Jul 102016
 

Francisco Javier Rubio Muñoz. (Provisional)

Universidad de Salamanca[2].

INTRODUCCIÓN

La muerte ha sido, en las últimas cuatro décadas, un tema recurrente y de gran proyección a juzgar por la amplia bibliografía existente al respecto. Ríos de tinta han corrido desde que los primeros historiadores en abordar el tema, mayoritariamente franceses, entre los años sesenta y setenta del pasado siglo XX, se fijaran en el óbito como objeto histórico y sentaran las bases de su estudio con las aportaciones de la historia cuantitativa y de las mentalidades. No obstante, es en los años ochenta y noventa, cuando asistimos a una verdadera eclosión de trabajos, congresos y reuniones científicas que, si bien tuvieron de referente las obras de esos pioneros, fueron, en el caso español, los que desarrollaron con mayor profundidad el estudio de la muerte y todo lo que le rodea.[3]

Morir es una realidad inherente al ser humano, y para el hombre de la Edad Moderna, un hecho cotidiano con el cual estaba acostumbrado a convivir. No es nuestra intención incidir sobre este aspecto dado que hay mucha literatura al respecto, no sólo de los autores contemporáneos que se han dedicado a la cuestión, sino también los propios coetáneos compusieron numerosos tratados sobre el buen morir.[4]

La novedad de esta investigación radica en que se centra en un colectivo, como es el estudiantil, que, si bien cuenta con una numerosa bibliografía centrada en diversos aspectos como la población académica, características socioeconómicas, vida cotidiana, etc. no ocurre lo mismo en relación a su deceso, siendo éste un campo que carece de estudios al respecto.[5] Nuestra intención es realizar un estudio de este grupo, que en el caso de Salamanca era especialmente importante, justo en el momento de afrontar la hora de la muerte. Continuaremos, pues, el camino que iniciamos en otros trabajos que se centraban en los discentes universitarios del siglo XVI, más concretamente en aquellos pertenecientes a la natio de Extremadura como una de las ocho agrupaciones de estudiantes que contemplaba el alma mater salmantina según su procedencia.[6]

La metodología que sigue nuestro trabajo continúa la estela dejada por Vovelle, con el uso de las fuentes notariales y, concretamente, con el testamento como documento fundamental. Existen varios tipos de testamento, siendo lo frecuente entre los estudiantes los testamentos abiertos o nuncupativos, a los que se puede añadir un codicilo o documento que modifica alguna de las mandas testamentarias, y menos común los testamentos cerrados o in scriptis, al cual acompaña la firma de siete testigos, y en ocasiones la petición de apertura ante las autoridades.[7] En este caso varios testigos son llamados a declarar acerca de la identidad del fallecido, dando a veces detalles de las circunstancias de la muerte, sus vínculos, etc.

Por esta razón, partiremos de lo serial, lo cuantitativo, mediante el examen de la documentación notarial del Archivo Provincial de Salamanca, puesta en relación con los Libros de Matrícula del Archivo Histórico de la Universidad de la misma ciudad. En el caso del primer archivo, nos hemos centrado exclusivamente en los testamentos e inventarios post mortem de los estudiantes puesto que suponen la fuente de información por antonomasia para el estudio de las actitudes ante la muerte. Para ello hemos creado una base de datos con los testamentos encontrados con el fin de sistematizar la información según elementos descriptivos, la transcripción y análisis del contenido atendiendo a rasgos comunes en este tipo de documentación.

El valor de esta fuente documental para el estudio de la vida cotidiana es tal que, si bien nuestra intención inicial era centrarnos en las actitudes ante la muerte, hemos preferido, sin perder de vista este enfoque, explorar las posibilidades que tenía la documentación en el conocimiento del ámbito social de los estudiantes.[8] Así pues, trataremos de investigar, por un lado, el perfil sociológico de aquellos que realizan su testamento, y, unido a ello, las relaciones sociales en función del parentesco, el paisanaje y la amistad. Estos vínculos son interpretables en muchas ocasiones en un plano de igualdad, -no faltan alusiones al compañero de estudios- pero a veces denotan un clientelismo no sólo con profesores, sino también entre los propios estudiantes, dado que era frecuente el pupilaje de bachilleres o licenciados, o incluso que aquellos con menos recursos entrasen a servir los que eran más acaudalados.[9]

Por otra parte y hablando estrictamente de la visión de la muerte por parte del estudiante de la Universidad de Salamanca, una interpretación a fondo deja constancia de que sus actitudes generalmente no difieren demasiado en relación a otros colectivos estudiados, como el empleo de determinadas fórmulas religiosas, disposiciones con respecto a las formas de sepultura, entierro, misas,… Sin embargo, es posible encontrar ciertas peculiaridades con respecto a otras mandas, en cuyo caso se tratarán de forma conjunta con los aspectos sociales.

  1. LOS ESTUDIANTES A TRAVÉS DE SUS TESTAMENTOS

1.1. Perfil sociológico

Ser estudiante en Salamanca, para la época que tratamos en esta investigación (finales del siglo XVI) significaba poder adquirir una formación de cara a la mejora de un futuro que mayoritariamente se encaminaba a la burocracia de la Monarquía de los Austrias o a la Iglesia. Los individuos que salían de su lugar de origen eran jóvenes, desde los 14 años con los que se podía acceder a los estudios de Gramática, hasta los 23 o los 25 años, siendo lo habitual los 18 años para acceder al resto de estudios.[10]

Los testamentos hallados pertenecientes a estudiantes extremeños están fechados entre 1576 y 1603, llegando aproximadamente a la veintena para ese periodo de casi treinta años. En todos los casos, estos estudiantes, con mayor o menor detalle, dejaron constancia de sus lugares de origen, encontrando procedencias diseminadas por toda la geografía extremeña.[11] Sirvan de ejemplos el de Juan Díez de la Cadena, que decía ser natural de la villa de las Torres, de la provincia de León de Estremadura, y vecino […] de la villa de Salvatierra, diócesis de Badaxoz; o Gonzalo Pérez, vecino de Albalá, jurisdición de la villa de Montánchez. [12]

1.1.1. Estudios

La condición de estudiante es tomada como definidor social, y los que la ostentaban solían dejar constancia de ello en sus testamentos. Así quedaba expresado al principio, a continuación del propio nombre, a través de la fórmala estudiante en el Estudio e Universidad de Salamanca, la cual podía ir acompañada de la condición de residente en dicho estudio, o bien sólo indicar esta residencia. De cualquier modo se trataba de una forma genérica que se repite muy frecuentemente, aunque, en los casos en que no se mencionaba, era el propio escribano el que se encargaba de anotar dicha condición en el encabezamiento del documento.

Estos documentos no indicaban, salvo casos excepcionales, los estudios a los que se dedicaban. Resulta paradójico como una fuente tan rica en detalles cotidianos como veremos, obvie una información para nosotros tan valiosa. Ésta, sin duda, sería conocida por los propios estudiantes y sus allegados y quizá por eso quedaba omitida.

De los casos estudiados, el bachiller Juan Vázquez, natural de Guadalupe, es el único que expresó la facultad a la que pertenecía, y no precisamente en su testamento. Ya el propio lugar de origen nos haría sospechar que posiblemente se trataría de un estudiante de medicina, debido a que el monasterio de Guadalupe contaba con una importante escuela de médicos en donde se iniciaban antes de proseguir sus estudios en Salamanca.[13] En su testamento, este estudiante sólo indicaba que es bachiller y colegial en el convento de los premostratenses. Sin embargo, en una de sus mandas mencionó que había revocado una donación efectuada a su sobrino en la ciudad de Trujillo. En dicha revocación, aclaraba que por quanto theniendo intençión y voluntad de entrar en religión, él hizo çierta donación […] a favor de Diego Rebollo, su sobrino, […] la qual dicha donación le hizo sin reservar para sí para sustento ni alimentos[…] y porque la intençión que tenía de se meter en la dicha religión no la a llevado adelante y se ha quedado estudiante en esta universidad, […] tiene necesidad dellos para ayuda a sustentar su estudio y sustentar a su persona.[14] Lo que realmente nos interesa ahora es que precisamente en ese documento, el cual hallamos, Juan Vázquez indicó que era estudiante de medicina.

No obstante, existen otras fuentes que dejaron constancia del paso de los estudiantes por las aulas salmantinas. En algunos estudios anteriores hablamos de las posibilidades que ofrecía el Archivo Histórico de la Universidad de Salamanca, y en concreto, los Libros de matrícula, en los cuales, recordemos, se inscribían los estudiantes de forma anual según los estudios a cursar. En esta documentación aparecen, por lo general, nombre, apellidos, lugar de origen y diócesis de adscripción en su caso, amén de otros datos, de los estudiantes de la Universidad de Salamanca.[15]

A través de un cruce de los datos obtenidos de la documentación de dicho archivo junto con la del Archivo Histórico Provincial de Salamanca, hemos averiguado los estudios de algo más de la mitad de los extremeños objeto de esta investigación. En este sentido, estudiantes de Cánones fueron Juan González, natural de Valverde del Fresno;[16] Francisco Durán, natural de Valencia de Alcántara;[17] Don Bernardino de Tapia, natural de Trujillo,[18] y el bachiller Pedro Alonso Corto, oriundo de Bienvenida, que además era clérigo.[19] Por su parte, Alonso Franco, de Almendralejo, y Cristóbal Mogollón de Narváez, de Badajoz, cursaban Leyes.[20] En la facultad de Medicina estaban Francisco de la Parra, procedente de Fuente del Maestre, que además de bachiller en Artes, y el citado bachiller Juan Vázquez, de Guadalupe.[21] Gramáticos eran el mencionado Juan González, antes de entrar en Cánones, y Alonso Barrantes, de Trujillo.[22] Por último, hemos identificado a un estudiante teólogo, Juan Sevillano, natural de Cabezuela del Valle.[23]

1.1.2. Edad y estado de salud

Los estudiantes cuyos testamentos conforman este trabajo son individuos jóvenes, sin llegar probablemente en ningún caso a la treintena de años. La falta de este dato en la documentación testamentaria hace que cualquier valoración de sus edades sea aproximada, si bien creemos que estarían cercanas a las de sus compañeros que declaran en calidad de testigos cuando se otorga un testamento cerrado. Así, el estudiante más joven de los testigos es Manuel Pedraça, que dixo ser de hedad de diez y nuebe años, mientras Juan Hernández, que es de hedad de veinte y seis años poco más o menos¸ es el mayor.[24] Entre ese intervalo de edad predomina una media de 21 años, aunque, como decimos, no es un dato exacto.

No obstante, los libros de matrículas que hemos utilizado para la identificación de sus estudios también arrojan algunos datos sobre el año que estaban cursando. De este modo, en algunos de los casos en los que hemos identificado la facultad a la que pertenecían, podemos intuir la edad de los estudiantes a través de la relación entre el momento de realizar su testamento y el desarrollo de sus estudios. Juan González aparece matriculado en Gramática en el curso 1584-85, realizó su testamento en 1585 y, diez años después, cursó tercero de Cánones. Si, como hemos dicho, se podía acceder a estudiar Gramática a los 14 años, y al resto de estudios a los 18, con edades máximas rondando los 25 años, nuestro estudiante podría tener entre 14 y 18 años. En el caso de Alonso Franco, en el curso 1594-95 estaba matriculado en quinto de Leyes, realizando un año antes su testamento, por tanto su edad sería mayor, en torno a los 22 años.[25] Una edad similar tendría Francisco Durán, que cuando otorgó su testamento (1595) se hallaba en quinto de Cánones. Y mayor aun podría ser Pedro Alonso Corto, el cual, aparte de ser clérigo de evangelio y bachiller en el momento de testar, también se dedicó a otros menesteres de adultos, como veremos más adelante. Su matrícula en primero de Cánones se realizó en el curso 1594-95, pero no es hasta ocho años más tarde, en 1603, cuando compuso su testamento, y aun se declaraba estudiante; por tanto superaría probablemente los 25 años.[26]

En lo que respecta al estado de salud, todos los estudiantes extremeños que realizaron testamento, salvo uno, se hallaban enfermos, aunque lo suficientemente lúcidos como para ordenar sus últimas voluntades. Normalmente se indicaba por medio de un tipo de fórmula testamentaria común a este tipo de documentación. Así, Gonzalo Pérez, estudiante de Albalá, decía que estaba enfermo de enfermedad en cama que Dios Nuestro Señor fue serbido de darle, pero en su seso, juicio y entendimiento natural.[27] Esta falta de salud tenía una duración variable, pero siempre resultaba costosa al enfermo, el cual tenía que gastarse en medicinas y médicos buena parte de sus bienes. Así lo declaró este mismo estudiante, el cual tenía un ferreruelo pardo nuevo […] enpeñado en la botica, o Alonso Franco, que debía a Montejo, boticario, las medicinas de otra enfermedad, mandando saldar su deuda con él, y lo mesmo las que ubiere dado Francisco Flórez, boticario, para esta enfermedad.[28] Alguna vez aparecían las causas, como en el caso de Francisco de la Parra Guerrero, estudiante de Fuente del Maestre, cuyo compañero, Juan Hernández, declaraba que su amigo estaba enfermo en la cama de una herida[29].

En cualquier caso, hallarse enfermo era una condición física que anunciaba con bastante seguridad la proximidad del deceso. Normalmente pasaban horas o incluso varios días desde que se ordenaba el testamento hasta que el otorgante moría. Este momento se producía normalmente en su casa, a menos que se indique lo contrario.[30] Así lo hemos comprobado a través de las citadas declaraciones de testigos, los cuales, entre otras cuestiones, debían corroborar la muerte del otorgante, ofreciendo a veces datos sobre el día, el lugar de la muerte, dónde se hallaba enterrado… Con respecto a la muerte de Francisco Durán, estudiante de Valencia de Alcántara, el portugués Domingo de Campos, natural de Castelo da Vide, save que el dicho Francisco Duran es muerto y pasado desta presente bida porque le vio enterrar en la iglesia de San Antonio extramuros desta ciudad.[31] Por su parte, Alonso de Herrera Bejano, estudiante, fue testigo de la muerte de su compañero Bartolomé Gaitán de la Torre, y en su declaración dijo que sabe y vio este testigo que estando enfermo en la cama del mal que murió el dicho Bartolomé Gaytán de la Torre, […] sabe que es muerto porque se alló presente y le vio enterrar en la iglesia de San Blas el día de Nuestra Señora, dos deste mes (de julio), en la capilla mayor de la dicha iglesia al lado del hebanjelio.[32] Francisco Crespo, también afirmó que le vio muerto oy dicho día, refiriéndose a su compañero Cristóbal Mogollón de Narváez, estudiante de Badajoz.[33]

Era una muerte esperada, sin resultar demasiado traumática dado que había un tiempo previo de preparación, desde que el enfermo estaba grave -el momento de testar- y el instante en que el individuo fallecía.[34] Algunos estudiantes mostraban esa serenidad a la hora de afrontar el último momento de sus vidas, si bien lo expresaron mediante fórmulas que dejaron poco a la originalidad. Así lo afirmaban varios estudiantes, como don Bernardino de Tapia, natural de Trujillo, el cual realizó su testamento queriendo estar aparejado para la ora de la muerte que es natural a toda criatura humana,[35] o Juan González, natural de Valverde del Fresno, que lo hacía con temor de la muerte, que es cosa natural y queriendo estar aparejado para quando Nuestro Señor fuere servido de me llevar desta presente vida.[36]

Por el contrario, aunque lo habitual era que la muerte fuera consiguiente al testamento cuando el estudiante estaba enfermo, el contraste entre los libros de matrículas y los protocolos notariales demuestra que no siempre era así. De este modo, hemos comprobado la supervivencia de algunos estudiantes enfermos tras ordenar sus últimas voluntades. Por una parte, Juan González aparece inscrito en los libros de matrícula del curso 1584-85 entre los gramáticos, y realizó su testamento, abierto, en el año 1585. Sin embargo, nos volvemos a encontrar a un Juan González Carrasco, que al igual que el primero es natural de Valverde del Fresno, matriculado en el curso 1594-95, y realizando los estudios de Cánones.[37] De igual forma, Alonso Franco testó en 1593, mientras que aparece matriculado en Leyes en el curso siguiente (1594-95), lo cual prueba que, al menos con toda seguridad para el último caso, consiguió superar la enfermedad de la que hablaba en su testamento[38].

En consecuencia, no es posible certificar la muerte de un otorgante por el mero hecho de realizar un testamento, dado que, como acabamos de ver, podían superar su enfermedad, lo cual también viene reforzado por las cláusulas finales que se suelen incluir en esta documentación, en donde se revocaban otros testamentos anteriores. Por tanto los testadores podrían redactar este documento varias veces a lo largo de su vida, y solamente los testamentos cerrados, cuando aparecían la petición y el informe del interrogatorio a los testigos, certificaban la muerte del individuo.

Además, el momento de realizar un testamento no siempre se correspondía con la falta de salud de los otorgantes. En ocasiones se ordenaban las últimas voluntades cuando el estudiante se no se encontraba enfermo, ni mucho menos, in extremis. Alonso Barrantes, natural de Trujillo, dispuso su testamento estando bueno y en my sano seso, juicio y entendimiento natural.[39] Esto indica que las causas que movían a un individuo eran variadas, aunque todas ellas tenían como denominador común el temor a hallarse abintestato en el momento de la muerte. Así, esa convivencia con la muerte como fenómeno habitual al hombre moderno explicaba en buena parte este hecho, sobre todo entre una población joven que salía de sus hogares hacia una ciudad, por lo general, desconocida. En este sentido, se puede afirmar que había quienes eran más precavidos y ordenaban sus últimas voluntades durante las etapas iniciales de sus estudios, como es el caso citado de Alonso Barrantes, que se hallaba estudiando probablemente el segundo o el tercer año de Gramática en el momento en el que realiza su testamento.

1.1.3. Adscripción social

La documentación testamentaria no es parca en datos que indican el estatus socioeconómico del colectivo estudiantil. Así, el título de “don” señalaba, al menos, un estatus de hidalguía, lo cual no quiere decir que no haya otros estudiantes más acomodados. Entre los extremeños con esta titulación se hallaban don Francisco de Ribera, natural de Cáceres, y don Bernardino de Tapia, de Trujillo.[40] Por otro lado, había quienes aun no siendo tratados con “don”, eran hidalgos, caso de Juan Díez de la Cadena, de Salvatierra de los Barros, el cual así lo declara: “Yten mando que la executoría que yo tengo de hixodalgo se entregue a Andrés de la Cadena, mi tío.[41]Así mismo, aunque los propios otorgantes no lo llevasen, el título de “doña” de algunas de sus madres, o la dedicación de los padres caracterizarían también a un sector de estudiantes con cierto abolengo en sus lugares de origen. Alonso Barrantes se declaraba hijo de Pedro Barrantes y doña Juana de Paredes, mientras que el licenciado Franco y  doña Leonor Domínguez era padres de Alonso Franco, de Almendralejo.[42]

Es posible, empero, intuir el nivel económico por otros indicadores, tales como las posesiones que se detallaban en sus testamentos, la forma de vida, o su círculo de amistades, que lo dejaremos para el siguiente apartado. En las fuentes notariales se encuentran inventarios post mortem como documento independiente del testamento, dado que se solían hacer, como su propio nombre indica, tras el fallecimiento del otorgante. Sin embargo, aunque se da en alguna ocasión, esto no era habitual entre los estudiantes, los cuales solían ser demasiado jóvenes como para acumular gran cantidad de bienes o posesiones. Por este motivo, lo frecuente es hallar lo que podrían denominarse testamentos-inventarios. Dicho de otra forma, o bien la ordenación de sus últimas voluntades era aprovechada para incluir un listado de bienes, caso de los estudiantes más acomodados, o simplemente las posesiones eran nombradas a lo largo de las diferentes disposiciones y mandas, sin más detalle.

Cristóbal Mogollón de Narváez era sin duda un estudiante intermedio con cierto nivel de riqueza dado que es de los pocos de los que encontramos un inventario post mortem aparte de su testamento. Esto no impedía que algunos enseres se compartieran, como por ejemplo la mitad de un bufete de pino, que la otra mitad diçen es de Francisco Crespo, estudiante.[43]Además de otros muebles que un estudiante más o menos acomodado podría poseer, como eran las dos estanterías o caxones para libros, arcas, cofres, bancos, cama,… también se daban detalles de la indumentaria estudiantil como eran el ferreruelo de raxa nuevo, una media sotanilla de chamelote, buena […], un bonete,[…] una capa parda y otras prendas de vestir. [44] También tenía una espada, elemento de defensa personal que estaba relacionado con las pendencias entre naciones estudiantiles durante las votaciones de cátedra.[45]

Estudiante de Leyes, declaró poseer un total de 45 libros, cantidad que si bien no es grande, se salía de la cifra habitual de la mayoría de bibliotecas salmantinas, las cuales rondaban la veintena de ejemplares.[46] Entre los títulos abundaban los propios de la disciplina, además de algún ejercicio práctico y otras obras sobre historia, autores clásicos grecolatinos, teología o latín, siendo ésta la más numerosa de las bibliotecas de los estudiantes extremeños que hemos hallado.[47]

Del mismo nivel de riqueza o incluso superior debía ser Bartolomé Gaitán de la Torre, sobrino de Benito González Ortiz, que a la sazón era regidor de Valverde. Bartolomé citó el mayorazgo cuyo poseedor era su hermano mayor, Juan González de la Torre, al cual hace heredero de un cuarto de sus bienes  para que la aya vinculada con el vínculo que tiene y possee de Alonso de Santiago, su tío. Además, la presencia de servidumbre era un signo inequívoco de solvencia, y éste estudiante se permitía tener una esclava, a la cual otorgó la libertad como él mismo declaró: “Yten mando a Catalina, mi esclava, hija de Francisco, la libertad, y grabo a Alonso Hernández Estevan, mi hermano, a que ansí mismo dé la libertad a la dicha Catalina por la parte que en ella tiene. También le servían un ama y un criado, al igual don Francisco de Ribera, que tenía dos, o Francisco Durán, con un sirviente.[48]

En cuanto a bienes inmuebles, Juan Díez de la Cadena declaró que eran suyos

“en la villa de Salbatierra [de los Barros] una casa en la calle de la Çarça,y un uerto y unas tierras en la xara a donde llaman el Moral, y más un molino y una guerta cercada. Ansimesmo […] otras tierras en el dicho término a do dicen camino de Feria; […] en la villa de Medina de las Torres, unas casas principales en la calla del abad Herrador, nueve suertes de tierra en el dicho término, yten una biña y olibar en el dicho término, en el pago de las Errerías, yten un molino de dos ruedas en la ribera de Larxa, término de la dicha villa.”[49]

Su holgura económica provenía, por tanto, a lo numeroso de su hacienda. Tal acumulación de inmuebles y tierras en un individuo presumiblemente joven puede explicarse a que sus progenitores, como él mismo declara, habían fallecido, y por tanto habría heredado todos sus bienes dado que además no consta que tuviera hermanos.

La forma de vida, y en concreto, el lugar de residencia, también decía mucho sobre la condición social o económica de los estudiantes. Vivir en casa propia e individual estaba al alcance de pocos; lo habitual entre los más acomodados era alquilarla. Así mismo había otras alternativas más económicas, como el pupilaje de bachilleres o licenciados a estudiantes a los que mantenían y se preocupaban de su educación y moral, o las repúblicas y compañías de estudiantes que alquilaban pisos en común y compartían gastos. Por último, los estudiantes más pobres vivían de criados. [50]

Don Francisco de Ribera se encontraba entre los privilegiados que poseían casa propia, de modo que su testamento fue fecho y otorgado en la dicha ciudad [de Salamanca] en casa del dicho otorgante.[51] Frente a ello, Alonso Barrantes vive como pupilo durante su estancia en Salamanca, y así lo hizo constar: “Iten mando se paguen al liçenciado Çerbantes, mi primo,[…] todo lo que él dixere le devo, ansí de alimentos que por mí a pagado en el pupilaje del licenciado Salaçar.[52]

No obstante, la mayoría de estudiantes tenían una casa a renta, en donde compartían gastos, de forma parecida a la actualidad. El bachiller Pedro Alonso Corto vivió con el licenciado Joan Oliver, estudiante y clérigo que bive junto a las casas el conde de Monterei, mientras que Gonzalo Pérez apunta tener “arrendado este aposento en el que al presente estoy, yo y Tomás Hernández y Pedro Muñoz, mis compañeros, en quatro ducados. Mando se pague mi parte lo que me cupiere como a uno de tres.”[53]

En un nivel inferior, Gonzalo García vivía en una posada, y Diego Rodríguez de Mora estaba vivía como criado de un profesor, ya que declara estar al servicio del Licenciado don Rodrigo Ordóñez, […] catedrático en esta universidad.[54]Por último, Pedro Alonso Corto, clérigo, no tenía como para pagar sus deudas con doña Petronila de Ávila, monja en San Pedro de la Paz, por lo que manda a sus albaceas que manifiesten la dicha deuda y necesidad con que muero a la dicha monxa.[55]

1.2. Parentesco

El cauce de información que ofrece la documentación notarial, y en concreto, los testamentos, nos ha permitido reconstruir parte de las relaciones sociales que tenían los estudiantes. Parentesco, amistad y paisanaje se entremezclan a lo largo de las líneas que ordenan sus últimas voluntades, de tal modo que es posible calibrar la intensidad de algunos vínculos que formaban su círculo más próximo.

Era común entre individuos jóvenes como los que protagonizan este trabajo que, a la hora de testar, quedase de manifiesto quiénes eran sus progenitores y de dónde procedían, así como el estado vital de los mismos. Se trataba de una medida identificativa, pero la omisión de este dato por parte de otros estudiantes nos hace pensar que era algo totalmente opcional para ellos. Lo habitual era que se hiciera gala del parentesco en el caso de estudiantes pertenecientes a algún linaje nobiliario, indicando señoríos o títulos en su caso, aunque no siempre fue así, caso de don Bernardino de Tapia, que sólo citó a sus padres al final –son sus herederos- y omite otros datos sobre su linaje como que su padre, Gonzalo de Tapia, era señor de Plasenzuela y Guijo entre otros lugares. [56]

Sea porque era un dato suficientemente conocido, o por un descuido del otorgante debido a la premura con que se solía testar, lo cierto es que en casi la mitad de los casos estudiados se omite esta cuestión. Por el contrario, cuando los otorgantes citaban a sus padres, generalmente se declaraba ante todo la legitimidad de su condición de hijo. Además, uno o ambos progenitores habían fallecido, encontrándonos sólo con el citado don Bernardino de Tapia y el caso de Juan de Sevillano, natural de Cabezuela, cuyos padres aun vivían. Cuando viven, normalmente solían heredar las posesiones de sus hijos. [57]

Una lectura profunda de las disposiciones testamentarias posibilita añadir más parientes a los ya referidos, dado que eran tanto destinatarios de mandas en especie, dinero, bienes muebles o inmuebles, como albaceas o herederos. La distancia, al parecer, no suponía impedimento alguno para el matrimonio entre estudiantes, caso de Juana González, vecina de Valverde del Fresno, que aparecía como esposa de Juan González, el cual además nombró albacea a su suegro.[58] Tras el padre o la madre, en el caso de que uno de ambos siguiera vivo, los hermanos y, en su defecto, sobrinos, solían ser herederos universales de los bienes de los estudiantes que centran nuestra investigación. Domingo Terrón dejó a su madre, Juana Gallega, como heredera, además de albacea, mientras que Cristóbal Mogollón, de Badajoz, legó sus bienes a sus sobrinos Francisco y Juan. Juan Sevillano, estudiante de Cabezuela, dispuso que sus cuatro hermanos heredasen sus posesiones, al igual que lo hizo Gonzalo García, natural de Cuacos de Yuste, por citar algunos ejemplos.[59] Otros vínculos de parentesco hacían mención a cuñados, primos, tíos o segundas nupcias de los progenitores, como el citado Diego Rodríguez, que nombraba como albacea a su madrastra María Rodríguez.

En algunas ocasiones los testamentos expresaban comportamientos irregulares, que no infrecuentes, del colectivo estudiantil. Tomado este documento como la última oportunidad de descargar la conciencia, era frecuente declarar acciones que se apartaban de la ortodoxia. Así, el hecho de ser clérigo no impidió al bachiller Pedro Alonso Corto, de Bienvenida, tener un hijo natural con María de Valencia, preocupándose además por su vástago, haciéndolo heredero:

[…] cumplido mi testamento, que se hagan de mis bienes tres partes [..] para que lo emplee en un censo y vaya aumentando para ayudar a criar a Alonso Riero, mi hixo natural y de María de Balençia, su madre, muger soltera”.[60] Del mismo modo, Diego Rodríguez de Mora, declaraba: “[…] tengo un hijo natural que se llama Diego y lo hube en muger soltera, y yo también lo soy; declaro que conózcolo por este mi hijo”.[61]

1.3. Paisanaje y amistad. La natio de Extremadura

En relación a otros vínculos como el paisanaje o la amistad, hemos de decir que entre los estudiantes que llegan a Salamanca sería frecuente un sentimiento de cierta indefensión que les llevaría a buscar fórmulas de fraternidad entre ellos o con otros ya asentados. Como ya vimos, compartir alojamiento era lo habitual entre la mayoría de estudiantes, lo cual quedaba reflejado en las últimas voluntades mediante alusiones al compañero. En la mayoría de los casos, la procedencia de los compañeros y amistades nos hace pensar que el paisanaje era un componente importante a la hora de elegir con quien vivir, posiblemente desde antes de que se iniciasen los estudios. Bien del mismo lugar, bien de lugares cercanos, lo cierto es que de forma explícita algunos estudiantes dejaron constancia de este nexo. Bartolomé Gaitán de la Torre tenía como compañero a Alonso de Herrera Berján, ambos de Valverde, mientras que Gonzalo Pérez, de Albalá, convivía con Pedro Muñoz, clérigo, natural de Escurial, y Tomás Hernández, de Miajadas.[62]

Este compañerismo trasciende lo meramente económico (compartir gastos) para forjar vínculos de amistad mucho más intensos. La mayoría de las mandas testamentarias se dirigen a otros estudiantes, amigos y conocidos que también suelen proceder de lugares cercanos. Albaceas, testigos, o incluso herederos, pero también acreedores o deudores (no se presta o no se consigue un préstamo sin cierto nivel de confianza) implícitamente indican relaciones estrechas, como la de Alonso Franco con Francisco de la Fuente, estudiante, el cual le a curado y servido en esta enfermedad, razón para mandarle un manteo, unas calças moradas y unos çapatos y una sotana y más dos ducados en dinero. [63]

Dicho esto, es bastante probable que algunos de estos estudiantes también convivieran con los otorgantes, o al menos, compartieran la experiencia común de estudiar y habitar en una ciudad lejos de su entorno familiar. Francisco Martín Caballero, estudiante de Fuente de Cantos, fue albacea y testigo de Juan Díez de la Cadena, nacido en Medina de las Torres; o más llamativo aun es el caso de Luis Rodríguez Vinagre, cuya amistad con Francisco Durán sería efectivamente muy intensa dado que éste último le designó como albacea, testigo y único heredero.[64]  De igual modo, el citado Bartolomé Gaitán mandaba a su paisano Alonso de Herrera “todo lo que yo tengo en mi casa y aposento en esta ciudad de Salamanca.”[65]

Estas amistades, forjadas antes y durante la etapa estudiantil, son clave para entender también la condición socioeconómica de los casos estudiados, de modo que cada estudiante se suele relacionar no sólo con sus paisanos, sino también con personas de una consideración social parecida. Don Francisco de Ribera tiene como testigo a Gabriel Pizarro de Hinojosa, natural de Trujillo y futuro inquisidor de Córdoba, Valencia y Granada.[66] De amistades de cierto acomodo eran también Cristóbal Mogollón de Narváez, que nombraba como albacea al doctor Ortega, colegial del Arzobispo, o Alonso Barrantes, el cual dejó como albacea y heredero a su primo el Licenciado Cervantes, colegial de Oviedo, naturales ambos de Trujillo, por las muy buenas obras di[g]nas de mayor remuneración.[67] No obstante, también los había que, siendo presumiblemente estudiantes de baja extracción, entablaron relación con otros de un nivel bastante superior. Así, Don Francisco de Carvajal, de Plasencia, aparecía como testigo de Domingo Terrón, natural de Las Casillas.[68]

Como no podía ser de otra forma, las relaciones entre estudiantes y profesores también quedaron reflejadas en los testamentos, de tal manera que van más allá de lo estrictamente académico en tanto que denotan una familiaridad propia de un vínculo más estrecho. Es lo que ocurre con don Bernardino de Tapia, cuyo testamentario fue el licenciado Alonso González Melón, catedrático de Volumen (facultad de Leyes), o el doctor Godínez, catedrático de Medicina, el cual testificó en el testamento del bachiller Juan Vázquez, también estudiante de esta disciplina.[69]

En lo que toca a relaciones económicas, ya hemos dicho que los préstamos entre particulares conllevaban una relación de confianza personal dado que ésta era la única garantía del pago.[70] Por citar algunos ejemplos, Alonso Franco estaba endeudado sobretodo con miembros del gremio universitario que vivían en Salamanca, como eran los doctores Deza, León, Diego Martínez Camacho, Pichardo, Caldera y don Rodrigo Ordóñez, amo este último de otro estudiante extremeño, Diego Rodríguez de Mora. También don Bernardino de Tapia tenía como acreedor a un miembro importante de la sociedad salmantina, don Gonzalo Rodríguez, hijo de don Antonio Rodríguez, regidor de Salamanca.[71]

La idea, a fin de cuentas, es que los estudiantes se movían en un ámbito que correspondía, generalmente, al de su propia natio o al de naciones afines, como era el caso de los andaluces, sin que fuera esto un impedimento para trabar relaciones con otros individuos ajenos a la nación.[72]

Mismamente, la convivencia entre estudiantes favorecía la solidaridad, cuya máxima expresión, en el mundo académico, eran las mencionadas cofradías de estudiantes. Como ya dijimos, éstos quedaban adscritos, al menos a efectos de las votaciones a cátedra, a una natio que los agrupaba según su procedencia geográfica. Sin embargo, debemos diferenciar, a juzgar por las disposiciones testamentarias, lo que denominaríamos “militancia” en alguna de estas cofradías de estudiantes, a la simple pertenencia de facto a una natio por una mera adscripción territorial. En otras palabras, creemos que, si bien a la hora de las votaciones a cátedra los estudiantes dirigían su voto acorde con su propia natio, esto no suponía una pertenencia de iure a esa cofradía de estudiantes, dado que, como veremos, de todos los testamentos examinados son pocos los que mencionan expresamente a dicha agrupación, mientras que en ocasiones se citan otras cofradías de carácter religioso a las que en efecto pertenecían.

No es cuestión baladí, puesto que, como demuestra la mayoría de estudios sobre actitudes ante la muerte, las cofradías, entre otras funciones, asistían en la hora de la organización de las honras fúnebres de sus miembros. En este sentido, cabría esperar que en las últimas voluntades de los estudiantes fuera común encontrar disposiciones referidas a la natio a la que presuntamente pertenecían, pero nada más lejos de la verdad. La escasez de estas menciones, en el caso de los estudiantes extremeños, nos hace pensar que, efectivamente, no todos pertenecían como miembros de pleno derecho a este tipo de asociaciones, las cuales solían exigir el pago de cuotas. De lo contrario, sería normal, como ocurre en algunos casos, encontrar referencias a ellas dado que sus labores asistenciales serían aun más importantes si cabe para un colectivo como el estudiantil, cuyos individuos, por lo general jóvenes, y muchos de ellos lejos de sus familiares, sólo contaban con la ayuda de algún pariente en el mejor de los casos, y normalmente de amigos, paisanos o compañeros de estudios.

En el caso de los extremeños, éstos aparecen ligados a los andaluces y vinculados al monasterio de San Agustín. Así lo manifestaba el trujillano Don Bernardino de Tapia, que es uno de los pocos que dispusieron algo para la cofradía de la que era miembro:

[…]Mando que mi cuerpo se deposite en el monasterio de San Agustín desta ciudad de Salamanca, en la capilla de Nuestra Señora que está en la claustrina, que es la que se da a los estudiantes de Estremadura y Andalucía. […] Iten mando se dé a la cofradía de Estremadura y Andaluçía seis arrobas de çera para que siempre aya belas de depósito para los entierros de dicha cofradía.”[73]

Muy relacionado con estas cofradías eran los servicios de que ofrecían los arrieros para el transporte de dinero y bienes de los estudiantes, bien estudiado por Florencio Marcos, Lorenzo Pinar e Izquierdo Misiego para el caso de Salamanca.[74] También hallamos referencias a este fenómeno en las disposiciones testamentarias, de modo que Bartolomé Gaitán declaró ser acreedor de una deuda de 83 reales con Tomás Rodríguez, hijo de Diego Hernández, arriero de Extremadura.[75]

2. HONRAS FÚNEBRES Y PIEDAD

2.1. Sepultura, entierro y misas

 

Los estudiantes, como hombres de su tiempo, no tenían unas prácticas a la hora de la muerte que fueran radicalmente diferentes de otros colectivos[76]. Aparte de lo que hemos tratado sobre las cofradías de estudiantes, quizá sería destacable la carencia, en muchos casos, de demasiados bienes, debido a su presumible juventud y a que la mayoría no pertenecían a la cúspide de la sociedad. Incluso entre los estudiantes más acomodados tampoco encontramos disposiciones en este sentido lo suficientemente detallistas o costosas que cabría esperar, quizá por la falta de disposición recursos propios o porque directamente no lo consideraban demasiado relevante.

Así pues, los encabezamientos de los testamentos son breves, empleando fórmulas estereotipadas. Como indica López Benito, los inicios de los testamentos incluyen generalmente la asunción con naturalidad del momento de morir y su deseo de estar aparejados con este instante; la protesta de fe manifestada hacia la Santísima Trinidad y la Iglesia Católica; los ruegos a la Virgen María y a algunos santos como intercesores ante Dios y el ofrecimiento de sus almas a Jesucristo. Los estudiantes extremeños incluyeron estas generalidades a la hora de ordenar sus últimas voluntades, sin encabezamientos originales como sí ocurre en otros casos. [77]

Entre las mandas piadosas los estudiantes, siguiendo pautas habituales, distinguían primeramente el lugar de sepultura antes de continuar con la organización de su entierro y de otras medidas de salvación de sus almas. Las medidas más costosas fueron tomadas por aquellos estudiantes que desearon un depósito de su cuerpo en una iglesia de Salamanca para un posterior traslado a sus lugares de origen. Esto suele coincidir con los estudiantes con mayores posibilidades económicas. Así lo expresó Cristóbal Mogollón, que ordenó que se depositase su cuerpo en la sepultura de Gaspar Godino, su tío, en la iglesia de San Blas, para ser llevado posteriormente al convento de San Agustín de Badajoz, o don Francisco de Ribera, cuyo cuerpo sería depositado en San Esteban para que después fuera llevado a la iglesia mayor de Cáceres a la sepultura de sus padres.[78]

En este punto, nos gustaría detenernos un instante en la figura de don Bernardino de Tapia, dado que es el único de los estudiantes de los que tenemos constancia del lugar exacto de su sepultura. Al igual que los citados, don Bernardino de Tapia, dispuso, como vimos, el depósito de su cadáver en el convento de San Agustín de Salamanca, y mandó que su cuerpo fuera enterrado, como el mismo dijo, “en la iglesia de Santiago de Trujillo, en la capilla de mis padres.”[79] Sus progenitores aparecen claros en el testamento de don Bernardino: Gonzalo de Tapia, señor de las villas de Plasenzuela, el Guijo y Avililla, y doña María de Paredes, nieta de Diego García de Paredes, el llamado Sansón extremeño. Tamayo y Vargas aseguró en su obra que ambos

“tuvieron primero a don Estevan de Tapia, que casó con doña Theresa de Ovando, natural de Cáceres, que tuvieron a don Gonçalo de Tapia i Sotomayor, i a doña María de Tapia i Sotomaior. Segundo a don Bernardino de Tapia, que murió antes de consumar matrimonio con doña María de Tapia, su sobrina. Tercero a don Luis de Tapia i Paredes […]”[80]

Segundón de la familia, estaba llamado a heredar el mayorazgo por línea materna, el de los Paredes, de tal manera que se había dispuesto su matrimonio con su propia sobrina, María de Tapia, que a la sazón era hija de su hermano mayor, Esteban, heredero del mayorazgo de los Tapia. Pero el azar quiso que el tercero de los hermanos, don Luis de Tapia, reuniera todos los mayorazgos en su persona tras la muerte de sus hermanos.[81] De don Luis de Tapia ya sabíamos que había sido alumno de las aulas Salmantinas, y seguramente su hermano Esteban también lo fuera, ya que aparece citado como albacea de don Bernardino para lo que se ubiere de açer en Salamanca.[82]

Lám 1 Iglesia de Santiago

Lám 1.- Iglesia de Santiago, Trujillo (Cáceres)

En cualquier caso, el lugar de enterramiento de don Bernardino y de sus padres fue la iglesia de Santiago, en donde ya existía una capilla construida por Diego Alonso de Tapia y doña María de Loaisa en el lateral izquierdo de la iglesia, pegada al altar mayor, donde se venera el Cristo de las Aguas. Sin embargo, don Luis de Tapia Paredes, hermano de don Bernardino, trasladó los restos de sus antepasados, incluidos los de sus hermanos, a una nueva capilla en el ábside de dicha iglesia, como así reza la inscripción de la lápida de la sepultura:

Lám 2 . Altar mayor iglesia de Santiago, Trujillo.

Lám 2.- Altar mayor de la iglesia de Santiago (Trujillo, Cáceres)

“DON LUIS [DE TAPIA Y PAREDES][…]EL CONSEJO DEL REI DON P[HELIPE III N.S. ALCALDE] DE LA CASA Y CORTE, MANDÓ EDI[FICAR ESTE ENTIERR]O EN EL AÑO DE 1619, Y TRASLAD[AR AQUÍ LOS CUERPO]S DE DON ESTEVAN Y DON [BE]RNAR[DINO DE TAPIA, SUS H]ERMANOS Y LOS DE GONÇ[ALO] DE TAPIA [Y DOÑA MARÍA DE PARE]DES, SUS PADRES, SEÑORES DE LAS VI[LLAS DE PLASENZUE]LA, GUIJO Y AVIELILLA, [Y LOS] DE BER[NARDINO DE TA]PIA Y ESTEVAN[RANGEL DE] TA[PIA Y DE FRANCISC]O DE T[AP]IA Y [ALFON GAR]CÍA [DE TAPIA Y ESTEVAN SÁNCHEZ DE TAPIA Y DE SUS ESPOSAS] […] [HEREDEROS Y SUCESORES] […][83]

Lám 3. Sepultura de los Tapia. Iglesia de Santiago, Trujillo (Cáceres)

Lám 3.- Sepultura de los Tapia, iglesia de Santiago, Trujillo (Cáceres)

Lám 4. Lápida de los Tapia (estado actual). Iglesia de Santiago Trujillo (Cáceres)

Lám 4.- Lápida de los Tapa (estado actual)

Don Bernardino pertenecía, pues, a los estudiantes con mayores posibilidades para organizar su entierro. Por el contrario, el resto de estudiantes eligieron una sepultura en Salamanca, pero apenas señalaron el lugar exacto: Pedro Alonso Corto quiso ser enterrado en la iglesia deste ospital general […] entre las dos rexas del cuerpo de dicha iglesia, y, de forma similar, Juan Sevillano mandó su sepultura en el monasterio de Santiestevan, delante del altar de San Jazinto.[84] De los casos que se indicaba expresamente, los conventos de San Esteban y San Francisco los lugares preferidos, seguidos de otros monasterios, principalmente, e iglesias de donde eran parroquianos. [85]

Nos reafirmamos, según lo ya mencionado, en que el rasgo que caracterizaría a la forma de afrontar las postrimerías de la vida es la juventud con la que mucho de ellos mueren, o al menos testan. Probablemente fuera una de las causas por las que, en lo tocante al ordenamiento del alma, no hubiera una concienciación suficiente como sí ocurre con individuos de mayor edad. No afirmamos que los estudiantes infravaloren la moral y las obligaciones que sobre este aspecto imponía la Iglesia católica, pero la general despreocupación es síntoma de que la religiosidad era vivida de forma diferente dependiendo de la edad. En este sentido, la mitad de los estudiantes extremeños dejó el entierro, noveno, cabo de año y otras misas a disposición de los albaceas, mientras que el resto se interesó tan solo en algunas misas por devociones particulares o por familiares y personas a las que estaban a cargo.[86]

Entre los estudiantes que detallaron algo más aspectos de su entierro o misas destacó Bartolomé Gaitán de la Torre, que ordena 400 misas además de ser enterrado con el hábito de san Francisco, cifra superior a las que encargó don Francisco de Ribera, (300), el cual ordenó su entierro “conforme a la calidad de mi persona”, es decir, sin escatimar demasiado en gastos.[87] Según el número de oficios religiosos llama la atención Diego Rodríguez de Mora, el cual, a pesar de vivir como criado, ordenó más de 200 misas por su alma en el monasterio de San Andrés de Salamanca, y algunas menos deseó Cristóbal Mogollón, que invita a sus testamentarios a que lo agan moderadamente.[88].

A pesar de lo dicho, Juan González y Juan Díez de la Cadena rompieron la tónica de austeridad en lo que toca a los recursos de salvación, fundando capellanías de misas por sus almas, las cuales conllevaban un número fijo de servicios religiosos de forma perpetua a cambio del pago de una renta al capellán. El primero, así lo dispuso: “[…] de los olivares que me cupieren se aga una capellanía la qua laya y tenga el hijo mayor de mi tío Diego Pérez, vecino de San Martín de Trevejo, que se llama Matheo, la qual tenga y goze de los dichos bienes con carga de dos misas cada semana perpetuamente.[89] El segundo, que ya había ordenado previamente una capellanía sobre un molino de su propiedad, ordenó otra con todos sus bienes “con las mismas condiciones y cláusulas en que tengo fundada la dicha capellanía del dicho molino.”[90]

2.2. Donaciones, caridad y otras mandas

Una parte variable de los bienes se canalizaban hacia donaciones eclesiásticas, obras de caridad y otros destinatarios que tenían en común el deseo del otorgante de desprenderse de lo material antes de la hora de la muerte. Los estudiantes participaron de este hecho, incluso los menos acaudalados, los cuales dejaron constancia en sus testamentos de la intención de llevar a cabo este tipo de acciones entre las que podrían diferenciarse las que tienen contenido religioso de las puramente caritativas. Entre las primeras, aparte de las mandas pías acostumbradas, de carácter obligatorio[91] y estereotipado, y de las capellanías de misas, tenemos varios ejemplos de donaciones religiosas, como Gonzalo Pérez, que mandaba a la bendita Madalena del dicho lugar de Albalá, la conpren […] una bara de tafetán colorado que sirva del altar del sagrario para quando se eleve el Santísimo Sacramento de la iglesia.[92] Asi mismo, Juan Sevillano, de Cabezuela, ordenó hacer una corona de plata a Nuestra Señora de Piedras Albas.[93]

Entre las mandas caritativas podemos citar aquellas que se dedicaban a instituciones asistenciales, caso de las que dotan a algunos hospitales de cantidades en metálico o bienes muebles. Alonso Vázquez de San Juan daba al hospital del dicho lugar [de Villanueva de Barcarrota] una cama de ropa, al igual que hace Alonso Franco, que destinó doscientos ducados, suma nada desdeñable, al hospital general de Salamanca.[94] También hubo una atención con los más necesitados, de modo que Don Bernardino de Tapia mandaba en su testamento 6 reales a cada vecino pobre del lugar de Avililla, del cual su padre ejerce señorío, y Gonzalo García, de Cuacos, destinó 4 ducados en limosna entre los pobres vergonzantes de su familia.[95]

Dentro de las acciones de caridad era habitual destinar un dinero para dotar a jóvenes huérfanas, una práctica que se observa en otros lugares y que era llevada a cabo principalmente entre los clérigos, pero también regidores y otros grupos sociales.[96] Por lo general, se encargaba a algún clérigo o cofradía la selección de las jóvenes, la cual debía ser de intachable conducta y podía ser pariente o no, según las disposiciones testamentarias del otorgante. Este último caso era el de Alonso Franco, estudiante de Almendralejo, que quiere que se den a una doncella, hija de buenos padres desta ciudad, la que nonbrare y señalare el prior de Santistevan desta ciudad, y el liçenciado Luis Maldonado, clérigo, veçino della, 50 ducados para ayuda a su remedio. [97]

La solidaridad estudiantil, como hemos visto con las cofradías o los vínculos de amistad, fue quizá uno de los rasgos diferenciadores de este colectivo, y, como no podía ser de otra forma, también se denotaba entre las mandas que pretenden favorecer al prójimo. De este modo, había un deseo de que otros parientes puedan aprovechar lo que ellos, por llegarles la hora, se ven obligados a abandonar: sus estudios. Domingo Terrón nombra como heredero a su hermano Simón Terrón con condición que estudie porque por hacerlo se lo dexo, que se la goçe y tenga por todo el tiempo que estudiare y no se case.[98] Otros, en cambio, habían sido destinatario de este tipo de mandas, y efectuaban la misma acción para con otros parientes, como Gonzalo Pérez, el cual declaró:

“Iten unos libros que yo tengo y heredé del bachiller Gonzalo Martín, mi primo, con una mesa y una silla y todo lo demás que paresçiere que yo eredé del susodicho mando y es mi voluntad se vuelva, de y entregue a Gonzalo Martín, estudiante, sobrino del dicho mi primo. […] Iten mando que los libros que se allaren ser míos y yo dejare los tenga de manifiesto, a guarda y custodia el dicho mi hermano Garçía Pérez, hasta que aya algún sobrino mío que estudie y los aya menester y si no obiere, mando se den a primero mi pariente que estudiare”[99]

Finalmente, y como dijimos en otra ocasión, los testamentos eran aprovechados como el último momento para limpiar las conciencias de los otorgantes, confesando hijos naturales, o intentando compensar agravios. Francisco de la Parra salió al paso de un bulo extendido en Fuente del Maestre, su lugar de origen:

“Iten digo que por zierta fama que se me a inpuesto a mi y a una moza de mi lugar que se llama Juana Zanbrana, aunque en ello no ay culpa ninguna de mi parte ni de la suya, sino solo por la fama que a abido, digo que si Dios servido de darme salud me casaré con ella y ansí se lo prometo, y no me la dando y llebándome desta enfermedad, mando que de mis bienes y hacienda para ayuda a su dote y remedio se le den zien ducados, estos ruego de los mexor parados de mis bienes y hacienda.”[100]

Tomarse tantas molestias en desmentir la zierta fama a la que hace mención, llegando incluso a querer casarse con la joven si supera su enfermedad, o compensándola con dinero, hablan por sí mismo del crédito que pueden darse a sus palabras, incluso estando escritas en el documento que ordenaba sus últimas voluntades. Excusatio non petita, acusatio manifiesta.

Lám 5bis. Genealogía de D. Bernardino de Tapia

Lám 5.- Genealogía de D. Bernardino de Tapia

Lám 6.- Lápida de los Tapia (propuesta de reconstrucción, calco y mármol)

Lám 6.- Lápida de los Tapia (propuesta de reconstrucción)

3. CONCLUSIONES

El estudio de las últimas voluntades de los estudiantes de la Universidad de Salamanca supone un acercamiento a su visión de la muerte y al entramado de relaciones sociales desde dentro. El valor de los testamentos como fuente documental queda de manifiesto al tratarse de un testimonio de primera mano, y en primera persona, -y a veces autógrafo- del individuo que lo otorga.

Sin embargo, las lagunas que presentan los registros notariales para esta época, y la presumible especialización de algunos escribanos en determinadas tipologías documentales, como podían ser los testamentos, y más concretamente, los de estudiantes, suponen que nuestra investigación quede pendiente de un estudio más amplio, el cual abordaremos en un futuro próximo. Dicha investigación comprenderá un muestreo mayor que el actual, que, si bien se centra en los estudiantes de una sola natio¸ la de Extremadura, ha roto el hielo en un aspecto que en el caso estudiantil estaba sin explorar.

En el caso de los estudiantes extremeños, el estudio de sus testamentos nos ha servido principalmente para ampliar el conocimiento sobre su universo vital. No deja de ser paradójico cómo un documento que recoge las disposiciones sobre la muerte y las tareas a realizar tras ella se convierte precisamente en uno de los mejores referentes de la vida de su otorgante, permitiéndonos realizar, como hemos visto, un análisis bastante profundo de algunos vínculos tan difusos como el paisanaje o la amistad. Estos vínculos podían iniciarse antes de la aventura estudiantil, pero se reforzaban durante la misma a la vez que se creaban otros nuevos, trascendiendo a veces las fronteras de la natio y forjando verdaderas amistades hasta el final.

A la hora de ordenar los recursos de salvación, los estudiantes no suelen salirse de la tónica general en este tipo de documentación, sino más bien todo lo contrario. El escaso espacio dedicado a la sepultura y honras fúnebres induce a pensar que no era un aspecto que les preocupase demasiado, cumpliendo con la mínima lo que exigía la Iglesia Católica postridentina. No obstante, las diferencias sociales entre unos estudiantes y otros también quedan patentes en este ámbito, puesto que la mera dedicación de algunas líneas a organizar sus honras fúnebres ya es per se un rasgo diferenciador.

Y es que, a pesar de que se ha hecho hincapié en la capacidad igualadora de la muerte, coincidimos con Rodríguez Sánchez en que si relacionamos esta idea aceptada socialmente con la vida, tal igualdad desaparece y se desvanece definitivamente al comprobar que no todos morimos igual, ni al mismo tiempo.[101] Cualquiera puede percatarse de que ni todas las sepulturas son ni han sido iguales, ni tampoco el ritual mortuorio. Sin embargo, a pesar de que la muerte un elemento de diferenciación social, debemos matizar que, en la época en la que se centra nuestra investigación, hay individuos que, siguiendo lo expresado por los tratadistas sobre la muerte, desean ser enterrados sin ningún tipo de lujo, aun teniendo posibilidades para ello.[102] No debería ser el caso de la mayoría de los estudiantes, ya que, a juzgar por lo que declaran poseer, sólo podían permitirse un entierro mínimamente digno y algunos servicios religiosos subastando sus bienes y teniendo que recurrir a la ayuda de instituciones de caridad, y, una vez más, a parientes, amigos o paisanos.

[1] Este trabajo forma parte del proyecto de investigación nacional del Ministerio de Economía y Competitividad de España, con referencia HAR2012-30663 “Las Universidades Hispánicas (siglos XV-XIX): España, Portugal, Italia y México. Historia, saberes e imagen”.

[2] Personal Investigador en Formación de la Universidad de Salamanca dentro del Programa Nacional de Formación para el Profesorado Universitario (FPU) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte (FPU13/2013).

[3] CHAUNU, Pierre. La mort á Paris: XVIe, XVIIe et XVIIIe siècles. París: Fayard, 1978; VOVELLE, Michelle. Piété baroque et déchristianisation en Provence au XVIII siècle. Paris: Seuil, 1978. ARIÈS, Philippe. L’homme davant la Mort, París: Seuil, 1985; El hombre ante la muerte. (versión castellana de Mauro Armiño). Madrid: Taurus, 1983. LEBRUN, François. Les hommes et la mort en Anjou aux XVIIe et XVIIIe siècles. París: Mouton, 1971.  En España, ya en la década de los ochenta, destacaron los Coloquios de Metodología Histórica Aplicada, celebrados en Santiago de Compostela, los cuales iniciaron la senda de los estudios sobre la muerte en nuestro país, en donde destacaron los trabajos del propio Vovelle, Barrero Mallón, García Cárcel, Molas Ribalta entre otros. Véase Actas del II Coloquio de Metodología Histórica Aplicada. La documentación notarial y la Historia. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 1983. Desde este momento y hasta la actualidad, las publicaciones sobre el estudio de las actitudes ante la muerte han sido continuas y muy numerosas, si bien la inmensa mayoría de ellos emplean la metodología iniciada por los historiadores franceses. Por esta razón, y debido a la imposibilidad de hacer un estado de la cuestión más profundo en el marco de nuestra aproximación al tema, nos remitimos al trabajo de Lourdes Mateo, que realiza un repaso por la historiografía de la muerte hasta mediado de los noventa del siglo XX, y a la investigación de María Azpetia, cuya bibliografía es más reciente. MATEO, Lourdes. “La historiografía de la muerte: trayectoria y nuevos horizontes”. Manuscrits, nº 12, 1994, p. 321-356. AZPETIA MARTÍN, María. “Historiografía de la <<Historia de la muerte>>. Studia Histórica. Historia Medieval, nº 26. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2008, p. 113-132. Para el caso extremeño, destacan los trabajos y tesis dirigidas por Ángel Rodríguez Sánchez. RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Ángel. “Morir en Extremadura. Una primera aproximación”.  Norba. Revista de arte, geografía e historia, nº 1, 1980, p. 280-297. Del mismo autor, Morir en Extremadura: la muerte en la horca a finales del Antiguo Régimen (1792-1909). Cáceres: Institución cultural “El Brocense”, 1980. TESTÓN NÚÑEZ, Isabel. Amor, sexo y matrimonio en Extremadura. Badajoz: Universitas, 1985. De la misma autora, “El hombre cacereño ante la muerte: testamentos y formas de piedad en el siglo XVII. Norba. Revista de arte, geografía e historia, nº 4, 1983, p. 371-382. SANTILLANA PÉREZ, Mercedes. La vida: nacimiento, matrimonio y muerte en el Partido de Cáceres en el siglo XVIII. Cáceres, 1992.

[4] LORENZO PINAR, Francisco Javier. Muerte y ritual en la Edad Moderna. El caso de Zamora (1500-1800). Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1991, p. 67

[5] Para ver el estado de la cuestión estudiantil dentro del contexto las Universidades Hispánicas, nos remitimos a los estudios que ha realizado el profesor Rodríguez-San Pedro. RODRÍGUEZ-SAN PEDRO BEZARES, Luis Enrique. “Salamanca y las Universidades Hispánicas. Etapa clásica, siglos XVI-XVIII” en RODRÍGUEZ-SAN PEDRO BEZARES, Luis Enrique y POLO RODRÍGUEZ, Juan Luis (coords.) Historia de la Universidad de Salamanca, vol. IV “Vestigios y entramados”. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2009, p. 329-387. Véase también el ejemplar de la Miscelánea Alfonso IX dedicado a la vida estudiantil en el Antiguo Régimen. RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, Luis Enrique, y POLO RODRÍGUEZ, Juan Luis (eds.). Miscelánea Alfonso IX. Vida estudiantil en el Antiguo Régimen. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2001. Un estado de la cuestión reciente es el de TORREMOCHA HERNÁNDEZ, Margarita. “Los estudiantes universitarios en la Edad Moderna: líneas de investigación”. Miscelánea Alfonso IX, 2011. Ejemplar dedicado a “Historiografía y líneas de investigación en Historia de las Universidades: Europa mediterránea e Iberoamérica”. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2012, p. 219-241. Para el caso extremeño, hemos publicado recientemente dos estudios que se aproximan a la cuestión estudiantil en la Universidad de Salamanca: RUBIO MUÑOZ, Francisco Javier. “La nación de Extremadura en la Universidad de Salamanca durante su etapa clásica”. Norba. Revista de Historia, nº 24/2011. Cáceres: Servicio de Publicaciones. Universidad de Extremadura, 2014, p. 225-256. También “Estudiantes y paisanos. Los extremeños en la matrícula universitaria salmantina de finales del siglo XVI: la tierra de Trujillo”. XLI Coloquios Históricos de Extremadura. Dedicados a Extremadura y la Constitución de 1812, en el bicentenario de su promulgación. Badajoz: Asamblea de Extremadura, 2012, p. 711-750.

[6] Las ocho naciones de estudiantes eran: Galicia, Portugal, Campos, Vizcaya, Extremadura, La Mancha, Andalucía y Corona de Aragón. En RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, Luis Enrique. “La nación de Vizcaya en las Universidades de Castilla. Siglos XVI-XVIII”. Revista de Historia Moderna. Anales de la Universidad de Alicante. Alicante, Universidad de Alicante, 2002, nº 20, p. 51. A este efecto, sólo hemos considerado, como ya hicimos en nuestros anteriores trabajos sobre los estudiantes extremeños en la Universidad de Salamanca, aquellos individuos que pertenecían a alguna de las tres diócesis extremeñas (Coria, Plasencia o Badajoz) o a territorios de Nullius dioecesis (sin adscripción a una sede episcopal concreta) que actualmente pertenecen a Extremadura.

[7] LORENZO PINAR, Francisco Javier. Muerte y ritual …, p. 26-27

[8] EIRAS ROEL, Antonio. “Tipología documental”. En Eiras Roel, A. et alii (eds.) La Historia social de Galicia en sus fuentes de protocolos. Santiago de Compostela: Universidad de Santiago de Compostela, 1981, p. 107.

[9] RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, Luis Enrique. “Vida estudiantil cotidiana en la Salamanca de la Edad Moderna”. En Miscelánea Alfonso IX. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2001, p. 74. Véase también, del mismo autor, “Pupilajes, gobernaciones y casas de estudiantes en Salamanca (1590-1630).” En Studia Histórica. Historia Moderna, nº 1. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 1983, p. 185-210

[10] RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, Luis Enrique. “La nación de Vizcaya … p. 31 ALEJO MONTES, Javier. “La formación académica del estudiante salmantino en la Edad Moderna”. Miscelánea Alfonso IX. Vida estudiantil en el Antiguo Régimen. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2001 p. 41 y 59.

[11] Los lugares de origen son: Valverde (del Fresno), Albalá, Las Casillas (Casillas de Coria), Villanueva de Barcarrota (Barcarrota), Valencia de Alcántara, Fuente del Maestre, Talaván, Salvatierra (de los Barros), Guadalupe, Almendralejo, Acebo, Valverde (de Leganés), Badajoz, Trujillo, Cuacos (de Yuste), Bienvenida, Cáceres y Cabezuela (del Valle).

[12] AHPSa, PN, Leg. 3883, 9.IV.1599, fol. 496 y Leg. 2958, 14.XII.1600, fol. 827

[13] RUBIO MUÑOZ, Francisco Javier. “La nación de Extremadura… p. 234

[14] AHPSa, PN, Leg. 4075, 7.X.1587, f. 235-236.

[15] RUBIO MUÑOZ, Francisco Javier. “La nación de Extremadura… p. 226

[16] Archivo Histórico de la Universidad de Salamanca (en adelante, AUSA), Libros de matrículas, 302, 1584-85, fol. 149.

[17] AUSA, Libros de matrículas, 308, 1594-95, fol. 52

[18] AUSA, Libros de matrículas, 302, 1584-85, fol. 175

[19] AUSA, Libros de matrículas, 308, 1594-95, fol. 74

[20] AUSA, Libros de matrículas, 308, 1594-95, fol. 96 y 302, 1584-85, fol. 90

[21] AUSA, Libros de matrículas, 308, 1594-95, fol. 117 y 302, 1584-85, fol. 116

[22] AUSA, Libros de matrículas, 302, 1584-85, fol. 149 y 294, 1574-75, fol. 125

[23] AUSA, Libros de matrículas, 308, 1594-95, fol. 105

[24]  Archivo Histórico Provincial de Salamanca (en adelante, AHPSa), Protocolos Notariales (en adelante, PN) Leg. 4660, 20.I.1593, f. 208, y Leg. 3880, 27.II. 1595 f. 282.

[25] AHPSa, PN, Leg. 4310, 9.V.1593, fol. 1031.

[26] AHPSa, PN, Leg. 5089, 31.I.1603, fol. 671.

[27] AHPSa, PN, Leg. 2958, 14.XII.1600, fol. 827.

[28] AHPSa, PN, Leg. 4310, fol. 1074

[29] AHPSa, PN, Leg. 3880, fol. 282. Igualmente lo declaraba otro testigo, Miguel Álvarez Ossorio, también estudiante, en similares términos.

[30] Alonso Vázquez de San Juan, estudiante de Villanueva de Barcarrota, dice que se hallaba enfermo en el hospital del dicho Estudio (AHPSa, P.N. Leg. 3220, 24.IV.1595, f. 296). También lo indicaba Pero Alonso Corto, vecino de Bienvenida, el cual mandó que se le entierre en la iglesia deste ospital general donde al presente estoy enfermo (AHPSa, PN, Leg. 5089, 31.I.1603, fol. 671.

[31] AHPSa, PN, Leg. 3880, 28.I.1595, fol. 235.

[32] AHPSa, PN, Leg. 4315, 2.VII.1599, fol. 1596-1597. El testamento fue redactado el 17 de junio, por tanto habían pasado dos semanas.

[33] AHPSa, PN, Leg. 4660, 20.I.1593, fol. 207. Cristóbal Mogollón otorgó su testamento el 10 de enero.

[34] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Ángel. “Morir en Extremadura… p. 284

[35] AHPSa, PN, Leg. 4647, 20.VI.1590, fol. 61

[36] AHPSa, PN, Leg. 2951, 10.XI.1585, fol. 980

[37] Como hemos visto, no deben extrañar la diferencia de diez años entre el primer y el segundo registro en los libros de matrícula, ya que podrían corresponder al periodo total desde que comenzase los estudios de Gramática hasta que, una vez terminados, continuase con los de Cánones. No obstante, no se puede negar con rotundidad que no estemos ante un caso de homonimia.

[38] AHPSa, PN, Leg. 4310, 9.V.1593, fol. 1031-1034

[39] AHPSa, PN, Leg. 4617, 8.IV.1576, fol. 38

[40] En aquella época, el uso de este calificativo era un signo distintivo y bastante aceptado para establecer la importancia del linaje. RUBIO MUÑOZ, Francisco Javier. “La nación de Extremadura… p. 238-239

[41] AHPSa, PN, Leg. 3883, fol. 498

[42] AHPSa, PN, Leg. 4617, 8.IV.1576, fol. 38 y Leg. 4310, 9.V.1593, fol. 1031. Aun pudiendo cometer un error de homonimia, creemos que Alonso Barrantes podría ser hermano de Juan Barrantes, segundo señor de la Cumbre, cuyos padres también se llamaban Pedro Barrantes y doña Juana de Paredes, a la sazón, fundadores de este señorío. Así lo indica Clodoaldo Naranjo, añadiendo que los abuelos de Juan Barrantes, y su presunto hermano fueron Alonso Barrantes y Juana Rodríguez de Cervantes. Este parentesco con los Cervantes también sería un indicador, ya que Alonso Barrantes, nuestro estudiante, cita en su testamento a un primo suyo, el licenciado Cervantes, de Trujillo. Por otro lado, no debe extrañar que se omitieran estos datos de su linaje en este documento, dado que por ejemplo, don Bernardino de Tapia, cita de pasada en su testamento que su padre era señor de Avililla. NARANJO, ALONSO. Clodoaldo. Trujillo, sus hijos y monumentos. Serradilla (Cáceres): Editorial Sánchez Rodrigo, 1929, p. 461.

[43] AHPSa, PN, Leg. 4660, 22.I.1593, fol. 281. Otros enseres que indicaban su holgura económica eran un rosario y un Anus Dei de oro chiquito […] y una imagen de Nuestra Señora

[44] RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, Luis Enrique. “Vida estudiantil cotidiana… p. 77

[45] RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, Luis Enrique. La Universidad Salmantina del Barroco, periodo 1598-1625. Aspectos sociales y apéndice documental. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca; Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca, 1986, vol. III, p. 444

[46] WERUAGA PRIETO, Ángel. Lectores y bibliotecas en la Salamanca moderna. 1600-1789. Valladolid: Junta de Castilla y León, 2008, p. 252.

[47] AHPSa, PN, Leg. 4660, 22.I.1593, fol. 281-282. Entre los libros de Cristóbal Mogollón podemos citar dos querpos de la Nueva Recopilación, […]  una práctica de Paz, […] un libro de la Historia de los Reyes Godos, […] un Plauto comentado, […] una Biblia, […] veintiquatro libros pequeños de latín. Otros estudiantes que citan algunos libros son Gonzalo Pérez, de Albalá que tiene, entre otros una suma de Bitoria y una Instituta y una Blibia; Alonso Váquez de San Juan tiene dos derechos, uno canónico […] y otro civil, y algunos cartapaçios; Juan Vázquez, poseedor de un Guido, y un Sofiçis […] y una Agauçio y un libro de Balcázar; y don Francisco de Ribera, un Derecho Civil.

[48] AHPSa, PN, Leg. 4315, fol. 1953; Leg. 2880, fol. 238 y Leg. 5259, fol. 1427-1428.

[49] AHPSa, PN, Leg. 3883, fol. 497

[50] RODRÍGUEZ-SAN PEDRO, Luis Enrique. “Vida estudiantil cotidiana…p. 74, 81-82.

[51] AHPSa, PN, Leg. 5259, fol. 1428

[52] AHPSa, PN, Leg. 4617, fol. 38.

[53] AHPSa, PN, Leg. 5089, fol. 672; Leg. 2958, fol. 830

[54] AHPSa, PN, Leg. 4310, fol. 1075

[55] AHPSa, PN, Leg. 5089, fol. 671.

[56] Tan solo cita de pasada que su Gonzalo de Tapias es señor también de Avililla. AHPSa, PN, Leg. 4647, f. 62. LÓPEZ DE HARO, Alonso. Nobiliario genealógico de los reyes y títulos de España. Madrid: Imprenta Real de Luis Sánchez, 1622, vol. I, p. 418

[57] AHPSa, PN, Leg. 5310, 4.II.1596, fol. 96.

[58] AHPSa, PN, Leg. 2951, fol. 983

[59] AHPSa, PN, Leg. 2957, 5.V.1598, fol. 1278; Leg. 4660, fol. 212; Leg. 5310, fol. 97; Leg. 4615, 8.IV.1576, fol. 42

[60] AHPSa, PN, Leg. 5089, fol. 673.

[61] AHPSa, PN, Leg. 4310, 15.X.1593, fol. 1075

[62] AHPSa, PN, Leg. 4315, fol. 1953; Leg. 2958, fol. 828 y Leg. 4615, fol. 41

[63] AHPSa, PN, Leg. 4310, fol. 1032

[64] AHPSa, PN, Leg. 3883, fol. 499 y Leg. 3880 fol. 238

[65] AHPSa, PN, Leg. 4315, fol. 1953

[66] AHPSa, PN, Leg. 5259, fol. 1428. Gabriel Pizarro de Hinojosa, que al término de su vida mandaría construir la Iglesia de la Sangre de Trujillo, aparece presuntamente matriculado como manteísta de Cánones en el curso 1574-75 (AUSA, Libros de Matrícula, 294, 1574-75, fol. 33). Más tarde lo encontramos como licenciado en el testamento citado, el cual data de 1587, y un año después estampó su firma como testigo de otro testamento, ya como doctor (AHPSa, PN, Leg. 5260, fol. 1443). Esto indica que Gabriel Pizarro, si bien como sostienen Bartolomé Miranda y Juan de Orellana, es colegial de Cuenca y se doctora en Valencia (así viene registrado en los Libros de Matrícula de 1594-95), fue después de pasar como manteísta y doctorarse en Salamanca. Por otro lado, hemos de añadir que en ese año de 1594 se matricula en Cánones, dato omitido por los autores citados. MIRANDA, Bartolomé y ORELLANA PIZARRO, Juan de. “La iglesia de la Preciosa Sangre de Cristo de Trujillo, nuevos datos para su historia artística”. XL Coloquios Históricos de Extremadura. Dedicados a Francisco de Orellana en el V centenario de su nacimiento. Badajoz: CHDE, 2012, p. 324.

[67] AHPSa, PN, Leg. 4660, fol. 212 y Leg. 4617, fol. 38.

[68] AHPSa, PN, Leg. 2957, fol. 1278

[69] AHPSa, PN, Leg. 4647, fol. 62 y Leg. 4075, fol. 31

[70] GUERRERO MAYLLO, ANA. Familia y vida cotidiana de una élite de poder. Los regidores madrileños en tiempos de Felipe II. Madrid: Siglo XXI Editores, 1993, p. 270

[71]  AHPSa, PN, Leg. 4310, fol. 1033

[72]  Juan Díez de Reina, estudiante nacido en Antequera, era compañero de Gonzalo García, natural de Cuacos, del mismo modo que don Juan de San Clemente, de Córdoba, y Pedro de Murón, de Arnedo (La Rioja) fueron testigos del testamento de Domingo Terrón, de Las Casillas. AHPSa, PN, Leg. 4615, fol. 42 y Leg. 2957, fol. 2957, fol. 1278

[73]  AHPSa, PN, Leg. 4315, fol. 183. La adscripción a este convento, puesta en duda por nuestra parte en otros trabajos, quedó por tanto demostrada. Por otro lado, además de don Bernardino de Tapia, tan sólo Bartolomé Gaitán de la Torre destinó a la cofradía de los estudiantes extremeños treinta reales. (AHPSa, PN, Leg. 5271, fol. 1813). Del resto de estudiantes extremeños son pocos los que reflejaban un vínculo con otras cofradías, solamente el citado Bartolomé Gaitán y Juan González, que mandan dinero a algunas cofradías de sus lugares de origen.

[74] MARCOS RODRÍGUEZ, Florencio. “Arrieros y estudiantes de la Universidad de Salamanca”. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, LXXV, 1-2 (1968-1972), p. 149-181. LORENZO PINAR, Francisco Javier, e IZQUIERDO MISIEGO, José Ignacio. “El transporte universitario concertado salmantino en el siglo XVI”. Miscelánea Alfonso IX, 2011. Historiografía y líneas de investigación en Historia de las Universidades: Europa Mediterránea e Iberoamérica. Salamanca: Ediciones Universidad de Salamanca, 2011, p. 245-370

[75] AHPSa, PN, Leg. 5271, fol. 1813

[76] LÓPEZ BENITO, Clara Isabel. La nobleza salmantina ante la vida y la muerte (1476-1535). Salamanca: Diputación de Salamanca, 1992, p. 235 y ss.

[77] Ibidem, p. 254-261

[78] AHPSa, PN, Leg. 4660, fol. 210 y Leg. 5259, fol. 1426

[79] AHPSa, PN, Leg. 4647, fol. 61.

[80] TAMAYO VARGAS, Tomás. Diego García de Paredes. Relación breve de su tiempo. Madrid:1621, p. 140

[81] MUÑOZ DE SAN PEDRO, Miguel. Crónicas Trujillanas del siglo XVI. Manuscritos de Diego Alonso de Hinojosa, Juan de Chaves y Esteban de Tapia. Cáceres: Biblioteca pública y Archivo Histórico de Cáceres, 1952, p. XXXIII. En uno de nuestros trabajos anteriores nos centramos en su hermano don Luis de Tapia Paredes y su paso por Salamanca, de tal modo que pusimos en duda que el nombre de don Bernardino hallado en los Libros de Matrícula de la Universidad de Salamanca fuera efectivamente nuestro personaje. Sin embargo, ahora confirmamos que, efectivamente, estábamos en lo cierto en cuanto al parentesco. RUBIO MUÑOZ, Francisco Javier. “Estudiantes y paisanos… p. 734-735

[82] AHPSa, PN, Leg. 4647, fol. 62

[83] Ver apéndice documental, imágenes 1, 2 y 3. Entre corchetes, nuestra propuesta de transcripción, la cual difiere bastante de la interpretación actual que se ha efectuado al respecto. La lápida, grabada en mármol, se halla en la actualidad fragmentada y recompuesta en la Iglesia de Santiago, apoyada sobre la capilla de los Paredes, en la parte derecha del ábside. Partimos del hecho de que la reconstrucción que se ha realizado con los pedazos no ha sido muy afortunada, ya que no se han tenido en cuenta las medidas originales para donde fue destinada originalmente (el frontal de la capilla de los Tapia), las cuales son aproximadamente 1,28×65 cm. Por esta razón algunos fragmentos no coinciden, y el espacio en el que hay ausencia de texto es mucho mayor que en el de la recomposición. Por otra parte, algunos de los nombres que faltan son antepasados más lejanos de don Luis de Tapia Paredes, cuya genealogía fue descrita por su hermano Esteban de Tapia en el citado manuscrito sobre los linajes trujillanos.

[84] AHPSa, PN, Leg. 5089, fol. 671 y Leg. 5310, fol. 96

[85] Otros conventos e iglesias elegidas por los estudiantes extremeños fueron San Antonio, San Millán, San Andrés, San Bartolomé, premostratenses y mínimos.

[86] El estudiante que expresa una devoción de lo más variada y detallada es Domingo Terrón, natural de Las Casillas, el cual encarga misas a la Santísima Trinidad, el Rosario, Todos los Santos, Ángel de la Guarda, Santo domingo, San José, Santa Ana, San Miguel, San Juan Bautista, San Pedro, San Pablo, San Juan Evangelista, Santiago, Santo Tomás de Aquino, San Benito, San Jacinto, Santa Catalina de Siena, San Gregorio, San Ambrosio, San Agustín, San Gerónimo, San Isidro, San Fernando, los Diez mil Mártires y las Once mil Vírgenes (AHPSa, PN, Leg. 2957, fol. 1277)

[87] AHPSa, PN, Leg. 4315, fol. 1952; Leg. 5259, fol. 1426. El uso de este hábito fue masivo durante la época. LORENZO PINAR, Francisco Javier. Muerte y ritual… p. 175.

[88] AHPSa, PN, Leg. 4660, fol. 210; Leg. 4310, fol. 1075. Estas cifras de misas, comparadas con las de la nobleza salmantina de las décadas inmediatamente anteriores, eran similares al 60 % de los casos estudiados por López Benito. LÓPEZ BENITO, Clara Isabel. La nobleza salmantina… p. 297.

[89] AHPSa, PN, Leg. 2951, f. 981

[90]AHPSa, PN, Leg. 3883, fol. 497

[91]REDER GADOW, M. Morir en Málaga. Testamentos malagueños del siglo XVIII. Málaga: Universidad de Málaga y Diputación de Málaga, 1986, p. 36.

[92] AHPSa, PN, Leg. 2958, fol. 829

[93] AHPSa, PN, Leg. 5310, fol. 96

[94] AHPSa, PN, Leg. 3220, fol. 297 y Leg. 4310, fol. 1034

[95] AHPSa, PN, Leg. 4647, fol. 61; Leg. 4615, fol. 40

[96] LORENZO PINAR, Francisco Javier. Muerte y ritual… p. 258

[97] AHPSa, PN, Leg. 4310, fol. 1032

[98] AHPSa, PN, Leg. 2967, fol. 1278. Nótese como se contrapone el matrimonio a la capacidad de estudiar, aunque como hemos visto, también existían estudiantes casados.

[99] AHPSa, PN, Leg. 2958, fol. 829.

[100] AHPSa, PN, Leg. 3880, fol. 258

[101] RODRÍGUEZ SÁNCHEZ, Ángel. “Morir en Extremadura…, p. 280

[102] LORENZO PINAR, Francisco Javier. Muerte y ritual …, p. 157

Oct 012015
 

Vicente Pastor González & María Teresa Pastor Novella.

En mayo de 2012, nuestro querido amigo Florencio Fernández Araujo nos mostró a Manuel Rubio y a mi un pequeño abrigo rocoso situado en terrenos propiedad de su familia, en el sitio conocido en su pueblo como cancho La Peña, dentro de la cerca El Lentiscar, en la Sierra de Valdelaorden, donde pudimos apreciar una interesante muestra de arte rupestre encuadrada en la zona de la pintura rupestre esquemática de la comarca de Las Villuercas.

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Oct 012015
 

Carlos María Neila Muñóz.

El objeto de la presente comunicación es el estudio de las personas fallecidas en las
localidades cacereñas de Cáceres y de Plasencia en los años 1918 y 1919 como consecuencia de la
pandemia de «Gripe Española» («Señorita Española»; «Dama Española»; «Spanish Influenza»;
«Spanish Flu»; «Spanish Lady»; «Grippe Espagnole»…) que asoló y devastó el mundo entero.

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Oct 012015
 

Jesús Barbero Mateos.

Sabida es la dificultad que entraña poner de manifiesto los acontecimientos acaecidos en tiempos prehistóricos, o en los diferentes periodos de nuestra historia, cuando acontece una ausencia absoluta de documentos escritos a los que acudir para reconstruirlos en un determinado espacio, como es el caso de Torrecillas de la Tiesa.

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Sep 112015
 

Teodoro A. López López

 Introducción

 La ordenación de los papeles de un archivo ha de tener en cuenta la actividad del ente y se han de disponer de forma que se vea como actúa la entidad, de tal manera que se conozca como funciona su organización primitiva, dice el profesor Battelli. Esto es lo llamamos respetar el orden de procedencia o colocarlos en su lugar de origen.

 

No obstante existen varios criterios de organización: El Sistema temporal-numérico, fijándose solo en la fecha. Es inaceptable. No se construirían series. O asignarle un solo número correlativo a los expedientes. No es posible la interpolación. El Sistema por orden alfabético es improcedente, pues el mismo documento se puede alfabetizar por distintos conceptos. El Sistema decimal muy valioso para las bibliotecas, pero no aplicable a los archivos. Todos ellos destruyen la unidad de las series documentales, que primitivamente se encontraban unidas.

 

Preferentemente es el método histórico o de procedencia el que mejor refleja la organización de la entidad que los ha formado o creado.

 

Respetar la procedencia de las distintas escrituras y dejarlas en su orden primitivo, teniendo en cuenta el origen, el funcionamiento y evolución de la Institución, que las produce, se ha procurado mantener también las distintas series.

 

 

  1. La Iglesia y su praxis archivística a través de los siglos

 

Desde sus orígenes la Iglesia siempre demostró su preocupación e interés por la conservación y custodia de los fondos documentales, que habían producido los distintos organismos.

 

Los emperadores perseguidores fueron conscientes del valor que la Iglesia daba al documento para la conservación y difusión de la fe cristiana. Diocleciano antes de 313 dio cuatro decretos de libros litúrgicos, docentes y disciplinares y a quien no lo aplicaba, era un traidor.

 

En el siglo IV el Papa San Dámaso manda conservar los documentos eclesiásticos en los llamados TURRIS CHARTULARIA, que se encontraba en la basílica de San Lorenzo in Dámaso –origen del futuro Archivo Secreto Vaticano.

 

En el siglo VI San Gregorio Magno ordena las formulas determinadas para un escrito o documento. En efecto, aparecen los notarios o TABELLONES.   Así encontramos el Liber diurnus (s. VI-XI) ; Beviarium dictandi y Summa dictandi. Después se pasó a LOS REGISTROS PONTIFICIOS -Registros de la Curia Romana- que eran muy utilizados en tiempo de Inocencio III (1198-1216) para ver la validez de los privilegios presuntamente concedidos por la Sede   Apostólica.        

 

En la Baja Edad Media apenas contamos con algunas referencias documentales   sobre intentos de ordenación de los archivos eclesiásticos, a nivel de iglesia, excepto en Tarragona el 1360 que se dispone   en el Reino de Aragón los registros sacramentales en parroquias; aunque no comienza en Castilla- a la que pertenecíamos- hasta los siglos XV Y XVI.

 

El Concilio de Trento será quien empiece la política definitiva de la Iglesia sobre la archivística. Así ordena la regulación canónica de los matrimonios, la unidad e indisolubilidad del matrimonio y los matrimonios clandestinos.  Será San Juan de Ribera, obispo de Badajoz quien primero implantara la legislación tridentina con los libros sacramentales.

 

A partir de Benedicto XIII (1724-1730) con la Constitución Apostólica “Maxima vigilancia” se aborda: inventario y catálogo, seguridad e integridad, apertura al público, dos llaves, dirección del archivo.

 

León XIII (1880) concede la apertura del Archivo Secreto Vaticano pasando a ser el archivo patrimonial de la Iglesia a archivo documental para utilización de los investigadores. En efecto, a principio del siglo XX aparecen las grandes colecciones históricas de Momsem, Devifle o Pastor.

 

El primer tercio del s. XX la Secretaría de Estado da normas   sobre la ordenación y descripción, inventario y catálogo, custodia y conservación, vigilancia de los investigadores, pergaminos. (1902); la circular de Mery del Val insiste en la conservación de los archivos y de los objetos artísticos (1907), dando origen al comisioriado diocesano para los archivos de la Iglesia; y la circular de Mons. Ragonessi, Nuncio Apostólico de España en la que afirma que en los archivos se conservan los mejores fondos documentales para la historia de España (1914).

 

Con la aprobación del Código de Derecho Canónigo por Benedicto XV (1917) en los cánones 372-378 hablan del personal responsable, archivero-nato o canciller, índice, local, inventario. Otras instituciones como la escuela Vaticana de Paleografía y Diplomática y la facultad de Historia de la Iglesia en la Universidad Gregoria de Roma (1923) o la circular de Tedeschini (1930) a instancia de Pío XI, “papa archivero” por su dedicación a este servicio en los años anteriores a ocupar al silla de Pedro.

 

Consecuentemente D. Ramón Pérez Rodríguez nombra primer archivero capitular y diocesano a D. Fernando Castón Durán, previa oposiciones al beneficio catedralicio el 1922 hasta su muerte 1951.

 

El Concilio Vaticano II no afronta el tema por falta de tiempo y el esquema de 19 de noviembre de 1961 se trasladó a las conferencias Episcopales. Código de Derecho Canónigo de 1983 codifica la normativa conciliar en los cánones 486 al 491 insistiendo en el índice o guía, inventario y catálogo de los documentos, lugar y seguridad, dos llaves, obligación del archivo histórico como patrimonio documental.

 

Pero será la Circular de la Pontificia Comisión para los Bienes Culturales de la Iglesia, presidida por el Arzobispo Francesco Marchisano, del 2 de febrero de 1997, y

la llegada del arzobispo D. Santiago García Aracil, quien origina una nueva andadura en Badajoz.

 

Conocida como “Carta Magna” de los archiveros comienza así: “La Función Pastoral de los Archivos de la Iglesia”. En ella se anima a los archiveros y responsables de los Archivos Eclesiásticos- Diocesanos, Capitulares y Parroquiales como de otras Instituciones Eclesiales a valorar el patrimonio documental en un contexto pastoral a través de la tutela material, la organización de la gestión, la protección de las fuentes, la oportuna accesibilidad y la promoción de la iniciativas culturales, todas encaminadas a la valoración del deposito documental que está recogido y se ha estado recogiendo en cada Iglesia Particular y en las diversas instituciones eclesiales”.

 

Concluye afirmando que los archivos de la Iglesia “deben ser huella del paso de la Iglesia por la historia, o lo que es lo mismo, del paso por el mundo del Señor Jesús”.    

 

 

  1.  Archivo de la Catedral de Badajoz

 

A pesar de haber sido reconquistada la ciudad de Badajoz el 1230 por Alonso IX, la erección de la diócesis con el nuevo título de “pacensis” no se produce hasta el 1255 en el reinado de Alfonso X (1252-1284). Consecuentemente el Rey Sabio “señaló los límites del Obispado, dotó su Iglesia catedral, cuya construcción inició y favoreció con importantes donaciones territoriales, al mismo tiempo que invitaba a los habitantes de la ciudad, al Concejo y a las Ordenes Militares con su donaciones al esplendor del templo catedralicio”[1].

 

De aquí que la colección diplomática, celosamente custodiada, se inicie con los pergaminos   reales   de Alfonso el Sabio, (1255-1276) 8. Privilegio rodado. Sancho IV, (1282-1293) 7; Fernando IV, (1295-1310) 4, Alfonso XI, (1314-1310) 3; Pedro I, (1351) 1. Privilegio rodado.; Juan I, (1380) 3 y Enrique II, (1393) 1[2].

 

Junto a estos diplomas reales los prebendados unieron escrituras que recogían los derechos del Cabildo sobre aldeas, casas, pastos, ganados… Fue incrementándose la documentación durante los siglos XIV y XV sin orden. En los casos de defensa o de prueba obligada de los derechos del Cabildo, hizo la búsqueda y localización más dificultosa, En efecto, comienza   las primeras ordenaciones como sigue:

1519—“Libro de memoria de todas las Bulas Apostólicas y Breves Privilegios, Cartas Reales,/sentencias, testamentos, ventas, donaciones, troques, cambios, posesiones y otras escrituras que / están en el Arca caPitular de los Iltres y / muy Reverendos señores deán y Cabildo de la / Sancta Iglesia catedral de Badajoz. Fue hecho por los señores canónigos Ruy Gar/cía y Alonso Perez Martel. Año de mill y quinientos y / diez y nueve”. 21 fols. Escritura procesal. Estado de conservación deficiente. Signatura. Libros numerados, Indice 1, A (equivalencia, Sección III, serie 12, libros manuscritos numerados 001).

 

  1. Inventario de testamentos, codicilo….. de 1573 a 1610”. Incompleto. Signatura Libros numerados, Indice 1, B (equivalencia, Sección III, serie 12, libro manuscritos numerados 002).

 

  1. Sobre el “Libro de memoria anterior… “Por encargo del cabildo es sacado y corregido el año de mil quinientos ochenta y uno desde el segundo día de enero para poder llevar la cuenta de las escrituras por el célebre humanista y teó­logo Rodrigo Dosma, canónigo de la catedral. que llamó «Yndice». Signatura. Libros numerados. Indice 1, C. (equivalencia, Sección III, serie 12, libro manuscrito 002).

ARCHIVO CATEDRALICIO

Lám 1. Vista del archivo

 

Tanto la primera y segunda ordenación silencia el local del archivo debido a las transformaciones experimentadas en la catedral durante el siglo XVI.

 

1665— “Yndice número 2 y memoria de las Bulas y demás papeles del Archivo”. 68 hojas, con un apéndice, que pone así al día a los anteriores. Signatura. Libros numerados nº 6. (equivalencia, Sección III, serie 12, libro manuscrito 006).

Esta ordenación del Archivo fue hecha, tras la utilización del mismo por parte de don Juan Solano de Figueroa, para la redacción de su obra: Historia eclesiástica de la ciudad y obispado de Badajoz. El desorden que quedó, necesitaba corregir.

Encontramos la primera ubicación como tal del archivo capitular en las dependencias del claustro por orden del Obispo Marín de Rodezno (1681-1706) al designar las dos Salas capitulares, destinando a Archivo con una pequeña sala adosada aquella. En el 1957 ante la necesidad de agrandar la Sala capitular e instalar en ella el futuro museo catedralicio pasó al piso superior en dos salas una para los fondos y otra para los investigadores[3].

En el año 2007 el 31 de mayo se hace cargo el nuevo canónigo capitular Teodoro A. López López y lleva a cabo el traslado de los Archivos Eclesiásticos, sito en el antiguo Palacio Episcopal C/ Obispo Juan de Ribera nº 13, que fue comprado por la diócesis a la Obra Pía “Marín de Rodezno”, propiedad del cabildo catedral,

 

1710- Libro de inventario de los papeles del cabildo Canónico. Libros de autos capitulares , bulas pontificias, breves y ejecutorias… ”. 1571-1710. 8 fols. Signatura. Libros numerados nº 11. (equivalencia, Sección III, serie 12, libro manuscritos numerados nº 011).

 

  1. Indice de los papeles e instrumentos del Archivo de la Catedral de Badajoz.”. Miguel Lambea. Años 1826-1836. Signatura. Libros numerados nº 104. (equivalencia, Sección III, serie 12, Libros manuscritos numerados nº 104).

 

1750-1754Copia ad futuram de Varios Ynstrumentos y privilegios de esta Santa Iglesia de Badajoz, pedida por el cabildo, que no se encuentra”. En 2010 se consigue un facsimil del original”. Ascensio de Morales se proponía demostrar con base documental los derechos de la   Corona al Patronato sobre los obispados y catedrales. Signatura. Libros numerados nº 7 (equivalencia, Sección III, serie 12, libros manuscritos numerados 007)[4].

 

1754—.Inventario/ general de Privilegios, Bulas y demás instrumentos hallados en los Archivos de esta santa Iglesia C, y /Ciudad de Badajoz”. Ascensio de Morales. 117 fols. Existen dos manuscritos uno en la sección de Códices del A.C.B Signatura 833. Desconocemos dicha sección. Y otro en la sección Consejo de Castilla, del mismo archivo, sin signatura, de donde lo tomó Rodríguez Amaya, afirma Pedro Rubio[5].

 

S/F. Yndice y memoria de todas las Bulas, Breves, Ejecutorias y papeles tocantes al Cabildo Canónico”, S. XVIII. ACB. Signatura 374, núm. 5124. (equivalencia, Sección III, serie 12, Mixtura, leg. 374, nº 5124).

 

  1. “Memoria de los libros, papeles e instrumentos que tiene la   Iglesia para su uso. Idem de los libros que se hallan en el coro y librería para cantar el oficio divino”. Francisco de Paula Truxillo. ACB. Signatura 19, núm. 289. (equivalencia, Sección III, serie 12 Mixtura, leg. 19, nº 289).

 

  1. El saqueo del Archivo por las tropas anglo-lusitanas de Wellington en el 1812 ocasionó que gran parte de los documentos fue trasladada a Portugal y recupera­da, en parte, por el cabildo al final de la contienda[6].

 

Consta que en 1810 era Archivero D. José Gabriel Martínez y poco después, todavía en el primer cuarto del siglo XIX fueron entregados al Vicario General, D. Gabriel Blazquez Prieto, documentos que habían desaparecido con motivo de la Revolución Francesa (sic=Guerra de Independencia). Al comienzo de la segunda mitad del mismo siglo se emiten autos de oficio para averiguar el hurto de un paquete de bulas sustraído al Archivo.

 

1841? Indice de los libros y legajos de contaduría. ACB. Signatura 208, núm. 4048. (equivalencia, Sección III, serie 12, Mixtura, Leg. 208, nº 4048).

 

  1. Nueva ordenación de los fondos a cargo de don Juan de Mustra, procontador del cabildo, tras el nuevo expolio por los «Comisionados de amortización» ocurrida el 1841,

El 8 de setiembre de 1847 el Cabildo comisiona a Juan Mustra para que coordine los papeles del archivo y la secretaría capitular, que desde la guerra de la Independencia o quizás antes se hallaban en estado de dislocación Pronto da cuenta en estos términos: “tengo la satisfacción de poner en su conocimiento se queden ya clasificados, enlegajados y colocados con el mayor orden y regularidad que ha sido posible; ahora falta practicar la ordenación interior de los legajos, y poner a principio de cada uno el índice de los documentos que contiene; esto a pesar de ser una operación que exige mucho tiempo, ofrezco dedicar a V.S.I. y dedicar a ella el tiempo que me permitan otras ocupaciones. Aprovecho esta ocasión para hacer presente V.S.I que, si el archivo ha de conservarse clasificado conforme actualmente se halla, deberá en los sucesivo ser manejado por una sola persona, llevando esta un libro de registro para que siempre que se saque un documento, además de la autorización de V.S.I para ello, firme el sujeto que lo extraiga el correspondiente recibo. Badajoz 15 de Mayo de 1848” Juan Mustra[7]. Leg. 282, nº 4819) (equivalencia, Sección III, serie 12 Mixtura, Leg. 282, nº 4819)

 

1900? S/F. “Relación por orden alfabético de nombres de los testamentos existentes en el Archivo”. Principio de siglo XX). ACB. Signatura 208, núm. 4098. (equivalencia, Sección III, serie 12, Mixtura, Leg.208, nº 4098).

 

  1. 1900. “Libro en que se extractan, señalando el legajo en que se encuentran todos los documentos pertenecientes al Archivo de la Santa Iglesia Catedral de Badajoz. Año 1900”. Anónimo. ACB. Signatura 107, 363 fols. (equivalencia, Sección III, serie 12, Mixtura, nº 107).

 

Bajo las ocho primeras letras del alfabeto se agrupan en legajo, número de expediente y año con un total de 6141 libros o documentos por orden cronológico del siguiente modo: A (1-15), B (1-43). C (1-78) D (1-4573), E (1-347), F (1-148), G (1-476), H (1-377) y X (1-62). Termina a final con un índice completísimo de los   documentos.

 

Al margen y a lápiz, lleva una tabla de equivalencia con la asignatura moderna o del fichero de los documentos afirman algunos, pero esta muy lejos de la realidad. Sirva de ejemplo el nº 4543 que trata de las vidrieras del Canónigo donante D. José Doncel, mientras que en el fichero tiene la nueva signatura nº 4543 se refiere a los capellanes de corro para que entreguen al cabildo un arca de legajos. Así podíamos citar otros casos.

 

En cuanto al índice final de contenido en la letra Abad se incluye obras pías, bulas, clerizones, conventos….. de embarazoso manejo.

 

Me atrevería a presentarlo como un libro muy bien encuaderno que recoge datos informativos sobre los documentos existentes como afirmaría el 1841 D. Juan Mustra que tendría que hacer otros archiveros.

 

  1. 1901.   Inventario musical. Anónimo. Fondos musicales, sección IV, serie 17.

 

  1. Catálogo musical. Rafael Jiménez Rubio. Manuscrito Fondos musicales sección IV, serie 17.

 

1940— Don Fernando Castón, archivero, redacta un fichero completo utilizando el libro de 1900.

 

Sobre el fichero de Fernando Castón Durán dice Pedro Rubio: “aunque anónimo, puede ser atribuido sin margen de error a este benemérito archivero, que dedico cerca de treinta años, según queda dicho a la redacción paciente y meticulosa de cerca de 14. 000 fichas catalográficas de cada uno de los documentos del archivo, que distribuyó en secciones nominales, cuyo contenido dejó   sin clasificar. A pesar de este error, el fichero resulta hoy en día utilísimo para el trabajo diario en el archivo[8].

 

Nos atrevemos a afirmar que la realización material de dicho fichero fue llevada a cabo por el segureño Fernando Montero Granero, pendolista del Ayuntamiento en perfecta caligrafía y con cartulina “ad hoc”   que se conservan en seis archivadores, que han sido informatizados el año 2009 y completado hasta 11080 documentos 11080 [9].

 

  1. “Guía del archivo de la Santa Iglesia Catedral de Badajoz” por Pedro Rubio Merino, Beneficiado Archivero. (1953-1966)[10].

 

El autor en la serie de pergaminos recoge la documentación relativa a la catedral desde su erec­ción el 1255 hasta el año 1802, omitiendo los pergaminos del siglo XIX y XX,

 

Comienza con una enumeración de los distintos inventarios, pasando a una descripción de secciones o series nominales dando origen a la confusión de archiveros e investigadores.

 

Las secciones y series reales son por orden alfabético son: Pergaminos, Actas Capitulares de cabildo pleno y de cabildo canónico. /Contaduría. Correspondencia/.   Fábrica. Mesa Capitular. Obras Pías. Subsidio, Excusado y Noveno. Colecciones de Cartas Reales, Pontificias, Eclesiásticas y otras. Libros manuscritos más notables., Puntos de Coro.

 

Los grupos o series nominales son: Archivo (Años 1691-1980. Expedientes, 41). Arte (Años 1642-1980. Exp. 56). Censos (Años 1642-1980. Exp. 56). Civil (Años 1361-1979). Docs. En orden cronológico). Clero catedral (Exp. de provisión , en orden cronológico). Consueta (Años 1521-1979. en orden cronológico). Conventual (Años 1477-1863. Docs. De los conventos de la ciudad y de la diócesis, en orden cronológico). Culto (Años 1441-1979 Docs. en orden cronológico). Diezmos (Años 1781-1805. Libros 4). Episcopal (Años 1357-1979. Docs. en orden cronológico). Hacienda (Años 1380-1979. Docs. en orden cronológico). Hacienda Años 1564-1835. Libros 13). Histórico (Años 1335- 1930. Docs. en orden cronológico). Informaciones genealógicas (Años 1335-1833. Docs. en orden alfabético). Instituciones Reales (Años 1525-1834. Docs. en orden cronológico). Muchos de ellos en pergamino. (Equivalencia. Sección I, serie 1). Junta Diocesana (Años 1815-1834. Docs. en orden cronológico). Casi todo es de tipo económico. Jurídica (Años 1442-1944. Sentencias, pleitos etc. en orden cronológico). Capellanes de coro (Años 1681-1790. 14 libros de hacienda y 2 de cuentas). Nunciatura (Años 1587-1826. Correspondencia). Obras y reparaciones (Años 1542-1963. Docs. en orden cronológico). Palacio Episcopal (Años 1575-1978. Docs.). Parroquial (Años 1575-1956. Docs. en orden alfabético). Penales (Años 1440-1884. Docs. en orden cronológico). Pontificios. (Años 1313-2004. Docs. 60) Procesales (Años 1445-1857. Docs. en orden cronológico).). Pueblos. Docs. en orden alfabético). Seminario Diocesano (Años 1657-1951. Docs. en orden cronológico) y Varios (Años 1605-1835. Docs. en orden cronológico).

 

Todas las series nominales se ubican en una serie real, que hemos llamado Mixtura y se ha conservado en un campo informático de la Base de Datos – Access que sirve de orientación a los investigadores.

 

  1. 1998. Libros corales de la   Catedral de Badajoz. Estudio y catalogación por Carmelo Solís Rodríguez y Francisco Tejada Vizuete[11]. Libros 1-60. Estantería

 

  1. 2001. Guía de los Archivos de la Iglesia en España. 3 folios. El Archivo de la Catedral de Badajoz por Carmelo Solís Rodríguez, archivero capitular. Al señalar los fondos y colecciones cae en el mismo error que su antecesor mezclando las secciones o series reales con las nominales.

ORGANIGRAMA   GENERAL

Leyenda: Secciones/Series/Legajos o Cajas/Nº de expte. o U.D./Años/Descripción/Compacto/Cra/Situación/Balda

 

La organización de los archivos requiere una previa clasificación de los fondos documentales, después se ordenan o agrupan en SECCIONES Y SERIES.

 

Sección es el conjunto de documentación producida por una gran Institución, cualquiera que sean los organismos con los que funcionan o en los que se encuentran divida en razón de las distintas actividades desarrolladas por ella.

 

Series son los grupos documentales producidos por cada uno de los organismos pertenecientes a la entidad mayor o superior y de la que forma parte dentro del organismo de la Institución.

 

Unidad documental es el expediente o documento aislado o unipersonal. Estos documentos se agrupan en Unidades de archivo, que son los legajos o cajas.

 

Legajos o cajas, Años extremos, Descripción de los documentos breve y concisa, que llegan a ser un inventario o catálogo, que pronto se publicará. Compacto o armarios sobre raíles dirigidos manualmente. Cara   A y B. Situación, izquierda, centro o derecha y Baldas.

ORGANIGRAMA   I

Organigrama Ia

Organigrama Ib

Organigrama Ic

Organigrama II

Organigramas III y IV

Organigrama V

PECULARIEDADES

Las cinco series señaladas se complementan en las series Mixtura y Libros numerados, como sigue:

Series Serie Mixtura Serie   Libros numerados
Pergaminos Secc. 1 Series 1. Leg. 8 nº 8 y leg. 7, nº 321
Cartas Reales Sección I Series 5. Mixtura Congregación de obispos     nº 125, 126, 127, 128,129,130, 131,132,133,134,135,136,137,138,139,140,141,142,143, y 144.
Fábrica. Sección II. Series 7 Leg. 84, 85, 86, 87, 92, 93,95,96,98,99,100,101,102,104,107,   108, 109, 110, 111, 112, 113, 114, 115,116,117 y 119 Nº 023,032,044050,078, 090,102
Mesa Capitular. Sección II Series 8. Leg.84, 87, 90,91,92, 94, 97, 98,102, 103 y 104 Nº 031,035, 036, 037, 043, 048,049,061,062,067, 068, 071, 073, 077, 079, 082 y 085
Obras Pías. Sección II Series 9. Leg 87, 88, 89, 91, 92, 93, 94, 95, 96 y 103 Nº 028, 033, 070, 080, 091, 092, 093 y 101

nombramiento de patriarca

Lám 2. Bula del Papa Pio IV

                                      

ADDENDA

 

BULAS DE NOMBRAMIENTO DE JUAN DE RIBERA, PATRIARCA DE ANTIOQUIA.

 

Completamos con las Bulas del segundo y último nombramiento de Juan de Ribera, obispo de Badajoz, como Patriarca de Antioquia que carecíamos en el archivo capitular de la catedral y ahora mi gratitud y complacencia a los maestros que han hecho posible que vea luz este trabajo de investigación, trascripción y traducción. El expediente pontificio original se encuentra en Archivo Secreto Vaticano, Registros Vaticanos 2006, ff. 107r-114v.

 

  1. La trascripción paleográfica ha sido realizada gentilmente por la Doctora Doña María Desamparado Cabanes Pecourt, catedrática de Ciencias y Técnicas Historiográficas, y especialista en Paleografía de Historia Medieval en la Universidad de Zaragoza, valenciana de cuna y vecina a un tiro de piedra del Colegio del Corpus Christi de Valencia, en donde reposa los restos mortales del Patriarca..

 

En notas anexas expone que en los números   volados, después de doble barra(//), está indicado el número de folio en su inicio, en negrita alguna palabra dudosa, entre [ ] las restituciones de palabra o sílaba supuestas o corregidas por equivocadas. Encuentra una dudosísima puntuación, advirtiendo que el registrador vaticano no aparece muy fuerte en latín, pues hay palabras   no muy correctas respecto al latín clásico.

 

 

Texto Latino transcrito

 

1568, abril 30. Roma

Archivo Secreto Vaticano, Reg. Vat. 2006, ff. 107r-114v

//179Pro Reverendissimo Don Joanne, episcopo pacense in Patriarcham Antiochienum. Pleito promoto Ecclesiae Patriarchalis Antiochiene.

\Cae: Glorierius/

Pius, etc. Venerabili fratri Johanni, episcopo Pecense in Patriarcham Antiochienum electo. Salutem et apostolicam benedictionem. Onerosa pastoralis officii cura, nobis licet immeritis dispositione Summi Pastoris, qui pro suis ovibus animam suam posuit, demandata mentem nostram iugi pulsat instantia ut ad celerem ecclesiarum omnium presertim patriarchalium pastorum solatio destitutarum provisionem solertius intendamus, ne ob diutinam earum vacationem oves relictae dispergantur sed pastores soliciti eis praeficiantur per quorum circunspectionem providam et providentiam circunspectam Ecclesiae ipsae multiplicibus proficiant incrementis. Dudum siquidem provisiones ecclesiarum omnium tunc vacantium et in antea vacaturarum ordinationi et dispositioni nostrae reservavimus, decernentes ex tunc irritum et inane si secus super his \per quoscumque/ quavis auctoritate scienter vel ignoranter contingeret attemptari. Postmodum vero ecclesia patriarchali Antiochiena cui bonae memoriae Ferdinandus patriarcha Antiochienus dum viveret presidebat, per obitum eiusdem Ferdinandi patriarchae, qui extra Romanam Curiam debitum naturae persolvit pastoris solatio destituta, Nos vacatione hac fidedignis relatibus intellecta ad provisionem eiusdem ecclesiae celerem et felicem de qua nullus preter nos hac vice se intromittere potuit sive potest reservatione et decreto obsistentibus supradictis, ne ecclesia ipsa longae vacationis exponatur incommodis, paternis et solicitis studiis intendentes, post deliberationem quam, cum fratribus nostris habuimus diligentem, demum ad te Episcopum Pacensem, consideratis grandium virtutum meritis quibus illarum largitor Altissimus personam suam multipliciter insignivit, et quod tu qui dilecti filii nobilis viri Petri Afan de Ribeira, ducis de Alcala et Neapolis proregis natus, et in Theologia magister \acta aetate (legitima) constitutus es et/ Ecclesiae Pacensi huc usque laudabiliter prefuisti pro ut praees, scies, voles et poteris eandem Ecclesiam Antiochienam auctore Domino salubriter regere et feliciter gubernare, direximus oculos nostre mentis intendentes igitur tam eidem Ecclesiae Antiochienae quam eius gregi dominico salubriter providere de persona tua nobis et eisdem fratribus ob tuorum exigentiam meritorum accepta eidem ecclesiae Antiochienae de eorumdem fratrum consilio Apostolica auctoritate providemus teque illi in patriarcham preficimus et pastorem, curam et administrationem ipsius Ecclesiae Antiochienae tibi in spiritalibus et temporalibus plenarie comittendo. Ita tamen quod propter hoc prefatae Ecclesiae Pacensis praeesse non desinas, sed utriusque earundem Antiochienae et Pacensis ecclesiarum in simul verus praesul et pastor existas firma spe fiduciaque conceptis quod gratia Domini tibi assistente propicia dicta Ecclesia Antiochiena per tuae circunspectionis industriam et studium fructuosum regetur utiliter et prospere dirigetur ac grata in eisdem spiritalibus et temporalibus suscipiet incrementa.

Volumus autem quod antequam regimini et administrationi dictae Ecclesiae Antiochienae te in aliquo immisceas in manibus venerabilium fratrum nostrorum Cordubensis et Giennensis episcoporum seu alterius eorum professionem fidei catholicae iuxta unam expresse facias et fidelitatis debitae solitum prestes iuramentum, iuxta alteram, formas quas sub bulla nostra mittimus introclusas; quibus episcopis et utrique eorum per alias nostras litteras ut ipsi vel eorum alter a te professionem fidei ac nostro et Romanae Ecclesiae nomine iuramentum hoc recipiant seu recipiat, tuae vero fraternitati per haec scripta mandamus quatenus eiusdem Antiochienae Ecclesiae curam et administrationem praedictas sic solicite geras et fideliter prosequaris, quod exinde fructus quos speramus proveniant ipsaque Antiochiena Ecclesia gubernatori provido et fructuoso administratori gaudeat se comissum, et bonae famae tuae odor et laudabilibus tuis actibus latius difundatur, tuque praeter aeterne retributionis praemium, nostram et apostolicae sedis benedictionem et gratiam exinde uberius valeas promereri. Ac etiam volumus quod postquam presentes literas habueris expeditas ad prefatam Ecclesiam Antiochienam te conferas et resideas personaliter in eadem.

Data Romae apud Sanctum Petrum anno Incarnationis Dominicae millesimo quingentesimo sexagesimo octavo, pridie kalendas maii, pontificatus nostri tercio.

\Cae: Glorierius/

SIMILI MODO:

[Pius, etc.] Venerabili fratri Johanni, episcopo Pacense in patriarcham Antiochienum electo. Salutem et apostolicam benedictionem. Apostolicae sedis consueta clementia ne dispositiones per eam de patriarchalibus et aliis ecclesiis pro tempore factae valeant quomodolibet impugnari, sed personae ad eas promovendae illis puro corde et sincera conscientia presidere possint remedia, pro ut convenit adhibet opportuna. Cum itaque Nos hodie Ecclesiae Antiochienae ad presens certo modo pastoris solatio destitutae de persona tua, nobis et fratribus nostris ob tuorum exigentiam meritorum accepta, de fratrum eorumdem consilio auctoritate Apostólica providere, teque illi in patriarcham et pastorem praeficere intendamus Nos, ne si forsan aliquibus sententiis, censuris et penis ecclesiasticis ligatus sis, provisio et praefectio praedictae valeant propterea invalidae reputari providere volentes, te a quibusvis excomunicationis, suspensionis et interdicti aliisque ecclesiasticis sententiis, censuris et penis a iure vel ab homine quavis occasione vel causa latis, si quibus quomodolibet innodatus existis, ad hoc duntaxat ut provisio et praefectio praedictae //181 et singulae literae apostolicae desuper conficiendae suum sortiantur effectum auctoritate predicta, tenore presentium absolvimus et absolutum fore nuntiamus, non obstante constitutione et ordinatione apostolicis ac dictae Ecclesiae Antiochienae iuramento, confirmatione Apostólica vel quavis firmitate alia roboratis, statutis et consuetudinibus ceterisque contrariis quibuscumque. Nulli ergo omnino hominum liceat hanc paginam nostrae intentionis, absolutionis, nuntiationis et voluntatis infringere vel ei ausu temerario contraire. Si quis etc.

Data Romae apud Sanctum Petrum anno etc. millesimo quingentésimo sexagésimo octavo, pridie kalendas maii, pontificatus nostri anno tertio.

\Cae: Glorierius/ SIMILI MODO:

[Pius, etc.] Venerabili fratri Johanni, episcopo Pacense in patriarcham Antiochenum electo. Salutem et apostolicam benedictionem. Sincerae devotionis affectus \quem/ ad nos et Romanam geris Ecclesiam promeretur ut votis tuis, quantum cum Deo possumus, favorabiliter annuamus. Hodie siquidem Ecclesiae Antiochienae certo tunc expresso modo pastoris solatio destitutae de persona tua, nobis et fratribus nostris ob tuorum exigentiam meritorum accepta, de fratrum eorumdem consilio auctoritate Apostolica duximus providendum, praeficiendo te illi in patriarcham et pastorem; volentes quod postquam litteras ipsas super provisione et praefectione huiusmodi habeas expeditas, ad predictam Ecclesiam /Antiochienam/ te conferres et personaliter resideres apud illam, prout in nostris inde confectis literis //I81v plenius continetur. Cum autem, sicut accepimus, tu ad dictam Ecclesiam Antiochienam, quae in partibus infidelium consistit, commode nequeas te conferre nec apud eam personaliter residere, nos volentes te praemissorum meritorum tuorum intuitu favore prosequi generoso, tuis in hac parte supplicationibus inclinati, tibi quod apud Ecclesiam Pacensem cui etiam praeesse dignosceris residendo ad Ecclesiam Antiochienam praedictam accendere et apud illam personaliter residere minime tenearis, priori voluntate nostra praedicta ac contitutionibus et ordinationibus Apostolicis, necnon dictae Ecclesiae Antiochienae iuramento, confírmatione Apostolica vel quavis firmitate alia roboratis, statutis et consuetudinibus ceterisque contrariis nequaquam obstante auctoritate praedicta tenore presentium de speciali gratia indulgemus. Nulli ergo omnino hominum liceat hanc paginam etc. Si quis etc.

Data Romae apud Sanctum Petrum anno Incarnationis Dominicae millesimo quingentésimo sexagésimo octavo, pridie kalendas maii, pontificatus nostri anno tertio.

\Cae: Glorierius/

SIMILI MODO:

[Pius, etc.] Venerabili fratri Joanni, episcopo Pacensi in patriarcham Antiochenum electo. Salutem et apostolicam benedictionem. Sincerae devotionis affectus quem ad nos et Romanae geris Ecclesiam promeretur ut votis tuis quantum cum Deo possumus favorabiliter annuamus. Cum itaque Ecclesiae Antiochienae certo tunc expresso modo //182 pastoris solatio destitutae de persona tua, nobis et fratribus nostris ob tuorum exigentiam meritorum accepta, de fratrum eorumdem consilio auctoritate Apostolica duxerimus providendum, praeficiendo te illi in patriarcham et pastorem ac tibi quod apud Ecclesiam Pacensem cui etiam tunc praeeras residendo ad Ecclesiam Antiochienam predictam accedere et apud illam personaliter residere minime tenereris, indulserimus prout in diversis nostris inde confectis literis plenius continetur. Nos volentes te praemissorum meritorum tuorum intuitu favore prosequi gratiae amplioris tuis in hac parte supplicationibus inclinati tibi quod vivificae Crucis vexillum ubicumque locorum etiam extra Pacensem diocesim ante te iuxta iuris communis dispositionem anteferri facere libere et licite valeas quibusvis etiam iuramento, confirmatione Apostólica vel quavis firmitate alia roboratis, statutis et consuetudinibus ceterisque contrariis nequaquam obstante auctoritate predicta tenore presentium de speciali gratia indulgemus. Nulli etc. Si quis etc.

Data Romae apud Sanctum Petrum anno Incarnationis Dominicae millesimo quingentésimo sexagésimo octavo, pridie kalendas maii, pontificatus nostri anno tertio.

\Cae:   Glorierius/

SIMILI MODO:

[Pius, etc.] Venerabili fratri Johanni, episcopo Pacensi in patriarcham Antiochienum electo. Salutem et apostolicam benedictionem. Divina supereminens largitas nonnunquam in multis sic suae gratiae dona diffundit // 182v ut etiam defectum natalium patientes per suarum virtutum merita defectum supplentes eundem mereantur ad dignitatum culmina promoveri. Cum itaque nos hodie Ecclesiae Antiochienae certo tunc expresso modo pastoris solatio destitutae de persona tua, nobis et fratribus nostris ob tuorum exigentiam meritorum accepta, de fratrum eorumdem consilio auctoritate Apostólica provideri teque in patriarcham et pastorem praeficere intendamus, Nos sperantes quod tu qui ut accepimus defectum natalium ex dilecto filio nobili viro Petro Afán de Ribera, duce de Alcalá, Neapolis prorege, et soluta seu coniugata aut alias pateris ac Ecclesiae Pacensae ex dispensatione Apostólica preesse dignosceris per grandia virtutum merita quibus circumfultus existis et alia tibi affutura suffragia eidem Ecclesiae Antiochienae eris authore domino multipliciter fructuosus motu proprio non ad tuam vel alterius pro te nobis super hoc oblatae petitionis instantiam sed de nostra mera liberalitate, tecum ut eidem Ecclesiae Antiochienae in patriarcham praefici et praeesse, illamque in spiritualibus et temporalibus regere et gubernare ac munus consecrationis suscipere et illo uti libere et licite valeas defectu predicto ac Pictaviensis concilii et quibusvis aliis constitutionibus et ordinationibus apostolicis, necnon dictae Ecclesiae Antiochienae //183 iuramento, confirmatione Apostólica vel quavis firmitate alia roboratis, statutis et consuetudinibus ceterisque contrariis ne quaquam obstante dicta auctoritate tenore presentium de specialis dono gratiae dispensamus. Nulli etc. Si quis etc.

Data Romae apud Sanctum Petrum anno etc. Ut supra [Incarnationis Dominice millesimo quingentésimo sexagésimo octavo, pridie kalendas maii, pontifícatus nostri anno tertio].

\Cae: Glorierius/ SIMILI MODO

[Pius, etc.] Venerabilibus fratribus Cordubensis et Giennensis episcopis. Salutem et apostolicam benedictionem. Cum nos hodie Ecclesiae Antiochienae certo tunc expresso modo pastoris solatio destitutae de persona venerabilis fratris nostri Joannis episcopi pacensi in patriarcham Antiochenum electi nobis et fratribus nostris ob suorum exigentiam meritorum accepta de fratrum eorumdem consilio Apostólica auctoritate duxerimus providendum, preficiendo ipsum illi in patriarcham et pastorem prout in nostris inde confectis literis plenius continetur. Nos ipsius Joannis electi in partibus illis degentis ne propter hoc ad Sedem Apostolicam accedendo personaliter laborare cogatur volentes par(cere] laboribus et expensis fraternitati vestrae per apostolica scripta mandamus quatenus vos vel alter vestrum ab eodem Joanne electo fidei catholicae professionem ac nostro et Romanae Ecclesiae nomine fidelitatis debitae solitum iuramentum recipiatis seu recipiat iuxta formas presentibus introclusas ac professionis quam ídem Johannes electus faciet et iuramenti quod prestabit formas huiusmodi nobis de verbo ad verbum per eius //183v patentes literas suo sigillo munitas per proprium nuntium quantocitius destinare curetis professionis autem fidei forma haec est:

 

Ego Johannis, electus in Patriarcham Anthiochienum firma fide credo et profiteor omnia et singula quae continentur in symbolo fidei, quo Sancta Romana Ecclesia utitur in missa videlicet «Credo in Deum patrem omnipotentem factorem celi et terrae, visibilium omnium et invisibilium. Et in unum dominum Jesum Christum, Filium Dei unigenitum. Et ex Patre natum ante omnia sécula. Deum de Deo, lumen de lumine, Deum verum de Deo vero. Genitum, non factum, consubstantialem Patri per quam omnia facta sunt. Qui propter nos homines et propter nostram salutem descendit de caelis. Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine et homo factus est. Crucifíxus etiam pro nobis, sub Pontio Pilato passus et sepultus est. Et resurrexit tertia die secundum scripturas. Et ascendit in caelum, sedet ad dexteram Patris. Et iterum venturus est cum gloria iudicare vivos et mortuos; cuius regni non erit finis. Et in Spiritum Sanctum, Dominum et vivificantem, qui ex Patre Filioque procedit. Qui cum Patre et Filio simul adoratur et conglorifícatur; qui locutus est per prophetas. Et unam sanctam catholicam et apostolicam Ecclesiam. Confíteor unum baptisma in remissionem peccatorum. //184 Et expecto resurrectionem mortuorum. Et vitam venturi seculi. Amen».

 

Apostolicas et ecclesiasticas traditiones reliquasque eiusdem ecclesie «observationes» et constitutiones firmissime admitto et amplector. Item Sacram Scripturam iuxta eum sensum quem tenuit et tenet Sancta Mater Ecclesia cuius est iudicare de vero sensu et interpretatione Sanctarum Scripturarum admitto nec eam unquam nisi iuxta unanimem consensum patrum accipiam et interpretabor. Profíteor quoque septem esse vere et proprie sacramenta novae legis a Jesu Christo domino nostro instituta atque ad salutem humani generis licet non omnia singulis necessaria, scilicet Baptismum, Confirmationem, Eucharistiam, Penitentiam, Extremam Unctionem, Ordinem et Matrimonium illaque gratiam conferre et ex his Baptismum, Confirmationem et Ordinem sine sacrilegio reiterari non posse. Receptos quoque et approbatos Ecclesiae Catholicae ritus in supradictorum omnium sacramentorum solemni administratione recipio et admitto. Omnia et singula quae de pecato originali et de iustificatione in sacrosancta Tridentina Synodo diffinita et declarata fuerunt, amplector et recipio. Profíteor pariter in missa offerri Deo verum, proprium et propiciatorium sacrifícium pro vivis ac defunctis atque in Sanctissimo Eucharistico Sacramento esse vero realiter et substantialiter Corpus et Sanguinem unacum anima et divinitate Domini Nostri Jesu Christi fierique conversionem totius substantiae panis in corpus et totius substantiae vini in //184v sanguinem, quam conversionem Catholica Ecclesia Transubstantionem appellat. Fateor etiam sub altera tantum specie totum atque integrum Christum verumque Sacramentum sumi. Constanter teneo purgatorium esse animasque ibi detentas fidelium suffragiis iuvari. Similiter et Sanctos confíteor unacum Cristo regnantes venerandos ac invocandos esse eosque orationes pro nobis Deo offerre atque eorum reliquias venerandas ese. Firmiter assero imagines Christi ac Deipare semper Virginis necnon aliorum Sanctorum habendas et retinendas esse atque eis debitum honorem ac venerationem impartiendam. Indulgentiarum etiam potestatem a Cristo in Ecclesia relictam fuisse illarumque usum christiano populo maxime salutarem esse affirmo. Sanctam Catholicam et Apostolicam Romanam Ecclesiam omnium Ecclesiarum matrem et magistram agnosco, Romanoque Pontifici Beati Petri, apostolorum principis successori ac Jesuchristi vicario veram obedientiam spondeo ac iuro. Cetera item omnia a Sacris Canonibus et Ecumenicis Conciliis ac precipue a sacrosancta Tridentina Synodo tradita, diffinita et declarata indubitanter recipio atque profíteor; simulque contraria omnia atque hereses quascunque ab Ecclesia damnatas et reiectas et anathematizatas ego pariter damno, reiicio et anathematizo. Hanc veram catholicamque fidem extra quam nemo salvus esse potest quam in presentí sponte profíteor et veraciter teneo, eandem integram et inviolatam usque ad extremum vitae spiritum constantissime //185 Deo iuvante retinere et confiteri atque a meis subditis teneri, doceri et predicari quantum in me erit curaturum, ego, idem Johannes electus, spondeo, vendo ac iuro. Sic me Deus adiuvet et haec Sancta Dei Evangelia.

 

Forma vero iuramenti est ita: Ego Johanes, electus in Patriarcham Anthiochenum, ab hac hora in antea fidelis et obediens ero Beato Petro Sanctaeque Apostolicae Romanae Ecclesiae ac domino nostro, domino Pio papae V suisque successoribus canonice intrantibus. Non ero in consilio, consensu vel facto ut vitam perdant aut membrum, seu capiantur, aut in eos manus violenter quomodolibet ingerantur, vel iniurae aliquae inferantur quovis quaesito colore. Consilium vero quod mihi credituri sunt per se aut nuncios seu litteras ad eorum damnum me sciente nemini pandam. Papatum Romanum et regalia Sancti Petri adiutor eis ero ad retidendum et defendendum contra omnem hominem. Legatum Apostolicae Sedis in eundo et redeundo honorifice tractabo et in suis necessitatibus adjuvabo. Iura, honores, privilegia et auctoritatem Romanae Ecclesiae, domini nostri Papae et seccessorum praedictoum conservare, defendere, augere et promovere curabo. Nec ero in consilio, facto vel tractatu, in quibus contra ipsum dominum nostrum vel eadem Romanam Ecclesiam aliqua sinistra vel praeiudicialia personarum, iuris, honoris, status et potestatis eorum machinentur. Et si talia a quibuscumque procurari novero vel tractari, inpediam hoc pro posse et quantocius potero commode significabo eidem domino nostro vel alteri per quem ad ipsius notitiam perveniat. Regulas Sanctorum Patrum, decreta, ordinationes, sententias, dispositiones, reservationes, provisiones et mandata apostolica totis viribus observabo et faciam ab aliis observari; haereticos, scistamicos et rebelles domino et successoribus praedictis, pro posse persequar et impugnabo. Vocatus ad Sinodum veniam nisi praepeditus fuero, praepeditione canonica, apostolorum limina, Romana Curia existente[12] citra, singulis annis, ultra vero montes singulis bienniis per me ipsum visitabo, et si post primam visitationem personaliter factam aliquo legitimo impedimento prepeditus personaliter venire non potero per aliquem fidum nuntium de gremio meae ecclesiae aut alium in dignitate constitutum seu alias personatum habentem et de statu ecclesiae bene instructum qui vice mea apostolico conspectui [se] presentare et de legitimo impedimento huiusmodi saltem per iuramentum legitimum fidem facere teneatur id adimplebo. Possessiones vero ad mensam meam pertinentes non vendam neque donabo neque impignorabo neque de novo infeudabo vel aliquo modo alienabo etiam cum consensu capituli Ecclesiae meae inconsulto Romano Pontifice. Et si ad aliquam alienationem devenero, penas in quadam super hoc edita constitutione contentas eo ipso in[currere] volo. Sic me Deus adiuvet et haec Sancta Dei Evangelia.

\Data Romae apud Sanctum Petrum anno Domini millesimo quingentésimo sexagésimo octavo, pridie kalendas maii pontificatus nostri anno tertio/.

\Cae. Glorierius/ SIMILIMODO:

[Pius, etc.] Venerabili fratri Johanni, episcopo Pacense in patriarcham electo. Salutem et //186 apostolicam benedictionem. Personam tuam nobis et Apostolicae Sedi devotam, tuis exigentibus meritis, paterna benevolentia prosequentes, illa tibi, favorabiliter concedimus quae tuis commoditatibus fore conspicimus opportuna. Cum itaque nos hodie Ecclesiae Patriarchali Antiochiene certo tunc expresso modo pastoris solatio destitutae de persona tua, nobis et fratribus nostris ob tuorum exigentiam meritorum accepta, de fratrum eorumdem consilio Apostólica auctoritate duxerimus providendum, praeficiendo te illi in patriarcham et pastorem prout in vestris inde confectis literis plenius continetur. Et sicut accepimus tempore provisionis et praefectionis predictarum nonnulla indulta et facultates etiam testandi etiam usque ad quamcumque sumam tibi Apostólica auctoritate concessa extiterint prout existunt Nos te premissorum meritorum tuorum intuitu generoso favore prosequi volentes et a quibusvis excomunicationis, suspensionis et interdicti aliisque ecclesiasticis sententiis, censuris et poenis a iure vel ab homine quavis occasione vel causa latis si quibus quomodolibet innodatum existís ad effectum praesentium duntaxat consequendum harum serie absolvendum, et absolutum fore censentes motu proprio non ad tuam vel alterius pro te nobis super hoc oblatae petitionis instantiam sed de nostra mera liberalitate tecum ut et postquam in vim provisionis et prefectionis //186v predictarum pacifícam possesionem seu quasi regiminis et administrationis dictae Ecclesiae Antiochienae ac illius bonorum seu maioris partis eorum assecutus fueris et munus consecrationis susceperis omnibus et singulis indultis et facultatibus etiam testandi huiusmodi tibi Apostólica auctoritate quomodolibet concessis etiam unacum dicta Ecclesia Antiochiena quamdiu illi praefueris uti libere et licite valeas generalis concilii et aliis constitutionibus et ordinationibus apostolicis ac dictae Ecclesiae Antiochienae iuramento, confirmatione apostolica vel quavis fírmitate alia roboratis, statutis et consuetudinibus ceterisque contrariis ne[qua]quam obstante dicta auctoritate tenore presentium de specialis dono gratiae dispensamus, decernentes propterea indulta et facultates haec extincta non esse irritum quoque et inane si secus super his a quoquam quavis auctoritate scienter vel ignoranter contigerit attemptari. Nulli ergo omnino hominum liceat hanc paginam nostrae absolutionis, dispensationis, et deceat infringere vel ei ausu contraire. Si quis etc.

Data   Romae   apud   Sanctum   Petrum   anno   etc.   millesimo   quingentésimo sexagésimo octavo, pridie kalendas maii, pontifícatus nostri anno tertio. P. episcopus. (…)

 

 

  1. La traducción española del Doctor Padre José Antonio Gonçalves, profesor de lenguas clásicas en Ebora (Portugal), especialista en latín eclesiástico y párroco en la vecina ciudad de Elvas.

 

 

BULAS DE NOMBRAMIENTO DEL PATRIARCA DE ANTIOQUÍA

 

Pío, etc. Al venerable hermano Juan, obispo de Badajoz, elegido como Patriarca de Antioquía; salud y bendición apostólica. La pesada mejora del oficio pastoral, a Nos inmerecidamente confiada por disposición del Sumo Pastor que dio la vida por sus ovejas con permanente tesón, estimula nuestra mente de la forma más eficaz, para que volvamos a un urgente abastecimiento de todas las iglesias, especialmente las patriarcales, privadas de la presencia de pastores, para que las ovejas abandonadas no se dispersen debido a su prolongada ausencia; sino para que sean puestos al frente de ellas pastores diligentes por cuya vigilancia prudente y atenta disposición, esas mismas Iglesias progresen hacia las más variadas dotaciones. En efecto, hace mucho tiempo que reservamos a nuestro criterio e interés, el abastecimiento de todas las iglesias hasta entonces vacantes y que de ahí en adelante fuesen ocupadas, determinando que desde entonces quede nulo y sin efecto lo que acerca de esto se intente hacer de manera diferente, sea consciente o inconscientemente, sea por quien fuera y con la autoridad que fuese. Ahora bien, una vez destituida de la presencia de Pastor la Iglesia Patriarcal de Antioquía que presidió en vida el Patriarca de Antioquía, Fernando, que en paz descanse; por fallecimiento del mismo Patriarca Fernando que murió fuera de la Curia romana, Nos hemos tenido conocimiento de esta vacante por medio de relatos fidedignos. Y en relación al rápido y feliz nombramiento para la referida Iglesia, en relación al cual nadie, además de Nos, podía o puede entrometerse por impedimento del arriba citado decreto y reserva y para que esa misma Iglesia no quede expuesta a las molestias de una prolongada ausencia, analizando el asunto con celo paternal y solícito después de la deliberación diligente que tuvimos con nuestros hermanos, volvemos al fin los ojos de nuestra mente hacia ti, Obispo de Badajoz, considerados los méritos de tus grandes virtudes con las cuales el Altísimo, dispensador de ellas, señaló tu persona de las más variadas maneras y porque tú que eres hijo del predilecto hijo e noble señor Pedro Afán de Ribera, duque de Alcalá y virrey de Nápoles, tú que te convertiste en maestro en Teología después de alcanzada la mayoría de edad y que hasta ahora estuviste al frente de la Iglesia de Badajoz y que todavía estás; sabrás, querrás y podrás regir saludablemente y gobernar favorablemente la referida Iglesia de Antioquía con la ayuda de Dios. Pretendiendo pues proveer tanto la mencionada Iglesia de Antioquía como el rebaño del Señor que en ella está con tu persona que nosotros y nuestros referidos hermanos aceptamos porque tus méritos así lo exigen.

 

Te nombramos para dicha Iglesia de Antioquía, según el parecer de estos hermanos y con la Autoridad Apostólica, te colocamos al frente de ella como Patriarca y Pastor, confiándote plenamente su mejora y administración de la misma, tanto en las cuestiones espirituales como en las temporales. No obstante, esto se hará de tal manera que tú por causa de esto, no dejes de estar al frente de la mencionada Iglesia de Badajoz, pero serás simultáneamente verdadero prelado y pastor de ambas Iglesias de Antioquía y de Badajoz, siendo así porque la esperanza y la confianza, nos dan la convicción de que, asistiéndote la favorable gracia del Señor, la mencionada Iglesia de Antioquía será provechosamente regida y prósperamente dirigida por el celo de tu vigilancia y por tu entregada dedicación y aún recibirá inestimables mejoras tanto en lo espiritual como en lo temporal.

 

Queremos, sin embargo, que tú, antes de acometer la dirección y administración de la citada Iglesia de Antioquía, vayas junto a nuestros venerables hermanos, obispos de Córdoba y de Jaén, o al menos de uno de ellos y por un lado, hagas profesión de la fe católica y prestes el acostumbrado juramento de fidelidad debida y por otro, recites las fórmulas que enviamos adjuntas a nuestra bula, ordenando a ambos obispos, a través de otra carta nuestra, que ellos mismos, o al menos uno de ellos, reciban de ti en nuestro nombre y en el de la Iglesia de Roma, la profesión de fe y este juramento. No obstante, ordenamos a tu fraternidad, por medio de este documento; que de tal manera ejecutes y fielmente prosigas la arriba mencionada mejora y administración de la Iglesia de Antioquía que con ello se obtengan los frutos que esperamos. Y que la misma Iglesia de Antioquía se alegre con el gobernador precavido y el administrador útil y ventajoso que le fue confiado, que el aroma de tu buena fama se difunda por doquier en virtud de tus loables acciones y que tú, además del premio de la vida eterna, puedas por ello obtener aún más merecidamente nuestra bendición y gracia y también la de la Sede Apostólica. Queremos aún que, después de enviar esta carta a la referida Iglesia de Antioquía, te dirijas hacia allí y residas personalmente en ella.

 

Fecha en Roma, junto a San Pedro, el día 30 de Abril del año de la Encarnación del Señor de 1568, tercer año de nuestro pontificado.

 

(1) DEL MISMO MODO

 

(Pío, etc.) Al venerable hermano Juan, obispo de Badajoz, elegido como Patriarca de Antioquía, salud y bendición apostólica. La habitual clemencia de la Sede Apostólica, tal y como conviene, recurre a los oportunos remedios, a fin de que las disposiciones por ella tomadas de acuerdo con las circunstancias, respecto de las iglesias patriarcales y otras iglesias, no vengan a ser impugnadas de cualquier manera, para que las personas a ellas promocionadas puedan estar al frente de las mismas con pureza de corazón y recta conciencia. Pretendiendo Nos hoy, con la Autoridad Apostólica y el consejo de nuestros hermanos, hacer que la Iglesia de Antioquía que en el momento presente está como privada del consuelo de un pastor, sea promocionada por tu persona, aceptada por nosotros y por nuestros hermanos porque tus méritos así lo exigen y colocarte al frente de ella como patriarca y pastor, siendo nuestra voluntad dar conformidad, aun en el caso de que puedas estar afectado por algunas sentencias, censuras y penas eclesiásticas y para que la referida provisión y nombramiento no puedan considerarse inválidas por causa de ello; a tenor del presente documento te absolvemos de cualquier sentencia eclesiástica de excomunión suspensión o prohibición, así como de otras sentencias, censuras y penas eclesiásticas, jurídicas y personales dictadas en cualquier circunstancia y por cualquier causa si de algún modo incurriste en ellas; solamente para este fin: que la referida provisión y nombramiento y cada una de las cartas apostólicas dadas por orden superior surtan su efecto por la mencionada autoridad; y hacemos saber que quedarás absuelto ante cualquier constitución, confirmación apostólica o cualquier otra resolución, tanto como ante cualesquiera estatutos y costumbres u otras cosas que sean contrarias. A nadie, por tanto, le será lícito infringir u oponerse temerariamente a este texto de nuestra pretensión, absolución, declaración y voluntad. Si alguien . . . etc.

 

Fechada en Roma, junto a San Pedro, el año de la Encarnación del Señor de mil quinientos sesenta y ocho, 30 de Abril, tercer año de nuestro pontificado.

 

(2) DEL MISMO MODO

 

(Pío, etc.) Al venerable hermano Juan, obispo de Badajoz, elegido como Patriarca de Antioquía, salud y bendición apostólica. El afecto y la sincera devoción que tienes por nosotros y por la Iglesia de Roma, justifican que correspondamos favorablemente a tus deseos, tanto cuanto nos es posible con la ayuda de Dios. Hoy efectivamente con la Autoridad Apostólica y por consejo de nuestros hermanos, decidimos que era necesario proveer la Iglesia de Antioquía, que hasta ahora estaba en cierto modo privada del consuelo de un pastor como tu persona, que aceptes por nosotros y por los mencionados hermanos, porque tus méritos así lo exigen, colocándote al frente de ella como patriarca y pastor, queriendo nosotros que tú, después de que vinieras a tener en tu poder ya aprobada la propia carta de provisión y nombramiento, te desplazases para la referida Iglesia de Antioquía y que ahí residieses personalmente tal como se contiene de manera más pormenorizada en nuestra carta entonces escrita. No obstante, tal como admitimos, no pudiendo tú desplazarte cómodamente para la dicha Iglesia de Antioquía, situada en territorio de infieles ni residir en ella personalmente; nosotros queriendo gratificarte con generoso favor, en atención a tus referidos méritos, proclives a tus súplicas en este punto concreto, por la precitada autoridad, con especial gracia y de acuerdo con la esencia de este documento, te concedemos que, residiendo tú en la Iglesia de Badajoz de la que continúas como jefe, no te sientas de ninguna manera obligado a dirigirte a la referida Iglesia de Antioquía ni a residir personalmente en ella, a pesar de nuestra voluntad anteriormente mencionada y las constituciones y preceptos Apostólicos de dicha Iglesia de Antioquía, corroboradas por juramento, confirmación apostólica o por cualquier otra resolución, estatutos, costumbres y otras cosas que sean contrarias. A nadie, por tanto, sea lícito infringir u oponerse a este texto, etc. Si alguien . . . etc.

 

Fechada en Roma, junto a San Pedro, el año de la Encarnación del Señor de mil quinientos sesenta y ocho, 30 de Abril, tercer año de nuestro pontificado.

 

(3) DEL MISMO MODO

 

(Pío, etc.) Al venerable hermano Juan, obispo de Badajoz, elegido como Patriarca de Antioquía, salud y bendición apostólica. El afecto y la sincera devoción que tienes por nosotros y por la Iglesia de Roma, justifican que correspondamos favorablemente a tus deseos, tanto cuanto nos es posible con la ayuda de Dios. Siendo así y habiendo nosotros decidido, con la autoridad Apostólica y por consejo de nuestros hermanos que era necesario proveer a la Iglesia de Antioquía, que hasta ahora estaba en cierto modo privada del consuelo de un pastor, con tu persona, aceptada por nosotros y por los referidos hermanos porque tus méritos así lo exigen, colocándote al frente de ella como patriarca y pastor y residiendo tú en la Iglesia de Badajoz que hasta ahora presidías, te concedemos que no te sientas obligado de manera alguna a dirigirte a la mencionada Iglesia de Antioquía ni a residir en ella personalmente en ella, tal y como se indica de manera más pormenorizada en diversas cartas nuestras entonces escritas. Queriendo gratificarte con el favor de una gracia mayor en atención a tus referidos méritos, proclives a tus súplicas en este punto concreto; por la precitada autoridad, con especial gracia y de acuerdo con la esencia de este documento, te concedemos que libre y lícitamente puedas hacer que el estandarte de la cruz redentora sea llevado delante de ti por todos los lugares, incluso fuera de la diócesis de Badajoz, según la disposición del derecho común frente a cualesquiera cosas corroboradas por juramento, confirmación apostólica o por cualquier otra resolución, estatutos, costumbres u otras cosas que sean contrarias. A nadie . . . etc. Si alguien . . . etc.

 

Fechada en Roma, junto a San Pedro, el año de la Encarnación del Señor de mil quinientos sesenta y ocho, 30 de Abril, tercer año de nuestro pontificado.

 

(4) DEL MISMO MODO

 

(Pío, etc.) Al venerable hermano Juan, obispo de Badajoz, elegido como Patriarca de Antioquía, salud y bendición apostólica. La grandiosa libertad divina siempre distribuye a mucha gente los dones de su gracia, de tal manera que los que incurren en el impedimento de generación, al superar ese mismo impedimento con los méritos de sus virtudes, merecen ser promocionados a las dignidades más elevadas. Así, pretendiendo Nos hoy, con la autoridad Apostólico y por consejo de nuestros hermanos, hacer que la Iglesia de Antioquía que hasta ahora está como privada del consuelo de un pastor, sea promocionada con tu persona, aceptada por nosotros y por nuestros hermanos porque tus méritos así lo exigen, y colocarte al frente de ella como patriarca y pastor, a ti que, tal como sabemos, incurres en el impedimento de generación, porque nacido del dilecto hijo y noble señor, Pedro Afán de Ribera, duque de Alcalá y virrey de Nápoles y de mujer soltera o casada con otro, pero que aun así por concesión apostólica continuas como jefe de la Iglesia de Badajoz, teniendo la esperanza de que vengas a dar, con la ayuda del Señor, mucho fruto en la referida Iglesia de Antioquía, debido a los grandes méritos de tus virtudes a los que te encuentras inclinado y a otras cualidades que has de revelar, Nos, de motu propio y no a petición tuya ni por encargo de otra persona que nos fuese presentada en tu favor acerca de este asunto, sino por nuestra libre decisión, por la precitada autoridad, con especial gracia y de acuerdo con la esencia de este documento, te concedemos que puedas, como patriarca, presidir y estar al frente de la referida Iglesia de Antioquía, regirla y gobernarla tanto en lo espiritual como en lo temporal, recibir el ministerio de la consagración y usarlo libre y lícitamente a pesar del impedimento citado ad supra y cualesquiera otras constituciones y reglamentos apostólicos del concilio de Poitiers como de la Iglesia de Antioquía, confirmadas por juramento, confirmación apostólica o cualquier otra resolución, estatutos, costumbres y otras cosas contrarias. A nadie . . . etc. Si alguien . . . etc.

Fechada en Roma, junto a San Pedro, el año de la Encarnación del Señor de mil quinientos sesenta y ocho, 30 de Abril, tercer año de nuestro pontificado.

 

(5) DE IGUAL MODO

 

(Pío, etc.) A los venerables hermanos obispos de Córdoba y de Jaén, salud y bendición apostólica. Habiéndonos decidido hoy, con la autoridad apostólico y por consejo de nuestros hermanos, que era necesario proveer a la Iglesia de Antioquía que hasta ahora estaba, en cierto modo, privada del consuelo de un pastor con la persona de nuestro venerable hermano Juan, obispo de Badajoz, elegido para patriarca de Antioquía, aceptada por nosotros y por nuestros referidos hermanos porque sus méritos así lo exigen, colocándolo al frente al frente de ella como patriarca y pastor, tal como contiene de manera más pormenorizada en nuestra carta entonces escrita, nosotros queriendo ahorrar a nuestro referido electo Juan que vive en esos territorios, los sacrificios y gastos de verse obligado a causa de esto a enfrentar las molestias de desplazarse personalmente a la Sede Apostólica, enviamos a vuestra fraternidad, por medio este documento apostólico para que ambos, o al menos uno de vosotros; recibáis del mencionado electo Juan, en nuestro nombre y en el de la Iglesia de Roma la profesión de fe católica y el acostumbrado juramento de fidelidad debida, según la fórmula aquí incluida y que procuréis, lo más rápidamente posible, enviarnos, por medio de un mensajero particular, la citada fórmula de profesión que el referido electo Juan hará y la fórmula de juramento que él prestará, palabra a palabra, por medio de una carta abierta suya provista con su sello. Así pues, la fórmula de fe es ésta:

 

“Yo, Juan, elegido para patriarca de Antioquía, con fe firme creo y profeso todos y cada uno de los artículos que se contienen el símbolo de la fe que la Santa Iglesia de Roma usa en la misa, a saber: Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todas las cosas visibles e invisibles. Y en un solo Señor Jesucristo, hijo unigénito de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos. Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado; consubstancial al Padre. Por él fueron hechas todas las cosas. Y por nosotros, los hombres, y para nuestra salvación descendió de los Cielos. Y encarnó por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen María y se hizo hombre. También por nosotros los hombres fue crucificado bajo Poncio Pilatos; padeció y fue sepultado. Resucitó al tercer día conforme a las escrituras y subió a los Cielos, donde está sentado a la derecha del Padre. De nuevo ha de venir en su gloria para juzgar a vivos y muertos y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor que da la vida, que procede del Padre y del Hijo y con el Padre y el Hijo es alabado y glorificado: Él que habló por los Profetas. Creo en la Iglesia que es una, santa, católica y apostólica. Profeso un solo bautismo para absolución de los pecados y espero la resurrección de los muertos y la vida del mundo que ha de venir. Amén.

Firmemente admito y abrazo las tradiciones apostólicas y eclesiásticas y otros preceptos y constituciones de la misma Iglesia. También acepto las Sagradas Escrituras de acuerdo con aquel sentido que siempre sustentó y sustenta la Santa Madre Iglesia, a quien pertenece juzgar el verdadero sentido e interpretación de las Sagradas Escrituras, ni nunca voy a aceptarla ni interpretarla sino no es de acuerdo con el consentimiento unánime de los Padres de la Iglesia. También profeso que existen verdadera y debidamente siete Sacramento de la nueva ley, instituidos por Jesucristo Nuestro Señor y necesarios para la salvación del género humano, aunque no todos sean necesarios para todos, a saber: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Extremaunción, Orden y Matrimonio y que confieren la gracia. Y que de éstos, el Bautismo, la Confirmación y la Orden no pueden ser repetidos sin sacrilegio. También acepto y admito los ritos de la Iglesia Católica adoptados y aprobados para la administración solemne de todos los referidos sacramentos. Acepto y adopto todas y cada una de las cosas que fueron definidas y declaradas en el sagrado Concilio Tridentino sobre el pecado original y la justificación. Profeso, igualmente, que en la Misa es ofrecido a Dios un verdadero, propio y propiciatorio sacrificio para los vivos y los muertos y que en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía existe, verdadera, real y substancialmente el Cuerpo y la Sangre junto al Alma y la Divinidad de nuestro Señor Jesucristo y que se produce una transformación de toda la substancia del pan en el Cuerpo y de toda la substancia del vino en la Sangre, transformación ésta que la Iglesia Católica denomina Transubstanciación. Confieso también que bajo cualquiera de las dos especies, Cristo es recibido completo y existe un verdadero Sacramento. Estoy firmemente convencido de que existe un Purgatorio y que las almas ahí retenidas con ayudadas por los sufragios de los fieles. Del mismo modo confieso también que los santos que reinan con Cristo deberán ser honrados e invocados y que ellos ofrecen oraciones a Dios por nosotros y que sus reliquias deberán ser veneradas. Firmemente afirmo que las imágenes de Cristo, de la Madre de Dios, siempre Virgen, y de otros Santos deben ser mantenidas y conservadas y que les debe ser dada la debida honra y veneración. También afirmo que el poder de indulgencias fue dejado por Cristo en la Iglesia y que el uso de ellas es muy saludable para el pueblo cristiano. Reconozco a la Santa Iglesia Católica Apostólica Romana como la madre de todas las iglesias y prometo y juro verdadera obediencia al Romano Pontífice, Sucesor de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles y Vicario de Jesucristo. Acepto sin ningún género de dudas y profeso todas las otras cosas transmitidas, definidas y declaradas por los Sagrados Cánones, Los Concilios Ecuménicos y particularmente por el Santo Concilio Tridentino; y al mismo tiempo condeno, rechazo y anatematizo todas las cosas contrarias y todas las herejías condenadas, rechazadas y anatematizadas por la Iglesia. Esta fe verdadera y católica, fuera de la cual nadie puede salvarse que ahora profeso libremente y que verdaderamente mantengo, yo, electo Juan, me comprometo, prometo y juro mantenerla y profesarla íntegra e inviolable con la más firme constancia y con la ayuda de Dios hasta mi último soplo de vida y que será mantenida, enseñada y proclamada, en la medida de lo posible, por mis súbditos. Así me ayuden Dios y estos Santos Evangelios de Dios”

 

La fórmula del juramento es así:

 

“Yo, Juan, elegido para patriarca de Antioquía, a partir de este momento seré fiel y obediente a San Pedro y a la Sede Apostólica de la Iglesia Romana, así como a nuestro señor Papa Pío IV y a sus sucesores canónicamente elegidos. No tomaré parte en consejo, plan o hecho que vengan a perder la vida o algún miembro, contra se venga a levantar violentamente en rebelión, sea de la manera que fuere o contra vengan a lanzar injurias bajo cualquier pretexto. El plan que ellos me hayan de confiar por sí mismos, a través de sus mensajeros o por carta, al saberlo, a nadie revelaré en perjuicio de ellos. Seré partidario de ellos con el único objeto de defender el Papado Romano y las cosas Regias de San Pedro contra todo hombre. Trataré honradamente al legado de la Sede Apostólica en su llegada y en su partida y lo ayudaré en sus necesidades. Me ocuparé de defender, aumentar y promover los derechos, las honras y los privilegios de la Iglesia Romana, de nuestro señor Papa y de los mencionados sucesores. No tomaré parte en consejo, plan o acción donde se maquinen cualesquiera perversidades y cosas perjudiciales contra nuestro proprio señor o la Iglesia Romana relativas a sus personas, su derecho, honra, estatuto y poder. Y si supiese que tales cosas son practicadas o intentadas, lo impediré lo mejor que pueda y lo más rápidamente posible, lo notificaré a nuestro propio señor o a otra persona por medio de la que la noticia pueda llegar hasta él. Observaré con todas las fuerzas haré que otros observen las reglas de los Santos Padres, los decretos, ordenanzas, sentencias, disposiciones, reservas, provisiones y órdenes apostólicas; perseguiré y combatiré a los herejes, cismáticos y los que se rebelan contra el mencionado señor y sus sucesores.

 

Una vez llamado al Sínodo, asistiré de no estar imposibilitado por impedimento canónico. Si la Curia Romana quedase en la parte de acá de los Alpes, haré la visita Limina Apostolorum todos los años, pero si quedase de la parte de allá de estas montañas, la haré cada dos años, realizándola por mi personalmente, y si después de la primera visita hecha personalmente, me encontrase impedido por alguna causa legítima y no pudiera realizarla personalmente, lo haré por un fiel mensajero del gremio de mi Iglesia o por medio de otro digno de confianza, o en su defecto por otra persona que tenga representación y que ostente convenientemente de un cargo de la Iglesia y que esté obligado a presentarse ante el examinador apostólico y dar fe de ese legítimo impedimento mediante al menos por medio de un juramento legítimo. Las propiedades que pertenezcan a mi mesa, no las venderé, ni las donaré, ni las hipotecaré, ni posteriormente las enfeudaré ni siquiera con el consentimiento del Cabildo de mi Iglesia, sin consultar antes con el Romano Pontífice. Y si yo incurriese en alguna enajenación, quiero por este motivo sufrir las penas que están contenidas en alguna disposición decretada al respecto de este delito. Así me ayuden Dios y sus Santos Evangelios”

 

Fechada en Roma, junto a San Pedro, el año de la Encarnación del Señor de mil quinientos sesenta y ocho, 30 de Abril, tercer año de nuestro pontificado.

 

(6) DEL MISMO MODO

 

(Pío, etc.) Al venerable hermano Juan, obispo de Badajoz, elegido para Patriarca; salud y bendición apostólica. Honrando con paterna benevolencia a tu persona, a nosotros y a la Sede Apostólica tan dedicada, porque tus méritos así lo exigen, te concedemos favorablemente aquellas cosas que consideramos van a ser oportunas para tu comodidad. Habiendo nosotros decidido hoy, junto a la Autoridad Apostólica y por consejo de nuestros hermanos, que era necesario proveer a la Iglesia Patriarcal de Antioquía que hasta ahora estuvo en cierto modo, privada del consuelo de un pastor como tu persona, aceptada por nosotros y por nuestro referidos hermanos, porque tus méritos así lo exigen; colocándote al frente de ella como patriarca y pastor, tal y como se expresa de forma más pormenorizada en nuestra carta entonces escrita y tal y como nos consta. Conteniendo, de hecho, además de la referida provisión y nombramiento, algunos indultos y facultades, incluso, de hacer testamentos sin límite de cantidad que te fueron concedidas por la Autoridad Apostólica. Nos, en atención a tus referidos méritos, queriendo honrarte con generoso favor y considerando, sólo a efectos del presente documento, que debes ser absuelto de cualesquiera sentencias eclesiásticas de excomunión, suspensión y prohibición. Así como de otras sentencias, censuras y penas eclesiásticas jurídicas y personales, dictadas en cualquier circunstancia y por cualquier causa si de algún modo incurriste en ellas; y dándote por absuelto del conjunto de estos delitos, de motu propio y no a petición tuya, ni a petición de otra persona que nos fuese presentada en tu favor acerca de este asunto, sino por nuestra libre voluntad, por la precitada autoridad con especial gracia y de acuerdo con la esencia de este documento además de por la fuerza de que por la referida provisión y nombramiento alcanzarás la posesión pacífica del gobierno y administración de la citada Iglesia de Antioquía y de sus bienes o de la mayor parte de ellos y recibir el ministerio de la consagración, te concedemos que puedas usar libre y lícitamente todos y cada uno de los indultos y facultades, incluso la de hacer testamentos independientemente del modo en que te hayan sido concedidos por la Autoridad Apostólica además de por la citada Iglesia de Antioquía, mientras estuvieras al frente de ésta, frente a otras constituciones y ordenanzas apostólicas del Concilio General o de la Iglesia de Antioquía, confirmadas por juramento, confirmación apostólica o cualquier otra resolución, estatutos, costumbres y otras contingencias contrarias, decretando por ello que estos indultos y facultades no se han extinguido como cosa sin valor y sin efecto se ocurriese que alguien, consciente o inconscientemente, intentase actuar de manera diferente respecto a esto; fuese con la autoridad que fuese. A nadie, por tanto, sea lícito ni conveniente infringir ni enfrentarse temerariamente a este texto de nuestra absolución y concesión. Si alguien . . . etc.

 

Fechada en Roma, junto a San Pedro, el año de la Encarnación del Señor de mil quinientos sesenta y ocho, 30 de Abril, tercer año de nuestro pontificado.

 

         [1] Rubio Merino, Pedro. Guía del Archivo de la Santa Iglesia Catedral de Badajoz . Revista de Estudios Extremeños. Año 1974. pág. 5.

[2] Santos Coco, Francisco. Documentos del Archivo-Catedral   de Badajoz. Centro de Estudios Extremeños. Badajoz 1927. Trascripción. Nº I-XII Tomo I, 1927   págs 79-201, 259-293; Nº XIII –XV,   Tomo VIII, 1934, págs. 423-429; Nº XVI- XIX Tomo XIX, págs. 87-95, 1936.

 

[3] Modélica instalación de los fondos de pergaminos. Año 1961.

 

[4] Rodríguez Amaya, Esteban. Inventario general de los Archivos de la S.I. Catedral y Ciudad de Badajoz, formado por D. Ascensio Morales en 1753-1754.   Revista de Estudios Extremeños, VIII-2, I-IV, 1952. Dice autor: ”Tomamos estos documentos del encarecimiento   de la Colección de Documentos que sirven de Compulsa a la Crisis Histórica de Badajoz.

[5] Rubio Merino, o.c. pág. 10.

[6] López López, Teodoro Agustín. XLI Coloquios Históricos de Extremadura. Págs. 405-429. Año de 2012

[7] Archivo .Capitular de Badajoz.. Leg. 282, nº 4819

 

[8] . Rubio Merino, Pedro. Guía general-Inventario analítico del Archivo en La Catedral de Badajoz 1255-2005. pags 728-741.

 

[9] En la Persecución religiosa (1936-39) se origino, al parecer, más confusión en la documentación que destrozo, aunque pudieron desaparecer algunos documentos; los ocupantes del Palacio Episcopal buscaban otro tipo de papeles en el Erario.

 

[10] Revista de Estudios Extremeños. Diputación Provincial de Badajoz. Año de 1974, pás. 5-25.

[11] Separata del Volumen IV de las Memorias de la Real   Academia de Extremadura de las Letras y las Artes. Trujillo 1998. págs. 327-384.

 

[12] El texto pone la palabra exeunte. Pudeira ser mla copiada de la palabra existente.

Sep 042015
 

Carlos Marín Hernández**. El museo, entendido como institución permanente en la que se custodian, exhiben e investigan para fines educativos, de contemplación y de estudio una colección de piezas de relevante naturaleza cultural, volcado en su utilidad pública, es un concepto propio de la Contemporaneidad reciente. Tras tímidas e imperfectas tentativas, fue la creación de las Comisiones Provinciales de Monumentos Históricos y Artísticos en 1844 la que vino a asentar las bases de la institucionalización para la conservación del Patrimonio Histórico mueble y la red museística de España, una disposición que para Alegre Ávila mereció la consideración de “primera gran regulación orgánica” del Patrimonio Histórico[1]. Estos organismos, conocidos a secas como Comisiones de Monumentos y forjados en torno a las élites sociopolíticas provinciales (presididos por los Jefes Políticos, primero, y por los Gobernadores Civiles, después), funcionarían hasta las primeras décadas del siglo XX como supremos apoderados de toda la política cultural en su feudo provincial. A las Comisiones de Monumentos se les transfirió en 1844 la práctica totalidad de posibilidades de intervención sobre el Patrimonio Histórico nacional (mueble e inmueble) para su gestión directa, siendo la vertiente que más nos interesa la fundación y el fomento de Museos Provinciales. La atención que estos centros merecen cobra verdadera carta de naturaleza en 1865, en un nuevo Reglamento de las Comisiones, cuando se estipula que serían de dos clases, de Bellas Artes y de Antigüedades (Arqueológicos, se entiende), ligados al destino de su respectiva Comisión de Monumentos: éstas se encargarían del acopio del Patrimonio mueble y, por medio de dos de sus integrantes, que harían las veces de Conservadores, de la catalogación de sus fondos, de su exhibición y del mantenimiento corriente del establecimiento en el que se ubicaran. Figura 1                   Figura 1 Fig. 1. El Instituto de Segunda Enseñanza en 1915, sede del primigenio Museo de Cáceres (AHMCC, Fondo fotográfico).

Así quedó fijada, a grandes rasgos y salvando modificaciones posteriores de pequeña entidad, la legislación de los Museos Provinciales en España hasta los albores del siglo XX. Así también se intentó hacer cumplir en la ciudad de Cáceres con su respectivo establecimiento museístico provincial, donde múltiples condicionantes mediatizaron todo su devenir institucional, unos orígenes que aún se mantienen inéditos o cuanto menos no narrados con la debida extensión y análisis en la bibliografía extremeña[2]. Afincado desde 1933 en la Casa de las Veletas, ni su ubicación, ni su disputada titularidad fue siempre la misma. En 1898 y por orden de su claustro, una pequeña colección de piezas quedaba instalada como Museo Arqueológico Escolar en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cáceres, ubicado entonces en el antiguo noviciado de los jesuitas [Fig. 1]. Muy pronto la Comisión de Monumentos pretendió su patrocinio, según le amparaban (a su parecer) las disposiciones legales citadas, iniciándose un contencioso para el que no se encontró solución hasta 1917, cuando obtuvo la declaración de utilidad pública como Museo Provincial de Bellas Artes y fue entregado a una Junta de Patronato encargada de su cuidado. El discurrir histórico durante esas dos décadas de lo que acabaría siendo el Museo Provincial de Cáceres, la crónica de los enfrentamientos y los desengaños, pero también de los empeños y las conquistas en la preservación de los caudales históricos, artísticos y arqueológicos de Extremadura, es el objeto del presente estudio.

  1. Génesis y desarrollo de la disputada e inestable titularidad

Las tensiones y los enfrentamientos con otras instituciones públicas es un problema consustancial a la historia fundacional de muchos centros museísticos en España. Ante la imposibilidad de sus promotores para encontrar el local adecuado, por no gozar de las infraestructuras y dimensiones necesarias o no poder costear su compra o alquiler, tratan de ubicarlo en locales que han de ser compartidos con otros entes públicos, lo que ocasiona conflictos con quienes los administran y pretenden su disfrute exclusivo. Nada menos que tres décadas debió permanecer el Museo de la Comisión de Cáceres constreñido entre unas pocas dependencias del Instituto, en una coexistencia con las funciones y actividades docentes del centro que durante largo tiempo no fue precisamente pacífica.   1.1. El Museo Arqueológico Escolar del Instituto Los hechos que precipitan los acontecimientos se retrotraen a septiembre de 1898. Reunido en claustro, el profesorado del Instituto de Cáceres acepta la propuesta oficiada por uno de los concurrentes para fundar entre sus dependencias un Museo Arqueológico Escolar. La propuesta parte del entonces Catedrático de Geografía e Historia del centro, Gabriel Llabrés[3]. Sobre su cometido educativo, se entiende que la colección arqueológica coadyuvaría a la instrucción docente reforzando los contenidos teóricos inculcados, al modo de los clásicos gabinetes decimonónicos. De hecho, la colección que forma su primigenio inventario sale de un puñado de piezas numismáticas y arqueológicas pertenecientes a un desarmado Gabinete Arqueológico y Numismático instalado en 1864 en el mismo centro educativo, compradas por las mismas fechas al clérigo garrovillano Jerónimo de Sande Olivares y Calderón, una de las figuras más desdibujadas de la Arqueología extremeña[4]. Llabrés, con este conjunto, el mobiliario más elemental y la ayuda de otros profesores y alumnos del Instituto, instala pronto en el salón que antes ocupaba la clase de Dibujo la flamante colección escolar[5]. De todas las gestiones realizadas da parte Llabrés nada más ultimar su montaje a la Comisión de Monumentos, en noviembre de 1898, la que se ha mantenido al margen por haber sido refundada ese mismo mes[6]. No obstante y sin que su no implicación sirva de impedimento, la Comisión en pleno acuerda patrocinar el proyecto museístico, secundando el parecer expuesto de antemano por su Presidente el Gobernador Civil, José Muñoz del Castillo[7]. Muy significativa será también la opinión de su Presidente cuando al pronosticar su futuro enaltecimiento manifieste que no conviene su adscripción a la categoría de “Escolar”, pues “aunque en realidad lo sea, que se prescinda de tan modesto dictado por si llega a ser algo, con el tiempo”. Tomado su acuerdo, la Comisión de Monumentos aspira a ejercer en lo venidero un mecenazgo problemático, pues no se trata de un Museo Arqueológico Escolar en sino del Instituto, del cual depende en exclusiva administrativa y económicamente. Figura 2    Fig. 2. Piezas arqueológicas sueltas de la colección de Miguel Jalón y Larragoiti (AHMCC, Fondo Llabrés). Al cabo de un año, la Comisión de Monumentos presiente ya la intromisión de competencias que podría acarrear mantenerle su mecenazgo: “convenía que procediese [la Comisión] por su cuenta, pues si fomentaba el Museo de carácter escolar que el Instituto de 2ª enseñanza pensó establecer, llegaría un día en que en realidad pudiéndole a ella caber la mayor parte, no se supiese a quién pertenecía el Museo”[8]. Pero acertar con el local adecuado en el que acomodarlo fuera de los muros del Instituto no es una opción viable económicamente. La alternativa que conciben es buscar su mejor acondicionamiento posible en el mismo edificio, lo que desata la controversia con su recién nombrado Director, Manuel Castillo[9]. El Instituto se aviene a cederle a la Comisión un determinado local, sin uso, y dos integrantes de la Comisión se desplazan al centro para su inspección, el Gobernador Civil José Muñoz del Castillo y el Secretario de la institución Juan Sanguino, auxiliar supernumerario de la sección de Ciencias en el Instituto y, para añadir más trabas al contencioso, malavenido con su moderno Director[10]. Decepcionados, el reconocimiento del local no les parecerá adecuado y el problema se enquista al ser el único ofrecido. Figura 3 Fig. 3. Tableros con objetos arqueológicos de las inmediaciones de Alconétar, en la colección de Vicente Paredes (Mélida, 1924) La implicación de las autoridades gubernamentales abre un resquicio para el entendimiento mutuo. Aprovechando las obras de reparación que se acometerían con vistas a evitar la ruina inminente que amenazaba a la planta superior del Instituto, el Gobernador Civil se dirige al Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y le expone la necesidad de realizar las obras pertinentes para contar en el edificio con un local propio, amplio y funcional en el que alojar el pretendido Museo Provincial. Con las obras en fase de preparación, el acuerdo no será posible. En agosto de 1901 se publica el Real Decreto que reorganiza los Institutos de Segunda Enseñanza del país, que pasan a denominarse Generales y Técnicos. En su articulado, la normativa decreta el aumento del número de cátedras docentes, una reforma que según el parecer del Director genera una mayor necesidad de habitaciones para uso educativo, con lo cual no se podría destinar a Museo Provincial ninguno de los locales que la Comisión de Monumentos solicitara. La estupefacción de los comisionados, que se niegan a aceptar sus pretextos, hace que varios de ellos se desplacen de nuevo al Instituto en compañía del arquitecto competente para ver si ante un examen detenido hay o no espacio para alojar en él las salas del Museo Provincial, como así resulta. No se cita en ningún momento, pero es razonable pensar que entre ellos figuraran el Presidente del organismo, el Vicepresidente y su Secretario (el Gobernador Civil, Publio Hurtado y Sanguino)[11]. Para salvaguardar su opinión de una nueva negativa tanto del Director del Instituto como de su claustro, la Comisión de Monumentos intenta reclamar su derecho al local buscando el aval de los senadores y diputados de la provincia. Del mismo modo, cuando la Comisión sabe de la publicación del Real Decreto de 25 de octubre de 1901, que trae nuevos vientos para la definición constitutiva de los Museos Provinciales en España, remiten al Ministerio de Instrucción Pública un cumplido telegrama con el que buscan no tanto elogiar su labor al frente de su departamento como reiterarle sus preocupaciones[12]. Paradójicamente, esos vientos renovadores que trae el decreto para la red de museos del país, devienen en aire viciado en lo tocante al normal funcionamiento de la Comisión de Monumentos. Su articulado reforma la composición de individuos ligados a estos organismos. Entre otros colectivos, para avivar más el fuego del litigio, también los Directores de los Institutos Generales y Técnicos se integrarían a partir de entonces en las Comisiones de Monumentos. Es precisamente la asunción de los postulados del Real Decreto la que motiva que la Comisión de Monumentos llame a sesión un 30 de noviembre de 1901, en la que Castillo lima asperezas con la institución y da su consentimiento para almacenar en el Instituto las colecciones del futuro Museo Provincial, siempre en espera del remate de las obras de reforma del edificio, las que habrían de separar sin lugar a equívocos los límites de habitabilidad. Finiquitadas en el otoño de 1902, la Comisión se traslada a sus reformadas estancias inaugurales para celebrar una sesión, muy concurrida, durante la que rebrota la discordia[13]. Cuando se procede a leer en público la lista de objetos que Llabrés ha entregado a Sanguino para la formación del Museo Provincial, Castillo pregunta si son los reunidos en su momento para el Museo Arqueológico Escolar, pues de ser así debía ser el claustro del Instituto el que aprobara su trasvase al que ahora se pretendía instaurar. Por si fuera insuficiente, critica enérgicamente que la Comisión haya ocupado en el edificio para tal fin un espacio mayor del que cree estrictamente necesario. Es más, por falta de habitaciones disponibles, Castillo había ordenado ya la ocupación de ciertas salas destinadas al Museo Provincial en los planos de obras; al mismo tiempo, había ordenado franquear el paso a otra de sus estancias, o levantar tabiques con puertas en las crujías que también ocupaba, a fin de instalar allí gabinetes y cátedras. El Museo, en definitiva, había sido arrinconado a las estancias más deficientes del edificio, desprovisto incluso de acceso independiente. Los malos modos con los que Castillo enuncia su protesta y la ocupación de las estancias citadas originan una desapacible contestación de algunos vocales de la Comisión, que le reprochan no haber reclamado ante el Ministerio a su debido tiempo. La tensa atmósfera respirada por todos, impropia de una asamblea, aplaza la toma de todo acuerdo para la siguiente sesión, en la que las partes implicadas (Comisión e Instituto) aceptan la propuesta del conciliador Gobernador Civil José Muñoz del Castillo para extender un acta de concierto entre ambas. Terminaba así el primero de los disputados pulsos que las dos instituciones mantendrán a costa de un Museo Provincial que aún debería recorrer un largo camino para conocer su declaración oficial de utilidad pública.   1.2. El Museo de la Comisión de Monumentos Firmada el acta de concierto que Comisión e Instituto han extendido para encontrar una solución viable al conflicto, la declaración oficial del anhelado Museo Provincial será todavía una realidad remota. El organismo sabe que de su hacer depende ahora el aciago o próspero destino de su Museo, pues suyo será hasta que el Ministerio de Instrucción Pública no promulgue su utilidad pública en 1917. Hasta ver ese momento, durante años deplorará la Comisión de Monumentos el vacío legal en el que se encuentran sumidas sus colecciones y las promesas incumplidas de las oficinas estatales. Figura 4 Fig. 4. Colección arqueológico-artística del Museo Provincial en el Instituto (Blázquez Marcos, 1929). Aun así, mediante el convenio entre partes se han alcanzado al menos algunos acuerdos importantes. El Instituto ha aceptado la permanencia en el edificio de la colección museística, que se exhibe en la mejor apariencia posible en el postergado local del edificio. Para evitar indeseados equívocos, el Secretario Sanguino, por orden del claustro del Instituto, ha entregado los objetos con los que Llabrés había acondicionado el Museo Arqueológico Escolar y que la Comisión había detentado en concepto de depósito, realizando su devolución bajo inventario detallado. El cómputo de piezas que constituyen el recién instalado ahora se nutre con el catálogo que viene reuniendo por su cuenta y riesgo la Comisión en su labor privativa de recuperación del Patrimonio mueble provincial. En el mismo sentido, unos pocos meses después es la Real Academia de la Historia la que da su conformidad a que Sanguino acoja el título de Conservador, una designación que daba un espaldarazo a la consolidación institucional del proyecto museístico. Pero las embravecidas aguas sólo habían vuelto a su razonado cauce temporalmente. El 14 de mayo de 1903 publica Castillo un incendiario artículo en El Noticiero con el que rebrota la polémica. En su columna, firmada bajo el seudónimo Un vocal de la Comisión de Monumentos, vierte duras críticas sobre el organismo de Cáceres, al que achaca no haber llamado a sesión en todo 1903 y carecer de laboriosidad alguna. La reprimenda pública obliga a la Comisión a llamarle a capítulo en reunión convocada al efecto pocos días después, durante la que se exponen “mutuas y satisfactorias explicaciones sobre los conceptos que hubieran lastimado”. Aprovechando su asistencia, se le recuerda también que al claustro del Instituto debe someter las bases del convenio firmado el pasado año, en las que se rubrica el derecho de la Comisión a ocupar su local en el edificio. Como de rutina, la salida amistosa no es una solución viable. El claustro acordará por unanimidad mantener en su integridad el derecho del centro al uso de todo el edificio, cediendo únicamente para la exposición de las piezas reunidas por la Comisión el local que no tenga dedicación inmediata. La resolución destemplada del claustro obtiene entonces una respuesta semejante de la Comisión de Monumentos, que resuelve elevar al Ministerio de Instrucción Pública una demanda “pidiendo que se le entregue el local del Museo, tal y como figuraba en el proyecto de obras, y sin las adulteraciones en él introducidas”, así como expresarle “el deseo de la Comisión de que se le entregaran los objetos que de un modo indubitable le pertenecían”[14]. La determinación de la Comisión de Monumentos se le notifica también a la Real Academia de la Historia, en su búsqueda para granjearse apoyos institucionales, e incluso a la opinión pública local por medio del Diario de Cáceres, que en su edición del 13 de noviembre de 1903 reproduce la comunicación dirigida al Ministerio. Cuando vuelven a reunirse todos los implicados en el contencioso museístico, en el verano de 1904, el desencuentro es palmario[15]. Vetado a la Comisión de Monumentos el acceso a su local en el Instituto, o tal vez para acercar posturas en un terreno neutral, son citados a la reunión en el despacho del nuevo Gobernador Civil, Juan Fernández Vicente. Durante la asamblea, Castillo arremete contra la redacción del acta de la sesión anterior, nula, a su juicio, por haberse violado varios preceptos reglamentarios, como rehuir el número mínimo de vocales asistentes que establece el reglamento de las Comisiones de Monumentos o que la exposición remitida al Ministerio se haya tramitado con defectos de procedimiento. Tan sólo un concurrente quiso que constara en acta su adhesión a Castillo, el bibliotecario del Instituto Marcelino Gutiérrez[16]. Contestando cuidadosamente a las acusaciones del Director, el resto de comisionados asistentes participa de la discusión, a cuyo término se alcanzan reconciliadores acuerdos en firme, como la retirada de la instancia acusatoria elevada al Ministerio o el usufructo que se otorga a la Comisión para disponer de dos de sus salas en el Instituto mientras se trabaja en el traslado al edificio de la Diputación Provincial, que sería tanteada por una delegación del organismo para ubicar en él la colección museística. Como ya ocurriera en 1901, la mudanza no prospera con la facilidad que se piensa y las colecciones reunidas por la Comisión deben continuar instaladas por tiempo indefinido en su deficiente local del centro educativo. No obstante, el mutismo del que se hace gala en la documentación sobre cualquier tipo de polémica a tenor de su ubicación, unido al goteo de piezas que pasan a engrosar sus fondos, nos induce a pensar que el conflicto entre Comisión e Instituto se relajó por unos años[17]. Ya en 1908, la Comisión de Monumentos tropieza con que una de sus dos salas en el edificio ha sido ocupada para la impartición de las clases de Dibujo de la Escuela de Artes e Industrias, un desaire que resucita la controversia[18]. Castillo, presente en la sesión pertinente del organismo, tras solicitar repetidamente la impugnación del acta anterior por nuevos defectos de procedimiento, justifica sus acciones en atención al dominio exclusivo que, a su juicio y del claustro, detenta el centro sobre todas las instalaciones del edificio. Se desconoce si la Comisión de Monumentos recuperó la sala del Instituto que le pertenecía. En cambio, sí es seguro que su Museo continuó asfixiado entre las dependencias docentes, sin que fructifiquen los intentos del organismo para encontrarle un local externo más espacioso y práctico en el que arrancar su andadura autónoma. Resignada la Comisión, será la iniciativa estatal la que abra una vía para el adecuado desenlace de un litigio que duraba ya demasiado.   1.3. El Museo Provincial de Bellas Artes y su Junta de Patronato Para ver algo de luz al final del túnel que viene recorriendo desde 1902 como tutora de un Museo que, muy a su pesar, no goza de la debida declaración oficial como Provincial de Cáceres, la Comisión de Monumentos habrá de aguardar hasta 1913. En el otoño de ese año, los comisionados discurren sobre la solicitud que el Ministerio de Instrucción Pública les demanda: una nómina de vocales que componen el organismo y una relación del catálogo de objetos reunidos que pueda respaldar la creación del Museo Provincial implorado. La notificación ministerial se sustenta en los artículos 2º y 3º del Real Decreto de 24 de julio de 1913, que reorganiza los Museos Provinciales del país e impulsa resolutivamente la extensión de la utilidad pública a cuantos aún no la disfrutan[19]. El requerimiento es tramitado con diligencia por la Comisión de Monumentos, pero ya sea por las clásicas desatenciones a las que el Gobierno la somete o por el extravío de su reclamación entre el confuso aparato burocrático estatal, lo cierto es que nunca llegará a saberse de una eventual contestación. Las exigencias que demanda para/con su Museo son atendidas tiempo más tarde por conducto directo de la misma Monarquía alfonsina. En julio de 1916 la Infanta Isabel de Borbón visita la ciudad y durante cuatro días de estancia asiste a múltiples actos que celebran su venida. Entre otros lugares señalados, visita la colección museística ubicada en el Instituto, guiada por Publio Hurtado, Sanguino y Emilio Herreros[20]. Allí, ante la insistencia de sus acompañantes, promete secundar los remotos deseos de la Comisión, cuya respuesta cabe ubicar más en el ámbito de la cortesía que en el de una hipotética y decisiva contribución por su parte a la causa. Más importante debió ser la inspección que en torno a las mismas fechas realizó Alfonso Pérez Gómez-Nieva, por entonces Jefe de la Sección de Fomento de las Bellas Artes del Ministerio, quien dado su cargo más podía hacer por la empresa museística. Sabedores del punto de inflexión que el aparente respaldo gubernamental parece suponer, la Comisión de Monumentos acude también a sus representantes políticos extremeños en Madrid, como ya hiciera anteriormente, para que cooperen en su declaración, entre los que se destaca el nombre de Eloy Sánchez de la Rosa[21]. Tras un mar de vaivenes administrativos y políticos, que fundan primero y disuelven después una primera Junta de Patronato del Museo, se instaura ésta, a la que se encomienda autónomamente el fomento del bautizado (ahora sí) Museo Provincial de Bellas Artes[22]. La Junta fundacional se forja con un variado elenco de personalidades: la Presidencia se otorga a Publio Hurtado; las vocalías recaen en Eloy Sánchez de la Rosa, Fernando Jiménez Mogollón (Arcipreste en Cáceres), Manuel Castillo, Juan Sanguino, Gustavo Hurtado Muro[23], Eladio Rodríguez (Director de la Escuela Normal) y Antonio Floriano Cumbreño[24]. En la misma sesión se eleva a Sanguino hasta la Dirección del Museo en virtud del título de Conservador que ya venía ocupando desde 1903. A la Junta también pertenecerían, como vocales natos, el Presidente de la Diputación y el Alcalde de Cáceres, según estipulaba el reglamento para los Museos Provinciales de 1913. Poco tiempo disfrutaría de su vocalía el Director del Instituto, Manuel Castillo, pues en diciembre de 1918 trasladó su actividad docente al de Valencia. Ultimada su marcha, dejó de pertenecer a la Junta de Patronato y a la Comisión de Monumentos, sin que sus congéneres en la institución le mostraran atisbo de aprecio alguno, pues no figura su nombre en las actas ni para anunciar su traslado. Figura 5Fig. 5. Inscripciones epigráficas de Ibahernando (Sanguino, ARAH, CACC/9/7948/21(2)). Así instalada, la Junta de Patronato desvincula de la Comisión de Monumentos sus hasta entonces atribuciones privativas sobre el Museo, lo que no implica que el organismo continúe asociado a su fomento permanente a través de la dual integración de muchos de sus integrantes en ambas instituciones. Según lo refirió Publio Hurtado en la primera sesión que celebraba la Comisión tras la reorganización de la Junta de Patronato, “cesaba la acción de la Comisión sobre el Museo, pero no la de varios de los individuos que la componían, vocales del Patronato, y él mismo, honrado con la Presidencia”[25]. No andaba desencaminado: de las ocho personalidades que habían sido agregadas a la Junta como vocales ordinarios (excluimos los natos), seis pertenecían en aquel instante a la Comisión de Monumentos. El desvío puntual que la Comisión hace de sus presupuestos para gastos concernientes a la Junta museística es también síntoma de la consonancia entre las dos instituciones. Hasta las fechas en las que la Junta de Patronato celebra sus asambleas son en gran número coincidentes con los días en los que el organismo de Cáceres convoca las suyas. En definitiva, el Museo Provincial de Bellas Artes, tras un alumbramiento dilatado penosamente en el tiempo, seguiría en lo venidero tutelado de facto por la institución que desde 1898 promovió su fomento cuando apenas era un elemental Museo Arqueológico Escolar.

  1. Provisión de objetos y musealización

Como ha sido puesto de manifiesto, la génesis y el desarrollo de lo que llegaría a ser, andando el tiempo, el Museo de Cáceres, escribe su historia en claves singulares. Las disposiciones jurídicas del Reglamento de 1as Comisiones de Monumentos de 1865, por el que se regían los Museos Provinciales del país a las puertas del siglo XX, tipificaba su doble naturaleza: de Bellas Artes y de Antigüedades (Arqueológicos), dependientes de la Real Academia de San Fernando los primeros y de la de la Historia los segundos. Uno y otro podían acomodarse indistintamente en la misma capital provincial. En el caso que nos ocupa, su creación parte de una eventualidad peculiar, la que funde ambas concepciones en una sola. De hecho, hasta que no recibe su declaración de utilidad pública en 1917 como Museo Provincial de Bellas Artes, los mismos integrantes de la Comisión lo definen como “Museo Arqueológico y Artístico de la Provincia”, esto es, con secciones arqueológica y artística. Si el arranque del proyecto museístico había sido difícil, no menos lo sería el proceso de acopio de objetos. En enero de 1899, cuando apenas se han reunido unas pocas piezas, la Comisión de Monumentos de Cáceres recibe de su homóloga pacense el “voluminoso catálogo” de los objetos que ha logrado reunir en el Museo de Badajoz, “produciendo su revisión una impresión penosa al compararlo con la pobreza del nuestro”[26]. Y es que los presupuestos anuales que disfruta la Comisión son tan ajustados que apenas llegan para pequeños desplazamientos y la adquisición de enseres de Secretaria, mobiliario, libros y unos pocos objetos para su Museo. Según la normativa vigente, son las Diputaciones Provinciales las que están obligadas a asistir económicamente a su respectiva Comisión de Monumentos, pero los libramientos que la de Cáceres expide adolecen de una enorme falta de rigor tanto en las cantidades como en la periodicidad con la que se reciben. Lo mismo le ocurrió a todas las Comisiones del país, que siempre se debatieron entre la precariedad pecuniaria y su desatendida reclamación[27]. Para suplir la dificultad, se buscará decididamente la generosidad de la sociedad extremeña y de las más cercanas instituciones públicas, como el Ayuntamiento de Cáceres o la Diputación Provincial, aleccionadas para la donación de todo tipo de objetos, ya en propiedad o en depósito. Una vez aplacado en parte el litigio que mantiene con el Instituto en 1902, el Boletín Oficial de la Provincia es el medio que se le antoja a la Comisión para hacer su primer llamamiento a la donación sistemática. En él difunden una circular destinada a particulares, párrocos y Alcaldes, en la que se les invita a donar desprendidamente una extensa mezcolanza de objetos[28]: Son parte principal del fomento de estas instituciones los frecuentes donativos de objetos que de particulares reciben; y como la Comisión de Monumentos de Cáceres cuenta ya con muestras del interés que ha merecido su pensamiento á varias personas de estudio, y á otras meritísimas de la provincia, que con desprendimiento laudable le han hecho valiosos ofrecimientos, quiere, por la presente circular, que entiendan los Sres. Alcaldes, párrocos y cuantos hombres de ilustración la lean, la obligación moral que á todos incumbe de coadyuvar á la prosperidad del Museo. Para esto, debe V. [como Alcalde municipal] divulgar entre sus convecinos que las piedras llamadas de rayo, los bronces antiguos, las inscripciones, los hierros artísticos, los azulejos, pergaminos, escritos y libros raros, las pinturas y telas de notoria antigüedad, etc., podrán ser, si no son donadas con el fin dicho, compradas por la Comisión, siempre que sus recursos pecuniarios lo permitan; y que, al fin, será más patriótico ofrecerlos á ésta en venta que no á codiciosos mercaderes que se los lleven al extranjero, como viene ocurriendo en la provincia, con lamentable frecuencia. La publicación de la circular en el Boletín provincial obtiene al instante una triunfante aceptación. Una cincuentena de pueblos han contestado diligentes a la circular, anunciando haberle dado la mayor divulgación, y los más variopintos ofrecimientos comienzan a llegar. Destacan, entre otros, los ofrecidos desde Plasencia: “interesantes objetos prehistóricos y miliarios y lápidas” obsequiados por Vicente Paredes, un copioso monetario prometido por Eugenio Escobar e “interesantes pergaminos” que entregaría José Benavides[29]. Unos meses más tarde, es Mario Roso de Luna el que facilita para las colecciones del Museo un considerable lote de piezas arqueológicas exhumadas durante sus excavaciones practicadas en varios enclaves cercanos a su Logrosán natal[30]. El escritor y folklorista Rafael García-Plata de Osma, otro de los más activos donantes que se ofrecen a la Comisión de Monumentos, realiza una concesión de un puñado de objetos artísticos y casi 150 monedas, entre las que había “fenicias, túrdulas y romanas de interés”[31]. El entusiasmo comprometido del Gobernador Civil José Muñoz del Castillo para el fomento del Museo de la Comisión se calibra también con las 250 ptas. que entrega entonces despreocupadamente. Así, la nómina de personas que forman el dadivoso colectivo se corresponde con la élite social extremeña, como no podía ser de otra forma. Más allá de ellos, nos encontramos ante todo sacerdotes, abogados, políticos, maestros y alumnos y profesores del Instituto de Cáceres (algunos verdaderamente activos), cuyas aportaciones se vinculan por lo general con los hallazgos numismáticos. Menos suerte corre la llamada particular que varios miembros de la institución hacen a diversas personalidades de su entorno, quienes podían facilitar más objetos o mediar para su adquisición, a los que se tantea por escrito. Su repercusión fue un fiasco: a su llamada sólo contesta Marcelino Guerra Hontiveros enviando un ejemplar de su libro Apuntes históricos acerca de la villa de Gata (que ya poseía además la Comisión) y otro del folleto Notas á las Antigüedades de Estremadura de D. José Viu, firmado por su padre Felipe León Guerra. Pero la decepción no podía esconder un logro mayúsculo: publicada la circular, el Museo de la Comisión se había abierto a un espacio regional que hasta el momento ignoraba su misma existencia, y que si se conocía era más bien por las trifulcas que continuamente avivaban la comidilla local. A partir de su llamada, los ingresos de todo tipo de objetos históricos, artísticos y arqueológicos procedentes de la geografía provincial aumentarían a ritmo constante sus depósitos año tras año. Los vocales de la Comisión de Monumentos también predican con el ejemplo. Las piezas que ceden al Museo que administran proceden invariablemente de las áreas inmediatas de sus municipios de residencia. Si establecemos entre sus integrantes un escalafón donante, sobresale por encima del resto la generosidad de Sanguino. Su labor merece relatarse con detenimiento, pues trasciende su mera caracterización como donante de objetos. Como tal, es frecuente encontrarse con la cesión periódica de objetos varios, como la que realiza en 1910, un catálogo de útiles prehistóricos (“de los que nada había en el Museo”) procedentes de diversas cuevas de la provincia de Santander, en la que residía transitoriamente por motivos laborales[32]. Su activismo febril le hace destacar no sólo por su desinteresada generosidad. En su ejercicio como vocal y Secretario de la Comisión y Conservador de su Museo, resulta ser un excelente gestor. Con mano paciente redacta en el libro de actas de la institución, en el de cuentas y en el de inventario del Museo todas y cada una de las colecciones y objetos sueltos que ingresan. Con pareja eficacia administra los gastos que el organismo asigna al Museo, como el transporte de los objetos a la capital provincial o la compra del mobiliario indispensable para su exposición. Y es que alrededor del fomento del Museo giraron sus principales inquietudes en el seno de la Comisión de Monumentos, convertido aquél en su genuina obra personal. La provisión cadenciosa que nutre los fondos museísticos se complementa en ocasiones con las colecciones arqueológicas privadas que, bien en parte o en su integridad, trata de adquirir la Comisión de Monumentos para su acrecentamiento. La primera de las colecciones sondeadas fue precisamente la de uno de sus miembros reorganizadores, Miguel Jalón y Larragoiti, XII Marqués de Castrofuerte[33]. A su muerte, la Comisión de Monumentos naufraga en sus pretensiones para ser la destinataria de la herencia cultural de su benefactor, una magnífica biblioteca y una serie artístico-arqueológica que exhibía en su residencia particular. La colección pasó a sus hermanos y sufrió un proceso de disgregación entre diferentes instituciones (e incluso manos privadas) españolas, de la que apenas pudieron salvar los comisionados para el Museo un pequeño lote de objetos [Fig. 2]. Un desenlace muy diferente tuvieron sus tenaces esfuerzos para hacerse con el legado testamentario de Vicente Paredes a su muerte en 1916, cuya adquisición aumentó formidablemente la dimensión de su Museo. Su autor había logrado reunir alrededor de 200 objetos y un monetario de más de 3.000 piezas (por no hablar de su recopilación bibliográfica y documental) que tras un parón de tres años, en espera de conocerse su destino, se trajeron a Cáceres en 1919 gracias a los eficaces trámites burocráticos gestionados por la Comisión de Monumentos y la Junta de Patronato del Museo, lo que dio origen a un litigio que todavía hoy es causa de controversia [Fig. 3][34]. Es también Sanguino quien realiza las gestiones precisas para adquirir el mobiliario expositor y quien coordina los criterios museísticos de exhibición. En lo que respecta al mobiliario, requerido para la exposición de las colecciones y para la sala de juntas de la Comisión (que se ubica en su local del edificio del Instituto), se acude a tres vías de adquisición, con resultados que guardan una dispar fortuna. Una de ellas es acudir al mobiliario construido para exposiciones y al existente en administraciones públicas suprimidas, que es solicitado en concepto de depósito mientras no sea requerido para nuevo uso, precisamente lo que ocurrió con el de la despojada Jefatura del Segundo Distrito Agronómico, que debió ser devuelto en 1904 cuando apenas había sido utilizado durante dos años. En otras ocasiones, como fue el caso de unos tableros y marcos acristalados para portaláminas y fotografías, se solicita el auxilio económico de la Diputación Provincial, la que asiste presupuestariamente a la Comisión, pero su fabricación se malogra continuamente por entorpecedores trámites burocráticos. La tercera alternativa, a la que más se acude, es destinar una partida de sus presupuestos anuales para la fabricación del mobiliario más esencial, aunque los elevados costes de construcción convierten en una gesta económica este dispendio[35]. Las cantidades restantes de su presupuesto se reservan a las gratificaciones al conserje que se ocupa de la limpieza del local y de recados diversos. Figura 6

   Fig. 6. Inscripción votiva de Talaván (Fita, 1914).

Figura 7

Fig. 7. Piezas arqueológicas procedentes de Cáceres el Viejo (Sanguino, 1913).

Con anterioridad nos referíamos al Real Decreto de 25 de octubre de 1901, que abordaba la condición de los Museos Provinciales (Arqueológicos, para más señas) y su lugar en el organigrama museístico de España. El Museo de la Comisión de Monumentos de Cáceres se instaura al poco de su promulgación debiendo atenerse a sus disposiciones, que no serían nada fáciles de asumir por la institución en lo tocante a las instalaciones expositivas y a sus tendencias museográficas. Se desconoce dónde se ubicaban y cómo se realizaba la exhibición de los objetos que formaban sus primeras colecciones en el Instituto, antes de la declaración de utilidad pública de 1917. Sólo a través de las descripciones que José Blázquez Marcos realizó del local y de sus colecciones en la obra Por la vieja Extremadura, auxiliados por las fotografías con las que Tomás Martín Gil ilustraba la publicación, se puede plantear un esbozo de sus planteamientos museográficos a finales de años veinte, poco antes del traslado a la Casa de las Veletas [Fig. 4][36]. Según su reseña, la planta alta del edificio acogía tres salas de exposición. En la primera se habían acomodado las colecciones pictórica y escultórica moderna y contemporánea, que compartían espacio con el nutrido monetario del Legado Vicente Paredes. En la segunda sala, expuestos en cinco vitrinas acristaladas, se exhibían los “restos y objetos” arqueológicos, en su mayoría los que venían aflorando del campamento romano de Cáceres el Viejo, dejando las paredes para fotografías de monumentos de la provincia, vaciados de esculturas clásicas en yeso y variadas piezas cerámicas. Las demás reproducciones en yeso y todas las piezas arqueológicas restantes del legado testamentario de Vicente Paredes quedaron instaladas en la tercera sala, expuestas en una vitrina particular. De este modo, sabemos que en todas las salas había vitrinas y estanterías en las que se colocaban algunos objetos con su respectiva cartela (los de mayor facilidad de manipulación por su peso y dimensiones), mientras que otros eran fijados en las paredes (la colección pictórica) o incluso apoyados directamente en el suelo (caso de las inscripciones epigráficas). En consecuencia, podríamos decir que el Museo de la Comisión de Monumentos en el Instituto no era muy diferente de un provisional emplazamiento a medio camino entre una sala de exposición y una galería de objetos de variada tipología, cronología y estima.   2.1. La colección arqueológica: epigrafía y numismática Si a Sanguino, como Conservador del Museo que fue desde 1903 hasta el mismo día de su muerte en 1921, le cabe la mayor parte en su correcta administración, no menos protagonismo detenta en las directrices netamente arqueológicas que al mismo le otorgó. A sus decididas y continuadas gestiones para indagar en el Patrimonio Arqueológico extremeño, al que consagró con energía sus inquietudes investigadoras, se debe sin lugar a dudas la acentuada orientación arqueológica del Museo que dirige, en detrimento de otros objetos de diferente naturaleza que forman también parte del Patrimonio mueble provincial, pero que cuentan con una atención y presencia menor. La incidencia de su eminente predilección por la Arqueología regional y los bienes que integran su Patrimonio Arqueológico se deja notar especialmente en el peso específico que las secciones de epigrafía y numismática ocupan en el cómputo de la colección museística, un fiel reflejo del gusto personal de Sanguino por este tipo de hallazgos arqueológicos. Amparado en su cargo de Conservador y en los poderes coordinativos que le otorga la Secretaría de la Comisión de Monumentos y de la Revista de Extremadura, sostiene una red de informadores o “corresponsales epigráficos” repartidos entre distintas localidades de la provincia que le comunican con frecuencia la aparición de hallazgos epigráficos, facilitando que la Comisión de Monumentos ponga en marcha la maquinaria legal y burocrática de apropiación, la que la ampara para hacer prevalecer su derecho a reunirlas en su Museo. Para ello esgrime con gran juicio la legislación conservacionista vigente, sea cual sea el contexto en el que la pieza se encuentra, en especial la muy recurrida Ley de Excavaciones y Antigüedades de 1911[37]. En la misma línea, es también Sanguino quien tiene la iniciativa de fijar unas directrices tipo destinadas a evitar los errores y omisiones, muy habituales, que comenten sus colaboradores en los calcos que reproducen el texto de las inscripciones, y que difundió convenientemente en la Revista de Extremadura para su conocimiento. Este procedimiento en el que Comisión e informadores ocasionales trabajan conjuntamente permite a la institución distribuir posteriormente las copias de las inscripciones entre los más avezados epigrafistas, como Emil Hübner o Fidel Fita, quienes las publican posteriormente en la Revista de Extremadura, el Boletín de la Real Academia de la Historia y/o el Boletín de la Real Academia de la Historia 38]. Figura 8 Fig. 8. Calcos de monedas recogidas en Alconétar por Sanguino en 1906 (AHPCC, Legado Paredes). Entre los mayores éxitos en la recopilación sistemática de epígrafes que acomete la Comisión de Monumentos se cuenta el cosechado en Ibahernando entre 1899 y 1904. Por medio del Secretario de la Alcaldía del citado municipio, que predispone una admirable colaboración, se pueden adquirir un importante conjunto de inscripciones romanas y cristianas aparecidas casualmente y detentadas en su mayoría por varios vecinos de la población. La competente labor del organismo se juzga con el número total de piezas epigráficas que procedentes de Ibahernando aloja hoy el Museo de Cáceres: de un total de 22 inscripciones, 17 de ellas fueron las adquiridas en este primer lustro del siglo XX por la Comisión de Monumentos [Fig. 5][39]. En el extremo más opuesto, la Comisión de Monumentos no puede siempre contar con la esperada colaboración institucional o ciudadana, ineludible para satisfacer sus intenciones concluyentes: trasladar y exponer las inscripciones epigráficas en su lugar correspondiente en el Museo. La desconsideración de la ciudadanía hacia las piezas que detenta es habitual y el archivo de la Comisión da continuas muestras de ello. En cambio, otras veces es la irresponsabilidad en pleno de la Comisión de Monumentos hacia sus obligaciones proteccionistas la que provoca la pérdida o destrucción de puntuales epígrafes. Algunos sumamente interesantes, como el aparecido en 1913 junto a otros hallazgos en las cercanías de Talaván, durante la construcción de una carretera pública: una formidable inscripción votiva, con peculiar bajorrelieve esculpido en su frente y asociada a un topónimo desconocido en los catálogos epigráficos [Fig. 6]. Oído el informe de Floriano dando cuenta de su aparición, se activan las diligencias de apropiación, pero no prosperan y el asunto se olvida por unos años. En 1916 se encarece su recuperación del particular que la conserva en Talaván al haber aparecido en una obra pública del Estado, sin próspero desenlace. Martín Gil la vio personalmente a principios de los años cuarenta, desdeñada en una propiedad particular de esa población, siendo el último que ha proporcionado datos sobre su desconocido paradero actual[40]. Por su parte, la colección numismática que reúne el Museo durante su etapa fundacional es también de gran relevancia. El monetario del Museo se nutre en sus orígenes con las aproximadamente 500 piezas numismáticas que en su día pertenecieran al Museo Arqueológico Escolar del Instituto, y que se incrementa con creces en las décadas siguientes. La envergadura de la misma actualmente es de las mayores de España, con un monte total que sobrepasaría las 7.000 unidades, recogidas en buen número por la gran labor de acopio llevada a cabo por la Comisión de Monumentos y la Junta de Patronato. Conocidas las crónicas dificultades económicas por las que atraviesa la Comisión de Monumentos, serán las donaciones altruistas las que dominen por lo común la provisión del monetario. Entre el colectivo donante, ya nos hicimos eco de sus principales valedores: las figuras vinculadas a la élite social y cultural de la región y los mismos vocales del organismo de Cáceres, especialmente Gutiérrez del Caño, Roso de Luna y el incombustible Sanguino. El canje del monetario duplicado es otra de las posibilidades sin cargo económico alguno, aunque nunca se aprovecha. La mejor ocasión se le presenta a la Comisión en 1902 por medio de Narciso Díaz de Escovar, Secretario de su homóloga en Málaga y asiduo colaborador de la Revista de Extremadura. La oferta cautiva al organismo para cuando se aborde la catalogación del monetario reunido, pero nunca acaba de concretarse, ya que cuando el inventario es una realidad ni uno ni otro recuperan las diligencias. La otra vía sin gasto económico alguno se canaliza a través del legado testamentario de los coleccionistas privados, como colosal fue el fondo numismático procedente del depósito privado de Vicente Paredes, ya referido, y que aún hoy supone alrededor de un tercio del monetario del Museo de Cáceres. Por su parte, la compra del monetario no es un negocio asequible para la Comisión de Monumentos, causa de muchas operaciones frustradas. Es el caso de la colección de monedas romanas que Joaquín Durán, vecino de Almaraz, ofrece en venta al organismo en 1903. El archivo de la institución conserva el catálogo remitido por el expresado, pero según sus palabras “otras atenciones impedirían comprárselas por ahora”, precisamente cuando se acaba de hacer un fuerte desembolso por el mobiliario destinado al Museo y la sala de juntas. Pasado el tiempo, ni Comisión ni ofertante recuperarán el interés por la compraventa[41]. Por sí mismo, el comercio numismático no es precisamente una alternativa módica: por la compra de cuatro monedas de oro se abonaron 152 ptas. en 1914, una cantidad significativa en atención a las 500 ptas. que la Diputación consignaba entonces a la institución para sus gastos presupuestarios. La obligación de catalogar los fondos del Museo era otra de las atribuciones conferidas por reglamento a los Conservadores de los Museos Provinciales desde 1865. Su importancia era especialmente acusada en lo tocante a las colecciones numismáticas, propensas al extravío de piezas sueltas o, por qué no, al hurto. Aun siendo una potestad conferida a los Conservadores, no sería Sanguino el que catalogara la colección monetaria. El primero de los inventarios lo acomete Gutiérrez del Caño en 1905 por encargo de la Comisión de Monumentos, cuando todavía se compone de unas pocas piezas monetales. De mayor significación es la clasificación y valoración genérica que Floriano realiza de ellas en 1913, publicada unos meses después por medio de un sucinto folleto[42]. El compromiso de Floriano, una vez terminada la tarea, se complementó con la entrega al Conservador Sanguino de una caja índice con el inventario y dos pirámides para su muestra que él mismo había costeado. Como no podía ser de otro modo, su labor fue evaluada como un “trabajo meritorio” por el resto de comisionados, y su autor, como digno acreedor de sus agradecimientos. * * * El resto de piezas arqueológicas que no guardan carácter epigráfico ni numismático, acrecientan también rítmicamente estas colecciones arqueológicas. Las circunstancias que rodean a su procedencia y acopio son múltiples. Los hallazgos casuales ante la expansión urbanística contemporánea y las obras de remodelación públicas y privadas son muy frecuentes. En especial, el yacimiento romano de Cáceres el Viejo se destapa a partir de 1910, tras la primera intervención de Schulten, como una magnífica cantera de hallazgos arqueológicos, siempre y cuando pueden ser rescatados de entre los arrasamientos que viene provocando la construcción de la carretera pública que lo cruza, que preocupan a la Comisión de Monumentos por los destrozos constantes que ocasionan en el yacimiento [Fig. 7][43]. Por otra lado, las salidas excursionistas, durante las que se visitan yacimiento o contextos arqueológicos asociados y donde se recoge colateralmente material arqueológico, suponen una cierta intencionalidad para inspeccionar y recuperar piezas para su Museo, como es el caso de los viajes realizados a Las Torrecillas de Alcuéscar en 1900 o al vado de Alconétar en 1906[44] [Fig. 8]. Casi nulas son las excavaciones arqueológicas abordadas por la Comisión de Monumentos, el modelo de intervención más proclive para la exhumación de objetos arqueológicos. Por el contrario, sí impera una actitud permisiva con arqueólogos aficionados, una postura acomodada que resulta muy conveniente si de lo que tratan es de enriquecer sin esfuerzos materiales y humanos las colecciones arqueológicas de su Museo. Figura 9 Fig. 9. Torre de la Casa de los Cáceres-Ovando a principios del siglo XX (AHMCC, Fondo Llabrés). 2.2. Otras colecciones no arqueológicas Las colecciones no arqueológicas que aloja el Museo de la Comisión no guardan comparación posible con la anteriormente descrita. Apreciamos, de hecho, que no existe esfuerzo organizado para su acopio, como sí se desprende del metódico enaltecimiento de la sección puramente arqueológica. El ingreso paulatino de objetos no arqueológicos (históricos, artísticos, mineralógicos, etc.) se reconoce en el libro antiguo de inventario de objetos del Museo, pero con una frecuencia menor y ensombrecidos por el esmero con el que se procura la recolección de piezas arqueológicas. En verdad, suponen una amalgama de objetos tal en la disparidad de su tipología, cronología y procedencia, que resulta una tarea más que ardua realizar aquí su exposición detallada, que acometemos a modo de síntesis. Entre las colecciones no arqueológicas primigenias del Museo de Cáceres, se procura reunir el catálogo fotográfico más completo posible con la intención de (parafraseando sus impresiones) ilustrar a los vocales en los monumentos y conjuntos histórico-artísticos más notables de la provincia. Un centenar de fotografías alcanza a reunir muy pronto la institución para tal fin, las que inmortalizan palacios, iglesias y demás edificios de entidad monumental de Cáceres, Plasencia, Trujillo o Guadalupe, así como puntuales contextos arqueológicos (ruinas de Cáparra), compradas a la casa fotográfica Laurent, al gabinete local de Julián Perate u otros estudios fotográficos, que se incrementan con las cedidas por desprendidos donantes, como Llabrés, que en 1910 regaló a la Comisión casi medio centenar de instantáneas. Todas ellas se cotizan alto en la actualidad entre el cómputo de catálogos fotográficos de la región extremeña al haber inmortalizado entornos perdidos o desfigurados [Fig. 9]. Otras colecciones no arqueológicas que pasan a engrosar los almacenes fundacionales del Museo de Cáceres son vajillas de porcelana, azulejos y lozas antiguas talaveranas y puenteñas; obras pictóricas, entregadas en depósito temporal por la Diputación Provincial; elementos religiosos, del tipo de tallas, crucifijos, rejerías y pequeños retablos; armas blancas y de fuego, como cuchillos o pistolas; medallas, aunque éstas figuran catalogadas en la colección numismática; o una interesante colección de estampas y grabados de época moderna y contemporánea[45].

  1. La vertiente instructiva e investigadora del Museo

El concepto de utilidad pública aplicado a los Museos Provinciales sufre aceleradas reconsideraciones en España tras la publicación del Real Decreto de 25 octubre de 1901. Su articulado replantea a principios de siglo la consideración de los centros museísticos, a partir de ahora, potenciales espacios pedagógicos en los que concertar la teoría y la práctica, ya fuera para profesorado y aprendices o para el común de la ciudadanía[46]. Pese a lo enunciado, la Comisión de Monumentos de Cáceres apenas esboza unas pinceladas sobre estos aspectos en favor de su Museo, aunque, todo sea dicho, más por falta de recursos que de predisposición. Figura 10 Fig. 10. Escultura femenina romana, instalada con anterioridad en el Palacio de Mayoralgo (Mélida, 1924). Figura 11 Fig. 11. Fragmento escultórico procedente de Las Torrecillas de Alcuéscar (ARAH, CACC/9/7948/22(07)).   La celebración de conferencias y exposiciones, que podrían ayudar a que el espectro ciudadano fuera conocedor de su utilidad social, son proyectos generalmente ideados y casi nunca ejecutados. Castillo, en 1901, es el primero en exponer la conveniencia de oficiar conferencias sobre Arqueología abiertas al gran público, “como propaganda que redundara en provecho del fomento del Museo”, pero su propuesta se juzga prematura en tanto que el Museo instalado en el Instituto no se haya constituido aún como órgano museístico institucionalizado, sino más bien como un provisional emplazamiento donde se reúnen y exponen las colecciones en la mejor apariencia posible, escasamente apropiado para presentarlo ante la opinión pública como el recurso social que se espera que sea[47]. El mismo desenlace cosecha en 1908 la propuesta para dar conferencias a las clases populares acerca del Patrimonio Histórico-Artístico de la región, que no fructifica, entendemos que por múltiples ocupaciones de los comisionados. Siquiera puede reseñarse la sugerencia de Sanguino, que en su ejercicio compartido de profesor del Instituto y Conservador del Museo, promueve que el profesorado del centro educativo imparta en éste algunas de sus lecciones de Historia. Las reiteradas propuestas de ciertos vocales para organizar actos y exposiciones de “arte retrospectivo”, donde se mostrarían al público una selección de piezas históricas representativas, fracasan también sistemáticamente ante las escasas posibilidades económicas y la pobre implicación de las personalidades que más ayuda podrían prestar. Estos son los pretextos que se aducen en marzo de 1913 ante su intención de celebrar una de estas exposiciones con motivo de las fiestas locales, abortada “por lo poco asequibles que para esas cosas, son las personas que pueden poseer objetos propios para tal fin, como ya lo han demostrado en otras ocasiones análogas”. La renovada sugerencia se realiza por las mismas festividades de 1921, ya instalada la Junta de Patronato, con las que se podría “ir despertando en la localidad y la comarca la curiosidad y la afición a estas manifestaciones artísticas”. Conforme en un principio la Comisión en pleno, no tardó en subordinarla a los escasos recursos presupuestarios, “cuya carencia había malogrado más de una vez tan laudables iniciativas”[48]. Paralelamente a la aperturista función social que el Estado ofrece a los Museos Provinciales con la publicación del Real Decreto de 1901, el Museo de la Comisión de Monumentos de Cáceres se perfila pronto como un espacio abierto a arqueólogos, profesores universitarios y demás investigadores interesados en estudiar las colecciones que cobija, ya sea para sus trabajos particulares o para otros que les han sido encargados, como catálogos o inventarios patrimoniales. Los estudios que las élites eruditas de la región extremeña editan por las mismas fechas en publicaciones científicas (la Revista de Extremadura y el Boletín de la Real Academia de la Historia, principalmente) son conocidos por estos avezados investigadores, comúnmente los vinculados a la disciplina arqueológica, tanto nacionales como extranjeros, que se desplazan al terreno en el que se encuentran afincados los bienes de su interés y de los que tienen vagas referencias o, como es el caso, al Museo de la Comisión, en el que examinan personalmente las piezas. En julio de 1904 el arqueólogo francés Pierre Paris se detiene en Cáceres durante uno de sus viajes e intercambia opiniones con Sanguino sobre la escultura femenina romana existente en el Palacio de Mayoralgo (hoy en el Museo de Cáceres) y sobre un fragmento escultórico del Museo procedente del yacimiento arqueológico de Las Torrecillas de Alcuéscar [Figs. 10 y 11][49]. Entre los meses de junio y julio de 1906, la Comisión de Monumentos puede recibir en Cáceres a Adolf Schulten, al que acompaña durante su estancia[50]. El alemán indaga en la colección de epígrafes del Museo y en ciertas piezas halladas por Roso de Luna durante sus incursiones arqueológicas en la comarca trujillana. También tiene tiempo para visitar el conjunto histórico intramuros, su recinto amurallado y el campamento romano de Cáceres el Viejo (que acabaría excavando en distintas campañas), de todo lo cual procura obtener fotografías, dibujos y medidas. Raymond Lantier, compatriota de Paris, visita también la ciudad en el verano de 1914, guiado en todo momento por Sanguino. Juntos inspeccionan varios lienzos de la muralla y diversas piezas arqueológicas alojadas en el Museo y otros puntos del entramado urbanístico cacereño, de las que toma apuntes y fotografías para la elaboración del catálogo en el que estaba trabajando junto con otros colaboradores[51]. Las comprobaciones de José Ramón Mélida, que hace lo propio en las instalaciones del Museo, mediciones y fotografías de ciertos objetos, se rastrean abundantemente en el archivo de la Comisión y en la prensa local, sobre todo durante la redacción de su Catálogo Monumental de la Provincia de Cáceres, entre 1914 y 1918[52]. Los vocales de la Comisión de Monumentos acompañan también a Mélida tanto en el Museo como durante sus incursiones en los contextos regionales de su interés, mientras recaba datos para su obra citada.         Reflexiones finales, a modo de conclusión En 1898, una propuesta de quien entonces ejercía de Catedrático de Geografía e Historia en el Instituto de Cáceres permitía asentar en la localidad su primer centro museístico de carácter público, aun asociado a la categoría de Arqueológico Escolar. Al mismo tiempo, un heterogéneo grupo de su élite aristocrática y burguesa reorganiza una Comisión de Monumentos lánguida, si no desorganizada, que se vuelca en su promoción. A causa de intromisiones de competencias, rencillas personales y ruegos desatendidos, el establecimiento provincial que pretenden instaurar es objeto durante dos décadas de una existencia volátil que, no obstante y gracias a redoblados esfuerzos, llega a recibir en 1917 la declaración de Museo Provincial de Bellas Artes. La lid por su puesta a punto apenas dio durante años, cómo no, para instaurar un desdibujado local en el que reunir las colecciones en la mejor apariencia posible, en espera de una declaración insospechada. Si bien en algunas áreas geográficas, una red de museos alcanzaba cotas significativas de afianzamiento, en otras ni siquiera su acomodo autorizado se relevaba a ojos de sus promotores cacereños como una realidad lejana en el horizonte. Entre medias, la Comisión de Monumentos pudo tutelar un Museo Provincial carente de existencia oficial, lo que en ningún momento le impidió volcarse en su promoción hasta hacer de él, de su Museo, el eje central de su política cultural en el acopio y la protección regulada del Patrimonio Histórico mueble de Extremadura. En otro orden de prioridades, esta historia, la fundacional del Museo de Cáceres, se ha escrito en atención a una brega constante, la que pugna contra el fallido corpus legislativo e institucional que el Estado ha diseñado para la administración del Patrimonio Histórico español (mueble o inmueble, indistintamente). Del mismo modo, los errores y omisiones en este andamiaje proteccionista se arrastraron lacerantemente sin reparar tampoco en los condicionantes socioeconómicos, políticos y culturales de las regiones en las que se había de aplicar. Es más, las sucesivas normativas jurídicas, desde entonces y en no pocos casos hasta nuestros días, han transitado por los tortuosos senderos a través de los que históricamente ha discurrido toda la política cultural del Estado, determinada por la provisionalidad y la inconsistencia. A poco que realicemos una lectura detenida de la legislación, nos sorprenderá ver hasta qué punto la perpetuación de erróneas directrices jurídicas y de inciertos hábitos de administración que hunden sus raíces en anacrónicos procedimientos continúan hoy presentes en el buen gobierno de nuestro Patrimonio Histórico digno de preservación. Contemplados en perspectiva y sólo en determinadas coyunturas, los saltos al vacío pudieron revocarse a tiempo; en otras ocasiones no se corrió tanta suerte y sus secuelas, en apariencia triviales, permanecen obstinadamente aferradas a la gestión diaria de los bienes que integran el Patrimonio Histórico mueble no ya de Extremadura, sino de España. 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(eds.): La cristalización del pasado: génesis y desarrollo del marco institucional de la Arqueología en España, Málaga, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1997, pp. 423-429. [1] Creadas mediante Real Orden de 13 de junio de 1844, publicada en la Gaceta de Madrid del día 21. La cita, en J. M. ALEGRE ÁVILA: Evolución y régimen jurídico del Patrimonio Histórico, Madrid, Ministerio de Cultura, 1994, Tomo I, p. 46. [2] Juan Manuel Valadés Sierra, Director del Museo de Cáceres desde 1997, es quien más veces se ha acercado a esta historia fundacional (véase la bibliografía al final). Agradecemos tanto a él como a José Miguel González Bornay la ayuda prestada en todo momento mientras frecuentamos las dependencias del Museo para la realización de este y otros trabajos, entre las que siempre hemos trabajado libre y cómodamente asesorados. [3] Gabriel Llabrés y Quintana (1858-1928). En atención a su obra y compromiso docente, fue una figura representativa de la Historiografía española contemporánea. Miembro también del Cuerpo Facultativo de Ayudantes de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, hizo gala de un espíritu emprendedor en todas las ciudades a las que fue destinado, de lo que dan cuenta las distintas correspondencias académicas y societarias que recibió. En 1902 forzaría su traslado al Instituto de Huesca por la controvertida relación personal que mantenía con el Director del Instituto, Manuel Castillo. G. PASAMAR ALZURIA e I. PEIRÓ MARTÍN: Diccionario Akal de historiadores españoles contemporáneos (1840-1980), Madrid, Akal, 2002, pp. 355-356. [4] Archivo del Instituto el Brocense (en adelante, AIB), Legajo 146, Comunicaciones (1863-1869), que conserva el expediente de creación del gabinete, y Real Academia de la Historia (en adelante, RAH), CACC/9/7948/05(1-2), que guarda una copia del inventario adquirido a Jerónimo de Sande. Agradecemos a María de los Ángeles Sánchez Rubio las facilidades ofrecidas para consultar el repositorio documental antiguo del Instituto. [5] El Archivo Histórico Municipal de Cáceres (en adelante, AHMCC), Fondo Llabrés, Museo Arqueológico Escolar, conserva una copia digital del naciente registro de inventario. [6] Fundada en 1844, la Comisión de Cáceres no alcanza su debido afianzamiento institucional y sufre en pocos años hasta tres reorganizaciones (1855,1860 y 1867). Rebasado su último acto de reinstalación, se desorganizó de nuevo o mantuvo una existencia mortecina hasta 1898, momento en el que una pujante generación, abanderados del pensamiento noventayochista local, toma sus riendas para procurarle su época más longeva y dinámica. Un acercamiento al transitar de la institución en el siglo XIX, en C. MARÍN HERNÁNDEZ: “Especulación y quebranto de un programa conservacionista contemporáneo: el derribo de la Torre Julia de Trujillo (1861-1871)”, Revista de Estudios Extremeños, LXIX (I), 2013, pp. 645-684. [7] José Muñoz del Castillo (1850-1826). Catedrático de Mecánica Química de la Universidad Central de Madrid y miembro de la Academia de Ciencias, fue un hombre comprometido con el Regeneracionismo político y cultural de su tiempo. Ejerció hasta 1902 de Gobernador Civil en Cáceres y, por tanto, como Presidente de su Comisión de Monumentos. Su implicación en la Presidencia fue más allá del estricto imperativo legal, de quien llegaron a alabar los vocales sus entusiastas y continuadas acciones para el fomento de la Comisión. [8] Museo de Cáceres, Libro de Actas de la Comisión de Monumentos de Cáceres (en adelante, MCC, Libro de Actas de la CMCC) (1898-1935), sesión del 20 de febrero de 1900. El AIB, Legajo 163, Comunicaciones (1900), guarda el oficio remitido al Instituto comunicándole la decisión. [9] Manuel Castillo Quijada (1869-1964). Catedrático de Lengua Francesa en distintos Institutos del país y miembro del Cuerpo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios. Ocupó la Dirección en Cáceres entre 1901 y 1918. Fue una figura controvertida de la provinciana ciudad de Cáceres. Militó en las filas del Partido Liberal, cuyo órgano de difusión era El Noticiero, diario del que fue miembro fundador en 1903 y Director, desarrollando una labor periodística con la que se ganó una sonada enemistad con otras instancias locales, entre ellas la Comisión de Monumentos. A. ARTERO HURTADO: “Los fundadores”, en E. CORTIJO PARRALEJO (coord.): La Revista de Extremadura (1899-1911), Mérida, Editora Regional de Extremadura, 2001, pp. 50-57. [10] Juan Sanguino Michel (1859-1921): es más recordado por los trabajos que realizó siguiendo su verdadera vocación, la investigación histórica, artística y arqueológica. Fue el más célebre miembro de la Comisión de Monumentos y su más eficiente Secretario, mismo cargo que detentó en la Revista de Extremadura. En las páginas siguientes nos extendemos sobre su aportación, clave, a la historia del Museo Provincial. Véase el estudio biográfico introductorio que le dedicó Mercedes Pulido Cordero para la edición de la obra J. SANGUINO: Notas referentes a Cáceres (facsímile del manuscrito autógrafo), Badajoz, Ediciones Norba, 1996, pp. XXIX-XXXII. [11] Publio Hurtado Pérez (1850-1929). Vinculado de por vida a la Real Audiencia de Extremadura, disfrutó de un enorme prestigio local y regional por sus contribuciones literarias. Correspondiente de las Reales Academias de la Historia y de San Fernando, participó en los más importantes proyectos y acontecimientos históricos y culturales de su tiempo, como la Comisión de Monumentos (de la que fue Vice y Presidente), la Revista de Extremadura (en la que ocupó la Presidencia) o la misma Junta de Patronato del Museo (en la que también ejerció la Presidencia). A. ARTERO HURTADO: “Los fundadores”, op. cit., pp. 36-44. [12] La publicación del decreto se realizó en la Gaceta de Madrid del día 26. [13] La reunión tuvo lugar el 6 de octubre de 1902. [14] AIB, Libro de Actas de Claustro (1898-1914), sesiones del 25 de septiembre y 15 de octubre de 1903, y MCC, Libro de Actas de la CMCC (1898-1935), sesión del 10 de noviembre de 1903. [15] Todo el desarrollo de la reunión puede seguirse en Idem, sesión del 17 de junio de 1904. [16] Marcelino Gutiérrez del Caño (1861-1922). Funcionario del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, se distinguió por sus trabajos de investigación archivística y bibliográfica en los prestigiosos centros a los que fue destinado. Conocido también por su obra numismática, recibió como galardones los nombramientos de correspondiente de las Reales Academias de la Historia y de San Fernando, lo que le hizo acreedor de una vocalía en la Comisión de Monumentos de Cáceres. En la asamblea, su posicionamiento a favor de Castillo estaría encaminado a evitar la enemistad con el que era Director del Instituto y, por tanto, su superior. [17] A mediados de 1907, al fin, se recibieron del Instituto los objetos reunidos por Llabrés, J. SANGUINO: “Lista de objetos entregados por el Instituto General y Técnico a la Comisión de Monumentos”, Revista de Extremadura (en adelante, RE), IX, 1907, pp. 327-328. [18] MCC, Libro de Actas de la CMCC (1897-1935), sesiones del 24 de julio, 17 de septiembre y 11 de diciembre de 1908. [19] El Real Decreto se publicó en la Gaceta de Madrid del 27 de julio de 1913. Su reglamento de aplicación no se aprobó hasta el 18 de octubre siguiente (Gaceta de Madrid del día 24). [20] Emilio Herreros Estevan (1876-1970). Hombre de gran prestigio social, desempeñó una fecunda carrera como letrado y tuvo una destacada labor en la cultura y la política extremeñas de su época, muy involucrado con las fuerzas canalejistas, a las que representó como Concejal del Ayuntamiento cacereño, Diputado Provincial y Presidente de esta misma corporación. Correspondiente de la Real Academia de San Fernando, en la Comisión de Monumentos acogería una de sus vocalías y, a partir de 1929, su Presidencia. M. VAZ-ROMERO NIETO: La Diputación de Cáceres y sus presidentes (1898-2003), Cáceres, Diputación Provincial, 2004, pp. 81-84 y 103-111. Sobre la estancia de la Infanta Isabel en Cáceres, El Noticiero de julio recoge todos los pormenores. [21] Eloy Sánchez de la Rosa (1871-1954). Fue una figura reputada del Cáceres de la primera mitad del siglo XX, miembro de una adinerada familia de banqueros. Se distinguió como Presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Cáceres y representante de las fuerzas liberales como Diputado Provincial, Presidente de la misma corporación y Senador del Reino. En la Comisión de Monumentos, de la que era miembro en calidad de correspondiente de la Real Academia de la Historia, ocuparía la Vicepresidencia a partir de 1929. F. SÁNCHEZ MARROYO y J. CHAVES PALACIOS: Dinamismo corporativo y desarrollo mercantil: la Cámara de Comercio e Industria de Cáceres, Cáceres, Cámara Oficial de Comercio e Industria, 2000, pp. 232 y ss. [22] MCC, Libro de Actas de la Junta de Patronato (en adelante, JPMCC) (1917-1951), nota del 24 de octubre de 1917. Los Reales Decretos corresponden al 18 y 19 de octubre de 1917 (publicados todos en la Gaceta de Madrid del día 22). [23] Gustavo Hurtado Muro (cc. 1878-1960). Hijo de Publio Hurtado, desarrolló su carera artística como pintor, dibujante y fotógrafo. Ejerció la docencia en el Instituto de Cáceres (como Catedrático de Dibujo) y en otros centros docentes del municipio, que compaginó con la política (Concejal del Ayuntamiento cacereño y Diputado Provincial). Correspondiente de la Real Academia de San Fernando en Cáceres, fue vocal y, durante veinte años, Secretario de la Comisión de Monumentos. Mª. del M. LOZANO BARTOLOZZI (dir.): Plástica extremeña, Badajoz, Fundación Caja de Badajoz, 2008, pp. 474-475. [24] Antonio Floriano Cumbreño (1892-1979): doctorado en Filosofía y Letras por la Universidad Central de Madrid, sobresalió como archivero, paleógrafo y pedagogo, destacándose en la Cátedra de Paleografía que durante dos décadas ocupó en la Universidad de Oviedo. En paralelo, desarrolló una fecunda labor investigadora en la Historia y la Arqueología españolas y fue miembro de prestigiosas instituciones de su tiempo. Como correspondiente de la Real Academia de la Historia en Cáceres, era también miembro de su Comisión de Monumentos. G. PASAMAR ALZURIA e I. PEIRÓ MARTÍN: Diccionario Akal…, op. cit., pp. 256-257. [25] MCC, Libro de Actas de la CMCC (1897-1935), sesión del 27 de diciembre de 1917. [26] Idem, sesión del 23 de enero de 1899. [27] Los prepuestos y gastos de la Comisión de Monumentos de Cáceres durante las primeras décadas del siglo XX pueden leerse de primera mano en su libro de cuentas, conservado en el Archivo Histórico Provincial de Cáceres (en adelante, AHPCC), Diversos, 8, Exp. 2. [28] Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres del 12 de febrero de 1902. [29] MCC, Libro de Actas de la CMCC (1897-1935), sesión del 25 de febrero de 1902, y El Dardo, 2 de marzo de 1902, diario placentino que se hizo eco de “tan noble y desprendida conducta”. Los tres citados, Vicente Paredes Guillén (figura clave en la historia de la cultura y la investigación histórica extremeña de entresiglos), Eugenio Escobar Prieto (Deán de la catedral de Plasencia, legó una abundante obra sobre la historia eclesiástica y del medievalismo extremeño) y José Benavides Checa (Chantre de la misma catedral, logró reunir una interesante colección artística privada), fueron miembros de pleno derecho de la Comisión de Monumentos de Cáceres como correspondientes académicos, pero nunca llegaron a formar parte de la institucionalización para la gestión del Patrimonio Histórico materializada a través de este organismo. Por esta razón, sus acciones en pro de la cultura extremeña se ubican en el estricto marco de la colaboración mutua con la Comisión de Monumentos. [30] El caso de Mario Roso de Luna, uno de los más importantes representantes de la cultura y el pensamiento español contemporáneo, es semejante al de Vicente Paredes. Era correspondiente de la Real Academia de la Historia en Cáceres desde 1897. Sin embargo, nunca abordó sus fecundas investigaciones (principalmente arqueológicas) como representante de este organismo, sino impulsado por su propio activismo en los campos a los que consagraba sus estudios y trabajos. En cuanto a su donación citada, los objetos se reseñaron al término del acta de la sesión del 15 de noviembre de 1902 y en la Revista de Extremadura, J. SANGUINO: “Donativos de D. Mario Roso de Luna al Museo Arqueológico y Artístico de la provincia”, RE, IV, 1902, pp. 41-42. [31] MCC, Libro de Actas de la CMCC (1897-1935), sesión del 6 de octubre de 1902. [32] Idem, sesión del 5 de julio de 1910. Descritos por Gustavo Hurtado en la Revista de Extremadura (XII, 1910, pp. 328-329). [33] Miguel Jalón y Larragoiti (1829-1901). Doctor en Derecho por la Universidad Central de Madrid, fue uno de los más ilustres miembros de la aristocracia provincial. Participó en la política local cacereña como Concejal del Ayuntamiento y en la nacional como Diputado y Senador. Bibliófilo y coleccionista de todo tipo de “antigüedades”, era correspondiente de la Real Academia de San Fernando cuando se reinstala la Comisión de Monumentos en 1898, de la que fue Presidente hasta 1901, cuando falleció. A. ARTERO HURTADO: “Los fundadores”, op. cit., pp. 34-36. [34] Sobre el contencioso, que no cuenta aún con su adecuado análisis historiográfico, se explaya Mª. de la M. DOMÍNGUEZ CARRERO: Vicente Paredes Guillén: biografía, Cáceres, Institución Cultural “El Brocense”, 2006, pp. 145 y ss. [35] Hasta las 250 ptas. se elevó en 1904 el coste de una única vitrina acristalada, la mitad del presupuesto anual que la Diputación asignaba al organismo. AHPCC, Diversos, 8, Exp. 2, Libro de Cuantas (1904). [36] J. BLÁZQUEZ MARCOS: Por la vieja Extremadura. Guía artística de la provincia de Cáceres, Cáceres, Tip. Extremadura, 1929, pp. 76-79. El autor, profesor en el Instituto, y Tomás Martín Gil, destacado representante del ambiente cultural cacereño, serían nombrados vocales de la Junta de Patronato en 1922 y 1935 respectivamente. [37] Se publicó mediante Real Orden de 7 de julio en la Gaceta de Madrid del día 8. Resultó ser una norma trascendental para la práctica de la Arqueología y la defensa de los bienes arqueológicos que integraban su objeto de estudio. Un acercamiento a sus disposiciones, en A. YÁÑEZ VEGA: “Estudio sobre la Ley de Excavaciones y Antigüedades de 1911 y el Reglamento para su aplicación de 1912”, en G. MORA y M. DÍAZ-ANDREU (eds.): La cristalización del pasado: génesis y desarrollo del marco institucional de la Arqueología en España, Málaga, Servicio de Publicaciones de la Universidad, 1997, pp. 423-429. [38] E. CERRILLO MARTÍN DE CÁCERES: “Arqueología y Epigrafía: reflexiones en torno a la idea de Patrimonio en la Revista de Extremadura”, en E. CORTIJO PARRALEJO (coord.): La Revista de Extremadura…, op. cit., pp. 107 y ss., entre otras publicaciones de temática epigráfica del autor. [39] J. ESTEBAN ORTEGA y J. SALAS MARTÍN: Epigrafía romana y cristiana del Museo de Cáceres, Mérida, Consejería de Cultura, 2003, pp. 70 y ss. [40] La inscripción fue publicada por F. FITA: “Nuevas inscripciones romana y visigótica de Talaván y Mérida”, Boletín de la Real Academia de la Historia (en adelante, BRAH), LXIV, 1914, pp. 304-313, gracias a la notificación de Sanguino, sobre la que también se extendió en la prensa local, J. SANGUINO: “Cosas extremeñas. Eberobriga (Talaván) y su diosa tutelar”, Diario de Cáceres, 31 de marzo de 1914. La última nota, en T. MARTÍN GIL: “El material prehistórico y protohistórico en Extremadura”, Revista del Centro de Estudios Extremeños, XVII (1), 1943, p. 5. [41] MCC, Libro de Actas de la CMCC (1897-1935), sesiones del 10 de noviembre de 1903 y 14 de octubre de 1904. El catálogo enviado por Joaquín Durán se encuentra en la carpeta “Facturas, cartas y notas de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de la provincia de Cáceres”. [42] A. FLORIANO CUMBREÑO: Informe sobre la Catalogación de la Colección Numismática del Museo de Cáceres por el Licdo. Antonio C. Floriano, De la Facultad de Filosofía y Letras, Á la Comisión de Monumentos de Cáceres, Cáceres, Imp. y Lib. Cat. de Santos Floriano González, 1913. [43] J. SANGUINO: “Objetos ingresados en el Museo Provincial de Cáceres”, BRAH, LXII, 1913, pp. 65 y ss., y “Cosas extremeñas. Hallazgos en Cáceres el Viejo donados al Museo Provincial”, Diario de Cáceres, 8 de julio de 1912. [44] Sobre el primero de los viajes se extendió Sanguino en la memoria que remitió a la Real Academia de la Historia, ARAH, CACC/9/7948/22(5). También él describió los pormenores del segundo reconocimiento, J. SANGUINO: “¿Turmulus?: antigüedades descubiertas y otras ya conocidas”, RE, VIII, 1906, pp. 374-383 y “Nuevos hallazgos en Turmulus”, RE, VIII, 1906, pp. 468-473. Los calcos de la figura se encuentran en el AHPCC, Legado Paredes, 100-101, Correspondencia con Juan Sanguino Michel. [45] J. M. VALADÉS SIERRA: “La formación de la colección de estampas del Museo de Cáceres”, en J. CARRETE PARRONDO: La colección de estampas del Museo de Cáceres, Mérida, Consejería de Cultura, 2005, pp. 9-13. [46] Mª. BOLAÑOS: Historia de los museos en España, Gijón, Trea, 1997, pp. 322-325. [47] MCC, Libro de Actas de la CMCC (1897-1935), sesiones del 10 de noviembre de 1903 [48] Idem, sesiones del 13 de marzo de 1913 y 22 de octubre de 1921. [49] J. SANGUINO: Notas referentes a Cáceres…, op. cit., pp. 37-38. [50] J. SANGUINO: “Crónica regional”, RE, VIII, 1906, p. 333. [51] La obra se publicaría años después, R. LANTIER: Inventaire des monuments sculptés pré-chrétiens de la Péninsule Ibérique. Première partie. Lusitanie, conventus emeritensis, Bordeaux, Feret & Fils, 1918. [52] Catálogo Monumental de España. Provincia de Cáceres (1914-1916), Madrid, Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, 1924. La publicación de la obra se compuso de tres volúmenes, dos tomos de texto más uno de láminas, que remitió Mélida a la Comisión de Monumentos en 1925.

Ago 282015
 

 Manuel Rubio Andrada.

 In memoriam

Este trabajo va dedicado a la memoria de Florencio Fernández Araujo, Floren, agradable y estimable compañero de arduos paseos culturales por las Villuercas, a quién la muerte sorprendió demasiado pronto.

 

 

  1. INTRODUCCIÓN

La noticia de la existencia de estas pinturas nos fue facilitada por D. Florencio , maestro y licenciado, natural de Roturas, quien gustoso y en compañía de D. Vicente Pastor González e hijo, nos acompañó a su visita en los comienzos de la primavera del año 2012. A él se debe la elección de su denominación. El minucioso conocimiento del terreno de su propiedad, facilitó el ascenso que, de otra manera se hubiera hecho difícil, sufrido e interminable.

 

  1. GENERALIDADES

La covacha del Lentiscar se abre a poniente, en la base de una potente masa de cuarcitas armoricanas. La sierra se alarga y bascula de noreste a suroeste por un espacio de unos 6 km, hasta precipitarse con bastante brusquedad en la margen derecha del río Almonte: es la sierra de Valdelaorden, su altura máxima es de 957 m (Lám 1).

Lámina 1 Cueva del Lentiscar Vista general de la sierra

Lámina 1.- Posición de la cueva del Lentiscar en la sierra de Valdelaorden.

Al este, el medio es rocoso ya que las cuarcitas ascienden verticalmente; a poniente la sierra desciende con cierta brusquedad y forma la ladera compuesta por una capa de tierra parda con abundancia de cuarcitas muy fragmentadas de tamaño variable. Entre ellas descienden imponentes pedrizas.

La flora presenta por lo general un estado asilvestrado a pesar de los notorios esfuerzos de desbroce. Superiormente comienza desde el pie de los farallones y está formada por arboleda: principalmente alcornoques, encinas, robles, enebros, lentiscos etc. De menor altura la jara, muy tupida, el brezo, el rebollo, el matorral… Más en descenso se abren claros en los que prosperan cortas zonas de pastos aprovechadas para el pastoreo aunque éste cada vez tenga menor presencia.

En cuanto a la fauna es notoria la presencia de insectos y reptiles autóctonos, mientras que la ornitológica es abundante y variada. En lo referente a mamíferos mayores únicamente observamos en nuestras visitas huellas de jabalí, además de recibir noticias de numerosos rebaños de muflones que desplazan a otros mamíferos como el ciervo y el gamo. Excluimos otros pormenores sobre la fauna por razones conservacionistas.

 

  1. LA CUEVA
    • Localización

La cueva se halla en el término de Cabañas del Castillo, sus coordenadas geográficas son: latitud norte 39º 34´ 33,93´´ y longitud oeste 5º 31´ 33,78´´. Se abre como se ha dicho en el lado oeste de la cadena descrita, hacia la mitad de la base del farallón.

 

Para acceder a ella debemos trasladarnos a la ciudad de Retamosa y tomar el camino que parte a su salida en sentido de Roturas; está inmediato a la izquierda. Marchemos por él solamente unos metros y doblemos en ángulo recto nuevamente hacia ese mismo lado, pudiéndose ascender en vehículo durante 1,5 km. Trascurrida esta parte del camino no es fácil de seguir por tener varios ramales por lo que recomendamos se pidan los correspondientes permisos, informaciones y asesoramientos en la población, sin duda serán bien correspondidos.

Una vez dejado el vehículo debemos acceder a la base de la sierra y dirigirnos hacia su mitad. Lo haremos por un viejo camino que asciende en zigzag por una gran pedriza que nos debe dejar próximos a la cueva; sigamos buscando la parte central de la base del farallón y marchemos entre las jaras buscando los restos de veredas de las sacas de corcho. Desde el automóvil esta ascensión no debe llevarnos más de 45 – 60 minutos.

Ya en la base, situados en su mitad, no resulta difícil localizar el boquetón del abrigo. Accedamos a él (Lám 2).

Lámina 2 La cueva del Lentiscar

 Lámina 2.- La cueva del Lentiscar, Retamosa, Cabañas del Castillo (Cáceres)

 

  • Descripción

La cueva presenta una forma de embudo irregular e invertido, con su parte estrecha hacia arriba, en el lado superior izquierdo. En el exterior tiene de ancho 3,8 m y de altura unos 4 o 5 m; asciende al menos 8 o 10 metros.

 

  1. LAS PINTURAS

De algunos conjuntos no ofrecemos fotografías por considerarlo innecesario dada su personalidad, además de no existir las condiciones para realizar una correcta impresión fotográfica dada la tonalidad rojiza de parte de la superficie de la roca. No obstante incluimos los conjuntos más interesantes y además los dibujos muy aproximados, de los mismos. Ponemos el resto del material fotográfico a disposición de quien esté interesado en el estudio del tema.

De las superficies lisas y claras que pueden servir de soporte en toda la parte izquierda de la cueva solamente se escogieron dos. En la zona baja del centro derecha se utilizó un espacio cóncavo para realizar en él un gran panel. En general, en diversos lugares, ese tipo de hundimiento despertaba un atractivo especial a los distintos autores, recordamos uno de los más llamativos el de la cueva de La Panda en Talarrubias. Quizás a esa causa se deba añadir la existencia de un hoyuelo en la parte baja posiblemente utilizado como receptor de pintura tal y como ocurre en el cercano panel del Paso de Pablo.

Lámina 3 C. Lentiscar Conj 1

   Lámina 3.- Cueva del Lentiscar, conjunto 1, Retamosa, Cabañas del Castillo (Cáceres)

 

4.1. Cueva del Lentiscar, conjunto número 1

4.1.1. Descripción.

Este conjunto fue pintado en el fondo del lateral izquierdo a 0,50 m de altura. El espacio es rectangular con base en uno de los lados pequeños, y está acotado y dividido interiormente en cuatro parte por racheados y cambios de plano. Se presenta a veces oculto por manchas irregulares de color negruzco, de modo que junto a ellas aparecen algunas superficies claras y manchadas con tonalidades ligeramente rosáceas en la parte inferior. En una de éstas, la situada en el cuadrante inferior izquierdo, se reconocen sin dificultad y en color rojo vinoso, la parte trasera de un pequeño cuadrúpedo de corta cola. Junto a ella se observan otros tracitos de formas menos definidas.

Para la realización del primer conjunto se seleccionó en la superficie mencionada el cuadrante superior derecho que destaca por su claridad, definida por un largo de 12 cm y 8 cm de ancho, es claramente visible y su estado de conservación es bueno.

Las dos figuras que lo forman tienen color rojizo tinto (Lám 3, Fig 1).

Figura 1.- Esta figura pertenece a un cuadrúpedo de 3,4 cm de largo y 2,8 cm de alto. Se realizó con trazo más bien fino en estilo esquemático.

Dicha figura mira hacia la izquierda aunque la cabeza no se señaló, a la vez que parece portar largas orejas, enveladas y de cierto grosor, desproporcionadamente grandes. Éstas fueron realizadas directamente en un corto cuello, marcado con simpleza por un cambio de dirección hacia la parte superior. Una larga línea intermitente indica el tronco; en la terminación opuesta a la cabeza se realizó la cola, erguida y corta. Cinco apéndices inferiores, de grosor irregular y desprendidos del tronco, indican las extremidades.

Figura 2.- Es otro cuadrúpedo de tamaño algo mayor ya que tiene 8 cm de largo y 6 cm de alto.

En este caso ocupa la parte inferior del conjunto y fue utilizada la misma tonalidad; el trazo es fino y con la mancha se indicó determinados volúmenes. Esta figura fue realizada en estilo naturalista y, aunque rígida, se intentó dotar de movimiento extendiendo las extremidades inferiores.

Nuevamente no se dibujó la cabeza, en su lugar fue prolongado muy brevemente el trazo que representa el cuello y el tronco. En su extremo superior se realizaron hacia atrás y con cierta habilidad, un par de cuernos apalados de diferente tamaño y escasamente separados el uno del otro. El tronco fue realizado con una línea superior bien marcada, mientras que en el extremo derecho, el opuesto a la cabeza, se realizó una corta cola, muy erguida. En la parte inferior de esa línea se extiende un manchón ocupando el espacio que correspondería al vientre en donde se observan al menos tres trazos arqueados indicadores de las costillas.

Las extremidades superiores no se aprecian con nitidez y las inferiores como hemos dicho, fueron trazadas hacia atrás. Se observa en ellas la forma del muslo y el resto de las patas más finas, estiradas, indican la gran extensión propia del movimiento en carrera.

 

4.1.2. Comentario.

Hemos visto que este pequeño conjunto encierra dos figuras: la número 1 nos acerca a la forma de un cánido, posiblemente sea un podenco por la posición de sus orejas y cola y la 2 por su cuerna parecer a un gamo macho.

 

La escena representa un pequeño lance sorpresivo en el que se quiso destacar la carrera del gamo mientras el can permanece anormalmente estático. Indudablemente en el lance la pieza escapó.

Por la realización del gamo se puede decir que estilísticamente se acerca mucho a la pintura naturalista levantina de la que hay poquísimas representaciones en Extremadura.

 

 

 

 

4.1.3. Relaciones y cronología

A continuación señalamos algunas de estilo semejante. Están presentes en el valle del río Ruecas, Cancho del Perro, conjunto A y sierra de la Madrasta, abrigo II, panel I.

Exclusivamente naturalistas se representaron en el Paso de Pablo, sobre todo el conjunto 5 (Fig 2) [1] y los dos jabalíes poco vistos pero aún presentes a la derecha del gran panel del Cancho del Reloj en Solana, Cáceres (Fig 3) [2].

Al intentar acercarnos a determinar su posible cronología, debemos tener en cuenta la ausencia del arco y la flecha en todos los dibujos esquemático-naturalistas de carácter cinegético presentes en esta área cacereña; esa ausencia del armamento indicado se manifiesta con claridad en las mencionadas del valle del río Ruecas y con las que este conjunto tiene una innegable correspondencia estilística.

La ausencia de esas armas les sitúa en épocas muy tempranas del Neolítico; si bien la presencia de las figuras esquemáticas que hay en los conjuntos del Ruecas -sobre todo los antropomorfos-, posibilita su realización en tiempos más tardíos.

 

4.2. Cueva del Lentiscar, conjunto número 2

4.2.1. Descripción.

El conjunto número 2, (Fig 4), se encuentra situado a la derecha; unos veinte centímetros a la izquierda del espacio cóncavo que se utilizó como soporte del gran panel y a poco menos de un metro de altura. En general la superficie que rodea al espacio ocupado por las pinturas presenta color negro a excepción del mencionado que es claro; tiene tendencia rectangular con los lados superior e inferior algo inclinados, mide unos 22 cm de largo y 20 cm de ancho.

Bajo este espacio hubo otras figuras aunque en corto número y de conservación muy deficiente ya que se encuentran cubiertas por la pátina negra mencionada; todo ello hace prácticamente imposible fijar sus límites.

Creemos que resulta innecesario describir pormenorizadamente las diez figuras de tendencia lineal vertical que forman este conjunto. Se distribuyeron en dos líneas bastante horizontales lo que le comunica un aspecto gráfico.

La línea superior consta de siete figuras más bien gruesas e inclinadas hacia la derecha; la primera por la izquierda mide 5,6 cm de alta y sobre 1 cm de ancha; de ellas, las tres primeras permanecen unidas por diferentes lugares, igualmente lo están la cuarta y la quinta, las dos últimas presentan mayor independencia.

La inferior es algo más irregular, está compuesta por tres figuras que aparentan representar partes del cuerpo humano; es bien visible la representación triangular, torso, en la figura número nueve y la diez parece mostrar las cortas extremidades inferiores de un antropomorfo incompleto, situado en la línea superior.

 

4.2.2. Comentario

Las cadenas que forman el Parque Nacional de Monfragüe y su continuación hacia el este han sido objeto de un trabajo de campo que como fin primordial tenía la obtención documental del arte rupestre. Después se plasmó en un bellísimo libro, demorándose sine die los correspondientes a la parte central y oeste.

La mayor parte de las estaciones registradas en ese libro contienen este mismo estilo de pintura lineal abstracta compuesto generalmente por líneas rectas, puntuaciones etc. las que ahora hemos presentado pueden considerarse integrantes de esa misma forma de expresión[3].

 

4.2.3. Relaciones y cronología.

Como acabamos de decir este segundo conjunto del Lentiscar es relacionable hacia el norte con la mayoría de los conjuntos realizados en los pequeños covachos del este del Parque Nacional de Monfragüe; lo es igualmente con determinados conjuntos cercanos, entre otros los representados en el Cancho del Reloj[4] (Fig 5) y Risco de Paulino[5].

Basándonos en las ausencia de temática cinegética y la representación esquemática que suele acompañarla y con las debidas precauciones venimos situando este estilo lineal abstracto y su frecuente distribución lineal, en tiempos tardíos alejado ya del mundo Neolítico y Calcolítico; en términos generales coincidentes con la Edad del Bronce.

 

4.3. Cueva del Lentiscar, conjunto número 3

4.3.1. Generalidades

Una vez pasada la gran cavidad central que se eleva en la izquierda se observa una oquedad más superficial a la derecha; su forma cóncava es de tendencia triangular, con vértice en la parte superior; un racheado la corta centralmente. Toda está limitada por una mancha negruzca; a veces se muestra en el interior por ambos lados del rachón.

Esta superficie, bien limitada, posee en la parte inferior otras dos pequeñas oquedades algo más profundas, de tendencia semiesférica poseen restos de pinturas poco definidos; cada una tiene unos quince centímetros de diámetro.

Su forma ligeramente triangular y cóncava -durante gran tiempo de la Prehistoria todo un símbolo-, como se ha dicho, despertó cierto atractivo para la creación artística aunque elemental.

 

4.3.2. Descripción.

Este nuevo conjunto se situó en el vértice de la parte superior; ocupa un pequeño espacio dividido de arriba abajo por el rachón central; otro más fino lo limita por la parte inferior (Fig 6).

Solo en la parte izquierda de este pequeño espacio se observan dos figuras aunque inferiormente hay otros restos poco definidos.

Figura 1.- Señalamos superiormente con este número una forma semicircular de 5,2 cm de diámetro con límites laterales externos levemente radiados; parece “salir” del manchón como si éste se tratara de una negra nube. Esa forma circular tiene un radio inferiormente que llega a la parte superior de la figura número 2.

 

Figura 2.- Se realizó con un trazo rojizo violáceo de poco más de 1,2 cm de ancho. Puede corresponder a la parte central de un pectiniforme en el que el extremo izquierdo no se distingue por la mancha negra de la roca y el derecho por un resalte; nos ha llegado la línea horizontal que marca la parte superior del tronco de unos 4 cm; de ella se desprenden dos cortos apéndices inferiores; en su parte central superior concluye el trazo radial de la figura 1.

 

4.3.3. Comentario

No resulta difícil reconstruir las figuras: en la parte superior tendríamos un estelar y en la inferior un pectiniforme, ambas unidas por un trazo radial.    Lo interpretamos como una transmisión energética del estelar, que sería una representación del Sol, hacia un cuadrúpedo.

 

4.3.4. Relaciones y cronología

Estos motivos y la misma forma de relación los observamos en el gran panel del Cancho del Reloj en Solana (Fig. 7). Así pues por su estilo y temática, tiene relación con la figura circular radiada que dio origen a la denominación del “Reloj” en el cercano conjunto. Ha sido aquella figura poco estudiada y sin la meticulosidad que, a pesar de su aparente simpleza, a nuestro juicio merece.

En el de Solana se trata de un esteliforme circular radiado con diez pequeños trazos -en forma de antiguo reloj. Allí, como aquí, inferiormente, un trazó radial se prolongó hasta la parte superior de un pectiniforme -representación evidente de un cuadrúpedo-; estas son las coincidencias. No caben dudas de que en Solana el estelar es más complejo y se relaciona con otras figuras próximas esquemáticas y lineales entre ellas, inmediato superiormente y actitud de dádiva se puede observar un antropomorfo doblemente ancorado. Para nosotros está claro: estos estelares son una representación solar que mandan su energía a determinados cuadrúpedos.

Deducimos que la pérdida y adquisición de la cuerna en los cérvidos puede ser coincidente con estas realizaciones. La aparente mayor influencia solar en la estación veraniega -mayor luminosidad, temperatura etc.- con su innegable influencia en las variaciones de segregaciones hormonales necesarias para ese proceso debió ser motivo para un pensamiento posiblemente de carácter sacro, según se puede deducir de la función del personaje esquemático que acompaña la escena de Solana. Bien encaminado pero todavía precientífico.

La relación solar está expresada directamente con antropomorfos en un conjunto de la cueva de los Doblones en Alía, Cáceres (Fig. 8).

Los tres conjuntos son esquemáticos aunque el del Lentiscar presenta mayor tendencia a la abstracción lineal. Debido a la tendencia lineal de los cuadrúpedos y aunque con imprecisión, apuntamos tiempos propios de la Edad del Bronce.

 

4.4. Cueva del Lentiscar, conjunto número 4

4.4.1. Descripción

Este conjunto se dispuso a una altura semejante al anterior y a unos treinta centímetros a su derecha. Ocupa la parte superior de un espacio claro, bien limitado, parte de otro mayor que no se utilizó (Fig 9).

Está formado por ocho trazos semejantes, su color actual es rojizo; el mayor tiene 5 cm de alto y en general 2-3 cm de ancho. Están dispuestos verticalmente en dos líneas de cuatro cada una, muy próximos en la primera de ellas y concatenados arriba en la más baja.

Hay que señalar los pequeños salientes que presentan algunos trazos; una vez en la parte inferior -el número 2- y dos en la parte superior -números 3 y 4-. Por su unión superior pueden considerarse que los números 5, 6, 7 y 8 forman un pectiniforme aunque no creemos representen a un cuadrúpedo.

Debemos incluir este conjunto con los demás de estilo lineal semejante que se realizaron en esta estación y en el resto de estas cadenas montañosas remitiéndonos a lo dicho para el conjunto número 2, en este caso con un mayor predominio lineal.

 

4.5. Cueva del Lentiscar, conjunto número 5

Lámina 4 Conj 5 Capeas

 Lámina 4.- Cueva del Lentiscar, conjunto 5, Retamosa, Cabañas del Castillo (Cáceres)

4.5.1. Generalidades

El espacio que ofrece la hornacina acentúa su forma cóncava bajo los conjuntos 3 y 4. En la parte derecha la superficie es bastante clara aunque no presenta figuras. A medida que se desciende por este lado la superficie es rosada o anaranjada característica de la descomposición superficial de algunas cuarcitas; si continuamos hacia abajo el color del espacio es cada vez más rojizo.

En la parte izquierda del racheado central la superficie es igualmente clara. En ella se puede observar con plena seguridad un conjunto compuesto por distintas figuras, algunas de ellas muy pequeñas. Está algo deteriorado y la calidad de los pigmentos no es la mejor.

 

4.5.2. Descripción

Este conjunto (Lám 4 y Fig 15), está formado por figuras de igual tonalidad rojiza y distinto tamaño, algunas esquemáticas y otras más abstractas; según estos estilos y su disposición en el conjunto, éste se puede dividir en dos partes.

La figura número 1 se situó en la parte izquierda de la escena, centralmente, mide 3,5 cm de alto. Está formada por una recta vertical que indicaría el tronco, y superiormente muy próximo, un resto de pintura podría apuntar la cabeza. Uno de sus brazos está extendido y el otro parece portar un señuelo. Las extremidades inferiores, casi perdidas, son percibidas por manchas intermitentes de color: una se presenta adelantada y flexionada y de la otra solamente nos ha llegado el inicio, lo que permite suponer que estaba extendida hacia atrás. Correspondería a un antropomorfo en una posición nada habitual. Esta figura es proporcionalmente algo mayor que las demás de este grupo las cuales siguen alineadas a la derecha.

Inmediata por ese lado y algo elevada, continúa la figura número 2 que corresponde a un cuadrúpedo muy esquemático de 3 cm de longitud. Se ven con claridad las cuatro extremidades y el tronco en cuyo extremo derecho es evidente la cuerna. Se observa el cuerno derecho y algo intermitente el izquierdo; por su forma arqueada nos indica con nitidez que se trata de un bóvido.

Continuando en el mismo sentido se dibujó la figura número 3; se trata de una pequeña forma de ancorado simple, de escasamente 1 cm de longitud. Superiormente, muy próxima, continúa otra semejante en disposición parecida aunque de extremidades más rectas; es la figura número 4. La número 5 se construyó con una de las extremidades en ángulo, trazo recto para ambos brazos separados del cuerpo. Está igualmente echada aunque su sentido es contrario, es decir la parte superior está muy cerca de la res, tanto que el cuerno izquierdo de ésta se corta con la pequeña extremidad superior de la figurilla: da la impresión de que hubo cogida.

Bajo esta primera alineación el conjunto, como hemos dicho, ofrece otra en estilo más lineal-abstracto; lo forman las figuras número 7, 8, 9, 10, 11, 12, 13 y 14.

La número 6, situada en primer lugar por la izquierda, mide algo más de 4 cm de alto; es de estilo complejo ya que tiene parte semiesquemátca y, toscamente, algunos detalles naturalistas. Corresponde a un antropomorfo. Aunque está algo deteriorada destaca en su doble cabeza, un tocado logrado con un fino y largo penacho; no salió gustoso en el primer intento y se repitió algo más arriba. En su parte media inferior una forma triangular aparenta ser un corto faldoncillo.

 

Al lado derecho continúan las demás figuras expresadas por líneas de tamaño decreciente y ligeramente inclinadas hacia el mismo lado dando cierta perspectiva. Inferiormente se observan tres pequeños trazos, muy cortos y en clara correspondencia con la fila anterior, son los números 12, 13 y 14.

Este conjunto posee otras manchas inmediatas que no describimos por sus formas poco definidas; podemos decir que se hizo sin grandes esmeros aunque se ocupó de las distintas disposiciones de los participantes con una elemental perspectiva cuestión poco frecuente en este tipo de pinturas.

 

4.5.3. Comentario

A pesar de la finura, pequeñez y estado de conservación de algunos trazos, nos inclinamos por admitir que este conjunto es la representación de un lance taurino que, por los numerosos elementos que lo componen y por su disposición, lo aproximan a una tauromaquia. A pesar de su simpleza nos sirve también de argumento la organización de la composición.

No parece haber dudas de la figura central del relato: el cuadrúpedo, indudablemente astado. Delante de él, hay un grupo de pequeños ancorados que, como hemos apuntado, fueron dibujados en extraña postura. Su posición tiende a la horizontal, es decir yacían en el suelo mientras el astado y el antropomorfo mayor están en pie.

Mientras el cuadrúpedo dirige a las tres figurillas caídas su mirada y su actitud, el antropomorfo número 1 se posicionó detrás del animal. Erguido, cita al bóvido con señuelo y desde atrás, levantando adecuadamente una de sus manos. Es decir, intenta atraer la atención de la res para distraer y evitar que siga la acometida del astado a los personajes caídos; un quite aceptable, hecho en vertical, desde el lugar preciso (Lámina 5).

Lámina 5 Conj 5 Capeas

  Lámina 5.- Escena taurina (capeas), semejante a la representación esquemática del conjunto 5 de la cueva del Lentiscar

 

Suponemos que el resto de las figuras de la parte baja pertenecen al mismo conjunto aunque el grosor y estilo difieren bastante. La número 6 es la menos lineal y por ello más reconocible. La hemos descrito como un antropomorfo posiblemente femenino por el tocado y la faldilla que porta.

El grupo lineal que la acompaña está distribuido en diagonal descendente, hacia la derecha. Es decir se ha intentado conseguir una elemental perspectiva para que esta segunda línea resulte más cercana al observador y más distante de la tauromaquia. Podemos decir que el público algo alejado observa la escena. Como se ve todo encaja adecuadamente.

Tras lo dicho podemos afirmar que lo representado en este conjunto ofrece inequívocamente un momento difícil de una fiesta taurina de posibles resultados no gratos aunque como tantas otras veces pudo quedar en el susto.

 

4.5.4. Relaciones y cronología

Veremos que este tipo de fondos no es del todo extraño en el arte rupestre. Ya en el arte paleolítico encontramos lances taurinos. El más antiguo está en Villars (-23.000); es una pintura que representa a un hombre con los brazos en alto, huye o cita a un bisonte, muy próximo y enfurecido. La cueva de Roc de Sers (-19.230) ofrece un relieve en el cual, el antropomorfo huye del bisonte llevando algo sobre su hombro. En ocasiones es clara la derivación de la caza como ocurre en Lascaux (-17.000) con el antropomorfo caído ante un bisonte visiblemente herido, sin duda por efectos de un lance cinegético[6].

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 Lámina 6.- Escena de diversión taurina. Kwa Zulu Natal, Montes Drakensberg, Sudáfrica

Posteriormente en estilo naturalista, ya en el Neolítico, puede situarse una escena taurina de la cueva de, Kwa Zulu Natal, situada en los montes Drakensberg, Sudáfrica. En ella un enorme bisonte, aparentemente enfurecido, está rodeado de quince personajes: unos están estáticos, otros corren, unos portan arcos, sin ademanes de disparar. Uno de ellos bastante próximo y centrado, adopta una extraña posición: apoya en el suelo uno de sus musculosos brazos en vertical y soporta el peso del cuerpo extendido horizontalmente, mientras con sus piernas parece realizar graciosos y extraños movimientos de equilibrio.

En este grupo, los antropomorfos no presentan cabezas, en su lugar o cerca hay un ave parecida a un pavo, una raspa de un pez, una estrella…

Es indudable el tono festivo, nada cinegético, que desprende la escena puesta de manifiesto por la acrobática posición del mencionado personaje (Lám 6).

También en estilo naturalista podemos señalar diversiones ocasionales con otro animal que irrumpe en la vida cotidiana produciendo el consiguiente susto y alboroto, tal nos muestra una escena de la cueva de la Sarga, Helche, Alicante.

Ya en el arte esquemático, una diversión arriesgada de tipo circense, nos ofrece un conocido panel de Peña Escrita en Fuencaliente, Ciudad Real (Fig 10). En él, un valiente antropomorfo esquemático, desafía rodilla en tierra a una temible cabeza ciertamente monstruosa.

Otros conjuntos de Sierra Morena aparentemente ofrecen el tema taurino pero la naturaleza abstracta lineal de la mayoría de los signos empleados dificulta concretar el contenido de los mismos.

Más cercano en el tema y lugar, nos resulta uno de los conjuntos realizados en la Cueva de La Panda, Talarrubias (Badajoz). En ella un antropomorfo esquemático cita a un cuadrúpedo aparentemente sin cuerna. En la parte superior de la escena está presente un curvado signo lineal que nos señala el posible empleo en el juego de una soga o maroma. En su parte inferior, hay representados con cierta perspectiva, varios alteriformes y bajo ellos numerosos bitriangulares, generalmente tenidos como representaciones masculinas y femenina. Ellos y ellas observan algo alejados en distintos grupos (Fig 11). [7]

Tras lo dicho se puede afirmar que el tema propuesto aunque escaso, no es extraño en la pintura rupestre. Entendida ésta en sentido regional, tiene muchas probabilidades de ser la primera representación de nuestras populares fiestas taurinas.

La pintura representada enmarca, junto con la res, un grupo de personajes activos y otro pasivo. En el trazo de los primeros se recurrió al esquematismo, signos ancorados, los cuales se utilizaron en pintura desde el Neolítico hasta la Edad del Bronce. Posteriormente a este periodo la forma ancorada tiende a desaparecer en pintura aunque persiste o tiende a reaparecer en los grabados de las estelas de guerrero.

Excepto el llamativo personaje tocado de pluma y faldoncillo, el grupo pasivo se realizó con notoria torpeza o descuido, tenía menos importancia. En ellas se tendió a utilizar el estilo lineal abstracto, tendencia muy empleada en épocas avanzadas de la Edad del Bronce. Ambas cuestiones posibilitan la realización del conjunto en tiempos diferentes aunque nos inclinamos por situarlos en un mismo tiempo. Sencillamente se prescindió de todo detalle en los personajes pasivos, secundarios, podemos decir que del “tendido”, al igual que algunas imágenes de tauromaquias relativamente actuales.

Cronológicamente la época que nos parece más apropiada para su realización es un tiempo impreciso situado entre el Calcolítico tardío, en el cual perduraba la representación del grupo social y la utilización de signos ancorados y la Edad del Bronce con la extensión de representaciones lineales abstractas.

 

4.6. Cueva del Lentiscar, conjunto número 6

 

4.6.1. Generalidades

El espacio sobre el que fue pintado el conjunto anterior ya mostraba pequeños cambios de nivel hacia el interior y rugosidades que se acentúan a medida que descendemos por la izquierda, lo cual dificulta la delimitación del contorno de las figuras. Debemos añadir el color rojizo que comienza a cubrir la superficie la cual tiende a oscurecerse con más intensidad en el cuarto superior derecho de este espacio. A pesar de todo esto, bajo el conjunto número 5 podemos distinguir algunas figuras.

Diremos también que la superficie está bien limitada lateralmente, siéndolo de manera menos visible en la parte superior e inferior.

 

4.6.2. Descripción

Aparentemente por su proximidad las figuras están conjuntadas pero en realidad parecen presentar independencia temática. No obstante por facilitar la exposición las enumeramos en el sentido de la escritura (Fig 12).

Figura número 1.- Se situó inmediata bajo la parte izquierda del espacio que ocupa el conjunto número 5. Es de grueso trazado y color rojo, y tiene 6,3 cm de longitud. Es una figura esquemática de cuadrúpedo mirando hacia la parte derecha. Su ejecución es muy tosca.

Figura número 2.- Se realizó bajo la anterior. De color rojizo algo más oscuro que las demás, mide poco más de 4 cm de lado. Corresponde a una pequeña forma de triángulo equilátero de vértices muy redondeados y no bien conseguido.

Figura número 3.- En este número englobamos todas las puntuaciones y pequeños trazos que parecen desprenderse del semicírculo realizado caprichosamente en la superficie central de la roca. Son de igual tonalidad al zoomorfo y su grosor no llega al centímetro.

 

4.6.3. Comentarios y relaciones

Dada la individualidad de las figuras poco se puede añadir en cuanto a temática se refiere.

La figura 1 es la representación esquemática elemental de un cuadrúpedo, debe tratarse de un cánido debido a la larga y erguida cola que lleva en la parte izquierda.

La número 2 es un triangular simple. En general los triangulares hacen referencia al mundo femenino aunque también son empleados como representaciones de estrellas. Constituye un raro ejemplo de representación individual por encima del río Guadiana. En general los triangulares dobles en sentido vertical, son difíciles de encontrar pasado el río Tajo en cambio más al sur, pasado el río Guadiana el motivo se encuentra con profusión. La representación en la parte alta del abrigo del Santuario de Monfragüe de un par de ejemplares es, hasta el momento, la representación más septentrional que conocemos en Extremadura.

En la cara oeste de la Sierra de San Serván, en el sitio denominado “Las Palomas”[8] y entre los grabados del dolmen de la Barca[9] se encuentran figuras semejantes a ésta aunque mejor conseguidas e incluso radiadas, lo que sin dudas les da contenidos estelares de cronología cercana a las cerámicas neolíticas decoradas con motivos similares.

En el Lentiscar, su individualidad comunica una mayor imprecisión cronológica pues podría alargarse el arco temporal desde el periodo señalado hasta la paulatina pérdida de su uso según avanzaba la Edad del Bronce.

Enfocamos los contenidos de la figura número 3 de este conjunto en sentido naturalista. Es indudable que uno de los dos semicírculos sirvió de inspiración y complemento a la realización del conjunto; el segundo, de curva menos marcada, parece que no se utilizó. Los trazos y puntuaciones parecen salir de ella como ciertos ríos nacen de cuevas determinadas. No podemos definir más sus contenidos. Este motivo no está presente en el medio cercano aunque puede ser producto de una lejana observación o simplemente de la imaginación del autor. Su cronología es también imprecisa.

 

4.7. Cueva del Lentiscar, conjunto número 7

Lámina 7 Conjunto 7

 Lámina 7.- Cueva del Lentiscar, conjunto 7, Retamosa, Cabañas del Castillo (Cáceres)

 4.7.1. Generalidades

Al estudiar el conjunto número 5 describíamos el estado actual del espacio superior de la hornacina. En la parte media del lado derecho se observan formas aparentemente caprichosas, todas muy desvaídas por lo que no reseñamos ni su dibujo ni su descripción. Más abajo la superficie no se utilizó aunque es muy clara y posibilitaba buenas realizaciones.

4.7.2. Descripción

El conjunto número 7 presenta algunas formas que no parecen formar conjunto, no obstante para seguir facilitando la exposición enumeramos las figuras en el orden habitual (Lám 7).

La figura 1 ocupa el espacio claro de la parte superior y se realizó toscamente en el color rojo ya mencionado. Se trata de un antropomorfo de 6 cm de alto. Su forma es algo ancorada en la parte superior con la extremidad derecha casi perdida, las inferiores resultaron angulosas. El tronco se terminó en desproporcionado falo y menos señalada está la cabeza.

 

La número 2 tiene una altura de 7 cm, es de realización confusa y aparentemente incompleta. Su color y trazos son parecidos aunque ligeramente mayor. Se situó en un espacio próximo a la derecha y corresponde a un antropomorfo del que solamente se realizó el tronco, parcialmente las extremidades superior derecha e inferior izquierda.

La figura número 3 está realizada en una “línea” inferior, próxima al límite izquierdo del grupo. Tiene 14 cm de alta y de color semejante (Lám 8, Fig 16).

Lámina 8.- Ramiforme del conjunto 7, figura 3

Se trata de un llamativo ramiforme realizado con una línea para indicar la cabeza y el tronco al que cortan cuatro pares de extremidades en zig-zag.

La parte media superior de la línea que indica el tronco fue pintada en forma de alargado corazón; en su parte superior está apuntada la cabeza.

El par de zig-zag superior se realizó de forma ligeramente asimétrica, mientras que el que correspondería a su extremidad derecha ocupa una posición ligeramente más baja. En el extremo de éste hay una gruesa mancha roja tendente a la forma circular, de algo más de 3 cm de diámetro. La posición caída de esta extremidad nos indica que portaba un objeto de cierto peso. Esta particularidad no le fue indiferente al autor.

A la derecha de este antropomorfo se pintó la figura número 4. Una mirada atenta a los pormenores de su realización nos hace sospechar que, aunque en extraña posición, puede tratarse de un pectiniforme o de dos antropomorfos de tendencia ancorada simple enlazados.

A la izquierda, bajo la figura del antropomorfo ramiforme, hay tres figuras que estimamos constituyen conjunto por su proximidad. Fueron realizadas con el mismo matiz rojizo que la figura número tres y de igual grosor; están indicadas con los números 5, 6 y 7 y las tres se inclinaron unos 45º a la izquierda.

La primera por la derecha es la figura número 5, y corresponde a una línea en forma de bastón de unos 6 cm de longitud, en torno al centímetro de ancho. La número 6 está un par de centímetros a la izquierda y la forman al menos cuatro puntuaciones, equidistantes y dispuestas paralelamente a la forma siguiente. Muy próxima por la izquierda está la número 7, se trata de una recta de unos 6 cm de longitud.

A la derecha de estas formas se realizó la figura número 8. Mide unos 6 cm de alta y es de color semejante aunque pueda variar el matiz. Creemos que se trata de un mal realizado pectiniforme en posición tendente a la verticalidad; de su tronco titubeante parten hacia la izquierda al menos ocho apéndices. Esa posición es poco usual pues por lo general representan animales en pie.

 

Continuando hacia la derecha y ascendiendo levemente, encontramos las figuras 9, 10, 11 y 12, miniaturistas, finas y muy próximas, de igual colorido y de un par de centímetros de longitud, características que las sitúan en un subconjunto lineal.

La número 9 corresponde a un cruciforme sin el pequeño remate superior. Los dos brazos laterales son de desigual longitud y no coincide con exactitud su lugar de inserción con el trazo vertical. Claramente se observa que ocupa la parte superior central de las cuatro figuras.

Los números 10 y 11 se situaron muy inclinados cercanos a la horizontal e inmediatos a la parte baja derecha del cruciforme. Son dos rectas de parecida longitud al cruciforme y se dispusieron paralelas, una bajo la otra.

La figura número 12 puede considerarse un antropomorfo ancorado e incompleto, de tendencia abstracta. Le faltan las extremidades superior e inferior del lado izquierdo.

Dejado el pequeño espacio central que ocupa y descendiendo unos 10 centímetros, pasamos un rachón de tendencia vertical, en donde fácilmente encontraremos la figura número 13. Tiene 11,7 cm de alta, corresponde al dibujo de una estructura de tendencia rectangular, realizado mediante trazos discontinuos. Se situó en posición vertical y se terminó inferiormente en ángulo con un eje central, toda esta parte está doblada hacia la derecha quizás por no invadir el racheado. Pudiera tratarse del dibujo esquemático de un trineo o la caja de un carro.

La número 14 se situó muy próxima, al mismo nivel e inmediata a la izquierda del racheado. Su color es el rojo habitual y su grosor está en torno al centímetro, midiendo de largo unos 8 cm y otro tanto tiene de altura. Si partimos de la derecha, justo en el racheado, se conserva un trazo de tendencia vertical cuyo extremo está en la misma hendidura y es algo aguzado hacia abajo; puede indicar la cabeza. El trazo sigue bastante horizontal indicando el tronco. Son visibles las extremidades superiores y por encima de éstas se dibujo una singular cuerna vertical de unos 6 cm de alta, en forma de lira la cual nos ha llegado incompleta. La forma de esta cuerna es semejante a una representación del abrigo del Santuario en Monfragüe[10]. Se trata de un cuadrúpedo trazado de manera elemental y quizás incompleta.

 

A la izquierda de este panel, en la parte central hay una pequeña oquedad igualmente cóncava en forma de semiesfera, de unos 12 cm de diámetro. Está dividida en dos por un racheado y sus superficies parecen contener restos de pinturas de formas poco definidas entre otras cuestiones por la descomposición rojiza de la capa superficial de la roca.

 

4.7.3 Comentarios

Gran parte de las figuras descritas en este conjunto poco parecen aportar, unas por su aparente individualidad otras por su ejecución lineal abstracta, su elemental realización etc. Algo difieren en este sentido el grupo formado por las número 10, 11 y 12 que parecen hacer alusión a un irregular y elemental “calvario”; igualmente las 13 y 14 parecen representar un elemental artilugio de carga con un animal al lado.

Una figura difiere del resto, se trata del ramiforme enumerado con la figura número 3, seguidamente nos ocupamos de ella. El personaje que representa tiene un considerable valor para el autor ya que se duplica el tamaño con respecto a las formas que le rodean. Esta valoración del personaje se ve correspondida por la masa redondeada que porta en su mano derecha.

Para intentar acercarnos a su contenido dividimos el límite de esa forma redondeada en cuatro partes: el cuadrante superior derecho está bien definido, es circular, y el izquierdo aunque tiende a esa misma forma queda intermitente y menos preciso. La terminación de los dos cuadrantes inferiores tienden más a la rectitud, más claro en el lado izquierdo. Toda la parte inferior se prolongó y, aunque sus límites están confusos se puede apreciar su forma gruesa y alargada. La imprecisión en este lugar es debido en parte por la coincidencia en ese espacio con la realización de uno de los brazos de la figura ramiforme. Debemos añadir que estimamos pérdida natural una fina abertura blanquecina que presenta en su parte izquierda central.

Todo esto viene a indicar que la figura número 3 exhibe un objeto pesado de contorno redondeado en la parte superior, más bien recto en los laterales, estrecho y alargado en la parte inferior; tal vez la cabeza de algún temible enemigo, hombre o fiera.

 

4.7.4 Relaciones y cronología.

Dentro del arte esquemático, la tipología en zigzag de este ramiforme es escasa y rara su difusión.

Está presente ya desde el Neolítico tanto en la cerámica cardial como en la pintada, ofrecemos en la figura 13 un fragmento de esos dos tipos de cerámica. El número 1 y el 2 proceden de la cueva de Les Cendres, Moraira-Teulada, Alicante[11] y con el 3 ofrecemos un ejemplo de su relación con algunos ídolos-placa, en este caso con el hallado en Granja de Céspedes, Badajoz. En todos estos casos aunque se emplea como elemento decorativo no hay que dudar de sus contenidos simbólicos, frecuentemente próximos al mundo funerario[12] .

Además de las relaciones mencionadas ya dentro de la pintura rupestre mencionamos el gran panel del conjunto de la sierra Peñas Blancas, cornisa de la Calderita, en la Zarza (Badajoz), con media docena de ejemplares formando un amplio e interesante conjunto (Fig 14).

La representada en el Lentiscar goza de de una ejecución cuidada, completa y primitiva, sin añadidos ni supresiones y su presencia individual. En cambio, varias de la Zarza presentan un curioso añadido: la mayoría se pintó con una forma de gancho para indicar la cabeza. Hay que añadir que en la Zarza estas formas pertenecen a un conjunto de numerosas y variadas formas entre las que abundan los pequeños triangulares dobles signo empleado desde los albores del Neolítico, como ya hemos apuntado.

Estas dos cuestiones, ejecución completa y extremidades en zigzag, tienden a situar nuestra figura en un impreciso momento del Neolítico-Calcolítico aunque por su individualidad, pudiera haber persistido más tiempo.

 

  1. CRONOLOGÍA

Como en otras estaciones próximas podemos sospechar con fundamentos una participación estilística y temática con el levante español en una época imprecisa del Neolítico; esta influencia está plasmada como se ha dicho por el conjunto número 1. No presenta dificultad encajar al ramiforme en zigzag en un amplio abanico temporal que iría desde el Neolítico a la Edad del Bronce. Su individualidad señala más bien este periodo.

Por razones ya expuestas, los finales del Calcolítico nos parecen propicios para situar los conjuntos de tema taurino, el triangular y poco más. De esta escasez se puede deducir que la cueva no fue artísticamente muy utilizada, a pesar de no estar muy alejada del cercano valle del río Guadiana y de su conexión con el valle del río Ruecas, donde el mundo dolménico está presente. Lo mismo ocurre con el cercano río Almonte en el dolmen del poblado la Coraja[13].

Finalmente ya durante un impreciso periodo de la Edad del Bronce, participa con mayor presencia de la expresión formal lineal -de contenido incierto- y en el pensamiento pseudocientífico-religioso presente en esta serranía por la presencia del zoomorfo-estelar en conjunto número 3 del Lentiscar.

Este abrigo carece de otros restos materiales arqueológicos en sus inmediaciones aunque no es extraño observar fragmentos de cerámica común de características variadas, esparcidas por distintos lugares no muy alejados de la cueva.

 

  1. CONCLUSIONES

Tras lo que acabamos de exponer se puede afirmar que algunas figuras del abrigo del Lentiscar forman conjuntos mientras que otras van individualizadas lo cual indica una expresión de la sociedad en el primer caso y una mayor individualización en el segundo.

Los trazos lineales abstractos por lo general ocultan sus fondos. Los más esquemáticos, presentan la posibilidad de acercarnos a los contenidos con algo más de certeza. En general faltan agrupaciones extensas a cuyos mensajes hubiéramos podido acercarnos; un ejemplo de este acercamiento nos es posible en el singular conjunto número 5.

Hay figuras en cierta correspondencia cultural con otras latitudes hispanas, relacionamos el conjunto 1 con el arte naturalista levantino. El ramiforme número 3 del conjunto 7, con decoraciones del arte mueble cerámicas, ídolos-placa, estelas etc., y en este grupo incluimos los antropomorfos esquemáticos y el triangular. Otras veces parecen carecer de correspondencia cultural amplia, entre estos estarían el zoomorfo-estelar y quizás la tauromaquia.

Estas cuestiones nos a los individuos que realizaron estos paneles y con ellos las sociedades a las que pertenecían. Gracias a estas pinturas sabemos que en general no vivían aislados ya que eran partícipes de la cultura que en el momento prevalecía en amplias regiones de España. Pero también en esos momentos eran partícipes del desarrollo de una cultura más localista como muestran el contenido y las relaciones aquí presentados.

Igualmente las cuestiones expuestas no nos permiten suponer que este lugar fuera habitado ni siquiera esporádicamente, aunque al menos estamos seguros de que, a través de un largo periodo de tiempo fue visitado ocasionalmente. Por sus pinturas no parece que existieron influyentes grupos sociales en las cercanías; se comporta como un lugar más bien poco frecuentado; los mensajes se nos muestran en un intermitente y lejano goteo.

APÉNDICE GRÁFICO

Fig 1 a 6

Fig 7 a 11

Fig 12 Conjunto 6

                       Fig 12.  Conjunto 6.

 Figura 13 Ramiformes varios                                                              Fig 13.  Ramiformes varios.

 

Figura 14 Ramiformes de Zarza de Alange

Fig 14. Ramiformes de Zarza de Alange.

Figura 15 Figura Conj 5 Tauromaquia                                                           Figura 15. Conjunto 5: Tauromaquia.

Figura 16. Ramiforme del conjunto 7.

[1] GONZÁLEZ CORDERO, A. y DE GONZALO ALVARADO, M. (1993): Nuevas pinturas rupestres en Extremadura. Revista de Arqueología nº 143, pág 18-25.

RUBIO ANDRADA, M. (1995): Estudio de las pinturas rupestres del Paso de Pablo. XXIV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo.

[2] GARCÍA ARRANZ, J. J. (1990): La pintura rupestre esquemática en la comarca de las Villuercas (Cáceres). Institución Cultural el Brocense, Salamanca.

 

[3] COLLADO GIRALDO, H. y ARRANZ GARCÍA, J. J. (2005): Arte rupestre en el Parque Natural de Monfragüe: El sector Oriental. Mérida.

[4] GARCÍA ARRANZ, J. J. (2000): Op. cit.

[5] RUBIO ANDRADA, M. (1996). Las pinturas rupestres del Risco de Paulino, Berzocana, Cáceres. XXV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo.

 

[6] VIARD, ANDRÉ (2014): Tauromaquias parietales. Tierras taurinas, julio-agosto 2014.

[7] RUBIO ANDRADA, M. (1997): Las pinturas rupestres en el término de Talarrubias (Badajoz). XXVI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo.

[8] ORTIZ MACÍAS, M. (1984): Pintura rupestre esquemática al sur de la Comarca de Mérida, pág 106. Badajoz.

[9] RUBIO ANDRADA, M. (2002a): Monumento funerario de la Barca. XXXI Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo.

 

[10] RUBIO ANDRADA, Manuel (1991): La pintura rupestre en el Parque Natural de Montgragüe (Cáceres). Pág 41.

[11] CARRASCO RUS, Javier L.; PACHÓN ROMERO, Juan A.; GÁMIZ JIMÉNEZ, Jesús (2012): Las cerámicas pintadas de Andalucíay sus contextos arqueológicos. Antiquitas nº 24, pp 17-79.

[12] ALMAGRO GORBEA, M. J. (1973): Los ídolos del Bronce I Hispano. Biblioteca Praehistórica Hispana, vol XIII, pág 181 y ss. Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Madrid.

SOS BAYNAT, V. (1962): Los ídolos-placa de granja de “Céspedes” (Badajoz). Diputación Provincial de Badajoz.

SIRET, L. (1995): Religiones neolíticas de Iberia. Ayuntamiento de Cuevas de Almanzora..

[13] BUENO RAMÍREZ, Primitiva; DE BALBÍN BHERMANN, Rodrigo y GONZÁLEZ CORDERO, Antonio (2001): El arte megalítico como evidencia de culto a los antepasados. A propósito del dolmen de La Coraja (Cáceres). Quad. Preh. Arq. Cast. 22

Ago 272015
 

Manuel Jesús Ruiz Moreno.

I.- Introducción

De la reconquista de Trujillo, no tenemos datos suficientes para asegurar que ocurrió realmente. Solo sabemos lo que de ello nos cuentan las fuentes de forma bastante escueta:

“La Crónica latina de los reyes de Castilla” dice que la ciudad se tomó en el invierno de 1232-33. El “Cronicón cordubense” de Fernando Salmerón puntualiza que se tomó en 1233. Y los escritos del geógrafo musulmán al-Himayari, indican que esta conquista tuvo lugar en el 630 H, correspondiente con el invierno de 1232-1233.

Existe otra fuente que hace remontar la reconquista de la población un año antes, los “Anales toledanos”, que expresan «prisieron a Trugiello dia conversion Sancti Pauli, en janero, era MCCLXX” que convertido al calendario actual correspondería con 1232.

La solución a este desacuerdo viene dada de la mano de D. Julio González, en su investigación «Reinado y diplomas de Fernando III» , en la que afirma que: “Trujillo cayó en poder de los cristianos el 25 de enero de 1233”·, y que el dato aportado por los Anales Toledanos: “prisieron a Trugiello dia conversion Sancti pauli en janero era MCLXX” es solo parcialmente correcto, porque le falta una unidad. (MCCLXX_ ) = (1232), sería (MCCLXXI) = (1233).

Trujillo se reconquistaría, por tanto el 25 de enero de 1233, en plena descomposición del Imperio almohade, cuya capital se encontraba en Marrakech.

La espectacular victoria de los cristianos en la batalla de las Navas de Tolosa, aceleró el ya progresivo desmoronamiento del Imperio almohade. Facilitando el levantamiento de los gobernadores andalusíes contra los norteafricanos, y su proclamación como poderes locales, en lo que se conoce como las terceras taifas. Estas pequeñas entidades, en principio independientes, fueron incorporándose bajo las banderas de uno de los tres poderes principales que emergieron en al-Andalus, cuyos intereses particulares les hacían combatir, tanto contra los cristianos, como contra otros musulmanes. Entre ellos el de Ibn Hud, quien desde Murcia, se proclamó emir de los musulmanes en 1228, pero reconociéndose súbdito del califa de Bagdad, y enarbolando por ello su estandarte negro como señal de sumisión al mismo. Tras vencer a los ejércitos que, los gobernadores almohades, enviaron para sofocar la rebelión, las poblaciones de Córdoba, Sevilla, Almería, Granada y Málaga le reconocieron como emir. Solo se mantuvieron rebeldes a este nuevo poder las zonas de Valencia, Niebla (Huelva), y otras poblaciones de menor importancia (VIDAL CASTRO, 2012: 23). También reconocieron a Ibn Hud en el reino de Badajoz, de forma concreta Mérida y Trujillo (GONZÁLEZ, 1983: 314) El cronista musulmán el “Bayan” dice de Ibn Hud, que había pertenecido al ejercito regular de Murcia, y que sus antepasado tuvieron cargos importantes en el gobierno de esta región, mientras que la “Crónica latina de los Reyes de Castilla” afirma que era un almogavar, plebeyo, pero decidido y valiente que lideró uno de los movimientos antialmohades de la zona (HUICI MIRANDA, 1957: 469) . Este tagri o frontero debía mucho de su prestigio en la hazaña que realizó al arrebatar a los cristianos el castillo de Sanfiro, situado al este de Murcia de manos de los cristianos. Con sus hombres trepo con escalas de cuerda a las murallas, eliminaron a los centinelas y tomaron por sorpresa el castillo. Poco a poco fue acaudillando mayor número de hombres, al principio entre los fronteros andalusíes de peor fama, gentes malvadas que vivían como salteadores y bandidos, y que no respetaban ningún credo para realizar sus fechorías. Posteriormente el éxito en sus algaradas contra las fuerzas almohades le hizo aumentar el número de adeptos, hasta tal punto de erigirse como el libertador del pueblo andalusí (GONZÁLEZ, 1983: 310)

Como nuevo señor de casi todo el al-Andalus, Ibn Hud, comenzó a oponerse a las conquistas de los cristianos, pero la suerte que había tenido en los enfrentamientos contra los almohades, en este caso no le sonrió contra sus vecinos del norte, y no tuvo éxito al intentar frenar sus avances. El rey de León, con la ayuda de los freires de Santiago se apoderó de la mayor parte del territorio de Badajoz (HUICI MIRANDA, 1957: 478). Mérida y Montánchez caerían en poder de Alfonso IX en 1230, donando, esta última, a la Orden de Santiago (NAVAREÑO MATEOS, 1983:172). Ibn Hud reunió un ejército para oponerse al avance leonés, pero fue derrotado en batalla campal cerca del castillo de Alange. A consecuencia de esta victoria cristiana los musulmanes abandonaron el castillo de Elvas, y muchos otros próximos, ante el miedo a no poderlos defender. Algunos cronistas como Jiménez de Rada opinan que primero fue la batalla de Alange y luego la caída de Mérida. Parece ser, según cuenta la Crónica Latina, que la fortaleza de Elvas fue tomado por unos “frates” portugueses que habían participado en la batalla de Alange y que encontraron la ciudad vacía y con las puertas abiertas. Este momento de pánico general fue aprovechado por Alfonxo IX para asediar en abril la ciudad de Badajoz y tomarlo en pocos días, según la crónica Tudense (GONZÁLEZ, 1983: 314) . Por su parte el rey Fernando de Castilla, por las mismas fechas estaba en plena campaña para intentar tomar Jaén, habiendo arrasado el año anterior sus campos y despensas en un movimiento preparatorio para ablandar la resistencia de la plaza, pero pese a hacer mucho daño a sus murallas con los ingenios que llevó, y que según la Crónica de Castilla “tiraban muchas piedras”, levantó el cerco a los tres meses, en septiembre de 1230, ante la imposibilidad de tomar la ciudad. Fue durante su regreso cuando recibió la noticia de que su padre, el rey de León, Alfonso IX había muerto y que la corona leonesa se mostraba ante él. En 1231, el rey Fernando, ya monarca de Castilla y León, envió una expedición a la baja Andalucía. Ibn Hud le hizo frente en el rio Guadalete cerca de Jerez de la Frontera, y allí las fuerzas musulmanas sufrieron una severa derrota. Los castellanos regresaron con un gran botín. A esa expedición le siguieron otras, el 8 de diciembre, cuenta el Bulario de Santiago que cayeron cinco caballeros santiaguistas en una de estas algaradas a territorio musulmán. Todas estas derrotas frente a los cristianos no hacían sino desprestigiar el poder de Ibn Hud, y las poblaciones bajo su dominio comenzaron a levantarse frente a su autoridad, en Arjona otro, frontero Muhammad ben Nasr, se proclama emir el 18 de abril de 1232 y tomó el color rojo para sus enseñas reconociendo al soberano de de Túnez como su señor (GONZÁLEZ, 1983: 316).

De una manera similar en el año 629 (octubre de 1231 a 18 de octubre de 1232) se levanta el pueblo en Sevilla, contra su gobernador, hermano de Ibn Hud, ofreciéndole el poder de la ciudad a uno de los personajes de mas prestigio de Sevilla, Abu Merwan Ahmend el Baggi, pero este no lo aceptó haste el año 630 (19 de octubre de 1232 a 7 de octubre de 1233). En un proceso parecido, en julio de 1232, también se independiza del poder del murciano, la población de Arjona (Jaén), bajo el mando de Ibn Nasr a las que se unió Jaén y Córdoba. Y con el fin de contrarrestar el poder de Ibn Hud ambos líderes rebeldes unieron sus fuerzas en una alianza. El murciano se dirigió y sitio Sevilla en el año 631 (7 de octubre de 1233 a 26 de septiembre de 1234), pero durante el asedio acudió en auxilio de Sevilla el de Arjona, y juntos vencieron a Ibn Hud. En una acción traicionera, Ibn Nasr, aprovechó la ocasión y capturo a el Baggi , dándole muerte en abril de 1234, entrando en Sevilla como nuevo señor, pero su gobierno fue efímero, porque al mes de ocuparla, los sevillanos se sublevaron y aceptaron de nuevo la autoridad de Ibn Hud. Camino de sometimiento que siguieron después las poblaciones de Carmona y Córdoba, que también se habían sublevado. En junio-julio de 1234 el señor de Arjona y el de Murcia firmaron treguas (GONZÁLEZ, 1983: 318).

La razón de comentar los sucesos anteriores viene por la necesidad de conocer el panorama que se presentaba en Trujillo y el resto de poblaciones bajo el gobierno de Ibn Hud entre 1232 y 1234.

Según los datos que disponemos de las crónicas y que resume, el profesor García Fitz, en su estudio “Las relaciones políticas y guerras entre castellano-leoneses y el Islam”, anota que:» En enero de 1233 los efectivos de las Órdenes Militares y del obispo de Plasencia tomaron Trujillo, sin que Ibn Hûd, caudillo andalusí asentando en Murcia y de tendencias antialmohades, pudiera evitarlo, a pesar de que en dos ocasiones se puso en camino contra los asediantes” (GARCÍA FITZ. 2002: 179).

Fuerzas de socorro que a decir de Julio González, apoyándose en los textos de Al-Himayari, salieron de Sevilla (GONZÁLEZ, 1983: 316). “En el año 630/18 octubre de 1232-6 octubre 1233, los cristianos fueron contra Trujillo y lo cercaron, acudió contra ellos Muhammad. Ib Hud, deseando aprovechar la oportunidad de atacarles (por sorpresa), pero no pudo, y se dirigió a Sevilla, cogiendo allí provisiones para llevarlos a Trujillo, entonces recibió la noticia de que los cristianos la habían conquistado y regresó a Sevilla. La toma de Trujillo por los cristianos ocurrió en rabi I de ese año (630)/16 diciembre 1232-14 enero 1233” (VIGUERA MOLINS, 2002 : 207).       Pero si en esas fechas Sevilla no era fiel al emir Ibn Hud, malamente podría enviar tropas en auxilio de Trujillo. Sabiendo además que el rey Fernando III había enviado fuerzas en diciembre de 1232 contra Úbeda, ciudad que no era muy importante, pero tenía una posición estratégica para la defensa de Baeza y Quesada, en poder de los cristianos desde 1226 y 1231 respectivamente. Y que Úbeda cayó en julio de 1233, cuando los sitiados comprobaron que no podían recibir refuerzos ninguno, por parte de Ibn Hud, ni de ningún otro de los señores musulmanes de la zona (GONZÁLEZ, 1983: 319). Si Úbeda, mas cercana a las poblaciones dominadas por el emir murciano no pudo recibir refuerzos, cuanto mas difícil sería el recibirlos Trujillo, situada en el límite del emirato de Ibn Hud y por tanto ¿de dónde vendrían las fuerzas de socorro que citan las crónicas?. Es una pregunta que se nos queda en el aire.

 

2.- Estructura defensiva de Trujillo en 1233

 

Es difícil precisar que estructuras defensivas de Trujillo se encontraban construidas en el momento de su reconquista. Los especialistas en castellología disienten en cuanto a la datación cronológica de determinados elementos arquitectónicos que hoy podemos observar.

Mientras que para algunos autores tras la conquista cristiana no debieron efectuarse modificaciones importantes en la estructura y trazado tanto de la cerca amurallada que rodea la villa, como de la fortaleza, y las obras realizadas se limitarían, en su mayor parte, a la conservación de lo existente y las mayores ampliaciones se debieron llevar a cabo durante los siglo XIV y XV (SANCHEZ RUBIO,1993: 69). Para otros, tanto el castillo como la muralla experimentan, ya a partir de 1233 reformas y se amplían su perímetro de forma muy significativa (PIZARRO GÓMEZ, 2007: 26)

Tenemos noticias de que Trujillo es la cabeza de una Cora en el siglo X. La construcción inicial de la alcazaba islámica pudiera asociarse al grupo de fortalezas con estructura de planta cuadrangular o rectangular con ocho torres, cuatro en los ángulos, semejantes al Vacar (Córdoba) Lora (Málaga) Bujalance (Córdoba) ó Linares (Jaén) .(PAVÓN MALDONADO. 1999, 185). Dichas torres, que defenderían el adarve, normalmente deberían superar en dos o tres metros la altura de los muros, aunque Pavón Maldonado destaca que las torres construidas en el periodo de los siglos IX y X, eran macizas y su altura no debía sobrepasar demasiado el nivel del paso de ronda. Por lo que observando la altura de las existentes en las alcazaba de Trujillo, y de no haber sido desmochadas durante su azarosa existencia, este dato pudiera informarnos sobre su posible datación cronológica (MORENO LÁZARO. 2004: 51)

La parte más antigua de dicha alcazaba se ha podido fechar gracias a una lápida árabe encontrada en el mismo, en la que Francisco Codera pudo leer: “En el nombre de Dios clemente / misericordioso …/ Mohamed, hijo de Soleiman, compadézcase (de él) Dios … y este (fue) dia jueves, año ocho cuatrocientos” (408/1018) (PAVÓN MALDONADO. 1967: 196).

En el siglo XII Trujillo es considerada como una villa o ciudad de mediano tamaño. El geógrafo el Idrisi en su Geografía de España (acabada en 1154) , describe en su visita, que Trujillo era una villa grande tal que parecía una fortaleza y sus muros están sólidamente construidos, con bazares bien provistos (TERRÓN ALBARRÁN. 1991: 313).

Descripción que nos permite deducir que no sólo es que tuviera una fortaleza, o alcazaba, si no, que el conjunto de la villa, esto es, el recinto de la cerca, que el observó, estaría en tan buen estado que todo ello le pareció una fortaleza.

En cuanto al Albacar, mientras Pavón Maldonado opina que ya debía estar en pie en el siglo XII (PAVÓN MALDONADO, 1999: 99), otros autores piensan que si bien la puerta principal de dicho albacar si pudiera ser contemporánea con la alcazaba, posiblemente no todos los lienzos existentes en la misma puedan ser tan antiguos, siendo en su mayoría de época posterior.

Reforzando el perímetro se construyeron dos torres albarranas en la alcazaba (s. XII- XIII, aunque otras opiniones se inclinan hacia una contemporaneidad con la alcazaba); y una coracha, o torre avanzada, en el albacar de construcción quizás un tanto posterior a las anteriores. El término “albarrana”, a decir de Pavón Maldonado, viene de la palabra barrani que significa exterior, correspondiendo con la situación más alejada de dichas torres del lienzo de la muralla. Las torres albarranas de la alcazaba actualmente están unidas al resto de la muralla por dos pasarelas, ahora metálicas y fijas, en su tiempo serían de madera y móviles, o quizás pudieron estar unidas al adarve por unos pequeño arcos como en el caso de la coracha, que podían destruirse en caso de ser tomadas al asalto. Estos elementos defensivos, en opinión de Torres Balbás, son exclusivos de las fortificaciones hispano-árabes, y no existen fuera de la península ibérica. Su misión era aumentar el flanqueo contra los atacantes, además tenían la ventaja de que si el enemigo las tomaba, bastaba romper el puente de unión para dejarlas aisladas (MORENO LAZARO. 2004: 52).

La coracha además de cumplir como torre albarrana, impedía el cerco total del recinto asediado por parte de las fuerzas asaltantes.

Probablemente las torres albarranas serían construidas después de la caída de la ciudad en manos almohades en 1196. Pensemos que, aunque probablemente los freires truxillenses estuvieron al cargo de la fortaleza desde su fundación, alrededor de 1180, solo serían dueños legales, de toda la villa con la alcazaba incluida, desde su donación, por Alfonso VIII el 6 de marzo de 1195, hasta aproximadamente mayo de 1196, poco más de un año, durante el cual además sufrían las pérdidas de personal de la Orden, en la batalla de Alarcos ocurrida el 19 de julio de 1195. Tiempo probablemente insuficiente para abordar obras defensivas de gran envergadura.

Tras la toma de Trujillo por los almohades, en la campaña de 1196, esta villa quedará en primera línea frente a los contraataques y cabalgadas de los cristianos, por lo que nos inclinamos a pensar, que fue bajo su dominio cuando se procedió a reforzar las defensas de la ciudad. Recordemos que en esta campaña (1196) las tropas almohades parten de Sevilla alrededor del 15 de abril y podemos conocer su ruta devastadora a través de los Anales toledanos: “ Prisó el Rey de Marruecos a Montanias e Santa Cruz e Turgiello e Placença e vinieron por Talavera e cortaron el Olivar e ermos Santa Olaia e Escalona e lidiaron Maqueda e non la prisieron e vinieron cercar Toledo e cortaron las viñas e los arboles”. También sabemos que no muchos meses después, concretamente el 15 de agosto de ese mismo año, Plasencia será recuperada por los cristianos, a decir de Julio González en su estudio sobre Alfonso IX de León, pero no así Trujillo.

Imagen 1. Los cristianos planean el asalto Trujillo. Fotrografia cortesia de Asunción Ruiz Moreno

  Lam 1. Los cristianos planean el asalto a Trujillo.

Fot. Cortesía de Asunción Ruiz Moreno.

Razón por la cual, no sería aventurado pensar que la plaza de Trujillo se convirtiera en uno de los objetivos vitales para la ofensiva cristiana tanto de los castellanos, por haber sido territorio suyo; como de los leoneses, que también la consideraban en su zona de expansión, prueba de ello es la donación que Alfonso IX de León realizó a la Orden de Santiago en mayo de 1229, en la que se obligaba a entregar a la susodicha Orden los castillos de Trujillo, Santa Cruz, Montánchez y Medellín cuando consiguiera conquistarlos a los musulmanes (GONZÁLEZ, 1944: 205). Motivo que implicaría un aumento de las defensas de esta plaza con los elementos fortificados añadidos. (albarranas, aljibes en la alcazaba, etc.) Esta opinión entraría dentro de los razonamientos de los trabajos de Torres y Balbás, para quien las torres albarranas más antiguas serían de época almohade, mientras que presentaría discrepancias con los pareceres de Lafuente y Zozaya, quienes, basándose en criterios arquitectónicos, fechan la torres albarranas de Trujillo de finales del siglo IX.

El resto de las defensas que podemos encontrar actualmente en el recinto de la alcazaba, son de época muy posterior: el Baluarte que presenta en el lado oeste, entre una de las torres albarranas de la alcazaba y la puerta principal del albacar pudiera ser del siglo XVI (VELO y NIETO.1968: 599). Así como una pequeña barrera o antemural que defendían: el lienzo oeste del albacar, el lienzo este de la alcazaba, y parte del albacar, que presentan aspilleras de palo y orbe para el uso de armas de fuego.

 

3.- Medios técnicos de expugnación que se pudieron emplear en la toma de Trujillo

 

Evaluados los elementos defensivos que pudieran encontrarse en pie, en el momento del cerco de 1233, pasemos a estudiar los métodos técnicos de expugnación que pudieron utilizar los cristianos para tomar la villa.

No se conoce que se emplearan maquinas de expugnacion en la conquista de Trujillo, los cronistas son parcos en darnos información sobre la misma. No se nombra ningún tipo de “machinis validas”, y posiblemente no debieron utilizarse en gran número o su eficacia fue simplemente de apoyo.

Aunque el pensamiento popular y las películas de Hollywood han mostrado, de manera un tanto espectacular, el poder de las ingenios bélicos utilizados en los asaltos, como los arietes, torres de asalto y trabuquetes (catapultas de contrapeso), a la hora de la verdad, tales maquinas tenían una eficacia bastante limitada, y mas bien trataban de superar o compensar la inferioridad que sentían los atacantes frente a las murallas de los defensores. Estos paramentos no solo ofrecían protección a los cercados, sino que también les presentaba un control en altura sobre el acercamiento de los asediantes, y sobre todo un efecto psicológico muy importante frente a los atacantes. Por ello, la mayoría de las máquinas empleadas buscaban a minimizar esa ventaja, de ahí que los diseños de las distintos “ingenios” permitiera vencer alguna de estas dificultades (GARCÍA FITZ, 2005: 225)

Los tratadistas medievales aconsejaban el uso y la preparación de ingenios de guerra, y en algunos casos, hasta contemplaban la posibilidad de conmutar la pena de muerte a un condenado, si estando el rey en un asedio que se esperaba largo y costoso, el reo pudiese aportar un ingenio o una maestría que permitiese tomar aquel lugar, pero no dejaban de ser conscientes de que su uso era escaso y solo efectivo cuando se trataba de atacar castillos y villas pequeñas, en las que su utilización, si permitía derribar muros y torres, y aun casas y matar hombres, pero no en villas grandes. En estos casos las máquinas de asedio podían contribuir a su conquista, provocando un desasosiego y miedo a los cercados, de manera que el terror les podía llevar a entregar la población sin tener que iniciar un asalto a la misma, pero sus efectos eran mas morales que reales, y no se podía tomar ninguna fortaleza, ni siquiera las menores, a no ser que los atacantes fueran muchos y mejores que los defensores (GARCÍA FITZ, 1998: 234).

Imagen 2. Los cristianos se ponen bajo la protección de la Virgen. Fotografia cortesia de Asunción Ruiz Moreno

  Lám 2. Los cristianos se ponen bajo la protección de la Virgen.

Fot. Cortesía de Asunción Ruiz Moreno.

El primer paso era aproximarse a las murallas. Los sarzos, gatas y viñas, eran grandes casetones de madera, cubiertos con pieles para intentar ralentizar su incendio, y que permitían el acercamiento de los asaltantes a los pies de las murallas, a salvo de los proyectiles lanzados contra ellos por los defensores, con el fin de realizar una mina o trabajos de socavación que les permitieran derribar las murallas, o proteger un ariete (GARCÍA FITZ, 2005: 224). Máquinas que son mencionadas frecuentemente en la Primera Crónica General de España, en el ataque a Lora, Alcalá del Río y Sevilla, en 1247, por las fuerzas de Fernando III (SÁEZ ABAD, 2007: 219). Las fuerzas cristianas pudieron emplear gatas en el asedio a Trujillo, pero mas bien como medio de acercamiento para cubrir a un número de arqueros o acercar a algunos guerreros a los pies de la muralla con el fin de situar escalas con las que penetrar en el recinto fortificado, dado que la cimentación sobre roca de la mayoría de las torres y del perímetro amurallado, hace inviable, o de una enorme laboriosidad la realización de cualquier minado.

Una vez que los asaltantes hubieran llegado a las cercanías el muro, y excluida la opción de minado, se planteaban dos opciones para superarlo: acceder al camino de ronda de las murallas y/o torres mediante torres de asalto o escalas, o derribar los muros o puertas, para entrar en el interior de la fortaleza (GARCÍA FITZ, 2005: 225). Las escalas podían fabricarse de madera o de cuerda y se colocaban directamente sobre la muralla para acceder a la misma, era un operación muy peligrosa, y que se llevaba un alto coste en vidas de los atacantes, porque salvo que si hiciera de forma encubierta, los asaltantes eran un blanco fácil para los defensores, por ello solamente solían realizarse en un ataque generalizado para dificultar el presentarse como diana de los arqueros y ballesteros enemigos, o a la sombra de una torre de asalto, que se situase próxima a la muralla y permitiese colocar en su parte superior una serie de tiradores de apoyo que limpiaran las murallas de defensores con sus saetas y virotes (SÁEZ ABAD, 2007: 122).

El empleo de torres de asedio está documentado desde el siglo IX a.C, Para Sáez Abad, su utilización venia a consecuencia de haber fracasado previamente las escalas, porque su coste era muy elevado, el modelo mas simple era una plataforma con tejado y parapeto que guarnecía a los hombres situados en ella, su construcción en madera, obligaba a que en muchos casos no pudieran ser construidas en las cercanías de la población sitiada, por carecer del arbolado necesario, y tuviese que venir desmontadas con las tropas atacantes, o por lo menos las partes fundamentales, acudiendo a la improvisación con el resto. En el asedio de Jerusalén se emplearon las maderas de las construcciones cercanas, y en el de Tiro, desmontaron algunos barcos para utilizarlos en la construcción de una torre de asedio. En ocasiones se colocaba en sus pisos inferiores un ariete basculante para batir las murallas a resguardo de los arqueros y ballesteros contrarios. Estas máquinas se empujaban hasta los muros con la fuerza muscular de sus ocupantes, y si tenían una altura similar a la muralla, al llegar a la misma, se bajaba un portón levadizo que permitía a los hombres que estaban en su interior acceder directamente al camino de ronda de las murallas y entrar en el cuerpo a cuerpo con los defensores. El inconveniente mas serio que presentaba la utilización de este ingenio, es que no había efecto sorpresa, antes de acercarlo a los muros, había que realizar un allanamiento previo del terreno y cegar los fosos que hubiera, a lo que seguía un empuje lento de la estructura hacia su objetivo, lo que permitía que lo asediados tuvieran tiempo para reforzar con las fuerzas necesarias el lugar del lienzo de muralla al que se dirigía la torre de asalto (SÁEZ ABAD, 2007: 126). Sabemos de la utilización de torres de asedio por Alfonso VII en el asalto a Coria (1142) y en Almería (1147) (SÁEZ ABAD, 2007: 220). Desconocemos si en Trujillo se emplearon alguna torre de asedio, pero dada la orografía tan accidentada del terreno, posiblemente las escalas fueron los medios mas utilizados para intentar rebasar las murallas.

El profesor García Fitz nos señala que, una vez que los asediantes habían logrado acercarse a la muralla, podían intentar destruirla sin tener que exponerse a un asalto. Los dos medios principales podían ser o bien los airetes o bien las máquinas de lanzamiento como los trabuquetes. Los arietes solían utilizarse contra la parte más débil de la muralla, esto es las puertas. Estos ingenios básicamente consistían en una viga de madera con una cabeza endurecida, o de metal, manejada por un grupo de hombres, normalmente bajo la estructura de algún tipo de gata o viña que protegía su acercamiento, y cuyo movimiento oscilante, permitía golpear con fuerza sobre la superficie de madera de la puerta hasta derribarla. A pesar de conocer de su existencia y de poder haber sido utilizada en numerosos sitios, las menciones directas a los arietes en los enfrentamientos entre castellano-leonés y musulmanes no es frecuente, García Fitz puntualiza que en pocas ocasiones aparecen citados expresamente, casos contados como en el asedio almorávide de Toledo en 1109, en manos de los norteafricanos; y en el de Alcaraz en 1213 utilizados por los castellanos (GARCÍA FITZ, 2005: 233).

En cuanto a las maquinas de lanzamiento, señalar que existían varios modelos, en función de su tipo de tiro, de su fuerza impulsora, tamaño, etc. Lo que hace una tarea difícil el poder identificar de que tipo fueron las utilizadas en los cercos que se dieron durante el periodo de la reconquista, pues había varios nombres para designar a la misma máquina, incluso maquinas distintas se designaban con la palabra genérica de “un engenno” o “machinas”(GARCÍA FITZ, 2005: 240).   Entre ellas destacaremos el trabuquete, que es la denominación que recibía en los reinos castellano y leonés el trabuco de contrapeso.

Siguiendo a Fernández Mateos, en su estudio sobre los ingenios de guerra, sabemos que desde muy antiguo existieron máquinas de acción parabólica que recibieron diferentes nombres y diseños en función del lugar de utilización y del momento en que se emplearon, así conocemos las denominaciones de: fundíbalo, trabuco, mangaña, almajaneque, o brígola, por citar solo algunas.

Según los estudios de Rubén Sáez, El trabuco es un ingenio derivado del hou-palo chino. La “honda con bastón” ya era conocida en tiempo de los romanos, pero fueron los chinos los primeros en dotarla de una base fija. Estas piezas de tracción humana que recibieron, entre otros, el nombre de mangonel llegaron a Europa a través de los árabes. Las fuerzas cristianas no tardaron en copiar el uso de estos ingenios de los que tanto daño habían sufrido en su enfrentamiento contra los musulmanes. Durante el siglo XII y XIII, las guarniciones de las ciudades hispanas, podrían haber contado con cuerpos de honderos que pudieron haber utilizado este arma, aunque aquí recibirían el nombre del “almajeneques”. Las formas más comúnmente utilizadas de mangonel precisaban del esfuerzo de varios hombres, (20 a 100). En la actualidad se han reconstruido algunos mangonel que pueden disparar proyectiles de 50 kg a 100 m de distancia (SÁEZ ABAD, 2007: 97).

Imagen 3. Los cristianos entran por el arco del triunfo. Fotografia cortesia de Asucnión Ruiz Moreno

   Lám 3. Los cristianos entran por el Arco del Triunfo.

Fot. Cortesía de Asunción Ruiz Moreno.

Una de las primeras ocasiones en el que se tiene constancia, documentalmente, del uso de magonel, fue en el asedio de Lisboa en 1147. Junto a las tropas del rey Alfonso I de Portugal, lucharon contingentes de cruzados holandeses, alemanes, ingleses y normandos que se dirigía a Tierra Santa en lo que se conoció como la Segunda Cruzada. Los anglonormandos construyeron dos ingenios con los que llegaron a disparar 5000 piedras en 10 horas, pero a pesar de ello, las murallas no sufrieron graves daños, lo que permite suponer que estos ingenios debieron ser de tracción y los proyectiles no debieron ser de grandes dimensiones. (SÁEZ ABAD, 2007: 164)

La evolución del trabuco de tracción llegó de la mano del trabuco de contrapeso fijo, cuyo uso se generalizó a finales del siglo XII. Este ingenio funcionaba de forma similar al de tracción manual pero sustituía la fuerza de los brazos por un contenedor relleno de materiales pesados. La forma y denominaciones de estos ingenios variaron de gran manera a lo largo del tiempo. Básicamente se trata de un armazón en el que se apoya una palanca, en el brazo corto se cuelga el contrapeso y en el otro extremo se engancha una honda en la que se situará el proyectil a lanzar. (FERNÁNDEZ MATEOS, 1996: 38)

Para la construcción de estas máquinas se necesitaba gran cantidad de madera. Durante la Cruzada de San Luis se capturaron, en Damieta, 24 trabucos de los sarracenos, que una vez desmontados permitieron construir una empalizada con la que se cercó el campamento entero.

Menéndez Pidal, en su investigación sobre los manuscritos de Alfonso X el Sabio, nos indica la constancia de la utilización de estos ingenios por los almorávides en el sitio de Aledo (1087), y por los cristianos en el de Zaragoza (1118), siendo muy habituales en las operaciones militares llevadas a cabo por Fernando III en Andalucía y Jaime I el conquistador en las campañas de Levante.

En el sitio de Ibiza las tropas cristianas construyeron un trabuco, que solo necesitó tirar 10 piedras para que los defensores rindieran la ciudad.

En la guerra contra Escocia, Eduardo I hizo construir un trabuco que recibió el nombre de “Lobo de guerra”, y que se transportó al asedio de Stirling. El rey estaba tan orgulloso del mismo, que no aceptó la rendición de los escoceses antes de haber demostrado su poder disparando el “lobo” contra las murallas de la ciudad (GRAVETT, 1990: 50)

 

4.- La conquista de Trujillo en 1233

 

Aunque la mayoría de los estudiosos que escriben sobre la conquista de Trujillo, no dan información del tiempo que duro el cerco, pensamos que no sería una operación de pocos días, lo normal es que fuera un trabajo que conllevara su tiempo, y que con anterioridad al asedio podían haberse practicado algaradas de saqueo y destrucción por parte de los cristianos para ir debilitando las fuentes de aprovisionamiento y metiendo miedo en el corazón de los musulmanes que ocupaban la villa. Incluso parece ser que se dio un intento previo de conquista por parte de la Orden de Alcántara que no obtuvo la rendición total de la ciudad y que tuvo que retirarse a esperar un nuevo intento. Lo cuenta D. Clodoaldo Naranjo Alonso, en su trabajo «Trujillo, sus hijos y monumentos» basándose en las Crónicas de Torres y Tapia : “En el año de 1227 el maestre de la Orden de Alcántara, don Arias Pérez Gallego quiso acrecentar los méritos de su Orden y puso los ojos en la conquista de Trujillo, consiguiendo apoderarse de la población y que los moros se replegasen al castillo, así transcurrieron dos meses en el asedio, ante la venida de los refuerzos musulmanes de las poblaciones cercanas, la prudencia le aconsejó retirarse” (NARANJO ALONSO. 1983: 72).

Imagen 4. Los cristianos conquistan la ciudad. Fotrografia cortesía de Asunción Ruiz Moreno

  Lám 4. Los cristianos conquistan la ciudad.

Fot. Cortesía de Asunción Ruiz Moreno.

La expugnación de la villa y la fortaleza de Trujillo ya no podía realizarse “a furto”, por sorpresa, como la realizada por el aventurero portugués Gerardo Sempavor entre 1165 y 1169 junto con las plazas de Evora, Montánchez, Cáceres, Serpa, Jurumella, Santa cruz y Monfragüe por citar algunas de ellas (GARCIA FITZ, 1998: 218). Tiempo en el cual, seguramente Trujillo no pasaría de ser una pequeña población con escasas defensa y una guarnición reducida, en opinión del profesor García Fitz (GARCIA FITZ, 1998: 220). Tras su cesión a la familia de los Castro y su posterior paso a la milicia de los freires de Truxillo, la villa cayó en poder de los almohades, que aprovechando la victoria del año anterior en Alarcos, realizaron en 1196 una ofensiva sobre el frente occidental del reino castellano, arrasándolo y tomando Montánchez, Trujillo y Plasencia. Durante el tiempo que los almohades permanecieron dueños de esta plaza seguramente se realizarían importantes mejoras en su defensa, lo que conllevaría la necesidad de una mayor fuerza de asalto para su conquista. Mejoras a las que habría que sumar el valor de sus defensores que por aquellas fechas, y tras la caída de Cáceres, Montánchez, Mérida, Badajoz, Évora, Andujar, Baeza… convertía a Trujillo en el bastión más septentrional andalusí frente a los reinos de Castilla y León. Y en el que se habrían agrupado los guerreros más duros de que disponía el Andalus por aquellos tiempos, de una forma similar a los calatravos establecidos en Salvatierra que causaban grave quebranto en el territorio musulmán. Soldados musulmanes de Trujillo a los que bien podríamos asignar las mismas cualidades que el geógrafo musulmán el Idrisi, escribiera de los habitantes de esta medina unos cincuenta años antes: “sus habitantes, tanto jinetes como infantes, tenían la fama de ser unos excelentes especialistas en la guerra de guerrillas, efectuando frecuentes correrías contra el territorio cristiano”. Lo que implicaría que son gente acostumbrada a los rigores de la guerra y que no temían enfrentarse a los cristianos. De ahí que aunque los caballeros de Alcántara y sus fuerzas pudieron entrar de alguna manera en la medina, no se verían con fuerzas suficientes para doblegar a la guarnición de la ciudad que se habría refugiado en la alcazaba, con la mayor parte de la población resguardada en el albacar de la misma. El suceso relatado por Naranjo Alonso no es una excepción, es frecuente ver que después de poner cerco a una población e incluso habiendo entrado en alguna parte de la misma, los atacantes deben retirarse. Tenemos el caso del intento en 1138 de Alfonso VII de tomar Coria. El profesor García Fitz explica como después de comenzar con una cabalgada destructiva y una emboscada que tendieron a los musulmanes de la villa, el rey instaló su campamento en las inmediaciones de la fortaleza, y construyeron torres de asedio y otros ingenios con los que iniciaron el asalto a la población, pero pese a las fuerzas empleadas tuvieron que retirarse sin conseguir rendir la ciudad (GARCIA FITZ, 1998: 230). Caso similar fue lo acontecido en Cáceres, Alfonso IX de León, intentó su conquista en varias ocasiones, antes de conseguir su rendición. En noviembre de 1218 el rey leonés Alfonso IX cercó Cáceres durante mes y medio, y cuentan los anales Toledanos que aunque la ciudad no pudo ser tomada, devastaron a fuego e hierro todo el campo, árboles, viñas, sembrados y cuanto había en los alrededores de la ciudad (GONZALEZ, 1944: 190). En la primavera de 1222 volvió a intentarlo, esta vez los leoneses atacaron con máquinas y derribaron algunos lienzos de muralla y ciertas torres lo que les permitió entrar en la ciudad, pero cuando estaban a punto de adueñarse de la misma, los Anales Toledanos cuentan que se presentaron unos diplomáticos al rey leonés y le ofrecieron grandes promesas de dinero si levantaban el cerco, los cristianos debían haber tenido muchas bajas en el asalto, y aunque estaban dentro de la ciudad, no las debían tener todas consigo, cuando el rey acepto la oferta y se retiró sin tomar la ciudad (GONZALEZ, 1944: 197). En 1223, 1225 y 1227 los leoneses volvieron sobre Cáceres, sin ningún resultado positivo, no siendo tomada hasta 1229 (ORTI BELMONTE, 1944: 128).

Del mismo modo durante el reinado de Fernando III, el impulso conquistador fue uno de los mas exitosos en conquista de territorio al vecino musulmán, pero tuvo que asumir frecuentes fracasos en el asedio de puntos fortificados importantes. En 1225 el rey castellano realizó el primer intento par conquistar Jaén, devastó sus huertas, viñas, sembrados y alrededores, y puso sitio a la población durante varios dias , pero tuvo que levantar el asedio ante la imposibilidad de obtener el éxito en esta empresa. En 1230 lo volvió a intentar, atacando sus muros durante tres meses, pero a pesar de contar en esta ocasión con maquinas de asedio, que tiraban muchas piedras, llamadas trabuquetes por la Crónica de la población de Ávila, volvió a retirarse (GARCÍA FITZ, 1998: 231). El siguiente intento, no fue hasta 1246 en el que, de nuevo, el rey castellano volvió a intentar el asalto a Jaén, lanzando entre tanto razzias esporádicas con el fin de asolar el territorio con vistas a preparar el asalto definitivo En esta ocasión la ciudad después de un sitio de varios meses pidió la rendición (SÁEZ ABAD, 2007: 173).

Aunque no volvemos a tener ninguna noticia sobre los ataques al territorio de Trujillo, es de suponer que las algaradas de devastación se seguirían produciendo. De hecho si tenemos noticias de dos correría de saqueo que se realizaron, una en 1211 por las fuerzas castellanas del infante don Fernando, hijo del rey Alfonso VIII, según relatan los anales toledanos (LOZANO RUBIO, 1970: 113). Y sobre 1220 por parte de tropas leonesas en territorio de Trujillo, de mano de don Sancho Fernández, hermano del rey Alfonso IX. Esta expedición entro y ocupó el castillo yermo de Cañamero, desde donde comenzó a atacar a los musulmanes, pero fue por poco tiempo, porque dicho personaje acabo sus dias en un encuentro mortal, con un oso de la zona (GONZÁLEZ, 1944: 195).

Los principales autores que han abordado el tema de la reconquista de Trujillo, afirman que la población cayo después de un corto sitio, y un asalto “por fuerza” en enero de 1233. Clodoaldo Alonso, lo expresa diciendo que el maestre de Alcántara se dispuso a la conquista de Trujillo en diciembre de 1231, y que la ciudad se tomó en enero de 1232 (NARANJO ALONSO, 1983: 78). Obviamos el problema de las fechas, al saber que el señor Naranjo se apoya en los Anales Toledanos, que dan por valida la fecha de 1232 para la toma de la ciudad. Pero a nuestro entender, nos inclinamos mas por pensar que la conquista de Trujillo debió ocurrir de una manera similar a los ejemplos anteriormente comentados, como Cáceres o Jaén, y que no fue una operación de asedio que durara apenas unos semanas, si no, que fuera precedida de una campaña de destrucción previa para intentar disminuir la resistencia de los defensores de la población, cuando el asedio se hiciera efectivo. Y que éste conllevaría un tiempo, de esta opinión es D. Gonzalo Martínez Díez, en su estudio, “La cruz y la espada. Vida cotidiana de las Órdenes Militares españolas”, quien comenta que: “una hueste formada exclusivamente por caballeros de las Órdenes militares y algún vasallo del Obispo de Plasencia marchó sobre Trujillo y puso cerco a la plaza en los meses de verano, se defendieron con denuedo durante más de medio año, pero a no recibir ningún auxilio externo se vieron obligados a capitular y entregar la ciudad el 25 de enero de 1233” (MARTÍNEZ DÍEZ. 2002: 94)

Naranjo Alonso sigue narrando que tras varios asaltos fallidos por parte de los cristianos al intentar atacar la ciudad por varios puntos de la misma, el Obispo de Plasencia, aconsejó el asalto por un solo punto, la parte mas alejada de la alcazaba, que hoy lleva el nombre del “Arco o Puerta del Triunfo”. Según el citado autor, en los momentos del combate el obispo se puso en oración y encomendó el triunfo de las tropas cristianas a la “Divina Madre”, invocando su protección para sus hijos, la leyenda dice que en ese momento apareció un resplandor sobre la muralla y que esto dio nuevas fuerzas a los cristianos para conseguir superar esta puerta y entrar en la ciudad.

Se apareciese realmente la Virgen o no, es un hecho anecdótico, lo importante es que los combatientes recobraron las fuerzas, posiblemente tras la exhortación del Obispo de Plasencia, de que tenían la protección de “la Señora” y que este estímulo les serviría para dar todo lo que les quedaba.

Es un suceso normal en la batalla que en esos momentos de incertidumbre de la suerte de los combatientes, la moral lo es todo. Durante la primera Cruzada, después de que los cristianos tomaron Antioquia, fueron cercados por las fuerzas musulmanas que venían con retraso para socorrer la ciudad, y los cruzados pasaron de ser sitiadores a sitiados, sus condiciones eran muy duras, pero en un momento dado el encuentro “casual” de una punta de lanza, que atribuyeron a la Santa Lanza que había atravesado el costado de Cristo, les dio tal fortaleza de animo, que salieron el 28 de junio de 1098 a dar la batalla definitiva, fuera del amparo de los muros y atacaron en inferioridad numérica al ejercito turco al que derrotaron (LEHMANN, 1989: 110)

Naranjo opina que además de la intercesión de la Virgen en los corazones de los combatientes cristianos, también se contó con la ayuda de un cristiano valeroso, llamado Fernán Ruiz y que junto a algunos mozárabes de la ciudad logró abrir las puertas a las fuerzas castellanas desde dentro, y permitir el paso a los asaltantes, después el combate se generalizó por todo la medina, parte de la guarnición pudo escapar y sostener la resistencia en la alcazaba, pero al poco tiempo tuvieron que entregarse a discreción (NARANJO ALONSO, 1983: 78).

Otras fuentes, como el “Manuscrito de Tapia”, recogido en las “Crónicas Trujillanas del siglo XVI”, nos dice que Hernán Ruiz de Valverde no era un mozárabe que habitara en la ciudad, sino un caballero que entró de noche en la ciudad, escalando la muralla, y que consiguió abrir las puertas de la villa, y que por esta acción o alguna otra en la que su valentía permitió la entrada de los cristianos en la ciudad, es recordado hasta nuestros días.

Sobre este apunte detalla el profesor García Fitz que dado el enorme peligro que entrañaba la toma al asalto de un punto fuerte para los atacantes, y de una forma mas particular para aquellos que iban dirigiendo dicho asalto, se estableció una serie de incentivos especiales, además de las cuotas que les podía corresponder de botín, premios extraordinarios que son recogidos en las fuentes jurídicas, en las que se premiaba a los que primero entraban en las fortalezas, o sus acciones permitían la toma de las mismas (GARCÍA FITZ, 1998: 240).

Meditando sobre lo narrado, observamos como en la conquista de Trujillo también se dio un acción mixta de un asedio en toda regla y un golpe de mano para hacerse con el control de un acceso, de forma parecida a lo ocurrido en 1236, cuando tropas especializadas en ataques sorpresa, con ayuda de algunos musulmanes descontentos, consiguieron facilitar el asalto a la Ajarquía cordobesa (GARCÍA FITZ, 1998: 220).

Y es que la expugnación a viva fuerza, según los estudios del profesor García Fitz, era posible siempre que hubiera un claro desequilibrio entre las fuerzas enfrentadas, y los atacantes sobrepasaran a los sitiados mediante un ataque masivo. Todo ello contando con el elevado coste en vidas humanas que podía repercutir en las fuerzas asaltantes, aunque ello tenia como ventaja el ahorro de sufrimiento, que siempre implicaba un cerco prolongado y evitar que la fortaleza pudiera recibir refuerzos del exterior (GARCÍA FITZ, 1998: 224).

Loa ataques al asalto, aunque fueron frecuentes en la Península Ibérica del siglo XII y normalmente tuvieron éxito, tanto por parte cristiana (Almería, Lisboa), como por el bando musulmán ( Oreja, Aceca), ya en el siglo XIII, fueron los menos, y en su mayoría tenían por objeto fortalezas de pequeña o mediana entidad como Malagón, Quesada, Priego, Loja. Podemos decir que por norma general, la conquista al asalto en el siglo XIII no fue un suceso habitual, siendo lo normal que la guarniciones capitulasen después de haber calibrado sus posibilidades de resistencia frente a las fuerzas empleadas por los asaltantes y comprobar que no habrían de recibir fuerzas de socorro (GARCÍA FITZ, 1998: 229).

 

5.- A modo de conclusión

 

Apoyándonos en la opinión de los autores consultados y las fuentes de que disponemos sobre la conquista de Trujillo. Podemos concluir que Trujillo en el momento de ser objetivo de las fuerzas castellanas, pudo sufrir durante una temporada algaradas de devastación con el fin de reducir su capacidad de resistencia previa a la acción del cerco. Las tropas castellanas debieron levantar el dispositivo de asedio, probablemente en una fecha cercana al verano de 1232, cuando el apoyo que podría recibir del emir de Murcia, podía ser casi inexistente, dados los graves problemas por los que pasaba Ibn Hud, con las rebeliones de Sevilla, y Arjona, información que seguramente manejasen los cristianos. Los musulmanes de Trujillo, acostumbrados a realizar razzias a territorio cristiano no se achicaron a ver a los castellanos formalizar el sitio de su ciudad, y resistieron con firmeza, pese a los intentos de asalto de las tropas cristianas. Sabemos que Ibn Hud envió fuerzas de socorro para intentar tomar a los asediantes por sorpresa, pero no lo consiguió, por lo que los cristianos debieron forzar el asalto, para evitar verse pillados entre dos fuegos, el de los asediados y los refuerzos. Los cristianos podrían haber efectuado diversos asaltos en distintos puntos del perímetro amurallado de la villa con el fin de despistar la atención de los defensores y obligarles a repartir sus fuerzas por todo el recinto fortificado. En enero de 1233 se planeó una acción sorpresa, mediante la cual una pequeña partida de guerreros, liderados por Fernán Ruiz, fuera desde dentro, o infiltrados desde el exterior, se harían con el control de una de las puertas, la situada mas al occidente, y la mas alejada de la alcazaba, mientras tanto las tropas castellanas se pusieron bajo el amparo de Nuestra Señora La Virgen, a quien invocaría como protectora el Obispo de Plasencia. Dominado el punto de acceso a la ciudad, se procedió al asalto, entrando las tropas cristianas a la ciudad y venciendo toda resistencia dentro de la villa, pero no pudiendo tomar la alcazaba, momento en el que se iniciarían negociaciones, y suponiendo, los defensores, que no podían recibir ayuda, pues desconocían los nuevos intentos del emir de Murcia, de enviar nuevas fuerzas en su socorro, se rindieron el día de la conversión de San Pablo, el 25 de enero de 1233.

 

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Ago 262015
 

Francisco Rivero Domínguez.

El día 31 de mayo de 2014 comenzaron los actos del Centenario de la fundación del convento de las Hermanas Carmelitas de Brozas, que llevaría consigo la creación del colegio de primera enseñanza para niños y niñas de corta edad, en donde hemos aprendido las primeras letras cientos y cientos de niños de la villa de Las Brozas, así como la preparación para la primera comunión. Muchos hombres y mujeres de mi edad hicimos la Comunión en las Carmelitas.

Los actos oficiales del centenario empezaron en la tarde del 31 de mayo en el auditorio de “Las Comendadoras”, que era antiguamente la capilla del convento de San Pedro de las Madres Comendadoras de la Orden Militar de Alcántara, cuya entrada solo podían solicitar las doncellas con título nobiliario. Al salón de acto acudió un numeroso público interesado en conocer la historia del convento carmelitano y consistió en sendas conferencias: Una pronunciada por don Antonio Galiano, presidente de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales y cronista oficial de Orihuela (Alicante), quien habló en una disertación con imágenes de la “Presencia del Carmelo en Orihuela: Pasado y presente” y la segunda por un servidor que llevaba el título “Las Carmelitas de Brozas”.

Fueron invitadas de honor la hermana vicaria general de la Congregación de las Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo, hermana María del Carmen Hernández, a quien acompañan la madre asesora de la Superiora Rita-Dwiningsih, natural de Indonesia, y la hermana Aureliana Gómez de la Cruz, que hizo el sacrificio de venir desde tan lejos, desde el colegio de San Juan de Alicante, a sus 86 años, para rendir un homenaje a sus hermanas fundadoras de este convento de Santa Eufrosina, de la villa de Brozas.

La segunda jornada comenzó con una visita privada de las hermanas carmelitas y de los cronistas oficiales de Orihuela y de Brozas, así como varios acompañantes, al convento y colegio que regentaron las religiosas en Brozas, hoy propiedad del Ayuntamiento donde se hallan varios organismos locales, como la biblioteca municipal, el centro de informática o la guardería infantil. Este colegio y convento se aposentó en las estancias que fuera el palacio de los Nebrija y en ellas habitó durante tres años Elio Antonio de Nebrija, autor de la primera Gramática Española, publicada en Salamanca en 1492 Esta casa es la única casa palacio de las que habitó Nebrija que se conserva en España. Bien merecería que se le hiciera a Antonio de Nebrija un homenaje como ya hizo uno en 1990 la Real Academia Española a Francisco Sánchez “El Brocense”, trasladándose desde Madrid hasta Las Brozas el director de la real institución, don Manuel Alvar, con varios académicos de la Lengua.

La hermana Aureliana de la Cruz, maestra y directora del colegio en 1972, que tuvo que cerrar por adecuarse a la Ley de Educación de EGB, del ministro José Luis Villar Palasí, promulgada dos años antes, aprovechó para hacerse una fotografía con sus dos hermanas de la orden en lo que había sido su clase y ahora es sede del SEXPE (Servicio Extremeño de Empleo).

El tercer acto se celebró en el templo parroquial de Santa María de la Asunción de Brozas, más conocida como “la catedralina”, y fue presidido por el obispo de la diócesis, don Francisco Cerro. La iglesia estaba a rebosar y al final de la misa de acción de gracias hubo un acto sencillo en el que el alcalde de la localidad, don Leonardo Rodríguez; el Párroco, don Jaime Rubio y un servidor como cronista oficial, entregamos un diploma a la hermana Aureliana; posteriormente el obispo de Coria – Cáceres, acompañado, del presidente de los cronistas de España, hizo lo mismo a la Congregación de las Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo. Recogió este diploma la vicaria general, hermana María del Carmen Hernández

Al concluir el acto religioso, muchísimos fieles se acercaron a las tres hermanas para felicitarlas, especialmente a la hermana Aureliana porque muchos de ellos la conocían. Los actos conmemorativos terminaron en un sencillo almuerzo ofrecido por el Ayuntamiento a las protagonistas del centenario y los organizadores del evento.

La prensa local, regional, la página web de la Congregación y su publicación mensual “Surco fecundo” que se distribuye por toda España y algunos países hispanoamericanos. “Surco fecundo” promueve la causa de la canonización de la sierva de Dios, la madre Elisea Oliver, fundadora de la Congregación y fundadora personal del convento carmelitano de Brozas. También merece la pena resaltar las fotografías que colgó en internet Rosa María Jiménez y de las que realizó un magnífico “power point” Alejandro Cid.

Tras esta larga entrada hay que dar a conocer lo que supone el Carmelo en Orihuela (tomado de la conferencia de su cronista, Antonio Galiano) y su traslado a primeros del siglo XX a un lugar tan apartado como es la villa cacereña de Las Brozas.

 

  1. El Carmelo en Orihuela

Al sur de la Comunidad Valenciana, en el sur de la provincia de Alicante, en el corazón de la Vega Baja del Segura, se encuentra Orihuela, de la que alguien ha dicho que tiene alma de palmera y de poeta. En su paisaje, se entrelazan la riqueza de la huerta y los edificios civiles y eclesiásticos, que nos muestra como telón de fondo el Seminario, el castillo y la Cruz de la Muela.

Orihuela presenta una riqueza arquitectónica avalada por cinco monumentos nacionales:

1.- La catedral del Salvador y Santa María cabeza del Obispado, con una torre gótica.

2.- La iglesia parroquial de las Santas Justa y Rufina, entre el gótico y el barroco, con una torre gótica que emerge desde la lejanía.

3.- La iglesia parroquial de Santiago Apóstol, en cuya fachada principal campean las armas de los Reyes Católicos con la granada cerrada, por haberse celebrado Cortes en la ciudad antes de la toma de la misma.

4.- El Colegio Santo Domingo, con una iglesia barroca rica en frescos, claustros renacentista y barroco y tres portadas, entre la que destaca la de la Universidad.

5.- El Palacio Episcopal, con actuaciones desde el siglo XV hasta la actualidad, en que se encuentra el Museo Diocesano de Arte Sacro, entre cuyas pieza se exponen “San Miguel” de Paolo San Locadio y “La Tentación de Santo Tomás”, de Velázquez.

Artísticamente Orihuela ofrece otras muchas más cosas dignas de visitar como “La Diablesa”, de Nicolás de Bussy, en el contexto de su Semana Santa declarada de interés turístico internacional, con el Canto de la Pasión, el Caballero Cubierto y los Armaos.

Pero, se ofrece algo más: sus playas bañadas por el Mediterráneo que atesoran siete banderas azules, y el ser la cuna del inmortal poeta Miguel Hernández, al que tanto debe Orihuela.

La labor de los carmelitas en la ciudad gozó de una buena aceptación entre las gentes de Orihuela, manteniéndose en algunos momentos la devoción carmelitana a través de la Cofradía de Nuestra Señora del Carmen, la Tercera Orden y la Escuela de Cristo, relacionada y ubicada en el convento de los carmelitas. La labor de los carmelitas en la ciudad gozó de una buena aceptación entre las gentes de Orihuela, manteniéndose en algunos momentos la devoción carmelitana a través de la Cofradía de Nuestra Señora del Carmen, la Tercera Orden y la Escuela de Cristo, relacionada y ubicada en el convento de los carmelitas. Su primera llegada a la tierra del Segura se produjo el 19 de julio de 1537.

La fundación definitiva se llevó a cabo, en la fecha indicada a cargo del padre Miguel Alfonso Carranza. En junio de 1587, aparece el convento de Orihuela en las actas oficiales del capítulo celebrado en Huesca de la provincia de Aragón y Valencia. El arribo de aquellos carmelitas se produce, allá por el 24 de julio de 1585, con un equipaje lleno de pobreza y de ilusiones.

2. Las Carmelitas en Orihuela

Por otro lado, la Venerable Orden Tercera ha sido, a lo largo de la historia del Carmelo en Orihuela otro de los pilares en los que se ha sustentado la devoción carmelitana. La Venerable Tercera Orden se aprobó y confirmó su nueva erección el 21 de febrero de 1778.

Una nueva y última etapa comienza a vivir el Carmelo en Orihuela, gracias a la fundación de la Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo, en Caudete, por entonces perteneciente a la Diócesis de Orihuela, por ocho mujeres que habían tomado el hábito del Carmen el 6 marzo 1891. Un año después el obispo Juan Maura y Gelabert, aprueba las Constituciones y en 1899, nombró como superiora general interina, a Elisea Oliver Molina, coincidiendo con el traslado a la ciudad de Orihuela, instalándose provisionalmente la Curia Generalicia y el noviciado, ubicándose en algunas dependencias del antiguo convento de San Pablo de los carmelitas.

Así, las Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo, llegadas a Orihuela sin propiedades, ni recursos económicos se encontraron con casa y lugar de oración. No sin muchas dificultades, como las acaecidas durante la Segunda República y la Guerra Civil, esta Congregación ha mantenido viva la presencia del Carmelo en Orihuela hasta la actualidad, en la que existe la Casa Madre, un colegio de bachillerato, dándose servicio al Seminario Diocesano y dedicándose a obras sociales.

Madre Elisea fue la que acudió a Extremadura, concretamente con algunas religiosas para fundar en ella. Y entre aquellas que vestían el hábito carmelitano que, desde Orihuela arriban a Brozas, la gerundense nacida en Olot en 1876, madre Angélica Badosa Cuatrecasas, que aquí desempeñó tareas como maestra de párvulos, siendo superiora en varias ocasiones, viviendo entre las gentes de esta tierra cacereña desde la fundación hasta 1972.

3. Las Carmelitas de Brozas

Lo primero que llama la atención es cómo las Carmelitas de Orihuela (Alicante), congregación fundada por la madre Elisea Oliver Molina en 1892 se decide fundar un convento – colegio para enseñar las primeras letras a los parvulitos de la villa de Las Brozas situada, pasando por Madrid, a unos 800 kilómetros, pero kilómetros de 1914, con las dificultades que había hace un siglo. La respuesta la dan las mismas hermanas en la biografía crítica de la madre Elisea que ha sido escrita por las hermanas carmelitas Josefina Díaz y la extremeña Áurea María Ferreira para la apertura del proceso de beatificación en la Congregación de los Santos: “Hubo un encuentro fortuito en un balneario de la hermana Dolores Martínez con una señora de Brozas, doña Lucía Moreno Sánchez”.

La conversación transcurrió tras una pregunta de la señora a la hermana sobre cuál era la función de la asociación religiosa y al responderle ésta que se dedicaban a cuidar enfermos y ancianos y a educar a los parvulitos, a doña Lucía le faltó poco para pedirle que se hiciera cargo de un colegio de niños pequeños en la localidad.

Tras documentarse doña Lucía de la labor de las religiosas a través de la revista “El Santo Escapulario”, decidió escribir a la madre fundadora y pedirle que se encargaran de los parvulitos de Brozas.

La hermana Áurea María Ferreira me proporciona una serie de documentos escritos, del archivo general de la congregación sobre la fundación y el desarrollo del convento y colegio hasta su cierre en junio de 1972. Desde aquí mi agradecimiento. Este colegio que lleva el nombre de Santa Eufrosina estuvo abierto desde junio de 1914 hasta junio de 1972; en total fueron 58 años y lleva ya cerrado 42.

Así el 15 de abril de 1914 el obispo de Coria, don Ramón Peris y Mencheta, firma el decreto de erección de la fundación de Brozas.

El documento de apertura dice así: “Por lo que a Nos toca, autorizamos la fundación solicitada por las Religiosas Terciarias Regulares de Nuestra Señora del Carmen para la enseñanza de párvulos y asistencia de enfermos, con la expresa condición de no enseñar a las niñas no párvulas, atendiendo a que en dicha población existe ya un Colegio de Hermanas de la Doctrina Cristiana dedicado a la enseñanza de niñas. Lo decretó y firma además el secretario del obispo, Vicente Cosme Navarro.

El 12 de septiembre de 1918, éste mismo obispo de Coria solicita a la Santa Sede la aprobación definitiva del Instituto “por realizar esta congregación los altos fines de la enseñanza de la niñez y juventud, así como a la asistencia de enfermos con gran celo y abnegación siendo abundantísimos los beneficios que reporta para el pueblo de Brozas”.

El colegio de Brozas recibió el nombre de Santa Eufrosina, una mujer egipcia, de los primeros tiempos del cristianismo, a la que sus familiares no dejaron de ser monja, se vistió de hombre y murió santamente en un convento carmelita.

 4. Crónica de la llegada a Brozas

En un documento interno de las Madres Carmelitas, escrito por la superiora de su puño y letra, madre Angélica Badosa, cuenta en una crónica cómo se vino a fundar la Casa de Brozas y narro textualmente:

         “El día 28 de mayo del año 1914 salieron de Alicante para Brozas la Superiora General Muy Reverenda Madre Elisea Oliver acompañada de las Hermanas Angélica María Badosa, Dolores Martínez y María del Tura Verges. El día 29 llegaron a Madrid, donde por no conocer a nadie de la población, lo pasaron en la estación de Delicias.

         El día 30 del mismo mes llegaron a Brozas y se apearon en casa de D. José Montemayor y después de descansar un rato Dª Santiaga Montemayor nos acompañó a casa de Dª Lucía Moreno Sánchez, cuya señora era la fundadora de esta residencia de Brozas. Al llegar a la calle de los Laureles salió a recibirnos la mencionada Dª Lucía Moreno, la que nos pasó a un salón muy a propósito para recibir visitas. Al rato de estar allí vinieron a visitarnos las Autoridades Civiles y Eclesiásticas y también las principales señoras del pueblo

         El día 1 de junio, la Hermana Angélica María Badosa tomó posesión de la Escuela Municipal de párvulos de esta villa de Brozas.

         La impresión de la Madre General y las hermanas fue mucha al ver el local de la Escuela y las habitaciones de la vivienda, pues el local parecía una bodega, yg las habitaciones estaban totalmente vacías, sin una silla para sentarse, ni una cama para descansar y las paredes llenas de insectos, causaba asco al ver tantos bichos. Solo resignaba pensar en la casa de Nazaret.

         La Madre Elisea animaba al verla tan resignada y siempre sonriente. Nos prestaron todo lo que hacía falta y se pudo descansar.

         Todo lo dicho no era nada en comparación a la pena que tuvo la M.R. Madre Elisea al ver que no había sitio para la capilla, pero se desvanecieron lasa penas cuando más apuros había, porque el Señor inspiró a la M R. Madre Elisea que se podía establecer la capilla en uno de los extremos del local escuela, pues con ella todavía quedaba el salón muy suficiente para los niños.

         Se llamó al señor alcalde, que era don Alejandro Guija para pedirle permiso. Vino el señor alcalde con algunos concejales y enseguida dieron el permiso para incomunicar la escuela de la capilla por medio de unas puertas correderas. Se llamaron a los albañiles para que hicieran el tabique, mientras el señor párroco de Santa María, que lo era don Ángel Perianes, pidió los permisos necesarios para la capilla y poner el Reservado al Señor Obispo de Coria que lo era el Muy Ilustrísimo Señor Don Ramón Peris Mencheta. Todavía no habían terminado los albañiles la obra, los permisos necesarios para el culto de la capilla ya estaban despachados.

         El día 15 de julio de 1914 se celebró la primera misa con la solemnidad posible. La dijo el señor cura párroco de Santa María, don Ángel Perianes, y la cantaron tres cantoras que mandó la señora fundadora, doña Lucía Moreno, y doña Rosa Domínguez prestó el piano.

         El día 17 del expresado mes y año se ausentó la Madre General María Elisea Oliver y quedaron solas las tres palomas Hermana Angélica, Dolores y María del Tura en el palomar tristes y pobres, pero muy resignadas a la voluntad de Dios. ¡Cuántas veces se postraron ante Jesús para pedirle lo necesario que nunca faltó!, pues para contar los milagros de la Divina Providencia se necesitaba un grueso volumen.

         Por ser la casa húmeda y pequeña, las hermanas estuvieron malas hasta que se aclimataron y el Municipio cedió otras habitaciones de un piso alto.

         A instancias del señor Obispo, se estableció el servicio domiciliario a los enfermos. Para la asistencia a los enfermos vinieron de Orihuela tres hermanas: Visitación, Emilia y María de la Cruz. Llegaron el 14 de diciembre de 1918 y con ellas vino la felicidad a esta casa por ser mayor el número de religiosas que formaban la comunidad para atender el crecido número de niños que asistían a las clases y a los enfermos en sus domicilios.

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5. Varias actuaciones municipales

 Durante años hubo una magnífica relación entre el Ayuntamiento y las Madres Carmelitas. Así hay varios documentos conservados que así lo manifiestan.

El 29 de abril de 1914, el Ayuntamiento acuerda de nombrar profesora en propiedad de la Escuela de Párvulos a doña Paula Badosa Cuatrocasas, que reúne título y aptitud.

El 6 de mayo de 1914 se acordó efectuar en la casa habitación de la profesora de párvulos los reparos necesarios a quedarla en buen uso como asimismo el local de dicha escuela y que queden libres por don Fabián Mansilla que ocupa algunas de aquellas y las ponga a disposición de la profesor.

El Ayuntamiento comunica que en la sesión del 13 de mayo de 1914 se acordó hacer reparaciones en la casa de la profesora de párvulos y que como eran más de los necesarios, el Consistorio acuerda con la fundadora del convento, doña Lucía Moreno Sánchez que se le abonen 60 pesetas y que sea el municipio el que se haga cargo de los costos de las obras.

El 24 de agosto de 1918, el alcalde de la localidad, don Virgilio Laberti escribe un oficio a la profesora de párvulos, doña Paula Badosa Cuatrocasas, para que se sirva dejar libre en un plazo breve y a disposición del Ayuntamiento el local bajo que tuvo don Antonio Roldán Salor, con motivo del abastecimiento de trigo a la población.

El entonces alcalde Alejandro Guija informa al colegio el 9 de octubre de 1922 que se había declarado oficialmente una epidemia de sarampión por lo que pide que se cierren las Escuelas públicas y privadas.

Lo mismo ocurre el 7 de octubre de 1923, cuando es una epidemia de viruela la que obliga a la junta local de Sanidad acuerda a cerrar la escuela de los parvulitos.

El alcalde don Ricardo Salvado, escribe el 25 de abril de 1924 pide que se abran de nuevo las escuelas al haber desaparecido otra nueva epidemia de sarampión.

En enero de 1926, el Ayuntamiento acuerda pagar 163 pesetas al colegio por los gastos habidos el año anterior en la compra de material de enseñanza.

Así, el 30 de junio de 1928, el Ayuntamiento acuerda en su comisión permanente que “debido a lo reducida que se encuentra la vivienda de las Carmelitas, las monjas piden al Ayuntamiento que dejen de arrendarse al vecino don Rafael López Lopo las habitaciones que ocupa en dicho edificio, cediéndolas gratuitamente al convento.

El 3 de marzo de 1930, debido al excesivo número de alumnos que cada día van a las clases, llegando a los 220, las monjas manifiestan que debido al reducido local que ocupan se les debería conceder el local que tenía la maestra de la Escuela Nacional, doña Teresa Porras, y el Ayuntamiento acuerda esta cesión por unanimidad. Este tema también es aprobado por la Comisión Permanente Municipal.

Otro oficio del Ayuntamiento, de fecha 20 de agosto de 1941, informa que “hay también otra petición de las hermanas al Consistorio. Se trata de que por prescripción facultativa, se tenía que ausentar de la localidad la madre superiora y era la única que poseía el título de maestra y desde la sede central no podían enviar a otra hermana con el título. Ante ello, las Carmelitas le piden al Ayuntamiento que le siga concediendo la asignación que se les daba porque si no, no podrían sostenerse económicamente y todas deberían abandonar la localidad, dejando sin clase a los 400 niños. El Ayuntamiento agradece su labor y decide seguir subvencionando el colegio con la misma cantidad como si estuviera su maestra titular y “se hace constar en acta el agradecimiento de la Corporación y el pueblo entero siente hacia ellas y muy especialmente a su Superiora, a quien deseamos guarde Dios muchos años su vida, por haber sabido regir tan dignamente esta comunidad donde recibimos y siguen recibiendo los pequeños los primeros auxilios espirituales y materiales de la vida , dándole a todas ellas un voto de gracia por su labor”

  6. Una declaración

Marcelina Marchena Borrega, natural de Brozas conoció a la Madre Elisea cuando vino a fundar el convento y cuenta del auditorium de Las Comendadoras, que era la iglesia del convento de San Pedro, lo compró su padre y tuvo una abertura en el techo. Este cronista, como muchos brocenses, lo conocieron así, como un cobertizo donde había vacas, un pajar, un corral de gallinas y hasta un almacén de granos y abonos. También que sus columnas fueron vendidas a un anticuario de Toledo por unas 16.000 pesetas, perdiéndose así un importante elemento artístico, que nunca debió salir de la villa de Las Brozas.

En lo que se refiere al colegio de Las Carmelitas Marcelina Marchena declaraba en octubre de 1971 que conoció a la Madre Elisea, que estuvo en Brozas, al menos tres veces y que la acompañaba a las visitas o bien al coche de línea, “el directo”, como le decimos por aquí.

“La escuela la llevaba un Patronato de señoras, con doña Lucía Moreno y otras señoras del pueblo. Pasaban una colecta y cada cual daba la limosna que quería. Con ello, las monjas pasaron mucho porque unas veces no sacaban”, indica en su declaración Marcelina Marchena.

Las Carmelitas vivían casi de limosna, Había una costumbre y es que durante el período de las matanzas del cerdo, las familias del pueblo obsequiaban a las monjas con algunos productos y a cambio ellas les entregaban una estampita. Lo digo porque así lo hacia mi madre y otra señoras, que se acercaban hasta el convento para donar sus productos. Pese a todo, las monjas pasaron muchas necesidades.

Antes de venir las Carmelitas a Brozas venía a una hermana de la Doctrina Cristiana a dar clases a los párvulos y se marchaba luego a su convento, que estaba situado en la otra parroquia, en la de los Santos Mártires, convento que se hallaba en unas casas nobles cedidas por don Manuel Flores de Lizaur y don Juan Montes Íñigo.

En el colegio había dos clases, los parvulitos gratuitos que eran unos 300 o 400, que se alojaban en lo que es ahora la iglesia y los niños y las niñas estaban separados. También había unos 20 parvulitos de pago, que abonaban al mes 1,50 pesetas.

 

 7. El epistolario de la Madre Elisea

En 1992, la hermana Josefina Díaz Mendoza publicó un interesante libro titulado “La Madre Elisea a través de su epistolario”. Estudia 76 cartas, de las que seis cartas circulares; 55 autógrafas y cinco apógrafas, es decir copias de las originales, Hay que sumar diez más enviadas a personas de fuera de la Congregación, a otros carmelitas o a señores particulares.

De estas 76 cartas estudiadas, unas 40 están dedicadas a la comunidad de Brozas, por la que la madre Elisea sentía un cariño especial. Van dirigidas a la comunidad y tratan temas internos. La primera está fechada en Orihuela el 11 de septiembre de 1914 y la última en Alicante el 29 de agosto de 1930. Hay otras fechadas en El Bonillo (Albacete), Paradas, (Sevilla) Málaga y Cieza (Murcia).

De su lectura se deduce el cariño que tiene la madre Elisea a su fundación más lejana y precaria. En uno de sus escritos dice la madre Elisea que le “gustaba la fundación de Brozas por la pobreza en la que se vivía y la pobreza de los niños que acudían a la escuela”.

Yo que soy un niño de los años 50 aún recuerdo algunos de mis amiguitos que andaban descalzos por La Calleja, el lugar de nuestros juegos infantiles, muy cercana a mi casa, y a veces con un solo tirante que sujetaban sus calzones.

En sus cartas se menciona a gente bienhechora de Brozas y los repite en numerosas ocasiones. Así está doña Lucía Moreno Sánchez y su hermano Julián: doña Rosa Domínguez y su esposo don Agustín Vinagre y cita también a María Cruz Colmenero, hija de don Julián Colmenero e Inés Lizón, sin olvidarse del cura párroco don Ángel Perianes ni del capellán de la Comunidad, don Fausto Cantero. Hay una carta que recibe de doña Lucía que también firma doña Vicenta, esposa del médico don Ciriaco Rodríguez. También se cita a una aspirante o “pretendienta”, como la llama la madre Elisea; se trata de Aurora Rodríguez, cuya familia vivía en la localidad. La Hermana Aurora Rodríguez nació en San Vicente de Alcántara (Badajoz). Tomó el hábito en Orihuela el 14 de noviembre de 1916. Emitió sus votos perpetuos el 7 de febrero de 1924 y falleció en Paradas (Sevilla) el 16 de junio de 1974.

Las citas tratan para pedirles a las hermanas que les dé las gracias por sus ayudas bienhechoras o para interesarse por la salud de alguno de ellos que estaba enfermo. Incluso hay un especial interés por la madre superiora, Angélica Badosa, que padecía úlcera de estómago.

La hermana Josefa Díaz que ha estudiado todas estas cartas escribe en su libro del epistolario: “Sus cartas son frecuentes, consoladoras y llenas de ternuras. Ella estimula a la entrega generosa. Al sacrificio, buscando “la gloria de Dios, y el bien espiritual, y el temporal de los prójimos, nuestros hermanos”.

 2 Comunión con las Carmelitas

    Lám 2. Comunión en las Carmelitas

8. La clausura del convento

 La superiora general, hermana María del Socorro Font Deulofeu, que dirigió la Congregación desde 1969 a 1987 y durante este periodo creó 34 fundaciones, escribe el 16 de mayo de 1972 una carta desde Orihuela al Obispo de Coria Cáceres, que por entonces era don Manuel Llopis Iborra, alicantino de Alcoy, en la que comunica que “debido a la nueva Ley de Educación es obligado cerrar algunos colegios que regenta la Congregación, entre ellos, el de Brozas. Sabe por la superiora de dicha comunidad que por entonces era la Hermana Aureliana de la Cruz, que se entrevistó con él para tratar el asunto y también con el inspector y con el alcalde, que era don Manuel Garlito. En vista de lo expuesto y, dado que los niños quedan atendidos espiritualmente, transmite el acuerdo del Gobierno General y espera que otorgue su permiso para la supresión de dicha casa-colegio”.

 

El 3 de junio de 1967, el Obispo de la Diócesis le responde que le cuesta comenzar esta carta. Siente pena a que la Congregación, benemérita por tantos títulos, haya de suprimir el Colegio y levantar la Casa que tiene en Brozas. Se ha relacionado con las religiosas y sabe de su labor en la villa, pero comprende las exigencias del momento actual, por la nueva Ley de Educación y Enseñanza. Quiere que conste la gratitud en el Señor que la Diócesis, Brozas y particularmente él guardarán por la acción apostólica de las Reverendas de la Virgen María del Monte Carmelo. Pide a Dios les bendiga siempre. Firmado: Manuel. Obispo de Coria Cáceres.

9. Los últimos años

Antes de terminar esta ponencia quiero contar la vida de algunas de las religiosas que más traté. Todos los de mi generación se acuerdan de las hermanas Virtudes, Elena, Delfina, Eulalia, Magdalena, Paciente. Aureliana…

De algunas de ellas he podido sacar una pequeña biografía gracias a la hermana Áurea, extremeña de nacimiento, que se encarga del archivo de la congregación y de la causa de canonización de la madre Elisea Oliver.

En mi recuerdo están, sobre todo, las hermanas Virtudes Salar Albert, Elena Arín o Delfina Martín Ballesteros, ésta última ecónoma del convento y que cambió su nombre años más tarde por el de Pilar.

La hermana Virtudes nació el 27 de marzo de 1901 en Las Encebras (Alicante). Vistió el hábito el 4 de enero de 1925 y la profesión perpetua el 5 de septiembre de 1932. Tras 56 años de vida religiosa consagrada al Señor y al servicio de la Iglesia, falleció el 15 de noviembre de 1978. Se distinguió por su espíritu de laboriosidad y de observancia regular. Fue superiora del colegio de Brozas en 1957.

La hermana Elena Arín Alberch nació en Benicarló (Castellón) el 10 de febrero de 1919 y falleció en la localidad de Tales el 18 de agosto de 2008. En su fecunda actividad apostólica, destacó por sus servicios en la educación en Paradas, Brozas, Nogales y Orihuela. También estuvo en la farmacia del sanatorio de Tarrasa y prestó atención en la portería de Valencia y en el Colegio de Murcia.

Ella misma nos cuenta su historia en Brozas: “Llegué a Brozas el año 1950, a la casa fundada en 1914 por nuestra Madre Fundadora. Fue una verdadera misión en nuestra querida España. Al llegar me di cuenta del gran aprecio que tenía la gente del pueblo a las Hermanas por el bien que de ellas recibían.

         El año 50 todavía venían las niñas descalzas a la clase y casi sin ropa por mucho frío que hiciera, más de una vez se desmayaron por venir sin desayunar y no haber cenado por la noche. Las hermanas les dábamos una taza de caldo hasta que conseguimos la ayuda de Cáritas, la que remedió grandes necesidades.

         Estas breves motas dan a conocer el espíritu de nuestra Madre Fundadora, que siempre elegía para las fundaciones las zonas más necesitadas, quería que nos asemejásemos a la masa para que ella viniera a nosotras y la condujésemos a Dios. Así se vivía en mi querida Brozas, que a pesar de los sufrimientos y escasez, tanto corporal como espiritual, nunca le faltó la alegría del Señor, por la unión y cariño con que nos tratábamos todas y cada una de las Hermanas. Ese amor se reflejaba al exterior por lo que mucha gente exclamaba: “¡Mirad cómo se aman!”.

La hermana Elena fue superiora desde el 28 de agosto de 1963 hasta la llegada a Brozas de la hermana Aureliana Gómez de la Cruz, quien fue la que cerró el convento y el colegio.

 3 Convento de Brozas

Lám 3. El convento de Brozas.

 

La hermana Aureliana Gómez de la Cruz, nació en Hinojosa del Duque (Córdoba) el 2 de diciembre de 1927, hija de Nicolás y Rafaela. Tenía ocho hermanos; ella era la cuarta. Fie bautizada el diez días más tarde de su nacimiento en la Parroquia de San Juan Bautista (Córdoba), y confirmada el 29 de octubre. Inició el postulantado en Orihuela el día 2 de Julio 1947, el noviciado 1 de abril 1949; su profesión temporal  el 24 de ese mismo mes y año, profesión perpetua en 22 de septiembre 1955 en Orihuela -casa madre- Hizo sus Bodas de Plata 25 abril 1974 en Paradas y de Oro 1 de Mayo de 1999en Villanueva de la Serena.

Estudio Magisterio de la Iglesia de maternales y párvulos, pues siempre le gustaron los niños, la música y el canto.

Los destinos fueron los siguientes: Santa Pola en el 1949, daba clase a párvulos. Paradas (Sevilla) en 1964, en Brozas desde 1969 hasta 1972, allí daba clase a párvulos. Después paso a Paradas donde fue directora de la Residencia y Escuela. Posteriormente en Fuente de Cantos 1978, fue ecónoma de la comunidad. Después la trasladaron a Villanueva de la Serena, donde impartía clases en una guardería infantil, superiora y ecónoma.

En 2002 pasó al Colegio de San Juan de Alicante, ayudando en varias tareas de la comunidad, hasta hoy. Ella recuerda el día de su profesión aunque su familia no pudo estar por motivos familiares, ella experimentó la entrega y consagración al Señor con mucho amor. Es una hermana muy servicial y bondadosa, los alumnos la querían mucho y les enseñaba con paciencia y cariño.

La hermana Aureliana fue la que se trasladó a Brozas para personificar el homenaje a la Comunidad de las Carmelitas de nuestro pueblo.

A ellas les debemos que nos enseñaran las primeras letras como parvulitos y nos enseñaron la fe cristiana, pues muchísimos niños y niñas hicimos con ellas la Primera Comunión. Sin duda, las Carmelitas se merecen un gran homenaje de todo el pueblo de Brozas.

10. Unas peticiones

Una última petición. Y que me perdone el “portero de la liga celestial” y que lleva el nombre de Pedro. Esta calle en la que estamos se llama San Pedro por el convento de las Madres Comendadoras de la Orden de Alcántara. Mi propuesta es que así como la calle de Orihuela ha dedicado la calle donde está el convento sede de las Hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo y se llama la calle Madre Elisea por la fundadora de la Congregación quiero proponer al señor acalde y al Ayuntamiento en pleno que esta calle dela villa de Brozas pase a llamarse ahora “Madres Carmelitas”. Ese sería un gran homenaje y gran recuerdo para estas abnegadas hermanas.

Otra sugerencia: Alejandro Cid realizó un magnífico “power point” de las fotos que hemos ido poniendo en Facebook. Ha sido visto por cientos de personas. No sería mala idea que ahora se haga, en el Hogar Nicolás de Ovando” una exposición fotográfica de las Comuniones realizadas en las Carmelitas. Muchos niños y niñas de entonces tenemos nuestra foto y de esta manera se recupera la memoria colectiva y, entre todos, hacemos un homenaje popular a estas buenas hermanas de la Virgen María del Monte Carmelo, a los que todos conocemos aquí como las Carmelitas de Brozas.

Lo dicho, desde aquí, sirva mi voz, como cronista oficial de la villa de Las Brozas, para hacer un reconocimiento público por la labor llevada a cabo por estas hermanas en todo un pueblo.

Ago 252015
 

José Pastor Villegas , José David Pastor Valle, Jesús Francisco Pastor Valle.

1. INTRODUCCIÓN

 

Los estudios sobre la Historia de la Ciencia (Experimentales) y la Tecnología de Extremadura son una minoría en el total de publicaciones sobre Extremadura. En particular, se puede comprobar nuestra afirmación revisando los trabajos de los Coloquios Históricos de Extremadura publicados hasta ahora.

En nuestra opinión, el pasado de la fosforita de Logrosán, que tiene relación con Trujillo, es conocido insuficientemente en el presente. Tal pasado es el antecedente inmediato de la fosforita que se descubrió en El Calerizo de Cáceres hace aproximadamente 150 años.

Mirando al pasado, el fósforo es un elemento químico descubierto por el químico alemán Henning Brand (Hamburgo, 1625 – Hamburgo, 1692); aisló de la orina una sustancia de color blanco que daba luz en la oscuridad, a la que denominó fósforo, es decir, portador de luz. Su descubrimiento lo comunicó, pero no lo publicó, estimándose que fue en 1669 o 1677[1]. El elemento químico se aisló pronto de otras materias, en particular de los huesos. Entre los compuestos químicos de fósforo están los fosfatos, que componen las fosforitas.

La fosforita es una roca formada por minerales fosfatados del grupo del apatito y otros minerales; tiene aspectos diferentes y el fosfato de calcio (Ca3(PO4)2) es el compuesto químico principal. Su fórmula general es 3Ca3(PO4)2·CaX2…Ca10X2(PO4)6, en donde X = F, Cl, OH, 1/2O2-, 1/2CO32-, es decir, tres moles de fosfato de calcio por uno de isosal acompañante; el calcio puede estar reemplazado parcialmente a veces por hierro, magnesio o calcio. La calidad de la fosforita se evalúa en el mercado en porcentaje de pentóxido de difósforo (P2O5); la roca comercial contiene 25-35% de este óxido (equivalente a 50-73% de fosfato de calcio) y proporciones variables de otros compuestos químicos: carbonatos de calcio y de magnesio (CaCO3 y MgCO3) se tolera hasta un 12% expresado como óxidos de calcio y de magnesio (CaO y MgO), no más de un 12% de dióxido de silicio (SiO2) y no más de un 2% de suma de óxidos de aluminio e hierro (Al2O3 y Fe2O3)[2].

En el siglo XIX, la influencia de los abonos naturales era conocida desde hacía mucho tiempo, si bien los conocimientos eran en gran parte empíricos. Menos aún, eran conocidos los abonos minerales fabricados a partir de fosforita.

Tras los descubrimientos de los yacimientos de la fosforita en Logrosán y Cáceres, tuvo gran interés internacional; los yacimientos fueron muy estudiados y se explotaron en el siglo XIX y en el siguiente para la fabricación de fertilizantes fosfatados. Se exportó a diferentes países porque el uso de los abonos minerales era mucho mayor que en España. En otras palabras, Logrosán y Cáceres fueron conocidas mundialmente y sus yacimientos de fosforita tuvieron interés científico y tecnológico internacional en el ámbito de la industria química de la Segunda Revolución Industrial, que se inició en la segunda mitad del siglo XIX y continuó en el siglo XX.

De los descubrimientos y estudios decimonónicos que se realizaron sobre la fosforita hasta 1876, así como de las páginas que los investigadores escribieron al pasar por Trujillo en sus viajes a Logrosán, tratamos en este trabajo. Aquí, tratamos también del importante problema del transporte de la roca a los diferentes países europeos para fabricar fertilizantes.

 

 

  1. DESCUBRIMIENTO Y ESTUDIOS DECIMONÓNICOS DE LA FOSFORITA DE LOGROSÁN

 

Antes de ser conocida la composición química de la fosforita, se sabía que había piedras en Logrosán de aspecto diferente a las rocas de esta villa que tenían la propiedad de fosforescencia. La luminosidad era bien observable cuando los fragmentos de tales piedras se calentaban en la oscuridad al ser esparcidos sobre brasas.

Las primeras noticias escritas de la fosforita de Logrosán son de la Ilustración Española: reinados de Carlos III (1759 – 1788) y Carlos IV (1788-1808).

El científico irlandés William Bowles (Cork, Irlanda, ca. 1720 – Madrid, 1780)[3] es autor de Introducción a la Historia Natural y á la Geografía Física de España, publicada en 1775 y reeditada varias veces. Su curiosidad científica le llevó a escribir sobre la fosforita tras viajar a Logrosán, localidad perteneciente entonces a la jurisdicción de Trujillo. Después de esta publicación, el interés por la fosforita de Logrosán aumentó considerablemente.

El químico francés Louis Joseph Proust (Angers, Francia – Angers, Francia)[4] republicó en 1791[5] y 1799[6] un artículo que había publicado en la revista Journal of Physique en abril de 1788. En ellos, repite el párrafo que escribió mencionado irlandés:

 

“Camino de Logrosán, Lugar que está situado al pie de una cordillera que corre de Levante a Poniente, y se llama la Montaña de Guadalupe, al salir de dicho lugar se encuentra una vena de piedra fosfórica, que atraviesa el camino real oblicuamente de Norte a Sur. Esta piedra es de un color pálido, no tiene sabor, y esparcida sobre las ascuas, hecha polvo, se levanta una llama azul que no despide olor alguno”.

 

Seguidamente, afirma que la fosforescencia tan notable de la piedra de Logrosán es lo que la había hecho objeto de curiosidad; observó que no decrepitaba cuando la echaba sobre las ascuas y que daba llama de color verde hermoso tras tiempo suficiente para admirar su brillantez, sospechando que el fosfato de calcio forme parte de ella como en los huesos. Refiere los experimentos hechos con dificultad por no tener instalado totalmente su laboratorio, afirmando haber obtenido fósforo a partir de las muestras recibidas. No duda que la piedra, mejor estudiada en el futuro, pueda ser de utilidad. Y sobre el problema de su formación, afirma que las aberturas de pozos, excavaciones y cortaduras manifestarán algún día a quienes las reconozcan con inteligencia la información necesaria.

Asimismo, manifiesta su deseo de viajar a la localidad y se equivoca al comunicar al editor de tal revista sobre su gran abundancia:

 

“Esta piedra se encuentra, no por venas, sino por collados enteros, a las inmediaciones de Logrosán, Aldea de la jurisdicción de Truxillo en la Provincia de Extremadura. Las casas, y paredes de sus cercados están construidas con ella. El haber visto la situación de estos cerros, su elevación y figura, su base y proporción con las demás que las circundan, hubiera sido más del caso que no formar conjeturas. Pero no previendo cuando tendré ocasión ni tiempo de recorrerlas, considero que no podré tan presto darle a usted noticias de más extensión”.

 

Finalizando el artículo, añade que las primeras noticias de la piedra fosfórica de Extremadura y muestras de ella para los análisis se las había dado el boticario Pedro Gutiérrez Bueno, ejerciente en Madrid, y que figuran colocadas en el Real Gabinete de Madrid entre las piedras fosfóricas. Añadimos que Pedro Gutiérrez [Jiménez] nació en Cáceres (Cáceres, 1743 – Madrid, 1828)[7] y fue el primer catedrático que enseñó públicamente Química en Madrid.

En la mencionada revista Journal of Physique, se publicó en septiembre de 1791 el primer análisis de la composición química de la fosforita realizado por los franceses Pelletier y Donadei, republicándose un extracto del mismo inmediatamente en Anales del Real Laboratorio de Química de Segovia[8] y años más tarde en Anales de Historia Natural[9]. Los autores de los análisis determinaron: aire fijo (1.5%), hierro (1%), tierra silícea (2%), tierra calcárea o cal (59%), ácido fosfórico (34%) y ácido fluórico (2.50%). Este análisis recalculado es: Fe2O3 (1%), CaO (60.2%), P2O5 (34.7%), CO2 (1.5) y F (2.5%)[10].

Tras la publicación del Real Decreto de 4 de julio de 1825[11], considerado como la primera ley de minas del siglo XIX[12], extranjeros expertos viajaron a Logrosán comisionados por las administraciones de sus países para verificar la exactitud de las informaciones sobre la fosforita y ocuparse de otros asuntos mineros. Entre ellos, el francés Pierre Guillaume Frédéric Le Play viajó meses antes de morir el rey Fernado VII, y los ingleses Charles Daubeny y Samuel Edward Cook viajaron en el reinado de Isabel II (1833 – 1868); los tres pasaron por Trujillo.

El francés Pierre Guillame Frédéric Le Play (1806-1882) fue un brillante ingeniero de minas y sociólogo, editor de Annales des Mines y la Statistique de l´Industrie mineral; fue comisionado para evaluar la potencialidad minera del sur de España. Su expedición geológica a España, entre el 12 de abril y el 15 de julio de 1833, tuvo como primer objetivo la fosforita de Logrosán, pudiendo observar pequeños filones de cuarzo y fosforita. Un año después de la realización de la expedición, publicó en Annales des Minnes dos artículos: Itinéraire d´un voyage en Espagne, précédé d´un aperrçu sur l´etat actuel et sur l´avenir de l´industre minérale dans ce pays y Observations sur l´Estramadure et le nord d´Andalousie, et essai d´une carte géologique de cette contrée. En el segundo de ellos, figura un mapa geológico de Extremadura y norte de Andalucía a escala 1:1 000 000, a todo color, con escala gráfica doble en leguas castellanas y unidades del Sistema Métrico Decimal, mucho antes de ser introducido este sistema en España; el yacimiento de fosforita de Logrosán está indicado en la dirección errónea NNW-SSE[13].

El inglés Samuel Edward Cook, quien prefirió llamarse Samuel Edward Widdrington, capitán de navío, acompañó al Dr. Charles Daubeny, profesor en la Universidad de Oxford, en un viaje científico a Logrosán realizado en la primavera de 1843 con el fin de examinar la fosforita e informar a la Royal Agricultural Society of England sobre la posibilidad de importarla para la fabricación de fertilizantes en sustitución de los huesos animales importados desde lejos y que disminuían cada año. Este capitán, viajero en la década anterior en España, es autor del libro Spain and the Spaniards in 1843[14], en el que relata el viaje desde Madrid a Logrosán, primero en diligencia hasta Trujillo y después en mula hasta Logrosán; trata de la villa trujillana en un capítulo, escribiendo en los párrafos primero y último[15]:

 

“Trujillo ocupa una majestuosa y elevada posición en un extenso promontorio formado por un montículo de granito como si hubiese sobresalido de las pizarras que forman la base de la región. Cuenta con una fértil llanura y está rodeada por cadenas y altos picos de colinas y montañas en todas direcciones. La ciudad moderna ocupa la ladera este del montículo; el oeste y el norte son zonas escarpadas y de fácil defensa.”

 

“Llevamos cartas para algunas personas del lugar y recibimos de ellos toda clase de atenciones que pudieron dispensarnos. Una, que se ofreció voluntariamente para servirnos de guía, persistió hasta el final pero me di cuenta de que hizo falta toda la fuerza de la cortesía española para inducirle a quedarse mientras yo paseaba por la Villa, y no podía comprender la causa de mi atracción por un lugar que ningún trujillano pisaría si no fuese estrictamente necesario. El señor Luján [Francisco Luján y Miguel Romero], al contrario de la costumbre tan frecuente en las capitales entre los hombres tan ocupados con asuntos oficiales, se había excedido más que quedarse corto en sus promesas y nos encontramos con que todo el mundo en la región estaba enterado de nuestro viaje y del objeto del mismo. Tuvimos numerosos visitantes y recibimos a varios personajes del lugar. Sugerí que viésemos al alcalde pero estaba enfermo y no pudo ver a nadie durante nuestra estancia allí. Me quedé sorprendido al saber que la población de esta ciudad se reducía, en la actualidad, a 4 000 habitantes cuando debería ser una capital con al menos diez veces este número. En mi trabajo con ellos los encontré serios y refinados en sus costumbres y su dialecto extremadamente puro.”

 

Sigue el viaje desde Trujillo a Logrosán; refiere que entraron en la villa por el oeste y que fueron muy bien recibidos y atendidos durante su estancia. En Logrosán, observaron que la fosforita era bastante independiente del granito y que formaba parte de la pizarra, extrayéndola para ser analizada en el futuro por Daubeny. Ambos y un criado partieron de Logrosán a Guadalupe en tres mulas y un guía a pie.

Los mencionados Daubeny y Wriddintong son autores de un artículo publicado en 1845[16]; ilustraron el relieve desde Trujillo a Logrosán, señalando granito y pizarra alternativamente, y escribieron que en las inmediaciones de Logrosán la superficie de la pizarra es ondulada, estando encajada la fosforita en la pizarra. Como media de los análisis de dos muestras de fosforita dieron: sílice (1.70%), óxido de hierro (3.15%), fluoruro de calcio (14.00%) y fosfato de calcio (81.15%), llamando la atención de que los elementos químicos flúor y fósforo componen la fosforita.

Joaquín Ezquerra del Bayo (Ferrol, La Coruña, 1793 – Tudela, Navarra, 1857)[17], ingeniero profesor de la Escuela de Minas de Madrid e inspector general del cuerpo de ingenieros de minas, a partir de 1825 atendió encargos diversos de la Dirección General de Minas. En Trujillo, el 26 de junio de 1845, escribió[18]:

 

“Salí de paseo hasta la ermita situada unas 300 varas [aproximadamente 252 m] al S. de la población para ver una cantera empezada a abrir en el granito que, hace poco se ha observado ser fosforescente. Efectivamente lo es, y, a mi parecer esto proviene de su descomposición, o por mejor decir de la descomposición del feldespato que deja libre la fosforita. El cómo se verifique esta descomposición es lo que yo no sabré explicar, pero lo cierto es que aquel granito no contiene otra cosa que mica, cuarzo y fosforita, notándose muy bien en algunas partes la cristalización pseudomórfica del feldespato. Es de notar que el sitio donde se encuentra el granito fosforescente se halla atravesado por una masa o especie de filón de granito de grano fino aporfidado, dirección N.S. de la brújula, y que allí inmediato hay un manantial de agua constante que surte de granito de grano grueso, cuyo fenómeno no podría verificarse si no estuviera descompuesto.

Probablemente el fenómeno de la fosforita de Logrosán tendrá el mismo origen, es decir, que serán filones o bancos de feldespato metamorfizados en fosforita, que en otras partes lo es caolín […].

Es notable la abundancia de aguas con que está surtida la población de Trujillo, a pesar de hallarse edificada, como ya hemos dicho, cuasi en el punto culminante de la línea divisoria ente Tajo y Guadiana, y ser el terreno exclusivamente de granito de grano grueso y de grano fino. Cuasi en la parte más alta y dentro del recinto de la antigua fortaleza, hay una gran alberca natural de 30-40 varas [aproximadamente 25,2-33,6 m] de diámetro, donde nunca falta el agua por calurosa y seca la estación […]”.

 

A mediados del siglo XIX, Felipe Naranjo y Garza[19], ingeniero de minas por Madrid, reconoció la cuenca del Guadiana por encargo de la Dirección General de Minas, dedicando un párrafo a la fosforita de Logrosán[20]:

 

“La fosforita de Logrosán, que en el cerro de San Cristóbal está en contacto del granito con la pizarra arcillosa, es un criadero notable por su corpulencia y extensión. Está situado al Sud-Este, y a mil pies [aproximadamente 305 m] de distancia del pueblo, en el cerro de la Costanaza, sobre el camino de Guadalupe a Cañamero. Su longitud, hasta ahora reconocida no baja de media legua [aproximadamente 2,786 km] desde el arroyo Nava-Zarza hasta la falda meridional del cerro en que se encuentra el santuario de la Virgen del Consuelo. Este mineral, influido grandemente por la enunciada roca plutónica, parece ser mucho más antiguo en su formación de lo que hasta ahora se ha creído. Aparece en capas verticales intercaladas con las del esquisto, con vetas de cuarzo grosero y en dirección de Norte a Sur con un espesor de doce a veinte pies [aproximadamente 3,66 a 6,10 m]. En la actualidad no se explota pertenencia alguna de las que con tanto afán se denunciaron en estos últimos años y créese que esto consiste en que los grandes bancos de cropolites descubiertos recientemente en Inglaterra han reemplazado al fosfato de cal español, para el abono de los terrenos del extranjero”.

 

Nuevas aportaciones científicas sobre la fosforita de Logrosán fueron realizadas por extranjeros y españoles en la segunda mitad del siglo XIX. Entre ellos, es de destacar al científico español Ramón Torres Muñoz de Luna (Madrid, 1822 – Málaga, 1890)[21], vinculado con Extremadura, ya remarcó la importancia del viaje científico del mencionado Dauveny a Logrosán y recogió en una publicación de 1856[22] los hechos químicos referentes a la industria agraria, en la que resumió el interés práctico procedente de aportaciones científicas de numerosos investigadores, siendo uno de ellos el gran químico alemán Justus von Liebig (Darmstadt, 1803 – Munich, 1873)[23], su maestro, quien fue el primero en realizar experimentos sobre la fertilidad de un suelo con abonos químicos.

En primer lugar, el mencionado Naranjo y Garza y el también ingeniero de minas Lino Peñuelas y Fornesa (Madrid, 1830 – Madrid, 1878)[24] trataron sobre la fosforita de Logrosán detalladamente en una publicación escrita por orden del Gobierno en 1858[25]. En ella, adjuntaron un plano topográfico y geológico que comprueba en su mayor parte las observaciones del primero de los autores diez años antes, indicaron consideraciones sobre la exploración, dieron la composición química de la fosforita (87% fosfato básico de cal), mencionaron sus usos, hicieron consideraciones sobre las vías de comunicación y sobre la explotación del yacimiento que consideraron el más importante de los conocidos entonces.

En una publicación sobre la Exposición Universal de Londres de 1862[26], Torres Muñoz de Luna, comisionado por España, informó que se expuso fósforo y otros productos obtenidos a partir de la fosforita de Logrosán por Ramón Manjarré y Bofarrull, profesor de Química industrial de Sevilla; señaló también que ya es urgente que en España se emprenda un estudio experimental completo sobre las diferentes clases de abonos:

 

“Ya es urgente que en España se emprenda un estudio experimental, detenido, y con arreglo a los adelantos de la ciencia agrícola en Europa de la acción que las diferentes clases de abonos conocidos ejercen sobre los diversos terrenos de nuestra Península, teniendo en cuenta la clase de producción, el clima y sobre todo la cuestión económica del agente fertilizador que debe emplearse.”

 

En el mismo año de 1862, la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales convocó un concurso público abierto sobre la “Influencia de los fosfatos térreos en la vegetación, y procedimientos más económicos para utilizarlos en la producción de cereales de la Península”, siendo premiadas cuatro memorias[27] [28] [29] [30]. Tal concurso indica el interés científico-utilitario de los fosfatos térreos como abonos en España, asunto no fácil de Química aplicada. En las cuatro memorias se trata con mayor o menor extensión de la fosforita de Logrosán.

En la década siguiente, es decir, durante el Sexenio democrático o revolucionario (1868 – 1874) y el reinado de Alfonso XII (1874 – 1885), se redactó y publicó la Memoria geológico-minera de la provincia de Cáceres, cuyos autores eran ingenieros de mina que formaban parte del Personal de la Comisión Ejecutiva del Mapa Geológico de España[31]. En el prólogo de la misma, se aclara que por Real orden de 10 de junio de 1872 se nombró al profesor de Geología de la Escuela especial de minas Justo Egozcue y Cía, jefe de una comisión para el estudio de los fosfatos calizo de Extremadura, y en 13 de julio del mismo año, la Dirección general de Agricultura, Industria y Comercio destinó para complementarla a Lucas Mallada y Pueyo. En la publicación figura información de los yacimientos de fosforita conocidos hasta entonces, clasificados en criaderos que arman en granito, criaderos que cortan las pizarras cambrianas y criaderos intercalados en las calizas. Se da también información de la fosforita en cada uno, las labores efectuadas, el origen probable de la fosforita, análisis efectuados en la Escuela de Minas de Madrid y consideraciones industriales.

Asimismo, afirman que de los tres tipos de yacimientos, los menos importantes son los que arman en granito. En lo referente a los yacimientos de Logrosán, el filón Costanaza, a tan solo 450 m al este de la villa, es el más importante de los que arman en pizarra, siendo también el más importante de la provincia; los otros yacimientos que arman en pizarra son: Mingote, Navacerrada, Canchas, Jinjal, Cañuelo, Casillón, Zorreras, Terrenos Colorados y Cumbre Bajera.

La mayor parte de la fosforita del filón Costanaza, así como de otros filones de la provincia de Cáceres, corresponde a la variedad palmeada porque las fibras se reúnen formando haces entrecruzados en abanico; hay manchas amarilla irregulares alternantes con otras rojizas y parduzcas sobre un fondo blanquecino. El análisis de una muestra de dicho filón dio: fosfato de calcio (87,320%), fluoruro de calcio (6,158%), sulfato de calcio (indicios), óxido de hierro (III) (1,800%), peróxido de manganeso (0,356%), alúmina (indicios), sílice (1,800%), agua higroscópica (2,300%) y pérdidas (0,266%). Los autores estimaron una existencia de 596 944 000 kg de fosforita.

Los autores mencionados consideraron que las fosforitas tienen un origen geiseriano, es decir, hidrotermal, existiendo relación entre las masas graníticas y los depósitos de fosfato. La influencia del granito entre las pizarras no necesita explicación diferente, pues el yacimiento principal de Logrosán toca al extremo oriental del afloramiento granítico del cerro de San Cristóbal.

Dicho con otras palabras[32], los magmas que originaron el batolito de Logrosán causaron grandes fracturas al ascender lentamente entre las rocas preexistentes (pizarras y grauvacas) del Neoproterozoico (hace más de 600 millones de años) dentro del anticlinal de Logrosán hoy desaparecido por la erosión. Los fluidos (gases y líquidos) de los magmas se inyectaron en tales fracturas y al solidificar resultaron los filones de fosforita, los cuales presentan una longitud aproximada de 5 km y una potencia variable (entre 0,10 y 8 m); alternan las mineralizaciones de apatito con las de cuarzo, y en ocasiones también carbonatos (calcita, siderita y ankerita).

En la Figura 1, como complemento a todo lo expresado anteriormente, se puede observar la fosforita de Logrosán en una galería de la mina la Costanaza, mina recuperada en los últimos años; es el geositio tercero de los cuarenta y cuatro descritos en la Guía de geositios del Geoparque Villuercas Ibores Jara, antes referenciada.

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 Figura 1. Galería de la mina de fosforita la Costanaza de Logrosán (Cáceres). Fotografía: José Pastor Villegas, 9.12.2012.

 3. DESCUBRIMIENTO Y ESTUDIOS DECIMINÓNICOS DE LA FOSFORITA DE EL CALERIZO DE CÁCERES

 

El Calerizo de Cáceres es uno de los calerizos de Extremadura, es decir, terrenos formados principalmente por roca caliza. Las calizas son rocas sedimentarias carbonatadas formadas por depósitos de los productos de alteración física y química de rocas preexistentes; el carbonato de calcio (CaCO3) es el componente mayoritario de las calizas, principalmente en forma de calcita. En la Figura 2, se puede observar la roca caliza en la entrada a la Cueva de Maltravieso en la actualidad, sita en el calerizo cacereño.

Según los autores de la Memoria geológico-minera de la provincia de Cáceres, El Calerizo, al sur de la villa de Cáceres, consta de dos partes principales, situada una a la derecha y la otra a la izquierda de la carretera de Mérida y unidas por una estrecha lengüeta que, partiendo de la fuente de El Marco, llega al horno del Sapillo, junto al camino de Montánchez. La parte oriental, de menor extensión, se apoya en la falda de Sierra de Fuentes. La parte occidental es la de mayor extensión y la de mayor interés; el límite norte es el Cerro de Cabeza Rubias, el límite sur remata de manera bastante regular y poco sinuosa, siguiendo una línea paralela al barranco de Valdacoz; el límite este está en las pizarras y el límite oeste pasa por la dehesa Corchuela hasta mencionado cerro.

Años después, el Prof. Dr. Eduardo Hernández-Pacheco y Estevan (Madrid, 1872 – Alcuéscar, Cáceres, 1965)[33], insigne geólogo que ejerció en el Instituto de Enseñanza de Cáceres y que después fue catedrático de la Universidad de Madrid[34], escribió sobre El Calerizo de Cáceres en varias ocasiones. En 1902, viene a decir que la porción oriental, que es muy estrecha, se apoya contra las estribaciones meridionales de la serreta silúrica de la Montaña y la occidental, de mayor extensión, está limitada al Norte por la manchita silúrica cacereña, al sur por la misma formación del Cerro de los Romanos, al oeste por el granito que en su contacto ha metamorfoseado la caliza, impregnándola de cuarzo y resquebrajándola en todos los sentidos, y por el este está limitado por las pizarras. Y que tal calerizo está constituido por calizas dolomíticas, cavernosas y corroídas superficialmente por las aguas pluviales, con sus huecos rellenos por tierras arcillosas; con las calizas alternan pizarras calizas y arcillosas[35].

En nuestra opinión, se puede definir El Calerizo de Cáceres, química y geológicamente como un sistema material complejo en el sinclinal de Cáceres, al sur de la ciudad actual, de vital importancia en la historia de Cáceres; es un sistema abierto, pues intercambia materia y energía con el exterior, teniendo una superficie exterior de aproximadamente de 14 km2 y una profundidad variable (puede llegar a cientos de metros), cuyas rocas calizas se formaron hace millones de años (era paleozoica, sistema carbonífero, entre 360 y 325 millones de años[36]). En tales rocas el proceso de carstificación durante milenios ha formado cavidades complejas con gran capacidad de almacenamiento de agua (estimada en aproximadamente 3 hm3).

La fosforita de El Calerizo de Cáceres está encajada en la caliza; predomina la fosforita palmeada, dominando las de colores claro y brillo anacarado o sedoso de alguna intensidad. Una muestra de fosforita de Cáceres, expuesta en el Museo del Instituto Geológico y Minero de España (I. G. M. E.), se puede observar en la Figura 3.

Antes de 1864, el calerizo cacereño tenía gran importancia, porque de él se extraía la roca caliza para fabricar artesanalmente cal viva (óxido de calcio, CaO) por los caleros de la villa de Cáceres en los numerosos hornos cercanos a las canteras. Tal vez, algunos vieron la fosforescencia producida por alguna piedra caliza calentada en los hornos de cal.

En ese año, se considera que se descubrió la fosforita y que sus descubridores fueron Francisco Lorenzo Acuña y Diego Viviano González, vecinos de Cáceres, quienes contaron con la colaboración del también vecino Florencio Martín y Castro[37].

En relación con tal descubrimiento, precisamos que Francisco Lorenzo de Acuña había sido fraile y que era abacero, que Diego Viviano González, o con más precisión Diego Viviano González Martín era Subdirector de la Sociedad de Seguros La Nacional, y que Florencio Martín y Castro es en realidad Florencio Martín Herrero, doctor en Farmacia y farmacéutico de Cáceres, quien determinó un contenido de fosfato de calcio del 62% en piedras arrancadas del sitio de Cabeza Rubia que aquellos le presentaron, sitio donde al poco tiempo comenzó la actividad minera de la mina Abundancia. Los tres fueron después accionistas de sociedades mineras.

Además, precisamos que el ya mencionado Torres Muñoz de Luna da noticia del descubrimiento de la fosforita en Cáceres en su publicación premiada por la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 1863. Por consiguiente, el descubrimiento debió ser anterior a 1864. De ello trataremos en otro trabajo próximo con mayor extensión.

Los dos primeros registros de pertinencias mineras (una pertenencia son 10 000 m2 de extensión superficial) de fosforita en el término de la capital de Cáceres fueron solicitados por dos vecinos en el Gobierno de la Provincia de Cáceres en marzo de 1864[38]. Con el nombre de Blanca Fosforita fueron solicitadas dos pertenencias en la dehesa de los Arenales por el ya mencionado Francisco Lorenzo de Acuña el día 21 de marzo de 1864. Y con el nombre de Abundancia fueron solicitadas dos pertenencias en la dehesa de Corchuela por Antonio María Concha y Cano, el día 30 de marzo de 1864.

Ocho años después, se relacionan 34 minas en el Calerizo de Cáceres en una publicación. Su autor[39] señaló que las minas podían proporcionar materia prima industrial con una riqueza media en fosfato de calcio de 65 a 66%, y que la explotación debería ser no solo una cosa local sino nacional. En particular, describe la mina Abundancia, situada sobre la pendiente oeste de la colina Cabeza Rubia, extendida aproximadamente de este al oeste 800 m de longitud y de norte al sur 200 m de latitud, y unida a la carretera de Mérida por un camino de aproximadamente 1 500 m; el filón desciende en forma de cuña, desde el noreste (45º) hacia el suroeste (65º), y que debe pasar por la cantera calcárea que le encajona al sur.

En la posterior publicación de Egozcue y Mallada, mencionada en el apartado anterior, se expresa que los filones de fosforita en roca encajante caliza son más importantes que los de roca encajante pizarra o granito, y que las minas de fosforita se hallan dispuestas siguiendo la línea de separación de las calizas y las pizarras por el sur, suroeste y oeste de El Calerizo, entre Cabeza Rubia y el cerro del Viso, por Corchuela y Valdealcoz, a lo largo de aquella en una longitud de 6 200 m y anchura variable de 100 a 200 m, componiendo una superficie de 165 ha. Y añaden que fuera de esta zona, la caliza no tiene al exterior ni indicios de fosforita rellenando las numerosas fisuras y gritas de aquella. Las minas reseñadas son: Labradora, Casualidad, Agricultora, Abundancia, San Eugenio, San Salvador, La Esmeralda, María Estuardo, Estrella, Eloísa, Carvajala y Flor de Extremadura. En todas ellas, la abundancia de agua dificulta el laboreo. En todo El Calerizo, estimaron al menos existentes 1,3 billones de kg de fosforita, con composiciones químicas diferentes.

En particular, los dos autores antes mencionados proporcionaron datos interesantes de la Abundancia. Se profundizó hasta 27 m en una zanja irregular, donde después se instaló el pozo número 1. En este pozo se alcanzó una profundidad de 63 m, que fue la mayor profundidad de laboreo alcanzada en las minas de El Calerizo entonces; el primer nivel empezó a los 20 m con una galería de 5 m dirigida al norte, otra de 11 m al oeste y otra de 4 m al sur, y a los 35,60 m se estableció una galería a poniente. Se describen tres pozos más y se dan otros datos de interés sobre desagüe, trabajadores y producción; el desagüe se realizaba con dos máquinas de vapor; el número de trabajadores empleados al día en 1871 y 1872 fue variable (máximo de 160 obreros entre enero y mayo de 1871, y mínimo de 80 obreros entre noviembre a fin de marzo de 1872), y que a principio de 1876 se ocuparon 40 trabajadores en la instalación de un malacate y labores de exploración, y posteriormente en la colocación de una máquina de vapor portátil y en preparar el arranque que obreros entre mayo y octubre; la riqueza de la fosforita de varias clases (en general, térreo-palmeada, compacta y terrosa, más o menos cuarcíferas, bastante ricas) no debe estimarse en más del 65% y que la producción alcanzada fue de aproximadamente 20 millones de kilogramos. Asimismo, proporcionan información de la demasía de la Abundancia, al sudoeste de la mina Abundancia.

Años después, Hernández-Pacheco apuntó en su publicación de 1902 que la fosforita de El Calerizo se encuentra en los contactos de la caliza con las pizarras de formaciones más antiguas, rellenando grietas y constituyendo grandes bolsadas, en su mayoría de la variedad terro-palmeada, teniendo con ganga de cuarzo una riqueza en fosfato de calcio superior al 60%; apuntó también que la fosforita debe de tener su origen en aguas geiserianas que corroyeron los bancos calizos y rellenaron de fosfatos los huecos fraguados. Dice también que las minas más ricas eran Esmeralda, San Salvador, San Eugenio y Abundancia.

Según el I. G. M. E.[40], al sur de Cáceres están los yacimientos decimonónicos de fosforita explotados hasta mediados del siglo XX; la caliza carbonífera es la roca encajante, siendo el origen hidrotermal la hipótesis más considerada, es decir, venidas hidrotermales de flúor y apatito ascendieron a altas temperaturas a través de fracturas preestablecidas.

Figura 2 XLIIICHE

Figura 2. Caliza observable en el exterior de la Cueva de Maltravieso en la actualidad. Fotografía: José Pastor Villegas, 6.07.2014.

Figura 3 XLIIICHE

Figura 3. Muestra de fosforita de Cáceres expuesta en el Museo del I. G. M. E. Fotografía: José Pastor Villegas, 13.02.2012.

 

  1. COMIENZO DE LA EXPLOTACIÓN Y DEL TRANSPORTE DE LA FOSFORITA DE LOGROSÁN Y CÁCERES A LISBOA

 

Nuestras investigaciones en el Archivo Histórico Provincial (AHP) de Cáceres y en el Archivo Histórico de Protocolos (AHP) de Madrid nos han permitido conocer a los primeros propietarios de minas de fosforita de Logrosán. Entre ellos, Julián de Luna y de la Peña, Antonio Pérez Aloe, José Rodríguez Tocha y Pedro de Echevarría.

Julián de Luna y de la Peña (Zarza Capilla, Badajoz, 1789 – Cabeza del Buey, Badajoz, 1848) fue un ilustre liberal sobre el que escribió su nieto Mario Roso de Luna[41]. Añadimos que Luna y de la Peña, siendo vecino de Cáceres, fue propietario de canteras de fosfato de calizo en Logrosán en 28 de febrero de 1840[42], quien se asoció el 10 de agosto de 1845 con Antonio Pérez Aloe, vecino de Trujillo, propietario de una cantera de granito fosfórico llamada Santa Ana en las inmediaciones de Trujillo[43], yacimiento que suponemos cercano a la ermita Santa Ana. Ambos se asociaron con José Rodríguez Tocha, vecino de Estremoz (Portugal), el 8 de diciembre de 1845[44].

El mencionado Pérez Aloe nació en Cervera de Pisuerga (Palencia) al finalizar el siglo XVIII y se estableció muy joven en Trujillo debido a la trashumancia. A partir de 1837, comenzó su vida parlamentaria, representando primero a la provincia de Cáceres y desde 1846 hasta su muerte al distrito de Trujillo. Su hija mayor, María Asunción Pérez Aloe Elías casó con Jacinto Orellana Pizarro Díaz, X Marqués de la Conquista, X Marqués de Albayda y VII Vizconde de Amaya, viudo de su primera esposa, riquísimo terrateniente; fue diputado a Cortes por Trujillo en 1857, 1859 y senador vitalicio desde 1862, así como senador por Cáceres en 1876, 1877 y 1879 por derecho propio desde 1887. Ambos, personajes significativos en la estructura político-institucional de Extremadura (1808-1874)[45], tuvieron también negocios conexos con la fosforita de Logrosán durante su vida.

Otro de los primeros propietarios de minas de fosforita de Logrosán fue el mencionado Echevarría, vecino de Madrid, quien formó una sociedad minera en Madrid el 27 de julio de 1856 para la explotación de seis minas: La Cacereña, La Riojana, Vascongada, Francesa, Madrileña y Castellana[46]. Entre sus consocios figuraba el ingeniero de minas de nacionalidad francesa Clemente Roswag.

La importancia de la fosforita fue asunto de Estado en el reinado de Isabel II. Torres Muñoz de Luna viajó a Logrosán comisionado por el Gobierno y el jurista Claudio Antonio Moyano y Samaniego (La Bóveda de Toro, Zamora, 1809 – Madrid, 1890)[47], siendo ministro de Fomento, el día 12 de junio leyó en las Cortes para su aprobación el Proyecto de ley para que se reserven al Estado las minas de fosforita de Logrosán, y cualesquiera otras del mismo mineral que existan en todo el reino [48], fechado el día anterior, que finaliza con los dos artículos:

 

“Artículo 1º. Se reservan al Estado las minas de fosforita del partido judicial de Logrosán, y cualesquiera otras que existan del mismo mineral en todo el reino para que pueda explotarlas bajo la dependencia del Ministerio de Fomento.

Artículo 2º. El Gobierno se atendrá en todo a las disposiciones de la ley, beneficio y aprovechamiento de las mismas minas de fosforita, comprendidas en terrenos particulares.”

 

Este proyecto de ley, que fue retirado, dio origen a la oposición de Julián de Luna y Arribas, hijo de Julián de Luna y de la Peña, y otros de los primeros propietarios de yacimientos de fosforita de Logrosán. Asimismo, originó una polémica científico-tecnológica desde el día de su presentación. De ello trataremos en el XV Congreso Internacional sobre Patrimonio Geológico y Minero, que se celebrará en el mes en curso en Logrosán.

Problema no menor para el comienzo de la explotación de tales yacimientos fueron los litigios mantenidos durante muchos años entre los descendientes de los propietarios de Luna y de la Peña y de Pérez Aloe con el propietario Rodríguez Tocha, así como otros litigios. De ello trataremos detalladamente en un trabajo próximo.

No obstante, el problema más importante para comenzar la explotación de los yacimientos de fosforita de Logrosán y Cáceres fue el estado de las vías de comunicación en España en general y en particular en Extremadura. Entonces, eran pocas y dejaban mucho que desear; perjudicaron el desarrollo minero-industrial en ambas villas.

Como es sabido, el ferrocarril es un medio de transporte que surgió en el siglo XIX; el primer ferrocarril comunicó Stockton (localidad con minas de carbón) con Darlington (localidad portuaria de embarque) en Inglaterra, inaugurado el 27 de septiembre de 1825. En la Tabla 1, están resumidos los proyectos decimonónicos para comunicar Madrid con Portugal, vía Extremadura; hubo ferrocarril por el valle del Guadiana debido a la necesidad de unir Madrid con las fronteras y puertos marítimos, siendo inaugurado oficialmente en diciembre de 1867. No fue realidad la comunicación de Logrosán y Trujillo con la red ferroviaria que entonces se proyectaba y construía, perjudicando el desarrollo minero-industrial de los yacimientos de fosforita de Logrosán, e indirectamente a Trujillo.

A pesar de que el descubrimiento de la fosforita fue anterior en Logrosán que en la capital de Cáceres, es un hecho a señalar que el comienzo de la explotación fue casi al mismo tiempo en ambas villas en la década de 1860, transportándose desde las minas mediante carros hasta la estación de ferrocarril de Mérida, continuando en ferrocarril hasta Lisboa. Consecuentemente, no se pudo intensificar la explotación hasta no haber enlace ferroviario con Portugal por Mérida.

Tabla 1

La publicación Estadística Minera informó sobre la explotación y transporte de la fosforita desde Logrosán y Cáceres a partir de 1863[49]. En ese año, solo se recoge que las explotaciones de Logrosán pueden desarrollarse en los próximos años. En el año 1864, se practicaba el arranque en las concesiones mineras de Logrosán en lo general a cielo abierto y sin ningún género de precauciones, y se informa del descubrimiento en las inmediaciones de Cáceres, estando los yacimientos no tan caracterizados como en Logrosán. En 1865, se señaló que continuaba con alguna actividad el arranque de la fosforita en los yacimientos cercanos a ambas villas, siendo un obstáculo para la explotación asuntos de propiedad de las concesiones mineras en Logrosán. Referente al año 1866, se apunta que continuaba la actividad de arranque en Logrosán y Cáceres, y los asuntos de propiedad en la primera de estas villas. Del año 1867, se dice que en las inmediaciones de la villa de Cáceres, la fosforita se presenta en los potentes bancos de caliza y atravesando en forma de filones las pizarras del mismo terreno que en estratificación concordante con aquellas constituyen el subsuelo, y que la fosforita arrancada se transportaba en carros hasta Mérida, desde donde se conducía por ferrocarril hasta Lisboa para seguir al extranjero, precisándose que una sola casa extranjera había contratado 6 000 toneladas (6 000 000 kg). La demanda de fosforita aumentó en 1868, siendo la materia prima que sostenía casi exclusivamente los gastos del ferrocarril de Mérida a Lisboa, y se añade que la carretera hasta Mérida había quedado inútil por los numerosos carros que la transportaban, pensándose en establecer una vía férrea que comunicara las minas con Mérida por el sur y con el río Tajo por el norte para reducir los gastos de transporte y atender las demandas crecientes. Y en el año 1869 se recoge la cantidad de 180 000 quintales métricos (1 800 000 kg) de fosforita arrancada por 639 operarios, con un gasto de 25,124 escudos cada tonelada desde Cáceres hasta Lisboa, y se recoge también que la paralización de las minas de Logrosán parece que finalizará.

En 1872, Dalençon señaló en su publicación de 1872 que el transporte de la fosforita desde el Calerizo de Cáceres a Mérita era caro, estimado que cada tonelada costaba aproximadamente 80 reales (una peseta son cuatro reales), es decir, tanto como el valor de la roca fosfática a boca de mina, y tanto como el flete del guano de las Islas Chinchas (Perú) hasta Londres o Hamburgo. Y los autores Egozcue y Mallada estimaron en su publicación de 1876 que el precio de la tonelada de fosforita de Logrosán o Cáceres puesta en Londres variaba entre límites poco distintos, aproximadamente 291,47 reales.

En la década de 1880, la fosforita de El Calerizo comenzó a transportase en ferrocarril desde Aldea Moret por Valencia de Alcántara hasta Lisboa, y desde el puerto marítimo de la capital de Portugal hasta los países de destino. Recientemente, se ha conmemorado en Cáceres el Centenario de la muerte de Segismundo Moret y Prendergast (Cádiz, 1838 – Madrid, 1913). Este grande de la historia contemporánea de España, Hijo Predilecto de Cádiz en 1907, fue alumno y catedrático de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid, y abogado; político liberal y monárquico, no cacique, adelantado en la necesidad de fomentar la educación, la ciencia y la tecnología para el progreso y reformas sociales. Casi desde el inicio de la Restauración de la monarquía borbónica, tuvo vinculación con Cáceres por su participación en dos compañías anónimas: Sociedad general de Fosfatos de Cáceres, formada y constituida en la villa de Madrid el 22 de agosto de 1876, con modificación y complemento de los Estatutos en la capital de Cáceres el 7 de junio de 1881; y Sociedad de los ferro-carriles de Cáceres a Malpartida de Plasencia y a la frontera Portuguesa, formada y constituida en Cáceres el 27 de octubre de 1877. El Ayuntamiento de la villa cacereña acordó en 1880 denominar Barrio de Moret, llamado pronto Aldea Moret, sito en El Calerizo, y le nombró Hijo Adoptivo en 1881. A título póstumo, el Excmo. Ayuntamiento de la Ciudad de Cáceres acordó dar el nombre de calle de Moret a la que en 1913 llevaba el de Cortes, nombre que se mantiene en la actualidad[50].

En la Figura 4, se puede observar la vía férrea a Valencia de Alcántara, próxima a la mina Abundancia (rehabilitada), en la que comenzó a extraerse fosforita en el siglo XIX. Los reyes Alfonso XII de España y Luis I de Portugal pasaron cerca de ella al viajar en ferrocarril desde Valencia de Alcántara el 8 de octubre de 1881 con motivo de la inauguración oficial de la línea ferroviaria MCP, que comunicó Cáceres con Madrid y Lisboa mediante el ramal a Arroyo del Puerco (después, Arroyo de la Luz). Por tal línea se transportó directamente durante muchos años la roca fosfática desde Aldea Moret hasta el puerto de Lisboa, desde donde continuaba el transporte marítimo hasta los países de destino.

Fig 4

Figura 4. Vía férrea actual que comunica Cáceres con Valencia de Alcántara a su paso cerca de la mina Abundancia, mina de fosforita de Aldea Moret explotada en los siglos XIX y XX. Fotografía: José Pastor Villegas, 11.01.2014.

 

La llegada del ferrocarril a Cáceres tuvo como consecuencia una revolución industrial en Aldea Moret en el siglo XIX, y supuso la comunicación internacional ferroviaria de Cáceres con Portugal hasta ser suprimida en agosto de 2012. De ello, trató el primero de los autores de este trabajo en una conferencia pronunciada en la conmemoración del centenario mencionado. En cambio, las minas de fosforita de Logrosán quedaron relativamente lejos de la estación de ferrocarril de la capital de la provincia, y Trujillo quedó otra vez sin ferrocarril.

 

 

  1. CONCLUSIONES

 

  1. La fosforita de Logrosán se investigó a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, siendo frecuentes los viajes de investigadores españoles y extranjeros a Logrosán, vía Trujillo, con miras a saber su potencial como materia prima para la fabricación de fertilizantes fosfatados. Algunos escribieron páginas sobre Trujillo.
  2. Entre los primeros propietarios de yacimientos de roca fosfática de Logrosán figuran Julián de Luna y de la Peña y Antonio Pérez Aloe, quienes destacaron en la estructura político-institucional de Extremadura (1808-1874). Con sus descendientes y otros propietarios comenzó la explotación discontinua de los yacimientos tras ser retirado el proyecto de ley de 1857 tendente a reservar al Estado minas de Logrosán y cualesquiera otras que pudieran existir de tal roca en todo el reino, y tras ser inaugurado en 1866 el ferrocarril de Madrid a Portugal por Ciudad Real, Mérida y Badajoz. La fosforita de Logrosán se transportó hasta la estación de ferrocarril de Mérida mediante carros, continuando en ferrocarril hasta Lisboa, desde cuyo puerto marítimo se embarcaba con destino a varios países europeos.
  3. La fosforita se descubrió en El Calerizo de Cáceres en los primeros años de la década de 1860, registrándose las primeras minas en marzo de 1864. Antes de 1881, se transportó también vía Mérida a Lisboa. A partir de ese año, la fosforita comenzó a transportase en ferrocarril desde Aldea Moret por Valencia de Alcántara hasta Lisboa, continuando desde el puerto marítimo lisboeta hasta los países de destino.
  4. No llegó a ser realidad el proyecto de ferrocarril a la frontera de Portugal por Talavera de la Reina, Navalmoral, Trujillo y Cáceres de 1864, ni otros proyectos ferroviarios decimonónicos posteriores para comunicar Logrosán, Trujillo y Cáceres. La falta de una línea férrea cerca de las minas perjudicó el desarrollo minero-industrial de la fosforita en Logrosán y Cáceres, e indirectamente a Trujillo.

 

 

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AGRADECIMIENTOS

 

A la Asociación Cultural Coloquios Históricos de Extremadura por la continuidad de su trabajo gustoso durante 43 años, catalizador para un mejor conocimiento de Extremadura, y al Prof. D. Vicente Pastor González por sus informaciones puntuales conexas con Trujillo.

[1]ALFONSECA, Manuel.: Grandes científicos de la humanidad, Vol. 1, pág. 31. Madrid, Espasa Calpe, 1998.

 

[2]VIAN ORTUÑO, Ángel: Introducción a la Química Industrial, págs. 178-202. Madrid, Alhambra, 1987.

 

 

[3]PORTELA MARCO, Eugenio: “Bowles, Guillermo”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, Eugenio Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Vol. 1, págs. 129-130. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

 

[4]PORTELA MARCO, Eugenio: “Proust, Luis José”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, Eugenio Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Vol. 2., págs. 201-205. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

 

[5]PROUST, Luis: “Sobre la piedra fosfórica de Extremadura. Carta escrita a Mr. Darcet, de la Academia de París”, 1791. Anales del Real Laboratorio de Química de Segovia, T. 1, 439-450. Segovia, Academia de Artillería, 1990.

 

[6]PROUST Luis: “Sobre la piedra fosfórica de Extremadura. Carta escrita a Mr. Darcet, de la Academia de París”, Anales de Historia Natural 1799-1804, Vol. 1, núm. 2, 127-138. Madrid, 1799.

 

 

[7]PASTOR VILLEGAS, José: “Pedro Gutiérrez Bueno [Jiménez], farmacéutico, y químico ilustrado e ilustre extremeño en Madrid”, Actas de las I Jornadas de historias locales de Extremadura, págs. 243-249. Mérida, Asamblea de Extremadura, 2010.

 

 

[8]PROUST, Luis: “Continuación sobre la piedra fosfórica de Extremadura”, Anales del Real Laboratorio Químico de Segovia , 1791, Vol. 1, 453-456. Segovia, Academia de Artillería, 1990.

Segovia, 1791.

 

[9]PROUST, Luis: “Continuación sobre la piedra fosfórica de Extremadura”, Anales de Historia Natural 1799-1804 Vol. 1, núm. 2, 138-140. Madrid, 1799.

 

[10]LA IGLESIA, A. y GONZÁLEZ, V.: “Exactitud y precisión de los análisis en análisis de minerales realizados por Proust, Elhuyar y otros químicos contemporáneos”, Rev. R. Acad. Cienc. Exactas Fis. Nat. Madrid 87, 19-36. Madrid, 1992.

 

[11]“Real decreto relativo al laboreo y beneficio de las minas de 4 de julio de 1825”, Gazeta de Madrid núm. 81, jueves 8 de julio de 1825, págs. 323-324. Madrid, 1825.

 

[12]NAHARRO QUIRÓS, Elena: “La legislación de minas y la regulación de sociedades en la segunda mitad del siglo XIX. La ley de sociedades especiales mineras de 6 de julio de 1869”. Anuario de la Facultad de Derecho, Vol. 23, 379-400. Madrid, 2005.

 

 

[13]BOIXEREU VILA, E.: “El boceto de un mapa geológico de Extremadura y Norte de Andalucía de Fréderic Le Play (1834): Primer mapa geológico realizado en España”, Boletín Geológico y Minero 119 (4), 495-508. Madrid, 2008.

 

[14]WIDDRINGTON S. E.: Spain and the Spaniards in 1843, London, T. & W. Boone, 1844.

 

[15]COOK, Samuel Edward: Un viaje por Extremadura con Samuel Edward Cook, págs. 30-60. Cáceres, Caja de Extremadura, 2012.

 

 

[16]DAUBENY, Charles y WIDDRINGTON, S. E.: “On the occurrence of phosphorite in Estremadura”, Quartely of the Geological Society 1 (1), 52-55. London, 1845.

 

[17]PORTELA MARCO, Eugenio: “Ezquerra del Bayo, Joaquín”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, Eugenio Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España Vol. 1, págs. 314-315. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

 

[18]EZQUERRA del BAYO, Joaquín: “Sobre la fosforita de Logrosán”, Revista Minera T. 8, núm. 179, 683-685. Madrid, 1857.

 

 

[19]PORTELA MARCO, Eugenio: “Naranjo y Garza, Felipe”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Vol. 2., págs. 101-102 Barcelona, Ediciones Península, 1983.

 

[20]NARANJO y GARZA, Felipe: “Reconocimiento geológico de la cuenca del Guadiana”. Revista Minera T. 1, 65-82. Madrid, 1850.

 

 

[21]PORTELA MARCO, Eugenio: “Torres Muñoz de Luna, Ramón”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España. Vol. 2., págs. 359-360. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

 

[22]TORRES MUÑOZ DE LUNA, Ramón: La Química en sus aplicaciones a la Agricultura. Madrid, Imprenta Félix de Bona, 1856.

 

[23]ASIMOV, Isaac: Enciclopedia biográfica de ciencia y tecnología, págs. 282-283. Madrid, Alianza Editorial, 1982.

 

[24]PORTELA MARCO, Eugenio: “Peñuelas y Fornesa, Lino”. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns y E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Vol. 2., págs. 150-151. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

 

[25]NARANJO y GARZA, Felipe y PEÑUELAS, Lino: Extracto de una Memoria sobre la fosforita de Logrosán. Madrid, Imprenta de la Viuda de Antonio Yenes, 1860.

 

[26]TORRES MUÑOZ de LUNA, Ramón: Memoria relativa a la Exposición Universal de Londres, págs. 37-41. Madrid, Imprenta Nacional, 1863 págs. 37-41.

 

[27]SAÉN DIEZ, M.: “Memoria premiada en el concurso público abierto por la Academia para el año 1862, sobre el tema “Influencia de los fosfatos térreos en la vegetación, y procedimientos más económicos para utilizarlos en la producción de cereales en la Península”. Memorias de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, T. VI, 8-198. Madrid, Aguado, Impresor de Cámara de S. M. y de su Real Casa, 1863.

 

[28]MANJARRÉS Y BOFARRULL, Ramón: “Memoria premiada en el concurso público abierto por la Academia para el año 1862, sobre el tema “Influencia de los fosfatos térreos en la vegetación, y procedimientos más económicos para utilizarlos en la producción de cereales en la Península”. Memorias de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, T. VI, 203-298. Madrid, Aguado, Impresor de Cámara de S. M. y de su Real Casa, 1863.

 

[29]HIDALGO TABLADA, J de.: “Memoria premiada en el concurso público abierto por la Academia para el año 1862, sobre el tema “Influencia de los fosfatos térreos en la vegetación, y procedimientos más económicos para utilizarlos en la producción de cereales en la Península”. Memorias de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, Tomo VI, 297-346. Madrid, Aguado, Impresor de Cámara de S. M. y de su Real Casa, 1863.

 

[30]TORRES MUÑOZ de LUNA, Ramón: “Memoria premiada en el concurso público sobre el tema “Influencia de los fosfatos térreos en la vegetación, y procedimientos más económicos para utilizarlos en la producción de cereales en la Península”. Memorias de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid, T. VI, 349-413. Madrid, Aguado, Impresor de Cámara de S. M. y de su Real Casa, 1863.

 

[31]EGOZCUE J. y MALLADA, L.: Memoria geológico-minera de la provincia de Cáceres. Madrid, Imprenta y Fundición de Manuel Tello, 1876.

 

[32]BARRERA MARTÍN-MERÁS, José María y GIL MONTES, Juan (coords.): Guía de geositios del Geoparque Villuercas Ibores Jara. Cáceres, pág. 3. Cáceres, Diputación Provincial de Cáceres, 2013.

 

 

[33]PORTELA MARCO, Eugenio: “Hernández Pacheco y Estevan, Eduardo. En: J. M. López Piñero, T. F. Glick, V. Navarro Brotóns, E. Portela Marco, Diccionario histórico de la ciencia moderna en España, Vol. 1, págs. 448-449. Barcelona, Ediciones Península, 1983.

 

[34]LOZANO LOZANO, Julio: Eduardo Hernández-Pacheco y Estevan (1872 – 1965): apuntes biográficos y obra científica. Cáceres, I. E. S. “Profesor Hernández Pacheco”, 2004.

 

[35]H-PACHECO, Eduardo: “Apuntes de Geología Extremeña (continuación): los calerizos”, Revista de Extremadura 4 (cuaderno 38, 1 de agosto 1902), 337-342. Cáceres, 1902.

 

 

[36]PIEREN PIDAL, Agustín Pedro: “Tabla cronoestratigráfica”. En: Tesoros en las rocas, pág. 24. Mérida, Junta de Extremadura, Consejería de Economía y Trabajo, 1999.

 

[37]HURTADO, Publio: Crónica de la venida a Cáceres de SS. MM. D. Alfonso XII de España y D. Luis I de Portugal con motivo de la inauguración de la vía férrea, que cruzando esta provincia une a Madrid con Lisboa, págs. 5-6. Cáceres, Imprenta de Agustín Figueroa, 1881.

 

[38]Boletín Oficial de la Provincia de Cáceres núm. 46, sábado 16 de abril de 1864, 2. Cáceres, 1864.

 

 

[39]DALENÇON, Eugenio: Estudio sobre las minas de fosfato de cal del distrito de Cáceres. Cáceres, Imprenta de Fernández y Compañía, 1872.

 

[40]BARÓN RUIZ de VALDIVIA, José María et al. (Instituto Geológico y Minero de España): Mapa geológico de España E. 1: 50 000, Cáceres (segunda serie, 1ª edición). Madrid, Servicio de Publicaciones del Ministerio de Industria y Energía, 1982.

 

[41]ROSO de LUNA, Mario: “D. Julián de Luna”. Revista de Extremadura, año III, núm. 21, 1 de marzo de 1901, 115-123. Cáceres, 1901.

 

[42]AHP de Cáceres, tomo 3069.

 

[43]AHP de Cáceres, tomo 2310.

 

[44]AHP de Madrid, tomo 25355, 1003r-1004v.

 

 

[45]SÁNCHEZ MARROYO, Fernando: “Estructura político-institucional de Extremadura (1808-1874)”. Revista de Estudios Extremeños 69 (1), 141-206. Badajoz, 2013.

 

[46]AHP de Madrid, tomo 25867, 518r-525v.

 

[47]ÁLVAREZ LÁZARO, Pedro: “Moyano y Samaniego, Claudio Antonio”. En: Real Academia de la Historia, Diccionario Biográfico Español, vol. XXXVI, págs. 618-622. Madrid, Real Academia de la Historia, 2012.

 

[48]MOYANO SAMANIEGO, Claudio: “Proyecto de ley para que se reserven al Estado las minas de fosforita de Logrosán, y cualesquiera otras del mismo mineral que existan en todo el reino”, Gaceta de Madrid núm. 1623, 15 de junio de 1857, 4. Madrid, 1857.

 

 

[49]Estadística Minera, años 1863, 1864, 1865, 1866, 1868 y 1869. Madrid.

 

[50]PASTOR VILLEGAS, José: “Acto inaugural del Centenario de la muerte del Excmo. Sr. D. Segismundo Moret y Prendergast, Hijo Adoptivo de Cáceres e Hijo Predilecto de Cádiz”. Alcántara núm. 89, julio-diciembre, 11-38. Cáceres, 2014.