Oct 011986
 

Cruces Blázquez Cerrato.

1. INTRODUCCIÓN

Durante algún tiempo se creyó que Lusitania había permanecido aislada con respecto a las otras dos provincias hispanas y que los contactos de Emérita Augusta, su capital, con otras ciudades habían sido escasos. Irene A. Arias, basándose en datos numismáticos y epigráficos ha realizado en una paciente labor unos interesantes trabajos sobre los desplazamientos de los españoles en época romana[1] y ha afirmado que “las monedas de la Bética y la Tarraconense se desplazan con dirección a Lusitania y la Bética envía sus monedas a la Tarraconense” aunque “no hay recuerdos de monedas lusitanas en las otras dos provincias, excepto el descubrimiento de un as de Ébora en Osma”[2]. Sin embargo, los materiales que he reunido ofrecen una nueva visión de la circulación monetaria emeritense, y muestran que las monedas acuñadas en la capital lusitana rebasaron ampliamente el ámbito provincial tanto hacia la Bética como hacia la Tarraconense e incluso fuera del solar hispano. Pero ya que los hallazgos monetarios no deben analizarse independientemente de la historia, he utilizado testimonios epigráficos y los hallazgos de cerámica en Emérita o en otros lugares que guarden relación que dicha ciudad o con Lusitania en general. Hasta hace poco se pensaba que Roma prohibía que las monedas salieran de las ciudades cuyas cecas las habían emitido con el fin de que las únicas piezas que circularan por todo el Imperio fueran las suyas[3]. Hoy sabemos que esto no es cierto y que la dispersión monetaria está en relación con los hechos históricos de índole política y económica.

Para Emérita, la mayor parte de los hallazgos corresponde a piezas de bronce y pequeñas cantidades. El bronce amonedado no sirvió para exportaciones ni para importar; la compra o el simple intercambio nunca se testimonian mediante ases; éstos se encuentran donde la pequeña transacción tiene lugar[4]. Las monedas que hoy encontramos proceden de tesoros no recuperados o son simplemente monedas perdidas, y constituyen únicamente una muestra de las que originalmente estuvieron en circulación[5]. Una reducida cantidad de monedas localizadas fuera de contexto no se presta a ningún tratamiento estadístico para analizar la distribución monetaria, pero sí puede utilizarse para el estudio de rutas comerciales, movimientos de tropas o simples desplazamientos demográficos[6]. Por tanto los bronces hallados no pueden considerarse como un valor de cambio sino como un testimonio de las relaciones entre las gentes de la ciudad emisora y la del hallazgo. Los contactos y movimientos de población debieron ser, sin embargo, mucho más numerosos y frecuentes de lo que podemos deducir del hallazgo de una moneda en un lugar distinto al de su acuñación; se supone que fueron llevadas por los habitantes originarios del centro emisor, pero también cabe la posibilidad, aunque mucho menor, de que sus portadores pertenecieran al lugar de hallazgo y que en algún momento se hubieran desplazado al centro de acuñación.

Emérita Augusta se vio obligada, como capital de Lusitania a proporcionar un numerario a la provincia, ya que las otras dos cecas existentes, Pax Iulia y Ébora, emitieron en pequeñas cantidades y durante un corto período de tiempo. Existen en el terreno epigráfico numerosas inscripciones que acreditan el movimiento de habitantes entre los tres conventos jurídicos: emeritense, pacense y scallabitano. Todo ello justifica la amplia difusión de su moneda en un ámbito provincial. Pero también hay testimonios epigráficos y numismáticos de contactos con otras ciudades hispanas y con distintos puntos de Europa. En el solar hispano la moneda de Emérita se localiza en dos áreas: el ángulo NO, cuyas motivaciones deben buscarse en las guerras cántabras y en los posteriores desplazamientos de personal civil y militar hacia los principales centros mineros de la región recién conquistada; el otro foco con el que Emérita mantuvo contactos más frecuentes es el con vento caesaraugustano, por lo que decidí recoger también los hallazgos de monedas de Caesaraugusta. Ambas ciudades tuvieron un origen militar similar e incluso un vínculo en la Legio X Gemina; la fecha de fundación debió ser más o menos coetánea[7]. Voy a tratar pues, de relacionar los testimonios monetarios y epigráficos con aquellas circunstancias históricas que pudieron ocasionar los desplazamientos humanos, aunque tampoco podemos buscar una justificación para cada caso concreto en algunas ocasiones.

2.- CONTACTOS DE EMÉRITA CON LA REGIÓN NOROESTE.

Tras una primera observación de los hallazgos monetarios recogidos en el cuadrante noroccidental peninsular, pude comprobar que se había producido, por los general, en zonas donde el Ejército había transitado o había permanecido estaciona do. Es algo sabido, y Estrabón[8] nos informa de ello, que los pueblos del norte no utilizaban moneda sino que practicaban el intercambio. Además es este un territorio en el que no se acuñó durante época romana. Todo ello, hace pensar que el elemento militar fue el portador de la moneda que encontramos aquí circulando. Los soldados, procedentes de otras ciudades hispanas trajeron consigo esas piezas que rellenaron el “vacuum” monetal existente. Nos encontramos pues una zona donde confluyen unas circunstancias excepcionales que conviene señalar: en primer lugar, las campañas militares llevadas a cabo durante la época augústea en virtud de las cuales se desarrollaron contactos humanos y económicos; en segundo lugar habría que citar la presencia de destacamentos en las zonas mineras, hecho hoy comprobado[9]; y en relación con esta actividad se situaría, en tercer lugar, el desplazamiento de personal civil y militar especializado hacia esta zona, desplazamientos que quedan comprobados por la presencia de monedas procedentes de cecas lejanas; tampoco debe olvidarse en trasvase provincial que se realizó con estos lugares que durante algún tiempo pertenecieron a Lusitania y que a fines del s. I a. C. pasaron a engrosar la superficie de la Tarraconense.

He partido de la presencia del Ejército en esta región por que es el elemento principal que origina una circulación monetaria en el ángulo Noroeste; el desplazamiento de militares, acostumbrados al uso de moneda, exigió desde el principio la circulación de numerario y así durante las campañas contra cántabros y astures se cubrieron estas necesidades mediante la emisión en una ceca móvil a cargo de P. Carisius[10]. Posteriormente, el territorio conquistado quedó bajo el gobierno de Lusitania, por los que no puede extrañar la presencia en la zona de acuñaciones emeritenses. Tampoco hay que olvidar la tradición militar: el hijo de soldado frecuentemente elige la milicia como modo de vida, y Emérita, ciudad de origen legionario, contribuyó con sus habitantes a rellenar los huecos producidos en las filas de las legiones estacionadas tras un primer momento de preponderancia de soldados itálicos[11]. En el sentido de una relación a través del elemento militar entre el Noroeste, y los centros emisores de Emérita y Caesaraugusta se puede señalar el hallazgo de lápidas de soldados o veteranos de la Legio X en Fuenteencalada, Ciudadeja, Astúrica Augusta y Caldas de Reyes[12].

3.- CONTACTOS CON EL CONVENTO CAESARAUGUSTANO.

Desde un primer momento me sorprendió la coincidencia entre el mapa de dispersión de las monedas emeritenses y los confeccionados con los lugares donde se han localizado estampillas similares a aquellas que, con frecuencia aparecieron en Mérida y que durante bastante tiempo hicieron creer en la posibilidad de que existieran talleres cerámicos de estos alfareros en Emérita (vid. Figuras de la 1 a la 3). El análisis conjunto de ambos hallazgos proporciona datos interesantes. En 1978, T. Garabito publica su trabajo sobre los alfares riojanos localizando a Lapillius y a V. Paternus en Tricio[13]. Al no contar con conocimientos suficientes de los talleres y artesanos los especialistas habían basado sus hipótesis en un análisis cuantitativo. Por tanto, partimos del hecho demostrado y admitido de que la casi totalidad de T.S.H, encontrada en Mérida procede de Tritium Tiagallum, más concretamente del taller de Bezares. Sin embargo, la extensión geográfica y numérica de estos productos en Lusitania fue lo que indujo a Mayet a localizarlos en la capital[14]. Sus productos se centran en Emérita, donde destacan con una cantidad altamente significativa. La distribución continúa siendo densa en la parte occidental de Lusitania, especialmente en Conímbriga. Además contamos con hallazgos en la Bética y norte de África. Pero puesto que los talleres de Lapillius y V. Paternus se encontraban en Tritium, la extensa difusión de sus productos sólo puede explicarse de una manera: dichos alfares debieron tener un alto grado de industrialización y despliegue comercial. Los centros de producción riojanos se convirtieron en grandes talleres con exportaciones a gran escala y con una red de distribución organizada que originó un tráfico comercial. Los “negotiatores” se encargarían de la colocación de la producción, tal vez testimoniados en las inscripciones de tricienses halladas en Mérida[15]. En su último trabajo Mayet[16] apunta la posibilidad de que la capital lusitana podría haber jugado el papel de centro de redistribución en el comercio de la sigillata del valle del Ebro como explicación a los frecuentes hallazgos en esta provincia. Pienso que se puede establecer una relación, y no considerar pura coincidencia, entre los hallazgos monetarios y las zonas de expansión de la cerámica riojana: la presencia de monedas emeritenses en lugares como Logroño, Uxama, Arcóbriga y provincia de Huesca pueden relacionarse con los contactos comerciales entre Emérita y los alfares tricienses. Esas monedas no deben ser contempladas como pago de mercancías sino como un indicativo de las relaciones entre ambas áreas.

DOCUMENTACIÓN GRÁFICA

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NOTAS:

[1] ARIAS, I. A.: «Materiales epigráficos para el estudio de los desplazamientos y viajes de los españoles en la España romana», en: C.H.E. núm. 12, Buenos Aires, 1949, pp. 5-50; Ídem, «Materiales numismáticos para…», en: C.H.E. núm. 18, Buenos Aires, 1952, pp. 22-49; Ídem: “desplazamientos y contactos de los españoles en la España romana», en: C.H.E. núms. 21-22, 1954, pp. 16-69; Ídem: «Factores de unión entre los antiguos hispanos», en: C.H.E. núm. 27, 1957, pp. 6798.

[2] ARIAS, I. A.: «Materiales numismáticos para…», art. cit., p, 24; MATEU LLOPIS, F.: «Hallazgos monetarios», en: Ampurias, núm. 262, pp. 9 y10.

[3] GIL FARRES, O.: «La ceca de la colonia Augusta Emérita», en: A.E.A. núm 64, 1946, p. 211.

[4] CRAWFORD, M. H.: «Money and exchange in R. W,» en: J.R.S., 1970, p. 42; GARCIA-BELLIDO, M. P.: “Las monedas de Cástulo con escritura indígena”. Barcelona, 1982, p. 138.

[5] GRIERSON, P., «The Interpretation of Coin Finds (I)», en: N.C., 1965, p. 5.

[6] Ídem: «The Interpretation of Coin Finds (II)», en: N.C., 1966, pp. 8-11; CRÁWFORD, M. H.: «Coin hoards and pattern of violence in the late republic», en:P.B.S.R. núm. 76, 1969, pp. 76-81; Ídem: «Trade and movement of coinage across the Adriatic in the Hellenistic period», en: Essays to Sutherland. London, 1978, p. 1 ss.; Ídem: “Coinage and Money under the Roman Republic”. London, 1985, pp. 84-96.

[7] GARCIA Y BELLIDO, A.: «Las colonias romanas de Hispania», en: A.B.D.E., 1959, pp. 447-511; CARO BAROJA, J., «Sobre la fecha de fundación de Caesaraugusta», en: B.R.A.H., 1971, pp. 620-629; BELTRÁN, A.: «Caesaraugusta», en: Simmposium de Ciudades Augústeas, Zaragoza, 1976, t. I, pp. 224-226; Ídem: “De Arqueología Aragonesa I”. Zaragoza, 1978, p. 236 ss.; ARCE, J.: “Caesaraugusta, ciudad romana”. Zaragoza, 1978, p. 28 y ss.

[8] ESTRESTRABON, 3, 3, 7.

[9] PETRIKOVITS, H.: “Die Romischen Streitkrafte am Niederrhein”. Dusseldorf, 1967, p. 44.; DOMERGUE, C.: “Les explotations aurifers du Nord-Ouest de la P. Iberique sous 1’occupation romaine», en: La minería hispana e iberoamericana. León, 1970, p. 272; ROLDÁN HERVÁS, J. M.: “Hispania y el Ejército romano”. Salamanca, 1974, p. 187.

[10] VILLARONGA, L., «Emisión monetaria con escudo atribuible a P. Carisio y a la zona norte de Hispania», en: C.A.N. núm. 11, 1970, pp. 591 ss.

[11] ROLDÁN HERVÁS, J. M.: “Hispania y el Ejército romano”. Salamanca, 1974, p. 244.

[12] CIL II, 2631; AEp, 1928, 179, Cat. Mon. Zam., 50; AEp. 1928, p. 180, Cat. Mon. Zam. P. 51; AEp. 1904, 160, Cat. Mon. León, p. 18.

[13] GARABITO GOMEZ, T.: “Los alfares romanos riojanos. Producción y Comercialización”. Madrid, 1978.

[14] MEYET, F.: «A propos de deux potiers de Mérida: Valerius Paternus et Lapillius», en: Melanges C. Velázquez núm.6, París 1970, pp. 1-37.

[15] ILER, 6398; GARCIA IGLESIAS, L.: «Epigrafía romana en Mérida», en: Augusta Emérita. Actas Bimilenario. Madrid, 1976, p. 70.

[16] MAYET, F.: “Les Ceramiques Sigillees Hispaniques”. París, 1984, p. 232.