Oct 012004
 

Manuel Rubio Andrada y Francisco Javier Rubio Andrada.

1. Definición

Entendemos por sepulturas antropomorfas los volúmenes que intentan conseguir la semejanza del cuerpo humano mediante el vaciado de la roca bien sea esta de granito, pizarra, mármol etc. Las que ahora estudiamos lo fueron en granito y solamente recuerdan esa forma por la cabecera y una ligera mayor amplitud en ese mismo lado. Las razones económicas, sentimentales etc que hicieron alojar dos cuerpos en un solo sepulcro determinaría por ampliar la parte inferior correspondiente a los pies.

Estos volúmenes fueron logrados posiblemente con la utilización del cincel y la maceta o martillo y aunque sus formas prismática tienden a la rectangularidad, en la mayoría de las ocasiones hay una ligera diferencia de unos 5 cm. Por lo general su volumen se acerca a los 0,315 cm3.

2. Localización

El pequeño espacio en el que se realizaron muchos monumentos acarrea serios problemas de localización a la hora de ser visitados tras una noticia divulgativa. La posible falta de precisión de las coordenadas facilitadas por el divulgador o la difícil interpretación en la realidad del visitante acarrea serios trastornos que impiden el conocimiento, al menos con prontitud, de muchos monumentos por la característica señalada al comienzo.

Por otra parte la exacta localización que pueda ofrecernos un GPS, vía satélite, por lo general no está al alcance del aficionado medio.

Para subsanar en lo posible estas carencias abordamos los problemas de la localización en tres aspectos: a) facilitando las coordenadas geográficas siempre que lo juzguemos conveniente; b) incluyendo un croquis de la zona en el que aparecen señaladas las sepulturas; con las lindes más importantes tales como callejas, cordeles y límites de propiedades rurales existentes en el mapa 1/25000, a esta red hemos añadido, sin exactitud en la escala, los límites de propiedades menores no existentes en el mapa mencionado y finalmente en el aspecto c) nos ayudamos de la palabra escrita para precisar algo más su situación.

3. Metodología

Nuestro trabajo no pretende recoger el catálogo de todas las sepulturas, es decir ser exhaustivo, pero si recoger un buen número de ellas lo suficientemente amplio para realizar deducciones bastante fiables. Por razones de facilidad en la exposición hemos dividido en diferentes zonas aquellas superficies del berrocal en las que hemos observado sepulturas; hacemos una corta descripción de su paisaje y enumeramos los restos arqueológicos que hemos observado con las características a nuestro entender más notorias.

Las sepulturas van precedidas de una letra, que corresponde a su zona, seguida del dígito de su enumeración, ello nos sirve para localizarlas en los croquis que ofrecemos al comienzo de cada estudio. Suele continuar un orden basado en el topónimo predominante, con él intentamos precisar su situación. El orden en la enumeración por lo general sigue el de la lecto-escritura, de arriba a abajo y de izquierda a derecha; en algunas ocasiones hemos debido de prescindir de este sistema ya que la minúscula parcelación del terreno nos restaba claridad recurriendo en estos casos –zonas E, F y G- a su situación real con respecto a lindes, vías etc.

4. Zonas

ZONA A

graf1Es ésta una zona periférica situada en la parte NW del berrocal. Puede visitarse marchando por la calleja que desde Huertas de Ánima comunicaba varias fincas, La Casita entre ellas, y además sirve de deslinde a las cercas de Doña Juana y Casillas de los Núñez. Debemos de situarnos al final del berrocal en los comienzos de la finca de La Casita.

Las sepulturas de la cerca del Peral

A-1. Peral I.- El punto geográfico que ocupan esta próximo al formado con una latitud de 39º 31´ 39´´ y de longitud 5º 54´ 18´´ del mapa 1/25000, hoja número 679-IV, denominada Aldea de Trujillo (actualmente del Obispo). En la terminación de la calleja por el N se abre un ancho portón que da entrada a la finca. Próxima por el NE se observan los restos de una zahúrda; puestos en su esquina NW y caminando 38 pasos en sentido N encontrareis un conjunto de tres sepulturas.

Su orientación es idéntica en las tres. Denominamos Peral I a la situada más al N; se realizó a ras del suelo y nos ha llegado inacabada. No se observan trazos que denoten su preparación para tener moldura superior externa, ni siquiera presenta indicios de alisamiento, igual cuestión ocurre con la cabecera que, como ahora se verá, debería ir al S que es la parte más ancha. El hueco que nos ha llegado tiene de largo 1,82 m; su ancho mayor es de 0,40 m y la profundidad en la parte N, la más profunda es de 0,14 m. A medida que el hueco se extiende hacia el S la profundidad disminuye quedando únicamente señalado su límite en esa parte.

A-2. Peral II.- Se localiza 5 pasos hacia el S del primer sepulcro de este conjunto. El largo de este sepulcro es de 1,92 m, su ancho oscila entre 0,47 – 0,45 m y la profundidad máxima es de 0,40 m en la parte S. Hacia el N hay un rebaje paulatino de la profundidad de apariencia más tosca, habiéndose practicado un rústico desagüe superior en el NW. Posee una cabecera bastante centrada y algo asimétrica en el lado S cuyo largo es 0,05 m, el ancho 0,20 m y 0,25 m de profundidad; presenta un parcial alisado superior; la altura externa de este monumento es de 1,44 – 1,33 m. Este segundo monumento tiene un rachón en su parte SE que no altera la forma del sepulcro.

A-3. Peral III.- Se localiza 3 pasos al SE del segundo sepulcro y se eligió de soporte una roca cuya altura está en torno a 1 m; este soporte se redondeó al N y W para evitar algo su tosquedad. Superiormente no presenta moldura pero sí un alisamiento. En él se apuntó una amplia cabecera al lado S.

Internamente presenta tendencia oval con una longitud máxima de 1,95 m; el ancho oscila entre 0,48 y 0,43 m y la profundidad esta en 0,41 y 0,22 m. En este sentido se observa, como en la sepultura anterior, un paulatino rebaje de hacia el N desde la parte central y el mismo tipo de desagüe que en la anterior. Este monumento tiene grandes rachones en su parte E aunque los grandes fragmentos no se han separado ni decompuesto las formas.

Las sepulturas de la cerca de la Costera

Se sitúa al E de la anterior, el terreno es semejante; falta la fuente mencionada por lo que la sequedad es mayor y también la acción antrópica del hombre, hay restos más esporádicos de canteras y de prospecciones mineras.

A-4. La Costera I. El punto geográfico donde se realizó está muy próximo al determinado con una longitud de 5º 54´ 22´´ y latitud de 39º 31´ 42 ´´ del mapa 1/25000, denominado Aldea de Trujillo, hoja nº 679-IV.

Aunque se encuentra muy tapado por un alto escobar, éste no es muy extenso. Tiene fácil localización ya que se encuentra a 9 – 10 pasos de la pared que sirve de linde entre la finca de la Costera y una cerca de ella adherida en su extremo NW llamada del Peral. Justo al N de la charca de está última cerca y cruza la pared lindera mencionada un único “cancho”, la medida en pasos, siempre hacia el N, se debe hacer desde esa roca.

Está marcadamente orientada al N – S. Tiene la sepultura de largo máximo 1,82 m; el ancho va desde 0,63 m en la parte mayor, la S, a 0,555 m en la menor; está algo colmatada de tierra y diferentes restos por lo que solamente ofrece una profundidad de 0,30 m. El monumento presenta una gran rotura en la parte central del lado E. Internamente presenta un buen labrado hecho con pulcra rectitud por ello llama la atención tanto el trazado de la cabecera, que mide 0,27 m de ancho, 0,05 m de largo y 0,20 m de profundidad pero que se realizó en el N, el lado menor, generalmente reservado a la parte inferior del cuerpo como el trazado marcadamente asimétrico de la misma a 0,10 m del lado izquierdo y 0,13 m del derecho. No presenta moldura pero si un marcado alisamiento superior.

A-5. La Costera II. Para visitar este monumento hemos de caminar desde La Costera I 150 pasos 80º – 90º hacia el E, podemos fijarnos en una superficie próxima y algo elevada hacia el lugar mencionado. Esta sepultura está construida solamente en sus comienzos, podemos deducir que se seleccionó un bloque de granito tendente a la forma prismática, se desbastó hasta lograr unas superficies bastante lisas sobre todo la parte superior y las caras E y W.

Tiene el bloque de largo 2,33 m, mide de ancho máximo hacia la parte N 0,90 m y 0,46 m la parte S y de alto mide 0,58 m. Su orientación es N – S.

La cara superior del bloque tiene perfectamente visible tres trazos labrados: uno ocupa el lado E, otro el W y el tercero se extiende por todo el lado N. Las dos primeras solamente están esbozadas, la del lado N es más profunda lo que apunta a un vaciado exterior de la reoca para lograr un prisma externo o tal vez quería lograr una moldura en la parte superior; de cualquier modo el ancho del volumen en la parte S, solamente 0,46 m, le impidió proseguir su obra antes de comenzar a conseguir el hueco central. Externamente se desbastó hasta lograr unas superficies bastante lisas sobre todo la parte superior y caras E y W.

Las sepulturas de la finca de La Casita

Los monumentos que contiene se observan al final de la calleja de Casillas en una extraña penetración que tiene la finca mencionada en la finca de Casillas.

A-6 y 7. Casita I y II.

Dada su proximidad de 10 o 15 m, tanto un sepulcro como el otro, les situamos en el mismo punto geográfico determinado por unas longitud de 5º 54´ 20´´ y latitud de 39º 31´ 46´´ en el mapa 1/25000 denominado Aldea de Trujillo, nº 679-IV.

La tumba situada más al N, Casitas I, tiene una orientación de 10º al NE-190º SW y Calleja de Casillas II está orientada a 90º E y 270º W. Mide de largo máximo 1,54 m, siempre medidas interiores, 0,59 m de ancho y 0,23 m de profundidad.

Actualmente no presenta acabado superior con moldura u otro ornamento e interiormente carece de cabecera marcada. Su interior debió retocarse para conseguir una forma marcadamente tronco piramidal rectangular; posteriormente se debieron abrir superiormente sus lados y rebajarse posteriormente su altura dada la forma y escasa profundidad que muestra. Una rotura en el lado N nos impide conocer exactamente su longitud. El soporte que se eligió fue exteriormente trabajado para lograr algo de redondeo.

El otro sepulcro, Casitas II, está orientado a 90º E y 270º W. presenta unas medidas de 1,38 m de largo, 0,50 cm de ancho y solamente 0,20 m de profundidad y como su antecesor presenta interiormente una forma ligeramente oval. La parte que da al W está rota lo que impide conocer su longitud con exactitud aunque se observa el inicio de la curvatura del lado W, ello nos acerca a las medidas dadas. En el E hay claros indicios de haberse intentado realizar un tosco desagüe tanto por el interior como por la parte exterior estando rebajada la altura por esta parte. Externamente el lado superior está alisado aunque carece de moldura.

YACIMIENTOS CERCANOS A LA ZONA A DE SEPULTURAS

La zona A presenta diferentes restos del pasado propios de una población poco estable y escasa. Nos han dejado unos restos cuyas construcciones son de carácter agroganadera, , minero y si hubo población humana establecida, esta debió ocupar pequeñas superficies y realizadas con materiales pobres y escasos cuyo arrasamiento es total.

Otros elementos fundamentales de la acción antrópica destacables son: los restos de un pequeño chozo de horma en el E. Inmediata una zahúrda, ya mencionada, con 26 cochineras perfectamente levantadas y cubiertas por aproximación de hiladas, se ubica en la mitad de la falda opuesta al cerro de los Hinojos, hacia el E. Para alimentar a este ganado, su limpieza etc, es necesario una determinada cantidad de agua que debía ofrecer una fuente natural, casi anegada por zarzas, situada unos 100 m bajo la charca actual de la finca; no descartamos algún otro manantial hoy completamente cubierto.

Otro tipo explotación debió ser la extracción de granitos de pequeñas canteras por toda la superficie, en especial hacia el NE. Finalmente señalamos las pequeñas explotaciones mineras en cortas y superficiales labores de escasísima entidad que en zanjas, ya casi colmatadas, también pueden observarse.

A parte de lo mencionado destaca por su potencia el del cerro del Hinojo. Su situación geográfica en el mapa mencionado es determinada por una longitud de 5º 54´ 21´´ y de latitud 39º 31´ 40´´. Se halla unos 90 pasos 340º al NW de la sepultura denominada Casitas I, fuera ya del terreno granítico. Ocupa un cerrete con amplias vistas al W y la potencia de sus restos llega en el lugar de mayor acumulación a los 3 m, la extensión está en torno a 1 ha. En la superficie arada para las faenas agrícolas se observan numerosos sillares parcialmente labrados, restos de cerámica de uso común, sin decoración, muy fragmentados, con ausencia casi total de los fragmentos identificativos del tipo de recipiente, bordes, asientos, asas etc. Lo que indica un “peinado” del lugar. Entre esos restos y aunque escasos hay algunos fragmentos de tegulasEn la parte alta, casi oculto por los restos de vegetación, hay un tosco tambor cilíndrico cuyo largo es de 1,60 m y su diámetro 0,30 m. Su datación de época romana ofrece pocas dudas.

ZONA B

graf2Sepulturas Zona B

Geográficamente la mayoría de los sepulcros de esta zona se localizan inmediatos al punto determinado por una latitud de 39º 31´ 03´´ y longitud de 5º 54´16´´ del mapa 1/25000, hoja nº 679-IV denominada Aldea de Trujillo -hoy del Obispo-. Dada la proximidad no mencionaremos localizaciones particulares; el punto mencionado corresponde a los restos de un chozo de horma que desde una leve colina central, parece presidir el cercano entorno.

La zona ocupa un espacio inmediato a la charca de Casillas de los Nuñez, exactamente en el cerro de la península central que presenta la margen derecha del pantano. Es pues inmediata a la parte SW de la zona A.

La charca, en forma de cuerno, fue construida para utilizar el agua embalsada como fuerza motriz en la molturación de tres molinos; superada esta función se recurrió al regadío de una pequeña parte de la finca. Tampoco este tipo de agricultura se sigue practicando en el lugar, por lo que desciende escasos metros de nivel salvo en épocas de prolongada sequía o que otros imprevistos lo motiven. Existen los restos de una pequeña presa destruida en su centro y en ella un pequeño molino hoy sumergido en el extremo del ”cuerno” situado más al SE.

El paisaje de las inmediaciones del pantano está totalmente desforestado y el suelo, de naturaleza muy arenosa y gruesa, ofrece una cubierta de pastos más bien pobre aunque no tanto como habríamos de suponer al ver sus escasos nutrientes. Excepcionalmente en las inmediaciones del agua, la hierba crece incluso en el estío.

Una fuente natural, hoy sumergida, se sitúa cerca de la punta NE de la forma de cuerno irregular que tiene el embalse; próxima a unas rocas redondeadas y de buen tamaño que se ofrecen en la orilla N.

El sepulcro localizado en la finca Doña Juana

Esta finca se encuentra al E de Casillas y linda al N con las del Peral y la Costera. El terreno está igualmente desforestado y por toda ella discurre un pequeño regato que va a dar a la charca cerca de la mencionada fuente y formando la punta del “cuerno situado al NE. Su explotación actual es de carácter ganadero especialmente ovino y bovino.

B-1. Doña Juana I.- El punto geográfico que determina la situación de este monumento está cerca del determinado por una longitud de 5º 54´ 20´´ y 39º 31 ´ 25´´ de latitud de la hoja señalada.

Para conocerle hemos de situarnos en la calleja que sirve de separación entre las fincas de Casillas y Doña Juana, a la altura del segundo arroyo -el situado más al N- que cruzando la calleja desde Doña Juana desemboca muy próximo a la charca de Casillas.

Situándonos de cara al N, apreciaremos como el muro de la derecha monta un grupo de rocas; marchemos allí y crucemos el muro; después caminemos 100 pasos en dirección 30º E y estaremos en el precioso monumento realizado sin duda con mucha delicadeza que casi no ha sido alterado por el tiempo.

Su orientación es de 20º N – 200º S. El hueco interior de este monumento mide de largo 1,84 m, su ancho oscila entre 0,50 y 0,42 m y su profundidad es de 0,37 m. Tiene la cabecera orientada al N y situada en el ancho mayor, es de forma prismática cuya base inferior es un pequeño trapecio sutilmente redondeado; mide de largo 0,16 m, 0,30 m de ancho y 0,30 m de profundidad. Externamente en la parte superior posee una moldura en relieve de 0,20 m de ancho y 0,10 m de alto.

La roca que sirve de soporte posee algunos retoques tendentes a ser redondeada y en la parte S destaca un pequeño escalón que facilita la subida a la parte superior ya que la roca está elevada de la actual superficie en torno a 1,50 m, o quizás sería destinado a tener otra función.

Las sepulturas de la finca de Casilla de los Nuñez

B-2-3-4 y 5. Casillas I-II-III y IV.- Las tres primeras se construyeron muy próximas y, aunque están sumergidas, se localizan marchando del chozo 280-290 pasos en sentido NE 45º, es justo la dirección de la fuente que está a mayor distancia. La IV está solamente a 180 pasos en el mismo sentido. Dada la circunstancia mencionada anteriormente no podemos ofrecer con claridad las fotografías que son de una o de otra ya que nos ha sido imposible comprobar fotografías de años pasados, por esta circunstancia las acompañamos de una interrogación en el catálogo fotográfico. Ninguna presenta moldura superior.

B-2. Casillas I.- Esta sepultura es la situada más al E y solamente es visible su parte SW ya que está parcialmente colmatada por la arena. Los restos que se pueden observar tienen de largo 1,10 m y de ancho 0,5 m; su profundidad alcanza los 0,42 m. Su disposición aproximada es NE-SW prestando una cuidada cabecera hacia el SW. Actualmente está realizada a escasa altura del suelo.

B-3. Casillas II.- Se realizó tres pasos hacia el SW de la I; debido a la invasión de la arena únicamente es visible la parte lateral SE en su ángulo SW. La orientación es también próxima al NE-SW. Lo que se observa de ella tiene de largo 1,4 m, el ancho en torno a los 0,5 m y de profundidad 0,23 m.

B-4. Casillas III.– Está a un paso en la misma dirección SW en sentido próximo al NW-SE, presenta cabecera bien marcada en el SE. Su longitud es de 1,8 m, el ancho en torno a 0,5 m y por estar parcialmente colmatada de arena presenta 0,2 m de profundidad.

B-5. Casillas IV.- Se halla en la misma dirección pero, como ya se ha mencionado, más cerca del chozo. Su sentido aproximadamente sobrepasa los 45º NE no llegando a los 270º W. La parte más ancha se situó en el SW y está colmatada de arena por lo que ignoramos su profundidad y si posee cabecera. La longitud que nos ha llegado es de 1,68 m, y el ancho 0,50 m.

B-6. Casillas V.- Esta nueva sepultura se halla en un emplazamiento situado 70 – 80 pasos hacia el S de la horma del chozo que nos está sirviendo de referencia. Tiene una orientación N-S y como las demás de esta zona las paredes son rectas. Mide de largo 1,94 m; su ancho oscila entre 0,49 y 0,35 m, no podemos ofrecer su profundidad por estar bellamente colmatada por un plantón de césped natural. No posee moldura superior pero unos decímetros al N tiene un fuerte grabado paralelo al lado N; se realizó en U y tiene de largo 0,32 m, su profundidad es de 0,07 m y 0,13 m de ancho. Tal vez tenga como finalidad desviar el agua que de la parte superior de aquella parte de la roca pudiera acceder al interior del sepulcro.

B-7. Casillas VI.- Este sepulcro se encuentra a 127 pasos del chozo de referencia, algo más al SW, en un espolón que hacia el S emite la península central. Tiene una orientación de 80º NE – 260º SW; es de paredes rectas, alisada en toda la parte superior de la roca que le sirvió de soporte, actualmente está escasamente elevada del suelo. Tiene una longitud de 1,9 m, su ancho es de 0,59 – 0,56 m y su profundidad es de 0,32 m estando algo colmatada por restos de naturaleza vegetal. Presenta cabecera al E profundizando por lo general 4 o 5 cm. Su lado SE es recto y el NE es algo convexo al exterior.

B-8 Casilla VII.- Esta sepultura se interrumpió en sus comienzos. Se realizó muy cerca de la pequeña presa construida sobre el arroyo del canalizo, pasada ésta en su margen derecha a no más de diez pasos.

Tiene una orientación N-S; su longitud máxima es de 1,66 m, el ancho oscila entre 0,49 y 0,53 m y la profundidad alcanza solamente los 0,14 m. El volumen conseguido posee un desagüe producido por una rotura -voluntaria o no-, en el ángulo del NE, es también el lateral más estrecho de la roca. La altura del soporte es de unos 2 m por el W y ronda el ras del suelo por el E y N. No presenta indicios de cabecera ni ornato superior.

B-9. Casilla VIII.- Un último sepulcro tuvimos la suerte de localizar, algo retirado de la mayoría entre 700 y 1000 m, hacia el SE pasado el cuernos de la charca. Se localiza exactamente a unos 100 pasos en sentido S del ángulo que hace la pequeña y antigua presa hacia esa misma parte. Ocupa una pequeña mesetilla por donde cruza el deslinde de espino que sirve de separación a dos de las partes en que hoy está dividida esta finca ocupando una roca de granito situada a tres pasos W. El sepulcro está actualmente al nivel del suelo y se halla colmatado por tierra y diversos materiales; un alisamiento de la roca hacia el N despertó nuestra curiosidad.

Tras un limpiado superficial podemos incluir su orientación: 280º W – 100º E; posee una marcada cabecera hacia el E y otra anómala, circular en el W y aparentemente desviada hacia el lado S. Tiene de longitud máxima 1,81 m y de ancho mayor 0,51 m

YACIMIENTOS CERCANOS A LA ZONA B DE SEPULTURAS

En la pequeña costana que da a poniente el cerro del chozo, entre los dos grupos de tumbas mencionados en esta zona, hay una elevación ataludada como de un metro de alta; una observación más atenta nos hará ver grandes piedras que constituyen los restos de muros. Caminando hacia la orilla del pantano, si tenemos la suerte de que este haya bajado algo de su nivel habitual, observaremos gran número de cerámicas fragmentadas entre las que se observan bastantes tegulas.

Principalmente me llamó la atención una pequeña maza de granito pulido (fig 1-IV) y un elevado número de cerámicas (Fig 1).

Entre estas la mayoría son de pasta y factura común, serían el grupo I; en él hay un conjunto I-a, de gruesas paredes y buen diámetro pertenecientes a grandes recipientes de almacenaje tal como las tinajas de lagar, granero etc, cuyo uso a través del tiempo, aunque con altibajos, ha correspondido a formas muy semejantes y por esto poco pueden aportar cronológicamente razón por la que no las representamos.

El resto de las comunes, conjunto I-b, presenta paredes más finasen él podemos hacer dos grupos: al primero, I-b-1, pertenecen los recipientes de boca mas ancha que el cuerpo, cuya función es preferentemente realizar lavados, ensaladas, fritos o incluso la misma limpieza corporal, serían tipos semejantes a las actuales fuentes, jofainas, baños o ensaladeras; el segundo, grupo I-b-2, está constituido por recipientes de boca más estrecha que el resto de las paredes -ollas- y generalmente están destinados al almacenaje o cocción de alimentos. Llama la atención el número de fragmentos pertenecientes a diferentes fuentes 8 y solamente 6 muestran las ollas cuestión inversa a lo habitual en este tipo de yacimientos. Al menos los platos o fuentes I-b-1-3 y I-b-1-8 tienen representación formal, junto a las formas de ollas, en las excavaciones realizadas en los restos romanos de Alconetar (Caballero, 1970).

Está representado por un pequeño número de fragmentos el grupo II, pertenecen a recipientes de fina pasta, rosácea muy clara, bastante delgados… pero que nos ha llegado en un estado deplorable de conservación. Una de ellas (Fig 1, II-1) mantiene restos de su decoración y apunta alguna variedad de sigillata. En el conjuntoIII no están ausentes tampoco las ánforas o dolium (Fig 1, III-1 y 2), recipientes generalmente destinados al almacenaje o al traslado para el comercio de líquidos -vino y aceite- o sólidos, cereal, leguminosas e incluso ciertas conservas. Presentan pastas ocre claro con anchas paredes y buena cocción; sus formas aunque variadas son por lo general cilíndricas, acompañadas de dos anchas asas; presentan la característica de un fondo puntiagudo, apropiado para esperar el embarque en la arena de la playa o ser sostenidos con piedras, basar etc (Fig 2). Otra función de estas ánforas es el ser utilizadas como lugar de enterramiento mediante su división en dos partes el difunto era depositado en su interior, tal y como se observa en determinadas necrópolis (Almagro, 1995).

También vimos fragmentos de escoria de fundición, una pizarra pirogenada ,totalmente extraña al lugar, un pequeño núcleo amorfo de silex, una pesa de telar mediana y otro trozo de mineral de color rojizo.

No considerando necesario mostrar más relaciones dado el elevado número de indicios antes señalados, estos nos permiten sacar conclusiones incluso a pesar de no existir estratigrafía. Todo ello nos conduce a afirmar que se trata de los restos de una explotación rural romana sin intentar perfilar más detalladamente la cronología de ésta.

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ZONA C

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Podemos localizar esta zona al N de la casa de la finca Torreaguda, lindera por el N con el río Marinejo y con otra finca, hoy dividida, que se denomina el Barranco; ocupa la margen izquierda del río. El terreno situado más al S de éste está formado por granitos y el de su margen derecha por diferentes tipos de pizarra; es pues una zona de contacto entre ambos sistemas geológicos; en ella existe una fuente natural que sin duda es un importante fundamento para el asentamiento humano.

La vegetación en estas dos parte es bien diferente: el terreno de la margen derecha está desforestado y habitualmente ha sido terreno de labor aunque actualmente está dedicado a pastizal; por el contrario el terreno de la margen izquierda es plenamente encinar escasamente arreglado ofreciendo carrascas junto a otras xerófilas por doquier en espacios que a veces, hace difícil el paso. Se dedica principalmente a pastoreo de ovejas. Existe un terreno algo más privilegiado al N del palacio de Torreaguda que por su bien probada calidad se dedicó a huerta y recreo; actualmente es un descuidado olivar.

C-1 Torreaguda I. El punto geográfico donde se encuentra está muy próximo al obtenido con una latitud de 39º 31´ 35´´ y una longitud de 5º 51´29´´, mapa 1/25000, hoja nº 679-IV, denominada Aldea de Trujillo -del Obispo-.

La sepultura se localiza en la calleja que desde la finca comunal La Dehesilla se dirigía a diversas dehesas como Torreaguda, El Barranco, D. Lucas, Burdallo…(ver mapa 1/25000). Este camino no pasaba delante de la casa de Torreaguda y partían de ella dos cortos ramales uno al NW y otro situado más al NE. Saliendo del palacio de la citada finca por el ramal situado más al NW, debemos continuar al llegar al camino hacia nuestra izquierda 30 – 35 pasos hasta llegar a la sepultura.

Este sepulcro se realizó sobre una roca de granito a 1,06 m de altura y actualmente está semicolmatado de diferentes restos especialmente huesos de animales. Tiene una orientación NW – SE. Le corresponde una profundidad próxima a los 0,37 m; su largo máximo es 1,675 m y mínima, sin las dos cabeceras, de 1,365 m; el ancho máximo por el centro es de 0,55 m, por el NW tiene 0,52 m y por el SE 0,485 m. Contiene dos cabeceras bien realizadas de las cuales la del NW ha sido levemente rebajada en su parte superior para permitir evacuar algo del interior.

Presenta un buen alisado superior con ancha moldura hacia el SW de 0,14 m de ancha y 0,12 m de alta.

YACIMIENTOS CERANOS AL GRUPO DE SEPULTURAS C

Pasado a la margen derecha del río Marinejo, se halla la finca de El Barranco, hoy dividida en diversas partes, tomemos la situada más al W; justo en el lindero parte un cercado de piedra en esa dirección, hoy casi derruido, en él se observan grandes sillares y en un próximo pasado había depositado en la pared un sarcófago de granito, bastante bien conservado. Actualmente falta de este lugar; en torno a ese muro semiderruido, más bien hacia el N, existen los restos de un buen yacimiento, de 1 ha aproximadamente de superficie, que arrojan un considerable número de tegulas y cerámicas comunes romanas. Hoy es difícil observar cualquier tipo de restos ya que al no roturarse el terreno se depositan anualmente varios centímetros de pastizal ya que su consumo por el ganado en esa parte de la finca es mínimo. A título anecdótico, debo señalar que esta pequeña información la recibí por primera vez, en el mismo lugar, por D. Juan Tena en uno de los largos paseos escolares que tan gustosamente nos organizaba.

ZONA D

graf6El paisaje de esta zona continúa siendo granítico, con algunos grandes bolos muy redondeados hacia el S inmediato. La vegetación arbustiva es escasa, más bien testimonial, y nada copiosa cómo vimos ocurría en las ligeras umbrías de las zonas de Torreaguda y La Costera; es también menos arenosa que las inmediaciones de la charca de Casillas. Siguen los aprovechamientos ganaderos de bovino en terrenos de escasa profundidad propios de finos y tempranos pastizales junto acompañados de las naturales plantas xerófilas.

Situamos estos sepulcros en el interior del berrocal; esta zona como las siguientes ocupan una parte del nacimiento del arroyo denominado del Canalizo, al menos en esta parte alta, y contribuye a llenar en buena medida la charca de Casillas donde describimos las zonas A y B. Pueden localizarse al NW de la charca denominada Nápoles en la parte izquierda de la carretera de Plasencia ya pasada la barriada de Huertas de Ánimas. En la zona que ahora estudiamos he localizado dos sepulcros: sin concluir el uno y en sus últimos vestigios el otro.

D-1 Canalizó I.- Esta sepultura está próxima al punto geográfico determinado con una longitud de 5º 53´ 09´´ y latitud de 39º 29´59´´ del mapa 1/25000, hoja 705-II, denominada Trujillo, edición 1966 del Instituto Geográfico Nacional. Puede visitarse machando a la cerca del Canalizo -ver croquis- y situados en el extremo NW de la casa hemos de caminar 250 – 260 pasos 330º NW. Se encuentra entre dos rocas algo altas, bastante escondida, por lo que pasa desapercibida en el paisaje inmediato por esto no es fácil su hallazgo.

Esta tumba presenta una orientación N-S y tiene perdidos tres de sus lados, del cuarto solamente nos llegó un trozo de la parte S donde se ubicaba una bien trazada cabecera aunque aparenta estar desviada hacia el SE. Por los restos que perduran podemos saber que su longitud se acercaba a 1,70 m, el ancho rondaría los 0,45 m y la altura del resto del lado conservado mide 0,28 m.

La tendencia a conseguir externamente un aspecto prismático rectangular es evidente, ello le acercaría a los sarcófagos que denotan una mayor perfección técnica y por lo tanto solían de pertenecer a personas de mayor posición social. Si el monumento es o no un sarcófago no lo hemos averiguado por no saber si termina la parte inferior inmediatamente o si continúa la roca.

D-2 Pilitas I.- Se localiza al SW de la anterior de la que dista más de 1 km. Hay que trasladarse a la finca del mismo nombre a la que se llega por una calleja situada al final de la mencionada charca de Nápoles. Tomemos la segunda desviación a la derecha y continuad hasta un cruce de caminos. La puerta que se ubica al SW es la de la cita da finca. Debemos continuar el camino que marcha en ese mismo sentido y que comunica con otra denominada La Breñilla. Pasada una serie de grandes bolos a la izquierda, poco antes de salir de La Pilita, a mano derecha y muy próxima al camino encontrareis este monumento sin dificultad.

El paisaje es más abierto, la desforestación más acusada, el terreno es nuevamente más arenoso, continúa el pastizal escaseando bastante cualquier otro tipo de vegetación. Igualmente continúa el mismo tipo de producción ganadera.

El punto geográfico donde se encuentra está muy cercano al formado con una latitud de39º 29´ 36´´y de longitud 5º 53´ 38´´ en la misma hoja del mapa antes mencionado.

Esta sepultura tiene una orientación de 50º NE – 230º SW. En su ejecución solamente se profundizó 0,04 m y está rota en su parte SW. Lo que de él se conserva tiene una longitud de 1,14 m, el ancho interior es de 0,56 m, La roca que le sirve de soporte mide de largo 1,70 m y 0,78 m el ancho mayor y el alto máximo exterior es de 0,43 m.

YACIMIENTOS CERCANOS AL GRUPO DE SEPULTURAS D

La cerca lindera al S con la del Canalizo es Las Herraeras,, por lo general ocupa ligeramente una mayor altitud. En un altozano próximo a la tumba -unos 400 m- y fácilmente localizable situándose en el ángulo NW de la casa de esta nueva finca y caminando 39 pasos en sentido 340º NW se encuentran restos. El pequeño yacimiento está muy arrasados y tienden a ofrecer una forma triangular rectangular con abertura al NW; en él no se observan restos cerámicos pero en una pila próxima, inmediata, realizada en una roca que se eleva unos 0,50 m en el W, alguien fue depositando restos cerámicos hasta casi colmatarla; esta mide de diámetro 0,42 m y tiene forma de cono invertido de paredes curvas, aspecto bastante singular en este tipo de recipientes. La cerámicas que contiene suponemos que proceden del yacimiento inmediato que alguien ha ido almacenando en el mismo con cierta delicadeza para evitar su extravío. Esas cerámicas son por lo general bastante gruesas, toscas, faltando elementos definitorios del tipo de vasijas; entre ellas hay varios fragmentos de tégulas lo que al menos nos permite incluirle en época romana. Es posible unir estos restos con el sepulcro de Pilitas I de la manera habitual que lo estamos haciendo aunque la distancia es de poco más de 1 km o tal vez se relacionara con otro asentamiento más cercano que por ahora nos es desconocido.

ZONA E

graf7Esta zona está situada en un espacio no muy alejado del anterior, hacia el W, una vez cruzada la carretera de Trujillo-Plasencia. Del cordel de ganados que en dirección al puerto de Miravete cruza de N a S todo el E de la barriada de Huertas de Ánima parte un ramal en dirección de la Aldea del Obispo. La mayoría de las calles que apuntan hacia el N en Huertas lo hacen a ese ramal y dos de ellas se prolongan en dirección a las fincas de Torreaguda, El Barranco y en general a varias más situadas en ese sentido; pronto se unen, en una plazoleta donde se localiza a la izquierda el pequeño charco de la tía Rentera. La zona objeto de nuestro estudio se sitúa entre la carretera de Plasencia y la calleja más al E de Torreaguda.

El encinar es bastante numeroso aunque muy irregular, el pastizal temprano y fino propicia esencialmente la cría de ganado bovino y ovino. Existen en la mayoría de las pequeñas fincas norias o pozos cuyos orígenes de algunos pudo ser una fuente natural ya que la zona es muy húmeda excepto en pleno estío. La parcelación es extremadamente pequeña y debido a esto no nos ha sido posible averiguar el nombre de algunas cercas ya que sencillamente no lo poseen. Toda esta zona es conocida en Huertas de Ánima como “cerca de la Mora” sin que exista un lugar definido para él, recurrimos pues a este topónimo, tan peculiar, para enumerar nuestras sepulturas a las que posiblemente haga referencia..

E-1 La Mora I.- Tomando la calleja, ramal W, que nos llevaría a la finca de Torreaguda, debemos entrar a la primera cerca de la parte derecha, hay unas rocas algo destacables hacia su límite S, en ellas se encuentra, algo elevada, la primera sepultura que enumeramos en esta zona.

Tiene una orientación 60º NE – 240º SW; posee dos cabeceras. Su longitud es de 1,73 m; el ancho oscila entre 0,55 m y 0,47 m y la profundidad mayor es de 0,37 m; llama la atención la mayor altura de la parte SW, 0,15 m más que la NE. No posee moldura superior aunque si un pequeño alisado.

E-2 La Mora II.- Continuemos por la calleja que traíamos unos pasos más y encontraremos a la izquierda una bien conservada sepultura, aunque plena de inmundicias. Está próxima al punto geográfico determinado por una longitud de 5º 52´ 45´´ y una latitud de 39º 29´30 ´´. Este punto ha de servirnos de referencia para las demás sepulturas de esta zona.

Fue realizada a ras del suelo. Tiene una orientación próxima a 20º NE – 200º SW; se realizó con dos cabeceras, bien trazadas; su longitud es de 2 m y el ancho oscila entre 0,68 y 0,62 m y la profundidad ronda los 0,30 m. No presenta moldura superior aunque si un pequeño alisamiento. A penas destaca del suelo.

E-3 La Mora III.- La pequeña cerca que la posee es la segunda propiedad de la parte izquierda de este ramal; se accede a ella por una pequeña verja de hierro que abre hacia la calleja. Es un bello cercado, plano, de tendencia rectangular; la sepultura ocupa la única roca que se eleva levemente en su centro.

Su orientación 90º E- 270º W es muy definida y tiene dos cabeceras claramente indicadas. Mide de largo 1,80 m y su ancho oscila entre 0,50 y 0,56 m; la profundidad es de 0,34 m. Superiormente no tiene moldura aunque presenta algún alisamiento.

E-4 La Mora IV.- Situados nuevamente en la calleja debemos continuar hacia el N; pronto esta vía dobla hacia la derecha ofreciendo, en ese mismo lado, una puerta que da entrada a otra propiedad. Las rocas inmediatas ofrecen “majanos” formados por piedras de pequeño tamaño y amontonadas con cierto orden en su base, entre ellas hay numerosos fragmentos de cerámicas correspondiente en su mayoría a tejas curvas, grandes recipientes y algunas tegulas. El sepulcro está a 69 pasos al E de la puerta e inmediato al “majano” de mayor altura.

Actualmente se encuentra a ras de tierra y ha sido colmatado con el mismo tipo de rocas y tierra hasta 5 cm del borde. Tiene una orientación de 70º NE – 250º SW; su longitud de 1,66 m; el ancho es de 0,51 m y la profundidad nos resulta desconocida. Igualmente no sabemos si tiene cabecera, pues como antes se dijo, su volumen está ocupado por los fragmentos de roca. Superiormente no presenta moldura pero si está algo alisado.

E-5 La Mora V.- Continuamos por la calleja hasta desembocar en el segundo ramal que conduce a las fincas citadas de Torreaguda, El Barranco etc. En el cruce, justo enfrente, acaba o parte un deslinde, algo elevado y hacia el E; en la propiedad de la izquierda, muy cercana al vértice del ángulo que forman las dos paredes, se localiza este sepulcro.

Realizado en una roca de 0,50 m de altura, presenta una orientación de 10º NE – 100º SW; su longitud es de 1,79 m; el ancho oscila llamativamente entre 0,54 m y 26,5 m y la profundidad es de 0,35 m. Tiene cabecera poco señalada en la parte más ancha, el NE; en esta parte se realizó una pequeña moldura de unos 0,12 m de ancha e igualmente observamos ciertos rebajes de la roca al E y NW

E-6 La Mora VI.- Volvemos en dirección a Huertas de Ánimas por este nuevo ramal situado más al E. Hacia la mitad del mismo se divisa a nuestra derecha una humilde edificación a la que se accede por un corto camino tras franquear una puerta. Marchemos por él y muy pronto a la derecha observaremos una roca rodondeada en forma de hongo aunque ovalada.

Tiene una altura de 1,15 m: tiene un estrangulamiento a 0,50 m del suelo, realizado con tosquedad, se observan las diferentes señales de cuñas, sin duda se ha intentado arrancar la parte superior. Si nos acercamos veremos su interior.

Esta nueva tumba tiene una orientación de 45º NE – 225º SW. La longitud oscila raramente, desde los 1.81 m que ofrece la parte W los 1,94 m que tiene la E; también es muy variable el ancho que va desde 0,61 m en el S a 0,33 m en el N; la profundidad es de 0,45 m. Presenta dos cabecera realizadas por paulatino rebaje de los laterales quedando estos de forma cóncava en su parte central interior; siguen una larga curva mientras que en sus zonas centrales se consiguió un pequeño escalón de 0,05 m; superiormente las líneas de los lados resultan algo convexas hacia el W. Superiormente presenta un alisado bastante simple.

Externamente presenta una rotura considerable en el lado W que afecta al depósito y otra más pequeña al S que no llegó al interior.

E-7 y 8 La Mora VII y VIII.- Continuemos hacia la pequeña casa de inestable construcción. Muy próximas hacia el W se ven dos nuevas sepulturas. LlamamosLa Mora VII a la que está más cercana al edificio y fue realizada a ras del suelo. Presenta una orientación 340º NW – 160º SE. Su longitud es de 2,11 m y el ancho o,60 – 0,70 m; la profundidad es más normal, está en torno a los 0,38 m. Es la de mayor volumen de las estudiadas.

Presenta doble cabecera, realizadas, como en La Mora VI por rebaje de los laterales mayores quedando estos cóncavos hacia su parte central igualmente trazados son los dos pequeños escalones que centralmente las completan; sus paredes también son algo cóncavas al E. Tiene alisado superior completado con una moldura de unos 0,13 m de ancho y 0,05 m de alta en el N y llega solamente a 0,20 m en el NW. Externamente se intentó conseguir una forma prismática mediante simbólicos rebajes de la roca sobre todo por el E, S y SW.

La Mora VIII corresponde en realidad a los restos de un sepulcro violentamente tratado. Está situado un metro al SW del anterior en una roca que sobrepasa el metro de altura. Su orientación está próxima a 135º SE – 315º NW. Su longitud se aproximaría a 1,85 m no pudiendo precisar otras características por estar rota en grandes fragmentos. No parecía tener moldura ni alisamiento superior.

YACIMIENTOS CERCANOS A LA ZONA E DE SEPULTURAS

Ya hemos mencionado como en los amontonamientos de piedra se observan restos de materiales que, en su mayoría pueden ser recientes, no obstante entre ellos se encuentran escasos fragmentos de tégulas romanas, de los que también hemos encontrado entre las piedras de las paredes de las lindes sobre todo en la zona señalada en el gráfico.

Incrustada en la pared de la calleja situada más a poniente hay una roca del mismo material que contiene al menos doce cazoletas.

ZONA F

graf8Esta zona está poco separada de las dos anteriores -entre 500 y 1000 m-, distancia que, aunque corta, suponemos marcaba dos pequeños núcleos poblacionales diferentes y también lo aprovechamos por indudables razones de comodidad en la exposición.

No hemos encontrado un topónimo adecuado para estas cercas que nos pudiera servir en la nomenclatura y recurrimos a la edificación de un pajar en cuyas inmediaciones se encuentran diseminadas las tumbas. El punto geográfico de esta construcción está muy próximo al formado por las coordenadas: longitud 5º 52´ 20´´ y latitud 39º 29´ 43´´, mapa 1/25000, hoja nº 705-II denominado Trujillo. Edición 1996 del Instituto Geográfico Nacional.

El terreno que las rodea es de suave berrocal muy desforestado actualmente dedicado a pastos suaves y tempranos con cría de ganado vacuno y bovino. No existen en las inmediaciones terrenos húmedos, ni pozos o fuentes naturales que no se agoten en el estío aunque si lo están algo más distantes -zonas de La Mora o La Dehesilla-.

Pueden visitarse con facilidad partiendo de la sepultura denominada Mora V. Situados en el muro de deslinde entre las fincas marcharemos hacia el E hasta alcanzar unas rocas de cierta altura donde el lindero dobla al N; justo en el primer ángulo se avista de frente y cercano el mencionado pajar a unos 50 m.

F-1 Dehesilla I. Este sepulcro se encuentra en la finca comunal de Trujillo; se localiza caminando desde el pajar 230 pasos en sentido N-NE y franqueando el muro de separación de las propiedades. Se escogió una roca de unos 0,60 m de altura, redondeada e irregular que ocupa el espacio central de una pequeña mesetilla. Su estado de conservación es excelente.

Tiene una orientación de 45º NE-225º SW. Mide de largo1,97 m; su ancho oscila entre 0,63 m en el SW, donde se realizó con mucha perfección la cabecera, y 0,45 m en el NE; la profundidad está en torno a los 0,31 m.

Externamente en la parte superior de su borde, presenta una moldura de forma trapezoidal con un ancho superior de 0,10 m y 0,17 m en la parte inferior; su altura es oscilante según el nivel de la roca aunque por termino medio está en los 0,14 m.

F-2 Pajar I. La mencionada construcción nos sirve para aplicar la nomenclatura en el resto de los monumentos de esta zona. Esta tumba se sitúa 17 pasos al NE de la edificación. En este caso la roca que le sirve de soporte ocupa una suave costana hacia el N y solamente se eleva del suelo por ese lado un par de decímetros.

Tiene una orientación N-S con una cabecera bien realizada al N. Su largo es de 1,86 m y el ancho oscila entre 0,49 en la cabecera y 0,47 en el lado opuesto que es redondeado; la profundidad es de 0,30 m.

Superiormente tiene una moldura de 0.10 m de ancha por lo general pero de pequeña e irregular altura.

F-3 Pajar II. Este sepulcro está a 25 pasos de la construcción -pajar- en dirección SE-S pasada una pared caída. La roca está elevada a algo más del metro del suelo y tiene algún material en su interior. Su orientación es 90º E – 270º W.

Actualmente mide de larga 1,65 m, está roto el lado más ancho que suele corresponder a la cabecera, el E, está medida oscila entre 0,45 m y 0,40 m, su profundidad es de 0,40 m y el lado que da al SW se realizó convexo. No posee molduras ni siquiera aparenta tener alisamiento o desbaste superior.

F-4 Pajar III. Este nuevo monumento se localiza 90 pasos al S- SW del pajar. Tiene cerca una pared que sirve de deslinde hacia ese mismo lado. La roca que la soporta se eleva del suelo 0,40 m. Su orientación es 110º E – 280º W.

El hueco del sepulcro tiene de largo 1,94 m; su ancho oscila entre 0,56 y 0,46 m y la profundidad es de 0,39 m. Posee doble cabecera. Una sencilla moldura de 0,12 m de ancha y entre 0,15 y 0,27 de alta limita todo su contorno superior.

El hueco está colmatado hacia su mitad por pequeñas rocas y numerosos fragmentos de cerámica gruesa, con numerosos degrasantes de buen tamaño, casi siempre de cuarzo y correspondientes a paredes de grandes recipientes de almacén.

YACIMIENTOS CERCANOS A LA ZONA F DE SEPULTURAS

No hemos localizado restos de edificaciones en sus inmediaciones que presentaran alguna personalidad aunque no son extraños los fragmentos de grandes recipientes generalmente dedicados a almacén de diversos productos. Pueden localizarse entre los amojonamientos de piedras, en el suelo y sobre todo, como ya se ha mencionado, en el interior del sepulcro Pajar III . La ausencia entre ellos de restos pertenecientes a bordes, asientos, asas etc, nos lleva a suponer que esta zona ya ha sido “peinada” en alguna ocasión anterior.

ZONA G

graf9Para acometer el estudio de esta zona periférica del NE del berrocal hemos de marchar desde la barriada de Belén por la carretera que conduce a la de Torrecilla – Aldeacentenera. Poco antes de llegar al río Marinejo, justo al terminar los granitos, cruza una calleja que limitaba y comunicaba toda la zona de contacto del batolito por esa parte. Tomemos el ramal de la derecha; actualmente es el camino indicado para visitar la casa – palacio de Palacio Viejo. Pasado poco más de 1 Km la calleja se encuentra que viene de la Dehesilla -finca comunal-, es el antiguo camino desde Trujillo a Garciaz, con grandes tramos ya perdidos. Doblemos hacia la ciudad -el W- brevemente y observemos como a nuestra izquierda, pasada una puerta de hierro y alambres, continúa la calleja que traíamos. Dejemos el coche y marchemos a ella. La cerca berrocaleña de la derecha se denomina de Santa Rosa y en ella se encuentran las dos sepulturas que estudiamos. Pronto avistaremos cerca de la pared de la derecha los cuatro muros de una escasa construcción; poco antes de llegar a ellos, en una pequeña vaguada, hay una charca de cortas dimensiones y próximos, a la derecha del arroyo que la colma destaca un grupo de rocas, entre ellas se distingue con facilidad un sepulcro.

La cerca de Santa Rosa se encuentra totalmente desforestada siendo el pastizal para aprovechamiento del ganado lo predominante. En las proximidades del río Marinejo -zona de contacto- existen al menos tres fuentes naturales y el mismo río ofrece algún charco con agua incluso en los veranos más secos. Por lo general hoy están cubiertas de zarzas o se han acondicionado como charcas para abrevadero del ganado.

G-1. Santa Rosa I.– Situamos este sepulcro en el punto geográfico obtenido por una latitud de 39º 28´ 41´´ y longitud de 5º 49´ 06´´ en el mapa 1/25000, nº 706-I, denominado Madroñera y editado por el Instituto Geográfico Nacional en el año 1996.

Es fácil de visitar si partimos de los muros de la pequeña edificación mencionada que se encuentra muy cerca del muro W de la calleja. Si partimos de su esquina NW y caminamos 80 pasos en ese mismo sentido encontraremos las rocas ya avistadas desde la calleja y mencionadas.

Esta sepultura se realzó a 1,30 m de altura; tiene una orientación muy próxima a 45º NE y 225º SW. Su forma presenta una marcada forma convexa hacia el W lo que indica que el constructor la hizo desde el E, sin apenas variar su posición. Su longitud es de 1,90 m; el ancho oscila entre 0,55 m del SW y 0,50 del NE; la profundidad en general es de 0,42 m. Tiene doble cabecera Más profunda en el SW que en el NE.

Externamente posee una moldura superior que presenta una altura entre 0,20 y 0,30 m y de ancha 0,12 m. Su estado de conservación es excelente.

G-2. Santa Rosa II.- Esta tumba se construyó algo más al SW. El punto geográfico se localiza en la misma hoja del mapa con una latitud de39º 28´ 37´´ y de longitud 5º 49´ 01´´.

Para visitarla debemos continuar por la calleja que traíamos en el límite del berrocal. Pronto avistaremos los cuatro paredones de otra construcción en completo desuso. Marchemos a su muro W. Caminemos 320 pasos en sentido NW 320º, con facilidad veremos el sepulcro en el centro de una corta llanura sin que apenas sobresalga del suelo.

La orientación de esta sepultura está muy próxima al N-S. Su largo es de1,92 ; el ancho por el centro es de 0,50 m para disminuir por los dos extremos en forma curva entre 0,05 y 0,08 m; la profundidad ronda los 0,39 m, su parte S a sufrido un rebaje de la roca hasta quedarla en 0,26 m. Posee dos cabeceras, bien apuntada la del N y algo más difusa la del S. Esta parcialmente colmatada de pequeñas piedras sin que se observe entre ellas cerámicas u otro objetos.

Superiormente presenta un buen alisado, en el N y el NE se rebajó externamente la roca consiguiendo una moldura de 0,15 – 0,16 m de alta y 0,12 de ancha.

YACIMIENTOS CERCANOS AL TIPO DE SEPULTURAS G

Por el momento en esta zona no hemos encontrado restos significativos de estructuras habitacionales de relieve y con personalidad suficiente para definir una época. Hay que reseñar la existencia de buen número de amontonamientos de piedras, generalmente de pequeño tamaño, situados preferentemente entre ambas sepulturas, -ambos pajares-; en ellos la presencia de cerámicas es muy corta y está integrada por fragmentos gruesos y atípicos que poco nos aportan.

ZONA H

graf10La zona H ocupa un espacio algo polémico debido a la localización en él o no del antiguo convento eremitorio franciscano de Nuestra Señora de la Luz.

El arroyo de La Luz es uno de los dos de más entidad que forman el pequeño río del Marinejo. Ese arroyo parte del interior del berrocal y se dirige en sentido E para torcer bruscamente hacia el N una vez dejado el batolito trujillano. Tiene la misma sequedad que otros semejantes pero poco antes de dejar los granitos ocupa un pequeño espacio de húmedo de unas pocas hectáreas de superficie; aunque muy atenuada el agua está presente en ella todo el verano y el resto del año sorprende por su buen caudal, tanto que la calleja que traíamos para visitar la zona G hubo de ser dotada de un rústico pero bien construido puente par vadearle.

La zona en general está casi desforestada por completo aunque no faltan la presencia de encinas y demás arbustos serófilos; en el espacio húmedo cercano al cauce, el pastizal alcanza buena altura y abundan los sauces, nombre que recibe la cerca que contiene este habitat y donde se realizaron los dos sepulcros que estudiamos en la zona H. Hacia el centro hay un buen cuidado pajar.

En la nomenclatura hemos preferido el nombre del arroyo por los antecedentes históricos que tiene.

H-1. Luz I.- Se situó en el punto geográfico determinado por una latitud de 39º 27´53´´ y por una longitud de 5º 49´06´´ en la mima hoja del mapa 1/25000, nº706-I denominada Madroñera.

Fue realizado en una roca relativamente alta -1,32 m, unas decenas de pasos hacia el W del pajar y muy próxima al muro de la calleja paralela al antiguo camino de Madroñera.

Tiene una orientación de 20º NE y 200º SW; su longitud es de 1,85 m, el ancho máximo es de 0,51 m, en la parte central y una profundidad de 0,55 m. Se realizó con dos cabeceras levemente marcadas. Superiormente no posee molduras aunque si un alisamiento de la superficie.

Llama la atención, como en otros ejemplares, la forma curva, excesivamente convexa hacia el NE.

H-2. Luz II.- Este nuevo sepulcro se encuentra muy cercano, a unos pasos, hacia el SE del Luz I y ocupa una roca de 1 m de altura estando parcialmente cubierto por un zarzal hacia el N y muy deteriorado hacia el W.

Su orientación es de 280º NW – 100º SE. Los restos que nos han llegado tienen una longitud de 1,40 m, presentan un ancho máximo de0,50 m y la profundidad es 0,40 m. Presenta una cabecera en el SE y superiormente no tiene ni moldura ni apenas se observan alisados.

RESTOS ARQUEOLÓGICOS CERCANOS A LA ZONA H

La cerca de Los Sauces es cruzada de W a E por el Arroyo La Luz, en su rincón NE ofrece restos completamente arrasados que hacia la parte que da al arroyo presenta una potencia de 2,60 m, no ocurre lo mismo en la parte de la calleja que está a ras de tierra. Los restos que sin duda guarda esta elevación no son muy extensos y debieron ser anteriores al trazado de la calleja ya que los restos de muro se introducen en ella un par de metros estrechándola hasta que finalizan. No obstante ni en las paredes de la calleja ni en la superficie hemos observado restos de cerámica característicos de alguna época.

ZONA I

graf11La superficie que ocupa esta zona es inmediata por el SE de la zona anterior. Se extiende en torno a la casa-palacio medieval del Carneril. El paisaje continúa siendo desarbolado con algunas encinas testimoniales en medio del pastizal temprano y fino -propio del berrocal-; la ganadería es su recurso predominante.

Existe en plena calleja una excelente fuente natural que no se agota ni los veranos de mayor rigor de la cual se abastecía el palacio en sus mejores años; de ella mana un pequeño regato que llena una charca inmediata acondicionada para beber el ganado.

I-1. Cucharera I.- Corresponde esta denominación a un doble sepulcro ya que comparten uno de los lados longitudinales. Se realizó en el punto geográfico determinado en el mapa 1/25000 por una latitud de 39º 27´35´´ y longitud de 5º 49´32´´. La hoja es la misma que venimos utilizando en el estudio de las zona G y H.

Para visitar este monumento hemos de tomar la calleja del Carneril, situada en la carretera de Trujillo a Guadalupe en el extremo del berrocal a la derecha -es continuación interrumpida de la que traíamos desde el camino de Palacio Viejo-. Poco antes de llegar a la casa-palacio del Carneril atraviesa una calleja que es el antiguo camino de Madroñera. Situados en dirección a esta ciudad, a nuestra derecha se extiende la finca de la Cucharera, en su esquinazo del NE, muy próxima a una puerta de acceso, se encuentra este monumento tan singular, que, por desgracia nos ha llegado bastante deteriorado.

Tienen una orientación NW 340º – SE 160º. Tienen una longitud externa de 2,27 m. Por no ser completamente iguales ofrecemos también la longitud de los volúmenes interiores conservados; la sepultura situada más al S mide 2,07 m y 2,05 m la contigua hacia el N. El ancho exterior es de 1,70 m y también difieren sus anchos internos que se sitúan en 0,57 m y 0,60 m. La profundidad roza los 0,45 m. El lado que comparten tiene de ancho 0,24 y en todo su contorno se labró la roca para conseguir unas paredes de unos 0,12 m, ciertamente esbeltas pero frágiles.

YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS LOCALIZADOS EN LAS INMEDIACIONES DE LA ZONA I

No hemos encontrado restos en las inmediaciones aunque sí hay vestigios romanos algo distantes -2,250 km-, hacia el E, en las proximidades de la cota 507, de la llanura externa al berrocal -latitud 39º 38´ 01´´ y longitud 5º 48´ 10´´, mapa 1/25000 en la hoja que manejamos para esta zona.

ZONA J

graf12Dejamos el E y nos acercamos a las tierras algo más caldeadas del S. Esta zona se sitúa en la finca de La Viña, en su parte S donde el berrocal acaba, poco antes de llagar al río Magasca.

El terreno es semejante a los mencionados, quizás algo más arbolado de encinas; los granitos ocupan mayores volúmenes que por el E y el escobar más tupido. Semejante es también el aprovechamiento económico. Existe una excelente fuente natural en las proximidades del río Magasca en su margen derecha frente a la desembocadura del arroyo Mordazos y en torno a ella un humedal algo más amplio que el del arroyo de la Luz.

Para visitar el único sepulcro que nos ha llegado debemos marchar por el cordel que tras dejar la vieja ermita de Santa Ana se dirige por el río Magasca hacia el S. La finca de La Viña se extiende por toda la parte derecha poco después de dejar el cruce con la autovía de Extremadura; poco antes de llagar al río existe una puerta que comunica mediante un camino, con otra entrada de la misma finca situada en el W de la misma finca, cerca de la autovía y a una altura semejante. Tomemos este camino y a 400 pasos de la puerta cercana a la autovía debemos serpararnos hacia el berrocal 20 pasos;allí se encuentra este maltratado monumento.

J-1. La Viña I.- Se localiza en torno al punto geográfico determinado por una latitud de 39º 25´ 34´´ y longitud de 5º 52´ 34´´ del mapa 1/25000, hoja nº 705-II denominada Trujillo. Instituto Geográfico Nacional, edición de 1996.

Este monumento no se encuentra en su posición primitiva ya que con las obras de la autovía fue caprichosamente arrancado de su ubicación primitiva, estaba unos m más al N y en otra posición; también fue desprendida por efectos de la máquina parte del espacio superior derecho lo que ha traído una perdida de profundidad por ese lado.

Actualmente tiene una orientación de 350º NW – 170º SE. Su longitud es de 1,85 m; el ancho mayor de 0,58 m está en el NW y el menor de43,5 m en el SE. Tiene dos cabeceras y presenta una altura sobre el suelo de unos 0,43 m. No posee moldura pero si está la superficie superior bien alisada.

YACIMIENTOS ARQUEOLÓGICOS CERCANOS A LA ZONA J

Existe un yacimiento romano de cierta extensión a menos de 500 m, en la margen derecha del arroyo Mordazos, poco antes de desembocar este en el río Magasca, En él se observan restos de cerámica características y en la década de 1970 – 80 aparecieron numerosas inscripciones publicadas por Miguel Beltrán Lloris y que los antiguos dueños de la finca se negaron a entregar al museo provincial. En sus manos deben haberse perdido o al menos no están en su lugar. Posteriormente hace un par de años existieron señales en el yacimiento de haber sido expoliado mediante detectores de metales.

ANEXO

ZONA K

graf13Posteriormente a la presentación del trabajo que estudia las sepulturas anteriores hemos tenido la suerte de localizar por varios fuentes de información, otros cinco sepulcros que hemos dividido en tres zonas las cuales añadimos en este anexo por no alterar la organización del trabajo.

Esta es la Zona situada más al N del berrocal del berrocal. Se localiza cerca del esquinazo NW de la denominada cerca Redondon pero es difícil dar con ella dada la fragosidad de la humbría donde se halla. Su situación no está lejos del cordel, calculamos a unos 300 pasos y a unos 800 del muro lindero por el N. Nos fue anunciada por D. Miguel Villa Palacios quien nos acompañó a su localización.

La sepultura de la cerca de Redondo

A-I. Redondo 1.- El punto geográfico que ocupa está próximo al determinado por las coordenadas: latitud 39º 32´15 ´´ y longitud 5º 53´20´´ del mapa 1/25000, hoja 679-IV denominado Aldea de Trujillo (Aldea del Obispo); edición 1996.

Se realizó sobre una roca de 1,48 m de alta; su orientación es de 70º NE-E y 250º SW-W. Tiene doble cabecera, muy anchas y superficiales.Su largo interior máximo es 1,85 m; el ancho mayor es de 0,55 m y la profundidad es de 0,41 m. El plano superior fue rebajado cerca de la esquina NW y presenta un tosco orificio en el centro del fondo de la parte SW-W. Aunque muy irregular presenta una moldura cuyo ancho está en torno a los 19 cm.

Hacia el SE de esta tumba se observan algunos restos de construcciones de escasa personalidad y pobre apariencia. No hemos localizado en las proximidades ningún manantial de agua.

ZONA L

graf14Agradecemos a los dueños de la finca y a D. Tomás Sánchez Mateos las facilidades dadas para la localización de este pequeño grupo de sepulturas.

Se encuentran situadas en la finca denominada la Breña, cerca de los límites del berrocal en su caída hacia el E. La primera no presenta grandes dificultades de localización como veremos en cambio la segunda presenta mayor problema debido a la abundancia y densidad de granito con formas poco significativas en sus inmediaciones.

Las sepulturas de La Breña

L-1. La Breña I.- Su situación está próxima al puntogeográfico de terminado por una latitud de 39º 39´ 40 ´´ y una longitud de 5º 54´10´´ del mapa 1/25000, hoja 705-II, denominada Trujillo, Instituto Geográfico Nacional, Edición 1996. Su localización es fácil, como ya hemos dicho, pues se sitúa en el lado derecho del camino que sube desde la casa de la finca hacia la parte superior, está muy próxima a una de las torretas de alta tensión, la tercera de la finca contando desde el N, justo en el lugar de cruzarse el tendido con el camino.

Se realizó en una roca de granito de unos 0,60 m de alta de forma prismática de esquinas reondeadas. Su orientación es muy próxima al N-S. Posee doble cabecera inferiormente sin concluir, parece mejor acabada la de la parte S; el ancho interior oscila entre los 0,50 m del S y los 0,46 m del N; el largo mayor es de 1,80 m y su profundidad es muy significativa ya que tiene su máximo al S con 0,26 m y al N solamente tiene 0,13 m lo que nos confirma su estado inacabado. Esta sepultura se encuentra desbastada en su parte externa, excepto una corta superficie inferior del lado W; se dejaron unos laterales de solo 0,10 m de anchos. También es evidente una rotura de unos decímetros de extensión en el lateral superior del lado E.

Se trata de la construcción de un sarcófago que fue abandonado en el lugar de su construcción por rotura del mismo en un momento tardío de su vaciado.

L-2. La Breña II.- Algo más difícil resulta precisar la situación geográfica de esta segunda pieza como ya se insinuó. Aproximadamente el punto geográfico se encuentra determinado, en el mismo mapa, por una latitud de 39º 29´53´´ y una longitud de 5º 54´ 06´´.

Igualmente que la sepultura anterior presenta externamente una clara tendencia a la forma prismática, bien labrada hasta los 0,20 m de la parte superior e inferiormente a esta medida apenas si está desbastada. El vaciado interior de la roca ha determinado unos laterales de 0,10-0,12 m de ancho, como en el caso anterior un ancho más bien escaso; hay una gran rotura en el lateral superior W acompañada de un profundo racheado que divide en sentido transversal a este monumento. La orientación de esta nueva sepultura es de de 70º NE-E y 250º NW-W. Presenta cabeceras inconclusas en sus partes inferiores; su ancho interior oscila entre 0,52 m y 0,38 m; el largo máximo interior es de 1,54 m y la profundidad máxima es de 0,38 m y el ancho oscila entre los 0,52 y 0,38 m.

Por lo mencionado podemos afirmar que se trata de otro sepulcro inconcluso, abandonado posiblemente por rotura de una de sus estrechas paredes. Parece que esta costana fue una cantera para realizar numerosas excreciones de granito con vistas a la construcción, una de ellas fue, sin duda, esta parcela del suceso funerario.

ZONA LL

graf15Esta zona está cercana al barrio de Huertas de Ánimas. Se localiza en la salida NW en la calleja que, paralela a la carretera de Plasencia, parte hacia la finca comunal de la Dehesilla, a la izquierda, sentido N y poco antes de cruzar el cordel.

Las sepulturas de la cerca del Pozo

Ll-1 Pozo I.- La roca soporte se localiza en una pequeña solana que, cerca de su pared N, tiene la cerca señalada en el mapa, la segunda antes de llegar al cordel y a unos 30 pasos del lindero con la calleja. No podemos decir que el volumen logrado en esta roca de granito sea una sepultura, al menos no lo es de manera totalmente concluida.

Su localización geográfica está muy próxima al punto determinado por las siguientes coordenadas: latitud 39º 29´25´´ y longitud 5º 52´50´´ de la hoja 705-II, denominada Trujillo y editada en 1996 por el Instituto Geográfico Nacional.

Orientada claramente de E a W, externamente no presenta regularidad aunque hay un inicio de alisamiento superior y una alteración granulosa en el ángulo SW superior. El volumen logrado tiene de largo 1,62 m, su ancho es de 0,63 m y la profundidad oscila entre los 0,32 m de la parte N y los 0,16 m del S; el hecho de no contar con cabecera y su escasa profundidad nos inclina a pensar que no se llegó a utilizar por alguna causa que desconocemos o que tal vez su realización no obedeció a ninguna finalidad funeraria.

Ll-2 Pozo II.- No creemos oportuno dar la situación geográfica de Pozo I y Pozo II dada su proximidad al anterior. Debemos torcer a nuestra izquierda, una vez pasada una pequeña puerta que hacia el W tiene esta cerca; divisaremos muy cerca, en el centro de la pared que se dirige al S un pozo, con su arbolito, y bajo el la inconfundible forma prismática de esquinas redondeadas de un bien cuidado sarcófago.

Se construyó en granito y presenta una altura exterior de 0,73 m. Su orientación actual es muy próxima al N-S magnético. Presenta en la parte N y S dos pequeñas roturas en la parte superior que han sido reparadas cuidadosamente con cemento. Posee una sola cabecera al N y es bastante acusada la forma poligonal del cuerpo. La longitud máxima externa es de 2,10 y la interior de 1,75 m; su ancho exterior máximo es de 0,87 m y 0,54 m en el interior y su profundidad ronda los 0,38 m. Por lo general el ancho de la pared es 0,17 m. Este monumento debió de ser reubicado cerca del pozo para darle una finalidad diferente a la funeraria; aunque no hemos buscado con minuciosidad en sus proximidades, no hemos localizado otros restos que los que enunciamos al hablar de la zona de La Mora, inmediata por el N.

RELACIONES

Nuestro trabajo quedaría algo incompleto si silenciásemos los trabajos de J. A, Ramos Rubio sobre este mismo tema. En el primero (Ramos, 1998) posee un breve contenido con el que se pretende realizar una breve reseña periodística con el fin de acercar al tema a sus posibles lectores. En el segundo (Ramos, 2002) añade poco a lo ya expuesto en su anterior trabajo introduciendo localizaciones poco claras y generalizando en los datos lo que comunica escasa precisión.

CONCLUSIONES

Por lo expuesto se deduce que cada tumba tiene su gestación. Se comenzarían con la elección del lugar, que ni en su orientación ni soporte hay uniformidad ya que unas fueron realizadas algo apartadas, centradas en pequeñas llanuras, cual es el caso de La Mora III y La Dehesilla I; para otras se eligió un soporte algo elevado en una suave solana -Doña Juana I-; pero la mayoría no parece que sus realizadores tuviesen estos sentimientos poéticos para su última morada y escogieron unas rocas normales incluso inapropiadas a nuestro parecer para este tipo de monumentos. Los primeros pasos debían comenzar por el trazado rectangular que ocuparía el vaciado representado en La Costera II; estas primeras andaduras posiblemente no se realizaron en todas, ya que algunas están conseguidas de manera bastante irregular e incluso se observa el abandono por error en sus primeros cálculos –La Costera II-.

No sabemos si los autores serían profesionales desde luego sí tenían pericia en el manejo de las herramientas; la mano de algunos se ve en más de una tumba generalmente de la misma zona o de zonas próximas ya que presentan unas características personales que les denota pues dejaron a veces su forma inconfundible de operar. Hay unas que presentan paredes ligeramente curvas hacia uno de los lados como traducción de la falta de movilidad del cantero en el trabajo utilizando el cuerpo y las manos, en buena medida, como si fueran un compás -La Mora VI y VII; Santa Rosa I y La Luz I.; En otras ocasiones el trazado de la cabecera se realiza de forma partícular e idéntica en un par de tumbas –La Mora VI y VII-. Otras denotan un olvido que se soluciona finalmente de forma precipitada y de mala manera –Costera I-; otras un añadido –Casilla VIII-.

Una vez concluido el sepulcro el vaciado de la piedra realiza plenamente su función, esto es recibir el cadáver o los cadáveres, comenzando a ser también parte del recuerdo del personaje. Después se sellaría la tumba de forma que como veremos nos resulta poco conocida y sería recordada diariamente por sus allegados que morarían allí mismo a unos metros, ello denota posiblemente unos lutos rigurosos con una memoria duradera del difunto alimentada diariamente por la presencia de su tumba y posiblemente algún ritual que de momento deconocemos.

Decíamos que un problema por resolver es el sellado final de estas tumbas. En algunas resulta fácil descartar el empleo de una losa rectangular ya que carecen del adecuado alisamiento y nivelación superior, en otras su disposición parece acercarse más a esa forma de cubierta. No obstante la ausencia en ellas o en sus inmediaciones de fragmentos de rocas bien labradas, de forma prismática, que destacarían en el entorno por su regularidad; añadamos que tampoco esos restos materiales aparecen entre las edificaciones asociadas a los viejos poblamientos inmediatos tales como chozos, zahurdas, pajares etc todo esto nos aconseja de momento desechar esa modalidad de acabado.

La tumba denominada Casillas VIII presenta unos materiales asociados singulares dentro del panorama local que estudiamos. Estos están formados por pequeñas piedras -granitos y un corto número de pizarras planas, tierra y fragmentos de cerámica, en su mayoría toscos, gruesos, correspondientes a paredes de grandes objetos: tanto recipientes de almacén como tejones; entre ellos no se observan tégulas. Sobre todos estos materiales, en el exterior de la parte superior, una piedra irregular, de buen tamaño -la moverían dos o tres hombres- se apoya fijamente de parte a parte en ambos laterales. Es posible que el resto de la superficie de la parte superior estuviese completado con otras rocas semejantes; bien acuñadas con otra menores y tierra formarían un pequeño túmulo y completarían la función del sellado.

Finalmente hay que hablar de su desaparición. Las explotaciones, sus caseríos, casi siempre humildes, y las tumbas fueron abandonadas; las alimañas con mayor o menor inteligencia carroñearon a su antojo. Comenzó su imparable declive hacia otra cosa cerca ya de la nada del no ser lo que otro quiso que fuera, del recuerdo humano, ya tan lejano. Unas arrancadas, esperan en algún museo; otras fueron destruidas inmersas en el odio religioso contra “el moro”; a otras se las buscó una nueva utilidad como pilas para apacentar al ganado o darles de beber…la mayoría están intactas, duermen el sueño de los justos esperando una maquinaria pesada que las triture, despedace y aplaste. Este peligro, próximo, fue el último motivo que nos llevó a conservar su memoria a través de estos Coloquios.

Creemos que todos estos sepulcros pertenecen a una misma tipología (González, 1990): se intentó conseguir un vaciado prismático de tendencia rectangular y se consiguió un acabado con variaciones e irregularidades propias más bien de la indiosincracia del cantero. En ellos se traza por lo general una parte unos centímetros más ancha que la otra -en una ocasión esta diferencia es acusada por tratarse de una tumba individual –La Mora V-; en la parte más ancha se realiza la cabecera pero en la mayoría se realizan dos cabeceras opuestas y en ocasiones la segunda con graves irregularidades –Casilla VIII y Costera I-. Finalmente son numerosos los que se adornan simbólicamente con una recta moldura en su intento de acercarse a los sarcófagos prismáticos rectangulares; otros se alisan y en algunos se queda la roca como está.

Cronológicamente nuestro trabajo deja pocas dudas sobre la utilización de la mayoría de estas tumbas en época romana debido a la cercanía de los yacimientos con los que las hemos relacionado. Posiblemente en una época imperial tardía, cuando la ruralización fue más acusada.

Nos llama la atención el minifundismo agropecuario de carácter familiar que parecen traducir el estudio somero de estas zonas aunque no descartamos otras actividades; su posible pobreza representada en los escasos y pobres materiales observados aunque ignoramos muchas otras características del mismo que nos gustaría conocer y que debería afirmarse con la excavación de algunos.

Como más probable su desaparición sería debida a la imposibilidad de continuar con el tipo de economía que tuviesen, quizas debido a una época de inestabilidad continuada propia de los finales del Imperio Romano, muy cercanas ya a la época de las invasiones o a otra razón que nos resulta desconocida.

Otro aspecto a tener en cuenta es su corto número con relación a cada yacimiento lo que indica que la relación economía-creencia que motivo la realización de estos monumentos en este medio duró poco tiempo -pensamos que no más de medio siglo- y que los individuos que la utilizaron fueron pocos, debieron ser grupos familiares, pues no se comprende bien la imposición minoritaria de la presencia diaria de sus enterramientos a los demás individuos del poblamiento y que estos lo toleraran de buen grado.

Cabe señalar la presencia de otro corto número de yacimientos romanos, en apariencia externa semejante, que no parece que dieron sepultura a sus difuntos de la misma manera ya que, en sus inmediaciones no aparecen este tipo de tumbas.

BIBLIOGRAFÍA

  • Almagro Gorbea, Martín (1995): Las necrópolis de Ampurias. Barcelona, vol II
  • Caballero Zoreda, Luis (1970): Alconetar en la Vía de la Plata, Garrovillas (Cáceres). E. A. E. Nº 70. Madrid.
  • González Cordero, Antonio (1990): Los sepulcros escavados en la roca de la provincia de Cáceres. Jornadas Internacionales: Los visigodos y su mundo. Arqueología, Paleontología y Etnografía, nº 4. Madriod.
  • Ramos Rubio, José Antonio (1998): Tumbas altomedievales en Trujillo. Revista de fiestas de La Piedad. Trujillo (Cáceres).
    (2002): Tumbas antropomorfas en Trujillo. Alcántara, 57. Diputación de Cáceres.

DOCUMENTACIÓN GRÁFICA:

ZONA A
a1Peral I a2

Peral II

a3

Peral III

a4

Costera I

a5

Costera I I

a6

La Casita I

a7

La Casita II

ZONA B
b1

Doña Juana I

b2

¿Casilla I?

b3

¿Casilla II?

b4

¿Casilla III?

b5

¿Casilla IV?

b6

Casilla V

b7

CasillaVI

b8

CasillaVII

b9

CasillaVIII

                                                                                ZONA C

c1

Torreaguda

d1

Pilitas I

 

ZONA D

d2

Canalizo I

ZONA E
e1

Mora I

e2

Mora II

e3

Mora III

e4

Mora IV

e5

Mora V

e6

Mora VI

e7

Mora VII

e8

Mora VIII

ZONA F
f1

Pajar I

f2

Pajar II

f3

Pajar III

f4

Dehesilla I

ZONA G
g1

Santa Rosa

g2

Santa Rosa I-a

g3

Santa Rosa II

ZONA H
h1

Ángeles I

h2Los Ángeles II
ZONA I i1

Carneril I y II

ZONA J ZONA K
j1

LaViña I

k1

Redondo I

ZONA L
l1

Breña I

l2

Breña II

ZONA LL  ll1

Pozo II

Oct 012003
 

Manuel Rubio Andrada y María Teresa Pérez-Zubizarreta Sánchez.

Agradecemos a las Sras. Martínez Jaraíz las facilidades que nos han dado para realizar este estudio.

GENERALIDADES Y LOCALIZACIÓN

Hace unos 40 años, esta bella herramienta fue encontrada por D. Ezequiel Mayordomo Alvarado empleado en la finca Casacascos quién gentilmente la regaló a las propietarias de la finca en cuya casa de Trujillo se exhibe adecuadamente.

La citada propiedad está situada hacia el W de Trujillo en una zona de contacto entre el batolito granítico y las tierras pizarrosas paleozoicas de la penillanura; de S a N es cruzada suavemente por el río Magasca. Este terreno se presenta con pequeñas colinas muy onduladas que por lo general basculan hacia el cauce del río. Posee una excelente fuente natural de agua en la parte N del palacio. Una pequeña explotación minera, quizás de casiterita, a cielo abierto y de escasa entidad, se localiza en la margen derecha del Magasca e inmediato al mismo, cerca de las lindes de la finca con el Torruco, el mapa geológico no la menciona y como veremos es uno de los lugares de posible hallazgo de la pieza.

Existen varias versiones no coincidentes con el lugar exacto de su hallazgo; primeramente D. Ezequiel nos indicó el cerro de las Esparragueras, frente al molino, en la margen opuesta del río, añadiéndonos que posteriormente habían excavado sin encontrar nada, visitado este lugar solamente apreciamos un pequeño fragmento de pizarra gris oscuro, estrecha, que indudablemente poseía un orificio del que quedaba un cuarto de círculo. Posteriormente me indicó que había confundido el lugar, señalándome otro, un vallecillo de la cercana finca del Torruco inmediato a la antigua mina, lugar situado algo más alejado y al NE, mi nuevo reconocimiento del sitio, mucho más impreciso no añadió nada nuevo. Finalmente una de las propietarias me indicó que el hallazgo había ocurrido en el lecho del río.

En cualquier caso es bastante evidente su hallazgo en la zona N de la finca, en lugar no muy alejado de la casa, en un radio de no más de 2 km.

DESCRIPCIÓN

El hacha tiene de largo 21,6 cm, 7 cm de ancho máximo y 3,7 cm de grueso, es de secciones oval y en forma de trapecio, su talón redondeado nos llegó algo deteriorado; el filo en la base mayor, está perfectamente logrado en ambos lados, no tiene señales de uso. Se realizó en una roca metamórfica –cuarzo común- muy dura de color blanco con numerosas betas que van de los tonos rojizos al pardo oscuro; fragmentos de este tipo de roca, de variados tamaños, con superficies muy irregulares, son relativamente abundantes en toda esta zona (lám I).

hachaLa superficie presenta escasas irregularidades, especialmente grande es un hueco natural tendente a la forma cúbica de 0,80 cm de lado que aparece situado en uno de los laterales. Está perfectamente pulida ofreciendo una cara menos convexa que la otra, hecho que hemos encontrado en otras herramientas semejantes de la comarca aunque logradas en materiales más comunes.

EL ENTORNO ARQUEOLÓGICO

Esta pieza, es al menos de época Calcolítica, y se nos muestra aislada en el medio donde se halló de otros restos de ese periodo o anteriores aunque es también cierto que no se ha prospectado ni siquiera superficialmente las colinas de este terreno. Cerca de la fuente cercana a la parte N del palacio se encuentran grabados de triple recinto. En el palacio hay depositada una inscripción hebrea hallada fuera de su contexto original, concretamente en el canal del principal molino, cerca de la embocadura. Fuera de contexto aparecieron las dos estelas decoradas del SW en la finca del Carneril lindera con Casacascos hacia el SW y depositadas en el Museo Arqueológico Provincial y publicado su estudio por M. Beltrán. En la citada finca hay al menos un pequeño yacimiento romano y en la falda W de la finca del Torruco hay otro yacimiento de la misma época y de extensión parecida aunque aparentemente poco tengan que ver estas reseñas con nuestra pieza.

RELACIONES Y CRONOLOGÍA

En la bibliografía consultada, una treintena de pequeñas memorias de monumentos funerarios megalíticos extremeños, no hemos encontrado herramientas de este material, aunque si de su forma y tamaño. Observamos una azuela mucho más pequeña semejante en todo a ésta posiblemente hallada en la finca de Vallispedros, al S de Torrecilla de la Tiesa, hoy está perdida; ambas son supervivientes de ese mundo dolménico que señala como posibilidad más reciente el Calcolítico pero que lo probable es que sean de épocas anteriores y que, además, por la naturaleza de la roca y su perfecto acabado prometen serias grandezas de sus primitivos poseedores dentro del contexto en el que vivieron. Pero debemos reconocer que se nos resisten a presentar otros datos que los pequeños poblamientos Calcolíticos del SE de nuestro berrocal semejantes en muchos aspectos a los de los batolitos de Plasenzuela y Malpartida de Cáceres, los tres parcialmente estudiados.

Oct 012002
 

Manuel Rubio Andrada.

La finalidad de este trabajo es divulgar estas inscripciones con el fin de facilitar a los especialistas del tema la profundización en los contenidos que las mismas guardan.

INSCRIPCIONES ROMANAS

PRIMERA INSCRIPCIÓN:

lam1I. VINCI

LOCALIZACIÓN

Se encuentra muy próxima al punto geográfico determinado por una latitud de 39º 24´ 55´´ y longitud de 2º 13´ 50´´ del meridiano de Madrid. Mapa topográfico 1/50000, hoja nº 750, denominada Trujillo, 1ª edición Madrid 1958, Dirección general del Instituto Geográfico y Catastral.

Puede visitarse en la finca denominada Magasconas y se encuentra realizada en un monolito de granito hincado de forma perpendicular en el comienzo de una suave loma cerca de una lisa pradera donde destaca; su posición no es vertical presentando una ligera inclinación hacia el S; una cara de la parte ancha mira al N las demás indican el resto de los puntos cardinales; es probable que la angulación coincida con la altura del Sol en el solsticio de verano a mediodía, aunque esta cuestión está por comprobar plenamente. Tiene hundida en tierra una parte y la que sobresale mide 2,30 m de alto, 0,78 m de ancho y 0,25 m de profundidad; están parcialmente labrados sus 50 cm inferiores afilándose el monumento de forma grosera hacia la parte superior que termina en punta no muy aguzada y tiene esta parte norte cubierta de liquen.

Las grafías ocupan la mitad de una línea de unos 7 mm de ancho que comienza a 0,77 m de la parte superior y a unos 2 cm del borde izquierdo terminando a 20 cm del borde derecho; por esta parte la última letra está casi perdida en cualquier caso es una inscripción muy simple dedicada a Júpiter Vencedor (Lám I).

Restos romanos se observan recién pasado el río Magasca en el cordel de la carretera de La Cumbre y que continúan en el interior de la finca de la derecha –sentido S-; destaca una gran piedra de lagar de tendencia cilíndrica y otra de 82 cm de ancha, 107 de alta y de 10 a 12 cm de profundidad que estuvo situada al lado de la pared de la finca de la izquierda; hoy ha sido trasladada a la casa de la finca. Ofrecemos su fotografía al lector para que saque sus consecuencias. Suponemos que la función de esta última debe relacionarse también con un tipo de faena agrícola semejante a la primera y ambas, con la inscripción, deberían pertenecer a la misma explotación agropecuaria de época romana.

También cercano y hacia la parte E en la finca de Los Quintos hay otro yacimiento pero aparentemente de mayor pobreza

SEGUNDA INSCRIPCIÓN:

lam2C· VC
VSIC
VALIN
AN·L·H
T·T·L

LOCALIZACIÓN

Está situada en el punto geográfico formado por una latitud de 39º 31´ 10´´ y de longitud 2º 10´ 15´´ del meridiano de Madrid; hoja nº 679 del mapa topográfico 1/50000 denominada Aldea de Trujillo (actualmente Aldea del Obispo). Publicada por el Instituto Geográfico y Catastral, 1ª edición de 1963.

Si se quiere conocer debe marcharse a la finca denominada El Barranco. El monumento está aprovechado en la construcción de un pajar y empotrado en su esquina SE; el edificio está situado en la margen izquierda del río, muy cerca del berrocal.

El soporte mide 0,90 m de alto, 0,45 m de ancho siendo su profundidad en el muro de 0,25 m. El espacio sobre el que se grabó la inscripción no presenta molduras y puede dividirse en tres partes la parte superior mide 0,30 m y ofrece en su parte central un círculo muy desvaído de 22 cm de diámetro, en el que pueden observarse en condiciones muy especiales de luz, los restos de un par de hojas radiadas que serían completadas con otras hasta ocupar la parte interior del círculo. En el espacio izquierdo, entre el círculo central y el límite de la roca, con escasas dudas, se reconoce una cruz ansata dispuesta en sentido del círculo central al que señala; mide de ancho por sus brazos 6 cm y 7 cm tiene de longitud; aun se observan perfectamente grabados los extremos de los brazos, ya que nuestro estudio es comparativo con fotografías tomadas hace unos veinte años observamos que el resto se deteriora rapidamente.

Bajo este espacio superior hay otro central de 0,60 m donde el lapicida colocó el texto distribuido en cinco líneas regulares de unos 70 mm de altura; los espacios interlineales no son tan exactos estando en torno a los 40 mm. Esta zona está muy erosionada en su parte derecha, de los 40 cm que se ocuparon con la inscripción solamente se ven la mitad por término medio faltando pues varios caracteres (Lám II).

Su traducción puede acercarse a Cayo Utico/le dedica a Usico/Valino/de 50 años aquí está sepultado sea/te la tierra leve.

Falta una tercera parte que tendría cerca de los 30 cm y que iría enterrada para mantener la inscripción erguida.

Algo más abajo, en la margen derecha del río, y ya en la linde con la otra finca también denominada Barranco y cerca de los restos del caserío hay importantes restos romanos entre los que destaca un sarcófago de granito muy deteriorado e inscrustado en una pared.

TERCERA INSCRIPCIÓN:

lam3VICTOR
VCcESS®I
N·LXXV
SESTTL

LOCALIZACIÓN

Se encuentra en la actual casa de campo denominada Palacio de Casillas, en la finca de este nombre en la carretera de Monroy. Este punto geográfico está determinado por una latitud de 39º 30´ 50´´ y de longitud tiene 2º 13´ 35 ´´ del meridiano de Madrid; se localiza en la hoja nº 679 denominada Aldea de Trujillo, mapa 1/50000 editado en 1963 por el Instituto Geográfico y Catastral.

Este monumento puede observarse en el patio más interior del citado palacio en un rincón achaflanado situado en el NW, bajo una arquería medieval. La inscripción está ubicada en un lugar destacable y resguardada en lo posible de vientos y lluvias que podrían contribuir a su deterioro por ello su estado de conservación es bueno.

Por noticias orales recogidas en la misma finca de uno de sus propietarios la piedra fue traída desde una finca próxima por el N denominada La Casita de Rangel donde apareció cerca de unos paredones en ruina. No pudimos precisar más el lugar.

Dada su presencia en este lugar desde hace más de 50 años nos resulta difícil aceptar que no haya sido publicada pero no encontramos cita alguna en su la bibliografía consultada.

El soporte es de granito tendente a la forma rectangular, está roto en sus partes superior e inferior e izquierda, aquí la rotura a deteriorado o eliminado la primera letra de cada línea. Mide de alto 70 cm y de ancho 38,5. El espacio que ofrece se encuentra dividido en dos partes, la superior mide de alto 26 cm y en ella encontramos la parte inferior de una flor circular compuesta muy posiblemente con 12 pétalos inscritos y radiales de los que se observan perfectamente los tres inferiores.

En el espacio central se realizó la inscripción en cuatro líneas regulares de 9 cm de ancho siendo el espacio entre ellas de 1,1 cm. El desgaste de la izquierda, antes mencionado, nos impide ver con claridad la primera letra de la primera línea donde solamente se encuentra el inicio del lado superior derecho de un ángulo que puede corresponder a una V sería pues Victor el nombre del difunto. La misma cuestión tenemos en la segunda línea que además lleva una pequeña c dentro de otra C y una pequeña R dentro de una O, dada su extensión, suponemos varias palabras juntas y apocopadas por lo que dejamos su traducción al especialista. En el comienzo del tercer renglón debe faltar una letra pero claramente es un referente a la edad del difunto: 75 años. En el cuarto debe faltar también una grafía en la parte derecha, todas son las iniciales de la fórmula ritual: aquí esta sepultado, séate la tierra leve (Lám III).

Falta un tercer espacio inferior que sería el destinado a hincar este monumento funerario al pie de la sepultura.

INSCRIPCIÓN ÁRABE

CUARTA INSCRIPCIÓNlam4

img1LOCALIZACIÓN

Este monumento se encuentra en la casa correspondiente a la calle Ramón y Cajal nº 29 de Trujillo, Cáceres. Según comunicación oral de los propietarios de la citada finca urbana, fue encontrada casualmente al hacer obras en el patio de su casa donde se hallaba en el suelo depositada como material de relleno, tenía la inscripción hacia abajo.

La piedra que le sirve de soporte mide de alto 79 cm, su ancho es de 47 cm y la profundidad está en los 9 cm. Es de granito relativamente blando, de fácil ruptura por los veteados y bastante erosionable, no obstante puede decirse que su grado de conservación es bueno.

En el espacio que ofrece se pueden distinguir dos zonas, una superior de 51 cm que está ocupada por las grafías, otra inferior de 28 cm, sin grabar, que debió ser destinada a enterramiento para mantenerla en pie.

La inscripción consta de seis líneas que oscilan entre 4 y 6 cm; fue realizada en caracteres arábigos debiéndose leer por ello de derecha a izquierda; su grabado es en u, bastante ancho y superficial, aunque el límite superior está deteriorado parece estar completa. La caligrafía no parece estar muy cuidada (Lám IV).

Ofrecemos la traducción que ha sido hecha por Sophie Gilotte a quien agradezco su amable cortesía.

El primer renglón nos presenta la habitual formula ritual de este tipo de monumentos funerarios, puede traducirse por En el nombre de Dios, Clemente y Misericordioso / ha muerto Ghanain (¿) ben / Murid (¿), Apiádase de él Dios / , en rabí alahar (II)/ del año tres y cu/ arenta y cuatrocientos (443 = del 15/ 5/ 1051 hasta el 3/5/1052 d. C.

Oct 012002
 

Manuel Rubio Andrada y Vicente Pastor González. Versión  en revisión. 2014.

1. INTRODUCCIÓN. Somos conscientes del valor documental que los grabados e inscripción de este monumento poseen, de ello el esfuerzo que su estudio nos ha acarreado en un intento de transcribir al papel impreso sin perder nada que pueda desviar a otros contenidos que los que realmente presenta.

2. SITUACIÓN. Se localiza en el punto geográfico determinado por una latitud norte de 39º 12´ 52.99´´ y de longitud oeste 5º 9´ 17.62´´.

 Si se desea conocer este bello monumento hay que partir de Valdecaballeros en dirección a Castilblanco; pronto el pantano se adentra en el río Guadalupejo, crucemos el puente y continuemos ascendiendo los próximos cerros; poco antes de llegar al de Cabezuela, a poco más de 5 km de la población, un camino atraviesa, es el cordel de ganados y por él, a la derecha, continúa la antigua carretera que enfilaba el valle del Guadiana; marchemos por este lado unos 8 km hasta localizar un primer istmo, pasados uno 300 m se observan a la izquierda, muy cerca, unos paredones de construcciones en desuso, debemos dejar el automóvil y dirigirnos a ellas; nos será suficiente caminar desde allí unos 100 m cresteando en el mismo sentido que traíamos por el camino y estaremos en el monumento[1].

 3. GENERALIDADES. Este terreno está formado por tierras de escasa profundidad, estando presentes las pizarras pardas de naturaleza más bien blanda y generalmente cubiertas de líquenes grises. Parecen poco aptos para la agricultura aunque no falta la ganadería tanto ovina como bovina. El pantano inunda la mayor parte del ribero hacia el S y el W siendo posible la existencia de mejores tierras en las cercanías de los antiguos cauces de los ríos Guadiana como del Guadalupejo. Unos km más hacia el SW los imponentes crestones de cuarcita surgen en dirección próxima al N-S dejando un portillo de gran amplitud por donde el Guadiana se precipitó en sinuoso cauce hacia el comienzo de las templadas y feraces vegas del centro de la provincia de Badajoz. Las laderas de esas serranías se cubren de espeso jaral salpicado de alguna encina u otro arbolado autóctono muy apto para el caprino y sobre todo para la caza mayor.

 Al N según viene el camino, se observan las dehesas con encinar, no muy cuajado, ni cuidado, dedicadas principalmente al pastoreo y la caza; es notable a veces  el estacionamiento invernal de grullas.

4. EL ENTORNO ARQUEOLÓGICO

  El poblado de La Barca, se encuentra a poco más de 1 km de distancia hacia el SW y lo podemos visitar continuando el camino hasta su terminación en las inmediaciones del último istmo; dejado allí el vehículo hemos de buscar el cercano y último cerro donde se asienta el poblado tras un foso.

 Unos kilómetros Guadiana hacia arriba, en su margen izquierda, se encuentra el poblado del Jardal, en la finca del mismo nombre; la necrópolis asociada al mismo presenta un corto número de tumbas cuyos ajuares, aunque escasos, y características coinciden con las portuguesas del SW (Jiménez, 2001).

5. DESCRIPCIÓN DEL MONUMENTO. Están presentes los tres componentes fundamentales: túmulo, corredor y cámara. El túmulo nos ha llegado muy alterado y deteriorado ya que en décadas pasadas se realizaron bancales para la plantación de eucaliptos con posterior arranque parcial de los mismos. Todas estas vicisitudes han acarreado diversas modificaciones que tendieron a la nivelación horizontal de la superficie y dañado en parte el espacio tumular. Actualmente los restos presentan una anchura de radio variable que oscila entre 9,5 y 2,10 m. En la mayor parte de su recorrido es evidente un foso irregular, poco profundo de unos 5 m de ancho y 0,50 m de profundidad, no equidistante de los ortostatos centrales.

  El túmulo está formado por acumulación de tierra con piedras de pequeño y mediano tamaño sin que se observe en él anillos de piedras hincadas utilizadas a veces en este tipo de monumentos como refuerzo de la construcción.

  La cámara aunque algo irregular, es de marcada tendencia circular con un diámetro de unos 4 m. El anillo que la limita está formado actualmente por 13 ortostatos, otros están caídos hacia el interior y algunos faltan. Les hemos numerado dando frente al corredor desde dentro y partiendo hacia la derecha. Ha de tenerse en cuenta que la superficie del fondo es muy irregular por los restos acumulados, por ello las diferencias de altura son tan acusadas; el ancho de algunos no se enumera por estar todavía cubiertos por los restos del túmulo.

LARGO ANCHO ALTO
1 0,62 0,73
2 0,68 0,73
3 1,04 1,54
4 0,57 1,27
5 0,67 1,23
6 0,65 1,19
7 1,11 0,85
8 0,70 1,24
9 0,77 0,30 1,05
10 0,47 0,32 1,70
11 0,58 0,30 1,84
12 0,50 1,59
13 0,70 1,50

 Los tres ortostatos situados hacia el W resultaron un poco más cortos que los demás habiéndose nivelado con una pizarra estrecha y larga que nos ha llegado en su posición original como cubierta, en parte, gracias a una fuerte raíz que la sostiene, posiblemente también marca el inicio de la falsa cúpula. Los números 3 y 9 tienen cazoletas; el 4 posee una inscripción prerromana y una serie de grabados reticulares; en el 11 se realizaron unos interesantes grabados.

  Debemos señalar la oposición casi geométrica que existe entre los ortostatos que tienen grabados.

  El corredor está orientado hacia el E equinocial. Tiene de ancho 1,18 m y de largo por el interior entre 2,60 y 2,80 m pues su terminación es algo irregular; no es posible calcular la altura por estar bastante cegado. Desde el interior se observan a la derecha 6 ortostatos y en la izquierda solamente 3, todos más bajos que los del anillo de la cámara central; la diferencia del número se debe a que han excavado externamente por esa parte habiendo retirado quizás las piezas que faltan y tapando de forma descuidada con otras medianas. El final del corredor -que sería su principio-, se ve cegado con materiales procedentes del túmulo cuya elevación en esa parte ya dijimos que era mayor; esto posiblemente pueda ser debido a depositarse allí parte de la tierra extraída en los diversos expolios sufridos a través del tiempo (Fig 16).

Fig 1

6. LA INSCRIPCIÓN. Antes de comenzar su estudio y como introducción diremos que las inscripciones realizadas con alfabeto del SW tienen unas características que creemos oportuno mencionar. El escrito suele comenzar por la parte superior derecha y avanza hacia la izquierda tendiendo a seguir los renglones en espiral rectangular hacia el interior. Otra característica es la ausencia de separación entre las palabras u oraciones aunque a veces un trazo vertical las delimita. Su carácter semisilábico le hace presentar con un solo signo las sílabas oclusivas, las consonantes continuas y las vocales. Con frecuencia hay geminación de la misma vocal presente en la sílaba oclusiva (Correa, J. A. 1985). Finalmente hay que señalar el carácter funerario que se viene atribuyendo a este tipo de inscripciones repitiéndose en muchas determinadas palabras tenidas por fórmula epitafial. Gracias a esta costumbre nos ha llegado a ser conocida su escritura.

  Esta inscripción fue realizada en el interior del ortostato número 4, en su parte derecha central y ocupa un pequeño espacio rectangular de 12 cm de largo por 10 de ancho. La superficie del soporte es blanda y se exfolia con facilidad en capas muy delgadas, de cerca del milímetro de espesor. En la parte superior de esta zona del monumento hay una nivelación, ya mencionada, que actúa como pequeña visera y resguarda toda esta superficie de la erosión[2].

  Toda la superficie debió estar llena de trazos lineales distribuidos de manera muy irregular pero el plano saltó en amplios espacios que no ofrecen ya ese tipo de realizaciones; en uno de estos resaltes hay realizada, muy tenue, una inscripción que es visible en su totalidad en condiciones muy especiales de luz y humedad ambiental. Para realizar los signos no debió necesitarse un instrumento excesivamente duro ya que la pizarra aparenta ser blanda; si fue necesario que la herramienta estuviera muy afilada dada la delgadez de los trazos; ya hemos dicho que su relieve es escaso siendo difícil la observación en circunstancias normales. Consta de 24 o 25 signos cuyo ancho oscila entre 1,20 y 0,50 cm; fueron distribuidos en una línea con pauta ocasional; a los 10 cm de su comienzo, el renglón se curva durante 6 cm hacia la parte inferior para terminar con rectitud pero algo caído 8,5 cm a la derecha y, naturalmente, en sentido contrario a su comienzo. Aparentemente existe una unión entre los signos 15, 16 y 17; de estos, el 16, es el trazo recto que aparentemente los une, pero una mirada atenta y pormenorizada nos acerca a considerarle más bien un relieve natural de la roca y por ello no lo consideramos signo (Lám I, II-a, II-b, II-c y Fig 1). El autor hizo las grafías sin titubeo demostrando soltura en la realización de los trazos los cuales, en general, no fueron interrumpidos; por todo ello hemos de suponerle soltura, buen conocimiento del signario del SW y quizás una práctica habitual propia de un lapicida con cierta profesionalidad.

  En todos estos monumentos debemos suponer posibles errores caligráficos, adornos o variaciones debidas a un voluntario añadido del autor, en otras ocasiones las variaciones serían involuntarias, motivadas por el cambio direccional de la línea, alteraciones imprevistas del soporte o bien el fuerte cambio de posición de la mano del autor forzado por la imposibilidad de rotar ante la disposición vertical del soporte.

  Por el momento se encuentran en Extremadura varias inscripciones con este tipo de signos. La primera fue ofrecida por Vicente Paredes Guillén, es la situada más al N y consta de un solo signo leído como i; fue grabado sobre un canto rodado de fibrolita encontrado cerca de Plasencia (de Mello 1980). Continúa la pintada en el abrigo del Santuario de Monfragüe, su mala ejecución y conservación han hecho que nos llegue bastante confusa y deteriorada (Beltrán 1973). Algo alejada hacia el SE está la de Almoroquí descubierta por un grupo de trabajo en el que algunos de nosotros formábamos parte (Beltrán 1973; de Hoz 1993). Pasamos luego a la pequeña inscripción de Cañamero (Hernández 1972) situada aún más al SE aunque algo menos que ésta de la Barca, la cual es equidistante con la hallada en Siruela, situada al S (Otero 1974); finaliza esta serie la hallada en Capote, Higuera la Real, Badajoz (Berrocal 1982) mirando ya a sus vecinas del S portugués que es donde se encuentran la mayor concentración de estos monumentos. Finalmente completan la muestra algunos grafitos hallados en Medellín, Badajoz (Almagro 1977) y en Cancho Roano, Zalamea de la Serena, Badajoz (Jiménez 1996).

  Ofrecemos en la lámina I la inscripción y en la figura 1 presentamos su ordenación según nuestro sistema actual de escritura pero sin mudar su disposición sinestrosa. Al enfrentarnos a los contenidos de cada signo utilizaremos los signarios según creamos más conveniente. Utilizamos los de Gómez Moreno (G.M.) (Gómez 1961), el de J. de Hoz (J.H.) (de Hoz 1989) y el tercero de Virgilio Hipólito Correa (V.H.G.) (Hipólito 1996); para el alfabeto fenicio hemos consultado el ofrecido por J. de Hoz (de Hoz 1989).

  Son claramente identificables por los signarios del SW, los números 1, 2, 3, 5, 6, 7, 8, 9, 11, 13, 21, 22, 23, 24 y 25; presentan dudas de interpretación los números 10 , 16, 17 y 18; consideramos signos evolucionados los números 4, 14 y 12 y desconocidos a dicho signario los números 15, 19 y 20. Además en esta inscripción parece que no hay geminación y llama la atención la excesiva presencia de oclusivas labiales con una marcada ausencia de signos vocálicos en la parte central del texto.

  Los números 10 y 16 podrían ser tomados como separación ya que a veces se emplean con esa función. Así podría ser pues el signo anterior es terminación de palabra ya que …ikalan es semejante a la terminación…ikalen, pero una mirada atenta nos hace ver que tras el primer signo vertical, va otro claramente traducido por n y después no va una vocal como habría que esperar, -va el doble gancho-, el cual tiene muchas posibilidades de ser silábico, por lo que habría una construcción muy forzada y un poco extraña. Por todo esto parece acertado suponer al menos en este primer signo vertical su habitual contenido silábico de ba (G. M.) y con ello aceptar en él, el comienzo de una nueva palabra. Igual lectura podría ofrecer el otro vertical número 16, aunque nosotros no lo consideremos tal; éste, signo o relieve natural, se encuentra en una zona de la inscripción en la que unos no son legibles en el alfabeto del SW y carece de signos vocálicos con lo que de ser signo añadiría mayores dificultades.

  El número 17 es parecido a labial ba (de Hoz 1986) pero incluye una variación en la zona central de la línea quebrada que aquí se construyó con horizontalidad sus segmentos 1, 3 y 5. También tiene variaciones el signo número 18 que se aproxima a la s (de Hoz 1986). En cualquier caso su situación en esta parte de la frase no nos facilita su lectura.

  Los rectángulos cortados por tracitos superior e inferior, números 4 y 14, son una clara evolución del signo rectangular simple leído por bu en los tres signarios. El número 12 procede del gancho sencillo formado por un solo arco leído como bi (G.M.) y (J.H.). Precisamente estas particularidades nos hace suponer que puedan ser añadidos del autor y que representen sonidos muy parecidos o iguales a los que representan los signos de donde proceden.

  Entre los signos más desconocidos para el signario del SW podemos incluir el número 15 que semeja al celtibérico be (de Hoz 1988 b); puede considerarse también una representación deforme del e del SW. El trazo 19 señala el alfabeto neopúnico como el más próximo y el número 20 nos resulta desconocido. Ya hemos dicho que todos estos signos presentan un grado de desgaste que hace difícil su visión.

  Dividimos la inscripción de manera convencional en tres partes para seguir acometiendo su estudio con mayor facilidad (Láminas II-a-b-c). De esta manera tendríamos una primera parte que llega hasta el final de …i.ka.l.a.n, el cual va precedido de cuatro signos conocidos, formarían con muchas posibilidades n.i.e.bu.i.ka.l.a.n..

La segunda parte de la inscripción comienza con el primer signo vertical y termina en el número 20, ambos inclusive; debe ofrecer en primer lugar ba.n.; luego un evolucionado doble gancho, número 12, que podría tener un contenido cercano al del gancho simple, leído como bi en (G.M.) y con dudas por (J.H.); sigue una clara n; nuevamente un rectángulo evolucionado, leído por bu como en su primitiva representación o cercano a ella; después los signos 15 y 16 que preferimos no leer y después los signos 17, 18, 19 y 20 que ignoramos su contenido y que tampoco leemos. Su posible lectura se acercaría a ba.n.bi.n.bu.¿-?.-.¿-?.¿-?.¿-?.¿-?. Obsérvese que los signos vocálicos escasean o están ausentes y aparentemente hay un elevado número de sílabas oclusivas labiales.

  La tercera parte, convencionalmente separada, presenta la terminación i.ka.l.e.n. con un significativo cambio de a por e con respecto al primer segmento. Su lectura incompleta sería i.ka.l.e.n. En conjunto la inscripción se aproximaría a:

 1     2    3    4      5     6      7     8     9

 n    i    e   bu    i    ka    l      a    n

 10     11     12    13      14     15    16   17

 ba    n     bi     n     bu    ¿?    –    ¿?

 18    19    20    21    22   23  24   25

¿?   ¿?    ¿?     i     ka   l     e     n

  Tanto ikalan como ikalen tienen una estructura rastreable en alguna inscripción del SW como el comienzo de G.M.1, a partir también del cuarto signo hay un ipalen.

 A pesar de lo dicho hay que reconocer que las numerosas variaciones con respecto a los signos habituales en el SW, la ausencia de las frases rituales maronabe o mirnabe keonai o similares, las sucesivas repeticiones de las sílabas oclusivas labiares y la escasez de signos vocálicos en la parte central así como sus posibles conexiones con los diferentes signarios etc, hacen de nuestro monumento un caso excepcionalmente raro con respecto al resto de las inscripciones prerromanas en general y del SW en particular.

 Aunque el lugar de aparición de nuestra inscripción pueda considerarse para la cultura del SW al menos fronterizo, pensamos que esta distancia entre el foco principal no debe ser la causa principal de tales variaciones, ya que en la cercana inscripción de Siruela aparece el signario del SW bien definido y ajustado. Aquí vemos una parte central con representación de sonidos extraños al signario del SW; el lapicida parece conocer otros signarios, celtíbero como quizás apunte el signo nº15 y el neopúnico como parecen indicar el número 19. En parte, debió tener necesidad de combinarlos para lograr representar satisfactoriamente unos sonidos extraños al signario del SW y a su vez agradar a los demandantes. Así pues, la parte central de la inscripción, muy posiblemente haga referencia a palabras de origen fenopúnico lo cual se deduce de la ausencia de signos vocálicos en su construcción. Estas palabras hay que relacionarlas con algún personaje importante, de procedencia oriental, posiblemente afincados en el cercano poblamiento de la Barca.

 Forzosamente no se puede decir que la inscripción pertenezca a un rito fúnebre ya que el pequeño tamaño de los signos parece más bien hacer una referencia común, cotidiana. Pero la utilización del viejo monumento megalítico como lugar respetable, necrológicamente hablando, le añade consistencia como posibilidad de continuar siendo un lugar de enterramiento elitista. Con él perviviría su antiguo valor simbólico general, fiel representante de una vieja estructura social; reflejo de sus valores o parte de todo ello.

7. CAZOLETAS

 Las cazoletas grabadas presentan una superficie pulida, cóncava y fueron representadas formando conjuntos de dos.

 El ortostato número 3  contiene dos cazoletas situadas en el cuarto superior izquierdo de la superficie visible; de ellas, la número 1 se realizó superiormente y tiene forma elíptica, miden sus ejes 5,5 cm el vertical y 5 cm el horizontal siendo su profundidad aproximada de 1 cm; la número 2 se situó inferiormente a 7 cm y es circular, su diámetro mide 3,5 cm y la profundidad es de apenas 2 mm.

 El ortostato número 9 tiene otras dos igualmente pulidas aunque presenten peor acabado; una superior de tendencia elíptica se situó en el centro del cuarto superior derecho, tiene un eje vertical de 5,5 cm y otro horizontal de 4 cm siendo la profundidad cercana al centímetro; la más inferior fue realizada hacia el centro del ortostato quedando de ella solamente un pequeño casquete esférico.

 Es numeroso el repertorio de cazoletas realizadas en los ortostatos de dólmenes y monumentos posteriores.

Numerosa es también la representación de estas formas con una cazoleta oval destacable  casi siempre por su mayor tamaño, valga como ejemplo las realizadas en la parte E exterior al recinto del cercano poblado de La Barca, Valdecaballeros, Badajoz.

8. LOS GRABADOS LINEALES.

    Los grabados fueron realizados en dos grupos: la serie A que ocupa el ortostato número cinco y la b en el once. Enumeramos siempre de arriba abajo y de izquierda a derecha salvo que se indique lo contrario.

SERIE A. Esta primera serie de grabados se encuentra en el mismo ortostato que la inscripción.

Fueron realizados muy finamente en v aunque, en algunas formas especialmente relevantes, fueron realizadas en U, algo mayores, más concretas y  con  mayor intensidad.

Serie A Conj A-1 Dibujo

Conjunto A-1. Ocupa un plano algo más elevado situado sobre el centro de la parte superior. La superficie está bien limitada, lisa, de color claro y de forma compleja; no se utilizó en suparte inferior  (Fig 2).

Algunos trazos son de difícil visión pues la disposición del ortostato comunica mala luminosidad.

En la parte superior de este espacio se  grabaron con fuerza nueve cortos trazos, a veces dobles y siempre paralelos entre sí, aunque inclinados a la izquierda su tendencia es vertical.

Bajo ellos siete líneas inclinadas hacia la derecha ahora de tendencia horizontal; cortas y algo gruesas, fueron distribuidas paralelamente.

 En la parte media de esta composición, bajo la parte inferior de las líneas más verticales se dispuso una figura en forma de corta hoja de espada con su punta hacia el lado derecho y en la misma disposición que los trazos de tendencia horizontal a partir de la cual comienzan.

También hacia el centro del conjunto, en la parte baja de la forma de arma, casi imperceptibles, se observan varias líneas muy finas, distribuidas desordenadamente aunque a veces  forman triángulos.

Serie A Conj A-2 Dibujo Fig 3

Conjunto A-2. El soporte está bien limitado, bastante liso y tiene forma irregular. Este conjunto se realizó en la superficie contigua por la  derecha y en la parte baja, el lado izquierdo no se utilizó (Fig 3).

La parte superior de la derecha apenas ofrece un par de finos trazos, muy próximos, de tendencia vertical y cóncavos.

Este conjunto consta esencialmente de tres estelares parcialmente grabados en el límite derecho del espacio utilizado: uno se realizó hacia la zona media  central con una forma circular finamente piqueteada y deforme en su parte superior; de este círculo se desprenden cuatro trazos, los dos de la derecha son muy cortos, los de la izquierda son muy largos y unen por lo general los distintos trazos lineales de este conjunto.

Otro estelar se dibujo con una semicircunferencia, está inmediato a su derecha y bajo éste el otro, solamente  insinuado en la parte inferior. Estos últimos se realizaron en el límite de la superficie acotada.

Ambos proyectan sus radios, curvándose con suavidad, hacia la parte inferior izquierda. En todo ese espacio se trazaron numerosas líneas de distintos tamaños y generalmente de tendencia paralela con las mismas de sus posición. Hay unas de tendencia vertical, otras horizontales e inclinadas; en general, aunque algo deformes, pueden considerarse estructuras reticulares.

En este conjunto de trazos se pueden observar algunas formas triangulares y de puntas de espadas. Destacan dos: una corresponde a la representación de una alabarda reforzada con nervio central, mide 5 cm de largo y 3,6 cm de alto, fue grabada en U, en la zona media central y con mayor intensidad; la otra, muy deteriorada, corresponde a una corta forma de espada de 15 cm de larga y 2,2 cm de ancha, se dispuso horizontalmente en la parte inferior y con la punta hacia la izquierda.

Comentarios a los conjuntos de la serie A

El conjunto A-1 presenta una forma de hoja de espada y trazos, no muy grandes, de tendencia vertical y horizontal y carece de estelares.

La disposición de los trazos y el arma nos dispone a suponer, con cierto rigor, que se nos trasmitió una acción, en la cual “algo” que estaba en pie -posición tendente a la vertical-, fue cercenado por la forma de arma hasta la posición inclinada de tendencia horizontal; parece decir: algo que está vivo pasa a estar muerto por la acción de la espada.

El conjunto A-2 presenta un panorama diferente. Pueden considerarse tres grupos en torno a los tres estelares y sus campos radiales, el tercero solamente insinuado por la confluencia de sus rayos.

Otra cuestión es la introducción de una forma nueva de arma que se suma a la deteriorada figura de espada corta ya presente en el Conj A-1; se trata de una representación de alabarda con refuerzo central.

Las representaciones radiales parecen ser el motivo para realizar en sus “campus”, una serie de estructuras reticulares, no bien acabadas, pero que permiten asociar en este conjunto ambas formas -estructuras y rayos estelares-; más allá de esta correspondencia formal deben relacionar igualmente sus contenidos aunque estos se nos escapen.

La forma de alabarda se situó fuera de los dos campos radiales de los estelares, más bien al comienzo del segundo pero directamente conectada a ellos por largos trazos de tendencia vertical y paralelos que se extienden de arriba a abajo desde el primer conjunto articulando con los otros dos grupos mediante estructuras reticulares.

 En el trazado parece representado un pequeño caos en la parte izquierda inmediata inferior de la forma de alabarda cerca de la conclusión del primer trazo por ese mismo lado.

Así pues este segundo conjunto concreta la relación de determinadas armas en asuntos estelares.

Parece quedar muy lejana su acción mortífera; en realidad se nos transmitió una complicada acción de carácter general, cósmica.

Tal vez haga las siguientes referencias: una es la creencia  de los orígenes cósmicos de determinadas clases de armas metálicas -bronce-; otra a la organización cósmica, quizás con carácter ocasional, por la conjunción de determinados rayos de diferente procedencia astral formando estructuras reticulares.

SERIE B.

Fue realizada finamente y con escasa profundidad en la cara interna del ortostato nº 11. El soporte presenta una superficie lisa, blanda y fácilmente exfoliable en capas delgadas lo que ha producido resaltes de extensión importante; tiene tres racheados oblicuos hacia la izquierda en ángulo de unos 30º con la vertical, son paralelos, y de tendencia equidistantes. La roca tiene color pardo en la parte inferior, zona que ha estado más tiempo cubierta por  tierra, después pasa paulatinamente a diferentes tonalidades de gris y en la zona superior, por estar en el exterior y en contacto con el aire, ha propiciado la aparición de numerosos líquenes que la han prestado su protección. La diferencia de estas coloraciones es un buen testigo de las sucesivas grandes etapas que ha tenido la existencia de este tholos.

Los seis primeros conjuntos ofrecen trazos de apariencia desorganizada, una observación más pormenorizada nos hace ver entre ellos a determinadas formas de armas que  hemos fotografiado y dibujado mediante su escaneado con lo que su acercamiento a la realidad es importante, cuestión que creemos imprescindible en este tipo de trabajos. Las demás líneas están organizadas en formas geométricas.

En general enumeramos los conjuntos desde la parte superior izquierda hasta la inferior derecha.

Aa SERIE B Conj B-1 2014 Fig 4

 CONJUNTO B-1. Ocupa una superficie triangular  irregular de   45 cm de alto y  14 cm de ancho. El vértice más agudo apunta la parte inferior; está bien limitada por racheados naturales de la roca (Fig 4).

La superficie es lisa y clara; un resalte daña el dibujo central de un estelar o soliforme. Dividido el espacio horizontalmente en tres partes apenas se ocupó la parte inferior, la más aguda; los restos del soliforme destacan en la zona media y una serie bastante abigarradas de trazos rectos de tendencia vertical ocupan el tercio superior.

El conjunto está formado por dos tipos de formas. Una de ellas muy concreta, es el estelar cuya circunferencia central se trazó con la ayuda de  líneas rectas; son visibles en la parte superior unos 4 cm, de la parte derecha solamente tenemos un tracito de 2 cm e indica que, al menos los inicios por esta parte también son rectos; de la parte inferior derecha no nos ha llegado nada y en su izquierda hay muy desvaída una línea circular. El arco se completaría en un resalte de la roca.

Más allá de esta línea, supuesta en un buen tramo, se encuentran los radios inequívocos que reclaman el arco central. En total hemos observado trece o catorce líneas radiales cuyas medidas oscilan entre 4 y 10 cm.

El resto de las formas se situó por lo general en la parte superior del espacio. Son líneas rectas de aspecto desordenado cuyo trazo tiende a la verticalidad.

En la parte media superior se trazó una línea tendente a la horizontalidad, con ella se acotaron en sus extremos dos formas triangulares, la de la izquierda sin refuerzo central y la de la derecha más pequeña, remarcado su contorno con doble trazo lleva refuerzo. Son representaciones de alabardas. Menos precisas se observan otras.

Igualmente se dibujaron varias terminaciones lineales que se aproximan hasta cortarse en forma de hoja de cuchillo o espada y en menor cantidad puntas de flecha.

De la parte superior del estelar salen largas líneas que por sus forma y extensión aparentan ser extraños al estilo nada armamentista de la figura.

Av SERIE B Conj B-2 y B-3  2001 Fig 5

CONJUNTO B-2. Acometemos el estudio del conjunto B-2 según la fotografía obtenida en el año 2001 ya que las del año 2014 han perdido gran parte de trazos, sobre todo del estelar (Fig 5).

Ocupa una superficie contigua por la derecha; como la anterior está perfectamente acotada de forma natural. Tiene forma de rectángulo con base en uno de sus lados menores; miden 12,5 cm de ancho y 24,5 cm de alto. En este espacio rectangular se realizaron dos conjuntos de temática semejante al B-1. El espacio se presenta alisado y sin líquenes.

El conj B-2 es el situado a la izquierda, en la parte central. Está formado por un estelar con una corona en forma de elipse irregular, más recta en la parte superior que en la inferior. De ésta parten salen al menos nueve trazos rectos de tendencia radial, muy regulares los cuatro del lado derecho y anormalmente largos los de la izquierda sobre todo el penúltimo. De todos al menos seis terminan superiormente unidos en forma de hoja de cuchillo, en una ocasión se prolongaron las líneas hasta conseguir la unión muy superiormente. Los radios visibles de la parte superior estaban casi perdidos y ocupaban más bien la parte central.

 La figura solar está bajo un reticular que nos ha llegado en parte muy desvaído. Estaba formado por seis trazos bien marcados de tendencia horizontal; los trazos verticales correspondientes a esta estructura son más difíciles de precisar: uno se observa muy cerca del límite derecho de la superficie; en la parte superior derecha se observan dos restos; hay otro casi coincide con el extremo derecho de la elipse; uno más coincide con la parte superior del cuarto radio -comenzando por la derecha-. Más hacia la izquierda algunos radios se confunden con los trazos verticales de la estructura.

Aun existen otras líneas que cortan diagonalmente el conjunto posibles añadidos de tiempo impreciso sin otro sentido que el daño.

CONJUNTO B-3. Este conjunto fue realizado en la parte superior derecha de este espacio rectangular, se separó del anterior conjunto escasos centímetros. Consta de un nuevo reticular bien trazado con líneas rectas y perpendiculares  (Fig 5).

Cuatro son de tendencia horizontal, miden 5,6 – 6 – 6 y 6 c; de las cinco verticales el segundo por la izquierda mide 18 cm y se curvo superiormente hacia ese mismo lado con el fin de unirse al primero de longitud similar. Se retocaron las longitudes de estos dos trazos superiormente logrando dos terminaciones puntiagudas semejantes a las de los conjunto B-1 y B-2; una de ellas acaba más arriba que las demás.

En la parte de abajo, apenas visible, hay un estelar bajo el reticular citado. Se realizó de forma triangular, con un ángulo recto en el lado izquierdo de la parte superior,  arriba el lado mayor  mide 4,2 cm y 1,2 cm el inferior en la izquierda. El otro lado se realizó de forma cóncava uniendo ambos extremos.

Esta forma arqueada presenta cinco líneas radiadas en el lado superior de 4 – 4 – 4 – 4,8 y 3 cm; en la parte inferior vemos otros cinco de 2,5 – 0,6 – 5,3 – 2,1 y 3,1 cm; se completó este estelar con otros tres en el lado izquierdo, miden 1,5 – 1,5 y  3,6 cm.

Aprovechando los radios de la parte superior se trazó otro reticular con al menos tres líneas horizontales de unos 3 cm. Esta forma y el estelar aparecen muy desvaídos en el material fotográfico de 2001, en el año 2014 prácticamente han desaparecido.

CONJUNTO B-3 bis. Este conjunto no fue recogido en nuestro estudio de 2002. Se situó en una superficie adosada a la derecha en forma de paralelogramo irregular y para orientación del lector diremos que  tiene como base uno de sus lados menores, los diagonales. Sus ejes miden  10,5 cm y  29,5 cm (Fig 6).

Los trazos que recoge están muy desvaídos y nos permite aproximarnos a  sus contenidos. Se trata de una forma estelar en la que la corona central es visible en su parte inferior y el lado derecho; también su parte izquierda, encontramos perdida la parte superior. Son visibles por ese contorno numerosas formas de tendencia radial, seis en la parte superior, cinco en el lado izquierdo y nueve en la parte cóncava; algunas de ellas son de gran extensión.

Existen un corto número de líneas esparcidas por la superficie sin aparente sentido que, en parte no incluimos por no dificultar la observación.

CONJUNTO B-4. Fue situado inmediato a la izquierda bajo los anteriores. Ocupa una superficie de tendencia rectangular de 12,4 cm de ancho y 29,5 cm de alto. En el soporte aparece con cierta alineación con los conjuntos B-5 y B-6 (Fig 7).

Consta de dos estelares y otros trazos. El estelar superior se realizó a la izquierda y se aprovechó un resalte de la roca. Se nos representó el arco de forma muy parcial con al menos cinco largos radios que se desprenden del resalte de forma impulsiva y algo descuidada.

El otro estelar se situó en la parte baja del lado derecho, muy cerca de otra pequeña oquedad. Para trazar el arco se utilizó en la parte superior un ángulo obtuso de gran abertura y sus extremos se unieron inferiormente con un arco resultando una figura alargada.

 En todo su contorno se completo con al menos catorce trazos radiales.

En el centro de estas dos formas confluyen sus radios -serían los rayos de los dos estelares- y sobre ellos hay trazada en inclinada diagonal una indudable forma de hoja de puñalón que parece quebrar la línea de uno de los radios del estelar inferior.  Entendemos que narra quizás con mayor claridad por su simpleza, las mismas cuestiones apuntadas en los cuatro primeros conjuntos de este ortostato.

CONJUNTO B-5. Ocupa la parte central y se realizó en una superficie lisa de tendencia rectangular; tiene 36 cm de alto y 16,5 cm de ancho. Como los anteriores conjuntos está bien limitado por racheados naturales, dos de estos cortan el espacio perpendicularmente llegando a converger en la parte superior: los trazos son finos y superficiales (Fig 8).

Las formas son semejantes a las reseñadas: trazos lineales y dos estelares, más confusos y descuidados, aparentemente inacabados.

El primero ocupa la parte superior derecha al lado del racheado central;  el arco se realizó hacia la derecha en forma de triángulo con un pequeño remate cóncavo en la parte inferior izquierda, en esta corona, superiormente se trazaron al menos cuatro trazos radiales y cinco en el lado inferior.

Bajo él, a unos 10 cm hay otro estelar, muy posiblemente inacabado, nos ha llegado parte de su corona circular y algún trazo radial. Destaca en su interior una forma de arco.

En toda esta superficie se realizaron numerosos trazos, la mayoría de tendencia vertical, de ellos varios lo hacen determinando cuatro o cinco formas acuchilladas.

CONJUNTO B-6. Fue realizado en una superficie en forma de triángulo escaleno;  tiene de alto 35 cm y de ancho 13,5 cm. Es lisa aunque manchada de tonos ocres que dificultan la visión de la superficie de la roca, no obstante no parece que existan más trazos que los reseñados.

Solamente hemos visto un estelar -soliforme- en la parte superior derecha. La corona central se formó con trazos rectos, quebrados, en la parte inferior y superiormente con una línea cóncava. Para observarse debe tomarse como referencia para la corona central, una pequeña hendidura de la roca. Lo acompañan al menos diez trazos radiales visibles en los laterales y la parte inferior (Fig 9).

CONJUNTO B-7. Se realizó unos cinco centímetros bajo los anteriores, alineado con los conjuntos B-8 y B-9, es el primero de la izquierda y está muy cerca del límite del ortostato (Fig 10).

El soporte inmediato se aproxima a la forma rectangular, tiene 13 cm de ancho y 40 cm de alto. El grabado viene a ocupar aproximadamente el centro de este espacio.

La figura fue realizada con trazos el u y ligeramente más gruesos que la mayoría de los anteriores. Está compuesta en su parte superior por un rectángulo de 9 cm de largo y 4 cm de alto; el lado superior se prolongó brevemente hacia la izquierda; este rectángulo se dividió interiormente con siete trazos paralelos y equidistante –hay un octavo, más fino, entre el cuarto y el quinto.

Diez trazos de idénticas características pero sin corresponderse, fueron realizados inferiormente al rectángulo.

CONJUNTO B-8. Pronto hacia el lado derecho se encuentran los restos de otro estelar. Solamente nos han llegado restos de cinco líneas radiales del lado izquierdo (Fig  11).

CONJUNTO B-9. Continuando en esta alineación hacia la derecha se encuentra el grabado de un nuevo esteliforme (Fig 12).

El soporte es de forma menos definida aunque se acerca a la forma triangular, mide 42 cm de alto y 17 cm de ancho y la superficie es lisa.

Como hemos dicho el conjunto lo forma un único estelar que nos ha llegado completo, su trazo es ligeramente más fino.

La figura se consiguió con un ángulo próximo al recto de abertura hacia los lados derecho e inferior; sus extremos se unieron con una línea cóncava poligonal.

En el contorno de ese arco central se realizaron veintitrés trazos radiales de distintas dimensiones aunque proporcionales a la superficie central

CONJUNTO B-10.  La última línea ofrece un primer conjunto en una superficie de límites poco precisos excepto a izquierda y derecha. El conjunto está situada en la parte baja, cerca del límite del ortostato por el lado izquierdo (Fig 13).

La figura tiene el trazo impulsivo, rotundo y sin titubeos. Consta de cinco líneas de tendencia vertical; dos en el lado izquierdo de  8 cm y 11,6 cm,  la separación media entre ellas es cercana al centímetro y tienden a converger en la parte superior. Otras tres en tamaño y disposición semejante ocupan el lado derecho.

La figura se completa por trazos horizontales ligeramente cóncavos  hacia la parte superior; se distribuyeron cortando ocho a la primera por la izquierda y otras ocho lo hacen por el lado derecho prolongándose hasta cortar con menor amplitud a las tres verticales de este lado.

CONJUNTO B-11. Este nuevo conjunto se situó en la parte central algo alineado horizontalmente con el anterior. El soporte tiene forma triangular de  17 cm de largo y 37 cm de alto; presenta la superficie con diversos saltados (Fig 14).

Consta de un estelar. La corona que mostraba era de tendencia poligonal -hoy ha desaparecido-, de ella se desprenden nueve trazos radiales.

CONJUNTO B-12. Finaliza la serie de conjuntos en este ortostato una forma aparente estelar realizada en una superficie lisa, de límites poco precisos, situada a la derecha en la parte inferior (Fig 15).

Es menos visible que las formas anteriores por estar grabada con menor intensidad.

La forma muy poco visible, de corona lograda a base de trazos rectos y circulares parece tener una pequeña prolongación en la parte superior derecha, de ella salen, muy próximos, dos apretados trazos radiales. En torno al resto del arco central se trazaron   otros trece,   alguno de ellos visiblemente articulado como patas de insecto.

Comentario general a los grabados.

Para realizar los grabados de la serie B se eligió como soporte la superficie del ortostato número once que señala el norte geográfico.

En los seis primeros conjuntos de la serie B se repiten por lo general, los motivos lineales aislados y, a veces su disposición reticular; existe cierta similitud con los realizados en la serie A. El resto de los conjuntos ofrecen formas individuales de estelares y zoomorfos.

En esta nueva serie el estilo del trazado de las formas estelares es mucho más cuidado y pormenorizado; parece indicar que fueron realizados con anterioridad al resto de trazos. Por el contrario en el conjunto A-2 los estelares están más descuidados y formalmente diferentes ello nos lleva a suponer su trazado al mismo tiempo que el resto de las formas que los acompañan.

Por lo general, los estelares del Conj B, repito, se realizaron primeramente, de manera individual y en una superficie determinada, bien limitada.

Las estructuras presentes en el Conj A-2 aquí están presentes en los Conj B-2 y B-3. Si comparamos su disposición en los conjuntos B-1, B-2 y B-3 podemos afirmar que narran una evolución desde el caos lineal del B-1, al perfecto orden del B-3 pasando por un estado intermedio en el conjunto B-2, equiparable al ya comentado conjunto A-2.

El hecho de que la razón se haya impuesto en el trazado de las formas en la estructura del B-3, no quiere decir que sus contenidos sean racionales; posiblemente sean la expresión de una narración inventada “literaria” a la que se recurrió para explicar algún fenómeno físico relativo a la presencia de las armas, especialmente de bronce. De estas cuestiones se deduce que su representación aislada en determinados conjuntos debe ser simbólica e indicar contenidos en el sentido indicado.

7. RELACIONES

Los estelares más parecidos a los representados en la serie B son los motivos simbólicos utilizados en la decoración de recipientes cerámicos de época neolítica, la facilidad del trazado sobre la arcilla blanda facilitaba la realización del disco central. La descomposición del arco central – curvo- en pequeños segmentos rectos es un recurso que se utiliza aún hoy en el dibujo con ordenador. Hecha esta aclaración podemos relacionar estas formas estelares con los realizados en recipientes hallados en la cueva de la Murcielaguina (Gavilán 1991) y acompañado de una estructura en un fragmento hallado en la granadina sima del Conejo, Alhama, Granada (Carrasco 1982).

Las estructuras reticulares están presentes desde el Paleolítico; la más cercana la menciona Hipólito Collado en la cueva de la Mina en Castañar de Ibor, Cáceres (Ripoll y Collado 1996); posterior es la del Puerto del Gamo, Casar de Palomero, Cáceres (Sevillano  1991) representada como armazón fundamental de todo el conjunto. De forma independiente conjuntada con otras formas, ya con presencia de representación de armas de bronce están presentes en numerosos grabados entre los que mencionamos los de Tejadilla V-I y XII, Madroñera y Garciaz, Cáceres (Rubio 2001 b).

Sobre los trazos lineales aparentemente sin estructurar tenemos representaciones en numerosos grabados sirvan como ejemplo cercano los mencionados en el río Tejadilla o los de Santo Cebolloso en la cercana Siberia extremeña (Domínguez y Aldecoa 2007).

8. CRONOLOGÍA

Las series de cazoletas debieron ser los motivos primeramente realizados en época imprecisa del Neolítico.

Independientemente de que algunos trazos de los reseñados fueran trazados de forma esporádica, en tiempo impreciso, la mayoría parece indicarnos que se realizaron esencialmente en dos momentos  diferentes: en uno los estelares individuales y zoomorfos de la serie B; en otro las series A y B incluidas las estructuras, las representaciones de armas -sobre todo las alabardas reforzadas-.

Los estelares y zoomorfos por su semejanza con algunas decoraciones simbólicas de recipientes cerámicos las situamos en un Neolítico tardío o Calcolítico temprano; en momento posterior, en el Bronce Medio, el resto de trazos por las formas de armas representadas.  El momento final de nuestro monumento lo marca claramente la inscripción aparentemente no funeraria; debe añadirse al rico Orientalizante extremeño que tiene en la zona de Medellín; Cancho Roano, Zalamea de la Serena y La Mata en Campanario etc, sus mejores testimonios. Todos ellos superaron la segunda mitad del primer milenio a. de C.; nuestra inscripción puede ser incluso algo posterior si se tiene en cuenta que la raíz ikalen- es propia de algunos denarios.

  NOTAS (1) El descubrimiento de este monumento se debió a D. Julián Hontanilla Cendrero –La dehesa de los Guadalupes. Historia de un espacio socio-económico extremeño. Editora Regional de Extremadura. Colección Estudio 16. Mérida 2000. La noticia de su existencia nos la comunicó D. Pedro Diosdado de Cañamero, Cáceres, a quienes agradecemos su colaboración. (2) El descubrimiento de la inscripción se debió a Dª Elvira Novella del Río habitual acompañante de nuestro grupo. (3) Provisionalmente no se ofrecen varias láminas de los grabados por razones técnicas.

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APÉNDICE GRÁFICO

 

Lámina I

 Lámina I.- Inscripción del dolmen de la Barca, Valdecaballeros (Badajoz)

LáminaII-a

Lámina IIa.- Detalle de la inscripción

LáminaII-b

Lámina IIb.- Detalle de la inscripción

LáminaII-c

Lámina IIc.- Detalle de la inscripción

Ab La Barca Serie B Conj B-3bis, 4, 5, 6 Fig 6,7,8,9 

Ab La Barca Serie B Conj B-7, 8, 9, 10, 11 y 12 

 La Barca Fig 16

 LáminaIX

Conjunto B-II

LáminaX

Conjunto B-III


Oct 012001
 

Manuel Rubio Andrada y Vicente Pastor González.

RESUMEN: Este monumento nos muestra una parte racional formada por el trazado d las coordenadas geográficas N-S y E-W junto a otra literaria en la que se insinúan diversos relatos en relación con el origen de las armas metálicas. Los cambios del planeta Venus parecen estar presentes en ellos.

A. LOCALIZACIÓN Y GENERALIDADES

El grabado es conocido en la cercana población de Sta. Marta con el topónimo del Águila por creerse representado en él este rapaz; la denominación tiene escaso fundamento y se aclara simplemente viendo el monumento. Con el nombre erróneo de Valdehondas aparece en una escueta relación de grabados hecha pública en 1991, cuestión que se rectifica en otra de similares características publicada en el año 2000[1].

Este monumento se localiza en el mapa 1/50000, hoja 679 denominada Aldea de Trujillo, edición de 1963 del Instituto Geográfico y Catastral; pertenece al término municipal de Santa Marta de Magasca y tiene de latitud 39º 30´ 20´´ siendo su longitud 2º 24´15´´ del meridiano de Madrid.

Para visitarle hemos de pedir autorización a los propietarios de la citada finca. Inmediatamente al entrar en ella parte un camino a la derecha, transcurramos por él 1,5 km hasta llegar al último poste de conducción eléctrica situado en dicha propiedad. Dejado allí el vehículo marchemos 200 metros hacia el N y encontraremos el monumento entre unas peñas nada singulares.

El paisaje que le rodea está formado por unas lomas suaves, cubiertas de cuidado encinar acompañado de la flora que le caracteriza y que es propia de la dehesa extremeña en esta parte de la penillanura trujillana. La tierra tiene escasa profundidad y está salpicada de pequeñas y abundantes crestas de pizarra generalmente romas aunque a veces se conservan notablemente afiladas y orientadas con un ángulo próximo al meridiano N-S. Hacia el N el paisaje poco a poco se vuelve más abrupto; la inclinación de los cerros se acentúa cada vez más hasta formar pequeños valles cada vez más encajados. Un par de km en esa dirección corre el río Magasca en sentido E-W formando un escarpado ribero conmarcadas pendientes tanto en solanas como en umbrías; en él, entre el encinar, es fácil tropezar con notables acebuches totalmente asilvestrados; la orilla del río se encuentra salpicada por numerosos fresnos.

Así pues, este terreno no es muy apto para la agricultura debido a la escasa profundidad que en general ofrece, esta cuestión se acentúa en las cercanías del río que discurre como ya se ha mencionado, intensamente encajado. La ganadería en cambio ofrece mejores perspectivas sobre todo en forma de pastoreo. La fauna menor es muy abundante presentando ecosistemas muy completos debido en general a una buena gestión cinegética si bien en explotaciones cercanas los depredadores son perseguidos sin piedad.

La roca que sirve de soporte a este monumento es una pizarra no muy dura, de color gris; aunque no es la única que presenta una superficie bastante plana y horizontal, si destaca de las demás de su entorno por presentar un mayor truncamiento cerca de su base y por estar especialmente alisado. Su forma tiende a ser un triángulo aunque de lados muy irregulares; mide de eje N –S 1,40 cm y de E – W 1,30 cm. Muestra la superficie elevada del suelo unos 5 cm; hacia el N presenta un espacio rebajado escasamente un centímetro que hemos señalado en el dibujo con una línea de puntos. Numerosos líquenes de varias tonalidades, sobre todo grises, cubren la mayor parte su extensión (Fig. 1).

Fig 1

Figura 1.- Grabado de Valdehonduras (completo). Sta Marta de Magasca (Cáceres)

En una superficie contigua hacia el W y 7,5 cm más baja, hay grabados un escaso número de trazos. Entre estos destaca el perfil de un podomorfo inciso por abrasión y cortado a la altura del nacimiento de los dedos por un trazo igualmente realizado de 17 cm; la longitud mayor de la figura es de 15 cm y 8,5 cm es su ancho; está situado a 8,5 cm al W del extremo izquierdo de una forma de hacha.

Unos 40 cm hacia el S hay alisado otro espacio menor en una pizarra cercana, algo más elevado, 17 cm, que no presenta dibujo alguno, este espacio tiende a ser rectangular y mide 110 cm de ancho en sentido E-W y 54 cm de profundidad; es un lugar idóneo, por su comodidad, para una paciente observación del monumento dando la frente al N. El espacio es demasiado amplio para una persona, da la impresión que pudo estar concebido para dos individuos lo que puede llevarnos a atribuirle una segunda finalidad didáctica. Suponemos que posicionados en este lugar observarían e iniciarían en los contenidos simbólicos del monumento siendo éste el lugar más natural para acometer su estudio.

Los 159 trazos han sido realizados por incisión frotando la roca con alguna herramienta dura y cortante en continuos movimientos de vaivén, su profundidad oscila desde varios centímetros los más profundos hasta el milímetro los superficiales. Las cazoletas, en número de 40, presentan superficies bastante bien pulidas menos la situada más al N que se realizó muy superficialmente por piqueteado; por lo general tienen forma de casquete esférico excepto la mayor que es elíptica; la mayoría son de diferentes dimensiones tanto en diámetros como en profundidades (Lám 1).

VALDEHONDURAS Lám I

Lámina I.- Grabado de Valdehonduras (completo). Sta Marta de Magasca (Cáceres)

Todas las formas, excepto el mencionado podomorfo y los trazos esparcidos en esas superficies, las consideramos intencionalmente distribuidas en un mismo conjunto; éste se organizó al menos en tres claros subconjuntos. El subconjunto A es el situado al W y limitado del resto por una profunda línea incisa. Es fácil observar en la parte N un espacio rebajado en 1 cm; las figuras que posee tienen independencia del resto de las formas y lo denominamos subconjunto B; todavía en este se aprecia un bajo relieve en el mismo sentido ocupado por la única cazoleta realizada mediante piqueteado. Los demás signos constituyen el C; las figuras de este último, dado su abigarramiento, y por facilitar el orden en la exposición le añadimosuna letra minúscula según el cuadrante que ocupan.

Al describir los trazos damos su situación, medida, y ángulo superior aproximado con respecto al eje N-S geográfico, cuestión que no volveremos a mencionar a lo largo del trabajo.

B. CATÁLOGO

SUBCONJUNTO A

Este subconjunto se situó en la parte superior izquierda del soporte y se encuentra acotado en el N, S y W por los límites naturales de la roca y en el E por un gran trazo ligeramente curvo (Fig. 2).

FIGURA 1.- Corresponde a la línea mencionada que sirve de límite por el E con el subconjunto B; mide 97 cm y está formado por dos segmentos concatenados y ligeramente cóncavos hacia la izquierda; en general tiene una inclinación derecha de unos 35º.

FIGURA 2.- Es un trazo de 11 cm situado en la parte media superior de este espacio; se dispuso inclinado hacia la derecha en un ángulo próximo a los 45º.

FIGURA 3.- Corresponde a un trazo de 4,5 cm, situado unos 3 cm bajo el anterior y realizado en una disposición parecida aunque muy inclinado hacia la derecha.

FIGURA 4.- Es un ángulo formado por lados de 5 cm, está situado 2 cm bajo la línea anterior de la que su lado superior es paralelo; tiene una abertura aproximada de 25º – 30º. El vértice situado en la parte derecha se remató con una cazoleta muy superficial.

FIGURA 5.- Este trazo tiene 12 cm y está situado 6,5 cm a la derecha de los anteriores; se realizó formando un ángulo por la derecha muy próximo a la vertical.

FIGURA 6.- Es un trazo de 4 cm, situado 1,5 cm a la derecha de la figura anterior; se dispuso inclinado unos 40º hacia ese mismo lado.

FIGURA 7.- Mide este trazo 25 cm y se situó próximo por la derecha de los anteriores, comenzando superiormente al mismo nivel; su ángulo hacia ese mismo lado está próximo a los 35º.

Fig 2

Figura 2.- Grabado de Valdehonduras. Los conjuntos

FIGURA 8.- Esta línea mide 6,5 cm y fue realizada con un ángulo de 45º a la derecha de la parte inferior del trazo mencionado.

FIGURA 9.- Corresponde a una cazoleta pulida de 2,5 cm de diámetro y menos de 1 cm de profundidad; está situada a poco más de 1 cm de la prolongación superior de la línea 8.

FIGURA 10.- Es un trazo de 10 cm inclinado hacia la derecha con un ángulo de 60º; fue realizado a la derecha y bajo la línea 8.

FIGURAS 11 y 12.- Continuando a la derecha por la parte superior, a poca distancia de la cazoleta número 9, hay trazadas dos líneas de 3,5 cm y 4,8 cm; ambas están separadas 2 cm siendo paralelas.

FIGURA 13.- Hacia el centro de este espacio y algo más separada del resto de las formas, hay grabada una cazoleta de 8,5 cm de diámetro y 2,5 cm de profundidad, es la segunda en tamaño de todo el conjunto.

FIGURAS 14 Y 15.- Unos 3 cm bajo la cazoleta anterior se realizaron dos ángulos adyacentes; el lado común mide 3 cm y forma inferiormente a la izquierda, un ángulo unos 135º y superior de 45º; el otro lado mide 8,2 cm y es paralelo a la línea de división de este subconjunto.

FIGURA 16.- Separada unos 10 cm de estas formas centrales, hacia la parte inferior izquierda, hay grabad un cuadrilátero cuya base inferior mide 4,5 cm y 3,5 cm la superior, las líneas laterales tienen 8,5 cm. La base superior se prolongó 21 cm a la derecha y se remató en pequeña cazoleta., Para obtener la inferior se utilizó un lado de otra forma de trapecio a la que se muestra concatenada.

FIGURA 17.- Esta situada a la izquierda de este espacio y bajo la forma anterior a la que, como hemos mencionado, permanece unida. Es un trapecio cuya base inferior mide 2,3 cm y la superior tiene 7,7 cm; su altura es de 15,7 cm, está bien marcada aunque no se realizaron unos mm en los extremos; tiene esta línea una inclinación derecha de 45º que define la disposición de toda la figura; la base más pequeña, situada en la parte superior derecha, presenta forma redondeada y se prolongó inferiormente 17,5 cm. La figura nos muestra la forma de un hacha con acanaladura central o bien con nervio central de refuerzo como las alabardas propias del Bronce I, ofreciendo además un corto enmangue.

FIGURAS 18, 19, 20 Y 21.- Los tres primeros trazos miden 3 – 5,5 y 5,2 cm; se dispusieron uno bajo otro a 2 y 2,7 cm; los dos primeros tienen tendencia horizontal y el tercero no sobrepasa los 45º por la derecha. El número 21 es otro de 5,5 cm realizado a la derecha de los anteriores y unido al extremo de esta misma parte del más central con el que forma un ángulo de 90º. Los cuatro ocupan el ángulo inferior formado por el hacha y su enmangue.

FIGURA 22.- Corresponde a una forma de cazoleta de 3,5 cm y escasa profundidad situada 6 cm bajo el extremo inferior de la empuñadura del hacha.

FIGURA 23.- Este trazo mide 5 cm y se inclinó unos 60º a la izquierda; su extremo inferior parte de la zona superior de la cazoleta anterior.

FIGURA 24.- Es un trazo de 6,3 cm cuyo extremo inferior acaba en el W de la cazoleta número 22; tiene un ángulo de inclinación izquierda próximo a los 45º.

FIGURA 25, 26 Y 27.- El número 25 es un trazo de 8 cm, algo menos inclinado hacia la izquierda que los anteriores y se situó 4 cm al W de la cazoleta. De su parte media por la derecha parte en sentido superior otro, el número 26, que tiene 5,3 cm de longitud y posee una inclinación al lado contrario con ángulo de unos 45º. Ambos forman un ángulo adyacente de parecida angulación que los números 14 y 15 aunque en distinta disposición. En el extremo superior del número 25 comienza otro de 9,2 cm, el número 27, que llega hasta el extremo inferior del mango del hacha. Con el trazo 25 forma un ángulo recto de abertura inferior derecha y con el mango del hacha un adyacente semejante al descrito en primer lugarpero con la abertura de 45º en la parte inferior.

FIGURA 28.- Es un trazo de 7,6 cm, muy inclinado a la derecha y situado entre la parte inferior del filo del hacha y el vértice del ángulo recto.

FIGURA 29.- Es una línea de 6,3 cm situada unos 7 cm de la parte inferior derecha de la cazoleta número 22; su inclinación izquierda es de 60º.

FIGURAS 30, 31 Y 32.- Son tres líneas paralelas y equidistantes de 8,6 cm, situadas 2,5 cm a la derecha de esta cazoleta siendo algo menor su distancia al mango del hacha. Fueron colocadas una bajo la otra, distantes 1,5 cm e inclinadas a la derecha con un ángulo en torno a los 40º.

FIGURA 33.- Corresponde a un trazo de 6 cm situado en el extremo derecho de los anteriores y tiene una inclinación superior izquierda en ángulo próximo a 45º.

FIGURA 34.- Es un nuevo ángulo adyacente formado por un trazo de 6,3 cm que tiende a la verticalidad y otro de 12,2 cm, paralelo a la línea de separación del subconjunto siendo semejantes a los anteriores las aberturas angulares y parecida su disposición al formado por los trazos 14 y 15.

FIGURA 35.- Superiormente a 2 cm de todos estos trazos y casi perdida, hay una forma de flecha en sentido izquierdo; sus alerones miden 7,8 cm y su abertura total es de 45º; el lado inferior tiende a ocupar la posición horizontal y su vértice está próximo al mango del hacha.

SUBCONJUNTO B

Este subconjunto se situó a la derecha del gran trazo que corta el soporte en su tercio izquierdo superior. Hacia el N la superficie presenta un rebaje de 1 cm en su altura, la cuestión no pasó desapercibida para el autor que distribuyó las formas sin traspasar el límite que marca la pequeña diferencia de relieve (Fig. 2).

FIGURA 1.- Corresponde a una cazoleta de 2,5 cm de diámetro realizada muy superficialmente mediante piqueteado; se situó en la parte superior, algo alejada del resto de las formas y ocupa otro ligero bajo relieve que allí tiene el soporte.

FIGURA 2.- Esta figura está formada por dos líneas de 12 cm y 14,5 cm dispuestas en forma de cruz aspada con ángulo superior e inferior de 120º; se situó bajo la cazoleta piqueteada de la parte superior y algo a la izquierda.

FIGURA 3.- Es un trazo de 16,5 cm inclinado hacia la derecha con un ángulo superior de unos 35º; es paralelo a la parte superior de la línea de separación de los dos subconjuntos de la que está a 3 cm.

FIGURA 4.- Corresponde a una cazoleta mal conservada pero de apariencia pulida de 3 cm de diámetro y unos mm de profundidad; se situó unos 6 cm bajo la cruz anteriormente enumerada y a su izquierda.

FIGURA 5 y 6.- El primer trazo mide 29,3 cm y parte inferiormente de la cazoleta número 4 siendo paralelo al número 3 y está situado 2,5 cm a su derecha.. En su extremo inferior se inserta el número 6 que mide 10,5 cm y forma un ángulo superior de unos 15º constituyendo una forma de arpón.

FIGURAS 7 Y 8.- Son dos trazos de 8 y 4 cm formando un cerrado ángulo agudo con abertura superior derecha de 25º y situado a 3 cm de la parte derecha inferior arponada.

FIGURA 9, 10 Y 11.-La figura 9 es un largo trazo de 29 cm que comienza también en la parte central e inferior de la cazoleta 4; forma un ángulo inferior con el trazo 5 de unos 25º. El número 10 mide 7 cm que se une al anterior a 5,8 cm del extremo inferior por la parte derecha; se dispuso formando con él un ángulo de 45º. La figura 11 es una cazoleta pulida de 2 cm de diámetro y escasa profundidad situada en el extremo inferior del trazo número 9.

FIGURA 12.- Es un largo trazo de 33 cm que parte inferiormente por la derecha de la cazoleta número 4, forma un ángulo inferior con el número 9 de unos 25º. En realidad divide este espacio en dos partes.

FIGURA 13.- Es un trazo horizontal de 16,5 cm situado bajo el ángulo que forman los trazos 5 y 9 a cuya parte inferior corta a unos cm de su extremo.

FIGURA 14 Corresponde a una cazoleta de 3,5 cm de diámetro y escasos mm de profundidad; está situada a 3 cm de la parte superior derecha de la figura 12.

FIGURA 15.- Es otra pequeña cazoleta de 1,5 cm de diámetro y escasos mm de profundidad, se situó 1,5 cm por la parte central derecha del trazo número 12.

FIGURA 16.- Inferiormente, muy próximo por su derecha, hay un trazo de 6,7 cm de tendencia horizontal.

FIGURAS 17 Y 18.- Son dos trazos paralelos de 6,7 cm, situados uno bajo el otro a 2,5 cm se colocaron a 1,5 cm del extremo derecho de la figura anterior; su inclinación izquierda está próxima a los 75º.

FIGURAS 19 Y 20.- Estos dos trazos, también paralelos, se iniciaron 3 cm bajo la parte central del número 16; miden 10 y 17,2 cm y su inclinación superior es semejante a la de los anteriores siendo paralelo a los mismos.

FIGURA 21.- Este trazo mide 9 cm y se situó unos 5 cm bajo la parte central del número 20; su disposición se acerca bastante a la horizontal.

FIGURA 22.- En la parte inferior derecha de este grupo de figuras se realizaron varios ángulos en disposición adyacente; el lado superior se inclinó unos 20º a la izquierda y mide 26 cm; tiene en su parte derecha una línea de unos 14 cm que se dobló en su parte inferior hasta insertarse en el trazo mencionado. Continúa hacia abajo el primer trazo descrito torciendo ligeramente a derecha y formando el lado inferior de un ángulo; se curva suavemente en su extremo hacia la izquierda; mide 9 cm. Partiendo del vértice hacia la izquierda hay tres ángulos: el inferior formado por el lado descrito y un trazo de 8 cm, tiene unos 45º; el ángulo medio es de unos 60º y se forma con otro trazo de 11 cm; éste últimoforma con el primero un ángulo de 90º en la parte superior derecha.

SUBCONJUNTO C

Es el más extenso y ocupa la parte central del conjunto. Su límite por la parte superior es el mencionado cambio de plano del soporte; por la parte derecha e inferior los límites naturales de la roca y por la izquierda el gran trazo separador del subconjunto A. La superficie es pues de la misma naturaleza y bastante horizontal aunque no totalmente plana igual que las ya reseñada e idéntico su estado de conservación. El espacio puede considerarse dividido en cuadrantes por dos rectas profundamente grabadas que no llegan a ser perpendiculares. Esos cuadrantes los denominamos a-b-c-d y nos ayudarán a distribuir en varias zonas los numerosos trazos que guardan.

SUBCONJUNTO C-a

Se situó en la parte superior izquierda de este espacio que en la parte central continúa sin limitación (Fig. 2).

FIGURA 1, 2 Y 3.- Estas tres líneas miden 19 – 24 y 28,5 cm; tienen tendencia paralela y están inclinadas con una angulación superior hacia la derecha de unos 45º. Se situaron una al lado de otra, cerca del trazo que sirve de límite por la izquierda de este grupo. Hay que destacar el grosor y profundidad de la línea número 3.

FIGURA 4.- Esta figura corresponde a un tracito de 3 cm que tiene la línea número 2 en su parte media izquierda. Inclinado, semeja un alerón de arpón.

FIGURA 5.- Es otro semejante situado a la izquierda de la figura 3; aunque de mayor tamaño -6 cm- e inclinación, no llega a insertarse.

FIGURA 6.- Es un pequeño ángulo agudo de unos 25º, cuyos lados miden 3,2 cm y con abertura superior derecha; se situó a 2,5 cm de la línea de separación con el subconjunto A e inmediatamente bajo las formas anteriores.

FIGURA 7.- Corresponde a un trazo de 9 cm con inclinación izquierda de 45º; se situó en la parte superior izquierda del meridiano central N-S y a 2,5 cm de su extremo superior.

FIGURA 8.- En un espacio lineal algo inferior, hacia la parte central de esta zona, observamos una nueva cazoleta de 2,7 cm de diámetro.

FIGURA 9.- Inmediatamente a la derecha de la figura anterior hay un trazo de 7,5 cm inclinado hacia la derecha con un ángulo de 45º.

FIGURAS 10, 11, 12 Y 13.- Continuando un centímetro hacia la derecha, en la misma alineación, se observan cuatro trazos de tendencia paralela al eje central vertical estando separados uno de otro 2,7 cm; sus medidas son 11 – 13,5 – 15 y 24 cm; el último traspasa el paralelo central justo en su extremo derecho y continúa por debajo de esta zona donde es cortado por dos segmentos de 2,7 cm, paralelos y de tendencia horizontal. Su parte superior corta al segmento número 7.

FIGURA 14.- Es un trazo muy inclinado hacia la izquierda, casi de tendencia horizontal que mide 7,5 cm se situó cortando los trazos anteriores en su parte media.

FIGURA 15.- Corresponde a una cazoleta de 1,8 cm de diámetro situada a la izquierda y en la parte baja de esta zona.

FIGURAS 16.- Es un trazo de 18 cm grabado con mucha intensidad, se situó en la parte baja central de esta zona, su inclinación es hacia la izquierda y cercana a la horizontal. En la zona media de su parte superior izquierda, se realizó un pequeño alerón de 2,8 cm inclinado a la derecha 45º.

En la parte superior izquierda de la figura anterior se puede apreciar un corto número de trazos, por estar muy desvaídos preferimos no enumerarlos.

FIGURA 17.- Este trazo es horizontal, mide 25,5 cm y se realizó con una profundidad todavía mayor, bajo todas las formas anteriores; corresponde a un paralelo muy próximo al equinoccial que indica E –W.

SUBCONJUNTO C-b

Se encuentra situado bajo el cuadrante anterior; hemos preferido no seguir la metodología lineal y dar ahora su enumeración por existir numerosos enlaces entre los dos cuadrantes situados a la derecha del eje vertical, por esta cuestión pensamos que es mejor describir esas zonas una a continuación de otra. La relación interior de las formas que lo componen determinan una catalogación que, en determinados momentos, se aleja igualmente del orden descriptivo habitual ello es debido a la conjunción de formas que parece existir y podría referir cuestiones algo independientes (Fig. 2).

FIGURA 1.- Corresponde a una cazoleta de 4 cm de diámetro y escasa profundidad, fue situada en la parte central superior de este espacio.

FIGURA 2.- Es un tracito de 5,2 cm situado 2 cm a la derecha de la cazoleta anterior; se realizó con un ángulo superior derecho de 40º.

FIGURA 3.- Es otra cazoleta de 3,5 cm de diámetro y profundidad semejante a la número 1, fue realizada 2,3 cm a su derecha y algo más baja. De su parte inferior se desprende un trazo de 4,8 cm formando con la vertical un ángulo en la parte superior derecha de unos 40º.

FIGURA 4.- Corresponde a un trazo de 15 cm, inclinado hacia la derecha con ángulo de 45º; su zona central está realizada 1,5 cm bajo la cazoleta anterior.

FIGURA 5.- Esta figura está formada por dos ángulos adyacentes, el lado mayor mide 14,8 cm y el menor 5 cm; fueron realizados con un ángulo superior izquierdo de 45º e inferior de 135º hacia el mismo lado. Se situó 3 cm bajo la parte media inferior de la forma anterior y su extremo superior corta al trazo siguiente.

FIGURA 6.- Esta numeración corresponde a un nuevo trazo de 26 cm situado a la derecha de este espacio y con una inclinación izquierda de unos 20º.

FIGURA 7.- Es un tracito de 3,8 cm situado perpendicular a la línea anterior; la corta a 12 cm de su extremo superior.

FIGURA 8.- Es un trazo de 10,5 cm cuyos dos últimos centímetros cortan perpendicularmente a la línea número 6; está situado 4 cm bajo la figura anterior y su extremo derecho queda en el borde de la cazoleta oval.

FIGURA 9.- Corresponde a otro trazo de 5,5 cm dispuesto como el anterior y 4 cm bajo él.

FIGURA 10.- Siguiendo la línea número 6, se limitó su extremo inferior con la parte central de un trazo horizontal de 4 cm.

FIGURA 11.- Volviendo a la parte superior, a la izquierda, encontramos esta línea de 19 cm trazada con profundidad; su angulación es de 45º hacia la izquierda.

FIGURA 12.- Bajo ella, a 2 cm, hay otra paralela de 16 cm.

FIGURA 13.- Inferiormente, por la parte derecha de los trazos anteriores, hay otro más, de 13,2 cm realizado con mayor intensidad y profundidad; su inclinación izquierda es de 70º.

FIGURA 14.- El extremo superior de la forma anterior corta por la zona media de otro trazo de 14,5 cm, cuya inclinación izquierda es de 45º. Forman ángulos adyacentes.

FIGURAS 15 Y 16.- La primera de ellas mide 4,2 y 6 cm la segunda, son paralelas y verticales; su separación es de 2 cm y están situadas desde 2 cm del extremo inferior de la línea 13 en la que se insertan sus extremos superiores.

FIGURA 17.- Es una cazoleta de 2 cm de diámetro y escasa profundidad situada a 1,5 cm de la parte inferior derecha del trazo anterior.

FIGURA 18.- Es otra cazoleta de 2,7 cm de diámetro situada 1,3 cm a la izquierda de la zona media del segmento 14.

FIGURA 19.- Corresponde a dos trazos de 7 cm que forman ángulos adyacentes semejantes a los ya descritos. Como casi siempre el ángulo menor mide 45º y presenta su abertura hacia la parte superior izquierda. Están situados en la parte inferior izquierda de este cuadrante.

FIGURA 20.- Es una cazoleta de 3,8 cm de diámetro y profundidad semejante; se situó a 3 cm de la figura 19, en su parte inferior derecha.

FIGURAS 21, 22 y 23.- Son tres trazos verticales y paralelos de 8,4 – 6,2 y 6 cm; el primero por la izquierda fue realizado 4 cm a la derecha de la anterior cazoleta y la distancia entre ellos es de 1 cm.

FIGURA 24, 25 Y 26.- Estos tres segmentos fueron grabados a la derecha de los anteriores y miden 8,3 – 7,4 y 9,3 cm, El primero y el último son paralelos presentando una inclinación de unos 50º a la izquierda; el central se inclinó algo más hacia el mismo lado; su separación media es de 2,5 cm y sus extremos izquierdos se insertan en la parte media superior derecha del número 23.

FIGURA 27.- Este trazo mide 4,2 cm y su extremo derecho está a 1,5 cm del extremo del mismo lado de la línea anterior; su disposición está próxima a la horizontal.

FIGURA 28.- Corresponde a una cazoleta de 3,8 cm de diámetro y unos mm de profundidad; está situada 3,5 cm a la derecha de los trazos anteriores.

FIGURA 29.- Está formada por ángulos adyacentes cuyos lados miden 3 y 7 cm; el extremo inferior del lado pequeño corta al mayor en su parte central determinando ángulos de 45º hacia la izquierda. Los extremos superiores de estos trazos están limitados por las cazoletas números 28 y 30.

FIGURA 30.- Es una forma de pequeña cazoleta que parece solamente insinuada en el extremo superior del trazo pequeño de la figura anterior.

FIGURA 31.- Es un trazo de 5,3 cm realizado con inclinación derecha de 45º y situado en la zona media inferior del espacio de este subconjunto.

FIGURA 32.- Corresponde a un largo trazo horizontal de 23 cm situado hacia la derecha de la parte más baja de todo este subconjunto.

FIGURA 33.- Es un tracito de 2 cm realizado en la zona media inferior de la parte derecha del segmento anterior; su inclinación izquierda es de solo unos 15º.

SUBCONJUNTO C-c

Los signos que ocupan la parte derecha de este subconjunto no presentan la acusada independencia que ocurre con los enumerados anteriormente; frecuentemente se articulan e incluso invaden el espacio de otro cuadrante manteniendo curiosas intersecciones. El que ahora estudiamos ocupa el cuadrante superior derecho determinado por el meridiano y el paralelo centrales (Fig. 2).

FIGURAS 1, 2 Y 3.- Son tres trazos de 12,5 – 19,5 y 12,5 cm, sus comienzos se situaron superiormente a la izquierda, muy cerca de la línea de cambio de relieve y el espacio que ocupan proviene sin limitación desde la parte superior izquierda. Los tres son paralelos y presentan una angulación derecha próxima a los 45º, su separación interior es de 1,5 cm. El central aparenta doblar su extremo inferior hacia la cazoleta que corona el meridiano central y la parte superior parece prolongarse con uno de los lados de los adyacentes situados en el extremo derecho inferior del subconjunto B a cuyo vértice parece dirigirse; ambas cuestiones se presentan algo difusas.

FIGURA 4.- Es un ángulo agudo de abertura derecha y próximo a los 45º; su lado superior mide 14 cm y 26,5 cm el inferior que se posicionó más bajo que la horizontal y corta varios segmentos hacia la derecha.

FIGURA 5.- El ángulo anterior tiene marcada parcialmente la bisectriz con un segmento de 7,5 cm que comienza por la izquierda a 4 cm del vértice.

FIGURA 6.- En el extremo derecho del segmento anterior se realizó una pequeña cazoleta de 1,8 cm de diámetro y escasos mm de profundidad.

FIGURA 7.- En la parte superior derecha, muy cerca del límite superior, se realizó un ángulo agudo de escasa abertura hacia la parte inferior izquierda –unos 20º-; sus lados miden 7,5 cm el superior y 8 cm el inferior.

FIGURA 8.- Esta numeración pertenece a una cazoleta de 3,5 cm de diámetro y unos mm de profundidad; se situó 6 cm a la derecha de la parte superior del meridiano central.

FIGURA 9.- Corresponde a un trazo de 31 cm que comienza en la parte inferior derecha de la cazoleta anterior; se realizó con una abertura hacia el lado izquierdo, algo menor de 45º. Corta a varios trazos situados tanto en este cuadrante como en el inferior del mismo lado.

FIGURA 10.- Esta figura corresponde a un trazo de 6,5 cm, inclinado unos 45º a la derecha; su extremo inferior se situó a 6 cm de la parte superior del mismo lado de la figura anterior. Puede considerarse continuación del trazo 18.

FIGURA 11.- Es una pequeña cazoleta de 1,5 cm de diámetro y en torno al cm de profundidad. Se situó a 2,5 cm de la parte inferior derecha del trazo anterior.

FIGURA 12.- Pasado un trazo que se vertebra centralmente en la parte superior del segmento horizontal, nos encontramos un ángulo agudo de pequeños lados, miden 3 y 2,5 cm, tiene una abertura cercana a los 45º y se orientó hacia la parte superior derecha; su lado inferior es horizontal.

FIGURA 13.- Pertenece a una cazoleta de 3 cm de diámetro y unos mm de profundidad; se situó 2,3 cm bajo la figura anterior y algo a su derecha.

FIGURA 14.- Volviendo a la parte izquierda, en una alineación inferior encontramos este trazo de 12,3 cm, de tendencia horizontal y situado a 1,5 cm del meridiano central, hacia el centro de su mitad derecha.

FIGURA 15.- Es una cazoleta de 3,8 cm de diámetro y cerca del centímetro de profundidad, se situó 2,7 cm a la derecha del centro del mencionado meridiano. Remata el extremo izquierdo del paralelo que sirve de límite inferior de esta zona del subconjunto.

FIGURA 16.- Corresponde a un trazo de 5,5 cm es paralelo al eje vertical central del que dista 3,8 cm. Su extremo inferior acaba en la cazoleta número 15 y el superior en el trazo 14.

FIGURA 17.- Es otro segmento de 6,8 cm cuya parte inferior está también insertada en la misma cazoleta aunque algo más a la derecha, termina inferiormente en el trazo número 14.

FIGURA 18.- Este trazo mide 9,4 cm y se insertó, como los anteriores, cerca de la parte media derecha de la cazoleta mencionada; es la continuación inferior del trazo número 10 aunque actualmente no permanecen unidos.

FIGURA 19.- Es un largo trazo de 39 cm; su extremo izquierdo comienza en la parte derecha de la cazoleta número 15 prolongándose hacia el E. Desde esta parte los primeros 23 cm se presentan horizontalmente y realizados con intensidad y anchura; a partir de esos cm la línea se quebró ligeramente hacia arriba 16 cm más. En él se articulan varios segmentos más tanto en el cuadrante que ahora estudiamos como en el inferior.

FIGURA 20.- En la parte media superior del trazo número 19 termina inferiormente otro de 17,5 cm en posición vertical.

FIGURA 21.- Es una cazoleta de 2,5 cm de diámetro y escasa profundidad realizada en el extremo superior del trazo número 20.

FIGURA 22.- En el centro del cuadrante superior derecho de la cazoleta número 21 comienza este trazo de 13,5 cm que se dirige hacia la derecha con un ángulo superior de unos 60º.

FIGURA 23.- En el extremo derecho del trazo anterior se realizó una cazoleta de 1,8 cm de diámetro.

FIGURA 24.- Bajo la unión del trazo 22 con la cazoleta número 23, comienza otro de 14 cm; se dirige hacia el SW y forma un ángulo agudo de muy escasa abertura con el número 22.

FIGURA 25.- Corresponde a un trazo de 11,5 cm que corta al ángulo descrito a 2 cm de la cazoleta número 23. Su terminación inferior está muy próxima a la cazoleta número 27. Forma un ángulo hacia la izquierda con la vertical cercano a los 40º.

FIGURAS 26 Y 27.- Son dos cazoletas; la primera está situada a unos mm del extremo inferior del trazo anterior y mide 3 cm de diámetro. Entre ella y la número 23 se sitúa la 27 que tiene solamente de diámetro 1,7 cm, ambas tienen de profundidad unos milímetros.

FIGURA 28.- Esta numeración corresponde a una cazoleta de 2 cm de diámetro situada a la derecha de la parte central del gran segmento número 19; en ella se articulan dos trazos, uno superior y otro inferior y se flexiona ligeramente hacia la parte superior el paralelo central número 19.

FIGURA 29.- Es un segmento de 22 cm, paralelo al eje vertical e inferiormente termina en la cazoleta número 28.

FIGURA 30.- Es otra cazoleta de 4 cm de diámetro y unos mm de profundidad que remata la línea 19 en su extremo derecho.

FIGURAS 31 Y 32.- Corresponden a dos segmentos que parten del cuadrante superior derecho de la cazoleta número 30; miden 14,3 cm el superior y 5,2 cm el inferior, ambos se representaron paralelos y con tendencia horizontal.

SUBCONJUNTO C-d

El cuadrante inferior derecho del subconjunto C es el que presenta mayor abigarramiento en su ordenación, en ocasiones las figuras parece que se doblaron por varias articulaciones en un intento de ocupar un espacio demasiado reducido para todos los contenidos que en el se dispusieron mediante los signos más simples (Fig. 2).

FIGURA 1.- Corresponde a un tracito de 4 cm situado muy próximo a la parte media del eje vertical y naturalmente a su derecha. Fue realizado con un ángulo algo mayor de 45º hacia el lado derecho.

FIGURA 2.- Unos 5 cm más abajo se encuentra una pequeña cazoleta de 2 cm de diámetro y escasa profundidad.

FIGURA 3.- Continuando unos 2,5 cm a la derecha encontramos un trazo de 13,5 cm que, aunque realizado con tendencia vertical, se muestra ligeramente inclinado hacia la derecha con un ángulo de 15º. Este trazo se inserta superiormente en la parte inferior del gran trazo horizontal, muy cerca del límite izquierdo; inferiormente concluye en otro horizontal que parece dividir todo este espacio inferior excepto unos centímetros por la derecha.

FIGURA 4.- Es una cazoleta de 2 cm de diámetro y escasa profundidad, situada a 2,5 cm de la parte superior derecha del trazo anterior y a 2,9 cm del gran trazo superior.

FIGURA 5.- Es un trazo de 8 cm, paralelo al número 3 y situado 5,5 cm a su derecha. Superior e inferiormente se encuentra concatenado a otros dos de tendencia horizontal, los números 6 y 7.

FIGURA 6.- Corresponde a un segmento horizontal de 20,5 cm. Su extremo izquierdo comienza en la parte inferior del reseñado anteriormente y por la derecha se une al número 8 de este mismo grupo.

FIGURA 7.- Es otro trazo también horizontal, de 17 cm, cuyo extremo derecho comienza en la parte superior del número 5 y el izquierdo lo hace en la misma parte del número 8.

FIGURA 8.- Este trazo mide 14,4 cm y se realizó con el mismo ángulo de inclinación superior que el número 3 y 5 pero en sentido contrario. Su parte superior comienza en el extremo derecho del número 7 y la parte inferior sobrepasa el número 6 hasta insertarse en el número 24. Forma con los números 5, 6 y 7 un trapecio cuyas bases se sitúan en la parte superior e inferior.

FIGURA 9.- Corresponde a un pequeño trazo de 3 cm situado en el tercio superior derecho de la figura 5; tiene una inclinación derecha de 80º.

FIGURA 10.- Es un ángulo de 90º con abertura superior derecha y está formado por dos trazos de 10 y 11,5 cm. La parte superior del lado pequeño, el más vertical, se inserta en el eje horizontal que divide los dos cuadrantes, a 11,3 cm de su extremo izquierdo.

FIGURA 11.- Es una pequeña cazoleta de 1,5 cm de diámetro y escasa profundidad. Se encuentra situada 2 cm bajo el eje superior horizontal y a 19 cm de su extremo izquierdo.

FIGURA 12.- Es un trazo de 7 cm realizado formando un ángulo de 45º con el trazo número 8; su vértice está situado en la zona media del trazo apuntado y su abertura se situó hacia el lado superior derecho.

FIGURA 13.- De la parte inferior de la cazoleta número 28 del subconjunto superior salen tres segmentos concatenados. El primero tiene 17 cm y se realizó en sentido SE; unos 3,3 cm antes de su extremo inferior comienza otro de 20,6 cm hacia la parte izquierda y ligeramente convexo hacia esa parte; en el extremo inferior de éste comienza el tercero que es completamente recto y mide 19,7 cm formando con el trazo anterior un ángulo de 135º, su abertura es hacia la izquierda.

FIGURA 14.- Este nuevo segmento mide 7,6 cm y es continuación del número 12, da la impresión que se interrumpió por no cortar al número 13. Su extremo superior se inserta en el gran trazo horizontal que separa estos dos cuadrantes.

FIGURA 15.- En el punto de contacto anterior en la línea superior comienza otro segmento de 14,7 cm trazado hacia abajo; forma un ángulo de 30º con la vertical y su abertura es hacia el lado izquierdo.

FIGURA 16.- En la parte baja de la cazoleta que remata por la derecha el gran trazo horizontal medio, comienza una línea que se extiende hacia la parte inferior quebrada en dos segmentos. El primero mide 22,3 cm y se dispuso algo más cerrado que la paralela trazada al número 15; en su parte inferior comienza el otro segmento de 12,7 cm, éste se flexionó ligeramente hacia la izquierda hasta alcanzar la parte media del número 13 de este mismo grupo.

FIGURA 17 Y 18.- Dentro de la zona de tendencia rectangular situada en la parte central y superior de este grupo de formas hay un trazo y una cazoleta que corresponden a esta numeración. La figura 17 es un trazo de 8 cm cuya parte inferior termina en el gran trazo número 9 que desde el grupo anterior invade éste. Es perpendicular al mismo y por ello forma con él por la derecha dos ángulos rectos. El extremo superior del trazo 17 termina en la cazoleta 18 que tiene de diámetro 2,6 cm y no llega al centímetro de profundidad.

FIGURA 19.- Corresponde a una pequeña cazoleta de 2 cm de diámetro y escasa profundidad, situada a 2 cm de la unión de los trazos 8 y 12 de este mismo grupo.

FIGURA 20.- Es un trazo de 11,5 cm dispuesto en disposición próxima a la horizontal y realizado a la derecha del trazo número 8; comienza por su izquierda a 4,5 cm del extremo inferior del citado segmento.

FIGURA 21.- Inferiormente a 0,7 cm de la parte central del segmento anterior, hay una cazoleta de 1,6 cm de diámetro y escasa profundidad.

FIGURA 22.- Es un trazo 10,8 cm dispuesto verticalmente; corta a las figuras 20 y 26 de este mismo grupo. Lo hace a 1,3 cm del extremo derecho de la primera y a 1 cm secciona a la segunda.

FIGURA 23.- Es una cazoleta de 1,9 cm de diámetro y escasa profundidad situada en el extremo superior del trazo número 22.

FIGURA 24.- Corresponde a un trazo de 40 cm dispuesto horizontalmente. Comienza su extremo izquierdo en la parte inferior del segmento número 3 y termina su lado derecho algo más allá del trazo número 22.

FIGURA 25.- Es un tracito de 4,5 cm, comienza en el cuadrante derecho de la gran cazoleta oval situada en el grupo central y termina superiormente en el punto de unión común a los trazos 3 y 24 de este mismo grupo.

FIGURA 26.- Cerca de la zona media inferior de este último segmento, comienza otro de 6,9 cm que determina con el anterior dos ángulos rectos.

FIGURAS 27 Y 28.- Son dos trazos de 12,7 y 12,6 cm dispuestos con tendencia horizontal aunque claramente confluyen en su parte derecha, no siendo paralelos convergerían a unos 9 cm de los extremos de esa parte. El primero comienza su parte izquierda a 1 cm de la parte derecha de la zona media del trazo número 26 y el segundo lo hace a 3 cm de la parte inferior de la gran cazoleta oval; ambos terminan en el trazo piqueteado número 36.

FIGURAS 29, 30 Y 31.- Estos trazos miden respectivamente 24,2 – 39 y 17 cm. Los tres concluyen por la derecha en una cazoleta situada hacia el centro de este espacio inferior. Por la izquierda el número 29 lo hace en un trazo que tiene inferiormente la cazoleta oval; el número 30 corta a ese mismo segmento y se extiende por el cuadrante inferior izquierdo. Los tres forman dos ángulos adyacentes agudos en torno a los 20º.

FIGURA 32.- Corresponde a la cazoleta situada en el centro de este espacio inferior, lugar donde convergen los tres trazos anteriores por su derecha. Tiene de diámetro 2 cm y es escasa su profundidad.

FIGURA 33.- Es un trazo piqueteado de 4,5 cm de largo y 7 u 8 mm de ancho. Une la cazoleta anterior con el segmento horizontal número 24 que en parte divide este segundo cuadrante, su extremo superior termina en un espacio saltado o quizás piqueteado pero de forma irregular.

FIGURA 34.- Es un trazo de 11,3 cm situado bajo el número 31; su distancia al mencionado trazo es de 3,2 cm por la izquierda y 1,8 cm por la derecha.

FIGURA 35.- Es una cazoleta de 2,7 cm situada interiormente, en la zona media, entre los trazos 31 y 35.

FIGURA 36.- Es un trazo piqueteado de 12,5 cm de largo y 1,5 cm de ancho; une la cazoleta anterior con el trazo horizontal número 24 a 15,5 cm de su extremo izquierdo.

FIGURA 37.- Esta situada a 3 cm de la parte inferior derecha del trazo número 34. Es un pequeño ángulo agudo de unos 30º de abertura NE; sus lados miden 7,5 y 7,3 cm.

FIGURA 38.- Es un trazo de 3,8 cm, en disposición horizontal, dispuesto 3 cm a la derecha del vértice del ángulo mencionado anteriormente.

FIGURA 39.- Corresponde a un trazo de 11,2 cm paralelo al anterior y dispuesto 3 cm bajo él.

FIGURA 40.- Es un trazo de 13 cm cuyo extremo superior comienza en la parte inferior de la cazoleta número 32 se dirige hacia el SE y forma un ángulo con la vertical próximo a los 45º; su parte media superior sufre una pequeña curvatura, convexa hacia el SW.

FIGURA 41.- En la parte inferior derecha de estos últimos trazos hay otro de 21 cm, se realizó con una abertura superior hacia ese mismo lado de unos 30º. Su extremo superior está a 6,5 cm del punto más inferior del segmento anterior al que no llega a cortar.

FIGURA 42.- Es un trazo igualmente inciso de 10 cm cuyo extremo superior comienza a 7 cm del extremo derecho de la línea número 24; se realizó hacia la parte inferior izquierda con un ángulo superior de 40º terminando muy cerca del trazo número 40.

FIGURA 43.- Es una cazoleta de 2,5 cm de diámetro y está situada 2,7 cm a la derecha del extremo superior del trazo número 41.

FIGURA 44.- Es un trazo de 12,5 cm que comienza en la parte inferior de la cazoleta dirigiéndose hacia el mismo lado que el trazo anterior pero con un ángulo algo más cerrado.

FIGURA 45.- Es una cazoleta de 1,5 cm de diámetro y escasa profundidad; se situó en el extremo inferior del trazo anterior.

FIGURA 46.- Es un trazo de 3 cm que comienza en la parte inferior de la cazoleta número 45 y se dirige hacia la parte inferior derecha formando un ángulo con la vertical de unos 45º.

FIGURA 47.- Es otra cazoleta de 2 cm de diámetro y poca profundidad realizada en el extremo inferior del trazo 46.

SUBCONJUNTO C-e

Denominamos como tal al grupo de formas centrales que divide en dos, con evidente claridad, el espacio de esta parte del soporte. En cada una de ellas unos trazos horizontales situados en torno a la zona media completan la división en lo cuadrantes ya descritos. Las figuras están compuestas como es norma general en el resto del grabado por cazoletas y trazos rectos (Fig. 2).

FIGURA 1.- Es una cazoleta de 2,3 cm de diámetro y unos mm de profundidad; se situó en la zona central de la mitad superior del espacio ocupado por todo el subconjunto C. A ella parece concurrir por la parte superior el trazo C-c-2 y por la parte inferior el trazo siguiente.

FIGURA 2.- En la parte inferior de la anterior cazoleta comienza un trazo de 30 cm, su grabado alcanza varios centímetros de ancho y otros tanto de profundidad. Por su posición resulta inclinado con respecto al N magnético unos 15º a la derecha; la diferencia con el N geográfico tomado éste con los medios actuales es de 15º – 11,5º = 3,5º.

FIGURA 3.- Pertenece esta numeración a una cazoleta oval cuyos ejes miden 9 y 7 cm; se dispuso el eje mayor inclinado hacia la parte izquierda con un ángulo con respecto al meridiano central de unos 45º; éste se ensambla cerca de la terminación superior del mencionado eje por su derecha.

FIGURA 4.- Inmediato por la izquierda a la unión del trazo anterior y como continuación del eje mayor de la gran cazoleta elíptica hay un trazo de 5,5 cm que se dirige hacia la parte superior izquierda. Este trazo no forma con el gran trazo número 2 el mismo ángulo que el formado por el eje mayor de la cazoleta oval ya que éste no es continuación del mismo y se desvía ligeramente hacia la parte inferior.

FIGURA 5.- Es una cazoleta de 3,2 cm y en torno al centímetro de profundidad situada en el extremo superior del trazo número 4.

FIGURA 6.- Es un trazo de 16,5 cm que comienza en la parte inferior de la cazoleta oval y señala un ángulo hacia la izquierda de unos 35º.

SUBCONJUNTO C-f

Forman este subconjunto los signos que ocupan la parte E del grabado, teniendo como límites por la parte N, E y S los naturales de la roca mientras que por el W la acotación es menos precisa. La mitad superior es un espacio liso con escasos grabados de poco relieve mientras que la inferior la ocupan esencialmente una serie de trazos que acompañan a una cazoleta, bien marcada, que allí se realizó. En él, los trazos son escasos y están más esparcidos excepto los mencionados de la parte inferior (Fig. 2).

FIGURA 1.- Es un trazo de 13 cm situado en la parte superior, unos 4 cm a la derecha del que hace pareja por esa misma parte con el lado superior de los ángulos adyacentes del subconjunto B 6 y del que es paralelo; en su parte inferior parece que converge otro de 9,3 cm, en forma de gancho muy agudo con abertura superior, formando en realidad un ángulo.

FIGURA 2.- Corresponde a un trazo de 13,8 cm dispuesto de forma semejante al lado derecho del anterior ángulo y a 13 cm a su derecha.

FIGURA 3.- Es una línea horizontal de 9,8 cm situada 4 cm bajo el trazo anterior.

FIGURA 4.- Es otro trazo inciso de 10,5 cm, su posición tiende a la horizontal aunque ligeramente elevado por la derecha; se situó 11 cm al E del vértice de los ángulos adyacentes del subconjunto B y algo más abajo.

FIGURA 5.- Corresponde a una línea de 4,5 cm de tendencia horizontal y se situó 10 cm bajo la anterior.

FIGURA 6.- Es una pequeña cazoleta, igualmente pulida de 2 cm de diámetro y unos mm de profundidad; fue realizada 12 cm bajo la anterior figura y algo a su derecha.

FIGURA 7.- Es un trazo de 8 cm, inclinado hacia la izquierda con ángulo de 45º y situado unos 5 cm en la parte inferior izquierda de la anterior cazoleta.

FIGURA 8.- En la parte superior derecha de la cazoleta número 6, a unos centímetros, comienza el lado de unos ángulos adyacentes formado por dos rectos en la parte izquierda y uno llano en la derecha; el lado más vertical mide 2,8 cm y 3 cm el situado en el lado izquierdo que es el más horizontal.

FIGURA 9.- Es una cazoleta de 2 cm de diámetro que se realizó en la parte superior del lado más vertical de los ángulos anteriores.

FIGURA 10.- Corresponde a un trazo recto de 15 cm inclinado hacia la derecha unos 45º; se situó unos 10 cm a la derecha de la cazoleta número 6.

FIGURA 11.- Corresponde esta numeración a un trazo 15,4 cm, inclinado hacia la izquierda unos 40º y situado 6 cm a la derecha del trazo16 del subconjunto D-d

FIGURA 12.- Es un trazo de 7 cm e inclinación parecida al anterior, se situó su extremo superior 1 cm a la derecha del número anterior siendo algo menor su distancia en los extremos inferiores.

FIGURA 13.- Corresponde esta numeración a una cazoleta de 5 cm de diámetro y en torno al centímetro de profundidad; está situada 1,4 cm a la derecha del vértice que forman los segmentos inferiores del trazo que sirve de límite estos dos grupos de trazos.

FIGURAS 14, 15, 16, 17, 18 Y 19.- Estos trazos miden respectivamente 3,5 – 3,8 – 5,2 – 8 – 6,3 y 6 cm. El primero de ellos tuerce hacia la parte superior con un lado de 4 cm y formando un ángulo de unos 120º hacia la parte superior izquierda. Todos se dispusieron inclinados hacia la derecha con un ángulo próximo a los 45º, aunque solamente son paralelos los tres primeros y el espacio entre ellos es de unos 2 cm, aunque no llegan a ser equidistantes. Fueron situados a lo largo de la parte superior derecha de la cazoleta número 11 y el número 15 se unió al extremo inferior del trazo número 9 de este mismo grupo. Los números 16 y 17 se realizaron bajo ellos en disposición semejante.

En el espacio situado a la derecha de este grupo se observan un pequeño número de líneas y quizás también alguna cazoleta de trazado muy tenue y poco preciso por lo que prescindimos de su enumeración.

C. CLASIFICACIÓN, RELACIONES, CRONOLOGIA Y CONCLUSIONES

Como introducción a esta parte del estudio diremos que las conclusiones que os presentamos deben ser tenidas como provisionales debido sobre todo a la dificultad para superar nuestra falta de estudios de Astronomía elemental ya que juzgamos que nuestro saber en esta materia es quizás escaso principalmente por carecer de una bibliografía que estudie los conocimientos cósmicos de las grandes y pequeñas culturas anteriores a la greco-latina. La actualización de los contenidos en esta materia que hemos consultado parece que desechan incluso a estos; la excepción lo constituyen un escaso número de descubrimientos científicos que los griegos aportaron y que permanecen en los modernos tratados de manera testimonial, casi comouna anécdota. La utilización de aparatos como el telescopio, la brújula, etc, marcó una etapa que tiende a ignorar de manera concreta los anteriores conocimientos del Universo y los procedimientos para su estudio; en ese apartado se tiende a generalizar de manera demasiado superficial o incluso se elude el tema. Menos mal que las grandes pirámides de otras culturas están todavía en pie y sus trazados cósmicos son un buen testimonio para adentrarse en su estudio.

También estas conclusiones deben ser tenidas como parciales ya que no entramos en ellas en el estudio pormenorizado de cada trazo, cazoleta o grupo de ellos, únicamente lo hacemos en aquellos que juzgamos más importantes.

Entrando de lleno en nuestro tema relacionaremos estas cazoletas con otras existentes en zonas próximas de la provincia, zonas que denotan restos calcolíticos en sus inmediaciones: Cañamero, Logrosán, Trujillo y Malpartida de Cáceres, no conociéndose por el momento entre los poblamientos de esa época en el batolito de Plasenzuela, todas ellas serían antecesoras de las ahora estudiadas. En este orden nosotros las mencionamos al describir los poblamientos del berrocal trujillano[2]aunque las realizadas en Valdehonduras se relacionan más directamente con otras representadas en los grabados posteriores de la Edad del Bronce tales como los de la sierra de Garciaz[3] yen algunos del río Tejadilla[4].

Las trazadas en este monumento no sobrepasan el medio centenar y se han efectuado en diferentes tamaños y profundidades, independientes o en clara relación, de esto puede derivarse una variación en sus significados, no obstante habrá que suponer en todas ellas un fondo común derivado de su representación como casquete esférico; son signos naturales de puntuaciones de diferente tamaño e intensidad que encaja perfectamente de manera natural con los contenidos estelares que les venimos dando.

El subconjunto A es el situado más al W y presenta cuatro cazoletas de diferentes diámetros; la número 25 está situada inferiormente y es la mediana; la central tiene el número 13 y es la mayor de todas si exceptuamos la cazoleta elíptica, destaca también por su profundidad y sobre todo su ejecución esmerada; la número 9 es la menor de estas tres y está situada más al N; finalmente hay otra pequeña rematando el vértice del ángulo número 4.

Las que ocupan las parte mediana y superior son de realización independientes mientras que la situada inferiormente presenta el cuadrante superior izquierdo unido al extremo inferior de dos trazos no demasiado extensos. La posición de esta última cazoleta es posible que coincida con la del planeta Venus en el equinoccio de primavera del año en curso si tomamos como referencia el paralelo E-W correspondiente a la puesta de Sol de ese día. Para llegar a esta conclusión hemos visitado el monumento durante esos momentos y unos minutos después, comprobando con bastante precisión la coincidencia del paralelo E-W con el trazo C-a-17; éste apunta la puesta de nuestro astro. Poco después hizo su aparición en el firmamentoel planeta Venus; con alguna posibilidad de error, por las razones que más adelante expondremos, coincidió la posición de la cazoleta A-25 con la posición vespertina del planeta citado en su altura sobre la prolongación de ese paralelo. Pero, ¿era realmente el planeta Venus el astro que vimos?

Meses después, al acudir al monumento para intentar observar en él alguna proyección del solsticio de verano y también comprobar la posición de Venus durante esta fecha por ver si era coincidente con la posición de la cazoleta central de este subconjunto, nos vimos sorprendidos no sólo por que no encontramos ninguna proyección del Sol equinocial en el grabado sino que también el mencionado planeta no apareció. Sin duda su posición en el firmamento cambió con respecto al mismo solsticio del año pasado; ya hemos dicho que entonces brillaba con todo su esplendor hacia la altura que marca el grabado. Es posible que la cazoleta situada más al N nos indique al planeta brillando más levemente,puede que luego desapareciera para cambiar de posición en el firmamento comenzando a ser lucero de la mañana. Sin duda estos datos necesitan una mayor comprobación que esperamos realizar en años próximos cuando Venus vuelva a la posición vespertina, suceso que ocurre cada 1,6 años[5].

Otra figura significativa de este subconjunto lo constituye la forma de hacha con nervio o acanaladura central grabada con precisión inequívoca hacia la izquierda de todas estas formas. Tiene este arma un pequeño trapecio adherido en su parte W; el segmento que forma su base menor ya se dijo que se prolongó hacia la derecha. La representación de armas está muy extendida entre los grabados de diferentes tipologías propios de la Edad del Bronce; hemos establecido relaciones con todas ellas y nos conducen a fijar escasos elementos comunes de aspecto bastante superficial. Entre las estelas no podemos citar alguna que posea un hacha con el refuerzo central que caracteriza la de Valdehonduras -aspecto propio de la representación de alabardas-.Parecida cuestión ocurre al relacionarle con otros tipos de grabados de Galicia, Portugal y Hurdes.

La conjunción de figuras que nos presenta –arma y cuadrilátero- nos permite establecer referencias algo más extensas y profundas en el sentido que lo venimos haciendo a lo largo de nuestros últimos trabajos. Así pues no es extraña esta asociación en los grabados del E de la provincia de Cáceres. Preferentemente se conjunta el cuadrilátero con la alabarda, tanto con aquellas que presentan refuerzo central como con las que no lo tienen; en este aspecto se observa en los grabados del río Tejadilla V, Madroñera, Cáceres y Tejadilla X, Aldeacentenera, Cáceres; en compañía de formas de lanza lo hace en el grabado del Cándalo, Garciaz, Cáceres. Semejante relaciónse puede observar en el grabado de la Joya de Azabal II, Azabal, Cáceres[6].

También en la parte central de este subconjunto hay grabada sin apenas relieve una forma esquemática de punta de flecha; está próxima al hacha y parece bastante integrada en su grupo.

Esta breve exposición apuntala una vez más lo dicho en nuestros trabajos anteriores sobre el contenido literario de aquellos grabados. Ya decíamos allí que las diversas armas metálicas –generalmente cobre endurecido- tenían procedencia espacial; muy posiblemente se atribuirían al planeta Venus la distribución en nuestra Tierra de las armas o el metal del que ellas estaban hechas. Inspiraría ello su gran luminosidad, los misteriosos cambios de situación matutina o vespertina, las apariciones y ocultaciones espaciales, su aparente cambio de tamaño. El vehículo encargado de realizar este largo viaje sideral parece estar representado por los pequeños cuadriláteros –rectánguloso trapecios-. Estos debían ser una copia de rudimentarios vehículos de uso general -trineos-; sus esquemas muestran falta de articulación central delantera y suplirían parcialmente a los carros en el cotidiano arrastre de enseres.

El subconjunto B es el situado más al N en un débil rebaje de la roca y ocupa una superficie de 50 cm de largo por 40 cm de ancho; algo externa a él, en un bajo relieve situado a unos centímetros por la parte superior, está la única cazoleta piqueteada. Esta primera cazoleta aunque tiende a pasar desapercibida está muy próxima a la alineación que se establece entre el meridiano central y la cruz aspada -fig 2-; dicha alineación señala claramente el N geográfico, ya lo narramos al presentar la figura 2 del subconjunto C-e, recordemos que éste se expresó mediante un meridiano con un margen de error de 3,5º. Recordemos igualmente que cruces aspadas de parecida tipología a la mencionadaestaban representadas en el grabado de Tejadilla V, allí realizamos su estudio y tras establecer un corto número de relaciones le atribuimos contenidos astrales[7].

Otras cuatro cazoletas de diferente dimensión ofrece el mencionado subconjunto. Las dos situadas más al N son semejantes y de mayor tamaño; de ellas la de la derecha está independiente mientras que la de la izquierda, poco visible, ofrece en su parte inferior tres trazos: el izquierdo semeja un dardo; en el central se incluyó el alerón del dardo en la zona media del segmento; el tercer trazo desprendido de la cazoleta se extendió libremente hacia la parte izquierda inferior como acotando este pequeño grupo y una forma angular de vértice inferior les completa en el centro. Una pequeña cazoleta independiente se realizó exterior pero muy próxima a la zona central del tercer trazo y la última remata laparte inferior del segmento central. Una forma parecida encontramos en la figura B-b-8 del grabado del Cándalo, si bien los segmentos allí son de menor longitud.

También en el Cándalo se observan una serie de ángulos adyacentes que, en nuestro caso, presentan mayor abertura, extensión y número. Las vimos presentes en el subconjunto A al menos en tres ocasiones; repiten esta primera disposición en el cuadrante inferior izquierdo del subconjunto C, en ambos subconjuntos están formados por tres ángulos: el derecho de 180º, uno de 45º orientado hacia el NW y el tercero de 135º se abrió al SW. Aquí en el subconjunto B, el conjunto de ángulos es de composición más numerosa y más parecidos a los representados en otros grabados cacereños. Así, estas formas angulares se observan también entre algunos grabados de Hurdes enespecial en Puerto del Gamo, Casar de Palomero y en la Peña Raya de Huetre[8]. Parece que la utilización de estos signos y por tanto sus contenidos eran conocidos y utilizados por nuestros antepasados tanto aquí como en el norte de la provincia lo que añade una amplia intercomunicación entre ambas zonas. Nosotros, por el momento no estamos en disposición de añadir nada más sobre ellos.

La situación de este conjunto es propia para mostrarnos la alineación cósmica que determinó el meridiano N-S realizado en el siguiente subconjunto, pero parece que voluntariamente no se destacó mucho esta cuestión quizás jugando un poco con el misterio. Los segmentos B-5 y B-6 parecen hacer alusión a un tipo de arma arrojadiza que se dirige desde la cazoleta al observador –mundo cósmico al terrenal-; el B-6 se limita inferiormente añadiéndole con ello nuevos contenidos que conducen a una mayor dificultad para su comprensión, lo cierto es que toda esta parte izquierda del conjunto se encuentra invadida por unos signos que evocan con facilidad armas arrojadizas cuestión que complementa el fondoestelar tal vez encerrando un relato semejante a los actuales de Ciencia Ficción que tienen por tema invasiones de extraterrestres.

Llegamos al Subconjunto C que es el más extenso de ellos, ocupa toda la parte central y en él encontramos nuevamente cazoletas, trazos y un cuadrilátero. Las cazoletas presentan aún mayor diversificación en cuanto a tamaño, disposición y forma; aquí se representaron aisladas, adheridas a uno o varios trazos –no más de tres-, uniendo segmentos cuando estos cambian de dirección, entre secantes, nunca unidas entre sí, etc.

Especial mención merece la cazoleta oval por su tamaño y forma; hay que mencionar que este tipo de cazoletas ovales están presentes en algunos grabados de parecida tipología y siempre lo hace de manera sobresaliente; así ocurre en el grabado del collado del cerro de S. Cristóbal en Zarza de Montánchez donde se realizó en tamaño sobresaliente con 21 cm de eje mayor y 15 cm de eje menor y en compañía de una gran cazoleta esférica de 15 cm de diámetro; también encontramos otra oval ocupando el centro de otras menores en el grabado de D. Lucas, Trujillo, ambos inéditos; igualmente se observa en los ya publicados del Cándalo, Garciaz[9] yen el de la Peña Rayá en Huetre[10], todos en la provincia de Cáceres. Elíptica era la representación del aparente camino solar –órbita- realizada en el conjunto II, fig 5, del grabado de Tejadilla XII, Aldeacentenera[11]. Puede suponerse en todos ellos representan formas cósmicas singulares, muy conocidas para el autor y el mundo cultural donde se desenvolvía Sol, Luna, Tierra, el aparente camino solar, etc.

Su situación en el extremo inferior del meridiano N-S; su eje mayor no está en la línea del meridiano, que parece lo más natural, si no que forma con él un ángulo de abertura superior derecha de unos 40º. El eje se continuó solamente por la parte inferior de la cazoleta lo que nos permite observar con facilidad la dirección que apunta, dicha dirección señala directamente la gran cazoleta central del subconjunto A, provisionalmente tenida como una representación del planeta Venus vespertino, en todo su esplendor.

Los trazos que contiene este subconjunto se distribuyeron con parecida variedad, inclinándose con diferentes angulaciones tanto a la derecha como a la izquierda; no faltan los horizontales ni los verticales, hay grupos que forman paralelas y otros que confluyen formando diversos ángulos, ello nos lleva a conclusiones más imprecisas e inseguras que las referidas a las cazoletas.

Las líneas más interesantes son sin duda los centrales que, junto a un corto número, fueron grabados con intensidad y amplitud. Estos dos trazos -en realidad tres-, no son perpendiculares, como a primera vista pudiera parecer; los cuadrantes superior izquierdo e inferior derecho miden 100º, naturalmente los otros dos cuadrantes miden 80º en vez de los 90º que deberían tener si fueran perpendiculares. Ya vimos que el trazo más vertical señala una posición cercana al polo norte magnético pero desviado hacia la derecha 15º, a nuestro entender coincide con el polo norte geográfico de ahí la desviación de 15º con el punto N mencionado en las brújulas –la diferencia real entre unoy otro es de 11,5º [12]-. Es pues un meridiano real del polo geográfico terrestre pues la diferencia de cálculo de 3,5º es prácticamente inapreciable o tal vez un error nuestro.

Ya hemos dicho que para determinar el N-S el autor se orientaría por alguna alineación estelar en horas nocturnas determinadas, como se hacía en el mundo antiguo de la época, así los egipcios utilizaban una alineación con la estrella Thubam de la constelación Dragón; ella determinaba el N geográfico lo mismo que ahora lo hace nuestra estrella Polar[13]. Estos cambios son debidos al movimiento de precesión de la Tierra.

Nada quedó señalado en el grabado que nos indicara la puesta del Sol en los solsticios de verano y de invierno, condición a nuestro entender necesaria para determinar en su media, la puesta del día equinocial; en su lugar hay por la derecha una serie de angulaciones formadas por trazos y cazoletas que son las que parecen originar el trazado del paralelo central. Este marca el comienzo de la primavera o el otoño aunque unos 5º desviado hacia la parte superior.

La falta de perpendicularidad o pequeñas desviaciones que pueden encontrarse deben tener su origen en la diferencia de referentes para realizar los trazados del meridiano y el paralelo y a los medios de la época. En el primero vimos que se debía posiblemente a la utilización de una alineación interestelar; en el segundo no la hemos encontrado. Aunque parece que la referencia obligada es la solar, pudo basarse en una serie de alineaciones estelares desconocidas por nosotros. El problema de la falta de perpendicularidad entre meridianos y paralelos también nos surgiría hoy si señalamos el N-S por el magnetismo de la brújula y el E-W por la posición media solar, aunque naturalmente la angulación resultante seríaligeramente diferente.

Ambos trazos pueden constituir un sistema para orientarse y localizar básicamente objetos en el entorno y en el firmamento. Igualmente puede utilizarse como calendario estacional ya que al situarse las puestas del Sol por encima del paralelo mencionado, el calor y la ausencia de lluvia estaban próximos; por debajo serían el frío y las lluvias los que se acercaran.

No sabíamos que hubiese antecedentes de este tipo de grabados realizados sin duda con una finalidad consultiva. Pero al traducir del francés un trabajo facilitado por nuestro querido amigo Juan Gil Montes, coautor del mismo con Philippe Rossi y Guy Tamain referido al grabado del arroyo Valbellido en Cañamero, Cáceres, vimos que los autores citados llegan en su estudio a las mismas conclusiones. Siendo aquel monumento mucho más funcional, sus autores plasmaron el método que había determinado el trazado del meridiano N-S geográfico en el grabado de Valbellido y la posibilidad de concretar en el mismo un paralelo equinocial. Llegaron a parecidas conclusiones que nosotros pero 25 años antes y esto nos agradó pues al menosalguien compartía nuestras teorías. Posteriormente intentamos conocer el monumento de Cañamero pero un camino público lo cubre. Finalmente nos vamos a tomar la libertad de puntualizar sobre aquel grabado en lo referente a la falta de uniformidad circular que presenta la línea representativa del horizonte en su parte N-W y que no resolvieron en el citado estudio. Pensamos que el autor de aquel grabado dibujó el horizonte que sabía, que era el que cotidianamente estaba viendo, éste se acorta por el N-W debido a la cadena montañosa que por allí lo ocupa. La falta de excentricidad en el dibujo del horizonte obedece a que es un esquema del natural. Su realización circular en tierra es convencional; solamente en alta marel horizonte se muestra completamente circular[14] (Fig. 3).

Fig 3

Figura 3.- Grabado de Valbellido, Cañamero (Cáceres)

Mencionábamos que en el sector que estudiamos de nuestro grabado, hay una figura de trapezoide en el cuadrante inferior derecho de este subconjunto, debajo del trazo E-W; aunque algo mayor, se trata de la misma forma que acompaña al hacha y que vimos tenía representación en otros conjuntos; lo venimos tomando como un vehículo sideral, ideal, anterior al carro, posiblemente un trineo; el presente caso por el momento, no añade nada más que su catalogación. Su posición cercana a la línea equinoccial quizás nos hable de su transito por ella.

Cronológicamente hablando nuestro grabador nos ha dejado también una tarjeta de visita clara pero imprecisa por su singularidad. Se trata de la forma de hacha reforzada con nervio central o con acanaladura; en esta segunda cuestión es semejante a las hachas de mediados y finales del Bronce pero su trazado esquemático no aporta otros detalles que nos ayudaran a concretar su cronología. Su forma presenta un ligero abultamiento curvo en el talón y por ello nos inclinamos por clasificarla como un hacha de bronce algo evolucionada que puede situarse, siempre en términos generales, en el Bronce Medio o comienzos del Bronce Final, esta sería la fecha de datación de todo este grabado.

En resumen, este monumento nos muestra una parte racional formada por el trazado de las coordenadas geográficas N-S y E-W y otra literaria en la que se insinúa posiblemente diversos relatos en relación con el origen del metal con proyección de sus propias apetencias vitales en cuanto a la propiedad de armas metálicas sobre todo como objeto de ostentación. Los aparentes cambios del planeta Venus no debían estar ausentes en todo ello (Fig. 4).

Fig 4

Figura 4.- Parte central del grabado de Valdehonduras, Santa Marta (Cáceres)

Tal vez deba suponerse para comenzar a explicarnos el origen de estas cuestiones la noticia de la caída de algún meteorito de constitución metálica cerca de estas zonas cacereñas. Reflexionemos todavía un poco más: hoy denominamos siderurgia a determinadas manipulaciones del hierro, palabra que etimológicamente viene del latín sidus, -eris, estrella, constelación y del griego érgon, obra, obra de estrella[15]. ¿No hace alusión a la composición metálica de algunos meteoritos? Si se hace mención a todas estas cuestiones con toda tranquilidad cuando hablamos de siderurgia, no deberían resultarnos precipitadaso extrañas todas estas conclusiones.


BIBLIOGRAFÍA:

[1] Alvarado Gonzalo, M. y González Cordero, A. (1991): Pinturas y grabados rupestres de la provincia de Cáceres, estado de la investigación. E. A. II, pág 141. González Cordero, Antonio (2000): Grabados rupestres en Extremadura. Prologo de una investigación. Actas do 3º Congresso de Arqueología Peninsular, vol IV. Porto, pág 539.

[2] Rubio Andrada, M. (1996-2001-A,a y 2001-B,a): Tres poblamientos prehistóricos del berrocal trujillano. XXVII-XXVIII y XXIX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo (Cáceres).

[3] Rubio Andrada, M. y Pastor González, V. (2001-A,b): El grabado del Cándalo, Garciaz (Cáceres). XXVIII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, Cáceres.

[4] Rubio Andrada, M. y Pastor González, V. (2001-B,b): Los grabados prehistóricos del río Tejadilla. XXIX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo (Cáceres).

[5] Microsoft Corporation (1993-1999): Enciclopedia Encarta 2000, Venus (planeta), pág 1.

[6] Rubio Andrada, M. y Pastor González, V. (2001-B,b): Op. cit.

[7] Rubio Andrada, M. y Pastor González, V. (2001-B,b): Op. cit.

[8] Sevillano S. José, Mª del Carmen (1991): Grabados rupestres en la comarca de Las Hurdes (Cáceres). Ediciones Universidad de Salamanca.

[9] Rubio Andrada, M. y Pastor González, V. (2001-A, b): Op. cit.

[10] Sevillano S. José, Mª del Carmen (1991): Op. cit.

[11] Rubio Andrada, M. y Pastor González, V. (2001-B, b): Op. cit.

[12] Keppler Erhard: Sol, lunas y planetas. Biblioteca Científica Salvat. Barcelona. Pág 18.

[13] Baker, D., Hardy, D. J. (1980): Guía de Astronomía. Ediciones Omega S. A. Barcelona. Pág 106.

[14] Gil Montes, J., Rossi, P. Et Tamain G. (1974): La pierre a cupules du Val-bellido, Cañamero (provincia de Cáceres, Espagne). 99º Congreso National Sociedad de Savantes. Besançon. France. Pág 259-273.

[15] Corominas, Juan (1983): Breve diccionario etimológico de la Lengua Castellana. Editorial Gredos, Madrid.

Oct 012001
 

Manuel Rubio Andrada y  José María Cáceres Herrera.

A. LOCALIZACIÓN

Esta hoja fue encontrada por D. José María Cáceres Herrera y D. Cándido Martín Sánchez en las inmediaciones del punto geográfico determinado por las siguientes coordenadas del meridiano de Madrid: latitud 390 29’ 25”y longitud 20 08’ 42”, hoja número 706 del mapa 1/50000, denominada Madroñera. Edición de 1963 del Instituto Geográfico y Catastral.

El lugar pertenece a la cerca “Uriano” por “Aureliano” lindera hacia el SE con las de Borrallo tal vez englobadas anteriormente en una finca de mayor extensión denominada El Vaqueril. Dista entre 1 y 2 Km. de la localidad de Belén, Trujillo, Cáceres y se accede a ese lugar por la carretera que desde Belén marcha a la de Torrecilla-Aldeacentenera situándose a la izquierda de la salida del camino que acorta las distancias para ir desde aquí al cordel cerca de Palacio Viejo. Por el poniente es lindera de una calleja que lo separa de los cercones del Bujío

Situados en ese cruce tomemos por referencia tres pequeñas elevaciones que se ofrecen concatenadas por la izquierda, en dos de ellas hay minas de pequeños caseríos, una tercera, en el centro, se ofrece menos marcada y algo desplazada hacia el NE, en ella y hacia esa misma parte, fue encontrada la pieza.

B. GENERALIDADES

Este terreno se encuentra en el NE del batolito trujillano que presenta por lo general un granito muy descompuesto con presencia menos numerosa de rocas compactas. Los pequeños valles se hacen más amplios y el terreno, muy arenoso por la erosión, presenta mayor profundidad. A veces afloran pequeñas fuentes de aguas límpísimas y su apariencia evoca una procedencia subterránea de origen calizo. El terreno, parcelado en cercas de mayor o menos extensión, está separado por viejos muretes de piedra siendo muy apetecidos para la ganadería tanto por su pronta recuperación tras el estío como por lo duradero de sus primaveras.

El valle más importante de los situados hacia el N del batolito es el de la Dehesilla regado por el Arroyo Caballo que discurre aproximadamente en sentido N-S; este arroyo recibe por la derecha a su principal afluente muy cerca ya de su desembocadura en el Marinejo; este afluente nace más allá de la localidad de Belén, denominándose actualmente arroyo de Abajo. Sus valles presentan unas características determinadas por la fuerte descomposición granítica ya mencionada. Hacia el N del arroyo de Belén reaparecen algunas rocas en forma arqueada apuntando en términos generales el centro del batolito. Este terreno está casi todo desforestado aunque es propio para el encinar y sobre todo el pinar. La cercanía de la población ha debido acentuar su arrasamiento en épocas pasadas por las necesidades que solucionan su consumo y la facilidad del transporte. Esta cuestión se está tratando de solucionar; naturalmente se recupera en las inmediaciones del núcleo urbano ya que lo recubre un bosquecillo de apariencia juvenil; otros intentos de repoblación se hacen en sus inmediaciones: constituyen reiterados fracasos los realizados en el terreno público de la Dehesilla, no ocurre lo mismo en algunos cercones privados localizados en las inmediaciones del valle que ahora nos ocupa. Digamos como síntesis de esta breve descripción que el terreno ofrece buenas posibilidades para la caza menor, sobre todo el conejo, liebre y perdiz; posibilita igualmente la recolección de frutos naturales estacionales, moras, piñones, bellotas… Las finas y tempranas hierbas de esta parte del berrocal también posibilitan la ganadería estacional aunque con escaso número de cabezas en el estío, esto puede necesitar una temprana trashumancia para completar la alimentación anual, sobre todo si tenemos un clima algo más seco que el actúa. También es evidente la localización de determinados minerales, entre ellos la casiterita, óxido de estaño, tan codiciado en los momentos de utilización de nuestra arma y relativamente fácil de conseguir en pequeñas cantidades mediante el simple lavado del terreno. A estas fuentes económicas fundamentales deberíamos añadir la existencia de pequeños terrenos dedicados al cultivo selectivo de determinadas plantas, Todo ello posibilitaría la existencia de un asentamiento poco numeroso y posiblemente de carácter temporal.

C. CONTEXTO ARQUEOLÓGICO

El hallazgo tuvo lugar al NE de la elevación central de las tres que mencionamos en la descripción del valle del arroyo de Abajo. En una mesetilla situada al N de ese mismo lugar, sin apenas relieve que destaque y en un espacio reducido propio para un asentamiento de un par de cabañas o poco más, observamos una bella lasca de silex gris translúcido y 12 fragmentos de cerámica manual, simplemente alisadas en sus caras externas, de mediano grosor y pertenecientes al cuerpo de las vasijas; en sus proximidades un fragmento de azuela pulimentada ya publicado (1).

En las cercanías de la localidad de Belén pero mirando al valle del 5, ya en el Arroyo Caballo, se localizaron dos pequeños paneles de pinturas rupestres realizados sobre soporte de granito, en dos superficies próximas y lisas de sus caras 5, ambas tienen aproximadamente medio metro cuadrado. Estas rocas no destacan de las inmediatas y son de pequeño tamaño; están situadas en la cuneta de la izquierda —sentido Belén-, a la altura de la calleja que deriva para entrar al Colegio Público. El conjunto más occidental es rojo y presenta un estado de conservación aceptable, en su parte central hay un resalte debido a causas naturales; ofrece una figura que formalmente sugiere la forma de una nave de profundo calado y no es relacionable con las figuras conocidas habitualmente. El otro panel es más dudoso y se situó en una roca contigua a un par de metros por la derecha; es de color negro y con muchas dudas se puede observar un antropomorfo incompleto en la parte izquierda de una mancha de ese mismo color (Fig.1). En sus temáticas se evidencia la ausencia de cualquier tipo de colectivismo, propio de pinturas asentamiento poco numeroso y posiblemente de carácter temporal.

D. CATALOGACIÓN

Comenzamos haciendo una comparación con el triángulo isósceles ideal e indicando las modificaciones que ha sufrido hasta llegar a la realidad de la forma que limita la hoja. Ello puede llevar a encontrar posibles correlaciones con otras armas facilitando la realización de deducciones más ajustadas.

Antes de adentramos en su descripción hemos de ponemos de acuerdo en la disposición que la colocamos para acometer su estudio. El arma tiene dos caras a las que llamamos A y B. La base debe ser la parte más cercana a nosotros y lo hará de forma horizontal; los dos orificios fueron perforados desde el lado contrario por ello en la posición que tomamos debe quedar a nuestra izquierda el que ofrece la visión de las cuatro pestañas, el otro orificio solamente muestra tres y debe quedar en la parte inferior por lo tanto no es visible en la posición indicada (Fig. 2).

Como se ha insinuado, la hoja tiene forma de triángulo isósceles siendo sus lados ligeramente convexos cuestión que se acentúa algo más en la base y los vértices están redondeados. La altura del triángulo matriz mediría 227 mm y su base 66 mm aunque las medidas reales del arma no pasan de 226 mm, ya que su punta está ligeramente doblada en 5 y la base 62 mm; su grosor medio está en los 35 mm, esta forma, aunque ovalada, es muy diferente de la sección marcadamente biconvexa que caracterizan las hojas de alabardas.

La forma triangular ideal originaria sufrió dos acusados rebajes en las esquinas de la base, en la posición mostrada la derecha se comenzó a redondear a 15 mm y en la izquierda se hizo a 10 mm, 5 mm más arriba en la derecha que en la izquierda, en cambio en la base la parte derecha se ve rebajada unos 10 mm mientras que en la izquierda se prolonga 20 mm. Parecida cuestión ocurre en la parte superior de los lados, el derecho se realizó de forma levemente cóncava para doblar y así poder converger en la punta a 56 mm del vértice; en cambio el izquierdo presenta ligerísima forma cóncava desde sus inicios en la base hasta la punta sin necesidad de forzar el perfil.

La cara que ofrece numerosas rugosidades lineales irregulares e intermitentes y generalmente en el sentido de la base a la punta, la denominamos A; en la cara B se observan las rugosidades más punteadas siendo escasas sus formas lineales excepto en la parte central de la punta.

Los dos orificios dispuestos para sujetar el mango y ya estudiados parcialmente, fueron situados a 12 mm de la base, dista 11 mm del lado izquierdo y 12 mm del derecho siendo de lados más bien cuadrados aunque ligeramente convexos; la distancia entre ellos es de 28 mm. En la posición indicada las diagonales del orificio de la izquierda miden 6 mm siendo 7 mm lo que miden las del derecho el cual salió más rectangular. Para su realización se debió trazar un corte en el metal por dichas diagonales y desde el lado contrario de cada cara mandaron las pestañas al lado opuesto; en el orificio situado a nuestra derecha una se perdió observándose solamente tres.

Ambos lados ofrecen por sus extremos dos rebajes que comienzan por lo general a 5 mm y determinan el filo del arma uniéndose en la parte superior formando la punta del arma; en toda su longitud no encontramos huellas destacables de uso por lo que con toda probabilidad nunca se utilizó como tal y si como un bien de ostentación y prestigio.

E. RELACIONES

Este tipo de armas está brevemente tratado en la obra de H. Schubard sobre las tipologías de alabardas y no debemos dudar de su existencia que debió ser numerosa en todo el W (2). Ya J. R. Mélida la presenta en una fotografía que ofrece los dos tipos:

  • uno con nervio central
  • y otro plano, el más sencillo (3).

En los citados artículos no se pone muy de manifiesto la sección ovalada que debe ser una característica importante y propia de las alabardas.

Entre los grabados rupestres del área que nos ocupa es frecuente la representación del tipo reforzado centralmente. La hoja que ahora estudiamos podría englobarse en una tipología más simple cuya representación es menos numerosa pero que aparece representada con toda claridad en algunos grabados como el de Tejadilla V, Madroñera, Cáceres (4), (Fig. 1); corresponden también a formas de alabardas simples la mayoría de las realizadas en los grabados hurdanos, una representación de las mismas ofrecen los grabados de Aceitunilla, Aceña y Puerto del Gamo; en Peña Raya de Huetre se representaron tres simples y conjuntadas con cuatro reforzadas con nervio central (5).

En cuanto a los grabados portugueses encontramos una representación bastante escasa; en la roca de Ridevides se realizaron dos sencillas y una en el de los Letreros de Góis; en la roca de Molelinhos de Tondela-Viseau se representó solamente una con refuerzo central.

En monumentos gallegos de parecidas características se muestran una docena de ejemplares en los que únicamente son reforzados un par de ellos (6).

Parecida proporción ofrecen las estelas alentejanas, las más antiguas, en las que es bien patente la tipología simple (7). Tanto en los hurdanos como en estas dos últimas representaciones culturales es evidente el predominio de las formas simples.

Un ejemplar aparentemente semejante se encontró en la excavación de la Solana del Castillo de Alange si bien presenta acusadas diferencias que la hacen estar más cerca de las formas propias de alabardas. Mide aquella 200 mm X 75 mm X 9 mm lo que la hace menos estilizada; pero quizás lo más importante sea su sección de clara tendencia oval en ambos perfiles, ancho y alto, -la nuestra es preferentemente plana-. Esas dos cuestiones la acercan más a una tipología de transición hacia la forma de alabarda reforzada con nervio central.

F. CONCLUSIONES Y CRONOLOGÍA

Las medidas de la hoja que ahora presentamos y sobre todo su sección plana la alejan de las formas habituales de alabardas reforzadas con nervio central pero no tanto como para no ser posible su utilización tanto como alabarda -enmangado lateralmente- o bien como puñalón –si el enmangue es vertical, puede tener pues una doble funcionalidad aunque siempre sin ir más allá de la ostentación y el prestigio que ello tendría. La polivalencia se puede observar en la magnífica representación del grabado de Tejadilla V (8) y el prestigio como finalidad principal de estos tipos de armas es un hecho aceptado por la mayoría de los autores, tanto en la representadas en las estelas alentejanas; en los diferentes grabados como en la mayoría de las piezas halladas.

La hoja de alabarda transicional recogida en la solana de Alange en el nivel III, corte IV del estrato VII, junto a materiales adscritos al Bronce Medio, cronológicamente se sitúo en dicha época, es decir hacia la segunda mitad del segundo milenio a. C. (9). Pero hemos de suponer que si se encontró allí, lo probable es que fuera abandonada en aquel momento por carecer ya del significado de prestigio que debió tener en épocas inmediatamente anteriores. Su composición esencial es el Cu, prácticamente el 99 %, lo que apunta cierto arcaísmo en su metalurgia; aunque no tenemos un análisis metalúrgico de nuestra hoja, su color cobrizo en algunos puntos y su aparente grado de dureza hace que la podamos considerar provisionalmente de una composición parecida. Si la que ahora estudiamos se considera como un arma de transición puede incluirse en épocas anteriores a la de Alange lo que posibilitaría su existencia en épocas de comienzos de la Edad del Bronce pero su comparación formal -su estrechez- la hace parecida a las representadas en las mencionadas estelas y llevaría su utilización a épocas algo posteriores.

 

 Tejadilla V

Figura 1.- Grabado del río Tejadilla V 

Belén Hoja de cobre endurecido

Figura 2.- Hoja de puñalón de cobre endurecido

                                                                              Belén Paneles A y B

Figura 3.- Paneles de pinturas rupestres de los canchalejos inmediatos a la escuela de Belén

 

BIBLIOGRAFIA

(1) Rubio Andrada, Manuel (2000-2001): Tres poblados prehistóricos del berrocal trujillano 1 y III. XXVII y XXIX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo (Cáceres).

(2) Schubart, Hermanfrid (1973): Las alabardas tipo Motejicar. Estudios dedicados al Dr. D. Luis Pericot. Barcelona, Pág. 266 y ss.

(3) Mélida, José Ramón (1930): Arqueología Española. Editorial Labor, 5. A. Barcelona.

(4) Rubio Andrada Manuel y Pastor González Vicente (2001 A): XXIX Coloquios Históricos de Extremadura. Los grabados del río Tejadilla, Madroñera, Garciaz y Aldeacentenera (Cáceres).

(5) Sevillano San José, M. del Carmen (1991): Los grabados rupestres de la comarca de Hurdes (Cáceres). Universidad de Salamanca.

(6) García Alen, Alfredo y de la Peña Santos, Antonio (1980): Grabados rupestres de la provincia de Pontevedra. Fundación Pedro Barrié de la Maza.

(7) Almagro, Martín (1966): Las estelas decoradas del suroeste peninsular. Biblioteca Prehistórica Hispana, Vol. VIII. Madrid.

(8) Rubio Andrada, Manuel y Pastor González, Vicente (2001A): Los grabados prehistóricos del río Tejadilla. XXIX Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo (Cáceres).

(9) Pavón Soldevilla, Ignacio (1987): Aproximación al estudio de la Edad del Bronce en la cuenca media del Guadiana. La Solana del Castillo de Alange, Pág. 110, 111 y 120. Institución Cultural El Brocense. Diputación Provincial de Cáceres.

PINTURAS RUPESTRES DE LOS CANCHALEJOS DE BELÉN

Escala: 6 cm
Panel A
Escala: 6 cm
Panel B
Grabados de Tejadilla V
Fig. 1

Oct 011999
 

Manuel Rubio Andrada  y  Vicente Pastor González.

LOCALIZACION Y GENERALIDADES

Se localiza en el mapa 1/50000, hoja nº 706 denominada Madroñera, 1ª edición 1963; sus coordenadas geográficas son: 39º 22´ 10´´ de latitud y 1º 54´ 35´´ de longitud W del meridiano de Madrid.

El grabado fue descubierto a principios de l973 por uno de nosotros quien lo comunicó al Museo Provincial de Cáceres. El entonces director del museo de Cáceres, D. Miguel Beltrán Lloris -prestigioso arqueólogo-, su esposa y los autores de este trabajo visitaron posteriormente el monumento en una azarosa marcha desde la finca del Cándalo en el término de Garciaz y no muy lejos del pico Venero. El traslado del director a Zaragoza motivo la interrupción del trabajo que preparaba para su publicación.

Posteriormente D. Alfonso Naharro i Riera mandó al diario Hoy del 18-8-73 un dibujo muy incompleto acompañado de la escueta noticia de su descubrimiento.

Pasados 26 años y con el fin de acometer su estudio con mayor rigor y hacerlo público decidimos localizarlo de nuevo. Contábamos con nuestra imprecisa memoria, unas malas fotografías y un punto trazado en el mapa. Surgía el problema de su posible destrucción ya que se encuentra en una zona de lindes y cambio de vertientes habiéndose realizado posteriormente a su hallazgo pistas, cerramientos, cortafuegos etc.

Desde Logrosán, intentamos por el camino de los Valbellidos -que fue la vía empleada cuando se descubrió-; dejado el automóvil en el collado, cresteamos hacia el S llegando hasta el pico Venero -1124 m-. El monumento no aparecía aunque el punto en el mapa, sin duda, debía hacer alguna referencia; según el mismo, quedaba todavía bastante lejos y hubimos de regresar.

Posteriormente tomamos el camino que desde el Km. 34,05 de la carretera de Logrosán asciende hasta Garciaz; angosto y en mal estado, nos colocó pronto en el collado y desde allí andando hacia el E, por la cresta divisoria de aguas en dirección al citado pico. Tras hora y media de camino la roca seguía allí, intacta.

No obstante, para su visita, recomendamos tomar en el pueblo de Garciaz una pista bastante bien arreglada que parte de la entrada de la población, a la derecha, según venimos de Conquista de la Sierra. El camino asciende por la margen del río Garciaz, -al principio por la izquierda y poco después por la derecha-. Al llegar a la finca del Cándalo nos separamos hacia la izquierda; si podéis, continuad por la pista particular de la finca que asciende más allá del suave collado donde se encuentra el grabado, poco antes de comenzar las últimas rampas de acceso al pico Venero por su cara W. Una pizarra de buen tamaño, color claro y forma caprichosa fue apartada de la pista y colocada en uno de sus lados; ella puede servir de señal pues, allí mismo, a la izquierda y algo caído hacia el N hay un pequeño afloramiento de pizarras; en la base de sus comienzos se encuentra nuestro monumento.

Desde allí se divisa gran extensión de terreno tanto en la vertiente del río Tajo, hacia el N, como en la del río Guadiana hacia el S. La vertiente del Tajo ofrece una superficie elevada y descendente hacia el N en suave declive; sus materiales, generalmente paleozoicos, parecen ser continuación de la penillanura trujillano-cacereña aunque más elevados. Está ocupada principalmente por robledales pinares y castaños; en zonas más bajas y cálidas, el encinar. La vertiente del río Guadiana, tras caer bruscamente 400 m en muy pocos km., está integrada por el mismo tipo de materiales con la excepción del batolito granítico de Logrosán, ofrece el agreste jaral en la ladera inmediata y muy pronto, algo más allá, el encinar, ambos acompañados de las floras y faunas que naturalmente les corresponden.

EL GRABADO

Como se ha dicho, la roca que le sirve de soporte no está aislada si no que pertenece a un pequeño afloramiento de pizarras propias del terreno paleozoico; la dirección de sus estratos está próxima al NE-SW; superiormente terminan en agudas aristas excepto esta superficie que se encuentra truncada. La parte N de estas rocas presenta un desnivel de superficies de unos 3 m y fue cerrado con una cerca semiovalada construida con piedras de mediano tamaño y actualmente caída. La pizarra sobre la que se grabó aparentemente no presenta características especiales en cuanto a su composición pero, como se ha dicho, ofrece una superficie cortada a unos cm del suelo y perfectamente lisa e incluso en pequeños espacios ligeramente pulida. Tiene 2,30 cm de larga y 0,95 cm de ancha y parcialmente se encuentra atravesada por racheados naturales originados en su mayoría por los estratos que sin duda continuarían en la parte superior; desconocemos el origen de este corte.

No es la única pizarra de superficie plana que presenta esta serranía pero si nos parece singular en cuanto a su disposición horizontal tan cerca del suelo; la comodidad aparece como factor necesario en la ejecución del grabado ya que el tiempo de su factura no debió ser corto.

El espacio sobre el que se grabaron estos motivos está dividido por numerosos racheados tanto en dirección vertical como horizontal. Uno de estos parte la superficie en dos mitades, la de la izquierda, algo mayor, la denominamos zona A y la de la derecha zona B; en su centro el racheado presenta un hueco de tendencia oval parcialmente pulido a manera de cazoleta, sus medidas son 16 X 12 cm de ejes y unos 8 cm de profundidad.

Suponemos que nuestro autor por cuestiones de método en la ejecución tanto como nosotros en la exposición, se sirvió de la división en las dos zonas antes mencionadas, ya que ningún elemento de una de estas zonas está contenido en la otra. Cada uno de estos espacios laterales presenta otras divisiones debidas generalmente a pequeños racheados de la roca aunque en ocasiones completados por la incisión; ellos limitan unas superficies que nos ayudan a separar en subconjuntos; éstas, con los argumentos que se irán exponiendo, contribuyen a formar unas unidades compositivas de todo el conjunto, el autor, en líneas generales, creemos que también parece proponerse esta cuestión a la hora de la distribución de los motivos y con el fin de no caer en una realización de organización caótica.

Actualmente los grabados se encuentran cubiertos irregularmente por diversos líquenes de varias tonalidades. Hacia la derecha -siempre en sentido N-, la roca presenta mayor deterioro y en la parte S una ruptura impide reconocer la forma de mayor tamaño y una de las más interesantes.

Así pues, el catálogo de las figuras se ha dividido en dos conjuntos y estos a su vez en varios subconjuntos separados, como ya se ha dicho, unas veces por racheados naturales y otras por líneas incisas y en ocasiones, la realización es mixta. La exposición de la nomenclatura empleada va de izquierda a derecha comenzando por la parte superior; su denominación corresponde a una letra mayúscula A o B para los dos conjuntos, sigue una letra minúscula que denomina el subconjunto y finalmente un número completa la nomenclatura de la figura; de esta manera cualquier nuevo descubrimiento de figuras en este grabado puede añadirse sin alterar el orden de las ya estudiadas (fig.1 y 2).

 

fig1

Figura 1.- Grabado del Cándalo

La incisión por lo general es fina no pasando en general de 2 o 3 mm tanto en profundidad como en anchura, aunque hay algunas figuras que se realizaron más suavemente, otras lo fueron con mayor intensidad. Debe considerarse que este monumento como cualquier otro debe poseer trazados que tras su ejecución deberían ser borrados por causa de equívoco u otra cuestión y que por la propia naturaleza del soporte, resultaba imposible si bien en ocasiones pudo disimularse el error con la construcción de otra forma. Pensamos que el autor tenía personalidad suficiente para operar con numerosos recursos como el mencionado.

 

fig2

Figura 2.- Zonas, conjuntos y figuras del grabado del cándalo

ZONA A

Como antes se indicó, es la situada a la izquierda -sentido N-. Presenta numerosos racheados naturales tendentes a limitar formas rectangulares de tendencia vertical y no hay líneas incisas separadoras de subconjuntos.

CONJUNTO A-a

Está situado en la parte izquierda del grabado y la superficie sobre la que se realizó aparece finamente alisada (Fig. 2).

Figura A-a-1

Es un esteliforme formado por dos series de rectas perpendiculares que resultan radiales a un punto central formando 45º; los segmentos miden entre 10 y 11 cm de longitud.

CONJUNTO A-b

Ocupa una superficie rectangular situada a la derecha de la figura anterior, su forma es rectangular en sentido vertical y está limitada por racheados naturales de la roca (Fig. 2).

Figura A-b-1

Contiene una forma de flecha de 7 cm de longitud a la que se suprimió la aleta superior o bien aparece tapada por el liquen, su sentido es SE y ocupa la parte inferior de una forma rectangular perfectamente limitada por racheados naturales de la roca.

CONJUNTO A-c

Continuando hacia el lado derecho aunque algo más superiormente hay otra superficie rectangular de características parecidas a la anterior aunque algo más corta (Fig. 2)

Figura A -c-1

Es una figura circular realizada con trazo más fino y menos profundo que las demás; tiene un diámetro de 7,5 cm realizado en dirección NW-SE y está algo descompuesta en su parte superior, aquí se ofrece una línea quebrada en tres segmentos en zigzag de 4 cm, 8 cm y 6 cm; un cuarto, de 6,5 cm, parte hacia arriba del extremo inferior y es tangente a la circunferencia. En la macrofotografía aparece otro segmento de 6 cm, ya claramente externo y algo más arriba.

CONJUNTO A-d

Contigua a la parte superior derecha encontramos una superficie modificación de las formas rectangulares tendiendo a la horizontalidad; el límite inferior derecho no parece estar delimitado (Fig. 2).

Figura A-d-1

La figura 1 es una forma lanceada con nervio central, mide 14 cm de larga y 3,2 cm de ancha prolongándose su nervio central 6 cm; se situó en la parte superior en sentido izquierdo aunque algo caída hacia la izquierda

Figura A-d-2

Es otra forma semejante aunque algo mayor y de punta más marcada, mide de larga 17,6 cm y de ancha 4,5 cm; la terminación posterior del nervio tiene 8,7 cm y forma con la prolongación del anterior un ángulo próximo a los 45º; se colocó en sentido próximo al SW.

Figura A-d-3

Es otra semejante a las mencionadas pero un poco mayor; 21 cm de larga y 6,5 cm de ancha, el nervio se prolongó hacia la derecha 5 cm colocándose de forma horizontal y en sentido izquierdo.

Figura A-d-4

Es una forma rectangular de 8,8 cm de largo y 4 cm de ancho. Sobre la mitad de su longitud se trazó una línea paralela a los otros lados que lo dividió en dos mitades no exactamente iguales siendo la de la izquierda algo menor; esta figura es inferiormente tangente a la parte superior de la figura lanceada A-d-3.

Figura A-d-5

Está formada por una línea recta quebrada en cuatro segmentos de 9, 10,5 y 4 cm indicando caprichosa forma de posible inspiración sideral. La figura comienza por la izquierda en la parte superior derecha de la superficie rectangular enumerada y termina en tres diagonales que convergen en la parte superior de la punta A-d-3.

Figura A-d-6

Es una forma de arpón de 23,5 cm con un solo alerón superior y realizado en sentido W; hubo de curvarse ligeramente para no rozar una de las formas lanceadas

Figura A-d-7

Es una forma de flecha de 5,5 cm de longitud situada en sentido W; se situó inferiormente y muy próximo al arpón A-d-6.

Figura A-d-8

En el espacio situado entre las dos formas de lanzas A-d-1 y A-d-2 se trazó un pequeño segmento de unos 4 cm de longitud y algo inclinado a la izquierda.

CONJUNTO A-e

Las siguientes figuras que forman el subconjunto A-e ocupan un espacio situado bajo el anterior estando separadas del mismo en la parte derecha y superior por racheados naturales de la roca algunos ya enumerados al describir el subconjunto A-d; se completan los límites en la parte inferior e izquierda por los propios límites de la roca (Fig. 2).

Figura A-e-1

La figura que nos ocupa está situada en la parte superior izquierda del espacio descrito -bajo la forma circular-; tiene la forma de una punta de flecha de 9,5 cm de larga y se trazó en sentido inferior derecho; el ángulo que forman sus alerones está próximo a los 45º.

Figura A-e-2

Es otra forma de punta de flecha de 5,5 cm de longitud y una abertura cercana a los 90º; su lado inferior es mayor que el superior; se situó a la derecha de la e-1 aunque algo inferiormente.

Figura A-e-3

Algo inferiormente a la forma A-e-1 se observa una forma línea de 17,5 cm de longitud con alerón inferior situado a la izquierda, en la mitad del segmento que marca un sentido próximo al NW.

Figura A-e-4

Es una línea de 17 cm e inclinada hacia la izquierda que corta a la figura anterior cerca del vértice de unión de su alerón.

Figura A-e-5

Es otra línea de 43 cm situada cerca del límite superior derecho de este subconjunto; la incisión de su trazo continúa un racheado natural que la roca posee en este lado que a veces parece interrumpirse. La parte final derecha de esta línea sirvió para completar un triángulo con un racheado vertical y una línea incisa inclinada consiguiendo una forma de alabarda sin nervio central, de 13 cm de altura y 9 cm de base.

Figura A-e-6

Es otra forma de flecha realizada en la parte media de este espacio y en sentido inferior izquierdo, su longitud es de unos 8 cm.

Figura A-e-7

Rozando el extremo derecho inferior de la figura anterior hay una forma compuesta de dos perpendiculares algo desviadas de la vertical hacia el lado izquierdo; tiene 9,5 cm la mayor -tendente a la verticalidad- y 5 cm la más horizontal. En la parte superior derecha de la mayor comienza un segmento que, curvado suavemente hacia abajo, llega hasta el extremo derecho de la otra línea.

Figura A-e-8

Es una forma de arpón de 31 cm de largo con tres pares de grandes alerones laterales de 10-16, 13-19 y 8-16 cm respectivamente; su incisión es muy marcada y su sentido W. Ocupa la parte central de esta superficie.

Figura A-e-9

Es una forma de hacha trapezoidal con la base superior ligeramente convexa; tiene de alta 10 cm y de ancha 9 cm por donde correspondería al filo, situado a la izquierda, que fue trazado completamente recto. Ocupa la parte inferior derecha de este subconjunto.

Figura A-e-10

La parte inferior de este espacio se encuentra ocupado por una forma semejante a la punta y terminación exagerada de una corta y ancha espada o puñalón; hacia la derecha una ruptura de la roca nos impide observar completamente esta interesante figura. Su ancho es de 11 cm y el largo que nos ha llegado es de 33 cm.; presenta un profundo nervio central prolongado hacia la izquierda hasta la terminación de la roca. Este nervio se encuentra cortado de manera caprichosa desde su parte inferior por varios tracitos.

Figura A-e-11

Estas formas se situaron en la parte superior del nervio central de la figura A-e-10. Superiormente presenta una línea de unos 12 cm tendente a la disposición horizontal, su extremo izquierdo termina inferiormente en un corto alerón; en el otro extremo y también en la parte baja, se trazaron, con tendencia vertical, tres paralelas de unos 4 cm de longitud.

Figuras A-e-12, 13 y 14

Cerca de la gran forma arponada A-e-8, y aparentemente en torno suyo, se trazaron tres cazoletas de unos 3 cm de diámetro y unos 2 cm de profundidad, aparentemente sin simetría; dos de ellas ocupan los lados de la parte anterior y una, la número 12, la parte posterior derecha.

Figura A-e-15

Está formada por dos líneas paralelas verticales muy próximas de unos 7 cm., ambas se cortaron en su parte media por el extremo derecho de otras dos igualmente cercanas pero algo más convergentes.

CONJUNTO A-f

Ocupa una superficie situada entre el rachón en el que parece parcialmente grabada una cazoleta oval irregular de unos 16 X 12 cm de ejes y unos 8 cm de profundidad y el racheado inmediato por la izquierda que parte de una oquedad natural de la roca situada superiormente, éste no llega al límite inferior tendiendo ambos a la verticalidad y siendo paralelos determinan una superficie de tendencia rectangular más alta que larga cuya parte superior fue ocupada por un grabados. Su representación unificada con el conjunto A-e en la figura 2, obedece a la intersección de la forma inferior de hoja de puñalón o espada corta trazada en la parte inferior de los dos conjuntos unificándolos al menos parcialmente (Fig. 2).

Figura A-f-1

Es un ángulo agudo formado por lados de unos 7 cm., situado en la parte superior izquierda de la cazoleta central.

Figura A-f-2

En la parte inferior de la cazoleta central aparece trazada una forma de flecha de unos 8 cm de longitud y una abertura de 90º, su sentido es superior.

Figura A-f-3

Se situó en la parte inferior de la superficie mencionada e inmediatamente superior a la figura A-e-10 que parece representar una hoja de espada a la que corta también uno de sus radios. Es una figura semejante al estelar A-a-1 aunque trazada un poco más descuidadamente. Sus radios oscilan entre 7 y 14 cm formando ángulos desiguales aunque próximos a 45º

Figura A-f-4

Uno de los radios, el inferior derecho, de la figura anterior presenta una forma rectangular tangente trazada hacia la parte derecha cuyas dimensiones son de 10,5 cm X 4,8 cm.; esta figura se encuentra dividida en cuatro partes por dos perpendiculares que cortan a los lados en sus puntos medios; todavía presenta una pequeña línea incisa e inclinada hacia la derecha en el cuartel inferior izquierdo. La figura es igualmente tangente al mencionado radio como la forma semejante A-d-4 es a la lanceada A-d-3, siendo idénticas sus dimensiones. Fácilmente se aprecia la concepción unitaria del trazado de la figura junto al esteliforme y por ello la ejecución de éste resultó algo distorsionada.

Figura A-f-5

Inmediatamente bajo el rectángulo de la figura A-f-2 hay trazada una forma de flecha de unos 4 cm y en sentido superior izquierdo.

ZONA B

Es la situada en la parte derecha del rancheado central provisto de cazoleta; al final de esa parte la roca presenta gran deterioro en fragmentaciones de pequeñas superficies rectangulares. Tanto la superficie A como la B no fueron totalmente aprovechadas en su parte superior lo que nos lleva a pensar que, durante la mayor parte del tiempo que el autor tardó en realización del grabado, ocupó preferentemente la parte inferior -siempre en sentido N-. En esta superficie, más pequeña que la zona A, distinguimos cuatro conjuntos determinados parcialmente por unos racheados que se completaron con líneas incisas.

CONJUNTO B-a

Consideramos este conjunto el situado en la parte media superior de esta zona no presentando límites naturales en la parte inferior en donde es acotado con líneas incisas que enumeraremos a lo largo del trabajo (Fig. 2).

Figura B-a-1

Corresponde a una forma lanceada de 12 X 4,4 cm realizada con nervio central y su sentido es izquierdo inferior.

Figura B-a-2

Es otra forma lanceada semejante, de igual longitud aunque un poco más ancha, 5,5 cm acompañada también de nervio central; su sentido es derecho.

Figura B-a-3

Los nervios centrales de las figuras anteriores se prolongaron hasta representarse unidos por una línea incisa y profunda de 34 cm, dicha incisión al llegar a la figura lanceada de la derecha cambia su dirección ligeramente ascendente por la horizontal.

Figura B-a-4

Es una forma de flecha situada bajo la primera forma lanceada; su ejecución es muy cerrada y tiene 10 cm de larga, su sentido es inferior y su punta esta mal acabada y ligeramente curvada hacia la derecha.

Figuras B-a-5-6-7-8-9-10-11-12 y 13.

Son una serie de líneas incisas de las que las números 5 y 6 pueden hacer referencia a separaciones de este conjunto y el situado en la parte inferior izquierda. Las limitaciones con los conjuntos situados en la parte derecha se enumeran al describir estos. La número 5 tiene 13,5 cm y, como ya se ha dicho, sirve de límite superior a los conjuntos de ese lado; la número 6 es ligeramente curva y tiene 12,5 cm comenzando en el extremo derecho de la anterior y realiza una función semejante. Continuemos por la parte central inferior del conjunto que nos ocupa, aquí un resalte de la roca impidió realizar trazados. A la derecha, entre éste y las formas lanceadas, se realizaron una serie de líneas que hemos denominado con los número 7, de 12 cm y él 8 de 12,5 cm. Ambas forman un ángulo próximo a los 45º cuyo vértice señala la derecha, en la parte opuesta se trazaron dos paralelas que corresponden a los números 9 y 10, tienen respectivamente 7 y 8,5 cm, con su realización se construyó una forma triangular que podría corresponder a una forma de alabarda sin nervio central, La línea número 11 tiene unos 12,5 cm y se trazó superiormente cortando al eje que une las formas de lanza muy cerca de su parte media La número 12 se situó en la parte inferior del citado eje y es paralelo al mismo, tiene 7,5 cm La 13 es un pequeño trazo de un par de centímetros, aparentemente sin sentido que corta el eje lanceado muy próximo también a su parte media pero a la izquierda de la forma anterior. Por el momento nos resulta imposible averiguar el sentido de estos últimos trazos que con aparente desorden rellenan el mencionado espacio.

CONJUNTO B-b

Está situado en una superficie que se localiza en la parte media izquierda de esta segunda zona; hay un sector en su parte inferior izquierda que no se ocupó; está claramente limitado en la parte superior por las dos líneas incisas ya descritas, B-a-5 y B-a-6; mayor dificultad ofrece la descripción por el lado inferior derecho en donde parece que se completó con el trazado de otras formas (Fig. 2).

Figura B-b-1

Este número corresponde a una línea incisa horizontal de unos 10 cm de longitud que comienza en la parte inferior derecha del gran hueco central del rachón separador de las zonas A y B.

Figura B-b-2

En un punto de la línea anterior situado aproximadamente a un tercio de su parte izquierda, confluyen cuatro líneas rectas que se abren hacia la parte baja; comenzando por la izquierda sus medidas son de 8,5-10,5-13 y 6,5 cm.; forman ángulos adyacente muy agudos. El segmento tercero, comenzando por la izquierda, se prolongó 3,5 cm más arriba de la línea horizontal B-b-1 a la que corta.

Figura B-b-3

Justo en la terminación derecha de la citada línea horizontal fue trazada con marcada incisión una forma de punta de flecha de 12-15 cm, su sentido es inferior y la punta coincide con el trazado de una cazoleta.

Figura B-b-4

El alerón derecho de la punta mencionada se aprovecho para realizar otra forma de punta semejante pero en sentido contrario; tiene 27 cm de largo y su eje fue realizado algo asimétrico hacia la izquierda; su trazado es igualmente intenso. El eje central se cortó en la parte media horizontalmente con un trazo de unos 7 cm. Esta incisión parece querer remarcar la forma de flecha.

Figura B-b-5

En la terminación inferior del alerón derecho de la figura anterior se trazó una línea de 6,8 cm, inclinada hacia la derecha y cerca de su extremo izquierdo parte una línea de 3 cm que llega hasta el extremo inferior del alerón mencionado; próximo a este trazo, hay inferiormente otra paralela a ella que mide 4 cm y llega muy cerca de la línea situada inferiormente y que hemos tomado como límite parcial de este conjunto.

Figura B-b-6

Continuando la superficie por la derecha, algo superiormente vemos una serie de líneas en disposición semejante a la figura B-b-2 -tres ángulos adyacentes muy agudos-; comenzando por arriba las líneas miden 8-8,5-9,5 y 14,5 cm, en el vértice se trazó una prolongación hacia la izquierda con un segmento horizontal de 3,5 cm que llega hasta la gran flecha central.

Figura B-b-7

Es una cazoleta de 4 cm de diámetro y unos 2 cm de profundidad situada en la parte superior de este conjunto.

Figura B-b-8

El vértice de la punta de flecha B-b-3 se encuentra ocupado por una cazoleta más superficial que la anterior, tiene de diámetro 2,7 cm.

Figura B-b-9

Es una dudosa cazoleta de 1,7 cm de diámetro y escasa profundidad grabada a la izquierda, muy cerca de las formas angulares B-b-6

Figura B-b-10

El nervio central de la gran flecha B-b-4 corta inferiormente a una incisa recta de 22 cm; está muy inclinada hacia la derecha llegando por esta parte hasta las proximidades de la figura B-b-6. Esta línea puede tomarse como límite inferior de otro conjunto pero nosotros preferimos no hacerlo por la intersección de algunos elementos.

Figura B-b-11

Bajo la línea anterior se encuentra una superficie cuyo extremo inferior está muy alterado, no obstante la parte alta de la superficie ofrece ciertas posibilidades para el grabado y se ocupó con tres figuras; la que ahora nos ocupa es la primera por la izquierda y corresponde a una forma de punta de flecha de 6,5 cm de longitud en sentido inferior con alerones muy pormenorizados resultando una punta trazada con extraordinaria meticulosidad en la parte izquierda del nervio central se trazó un alerón más en el mismo sentido.

Figura B-b-12

Es otra forma de flecha de 6 cm de longitud ahora en sentido superior, fue trazada con dos pares de alerones, se situó próxima a la anterior y a su derecha.

Figura B-b-13

Corresponde a una línea de 8 cm situada a la derecha de la anterior y cerca de la misma siendo estas tres figuras paralelas

CONJUNTO B-c

La superficie que ocupa está situada en el centro derecha de esta zona e inmediato por este lado del pequeño racheado central de esta segunda zona; es como un pasillo rectangular en dirección NE-SW. Este espacio se encuentra claramente limitado y se encuentra atravesado en su parte media superior por un racheado natural ligeramente cóncavo en su parte inferior cuyas terminaciones laterales parecen prolongadas por profundas incisiones (Fig. 2).

Figura B-c-1

Corresponde a una línea de unos 10 cm situada en la parte superior del racheado; con tendencia horizontal es la línea del límite superior de este conjunto con el B-a.

Figura B-c-2

Bajo la línea anterior hay otra de unos 8,5 cm, su lado izquierdo comienza cerca de la terminación del mismo lado de la línea superior; aparentemente se trazó para lograr una forma triangular completada con el límite derecho de este conjunto. Seria la representación de una forma de alabarda sin nervio central.

Figura B-c-3 y B-c-4

Bajo el mencionado racheado central hay dos líneas muy próximas, paralelas e inclinadas hacia la izquierda por debajo de la horizontal que miden 8 cm.

Figura B-c-5

Muy cerca por debajo y en parecida disposición -ya casi horizontal-, hay otra de 9 cm; su extremo derecho acaba en una delicada punta de flecha e invade ligeramente el conjunto inmediato por ese lado.

Figura B-c-6

Continuando hacia la parte inferior se observa otro trazo de 9 cm, en disposición parecida aunque ligeramente curvada, semejante en esto a la B-a-6, sirve de límite inferior de este conjunto.

CONJUNTO B-d

Es el situado más a la derecha de la zona media. Hacia esa parte, la roca va paulatinamente deteriorándose a medida que se acerca el límite lateral. A unos 24 cm de este extremo hay un racheado de tendencia vertical aunque inclinado hacia la derecha, su parte media e inferior sirve de límite al conjunto que nos ocupa. Superiormente puede considerarse un acotamiento del conjunto B-a (Fig. 2).

Figura B-d-1

Es la línea curva de unos 40 cm ya mencionada, situada en la parte superior y el lateral izquierdo.

Figura B-d-2

En la parte superior derecha se trazó una forma rectangular de 8,5 cm de alta no pudiendo conocer el ancho por estar la roca deteriorada en esta parte; está dividida interiormente en superficies de tendencia rectangular.

Figura B-d-3

Aprovechando la línea B-d-1 se trazó cerca de su parte central una forma de triángulo isósceles de 5 cm de base y 10 cm de altura la cual también fue trazada y que corresponde al nervio central de una forma de una alabarda.

Figura B-d-4

Muy próxima por debajo y paralela a la línea inferior de la forma de alabarda hay, de uno a otro lado del conjunto, una línea profunda incisa de 10 cm de longitud.

Figura B-d-5

Bajo el racheado central se realizó otra línea inclinada de14,5 cm que compone, con las dos anteriores, una forma de alabarda con nervio central en sentido opuesto a las B-d-4 y B-d-6.

Figura B-d-6

Inferiormente el conjunto presenta otra forma triangular semejante a la B-d-3 y en el mismo sentido aunque es algo más pequeña; tiene 4 cm de base y 9 de altura, corresponde también a otra forma de alabarda evolucionada.

RELACIONES

FORMAS RADIADAS

Las figuras radiadas A-a-1 y A-f-2 posiblemente corresponden a representaciones estelares. La marcada separación de la primera a poniente y la especial preparación de la superficie que la sirve de soporte mediante un fino pulido nos lleva a pensar que su representación cósmica fue muy valorada dentro de la parcela social armamentista en que se movía el autor. La A-f-2 con un rectángulo tangente, semejante al que muestra la forma lanceada A-d-3 viene a determinar sin lugar a dudas una clara relación entre estas formas de inspiración estelar y las armamentistas.

Formas semejantes se encuentran en algunos grabados de Hurdes tales como en el Castillo I; Pinofranqueado, Cáceres (Fig. 4); en el Cancho de los Letreros, Tejeda y Segoyuela, Salamanca (Fig. 3); el Canchón, Vegas de Coria, Cáceres (Fig.4). En este último asociado a formas circulares que con otros acabados parecen representar formas de primitivas ruedas.

Hemos de señalar su ausencia generalizada en los grabados peninsulares incluidos los petroglifos gallegos, así como entre los motivos de la pintura rupestre hispana y el arte mueble, sobre todo en los recipientes cerámicos, estos últimos incluyen numerosas representaciones estelares generalmente logradas con un disco central radiado externamente que son tomadas principalmente por representaciones del Sol.

De su observación en los conjuntos anteriormente apuntados se deduce su variada y restringida representación. En efecto esteliformes formados por 8-9 radios asociados a armas aparecen en el Castillo I de Pinofranqueado pero su coetaneidad es más que dudosa, por la diferente técnica de los grabados y por la muy posterior cronología de las espadas representadas. (Fig. 4). De ejecución independiente está en el grabado de Tejeda y Sergoyuela (Fig. 3) pues el resto de los contenidos de este monumento, cruces y fechas, deben ser muy posteriores. En Vegas de Coria (Fig 4), la asociación más verosímil, en cuanto a idéntica técnica de grabado, se debe establecer, entre otros signos, con los escaleriformes. La relación que pudiera haber existido con las representaciones de ruedas, en ese monumento, por su diferente técnica, deben indicar momentos diferentes, probablemente fueron añadidas posteriormente.

Los conjuntos hurdanos más parecidos a este del Cándalo, en cuanto a repertorio de armas se refiere y en particular a presentar las mismas formas lanceadas, no poseen con claridad este tipo de relación cósmica, así ocurre en los del Puerto del Gamo, Casar de Palomero, Cáceres (Fig. 4); en el de la Hoya de Azabal, Azabal, Cáceres (Fig. 3). Si hay una relación parecida en Peña Rayá de Huetre, Cáceres (Fig.3), aunque los estelares que allí se presentan son de cinco puntas correspondientes a las diagonales de un pentágono de tendencia regular aunque carece de las formas lanceadas.

Ya hemos dicho que en el grabado del Cándalo la integración entre las figuras estelares y la representación de armas es clara y por ello su asociación en los contenidos del relato deben estar fuera de toda duda.

CIRCUNFERENCIAS

La figura circular A-c-1 se trazó con un diámetro inclinado de la vertical hacia la izquierda unos 45º. Ya se dijo que externamente presenta en la parte superior derecha unas líneas rectas formando ángulos de apariencia caprichosa que añaden determinadas características.

En general este tipo de formas circulares está muy extendida entre los grabados peninsulares sobre todo en los gallegos y en los hurdanos, pero todos ellos presentan alguna característica que les hace diferir de los demás; en el que ahora estudiamos es el diámetro interior y los angulares externos superiores lo que constituyen su singularidad dentro del repertorio.

Hemos de volver una vez más nuestra mirada a los grabados hurdanos para encontrar la mayor semejanza; es en las circunferencias grabadas del monumento de Aceitunilla, Nuñomoral, Cáceres (Fig. 3), donde parecen tener mayor semejanza, allí se asocian a triángulo y ángulo con línea, todos interiores. Otras formas circulares parecidas aparecen en el Puerto del Gamo (Fig. 4), uno situado en la parte inferior izquierda de aparente ejecución fina y bastante independiente del resto de las formas; tiene dos líneas interiores que se cortan formando ángulos de 80º y 100º; otro semejante está integrado plenamente con las demás formas que ocupan la parte superior derecha e interiormente tiene dos líneas perpendiculares que se cortan en el cuadrante inferior. Los ejecutados en Vega de Coria (Fig. 4), en su mayoría se radiaron y se aparecen acompañados de algunos estelares radiados sin círculo y en ocasiones asociados a escaleriformes. Ya se dijo que, algunas de las formas circulares de este último monumento, corresponden a representaciones de ruedas muy primitivas.

Su identificación con escudos más primitivos que los de las estelas de guerreros puede resultar por lo menos dudosa ya que en el mencionado grabado de Aceitunilla no contiene representación de armas y sí se une a estelares y escaleriformes; parecida cuestión muestra el de Vegas de Coria (Fig. 4) aunque aquí aparece la rueda como protagonista. Intuimos que quizás esta forma indica más bien el movimiento que la defensa personal; ello, y su semejanza con el disco solar, con su aparente movimiento cotidiano es claramente relacionable con la utilización de la rueda como circunstancial generador de movimiento y quizás una relación de estas cuestiones con el escudo, sobre todo por su indudable forma redondeada, lo que debió producir, a algunos individuos, una primitiva indecisión sobre su verdadera funcionalidad.

RECTANGULOS

Las figuras A-d-4, A-f-3 y B-d-2 (Fig. 2) corresponden a formas rectangulares. En ellas hemos de distinguir además del aspecto formal su disposición adosada a otra figura. En cuanto a su forma sus paralelismos son numerosos ya que este tipo de formas en sus numerosas variantes, están presentes desde el Paleolítico. Hay semejanza con algunas formas del grabado del Puerto del Gamo (Fig. 4). También dentro de la pintura esquemática se encuentran temas rectangulares parecidos especialmente entre los numerosos paneles de Nuestra Señora del Castillo, Almadén, Ciudad Real. Todos ellos son englobados en el genérico nombre de Tectiformes o Estructuras y sus significados, siempre dudosos, suelen estar en consonancia con las demás figuras a las que acompañan; entre éstas, el trineo como rústico vehiculo de arrastre es el fondo que se le atribuye en paneles donde ya aparece con claridad los esquematismos de carros. El descubrimiento por uno de nosotros, Manuel, de un nuevo grabado en Hurdes, todavía inédito, en el que se nos muestran al menos dos rectángulos, muy parecidos a los ahora estudiados, unidos a una larga cola que comienza en una forma de cometa constituyen un paso más hacia la determinación de su significado (Fig. 6).

Pero fijémonos además de su forma en su disposición. La primera lo es junto a una forma lanceada, la segunda es tangente a uno de los segmentos de una de las dos formas estelares, -la tercera representación rectangular aparece en la parte derecha del monumento y no nos interesa de momento por sus diferencias formales y disposición-. Son algunos escaleriformes los que se han presentado adosados a formas estelares, sobre todo los representados en Vega de Coria (Fig. 4) y Aceitunilla (Fig. 3). El hecho está también presente en la pintura esquemática pero en este caso las escaleras aparecen unidas a la forma solar, sirvan como ejemplo las representadas en el Canchal del Cristo, valle de las Batuecas, Salamanca[1] (Fig. 5) y en el Solapo del Águila, en el río Duratón, Segovia[2], (Fig. 5); la primera situada muy cerca de los grabados hurdanos. Ambas cuestiones, forma y situación adosada, nos sugieren un significado del que luego hablaremos con mayor extensión.

ANGULARES MULTIPLES

Denominamos así a las formas B-b-2 y B-b-6. Estas figuras están formadas por ángulos consecutivos, en ellos la idea de convergencia-divergencia es manifiesta. Únicamente se representaron en el conjunto B-b.

Solo existen paralelismos de estas formas en los grabados del N de la provincia de Cáceres por lo que hemos de deducir que ambas sociedades conocían los contenidos de estos símbolos que suponemos debían estar más cercanos de los aspectos cósmicos que del armamentístico según se deduce de sus representaciones sobre todo en el del Puerto del Gamo (Fig. 4). Allí se encuentra uno semejante; está situado entre las formas de la parte superior y asociado mediante línea a formas rectangulares, cazoleta y escaleriforme. La línea superior sobre la que se ejecutó el angular múltiple parte de una cazoleta situada a la derecha y, tras atravesar en un recurrente zigzag la zona media, acaba en una punta de forma lanceada, en la zona central de esa línea dan comienzo numerosos escaleriformes y rectangulares de aquí nuestra inclinación a darles contenidos parecidos.

La Peña Raya de Huetre (Fig. 3) conserva otros tres próximos a la parte inferior de la cazoleta central la cual parece tener un contenido heliocéntrico y que pudiera tener algún paralelismo, en este sentido, con nuestra semicazoleta central. Estos angulares se asocian en el Puerto del Gamo a otras líneas, a numerosos escaleriformes y rectangulares constituyendo una maraña de tipo reticular, a la que se asocian también cazoletas y armas -puntas de flecha y de pequeñas lanzas, aunque no poseen la prolongación lineal que tienen los del Cándalo. De lo dicho deducimos que la relación directa con armas está más difusa en los hurdanos los cuales parecen insistir más en sus contenidos astrales.

LINEAS

Existen en el Cándalo otras líneas que parecen corresponder a formas de menor categoría, quizás algunas se deban a equivocaciones, rellenos, etc. y quedan como expresiones abstractas de escaso o nulo contenido pero pueden significar rayos de luz o conceptos naturales o literarios, de cualquier forma sus contenidos se nos escapan perdidos en el tiempo y en la propia naturaleza del símbolo.

ARMAS

HACHAS

Una forma de hacha ancha y corta, de filo plano, cuyo perfil desconocemos fue trazada en la parte inferior del conjunto A-e, sus características no presentan paralelismo en la bibliografía consultada sobre este tipo de formas grabadas. Puede ser considerado como útil o como arma, en cualquier caso aquí lo incluimos en el repertorio armamentista. Su forma achatada y de filo plano parece comunicarle una cronología anterior al Bronce Final, aunque normalmente fueron armas o útiles de gran pervivencia.

LANZAS

Las cinco formas lanceadas que se representaron fueron realizadas con nervio central y son en todo semejantes a las representadas en los grabados hurdanos. Las mismas formas se encuentran presentes también en algunas estelas de guerrero (Fig. 5). Entre las primeras se encuentran las ya mencionadas del Puerto del Gamo (Fig. 4) y Hoya de Azabal (Fig. 3) ambas en el N de la provincia cacereña. En las estelas aparecen al menos en Robledillo de Trujillo, Torrejón I en la provincia de Cáceres y en la de Cabeza del Buey en la provincia de Badajoz (Fig. 5). Su presencia en estos monumentos, clasificados dentro del primer momento del segundo periodo de las estelas, es plenamente realista y no deja lugar a dudas sobre su función a pesar del aspecto vegetal u otras apariencias que parecen poseer en determinados grabados. En el Cándalo su parecido foliáceo lleva al autor a sugerirnos esos contenidos por su especial distribución, parece querer hacer alegres modificaciones que llenen de sugerencias alejadas del contenido real de estas formas e incluso parecen estar fuera del ambiente cósmico y armamentista que las rodea. Esta cuestión parece repetirse en las hurdanas pero con otras sugerencias[3]. Todo esto se ha perdido en las representadas en las estelas donde es evidente su funcionalidad y ayuda a clarificar su significado en la representación de los grabados.

PUNTAS DE FLECHAS

Es el arma más representada en este tipo de monumentos a ello contribuyó la abundancia de su utilización tanto en la caza como en las confrontaciones personales por su capacidad de actuar a distancia tras un rápido y preciso movimiento. Su abundancia es también debida a su pequeñez y con ello el menor gasto de materia prima en su realización. No se puede asegurar si su manufactura fue realizada en metal, piedra o hueso aunque es propio de ese tiempo la paulatina sustitución de otros materiales por el bronce. Numerosas y variadas son las puntas de flechas representadas, agudas, anchas, alargadas…, en ocasiones lo son muy pormenorizadas como ocurre en la figura B-b-11; otras se representaron con dobles alerones como ocurre en la B-b-12 y en ocasiones es la simplificación o la desmesura lo que prima como parece que ocurre en la A-e-3, la A-f-1 y la forma A-e-8 cuyos dibujos producen dudas sobre su verdadero contenido como armamento.

Entre las formas representadas destacan por su tamaño e intensidad de grabado B-b-3 y B-b-4 sobre todo esta última que podría pertenecer a alguna punta de venablo. En cuanto a la forma A-e-8 que fue dibujada con tres pares de alerones parece indicar una flecha sobrevalorada, superlativa y es muy posible que el autor intentara sugerir algo más que la simple expresión de un arma en la cual estaría asegurada su función a mucha mayor distancia. Al igual que las formas mencionadas B-b-8 y B-b-9 fue grabada con mayor intensidad y con tres cazoletas muy próximas lo que le añade posiblemente otros contenidos.

ALABARDAS

Estas armas grabadas con nervio central fueron realizadas en el subconjunto B-d. Aquí una vez más se jugo con racheados sugerentes para el autor consiguiendo mediante el añadido de líneas, formas triangulares que corresponde a figuras de alabardas de bronce. Otras formas triangulares parecen sugerir alabardas más primitivas como pueden ser las figuras A-e-5 y las formadas por las líneas B-a-7, 8 y 10. Una vez más hemos de mirar a los grabados hurdanos para encontrar referencias; entre estos indicamos los de Huetre (Fig. 3) y Aceña (Fig. 4); menor similitud parece haber en los del Puerto del Gamo (Fig. 4) y Azabal (Fig. 3). También entre los grabados portugueses y gallegos está extendida este tipo de formas si bien en estos últimos existen numerosas diferencias formales a la hora de su ejecución.

ESPADAS

El dibujo situado en la parte derecha inferior, figura A-e-10, posiblemente corresponda a un puñalón o corta espada con nervio marcado y prolongado como en el caso de las formas lanceadas del subconjunto B-a; de ella solamente nos ha llegado la punta con la mitad inferior de su hoja. Como en el caso de las lanzas no parece ser un arma muy evolucionada y formalmente parecen seguir viejos moldes. Ambos tipos de armas encajan perfectamente con el resto armamentista de este inventario, no se debe sospechar que sea un añadido posterior como ocurre con la mayoría de las espadas representadas en los grabados hurdanos. Su sugerente expresión formal por ampliación y prolongación del nervio central realzando con profundidad su grabado parece indicar una gran valoración para el autor. La pérdida de su dibujo en la parte correspondiente al puño imposibilita deducir su tipología con mayor claridad, en cualquier caso nos parece bastante singularizada dentro de este tipo de realizaciones.

CONCLUSIONES

Dada la naturaleza lineal abstracta, y el escaso número de este tipo de monumentos resulta imposible, por el momento, sintetizar con certeza sobre el total de contenidos que encierran; su análisis nos puede llevar a emitir alguna conclusión verdadera y opinar con diferentes márgenes de certeza sobre otros aspectos.

La primera conclusión cierta a la que nos conduce el estudio anterior es a extender la representación de este tipo de grabados hacia el SE de la provincia de Cáceres, hasta ahora estaban restringidos a la comarca de Hurdes -N de nuestra provincia- y muy puntualmente en el S de la de Salamanca. El repertorio se ve aumentado por éste y otros grabados de los términos de Torrecilla, Aldeacentenera y Garciaz, paso obligado por el N del batolito granítico de Logrosán, importante centro minero de casiteritas.

La segunda conclusión nos sirve para clasificar todas estas figuras en tres grupos:

El primer grupo está formado por las formas armamentistas.

El segundo por las estelares.

El tercero contiene todos los demás signos, en general, como ya se ha dicho, son formas lineales abstractas; a éstas las hemos denominado estructuras relacionables.

En algunos de estos grabados, a la representación parcial del cosmos, representado mediante formas que evocan sin dificultad alguna, determinadas estrellas, se intenta unir una parte muy valorada del mundo terrenal, representado por las figuras de armas, para conseguir esta unión, por fuerza imaginada, se utilizan una serie de signos que denominamos estructuras relacionables. Este intento de relacionar lo cósmico con lo terrenal, no es fácil de conseguir para el autor y, de acuerdo con la mentalidad de su cultura, recurre a dibujar varios objetos que a veces son repetitivos en varios grabados. Ellos, junto a los demás signos, pueden servir de ilustración a los relatos, sobre todo literarios, que sin duda existían y cuyos fondos tendrían como base supuestos viajes cósmicos de determinadas armas. A lo largo del repertorio que nos ofrecen todos estos grabados se observa que para solucionar la dificultad de establecer esas relaciones, nuestros autores hacen uso de numerosos signos entre los que se encuentran algunos con una clara simbología de unión natural, como los escaleriformes y otros cuyo convencionalismo nos impide determinar con mayor exactitud sus contenidos entre estos estarían las formas rectangulares adosadas al estelar A-f-3 y a la forma de lanza A-d-3, a ellas les damos significaciones de trineo, rústico vehículo que, ocasionalmente es pintado en el arte esquemático de manera parecida[4]. Mayor veracidad se encuentra si al dibujo representativo del grabado inédito de La Joya de Azabal II (Fig. 6), se le pintan las formas poligonales más representativas que encierra. Entonces a la forma de cometa y posibles trineos hay que añadirles directamente enganchada por la derecha, una choza que aparece como «bendecida» por dos potentes cazoletas, de la misma manera como las cruces cristianas señalan cierta protección del lugar donde se encuentran.

Esencialmente nuestro grabado sería la ilustración de un relato en el que uno de estos fantásticos trineos deja una estrella y se nos acercaría impulsado fantásticamente por un arma a cuya punta se sujeta. Indudablemente hay una desproporción entre los dibujos de estas dos formas, o la lanza es mayor o el trineo es de miniatura, opinamos que éste es un convencionalismo al que debemos ir acostumbrándonos si intentamos descubrir los contenidos de nuestros grabados (Fig. 6).

Es una pena que los fondos de esos relatos, en nuestra opinión propios de la Literatura, -quizás de alguna manera religiosa por su tradición calcolítica como ahora veremos,- repito, esos riquísimos fondos culturales ilustrados en nuestros grabados, muy pronto se perdieron con el consumo armamentista y de objetos de lujo manifestado en nuestras estelas en las cuales no pueden rastrearse ya, los demás grupos de símbolos.

Otra cuestión es la aparente pérdida de la religiosidad calcolítica puesta de manifiesto en los denominados ídolos -placa y presentes en una variedad de formas en la pintura esquemática, decoración en cerámicas e incluso grabados. Es indudable la existencia de un doble triangular realizado en lugar preferente en el grabado del Puerto del Gamo, Casar de Palomero, Cáceres, es precisamente en este excelente grabado donde no se representaron estelares. En la Peña Raya de Huetre aparecen ambas formas y puede suponerse en ellas un intento de sincretismo y de adecuar las viejas creencias calcolíticas con las nuevas visiones cósmicas del mundo de la metalurgia. Cada vez se observa más una sustitución de las viejas tradiciones religiosas por las creencias de las sociedades de tecnologías más avanzadas y portadoras esencialmente de un mayor desarrollo metalúrgico.

CRONOLOGIA

Algunas de las armas representadas pueden remontarse a épocas muy tempranas, hachas, algunas alabardas, puntas de flecha cuya manufactura metálica debe suponerse. En nuestra zona, sus comienzos manufacturados en bronce se sitúan en el Bronce Medio. La presencia de puntas de lanza semejantes a las grabadas en las estelas indican tiempos no anteriores al 750 a. C.[5] aunque existe algún tipo en hueso con singular parecido que se realizó en el Bronce Medio[6] y quizás derivado de alguna tipología de las puntas palmela propias de la fase Campaniforme del Calcolítico Final.

Todo ello traduce un largo periodo de utilización de algunas de las armas representadas. La ausencia en los grabados de escudos con escotadura en V y la presencia de primitivas ruedas de carro junto a esteliformes en el grabado de Vegas de Coria pero en distinta forma de ejecución (Fig. 4), ayudan a clarificar el panorama. Los primeros contribuyen a datar las estelas de guerrero en torno al s. VIII a C. y su ausencia en estos grabados posibilita datar su factura un poco antes, más cercana a los comienzos del Bronce Final. Las ruedas nos indican un tiempo posterior a los estelares.

Parecido aspecto señala la cantidad de las piezas grabadas, su número no determina con claridad que sea exclusivamente el ajuar de un guerrero como es propio de las estelas. En nuestra opinión el autor lo que intenta es mostrarnos de manera literaria el origen último de las armas metálicas o de alguna de sus cualidades aunque ya la ostentación personal, propia de las estelas, parece que se nos intenta sugerir. Poco después grabados y estelas no parecen convivir; posiblemente en un corto periodo de tiempo se suceden en un espacio relativamente próximo; recordemos que la estela de Solana de Cabañas[7], (Fig. 5) y las de Almoroquí[8], (Fig. 5) se encontraron a cortos km. del Cándalo.

Si fue una cultura que evolucionó o si fueron dos tipos de cultura que, en un principio se enfrentaron o que muy escasamente en el tiempo convivieron, no lo sabemos, lo cierto es que una sustituyó a la otra de manera bastante radical.

DOCUMENTACION GRAFICA

fig3Fig. 3

 Lam I - a Candalo

Lám I.- Vista general del grabado del Cándalo

Lam II Cándalo

Lám II.- Zona izquierda del grabado del Cándalo

Lam III Cándalo

Lám III.- Zona derecha del grabado del Cándalo

Lam IV Cándalo

Lám IV.- Zona izquierda del grabado del Cándalo; detalle.

BIBLIOGRAFIA:

[1] Breuil, H (1933-35): Les pintures rupestres schématiques de la Péninsule Ibèrique, vol. I, Lagny.

[2] Lucas Pellicer, Mª R. (1971): Pinturas rupestres del Solapo del Águila (río Duratón, Segovia).

[3] Sevillano S. José, Mª del Carmen (1991): Grabados rupestres en la comarca de las Hurdes (Cáceres). Universidad de Salamanca.
Benito del Rey, Luis y Grande del Brío, Ramón (l995): Petroglifos prehistóricos en la comarca de las Hurdes (Cáceres). Simbolismo e interpretación, Gráficas Cervantes, Salamanca.

[4] Acosta, Pilar (1968): La pintura rupestre esquemática en España. Universidad de Salamanca, Facultad de Filosofía y Letras, Salamanca, pág 93 ss.

[5] Almagro, Martín (1966): Las estelas decoradas del sudoeste peninsular. Biblioteca de Praehistorica Hispana VIII. Madrid.

[6] Fernández Ibáñez Carmelo (1996): Las puntas de flecha de hueso en la Prehistoria reciente del País Vasco y Navarra, dentro del contexto pirenaico y peninsular. En el final de la Prehistoria. Actas de la II Reunión de arte esquemático abstracto. Santander, pág. 164. Asociación Cántabra para la defensa del Patrimonio Subterráneo.

[7] Roso de Luna, Mario (1898): Lápida sepulcral de Solana de Cabañas, en el partido de Logrosán. B.R.A.H., vols XXXII y XXXIII, Madrid, pág 179-182.

[8] Beltrán Lloris, Miguel (1973): Estudios de Arqueología cacereña. Monografías arqueológicas XV. Facultad de Filosofía y Letras. Zaragoza.

Oct 011992
 

Manuel Rubio Andrada.

SITUACIÓN Y GENERALIDADES

La cercana sierra de S. Serván se encuentra situada en la parte SW de la ciudad de Mérida. Está formada por una cadena montañosa de cuarcitas primarias que emergieron en suelos generalmente pizarrosos. La población de S. Serván se encuentra cercana al comienzo del flanco W; de ella recibe el nombre.

Por su número y contenido esta sierra es uno de los núcleos con pinturas rupestres de tipo esquemático más importantes de nuestro país. Las que presenta la cara NE fueron presentadas y estudiadas por H. Brehuil en 1933[1], la cara W permaneció en el anonimato hasta 1983 siendo publicado un inventario muy completo de las mismas por Manuel León Gil y Ramón García-Verdugo Rubio[2]. Este estudio insiste en el dibujo individual de cada signo, su denominación y localización, faltando en él, las relaciones necesarias para una mayor comprensión.

En el trabajo que ahora presento aporto una relación de uno de los conjuntos de esa sierra con otros de las culturas maya y azteca. Culturas diferentes y muy distantes que, como cosa natural, tenían de fondo común la importancia del Sol y la Luna en las medidas temporales, la semejanza entre la expresión de esas medidas y su funcionamiento me llamó la atención proponiéndolo ahora como centro de reflexión y coloquio. Esta expresión conduce al descubrimiento de un sistema de numeración que pudo utilizarse durante parte de la Edad del Bronce extremeño. En los casos del maya y azteca era vigesimal[3].

El tema de la representación de un calendario y su relación estructural con «el calendario azteca» o «piedra solar» en uno de los conjuntos de la cueva Bermeja en el Parque Natural de Monfragüe fue presentado por mí en los Coloquios Históricos de Extremadura celebrados en 1983 en Trujillo; posteriormente en 1991 A. González Cordero redescubre estos mismos conjuntos inclinándose por la hipótesis antes apuntada[4] (Lám 1). Ahora relaciono el de la sierra de S. Serván con los calendarios religiosos maya y azteca publicados por la Sociedad Estatal para el Quinto Centenario (5).

DESCRIPCIÓN DE LAS PINTURAS

Se encuentran en el abrigo número 13 denominado por sus descubridores «Las Emes», en la cara W de la citada sierra de San Serván. Son sus coordenadas lat. 38º 50′ 15» y long. 2º 42′ 40», hoja 777 del mapa topográfico 1/50000 (Fig 1 y 2).

En esencia constan de dos circunferencias tangentes, segmentadas externamente, realizadas en color rojo y trazo grueso estando parcialmente perdidas en la parte derecha; el tamaño difiere en ambas, sus diámetros internos están aproximadamente en la proporción 6/10; la mayor presenta internamente tres círculos de tendencia concéntrica y el centro marcado por un punto; la circunferencia menor parece tener 15 ó 16 segmentaciones y la mayor lo probable es que posea 24; solamente tiene la maya en su círculo menor 13 y 20 en el mayor (Fig 3).

Esto probablemente indica que las «semanas» de nuestros antepasados tenían 24 días y las de los mayas 20. Si se multiplica el número de días de la «semana» por las veces que se segmentó la circunferencia pequeña se obtiene la duración de un año ó 23×16=368 días. El nuestro arroja una duración posible total de 24×15=360 días, siendo la de los maya y azteca de solamente 20×13=260 días[5]. El sistema de numeración empleado en cálculos ordinarios, el utilizado por los «extremeños» muy posiblemente fuera de base 24 ó muy cercana a ese número. ¿Se extendería el empleo de este sistema de numeración a otros ámbitos de la vida?, lo probable es que si, de cualquier modo esta hipótesis está por comprobar. El material con que contamos es bien escaso y frágil, estaría formado por algunos conjuntos de puntos y barras que, dentro del esquematismo, pueden indicar tablas elementales de contabilidad.

Podemos preguntarnos por la causa de que los calendarios americanos durasen solamente 260 días, -13 semanas de 20 días -, ello lo motiva el empleo de una contabilidad temporal basada en su sistema de numeración, que era precisamente el vigesimal; cabe señalar la existencia en aquellas naciones precolombinas de otro calendario civil que duraba 365 días, la combinación de ambos calendarios nos daba una duración de 18.980 días, este siglo de 52 años, indicaba la terminación de un ciclo solar y temían que el Sol no volviera a salir más, los cinco últimos días era de funestos presagios y el fin de año se apagaba todo el fuego y se escrutaba el firmamento hasta que un nuevo día confirmada el renacer del Sol. El empleo de ambos calendario estaba justificado para hallar mayores precisiones cósmicas.

FUNCIONAMIENTO

Las circunferencias se ensamblan a manera de ruedas dentadas, lo que mecánicamente se denomina piñones; para que los piñones coincidan es necesario que los segmentos de ambas circunferencias sean idénticos, esta cuestión que en términos reales no sale exacta, se lograba con mayor o menor espacio en los piñones y en los ángulos que ocupan – la diferencia entre segmentos era muy pequeña, ó, 273 cm. en los americanos y ó, 152 cm. en el extremeño -. Para su funcionamiento era necesario que estuvieran construidos en un material que posibilitase la rotación y las coincidencias entre los piñones de las ruedas tuvieran de holgura las pequeñas diferencias entes apuntadas. Lo que ahora traemos a estudio es una representación de esas maquinas de medir el tiempo que, sin duda existieron.

Por lo demás su mecanismo es muy sencillo, cada día pasa un piñón de cada circulo en el extremeño y un piñón con su ángulo correspondiente en los americanos; la terminación de estos ciclos y su repetición dura el tiempo que se denomina un año. El de nuestra edad del Bronce se basaba, muy posiblemente, en la división temporal de 24 espacios lunares – entre lunas nuevas y llenas -. Al estar perdida buena parte de la pintura extremeña hace que no podamos precisar la duración del año «extremeño». Lo que no impide reconocer su existencia mediante este calendario. La división de los segmentos de la circunferencia pequeña puede ser debido al conocimiento en primer lugar de la duración anual y los veinticuatro ciclos lunares y un repartimiento de aquellos entre éstos les daría el número exacto de segmentaciones a practicar en la primera circunferencia. Como una sencilla operación en la que se conoce el resultado y uno de los datos, calculándose con sencillez la cantidad que falta.

EL AUTOR

En primer lugar voy a tratar de profundizar en las características personales del individuo que realizó esta pintura: no poseía excesiva técnica ni entrenamiento en la ejecución del dibujo, el desajuste en el engranaje es manifiesto. Estas cuestiones no concurren en el autor del calendario de cueva Bermeja en Serrejón, Cáceres, donde todo es pulcritud y cálculo en el trazado.

Como individuo perteneciente a una sociedad se puede decir que estos conocimientos, junto a otros de tipo mitológico que sin duda irán surgiendo, debieron estar suficientemente extendidos, al menos entre algunos individuos culturalmente más inquietos y avanzados en las poblaciones a las que pertenecieron. De estos, como pueblo, no conocemos absolutamente nada, ninguna construcción o poblado, ningún resto de cerámica, mueble, arma, etc. Los arqueólogos llevan ya decenios tratando de llenar la secuencia que va desde finales del Calcolítico -entorno al 1800 a.C.- y los comienzos del Hierro -entorno al 700 a. de C.- sin que sus plausibles esfuerzos hayan aportado significativos resultados. En lugar de los habituales poblamientos encontramos únicamente algunos objetos hallados individualmente y con escasas conexiones. Sin duda hay que comenzar a suponer un despoblamiento que, debido a causas desconocidas, ocupó todo ese «milenio». Según mis observaciones la mayoría de estas múltiples realizaciones pictóricas y los grabados fueron realizados hacia el final de ese largo período; alguien los realizó pero sus circunstancias vitales nos son desconocidas por el momento. Formas culturales nada elementales en sus fondos, aunque si en sus formas.

Tales son las ausencias que bien podemos bautizar este milenio como «el milenio misterioso». Misterio que no debe circunscribirse a Extremadura, ya que en Comunidades cercanas el problema es parecido. De cualquier modo yo espero que la ciencia aclare tan atractivo misterio.

Sitúo nuestro calendario hacia esos siglos de comienzos del primer milenio antes de C. cuando el contacto con la cultura oriental es muy notoria.

Puede pensarse que sea una realización importada desde el Próximo Oriente o desde Centro Europa, yo no lo creo así por la razón de que hay numerosas pinturas de esteliformes solares que apuntan el tema de la sincronización y la división en segmentos, tales como en el conjunto VIII de la cueva de Los Murciélagos, Torrejón, Cáceres; en la cueva del Cristo en el Valle del río Batuecas, Salamanca; varias tentativas más en la misma sierra de San Serván no pudiendo rastrearse el fenómeno hacia la provincia de Ciudad Real, Andalucía o Portugal. No ocurre así en el S de la provincia de Salamanca. Este tipo de realizaciones es propio de un espacio bastante bien determinado que ocupa el S de Salamanca y la zona central de Extremadura, hasta la sierra de S. Serván. A pesar de ello creo que resulta algo distante la síntesis que ahora estudiamos, ello hace suponer que se hayan perdido algunas realizaciones intermedias.

Pienso que si fuera un calendario importado aparecería únicamente acabado, sin estadios intermedios de desarrollo. Llegado a este punto puede suponerse que los pueblos americanos habrían estado en comunicación con nuestros antepasados muchos siglos antes del famoso viaje de Colón. Como hipótesis de trabajo puede aceptarse, pero nada más. En ese caso nuestra realización aporta algo más que un grano de arena, ella, junto a otros hechos, que ya alguien anda buscando, demostrarían tan atrevida teoría. Por el momento soy de la opinión de que su coincidencia, por no ser única, piénsese en el tejido, la fundición de los metales, las armas líticas, etc. es producto de la casualidad.

CRONOLOGÍA

La datación de esta realización, como otras semejantes, no se puede por el momento precisar con mucha exactitud; se puede aproximar la fecha de sus realización en un sentido amplio, su factura debió realizarse en torno a los comienzos del primer milenio a. de C., (-1000 a -800). Para llegar a esta datación me fijo en algunas realizaciones que poseen entre otros rasgos significativos, trazos lineales y puntuaciones conjuntados, en un ambiente pictórico generalmente abstracto lineal. Entre ellos se observan algunos conjuntos con esquemas de trineos y carros de bronce que ayudan a datar esos conjuntos en torno al 800 a. de C., indirectamente ayudan a situar estos[6]. Es un proceso de relación de unos conjuntos con otros semejantes y estos con terceros. En el que ahora os presento es fácilmente relacionable, entre otros con el citado panel de la cueva del Cristo. Éste posee numerosos conjuntos lineales y puntuales ordenados que, estilísticamente son representativos por su orden y autonomía. Semejantes a estos se encuentran también en Puerto Palacios, Almadén, Ciudad Real y sobre todo en los Buitres, Peñalsordo, Badajoz acompañando a los citados carros de bronce.

BIBLIOGRAFÍA:

[1] BREUIL, Henri: Les peintures rupestres schématiques de la Peninsule Iberique, vol. II. Legny. 1933

[2] LEÓN GIL, Manuel y GARCÍA-VERDUGO RUBIO, Ramón: Las pinturas rupestres esquemáticas en Mérida, sierra de Arroyo de S. Serván, San Serván, (Badajoz). Departamento Cultural de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Badajoz, Mérida, 1983.

[3] AROCA, José L.: Los mayas utilizaban numeración vigesimal. Periódico Hoy 7-7-92.

[4] GONZÁLEZ CORDERO, Antonio y QUIJADA GONZÁLEZ, Domingo: Los orígenes del Campo Arañuelo y la Jara Cacereña y su integración en la Prehistoria regional. Navalmoral de la Mata, Excmo. Ayuntamiento 1991, pág. 131 ss.

[5] LUCENA SALMORAL, Manuel: América 1492, Sociedad Estatal para la ejecución de programas del Quinto Centenario 1990. Pág. 164 ss.

[6] ALMAGRO, Martín: Las estelas decoradas del suroeste peninsular. Biblioteca Prehistórica Hispana, vol. III. Madrid 1966.

Lámina III

Lámina 1.- Pintura del P. N. de Monfragüe. Conjunto del Calendario. Cueva Bermeja, Serrejón, (Cáceres).

Figura 1

Figura 1.- Esquema de calendario del abrigo de Las Emes, Arroyo de San Serván (Badajoz).

Figura 2

Figura 2.- Reconstrucción del esquema del calendario del abrigo de Las Emes, Arroyo de San Serván (Badajoz).

Figura 3

Figura 3.- Esquema del calendario maya.

 

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