Oct 192023
 

MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS

Cronista Oficial de Montijo y Lobón

 

La Revista de las Españas en su número 33, mayo 1929, coincidiendo con la inauguración de la Exposición Iberoamericana expresaba que “ante la Exposición de Sevilla se acrecienta la fe en los ideales hispano americanos. Los gobiernos que fueron capaces de comprender el significado de la Exposición y se incorporaron a ella construyendo edificios permanentes, de una belleza insuperable, y lo pueblos que le dieron contenido con sus producciones artísticas, con sus industrias populares y con la vitalidad económica de sus propias riquezas, merecen ser considerados como factores de una gran civilización que se asoma al Viejo Continente desde los ventanales de España”[1].

Desde la ciudad de Buenos Aires, El Diario Español[2] consideraba que “la Exposición ha de contribuir a que se intensifiquen las relaciones de todo orden con los pueblos de América, lo que traerá consigo no solamente una mayor aproximación entre naciones ya unidas por los vínculos comunes de raza y del idioma, sino un gran intercambio comercial con estos países. Sin ello, el Certamen sería un acto lírico, de eficacia pasajera, que no es ni puede ser bastante para colmar el objetivo de la Exposición, más amplio y de anchas perspectivas. De lo expuesto se infiere que el programa de la Exposición Iberoamericana abarca tres aspectos fundamentales: Arte, Historia y Comercio”.

Pero mucho antes de estas apreciaciones, en 1909 el comandante de artillería Luis Rodríguez Caso[3] lanzó la idea de celebrar en la ciudad una exposición hispano-americana o hispano-ultramarina en términos vagos o imprecisos.

 

LOS ORÍGENES

La ciudad de Sevilla a finales del siglo XIX era una urbe enclaustrada en su recinto amurallado, que no había vivido la experiencia del ensanche como Madrid o Barcelona. Ciudad sin apenas industria, sede de la segunda corte real, la de los Montpensier desde 1850[4], sus grupos sociales subsistían en el entorno de los duques en el Palacio de San Telmo[5], integrando la real servidumbre, o bien lo hacían en la burocracia estatal y municipal, Lo que podríamos llamar el tercer estado sevillano, estaba formado por menestrales: pequeños comerciantes y artesanos, a los que se sumaba una población flotante de obreros atraídos por las ocasionales obras públicas de la ciudad, que terminaban por asentarse engrosando las filas de desempleados y marginados.

Ajena a los cambios y transformaciones industriales, no era Sevilla el escenario adecuado para un acontecimiento multitudinario como una exposición internacional, al carecer de infraestructura hotelera y al adolecer de graves problemas de insalubridad. Sin embargo, los elementos ilustrados de Sevilla sentían la necesidad de un cambio que abriera la ciudad al sur, hacia el actual barrio de Heliópolis[6].

Tras la primigenia idea del comandante Rodríguez Caso, poco a poco la idea germina en las páginas de El Liberal unos de los periódicos más influyentes de la época. La candidatura de Bilbao en esa época para la celebración de una exposición anglo-hispano-americana reactivó la conciencia de que tal empresa pertenecía a Sevilla, como enlace histórico que fue con el nuevo Mundo.

Hasta la proclamación de la Dictadura de Primo de Rivera, el papel preponderante lo asumió la Comisión Ejecutiva, integrada por vocales del Ayuntamiento y la Diputación Provincial que contaba con una Comisión Permanente. En 1911, con el apoyo explícito de Alfonso XIII se convoca el concurso para la adjudicación de la dirección de las obras. En sus bases se advierte una constante de la fase preparatoria; las dudas y rectificaciones sobre los terrenos disponibles. De las Delicias y barrio de Heliópolis. Lugares que albergarían los pabellones Tras la designación de Aníbal González Álvarez-Ossorio[7] como arquitecto de la muestra, se hace una recapitulación de los espacios que, finalmente se destinaron a la muestra[8].

Esos espacios eran el Parque de María Luisa, esa zona ajardinada donada por la infanta María Luisa Fernanda a Sevilla en 1893, se convertiría en el epicentro de la futura muestra Iberoamericana que se celebraría veinte años después. El Palacio de San Telmo, el Prado de San Sebastián, Huerta de Mariana, Paseo representativos de los países americanos[9].

 

CONTEXTO HISTÓRICO

El golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera (Jerez de la Frontera, 1870-Paris, 1930), el 13 de septiembre de 1923, no fue -contra lo que pudiera parecer- una nueva versión de los pronunciamientos decimonónicos. El mayor éxito del Gobierno militar de Primo de Rivera fue la solución de aquella pesadilla que era el problema de Marruecos. La resistencia de los rifeños se hundió, y su principal cabecilla, Abd-el-Krim, cayó prisionero. En enero de 1926 regresaba Primo de Rivera a la península. La pesadilla de Marruecos había terminado[10].

Una vez reconocido el golpe por el Rey, fue el Ejército como institución, no unos generales políticos, quien asumió el poder. Lo hizo, además, creando un régimen que, hasta diciembre de 1925, en que se constituyó un Directorio Civil, fue estrictamente militar y en todo momento -hasta enero de 1930 en que cayó Primo de Rivera- una Dictadura autoritaria (aunque benévola), paternalista, tecnocrática y, a su modo, regeneracionista, y condicionada, desde luego, por la propia personalidad del dictador[11]. A comienzos de 1929, la dictadura parecía consolidada, apoyada y orientada por la Unión Patriótica, partido gubernamental[12]. La labor al frente del Ministerio de Hacienda de José Calvo Sotelo, ministro estrella del general, permitió que en el haber de la dictadura figurara la creación de CAMPSA para la gestión del monopolio de petróleos y la reforma del sistema bancario, con la creación del Banco Exterior de España y del Banco de Crédito Local, así como la reforma del Banco Hipotecario. Por primera vez, el Estado abandonó en España su abstencionismo en materia económica, debiéndose reconocer que la obra de la dictadura fue ingente en inversiones en infraestructuras: carreteras, ferrocarriles, correos y telégrafos y creación en 1924 de la Compañía Telefónica Nacional de España, con la International Telephon and Telegraph (ITT) norteamericana como principal accionista, entre otros logros[13].

La dictadura fue vista como la edad dorada de la clase media española. En las obras públicas fue donde el régimen de Primo de Rivera había conseguido sus mejores logros, al calor de la bonanza económica, mejorándose y creándose nuevas y necesarias inversiones. Inversiones y reformas que, sin embargo, se vieron truncadas en sus expectativas y continuidad ante el estallido del crash bursátil de Wall Street el 24/X/1929, que derivó en la Gran Depresión, que condujo a una profunda recesión mundial, acrecentada en España por las inversiones efectuadas en la Exposición Iberoamericana de Sevilla, junto a la Exposición Internacional de Barcelona, celebrada en la montaña de Montjuic[14].

A ello también venía a sumarse un creciente descontento en las filas del Ejército antes las arbitrariedades de Primo de Rivera. Reaparecen los conflictos sociales, regresando las huelgas. Alfonso XIII, convencido de que la dictadura podía suponer un peligro para la permanencia de la Monarquía, dejó de confiar en Primo de Rivera, quien terminó dimitiendo el 30/I/1930. Alfonso XIII se apresuró a aceptarla presionado por los políticos conservadores y liberales que deseaban volver al parlamentarismo. Primo de Rivera se exilió en París, donde murió dos meses después.

 

EL ARQUITECTO ANIBAL GONZÁLEZ. LA PLAZA DE ESPAÑA

Gracias a su tenacidad, ya en 1914, el rey Alfonso XIII colocó la primera piedra de la futura Plaza de España de Sevilla. Puede decirse que Aníbal González fue el creador de un nuevo estilo, el sevillano, y de esta forma lanza al exterior la imagen renovada de una Sevilla alegre, luminosa, casi de ensueño. En la Plaza de España su lenguaje busca la inspiración en el renacimiento español, y en elementos de la arquitectura barroca romana de Bernini y Borromini: dispuesta en forma cóncava, sus brazos representan el abrazo de España a los países hispanos.

En la Plaza de América proyecta el Pabellón o Palacio de Bellas Artes o Arte Antiguo[15] el influjo es plateresco, de modelos como el palacio de Monterrey de Salamanca, mientras que el palacio Mudéjar[16] sigue la moda orientalizante de los quioscos moriscos del siglo XIX, pero también recoge la influencia de la arquitectura de los Reales Alcázares de Sevilla. Y el Pabellón Real, de marcado estilo gótico.

La Plaza de España albergó el mayor número de espacios expositivos: museo de la Industria, museo de la Historia de Sevilla, Mapa gigante en relieve de España, museos de los ministerios de Trabajo y Fomento, museo del Descubrimiento, museo del Libro, museo de la Imprenta y gran Salón de Actos.

Sin embargo, las obras de la Plaza de España fueron motivo de continuas polémicas que agotaron al arquitecto. Los continuos impagos de sus honorarios motivaron en 1926 una grave crisis al presentar su dimisión de todos sus cargos, teniendo que ser sustituido por Vicente Traver Tomás[17]. Aníbal González falleció el 30/V/1929, días después de la inauguración oficial. Sí Barcelona ha mimado a Gaudí, Sevilla ha ignorado, cuando no despreciado, la obra de Aníbal González, el creador de su proyección exterior: sólo ahora a comienzos del siglo XXI la ciudad ha cobrado conciencia de su deuda de gratitud hacia  quien fue su arquitecto[18].

 

COMISARIOS REGIOS. COLOMBÍ Y CRUZ CONDE

El Ayuntamiento hispalense vio en la Exposición el motivo que justificaba aportaciones estatales para la realización de obras que contribuirían a la mejora de la salubridad de la ciudad, financiando los ensanches imprescindibles en la Avenida de la Constitución y en el Paseo de las Delicias especialmente. Para atraer el apoyo gubernamental, en varias ocasiones, singularmente en 1919, el cabildo se comprometió a realizar una aportación equivalente a la del Estado y a asumir el déficit derivado de la Exposición. En 1929, el Estado liberó al Ayuntamiento de la asunción del déficit, pero el resto de los compromisos obligó al Ayuntamiento a entrar en una espiral de endeudamiento para recabar recursos.

En 1926 se obtuvo un préstamo por diecinueve millones del sindicato de banqueros de Barcelona y del Banco Internacional de Industria y Comercio. Pero la más grave estallaría en 1927, al concertarse una operación crediticia con el Banco de Crédito Local por un importe de cuarenta millones de pesetas, a amortizar en cincuenta años a partir del uno de enero de 1931.

Desde 1923 la figura del Comisario Regio debilitó la posición del Comité Ejecutivo que pasó a depender directamente de la Presidencia del Consejo de Ministros. Los retrasos en la ejecución de los trabajos obligaron a Primo de Rivera a tomar cartas en el asunto: en diciembre de 1925 cesó al conde Colombí[19], Comisario Regio y designó como nuevo Comisario de la Exposición a un hombre de su máxima confianza, José Cruz Conde. Hombre expeditivo, práctico y trabajador incansable. Hombre de total confianza y lealtad a Primo de Rivera. Desempeñó el cargo de alcalde de Córdoba tras la publicación del Estatuto Municipal (marzo de 1924).

En veinte meses al frente del Ayuntamiento cordobés puso en marcha numerosas obras públicas (reordenación del centro, alumbrado y acometida de aguas). Tras aquellos éxitos gestores, el dictador le encargó la Comisaría Regia de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, con motivo de la remodelación del Gobierno a finales de 1925. Entre enero de 1926 y febrero de 1929 simultaneó ese cargo con el de gobernador civil de Sevilla, mientras conservaba el control de la Unión Patriótica en Córdoba.

Cuando el Gobierno de Primo de Rivera asumió el compromiso de celebrar en Sevilla un Certamen que fuera el punto de confluencia de todas las repúblicas iberoamericanas, Portugal y EE.UU., la Dictadura se comprometió personalmente con el éxito del Certamen, y delegó en Cruz Conde la tarea de concentrar toda la energía de la ciudad sobre un único empeño: “organizar el evento con el mayor esplendor en el plazo más breve posible, recuperando el tiempo perdido”[20].

 

EL DESARROLLO DE LA EXPOSICIÓN

La inauguración de la Exposición tuvo lugar el 9/V/1929, después de seis fechas fallidas para su apertura. No fue en absoluto deseada ni buscada su coincidencia con la Exposición Internacional de Barcelona, más bien ello constituyó un perjuicio para su proyección exterior. Ni siquiera se sabía con exactitud la fecha de clausura en aquel mes de mayo, lo que da una idea de los fallos organizativos de la muestra: solo en diciembre de 1929 se concretó que el 21/VI/1930 tendría lugar por el príncipe de Asturias. La familia real permaneció en Sevilla hasta el día trece, y Alfonso XIII visitaría la ciudad en dos ocasiones más. No obstante, hasta finales de 1929 no quedaron rematadas las obras del sector sur, el más alejado y menos visitado de la Exposición.

El único Jefe de Estado que visitó la Muestra fue el de Portugal, Almirante Carmona, con motivo de la semana dedicada a ese país en octubre de 1929, y la personalidad extranjera más relevante fue Edda Mussolini, la hija del dictador italiano y futura condesa de Ciano por matrimonio con Galeazzo Ciano. Fueron fechas en las que se celebró en Madrid una sesión ordinaria de la Sociedad de Naciones, dejándose pasar la oportunidad de que hubiera tenido lugar en Sevilla, lo que hubiera supuesto un elemento publicitario de innegable eficacia[21].

Respecto al diseño de la Exposición  era innegable la perfecta ordenación de la Plaza de España, Parque de María Luisa y Plaza de América. En cambio, las restantes zonas adolecieron de un desorden en la sucesión de los pabellones, con los regionales y provinciales intercalados en la zona sur entre los internacionales lo que daba una sensación de abigarramiento y caos.

Uno de los grandes logros de la Exposición fue la celebración de la denominada Exposición de Arte Antiguo, con dos sedes: el Palacio de Bellas Artes y el Palacio Mudéjar, ambas obras de Aníbal González, situados en la Plaza de América. El Palacio de Bellas Artes acogió más de quinientas obras de pintura, de origen andaluz, así como telas procedentes de la catedral de Toledo y del Monasterio de Guadalupe. Caravaggio, Rafael, Tiziano, Velázquez, Valdés Leal, Zurbarán y Goya pudieron ser admirados por el público de la época.  Por otro lado, el Mudéjar exhibió dos mil trescientas catorce obras, principalmente de artes suntuarias, de origen andaluz y también procedente de las catedrales de Salamanca, Gerona y Oviedo, de cuya sede ovetense se llegó a trasladar la Cruz de la Victoria; esculturas, mobiliario, rejerías, cerámica, damasquinados, artesonados, cueros repujados, casullas y orfebrería eclesiástica.

El emplazamiento total comprendió doscientas hectáreas para ocho pabellones oficiales, doce regionales españoles, siete provinciales andaluces, uno municipal y trece permanentes de estados extranjeros. Los países sin pabellón propio contaron con las Galerías Comerciales como alternativa expositiva.

La gran Plaza de España[22], los tres soberbios palacios de la Plaza de América, el Gran Casino de Sevilla, el Palacio del Aceite, Pabellón de Turismo, Maquinaria, Industrias Generales, Galerías Comerciales y otras amplias edificaciones, fundieron el objetivo y fin artístico y el contenido prácticos del Certamen.

Esta es la relación[23] de los Pabellones Internacionales: Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Cuba, República Dominicana, Estados Unidos, Guatemala, Méjico, Perú, Portugal, Uruguay, Venezuela, Guinea y Protectorado de Marruecos.

Pabellones Regionales: Aragón Asturias. Barcelona, Canarias, Castilla la Nueva, Castilla la Vieja y León, Extremadura, Galicia, Reino de Murcia, Navarra, Valencia y Diputaciones Vascas[24]. Pabellones de las provincias andaluzas: Almería, Cádiz, Córdoba, Granada, Huelva, Jaén, Málaga y Sevilla[25]. Instalaciones Oficiales: Pabellón de la Prensa, Cruz Roja, Ejército e Industrias Militares, Marina, Turismo, Algodonera, Seda y Tabaco y Stadium de la Exposición.

Destacó también, lo sigue haciendo en nuestros días, el hotel de gran lujo Alfonso XIII, junto a la Puerta de Jerez. Diseñado por los arquitectos José Espiau Muñoz[26] y Francisco Urcola Lazcanotegui[27], con influencia de estilo de la Plaza de España, y con profusión de elementos barrocos sevillanos en bronces, rejerías, artesonados y azulejos. Sigue siendo un hotel de cinco estrellas, de titularidad municipal en régimen de concesión.

Con motivo de la Exposición se celebraron importantes Congresos y Asambleas, en los que se desarrollaron temas de interés diverso, elegidos por el Gobierno español o por entidades oficiales. Destacaron los siguientes: Congreso Farmacéutico Iberoamericano, IV Congreso Internacional de Ciudades, Congreso Internacional de Oceanografía, Congreso Mariano Hispanoamericano, Congreso Internacional de Agronomía Tropical y Congreso Internacional del Café, Congreso de Emigrantes, II Congreso Nacional del Comercio Español en Ultramar, III Congreso Nacional de Historia y Geografía de América, Congreso Cultural Hispanoamericano y Congreso Bancario Iberoamericano. A las cuales hay que agregar otros dedicados a ciencias y sus aplicaciones, al turismo, cuestiones jurídicas, estudios militares, etc. etc[28].

La Iglesia de Sevilla se unió a la Exposición con la celebración del I Congreso Mariano Hispanoamericano que se celebró del 15 al 21 de mayo de 1929[29], bajo la presidencia del cardenal y arzobispo de Sevilla, don Eustaquio Ilundain Esteban[30], legado del Papa Pío XI.

 

NOTICIAS DE LA EXPOSICIÓN. CORREO EXTREMEÑO

El 24/XI/1927 el diario badajocense Correo Extremeño, hacia partícipe a los lectores de esta noticia:

“La Exposición de Sevilla, que grande y justificado interés está despertando en las Américas, va a atraer a la capital de Andalucía mucha gente de aquel continente. Sin contar con los simples curiosos, con los que no tienen intereses directos en la Exposición, se calculan que se dirigirán a Sevilla en 1929 cerca de dos millones de personas”[31].

Un mes después el mismo diario badajocense publicaba en la rotundidad de su titular, la participación de Extremadura en la Exposición: “Intereses regionales. Badajoz y Cáceres concurrirán unidas a la Exposición Iberoamericana. Los señores Sebastián García Guerrero y Rafael Durán Martín (presidentes de las Diputaciones de Badajoz y Cáceres) han conferenciado extensamente sobre este importante asunto”[32].

Don Enrique Segura Otaño[33] escribía un artículo que titulaba El pabellón de Extremadura en Sevilla. Preguntándose ¿Cómo será el pabellón extremeño en el Certamen Iberoamericano de Sevilla?, afirmando:

“Si el arquitecto tiene la fortuna de armonizar proporcionalmente estos elementos característicos de nuestra región; si acierta en las tonalidades y el aspecto de casona vieja y gloriosa, trabajada por el tiempo, donde se combinan estilos diferentes; si llega a plasmar en granito su inspiración levantina, Extremadura, tendrá en Sevilla una casa modesta, limpia, de líneas evocadoras que enseñe al visitante su pasado glorioso y su vida actual”[34].

Fueron fecha coincidentes con los preparativos para la Coronación de la Virgen de Guadalupe que la prensa de Badajoz ponía de manifiesto, pues una comisión de damas hizo entrega al presidente de la Diputación, García Guerrero, de un instancia en la que se solicitaba la cooperación de la Diputación provincial para dar mayor esplendor al homenaje que se ha de tributar a la Virgen de Guadalupe, figurando en la suscripción abierta para adquirir la corona[35].

A comienzos de julio el alcalde Badajoz, Ricardo Carapeto, informaba de la representación de Extremadura en el Comité de la Exposición formado por los comisionados García Guerrero, Carapeto, López Montenegro, Aranguren y Durán, que marcharía a Sevilla, para gestionar el sitio donde ha de construirse el pabellón extremeño, para lo cual contaban con las facilidades que les había ofrecido el gobernador de Sevilla señor Cruz Conde[36].

Un día después, Correo Extremeño apuntaba varias ideas de cómo debería ser la Casa de Extremadura que se edificaría en la Exposición Iberoamericana, apuntado que:

“Si hubiese posibilidad de que delante del palacio de Extremadura se erigiesen media docena de estatuas en bronce de sus más famosos conquistadores. Un esfuerzo más y tendría nuestro pabellón la visión de la grandeza de un pasado que tanto influjo habrá de ejercer en los hijos de las jóvenes naciones americanas que han de venir a la madre Patria con motivo de la Exposición. Todo esto habría de ser lo exterior. Dentro del pabellón, en cambio, habrá que dar la impresión de lo que hoy somos, de lo que hoy valemos. La empresa es de importancia suma; como dijo el señor García Guerrero en la Junta del Gobierno civil, hay que ir a Sevilla como corresponde al pasado y presente de la región extremeña, y nada más prometedor del éxito que la voluntad y tenacidad del señor presidente de la Diputación provincial, tan bien y con tanto entusiasmo acogidas por nuestra primera autoridad civil. ¡Todo sea por Extremadura!”[37].

Tras la reunión celebrada en Sevilla, Correo Extremeño hacia llegar a los lectores la opinión que “el Pabellón de Extremadura no puede ser otra cosa que una manifestación del alma regional en el pasado y en el presente; lo que fuimos y lo que somos”. Solicitando que:

“Cada pueblo extremeño tiene algo que llevar a esa gran manifestación regional. Cada hijo de Extremadura, está obligado a rendir honores a sus hermanos predilectos. Y por eso es preciso que surjan las iniciativas particulares, que hablen las personalidades en artes, historia, industrias, agricultura, ciencias sociales; que digan ellas cómo ha de ser ese pabellón que se proyecta construir en Sevilla, en la entrada misma del recinto de la Exposición, secundando abiertamente la acción entusiasta de las autoridades provinciales que constituyen nuestro Comité ejecutivo”[38].

En el Gobierno civil de Cáceres, un mes después, se reunieron comisiones de Cáceres y Badajoz para tratar de la construcción del pabellón. Se acordó que éste tuviera cuatro fachadas que reproducirán las de las casas más típicas extremeñas, como la de los Guzmanes, Pizarro, etc. Llevará, señalaba la nota, una artística decoración y será amueblado con lujosos muebles[39].

A finales de agosto de 1928, Francisco Higuero Bazaga[40] escribía un artículo que titulaba: Entorno a la Exposición Iberoamericana. Intereses regionales, en el que señalaba “Que la inspiración del glorioso arquitecto (director del proyecto del Pabellón extremeño) colme los deseos de estos iniciadores de la gran obra que, al perpetuar nuestro pasado, perpetuará también a esta generación moderna y consciente, llena de voluntad y amor al solar patrio”[41].

Informaba Correo Extremeño, el 1/II/1929, en portada, que la inauguración de las Exposiciones de Sevilla y Barcelona sufrirá un pequeño aplazamiento. Las causas que lo justificaba era el fallecimiento de la reina, ocurrido el 6/II/1929, doña María Cristina de Habsburgo-Lorena. Aún con esta noticia se daba a conocer las atracciones populares que acogería la Exposición:

Se sitúa a la entrada del Sector Sur de la Exposición, al comienzo de la Avenida de la Raza. Muy cerca del Pabellón de Marina y del Puente de Alfonso XIII. Un emplazamiento que ya de por sí solo es una atracción, relacionando las atracciones que se encontraban en construcción: La Montaña Rusa o ferrocarril de montaña, Warter Chute (choque de agua), Ría misteriosa, Palacio maravilloso de los Espejos, Pabellón chino destinado a dancing. Describiendo que la extensión total del Parque de Atracciones es bastante mayor que los del Luna-Park de París, y aproximadamente del Luna-Park de Berlín. Afirmándose que la Exposición de Sevilla tendrá el más moderno de los Parques de Atracciones[42].

A finales de febrero de 1929, a las puertas de la inauguración, Correo Extremeño, exponía la significación del Certamen que se preveía su inauguración el 7 de mayo:

“Es un acontecimiento artístico jamás igualado; un compendio de la Historia de España, Portugal y las Américas; y una demostración de la riqueza agrícola, industrial y comercial de las veintidós naciones que en ella participan. Este triple carácter la distingue radicalmente de cuantos acontecimientos similares se han celebrado en el mundo”[43].

A finales de marzo se notificaba que procedente de Francia había llegado a la capital hispalense la conocida escultora Anna Vaughn Hyatt Huntington (1876-1973), que ha hecho varios donativos a la Ciudad Universitaria y ha regalado una estatua del Cid[44] para la Exposición de Sevilla.

A pocos días para la inauguración de la Exposición, Correo Extremeño enfocaba un artículo de opinión hacia la importancia del turismo que ésta iba a producir para la región extremeña:

“Todo cuanto se está realizando por el Comité provincial de Badajoz, de acuerdo con el de Cáceres, hace suponer que Extremadura esté dignamente representada en la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Siendo, a nuestro juicio, el mejor acierto realizar cuanto sea posible para dar a conocer nuestra región, de la que se tiene, generalmente, un juicio muy equivocado respecto de sus bellezas naturales y del interés histórico, arqueológico y artístico que encierra sus amplios límites, tan extensos, que iguala y aún excede el de algunas naciones”[45].

El 3 de mayo, a menos de una semana para la inauguración, el diario badajocense informaba del Programa de los diferentes actos que se iban a celebrar con motivo de la apertura del Certamen. De la inauguración del servicio exprés Sevilla-Lisboa, pasando por Badajoz. Tren que sólo llevaba asientos de primera clase y camas, incorporaba un coche mixto de primera y tercera clase, Los viajeros por 23,10 pesetas que costaba el billete de tercera clase ida y vuelta de Sevilla, podían utilizan el exprés los sábados y martes para regresar los lunes y jueves. También se informaba que la Secretaría general de Asuntos Exteriores había comunicado que quedaban suprimidos los pasaportes entre España y Portugal para los viajeros que vayan de una nación a otra en el tiempo en que estén abiertas las Exposiciones de Sevilla y Barcelona[46].

 

INAUGURACIÓN. FANTASÍA SEVILLANA DESBORDADA

Aquella esplendorosa mañana primaveral del jueves 9 de mayo, festividad de la Asunción, se celebraba en la Plaza de España de Sevilla la ceremonia inaugural de la Exposición Iberoamericana, cuyas puertas se abrían a miles de sevillanos y visitantes. Por fin, culminaba una ilusión que había tardado veinte largos años en hacerse realidad; años de esfuerzos y esperanzas para los sevillanos, pero también de indiferencias, dudas, obstáculos y pesimismo.

Pese a las trabas, la Exposición dejaba de ser una aspiración y se convertía en una realidad tangible. Emociones y alegrías envolvían a los que en el tan espléndido marco de la plaza, esa joya de Aníbal González, asistían a la apertura del magno certamen, que, como diría Luis Montoto[47] en un artículo que, sobre la inauguración, publicó en el diario La Nación de Buenos Aires, era la fantasía sevillana desbordada.

En los días previos, la ciudad se había estado preparando. Desde unos días antes de la inauguración, en el puerto y próximo al Pabellón de la Marina, estaba fondeada una reproducción de la carabela Santa María; la escoltaban una división de la Armada compuesta por los destructores Velasco, Lazaga y Alcedo, el cabeza de la flotilla Sánchez Barcáiztegui, el crucero Méndez Núñez y cinco submarinos tipo “B” y dos tipo “C”, así como una flotilla portuguesa.

El viernes 10 de mayo, el día después de la inauguración de la Exposición, los reyes de España, que habrían de quedarse en Sevilla hasta el lunes trece, se dedicaron a inaugurar y visitar detenidamente los pabellones internacionales de ocho de las naciones concurrentes, donde fueron recibidos por los correspondientes representantes diplomáticos y comisarios, así como por miembros de las respectivas colonias de residentes en España.

Por razones protocolarias, en función del papel otorgado a Portugal en la Exposición, el primer pabellón visitado fue el luso, a cuya entrada rindieron honores al monarca un destacamento de marineros del Vasco de Gama, uno de los barcos de guerra portugueses fondeados en el puerto que habían participado en la ceremonia inaugural[48].

Para anunciar el evento singular de la Exposición se eligió el Cartel Oficial, que fue encargado a un artista de la talla de Gustavo Bacarisas Podestá (Gibraltar, 1973 – Sevilla, 1971)[49]. El cartel es de una calidad difícilmente superable, por su composición, al servicio de un ibero americanismo evidente, y por un colorido original y especial[50].

 

EL PABELLÓN DE EXTREMADURA

Tras  la inauguración de la Exposición, Miguel Ángel Ortí Belmonte[51], escribía en la Revista El Monasterio de Guadalupe:

“Extremadura se presenta en esta Exposición con un Pabellón que es el conjunto de su psicología arquitectónica, visión de sus palacios, mansiones señoriales y casas fuertes, solar de conquistadores que se despobló por poblar un Nuevo Mundo, al que dio su sangre generosa y sus más preclaros hijos. ¡Viajero! Cuando contemples este Pabellón te transportarás en un viaje íntimo a la tierra extremeña, que es una de las mansiones de tus antepasados”[52].

La Guía Oficial de la Exposición informaba sobre el pabellón extremeño:

“En la avenida de Portugal de la capital hispalense y en la misma línea de los edificios de esta nación, se alza airoso el magnífico pabellón que la región extremeña ha construido con carácter permanente, habiéndosele asignado este emplazamiento, distinto al de las demás regiones españolas, en consideración a la parte tan esencial que cupo a los extremeños en la conquista y colonización de América. El carácter arquitectónico fue confiado a un arquitecto de la Exposición, Vicente Traver Tomás, que visitó las principales poblaciones de Extremadura para estudiar las características de la edificación correspondiente a la época referida. Figuran en la rotonda las estatuas de Pizarro, Cortés y Valdivia. El carácter permanente del edificio permite disponer de una exposición constante de las artes y de los productos de la región extremeña”[53].

La obra “Barógrafo de un lustro: Memoria demostrativa del avance dado por la provincia de Badajoz desde el 13/IX/1923 a igual fecha del 1928”[54], describe como las Diputaciones de Cáceres y Badajoz gestaron la participación extremeña en la Exposición:

“Ninguna región con más títulos a estar representada en el magno Certamen Iberoamericano que Extremadura, cuna de los conquistadores  Así debió estimarlo el Comité de la Exposición al invitarnos a hacer uso de este derecho, y así lo entendieron las Diputaciones extremeñas al aceptar la invitación honrosa. Quedaba, después de esto, dar realidad al propósito armonizado de una concepción brillante nuestra tradición gloriosa, contando con la escasez de tiempo y nuestros medios económicos.

La Diputación de Badajoz y Cáceres acordaron solicitar a los Ayuntamientos el uno por ciento de sus presupuestos y contribuir aquellas a la proporción necesaria para los gastos materiales del Pabellón, que se calculaban en unas doscientas mil pesetas[55]. Todos respondieron al requerimiento, y en breve se dispuso del capital para acometer el empeño. Pero no era esto todo; había que llevar a la Exposición de Sevilla algo que fuera una evocación de nuestras grandezas pasadas, algo que reflejase el espíritu del pueblo de Cortés y de Pizarro, de Valdivia, Balboa, los Sotos y Alvarado; algo que, en el corazón de Sevilla, diera al mundo entero la impresión de esta tierra de héroes donde todavía no se ha perdido el concepto del honor cívico que culminó en la entereza viril de Pedro Crespo.

Comisionado de ambas Diputaciones hizo una excursión por Extremadura el arquitecto Vicente Traver, al que acompañó en las visitas en algunos pueblos el arquitecto señor Arévalo, a fin de estudiar la arquitectura de la región, que tiene, dentro de la traza general de la arquitectura española, rasgos peculiares que le imprimen el carácter que el temperamento y el ambiente marcan también la fisonomía y a las costumbres de sus habitantes. Fruto de esta visita y del talento del autor ha sido el magnífico pabellón, del que ofrecemos al lector unas bellas vistas en los grabados que ilustran el presente libro. Ellas hablan con más elocuencia que nosotros de la severa elegancia, bellas proporciones, serenidad de líneas y riqueza de detalles del pabellón que perpetuará la hermosa Sevilla el recuerdo y el cariño de este pueblo hermano y, como ella, glorioso”.

 

ELEMENTOS ARQUITECTÓNICOS DEL PABELLÓN DE EXTREMADURA

Regreso a la descripción que ofreció Miguel Ángel Ortí Belmonte (Córdoba, 1891-1973), en la Revista Monasterio de Guadalupe[56]. “La fachada principal izquierda es una reproducción del palacio de los Condes de Mayoralgo en la Plaza Santa María de Cáceres. Los muros imitan la sillería granítica del original, con puerta en arco de medio punto, de hermoso dovelaje. Un alfiz de molduraje gótico sobre ménsulas encuadra todo el frente de la fachada, y dos ventanas gemelas con sus arcos de medio punto, entre los cuales se encuentra el escudo de los Ovando-Mayoralgo, y debajo, en anagrama, leyenda latina, que alude a la reconstrucción del Palacio en el siglo XVI. La fachada lateral izquierda, el primer cuerpo representa una torre desmochada del viejo Cáceres; las luchas señoriales ensangrentaron Extremadura en el siglo XV, y los Reyes Católicos le pusieron fin a Cáceres, ordenando rebajar  sus torres a los nobles por las guerras que se hacían desde ellas. Exceptuó a su capitán Diego de Cáceres Ovando, que le había prestado grandes servicios”. El arquitecto Traver Tomás combino elementos del Palacio Episcopal de Cáceres y de la Torre de los Espaderos, coronada por el escudo de Badajoz.

“El segundo cuerpo acoge una histórica puerta, pues por ella entraron victoriosas las tropas de Alfonso IX, y en ella juró Isabel la Católica los fueron y privilegios de Cáceres en 1477. Esta puerta unió a las dos poblaciones, la de extramuros y la nobleza, demoliéndose y construyéndose por obra del maestro Miguel de Lara Churriguera, el conocido Arco de la Estrella, con el templete clásico con una hornacina y la imagen en piedra de la Virgen de la Estrella.

El tercer cuerpo de la fachada reproduce la casa solariega de Gonzalo Pizarro, en Trujillo. Fue Gonzalo Pizarro uno de los más valientes guerreros del Gran Capitán en las conquistas de Italia, y fue el que engendró al héroe de la conquista del Perú, Francisco Pizarro, que al igual que su pariente Hernán Cortés, fueron grandes como guerreros, pero aún más grandes todavía son: el uno, como organizador de las tierras conquistadas, creando municipios, legislando, y el otro como propulsor de la paz, ganadero, agricultor, industrial y colono en la hacienda de Cuernavaca, en Méjico”, afirma Ortí Belmonte. Y seguía: “La casa de los Pizarro tiene la entrada por un arco apuntado, cuyo dovelaje arranca de molduras que hace de capiteles de las jambas. Sobre la puerta, el escudo de Gonzalo Pizarro, dos osos rampantes sobre un pino, con bordura de sotuer, y a la derecha el escudo de Trujillo”.

Fachada posterior. “Una de las más rancias familias cacereñas fue la de Solís Ovando; remonta su origen a la batalla de las Navas de Tolosa, poblando Cáceres con Alfonso IX. El primer cuerpo de esta fachada reproduce su casa solariega, la llamada Casa del Sol, por su escudo. La reja ha sido sustituida por una reja típica extremeña. En esta casa se ve predominante todavía el escudo mudéjar. El escudo que le concedió Alfonso VIII al Solís que concurrió a las Navas de Tolosa: un sol radiado y rodeado de ocho cabezas de lobo, rojas, en campo de oro. El lienzo de muro a continuación, reproduce parte de la tapia del Monasterio de Yuste, donde Carlos I vino a morir en uno de los rincones más bellos del mundo”.

En la fachada lateral derecha. “En el ángulo, el escudo de aquel gran monarca, memoria gráfica que mandó a erigir su hijo Felipe II. Debajo hay una lápida y en letras capitales aparece grabada la siguiente inscripción: “En esta santa casa de S. Hierónimo de Yuste se retiró a acavar sus vida, el que toda la gastó en defensa de la fe y en conservación de la justicia. Carlos V emperador rey de las Españas, cristianísimo invictísimo, murió a 21 de septiembre de 1558”. La puerta del patio de la fuente es una reproducción exacta de la del convento de Santa Clara de Zafra[57]. De uno de los patios del Pabellón se alza una torre, que es de la casa de los Golfines. En ella el escudo de los Reyes Católicos y el de los Golfines, con el emblema Fer de Fer[58]. Uno de los frentes de la torre repite el escudo de los Golfines, y en una cartela, la leyenda: Esta es la casa de Extremadura. El histórico palacio de los Golfines de Cáceres es el testimonio vivo de su historia”.

“El escudo esgrafiado de lienzo de pared es del palacio del comendador Hernando de Ovando en la Plaza de Santa María de Cáceres, pertenece a doña Leonor de Ovando Vera de Aragón, condesa de la Encina, y es del siglo XVIII. Sobre águila explayada con corona floreteada al cuello y en el pico filatelia con lema Verita Vincit, el escudo partido en cuatro cuarteles, corresponde a los apellidos Vera, Cáceres, Fajardo y Rocafull. Las arcadas de las galerías cubiertas están inspiradas en el claustro mudéjar del Monasterio de Guadalupe. Este  patio tiene una fuente gótica, reproducción de otra de la catedral de Plasencia. El brocal de la fuente es poligonal, con adornos de crucería; en una de sus caras ostenta el escudo de don Gutiérrez de Carvajal, obispo que fue de Plasencia en el siglo XVI”.

El Pabellón fue inaugurado por el rey Alfonso XIII el 30/X/1929, acompañado por los infantes Jaime, Beatriz y Cristina, además del general Primo de Rivera y otras autoridades[59]. El Pabellón acogió diferentes actos y muestras, desde exhibiciones comerciales a diferentes secciones culturales: de Bellas Artes (lienzos, orfebrería, tallas, mobiliario antiguo y una buena representación de los artistas extremeños de la época, del traje regional, prensa, libro español, documentos históricos y fotografías[60].

Adelardo Covarsí y Juan Caldera se encargaron de la coordinación para seleccionar la representación de los artistas extremeños en la Exposición, donde la temática regionalista fue la única de las opciones a mostrar, participando además Eugenio Hermoso, Antolín Romero de Tejada, José Bermudo Mateos, Fernando Moreno Márquez, Rubio Donaire, Conrado Sánchez Varona, Nicolás Megía y Felipe Checa.

El recorrido propuesto por el Pabellón, desde su entrada por el Arco de la Estrella y pasar por el Patio del Obelisco, se encontraba a la izquierda con la llamada Sala de Zurbarán, en ella se exponían pinturas y esculturas. Desde el Patio se accedía a dos galerías con vitrinas dedicadas a productos agropecuarios. La planta baja acogía una cocina con trajes populares y objetos folklóricos[61]. Junto con otro Patio conocido por el de la Fuente. Desde él, por la puerta de Santa Clara, se salía hacia el exterior. Contando también con otra salida por medio de la Puerta de Trujillo[62].

En la planta superior estaba la Sala de Morales o de los Escudos, por estar en esa estancia los escudos de los partidos judiciales de la región, junto con obras de arte moderno. Tras dejar esta sala se pasaba al Salón de la Historia, creado para acoger objetos de mayor valor histórico, como documentos y libros del período medieval y moderno, piezas arqueológicas o de arte antiguo, joyas y mapas explicativos del papel que hizo Extremadura en la conquista y colonización de América. El pasillo de entrada del Pabellón, la galería del Patio de la Fuente, la sala de recepciones, la galería alta del patio principal, el Salón de la Historia y el distribuidor de la escalera, acogieron la exposición de cuatrocientas cuatro fotografías[63]. Una gran muestra con los monumentos y pueblos de la región, enfocada a promover el turismo y completada con la edición de guías y folletos turísticos, destinados a mostrar Extremadura a los visitantes de la Exposición[64].

La ciudad de Trujillo aportó a la Exposición ocho documentos que se exhibieron en una de las vitrinas de la Sala de la Historia:

Privilegio de Carlos V concediendo mercado franco los jueves a Trujillo. Carta de la Reina Dña. Juana para que se cumpla una Real Provisión sobre empréstitos pedidos al Obispado de Plasencia. Carta de D. Juan de Austria pidiendo a Trujillo 50 jinetes para la Guerra de las Alpujarras, año 1569. Cédula de Fernando el Católico, transcribiendo a Trujillo cláusula del testamento de Isabel I sobre su enterramiento y honras, año 1504.  Carta de Carlos V al Ayuntamiento de Trujillo comunicando la muerte de Fernando el Católico. Carta de Fernando el Católico sobre repartimiento de oficios concejiles entre los Bejaranos y otros linajes, año 1478. Carta de Juan II quitando a Pedro de Zúñiga el Señorío de Trujillo, año 1441. Privilegio de Ciudad concedido a Trujillo por Juan II, año 1432[65].

La Diputación de Cáceres presentó de su Archivo Provincial un total de veinte documentos relacionados con el Real Monasterio de Guadalupe[66].

 

EL REAL MONASTERIO DE GUADALUPE EN LA EXPOSICIÓN

La presencia de la Real Casa de Santa María de Guadalupe quedaba justificada con el comentario que al respecto realizó fray Carlos Gracia Villacampa (ofm):

“Entre las notas características de la Exposición de Sevilla, la que se destaca con más fuerza es la evocación maravillosa del descubrimiento y colonización de América. De aquí que Guadalupe, tan íntimamente relacionado en aquel gesto épico de la Raza con la gran metrópoli andaluza, no podía faltar en el gran certamen hispanoamericano de Sevilla”.

Al acceder al Palacio de Bellas Artes de la Exposición, situado en la Plaza de América, y sobre una mampara de talla renacentista, se encontraba colocado el gran tapiz con el escudo del Monasterio, bordado en 1618 por fray Francisco de Sigüenza[67], y, ya, dentro del pabellón, y en la otra cara del cancel, estaba, asimismo, el tapiz que bordó en 1681 Jerónimo de la Fuente[68], bordador de Guadalupe, sobre rico paño de tisú. Una alfombra tapiz que en 1678 regaló al Monasterio la duquesa de Aveiro. Y luego en ocho vitrinas[69], documentos y objetos. En la vitrina primera, siete documentos y piezas. En la segunda catorce documentos y objetos. En la tercera doce. En la cuarta ocho. En la quinta siete. La sexta vitrina diez. En la séptima nueve. Y en la octava siete. En total setenta y cuatro[70]. Entre las piezas y documentos destacaban:

Dalmática del terno “Tanto Monta”. Su riquísimo brocado fue de un vestido de Isabel la Católica que ella misma regaló a la Virgen de Guadalupe[71]. 2) Carta de Isabel la Católica al Prior de Guadalupe, dándole cuenta de la toma de Granada, el mismo día que se conquistó la ciudad. Granada 2/I/1492. 3) Crucifijo de marfil tallado por Miguel Ángel y regalado al Monasterio por Felipe II en 1589, como coronamiento de su Escritorio, hoy Sagrario del altar mayor. 4) Busto-relicario de Santa Inés, labrado por Giraldo de Merlo[72] a principios del siglo XVII. 5) Libro Coral, escrito e iluminado en el Monasterio a mediados del siglo XV. 6) Carta de los Reyes Católicos al Corregidor de Trujillo ordenando que, conforme al privilegio que tenía el Monasterio, ningún escribano de fe ni actué en Trujillo y su tierra sin recibir el nombramiento del Prior de Guadalupe. Sevilla,  8/XII/1490. 7) Manga procesional con bordado de gusto plateresco, de mediados del siglo XVI[73]. 8) María Magdalena penitente. Talla de finales del siglo XIII. 9) Collarines del Terno rico, bordados a mediados del siglo XVI por Pero López[74], maestro de la Bordaduría del Monasterio[75]. 10) Manuscrito llamado Libro de Horas del Prior, escrito en vitela y profusamente iluminado[76]. 11) Manto de la Virgen de Guadalupe, bordado en hilo y lentejuela de oro en 1776, por fray Cosme de Barcelona, jerónimo de Guadalupe[77]. 12) Dibujos-bocetos del escultor Egas Cueman[78] para el sepulcro de los Velasco[79], construido por aquel artista (1467-1480) en la capilla Santa Ana del Monasterio. (Los tres bocetos llevan la firma de su autor)[80].

Concluyo con la apreciación que dejó impresa Miguel Ángel Ortí Belmonte sobre la impronta que debía dejar la Exposición de 1929 ante el visitante extranjero:

“Si has venido a España a visitar este Certamen, no dejes de recorrer los lugares más interesantes de Extremadura. Badajoz y Cáceres están sobre la ruta turística de Lisboa a Sevilla. Mérida, verdadera joya del arte romano, es nudo de comunicaciones para visitar pueblos y castillos y obras arquitectónicas; Alburquerque, Jerez de los Caballeros y Medellín, entre otros muy característicos, como los de la Serena, de costumbres arcaicas. Desde Mérida se llega a Cáceres, la ciudad más evocadora, por sus palacios de la Alta Extremadura, y pueden recorrerse ciudades de una emoción como Alcántara, con su majestuoso puente romano; Plasencia y Coria, relicario de arte religioso; Trujillo, cuna de los Pizarros, para llegar a Guadalupe, arca santa de la Historia de España. Si el viajero es además hijo de América del Sur, y sabe gozar las emociones de la raza conquistadora y colonizadora, sentirá una de las satisfacciones más grandes de su vida”[81].

La Exposición Iberoamericana de Sevilla, fue un certamen que miró al pasado, a un pasado glorioso más que al mundo de la técnica y la innovación tecnológica. Los promotores no ocultaron nunca ese afán de exaltación de glorias imperiales pasadas. Pero fue una Exposición Moderna al aspirar a promocionar el desarrollo turístico.

 

FUENTES CONSULTADAS

 

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[1] La Revista de las Españas se editó en Madrid entre 1926-1936, de vocación americanista. Vinculada a la Unión Iberoamericana, su primer número aparecía en 1926, durante la dictadura de Primo de Rivera, reemplazando al boletín homónimo de la organización Unión Iberoamericana, En ella participaron, por la parte española, autores como Ernesto Giménez Caballero, Benjamín Jarnés, Niceto Alcalá Zamora, Dámaso Alonso, Américo Castro, Ramón Gómez de la Serna, Ramiro de Maeztu o Ramón Pérez de Ayala, entre otros muchos. LA EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA DE SEVILLA (1929-1930); HISTORIA DE UN EMPEÑO Y UNA ILUSIÓN. Conmemoración de los noventa años de la inauguración de la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929-1930). Real Academia de la Historia. Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado. Madrid. 2019, p.449.

[2] Fue el principal periódico de la colectividad de inmigrantes españoles en la Argentina desde comienzos del siglo XX. Fue fundado por españoles en 1905, dirigido por Justo S. López de Gomara, prolongándose su edición los años cuarenta de aquel siglo. Sus redactores prestaron especial atención a las informaciones referentes a la madre Patria y a la colonia local. GARCÍA SEBASTIANI, M.: “Prensa e identidad de los españoles inmigrantes en la Argentina: el Diario Español de Buenos Aires en los comienzos del siglo XX”. En El Mediterráneo y América: Actas del XI Congreso de la Asociación Española de Americanistas/coord. Por J.J. Sánchez Baena y L. Provencio Garrigós, Vol. II, 2006.

[3] (1867-1927)  sevillano ejerciente, inquieto por el progreso de la ciudad, que participó muy joven en los fastos del IV Centenario del Descubrimiento de América. Fue propietario de una fábrica de vidrios y en su condición de empresario ya había participado en ferias de muestras de ámbito provincial sevillano.

[4] Dejaron multitud de huellas, no sólo en las costumbres, sino en el urbanismo y el arte. Como mecenas, los duques cedieron a la ciudad multitud de cuadros de los mejores pintores. En cuanto a la arquitectura, participaron en la restauración de numerosas iglesias y monumentos; así como fueron los impulsores del gran pulmón verde de la ciudad, el parque de María Luisa, o de edificios tan característicos como el Costurero de la Reina.

[5] Se concibió para instalar la sede del colegio-seminario de la Universidad de Mercaderes, fue Palacio Real, Seminario y en la actualidad alberga la Presidencia de la Junta de Andalucía.

[6] Barrio residencial de Sevilla, cuyo nombre significa “Ciudad del Sol” en griego. Fue proyectado por el arquitecto Fernando de Escondrillas y Luis de Alburquerque en 1929 con motivo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla.​ Sus viviendas unifamiliares se acogen al estilo regionalista.

[7] (Sevilla, 1876-1929). Principal referente del regionalismo andaluz de principios del siglo XX. Vicepresidente del Ateneo de Sevilla. Arquitecto en jefe de las obras de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, aunque dimitió en 1926, tal vez por extenuación física y mental, o tal vez le fuera en realidad arrebatado de las manos por el dictador Miguel Primo de Rivera, quien nombró comisario regio a José Cruz Conde, sucesor de Aníbal González. Aníbal González, se inspiró en diferentes estilos, los cuales pudo incluso combinar, tratando de usar materiales tradicionales. Siempre aportó un toque personal y sevillano a todos sus edificios.

[8] LA EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA DE SEVILLA… Op. cit., pp. 11-12.

[9] CABRERO NIEVES, J.J.: “El Parque María Luisa y la Exposición Iberoamericana”. Prólogo. Recurso web http://exposicioniberoamericanadesevilla1929.blogspot.com/  consultado el 25/I/2023.

[10] COMELLA, J.L.: Historia de España moderna y contemporánea. Madrid, 1989, p. 364.

[11] FUSI, J.P. y PALAFOX, J.: España: 1808-1996. El desafío de la Modernidad. Madrid 1998. p. 239.

[12] CARO CANCELA, D.: “La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930)”. En Historia contemporánea de España, Tomo II. Javier Paredes (coord.), Barcelona 2000, p.469.

[13] LA EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA DE SEVILLA (1929-1930)… Op. cit., p.10.

[14] Se celebró del 20/V/1929 hasta el 15/I/1930. Se desarrolló en una superficie de ciento dieciocho hectáreas, y tuvo un coste de ciento treinta millones de pesetas. Su objetivo era dar a conocer los adelantos tecnológicos y a la vez proyectar internacionalmente la industria catalana.

[15] Actual Museo Arqueológico de Sevilla, proyectado en 1910 dentro del primer diseño para la Exposición Iberoamericana. Se inscribe formando parte del conjunto de la Plaza de América y del Parque de María Luisa. El edificio quedó finalizado en 1919. Diseñado por Aníbal González y bautizado como Palacio del Renacimiento, fue el edificio más caro de la Plaza de América duplicando el presupuesto del Pabellón Mudéjar.

[16] En la actualidad Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla. Fue planteado como pabellón de Industrias, Manufacturas y Artes Decorativas. Finalmente, se le llamó pabellón de Arte Antiguo e Industrias Artísticas. Se trata de un edificio proyectado en 1913 y construido en 1914 por Aníbal González, autor también de los otros edificios levantados en la misma plaza de América. Es de ladrillo visto con motivos decorativos de cerámica. Por su estilo arquitectónico, fue conocido como el pabellón Mudéjar.

[17]  (Castellón de la Plana, 1888-Alicante, 1966)​ Arquitecto español titulado por la Escuela de Madrid en 1912 y activo principalmente en Sevilla. Galardonado en 1926 con la medalla de oro de la exposición de Arte Decorativo de Paris y con el Gran premio de la Exposición Iberoamericana de Sevilla, fue presidente de la Asociación General de Arquitectos en 1927 teniendo un papel decisivo en la Exposición, donde realizó proyectos, entre ellos el Pabellón de Extremadura, y la supervisión artística de pabellones particulares y oficiales.

[18] LA EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA DE SEVILLA (1929-1930)… Op. cit., pp.13-14. Aníbal González también dejó algunas obras fuera de Sevilla y provincia. En la provincia de Badajoz, concretamente en Zafra, en la calle Gobernador núm.9, hay un inmueble proyectado por este ilustre arquitecto.

[19] Fernando Barón y Martínez Agulló (La Coruña, 1875-Sevilla, 1929). En 1915 el Ayuntamiento de Sevilla acordó nombrarlo hijo adoptivo de la ciudad como reconocimiento a su proyecto de Reforma de Sevilla ante la Exposición Iberoamericana. Entre 1922-1925 desempeñó el cargo de comisario regio de la Exposición. Presentó una moción proponiendo la ampliación del certamen para dar cabida a Brasil y Portugal que fue aceptada. Colombí sucedió al que había sido primer Comisario, el conde Urbina, Federico de Amores Ayala. LEMUS LÓPEZ, E.: “La Exposición Iberoamericana en los años de la Dictadura: las dos Comisarias Regias: Colombí y Cruz Conde (1923-1929). En Actas VI Jornadas de Andalucía y América. Escuela de Estudios Hispano-Americanos, C.S.I.C., Universidad Hispanoamericana Santa María de la Rábida, 1987, p.83.

[20] LEMUS: La Exposición Iberoamericana… Op.cit., p.88.

[21] LA EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA DE SEVILLA (1929-1930)… Op. cit., p.15. El número de visitantes ascendió a 811.975, según cifra Eduardo Rodríguez Bernal en su obra “La Exposición Iberoamericana de Sevilla”.

[22] Acoge en la actualidad dependencias estatales, como el Cuartel general de la Fuerza Terrestre del Ejército de Tierra, en el edificio que en tiempos albergó la Capitanía General, así como la Subdelegación del Gobierno. En 2010 se completó su restauración integral, en especial los bancos y balaustradas en azulejo, se llenó de nuevo la ría, se habilitó la circulación de barcazas y se erigió frente a la plaza un monumento al arquitecto Aníbal González Álvarez-Ossorio.

[23] Tomado del Blog “Exposición Iberoamericana de Sevilla, 1929” de Juan José Cabrero Nieves. Recurso web http://exposicioniberoamericanadesevilla1929.blogspot.com/ consultado el 25/I/2023.

[24] Los pabellones de las regiones españolas y de las provincias andaluzas, situados en la zona sur del recinto de la Exposición. De todos ellos solamente se han conservado dos vestigios, el pabellón vasco, que en la actualidad es el Centro Regional de Oncología del Hospital Duques del Infantado, y una torre del pabellón de Córdoba en la avenida Reina  Mercedes.

[25] Diseñado por Vicente Traver como Teatro-Casino de la Exposición, inaugurado con una representación “El vergonzoso en palacio” de Tirso de Molina. Es el actual Teatro Municipal Lope de Vega. Su estilo es Napoleón III o Segundo Imperio.

[26] (Sevilla 1879-1938). Desarrolló la mayor parte de su tarea profesional en su ciudad natal. Considerado uno de los principales arquitectos del estilo tradicionalista y regionalista de la primera mitad del siglo XX que se desarrolló en Sevilla.

[27] (San Sebastián, 1873-1943) Estudió la carrera de Arquitectura en Barcelona y en 1899 obtuvo el título de arquitecto. Extraordinario aficionado a la música, fue académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Proyectó el Pabellón Vasco que obtuvo el Gran Premio de la Exposición de Sevilla.

[28] LA EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA DE SEVILLA (1929-1930)… Op. cit., pp.91-93

[29] Uno de los aspectos destacados fue la celebración de una exposición de arte mariano en la Colegiata del Divino Salvador, en el que se exhibieron, entre magníficas muestras escultóricas de la devoción hispalense, varios pasos de palio y de gloria. Desde la prensa de Badajoz se recomendaba que en el programa de las fiestas que se celebren durante la Exposición, en el Congreso Mariano, no puede faltar el recuerdo, la visita a Guadalupe. CORREO EXTREMEÑO, núm. 7.455, 5/II/1928, p.1

[30] (Pamplona, 1862 – Sevilla, 1937). Preconizado arzobispo de Sevilla en diciembre de 1920 y creado cardenal en 1925. Afrontó las dificultades de la Sevilla de Primo de Rivera, la eclosión de hermandades, el naciente anticlericalismo, los años de la República, la persecución religiosa y el inicio de la Guerra Civil. Realizo la venta, previa autorización, del parque del palacio de San Telmo para la Exposición Iberoamericana.

[31] CORREO EXTREMEÑO, núm. 7.394, p.4. Su nacimiento fue producto de la fusión entre Correo de la Mañana y Noticiero Extremeño. La nueva empresa tuvo en la dirección al escritor José López Prudencio, comenzando sus publicaciones en noviembre de 1927 y concluyendo en agosto de 1931.

[32] Ibídem, núm.7.411, 22/XII/1921, p.1. En la época que se estudia, inserta en la Dictadura de Primo de Rivera, no existía una entidad regional única que representara igualitariamente a las dos provincias extremeñas. Por tanto la única forma que había a la hora de hacer proyectos y programas regionales pasaba por las Diputaciones Provinciales.

[33]  (Estella, Pamplona 1882- Badajoz 1975). Ensayista y escritor fecundo. Colaboró con varios periódicos de España y Portugal, entre ellos Nuevo Diario, Correo de la Mañana y Correo Extremeño. Traductor de obras lusas y cronista de los avatares de Badajoz. Firmaba en ocasiones con el seudónimo ‘Fabián Conde’. Comprometido con los movimientos culturales. Fue Presidente de la Real Sociedad Económica de Amigos del País y Director de la Revista de Estudios Extremeños.

[34] CORREO EXTREMEÑO, núm. 7.625, 21/VIII/1928, p.1

[35] Ibídem, núm.7.564, 10/VI/1928, p.2. Coronada el 12/X/1928 por el cardenal y arzobispo de Toledo don Pedro Segura Sáenz, Legado Pontificio, en presencia del rey Alfonso XIII. ARÉVALO SÁNCHEZ, A.: Guadalupe, siglo XX (El primer siglo franciscano). Sevilla 2004, p.219

[36] Comisario regio de la Exposición. CORREO EXTREMEÑO, núm.7.584, 4/VII/1928, p.2.

[37] Ibídem. núm.7.585, 5/VII/1928, p.4.

[38] Ibídem. núm.7.590, 11/VII/1928, p.5.

[39] Ibídem. núm. 7.613, 7/VIII/1921, p.1.

[40] Redactor de Ecos Aldeanos, colaborador de El Brocense, Nuevo Día, Extremadura Agraria, Ara y canta y colaborador de Correo Extremeño.

[41] CORREO EXTREMEÑO, núm.7.633, 30/VIII/1928, p.4.

[42] Ibídem. núm.7.243, 23/II/1929, p.8.

[43] Ibídem. núm.7.246, 27/II/1929, p.7. Eran miembros del Comité Provincial los señores García Guerrero, Triviño, Covarsí, Carapeto, de Miguel, Alba, Federico Abarrátegui, Borrallo, Pacheco y Rodríguez Moñino. Adelardo Covarsí por Badajoz y Juan Caldera por Cáceres coordinaron los temas culturales.

[44] El Cid aparece montado en su caballo, Bavieca, en actitud triunfante. Sobre un alto pedestal de piedra de base rectangular diseño del arquitecto Vicente Traver y Tomás, autor del Pabellón de Extremadura.

[45] CORREO EXTREMEÑO, núm.7.287, 17/IV/1929, p.8.

[46] Ibídem. núm.7.301, 3/V/1929, pp.1, 2 y 4.

[47] (Sevilla, 1851-1929). Poeta y cronista de Sevilla.

 

[48] DIARIO DE LA EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA. Sevilla 9 de mayo de 1929 – 21/VI/ 1930. Congreso Internacional sobre la Exposición Iberoamericana. Recurso web https://www.eldiariodelaexposicion.com/post/9-de-mayo-de-1929, consultado el 26/I/2923.

[49] Nombrado académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando e hijo predilecto de Gibraltar. En 1966 recibió la Medalla de Oro del Ateneo hispalense. Su obra es fundamentalmente paisajística, en ella prevalece el denominado colorido bacarisiano y ciertos atisbos fauvistas. Abordó con maestría el retrato y la figura. Sentó las bases de un determinado estilo en la pintura sevillana de carteles y realizó los diseños de decorados y vestuario para las óperas.

[50] ICAS. INSTITUTO DE LA CULTURA Y LAS ARTES DE SEVILLA. Recurso web https://icas.sevilla.org/espacios/sahp/noticias/luz-29, consultado 20/II/2023

[51] (Córdoba, 1891-1973) Director de la Escuela de Magisterio, director del Museo de las Veletas, Cronista Oficial de Cáceres, Catedrático de Historia, Secretario de la Comisión de Monumentos de Cáceres. Académico correspondiente de las Reales Academias de la Historia, Bellas Artes de San Fernando, del Mediterráneo de Palermo y del Instituto Bouchard de Estudios Históricos Navales de Buenos Aires. Socio de Honor de la Real Sociedad Económica Extremeña de Amigos del País de Badajoz. CORRALES GAITAN, A.J.: “D. Miguel Ángel Ortí Belmonte: Sus tres emociones históricas vividas en Cáceres”. En XXXII Coloquios Históricos de Extremadura, año 2003.

[52] ORTÍ BELMONTE, M.A.: “Extremadura en Sevilla, Descripción de los elementos arquitectónicos del Pabellón de Extremadura en la Exposición Ibero-Americana”, En Revista El Monasterio de Guadalupe, Año XIV, número 213, noviembre 1929, p.350.

[53] LA EXPOSICIÓN IBEROAMERICANA DE SEVILLA (1929-1930)… Op. cit., p.63. El edificio se alzaba en una parcela de 890 m2, a espaldas de la Plaza de España, en un lugar privilegiado del certamen y muy alejado del resto de pabellones regionales. Cf. VALADÉS SIERRA, J.M.: “La aportación cacereña al Pabellón de Extremadura en la Exposición Iberoamericana de Sevilla (1929). En Revista de Estudios Extremeños, Tomo LXIX, Núm. III, 2013, p.1.818.

[54] Impreso en Madrid, Imprenta Artística Sáez Hermanos, 1929, pp. 217-218. La publicación “Barógrafo de un lustro” fue una memoria que se realizó sobre la provincia de Badajoz con motivo del 5º aniversario del gobierno de Primo de Rivera (entre 1923 y 1930). En la citada memoria se pretendió glosar los beneficios que la dictadura procuró a nuestra provincia con avances en escuelas, carreteras, ferrocarriles, saneamiento, agricultura, etc. Todo ello acompañado de fotografías de gran valor histórico. Dedicando veinte páginas a la Unión Patriótica. Sus miembros  lo conformaban conservadores, mauristas, tradicionalistas, católicos y monárquicos. El partido llegó a tener un millón de afiliados en su mejor momento, cifra nada desdeñable, pero solamente un minoría se integró por genuinas razones ideológicas.

 

[55] El diario Correo Extremeño del 31/VIII/1928, informaba que el Pleno Municipal de Almendralejo aprobaba por unanimidad contribuir con el uno por ciento del presupuesto municipal para la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Era alcalde Francisco Montero de Espinosa y de la Barrera.

[56] ORTÍ BELMONTE: “Extremadura en Sevilla… Op.cit., pp.350-352. Siendo Extremadura uno de los territorios españoles cuya presencia era ineludible, se organizó un pabellón inspirado en los monumentos de los cascos históricos de las principales ciudades de la región.

[57] Fundado en 1428 por Gomes I Suárez de Figueroa, primer señor de Feria, y su esposa Elvira Laso de Mendoza, hermana del marqués de Santillana, con la intención de satisfacer la vocación religiosa de sus hijas Isabel y Leonor. Así, en su comienzo, el monasterio de Santa María del Valle ejemplifica el espíritu de santa Clara, pues sus primeras abadesas, de noble abolengo como ella, abandonan su privilegiado entorno para profesar y vivir en pobreza.

[58] Podría hacer honor a Fernando Golfín, quien fue escudero del infante don Fernando, o representar un símbolo de prestigio del Camarero aludiendo a sus vínculos con Fernando el Católico y con su nieto, el infante don Fernando. Cf. Recurso web https://palaciogolfinesdeabajo.com/el-palacio/historia/ Consultado el 30/I/2023.

[59] VALADÉS SIERRA: La aportación cacereña… Op.cit. p.1.823. De la visita e inauguración dejó constancia gráfica el fotógrafo Juan José Serrano (Arenas de San Pedro, 1888-Sevilla, 1975), que fue galardonado con la Medalla de Oro de la Exposición Iberoamericana de Sevilla por la cobertura fotográfica que hizo de la muestra. BRAOJOS GARRIDO, A.: “La fotografía de prensa como fuente histórica. Un modelo de referencia: la aportación sevillana”. En Imagen e Historia. Ed. Mario P. Díaz Barrado, Madrid, 1996, p.74.

[60] GALÁN FAJARDO, E.: “De la Exposición Universal de Sevilla de 1929 al siglo XXI. Tratamiento digital de la documentación expuesta por el archivo de la Diputación de Cáceres”. En Jornadas Antonio Varés, Gerona, 2002, p. 337.

[61] Tuvo repercusión en la Exposición e influencia sobre posteriores montajes del mismo tipo en Extremadura, siendo muy valorada por la Familia Real el día de su inauguración.

[62] VALADÉS SIERRA: La aportación cacereña… Op.cit. pp.1.825-1.834.

[63] Fotografías de Fernando Garrorena, F. Olivenza, Alfonso Trajano, Marcial Bocconi, Joaquín Carpintero y Vadillo de Badajoz. Y por parte de Cáceres, Javier García Téllez y Tomás Martín Gil. Trescientas nueve fotografías eran de la provincia de Badajoz y noventa y cinco de Cáceres. FLÓREZ RODRÍGUEZ, A.M.: “Trajano y sus estampas”. En Revista de Historia de las Vegas Altas, núm.5, 2013, p.38. Las de Cáceres fueron instantáneas tomadas en Alcántara, Brozas, Cáceres, Coria, Guadalupe, Plasencia, Trujillo, Valencia de Alcántara y Yuste.

[64] GALÁN FAJARDO: De la Exposición Universal de Sevilla… Op.cit. p. 337.

[65] VALADÉS SIERRA: La aportación cacereña… Op.cit. pp.1.841-1.842.

[66] Ibídem, pp.1842-1844. Entre ellos cartas dirigidas al Prior del Monasterio por Felipe V, María Luisa Gabriela de Saboya, Luis I, Fernando VI, reina Gobernadora, Carlos III y Carlos IV.

[67] Ingresó en el Monasterio en 1612 y del que se conservan obras como el Frontal de San Jerónimo, también denominado Frontal Rico.

[68] Se le atribuyen obras como el terno de color negro llamado ‘El Rico’, realizado entre 1668-1672, así como la ‘Capa Rica’ (1660-1664) confeccionada con cenefas de imaginería.

[69] GRACIA VILLACAMPA, C. (OFM): “Guadalupe en la Exposición de Sevilla”. En Revista El Monasterio de Guadalupe, año XIV, núm. 213, 1929, p.303.

[70] Veintiocho eran documentos. Especialmente cartas de los Reyes Católicos, de la reina Isabel la Católica y don Fernando el Católico. Once fueron libros corales.

[71] Se empleó un rico brocado de tres altos, con terciopelos recortados de color verde sobre fondo de oro. Constituida por numerosos remiendos para ensamblar las diferentes piezas que la componen.

[72] De origen flamenco, (cerca 1574-Toledo, 1629). Escultor. Autor de la labor escultórica del Retablo Mayor de Guadalupe. Además de los bultos funerarios de Enrique IV y su madre, María de Aragón. También labró la imagen de Santa Catalina que preside su capilla, junto con las estatuas funerarias de Dionís de Portugal y doña Juana de Castilla.

[73] Obra del guadalupense Pero López. Conocida por el nombre del Trapo viejo, una de las obras más importantes de la historia del bordado español. Consta de dos partes: el cuerpo, o parte inferior, y el cono superior. Las escenas bordadas son Epifanía, Nacimiento, Circuncisión y Asunción de la Virgen.

[74] Fue un bordador seglar, natural de la Puebla de Guadalupe, hermano de Gregorio López y del platero Alfonso López, el mozo. RUBIO CEBRIÁN, G. (OFM): Historia de Ntra. Señora de Guadalupe, Sevilla 1926, p.451.

[75] El taller de bordadura guadalupense alcanza uno de sus momentos estelares, lo que, en buena medida, se debe a la presencia del bordador Pero López y al desarrollo de técnicas de bordado con sedas y metales preciosos sobre telas donadas, técnica en la que el taller del monasterio de Guadalupe destacará tanto por la destreza de sus maestros como por la riqueza de las telas disponibles en el taller. PIZARRO GÓMEZ, F.J.: “El taller de bordado de Guadalupe”. En, Guadalupe. Siete siglos de fe y de cultura. Coord. García Rodríguez, S. Madrid. 1993, p.369.

[76] Trabajo realizado para el prior fray Nuño de Arévalo (1483-1495), que fue ejecutado en la última década del siglo XV. En su elaboración intervinieron varios iluminadores, que decoraron los doscientos folios del libro según las diversas corrientes artísticas en boga por esos años en Europa. MOGOLLÓN CANO-CORTÉS, P.: “El diurnal del Monasterio de Guadalupe y el libro iluminado de uso privado durante la Edad Media”. En Norba-Arte XX-XXI, 2000-2001. UEx, p.42

[77]Nacido en Barcelona en 1738 (nombre de pila Juan Cosme Ferrol). Muy joven llegó a Guadalupe donde trabaja como aprendiz en la bordaduría del monasterio, acabando por tomar el hábito en 1760, estando ya al frente del taller de bordados confecciona varios ornamentos, hasta que le llega la muerte en 1802. FLORIANO CUMBREÑO, A.: El bordado, Barcelona 1942, p.159. Se trata de una obra que representa perfectamente el barroquismo del bordado dieciochesco. Abandonó la imaginería para dedicarse casi exclusivamente a los temas meramente decorativos.

[78]Escultor hispano flamenco (+Toledo, 1495). Autor del sepulcro de don Gonzalo de Illescas, sexto prior del Monasterio, consejero y confesor de Juan II y obispo de Córdoba. Se le atribuye un Calvario, grupo escultórico formado por Cristo crucificado, María, San Juan y María de Salomé y, aparte María Magdalena. También San Sebastián mártir, Virgen Madre, talla sedente.

[79] Don Alonso de Velasco, condestable de Castilla y de su esposa doña Isabel de Cuadros.

[80] GRACIA VILLACAMPA: Guadalupe en la Exposición… Op.cit. pp. 304-307.

[81] ORTÍ: “Extremadura en Sevilla… Op. cit., p.352.

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