Oct 012007
 

Juan Carlos Rodríguez Arroyo.

Introducción.

«Ocurrió que un acebano se propuso reducir a la pobreza evangélica nada más y nada menos que a don Jacinto Benavente, archifamoso de la época con su Premio Nóbel a cuestas, despojándole de cuantos objetos valiosos y de poco volumen poseía, joyas principalmente. Pero don Jacinto no estaba por la labor de seguir, forzosamente, los caminos del Señor. Así que denunció ante la policía el despojo del cual había sido objeto.

Las sospechas recayeron desde el comienzo en nuestro paisano, mal sirviente del escritor. Así que la policía llegó a Acebo; buscó y rebuscó en la casa del presunto ladrón y no encontró nada. Agotada su paciencia empleó los métodos persuasivos de la época y el presunto ladrón cantó lo que sabía. Las joyas enterradas en un lugar de Jálama. Don Jacinto se había salvado de la pobreza.

El malafactor de Benavente estuvo unos años en la cárcel. Se benefició de los indultos dados por la República y regresó a su pueblo natal.

Por esta época, la convivencia en Acebo se había ido degradando con los enfrentamientos entre socialistas y cedistas. En todo follón que se organizaba allí estaba haciendo uso de la violencia más sin sentido el expresidiario. Cuando comenzó la guerra incivil fue uno de los que sufrieron aquellos vergonzosos paseos que acababan con un tiro en la nuca y un cadáver arrojado a cualquier cuneta o las aguas del Tajo       

 

Esta fue la primera vez que escuché hablar de Cachana, justo cuando terminé de leer el libro de Domingo Domené (Historia de los Hombres y Pueblos de Sierra de Gata, Villamiel 1991).

No recuerdo si anteriormente había oído ese nombre entre las gentes de Acebo, o en las múltiples conversaciones que había mantenido con mis padres a lo largo de mis 37 años; lo cierto es que cuando me puse manos a la obra para escribir el libro (Descubriendo Acebo, Perspectiva Histórica y Socioeconómica de un Municipio de la Sierra de Gata, Madrid 1999 ) y llegué al capítulo de la Guerra Civil nadie me mencionó a este personaje, bien cierto es que la familia se ha encargado de mantener en secreto toda su historia, y que en Acebo como en otras partes de España ese conflicto civil y la represión posterior es tabú; tanto entre los que padecieron sus consecuencias, como entre aquellos que cometieron ciertos actos de gran indignidad humana contra sus semejantes . Es por ello que por mucho que algunos quieran hoy en día darles un entierro como se merecen a ciertos muertos y aunque se sepa donde yacen sus restos es totalmente imposible darles la  sepultura moral que les corresponde; ya que en unos casos sus familiares y en otros la propia sociedad se niegan a reconocer los hechos que derivaron en asesinatos a sangre fría, como el que se perpetró contra Vidal Fernández Fernández  “ Cachana”.

Durante estos ocho años que llevo con esta historia entre mis manos la he dejado y retomado en múltiples ocasiones, la primera vez fue cuando intenté buscar datos en el seno de su propia familia;  en ese momento mi madre me aconsejó dejarlo, ya que ese era un tema muy delicado donde las heridas no habían cicatrizado aún.

Me dio mucho que pensar y lo abandoné durante un tiempo pero la historia de este personaje, mitad bandolero, y mitad justiciero me quemaba entre las manos y fue entonces cuando decidí acudir a un familiar suyo al que conocía desde hacia tiempo (su sobrino) y al cuál su madre en recuerdo de su hermano le había puesto el mismo nombre. Le solicité la información que pudiese tener y sobre todo si me podía proporcionar algún retrato que tuviese de su tío, pero éste me respondió de una forma un tanto contrariada y en seguida se puso a la defensiva negándome el retrato que aseguraba tener en su poder.

Esa fue la segunda ocasión y la más larga en la que se produjo el abandono de la investigación de esta historia. Volví a recurrir a Domingo Domené para ver si él tenía más datos, pero me comentó que él los hechos los conocía por un párroco del municipio salmantino de El Payo, y que éste ya estaba fallecido.

Mientras tanto pude leer en un viaje a Acebo (Cáceres) en un autobús de la compañía AUTORES “Soldados de Salamina” si esa historia era interesante la de “Cachana” sobrepasaba los límites de lo anecdótico. Aunque, tengo que decirlo y es que el fin de esta investigación no busca el revanchismo político, ni tan siquiera quedar por encima de ningún otro trabajo literario, sino investigar la historia de un personaje y su posible influencia en la obra de nuestro premio Nóbel Jacinto Benavente.

Aunque algunos puedan interpretar este objeto de investigación como pretencioso; lo cierto es que cuando me puse manos a la obra y comencé a leer algunas biografías de este autor teatral eran numerosos los estudiosos de su obra que reconocían que una parte muy desconocida del trabajo literario de Benavente era la de su etapa teatral ambientada en temas rurales, así como la correspondiente a la época de la Segunda República y la Guerra Civil.

Poco a poco iba recopilando datos entre los vecinos más longevos de Acebo, casi siempre en los bares y después de haber bebido numerosos chatos de vino de pitarra. A medida que esos datos se iban acumulando, más interesante se volvía el personaje de Cachana.

En una de mis numerosas estancias en Acebo, conseguí, después de buscar durante dos días libro por libro en el Archivo Municipal, la partida de nacimiento (ANEXO1) . Pero el gran problema con el que me encontraba era que en el trabajo de Domingo no se especificaba la fecha del juicio en el que se declaró culpable a nuestro personaje. Por más intentos de encontrarlo a través de la prensa microfilmada del diario ABC que se conservaba en la Biblioteca Nacional no había manera. Por este motivo decidí seguir el consejo de uno de los socios de la Librería Tierra de Fuego (calle del pez, Madrid), solicitar la ayuda de Dº Santiago Castelo (Subdirector del ABC). Cierto es que pensaba que al ser una persona tan ocupada no creía que tuviese muchas posibilidades de éxito, pero la respuesta no se hizo esperar, y no sin un gran éxito, ya que Dº Santiago Castelo me proporcionó los artículos publicados entre 1931 y 1933 de los hechos que le comentaba.

A ello podía unir la documentación que me proporcionó Dº Francisco Oropesa después de una conversación durante unas vaquillas que habíamos “corrido”en la localidad cacereña de Villasbuenas de Gata. En esas fotocopias, éste último, me aportaba un pasaje del libro “Concierto Ocarina” de Jesús Alviz (ANEXO 2) donde se ponía de manifiesto que este autor extremeño también había tratado la historia de este personaje, ya que posteriormente pude enterarme que tenía algún vínculo familiar con él, y que estaba apasionado por la posible relación sentimental que pudieron mantener Vidal Fernández y Jacinto Benavente.

No me di por vencido ante la negativa del sobrino de Cachana a proporcionarme esa foto de su tío, por lo que aproveché la amistad de mi hermano con otro familiar de este represaliado para solicitársela, éste se mostró dispuesto en un principio. Pero en cuanto se lo comentó a su padre de nuevo se me cerraron las puertas, por lo que definitivamente decidí prescindir de esa foto; aunque no de investigar y de escribir esta historia. Cuanto más avanzaba, más patente creía que se hacía la hipótesis de mi estudio; y no porque al principio, como creía, la ciudad imaginaria creada por Jacinto Benavente de Moraleda, donde ambientaba muchas de sus obras teatrales rurales, se podía corresponder con Moraleja. Y que Aldeancabo era una forma encriptada de mencionar Acebo; sino porque Jacinto Benavente era un hombre de ciudad de origen burgués que desconocía totalmente la vida del campo español, y que para poder escribir sus obras teatrales ambientadas en temas rurales necesitaba empaparse de la vida del campesina. Para algunos especialistas en la obra de este autor sus conocimientos sobre el campo y la sociedad rural española los achacan a sus estancias en el municipio toledano de  Aldeaencabo.

Yo no lo niego, pero estoy convencido de que Vidal Fernández Fernández contribuyó de una forma consciente o inconsciente en la obra literaria del Nóbel. Quizás la hipotética contratación como sirviente en la casa de Don Jacinto únicamente se debió al interés por parte de éste en la aportación que ése personaje le podía ofrecer ¿Lo utilizó, sin que Cachana inicialmente lo sospechase?, o como ha mantenido Jesús Alviz ¿Ambos personajes mantuvieron una relación amorosa? Son muchísimas las personas que achacan a Benavente una supuesta homosexualidad que nadie ha conseguido demostrar, y cuya única base es la ambigüedad con la que trató este tema en obras como “De muy Buena Familia”, marzo de 1931, y ciertas entrevistas en las que no definió de forma clara su condición sexual.

 

PREMISAS

Partimos de unas premisas para desarrollar la investigación sobre este personaje al que se le atribuyen hechos y actuaciones que fueron decisivas en la vida de ciertas personas, y en sucesos acaecidos en determinados lugares:

 

 

1.- Vidal era el sirviente de Jacinto Benavente.

2.- Vidal y Jacinto Benavente eran amantes.

3.- Fue el autor del robo sufrido por Jacinto Benavente.

4.- Pudo influir en la obra literaria de nuestro premio Nóbel

5.- Fue excarcelado con motivo de una amnistía durante uno de los gobiernos republicanos de la década de los 30.

6.- Participó activamente en las movilizaciones obreras de la década de los 30 en Acebo

7.- Fue asesinado en Sancti Spiritu (Salamanca)

 

 

CACHANA, BENAVENTE Y SU

CONTEXTO HISTÓRICO

 

 

Jacinto Benavente nació en una familia acomodada el 12 de agosto de 1866, su padre era el doctor Mariano Benavente y su Madre se llamaba Venancia Martínez.

En 1868 debido a una serie de escándalos económicos, en los que estaban envueltos el marques de Salamanca y algunos miembros de la familia real, motivó que la sociedad española se echase a la calle y derribase la monarquía con la revolución conocida con el nombre de Gloriosa.

Por tanto podemos decir que Benavente nace en un periodo revolucionario y durante un claro y contundente cambio de gobierno; tan claro, contundente y violento como serían los cambios de gobierno que viviría a lo largo de toda su vida y especialmente al final de la misma.

La nueva monarquía pasaría a estar representada a partir de ese instante por Amadeo I. Gobernante que no sabría dar respuesta a las demandas de las clases y sectores populares, mientras que un nuevo programa de desamortizaciones se vislumbraba en el horizonte económico y social español, que no haría otra cosa que tensionar aún más una estructura económica eminentemente agrícola

Eran tiempos difíciles en Extremadura, la puesta en marcha a nivel nacional de una desamortización llevada a cabo contra los bienes de la Iglesia, de las órdenes militares y comunales propició la aparición de los llamados caciques; los cuales se apoderaron mediante subastas amañadas de buena parte de estas tierras e inmuebles; lo cual empobrecería aún más al campesinado. Por tanto, lo que en un principio estaba enfocado como una forma de distribución de tierras entre el campesinado más humilde y el saneamiento de la hacienda pública, tan sólo sirvió para enriquecer a unas clases medias y aristocráticas y para sojuzgar y someter a los caprichos de una clase cunera y absentista a la gran inmensidad de la sociedad extremeña. En concreto en Acebo se sacó a subasta pública el convento de las religiosas de Santa Clara y el de los monjes franciscanos de Santiago.

En 1873 Amadeo I abdica y abandona el país proclamándose la primera República bajo la inspiración de Pi y Margall con su federalismo autonómico, que derivaría en los distintos casos de cantonalismo que asolaron el territorio español y que tuvo su máxima expresión en Cartagena, aunque en Extremadura se dieron situaciones bastantes llamativas entre algunas localidades.

En 1874 se había declarado a Alfonso XII Rey de España con cierto disgusto de Cánovas que prefería una vía menos “tradicional” para el cambio. Esta Restauración había sido aceptada de un modo general excepto por republicanos y carlistas.

La ideología dominante seguía siendo la agraria tradicional sustentada por una oligarquía terrateniente a la que se aliaba la financiera. Los monárquicos Borbones no habían parado de presionar ni un solo instante desde su destronamiento a Isabel II, insistiéndola en que abdicara en su hijo, objetivo que conseguirían en la fecha indicada anteriormente.

Cánovas sería el que asumiría plenos poderes y recomendaría a Alfonso XII que cursase estudios en el colegio Sandhurst para aprender la práctica parlamentaria inglesa, sugiriéndole la firma del manifiesto del mismo nombre. Pretendía desde el principio este líder integrar a todos aquellos vencederos y vencidos para que aceptasen la monarquía y un sistema parlamentario como el que existía en otros países europeos por aquella época, incluso a aquellos que destronaron a la reina Isabel. Éste constituiría el Ministerio de Regencia hasta que llegase Alfonso XII.

En 1876 se proclamaría la Constitución. Durante cierto tiempo existió un acuerdo entre Cánovas y Sagasta para la alternancia política, pero esto lo que provocó fue una división por una falta de información entre la España real y la oficial; así se va produciendo una sucesión de gobiernos de coalición y de concentración que poco a poco van poniendo en peligro los primeros años de gobierno de Alfonso XIII: “ crisis orientales”, pérdidas de los territorios de ultramar, las escaramuzas en el norte de África, y los crecientes movimientos obreros que se iban radicalizando a medida que las demandas sociales no eran atendidas. Uno de los grandes fracasos de los sistemas políticos de la Europa de finales del siglo XIX y del siglo XX fue el hecho de no articular un sistema adecuado para la incorporación al parlamentarismo de las grandes masas obreras, ello derivaría en la aparición de los grandes totalitarismos del siglo XX.

Debido a estos problemas la única forma de poder controlar el voto de las grandes masas campesinas y obreras, las cuales obtendrían su derecho al voto mediante el sufragio universal de 1891, era a través de un sistema casi feudal como el caciquil. Este sistema servil se articulaba con el político de Madrid, el cacique de cada comarca, el Gobernador Civil en cada capital de provincia, el obispo y el que cerraba el círculo era el capitán General.

En esta situación podemos entender fácilmente que la gran masa campesina vivía alienada siendo caldo de cultivo para la expansión de las nuevas teorías a favor de la mejora de las condiciones de vida, así como del reparto de la tierra.

A las cinco de la tarde del día 18 de Noviembre de 1891 en uno de los muchos chajurdones que salpicaban por aquel entonces el campo extremeño, y en concreto la localidad cacereña de Acebo, nacería Vidal Fernández Fernández (Cachana); el mismo año en que se estrenaba el Sufragio Universal y que pondría de manifiesto la gran fuerza que podría tener un coyuntural bloque republicano.

Hijo de Bernardino Fernández Ramada y de Santiaga Fernández Martín, según consta en la partida de nacimiento, el futuro que le esperaba a Vidal era el de cualquier descendiente de jornaleros y pequeños agricultores. En un entorno socioeconómico nacional y regional mayoritariamente agrícola las personas como Vidal ya venían con su destino marcado antes de nacer, seguir siendo jornaleros, como lo habían sido sus padres, siempre y cuando hubiese trabajo. A finales del siglo XIX y durante buena parte de principios del XX uno de los grandes problemas de la población campesina era la falta de empleo; y el poco que había era controlado y gestionado como arma de presión contra las movilizaciones campesinas por los grandes propietarios de tierras y por una burguesía emergente que dominaba el poder político y económico. Sobre todo después de las grandes desamortizaciones que les permitieron quedarse con la mayor parte de las tierras comunales y eclesiásticas.

Una de las hipótesis que podríamos barajar para que un joven Vidal se decidiese a abandonar Acebo y trasladarse a una ciudad como Madrid, que por aquel entonces era una urbe donde el trabajo existente era fundamentalmente burocrático y de servicios, sería esa carestía de trabajo que en muchos casos impedía que un jornalero trabajase de una forma continuada los 365 días del año.

Muy distinta era la vida en las grandes ciudades y sobre todo si se había nacido en el seno de una familia acomodada como la de Jacinto Benavente. Éste hasta 1892 había estado estudiando; primero en una escuela municipal de la calle León en el colegio Santo Ángel de la Guarda y en el de San José, más tarde pasaría al Instituto de San Isidro para completar sus estudios de bachillerato.

Durante este tiempo tiene la oportunidad de ir conociendo a gran cantidad de personajes del mundo del teatro, así como a escritores que solían ser asiduos de la consulta de su padre.

En 1881 inició sus estudios de ingeniero que rápidamente cambió por los de derecho en la Universidad Central. Pero en 1885 muere el doctor Benavente y nuestro premio Nóbel abandona definitivamente los estudios, y de esta forma en 1892 aparecen sus primeras obras Teatro Fantástico; Versos y Cartas de Mujeres.

Estas dos personas con una diferencia de edad de 25 años y cuatro meses estaban destinadas a conocerse e incluso a algo más, según nuestro excepcional escritor Jesús Alviz. De mundos tan dispares y a tantos kilómetros de distancia parece sorprendente que el destino vincule a las personas como llegó a unir a estas dos.

Mientras tanto durante los primeros gobiernos liberales se hizo una legislación favorable en materia de derechos y libertades, así como en la cuestión social. Por otra parte se intentó dar una respuesta al problema regional mediante el mantenimiento del derecho foral, pero las demandas sociales y regionales superaban la capacidad de reacción y de respuesta del sistema. La demanda de modernización social y política crecía incesantemente, mientras el régimen quedaba  cada vez más rígido. A partir de 1898 se suceden las crisis, y después de 1917 fue una crisis continua. La UGT y la CNT comenzaron en esa fecha a movilizarse con una huelga general, al igual que algunos sectores del ejército constituyeron las llamadas Juntas de Defensa. Ante estos hechos y para poder salir de la crisis y así evitar una revolución proletaria se dio un golpe de estado llevado a cabo por el General Primo de Rivera, Capitán General  de Cataluña, el 13 de septiembre de 1923. Aceptado de inmediato por el Rey, el golpe tenía el pleno apoyo de la burguesía catalana, del ejército, la iglesia y la burguesía terrateniente.

Durante todo este tiempo Jacinto Benavente se ha ido consolidando como un gran dramaturgo estrenando alguna de sus obras teatrales más importantes de la escena teatral de la época (Los Intereses Creados, La Malquerida, Señora Ama). También ha tenido la oportunidad de realizar su primer viaje a América con María Guerrero; así como de participar en la política nacional de la mano del partido de Eduardo Dato.

En 1917 Ramón Pérez de Ayala publica su libro Máscaras en el que combate la obra de Jacinto Benavente. Pero a pesar de toda la campaña contra la obra benaventina por su marcada germanófila nuestro premio Nóbel sigue estrenando sus obras de teatro con mayor o menor éxito.

Antes de la llegada de la Dictadura de Primo de Rivera en 1922 muere su madre y  es en esta fecha cuando inicia su segundo viaje por América como director artístico de la compañía de Lola Membrives. Durante su estancia en Argentina  tiene noticia de que el premio Nóbel de ese año ha recaído en su persona. Lo recogerá más adelante de la mano del Dictador, hecho que no se lo perdonarán algunos de los intelectuales de la época.

Todos estos antecedentes me hacen sospechar que Vidal Fernández a pesar de que pudiese llevar ya bastante tiempo en una ciudad como Madrid realizando distintos trabajos, es probable que hasta el regreso del viaje de América, en el año 1923, y con posterioridad a la muerte de doña Venancia, la madre de Jacinto Benavente, no entrase al servicio de nuestro dramaturgo.

El tipo de relación que pudieron mantener nuestros personajes parece ser, según Jesús Alviz, que fue algo más que una relación entre un criado y un  patrón, incluso llegó a asegurar que Cachana era quien mandaba en su casa, decidía quién entraba y quién se podía entrevistar con nuestro Nóbel.

Ciertamente creo que en este aspecto nuestro eminente escritor extremeño pudo estar equivocado, sobre todo si nos atenemos a las declaraciones que se desprenden del juicio que tuvo lugar en la Audiencia Provincial de Madrid desde 1932 a1933 (“Con las criadas, con todo el mundo, no hacías más que desacreditarme con el espionaje y preguntando quién iba y quién no iba a casa. Eres un falso, un judas y un envidioso y basta……..) En el que un demandado Jacinto Benavente se defiende de las acusaciones de injurias y calumnias interpuestas por su secretario personal Dº Ernesto Pérez Saúco a raíz de unas afirmaciones que hizo nuestro Nóbel contra su secretario con motivo del robo que tuvo lugar en la casa de Dº Ernesto, y en el que se sustrajeron unos bienes propiedad del dramaturgo que su secretario tenía en depósito. Jacinto Benavente en todo momento acusa del hurto a su secretario; es más llega a decir, según se recoge en el juicio: “Aunque tú no seas yo siempre diré que has sido tú ……”. En ningún momento menciona a Vidal Fernández, que habría sido lo lógico si  éste hubiese sido su sirviente y el que realmente mandase en casa del dramaturgo, según la tesis mantenido por Jesús Alviz.

No es la primera vez que corre el rumor de la homosexualidad de Jacinto Benavente, ya que él mismo se encargaba de mantener y estimular esos rumores en cuanto a la ambigüedad de su condición sexual; la cual podría haber quedado reflejada en su obra teatral “De muy buena familia “estrenada el 11 de marzo de 1931 en el teatro Muñoz Seca. De hecho su biógrafo Angel Lázaro comenta, según recoge en su libro Eduardo Galán, No hay una actriz que pueda jactarse de haber oído la declaración de amor del comediógrafo ni nadie ha señalado todavía a una mujer como la amante del poeta que tan admirables tipos de mujer retrata en sus comedias. Se habla insistentemente de ciertas anormalidades fisiológicas. Los rumores llegan a oídos de Jacinto Benavente, y él se encoge de hombros.

En el juicio que tuvo lugar entre Pérez Saúco y Jacinto Benavente éste último le dice a su secretario: “y no vuelvas a escribirme porque sin abrir las cartas irán a la mierda y cuidado con poner anónimos a nadie como acostumbras como toda marica enredadora, que al fin, como te dije acabarás en ladrón de la casta de Ricardito y Navarrete.

Por tanto no sabemos, sí realmente el homosexual era su secretario; como parece insinuarse en este comentario. Y tampoco sabemos el tipo de relación que pudo tener éste con Vidal Fernández,  y si la hipotética contratación de Vidal como sirviente de Benavente la pudo gestionar este personaje en base a algún tipo de interés sentimental.   

Aunque, hay autores como Francisco J. Díaz de Castro y Almudena del Olmo que nos comentan que en sus años mozos Benavente estuvo enamorado de una trapecista inglesa, La Bella Geraldine. E incluso se le llegó a atribuir la paternidad de su ahijada Rosario.

¿Qué tipo de relación pudieron mantener nuestros personajes? Vidal parece ser que era un personaje alto,  bien parecido y de constitución fuerte, según me han comentado algunos vecinos de Acebo que lo conocieron, pero ha sido imposible de corroborarlo, debido a que como he comentado anteriormente no he podido conseguir la foto que guarda la familia de éste. Aunque en una de las últimas conversaciones mantenida con uno de sus descendientes parece ser que su hermana, ya fallecida, confirmaba que era una persona con un gran atractivo físico y que la mujer de nuestro Nóbel se había enamorado de él y que le regalaba joyas y dinero, objetos que fueron objeto de la denuncia por robo interpuesta por Jacinto Benavente. Lo que desconocía esta pobre mujer era la soltería de nuestro dramaturgo.

Pero si es cierto que otra vecina de Acebo, Anastasia Arroyo,  mediante una entrevista mantenida con ella y grabada en video, me confirmó que era especialmente atractivo y educado, y que su asesinato fue una injusticia.

Mientras tanto Jacinto Benavente ya era una persona madura, bastante delgada y de una altura más bien baja, eso sí con una imagen muy cuidada y característica “bigotes mefistofélicos”; muy al contrario de la que mantenían otros intelectuales de su época, los cuales preferían darle un toque más bohemio.

Vidal además mantenía una visión izquierdista de la vida.  Algunos vecinos de Acebo aseguran que intervino en la colocación de una bomba en el metro de la puerta de Sol y que había llegado a formar parte de unas células anarquistas en Madrid; aunque no sabemos si este hecho fue antes de perpetrarse el hurto en casa de Benavente, o con posterioridad al mismo, y más concretamente entre febrero y Abril de 1934. En esta fecha en la que se discute la ley de amnistía de la República que liberaría de la cárcel a infinidad de presos políticos. Hay quienes sostienen  que muy posiblemente Cachana sería liberado con una de esas amnistías, y muy probablemente permanecería en Madrid en unos meses de gran agitación social y política donde los asesinatos, extorsiones, ajustes de cuenta y huelgas generales, previos al estallido revolucionario de Asturias del 34 configuraban el panorama habitual de la vida pública. Sin embargo por lo que se deduce de la sentencia del juicio 663-931 del 13/12/1934 a Vidal se le considera inocente del hurto, aunque se le condena como encubridor del mismo a la multa de 500 pts y al pago de la mitad de las costas causadas. Pero como se declara insolvente se le condena a un mes y un día de arresto, abonándosele todo el tiempo de la prisión provisional sufrida. Declarando extinguidas sus responsabilidades por esta causa. De esta sentencia por tanto se deduce que no fue liberado por una amnistía de la República, sino porque era declarado inocente del robo.

Empero, Jacinto Benavente era una persona más bien de derechas como así lo atestigua su inclusión en las listas del partido de Eduardo Dato y su posición a favor de Alemania en el transcurso de la Primera Guerra Mundial. Durante este periodo de tiempo desde 1923 a 1933 aproximadamente la ambigüedad política de Jacinto Benavente también se pone de manifiesto con el estreno de la obra Santa Rusia 1932; ¿Quizás fruto de la influencia de las ideas izquierdosas de Vidal Fernández?, o ¿Quizás fruto de la influencia de ese viaje que realizó a Moscú en 1929?; como algunos estudiosos de su obra han querido ver.

¿Por qué una persona como Jacinto Benavente recurriría a los servicios de un personaje como Cachana, como aseguran Domingo Domené y Jesús Alviz?; cuando seguramente podía haber encontrado cualquier criado que no procediese del campo, y con experiencia en el servicio doméstico,  además de con una trayectoria menos turbulenta.

Independientemente de la teoría de la posible relación sentimental, se me ocurre que quizás nuestro dramaturgo buscase a alguien que le pudiese describir la vida en el campo; así como las características de las personas que allí viven y eso a pesar de que son numerosos los estudiosos de su obra, en los que se atribuye la ambientación de sus dramas rurales a sus estancias en la localidad toledana de Aldeancabo.

Los personajes del teatro benaventino utilizan, según Eduardo Galán, en obras como La Malquerida modismos propios del habla campesina, palabras de registro vulgar, y en ocasiones, de la jerga labriega. Todo ello dentro de un intento de aproximación al habla campesina a través de la imitación fonética: pérdida de consonantes intervocálicas, ápocopes, aféresis y un largo etc., de fenómenos fonéticos que en época de Benavente eran habituales en los teatros. Errores sintácticos, vulgarismos fonéticos y semánticos, caracterizan el habla de sus personajes. Pero no existe un estudio pormenorizado y riguroso por parte del autor.

De La Infanzona, Eduardo Galán nos comenta: el lenguaje campesino apenas se refleja, tan sólo algún vocablo terruñero.

Pero más que una influencia en las obras teatrales ambientadas en temas rurales donde se manifiesta la influencia de Vidal Fernández es en la obra teatral “De muy buena familia”. En esta obra el Nóbel critica las amistades y las tendencias sexuales de un individuo de clase media alta que se relaciona con el mundo del hampa y con personajes de poca catadura moral. Esto podría ser una crítica velada a las amistades y tendencias sexuales que su secretario Dº Ernesto Pérez Sauco tenía en ese momento, entre las que se encontraría Vidal Fernández.

Como algo premonitorio de lo que iba a suceder, Jacinto Benavente en esta obra utiliza como hilo conductor la vida ociosa de un miembro de una familia burguesa que para mantener su ritmo de vida se vincula con personajes sin escrúpulos que no dudarán en hacerle un chantaje por un hecho que cuestionaría la reputación futura de su familia.

Jacinto Benavente le exige varias veces a su secretario que deje de enviarle anónimos  que no cederá ante ningún chantaje. Todo esto nos demuestra que existe un importante paralelismo entre esta obra estrenada en marzo de 1931 y el robo que sufre Ernesto Pérez Sauco en mayo de 1931, cuyo principal afectado es Jacinto Benavente.

El 30 de mayo de 1931, se comete un hurto en domicilio de Dº Ernesto Pérez Saúco en la calle Mayor nº 51, denunciando el hurto en la comisaría del distrito centro, haciendo constar que los perjudicados por el robo eran Dº Jacinto Benavente y Dº Pedro Clemente, la hermana del denunciante Sr. Pérez Saúco haciendo constar que lo robado ascendía a (ANEXO 3):

-102.000 pts Pérez Saúco

-31.000 pts Jacinto Benavente

-3,600 pts Pedro Clemente

– Varias alhajas de Dº Jacinto y de la hermana de Pérez Saúco.

Dº Jacinto por esas fechas se encontraba de viaje en el extranjero. Cuando se entera del robo no para de darle vueltas hasta que llega a la conclusión de que es imposible que su secretario tuviese ahorrada la cantidad de 102.000pts por lo que sospecha que ha sido víctima de una estafa en la que el cabecilla es su secretario, que en compañía de varios compinches, entre los que se encontraba Vidal y algunos agentes de la autoridad, deciden robarle las joyas y el dinero que Benavente había entregado en deposito a Dº Pérez Saúco con motivo de su viaje al exterior, y por la gran inseguridad que se vivía durante esas fechas en Madrid. Jacinto Benavente comentará como muchas personas adineradas se verán obligadas a emigrar al extranjero para evitar las persecuciones y la confiscación de sus bienes. Su secretario, buscando una coartada simuló que él también había sido victima del robo. En agosto de ese mismo año es detenido Cachana en Ciudad Rodrigo como autor material de dicho robo.

¿Cuáles pudieron ser los motivos que llevaron a estas personas a realizar dicho latrocinio?, se me ocurren varios motivos:

1.-Por el simple hecho de enriquecerse.

2.-Una venganza personal al no reconocérseles la contribución a la obra literaria del premio Nóbel.

3.-Como  venganza por una cuestión sentimental.

4.-Una venganza por ideales políticos.

Este robo guarda unas estrechas similitudes, como hemos comentado anteriormente, con la obra teatral que estrena en Marzo de 1931 “De muy buena familia”. Es realmente interesante como en ella Benavente a través de sus personajes hace una crítica  abierta a determinadas relaciones personales que mantienen personas de distintas clases sociales. Todo esto lo expresa por boca de personajes como Moisés cuando critica abiertamente las relaciones de su sobrino Manolo con ciertos amigos y el daño que esa amistad le puede provocar a él y a su familia. O cuando este personaje dice: “El muchacho que me recomendó con tanto empeño para la oficina, no quieras saber…..Los agentes que vigilan siempre a la puerta, porque, como en toda oficina de pagos y cobros , anda siempre alrededor gente maleante, nos avisaron que el tal amigo de tu hermano estaba fichado en la Dirección de Seguridad. ¿Qué te parece? ¿De dónde saca Manolo esas amistades?. Curiosamente Vidal Fernández según se desprende de la sentencia del juicio 663-931 también tenía antecedentes.

Incluso en el tema central de la obra se deja ver un intento de chantaje exactamente igual al que se desprende de algunas declaraciones de Benavente recogidas en el juicio entre éste y su secretario Ernesto Pérez Sauco por infamias en las que se dice: “Vas a hacer el puñetero favor de no molestar más o tendré que tomar una determinación seria. A parte el robo, el robo, no puedo creer en tanta imbecilidad, si no sé como has podido creer que yo podía tragarme el embrollo urdido entre muchos. Con las criadas, con todo el mundo no hacías más que desacreditarme con el espionaje y preguntando quién iba a casa. Eras un falso, un judas y un envidioso, y basta, basta porque soy capaz de ir a Madrid y soltarte dos tiros, estoy ya harto. Ya es bastante cabronada seguir dándote dinero. No decías que iba a descubrirse todo?. No se ha descubierto ni se descubrirá nunca. Y yo creeré toda mi vida que el ladrón has sido tú, tú y nadie más que tú, con el agravante de poder creer que yo soy imbécil y podía tragarme esa tontería tan mal urdida. Y no vuelvas a escribirme, porque sin abrir las cartas irán a la mierda y cuidado con poner anónimos a nadie como acostumbras ……”.

Podemos ver que existe un cierto paralelismo entre la figura de su secretario y los personajes de su obra como son el caso de Manolo, Rafael y Pepe. La figura de Benavente podría estar representada por Moisés o Enrique mientras que la de Vidal podría ser la de ese amigo anónimo que le recomienda Manolo a su tío Moisés.

Es curioso como Benavente se expresa de la misma forma y en los mismos términos contra su secretario, como se recoge más arriba (párrafo extraído del juicio) que cuando alguno de sus personajes critica la actuación de alguno de sus sirvientes ej. “La verdad inventada”  Jesusa a Romana- soplona, enredadora, cotilla, más que cotilla. Sí picazo tenías que ser para ser buena. Anda para adentro. No tienes tú la culpa , sino quien te da alas y te consiente. 

 

Los vecinos más ancianos de Acebo recuerdan la detención de Cachana por parte de los carabineros y como durante su arresto se fugó arrojándose por un precipicio próximo a la zona de la Cervigona. No debió ser muy prolongada su fuga ya que al final fue arrestado en Ciudad Rodrigo el 1 de agosto de 1931 y sometido a un interrogatorio, de los típicos de la época. Aún a pesar de ser un individuo bastante duro de pelar, las torturas hicieron mella en él, declarando donde había guardado parte de las joyas y del dinero  robado a nuestro Intelectual. Esta detención y el robo sufrido aparece recogido en la prensa de la época y más concretamente en varios artículos del diario ABC con fechas 06/06/1931, 02/08/1931, 19/02/1933, 22/02/1933, 18/11/1934 y 27/11/1934. (ANEXO 4)

Jacinto Benavente se debió conformar con la parte de los objetos que le reintegraron, pero parece ser que no fueron ni todas las joyas, ni todo el dinero que fueron objeto del latrocinio y que Cachana a pesar de las torturas conservó algo en su poder.

Según el sumario 663 de 1931 (ANEXO 5) por estafa a Dº Jacinto Benavente se dictó auto que contiene el resultado y parte dispositiva del tener literal siguiente resultando: Que de las diligencias practicadas en este sumario aparece que el día 30de mayo de 1931 Ernesto Pérez Saúco se apropió de acuerdo con Antonio Garzón Salazar y Vidal Fernández Fernández, ya procesados por esta causa , de 31.000pts y 500 marcos en metálico y alhajas tasadas pericialmente 4.208pts que tenía a su cuidado su secretario particular de Dº Jacinto Benavente a quién pertenecían el metálico y efectos y con el fin de simular la existencia de un robo de todo ello compareció en la comisaría de vigilancia del distrito centro demandando el hecho de autos como constitutivo de un delito de robo en el que se atribuyó la calidad de perjudicado juntamente con Jacinto Benavente………….Se declara procesado y sujeto a resultas a Ernesto Pérez Saúco, con el modo y forma que la ley proviene, hágasele saber instruyéndole de sus derechos y recíbasele declaración indagatoria…….lo mandó y firma el Sr. Dº Celestino Valledor y Suárez Otero, Juez Municipal el interino de Instrucción número 4 en Madrid a 13 de Diciembre de 1932.

Jacinto en todo momento culpó a su secretario y llega a decirle “ aunque se descubra mañana a los verdaderos ladrones yo siempre diré que has sido tú para perjudicarte en todo lo que pueda.

El otro juicio por injurias y calumnias entre Ernesto Pérez Saúco y Jacinto Benavente , según los recortes de prensa, duró bastante tiempo. Hasta que el 22 de febrero de 1933 se absolvió a Jacinto Benavente del delito de injurias y calumnias ya que no procedía la citada denuncia al estar imputado en el hurto su secretario Ernesto Pérez Saúco .

Durante el transcurso del mismo Cachana permaneció en prisión hasta que  según el certificado redactado por el secretario de sala de la Audiencia de Madrid Dº Joaquín Garrigues y Martínez se absuelve a Dº Ernesto Pérez Sauco por falta de prueba de culpabilidad de los delitos de hurto y estafa de que es acusado por el Ministerio Fiscal acusación particular. Y se condena a Vidal Fernández Fernández, natural de Acebo, nacido 18/11/1891, hijo de Bernardino y de Santiaga, y de profesión sirviente, con instrucción, y con antecedentes penales, a la pena de quinientas pesetas de multa y al pago de la mitad de las costas causadas por un delito de encubrimiento de robo. El 13 de diciembre de 1934 se declaran extinguidas las responsabilidades de Vidal por esta causa y se ordena  la entrega de las joyas y el dinero a Benavente, aunque hasta 1935 no se le entregará todo. Es más desde Madrid se ordenará al juez municipal de Acebo, que curiosamente se corresponde con el personaje sospechoso de la delación, que se encargue de que Vidal pague la cantidad a la que le obliga el juzgado (ANEXO 6).

No sabemos si es a raíz de esta intervención por parte de este juez municipal cuando comienza la animadversión entre ambos que derivaría supuestamente en esa orden o acusación que posteriormente acabaría con la vida de Vidal.

El regreso a Acebo no fue como el de una personada marcada por un delito, muy al contrario durante el tiempo que estuvo en Madrid se fue refinando en sus modales y adoptó la apariencia de un burgués de provincias, incluso con el mismo estilo de vida, marcada por el ocio y el hedonismo.

La situación personal de Jacinto Benavente en la década de los treinta era precaria al igual que la situación de España, la cual sufriría unos cambios muy radicales: Disolución de la compañía de Jesús, laicidad de la educación, legalización del divorcio, autonomía catalana y reforma agraria.

Esta situación personal se había venido agravando debido a su antirepublicanismo y su conservadora forma de pensar. Esa situación tan precaria es la que le lleva a acusar a los dirigentes republicanos de intervenir su correspondencia con sus amigos y de no hacer nada para evitar los altercados en sus representaciones teatrales. Como ejemplo puede valer la carta que le envía a Dº Jesús Gabaldón en la que le dice: “ Dígale a a la Sra. López Heredia que no cuente con la obra y menos para el teatro Muñoz Seca, en donde se ha perpetrado el robo cometido por mi secretario, en donde no pienso poner más los pies, porque aquello es una cueva de putas y ladrones, de donde salen ahora las noticias del descubrimiento del robo para despistar”.

Curiosamente se niega a representar sus obras en el mismo teatro en el que en el mes de marzo había representado la obra “ De muy Buena Familia”.

A pesar de todo esto Jacinto Benavente continuaba en Madrid estrenando algunas de sus obras como Santa Rusia en 1932, que surge como fruto de un viaje que realiza por este país y en cuya obra idealiza a un grupo de intelectuales rusos exiliados en Londres entre los que se encontraría Lenin. En esta obra cuestiona la existencia de Dios y por boca de Lenin critica las revoluciones de corte burgués.

Esta visión idealizada de los líderes marxistas se contradice con las conferencias que pronuncia en estos años y en las que critica a la República, según Eduardo Galán. Éste se plantea la duda si Benavente era un hombre progresista próximo a la izquierda o por el contrario era un monárquico conservador.

Para Sánchez Palacios no hay lugar a dudas Benavente fue un auténtico conservador de esas personas que se las denomina de derechas, personas de orden y de legítimos derechos de soberana independencia.

Debido a su posición a favor de Alemania durante la Primera Guerra Mundial y a su negativa a secundar un manifiesto contra la concesión del Nóbel en 1905 a Echegaray; así como su participación en política en las filas del partido de Eduardo Dato le sirvió para granjearse la enemistad de los intelectuales más progresistas del momento. Esta enemistad se agravaría con la celebración de la entrega en España del Nóbel a su persona ya que se realizó ante la presencia del General Primo de Rivera y varios militares de su gabinete el 1 de marzo de 1924.

Francisco J. Díaz nos comenta que durante los años de la Dictadura y de la República Benavente desarrolla su actividad creativa y en estos años sus obras tratan más explícitamente que nunca los temas sociales de la pobreza , la justicia, el patriotismo, la moral social, y todo ello desde unos planteamientos de reaccionaria, cuando no demagógica, ambigüedad. Esta parte de su obra según este autor ha sido escasamente estudiada.

Lázaro Carreter dice: Su postura política resulta sumamente equívoca; da pasos hacia la izquierda, pero otras veces sus actitudes parecen reaccionarias. No está dispuesto, como tantos espíritus superiores, a dejarse encasillar; y esto, en un medio tan virulentamente politizado como es el nuestro de aquellos años, resulta imperdonable. En 1932 estrena Santa Rusia que promueve viva indignación en un sector de opinión, en 1935 irrita al otro con un discurso antirrepublicano, en Málaga.

Para el hispanista norteamericano Robert Louis Sheelan no existe duda tampoco en incluir a Benavente entre los miembros de la generación del 98 y por tanto entre personajes progresistas “Sus actitudes generacionales tales como su preocupación por las gentes de la España rural, su amor por la tierra, su protesta contra la corrupción política y el caciquismo, contra la hipocresía y la doble moral de la clase alta, su defensa de las mujeres y los niños, su ataque al colonialismo, sus constantes intentos de fortalecer la voluntad de los jóvenes, su innovadora revolución de las técnicas dramáticas y el estilo literario, todo esto indica claramente que las críticos que se han negado a considerarle miembro de la generación del 98 sencillamente no han conseguido examinar su obra en toda su integridad o han permitido que otros factores enturbien sus juicios.

En mí opinión Jacinto Benavente era una persona con un espíritu liberal y progresista que luchaba por desligarse de una educación y unos hábitos burgueses. Con una gran influencia conservadora que le constreñía y le impedía respirar; pero de la que no fue capaz de librarse, a pesar de esos intentos que hizo en algunas etapas de su vida y que no intentaría más una vez que la República pierde la guerra.

Será en el año 1933 cuando Jacinto Benavente estrene una obra “la verdad inventada” en la que se plantea la situación del estado de la Nación y es posible que en ella se refleje el robo que sufrió en el año 1931, o en la que muestre su queja por ser víctima de toda esa situación de inseguridad que se vivía en esa España.

Mientras tanto, y como hemos mencionado más arriba, Vidal fue liberado después de pasar varios años en prisión y aprovechó este hecho para regresar a su localidad natal. Los vecinos de Acebo, que conocieron a Vidal, comentan que pasaba largos periodos fuera del pueblo y que cuando aparecía por éste era con un grupo de amigos, los cuales se pasaban el día jugando en el casino grandes cantidades de dinero y sin ningún tipo de trabajo. Empero Anastasia Arroyo nos comenta, en la entrevista mantenida con ella, que cuando le conoció era una persona bastante mayor, de unos cincuenta años, muy trabajador, y realmente educado. Y por tanto ella no cree que este señor hubiese hecho nada malo. Es más, tanto Anastasia como su marido piensan que defendió los intereses de los acebanos al obligar a uno de los caciques de Acebo, que más se había opuesto a la colocación de obreros durante el periodo 1933-1936, a pagar un canon al Ayuntamiento por el uso que sus reses hacían de los baldíos y de los ejidos municipales.

Mientras tanto, por lo que nos han comentado algunos vecinos que vivieron esa época, y por los datos que podemos obtener de algunos estudios que describen esa etapa histórica en la provincia de Cáceres, como los de los profesores Fernando Ayala Vicente y Fernando Sánchez Marroyo, podemos deducir que el paro era un mal endémico en toda Extremadura, y en concreto en la provincia de Cáceres. Esa situación tan precaria de la sociedad rural extremeña es lo que provocó continuos estallidos de violencia y de manifestaciones que fueron reprimidas salvajemente, y que desencadenaron sucesos como el de Castilblanco el 31/12/1931. Incluso Azaña en sus diarios en enero de 1933 dice: Continúan las invasiones de fincas en Cáceres, se hace propaganda diciendo que son atentados comunistas y sindicalistas. No es exacto los pequeños agricultores se mueren de hambre y muchos propietarios se niegan a dar trabajo ¿Pedirán que nos limitemos a rechazar las invasiones a tiros?

El atraso secular de la sociedad extremeña de la época y la incapacidad de sus elites intelectuales y económicas para sacarla de ese pozo, la estaba carcomiendo y transformándola en una sociedad cada vez más violenta; donde las más mínimas garantías democráticas brillaban por su ausencia, y en la que las instituciones públicas estaban controladas, y por tanto al servicio, de los intereses de los oligarcas y los caciques de las distintas localidades (Doctor Camisón, Cardenal Segura, etc….).

La sociedad acebana por aquel entonces vivía completamente dividida en dos grandes bloques monolíticos e irreconciliables, que nutrían sus filas de individuos desencantados con unos regímenes políticos donde la corrupción estaba a la orden del día, y donde las desigualdades sociales eran la norma habitual, y en la que el escalar socialmente era tan difícil como el que a uno le tocase la lotería. Acebo por esas fechas debía contar con una población entorno a los 2400 vecinos aproximadamente, de los que un 60% o 70% vivían en condiciones infrahumanas, y que eran la mano de obra barata que los caciques necesitaban para explotar sus fincas agrícolas; así como la fuerza de la que se nutrían las explotaciones mineras de wolframio de Jálama en las que las condiciones de trabajo eran extremas y extenuantes, sin ningún tipo de seguridad y en las que trabajaban tanto hombres, como mujeres, y niños por unos jornales de hambre; cuando no por un mendrugo de pan y tocino. La clase adinerada y pudiente vivía en el centro del pueblo, en las proximidades a la iglesia y del ayuntamiento mientras que la mayor parte de jornaleros, pastores y mineros vivían en pequeñas barriadas como las del Cristo, Cordero y Torrita. Donde familias enteras de varios miembros se hacinaban en bodegas y en viviendas de apenas unos cuantos metros, en las que no existían ni agua corriente, ni luz eléctrica; y en las que las condiciones de salubridad eran mínimas, viéndose obligados a convivir en múltiples ocasiones con los animales que se utilizaban en las tareas agrícolas.

La educación tan sólo llegaba a unos cuantos privilegiados, puesto que la mayor parte de los niños se veían obligados a compaginar la escuela con el trabajo en el campo y a una edad muy temprana no les quedaba más remedio que abandonarla.

Las carencias eran múltiples, a nivel laboral el trabajo escaseaba y los caciques usaban los jornales como un arma para conseguir sus intereses como se pone de manifiesto en la documentación sacada del Archivo histórico Provincial de Cáceres. En cuanto a la alimentación a pesar de ser Acebo famoso por su producción de aceite y de cítricos eran muchos los vecinos que no tenían ni para poder comer un triste Mojeteo (ensalada de naranjas, limones, etc.). Eran numerosas las familias que pasaban hambre y que para satisfacer esa necesidad se veían obligados a cocer las hierbas que encontraban por el campo, así como las mondas de las patatas que se echaban de alimento a los cerdos. Por este motivo era frecuente encontrar a niños famélicos con gran cantidad de problemas gástricos y con sus vientres completamente hinchados. No les quedaba más remedio que subsistir de esta manera ya que al que le cogían rebuscando entre los restos de las cosechas, robando en alguna finca o, pescando en los ríos con los tresmayos y el ambui, o cazando; los encerraban en el calabozo y después de no tener dinero para comprar comida, encima los multaban o les daban una paliza. Se daba la situación que había animales que comían y vivían mejor que algunos seres humanos.

Tal era la situación que se llegó al caso de desenterrar el cadáver de ciertos animales que habían fallecido por ciertas enfermedades para poder comer. En otro caso un grupo de mineros debido a la carestía que sus familias estaban pasando y a pesar de trabajar jornadas de 12 horas en las minas decidieron darle muerte a una vaca de uno de los terratenientes de Acebo para poder dar de comer a su gente. El juicio se iniciaría durante la República y se prolongaría durante los primeros años del franquismo, y curiosamente esos mineros lo ganaron.

Estos jornaleros y mineros eran los integrantes principales de los partidos de izquierda, mientras que los partidos de derechas estaban integrados por comerciantes y por pequeños, medianos y grandes propietarios de tierras o ganaderos. Los enfrentamientos eran continuos algunos son recogidos en sus libros por Fernando Ayala Vicente; como el que tuvo lugar entre falangistas y socialistas en uno de los cafés de la plaza de Acebo. Dicho local, frecuentado por personajes de derecha, fue tiroteado. Las manifestaciones debían ser continuas y por lo que nos comentan los más viejos del lugar la rotura del alumbrado público estaba a la orden del día, ya que tenía por finalidad realizar cualquier acción contra el rival en el mayor anonimato.  Los navajazos, los tiroteos, y las agresiones a personas y animales, así como la tala de árboles propiedad de los contrarios era la tónica general en una población donde, como hemos mencionado anteriormente, las condiciones de vida no reunía los más mínimos requisitos para considerarla digna y la cuál estaba inmersa en una fase prerrevolucionaria donde el Orden era incapaz de imponerse, ya que éste era violado una y otra vez por unos y otros.

En el año 1933 gana las elecciones la CEDA y buena parte de los logros conseguidos en el anterior periodo por las masas obreras se pierden.

Los obreros tenían puestas grandes esperanzas en las reformas que el gobierno de la nación estaba llevando a cabo para mejorar la situación laboral en el campo extremeño y poder acabar de una vez por todas con el paro endémico. Pero como bien señala Julián Chaves Palacios el problema era de carácter estructural, debido a que el principal medio de producción era la tierra, y ésta estaba controlada por una oligarquía agraria que desde el primer momento se opusieron a las reformas y normas que el gobierno del Frente Popular intentó poner en marcha. En algunos documentos conservados en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres, referidos a Acebo, el alcalde pone en conocimiento del Gobernador Civil la postura de los propietarios de tierras, y la negativa de éstos a contratar los obreros según las nuevas normas y como esta actitud tiene como único objeto boicotear a la República. (ANEXO 7)

Ese periodo de inestabilidad política, de inseguridad y de violencia sería aprovechado, según algunos vecinos, por un no ya tan joven Cachana, para unir a un grupo de desencantados y desposeídos que como en los mejores tiempos de la historia de los bandoleros constituyeron una banda con algunos tintes mafiosos bajo el liderazgo de un hombre con antecedentes de individuo duro e indomable; cuyo destino de jornalero le venía impuesto por la clase social en la que había nacido, y ante el cual se había rebelado para crear a una personalidad nueva que aprende constantemente de lo que observa a su alrededor. Según nos comentan algunos vecinos de Acebo, Vidal se dedicaba durante estas fechas a preparar pequeñas timbas en los casinos de los pueblos de la comarca, y quizás de la región, e incluso de fuera de ésta (Salamanca), en las que una vez que estaba todo el dinero apostado sobre la mesa, un dinero de señoritos y de gentes pudientes, los compinches de Cachana entraban armados en los casinos y ante la sorpresa de sus compañeros de juegos, estos tenían que soportar como les arrebataban sus bienes económicos; o por decirlo en términos anarquistas tenían que soportar como el grupo de acólitos de Cachana realizaban simple y llanamente unas  “expropiaciones” económicas. Sin embargo, testimonios como el de Anastasia calificando a este personaje de buena persona me hace dudar de ese otro testimonio.

Las tabernas y los casinos eran los lugares de ocio por excelencia de una sociedad en la que la mejor forma de pasar el rato para los hombres era este tipo de establecimientos, y para las mujeres lo era reunirse junto al fuego de la chimenea en invierno y en verano en la calle, a la sombra un balcón frente a una “mojailla”de hacer encaje de bolillos.

Las tabernas y los casinos generaron infinidad de problemas a los obreros y éstos fueron denunciados por los dirigentes sindicales y de los partidos de izquierda; ya que sus miembros solían abusar del vino y en numerosas ocasiones este abuso lo promovían mediante invitaciones los caciques para desmovilizar a los seguidores de los partidos de izquierda cuando se convocaba una huelga o manifestación, es por ello por lo que ciertos dirigentes defendían la clausura de las tabernas. Medida  que se puso en práctica durante la Guerra Civil en el frente de Aragón por los anarquistas.

Al atardecer cuando volvían de su trabajo los hombre, sin apenas comer nada durante todo el día, se reunían en las tabernas frente a un gran vaso de vino, cuando tenían dinero para pagarlo. Lo bebían entre varios, así uno de tras de otro, hasta que se emborrachaban y hablaban más de la cuenta. Ciertas cosas que se dijeron durante esas fechas provocarían represalias en los meses y años posteriores a la Guerra Civil

Pero Vidal no fue una persona que únicamente tuviese en mente la vida ociosa y el latrocinio, nada más lejos de la realidad son varios los vecinos de Acebo, e incluso Dº Domingo Domené en su libro “ Historia de los Hombres y Pueblos de Sierra de Gata“, quienes nos comentan que es en esta época de violencia política, que tan bien nos describe Fernando Ayala Vicente en sus libros, cuando Vidal Fernández participa en todas las huelgas y manifestaciones que se convocan en Acebo, y en todos los enfrentamientos entre socialistas y cedistas. Aparentemente haciendo uso de la violencia más extrema. Para ello se valía de la fama que le precedía y de una gran fuerza física. Si esto fue así; sería a raíz de su salida de la cárcel en 1934. Pero en Acebo ya existían conflictos obreros mucho antes, al menos desde 1931, fecha en la que se constituye la Asociación obrera el Despertar de Jálama, donde no se cita a Vidal en ningún momento; así como tampoco se le cita en los informes que envía el representante de las fuerzas del orden con motivo de las huelgas que tienen lugar en Acebo durante los años 1933, 1935, y 1936.

No era el único, en teoría, que actuaba de esta manera, así tenemos el caso de unos hermanos, los Sabas, que fueron capaces de desarmar a una pareja de la Guardia Civil.

Los burgueses, los caciques y los extremistas de derechas fueron tomando nota de las actuaciones de Cachana; y aunque su presencia en Acebo les resultaba cada vez más molesta por el momento no podían hacer nada contra él.

Como hemos mencionado durante el periodo que va desde el año 1933 al año 1936 hubo varios intentos de huelgas generales en Acebo, todos ellos llevados a cabo por una masa de obreros que reclamaban el simple derecho de poder trabajar.

En 1933 la situación en esta pequeña localidad cacereña, de unos dos mil cuatrocientos habitantes, se fue complicando. En primer lugar se procedió a realizar actos de sabotaje por parte de algunos vecinos de este municipio como la tala de árboles en una zona conocida por el Coto (ANEXO 8). Y posteriormente dirigidos por la sociedad obrera El Despertar de Jálama intentaron convocar una huelga general de jornaleros; ya que los patronos y los propietarios de tierras se negaban a darles trabajo.

Los problemas laborales continuarían y aunque durante el año 1934 ,aparentemente, no se recoge ningún suceso entre la documentación que se conserva en el Archivo Histórico Provincial, hemos de suponer que la situación laboral entre los obreros acebanos no había mejorado. Así en el año 1935 volvieron a surgir los problemas cuando se pone en marcha la construcción de la escuela de Acebo. Debido al alto índice de parados de esta localidad, una parte de estos obreros reclamaban el poder turnarse con los que ya trabajaban en la obra, para así compartir el trabajo, a lo que los que ya estaban empleados se oponían. Debido a que el gobernador civil ordenó que los obreros se turnasen, el contratista de la obra suspendió la misma hasta que se pudo llegar a un acuerdo, antes de que los obreros llegasen a las manos y cometiesen actos de sabotaje contra la construcción. (ANEXO 9)

En el año 1936 de nuevo la Sociedad obrera el Despertar de Jálama reclama que se coloque al 75% de los obreros que se encuentran en paro, de los 200 que están afiliados a dicha sociedad. Y que la colocación de los obreros, en adelante, sea rotatoria, además de que el jornal se eleve a 2,50 Pts. Esta solicitud crispa los ánimos de los patronos y propietarios de tierras los cuales se niegan a aceptar esas condiciones y proceden a un “lock-out“. (ANEXO10)

El alcalde de Acebo sancionó a varios propietarios, entre ellos a uno de los más grandes que existían en esta localidad, Don Cándido con una multa de 10 pesetas. Éste recurrió la multa, pero el Gobernador Civil no le dio la razón, y se vio obligado al pago de la misma.

Debido a esta negativa el 29 de junio de 1936 la Sociedad obrera presenta una solicitud de huelga general que se hará efectiva el día 13/07/1936, cinco días antes del estallido de la guerra civil. Serán unos 212 obreros los que iniciarán esa huelga, en principio y según la documentación del Archivo pacífica; aunque se solicitarán fuerzas del orden público para restaurar la paz entre patronos y obreros. Evidentemente esta huelga fue un suicidio para muchos de los que participaron en ella, y seguramente buena parte de esos 212 obreros serían objeto de las represalias que posteriormente se cometieron en esta localidad. (ANEXO 11)

En el resto de los pueblos de la Sierra de Gata la situación era muy similar surgiendo en alguno de ellos líderes locales que tendrán un papel importantísimo en los años siguientes. Entre estos personajes hemos de citar a:

Máximo Calvo Cano dirigente comunista originario de Cadalso, este individuo era un jornalero que siendo muy joven emigró a Cuba donde trabajó en los campos de caña de azúcar. Posteriormente regresaría a España donde se convertiría en Carabinero, trabajo que desarrollaría durante unos años hasta que decidió volver a Cadalso y casarse con una antigua novia, como modo de vida decidió abrir un bar. Con el tiempo se convertiría en alcalde de este municipio de la Sierra de Gata. Siendo alcalde sufrió un intento de asalto de su casa por parte de un grupo de derechistas, para evitar dicho asalto no dudó en utilizar un arma de fuego asesinando, a una persona. Por dicho motivo fue encarcelado hasta que con la amnistía de 1934 fue liberado. Regresaría a Cadalso, aunque el alzamiento le pillaría en una reunión del partido comunista de España en Cáceres. Permanecerá en esa ciudad durante un tiempo haciéndose pasar por distintos personajes, hasta que los nacionales descubren su presencia en Navas del Madroño donde detendrán a infinidad de vecinos acusados de colaboradores de Máximo y de conspirar contra el nuevo régimen. Finalmente Máximo Calvo sería localizado en una zona conocida por el nombre del pizarral en el término municipal de Almoharín donde mantuvo un intenso enfrentamiento a tiros con guardias civiles y falangistas hasta caer muerto.

Otro de los personajes claves de la Sierra durante estas fechas fue Sabino Pérez. Era el alguacil del ayuntamiento de Villamiel con el tiempo se convertiría en el jefe comarcal de falange. Debido a un enfrentamiento, el uno de mayo, entre seguidores del Frente Popular y de los partidos de derechas fue condenado a catorce meses y un día de prisión y doscientas sesenta y cinco pesetas de indemnización. Sería internado en la cárcel de Cáceres, de la que sería liberado el 19 de julio de 1936. Volvería inmediatamente a la Sierra, y junto con Jesús Corbín, ambos con unas instrucciones muy claras acerca de lo que debían hacer para aniquilar a la oposición política, y controlar la mayor parte de los ayuntamientos serranos, extenderían el terror por toda la comarca.

Según nos cuenta Arrarás, en su Crónica de la Cruzada Española, la conspiración en Cáceres fue llevada a cabo por el jefe de la falange de esta ciudad, el capitán José Luna Meléndez, que reunido con el comandante Joaquín González Martín, el capitán Alfonso Pérez Vineta y Francisco Visedo, junto con un enlace de Valladolid, el capitán Eloy de la Pisa Bedoya, constituyen la Junta militar de Cáceres que conspirará para que Cáceres quede del lado de los insurrectos. El día 13 de julio se encierra a los más destacados falangistas de esta capital de provincia, y es probable que Sabino Pérez durante ese encierro obtuviese instrucciones precisas del capitán Luna también encerrado en esas fechas.

El día 19, una vez que ha triunfado el alzamiento, y que los insurrectos se habían hecho con el control de Cáceres se dio la orden de liberar a todos los falangistas presos en la cárcel; pero unos cuantos comunistas intentaron hacerse con el capitán Luna y con todos esos falangistas encerrados con él. Para ello se dirigieron a la cárcel por la calle nidos y lanzaron la camioneta en la que iban contra la cárcel, pero la escasa guardia que tenía que poner en libertad a los detenidos lanzó una ráfaga de ametralladora inutilizando la camioneta e hiriendo a cuatro comunistas.

Una vez libre el capitán Luna y el resto de los falangistas presos, éstos se distribuyeron por toda la provincia haciendo uso del terror más absoluto, como del que hizo uso Sabino. Esta violencia desmedida tenía por finalidad suplir su inferioridad numérica y poder controlar a unas poblaciones en las que predominaba el elemento obrero, y por tanto izquierdista, o frente populista.

Muchos fueron los vecinos de la comarca de Sierra de Gata que sufrieron la ira de un  personaje como Sabino Pérez, pero especialmente los de Villamiel, Cilleros y San Martín de Trevejo. Este individuo fue el que se encargó de asesinar a Vidal Fernández “Cachana”. Evidentemente cumplió las instrucciones que le dieron sus jefes en Cáceres a la perfección, pero tanto ensañamiento como demostró en sus actuaciones sólo se explica desde un odio profundo a sus semejantes y un completo desprecio por la vida humana.

A su mando se encontraban Celedonio García Prieto, León Telesforo Costa Horna, Aurelio García Sánchez, Jesús Perales Ramada, Lorenzo Pérez Arroyo, etc. Todos vecinos de Acebo. Celedonio García era maestro en la localidad de Hoyos, fue uno de los fundadores, en el año 1931, de la Asociación Obrera vinculada a la UGT, “El Despertar de Jálama”, posteriormente se desligaría de esta organización y se convertiría en el jefe de la Falange de Acebo, como así lo demuestra su detención por apología del fascismo el dos de julio de 1936. Telesforo era el escribiente del juzgado municipal de Acebo y Lorenzo era el boticario de la misma localidad; los demás eran pequeños propietarios y comerciantes.

Estas personas fueron los que se encargaron de la toma del control del pueblo el mismo día en que se produjo el alzamiento nacional. Según nos cuenta Anastasia Arroyo parece ser que con sus escopetas y con otras armas se dirigieron al barrio del Cristo, reduciendo, y atemorizando a todos los obreros que allí existían. La madre de Anastasia Arroyo, al enterarse de lo que ocurría en Acebo y en España, acudió a Vidal Fernández que estaba en una finca próxima a la de la familia de Anastasia Arroyo, y le advirtió de lo que estaba sucediendo a lo que éste respondió “¡Corcho, corcho!”.

Desde ese instante Celedonio y Telesforo como cabezas visibles del fascismo acebano se encargaron de que sus acólitos y subalternos extendiesen un régimen de terror en esta localidad. Una vez controlado el municipio se encargaron de extender el miedo por el resto de los municipios de la Sierra de Gata. Cuando acabaron en esta zona incluso pasaron a otras provincias. En Salamanca Telesforo se atrevió a asesinar al sobrino del obispo de Salamanca. Por este asesinato sería condenado a pasar un tiempo entre rejas. Jesús Pérez nos confirma este asesinato y su reclusión en prisión, a pesar de ser un falangista distinguido, según le contó su padre. Anastasia Arroyo nos confirma, también, este hecho y nos aclara que este individuo saldría de la cárcel a petición de un buen número de vecinos de Acebo. Pasaría sus últimos días como secretario del juzgado de Talavera.

El conflicto armado había estallado, tan sólo había sido cuestión de que uno de los polos políticos nacionales antagónicos e irreconciliables rompiese la baraja y se decidiera por empuñar las armas. Eso sucedió el 17 de julio de 1936 en Melilla donde las fuerzas norteafricanas del ejército español se levantaron en armas contra el régimen republicano.

Por estas fechas Jacinto Benavente se encontraba en Barcelona en casa de un conocido. Sería arrestado y encarcelado por sus anteriores críticas a la República. Durante una semana se le obligó a dormir en el suelo además de sufrir otras humillaciones. A pesar de alguna oposición es puesto en libertad debido a su edad y a que autorizó el uso de su nombre a favor de la República. De allí pasaría a Valencia debido al miedo que el clima enrarecido de Barcelona le provocaba.

Inmediatamente el estado español quedaría dividido en dos bandos con unas claras demarcaciones geográficas, así Badajoz quedaría bajo la autoridad de la República mientras que en Cáceres amplias zonas quedarían bajo mando rebelde; como fue el caso de la Sierra de Gata, que debido a la mala organización de las fuerzas obreras y su incapacidad para reaccionar bajo un mando único, y con inmediata celeridad fueron sometidas por un grupúsculo de personajes afines a las fuerzas rebeldes; como el capitán de carabineros de Coria Jesús Corbín. Éste con 10 voluntarios tomó el Ayuntamiento de esta localidad, asesinó al alcalde, y aseguró el control de la mayor parte de los pueblos de la comarca.

Esta fecha marca un antes y un después en la vida de Cachana. Una vez controlada toda la Sierra por las fuerzas leales a los insurgentes es cuando comienzan las represalias y la depuración de los elementos que más se habían significado en etapas anteriores en contra de la propiedad privada, la religión,  a favor del marxismo, del reparto de tierras, la educación y las mejoras de las condiciones de vida del campesinado cacereño.

Parece ser, según comenta algún vecino de Acebo, que Vidal Fernández fue avisado y se le recomendó que se fuese del pueblo, pero éste declinó la invitación y decidió permanecer en la localidad donde había nacido, ya que según dijo- él no había matado a nadie-. Y aunque hubiese intentado la huida a Portugal habría sido devuelto a los insurgentes debido a la colaboración del régimen portugués en estas fechas con las fuerzas de Franco, como nos comenta Julián Chávez Palacios en su libro “la Guerra Civil en Extremadura”.

Pero mientras tanto aquellos que habían ido tomando nota de sus actuaciones pasadas pronto buscarían la forma de vengarse, directa o indirectamente, y recurrieron, como sucedió durante todo este periodo en la Sierra de Gata, a la ayuda y complicidad de los vecinos de otros pueblos. En este caso serían un grupo de voluntarios falangistas de Villamiel que una mañana cualquiera, de un mes cualquiera, de ese maldito año 1936, se acercarían a Acebo para cometer uno de los actos más viles que un ser humano puede cometer, quitarle la vida a otra persona.

Esa mañana, de un día aciago, Vidal Fernández se había levantado, aparejado su mula y se había encaminado a su huerta en las Vegas, por el camino se encontraría con mi Bisabuelo Norberto Alviz y durante un largo periodo de tiempo caminaron juntos y supongo que conversarían de la cosecha, del ganado e incluso del conflicto armado que les estaba tocando vivir; hasta que por la orden de un vecino de Acebo que había sido juez municipal, un grupo de falangistas de la localidad de Villamiel comandados por el extremista,  Sabino Pérez,  lo localizó y obligándole a montar en el camión y a mi Bisabuelo a hacerse cargo de la mula de Vidal, se dirigirían hacia  pueblo salmantino Sancti Espíritu, curioso el pueblo que eligieron para cometer su vileza.

Según la entrevista mantenida con Anastasia Arroyo, parece ser que el personaje que ordenó su muerte fue un cacique local que se vengó de esta manera por haber querido Vidal que este individuo tributase por el uso que su ganado hacía de las tierras comunales de Acebo.

Mientras tanto es probable que una maestra de Acebo y natural de San Martín de Trevejo,  Dª Pepita ( hipotéticamente Josefa Mogin Leirado), estuviese viviendo en sus carnes una auténtica pesadilla ya que un grupo de vecinos de Acebo de ideología falangista ( Ventura y Telesforo), junto con unos cuantos de Peñaparda la habían secuestrado, debido a sus antecedentes políticos, y la habían trasladado en un carro tirado por pencos hasta una caseta propiedad de un vecino del mismo pueblo y afín a los sublevados, el tío Caminero, en el puerto de Perales donde fue brutalmente violada por estos personajes . No contentos con este hecho ignominioso, antes de darla muerte, le amputaron los pechos para luego trasladar su cadáver al municipio en el que no había nacido, pero si era donde residía, con el único fin de que sirviese de escarmiento y aviso al resto de los que en otro tiempo habían sido unos revoltosos políticos. Julián Chaves Palacios recoge este suceso en su libro  “La Represión en la Provincia de Cáceres durante la Guerra Civil 1936-1950”, aunque nos dice que ella y su marido aparecieron muertos en una cuneta de un pueblo de la provincia de Cáceres.

Durante su traslado, Vidal, debió sufrir todo tipo de humillaciones y golpes hasta que una vez llegados a Sancti Espíritu  su grupo de captores decidió colgarlo boca abajo de una encina y castrarlo para luego introducirle sus genitales en la boca. La escena debió de ser dantesca y me imagino que sus secuestradores y asesinos debían de estar en esa fase sanguinolenta y de excitación que los instintos más primarios del ser humano hacen aflorar cuando el cazador le da muerte a su presa.

Esta parece ser que era la idea que algunos tenían mediante la cual crearían una nueva sociedad libre de aquellos elementos perjudiciales para su buen funcionamiento.

La familia de Vidal debió enloquecer y por lo que Jesús Alviz refleja en su libro “Concierto Ocarina” en su página 68 la búsqueda de los restos se convirtió en una obsesión que los llevó a la ruina. Viéndose su hermana obligada a servir, por casualidades de la vida, en una casa de gentes de dinero sobre la que cayó la sospecha de la delación.

Siempre he oído comentar a las gentes de Acebo que en este pueblo nunca murió nadie, aunque a continuación siempre apostillan que el único fallecido fue Cachana. Parece que existe un acuerdo tácito entre víctimas y verdugos para querer olvidar esos años de salvajismo y de locura generalizada en los que fueron muchas las familias acebanas que vieron como alguno de sus miembros era humillado, torturado y vilipendiado en aras de una nueva sociedad que se vanagloriaba de unos ciertos valores cristianos. Valores cristianos que se salvan gracias al párroco de Acebo (Don Higinio) de aquellos años, y al alcalde (Luciano Rivero), que a pesar de no poder impedir esos actos ignominiosos y esos asesinatos; si pudieron impedir que hubiese más muertos, y en concreto 56 personas que fueron encerradas en una casa del Vajondo, y que durante toda la noche fueron torturadas, y a los que al día siguiente  se las había planeado fusilar en uno de los puentes del Tajo. Debido a la intervención de este miembro de la Iglesia, que amenazó al alcalde con no volverle a dirigir la palabra si autorizaba el asesinato de esos paisanos, se pudieron salvar. Ya que al día siguiente el Regidor Público, que lo había sido también durante la Segunda República, se enfrentó a los falangistas de otro pueblo que se presentaron en Acebo para matarlos conminándoles a que abandonasen el municipio ya que bajo su responsabilidad podía asegurar que esas personas no eran problemáticas.

Los paseos, el aceite de ricino, y los cortes de pelo estaban a la orden del día, llegaron a tal extremo este tipo de prácticas que en uno de esos escarmientos públicos se obligo a una madre y a un hijo en la plaza del pueblo a fornicar.

La represión y el miedo llegaron a tal extremo que familias enteras quedaron divididas. Como los hermanos Macario (socialista), al cual le cortaron el pelo con una navaja a la que le sacaron el filo de la hoja a golpes con una piedra para que le pudiera arrancar el cuero cabelludo, e Isidoro (derechas) que después de la guerra se fue voluntario a Italia y estuvo como guardia personal del DUCE, éste último le daría como premio una pluma estilográfica, una medalla y un gracioso cachetillo en la mejilla acompañado de un “¡Bravo Ragazzo!”.

Este tipo de hechos y de traiciones se repetían entre individuos que hasta antes de la guerra habían sido miembros del mismo partido como sucedió con “el tío Viudo” cuando después de regresar de un campo de prisioneros en Valencia. Ciudad en la que se había hecho comisario político cuando las tropas republicanas estaban esperando a los barcos del ya casi extinto gobierno de la República para que les evacuasen ante la inminente toma de la plaza por las tropas de Franco. El “tío Viudo” cuando regresó a Acebo fue apaleado por las calles del pueblo por sus propios compañeros de partido; ya que era la mejor forma que tenían éstos de demostrar ser los más afectos al nuevo régimen y renunciar a su pasado. La cosa no acabó en tragedia ya que intercedieron en su favor vecinos de la localidad afines al nuevo gobierno.

Curiosamente algunos de los fundadores de la asociación obrera El Despertar de Jálama, de ideología socialista y vinculada al PSOE y a la UGT, luego fueron firmes defensores del régimen franquista, como fue caso de Celedonio García.

Los asesinatos nunca los realizaban los vecinos del mismo pueblo sino que se desplazaban a otras localidades próximas donde cometían sus fechorías. Así sucedió con ese comerciante de Peñaparda denunciado por otro comerciante del mismo pueblo y que fue bajado a Acebo para que lo asesinaran. Varios de los falangistas que lo tenían que asesinar se opusieron, entre ellos el hermano de la tía reina, pero aunque la esposa de este “desgraciado” trató de convencerlos para que le dejasen en libertad, al final fue un vecino de Acebo, conocido por el mote de tacones, que aún estando ciego, se atrevió a disparar el arma que le pusieron entre sus manos y así acabar con la vida de un inocente.

Todavía permanece en el recuerdo de muchos los motes y nombres de aquellos que se atrevieron a cometer tales actos de salvajismo en un municipio tan pequeño como  era Acebo en aquellas fechas ( Ventura, Telesforo, Pilulo, Tripaseca, Tacones, Sastre, Correo, Peluchi, Mamateta). Algunos de ellos eran jóvenes de entre 15 y 18 años, como he comentado anteriormente, dirigidos por el jefe de la falange local Telesforo. Muchos de ellos con el paso de los años se arrepentirían de las locuras que cometieron en sus años mozos. Es por ello por lo que hoy en día resulta tan difícil investigar estos actos ignominiosos; ya que los que los sufrieron no quieren acordarse de las humillaciones sufridas, y los que los cometieron no quieren recordar el instinto más primario que les llevó a cometer actos de salvajismo denostados hoy en día por todos los miembros de una sociedad, que en nada se siente orgullosa de esos crímenes

No sabemos si Jacinto Benavente pudo tener noticias en algún momento de la muerte de Vidal y de haberlas tenido no sabemos si se alegró o por el contrario lo sintió. No obstante el 6 de diciembre de 1945 estrena en Buenos Aires con la compañía de Lola Membrives “La infanzona” y en Madrid el 10 de enero de 1946, Es un drama rural en tres actos en donde se describe la muerte de un individuo muy parecida a la de Vidal y donde la hermana de ese personaje benaventino también trabaja en la casa de aquellos que asesinaron a su hermano.

Lo cierto es que la ambigüedad de un personaje como Benavente nos deja las puertas abiertas para todo tipo de especulaciones y la anterior puede ser una de las muchas que se me ocurren ya que si tenemos en cuenta lo que nos comenta Virtudes Serrano “Durante la guerra apoyó a la República, pero al terminar aquella cambia radicalmente de actitud y sus juicios sobre los vencidos son de una dureza inexplicable. La nueva actitud pasa a formar parte de su materia teatral en la comedia Aves y Pájaros (estrenada el 30 de octubre de 1940), donde los republicanos son presentados como seres perversos y convertidos en aves de rapiña (buitres y cuervos), que al fin son aniquilados por las águilas, a pesar de haber contado con los tibios, el miedo de los políticos y los intereses del capital.

La actitud de Benavente en el final de la guerra también nos la relata Eduardo Galán: “Cuando el General Varela ocupa Valencia se inclina ante él y lastimosamente pronuncia  me obligaron, mi general, ya sabe, me obligaron- ¿cuándo y con quién era sincero Benavente? se pregunta este autor  

Los años fueron pasando y con el tiempo la hermana de Vidal se casó con un vecino de Acebo que era de derechas, y un buen día estando los dos en casa a ésta le dio por desempolvar una fotografía de Cachana y colgarla en el salón de la casa pero en cuanto su marido la vio le exigió que la volviese a esconder de donde la había sacado. Por más que ésta le suplicaba, aquél no cedía, y viendo que su mujer no paraba de sollozar y que no le hacía caso se fue al piso de arriba y después de rebuscar un buen rato bajó las escaleras con una foto de su hermano, miembro de falange fallecido en la guerra, y la colgó en la pared de enfrente y a la misma altura de la que se encontraba la de Cachana.

Por mucho que algunos se afanen en enterrar a ciertos cadáveres que permanecen ocultos en las cunetas de las carreteras o en lo más profundo de algunos barrancos, mientras las familias de los fallecidos no quieran será imposibles darles el entierro que se merecen, y menos cuando las extravagancias de las guerras, y el posterior paso del tiempo hacen confluir el devenir de algunas personas creando situaciones personales, y sentimentales completamente sarcásticas como la anteriormente comentada.

 

CONCLUSIONES

A lo largo de todo este trabajo he intentado demostrar que Vidal Fernández había influido en la obra literaria de nuestro premio Nóbel Dº Jacinto Benavente. Inicialmente, como he expuesto anteriormente, pensaba y partía de la premisa que la influencia o la aportación la había realizado en la descripción de los personajes de las obras rurales de nuestro literato. A medida que avanzaba en la investigación esta premisa se va demostrando cada vez más difícil de probar, y de hecho no puedo atribuirle el mérito a Vidal de la descripción de los personajes que realiza Benavente en sus obras rurales. Pero si se puede apreciar una pequeña influencia en la obra teatral “de muy buen familia”, cuando Benavente por boca de alguno de sus personajes critica las amistades de un miembro de una familia burguesa, y las relaciones de éste con los bajos fondos; donde indirectamente estaría representado Vidal Fernández.

De no haber sido por el robo sufrido por nuestro escritor, éste no habría escrito una serie de obras teatrales (“la verdad inventada 1933”, “la melodía de jazz-band”, “cuando los hijos de Eva no son los hijos de Adán”, “ Santa Rusia”) en las que se ponía de manifiesto la inseguridad que se vivía en el país durante el periodo republicano y su descontento con una República que no garantizaba su seguridad y la de la representación de sus obras. Hemos de tener en cuenta que el robo se produce en el año 1931 y por diferentes motivos Jacinto Benavente se ve implicado o no se olvida del asunto hasta el año 1935, fecha en la que se le confirma la posesión de las joyas que se le devolvió en años anteriores. Durante estos años escribe estas obras en las que por la temática que trata es bien seguro que su hastío y el incidente del robo quedasen reflejados de algún modo.

Vidal queda libre el 13 de diciembre de 1934, después de haber permanecido en prisión desde su detención el dos de agosto de 1931 en Ciudad Rodrigo. Y será liberado no por la amnistía de la república, sino por que se le exculpa del robo aunque tiene que devolver las joyas a Benavente y darle una indemnización a éste. Indemnización que se encargará que se le entregue a nuestro escritor el que ejerce de juez municipal en Acebo en el año 1935, que será el mismo que algunas fuentes orales vinculan con la orden de asesinato de Vidal.

Durante le periodo que va desde 1933 a 1936 Acebo es un municipio en el que las reivindicaciones obreras estaban a la orden del día, con continuos llamamientos a la huelga y con enfrentamientos entre obreros y patrones. En ese ambiente a Vidal se le vincula con estos movimientos huelguísticos, pero en la documentación que he manejado para este estudio en ningún momento se le cita, y tan sólo podemos contar con el testimonio de Anastasia Arroyo en el que nos manifiesta que obligó a uno de los terratenientes de Acebo a tributar al Ayuntamiento por el uso que hacían sus reses de las tierras comunales.

No puedo demostrar si realmente se conocieron nuestros dos personajes, aunque yo opino que sí, y tampoco puedo aseverar, como han hecho otros, si llegaron a mantener una relación sentimental. Pero si puedo confirmar que Vidal fue una persona especialmente atractiva y que su condición sexual no era precisamente heterosexual, siempre según la información oral que he recogido en mi investigación. En la mentalidad machista de algunos que justifican, o al menos no condenan ese asesinato, siempre recurren al comentario despectivo “de Acebo sólo se asesino a uno, ese que era maricón”. La forma como se cometió su asesinato aparentemente nos pondría de manifiesto su condición sexual; ya que el asesino, o los asesinos lo colgaron boca abajo de una encina, lo castraron y le introdujeron sus genitales en la boca

Ni su condición sexual, ni sus actividades políticas, ni tan siquiera sus antecedentes penales justificarán nunca su asesinato y menos la forma en la que lo cometieron. Ya que por esa regla de tres a aquéllos que lo delataron y a aquéllos que lo asesinaron también los deberían haber ajusticiado, ya que  algunos tenían antecedentes penales, otros eran homosexuales y otros habían tenido una actividad política un tanto dudosa, pues alguno que otro sirvió a los intereses de la República desde las fila de partidos de izquierda.

Creo que realmente con quien Vidal pudo llegar a tener una relación afectiva fue con el secretario de Benavente; ya que éste último jamás se manifestó, ni realizó el más mínimo comentario contra Vidal. Mientras que ciertas descalificaciones contra Ernesto Pérez Sauco por parte de nuestro premio Nóbel me hace sospechar que Ernesto era homosexual, y buscó a alguien de su confianza para que colaborase con él en el hurto y a su vez guardase las joyas y el dinero propiedad de Benavente; y para ello ¿Quién mejor que su amante?

No sé cuál fue el motivo por el que los asesinos eligieron Sancti Spiritu para perpetrar esta fechoría, pero lo cierto es que se cometió allí, prueba de ello es la fotografía de la portada donde se puede apreciar la cruz grabada en el tronco de la encina donde asesinaron a Vidal. (Fotografía proporcionada por Saturnino Rodríguez Miguel)

 

AGRADECIMIENTOS

Este trabajo se ha podido finalizar gracias a la colaboración desinteresada de:

Mª Montaña Paredes Pérez (Directora del Archivo histórico Provincial de Cáceres), Mª Concepción Contel Barea ( Directora del AHN), Mª Josefa García Gómez (Subdirectora del Archivo General de la Administración Alcalá de Henares), Elena Calderón (Archivo Central Tribunal Supremo), José Luis La Torre Merino (Jefe de Departamento de Referencias AHN),  Saturnino Rodríguez Miguel (Ayuntamiento Sancti Espíritu), Severiano Blanco (ex Guardia Civil, Eljas), Santiago Castelo (Subdirector ABC), Domingo Domené (ex alcalde de Villamiel), Anastasia Arroyo (vecina de Acebo), Jesús Pérez (comerciante acebano), Emiliano Rodríguez Párraga (comerciante), Francisco Oropesa (abogado).

 

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Virtudes Serrano “Señora Ama, La Malquerida” EDT. Cátedra 2002

Victor Chamorro “Historia de Extremadura volumen IV”

Trabajo Realizado Por:

Jesús Carlos Rodríguez Arroyo

DNI. 5275638J

C/ Andrés Borrego nº 19, 3º D, 28004 Madrid

Tf 650547912

chuchi_arroyo@hotmail.com

Licenciado en CC. EE. En el C.E.U. San Pablo Madrid.

Doctorando en RR. II. Tesis “El mercado laboral en los países de Visegrado”

Autor del libro “Descubriendo Acebo, Perspectiva Histórica y Socioeconómica de un municipio de Sierra de Gata”

Artículo publicado en la Revista Piedras con Raíces, número 9 primavera 2005

“Primera catalogación de los Chajurdonis acebanos” (Chozos de pastores).

Artículo en la revista Piedras con Raíces, número 8, invierno 2005 “Simbología prerromana en Sierra de Gata”

Creador página Web www.acebo.freeservers.com

Cofundador de la Asociación cultural acebana “La-Raya”

Oct 012007
 

Francisco Rivero.

            La villa de Las Brozas será nombrada por la Junta de Extremadura como conjunto histórico artístico dada la categoría monumental de la población, que cuenta con dos templos, un castillo, tres conventos, así como varias ermitas, numerosos palacios y casonas solariegas con profusión de escudos de las familias  brocenses, y casas de arquitectura popular. Su trazado urbanístico se dibuja en torno a la iglesia de Santa María la Mayor, También hay que destacar la única casa que aún está en pie en España del gramático Elio Antonio de Nebrija, quien vivió en la localidad prácticamente los últimos años de su vida.

 

Las Brozas fue encomienda mayor de la orden militar de Alcántara. Su origen, que se pierde en el tiempo, puede proceder den un castro celta; por su solar pasaron también los romanos, con un puente aún muy desconocido para el gran público, y con redondas construcciones singulares en sus campos como los bohíos, “bujíos”, en terminología broceña.

 

A todo su patrimonio monumental, la villa de Las Brozas cuenta con una pléyade de hijos ilustres: Nicolás de Ovando, primer gobernador español en América; Francisco Sánchez de Las Brozas, gramático, y ya en los siglos XIX y  XX, el padre Manuel Amado, traductor de español del general inglés Arthur C. Wellesley, duque de Wellington y el actor Casimiro Ortas, maestro de actores.

 

El expediente está tramitado por la Consejería de Cultura, tras sugerirlo en su día el cronista oficial de la villa, al anterior consejero de Cultura, Francisco Muñoz; y ser aprobado por unan unanimidad por el anterior Consistorio, ahora sólo queda que el Consejo de Gobierno de la Junta de Extremadura lo apruebe en breve y la villa de las Brozas sea el nuevo conjunto histórico artístico de la región.

 

Oct 012007
 

José A. Ramos Rubio.

Son escasas las noticias que tenemos sobre la vida del pintor Juan de Ribera. Podemos conocer la autoría de las obras pictóricas que estudiaremos por las características estilísticas de las mismas y por la firma del autor en ellas, mostrándonos su largo período de actividad en la provincia de Cáceres, sobre todo en la diócesis de Coria-Cáceres (1565-1585): ermita de San Jorge (Cáceres), Portaje, Mata de Alcántara, Villa del Rey, Torrejoncillo y Portezuelo.

Si bien carecemos de documentación sobre su obra, sabemos algo sobre su vida, solamente nos aporta algún dato Tomás Pulido[1], pues Hurtado se limita a citarle “Hacia 1560 teníamos en Cáceres un pintor llamado Juan de Ribera, que ignoro qué obras produjo[2]. Estaba casado con María Escobar, y eran vecinos de la ciudad de Cáceres, pues el 30 de diciembre de 1561, ante Benito González, venden a Diego Álvarez, vecino de la misma villa, 2000 maravedíes de renta de censo por la casa en la que vivían en la calle Parras, lindera con la casa de Diego González, criado de Juan de Figueroa y por la otra parte con la casa de la Gutierra[3]. Era feligrés de la iglesia de San Juan. No aparece referencia alguna en los diferentes vecindarios realizados en Cáceres durante el siglo XVI, sabemos que su mujer era hija de Diego Carrillo y de Francisca de Godoy, que tenía parentesco con Francisco de Godoy, el indiano cacereño[4].

 

Por los documentos encontrados en el Archivo Diocesano de Cáceres (Palacio Episcopal)[5]  el 26 de julio de 1579, Juan de Ribera, pintor , bautiza a su hijo Nicolás[6] (correspondía al primer matrimonio del pintor. En la lista de padrinos aparece varias veces Juan de Ribera , pintor, que se casa dos veces. Sabemos que Nicolás muere el  6 de noviembre de 1597  e hizo testamento, siendo testamentarios Juan Hernández Mostaza y Ana Rodríguez, su mujer[7].

En tiempos del pintor Juan de Ribera, la ciudad de Cáceres experimentó un crecimiento importante, la mayoría de la población nació en las calles colindantes pertenecientes a la feligresía de San Juan[8]. A finales del siglo XVI se produce un descenso demográfico motivado por la peste que arrasó a la ciudad[9]. Las obras artísticas eran encargadas por mecenas pertenecientes a la nobleza que  controlaban la actividad económica (el mercado y eran grandes latifundistas). La provincia de Cáceres por esta época se halla dominada completamente por tierras de Realengo, Señoríos y territorios controlados por la Orden de Alcántara. Ejemplo de este poder económico son las numerosas ermitas en dehesas particulares, algunas de ellas, ornamentadas con pinturas murales. Hemos de destacar en el siglo XVI el florecimiento histórico del momento extremeño, despertar breve por las artes plásticas, donaciones y construcciones por la masiva cantidad de oro americano y por el enriquecimiento rápido de los indianos extremeños, algunos de ellos de regreso a la región. Este hecho, si bien podría haber sido favorable a la expansión económica y cultural de la re­gión, sólo sirvió para engrosar las filas de la nobleza rural y urbana por parte de los indianos con premisas y condiciones económicas ancladas en estructu­ras feudalistas medievales.

La pintura mural será una práctica usual a lo largo del siglo XVI, que se pro­yectará hasta el siglo XIX. En el afán de lucro que lleva a cabo esta nueva nobleza, así como la de rancio abolengo y el clero (que se verá muy favorecido por esplén­didas donaciones), esta obra mural abarata la decoración de edificios religiosos, frente al encarecimiento de los retablos, y en edificios civiles frente a la decoración de tapices, generalmente importados. La pintura mural es una práctica asequible en España, aunque no muestra una tradición de artistas preparados técnicamente, como en el caso de Italia. Era frecuente que los talleres del siglo XVI, castellanos y andaluces, prepararan en el oficio a los futuros pintores, pero no en el ejercicio del dibujo, la proporción y la perspectiva, ciencia tan de moda, después de los pri­meros tratados publicados en el siglo XV en Italia. Ribera está dentro de la línea de estos autores que dominan el arte de la ejecución, pero no de la técnica, lo cual nos muestra un modelo de artista-artesano con idea de su identidad artística, pero que alejado de los centros humanísticos es carente de formación técnica adecua­da. A pesar de ello los pintores murales gozarán de una importante demanda deobras en nuestro entorno, gracias al aumento de decoraciones en iglesias, capillas y palacios.

En la iglesia parroquial de Santiago, en Villa del Rey, próxima a Alcántara,  se conservan en el muro del ábside, detrás del retablo mayor, de estilo clasicista, pinturas murales. Estuvo pintado en su integridad, pero hoy se notan difícilmente sus pinturas bajo una pequeña capa de cal. Representa a Santiago Matamoros, de factura algo tosca, quizá se deba al pintor fresquista Juan de Ribera, que trabaja en 1585 en la localidad de Mata de Alcántara.  A este fresco y al resto de pinturas que ornamentaban el ábside le tapa un magnífico retablo mayor de arquitectura clasicista, del último cuarto del siglo XVI, compuesto de banco, tres cuerpos articulados en cinco calles, con columnas estriadas de tercio inferior tallado y frisos con series de cabecitas de ángeles; la parte inferior de la calle central está abierta, pudiéndose ver el fresco antes citado; encima están las imágenes de Santiago Peregrino y la Virgen con el Niño en brazos, en las calles intermedias, imágenes de San Pedro, Santa Lucía y San Benito, y de San Pablo, Santa Bárbara y San Bernardo; en el banco, pinturas de Santas (Águeda, Bárbara, Inés), en las calles de los extremos, pinturas de la Adoración de los Pastores, Prendimiento, ángel de la Anunciación, y Adoración de los Reyes, Oración en el Huerto y Virgen de la Anunciación, es obra de regular calidad.

La pintura que representa a Santiago Matamoros guarda similitudes formales con las obras de Juan de Ribera fechadas y firmadas en otros lugares como en la ermita cacereña de San Jorge y en la iglesia parroquial de Portaje[10].

En la capilla de la epístola, en mal estado de conser­vación aparece la Asunción de la Virgen, sostenida por ángeles, y en registro in­ferior cuatro santos, de los cuales sólo se identifica con seguridad a San Sebastián, San Bartolomé y los Doctores de la Iglesia, uno de ellos recibe la bendición de Cristo y al lado Jesús atado a la columna[11].

En la población de Mata de Alcántara, próxima a la villa de Alcántara, se encuentra la iglesia parroquial de Nuestra Señora de Gracia, construcción que presenta dos partes diferentes. La portada de los pies –de mampostería- y el tramo correspondiente a la nave es obra de los inicios del siglo XVI. A mediados del siglo XVI se construiría el resto de la iglesia –obra de sillería perfectamente escuadrada-, con el altar mayor y la sacristía. En el lado de la Epístola, existe un marco-hornacina, con detalles decorativos rococós y relieves pasionistas del siglo XVIII; sus puertas tienen practicada una silueta que permite ver en el centro a un Crucificado del siglo XVIII, representación de un calvario (Cristo con San Juan y la Virgen), en madera policromada y estofada, y junto a él, en caracteres góticos y ocupando la zona baja del lateral derecho, se halla escrito:»ESTE ALTAR SE HIZO DE LIMOSNA /…/ EL AÑO DE M Y DL XXX V (1585) / JN. RIBERA PINTOR”.

El interior del arco estuvo totalmente decorado con pinturas murales. Actualmente sólo se conservan motivos decorativos en la  parte externa del mismo.

En la iglesia parroquial de San Andrés de Torrejoncillo se conservan, tras el retablo mayor, importantes restos de pinturas al fresco. Pese a su mal estado de conservación podemos apreciar vestigios de escenas compuestas, tales como la Estigmatización de San Francisco (que recuerda la misma escena de la Ermita de San Jorge), una Anunciación y San Antonio Abad. Los Libros de Cuentas de la parroquia recogen varios pagos a Juan de Ribera durante los años 1579, 1580, 1585[12], autor de las pin­turas. En el año 1585 trabajó para la iglesia parroquial de Nta. Sra. de Gracia, de Mata de Alcántara, tal y como atestigua la inscripción en caracteres góticos, si­tuada en el primer tramo del lado de la epístola; en ella podemos leer:…ar se hizo limosna…año de m.y.d. LXXX V Jn. Ribera, pintor.

Además de estos trabajos, que muestran la gran actividad del pintor en la Diócesis de Coria-Cáceres, tenemos constancia documental de obras de Ribera que no se han conservado, tal es el caso de su actividad en la Iglesia Parroquial de Portezuelo en el año 1574[13], pinturas por las que pagaron al pintor seis mil ochocientos y se­senta y ocho maravedíes.

El mayor repertorio de pintura mural de Juan de Ribera le encontramos en la ermita de San Jorge. Esta situada en la dehesa «Los Mogollones», a 12 km. de la capital cacereña[14]. Se la conoce como ermita de San Jorge, patrón de Cáceres[15]. El primer autor que la cita como tal fue don Tomás Martín Gil[16], posteriormente, don Tomás Pulido que estudia la documentación de la Cofradía de San Jorge[17], al no encontrar datos sobre la citada ermita, no la identifica como tal. No obstante, hemos de aclarar que se trata de una ermita particular erigida por los Mogollones, podría perfectamente denominarse con el nombre del patrón de Cáceres y no tener absolutamente nada que ver con la Cofradía erigida en la capital. El profesor Navareño Mateos la cita como ermita del Salvador, aludiendo a documentos sobre la constitución del Mayorazgo de Rodrigo de Ovando, en la vecina casa de las Seguras –junto a la finca de los Mogollones- en 1520, donde hace referencias al “camino del Salvador” al hablar de lindes y vecindades[18].

Desde el siglo XVI tenemos constancia de la existencia de tierras y casas de Alonso de Torres en el paraje de los Mogollones[19]. El proceso genealógico del citado Alonso de Torres encontramos los linajes de Torres-Ulloa-Quiñones. Nos interesa la línea formada por los Ulloa-Torres que descienden desde Leonor de Torres Ulloa hasta que Catalina de Ulloa Torres, señora de los Mogollones los señores que habitaron esta dehesa[20].

La ermita de culto privado[21] es de reducidas dimensiones, cuatro grandes arcos apoyados en fuertes muros, empotrados éstos en el terreno, dan a esta ermita el aspecto raro de estar construida aprovechando una hondonada cubierta de agua, para techarla se utilizaron grandes piedras graníticas apoyadas sobre arcos transversales.   De las cuatro partes en que queda dividida por sus arcos, tres de ellas están cubiertas por agua mientras que la cuarta, formada por el coro, tiene su superficie frontal ocupada por frescos que representan escenas bíblicas[22], por encima de las cuales se hallan inscripciones en letra gótica, de tres renglones, que contienen los versículos correspondientes a las escenas representadas.  Al lado derecho de la ermita se encuentra la antecapilla, con restos de pinturas en los muros.

Antes de la capilla se encuentra la única entrada a la ermita, se observa cómo se trataba de una puerta con arco de medio punto, hoy destruido. En esta zona se conservan restos de pintura mural formada por angelotes que, se adaptándose al arco, posiblemente cubrieron todas sus dovelas. Entrando en la sala, los paramentos no conservan restos pictóricos. Esta zona anterior a la entrada a la capilla estuvo cubierta por bóveda de arista y decorada con los cuatro evangelistas, ya que el único resto conservado representa a San Lucas acompañado de su símbolo parlante, el buey, y de las palabras con que comienza su obra escrita sobre su libro que sirve de la ilustración al tema: “MISSUS /EST/ ANGELUS/GABRIEL..”.. A la izquierda del Evangelista se observa un león, símbolo de San Marcos.

La capilla, formada por una celda con bóveda de arista totalmente decorada al fresco. Se encuentran en lamentable estado de conservación[23]. La iconografía de este conjunto muestra un recorri­do iniciático, en parte perdido, que recuerda la idea medie­val de la Eclesia. Se inicia en el coro con escenas bíblicas, acompaña­das de inscripciones góticas en tres renglones, que contie­nen los versículos de: aparición de Yaveh a Abraham en el encinar de Mambré, la Bendición de Isaac a Jacob, preco­nizando la llegada del Mesías.

Destacan varias inscripcines como: «Sume arma tua, pharetram et arcum, et affer ut comendad, et benedicat tibi anima mea \ caput XXVII«. Se trata de los párrafos de la Bíblica pertenecientes al Génesis (XXVII,3-4)[24]. Corresponde a la conversación que Isaac mantiene con su hijo Esaú  al que, como primogénito, se disponía a bendecir para transmitir sus bienes y poderes, pero Rebeca, mujer de Isaac, que goza a la predilección de Jacob, hijo menor, suplantará a Esaú por Jacob cuando el primero, obedeciendo a su padre, va a cazar al campo. Próxima a ella está la inscripción y la escena de la bendición de Isaac a Jacob. Los versículos que discurren sobre el tema corresponden al Génesis (XXVII, 28-29) y dicen : «Det tibi deus de rore caeli, et serviant tibi/ populi et adorent te tribus, esto dominus/ fratrum tuorum«[25].

Un tercer  epígrafe recorre la parte superior de toda la mitad izquierda del coro, a la que corresponden dos escenas que relatan lo sucedido a  Abraham en Mambré. La leyenda correspondiente a Génesis (XVIII, 3-4): «Domine si inveni gratiam in oculis tuis, ne transeas servum/ tuum, sed afferam pauxillum aquae, et laventur pedes vestros/ et requiscite sub arbore,. tres vidit  et unum adorayit»[26].

En la primera se nos ofrece la llegada de los tres caballeros a los que Abraham, rodillas en tierra y juntas las manos, parece haber reconocido como emisarios divinos y los adora. Después en otra escena nos ofrece la hospitalidad de Abraham hacia sus huéspedes a los que agasaja con comidas. El recorrido continúa en la antecapilla, en donde cabe destacar la complejidad de la decoración, dividida por el autor en fases: Escenas de la vida de Cristo, de las que sólo quedan dos, en parte, la Anunciación de la Virgen y Cristo en el Huerto de los Olivos, en un sincretismo que señala Vida-Muerte. En los muros inferiores destacan figuras de santos mártires femeninas, como Santa Lucía y Santa Bárbara, y masculinas como Santiago (aparece como peregrino, no matamoros) y San Lucas. El arranque de la bóveda que permanece, visión que estaba decorada por los Cuatro Evangelistas, de los cuales queda Juan. En la última fase del recorrido nos aproximamos al lugar más sagrado iconográficamente hablando; en el oratorio el artista ha representado las dos escenas subli­mes del Evangelio -el Bautismo y la Piedad-… Estas escenas se completan con el Padre Eterno en la bóveda y la Estigmatización de San Francisco de Asís.  Dios padre ocupa el centro de la bóveda de la capilla y las cuatro pechinas que la circundan están decoradas por cuatro figuras que representan a los cuatro Padres  de la Iglesia Latina. El sistema de la representación está centrado sobre la concepción del Dios Justiciero (mano diestra levantada arengando, y señalando con el índice, en su mano izquierda sostiene una esfera, símbolo de la totalidad y la alegoría del mundo, que, como atributo del Dios-Padre viene a resaltar su poder y su dignidad imperial.

 

La fecha de su ejecución viene determinada por la firma del autor y fecha: sobre una columna pequeña y tosca que separa la antecapilla del coro se encuentra escrito en letras góticas: “JUAN DE RRIBERA PINTO MDLXV (1565)”.

Los modelos de representación han sido tomados de los Evangelios Apócrifos (como es el caso de Santiago Peregrino), de modelos flamencos del siglo XV (La Piedad) e incluso modelos de influencia bizantina como es el caso del Bautismo de Cristo, que nos recuerda a las concepciones abstractas del espacio en los mosaicos.

Con respecto a Santiago, el pintor nos lo presenta ostentando el hábito de peregrino con una serie de atributos que lo caracteriza, como el bordón o bastón de peregrino en el que se apoya, la esclavina o vestidura de cuero que tiene sobre los hombros, así como los adornos que lleva sobre el turbante que le cubre la cabeza: venera o concha y espinas. La iconografía de los atributos que presenta como el turbante en la cabeza nos dan la clave de la representación; el turbante o gorro es propio de los que utilizan los pueblos orientales en los que Santiago desarrolló sus primeras actividades apostólicas; las espinas que lo adornan son símbolos de “sufrimiento, tribulación y pecado” y la concha simbolizaba a los que marchaban a Compostela. Es, pues, Santiago  en su peregrinar de Oriente a Compostela.

Santa Lucía nos representa el triunfo de la virginidad sobre el pecado –postura hierática, con bello rostro y larga cabellera-, va acompañada de sus atributos característicos, el considerarla como Virgen está sacado de su leyenda, según la cual se arrancó los ojos  y los envió en un plato a su desposado, mientras que con la mano izquierda sostiene una palma que hace referencia al martirio. El personaje que aparece por encima de la santa citada es Santa Bárbara, que se nos ofrece con el rostro típico de toda Virgen y va acompañada con su atributo personal, la torre.

La facilidad pictórica del artista para concebir escenas y desarrollarlas en un planteamiento iconográfico de fuerte sentido místico, nos lleva a pensar en unbuen conocimiento de la temática religiosa en temas bíblicos, o en su caso Ribera podría haber seguido un programa preestablecido por algún personaje religioso dela obra Franciscana.

Desde el punto de vista de la técnica el autor asume con facilidad la com­posición y el colorido, sin embargo carece de proporción y perspectiva adecuadapara las figuras, tratándolas desde el punto de vista arcaico, próximo a la concep­ción de iconos en cuanto a figuras aisladas y con mayor sensibilidad en cuanto al ritmo y movimiento en las escenas bíblicas, no olvidándose del sentido dramático de algunas de ellas, como es el caso de «Cristo en el Huerto de los Olivos», «laPiedad» o la «Estigmatización de San Francisco».

Una de las escenas más impresionantes es la del Descendimiento. Se trata de una composición claramente renacentista, simétrica, inscrita en un semicírculo teniendo a la Virgen como eje central de la obra y el cuerpo ensangrentado de Cristo,  en los extremos, José de Arimatea, que sostiene en sus brazos el cuerpo muerto de Cristo y San Juan, que limpia sus lágrimas con un pañuelo en la mano. la Virgen , con las manos entrecruzadas en el pecho con rostro de dolor ante el cadáver de su Hijo. Esta composición está ubicada sobre un altar pequeño que existe en la capilla. Las figuras resaltan la ternura y el dolor

Escasos restos quedan de otras escenas en la capilla –cubierta con bóveda de arista, en cuyo centro está Dios Padre como señor del mundo, bendiciendo con la diestra levantada, teniendo en su mano izquierda la bola del mundo marcada con el crismón- como la del Bautismo de Jesús recibiendo las aguas del Jordán de manos del Bautista. Aparecen como símbolos parlantes el agua y la concha de bautizar. En las pechinas están los cuatro Padres de la Iglesia Latina con sus atributos: capelo, mitra, pequeña iglesia, etc..

 

En la iglesia Parroquial  de San Miguel Arcángel de Portaje nos encontramos dos conjuntos  pictóricos  interesantes que decoran las dos  bóvedas  de arista  de  la  capilla  mayor. Un gran arco divide  las  dos  bóvedas  de  aristas  que  exhiben  en  sus  claves  los  anagramas  de la Virgen María  y  Jesucristo respectivamente. Alrededor de estos  anagramas  se  organizan  diversas  imágenes pictóricas  con  sus  atributos  correspondientes y  el  nombre  de  cada  una  de ellas. Casi imposible encontrar datos del pueblo hasta el siglo XVI[27],  hasta que en el año 1577 Juan de Ribera firma estas pinturas (“M DLXXVII (1577)”), realizadas en las bóvedas de la capilla mayor, de esto se deduce, lógicamente, que si existía iglesia, debía existir núcleo de población estable. Al Archivo Diocesano (Diócesis de Coria-Cáceres) se trasladaron los viejos libros del Archivo Parroquial de Portaje para su custodia, el libro número 1, comienza la fecha de Bautizados desde el 1633, libros de interés para trabajos de demografía local e inventarios de las diferentes cofradías.
Las escenas se distribuyen en dos grupos de seis imágenes pictóricas en torno a un círculo que ocupa la clave de la bóveda, que en una contiene –como ya he explicado- las iniciales de María y en otra las de Jesús. De ambas bóvedas parten cuatro seres híbridos que ocupan los nervios de la bóveda con cuerpo de serpiente y cabeza de zorro que sirven para delimitar los temas. El hecho de coronar las dos cúpulas con las iniciales de Jesús y María en un círculo cerrado que ocupa el centro, nos revela la superioridad –simbolismo espacial- de Jesús y María sobre el resto de las figuras que les acompañan. La distribución de los personajes en torno a las claves responde a un esquema que trata de reunir junto a la Madre y al Hijo aquellos personajes que han favorecido su conocimiento: en torno a Cristo los cuatro Evangelistas, difusores de la vida y obra de Jesús, y dos de sus apóstoles, representantes de la continuidad de la evangelización. San Juan lleva túnica talar y manto, le acompaña el águila. Aparece muy joven, pues era el más joven de los apóstoles. San Lucas con su símbolo parlante el buey que es el animal del sacrificio y tiene entre sus manos un libro ilustrado con las primeras palabras de su evangelio : “Missus est Grabiel…”. San Marcos con su atributo el león relacionado con las primeras frases del Evangelio: una voz grita en el desierto, y esta “Vox clamantis in deserto” (es la frase que se lee en el libro que tiene ante él) se le asimila al rugido del león. San Mateo viste túnica talar y palio, sus símbolos parlantes son la pluma, el libro y un hombre alado.  En la filacteria que tiene sobre él puede leerse el inicio de su Evangelio :  “Liber generationis…” de donde proviene su atributo del hombre, por tratar el principio de su evangelio sobre la genealogía de Cristo. Los dos apóstoles que acompañan a los Evangelistas son San Pedro y San Bartolomé. San Pedro identificado con las llaves del cielo, que según el texto del evangelio de San Mateo (16,19) simbolizan el poder de atar y desatar, de absolver y excomulgar que Cristo confirió al príncipe de los apóstoles. San Bartolomé, viste túnica púrpura y cándido manto adornado de piedras preciosas. El atributo que ostenta en su mano izquierda es un gran cuchillo con el cual fue desollado vivo.

 

En torno a la Virgen los cuatro Padres de la Iglesia Latina, comentaristas de los evangelios y defensores de la virginidad de María; otras figuras que están presentes en el programa iconográfico son: Santa Bárbara, símbolo de pureza, por defenderla prefirió morir. Viste como las demás vírgenes la túnica talar de las doncellas romanas, y con el manto sobre sus espaldas a demás de otras formas propias de su condición. Como símbolo parlante lleva la torre donde su padre la encierra, caracterizada por tres ventanas, pues teniendo dos la torre, percibe una tercera para manifestar su fe en la trinidad; y Lázaro que personifica la obediencia. Representa el hombre a quien el rico dejó morir de hambre, según la Parábola de Jesús.  Se nos presenta con úlceras en su cuerpo, se deja lamer por el perro que se le acerca.

Los seres híbridos, expresan la inferioridad de los que en altura vertical aparecen debajo. Representan al diablo, pues una de sus características es el polimorfismo, siendo frecuente su representación bajo las formas de serpiente y zorro, que  se identifican con la astucia, el engaño y todas las tretas y actitudes inferiores del adversario[28].

Para poder identificar a cada personaje el artista ha escrito los nombres junto a las figuras. Los apóstoles aparecen con túnica y manto terciado. Los obispos, papas y cardenales, con el vestido propio de su jerarquía al desempeñar funciones litúrgicas, las vírgenes con la cabeza descubierta. Otros atributos completan la indumentaria: el libro, para evangelistas y doctores; papas y obispos con ancha casulla y báculo. Según Roig: «El báculo es utilizado a partir del XIII, les vemos con la mitra; y poco después los papas comienzan a llevar tiara (desde el siglo XV con tres coronas) y el palo en doble cruz, el cual después del Renacimiento, algunas veces tendrá hasta tres travesaños» [29]. También, Roig define así la indumentaria adoptada para los cardenales: «Después del Renacimiento se les viste con roquete blanco, sotana, manteleta y capa magna, todo ello de color púrpura»[30].  San Ambrosio, obispo de Milán, se nos presenta con su báculo pastoral en la izquierda y la derecha la levanta en actitud de bendecir. Lleva mitra  y la casulla.  Figura muy estática. San Jerónimo, representado como doctor de la iglesia, vestido de la púrpura cardenalicia y asociado a los otros tres doctores de la iglesia. A pesar de cubrir su cabeza el sombrero cardenalicio, jamás fue cardenal.  Ejerció simplemente las funciones de secretario del Papa Dámaso. Lleva en su mano derecha una cruz y en su izquierda un libro. San Agustín, se le representa con báculo pastoral y mitra, añadiéndole una maqueta de iglesia. San Gregorio viste ornamentos pontificales como corresponde a su dignidad de Papa, cubre su cabeza con la tiara y porta la cruz.

Con un lenguaje sencillo, nos ofrece figuras religiosas que van desde claras muestras de las deformaciones propias del Manierismo como se aprecian en las figuras alargadas de Evangelistas y Santos Padres de la Iglesia de Portaje, presentando escorzos y con gestos muy expresivos, hasta imágenes con actitudes más sosegadas que proceden de modelos flamencos, tratadas con un color más bien amortiguado. Desde el punto de vista técnico, estas pinturas reúnen todas las condiciones técnicas del autor, tales como agilidad en el dibujo, de ejecución rápida, utilización de modelos preestablecidos de santos y símbolos y escaso colorido pic­tórico –como ya hemos indicado. El autor, ha querido des­tacar el rostro y manos de sus figuras, motivos de expresión y vida, permitiendo el juego de volúmenes y movimiento en los trazos alargados y pinceladas nerviosas de las vestiduras, en­trando en una intencionalidad próxima al barroco, donde no importa tanto resaltar la presencia técnica como la intencionalidad religiosa.

 



[1] PULIDO y PULIDO, T: Datos para la Historia artística cacereña. Cáceres, 1980, pp. 402-412.

[2] HURTADO, P: Ayuntamiento y familias cacerenses. Cáceres, 1918, p. 718.

[3] PULIDO y PULIDO, op. cit., p. 412.

[4] Archivo General de Simancas. Expedientes de Hacienda, leg. 66, vecindarios de Cáceres en 1557, 1561, 1586 y 1595.

[5] Agradezco las facilidades que me ha brindado la directora del Archivo Diocesano doña Carmen Fuentes Nogales para la investigación y consulta de documentos.

[6] Archivo Diocesano de Santa María la Mayor. Libro I de bautizados. fol. 24. En Apéndice Documental (foto).

[7] Archivo Diocesano de Santa María. Libro I de difuntos. fol. 203. En Apéndice Documental (foto).

[8] Censo de Vecinos Pecheros. Archivo General de Simancas. Contadurías Generales, Leg. 768; y el Censo de Población de 1591, Archivo General de Simancas. Dirección General del Tesoro. Leg. 1301, Inv. 24.

[9] Libros de Acuerdos Municipales que desde el año 1600 a 1608 constatan que en varias reuniones del concejo se ponía de manifiesto la peligrosidad de la peste, dando multitud de órdenes para evitar el posible contagio. Archivo Municipal de Cáceres.

[10] Aparecen citadas en Rodríguez Martín, M. «Pintura Mural Cacereña». Tesina, Cáceres 1977, pág. 145-191. Departamento H.’ del Arte. Universidad de Extremadura. PERALES PIQUERES, R; RAMOS RUBIO, J. A.; MARTINEZ DIAZ, J. M: “Nuevas aportaciones sobre las creaciones artísticas extremeñas del pintor Juan de Ribera”. En Actas de los XX Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo, 1994, pp. 277-280.

[11] Según un Inventario: “…donde aparece un obispo, recibiendo la bendición de Cristo, y en la otra con­templando a Cristo atado a la columna». Sin embargo la realidad nos muestra a dos obispos uno leyendo y el otro en actitud de bendecir, mientras que las imágenes que les acompañan son dos figuras, una de ellas San Sebastián, el otro puede ser San Bartolomé por la palma del martirio”. Archivo Diocesano de Cáceres, Inventario de la iglesia parroquial de Villa del Rey.

[12] Archivo Diocesano de Cáceres. Parroquia de San Andrés. Cuentas de Fábrica. años 1544-1585 libro 63. Torrejoncillo. Cuentas de Fábrica y otros. Años, 1584-1561, libro 68. Torrejoncillo Archivo Diocesano de Cáceres. Parroquia de Santa Marina, Visita de Cape­llanías de la Iglesia, Inventarios, Cuentas de Fábrica y otros. Años, 1515-1580, libro 40. Portezuelo.

 

[13] Las primeras noticias sobre la actividad del pintor en Torrejoncillo y Portezuelo aparecieron en GARCIA MOGOLLON, F. J.: Torrejoncillo el arte en la parroquia y ermitas. Salamanca,1984, pág. 53-54. Si bien las primeras imágenes no aparecerán hasta 1990 en LOZANO BARTOLOZZI, M. del M. (dir), SÁNCHEZ LOMBA, F. M. y otros: Plás­tica Extremeña. Caja de Badajoz, Salamanca, 1990, pp. 136-137.

 

[14] “Acta de la sesión celebrada el 6 de octubre de 1.902” “En (la finca) los Mogollones visitaron las ruinas de lo que llaman San Jorge, capilla o lugar de recreo, según los pareceres: por las pinturas y versículos que cubrían las paredes, lo primero; por el agua que inunda su recinto y cierto detalles de construcción lo segundo”. Cit. Por SANGUINO, J. “Comisión de monumentos”. Revista de Extremadura. 1902, p. 572.

[15] El primer documento que avala la celebración de la fiesta del Patrono tiene fecha de 16 de abril de 1548, “porque el 23 de abril, día de San Jorge, se ganó esta dicha villa a los moros, y se pobló de cristianos…”. Archivo de Santa María la Mayor de Cáceres. Libro de Actas de la Cofradía de San Jorge. Se reformaron en 1554, según BOXOYO, S. B: Historia de Cáceres y su Patrona. Manuscrito de 1798, publicado y anotado por Miguel Muñoz de San Pedro (1952), p. 27.

[16] MARTIN GIL, T: “Excursiones a viejas ermitas”.  Revista del Centro de Estudios Extremeños.  “Excursiones a viejas ermitas” “Pinturas al fresco”, Badajoz 1.936 (septiembre-diciembre), p. 229-239

[17] PULIDO y PULIDO, T, op. cit., p. 403.

[18] NAVAREÑO MATEOS, A: Arquitectura Residencial en las Dehesas de las Tierra de Cáceres. Institución Cultural “El Brocense”. Cáceres, 1999, p. 144.

[19] En el acta de fundación del Mayorazgo de Rodrigo de Ovando, en 1520, figura una de sus propiedades en los Mogollones, lindero con posesiones de Alonso de Torres. Archivo Casa de las Seguras de Cáceres, fundación Mayorazgo Rodrigo de Ovando, 15-XI-1520.

[20] Según el Memorial de Ulloa, fol. 134/vº. Véase LODO MAYORALGO, J. M: Viejos linajes de Cáceres, Cáceres, 1971. pp. 288, 320-321. Existe un interesante estudio sobre la Torre de los Mogollones –obra de finales del siglo XV-, próxima a la ermita de San Jorge en NAVAREÑO MATEOS, A: Arquitectura Residencial en las Dehesas de las Tierra de Cáceres. Institución Cultural “El Brocense”. Cáceres, 1999, pp. 141-144. Véase sobre la familia de los Mogollones HURTADO, P.: Ayuntamiento y familias cacerenses, Cáceres, 1918, pp. 528-532. Sabemos de la existencia de una Cofradía de San Jorge que estuvo agregada a la Iglesia de Santa María de Cáceres, pues en el A.H.D. figura el libro de “Cuenta de San Jorge” en cuya portada dice: “Aqueste libro es de la Hermandad y Cofradía de Señor San Jorxe patrón desta mui noble villa de Cáceres”. En él se contienen toda una serie de ordenanzas, listas de hermanos, de inventarios  y de bienes de la cofradía.

[21] PERALES PIQUERES, R; RAMOS RUBIO, J. A.; MARTINEZ DIAZ, J. M, op. cit, pp. 277-280.

[22] Citadas por primera vez por MARTÍN GIL, T, MARTIN GIL, T; “Excursiones a viejas ermitas” “Pinturas al fresco” R.E.E. Badajoz 1.936 (septiembre-diciembre), p. 229-239 op. cit.

[23] Ya nos lamentábamos de su estado en 1991. RAMOS RUBIO, J. A.: “Las pinturas de la ermita de San Jorge en progresivo deterioro”,   El Diario de Extremadura,  14-2-91.

[24] En castellano: “..Toma tus saetas, tu aljaba y tu arco, sal al campo y me cazas alguna pieza. Luego me haces un guiso suculento,  como  como a mí  me gusta, y me  lo traes para  que me lo coma, a fin de que mi alma te bendiga…»

[25]“Dios te de el rocío del cielo. Sirvante pueblos, y te adoren naciones, se señor de tus hermanos”.

[26]Señor, si he hallado gracia a tus ojos no pases de largo junto a tu siervo. Que traigan un poco de agua y lavaos los pies y tendeos bajo el árbol (…) tres vio y uno adoró”.   

 

[27] El Libro más antiguo es el primer Libro de Bautismos, fechado en 1633-1786. El primer libro de Matrimonios data de 1633-1841, libros de Cofradías de Ntra. Sra. del Casar (1637-1842); de las Animas (1685-1797); de la Vera Cruz (1685-1757); de Ntra. Sra. del Rosario (1690-1829) y los libros de Visitas (1703-1788) y de Cuentas de Fábrica (1690-1807). Archivo Diocesano de Coria-Cáceres.

[28] FERGUSON , G.: Diccionario de signos y símbolos. Madrid, 1970, p. 32; CIRLOT, J, E Diccionario de símbolos. Barcelona, 1964, p. 365.

 

[29] FERRANDO ROIG, J. Iconografía de los santos. Ed. Omega

Barcelona, 1950, p. 174

Fig 1 Leyenda con la fecha y firma de Juan de Ribera

Fig 1.- Leyenda con la firma de Juan de Rivera. Iglesia parroquial de ata de Alcántara

Fig 2 Marco-hornacina

Fig 2.- Marco-hornacina y crucificado

Fig 3 Iglesia de Mata de Alcántara

Fig 3.- Iglesia parroquial de Mata de Alcántara

Fig 4 Dios-Padre

Fig 4.- Dios Padre. Ermita de San Jorge (Cáceres)

Fig 5 El bautismo de Jesús

Fig 5.- El Bautismo de Cristo. Ermita de San Jorge (Cáceres)

Fig 6 El Descendimiento

Fig 6.- El Descendimiento. Ermita de San Jorge (Cáceres)

Fig 7 Detalle de las pinturas

Fig 7.- Detalle de las pinturas. Ermita de San Jorge (Cáceres)

Fig 8 Firma del pintor Juan de Ribera

Detalle de la firma del autor Juan de Rivera. Ermita de San Jorge (Cáceres)

Fig 9 Vista de la ermita de San Jorge

Fig 9.- Ermita de San Jorge (Cáceres)

Fig 10 MONTAJE DE LAS PINTURAS AL FRESCO DE PORTAJE

Fig 10.- Pinturas de la bóveda. Iglesia de Portaje

Fig 11 IGLESIA DE PORTAJE

Fig 11.- Iglesia de Portaje

Fig 12 En torno al anagrama de la Virgen, los padres de la Iglesia Latina, Santa Bárbara y Lázaro

Fig 12.- Vista completa de una de las crujías de las bóvedas de la iglesia de Portaje

Fig 13 La firma del pintor Juan de Ribera

Fig 13.- Firma del pintor Juan de Rivera. Iglesia de Portaje

Fig 14 Lázaro y San Jerónimo

Fig 14.- Escena de San Lázaro y San Jerónimo. Iglesia de Portaje

Fig 15 San Antonio Abad, Torrejoncillo       Fig 16 San Francisco, Torrejoncillo

Fig 15 y 16.- San Antonio Abad y San Francisco. Iglesia de Torrejoncillo

Fig 17 Capilla de la Epístola, detalle pinturas

Fig 17.- Pinturas de la capilla de la epístola. Parroquia de Villar del Rey

Fig 18 Santiago Matamoros

Fig 18.- Pintura de Santiago en el retablo. Parroquia de Villar del Rey

Fig 19 Iglesia de Villa del Rey

Fig 19.- Iglesia parroquial de Villar del Rey

[30] Roig, op. cit., p. 175.

Oct 012007
 

Ángel Paule Rubio.

La fragua, el herrero y el arte de herrar.

 

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Herrería de tío Casto Villanueva de la Sierra.

La Sierra de Gata, tierra desconocida y olvidada. Hogar de antiguos dioses. Escabrosa y granítica, de valles verdes, silenciosos, mudos. Territorio de fronteras. Ruinas de castillos. Misteriosa. Tierra de conquistadores y conquistados, siempre en lucha. Tierra de culturas, donde cristianos, árabes y judíos, han tenido su papel muy significativo en nuestra historia

 

Sus piedras y topónimos nos hablan de un pasado evocador.

Veintidós pueblos forman los macizos montañosos más occidentales del Sistema Central, o mejor de la Cordillera Carpetovetónica.

Comarca de olivos y vid; de robles y pinos. Bellos miradores naturales, como la Sierra de Jálama o “Xalima” otónimo de Salamati, que figura en un ara romana “Fuscus Deo Salamati” dedicada a la divinidad prerrománica: Salama.

La Sierra Dios Padre, nos permiten contemplar las bellezas de toda una comarca. Dónde San Pedro de Alcántara con pesada cruz sobre los hombres, la dejó clavada en lo más alta de esta Sierra.

Cuando el recuerdo nos lleva al pasado, nos deleitamos en aquellas  vivencias de niño. Trabajos artesanales, hoy desaparecidos, formas de vida que dejan huellas, ritos ancestrales. Esto me lleva a recoger la riqueza etnográfica de la Sierra de Gata.

Comienzo por uno de esos talleres, centro de reunión en los días de lluvia, donde el artesano trabajaba y enseñaba a sus hijos, trasmitiéndole de generación en generación las técnicas, saberes y secretos de su oficio.

Escojo un hombre, un pueblo y un oficio. Esto vale para todos nuestros pueblos serranos de los S XIX y XX y por deducción para todos los artesanos de la comarca.

Villanueva de la Sierra sería nuestro centro de interés.

Tío Casto y la familia de los “Cuecos” serían  nuestros artesanos

Un Arte Popular en metal sería su trabajo “El Herrero”

Tío Casto es un artesano del gremio de los herreros. Su herrería ocupó un lugar en la Calle del Laurel situado en SO de  la villa. Siguiendo la calle de N a S. la herrería estaba situada a la izquierda, enfrente, huertos familiares que, en su parte O., corría el Arroyo de las Higueras. Un pozo surtía de agua a la población de este sector, con un brocal de granito en el mismo arroyo. Se daban las condiciones idóneas para instalar su herrería. Detrás de ella una escuela de niños y otra de niñas en un mismo edificio, que antes, mucho antes, en el S. XVI-XVIII, fue “Pósito” o almacén de cereales, desde donde se ayudaba a los agricultores que tenían necesidad de determinados cereales para sembrar y, muchas veces, para comer. Era propiedad del Concejo.

Conocí a tío Casto siendo yo muy niño, como otros muchos, cuando íbamos a la escuela y antes de entrar, en el recreo, tal vez, a la salida, íbamos a su herrería, bien para tirar de la cadena del fuelle que avivaba el hogar, donde la pieza de metal, allí metida, se ponía roja, blanca y azulada, bien para contemplar la habilidad de tío Casto, o para calentarnos las manos al calorcillo del hogar. Sartenes, tenazas, rejas de labrar, candiles y otras más, propias de una sociedad artesanal, eran los útiles que salían de la fragua.

 

 

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Fragua: Fuelle, yunque hogar y bigornia.

La misma fotografía vista desde otro ángulo.

 

Tirábamos del fuelle con ímpetu de niño lo que  hacía, muchas veces, que la carbonilla encendida saliese con furia del hogar, cuan fuegos artificiales y tío Casto, con voz serena, firme y cariñosa nos decía: ¡despacio, despacito!

Tío Casto era mucho para los niños. Él nos hacía los picos de las peonas o peón, pero con chapetas, para nuestro juego favorito,”echar la peona”. Peón o peona, que previamente, otro artesano, tío Leoncio, del arte de la madera, nos había hecho del corazón de la encina

Villanueva de la Sierra es un pueblo situado al NE de la Sierra de Gata. Pueblo olivarero y viticultor. Centro geográfica y de comunicaciones donde se cruzan las carreteras Hervás-Portugal y Coria- Salamanca.

En su bagaje cultural tiene la de haber sido antes Villanueva del Obispo, pueblo residencial del Episcopado. Le corresponde el honor de ser el primer pueblo deslindado durante la reconquista en 1188. Cuna de la Primera Fiesta del Árbol en el mundo celebrada por un sacerdote D. Ramón Vacas Roxo en el año 1805, pueblo y clérigo de la comarca.

Estatua de bronce que representa a un soldado de Villanueva muerto en la Guerra de Marruecos, en la batalla del Zoco Had de Melilla el 4 de Septiembre de 1921, la encontrarás en el Parque Escolar. Bronce modelado por el insigne escultor Benlliure, que representa al soldado Inocencio Rubio, muerto en este combate.

Desde aquí el Sacerdote y jurista D. Antonio de Oliveros, secretario de las Cortes de Cádiz, hijo de este pueblo, levantó la voz en las Cortes de Cádiz en 1812 para defender la libertad de expresión con respeto y libre de coacción para todos los ciudadanos. Criticó el Tribunal de la Inquisición e instó a su desaparición. Es vergonzoso, dice: “ver como los fieles pagan puntualmente los diezmos, por muchos miles y se ven en la necesidad de pedir limosna para satisfacer sus necesidades.” Oliveros fue en las Cortes de Cádiz el ideólogo que movía los hilos de aquel momento difícil y de tanta importancia para nuestra Patria. Cuna de Loaysas y Girones, emparentados con Trujillo, Plasencia y con el continente americano.

Tío Casto, el herrero, el herrador y el arte de errar.

 

BIOGRAFÍA:

Nacido en Villa del Campo, hacia el año 1890 y casado con una  mujer de esta localidad. Muy jóvenes, él y su hermano Cándido, establecieron sus herrerías en esta Localidad. Uno en la Calle del Laurel ya citada y, el otro, Cándido, en la Calle de La Calzada. La saga de tío Casto continuó el oficio de artesano del hierro. Sus saberes los heredaron, su hijo Marcelino y, más tarde, su nieto Daniel. Podríamos hablar de ciento quince años desde.1890-2000. Período que corresponde a tres generaciones. Hoy, sólo queda, el recuerdo.

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Pintura en negro sobre un vaso ático, representando el taller de Hefesto (dios griego del fuego de la fragua y de los metales. Para los romanos se corresponde con Vulcano. S.VI a.d. C.

Actividades de la metalurgia. Trabajo de fundición. Dinastía XVIII reinando Tuntakhamon1333-1323 a. d.C.

 

LA OBTENCIÓN DEL HIERRO.

El hombre comenzó a elaborar objetos de hierro hace más de 4000 años. El primer hierro era obtenido a través de fragmentos de hierro, provenientes de meteoritos, golpeado en frío. El hombre no conocía el arte de reducir el mineral de hierro, cosa que aprendió posteriormente cuando inventó el horno que, a elevadas temperaturas, el artesano logró separar las impurezas del hierro del metal, sometiendo el mineral de hierro al calor del fuego, avivado por el fuelle que, incidiendo sobre el carbón formaría una masa dúctil y maleable, la materia prima para poder hacer los útiles del campo, los enseres de las casas, las llaves de nuestras puertas y toda una gama de útiles necesarios para la vida del entonces. Esta masa, fácil de compactar con el martillo, formaría barras o láminas necesarias para hacer  el útil que el artesano deseaba.

De la mano del horno estaba el fuelle que, avivando la masa de hierro por la combustión del carbón, posibilitó hacer piezas más grandes  y de mayor calidad.

A partir del S. XII, la energía hidráulica revolucionó el sistema aprovechando el agua como fuente de energía para moldear el hierro.

A partir del S. XV aparecen en Europa los altos hornos que lograron fundir el hierro, por lo que el uso y los útiles se diversificaron.

Topónimos de arroyos como Arroyo de las Herrerías, o de las Ferrerías, encontramos en España varios. No dudamos que este nombre nos dice que allí estaba enclavada una herrería. Recordemos Las Ferrerías de Asturias, complejo artesanal que tomando como fuente de energía el agua se trataba el hierro y se hacían toda clase de herramientas agrícolas y hoy podemos contemplar, pues siguen funcionando para recreo de los interesados en la cultura artesanal.

Aquí en la Sierra de Gata, también tenemos el Arroyo de las Herrerías. No hemos hecho una prospección ocular por la zona, pero sin dudarlo, allí debió existir una herrería.

El lugar, donde se transformaba el hierro en útil, es la fragua. Era un pequeño taller, compuesto de un hogar, el fuelle, la carbonera, el yunque, la bigornia y un conjunto de herramientas que, el mismo artesano, preparaba para su trabajo. Era un local pequeño, cerrado, poco iluminado y peor ventilado. Así era la fragua de tío Casto.

La forma de pago por el servicio, generalmente, en un principio, era la iguala que, en muchos pueblos, se hacía en especies.

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Horno de fundición. Dos artesanos avivando el fuego con los fuelles de pies.

Herrero forjando con un martillo, mientras aguanta el  metal con unas tenaza. Observar el fuelle.

 

Hacía el año 1500, Villanueva tenía su fragua, propiedad del Concejo y arrendada al artesano para que los campesinos tuviesen cubiertas sus necesidades de abastecimientos de herramientas y el herrado de sus animales de labor. Esta fragua, por los albores del S. XVI, se ubicaba en la Fuente del Palacio junto a una fuente y a un arroyo, el de Cagancha. La fragua necesitaba agua para el templado del hierro que, después de batirlo a golpe de martillo sobre el yunque, era  metido en una pila de granito llena de agua. Y allí, sumergida, obtenía el útil su dureza, su temple.

El trabajo de forja en el S. XVII fue muy importante, llegando a crear su propia escuela: La Extremeña. El Catastro del Marqués de la Ensenada elogia el gremio de los herreros, cerrajeros, cuchilleros con un  total de 810 maestros, 234 oficiales y 41 aprendices, sólo para la provincia de Extremadura. Más tarde pasó la hegemonía a Andalucía, donde, hoy, sigue en actividad.

 

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Bueyes arando. Observar la reja de cuña.

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Azada romana. Museo de San Gerain-en-Laye, Francia. Nada ha cambiado de las  usadas hoy.

Martillo trinchante, parecido al hacha de doble filo, procedente de Pompeya. También pudo haber salido de la fragua de tío Casto.

 

Tío Casto hacía todo lo que necesitaba una sociedad autárquica. Recuerdo sus candiles, morillos, rejas de arado, sartenes, cantarillas, cucharas “Gerreñas”, tenazas, trébedes y los picos de chapeta para nuestras peonas.

 

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Labor del campesino con arado y reja de virola o de cuña.

Reja de cuña o virola. Mallorca s. XII

 

La escuela de niños y niñas estaba al lado. Desde nuestros pupitres contábamos y cantábamos el repicotear del yunque, con tal maestría que parecía y, aún hoy, me parece, una relajante melodía.

Es la hora del recreo y tío Casto ya le había puesto el pico a nuestras peonas, pero, eso sí, con chapetas. Otro artesano, tío Leoncio, el sillero, nos había hecho la peona de madera, pero del corazón de la encina, dura, para poder resistir los picotazos que recibía de otras peonas que, en entretenido juego, con pasión y coraje, otros niños, lanzaban la suya sobre la nuestras y era un orgullo resistir su ímpetu en el terreno de juego.

Recuerdo, sentado en un pupitre de la escuela el repicotear del martillo sobre el yunque, hasta contaba sus sones, cuando la lección no me gustaba. Añoraba el recreo para calentar nuestras manos frías que tío Casto nos dejaba poner al calor del hogar.

Recuerdo como hacia las “lañas” para poner los hondones de las sartenes, cazos o calderos. Cortaba la lata en trozos romboidales de unos dos cm. de lado y con un alicate de puntas finas iba enrollando la lata en forma de espiral. Seguidamente en una pletina de hierro, con agujeros de diferentes tamaños metía la lata espiriliforme y, a golpe de martillo. iba haciendo el clavo. Una vez hecho, sujetaba el fondo de la sartén, cazo o caldero para tapar sus agujeros con aquellos clavos que previamente  había formado.

 

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En la fragua forjando un caldero calentado con un martillo sobre yunque. S. V d.C. Museo de Nápoles

 

Era un artista en el arte de hacer candiles. De Plasencia traía las planchas de hierro estañado con un espesor de entre 0,5 y 1 mm. Algunas veces las estañaba él. Lo veo sentado sobre un burro de madera, con zamarra de fuerte piel de cuero, gafas de alambre con cristales redondos y pequeños, caídas sobre la nariz, para así poder ver por encima de ellas sin necesidad de quitárselas. Sobre el burro la bigornia o cruceta. Martillo de pico curvo. Tijeras de cortar hierro. Varios punzones de distintos calibres Otro martillo de combar o ahuecar. Plancha de plomo que servía de base para trabajar el hierro. Molde de granito, donde a partir de golpes bien dirigidos tío Casto iba dando forma a la candileja, depósito de aceite, el superior y debajo otro para recoger el aceite que podía deslizarse por la piquera del candil.

 

EL CANDIL Y SUS PARTES

 

-Candileja, parte inferior del candil, donde se depositaba el aceite y el moco que se desprendía de la torcía, que era un trenzado de tela.

-Candil, llamado a la parte superior de la candileja, que contenía el aceite.

-Garabato, vástago de alambre que servía para colgar el candil.

-Pitón, saliente en forma de punta, que penetra en una ranura para que el candil guarde su horizontalidad y verticalidad.

 

Formas: Los candiles de Tío Casto tienen forma variada, de pájaros enfrentados, de rosas, de claveles, de cruces, ribeteados, o simplemente circulares. Me refiero a los adornos de las pantallas que hermosean el candil.

 

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Candiles de tío Casto en chapa

Candil y candileja. Garabato

Llave, tijeras de esquilar y farol. Es de notar que la tijera de esquilar se usó desde el s XV hasta el XX

 

PROCESO.

Era el candil un objeto de regalo que se hacía a los novios al casarse. A su luz se estudiaba, trabajaba y se cosía. A su luz se consumían las veladas de las frías y largas noches de invierno. A su luz el médico contemplaba la cara del enfermo, el nacimiento de un niño. A su luz se recorrían las estancias de la casa.. Su luz era todo.

Francisco Gómez de Gómara en su “Crónica General de las Indias” en el año 1551 decía: “Los españoles mostraron a los indios el uso del candil y del hierro con que mejoraron sus vidas”

Sobre chapa de hierro estañada, o no, se ponía una plantilla, de hierro de la forma del candil deseado. Con una lezna o útil puntiagudo se rayaba su contorno. Una vez dibujadas se recorta con ayuda de una tijera de mano, o de un cortafrío, apareciendo el grabado según su modelo. Las candilejas o cazoletas, se llevan sobre una piedra de granito, donde previamente está esculpida la forma del depósito del candil. A golpe de martillo se va dando la forma del molde. Esta parte del candil permanece en el molde. Seguidamente se lleva la otra parte del candil o candileja sobre el molde, ya ocupado y, sobre él, se superpone la otra parte del candil y se le da forma, de tal manera que dentro del molde están los dos depósitos del candil, el superior, mas pequeño y, el inferior, más grande perfectamente encajados Se desbasta con lima plana y de media caña los rebordes para conseguir una línea uniforme.

La última parte consiste en darle un baño de estaño, si previamente no ha venido la chapa ya estañada. Se le quita el óxido sumergiéndolo en una pila de granito que contiene ácido sulfúrico, durante varios días. Después se le daba con ácido clorhídrico para que el estañado compactase con el hierro. Por último se funde el estaño en un recipiente, donde se mete el candil. Esta era la operación más difícil. Ahora resta, inmediatamente de sacarlo del baño, quitarle las impurezas, los grumos y las motas del estaño, cosa que se hace con un hisopo de estaño.

Todo este trabajo se llevaba a efecto en las fraguas. En el S. XVI eran propiedad del Concejo y las arrendaban al artesano que previamente la solicitara. Se ajustaba por contrato y generalmente se pagaba en especies.

En la Ordenanzas Generales del año 1500 y retocadas en el año 1753 nos dicen que la fragua en Villanueva estaba situada, como todas, junto a fuentes arroyos o ríos. La de Villanueva junto a la Fuente del Palacio. El agua era necesaria para dar el temple. Por él la reja, la herradura o el candil eran blandos o duros. Los blandos se desgastaban y. los duros se rompían. Esta es la diferencia. Dar temple era secreto. Era así, como, el alma de la fragua y la sabiduría del herrero. Tío Casto era hombre templado como el temple que daba a sus creaciones

 

DE LA SANDALIA A LA HERRADURA A TRAVÉS DE LA ARQUEOLOGÍA

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Sandalias aplicadas al casco antes de la invención de la herradura

 

 

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Hiposandalia.

Sandalia colocada a un caballo de Julio César

 

 

Ha sido la Arqueología la que nos ha presentado una evolución desde aquella primera forma de proteger los cascos de los caballos hasta la invención de la herradura.

Diferentes tipos de sandalias aplicadas a los cascos antes de inventar la herradura. Si observamos, estos tipos, veremos que la forma de sujetar la sandalia al casco, mas bien, al pie del animal podría lastimarlo. La realidad era, que este tipo de calzado producía rozaduras y desgarros de piel.

HERRAR ES UN ARTE

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San Eloy herrando un caballo

Introducción del yugo S. XV. Observar el arado con reja de cuña o virola.

 

Como todo gremio, el de herreros y herradores, tenía como patrón a San Eloy y su fiesta se conmemoraba el día 2 de Diciembre.

Tío Casto, era un artista en el gremio de los herradores. Su taller y su herrería eran la misma cosa. Dejaba el candil, hacía la segureja o herraba un caballo. Pasaba de una a otra actividad sin perder el tiempo.

Su fragua estaba situado en la Calle del Laurel en el SO del pueblo, paralela al Arroyo de las Higueras. Una fuente muy cerca “La Fontanita” y un pozo de brocal circular de granito en aquel momento surtía de agua potable a esta parte del vecindario aquí ubicado. Local rectangular, pequeño, con una sola ventana y puerta. Su luz era la del sol. Un fuelle gigante con cadena de hierro avivaba el carbón de brezo, que ablandaba el duro hierro y daba el temple al metal. En el centro el yunque sobre tronco de árbol. Allí se moldeaban las piezas. Se pegaban o empegaban, como así se decía, hierro con hierro. Era el “alma mater” del tío Casto. El martillo, en una mano, las tijeras sujetando el hierro incandescente en la otra, a base de martillo y repiqueo en yunque, de forma armoniosa, delicada y sonora iba tomando forma la pieza que Tío Casto tenía en su mente. Tío Casto era como un Miguel Ángel, que su cúpula vaticana estaba ya dibujada en su consciente Tío Casto sabía como iba a quedar su obra cuando quedara  terminada.

Los niños adorábamos a Tío Casto. Él nos hacia, como ya he dicho, los picos para nuestras peonas con “Chapeta.”

Frente a la puerta de la herrería, unas argollas clavadas en la pared para atar al animal que iba a ser herrado.

Este evento, más bien, se realizaba por la mañana temprano o por la tarde. El dueño del animal le levantaba la mano o la pata, según fuera preciso. La colocaba encima del muslo del dueño. El herrador se colocaba entre el frente y el lateral del miembro a herrar. Antes de empezar, el herrador examinaba el casco, mentalmente medía su tamaño y, dejando la pata en el suelo, entraba en la fragua, escogía la herradura que mejor le convenía a su tamaño y volvía hacia el animal. Vuelta a levantar la pata o mano y empezaba a desbastar su casco, con mimo y cuidado. Cuando todo estaba listo, tío Casto colocaba la herradura y con clavos especiales, de cabeza tronco-piramidal y vástago endeble, laminar, no redondo, para que el animal sufriera poco o nada, iba clavando clavo a clavo, dando golpes en el clavo y también en la herradura. Clavada ya a su casco, era necesario recortar el casco, redondeándolo, para que, fuera de la herradura, no sobresaliera.. El clavo se clavaba en forma diagonal desde el interior hacia el exterior, de modo que el clavo salía unos centímetros mas lejos de la herradura y ese excedente de clavo lo cortaba y a manera de grapa lo sujetaba al casco. El trabajo estaba terminado.

El herrador conocía muy bien su oficio. Distinguía los cascos de los animales, sus. enfermedades y sus remedios. Era el veterinario del momento. Curaba enfermedades que conocía por la práctica del buen hacer diario. También Tío Casto castraba a los animales. Tengo mis recuerdos. Extraía las muelas del animal, unas veces por dolor y otras porque el animal no podía comer, intuía que  la causa era una muela. crecida.

 

UN POCO DE HISTORIA SOBRE EL ARTE DE HERRAR.

“He visto al herrero en su trabajo, en la boca del horno.

Sus dedos  son como garras de cocodrilo”.

 

San Eloy fue un santo herrador  y maestro de este gremio en Francia y Patrón de los de España.

Durante la Edad Antigua, se desconocía el arte de herrar. Los caballos se valoraban por la dureza de sus cascos. Esta cualidad fue cantada por los poetas como Homero (IX-VIII a.C.), Virgilio (I a.C.) y Horacio (I a. C.), también por el Profeta Isaías ( VIII-VII a.C.), cuando profetizaba las ruinas de Jerusalén (70 d.C.) por los ejércitos de Tito (I.d.C.), hijo del emperador Vespasiano (69-79 d.C.), dijo: Sus flechas están aguzadas; los arcos ya tendidos; los cascos de los pies de sus caballos son duros como el diamante y las ruedas de sus carros vuelan como la tempestad.”

Varrón (116-27ª d. C.) en su “Tratado de Agricultura”, hablando de las cualidades que deben adornar a todo buen caballo consigna: ”Las piernas serán derechas; las rodillas, redondas y los cascos duros”.

Jenofonte (427-355 a.C.) en su “Tratado de Equitación”, escrito 500 a.C manifiesta: ”En estas jornadas me hice cargo de las ventajas del casco duro y las desventajas del casco blando, aunque cuando se desgastaban los protegía de una especie de zapato confeccionado con cuero crudo, llamado embataix.

Columela (I d. C.), contemporáneo de Augusto, escribe sobre como tienen que ser las cuadras: ”El suelo será de un pavimento de  madera de encina; este piso duro y compacto endurece los  pies de los caballos, cuyos cascos deben ser duros, altos, cóncavos y redondos”.

Suetonio (76-160 d. C.) cita que el emperador Nerón llevaba un séquito de mil carruajes tirados por caballerías calzadas con sandalias de plata. Las mulas de Popea, la mujer de Nerón, las usaba de oro. Los soldados de Constantino el Grande, en el año 300 comentaban que el excesivo desgaste de los cascos sobreviene la fiebre intensa que arrebata al animal. Además sucede con frecuencia que las cuerdas y correas que sujetan las sandalias cortan la piel y ponen al descubierto los tendones con peligro de sus vidas.

Por todas estas razones se hacia necesario inventar algo para proteger sus cascos y no dañar sus tendones.

Este privilegio estaba reservado para los druidas, sacerdotes herreros celtas de las Galias, que trabajaban los metales. Son ellos los que forjaron la herradura. Tuvo un principio sacerdotal y sus artífices gozaron de todos los honores que el iniciado oficio les deparaba.

Cuando Julio César conquistó las Galias, en el 52 a. C., este pueblo herraba a sus caballos Para confirmar esta tesis, M. Castán, archivero y paliógrafo del condado de Alesia encontró millares de tumbas a tres pies de profundidad con herraduras de caballos.

En la Edad Media, en el lugar donde tuvo lugar la batalla de Crecy, año 1346, se encontraron herraduras gruesas forjadas.

El Gran Capitán dijo en Berletta en 1503: “No acostumbro a combatir cuando a mis enemigos se les antoja, sino cuando la ocasión y circunstancias lo impiden. Así esperad a que mis soldados tengan tiempo de herrar a sus caballos y limpiar sus armas.”

El arqueólogo M. Chifflet en 1665 encontró una  herradura en el sepulcro de Childerico, primer rey de Francia, que murió en el año 481.

En España, este arte fue introducido por los godos en el S. V. Según Luis Vives, el primer herrador se llamó Hércules el Tebano que, cuando se inventaron los juegos de caballería, herraba los caballos en los campos turdetanos, hoy Tarifa.

El primer libro editado en España sobre la forma de herrar en Sevilla s. XII fue por el ilustre doctor musulmán Abú-Zacarias-Yahia.

En el año 1298, los herreros, herradores, albéitares formaban una Hermandad en Valencia bajo la advocación  de su patrón San Eloy.

Los Reyes Católicos en su Real Pragmática en Sevilla el 13 de abril del año 1500 reglamentó este oficio.

 

EL ARTE DE HERRAR ES UN OFICIO NOBLE

El arzobispo Hugues I, siglo XI, de los nueve oficiales de su palacio, uno era el mariscal herrador. Las Leyes y Códigos de Gran Bretaña dicen que el herrador ocupaba un puesto distinguido. El gran hipiatra (del gr. hippos, caballo, y iatreía, curación) francés Solleisel en el año 1664 decía: “Se ha visto a reyes que sabían forjar herraduras, y la mayoría de las personas distinguidas sabían clavarlas para  herrar ellos mismo a sus caballos.”

Queda expresado que el arte de herrar tiene un origen noble y una bella historia. El herrador estaba en la aristocracia de las artes liberales. Este arte evolucionó hacia la Veterinaria, puramente científica e industrial, sus escuelas han sido elevadas al rango de Universidad.

CONNOTACIONES SOBRE LA HERRADURA

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Herradura clavada en la capilla de  San Saturnino

Herradura grabada

Herradura hallada en el panteón de Childerico

 

Hay creencias que las herraduras son milagrosas y algunos hombres de armas las llevan sobre escudos y blasones. Hay herraduras clavadas en las puertas de las iglesias que tienen la virtud de ahuyentar a las brujas La herradura de San Jorge fue, en tiempos, reliquia famosa de Leipsik.

Connotaciones mágicas: El hierro meteórico, ya comentado, se vinculó a  la mitología, a las fuerzas celestas, a los dioses. Recordemos al dios Hefestos, a Vulcano y a otros que eran temidos y adorados por los hombres que encontraban una simbiosis de dioses y mineral, era más bien este mineral relacionado con el arte de la guerra, mientras que el hierro extraído de las minas, estaba asociado a  fertilidad de la tierra.

DIFERENTES TIPOS DE HERRADURAS

 

 

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Herradura de origen galo

Moneda romana en tiempo de Domiciano

Herradura del S. V

Herradura de la Edad Media

Herradura hallada en el Castillo de Logron.

Herradura del s. XIV

 

 

 

 

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Carro de la época romana (Bajorrelieve del Museo de Avignon. Observar los clavos).

Cerramos nuestro trabajo con la representación iconográfica del artesano en la Baja Edad Media.

 

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Retablo de San Sebastián y San Eloy, patrón de los herreros. S. XV, Museo Nacional de arte de Cataluña.

Fijemos nuestra atención en San Sebastián, capitán romano, sujetando la herradura que San Eloy prepara para herrar su caballo.

Villanueva de la Sierra. Agosto 2007

Ángel Paule Rubio. Prehistoriador.

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Esteban Mira Caballos.

1.-Introducción.

Alguno trujillanos protagonizaron sonados alzamientos en defensa del status de los conquistadores, a favor de la encomienda y en contra de la Corona. El más conocido fue sin duda el de Gonzalo Pizarro. Pero no fue el único, en Panamá encontramos un verdadero paralelo de éste, es decir, el del también trujillano Gómez de Tapia.

Como es bien sabido, las protestas de los sectores críticos, especialmente de los dominicos, por los malos tratos infringidos al indio americano, determinaron la promulgación de las Leyes Nuevas de 1542. Como es bien sabido, un hecho determinante fue la arribada a España, en 1539, del padre fray Bartolomé de Las Casas. Se dice que la influencia de las ideas del cenobita sobre el Emperador fue tal que, convencido de que los reinos indianos tenían sus señores legítimos, estuvo a punto de restituírselos[1].

La drástica decisión no llegó a hacerse efectiva pero, a cambio, el soberano propuso la creación de una junta, con una serie de prestigiosos juristas y teólogos, para decidir sobre las cuestiones claves del indígena, especialmente su encomienda y su esclavitud. En este corpus legal se prohibió, al menos teóricamente, la esclavitud del indio y se limitó de forma extraordinaria la encomienda. En adelante no habría nuevas encomiendas de indios y las que fuesen vacando pasarían a la Corona[2]. Otra cosa bien diferente fue su aplicación práctica. Pese a ello, las protestas en buena parte del continente americano fueron muchas, tanto más graves cuanto mayor era la importancia del indio en la economía del territorio en cuestión.

En el área antillana, por ejemplo, apenas hubo resistencia ya que en la década de los cuarenta el aborigen ya estaba prácticamente en extinción. Esta nueva legislación le fue notificada, en julio de 1543, tanto a los oidores de la isla Española como al arcediano de la Catedral de Santo Domingo, Álvaro de Castro, a quien, además, se le proveyó la protectoría de los indígenas[3]. De esta forma, se garantizaba que mientras se aplicaban las nuevas disposiciones el aborigen estaría suficientemente protegido de posibles represalias. Apenas hubo protestas porque el indio apenas tenía ya significación económica.

Sin embargo, en Cuba sí hubo una mayor oposición ya que la mano de obra aborigen seguía siendo fundamental en su economía. Efectivamente, en Cuba el número de indios de encomienda era mucho más abultado que en las restantes islas, de ahí la resistencia presentada a la aplicación de las Leyes Nuevas.

Muy diferentes fueron las cosas en Nueva Granada, México y, sobre todo, en Perú. En el caso de Nueva Granada la publicación de las Leyes Nuevas, por parte de Miguel Díez de Armendáriz, provocó una oposición unánime de los encomenderos, hasta el punto que hicieron dar marcha atrás a su aplicación y atender así las reivindicaciones de los neogranadinos[4]. En México la protesta de los grandes propietarios fue muy grande porque, como decía Girolamo Benzoní, “tenían gran parte de su fortuna invertida en esclavos (y) no estaban dispuestos a obedecer la ley”[5]. Antonio de Mendoza hubo de retrasar indefinidamente su aplicación para evitar una revuelta de consecuencias insospechadas, siendo ya su sucesor Luis de Velasco el que aplicó una parte de ellas[6].

Mucho peor fueron las cosas en el virreinato del Perú, donde el trujillano Gonzalo Pizarro se alzó contra la Corona. Y lo hizo esgrimiendo viejos principios de la escolástica española que no defendía precisamente los postulados absolutistas. Según ésta, los súbditos podían hacer uso de la rebelión si, en caso extremo, el rey o los gobernantes usaban el poder de forma abusiva o lesionaban gravemente los intereses del pueblo[7]. A partir de 1544 se enfrentó al primer virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela, que había llegado en enero de ese año a las costas de Nombre de Dios y pretendía aplicar el texto de las Leyes Nuevas. El alzamiento de Gonzalo Pizarro gozó inicialmente de muchas simpatías entre los españoles del Perú y eso le llevó a vencer fácilmente al virrey en Quito, concretamente en el llano de Añaquito, el 18 de enero de 1546. En ese momento, Gonzalo Pizarro era prácticamente dueño de todo el virreinato del Perú, incluida Panamá donde la élite, entre la que se encontraba obviamente su paisano Gómez de Tapia, ofreció su adhesión.

Pero esta situación no podía prolongarse en el tiempo porque semejante rebeldía no la podía consentir la Corona. En dos años Pedro de La Gasca consiguió atraerse a gran parte de sus seguidores hasta que lo pudo derrotar fácilmente en la batalla de Xaquixaguana. Poco después, en abril de 1548 fue degollado y su cabeza quedó expuesta en la plaza principal de la Ciudad de los Reyes[8].

Pues, bien, también en Panamá, con posterioridad al alzamiento peruano, se produjo otra gran conspiración, encabezada por el también trujillano Gómez de Tapia. Como veremos en páginas posteriores, inspirándose en los hechos protagonizados por Gonzalo Pizarro, pretendieron matar al gobernador y a su alguacil mayor para a continuación suprimir la aplicación de las Leyes Nuevas. Pero fracasó porque la conspiración fue descubierta a tiempo por las autoridades panameñas. La experiencia de lo ocurrido en Perú pudo ser un referente para los alzados, pero también lo fue para las autoridades que estuvieron alerta al menor síntoma de insurgencia.

 

2.-¿QUIÉN FUE GÓMEZ DE TAPIA?

De la biografía de este indiano era muy poco lo que conocíamos. Y hasta tal punto es cierta esta afirmación que su nombre no aparece en ninguna de las obras clásicas referentes a la emigración de españoles o de extremeños al Nuevo Mundo[9]. Tan sólo, en la obra de Sánchez Rubio sobre la emigración extremeña a América aparecía escuetamente citado entre los emigrantes trujillanos[10]. No obstante, en el proceso instruido contra él por su alzamiento contra la aplicación de las Leyes Nuevas se demuestra, sin lugar a dudas, su ascendencia trujillana[11].

Sin embargo, seguimos ignorando aspectos tan importantes de su biografía comos su fecha de nacimiento o el año en el que se embarcó para el Nuevo Mundo. Con respecto a este segundo aspecto, tan sólo sabemos que, en 1550, numerosos testigos fueron unánimes al decir que era “muy antiguo en Indias”. Un declarante, Martín Delgado, vecino de Panamá expuso el 22 de enero de 1551 que lo conocía desde hacía una década pero que le habían dicho que llevaba “en estas partes más de 20 años”. Por ello, nos atrevemos a decir que debió viajar a las Indias a finales de la década de los veinte.

En septiembre de 1535 fue en la hueste de Diego de Almagro “El Viejo” a la fallida expedición de Chile. Posteriormente, participó en las guerras civiles del Perú al servicio de Cristóbal Vaca de Castro, combatiendo en la batalla de Chupas, el 18 de septiembre de 1542.

Muy poco después decidió afincarse definitivamente en la ciudad de Panamá donde se convirtió en un gran propietario de hatos ganaderos y de estancias, disfrutando asimismo de una enjundiosa encomienda de indios. Por las declaraciones de varios testigos residentes en la citada ciudad sabemos que, además de una extensa hacienda en Dachepa, disponía de un tejar en las cercanías del río Pacora.

En 1549, siendo ya regidor del cabildo de Panamá, fue excomulgado por el obispo ya que se negaba a pagar el diezmo de la teja. Varios testigos manifestaron que aunque el obispo le ofreció en varias ocasiones perdones temporales para que confesase y comulgase nunca lo quiso hacer[12].

A partir del 7 de agosto de 1548 llegó como gobernador de Panamá Sancho de Clavijo[13], quien en 1550 decidió aplicar las Leyes Nuevas y poner en libertad a los indios. El trujillano se opuso, negándose a entregar sus 73 indios y urdiendo una trama para prender al gobernador, en espera de la llegada de un juez de residencia. Descubierta la conspiración fue apresado y encarcelado. Tras realizarse la instrucción del caso, el 30 de enero de 1552 se dictó sentencia por la que se le desterró a España. Una vez en la Península debía presentarse ante los oficiales de la Casa de la Contratación para que lo despachasen ante el Consejo de Indias. Efectivamente, en septiembre u octubre de 1552 compareció ante los oficiales sevillanos, quienes le dieron un plazo máximo de 50 días para que se personase ante los oidores del Consejo de Indias.

Sin embargo, no pudo cumplir con su cita. El 23 de diciembre de 1552, estando camino de la Corte, en su ciudad natal de Trujillo, enfermó gravemente. Le dieron fuertes calenturas y flemas, así como un intenso dolor abdominal provocado por varios cálculos. Presentó una probanza en la que numerosos testigos detallaron su grave dolencia y se le concedió una prórroga de 30 días para recuperarse. Pero no la agotó porque su dolencia, que lo tenía postrado en la cama, fue verdaderamente fulminante. Efectivamente, el 19 de enero de 1553 falleció en casa de su primo Alonso de Tapia. Su cuerpo fue enterrado el viernes 20 de enero, día de los Mártires, en la iglesia parroquial de Santiago de Trujillo[14].

 

3.-EL ALZAMIENTO DE GÓMEZ DE TAPIA

La supresión de la encomienda en Panamá, Aclá y Nombre de Dios por el gobernador Sancho de Clavijo provocó un gran malestar entre la élite local. La mayor parte de los encomenderos se decidieron por interponer pleitos en defensa de sus intereses, excepto el trujillano Gómez de Tapia que planeo una conspiración en toda regla[15].

De todas formas, el decreto de libertad de los indios fue el detonante o quizás la excusa para el alzamiento. No en vano, hacía ya tiempo que Tapia estaba teniendo problemas con las autoridades locales y se dedicaba a acoger en su hacienda a delincuentes, vagabundos y a prófugos de la justicia, algunos de ellos procedentes del virreinato peruano.

Lo cierto es que cuando a principios de 1550 el licenciado Sancho de Clavijo mandó pregonar la cédula Real de libertad de los indios una parte de la élite panameña reaccionó violentamente. El propio Sancho de Clavijo describió la situación generada en la información que realizó el 14 de octubre de 1550:

“Por cuanto, después que mandó pregonar la cédula real de Su Majestad que habla sobre la libertad de los indios para la cumplir y ejecutar como debe y es obligado, algunas personas de esta ciudad y los principales y más ricos de ella se han juntado en muchas y diversas partes pública y secretamente y han dicho muchas palabras feas y escandalosas y de muy gran alboroto contra él y escandalosas y en menosprecio de la justicia real de Su Majestad, diciendo que de hecho han de resistir el cumplimiento de la dicha cédula de Su Majestad y que a ello han de destruir y pasar y perder sino suspende el cumplimiento de ella y otras palabras semejantes y muy feas a fin de se quedar con los dichos indios y que no se cumpla lo que Su Majestad manda y porque ha procedido contra muchos de ellos por los delitos que hicieron en la venida de los traidores el licenciado de Contreras y sus secuaces y no acudir a las banderas de Su Majestad contra ellos y les resistir sus tiranías y robos…”

 

El cabecilla del alzamiento fue el trujillano Gómez de Tapia, acompañado de otros miembros de la élite como Antonio de Gibraleón, Luis Suárez, Francisco Carreño y, sobre todo, Pedro Márquez. Este último, fue uno de los más radicales, junto a Tapia. Curiosamente era también extremeño, natural de Mérida[16]. Llegó al continente americano en torno a 1541, viviendo en Honduras y Guatemala hasta que se afincó definitivamente en Panamá[17]. En esta ciudad montó un taller y tienda de sastrería, donde cosían para él otros sastres como Diego Hernández. Él tenía un motivo de peso para oponerse a la disposición del gobernador. Resulta que tenía una india naboría, llamada Leonor, que vivía en su casa, y con quien tenía una hija. Según su empleado, el sastre Diego Hernández, él suplicaba que no se la quitasen “que antes quisiera que le quitaran la hacienda y cuanto tenía”. Por ello, se convirtió en la mano derecha de Gómez de Tapia y un enemigo del gobernador Sancho de Clavijo y sobre todo de su alguacil mayor, Rodrigo de Villalba. Cuando Gómez de Tapia fue encarcelado el emeritense iba periódicamente a visitarlo, jugando a los naipes, como solían hacer con frecuencia cuando estaba libre.

En el momento en que el gobernador pregonó la Provisión por la que se liberaba a los indios, Gómez de Tapia se movilizó rápidamente “juntando a los señores de los indios” en el monasterio de San Francisco. Según el testigo Juan Tocino, natural de Moguer en el condado de Niebla, fueron 16 o 17 los congregados entre los que citó, además de Gómez de Tapia, a Luis Suárez, Pedro de Acevedo, Francisco Lozano y Hernán Pérez de Gibraleón. Allí dieron poder a varios procuradores, entre ellos a Juan Tocino para que defendieran que los indios “no los pusiesen en libertad”.

Gómez de Tapia tenía dos planes: uno primero que podríamos tildar de “plan A” que consistía en intentar disuadir el gobernador a través de emisarios. En primer lugar, pensó en la mediación del obispo de Panamá “para que no les quitase por ahora los dichos indios hasta adelante y que se doliese de la tierra”[18]. El mismo Gómez de Tapia, junto a “otros señores que tenían indios” fueron a ver al prelado que no parece que aceptara la posición de los rebeldes. Pero la opción no dejaba de ser descabellada porque desde 1549 Gómez de Tapia estaba descomulgado por el obispo ya que se negaba a pagar el diezmo de la teja.  También lo intentó con otras personas próximas al gobernador. Por ejemplo, Sebastián Pérez, un guipuzcoano, afincado en Panamá, criado del virrey dijo que Tapia lo visitó para que escribiese a su señor. Y éste le respondió “que no tenía que escribirle sino contra él que debía cumplir el gobernador lo que le habían mandado sobre la libertad de los indios…”. Este plan A era muy descabellado porque, de fracasar, el gobernador estaría informado de toda la conspiración como de hecho ocurrió.

Si el plan inicial fallaba estaba previsto iniciar rápidamente el plan B, que preveía cumplir con el mismo objetivo pero a través del uso de la fuerza. Lo primero que hizo Gómez de Tapia fue enviar a un mayordomo suyo Juan Rodríguez, Pedro Lomiño, Riquel y a un esclavo negro, llamado Machacao, a que fuera a su tejar, situado en Pacora a esconder a sus indios. Algunos de ellos, cuando los vieron llegar se escondieron, pero otros fueron sorprendidos. Aunque los indios “lloraban porque no querían ir con ellos”, los obligaron a marcharse con ellos al monte. Domingo, otro de los indios de Gómez de Tapia que consiguió esconderse declaro lo siguiente:

“Fueron allí Juan Rodríguez, mayordomo de Gómez de Tapia, y Palomino y Riquel, caballeros, habrá ocho días, y decían que iban huyendo de Panamá por la justicia e iba con ellos un negro que se llama Machacao que es del dicho Juan Rodríguez como llegaron allí querían tomar los indios que allí estaban para los llevar y los indios lloraban y no querían ir con ellos y Juan Rodríguez y Riquel y Palomino les decían que fuesen con ellos que los querían llevar a los pueblos que hacía el gobernador y que allí habrían de estar juntados sin comer y morir de hambre que no había qué comer ni pescado ni agua ni donde pasear y se llevaron a Martín y a Hernando, Francisco, Catalina Isabelica y Marenica hija de Hernando indios y se fueron con ellos”.

 

Eso ocurrió el 9 de diciembre de 1550, dos días antes de que pasara por allí Pedro Franco, enviado por las autoridades para recoger los indios de Gómez de Tapia.

En su estancia de Dachepo, Tapia había congregado a numerosos descontentos y prófugos de la ley. Así, por ejemplo, Francisco de Torres vecino de la ciudad declaró a la cuarta pregunta lo siguiente:

 

“Que hace dos meses fue llamado por Hernán López de Gibraleón para que fuese a casa de Gómez de Tapia y a San Francisco a dar poder sobre los dichos indios y que no quiso ir a la 6 dice que siempre Gómez de Tapia va con españoles unos que dicen que son mayordomos y otros criados y que en su casa recibe a hombres que vienen de Perú y otros de España y que le han dicho que acoge a hombres huidos”.

 

No era el único español que agrupaba en torno a sí a estos grupos de descontentos. Otros miembros de la oligarquía como Juan Fernández de Rebolledo o Hernando de Luque también lo hacían, simpatizando con los rebeldes peruanos, aunque más por intereses mercantiles que políticos[19].

Estos descontentos, junto a los señores de indios debían ser la base de la insurrección. Pero, dentro del alzamiento se quería actuar dentro de una cierta legalidad. Lo primero que se planteaban era nombrar alcaldes ordinarios para que con el apoyo de los descontentos armados “prendiesen al señor gobernador”. El objetivo no está claro porque hay contradicciones entre los testigos. No está claro si pretendían matar al gobernador y a su alguacil mayor o si pretendían enviarlo “a Lima o a Castilla” con varios regidores como declaro Pedro Márquez.

Pero, lo cierto es que el gobernador actuó con rapidez prendiendo a los principales cabecillas de la conspiración. Tanto los conspiradores como el gobernador tenían muy presente en su mente los hechos ocurridos en el Perú. Para colmo, Tapia estaba muy vinculado a Gonzalo Pizarro, pues, de hecho no sólo era paisano sino, como dijeron numerosos testigos, “deudo” de dicha familia[20].  Además era pariente o allegado de Pedro Alonso de Hinojosa, capitán general que fue de Gonzalo Pizarro[21]. De hecho, en una incursión del general Hinojosa a Panamá, enviado por Gonzalo Pizarro en 1545, había encontrado, como no, el apoyo y la simpatía incondicional del trujillano. Incluso en la entrada de los hermanos Hernando y Pedro de Contreras, hijos del gobernador de Nicaragua Rodrigo de Contreras, el trujillano se mantuvo al margen y no defendió la ciudad como hicieron otros miembros de la élite. Muchos testigos le echaron en cara al trujillano que se ausentase de la ciudad en vez de empuñar las armas en su defensa. Era obvio, que Gómez de Tapia llevaba años en la oposición política. Los insurrectos decían que Blasco Núñez de Vela, virrey del Perú, “se había perdido por otro tanto y lo habían muerto y que Su Majestad había mandado que cesase la libertad de los indios y que liberarlos era quitarles de comer a los españoles”. Además, muchos testigos, al igual que el propio gobernador, estaban convencidos de que los conspiradores serían capaces de llevar a efectos sus planes. Y lo tenían tan claro porque no hacía tanto tiempo que había ocurrido en el Perú. Por ejemplo, el 25 de enero de 1551 Martín de los Reyes declaro lo siguiente:

“A la décima pregunta dijo que sabe que en Indias ha habido muchas alteraciones por causa de los hombres que en ellas están que son muy atrevidos y de mal vivir los que no tienen y que los tiene por de calidad que por cumplir su voluntad acometerán cualquier cosa y que esto es público y notorio”[22].

 

Pero lo cierto es que no hacía falta remontarse al Perú. En la misma Panamá las intrigas de la élite encomendera habían obligado a los gobernadores precedentes a claudicar. Tanto Sancho de Clavijo, como Álvaro de Sosa y Rafael de Figuerola, gobernadores del istmo, sufrieron varios intentos de asesinatos y vieron peligrar sus vidas en diversas ocasiones[23].

Por fortuna, el gobernador consciente de la delicada situación a la que se enfrentaba, actuó con suma rapidez, deteniendo a Gómez de Tapia y a sus compinches. Es seguro que los conspiradores, al menos en esta ocasión, no se hubiesen quedado sólo en palabras. De no haberlos apresado a tiempo la conspiración podía haber triunfado porque una buena parte de la élite política y económica simpatizaba con la causa. Pedro Márquez fue sometido a torturas “sentándolo en un burro y potro de madera que está hecho para dar tormentos a los delincuentes donde le ataron los brazos y piernas con cordeles”. A Gómez de Tapia, por ser de los principales de la ciudad se le encerró en la cárcel hasta que por sentencia del 30 de enero de 1552 se ordenó su envío a España para que lo juzgasen los oidores del Consejo.

Como ya dijimos en páginas precedentes, nunca llegó a comparecer porque falleció de camino. No obstante, dentro de lo que cabe tuvo la suerte de enfermar en su ciudad natal, muriendo en compañía de sus familiares.

 

4.-CONCLUSIÓN

         La conspiración de Gómez de Tapia, guarda un notable paralelismo con la protagonizada por Gonzalo Pizarro en el virreinato del Perú. Pero este paralelismo no se produjo por casualidad porque Tapia y Pizarro no sólo eran paisanos, sino que había entre ellos una amistad y una simpatía tal que el primero estuvo implicado en la causa rebelde del segundo. De hecho, cuando Pedro Alonso de Hinojosa, mano derecha de Gonzalo Pizarro, fue a Panamá en 1545 en busca de apoyos, el trujillano Gómez de Tapia se convirtió en su principal aliado. Es decir, Gómez de Tapia conocía perfectamente la rebelión protagonizada por su paisano. Y ni siquiera el fatal desenlace de Gonzalo Pizarro, que Gómez de Tapia, conoció de primera mano, sirvió para disuadirlo de su intento de rebelión.

El trujillano sabía bien que era factible una marcha atrás en la promulgación de las Leyes Nuevas. Y lo sabía porque conocía bien los hechos ocurridos en el Perú, la muerte de Blasco Núñez de Vela y, pese a la derrota y al ajusticiamiento de su paisano Gonzalo Pizarro, la derogación de las Leyes Nuevas en el Perú.

Probablemente, la rebelión protagonizada por Gómez de Tapia en Panamá no fue sangrienta por la rápida actuación del gobernador Sancho de Clavijo. Los insurrectos estaban determinados a deponer al gobernador, hacer justicia y pedir al juez de residencia entrante la derogación de la ley.

El fatal destino de Gonzalo Pizarro no disuadió a Gómez de Tapia lo que provocó que tuviera un final igualmente trágico. No deja de ser curioso que dos de los alzamientos más importantes contra las Leyes Nuevas estuviesen protagonizados por sendos trujillanos. Ambos tuvieron suficientes recursos para llevar una existencia holgada, sin embargo decidieron vivir en el filo de la navaja. Ambos se convirtieron en baluarte de los encomenderos descontentos de sus respectivas regiones. Y finalmente, ambos tuvieron un destino más o menos trágico, acorde con la situación límite en la que quisieron vivir.

Y para acabar, quisiera plantear una reflexión: no deja de ser curioso que dos de los alzamientos más importantes contra la supresión de las encomiendas de indios estuviesen protagonizados por sendos trujillanos. Ambos tuvieron suficientes recursos para llevar una existencia holgada, sin embargo decidieron vivir en el filo de la navaja. Ambos se convirtieron en baluarte de los encomenderos descontentos de sus respectivas regiones. Y finalmente, ambos tuvieron un destino más o menos dramático, acorde con la situación límite en la que quisieron vivir. ¿Por qué Trujillo dio en el siglo XVI hombres de estas características? Es una pregunta para la que no tengo una respuesta clara. Probablemente, las luchas nobiliares de Extremadura en general y de Trujillo en particular fueron el caldo de cultivo idóneo para el surgimiento de este tipo de hombres luchadores, inconformistas y rebeldes.

 

 

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

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THOMAS, Hugh: Quién es quién de los conquistadores. Barcelona, Salvat, 2001

 

 

 

APÉNDICE DOCUMENTAL

 

APÉNDICE I

 

Sentencia dada por la justicia de Panamá contra Gómez de Tapia, natural de Trujillo, Panamá, 30 de enero de 1552

 

“Y después de lo susodicho, a treinta días del dicho mes de enero del dicho año de mil y quinientos y cincuenta y dos años, habiendo visto lo susodicho el señor licenciado Estrada, teniente del dicho señor gobernador en esta dicha ciudad y atenta la calidad de la causa y la provisión Real de Su Majestad que su merced del señor gobernador tiene de este oficio en que por ella se le manda que, cuando le pareciere que convenía enviar alguna persona de este reino ante Su Majestad con causa justa lo haga, según más largo se contiene en la dicha provisión Real. Y por excusar los inconvenientes que podrían ocurrir si se hubiese de aguardar a proseguir esta causa ordinariamente y porque le parece que conviene al servicio de Su Majestad y ejecución de su Real justicia dijo que la remitía y remitió la causa, proceso y persona del dicho Gómez de Tapia a Su Majestad y a los señores de su Real Consejo de Indias para que el dicho Gómez de Tapia y proceso sea embarcado en el primer navío que saliere del puerto de la ciudad de el Nombre de Dios, entregando al maestre de él para que lo lleve a buen recaudo con prisiones y se obligue de lo entregar a los jueces y oficiales de Su Majestad de la Contratación de Sevilla para que de allí lo envíen con el recaudo que les pareciere que va seguro ante Su Majestad al dicho su Real Consejo de Indias para que visto el dicho proceso y causa manden proveer justicia y lo que más convenga a su Real servicio y para ello se den cartas requisitorias en forma para que lo susodicho se cumpla y haya efecto. Testigos Diego Herreros y Lázaro del Águila, estantes y residentes en esta dicha ciudad, y firmolo (sic) el licenciado Estrada y yo Rodrigo Méndez, escribano de Su Majestad y de la gobernación de este reino de Tierra Firme a lo que dicho es presente fui y de ello doy fe y que va cierto y verdadero e hice aquí mi signo en testimonio de verdad. Rodrigo Méndez escribano de Su Majestad”.

(AGI, Justicia 354, N. 2, 1ª pieza).

 

APÉNDICE II

 

Interrogatorio presentado a petición de Gómez de Tapia, enfermo en Trujillo.

 

“Sebastián Rodríguez, en nombre de Gómez de Tapia, vecino de la ciudad de Panamá, dice que el gobernador de la provincia de Tierra Firme y su término le mandaron que se presentase con cierto proceso personalmente ante los del vuestro Real Consejo o ante los oficiales de la casa de la Contratación de Sevilla. Y él se presentó ante los dichos oficiales, los cuales le mandaron que dentro de cincuenta días se presentase ante los del vuestro Real Consejo personalmente so ciertas fianzas que para ello dio.

Y viniendo de camino para esta vuestra corte, adoleció en la ciudad de Trujillo de calenturas continuas y está en la cama muy malo y a punto de muerte como consta y parece por esta información que presenta a cuya causa no se pudo venir a presentar dentro del dicho término de los dichos cincuenta días hasta que esté bueno y convalecido para poder venir a esta vuestra corte a se presentar ante los del vuestro Real Consejo. Y mandé dar su cédula para los dichos oficiales de Sevilla para que por razón de no se haber presentado dentro de los dichos cincuenta días no molesten a los dichos sus fiadores que dio para que se presentara dentro del dicho término y para ello es. Sebastián Rodríguez.

En Trujillo, a veintinueve de diciembre del año de mil quinientos y cincuenta y dos, ante el licenciado Ayora, corregidor de Trujillo, y en presencia del escribano de la ciudad de Trujillo, Diego de Morales, pareció en nombre de Gómez de Tapia, Diego Hernández, vecino de Trujillo, y presentó el poder que le otorgó Gómez de Tapia dado en Trujillo el día veintinueve del mes de diciembre del año de mil quinientos y cincuenta y dos. Y dijo que viniendo de camino Gómez de Tapia camino de la corte que, en Trujillo, le sobrevino una enfermedad grave de que estoy en la cama con harto temor de la vida. El veintinueve de diciembre se comenzó una información sobre el tenor. Se tomó juramento del doctor Marcos de Orellana, médico vecino de la dicha ciudad, y dijo que ha visto al dicho Gómez de Tapia echado en cama el cual tiene unas calenturas de colora y flemas y con gran flaqueza de riñones y abundancia de flemas y otra vez ha tenido piedra de vejiga y riñones  y cae en una enfermedad que se llama estrangurria[24],  está muy flaco y descarnado y tiene poca gana de comer y hay temor de su vida si la enfermedad persevera y que por esto, según regla de medicina, no le conviene meterse en camino.

Testigo García Rodríguez médico (firma como García Rodríguez, bachiller); declaró este testigo que tiene muchas calenturas y muchas flemas y flaqueza de riñones y piedra y es muy perjudicial a su vida ponerse en camino.

Blas de Herrera, vecino de Trujillo, declaró que hoy veintinueve de diciembre lleva seis días con gran flaqueza que hay riesgo de su vida si sigue el camino porque ningún día le falta calentura.

El testigo Pedro Hernández de Ontiveros, criado del dicho Gómez de Tapia, declaró lo mismo a esta pregunta.

(AGI, Justicia 354, N. 2, 1ª pieza).

 

 

APÉNDICE III

 

Testimonio de Alonso de Tapia, albacea testamentario del difunto Gómez de Tapia.

 

“Muy poderosos señores: Alonso de Tapia, vecino de la ciudad de Trujillo, como albacea testamentario de Gómez de Tapia, ya difunto, vecino de la ciudad de Panamá que es en Tierra Firme, dice que Sancho de Clavijo, gobernador de la dicha provincia hizo cierto proceso contra el dicho Gómez de Tapia y juntamente con él le envió preso a la Casa de la Contratación de Sevilla para que de allí le enviasen a este vuestro Real Consejo y los oficiales de la dicha casa sobre fianzas le mandaron que se presentase en vuestro Real Consejo dentro de cincuenta días y viniendo de camino cayó malo en la ciudad de Trujillo y por causa de su dolencia por vuestra alteza le fue prorrogado el dicho término otros treinta días más so ciertas fianzas las cuales él dio que son éstas que presento y durante el dicho término el dicho Gómez de Tapia falleció y pasó de esta presente vida como consta por este testimonio que presento. Suplico a Vuestra Alteza mande dar por libres a los fiadores que dio así en la ciudad de Sevilla como en Trujillo y porque se vean los agravios e injusticias que el dicho gobernador hizo al dicho Gómez de Tapia el cual fue causa de su muerte y se vea su inocencia y estar sin culpa y él en su nombre quiere seguir el dicho negocio suplica se le mande dar el dicho proceso para que lo vea un letrado y diga y alegue lo que le conviene y para ello. Sebastián Rodríguez.

En la villa de Madrid a diez días del mes de febrero del año de mil quinientos y cincuenta y tres, Sebastián Rodríguez, en nombre de Alonso de Tapia, albacea testamentario de Gómez de Tapia, los del Consejo mandaron que se le de un traslado del proceso.

En Trujillo, a dieciséis días del mes de enero del año de mil quinientos y cincuenta y tres, ante el licenciado Bautista de Ayora, juez de residencia  y corregidor de Trujillo y su tierra  y en presencia de Francisco de Amarilla, escribano publico, parecieron presentes Pedro Barrantes y Alonso Ruiz, vecinos de la ciudad de Trujillo, y dijeron que por cuanto el señor Sancho de Clavijo, gobernador de la ciudad de Panamá y su alcalde mayor  mandaron a Gómez de Tapia, vecino que era de Panamá y natural de Trujillo se presentase ante los señores oficiales de la Casa de la Contratación de la ciudad de Sevilla en cierto término y por cierta pena y el dicho Gómez de Tapia en cumplimiento de lo a él mandado había venido de la dicha ciudad de Panamá a la de Sevilla y se había presentado a te los oficiales de la Casa y los dichos oficiales le mandaron que dentro de cincuenta días se presentase ante los oidores del Real Consejo de Indias y para ello diese fianzas de diez mil ducados de oro que en el dicho término se presentaría  pero enfermó y los oidores del Consejo de Indias le dieron un nuevo plazo de treinta días pasados los cincuenta primeros”.

(AGI, Justicia 354, N. 2, 1ª pieza).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL ALZAMIENTO DEL TRUJILLANO GÓMEZ DE TAPIA:

UN PARALELO DE GONZALO PIZARRO EN PANAMÁ

(RESUMEN)

 

En esta comunicación estudiamos la figura del trujillano Gómez de Tapia. El aporte es significativo para la historia de Trujillo y de América por dos motivos: primero, porque se sabían cosas de Gómez de Tapia pero la historiografía desconocía que nació y murió en Trujillo.

Y segundo, porque protagonizó un alzamiento contra las autoridades reales de Panamá, similar al que en su día protagonizó el también trujillano Gonzalo Pizarro, aunque de mucho menor alcance. En esta ocasión, y después de la experiencia peruana, las autoridades estuvieron atentas y cortaron la rebelión antes de que consiguiesen hacerse con un mayor número de adeptos y de recursos.

Tanto los rebelados como las autoridades tuvieron muy presente la experiencia de lo protagonizado en Perú por Gonzalo Pizarro.

 



[1] La idea parte de documentos del mismo siglo XVI, pues, en el parecer de Yucay ya se le acusaba de tal idea. Incluso, afirma que el emperador lo habría hecho de no ser por la sensata intervención de Francisco de Vitoria, quien al parecer le pidió que no las abandonase pues “se perdería la cristiandad. No obstante, algunos estudiosos dudan de que realmente el padre Las Casas le hubiese aconsejado a Carlos V el abandono de las Indias. Sobre dicha polémica puede verse la obra de GUTIÉRREZ, Gustavo: Dios o el oro en las Indias. Lima, Instituto Bartolomé de Las Casas, 1990, págs. 65-68 y 86-87.

[2] Una buena transcripción de las mismas se encuentra en MORALES PADRÓN, Francisco: Teoría y leyes de la Conquista. Madrid, Ediciones de Cultura Hispánica, 1979, págs. 428-440.

 [3] MIRA CABALLOS, Esteban: El indio antillano: repartimiento, encomienda y esclavitud. Sevilla, Muñoz Moya, 1997, pág. 349.

[4] EUGENIO MARTÍNEZ, María Ángeles: Tributo y trabajo del indio en Nueva Granada. Sevilla, E.E.H.A., 1977, pp. 32 y ss.

[5] BENZONI, Girolamo: Historia del Nuevo Mundo. Madrid, Alianza Editorial, 1989, pág. 124.

[6] SARABIA VIEJO, Mª Justina: Don Luis de Velasco, virrey de Nueva España, 1550-1564. Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 1978, pág. 478.

[7] Véase a este respecto LOHMANN VILLENA, Guillermo: Las ideas jurídico-políticas de la rebelión de Gonzalo Pizarro. Valladolid, 1977.

[8] LÓPEZ DE GÓMARA, Francisco: Historia general de las Indias, T. I. Barcelona, Ediciones Orbis, 1985, pág. 268.

[9]NAVARRO DEL CASTILLO, Vicente: La epopeya de la raza extremeña en Indias, Granada, Gráficas Solinieve, 1978; BERMÚDEZ PLATA, C.: Catálogo de pasajeros a Indias, Sevilla, 1940-1946. HURTADO, Publio: Los extremeños en América. Sevilla, 1992.

[10]Junto su nombre y a su destino, Panamá, figura un dato erróneo, pues cifra su óbito en 1571 cuando en realidad lo hizo en 1553. SÁNCHEZ RUBIO, Rocío: La emigración extremeña al Nuevo Mundo. Exclusiones voluntarias y forzosas de un pueblo periférico en el siglo XVI. Madrid, Enclave 92, 1993, pág. 729

[11] Nada tiene que ver con Andrés de Tapia, leonés nacido en 1496 amigo personal de Cortés, con quien estuvo en la conquista del imperio azteca e incluso en la fallida campaña de Argel. Véase, por ejemplo, MAÑUECO BARANDA, Tello: Diccionario del Nuevo Mundo. Todos los conquistadores. Valladolid, Ámbito, 2006, págs. 299-300. Tampoco parece tener relación con el placentino Alonso de Tapia que partió rumbo a las Indias el 18 de agosto de 1517. THOMAS, Hugh: Quién es quién de los conquistadores. Barcelona, Salvat, 2001, pág. 264.

[12] Casi todos los datos de su biografía proceden del proceso contra Gómez de Tapia, tramitado por el fiscal de la audiencia de Panamá, 1552. AGI, Justicia 354, N. 2, 1ª pieza.

[13] Vid. SCHÄFER, Ernesto: El Consejo Real y Supremo de las Indias, T. II. Salamanca, Junta de Castilla y León, 2003, pág. 482.

[14] Así lo declaró Cristóbal Pizarro en Trujillo el 10 de febrero de 1553. AGI, Justicia 354, N. 2, 1ª pieza. Los Tapia de Trujillo tenían su enterramiento en la iglesia de Santiago, donde se conservan varios sepulcros de distintos miembros de esta linajuda familia.

[15] MENA GARCÍA, Mª del Carmen: La sociedad de Panamá en el siglo XVI. Sevilla, Diputación Provincial, 1984, págs. 351-352.

[16] Al igual que ocurre con Gómez de Tapia, tampoco Pedro Márquez aparece en los catálogos clásicos de emigrantes españoles o extremeños a las Indias. Ni tan siquiera aparece citado en el extenso catálogo de emigrantes extremeños del quinientos de la ya citada profesora Sánchez Rubio.

[17] Los datos están extraídos de su propia declaración en el interrogatorio que le practicó el fiscal en Panamá el 29 de diciembre de 1551. AGI, Justicia  354, N. 2, 1ª pieza.

[18] Declaración de Sancho de Tofiño, mercader, estante en la ciudad de Panamá.

[19] MENA GARCÍA: Ob. Cit., pág. 304.

[20] Eso declaró, por ejemplo, Juan de Reinaga, natural de Bilbao. Juan de Lares, en cambio, afirmó que había oído decir que era “pariente de deudos de Gonzalo Pizarro”.

[21] Prácticamente así lo declararon todos los testigos. Juan Tocino, Martín Delgado y Martín de los Reyes lo afirmaron claramente. El malagueño Rodrigo de la Fuente preciso aún más al decir que Tapia era “pariente cercano del general Pedro de Hinojosa”.

[22] Otro testigos, Juan de Umana, escribano público de la ciudad se expresó en términos similares: “A la décima pregunta dijo que sabe que la mayor parte de la gente que han estado mucho tiempo en Indias son diabólicos, informales y atrevidos para cometer cualquier cosa por lo que de ellos ha conocido y visto”.

 

[23] MENA GARCÍA: Ob. Cit., pág. 304.

[24] Según e diccionario de la R.A.E. también llamada estangurria que es una “micción dolorosa, gota a gota, con tenesmo a la vejiga”.

Oct 012007
 

 Mercedes Martín Pulido.

La historia de la región extremeña pocas veces se ha acercado al arte de la música para explicar cómo en un pueblo como el nuestro, con tan escasas oportunidades en este campo, han surgido individualidades de profunda vocación musical.

 

Sin embargo, a poco que indaguemos aparecen señales evidentes y expresivas de la gran afición y devoción que, en todo tiempo, Extremadura ha sentido por la música. La creación de asociaciones musicales (academias filarmónicas, bandas municipales, bandas militares, sociedades lírico-dramáticas, rondallas, corales…), la presencia de un comercio que tiene a la venta instrumentos musicales, la evidencia de la enseñanza  de la música, la información que la prensa local y regional ofrece de los conciertos previstos, del éxito de interpretes que han destacado… nos hablan del arraigo de la música en cualquiera de sus versiones y de la dependencia que de ella tenemos. La labor de quienes se han ocupado de mantener hasta el momento presente la llama viva de tan noble pasión -compositores, maestros de música, intérpretes, críticos musicales, y recopiladores de nuestro rico folclore- es la manifestación de un legado cultural que parece perdido en la memoria y que es necesario recuperar, valorar y catalogar para formar  parte de la historia artística de Extremadura[1].

 

Es el caso  del músico cacereño Carlos Hurtado Romero que en su momento mereció la consideración de la sociedad de su época, incluso su obra transcendió más allá de las fronteras nacionales y hoy es ignorado y solo contadas personas conocen de su existencia y de su talento musical.

 

Ha sido Miguel Hurtado Urrutia[2] quien ha divulgado la laboriosidad de este músico y ha resaltado su presencia en los ambientes culturales cacereños como el buen pianista que fue y como compositor laureado. Ciertamente quedan muchos datos de su biografía por conocer, incluido el año de su nacimiento (M. Hurtado la sitúa hacia 1868) así como el lugar y fecha de su fallecimiento.

 

Si nos hacemos eco de la opinión de Juan Luis Cordero Gómez[3], que lo consideraba un gran artista, fue el ambiente provinciano en el que se estancó el que cortó las alas a tan prometedor artista, también las privaciones que vivió, sin recursos económicos, interrumpieron los mejores frutos de su inteligencia. De no haber sido así, Carlos Hurtado  hubiera triunfado plenamente pues así lo  auguraban sus espléndidos triunfos en el Conservatorio de Madrid donde obtuvo brillantes notas y los primeros premios[4].

 

Una simple mirada a revistas como El Mundo Artístico,  y Bellas Artes de Madrid; El Anunciador Musical de San Sebastián, Alma Extremeña de Cáceres, así como otros periódicos de la región, El Bloque, El Adarve, El Norte de Extremadura,  El Noticiero… y conoceremos que prestaron gran atención a este músico desconocido hoy reconociendo su obra con admiración y divulgando sus triunfos. Precisamente son estas revistas la mayor fuente de información sobre este músico y su obra, pues incluso  algunas partituras han sido recogidas en sus páginas.

 

Al terminar sus estudios Carlos Hurtado se afinca en Cáceres donde se ganó la vida como organista de San Mateo, cuya plaza ganó por oposición en 1892, y como profesor de música dando clases particulares a domicilio y en su casa, de solfeo, piano, armonía, canto y flauta y preparación de alumnos para los exámenes del Conservatorio.  También afinaba pianos y copiaba música.

 

Por las fuentes citadas sabemos que en los primeros años del siglo XX dirigió el orfeón onubense y el orfeón “El Eco Cacereño” al mismo tiempo que iba adquiriendo reconocimiento de buen intérprete, dominó el violín y la flauta y destacó como pianista y organista notable. En 1910 dirige un cuarteto con Julián Arnelas (flauta) y Roberto y José Segarra (violinistas) y da conciertos en el teatro de Variedades y en provincias. Como compositor obtuvo grandes satisfacciones pues alcanzó importantes premios que consolidaban su trayectoria como tal.

 

Siendo todavía estudiante en Madrid compuso “La Cacereña», mazurca para piano de la que afortunadamente se conserva partitura. El domingo 28 de octubre de 1906 estrena en el teatro Principal[5] el “Pasodoble” que realiza para el Batallón Infantil de Cáceres[6]. Igualmente compone el pasodoble titulado “Manolete” dedicado al diestro Manuel Rodríguez, estrenado por la Banda Provincial durante el paseíllo en la corrida del dia 31 de mayo de 1908. No sería el único pasodoble taurino pues en septiembre de 1915 en la novillada con picadores que se celebra en Cáceres, la Banda Municipal dirigida por el maestro García Agúndez estrena el titulado “Cáceres Taurino”.

 

Su vals “Petra” fue premiado con cien francos y diploma en el certamen internacional de valses-boston organizado por la Asociación de Autores y Compositores de Música del Norte y  Pas-de Calais de Lille en 25 de marzo de 1909, alzándose con el 2º premio al que optaron 789 concursantes.

 

Compuso una marcha para los Exploradores Cacereños, asociación fundada en 1911, que sería agraciada con 50 pts. y 50 ejemplares de la obra, en el concurso de la revista Arte Musical de Barcelona de 3 de abril 1916[7].

 

En febrero de 1912 cosecha nuevos éxitos  al ser premiada  su obra, “Hosanna a Dios en las alturas y en la tierra hidalga de Extremadura”, gran marcha de concierto para septeto en el concurso Internacional de Composición celebrado en Bruselas. El premio consistió en 150 francos y diploma.

 

Quizás sean las composiciones religiosas las  más consideradas por la crítica musical, lo refuerza la prensa  al informar en 1919 de la “Salve”  de Carlos Hurtado en ocasión en que es cantada por el P. Salvador Carcagnolo que en esos momentos es huésped de los Misioneros de la Preciosa Sangre de Jesús en Cáceres.

 

Es autor del himno musical de la Asociación Cacereña de Socorros Mutuos, de cuya Junta  directiva formó parte. Esta Asociación cumplía sus Bodas de Plata en agosto de 1916 y para este cumpleaños Carlos Hurtado y Federico Reaño, como letrista, compusieron el himno mencionado, interpretado por primera vez con motivo de la finalización de las dos primeras viviendas de la barriada llamada “Casas Baratas”.  No era la primera vez que ambos firmaban un trabajo pues ya en este mismo año  lo habían hecho en el entremés titulado “Del mal el menos”, estrenado en Cáceres, en el cine San Juan.

 

La última noticia que he obtenido sobre él es la que se refiere a la toma de posesión de su cargo de director de la Banda Municipal de Hervás (Cáceres), hecho que ocurrió el 31-X-1924. A partir de esta fecha nada más conocemos de él. Tal vez ya se había ido apagando la aureola de celebridad que debió conquistar por sus merecimientos.

 

De tantos músicos extremeños de los que hoy se ha perdido la memoria, dos están especialmente vinculados a Trujillo, me refiero a Jacinto Cabrera de Orellana-Pizarro Melgarejo y Pérez-Aloe, como hijo del vizconde de la Torre de Albarragena y nieto del marqués de la Conquista, prolífico y generoso con el don musical del que fue investido, y a Carlos Hurtado, a quien me he venido refiriendo en estas cuartillas, pues además de haber dado algún concierto en esta ciudad es el autor del pasodoble[8] para piano titulado «Trujillo»  que dedicó a su Ayuntamiento en 1899. Según José Antonio Ramos Rubio[9] dicho pasodoble compuesto inicialmente para banda debía ser estrenado en  la ceremonia del tercer matrimonio de uno de los vecinos más longevo de Trujillo (llegó a los 120 años).  Hurtado contaba con la existencia de esta agrupación musical y al no ser así hizo una versión  para piano que es la partitura que hoy presento aquí y de cuya lectura extraigo lo más significativo: ritmo de marcha (allegro) propio para el desfile de soldados y para “el paseíllo” taurino,  de tiempo ligero, ejecución sencilla, melodía fácil y pegadiza, compuesto en tonalidades brillantes. El tema principal (la mayor) contiene modulaciones que dan a esta partitura una audición muy agradable.

 

Esperemos que haya ocasión de un reestreno y podamos conocerla  y disfrutarla.

BIBLIOGRAFÍA

 

 

GARCÍA REDONDO, Francisca: La Música en Extremadura. I.C. “El Brocense, Cáceres1983.

 

HURTADO URRUTIA, M.: “Nuestros artistas de ayer (Un territorio poco explorado)”. En Misterios de Cáceres (coord. CORTIJO, Esteban). Cámara O. de Comercio e Industria de Cáceres, 1998.

 

HURTADO, Publio: Ayuntamiento y Familias Cacerenses. Tip. Luciano  Jiménez Merino. Cáceres, 1918.

 

RUBIO RAMOS, José Antonio: Trujillo costumbrista. 1870-1970. Hermandad de la Virgen de la Victoria. Cáceres, 1993.

 

 

Revista Brisas Nuevas, de Cáceres (1909-1910)

Revista Alma Extremeña, de Cáceres  (1905-1909)

La Opinión, semanario de Trujillo (1908…)image002image003image005

 

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[1] En el ámbito regional y provincial ya se han realizado los inventarios musicales del monasterio de Guadalupe, de las catedrales de Coria, Plasencia y Badajoz y han aparecido estudios de gran interés sobre aspectos musicales de Plasencia, Trujillo, Cáceres, etc. Incluso algunas reediciones como las de Lux Bella (1492), obra del garrovillano Domingo Marcos Durán, autor del primer tratado de música en castellano, permiten ser optimistas.

 

[2] HURTADO URRUTIA, M.: “Nuestros artistas de ayer (Un territorio poco explorado). En Misterios de Cáceres (coord. CORTIJO, Esteban). Cámara O. de Comercio e Industria de Cáceres, 1998. Ps. 169-192.

 

[3] Bajo el seudónimo de “C.” Juan Luis Cordero firma el artículo “Gente Extremeña. D. Carlos Hurtado” en la revista Brisas Nuevas (Cáceres, nº 46, 18-1-1910)

 

[4] En 1891 solicitó al Ayuntamiento de Cáceres una pensión para continuar sus estudios de música en Madrid. Recibió entonces un apoyo económico de 150 pts  que se mantendrá hasta terminar los estudios en la Escuela Nacional de Música. (Sesión del Ayunt, 2-4-1891, y de 6-7-1894).

[5] En la velada musical a beneficio del Orfeón” Eco Cacereño“. En el programa intervienen  entre otros la pareja conocida artísticamente como “los ciegos Miguel y Pepe” en bandurria y guitarra. En la 2ª parte, el Orfeón bajo la dirección de Carlos Hurtado:-Primero interpretó el pasodoble que Cabrera de Orellana con letra de Cardenal realizó para esta asociación musical de la que fue fundador. A continuación “Barcarola”, de su autoría, igual que la “Jota” que con letra de Enrique Montánchez Jiménez Tercero . En la tercera parte la Banda del Batallón Infantil bajo la dirección de su director, D. José Capdevielle interpretó además de otras composiciones el “Pasodoble.-que Carlos Hurtado dedicó a dicha banda  (El Noticiero, nº 69, 27-10-1906,)-

 

[6] La presentación del Batallón Infantil constituyó un verdadero acontecimiento en Cáceres. La plaza, los balcones, las calles se llenaron de gente. Fue a Misa y detrás de él todo Cáceres y de la iglesia a la plaza de toros donde varios fotógrafos sacaron fotografías para los periódicos de Madrid (El Adarve, nº 165, 15-3-1906).

 

[7] HURTADO, Publio: Ayuntamiento y Familias Cacerenses. Tip. Luciano  Jiménez Merino .Cáceres, 1918.

 

[8] Agradezco a Miguel Hurtado que me haya facilitado la copia de la partitura de este pasodoble para presentarla a estos Coloquios.

 

[9] RAMOS RUBIO, J.Antonio: Trujillo costumbrista. 1870-1970. Hermandad de la Virgen de la Victoria. Cáceres, 1993. pag.30-31

Oct 012007
 

 Cecilia Martín Pulido y Mercedes Martín Pulido.

Afortunadamente los estudios sobre la Historia de la Enseñanza en Extremadura ya no son contados y escasos. Hoy reclama la atención de los investigadores y estudiosos de la historia extremeña convencidos de que el acercamiento a lo que se enseñó, y se aprendió, aporta aspectos valiosos e imprescindibles para el conocimiento de la evolución del pensamiento colectivo y de su instalación en la sociedad. Es la mejor oportunidad para conocer la respuesta de la escuela a las exigencias y necesidades que demanda, en cada tiempo, la sociedad; por todo ello los distintos aspectos relacionados directa o indirectamente  con la educación y con la enseñanza merecen la mirada atenta, objetiva y considerada del historiador si quiere manejar todas las variables que inciden en la vida.

 

Hay que conocer y recuperar la presencia y la actuación de los centros de enseñanza, públicos y privados, la labor desarrollada en este campo por instituciones y sociedades culturales, la de particulares, que movidos por distintos intereses asumieron según el caso, el mecenazgo o la caridad, la de quienes ejercieron la función de enseñar o plantearon sus actuaciones desde la perspectivas educativa y cultural.

 

Hora es ya de acercarse a  los autores extremeños que desde el mundo de la experiencia educativa dejaron tratados pedagógicos y asuntos relacionados con las labores de enseñar, lamentablemente no integrados en los repertorios bibliográficos[1], y sin embargo, por derecho, son parte de una realidad patrimonial digna de ser estimada.

 

En este convencimiento no están de más estas breves e inarticuladas notas sobre la enseñanza en Trujillo referidas al siglo XIX y XX, para las que he tenido en cuenta las alusiones e informaciones  sobre centros de enseñanza aparecidas en trabajos que tienen como objeto de estudio aspectos diversos de esta ciudad (me refiero, entre otros a los de Juan Tena, Clodoaldo Naranjo, José Antonio Ramos Rubio o el más reciente de los hermanos Pérez-Zubizarreta). Y me he asomado a la prensa local y provincial donde he constatado la existencia de talleres de carpintería, de bordados y confección, de clases de música, de dibujo, de comercio, de jardinería…etc., es decir, la enseñanza no reglada que diríamos en la terminología actual. También la presencia de la Sociedad Económica del País, de los círculos recreativos, la afición teatro, las agrupaciones musicales, la labor de las imprentas, la dedicación de asociaciones benéficas protectoras del Niño… todo ello necesario para entender el discurrir vital e intelectual de la  ciudad de Trujillo.

 

Así, de este espigueo por la prensa y por algún archivo particular he entresacado estos datos:

 

El Instituto

Me refiero al Instituto de Cáceres, creado en 1839, el único existente en la provincia. En él realizaron sus estudios secundarios la mayoría de los estudiantes trujillanos cuyas familias tuvieron posibles para ello. Del desembolso que realizaban los padres para mantener a su hijo, estudiante en Cáceres,  tenemos conocimiento a través de la correspondencia  que D.

Valentín Collazos, vecino de Trujillo, mantenía con el maestro D. Nicolás Rey Galeano que era quien durante los cursos 1852-53,1853-54 y 54-55 dio pupilaje a su hijo, Fidel, en Cáceres. Parece que Rey Galeano actuaba como tutor muy interesado a todos los efectos, ello se desprende de la mencionada correspondencia de la que extraigo algunas frases:

 

«el niño sigue bien, al que puede recomendar que estudie más, pues por más que se le advierte, se abandona mucho” (31-3-1854)

 

nos hemos examinado de Latín  y ya veremos” (3-3-1954)

 

Las constantes minutas enviadas al padre de los gastos de Fidel se refieren a facturas de botica, arreglo de zapatos, de vestido, compra de sombrero, de libros y otros sin especificar. La minuta del mes de marzo es de 170 rs y 17 mv por 31 días de alimentos. A estos gastos hay que añadir los 106, 9 rs v y 9 mv que había que abonar al mes al maestro   D. Felipe Uribarri. No respondió el alumno a las expectativas paternas a juzgar por los resultados finales que son evaluados de “mediano” por el Director del Instituto, D. Luis Sergio Sánchez y el Secretario del mismo, D. Andrés Paredes, en 1853.

 

La formación profesional

Un maestro de taller fue José Bacciarini, artista grabador, especialmente de toda clase de sellos con escudo de armas. Llega a Cáceres en 1839 pero se afinca en Trujillo donde vive en 1858 e instala su taller en el que al mismo tiempo que responde a los trabajos de encargo tiene dos aprendices del oficio.

 

 

Imposible hablar de la enseñanza en Trujillo y no mencionar aunque sea con la brevedad de ahora, a su centro más emblemático: el Colegio Preparatorio Militar. Levantado en terrenos que el Ayuntamiento compró en 1888 a los herederos de Dª Lucía Elías Serrano para la instalación en lo que hoy es Paseo Ruiz de Mendoza de un Colegio Preparatorio Militar. Además de la enseñanza específica de este centro, se podía cursar el bachillerato

En 1902, por R. O. del Ministerio de la Guerra se suprimen en España las academias preparatorias militares y por lo tanto la de Trujillo. El profesorado se disemina y así en 1903 Carlos Marra comandante de Infantería y el capitán Santiago G. Barberá abren en Cáceres una Academia Preparatoria Cívico-Militar. Se anuncian en la prensa como  exprofesores del colegio Preparatorio Militar de Trujillo. En ella se daba preparación especial y completa para el ingreso en las academias militares.

El edificio que fue requerido por los jesuitas para establecer en él un Colegio de Segunda Enseñanza, pasó por una época de abandono quedando solo habitable el pabellón de la oficialidad destinado a casa-cuartel de la Guardia Civil y el gimnasio convertido en garaje automovilista. Otros espacios comprados en 1916 por Dª Margarita Iturralde permitieron la instalación de nuevos centros de enseñanza[2]

La nueva calle, Marqués de Albayda que el Ayuntamiento abre en 1920 dividió en dos tan magnífico edificio[3].

 

Un maestro de escuela pública

Lo fue el trujillano Joaquín Cuadrado Retamosa, que ejerció su profesión de maestro de Primera Enseñanza en Cáceres  y posteriormente en Trujillo. Es conocido como autor de la letra del Himno a la Virgen de la Victoria. En su tiempo fue estimado como buen maestro y alguna muestra ha dejado que así lo corrobora. Me refiero al librito que publicó titulado Cartilla Agraria en verso para uso de las escuelas de Primera Enseñanza. Imp. de Nicolás Mª Jiménez, Cáceres, 1887.

 

Sobrino suyo fue Cipriano Guerra Cuadrado (1862-1928) auxiliar de la sección de Letras del Instituto General y Técnico (donde daba Francés, Historia y Geografía desde 1891-hasta 1916). Ocupará el puesto de director en 1918 tras la marcha a Valencia de Manuel Castillo  Quijada Como profesor se había hecho querer, de carácter bondadoso , de él se cuenta que jamás suspendió a un alumno.

 

La imprenta:

Una de las imprentas existentes en Trujillo  en el siglo XIX es la que regentó la sociedad “Acedo Hermanos”, anterior a la  imprenta  de Benito Peña, de larguísima permanencia, y a “La Minerva” de  Agustín Durán pero posterior a la de Lucas Moreno que funcionaba en 1856.  En la primera de las citadas se imprimió en 1872 el texto escolar  de José Bravo y Díaz, maestro de Primera Enseñanza en Zarza de Montánchez titulado Nociones fundamentales de Aritmética Teórico-práctica en verso para la enseñanza de las escuelas. El método memorístico estaba instalado  en la escuela y el verso era una apoyatura muy apreciable.

 

La enseñanza a distancia

Una nueva modalidad de enseñanza es la que introduce Rafael Heredia Rodríguez Jaén, trujillano, uno de los fundadores del semanario local La Opinión, de ideas republicanas, diputado provincial en Madrid y director de la Revista Pericial Mercantil. En 1908 abrió y dirigió la Escuela Práctica de Comercioubicada en la c/ de la Montera, nº 43 de Madrid. Escuela que abre a un entorno más amplio al iniciar la  enseñanza por correspondencia para adquirir en seis meses el título de Tenedor de Libros, y que lo sitúa en Extremadura como pionero de esta modalidad.

En la provincia de Cáceres encontró alumnos que prepararon esta carrera siguiendo esta forma tan novedosa de enseñanza-aprendizaje.

 

 

La obra benéfica:

La representa Lucía de Orellana, condesa de Romero, que estableció en octubre de 1915 el Colegio y Talleres de la Stma. Trinidad  en la c/ Ancha, en el antiguo solar de los Paredes Saavedra, en Cáceres. Se trataba de un colegio-residencia para jóvenes totalmente gratuito. La Obra era pobre y se mantenía de limosnas y de la venta de sus manufacturas.

En 1917 edita el Boletín de los Talleres de la Santísima Trinidad para dar a conocer la labor que se hace.

 

Una revista:

El Colegio-Academia de la Purísima Concepción  establecido desde 1922 en el Palacio del Marqués de Albayda bajo la dirección del abogado D. Marcelino Gonzalez H. Barrantes propició la salida de Ensayos, una publicación periódica que apareció en enero de 1922 como “Revista quincenal ilustrada de Literatura y Arte”. El título de la revista responde perfectamente a la finalidad que se propusieron sus responsables: servir de ensayo y aprendizaje al grupo de redactores en las manifestaciones de sus inquietudes literarias.

En un formato clásico de revista, es decir, el cuarto mayor y revestida con una cubierta  en color donde campea el dibujo que firma “Carlos” (castillo y patrona de Trujillo sobre una bella orla) da custodia a las 8 páginas que fueron habituales. El director artístico de Ensayos, es el autor del dibujo de portada, Carlos Baruteaud.

 

La permanencia de esta revista fue muy corta, no llegó a sobrepasar el año, nota característica en las de su género y sobre todo en las realizadas por jóvenes como era el caso de Ensayos. El cuadro de redacción dirigido por Juan Chamorro Padilla lo formaban estudiantes vinculados al Colegio citado: Elisa Miura Pérez[4], Tomás Civantos Morales, Manuel Bazaga Medina, Andrés Cancho Bravo, los hermanos Blanca y Antonio Míguez Paredes, Fernando Marcos Calleja, Tomás Pumar Cuartero y Francisco López Pedraza; a ellos se sumarían después Álvaro de Zurita de los Ríos y Alejo Leal García.

 

Además de una Crónica Local, incluía una serie de problemas aritméticos y geométricos para ser resueltos por los lectores. La disconformidad en la solución de algunos de ellos llegó a enfrentar al director de Ensayos con el de Voz Regional, Julio Martínez Gala, poco tolerante con los fallos de los jóvenes. Estas discusiones tenían como punto final las explicaciones de ambos en la prensa local, retirando, «las ofensas personales inferidas, que deseamos no dejen recuerdo alguno de amargura» (nº 14).

 

La revista se sostuvo con las suscripciones  de sus lectores, la mayoría padres de los citados, que debían abonar 1,50 pts al trimestre. Recurrieron al comercio y a la industria de Trujillo para financiar los gastos de papel en época de carestía,  y de impresión en “La Perfección Trujillana” de Benito Peña.

 

Las clases de idiomas:

La enseñanza de idiomas ya había tenido ejercicio en Trujillo desde los primeros años del siglo XX. En este eje cronológico que me guía, y que llega  a la mitad de dicho siglo se me ha ocurrido incluir la academia denominada Academia Latino-Francesa  que en 1935 dirigía D. Miguel Abril Blanco: Estaba establecida en el nº 3 de la  C/ Cruces,   y en ella se impartían clases complementarias para alumnos de Bachillerato, especialmente  de Latín y Francés. Se preparaba el ingreso en el Instituto de Segunda Enseñanza y en Escuelas Especiales, y también se daban clases particulares a domicilio.

 

Es en este momento cuando pongo punto final a nuestra exposición en el convencimiento de que ni siquiera hemos logrado esbozar este gran tema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Con algunas excepciones. Afortunadamente las ideas y pensamiento de ilustres pedagogos están siendo divulgados a través de la Consejería de Educación y de la Fundación “Juan Uña”. La Unión de Bibliófilos Extremeños, en su afán de conocer, estudiar y divulgar el patrimonio bibliográfico extremeño ha incluido en sus publicaciones anuales con motivo de la Feriadel Libro una mirada interesada a este tipo de publicaciones. Por otra parte,  la  Exposición “Extremadura en sus páginas. Del papel a la web”, celebrada en Badajoz en 2005, incluyó en su catálogo  piezas bibliográficas  de enorme interés.

 

[2] Sobre el Colegio Militar de Trujillo hay publicado algunos trabajos: GUTIÉRREZ MACÍAS, Valeriano: “El Colegio Preparatorio Militar de Trujillo”, Comunicación presentada a los XXII Coloquios Históricos de Extremadura de 1996.

 

[3] El Noticiero, Cáceres, 17-1-1920.

 

[4] Posteriormente se convirtió en una conocida escritora, publicando en las revistas literarias de la región aparecidas a principios de siglo. Es autora de la novela Deseo de amor, publicada en 1911

 

Oct 012007
 

 Cecilia Martín Pulido.

Dice Eugene Smith, espléndida definición, que “la fotografía es solamente una débil voz, pero a veces, tan sólo a veces, una o varias fotografías pueden llevar nuestros sentidos hacia la conciencia…” porque es un arte que hace historia, notario del  acontecer diario, un testimonio al alcance de todos que perpetuará los grandes acontecimientos y el momento sublime. Sin embargo, la fotografía elevada al rango de arte sólo está al alcance de unos pocos: inteligencia, y técnica, son insuficientes.

 

En este sentido, y para estos XXXVI Coloquios  Históricos de Extremadura, me ha parecido oportuno rescatar de la memoria colectiva el nombre de algunos fotógrafos que, con arte, es decir, con inteligencia y corazón, captaron la imagen de Trujillo en blanco y negro. La fotogenia de Trujillo es incuestionable, todos sus perfiles son fotogénicos, la ciudad se deja retratar, no necesita de retoques y vestiduras ni de más afeites que los que le imprimió el transcurrir del tiempo. Es grato a la cámara, o como se dice ahora, la enamora. Así, me propongo con este trabajo centrarme en quienes divulgaron las bellezas monumentales y artísticas de esta ciudad, desde su dimensión profesional o de aficionado a la fotografía y apuesto por la recuperación de la memoria visual de Trujillo y de sus fotógrafos.

 

La riqueza artística y monumental de Trujillo es un gozo y un reclamo para los ojos del fotógrafo, y es, al mismo tiempo, un manantial turístico que ya, desde principios del siglo XX motivó por una parte campañas de protección y recuperación de tan copioso caudal y por otro la difusión de sus excelencias, la belleza y empaque de su arquitectura. Tesón y esfuerzo aportó primer organismo oficial creado en 1911, la Comisaría Regia que desempeñó una gran labor y fue base del Patronato Nacional de Turismo (1928) encargado de procurar el desarrollo del turismo y de divulgar la cultura artística popular. Gracias a estas instituciones, a la Comisión de Monumentos Históricos de Cáceres y a la de particulares  que apostaron por dar a  conocer el arte en cualquiera de sus manifestaciones a través de los textos y del lenguaje gráfico, podemos conocer lo más granado del trabajo de los fotógrafos y estimar el legado que dejaron[1][1]. Me refiero, en este caso a los editores de libros, periódicos, revistas, folletos y postales[2][2].

 

Un repaso a La Ilustración Ibero-AmericanaBlanco y NegroLa EsferaABCMundo Hispánico, etc. y a las publicaciones del PNT y constataremos el boom de la fotografía, imprescindible ya no solo para amenizar los textos de reconocidos escritores sino como testimonio de lo que dicen en ellos. Un repaso más pausado a estas y otras revistas nos depara la sorpresa y el encuentro con rincones y plazuelas, con muestras de la arquitectura monumental de Trujillo.

 

La prensa ya es difícil entenderla sin fotografías por esto el semanario de Trujillo, La Opinión[3][3] a pesar de las limitaciones técnicas de la época, hace un gran esfuerzo en ocasiones determinadas. Por ejemplo, la que motiva el deseo de los trujillanos en 1916 de levantar un monumento a uno de sus hijos más preclaros, Francisco Pizarro. La historia de esta decisión, los proyectos publicados, entre ellos el del escultor madrileño Rafael Galán, que diseñó la estatua del conquistador del Perú a pié, emergiendo de la fuente de la plaza. De ella dan cumplida cuenta las fotografías que acompañan a esta información[4][4].

 

Voy a mencionar a algunos de los que almacenaron en sus placas, en sus clichés, la imagen del Trujillo monumental y pretendo seguir para ello un orden cronológico basado en la fecha de nacimiento de cada uno de ellos cuando esto es posible. Este repertorio de fotógrafos lo inicio, un poco atrevida, con uno de los grandes pues parece ser que no activó su cámara en Trujillo. En tanto perviva la duda y aunque sea sólo para lamentar la ausencia, abre este repertorio:

 

El inglés Charles H. Clifford, (Wales 1819 – 1863) es uno de los fotógrafos extranjeros más importante e influyente establecidos en España, ilustró el viaje por España de Isabel II en el año 1858. Este viaje propició numerosas vistas de la geografía española que  divulgó y vendió. Sin embargo no se incluyen en ellas ninguna relativa a Trujillo, tampoco a Cáceres por no haber pisado su suelo en el itinerario trazado para este viaje regio.

 

Jean Laurent (Garchizx, Nevers, 1816-1886) fotógrafo francés afincado en Madrid, trabajó en España desde 1843 a 1957. Hoy está considerado como un gran empresario al crear la más importante compañía dedicada a comercializar sus fotografías. Se especializó en retratos de personalidades y de las ciudades y paisajes de España. Sus trabajos son un buen inventario de monumentos y situaciones, en ellos supo combinar pasado y presente con perspectivas románticas y objetivas en una extensa obra de extraordinaria belleza e interés.

 

Laurent tiene el privilegio, entre otros, de ser autor de la primera fotografía firmada de Trujillo siendo su protagonista la Torre Julia, ruinosa tras el  terremoto de Lisboa, una imagen muy divulgada, de gran carga histórica. Así lo interpretó la Comisión Provincial de Monumentos Históricos y Artísticos en 1870, cuando al lamentar que no se hicieran obras indispensables para evitar su ruina avisaba, al mismo tiempo del paso por la provincia del fotógrafo de Madrid, Sr. Laurent, e instaba a la Diputación de Cáceres  a que tan preclaro artista realizase unas vistas de la torre[5][5] y costease el gasto de 200 escudos a que ascendería la colección de “50 vistas fotográficas de la torre titulada Juliana ya en parte y próxima a desaparecer por completo atendido el estado que presenta de inminente caída[6][6].

 

Estas fotografías se distribuyeron de la siguiente manera:

Dos irían al Instituto de Segunda Enseñanza de Cáceres. Ocho quedarán depositadas en la Diputación Provincial. Ocho en la Comisión de Monumentos. Cuatro en la Biblioteca Nacional. Seis irían a la Academia de San Fernando. Seis a la de la Historia. Seisal Ayuntamiento de Trujillo. Seis a la Escuela de Arquitectos. Dos al Ayuntamiento de Cáceres. Dos a la Audiencia Territorial.

 

Me pregunto si uno de los discípulos más aventajados de Laurent, me refiero al conde de Lipa que dejó constancia de su trabajo en Cáceres,[7][7]  pudo haber tomado imágenes de Trujillo,  dada la ruta bien pudo pasar por Trujillo. Igualmente sucede con el fotógrafo francés Charles le Balleur-Villiers,  cuya presencia en Cáceres en 1862, recogió la prensa local[8][8].

 

Adolf Mas Ginestà (Solsona, 1860–1936 Barcelona) se estableció en  1886 como fotógrafo en Barcelona. A partir de entonces firma su obra sólo con su primer apellido. Es el creador del Arxiu Mas que al cabo de los años se ampliaría y pasaría a convertirse en el Inventario Iconográfico de España.

 

Un aspecto destacado de la actividad del Arxiu Mas durante la primera década del siglo XX fue la colaboración que mantuvo con la editorial Espasa-Calpe, que compró sus fotografías para ilustrar la Enciclopedia Universal,   y la participación en la exposición que organizó el conde Güell en París. La obra de Gaudí fue entonces ampliamente fotografiada en un trabajo riguroso y de innegable calidad por Mas cuyo reconocimiento le permitió atender los pedidos de instituciones como los de la Hispanic Society of America, la Frick Art Reference Library y la Universidad de Harvard.

Su hijo Pelai Mas Castañeda (Barcelona, 1891-1954), siguió los pasos de su padre como fotógrafo. A partir de 1920 viaja por toda España en una campaña orientada por el hispanista Walter Cook, del Institute of Fine Arts de Nueva York. Siguiendo la norma paterna también firma sus fotografías con el primer apellido.

La obra de los Mas en Trujillo, está centrada en su monumentalidad, en su singular geometría, optan por fotografiar sus edificios arquitectónicos más hermosos y sobresalientes (palacio de la Conquista, palacio de Orellana o el de San Carlos), resaltando lo que de único tiene cada uno de ellos, manteniéndolos ajenos al entorno que los rodeaba, realzando la envergadura de las torres, el equilibrio estético de las diferentes alturas… Trabajaron asiduamente con la Junta Provincial de Turismo y después con la Dirección General de Turismo.

 

Emilio Herreros Estevan. (Madrid, 1876-1960 Cáceres) Abogado de gran prestigio, político, periodista (fundó y dirigió en Cáceres el semanario liberal El Bloque), hombre cultísimo preocupado por la recuperación y protección del patrimonio cultural, manifestó una gran afición al arte de la fotografía. A él se deben amplios reportajes de cuanto de interés encontró en los pueblos de la provincia. Y desde su puesto de presidente, en 1930 de la Junta del Patronato de Turismo fomentó y divulgó las bellezas artísticas y monumentales de la provincia. Igualmente amplió con obra propia los fondos fotográficos de la Comisión de Monumentos, a la cual pertenecía como Académico Correspondiente de Bellas Artes[9][9]. Su fotografía es realista, elegante, a veces transmite la impresión de transparencia.

 

 

JAVIER. (Cáceres 1888-1963)  “Javier” es la firma artística y profesional de Javier García Téllez, un gran fotógrafo cacereño que descubre el mundo de la fotografía en el taller del profesor Perate. Perfeccionó sus conocimientos en cada una de las especialidades de la fotografía: galería,  laboratorio, retoque de negativos, ampliaciones, etc. y en  la segunda década del siglo XX instala su galería y taller, por la que pasará todo, en el piso alto del número 12 de la calle Pintores.

 

En 1929 presentó una colección de fotografías del barrio antiguo de Cáceres en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, por la que obtuvo la Medalla de Oro. Incorporó a su técnica cuantas innovaciones iban apareciendo, por ejemplo la  luz artificial dotando a su gabinete de mayores posibilidades. No obstante él era un entusiasta de la luz natural y sus matices los utilizó con maestría en los retratos.

 

Su fotografía artística y monumental ocupa una importante parcela en su obra  como puede observarse en las muestras que dejó de un trabajo bien hecho en las publicaciones de la Dirección General de Turismo, alternando con fotógrafos de reconocido prestigio a nivel nacional e internacional y en sus colaboraciones en guías turísticas, en  las revistas Alcántara y Mundo Hispánico, en libros y folletos, cuya parte gráfica realizó en ocasiones al alimón con otros buenos fotógrafos como Gudiol y Martín Gil.

 

Siempre tuvo una actitud receptiva y generosa a la solicitud de la Comisión de Monumentos de Cáceres para captar la imagen de ruinas y descubrimientos arqueológicos y documentarlos gráficamente. También fue requerido en los proyectos municipales que afectaban al derribo o alteración de la riqueza monumental de la provincia. Su obra es muy amplia en tarjetas postales…

 

Su paso por Trujillo es diferente en cuanto proyecciones arquitectónicas, él conocía sus encantos y su flash se distraía en detalles poco reproducidos, siendo honesto y versátil al mismo tiempo.

 

G. Guerra. Trabajó para limprenta “La Perfección Trujillana” de Benito Peña, luego bajo la razón comercial de “Sobrinos de B. Peña”. Firmó parte de la colección de postales de Trujillo que fue reproducidas en sepia, siendo también autor del album en acordeón que circulaba por los años veinte formado por 17 postales con las vistas más fotografiadas de Trujillo estampadas en azul, En ellas está presente el espacio más concurrido de la ciudad, la Plaza por antonomasia, y ofrece vistas parciales tomadas desde distintos puntos de mira. La toma que hace de algunas casas abatidas por el paso de los años y la desatención de sus dueños  no es la fotografía de una ruina sino el reflejo de una supervivencia heroica.

 

Tomás Martín Gil (Casar de Cáceres,1891-1947). Con el calificativo de humanista se valora la gran personalidad de Martín Gil[10][10]: licenciado en Exactas, profesor, funcionario de Estadística, ningún ejercicio noble del espíritu le fue ajeno. Su afición a la fotografía lo convirtió en un virtuoso de este arte. Así lo pone de manifiesto la obtención en 1929 de la Medalla de Oro en fotografía en la Exposición Iberoamericana de Sevilla y sobre todo su espléndido archivo fotográfico, hoy en parte diseminado, y las diversas publicaciones en las que colaboró.

Viajero  empedernido, conoció todas las rutas de turismo de la provincia de Cáceres y, en palabras de su amigo, el director del Museo Provincial, D. Miguel Ángel Orti Belmonte “buscaba siempre el rincón romántico, la nota popular, el paisaje más recatado o el más abrupto, para llevar al cliché, formando así una rica colección, más de 2.000, que si fuera conocida por las universidades americanas pagarían por ella lo que quisiera[11][11]”. Su obra, prefirió siempre el formato pequeño, puede conocerse también en los folletos emitidos por el Patronato de Turismo, en la revista Alcántara, Mundo Hispánico, Blanco y NegroGuías de ferias de Cáceres, etc. y en el libro Por la vieja Extremadura[12][12], publicó con  el profesor del Instituto de Segunda Enseñanza, D. José Blázquez Marcos.

 

Martín Gil vivió Trujillo en las temporadas en que visitó a su hermano José, profesor en esta ciudad. En ella disfrutó de cuantas impresiones capta el espíritu culto y sensible, aquí disparó su cámara  en días brillantes en los que su fotografía en blanco y negro parece tener color, perfila nítidamente el contraluz y define de un fogonazo al arquitecto que ideó los edificios. Aunque sus fotografías se diluyen en la impresión que deja la falta de calidad del papel, propia del momento que se vivía.

 

Compañero de Martín Gil fue otro fotógrafo prestigiado conocido por su primer apellido. Gudiol es el nombre de batalla de un catalán que mantuvo  amistad y  una estrecha colaboración con Mas y, en Cáceres con el citado Javier formando parte del equipo de fotógrafos de la Dirección General de Turismo. Así, ilustra, junto a Javier el folleto titulado Cáceres, editado en 1930 por la Junta Provincial de Turismo de Cáceres y con Javier y Kindel, de la misma fecha, el titulado Trujillo (Cáceres). Igualmente, firma el dedicado a Alcántara.

 

Colaboró asiduamente en las publicaciones de Cultura Hispánica, en lo que se refiere a Extremadura son de su autoría las fotografías que figuran en el nº 6 de los Cuadernos de Arte dedicado a Cáceres, con textos de Miguel Muñoz de San Pedro, con la participación de Javier y de Tomás Martín Gil.

 

José Díaz Coronado, debió nacer en Plasencia en las últimas décadas del siglo XIX. Es el autor de los textos dibujos y fotografías de la Guía Histórico – Artística–Turística de Plasencia[13][13]. Lo es también de la de Trujillo[14][14] donde ofrece notables vistas, algunas poco frecuentes en el repertorio de imágenes que he tenido ocasión de conocer, como es la de la torre Julia, ofreciendo una perspectiva de su estado ruinoso desconocida. En todas ellas se observa su capacidad para captar el detalle, el trazado irregular de sus calles, las casas que las limitan y el paso del tiempo por ellas

 

Joaquin del Palacio (Madrid, 1905-1989) Firmó gran parte de  su obra con el seudónimo de Kindel. Acabada la Guerra Civil trabaja inicialmente para Dirección General de Regiones Devastadas practicando el más puro reportaje social. Nos sorprende más tarde con miradas de “momentos”, “instantáneas”, “escapadas”, tomas “robadas”, durante los trabajos de encargo realizados para la Dirección General de Turismo, Coros y Danzas Nacionales, Sección Femenina, revista del COAM, etc.  Imágenes matizadas siempre por un elemento de ironía añadido o por una veladura de melancólica tristeza; imágenes de una dura y larga postguerra.

Es autor de las 78 fotografías firmadas  como J. del Palacio que aparecen en el libro Trujillo (1949) de la colección “Cuadernos de Arte”[15][15]. Kindel se inmiscuye y  capta en el Trujillo de los años 40, dando una visión real, circunstancia esta que no se repite en otros cuadernos de la misma colección. Destacaría en sus fotografías una fuerte y expresiva rotundidad a la vez que una notoria seguridad al enfocar situaciones y perpectivas inéditas hasta entonces. Positivando elementos que habían pasado desapercibidos y escenas cotidianas como pueden ser las chimeneas y la presencia de las cigüeñas en gran parte de ellas.

 

Carlos Callejo Serrano. (Barcelona, 1911-1993) Investigador, arqueólogo, novelista y poeta, funcionario de Telégrafos. Un catalán afincado en Extremadura que llevó a cabo una intensísima actividad cultural en distintas esferas. A partir de los años cincuenta se escora de forma definitiva hacia el campo de la arqueología, descubridor de las pinturas de la Cueva  de Maltravieso, en Cáceres (1956), y de la investigación histórica destacando como especialista en epigrafía romana y numismática.. Fue  Conservador del Museo Provincial de Cáceres y director de la revista Alcántara.

 

Callejo como fotógrafo es sabedor de la importancia de lo que fija y también de la posibilidad  que proporciona la imagen de volver a verla con los mismos ojos, no tanto para reproducir la realidad como para mantenerla viva en cualquier tiempo y para mucho tiempo.

 

Nicolás Muller. (1913-1988) Fotógrafo húngaro, y asturiano de adopción, vivió en Portugal, Marruecos y finalmente en España. Se trata de uno de los precursores en España de la fotografía social, de costumbres. Colaboró en la Revista de Occidente y de él decía Ortega y Gasset que era “el hombre que domesticó la luz”. N. Muller es el autor de las fotografías de Trujillo de la colección postal editada por H. Benjamín.

 

La pequeña muestra que de este autor me ha llegado desprende un concienzudo realismo que se observa cuando, por los años 50 o principios de los 60, detiene su objetivo curioso en la plaza mayor de Trujillo no solo para abarcar el monumento, sino de ilustrar éste con la escena diaria de la ropa tendida de árbol a árbol en la misma plaza.

 

Josip Ciganovic (Servia, 1922). Abandona sus estudios de Medicina para dedicarse a la fotografía profesional. Viajero incansable por Europa, fotografía paisajes y  tipos humanos, escenas de costumbres… Su fotografía fue demandada y reconocida por los editores de libros de arte y  turismo que en los años sesenta se publican en España con versiones en varios idiomas cuya misión financiaba el Ministerio de Información y Trismo y servían como reclamo al turismo fotógrafo de primera línea.

 

Sus fotografías ilustran algunos libros de la colección, «Imagen de España», como el titulado Extremadura[16][16] (1968). Las fotografías que de toda Extremadura ha realizado lo remiten como un artista de alta calidad. Muchas de ellas han circulado como tarjeta postal. Es el primero y único de todos los citados que realiza las fotografías en color.

 

No quisiera finalizar mi exposición sin mencionar la saga de los Diéguez, fotógrafos trujillanos cuya obra es merecedora de una atención más próxima y atenta. De su obra publicada, relativa a la arquitectura monumental de Trujillo dan testimonio los folletos de la Junta Provincial del Turismo de Cáceres y las postales que circularon en los años 30 del pasado siglo.

 

Todos  nos dejaron un patrimonio visual y estético, testimonio de un tiempo y un paisaje que persiste y sin embargo diferente pues algo que estaba se ha modificado. Recupera y estimar este patrimonio es una tarea de todos y así lo ha entendido el MEIAC con la celebración de dos importantísimas exposiciones[17][17], las tituladas “La fotografía en Extremadura”(2000) y “En tierras de Extremadura. Las fotos de Ruth Matilda Anderson para la Hispanic Society” (2004). La labor de la Junta de Extremadura a través de su Consejería de Cultura es fundamental tanto en la creación de centros especializados como en la recuperación, catalogación y protección de los fondos.

 

A Trujillo y al Centro de Iniciativas Turísticas de Trujillo me voy a permitir hacer una sugerencia: La indagación y gestión cerca de The Hispanic Society of America podría permitir la reproducción de las fotografías, espléndidas como todas las suyas, que Matilda Anderson  hizo en Trujillo para conocimiento y disfrute de todos.

BIBLIOGRAFÍA

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ANDRÉS ORDAX, Salvador y PIZARRO GÓMEZ, F. Javier: El Patrimonio Artístico de Trujillo. Editora Regional de Extremadura. Mérida, 1987.

 

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[1][1] Afortunadamente la recuperación de la memoria gráfica, y en eso estamos ahora al tocar la parcela de la fotografía en Trujillo, es hoy un hecho. La primera historia de la fotografía española (1997) obra de Publio López Mondéjar abrió un sendero a nuevas aportaciones y sobre todo al rescate y conservación de colecciones familiares. Un traslado a la parcela provincial impone una breve mención a algunas importantes colecciones particulares existentes en ella y a la que dan nombre sus propietarios: Juan Ramón Marchena (hoy propiedad del Ayuntamiento de Cáceres), Tomás Martín Gil, familia de D. Publio Hurtado, familia Pérez Zubizarreta, Matilde Muro, Eduardo Gómez Alonso,… y tantas otras. Así como las  del Museo Provincial de Cáceres, provenientes en su mayoría de  las que guardó la Comisión Provincial de Monumentos.

[2][2] La tarjeta postal cumplió con amplitud su misión comunicativa, breve y económica, pero su importancia con la incorporación de la fotografía trascendió más allá de este objetivo. Se convirtió en vehículo de las excelencias artísticas del lugar en que se remite. Y, por tanto,  en  recuerdo amable y perdurable y en objeto de un coleccionismo muy extendido. A ello colaboraron empresas fuertes (Ediciones Arribas, Pergamino, Garrabellas…) y algunas trujillanas, como la de Benito Peña y Agustín Durán.

 

[3][3] Salió por primera vez el día 2 de enero de 1908 como “Semanario Independiente”, fundado entre otros, por Romualdo Hernández Serrano, Pedro Sánchez Mora, Joaquín Ramos, Ramiro Jiménez Barbado. A lo largo de su dilatada vida tuvo diversos directores, entre ellos un buen fotógrafo, Julio Martínez Gala, profesor de dibujo y de música. Dedicó un número extraordinario en mayo de 1908 a la conmemoración del I Centenario de la Guerra de la Independencia.

 

[4][4]  La idea surgió en 1913 y  La Opinión se hace eco de ella en su nº del 15 de mayo de dicho año. En 1916  Martínez Gala defiende el  proyecto de D. Rafael Galán y publica  y lo presenta a la Comisión Ejecutiva: un pedestal y una estatua sirviendo al monumento de basamento el pilón de  la fuente la plaza. La Opinión abre su primera página del 6-6-1929 con la inauguración del monumento a Pizarro.

 

[5][5] La solicitud  que lleva la fecha de 19 de febrero de 1870, la firma el presidente de dicha Comisión, Santos de Robledo.

[6][6] En Archivo de la Diputación Provincial de Cáceres, sig- 3851-1º :“Cantidades consignadas en el presupuesto provincial para sufragar gastos para una colección de 50 fotografías de la Torre Juliana de Trujillo. 1870. La Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos reclama las cantidades que se hayan consignado en el presupuesto provincial con destino a sufragar aquellos gastos.”

[7][7] No en balde, la imagen fotográfica más antigua que se conserva de Cáceres es la que él tomó en 1868 de la inauguración de las obras del ayuntamiento cacereño, un testimonio único..

[8][8] El Eco de Extremadura, Cáceres, 6-X-1862.

[9][9] Más información sobre esta personalidad en: [CORDERO GÓMEZ, Juan Luis] “Gente Extremeña. Emilio Herreros Estevan”. En Brisas Nuevas, nº65,  10-VI-1910. .- GUTIÉRREZ MACÍAS, Valeriano: “Don Emilio Herreros Estevan”. En rev Alcántara, nº 147 Julio-sep. 1960.

[10][10] Más información en: Prólogo de Miguel Muñoz de San Pedro a Motivos Cacereños.  Madrid, 1968. – Monográfico dedicado a Tomás Martín Gil. En rev Alcántara, nº 12, oct.1947.- PULIDO CORDERO, Montaña: “D. Tomás Martín Gil”. En rev. Alcántara, nº 39sep-dic. 1996.

[11][11] Rev. Alcántara (Cáceres), nº 12, 15-X-1947, p. 7.

[12][12] Por la vieja Extremadura. Provincia de Cáceres. Texto de José Blázquez Marcos. Ilustraciones fotográficas de Tomás Martín Gil. Cáceres, 1929..

[13][13] Editada por la Editorial Sánchez Rodrigo. Plasencia, 1949

[14][14] Trujillo, ciudad de Pizarro.  Colección “Guías de España” Madrid, 1942.

[15][15] Editado por Mundo Hispánico. Madrid.1949.

[16][16] Con un ensayo preliminar de Pedro de Lorenzo y textos de Joaquín Fernández fue publicado por la Editorial Clave, S.A., Madrid, 1968.

[17][17] Celebradas en el MEIAC (Badajoz) en el año 2000 y 2004 respectivamente y de las que se editaron magníficos catálogos

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 Juan Fernando Gómez Izquierdo.

Licenciado en Historia.

 Introducción:

 El carácter fronterizo de la región extremeña ha condicionado desde tiempos bastante lejanos en buena medida el devenir de los extremeños a lo largo de su historia.  La frontera supone olvido, lejanía de los centros de decisión política,  en ocasiones también exclusión, enfrentamientos con el vecino y,  por qué no,  en determinadas ocasiones estrecha colaboración y solidaridad.

 

El carácter fronterizo y marginal de la Provincia de Extremadura  se hizo más marcado y violento durante el largo periodo de las guerras con Portugal[1]

 

En el caso de  la Edad Moderna, periodo cronológico en el cual enmarcamos  el presente estudio, una de cuyas características es la violencia y la conflictividad casi permanentes como consecuencia, entre otros factores, de las tensiones que genera la dinámica de relaciones entre el centro y las periferias; la situación de Extremadura, junto a una de las fronteras más conflictivas de este tiempo, como es la lusitana, influyó decisivamente sobre nuestra región, tanto en los aspectos económicos, como en los demográficos, sociales y de comportamiento.

 

Dos momentos resultan especialmente graves, por lo negativo de sus repercusiones para Extremadura a lo largo de la Edad Moderna: nos referimos por un lado,  a la guerra  contra Portugal o Guerra de Restauraçao, librada durante 28 años. Entre 1640 y 1668, conflicto que finalizaría con la independencia portuguesa y su reconocimiento oficial por la monarquía hispánica, y por otro lado, al conflicto sucesorio que se desató en toda la península tras el fallecimiento sin heredero del último monarca de la dinastía Habsburgo, Carlos II, y que como consecuencia de las diversas alianzas internacionales que intervinieron en la guerra, también hicieron que Extremadura se convirtiera en teatro de las operaciones militares.

 

La larga guerra de independencia portuguesa fue el resultado de un prolongado periodo crítico en el que la Monarquía  Católica- como entidad política territorial- estuvo a punto de quedar desintegrada. Las fuerzas centrífugas de la sociedad hispana vivieron entonces las últimas secuencias históricas del “patrimonialismo” territorial de los viejos esquemas post feudales. Por otra parte, las difíciles circunstancias en que se desarrolló la guerra[2], con más de veinte años de saqueos, asaltos, robos de ganado y destrucción de cosechas, desconcierto militar a una y otra parte de la frontera. etc.[3] provocaron el desinterés económico por el territorio.

 

Con objeto de centrarnos en la cuestión que verdaderamente nos atañe, y para no abusar de nuestro tiempo,  no vamos a entrar en consideraciones generales entorno a los problemas derivados de la fragilidad de la unión castellano- portuguesa que había tenido lugar en 1580 bajo la monarquía de Felipe II, así como tampoco en aquellos otros que aglutinaron los intereses portugueses, perfectamente diferenciados de los castellanos, entorno al duque de Braganza, dando como resultado la efectiva proclamación de su independencia  y la entronización de Juan IV, eso lo analizaremos en la conclusión final. Ahora nos interesan sobre todo las características de ese enfrentamiento entre dos pueblos que a partir de 1640 pasan a considerarse enemigos. De igual manera, como antes hemos anunciado, nos interesa poner de manifiesto cuales fueron las repercusiones que ese conflicto tuvo para los extremeños y que secuelas dejaría en la región. Especialmente vamos a analizar el caso de un pequeño núcleo extremeño; el lugar de Alcollarín, población enmarcada geográficamente en el Partido Judicial de Trujillo, y por lo tanto alejada de la frontera, del teatro de operaciones militares, pero que por ello no se libró como tantos otros lugares de les secuelas de la guerra, sobre todo en un aspecto netamente interesante como es el incremento notabilísimo de la mortalidad como consecuencia de dicho conflicto, aspecto que aún, junto a otros notables factores condiciona su devenir histórico al quedar anquilosada demográficamente y constituir aún hoy en la actualidad, como en el caso de multitud de lugares,  una localidad con escaso número de moradores.

 

 

 

La Guerra de Independencia de Portugal.

 

 

 

Transcurridos sesenta años desde la incorporación del Reino de Portugal y su Imperio a la monarquía Hispánica, el día 1 de Diciembre de 1640 fue depuesto en Lisboa Felipe IV, a la vez que era aclamado como nuevo rey el duque de Braganza, con el nombre de Joao IV de Portugal. La conjura fue el inicio de una larga guerra de nefastas consecuencias para las zonas rayanas de Portugal y Castilla, especialmente para la Extremadura española y los territorios portugueses del Alentejo y Beira Baixa, principales escenarios del conflicto.

 

La guerra ponía fin a una dilatada etapa de tranquilidad en ambos lados de la Raya. Durante décadas, hombres y mercancías ignoraron la presencia de una frontera política y militar, que ahora se dibujaba de nuevo con rotundidad. El portugués y el castellano, antes amigos, vecinos y súbditos de una misma monarquía, se convertían en enemigos irreconciliables a partir de 1640, separados por una frontera militar que el tiempo, los hechos y las armas y los acuerdos políticos se encargarían de redefinir y de afianzar.[4]

 

Sin duda alguna, como bien acabamos de mencionar,  uno  de los problemas más graves del enfrentamiento castellano- portugués de mediados del siglo XVII fue su extraordinariamente larga duración: mantener una guerra durante 28 años exigía un esfuerzo considerable, que una situación económica de crisis como la que se vivió durante la mayor parte de la centuria del Seiscientos no estaba en condiciones de soportar. Pero no solo supuso un desgaste económico continuado, impidiendo la recuperación que otros territorios  peninsulares comienzan a vislumbrar en estos años, sino también un desgaste psicológico que hace mella en los comportamientos, mentalidad y actitudes de los extremeños.

Ciertamente hemos de considerar que ninguna batalla vale la vida  de una sola persona y la eliminación de la guerra debería ser el objetivo prioritario de la Humanidad. Desde el punto de vista ético, el recurso a la violencia representa el fracaso más absoluto del ser humano en la resolución de conflictos. Pero, desde el punto de vista de la construcción de los países, de los Estados tal y como hoy están configurados, hay que preguntarse  en qué medida los conflictos bélicos han condicionado la realidad actual. Tanto para los vencedores como para los derrotados, probablemente hubo batallas concretas que condicionaron su realidad[5].

En el caso de la Guerra de Restauraçao, la larga duración del conflicto se debió en gran parte a que no era el único frente que la monarquía hispánica tenía abierto en estos años, entre los que destaca por su importancia el catalán. El enfrentamiento con Portugal es considerado de interés menor, por lo cual, como bien señala A. Rodríguez Sánchez, se permite que sobre Extremadura “se asiente la escoria de los ejércitos, y sin duda mucho peor, unos jefes inoperantes, probablemente productores de fracasos, a quienes les importa mantener la situación de guerra porque ello les enriquece”[6]Las críticas al ejército asentado en  Extremadura son una constante durante los años en los que dura la guerra; se dirigen tanto a los altos mandos militares, considerados ineptos y corruptos, como a los soldados: la indisciplina – en 1645 sus propios hombres asesinaron al Maestre de Campo, D. Luis de Zúñiga y Sotomayor-, la desobediencia de las órdenes que se les impartían, la cobardía, la deserción y el robo son algunos de los calificativos que para este tiempo numerosos autores para nada dudan en señalar.

 

 

En las guerras, siempre ha salido vencedor quien ha tenido mayor capacidad de volcar recursos económicos en ellas, o por disponer de un mayor volumen demográfico, una superior tecnología armamentística y militar, o unos soldados más motivados o entrenados; la victoria se debe, casi siempre, a una combinación de parte de estos factores.

El ejército castellano que se asienta en Extremadura está formado por reclutas obligatorias, levas, y por tropas mercenarias extranjeras- napolitanos, irlandeses y alemanes-. Las levas de soldados fueron una de las exacciones más duras que sufrieron los extremeños como consecuencia del conflicto. Para el caso de Alcollarín como el de bastantes poblaciones, la leva supondrá mortalidad, ausencia de mano de obra, bajada en la tasa de fecundidad y todas aquellas consecuencias que ello conlleva. Son bastante numerosas las noticias que hacen referencia a las huidas de sus domicilios de aquellos mozos que estaban en condiciones de ser reclutados para una guerra que no entendían y que les obligaba a dejar trabajo y familia. Pero esa situación no era individual, sino que afectaba a toda la unidad familiar porque como denunciaban los Padres Jesuitas a poco de iniciarse el conflicto “cuando no los pueden prender, prenden a las mujeres y a los padres, hasta que  parezca el soldado”[7]. Para evitar estos problemas, muchos ayuntamientos de la región debieron tomar decisiones drásticas ante la llegada de los reclutadores a quienes tenían la obligación de servir. El de Mérida, en 1660, hubo de hacer lo siguiente:

 

“La ciudad dijo que está en ella un alférez reformado del tercio del Sr. Maestro de campo don Juan de Zúñiga, por la muda de la dotación que esta su ciudad tiene obligación a dar, y por ser del servicio de Su Majestad, acordó el que los caballeros y comisarios ajusten el que se dispongan siete mozos solteros y que los alguaciles, para mayor seguridad, los pongan en la cárcel para que desde allí se entreguen al alférez”[8]

 

Pero era frecuente que en el trayecto a sus asentamientos definitivos muchos de ellos desapareciesen. Tanto los que van en tránsito de un lugar a otro como los fugados,  no dejan pasajero, arriero o casa de campo que no roben, por lo cual, ni se atreven a salir de los pueblos los propios  naturales al beneficio de sus heredades y hacienda. Como denunciaba el concejo cacereño en 1643.

 

Entre los que quedaban, la falta de motivación, la escasez de medios y la ausencia casi absoluta de preparación militar eran la nota dominante, lo que conducía  a derrotas como las de las tropas de  D. Juan de Austria en Estremoz

 

“y  hallé que toda nuestra gente  se iba descubriendo y acercando al río, sin haber dado ninguna orden para ello… de que se originó que el enemigo nos estropease con la artillería cincuenta o sesenta hombres

 

No eran sólo los soldados castellanos- procedentes de nuestra región o de zonas próximas- quienes resultaban conflictivos: también los mercenarios extranjeros eran fuente de enfrentamientos y disputas, relacionadas sobre todo con las faltas de pago de sus soldadas- la llegada puntual del dinero para este menester es una de las principales preocupaciones de los altos mandos del ejército de Extremadura-; porque como bien afirma en numerosas ocasiones F. Cortés, otro de los graves problemas de este ejército fue su escasez  de medios, la dificultad para financiarse, dando con ello como resultado a una triple financiación: nacional- con aportaciones de Extremadura muy superiores a la s de otros territorios-, municipal- gravando determinados productos y rentas para costear los gastos del ejército, lo que repercutiría de forma directa en la población extremeña- y, la  menos importante, la que procedía de los portugueses residentes en  Extremadura. No obstante, siempre fue escasa y la llegada de los fondos tardía, lo que contribuía a agravar los problemas como los señalados.

 

Junto a las tropas regulares se formaron en las localidades más próximas a la frontera milicias urbanas que velaban por la seguridad de los vecinos ante posibles incursiones del enemigo. Su creación no estuvo exenta de problemas, derivados de la escasez de gente, hasta el punto que el ayuntamiento cacereño en 1648, se vio obligado a decir que “suplan los viejos a los mozos y los niños a los viejos, sin excusarse nadie de cumplir con las obligaciones con que nacieron a su Rey y señor natural”

 

Otra característica de este conflicto fue su carácter de guerra de posiciones, casi estático, en el que los grandes enfrentamientos – que no obstante los hubo como la batalla de Montijo- fueron más bien escasos. La guerra se reducía a la temporada climatológicamente  favorable- las operaciones se paralizaban durante el invierno- y las acciones más significativas eran el pillaje y saqueo que buscaba tanto abastecerse de lo necesario como minar los recursos del enemigo. Este tipo de acciones, que no exigían la concentración de grandes efectivos, sino grupos reducidos de gran movilidad, se realizaban fundamentalmente a ambos lados de la frontera, por lo que la presencia efectiva de la guerra- no sus consecuencias en otros aspectos- se redujo a la franja de terreno más próxima a la frontera. Ángel Rodríguez Sánchez ha sistematizado las acciones que de este tipo se llevaron a cabo. Las localidades afectadas, muchas de ellas en diversas ocasiones, fueron, entre otras, las siguientes: Alburquerque, Bancarrota, Villar del Rey, Jerez de los Caballeros, Alcántara, Fregenal, Badajoz, Arroyo de la Luz, Montijo, Calaveruela, Coria, Moraleja; Cáceres, Galisteo y Mirabel.[9]

 

Otro tipo de operaciones, los sitios, que sí exigían una mayor concentración de tropas, quedaron reducidos a las plazas fuertes más importantes de la región, Badajoz y Olivenza fundamentalmente del lado castellano. Los sitios, que suponían una presencia masiva de soldados, se concentraron en las plazas fuertes más importantes de la región: Badajoz, Valencia de Alcántara y Olivenza, recuperada por las tropas castellanas en 1657, pero que pasaría a manos portuguesas en virtud del Tratado de Lisboa que puso fin  a las hostilidades.

Las Consecuencias de la guerra.

El enfrentamiento bélico es siempre la expresión de un choque, no sólo de dirección política, sino sobre todo, de capacidad económica, científica, tecnológica, demográfica e incluso psicológica entre dos bandos. Y vence, siempre, el que ha sabido movilizar más y mejor los recursos necesarios. Analizar, por tanto, las causas de una victoria militar es analizar las sociedades que se enfrentado a toda complejidad y globalidad. Pero es, también, analizar a la población que sufre más directamente en la guerra, a los soldados que matan o mueren porque se lo ordenan, sus condiciones de vida, sus temores, sus sufrimientos, su agotamiento físico, sus heridas, su muerte… En definitiva, analizar aquellas circunstancias terribles que hacen vivir y sufrir, como nunca en su vida, al ser humano. Como decía Terencio:”Nada humano me es ajeno” y, por desgracia, pocas cosas hay  más humanas que la guerra.[10]

Una actividad tan limitada, pero tan prolongada, unida a la falta de acuartelamientos permanentes llevaba a la población a mantener que hacerse cargo de los alojamientos de los soldados, que permanecían en esa situación durante largos periodos de tiempo, lo que suponía una carga añadida de enormes repercusiones para los vecinos, que al aumento de las contribuciones extraordinarias debían sumar la alimentación y cuidado de la tropa, con lo que ello suponía de sobrecarga económica y de dejación de sus actividades habituales.

 

Es evidente que no todas las localidades extremeñas, ni todos los grupos sociales sufrieron en la misma medida las repercusiones de los alojamientos. Fueron las más cercanas a la línea fronteriza las que en mayor grado hubieron de soportarlos y, en estas, los más humildes quienes hubieron de hacerse cargo de este ingrato servicio a la Corona, porque los miembros del estado eclesiástico, los hidalgos y las viudas estaban excluidos.

 

La guerra contra Portugal tuvo repercusiones considerablemente negativas en Extremadura, que fue su principal teatro de operaciones, y, dejó secuelas que tardarían largo tiempo en borrarse. Con frecuencia se la ha considerado la principal responsable de la despoblación de la que nos hablan las numerosas fuentes de la época, pero el que muchos de estos testimonios- como el remitido por el Administrador de Rentas Reales del Partido de Trujillo en 1690, o los girados durante los años del conflicto por un gran número de municipios extremeños- sean esgrimidos para solicitar condonación de tributos nos lleva a mirarlos con cierta cautela.

 

Ya de por sí el siglo XVII podría ser definido como un periodo de decadencia y de retroceso en el comportamiento de la población. Tras la gran epidemia de 1596-1602, la población castellana se debilitaría e iniciaría una evolución de signo negativo. Como bien lo demuestran B. Vicent y V. Pérez Moreda[11]diferentes zonas extremeñas se verían afectadas por la incidencia de las pandemias, sobre todo en la primera mitad de la centuria del seiscientos. Similar visión nos ofrecerá Tomás González en el siglo XIX para 1591 y 1646 en sus cifras de vecinos, donde se pone de manifiesto una importante disminución demográfica para algunas ciudades extremeñas (Badajoz, Jerez de los Caballeros y Alcántara) al igual que sucede en el resto del territorio castellano.

 

Al admitir este descenso demográfico que caracteriza al siglo XVII, conviene preguntarse por los diferentes factores que influirían negativamente sobre la población. De este modo, podemos establecer que los más importantes serán las incidencias de los pastos, epidemias y enfermedades contagiosas, la presencia del conflicto bélico contra Portugal que afectó de manera particular al territorio extremeño, así como las crisis de subsistencias, que provocan escasez, carestías, hambre, desolación y desnutrición en la población.

 

Para nuestro caso concreto, la guerra contra Portugal supone en Extremadura una auténtica realidad catastrófica desde 1640 a 1668 aproximadamente. El conflicto va a tener en el territorio extremeño un escenario principal debido a su carácter fronterizo, esta sería, según afirma Rodríguez Sánchez, A. [12] el factor primordial que explicaría y definiría una realidad de despoblación, miseria y corrupción que afectaría a todos estos territorios. Aspectos negativos que, como indica H. Kamen [13]  se dejan sentir con su máxima dureza en las calcinadas y estériles llanuras extremeñas…”

 

Para el caso de Alcollarín, la situación sería aún más nefasta, la problemática de la despoblación vendría desde tiempo atrás;  ya que como bien afirma Miguel Rodríguez Cancho[14]:  aunque la población extremeña de la Edad Moderna manifiesta para el siglo XVI una tendencia al auge, sobre todo en los núcleos de población que se corresponderían con la Tierra de Trujillo, Cáceres, Alcántara, Badajoz, Plasencia, Magacela, Santibáñez y a los Partidos de Mérida, Llerena y Montánchez, no obstante,  y en casos concretos se aprecian cierto retroceso: Herguijuela, Garcíaz, Cañamero, Berzocana, y el propio Alcollarín.

 

Para el caso de la contienda luso- castellana los datos que hemos extraído referentes a la mortalidad en Alcollarín, corresponden a los libros de difuntos, más concretamente los libros de colecturía, que hasta principios del siglo XVIII recogerían las mandas y los testamentos de las personas que fallecían. Cierto es que la información que se nos proporciona en los registros parroquiales es sumamente importante, pues de no contar con ellos, muy poco es lo que sabríamos de la población en la época pre-estadística, no obstante algunos dudan de su exactitud  y consideran poco oportuna su utilización a la hora de proceder a la realización de recuentos verdaderamente estadísticos; nosotros en este caso hemos de señalar, en contra de lo que suele afirmarse, que es raro que no se anotaran en ellos a los pobres, a los que se dedica una escueta leyenda en la que el sacerdote refiere que, tanto el entierro como alguna misa rezada y otras oraciones, los hizo cumpliendo con el más elemental de los preceptos cristianos, el de la caridad.

 

Las fuentes concretas utilizadas son el Libro de Colecturía de 1620 a 1680, en el que se señala en portada “copia, se contienen en este cuaderno varias partidas de colecturía para difuntos bastante antiguas”, con lo cual hemos de señalar que la información que se nos va a proporcionar es bastante sesgada, y por último el libro de colecturías de1680 a el 14 de junio de 1721, mucho más completo y detallado.

 

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Alcollarín. Retablo de las Benditas Ánimas. Siglo XVII. La actitud ante la muerte es uno de los pilares básicos de la religiosidad del momento, un tiempo repleto de guerras y calamidad.

 

 

La relación de alcollarinejos fallecidos en el conflicto luso- castellano es la siguiente:

 

Juan Díaz Muriel.

Pedro, hijo de Joana Cano.

Juan Muñoz Blázquez.

Pedro Muñoz.

Juan Sanpedro Chico.

Diego Úbeda.

Mateo Flores.

Francisco de Aguilar.

Fernando Mina.

Alonso Tardío.

Pedro García Izquierdo.

Andrés González

Pedro Corral.

Francisco Corrales.

Toribio Muñana.

Francisco Izquierdo.

Francisco de Aguilar.

José Márquez.

Juan Fernández.

Joseph Chamizo.

Francisco Fernández.

Juan Rodríguez

Alonso Texada

Alonso Moreno

Fernando Martín Largo.

Joseph García Blázquez.

Fulgencio Martín.

Diego Franco.

Francisco Bote.

Juan Jerez.

Domingo Martín de Gonzalo.

Domingo Bote.

Martín Ximenez.

Bernardo González Grande.

Esteban González

García Díaz de Céspedes

Miguel Chamorro

Diego Sánchez Acedo.

Juan Fernández.

Manuel López.

Juan Cimbreño

Juan Ruiz Palomo, y posiblemente alguno que otro más que debido a los avatares de la documentación no quedaron  reflejados en dichos registros[15].

La manera en la que se especifica la defunción es prácticamente similar en todos ellos:

En treynta y uno de mayo de mill y seiscientos y cincuenta falleció en la guerra Alonso Texada, vezino de este lugar, no pudo recibir mas de el santo sacramento de la extremaunción  y auxente y pribado de habla y conocimiento tras un accidente repentino, ni testó y dexo dos hijos, sus herederos y con su mujer Catalina Martín compuse que se enterrase con oficio común de tres lecciones y misa cantada (…) El párroco Bartolomé Garzón.[16]

 

Demasiadas muertes para un núcleo tan pequeño traerían consigo graves repercusiones a lo largo de los tiempos en el poblamiento. No podemos especificar exactamente cuantos habitantes había en aquel tiempo concreto, disponemos de los datos correspondientes al censo de 1591[17], en el cual se registraron 72 vecinos, al igual  que disponemos de la relación de éstos que  se nos proporciona en el Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura elaborado casi un siglo después del fin de la contienda en el que se nosofrecen los datos correspondientes al partido de Trujillo.[18] Como podemos comprobar el poblamiento es bastante escaso.

 

 

Localidad Número de vecinos
Acedera 47
Alcollarín 53
Aldeacentenera 150
Aldea del Obispo 120
Alía 472
Berzocana 220
Cabañas 20
Campolugar 69
Cañamero 281
Casas de Don Pedro 157
Conquista 40
La Cumbre 211
Guadalupe 750
Herguijuela 125
Ibahernando 190
Madrigalejo 150
Madroñera 300
Puerto de Santa Cruz 112
Robledillo 140
Santa Cruz de la Sierra 120
Santa Marta de Magasca 5
Santa Ana 120
Trujillo 968
Zorita 432

Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura. Partido de Trujillo. Poblaciones y Nº de vecinos en 1790.

Junto a la enfermedad y la guerra, la escasez y el hambre que vienen determinadas por la sequía, las malas cosechas, los desajustes económicos y las crisis de subsistencia en general, completan la interacción de variables críticas y accidentales que actúan a lo largo del seiscientos, sobre una población ya demasiado esquilmada

Las noticias sobre sequías, malas cosechas, escasez de cereal, necesidad de importar trigo para poder abastecer a los núcleos extremeños y plagas, se encuentran frecuentemente en torno a los años 1600-1605, 1616-1623, 1630-1633, 1659, 1684-1686 y 1694-1695 en numerosos lugares. Dicha situación de escasez y carestía se reflejará en la progresiva evolución de las defunciones entre 1616 y 1623. [19].

 

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Alcollarín. Archivo Parroquial de Santa Catalina de Alejandría. Libro de colecturía o de difuntos. Siglo XVII.

En definitiva, con una población debilitada por la repetición de variables cíclicas y accidentales no pueden sorprender que el siglo XVII se defina como un periodo de depresión, mortandad y estancamiento demográfico a nivel general y en igual sentido, para el ámbito extremeño.

 

Para el resto de Extremadura es indudable, pese a ello, que si bien no en enfrentamientos directos, dado el carácter de la contienda, muchos lugares quedaron arruinados. Una gran parte de los extremeños se vieron desplazados de sus lugares habituales de residencia, sobre todo cuando ésta  se encontraba en las proximidades de la raya; se huía de la posibilidad de ser reclutado, se huía de los alojamientos, de los crecidos gravámenes fiscales, de los saqueos, robos y vejaciones de los soldados- tanto enemigos como sobre todo castellanos-; se huía, en definitiva, de una situación insostenible a la par que incomprensible.

 

La mayor parte de estos movimientos provocaron una redistribución de la población sobre el territorio, hacia zonas relativamente alejadas del teatro de operaciones; pero también los hubo definitivos, y no sólo a esas zonas, sino que muchos acudieron a los puertos de Sevilla y Cádiz con el fin de embarcarse.

 

Junto a la disminución de la población de muchos lugares, la ruina y el empobrecimiento de los extremeños fue otra de sus más drásticas repercusiones. Una parte considerable de la riqueza ganadera, que era la presa más apetecible de las incursiones enemigas, aunque imposible de cuantificar en su totalidad, se perdió.

 

El subsector ganadero en Extremadura durante la Edad Moderna es una parte fundamental de la economía regional, tanto si se considera su carácter de actividad complementaria de la agricultura- fuerza de trabajo en el campo, abonado y estercolado de la tierra-, como su incidencia en la alimentación humana- quesos, carne y leche, que completaban y diversificaban la dieta alimenticia, o su vinculación con el comercio y el transporte – obtención de  excedentes comercializables y fuerza de tiro del transporte de mercancías.

 

La Guerra contra Portugal a lo largo de 28 años hizo que se perdiera buena parte de la riqueza ganadera regional, especialmente la de las localidades más próximas a la frontera.

Aunque tras la finalización del conflicto comienza a vislumbrarse una cierta recuperación de las cabañas estantes, como demuestra, entre otros aspectos, el incremento de la producción de centeno, lo cierto es que hasta pasada la Guerra de Sucesión, que supone un nuevo retroceso de la cabaña ganadera regional, no tiene lugar un crecimiento notable del número de ganados.

 

En el mismo sentido, durante los años del conflicto, muchas dehesas destinadas al pasto del ganado trashumante situadas en las proximidades de la frontera- por ejemplo los ricos pastizales de la orden de Alcántara, dejaron de arrendarse. La creciente presión fiscal y las contribuciones extraordinarias que por los más diversos conceptos recayeron sobre los extremeños empobrecieron aún más sus ya depauperadas economías, tanto más si tenemos en cuenta que al disminuir la población, las cargas impositivas habían de ser satisfechas por los que se quedaron.

 

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La Guerra contra Portugal a lo largo de 28 años hizo que se perdiera buena parte de la riqueza ganadera regional, especialmente la de las localidades más próximas a la frontera.

 

 

Las actividades comerciales transfronterizas, que ya fueran por métodos legales o por el contrabando habían supuesto un modo de vida de muchas poblaciones extremeñas, quedaron paralizadas. Y no sólo en este caso: en general todo el comercio regional se resintió, habida cuenta de la inestabilidad generada por la guerra y la frecuencia de asaltos y agresiones.

 

También la labor de los campos sufriría las consecuencias de la guerra. Uno de los términos que más se utiliza en estos años es el agotamiento: decir que Extremadura está agotada se convierte en lugar común de las quejas emitidas por todos aquellos  que de una forma u otra, como actores o como propios espectadores, se ven involucrados en la guerra. Pero ese agotamiento no es sólo de hombres y de recursos. Es también cansancio producido por el miedo y la angustia, que se hacen insufribles, hasta el punto que las propias autoridades municipales  emeritenses, conscientes del problema, no dudan en tratar de ponerle remedio:

 

La ciudad dijo que sus vecinos están con los aprietos de la guerra con pena y congoja, y para aliviarlos y que tengan algún refrigerio y entretenimiento de alegría, y que ha más de diez y seis años que no viene a esta ciudad compañía de comediantes, y que asiste una en la ciudad de Badajoz, y que dándole alguna ayuna de costa vendrán” [20]

 

 

 

 

A modo de conclusión. .

 

 

 

En lo político, la firma de la paz con Portugal en febrero de 1668 no supondría el cierre del largo proceso de separación entre Lisboa y Madrid.  Los tanteos nunca cesaron, hasta el punto de que sólo la Guerra de Sucesión (1702- 1714) y la alianza anglo- portuguesa que trajo consigo, lograron separar a Portugal del resto de la península.

 

El conflicto de 1640 no fue ni principal, ni esencialmente un enfrentamiento horizontal (nacional) entre españoles y portugueses, sino más bien vertical entre los distintos grupos sociales lusos sometidos a una corona solo circunstancialmente encarnada por los Austrias  de Madrid entre 1580 y 1640.

 

Los asedios de Badajoz y Elvas de 1658 y 1659, respectivamente, protagonizados por ambos ejércitos, suponen el cierre de una larga etapa en la que este conflicto fue considerado como asunto de segundo orden. Sólo cuando el resto de los frentes bélicos se cerraron (Revuelta de Cataluña y las Guerras contra las Provincias Unidas y  con Francia), las energías de la Monarquía Hispánica, ya muy debilitadas, pudieron concentrarse en la “empresa de Portugal” para intentar retornar este Reino al seno de la Monarquía. A partir de la Paz de los Pirineos, firmada con Francia en 1659, Felipe IV vivirá obsesionado por recuperar el trono usurpado, canalizando todas sus energías en ello. Sólo a partir de ese momento se apostó por llevar a cabo una guerra ofensiva. Ordenó el traslado de tropas desde Flandes, Italia y la Península a la frontera extremeña donde decidió alojar hasta 12000 nuevos soldados y 3000 caballos. Por fin llegó el turno de Portugal.

 

Pero la reacción de Madrid se produjo demasiado tarde, tanto que desde el inicio de esta guerra ofensiva se produjo una importante reacción del ejército luso. Las alianzas que Portugal había logrado tejer con otras naciones europeas decidieron la balanza a su favor, y así la ayuda anglo- francesa a los Bragança se volcó en que Felipe IV recuperase Portugal.

 

Esta explicación de por qué Portugal se escindió del tronco de la Monarquía Hispánica, permite desarrollar una lectura más completa de las causas que precipitaron el fin del imperio español. En realidad, aunque los enemigos exteriores de los Austrias no perdieron ocasión para debilitar a Madrid, fueron los problemas internos de la Monarquía los que más dañaron su estructura. Las rebeliones de los Países bajos, Cataluña, Portugal o las varias sucedidas en el Nápoles y la Sicilia españoles, así lo confirman, pero la de Portugal resultó definitiva en cuanto a potencial mortífero: no sólo se produjo en un momento de acumulación de conflictos  y disminución de recursos, sino que además afecto al centro mismo de la  estructura imperial hispánica: La Península Ibérica y el Ultramar colonial.

 

Por ser este el verdadero origen del problema, el régimen Bragança repitió muchos de los modelos de gobierno utilizados por los Habsburgo, y con resultados a veces similares.

 

De este modo, la incapacidad de los Felipes, como después la de los Bragança, para imponer su proyecto autoritario en Portugal, expresó la dificultad de aplicar una sola jurisdicción en una sociedad corporativa, atomizada en instituciones, poderes y privilegios, como era habitual en el Antiguo Régimen.

 

No es extraño que la escisión lusa dejara profundas huellas en la memoria de los españoles y los portugueses, aunque unos y otros trataron siempre de disimularlo. El iberismo al igual que el anti- iberismo, han existido siempre a ambos lados de la frontera pero las repercusiones de esta guerra fueron aún más negativas.

 

En lo económico y en lo social la guerra, tanto con sus efectos directos como indirectos, constituyó una rémora muy importante para la población extremeña entre 1640 y 1668. La saca de soldados mediante levas provocó un desequilibrio en las cohortes de edad con la pérdida, en muchas ocasiones definitiva, de numerosos jóvenes en edad reproductiva cuya ausencia crea un importante vacío demográfico. Por otro lado, la presencia de soldados contribuyó a un mayor deterioro de la ya de por sí maltrecha situación económica de la población extremeña. Tales factores ahondaran más profundamente en la mencionada crisis y retrasaran la recuperación.

 

Un tanto diferente va a ser la evolución de la población extremeña para el setecientos, pues se experimenta una tendencia a salir del estancamiento demográfico que caracterizó a esa evolución de la población extremeña en el seiscientos.

 

Las razones de dicha recuperación progresiva se debe fundamentalmente a factores positivos como la reducción de la mortalidad catastrófica en relación con las dos centurias anteriores, a la existencia de un alza constante en los nacimientos, a la menor incidencia e intensidad de epidemias y enfermedades contagiosas, así como a la reducción y discontinuidad de las crisis productivas, a pesar de que también existen factores negativos que lo condicionen.

 

 

Apenas treinta años después  de finalizada la contienda luso- castellana, las tierras extremeñas se vieron nuevamente inmersas en otro conflicto que sin duda alguna volvería a hipotecar su desarrollo,  la denominada Guerra de Sucesión, pero este sería ya otro capítulo aparte que en otra ocasión tendremos el gusto de analizar.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Obras manuscritas:

 

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A.M. Mérida. Libro de Acuerdos de 1649- 1654.

 

Libro de Colecturía 1600- 1680. Copia “se contienen en este cuaderno varias partidas de colecturía para difuntos bastante antiguas” Archivo Parroquial de Santa Catalina de Alejandría.

 

Libro de colecturías de1680 al 14 de junio de 1721

 

 

 

 

 

 

Agradecimientos:

 

A la Fundación Valhondo Calaff, que mediante su programa de  becas y ayudas para la investigación a  postgraduados contribuyen a promover la realización de este tipo de trabajos.

 

Al Archivo Parroquial de Santa Catalina de Alejandría de Alcollarín.

 

A los miembros del proyecto “La Arenga, el discurso militar en la historiografía desde la Antigüedad hasta el Renacimiento “de la UEX, por su inestimable ayuda.

 

 

 

 



[1] CORTÉS CORTÉS, F: Guerra en Extremadura 1640-1668. (1982), Badajoz. Este mismo autor tiene publicados numerosos estudios, artículos y ensayos sobre las consecuencias y planteamientos  de la Guerra Portuguesa en la Rev de ESTUDIOS EXTREMEÑOS y en otras revistas especializadas. REY VELASCO, F: Historia económica y social de Extremadura a finales del Antigua Régimen (1983). Badajoz.

[2] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A y otros: Historia de Extremadura. Tomo III: “Los Tiempos Modernos” (1986). Badajoz

[3] CARDALLIAGET QUIRANT, M: Historia de Extremadura. (1988) Badajoz.

[4] TESTÓN NÚÑEZ, I.; SÁNCHEZ RUBIO, C.; SÁNCHEZ RUBIO, R.: Planos, Guerra y Frontera. La Raya Luso- Extremeña en el Archivo Militar de Estocolmo. Mérida. 2003.

[5] LOSADA MALVAREZ, J. C: Batallas decisivas de la Historia de España. Madrid, 2004. pp 23-35

[6] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A.: “Guerra, miseria y corrupción en Extremadura, 1640- 1668”. Estudios dedicados a Carlos Callejo Serrano. Cáceres. 1979, pp 625- 645

[7] VALLADARES, R.:La Rebelión de Portugal 1640- 1680. Guerra, conflicto y poderes en la Monarquía Hispánica.  p 71.

[8] A. M. Mérida. Libro de Acuerdos, 1655- 1660

[9] SÁNCHEZ MARROYO, F (coord.). Extremadura, la historia. Tomo II . Mérida, 1997. pp 334-339

[10] LOSADA MALVAREZ, J.C.: opus cit. Pp 25- 26

[11] VICENT, B.:” la peste atlántica de 1596-1602” en Ascrepio, XXVIII, 1976.PÉREZ MOREDA, V.: la crisis de mortalidad en la España interior. Siglos XVI-XIX. Siglo XXI. Madrid, 1981.

 

[12] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, A.:”opus cit” pp  605-625

[13] KAMEN, H. La España de Carlos II. Crítica. Barcelona, 1981

[14] RODRÍGUEZ CANCHO, M.” El número de extremeños en los tiempos modernos” en Historia de Extremadura. Los tiempos modernos. Tomo III. p 489

[15] No se considera necesario añadir la fecha exacta del óbito dado que se trata de un recuento general.

[16] Libro de Colecturía 1600- 1680. copia “se contienen en este cuaderno varias partidas de colecturía para difuntos bastante antiguas” Archivo Parroquial de Santa Catalina de Alejandría. Alcollarín. Folio 59

[17] este censo fue publicado en 1984- 1986 por el INE, a partir de los datos conservados en el Archivo General de Simancas, DGT, inventario 24.

[18] RODRÍGUEZ CANCHO M y BARRIENTOS ALFAGEME, G.: Interrogatorio de la Real Audiencia de Extremadura. Partido de Trujillo. Tomos I y II . Asamblea de Extremadura. Mérida, 1994.

 

[19] PESET, J L y M. “Epidemias y sociedad en la España del Antiguo Régimen” en Estudios de Historia Social. 4. 1978

[20] A.M. Mérida. Libro de Acuerdos de 1649- 1654.

Oct 012007
 

Isidro García Barriga.

Geógrafo.

INTRODUCCIÓN.-

Durante los últimos años han surgido numerosos estudios y trabajos sobre el patrimonio histórico-artístico de Brozas. Como Encomienda mayor de la Orden de Alcántara, villa fronteriza y una de las localidades de mayor dinamismo en la Extremadura Moderna, Brozas acumula en su casco urbano un impresionante conjunto de edificios religiosos, civiles y militares, que la convierten en un punto de claro interés para el turismo cultural extremeño. Templos como el de Santa María “La Catedralina”, fortalezas como el Castillo de la Encomienda Mayor, conventos como el de Nuestra Señora de la Luz o palacios como el de los Bravo y los Porres-Montemayor nos hablan por sí solos del esplendor histórico de esta villa, esplendor que está a punto de ser reconocido con la declaración de Brozas como Conjunto Histórico-Artístico.

Dentro de este vasto número de elementos de interés debemos destacar un monumento que, a pesar de su importancia, no cuenta con el prestigio de otras edificaciones; nos referimos al templo de los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián, iniciado a finales del siglo XV y finalizado a mediados del siglo XX, un templo que ha tenido un papel relevante en el devenir histórico de Brozas y que se ha visto tradicionalmente “eclipsado” por la majestuosidad de la iglesia de Santa María.

Ante esta situación, a través de este pequeño artículo queremos efectuar un recorrido completo sobre el proceso constructivo del templo, sacando a la luz documentos que atestiguan la antigüedad, el valor artístico y la labor fundamental como iglesia parroquial en una de las agrovillas extremeñas más importantes de los tiempos modernos.

 

LOS ORÍGENES.-

Hacia 1490 Brozas había experimentado un notable crecimiento demográfico, económico y territorial, convirtiéndose en una de las principales poblaciones de la Orden Militar de Alcántara. Como Encomienda Mayor desde finales del siglo XIII, el lugar de “Las Broças” contaba con un gran número de dehesas, lo que propició la atracción de nuevos pobladores y la configuración de un núcleo urbano en torno a la Iglesia de Santa María y el Castillo, que se erigía en lo más alto del cerro granítico como punto fundamental de defensa. Al mismo tiempo, el fracaso en el sistema de las encomiendas posibilitó la expansión de Brozas, estratégicamente situada en la confluencia de caminos que de Cáceres y Alburquerque se dirigían hacia Alcántara, acogiendo a los habitantes de las Encomiendas de Araya, Belvís y La Puebla, abandonadas durante la Baja Edad Media[1].

El crecimiento demográfico y económico dará lugar a la expansión del núcleo urbano, alejándose cada vez más de la iglesia matriz y el castillo. Surgen de este modo una serie de barrios y arrabales, al tiempo que se construyen ermitas y santuarios en los alrededores de la población: San Juan, Nuestra Señora de la Luz, San Antón, San Marcos y los Santos Mártires. Nos encontramos, por tanto, ante una localidad en pleno desarrollo, cuyas autoridades plantean a finales del siglo XV dos cuestiones fundamentales que permitan al pueblo mantener dicho desarrollo: construir un nuevo templo parroquial y lograr la independencia de la jurisdicción de Alcántara.

La segunda de estas reivindicaciones no se alcanzará hasta 1537, cuando el monarca Carlos I conceda el título de villa a Brozas a cambio de un servicio de 7.500 ducados. Mientras, la edificación de la nueva iglesia contará, en principio, con una solución bastante anterior, mediante una cédula de los Reyes Católicos fechada el 7 de enero de 1495 y en la que se autoriza que fagáis y edifiquéis la iglesia nueva (…) por manera que buenamente los parroquianos e personas que agora son i fueren en ese dicho lugar podáis estar en las oras i oficios divinos sin vos dar pena los unos a los otros”[2]

El análisis detenido de esta cédula nos aporta varios datos de gran interés para comprender la realidad histórica del momento; en primer término, se atestigua el crecimiento demográfico local al afirmar “que según por la bondad de Dios el pueblo crecía e se aumentava”[3]; en segundo lugar, se reconoce en el texto la influencia decisiva de la Iglesia en la vida cotidiana de los habitantes, pretendiéndose la construcción de un nuevo templo para “tener dos yglesias y parrochias donde vos pudiésedes repartir y oir las oras y divinos oficios y rescivir sacramentos y haver enterramientos para los difuntos”, al tiempo que se afirma “que con mucho travaxo los vecinos del dicho lugar vos compadeciere en no tener más que una yglesia, y que será más servicio de Dios que haia más iglesias en que el culto divino se celebre”; por último, a lo largo de todo el documento se descubre que el proyecto de construir el nuevo templo contaba con una cuidadosa planificación por parte de las autoridades brocenses al hacer hincapié, en la relación enviada a los monarcas, de la expansión demográfica del pueblo y, lo que es más importante, haber elegido de antemano el emplazamiento de la parroquia “en la hermita de los Mártires que tenéis acordado e señalado”. Nos encontramos, por lo tanto, a principios del año 1495 y el pueblo de Brozas cuenta con la autorización real que le va a permitir dividir la localidad en dos parroquias e iniciar los trabajos para levantar la nueva iglesia en el emplazamiento del antiguo santuario de San Fabián y San Sebastián.

 

PRIMEROS PROBLEMAS.-

Ahora bien, en la cédula otorgada por los Reyes Católicos no se realiza ninguna mención sobre la financiación de la obra; tan solo se anota que… “por ende, vos mandamos que luego fagades el repartimiento que para ello fuere necesario, por manera que la dicha yglesia se edifique de buena labor y compás” A la vista de estas palabras podemos deducir que deberán ser las autoridades municipales las encargadas del “repartimiento”, es decir, buscar los fondos necesarios para el diseño y construcción del templo, lo que desde el principio va a repercutir de forma negativa en el devenir de la obra.

Así, la primera constancia documental de los problemas de financiación de los Santos Mártires de Brozas lo encontramos en noviembre de 1495, apenas diez meses después de la anterior provisión real; en esos momentos, los Reyes Católicos dictan desde Burgos una nueva cédula en la que se recuerda, en primer lugar, que“por causa de la mucha población del dicho lugar a vuestra petición havíamos mandado facer i elexir nuevamente en la yglesia de los Mártires que obiere dos yglesias parroquiales en dicho lugar”[4]. Inmediatamente después, encontramos la razón principal por la que se envía esta nueva cédula: la negativa de varios vecinos a aportar fondos para el levantamiento del templo. El texto es muy claro a este respecto: “ahora nos es fecha relación que nuevamente algunos de vosotros os queréis eximir de pagar y contrivuir con los otros lo que vos he repartido para la obra de la dicha iglesia so color de decir no sois tenidos a la dicha paga por ser parroquianos de la yglesia antigua”[5]. Encontramos, así, dos elementos de especial interés para nuestro análisis: por un lado, sabemos que el concejo de Brozas decide repartir la financiación de la obra entre todos los vecinos del pueblo; por otro, conocemos que se ha efectuado la división parroquial y que los adscritos al templo de Santa María (la iglesia antigua) se consideran exentos de contribuir, al contar ya con sus necesidades espirituales cubiertas[6].

En este contexto, la negativa de algunos parroquianos a aportar fondos pone en claro peligro el desarrollo de la obra; así se contempla en la Cédula de noviembre de 1495 cuando se afirma “por escusa de los quales a la dicha obra y no se puede acavar la dicha yglesia de hacer tan enteramente como debe”[7]Por este motivo, ante la petición de las autoridades locales “nuestro consexo fallaron que vosotros ni ninguno de vos no sois esemptos ni os podéis eximir ni apartar de pagar y contribuir todos juntamente para la dicha obra de la dicha yglesia, y fue acordado que debíamos de mandar dar esta nuestra carta para vos en la dicha razón, porque vos mandamos a todos y a cada uno de vos, que de aquí adelante paguéis e contribuiáis a la obra de la dicha yglesia parroquial, que así agora nuevamente es mandada hacer todos los maravedís y a otras cosas que vos vueren repartidas y cupieren a pagar hasta que la dicha obra sea acavada”[8]. Estamos, por lo tanto, delante del principal problema del proyecto de los Santos Mártires: la intervención real para favorecer la construcción de la iglesia pero sin aportar fondos y la negativa de muchos vecinos a contribuir basándose en su no pertenencia a la nueva parroquia. Tanto es así que tres años después, a finales de 1498, los Reyes Católicos vuelven a repetir las Cédulas anteriores mediante una nueva provisión, en la que se recuerda la obligación de todos los vecinos para completar la financiación del templo.

 

EL PROYECTO EN EL SIGLO XVI.-

A pesar de los problemas económicos resulta evidente que durante los primeros lustros del siglo XVI se avanza en la construcción del templo de los Santos Mártires. Lamentablemente para nuestra investigación no tenemos constancia documental de esos años que nos permitan aseverar dicho avance, pero el análisis detenido del propio edificio indica claramente cuáles fueron los primeros trabajos realizados. De esta manera, el estilo de las bóvedas del presbiterio, la forma ochavada del ábside y su decoración de bolas y pequeños canecillos en el alero del tejado, la inexistencia casi absoluta de ventanales en los muros así como la presencia de grandes arcos de descarga nos hablan claramente de una obra muy antigua, desarrollada probablemente en la primera década del siglo XVI, siguiendo las normas arquitectónicas de un gótico superado ya en gran parte de Europa, pero de clara vigencia en nuestro país a principios de la centuria del mil quinientos.

Habiendo finalizado los dos primeros tramos de la nave en los años iniciales del siglo XVI la iglesia de los Santos Mártires estaba preparada para acoger los oficios sagrados; a partir de ese momento, la obra debería haberse prolongado hasta su finalización, siguiendo el estilo anteriormente descrito. Sin embargo, el resto del edificio presenta características totalmente diferentes, lo que nos obliga a formular la siguiente pregunta: ¿el salto formal entre las dos partes de la iglesia sería consecuencia de una larga interrupción de la obra por falta de fondos o por el contrario se corresponde con alguna ampliación y reforma del templo primitivo? La respuesta la van a ofrecer dos documentos, uno de ellos inédito, que describen con múltiples detalles la situación de la obra a finales del siglo XVI y que constituyen una de las claves de nuestro trabajo.

El primero de los testimonios, sobre el que volveremos continuamente de aquí en adelante, nos ofrece un relato completo de la iglesia broceña; de este modo, se expresa que “la dicha yglesia que se dice de los Mártires advocación de san Sevastián y San Favián es toda ella de cantería lavrada por de dentro y fuera, la capilla mayor y cuerpo de la dicha yglesia que agora se va haciendo de obra nueva conforme a la planta que la yglesia tiene y toda ella de cantería lavrada por de dentro y fuera como ba dicho y de maciço de las paredes de piedras y cal, el cuerpo de la dicha yglesia que es lo que se va haciendo de nuevo desde los pies de la dicha”[9]. Las palabras no pueden ser más evidentes: el cuerpo de la iglesia se está construyendo de nuevo, desde los pies hasta la capilla mayor (edificada anteriormente), lo que confirma de un modo casi seguro la idea de una ampliación del templo original.

El resto del documento nos corrobora esta hipótesis ya que se afirma que “en este edificio nuevo (…) está hecho el edificio viexo de la dicha iglesia que está sobre sus pilares de cantería zerrados treze arcos de cantería sobre que están las paredes e recevidos los texados del dicho cuerpo de la iglesia y obra viexa como va dicho…”[10] Así, las dudas parecen despejarse casi definitivamente; resulta muy claro que existía un templo primitivo, levantado a principios del siglo XVI sobre el que se efectúa una profunda reforma y ampliación, como consecuencia de la pobreza y mal estado de la fábrica, tal y como se recoge en este testimonio: “Los maderamientos de los dichos texados son de madera vieja de madera de encina e … y cavríios de azeuche e madroño y jara todo conjunto y todo obra viexa y que se está arruinando por algunas partes; encima desto están puestos los dichos texados y el coro está en la primera nave viexa y es la madera de pino ahumado sobre dos vigas de madera viexa y el que lo está hecho de la dicha madera con trece cuartones y cubierto de tablas todo ello viexo y mal trazado”[11].

La segunda prueba documental sobre la existencia de este templo primitivo se encuentra en el año 1584, durante la presencia en Brozas de D. Francisco de Toledo, visitador general de la Orden de Alcántara. En esta visita, se recogen las trazas que el Maestro Mayor Juan Bravo realiza para la finalización de las obras del templo de los Mártires, expresándose que “destaxándose y desmembrándose la obra por partes de el edificio viexo que está en el medio de la dicha yglesia se ha de derrivar y quedar la dicha yglesia limpia y desembarazada…”[12] Nos encontramos, por consiguiente, ante la confirmación de la existencia de un antiguo cuerpo del templo que a finales del siglo XVI permanece aún en pie, rodeado de los muros de la nueva fábrica, todavía inacabada.

Ambos documentos nos revelan una de las razones para la reconstrucción y la ampliación del templo de los Santos Mártires, esto es, el mal estado de conservación del edificio primitivo. En el primer testimonio se afirma que “todo el edificio de esta obra vieja como está dicho es toda de obra tosca y las paredes de piedra y varro”[13].Así mismo, el Maestro mayor Juan Bravo expresa que se debe volver “a fundar el estribo de la pared del norte que cae en el crucero que está endido y raxado y se ha de derrivar y tornarlo a fundar de nuevo como salga fuerte”[14]. Estamos, por lo tanto, ante la necesidad de reformar, consolidar y embellecer una gran parte del templo deteriorada, construyéndolo siguiendo los nuevos conceptos renacentistas que permitirán ensanchar la nave, ampliar su altura en más de tres metros y abrir grandes ventanales en los muros laterales que mejoren la luminosidad al templo. Junto a esto, debemos sumar dos razones más, no menos importantes: por un lado, el claro crecimiento demográfico experimentado en Brozas en los primeros decenios del siglo, que origina la posibilidad de ampliar la iglesia; y por el otro, el interés de los grupos privilegiados residentes en la nueva parroquia por erigir capillas y enterramientos que incrementen su prestigio dentro de la sociedad de la época.

En este contexto, recogemos en primer término las disposiciones testamentarias de D. Francisco de Lizaur, secretario del Gobernador de las Indias Nicolás de Ovando entre 1502 y 1509, que fallece el 26 de marzo de 1535[15] y cuyo testamento se lee “en las Brozas, lugar e término de la villa de Alcántara, lunes a cinco días del mes de abril año del nacimiento de nuestro salvador Jesucristo de mill y quinientos e treinta y cinco años…”[16] Allí, entre múltiples disposiciones, se contempla la necesidad de “hacer en la dicha yglesia de los Mártires en la pared que nuevamente se hace en la yglesia, junto a la capilla mayor en la pared que dellas se hace nuevamente dos enterramientos yncorporados en la dicha pared el uno xunto al otro…” Estamos, por lo tanto, ante otro documento de gran importancia para nuestro estudio, en el que se expresa hasta en dos ocasiones que los enterramientos deben situarse en “la pared que nuevamente se hace”. Se confirma que muy poco tiempo después de finalizada la iglesia original, se inician las obras de ampliación del templo, en el que se abrirán capillas en “los que se an de poner encima del uno dellos el blasón de las armas del dicho Francisco de Liçaur y señaladas encima del enterramiento el blasón de las armas de la dicha María Flores, de manera que en cada uno de los dichos enterramientos a de hir un escudo en las quales an de hir pintadas y señaladas las dichas armas”.

Además, el documento contiene de forma detallada todas las disposiciones necesarias para erigir los sepulcros, algunas de las cuáles serán especialmente beneficiosas para la parroquia. Así, se dice que “los dichos enterramientos se an de hacer en esta manera: que la dicha María Flores a su costa a de hacer sacar la cantera que oviere menester para los hacer e traerla e lavrar todo a su costa para lo que sea menester en todos los dichos enterramientos fasta ser cerrados de todo lo demás que les convenga fasta ser acavados y el asiento y materiales que sea menester y para los asentar solamente hasta ser hechos ha de ser a costa de la dicha yglesia y de lo demás a de ser a costa de la dicha María flores que es lo que queda a su cargo sacar piedra e traerla…” Esto es, será María Flores, viuda de Francisco de Lizaur, quién deberá financiar la construcción de estas capillas, pagando la iglesia únicamente los cimientos y el asiento de los muros. Un poco más adelante se consigna la aportación económica de la familia para su edificación: “la dicha María Flores queda a la dicha yglesia para ayuda a sus obras por los dichos enterramientos solamente de la manera y forma que arriva va declarado y no más, veinte y ocho mil maravedís en dineros contados y pagados, la mitad dellos luego e la otra mitad para el día de san Miguel primero que vendrá deste presente año de mil y quinientos e treinta y seis años”

La confirmación de estas disposiciones se encuentran en el documento que describe minuciosamente el templo de los Santos Mártires al expresarse que “en la capilla del crucero junto a la maior están hechos dos arcos de cantería para entierros que se dicen de Francisco de Liçaur difunto y de sus herederos, están hechos estos dos arcos anbos juntos sobre un pilar que los rinde y zerrados un poco apuntados con sus molduras modernas y encima dellos está un escudo lavrado de las armas del dicho Francisco de Liçaur y en el otro arco está un escudo de las armas de los Gutiérrez Flores”[17]. Así conocemos que a mediados de la centuria del mil quinientos se ha cumplido la última voluntad del secretario de Ovando, erigiéndose los enterramientos que en la actualidad pueden contemplarse en su estado original.

Junto a la familia Lizaur, otro de los linajes que aspira a poseer su capilla en la iglesia de los Santos Mártires será el de los Argüello. Concretamente, D. Íñigo de Argüello y su hijo Íñigo de Argüello Carvajal solicitan al visitador Francisco de Toledo, en el año 1584, la autorización para construir dos capillas en los lados del evangelio y la epístola del presbiterio del templo para, según el documento analizado “…que se haga punta y arco y se pongan mis armas y el sitio de la dicha capilla a de ser entre los dichos estrivos de a fuera que allí corresponden en largo y cumplido que se les pueda dar para que quede capilla suficiente en la qual pueda tener un altar donde se rece el culto divino y sepulcros y entierros donde yo y los sucesores de mi casa podamos enterrarnos y en el dicho arco pueda poner rexa con puerta y llave”[18] La importancia que la familia Argüello ha adquirido en Brozas se hace patente en este documento, al solicitar la fundación de sus capillas muy cerca del altar mayor, lugares de clara preeminencia y prestigio según el pensamiento de la época. Así, para convencer al visitador de la Orden de Alcántara, en la petición se expone que “con este edificio la capilla mayor quedará más fuerte y estrivada por aquella parte y daré fianzas vastantes que la dicha capilla mayor no recivirá daño ni quievra ni pérdida alguna y si la reciviere pagaré los daños e menoscavos que por raçón de abrir la dicha pared se recibieren e con esto se servirá a nuestro señor y la dicha yglesia recivirá beneficio que tendrá más altares vien acomodados en los quales pueda celevrar con más decencia de que la dicha yglesia tiene mucha necesidad”[19] Es decir, las capillas servirán para afianzar la estructura de la parte “antigua” de la iglesia y, al mismo tiempo, la presencia de nuevos altares incrementará la calidad en las celebraciones litúrgicas.

El representante de la corona, D. Francisco de Toledo, ordena en el mes de marzo de 1584 a Juan Bravo, Maestro Mayor de la orden de Alcántara “que vea la yglesia de los Mártires desta villa traza y sitio y obra della y la parte y lugar donde los susodichos pretenden hacer las dichas capillas y declare ante su merced con juramento si conviene darles la licencia que piden y el daño que dello se puede recibir y a quien y en qué cantidad”[20] El arquitecto brocense, una vez inspeccionadas las peticiones y el estado general del templo presenta la siguiente respuesta: “haciéndose el dicho edificio de las capillas que ansí piden los dichos las obras y capilla mayor no recivirán daño y porque como agora está fundada la capilla mayor conforme al arte va falta de estrivos y no de mucho punto y está suxeta al peligro de hacer alguna quievra como ya en los arcos torales va mostrando y el edificio destas dos capillas será vastante medio para que la dicha quievra cesase (…) y además de hacer la dicha fortaleza darán mucha gracia y autoridad a la capilla mayor y ornato y elegancia en el edificio …”[21]. La respuesta del Maestro Mayor confirma, además, la mala conservación de gran parte del edificio construido a finales del siglo XV, incluso de la capilla mayor que, según opinión de Juan Bravo “va falta de estrivos y no de mucho punto”.

Visto el testimonio favorable del arquitecto broceño, “el dicho señor visitador general mandó se ponga en los autos que le concedió al dicho don Íñigo de Argüello la condición que pide”[22]. Así, D. Íñigo de Argüello Carvajal ofrece “dar veinte y cinco mil maravedís de limosna a la yglesia de los Mártires dando vuesa merced licencia para que haga una capilla en la dicha yglesia con las condiciones que e pedido a que me refiero y aunque la vera es más costosa de lo que la dicha capilla tiene necesidad respecto de fortalecer la capilla mayor de la dicha yglesia daré cinco mil maravedís más de los veinte y cinco mil que tengo prometidos…”[23] Tenemos, por tanto, un importante montante económico aportado para la edificación de la capilla solicitada, a lo que se suma otra cantidad necesaria para apuntalar la nave de la iglesia, con el objetivo de evitar posibles desperfectos con la apertura de los arcos de entrada a los enterramientos.

La consecuencia final de estas peticiones será la construcción de una capilla al lado del mediodía (la del lado norte nunca llegó a edificarse), con el escudo de los Argüello encima de la puerta de entrada, cubierta con bóvedas de crucería, que hoy contiene algunos sepulcros, un retablo con la imagen del Cristo de la Expiración, así como una lápida de mármol donde puede leerse la siguiente inscripción “Capilla de Yñigo Argüello Carvajal hijo de Ynigo Argüello Carvajal. Cavallero del abito de Santiago del Consejo de la magestad y del rey don Philipe nuestro señor segundo de este nonbre rey de las Españas”.

Junto a Íñigo de Argüello, otro de los miembros de este linaje, doña Inés de Carvajal, presentará una tercera petición para construir su capilla por ser feligresa en la dicha capilla mayor de la dicha iglesia…”[24], en condiciones muy similares a las anteriores, es decir, “con el largo de cumplido que se le pueda dar para que quede la capilla suficiente a hacer la dicha capilla y obra como convenga para fortaleza de la dicha capilla e yglesia y en la dicha tercera capilla tengo de hacer arco de puerta con llave y se puedan hacer e poner mis armas y dentro de ella pueda hacer altar donde se celebre el culto divino y hacer entierros y sepulcros donde yo y mis sucesores podamos enterrarnos…” Para cumplir este objetivo, Doña Inés de Carvajal “ofrece de limosna a la dicha yglesia quince mil maravedís pagado todo lo sobredicho dentro de un año después del remate” que se utilizarán en la edificación de la capilla, la cuál debería situarse en el lado del evangelio “desde el estrivo e pared donde acava la primera capilla hasta dar a la torre de las campanas”, al lado de la solicitada por D. Íñigo de Argüello. Resulta significativo, por tanto, que el linaje Argüello Carvajal optara a la apertura de tres capillas a ambos lados del presbiterio, dentro de la zona más noble del templo, demostrando el poder alcanzado por esta familia al ocupar prácticamente todo el espacio disponible en la capilla mayor. Sin embargo, la capilla solicitada por Doña Inés de Carvajal nunca llegará a edificarse, aunque desconocemos si por cuestiones económicas o por la negativa de Francisco de Toledo a conceder la autorización.

Llegados a este punto, resulta necesario volver a plantear una importante cuestión relacionada con las fuentes de financiación con las que se contaba en el proyecto de ampliación y reconstrucción del templo de los Santos Mártires de Brozas. Como se ha relatado en este trabajo, son evidentes las dificultades económicas que, desde el primer momento, tiene el Concejo de Brozas para sufragar el levantamiento del nuevo templo parroquial, sobre todo ante la negativa de muchos feligreses de Santa María a colaborar en los repartimientos. Así mismo, hemos podido comprobar que las clases privilegiadas aportan cuantiosos fondos para abrir sus capillas en diferentes puntos del templo, pero en ninguno de los documentos analizados se apuntan donaciones o limosnas para el resto del edificio. En consecuencia, resulta bastante paradójico observar cómo hacia 1535 (muy pocos años después de terminada la obra primitiva) se está construyendo “el cuerpo de la dicha yglesia que es lo que se va haciendo de nuevo desde los pies de la dicha iglesia hasta dar en la capilla mayor van elegidas tres capillas con sus tres medios pilares en las paredes en la parte de adentro y estrivos afuera a la parte dicha de los pies…”[25] con un evidente y cuantioso desembolso económico.

Ante esta situación, traemos a este estudio otro documento de gran interés para descubrir las posibles fuentes económicas existentes en esa época, las necesidades financieras del proyecto y las evidentes dificultades de las autoridades locales por mantener a largo plazo la construcción. Nos referimos al pleito interpuesto por el Concejo de la Villa de Brozas, en nombre de la parroquia de los Santos Mártires, contra la Mesa Maestral de la Orden de Alcántara en el año 1552 con el fin de“que de los frutos e rentas de la dicha mesa maestral y encomienda mayor se le diese e pagase lo que fuese necesario para los edificios de la dicha yglesia, e para ornamentos, libros y otras cosas”[26]. Para comprender la dimensión de esta petición debemos recordar que Brozas, como Encomienda Mayor de la orden alcantarina, disfrutaba de cuantiosas rentas basadas en el arrendamiento de dehesas y baldíos, el cobro de derechos por el uso de molinos y hornos, así como algunas otras prerrogativas, rentas que pertenecían a la corona como administradora perpetua de la institución militar y que podían destinarse al acondicionamiento de los edificios religiosos. Y, precisamente, esto es lo que pretenden las autoridades broceñas, utilizar dichas rentas para acabar de manera definitiva la edificación del templo de los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián.

Ahora bien, los beneficios obtenidos de la Encomienda no sólo podían destinarse al ornato de las iglesias, sino también a los gastos del comendador mayor, así como al mantenimiento de su residencia en Brozas y de todas las posesiones controladas por esta institución. Por este motivo, el pleito contará con la participación de“don Luis de Zúñiga y Ávila, comendador maior de la dicha orden, y Antonio de Valencia su maiordomo e procurador en su nombre”, que se verían claramente perjudicados por la utilización de estas rentas en la obra de los Mártires. En este contexto, debemos tener en cuenta que el encargado de dirimir la cuestión será Frey Bartolomé de Villavicencio, Visitador General alcantarino y representante del monarca Carlos I, que después de escuchadas las partes decide“que devo de declarar y declaro la dicha yglesia de los Mártires e su procurador en su nombre, y el concexo, justicia e reximiento del dicho lugar de las Vrozas e su procurador general en su nombre no haver provado su petición e intención, doila e pronunciola por no probada…” fallando, por consiguiente, en contra de los intereses de las autoridades locales, a las cuáles ordena que (y sigue la sentencia) “…en lo tocante a los dichos edificios, ornamentos i otras cosas sobre que ha sido este pleito, mando guardar y cumplir las cartas e probisiones de los señores reies católicos de gloriosa memoria y de su magestad, como administradores perpetuos de esta orden por autoridad apostólica”.

La sentencia no puede ser más clara: no se utilizará ningún fondo de la Orden de Alcántara ni de otra institución dependiente de la Corona para sufragar la obra; es más, en el auto Frey Bartolomé de Villavicencio exige “que desde el primero día de enero del año venidero de mil quinientos e cinquenta e quatro años acaben la obra y edificio de la dicha yglesia, continuando la obra desde primero de dicho año y no alzando la mano della fasta lo fenecer i acabar, lo qual haga y cumpla so pena de quinientos ducados de oro, la mitad para redención de cativos y la otra mitad para la dicha obra i ornamentos de la dicha yglesia, y para acavar la dicha obra y proveerla de los ornamentos puedan hacer e hagan los repartimientos y derramas por todos los vecinos de esta villa…” Volvemos, por lo tanto, a la situación de 1495, en la que la autoridad real apoya y reclama la finalización de la parroquia, se libera de aportar cualquier tipo de financiación y otorga, eso sí, facultades al concejo local para que efectúe los repartimientos necesarios entre los vecinos.

Conocemos, por lo tanto, que las dificultades financieras para proseguir las obras del templo son una constante a lo largo de todo el proceso constructivo. Tanto es así, que treinta años después de la resolución de Bartolomé de Villavicencio, otro visitador de la Orden de Alcántara, D. Francisco de Toledo trata de impulsar nuevamente la terminación de los Santos Mártires, encargando las trazas al maestro mayor Juan Bravo, trazas que revelan cuáles son las partes inacabadas: “se ha de acavar de erixir la obra de la dicha yglesia lo que le falta en el cuerpo della a los pies de la dicha yglesia, con torre y escalera de cantería dentro della sobre su macho de cantería hasta en el alto que combenga para la entrada del coro y andar dél, y a la parte del norte se erixirá una capilla para la pila del batismo”[27]. Es decir, a finales del siglo XVI resta aún por edificar la torre del templo, la capilla del bautismo, el coro, el último tramo de la bóveda y la portada de los pies, aproximadamente una cuarta parte del proyecto parroquial.

Desarrolladas las trazas, el visitador alcantarino “… mandó que conforme a ellas se pregone la dicha obra; si alguna persona ai que quiera hacer postura en ella, parezca ante su merced que se la mandará recibir en lo que justo fuere, e que por ello se den los pregones que combengan en esta villa de las Brozas y en las ciudades, villas y lugares comarcanos para que venga a noticia de los maestros de albañilería y cantería que en ella huviere y para ello se dé mandamiento en forma…”[28] Nos encontramos, de este modo, ante un nuevo mandamiento de las autoridades para acabar la iglesia de los Mártires de Brozas, mandamiento que se uniría a los cuatro anteriores documentados (1495, 1496, 1498 y 1553) hasta conformar un total de cinco autorizaciones, cédulas y órdenes en menos de un siglo, lo que confirma definitivamente la falta de medios económicos del proyecto.

 

EL PROYECTO EN EL SIGLO XVII.-

Hemos podido comprobar que el proyecto recibe un nuevo impulso, al menos en teoría, con la intervención de D. Francisco de Toledo. A partir de ese momento, sin embargo, se abre un período oscuro en la documentación, que imposibilita saber si las trazas ejecutadas por Juan Bravo se llevaron a cabo a finales del siglo XVI, o si las perennes dificultades financieras volvieron a impedir el avance en la construcción. Afortunadamente, la entrada del proyecto de los Santos Mártires en la nueva centuria nos va a permitir manejar documentos importantes para esbozar la situación del templo en esos momentos.

Para comenzar, en el año 1610 D. Felipe de Trejo, visitador de la Orden de Alcántara, recoge en su recorrido por la villa una somera descripción de la iglesia de los Mártires, expresando que “la yglesia parroquial de los Santos Mártires San Favián y San Sebastián está en el sitio y lugar que refiere la visitación pasada, y su edificio es de cantería, el ancho y largo de la dicha iglesia no ai en él novedad, más que solamente aver añadido desde la pared que la visitación pasada refiere la dividía una nave a teja vana desde las dos puertas que mira la una al norte y la otra al medio día para la parte de poniente sin llegar al pórtico y cimientos de la traça que avía de tener la dicha iglesia, sin averla cerrado ni levantado la torre que estaba enpeçada al tiempo que visitó el dicho mi antecesor…”[29]. El análisis de este documento nos aporta varios datos de interés en nuestro estudio: en primer lugar, se confirma que el proyecto de finalización según las condiciones de Juan Bravo no se ha realizado, quedando por concluir la portada de los pies y la torre; en segundo término, se nos hace saber que la iglesia está finalizada en su totalidad hasta las puertas laterales, a lo que se añade una bóveda de “teja vana”; por último, la conjunción de los datos anteriores vuelve a poner de manifiesto la esterilidad del enésimo proyecto de edificación impulsado por D. Francisco de Toledo en 1584.

El segundo de los testimonios que traemos a este trabajo se ha recogido del pleito interpuesto por la Orden de Alcántara contra la última voluntad del arzobispo Pedro Ordóñez Flores, que en su testamento otorgado en Bogotá el 11 de junio de 1614 expresa la necesidad de constituir un colegio de jesuitas en Brozas, su villa natal. Entre la abundante documentación del proceso, traemos a este punto la declaración de Gregorio de la Ossa quien, “en nombre del concejo, justicia y regimiento de la villa de las Broças”[30] expone los perjuicios que, desde su punto de vista, tendría para el pueblo la fundación del colegio de la Compañía de Jesús, afirmando que “siendo como es de mill vezinos tiene dos yglesias parrochiales en que ay instituidas y fundadas muchas cofradías tan pobres que si no se les socorriese con las limosnas ha muchos años se uvieran perdido y acabado, y las dichas yglesias parrochiales están tan demolidas que la una de ellas que es la de los Mártires en muchos años que hace que se empeçó no se ha podido acabar por ser tan tenues las limosnas de los vezinos de la dicha villa”[31]. El testimonio expresado cuenta, evidentemente, con un claro sesgo partidario, al encontrarse las autoridades broceñas en contra de la fundación del colegio; no obstante, presenta dos datos fundamentales para avanzar en nuestro estudio: hacia 1617 el templo de los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián continúa inconcluso y, lo que es más importante, se sigue valiendo de las limosnas y repartimientos de los vecinos de Brozas para su finalización.

A través de esta declaración conocemos la incapacidad real para terminar la iglesia, máxime si tenemos en cuenta la crisis demográfica y económica presente en Extremadura a lo largo de todo el siglo XVII y que se recoge de modo singular en el testimonio de Gregorio de la Ossa: “porque en tiempo que la dicha villa era de mil y ochocientos vezinos poco más o menos, se a conservado con suma felicidad con las dichas dos yglesias parrochiales y el dicho convento de frayles franciscos descalços y los otros dos de monjas y la dicha villa de presente tiene poco más de mil vezinos y muy pobres los que le an quedado, por lo qual no puede acudir a las obligaciones de las dichas dos yglesias y conventos como antes lo hazía, sino que todos padecen necesidad y fundándose el dicho colegio vendría a ser yrremediable”.[32]

El evidente descenso poblacional y el inicio de una prolongada crisis económica afectan al desarrollo de la obra de los Mártires. Sin embargo, los estamentos privilegiados van a seguir edificando capillas para acoger sepulcros y blasones; es el caso de la familia Montemayor que en el año 1615[33] funda la capilla de San Esteban, situada entre la antigua torre del campanario y la portada Norte del templo. Lamentablemente, no tenemos constancia documental que nos permita seguir el desarrollo constructivo de esta capilla; no obstante, la existencia en la actualidad de la construcción, conteniendo un túmulo funerario, el escudo de los Montemayor y, sobre todo, dos inscripciones nos permiten asegurar su edificación en las fechas indicadas por ESCOBAR PRIETO, al reseñarse que “Esta capilla mandó hacer Francisco Gutiérrez de Montemayor y Doña María Bravo su mujer para ellos y sus descendientes”[34] y “Dedicada a Nuestro Señor y a su protomártir San Esteban. Año de 1618”[35].

La última constancia documental que hemos podido analizar durante el siglo XVII nos traslada al año 1654, en el “juicio” que D. Pedro Rico de Cárdenas,“governador y juez de residencia en esta villa de Broças”[36] realiza sobre la labor de su antecesor en el cargo, el licenciado D. Alonso Ramírez de Arellano. Para comprender mejor la dimensión de este testimonio debemos recordar que el mandato de los gobernadores, al menos en el caso de Brozas, tenía una duración de un año, al cabo del cuál su sucesor en el cargo llevaba a cabo una investigación para conocer todos los hechos ejecutados por el gobernador anterior, al tiempo que se pulsaba la opinión de la población respecto a su gobierno. En este contexto, D. Pedro Rico de Cárdenas expresa que “lo más particular aver reedificado la parrochial de los Mártires desta villa, donde no se podían celebrar los oficios divinos, tan en forma como oy se ve todo de limosnas, solicitadas con su afabilidad e industria, haciendo por días travaxasen los vezinos y sus vagajes por tiempo de quatro meses y medio en el rigor del verano asistiendo desde por la mañana hasta las doce y desde las dos hasta acavar de obra”[37] El nuevo gobernador confirma en su testimonio dos de las cuestiones más repetidas a lo largo de este estudio: en primer lugar, que a mediados del siglo XVII aún se sigue trabajando en el proyecto constructivo; y en segundo término, que la ejecución del templo corre a cargo, nuevamente, de los vecinos del pueblo, no solo con limosnas, sino también aportando su trabajo “por tiempo de cuatro meses y medio”.

Desafortunadamente, en este relato no se especifica ni detalla la intervención efectuada, ya que únicamente se expresa “haber reedificado la parroquial de los Mártires, donde no se podían celebrar los oficios divinos”. Evidentemente, descartamos que las obras supusiesen la conclusión definitiva del templo, por dos cuestiones básicas: el escaso tiempo empleado en la obra y, fundamentalmente, el conocimiento directo de que la finalización de la iglesia se llevaría a cabo a mediados del siglo XX, trescientos años después del mandato de Alonso Ramírez de Arellano. Por consiguiente, la intervención del gobernador se centraría, a nuestro juicio, en el engarce o unión de las partes inacabadas y la demolición del antiguo cuerpo de la iglesia que, según todos los indicios, se encontraría aún en el interior del templo, cuestiones ambas que dificultarían, en grado sumo, la celebración de los oficios religiosos.

 

LA IGLESIA COMO PARROQUIA.-

            Hemos tratado de efectuar un preciso recorrido sobre el proceso constructivo de los Santos Mártires de Brozas, entre el año 1495 y la última intervención documentada, a mediados del siglo XVII, para poder comprender los grandes esfuerzos realizados por las autoridades y los vecinos de esta villa en su edificación y, al mismo tiempo, mostrar su incapacidad para culminar la finalización completa de la iglesia. Desde ese momento, no tenemos constancia documental sobre nuevos proyectos e iniciativas en el templo a lo largo de los siglos XVIII y XIX, pareciendo evidente que la intervención ordenada por Ramírez de Arellano habría servido para terminar la obra de un modo parcial, dejando inconclusos los elementos apenas iniciados (torre, baptisterio, coro y portada de los pies) que serían acometidos entre 1959 y 1963.

Ahora bien, a pesar de todas las dificultades expuestas y las distintas fases constructivas, la iglesia funcionará como parroquia desde su fundación en el año 1495. En otro pasaje de este artículo hemos descrito la negativa de los feligreses de Santa María a aportar fondos para los Mártires, lo que demuestra que la división parroquial se habría efectuado ya a finales de siglo XV, una división que en el año 1679 se describía de esta manera: “que de la hermita de Abdón y Senén entrando por la calle de Gonzalo Gutiérrez a dar a las Cuatro Calles y de allí a dar por la calle derecha a dar a el horno de avajo y a el Poço Rosado y de allí a dar a San Antón y que asimismo que las hermitas de San Antón y Nuestra Señora de la Luz y de san Joan y de Abdón y Senén y la Hermita de Santa Catalina entravan y estavan a cargo de la dicha yglesia de Santa María y su cura…, y las hermitas de san Marcos y Santa Lucía y Santa maría de las Reliquisas, San Pedro y San Clemente y Santa Ana y Santo Domingo de la Cabeça de Araya eran anexos y que el dicho cura de los Mártires decía y avía de decir las misas perpetuas que allí estavan fundadas…”[38] y que se mantendrá, más o menos con estos límites, hasta 1979.

En este sentido, más de la mitad de las casas y calles de Brozas se hallaban en los dominios de la iglesia de los Mártires, con ermitas tan importantes como la de San Marcos, patrón de la villa durante siglos, a lo que se unirían los feligreses del arrabal de Navas del Madroño hasta su independencia en 1737. Por consiguiente, a lo largo del tiempo, serán miles los broceños que recibirán los sacramentos en este templo superando, en líneas generales, a la parroquia de Santa María, tal y como podemos comprobar en la tabla expuesta a continuación.

TABLA I: Bautismos, matrimonios y defunciones en la Parroquia de los Santos Mártires.

Números totales y porcentaje respecto al total de Brozas (1590-1860)

Período

Bautismos

%

Matrimonios

(desde 1619)

%

Defunciones

%

1590-1599

1081

52,8

Sin datos

Sin datos

1600-1699

7552

53,9

1364

50,1

Sin datos

1700-1799

8845

51,8

2187

51,9

3697

38,7

1800-1860

7537

51,6

1727

55,0

6481

49,2

Fuente: García Barriga, F.: LA VILLA DE BROZAS EN EL ANTIGUO RÉGIMEN: Evolución demográfica y estructura familiar. Institución Cultural El Brocense. Cáceres, 2005

 

Unido a la importante función de los Mártires en la dinámica demográfica se ha podido constatar, a lo largo de este estudio, el interés de nobles e hidalgos por edificar sus capillas en el interior del templo, capillas que puedan ser utilizadas como enterramientos y sirvan para mostrar el poder alcanzado por las familias Argüello, Carvajal, Lizaur y Montemayor, acaparadores de títulos, prebendas y cargos a lo largo de los tiempos y enemigos irreconciliables de los Gutiérrez Salgado, Flores, Orives, Salazares o Bravos, parroquianos de Santa María y protagonistas de profundos enfrentamientos en la Edad Moderna. Ahora bien, no debemos olvidar que el resto de la población también se enterraba en el interior del templo, ocupando diferentes puntos de la iglesia en función de las condiciones económicas de cada familia. Evidentemente, en villas con una elevada población y, por consiguiente, mortalidad como Brozas se originaba un problema de espacio en las iglesias, incapaces de acoger miles y miles de enterramientos. Por este motivo, en los alrededores de las parroquias se solía constituir un osario, en el que se acumulaban los restos retirados para dar paso a nuevos cuerpos y se daba sepultura a los “pobres de solemnidad”, osario que en el caso de los Santos Mártires “es començando desde la parte del medio día desde el estrivo primero hasta dar a la esquina de las casas de Cristóval Flores, en la qual dicha esquina ay una cruz señalada en una piedra y a catorze pies de ynstancia de la dicha esquina al dicho estrivo y ansí por esta parte llega hasta la húltima cassa; a las espaldas de la dicha yglesia y capilla llega el ciminterio a un valuarte que está hecho de piedra tosca y dando vuelta a la dicha yglesia a la parte del norte llega el dicho cimienterio a las cassas de los becinos de aquella parte hasta llegar a la esquina de la cassa de la Cavallera e asta la cassa de Juan Bravo maestro mayor de las obras de esta horden e por delante de la puerta principal de la dicha yglesia a la parte del poniente hasta llegar a san Phelipe digo asta llegar a una esquina de las cassas de Francisco Salgado e asta las cassas de Pedro Sánchez y a otra cassa de Vlas Álvarez en las portadas de las quales dichas casas están unas cruces”[39]. Podemos observar, así, que el osario rodeaba en su totalidad al edificio parroquial, lo que repercutiría en la propagación de epidemias y enfermedades infecciosas, cuestión que no se solucionaría hasta bien entrado el siglo XIX, con la construcción de cementerios fuera de los núcleos urbanos.

Los documentos y datos vertidos en las líneas anteriores avalan el funcionamiento de los Santos Mártires como parroquia desde su fundación, a pesar de los problemas en la construcción del templo y la paralización final de las obras. Tanto es así, que el templo contaba con un conjunto de bienes muebles necesarios para llevar a cabo las distintas funciones parroquiales. Así, en la exhaustiva descripción que Bartolomé de Villavicencio realiza sobre los Mártires a mediados del siglo XVI, junto al púlpito ubicado “en el pie derecho de el dicho arco toral a la mano derecha” y realizado “de cantería labrada artesonada con sus molduras”se consigna la existencia de hasta cinco retablos (hoy desaparecidos): “junto al arco toral de la capilla mayor dos altares colaterales de piedra de mampuesto encalados al fresco”(…) “y a la pared del horiente está hecho un altar encalado pintado al fresco”(…)”en las dos paredes de esta capilla junto a los dos medios pilares están hechos dos altares de piedra e mampuesto encalados y pintados al fresco”, con sus imágenes y correspondiente advocación.

TABLA II: Retablos existentes en la Parroquia de los Santos Mártires de Brozas. Siglo XVI

Ubicación

Advocación

Imágenes

Entrada a la capilla mayor (lado Norte)

Nuestra Señora

Cuadro “Descendimiento de la Cruz”

Cuadro “La Virgen visitando a Santa Isabel”

Entrada a la capilla mayor

(lado Sur)

San Bartolomé

Cuadro “Cristo amarrado a la columna”

Cuadro “San Bartolomé”

Capilla mayor

(junto a la sacristía vieja)

San Juan

Crucifijo

S. Juan, S. Pedro, S. Pablo

Capilla mayor (entre tramos)

Sur

Padre Eterno

Frescos de S. Blas, S. Francisco y S. Pedro

Padre Eterno y serafines

Capilla mayor (entre tramos)

Norte

Espíritu Santo

Frescos de S. Pablo, S. Gregorio, Sto. Domingo

Frescos de Santa Quiteria, María Magdalena y Santa Bárbara

Frontispicio con el Espíritu Santo y querubines

Fuente: AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de la descripción de la iglesia de los Santos Mártires de D. Bartolomé de Villavicencio

 

La relación de altares se completaría con el altar mayor, situado “en el ochavo del mediodía en la cabecera de la dicha capilla” y que presenta la singularidad de no poseer un retablo mayor, siendo adornado por varias pinturas al fresco que, según el relato del visitador, ocuparían “los tres ochavos de la cabecera”. En el muro central estarían representados “San Sevastián entre dos columnas y en un lado san Fabián obispo y al otro lado la imagen de San Láçaro” así como“un crucifixo con dos imágenes: nuestra señora y san Juan a los lados”. Mientras, en el lado izquierdo aparecería “la venida de nuestro señor Jesucristo a juzgar al mundo por baxo pintado al fresco una boca de infierno junto a él la resurrección de los muertos” y en el ochavo de la derecha se encontraría la caja del Santísimo Sacramento junto a “las insinias de la passión e resurrección de nuestro señor”.

En la actualidad, tan sólo pueden contemplarse las imágenes de San Sebastián, San Fabián y San Roque[40], habiendo desaparecido el resto de frescos descritos a mediados del siglo XVI. Aunque desconocemos el porqué de esta desaparición, varios indicios señalan que las pinturas fueron cubiertas con cal, como el resto de los muros del templo, a principios del siglo XIX para prevenir una epidemia de cólera. Lamentablemente, cuando hacia 1960 se picaron las paredes para eliminar el encalado se destruyeron al mismo tiempo los frescos, como consecuencia del desconocimiento de los operarios respecto a la existencia de los mismos.

Para finalizar este capítulo, no podemos dejar de hacer referencia a la imagen del Cristo de la Expiración, venerada en la iglesia de los Santos Mártires de Brozas y de especial importancia para los habitantes del pueblo. Siguiendo algunos estudios recientes que atribuyen esta obra al escultor italiano Lucas Mitata[41], la talla se encontraría en el templo a finales del siglo XVI dentro de la capilla edificada por la familia Argüello Carvajal, lugar en la que se encuentra actualmente. Nuestro interés no está en valorar la mayor o menor calidad artística de esta imagen, sino comprobar su importancia en el sentimiento religioso de la población; nos estamos refiriendo, sobre todo, a las rogativas a los santos para pedir la lluvia en épocas de sequía o para solicitar el fin de una plaga de langosta, que aparecen de forma reiterada en los libros de acuerdos municipales durante el siglo XVIII. Por ejemplo, en 1734, que destaca especialmente por la sequía, se nos explica en el libro de actas de ese año: “Que por cuanto se experimenta la maior esterilidad en los campos y sembrados al presente a causa de la gran falta de aguas y lluvias que se necesita, sobre que se han hecho varias rogativas a distintas imágenes y no se ha dignado la Divina Magestad en concederlas; por lo que siendo cada día mayor la necesidad, clama el público y ha dado memorial a esta villa para que se saque a rogativa la milagrosa imagen del Santísimo Cristo de la Expiración de la parroquial de los Santos Mártires, en que tienen y tenemos puestas nuestras esperanzas como en otras ocasiones ha sido servida la Divina Magestad conceder las aguas en casos semejantes[42].

El documento pone de manifiesto la extrema devoción de los fieles hacia la figura del Cristo, a la que recurren como último remedio, tras haber rogado a otras imágenes de la villa. Esta devoción se extenderá a lo largo del tiempo, teniendo constancia de rogativas y novenas al Cristo de la Expiración para paliar la sequía hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX.

 

CONCLUSIONES.-

A lo largo de todo el estudio hemos podido comprobar la importancia de la iglesia de los Santos Mártires en el contexto social, demográfico e histórico de Brozas. La presencia de numerosos documentos, algunos de ellos inéditos, nos proporcionan abundante información acerca del funcionamiento del templo como parroquia, así como de los evidentes y continuos problemas económicos para acabar la obra. Podemos considerar, por lo tanto, que el proyecto de edificación de esta iglesia puede considerarse una magnífica radiografía de la Extremadura en los tiempos modernos, relacionando los sucesivos impulsos e interrupciones con el poder de las clases privilegiadas, las etapas de expansión y crisis demográfica, el papel de la corona y las estructuras vitales de la época.

Ahora bien, cualquier visitante que se acerque en la actualidad a Brozas podrá comprobar que la iglesia está finalizada en su totalidad. Debemos consignar que el proceso constructivo de la iglesia de los Santos Mártires finalizó entre los años 1958 y 1963, pudiendo admirar en la actualidad un edificio de hermosas proporciones e interesantes elementos artísticos. Evidentemente, esta acción merece por sí sola un estudio en detalle por lo que hemos decidido no incluir en el presente artículo ningún elemento de dicho proceso; tan solo diremos que, gracias al tesón y el esfuerzo de muchas personas, quinientos años después de su inicio pudo culminarse el templo de los Santos Mártires San Fabián y San Sebastián, una obra del pueblo de Brozas.

 

 



[1] BERNAL ESTÉVEZ, A.: Poblamiento, transformación y organización social del espacio extremeño (siglos XIII al XV), Mérida, 1998, p. 53.

[2] Archivo Histórico Diocesano de Coria Cáceres (en adelante AHDC), sec. parroquiales, Parroquia de los Santos Mártires de Brozas, libro 46, visita de don Francisco de Córdoba (1584), fol. 125 y ss. Traslado de la cédula de 7 de enero de 1495.

[3] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de la cédula del 7 de enero de 1495 (de aquí en adelante y hasta nueva anotación, las citas corresponden al mismo documento)

[4] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de la cédula de 14 de noviembre de 1495

[5] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de la cédula de 14 de noviembre de 1495

[6] Las disputas y enfrentamientos entre las dos parroquias se extenderán a lo largo de los siglos, afectando a las relaciones sociales y personales de los broceños produciéndose, incluso, enfrentamientos armados entre facciones en el siglo XVII

[7] AHDC: Libro 46 op. cit., pág. 125 y ss. Traslado de la cédula de 14 de noviembre de 1495

[8] AHDC: Libro 46 op. cit., pág. 125 y ss. Traslado de la cédula de 14 de noviembre de 1495

[9] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de la descripción de la iglesia de los Santos Mártires de D. Bartolomé de Villavicencio

[10] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de la descripción de la iglesia de los Santos Mártires de D. Bartolomé de Villavicencio

 

[11] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de la descripción de la iglesia de los Santos Mártires de D. Bartolomé de Villavicencio

[12] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Trazas que presenta el Maestro Mayor Juan Bravo para la obra de los Santos Mártires de Brozas

[13] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de la descripción de la iglesia de los Santos Mártires de D. Bartolomé de Villavicencio

[14] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Trazas que presenta el Maestro Mayor Juan Bravo para la obra de los Santos Mártires de Brozas

[15] ESCOBAR PRIETO, E.: Hijos Ilustres de la Villa de Brozas. Tercera Edición (notas al pie del Conde de Canilleros). Ayuntamiento de Brozas, 1995

[16] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de las disposiciones testamentarias de Francisco de Lizaur (de aquí en adelante y hasta nueva nota al pie las citas corresponden al mismo documento)

[17] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de la descripción de la iglesia de los Santos Mártires de D. Bartolomé de Villavicencio

[18] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Petición que hace D. Íñigo de Argüello Carvajal, caballero del hábito de Santiago, para construcción de enterramientos en la Iglesia de los Santos Mártires de Brozas

[19] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Petición que hace D. Íñigo de Argüello Carvajal, caballero del hábito de Santiago, para construcción de enterramientos en la Iglesia de los Santos Mártires de Brozas

[20] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss.

[21] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Respuesta del Maestro Mayor Juan Bravo a la petición de D. Francisco de Toledo para conceder o no licencia a D. Íñigo de Argüello Carvajal.

[22] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss.

[23] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss.

[24] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Petición que hace doña Inés de Carvajal para la erección de una capilla en la iglesia de los Santos Mártires de Brozas (de aquí en adelante y hasta nueva nota al pie las citas corresponden al mismo documento)

 

[25] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de la descripción de la iglesia de los Santos Mártires de D. Bartolomé de Villavicencio

[26] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado del pleito interpuesto por el Concejo de Brozas contra la Orden de Alcántara para que los frutos de la Encomienda Mayor se empleen en la obra de los Santos Mártires de Brozas (de aquí en adelante y hasta nueva nota al pie las citas corresponden al mismo documento)

 

[27] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Trazas que presenta el Maestro Mayor Juan Bravo para la obra de los Santos Mártires de Brozas

[28] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss.

[29] AHDC: sec. parroquiales, Parroquia de Santa María  de Brozas, libro 61, visita de don Felipe de Trejo (1610)

[30] ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL (en adelante AHN), sección de Órdenes, Archivo Histórico de Toledo, legajo 32532: “Sobre la última voluntad de don Pedro Ordóñez Flores, Arzobispo de Santa Fe de Bogotá, de fundar un colegio de jesuitas en su villa natal de las Brozas”

[31] AHN, sección de órdenes, Archivo Histórico de Toledo, legajo 32532: op. cit.

[32] AHN, sección de órdenes, Archivo Histórico de Toledo, legajo 32532: op. cit.

[33] ESCOBAR PRIETO, E.: Hijos Ilustres de la Villa de Brozas. op. cit. pág. 166

[34] Inscripción situada en el flanco izquierdo del túmulo funerario

[35] Inscripción ubicada en el flanco derecho del túmulo funerario

[36] AHN, sección de órdenes, Archivo Histórico de Toledo, legajo 30295

[37] AHN, sección de órdenes, Archivo Histórico de Toledo, legajo 30295

[38] AHDC: sec. parroquiales, Parroquia de Santa María  de Brozas, libro 63, visita de 1678-1679

[39] AHDC: Libro 46, op. cit. fol. 125 y ss. Traslado de la descripción de la iglesia de los Santos Mártires de D. Bartolomé de Villavicencio (de aquí en adelante y hasta nueva nota al pie las citas corresponden al mismo documento)

 

 

[40] Según las representaciones iconográficas, la figura se correspondería con San Roque y no con San Lázaro. Creemos que se trata de un error en la descripción del visitador, siendo poco probable una transformación del fresco en épocas posteriores al relato

[41] TORRES PÉREZ, José M. (1988): Una obra de Lucas Mitata: el Cristo de la Expiración de Brozas. Revista Norba Arte, nº 8 pp. 279-283

[42] Archivo Histórico Provincial de Cáceres, secc. Municipal de Brozas, Libros de Actas Capitulares, nº 29 (1734), acuerdo del 30 de marzo.