Oct 012007
 

Pablo Iglesias Aunión. 

INTRODUCCIÓN.

P.1. VISIÓN DE LA PINTURA GÓTICA DESDE LA INFORMACIÓN SANTIAGUISTA.

P.2. EL MARCO GEOGRÁFICO DEL ESTUDIO SOBRE LA PINTURA GÓTICA.

 

2.1. ESPARRAGALEJOS DE MÉRIDA: IGLESIA DE SANTIAGO, SANTA MARÍA Y ERMITA DE LOS SANTOS MÁRTIRES.

2.2. LA PINTURA GÓTICA EN EL “LUGAR DE ALGUIJUELA”: IGLESIA DE SANTIAGO Y ERMITA DE LOS SANTOS MÁRTIRES.

2.3. PUEBLA DE LA CALZADA DE MÉRIDA: IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA SANTA MARÍA Y ERMITA DE SANTIAGO.

2.4. LA VILLA DEL MONTIJO EN EL ARTE GÓTICO: FÁBRICA PARROQUIAL DE SAN PEDRO, IGLESIA DE SAN ISIDRO, HOSPITAL DE POBRES Y SANTOS MÁRTIRES.

 

P.3. VALORACIÓN DE LA EXPRESIÓN ARTÍSTICA DESDE SU FUNCIONALIDAD SOCIO-RELIGIOSA.

P.4. FUENTES INÉDITAS.

P.5. FUENTES BIBLIOGRÁFICAS.

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INTRODUCCIÓN

 

 

“Ese Dios creador. Es Dios y Señor de la Historia en vivificantes ejemplos como el de aquella Iglesia en los Tiempos Modernos dedicada a los más necesitados por medio de los hospitales de caridad, y reconociendo en el espacio y en el tiempo a un Cristo que es verdadera riqueza expresiva del arte. Dios se manifiesta en el arte que a su vez se convierte en forma de exponer la caridad.

Quizá por todo ello, podemos afirmar hoy, cuando el hombre de nuestro tiempo se empeña en querer ser protagonista de la historia, que el Dios bíblico, no contradice, ni tampoco amortigua esta responsabilidad. Al actuar en la historia de los hombres, la historia recibe ya un sentido de actuación divina[1].

 

De cuantas maneras y formas podríamos hablar de ese periodo de nuestra Historia de España y de nuestra Historia de Extremadura que es la Reconquista y Repoblación. Los más insignes historiadores han abierto corrientes y escuelas para explicar, razonar y demostrar el nacimiento de instituciones, el surgimiento de importantes tejidos económicos y sociales sobre los que se irían asentando una población, que como en el caso de la Extremeña, de la Baja Extremadura y en una mayor precisión e las localidades de las encomiendas emeritenses al amparo de la Orden Militar de Santiago fueron surgiendo.

 

Las órdenes militares. Si todo lo anterior se han vertido –y lo que se verterá- ríos de tinta para comprender el complejo pero rico y ameno proceso iniciado prácticamente en el siglo VIII y finalizado en la última década del siglo XV, qué decir de las órdenes militares, de las que algunos historiadores llegan a citar precisamente a la Orden de Santiago como una de las primeras de esencia española, la cual posiblemente ya existía  al comenzar el siglo XII con la misión de proteger a los peregrinos que acudían de toda Europa al sepulcro del apóstol; luego se les encomendarían misiones de protección y de presencia permanente en las frontera con el Islam surgiendo a medidos del anterior siglo citado, la Orden de Calatrava, creada por el abad san Raimundo de Fitero para sustituir a los templarios en la defensa de la fortaleza manchega de Calatrava. Calatrava y Santiago alineadas en una marca que se encuadraba en una frontera entre La Mancha y Sierra Morena[2].

Oct 012007
 

Manuel Rubio Andrada,  Francisco Javier Rubio Muñoz y  Manuel Ignacio Rubio Muñoz.
1. INTRODUCCIÓN
La ausencia de precisión en los hallazgos es un problema importante con el que se debe contar al acercarse a los trabajos arqueológicos realizados sobre el pasado de la sierra de Sta Cruz; se sitúan generalmente en lugares poco concretos, otras incorrectos y distantes.
Son varios los estudios que sitúan determinados objetos en la extensa sierra como si fuera un lugar único de asentamiento que ha ido evolucionando a través de los tiempos con la consiguiente superposición de culturas. En este aspecto se puede concluir que, a veces, se ha deformado intencionadamente la ubicación como recurso elemental para eludir las visitas necesarias; indudablemente a esos autores les falta el conocimiento directo de la sierra y sus trabajos, por ello, resultan deformados.

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Oct 012007
 

Beatriz Gordillo Moreno e Ismael Montero Fernández.

1. Presentación:

 En primer lugar expresamos nuestro agradecimiento a la Junta Directiva de los Coloquios Históricos de Extremadura por permitir nuestra presencia con este trabajo que hemos llevado a cabo sobre Jerez de los Caballeros visto a través de los ojos del Marqués de la Ensenada, consiguiendo que sea un ladrillo más para la consolidación de ese ingente legado documental sobre Extremadura que son estas jornadas históricas.

Por otro lado, pese a que el tema a desarrollar es bastante dispar con el personaje al que van dedicados estos coloquios, nos queremos unir al recuerdo de la figura de Inés de Suárez en el V Centenario de su nacimiento. Esa mujer que  descrita por Thomas Thayer Ojeda es una persona de extraordinario arrojo y lealtad, discreta, sensata y bondadosa, disfrutando de una gran estima entre los conquistadores.

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Oct 012007
 

  LUIS  VÁZQUEZ, O. de M.

  1. LA PERSONALIDAD DECISORIA DE HERNANDO

  Desde su prisión, aconseja a Gonzalo, que gobernaba el Perú con toda legalidad[1]

 Hagamos memoria: En un principio, Hernando Pizarro de Vargas, al regresar  definitivamente solo, por orden de Francisco, a España –pues había venido antes, un par de veces, a traer el quinto real al Emperador, y obtener títulos para ellos, y para Almagro en menor cuantía–,  después de una guerra civil, y de haber asesinado a Almagro el Viejo (6 de abril de 1638), contra la voluntad de su hermano Francisco,[2]  tuvo que presentar probanzas y sus mejores testigos, junto con los demás despachos exigidos  en el juicio que sufrió  por parte del Consejo de Indias, siendo desterrado a África, en una primera decisión, el 14 de mayo de 1540. Sopesado el hecho, gravísimo, acaso por influencia de alguno de sus amigos, cambian el destierro por la prisión en  el castillo de La Mota, donde pasará nada menos que 18 años de prisión preventiva.

Y desde allí, después de año y medio privado de libertad, responde a Gonzalo, haciéndole saber que recibió su carta de julio del año pasado. Ahora, hecho ya a su nueva vida, con serena frialdad razonadora,  y el fino olfato socio-político que le caracteriza, afirma que le aprueba el hecho de que haya ido a ver al oficial Gobernador Vaca de Castro, “que, como estaba en lugar de su Majestad, con él era con quien se había de negociar”. Le hace saber, por su parte, que el embargo de las haciendas del Marqués fue orden de España, y cree “que no terná[3] remedio”.

Notemos, ya de entrada, cómo es el prisionero quien está en todo, cavilando siempre sobre los bienes que, poseídos un tiempo con holgura, ahora están algunos perdidos, otros en manos ajenas, y los demás en peligro. Hernando tiene siempre proyectos lúcidamente realistas. Gonzalo –más humano, yo creo—es, en lo demás menos consciente de la avaricia de sus enemigos, que van desde los conquistadores y administrativos peruanos hasta los señores del Consejo de Indias y el propio Emperador. Era mucho el interés que se jugaba. Este mismo año se descubren las minas de oro en Potosí, después de un tiempo de explotación de la plata. Cuando llegue La Gasca con plenitud de poderes ejecutivos, dispuesto a todo, Gonzalo seguirá en su Cuzco, casi sin enterarse de que “alea iacta est”: su suerte estaba echada.[4]

Jamás hemos visto a Hernando desprevenido, sin dominar las circunstancias que le afectan. Por eso sobrevive, a pesar de los inmensos contratiempos que no esperaba al

 

venir a España. Probablemente se vino sin sospechar que los almagristas se la tenían jurada, y no debió de temer la tan prolongada prisión.¡Gracias que se salvó del destierro! ¡Siempre había sabido, y podido, bandear el temporal adverso y salirse con la suya! Ahora todo , y todos, están en contra suya. Pero, con todo eso, él, siempre firme,  no se deja deprimir –a cualquier otro le hubiera sucedido–, y sigue, desde su falta de libertad de acción, que no de decisión relativa, actuando como quien dirige el propio destino que se ensaña con él, y mirando a un posible futuro, que sabe puede y debe cambiar a favor suyo.

En este aspecto, no podemos menos de sentir admiración profunda por Hernando, dejando de lado sus flaquezas humanas –que las tiene, y grandes–, por su lucidez y capacidad permanente de vislumbrar las posibilidades reales de su futuro, si incierto, capaz de cambiar, en medio de sus momentos más adversos y negativos.

Dicho esto, prosigamos con el análisis de su misiva. Las haciendas de Francisco habían sido embargadas, como hemos visto, allá en el Perú. Hernando es muy consciente de que eso ya no tiene remedio, al menos por el momento, “porque el marqués, que sea en gloria, escribió a su Majestad que lo tenía en su poder y que lo daría a quien él fuese servido”. La actitud de Francisco con el Emperador fue de una generosidad sin límites. ¡Y así se lo pagaron!

Hernando le dice a Gonzalo que pida al virrey la liquidación, y sólo queda esperar acontecimientos más favorables en un futuro a medio plazo, acaso. No, Hernando no es un idealista. Sabe adaptarse a lo inevitable, y a sacar el partido posible, sencillamente, sin renunciar nunca a sus derechos. Él no ignora que en España, los del Consejo de su Majestad –sigue diciéndole al hermano—“no tienen mucha voluntad a nuestro nombre”. Si no estuviera en prisión,  iría a parlamentar personalmente con el Emperador, o la Emperatriz. Pero, en este momento de su vida no es más que un sospechoso prisionero. Se le permite, en cierta medida, una libertad vigilada, pero carece evidentemente de la simpatía oficial. Y los almagristas echan continuamente leña al fuego. De ahí que le siga  abriendo los ojos  a su feliz hermano: “No dexe vuestra merced de negociar con el virrey lo que pudiere en ello, en esperanza de lo de acá; al menos  que venga de allá bien encaminado y el señor virrey informe a su Majestad”. Como podemos comprobar, no pierde del todo la esperanza, pero ésta es frágil, naturalmente, sabiendo como sabe que Gonzalo no va a lograr demasiado del virrey.

 

No da crédito, sin embargo,  a lo que le escribió Gonzalo de que tuvo noticia del  Cuzco de que Diego de Rojas  había ahorcado a Pedro de Soria. Se atreve a disentir de su hermano,  pues conoce el percal: “No debe [de] ser ansí, porque yo tengo cartas hechas de Arequipa, de agosto, y no dice tal”. Es decir, se fía más de sus informes que de los de Gonzalo, una vez más.  Con todo, no es cerril, y admite la posibilidad, en cuyo caso no debe quedar oculto, y sin que se haga justicia. Replica, por “si fuere verdad, vuestra merced pida justicia, porque es burla otra cosa, y tome una persona a mi costa que no entienda en otra cosa sino en los pleitos, y sea hábil y que lo entienda, digo demás de los procuradores, sino criado solicitador, porque perdemos mucho por descuidos en pleitos”.

Queda claro que está dando lecciones a su hermano, y sigue estando en todo lo referente a la hacienda común, preocupado por la misma actitud descuidada de Gonzalo, en cierta medida, un tanto ingenua y crédula, dado que su bondad innata, a mi juicio, le hace creer que los demás también lo son. Hernando, siempre más realista y desconfiado, piensa en lo peor para acertar, siguiendo el refrán castellano. Él era el único de los hermanos ilustrado, que sabía leer y escribir y hacer cuentas:¡había tenido escolarización, además de manifestarse como un descubridor y guerrero, juntando pluma y espada!

            Lo crematístico logra controlarlo desde La Mota, gracias a sus allegados, amigos y personas de su confianza, que vuelven del Perú

      Diego Martín[5] lleva a vuestra merced poder mío  –sigue afirmando Hernando—“para que haga en mi hacienda y deshaga como en la suya propia. Y ya tan bastante cuanto se debe enviar a tan buen hermano”.

Subrayemos, de pasada,  cómo Hernando hace aquí un acto de reconocimiento de la bondad de su hermano Gonzalo, a quien yo creo, según reafirmo, uno de los mejores, en virtud y bonhomía, de los hermanos en Perú, después de Juan, a quien asesinan muy pronto, y le llamaban “Juan el bueno”: Sin duda alguna , era una excelente persona, más ingenua, ciertamente, que Hernando, y con menos capacidad de gobierno que el Marqués, pero de una gran bondad de corazón, de una humanidad a toda prueba. No es fácil probarlo, pero se vislumbra, a través de sus escritos y de su conducta política.  No en vano caerá en manos del astuto clérigo salmantino La Gasca, que lleva la intención de liquidarlo. ¡Jamás le habría sucedido tal cosa a Hernando, de hallarse en su lugar, y con la gobernación legal –a todas luces válida, por haber sido otorgada por Francisco en su “segundo testamento”, como dejé señalado arriba–, cuando vio que Hernando ya no regresaría al Perú; y el Marqués sospechó que le quedaba poco de vida!

Vuelve a aclarar lo de su hacienda y lo necesitado que se encuentra en Medina, por si Gonzalo no estaba ya al corriente, o al menos dejaba de imaginarlo a tal distancia, y sabiendo su afán de riqueza: “ En lo de mi hacienda, no tengo que escribir, que bien creo  que vuestra merced ternía cuidado, sino que sepa que paso mucha necesidad, que lo que traxo Diego Velásquez no llegó a los dientes, que todavía debo más de veinticinco mil ducados, y para que vea vuestra merced qué tal estoy, le hago saber que tengo por mejor estar preso que suelto”.[6]

Estando en tal circunstancia, tenía disculpa para no angustiase demasiado ante sus acreedores. Este es, pues, Hernando: Preocupado por su hacienda del Perú, y haciendo un ejercicio de humildad. Su orgullo de antaño aparece ahora remodelado por la situación de penuria económica. Junto a la previsión, se impone la visión más realista y descarnada de sí mismo que pudiéramos jamás imaginar. Su deuda actual era muy grande, si la fortuna fue mayor.

 

            El recuerdo de doña Inés y,  sobre todo,  de la jovencita de 10 años Francisca Pizarro Yupanqui

“Huelgo de que doña Inés esté casada con ese caballero, Andrés de Rivera. Su primo es acá muy grande amigo mío. Vuestra merced hizo bien en dar a la señora doña Francisca quien la doctrine”.[7]

Y prosigue Hernando en su carta expresando sus sentimientos sobre los hijos de Francisco sobrevivientes, aunque huérfanitos: “Es tanta la lástima que tengo de esos niños, hijos del marqués, que sea en gloria, que no querría hablar. En ellos el mejor librado me parece que es el que se murió[8]. Con el señor virrey se procure lo que les toca, que acá poco remedio creo ternán”.

He aquí un par de actitudes que revelan la otra cara humana de Hernando: Se preocupa por sus amigos y familia.  En este caso, se trata de doña Inés ( que, por cierto nada tiene que ver con “Inés de Suárez”, a quien se dedican los Coloquios de este año). Y es muy significativo su interés por doña Francisca Pizarro Yupanqui, jovencita de 10 años, de cuya educación se preocupó mucho su padre; y, ahora él difunto, toma el relevo su hermano, que le sucede en el cargo de gobernar el Perú, ya más pacificado, en apariencia al menos. Hernando, está claro, pensaba ahora ya en ella.

¿Sospecharía, al redactar la carta, que en fechas no lejanas vendría a España, con su hermano Gonzalo, a la edad de 17/18 años ella, y acabarían casándose, previa dispensa de Roma, tendría cinco hijos, tres de los cuales sobrevivirían, y conjuntamente edificarían el Palacio de la Conquista? Es posible que no, de modo consciente; y muy posible estuviese todo latente en su inconsciente personal.

Quiero recordar ahora que existe una homónima de Francia Pizarro, descubierta por Rostworowski; y es un dato a tener en cuenta  para no confundirlas, cuando aparezcan en relatos de cronistas o de historiadores. Esta segunda Francisca Pizarro era  hija de madre española y de padre indígena. A Francisco, en Tumbes, le entregó el cacique de Poechos un hijo suyo como sirviente. Pizarro lo trae a España, y le da el nombre de Martín, quien, con Felipillo, fue intérprete o “lengua” durante la conquista. Dirá más tarde La Gasca de él que “es un indio muy españolizado”.[9]

 

            Preocupación por el estado actual de su casa del Cuzco

   Después de hablar de los gastos inútiles en la quijotesca  jornada de la canela[10] , reconoce que fue gasto inútil, pero que, puesto que ya no tiene remedio, no hay para qué pensar más en ello. Además, le hace saber que el fiscal “embargó un privilegio que queríamos sacar de unos veinte mil ducados, y hasta agora no se ha sacado”.

A renglón seguido dice abiertamente respecto a lo suyo del Perú, con un realismo, fruto del conocimiento que tiene de la actuación del Consejo para él, y, dada la situación actual en que vive, poco puede hacer; y no se hace ilusión alguna: “En cuanto a lo que vuestra merced dice que hicieron carnecería al cantón de mi casa del Cuzco, vuestra merced  haga allá lo que pudiere en todo, que acá no hay remedio de negocios. Ya habrá visto allá las ordenanzas y los negocios de allá todos los remiten al señor virrey, en especial que, como digo, cosa nuestra no tiene sazón”.[11]

1.5. Su opinión sobre Rojas y las minas

Opina sobre un tal Rojas, acerca de su decisión sobre las minas, y le niega toda veracidad, además de no tener ningún derecho a nada. Leamos sus propias palabras: “Vi lo que escribe Rojas a vuestra merced. Todo es viento, porque ni él fue a las minas, ni las vio; puesto que, caso que dijera verdad, lo cual no dice,  no registrándolas ni tomando posesión, ¿qué derecho tiene a ellas?”.  Esta postura, neta, clara, explícita, y, en justicia auténtica, caracteriza, ahora y siempre, la opinión de Hernando, sin duda alguna reflejo de un hombre sumamente capaz y juicioso en sus criterios. Por eso esta carta, como otras suyas, me parece digna de que se conozca al detalle. Ésta, y no otra, fue la razón de haberla elegido para presentarla en estos Coloquios.

 

2. SU INSISTENTE ACTITUD DE FORTALEZA EN LA DEBILIDAD

      2.1. “El que me roba no me sirve”

Muchas de sus expresiones, como ésta, son auténticas sentencias. Dignas de figurar en un libro de “Sabiduría”, humana, política e incluso religiosa..

Desde  su experiencia de prisionero, ha tenido muchas horas para reflexionar, y no puede menos de expresarse así, en pura síntesis. Lo que parece actitud pesimista, no es más que deducción de pura lógica, y, en ocasiones, de “pura paradójica”. ¡Los Pizarro, después de tanta gloria y fortuna acumulada, cayeron en desgracia de los propios señores del Consejo, y del Emperador.

Se está refiriendo aquí Hernando a Pedro de Soria, que se comportó fraudulentamente con ellos. La cuenta que dice haber tomado de Juan Ibáñez no es de fiar, dado que no tenía poderes para dar finiquito sin condición. Dice: “Las cuentas han de ser muy claras y muy verdaderas”.

Hernando se siente literalmente esquilmado: ¿Cómo va él, tan lúcido en sus momentos de desengaño, aceptar que lo negro se llame blanco? Juzgo que esta carta viene a ser como lo que un experto abogado diría a quien se despreocupa de las leyes; o, si se prefiere, lo que un hombre ecuánime en estas cuestiones, y sabio en la materia, refiere por escrito a quien no sólo es su hermano, sino que detenta un gran poder. Y el mérito se acrecienta al pensar que quien escribe esto y emite tales juicios no está en libertad, ni puede mejorar sus propios bienes, sino con mucha mano izquierda y enorme acopio de paciencia. Pero –como diría  un poeta del 27, “podrán quitarme el oro y hasta mi hacienda, / podrán meterme en calabozo oscuro:/ por encima de todo  me queda la palabra”.

Reconoce que preserva algunos derechos, que se pueden reconocer,  Pedro de Soria, que “es vivo”, pero, como dicen “del mal pagador siquiera en pajas”. El resto es falsedad: “A lo demás que me obligó, como arriba digo, no pague, que no le he por bien: que no me pudo obligar”. Igual piensa de la “ cuenta de Armenta”.

 

 

 

 

2.2.         Envía legitimación a un hijo de Gonzalo Pizarro, llamado Francisco Pizarro

Luego de subrayar la revocación que su Majestad hizo de quitar los indios a los tenientes, ahora permitidos, le envía cédula a su hermano, por si no está al corriente de la novedad legal, realizada en España para el Perú. E hizo –sigue infórmándole—mariscal a  Alonso Alvarado, dándole, a la vez, el hábito de Santiago, tan apreciado por los Pizarro.

He aquí lo que señala de el hijo de Gonzalo, que lleva el nombre de Francisco Pizarro, y en este año se encuentra con su padre en Perú : “Ahí envío legitimación  para Francisco Pizarro, su hijo de vuestra merced”. Precisa, sin embargo sus dudas: “Aunque al principio me había parecido otra cosa, después me acordé de sacalla. Acá no hay coyuntura de entender en indios míos ni de vuestra merced. Allá haga vuestra merced lo que pudiere con el virrey, digo los que hubiere quitado Vaca de Castro”.

 

2.3.         “Yo estoy todavía en La Mota”; el Padre Diego Martín y la Sentencia vista por Montalvo

      Mal sabía Hernando, por estas fechas, que le quedaban muchos años más de prisión. Se ve que llegó a creer que le soltarían en breve plazo, y que era una “prisión preventiva corta”, que no podía durar largo tiempo, como de hecho sucedió.

“Después que el Padre Diego Martín [12]  se fue, nombró su Majestad otro juez, al licenciado Montalvo, que era alcalde de Corte, que es agora del Consejo real. Vio el proceso, y habrá tres o cuatro meses que tuvimos la sentencia tan a punto, que estaban las postas aparejadas para venirme a demandar albricias, bien que saben todos que nos sobra justicia, y que no hay otro daño sino dilación. Desbaratose; dicen que lo enviaron a consultar con su Majestad. Échanse muchos juicios; algunos dicen que es juego de manos, que, como me hallan libre, no quieren sentenciarme porque, dándome por libre, parecería mal tenerme preso, y que su Majestad, por algunos respetos, es servido de tenerme aquí.

Esta sentencia, digo, es en cuanto a la muerte de Almagro, que lo demás que acusa el fiscal no lo tengo en nada; pero no por eso se deje de tener buen cuidado allá en la probanza, porque si no viene buena no nos harán ninguna honra. Por agora, mo me pesa de estar preso, por la necesidad que tengo”.

He aquí, nuevamente, a Hernando autoanalizándose, consciente de que lo grave de su pasado en el Perú –por lo que se le tiene enjuiciado, aunque sin sentencia definitiva, y en prisión—es por haber dado muerte a Almagro el Viejo. Pero tenemos la sensación, al releer estas palabras a Gonzalo, en las que, con frialdad y naturalidad tales del hecho cruel llevado a cabo sin orden del marqués Francisco,  de que no está arrepentido de ello, y no revelan conciencia de haber cometido un crimen despiadado.

Dice algún cronista veraz que Almagro, al ver que le iba a ejecutar, se le postró de rodillas y pidió clemencia en parecidos términos: “¿Qué daño puede hacerte ya un anciano como yo, Hernando? Además, yo que, en su día os tuve, a ti y a Gonzalo, prisioneros, y a ti te otorgué la libertad, por habérmela pedido Francisco, y a tu hermano permití se fugase, ahora me correspondes tan cruelmente”. A cuyas palabras, dichas entre lágrimas, le responde, impasiblemente, Hernando:”Me escandaliza que un hombre como tú tengas miedo a la muerte”. A lo que responde Almagro:¿Y te parece extraño? ¡Si hasta Cristo, nuestro Señor, lo tuvo en el Huerto de los Olivos!”. Pero Hernando, tan sólo le permitió un confesor, y le dio garrote.

¡Pienso, por mi parte, que jamás Francisco hubiera cometido, ni permitido dicha muerte! En este sentido, parece meridianamente claro que Hernando fue inmisericorde e inhumano con quien pudo haber hecho con él otro tanto, y no lo hizo. En suma, la muerte de Almagro fu un delito que clama al cielo, aunque él no lo haya percibido así, y su Majestad  no podía actuar de otro modo que con la prisión.

Esta carta es, pues,  desveladota de este aspecto, no por sabido, de menor relieve, que yo quiero destacar: ¡No todos los hermanos Pizarro tenían iguales sentimientos! Probablemente es Hernando el más insensible a la piedad entre todos ellos. A Juan le llamaron “el bueno”, Gonzalo  juzgo que era también de sentimientos humanitarios, al igual que Francisco, como han demostrado en multitud de ocasiones. Pero –es triste reconocerlo– ayer como hoy,  sólo los duros de corazón sobreviven! ¡Y esto está a millas de distancia de una persona que ostentaba el título de “Caballero de Santiago”, y debía tener como base los “sentimientos de Cristo Jesús”, como dirá San Pablo. Hernando, el hermano más culto, el que no estaba falto de saberes humanos, parece ser el de menos virtudes, tanto humanas como cristianas, sin carecer de valor y de valores, que en pura justicia debemos destacar.

 

2.4. Interés obsesivo por su plata y oro

    Insiste en que debe demandarse la plata suya que tomó Diego Méndez de Silva, y eso hay que hacerlo en el Perú, pues él, Gonzalo, se encuentra en condiciones de hacerlo. En España se espera que las soluciones vengan del Perú en este caso preciso. Se lo ruega, insistentemente, a Gonzalo. Ciertamente Hernando está pensando siempre en recuperar su inmensa fortuna, nunca dispuesto a dejarla en manos ajenas. Su mayor preocupación, en este momento de su vida enclaustrada, y en los posteriores, será el dinero y la hacienda. Se comprende. Mas, desearíamos ver a un Hernando más abierto a otros intereses más nobles y desinteresados; a favorecer, cuando pueda a los menesterosos, que pululaban en torno a él. Hay que aceptar esta realidad tal cual es.

Está escribiendo –le dice a su hermano—“muy depriesa”, puesto que va a salir un navío para Tierra Firme, según se le informa en La Mota, y quiere aprovecharlo. Está respondiendo a la carta de Gonzalo que la noche anterior le entregaron. Dicta tácticas a seguir a dicho hermano respecto a Pedro de Soria, pese a que “el previlegio de los veinte y nueve mil ducados de vuestra merced nunca le hemos podido sacar. Ponga vuestra merced buena diligencia y recaudo en su hacienda y en la mía, y piense que lo que tuviéremos nos ha de valer, y que se podrían acabar las minas, aunque es ruín tiempo éste, venido otro peor”.

Probablemente, de no ser por este empeño permanente de Hernando por la hacienda familiar, y por la suya propia en primer lugar, claro está, el futuro hubiera sido  muy diferente.

 

      2.5.Es justo en pagar sus deudas, y exige la devolución a sus deudores. Su

Afecto fraterno a Gonzalo

Piensa en sus deudas, las que dejó allá en el Perú, al venirse a España, y manda a su hermano que las vaya pagando a través de intermediarios. Quiere dejar zanjada muy pronto esta pesadilla, desconfiando siempre de la justicia, allá y aquí. Se expresa así: “Todo lo que quedé a deber, cuando de allá partí, a Alonso de Toro e a otras personas, mande vuestra merced que se pague, y todo lo que me debieren, que se cobre, bien o mal, o como pudieren, y de aquí adelante no me obliguen a un maravedí, y vuestra merced  haga lo mesmo, que es verdad que estoy tan desconfiado de lo de allá, que aún me parece que lo de acá no tenemos seguro; y, en pagando lo del rey, envíe vuestra merced testimonio de cómo lo ha pagado, y no tenga vuestra merced pena por lo gastado ni perdido, que no nos dexó nuestro padre nada: con lo que tuviéremos pasaremos, placiendo a Dios, y como buenos hermanos, el que más tuviere ayudará al otro”.  Esta confesión cambia de tonalidad su discurso, y ahora reaparece lo que en él estaba latente: la conciencia de que salieron de la nada, o poco menos, que gracias a sus esfuerzos ganaron gran fortuna, perdieron mucho, pero, con la ayuda de Dios –aquí Hernando manifiesta su fe, no es una simple fórmula–, a la vez que afirma sin rodeos su voluntad de que el amor fraterno debe primar sobre todo, y quien más tenga, ayude al otro. Me consuela profundamente –tengo que confesarlo—esta nueva actitud de Hernando aquí manifestada. Y veo que, en el fondo reaparece su “humanidad que en su espíritu existía”. Esta es su mejor joya, y el gran talante y talento, humano, fraterno, y cristiano. Quien así se  expresa está en el mejor camino. Es de lo más humano que encontré en Hernando. Si antes destaqué sus aspectos deficientes, ahora no puedo menos de reconocer que también Hernando era un buen hermano para con Gonzalo, pasadas ya tantas miserias morales y físicas. La experiencia de La Mota pudo haberle sido benéfica. Al menos aquí se nos revela en su mejor faceta.

 

2.6. “En cosa de casamiento no hay que hablar”

¡Quien iba a pensar que Hernando llegase a afirmar tal cosa, conociendo, como conocemos su vida anterior, si  sólo “promesas” con Isabel Mercado, de quien tiene hijos, la boda efectiva con la joven Francisca Pizarro Yupanqui, sobrina en cuanto hija de su hermano Francisco deja al descubierto su afán por casarse y aunar fortunas! Ahora, sin embargo, está pasando una “crisis afectiva y efectiva”, y esto condiciona su previsión de ese futuro no lejano. La razón la dice él mismo sin rodeos: “mientras estuviéremos pobres, que antes era tiempo de descasarnos, si estuviéramos casados. Si faltare heredero, ahí estaFrancisquito”.

Francisquito era el hijo pequeño de Gonzalo, tenido entre  Juan e Inés. Desde luego, Francisquito no va a tener opción alguna para ser representante de la Familia Pizarro: Así lo ha querido la vida y decidido la historia sobre quien es llamado con el infantil diminutivo. De todos modos, Hernando no deja que pensar en heredero posterior.

 

2.7.    “Vuestra merced no piense en venir acá más que en sacarse los ojos”

¿Qué hubiera sucedido si Gonzalo abandona su cargo del Perú y regresa a España? ¡Estuvo acertado en este consejo, casi mandato, Hernando? ¿Pensaba sólo en su personal futuro? ¿Tenía vislumbres de lo que iba a suceder muy pronto con Gonzalo, al llegar al Perú La Gasca, con plenos poderes ejecutivos? Toda una serie de preguntas se agolpan en nuestra mente ante semejante orden, viendo, “a posteriori”, lo que le sucedió a Gonzalo en su Perú. La verdad es que cuando Hernando escribe esta carta no podía imaginar el futuro, nada estaba definido sobre la vida de ambos. Y veía más peligros en España –a partir de su propia experiencia—que en aquel Perú adonde él, sin embargo, había decidido no regresar, ni le dejaron tampoco, pues el panorama se preveía peligroso, sabiendo que los de Almagro iban a reaccionar con violencia y se iban a vengar, ya que no en él, en cualquier miembro de los Pizarro, como hicieron con Francisco, viejo ya cual Almagro.

¿Razón? Sería “destruir su hacienda y la mía”, afirma contundente. Seguro que tenía su razón. Pero, al quedarse, “destruyeron no la hacienda, sino la vida de Gonzalo”, cosa que no podía prever.… Con todo, recapacita y añade: “Cuando fuere tiempo, vuestra merced escriba cómo van las haciendas de allá, y yo le escribiré que venga: Entre tanto, asentarse han las cosas”.  ¡Aquí no fue profeta!

 

2.8.    La duda sobre la decisión de Diego Velázquez

    No sabe si volverá allá Diego Velásquez. Su deseo es que éste volviese y regresase Diego Martín, su amigo. Pero sabe que esto es pedir un imposible, “peras al olmo”, dado que el primero “vaya, no partirá de allá Diego Martín desde a año y medio que él llegue”. Desea que no se entremeta Velázquez en las cosas de Martín, ni en nada de lo que éste mandare, para que todo vaya “concertado”, como un reloj bien programado. Velásquez, en cualquier caso,  debería estar subordinado a Gonzalo, claro está. Y lo que haga Gonzalo es como si lo hiciese el mismo Hernando, con el poder que le haría a Diego Martín. Ambos son afectos a sus personas y causas, y deben ser honrados y favorecidos.

Como vemos, es Hernando quien dispone y ordena, quien manda y decide. El prisionero se ve con capacidad providencial para determinar lo que les conviene a ambos.

 

2.9.    Piensa Hernando en traer ya a España a la joven sobrina doña Francisca PizarroYupanqui

    Todo lo va organizando según su voluntad. Se diría que, en cierta manera, ya está previendo lo que va a suceder. Dice sin paliativos, con palabras  que no dejan lugar a dudas: “A Juan Bicioso y a su mujer creo que enviaré a que estén en compañía de la señora doña Francisca, nuestra sobrina, y para que, si a vuestra merced le pareciere, la traigan a España. No estoy aún determinado en esto. Vuestra merced me escriba sobre ello lo que le paresce, por sí o por no”. No deja de contar con la opinión de Gonzalo, si bien es él quien está tomando la iniciativa.

 

2.10.  Noticias finales

 

Le comunica que entre los reyes de España y Francia hay actualmente “paz perpetua”. Le anuncia que le enviaré “los capítulos”:[13]  Ahora no los tiene en su poder, pues se los mandó a Rodrigo Pérez de Sevilla, que “estuvo esperando los navíos”.

Le han comunicado que vino el criado de Gonzalo, Moreno, pero no se presentó a verlo en La Mota, ni le entregó carta alguna suya.

El remate es solemne, en tono de subordinado: “Nuestro Señor guarde y prospere la muy magnífica persona de vuestra merced por largos tiempos.

De La Mota de Medina, a dos de diciembre de cuarenta y cuatro años”.  Todavía añade: “Las legítimas de doña Francisca y de Gonzalo he enviado días ha; ya estarán allá. A servicio de vuestra merced,   Hernando Pizarro.

 

Al muy magnífico señor Gonzalo Pizarro, mi hermano en el Perú”.

 

3.          Conclusión

      Esta  es, en síntesis, glosada y expuesta con algunas observaciones personales, la carta de hermano a hermano; de Hernando, prisionero, pero seguro de sí mismo, no sin ciertas vacilaciones manifiestas, explicables por su situación, a su hermano, que gozaba entonces de los máximos honores y poderes en el Perú, como sucesor de Francisco Pizarro, “el Marqués”.

Es una carta, como podemos apreciar, llena de matizaciones, y de decisiones  suyas: Guarda su unidad estilística y de fondo, y tiene ese sabor de lo que es natural entre hermanos que se estiman, que lucharon juntos no hace mucho en aquellas ignotas y prometedoras tierras peruanas, y que ahora están en situaciones muy dispares.

Pero me parece nítidamente cierto que Hernando se presenta aquí como quien tiene las riendas del futuro, a pesar de todo; como quien sigue teniendo una visión global –dejando aparte “futuribles”—del futuro a mediano plazo , un futuro posible, en el que pueda, él al menos, volver a gozar de sus bienes y heredades. Naturalmente, no alude para nada , ni podía entonces imaginarlo siquiera, a que Gonzalo iba a ser sospechoso de rebeldía, y que el pequeño de estatura La Gasca, clérigo salmantino, con plenos poderes catapultado al Perú, insospechadamente por los Pizarro, para acabar, no ya con el mando de su hermano, sino con su misma vida. ¡Hernando sería el único superviviente, el triunfador, paradójicamente!

He ido, releyendo con interés creciente esta misiva, y desglosé después, paso a paso, lo que me ha parecido de mayor interés. Intenté descifrar, e incluso visualizar, de algún modo, la que yo llamaría “personalidad caleidoscópica” de Hernando. Variando, a cada vuelta de  pluma, y del destino, para ser más poderoso; cambiando, para poder subsistir; dando órdenes con una visión del futuro, respecto a él y a su posible libertad de acción, no alejada demasiado de una realidad, por lo demás, imprevisible para cualquier otro.

Apenas pesimista en cierta ocasión, mantiene, a lo largo de su carta, la tónica realista con una capacidad poco común de reaccionar ante los eventos que se iban presentando, digna de un hombre de acción, que supo abandonar a tiempo el peligro vital, aunque haya caído en su prolongada falta de libertad, tan inesperada por su parte.

Con todo, de hecho, gozaba de bastante libertad de acción, dentro de los límites de un prisionero “de lujo”, diríamos, en un gran castillo –donde asimismo había sufrido prisión  un tiempo del rey de Francia–, en el cual convivía con Isabel Mercado, que le servía y de quien tiene descendencia, y gozaría de los servicios también de una negra. De Isabel tuvo a Diego, que fallece niño, y a  Francisca, a quien reconoce, da su apellido y la tiene como verdadera hija suya.

Es probable que la promesa de matrimonio que hará a Isabel haya sido sincera, y haya pensado en casarse con ella, si bien la venida de su sobrina Yupanqui, en quien piensa ya ahora, poderosa y anhelada, por tantas razones, vitales y crematísticas, le haya alejado maritalmente de la primera, que recluye en monasterios.

Isabel Mercado había nacido, como sabemos, en Medina del Campo. Era una joven de gran belleza, según cuentan quienes la conocieron, de familia bien, venida a menos. Su padre era Francisco/Luis Mercado, de las buenas familias de Medina, pero fallece muy pronto. Isabel quedaría al cuidado de su tía carnal, Francisca, nombre que llevaría su hija, coincidiendo asimismo con doña Francisca, la famosa mestiza peruana.

El futuro ya lo sabemos: Llegará a España –ordenado por el marqués a su tiempo, y decidido por Hernando— Francisca Pizarro y su hermano Gonzalo. Hernando decide llamarla a La Mota, pedir dispensa a Roma, y proponerle el matrimonio, que ella acepta. A Isabel la manda, en un primer momento al monasterio de las Beatas Fajardas de Santo Domingo, en Medina del Campo, para trasladarla, poco después, al de Clarisas de San Francisco en Trujillo. Guardó siempre Hernando debilidad por su “primer amor”, y visitaba frecuentemente a sor Isabel, ya profesa, llevándole obsequios, hasta que deja de ir, al saber que “cierto clérigo le era muy devoto”, dicen los documentos.

Hoy  sabemos  también  que  Isabel  sobrevive  a  doña Francisca Pizarro Yupanqui,

pues aparece firmando un acta comunitaria en un protocolo de Trujillo el 2 de marzo de 1598. ¡Qué lejos, pues, de la verdad estuvo don Clodoaldo Naranjo Alonso — meritorio en otras afirmaciones, cuando opina: “Fallecida Isabel antes de su salida de prisiones,  según la opinión más probable,  casó en 1553  con su sobrinadoña Francis Pizarro Yupanqui, hija de su hermano”.[14] Ni nos consta que se haya casado oficialmente con Isabel, ni ésta había fallecido, para poder afirmar que se hallaba enteramente libre al contraer solemne matrimonio con doña Francisca Pizarro Yupanqui, como afirma asimismo dicho autor. Cuando esta línea legal–de Hernando y doña Francisca Pizarro  Yupanqui desaparece, se recurre , judicialmente, a la supuesta “promesa matrimonial”,  entre Hernando e Isabel Mercado, válida en la etapa ante-tridentina. Y se lleva a cabo en sus descendientes, con derechos de sucesión reconocidos, una especie de “subsanatio in radice”, para legalizar un hecho en sí muy poco claro. Se legaliza dicha situación, de lo contrario, no podrían ostentar dichos sucesores ciertos títulos que suponían previo estado legal sin obstáculos que hubiesen trascendido a la “vox populi”, siempre proclive al escándalo, y ocasionadora de pleitos.

Tuvo Isabel Mercado la satisfacción de ver casada a su hija Francisca con Fernando de Orellana y Tapia, dando origen a una rama de los Pizarro, por parte suya y de Hernando, que llega a nuestros días. Vivía Hernando cuando se caso esta hija de ambos, y con seguridad asistiría a su boda. No así su madre, pues era ya monja franciscana. Las bodas de los demás hijos que Hernando tuvo con su esposa doña Francisca Pizarro Yupanqui sucedieron fallecido ya Hernando.

Una vez más, he vuelto a tratar de Hernando, en esta ocasión por su relación epistolar con Gonzalo Pizarro, cuando gobernaba todo el Alto Perú. Ninguno de ellos, en las relaciones por carta de esta época, sospechaba el futuro,  no lejano, pero tan distinto,  que el destino tenía reservado para cada cual.

 

En este momento de la carta que acabo de presentar todavía Gonzalo gozaba de plenos derechos como Gobernador sucesor del Marqués, mientras que Hernando entonces estaba en prisión, pagando su conducta considerada como criminal. Pero él tenía una entereza tal que desafiaba a la misma justicia, en ocasiones, y –en cualquier caso—mantenía sus propios derechos, los reclamaba y estaba tratando de recuperar lo que se le había substraído., intentando enterrar un pasado irremediable. Pocos años después Gonzalo es el que desaparecerá de la escena  socio-política, y sólo queda Hernando, quien, pasados ciertos años de cumplimiento de penas, resurgirá con nuevos bríos. Sin él hoy no habría Pizarros, cual retoños renovados de ese tronco familiar, siempre luchador y en búsqueda y conservación de la fortuna y de la gloria, al servicio siempre, ayer como hoy,  de la Patria.[15]

   

 

 

                  

       



[1] Es bien sabido –según dejó demostrado Barrenechea— que en su Primer testamento dejaba a Hernando cono Gobernador, en el Segundo testamento tacha el nombre de Hernando y lo sustituye por el de Gonzalo. ¿Razón? Así lo exigían las circunstancias, dado que Hernando, en España, es objeto de juicio y de encarcelamiento “sine die”.

[2] Resultó una verdadera tragedia la muerte de Almagro, y causa de muchos males.  El hijo de Almagro el viejo, Diego Almagro,  “el mozo”, al enterarse de que su padre había caído prisionero de Hernando,  busca a Francisco, el Gobernador, y le pide “que no le pase nada a su padre”. Francisco –que lo tenía en su casa como a un hijo– le promete: “No temas, hijo mío, no tengas cuidado. Tu padre vivirá y yo volveré a tener con él la antigua amistad”. Mas esta promesa ya no pudo realizarla. Francisco lloró por esta muerte, que Hernando llevó a cabo, juzgo que precipitadamente, y sin tener poder jurídico para ello. ¡Fue una insensata ejecución, que traería consecuencias terribles para el mismo Marqués! Véase un pequeño, cuanto sustancioso,  libro de Manuel Ballesteros Gaibrois, Recuerdo y presencia de Francisco Pizarro,  Madrid, MCMXLII, pp. 58 y ss.

[3] Aunque modernizo la ortografía, conservo aquellos vocablos de época, que le dan sabor de antigüedad, y respetaré asimismo ciertos giros lingüísticos que Hernando utiliza en su carta, en la que la tradición se conjuga con un elegante  estilo personal. Recordemos que es en este año cuando G.B.Palatino edita su obra: Libro nel qual s´insegna a scrivere.Hernando no necesitó de estas lecciones, al igual que multitud de españoles, algunos incluso sencillamente soldados, convertidos en cronistas de los hechos vividos, como Bernal Díaz del Castillo, por ejemplo.

[4] Esta frase latina se atribuye a César, al pasar el Rubicón y marchar contra Roma. En realidad, es la versión latina de un verso de Menandro. Desde entonces se emplea, cuando se toma una decisión de gran importancia, o cuando el destino personal está ya al acecho, cuando la desgracia está ya decidida.

[5] Este Diego Martín era hijo de Catalina Cueva. Había sido ordenado presbítero. Estuviera con Hernando en el Perú: Eso explica el que sea considerado ahora como la persona de su máxima confianza. Hernando había ayudado a su madre, quien debió de contraer nupcias un par de veces. Diego era hijo de su segundo matrimonio.

[6]  Después de leer atentamente este párrafo subrayado, no podemos menos de comprender hasta qué punto Hernando se sintió desvalido en su prisión de La Mota, al menos en el momento de escribir esta carta a Gonzalo, el año 1544.

[7] Si ya Francisco había ordenado que fuese educada como las niñas de familia noble de España, como tal hija suya y de doña Inés Huaylas Yupanqui , nacida en jauja en 1534, ahora Gonzalo sigue sintiéndose obligado moralmente a preocuparse por su educación y enseñanza, tanto humana como religiosa. Sabe que ella podrá ser una de las grandes mestizas que figure en España, como hija del Marqués y sobrina de todos los hermanos Pizarro. (Se dijo que Gonzalo pensó en ella para su matrimonio. De hecho le va a tocar esa dicha a Hernando). Su madre había estado con el Marqués, le sirvió y se enamoraron,  pero no llegaron a casarse, acaso por no dar más motivos a Almagro para disensiones, dicen ciertos cronistas. Era la madre de Francisca la llamada “indiecita quinceañera de Cajamarca”, hija de Huayna Capac y hermana de Atabaliba, Huáscar y Atahualpa. Dos hijos destacan entre los que tuvo de ella el marqués Francisco: Gonzalo y Francisca –legitimados por concesión del Emperador, en Valladolid el 21 de marzo de 1544, y cédula de la Emperatriz, a sus dos añitos la niña–, más otro tercer hijo, “natural”, Francisquito, que vino a España y se casó con Inés Pizarro, su prima, de quien no tuvo descendencia.  Francisca era vástago de los Inkas y del Apu de los Viracochas, para ellos. Se la bautizó, con solemnidad, en la iglesia de Jauja, en diciembre de dicho año. Valdivieso, camarero de Francisco Pizarro, la llevó en brazos a la pila bautismal. Varias mujeres  españolas del Perú asisten al acto. Hizo de madrina, en primer lugar, Isabel Rodríguez, llamada “la conquistadora” Tenía entonces Francisco unos 56 años. ¡Los Pizarro conquistadores ejercieron la paternidad, como se ve, a edad  bien madura., pues Hernando también se casa con la ilustre mestiza a sus 50 años!

[8] Se deduce que, de facto, Francisco tuvo, al menos cuatro hijos. Probablemente no se hable mucho de éste, que Hernando denomina “el que se murió”, porque fallecería a edad muy temprana. Las “muertes súbitas” no eran infrecuentes entonces, en niños de algunos meses. Una síntesis interesante, y hace mucho agotada, es el libro de Antonio de Orellana-Pizarro Pérez  Aloe, Vizconde de Amaya, padre del actual Presidente de la Obra Pía de los Pizarro, su hermano y hermanas, nacidos en Villanueva de la Serena, titulado  Francisco Pizarro, Trujillo, MCMXXVIII,  que guardo como un obsequio suyo precioso.

[9] Véase Rostworowski , o.c., pp. 84-85. Tomó el apellido de Pizarro. Se casó con la española Luisa de Medina. Siempre favorable a todo lo español, logró que el marqués consiguiese para él el título de noble, siendo armado caballero, como consta por cédulas de 1537, según hace notar Barrenechea, Cedulario, 1948, t. II, pp. 340-341. Más tarde, La Gasca le retiró las encomiendas que poseía, lo desterró, pasó por Panamá y regresó a  España, donde fallecerá en Sevilla. Su hija se llamó doña Francisca Pizarro, y enviudó, después de sufrir grandes estrecheces económicas, que el Consejo de Indias no solucionó, a causa de la ayuda prestada por su padre a Francisco Pizarro en el Perú.

[10] Gonzalo decidió, con un grupo de españoles, entre los que iba su pariente Francisco de Orellana, lanzarse a la aventura descubridora del país imaginario de la canela. Resultó doblemente inútil: Perdieron mucha gente, y los que regresaron volvieron maltrechos, casi desnudos, desnutridos, y sin ganancia alguna. Y, por si fuera poco, fue durante esta salida cuando asesinaron al Marqués Francisco los  seguidores de Almagro. Con él es asesinado también Francisco Martín de Alcántara, su hermano materno, llamado “hermanastro”: No llevaba el apellido Pizarro. Era el 26 de junio de 1541. Hernando había venido a España, y ya no regresaría. Véase el relato en detalle en Raúl Porras Barrenechea, Pizarro, edit. Pizarro, Lima, 1978; sobre todo pp.599 y ss. Un fiel criado de  Francisco, al enterarse de su asesinato, Lorenzo Hurtado, “que venía corriendo desde La Merced, alocado con la noticia de la muerte de su señor, Hurtado, ayudado por María Cermeña, lo echó en la cama envolviéndolo en una sábana”. (…) .Pero los almagristas (…) pedían  su cuerpo y querían ponerlo en la picota. Mientras, a sus hijos, los escondieron en el convento de La Merced. El cuerpo fue llevado a la catedral. Entre los ultrajes de unos, y el llanto piadoso de otros, acabó sus días, pagando lo que debería pasarle a Hernando, si no fuese tan lúcidamente astuto.

 

[11]  Hernando, en oposición a Gonzalo, evidencia el comportamiento para con los Pizarro, desde las desavenencias con Almagro en adelante, por parte del Consejo; y, en última instancia, de su misma Majestad. Reitero que hubo poca capacidad de diálogo y menos de amnistía y perdón, y demasiados intereses mezquinos, en todo este larguísimo proceso, aunque Hernando no haya sido precisamente ni un santo, ni siquiera un hombre compasivo. Mas deberían ser ecuánimes y recordar el adagio latino, principio de derecho :”Summum ius, summa iniuria”. En nuestra lengua castellana  resulta una verdad jurídica de tipo paradójico: “Suprema justicia, suprema injusticia”. Todo ser humano tiene derechos, y los jueces deben respetarlos. La justicia extremada es sencillamente injusta. Ya Cicerón citó este adagio.

 

 

 

[12] Este Padre Diego Martín era paisano de Hernando, de quien se sirvió para comunicarse desde La Mota: Pasa al Perú con el virrey, “ disfrazado y llevando cartas de Hernando”. El año anterior, el 19-IX-1543, Hernando le otorga poder, llamándole “mi capellán y mayordomo”, para cobrar oro, plata, piedras preciosas, perlas, y cualquier tipo de joyas, en las ciudades del Nuevo Mundo, Nombre de Dios y Panamá sobre todo, así como para tratar el asunto de sus minas, granjerías y hacienda “que yo dejé –dice—en el Perú”. Cf. Archivo Histórico de Protocolos de Valladolid (AHPV), 7.848. Cit.también por L. F. Martín en su obra indicada antes, p. 76.

[13] Capítulos son aquí sinónimos de “capitulaciones”: Las que tuvieron lugar entre ambos reyes el de España y el de Francia.

[14] Clodoaldo  Naranjo Alonso, Trujillo, sus hijos y monumentos”, tercera edición, Madrid, Espasa-Calpe, 1983, p. 274.

[15] Me he basado para este comentario de una carta muy significativa, por su contenido y por el momento en que se redacta, de cierto material existente en la Real Academia de la Historia,  Madrid, 9-9-5/1831. Los originales de estas copias pasaron, en su día, a ser propiedad de Henry E. Huntington Library, de San Marino, California, conservados en dos legajos. La copia madrileña modernizada se corresponde con dichos originales manuscritos, auténticos, de época. Se moderniza la ortografía en función de los lectores, salvo en vocablos relevantes y con sabor original. Acaso los legajos primitivos los haya obtenido La Gasca, dado que se supone debían estar en poder de Gonzalo Pizarro. Véase ed. del texto íntegro de la carta en Juan P. de Tudela Bueso,  Documentos relativos a Don Pedro de La Gasca y a Gonzalo Pizarro, t.XXI,  Madrid, Archivo Documental Español, Real Academia de la Historia, MCMLXIV, pp. 166-170, correspondientes a los fols. 217-220.

Oct 012007
 

Valentín Soria Sánchez, Angel Soria Breña.

INTRODUCCION

El profesor Ramón Carande Tovar era familiar del badajocense Rubén Landa, profesor en el Instituto de Enseñanza Media de El Escorial en1936.

Ramón Carande ha historiado los dineros de Carlos V. Estudió en Simancas las cuentas imperiales. Ahora se están estudiando con métodos informáticos modernos  en

el castillo de Simancas los números de transacciones realizadas en tempos de Carlos V.

Por caminos viejos y referencias nuevas revisamos la historia con  notas turísticas. Recogemos la geografía histórica imperial  de las naciones europea.

Es importante recordar la geografía y la cartografía de nuestro tiempo sin despreciar los planos de ciudades y caminos que en Yuste, en Extremadura, en la Vera de Plasencia, repasaba con nostalgia el Emperador Carlos V. Recorrer algunos de  los caminos imperiales actuales de Europa hoy día es la meta de este trabajo sobre  historia y turismo.

 

REFERENCIA DE  AUTORES

 

El marqués de la Foronda y Aguilera señaló en un libro que conservo editado por  mi respetado amigo  el Rey de Armas, Vicente Cadenas Cárdenas en la Editorial Hidalguía de Madrid “Las estancias y los itinerarios del emperador Carlos V”.

El investigador extremeño Domingo Sánchez Loro, de la Real Academia e las Artes de las Letras de Extremadura, natural de Logrosán y estudiante en Coria, en su libro “Inquietud postrimera de Carlos V” editado en Cáceres en tres tomos en 1957 y 58 ha seguido pueblo a pueblo el recorrido de Laredo a Jarandilla y Yuste.

En su otro libro de 1953 editado en Cáceres “La celda del Emperador” narró los meses postreros de Carlos V en Yuste. Sus fotos viejas nos recuerdan al autor experto en música gregoriana y organística.

Antonio Rumeu de Armas, profesor mío en la Universidad Complutense, vivió experiencias monásticas en una tarde con lluvia como Director de la Real Academia de la Historia en Yuste al constituirse el Patronato del Monasterio jerónimo extremeño.

Ha dejado Vicente Cadenas Cárdenas sus publicaciones en Yuste en las 38 estanterías donadas generosamente  por una familia de Noja, en Cantabria. Antonio Rumeu de Armas y Luis Suárez han reseñado los desplazamientos de Carlos V y la vida cuotidiana de la Edad Moderna.

El investigador belga Gachard  del siglo XIX en Simancas, ayudado por el canónigo placentino Tomás González, investigó la correspondencia de Adriano VI y Carlos V. También recopiló las cartas de Carlos V en Jarandilla y en Yuste. A mediados  del siglo XIX en Bélgica, en Bruselas en los años 1854 y 1855 publicó las cartas  que hablan del itinerario último desde Laredo en Cantabria  a Yuste, en Extremadura.

El fotógrafo inglés Clifford en el siglo XIX siguiendo las huellas de duque de Wellington por Extremadura fotografió Yuste, Jarandilla, Cáceres, Badajoz. Plasmó la geografía histórica, hoy turística, en unas fotos de 1858 que equivalen a libros de historia gráfica.

En la Biblioteca del Palacio Real de Madrid se conservan estas fotos. Algo así pretendemos hacer con estas líneas descriptivas de algunas  cabalgatas de Carlos V.

Manuel Fernández Álvarez, catedrático en la  Universidad de Salamanca, de la Real Academia de la Historia en sus numerosos escritos ha narrado las vivencias humanas del Emperador. Manuel Fernández Álvarez vivió con los monjes jerónimos en Yuste para ultimar algunos de su libro “Carlos V, ”Un hombre para Europa”, de la Editorial Espasa  Calpe en 1999.

El expedicionario y explorador del Amazonas De la Cuadra Salcedo, Ignacio Tellechea, Manuel Fernández Álvarez en Yuste explicaron hace unos años la historia imperial en la iglesia del imperial monasterio jerónimo  a los jóvenes de Ruta Quetzal en 2004.

Ramón Carande Tovar, historiador palentino con raigambre pacense como catedrático en la Universidad de Sevilla, en sus estudios  sobre el Emperador recorrió archivos y poblaciones  y analizó detalladamente los gastos y los ingresos  de Carlos V.

Había muchas firmas de banqueros hebreos de Europa en los préstamos de España que tenían ramificaciones en América.

Lanzaban esos poderosos y ramificados banqueros sus informaciones por las llamadas gacelas y gacetas que luego dieron origen a los semanarios periodísticos europeos. Ahora son las bitácoras, los portales y bloges en internet y páginas televisivas  las que difunden información financiera y bursátil de nuestros días.

En sus últimos tiempos  Ramón Carande Tovar, padre del escritor y presidente de los escritores  extremeños, Bernardo Carande, novelista y editor de la revista “Capela” y de los cuadernos históricos literarios “Alor” desde Almendral, fue elegido Premio Príncipe de Asturias.

Le acompañé desde Jarandilla hasta Tornavacas recalando durante una hora en la gregoriana misa solemne monástica de los Jerónimos de Yuste.

En varias ocasiones he recorrido algunos de los sitios pisados por Carlos V.

Me impresionó escuchar el canto gregoriano  de la Misa de Angelis bien entonado por un historiador.

En alguna  publicación consultable por Internet en un Congreso de Cronistas Oficiales de Torrevieja  recientemente he recopilado el viaje lento  del Sumo Pontífice Adriano VI cuando siendo cardenal de Tarragona caminó viajando hasta llegar a Roma por tierra y por mar.

En el VIII Congreso de Estudios Extremeños celebrado en Badajoz en la Universidad de Extremadura en 2006 presenté una ponencia sobre el itinerario postremo desde Laredo hasta Jarandilla y Yuste en 1556 por Carlos V. Está editado y difundido por Internet con el patrocinio de  la Junta de Extremadura y de la Universidad de Extremadura por el Departamento de Biblioteconomía.

He revisado por escrito el camino desde Laredo hasta Jarandilla y Yuste seguido por Carlos V en 1556 al venir  desde Bruselas tras su abdicación en los Países Bajos.

Los datos precisos los escudriñé en la Biblioteca de Menéndez Pelayo de Santander en  estancias veraniegas llegando desde la Residencia de Monte Corbán, antiguo monasterio jerónimo en Cantabria en el siglo XV.

En aquella biblioteca santanderina investigaba el Marqués de la Encomienda, Mariano  Fernández Daza, de la Real Academia de la Letras y de las Artes de Extremadura y Francisco Fernández Serrano, Correspondiente  de la Real Academia de la Historia por Zaragoza en sus vacaciones de verano.

 

DESEMBARCO EN TAZONES, ASTURIAS

 

Esos caminos cántabros y astures los recorrió Carlos V a pie, a caballo o en litera desde el pequeño puerto de Tazones, en Villaviciosa de Asturias.

El monasterio  cisterciense de Valdediós cerca de la fábrica actual de sidra “El Gaitero” evoca el esplendor arquitectónico medieval del monasterio asturiano.

Era bajamar cuando la flota de Flandes en la primera venida imperial a España arribaba.

Fue imposible desembarcar  en Santander, en San Vicente de la Barquera y en Laredo por las impresionantes tormentas y galernas.

Este camino de Carlos V es visitado por los que siguen el camino marítimo de Santiago de Compostela buscando la llegada a la cueva de Pelayo y a  la Basílica de la Santina de Covadonga y alejándose un poco de los desfiladeros grandiosos por el río y el precipicio de la Hermida y Lebeña, maravillosa  iglesia visigoda entre Cantabria, León, Asturias y Palencia por Piedras Luengas.

Desde Asturias por San Vicente de la Barquera, Comillas, con su iglesia del siglo XVI sin estrenar por litigios, Cabezón de la Sal a Reinosa por las “Peñas arriba” noveladas por José María Pereda, por Palomberas con nieve, lluvia o niebla.

 

JULIOBRIGA

 

Se llega hasta la población romana de  Julióbriga estudiada por Antonio García Bellido, de la Real Academia de la Historia y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid y por el catedrático José Manuel Iglesias de la Universidad de Extremadura y actualmente en la Universidad de Cantabria.

Hoy el recuerdo histórico de Carlos V se mantiene en el castillo santanderino de Argüeso por Bárcena de Pié de Concha.

Esta población santanderina fue la patria chica de Fray Melchor de Pie de Concha, constructor  con Fray Juan de Villacastín del palacete de ladrillo y piedra  de Yuste, adosado al recinto monástico.

El turismo actual por la serpenteante  carretera vieja, bajo el  túnel reciente de la autovía o por tren renqueante entre  montañosos  paisajes inmensos sube y baja de la meseta a Cantabria por Molledo de Portolín, Corrales de Buelna  hasta Torrelavega.

Hay que bajar a Fontibre en Cantabria, en Reinosa contemplando con emoción el pantano del Ebro con pequeños pueblos inundados que vierte las aguas al Mediterráneo o al Cantábrico.

El camino imperial  discurre por la calzada romana que aparece y desaparece cuando hay sol en verano y cuando cae la nieve reposadamente en los inviernos húmedos largos de Cantabria.

CarlosV por Susilla y Mataporquera llegaba a Aguilar de Campoó,

terreno y señorío de la Abadía  castellana de Nuño Monroy, extremeño de Valverde de la Vera  y primer abad de Santander en el siglo XIV.

 

TORDESILLAS

 

Tordesillas junto al Duero fue meta del primer viaje del Emperador a Castilla para ver a su madre Juana. Lejos a la vista, llanura y monte, Torrehumos, Villagarcía de  Campos. Esta última villa fue lugar de la  infancia de Juan de Austria desde el  Leganés madrileño. Fue siempre el castillo anhelado por Luis Méndez Quijada en su estancia en Yuste protegiendo y acompañando a Carlos V.

Iglesia impresionante y plaza de la Picota en Villalar de los Comuneros, villa combativa y trágica en  los primeros años de reinado de CarlosV.

Carlos I de España  y Fernando V de Aragón se esforzaron en tener dominio sobre el Santo Grial, sobre el Cáliz venerado en la Cristiandad como relicario empleado de la Ultima Cena en Jerusalén por Cristo y los Apóstoles.

El Monasterio de la Virgen de la Peña entra de lleno en  los caminos del Emperador.

Los peregrinos aragoneses del Camino de Santiago en la actualidad siguen desde Francia el itinerario medieval. En cierta ocasión con nieve y con sol recorrí con Agustín Faus Costa, alpinista del Mac Kinley, Everest, Aconcagua, Gredos en Extremadura y Montblanc en Suiza, esos kilómetros peregrinos pasando por Canfranc. En las nieves de Candanchú esquiaba Juan Carlos I venido desde Jaca en helicóptero.

Recordamos y grabamos en fotos los itinerarios imperiales.

Por los caminos difíciles de los Tornos pasa por Burgos y descansa unas semanas en Valladolid.

Por un camino reseñado en varias jornadas Carlos V sube las costeras de la Sierra de Gredos el 12 de noviembre de 1556 para llegar al castillo de Jarandilla.

El tres de febrero de1557 al atardecer Luis Méndez Quijada le aloja entre los monjes jerónimos de Yuste en la Alta Extremadura.

Como diría Gabriel Acedo de la Berrueza, murió el  Emperador en la provincia de La Vera de Plasencia el 21de septiembre de 1558.

En 1574 caminó con cánticos funerarios en ataud hasta el Monasterio jerónimo del Escorial en la Sierra madrileña con Isabel de Portugal, emperatriz y reina.

 

AQUISGRAN

Por Candanchú, por los Pirineos franceses se puede llegar hasta Aquisgrán atravesando pasiajes inmensos.

En Aquisgrán Carlos V es coronado Emperador el 23 de octubre de 1520.El recuerdo de Carlomagno está presente en el turismo actual. Se entregan los Premios Carlomagno a en esta tierra. Juan Carlos I fue hace años galardonado con este  Premio.

Carlos V entra en la Catedral de Aquisgrán acompañado por  los arzobispos de Maguncia y de Tréveris.

En los momentos de la elección como Emperador se distinguió entre los electores el arzobispo de Maguncia.

Maguncia y Aquisgrán son en la actualidad dos ciudades turísticas y prósperas en industria y en la agricultura.

Bonn ha quedado algo apagada turísticamente con su universidad antigua y con los restos administrativos y ministeriales de la capital alemana al terminar la II Guerra mundial.

 

COLONIA

 

La catedral de Colonia recibió destrozos en la II Guerra Europea. En tiempos de Carlos V era terreno seguro.

Renania está poblada de castillos que todavía conservan sus inaccesibles bastiones defensivos.

Colonia en  Germania es residencia habitual de Otto Bernardo Roegele, periodista entusiasta de Yuste, amigo y colaborador del arzobispo muniqués Joseph Ratzinger en defensa del catolicismo y de las raíces cristianas europeas.

En su periódico semanal de muchos años  de Colonia,”Rheinischer Merkur”,ha colaborado Otto Roegele en los primeros pasos de confraternizar Europa con  sus tradiciones cristianas.

Bernardo Otto Roegele en un congreso de periodismo celebrado en Santander me llevó en su coche a la Universidad de Comillas. En aquel momento Cipriano Calderón Polo estaba también en Comillas cuando el Nuncio Antoniuti habló claro sobre libertad  de prensa y sobre periódicos católicos.

Joseph Ratzinger narra en su pequeña biografía reciente las lecciones universitarias  en Ratisbona como profesor de Universidad  y en  Munich como cardemal arzobispo.

Ahora el Sumo Pontífice tiene en el Atchivo Secreto Vaticano una orden de cierre para mejorar las techumbres, maderas y paredes donde se conservan los documentos de la historia de la Iglesia.

Igualmente se piensa hacer  obras en los archivos de la antigua Inquisición Pontificia donde el cardenal Ratzinger trabajó en el Santo Oficio con  electricidad deficiente, con escasez de sillas y pocas mesas de investigación.

En cierta ocasión en Roma  vi salir un coche pequeño donde el cardenal Ratzinger iba. Me dejaron examinar documentos hasta  ahora no consultables. Con el pasaporte actualizado pude llegar hasta los interiores estancias documentales. Todavía no están ni microfilmados ni escaneados los datos interesantes para defender a la Iglesia y para desterrar los insultos que se han lanzado siempre contra Roma.

Fernando  de España gobernó territorios luteranos en tiempos de su hermano Carlos V. Los territorios germanos y entidades feudales cantonales estaban situados entre los caminos que ahora son de hierro.

Utilizaban como caminos fluviales las aguas  que  ahora son aprovechadas en Alemania para la industria potente. Se habilitan como hoteles y fondas los castillos levantados en la época imperial.

El turismo de la Edad Contemporánea europea da vida y recuerdo al Imperio Austro Húngaro con personas y descendientes hispanos.

 

EMPRESA  ALEMANA   KRUPP DE CAÑONES

 

Los cañones para Carlos V fabricados por la empresa germánica Krupp han sido historiados por Narciso Sánchez Morales, presidente de la Real Asociación de   Caballeros de Yuste en la revista extremeña “Gladius” del CSIC de Jaraíz de la Vera. De  joven el escritor Sánchez Morales había estudiado en Innsbruck.

Allí anduvo el Emperador Carlos V.

Con atrevimiento y valentía Carlos V bordeó zonas vienesas. Eludió enfrentamientos en regiones austriacas amenazadas siempre por los turcos de Constantinopla.

En Yuste el Emperador pensó en promover una campaña para rescatar de los turcos la Tierra Santa. Luis Ávila en una de sus entrevistas con el Emperador en Yuste le hizo recordar los triunfos germanos

El emperador Carlos V conoció los terrenos y señoríos del  medieval español Benedicto XIII, el antipapa Pedro de Luna, en Aviñón y en Peñíscola

El turismo histórico disfruta de los monumentos de la Corte Pontificia itinerante   de Pedro de Luna quien firmó las bulas constituyentes del Monasterio de Yuste en Extremadura y del  Monasterio de Corbán en Cantabria.

Los encuentros bélicos entre Carlos V y su cuñado Francisco  I de Francia en Pavía,  en el  Milanesado cambiaron los rumbos en la expansión española en Italia.

 

PLASENCIA Y PARMA EN EL MILANESADO

 

Las ciudades italianas Plasencia y Parma significaron  para las tropas españolas un lugar de refugio en las campañas lejanas.

Desde Bruselas a Milán había que pasar por Btujas, Lieja, Namur, Luxemburgo, Estrasburgo, Nancy, Dole, Besançon, Chambery, Turín.

Carlos V le propuso a AdrianoVI que estaba en España al ser elegido Pontífice en ausencia del cónclave que desde Laredo por mar llegara hasta Flesinga y desde allí escogiera el camino seguro español de los Tercios de Flandes.

Los puertos y las naves de Barcelona y de  Génova entraron de lleno en la vida de Carlos V.

 

TOLEDO

 

Toledo fue sitio de gozo y dolor para el emperador y para la emperatriz Isabel de Portugal. Lugar de partida y de estancia en el gobierno de la nación española. Fuensalida en Toledo significó para el emperador el momento dolorido de recuperación anímica tras la muerte de la reina y emperatriz Isabel de Portugal en 1539. Joven monarca caminando a Sevilla para las nupcias con Isabel de Portugal atravesó los territorios de Talavera de la Reina, Navalmoral, Trujillo y Mérida. Caminó por tierras de Extremadura hacia Sevilla. A lo lejos miró la Sierra de las Villuercas y la Sierra de Gredos, probablemente con nieves tardías en las alturas donde se adivinaba el monasterio jerónimo de Yuste.

Granada

El cardenal Carvajal enterrado en Roma había sido elegido en el conciliábulo de Pisa y   falso en la catedral de Pistoya se guardan recuerdos de San Atón vinculado a la diócesis badajocense.

El otro cardenal Carvajal gobernaba la ciudad desde Santángelo en otro momento.

CarlosV conoció varios Pontífices. El último fue Paulo IV familiar del cardenal Caraffa.

Este Pontífice cuando en Yuste CarlosV renuncia el Imperio a favor de su hermano Fernando de Austria dejó por escrito su malestar por no haber aceptado con solemnidad la renuncia imperial.

 

BOLONIA

 

Quedaba lejana la fecha en que Clemente VII en Bolonia le proclamaba  y se coronaba emperador de Romanos Carlos V.

Por aquel año 1522 Carlos V estaba con Enrique VIII, familiar y aliado en Dover y en Londres y en Oxford.

Años mas tarde en 1554 Felipe,su hijo se casaría en la catedral de Winchester con la reina María Tudor, su familiar. Isabel de Inglaterra sucedería en el Reino Unido a la Reina María.

En Bruselas Carlos V y Felipe conocerían los caminos hasta Flesinga, el siempre abierto camino del mar.

A las aguas continuamente atormentadas y borrascosas y los vendavales destruirían naves y militares en el anhelo de recuperar para los Reinos de España las tierras de Albión pérfida.

Trujillo en los primeros años de Carlos V fue aclamado al jurar los fueros de la ciudad. José Antonio Ramos Rubio, cronista oficial de la ciudad, en variados escritos tiene documentada la llegada y estancia imperial, los caballeros y el Corregidor que en la ciudad le agasajó.

En aquellos días postreros de año no era obispo placentino Gutierre Vargas Carvajal. Ni tampoco entonces se habían enfrentado el prelado  natural de Madrid y el emperador.

Las Cortes de España siempre suponían la renovación de recaudaciones anuales o circunstanciales.

 

IGLESIA Y CASTILLO DE MONZÓN

 

En Monzón coincide con Francisco de Borja, Virrey de Cataluña, marqués de Lombay, Duque de Gandía. El hijo de Borja posteriormente sería Virrey de Cataluña en  momentos  difíciles.

Las Cortes de Santiago de Compostela y La Coruña le facilitan los dineros para su encuentro con Enrique VIII. Las Cortes en la gran iglesia de Villafranca del Panadés, junto al castillo de Gelida, coinciden con su salida de España.

Tiene que luchar en Argel y en Túnez y para esos fines  acude a las Cortes. Ha pedido a Roma y lo ha conseguido una bula de Cruzada para recaudar fondos en sus reinos numerosos para la gran empresa bélica en contra de la influencia de los árabes en el Mediterráneo.

Iñigo de Velasco y Enrique Enríquez en el Almirantazgo de Castilla en Medina de Río Seco centran muchas veces sus finanzas.

El Consulado de Burgos junto con las Cortes Castellanas le respaldan en sus deudas y en  sus anticipos prestados. Carlos V en sus caminos  acude a los banqueros en España y en el extranjero.

Las Cortes  de Aragón le reconocen en sus gobierno en sus estancias en España.

Toledo en sus continuadas estancias sirve de lugar para las Cortes.

 

MUNICH

 

En Munich se protegió y se defendió en su  estancia germánica  Carlos V.

En  los tiempos modernos, estudió en Munich el Duque de Alba consorte, Jesús Aguirre. En Comillas, en Cantabria  cursó Humanidades y Filosofía en compañía de Pedro Andrés Sánchez Pascual, traductor de las Obras Completas de Nietsche, catedrático de la Universidad de Barcelona. El moderno duque de Alba en el Madrid de los Austrias vivió su capellanía al regresar de Alemania. Estuvo de coadjutor con Federico Sopeña, Director del Conservatorio de Música después del padre jesuita Nemesio Otaño  en la Ciudad Universitaria madrileña. Allí conoció  el santanderino Jesús Aguirre al Duque de Alba enfermo en sus últimos años madrileños antes de medicarse en Estados Unidos. El Duque de Alba, Jesús Aguirre, no perteneció a la Compañía de Jesús pero su secularización fue gestionada por el jesuita Martín Patino provicario madrileño del cardenal Enrique Tarancón, arzobispo de Madrid. El cardenal Tarancón fue caballero de Yuste como el cardenal Francisco Álvarez, arzobispo de Toledo, Primado de España, como el cardenal salesiano  de Honduras, Francisco Maradiaga.

 

VIENA

 

El emperador Carlos V organizó la defensa de Viena  y las regiones austriacas cuando las ofensivas turcas contra Europa.

El duque de Béjar de esos años está enterrado en Guadalupe. Con  las tropas del duque de Alba el duque de Béjar contribuyó a las estrategias bélicas germanas.

 

METZ

 

En el sitio de Metz en las intensas  nevadas emplearon el camuflaje llamado”encamisada”usando vestimenta blanca para confundirse con la llanura blanca. En 7 de diciembre en Torrejoncillo en la víspera de la Inmaculada Concepción, Patrona de la Infantería Española se mantiene la tradicional cabalgata “encamisada”.

En Innsbruck estudió un grupo numeroso de religiosos españoles cuando la expulsión de los jesuitas en 1932 de España. El presidente de los Caballeros de Yuste, Narciso Sánchez Morales  cursó estudios en Innsbruck en 1932 tras la expulsión de la Compañía de Jesús de España.

En Gante, Países Bajos el 24 febrero de 1500 nace CarlosV. Hijo de Juana I de España y Felipe. Nieto de Isabel I de Castilla y de España y de Fernando V de Aragón.

Margarita de Austria y el obispo de Badajoz Ruiz de la Mota atendieron la educación de Carlos y su hermano y hermanas.

En el Museo de Brujas está el retrato de Konrad Meit de este infantado español.

 

LUXEMBURGO

 

El Ducado de Luxemburgo es otorgado a Carlos V en1506.En 1507 reside Carlos Ven Malinas, sede arzobispal  con catedral metropolitana donde reside el  primado de Bélgica, casi siempre cardenal.

 

CANTABRIA CENTRO DE VIAJES

 

El Valle de Toranzo, a cincuenta kilómetros de Laredo ha sido siempre centro de viajes. En Véjoris cerca de Iruz y Santiurde se desposó  con la princesa francesa Ana Juan, el hijo de Fernando de Aragón y de  Isabel de Castilla. De Toranzo procedía la familia del escritor jarandillano Gabriel Acedo de la Berrueza en el siglo XVII.

 

BRUJAS

 

La Ciudad de Brujas estuvo vinculada a la juventud del Emperador. Hay un cuadro de Conrad Meit en el Museo de Brujas donde están retratada la familia de Carlos V.

 

WORMS

 

En Worms el 17 de abril de 1521 Carlos V y Martín Lutero coinciden frente a frente.

El 18 de mayo de 1521 muere Chievres del séquito y asesoramiento económico de Carlos V.

En Londres el 14 de noviembre de 1521 se firma el Pacto de Londres. Son Acuerdos entre Carlos V, Enrique VIII y el Sumo Pontífice.

Ese mismo año sucede la tragedia de Villalar el 23 de abril.

 

SOUTHHAMTON Y DOVER

 

Southhampton y Dover son puertos visitados por Carlos V en 1522 en su viaje al Reino Unido.

Windsor.19,junio,1522.Pacto entre Carlos V  y Enrique VIII.

Desde España por Zaragoza, Tarragona y Génova viaja Adriano VI a Roma en 1522.Es el itinerario lento del Cardenal de Tarragona elegido Sumo Pontífice, AdrianoVI.

El Emperador Carlos V quiere hacer un viaje rápido para encontrarse con su preceptor y asesor en su juventud antes que se traslade a Roma para  llegar a la sede de San Pedro.

 

SEVILLA

 

En  1526 en la catedral de  Sevilla Carlos V se casa con Isabel de Portugal .Tuvieron que obtener dispensa papal por ser primos hermanos.

En Granada pasaron una temporada nupcial. No se había edificado el grandioso palacio renacentista cercano a la Alambra.

En Valladolid nace Felipe bautizado en San Pablo de los Dominicos. El marido de Juana I no lleva numeración. En la numeración de los reyes españoles en Cataluña firma todos los privilegios el primer rey español Borbón Felipe IV.

Consiguientemente el hijo de Carlos V es Felipe I. Al tiempo en que fallezca Juan Carlos I podría denominarse el sucesor Juan Felipe I o simplemente Felipe II.

En 1527 en Roma se produce el deshonroso saqueo.

 

COGNAC

 

En Cognac se reúnen ese mismo año Clemente VII, Francisco I de Francia y Enrique VIII. Carlos V aparece marginado.

En Argel en 1541 España sufre un  terrible desastre.

Ahora Carlos V piensa en América. Lanza nuevas legislaciones para las regiones administradas por España. No pensó nunca pasar el Atlántico. Tiene tropiezos en América.

Por el estrecho de Magallanes ha pasado contra vientos, rocas y mareas la Nao de Gutierre Vargas Carvajal, obispo de Plaencia en busca de las zonas asignadas de Chile que posteriormente han de ser respetadas por Pedro de Valdivia, el extremeño. Es el momento de enfrentamiento entre el obispo placentino y el Emperador. Un resentimiento que en los meses de Yuste continuará.

Borja seguirá siendo amigo de Carlos V y  Gutierre Vargas Carvajal pero el encuentro no se producirá.

Antes de ser naviero Gutierre Vargas Carvajal asistió en Trento al Concilio en compañía del dominico Carranza, del jerónimo Juan de Regla, confesor del Emperador en Yuste, de los jesuitas Laínez y Salmerón.

Pasó a Bolonia cuando el Concilio huye de Trento. Organizó en Jaraicejo, Extremadura un Sínodo en contra y a pesar  de los canónigos placentinos .Construyó con generosos dineros propios el gran Colegio Universitario de los Dominicos y el gran Colegio de los jesuitas en Santa Ana en Plasencia.

El 12 de julio de 1542 Francisco I de Francia comienza la guerra contra Carlos V.

 

LOVAINA, AMBERES

 

Amberes, Lovaina, Flandes han de ser defendidos por las tropas imperiales.

El primero de mayo de 1543 desde Palamós Carlos V marcha para Barcelona y Génova hacia Italia. El cardenal Tavera de Toledo, el Primado de España, constructor del Gran Hospital toledano respalda al Emperador. El asesor imperial  arzobispo dominico García de Loaysa está lejos. Paulo III el 24 de agosto de 1544 publica un Breve contra la actuación de Carlos V que está en Metz.

El 19 de noviembre de 1544 Paulo III convoca el Concilio de Trento.

El 15 de octubre de 1547 entra en las ciudades Ingolstadt, Donauworth y Neuburg. Antes ha batallado en la llanura del río Elba. Ha fortalecido las orillas del río Danubio.

Luis Ávila Zúñiga ha pasado aquella invernada dura. La ha narrado en un libro polémico y laudatorio. Los recuerdos en Extremadura de algunos militares sobre aquellas marchas de camuflaje llamadas  ”encamisadas”por las tierras nevadas nos hacen pensar en las tradiciones conservadas en  Extremadura.

 

TRENTO

 

Carlos V ha protegido la región trentina y las sesiones conciliares.

La ciudad de Insbruck y el paso angosto del Brennero hacen pensar al Ermperador Carlos V en su derrota y fracaso europeo.

En la Semana Santa CarlosV reside en Eger.

Mühlberg proporciona al Emperador uno de los triunfos que Tiziano retrata.

En la distancia planea su retiro en el Monasterio de Yuste.

Piensa en la sucesión del Imperio y de los reinos hispanos.

 

 

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Oct 012007
 

Martiria Sánchez López.

Resumen.

Esta comunicación es un estudio de la ciudad en el Nuevo Mundo basado en las Ordenanzas dadas por Felipe II el 13 de Julio de 1573, cuyo original se conserva en el Archivo General de Indias de Sevilla. Después de una introducción, hablamos de las normas que se dan en las Ordenanzas para la “Fundación y localización” de las ciudades. A continuación tratamos el tema de los fundadores y de los pobladores de las ciudades, de los requisitos que han de cumplir para ello y de los privilegios que les otorga. En el capítulo IV estudiamos la morfología urbana, y a continuación el régimen municipal, además de hablar en otro apartado de la economía basada en la agricultura, ganadería y minería según las Ordenanzas. Terminamos con un capítulo dedicado a la ciudad como foco de cultura y evangelización.

 

1º INTRODUCCIÓN.

 

Estas Ordenanzas están dadas por Felipe II el 13 de Julio de 1573 cuyo original se conserva en el Archivo General de Indias de Sevilla. Su titulación es la siguiente:

“El Orden q sea de thener en descubrir y poblar”.

Su objetivo fue regular los nuevos descubrimientos, pero sobretodo dotar a los Indias de una organización política, administrativa y repobladora, ya que este va a ser el gran problema con el que se va a enfrentar Felipe II.

En efecto, la época de los grandes descubrimientos y primera ocupación de las tierras corresponde a los reinados de los Reyes Católicos y de Carlos V. Felipe II ha de organizar, poblar, pacificar, etc, etc, el mundo americano. De aquí la promulgación de estas Ordenanzas, en cuya introducción el Rey justifica su finalidad de la siguiente forma: “Para que las tierras que están por descubrir, poblar y pacificar se haga con más facilidad y como conviene al servicio e Dios y nuestro y bien de los naturales, entre otras cosas hemos mandado lo siguiente”:

Estas ordenanzas están divididas en tres apartados.

El primero abarca todo lo referente a los descubrimientos y descubridores, comprendiendo 31 artículos.

El segundo es el más amplio, ya que expresa con detalle todo lo referente a repoblación, fundación de ciudades, administración, el régimen municipal, economía, etc, etc. El tercer apartado es el más importante porque se expresa todo lo referente a la pacificación de  los Indias

En este trabajo estudiamos fundamentalmente el segundo apartado titulado “El asentamiento de Nuevas Poblaciones” que se refiere a todo lo relacionado con la ciudad: fundación, localización, urbanismo, bases económicas, etc, etc. Abarca 105 artículos que van desde el 31 hasta el 137.

 

2ª FUNDACIÓN Y LOCALIZACIÓN DE CIUDADES

Fundación y localización de ciudades en los Indias tuvo un desarrollo extraordinario desde el primer momento, ya que la ciudad era imprescindible para la consolidación de la conquista y al mismo tiempo era foco de irradiación de cultura y religiosidad, así como centro de todos los demás objetivos políticos y económicos de la corona.

Según el cosmógrafo del Consejo de Indias Juan López de Velasco en su libro “Geografía y descripción universal de las Indias “ habría ya un gran número de ciudades en la época de Felipe II; y precisa que en 1586 se habrán fundado mas de 227 ciudades, unos años después de ser publicadas estas Ordenanzas.

 

Los núcleos poblacionales no solo fueron ciudades, villas o lugares de españoles en los que habrá también barrios para indios, sino que también se crearon los pueblos de indios, con semejantes características que las otras poblaciones.

 

En cuanto a la localización, las Ordenanzas dan una serie de normas para elegir el lugar idóneo  para la fundación de los núcleos urbanos, pues de esto dependía en gran parte su desarrollo o su abandono como pasó con muchas ciudades que se fundaron en los primeros tiempos y luego se abandonaron por las dificultades que suponía vivir en ellos.

En primer lugar, según estas Ordenanzas, hay que elegir una zona o provincia que este bien situada, que tenga buen clima, con tierras fértiles y demás condiciones físicas que se puntualizan en el art. 35”. Las tierras que sean fértiles y abundante de todos frutos y mantenimiento y buenas tierras para sembrarlas y para criar ganado…”

Además, prevee también que en la zona hubiera agua y materiales de construcción para las edificaciones tanto públicas como privadas por lo que sigue puntualizando:” “que hay montes y arboledas para leña y materiales de las casas y edificaciones. Y de muchas y buenas aguas para beber y para regadíos”. Ya que el agua era imprescindible tanto para la vida de la  población como para la economía.

 

Sigue hablando en el art. 37 sobre la situación que ha de cumplir para que este bien comunicada tanto por el mar como por caminos interiores con el “fin de facilitar el comercio y el gobierno y la defensa”. Otra característica fundamental para la fundación de las ciudades era que la zona estuviera habitada por indios con el fin de evangelizarla como dice el art.36 :” “Que sean  poblados de indios y naturales a quien se pueda predicar el evangelio, pues este es el principal fin para el que mandamos hacer los nuevos descubrimientos y poblaciones.” Observamos una vez más como uno de los fines principales de la corona era la evangelización del Nuevo Mundo según estas ordenanzas.

 

Una vez elegida la zona , habrá de procederse a la localización de los lugares más idóneos para la fundación de las poblaciones según ordena el articulo 39 que dice.. “Los sytios y las plantas de los pueblos se elijan en parte donde tenga el agua cerca…  y el que tenga cerca los materiales que sean necesarios para los edificios y las tierras que han de labrar y cultivar..” En los artículos siguientes, 40 y 41 sigue dando consejos para que los sitios que se elijan tengan buen clima y que no estén junto al mar excepto los que sean buenos puertos y “principales” y sigue advirtiendo que “destos se pueblan los que fuesen necesarios para la entrada del comercio y defensa de la tierra”.

 

Todas estas recomendaciones pretendían evitar los errores cometidos por los primeros colonizadores, ya que muchas ciudades tuvieron que ser abandonadas porque no reunían las condiciones necesarias para vivir en ellas, como hemos dicho ya.

 

3º LOS FUNDADORES Y POBLADORES DE LAS CIUDADES.

 

Aparte de la localización idónea era muy importante la elección de los vecinos que debían habitarlo, tanto el número de ellos como  otras particularidades.

Según el art. 89, debía haber al menos treinta vecinos para poder fundar un pueblo o ciudad y además cada uno de ellos debían tener lo siguiente”: una casa, diez vacas de vientre, cuatro bueyes.. una yegua de vientre y seis gallinas, veinte ovejas de vientre de Castilla.” Pero los habitantes de otras ciudades no podían abandonarlas  para asentarse en las nuevas fundaciones de no ser que “no tuvieran solares ni tierras de labor” como dice el art. 45, para evitar que “se despueble lo que esta poblado”.

 

También son admitidos en las nuevas poblaciones los indios sin obligarles “con tal que lo hagan por su propia voluntad “ (Art. 50)” y que “ no estén asentados en otros lugares”. Era imprescindible que “hubiera un clérigo para atender a la iglesia y a los Sacramentos”.

Todos los nuevos pobladores debían ser inscritos por el escribano del concejo. Después se procedía a la elección del juez y los regidores y demás cargos municipales, que eran los que debían repartir los solares , las tierras y los indios. ( Art. 45,46,47)

 

El término municipal debían repartirlo según el art. 90 de la forma siguiente: “Saquearse primero una parte para los solares del pueblo y el escido competente y dehesa para pastar el ganado. El resto del termino se divide en cuatro partes, una para el fundador y las tres partes restante se repartirá entre los 30 vecinos.”

 

También esta regulada las dimensiones de los solares. Los habrá de distintos tamaños: las llamadas “peonixas” eran solares que median 50 pies de ancho por 100 pies de largo. Mas amplios eran los denominados “caballería” ya que median 100 pies de ancho por 200 de largo.

 

El exido y la dehesa “debían tener gran extensión para que pudieran pastar abundantemente el ganado de los vecinos. Los pastos eran comunales excepto los de la dehesa Boyal y concejil.

 

A parte de  los solares para las casas a cada vecino se le daban: “500 fanegas de labor para trigo o cebada, 50 para maíz,  10 huebras  de tierra para huerta, 40 huebras para plantar árboles de secano, tierra de pastos para 50 puercas de vientre, 100 vacas, 20 yeguas, 500 ovejas  y 100 cabras”. (art.106)

 

Los fundadores de las ciudades o los que las Ordenanzas les denominan generalmente Adelantados estaban obligados a firmar una Capitulación por lo que se comprometían a fundar en una provincia al menos una ciudad metropolitana y dos sufraganeas en un tiempo determinado. (Art. 53)

 

En estas Ordenanzas, unas de las cosas que más llaman la atención es la cantidad de privilegios que se les otorga a estos fundadores, detallados entre los artículos 56 y 88 así el art.56 se le concede “Título de Adelantado y de gobernador y capitán por su vida y de un hijo o heredero”. Art. 57. Se le dará salario de la Haciendareal” Art. 58 “Puedo encomendar indios  vacos o que  vacasen…” Art.59 “Concederle el alguacilazgo mayor para el y su hijo heredero. Art.60 “Puedo hacer hefortalezas con tenencia perpetua para sus sucesores…” Art.61” Pueden escoger para si un repartimiento de indios… “Art. 62 “Puede abrir marcas y punzones que marquen metales. ARt. 63 “pueden tener los indios que le estuviesen encomendados en otra provincia poniendo en ello un escudero. Art. 65 “Puede librar de la hacienda real para suprimir cualquier rebelión “Art. 66” pueden hacer ordenanzas  para gobernación de tierras y minas” Art 68” el y su hijo heredero tenga jurisdicción civil y criminal…”

 

Seria demasiado extenso transcribir todo el articulado referente a privilegios, pues aparte de los descritos, están las exenciones de impuestos, la concesión de titulos con vasallos a perpetuidad, etc, etc.

 

¿ Podemos pensar que aquí están las bases para que esta economía de tipo feudal se mantenga y prospere? ¿ Están aquí los gérmenes de todo-poderoso hacendado pese al deseo protector del monarca hacia los indios que se observan en estas ordenanzas?

 

4º MORFOLOGÍA URBANA

 

Las primeras ciudades americanas que se fundaron no contaban con ningunas normas generales para su construcción, pero generalmente seguían los modelos de las nuevas ciudades renacentistas, con predominio de las formas cuadriculares de calles, rectas , bien trazadas paralelas y perpendiculares. Contaban, además, con otros elementos de tradición medieval, como soportales la plaza-mercado y otras plazas a demás de la mayor, las defensas entre otros.

 

Aunque no se dan instrucciones explicitas sobre la morfología de las ciudades y su trazado urbano hasta que no se publican estas Ordenanzas, la mayor parte de ellas son geométricas, con gran perfección en el trazado de sus calles y plazas.

 

Algunos estudiosos del tema, como D.Francisco de Solano, sostienen que fue debido a que influyeron en los conquistadores los manuales clásicos  de arquitectura como la edición romana de Vitrubio traducida por el español Diego Sagrado en sus “Libros de Arquitectura” publicado en 1526. Asi , Ovando aplica desde el primer momento este modelo en el Caribe siendo un ejemplo de ciudad regular Sto Domingo. También Hernán Cortes, aplica este modelo en las ciudades que funda en Mexico, que según  J E Ardoy, se extendió rápidamente por todas partes debido a ciertas afinidades que este tipo de construcciones tenían con el urbanismo azteca que era también de trazado regular.

 

Al principio, los primeros conquistadores fueron los que construyeron ellos mismos las ciudades juntamente con sus soldados, hasta que van llegando los primeros alarifes y más tarde los grandes arquitectos desde la península para levantar la catedral y demás monumentos. Así nos lo cuenta el cronísta Bernal Díaz del Castillo cuando nos narra la fundación de Vera-Cruz por  H. Cortes donde dice que el propio Cortes trabajó en la construcción junto a los soldados:” trazada iglesia plaza y atarazados… hicimos fortalezas.. y hechas troneras  y cubos y barbacana dimos tanta priesa que desde Cortes que comenzó el primero a sacar tierra a cuesta y piedra… como todos los soldados…”

 

 

Trabajamos para la acabar presto”….2

 

Son en estas  Ordenanzas de 1573, donde se dan las primeras normas de construcción de nuevas poblaciones, además son muy detalladas tanto en su trazado como en las dimensiones de sus plazas, solares , edificios.

 

También advierte que debían trazarse con “El compás y el cordel” desde la plaza mayor El Articulo 112 es donde se dan las proporciones de la plaza así como su situación que ha de ser en medio de la población dice así: “La plac,a sea en cuadro prolongado, que por lo menos tenga de largo una vez y media de ancho…” En el art, 113 constan las medidas: “Que no sea menor de doscientos pies de ancho y trescientos de largo, ni mayor de ochocientos pies de largo y 530 pies de ancho…”

 

De la plaza debían partir las 12 calles principales, una de cada lado y dos de cada esquina, según el Art.115. También manda que la plaza y las cuatro calles, principales tengan portales “porque son de mucha comodidad para los tratantes” (Art.115). En el Art. 113 se advierte que en las poblaciones de indios, la plaza ha de ser más grande debido a que la  población puede aumentar más, aunque no debe  pasar de los ochocientos pies”… y así se hará la elección de la plac,a teniendo presente que la población puede  crecer..” ( Art. 113).

 

En cuanto a la construcción de los edificios más importantes las normas son muy explicitas, teniendo siempre en cuenta la monumentalidad y nobleza que ha de tener. Sobre la Iglesia dice que ha de sobresalir entre las demás edificios por su monumentalidad, señalando para ella el primer solar de la ciudad de tal manera que este exenta y no haya ninguna edificación junto a ella”… que ningún otro edificio se le arrime (Art.120). Si la ciudad estaba junto al mar allí debía construirse la iglesia Mayor como un bastión del puerto, de tal maneras que se vislumbrava por todos los navegantes que se acercaban , como dice el Art. 120” Se debía ver como defensa del mismo puerto”

 

Si la ciudad no era puerto, la iglesia debía levantarse en la plaza mayor en el centro de la ciudad como manda el Art. 126”.

“En la plac,a no se dan los solares para particulares, decise para la fabrica de la Iglesia y casas reales y propios de la ciudad”. Por tanto, después de señalar el solar del templo, debía procederse a situar la casa real, la casa del cabildo y del Consejo; también habla de las atarazanas y su situación junto al puerto. En cuanto al “hospital para enfermos no contagiosos” dice que este situado junto a la iglesia, pero con respecto al “hospital de enfermedades contagiosas “advierte”: que se ponga en parte que ningún viento contagioso… vaya a herir a la demás población “Art. 121). En el articulo siguiente se señalaban los lugares idóneos donde han de situarse las pescaderías, carnicerías. Tenerías…” y las demás oficinas (tiendas) que causan inmundicias” para evitar molestias a los vecinos.

 

Los fundadores de las ciudades han de procurar la armonía y la calidad y belleza constructiva del conjunto urbano por los que dice que  “ procuren que los edificios sean de una forma, por el ornato de la población; que esto se cumpla por los ejecutores y alarifes y las personas que estén al cargo de la construcción “Añade también que las casas han de ser espaciosas “por ser mejor para la salud e higiene” (Art.133)

 

Todas estas normas dadas por la Corona en estas Ordenanzas tienen como finalidad fundar ciudades además de higiénicos y confortables, que sean monumentales y de gran belleza artística.

 

5º ORGANIZACIÓN POLÍTICA Y ADMINISTRATIVAS EN LAS ORDENANZAS: EL RÉGIMEN MUNICIPAL.

 

Para poder imponer los monarcas su poder absoluto en las colonias americanas tuvieron que instaurar el mismo sistema institucional que en Castilla, dotándolas de los organismos necesarios para que pudieran quedar bajo el control de las corona.

 

Al Consejo de Indias se le dan amplias competencias, igual que a la Casa de Contratación. La máxima autoridad de las nuevas tierras la representaban los Virreyes, por lo que se dividían en Virreinatos; de estos dependían las Audiencias, divididas en Gobiernos y estos en Corregimientos con ciudad metropolitana, ciudades sufraganeas, villas y lugares.

 

El régimen municipal esta basado en el de los municipios españoles. Dependiendo de la categoría de la población, así serán las instituciones municipales y la asignación de los cargos públicos correspondientes.

 

Por este motivo el Artículo 43 manda que se especifique primero el tipo de población que se  va a fundar para proceder después a los respectivos nombramientos. Por eso dice que  “declare el pueblo que se ha de fundar, si ha de ser ciudad, villa o lugar, y que conforme a lo que declare se forme el concejo  republica y officiales y miembros Della”.

 

Dentro de los tipos de ciudades, las principales eran las Metropolitanas y luego estaban las llamadas “Sufraganeas” por lo que los cargos eran diferentes y los miembros que los desempeñaban. Primero ennumera los de las ciudad metropolitana de la siguiente forma:”… si es ciudad metropolitana tenga un juez con título y nombre de adelantado o gobernador o alcalde Mayor, tres oficiales de hacienda del rey, doce regidores, dos fiscales ejecutores, dos jurados de cada parroquia, un procurador general, un mayordomo, un escribano del Concejo y dos escribanos públicos uno de minas y registro, un pregonero mayor, un corredor de lonja, dos porteros.”

 

Para las ciudades Sufraganeas apenas especifica los cargos y miembros del Consejo solo dice lo siguiente: “tienen que tener ocho regidores y los demás oficiales perpetuos”.

 

Para las villas y lugares manda que estén gobernadas por los siguientes cargos:” un alcalde ordinario, cuatro regidores, un alguacil, un escribano de concejo y público y un mayordomo.”

 

Los cargos eran electivos y duraban generalmente un año, celebrandose las elecciones en cabildos. Los regidores tenían gran responsabilidad que debían atender al abastecimiento de la ciudad, a las obras públicas, a los bienes de Propio, entre otros asuntos.

 

Apartes de los cargos electivos estaban  los llamados “Oficiales de oficio para la república”, que eran  los que cobraban un salario público o de las arcas municipales.

 

Este régimen municipal se fue introduciendo poco a poco en los pueblos de indios, aunque con gran dificultad y de manera desigual, ya que este régimen chocaba con el cacique y con la aristocracia indígena.

 

 

6º LA ECONOMÍA DE LAS CIUDADES SEGÚN LAS ORDENANZAS: AGRICULTURA, GANADERÍA Y MINERÍA.

 

La base de la economía de las ciudades fue la agricultura y la ganadería. También fue muy importante la Minería, ya que el oro  la plata fueron los principales alicientes que impulsaron a los conquistadores a la aventura americana y especialmente la Corono estuvo muy interesada en su desarrollo. Aunque el comercio fue importantísimo en las ciudades portuarias en estas Ordenanza no hay normas que aludan a ello, ni a otra clase de actividades.

 

Sin embargo en estas Ordenanzas se fomenta la producción agrícola y ganadera con la aclimatación de plantas y ganado europeo, aparte de los cultivos indígenas.

 

Hay una serie de artículos que preveen el cultivo de los campos y el fomento de la ganadería en la fundación  de las ciudades. Hemos visto como en el artículo 90, cada vecino debía tener un número determinado de vacas, novillos, bueyes, ovejas, gallinas, etc, para poder fundar las poblaciones. En el término municipal de cada ciudad se da gran importancia al Ejido y a la Dehesa Boyal, para el pasto de la ganadería además de la tierra de labor y cultivo. Ya hemos comentado que en el artículo 105 se manda que cada vecino “ debe poseer 500 fanegas de labor para trigo o cebada, 50 para maíz 10 huebras para plantas árboles de secano, tierra de pasto para 50 puercos de vientre, 100 vacas, 20 yeguas, 500 ovejas y 100 cabras”.

 

En el art.130 se dice que si hay tierra de regadío, se repartan proporcionalmente. En el Art.131 se insiste en que estas tierras han de ser sembradas lo más pronto posible:” En las tierras de labor repartidas luego inmediatamente siembran los pobladores todas las semillas que llevaron…”

 

Se pretendía asegurar el abastecimiento de as poblaciones con la producción de estos cultivos especialmente pan, vino, aceite, carnes, etc, cuyo control era regulado por el regidor. Pero sabemos que en muchas ciudades estos  productos no podía cultivarse por las características adversas de los diferentes tipos de clima, por lo que existía un intenso comercio de ellos con las Península para su importación como advertimos en nuestra Ponencia sobre el Testamento del Padre Juan de Escobar. Este misionero jaraiceño que murió en Cuzco, controló la importación del trigo, el vino y las ovejas de Castilla para el abastecimiento de la ciudad de Cuzco a través del puerto de Chaba-Supa, a finales del siglo XVI.

 

La minería en las Ordenanzas también esta reflejada en algunos artículos, ya que el oro y la plata fueron el principal pilar económico de la Corona para la financiación de la política europea de los Austrias. Ya Carlos V se había reservado el derecho de la obtención de metales preciosos, pero autorizó la explotación minera a los particulares, motivo por el cual sometieron a un grado de mayor servidumbre a los indios.

 

Felipe II sigue la misma línea en estas Ordenanzas, reservándose un quinto de todos lo que se obtuviera como impuesto. Así  lo vemos en el Artículo 98 que dice “Item les concedemos las minas de oro y plata y otros minerales y salinas y pesquerías de perla que oviese en dicho termino… con tal de que el poblador y moradores de dicho pueblo o otra cualquier persona den y peguen para nos y nuestros sucesores el quinto de todo lo que sacasen….”

 

 

 

 

7º LA CIUDAD COMO FOCO DE CULTURA Y EVANGELIZACIÓN.

 

La ciudad va a ser el foco fundamental de la pacificación, evangelización  culturización americana en el que la Iglesia jugara un papel de primer orden.

 

El clero secular, pero principalmente las Ordenes religiosas serán las que lleven a cabo esta ingente labor. Dominicos, franciscanos, agustinos, mercedarios, jesuitas…. Levantaron sus conventos, colegios, universidades etc, en las ciudades, donde desarrollaron su labor evangelizadora y cultural. Así vemos como a finales del s. XVI, en la ciudad de Cuzco (según el Testamento de P. Juan de Escobar, misionero del Perú que murió en Cuzco y del que hicimos una investigación) se habían fundado ya los siguientes colegios y conventos: el de Sto Domingo, el de San Francisco, el de San Agustín, el de Ntra Señora de la Merced, el colegio de los padres de la Compañía de Jesús…” aparte del Seminario, que pertenecía al clero secular.

 

Felipe II da una serie de medidas en estas Ordenanzas para la evangelización y culturización de los indios siempre con medios pacíficos y de respeto a sus derechos. El Art.39 dice: “Traten de amistad con ellos, mostrando mucho amor…. En el Art.140 advierte que “ los predicadores con mayor solemnidad empiezen a persuadir que entiendan la fé católica… usando los medios más suaves que pudieran..”

 

En distintos artículos se estimula la fundación de iglesias y monasterios como focos de irradiación cultural por lo que en muchas ciudades se fundaron colegios de enseñanza superior y escuelas primarias para indios. En el Art.143 se dan ordenes para la enseñanza, y en el Art.142 se ordena que “se podía traer a los hijos de los caciques a la población de españoles enseñándole a vestir, regalar etc.

 

Estos colegios que venían funcionando desde la época de Carlos V y preparaban una selección india, se vera truncada cuando en el s. XVII estos colegios fueron ocupados por la clase criolla, y los indios solo tendrán acceso a las escuelas  primarias.

 

 

 

 

8º CONCLUSIONES.

 

Por tanto, la ciudad como hemos visto jugó un papel importantísimo en todas las facetas: repoblación, desarrollo agrícola y ganadero y económico en general en la evangelización y expansión de la cultura española, pacificación, etc.

 

Pese a que los ideales de la Corona chocaron con los de los colonizadores cuyo afán era enriquecerse en estas Ordenanzas se observa como se garantiza la protección del indio, su desarrollo, la formación de una élite local, el deseo de crear una economía saneada, aunque de tipo feudal, su acceso a la cultura europea y su integración sobre una base de igualdad con los blancos.

 

Todo esto cambiará de signo con Felipe III y sus sucesores, que no les va a interesar América más que por su rendimiento fiscal, desprotegiendo por completo a la población india y dejándola a merced de las vejaciones de los criollos. Estos criollos terminaron por constituir una aristocracia holgazana e inculta sometida a la española que acaparará todos los cargos. Los indígenas quedarán definitivamente separados de la comunidad en que Carlos V y Felipe II con el apoyo de la Iglesiase habían esforzado en crear sobre una base de igualdad con los blancos, como vemos en estas Ordenanzas, donde el Rey Felipe II justifica su finalidad como dijimos al Principio de la siguiente forma”. Para que las tierras que estén por descubrir, poblar  y pacificar se haga con más facilidad y como conviene al servicio de Dios y nuestro, y bien de los naturales….”

Oct 012007
 

 José Antonio Sánchez de la Calle.

Resumen.

Este polémico personaje nació en Plasencia el 21 de abril de 1829, y realizó los estudios primarios en su ciudad natal. Sus padres le destinaron al sacerdocio, para el que según algunos historiadores nunca tuvo vocación. En el Seminario Diocesano y Conciliar placentino estudió Latinidad y Filosofía; y amplió estudios en Valladolid y Salamanca, donde obtuvo los doctorados en Sagrada Teología y en Derecho Canónico. Al ser ordenado fue destinado a Piornal, donde permaneció entre los años 1854 y 1857. Desde entonces ofició como párroco en Villanueva de la Vera, al frente de cuya parroquia estaría hasta 1878 año en el que pasó a la de El Salvador, de Plasencia. Aunque aspiró a varias canonjías, no alcanzó ninguna y únicamente fue nombrado “examinador sinodal” de las diócesis deMálaga y Álava. Fue escritor, historiador, político, filósofo y teólogo, llegando a publicar casi una veintena de libros y diversos artículos. Por su formación y por las circunstancias que vivía la Iglesia española en aquellas fechas, en sus primeros escritos y conferencias defiende las ideas tradicionales frente a las de los intelectuales laicos y las teorías protestantes. Pero desde 1866 cambia de orientación ideológica, hasta el extremo de fundar en 1869, la “Iglesia Cristiana-Liberal de Villanueva de la Vera”, en la que sin modificaciones dogmáticas lo fundamental era unir elementos que las autoridades eclesiásticas consideraban antitéticos, como cristianismo, liberalismo y republicanismo. De espíritu combativo y personalidad tozuda, se enfrentó a políticos, caciques e incluso a su propio obispo, Pedro Casas y Souto, con quien sostuvo un pleito por jurisdicciones eclesiásticas desde los años ochenta hasta la muerte del prelado en 1906. Falleció en la ciudad del Jerte en 1910.

 

 

 

 

 

 

1.- BIOGRAFÍA

 

 

El propio autor refleja en su autobiografía que nació en Plasencia el 21 de abril de 1829 en el seno de una familia de “media fortuna”.[1] Sus padres, Rafael García Campo (artífice platero y orive) y Antonia Mora y Corcho, también eran placentinos, al igual que sus abuelos maternos y paternos. Sus progenitores le destinaron al sacerdocio, para el que nunca tuvo vocación, según Aurelio Alonso García, torniego que ha abordado su figura. [2] También son de esta opinión algunas personas ancianas de la localidad de Villanueva de la Vera que fueron entrevistadas a mediados de los años setenta del siglo XX por Valeriano Gutiérrez Macías y Paul Drochon.[3] En el Seminario Diocesano y Conciliar de esta ciudad estudió Latinidad y Filosofía (fotos); y posteriormente amplió conocimientos en Valladolid (fotos) y Salamanca (fotos) donde obtuvo los doctorados en Sagrada Teología y en Derecho Canónico, sin descuidar las humanidades, el griego y el hebreo, obteniendo brillantes calificaciones. (Fotos)

 

En 1854 El Arzobispo de Toledo (fotos), Cardenal Bonelly Orbe, le confirió las Órdenes Sagradas, y celebró su primera misa en Madrid (fotos), apadrinado por Jerónimo Fernández García, su tío, que era Secretario del Ministro José Salamanca. Al ser ordenado sacerdote fue destinado a Piornal (fotos), donde permaneció entre los años 1854 y 1857. Su tío, le facilitó una carta de la reina Isabel II dirigida al obispo de Cuenca (fotos) recomendándole para la Canonjía Doctoral de aquella catedral. El cambio ministerial y el orgullo del protagonista hicieron que se presentara al concurso de Cuenca (corría el año de 1855), pero sin utilizar la famosa misiva real, por lo que sin obtener el cargo regresó a su puesto. Al año siguiente, 1856, decidió presentarse al concurso para la Canonjía Doctoral de Málaga (fotos), junto con otros cinco religiosos, pero el ganador era íntimo amigo de varios Capitulares. El propio obispo malagueño le ofreció un Curato de Término en Ronda, pero tras consultar a la familia, desistió, aunque recibió el título de Examinador Sinodal. En 1857 fue destinado como párroco a Villanueva de la Vera (fotos), donde estaría hasta 1878. Pero en 1859 salió a concurso la Penitenciaria de Plasencia, y el entonces obispo, Bernardo Conde Corral, hizo que “su” candidato Fernando Gato, saliera electo. La escasa preparación de este religioso y la divulgación del caciquismo episcopal hizo necesario “trasladar” al recomendado a Zamora.[4] En 1863 se convocaron cuatro Canonjías de Vitoria, a las que concurrió también nuestro biografiado, junto con otros 23 opositores. Pero ante los rumores de que el Cabildo sólo admitiría a los naturales del “país” y no a los “castellanos”, éstos comunicaron su indignación al Secretario del Cabildo, quien, a modo de consuelo les ofreció unos títulos de Examinador Sinodal, a lo cual J. García contestó con desprecio al desprecio episcopal.[5] Ésta fue la última vez que el sacerdote se presentó a oposiciones, aunque viajó a Madrid por reuniones y congresos; y a Talavera de la Reina para realizar algunos mítines. [6]

 

Mientras tanto seguía desarrollando su labor pastoral en su destino, de Villanueva de la Vera. Si en Piornal realizó su tarea durante dos años y medio, en Villanueva de la Vera lo hizo durante veintiuno. Construyó una escuela con su plataforma que servía de teatro cuando se necesitaba. También hizo una fuente en el centro de la plaza (1869); y abrió un camino-carretero desde el río hasta el pueblo de una legua, por el que podían llegar por vez primera carros al pueblo (así pudieron llegar los materiales para hacer la citada fuente). Adquirió por su iniciativa, y junto con los vecinos, una propiedad que el gobierno vendía (de los terrenos de propios) con una gran vega que formaba parte de la Dehesa Boyal, y que lindaba con una garganta. De los seiscientos vecinos que componían el pueblo, ochenta y cuatro carecían de tierra, por lo que dividió la superficie adquirida en otros tantos lotes y los sorteó, abriendo dos cauces para que pudieran regar todos, obteniendo unas muy buenas cosechas.[7]

 

En esta localidad el ambiente se encontraba muy enfrentado-polarizado, pues el Alcalde (presidente de la Junta local de la escuela), intentaba echar al maestro, acusándole de tener abandonada la escuela y dedicarse sólo a sus intereses materiales y políticos. Estas quejas fueron recibidas por el Rector de la Universidad de Salamanca, quien las trasladó bajo secreto al sacerdote para contrastarlas con su opinión. Una vez que García Mora comprobó que las opiniones del Alcalde eran falsas, trasladó por escrito su parecer al Rector. Pero éste último cometió el error de enviar la carta del sacerdote al primer edil, y en la Junta Local se produjo un enfrentamiento que le hizo adoptar una postura anticaciquil.[8] 

 

Desde joven se convenció de la necesidad de condenar porfiadamente los abusos del poder. Y en el pueblo verato tuvo ocasión de poner en práctica su defensa de los débiles ante la jerarquía eclesiástica. Dos parientes lejanos, viudos ambos, le pidieron dispensa para casarse, a lo que se opuso el Provisor placentino. Mora insistió y consiguió que el Provisor trasladara el caso al Fiscal, quien respaldó la decisión tomada, creyendo que la diligencia terminaría en ese punto. Pero no habían contado con que Mora era Doctor en Derecho Canónico, y conocía perfectamente la ley, por lo que apeló a la Nunciatura y ésta le dio la razón. Nuestro hombre les casó acto seguido sin dar cuenta siquiera a sus superiores porque se sabía respaldado jurídicamente.

 

A partir de la revolución de 1868, él se define como un “hombre político”, especialmente desde que en 1869 jurara la nueva constitución. De hecho, los propios vecinos le propusieron como alcalde, pero sólo aceptó el cargo de Procurador Síndico. También fue propuesto candidato para las Cortes Constituyentes, pero lo rechazó, (no se consideraba buen orador), si bien posteriormente fue nombrado representante en la Asamblea Federal, y actuó como secretario o auxiliar de los diferentes presidentes (Figueras, Maragall o Pi i Margal). En plena República, sólo dos de los 150 representantes eran religiosos; y aunque a su compañero le dieron como prebenda el obispado de Cebú, en Filipinas, él no alcanzó ascensos ni “gracias” porque la llegada de la Restauración provocó su regreso (de Madrid) a Villanueva. Esta fue una época de gran actividad pastoral con altos cargos de la política, como Prim y Castelar. Aunque no abandonó su atención a los paisanos, consiguiendo redimir de la pena de cadena perpetua a un placentino en Ceuta por quince años en Sevilla.

 

Uno de los aspectos que nunca abandonó, y supo conjugar bien con otras facetas de su vida, fue la de escritor. Desde muy temprano colaboró con la prensa con diferentes aportaciones. En 1870, desde Villanueva, envía un artículo al periódico La Reforma, sobre el enfrentamiento entre clero integrista y contemporanizador, afirmando que la religión católica era compatible con casi todas las formas políticas, desde el absolutismo hasta la república, descartando el despotismo y la anarquía. Y ponía como ejemplo el de las repúblicas de América. Algunos capitulares (a los que describe por sus ideas reaccionarias como suscriptores de Siglo Futuro y de la Bandera Integro-Carlista de Barcelona), se reunieron en Sínodo o Junta de Censura, de la que surgió una orden de retracto. Pero Mora apeló a la Censura y contraatacó fundando el periódico Los Neos sin Careta (abril de 1870), donde ridiculizaba a los censores llamándoles ignorantes. Ellos, por su parte, consiguieron que el Vicario Capitular, Godofredo Ros de Biosca, le suspendiera, adoptando la resolución de que la iglesia, el cementerio, los bienes y los registros parroquiales de Villanueva pasasen a su administración directa. El párroco, a su vez, leyó el escrito en la misa a los fieles, quienes se indignaron y provocaron una algarada, firmando 570 (de los 600 vecinos)  una carta de protesta contra la condena. En ese punto funda su “Iglesia Cristiana Liberal”, que amenaza con un cierto cisma, si bien él afirmaba que conservaba todo el dogma, disciplina, ritos y ceremonias a la romana, a excepción del “pie de altar” por no cobrar bautizos, bodas y entierros. Su proyecto se enfrentaba a las iglesias absoluto-integristas que iban levantando “obispos de levita” para sus fines políticos, fanatizando al clero y estigmatizando el liberalismo. A partir de entonces, Mora critica en su revista que en la diócesis placentina muchos cargos estaban ocupados por personas sin preparación adecuada, y que se usaba demasiado el nepotismo y el clientelismo, en detrimento del mérito y la valía personal. Es probable que la propia nunciatura abochornara a los censores por haber dado lugar, con su empecinamiento, al posible cisma.[9] La conversación que mantuvieron el sacerdote y el Vicario, y la posibilidad de que la ruptura eclesiástica en el ámbito provincial se convirtiera en un hecho hizo que Mora abandonara su “modelo” de Iglesia en noviembre de 1871, y que la Jerarquía levantara la suspensión [10].

Su elección como Procurador Síndico en las elecciones municipales de 1868, le permitió dedicarse intensamente a la defensa de los intereses de los vecinos de Villanueva de la Vera. Esta dedicación le enfrentó al Sr. Godínez de Paz, diputado conservador, al que se le había adjudicado, en el proceso de la ley de desamortización de Pascual Madoz, la parte de la sierra que pertenecía al municipio. A la hora del amojonamiento, en julio de 1870, pretendió apropiarse de más hectáreas de las que le correspondían, a lo que se opuso el párroco en nombre de los afectados. Al ver frustrado su deseo, el cacique levantó contra él una campaña ante las autoridades provinciales y nacionales en la que, por su declarado republicanismo federalista, le acusaba de pretender crear un cantón independiente en la localidad. A mediados de agosto de 1870, se presentó en el pueblo una compañía de guardias civiles para prenderle. Para no provocar un enfrentamiento armado entre los vecinos y los militares, el sacerdote abandonó el pueblo, siendo su casa saqueada al día siguiente en busca de documentos que probasen la sedición. Una amnistía de 1871 le permitió recuperar su cargo hasta 1878, año en que se trasladó la placentina parroquia de El Salvador.[11] Durante los años que transcurrieron entre 1872 y 1878, los dedicó a su ministerio y al estudio, hasta que en éste último consiguió trasladarse a la parroquia de El Salvador en Plasencia.

 

Cuando nuestro protagonista inició su labor en Plasencia hacía ya dos años que había llegado el nuevo obispo a la ciudad, Pedro Casas y Souto. Ambos personajes, de fuerte carácter, chocaron rápidamente por una cuestión de jurisdicciones. De hecho, la ciudad fue testigo de innumerables enfrentamientos entre los dos religiosos en la prensa y a través de diferentes publicaciones. La ermita de la patrona, Nuestra Señora del Puerto, dependía de la parroquia de El Salvador, cuya titularidad recaía en Mora. Y aunque en un principio el mayordomo del santuario pedía permiso a su párroco para celebrar las funciones, posteriormente el subalterno se tomó la confianza de no volver a hacerlo, lo que desagradó al responsable, quien decidió darle un escarmiento por la falta de respeto vetándole la celebración de actos religiosos.[12] El Mayordomo se quejó al obispo y éste se posicionó a favor del Mayordomo y en contra del párroco. Comenzó así un litigio en el que intervinieron sucesivamente para dirimirlo la diócesis, el Tribunal Metropolitano de Toledo y el de La Rota. Y aunque Mora ganó el pleito en Madrid y Toledo, Casas y Souto nunca aceptó este fallo que le restaba autoridad y suspendió “A divinis” al sacerdote, quien se enclaustró en su domicilio prometiendo que no abandonaría su morada hasta que el prelado falleciera. [13]

 

La llegada del nuevo obispo, Francisco Jarrín Moro, supuso un cambio en la dinámica de las últimas décadas, pues le trató con una mayor deferencia, tal vez por la fama que  precedía al párroco, o puede que por ser el decano del clero. Y es que, García Mora, llevaba entonces 56 años de servicio, 54 de los cuales había servido en parroquias de término (tal vez caso único en la Iglesia), y sin haber ascendido en su carrera.[14] Las buenas relaciones entre obispo y sacerdote dieron lugar a que éste último fuera repuesto en su iglesia, y aunque no se privó de criticar el estado en que lo encontró y los alborotos que se produjeron durante su primera misa, desarrolló su labor hasta su muerte.[15] Y es que Mora justifica el empecinamiento en la necesidad de defender sus derechos y obligaciones, entre las que destaca la primera, la defensa de la jurisdicción, porque ésta no era suya sino de la Iglesia, que se la confiaba en depósito sagrado para transmitirla incólume a sus sucesores.

 

Unos meses antes de su fallecimiento, confiesa no guardar ningún rencor contra los que fueron sus numerosos enemigos. De hecho les perdona y pide perdón si ha ofendido a alguien de obra, palabra o pensamiento durante su larga y azarosa vida. Procuró no herir susceptibilidades, ni aún las de sus mayores enemigos, y se quejaba de que en sus ochenta largos años de vida realizó muchos favores, pero también recibió muchas ingratitudes… porque cuanto más se ofrece al prójimo más te demanda éste, y en cuanto no consigue lo que persigue, se olvida de lo prestado…”. En su autobiografía confiesa que nunca se tuvo por santo, ni siquiera por buen cristiano; y que siempre aborreció la hipocresía, y jamás cometió actos de los que avergonzarse ante la sociedad. Tenía mucho miedo a la catalepsia, por lo que pedía que su cadáver se depositara en sala del cementerio hasta que apareciera la rigidez cadavérica. Y que si de decidía poner una lápida en su tumba, sugería el siguiente texto: “SI QUIERES SABER EL TRISTE FIN QUE ESPERA // A TODAS NUESTRAS FANTASÍAS// ABRE LOS OJOS, MIRA Y CONSIDERA// EL MISERABLE FIN DE NUESTROS DÍAS// POLVO, CENIZA, HUESO Y CALAVERA”.[16]

 

José García Mora falleció a los 81 años en Plasencia, el día 6 de octubre de 1910, a las diez de la noche de catarro senil, en la calle del Marqués de la Constancia número 1, un año después de publicar su última obra: Apuntes sobre física y otras materias. Según algunos autores falleció en comunión con la Iglesia, después de recibir los Sacramentos y Auxilios Espirituales. Sus restos descansan en el número 245 de la Segunda Galería del Cementerio Municipal de Plasencia, con una lápida con la siguiente inscripción: “AQUÍ YACEN LOS RESTOS DE / DON JOSÉ GARCÍA MORA, DOCTOR EN/ SAGRADA TEOLOGÍA Y CÁNONES SAGRADOS/ PÁRROCO DEL SALVADOR DE ESTA CIUDAD/ FALLECIÓ EL 6 DE OCTUBRE DE 1910/ A LA EDAD DE 81 AÑOS. R. I. P.”

 

En 1983 vivía en esa casa Ramón García Morales, sucesor del cura Mora, en una casa auténtico museo, grande y acogedora, y rica en arte y plata. Un cuadro grande, al óleo, presidía una de sus salas de estar, retrato del tío del Cura Mora, revestido con todos los “capisallos” de cuando era defensor del Tribunal de la Rota.[17]

 

 

 

            2.- OBRA E IDEOLOGÍA

 

 

Las buenas relaciones que le procuraron su tío Jerónimo Fernández García (Secretario del ministro Salamanca), le permitieron pronunciar en 1863 varias conferencias en el Ateneo de Madrid, en las que aborda las relaciones entre la Iglesia y el mundo moderno. Conocemos tres de ellas porque fueron publicadas como apéndice en su obra Apuntes sobre física… Precisamente el segundo discurso se titula Influencia del catolicismo en el orden científico, y constituye una defensa contra la acusación de que la iglesia católica era una rémora científica.[18]

 

También en la primera mitad de los sesenta comenzó a escribir artículos en la prensa para Regeneración, a la vez que colaboraba con Democracia católica. En sus primeros discursos y escritos, García Mora atacaba abiertamente a los demócratas y liberales que, en su opinión, criticando el poder temporal del Papa, ponían en peligro la independencia del Obispo de Roma, imprescindible para la estabilidad de Europa. Así lo sostuvo ya en su obrita El poder temporal del Papa y la sociedad europea.[19] Y lo mismo ocurre con su siguiente libro: La verdad religiosa o exposición histórica, filosófica, moral y social de las doctrinas del catecismo católico, comparado con las del protestantismo. Se adhiere allí a las tesis católicas clásicas contra la Reforma y el Racionalismo.[20] En este mismo año vieron la luz en Madrid otras dos obras: Retrato y dirección del hombre y Organización y dirección de las Sociedades, ambas de la Imprenta de Alejandro Gómez Fuentenebro. En la primera, de carácter filosófico, pretende ofrecer al público una obra que tiene parte de esas ciencias, y realiza el retrato del hombre, analizando su comportamiento y su pensamiento. [21] En la otra, de carácter político, el escritor expone que es necesario conocer los principios de la política para poder dirigir de manera adecuada los grupos humanos.[22]

Un año después aparece su obra El principio de autoridad vindicado, en cuyo prefacio sostiene que todos los males de la época se originan en la crisis de autoridad que sufre el siglo XIX. [23]  En la misma línea, se inserta su libro Diario de un párroco de aldea, donde resalta las cualidades de los sacerdotes rurales y el importante papel social que desempeñan, considerando al catolicismo como un poderoso instrumento de civilización, moralidad, paz y tranquilidad social y doméstica.[24]

 

Pronto, sin embargo, nuestro protagonista experimentó un notable cambio de ideas, lo que le supuso continuos e intensos conflictos con la autoridad eclesiástica. En las Consideraciones sociales y políticas sobre las antiguas instituciones, Cortes y Hermandades de Castilla, aunque se apoya con frecuencia en Jaime Balmes, hace ya una significativa defensa de las libertades individuales, elogiando el espíritu representativo de la antigua tradición española, borrado por el absolutismo real. Defendiendo a los Comuneros, el “Cura Mora”, sostiene el principio constitucional, la insurrección contra la tiranía y la esencia liberal del catolicismo.[25] También en el mismo año se editó Los huérfanos de Extremadura, una novela publicada en Madrid por la Imprenta de T. Núñez Amor, que gira en torno a la historia de dos huérfanos de la región, contada por uno de sus personajes. Según algunos especialistas, parte de la novela es autobiográfica, al coincidir numerosos datos con los de la propia vida del sacerdote.[26]

Los aires revolucionarios de 1868 llegaron también a La Vera, y el párroco no duda en pronunciar e imprimir una Oración fúnebre por los mártires de la patria y de la libertad desde Padilla hasta Vallín, desde Villalar hasta Alcolea, expuesta durante las solemnes exequias celebradas por el alma de los mismos el día 11 de octubre de 1868, en la iglesia parroquial de Villanueva de la Vera, donde abundan ataques explícitos contra Isabel II, alineándose abiertamente a favor del pueblo soberano. [27]

 

Algunos historiadores son de la opinión de que el punto de inflexión en cuanto al cambio de ideas políticas en este polémico personaje vino dado por la Revolución de 1868. Pero lo cierto es que mucho antes de que se produjera la “Gloriosa”, las ideas de nuestro religioso ya habían dado un giro de ciento ochenta grados. El año de 1865 marca la transición, pues en él aparecen varias obras donde se puede apreciar el cambio ideológico. Si en sus libros El principio de autoridad vindicado y Diario de un cura de aldea sostiene que todos los males de la época se originan en la crisis de autoridad religiosa que sufría el siglo XIX, en Consideraciones sociales y políticas sobre las antiguas instituciones… y  (posteriormente) Los huérfanos de Extremadura, reflejan una significativa defensa de las libertades individuales, elogiando el espíritu representativo de la antigua tradición española, borrado por el absolutismo real.

 

Así pues, se puede detectar en sus obras una primera primera etapa que reflejan las tesis conservadoras de influencia del catolicismo en el orden moral, científico y social. Sin embargo, desde 1865 inició una especie de conversión a las tesis liberales, subrayada por la Revolución del 68, con la idea de que si los derechos del individuo se estaban restableciendo en la sociedad civil gracias al triunfo de la Revolución, otro tanto debía ocurrir dentro de la Iglesia católica.[28] Y como deseaba ver implantados también en la Iglesia Católica los aires liberales y democráticos que hacían vibrar el país, decide emprender las necesarias reformas a partir de su parroquia, constituyendo en ella una comunidad de base abiertamente progresista: la Iglesia Cristiana Liberal, fundada en abril de 1870 se proclamaba “radical” en política y “cristiana pura” en religión.

 

En sus estatutos se anunciaba que quedaban abolidos los derechos de estola y pie de altar y el sacrílego comercio de las bulas; y que el sagrado ministerio sacerdotal se ejercería gratis por los “directores”, dedicándose éstos, para ganar el sustento, a alguna industria honesta y lícita, como lo hacían los santos apóstoles.Su filosofía pasa por creer en la república y la revolución; la libertad, igualdad y fraternidad eran para él la terna sacrosanta; la infalibilidad pontificia, un invento “para sacristanes ignorantes”; el sacerdocio, un ministerio gratuito, sustentándose los clérigos con el trabajo; y el celibato de éstos, una opción libre. Pero el “Cura Mora” o hermano director, según él prefería que le llamasen, se preocupa también por el progreso material de los suyos, buscando el bienestar de sus fieles y la urbanización y saneamiento de la villa.[29]

En los Estatutos de esta Iglesia se conserva lo fundamental del dogma católico, pero se hace hincapié en el acercamiento al mensaje originario de Cristo y en la entrega del sacerdote a los demás hasta el extremo de que se defiende, entre otros aspectos, la gratuidad en la administración de los sacramentos y se habla de la opcionalidad del celibato sacerdotal. En esta misma localidad, en 1870, creó el semanario de carácter satírico Los Neos sin Careta en el que critica la forma de vida de la jerarquía eclesiástica y, sobre todo, su ayuda al carlismo y su actitud contraria a la constitución liberal de 1869. En este periodo de su vida conectó con los padres Antonio Aguayo, Cabrera y otros sacerdotes que deseaban reformar la Iglesia española acercándola a las doctrinas evangélicas, despojándole de las aportaciones de los concilios, bulas  y documentos pontificios, por lo que caían dentro de la heterodoxia. Por estas ideas, estando la diócesis en sede vacante, el Vicario General, Godofredo Ros Biosca, le abrió un proceso canónico y el cura acabaría retractándose en noviembre de 1871.[30]

Los Neos sin Careta fue un semanario muy polémico pues Mora atacó con gran virulencia a la jerarquía católica por su reaccionarismo y falta de espíritu evangélico, defendiendo a ultranza el verdadero cristianismo que consideró siempre compatible con los postulados republicanos. Alcanzó una proyección muy importante en los medios republicanos y conservadores de la comarca. Aunque se editaba en Plasencia por Evaristo Pinto Sánchez, la administración y dirección estaban en Villanueva. Se tituló “Órgano Oficial de la Iglesia Cristiana-Liberal de Villanueva” y tuvo un periodo corto de vida, en meses centrales de 1870. En agosto su redacción fue saqueada e incendiada y su director tuvo que exiliarse ante la beligerancia de las autoridades civiles y eclesiásticas, y el periódico dejó de publicarse. El 30 de abril de 1872 se refundió con el Cantón Extremeño.[31]

 

Desde 1868 hasta 1885 la producción literaria de J. García experimenta un cambio sustancial, decantándose por el periodismo, una faceta que ejerciósiendo colaborador habitual del periódico El Cantón Extremeño, publicación abiertamente progresista y republicana, además de su principal aportación con el semanario Los Neos sin Careta. Y esta faceta de nuestro protagonista merece una reflexión.

 

Entre 1868 y 1874 hubo diez publicaciones periódicas en Plasencia, muchas de ellas editadas por Evaristo Pinto Sánchez (Gaceta AgrícolaBoletín de Noticias de la G. AgrícolaLa SituaciónEl Tío LilailasMosquitoEl DemócrataEl Cantón y La Opinión); más el Boletín Eclesiástico y Los Neos sin Careta[32] Durante el Sexenio Democrático la zona de Plasencia y de la derecha del Tajo destacó por su tendencia al republicanismo. La ciudad fue el único distrito extremeño que contó de forma ininterrumpida, desde 1871, con un diputado republicano en Cortes, configurándose así como el distrito más avanzado de nuestra región. La actividad republicana en la comarca hay que remontarla al trienio 1865-68, cuando por iniciativa de Juan González Hernández, surge El Demócrata el 20 de abril de 1869, como Diario de la República Democrática Federal, con el director Juan González Hernández, uno de los políticos republicanos de mayor reputación en la comarca placentina. El 3 de julio salió el número 24 y último, y el 6 del mismo mes apareció El Cantón Extremeño. Estas publicaciones influyeron en varios pueblos de la derecha del Tajo, dando lugar a diferentes comités republicanos que protagonizarán diversos alzamientos en 1867. En ambas publicaciones nuestro sacerdote intervino de forma activa con sus aportaciones escritas en defensa del liberalismo y las ideas republicanas.[33]

En 1885 el cura Mora retoma su actividad de escritor y publica Don Íntegro o el Nuevo Quijote de Barcelona[34], a la vez que inicia la publicación de varios libros relacionados con el tema de las jurisdicciones eclesiásticas, relacionadas con su enfrentamiento con el Mayordomo de la ermita de El Puerto y con el obispo Pedro Casas y Souto.[35] En sus últimos años escribió de materias muy diversas, como un artículo sobre la música que publicó, en 1902, la Revista de Extremadura y unas indagaciones sobre materias relacionadas con la Física. Tras comprobar las fuentes que utilizó Mora para redactar este libro se puede afirmar que el texto es fruto de continuas enseñanzas y lecturas anacrónicas, por lo que esta obra se debe encuadrar en el contexto del siglo XIX por dos razones: la primera es que en este período hubo varias obras con características análogas aunque de desigual interés científico; y la segunda viene dada por la considerable edad del autor cuando escribió la obra. Mora fraguaría las ideas principales que aparecen en el texto en la segunda mitad del siglo XIX, por lo que en realidad el contenido sólo sirve de referencia para comprender mejor el ambiente científico de sectores tradicionalistas en España. [36]

[37] No está suficientemente claro, pero de manera coetánea a los estudios sobre física y mecánica apareció otra publicación del sacerdote, también en 1909, titulada Vida y reivindicación de Don José García Mora, Presbítero, donde ponía de manifiesto sus principales hitos en la vida, desde el punto de vista biográfico, si bien el texto incluye un contenido con cierta subjetividad.[38]

 

¿Por qué cambia sus ideas García Mora a mediados de los años sesenta?. Creo que en primer lugar habría que tener en cuenta su posible falta de vocación. Algunos autores han puesto de manifiesto que tal vez tuviera que afrontar un destino marcado por sus padres que no compartía[39]. Téngase presente que en el primer tercio del siglo XIX las decisiones familiares eran difíciles de rechazar; y el oficio eclesiástico suponía una consideración social destacada en un ambiente provinciano como el placentino. Sumemos a esto un carácter rebelde, crítico, autodidacta y libertario. Si analizamos la trayectoria de Mora observamos que se mueve mucho entre los años cincuenta y setenta intentando superarse, ascender en el escalafón eclesiástico (canonjías, penitenciarías, etc.); pero descubre que su valía no sirve si no se plega, si no se adapta. Y él no estaba hecho para esos menesteres, porque basa su ascenso en los méritos, no en las clientelas ni componendas. Éste es uno de los elementos básicos para entender su carácter. Es inteligente, listo, tiene conocimientos (Derecho, Teología…), pero descubre que con tan sólo su acerbo cultural no alcanza lo que persigue porque le falta algo: aceptar e insertarse en la dinámica del sistema, con el que no comulga. No entiende que otros, sin méritos, ocupen cargos que no merecen sino por su parentesco. Y contra ello se rebela. Aquí hay que tener presente su cosmopolitismo y sus diversos fracasos por conseguir ascensos en su carrera eclesiástica en Cuenca, Málaga, Plasencia y Vitoria (Véase Anexo I). Hay que comprender lo que supone para un hombre con una sólida y variada formación cultural el hecho de tener que resignarse a vivir en ámbitos rurales como Piornal o Villanueva, cuando tuvo en sus manos la posibilidad de ser Diputado en Cortes, y que fue asesor de personajes insignes en la I República. No sorprende que terminara luchando contra el “sistema”, especialmente cuando sus jefes se le enfrentaron por no acatar uno de los tres juramentos eclesiásticos: la obediencia. Además, hay que tener en cuenta que, a pesar de residir en Villanueva, nunca perdió el contacto con su casa familiar en Plasencia, que le permitió seguir con la vanguardia intelectual y política del momento, lo que supuso codearse con personajes como Juan González Hernández y Evaristo Pinto Sánchez, representantes del partido republicano. Éste fue el salto para su participación en El Demócrata, El Cantón Extremeño y Los Neos sin careta, órganos de expresión de sus ideas revolucionarias. Aquí está la clave del enfrentamiento con el mayordomo, el vicario, el cacique y el obispo, pues mientras éste último defendía la permanencia de un “estatus quo” y la tradición, él buscaba la dinámica, la promoción por el mérito y la valía personal. Además del choque por caracteres similares (por no decir idénticos), está el enfrentamiento de estructuras mentales. Y esto se ve muy claro en el caso del pleito por la cuestión de las jurisdicciones. Mora gana en la legalidad (que es coyuntural), pero Casas y Souto lo hace en la costumbre-tradición (que es estructural). Es la eterna lucha entre el sentimiento y la razón, algo que en el siglo XIX fue una constante. Mora se debatió entre dos mundos: el del Antiguo Régimen donde los parámetros eran incuestionables, y el del Liberalismo, en el que las mentalidades aparecían como enemigas acérrimas de sus antagonistas. Sólo así se entiende que obispo y párroco estuvieran incomunicados durante casi veinte años. Tanto Mora como Casas lo tenían muy claro… sólo la muerte resolvería el problema….cómo así fue.

 

 

 

3. – CONCLUSIONES

 

 

José García Mora fue escritor, historiador, político, abogado, literato, filósofo, teólogo, músico y científico. Por su formación inicial y por las circunstancias que vivía la Iglesia española en aquellas fechas, en sus escritos iniciales (apologéticos) intenta defender las ideas tradicionales frente a la de los intelectuales laicos y frente al protestantismo; por esto predomina en ellos el carácter conservador. Más, a partir de 1865, cambia de orientación ideológica hasta el extremo de fundar, la “Iglesia Cristiana-Liberal de Villanueva de la Vera”, en la que, sin modificaciones dogmáticas, lo fundamental era unir elementos que las autoridades eclesiásticas consideraban antitéticos, como cristianismo y liberalismo e, incluso, republicanismo. Él llegó casi al cisma por su psicología personal y por sus conexiones con las comunidades religiosas protestantes y las asociaciones políticas republicanas.[40] Su deseo de notoriedad fue el rasgo fundamental de su carácter, algo a lo que no podía sustraerse, hasta el extremo de que su fama dentro de la Iglesia, incluso la ultraconservadora “neo”, probablemente le hubiera disuadido de toda originalidad política o confesional. Su existencia fue polémica y combativa, con fuertes dotes de soberbia, orgullo y altanería; pero también con una vasta cultura, inquieto e interesado por las corrientes culturales, sociales y políticas del momento. Rebelde, obcecado y poco dado a la obediencia a la jerarquía eclesiástica; pero un individuo popular, muy admirado por los sectores sociales humildes, enemigo de las injusticias, defensor de los débiles y martillo de caciques y “clientes”. Hoy, desde la distancia de casi siglo y medio, es muy posible que su fondo doctrinal y pastoral, a la luz de las corrientes postconciliares del Vaticano II, no aparecerían tan condenables.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

4.- ANEXOS

 

 

 

4.- 1.- Movilidad geográfica de José García Mora

 

 

1849-1854: Salamanca (Doctorado)

1894-1854: Valladolid (Doctorado)

1854: Piornal (como párroco)

1855: Cuenca (Oposiciones Canonjía)

1856: Málaga (Oposiciones Canonjía)

1857: Villanueva de la Vera (párroco)

1859: Plasencia (Oposiciones Penitenciario)

1863: Vitoria (Oposiciones Canonjía)

1863:  Madrid (al menos en tres ocasiones para discursos en Ateneo)

1867-1870: Talavera de la Reina (Mítines)

1870 (agosto): Plasencia (huida de Villanueva por desórdenes públicos)

1878-1910: Plasencia (párroco hasta su muerte)

 

 

4. -2. – Enfrentamientos de José García Mora

 

 

En 1855 no usa la recomendación de un ministro conseguir la canonjía de Cuenca.

En 1856, en las oposiciones de la canonjía de Málaga, denuncia el clientelismo.

En 1959 hace lo propio en las oposiciones de la penitenciaría de Plasencia, al obtener la plaza un familiar del obispo Conde (cencerrada y consiguió la expulsión del familiar a Zamora). Denuncia del caciquismo episcopal.

En 1863 enfrentamiento con el Cabildo de Vitoria por Canonjías: protestas por escrito y orales insultando a los representantes del Cabildo.

Enfrentamientos con el alcalde de Villanueva de la Vera y el Rector de Salamanca por el caso del maestro “desafecto”.

Ataques a la reina Isabel II en el libro de 1868, Consideraciones sociales y políticas sobre las antiguas instituciones...

Choque con el Provisor por el caso de los viudos que querían casarse en Villanueva y no los dejaba la autoridad eclesiástica.

Enfrentamiento con el Sínodo Diocesano Placentino y el Vicario por el artículo en La Reforma.

Lucha dialéctica con el clero tradicional por Los Neos sin Careta

Pugna con políticos tradicionales locales, provinciales y nacionales (caso del Diputado Godínez de Paz en 1870).

Problema con el Mayordomo de la ermita de El Puerto por cuestión de jurisdicciones.

Dialéctica con el obispo Casas y Souto por el mismo problema.

Encontronazos con el Vicario Capitular que no salió elegido a la muerte de Casas y Souto (predecesor de J. Benavides Checa).

Refriega con el Director del diario catalán integrista Bandera Regional

Enfrentamiento con el clero que apoyaba al difunto Casas y Soto al ser repuesto en su iglesia como párroco.

 

5. – BIBLIOGRAFÍA

 

5. 1. – LIBROS Y ARTÍCULOS DE JOSÉ GARCÍA MORA

 

 

GARCÍA MORA, JOSÉEl poder temporal del Papa y la sociedad europea. Plasencia, 1862 Imprenta  de Ramos, 26 págs., 14,5 X 21 cms. Política.

GARCÍA MORA, JOSÉLa verdad religiosa. Barcelona, 1864. Imprenta del Heredero de Pablo Riera, 405 págs., 14 X 21 cms. Iglesia-Religión.

GARCÍA MORA, JOSÉRetrato y dirección del hombre. Madrid, 1864. Imprenta de Alejandro Gómez Fuentenebro, 175 págs., 16 X 24 cms. Filosofía.

GARCÍA MORA, JOSÉOrganización y dirección de las Sociedades. Madrid, 1864. Imprenta de Alejandro Gómez Fuentenebro, 84 págs., 14 X 20,5 cms. Política.

GARCÍA MORA, JOSÉEl principio de autoridad vindicado. Barcelona, 1865. Librería Religiosa. Imprenta del Heredero de Pablo Riera, 399 págs., 16 X 22 cms. Iglesia-Religión.

GARCÍA MORA, JOSÉDiario de un cura de aldea. Madrid, 1865. Imprenta de la Compañía de Impresores y Libreros del Reino, a cargo de A. Avrial, 309 págs., 17 X 25 cms. Iglesia-Religión.

GARCÍA MORA, JOSÉConsideraciones sociales y políticas sobre las antiguas instituciones, Cortes y Hermandades de Castilla. Madrid, 1865.Política.

GARCÍA MORA, JOSÉLos huérfanos de Extremadura. Madrid, 1865. Imprenta de T. Núñez Amor, 185 págs., 14 X 21 cms. Lengua y Literatura.

GARCÍA MORA, JOSÉOración fúnebre por los Mártires de la Patria y de la Libertad; desde Padilla hasta Vallín; desde Villalar hasta Alcolea. Pronunciado durante las solemnes exequias celebradas por el alma de los mismos el día 11 de octubre de 1868 en la iglesia parroquial de Villanueva de la Vera, diócesis de Plasencia. Madrid, 1868. Imprenta Novedades, 12 págs., 15,5 X 21,5 cms. Política.

GARCÍA MORA, JOSÉDon Íntegro o el Nuevo Quijote de Barcelona. Plasencia, 1885. Tipografía de José Hontiveros, 115 págs., 9 X 21 cms. Iglesia-Religión.

GARCÍA MORA, JOSÉBreve reseña histórica del expediente sobre la cuestión de la ermita de Nuestra Excelsa Patrona la Santísima Virgen del Puerto. Y sentencia, ya firme, dictada por el Excmo. Tribunal Superior Metropolitano de Toledo a favor del párroco del Salvador, José García Mora… contra su subordinado en dicha ermita, el Mayordomo, D. Gregorio Concha Castañeda, Presbítero Arcediano de esta Santa Iglesia Catedral.Plasencia, 1887. Tipografía de José Hontiveros, 12 págs., 15,5 X 21,5 cms. Derecho-Jurídico.

GARCÍA MORA, JOSÉLo que no se ha visto ni es posible volver a verse jamás en ningún Tribunal Eclesiástico del mundo católico. Folleto dedicado a la honorable Magistratura Civil y Eclesiástica de España y a cuantos abriguen sentimientos de dignidad, equidad y justicia. Plasencia, 1888. Imprenta Pinto Sánchez, 22 págs., 15, 5 X 21 cms. Derecho-Jurídico.

GARCÍA MORA, JOSÉApuntamiento y Alegación en Derecho. Declinatoria de jurisdicción propuesta al Provisor de Plasencia, y cumplimiento de sentencia en expediente contencioso acerca de la jurisdicción de dicho párroco en el Santuario de Nuestra Señora del Puerto. Antecedentes, Adicción y Sentencia. Toledo, 1888, 9 págs., 23 X 34 cms. Derecho-Jurídico.

GARCÍA MORA, JOSÉRefutación del escrito del Señor Obispo de Plasencia dirigido al Ilmo. Sr. Provisor Vicario General de Toledo sobre la cuestión del Santuario del Puerto. Por el párroco del Salvador, superior inmediato en dicho Santuario. Plasencia, 1889. Imprenta Evaristo Pinto Sánchez, 30 págs., 16 X 21,5 cms. Derecho-Jurídico.

GARCÍA MORA, JOSÉAlegación en derecho precedida del apuntamiento en el pleito jurisdiccional sobre la Ermita de la Santísima Virgen del Puerto, Patrona Augusta de la Ciudad de Plasencia, ante la Sala Plena del Supremo Tribunal de la Rota. Plasencia, 1892. Imprenta, Librería y Encuadernación de José Hontiveros, 115 págs., 14 X 20 cms. Derecho-Jurídico.

GARCÍA MORA, JOSÉ. “Maravillas y arcanos de la música”. En Revista de Extremadura. 1901, págs. 467-471.

GARCÍA MORA, JOSÉApuntes sobre física y otras materias. Aplicación de los Principios de física y mecánica a la industria y a las artes. Entretenimientos de D. José García Mora, Presbítero, Párroco del Salvador de Plasencia, provincia de Cáceres durante la suspensión del ejercicio de su Ministerio. Plasencia, 1909. Imprenta y Encuadernación de M. Ramos, 250 págs., 14 X 16 cms. Ciencia.

GARCÍA MORA, JOSÉVida y reivindicación de Don José García Mora, Presbítero. Plasencia, s.a.(¿1909?). Talleres de Imprenta y Encuadernación de M. Ramos, 26 (calle del Marqués de Mirabel, 20), 29 págs., 14,5 X 21 cms. Biografía.

 

 

 

5. 2. – OTROS AUTORES QUE HAN ESCRITO SOBRE JOSÉ GARCÍA MORA

 

5. 2. 1.- LIBROS

 

 BLÁZQUEZ YÁNEZ, DIEGO. El cura Mora, libera y cismático en la Alta Extremadura. Madrid, 1983. Hijo de E. Minuesa, 275 págs., 16 X 22 cms.

BLÁZQUEZ DE YÁÑEZ, DIEGOHistoria de la Prensa Placentina. 2 Tomos. Mérida, 1996. Editora Regional Extremeña. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura y Patrimonio, 967 págs., 15 X 21 cms

COBOS BUENO, JOSÉ M. y VAQUERO MARTÍNEZ, JOSÉ M. Materiales para una historia de la ciencia en Extremadura. Badajoz, 2001. UEx-Caja Duero, 290 págs., 17 X 24 cms.

KEERSE, GERVASIO. Folleto. El Obispo de Plasencia y el Capellán del Cementerio Público de la misma ciudad. Plasencia, 1889. Imprenta El Cantón Extremeño, 41 págs., 15,5 X 21 cms.

MENÉNDEZ  PELAYO, MARCELINOHistoria de los Heterodoxos Españoles. Madrid, 1987. Biblioteca de Autores Cristianos. Cuarta Edición. Tomo II, 14 X 19 cms.

PORTABALES NOGUEIRA, INOCENCIO. Vida y pontificado del Ilmo. Sr. Doctor D. Pedro Casas y Souto, Obispo de PlasenciaPor D. Inocencio Portabales Nogueira, Arcipreste de la S. I. C. Basílica de Lugo. Lugo, 1911. Talleres Tipográficos de Gerardo Castro, 337 págs., 14 X 21 cms.

PULIDO CORDERO, MERCEDES Y NOGALES FLORES, TOMÁS. Publicaciones periódicas extremeñas, 1808-1988. Badajoz, 1989. Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, 481 págs., 17 X 24 cms.

SELLERS DE PAZ, GERMÁNLa prensa cacereña y su época (1810-1990). Cáceres, 1990. Institución Cultural El Brocense. Diputación Provincial de Cáceres, 679 págs., 21 X 28 cms.

VARIOS AUTORES.. “José García Mora”. En Tomo V de la Gran Enciclopedia de Extremadura, págs, 

 

5. 2. 2.-  ARTÍCULOS

 

 

CAMACHO MACÍAS,  AQUILINO. “José García Mora (1829-1910)”. En Alminar, Revista de Cultura de la Institución “Pedro de Valencia” y el Periódico Hoy, número 52.

COBOS BUENO, JOSÉ M. y VAQUERO MARTÍNEZ, JOSÉ M. “La física de José García Mora”. En Revista de Extremadura. Cuadernos de Investigación y Cultura. Segunda Época. Número 26,  mayo-diciembre de 1998, págs. 139-152.

DROCHON, PAUL. “Un cura liberal en la Revolución de 1868: Don José García Mora”. En La Revolución de 1868. Historia, pensamiento y literatura(Obra Colectiva). Nueva York, 1970.

GUTIÉRREZ MACÍAS, VALERIANO. “El Cura Mora”. En V Congreso de Estudios Extremeños. Pórtico al bimilenario de Mérida. Ponencia VI. Comunicaciones. Badajoz, 1976. Institución Cultural “Pedro de Valencia”. Diputación Provincial de Badajoz, págs. 93-101.

PECELLÍN LANCHARRO, MANUEL. “José García Mora”. En Pensadores extremeños. Badajoz, 2001. Universitas Editorial, págs. 199-210.

SÁNCHEZ GONZÁLEZ, JUAN. “Prensa y transmisión ideológica. El federalismo placentino durante el Sexenio Democrático”. En Revista de Extremadura. Segunda Época, número 5, Mayo-Agosto de 1991, págs. 63-80.

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Fig 1.- Pintura de Plasencia

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Fig 2.- Piornal a principios del s. XX

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Fig 3.- Plasencia a mediados del siglo XX

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Fig 4.-Villanueva de la Vera

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Fig 5.- Parroquia de El Salvador

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Fig 6.- Escrito de G. Mora vetando funciones religiosas                       

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Fig 8.- José García Mora
                     

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                                                    Fig 7.- Obispo Pedro Casas Souto        

 

 

 

 

 

 

 



[1] Otros autores, por el contrario, afirman que en el seno de una familia humilde, sin otros recursos por parte de los padres para abrir un futuro a la vida de su hijo sino la de seguir sus estudios en el  Seminario Diocesano y Conciliar de su ciudad natal. Véase la obra de DIEGO BLÁZQUEZ YAÑEZEl cura Mora, liberal y cismático en la Alta Extremadura. Madrid, 1983.

[2]  AURELIO ALONSO GARCÍA (natural de El Torno) es autor de una tesina de licenciatura leída en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca en junio de 1972 y titulada Historia y vida de Villanueva de la Vera (Estudio geográfico-etnográfico).

[3] Véase el artículo de VALERIANO GUTIÉRREZ MACÍAS titulado “El Cura Mora”. En V Congreso de Estudios Extremeños. Pórtico al bimilenario de Mérida. Ponencia VI. Comunicaciones, publicado en Badajoz en  1976 por la  Institución Cultural “Pedro de Valencia”, dependiente de la Diputación Provincial de Badajoz, págs. 93-101. Y también el artículo dePAUL DROCHON, Un cura liberal en la Revolución de 1868: Don José García Mora”. En La Revolución de 1868. Historia, pensamiento y literatura (Obra Colectiva). Nueva York, 1970. Las Américas Publishing Company, págs. 273-292

[4] La noche en que se falló el concurso, mientras que un grupo de opositores fallidos se deleitaba con música, otro grupo más numeroso “obsequiaba” al obispo y al electro con una descomunal cencerrada, remendando los aullidos del “gato”; colgaron un minino del aldabón de la puerta del palacio episcopal y llenaron de cuernos del matadero el portal de donde se hospedaba el elegido y de la mansión del obispo.

[5] Ante la indiferencia mostrada por el Secretario del Cabildo de Vitoria por la indignación de los opositores, García Mora le espetó lo siguiente: “Diga Usted al Cabildo que a su desprecio de nuestros países y de nuestras personas correspondemos con el desprecio de las suyas y de sus títulos de Examinadores. Devuélvaselos”. Véase el libro de JOSÉ GARCÍA MORA titulado Biografía. Vida y reivindicaciones de D. José García Mora. Presbítero. Plasencia, 1909. Imprenta de M. Ramos, págs. 8-9

[6] DIEGO BLÁZQUEZ YAÑEZEl cura Mora, liberal y cismático en la Alta Extremadura. Op. cit.

[7]  Uno de los cauces se denominaba “Lancho Gordo”, y surtía al pueblo de agua; y el otro estaba situado en el lugar denominado “Argamasa Bracera”, en el Tudad, del término municipal de Villanueva. Véase VALERIANO GUTIÉRREZ MACÍAS titulado “El Cura Mora”, Op. cit., pág. 97.

[8] De hecho, esta polarización que encontró en el pueblo le llevó a plasmar por escrito los problemas que algunos religiosos se encontraban en los pueblos, en su libro Diario de un párroco de aldea.

[9]  El propio sacerdote afirma haber conocido en la catedral placentina gobernadores eclesiásticos con sólo el grado de Bachiller; a religiosos de sólo veinticinco años de edad que alcanzaron el cargo de Arcipreste, a los pocos meses de haber celebrado su primera misa; y Arcedianos sin ninguna formación, y eso que para conseguir esa dignidad se había exigido siempre grado mayor. A la vista de esto, Mora agradece al Gobierno (democrático) la labor desarrollada en el sentido de someter a escalafón de títulos y servicios al Clero la consecución de cargos eclesiásticos. JOSÉ GARCÍA MORA Biografía. Vida y reivindicaciones de D. José García Mora… Op. cit., págs. 14-15.

[10] En este sentido, cada autor que ha tratado el tema expone una solución diferente. Para el obispo Casas y Souto, el sacerdote se arrepintió profundamente porque vio el mal que estaba haciendo y gracias a que el prelado pudo conseguir su retracción. Véase en  INOCENCIO PORTABALES NOGUEIRAVida y pontificado del Ilmo. Sr. Doctor D. Pedro Casas y Souto, Obispo de Plasencia. Lugo, 1911. Talleres Tipográficos de Gerardo Castro. De la misma opinión es DIEGO BLÁZQUEZ YÁNEZ. El cura Mora, liberal y cismático… Op. cit.. Y lo mismo se puede decir del Abate PAUL DROCHON, quien insiste en “…los deseos de notoriedad del personaje, muy en la línea con su fuerte carácter, como lo demuestran las numerosas contradicciones en las que incurre al analizar numerosos escritos…”, extraído de “Un cura liberal en la Revolución de 1868: Don José García Mora”… Op. cit.  Pero otros comoJUAN SÁNCHEZ GONZÁLEZ. “Prensa y transmisión ideológica. El federalismo placentino durante el Sexenio Democrático”. En Revista de Extremadura. Segunda Época, número 5, Mayo-Agosto de 1991, págs. 63-80; MANUEL PECELLÍN LANCHARRO, “José García Mora”. En Pensadores extremeños. Badajoz, 2001. Universitas Editorial, págs. 199-210; o el propio cura Mora, son de la opinión de que la postura de renuncia fue iniciativa de nuestro protagonista, debido a su carácter.

[11] En sus memorias, el propio sacerdote afirma de Godinez de Paz, que era una persona acaudalada y conocida, diputado del gobierno y a la que consideraba como amigo, compró la Dehesa de la Sierra, lindante en la ladera oriental con el coto del pueblo. Pero cuando se desplazó a Villanueva para ver su tierra, creyó que parte de la tierra comunal le pertenecía. Mora se enfrentó a él con el Boletín en la mano, el reconocimiento pericial y los documentos del archivo. Los vecinos se alborotaron y querían agredir al diputado, por lo que Mora y otros tuvieron que escoltarle. Pero uno de los acompañantes del político envió un telegrama al Gobernador donde se decía que el cura había proclamado en el pueblo la República al frente de sus feligreses. El pueblo se llenó de Guardia Civil, y el médico avisó a Mora de que debía huir del pueblo porque al día siguiente llegarían más soldados, acompañados del Gobernador y el Jefe Militar; y que ante la oposición que haría la gente del pueblo, agrupada en una compañía de Milicia Urbana, podrían producirse muchas muertes. Mora huyó en condiciones penosas a la casa familiar de Plasencia donde se ocultó; y cuando al día siguiente los representantes oficiales fueron a su casa, después de comprobar que el pueblo estaba en calma, él se presentó demostrando que todo había sido un montaje por el telegrama. Todavía hubo de aguantar un registro ordenado por el Juez de Jarandilla, y realizado (a pesar de saber que no iba a hacer nada) por el de Plasencia (el registro se hizo “sentados todos en el sillón”), y los representantes despacharon un informe diciendo que Mora se había ido a Portugal. A continuación Mora se fue a Villanueva tranquilamente “escoltado” por treinta vecinos. Ninguna autoridad volvió a reclamarle, y un año después las Cortes Constituyentes declararon una amnistía general.

[12] Para ello, la víspera de la función principal, comunicó al sacristán que él mismo realizaría la misa. Pero al llegar, el Mayordomo ya tenía preparado todo, por lo que Mora le mandó al cancel a recoger limosnas. Cuando iba a empezar el acto, el Mayordomo seguía al lado de la Epístola con el incensario, por lo que Mora se lo arrebató y se lo dio al sacristán. Y aunque el agraviado no se movió, Mora no quiso abochornarlo más delante de los fieles.

[13] El obispo, deseoso de frenar las iniciativas liberales del párroco y sus actuaciones independientes, apoyó al Mayordomo, enfocando el asunto como “Actos de Santa Visita”, creyendo el prelado que su actuación  no podía ser apelada, y así privó por decreto a Mora de la jurisdicción de la ermita. Según el propio Casas no fundaba su actuación en ningún motivo personal, pero Mora afirma que defendía al Mayordomo porque éste era hermano de un alto cargo del gobierno; y por ello apela al Metropolitano, quien anuló la suspensión. Souto viendo a su Provisor amenazado por el Metropolitano, apeló a la Rota y ésta confirmó la sentencia anterior. Pero el obispo se negó a respetar el levantamiento de censura y a pagarle las rentas, costas y perjuicios a que también fue condenado a lo largo de los casi veinte años (19) que duró el litigio. Según Mora, todos los años suspendidos  que sufrió se debieron al hecho de ganado el pleito a una persona excesivamente orgullosa. A pesar del descrédito y la mala fama que le granjeo la actuación del obispo, asegura  Mora, al final de su vida no guardaba resentimiento hacia el Prelado (ya fallecido), sobre todo cuando la culpa de todo la tuvo un mal Consejero que habitaba en el palacio, sustituto del párroco del Salvador, como le consta a su sobrino el canónigo Luis González. Véase JOSÉ GARCÍA MORA Biografía. Vida y reivindicaciones de D. José García Mora… Op. cit., págs. 24-25.

[14] A la muerte del obispo se procedió a la elección de Vicario Capitular y Mora avisó a sus sustitutos en El Salvador y San Pedro de que siguieran ejerciendo hasta poder reincorporarse él, pero como los religiosos presentaron el oficio al Arcipreste, éste les afeó la conducta porque aunque el obispo hubiera muerto, no así su autoridad. Ante esa animosidad personal y comportamiento infantil, Mora vaticinó al candidato que por ese proceder, aunque hubiera salido victorioso de la primera elección, no conseguiría la segunda, como así fue, debiendo abandonar la ciudad. Posteriormente, salió electo el futuro Deán, José Benavides Checa. Y es que Mora justifica su empecinamiento en la necesidad de defender su derecho y obligaciones, entre las que destaca la primera, la defensa de la jurisdicción (porque esta no es suya sino de la Iglesia que se la confía en depósito sagrado para transmitirla incólume a sus sucesores).

[15] Cuando volvió a su antigua iglesia de El Salvador, afirma apenas reconocerla  por su nueva decoración, porque había desparecido todo tipo de adornos; porque los albañiles y los pintores no habían aparecido por allí durante muchos años, estando las paredes ennegrecidas, el tejado agujereado y con las maderas podridas, por lo que hizo necesario volver a rehacerle de nuevo.

 

[16] Véase JOSÉ GARCÍA MORA Biografía. Vida y reivindicaciones de D. José García Mora… Op. cit., pág. 29.

[17] Véase  DIEGO BLÁZQUEZ YÁNEZ. El cura Mora, liberal y cismático… Op. cit..

[18] Véase JOSÉ M. COBOS BUENO y JOSÉ M VAQUERO MARTÍNEZ, “La física de José García Mora”. En Revista de Extremadura. Cuadernos de Investigación y Cultura. Segunda Época. Número 26,  mayo-diciembre de 1998, págs. 139-152. Y también de los mismos autores, Materiales para una historia de la ciencia en Extremadura. Badajoz, 2001. UEx-Caja Duero, 290 págs., 17 X 24 cms.

[19] JOSÉ GARCÍA MORAEl poder temporal del Papa y la sociedad europea. Plasencia, 1862 Imprenta  de Ramos, 26 págs., 14,5 X 21 cms. Esta obra tenía como objetivo criticar el ataque que sufrió el Papa en 1862 por el que se le privó de sus Estados. En ella, el popular “Cura Mora”, nacido en Plasencia en 1829, aparece como ejemplo de sacerdote liberal, en una España decimonónica, cuyos eclesiásticos se mostraban mucho más proclives al conservadurismo. Pero en una primera época aparecía adherido a las tesis católicas clásicas contra la Reforma y el racionalismo. García Mora, en El poder temporal del Papa…, ataca abiertamente a los demócratas y liberales que, en su opinión, al criticar el poder temporal del Papa, ponían en peligro la independencia del Obispo de Roma, imprescindible para la estabilidad de Europa. Y en este sentido, no duda en considerar el catolicismo como poderoso instrumento de civilización, moralidad, paz y tranquilidad social y doméstica. Estas ideas dejaron lugar, unos años después, a otras de carácter más revolucionario.

[20] JOSÉ GARCÍA MORALa verdad religiosa. Barcelona, 1864. Imprenta del Heredero de Pablo Riera, 405 págs., 14 X 21 cms. Publicado con la aprobación del Ordinario de la ciudad condal, e impreso por orden del doctor Juan de Palay y Soler, constituye una exposición histórica, filosófica, moral y social de las doctrinas del catecismo católico, relacionándolas con las del protestantismo y la filosofía. El autor pretende colocar el bien como fruto genuino y exclusivamente propio de la verdad. El catolicismo es el único poseedor de la verdad y del bien, y sólo en él puede encontrar el hombre la felicidad temporal y eterna. De esta forma, no hay dicha posible sino en la virtud, y ésta se encuentra en la verdad y en el catolicismo. Tras la censura y el prefacio, la obra se divide en cuatro libros, dedicando el primero a la religión, el cristianismo, la ciencia, la sociedad, y el individuo. El siguiente se ocupa de las virtudes teológicas y morales. El tercero, de los pecados capitales; y el último, de los sacramentos, los dogmas cristianos, las bienaventuranzas y las obras de misericordia corporales y espirituales.

[21] JOSÉ GARCÍA MORARetrato y dirección del hombre. Madrid, 1864. Imprenta de Alejandro Gómez Fuentenebro, 175 págs., 16 X 24 cms. Según afirma el propio autor, sin ser filósofo, político ni economista, pretende ofrecer al público una obra que tiene parte de esas ciencias. Se propone hacer el retrato del hombre, analizando su comportamiento y su pensamiento. Está articulada en dos partes, divididas en tres libros, y estos, a su vez, en varios capítulos. En la primera mitad el autor caracteriza al hombre y cómo debe ser gobernado; mientras que en la segunda se analiza lo que debe ser, y cómo se debe conducir, recorriendo todas las clases sociales, desde las más elevadas hasta las más inferiores. Teniendo en cuenta el carácter combativo de este sacerdote, él mismo avisa que no pretende aludir a nadie ni luchar contra ninguna institución social, sino rebatir las utopías de los socialistas y comunistas del siglo XIX, afirmando que para la sociedad no hay otras bases ni otra organización posible que las que le ha dado el cristianismo. Los tres libros de que se compone el primer bloque se ocupan de las pasiones humanas, la razón, el paganismo, el catolicismo, la conducta, la política y la moral. Y los que integran el segundo se nutren de la condición social, las clases económicas, la familia y la religión.

[22] JOSÉ GARCÍA MORAOrganización y dirección de las Sociedades. Madrid, 1864. Imprenta de Alejandro Gómez Fuentenebro, 84 págs., 14 X 20,5 cms. Se trata de la segunda parte de otra obra titulada Retrato y dirección del hombre. El autor expone que es necesario conocer los principios de la política para poder dirigir de manera adecuada los grupos humanos. Por lo que arranca desde el estadio salvaje y primitivo del hombre y la necesidad de una autoridad que desde tiempos lejanos representaban los viejos de la tribu. Cuando las sociedades se fueron haciendo más complejas, fue necesario acordar cómo gobernarlas, dando lugar a un acuerdo contractual. García Mora desarrolla luego los diferentes tipos de monarquía (electiva, hereditaria, absoluta, representativa y constitucional), con sus ventajas e inconvenientes. El segundo apartado de libro lo dedica al sistema constitucional, exponiendo los diversos modelos de constituciones modernas, con sus fallos y aciertos; y reflexiona sobre el concepto de “democracia” y el sistema de elecciones, estudiando términos como sufragio, diputado, senador, etc. La obra finaliza con unos textos que reflejan la importancia en las sociedades de la educación, la imprenta y el teatro.

 

[23] JOSÉ GARCÍA MORAEl principio de autoridad vindicado. Barcelona, 1865. Librería Religiosa. Imprenta del Heredero de Pablo Riera, 399 págs., 16 X 22 cms. La censura es del Lector en Filosofía Fray Jaime Roig, mientras que la aprobación corresponde al Vicario General Gobernador, Juan de Palay y Soler. El autor escribe un largo prefacio de casi veinte páginas, con multitud de citas, y divide la obra en cuatro libros con diferentes capítulos. Se trata de un trabajo donde destaca el ataque crítico que García Mora realiza contra las indulgencias, profundizando en las relaciones de la autoridad religiosa con el catolicismo, el protestantismo y la filosofía. Se incluye un apéndice titulado “El Poder temporal del Papa y la sociedad europea”.

[24] JOSÉ GARCÍA MORADiario de un cura de aldea. Madrid, 1865. Imprenta de la Compañía de Impresores y Libreros del Reino, a cargo de A. Avrial, 309 págs., 17 X 25 cms. Tomo encuadernado en piel con prefacio, dedicatoria a los párrocos, catorce capítulos, conclusión y “Protesta”. El contenido de la obra constituye un resumen casi biográfico de las diferentes actividades que el propio autor desarrollaba en el pueblo donde actuaba como párroco (Villanueva de la Vera). De esta forma, salen a la luz la actuación religiosa, la administración de los sacramentos, la atención a los enfermos, las visitas a las escuelas, la dinámica seguida durante la Cuaresma y el cuidado del cementerio. También describe las relaciones con la autoridad civil y los patronos; y ya en la esfera de lo personal, los viajes, los paseos, la cultura y la higiene física y espiritual. En las conclusiones, J. García expresa la necesidad de mantener la independencia y el respeto de los hombres, así como su deseo de establecer buenas relaciones con la Iglesia, a pesar de sus discusiones y enfrentamientos con la superioridad eclesiástica.

[25] JOSÉ GARCÍA MORAConsideraciones sociales y políticas sobre las antiguas instituciones, Cortes y Hermandades de Castilla. Madrid, 1865. Natural de Plasencia, donde nació el 21 de abril de 1829, este polémico sacerdote conoció fuertes enfrentamientos entre católicos y progresistas. Se formó en Plasencia, Salamanca y Valladolid, doctorándose en Teología y Derecho Canónico, y alcanzó el grado de examinador sinodal de la diócesis de Málaga. Tras pasar dos años en la parroquia de Piornal, acabó afincándose en la de Villanueva de la Vera. En una primera fase, abrazó las tesis conservadoras, similares a las de Moreno Nieto y Donoso Cortés, defendiendo en sus obras el principio de autoridad por encima de la famosa tríada de igualdad, libertad y fraternidad. Pero desde mediados de los años sesenta del siglo XIX, su ideología cambia hacia un contenido más liberal. En estasConsideraciones…, aunque se apoya con frecuencia en Jaime Balmes, hace ya una significativa defensa de las libertades individuales, elogiando el espíritu representativo de la antigua tradición española, borrado por el absolutismo real. Defendiendo a los Comuneros, García Mora, sostiene el principio constitucional, la insurrección contra la tiranía y la esencia liberal del catolicismo.

[26] JOSÉ GARCÍA MORALos huérfanos de Extremadura. Madrid, 1865. Imprenta de T. Núñez Amor, 185 págs., 14 X 21 cms. Se trata de una novela publicada con licencia eclesiástica de Madrid, que gira en torno a la historia de dos huérfanos de la región, contada por uno de sus personajes. Según algunos especialistas, parte de la novela es autobiográfica, al coincidir numerosos datos con los de la propia vida del sacerdote. Tras el índice, se desarrollan dieciocho capítulos, seguidos de una conclusión y un epílogo. Los huérfanos Evaristo y Manuel abandonan el pueblo para instalarse en Madrid, donde encuentran trabajo. Pero uno de ellos, Manuel, vivirá aventuras extraordinarias en sus viajes a Tierra Santa, la India y París, ciudad en la que conocerá a destacados personajes, como Lord Daniel Sidney, Enrique Torunan, Adelaida, Matilde Dubois y Mariana de Mendeville. La narración finaliza con el matrimonio del viajero con Petronila.

[27] JOSÉ GARCÍA MORAOración fúnebre por los Mártires de la Patria y de la Libertad; desde Padilla hasta Vallín; desde Villalar hasta Alcolea. Pronunciado durante las solemnes exequias celebradas por el alma de los mismos el día 11 de octubre de 1868 en la iglesia parroquial de Villanueva de la Vera, diócesis de Plasencia. Madrid, 1868. Imprenta Novedades, 12 págs., 15,5 X 21,5 cms. Se trata de una proclama que el sacerdote J. García realizó en su iglesia parroquial de La Vera en la que alaba a los mártires que cayeron luchando por la libertad política, de ideas y de pensamientos. Nuestro autor se indigna cuando considera el divorcio que se quería establecer (incluso por algunos religiosos de la época), entre el principio cristiano en religión y el liberal en política. Critica a los ignorantes de la ciencia social, que destruyen la doctrina de Jesucristo, haciendo más daño en la religión con su imprudente terquedad, que la mísera propaganda impía. En el texto ataca la figura de Isabel II, el partido moderado, y defiende el cambio político como signo de evolución en el ser humano. De su actividad política da fe el hecho de que, entre sus méritos, gustaba hacer alarde de que los tribunales ordinarios le consideraban “… revolucionario por celebrar en su casa reuniones políticas…”..

[28] Véase MANUEL PECELLÍN LANCHARRO. “José García Mora”. En Pensadores extremeños. Badajoz, 2001. Universitas Editorial, págs. 199-210.

[29] Véase en VARIOS AUTORES.. “José García Mora”. En Tomo V de la Gran Enciclopedia de Extremadura, págs. 119-120.

[30] Véase en MARCELINO MENÉNDEZHistoria de los Heterodoxos Españoles. Madrid, 1987. Biblioteca de Autores Cristianos. Cuarta Edición.  Tomo II, pág. 998.

[31] La colección completa de este periódico puede estudiarse en la Hemeroteca madrileña ubicada en el Cuartel del Conde Duque. En sus tres primeros números se definía como un periódico satírico, pero a partir de la cuarta edición lo hacía como periódico religioso-político. Inició su publicación el 16 de abril de 1870, los sábados, y el último número, el 20, salió el 27 de agosto. Editado por la Iglesia Cristiana Liberal lo fundó y dirigió José García Mora, de periodicidad semanal, con un formato de 420 X 290 cms., cuatro páginas de tres columnas cada una y editado en la Imprenta de Pinto Ramos de Plasencia. La suscripción costaba 0,75 pesetas al mes, y entre sus secciones estaban las de “Advertencia”, “Doctrinal”, “Oficial”, “Política”, “Sueltos y noticias”, Gacetilla, Telegrafía particular contestada” y “Correspondencia particular”. Véase GERMÁN SELLERS DE PAZLa prensa cacereña y su época (1810-1990). Cáceres, 1990. Institución Cultural El Brocense. Diputación Provincial de Cáceres, 679 págs., 21 X 28 cms.  También en DIEGO BLÁZQUEZ DE YÁNEZHistoria de la Prensa Placentina. 2 Tomos. Mérida, 1996. Editora Regional Extremeña. Junta de Extremadura. Consejería de Cultura y Patrimonio, 967 págs., 15 X 21 cms. Y por último, en MERCEDES PULIDO CORDERO y TOMÁS NOGALES FLORES. Publicaciones periódicas extremeñas, 1808-1988. Badajoz, 1989. Departamento de Publicaciones de la Diputación de Badajoz, 481 págs., 17 X 24 cms.

 

 

[32] Durante el XIX es través de la prensa como mejor se puede abordar esta temática, debido a su carácter propagandístico y masiva, generadora de estados de opinión y porque se constituye en motor y reflejo de la opinión pública y de los acontecimientos. Durante este período se asiste a una proliferación sin precedentes de publicaciones vinculadas a casi toda la gama de opiniones políticas, hecho que influyó en gran medida en la actitud de ciertos grupos sociales, sumidos tradicionalmente en la ignorancia y el apoliticismo, que comenzarán a movilizarse y a despertar de su letargo. En esta etapa revolucionaria, de crisis y cuestionamiento de valores se realiza desde todas las tendencias ideológicas una revisión exhaustiva de los problemas candentes y estructurales que padece el país. Todo se cuestiona: desde las condiciones de existencia de los individuos hasta la articulación político-territorial del Estado pasando por la forma de gobierno, la religión, la propiedad, etc.

[33] El afianzamiento del sentimiento republicano en esta zona se debe en gran medida a un grupo de entusiastas que realizaron una intensa labor en torno al Cantón Extremeño, que trató de encauzar la opinión pública hacia el federalismo. De hecho nació para potenciar, vivificar y estructurar el republicanismo de la derecha del Tajo, porque Plasencia disponía de una infraestructura de medios y hombres considerable y un ambiente propicio: Sociedad de Jornaleros, federación adscrita a la A.I.T, casino y club republicano, Asociación de la Juventud Republicana, Comité republicano (Evaristo Pinto Sánchez); y además con el apoyo de dos imprentas (la de Juan Núñez Amor en los soportales de la Plaza Mayor, y la de Evaristo Pinto Sánchez en Santa Ana, 28, orientadas a la difusión de la ideología federal publicando folletos, libros y periódicos); unido a la prosperidad económica de la comarca.

El Cantón Extremeño aparece como uno de los principales órganos federales del Sexenio Democrático en Extremadura y un instrumento eficaz para difundir el credo republicano y proyectar en la vida política a una gran cantidad de individuos necesitados de reconocimiento popular. Tuvo una vigencia, irregular, desde julio de 1869 hasta 1896. Su estructura en el sexenio democrático era la siguiente: una parte doctrinal en primera página con artículos actuales de gran contenido ideológico; una segunda página con artículos pequeños de tipo provincial y local relacionados con información de comités republicanos provinciales; la tercera página con noticias diversas, sueltos, poesías y chistas de tipo satírico; y la contraportada con publicidad y folletos de propaganda de autores republicanos. Un aspecto muy interesante lo constituía su consideración como órgano de prensa de los comités republicanos de la derecha del Tajo, contrapuesto a “El Faro”, como defensor de los intereses de la izquierda del Tajo. Además de pasar por muchas dificultades económicas (impago de cuotas de suscriptores), estuvieron las suspensiones temporales por motivos políticos (de octubre 1869 a agosto de 1870; de noviembre de 1872 a mayo de 1873; y de octubre 1873 a agosto de 1874); además de que algunos redactores tuvieron que comparecer ante la justicia. Este periódico nació para implantar, encauzar, organizar y difundir los postulados de la ideología federal y los intereses del partido republicano en la comarca placentina. En sus columnas es fácil observar su gran preocupación por consolidar en la comarca los comités republicanos, verdaderas células del partido, animando a la constitución y renovación de dichos órganos, ofreciendo noticias puntuales de esos acontecimientos y reproduciendo cuantos manifiestos de dichos comités llegaban a su poder. La persona que mejor encarnó el espíritu de esta publicación fue Evaristo Pinto Sánchez., que estuvo al frente desde octubre de 1870 hasta 1896 (excepto segundo semestre de 1873 que estuvo de alcalde en Plasencia). Fue durante todo el sexenio Presidente de la Juventud Republicana de Plasencia, Secretario del Comité Republicano placentino y a veces Secretario de la Asamblea Provincial del partido. Otro personaje importante fue el primer director de la publicación, e agrimensor e ingeniero de caminos vecinales Juan González Hernández, diputado a Cortes por el distrito placentino en 1871, de gran valía personal y carisma popular (murió abrasado al intentar sofocar un incendio ocurrido en la librería de su amigo y correligionario Juan Núñez Amor). Véase JUAN SÁNCHEZ GONZÁLEZ,. “Prensa y transmisión ideológica. El federalismo placentino durante el Sexenio Democrático”. En Revista de Extremadura. Segunda Época, número 5, Mayo-Agosto de 1991, págs. 63-80.

[34] JOSÉ GARCÍA MORADon Íntegro o el Nuevo Quijote de Barcelona. Plasencia, 1885. Tipografía de José Hontiveros, 115 págs., 9 X 21 cms. El autor (Plasencia, 1829-1910) fue un sacerdote atípico en la Extremadura del siglo XIX, un hombre de profundas ideas liberales que compuso él mismo su biografía y reivindicaciones. Ha sido estudiado por P. Drochon y por el extremeño Diego Blázquez Yánez. El “Cura Mora”, que mantuvo sonados enfrentamientos con la jerarquía diocesana, fundó en su parroquia de Villanueva de la Vera el periódico Los Neos sin Careta, y aparece como la esencia liberal del catolicismo, propugnando la insurrección contra la tiranía, la gratuidad del ministerio sacerdotal, el celibato libre del clero y el respeto a la sagrada terna (libertad, igualdad, fraternidad). La presente obra se inicia cuando el director del periódico barcelonés, Bandera Integrista, remitió en 1885 el primer número de la publicación al sacerdote J. G. Mora, vertiendo en el mismo graves injurias sobre personas merecedoras de respeto y consideración, entre las que se encontraba el obispo de Plasencia. El autor acusó al catalán de utilizar su semanario con claros motivos políticos, valiéndose del liberalismo del párroco placentino, para atacar la Iglesia Católica. El cura del Salvador devolvió el periódico a la Redacción, con una carta en la que ponía de manifiesto que él no se consideraba carlista ni católico al estilo de Bandera Integrista sino como se estableció en el Evangelio, criticando la actitud integrista-absolutista católica del catalán.

[35] JOSÉ GARCÍA MORABreve reseña histórica del expediente sobre la cuestión de la ermita de Nuestra Excelsa Patrona la Santísima Virgen del Puerto. Y sentencia, ya firme, dictada por el Excmo. Tribunal Superior Metropolitano de Toledo a favor del párroco del Salvador, José García Mora… contra su subordinado en dicha ermita, el Mayordomo, D. Gregorio Concha Castañeda, Presbítero Arcediano de esta Santa Iglesia Catedral. Plasencia, 1887. Tipografía de José Hontiveros, 12 págs., 15,5 X 21,5 cms. El origen de este problema estriba en la actuación del obispo de Plasencia el 4 de mayo de 1886, cuando ordenó al Mayordomo de la ermita que dispusiera y organizara la función principal de la Dominica “In Albis”, sin contar con el propio párroco. El prelado estableció, asimismo, que J. García no pudiese disponer de sus monaguillos, que el capellán del santuario tampoco contase con el permiso del cura Mora para celebrar sus actividades litúrgicas, y que los fieles hiciesen caso omiso del mismo para encargar sus mandas piadosas a la Virgen del Puerto. Según expone en estas páginas, el autor supo que a pesar de haber perdido el litigio Gregorio Concha Castañeda, éste se permitía afirmar que lo había ganado. Por ello, J. García, hacía público este librito donde se recogía todo el expediente de la Sentencia, con el Auto Definitivo. A pesar de ello, el obispo Casas y Souto, impartió órdenes para que el Domingo de Quasimodo se celebrara de la forma en que el Tribunal lo tenía prohibido. IBIDEMLo que no se ha visto ni es posible volver a verse jamás en ningún Tribunal Eclesiástico del mundo católico. Folleto dedicado a la honorable Magistratura Civil y Eclesiástica de España y a cuantos abriguen sentimientos de dignidad, equidad y justicia. Plasencia, 1888. Imprenta Pinto Sánchez, 22 págs., 15, 5 X 21 cms. La obra recoge las quejas del sacerdote sobre la postura tomada por el obispo Casas y Souto en cuanto a la jurisdicción del Santuario del Puerto, criticando que el prelado le separara de la habitual dependencia parroquial de El Salvador. Como párroco apeló y ganó la resolución en un pleito ante la Superioridad de Toledo, pasando el arzobispo órdenes y oficios para que se ejecutara la resolución. Pero a pesar de la obediencia debida a la autoridad, el obispo se resistió a cumplir la sentencia, y suspendió a J. García para ejercer sus funciones en el santuario, a su sacristán y a los monaguillos, privándosele también de la mitad de su sueldo. La obra continúa narrando los diferentes enfrentamientos habidos con el obispo, e incluye un dictamen fiscal, un auto, la ejecutoria y una protesta formal. IBIDEM. Apuntamiento y Alegación en Derecho. Declinatoria de jurisdicción propuesta al Provisor de Plasencia, y cumplimiento de sentencia en expediente contencioso acerca de la jurisdicción de dicho párroco en el Santuario de Nuestra Señora del Puerto. Antecedentes, Adicción y Sentencia. Toledo, 1888, 9 págs., 23 X 34 cms. El treinta de enero de 1888 el Procurador Benito de Pablos, en nombre de José García Mora, presentó escrito ante el Provisor y Vicario General de Toledo, pidiendo la revocación de la sentencia dictada por el Provisor de Plasencia en expediente incoado con ocasión del cumplimiento de un fallo del Metropolitano. También solicitaba que si lo estimaba oportuno, el obispo de Plasencia podría proponer en vía contenciosa la reclamación que entendiese justa respecto a sus facultades en el Santuario de Nuestra Señora del Puerto. De fondo emerge el problema latente entre dos personalidades fuertes (el cura Mora y el obispo Casas y Souto), por el control de ciertos derechos en la ermita del Puerto. IBÍDEMRefutación del escrito del Señor Obispo de Plasencia dirigido al Ilmo. Sr. Provisor Vicario General de Toledo sobre la cuestión del Santuario del Puerto. Por el párroco del Salvador, superior inmediato en dicho Santuario. Plasencia, 1889. Imprenta Evaristo Pinto Sánchez, 30 págs., 16 X 21,5 cms. Continua el enfrentamiento entre el obispo Casas y Souto y el tenaz sacerdote placentino por el conflicto de la jurisdicción sobre la ermita de Nuestra Señora del Puerto. En esta ocasión, J. García arremete contra lo publicado en el Boletín Eclesiástico del Obispado fechado el 14 de octubre de 1889, donde el prelado se dirigía al Vicario General del Cardenal Arzobispo de Toledo comunicándole que no cedía su autoridad en el gobierno de la diócesis placentina. El párroco del Salvador critica la negativa del obispo de acatar en siete ocasiones las órdenes de sus superiores. A lo largo de ocho apartados el sacerdote expone las razones para proceder contra el escrito episcopal, y protesta por haber sido despojado de sus derechos, violando las leyes sagradas y los principios de equidad y justicia. IBIDEMAlegación en derecho precedida del apuntamiento en el pleito jurisdiccional sobre la Ermita de la Santísima Virgen del Puerto, Patrona Augusta de la Ciudad de Plasencia, ante la Sala Plena del Supremo Tribunal de la Rota. Plasencia, 1892. Imprenta, Librería y  Encuadernación de José Hontiveros, 115 págs., 14 X 20 cms. El núcleo de la presente obra está representado por la pugna entre el sacerdote José García Mora y el obispo Casas y Souto, al pretender éste último, en una visita al santuario de la Virgen del Puerto, imponer determinadas reglas sobre organización especial en la ermita. El párroco de El Salvador, iglesia de la que dependía la ermita, consideró una injerencia de su superior tales normas y un menosprecio de sus facultades; por lo que puso un recurso de apelación ante el Cardenal Arzobispo de Toledo, quien falló a favor del sacerdote. A pesar de ello, el Obispo no acató la resolución y siguió presionando al religioso. La primera parte trata de la declinatoria de jurisdicción propuesta por el Provisor de Plasencia y cumplimiento de sentencia en expediente contencioso acerca de la competencia del párroco en el santuario de Nuestra Señora del Puerto. La segunda incide en la alegación en derecho, donde se impugna el auto del Metropolitano denegatorio de ejecución de la sentencia firme dictada por el mismo; la impugnación de la sentencia de la Primera Sala anulatoria de la firme del Metropolitano; la de la apelación fiscal interpuesta contra la sentencia revocatoria de la Segunda Sala; la impugnación del voto particular, formulado contra la sentencia revocatoria de la Sala Segunda; la del escrito del reverendo prelado, mostrándose parte en el asunto; la del Expediente instruido por el Reverendo Prelado; y la del escrito del Ministerio Fiscal. El libro termina con una “Protestación” de José García Mora, donde pone de manifiesto que, a pesar de sus impugnaciones y combatividad por la lucha de sus derechos, declara su catolicismo, amor a la religión y denuncia la injusticia de haber sido suspendido in­definidamente.

[36] El pensamiento de Mora está determinado fuertemente por dos hechos. Su formación se llevó a cabo en un ambiente tradicionalista  (hay que tener en cuenta de que era doctor en teología y derecho canónico). Además, fue un autodidacta (en ciencias físicas, como él mismo reconoce (“…No vengo a dar lecciones a nadie, y mucho menos a los físicos. Ridícula jactancia sería en uno, que ni siquiera ha sido discípulo, dar lecciones a los maestros…”). Por otra parte, la contribución al pensamiento de Mora son las ideas que circularon en España durante el siglo XIX. Además de las ideas ilustradas, la introducción del eclecticismo francés comienza en la década de los cuarenta y en los cincuenta el krausismo, el hegelianismo y las ideas materialistas. Sólo desde estas dos influencias podemos comprender la obra científica de este autor. No deja de ser sorprendente que se defienda este presupuesto en 1909 una vez comenzada la revolución de la física con la relatividad y las ideas cuánticas, porque la ciencia oficial había ya olvidado el horror vacui en el siglo XVII, y numerosas experiencias fueron explicadas no desde ese horror al vacío sino mediante la presión atmosférica. El proceso de destrucción del mito del horror al vacío es uno de los capítulos más apasionantes de la historia de la física. La única novedad de Mora reside que en que también acepta la presión atmosférica y explica los fenómenos físicos con la ayuda de las dos contribuciones a la vez. Los aparatos fundamentales que se utilizan para estas investigaciones son el tubo de Torricelli y la bomba de vacío. La concepción de la física que tiene García Mora tiene sus raíces en los textos clásicos que debió leer durante su formación. Para él, la física es la ciencia de la Naturaleza. En el libro, Mora no da respuestas a las preguntas formuladas y, principalmente, narra hechos curiosos y extraños.

[37] Véase JOSÉ GARCÍA MORA,. “Maravillas y arcanos de la música”. En Revista de Extremadura. 1901, págs. 467-471. J. García, el famoso “Cura Mora”, se titula a sí mismo “El Placentino” en esta breve colaboración, donde hace un auténtico panegírico de la música, calificándola de entre las bellas artes, como de divina, conmovedora del alma y de sugerente alegría, tristeza, furor y calma. Para él, la música es la escritura del alma y la expresión de los más diversos afectos. A lo largo de su disertación hace referencia a los fonografistas, músicos, tonos, vibraciones y acordes y sus efectos en el ser humano, doliéndose de la poca afición que se observa en la actualidad (1901). Y del mismo autor: Apuntes sobre física y otras materias. Aplicación de los Principios de física y mecánica a la industria y a las artes. Entretenimientos de D. José García Mora, Presbítero, Párroco del Salvador de Plasencia, provincia de Cáceres durante la suspensión del ejercicio de su Ministerio. Plasencia, 1909. Imprenta y Encuadernación de M. Ramos, 250 págs., 14 X 16 cms. A lo largo de sus páginas se pueden leer multitud de curiosidades e ideas del autor sobre física. Los temas en los que más se incide durante sus cuarenta y nueve capítulos son la defensa del “horror vacui”, la física recreativa y la vuelta a los clásicos, aunque el desarrollo del texto es desordenado en general. Algunos de los apartados tratan también sobre teología, lenguaje y filosofía. La tesis fundamental de su obra es la resistencia de la naturaleza al vacío, y sorprende que se defienda este presupuesto en 1909, una vez comenzada la revolución de la física con la relatividad y las ideas cuánticas. Es muy posible que la concepción que tenía García Mora hundiera sus raíces en los textos clásicos que debió leer durante su formación, así como en numerosas lecturas anacrónicas.

[38] JOSÉ GARCÍA MORA, Vida y reivindicación de Don José García Mora, Presbítero. Plasencia, s.a. (¿1909?). Talleres de Imprenta y Encuadernación de M. Ramos, 26 (calle del Marqués de Mirabel, 20), 29 págs., 14,5 X 21 cms. Aunque en el libro no consta la fecha de publicación, es muy posible que ésta fuera el año de 1909, puesto que el propio autor especifica al inicio que contaba con ochenta años, y había nacido en 1829. En el texto se expone el origen, Plasencia, su familia, los estudios en Plasencia, Salamanca y Valladolid, la consecución de las Órdenes Sagradas, la celebración de la primera misa en Madrid, y la obtención de Prebendas en Cuenca. Luego se describe su destino como cura párroco en el Piornal, su faceta de escritor y periodista, y la toma de partido como hombre político. Desde su traslado a Villanueva de la Vera se produjo en el religioso una radicalización política, fundando el periódico Los Neos sin careta, faceta que compaginó con la de escritor de libros. Y por último, J. García expone, de manera muy sucinta, el famoso enfrentamiento jurisdiccional con el prelado Casas y Souto, y sus relaciones más cordiales con el sucesor, el obispo Francisco Jarrín y Moro. La obra de acompaña de una fotografía del autobiografiado a una edad avanzada.

[39] En este sentido puede verse el citado artículo de VALERIANO GUTIÉRREZ MACÍAS titulado “El Cura Mora”, op. cit. , donde el autor recoge datos de las personas ancianas de Villanueva, y buena parte de los entrevistados se mostraban convencidos de que entró en religión por mandato pero no por convicción

[40] Véase AURELIO ALONSO GARCÍA y su Tesina de Licenciatura “Historia y vida de Villanueva de la Vera (Estudio geográfico-etnográfico)”; leída en la Facultad de Filosofía y Letras de Salamanca en junio de 1972.

Oct 012007
 

Rosario Rubio Orellana.

 La presencia de la mujer española en América fue muy temprana, presencia que con el tiempo se iría incrementando de modo gradual pero rápido hasta llegar a equilibrarse con la población masculina.

En 1540 la población femenina había llegado a alcanzar el diez por ciento de aquella, pasando a ser un veintitrés por ciento en el período de los años de 1540 a 1575. En el último cuarto de siglo el porcentaje de la mujer aumentaría considerablemente, en unas proporciones, que junto a las anteriores circunstancias, mayor mortalidad masculina, se iría acercando a un pronto equilibrio con la del hombre.

Desde el primer momento tuvo un papel importante,- otra cosa es que así se le reconociera-, dado que el planteamiento de la colonización de América no tendría un carácter mercantil, como pretendía Colón al tiempo de negociar las Capitulaciones con la Reina Isabel, sino, como postulaba la Reina, lo tendría de evangelización y establecimiento de un modelo de familia cristiana que habría de componer una sociedad al modo de la española. De ahí su importancia inicial y que iría a mas con el transcurso del tiempo.

Pensaba la reina Isabel que América siempre sería española si hablaba y rezaba en español. A ella le movía la evangelización de nue vos pueblos lo que sería el verdadero motivo de su patrocinio indiano porque creía – diría ella-, “que nuestra Santa Fe sería acrecentada y su real señorío ensanchado”.

Hablar de evangelización en el Siglo XVI era hablar de colonización, este sería el caso, y de no haber sido así planteado habría quedado, al decir de Analola Borges, “en un coloniaje de explotación o en una factoría comercial dentro de un territorio de población híbrida o frustrada”.

Este principio sería el que dominará la política española respecto a las Indias y como ejecución de la misma la de fomentar el establecimiento de población que fuera lo suficientemente denso para marcar su impronta y su perpetuación.

Esta línea de pensamiento propiciaría la presencia de la mujer primero y seguidamente la preocupación por que aquella fuera a las Indias en número que hiciera factible aquella política. A tal efecto se dictarían medidas que intentaban fomentar y estimular la marcha de la mujer no sólo casada, sino, también visto las pretensiones señaladas, facilitar la presencia de mujeres solteras que casaran en Indias con españoles.

La mujer que pasara a Indias puede decirse que se correspondería de algún modo con alguno de los tipos que seguidamente señalamos: mujer “principal”, es decir de elevada condición social.

Esposas y familiares de funcionarios, capitanes, oidores y oficiales reales.

Esposas de conquistadores y vecinos en las Indias cuyos maridos habían marchado sin aquellas.

Mujer soltera, mujer doncella según el dicho de la época, que a aquellas tierras iría para allí matrimoniar.

El orden de exposición responde a sucesivos momentos en cada uno de los cuales predominó la figura de mujer que respectivamente  se menciona. De unas, podríamos decir, viajeras que se corresponderían con las señaladas, por la forma en que habrían hecho el viaje, excepción hecha de las emigrantes, solteras, pioneras de la emigración, dadas las diferencias y más penosa forma en que marcharían.

Las llamadas principales, serían esposas, familiares, séquito incluso invitadas acompañando a dignatarios que ostentarían importantes cargos o encomendadas misiones especiales y de confianza de la Corona. Las solteras de este grupo casarían ventajosamente con gente de su mismo rango instalados ya allí en aquellas tierras.

Las esposas de funcionarios o militares comprenderían otro grupo de un menor nivel social. Las esposas de conquistadores o vecinos de las Indias igualmente tendrían lo que hemos venido en llamar condición de viajeras sin que se les considerara significación social alguna.

La presencia de la mujer en tan temprana fecha en aquellas tierras, hizo que se encontrara involucrada, muchas veces, en situaciones comprometidas de violencia o en acciones bélicas diversas con propias intervenciones que resultarían tan importantes y decisivas como para poder afirmar que de no haber sido así podrían haber tenido consecuencias irreversibles para consolidación de posiciones conquistadas y seguridad de permanencia de los españoles.

Un breve resumen de alguna de sus hazañas resultaría ser el contenido de ponencia sobre este tema presentado en ocasión anterior.

El presente trabajo las menciona a éstas últimas como referencia pero no son propiamente objeto de él, sino el de la mujer casada que había de marchar, para reunirse con el marido, soltera para conseguirlo; encerrada en el anonimato que reviste a toda persona que sea pueblo; la auténtica emigrante de la época con las connotaciones que tal condición encierra.

 

En una etapa entre simultanea y posterior, predominaría la mujer que marchaba a reunirse con el esposo, requerida por él de modo voluntario o bien porque a éste le viniera impuesto en pos de soluciones que además de serlo de humanidad lo serían de acertada política, puesto que estarían contribuyendo a garantizar la permanencia y arraigo de quienes allí marcharon evitando tentaciones de un regreso que bien pudiera resultar deserción ante el reto y la meta de la existencia española en Indias en un futuro del que ellos serían cimiento. Tal reagrupamiento familiar tendría importantes efectos sociológicos, pero una incidencia menor, como decíamos, en lo que pudiera resultar un incremento de población.

Esta mujer estaría entre lo que hemos dado en llamar viajera y la propiamente emigrante; no iba tras lo desconocido y no iba  a encontrar marido sino reencontrarlo.

En Indias residían un gran contingente de españoles solteros; allí habían marchado dando lugar a que la escasez de varones que en España se daba desde el final de la Edad Media tomara unas proporciones desorbitadas; gran número de ellos mantenían variadas clases de uniones con mujeres del lugar pero sin el carácter que supone la existencia de vínculo matrimonial.

La realidad que se contemplaban y los fines moverían a los organismos de la metrópoli a buscar fórmulas de fomento de la natalidad, que hoy diríamos, tratando de incrementar la celebración de matrimonios, cuyos posibles respectivos componentes, -hombres en Indias, mujeres en España-, estaban  distanciados por la mar oceana.  Se trataría de acercarlos en la forma en que se considerara más propia, cual sería la de marchar a América aquellas mujeres solteras para encontrarse allí con expectantes candidatos a esposos que las aguardarían anhelantes, consiguiéndose el deseado resultado de celebración de matrimonios.

Se producía con ello un cambio en las costumbres amorosas la de no ser la dama la que espera el regreso del caballero, sino ser la doncella, quién con riesgo de su vida va al encuentro del desconocido heroe.

La mujer soltera marcharía no tanto por el empeño del gobierno por que así fuera, sino por cuanto la coincidencia de aquél con la voluntad de ellas, que habían decidido ir a buscar marido donde estaban los hombres solteros, en donde alcanzarían el hogar soñado y el conquistador, ese descanso del guerrero que lo fijarían definitivamente en la tierra y en ella nacería y viviría su prole, nuevos ciudadanos del nuevo mundo.

Sevilla, adonde habrían llegado desde las diversas procedencias, sería su puerto de entrada en Indias, previo recorrido del Guadalquivir y atravesado el Atlántico, una travesía dura y en duras circunstancias de un penoso viaje.

No serían llevadas ni conducidas, lo harían de “motu propio” y no como les sucedía a las que hemos dado en llamar viajeras, sin acompañamiento protector. Serían ellas quienes iniciarían tan largo y aleatorio viaje. Auténticas emigrantes y pioneras de la emigración envueltas en su propio anonimato hacia un destino cierto en cuanto punto de llegada, incierto en cuanto a que la suerte que le esperara.

Desde aquél punto, rendiría otro viaje terrestre, en muchos casos fluvial y en todos penosos y arriesgados hacia los lugares en donde residiría y fundaría su familia, nueva andadura, ésta en la que naturalmente no iría sóla, marcharía con su marido, con el que habría matrimoniado al tiempo de llegar, y con el que el que iniciaba una nueva vida en su nuevo estado de casada, razón de su viaje. Repuesta ya del impacto del encuentro con el candidato que la desposara, asignado, previamente, y de modo inapelable por el gobernador o autoridad a él afín.

 

Durante la travesía podría haberse ilusionado con el encuentro que le esperaba y en ningún caso sentirse defraudada ante la realidad que seguidamente encontrarían.

En general sus inmediatos – no futuros-, maridos resultarían ser gente acomodada, -conquistador o vecino-, imbuidos generalmente de un espíritu aventurero y consecuentemente sujetos en muchos casos a los azares de la fortuna. Solían disfrutar de un rango social que les proporcionaba un “status” honorable. Por las propias circunstancias de lo que habría sido su protagonismo en aquellos escenarios, no todos gozarían de la lozanía deseable aparte edades, jóvenes y menos jóvenes, por los avatares propios de vidas muy duras, muchos con cicatrices de heridas sufridas y en ocasiones víctimas de mutilaciones.

Hubo una política protectora en favor de la mujer, en la que, en algunos casos coincidirían el interés político en mayor o menor medida con la defensa de su condición. En el fondo se trataría más de un empeñado voluntarismo, sobre todo en lo concerniente a la mujer soltera, pues no cabría medida alguna que pudiera forzarlas a marchar, suponiendo en todo caso que ello se tomara como protección cuando en realidad hubiera resultado ser una coacción, que ni siquiera prosperaría el intento de así hacerlo con esclavas blancas.

Si fueron y fueron tantas, se debería a lo que fue su propia decisión. La única medida protectora, si cabe llamarla así, que de algún modo podríamos interpretar, sería las grandes facilidades que para viajar se les daban.

Puede decirse que si fueron posibles lo que resultarían medidas indirectas, en forma de gravámenes en unos casos, y de beneficios en otros a solteros dado que los estimulaba y en algunos casos o en muchos,  los obligaría a contraer matrimonio, coincidiendo así con las pretensiones que movían a la mujer solteras a pisar aquellas tierras.

Hubo si mediadas protectoras, como las que obligaban a los casados que hubieran marchado a Indias sin sus esposas a hacérselas llegar, para lo que se establecían diversos plazos bajo amenaza de severas sanciones si incumplían este mandato. En el entretanto se les obligaba a la remisión de una cantidad que sufragara sus necesidades y cuantas necesidades familiares se dieran, medida que tuvo plena efectividad dependiendo esta del grado de mejor o peor funcionamiento de los organismos de vigilancia y ejecución de los diferentes territorios.

El marido estaba obligado a hacerla marchar consigo. La mujer sin embargo no estaba a así proceder a hacerlo; podía negarse, otra forma de protección, la de respetar su voluntad y no imponerle las inevitables molestias y peligros de toda índole que tamaño viaje comportaba.

A partir de determinado momento a ningún hombre casado le fue permitido marchar sin su esposa.

El papel de la esposa era meramente doméstico. Nada más y nada menos. Recordemos que la madre ha sido siempre quién ha transmitido a los hijos el sentido de los valores. De hecho rebasaría a veces su esfera tomando decisiones propias aunque en algunos casos las enfrentaran con los propios maridos o incluso con los gobernadores.

La mujer tomó conciencia del papel histórico que habría de corresponderle, aceptando tal realidad. Sería un papel con frecuencia heroíco el que la providencia le deparara, inicio de la huella que marcaría un poblamiento compuesto por hogares cuya firmeza de principios y solidez de sus costumbres hábitos y acciones constituirían el germen de las Indias, la fundación de América, una

América española que bien podría decirse que conquistada por hombres fuera fundada por mujeres.

 

Hemos pretendido exponer el papel de la mujer en el Descubrimiento, Conquista y Colonización de América, de tan temprana presencia, que bien pudiera decirse que tamaña empresa hubiera sido realizada a la par por hombres y mujeres con mayor relevancia de los hombres en lo que llamaríamos la primera parte, y de la mujer en una segunda parte que correspondería a un tiempo de afianzamiento de la presencia española y de aseguramiento y perennidad de aquella. Ello fue posible gracias a las mujeres para asentar las bases de un nuevo mundo, no el descubierto, sino por el por ellas creado a través de la familia y los hijos.

De ella diría una eximia historiadora “Mercedes Gabrois”, terminando una conferencia sobre este mismo tema, y con ello asimismo finalizamos lo siguiente:

 

“Cuando se hable de la gloria de los conquistadores y los misioneros que civilizaron todo un mundo, debe asociarse siempre en esa misma memoria a las mujeres que con ellos fueron, y que sencillamente, silenciosamente, rectamente, como cumple a toda obra creadora, fundaron más allá de los mares el hogar cristiano y español, base de las más firmes de ese gran contenido histórico que es la Hispanidad”.

Valencia, 29 de Agosto de 2007

 

 

BIBLIOGRAFIA

 

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Oct 012007
 

José Abril Torres e Isabel Elena Abril Fernández.

 España  termina el Siglo XVII, y comienza el Siglo  XVIII  inmersa en una grave crisis cultural y, sobre todo, económica, por la falta de  la visión política de  sus gobernantes, obsesionados con la idea de una Europa vertical, jerarquizada, bajo los poderes universales del Pontificado y el Imperio.

Han sido muchos años de guerra y el pueblo español está desmoralizado. Nunca un pueblo ha sido tan consciente de su  miseria, y de su impotencia para resolverla.

El aislamiento científico que impuso la Contrarreforma a la Medicina Española, hizo de ella, un reducto del galenismo, cerrado a todas las novedades.

A pesar de todo un grupo de científicos propugnan, por diversos medios, la ruptura con la tradición y la incorporación a las nuevas corrientes que campeaban en Europa.

El nombre que acabó designando a toda esta pléyade de  preilustrados  fue el de “Novatores”; una palabra  que, en principio, se tomó como peyorativa pero que sirvió, inesperadamente, para aglutinar a una serie de hombres que, tal vez de otra forma, no hubieran descubierto que entre ellos existía algo en común.

Un “Novator” era un científico, que no se  resignaba a mantener invariable el conocimiento, basado en el argumento de la autoridad de la tradición y que, además, adopta una actitud militante frente a los conservadores.

Uno de  esos  científicos, Don Félix Pacheco Ortiz, trae a Trujillo esas nuevas ideas e, inmediatamente, surge la controversia con la medicina institucional extremeña anclada, como en el resto de España, en el galenismo más radical

 

 

Una forma de vida está definida, sobre todo, por el repertorio de creencias en que se está. Naturalmente estas creencias van cambiando de generación en generación, y en eso consiste lamutación histórica; pero cierto esquema mínimo perdura a través de varias generaciones, y les confiere la unidad superior que llamamos época, era, edad. (“Historia de la Filosofía” de Julián Marías).

 

 

Para poder situarnos, en las “creencias médicas” en las que D. Félix Pacheco Ortiz, escribió su libro seguiremos el razonamiento de D. José Ortega y Gasset en su “Razón Histórica” donde afirma que:

 

Poco después de 1600, el hombre sale de la duda renacentista y se instala en una nueva creencia, en la creencia moderna, sobre la cual ha descansado la vida europea hasta hace muy pocos años. El hombre moderno sustituye la fe en Dios por la fe en la Razón.

 

Los médicos empírico-racionalistas, llamados despectivamente “NOVATORES” por los dogmáticos de la Universidad, y tratados de herejes, vuelven a Hipócrates y, a partir de él, dan un nuevo sentido racional a la medicina.

 

Por lo tanto, el libro de D. Félix Pacheco Ortiz, como muchos de los que se escribieron en estos años, son polémicas puntuales sobre temas médicos definidos; pero en el fondo, subyace en todos ellos una crítica contra la tradición medieval escolástica de nuestras universidades que aún se apoyaba en el dogmatismo canónico de Aristóteles y la autoridad médica de Galeno.

 

España comienza el siglo XVIII inmersa en una grave crisis cultural y, sobre todo, económica por la falta de la visión política de nuestros gobernantes obsesionados con la idea de una Europa vertical, jerarquizada, bajo los poderes universales del Pontificado y el Imperio. Son muchos años de guerra y el pueblo español está desmoralizado. Nunca un pueblo ha sido más consciente de su miseria y de su impotencia para resolverla.

 

La paz de Westfalia que pone fin a la guerra de los treinta años, reconoce a la Europa horizontal de los pueblos, y la Europa de los Estados basados en el “Balance of Powers”, según las teorías de los filósofos ingleses T. Hoobes – “Leviathan” (1651) y J.Locke – “Dos tratados del gobierno civil”.

 

Francia tiene el camino libre para enfrentarse con los Austrias españoles, y para realizar después su intento hegemónico en Europa. Avasalla a España y la margina como potencia mundial, obligándola a firmar la Paz de Los Pirineos.

 

Pero no todos son desdichas y en los últimos años del siglo XVII, España hará un intento de acortar el retraso científico que sufría. Fue D. Juan José de Austria, el encargado de traer libros de Holanda, Francia e Inglaterra, y crear una nueva ilusión en  los científicos españoles. Es lo que se ha llamado la pre-ilustración, que se va a asentar en lo que hemos llamado los “novatores”, y en la creación de la Regia Sociedad Hispalense de Medicina y Otras Ciencias.

 

La Inquisición y el Protomedicato no pueden hacer nada contra esta “nueva medicina” por estar refrendada por los Reyes Borbones.

 

Para hacer un recorrido por las “creencias” que el ser humano ha tenido a lo largo de la Historia hasta llegar aquí, me viene a la memoria la metáfora que hace el filósofo Paul Grice:

 

La Historia es demasiado conocida como para contarla de nuevo, así que me contentaré con la siguiente somera descripción del caso.

———

Desde el siglo VI-V a.C. y hasta el Renacimiento, no existe en la Historia de la Medicina una eclosión como la de Grecia y sus Colonias. El pueblo griego, un conjunto de tribus de diverso origen, se habían establecido posiblemente a finales del segundo milenio a.C. en los territorios y costas de la parte Oriental del Mediterráneo. En un principio los griegos, como gran parte de otras culturas, estuvieron en la Creencia del mito y de la magia (Hesiodo y Homero). Pero, a partir del siglo VI-V a.C., logran romper las ataduras de la magia y son capaces de crear una nueva creencia, una explicación racional de la naturaleza (physiología); cambiar el sentido de la concepción mítica del origen del mundo y de las cosas por el estudio científico de las leyes que rigen dicho mundo. Se pasa de la cosmogonía mítica a la cosmología científica.

 

Una vida sedentaria, la paz de sus polis, un comercio próspero, multitud de esclavos para realizar las faenas más onerosas y, sobre todo, una lengua que le han aportado los indoeuropeos, en donde pueden realizar el método de la abstracción, pasar de las palabras “fuerzas” que denotan, presentan y evocan, a las palabras “signos” que definen o pueden crear conceptos mentales y encauzar en las teorías aquello que están pensando (el uso racional de la lengua). Lo que se proponen es explicar el mundo en todos sus aspectos. Las ciencias solo fueron posible alrededor de las preguntas de los filósofos sobre cuestiones fundamentales: el tremendo descubrimiento de que la Naturaleza nada hace en vano.

 

 

Las ciudades jónicas del Asia Menor, con su capital Mileto, en contacto marítimo con Egipto y por tierra con Mesopotamia, crea en el siglo VI-V a.C., la ciudad mas próspera y avanzada del mundo griego. Los filósofos milesios descubrieron que la razón del hombre podría encontrar principios generales que vincularan fenómenos aparentemente inconexos, y redujeran la diversidad a la unidad.

 

Más tarde, en la Magna Grecia, Sicilia y la isla de Cos, surgirá el acontecimiento más grande de la Historia de la Medicina, la constitución de ésta como un saber técnico (Teckné) fundada en el conocimiento científico de la naturaleza (physiología).

 

Y como estamos en el mundo de las creencias no será Hipócrates el “padre de la medicina” sino sólo el héroe del epónimo que dará nombre al quehacer de los médicos de la Grecia Clásica. Es en estos momentos cuando cambia el concepto mágico de la nosogonía mítica al concepto científico de lanosología; es decir, de la enfermedad como castigo de los dioses a la enfermedad sobre una base científica del conocimiento de la Naturaleza.

 

La medicina griega, no teúrgica ni mágica, es un oficio más o menos artesanal (Teckné) considerado como servicio público, y que podía aprenderse en ciertas escuelas profesionales. Pero una Teckné, no sólo es saber practicar, con mayor o menor habilidad, un determinado oficio, sino una exigencia esencial de la naturaleza del hombre para poder pasar de un saber meramente empírico y rutinario, a otro saber que merezca ser llamado Teckné, en donde se articulen la razón (logos) y la obra (érgon), el pensamiento (phronein) y la operación (poiein), la inteligencia (dianota) y la mano (kheio).

 

Junto a los elementos primarios de la Physis Universal de Empédocles (agua, fuego, aire y tierra), los hipocráticos introducen un nuevo concepto, el Humor. Podemos decir que el Humor es un elemento secundario que actúa como soporte o sustrato material de las cualidades elementales.

Cada uno de los humores, (la sangre, la pituita o flema, la bilis amarilla y la bilis negra) serían una mezcla en proporción variable de los cuatro elementos empedocleícos,

 

La vida biológica del hombre (Zoé) es un permanente movimiento (kinesis) de su naturaleza individual, desde el nacimiento hasta la muerte, cuyo buen orden exige que la mezcla (krasis) de los humores sea armoniosa y que sea mantenida por dos agentes: uno simple y congénito, que es el calor implantado, y otro externo y complejo que es el alimento.

 

La Krasis humoral en profunda armonía es la salud; Las Diskrasia humoral es la enfermedad.

 

En resumen sólo se conoce una enfermedad, la Discrasia Humoral y, según Aristóteles, la Tecknéconsiste en “Saber hacer algo, sabiendo porqué se hace, eso que se hace”.

 

Estamos usando palabras que aún persisten en la terminología médica con el mismo fonema, aunque el semantema sea distinto.

——–

 

Un vez que hemos establecido la base científica de la enfermedad (pathos) como alteración de la krasis entre los humores, tenemos que esperar hasta el año 130 d.C., no para hacer realidad una nueva creencia, sino para asentar esas bases científicas de los hipocráticos.

 

Galeno, nacido en Pérgamo, en el año 130 d.C., quien seguirá a ultranza las teorías hipocráticas, dio la espalda a las nuevas tendencias de las medicina latina, pero supo sistematizar toda esa medicina creada por los hipocráticos.

 

——–

El mundo antiguo termina en el siglo V d.C., surgiendo una Nueva Creencia en el ser humano: Dios como ser infinitamente sabio que soluciona a los humanos todas sus necesidades. Este cambio coincide, cronológicamente, con la caída del Imperio Romano de Occidente, y se alarga hasta la caída del Imperio Romano de Oriente, con la toma de Constantinopla por los Turcos.

 

En Europa, la invasión de los visigodos, suevos, ostrogodos y francos, va a formar comunidades políticas inconexas, que será el origen de lo que se llamará Europa.

 

Los escritos de los “antiguos” quedan desperdigados y, por lo tanto, la labor de los intelectuales de esta época no podrá ser creadora, sino recopiladora.

 

S. Isidoro de Sevilla (570-646), recoge en sus “Etimologías”, no solo las Siete Artes Liberales, sino todos los conocimientos religiosos, históricos, científicos, médicos, técnicos, etc. En Italia será Boecio, con un libro en prosa y en verso “De Consolatione Philosoficas”,Marciano Capella con su “Las bodas de Mercurio” y “La Filología” en donde sistematiza los estudios de la Edad Media, el Trivium (gramática, retórica y dialéctica) y el Quatrivium (aritmética, geometría, astronomía y música).

 

En toda esta época de transición, del siglo V al siglo IX d.C., el saber antiguo de los escritores profanos y el de los padres de la Iglesia se conservan sin rigor intelectual, desordenadamente, y sin distinción de disciplinas

 

A partir del siglo IX d.C., con el Imperio Carolingio, surgen las Escuelas, y un cierto saber cultivado en ellas, que se conoce como Escolástica. Va a aparecer un cuerpo unitario de doctrina, que se conserva como un bien común. Sus textos guardan una estricta relación docente, primero como Escuelas, después como Universidades.

 

La PHILOSOPHIA ANCILLA THEOLOGIAE será el lema de las Escolástica. La Filosofía será una disciplina auxiliar para el estudio de la Teología.

 

En la Edad Media el hombre es un Ente finito, una criatura, un ENS CREATUM. Pero al mismo tiempo, el hombre es logos, el hombre está hecho a semejanza de Dios.

 

La Creencia del hombre está en un Ente infinito (infinitamente poderoso e infinitamente bueno), que le descubrirá todo lo necesario para conducirse por la vida, inclusive el sentido mismo de la vida.

 

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Es a partir del siglo XV, cuando el hombre cambia de Creencia. Es a partir del siglo XV, cuando empieza a fermentar la duda. El estar en la duda es un modo de estar en una nueva Creencia, es el estar… inquieto. Durante los dos siglos de Renacimiento, se vive en esa inquietud. Muerta ya la antigua Creencia y sin posesión aún de la nueva, el hombre se finge Creencia, hace como que cree, mediante una resolución de la voluntad. En la medida en que no se cree se quiere creer. Las crisis son épocas de resoluciones y voluntarismo. Por eso el lema más típico del Renacimiento es“vivere risolutamente” (Ortega y Gasset. “La Razón histórica”).

 

Factores que determinan el Renacimiento científico:

 

  1. Económicos. Surge la nueva clase de mercaderes y manufactureros, que se opone al predominio de la nobleza.

 

  1. Proliferación de los sabios seglares que pueblan las aulas de las Universidades. Las Academias, fuentes incipientes de la ciencia experimental, rivalizan con la Universidad.

 

  1. Invención del arte de imprimir (Hans Gutemberg-Lorens Coster).

 

  1. En 1453 Constantinopla, heredera cultural de Atenas, cayó en manos del Islam. Millares de fugitivos se dirigen hacia Italia, llevando consigo preciosos manuscritos griegos, guardados hasta entonces en los Monasterios de Bizancio.  Así se realizaron ediciones de los textos originales de la antigüedad grecorromana.

 

  1. Los descubrimientos de nuevas tierras, con el perfeccionamiento en la construcción naval, mejores brújulas, los éxitos, en la Astronomía náutica, adelanto en la preparación de mapas.

 

Figuras sobresalientes de estas Ciencias: Leonardo Da Vinci y Copérnico.

 

Surge la figura del médico humanista, erudito y polígrafo, creando una obra intelectual que derrota la medicina escolástica-galénica, y preludian lo que, unos años después (ya en el siglo XVII), va a ser la base de las doctrinas iatromecánicas e iatroquímicas. Los médicos humanistas se esfuerzan ante todo en actualizar los verdaderos textos de la medicina clásica, haciendo traducciones al latín de Hipócrates y Galeno, enriquecidos con comentarios críticos (Corpus Hipocraticum, Los Aforismos con comentarios de Galeno), son los Articella.

 

En España serán Valles (1524-1592) y Cristóbal de Vega (1510-1573), profesores en Alcalá de Henares.

 

De Galeno hicieron traducciones críticas Andrés Laguna (1499-1559), que estudió en Salamanca y fue médico de Carlos V y de los Papas Paulo III y Julio III.

 

Joan Fernel y Luis Mercado van a llevar a cabo la empresa de ordenar el saber médico greco-latino-bizantino y arábigo. Al segundo le encomendó Felipe II “Las Instituciones que debían regir los exámenes de los médicos, cirujanos y algebristas ante el Tribunal del Protomedicato”.

 

En esto médicos es evidente la actitud crítica frente a la tradición medieval escolástica (Gómez Pereira llega a combatir a la filosofía aristotélica y al dogmatismo galénico), para ellos no existe otra autoridad que la prueba experimental. De Gómez Pereira es el famoso silogismo“Conozco que yo conozco algo, todo el que conoce es, luego yo soy”, muy parecido a la proposición de Descartes “Pienso, luego soy”. En su libro “Nova veraque medicina” hace una resuelta crítica a la piretología galénica anticipándose a Sydenham.

 

Vesalio con sus disecciones comprobó que Galeno solo había hecho disecciones sobre animales. Escribió su famoso “De Humanis corporis fábrica” (La Fábrica). Rápidamente surgió una “Apología in anatome pro Galeno contra Andream Vesalium Bruxellensen” (1562) de Francisco del Pozo, por lo que los nuevos conceptos anatómicos de Vesalio no fueron aceptados por la Universidad, aunque en los círculos privados se aceptó el método versaliano de investigación directa.

 

Aún siguiendo en el dogmatismo canónico de Galeno, surgen actitudes novatoras.

 

  1. El Empirismo – Las cosas son como nuestros sentidos nos muestran.

 

  1. El Racionalismo – La visión sistemática racionalmente concebida de la realidad de la naturaleza

 

  1. La polémica de la sangría.

 

Galeno había atribuido a Hipócrates la distinción entre el efecto revulsivo y el derivativo de la sangría. Por el primero se trataba de evitar que los humores pecantes fluyeran hacia el foco de la lesión; con el segundo se intentaba aliviar la congestión ya constituida, movilizando los humores corruptos allí coleccionados.

 

La nueva técnica de Bissot tuvo críticos y defensores, pero siempre en la idea de los humores.

 

El examen de la orina que era el resultado de la digestión hepática, según Galeno, se sustituye por las alteraciones del pulso como medio diagnóstico.

 

Fracastroro avanza una teoría que, basada en la simpatía-antipatía de los antiguos, es un revulsivo a la medicina renacentista. Algo pasa del enfermo al sano y lo impregna de su propia y específica cualidad, creando una alteración en el infectado que existía en el infectante. A este agente le llama seminaria. Pero nada más lejano a la idea de gérmenes, pues tendrán que pasar doscientos años para que se formule una patología microbiana.

 

La Peste con sus epidemias desastrosas, sobre todo durante el siglo XVI, enciende gran cantidad de escritos que, aunque más bien se limitan a describir estos episodios epidémicos, en ellos ya se vislumbran algunas medidas de protección. Mercado protomédico de Felipe II- en “El Libro en que se trata… de la enfermedad vulgar y peste,… “  (Madrid 1599) hace un punto de reflexión importante en la extensión de las epidemias “en el poco cuidado de las Repúblicas en las epidemias de Peste por temor a perder el comercio o trato”.

 

En España fue terrible la epidemia de peste de los años 1597-1604 con seiscientos mil muertos.

 

 

El gran descubrimiento del Renacimiento es saber diferenciar cuadros clínicos específicos, que antes estaban englobados en denominaciones genéricas: fiebres pestilenciales. Así por ejemplo se describe el sudor inglés, que debió ser una especie de gripe epidémica. El Tifus petequial, bien estudiado por los médicos españoles Luis MercadoLuis de Toro (de Plasencia); el carácter exantemático le hace diferente de otras erupciones cutáneas. Escarlatina, la influenza o catarro epidémico, el coqueluche o tos convulsiva, la difteria, llamado en España garrotillo por su forma de angina asfixiante.

 

Pero el mal a que más se dedicaron los médicos renacentistas fue la Sífilis (Morbos galticus).

 

No vamos a entrar en la polémica sobre su origen, pero si decir que en el primer tercio del siglo XVI, además de las sales mercuriales, entra en su tratamiento la madera de guayaco o palo santo y para los defensores del origen de la sífilis en las colonias americanas, y el que esta madera mejorará las úlceras o chancros, era prueba evidente de que existía un vínculo sui generis entre el palo santo y la sífilis.

 

El libro de Fracastoro “Syphilis si ve morbos gallicus”, escrito en mil trescientos cuarenta y seis versos, es de una belleza literaria indudable.

 

Paracelso – “El veneno está en la dosis” fue uno de los primeros en usar productos químicos en el tratamiento de la enfermedad. Paracelso rebatió la idea de una sola enfermedad de los antiguos, causada por el desequilibrio de los humores, apuntando que la enfermedad era un proceso local producido, no por los cambios en los humores, sino por agentes –ens– que se encontraban en el mundo mineral, en la atmósfera, en el agua.

 

El médico antiguo tenía que evaluar lo que había en exceso o añadir lo que faltaba, con el sudor, la purga, la sangría y los vómitos. Paracelso intentaba la erradicación de la causa específica. Harvey descubrió que el calor vital de Aristóteles no se engendraba en el corazón, sino en la propia sangre.

 

Para finalizar esta época donde, al final de ella, prima el espíritu de la intransigencia político-religiosa culpable de la liquidación de un cristianismo intelectual y humanista inspirado en Erasmo de Rótterdam, podríamos, hablar de Miguel Servet que esbozó la circulación pulmonar y que, huyendo de la Inquisición española, fue quemado en la Ginebra protestante de Calvino.

 

El hombre moderno sustituye a la fe en Dios por la fe en la Razón. Antes era Dios, ahora se cree que el intelecto humano es un maravilloso instrumento que si lo hacemos funcionar bien nos revela el ser de las cosas.

 

El prodigioso fruto de esta nueva fe fue la ciencia física, química y biológica, que buscó en los fenómenos su naturaleza.

 

El sistema del “Balance of Powers” establece un equilibrio mecanicista entre las formaciones estatales; se camina hacia el concepto de la sociedad de clases. La reforma protestante, sería un nuevo frente al ideal de los Habsburgo del Sacro Imperio. Bajo la hegemonía hispana y la ayuda decisiva de los recursos de las Indias, Felipe II, haría de la Contrarreforma un doble objetivo: La frontera de la Cristiandad contra los turcos, y la frontera de la Catolicidad contra los protestantes. Su sucesor Felipe III, sometido a la privanza del Duque de Lerma, intenta la hegemonía dinástica con el tratado hispano-inglés de 1604, y la tregua de los doce años con Holanda en 1609, y la persecución de la lucha contra los turcos. Felipe IV, y su valido el Conde Duque de Olivares, entra en la guerra de los Treinta años que, con la Paz de Westfalia, pone fin a la hegemonía de los Habsburgos en Alemania y la hegemonía de España como potencia Europea. Serán Francia en el Continente e Inglaterra y Holanda en el Océano quienes se conviertan en árbitros de la nueva Europa.

 

La guerra de sucesión española pone fin a una época belicista y Europa entra en un periodo de paz tras los tratados de Utrecht (1713), Passarowitz (1758) y Nystadt (1721).

 

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En cuanto al pensamiento, surgen en los últimos decenios dos grandes corrientes: El Empirismo, con Bacon y su máxima “saber es poder” que concibe a la experiencia como fuente de conocimiento y criterio de la verdad, tratará de convertir la observación sistemática en un instrumento idóneo para explicar y explotar en beneficio del hombre, el mundo de la materia. El Racionalismo con Descartes (1637) cuya máxima “Pienso, luego existo” apela a la intuición para constituir los principios capaces de guiar la investigación, acudirá a las matemáticas en la búsqueda del orden legal de la naturaleza.

 

Ambas corrientes encontraron su confluencia en Galileo “Mide lo que se puede medir y lo que no se pueda medir, hazlo medible”

 

Por último Newton, insistió en la necesidad de deducir las teorías de los hechos, y no de buscar los hechos en ideas teóricas preconcebidas.

 

La medicina en Europa en la última mitad del siglo XVII y la segunda mitad del siglo XVIII

 

El aislamiento científico impuesto a la medicina Española por la Contrarreforma la convirtió en un reducto del galenismo cerrado a las novedades. Todo lo contrario de lo que estaba pasando en el resto de Europa en donde el siglo XVII y hasta el año 1740, se están construyendo los grandes sistemas de la mentalidad barroca, el iatromecánico, el iatroquímico, las construcciones doctrinales de los grandes sistemáticos, etc.

 

BAGLIVI (1668-1703) La iatromecánica

 

“El médico es un ministro de la naturaleza y si no conoce sus leyes no podrá gobernarla” (De Praxis Médica).

 

Desarrolló su práctica basándose en la iatromatemáticas, que se sirve tanto de la química como de la mecánica.

 

“El arte médico está constituido por la observación y el raciocinio”. Distingue, por tanto, entre una medicina teórica y otra práctica.

 

Baglivi propone la tipología humoral de Galeno sus cuatro temperamentos, pero basado en el estado tensional de las fibras. En cuanto seguidor de Hipócrates, dice que el médico tiene que disecar los cadáveres de los difuntos para encontrar la sede de la dolencia y su causa. Debe considerar con diligencia las heces, la orina, los ojos, el pulso y el rostro, los efectos del ánimo, la índole de la vida, los antecedentes, las aberraciones dietéticas del enfermo. Notará con severa e inconmovible paciencia el progreso de los síntomas y el término de los mismos. Luego, administrando el tratamiento si la enfermedad presente pasa a enfermedad de otra especie.

 

El inglés WILLIAM COLE, propuso una concepción mecánica y química de la fiebre. La materia morbosa (excrementos retenidos, venenos externos, autointoxicaciones por sustancias neoformadas) van acumulándose en sus espacios interfibrilares donde producen un estremecimiento de las fibras (escalofríos) y, una vez incorporado a la sangre, el calor febril. La índole química de las sustancias determina el tipo de fiebre. De ahí el tratamiento: la sangría para disminuir la tensión de las fibras, y la quina para reconstruir su tono.

 

El escocés PITRAIN, hizo mecánicos todos los conceptos de su fisiología. Ejemplo de la fiebre, por el rozamiento de la sangre con la pared vascular por una aceleración de su movimiento. Por ello debe tratarse con sangría.

 

VAN HELMONT (Bruselas 1579- 1644). La causa exógena de la enfermedad. La idea de semilla

 

El lugar que ocupa Van Helmont en la historia de la Medicina, está justificado  por su decisiva ruptura con la antigua teoría de los humores, y por un nuevo concepto de la enfermedad.

 

Ante el concepto de una sola enfermedad por la alteración de los humores, Van Helmont creó el principio de multienfermedad adjudicando a cada enfermedad un agente específico. Partió de las ideas ontológicas o parasitarias de Paracelso.

 

El Concepto antiguo de una sola enfermedad porque un humor se hallaba en exceso o defecto, o desplazado de su lugar normal, o se hallaba alterado en sus cualidades, como la putrefacción, y que la mezcla de estos humores daba al individuo su constitución: sanguíneo, flemático, colérico y melancólico. La causa de la enfermedad se hallaba en el propio hombre. Tenía una causa endógena. El tratamiento tenía que ir encaminado a cambiar o intercambiar humores, alterar su mezcla o a restablecer su armonía (flebotomía, sudoración, purga, dieta). Todo esto se reconoce en la antigua idea del catarro, que significaba el flujo de mucosidades desde el cerebro, a través de loa agujeros de base del cráneo hacia distintos órganos. La acción corrosiva de estas mucosidades explicaba la enfermedad.

 

Van Helmont pensó que no era un factor endógeno (mucus), sino un ser real, una semilla que se introducía en el organismo desde el exterior (causa exógena de la enfermedad) y actuaba en el foco“como una espina clavada en la carne” (espina infixa)

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En el momento que aparece la iatroquímica, seguidor del eclecticismo del Renacimiento en Holanda, se extiende a los Estados protestantes alemanes y a la República puritana de Cromwel. En la Europa latina se trató de una corriente importada.

 

Entre 1651-1672, las Provincias Unidas Holandesas, con una estructura social apoyada en una poderos burguesía urbana, enriquecida por el comercio, y con una vigorosa tradición de libertad y tolerancia, eran el caldo de cultivo para un movimiento renovador.

 

SILVIO, su principal figura, conoció personalmente a Descartes, y debió conocer la obra de Van Helmont. Pero la fermentación de Silvio no tenía el factor fermentún, introducido por Van Helmont, sino que se trataría de una disolución por vía química (saliva, bilis, jugo pancreático). Silvio sigue concediendo al hígado el papel de la hemogénesis.

 

Siguiendo de modo estricto los postulados del método inductivo moderno, propone como criterio básico el estudio de los fenómenos morbosos tal y como aparecen a los sentidos.

 

En la patogenia de las enfermedades desempeña un papel fundamental el trastorno de la fermentación o “acrimonia” que puede expresarse en el exceso de acidez (acrimonia ácida) o de la alcalinidad (acrimonia lixiviosa). Los principales portadores de esta acrimonia son la linfa, la saliva, el jugo pancreático y, sobre todo, la bilis. La fiebre resulta del aumento de la efervescencia de la sangre en el corazón a consecuencia de la acrimonia. Las fiebres malignas son consecuencia de acrimonia lixiviosa y las benignas de acrimonias ácidas. De acuerdo con el portador del trastorno hay fiebres biliosas, pancreáticas, salivales y linfáticas.

 

La enfermedad no era un mecanismo que afecta al cuerpo en su conjunto, sino una reacción local. Tiene lugar entre dos unidades vivas: el huésped y la semilla de la enfermedad.

 

El razonamiento del “peso”, le llevó a la conclusión de que todas las cosas consistían, en última instancia en agua, en vez de los cuatro elementos antiguos.

 

“Plantó un sauce en una cantidad previamente pesada de tierra que regó todos los días con una cantidad previamente pesada de agua; encontró que el crecimiento del peso del árbol, se correspondía con el peso del agua utilizada”.

 

La iatroquimica inglesa

 

Willis (Uvilis como le llama D. Felix Pacheco en su libro) 1621 – 1671

 

Willis rechaza la doctrina tradicional de los cuatro elementos y, basándose en la doctrina atomista de Gasendi, desarrolla una hipótesis según la cual todos los cuerpos están integrados por átomos, corpúsculos indivisibles de diferentes formas geométricas. Dichas partículas se presentan en forma de: spiritus, sulphur, sal, agua y tierra, que corresponden a cada uno de los cinco niveles de destilación, desde la sutileza del spiritu hasta la forma más grosera de la tierra.

 

Las materias nutritivas más sutiles pasan directamente del estómago a la vena porta; las más groseras, del intestino al conducto torácico para llegar a las venas.

 

La formación de la sangre tiene lugar por una fermenttio de dichas materias en el interior de las venas (quedando el hígado fuera de esta fisiología).

 

El cambio de la sangre venosa a arterial es otra fermentatio, que se produce en el corazón por el calor innato.

 

La fiebre está producida por una fermentatio preternaturalis que ocasiona un movimiento desordenado de las partículas y una excesiva efervencescencia de la sangre. Las “intemperies”  resultantes de dicha fermentatio no son tan esquemáticas como las acrimonias de Silvio; las fiebres intermitentes, por ejemplo, pueden deberse a intemperies acres (las tercianas), ásperas y salinas (las cuartanas) o ácidas (las cotidianas).

 

Cree, como Silvio, que los espíritus animales se crean en el cerebro a partir de la sangre arterial por un proceso de destilación y que, a través de los nervios, llegan a los territorios orgánicos para actuar como agentes de sensaciones o movimientos.

 

En España el movimiento de renovación médica estuvo encabezado durante este período por varios seguidores de la iatroquímica. A diferencia de los eclécticos de mediados de siglo, estosnovatores” rompieron abiertamente con la autoridad de los clásicos, y difundieron con gran ardor los nuevos métodos inductivos así como las consecuencias que implicaban las novedades médicas en todos los campos. Los principales “novadores” fueron: Juan Bautista Juanini (1636-1691) y el valenciano Juan de Cabriada. El primero publicó “Un Discurso político y phisico” en 1679, cuyo tema central es el estudio químico de las sustancias que impurificaban el aire de Madrid, y de sus consecuencias sanitarias. Ello le da pie a exponer unas ideas cercanas a Silvio y a Descartes. En un segundo libro “Nueva idea phisico natural” (1685) expone la concepción de la “fermentatio” como proceso químico y dinámico elemental.

 

Juan de Cabriada es autor del auténtico manifiesto renovador de los iatroquímicos españoles“Carta philisófica médico-química” (1687). Las fuentes son Silvio, Bacom y Descartes, así como Boyle y Sydenham. En su texto Cabriada denuncia el atraso español, y propone un lúcido programa para superarlo. Muy directa fue su influencia en un grupo de novatores sevillanos que fundan la Regia Sociedad Hispalense de Medicina y otras Ciencias (1697).

 

Como movimiento renovador, basado en la iatroquímica que aspiraba a integrar en un sistema médico moderno todas las novedades, encontró la oposición de los que seguían aferrados a las doctrinas tradicionales.

 

Pero con la aplicación de la nueva química a la medicina, no solo era incompatible con la iatroquímicas, sino que debido a sus fundamentos mecánicos, era más conciliable con la iatromecánica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La nosografía moderna

 

SYDENHAM-1624

 

Su método nosográfico significó, entre otras cosas, prescindir de las hipótesis fisiológicas, fueran estas galénicas o intromecánicas.

Para Sydenham, la enfermedad no es otra cosa que el esfuerzo de la naturaleza para exterminar la materia morbífica. Por lo tanto en la enfermedad hay que distinguir: las causas y el proceso morboso. Para la Medicina tradicional, el proceso morboso es un “pathos”, una afectación pasiva, para Sydenham, es una afectación activa, un esfuerzo de la naturaleza. Sigue por una parte la Medicina antigua en los síntomas de la enfermedad, pero con las ideas de Bacom. Es el médico nosólogo sydenhamiano y nosógrafo galénico.

 

 

Los grandes sistemáticos

 

BOERHAAVE (1668-1738). República Holandesa.

 

Es un seguidor de Hipócrates en su espíritu de observación y del razonamiento, pero contrario a Galeno, todavía influyente, en el movimiento y en la formación de la sangre.

Fue un ecléctico, cuya doctrina se resume en su diseño del currículum médico: el estudiante debería comenzar con el estudio de las matemáticas, la mecánica y la hidraulica, para aplicarse después al estudio de la botánica y la química, tras lo cual se encaminaría a la anatomía y la fisiología, para poder llegar a la patología y la terapia.

 

GEORG ERNST (1659-1734) y FRIEDRICH HOFFMANN (1660-1742)

Sus obras: Theoria Medica Vera Medicina Racionalis Systematica tienen el mismo diseño que el Canon de Avicena, divididos en cuatro apartados:

  1. Res naturales o fisiología
  2. Res non naturales, en donde dan cuenta de sus observaciones sobre higiene.
  3. Res contranaturales, la patología fisiológica
  4. Stahl termina su obra con una sección sobre los principios de la terapia y añade una quinta sección de patología especial y terapia.

 

Ambos fueron catedráticos en la Universidad de Halle (Alemania). En 1668 escribe Hoffmann su trabajo “De insufficientia acidi y viscidi” contra la teoría iatroquímica de la enfermedad que había expuesto el médico holandés Cornelius Bontekoe (Bontecoe en el libro de D. Félix Pacheco)

 

Discours de le Méthode de la influencia de las emociones en el cuerpo, enseñó a considerar el cuerpo como una máquina.

 

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El mismo título del libro de D. Félix Pacheco Ortiz “Rayos de la luz práctica” nos da a entender que la razón va a ser la luz que guíe el pensamiento de nuestros intelectuales en al último decenio del siglo XVII como preludio de los ilustrados del siglo XVIII. El buen uso de la razón, la seguridad en los criterios, es el único asiento para el progreso y la felicidad. Esa“felicidad sobre la tierra” que es para Hazerd el supremo desideratum del hombre de la Ilustración.

 

 

La medicina en España durante el siglo XVII

 

Siguiendo el esquema de López Piñero, distinguimos tres periodos en el campo de la medicina del siglo XVII:

 

Un primer periodo, que abarca los tres primeros decenios del siglo, en el que existe un continuismo de la tradición renacentista, con algun rebrote de eclecticismo, pero sin incorporar grandes hallazgos de la ciencia europea. La fundamentación de la astronomía con Kepler y Galileo, la transformación de la alquimia en química, la nueva biología de los microscopistas clásicos, la introducción de la patología introquímica frente a la galénica, etc.

 

El segundo periodo, cronológicamente los cuarenta años centrales, supone la división en dos grupos de los científicos españoles: los intransigentes que mantienen, a pesar de todo, los puntos de vista clásicos (aristotelismo y galenismo en su forma más radical), y los moderatos que, aún manteniéndose en los esquemas tradicionales, intentan introducir en ellos las realidades que ya son incuestionables: la circulación de la sangre, la iatroquímica, la iatromecánica, el heliocentrismo (más o menos encubierto)

 

El tercer periodo, que abarca los últimos decenios, se caracteriza por la aparición de los novatores. Se trata de un grupo de científicos que toman conciencia radical del atraso en que se encuentra España en relación con la ciencia europea y propugnan, por diversos medios, la ruptura con la tradición, y la incorporación de las nuevas corrientes que campean en Europa: El empirismo, el método inductivo y la expresión de la realidad en lenguaje matemático.

 

El empirismo, la experiencia, y la observación son el fundamento de todo conocimiento que aspire a ser científico. En 1687, Juan de Cabriada escribe “es regla asentada y máxima cierta… que ninguna cosa se ha de admitir por verdad en el conocimiento de las cosas naturales, si no es aquello que ha mostrado ser cierto la experiencia mediante los sentidos exteriores.

 

Ha llegado el momento del revisionismo a las doctrinas de  los grandes sabios antiguos. Lo que habían escrito Galeno, Alberto Magno o Santo Tomás de Aquino no admitía discusión, porque nadie podía pretender igualar su sabiduría y cualquier pretensión comparativa era, por lo menos, presuntuosa, y cualquier tesis contraria a la de las mayores autoridades del mundo era errónea.

 

La idea que ahora predomina es no fijar el grado de los conocimientos o de los criterios en el nivel que marcaron los grandes hombres del pasado, pues eso sería negarnos a todo progreso.

 

Esta ciencia nueva que ahora surge en España no solo aspira a ser distinta de lo anterior, sino que va en contra de la anterior.

 

La libertad de pensamiento – Ya Carlos II mediante un Real Decreto en 1696 restringió el alcance de las atribuciones de la Inquisición. Y no podía ser de otro modo ante los cambios que se estaban viendo venir. En 1687 en la Carta que publica Juan de Cabriada, se puede leer “Solo mi deseo es que se adelante el conocimiento de la verdad, que sacudamos el yugo de la servidumbre antigua para poder con libertad elegir lo mejor… que es lastimosa y aún vergonzosa cosa que, como si fuéramos indios, hayamos de ser los últimos en recibir las noticias y las luces públicas que ya están difundidas por toda Europa.” Todo el pensamiento de la época está aquí condensado: el progresismo, el rechazo de la tradición, la queja contra la servidumbre antigua, la alabanza a las luces, el complejo de inferioridad español y el mito de Europa.

 

Si la razón y la experiencia son las fuentes más ciertas de criterio, ambas confluyen en un elemento común: La naturaleza con sus leyes observables e invariables. A lo razonable ha de unirse lo natural en todas las parcelas de la consideración humana, para ser correcto.

 

Todas estas ideas nuevas de la razón, experiencia, independencia de criterio, la naturaleza como maestra suprema, no es raro que chocaran violentamente con la de muchos conservadores y que fuesen calificados por estos de peligrosas y aún de heréticas.

 

López Piñeiro explica por qué la Medicina fue la ciencia que pudo romper más fácilmente con la tradición: no había una medicina aristotélica como sí hubo una Cosmología o una física aristotélica. Con todo, si no Aristóteles, Galeno era también un poderoso baluarte del principio de autoridad, si bien los antigalenistas, que ya contaban con una tradición que venía de bastante atrás, no fueron casi nunca perseguidos por sus ideas; si, por supuesto por las escuelas partidarias de la vieja medicina.

 

El nombre que acabó designando a toda esta pléyade de preilustrados de fines del  siglo XVII fue el de “novatores”, una palabra que en principio se tomó como peyorativa, pero que sirvió inesperadamente para aglutinar a una serie de hombres que tal vez de otra forma no hubieran descubierto que entre ellos, por distintas, que fueran sus disciplinas, había algo en común. Un novator es un científico, o aficionado a las ciencias que no se resigna a los principios o a los métodos trillados, a mantener invariable el conocimiento anclado en el argumento de la autoridad, en la tradición, o en el cómodo sofismo del “siempre se ha dicho”, que ve con gusto las novedades científicas y que adopta, armado de su nueva concepción científica, una actitud militante frente a los rutinarios y los conservadores. Pero no es que fueran antigalénicos, esparigíricos o iatroquimicos, sino que defendieron al hombre de ciencia en general.

 

Un último rasgo en los novatores es el uso del castellano. Frente al latín, que utilizaron los doctos universitarios, escriben sistemáticamente en castellano para alcanzar una mayor difusión social entre sus lectores y la utilidad, ya lo hemos observado, es uno de los valores mas representativos en la nueva actitud científica.

 

Al no poder expresarse abiertamente en las Universidades, los novatores tuvieron que buscar la protección de nobles y clérigos de mentalidad preilustrada y agruparse en tertulias independientes o en torno a un mecenas. Sin este mecenazgo hubiera sido más difícil el nacimiento de las nuevas escuelas, su mantenimiento como tales y la publicación de sus escritos. Surgen así las Academias.

 

Tres rasgos distinguen a estas Academias de las antiguas: su carácter semioficial, su sentido organizativo distinto al de la espontaneidad con que surgieron las tertulias renacentistas, y, en último lugar, la de defensa de  unos principios.

 

Fue posiblemente D. Juan José de Austria a través de su médico Juanini con su “Nueva idea phisica y natural (1685), en donde relaciona la medicina con la química, la física y las ciencias naturales, y que estudió con buen criterio científico las reacciones entre los ácidos y los álcalis, quien mayor apoyo diera a estas Academias.

 

Real Academia de Medicina de Sevilla.

 

Aislada España intelectualmente, sólo dos vías hacían posible la introducción de las novedades científicas: los informes proporcionados por los viajeros, y los libros procedentes del extranjero. Sólo los italianos, por nuestra presencia allí, contribuyeron en el primer caso. Los libros que entraban en España tenían que pasar un doble filtro: La Inquisición y la dificultad del idioma en que estaban escritos; son asequibles los escritos en francés o italiano, pero los ingleses había que leerlos en sus traducciones al francés. Como ejemplo, en 1691 la Inquisición de Sevilla detuvo a Juan Cruzado de la Cruz, clérigo de órdenes menores, y encontró 1.125 volúmenes, en inglés, francés, italiano y holandés, con temas de Erasmo, Descartes, Gasseudor, Hobbes. (Juan Ramón Zaragoza Rubira)

 

También la producción propia de libros es importante en este final de siglo. López Piñeiro, realiza un examen de los libros publicados en el reinado de Carlos II. Del examen de 356 obras relacionadas con la ciencia y la técnica, encuentra que 42 corresponden a matemáticas, 44 a astronomía y astrología, 32 a geografía, 10 a ciencias náuticas, 6 a filosofía natural, 6 a física, 4 a mineralogía, 6 a historia natural, 21 a farmacia, 3 a veterinaria, 3 a ingeniería civil, 10 a ingeniería militar y 164 a medicina o ciencias afines.

 

Este panorama es un indicio de inquietud por los saberes de la medicina, manifestado unas veces de forma didáctica y otra en forma de polémicas.

 

¿Cuáles fueron, entonces, los vehículos elegidos por los novatores para impulsar la reforma científica en España? Fundamentalmente dos: las publicaciones de libros y folletos, y las nuevas instituciones científicas, las tertulias.

 

 

El libro que nos llama la atención es “El discurso político y phisico” de Juan Bautista Juanini, publicado en 1674. Aunque la obra citada trata formalmente de las causas que impurificaban el aires de Madrid, y los remedios para atajarlas, aprovecha para denunciar temas muy concretos del estado de la ciencia en España, y la necesidad de su renovación e incorporación a Europa.

 

Otra figura importante de los novatores fue José Lucas Casalete, único de los novatores que ocupó una cátedra universitaria en la Facultad de Medicina de Zaragoza. Casalete estableció una nueva teoría, de base iatroquimica, sobre el abuso del empleo de la sangría. Rápidamente surge la reacción institucional en los catedráticos de Medicina de Salamanca, Alcalá, Valladolid, Valencia, Barcelona, Lérida y Huesca, calificándola de “falsa, errónea, temeraria, perniciosa para la salud pública, indigna de tan grave autor, irracional, absurda (…) por ser opuesta a la doctrina de Galeno.

 

 

Pero la obra que marca más obviamente el programa de los novatores es “La Carta Filosófica médico-chymica” de Juan de Cabriada (publicada en 1687). En esta obra, Cabriada contrapone la experiencia a la autoridad de los antiguos, ensalzando el descubrimiento de la circulación de la sangre, propugna una medicina con base iatroquimica y documentada en los descubrimientos anatomopatológicos.

 

En Sevilla a partir de 1697, se reúne en casa del médico Juan Muñoz y Peralta, la Veneranda Tertulia Hispalense, que en 1700 se convertirá en la Regia Sociedad Hispalense de Medicina y otras Ciencias, al aprobar Carlos II sus constituciones. Este reconocimiento Real, le puso a cubierto de los  dogmáticos y permitió su continuidad.

 

 

 

 

ESPAÑA EN EL REINADO DE CARLOS II

 

Como se ha dicho anteriormente, desde la claudicación de Westfalia en 1648, y cuando los Estados europeos intentan crear una política basada en el equilibrio de poderes, en España campea la corrupción en todos los ámbitos de su gobierno. La pérdida del ideal, los españoles ya no quieren nada, y ni siquiera quieren querer algo. Nunca hubo en un pais una visión tan clara del mecanismo de su decadencia y, al mismo tiempo, una incapacidad tan manifiesta para poner remedio a tal decadencia.

 

La época de Carlos II sería una de las más vergonzosas, si no la más vergonzosa, de los capítulos de la historia de España. Con una nobleza incapaz y cobarde, una sociedad pervertida, un ejército desmoralizado que solo cosecha derrotas, una economía catastrófica y una falta de visión política que afecta a la existencia de la propia monarquía como Estado.

 

Unas coplillas que se hicieron populares en el Madrid de 1691 nos dan idea de la debilidad política de este reinado:

“Ay de ti, España oprimida

     En tan liviano govierno

     Ay de ti, Reyno sin Rey

     Y, ay infeliz Rey sin reyno (sic)

 

España que había hecho gala de un proceso creador incommensurable en épocas anteriores, se ve abocada a la apatía. Es como si los españoles hubieran perdido, de pronto, toda su capacidad creadora. Ni en el campo del pensamiento, en donde las nuevas ideas de Hobbes y Locke están creando un nuevo concepto del Estado, ni en la literatura, ni en las artes y el derecho, hay un español con renombre.

 

Las causas primeras que llevan a España a esta situación de crisis y aislamiento intelectual, bien estudias por Marañón y López Piñero, son dos:

 

La primera, el descubrimiento y la posterior conquista de América que no sólo obliga a hacer un esfuerzo imponente en todos los sentidos, sino que además obliga a potenciar los saberes aplicados: la náutica, la ingeniería naval y militar, la cirugía, etc, en detrimento de las bellas artes y las ciencias puras.

 

La segunda razón, la Contrarreforma, aprobada en el Concilio de Trento que da los máximos poderes a la Inquisición, para el control de la formación de nuestros científicos, prohibiendo muchos libros, sobre todo los editados por la Universidad de Marburgo, fundada por Felipe de Hesse que encabezó la lista de príncipes rebeldes contra Carlos V, o los de la Universidad de Leiden controlada por los calvinistas, y en donde era profesor Franz de le Boé (Silvio).

 

Para poder darnos cuenta de la inestabilidad social que existía en la España de finales del XVII y, consiguientemente, la corrupción a que daba lugar en todos los estamentos y, en especial, en la medicina, nos servirá como ejemplo un largo proceso contra dos médicos fundadores de la Regia Sociedad Hispalense de Medicina.

 

Si el descrédito profesional no le vale a la medicina conservadora para terminar con los médicos “novatores” y las Sociedades fundadas por ellos, no le queda más remedio que el desprestigio personal de los mismos a través de denuncias ante el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición.

 

No olvidemos que durante el siglo XVII muchos de los médicos españoles eran judíos. Se decía de ellos que “quintaban” a los enfermos cristianos; o sea, que de cada cinco sacrificaban a uno. Por eso durante mucho tiempo todos los médicos estuvieron bajo el prejuicio “ex genere iudaerum”.

 

Al filo del siglo XVIII, Muñoz y Peralta publica su famoso “Escrutinio Phisico Médico de un peregrino especifico de las Calenturas Intermitentes  y otros Achaques, motivo de un libro que escribió el Doctor Joseph Colmenero, dignísimo Caedrático de Prima en la Insigne Universidad de Salamanca…Salamanca 1699”. El Doctor Colmenero llega a decir: “Que peca mortalmente quien usa de los polvos de la corteza de Quina.”

 

Pasa el tiempo, y en 1725, llega el Tribunal del Santo Oficio, una doble denuncia. En ella se decía, que Don Diego Matheos Zapata y Don Juan Muñoz y Peralta“seguían observando la ley mosaica”. El proceso contra estos dos médicos lo llevó el médico inquisitorial Don Francisco de Carvajal, natural de Llerena, en el cual escribe un Memorial en el que dice: …de la mala raíz de los médicos judaizantes, enemigos de los cristianos”. En 1730, tras cinco años de angustia, los dos médicos quedan libres, y se les restituye a sus cargos de Médicos de Cámara.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Panorama político europeo en el Siglo XVIII, la Ilustración

 

Europa entra en el siglo XVIII con la configuración de los nuevos Estados Europeos Modernos, eso sí, con distintos regímenes políticos que configuran un gran arco, que va desde la Monarquía Absoluta de Francia hasta la Monarquía Parlamentaria de Inglaterra.

 

Las guerras que se han mantendio durante todo el siglo XVII, hasta llegar a esta configuración, han dejado una Europa devastada que necesita la recuperación inmediata para poder mantener este status quo. Sugieren los políticos europeos que debe primar un sistema en el cual sea la diplomacia la que resuelva todos los problemas que surjan entre los Estados. Con esta idea se acuña la expresión “Equilibrio europeo”.

 

Será en las negociaciones de las distintas potencias para poner fin a la Guerra de Sucesión española donde se haga firme esa política, la cual será refrendada en la Paz de Utrech. Este “Equilibrio Europeo” durará hasta la Guerra de Sucesión de Austria de 1740, en donde nuevamente se enfrentan las potencias europeas y que  terminará con la Paz de Aquisgrán de 1748.

 

Seguirá una época de paz hasta la Guerra de los Siete Años de 1756, entre Francia e Inglaterra, por el dominio de las colonias de Norteamérica; hasta que se suscriba la Paz de París de 1763.

 

La consecuencia de la Guerra de los Siete Años tuvo en la Europa Occidental unos efectos muy importantes para su futuro. La recuperación de la Hacienda Pública en Inglaterra y Francia exigía, ante todo, una mayor recaudación impositiva. Como el nuevo hecho del aumento de la presión fiscal no hubiera sido suficiente o no fuera posible, se acudió a la ampliación de la recaudación a nuevos sectores: Inglaterra pensó en los prósperos colonos de América y Francia en la nobleza y el clero. La negativa en ambos casos derivó hacia una discusión que supuso el germen de dos acontecimientos con los que se cierra la Ilustración: la Revolución Americana y la Revolución Francesa.

 

Los Estados que no eran  grandes potencias, y no podían influir en dicho “equilibrio europeo”, tuvieron que ir a remolque de la política que las grandes potencias dictaban. Esto es lo que ocurre en España cuando Luis XIV de Francia impone como sucesor de Carlos II a su nieto Felipe de Anjou, y se ratifica en el Tratado de Utrech por las otras grandes potencias. Consecuencia de este periodo pacifista fue la aparición en Europa de toda una doctrina en la que el hombre vuelve a sentirse seguro y a creerse capacitado para resolver, por sí solo, los problemas concretos de la existencia humana; y se despiertan en él las ganas de vivir en este mundo y de gozarlo. Todo será encaminado a la felicidad del ser humano. Estamos hablando de la Ilustración.

 

Pero el ilustrado se encuentra con un mundo ya ocupado por ideas e instituciones que no tiene fundamento racional, que son los prejuicios. Éste es el obstáculo mediato y directo de la Ilustración. El obstáculo mediato e indirecto es la base de dichos prejuicios: la tradición y la autoridad. Pero, la tradición y la autoridad con una visión amplia: la Monarquía, la Iglesia, las Ciencias, etc.

 

La Ilustración necesita a un rey Absoluto porque desconfía del pueblo, ya que éste “no tiene luces para poder gobernar”. Pero el origen del monarca ya no es un derecho divino, porque ese derecho no puede ser controlado por la razón. A la autoridad de la Iglesia, opone la Ilustración la luz de la razón.

 

A los seguidores de Descartes se les llamaba, en Francia y en España “libertinos” o “cartesianos” (por la transcripción al latín de Descartes en Cartessius), y en Inglaterra, “librepensadores”. Además, con el lema del “Despotismo ilustrado”, “todo para el pueblo pero sin el pueblo”, hace que el Estado, encarnado en el Rey, atiende todos los menesteres necesarios para que el hombre pueda ser feliz: la educación, la sanidad, etc.

 

No es incumbencia de este trabajo realizar una exposición pormenorizada de la ilustración, pero creo que era necesaria esta pequeña exposición para poder entender la actitud del reinado de los Borbones y, consecuentemente, la repercusión de su política en lo que hemos llamado “novatores”.

 

Felipe V, a su llegada a España, quiere imponer la política absolutista de su abuelo Luis XIV: Centralismo del Estado, con la abolición de los Fueros (sólo respetó la del Pais Vasco, por la ayuda que le habían prestado los vascos contra los Austrias), prohibición del catalán como idioma cooficial, etc.

 

Pero, en el terreno que a nosotros nos interesa, en el científico, su postura centralizadora conlleva el control de las  Academias. Pone al frente de ellas, como presidentes, a sus asesores más íntimos (los Médicos Primarios de Cámara, en el caso de las Academias de Medicina).

 

En el caso de la Regia Sociedad Hispalense de Medicina, nombra presidente de la misma al Doctor Higgins, Médico de Cámara de los Reyes.

 

En el segundo matrimonio de Felipe V, con Isabel de Farnesio, acompaña al séquito de la Reina, el doctor Cervi, médico nacido y formado en la ciudad de Parma. Requerido por la Reina en 1717, se aposenta definitivamente en la Corte. De inmediato se le concede el título supremo de Consejero y Meritísimo Médico Primario del Rey y de la Reina.

 

Antes de los dos años se le nombra Protomédico de Castilla. Examinador Mayor y Presidente del Protomedicato, Protomédico General del Ejército de Cataluña y Supremo Protomédico de España.

 

Cervi se toma en serio sus cargos y, desde su gabinete, redacta reglamentos y ordenanzas, dejando en manos de los otros médicos de Cámara, entre ellos D. Juan Muños de Peralta, fundador de la Veneranda Tertulia Hispalense, y D. Diego Mateo Zapata, socio de la misma, el cuidado médico de los Reyes y los Infantes.

 

El Doctor Cervi, había sido admitido como socio de la Regia Sociedad Hispalense de Medicina, dos o tres años después de su llegada a España. Cuando cesa el Doctor Higgins como presidente, le corresponde el cargo a otro Médico Primario de Cámara del Rey, el doctor Suñol, como más antiguo médico de Cámara y de la Sociedad. Pero los socios, viendo mejores perspectivas en el Doctro Cervi, se saltan las reglas y le nombran presidente, con el añadido de perpetuo.

 

Polémicas médicas en el Siglo de las Fiebres

 

El período que comprende la segunda mitad del siglo XVII, y algo más de la mitad del siglo XVIII, y que conocemos como Pre-ilustración e Ilustración, se le ha intentado dar en la historia de la Medicina el nombre de “Siglo de las Fiebres” por los numerosísimos escritos y polémicas que suscitó el tema de las fiebres en estas fechas.

 

El libro de Don Félix Pacheco Ortiz entra a formar parte de esta larga cadena de réplicas y contrarréplicas de las que ya hemos hablado. El título, “Rayo de Luz Práctica”, resume las intenciones de los médicos progresistas de la época: la Luz de la Razón. No olvidemos que estamos en el Siglo de las Luces, y la práctica de la medicina al servicio del ser humano. El contenido del libro: la defensa a ultranza de su maestro Don Luis Enríquez, y el apoyo de una nueva hipótesis de base iatromecánico del Doctor Martín Martínez, y la refutación más radical a la réplica que hace el médico de Guadalupe, el Doctor Don Francisco Sanz con su libro “Medicina Práctica de Guadalupe”.

 

Debemos añadir que aunque se trate de una polémica sobre un tema puntual, en el fondo se trata de un enfrentamiento entre una nueva visión de la ciencia, apoyada en la Razón, y el conservadurismo de las instituciones, apoyado en los dogmas canónicos de Aristóteles y Galeno.

 

El porqué Don Félix Pacheco Ortiz defiende algunos puntos iatroquímicos de su maestro, próximos a los defendidos por el doctor Sanz, nos lo deja claro en su libro:

 

Según su maestro, “Fiebre es una fermentación preternatural de la sangre que frecuenta preternaturalmente el pulso. (…) El recentísimo Sanz, en abono de su definición en que (como queda dicho) conviene con los más de los Modernos, hasta omitir las circunstancias (que juzgo precisísima) de la alteración del pulso.”

 

A esto se le llama hilar fino. Han pasado algunos años, y la iatroquímica que fue la base de la sustentación de las hipótesis de los médicos progresistas, se ha venido abajo con la nueva Química de Boyle.

 

Don Luis Enríquez defendió en su época lo más novedoso, las Hipótesis de Willis y Silvio, y se enzarzó en una polémica con los dogmáticos en torno al tema, que comenzó y acabó como sigue:

 

En 1697, publica Don Salvador Leonardo de Flores un libro con el título “Método racional en la curación de las calenturas tercianas”, donde aconseja el uso de los polvos de la corteza de Quina, y eméticos antimoniales. Rápidamente, surge una cadena de escritos, unos apologéticos y otros refutatorios. Entre los segundos, uno del doctor López Cornejo, Catedrático de Prima de la Universidad de Sevilla, con el título de “Galeno Ilustrado”, en donde refuta el uso de medicamentos químicos, y en especial, el Antimonio, por gravemente perjudiciales.

 

La respuesta de Don Leonardo de Flores no se hace esperar, y publica el libro “Antiopología Médica”, en defensa de su tesis.

 

La polémica se alarga, apareciendo, como ya hemos dicho, escritos a favor y en contra, y algunos en verso, como el “Romance jocoserio a el Doctor Juan Barragán Fraile…en el que se responde a un papel en forma de carta pacífica, sacó a la luz el nombrado sujeto, contra el Doctor Alonso López Cornejo…compuesto por un afecto a la verdad”. Una de sus cuartetas dice así:

 

     “Es rara su habilidad

     y es sin exemplar el caso

     que juzgue a los vivos muertos

     y a los muertos crea sanos “

En 1708, Don Juan Muñoz y Peralta toma cartas en el asunto con su obra ”Respuesta piadosa al Doctor López Cornejo”

 

El Doctor López Cornejo, para quien la química es cosa demoníaca y herética, el Antimonio un veneno, lo misma que la Quina y el opio; no quiere saber nada de David Martinus de los Ácidos y los Álcalis, y llega a insultar a Don Salvador Leonardo de Flores, cosa que Muñoz y Peralta no perdona:

 

 

“Si persiste en su actitud y ataca a los socios, con esas indecentes voces, entonces no podrá la pluma detenerse.”

 

     Seguirán otras obras, hasta que en 1713 Don Luis Enriquez escribe su libro “Juicios sin pasión (:::) y escríbelas Don Luis Enriquez, médico de la Villa de Cazalla de la Sierra” Juan de la Puerta Sevilla.

 

Otra polémica que se hizo famosa en los medios científicos de finales del XVII y principios del XVIII, fue la de don José Lucas Casalete, quién ocupó una Cátedra en la Universidad de Zaragoza. Estableció una nueva teoría, de base iatroqímica, sobre el origen y el tratamiento de las fiebres, enfrentándose con los conceptos galénicos y, en especial, sobre el abuso en el empleo de la sangría. Rápidamente los catedráticos de Medicina de Salamanca, Alcalá, Valladolid, Valencia, Barcelona, Lérida y Huesca, calificaron sus teorías de “falsas, erróneas, temerarias, perenciosas para la salud pública, indignas de tan grave autor, absurdas… por ser opuestas a la Doctrina de Galeno.”

 

Fue defendido por Juanini en su nueva “Idea Física Natural” de 1685, en donde estudió, con buen criterio científico, las reacciones entre los Ácidos y los Álcalis. También fue defendido por Juan de Cabradia que, en su “Carta filosófica médicochymica” de 1687, contrapone la experiencia a la autoridad de los antiguos, ensalza el descubrimiento de la circulación de la sangre y, propugna una medicina con base iatroquímica.

 

Es de todo punto revelador del estado de los conocimientos médicos a principio del siglo XVIII, la contestación de Feijoo a una carta defensiva de la medicina del profesor Martín Martínez, que enseñaba Anatomía en el Hospital de Madrid. Dice así:

 

“Debería confiar el mundo en los médicos cuando estos desconfíen de si mismos. Entra el médico en el cuarto de un enfermo y a dos palabras de informe que le oye, empieza a hacer una descripción exacta de la enfermedad, averigua su esencia, deslinda sus causas, señala el foco, explora como se hace la fermentación, dónde y porqué conducto la excreción, explica el análisis de la materia pecante hasta determinar la configuración de las partículas que la componen, con otras mil cosas que omito, y todo esto con tanta confianza que si fuera para sus propios ojos perfectamente diáfano el cuerpo del doliente.

     La medicina es acreedora a que usted la ilustre con sus excelentes libros, prosiga Usted en purgar su arte de varios errores. Los demás médicos son lo únicamente de los hombres. Usted es médico de los hombres y es también médico de la Medicina.”

 

Dicha diatriba debió calar muy hondo en el espíritu científico del Doctor Martín Martínez, ya que poco después publica su “Medicia Scéptica”, en donde, su mismo título lo indica, adjura de todas las hipótesis esbozadas en la última mitad del siglo XVII, se hace seguidor de Syndeham y los sistemáticos, pero crea, como ellos, una medicina de base iatromecánica, recurriendo a Hipócrates, sobretodo a sus Aforismos, en muchas de sus páginas.

 

Del Doctor Martín Martínez sabemos que fue Médico de Cámara del rey y que, además de “Medicina Scéptica”, escribió los siguientes libros:

 

Anatomía completa, un tomo

Philosofia Scéptica

Cirugía Moderna, separada

Examen de Cirujanos

Torre de Medicina

Luz de verdades Cathólica

Luz de la fé y de la Ley

Vocabulario de Antonio Nebrija

Práctica de Rentas Reales añadida

 

Posiblemente quien mejor describa esta época de confusionismo por querer explicar toda la Medicina, con el sólo apoyo de la Razón, es el portugués Ribeiro Nunes de Sánchez (1699-1783). Discípulo de Boerhaave y médico de la Zarina Catalina II de Rusia, Ribeiro opina que, en la primera mitad del siglo XVIII, la medicina se encontraba en un estado de completa confusión por la obcecación de querer explicar las causas íntimas de las enfermedades, con tantas hipótesis o principios: galénicos, empíricos, árabes (Canon de Avicena), iatroquímicas e iatromecánicas, olvidándose de que la verdadera misión del médico es la curación o alivio del enfermo.

 

Debe llegar Syndeham y, poco después, los tres grandes sistemáticos, Boerhaave, Ernst y Hoffmann, para sacar a la medicina de ese marasmo de hipótesis, y hacer realidad una Medicina Práctica que ayude a la felicidad del ser humano, máximo desiratum de la Ilustración.

No pasa mucho tiempo desde la publicación de la “Medicina Scéptica” del Doctor Martínez, para que aparezca la réplica por parte de Don Francisco Sanz de Guadalupe en el libro intitulado“Medicina Práctica de Guadalupe. En Madrid: En la Imprenta de Domingo Fernández de Arrojo, Año de 1730.”

Una vez entablada la polémica, surgen otros libros apoyando o refutando las hipótesis de uno o de otro. Entre ellos está el Doctor Pacheco Ortiz “Rayos de Luz Práctica” en el que apoya las hipótesis de base iatromecánicas y escéptica del Dr. Martínez y critica la hipótesis del Dr. Sanz de Guadalupe de base iatroquímica y doctrina galenista.

Oct 012007
 

Jennifer Rol Jiménez.

Durante los últimos años venimos asistiendo a un desarrollo casi espectacular de espacios museísticos de ámbito regional y local, de carácter principalmente etnológico e histórico en Extremadura. Estos museos, entre otras cuestiones, se caracterizan, o al menos esa ha sido y continúa siendo la tendencia, por prestar una atención preeminente a la animación participativa y comprometida del público así como a mostrar unas señas de identidad determinadas. De manera que pueden verse ligados a un elemento enormemente interesante, que es el despertar de la conciencia colectiva sobre la realidad del propio patrimonio cultural, o, lo que es lo mismo, el hecho de que en la región extremeña cada día sean más sensibles ante su propia realidad y su identidad cultural.

Es a partir de este hecho identitario desde el que nos planteamos el estudio de un nuevo marco socio-cultural y económico, cuyo marco espacial se va a ajustar a la región extremeña, siendo abarcado temporalmente desde la nueva concepción museística surgida hace varias décadas.

Por otro lado, debemos señalar que los museos, exponentes únicos de la diversidad cultural, se ven inmersos en la actualidad en una sociedad postmoderna y global, la sociedad en la que nos sumergimos, nuestra sociedad. Esta situación ha tenido una gran ventaja como es la mayor comunicación gracias al avance de las tecnologías de la información y la comunicación. La labor de los museos viene siendo fundamental y sus piezas o colecciones son un recurso para la creatividad humana que debe facilitar su uso para el progreso de las diferentes comunidades, interpretando las viejas y nuevas culturas desde la tolerancia y la interculturalidad, hecho que venimos comprobando se produce a través de la emergencia de museos etnográficos en nuestra región.

Para poder abordar este aspecto a través de las siguientes páginas, debemos señalar que la sociedad extremeña está compuesta por un conjunto de rasgos culturales que pueden considerarse como diversas formas de vida materiales, sociales y simbólicas, entre otras formas, convirtiéndose la cultura en uno de los atributos que caracteriza al ser humano, siendo un instrumento o herramienta que el hombre va a utilizar para adaptarse al medio en el que vive y que al mismo tiempo será lo que le confieran unas determinadas señas de identidad. Por su parte, hoy en día, los museos etnográficos se han convertido en un lugar donde se conserva la cultura, más allá de ser un sitio donde se almacenan o muestran diferentes obras y objetos del patrimonio. Algunas de sus funciones han adquirido en la sociedad actual unas dimensiones casi desconocidas en comparación con las funciones tradicionales y convencionales que históricamente ha venido asumiendo la museología tradicional.

Por otra parte, el patrimonio, ya sea cultural, natural o ambiental, tangible o intangible, es una realidad única de la región extremeña, aunque diversa. Esta aparente paradoja se explica por la unicidad que aporta el concepto de patrimonio y la diversidad que corresponde a las numerosas realidades que lo comprenden. De este modo, todo puede ser patrimonio, pero únicamente lo es aquello que ha pasado por lo que denominamos proceso de patrimonialización. Esto significa que para que esa parte de la cultura, de la naturaleza o del medio ambiente se convierta en patrimonio, debe haber experimentado un proceso de adhesión por parte de determinados individuos o grupos. En lo que se refiere al patrimonio cultural hablamos de un proceso de patrimonialización de la cultura de una sociedad concreta con unos determinados rasgos que la van a identificar.

Desde el punto de vista antropológico, el significado del término patrimonio cultural parece girar en torno a interpretaciones positivas, que nos sugieren riqueza material o simbólica, prestigio o beneficio. Sin embargo, todo lo que tiene de positivo el término lo tiene de impreciso e, incluso, indefinido. Podríamos decir que su interpretación social está marcada por una visión histórica y legislativa. Esto significa que cuando hablamos de patrimonio, enseguida lo vinculamos al pasado, en relación directamente proporcional al paso del tiempo, de manera que se aumenta el valor del patrimonio en relación al prestigio que el tiempo concede. También debemos recordar que el patrimonio, por sí mismo, carece de todo tipo de valor. En realidad, es el ser humano el que se lo confiere y, por eso, los valores cambian en función del tiempo y de los diferentes contextos culturales desde los que se analicen. De este modo, la dimensión social y humana del patrimonio cultural son tan importantes que, sin ellas, el patrimonio carecería de valor y, por tanto, de sentido.

Podemos considerar la necesidad de valorar lo cotidiano como sustrato para la construcción de una cultura presente, que da cuenta de formas de comportamiento, de hábitos culturales, de modos de pensamiento y, en definitiva, de unas formas características de cultura que podemos, desde el presente, comprender a partir de una gama de matices no difuminada por el paso del tiempo.

Por otra parte, la dimensión social del patrimonio, es decir, la imposibilidad de que exista una cultura sin patrimonio y una sociedad sin memoria, convierten al patrimonio del presente en una realidad imprescindible para la comprensión de esas culturas y sociedades a sí mismas y, también, para permitir su comprensión a generaciones posteriores. Ante la necesidad de preservar las señas de identidad y la cultura material va a surgir la emergencia de los museos etnográficos en Extremadura.

De este modo, podemos hablar de procesos de construcción de identidades a partir de los elementos patrimoniales de la sociedad extremeña. Asimismo, la relación patrimonio-individuos-valores, nos lleva a la necesidad de contextualizar ese patrimonio en espacios físicos, pero también sociales, culturales, etc. Por otra parte, el patrimonio de cada contexto va a ser característico del mismo, resultado de su historia, de su espiritualidad, de su composición social, de sus actuaciones políticas, etc. La idea de continuidad está asociada a la noción de patrimonio y a su dimensión humana, en la medida en que ha de poder ser transmitido de unas generaciones a otras. En este sentido, en palabras de Fontal Merillas, puede considerarse como “un hilo que cose esa memoria común de la humanidad”.

Por lo tanto, si pretendemos llegar a definir una base conceptual para abordar la emergencia de los museos etnográficos en Extremadura, deberíamos prestar atención al menos a estas cinco dimensiones:

–         Si se presenta en un soporte material e inmaterial.

–         Si está sujeto a una atribución de valores.

–         Si define y caracteriza a los individuos y su identidad.

–         Si caracteriza contextos.

–         Si se transmite generacionalmente.

A partir de esta idea, hay que destacar la idea de patrimonio cultural como bien intangible, así como su confirmación como un instrumento o una herramienta de gran utilidad en el desarrollo cultural, social y económico para una comunidad determinada, en la medida en que sus visitantes son tanto los miembros de la comunidad como los visitantes que llegan a esa población. Vendríamos a tener, en consecuencia, una extensión o ampliación del patrimonio cultural gracias a la creación de los museos etnográficos.

Pero además, el concepto de bien intangible y patrimonio cultural, plasmado en los museos etnográficos, vendría a configurarse como un modelo museístico concebido como un sistema abierto, vivo, participativo, interactivo, definido por la participación activa de los miembros de la comunidad y por el diálogo permanente con la población. Un sistema dominado, en consecuencia por conceptos clave como identidad, democracia cultural, desarrollo sostenible o concienciación.

Si tenemos presente que una de las finalidades de los museos etnográficos va a constituir el resultado por legar a las generaciones venideras un testimonio de cómo fueron los modos de vida y de trabajo en nuestra región, se podría afirmar que la idea de poder entregar dichos testimonios culturales deriva de la creación de los museos etnográficos. Su contenido puede contrastarse y complementarse con los diversos elementos que se encuentran en los museos, atendiendo tanto a textos como a fotografías y otros elementos de la cultura material. De ahí el hecho de que los museos etnográficos se utilicen para comprender que una persona en gran parte no es sino la síntesis de las costumbres, tradiciones y cultura que ha recibido de sus mayores, de la historia que le ha precedido; y cuanto mejor la conozca, mejor podrá conocerse a sí mismo.

En el caso de la sociedad extremeña se ha desarrollado a su vez una sensibilidad mayor hacia los procesos y, como consecuencia, se ha sentido la urgencia por registrar los estadios sucesivos de su evolución. Esto se observa especialmente en los museos etnográficos, que, frente al impulso globalizador de la industria, pretenden preservar formas de vida en peligro de extinción, costumbres populares y objetos relacionados con las prácticas artesanales, cuya producción ha llegado a ser marginal ante la irrupción masiva de objetos propios del mundo industrial.

La dimensión social que se ha querido dar a los museos etnográficos se expresa a través del enriquecimiento de sus tipos, las estrategias de difusión y la traslación de ciertos hábitos científicos y culturales al plano de ocio y consumo cultural. Todos estos museos tienen algo en común como va a ser el hecho de querer salvaguardar la memoria de la sociedad extremeña del siglo XX, explicar procesos y preservar el pasado próximo. Esta actitud conservacionista encubre un cambio de mentalidad en la consideración del pasado y también un compromiso con el futuro.

Por su parte, la creación y el desarrollo de los museos etnográficos en Extremadura están vinculados a la coordinación de los centros existentes con anterioridad a su creación y a la realización de nuevos proyectos. Para estas situaciones, la legislación vigente en Extremadura recoge lo que es un museo y las condiciones que debe cumplir para obtener dicha consideración. Esta definición la encontramos en la Ley 2/1999, de 29 de marzo, de Patrimonio Histórico y Cultural de Extremadura, por la que se regula el Sistema de Museos de Extremadura, que, en su artículo 61 señala: “Son museos las instituciones de carácter permanente, sin fines de lucro, al servicio del interés general de la comunidad y su desarrollo, abiertas al público, destinados a acopiar, conservar adecuadamente, estudiar y exhibir de forma científica, didáctica y estética conjuntos y colecciones de valor o interés cultural y que cuenten con los medios necesarios para desarrollar estos fines. Los museos deberán orientarse de manera dinámica, participativa e interactiva”.

Desde el punto de vista temático, teniendo en cuenta que los museos etnográficos conservan, investigan, diseñan y divulgan los elementos y significados que se consideran relevantes y dignos de ser mostrados al interior y al exterior, se hace necesaria la configuración en diferentes cauces referentes al patrimonio cultural a través de los cuales se dibujan las identidades. Así pues, se han ido ampliando las temáticas de los museos etnográficos con el objetivo de mostrar la pluralidad de realidades que definen a Extremadura, apostando por una visión cultural y antropológica, intentando difundir las diferentes formas de vida arraigadas en nuestra región.

Una de las consecuencias más relevantes que implica la instauración de los museos etnográficos es el conocimiento y la divulgación de nuevas realidades que al mismo tiempo posibilitan transmitir al público y a la sociedad la importancia de los conocimientos difundidos. Van a constituir una serie de proyectos locales y comarcales que pretenden reactivar social, cultural y económicamente determinadas zonas junto a su patrimonio cultural. De este modo, la implantación de los diversos museos etnográficos contribuye de una manera pragmática y efectiva a la regeneración del tejido económico, social y cultural de la sociedad extremeña dentro de un modelo de desarrollo sostenible y de la difusión de un turismo cultural. Con sus referencias al entorno social y natural, implica una dimensión distinta y diferenciada donde el interés se centra sobre todo en la comunidad, en la sociedad, constituyendo toda una apuesta por la consecución de un ámbito más participativo, democrático y cultural.

Otras de las posibles definiciones que presentamos a continuación de los museos etnográficos extremeños como “bancos de la memoria” y “lugares vivos de encuentro”, está basada en la definición de museo de la directora del Ecomuseo de Bergslagen, Ewa Bergdahl, en Suecia y es del año 1998: “Un museo debe formar un banco de la memoria colectiva de la sociedad, pero debe ser también, un lugar vivo de encuentro, una parada en el tiempo, donde se ofrezca a la gente la posibilidad de analizar y discutir juntos, tanto sus puntos de vista históricos como sus perspectivas de futuro. Un museo debe estimular las inquietudes y plantear antes las preguntas claves que dejar dadas las respuestas” (Ewa Bergdahl, Directora del Ecomuseo de Bergslagen, Suecia, 1998.)

Por su parte, Maria da Luz Nolasco, museóloga del Museo de Aveiro en Portugal, afirma que el museo debe actuar como “un elemento activo de creación de identidades” y “una entidad viva”, su definición corresponde al año 2000: “El museo debe ser un elemento activo de creación de identidades adecuadas al devenir de la sociedad contemporánea; una entidad viva, inserta orgánicamente en las distintas culturas regionales; un espacio de valorización y promoción del pluralismo, que proporcione la innovación y la experimentación necesarias, sugiriendo modos distintos de mirar el universo cultural y social y global” (Maria da Luz Nolasco, museóloga, Museo de Aveiro, Portugal, 2000.)

Podemos señalar que todas estas nuevas definiciones de museos se ajustan de un modo adecuado a la estructura de los denominados museos etnográficos establecidos en la región extremeña.

La visión o declaración de objetivos de un museo etnográfico, por otra parte, nos va a revelar cómo el museo entiende el entorno en el que existe, la relevancia y la propiedad del papel que se ha atribuido y su relación con su público y la comunidad. De ahí la importancia de establecer una serie de objetivos que debe perseguir y alcanzar un museo. En el caso de los museos etnográficos extremeños, podemos señalar los siguientes:

  1. Estudio de la relación entre el público y la comunidad.
  2. Servicios que provee el museo.
  3. Búsqueda de una identidad cultural.
  4. Mejora de la calidad de vida.

En el caso de los museos etnográficos se van a mostrar las diversas culturas locales desde una perspectiva positiva, primero a los miembros del grupo cultural representado en el museo y, segundo, a los miembros de la sociedad general. Estos museos pretenden consolidar nexos comunitarios alimentando, a través de objetos y obras de arte, las ideas y símbolos que refuerzan sus identidades culturales.

El problema surge, sin embargo, cuando los museos etnográficos atraen de forma casi exclusiva a los miembros de sus propias comunidades, sin alcanzar a otros grupos ni difundir sus ideas culturales a la sociedad en general. El personal de estos museos tiende a implicarse en las cuestiones y preocupaciones cotidianas de su comunidad, desviando recursos y métodos de investigación e interpretación de las colecciones. Al mismo tiempo, tratarán de combinar los recursos museísticos con la educación formal.

Por su parte, debemos señalar la proliferación en los últimos años de los museos etnográficos en la región extremeña. Estos centros están destinados a atender al público y su función prioritaria es la interpretación de los valores del lugar mediante proyección de audiovisuales, información textual, diseño de guías e itinerarios, etc. Junto con esta orientación también es necesario que estimulen a los visitantes a recorrer el entorno y que faciliten su comprensión, así como la búsqueda de una identidad colectiva.

Uno de los planteamientos de los museos etnográficos va a incidir sobre la misma población y trabajar para asegurar el futuro de la zona, estableciendo lazos de relación con su entorno físico y humano, debiendo mantener una estructura dinámica y dando un papel prioritario a la participación de la comunidad.

Desde este punto de vista, el museo etnográfico se va a ver como un ente social que, además, se adapta a las necesidades de la sociedad. Es un museo vivo, participativo, que se define por el contacto directo que se establece entre el público y los objetos mantenidos en su contexto y que podemos asociar a los museos etnográficos extremeños.

A diferencia de Bordieu, no vamos a considerar el museo etnográfico como un espacio de reproducción estructural, sino más bien como un lugar de producción de conocimiento y reflexión, tanto a nivel subjetivo como social. Para que esto suceda, las propuestas museográficas deben reflexionar sobre el plan de acción que las guían, reafirmando su función pública.

Es por ello, que pretendemos poner de manifiesto la importancia de estos museos en relación con el estudio y la comprensión del análisis antropológico y el concepto de identidad que pretenden desarrollar.

Por otro lado, tenemos que señalar que dentro de los museos etnográficos extremeños la cultura material no tendría mayor sentido si no tuviera una relación o interacción con el espectador, con el público o visitante del museo. Este proceso de interrelación que da vida al mensaje o discurso museográfico a lo largo del recorrido se va a convertir en uno de los objetivos principales de estos museos.

Por otro lado, tenemos que señalar que el interés cultural por el pasado y por proteger lo que nos queda de él, de las ideas y costumbres, de las tradiciones y la identidad, no es exclusivo de nuestra época contemporánea. En muchos períodos de la Historia ha existido alguna forma de conciencia del valor de las tradiciones y los objetos. Pero es igualmente cierto que es en nuestra época más reciente cuando se ha producido un crecimiento extraordinario de las actuaciones de conservación y recuperación sobre nuestro patrimonio, como no se ha dado anteriormente, muestra de ello es la emergencia de los museos etnográficos extremeños. Un mayor grado de acceso a la cultura de amplios sectores de la población, un mayor desarrollo de los estudios históricos y una creciente sensibilización sobre el valor del arte y la cultura, sobre los bienes tangibles e intangibles, han hecho posible que se produzca este fenómeno.

En definitiva, podemos decir que los museos etnográficos son una institución cultural fundamental, un lugar de encuentro, disfrute y entretenimiento, un edificio y unas colecciones, un espacio y un recorrido, un equipo de profesionales, un proyecto de renovación, un programa de investigación y didáctica, un logotipo para la comunicación, en definitiva, una unidad dotada de gran diversidad. Para el caso de los museos etnográficos extremeños también tenemos que hablar de una puesta en valor del patrimonio cultural de una comunidad que al mismo tiempo se constituye como su propia seña de identidad. En la actualidad, se han convertido en el lugar donde se conserva la cultura y la identidad, más allá de ser un sitio donde se almacena o se muestran diferentes obras y objetos del patrimonio. Algunas de sus funciones han adquirido en la sociedad actual unas dimensiones casi desconocidas en comparación con las funciones tradicionales y convencionales que históricamente ha venido asumiendo.

Los museos etnográficos extremeños, pues, podrían definirse así como museos de interés local y comarcal, que exponen, divulgan y potencian los rasgos  y los recursos culturales de una comunidad de referencia en un sentido amplio y abierto. De esta manera, se consigue una conexión directa entre los mensajes emitidos y los valores culturales de la comunidad que los acoge. Son museos ligados a diferentes sociedades y territorios que han desarrollado y desarrollan actividades económicas y culturales denominadas tradicionales, capaces de vincular  el pasado con el desarrollo actual de la comarca y sus posibilidades de futuro.

Se van a concebir como centros de dinamización comarcal, tanto en el plano cultural como económico, y de difusión y divulgación de cara a un extenso público de carácter tanto local, comarcal, regional, nacional como internacional. Este sistema de retroalimentación forma parte de una de las principales pretensiones y estrategias llevadas a cabo por los museos extremeños.

 

Para concluir, podemos señalar que los museos etnográficos en Extremadura van a actuar como espacios de interés local y comarcal, así como regional, encargados de potenciar y concienciar acerca de los rasgos culturales e identitarios de una comunidad determinada. En este sentido, la figura de los museos etnográficos extremeños ha significado la creación de una serie de centros ligados a sociedades y territorios concretos y ha contribuido a potenciar el desarrollo de actividades tradicionales específicas relacionadas con la producción económica y cultural, fomentando el desarrollo y la evolución actual de una región determinada con posibilidades de futuro, optimizando los recursos naturales, materiales y patrimoniales y potenciando el turismo cultural, al mismo tiempo que son los encargados de poner en valor la identidad de una determinada población.

 

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