de toda Extremadura a Guadalupe, que se celebró en octubre de 1906. De esta peregrinación surgió la petición a Roma de la declaración canónica de la Virgen de Guadalupe como Patrona de Extremadura, avalada por los cardenales arzobispos de Toledo y de Sevilla y por los obispos de Ávila, Badajoz, Ciudad Rodrigo, Córdoba, Coria y Plasencia, todos ellos con jurisdicción pastoral en Extremadura desde la época de la Reconquista.

El Papa San Pío X accedió a tal petición el 20 de marzo de 1907.

5.- En 1983, Extremadura pasa a ser Autonomía, y “su territorio es el de los municipios comprendidos dentro de los actuales límites de las provincias de Badajoz y Cáceres”.

El gobierno de nuestra Comunidad Autónoma declaró como Día de Extremadura, al día 8 de septiembre, festividad de la Virgen de Guadalupe, nuestra excelsa Patrona. Y “a partir de la época autonómica de Extremadura, el Real Monasterio entró en un período de mayores reformas, restauraciones y actividades culturales”[31].

6.- El Papa Juan Pablo II, en 1994, al “territorio autonómico civil que lleva el nombre de Extremadura”, lo erige en la “Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz”[32].

Por consiguiente, desde la creación de la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz en 1994, aplicando, tal y como están ordenadas, las normas tan comentadas del Decreto Sobre el oficio pastoral de los Obispos en la Iglesia y las del vigente Código de Derecho Canónico, tanto Guadalupe como Herrera del Duque y como Puebla de Alcocer , debían ser tres arciprestazgos de las diócesis extremeñas, porque todos los pueblos que componen estos tres arciprestazgos, son parte del territorio civil de Badajoz y de Cáceres; por ello, parte del territorio civil de la Autonomía extremeña y, por lo tanto, componentes del territorio de la Provincia Eclesiástica de Extremadura.

Además, el espíritu del Vaticano II y sus normas, también imponen la circunscripción de las Provincias Eclesiásticas de Extremadura y Toledo.

De esta manera, las diócesis extremeñas, “convenientemente delimitadas, lograrían su fin propio”[33]. Y, por añadidura, los 9.000 vecinos cacereños y los 25.000 vecinos badajocenses, habitantes de los tres arciprestazgos toledanos –31 pueblos, todo según la Guía de Toledo antes mencionada-[34]eliminarían los muchos y molestos problemas administrativos, civiles y eclesiásticos, que por nacimientos, bautizos, matrimonios y fallecimientos tienen ahora que soportar al ser diócesis, provincias civiles y eclesiásticas distintas y con no muy buenas comunicaciones.

Y se eliminarían las dificultades de la Iglesia con las instituciones públicas en materia de educación y patrimonio artístico.

Los extremeños, nunca hemos comprendido la interesada actitud del arzobispado de Toledo para con Extremadura en relación con este tema. No entendemos el querer mantener unas estructuras creadas en el s. XIV, como consecuencia de la Reconquista, cuando ya no sólo han desaparecido, hace siglos, las circunstancias causantes, sino que así, tal como están ahora, impiden la realización y el desarrollo de esos pueblos dentro de las diócesis de su provincia civil.

¿O, tal vez, el arzobispado de Toledo está manteniendo los tres arciprestazgos en Extremadura encubriendo sus pretensiones sobre Guadalupe? Si es así, nos preguntamos ¿en base a qué? ¿Qué hacemos con las normas dadas en Vaticano II? Si estas normas no pueden ser aplicadas por causas anteriores, ¿por qué y para qué se dieron?

Entendemos que, las normas del Vaticano II que hemos comentado, mantienen que es necesario reformar situaciones jurídicas consolidadas, que originariamente pudieron quizás ser justas, pero que han perdido su sentido como consecuencia del cambio de circunstancias.

¿Hay algo más singular, más contradictorio y falto de coherencia, que una región que tiene, de siempre, en su territorio civil, a su Patrona principal,canónicamente proclamada desde marzo de 1907 y coronada por la Iglesia desde 1928, y sin embargo, que no pertenezca a sus dominios eclesiásticos?

Cierto que dado como estaba establecido el ordenamiento territorial eclesiástico, hasta el Vaticano II, el que Guadalupe, Herrera del Duque y Puebla de Alcocer perteneciesen a la Iglesia extremeña, tenía que haber sido por un acto de generosidad del arzobispado de Toledo. Que no lo tuvo.

Pero el 28 de julio de 1994, Juan Pablo II proclama al territorio autonómico civil que lleva el nombre de “Extremadura”, la Provincia eclesiástica de Mérida-Badajoz.

Por lo que, desde julio de 1994, no salimos de nuestro asombro ante el proceder del arzobispado de Toledo al seguir reteniendo en su diócesis a los arciprestazgos de Guadalupe, Herrera del Duque y Puebla de Alcocer, y eso, en los momentos actuales, después de haberse celebrado el Concilio Vaticano II,después de haberse aprobado solemnemente el Decreto Sobre el oficio pastoral de los Obispos en la Iglesiadespués de haberse promulgado el Código de Derecho Canónico, después de ser Extremadura una Autonomía, con su territorio civil, y, sobre todo, después de que “el territorio autonómico civil que lleva el nombre de Extremadura” haya sido erigido la Provincia Eclesiástica de Mérida-Badajoz.

Como por lo mismo, no comprendemos que aún no se hayan delimitado las provincias eclesiásticas de Extremadura y Toledo, cuando la Conferencia Episcopal, a más de su acuerdo para la creación de la Provincia extremeña, el 10 de enero de 2003, anunció a la prensa “estar elaborando un proyecto de profunda reestructuración territorial de las 67 diócesis españolas”[35].

“Deus caritas est”. “Dios es amor, y quién permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él”[36].

Con estas nuevas circunscripciones de Toledo-Extremadura, no existen razones políticas que puedan crear conflictos.

El Papa Juan XXIII, pretendiendo solucionar los problemas que existen en la Iglesia, convoca el Vaticano II que promulga las normas correspondientes. Como el tan aludido Decreto Sobre el oficio pastoral de los Obispos en la Iglesia, y confundidos nos preguntamos, ¿por qué tanto trabajo y esfuerzo, y para qué se establecieron todas estas leyes si no se cumplen y siguen los problemas?

Juan Pablo II promulga el reformado Código de Derecho Canónico con la Constitución del 25 de enero de 1983, de cuyo texto escogemos: “Este Código ha surgido de un único propósito: reformar la vida cristiana; la misma intención que tuvo todo el trabajo del Concilio, de la que extrajo sus normas y fijó su orientación…El Código debe considerarse como instrumento imprescindible para la observación del orden debido, tanto en la vida individual y social como en la actividad misma de la Iglesia…Las leyes canónicas, por su misma naturaleza, exigen ser cumplidas…Quiera Dios que el gozo y la paz, junto con la justicia y la obediencia, asistan a este Código, para que lo que la cabeza ordena se cumpla en el cuerpo”. Termina la Constitución con: “y confío en que cobre nuevas fuerzas la esmerada disciplina de la Iglesia”[37].

Desconcertados, como niños interrogamos: Si con el Concilio Vaticano II se quería reformar la vida cristiana, restablecer la justicia, la obediencia y la disciplina en laIglesia, ¿Por qué en la Iglesia no se cumplen y se hacen cumplir dichas leyes y normas con el espíritu con que fueron acordadas en el Concilio? ¿Para cuando las reformas y el acatamiento de lo ordenado en las leyes y la reforma deseada?

¿Dónde está la observancia a lo que Juan Pablo II, en la bula por la que erige a Extremadura Provincia Eclesiástica, establece: “Procuramos cuidar con toda solicitud de que las instituciones católicas proporcionen a los fieles las ayudas oportunas y se acomoden adecuadamente a sus necesidades”?

En estos momentos, los extremeños, estamos esperando la decisión que, sobre este conflicto –sin tufos políticos, pero si caciquiles- entre las archidiócesis de Toledo y Mérida-Badajoz, tome la comisión nombrada por la Santa Sede. Confiamos y pedimos a Dios que, tal decisión, a más de ser pronta, sea justa, que sea coherente con lo por la Iglesia establecido en el Concilio Vaticano II y con el de las constituciones y la bula de los Sumos Pontífices citadas. Y que con arreglo a tales normas, Santa María de Guadalupe, nuestra excelsa Patrona, que siempre ha residido en territorio civil extremeño, resida también, con los otros treinta pueblos extremeños citados, en territorio eclesiástico de Extremadura, para el bien del Pueblo de Dios extremeño.


NOTAS:

[1] Diócesis Alcalá de Henares, Boletín Diocesano. Noviembre /2001. Pag. 2..

[2] Guía Archidiócesis de Toledo-2002, pags. 37-61

[3] Guía Archidiócesis de Toledo-2002, pags.48, 49, 51.

[4] Obra antes citada, pags. 13 y 37-61.

[5] El Real Monasterio de Guadalupe, Sebastián García, O.F.M. Ediciones Guadalupe 2003, pag. 41.

[6] Gonzalo Martínez Díez. Origen del nombre de EXTREMADURA. Departamento de Publicaciones Excma. Diputación de Badajoz 1985. 43-46.

[7] Idem, pag. 64.

[8] Idem, pag.64.

[9] Estatuto de Autonomía de Extremadura. Asamblea de Extremadura 1999.pag. 12.

[10] Iglesia en camino nº 87, 16 0ctubre 1994.Separata. Traducción española por José Diez Medina, Pbro.

[11] Idem,

[12] Documentos Vaticano II. B.A.C. 1968. Constitución Apostólica, pag.8 y 11-12.

[13] Idem. “Lumen gentium”. pag. 21-33

[14] Idem. “Gaudium et spes”. pag.177-297

[15] Idem. Decreto “Christus Domnuis”. Pag. 320-322

[16] Idem. 320.

[17] Documentos Vaticano II. B.A.C. 1968.Decreto “Christus Dominus”. Pag.320-321.

[18] Idem. Pag. 322.

[19] Idem. Pag. 333.

[20] Idem. 334.

[21] Documentos Vaticano II. B.A.C. 1968. 334

[22] Idem. 335

[23] Código de Derecho Canónico. EUNSA.1983. pag.43.

[24] Idem. Pag.168.

[25] Idem 274

[26] Idem.375-376.

[27] Idem. 277-278.

[28] Código de Derecho Canónico. EUNSA. 1983. 309-310-

[29] Idem.310.

[30] D. “Christus Dominus”. n.23,1). 320-321.

[31] El Real Monasterio de Guadalupe. Sebastián García. OFM. Ediciones Guadalupe.2.pag.45.

[32] Bula “Universae Ecclesiae”.Iglesia en camino, nº87, 16 octubre 1994.Separata. Traducción española por José Díez Medina, Pbro.

[33] D. “Sobre el oficio pastoral de los Obispos en la Iglesia, n.22. Documentos Vaticano II, 1968. pag.320.

[34] Guía de la Archidiócesis de Toledo-2002. Págs.48, 49, 51.

[35] Tomas Bastante. HOY, Diario Regional de Extremadura, del 10 enero 2003 pag.6.

[36] 1 Jn 4,16.

[37] Juan Pablo II, Constitución promulgando Código de Derecho Canónico, el 25 enero 1983. Código D. Canónico. EUNSA 1983.Pag. 33-45.

Oct 012006
 

Francisco González Cuesta.

Canónigo Archivero emérito de la S.I.C. de Plasencia

No cabe duda de que uno de los obispos más ilustres, con un pontificado tan largo como glorioso, en la historia ocho veces centenaria de la diócesis placentina es don Gutierre Vargas de Carvajal. Podemos considerarle como el prototipo del obispo renacentista -un auténtico príncipe de la Iglesia-. Es cierto que nuestro obispado, a lo largo de los siglos, tuvo prelados muy relevantes, como don Bricio, don Domingo II, don Vicente Arias Balboa, los cardenales Juan y Bernardino de Carvajal, don Pedro Ponce de León, el obispo Laso, Don Cipriano Varela, don Pedro Casas y Souto y otros de no menor renombre. Pero quizá ninguno como Vargas de Carvajal dejó una huella tan profunda, no sólo humana, sino también pastoral, en la iglesia que peregrina en Plasencia.

Por otra parte, nos encontramos en el V centenario del nacimiento de este extraordinario prelado placentino, razón más que suficiente, aparte de los indudables méritos de su colosal figura eclesial y humana, para dedicarle estos XXXV Coloquios Históricos de Extremadura, que dirige el Centro de Iniciativas Turísticas de Trujillo. Antes de nada, pues, mi más cordial enhorabuena a los organizadores de estos Coloquios, por el acierto de esta elección, a todas luces merecida.

Porque un príncipe renacentista -tanto el eclesiástico como el seglar- vive como un señor feudal, que ha abandonado el castillo para residir en un palacio, es amante del progreso, impulsor de la cultura y mecenas del arte, y, a veces lleva una vida mundana. Sinceramente creo que todas estas cualidades y defectos caracterizan la vida de nuestro obispo, que, por sus ideas, por su mecenazgo, e incluso por su mundanidad, además de por su actuación pastoral, merece el tratamiento que le damos.

De ahí que a don Gutierre Vargas de Carvajal, le podemos considerar: 1.- como Hombre, que tiene unos orígenes y una trayectoria; 2.- como Príncipe Renacentista, que realiza importantes obras de renovación; y 3.- como Prelado de la Iglesia, que se comporta como un pastor auténtico. Estos tres aspectos marcan la línea divisoria de esta charla.

I.- EL HOMBRE

1.- Infancia y juventud

El primer enigma con que nos encontramos, al intentar hacer una biografía completa de don Gutierre, es el año de su nacimiento, objeto de controversia entre los historiadores. No tenemos documentos que lo acrediten con certeza absoluta. Sin embargo, la página web de la Catholic Hierarchie, escrita en inglés, de fecha 8 de agosto de 2006, nos proporciona datos interesantes[1]. No olvidemos que la Hierarchia Católica, que inició en Munich en 1898 el P. Conrado Eubel, de la Orden de Franciscanos Conventuales y que continuaron diversos historiadores de su misma congregación durante casi un siglo, es una obra monumental -lleva publicados nueve voluminosos tomos- digna del máximo crédito. Proporciona las listas de papas, cardenales y obispos de todas las diócesis del mundo, basándose en los documentos que obran en los archivos pontificios. Pues bien, en dicha página podemos leer que vio la primera luz en Madrid en 1506. Si, al ser consagrado obispo, tenía 18 años y 4 meses, y al morir contaba 53 años y 3 meses, como indica la referida página, no cabe la menor duda de que nació en enero de 1506.

Su padre, Francisco Vargas, del Consejo Supremo de Castilla durante los reinados de los Reyes Católicos, de la reina doña Juana y de Carlos I, y alcaide de Trujillo, era un extraordinario jurista, con una vastísima cultura -algunos le llaman “el sabihondo”-. Parece que a él se refería el Rey Católico, cuando se le preguntaba por algún dato o conocimiento difícil, como último recurso para esclarecer una cuestión. El monarca respondía siempre con la frase, hoy acuñada como un dicho popular: “Averígüelo Vargas”. Como si dijese: “Preguntádselo a Vargas, que es el único que puede llegar a saberlo”. Su madre, doña Inés de Carvajal -según consta en el epitafio de su mausoleo, aunque otros la llaman Catalina-, era hermana del purpurado Bernardino de Carvajal.

El primer historiador serio de la diócesis, el maestrescuela Juan Correas Roldán, dejó escrito en 1580, en el manuscrito inédito titulado Annales de la Santa Iglesia Cathedral de Plasencia desde su fundación estas clarificadoras palabras: “Fue don Gutierre hombre de altos pensamientos, y, quando mozo, más inclinado a armas que a letras, aunque el mucho ingenio que tenía suplía lo que de éstas le faltava”. Parece, pues, que en su juventud no frecuentó las aulas universitarias. Al contrario, se inclinaba más hacia la carrera militar, a la que se acogía normalmente la segunda nobleza. Nacido en Madrid, como hemos dicho, debió vivir allí, en el palacio que tenía su familia en la Plaza de la Paja (hoy del Marqués de Comillas) los avatares políticos de los últimos años del reinado de Fernando el Católico y el comienzo del de Carlos I.

Sin embargo, el peso de la tradición familiar y la influencia de su tío, el cardenal de Santa Cruz de Jerusalén, además de la voluntad de su padre de situar a su segundo hijo, inclinaron al joven hacia el estado eclesiástico. Su progenitor en la corte castellana y su tío, Bernardino de Carvajal, en la pontificia, consiguieron en 1519 para don Gutierre, pese a sus pocos años, un canonicato y la abadía de Santa Leocadia en la iglesia de Toledo, con lo que comienza su fulgurante carrera clerical. En tierras de dicha abadía se encontraba la ermita de Nuestra Señora de Atocha, que don Gutierre cedió en 1522 a la Orden de Predicadores. El 20 de enero de 1519 el cardenal de Santa Cruz había recibido del papa León X la expectativa de la diócesis de Plasencia. Este abuso -la expectativa-, tan frecuente en aquella época, consistía en la promesa por parte de la Santa Sede de un obispado, que entonces estaba cubierto, para cuando éste vacase. Lo que solía concederse a cambio, o como recompensa, de otros servicios. Y el 2 de diciembre de 1519 don Bernardino de Carvajal logró del papa que se extendiese su expectativa a su sobrino Gutierre. Además el futuro obispo placentino recibió la encomienda de la abadía del monasterio benedictino de San Juan de Corias, en Asturias, próximo a la villa de Cangas. Años después, en 1533 permutó dicha abadía por una pensión vitalicia de 800 ducados.

2.- Plasencia en 1520

Como el futuro obispo placentino no se encontraba en esta ciudad durante la revuelta de los Comuneros de Castilla, además de ser demasiado joven, para intervenir en asuntos políticos -tendría entonces sólo 14 años-, él no participó en los conflictos y altercados que agitaron y dividieron al cabildo y a los vecinos de Plasencia entre 1520 y 1521. Las dos familias, los Zúñigas y los Carvajales, que pretendían controlar la capital de la diócesis, no se pronunciaron inicialmente por el bando comunero. Más bien permanecieron leales al rey. Sin embargo, el pueblo, que se decantó por las Comunidades en el motín del 27 de agosto de 1520, eligió como procurador a Pedro Fernández de Paniagua, afín a los Zúñigas, que estaban capitaneados por el deán de la catedral, don Gómez de Jerez. Entonces, los Carvajales, cuyo jefe era el arcediano titular, don Bernardino de Carvajal (que no debe confundirse con su pariente, el cardenal), como no querían dejar la ciudad en manos de sus rivales, propusieron como procurador a Luis de Trejo. Tras un tumulto y un duro enfrentamiento entre las dos facciones, que tuvo lugar el 23 de septiembre, los Carvajales se presentaron a la Junta como los únicos comuneros. En consecuencia, el 9 de octubre Paniagua fue suspendido de todas sus funciones y, reunidos todos los placentinos en la iglesia de San Esteban, eligieron procurador a Martín Ruiz de Camargo. En noviembre una pequeña fuerza militar, venida de Salamanca, siguiendo el informe del corregidor, expulsó a algunos caballeros, todos del bando de los Zúñigas. El arcediano de Plasencia, por lo que había trabajado para la Comunidad, fue felicitado por la Junta, que le concedió amplias atribuciones militares y le nombró capitán de la ciudad y de toda la tierra de Plasencia, y aun de toda Extremadura. Las cosas comenzaron a cambiar en el mes de Diciembre, cuando las tropas realistas ocuparon Tordesillas. Plasencia, en vista de que Cáceres, Trujillo, Ciudad Rodrigo y el duque de Béjar se mantenían fieles a Carlos I, comenzó a vacilar en la obediencia a la Junta, negándose a acudir en ayuda de Padilla, al que, decía, no podía socorrer ni con hombres ni con dinero, porque la cosecha había sido muy mala y necesitaba comprar trigo. El 15 de abril, viendo el cariz que presentaban los acontecimientos, los placentinos dijeron que estaban dispuestos a abandonar el bando de las Comunidades, a cambio de ciertas garantías.

Finalmente, dos días después de la derrota de los rebeldes en Villalar el 23 de abril de 1521, las tropas realistas, mandadas por Pedro Manrique, reconquistaron la ciudad placentina. Quizá gracias a la influencia de Francisco de Vargas, padre de don Gutierre, el almirante de Castilla, aun reconociendo la lealtad de los Zúñigas al rey, e incluso admitiendo que los Carvajales habían sido comuneros, no tomó represalias contra éstos, sino que estableció el statu quo anterior, para no entregar la ciudad al bando contrario, haciéndoles señores de ella.

Insistimos en que el futuro obispo, que se encontraría junto a sus padres, no participó en los acontecimientos reseñados. Sin embargo, algunos -tanto capitulares como ciudadanos- no vieron con buenos ojos que, fallecido el obispo Solís, se entregase la sede de Plasencia sucesivamente a dos miembros de la familia Carvajal, primero al cardenal don Bernardino, y luego a su sobrino don Gutierre. Porque, a la muerte del prelado placentino don Gómez de Solís y Toledo, que falleció en Coria, tratando de sosegar aquella ciudad, revuelta por el asunto de los comuneros, el pontífice Adriano VI, en 1521, nombró obispo de Plasencia al cardenal Bernardino de Carvajal (1521-1523). La designación se hizo, en cumplimiento de la expectativa que le concediera León X, tal vez para compensar al purpurado de la pérdida del obispado de Sigüenza, que sufrió al ser excomulgado por Julio II, como consecuencia de su intervención en el conciliábulo cismático de Pisa. El desagrado del deán y de los Zúñigas fue manifiesto.

Lo mismo ocurrió en el nombramiento del sucesor de don Bernardino. En septiembre de 1523 muere el cardenal de Santa Cruz de Jerusalén y el 25 de mayo de 1524, su sobrino Gutierre Vargas de Carvajal es designado obispo de Plasencia, en cumplimiento de la expectativa, concedida en 1519. Contaba entonces el nuevo prelado 18 años y cuatro meses, una edad excesivamente temprana para aceptar las responsabilidades inherentes al episcopado. Se explica, pues, que algunos biógrafos pretendan anticipar la fecha de su nacimiento, retrotrayéndola al año 1500. En su ordenación episcopal participó, como consagrante principal, el arzobispo Fernando Valdés.

II.- EL PRÍNCIPE RENACENTISTA

1.- “Señor de la villa de Jaraicejo”

El Renacimiento supone una ruptura con la Edad Media, considerada como una época bárbara, por lo que trata de enlazar la Edad Antigua -el mundo clásico- con la Edad Moderna. Sin embargo, el hombre renacentista no consigue despojarse de algunas viejas ideas medievales, y manifiesta su predilección por la vida y costumbres propias del mundo feudal. Los príncipes renacentistas viven como auténticos señores feudales.

En el lejano 1294, cuando agonizaba el siglo XIII, Pedro Sánchez, con la aprobación de Sancho IV, dona Jaraicejo al obispo y cabildo de Plasencia. A partir de ese momento, el prelado y el deán son señores de aquella villa. Sin embargo, en el último cuarto del siglo XV, surgen desavenencias entre los capitulares y la mitra, en relación con el gobierno del señorío. Por esa razón, el cabildo, para evitar conflictos, y porque además necesitaba dinero para hacer frente a los gastos que le suponía la construcción de la catedral nueva, iniciada en 1497, decidió vender al obispo Gutierre Álvarez de Toledo la mitad que le pertenecía de la villa de Jaraicejo. En 1503 Julio II aprobó la permuta, pero el obispo recurrió a la Santa Sede, por estimar que la mesa episcopal resultaba muy perjudicada, puesto que las rentas ofrecidas valían mucho más que la mitad de dicha villa. Finalmente, el prelado don Gómez de Solís firmó una concordia con el cabildo, aprobada por León X en 1513. A partir de ese momento todos los obispos de Plasencia han ostentado el título feudal de “Señor de la Villa de Jaraicejo”, hasta que, en la segunda mitad del siglo XX, don Juan Pedro Zarranz y Pueyo, siguiendo las directrices del Concilio Vaticano II, renunció a utilizar dicho título, que ya carecía de sentido.

Don Gutierre, pues, fue el tercer obispo de Plasencia que pudo hacer gala de un señorío temporal, con plenitud de derecho. Como todos los príncipes renacentistas de su época, era un señor feudal en el más estricto sentido de la palabra.

Para hacer honor a este título, puso un enorme empeño en el embellecimiento de la población que daba nombre a su señorío, construyendo en ella un palacio, comunicado por un pasadizo con el nuevo monumental templo parroquial, también levantado a sus expensas. En su testamento se queja de la ingratitud del pueblo, al que, a pesar de todo, perdona todas sus deudas. Su generosidad y grandeza de espíritu queda patente en estas palabras:

“Item digo que, por quanto yo he tenido particular cuidado de acrecentar la villa de Jaraicejo, y hacer una iglesia muy principal y una plaza y calles, y empedrar las calles y he hecho otros edificios públicos, y todo eso he gastado de mi hacienda, y no ha habido [re]conocimiento de parte de los vecinos de esta villa, antes me han puesto muchos pleitos, que no se cobre cosa alguna, porque yo les hago de todo gracia”.

Y no sólo vivió, pasando grandes temporadas en aquella villa, alternando con su residencia en Madrid, sino que quiso que ella fuese la sede del II Sínodo Diocesano que se celebró en Jaraicejo. entre el 13 de enero y el 1 de febrero de 1534.

Y, como último detalle, su predilección por dicha villa se manifiesta en el hecho de querer morir allí. Sintiéndose muy enfermo en Madrid en la primavera de 1559, emprendió su último viaje a su villa de Jaraicejo, donde hizo su impresionante testamento y donde falleció el 27 de abril de aquel año.

2.- El progreso. “Las naos del obispo de Plasencia”

Los príncipes renacentistas, son, como hombres de una época que ha roto con el oscurantismo medieval, por encima de todo, amantes del progreso. De ahí que nuestro obispo pensase también en el Nuevo Mundo, descubierto por Colón a finales del siglo XV. Por cierto, que esta faceta ha sido ignorada por los biógrafos de don Gutierre. Sin embargo, hoy tenemos documentos fehacientes del importante evento.

El prestigioso historiador chileno Diego Barros Arana, en su obra Historia General de Chile, dice textualmente: “El Rey, cediendo a los empeños del obispo de Plasencia, había autorizado a un pariente de éste, llamado Francisco de Camargo, para ir a fundar una gobernación. No pudiendo éste llevar a cabo su empresa, la tomó a su cargo el caballero don fray Francisco de Rivera, que consiguió equipar tres embarcaciones”. El tal Francisco de Camargo era hermano del obispo, según consta en un documento manuscrito sobre el linaje de los Carvajales y los Camargos. Dice así el manuscrito: “Martín Ruiz de Camargo otorgó su testamento a 2 de agosto, año de 1527, y casó con Dª Menzía Rodríguez de Xerex, hija del Protonotario Dn. Diego de Xerez, deán de Plasencia y no tuvo hijos. Fundó mayorazgo de todos sus bienes y haziendas, y juntamente de todos los que tenía en Extremadura Francisco de Vargas (con poder mío), año de 1523, a 19 de marzo, en Francisco de Camargo, hijo 3º de dicho Francisco de Vargas y de Dª Inés de Carvaxal, su muxer, la qual era su sobrina, hija de su prima hermana Dª Catalina de Camargo y de Gutierre de Carvajal, su marido”.

Efectivamente, en la Colección de documentos inéditos para la historia de Chile, editada por la Universidad de Chile, nos consta que el 6 de noviembre de 1536 Carlos I otorga en Valladolid una Cédula Real, autorizando a Francisco de Camargo para “conquistar y poblar la costa del Mar del Sur”. Un mes más tarde, el 8 de diciembre, se le nombra “Gobernador de las tierras que caen hacia el Estrecho de Magallanes, con el título de Adelantado y Alguacil Mayor, la dignidad de conde y diez mil vasallos”. En dicha Real Cédula el emperador faculta al heredero o sucesor de Francisco de Camargo para que pueda acabar su descubrimiento y población.

Pasa más de un año, y el 2 de junio de 1538, el emperador en otro documento se refiere a los religiosos que han de ir en la expedición de Camargo. Siguen los preparativos, pero los barcos no se hacen a la mar. El 6 de septiembre de 1538 el monarca prorroga el plazo concedido a Camargo. Éste desiste definitivamente de su empresa, por lo que el 25 de julio de 1539 el rey concede licencia a don fray Francisco de Rivera para que vaya a hacer el descubrimiento concedido a Camargo.

Por fin, las naos zarpan del puerto de Sevilla en el mes de agosto de 1539. El 5 de septiembre se otorga otra Real Cédula, dando por libre y quito a Francisco de Camargo de lo pactado con él acerca de su expedición. Sin embargo, es Alonso de Camargo -quizá hijo de Francisco- el que manda una de las naves, la que llegó a las costas de Chile. Conservamos incluso fragmentos de los diarios de navegación, en dos versiones diferentes, de la expedición al Estrecho de Magallanes de lasnaos del obispo de Plasencia, al que debieron mover más los fines económicos que los espirituales -aunque éstos no son descartables, puesto que en la expedición figuran religiosos misioneros-. Diego de Rosales en su Historia de Chile afirma que buscaba la ruta más cómoda para “el comercio de la especiería”. Por consejo de su cuñado Antonio de Mendoza, virrey de Méjico, el obispo de Plasencia financió la expedición de tres navíos -algunos aseguran que fueron cuatro- que pretendían llegar a las costas de Perú, cruzando el Estrecho de Magallanes. De esta forma, aunque el viaje era más largo, resultaba mucho más cómodo y barato para conducir hasta allí los hombres y los avituallamientos y para traer desde las costas del Pacífico las especias que buscaban en las Indias. Para ello deberían bordear el cono Sur, sin tener que cruzar el istmo de Panamá. Como hemos dicho, Alonso de Camargo, sobrino del prelado, mandó las naves que zarparon de Cádiz en agosto de 1539. Navegando a lo largo de la costa desde la desembocadura del río de la Plata, se encontraban en el Estrecho de Magallanes el 20 de enero de 1540. Allí embarrancó la nao capitana y los expedicionarios tuvieron que soportar dos fuertes temporales. Una de las embarcaciones regresó a España, desandando el camino desde Punta Arenas. Lo que no resultó demasiado fácil, puesto que debió permanecer desde febrero hasta noviembre en el llamado Puerto de las Zorras, que corresponde a los actuales puertos de San José o de San Miguel. En cambio, la otra llegó a las costas de Chile. El historiador Mariño de Lobera habla de que Pedro de Valdivia tuvo noticias de una nave que en 1541 había sido vista a la altura de Valparaíso.

El hecho de que no acompañara el éxito a la empresa proyectada, por las dificultades de la navegación, no empequeñece el gesto ni el espíritu aventurero del obispo placentino.

3.- El arte. La catedral y las iglesias

El entusiasmo por el arte y por los artistas es otro de los rasgos distintivos de los príncipes del Renacimiento. Todos ellos son Mecenas, protectoresde arquitectos, escultores y pintores. Roma, Florencia y Nápoles son las capitales del nuevo movimiento cultural, que rápidamente se extiende por España, tan ligada a la historia de la península italiana en aquella época. Las cortes de los papas -Julio II, León X y Clemente VII-, las de los reyes -Carlos V, Felipe II y Francisco I-, lo mismo que la familia de los Médicis en Florencia, encargan importantes obras de arte a los numerosos genios -Leonardo, Miguel Ángel o Rafael-, creadores y difusores del nuevo estilo.

Es cierto que don Gutierre Vargas de Carvajal no tenía, al menos que sepamos, una formación humanística universitaria. Sin embargo, nos consta que era muy aficionado a la arquitectura, hasta el punto que “aprobaba e incluso diseñaba él mismo las trazas de los templos”.

Durante su largo pontificado prosiguió la construcción de la catedral nueva, levantada por los mejores arquitectos de la época. Sabido es que el autor de las trazas, Enrique Egas, inició sus trabajos en 1497. En 1513 compartían la dirección del nuevo templo catedralicio Juan de Álava y Francisco de Colonia. Siendo ya obispo don Gutierre Vargas de Carvajal, las obras continuaron, aunque hubieron de suspenderse dos veces, en 1535 -con un paréntesis de tres años- y en 1555, en que hay un paro que resultaría definitivo. Contando con otras interrupciones esporádicas más breves, los arquitectos Juan de Álava, Alonso de Covarrubias, Rodrigo Gil de Ontañón y Diego de Siloé completaron la fábrica del precioso e inacabado templo catedralicio actual. La acumulación de trabajos por parte de los arquitectos, que intervinieron simultáneamente en monumentos tan relevantes como las catedrales de Valladolid, Zaragoza, Salamanca y Granada, el alcázar de Toledo y la universidad de Alcalá, aparte de la ocasional escasez de dinero, fueron dilatando durante décadas la finalización de la empresa acometida. En 1555 las obras quedan prácticamente paralizadas. A partir de entonces, las tareas se centran en la ornamentación y consolidación de lo ya construido, esculpiendo figuras, decorando pilares y preparando las vidrieras y otros motivos ornamentales. Durante estos años se termina la bóveda de la capilla mayor (1534) -ambos muros están decorados por dos grandes escudos, de Carlos V y del cardenal Bernardino de Carvajal- y se cubren las capillas laterales, se trabaja en los muros y se dan por cerrada las bóvedas del crucero y de la capilla del coro (1554), se concluye la parte superior de la fachada norte, o “de las cadenas”, y se fabrican las capillas laterales, así como la fachada sur, “la del enlosado”, en la que figuran los escudos del emperador y del obispo.

Por si fuera poco, don Gutierre fue un gran impulsor de la construcción de templos parroquiales. Más de 30 se levantaron durante su pontificado, como prueban las armas episcopales que los decoran. Algunos de ellos son grandiosos, monumentales, de gran capacidad y extraordinario valor artístico, como las iglesias de Malpartida de Plasencia, Santa María y San Martín de Trujillo, las de Jaraicejo, San Miguel de Jaraiz, Garciaz, Berzocana, San Andrés de Navalmoral, Santa María de Guareña y Santiago de Don Benito. En realidad, toda la diócesis está sembrada de templos construidos en esta época, Oliva de Plasencia, el Villar, Jarilla, Mirabel, Monroy, Tejeda, Villanueva y Aldeanueva de la Vera, Zorita, Escurial, Santiago de Miajadas, Saucedilla, Almaraz, Serrejón, y otras que no citamos, lo testifican.

Por otra parte, en Plasencia, amplió y embelleció el palacio episcopal, reformó la antigua parroquia de Santiago, hoy dedicada al Cristo de las Batallas, y comenzó y supervisó la construcción del Colegio de los Jesuitas y la fachada de la iglesia de Santa Ana.

4.- La cultura. El Colegio de la Compañía

Pese a que, como hemos dicho, su formación humanística, e incluso teológica, no era demasiado brillante, sin embargo, don Gutierre demostró una profunda preocupación por la elevación del nivel cultural de sus diocesanos. De ahí que, en los últimos años de su vida, tras contactar con el jesuita P. Diego Laynez en Trento, decidió patrocinar la construcción en Plasencia de un Colegio, dirigido por los PP. de la recién nacida Compañía de Jesús. >Quería erradicar “la mucha ignorancia, que en los eclesiásticos de este nuestro obispado se ha arraygado”, según confiesa el prelado en la escritura fundacional, otorgada en 1555. El edificio se levantó próximo a la antigua fortaleza en un solar, con su huerta correspondiente, donado por el Ayuntamiento. Para darle mayor amplitud, se compró la iglesia contigua de San Vicente Mártir, que fue demolida por completo, y la de Santiago, que se restauró a costa del obispo. Don Gutierre se volcó sobre esta institución, como demuestra el hecho de sufragar todos los gastos de la construcción de la iglesia y Colegio, además de dejar un capital de 28.000 ducados para el sostenimiento de los cursos de teología y filosofía. Así mismo vigiló personalmente las obras y, en su testamento, hizo un legado de 22.000 ducados para equipar la biblioteca de la institución. Mientras duró la construcción, el prelado, para supervisar los trabajos, se instaló en la casa de don Francisco de Trejo (el antiguo Colegio de San Calixto o del Marqués de la Constancia), alojando en su residencia a los primeros jesuitas. La iglesia, dedicada a Santa Ana, no estaba concluida, cuando falleció el 0bispo en 1559. El Colegio de los Jesuitas se inauguró oficialmente en 1562, aunque ya había empezado a funcionar en 1555. Unos 170 alumnos asistían poco después a los cuatro estudios de gramática y uno de retórica y latinidad. A los correspondientes maestros se agregaron luego dos lectores de artes y otros dos de teología.

Después de la expulsión de los jesuitas en 1767, el edificio se convirtió en Hospicio y luego en Manicomio, hasta que se construyó el actual Sanatorio Psiquiátrico en la última mitad del siglo XX. Hoy es la sede de la Universidad a Distancia.

5.- La mundanidad

El Renacimiento, al menos en sus inicios, ofrece un matiz marcadamente pagano. No olvidemos que se trata de un movimiento cultural que pretende revivir el mundo clásico, las ideas y costumbres de Grecia y de Roma, civilizaciones anteriores al cristianismo y, por tanto, paganas. Por otra parte, el teocentrismo medieval deja lugar al antropocentrismo moderno. El hombre cobra un interés primordial, quedando Dios relegado a un segundo plano. Surge el Humanismo. Sin embargo, con el tiempo, la Iglesia influyó en el nuevo pensamiento, dando paso al Renacimiento cristiano, que se cobijó en las cortes de los papas, y en los palacios de los cardenales y de los obispos de la época. No obstante, perduraron algunas reminiscencias paganas relativas a la moralidad y a las costumbres, más propias de las gentes del mundo que de los eclesiásticos.

Para no ser menos que los príncipes renacentistas de finales del siglo XV y primeros años del XVI, el obispo Vargas de Carvajal se asemejó en su conducta mundana a la que, en ocasiones, observaron los sumos pontífices, cardenales, obispos y señores de aquel entonces. Conducta a todas luces reprobable, pero que en aquellos tiempos -por aquello de que assueta vilescunt (lo frecuente pierde su importancia)- no llamaban demasiado la atención.

Un biógrafo suyo en 1868 ha dejado escrito:

“La posesión en su juventud de estas dignidades y rentas (se refiere a las abadías de Santa Leocadia de Toledo y del monasterio de San Juan de Corias, en Oviedo y al episcopado placentino) fue causa de que su vida fuese algo relajada, y en una señora noble hubo a don Francisco Carvajal, para quien fundó, con Real privilegio, un mayorazgo, y de este caballero resultó una dilatada y noble sucesión. Mudó de costumbres después nuestro obispo, y especialmente tan luego como trató con el gloriosísimo duque de Gandía, S. Francisco de Borja”.

Este hijo bastardo, llamado Francisco de Carvajal y Mendoza, nacido de doña María de Mendoza, fue reconocido por su padre, según consta en una bula de Paulo III de 20 de octubre de 1546. Murió víctima de la peste en León, socorriendo a los enfermos. Doña Luisa de Carvajal, declarada Venerable por la Iglesia, era nieta de don Gutierre.

Hay que tener presente que recibió la abadía de Santa Leocadia en 1519, cuando don Gutierre era casi un niño. Contaba entonces sólo trece años. Y que accedió a la sede episcopal de Plasencia en 1524, cuando apenas tenía 18 cumplidos. Las rentas de sus beneficios eran cuantiosísimas. Se habla de que sólo su obispado producía más de 30.000 ducados. Juventud, dinero y posición social fueron el mejor caldo de cultivo -en un ambiente propicio- para que sus costumbres no fueran todo lo santas que debieran.

Sin embargo, pasados los ardores juveniles, el obispo cambió de conducta y llevó una vida moral de acuerdo con su dignidad eclesiástica. La prueba es que en 1534 intenta iniciar en su diócesis la tan ansiada reforma, por la que clamaba la cristiandad, para lo cual celebró en Jaraicejo el segundo Sínodo Diocesano. La conversión completa y definitiva se operó en Trento, durante la segunda etapa del Concilio, gracias a su contacto con los jesuitas, sobre todo con el P. Laynez, y, ya en Plasencia, mientras se construía el Colegio, con San Francisco de Borja. La sinceridad de esta conversión queda patente en su mausoleo, donde se esculpe la imagen de Pedro arrepentido llorando sus negaciones. Además en la Constitución 15 de las fundacionales de la “capilla del obispo”, en la que está enterrado, se manda que se celebren dos funerales por su eterno descanso, uno en el día de la Conversión de San Pablo, y otro en el de la fiesta de Santa María Magdalena. Todo habla de arrepentimiento.

La conducta mundana de don Gutierre, como la de los papas, cardenales y obispos del Renacimiento, demuestra, por una parte, que la Iglesia es una sociedad humana -está integrada por hombres pecadores- y que a la vez es de origen divino, puesto que no pueden acabar con ella ni siquiera las debilidades y miserias de sus jerarcas.

III- EL PASTOR

Pero don Gutierre no sólo fue un gran hombre de su época, una gran figura del Renacimiento placentino. Fue también, y por encima de todo, un gran prelado. Son muchos los detalles que avalan esta afirmación.

1.- El II Sínodo Diocesano

Bastaría quizá un solo hecho, la celebración de Sínodo Diocesano de 1534, para que el nombre de Vargas de Carvajal pasase a la historia.

La consumación del fraccionamiento de la Iglesia Católica, que produjo la herejía de Lutero, condenado por León X en 1520, avivó el clamor de los cristianos que suspiraban por una reforma tam in capite quam in membris, que debería llevar a cabo un Concilio Ecuménico. El Lateranense V (1512-1517) había constituido un fiasco. Por otra parte, la Reforma Luterana estaba exigiendo una Contrarreforma. El papa Clemente VII, de la familia de los Medicis, muy cercano a la política francesa de Francisco I, el eterno rival de Carlos V, se resistía a la celebración de otro Concilio, porque creía que el problema protestante era sólo de carácter político, que afectaba a Alemania, porque la dividía. Un Concilio, por tanto, vendría únicamente a favorecer la política imperial. Paulo III (1534-1549), se decidió, por fin, a convocar la magna asamblea de todos los obispos, que, tras varias dudas, vacilaciones y aplazamientos, comenzó sus trabajos en Trento en diciembre de 1545.

El obispo de Plasencia se anticipó al Concilio Tridentino, celebrando el Sínodo de Jaraicejo, el II en la historia de la diócesis. Este valiente gesto dice mucho a favor de aquel obispo contradictorio, joven mundano a la vez que piadoso y lleno de celo. El Sínodo intenta ordenar el gobierno y administración de la diócesis, corrigiendo los principales abusos de la época. La apertura tuvo lugar el 15 de enero. El cabildo y el clero placentinos se opusieron a que las sesiones se celebrasen en Jaraicejo e incluso pidieron su traslado a Plasencia, petición que fue rechazada por los padres sinodales el día 17, por considerar que la villa, de que el obispo es señor, está situada más al centro del obispado que la ciudad del Jerte. La ausencia de los capitulares y clérigos placentinos fue reprobada por el Sínodo, declarando “rebeldes y contumaces” a los que debiendo estar presentes, se negaron a asistir. Aquel mismo día se ofició la Misa del Espíritu Santo. Las constituciones comenzaron a leerse el 30 de enero, acabando su lectura el 1 de febrero, en que se dio por terminado el Sínodo. Sin embargo, todavía la villa de Jaraicejo expuso sus quejas, a las que contestó el prelado el 12 del mismo mes.

Se promulgaron 107 constituciones, precedidas por un largo Proemio y seguidas de una Conclusión -la 108-. En ellas se manda, con anterioridad al decreto tridentino, que en todas las parroquias haya un libro de bautizados. Destacan las relativas a la vida y costumbres del clero, cuyos abusos se quiere corregir, y a los diezmos y primicias, a los que se da una gran importancia.

Como expresión de su celo pastoral, se consignan las fiestas de guardar establecidas por el Sínodo. Son las siguientes:

Además de todos los domingos, “las fiestas de Nuestro Señor, que son la Natividad con tres días siguientes, la Çircunçisión, la Epiphanya, la Resurrección con dos días siguientes, la Ascensión, Pentecostés con dos días siguientes, la Trinidad, la fiesta de Corpus Christi la Transfiguración; las fiestas de nuestra Señora, que son Purificación, Anunciación, Asumpçión, Natividad, Concepçión, santa María de la O; todos los días de los apóstoles, sant Juan Baptista, sant Marcos, Santa Cruz de Mayo y Todos los Santos”. En cambio, no son de precepto, pero sí fiestas “recomendables” “sancta María Magdalena, sant Lorenço, sant Miguel de Septiembre, sant Françisco, sant Martín en Noviembre, sant Antón, sant Sebastián, sant Blas, santa Ana, santa Chatharina”. La Misa en estos días está enriquecida con cuarenta días de indulgencia.

2.- Otras acciones pastorales

En la breve biografía de don Gutierre, contenida en el Synodicum hispanum, después de hacer mención del Sínodo,podemos leer:

“Pero no es menos importante el hecho de que eligió como provisor al ejemplar y celoso clérigo Juan de Ayora, después inquisidor de Cuenca y más tarde, obispo ovetense. Formó además un equipo de tres teólogos que recorrieron la diócesis enseñando y predicando, como medio de renovación espiritual, porque, según afirma un historiador, “decía ser empeño suyo, que fuesen buenos todos sus feligreses, ya que el obispo era malo”“.

Es un dato que pone de manifiesto su celo pastoral y su humildad.

Por otra parte, la preocupación de don Gutierre por las celebraciones litúrgicas se manifiesta también en la publicación del Misal y del Breviario Placentinos, editados en Venecia en 1554 por Andrés y Jacobo Spinellos. El obispo de Plasencia se anticipa a las resoluciones de la tercera etapa conciliar y a la magna obra realizada posteriormente por San Pío V para la Iglesia universal. El título completo del Misal es el siguiente: Missale secundum consuetudinem almae Ecclesiae Placentinae, eliminatius quam antea et iam nulla ex parte confusum. Desgraciadamente no queda ningún ejemplar de este Misal en el Archivo Catedralicio, aunque sí hay otro más antiguo, de principios del s. XVI. Sin embargo, si se encuentra uno en la Biblioteca Capitular y Colombina de Sevilla. Del Breviarium secundum consuetudinem Ecclesiae Placentinae se conserva un valiosísimo ejemplar en el Archivo de la Catedral de Plasencia. Parece que don Gutierre, aprovechando su estancia en Trento, se acercó a Venecia para encargar la edición de estos libros litúrgicos, que no vieron la luz hasta 1554.

Además la preocupación del prelado por levantar templos amplios, dignos y artísticos en las diversas parroquias del obispado -sin contar la continuación de las obras de la catedral-, su interés en el progreso espiritual y su afán por la educación del clero y de todos sus feligreses hablan muy claro y muy alto de la talla eclesial de este obispo.

3.- Don Gutierre en Trento

El obispo >Vargas de Carvajal no asistió a las sesiones de la primera etapa del Concilio Tridentino (1545-1547), aunque en una carta el príncipe don Felipe dice a su padre, el emperador, en junio de 1546, que don Gutierre estaba dispuesto a partir para el Concilio, cuando se le ordenase. Carlos V, que quería que los principales teólogos protestantes fuesen a Trento -lo que no pudo conseguir-, manifestó también un gran interés en que todos los obispos españoles concurriesen a la convocatoria de Paulo III. Sin embargo, un viaje tan largo y penoso al norte de Italia exigía una salud de hierro. Y quizá la convocatoria coincidiese con la realidad -o con el temor- de alguna crisis en la enfermedad de la gota, que tanto hizo sufrir al prelado placentino, y que le llevaría a la tumba. Lo cierto es que su nombre no figura entre los prelados asistentes.

Sin embargo, sí nos consta que participó en la segunda etapa (1550-1552). Cuando el emperador, en 1551, le invitó a desplazarse a Trento, excusó su asistencia, por su mal estado de salud. Su misiva, dirigida al César Carlos el 2 de febrero de 1551, es clara y concluyente. Dice así:

“Porque en verdad yo he quedado tal de mi enfermedad, que cada día pienso en volver al estado en que estuve, porque quedé con tanta gota y temblores, y otras enfermedades, que lo más del tiempo estoy en la cama, que por dos veces han venido mis hermanos y sobrinos, casi por la posta a mi muerte, y ansí han acordado de no dejarme hasta ver lo que Dios fuere servido hacer de mí”.

Es muy posible que en los meses siguientes se produjese una sensible mejoría en su salud, por lo que no quiso desairar al monarca. Algunos dicen que esto es perfectamente explicable, teniendo en cuenta que su padre, Francisco de Vargas, participó como jurista de Carlos V en el Concilio. Otros aseguran que su progenitor ya había fallecido muchos años antes, en 1524. De cualquier forma, sí sabemos que entre los canonistas seglares del emperador figura don Francisco de Vargas Megía, fiscal del Supremo Consejo de Castilla, que fue embajador de Carlos V en Venecia y de Felipe II ante Pío IV. Es muy posible que se trate de algún sobrino del obispo. Lo cierto es que don Gutierre estuvo en Trento durante la segunda etapa. Tuvo alguna intervención irrelevante en la magna Asamblea. “A fin de gobernar bien su obispado -dice un biógrafo- procuró tener siempre a su lado buenos letrados bien dotados, y así es que, cuando asistió al concilio de Trento, llevó en su compañía sabios doctores, teólogos y juristas”. Dichos teólogos fueron Alfonso de Torres y Luis Galico, que acompañaron a su prelado como asesores.

Pero fuera del aula conciliar obtuvo un inmenso provecho espiritual en su contacto con los obispos y teólogos que participaron en las sesiones. Principalmente se benefició del trato con el P. Diego Laynez, que sucedió a san Ignacio como Prepósito General de la Compañía de Jesús. Además de su conversión personal -practicó los Ejercicios Espirituales, que marcaron su vida- su convivencia con los jesuitas le llevó a convenir con ellos la fundación en Plasencia del Colegio de la Compañía de Jesús, al que nos hemos referido.

4.- Preparándose para bien morir

Durante los últimos años de su vida, don Gutierre incrementó el tiempo de su residencia en la capital de la diócesis, para vigilar personalmente las obras del Colegio de la Compañía, aun sin dejar su estancia habitual en Jaraicejo. Tenía empeño en dejar una institución que simbolizase su cambio moral y garantizase la futura educación de su clero y de su pueblo.

En 1556 el César Carlos, tras abdicar el imperio en su hermano Fernando y los estados españoles en su hijo Felipe II, se retiró al monasterio de Yuste, dentro de los límites territoriales de Plasencia. Según insinúan las actas capitulares, muchas personas graves criticaban al estado seglar por no haber salido a recibir a S. M. cuando llegó al término municipal placentino. Y murmuraban también contra el cabildo por no haber ido a visitar al emperador, “estando sólo a seis leguas de aquí”. Por eso, cuando, el 18 de septiembre de 1558, los señores capitulares tuvieron noticia del agravamiento de la enfermedad de la augusta persona, organizaron oraciones y rogativas por la salud de Su Majestad Imperial. Platicaron sobre una procesión de Rogativas que llegase hasta la iglesia de El Salvador, e incluso algún prebendado opinó que se debía prolongar hasta el santuario del Puerto. Los acontecimientos se precipitaron y la muerte del emperador, que tuvo lugar el 21 de septiembre, no permitió que se llevasen a efecto los acuerdos. Como se ha dicho, el cabildo decidió celebrar los funerales en la catedral nueva, que hubo de desescombrarse a toda prisa para que en ella se celebrasen las exequias por el eterno descanso del César. Era el 2 de octubre de 1558. El obispo, muy enfermo ya, no pudo asistir a las solemnes honras fúnebres.

Aquejado de gota, según advierte Correas Roldán, su dolencia se agravó en la primavera de 1559. Se encontraba entonces en Madrid, quizá revisando el lugar donde quería ser enterrado. Pero no quería morir fuera de su Jaraicejo, hacia donde dispuso hacer su último viaje.

El 22 de abril de 1559 hizo un “impresionante” testamento en la mencionada villa. Un jesuita, el rector del Colegio de Plasencia, recoge sus últimas voluntades, rubricando cada folio, porque el prelado no podía hacerlo. En él se refleja su magnanimidad, perdonando las deudas contraídas por los habitantes de aquella población, pese a que no se habían mostrado excesivamente agradecidos con su espléndido bienhechor. Prohíbe que a nadie se le dé cantidad alguna para luto -ni quiere que lo lleven por él- por considerarlo pura vanidad. El dinero que debía emplearse en esto, quiere que se gaste en obras piadosas por su alma. A los pobres de Plasencia les deja mil ducados. Ordena también que se entregue al Colegio de la Compañía una casa que él comenzó a hacer en la calle nueva, que se abrió junto al nuevo edificio. Encarga al P. Francisco de Borja “que haga con parte de sus bienes lo que él crea conveniente” y lega, como queda dicho, 22.000 ducados para comprar libros para la biblioteca del Colegio. En un codicilo manda que “hasta que pueda ser llevado su cuerpo a la capilla de Madrid, se le deposite en la iglesia de Torrejón el Rubio, en la bóveda de don Garci López de Carvajal”.

Días más tarde, el 27 de abril, el obispo Vargas de Carvajal entregó piadosamente su alma a Dios en su palacio de Jaraicejo. Había manifestado su deseo de que su cuerpo descansase en la villa de Madrid, donde había nacido y por la que sentía un gran afecto. Inicialmente había querido labrar su tumba en el convento de los dominicos junto a Nuestra Señora de Atocha, que pertenecía a la abadía de Santa Leocadia, pero luego cambió de parecer. Su cadáver debía permanecer en Torrejón “hasta que acabasen las obras en la capilla del obispo”, que habían fundado y donde estaban sepultados sus padres, en la parroquia de san Andrés. Cuando estuvo concluida dicha capilla, fueron depositados en ella los restos mortales de don Gutierre, trasladados con gran pompa desde Torrejón. Un mausoleo renacentista, obra de Francisco Giralte, colocado en el muro de la derecha, con una estatua orante del obispo, de rodillas sobre un reclinatorio, con amplia capa pluvial, perpetúa el recuerdo de este insigne prelado placentino. Su epitafio dice así:

“AQUÍ IACE LA BUENA MEMORIA DEL ILUSTRÍSIMO
I REBERENDÍSIMO SEÑOR DON GUTIERRE
DE CARABAJAL, OBISPO QUE FUE DE PLASENCIA, HIJO
SEGUNDO
DE LOS SEÑORES, EL LICEN-
CIADO FRANCISCO DE BARGAS, DEL CONSEJO DE LOS REIES
CATÓLICOS I REINA DOÑA
JUANA: I DE DOÑA INÉS DE CARABAJAL, SUS PADRES. RE-EDIFICÓ I DOTÓ ESTA DI-
CHA CAPILLA, A ONRA I GLORIA DE DIOS: CON UN CAPE-
LLÁN MAIOR: I DOZE CA-
PELLANES. PASÓ DE ESTA BIDA A LA ETERNA EL AÑO
DE 1556”.

Nótese el error en la fecha de la muerte. Es indudable que no murió en 1556, sino en 1559.

IV.- CONCLUSIÓN

De todo lo expuesto se deduce que don Gutierre Vargas de Carvajal (1524-1559) es una figura señera en el episcopologio placentino. Su pontificado es uno de los más largos de la historia de la diócesis -dura 35 años, sólo superados por el obispo Laso (1767-1803)-, y marca una época gloriosa, que no deberíamos olvidar.

Nuestra época no difiere demasiado de la de don Gutierre. Por fortuna la Iglesia jerárquica de hoy goza de una salud moral, cultural y espiritual, muy superior a la del siglo XVI. Pero el ambiente del mundo es muy similar. En lugar de un Renacimiento pagano, tenemos en nuestros días un Postmodernismo laico de carácter antirreligioso. Quizá una figura como la de don Gutierre, con sus virtudes y sin sus defectos podría hacer resurgir los valores cristianos que se están perdiendo.

Recordemos -perdón por la insistencia- los principales hitos de este gran obispo. Sus virtudes y valores positivos resaltan en su biografía hasta tal punto que, quedan oscurecidos sus fallos humanos, de los que se mostró arrepentido. Incluso éstos, dada su juventud y la corrupción de la época, si no justificables, resultan perfectamente explicables. De noble familia, hijo de un extraordinario jurista y político, y sobrino de dos famosos purpurados, el maestrescuela Correas Roldán dice de él que fue “hombre de altos pensamientos” y que “el mucho ingenio que tenía suplía lo que de letras le faltaba”. El cabildo dejó constancia en el acta del 28 de junio de 1559, dos meses después de su muerte, de que el obispo difunto “era una notabilidad en el arte de construir” y “sapientísimo en este arte”

Fue, pues un hombre inteligente, autodidacta en materia arquitectónica, de gran corazón, capaz de perdonar las ingratitudes, generoso en extremo, casi manirroto, audaz en empresas de gran riesgo y enorme coste, como la expedición al Estrecho de Magallanes. Y como prelado, demostró su gran amor a la Iglesia de la Contrarreforma, participando en el Concilio de Trento, y a la Iglesia local que presidía, cuyos abusos trató de corregir en el Sínodo de Jaraicejo. Buscó la elevación del nivel cultural y moral de sus feligreses, con el mecenazgo sobre el Colegio de la Compañía y procuró la mayor dignidad del culto construyendo templos, en los que perdura la memoria de este gran obispo. Por toda la diócesis -y la ciudad de Trujillo lo acredita- están diseminados los escudos de don Gutierre Vargas de Carvajal.

Creemos, pues, que ningún homenaje tan merecido como el que le tributan estos XXXV Coloquios Históricos de Extremadura, que organiza el Centro de Iniciativas Turísticas de Trujillo. Una vez más -y termino-: ¡Enhorabuena por esta feliz iniciativa!,

¡Gracias por su atención!. ¡Muchas gracias!

Trujillo, 18 de septiembre de 2006

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

  • ARCHIVO DE LA CATEDRAL DE PLASENCIA (ACP), leg. 95 / 13, Los Camargos de Plasencia, man. inédito
  • BARRIOS ARANA, Diego, Historia General de Chile, tomo I, cap. IV, n. 9
  • BENAVIDES CHECA, José, Prelados placentinos, Plasencia 1999.
  • CADIÑANOS BARDECI, Inocencio, “Los jesuitas en Plasencia: de colegio a Hospital, en VIII Centenario de la diócesis de Plasencia…. Plasencia 1990.
  • CORREAS ROLDÁN, Juan, Annales de la Santa Iglesia Catedral de Plasencia, desde su fundación, man. inéd. (ACP, leg. 129 / 11),
  • FERNÁNDEZ HOYOS, Asunción, El obispo don Gutierre de Vargas, un madrileño del Renacimiento, Madrid 1994.
  • GARCÍA y GARCÍA, Antonio, Synodicum Hispanum, v. V, Madrid 1990 (BAC).
  • GARCÍA MOGOLLÓN, Florencio José, “La arquitectura diocesana placentina en tiempos de Don Gutierre de Vargas carvajal (1523-1529), en VIII Centenario de la diócesis de Plasencia (1189-1989). Jornadas de Estudios Históricos, Plasencia 1990.
  • GONZÁLEZ CUESTA, Francisco, Los Obispos de Plasencia. Aproximación al Episcopologio Placentino, Plasencia 2002.
  • HERRERA, Antonio de, Historia de las Indias Occidentales, Madrid 1730. Década VII, libro I.
  • HARDUIN, Conciliorum Collectio, t. X, París 1714.
  • INSTITUTO HISTÓRICO DE LA MARINA, “Colección de diarios y relaciones para la historia de los viajes y descubrimientos, Camargo (Naos del obispo de Plasencia), Madrid 1943.
  • LÓPEZ DE AYALA, Ignacio, El Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento, 1798. Apéndice I.
  • LÓPEZ MARTÍN, Jesús Manuel, “La Arquitectura religiosa en Plasencia. Las catedrales vieja y nueva”, en VIII Centenario de la diócesis de Plasencia (1189-1989). Jornadas de Estudios Históricos, Plasencia 1990.
  • LÓPEZ SÁNCHEZ MORA, Manuel, Episcopologio, Plasencia 1986.
  • MARIÑO DE LOBERA, Pedro, Crónica del Reino de Chile, Madrid 1960.
  • REUNIÓN DE ECLESIÁSTICOS Y LITERATOS, Biografía Eclesiástica Completa, vol. XXXIX, Madrid 1868.
  • UNIVERSIDAD DE CHILE, Colección de documentos inéditos para la historia de Chile. Primera Serie. www.historia.uchile.cl/CDA/…
  • VAN GULIT, Guilielmus, et EUBEL, Conradus, Hierarchia Católica Medii Aevi, v.III, Munich 1902.

NOTAS:

[1] Http://www.catholic-hierarchy.org/bishop/bvargc.html., (8-8-2006).

Oct 012006
 

Isidro García Barriga.

Geógrafo

INTRODUCCIÓN.-

El 27 de enero de 1896, la corporación municipal del Ayuntamiento de Brozas, presidida por su alcalde, D. Julián Colmenero Vivas, aprobaba por unanimidad una propuesta formulada por el párroco de Santa María Mayor de la Asunción, D. Carlos Barriga, para rescatar del olvido la abundante prole de hijos ilustres nacidos en esta villa y, de este modo, posibilitar que “sus paisanos les honrasen y admirasen y para que, estimulados por sus ejemplos, procurasen como ellos, dar días de gloria a la localidad”[1]. Dicha propuesta se basaba en “hacer que las calles y plazas llevasen por nombre el de algunos brocenses notables”[2], a lo que se unió la idea del concejal D. Martín López de encargar al Arcipreste de la Catedral de Coria, D. Eugenio Escobar Prieto, un libro en el que se recogiese la biografía de los ilustres nacidos en esta villa.

Cinco años después, a finales de 1901, y tras varios intentos fallidos (debido a la escasez de recursos económicos del Ayuntamiento), salía a la luz la obra “Hijos Ilustres de la Villa de Brozas”, en la que se recogía la biografía de noventa y tres brocenses de mayor o menor importancia histórica, entre militares, escritores, religiosos, arquitectos, cerrajeros y bienhechores. Junto a ello, el autor realizaba un recorrido por la historia de Brozas, acompañado de la descripción de algunos monumentos, haciendo especial hincapié en la grandeza de los linajes broceños y la importancia de la villa, mermada casi definitivamente en la fecha de publicación de la obra.

Así mismo, en el año 1902 el Ayuntamiento procedía al cambio de denominación en algunas calles y plazas del pueblo, utilizando catorce de los personajes más ilustres citados en el libro de Escobar; de este modo, aparecen en el callejero local los nombres del Brocense, Nicolás de Ovando, Bartolomé Pelayos, Capitán Herrera, Juan Escandón, Padre Felipe Gilete Amado, Manuel Amado, Cipriano Cabrera, Mauricio Vinagre, Juan Cayetano Polo, Juan Pico Domínguez, Pedro Ordóñez Flores, Antonio Gómez y Francisco Lizaur, nombres que se mantienen vigentes en la actualidad.

Resulta evidente la gran labor de recuperación y difusión de la historia broceña efectuada en aquellos momentos tanto por Escobar Prieto como por el sacerdote Carlos Barriga, una labor que tendría continuación en los años sesenta en la figura de Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, autor del prólogo de la 2ª edición de “Hijos ilustres de la Villa de Brozas”, que completa la obra con la inclusión de seis nuevas biografías y una descripción pormenorizada de monumentos y linajes históricos locales. Sin embargo, y a pesar de todos estos esfuerzos llevados a cabo por personas amantes de la Historia y preocupadas por el pasado y el futuro de Brozas, no puede dejar de sorprendernos la escasez de información y el insignificante papel otorgado en este proyecto al arquitecto Juan Bravo, al que apenas se dedican veinte líneas (en un libro con más de 225 páginas) y que no recibe el nombre de ninguna calle[3]; una sorpresa que casi se torna en incredulidad si tenemos en cuenta que este personaje, nacido en Brozas hacia 1530, se convertirá en uno de los principales arquitectos de la Orden de Alcántara en el S. XVI, interviniendo en los tres monumentos principales de Brozas (las iglesias de Santa María y los Santos Mártires y el castillo-fortaleza), así como en decenas de iglesias, castillos y edificios civiles de los partidos de Alcántara, Gata, Valencia de Alcántara, Brozas y la Serena; un personaje que alcanzará el título de Maestro Mayor de Obras de la Orden de Alcántara y de la Catedral de Coria y que puede compararse, sin ningún género de dudas, con el arquitecto más reconocido de la Extremadura del Siglo XVI, Pedro de Ybarra.

Por todo ello, y en un intento por recuperar la figura de Juan Bravo, al que podemos denominar con toda razón “el hijo ilustre olvidado”, hemos redactado este artículo en el que se recogen datos sobre las principales obras del arquitecto brocense, mostrando especial interés en las efectuadas en Brozas, pueblo que sin duda debe señalarlo como uno de sus más importantes hijos ilustres.

EL CONTEXTO HISTÓRICO.-

Para poder entender la trayectoria y la importancia de la obra de Juan Bravo, resulta fundamental estudiar el contexto político, demográfico y económico de la Extremadura del mil quinientos, un siglo que podemos considerar cómo de gran esplendor, lo que se traducirá en la construcción y ampliación de innumerables edificios civiles, religiosos y militares favoreciendo, sin duda, la labor de numerosos arquitectos, canteros, alarifes y maestros artesanos.

Desde el punto de vista político, Extremadura vivirá en el S. XVI un período de estabilidad muy importante, sobre todo si lo comparamos con los conflictos sufridos durante el S. XV. De especial relevancia negativa para la principal zona de trabajo de Juan Bravo, la Orden de Alcántara, había sido la guerra civil desarrollada entre 1464 y 1474, dentro de la “situación de anarquía generalizada vivida en estos años críticos en la Corona de Castilla”[4]; un conflicto que enfrentará al Maestre Gómez de Cáceres y al Clavero Alonso de Monroy y que supondrá un grave deterioro demográfico y económico para las principales poblaciones de la Orden alcantarina (Brozas, Alcántara, Valencia de Alcántara, etc.)

Superado este conflicto y con la política de fortalecimiento del poder real de los Reyes Católicos, que desde 1495 se harán con el control directo de las Órdenes Militares, los problemas políticos y las luchas entre facciones nobiliarias por el poder se verán prácticamente eliminadas lo que favorecerá, sin duda, el desarrollo demográfico y económico de la zona.

En el plano poblacional, el intenso crecimiento detectado en Extremadura desde la 2ª mitad del S. XV, se vera reforzado e impulsado durante el S. XVI, sobre todo a partir del año 1528. Tal y como afirma el profesor Melón Jiménez, “desde el punto de vista territorial, el crecimiento más fuerte se corresponde con el que tiene lugar en las zonas de Órdenes Militares (Alcántara y Santiago), ligeramente superior al 90 por ciento; en el censo de 1528 más de la mitad de la poblaciones de Órdenes responden que viven en una cierta prosperidad: un territorio amplio, de reciente repoblación, con abundantes recursos y escasamente poblado es un notable estímulo para el establecimiento humano y el desarrollo demográfico, como demuestra también el mayor incremento del número de bautizados en esta zona. Del mismo modo, el crecimiento afectó en mayor medida a las entidades de mayor tamaño, que contaban con mayores recursos y se convirtieron además en centros de atracción de individuos procedentes de las aldeas y los pueblos más pequeños”[5]. Asistimos, por tanto, a un importante crecimiento demográfico que se corresponde básicamente con la trayectoria vital de nuestro personaje (1530-1596), y que nos ayuda a comprender el levantamiento de iglesias, ermitas, palacios y castillos en nuestra zona de estudio.

En último término, junto a la estabilidad política y el crecimiento demográfico, el siglo XVI extremeño se caracterizará por un importante desarrollo económico, basado fundamentalmente en la agricultura y, sobre todo, la ganadería. En estos años, la bonanza meteorológica permitirá un mayor rendimiento de las cosechas de cereal, a lo que se unirá la roturación de nuevas tierras y la expansión de cultivos como el viñedo y el olivo. Los pósitos de trigo cobrarán especial relevancia a partir de esta centuria, como garantes del sistema agrario y algunos estamentos campesinos (pequeños propietarios, yunteros) experimentarán un notable desarrollo socioeconómico.

Al mismo tiempo, y gracias a la adopción de leyes favorables y el aumento de las exportaciones de lana, la ganadería se convertirá en el sector económico más boyante. En torno a la oveja merina se desarrollará todo un sistema de rebaños estantes y trashumantes, arrendamientos de pastos, construcción de abrevaderos y comercio de lanas, lo que se traducirá en grandes beneficios para los propietarios de tierras y ganado y la consolidación de un conjunto de oficios (pastores, esquiladores, carreteros, lavaderos) asociados a esta actividad.

El desarrollo agroganadero supondrá, del mismo modo, la expansión de ferias y mercados. Desde finales del S. XV, el volumen comercial se incrementará de forma constante y ferias como las de Gata, Brozas, Ceclavín, Zarza la Mayor y Valencia de Alcántara se consolidarán como referencia en el ámbito comarcal. En estos centros, las principales producciones (vinos, aceites, ganados) se intercambiarán por trigos castellanos y tejidos de Priego, Toledo o Barcelona, además de toda clase de productos que, de forma legal o mediante contrabando, llegaban desde Portugal o América.

EL TERRITORIO.-

Junto a las características políticas, demográficas y económicas de la Extremadura del siglo XVI, la cantidad y calidad de los trabajos realizados por Juan Bravo se encuentran directamente relacionadas con el ámbito territorial en el cuál trabaja el arquitecto, un territorio que desde la Edad Media se encuentra bajo el poder de dos potentes instituciones: la Orden Militar de Alcántara y el Obispado de Coria.

Desde su fundación en el año 1218, la orden de Alcántara iniciará un proceso de expansión territorial y económica que se traduce en el dominio a finales del S. XV de un gran conjunto de posesiones, lugares y villas, abarcando la Sierra de Gata, el partido de Alcántara, las tierras de Valencia de Alcántara y el partido de la Serena, territorios que, con excepción de este último, presentarán la característica común de formar parte de la frontera entre los reinos de Castilla y Portugal, lo que repercutirá en la creación, modificación, ampliación y rehabilitación de numerosos edificios militares y defensivos (sobre todo a partir de 1530)

Tabla 1: Intervenciones arquitectónicas conocidas en las fortalezas de la Orden Militar de Alcántara (partidos de Gata, Brozas, Alcántara y Valencia de Alcántara)

Fortalezas 1530 – 1550 1551 – 1575 1576 – 1600 1601 – 1625 Total
Alcántara 2 1 3
Azagala 3 1 4
Almenara 1 1
Brozas 1 1 2
Eljas 4 4
Herrera de Alcántara 3 4 7
Mayorga 6 3 1 10
Moraleja 2 2 4
Peñafiel 2 2
Piedrabuena 2 3 2 7
Portezuelo 4 4
Santibáñez el Alto 1 1 1 3
Valencia de Alcántara 4 2 6
TOTAL 27 18 7 5 57

Fuente: Navareño Mateos, A.: Arquitectura Militar en la Orden de Alcántara.

El carácter fronterizo y estratégico de los territorios de la Orden militar de Alcántara mostrarán sus efectos negativos a partir del año 1640, fecha en la que se inicia la Guerra de Restauración portuguesa y que finalizará veintiocho años después con la independencia del país lusitano; no obstante, en el período de acción de nuestro estudio, la frontera vivirá un momento de calma lo que, unido al crecimiento demográfico y económico generalizado, favorecerá la aparición de focos de atracción urbanística y artística en la orden alcantarina, entre los que destacan el conventual de San Benito, el proyecto de mayor magnitud de los emprendidos en este territorio; las iglesias de Santa María la Mayor de Brozas y la Iglesia de Nuestra Señora de Rocamador en Valencia de Alcántara; diferentes construcciones palaciegas en Alcántara, Brozas, Zarza la Mayor y Valencia de Alcántara; así como la ampliación y remodelación de las casas y castillos de las diferentes encomiendas: Azagala, Almenara, Brozas, Piedrabuena, la Zarza, Herrera de Alcántara, etc. Nos encontramos, por tanto, en un territorio en auge, con importantes recursos económicos y varios poderes fácticos (iglesia, orden, nobleza) interesados en construir y edificar centros religioso, castillos y palacios lo que beneficiará de modo especial el trabajo de Juan Bravo y otros arquitectos que se establecen en este territorio.

Junto a la Orden Militar, el territorio en el que desarrollará todo su trabajo nuestro personaje se encuentra ligado estrechamente al Obispado de Coria, una de las tres diócesis existentes en la Extremadura del mil quinientos y que, bajo la dirección de obispos como Francisco de Mendoza y García de Galarza, emprenderá la creación, rehabilitación y ampliación de un gran número de edificios religiosos, lo que supondrá la presencia de “más de doscientos artífices relacionados con el mundo de la construcción eclesiástica en la diócesis de Coria del S. XVI”[6], atraídos por las obras de la sede catedralicia, la construcción de Santa María en Cáceres, la ampliación de Santa María de Almocóvar en Alcántara, el levantamiento de las iglesias de los Santos Mártires y Santa María en Brozas, así hasta un total de 70 centros religiosos en los que se emprenderán diversos procesos constructivos en esta centuria.

TRAYECTORIA PERSONAL.-

La escasez de datos bibliográficos y de documentación histórica nos impiden realizar una descripción exhaustiva sobre la vida de Juan Bravo. Diversas hipótesis sitúan la fecha de nacimiento de nuestro personaje hacia 1530 en Brozas, donde varios miembros de su familia (entre ellos su padre Juan) trabajan como alarifes y canteros, lo que repercutirá hondamente en su vocación profesional. De este modo, en 1561, en las Averiguaciones de alcabalas del partido de Alcántara[7] Juan Bravo aparece como vecino de Brozas, morador en la Calle Umbría (actualmente Cipriano Cabrera) y de profesión cantero. Es la primera referencia documental sobre nuestro personaje que, con apenas 30 años, se encuentra inmerso de lleno en el mundo de la arquitectura, dentro de un territorio donde obras como el conventual de San Benito, la Catedral de Coria y la Iglesia de Santa María en Brozas aparecen en pleno desarrollo y donde sobresale la figura de Pedro de Ybarra como Maestro Mayor de la Orden de Alcántara y de la Santa Catedral de Coria.

A partir de este momento, las colaboraciones entre Juan Bravo y el gran arquitecto serán continuas y muy estrechas, convirtiéndose en su discípulo más aventajado y, consecuentemente, en el continuador de su obra a la muerte de Pedro de Ybarra (1570) tomando a su cargo el título de Maestro de la Catedral de Coria y su Obispado, al que se añadirá el de Maestro Mayor de la Orden Militar de Alcántara tras la muerte de Sebastián de Aguirre, en 1575. De este modo, Juan Bravo alcanzará un prestigio personal y profesional de gran calado, al ostentar los dos cargos simultáneamente, lo que le permitirá participar en innumerables obras civiles, religiosas y militares.

Sin embargo, durante más de una década, nuestro personaje deberá probar en varias ocasiones ante las autoridades su valía como arquitecto y lo razonable de su nombramiento como Maestro Mayor alcantarino debido a la causa que contra dicho nombramiento inicia Juan de la Puente, el cuál reclamará ante el Consejo de Órdenes la realización de una prueba objetiva y justa para la designación del cargo de Maestro Mayor como consecuencia de las manifiestas irregularidades habidas, según su versión, en la elección de Juan Bravo para ostentar tan importante título.

El desarrollo de este largo pleito impedirá que Juan Bravo detente con todos los derechos y de forma efectiva el cargo de Maestro Mayor pero no frenará su labor como arquitecto de la Orden de Alcántara, a través de constantes visitas e inspecciones a los castillos, casas de encomiendas, murallas y demás posesiones de la Orden en los partidos de Gata, Alcántara, Brozas, Valencia de Alcántara y la Serena, donde realiza tasaciones y proyectos para reformas, mejoras y ampliaciones. Además, como Maestro del Obispado de Coria recorrerá incansablemente templos y ermitas, otorgando especial consideración a la Catedral cauriense y a las iglesias de Santa María y los Santos Mártires en Brozas.

En 1584, en la visita que Don Francisco de Córdoba realiza a Brozas, se habla de “la casa del Maestro Mayor Juan Bravo, sita en la parte norte de la iglesia de los Santos Mártires, haciendo límite con el camposanto”[8]. Nos encontramos, pues, ante un personaje de reconocido prestigio en la sociedad brocense, que habita en las cercanías del templo de los Mártires y que sigue siendo vecino de Brozas, a pesar de ostentar cargos en villas tan importantes como Coria, Alcántara o Valencia de Alcántara.

En 1590, las autoridades judiciales fallan a favor del nombramiento de Juan Bravo, desestimando finalmente el pleito interpuesto por Juan de la Puente. Llega, por tanto, el momento del nombramiento oficial de nuestro personaje como Maestro Mayor de la Orden Militar de Alcántara, cargo que ejercía de hecho pero no de derecho, lo que supondrá el reconocimiento objetivo y público del grado de maestría y sabiduría alcanzado por el arquitecto brocense. Y será precisamente, a partir de este momento, cuando Juan Bravo desarrolle tres de sus proyectos más ambiciosos, que le ocuparán prácticamente hasta su fallecimiento: la ampliación de la Casa de la Encomienda Mayor de la Orden de Alcántara en Brozas (1593), el trazado de la capilla para el enterramiento del Obispo García de Galarza (1595) y la creación de la Sala Capitular y el Archivo de la Catedral de Coria (1596).

Dentro del repartimiento de alcabalas, fechado en 1594[9], volvemos a encontrar a Juan Bravo, de profesión Maestro Mayor de la Orden de Alcántara y vecino de Brozas; será una de las últimas referencias documentales acerca de nuestro personaje que fallece en 1596, siendo enterrado en la Iglesia de los Santos Mártires y dejando en su trayectoria profesional más de 100 intervenciones documentadas en edificios religiosos, civiles y militares.

LA OBRA.-

Puede afirmarse, casi sin ningún género de dudas, que la obra de Juan Bravo aparece estrechamente ligada a su relación con Pedro de Ybarra. La presencia de este gran arquitecto en el territorio extremeño supondrá la creación de una escuela, de un estilo genuino a medio camino entre el arte consolidado, el Gótico, y el arte nuevo, el Renacimiento, estilo que se plasmará en obras tan importantes como la Catedral de Coria o el Conventual de San Benito en Alcántara. En este contexto, nuestro personaje irá descubriendo las claves del trabajo de Pedro de Ybarra, primero con su trabajo como cantero y, posteriormente, como discípulo del arquitecto salmantino que, gradualmente, irá depositando su confianza en Juan Bravo hasta convertirlo en “heredero” de su saber y su obra.

Tabla 2: Intervenciones conocidas de Juan Bravo como Maestro Mayor de la Orden de Alcántara y el Obispado de Coria (1570-1595)

NOMBRE FECHA UBICACIÓN TIPOLOGÍA OBRAS
Castillo 1570-1573 Mayorga Militar Informe y tasación
Santa María la Mayor 1570-1595 Brozas Religiosa Continuación de obras
Castillo 1571 Vª de Alcántara Militar Inspección de obras
San Pedro 1572 Gata Religiosa Continuación de obras
Iglesia de la Asunción 1573-1580 Aliseda Religiosa Continuación de obras
Catedral de la Asunción 1575 Coria Religiosa Reconocimiento del edificio
Ntra. Sra. de Rocamador 1576-1585 Vª de Alcántara Religiosa Continuación de obras
Iglesia de la Asunción 1577 Montehermoso Religiosa Proyecto para la torre
1579 Valverde del Fresno Religiosa Proyecto de reparación
Iglesia parroquial 1579 Cilleros Religiosa Informe estado del templo
San Andrés 1581-1583 Zarza la Mayor Religiosa Finalización de obras
Casa encomienda 1583 Moraleja Militar – civil Informe y tasación
Santos Mártires 1584 Brozas Religiosa Proyecto de finalización
Castillo 1585 Mayorga Militar Condiciones de obra
Ntra. Sra. del Olmo 1587 Ceclavín Religiosa Proyecto de sacristía
Encomienda 1589 Esparragosa Militar – civil Informe y tasación
Encomienda 1593 Piedrabuena Militar Tasación y condiciones
Encomienda 1593 Brozas Militar Proyecto de murallas
Encomienda 1593 Brozas Civil Ampliación del palacio
Capilla Obispo Galarza 1595 Coria Religiosa Proyecto y tasación
Archivo 1595 Coria Religiosa Proyecto
Sala capitular 1595 Coria Religiosa Proyecto

Fuente: Navareño Mateos, A.: Arquitectura militar en la Orden de Alcántara; Arcos Franco, José María: Aportaciones a la historia de la arquitectura de la orden de alcántara: maestros mayores de obras en la serena; Elaboración propia

De especial relevancia para nuestro trabajo resulta el proceso constructivo del templo de Santa María la Mayor en Brozas. Según Sánchez Lomba, la edificación de esta iglesia “supone el testamento artístico de Pedro de Ybarra”[10], esto es, recoge en su construcción todos los elementos técnicos y estéticos que ha ido descubriendo y experimentando durante más de 40 años de profesión. El resultado será el diseño de un templo majestuoso, prácticamente único en el Obispado de Coria, que Pedro de Ybarra deja inconcluso (al fallecer en 1570) y cuyo continuador será, de ahí la relevancia del dato, su discípulo Juan Bravo. Así, durante más de veinte años nuestro personaje tomará a su cargo la dirección del templo brocense, edificando uno de los tramos de la bóveda diseñada por Pedro de Ybarra. Sin embargo, la falta de medios económicos y la grandiosidad del proyecto suponen la paralización de la obra a principios del S. XVII, como así queda reflejado en diferentes escritos de los Visitadores de la Orden de Alcántara. Las últimas investigaciones afirman que la terminación de la iglesia correrá a cargo de Larra Churriguera hacia 1725[11], que termina de levantar las bóvedas siguiendo el estilo gótico-renacentista inicial, lo que confiere a este templo una unidad arquitectónica de gran valor.

Junto a su participación en Santa María la Mayor, Juan Bravo deja su impronta como arquitecto en los Santos Mártires. Desde mediados del S. XVI las obras de este templo, erigido sobre una antigua ermita dedicada a San Fabián y San Sebastián, quedan paralizadas debido a la falta de medios económicos. En 1584, nuestro personaje realiza un informe de la iglesia, el estado de la obra y las intervenciones necesarias para su finalización; un minucioso estudio que nos revela los conceptos estéticos que maneja Juan Bravo y su meticulosidad a la hora de elegir materiales, trazar planos y construir muros y bóvedas.

Mapa 1: Distribución territorial de las principales obras de Juan Bravo

img01En primer lugar, en el documento aparecen una referencia al “medio punto con su proporción y arte”, clara alusión al estilo renacentista que Pedro de Ybarra incorpora en varias de sus obras y que Juan Bravo aplicará en la mayoría de sus proyectos. En segundo término, se detecta en este escrito los conocimientos en el uso de materiales por parte del arquitecto, reseñando que “quede cerrada la capilla de la pila del bautismo en el alto del andar del coro con sus dos crucerillos de cantería, arco de ladrillo y cal cortado e pincelado y cubierto encima de texa ensopada en cal e texado doblado de buenas pizarras de Alcántara”. Así mismo, es destacable la meticulosidad y pormenorización con la que el Maestro Mayor describe el desarrollo de la nueva obra, fundamental para poder tasar los trabajos y adjudicar la construcción a los distintos postores.

Diversos problemas presupuestarios y financieros impedirán la finalización del templo en época de Juan Bravo; sin embargo, los informes trazados por nuestro personaje servirán de manera especial para que, hacia 1955 y a través de la colaboración de todo el pueblo, consiga terminarse la iglesia de los Santos Mártires, una de las obras más importantes del patrimonio broceño.

La tercera gran obra de la que tenemos constancia en Brozas es la ampliación y remodelación de la Casa de la Encomienda Mayor de la Orden de Alcántara, conocida popularmente como “El Palacio”. De origen medieval, se trata de una casa Fuerte, residencia a partir del S. XIV del Comendador Mayor y que, después de la Guerra Civil en el S. XV y la toma del control de las órdenes por parte de los Reyes Católicos, entra en claro proceso de deterioro. En el año 1590, el Comendador Cristóbal de Moura, valido de Felipe II, plantea la necesidad de remodelar y ampliar la Fortaleza como centro administrativo de importancia y punto militar estratégico en la frontera.

Por este motivo, en 1593 Juan Bravo como Maestro Mayor realizará dos proyectos, en que se fijan y tasan las condiciones del encasamiento (el palacio) y lo fuerte (las murallas), por cantidades que ascienden a 1.140.000 maravedises y 1.270.000 maravedises, lo que supondrán las mayores cantidades invertidas en una fortaleza de la Orden Militar de Alcántara.[12]

Al igual que para finalización de los Mártires, nuestro arquitecto realiza un completo

y detallado informe acerca de las necesidades, modelos y formas constructivas del nuevo edificio. La idea general se basa en construir un patio de armas, de forma cuadrangular, con columnas de cantería y arcos de medio punto, desde el cuál se accediese al “cuarto viejo” y a las nuevas dependencias o “cuarto nuevo”. También se proyecta la ampliación de caballerizas, el aljibe de la fortaleza y las dependencias

administrativas (graneros, establos), todo ello utilizando materiales muy concretos; por ejemplo, la piedra para las caballerizas debía ser de la vecina localidad de Aldea del Rey “… las piedras de cantería para estos pesebres han de ser de la dehesa de la aldea del rey de buen grano y dura y no blanda y sin pelos…”[13] El resto de la cantería que se gastara en la obra sería del mismo término de la villa de Brozas, también de buen grano, tomada de determinadas canteras que, al parecer, venían funcionando con carácter permanente y sistemático: “… la piedra de cantería que se gastase en la dicha obra ha de ser de piedra barroqueña del término de la villa de las brozas de las canteras de Luis Alonso, Hacho, Juana Gómez, Tapia y Reales y no de otra parte la qual ha de ser de buen grano…”[14]

En cuanto a las murallas, Juan Bravo plantea el levantamiento de un muro de piedra que rodee toda la Fortaleza, intercalando una serie de cubos hemisféricos, que sirvan como garitas defensivas, con buzones para las armas de fuego, de piedra berroqueña, cubiertos con bóveda de ladrillo y adornados con una bola de granito. En el lienzo oriental de la muralla, en dirección a la Iglesia de Santa María, se proyecta abrir la portada principal, consistente en un arco de medio punto con dovelas de piedra labrada y dos cubos flanqueando la puerta, en los que se ubicarán los escudos del monarca Felipe II y el Comendador Mayor, Cristóbal de Moura.

La magnitud del proyecto nos señala el grado de experiencia y sabiduría alcanzado por Juan Bravo a lo largo de su trayectoria profesional. Nos encontramos ante una obra de gran magnitud, en la que se unen elementos civiles con elementos militares, a los que nuestro personaje otorga soluciones arquitectónicas efectivas y sencillas. Desafortunadamente, el edificio proyectado por el Maestro Mayor nunca verá la luz.

Problemas de corrupción en los artífices de la obra (algunos de los cuáles acabarán en prisión) impiden el desarrollo normal de los trabajos. En 1595, Juan Bravo actúa como testigo en el derrumbe de parte de la nueva obra, levantada al margen de los criterios y condiciones elaboradas por el arquitecto. El resultado final será la paralización de las obras palaciegas (el patio queda inconcluso, no se construyen las caballerizas) y la escasa consistencia del recinto amurallado, al cuál se le añadirán baluartes en el S. XVII y que será testigo de frecuentes enfrentamientos bélicos con portugueses y franceses.

CONCLUSIONES.-

A lo largo de este pequeño estudio hemos tratado de poner de manifiesto la relevancia artística y constructiva de Juan Bravo, la importancia de su obra y la diversidad de proyectos que ejecutó a lo largo de su actividad profesional. Nos encontramos, por tanto, ante un personaje que interviene en varios de los monumentos histórico-artísticos de mayor valor en la Extremadura renacentista, que trabaja al lado de grandes maestros como Pedro de Ybarra y Sebastián de Aguirre y que, al final de su vida, y después de muchos años de trabajo y aprendizaje será reconocido como Maestro Mayor de la Orden de Alcántara y de la Catedral de Coria, lo que demuestra el saber y la importancia de este brocense al que podemos otorgar, sin ningún género de dudas, el calificativo de “hijo ilustre olvidado”.

ANEXO 1: Informe de Juan Bravo sobre la finalización de la Iglesia de los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián (1584)

“Y las condiciones que se an de guardar en el hacer de la obra de la yglesia de los Mártires son las siguientes:

Primeramente se ha de acavar de erixir la obra de la dicha yglesia lo que le falta en el cuerpo della a los pies de la dicha yglesia, con torre y escalera de cantería dentro della sobre su macho de cantería hasta en el alto que combenga para la entrada del coro y andar dél, y a la parte del norte se erixirá una capilla para la pila del batismo, como va señalado en la planta, y ansí conforme a ella se subirán las paredes y estrivos y torre del grueso que van elexidas y fundadas y cerradas en la planta, quedando cerrada la capilla de la pila del bautismo en el alto del andar del coro con sus dos crucerillos de cantería, arco de ladrillo y cal cortado e pincelado y cubierto encima de texa ensopada en cal e texado doblado de buenas pizarras de Alcántara, como quede en buena corriente, de manera que más se quisiere por parte la yglesia y se le pondrán dos gárgolas en los rincones que sean de cantería para que viertan el agua fuera y quedarán vaxos en los dichos rincones.

Ytem las paredes de esta capilla de la pila del bautismo serán de cantería por la parte de afuera, conformando las yladas con la obra que viene fecha de la dicha, y por las salas della y por la parte de a suelo como está dicho conformará con lo alto de las dichas yladas y obras susodichas, y por la parte de adentro hirán de piedra de mampuesto y cal y arena y rrevocadas y pinceladas y subirán en el alto del dicho andar del coro o lo que más convenga, quedando cerrado medio punto con su proporción y arte; y por la parte de afuera quedará hechdo su tablamento de cantería labrada con la moldura que para ello se le señalara al cavo de las condiciones y dentro de la dicha capilla quedarán sus vanos y alhacenas de cantría labrada del tamaño que se las pidieren para el servicio de la dicha capilla .

Yten en esa capilla a la entrada de ella se cerrará un carco de cantería que será de diez pies de hueco y de grueso a de llevar tres y de ancho con sus chaflanes y su artesón de moldeuras en el medio bien ordenado y cerrado; debaxo de la forma del coro que ha de parar porcima dél a de ser de vuena piedra de la dehesa de Aldea del rye, de buen grano y porque este arco no toma el grueso de la pared encima del arco de ladrillo que llevará esta capilla del vautismo a de llebar un arco de cantería que gane el grueso de la pared que sea fuerte de buen grueso y de pillas enteras que hagan la pared de a fuera i carquen en el arco de la entrada de la dicha capilla y tengan de grueso dos pies menos quarto de pie.

Yten en esta pared que hace esta capilla donde junta el dicho arco con ella se quedará un enxaraz de cantería volado, lo que combenga, para que el agua no pase por las juntas de las paredes, como quede vien fecho, y el agua no se le vuelva ni rezuma y en eesta capilla del vautismo se ha de hacer una luz de cantería labrada por dentro y fuera del grandor que baste necesario para dar claridad y rasgada y con rexa de yerro espesa, yente a la dicha luz su caxa para que se pueda poner su marco y puertas por la parte de adentro.

Luego ansimismo se hirán alzando las paredes de la dicha yglesia la pared de cantería quedando en ella cerrada la portada primera e conforme a la planta y montea que se le diere porque se le removerá de otra manera lo que va elixida va de mucha costa y adelante se declara en capítulo de por sí como se ha de hacer y subir con las dichas paredes y estribos i torre; tornando a fundar el estribo de la pared del norte que cahe en el crucero que está endido y raxado y se ha de derrivar y tornarlo a fundar de nuevo como salga fuerte. Y la torre fundarla sobre buen cimiento firme del grandor de la planta, y ansí servirá todo incorporado, todo paredes y estrivos y torre conforme a la dicha planta, todo de cantería labrada por de fuera y dentro como agora viene erixida y fundada la obra del cuerpo de la yglesia, guardando en las paredes de la capilal de los pies de la yglesia que quedan aasentadas jorjamentos y responsiones a la trivuna y cerradas formas por la forma que agora vienen fechas y comenzadas en la obra que viene fecho todo ello cerrado en el alto que combenga, guardando la orden de la montea y planta que agora tiene fecha en los dos xarxamentos que están fechos en las dos paredes del norte y medio día, y prosiguiendo y guardando los pies derechos de los rincones que agora van fundados, y en la pared de los pies de la yglesia subirán hasta el piso el nivel de los capitles que están sentados en la dicha obra para responsión del coro.

Yten llegados a las paredes a este alto de los xarxamentos del dicho coro y quedando fechas las dichas responsiones han de subir las dichas paredes y estribos y torre a dar en lo alto de los capiteles de los que agora están sentados en la capilla del crucero que lacra esta puerta enxarxamentos a este alto subidas conforme a la planta y gruesos que llevan con sus pies derechos en los medios pilares de las molduras.

Yten destaxándose y desmembrándose la obra por partes de el edificio viexo que está en el medio de la dicha yglesia se ha de derrivar y quedar la dicha yglesia limpia y desembarazada, y que el oficial en que se rematare la obra sea obligado a ello, sea que rematándose la una capilla de el crucero de por sí y en un destaxo como se declara el tal oficial u oficiales estén obligados a derrivar aquella parte e partes del dicho edificio viexo que cayere dentro de su destaxo y destaxos, y quedarlo limpio y desembarazado…”

“En la villa de las Brozas a diez y siete días del mes de abril de mil y quinientos y ochenta e quatro años, ante el dicho visitador general y en presencia de mí el dicho escribano pareció el dicho Juan Bravo, maestro maior de las obras de la orden, e dixo que por mandado del dicho señor visitador general ha hecho trazo y condiciones con que se debe hacer y rematar la obra de la yglesia parroquial de los Mártires de esta villa, que ante su merced presenta, que son las atrás contenidas, el dicho señor visitador general, haviendo visto la dicha traza y condiciones, mandó que conforme a ellas se pregone la dicha obra; si alguna persona ai que quiera hacer postura en ella, parezca ante su merced que se la mandará recibir en lo que justo fuere, e que por sello se den los pregones que combengan en esta villa de las Brozas y en las ciudades, villas y lugares comarcanos parra que venga a noticia de los maestros de albañilería y cantería que en ella huviere y para ello se dé mandamiento en forma y señalaba y señaló el remate de la dicha obra para el domingo de la Trinidad que viene de este presente año. Testigos, Pedro de los Reies, Juan de Mesa alguacil y fiscal por ante mí Matheo de Mesa escrivano”.


NOTAS:

[1] BARRIGA, C.: Prólogo a la 1ª Edición de la obra de ESCOBAR PRIETO, E.: Hijos Ilustres de la Villa de Brozas. Cáceres, 1901.

[2] BARRIGA, C.: ib. Op. Cit.

[3] Juan Escandón y Bartolomé Pelayos, arquitectos como Juan Bravo si recibirán el nombre de dos calles de Brozas.

[4] VV.AA.: Extremadura, la Historia. Volumen I, pág. 210. Ed. HOY Diario de Extremadura. Badajoz, 1997.

[5] MELÓN JIMÉNEZ, MIGUEL A.: Historia Moderna de Extremadura en Extremadura, la Historia. Volumen I, página 264. Ed, HOY Diario de Extremadura. Badajoz, 1997.

[6] SÁNCHEZ LOMBA, M.: Iglesias caurienses del Milquinientos. Institución Cultural “El Brocense”. Diputación de Cáceres, Salamanca 1994.

[7] Archivo General de Simancas, Expedientes de Hacienda, legajo 4 (Averiguaciones de alcabalas del partido de Alcántara), padrón calle-hita de la villa de las Brozas, 1561

[8] Archivo Histórico Diocesano de Coria-Cáceres. Parroquiales. Parroquia de los Stos. Mártires de Brozas, libro 46, visita de Don Francisco de Córdoba, año 1584, s/f.

[9] Archivo General de Simancas, Expedientes de Hacienda, legajo 16 (Repartimiento de alcabalas de la villa de Brozas), 1594

[10] SÁNCHEZ LOMBA, M.: op. Cit.

[11] MARTÍN NIETO, D.A.: Intervención de Manuel Larra Churriguera en Santa María de Brozas y Santa María de Almocóvar de Alcántara.

[12] NAVAREÑO MATEOS, A.: Arquitectura Militar en la Orden de Alcántara. Cáceres, 1984.

[13] A.H.N.: “Condiciones quese deven facer para Casa de la Encomienda Mayor de la Villa de las Broças”. 1593.

[14] A.H.N.: op. Cit.

Oct 012006
 

Juan Carlos Fernández Rincón.

Teniente Coronel de Infantería

Hasta bien entrado el siglo XIX los Capitanes Generales de la región eran muchas veces coincidentes con los virreyes, autoridades políticas y judiciales; de lo primero, que subsistió hasta el agotamiento del régimen absoluto, es una muestra el Real Decreto del Rey Fernando VII de 4 de mayo de 1814, extinguiendo el establecimiento de Jefes Políticos (Gobernadores Civiles) y reuniendo el mando político a los Capitanes Generales de las provincias.

Las Ordenanzas de Carlos III son prolijas en materia de atribuciones y honores pero son, sin embargo, muy parcas en cuanto se refiere a temas jurídicos, de estos Capitanes Generales de provincia, llamadas así hasta bien entrado el siglo XIX. Su autoridad se manifiesta en el tratado VI, titulo 1º, articulo 1: “al Virrey o Capitán General de una provincia, estarán subordinados cuantos individuos militares tengan destino o residencia accidental en ella, y por su autoridad y representación es mi voluntad que de toda la gente de guerra sea obedecido y, de la que no lo fuere, distinguido y respetado”.

Ya en el siglo XIX, el Decreto CCXV de las Cortes Generales y extraordinarias de 6 de enero de 1813 contempló los distritos, pero durante todo el reinado de Fernando VII se habló como en las Ordenanzas de Carlos III, de las Capitanías Generales de la provincia. Puede verse en el citado Decreto de 1813, en las circulares del Ministerio de la Guerra de 8 de junio de 1814 y 22 de mayo de 1815, y en las Reales Ordenes de 2 de mayo de 1816 y 7 de diciembre de 1927.

Durante el trienio liberal, como hemos comentado de Fernando VII, se promulga la primera disposición militar importante moderna: la efímera Ley constitutiva del Ejercito de 9 de junio de 1821, que las Cortes aprobaron con su Decreto XXXIX y que disponía en su articulo 14 ”Se dividirá el Territorio Español en un numero proporcionado de distritos militares o Comandancias Generales”.

Y es fundamentándose en la citada Ley constitutiva del Ejercito, el Decreto LX de 27 enero de 1822 en el que se estableció la división provisional en 52 provincias el territorio español, también se dividió en 13 distritos militares, que venían a coincidir con el mapa heredado del XVIII; su numeración y capitales era el siguiente: 1, Madrid; 2, La Coruña; 3, Valladolid; 4, Burgos; 5, Vitoria; 6, Zaragoza; 7 Barcelona; 8, Valencia; 9, Granada; 10, Sevilla; 11, Badajoz; 12, Palma de Mallorca; 13, Santa Cruz de Tenerife. Sin terminar el reinado de Fernando VII y por Real Decreto de 14 de mayo de 1831 es cuando aparece por primera vez la Capitanía General de Extremadura.

El Decreto del Regente Espartero, de 8 de septiembre de 1841 siendo Ministro de la Guerra Evaristo San Miguel, habla de Distritos o Capitanías Generales, y en esta nueva numeración, a la Capitanía General de Extremadura se le otorga el 9 cambiando algunas de las provincias en el resto de los Distritos.

Aun con la denominación de Capitanía General, el empleo ordinario del Mando Supremo era Teniente General, a cuyas órdenes inmediatas, habrá un segundo de la clase Mariscal de Campo (art. 6 del Decreto de Espartero de 1841) o Segundo Cabo en 1878. También podría desempeñar el cargo de Capitán General un Mariscal de Campo (hoy General de División).

Posteriormente hubo una serie de cambios e incidencias como fueron la creación de una Capitanía General de Africa en 1847 y supresión en 1851. También la refundicion de los Distritos de Vascongadas y Navarra en 1848.

Según Real Decreto de 3 de noviembre de 1859, derogado en 1860 se reduce a cinco grandes Distritos Militares, siendo uno de ellos Andalucia-Granada-Extremadura.

Y es por Real Decreto de O´Donell de 2 de junio de 1866 cuando se suprime el Distrito Militar de Extremadura pasando a depender del de Andalucía, pero por Real Decreto de 20 de mayo de 1874 se restablece otra vez la Capitanía General de Extremadura.

img01Sede de la capitanía general en Badajoz (siglo XIX)

La sede de la Capitanía estaba en Badajoz, en la remodelada casa del Conde de la Torre del Fresno, siendo su titular en 1880 D. Juan Carnicero y San Roma, que era Mariscal de Campo. Por aquel entonces ya estaba en la ciudad el Regimiento Castilla 16 con dos batallones, así como Artillería, Caballería e Ingenieros.

A partir de 1893 y concretamente el 22 de marzo pasan a denominarse Regiones Militares y se reducen drásticamente a 7 siendo la Primera Región Castilla la Nueva y Extremadura con: Madrid, Segovia, Avila, Salamanca, Toledo, Ciudad Real, Badajoz y Cáceres. Este Decreto debía empezar a regir el 1 de julio de 1893, pero otro de 28 de junio aplazó su entrada en vigor hasta que es autorizado por la Ley de Presupuestos de 1893-1894. Se retrasó al 27 de agosto de 1893 siendo Ministro de la Guerra López Dominguez.

Posteriormente ha habido muchas modificaciones pero podemos considerar estas dos fechas como la desaparición de la Capitanía General de Extremadura como tal ese 27 de agosto de 1893.

Durante el siglo XX, Badajoz pasó a depender de Andalucía y Cáceres se mantuvo en la de Madrid hasta 1984 en que pasaron las dos ciudades extremeñas a la Primera Región denominada Centro.

Paralelamente a estos pequeños antecedentes y durante los últimos años de las Capitanías vive el General Esponda, que fue el gran impulsor de la Guarnición permanente en la ciudad de Cáceres aunque no pudo conseguirlo por esa disolución de 1893, pero es bueno recordar su vida y lo que quiso a Cáceres, estando al mando de la Capitanía solo desde el 29 de septiembre de 1891 hasta el 30 de agosto de 1893.

DON FEDERICO ESPONDA Y MORELL, nació en Madrid el día 2 de junio de 1828 era hijo de D. Pedro Esponda y Dª. María de los Dolores Moral.

img02Ingreso en el Ejercito y más concretamente en el Colegio General Militar (Toledo) como Cadete el día 2 de junio de 1839; justo al cumplir los 11 años, alcanzando el empleo de Alférez de Caballería el 21 de enero de 1845 y el de Subteniente de Infantería el 19 de abril de 1845, siendo destinado al Regimiento Galicia hasta de septiembre de 1847, que es destinado al Regimiento San Marcial hasta 1848, alcanzando por gracia, el empleo de Teniente hasta el 16 de julio de 1848 que es nombrado Teniente efectivo. Pasa a Ultramar, habiendo solicitado destino al Ejercito de Cuba, que embarcó en Barcelona el 10 de diciembre y desembarcando en La Habana el 30 del mismo mes de 1848, donde empieza la verdadera vocación y vida dedicada al Ejercito por el entonces Teniente Esponda. Durante estos primeros años en este empleo, estuvo destinado, ya en Cuba, en los Regimientos Galicia, Nápoles, en el del Rey, Bailen, Barcelona hasta que ascendió a Capitán por antigüedad el 13 de junio de 1858 manteniéndose, durante los últimos años en el Regimiento de Infantería Isabel 2ª. Fue destinado hasta fin de octubre de 1861 al Regimiento Tarragona, pasando por el Regimiento del Rey. Estando allí destinado, el 4 de septiembre de 1863 embarcó con su Batallón a bordo del vapor “Isabel la Católica” marchando a la isla de Santo Domingo, desembarcando y fondeando en Puerto Padre, hasta que el día 11 de ese mismo mes salió formando parte de la Brigada que se formó al mando del Brigadier Rafael Primo de Rivera en dirección a Santiago de los Caballeros encontrándose con el enemigo en las alturas de Hoyas Anchas, en las que hubo unas luchas encarnizadas, distinguiéndose por su valentía, fue propuesto para el ascenso a Comandante por méritos de guerra.Despacho telegráfico de la Campaña de Cuba y su trascripción

DESPACHO TELEGRÁFICO

img03 img04

——————- a 9 de Abril de 1870

Transmitido por la estación de (N-H)uevitas el día 9 a las 11 horas y 12 minutos de la ——-

Numero 107
Palabras 102
Al Comte. Gral.
El T. Coronel del Rey

El Coronel Chindrilla llego con su Bon a S. Miguel y de resultas de la entrevista creí deber dar cumplimiento al oficio de V.S. de 30 ultimo viniendo con el Bon. A este punto donde llegue a las 8 recibiendo el telegrama de V.S

En columna con el Bon he recorrido en 7 días 42 leguas sin que me disparasen un tiro, apresando al Subprefecto de Cascorro, la familia del que desempeñaba el mismo cargo en Guamarillo muerto un Oficial americano Blake con pase de Jordan y un negro recogidas 60 personas armas y papeles. El Coronel Chindrilla tiene noticias satisfactorias que comunicar a V.S. y creo que llegare esta noche con dos presentados que dicen cosas de interés.

Federico Esponda y Morell

Otros de los méritos que más se le conocen con su compañía y perteneciendo al Regimiento del Rey, es que el 10 de enero de 1864 en una expedición por el río Arama y a las órdenes del Comandante Meliton Catalán, contribuyó al salvamento del vapor Majestad que iba a caer en poder del enemigo. Ese 19 de mayo en San Nicolás de Hierbabuena fue propuesto para segundo Comandante, mandando las fuerzas que guarecieron heroicamente el pueblo de Mayor. En después de tantas reorganizaciones y disgustado con ellas, por no estar de acuerdo, solicita continuar sus servicios al Ejercito de la península, quedando destinado en Galicia hasta octubre de 1867.

En 1868 se le concede traslado a Madrid y es ascendido a Teniente Coronel el 22 de mayo y recapacitando su anterior decisión, vuelve a la Habana, partiendo de Cádiz el día 30 de octubre a bordo del vapor correo “Príncipe Alfonso”, volviendo al Regimiento del Rey hasta fin de febrero de 1872.

En marzo de 1869 partió a operaciones de campaña a las ordenes del Brigadier Escalante, desempeñando las funciones de Jefe del Estado Mayor de la Brigada, asistiendo a las operaciones de Villa Clara, pasando Huevitas y un sin fin de operaciones hasta fin de julio que volvió a La Habana.

El 26 de enero se distinguió en la toma de Armas a las órdenes del General Goyeneche por cuyo hecho de armas se le recompensó con el grado de Coronel. El 4 de julio por su contribución al mantenimiento de la paz durante este 1870, se le concedió la Cruz Roja de 2ª Clase al Mérito Militar.

Durante el año siguiente tubo infinidad de incursiones y misiones realizadas en toda la isla y el 19 de marzo Juro fidelidad a la Constitución de la Monarquía Española de 1869 y a S.M: El Rey D. Amadeo de Saboya, siendo Jefe del Regimiento del Rey.

El 5 de febrero y según disposición del Capitán General causa baja en el citado Regimiento, pasando a la situación de reemplazo debiendo regresar a la península por providencia de dicha autoridad. El entonces Coronel Esponda protesta por tal decisión pidiendo explicaciones por el cese y en virtud de las averiguaciones realizadas, se tuvo a bien disponer el 6 de mayo quedase en suspenso su marcha a la península. Se le reconoce su valor y sus buenos servicios que tiene prestados en su actual campaña. Permaneció sin destino hasta noviembre en el que pasa a mandar el Batallón y Escuadrón de Valmaseda, hasta mayo de 1873 en que es destinado a mandar el Regimiento Cuba y definitivamente después de varias idas y venidas es nombrado Coronel Jefe del Regimiento España, el cual era el que siempre había querido mandar. El 9 de enero de 1874 al mando de su Regimiento atacó a los insurrectos que le doblaban en número, tomándole su campamento en el sitio denominado Los Melones y consiguiendo tras muchos y prolongados combates derrotar completamente al enemigo y ponerlo en fuga, resultando el Coronel Esponda herido de gravedad. Por este hecho fue promovido al empleo de Brigadier, según Decreto de 17 de abril. El 29 de mayo fue destinado a mandar la Brigada de vanguardia de la Trocha de Morón.

Durante todo el 1875, defendió la trocha del Jefe insurrecto Máximo Gómez, que la había atravesado en varias ocasiones, y después de varias acciones derrotó al enemigo y fue nombrado Comandante General de Holguin, llegando a la capital el 12 de octubre, la cual también se hallaba de gruesas partidas de insurrectos. Desde que tomó posesión de Holguin, se dedicó a visitar los poblados en los que tenia jurisdicción levantando el espíritu de todos sus habitantes facilitando elementos de resistencia y víveres.

Después de sufrir muchas incursiones enemigas, forma una columna de operaciones, tomando el mando personalmente, se trasladó hasta Santa Rosalia venciendo al enemigo con solo 150 hombres, cuando ellos eran más de 1000. Por orden de 6 de agosto del citado año, y previa la formación de un juicio contradictorio, le fue concedía la Cruz de San Fernando de 1ª Clase, pensionada con 500 pesetas, por estos méritos y los contraídos el pasado año en la zona de Los Melones.

Por disposición del Capitán General, el 28 de enero de 1874, se le confirió el mando de la 2ª División, que comprendía la Comandancia General del Centro y el Gobierno Civil de Puerto Príncipe, de cuyo mando tomó posesión el 2 de febrero. Sin apenas descanso, salió conduciendo una columna de 60 carretas para el poblado de las Yeguas y San Jerónimo, emprendiendo la persecución de partidas enemigas; posteriormente volvió a salir hacia el Rincón de Antón donde acampaba el enemigo, batiéndole y cogiéndole armas y caballos obligándole a abandonar ese territorio. Constantemente salía personalmente al mando de parte de la Unidad, para expulsar a los insurrectos del territorio asignado, hasta en varias de estas acciones cargo personalmente contra el enemigo con sus ayudantes, mereciendo por su distinguido comportamiento ser propuesto para varias condecoraciones.

img05Isla de Cuba. Con trazo grueso, la provincia de Santa Clara

Por nueva reorganización del Ejército de Cuba, regreso a mandar la 4ª Brigada de la 2ª División; por Real Decreto de 29 de marzo de 1877 le fue concedida la Gran Cruz del Mérito Militar con distintivo Rojo, por todos sus servicios en campaña y nombrado jefe de la 2ª Brigada de la División de Holguin.

En 1878 finalizado después de 10 años lo que se llamó por algunos autores, La Guerra Grande o de los 10 años, solicitó el regreso a la península, embarcando el 14 de agosto, quedando en Madrid en la situación de Cuartel.

Ya en la península y por Real Decreto de 25 de noviembre de 1879 es nombrado jefe de la 1ª Brigada de la 1ª División del Ejército de Cataluña, para posteriormente y concretamente en marzo de 1880 es nombrado Gobernador Militar del Castillo de San Fernando de Figueras.

El 26 de enero de 1881 fue promovido al empleo de Mariscal de Campo, en consideración a sus servicios y muy particularmente a los prestados en Cuba, quedando en situación de Cuartel en Barcelona.

Por Real Orden de 6 de abril de 1883, se le concede una comisión de servicio para la isla de Cuba, siendo nombrado Gobernador Civil de la provincia de Santa Clara.

Durante el tiempo que pasó en esta responsabilidad, siguió luchando contra las partidas de bandidos como los hermanos Charmendi, recibiendo muchos homenajes de los hacendados de estas tierras por su desvelo en el mantenimiento de la paz y el orden; el 28 de septiembre de 1885, se le concedió la medalla de la constancia de La Habana a solicitud de los Jefes y Oficiales destinados, por el cómo había sido propuesto fue siempre una condecoración que lucio con mucho orgullo.

Una vez cumplido los tres años en el desempeño en la Provincia de Santa Clara y no encontrarse bien de salud, solicita el traslado a la península, siendo nombrado Gobernador Militar de Santander y plaza de Santoña, partiendo desde Cuba el 24 de julio de 1886, seguidamente es nombrado Comandante General de las provincias Vascongadas.

Con fecha 16 de febrero de 1887, es nombrado Segundo Cabo de la Capitanía General de las Islas Canarias, incorporándose el 20 de marzo, permaneciendo en las Islas hasta que por Real Decreto de 21 de mayo de 1891 fue promovido al empleo de Teniente General por Real Decreto de 17 de septiembre del mimo año es nombrado Capitán General de Extremadura, haciéndose cargo de las citadas responsabilidades el 29 del mismo mes, siendo máximo responsable del Ejercito en Extremadura desde donde procuro que todas las grandes ciudades tuvieran fuerzas para defenderse.

A lo largo de la historia, la región extremeña ha sufrido muchos y variados episodios bélicos, casi siempre fue como consecuencia de tener frontera con Portugal. Esta que podrá ser una privilegiada situación de aportarle beneficios de índole económico o social, la convirtió en terreno propicio de encarnizados conflictos bélicos. Esta situación en estos años de final del siglo XIX no se correspondía, con el desigual reparto de fuerzas militares en ambas provincias de Extremadura, si no que era Badajoz la que disponía de una gran dotación de personal y material.

Parece ser que desde 1853 venían destinadas temporalmente tropas desde Badajoz para guarecer la provincia de Cáceres, hasta 1891 en que cesaron tales envíos. Fue entonces a primeros de 1892 cuando, motivo de preocupación, una representación del Ayuntamiento cacereño, se dirigió a Badajoz a hablar con el General Esponda. Dieron resultado y poco después llegaba un Batallón de Infantería y un destacamento de Caballería procedente de la ciudad hermana a los que irían sucediendo otros sin que tuvieran carácter permanente.

Por orden de 14 de julio se le concede al General Esponda la Gran Cruz de la Orden de San Hermenegildo, y es a finales del año 1892 y concretamente el 7 de noviembre cuando marchó a Valencia de Alcántara a recibir a SSMM los Reyes de Portugal, por el recorrido que realizaron por la provincia.

La ciudad de Cáceres satisfecha por la guarnición que había en ella, acordó a través del Ayuntamiento, entonces presidido por D. Augusto Monje Jiménez, conceder el titulo de hijo adoptivo de la ciudad al citado Capitán General de Extremadura. Con motivo de este titulo en agosto de 1893, se montaron varios festejos muy variados, con bailes, recepciones, corridas de toros, etc… que mas tarde sobrevivieron en una feria durante esa época del año. Previamente a estos festejos, una comisión del Ayuntamiento de la capital presidida por el alcalde posesionado poco antes, D. Tomas Trujillo Lanuza y varios concejales, cuales invitaron al General y al Ayuntamiento de Badajoz a visitar Cáceres. La visita del General revistió carácter de acontecimiento, pues la ciudad quiso demostrarle su gratitud por el envío de la guarnición. Parece ser y según cuentan las crónicas, no había dinero para tanta fiesta y hubo que buscar formulas que permitieran disponer de algunos recursos, adoptándose la casi profanadora de destinar a regocijos y fiestas las siete mil novecientas pesetas consignadas en los presupuestos municipales para construir el nuevo cementerio del que últimamente tanto se venia hablando, que nunca seria iniciado.

Desde el 29 de agosto al 2 de septiembre, hubo iluminaciones, fuegos artificiales, desfile de soldados y concurso de Bandas de Música. El General Esponda fue recibido entre aclamaciones, alzándose en su honor y en el del Ayuntamiento pacense, un gran Arco de Triunfo al inicio de la Avenida de España, formando la caravana unos 25 coches de caballos, como ha sido recogido en postales de la época.

El bizarro huésped presidió las corridas de toros del 30 y 31 de agosto.

img06Paralelamente y coincidiendo con estos momentos, y con motivo de la nueva organización del Ejercito, se dispuso, por Real Decreto de 30 de agosto que cesara en el cargo de Capitán General de Extremadura el mencionado General, siendo nombrado por otro Decreto de la misma fecha, Capitán General de las Islas Canarias, haciéndose cargo de este ultimo destino el 10 de noviembre de 1893.

El general parece ser que quedó muy molesto por esta fatal coincidencia, abandono Extremadura, dejando Cáceres con pena, que mas tarde sus herederos compensaron enviando a la ciudad su espada, máximo exponente del recuerdo de un gran soldado, hoy custodiada en el museo municipal.

Todavía con el recuerdo de las fiestas de agosto pasado, la guerra hizo sonar en África, y el azar hizo que en Melilla y concretamente el 2 de octubre, otro General nacido en Montanchez, como fue el General Margallo venció a los moros, aunque falleció posteriormente, a consecuencia de las heridas sufridas en la contienda.

Poco tiempo estuvo el General Esponda en las Islas Canarias, pues antes de finalizar noviembre del citado año fue nombrado presidente de la 4ª sección de la Junta Consultiva de Guerra, pasando en abril del siguiente año a la 1ª sección, destino que desempeño hasta que la nochebuena de 1894 falleció en Madrid a los 66 años de edad.

En la ciudad de Cáceres se le recuerda con respeto y cariño, nombrándole hijo adoptivo y dándole nombre a una calle en el centro de la ciudad.

img07Vista de la Calle Esponda desde la Plaza Mayor

BIBLIOGRAFIA

  • Archivo Militar de Segovia
  • Revista de Historia Militar
Oct 012006
 

Fernando Díaz Esteban.

RESUMEN: 1-Breve historia del Puente. 2-Inquietudes por su ruina. 3-La intervención de la Academia de la Historia. 4-El informe periodístico de su reinauguración: ambiente social y literario.

La Real Academia de Ingeniería ha acordado celebrar cada año un homenaje a las obras notables de ingeniería existentes en España. La primera elegida ha sido una que tenemos en Extremadura: el Puente de Alcántara. El 24 de Abril de este año de 2006 se celebró el citado homenaje en Alcántara, al cual fui invitado para que hablara del contexto histórico del Puente. He quedado muy agradecido a la Real Academia de Ingeniería por el honor que me hizo y porque también me brindó la ocasión de volver a Extremadura.

Quisiera ahora mostrar la intervención decisiva que tuvo la Academia de la Historia en la restauración del puente y del templecillo anejo, así como, a través de un relato periodístico, la alegría y expectativas que produjo su inauguración el 4 de Febrero de 1860.

1-Breve historia del Puente

El Puente de Alcántara[1] está situado algo a trasmano de las grandes vías de la Antigüedad. La justificación de obra tan monumental estaba basada en la densidad de la población que vivía por esta zona, entre el Tajo y el Duero[2], población constituida por tribus lusitanas, que costearon su construcción y que dejaron escritos sus nombres en cuatro lápidas, perdidas, aunque una pudo ser reconstruida cuando todavía era legible. El Puente se terminó cuando Trajano era emperador y a él fue dedicado el año 106 d. C. en dos lápidas puestas en el Arco de Triunfo levantado en medio del Puente. El constructor Cayo Julio Lacer una vez terminado el puente edificó en la explanada de la entrada un pequeño Templo a los dioses como señal de piedad y de acción de gracias. Una lápida sepulcral nos dice que sus cenizas fueron enterradas allí. Durante la Reconquista, los musulmanes destruyeron uno de sus arcos para impedir el paso de los cristianos, y así quedó hasta que en 1534 Carlos V mandó su reconstrucción y pavimentarlo de nuevo, acontecimiento recordado en tres lápidas con su nombre, colocadas en el lugar donde estuvieron las perdidas de las tribus lusitanas, y un escudo con el águila imperial. Antonio Ponz en su Viage de España nos recuerda que además del Arco de Triunfo en su centro, el puente tenía sendas torres en cada extremo, que fueron derribadas por orden de los Reyes Católicos y ya no se volvieron a reconstruir[3]. Durante la guerra de la separación de Portugal, en 1648, uno de los arcos y el pavimento quedaron muy dañados[4]. En 1707 la guerra de Sucesión volvió a dañar un arco. Durante la guerra de la Independencia contra Napoleón, un arco fue volado en 1810 para evitar el paso de las tropas francesas; se sustituyó en 1819 con unas vigas de madera que en 1836 se quemaron para que no pudieran pasar las tropas carlistas del general Gómez. Y así quedó[5] hasta que en 1852 se inicio su arreglo, que se suspendió al año siguiente al caerse la cimbria de madera para el arreglo del arco roto.

2-Inquietudes por su ruina

El estado ruinoso del Puente aconsejó desmontar el Arco de Triunfo. Su despiece produce preocupaciones y en cierto modo es el inicio de su final reconstrucción. Las autoridades locales y los amantes de los antiguos monumentos empiezan a gestionar su posible reconstrucción, que arranca con un “chivatazo” oficial a la Real Academia de la Historia: el 22 de Mayo de 1858 el Director de la Real Academia de la Historia recibe un escrito de D. José de Madrazo y de D. Eduardo de Mier, Vicepresidente interino y secretario de la Comisión de Monumentos respectivamente, donde se dice:

La Comisión Central de Monumentos históricos y artísticos ha sabido extra oficialmente que se ha derribado el arco de triunfo del puente de Alcántara, del tiempo de Trajano, y como en él se encuentran algunas inscripciones que indican la época de su fundación y otras circunstancias históricas, se ha creído obligado a ponerlo en conocimiento de V.E. segura de que empleará todos los esfuerzos para salvar de esta ruina los restos de dicho monumento, ya que no sea posible su reconstrucción tal como antes de encontraba” [CHCC/9/7948/4 (2)[6].

Ante esta noticia, la Academia de la Historia reacciona inmediatamente y pocos días después, el 28 de Mayo de 1858, la Academia se reúne y decide enviar:

una sentida exposición al Gobierno de S. M. pidiendo que se conserven los restos que puedan salvarse y escríbase a los SS. [Académicos] Correspondientes para que den las noticias que se puedan adquirir”.

En espera de esas noticias de los Correspondientes, el 2 de Junio de 1858 la Academia escribe oficialmente al Ministro de Fomento, diciendo, entre otras consideraciones:

Ha llegado a noticia de la Academia que se ha derribado el arco de triunfo levantado en el centro del grandioso puente de Alcántara, y en el cual había dos elegantes inscripciones latinas, una dedicando el puente al Emperador Trajano, y la otra, única que ya quedaba de cuatro que anteriormente habían habido, expresando los nombres de los pueblos del municipio lusitanos que habían contribuido con su dinero a la construcción de tan suntuoso monumento ….. A V.E. Suplica se digne comunicar las órdenes convenientes par que no se quiten del puente de Alcántara las inscripciones que en él había, y si ya se hubiesen arrancado se conserven con esmero en el punto que V.E. señale, tributando así este nuevo respeto a nuestros antiguos monumentos, y salvándolos” CHCC/9/7948/4 (3).

El Académico Correspondiente más idóneo era D. Luis Villanueva, que vivía en Barcarrota (Badajoz), y se le escribe el día 7 de Junio de 1858 pidiéndole que:

procure averiguar por todos los medios que su celo le dicte lo que haya de cierto en el particular, remitiendo al Cuerpo [a la Academia] las noticias que adquiera, a fin de reclamar lo que sea más conveniente para la conservación de tan precioso monumento o de las lápidas con inscripciones que se hayan salvado o que puedan recogerse” ibidem (4)

Mientras se recibía el informe pedido al Sr. Villanueva, el Director General de Instrucción Pública, D. Eugenio de Ochola comunica al Director de la Academia de la Historia con fecha de 25 de Junio de 1858 que ha escrito al Vicepresidente de la Comisión de Monumentos diciéndole:

considerando lo doloroso que sería no solamente la desaparición de un monumento honra del suelo Español, sino de las inscripciones latinas sobre él esculpidas, las cuales, según los partes del Ingeniero del Distrito se han desmontado cuidadosamente y guardado intactas con esmero, he dispuesto comisionar al arquitecto Don Agustín Felipe Peró para que constituyéndose sin demora en el lugar del mencionado derribo, manifieste terminantemente si el arco desmontado puede ser reconstruido sobre el mismo puente sin peligro para éste, o si convendría más trasladar las lápidas de las inscripciones para su perpetua conservación, al Museo Nacional o a la Academia de la Historia”. (5)

Fechado el 30 de Junio de 1858 se recibe por fin el informe del Sr. Villanueva desde Bancarrota enviado a D. Pedro Sabau, Secretario de la Academia. Es una detallada historia del puente, cuya terminación sitúa en el año 105 d. C., lamentando que no se cumpla la “la arrogante profecía de su artífice Cayo Julio Lacer (pontem perpetui mansurum in saecula mundi)” [el puente que perpetuamente permanecerá por los siglos del mundo]. Recuerda que los árabes destruyeron el último arco, repuesto luego de madera, que Carlos V lo reconstruyó y que “Fue el Maestro de esta reparación Martín López, natural de dicha Villa de Alcántara, y quedó tan bien egecutada que no se notaba diferencia alguna con la antigua fábrica. Recuerda también que en tiempos de Felipe IV los portugueses quisieron romper el segundo arco del puente sin conseguirlo, “pero estaba reservado al Mariscal francés Victor la principal cortadura, que mandó ejecutar para librarse del Egército Español y de las fuerzas inglesas que se iban acercando a Castello-Branco; tubo esta lugar el 10 de Junio de 1809, verificándose en el 5º arco entrando a la Villa, y aunque se habilitó después con maderas para el paso fueron también quemadas cuando el General Carlista Gómez invadió la Extremadura”. Villanueva difiere con los que posteriormente han hablado de este suceso, que atribuyen la voladura a las tropas inglesas para impedir el paso de las francesas. Da las medidas en pies del Puente e informa de que el arco de triunfo “llamado vulgarmente la Torre del Aguila por las que se hallan esculpidas en los escudos Imperiales [de Carlos V]” y que estaba “repetida en ambos lados del friso la dedicatoria al Emperador Trajano en dos tablas de mármol”. Copia el texto latino y añade que se perdieron las cuatro lápidas con los nombres de los pueblos lusitanos, “conservandose solo la copia de una que vio Antonio de Nebrija y han reproducido después otros anticuarios”, y Carlos V mandó poner en lugar de las tres perdidas otras en latín recordando su reconstrucción. En cuanto a la situación actual, Villanueva afirma que “Desde la última destrucción ha estado gestionando la Villa de Alcántara para su recomposición, y se an practicado de orden del Gobierno de S.M. varios reconocimientos aunque sin resultado,” y seguidamente da cuenta del inicio de las actividades del ingeniero D. Alejandro Millán, (que posteriormente mantuvo una estrecha relación con la Academia de la Historia, como veremos más adelante): “hasta que nombrado director de las obras para la navegación del Tajo y formación del arco de este puente … D. Alejandro Millán, y comprendiendo sin duda que nada conseguía con la recomposición del arco destruido si no daba a la obra la suficiente solidez y considerando que el arco de triunfo pesaba demasiado sobre los estribos principales del puente, acordó y llevó a cabo su destrucción”.

Villanueva se muestra crítico con esta decisión: “creo que esta resolución ha debido consultarse … si… era o no de imprescindible necesidad ……..; verdad es que las lápidas con sus escudos e inscripciones y hasta los sillares del arco, en su mayor parte, están depositados esperando órdenes del gobierno …. Carlos V no se atrevió más que a reparar la destruida obra de Trajano, arreglándose en un todo a su modelo, y nosotros destruimos lo antiguo…. no queda otro recurso para salvarlas de una completa destrucción que pedir la reconstrucción del arco”.

Villanueva llama la atención sobre la importancia del Templo en la explanada del Puente y el abandono del convento de San Benito en la villa: “Y ya que de gloriosos monumentos hablamos, no sería inútil decir que el templo dedicado por Lacer a los Dioses del Paganismo y que se halla a la entrada del puente, no menos que la casa de la Orden de Alcántara obra de nuestro célebre Herrera, de la pertenencia hoy del estado, se encuentran en un estado lamentable y progximas a convertirse en ruinas” (6).

El 5 de Julio de 1858 se remite al Sr. Villanueva un oficio comunicándole que “El Sr. Director ha visto con mucho aprecio el celo y eficacia con que V.S. ha correspondido a los deseos e indicaciones de nuestra Academia” (7).

La alusión al pequeño templo hecha por Villanueva será tenida en cuenta cuando una vez se esté terminando la reconstrucción del Puente, la Academia de la Historia suscite el interés por el Templo.

3-La intervención de la Academia de la Historia

Las gestiones preliminares de información y de solicitud al Gobierno de que se evite la ruina del monumental puente de Alcántara empezaron a dar resultados. Así, el 14 de Enero de 1859 D. Alejandro Millán, encargado por la Dirección General de Obras Públicas de llevar a cabo la completa reconstrucción del Puente de Alcántara, ya en marcha, remite para el Museo de la Academia de la Historia dos de las grapas que servían para fijar las hiladas en sentido horizontal, más la única grapa romana que quedaba de bronce en forma de dedo doblado que servía para fijar las lápidas en el Arco de Triunfo. Al mismo tiempo entrega las impresiones de algunas letras árabes esculpidas entre las letras de la inscripción de una de las lápidas de mármol del citado arco, que tuvo “ocasión de observar el distinguido Arquitecto Sr. D. Agustín Felipe Peró durante su permanencia en Alcántara” y que por hallarse fuera de la Corte no las puede entregar personalmente como era su deseo.

El ingeniero Millán además de escribir al Director de la Academia dando los detalles de las grapas y las letras árabes, hizo la entrega en persona, pues del mismo 14 de Enero, una acotación al margen del documento nos dice: “Oído con el mayor agrado [el escrito] así como las explicaciones que de palabra hizo el Sr. Millán, el cual asistió a la junta [de la Academia] con permiso del Sr. Director, y nombrose una Comisión que entienda en todo lo que el expresado Ingeniero quiera consultar”. Y a renglón seguido: “Asignó el Sr. Director para componer dicha comisión a los SS. Anticuario [Antonio Delgado], Pidal, Amador de los Ríos y Fernández Guerra”. (8).

De esta forma la Academia de la Historia intervenía oficialmente y activamente en los aspectos históricos, y aún estéticos, de la reconstrucción del Puente, pues la Comisión nombrada para entender del Puente fue consultada y emitió dictámenes, como se verá más adelante.

Pocos días después, el 21 de Enero de 1859, el Sr. Millán regala a la Academia una lámina del Puente de Alcántara, que la Academia agradece. (9).

Del 25 de Enero de 1859 se conserva el borrador de una comunicación enviada al Sr. Millán, en la que además de agradecerle las explicaciones sobre el estado actual del Puente y sobre el proyecto que tiene encomendado de su restauración, así como la entrega de las grapas y demás, se le informa que se han entregado al Gabinete de Antigüedades y la Biblioteca de la Academia. (10).

Estando ya cercana la terminación de la restauración del puente, el Sr. Millán consultó a la Academia de la Historia sobre los escudos y lápidas que había que poner en el Arco de Triunfo nuevamente levantado, por lo que el Director se dirige al Ministro de Fomento reconociendo que el escrito que se le había enviado el 2 de Junio de 1858 había sido atendido, y ahora se le solicita que se autorice al Sr. Millán a colocar un escudo que recuerde esta nueva reconstrucción. (11).

El 28 de Enero de 1859 el ingeniero Millán envía a la Academia dos dibujos: en el primero reproduce el estado exacto de las lápidas del Arco de Triunfo; en el segundo, el de las lápidas del Templo, y además, el ara de los sacrificios y la lápida sepulcral de Cayo Julio Lacer que había en el Templo. En un cuadernillo de ocho hojas explica que ambas “se encontraban poco ha empotradas en los muros de una casa particular de la villa de Alcántara perteneciente a los Sres. Barrantes” con cuyo consentimiento se extrajeron, limpiaron y quedaron depositadas en su casa, hasta que se resuelva su ulterior destino. Sigue informando que el ara se encuentra bastante mutilada, borrada la inscripción original, “y la inscripción latina que aparece bien marcada y legible no es la primitiva romana, sino la que restauró D. Pedro Barrantes Maldonado, según expresan los renglones de las molduras superiores. De las noticias que, particularmente, me han sido comunicadas por los actuales descendientes de dicho Sr. resulta, haberse llevado a cabo semejante restauración de letras en el año 1570, esculpiéndolas en la cara opuesta donde estaban las primitivas”. También se restauraron las inscripciones sobre el Templo “pues según consta en sus dos últimos renglones fue restaurada por el Gobernador D. Pedro Carvajal y Ulloa, caballero de la Orden militar de Alcántara”.

Pasa luego Millán a describir la situación del Templo, cerrado por un tosco muro de mampostería y arriba a la izquierda se eleva otro muro que sirvió para colgar una pequeña campana; la parte posterior y la cubierta están ocultas por un ruinoso parapeto. Se explican estas transformaciones porque después de la Reconquista el templo pagano pasó a ser ermita de San Julián; posteriormente se convirtió en fragua y ahora sirve de depósito de herramientas de las obras del puente, “conservándose así algo mejor que si estuviese abierto y completamente abandonado”. En su opinión debiera ser restaurado “de modo que deje despejadas sus cuatro fachadas, según ya está proyectado y aprobado por la Superioridad… Y colocando a la entrada del atrio una verja de hierro para impedir el paso del público y conservar limpio el interior”. Estas informaciones las dirige para que la Comisión de la Academia pueda emitir su dictamen sobre la manera más conveniente para restaurar el Templo. Y termina ofreciéndose a la Academia para lo que consideren de utilidad. Según anotación al margen, en su sesión del 4 de Febrero la Academia recibió el informe “con particular aprecio” y lo pasó a la Comisión del Puente. (12).

Los dibujos de Millán citados el 2 de Diciembre los pasó el Presidente de la Comisión y Anticuario, D. Antonio Delgado el 7 de Diciembre para ser vistos por D. Aureliano Fernández Guerra y ahora, 7 de Febrero de 1859 pasa los nuevos dibujos y el informe a la Comisión (13) nada más recibirlos del Secretario D. Pedro Sabau ese mismo día. (14). También ese mismo día 7 de Febrero se envía al Sr. Millán el acuse de recibo y agradecimiento por los dibujos e informe del 25 de Enero. (15).

El 28 de Marzo de 1859 la Academia de la Historia da las gracias al arquitecto Agustín Felipe Peró por la copia del informe que había enviado al Director General de Instrucción Pública sobre la reconstrucción del Arco de Triunfo, en cuyo informe dice que “sin peligro alguno, puede ser reconstruido sobre el mismo puente”, y que es factible hacerlo con “el mismo carácter de antigüedad que tenía al desmontarlo”. (16).

La Academia de la Historia se ocupó durante el mes de Mayo y Junio del texto para la lápida conmemorativa de la reconstrucción del puente. El 24 de Mayo se remite a los académicos el texto propuesto por la Comisión para que expongan su opinión (17) y se pide que el Sr. Fernández Guerra deje autorizados en Secretaría los apuntes o borradores (17) b]. Hay un borrador que comienza por “Elisabeth II. Pia. Felix. Aug. Mater. Patriae”, otro que propone “Elisabeth Borbonia Hispaniarum regina” y añade el texto de la lápida de los nombres de los pueblos lusitanos con una línea nueva: Elisabeth regina titulum et memoriam restituit” (18); otro texto de la Comisión para remitir a los Académicos es del 31 de Mayo de 1859: “Elisabeth. augusta. Hispaniarum. Regina // Norbensem. opus lusitanorum. pontem // iterum. bello. interruptum // vetustate. pene. prolapsum //restituit. utriuque. amplificavit . viam . latam . fecit . ad . carpetanos // M.DCCC.LIX”. Se da también los 21 nombres de los Académicos a los que se les ha remitido este texto (19). Al día siguiente, el 1 de Junio, el Secretario Sr. Sabau pide al escribiente Vicente que haga copias fieles porque “No valen las anteriores” y “se han de repartir mañana al mediodía” (20). La Junta para que en ella se apruebe el texto se convoca para el 3 de Junio de 1859 (21).

Nuevamente el ingeniero Millán escribe el 25 de Junio de 1859 al Director de la Academia comunicándole que ya está levantado de nuevo el Arco de Triunfo, y que “Al ejecutar la reedificación de la obra, se ha tenido el mayor cuidado de conservar sus primitivas formas y dimensiones así como la disposición y labra de los sillares con que estaba construida consiguiéndose de este modo no alterar el carácter arquitectónico que la imprimieron los romanos”. Solo falta colocar “las nuevas lápidas con las inscripciones que haya propuesto la Academia, esperando se sirva comunicármelas, para disponer enseguida su ejecución.”. Y solicita que para que le indiquen los errores que involuntariamente haya podido cometer en la parte monumental, “se sirva nombrar una comisión… terminados los trabajos… a fines del mes de Julio… vea si se han llenado o no los deseos”.

Como era habitual, el Secretario Sabau escribe una acotación al margen de esta solicitud: “Acadª del 29 de Junio de 1859. Se contestará con lo que manifieste el Sr. Fernz. Guerra, y quedó propuesto el Sr. Millán pª Correspondiente” (22).

Con la propuesta de Académico Correspondiente la Academia de la Historia agradecía la colaboración de D. Alejandro Millán a los deseos de reconstrucción y de fidelidad al original romano.

Esta propuesta de Correspondiente la tenía muy merecida, evidentemente, el ingeniero Millán. Por eso el 27 de Junio de 1859 se envía un oficio al Sr. Ministro de Fomento en el que además de agradecerle que hubiera tenido en cuenta la solicitud que le dirigió la Academia de la Historia el 2 de Junio de 1858 pidiendo la restauración del Puente de Alcántara, “y estando ya próxima a concluirse la indicada restauración” se propone que se autorice al Sr. Millán a 1º: colocar en la coronación del Arco de Triunfo un escudo de España a juego con el de Carlos V; 2º: una lápida manifestando los trabajos realizados por orden de S.M. la Reina Isabel II y otra con la relación de los pueblos lusitanos que costearon el puente en tiempos de Trajano; 3º: poner ambas inscripciones en los frontis del arco, la de los pueblos donde estaba, la de la Reina en lugar de la tercera, repetida, de Carlos V; y 4º, se sugiere que todo se sujete al estilo de la epigrafía romana. (23).

El 25 de Junio de 1859 se redacta el borrador de la contestación al escrito de Millán, aprobándolo y proponiéndole que el escudo de España se ponga en la coronación del Arco y las inscripciones en el interior bajo las impostas. (24). Se pone en limpio ese borrador el 27 de Junio y se añade el texto de “Isabel Borbonia…” y la lista de los pueblos lusitanos. (25).

El ingeniero Millán había pedido el día 25 de Junio a D. Aureliano Fernández Guerra que se le diera oficialmente el texto de las inscripciones y le dijera qué se hacía con la sobrante de Carlos V. (26).

Fernández Guerra además de miembro de la Comisión de Antigüedades para el Puente de Alcántara de la Real Academia de la Historia, ocupaba en aquel momento el cargo de Director General de Instrucción Pública. Esto le permite escribir el 12 de Agosto de 1859 al Director de la Academia informándole que le ha comunicado el Director de Obras Públicas que el Ministro de Fomento le ha dado cuenta de la Real Orden del 20 de Julio conseguida tras su visita a la Reina: “He dado cuenta a la Reina q. D. g. del expediente instruido con motivo de la demolición y reconstrucción del arco de triunfo sobre el puente monumental romano de Alcántara, así como de las comunicaciones del Ingeniero Gefe de la provincia de Cáceres D. Alejandro Millán participando haber dispuesto la ejecución de dicha obra según los deseos manifestados por la Real Academia de la Historia y que para su terminación solo falta colocar un escudo Real de España y dos lápidas con las inscripciones correspondientes. Enterada S.M. del expediente y comunicaciones de que queda hecho mérito, así como de las que se han pasado igualmente a esa Dirección general por la de Instrucción Pública incluyendo en una el informe… Agustín Felipe Peró y en otra un oficio de la Real Academia de la Historia pidiendo se autorice… colocar… un escudo Real de España… y dos lápidas… S.M. ha tenido a bien aprobar la decisión tomada por… D. Alejandro Millán… reconstruir en la forma que antes estaba el mencionado arco de triunfo… la colocación del escudo y lápidas… cuyo total gasto… asciende a reales de vellón ciento ochenta y un mil ochenta y seis, y noventa céntimos. De Real orden lo digo a V. E. para su inteligencia y a fin de que disponga se publiquen en la Gaceta las comunicaciones de la Real Academia de la Historia y demás documentos”. En la habitual acotación marginal del Secretario, la Academia se da por enterada con satisfacción el 2 de Septiembre de 1859. (27).

Las precedentes referencias a la “Gaceta de Madrid” se confirman con la publicación el 14 de Agosto de 1859 del informe y congratulación de la Real Academia de la Historia por la próxima terminación de las obras del Puente. (28).

El 7 de Septiembre se informa a Aureliano Fernández Guerra que la Dirección General de Instrucción Pública ha comunicado el 12 de Agosto al Director de la Academia la real orden referida anteriormente y que en junta del 2 de Septiembre se acordó su traslado a la Comisión. (29).

El 26 de Noviembre de 1859 el Director de la Academia escribe al Ministro de Fomento manifestando su satisfacción y aprovecha para interesarle por una de las inscripciones del Templo: “El tino y oportunidad con que el Gobierno de S. M. ha acudido a la reparación del célebre puente romano de Alcántara y la deferencia con que ha acogido las indicaciones de la Real Academia de la Historia respecto de las inscripciones y escudo que ostentará el antiguo arco de triunfo, empeñaron de nuevo a este Cuerpo literario a acudir a V.E. encareciéndole la necesidad de renovar la lápida que hubo en el dintel del sepulcro de Cayo Julio Lacer … con tal motivo ha acordado la Academia hacer presente a V.E. que… hoy no ofrece inconveniente alguno… sobreponer una tabla de mármol de Macael [Almería], donde se reproduzca el antiguo epigrama añadiendo una noticia de las reparaciones hechas en el siglo XVI y en el actual” (30).

El 29 de Noviembre de 1859 el Director General de Instrucción Pública D. Eugenio Moreno López escribe al Director d la Academia de la Historia informándole que ha recibido un oficio del 15 de Noviembre del Ingeniero Millán informándole que en el próximo mes de Diciembre quedarán colocadas en el Arco de Triunfo “las lápidas y escudo Real de España con las inscripciones propuestas por la Real Academia de la Historia en 27 de Junio último y aprobadas por Real Orden de 20 de Julio…. y haya manifestado el mencionado Ingeniero Jefe la conveniencia de que se invite a las Reales Academias de la Historia y de San Fernando, las cuales han intervenido con sus ilustrados informes en la resolución de algunos particulares … se sirvan nombrar una comisión que pase a reconocer … e informar si en la restauración … han quedado o no satisfechos los deseos de dichas corporaciones”.

En la habitual acotación al margen, el Secretario da cuenta de que en la junta del 2 de Diciembre la Academia quedó enterada con satisfacción y que se nombrase una comisión con los Académicos que pudieran asistir a la nueva inauguración del Puente. (31).

Resuelto el tema del puente y de su Arco de Triunfo, la Academia de la Historia había dedicado su atención a la restauración del Templo, para la cual se le habían hecho las siguientes preguntas sobre:

  1. la inscripción del friso;
  2. piedra de mármol o granito;
  3. carácter de las letras y mejora del texto de la dedicatoria del Templo;
  4. colocación de una verja de hierro;
  5. al no haberse encontrado las cenizas de Lacer, dónde se coloca la losa sepulcral y el ara guardadas en casa de los señores Barrantes y Moscoso;
  6. como hay otra losa sepulcral que no es redonda, sino rectangular, decidir cuál es la verdadera y cual la apócrifa;
  7. lo mismo con las dos inscripciones del ara; las restantes cuestiones, hasta 10, se han perdido pero se conservan las contestaciones. El cuestionario no lleva fecha ni autor, debiendo ser una copia de trabajo. Acompaña dos cuartillas con el borrador de las posibles contestaciones o dictámenes, conservados del 2º al 6º. (32).

Los demás borradores de dictámenes, si es que los hubo, no se han conservado.

La contestación a las anteriores preguntas sobre el Templo se resolvió en la sesión del 2 de Diciembre de 1859: se leyó el informe de la Comisión dando respuesta a las preguntas, por el que sabemos que fueron diez:

1º- La dedicatoria y versos que hizo entallar Lacer sobre el friso del templecillo “habían ya desaparecido por las injurias del tiempo en el siglo XVII … se picó la piedra, y una vez tersa su superficie se grabó en ella de nuevo el epigrama, cometiendo groseras faltas … disponiendo los renglones de manera muy diferente de la que tuvieron según tradición y datos no despreciables; y en fin habiendo mostrado la esperiencia que aquella repetición del epigrama, dispuesta por la familia de Barrantes Maldonado y mandada hacer de orden del gobernador de Alcántara D. Pedro de Carvajal Ulloa (que hoy se lee al pie de la inscripción) apenas ha durado dos siglos, a causa de la textura grosera y de fácil descomposición de la piedra, la Comisión no halla reparo en que otra vez se rebaje el frente del monolito que forma el friso o arquitrave, y estima que sobre él debe insertarse una tabla de mármol de Macael, donde se reproduzca … la dedicatoria, los antiguos versos latinos, y el recuerdo de la consagración del monumento, como así mismo la memoria de las restauraciones hechas ahora y en el imperio de Carlos V.

2º- La inscripción romana … con el carácter de letra que muestran las del tiempo de Trajano … disponiendo los renglones … en el primero y en letras grandes la dedicatoria al César, y los seis siguientes en carácter de letra menor …cada renglón comprenda un exámetro y un pentámetro; y el octav abrazará la memoria que hizo Lacer de su amigo Curio.

Al pie… en letra más pequeña una noticia de las restauraciones mandadas hacer por el gobernador Ulloa y ahora por S.M. la Reina.

Toca a la Comisión presentar dentro de breves días toda la leyenda que a su juicio ha de contener la tabla de mármol, procurando fijar la dicción más probable del Octavo verso del epigrama, que Morales no pudo leer, que el licenciado Juan Fernández Franco y el P. Enrique Flórez estamparon de un modo, y se puso de otro en la piedra por los Barrantes Maldonado,

3º- Antes…. conviene levantar un acta con asistencia del Ingeniero Gefe de la provincia, del Juez de primera instancia, del Prior de la Orden de Alcántara, del Gobernador militar de la plaza, Alcalde constitucional y demás personas y autoridades que parezca, en cuyo documento se exprese el estado en que se halla la actual inscripción, copiando las palabras y letras que aun se conserven y figurando las que estén unidas y enlazadas. En el mismo acto se sacará o se presentará si ya está sacada, una vista fotográfica de los vestigios de la inscripción que van a desaparecer, y además un vaciado de ellos en escayola … serán depositados en nuestra Real Academia.

En el acta referida se consignará además el estado del tempo, del ara y de la piedra sepulcral, especificando las alteraciones … hechas … desde el siglo XVII hasta hoy.

4º- Conviene cerrar al público el acceso del templo … con una verja de hierro en el intercolunio del atrio, imitando el gusto de los antiguos.

5º- En el interior del delubro … ha de colocarse el ara de los sacrificios delante de un pedestal nuevo que represente el que ya no existe y debió sostener la estatua de Trajano.

6º- La losa circular que cubrió las cenizas del arquitecto Lacer pudiera incrustarse en el nuevo pedestal … cubriría una pequeña urna cineraria, la cual con otras ya de individuos de la familia Lacer, ya de la de Curio debió estar colocada en alguna cornisa o repisa … a los costados del templo … haciendo juego con otra más al interior donde aparecerían los Penates y Dioses romuelos. Tal cornisa sería picada cuando se convirtió en ermita el delubro…

7º- El grupo de las cuatro calaveras colocadas hoy sobre el vértice del frontón principal debe pasarse al ápice del frente opuesto; conservando así este trozo de escultura de los siglos medios y no desfigurando la perspectiva principal del templo.

8º- Las lápidas rectangulares donde están reproducidas las inscripciones del ara de los sacrificios y del sepulcro de Lacer son copias nada apreciables del siglo XVII, hechas por ruda mano e inerudito entendimiento. La Comisión se abstiene de proponer la menor resolución acerca del destina que deba dárseles.

9º- Convendría que la Academia interpusiese sus respetos con los Sr. D. Rodrigo y D. Alejandro Barrantes excitando su celo y patriotismo y su amor por los preciosos monumentos históricos, quilatando con insignes testimonios por esta ilustre familia desde el siglo XVI; a fin de que cedan para su colocación en el templo tanto el ara de los sacrificios como la lápida sepulcral de Lacer; devolviendo al primitivo sitio que ocuparon estos restos venerables de la romana antigüedad.

10º- Por último sería acertado recomendar al Ministerio de Fomento la conveniencia de formar un albun de diferentes vistas fotográficas del puente … y del templo … y costosa reparación llevada a cabo por la munificencia de S.M. que tanto honra al presente siglo y que tan estimable le harán a los venideros …. la Dirección general de obras públicas … no se detendrá ante el pequeño gasto que pueden ocasionar las láminas….”

Firman el Dictamen Antonio Delgado, Pedro J. Pidal, José Amador de los Ríos y Aureliano Fernández Guerra.

La acostumbrada acotación al margen del mismo 2 de Diciembre de 1859 dice lacónicamente “Se aprueba el dictamen de la Comisión”. (33).

También en la misma sesión del 2 de Diciembre de 1859 se acusa recibo y agradece el envío por el Sr. Millán de fotografías del escudo que se va a colocar en el Arco de Triunfo a propuesta de la Real Academia de la Historia, e igualmente su informe de que “la escultura ha sido hábilmente ejecutada en mármol de Carrara de excelente calidad, por los acreditados artistas españoles Don Francisco y Don José Bellver y merecido los mayores elogios”. (34). Agradecimiento y acuse de recibo que se cursan el 8 de diciembre al Sr. Millán “Correspondiente de la Real Academia de la Historia”. (35).

Pocos días después, el 15 de Diciembre, la Comisión añade nuevos datos a su informe anterior: “Nuevas investigaciones ponen ya fuera de toda duda que la dedicatoria y epigrama del friso del templo erigido por Lacer habían sido borrados … en tiempos de Felipe IV … y por orden del Gobernador de Alcátara … D. Pedro Carvajal y Ulloa, proveedor general del ejército en Badajoz cuando la guerra con Portugal se picó el frente del arquitrabe del templo y en él se reprodujo la inscripción antigua. Hizose esto sin gusto literario, sin criterio, sin conocimiento de la sintaxis y ortografía latina y testifican el hecho los dos últimos renglones añadidos a la antigua: gobernante domino Petro Carvajal Ulloa Haec carmina proellis abrasa renovate fuere.

Ambrosio de Morales no pudiendo leer ya el octavo verso del epigrama, lo dejó en blanco.

Otras personas …. suplieron el verso de esta forma: Scilicet et superis munera sola litant, pero faltando a la gramática porque el régimen litare munera no es propio del siglo de Trajano. Así y todo … se estampó en muchos libros … sirvió de modelo a la persona que por los años de 1650, cuidó de hacer entallar de nuevo la inscripción en el frontis del templo.

Lo raro es que desde los tiempos de Felipe 2º corría de molde la verdadera lección del epigrama completo, habiendo tenido la suerte de copiarla exacta y escrupulosamente nuestro estudioso beneficiado Juan Fernández Franco en 1545 y muy poco después Valle sin otro error que leer quam en lugar de qui en el 5º verso, pues la piedra estaba ya maltratadísima.

La Comisión … va a restablecer el texto de la dedicatoria y del epigrama … de esta manera:

Imp. Nervae Trajano Caesari Aug. Germ. Dacio …

El primer renglón en letras grandes … Ninguna abreviatura sino las de preciso estilo y las que hicieron discurrir largamente a Resende y Morales. Carácter de letra propio del tiempo …

Este añadido al dictamen va firmado por J. A. de los Ríos, Antonio Delgado y Aureliano F. Guerra.

Al final el Secretario escribe: “Aprobado el dictamen que precede; comuníquese como de la Acdª. en oficio al Excmo. Sr. Ministro de Fomento”. (36).

El informe se envió al Ministro de Fomento el 19 de Diciembre y el Director General de Obras Públicas, José Francisco Uría, contesta afirmativamente al Director de la Academia el 7 de Enero de 1860: “se da orden con esta fecha al Ingeniero Gefe de la provincia de Cáceres, para que al redactar el presupuesto que se le mandó formar en diez de dicho mes [10 Diciembre 1859] por consecuencia de la anterior comunicación de V. E. de 26 de Noviembre, tenga presente cuanto se manifestó …”. Pero al mismo tiempo plantea la cuestión del pago de los gastos que se ocasionen: “no pudiendo menos de hacer presente a esa Real Academia, que si bien se reconoce la conveniencia de que se lleven a cabo las obras y operaciones a que se refiere del templo ….. parece que los gastos que le ocasionen deben satisfacerse por esa Real Academia de la Historia … y no por el ramo de obras públicas … que ya ha hecho cuanto ha estado de su parte….”.

En la acotación al margen, el Secretario escribe que la Academia agradece que el Ingeniero tenga presente los deseos de la Academia, pero “manifestando que esta siente no tener fondos con que coadyuvar al obgeto porq. la corta asignación que tiene está destinada especialmente a objetos marcados en el Presupuesto”. (37). Por eso el 25 de Enero de 1860 se escribe al Director de Obras Públicas en el sentido de agradecer que se acepte la propuesta de reconstrucción del Templo, pero que la Academia no tiene fondos. (38).

El Puente de Alcántara había sido reinaugurado solemnemente el 4 de Febrero, como veremos más adelante, pero la cuestión del pago de las obras del Templo no estaba resuelta todavía, hasta que intervino la Reina, según comunica el Director General de Obras Públicas al Director de la Academia de la Historia el 5 de Marzo de 1860: “La Reina (q. D. g.) conformándose con lo propuesto ha tenido a bien aprobar el presupuesto de 28.950 reales remitido por el Ingeniero … con los fondos generales del Estado”. (39). Y con la misma fecha en otro escrito igual añade que son “los fondos generales del Estado y con cargo al capitulo y artículo de obras públicas” . (42). Con el alivio que es de suponer, el 12 de Marzo la Academia comunica que ha recibido la notificación de que el pago será por cuenta de Obras Públicas. (43).

Relacionados también con el puente de Alcántara hay varios papeles muy posteriores en cuyo contenido se percibe una cierta desconfianza o rivalidad burocrática entre instituciones o personas que las dirigían.

Siete años después, en 1867, la Dirección General de Instrucción Pública y Antigüedades quiere recabar datos sobre el Puente y el Templo. La Academia de San Fernando parece algo renuente a darlos, por lo que el 17 de Julio de 1867 el Director General, D. Severo Catalina, busca el apoyo de la Academia de la Historia, comunicándole que se había pedido el 29 de Enero de 1867 a la Academia de las tres Nobles artes de San Fernando un informe sobre el Puente de Alcántara y había contestado el 6 de Marzo de 1867 “que no podía enviarlo por no existir en la provincia de Cáceres, a la cual dichos monumentos corresponden, Comisión de monumentos, pero como según comunicación del Gobernador de dicha provincia, fecha 10 del actual [10 de Julio de 1867] la mencionada Comisión de Monumentos está ya constituida, esta Dirección General ha acordado excitar el celo de V.S. a fin de que procure que se despache este asunto”.

En aquellos momentos se estaba de vacaciones y D. Pascual de Gayangos, en funciones de Director, acota al margen el 20 de Julio de 1867 un lacónico “Enterado”. (44).

D. Severo Catalina vuelve a escribir a la Academia el 13 de Noviembre recordando que el 17 de Julio había pedido información sobre el Puente y el Templo y aun no ha recibido contestación. La Academia en sesión del 16 de Noviembre de 1867 acuerda que informe la Comisión de Antigüedades. (45).

El 20 de Noviembre de 1867 se le da traslado del asunto a D. Aureliano F. Guerra. (46).

Al año siguiente se vuelve a repetir la petición de información sobre el Puente de Alcántara por el Director de Instrucción Pública, esta vez D. Carlos B. Coronado, con fecha 21 de Marzo de 1868. La Academia en sesión de 29 de Marzo de 1868 se limita a un “Recuérdese a la Comisión de Antigüedades”. (47).

Por fin, con las firmas de J. Amador de los Ríos, Aureliano F. Guerra, (ilegible), Pedro de Madariaga y de Manuel Olivares, la Comisión remite su informe, redactado con un estilo algo desabrido y como molesto, señalando los datos que la propia Dirección General debería tener o conocer. Comienza recordando que el 17 de Julio la propia Dirección de Instrucción Publica había informado a la Academia de la Historia de la petición que había hecho a la de San Fernando de que informara sobre el Puente y Templo, y ahora lo pide a la Academia e la Historia. Se le puede remitir un ejemplar del acta de la reunión del 1 de Julio de 1860 de la Academia de la Historia con la Noticia de cuanto ha hecho la Academia a favor del monumento, secundada por el Ingeniero D. Alejandro Millán; en la Gaceta de 14 de Agosto de 1859 y el Boletín Oficial del Ministerio de Fomento del 25 de Agosto:

se dio cuenta de cuanto el Gobierno y la Academia habían hecho para la más acertada reparación del templo y del puente, y que la misma Dirección en 7 de Setiembre del propio año nos trasladó la Real Orden comunicada el 20 de Julio a la Dirección general de Obras públicas aprobando cuanto había propuesto la Academia.

La Comisión no tiene noticia de más particulares, sino de haberse cumplido en todas sus partes por el Ingeniero Millán lo que S.M. dispuso depositándose en el Museo de nuestra Academia calcos en yeso de las inscripciones inutilizadas y excelentes fotografías en gran tamaño …. que hacen formar la más completa idea del tino y acierto con que se llevó a cabo la feliz restauración del monumento.”

Termina el informe con un dato bibliográfico interesante:

nuestro docto correspondiente D. Emilio Hübner, profesor de la Universidad de Berlín, publicó en los Anales del Instituto de correspondencias arqueológicas de Roma en 1863 un importante y erudito estudio histórico sobre el puente de Alcántara.

Es cuanto la Comisión puede informar a la Academia.”.

Al margen se anota en la sesión del 27 de Marzo de 1868: “Aprobado; comuníquese al Gobierno”. (48).

Se remite ese informe de la Comisión el 6 de Abril al Director de Instrucción Pública. (49).

De esta forma, la Academia de la Historia mostraba su participación activa mediante solicitudes a las Autoridades para despertar el interés oficial por la reconstrucción del Puente, primero, y del Templo después, y conseguida ambas ejerció una colaboración eficaz con iniciativas de propuestas de restauración de lápidas y la insistencia en que se respetara el estilo romano original.

4-Un informe periodístico de su reinauguración: ambiente social y literario

El 4 de Febrero de 1860 se inauguró oficial y solemnemente la reconstrucción del Puente de Alcántara. La Iglesia bendijo la obra, las Autoridades declararon abierto el paso por ambos lados del puente, se celebró un gran banquete, hubo profusión de discursos y recitación de poesías alusivas al acontecimiento, y se terminó con un baile de sociedad.

A la alegría por ver de nuevo entero el puente romano, se añadió la noticia de que las tropas españolas habían entrado victoriosas en Tetuán, y en los discursos se hacen alusiones patrióticas a los éxitos del ejército español. También, como igualmente se había manifestado en la correspondencia de la Academia de la Historia y las Autoridades, hay un sentimiento de orgullo por haber hecho la reconstrucción, acallando así las posibles críticas del extranjero a la desidia española.

Juan Miguel Sánchez de la Campa es el cronista oficial del acto de inauguración, brillantemente descrito en un folleto de 32 páginas con el título de SOLEMNE INAUGURACION del PUENTE MONUMENTAL DE ALCÁNTARA VERIFICADA EL DIA 4 DE FEBRERO DE 1860. El folleto se imprimió en Cáceres dos días después, el 6 de Febrero, en la imprenta de Nicolás M. Jiménez.

Sánchez de la Campa anota el bullicio de la Villa de Alcántara con la llegada de tantos forasteros y curiosos venidos a la inauguración, acto “que encarna en cierto modo la regeneración de un pueblo …. villa y plaza fronteriza, un día de gran importancia política y militar y cuya brillante armadura hoy se halla reducida a una descarnada y ruinosa muralla, que de nada sirve

Muestra su alegre asombro por la obra bien hecha:

Nosotros habíamos visto poner la primera cimbra del arco que destruyeron ejércitos que no eran españoles; …. a la obra marchar … a través de obstáculos de muchos géneros; habíamos visto el arco triunfal de Trajano, desnivelados sus pilares, …. el templo que Cayo Lacer erigiera …. oscurecido entre escombros, malezas y trozos de tapias … y nos hallamos sorprendidos, con esa sorpresa grata que experimenta el que, al contemplar un objeto lo encuentra mil veces mejor de lo que esperaba … Presentose el Puente con toda la esbeltez, con toda la grandeza que le dio su autor; tan completo, tan entero como salió de sus manos ”.

El cronista da una relación de los asistentes al acto inaugural, todos al parecer de carácter regional, pues no estuvieron ni ministros, ni directores generales. Asistieron: el Gobernador de la provincia de Cáceres, D. Francisco Belmonte, acompañado del Conde de Adanero, vicepresidente del Consejo provincial, y del conde de Canilleros, individuo de la Junta de Agricultura; el marqués de Torreorgaz y el marqués de Camarena; D. Manuel Camacho, secretario del gobernador; los Sres. Juan María Varela, Tomás Leandro Lanuza; el Alcalde de Brozas; el Diputado provincial del partido, el Fiscal de la Audiencia, Juan Victoriano Galán, y otras muchas personas notables. Justificaron su ausencia D. Cipriano Montesinos, que siendo Director General de Obras Públicas fue el que orilló las dificultades y eligió al ingeniero Millán para ejecutar la obra; faltaron también los actuales Diputados a Cortes.

Sánchez de la Campa describe el público que asistía a los actos de la inauguración: la nobleza de cuna y de la ciencia; el capital honrosamente adquirido al lado del rico heredero; el labrador y el capitalista; el alto cargo y el que nunca quiso ser ni concejal de su pueblo. Y recoge la alusión que se hizo al obrero que se había distinguido por su trabajo: el señor Andrés López Ocariz. Luego, a la hora de los discursos, aparecen más personajes: el Cura de Cedillo, el Juez de primera instancia de Alcántara, Juan González Méndez, el Diputado del distrito, Casildo González, el Prior de Alcántara, Francisco Cárdenas Chacón; D. Pedro Claver y los poetas Luis Sergio Sánchez y Antonio Valiente.

Puede compararse esta relación de personalidades con la lista de los testigos firmantes del acta de final de la obra que proponía la Comisión de la Real Academia de la Historia el 2 de Diciembre de 1859.

Los actos públicos comenzaron la noche antes del día de la inauguración con una serenata al Gobernador a las once de la noche, “y entre otras piezas brillantemente ejecutadas, tuvimos el gusto de oír las bélicas armonías de un himno de África. La orquesta pasó luego a felicitar al señor Ingeniero D. Alejandro Millán, afortunado director de las obras del Puente.”. El día 4 de Febrero, a las nueve y media salió la comitiva de más de doscientas personas y se acercó a la iglesia del convento de San Benito, “magnífico monumento debido a Juan de Herrera, y única cosa que queda útil de tan notable como distinguido edificio

Invitados por el Prior de Alcántara acudieron 18 curas párrocos de diferentes pueblos a la misa que ofició el Arcipreste D. Rodrigo Barrantes; intervino una capilla de música y el sermón corrió a cargo del cura párroco de Cedillo. Terminó la misa a las doce y media y salió con la cruz alzada el clero y la numerosa comitiva presidida por el Gobernador y escoltada por la Guardia Civil. Ondeando la bandera nacional en lo alto del Arco de Triunfo, se recitaron las preces de la bendición y a continuación el Gobernador pronunció un discurso que hizo una breve historia del puente, recordando a la Reina Isabel II a quien se debía su reconstrucción y felicitando al Ingeniero D. Alejandro Millán, sin olvidar a los obreros que habían hecho realidad los pensamientos del Ingeniero; finalmente declaró, ya recibidas estas obras por el Inspector del distrito, abierto el tránsito al público. Se dieron vivas a la reina, al gobernador y al ingeniero y el Gobernador descorrió la cortina que cubría el escudo de España. Entonces se leyeron composiciones poéticas a alusivas al acto: un soneto del marqués de Torreorgaz y otro del cura de Cedillo con referencias a la obra del Ingeniero; luego se reconoció las obras y se visitó el antiguo Templo y el ara, volviendo luego la comitiva a la iglesia de San Benito donde se entonó un Te Deum.

A continuación se sirvió un espléndido refresco en el alojamiento del Gobernador, que dio las gracias a los asistentes. El marqués de Torreorgaz pronunció un discurso en el que dijo que la Villa de Alcántara ya no es la matrona dolorida, sino la joven esbelta “que orgullosa nos ostenta su restaurado puente …. Extemadura, señores, falta de comunicaciones, moría de plétora; de hoy mas el Tajo …. nos abre las puertas del Océano y nos da comunicación con el comercio del mundo”. El banquete oficial, a las siete y media de la noche, de cuarenta y cinco cubiertos, tenía en el centro de la mesa una maqueta del puente; había dibujos de los detalles de la obra en las paredes, con una gran fotografía del escudo con las armas reales; en un cuadro se exponía el detalle de las cuentas de lo que había costado la reparación, 2.081.037 reales con 32 céntimos en total.

Se hizo luego una abundante serie de brindis comenzando por el Gobernador, el Sr. Millán y el Sr. Sánchez de la Campa.

La esperanza en un futuro próspero, que campeaba en todas las intervenciones, se concretó en el brindis del marqués de Torreorgaz, que pidió una inversión del 80% de los bienes desamortizables para construir un camino férreo desde Talavera de la Reina a Lisboa que recorriera la provincia, “que devolviéndole la vida de que hoy carece, aumentaría sus producciones, fomentaría su agricultura y sería para ella manantial de incalculable riqueza” idea que atribuyó al Gobernador, quien contestó dando las gracias; otro brindis fue del joven ingeniero Clemente, que felicitó a sus jefes y al obrero López Ocariz.

Habló luego el Sr. D. Pedro Claver, también con esperanzas de un futuro mejor: “Sus enormes y ennegrecidas piedras nos revelan el orgullo romano, la sangre de los mártires, el triunfo de la religión cristiana, la profanación de los muslimes, las victorias de los Alfonsos, el indomable valor español contra el Capitán del siglo [Napoleón], y la brillante época que atravesamos”. Tras un recuerdo a la Reina, menciona a la Escuela de Ingenieros como agente de prosperidad: “¿No veis las vías telegráficas y férreas, canales y acueductos llevar a los pueblos la vida y la abundancia con la celeridad del rayo?¿No miráis ese Puente rehecho de sus seculares corrosiones…?”. Llevado de su entusiasmo, que es el entusiasmo del siglo XIX, no puede por menos de mencionar los triunfos que estaba obteniendo en África el ejército español y de dar las gracias al Altísimo.

Abrumado por los elogios recibidos, la emoción no dejó hablar al Sr. Millán, pero a él le dedicaron poesías el Juez de primera instancia y el Cura de Cedillo. Tras las poesías, nueva tanda de discursos: de D. Manuel Camacho, del Gobernador, del Prior de Alcántara, D. Francisco de Cárdenas y Chacón, contestado por el Gobernador rememorando las proezas de los Caballeros de Alcántara; finalmente el Diputado del distrito D. Casildo González brindó por su antiguo amigo el director del Instituto de Cáceres.

El banquete terminó a las once de la noche y a continuación hubo un baile con “encantadoras jóvenes con elegantes prendidos y brillantes de hermosura y juventud”.

El día siguiente, 5 de Febrero hubo corrida de novillos.

El folleto termina con una colección de poesías dedicadas al Puente de Alcántara, al Ingeniero Millán y al obrero Ocariz. Así como los discursos caben dentro de la retórica decimonónica, las poesías son discretas, con algún que otro acierto verdadero.

La lectura del folleto produce una sensación agridulce: por una parte, se nos muestra un momento en que España se está recuperando tras la guerra de la Independencia, en que hay energía para modernizarse y mirar a un futuro próspero; por la otra, nos produce el sentimiento de cómo esa energía fue mal encauzada por la clase política que nos llevó a la inestabilidad constitucional y al desastre colonial de 1898. Su lectura, sin embargo, nos deja la sensación de un momento vibrante de la historia de España y en Extremadura.


NOTAS:

[1] Una obra general bastante completa es la de Jesús Liz Guiral, El puente de Alcántara, arqueología e historia, Madrid, Fundación San Benito de Alcántara, 1988.

[2] La densidad de población y la abundancia de caminos y puentes ha sido puesta de manifiesto por Antonio Blanco Freijeiro, El Puente de Alcántara en su contexto histórico, Madrid, Real Academia de la Historia, 1977.

[3] Antonio Ponz, Viaje de España. En que se da noticia de las cosas más apreciables y dignas de saberse, que hay en ella, Madrid, Ibarra, 1784.

[4] María Cruz Villalón, “El puente de Alcántara en los siglos XVII y XVIII. Noticias sobre su estado y planteamiento de reconstrucción”, Norba-Arte, n. XXII-XIII (2003) 89-99.

[5] J. De Viu, Colección de Inscripciones y Antigüedades de Extremadura, Cáceres, Concha y Compañía, 1846, dedica muchas páginas al puente, las inscripciones y los pueblos de los alrededores, y ante su ruina, se duele: “así como está, repetimos, al paso que acusa la criminal indolencia de la Estremadura toda y del mismo Gobierno, que no procura conservar el edificio mas magnifico en su genero que posee la Europa ..” p. 122.

[6] Utilizo los documentos del legajo “Puente de Alcántara” del Archivo de la Real Academia de la Historia. Juan Celestino y Sebastián Celestino tienen un catálogo de dichos documentos informatizado: Comisión de Antigüedades de la Real Academia de la Historia. Extremadura. Catálogo e Índices. Madrid, RAH, 2000. Los documentos contenidos en el legajo que hemos manejado tienen la signatura general CHCC/7948/4/ y entre paréntesis el (número) del documento. Nosotros hemos señalado simplemente ese número poniéndolo entre [corchetes] y omitiendo todo lo anterior.

Oct 012006
 

Alonso José R. Corrales Gaitán.

Investigador

En estos tiempos tan materialistas, en los que vivimos en un claro estado aconfesional, a pesar de que la mayoría de la sociedad española y mas concretamente la cacereña se manifiestan creyentes, aunque muy poco practicantes, puede sorprender la importancia religiosa que tuvo Cáceres en el pasado, tal y como lo demuestra por ejemplo la gran cantidad de ermitas, conventos y templos que permanecían abiertos principalmente en los siglos XVI, XVII y XVIII. Realmente sorprendente si tenemos en cuenta lo limitado de la población de aquel entonces.

Así durante varias generaciones, se mantuvieron abiertos al culto una veintena de edificios, con las particularidades y actividades propias de cada uno, respaldados fundamentalmente por asociaciones y cofradías que enriquecieron notablemente el patrimonio religioso, pero también el de la propia ciudad.

No queremos decir con esto, que los cacereños fuesen mas religiosos que el resto de los ciudadanos, simplemente que durante varios siglos, se dieron toda una serie de características excepcionales en este sentido, motivado fundamentalmente por la concentración de un elevado número de mecenas, nobles por lo general, que consiguieron con notable esfuerzo concentrar en Cáceres un inusual número de reliquias procedentes de distintos y distantes lugares de la Cristiandad. Propiciando así un considerable movimiento humano, de otra manera impensable en aquella lejana y conflictiva época.

Al tratarse éste de un tema inicialmente religioso, vinculado históricamente con lo popular, los mismos ciudadanos con sus sentimientos mas íntimos, además del paso lógico del tiempo, han influido creemos que de manera positiva, en adornar algunos de los datos reales u originarios con elementos propios de las leyendas. Motivo por el cual nos hemos visto obligados a cotejar a diferentes autores, para así descubrir lo mas puro de la información aunque esto signifique el presentar en determinados momentos datos muy escuetos, pero al menos exentos de excesiva fantasía.

En lo que si coinciden la gran mayoría de los autores o investigadores tratados, es que en aquella lejana época se daba en Cáceres un ambiente propicio para la existencia de todas estas reliquias. Tanto es así que llegaron a coincidir en nuestra ciudad hasta un total de siete, con carácter oficial, procedentes de diferentes lugares. Carecemos de los datos necesarios para defender su autenticidad, simplemente nos vamos a limitar a recordarlas lo masmás detalladamente posible, que la historia, que los expertos o puristas realicen el juicio correspondiente.

La definición que el diccionario de la Lengua Española ofrece de la reliquia, es la siguiente: “parte del cuerpo, vestido, etc. de un santo”.

Hubo un tiempo muy lejano, que la existencia de una reliquia en una población, suponía como un título extraordinario a la misma, una especie de respaldo divino a la religiosidad de sus gentes, un espléndido regalo. Es muy posible que si se realizase un estudio profundo de aquella época, se llegaría a la conclusión de que como resultado inmediato de ello fuese el incremento del número de cofradías locales, y la destacada devoción hacia determinadas imágenes o símbolos religiosos. Incluso llegando así a influir sobre otros continentes, como es el caso del Descubrimiento de América, por ejemplo donde los cacereños llevaron varias devociones asentadas en nuestra ciudad, manteniéndose vivas hasta la actualidad.

Tanta es la importancia alcanzada por las reliquias en nuestra ciudad, que no pocas iglesias llegaron a prestar toda su atención social y económica para tan peculiares fragmentos religiosos, con construcciones de capillas y retablos etc. exclusivamente para su exposición y devoción pública, lo que supuso un considerable esfuerzo económico. Mención a parte merecerían aquellas otras reliquias que han ido llegando en los últimos años a nuestra ciudad, pero de manera extraoficial, es decir como consecuencia del poco escrúpulo de algún particular que las mantiene en su poder sin aclarar el proceso de posesión.

Desgraciadamente del total de las reliquias que hemos estudiado en este apartado, la mayoría desde hace bastantes años se encuentran fuera de su lugar histórico de culto. Existiendo no obstante una información no oficial, que nos descubre en manos de quién se encuentran algunos de estos objetos, ojalá que estas personas sean lo suficientemente sensibles al respecto y decidan no sacar de nuestra ciudad dichos variados objetos, o incluso que los cedan para que los ciudadanos puedan disfrutar su observación y estudio.

No cabe duda que de estar presentes todas estas reliquias expuestas oportunamente en diferentes lugares, ocasionó a corto plazo un notable incremento de las visitas a la ciudad, lo que supuso un considerable aumento de los ingresos económicos a este conjunto urbano.

Las reliquias a las que nos vamos a referir seguidamente son:

  • Lignum Vere Crucis (A).
  • Reliquia de San Benito (B).
  • Reliquia de San Maximiliano (C).
  • Reliquia de San Bartolomé (D).
  • Reliquia de San Pablo Apóstol (E).
  • Reliquia de San Blas (F).
  • Reliquia de San Francisco Javier (G).
  • Reliquia de Santa Gema (H).
  • El Mantel de la Última Cena del Señor.

A.- Se trata de uno de los mayores fragmentos del madero de la Crucifixión de Jesucristo, que estaba expuesto, traído a Cáceres por el Cardenal D. Bernardino de Carvajal, tío del Arcediano de Plasencia D. Francisco de Carvajal. Expuesta dicha reliquia en una capilla que se levantó en el interior del palacio denominado de los Duques de Abrantes, situado al final de la Plaza Mayor y que había sido construido en el siglo XVI por dicho Arcediano

Siendo la nieta de aquel, Doña Leonor de Saavedra y Carvajal, quién heredo tan magnífico palacio, contrayendo enlace matrimonial con don Gonzalo Gómez de Carvajal, conociéndose sus sucesores desde entonces como: “Carvajales de la Casa del Duque”, obteniendo estos nobles descendientes una importancia, en todos los campos muy superior a sus antecesores.

Según el cronista local don Gil González Dávila, en afirmaciones realizadas un siglo después del fallecimiento de D. Bernardino: “ fue“fue la reliquia un regalo del Pontífice Inocencio VII en el mes de mayo del año 1491, por los servicios prestados “. Lo que nos extraña poderosamente, al no ser defendida nunca dicha teoría por el implicado.

“Fue don Bernardino maestro de sagrada teología y gran letrado, Canónico de Badajoz, Prelado de la Iglesia de Astorga, de Cartagena, recibiendo del Papa el capelo cardenalicio con el título de Santa Cruz de Jerusalén, siguió por Sigüenza y Plasencia, embajador del Papa Alejandro en Lombardía, y por el Pontífice Inocencio VIII Nuncio en España. Tuvo gran autoridad en todos los conclaves en los que participó, siendo muy respetada y escuchada su opinión. Pero también fue inquieto, llegando a caer en el Cisma. Se unió al Rey de Francia, Luís XII, para luchar contra el Papa Julio II, y murió en Roma el 16 de diciembre de 1523”.

(Publio Hurtado Pérez).

La capilla levantada inicialmente como un oratorio particular, acogió en el siglo XVI a dicha reliquia, disponiéndose una amplia puerta de entrada al patiecillo por la Calle del Santo Espíritu. De dimensiones cuadradas con cinco metros de cada lado con un solo altar frente a la puerta. En el centro del retablo se admiraba un cuadro pintado en madera de grandes proporciones, que representaba la Exaltación de la Cruz, cuya cristiana enseña transportaban al cielo a través de los espacios cuatro ángeles, muy bien dispuestos y dibujados y que ocultaba a las miradas el lugar de exposición de tan magnífica reliquia; coronando el retablo otro cuadro con la figura del patrón de España. También estaba expuesto y un grandioso cuadro de la Virgen del Rosario, todas estas obras pictóricas de autores anónimos.

Se concedieron Indulgencias plenarias de siete años, el 7 de octubre de 1683, por el Pontífice Inocencio XI a los fieles que confesados y comulgados visitaran dicha capilla y en ella rezasen por la paz y la concordia entre los príncipes cristianos, extirpación de las herejías y exaltación de nuestra Santa Madre Iglesia.

La reputación de la reliquia depositada en dicho palacio cacerense fue tan popular, que a finales del siglo XVI el monarca Felipe II realizó varias gestiones para poder llevarse tanto esta como otras que en nuestra ciudad se guardaban, para incorporarlas a su ya amplia colección, oportunamente expuesta en una estancia del Real Monasterio de San Lorenzo del Escorial. Lo que afortunadamente no consiguió, por motivos que no han trascendido hasta nuestros días.

Y fue un descendiente de don Juan de Sande y Carvajal, primer Señor de la Enjarada, del mismo nombre y apellidos, poseedor del mismo título y señoría, quién acudió el 26 de abril del mismo año 1612 ante el Vicario General de la Villa de Cáceres y al propio Notario Apostólico el cual refrendaba todos los actos y documentos oficiales, manifestando que movido de santo celo había mandado hacer una bella cruz de plata y así depositar en su interior este fragmento de cruz para ser expuesto al culto.

No obstante existe otra teoría que afirma al respecto, que pese a todos los cuidados recibidos, mencionada reliquia estuvo a punto de ser devuelta a Roma, como consecuencia de la presión que ejerció el Sumo Pontífice a la familia Carvajal, en respuesta enérgica a la conducta seguida por los descendientes de D. Bernardino, al mantener de forma nada legal dicho fragmento de madero tan extraordinario. Pero al final y afortunadamente para Cáceres, se optó por mantenerla aquí, con la condición inexcusable de que la familia de dicho apellido construyesen siete templos en la ciudad, apuntando algunos investigadores locales, que fueron éstos los siguientes: Los Mártires, San Blas, Santo Vito, San Marquino, San Antón, San Bartolomé y Las Candelas o de la Consolación. Además de colocar esta peculiar reliquia en lugar de culto público y con visitas en fechas señaladas para la Cristiandad.

LIGNUM VERE CRUCIS

Cuenta nuestra Historia Local en uno de sus masmás olvidados capítulos:

“ que el Prelado de Coria, D. Miguel I, Pérez de Lara (1704-1709), fallecido el 14 de febrero de 1709, y enterrado en la Iglesia de Santa María de Cáceres, muy cerca del Cristo Negro, pidió un pedazo del Lignum Crucis para colocarlo en su casa, el cual se veneraba en la capilla del Palacio de los Duques de Abrantes, ya incluido entre las pertenencias propias del mayorazgo fundado por D. Juan de Sande Carvajal y su esposa Doña Leonor de Saavedra, siendo agregados el fragmento de la cruz y otras preciadas reliquias, por su cuarto nieto D. Juan de Carvajal y Sande, Conde de la Enjarada, que había otorgado en escritura de 30 de marzo de 1703, ante el escribano D. Pedro Ramos, y en cuyo testamento de 18 de agosto del año 1704 decía así:

“Item: es mi voluntad de agregar y agrego e incorporo al mayorazgo que poseo y fundaron Juan de Sande Carvajal y Doña Leonor de Saavedra, su mujer, la reliquia del Santo Lignum Crucis que se venera en la Capilla de las casas principales de dicho mayorazgo, en que vivo, que son en esta Villa a la colación de Santiago, a la entrada de la plaza pública, por la parte de abajo, con la Cruz de Plata en que está dicha reliquia y otras de grande veneración, y con el retablo de madera de fábrica nueva y lámpara de plata que en dicha Capilla tengo, para que en dicho Mayorazgo quede todo incluso y vinculado perpetuamente, y con la condición y gravamen de que ningún sucesor la pueda sacar, ni mudar de dicha Casa y capilla, porque mi intención, voluntad y deseo, es de que en ella se conserve y permanezca perpetuamente y sin disminución, y encargo y mando a mis testamentarios, que pidan a Su Santidad o Su Nuncio, Paulina con Excomunión reservada, contra todas y cualesquiera personas que quitasen o mudasen dicha Reliquia de la Santa Cruz de Cristo de dicha Capilla, en todo o en parte, para que a todos sea notoria y que se conserve en mi Patria tan preciado Tesoro …

(Esta prohibición fue sancionada por una Paulina Pontificia).

Item: Encargo al dicho don Bernardino de Carvajal, mi hijo, y demás sucesores en mi Casa y mayorazgo, que cuiden de que en dicha capilla de la Cruz, se celebre su fiesta con Vísperas y Misa cantada. En el día de la Invención de la Santa Cruz, en cada año como hasta aquí se ha celebrado por mi y mis ascendientes”.

De todas las pruebas que fueron preciso consultar, a la hora de dar autenticidad a la mencionada y popular reliquia cacerense, resultó que don Francisco de Carvajal y Sande, Arcediano de Plasencia y sobrino carnal del Cardenal de Santa Cruz, a los quince años de muerto éste, acudió al Vicario General del Obispado, don Gutierre de Vargas y Carvajal, sobrino del Cardenal además de primo del ya fallecido don Bernardino quién le había dejado un austero cofre repleto de reliquias, envueltas en finos paños y con sus correspondientes notas y documentos de autenticidad, presentando al mismo tiempo a dos testigos, uno de la familia Sande y el otro don Bernardino López de Carvajal, pariente suyo, sacando del arcón, en presencia del Vicario mencionado, todo su contenido es decir:

  • Espina de la corona de Cristo, envuelta en un poco de algodón y liado todo en un papel, en el que se leía: Sex: Sex Spine Christi.
  • Piedra de la lápida, envuelta en un papel, atado con hilo de cáñamo en que se leía: de lápide quarentene domini; y debajo de la envoltura otro papel que expresaba: de cuarentena Christi.
  • Un velo y cilicio de Santa Catalina, y el paño con el que cubrieron sus llagas.
  • Piedra de la celda de San Jerónimo, bajo el pesebre.
  • Otra piedra de la zarza que vio arder Moisés.
  • Y otra del Monte de los Olivos.
  • En un carmesí, atado un trozo del madero de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, cuyo sobrescrito decía: De Lignum Vere Crucis.

Según nos cuenta el notable Presbítero e investigador cacerense D. Simón Benito Boxoyo (1739-1807):

Existieron en pleno siglo XVIII dos intentos de los descendientes de esta familia, de depositar dicha reliquia en el cercano templo de Santiago de los Caballeros, llegando incluso a colocarse el conveniente retablo y demás adornos necesarios, pero fueron diferentes motivos los que al final impidieron que tal medida llegase a realizarse. Para unos fue la presión de la propia familia Carvajal, que se opuso en pleno al cambio, para otros investigadores fue la intervención del Prelado recordando la Paulina Pontificia.

Así las cosas, durante muchas generaciones miles de devotos venidos de toda la región y lejanos lugares, se concentraron en fechas señaladas (Jueves Santo y 3 de mayo), formando largas colas para poder permanecer por unos breves instantes frente al Lignum Crucis. Tanto es así que la autoridad municipal debía de emplearse a fondo, con todos sus medios, para organizar y atender adecuadamente a los caminantes y peregrinos, recurriendo en no pocas ocasiones al propio ejército para reforzar esta ayuda, así como a otras asociaciones y órdenes religiosas.

“En 3 de diciembre de 1704, el corregidor de Cáceres hizo presente a su Ayuntamiento que, por muerte del conde de la Enjarada, resultó vinculada esta preciosa reliquia, según cláusulas d su testamento, con la prevención de que e ganasen bulas apostólicas, para que de ningún modo se pudiese sacar de su capilla y casa en que murió, y teniendo noticia, que el nuevo conde quería conducirla a Toledo, lo hizo presente, para que la villa no permitiese extraer una reliquia tan insigne; y en su vista dio comisión al Ayuntamiento a uno de sus regidores”.

(Simón Benito Boxoyo).

“En 29 de marzo de 1737, acordó la villa celebrar procesión general el domingo día 31 del mismo, por la gran sequedad que se experimentaba, sacando el santísimo Lignum Crucis, formándose la procesión en Santa María, según costumbre, y pasando a Santiago donde estaría la reliquia, siguiese la procesión hasta volver a Santiago; esto por la tarde y, por la mañana, se celebrase misa solemne; así se ejecutó, llevando la reliquia el señor obispo.

A instancia y representación de don Francisco Crespo, cura de Santiago, se prohibió por el ordinario esta manifestación de tan insigne reliquia, año de 1796, no obstante la anticuada costumbre y pública fe de su veracidad, hasta que se viese la auténtica”.

(Simón Benito Boxoyo).

Todo fue transcurriendo de esta manera, hasta que a principios del siglo XX, y más concretamente en la década de los años veinte, desapareció de Cáceres el Lignum Crucis, así como el arcón con todo su magnifico contenido, sin ninguna explicación, ni motivo. Según indicaciones del Marqués de Valdefuentes, todos los objetos se los había llevado a Madrid la Marquesa de Portago. Unos años antes ya había intentado llevárselas a Toledo, lo que se había podido impedir gracias a la intervención oportuna del Ayuntamiento y autoridades eclesiásticas de nuestra ciudad.

Y fue desde ese preciso momento, cuando los cacerenses comenzaron a llamar a la Capilla del Palacio de los Abrantes, Capilla de la Excomunión, pues era de esperar que dicha Sra. Marquesa así como sus descendientes, allí donde estuviesen habrían sido excomulgados por sacar de Cáceres tan relevante reliquia. Quedando únicamente en su interior una austera cruz de madera con la siguiente inscripción MISERICORDIA, y a sus pies un cuadro donde claramente se podía leer:

“El Ilmo. Sr. D. Manuel Anselmo Nafria, obispo de Coria, concede cuarenta días de Indulgencias a quienes recen un credo ante esta cruz”

Pobre contenido para un templo especialmente significativo para la ciudad, la comarca y la propia región, por su inigualable y magnífico contenido durante siglos. Ni rastro de las pinturas (varias tablas), la lámpara de plata, los artísticos reclinatorios y bancos, ropas, cálices, libros, atriles y demás adornos conseguidos en generosas donaciones, así como exvotos entregados a través de los siglos por gentes piadosas.

Siguieron décadas de especial y detallada atención hacia el palacio como tal, pero de abandono, desidia y vergüenza para la propia capilla, así como de claro olvido a lo que significó para nuestra ciudad y sus habitantes, únicamente en su exterior, sobre la puerta de acceso un original escudo de mármol blanco, con las armas de Carvajal y Sande, adornado con una artística cruz de Jerusalén, en un lugar preferente de exposición, parece estar deseando contar a los visitantes todo lo que ha visto en este tiempo.

Según nos deja constancia escrita, el insigne investigador local D. Miguel A. Orti Belmonte en su publicación Guía Artística de Cáceres y su provincia (1954):

“En la capilla de la Santa Cruz, se veneran dos Lignum Crucis, uno que fue del Cardenal don Bernardino de Carvajal y el otro regalo del Maestre de Malta La Vallette a don Álvaro de Sande, cuando mandando las tropas de Felipe II derrotó a los turcos en el desembarco de Malta”.

Con la venta en el año 1988 del palacio a las religiosas Hijas de Cristo Rey, que estaban instaladas en Cáceres desde el año 1912, se inició un nuevo paréntesis para este conjunto monumental, realizándose unas oportunas y necesarias obras de restauración que finalizaron al comienzo de la década de los años noventa, logrando un edificio agradable desde el punto de vista artístico e histórico, aunque no muy funcional para su actual finalidad como residencia universitaria femenina. Verdadera lástima que no se halla podido recuperar para la ciudad ese ambiente devocional otrora existente en un lugar tan piadoso, con claustros, pasillos y estancias llenas de penitencias, rezos y misticismos durante varios siglos, todo envuelto en un agradable olor a historia y a incienso.

El 11 de enero del año 2004 iniciamos una nueva etapa en tan peculiar capilla, bajo el patronazgo de la Hermandad del Cristo Negro, con la realización de una pública y solemne eucaristía, el domingo del mes de Enero que se celebra el bautismo de Jesús. Pero ya nada es igual que en siglos pasados, pues faltan muchos objetos y testigos silenciosos de la devoción de un pueblo.

También durante dicho año hemos sabido que el Lignum Crucis, al menos uno, se encuentra aún en Cáceres, muy cerca de su originaria capilla, al cuidado de un joven y sensible ciudadano cacereño (F. A. F.) vinculado por línea materna al menos desde finales del siglo XIX a la familia Carvajal en su rama de la Quinta de la Enjarada. Lo que nosotros personalmente hemos podido corroborar la tarde del día 21 de diciembre del 2005, al desplazarnos a su casa y descubrir el Lignum Crucis, guardado en un antiguo estuche de plata, con la correspondiente inscripción y el escudo episcopal placentino, de todo lo cual conservamos la oportuna documentación fotográfica. Ojalá que algún día vuelva a exponerse públicamente.

Y llegamos a la segunda reliquia de las que anteriormente hemos relacionado.

B.- Reliquia de San Benito:

En la segunda década del siglo XVI, procedente de Jerusalén y traído por religiosos, llegó a nuestra ciudad un fragmento de hueso de a penas 2 cm. del cuerpo de San Benito, siendo acomodado en el Cenobio de su mismo nombre, levantado en las proximidades de Aldea Moret, a poca distancia del Club de Golf y del Cimov nº 1. Según diferentes fuentes locales, fue levantado en época visigoda desarrollando diferentes etapas hasta que se asentaron los religiosos benedictinos.

Se trata de un grandioso edificio con unas dimensiones de cerca de veinte metros de largo por catorce de ancho, con tres naves. Así como distintas estancias a su alrededor lo que nos facilita la opinión de su importancia en la zona, habitándolo hasta una veintena de religiosos (S. XVI-XVII y XVIII), que atendían la hospedería que acogía a viajeros y mendigos, así como enfermos que hasta allí se acercaban en busca de paz y consuelo tanto físico como espiritual.

Si hacemos caso a las palabras del insigne investigador y clérigo cacerense D. Simón Benito Boxoyo (1739-1807) en aquellas lejanas centurias, toda aquella zona estaba rodeada de una frondosa vegetación con varios cientos de frondosos árboles abundando la caza mayor. Lo que daría a todo el conjunto un aspecto de auténtico paraíso terrenal, ello sin olvidar la existencia de gran abundancia de agua, con una charca, un riachuelo y al menos dos pozos que eran cuidados y explotados por los propios religiosos. A corta distancia del cenobio fue necesario construir un cementerio donde fueron descansando los cuerpos sin vida de los propios religiosos así como un considerable número de peregrinos y enfermos que durante varias centurias fueron llegando hasta allí.

Nos hemos encontrado con sobradas menciones del ambiente milagroso que se respiraba en aquella construcción, primero ermita y posterior convento, entre los que cabe destacar los realizados en su día por el admirado investigador cacerense D. Publio Hurtado Pérez (1850-1929), referidos a milagros y mejoras notables en enfermedades consideradas incurables, incluso la cura repentina de varias personas de las consideradas endemoniadas.

A varios cientos de metros de distancia se podía ver la austera construcción de la Ermita de Santa Lucía y algo mas alejado la artística de Santa Ana, edificios aislados en medio del campo, pero que formaban un conjunto donde desde épocas muy remotas se asentaba el hombre primitivo, acomodado entre cuevas y frondosa vegetación, todo ello propiciado por la abundante caza y puntos de existencia de agua.

Pues en todo este magnífico decorado natural se exponía una de las reliquias mas interesantes de cuantas han contenido nuestra bimilenaria ciudad de Cáceres. El templo en su interior estaba adornado por artísticas pinturas al fresco, realizadas por Juan de Ribera, y fechadas en pleno siglo XVI, representando a diferentes escenas bíblicas. Pocas imágenes adornaban su espacio, un antiguo Crucifijo de tamaño natural, y varias tallas, entre ellas dos de San Benito (XV y XVI), así como otra de San Donato (XVII) y una de pequeño tamaño de la Virgen María, fechada en el siglo XVIII.

Durante cerca de tres siglos existió una tabla colgada junto al altar principal donde bajo fe de escribano así como la autoridad eclesiástica correspondiente se referían detalles de al menos dieciséis milagros concedidos por San Benito.

En 17 de noviembre de 1530, vino Catalina Martín, mujer de Juan García, vecina de Villar del Rey, a esta casa, sin habla y tullida del brazo derecho y pierna derecha, cojeando y arrastrando el suelo con ella y temiendo moverse, sanó y se volvió su habla como de antes, y mando libremente brazo y pierna. Hay testimonio.

En 29 de abril, año de 1531, vino a esta ermita del Sr. S. Benito, Ruy López Peyón, vecino de esta villa de Cáceres, a tenor novenas, estando malo de calenturas y ciática, y tullido, que no se podía tener y mandar, fue sano y bueno de todas sus enfermedades. Hay testimonio.

En 20 de marzo de 1579, vino a esta casa de San Benito, Pedro Martín, vecino de Trebejo, cojo y contrahecho de la pierna del lado derecho, que apenas se podía tener con ella, y teniendo novena, al posterior día, estando haciendo oración al bienaventurado santo, se sintió bueno y sano, y anduvo sin muletas, y en señal las dejó ambas en la dicha ermita.

En 1 de mayo de 1580, vino a esta santa ermita, Alonso Martín, natural de Cáceres…

(Y así hasta dieciséis casos).

La reliquia expuesta a la pública devoción en una artística escolpia de plata, traída de Andalucía, era contemplada y reverenciada por miles de devotos y peregrinos que procedían de todos los rincones de Extremadura y de la vecina Portugal. Lo que obligaba a que muchos se quedasen durante varias jornadas en las instalaciones del Convento, curando sus heridas tanto físicas como espirituales, lo que ocasionaba a los religiosos un trabajo extra, que en no pocas veces finalizaba con el entierro del visitante. Tan popular llegó a ser la devoción que el 11 de julio, festividad de San Benito, se celebraban diferentes actos religiosos que eran acompañados por una enorme multitud que abarrotaba el entorno del Cenobio, para lo cual se desplaza incluso gran parte de la población de la villa de Cáceres y sus principales autoridades.

Y es en la segunda mitad el siglo XIX cuando el edificio comienza a sufrir el inexorable paso del tiempo. Los daños son graves, es necesario realizarle continuos trabajos de restauración y evitación de derrumbe, guerras, epidemias y la Desamortización, también se fijan en este lugar, logrando reducir considerablemente la visita de peregrinos y devotos, obligando a los religiosos a sobrevivir gracias a lo que obtienen del duro trabajo del campo y la limosna.

En el año 1872, como consecuencia de las notables penurias que la rodean, se extingue la Cofradía de San Benito, principal protectora del templo. Es el principio del fin, pues a penas transcurridos dos o tres años se dejan de realizar cultos en este Cenobio, desapareciendo toda la devoción y el misticismo que se había dado durante varios siglos en aquella zona tan alejada de la población.

Fallecidos los fieles guardianes benedictinos, van desapareciendo los objetos de valor, algunos pasan a manos de particulares sin escrúpulos que llegan incluso a venderlos, otros son llevados por devotos a los templos cercanos, tal como ocurre con imágenes y la propia reliquia que son depositadas en la Iglesia de San Eugenio de Aldea Moret, que es inaugurada el 3 de junio de 1886, convirtiéndose en su guardián el párroco D. Agustín Barquero González (1902-1929), al que le seguiría en el cargo D. Celestino de Cáceres Sánchez (1929), y D. Florentino González Serrano (1929-1943) pero ya nada era igual, la devoción multitudinaria se había perdido, la exposición pública de la reliquia dejó de hacerse, tanto es así que se perdió el pequeño hueso de San Benito, lo que facilita a que varias generaciones se olviden de tan antiguo culto. En la década de los años treinta no se conserva constancia alguna de su existencia en los inventarios de la parroquia.

Y no es hasta el año 1998 cuando como consecuencia de unas investigaciones personales, ponemos en aviso de la existencia de la reliquia al por entonces párroco de San Eugenio, D. Isaac Macarro, quién el 21 de noviembre de dicho año, localiza olvidada la escolpia de plata que durante varios siglos contuvo a dicho objeto sagrado. Descubriendo la particularidad de que en su base se conserva una inscripción que hace mención a una reliquia de San Maximiliano Mártir.

(C).- Nada mas podemos aportar referente a este inesperado descubrimiento, únicamente que el estuche original debió de ser modificado pues se aprecia que el fragmento de este nuevo santo es de tamaño menor al de San Benito, que era quién inicialmente lo ocupaba, observándose así discretos trabajos de plateros que modificaron la base de dicha escolpia.

No hemos encontrado testimonio escrito alguno de esta supuesta reliquia de San Maximiliano Mártir.

(D).- En este tema tan curioso que estamos tratando, hemos conocido la existencia de un pequeño fragmento óseo de San Bartolomé, que se colocó el 23 de agosto del año 1647 en la Parroquia de San Juan Bautista, siendo cura el Licenciado D. Francisco Pinedo.

La ermita de San Bartolomé ya existía en el siglo XVI, apuntando varios investigadores locales diferentes lugares de ubicación, posiblemente existieron tres. La masmás moderna que es la que nos ocupa, se construyó a finales de dicha centuria, también titulada de Santa Gertrudis y situada a final de la Calle Barrio Nuevo, cerca de la Plaza de Toros. Pero al encontrarse en muy lamentable estado se colocó la reliquia en la Iglesia de San Juan por pertenecer a su jurisdicción.

Según nuestra fuente de información en esta solemne colocación y exposición a la devoción pública de esta nueva reliquia, jugó un papel muy importante el por entonces Mayordomo de la Cofradía de su mismo nombre, D. Bartolomé Sánchez Rodríguez, vecino modesto de esta villa, el cual aparece mencionado en la gran mayoría de los documentos de las cofradías que por entonces existían en Cáceres, llegando a ser también Mayordomo de la Cofradía de San Jorge entre los años 1657 y 1660. Fallecería en el año 1695 siendo miembro de la Cofradía de la Congregación . Congregación. (Notas de D. Juan Sanguino Michel).

Dicha reliquia había sido regalada a la mencionada cofradía, por el religioso Diego Maderuelo, de la orden del Sr. Santo Domingo, que la trajo del relicario de Salamanca.

“En 22 de agosto de 1671, se vendició la ermita del Sºr. San Bartolomé, por haberse caído, y D. Juan de Carbajal y Sande fue quien la mandó reedificar, Caballero de la Orden de Calatrava, vendicióla D. Francisco Gallego, capellán de dicho D. Juan de Carbajal. El día 24 de dicho mes, que lo es del Santo, hubo sermón; y era mayordomo Francisco Martín Maderuelo; cura de San Juan D. Lorenzo del Pozo, en donde está la reliquia”.

Se da la particularidad que a lo largo de una veintena de años se produjeron diferentes enfrentamientos entre los devotos que querían exponer la reliquia en su ermita, frente a los que preferían que ésta continuase en la Iglesia de San Juan, lo que sin duda facilitaba a que mayor número de personas acudiesen a visitarla por lo céntrico de este lugar. Siendo colocada en un artístico estuche de plata, traído de Salamanca, permaneció durante algo masmás de dos siglos.

Cuando en el año 1822 se marchan de Cáceres los dominicos, se produce un discreto movimiento para llevarse esta reliquia, lo que afortunadamente no prospera. Desgraciadamente desde finales del siglo XIX se desconoce el paradero del mencionado objeto.

(E).- Y vamos a continuar en el siglo XVII para referirnos a otra de nuestras devocionales reliquias. En esta ocasión debemos situarnos en el Convento de clausura de San Pablo. Se trata de uno de los tres conventos de clausura que quedan e la ciudad, de la media docena que en sus mejores tiempos aquí existieron.

El Convento de San Pablo está situado en la parte mas alta de la ciudad amurallada o monumental, cerca del Museo de las Veletas, espacio estratégico donde se levantaba el Alcázar árabe, antes de la reconquista de la ciudad, que se llevó a cabo el 23 de abril del año 1229. Citado cenobio fue originariamente un recogimiento para beatas, que en el año 1449 fundó Juana González, siendo Paulo II quién autorizó en 1469 a que se constituyera como monasterio bajo la Orden Tercera de San Francisco, con iglesia y cementerio.

Y es a mediados del año 1995 cuando de manera fortuita conozco la existencia de una reliquia de San Pablo Apóstol, gracias a las investigaciones llevadas a cabo por Doña María José Sánchez Grande.

“Certificación de Cosme Manuel de Ovando y Ulloa, Inquisidor Apostólico por la que consta que trajo de Roma una reliquia de San Pablo Apóstol, que remitió a su hermana Leonor de Ovando, abadesa del convento para que permaneciese en él; fechado en Murcia a 8 de enero de 1691. La cual presentada a Juan de Porras y Atienza, obispo de Coria, dio permiso para que se colocase en uno de sus altares, para lo que dio comisión a su Vicario el 15 de febrero de dicho año y consta su colocación solemne en 26 del mismo, en el altar de San José”.

Según la documentación consultada, la reliquia fue regalada por Lybio Odiscalco, sobrino de Su Santidad el Papa Inocencio II a D. Cosme Manuel de Ovando, quién partió con sus propias manos un fragmento de la reliquia, el cual trajo hasta aquí a Cáceres dentro de una esfera de filigranas de plata, con artísticos cristales. Su tamaño es de un piñón con cáscara, el fragmento es parte del casco principal de la cabeza por lo fuerte y liso.

Tal y como era de esperar, el Prelado de la diócesis, D. Juan de Porras Atienza (1684-1704), autorizó la colocación para siempre de la reliquia en el Convento de San Pablo, tal y como quedó constancia escrita.

“El día 26 de febrero de 1691 presidiendo el obispo, con el notario, la superiora del convento, religiosos del Convento de Santo Domingo, San Francisco y gran afluencia de ciudadanos, así como los señores Juan de Carvajal y Sande, conde de la Enjarada; Joaquín de Ovando y Ulloa, caballero del Asilo de Calatrava; Pedro Golfín de Ulloa, del Asilo de Alcántara, y Juan Antonio de Ovando. La tomó el señor vicario en sus manos y los fieles la adoraron y reverenciaron, y en solemne procesión, bajo palio, por la iglesia principal de dicha iglesia del convento, cantando el salmo –Medeum laudamus–. Y la santa reliquia fue colocada para tiempos perpetuos en el nicho que sirve de Sagrario”.

Desgraciadamente nada mas lejos de la realidad, ya que a finales del siglo XIX la reliquia propiamente había desaparecido, solamente quedaban los documentos y muy pocas religiosas conocían la existencia de dicho objeto. Tal y como ya hemos apuntado anteriormente, no es hasta el año 1995 cuando las religiosas son informadas de la antigua existencia de esta reliquia, gracias a los trabajos de investigación sobre el convento llevados a cabo por la Licenciada Doña María José Sánchez Grande.

(F).- Pasamos seguidamente a tratar la única reliquia que se conserva en la actualidad en nuestra ciudad, y que cada año es vista y venerada por miles de fieles. Se trata de un pequeño fragmento de hueso de San Blas, que se mantiene expuesto en el interior de una artística escolpia de plata. Está custodiada en la actual Parroquia de San Blas, y hay constancia escrita de su estancia entre nosotros al menos desde el año 1773.

Poco masmás podemos aportar, ya que desconocemos otros detalles de interés, tales como la persona qué la trajo o el lugar de procedencia, parece que en la primera mitad del siglo XX hubo al menos dos intentos de sustraer tan peculiar objeto de su lugar habitual de culto.

También tenemos constancia de la denominada Ermita de San Blas, El Viejo, construida en 1458, hoy conocida como de Las Candelas, antes de San Pedro y San Blas. De pequeño tamaño, en su interior se guardaba y exponía una vez al año una pequeña reliquia que según la historia local procedía de la Iglesia de San Juan al menos desde el año 1612. En la actualidad y desde el siglo XIX está en paradero desconocido.

(G).- Hace aproximadamente unos dos años cuando conocimos la existencia de otra reliquia que consiguió remover la devoción de un considerable número de personas de nuestra ciudad. Nos estamos refiriendo a pequeño fragmento óseo de San Francisco Javier.

Se trata de un pedazo de hueso de este religioso, que estaba expuesto en la Iglesia de este título que se encuentra en la Plaza de San Jorge, actualmente bajo el cuidado de la Orden de la Preciosa Sangre.

Según nuestras fuentes de información llegó a Cáceres entre los años 1755 y 1756 de la mano de los jesuitas, siendo instalada en el centro de un artístico cuadro, acompañado por el correspondiente certificado de autenticidad. Su permanencia oficial en nuestra ciudad es masmás bien corta, ya que en el año 1767 cuando son expulsados los jesuitas, deja de ser visitada por los devotos.

Y es aquí donde entramos en el mundo de las especulaciones, pues con la llegada de los religiosos de la Preciosa Sangre el 13 de noviembre del año 1898, cuando un halo de silencio envuelve a dicha reliquia. Para algunos investigadores ésta permanece en nuestra ciudad, guardada por manos piadosas; para otros el pequeño fragmento de San Francisco Javier marcha fuera de la ciudad.

Ya en la segunda mitad del siglo XX con el asentamiento de un reducido grupo de jesuitas de nuevo en Cáceres, la reliquia vuelve a salir discretamente a la luz, no recupera la popularidad multitudinaria del siglo XVIII, pero por lo menos no se pierde su existencia. Pero cuando antes de finalizar el siglo XX de nuevo marchan los jesuitas, ya la reliquia se queda aquí pasando por diferentes propiedades, hasta llegar a las manos de la persona que hoy la tiene en posesión de una manera poco clara.

Desde nuestro particular punto de vista, la total apatía demostrada por la autoridad religiosa al respecto, en las últimas décadas, ha propiciado un daño irreparable en este campo que va a conseguir que futuras generaciones nunca lleguen a conocer determinados detalles de la permanencia de estas reliquias aquí en esta ciudad.

Lamentablemente las particularidades de esta persona que la puede observar en secreto, hace imposible que se pueda realizar un estudio detallado de la misma, o su posible exposición pública, esto sin ignorar que su posesión no está nada clara desde el punto de vista documental o de testigos. Se da también la curiosidad de que dicho individuo (Francisco) tiene en su poder al menos otra reliquia, de procedencia nada clara y de título desconocido hasta este preciso momento.

Llegados a este punto, remontándonos a estos casos en los que determinadas personas de nuestra ciudad tienen bajo su propiedad diferentes objetos, de determinado valor histórico o cultural público. Podrían muy bien recurrir al secreto de confesión para devolver dichos elementos a la sociedad cacerense, tal y como ya ha ocurrido en otras épocas, o al menos en situación de depósito. Todo antes de que se puedan perder estos objetos por motivos como: venta, robo, defunción o cualquier otra causa, que producirían un considerable daño histórico y cultural a Cáceres.

(H).– A lo largo del año 2005, cuando nos encontrábamos dando forma a este trabajo de investigación, nos sorprendió la información de que hacía relativamente poco tiempo que una reliquia, por extraño que pueda parecer, se había colocado aquí en nuestra ciudad y mas concretamente en la Parroquia de San Juan Bautista. Fueron estos dato facilitadoestos datos facilitados por el sacristán del templo D. Antonio Mariscal.

Y es que en la década de los años ochenta del siglo XX se había realizado un depósito de una imagen de Santa Gema y su correspondiente reliquia, gracias a la generosidad desinteresada de una familia que vivía en Madrid, los detalles de dicho acontecimiento los reflejamos seguidamente.

Nos sorprende que pese a tratarse de un tema como mínimo interesante y por supuesto curioso, no hemos encontrado a muchos historiadores o investigadores cacerenses que dedicasen numerosas páginas al tema de las reliquias que existieron en nuestra ciudad. Menos aún es posible encontrar alguna obra monográfica al respecto. A penas podemos localizar pequeños comentarios, unas líneas, un discreto párrafo y poco masmás. Esto es lo que nos presentan: D: D. Gil González Dávila, D. Simón Benito Boxoyo, D. Publio Hurtado Pérez, D. Miguel A. Orti Belmonte, D. Antonio C. Floriano Cumbreño o D. Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, como ejemplos masmás significativos.

Para finalizar este detallado trabajo, hemos optado por tratar un interesante tema que también está vinculado con la ciudad de Cáceres, aunque no permanece expuesto en la capital de provincia, pero que históricamente permanece muy vinculada a ella, ya que se conserva en la localidad de Coria, cabecera de esta Diócesis de Coria-Cáceres, que se constituye en la década de los años cincuenta. .

El Mantel de la UltimaÚltima Cena.-

“Saltó a los medios de comunicación causando un gran revuelo en la época moderna, en el año 1961, con la aparición de la obra titulada: CORIA Y EL MANTEL DE LA SAGRADA CENA, de la que era autor D. Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros. Resultando para aquella sociedad cacereña tan religiosa, un extraordinario y verdadero acontecimiento.

Pero unos años antes ya se había referido a dicho objeto el también investigador y cronista de Cáceres, D. Miguel A. Orti Belmonte (1891-1973); y en el año 1904 el investigador y cronista de Coria, D. Eugenio Escobar Prieto (1843-1917). Ya antes en el año 1611. D. Sancho Dávila y Toledo, Tesorero y Deán de la Catedral de Coria, además de confesor de Santa Teresa, había escrito un interesante libro bajo el título de: “: “La veneración que se debe a los cuerpos de los Santos y a sus reliquias”, donde curiosamente no trata de este objeto aquí descrito, ello como consecuencia de tener él a su cuidado un pequeño fragmento del mismo, obtenido de manera nada legal y que devolvió a su muerte. Curioso y detallado trabajo bibliográfico que en la segunda mitad del siglo XX era desconocido por la inmensa mayoría de los ciudadanos de nuestra tierra.

Siguiendo la tradición primeramente oral y posteriormente escrita, se mantiene la historia de que el Mantel de la Ultima Cena se conserva en la localidad de Coria al menos desde el siglo XIV, como consecuencia de un regalo que hizo San Luís Rey de Francia a su fallecimiento al Archiduque Rodolfo de Habsburgo, quién sería Emperador en el año 1273.

Entre sus características debemos decir que la tela es blanca, amarillenta por el paso de los siglos, con sencillos adornos en azul, en uno de los extremos del largo, y rayas de original color, en el otro. Y en cuanto a sus dimensiones, que tiene cuatro metros y cuarenta y dos centímetros de largo, por noventa y dos centímetros de ancho y que es de lino blanco.

Desde que en el siglo XVII se hace pública su existencia en Coria, hasta la actualidad, ninguna otra ciudad del mundo ha manifestado tener también una reliquia similar, lo que da un notable respaldo a la autenticidad de dicho objeto, sino claramente como utilizado en aquel acontecimiento histórico, si al menos de fecha muy cercana, resultado de las diferentes pruebas que se le han efectuado en todo este tiempo. En el año 1960 fue sometido a minuciosos análisis, en los laboratorios del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, bajo la atenta supervisión de D. Francisco Hernández Pacheco y D. Alfredo Carrato Ibáñez.

Se guarda habitualmente en una bellísima arqueta de plata repujada, que conserva la siguiente inscripción: ESTA URNA DIO EL ILMO. SR. D. FRAY FRANCISCO SARMIENTO DE LUNA ENRIQUEZ, OBISPO DE CORIA, AÑO DE 1678. Dicho Prelado que desempeñó su cargo desde 1675 hasta 1683, trajo dicha arqueta de México, concretamente de la localidad de Mechoacan, donde había estado desempeñando una importante labor pastoral.

Así como grabadas las armas del Prelado, y en el interior la palabra PEDRERA, como marca de fábrica. Con bolsa roja de damasco de seda dentro de bolsa de tela blanca fuerte, y dentro el Mantel doblado.

Además de conservarse una enorme relación, donde aparecen los nombres de todas esas visitas ilustres, entre Prelados, nobles, monarcas y príncipes de la Iglesia que desde el siglo XVI se postraron ante el Mantel, destacando especialmente el rey Felipe V, cuando el 2 de mayo de 1704, encontrándose en plena Guerra de Sucesión, en la localidad de Montehermoso, marchó hasta allí el Cabildo en solemne embajada, para saludarle y ofrecerle, como la más importante ofrenda que le podían hacer, un pedacito del Mantel de la Sagrada Cena.

Y Bulas de los siguientes Pontífices:

RELICARIUM REVERENTIAM PLURES CHRISTI FIDELES DE REMOTIR PARTIBUS DIE INVENTIONIS DICTAE CRUCIS AFFLUANT AT ECCLESIAM CAURIEM.

(Bula de Benedicto XIII.1404).

REVERENTIAM ET HONOREM IN DIE INVENTIONIA SACTAE CRUCIS INGENS FIDELIUM MULTITUDO DEVOTIONIS CAUSA, CONFLUERE CONSUEVERUNT.

(Bula. Eugenio IV.1444).

Quedando constituido cada 3 de mayo de cada año, para que una incalculable concurrencia de fieles procedentes de toda Europa se acercasen hasta Coria para ver por unos instantes tan magnífica reliquia y a ser posible besarla.

También en la víspera de la fiesta hacían acto de adoración, en especial al Lignum Crucis, al que siempre dieron cierta preferencia lógica, por representar el símbolo de la Redención, por ser un trozo de la cruz en que murió clavado Jesús, aunque, según hemos visto, en orden concreto de valoraciones, ante la abundancia de reliquias como ésta, se superestimase el Mantel, por su excepcional carácter de único.

Así a la sombra de acto religioso tan multitudinario se crea una importante feria de las masmás nombradas de la comarca.

Pero tal y como toda historia tiene su principio, también tiene su fin, y este aparece como consecuencia de los desmanes que poco a poco se fueron produciendo por la masificación del acto y la continua falta de respeto de muchos de los presentes hacia objetos y lugar tan sagrados, lo que lleva al Cabildo catedralicio en sesión del 27 de abril de 1791 a suprimir la exposición abierta del Mantel y del resto de las reliquias, quedando todo supeditado primero a la seguridad de una reja, para poco a poco desaparecer definitivamente dicha exposición pública.

Muchos fueron los esfuerzos realizados por D. Eugenio Escobar Prieto (1843-1917) para recuperar de la memoria de los fieles tan extraordinario objeto, no resultando satisfactoria su valerosa tarea.

Toda una sucesión de hechos, motivados por la aparición de la presente obra del Conde Canilleros, han dado pie a recuperar el recuerdo y la devoción hacia el Mantel. Así desde el 2 de febrero al 2 de abril de 1961m han sido varios los actos solemnísimos y las adoraciones.

En la primera de las indicadas fechas, después de casi dos siglos, la gran Reliquia salió de su arqueta de plata, para ser adorada por numeroso público que besó la sagrada tela en manos del prelado, doctor Llopis Ivorra. En el desfile figuraron el Gobernador Civil de la provincia, don José Luís de Azcárraga y de Bustamante; el vicepresidente de la Diputación provincial, don Simón Rodas Serrano; el Delegado de Sindicatos, don Ignacio Fernández Aguado; el Inspector de Magisterio, don Urbano Sánchez Yustas, el alcalde de Coria, don Calixto García Mateos; las autoridades locales, los Marqueses de Cerverana; doña Elena Togones de Azcárraga, doña maría Paramés y el que esto escribe (D. Miguel Muñoz de San Pedro).

El Domingo de Ramos, 26 de marzo, por iniciativa y con la asistencia del señor Obispo, celebróse en la Catedral un solemnísimo acto Eucarístico, al que asistió en masa el vecindario de Coria, organizándose seguidamente un desfile para besar el Mantel, que duró hora y media.

El Jueves Santo, 30 de marzo, el Prelado celebró los oficios del día sobre el Mantel de la Sagrada Cena, tendido en el altar mayor del templo catedralicio. El acto fue evocador y emocionante en grado sumo, asistiendo a él inmensa muchedumbre, que también luego desfiló para dorar la reliquia.

Por último, el Domingo de Resurrección, 2 de abril, un numeroso grupo de funcionarios del Instituto Nacional de Previsión se desplazó a Coria y les fue dado a besar el Santo Mantel.

Actos multitudinarios que fueron presenciados por millones de fieles y donde se hicieron una cantidad incalculable de fotografías, lo que evidentemente produjo un daño a la sagrada tela, que aunque no puede verificarse a corto plazo está mas que demostrado y que algún día podremos lamentar todos.

Curiosamente a lo largo de la década de los años setenta, ochenta y noventa tan extraordinario objeto religioso cae en el olvido total, tanto por las propias autoridades de la diócesis como por la gran mayoría de los investigadores locales, no así por un reducido número de fieles de la localidad de Coria que continúan prestándole una discreta devoción en la Catedral de esta Diócesis.

Inexplicablemente vuelve a saltar a los medios de comunicación locales, cuando es traído dicho Mantel a principios del mes de junio, en el mas estricto silencio y superados no pocos inconvenientes burocráticos.

El día 5 de junio del año 2005, Festividad del Corpus Christi, como algo novedoso se saca en procesión, lo que sorprende a cientos de ciudadanos de todas las edades, permaneciendo expuesto en la capilla de San Miguel, propiedad de la familia del Conde de Canilleros, en la S. I. Concatedral de Santa María durante varios meses. De manera inesperada tenemos ocasión de ver y tocar tan extraordinario objeto, observando el notable deterioro que padece, al mismo tiempo que experimentamos un extraño e íntimo sentimiento que nos produce un discreto mareo mezclado con una inusual emoción difícilmente explicable. La magia de su significado produce una química que es captada por varias de las personas privilegiadas que durante esos breves días se acercan hasta el Divino Mantel.

Desde el 30 de Septiembre y hasta el 1 de Noviembre del mismo año el Mantel de la Ultima Cena formó parte de una magnifica exposición titulada Verum Corpus, que organizada por el Obispado de Coria-Cáceres, permaneció en el interior de la Iglesia de la Preciosa Sangre, formando parte de un centenar de piezas únicas, entre platería, bordados, imaginería, cuadros, libros, etc.

De la misma manera discreta que llega a Cáceres, regresa a Coria su lugar habitual de depósito.

Desconocemos si a lo largo de nuestra vida, volveremos a tener esta inolvidable oportunidad de estar cerca de objeto tan único para nosotros los creyentes y especial desde el punto de vista histórico como consecuencia del lejano origen del mismo. No obstante al menos consideramos necesaria la reedición de la publicación que en el año 1961 sacó el insigne escritor e investigador local D. Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros y de San Miguel. Y también estudiar la posibilidad de exponer adecuadamente en Coria dicha reliquia, permanentemente o en determinadas fechas.

De no plantearse muy seriamente una pronta y profunda restauración, es muy posible que dentro de quince o veinte años este Mantel sea un simple montón de hilos.

En la actualidad para una gran mayoría de la población, todo este tema es algo propio de épocas pasadas, de tiempos muy lejanos vinculados con una religión que estaba presente en todos los momentos de la vida de aquellas generaciones. Y del que como mucho se mantiene un simple recuerdo bibliográfico.

Afortunadamente para nosotros aún se trata de algo muy especial, un tema digno de tenerlo en cuenta para muchos estudios y de investigarlo para que las futuras generaciones conozcan y respeten las creencias de sus antepasados y sepan valorar los mas profundos sentimientos del ser humano, es la única manera de ir construyendo un presente firme que desemboque en un futuro respetuoso para cuantas creencias y vivencias hayan desfilado por la historia de nuestra bimileria ciudad.

BIBLIOGRAFÍA DE LA OBRA

  • D. Simón Benito Boxoyo.
    • (Noticias Históricas de Cáceres).
  • D. Publio Hurtado Pérez.
    • (Ayuntamiento y familias cacerenses).
    • (La Parroquia de San Mateo y sus agregados).
    • (Recuerdos Cacereños del siglo XIX).
  • D. Bartolomé Sánchez Rodríguez.
    • (Noticiero de Cáceres del siglo XVII).
  • D. Juan Sanguino Michel.
    • (Notas referentes a Cáceres 1902-1920.).
  • D. Tomás Pulido Pulido.
    • (Datos para la Historia Artística Cacereña).
  • D. Miguel A. Orti Belmonte.
    • (Los Ovando y Solís de Cáceres).
    • (La vida en Cáceres en los siglos XIII y XVI al XVIII).
  • D. Miguel Muñoz de San Pedro (1899-1972).
    • (Coria y El Mantel de la Sagrada Cena).
  • D. Alonso J. Román Corrales Gaitán.
    • (Ermitas cacerenses).
    • (Cáceres Insólito).
    • (Devociones olvidadas).
Oct 012006
 

Francisco Cillán Cillán.

Cronista Oficial de Puerto de Santa Cruz
Dr. en Filosofía y Letras.

Hoy encierra cierta dificultad la localización del enclave donde estuvo asentada la fortaleza de Santa Cruz. Sabemos que estaba próxima a la cima de la sierra que lleva su nombre y en cuya falda se encuentran actualmente las localidades de Santa Cruz de la Sierra y Puerto de Santa Cruz. Junto a la autovía N-V, a 17 Km. de Trujillo en dirección a Badajoz. Sin embargo, el valor estratégico que tuvo durante la Edad Media es innegable.

Algunos creen que los orígenes de esa fortaleza fueron romanos, “cuando no se remonte á más lejanas edades” (Hurtado, 1989: 83). Hemos visto próximo a ella, en la falda del saliente, un número de casas que por el corte y colocación de las piedras se asemeja al que usó dicho pueblo, aunque tengo que reconocer que no soy especialista en dicho análisis ni tampoco he localizado referencia escrita sobre el mismo. Necesitaríamos realizar un estudio in situ en profundidad para demostrar la veracidad del hecho. Por el contrario, sí está documentado el valor estratégico que tuvo durante el periodo visigodo. La conversión de Recaredo I al cristianismo, en el Tercer Concilio de Toledo, trajo revueltas incontroladas durante varios años por parte de ciertos obispos y nobles que no habían abdicado del arrianismo[1]. El rey consiguió sofocarlas, pero su hijo bastardo y sucesor Liuva II (601-603) tiene que enfrentarse a nuevos focos rebeldes. En el año 602 el conde Viterico se levanta en armas contra el joven monarca de veinte años de edad. Varios clérigos y nobles le siguen, entre ellos el duque Claudio, gobernador de la Lusitania, que tenía su residencia en Mérida, al que se unen los castillos de Trujillo, Santa Cruz, Medellín, San Pedro y Magacela. Liuva tiene que abandonar Toledo y se dirige a Sevilla y de allí a Reina desde donde prepara la operación contra los sublevados. Recupera Mérida y logra someter los restantes fortines lusitanos, pero los partidarios de Viterico le hieren en un brazo que hay que amputar y como consecuencia fallece (Extremadura, 1995: 50).

Sin embargo, la época de mayor esplendor del castillo de Santa Cruz, por el renombre y el valor estratégico que alcanzó, fue durante la dominación árabe. El baluarte excepcional que constituye la Sierra y el camino que por la ladera iba atrae a los sarracenos, y hace que sea ruta obligada para su incursión hacia el norte peninsular. El ejército de Muza, formado por árabes yemeníes, no se siente seducido por estos campos escarpados de pastores y prefiere asentarse en las llanuras del Guadalquivir o en las del Guadiana. Durante los primeros años de la Reconquista se crea un gran desierto poblacional entre las cuencas de los dos grandes ríos extremeños. Pero las sierras intermedias comienzan a ser asentamientos para algunos bereberes[2], que aprovechan las construcciones de los pueblos que les precedieron, manteniendo incluso la misma denominación. Alfonso I, rey de Asturias, por el año 740, recorre las tierras de Galicia, Astorga y la ribera del Duero y en posteriores campañas se aventura hasta las proximidades de Mérida, aprovechando que parte de los habitantes de la zona habían ido a apoyar una rebelión en el norte de Africa. A partir del año 750 los bereberes, en mayor número, toman las sierras meridionales extremeñas (Santa Cruz, Montánchez, San Pedro, La Aliseda, el espigón serrático de Cáceres y el Norte de las de Mirabel) como refugio natural sin formar población estable, y desde allí hostigan constantemente a los habitantes del llano, provocando la ira de los emires de Córdoba. Floriano Cumbreño considera que estas bandas nómadas sólo tenían una dependencia nominal de los emires, pero los unía un centro común religioso (masyd) “en el mismo corazón de la Sierra de San Pedro, en el angosto puerto que ha conservado por ello el nombre de Puerto de la Mezquita, y que, por aquellos tiempos, debía ser un lugar poco menos que inaccesible” (Floriano Cumbreño, 1957: 78 y ss.). Los bereberes eran menos cultos y más fanáticos que los árabes. Surge por esas fechas entre ellos Shaqya, un falso imán que se consideraba descendiente de la familia del Profeta. Con sus predicaciones une a las tribus de las sierras meridionales y consigue traer en jaque al ejército de Abd-al-Rhaman I durante seis años (768-776), dominando una amplia zona. Sólo por engaño y tras una emboscada los partidarios del Emir lograron darle muerte.

Después de la conquista árabe existió una gran anarquía en los territorios musulmanes, como se ha podido apreciar. Pocas localidades obedecían al gobierno de Córdoba, pues las guarniciones que las protegían eran escasas. Sus habitantes abandonaban el cultivo del campo por los ataques que recibían y la necesidad continua de tener que tomar las armas para su propia defensa. La propiedad del suelo era comunal y las fronteras, zonas propicias para el bandolerismo. Mérida, que pertenecía al-Andalus, fue la capital de la “Marca Inferior” que comprendía un amplio territorio bañado por el Tajo y el Guadiana, poblado por muladíes y bereberes, principalmente. Los muladíes eran cristianos convertidos al islán, generalmente hispano romanos[3]. Se conocía con el nombre de “marca” la tierra intermedia de contacto, y equivalía a los “extremas” latinos que usaban los cristianos para referenciar las amplias zonas fronterizas. En el año 828 el bereber Malsmud Abd-al-Chabbar y el muladí Sulayman ben Martín apoyados por el rey asturiano, Alfonso II, provocan sangrientas revueltas en Mérida y asesinan al gobernador ben-Marwan, que procedía del norte de Portugal de una zona próxima a Galicia, y de ahí que se le conociese con el nombre del “Gallego”. El emir de Córdoba, Abd-al-Rahman II, dirige contra los insurrectos una columna armada para apaciguar la situación, pero no consigue doblegar plenamente a los cabecillas. En el año 830 hay nuevos levantamientos y saqueos en la ciudad, y nueva intervención del emir que sofoca la rebelión. Los dos dirigentes son derrotados y huyen. El bereber se refugió en Badajoz, el muladí se hizo fuerte en la Sierra de Santa Cruz. El ejército omeya, muy superior en hombres y armamentos, les persiguió y limpió la zona de rebeldes hasta las orillas del Tajo, consiguiendo cercar y dar muerte al muladí una vez que salió de su reducto en el año 834. El Emir dispuso entonces la construcción de la alcazaba de Mérida, como residencia del nuevo gobernador, junto al puente romano, para así reforzar su dominio. Pero sus tropas abandonaron la Sierra que quedó al amparo de nuevas ocupaciones, pues lo abrupto del terreno presentaba dificultades para abastecer con regularidad a la posible guarnición que en ella quedase.

En el 881, las tribus berberiscas de Nafza, dirigidas por los Beni-Feranic, gobiernan las fortalezas de la cuenca del Tajo, según cuenta el cronista musulmán Ben-Haiyan en el manuscrito de Oxford, fol. 18, 99 (Ramón Martínez: 245)[4]. Sin embargo, Floriano Cumbreño considera que dichas tropas no podían ocupar la zona que va desde Trujillo hasta el Guadiana porque fueron derrotadas y saqueados sus campamentos por Alfonso III antes de cruzar el Tajo (Floriano Cumbreño, 1957, nota 1: 86). Ben-Haiyan relata en dicho manuscrito, fol. 980, que las citadas tribus a comienzos del siglo IX, seducidas y guiadas por el fanatismo del príncipe omeya, Almed-ben-Moawia, que se hacía pasar por el Madhi o el profeta esperado, de acuerdo con la doctrina de los fatimistas, dirigen una campaña proseletista contra el reino cristiano. En el sitio de Zamora llegan incluso a instar al propio rey y a sus mesnadas a que se convirtieran al mahometanismo o les matarían. Pero la rebelión del jefe bereber, Zalal-ben-Yaich, por las petulancias del líder religioso musulmán, hizo posible el triunfo cristiano que consiguieron dar muerte al falso Madhi (Ramón Hernández: 247, nota: 1). Con esa victoria las tropas del soberano de Asturias salieron fortalecidas, y aprovecharán la debilidad de los sarracenos tan pronto se presente la ocasión.

Por entonces, Abd-al-Rahman ben-Marwan más conocido por Iben-al-Chilliqui, o sea “el hijo del Gallego”, pues su padre era el gobernador asesinado años atrás en Mérida, traía en jaque al emir de Córdoba y, aunque éste lo derrotó y perdonó en varias ocasiones, seguía en su empeño de dar a la capital lusitana cierta independencia. Alfonso III (866-911), monarca asturiano, aprovecha las refriegas internas musulmanas y se alía con los insurrectos de Toledo, Badajoz y con el muladí rebelde, y penetra en territorio mahometano venciendo a los defensores de las fortalezas de Trujillo, Santa Cruz y demás poblados bereberes. Cruzó el Guadiana por Medellín y derrotó a los omeyas cerca del monte Oxiferium[5], regresando con un valioso botín a Oviedo. No cabe duda que este hecho es una muestra de la poca población que había y la indefensión en que se encontraba el territorio extremeño musulmán.

Después de estos acontecimientos entramos en un periodo de escasez de información durante más de una centuria. Hay que llegar a mediados del siglo XII para que nuevamente adquiera protagonismo el fortín de Santa Cruz. Conviene recordar que en el 1145 se produce la invasión almohade, tras el desplazamiento de los almorávides, cuyo dominio dura hasta el 1269 en que los benimerines tomaron Marrakech. Las tres tribus son musulmanas del Norte de Africa de origen bereber. La cuenca meridional del Tajo continúa por entonces bastante despoblada y la poca población se concentra entorno a los castillos de Santa Cruz, Trujillo, Cáceres, Montánchez, Alcántara, Alburquerque, y pocos más. Los almohades trasladan la capital a Sevilla, aunque el centro político del imperio es Marrakech. Convirtieron la Sierra en un puesto militar importante, junto con los otros fortines. El califa Abú-al-Mumin, por esas fechas, intenta repoblar la zona y refuerza las fortificaciones existentes para asegurarse el tránsito de sus tropas por los puertos de las montañas en su constante hostigamiento a los reinos cristianos fronterizos, y para que vigilasen las posibles incursiones cristianas. Es probable que a esta época pertenezca un recinto rectangular de 2 x 3 m., aproximadamente, que se construyó en el reducto natural muy pequeño que forman las rocas del coronamiento del risco de San Gregorio[6]. Está todo encalado y al parecer estuvo cubierto por una bóveda, y pudo servir de aljibe o almacén de granos o armamentos. Hoy es depósito de sus propios escombros. En la base del citado coronamiento se encuentra un pozo cegado que se le denomina del «rey moro». Muy próximo a dicho pico, en dirección sur y con vistas al Puerto, están los cimientos del castillo árabe, que hoy apenas si se identifican. El geógrafo Xerif el Edrin, el Nubiense, refiriéndose a los habitantes de esos fortines, dice que son “gente valerosa e inquieta, que se dedican casi por completo a hacer correrías en territorio cristiano, asolando y saqueando los poblados para saciar su afán de robo y de perfidia” (Ramón Hernández: 247, nota: 2).

Pero la Reconquista se había desplazado ya a la cuenca del Tajo y comienza a formarse la actual Extremadura en el enclave que hoy conocemos, y con ello su denominación. Los romanos llamaron Lusitania a un territorio que coincide en parte con el actual extremeño y la zona centro de Portugal. Estaba poblado por dos pueblos principalmente: lusitanos y vetones. La denominación se mantuvo hasta el siglo X. A partir de esa fecha comienza a perder vigencia el término lusitano por ser tierra intermedia entre Hispania o Spania (tierra de moros) y Campos Góticos (tierra de cristianos). La palabra Extremadura se usaba para designar la vertiente meridional del río Duero “Extrema Durii”, o sea la tierra comprendida entre la margen izquierda de dicho río y la cordillera Central (Guadarrama, Gredos y Gata). Por eso se decía: “Soria pura, cabeza de Extremadura”, porque dicha población encabezaba en esa época la comarca fronteriza, que luego ocuparían Salamanca y Segovia, según avanzaba la reconquista, y hablaban entonces de Extremadura leonesa y castellana. Los cristianos, a partir de la segunda mitad del siglo XI, llaman la “Transierrra” a las tierras septentrionales de la cuenca del Tajo. En la centuria siguiente los avances son importantes, las zonas extremas se desplazan y comienzan a confundirse los términos. A mediados del siglo XIII con Alfonso X y, sobre todo, con la transhumancia se refuerza la actual denominación. A partir del siglo XV se habla ya de “Provincia” y de “Reino de Extremadura” para designar una extensión de terreno que prácticamente coincide con el actual[7].

A la muerte de Alfonso VII, el Emperador, se reparte el reino entre sus dos hijos, como era costumbre, sin una idea de Estado tal y como hoy lo entendemos. A Fernando II (1157-1188) le toca León, mientras que Castilla es para Sancho III. Ambos hermanos se reúnen el 23 de mayo de 1158 en Sahagún y delimitan sus zonas de expansión por tierras moras, sin tener en cuenta al suegro de Fernando, Alfonso Henríquez de Portugal, con el que estaba enfrentado por los ataques que recibía. Plasencia, Monfragüe y Trujillo caen en la zona de Castilla, mientras que Coria, Cáceres, Santa Cruz, Montánchez, Alcántara, Mérida, etc. pertenecen al reino leonés. Pero esa división fue sólo teórica, pues la realidad como vamos a ver ha de ser distinta. Sancho muere muy pronto y deja un hijo de tres años que será el futuro Alfonso VIII. Fernando tiene que parar continuamente las ansias de expansión de su suegro y las de un personaje controvertido que surge por entonces, Gerardo Sempavor. Por otra parte, sus intervenciones en Castilla, durante la minoría de edad de su sobrino, son constantes. Dos familias castellanas se disputan la tutela del rey infante: los Laras y los Castros. Los primeros se hacen con ella y por lo tanto con el poder. Los Castros piden ayuda al rey leonés que no consigue capturar a su sobrino Alfonso, pues es ocultado por sus protectores en varias localidades sucesivamente, pero sí cercar y tomar Toledo, que pone bajo la protección de Fernando Rodríguez de Castro.

Mientras tanto, el rey portugués ataca las fronteras leonesas por el norte, apoderándose de algunas plazas gallegas, y por el este, ocupando incluso Salamanca. No obstante, las mayores conquistas las realiza Gerardo Sempavor[8], para unos un aventurero, un guerrillero, un héroe de romances o el Cid portugués para otros[9]. Consigue avances importantes en el área de expansión leonesa y algunas plazas pertenecientes a la zona de Castilla. En junio de 1164 toma Trujillo[10]; en septiembre, Évora; en diciembre, Cáceres. Al año siguiente cae Montánchez y poco después Santa Cruz, Serpa, Ureña, hasta poner sitio a Badajoz para congraciarse con su rey Alfonso Henríquez, que acudió en su ayuda. Todos los autores coinciden en que Santa Cruz fue de las últimas plazas conquistadas por el portugués. Su toma se realizó próximo a 1169, año en que fueron perdidas y cedidas a los leoneses las plazas que había logrado recuperar. Velo Nieto afirma que estas conquistas se realizaron del 1164 al 1168, y que fue el primer cristiano que arrebató estas tierras a los moros. (Velo y Nieto, 1968: 168 y ss.). Ramón Hernández sigue al cronista de la época Ben-Sahibis-Salat, quien escribe:

“En Yumada segundo de la hegira 560 fue sorprendida la ciudad de Truxillo, y en Diskada, la notable villa de Jeburah. También la población de Cáceres en Safar de 561, y el castillo de Muntajesh en Umada y los fuertes de Severina y Jelmaniyyah” (Ramón Hernández: 248)[11].

Ante el ataque sorprendente de los portugueses, los musulmanes enviaron 500 jinetes en defensa de sus compatriotas, para evitar la pérdida de Badajoz, a la vez que piden ayuda al rey leonés. Su repuesta fue contundente, pues consideraba que la ciudad pacense estaba dentro de su campo de expansión, y no duda en aliarse con los almohades. En el 1169 acude en auxilio de la ciudad y de la comarca y hace prisionero a Alfonso I de Portugal, junto con otros caballeros y prelados portugueses que iban al frente del ejército. Mientras tanto, Fernando Rodríguez de Castro, el Castellano[12], mayordomo del rey de León, por entonces, al frente de un contingente de caballeros, capturó a Gerardo Sempavor. El portugués solicitó su libertad, entregando las plazas reconquistadas. En la Crónica Latina de los Reyes de Castilla[13] leemos:

“Tunc et caputs fuit Giraldus qui dicebant sine pavore et traditus in manus Roderici Fernandi Castellani, cui pro liberatione sua dedit idem Giraldus Montages, Trujellum, Sancta Cruz, Monfra que idem Giraldus acquisierat a sarracenis” (Floriano Cumbreño, 1957: 232)[14].

La Crónica General(Primera)[15], que hace referencia al enfrentamiento entre los dos monarcas, relata el acontecimiento de la toma de Badajoz en castellano de la época de la manera siguiente:

“… et el rey don Fernando II ayuntada su hueste, ueno et lidio con don Alffonsso, rey de Portogal, et uenciol. Et alli fue desbaratada la huest de los portagalesses, et don Alffonsso su rey fuxo, et metiose en Badajoç, ca ya auie tomado fasca las dos partes dessa çiudat de Badajoç et tenie los moros encerrados en una torre…” (Floriano Cumbreño, 1957: 227).

Continúa el texto diciendo que al intentar huir el monarca portugués por una estrechez se rompió una pierna. Fue, entonces, capturado por Fernando II, al que ofreció el reino y su persona, pero el rey leonés le devolvió todo.

“Mas el Rey don Fernando mansso et con la piedad que solie, touosse por abonado de lo suyo quel su padre le dexara et de lo que el auia ganado, et de lo desse rey don Alffonsso de Portogal non quiso retener ninguna cosa (675/50)” (Floriano Cumbreño, 1957: 228).

En el reparto del botín, el soberano leonés cedió a Fernando Rodríguez de Castro todas las plazas situadas en la parte oriental de la calzada Ruta de la Plata: Montánchez, Trujillo, Santa Cruz y Monfragüe. Los almohades permanecieron en Badajoz[16].

«Y así se dio el caso a lo largo de todo el avance cristiano por la Marca inferior, de no saber nunca si Montánchez y Santa Cruz pertenecían al área de la expansión leonesa o a la castellana, pues todo el territorio montañoso comprendido entre el nacimiento del Ayuela y el del Búrdalo, divisorio de las cuencas del Tajo y Guadiana por esta parte, siempre fue un hervidero de moros, contra los que actuaban tan pronto las huestes de Castilla como las de León» (Floriano Cumbreño: 163).

La repoblación no fue fácil y los reyes tenían que recurrir a las órdenes militares para que poblasen y defendieran las nuevas tierras conquistadas. Fernando II en el 1166 recupera Alcántara que entrega al Conde de Urgel, por su eficacia en la reconquista, y dio Coria a los templarios. El 1 de agosto de 1170 entregó Cáceres a una nueva orden militar, “los fratres de Cáceres”, que se ponen bajo la protección del apóstol Santiago y reciben su homónimo[17]. En octubre de ese año prometió que cuando ganase Mérida la donaría al arzobispo de Santiago, olvidándose de que dicha ciudad había sido sede metropolitana en época romana y visigoda. En diciembre dio a los santiaguistas el castillo de Monfragüe. Sin embargo, la escasez de caballeros, la falta de recursos y el mal estado de la fortificación hizo que la seguridad no estuviese garantizada.

En el 1173 el Califa Abú Ya´Qüb Yusuf I (1163-1184), que era hijo de Abú-al-Mumin, rompe las paces con el rey de León e invade con un numeroso ejército los territorios extremeños y portugueses que parecían consolidados por los cristianos. Cáceres se defendió heroicamente, pero todos sus fratres fueron masacrados. Alcántara y las demás plazas también sucumbieron ante el poderío de los sarracenos, que llegaron hasta Talavera, devastando su rica comarca. En el 1184 realizó nuevos ataques a poblaciones como Santarém y Ciudad Rodrigo. Fernando II, que se encontraba en León y no esperaba esto, acudió en su defensa, y derrotó a los musulmanes a las puertas de la ciudad salmantina, causándoles grandes pérdidas. Posteriormente recuperó algunas plazas de la Transierra, pero Coria quedó durante varios años en poder de los moros. El califa almohade inició la construcción de la alcazaba de Badajoz, y respetó las plazas que gobernaba don Fernando Rodríguez por el tratado de paz que entre ambos existía, y de esta forma Santa Cruz se libró de su ferocidad.

El comienzo del reinado de Alfonso VIII (1158-1214), como ya hemos visto, está lleno de intrigas cortesanas que afectan a varios nobles castellanos, incluido el rey leonés, que se disputaban la tutoría del monarca niño. Es un gobierno de altibajos que consigue hechos importantes en el aspecto cultural, crea escuelas catedralicias, origen de las universidades; en lo social, repuebla y funda ciudades, otorgándolas fueros, y establece diócesis; y en lo militar da un gran avance a la Reconquista, después de haber puesto en peligro gran parte de su reino. En el 1180 recupera la ciudad de Plasencia y la repuebla. “Edificó esta ciudad en la parte de la provincia Lusitana, que los antiguos llamaron Vetonia y nosotros Extremadura”. Prosigue el mismo autor “El arzobispo de Toledo, don Rodrigo Jiménez, … que vivía cuando el rey edificó y puso nombre a Plasencia, en el lib. 7 de su Historia de España, cap. 28 … dice: convirtió los pueblos en una ciudad nueva y ensalzó allí la tiara pontifical” (Alonso Fernández: 25).

En 1186 el rey establece en Plasencia la base para empresas posteriores hacia el sur. El 21 de abril de ese año está en Trujillo y otorga privilegios al Maestre de la Orden de Santiago, Fr. Fernando Díaz, para que la poblara y defendiera de las correrías sarracenas.

“Le hizo donación de la mitad de los diezmos pertenecientes á la Corona en todas las rentas de Trugello, tanto de la agricultura como de las demás materias contributivas, y de la mitad de las tercias de las iglesias de Trugello y sus términos, que se poblaran desde el Tajo hasta el Guadiana, y la mitad de los derechos que corresponden al Obispo”. “Facta carta apud Trugellum. Era MCCXXIIII et XI Kalen, Madri”(Ramón Martínez: 250)[18].

Una donación tan generosa sólo es concebible por la necesidad que el rey tiene de atraer a la orden hacia esta comarca, para su definitiva conquista y posterior defensa.

Por otra parte, Don Fernando Rodríguez, que en Castilla se le conocía con el sobrenombre del de Trujillo, reconoce al rey castellano como soberano de las tierras conquistadas y cedidas por el rey leonés años atrás. Alfonso VIII se dirige a ellas en el 1186, concediendo rentas a la orden de Santiago en la ciudad de Trujillo y su término cuando se poblase. Don Pedro Fernández de Castro, hijo de Don Fernando Rodríguez, el 15 de agosto de 1187, dispuso en su testamento que, si moría sin descendencia, sus castillos de Montánchez, Santa Cruz, Zuferola, Cabañas, Monfrag, Solana y Peña Alcón, pasarían a la Orden de Santiago en las mismas condiciones que había pactado su padre con el rey castellano (González, 1983: 64).

En el 1188 se instituyó obispado y catedral en Plasencia. La bula de creación, concedida por el papa Clemente III a petición del monarca, otorga a la diócesis, además, de los lugares propios de la ciudad, los agregados de Trujillo, Medellín, Santa Cruz y Monfragüe con todos sus términos y pertenencias. El primer obispo placentino fue don Bricio, que gobernó durante veinte años parte de la diócesis, pues no estaba todo el territorio recuperado.

“… autoritate Apostolica Episcopalem Cathedram constituimus, dioccesim quoque habendam iuxta dispostionem Reglam, ab eadem Ecclesia Cathedrali decernimus, ut villae, sicut praesenti scripto concluditur, quae sua sunt ei largitioni concessa, dioccesano iure ad eam perpetuo debeant pertinere; Turgellum, scilicet, et Medellinum, et Mongragorum, et Sanctacruz cum omnibus pertinentiis suis…” (Alonso Fernández: 24).

Don Domingo, natural de Béjar, segundo obispo de Plasencia, consiguió del rey Fernando III el Santo que el papa Honorio III incorporase al obispado su población natal con todas las aldeas anexas, ocupando de esta forma casi los límites actuales.

Las órdenes militares fueron otras de las instituciones que desempeñaron un papel fundamental en la Reconquista de España. Estaban formadas por caballeros que se sometían a ciertas reglas religiosas y se entrenaban en el uso de las armas. Sus orígenes están en las Cruzadas, aunque entonces algunas, como la Hospitalaria, tuvieron como misión principal el cuidado de los enfermos y peregrinos que visitaban los Santos Lugares. Se crean “tal vez para contrarrestar a los grupos fanáticos de monjes-soldados islámicos” (Velo y Nieto, 1968: 170). Tenían como fin principal la defensa de la Religión y la lucha contra los infieles, y su presencia fue constante en todos los reinos de la Europa Medieval. El jefe de cada orden se llamaba Maestre y residía en el convento principal del que recibía el nombre. El Maestre de Alcántara vivía en el recinto conventual de San Benito que está en esa localidad cacereña. Los reyes y poderosos les hacían espléndidas donaciones que ellos organizaban en encomiendas, al frente de cada una estaba un convento. Las reglas monacales eran las que diferenciaban unas órdenes de otras. La de Calatrava, Alcántara, Pereiro o de Trujillo estaban sometidas a las reglas de San Bernardo o del Císter, y de ahí que se uniesen una vez cumplida la función principal de reconquista o se confundiesen unas con otras, pues dependiendo del reino en el que se encontraban iban a recibir denominaciones diferentes.

El rey, consciente de la necesidad que tenía de dichos caballeros para la conquista y defensa de estos territorios, invitó a la Orden salmantina de San Julián del Pereiro[19]a que se estableciese en Trujillo, y fundara allí casa, para cuyo sostenimiento donó la villa de Ronda (Toledo). En el documento se llama al Maestre del Pereiro, fray Gómez Fernández, Maestre Trujillense. Esto ha hecho pensar a algunos que por esas fechas en Trujillo se constituyó una orden militar con el nombre de «Caballeros de Trujillo o Truxillense». Antonio Ponz en la Carta Séptima considera que “Monfragüe fue cabeza de la orden de Truxillo, de la Estrella, ó de la Vanda” (Ponz: 156). Y afirma que varios autores tratan de ella. Campomanes la menciona en su historia de los Templarios, … Roa advierte que una cruz de mármol que se encuentra encima de la puerta de la ermita que hay dentro del castillo de Monfragüe “es la venera que usaba aquella orden”. Y concluye: “Habiéndose trasladado a Truxillo la orden se llamaron sus individuos Freyle Truxillenses” (Ponz: 157). Pero Velo afirma que la citada venera de mármol es de los caballeros de Santiago o de la Espada, y la Virgen de Montegaudio es la que presidía la ermita. Y que a partir de 1192 la milicia de Montegaudio cambia el nombre por el de Monsfrag, en honor al lugar y a los caballeros que defienden dicha fortaleza. La penuria económica y de personal por la que pasan estos fratres hacen que en el 1221 se incorporen definitivamente a la Orden de Calatrava (Velo y Nieto, 1968: 267 y ss.). No estamos totalmente de acuerdo con estas afirmaciones, pues según los documentos que hemos podido cotejar, parece cierto que el monarca, en marzo de 1195 con el fin de atraer a los freires de Trujillo para defender la frontera, hizo donación a su Maestre don Gómez del castillo y villa que llaman Trujillo, la villa y castillo que llaman Albalat[20], situado en la rivera del Tajo, y el castillo que llaman Santa Cruz cerca de Trujillo y situado en el Monte Arduo, y otros dos castillos, de los cuales uno se llama Cabañas y el otro Zuferola[21]. Así se especifica en el Bulario de las Ordenes Militares de Alcántara:

“dono et concedo vobis Domino Gomez Magistro Truxillensi, et omnibus fratribus vestri, praesentibus et futuris, Tondam, cum ingresibus… dono itaque vobis et concedo villam et castellum quod vocant Turgellum, et villam et castellum quod vocant Albalat, situm in ripo Tagi, castellum quoque quod vocant Santam Crucem, propé Turgellum, situm in Monte Arduo, et alia duo castella, quorum alterum vocatur Cabannas, reliquum veró Zuferola”[22](Ramón Martínez: nota, 1 y 3: 251).

Para el sostenimiento de estos castillos concede tres mil áureos anuales sobre las rentas de Greda de Magán, que pagaría el Almojarifazjo, según se cita en dicha bula en párrafos posteriores. Sin embargo, no hubo tiempo para ocupar esas fortalezas porque los almohades, dirigidos por Abú Yúsuf Ya´Qüb II (1184-1199), tras proclamar la guerra santa contra los cristianos, derrotaron a Alfonso VIII en Alarcos en junio de ese mismo año y, como consecuencia, el ejercito castellano quedó muy menguado y las plazas situadas al sur del Tajo casi desprotegidas[23]. Después de esta derrota, los reyes peninsulares buscaron la amistad de los vencedores y firmaron tratados de paz poco duraderos.

Al año siguiente, en 1196 se forma una coalición entre Alfonso VIII de Castilla y Sancho I de Portugal contra Alfonso IX de León, Sancho VII de Navarra y el califa almohade. Ya´Qüb, crecido por su triunfo, partió de Sevilla y reconquistó Mérida. La población de Montánchez fue acuchillada, después de rendirse, en el lugar que aún hoy se conoce con el nombre del Valle de la Matanza, cerca de Torrequemada, por una banda de fanáticos musulmanes. La ciudadela de Santa Cruz se rindió sin ofrecer resistencia, pero su castillo fue arrasado. Lo mismo sucedió con Trujillo, Plasencia, y otros lugares de Toledo, llegando incluso a sitiar la capital visigoda sin resultados positivos. Los Anales toledanos recogen este hecho histórico y las atrocidades que el monarca almohade iba realizando:

“Priso el rey de Marruecos a Montanchez, é Sancta Cruz, e Truxillo, é Placencia, é vinieron por Talavera, é cortaron el Olivar, é Olmos, é santa Olalla, é Escalona, é lidiaron Maqueda, é non la prisieron, é vinieron cercar Toledo, é cortaron las viñas é los árboles, é duraron y X días en ul mes de Junio, era MCCXXXIV” (Ramón Martínez, nota1: 252).

Mientras que la Primera Crónica General relata así el acontecimiento:

“Al terçero anno despues de la de Alarcos, el Rey de los almohades, de quien dixiemos ya, ueno de cabo et cerco Toledo et a Maqueda et a Talauera, mas pero non pudo prender ninguna dellas, pero desbarató Sancta Olalla et a otros logares que son eran çercados, et yndosse dallí preso a Plazençia et a Sancta Cruç et a Montagne et a Trujiello, et tornosse dallí con orgullia et soberuia pora su tierra (682/31)” (Floriano Cumbreño, 1957: 229).

Durante algún tiempo quedaron estas fortalezas extremeñas en poder de los moros. Pero a pesar de aquellas terribles masacres que realizaron los sarracenos, la posesión almohade no fue muy duradera. Alfonso VIII en coalición con otros reinos de la cristiandad -leoneses, castellanos, navarros, aragoneses y cruzados de Europa- derrotó al califa Muhammad ibn Ya´Qub al-Nasir -denominado por las crónicas castellanas Miramamolín (el califa)-, sucesor de Yacub II, en las Navas de Tolosa, año 1212[24]. La derrota fue tan significativa que supuso la destitución del rey moro por el Consejo de jeques de Marruecos. El imperio marroquí se fraccionó en múltiples reinos de Taifas gobernados por dinastías diferentes. Ante este caos, ya no hay más impedimento para el avance cristiano que el de sus propias fuerzas.

Habría que recordar, también, para completar lo que al respecto hemos dicho sobre las órdenes militares y el papel que desempeñaron en esta zona de Extremadura, que la Orden de Calatrava, durante la regencia de Alfonso IX de León, conquistó Alcántara en el 1217. La Orden del Pereyro o de San Julián del Pereiro recibió este nombre porque se inició en una ermita dedicada a la advocación de dicho santo y junto a ella había un peral, de ahí que se la denomine «Pereyro o Perero», incluso figuró este símbolo en su escudo con el significado de austeridad y castidad. Esta orden se sometió a la de Calatrava en la obediencia y visita según las normas cisterciense, y a cambio recibió la villa y castillo de Alcántara en el 1218, siendo maestre don Martín Fernández, y aceptó su homónimo. Clodoaldo Naranjo considera que los mismos caballerosos reciben el título de Pereyro en el reino de León y el de Truxillense en el reino de Castilla, pero al cumplir el objetivo de reconquista se unen y forman una sola orden. No sucede lo mismo con la Orden de Santiago porque se rige por las reglas de San Agustín. No obstante, se ofrecen idénticas fortalezas a los caballeros de Santiago y a los de Trujillo o Truxillenses, pero como hemos comprobado, una vez reconquistados los castillos de las sierras van a seguir caminos muy diversos, salvo Montánchez que será para la Orden de Santiago.

Los leoneses, después de la batalla de las Navas de Tolosa, una vez más adelantan sus fronteras y de nuevo se confunden las zonas de expansión. El 23 de abril de 1229 Alfonso IX reconquistó Cáceres, y en el fuero que dio a la ciudad, concediendo el término, leemos:

«De moros eran Trugiello, et Santa Cruz, et Montánchez, Mérida et Badajoz, quando io, Alfonso, Rey de León di et otorgué al conceio de Cáceres estos términos que en este fuero son escriptos» (Floriano Cumbreño: 256)[25].

Poco después el monarca se traslada a Galisteo. Y hasta allí llegaron las reclamaciones de los santiaguistas que recordaron al rey la promesa que había hecho su antecesor, Fernando II, de donar a dicha orden la ciudad cuando fuese conquistada. Sin embargo, el soberano estaba dispuesto a que la población cacereña fuese de realengo, y le asignó un vasto término. La Orden de Santiago recibió a cambio las villas de Castrotoraf y Villafáfilla, con más de 2.000 maravedíes de renta, y la promesa de donación de alguno de los lugares siguientes: Trujillo, Santa Cruz, Montánchez o Medellín; cuando se conquistaran.

“Item obligo me et succesores meos quod si Deus aliquo tempore nobis dedrit castrum de Turgiello, vel de Sancta Cruz, aut de Montánchez, aut de Medellin, quod demus ipsum vobis et Ordini vestro jure haereditario.- La data dice: “Facta carta apud Galisteum mensi de Maii, era MCCLXVII”. Bularium Ord. Mil. S. Jacobi, pág. 149” (Ramón Martínez, nota 1: 467).

Al año siguiente recupera Montánchez, entregándolo con su término a los santiaguistas, cumpliendo así su promesa. Mérida y Badajoz son reconquistadas por Alfonso IX en el 1230. Se significó mucho en estas conquistas don Arias Pérez, Maestre del Pereyro. Ese año, por herencia, Fernando III el Santo unifica los reinos de Castilla y León, y se prepara para dar un gran avance en la Reconquista. Se traslada a los campos de Jaén y Córdoba para disputar esas plazas a los moros. Mientras tanto, el obispo de Plasencia, don Domingo, con gente de guerra de la ciudad, miembros de órdenes militares, como don Arias Pérez, junto con algunas familias nobles, como los Altamiranos, Añascos y Bejaranos, tomaron definitivamente Trujillo, el 25 de enero de 1232. El Maestre de Santiago, don Rodrigo Íñiguez, comendador de Montánchez, y gente de Mérida recuperan Medellín en los primeros meses de 1234, y posteriormente parte de la Serena. Pero en medio de todas esas conquistas aún quedaba un diminuto territorio donde ondeaba el estandarte de la media luna, un baluarte inexpugnable. Era la fortaleza de Santa Cruz con su entorno, que el 28 de agosto de 1234 fue reconquistada por última vez. A su toma acudieron las principales órdenes militares, comandadas por don Pedro Yáñez, lugarteniente y sucesor de don Arias Peres, de la orden de Alcántara o del Pereyro. Al frente de la Orden de Santiago estaba don Pedro González Mengo; por el Temple, don Pedro Álvarez Alvito; el Maestre de los Hospitalarios era don Gonzalo Pérez. Así lo indica el Bularium de las Ordenes Militares, en la pag. 159“Los freyres de las Ordenes prisieron Medellin, é Alfange[26]e Sancta Cruz, era MCCLXXII”[27](Ramón Martínez: 414 y ss). Clodoaldo también confirma este evento, y toma como referencia al mejor historiador de la Orden de Alcántara, Torres Tapias (Naranjo Alonso: 39).

Hemos visto que cronistas, exploradores, juristas, etc. de la Edad Media hablan con frecuencia de la fortaleza de Santa Cruz, pero a partir de su reconquista definitiva debió quedar tan debilitada que ya sólo se la menciona por referencia a un pasado y algunos hasta la ignoran. Así su existencia fue recogida por diversos autores, muchos siglos después. Fray Alonso Fernández (1627) «Historia y anales de la ciudad y obispado de Plasencia», refiriéndose a la cima más elevada de la Sierra dice: «el sitio y la mucha y buena agua daría ocasión a edificar el castillo, que hubo en lo alto, del cual aún se parecen las ruinas» (Alonso Fernández, 1952: 32). Un siglo más tarde, en el «Interrogatorio para la creación de la Real Audiencia de Extremadura (año 1790),» ni los vecinos del Puerto ni los de Santa Cruz recuerdan tal existencia. Ambos pueblos responden que no «hay castillo» dentro de su término.

Pascual Madoz [“Sierra de Santa Cruz” en Diccionario Histórico Geográfico de Extremadura. (1846-48)] escribe: “En el punto más elevado y risco nominado de San Gregorio, se advierte bien un cerco de más de 400 pasos de diámetro, cuyo cimiento se compone de una argamasa de cal y canto sumamente endurecido y fuerte; al norte hay un subterráneo de bóveda, hundida ya, y cuya entrada no se descubre; se advierten trozos de una buena calzada que conduce a un estanque, a la parte oeste, con su fuerte muro de cal y canto, un cuarto legua distante” (Madoz: 311). El insigne geógrafo en este texto hace referencia al castillo y al “Chabarcón de los moros”, nombre que recibe la alberca que hay en la falda de la sierra, próxima a la actual autovía y junto a un camino que se conoce con el nombre de calle del Puerto, porque conduce a esa localidad desde Santa Cruz. Aún se pueden contemplar los gruesos muros con que estuvo cercada, a pesar de su deterioro por el paso del tiempo y el abandono en que se encuentra. Pero sólo en invierno mantiene actualmente agua, pues los muchos escombros que encierra han reducido considerablemente la cabida.

La reconquista definitiva de este agreste lugar supuso su ruina. Hoy apenas si se distingue con claridad cuál fue el enclave del emblemático castillo alrededor del cual se forjaron los diferentes hechos históricos, pero tanto los textos antiguos como los modernos aún recuerdan su existencia y hablan de su importancia en épocas pasadas. Dos poblaciones se formaron en la ladera del picacho. En la falda norte, Santa Cruz, aunque no está muy claro quién dio nombre a quién, pues hay testimonio de su existencia tanto romana como visigoda. En el poniente se fue rehaciendo el Puerto, tal vez en el asentamiento de una antigua mansio romana. Arriba en la cúspide de la montaña sólo permanecen las ruinas, testigos de una época gloriosa y de gran trascendencia histórica dentro de la provincia de Cáceres y para la formación de Extremadura.

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NOTAS:

[1] El territorio lusitano era un foco importante de los seguidores de Arrio. El obispo Sunna se levantó contra su rey y le hizo frente durante diez años (578-588), pero la rebelión fue sofocada.

[2] El ejército de Tarik, lugarteniente de Muza, estaba formado principalmente por bereberes del norte de Africa, que eran musulmanes pero no árabes.

[3] Mozárabes eran los cristianos que se mantenían en sus creencias dentro del territorio árabe.

[4] Renhar Dozy: Histoire des musulmanes espagnoles, lib. II, c. XIV.- Refiérase al cronista arábigo Ben-Haiyan, manuscrito de Oxford, fol. 18, 99 (Ramón Martínez: nota 1, 245).

[5] No se ha podido identificar con exactitud dicho monte (Floriano Cumbreño, 1957, nota 1: 87).

[6] Considero que la mano del hombre primitivo está en la colocación de esas gigantescas rocas del coronamiento, aunque algunos autores piensan que es de origen natural.

[7] Vid. (Floriano Cumbreño, 1957: 89 y ss.), completa este estudio y añade algunas otras precisiones.

[8] Velo Nieto: La Orden de Caballeros de Monfrag. Pedro Cava en Revista de Estudios Extremeños, T. XXIV, año 1968. Matías Ramón Martínez: “Trujillo” en Revista de Extremadura, T. II (1900), pág. 248 y ss. La Crónica de los Godos Cronicón Lusitano dice que la toma de Évora y demás plazas fuertes realizadas por Gerardo Sempavor fueron en la era 1202 (año 1164); mientras que el cronista árabe Ben-Sahibi considera que fue en Dikada de la hegira 560 (Julio a Agosto de 1165) (Ramón Martínez: 248, nota 2).

[9] Los portugueses consideran que Gerardo guarda cierta semejanza con la figura del Cid español. Sin embargo, algunos autores españoles creen que el portugués era un guerrillero y no tiene parangón con el Cid castellano (Floriano Cumbreño, 1957: 124).

[10] Floriano considera que la toma de Trujillo fue el 14 de mayo de 1164, y en septiembre de 1166 sorprendió Cáceres. En marzo de 1167 se adueña de Montánchez y Serpa, tomando después Santa Cruz y Ureña, para terminar acosando a Beja (Floriano Cumbreño, 1957: 117).

[11] Según esta nota, la luna de Yumada 1º, indica que debió comenzar antes de mediado de abril de 1165. Hay que recordar que los musulmanes comienzan su calendario con la fecha de la toma de la Meca, que fue en el año 562 de nuestra era.

[12] Era el sobrenombre que se daba a este caballero que, desde que recibió la ayuda del rey de León, se puso bajo sus órdenes.

[13] La Crónica Latina de los Reyes de Castilla comienza con la muerte de Fernán González y llega hasta el año 1236. Se supone que fue terminada en dicho año. Ed. G. Girot, Une chronique latine des Rois de Castilla, Bulletin Hispanique, XIV (1912), pág. 30 y ss.; 411 y ss.

[14] “Entonces fue capturado Gerardo, que le llaman sin pavore, y extraditado por Fernando Rodríguez, el Castellano, que por su liberación, el mismo Gerardo dio: Montánchez, Trujillo, Santa Cruz, Monfragüe, que el mismo Gerardo arrebató a los sarracenos”. Gerardo se rehizo de estos descalabros y consiguió formar un nuevo ejército. Reanudó sus correrías de hostigamiento por las márgenes del Guadiana e incluso sitió de nuevo Badajoz, pero la presencia de Fernando II le hizo desistir de su empeño. Una vez que perdió los favores de su rey, se alió con el Califa y cuando se enteró de las intenciones de traición del portugués le mando degollar.

[15] Ed. Menéndez Pidal: Primera Crónica General. Estoria de España que mandó componer Alfonso X, Madrid, 1906. Comenzó a redactarse en 1270 y terminó en el reinado de Sancho IV.

[16] Cáceres también estaba en poder de los moros, pues la posesión portuguesa debió ser efímera, aunque Fernando II la toma poco después sin ofrecer resistencia.

[17] Esta orden primeramente recibió varios nombres: Ordinen de Cáceres, Milites de Cáceres, Fratres y Freyre de Cáceres, Fratres de la Espada; y a partir del siglo XII se denomina Orden de la Caballería del Señor Santiago (Floriano Cumbreño, 1957: 126).

[18] Toma esta nota Ortega y Cortés del Bularium ordinis militiae de Alcantara…, Madrid, 1759, p. 2. Tenemos que recordar que los documentos que se fechan por “era” pertenecen a la era hispánica y empiezan a contar desde el año 38 a. J.C., pues sigue al calendario juliano o de Julio César que ordenó el año solar, y dura hasta el Renacimiento –año 1370 a 1390- que se comienza a contar en “años”. Luego en los escritos que contengan la palabra “era”, hay que descontar 38 años, para saber la fecha que corresponde al calendario cristiano actual.

[19] Pereyro, Pereiro o Perero, que de las tres formas aparece escrito por los diferentes estudiosos del tema.

[20] No se refiere a la actual localidad de Albalá, próxima a Montánchez, sino a un castillo que hubo junto al río Tajo entre Monfragüe y Almará.

[21] Zuferola es uno de los pueblos que actualmente no está identificado.

[22] Bullarium Ord. Mil. de Alcántara, Madrid 1759, pág. 11 y 13.

[23] Por este triunfo recibió el título de Al Mausür (El Victorioso).

[24] La iglesia conmemora esta cruzada contra los mahometanos con la festividad del Triunfo de la Santa Cruz, que se celebra el 16 de julio, día en que se dio la batalla.

[25] Floriano Cumbreño toma dicho dato del A.M.C. Códice de los fueros, F, 6v. a 7v.

[26] Alfange es actualmente la localidad de Alange, lugar próximo a Mérida con un balneario de época romana.

[27] Recordemos que a la “era” 1272 hay que restar los 38 años del calendario juliano, por lo que queda la fecha citada de 1234.