Oct 011993
 

José Antonio Ramos Rubio.

En la colección particular de la familia Gartton, en el palacio de Piedras Albas de Trujillo, existen dos tapices de la primera mitad del siglo XVIII, inéditos hasta el presente estudio[1].

El primero de los tapices recoge la muerte de Saúl y su escudero, tal y como aparece descrita en el Libro primero de Samuel (31, 1-6): «Los Filisteos libraron batalla con Israel y los israelitas huyeron ante los Filisteos y cayeron heridos de muerte, en el monte Gélboe. Los Filisteos persiguieron a Saúl y a sus hijos y mataron a Jonatán, a Abinadab y a Melquisúa, hijos de Saúl. El peso del combate cayó sobre Saúl. Lo descubrieron los arqueros y fue muy herido por ellos. Entonces dijo Saúl a su escudero: «Desenvaina tu espada y traspásame con ella, no sea que vengan esos incircuncisos y se burlen de mí». Pero su escudero no quiso, pues tenía gran miedo. Entonces Saúl cogió su espada y se dejó caer sobre ella. Cuando vio el escudero que Saúl había muerto, se echó él también sobre su espada y murió con él. Y así murieron juntos el mismo día Saúl, sus tres hijos y su escudero»[2]. No lleva firma ni fecha.

El artista se ha preocupado más de la decoración que de la composición, más de la riqueza del color que de la claridad compositiva. En la capa del personaje que está suicidándose en primer término, aparece bordado su nombre que lo identifica: SAVL. Su cuerpo destaca sobre el resto de los personajes que aparecen en escena. El acentuado sentido tridimensional se observa en las piernas que avanzan, el movimiento deslizante de caída y el brazo que retrocede. En segundo término está su escudero, clavándose la espada en el pecho, y, al fondo, el fragor de la lucha, en donde la profundidad se expresa con un gran despliegue de medios. Todo tiende a la unidad total, al vértigo de la acción.

Las figuras carecen de acusados contrastes de luz y sombra. El artista muestra preferencia por los tonos claros y por una entonación delicada y unitaria, aunque se preocupa por la perspectiva y por un fuerte realismo. El color y el dibujo, el fondo y los personajes se subordinan a un noble efecto decorativo. El artista se ha interesado por el movimiento, los escorzos y el análisis del cuerpo humano, con criterio de anatomista. Se ha utilizado la técnica del alto lizo, con los hilos de la urdimbre en sentido vertical. La bordura está decorada con motivos vegetales.

Este asunto del suicidio es muy semejante a un emblema que recoge Alciato, pero no debe confundirse con él. En este otro caso, no se refiere a un personaje bíblico sino a Bruto. El gran leit motiv de la mentalidad renacentista fue la Fortuna, a la que Alciato dedicó algunos emblemas. A veces, la Fortuna vuelve la espalda a la Virtud, como se significa en el emblema 119, Fortuna virtutem superans (la Fortuna vence a la Virtud). Así el grabado presenta a Bruto, uno de los asesinos de César, que, viendo muerto a su compañero del triunvirato Casio, y que no podía escapar de ser vencido o muerto o caer prisionero, y antes de huir pidió a su soldado Straton que le ayudase a suicidarse[3].

Diego López al explicar la moralidad nos dice que «no puede aver mayor cobardía que matarse un hombre a sí mismo, porque ninguna cosa ay más fácil, pero es de hombre pusilánime, y es muy grande argumento de floxedad y mal consejo»[4].

El segundo de los tapices que vamos a estudiar, de contenido mitológico, lleva bordada en hilo de oro de la fecha: 1744, en el lateral derecho. El asunto que nos ofrece está recogido literalmente de la Eneida de Virgilio, en concreto se trata del momento de la llegada de Dido y Eneas a la construcción de Cartago[5].

En este tapiz los problemas de ambientación y composición se multiplican. Entre los personajes que se agrupan en primer término, está Eneas que se maravilla de la mole de edificios. En segundo término, unos tienden los muros y alzan la ciudadela, otros van rodando a mano enormes piedras. Mientras se ofrecen tales maravillas ante los ojos del troyano Eneas, llega la reina Dido, radiante de belleza, acompañada por un grupo de jóvenes que la van dando escolta. El artista ha representando íntegro el texto recogido de la Eneida, con una composición compleja y acertada, un correcto dibujo y unas excelentes cualidades en el uso del color.

El tapicero ha optado por la técnica del bajo lizo, en la que el telar está dispuesto en un plano casi horizontal, de modo que ha tenido que trabajar inclinado sobre el telar. Este procedimiento es más económico y más rápido de trabajar que el utilizado en el anterior tapiz. La bordura es muy ancha y está decorada con motivos vegetales.

Estos tapices del Palacio de Piedras Albas de Trujillo se han constituido en émulo de la pintura, con la ventaja de no producir reflejos y aportar una calidad suntuaria.


NOTAS:

[1] Mi agradecimiento a don José María Pérez de Herrasti.

[2] La Santa Biblia, texto bajo la dirección de Evaristo Martín Nieto, ediciones Paulinas, 16ª ed., Madrid, 1972. Libro 1 de Samuel, 31, 1-6. pp. 340-341.

[3] «Sobre la punta de su espada,/ con atrevido acento echó un gemido/ Diciendo, O Fortaleza desdichada,/ No más que palabrera ¿por qué aora/ Sigues a la fortuna mandadora?». SEBASTIAN LOPEZ, S.: EmblemasAlciato. Akal, Madrid, 1985, pp. 156-158.

[4] LOPEZ, D.: 436. Plutarco: Brutus, 51, op. cit., p. 158.

[5] VIRGILIO: Eneida, libro 1, pp. 153-157 (facs. Gredos, 1992).

Oct 011989
 

José Antonio Ramos Rubio.

El Renacimiento es sin duda una de las épocas más estudiadas a lo largo de la historiografía moderna. En Italia, a mediados del siglo XIV, surge un intento generalizado de “renacer” los ideales que imperaron en toso los órdenes en la Antigüedad Clásica, adaptando aquellas formas antiguas (griegas y romanas) al nuevo espíritu moderno.

No hemos de olvidar que este intento de recuperar los valores estéticos y espirituales de la Antigüedad Clásica ya se había percibido en la Edad Media[1].

La verdad es que en Italia a lo largo de la Edad Media no se había perdido del todo el espíritu clasicista[2]. Es normal que naciese aquí  el Renacimiento pues no había otro lugar que tuviera más cerca aquellas fuentes que ahora iban a servir de inspiración.

El Renacimiento fue la base de la evolución, desde el punto de vista del pensamiento, que se manifestó a través de los siglos progresivamente. A la perduración de este estilo contribuyeron una serie de causas originarias a fines del siglo XV; que dieron lugar a la decadencia notoria de la sociedad feudal: las nuevas tácticas de guerra con el empleo de las armas de fuego, las diferencias religiosas, la transformación de la economía con la aparición del capitalismo y la entrada de la burguesía como una nueva clase social, la invención de la imprenta que facilitará la difusión renacentista y la vuelta a los ideales clásicos.

Paralelamente, nacía el hombre del Renacimiento: los profundos cambios que se habían producido en el derecho, la política y la guerra crearon una actitud y una moral específicas de la época del Renacimiento. Este nuevo hombre, centro de todas las cosas, busca un nuevo lenguaje para expresarse, caracterizado por la horizontalidad  y la serenidad.

Desaparece el anonimato artístico como era frecuente en la Edad Media, y se comienza a valorar al autor de las creaciones artísticas. La Historia del Arte deja de basarse en las obras y empieza a hacerlo en los artistas; ejemplo de esto es la obra: “Vida de Pintores, Escultores y Arquitectos ilustres”, de Giorgio Vasari.

También hay que mencionar a los Mecenas, como protectores de los artistas, en Italia: los Uffici, Medicis, Pitti, etc…; en España: los Mendoza.

No hay que olvidar a los teóricos del Arte: Alberti, Vignola o Diego de Sagrado que recogen en su obra escrita las experiencias artísticas, para establecer unas normas prácticas. El humanismo, como corriente de pensamiento, se exteriorizó tanto en las artes como en las ideas, extendiéndose al resto de Europa para pasar más tarde a América. Cada país tendrá una tradición local que condicionará su desarrollo y lo llenará de matices.

En España no llegaremos a observar esa nueva estética hasta el siglo XVI, pues incluso en este siglo se sigue construyendo gótico en las catedrales de Segovia y Salamanca.

El inicio del Renacimiento en España coincide con el momento de la unidad política española. El descubrimiento de América y la toma de Granada son contemporáneos del inicio del Colegio de Santa Cruz de Valladolid, donde se emplean por primera vez motivos decorativos a la italiana[3].

El inicio del Renacimiento en España se deberá a la presencia de artistas italianos como es el caso de Michele Carlone en el castillo de Calahorra, en Granada (1509-1512). Incluso los mármoles se trajeron a Génova.

El humanismo vino a España desde Italia, de donde lo trajo el primer gran humanista español, Antonio de Nebrija[4], que estuvo diez años viviendo en Italia y volvió a su patria, como él mismo dijo: “Para desarraigar la barbarie de los hombres de nuestra nación”[5].

Nebrija tuvo desde 1496 a 1504 una estrecha relación con Extremadura como protegido de D. Juan de Zúñiga, Maestre de Alcántara, pasando varias temporadas en Zalamea y en Villanueva de la Serena, lugares de residencia del Maestre.

El Palacio de Zalamea, de carácter señorial-residencial, sito en el flanco occidental del castillo (de tiempos de la reconquista), data de fines del siglo XV, cuando la relación entre Nebrija y el Maestre era más estrecha. El Palacio recibió amplias construcciones en los años finales del siglo XVI[6], de esta época data el patio, donde se observan elementos propios de los palacios urbanos italianos: galerías, corredores, estancias y patio central peristilo.

Nebrija prestó gran atención a las obras clásicas de la Antigüedad (circo romano de Mérida y la Vía de la Plata), estableciendo dimensiones exactas en su repetitio “Sobre las Medidas” (“De mensuris”)[7].

La influencia de Nebrija en la Alta Extremadura enlaza por contacto con el maestro Francisco Sánchez “El Brocense”, residía en Brozas donde vivía Marcelo, hijo de Nebrija. Este influiría decisivamente en la vocación humanística de “El Brocense”[8]. A esto hay que sumar la Academia existente en el Convento de la Encarnación de Trujillo, fundado por el trujillano Juan de Carvajal, ilustre cardenal y escritor latino; donde se estudiaba teología, gramática y retórica.

Por tanto, Nebrija en la Baja Extremadura con su estudio en Zalamea, y el foco trujillano en la Alta Extremadura, prepararon el camino a los grandes humanistas extremeños del Siglo de Oro.

No hay duda que para el artista del Renacimiento, Roma era una ciudad atractiva, había sido la capital del mundo romano, la ciudad que hereda los valores de la Antigüedad y logra fundir la cultura clásica con la sabiduría cristiana[9].

Muchos fueron los artistas españoles que no contentos con conocer las ciudades de Italia a través de las descripciones (como la “DescriptioUrbis Romae” de Nicolo Signorili) marcharon a Roma, la atractiva ciudad cosmopolita del siglo XVI. Tal es el caso del pintor extremeño Pedro Rubiales, que se formó en la ciudad italiana de Nápoles. Al refugiarse allí Polidoro di Caravaggio con motivo del saqueo de Roma en 1527, Rubiales ingresa en su estudio y asimila su estilo. Trabajó a las órdenes de Caravaggio en el Palacio Orsini, en Borgo di Chiaia[10].

Aunque también hubo un deseo por parte de los italianos de conocer España y concretamente Extremadura, realizando viajes y anotando todo lo que a su paso consideraban interesante[11].

Y es que en la Extremadura del siglo XVI existían muchos restos de construcciones antiguas, que eran tan interesantes para los europeos como para nosotros las obras artísticas italianas[12]. En la actualidad la cantidad de restos antiguos en nuestra región ha aumentado notoriamente favorecidas por las numerosas excavaciones arqueológicas realizadas a lo largo de nuestro siglo.

Es notable el grado de aceptación que alcanza la nueva corriente cultural. Algunos artistas del Renacimiento, antes de comenzar a trabajar en España marchaban a Italia para conocer el modo de hacer italiano ante las nuevas corrientes estéticas. Tal es el caso de Domenicos Theotocópulos, El Greco, que habiendo nacido en Gandía, en 1541 (capital de Creta), marchó a Venecia y a Roma, donde aprendió el estilo y colorido de la escuela veneciana y, en Roma, los efectos de la luz tenebrista y la estructura del retrato. En Extremadura tenemos un magnífico lienzo en este gran pintor, Jesús Salvador, procedente del Convento de Serradilla, y se conserva en la actualidad en el Museo Provincial, Cáceres, desde 1973. También a Extremadura perteneció un retablo concertado entre El Greco y la Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario, en Talavera la Vieja, en 1591. Dicho retablo se perdió durante la Guerra Civil Española, se salvaron los tres lienzos que se conservaban en la casa rectoral, porque habían sido restaurados en 1927; en la actualidad se encuentran en el Museo de Santa Cruz, Toledo: “La Coronación de la Virgen”, “San Pedro” y “San Andrés”, fueron llevados a dicho museo por la antigua vinculación jurisdiccional del norte extremeño con la mitra toledana, cuando el pueblo fue afectado por el embalse de Valdecañas, en 1963[13].

La documentación existente sobre la estancia de El Greco en Italia es muy importante. Giulio Clovio enana carta enviada al cardenal Alessandro Farnese en Viterbo es muy explícita, 16 de noviembre de 1569: “Ha llegado a Roma un joven candiota, discípulo de Tiziano, que, en mi opinión, es singular en la pintura; y entre otras cosas, ha hecho un retrato de sí mismo que asombra a todos los pintores de Roma…”[14].

De Cesare Mancini, médico de Urbano VIII, se recoge en su Diario: “Bajo el pontificado de Pío V, llegó a Roma… quien era llamado comúnmente Il Greco. Después de haber estudiado en Venecia, sobre todo las obras de Tiziano, llegó a Roma en una época en la que no abundaban aquí muchos pintores”[15].

Por tanto, es patente la estancia de El Greco en Venecia y en Roma. No existe documentación sobre la posible estancia de Luis de Morales, el mejor pintor renacentista extremeño, de sensibilidad ascética y piadosa, bien conocedor de las composiciones de Miguel Ángel o de Leonardo. Probablemente, esta huella de los artistas italianos le llegó a Morales por vía indirecta. Posiblemente, se formó en contacto con el círculo toledano de Coomontes y Correa y con Alonso de Berruguete como pintor[16]. Los esqueñas iconográficos empleados por Morales procederían de los grabados existentes en el s. XVI que fueron muy utilizados por los pintores españoles[17].

Está claro que las ciudades italianas, sobre todo Roma, que conservaba in situ las grandezas arquitectónicas clásicas, eran el foco atractivo del momento. Francisco de Holanda, afirmó en 1548 que “ni pintores, ni escultores, ni arquitectos pueden producir obras significativas si antes no habían estado en Roma”[18].

Es también significativa la carta de Tetrarca al Cardenal Colonna, en 1337: “Verdaderamente Roma fue más grande de lo que yo había pensado, más grande son también sus ruinas. Ya no estoy admirado de que esta ciudad conquistara al mundo, lo que me extraña es que esto sucediera tan tarde”[19]. Y la fecha de 1337 es muy temprana al surgir renacentista, entre los humanistas se observa ya un interés por la antigüedad clásica”.

Las nuevas tendencias que llegaban de Italia se introdujeron en Extremadura de un modo lento, el estilo gótico de la época de los Reyes Católicos iba agotándose lentamente. La presencia de los flamencos en Extremadura, la corriente comercial que procede de Europa, explica ese lento despertar de nuestra región a las nuevas corrientes renacentistas.

Aunque las catedrales de Plasencia y Coria influyeran mucho en la modificación del estilo, ya que en los inicios del siglo XVI se advierte una gran actividad constructiva, que cobrará posteriormente nuevos impulsos tras los decretos del Concilio de Trento ordenando la ampliación de los espacios litúrgicos para una mayor y más adecuada evangelización del pueblo, a pesar de ello, de la temprana incorporación de las catedrales extremeñas a la nueva estética, el proceso de imitación de la Antigüedad se iniciará antes en escultura que en arquitectura. Los restos de estatuaria, pinturas y relieves abundantes en Italia, se utilizarán como modelos de inspiración.

Hay muchos casos en los que se copian, casi literalmente, las obras artísticas, tal es el caso del lienzo “La Apoteosis de Carlos V”, de Antonio Segura (1580), para el Monasterio de Yuste, copia fiel del Tiziano existente en el Museo del Prado[20].

La más temprana entrada en nuestra región de las novedades ornamentales italianas lo tenemos en el retablo que Nicolás Pisano firma en 1518 para la capilla mayor del convento santiaguista de Tudía, en Calera de León, y la lauda sepulcral de don Lorenzo Suárez de Figueroa, los autores locales, no pretenden salir del estilo gótico permaneciendo impasibles ante la entrada de las nuevas corrientes italianas.

La nobleza no estaba ajena a este despertar artístico, desde don Lorenzo Suárez de Figueroa, embajador de los Reyes Católicos en Italia, que desde allí envía bronces y alabastros para su capilla funeraria en la Seo Pacense[21], a los duques de Feria, que ornamentan su alcazar segedano con un patio al modo italiano, son muchas las obras artística que Extremadura va recibiendo de Italia. Baste citar, la lauda sepulcral de Suárez de Figueroa, conservado en el Museo Catedralicio de Badajoz, para cubrir su sepulcro y el de su esposa Dña. Beatriz de Aguilar[22].

Otras piezas artísticas españolas de procedencia italiana: la Virgen con el Niño atribuida a Desiderio da Settignano; la escultura de San Jerónimo, de Pietro Torrigiano, realizada en Sevilla, en 1522 y trasladada al Monasterio de Guadalupe, en 1526; el Crucificado en la sacristía de la catedral placentina y el busto de Carlos V, en el Palacio de Mirabel, ambas obras de Pompeo Leoni.

Por otro lado, la arquitectura civil tendrá una interesante floración registrándose la presencia de maestros locales importantes en el arte español bien que se han educado en Italia o que han recibido la influencia italiana en el arte de construir por vías secundarias. Ya explicamos le caso del pintor extremeño fluctúa entre las corrientes que le vienen de Castilla, bien indirectamente, como en el caso del retablo de Berruguete, en la iglesia de Santiago de Cáceres, o, a través de artistas andaluces a la que pertenecen Guillent Ferrant y Roque Balduque, autores de varias obras en la provincia de Cáceres, a mediados del s. XVI[23].

Tenemos en nuestra región excelentes obras arquitectónicas, de tipo civil, realizadas por artistas italianos o por artistas locales pero encargadas por personas influyentes en la política, que han viajado a Italia y pretenden imitar los palacios que han visto en dichas ciudades italianas en sus pueblos o ciudades extremeñas.

El Palacio de Carvajal-Girón, hermoso edificio del siglo XVI, con fachada de sillería almohadillada que nos recuerda a los grandes palacios de Florencia, en Plasencia. El Duque de Alba don Fernando Álvarez de Toledo construyó hacia 1555 una serie de jardines escalonados decorados con esculturas, fuentes y todo lo que precisara una auténtica obra manierista italiana, en su palacio de Abadía (N. Cáceres), a este jardín le han considerado todos los autores que han escrito sobre él como una de las mejores obras ajardinadas del Renacimiento Europeo[24].

Antonio Ponz, nos ofrece el posible nombre del autor: Francisci Camilani Florentini, 1555; que aparece en uno de los pedestales que soportaban figuras[25].

Como podemos observar, el arte en estos momentos es privativo de las clases sociales muy concretas: burgueses, nobles y altos cargos de la Iglesia. Todo muy en relación con las ideas humanistas del momento. El hombre al morir desaparece pero no su recuerdo que queda vivo a través de las obras de carácter religioso, en mayor parte, que encarga: la lauda sepulcral de Suárez de Figueroa o las estatuas orantes y yacentes existentes en nuestras catedrales y conventos: el Obispo Ponce de León, obra de Francisco Giralte[26], de valores plásticos derivados de Berruguete con el cual se formó, en la catedral de Plasencia; la estatua del Obispo García de Galarza, en Coria, atribuido a Lucas Mitata. Su italianismo está en los detalles de los dos almohadones en que se arrodilla y en los amorcillos de la tarina en que apoyan, de 1596. Citar también, los sepulcros del tipo cama extentos, de cierta influencia italiana, vinculados al tipo del cardenal Tavera, como es el caso del sepulcro del comendador Bravo de Jerez y su esposa en la iglesia de San Bartolomé, de Jerez de los Caballeros (1535).

Desde el punto de vista civil, también se busca perpetuar el recuerdo del caballero cuyas hazañas guerreras le han dado fama: como la estatua de Hernando Pizarro, actualmente en el cementerio de la Vera Cruz, en Trujillo, procedente del Convento de San Francisco, obra de Sánchez de Villaviciosa.

Decía Angulo: “No existe idea que no se pueda expresar en un bloque de mármol”.

El monarca español del momento, Carlos I, removió los ambientes de la corte en todos los sentidos. A su lado, nuestros cuatro “águilas”: Ordoñez, Siloé, Machuca y Berruguete[27]. Aunque posiblemente ajeno a los que ocurría a su alrededor, Carlos I, contribuyó decisivamente a la importación de obras y de artistas italianos a Extremadura.

Fueron muchas las personas que viajaron en 1529 para asistir a la coronación en Bolonia del Emperador Carlos el 24 de febrero de 1530 y que pudieron contemplar las magníficas obras del Renacimiento Italiano. Podemos citar a Garci-Fernández Manrique de Lara que estuvo en Italia por tal motivo, las obras italianas le sirvieron de modelo para su palacio en Pasarón de la Vera[28], e incluso pudieron venir artífices italianos para construirlo.

Este palacio posee características y elementos arquitectónicos semejantes a los existentes en el  Palacio de San Carlos de Trujillo, en dicho palacio pasó temporadas Carlos I, aquí se hospedó el emperador cuando pasó hacia Sevilla, el 1 de marzo de 1526, para casarse con Isabel de Porturgal. La logia del palacio de Pasarón y la existente en el palacio de Trujillo, son exactamente iguales. En la escalera autoportante del palacio trujillano puede leerse la inscripción: VIERA ME FECIT, 1651, pudiera ser autor italiano, la documentación hasta el momento es nula al respecto[29].

Está bastante claro que durante el Renacimiento, Roma es la ciudad más atrayente. A pesar de todo, no se conservan obras clásicas como las que podemos observar en la actualidad. Roma en el siglo XVI era una ciudad en ruinas, existen muchos testimonios de lamentación por tal desolación[30].

En las obras extremeñas encontramos muchas representaciones de ciudades italianas, en los fondos de los temas pictóricos, aunque aparecen los edificios idealizados. Esto puede deberse al desconocimiento directo de la ciudad, los relatos del momento hacen que el pintor conciba una imagen que no se adecua con la realidad y los edificios aparecen distorsionados[31]. Esto no sucede siempre ya que existían dibujos y grabados que procedían de Italia y eran reflejo fiel de las obras existentes en Italia. Tanto la pintura española del Renacimiento como la escultura se singulariza por la escasez de temas profanos y su casi exclusiva dedicación al tema religioso. En ambientes de la alta nobleza encontraremos pintura mitológica, casi siempre obra de italianos.

Un importante conjunto pictórico en Extremadura lo tenemos en la Sala Romana del Palacio Moctezuma, en Cáceres[32]. El profesor Andrés Ordax, considera que es muy probable que los temas estén tomados de algunos de los libros de historia de Roma que se publicaban en el Renacimiento, quizás, apunta el profesor, estos frescos recuerden mucho la obra de Cayo Suctonio: “De Caesarum XII Vitis”, que durante el Renacimiento fueron muchas las ediciones latinas de esta obra, sucediéndose hasta nuestros días.

Otro ejemplo extremeño es el pintor manierista Pedro Mata, que supo conjugar las influencias de la pintura italiana a través de las enseñanzas de pintores españoles, claro reflejo de ello es su magnífica “Asunción de la Virgen”, pintada hacia 1586 para las casas consistoriales de Trujillo. Según Tena Fdez. [33]: “Es retrato sacado de Ntra. Sra. la Mayor de Roma”.

Son muy escasos los ejemplos de pintura profana en Extremadura, posiblemente los frescos del Palacio de Moctezuma, de Cáceres; y las pinturas de las Casas Consistoriales de Trujillo, escasos ejemplos, sean del mismo autor.

En el siglo XVI España conoce un florecimiento extraordinario de las artes industriales, favorecidas por el contacto político con Italia y por la riqueza que durante este siglo se vuelca sobre España el oro americano[34].

A principios del siglo XVI, un pisano, Francisco Nicuoloso, introduce en España la cerámica vidriada pintada al modo italiano, desarrollándose ampliamente y coexistiendo con la de tradición mudéjar. El estilo pronto se difunde y en Talavera de la Reina (Toledo) alcanza un enorme desarrollo, aplicándose a zócalos, frontales, etc…[35]. También hay que anotar que la vidriera española está casi enteramente en manos de flamencos y además, se importan de allí obras enteras.

Muchos son los ejemplos que tenemos en Extremadura de grandes composiciones en zócalos, con colores muy vivos: el frontal de azulejos de la iglesia de Santo Domingo de Plasencia, en la sacristía, con la representación del Calvario. En Plasencia, el altar de la ermita de San Lázaro, dedicados a los patronos de los zapateros, la vida de San Crispín y San Crispiniano; en el centro, la Virgen amamantando al Niño. La Vera es rica en frontales de azulejos talaveranos del s. XVI, son muchas las iglesias que en sus altares lucen los colores vivos y las hermosas composiciones en azulejos.

Por tanto, el Renacimiento como una vuelta generalizada a retomar los ideales que imperaron en la Antigüedad Clásica, surge en Italia, verdadera impulsora de esta nueva situación, a mediados del s. SIV, aunque ya habían existido intentos de volver los ojos a la inspiración de las fuentes clásicas en el Medievo.

De Italia pasa a España de la mano de sus artistas que son reclamados por personas influyentes relacionadas con la política que por alguna circunstancia han viajado a Italia y tienen el capricho de tener en su poder aquellas obras artísticas los que se desplazan a España o a Extremadura; o nuestros artistas, que copian a los italianos, reproduciendo obras por medio de grabados o con la ayuda del encargante que sí puede haber visto directamente las obras italianas.

Fue un momento en la Historia en le que tendríamos que haber estado allí para comprobar la enorme agitación que supuso el nuevo estilo procedente de Italia y la enorme importancia que había de viajar a Italia, la ciudad metrópolis del momento.



[1] El historiador Edwin Panofsky (1892-1963) recogió en su libro: “Renacimiento y renacimientos en el arte occidental”, sus conferencias impartidas en el Castillo de Gripsholm, en 1952. Según él, hubo otros renacimientos durante la Edad Media, la “Renovatio Imperii Romani”, de Carlomagno; el Otoniano, en Alemania, a mediados del siglo X y el Anglosajón, en Inglaterra; y otros dos renacimientos a fines del siglo XI, que volvieron sus ojos a la inspiración de las fuentes clásicas.

[2] DRENDEN: “Humanismo y Renacimiento”. Ed. Guadarrama. Madrid, 1968. Pág. 52.

[3] PÉREZ SÁNCHEZ, A. E.: “El Renacimiento”. En Historia del Arte. Madrid. 1979. Pág. 415.

[4] HOLGADO REDONDO, A.: “El humanismo en la Baja Extremadura”, VI (III-I). Tomo II de la Historia de la Baja Extremadura. Badajoz, 1986, pág 295.

[5] Prólogo a su “Vocabulario español latino”. Ed. facsímil de la Real Academia Española. Madrid, 1951.

[6] NAVAREÑO MATEOS, A.: “Arquitectura militar de la Orden de Alcántara en Extremadura”. Tesis Doctoral. Salamanca, 1987, pág. 337.

[7] Ed. facsímil en Salamanca, 1981.

[8] HOLGADO REDONDO, A.: Op. cit. Pág. 300. El Marqués de Morante ha publicado la Biografía de “El Brocense”, 1985.

[9] DE ÁVILA, A.: “La imagen de Roma en la Pintura Hispánica del Renacimiento”. Bol. Del Museo e Instituto “Camón Aznar”. XXXIV, 1988. Pág. 19.

[10] ANGULO ÍÑIGUEZ, D.: “Pintura del Renacimiento”. ARS HISPANIE, XII. Madrid. 1954. Pág. 228.

[11] Andrés Navagero, embajador de Venecia, partió el 6 de abril de 1525 a España desde el puerto de Génova. Pasó por Guadalupe, Acedera y Campanario en dirección a Sevilla, que le parece la ciudad que más se parece a las de Italia. GARCÍA MERCADAL, J. V.: “Viajes de Extremadura por España”. Madrid, 1952.

[12] DE MEDINA, P.: “Libro de grandezas y cosas memorables de España”. Sevilla, 1548. GASPAR BARREIROS: “Coreografía de algunos lugares”. Coimbra, 1559.

[13] RAMOS RUBIO, J. A.: “Retablo de El Greco en la iglesia parroquial de Talavera la Vieja”.XVI Coloquios Históricos de Extremadura, 1987.

[14] Publicada por Amadeo Ronchini en “Tai e Memorie della RR. Deputazioni di storia patria per le provincia modanesi e pormensi”. Vol. III, 1865.

[15] Del diario del Médico de Urbano VIII, Césare Mancini, entre 1614-1619. Ms. Marciani, itl. 5571, s. 65, Venecia. Publicado por A. Neumeyer en “El entierro del Conde de Orgaz”. Madrid, 1981, pág. 186.

[16] CEAN BERMÚDEZ, J. A.: “Diccionario de los más ilustres profesores de Bellas Artes en España”. Madrid, 1800. Tomo III. Págs. 185-186.

[17] DU GUE TRAPIER, E.: “Luis de Morales y las influencias leonardescas”. R.E.E., 1-4, 1953. Págs. 653-684. Luis de Morales ha gozado de varios trabajos por Carmelo Solís.

[18] WITTKONER: “Nacidos bajo el signo de Saturno”. Madrid, 1981, pág. 71.

[19] IBIDEM. Pág. 71.

[20] FERNÁNDEZ OXEA, J. R.: cita la escritura de concierto firmada el 16 de junio de 1580. Arch. Esp. de Arte, 1947. Pág. 541.

[21] SOLIS RODRÍGUEZ, C.: “Escultura y Pintura del siglo XVI” (VI-III-6), en: Historia de la Baja Extremadura. Badajoz, 1986. Tomo II. Pág. 575.

[22] Su autor pudo ser Alejandro Leoparti que entre 1501-1505 hacía los mástiles de bronce de la plaza de San Marcos. Venecia. Ver ÁLVAREZ VILLAR: “Arte”, en Extremadura. Fund. Juan March. Barcelona, 1979. Pág. 246.

[23] AZCÁRATE, J. Mª: “Escultura del s. XVI”, en: Ars Hispanie, XIII, Madrid, 1958. Pág. 259.

[24] La profesora Mª del Mar Lozano Bartolozzi ha realizado un estudio muy completo sobre los jardines de Abadía. Rev. Periferia. Nº 2. Diciembre, 1984. Págs. 79 ss. Los autores que han descrito o glosado el jardín de Abadía: Lope de Vega, Lampérez y Romea, Antonio Ponz, Martín Gil, Bonet Correa, etc…

[25] PONZ, A.: “Viaje por Extremadura”. Salamanca, 1983.

[26] AZCÁRATE, J.Mª.: Op. cit. Pág. 191.

[27] CHUECA GOITIA, F.: “Arquitectura del s. XVI”. Ars Hispaniae. Madrid, 1953. Pág. 20.

[28] GARCÍA MOGOLLÓN, F. J.: “Viaje artístico por los pueblos de la Vera”. Madrid, 1988. Pág. 50.

[29] MURO CASTILLO, M. y RAMOS RUBIO, J. A.: “La Orden Jerónima en Trujillo. Estudio del Convento de la Concepción Jerónima y el Palacio de San Carlos”. Cáceres. 1989.

[30] COLONNA, F.: “Sueño de Polifilo”. Ed. Pilar Pedraja. Murcia. 1981; y GARIN: “El renacimiento italiano”. Barcelona, 1986, págs. 38-39.

[31] ÁVILA, A.: Op. cit., pág. 22.

[32] ANDRÉS ORDAX, S.: “El Palacio de Moctezuma en Cáceres”, en: Memorias de la Real Academia de Extremadura, vol. I. Trujillo, 1983, págs. 83-105; ibidem “Los frescos del Palacio de Moctezuma”, en: Revista Norba-Arte, V, 1985, págs. 97-107.

[33] TENA FERNÁNDEZ, J.: “Trujillo, histórico y monumental”. Alicante, 1967. Pág. 365.

[34] PÉREZ SÁNCHEZ: Op. cit. pág. 443.

[35] PÉREZ SÁNCHEZ: Op. cit. pág. 444.

Oct 011989
 

José Antonio Ramos Rubio.

Presento esta comunicación en los Coloquios Históricos de Extremadura no solo por ser un documenta importantísimo, hasta ahora inédito, encontra­do en el Archivo Histórico (Legado de Paredes Guillén), legajo 112 n° l, sino por su gran relación con Extremadura y concretamente con la ciudad de Tru­jillo, muchos nos hemos preguntado si el caballero Iván de Vargas que está enterrado en la iglesia de Santa María la Mayor de Trujillo es el mismo o tiene algún parentesco con aquel Iván de Vargas al cual sirvió en Madrid San Isidro. Familiar es probable que fuera, pero desde luego no se trata de la misma persona ya que Iván de Vargas, el que está enterrado en Trujillo pertenece a una época muy distinta de la que vivió San Isidro. En la capilla de los Vargas de la parroquia de Santa María de Trujillo se puede leer la siguiente inscripción: «CAPILLA DEL NOBLE LINAJE DE LOS VARGAS EN QUE YAZE EL ESFORZADO CABALLERO IVAN DE VARGAS QUE LA MANDO HAZER Y CON EL LOS MAYO­RAZGOS DE SUS ANTECESORES. MURIO EL AÑO DE 1517. ACABOSE ESTA OBRA EN EL DE 1522».

 

San Isidro fue labrador en Madrid, hijo de labradores y esposo de Santa Ma­ría de la Cabeza, pasó la vida entre el trabajo humilde del campo, al servicio de don Juan de Vargas, y la oración; matizando una y otra con algunos milagros. Murió en 1170. En las representaciones artísticas viste el traje de los anti­guos labriegos de Castilla, muy parecido al actual de algunos pueblos cas­tellanos: chaqueta y calzón corto, siempre con barba y el cabello hasta los hombros y los atributos son herramientas de labranza: pala, azadón, laya o ara­do[1].

El documento que presento aparece fechado en el año 1740 y recoge toda la historia y genealogía de los Vargas de Madrid desde el primero de los cita­dos Iván de Vargas, al que sirviera San Isidro, hasta llegar a nombres tan conocidos en Extremadura por nosotros como el obispo don Gutierre de Vargas y Carvajal, bajo cuyo auspicio se alzaron en distintos puntos de nuestra región notables iglesias construidas por arquitectos insignes como Sancho de Cabrera, el gran maestro trujillano.

Del Manuscrito de Tapia, en las Crónicas Trujillanas del siglo XVI recogidas por Miguel Muñoz de San Pedro y publicadas en el año 1952, podemos recoger las siguientes notas: “De qué parte vinieron los Vargas a esta ciudad, no me atrevo a afirmar, por haber diversidad en los que dicen de su venida. Unos di­cen que vinieron de Badajoz con los Bejaranos,… otros dicen que vinieron de una aldea de Toledo, llamada en aquel tiempo Mazarambroz, donde residía Garci Pé­rez de Vargas,… otros dicen de su venida, que fue de otras partes. Lo que sea cierto, no lo sé; sé que en Extremadura hay muchos caballeros principales y tam­bién los hay de Madrid; y casa muy rica y muy principal, la de esta ciudad lo es mucho. Las armas de los Vargas son ondas azules y blancas en campo de plata”[2].

Es patente la descendencia de algunos caballeros Vargas de Badajoz que en Tru­jillo incluyeron en su escudo una cabeza de onza como las ponen los Bejaranos en los suyos.

En el documento que ahora presento y tengo que reducir por falta de tiempo, hago mi estudio del linaje de los Vargas que tuvieron casa en Madrid y muchos de ellos marcharon a otras ciudades entre las que se encuentran Plasencia y Trujillo.

En la casa de los Vargas de Madrid, aparece la siguiente leyenda en la portada:

 

“ESTA ES LA CASA SOLAR DE IVAN DE BARGAS

AL QUAL SIRVIÓ COMO CRIADO EL GLOSIOSO

SAN YSIDRO”

 

En la actualidad los restos de San Isidro y Santa María de la Cabeza, descansan en la Catedral de San Isidro, que fue construida entre 1622 y 1664 por los jesui­tas. El templo ha sido reconstruido fielmente en el año 1936 después de haber su­frido un incendio; los restos de los santos fueron trasladados por orden del rey Carlos III aquí desde la iglesia de San Andrés donde estuvieron anteriormente.

Antes de estar en la Catedral de San Isidro, sus restos se veneraron en la capilla del obispo, llamada así porque aunque su construcción la iniciara el consejero de los Reyes Católicos, don Francisco de Vargas, se terminó en 1535 bajo el auspi­cio del hijo de éste, don Gutierre de Vargas Carvajal, que fue obispo de Pla­sencia.

Hasta 1555 tuvieron allí los Vargas la urna donde reposaban los restos de San Isidro, que, al perder el pleito con la parroquia, tuvieron que devolver a la iglesia vecina de San Andrés[3].

Vamos a parar a dar una breve descripción genealógica de la ilustre y anti­quísima Casa de los Vargas de Madrid, pasando más adelante a ofrecer una serie de noticias de las hazañas y empleos de diferentes caballeros del apellido Vargas, desde los más antiguos que nos presenta el documento hasta los más conocidos en Extremadura.

«Entre las casas que hay en la provincia de Castilla, en la villa de Madrid hay una muy notoria que se dice Vargas, que el alabarla parece ofenderla; pues que su nobleza es tan grande, y tan antigua, que casi se puede decir es inmemorial, aparece en los más verídicos anales, archivos y padrones por antiquísima casa solariega de la nunca bien celebrada villa de Madrid, corte del monarca don Felipe V (que Dios guarde) y de sus gloriosos progenitores desde que el rey Don Alonso el sexto la ganó a los moros el año 1083 quedando la duda de si antes de la última conquista de Madrid que fue en el dicho año estaba en ella la Casa de Vargas o si quedó después heredada; pero siendo cierto que en Madrid hubo siempre cristianos mozárabes entre los moros, es probable quedasen en ella los caballeros de este apellido al cual[4],algunos hacen godo, y otros romano de la progenie de Lucio Bargunteyo, Senador romano, de quien Salustio hizo memoria en la conjuración de Catherina (que es Catilina), queriendo apoyar este sentir con las monedas de Filgio Ursino, y que las ondas de mar de plata, que traen en sus armas en campo de azul, son por alusión al río Vargas de Tracia, de quien hace memoria Plinio. Todas estas son conjeturas, que a lo sumo llegan a los términos de proba­bilidad. Según dice Covarrubias[5]: esta palabra Vargas en arábigo vale tanto como Padre Bueno, y es apellido de Casa Noble; y lo cierto es que en aquella con­quista lucieron esforzados tres hermanos Vargas, con el mayor aplauso de su valor, ocupado en los primeros empleos de las armas de católico talante, conquistador de nuestra corte, de donde sin violencia se infiere, que no sería de poca estima la clara estirpe, que merecía a su dueño la confianza de tales cargos, además de ser común adagio en aquel tiempo”.[6]

 

Quintana, en Grandeza de Madrid, folio 283, nos dice: “Los Vargas son gavilanes por la nobleza que se le atribuye al gavilán, y lo dilatada de esa familia; siendo constante que pusieron con sus hazañas la corona sobre las sienes del rey don Alon­so, quien piadosamente mostró su generosidad dándose por bien servido, y señalándoles tierras,  así en Toledo al hermano segundo, que hizo allí su asiento después de las guerras, como al mayor y tercero que se quedaron en Madrid, de quienes fue sucesor el memorable Iván de Vargas, de cuyos padres y hacienda se trata en este documento, habiendo obtenido algunos testimonios importantes que aquí se van a tratar de las informaciones que llevaron a cabo una serie de personas para la canonización de nuestro celestial protector San Isidro, patrón de Madrid (fue beatificado en 1619 por Paulo V y canonizado por Gregorio XV (1622)), por haber sido el referido Iván de Vargas, hombre dichoso en haberle cultivado sus tierras este celestial labrador, el cual tributó muchos beneficios que no solo se reconocían en las crecidas cosechas sino en repetidos milagros”.[7]

Continúa el documento: “Iván de Vargas tuvo con su mujer Nufla dos hijos y una hija, doña María de Vargas que fue a la que resucitó San Isidro. El mayor de los hijos fue Fernán Sánchez de Vargas que quedó a vivir en Madrid de quien fue sucesor Sancho Fernández de Vargas, uno de sus hijos, cuya hacienda recayó en doña María de Vargas hija de Fernán Sánchez de Vargas, de ésta pasó a don Nuño Sánchez de Vargas, que lo había sido de los bienes del primer hijo de Iván de Vargas. El citado don Nuño casó con doña Mayor Alfonso Mexia, y tuvieron a Diego de Vargas, vasallo del rey y regidor de Madrid por el año 1448, quien reedificó hacia el año 1455 la capilla de los Vargas[8], que es la primera del lado del Evangelio en la capilla mayor del convento de N. P. San Francisco donde yace[9] con su mujer, y tiene epitafio, y es tan antigua que dicen que el mismo santo señaló el sitio para su fábrica a uno de sus ascendientes para que la hiciese”.

El referido Diego de Vargas fue un caballero muy valeroso, sirvió al rey don Juan II en la batalla de Olmedo y mandó por una cédula suya a Ruy Díaz de Mendoza[10] acuda con la gente que pidiese Diego de Vargas, corregidor de Toro, de quien hizo gran confianza. La misma tuvo con el rey don Enrique IV, y así en su nombre tuvo la vigilancia de la torre y puerta de moros de esta villa de Madrid, cuando los grandes de Castilla estaban divididos en bandos, siguiendo unos la voz del infante don Alonso, y otros la de Su Alteza.

Posteriormente, Su Alteza se la entregó a Francisco Luzón, regidor de Madrid, a quien por el año 1471 decidió de nuevo se la devolviese a Diego de Vargas por Real Cédula que es la siguiente:

 

Francisco de Luzón, mi regidor de la noble villa de Madrid, ya sabéis como yo envié mandar a Juan de Luján y a Diego de Vargas que vos entregasen la puerta de moros que ellos tenían para que vos la tobiessedes por mi mandado, quanto mi voluntad fuese; agora por algunas cosas que cumplen a mi servicio, yo vos mando que luego sin alguna dilación tomedes la dicha puerta e torre a Diego de Vargas, para que la el tenga, porque así se cumple a mi servio en libre y pacífico estado de la villa, e non fagades otra cosa so pena de privación de vuestros oficios e confiscación de vuestros bienes. Fecha a 18 de febrero del 71. Yo el Rey. Por mandado del Rey, Juan de Oviedo”.

 

El referido don Diego de Vargas se casó con doña María Alfonso de Medina y Velasco[11], y tuvieron a Diego de Vargas “el cojo”, y al licenciado Francisco de Vargas. El padre renunció[12] en el citado hijo mayor Diego de Vargas el regimiento de Madrid con facultad del rey don Enrique, y tomó él la posesión en tiempos de los Reyes Católicos, como consta en una cédula del año 1481, el cual se halla en los Padrones de la Parroquia de San Pedro. Se casó con doña Constanza de Vivero, hija de Pedro de Vivero y de doña Inés Zapata, tuvieron siete hijos: Francisco de Vargas, Diego de Vargas, Gabriel de Vivero, Rodrigo de Vargas, Juan Zapata y Pedro de Vivero y Francisca de Vargas.

El mayor de los dichos siete hijos fue Francisco de Vargas, paje de la Reyna Católica, y del serenísimo príncipe don Juan, veedor general de la gente de guerra de los Reyes Católicos, regidor de Madrid y alcayde de sus alcázares. Defendiéndolos a él y a su mujer[13] en tiempo de las alteraciones de Castilla, su mujer se llamaba doña María de Lago, hija de don Juan Lago y de doña Catalina de Coalla.

Tuvieron por hijo a don Diego de Vargas, paje del emperador Carlos V, como consta en su Real Cédula del año 1520, fue corregidor de Valladolid y se casó con doña Elvira Bernardo de Quirós, y tuvieron a don Francisco de Vargas, que fue caballero de la Orden de Santiago, murió en Nápoles visitando los caballeros de su Orden por mandato de Felipe II, se casó con doña Luisa Negrón y tuvieron a don Diego de Vargas, que fue caballero de la Orden de Calatrava, gentil-hombre en boca del archiduque Alberto, sirvió en las galeras de España, en las Armadas del Adelantado y en Flandes en la caballería ligera, se casó con doña María de Chaves y habiendo muerto sin sucesión, recayó esta casa de Vargas en su hermana Pérez de Peñalosa, vecina de la villa de Móstoles, donde falleció también sin haber tenido hijos. En el 30 de enero de laño de 1681 se extinguió la descendencia y sucesión legítima del referido Francisco de Vargas Vivero, entrando al goce y posesión de todos los mayorazgos, sus agregados y demás derechos (que poseían los referidos como tronco de la casa de los Vargas de Madrid) los descendientes del hijo segundo del mencionado Diego de Vargas y doña Constanza Vivero, su mujer, llamado también como su padre.

El licenciado Diego de Vargas que sirvió al rey muchos años y después fue Corregidor de Vizcaya, se casó con doña Catalina de Luján, hija de Pedro de Luján y de doña Mencía de Lago y tuvieron a don Lorenzo de Vargas y Luján, caballero Procurador de la Orden de Santiago, capitán de infantería, que después de haber servido algunos años al rey se casó con su prima hermana doña Juana de Sotomayor y tuvieron a don Lorenzo de Vargas, caballero de la Orden de Santiago, que sirvió al rey cincuenta años, empezando en las galeras de Nápoles, pasando por otros muchos cargos que se haría extensísimo el nombrarlos, se casó con doña Antonia Ponce de León de la Excma. Casa de los Señores Duques de Arcos, y tuvieron a don Alonso de Vargas.

Don Alonso de Vargas y Ponce de León, fue caballero de la Orden de Santiago, estuvo al servicio de la reyna Isabel de Borbón, desde el 8 de mayo del 1633 hasta el 10 de enero de 1641, en cuyo día le ciñó espada el marqués de Santa Cruz, mayordomo mayor de Su Majestad para salir a servir a una compañía de infantería; después fue capitán de caballos corazas, y habiendo servido muchos años en España pasó a las Indias con un gobierno donde murió; se había casado con doña María Margarita de Contreras y tuvieron entre otros hijos a don Diego Vargas Zapata y Luján Ponce de León, Marqués de la Nava de Barcinas, gobernador, conquistador y pacificador y capitán general que fue del Nuevo México, cuya conquista hizo a su costa habiendo reducido a nuestra Santa Fe y al dominio de nuestro Católico monarca la villa de Santa Fe y doce pueblos de esta villa divididos en más de seiscientas leguas, bautizándose por entonces 2.214 personas de todas edades. Murió en el año 1704 en una campaña, en el sitio de Bernalillo. Se casó con doña Beatriz Pimentel de Prado, hija de don Juan Pimentel (vecino de la villa de Torrelaguna y deudo muy cercano del Conde de Benavente) y doña Isabel Olazábal, su legítima mujer. Los dichos Diego y Beatriz, tuvieron entre otros hijos varones, que murieron sin tomar estado, a doña Isabel María de Vargas y Pimentel, marquesa de la Nava de Barcinas, como legítima sucesora y heredera de la casa de su padre, don Diego de Vargas, por la muerte de dos hijos varones, la hija mayor doña Isabel se casó con don Ignacio López de Zárate, marqués de Villanueva de la Sagra, caballero de la Orden de Santiago, del Consejo de Su Majestad el Rey de Castilla, Regente Provincial de Nápoles, Gobernador de Capua; y tuvieron por hijo a don Diego Joseph López de Zárate Vargas y Pimentel, marqués de Villanueva de la Sagra y de la Nava de Barcinas, capitán de infantería, agregado del Estado Mayor de Cádiz, y Alférez en las Reales Guardias de Infantería Española de Su Majestad, casó tres veces, con doña Mariana de Morales, de quien no le quedó sucesión; la segunda con doña Juana Joseph Ignacia de Ubilla, de la cual tuvo a María Francisca de los Ángeles (que es marquesa de Santa Sabina por su madre), y la tercera mujer fue doña Gertrudis Joseph Gaytan y Medina, de quien tuvo cuatro hijos: don Antonio María, don Ignacio Joachín, don Pedro Pablo y doña María López de Zárate Vargas y Gaitán, siendo de inmediato sucesora legítima del referido marqués de Villanueva el expresado.

Así queda explicada la genealogía de la casa de Vargas de Madrid que en el momento de redactarse este documento, en el año 1740, vivía el referido marqués de Villanueva.

Este documento se elaboró con el fin de despejar una serie de equivocaciones que había publicado don Luis de Salazar en su Historia de la casa de Lara, diciendo en el Tomo I, capítulo 15, fol. 592 lo siguiente: “La casa de Vargas la gozan los condes de Casarrubias, llevando a cabo su estudio genealógico del siguiente modo. Diego de Vargas, vasallo del rey, Regidor de Madrid, en 1473, y Alcayde de la Puerta de Moros; casó con doña María de Medina, con quien yace en su capilla de San Francisco donde tiene epitafio y procrearon entre otros hijos a don Diego de Vargas, que heredó su casa por quien la gozan los condes de Casarrubias, sus descendientes, y a Francisco de Vargas, de los Consejos de Castilla, Cámara y Hacienda de los RR. CC. y emperador Carlos Quinto, contador mayor de cuentas y alcayde de Truxillo”.

El fallo estuvo en no tener presente los papeles del marqués de Villanueva, que fue octavo nieto de los referidos Diego y María de Medina. Don Luis de Salazar, de su propia mano, en el tomo 10, fol. 22 de la “Historia de la casa de Lara”, expone ya bien la sucesión en la persona del marqués de Villanueva, relación que averiguó después de haber impreso y dado a luz el primer tomo de su obra. Lo averiguó por los hábitos de Santiago que tuvieron todos los abuelos del marqués de Villanueva sucesivamente desde don Lorenzo de Vargas y Luján, caballero Procurador de la Orden de Santiago.

La capilla de los Vargas, sita en el convento de San Francisco de Madrid, en la que las mismas piedras están publicando su derecho con once bultos que por sus letreros explican sus representaciones así:

A los dos lados del Altar hay dos de rodillas que son: Diego de Vargas y Dª María de Medina, su mujer.

      Después, de medio cuerpo, por el lado del Evangelio inmediatos al bulto de Diego de Vargas, su hijo mayor: Diego de Vargas y Dª Constanza de Vivero, ambos en una medalla, después sus siete hijos de este modo: Francisco Vargas, Pedro de Vivero (clérigo), el licenciado Diego de Vargas, Juan Zapata, Rodrigo de Vargas, Dª Francisca de Vargas y don Gabriel de Vivero (que murió sin línea)”.

 

      Y asimismo disfruta el dicho marqués de Villanueva de ser el único pariente mayor y cabeza de la ilustrísima y antiquísima casa de los Vargas de Madrid, como sucesor por línea recta en la forma dicha del hermano mayor de los tres hermanos, y primeros Vargas, que vinieron con el rey don Alonso el sexto a la conquista de Toledo y Madrid (que entonces era uno de los muchos lugares de dicho reyno), que se entregó al citado rey don Alonso hacia el año 1083 como aseguran todos los historiadores, ya citados. Es importante anotar que las estatuas de los Vargas de la capilla que tenían en el Convento de San Francisco el Grande de Madrid, están en la actualidad[14]  en el depósito municipal de Madrid. El templo gótico en el que estuvieron los sepulcros de don Enrique IV y doña Juana, y de famosos próceres como los Lujanes, los Vargas y Ruy González de Clavijote; se renovó para erigir en su lugar el que ahora existe.

Para terminar, voy a exponer una relación de hombres importantes en la historia de España, con el apellido Vargas, cuyas memorables hazañas y distinguidos talentos en todas las profesiones hace presente siempre su eterna fama, todos ellos provienen de este fecundo tronco de la Casa Vargas de Madrid y en relación con Extremadura vamos a pasar a conocer la procedencia del obispo de Plasencia don Gutierre de Vargas y Carvajal.

El referido don Francisco de Vargas, fundador[15], que fue de los Consejos de Castilla, Cámara y Hacienda de los Reyes Católicos y emperador Carlos V, Contador Mayor de Cuentas y Alcaide de Truxillo[16], Tesorero General, Chanciller de Castilla. Reedificó por el año 1510 por el mucho amor que tuvo a sus padres la capilla de estos en San Francisco de Madrid. Falleció en el año 1524 como aparece en el epitafio en la capilla del obispo, sita en San Andrés. Casó con doña Inés de Carvajal, natural de Plasencia (1523-1559). Marca la época más gloriosa del Obispado. Asistió al Concilio de Trento. Durante su Obispado y bajo su auspicio se alzaron y ampliaron muchas de nuestras iglesias más importantes y grandiosas (San Martín, Santa María la Mayor, Trujillo; y las parroquias de Jaraicejo, Guareña, Garciaz, Berzocana, Cuacos, Monroy, a estas hay que sumar las obras en la misma catedral placentina).

Fue un hombre importante en su tiempo, en opinión de Fray Alonso Fdez.: “Muy inteligente en el arte de la Arquitectura, a que los grandes señores son comúnmente aficionados; y, así hay en el obispado de Plasencia edificados muchos templos y muy hermosos, aún en lugares pequeños con las armas del obispo[17].

Carmelo Solís, nos ofrece muchas referencias del citado obispo en su trabajo sobre el cantero trujillano Sancho de Cabrera. Gran confianza tenía el obispo en el citado maestro trujillano ya que casi todas las obras que se hicieron bajo su Obispado, las realizó él.

Don Gutierre de Vargas y Carvajal falleció en Jaraicejo, señorío de los obispos placentinos[18], el 27 de abril de 1559. Su cuerpo reposa en la iglesia de San Andrés, en un fastuoso sepulcro realizado posiblemente por el palentino Francisco Giralte, que también realizó el retablo mayor de la citada iglesia. Los sepulcros son de estilo plateresco, de alabastro.

Junto a la estatua orante del obispo Gutierre de Vargas, están una serie de personajes entre los cuales podemos destacar al licenciado Barragán que fue capellán mayor de la capilla. En la misma iglesia están las estatuas orantes de don Francisco de Vargas y de doña Inés de Carvajal, padres del obispo.

El Illmo. Sr. Don Alonso de Vargas y Toledo, natural de dicha ciudad, religioso agustino, y Obispo de Badajoz y de Osma, y Arzobispo de Sevilla donde murió el 27 de diciembre del año 1300.

Otros con el apellido Vargas que aquí no se dan cuenta son ramas transversales procedentes del primitivo origen del linaje de los Vargas, que aquí queda estudiado.

Y otros muchos caballeros con el apellido Vargas que al no aparecer relación con Extremadura en las fuentes consultadas no hablo de ellos por no alargarme, son: Diego Pérez de Vargas, destacado en la conquista de Orán; el bienaventurado mártir, Martín de Vargas, sirvió en la conquista de África, fue hecho prisionero y padeció martirio y por no querer renegar de nuestra Fe Católica le mataron; el Illmo. Sr. Gonzalo de Mena y Vargas, obispo de Calahorra y Burgos y Arzobispo de Sevilla; el Illmo. Sr. D. Diego de Vargas, obispo de Provenza, en Italia, etc


[1] FERRANDO ROIG, JUAN: “Iconografía de los santos”. Ed. Omega, S.A. Barcelona, 1950. Págs.142 y 143.

[2] MUÑOZ DE SAN PEDRO, M: “Crónicas Trujillanas del Siglo XVI”. 1952, pp. 323 y ss.

[3] LÓPEZ SANCHO, Lorenzo: “Madrid”. Everest, León. 1979, pág. 36.

[4] DE POZA, Andrés: “Libro del antiguo lenguaje de España”. Cap. 10.

[5] DE COVARRUBIAS, Sebastián: “Tesoro de la Lengua Castellana”. Palabra Vargas.

[6] QUINTANA: “Grandeza de Madrid”. Fol. 283.

[7] Juan Diácono Marineo Siculo, Fr. Juan de Marieta, Alonso de Villegas, Padre Juan Gutiérrez, y otros, …Son los que realizaron el informe para la canonización de San Isidro, que tuvo lugar el año 1622 por Gregorio XV.

[8] QUINTANA: op.cit. Libro 2, fol. 283 v.

[9] SALAZAR: “Historia de la casa de Lara”. Tomo I, cap. 15, pág. 592.

[10] QUINTANA: “Grandezas de Madrid”. Libro 2, fol. 282.

[11] SALAZAR: op. cit. Tomo I, cap. 15, fol. 592.

[12] QUINTANA: op. cit. Libro II, fol 289 v.

[13] IBIDEN. Libro II, cap. 99.

[14] Agradezco a Matilde Muro Castillo las informaciones sobre la localización actual de las estatuas de los Vargas en Madrid.

[15] SALAZAR: op. cit. Tomo I, cap. 15, fol. 592.

[16] QUINTANA: op. cit. Libro II, fol. 285.

[17] Fr. Alonso Fernández: “Historia y Anales de Plasencia” (1622). Edición F.E.T. y J.O.N.S. Cáceres, 1952.

[18] SOLÍS RODRÍGUEZ, Carmelo: “El arquitecto trujillano Sancho de Cabrera (1500-1574)”. Actas del V Congreso de Es. Ext. Badajoz, 1976.

Oct 011988
 

José Antonio Ramos Rubio y  Juan Manuel Miguel Sánchez.

Trujillo. La cuna de los Pizarro, la patria de los conquistadores.

En los celajes de los amaneceres su silueta se recorta inconfundiblemente saludando a la luz de cada día… luego torres y murallas cobijan con su sombra el amplio caserío.

Esa ciudad eminentemente mariana.

Maravillosos templos y la ingente mole de su castillo, las siete puertas de su muralla, y los dinteles de sus nobles casonas, son eco sonoro de legendarios sucesos en los que brilla maternal la presencia de María.

“A 25 de enero del año de Nuestro Señor de 1232. Aún no era el día venido y los clarines llamaron a la pelea, y por las fragosidades de la derecha del espolón del castillo, y por los riscos ingentes que se escalonaban sinuosos y quebrados a la izquierda del viejo matadero, suben los infantes del ejército cristiano.

La suerte está echada, vencer o morir es el grito de los soldados.

No muy lejos, en el fragor de la lucha, el obispo se puso en oración, y pidiendo todos a Nuestro Señor se sirviera por la gloria de su nombre darles la victoria, e invocando a la Divina Madre como auxilio de los cristianos, cerraron de nuevo contra los muros de la villa al tiempo que un resplandor sobre la muralla les alentaba con visión sobrenatural en la que todos reconocieron a la Celestial Señora que confortaba a sus hijos”.

Desea entonces hasta hoy el patronato de Santa María sobre la ciudad se perpetúa en el escudo de armas disperso por toda ella en todos los estilos y en los más diversos materiales…

Y en la imagen granítica de Nuestra Señora de la Victoria que desde 1531, preside desde el castillo la vida de la ciudad y recoge los favores trujillanos.

En 21 de abril de 1531 el concejo y regidores acordaban “que entre las torres de la fortaleza se haga una bóveda bien lucida y se ponga allí una imagen de Nuestra Señora”.

La obra, hasta la reforma de 1912, debió presentar el aspecto que muestra en el lienzo popular, del siglo XVII, que se encuentra en la sacristía de la parroquia de San Martín.

En 1583, Juanes de la Fuente, escultor del consejo, perfeccionó la escultura labrada por Diego Durán… dando suavidad exquisita a las nobles formas y hermoso rostro de Madre e Hijo.

Tanto dentro de los templos como fuera de ellos, primitivas imágenes de María testificaban que la devoción de los trujillanos a la Virgen viene de tiempos remotos:

  • Santa María de la Luz en el antiguo convento de San Francisco, de serenas y naturalistas reminiscencias románicas. Con suma delicadeza sostiene al niño que sujeta en su mano el libro, símbolo de la sabiduría.
  • Nuestra Señora de la Coronada, del siglo XIII, hoy en la parroquia de San Martín. La manzana en la mano refleja todo el rico simbolismo de la imaginería románica, influenciará por la tradición patrística, que ve en María a la nueva Eva, punto de arranque del linaje cristiano.
  • Santa María la Mayor, ánfora sagrada de añejas y exquisitas tradiciones, en el corazón de la vieja “Villa”… en su fondo, desfondado el maravilloso políptico de Fernando Gallego, inigualable “Biblia Mariana” ejecutara hacia 1480. A sus tablas, llenas de arcanos misterios, volveremos una y otra vez tratando de encontrar la imagen de María siguiendo el hilo de su historia.

Era Joaquín de sangre real, descendiente directo del rey David. Hombre rico, había casado con una doncella de Belén de noble ascendencia.

Los esposos se abrazan ante la puerta dorada en esta tabla del retablo de Santa María, simbolizando así los artistas primitivos, de forma indirecta, el tema de la Concepción de la Virgen.

Más tarde, los modelos de Fernández y Murillo darán forma definitiva al dogma… como esta preciosa Inmaculada del salmantino Andrés de Paz, tachada hacia 1625 para el convento de San Francisco.

El mismo misterio de este lienzo dieciochesco, lleno de ingenua gracia, según los modelos de Murillo, en el convento de las Jerónimas.

Sigue el hilo de la historia con el nacimiento de la Virgen. El esposo asiste a la escena, minuciosa y detallista como todas las del retablo gótico.

María ha crecido y está desposada con un hombre justo, llamado José, de la estirpe de David.

Hemos llegado a una de las más hermosas fuentes de expiración para los artistas… “al sexto mes el Ángel Gabriel fue enviado a una ciudad de Galilea llamada Nazaret a una virgen de nombre María”. Gallego ha sorprendido a la Virgen en el momento mismo en que el arcángel le anuncia la embajada. Tiene abierta la Biblia por las páginas de Isaías que predicen su destino: “he aquí que la virgen está en cinta iba a dar a luz un hijo y depondrá por nombre Emmanuel”. Llena de gracia, juvenil e inocente se turba ante las palabras del ángel. Con su luz empapa toda la escena que sorprende por su realismo. El perrito, emblema de la fidelidad, sirve de punto de fuga en la perspectiva lineal en la obra.

Dejaciones más duras se nos muestra María en esta tabla de influencias florentinas en la misma iglesia de Santa María. El canónigo Gonzalo Blázquez, a cuya capilla funeraria perteneció la obra, asiste expectante a la escena desde el ángulo derecho de la composición.

De nuevo el misterio en este lienzo barroco en el testero de la iglesia de San Miguel. Esta vez es el cincel maestro quien nos ha dejado perpetuada la escena en las dovelas de la portada del antiguo Monasterio de la Encarnación. En magnífico altorrelieve Gabriel saluda la virgen recogida y reverente. En la clave las frescas azucenas recuerdan la perpetua virginidad. Gabriel ha comunicado a María que su prima Isabel ha concebido en su ancianidad. Presurosa se ponen camino. En el encuentro el Bautista salta de gozo en el seno de Isabel. Zacarías, mudo, asiste a la escena.

Y llega el momento histórico del nacimiento de Jesús. “Sucedió que por aquellos días salió un edicto de César Augusto ordenando ese empadronarse todo el mundo, cada uno en su ciudad. Subió José desde Galilea a la ciudad de David, llamada Belén, con María su mujer”; y sucedió que estando allí nació Jesús, y no encontrando posada fue puesto en un pesebre, y acudieron los pastores y los magos guiados por la estrella.

Todos estos acontecimientos dan lugar a deliciosas ejecuciones, como este nacimiento del retablo de Santa María enmarcado en triboladas filigranas góticas doradas en 1558 y de nuevo en 1775.

La noche se ha tornado día y los misteriosos personajes de Oriente adoran al Niño, envueltos en ropajes que se corresponden con la moda española de las postrimerías del siglo XV. San José recoge los presentes encerrados en recipientes de platería gótica.

Con el siglo XVIII llega la popularización del Nacimiento. El Santo Pesebre se instala en iglesias y hogares; ejemplo de ello es el belén de sabor napolitano que en los días de la Navidad luce en el Convento de Santa Clara.

Un tema menos frecuente en los artistas es el de la circuncisión, ceremonia de origen egipcio por la cual se entraba permanecer al pueblo judío y se equiparaba entre ellos a nuestro bautismo. Se verificaba a los ocho días del nacimiento.

Anacrónicamente la Virgen asiste la escena, reservada sólo a varones, en esta tabla de Gallego, debían expresar las situaciones y estados de ánimo.

Avisado José de las crueles intenciones de Herodes, tomó de noche al Niño y a su Madre y se retiró a Egipto. Contrariamente al relato apócrifo que hace inclinarse a la palmera por sí sola para ofrecer dátiles al Niño, es aquí José quien, con su cayado y en atuendos de peregrino, alcanza el fruto del árbol para ofrecer alimento al infante.

Las más numerosas representaciones de María se corresponden con el período de la vida como madre feliz.

El santo de Asís, a quién debemos el inicio de la piadosa tradición de la construcción de belenes en la Navidad, adorna a esta Sagrada Familia de formas manieristas en una tabla del convento de San Francisco.

Nuestra Señora de Belén, abraza con encantadora ternura al Niño en otro lienzo, del mismo convento, enmarcado en excelentes volutas barrocas.

La gracia de la tradición hispalense se deja sentir en otra composición de José de Mena, fechada en 1724, en la parroquia de San Martín. María sostiene al Niño ante el que su abuela Santa Ana, conocedora de sus altos destinos, se arrodilla reverente. Graciosos querubines dan ambiente de cielo a la escena.

Han pasado los años. Ha llegado para Nuestra Señora la gran prueba de la pasión y muerte del Salvador. Su sereno dolor, símbolo de resignación y aceptación para el mundo católico, ha sido captado también por los artistas. “Estaban de pie, junto a la cruz de Jesús, su madre y el discípulo a quien amaba”. Con onda unción ha interpretado el artista la escena en este Calvario lleno de la mística española del Siglo de Oro, en el convento de la Concepción Jerónima. L a escena de dolor profetizada por Simeón años atrás, traspasa las entrañas de María en esta Virgen del Mayor Dolor, de exquisito realismo, según los cánones de la escuela castellana del primer tercio del siglo XVIII, hoy el Convento de San Miguel.

Todo ha terminado. José de Arimatea y Nicodemo han tenido el valor suficiente para pedir a Pilatos el cuerpo sin vida de Jesús para rendirle los últimos honores. Jesús es puesto en brazos de su madre en esta Quinta Angustia que tanto recuerda a los modelos de Alejandro Carnicero. El sufrimiento se percibe en el impresionante rostro de la Madre, pero el dolor es sereno en espera de la resurrección.

Tras la Pascua del Señor, el acontecimiento de la Ascensión y los sucesos de Pentecostés, la Iglesia ha ido creciendo. María ha sido durante los años que han seguido al inicio de las primeras comunidades, Madre de todos.

Y llega el momento del tránsito de la Madre de Dios al cielo. Fernando Gallego sigue en lo iconográfico la versión de la “Leyenda dorada” difundidas desde oriente del siglo V, y conocida en España en Edad Media. Los apóstoles, desperdigados por el mundo, han acudido por una inspiración misteriosa al lugar donde la Virgen espera el tránsito. Los artistas occidentales tienen preferencia por representar el momento en que María, transportada por ángeles, es llevada al Cielo. Con sencillez naturalista y brillantez de colores, Gallego sorprende una vez más a la Virgen, en esta ocasión en el momento cumbre de su vida. Santo Tomás que ha llegado tarde a la muerte, recibe como consuelo el ceñidor de Nuestra Señora, tal y como recoge el apócrifo asuncionista de José de Arimatea.

Este mismo misterio se presenta en una variante renacentista en la parroquia de San Martín. Pedro de Mata nos ha dejado esta decisiva tabla de la Asunción, ejecutada hacia 1539, para el altar de las casas consistoriales. El Padre Eterno, en el frontón del retablo, espera el momento de la coronación.

Y el tema vuelve a representarse, esta vez ante todos los apóstoles, en un espectacular lienzo de Joaquín López, ejecutado por encargo de los Marqueses de Santa Marta y pintado en 1814 para el templo de Santa María la Mayor y que hoy se encuentra en el crucero de San Francisco.

Una vez más, son las maravillosas tablas de Santa María las que nos muestran la última escena de la vida de María, su coronación en el Cielo. Personajes del Antiguo y Nuevo Testamento, junto a los ángeles, se dan cita para aclamar a María como Reina. Mientras el hijo corona a la Madre, orlas desplegadas a los cuatro vientos desgranan versículos del Cantar de los Cantares que la mariología ha aplicado a la Virgen. “Toda hermosa eres amada mía. Ven del Líbano, ven y serás coronada”.

A una variante del tema corresponde un lienzo barroco hoy conservado en la parroquia de San Martín.

María nos precede ya en el Cielo. Pero dentro de las iglesias y en los rincones de las encrucijadas, hermosas imágenes siguen haciéndonos cercana y materna su presencia. Son toda una hermosa letanía de advocaciones nacidas del pueblo y unidas inseparablemente a su historia:

  • Nuestra Señora de la Guía, de formas populares góticas, cuenta entre sus más insignes devotos al más ilustre hijo de Trujillo, Francisco Pizarro.
  • Nuestra Señora de la Paz, de tradicional devoción en la comunidad de San Pedro.
  • Virgen de la Piedad, de la antigua ermita del camino de Toledo, a quien Trujillo acudió en rogativas pidiendo auxilio en las calamidades.
  • Nuestra Señora del Reposo, ubicada a espaldas de San Martín, antes de disponerse el viajero a enfilar las tortuosas calles de la villa.
  • Virgen del Buen Fin, junto al Señor de la Salud en la ermita de San Lázaro.
  • Nuestra Señora de la Soledad, de la antigua y evocadora Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno.

Hemos llegado al final de lo que sólo ha pretendido ser una muestra pues hay mucho más. Ayer como hoy, las imágenes de María siguen hablándonos con su lenguaje de arte y visualidad e invitándonos a metas más altas.

1232-1988, casi ocho siglos nos separan. A través del tiempo sigue sonando la intención de anónimos artistas en los versos de Alfonso X:

“Mucho debemos loar
varones a Santa Mar ía
pues garcías y dones da
a quien en Ella fía”.

Oct 011988
 

José Antonio Ramos Rubio.

1. Emplazamiento

Trujillo, ciudad de la Alta Extremadura, se sitúa sobre y en la falda de un granítico cerro de 517 m de altitud.

El cerro llamado “Cabezo del zorro” domina la situación topográfica dominado por el castillo, del que parte de las murallas. La zona medieval se extiende por las laderas del poniente y del mediodía. La ciudad moderna, o extramuros, desciende por la falda meridional y rebasando las murallas se extiende hasta el llano.

Rodeando la ciudad está el berrocal, la cantera más importante para los arquitectos trujillanos de todos los tiempos. En el mismo berrocal, el río Magasca, tributario del Almonte (afluente del Tajo), rodeará Trujillo de oriente a poniente.

2. Vicisitudes históricas: etapas constructivas.

En cuanto a la historia de Trujillo, hemos de remontarnos a los restos más antiguos que se conocen. El hombre prehistórico habito el berrocal trujillano, el poblado calcolítico de Aguas Viejas y varias cuevas con pinturas del Bronce en los aledaños de la ciudad son testimonios más que suficientes de su existencia por estas tierras.

De la época que comenzamos a tener testimonios más abundantes, tanto epigráficos como funerarios, es de la Turgalium romana.

El comienzo de la conquista de España por los romanos, fue consecuencia de las guerras mantenidas entre cartagineses y romanos por la hegemonía del Mediterráneo Occidental. Roma se lanzó a la conquista de toda la Península, forzada por una necesidad de expansión económica, y como medida para obtener metales, que escaseaban en Italia, cereales y vino, e incluso, esclavos para el trabajo en la agricultura y en la industria. El proceso de romanización comenzó al mismo tiempo que la conquista de la Península y se extendió por todas las regiones, aunque no con la misma intensidad.

Mucho se ha discutido sobre el origen verdadero de Trujillo y sobre todo, del primer nombre con que se le conoció.

El nombre más antiguo con el cual se designo a nuestra ciudad fue Turaca, que significa “hinchazón”, ya que Trujillo es un batolito granítico con apariencia abultada. Tras la caída de la vocal pretónica terminó siendo Turgalium.

En principio, se pensó que Trujillo era la Castra Julia mencionada por Plinio: “toda la provincia de Lusitania se divide en tres cancillerías: Emeritense, Pacense y Escalabitana, y toda ella tiene treinta y cinco pueblos, y en los cuales hay cinco colonias, un municipio, tres del lacio antiguo, y treinta y dos estipendiarios. Las colonias son Mérida, Medellín, Beja, Puente de Alcántara, a la cual están anexas Castra Julia y Castra Cecilia; la quinta Santarem, a la que llaman presidio Julio; el municipio de los romanos es Lisboa…”.

Castra Julia sería una población dependiente tributariamente de Norba Caesarina.

Recientes estudios nos llevan a considerar que a Trujillo en época romana se la denominó Turgalium, por dos razones:

  1. Higinio, al primer sor del siglo II de nuestra era, al referirse a la prefectura en la que está nuestra ciudad, la denominó regio turgalensis, forma adjetival que lleva al sustantivo Turgalium.
  2. se han encontrado varias lápidas funerarias en el partido judicial de Trujillo, en una de ellas se lee: “LIBA… TURGALENSE, HIJA DE CAENICO. AQUÍ YACE”.

Pero, hasta nuestros días, el hombre de Trujillo ha sufrido múltiples cambios.

El Imperio Romano se vendría abajo. Se produjo un movimiento general de los pueblos bárbaros durante el Bajo Imperio Romano, hubo una serie de pueblos, de origen germánico, que en sucesivas oleadas penetraron en España.

Hace escasamente dos años se llevaron a cabo en Trujillo dos campañas de excavaciones arqueológicas en una basílica visigoda sita extramuros de la Puerta de la Coria. Este edificio religioso y dos columnas de mármol, encontrarás en la torre tardorománica de Santa María la mayor, son los dos únicos restos que nos han quedado del paso de los visigodos por nuestra ciudad.

La tribu beréber de Nafza, acaudillada por los Beni-Ferancio, tomará Trujillo en el siglo IX.

Comenzaría la construcción de las murallas, de las que subsisten pocos restos, con siete puertas de las cuales sólo quedan en pie, muy modificadas en tiempos cristianos, cinco de ellas.

El primer intento de reconquista por parte de las tropas cristianas se llevó a cabo en el año 881 por Alfonso III, pero no tuvo éxito. Los árabes consolidaron y ampliaron las defensas de la fortaleza en previsión de un nuevo ataque, construyendo torres albarranas y corachas. También tuvieron muy en cuenta la subsistencia en caso de un posible asedio, para ello contaban con dos alfiles para el abastecimiento de agua potable en el castillo; un pozo en el alberca, en este recinto cultivaban verduras y legumbres y guardaban el ganado; en la zona de poniente, cerca del mercado, existía una alberca para múltiples usos que iban de este el abastecimiento de agua a los caños de San Lázaro y campo de San Juan por medio de una extensa conducción subterránea, hasta servir como abrevadero o baño público. Por esta razón estaba el tercero de los aljibes árabes.

El castillo de Trujillo (plaza de armas, albercas y aljibes), morada del alcaide, este época califal, de fines del siglo IX. Su fisonomía primitiva fue modificada en varias ocasiones.

El cronista árabe Al Edrisi, que vivió en la segunda mitad del siglo XII, nos facilitó noticias de Trujillo: “de Madellín a Taryala dos jornadas cortas, esta última dicha es grande y parece una fortaleza. Sus muros están sólidamente construidos y hay bazares bien provistos; cantó jinetes como infantes hacen continuas incursiones en el país de los cristianos”.

Los árabes llamaron a Trujillo Taryala.

Con Alfonso VII, el ejército cristiano toma la plaza fuerte de Trujillo, en 1143. Cae de nuevo en poder sarraceno. En 1165 toma la plaza Fernando II de León. Trujillo permaneció en poder de cristianos hasta el año 1184, fecha en la que Abu Jacob inicia una gran campaña devastando toda Extremadura, pasando a su poder las villas de Trujillo, Cáceres, Montánchez, Alburquerque, etc.

En 1186 Alfonso VIII tomará Trujillo. Éste hizo donación a la Villa y castillo de Trujillo, de Albalat, Santa Cruz, Cabañas y Zufarola, a la Orden del Pereiro. En los textos medievales aparecen formas como Turgello, hasta el siglo XVIII, que se escribía Truxillo, en el 1815 la Real Academia de la Lengua preceptuó la forma escrita con “J”, Trujillo.

La Villa de Trujillo se perdió en 1196. La definitiva reconquista se produjo el 25 de enero de 1232, reinando en Castilla y León Fernando III el Santo.

Cuenta una leyenda que la Virgen vino a auxiliar a las tropas cristianas, ese entonces la patrona de Trujillo sería la Virgen de la Victoria.

Los cristianos toman la fortaleza, comenzará la reconstrucción de las puertas de acceso la Villa, colocando en ellas las armas de las familias nobles que habían intervenido la lucha por, la de las órdenes militares a las que pertenecieron olas de sus reyes.

Los cristianos reforzarán los muros, construirán barba canas con torres semicilíndricas en las cercanías del castillo. Purificarán las mezquitas árabes y las habilitarán para el culto cristiano. Construirán nuevos templos en la Villa: la iglesia de Santiago, la de la Vera Cruz y la de Santa María la Mayor.

Extramuros de la Villa se levantaron tres ermitas: la de La Coronada, de curso culto se hicieron cargo los templarios; la ermita de Nuestra Señora de la Cañada; y Nuestra Señora de Belén, hoy parroquia del arrabal del mismo nombre, antiguamente se la conocía como Papalbás, por aquel lugar se asentó una parte del ejército del obispo don Domingo.

Los cristianos para defender mejor las puertas de la Villa construyeron alcazaba so casas-fuertes en sus proximidades: el Alcázar de Luis de Chaves; la casa-fuerte de los Tapias; el Alcasarejo; el Alcázar de los Escobares; el de los Bejaranos y la casa-fuerte de los Paredes.

Con Alfonso X, 1256, se otorga Trujillo su fuero, con las lógicas repercusiones que tendría para la vida de una ciudad cristiana[1].

En el reinado de Sancho IV, tres de los principales linajes trujillanos: Añascos, bejaranos y Altamirano, ejercen los cargos rectores del Concejo.

En 1430 recibe Trujillo el título de ciudad, por Juan II.

Los Reyes Católicos visitaron varias veces Trujillo, hay constancia de siete visitas realizadas por los monarcas a esta ciudad.

Las defensas exteriores del Alcázar de Trujillo fueron añadidas por la Corona a partir de 1490.

Con la conquista de América muchos trujillanos parten hacía las nuevas tierras, rebasando el número al resto de los pueblos que se pugnan la conquista de colonización del Nuevo Mundo.

Durante el siglo XVI la ciudad de Trujillo se extiende fuera de la muralla. El incremento demográfico y el enriquecimiento de los patrimonios solariegos son algunas de las circunstancias que impulsar su desarrollo arquitectónico-urbanístico. La nueva ciudad se organiza en torno a las iglesias medievales de San Martín y San clemente (hoy desaparecida).

En el siglo XVII las empresas constructivas de Trujillo se orientan hacia la reparación de monumentos artísticos. En la Villa habrá un cierto abandono de antiguas construcciones. En el siglo XIX encontraremos un movimiento expansivo arquitectónico-urbanístico del mismo valor del producido en el siglo XVI.

Durante la invasión francesa Trujillo sufre saqueos. Nuestra ciudad estuvo presente en las vicisitudes históricas por las que pasaron el resto de los pueblos de España: la Guerra Carlista, La república y la Guerra Civil. El conjunto monumental de Trujillo no sufrió desperfectos durante los tres años que duró la guerra.

3. La arquitectura medieval en Trujillo: características morfológicas, piezas defensivas y residenciales.

3.1. El castillo y la muralla.

Ubicado en el borde de la escarpada pendiente, en el extremo Este del cerro “Cabezo del Zorro”, es de grandes proporciones perimétricas. El cuerpo principal del castillo, el llamado Patio de Armas, obedece a una planta cuadrada, de estructura claramente musulmana, de fines del siglo IX, etapa del Califato Omella de Damasco. Construcción muy similar al modo de actuar de los romanos, con un trazado regular, perfectamente cuadrangular, con torres reforzando los muros, ángulos y puertas, tanto las de la fortaleza como las del acceso a la Villa.

En la utilización del aparejo hay una clara diferencia: el empleo de sí sería en la Península en lugar del ladrillo. Muchas de las piedras graníticas pertenecientes a la Turgalium romana, fueron utilizadas para la construcción de la muralla y del castillo, de aquí, que de esta época sólo se conserven inscripciones funerarias y una acrópolis tras la Puerta de Coria.

La fortaleza de Trujillo tiene grandes semejanzas con la Alcazaba de Mérida, obra también del siglo IX: cuadrangular, simétrica, flanqueada por torres macizas adosadas al muro y material reaprovecharlo de los romanos.

También es muy parecida nuestra fortificación a la de Gormaz (Soria); y fuera de España, se parece al tipo de aparejo utilizado en Palestina, en el castillo de Qasr Harani: grandes bloques de piedra mal cuadradas y colocadas en hileras entre otras filas de piedras más pequeñas.

Tenemos dos partes diferenciadas, aunque corresponden a la misma época: el Patio de Armas, de planta cuadrangular; y el Albacar, de planta irregular, en forma de hexágono. El castillo tiene ocho torres que lo circundan y definen.

En principio se construirían el Patio de Armas, y unos 15 años después, el Albacar, imprescindible en caso de asedio, como ya he comentado.

Al primer recinto se accede por una puerta de arcos de herradura, del tipo califal, en el lado del Mediodía, defendida por dos torres albarranas, una defendiendo la puerta principal y otra la puerta del Albacar, al oeste.

Es un fuerte completamente hermético, no posee vanos, salvo las troneras del baluarte, es una construcción militar, sin ninguna otra aplicación.

Tiene una longitud el castillo de 146 metros, sin contar con las torres albarranas. Todas las torres son de planta cuadrada, rectangulares, macizas y de origen árabe. El acceso a las albarranas era facilitado por un pasadizo de madera.

Los árabes podían sorprender al enemigo por varios puntos a la vez, además, en la puerta principal, existen unos recodos con el fin de atacar a los cristianos por varios sitios minando así la iniciativa del ataque.

En el ángulo Noreste existe una coracha cortada por dos arcos para permitir el paso de un lado a otro. El castillo es una construcción militar, sin ninguna intención estética, aunque el artista que diseñó los arcos peraltados de esta zona tuvo otras intenciones que las puramente militares, pues el paso sería facilitado simplemente con abrir una oquedad.

En la Plaza de Armas hay dos aljibes. Construcción en mampostería y ladrillo. Uno de estos aljibes recuerda al existente en la alcazaba de la Alhambra de Granada.

El aljibe A, es de planta regular, geminado y con claraboyas superiores. Cubierto con bóveda de cañón, se comunica de un lado a otro por dos arcos de medio punto apoyados en columnas. Mide 9 metros.

El aljibe B: posee planta irregular. Dividido en ocho cámaras distribuidas en forma de “L”, las dos últimas de planta cuadrangular irregulares. Se comunican los compartimentos con arcos de medio punto y tienen estribos para reforzar las paredes contra el empuje del agua. Mide 12 metros y medio de longitud.

Este castillo constituye el núcleo y centro de la historia trujillana de la Edad Media y principios de la Moderna.

Fue declarado monumento histórico-artístico el 7 de abril de 1925.

Sufrió varias modificaciones a lo largo de los siglos.

Una vez que los cristianos toman la Villa trujillana: “Los freyles de las órdenes y el obispo de Plasencia prisieron a Truxiello, día de la Conversión de festo Pauli en enero, hera de mil y doscientos y setenta (1232)”[2]. Fortalecen las defensas de la Villa y del castillo. Construcción barba canas con sus torres semicilíndricas y tornearlas y casas-fuertes con sus troneras en las cercanías de las puertas de acceso a la villa.

La Puerta del Albacar se secó para hacer en ella una tronera, que permitía disparar cañones con seguridad, se perdió con motivo de las guerras con Portugal. En el Alcázar de Luis de Chaves, se firmó la paz con Portugal.

El castillo recibirá en el siglo XVI dos amplias construcciones. Una de ellas, es la construcción de un baluarte poligonal situado en el lienzo occidental del castillo. Se accede al mismo por un arco rebajado, próximo a la entrada principal del Albacar. En este baluarte, se conservan las anchas troneras para apostar en ellas los cañones.

La otra construcción es de gran importancia para los trujillanos, la capilla que hacia 1546 se construye en el muros de la fortaleza para colocar en ella un imagen de piedra de la patronal de la ciudad. La imagen es obra de Diego Durán, fue donada y pintada por Antón Torino y Juan Notario[3]. La obra de construcción de la capilla corrió a cargo de Sancho de Cabrera[4].

En 1583, Juanes de la Fuente, entallador, perfeccionó la escultura y en 1484 Juan Sánchez ya la tenía dorada y pintada[5].

En 1951 se construye otra nueva capilla, sustituyendo a la primitiva del siglo XVI en la torre del homenaje. La nueva capilla se construirá entre las dos torres que franquean la entrada principal del castillo. La Virgen de la Victoria, en 1912 quedó tal y como está ahora, en piedra, sin pintura.

La construcción de la muralla trujillana fue hecha de mampostería y sillería en las puertas y parte inferior de los lienzos y las torres, figurando algunos sillares aprovechados de época romana.

La muralla data de la misma época que el castillo, esta fortaleza la Sierra en la zona Norte. La muralla se refuerza con diecisiete torres dispuestas irregularmente, cuadradas o rectangulares y construidas con los mismos elementos que los lienzos. En la parte mejor conservada, la de poniente, aparece una coracha muy amplia que domina la situación por esta zona.

La villa contó con siete puertas de acceso al recinto murado. Se conservan cinco en la actualidad, modificadas en tiempos cristianos, así tenemos: la Puerta del Triunfo; la Puerta de la Vera Cruz; la de San Andrés; la de Santiago o del Sol; y la de la Coria. Han desaparecido, las puertas de “Herradura”, que no sufrirían modificaciones con posterioridad a 1232 hila de San Juan, destruida en su mayor parte durante la toma de Trujillo el 25 de enero de 1232 y reconstruida totalmente en tiempos cristianos, como reza en la decoración de una dovela que aún se conserva. Esta puerta fue destruida hace pocos años, alegando que se encontraba en estado ruinoso.

Posiblemente, por la Puerta del Triunfo entraron los cristianos en la definitiva conquista de la villa, en la festividad de San Pablo, allí están los escudos de las familias más importantes que intervinieron en la lucha: Añasco, Bejarano y Orellana. En su parte externa está el escudo de los Reyes Católicos. Es una puerta en arco apuntado con dovelas bien talladas. Se han perdido las dos torres musulmanas que flanqueaban la puerta.

La puerta de la Vera Cruz, llamada así por su cercanía a la iglesia románica del mismo nombre, oís cementerio de Trujillo, fue restaurada en el siglo XIII, coincidiendo con la construcción de la iglesia. De aquí partía la vía que conducía a Mérida y Badajoz. Por aquí iría la calzada romana que comunicaba Emérita Augusta con Turgalium en su trayecto hacia Cesar-Augusta (Zaragoza).

La Puerta de Coria, como su nombre indica, era la salida de Trujillo hacía Coria y su comarca. Es un sencillo arco apuntado, aún se conservan las quisieras de las puertas de madera que tuvo- han desaparecido las torres flanqueantes y las almenas que coronaban la puerta.

Las dos puertas mejor conservadas son las del Sol o de Santiago y la de San Andrés, recibiendo ambas el nombre de las iglesias que se construirían en sus proximidades.

La del Sol es una puerta flanqueada por dos torres, en tiempos cristianos de aprovechadas una como campanario de una iglesia románica y la otra, como torre principal del Alcázar de Luis de Chaves. Fue el acceso más importante a la villa. Es una puerta de medio punto modificada en tiempos cristianos. Están en ella las armas de los Altamirano y el escudo de los Reyes Católicos.

La puerta de San Andrés, en arco apuntado, descansa en impostas pometeadas y presentar remate almenado con coronamiento piramidal. Las torres cuadradas que la franqueaban y defendían han desaparecido.

3.2. Las mezquitas

Mucho se ha dialogado sobre la existencia de tres posibles mezquitas ubicadas en la villa, dos de ellas, y una extramuros.

En la Crónica de la Provincia de San Miguel de la orden franciscana, escrita por fray José de Santa Cruz, existe un relato de los orígenes del convento de San Francisco: “Por hacer merced y limosna a la Orden de San Francisco de la observancia, por la presente hacemos merced y limosna a la Provincia y Provincial de Santiago de la dicha Orden, de la mezquita que los moros tenían en Trujillo, para que en ella se haga el monasterio de la dicha Orden que la ciudad ha de hacer,…. Yo el Rey. Yo la Reina. Miguel Pérez Almansa.

Existía, por tanto, en tiempos árabes un arrabal extramuros. Tenemos constancia de su existencia por la situación de la mezquita y por el mercado que tenía lugar en la plaza del Azovejo, derivación del término islámico “Azoguejo” (lugar de mercado permanente).

Estamos ante la primera cédula de la ciudad extramuros que después se desarrollaría en torno a la Plaza Mayor, en la confluencia de los caminos que iban hacia la Villa: Madrid, Belén, Ánimas, Plasencia y Cáceres.

El otro centro comercial se ubicaba en la Villa, cerca de la Alberca.

La mezquita principal estaría en el interior del recinto amurallado. Las tropas cristianas entraron en Trujillo en 1232, purificaron la mezquita y la consagraron a María en el misterio de la Asunción, como ocurriría en 1236 en la Mezquita de Córdoba.

En el castillo, se plantea la hipótesis de la existencia de una posible mezquita, que permitiera a los árabes realizar los actos religiosos sin necesidad de salir de la fortificación. Tenemos constancia de su posible existencia por las crónicas trujillanas del XVI: “… En tiempo de la conquista de Trujillo, vino un caballero del solar de Pancorbo y de las gentes de los Tapias. Y en tomándose la Villa, una mezquita, que es la iglesia de San Pablo, la consagraron y pusiéronla el nombre de San Pablo y esta fue la primera parroquia que tuvo Trujillo…”.

En realidad la estructura de la fábrica de la ermita de San Pablo, corresponde al siglo XVII. La escrita fue construida en el siglo XIII a raíz de la Reconquista y restaurada en 1608 ampliamente: “Que don Jerónimo de Loaisa; faga reparar la iglesia de San Pablo en la fortaleza”[6]. La reparación corrió a cargo de Pedro de Alcántara por ausencia de Jerónimo de Loaisa. Finalizaron las obras el 12 de enero de 1618.

3.3. El aljibe de la Plazuela de Altamirano.

Cerca del mercado de abastos, en la Plazuela de Altamirano, estaba ubicado otro aljibe árabe. Se podría dar la circunstancia de que existiese una caza árabe en este lugar, como ocurre en Cáceres, en el palacio de las Veletas. Pero no tenemos restos fehacientes para apoyar esta afirmación. Además, al estar la Villa en su conjunto amurallada, los árabes podían coger el agua sin peligro. Además, era el castillo la morada del alcaide y la fortaleza.

En el Archivo Municipal de Trujillo hay noticias acerca de este aljibe, sobre cómo hay que sacar agua de él, y que se tapie en tiempos de guerra para que el enemigo que pase por allí no envenenase el agua en su direccional castillo, que era el punto estratégico más importante a tomar.

Es un aljibe de tracería árabe. Formado por tres naves sobre muros y seis arcos sostenidos por pilastras y terminados en tres bóvedas de cañón. Su altura es de 10 metros; su longitud de 13,15 metros; y su anchura de 12,10 metros.

Se podría fechar este aljibe en el siglo XII. Los aljibes del castillo son anteriores. El aljibe A, de finales del siglo IX; el aljibe B, es posterior.

3.4. La alberca

Del léxico árabe “Al-Birka”, significa depósito de agua. Servía para abrevar en pilas próximas a su acceso, a caballería y reses vacunas. Para el abastecimiento del agua a los Caños de San Lázaro y Campo de San Juan por medio de una extensa conducción subterránea y para surtir de agua a las puertas de los Descalzos y la alameda de la Plaza de la Encarnación. También ha sido utilizada como baño público.

Se ha limpiado varias veces. Con motivo de una de estas limpiezas se pudo medir: altura, 6,57 metros; anchura del vaso, 11 metros; longitud, 11,32 metros.

3.5. Edificios religiosos y casas-fuertes

En el escudo de Trujillo aparece la Virgen con el Niño en sus brazos, colocados encima de una muralla admirada y acostada de dos torres, como cuenta la leyenda que la Virgen vino a auxiliar al ejército cristiano en 1232.

Las construcciones que se llevan a cabo a raíz de la reconquista son de gran prestigio y están localizadas tanto en el interior del recinto amurallado como en el exterior.

En el siglo XIII se construirá un gran número de iglesias: la ermita de san Pablo; la iglesia de Santa María la Mayor, donde había estado sita la mezquita principal; la iglesia de la Vera Cruz y le iglesia de Santiago, dentro de la Villa; cerca del castillo, la ermita del Oreto; y en los arrabales o berrocal de Trujillo, la ermita de La Coronada, la de Nuestra Señora de la Cañada, para algunos autores, y para otros Nuestra Señora de la Luz; y la ermita de Papalbás (Belén).

Sobre la iglesia de Santa María la Mayor, sabemos que la construcción de su torre y ábside se había iniciado en 1186. Se observan claramente dos tipos de materiales empleados, la mampostería cree correspondería a una primera fase de edificación (ábside), y la posterior utilización de la sillería (torre y resto del edificio). Las obras quedarían paralizadas en 1196 y serían continuadas en 1232. De aquí se puede sacar otra conclusión gracias, además, al descubrimiento de una imagen de talla en la torre perteneciente a la época en que los cristianos reconquistaron Trujillo. La imagen estuvo en Santa María y en tiempos de la invasión francesa (1809) desapareció. Podemos conservar su fisonomía por un cuadro que hay en la sacristía de dicha iglesia. Por sus caracteres, es una imagen más antigua que la de La Coronada (primera mitad del siglo XIII).

La iglesia de la Vera Cruz esta destruida en gran parte aunque se conserva el ábside poligonal, la puerta de acceso y los arcos formeros de la única nave que tenía. La iglesia de Santiago es una bella muestra del arte románico en Trujillo que, aunque muy transformada en los siglos XV y XVII, conserva aún muy bien el ábside semicilíndrico y la torre-campanario, que antes había servido como torre maciza árabe para la defensa de la Puerta del Sol.

La ermita de Nuestra Señora de Belén dio origen a un poblado que se fue organizando en torno a ésta hacia el siglo XIV. La iglesia actual, costeada por el obispo Lasso de la Vega, sigue el prototipo de ermitas del XVIII: una nave de cinco tramos, cubiertos con bóveda de cañón y presbiterio cuadrangular.

A 10 kilómetros de Trujillo se construyó la ermita de La Coronada, templo de los templarios, construido en el año 1274, tal y como reza en una inscripción: MAESTRE GIL DE CUELLAR ME FECIT ERA MILE CCC ANNO DOCE (“El maestre Gil de Cuellar me hizo, era de mil trescientos doce. 1274”). El mismo maestro que construyó la capilla de San Pablo de la catedral vieja de Salamanca.

La primera noticia sobre construcciones realizadas en la primitiva plaza del mercado, hoy día Plaza Mayor, data del 18 de mayo de 1353. Aquel día se reúne el Concejo cerca de la iglesia de San Martín (ya estaba construida) para tratar del amojonamiento del Berrocal. No queda nada de la iglesia románica de San Martín, y menos aún de la ermita de San Clemente, construida hacia el 1350 en donde actual mente está el Parador Nacional.

La iglesia de San Martín de hoy vemos es una fábrica del tercer cuarto del siglo XVI, obra desistiría y mampostería. En la portada principal están las armas del prelado don Pedro Ponce, durante cuyo pontificado se hizo (1560-1573). También está el escudo del Concejo de Trujillo que contribuyo económicamente a la construcción de la iglesia. En las obras trabajo Sancho de Cabrera. Es una iglesia de una nave, cubierta de bóveda de crucería y terceletes con tracería de combados y el presbiterio ochavado.

Al tratar sobre las casas-fuertes, podemos decir que las mismas se organizan en el interior del recinto amurallado y en torno a la Plaza Mayor. Es aquí donde se levantan airosamente los grandes palacios trujillanos.

A raíz de la reconquista, los cristianos construirán una serie de casas-fuertes para albergar en ellas a las guarniciones que defendían el acceso a la Villa. Se localizan en las cercanías de las puertas de acceso, empotradas en el mismo lienzo de la muralla. Así tenemos: el Alcázar de Luis de Chaves; el Alcaraceño; el Alcázar de los Escobares; la casa-fuerte de los Bejaranos, etc.

Son recias construcciones, muy sencillas, de tipo militar, con sus torreones, algunos de ellos muy altos, como ocurre con el Alcázar de los Bejaranos, que defendían el Arco del Triunfo.

4. Conclusión

En 1430 tiene lugar la concesión del título de ciudad por Juan II. A partir de entonces, se van a llevar a cabo pocas construcciones en la Villa, eso sí las mínimas que se realicen serán muy importantes como, por ejemplo, el coro plateresco de la iglesia de Santa María, obra de Sancho de Cabrera; las reconstrucciones de algunas de las puertas de acceso la Villa o la construcción a finales del siglo XV de los conventos de la Coria y de las Jerónimas.

Durante el siglo XVI la ciudad de Trujillo traspasará sus antiguos límites y se extenderá fuera de la muralla. Se construirán numerosos conventos, templos y palacios. En el siglo XVII se orientan las obras más a la reparación y conservación de las fábricas que a la construcción de nuevos edificios.

No será hasta el siglo XIX cuando encontremos un movimiento expansivo urbanístico parecido al ocurrido en el siglo XVI.

BIBLIOGRAFÍA:

  • ACEDO, F.: Guía de Trujillo histórica, descriptiva y práctica. Madrid, 1913.
  • ÁLVAREZ VILLAR, J.: Arte en Extremadura. Col. “Tierras de España”. Madrid, 1979.
  • ANDRÉS ORDAX, S. (Dir.).: Monumentos Artísticos de Extremadura. Salamanca: Editora Regional de Extremadura 1986.
  • ANDRÉS ORDAX, S. Y PIZARRO GÓMEZ, F. J.: El patrimonio artístico de Trujillo. Salamanca, 1987.
  • VLÁZQUEZ MARCOS, J.: Por la vieja Extremadura. Provincia de Cáceres. Cáceres, 1929.
  • COOPER, E.: Castillos señoriales de Castilla. Siglos XV y XVI. Madrid: Fundación Universitaria Española, 1980.
  • COSTILLO MARÍN, E: Cáceres, emocional y lírica. Cáceres, 1979.
  • DOTO, A.: Cáceres y su provincia, en: Revista Geográfica Española.
  • GARCÍA MERCADAL, J.: Viajes de extranjeros por España y Portugal. Madrid: Aguilar, 1952.
  • HURTADO, P.: Castillos, torres y casas fuertes en la provincia de Cáceres. Cáceres, 1927.
  • INVENTARIO DEL PATRIMONIO ARTÍSTICO Y ARQUEOLÓGICO DE ESPAÑA. Madrid, 1975.
  • IÑIGUEZ ALMECH, F.: Trujillo. Bilbao, 1949.
  • MADOZ, P.: Diccionario geográfico-histórico de España y sus posesiones de ultramar. Madrid, 1849. Tomo XV.
  • MOGOLLÓN CANO-CORTÉS, P.: El mudéjar en Extremadura. Salamanca, 1987.
  • MORENO LÁZARO, J.: Guía breve de Trujillo. Barcelona, 1978.
  • NARANJO ALONSO, C.: Trujillo, sus hijos y sus monumentos. Madrid, 1983.
  • NAVAREÑO MATEOS, A.: Castillos y fortificaciones de Extremadura. Salamanca: Editora Regional de Extremadura, 1985.
  • PIZARRO GÓMEZ, F. J.: “Notas sobre urbanismo y mentalidad urbana en Trujillo en los siglos XVI al XIX”, en: Norba, t. I. Cáceres, 1980.
  • PONZ, A.: Viaje de España. Madrid, 1784. Tomó VII
  • RAMOS RUBIO, J. A.: Estudio histórico-artístico de la iglesia parroquial de santa María la mayor de Trujillo (memoria de licenciatura pendiente de publicación). 1987.
    • “El poblado calcolítico de Aguas Viejas, Trujillo, en: revista Comarca de Trujillo, núm 48 (1986).
  • RAMOS SANGUINO, J.: Historia cómica de Trujillo. Trujillo, 1913.
  • SOLÍS RODRÍGUEZ, C.: “Francisco Becerra y los canteros trujillanos del siglo XVI”, en: Actas ayer XXIII Congreso Internacional de Historia del Arte(1973). Granada, 1976. Tomo I.
    • “Sancho de cabrera, arquitecto trujillano (1500-1574)”, en: Actas del V Congreso de Estudios Extremeños. Badajoz, 1976.
    • La plaza mayor de Trujillo, en: Actas del VI Congreso de Estudios Extremeños. Cáceres, 1981.
  • TENA FERNÁNDEZ, J.: Historia documentada de santa María de la victoria. Serradilla: editorial Sánchez Rodrigo, 1930.
    • Trujillo histórico y monumental. Alicante, 1697.
  • ZOZAYA, J. Y LAFUENTE, J.: Algunas observaciones sobre el castillo de Trujillo, en: Actas del XXIII congreso internacional de historia del arte. Granada, 1976.

Archivos:

  • Archivo Parroquial de santa María la Mayor de Trujillo.
  • Archivo Municipal de Trujillo.
  • Archivo General de Castilla, Simancas.

Documentos particulares:

  • Documentos de don Juan Tena Fernández (Palacio de Orellana Pizarro).
  • Depósito de Antonio Rodríguez Moñino (Biblioteca Pública de Cáceres).

NOTAS:

[1] Archivo Municipal de Trujillo: 5-1-123.

[2] Anales Toledanos.

[3] A .M. T.: 1-1-11, 1531.

[4] A .M. T.: 1-2-4.

[5] A .M. T.: 1-2-10.

[6] A .M. T.: 1-4-2-26 de enero de 1608.

Oct 011988
 

José Antonio Ramos Rubio.

El propósito más importante al realizar este trabajo no ha sido otro que el de valorar a un personaje que fue juzgado severamente por sus contemporáneos y elevado en la actualidad como bien se merece, ya que fue el primero en iniciar la gran aventura americana.

Fue un hombre de profunda fe cristiana, como claramente lo demostró a lo largo de su vida tanto en sus cartas, relaciones de viajes, como en su testamento. Fue un experto marino y cartógrafo, Almirante del Océano y Virrey de las Indias.

Cristóbal Colombo, como era su verdadero nombre, que él latinizó en sus primeras cartas, según costumbre de la época, se presentaría en España con el apellido Colón; según su hijo, porque no quiso que sus descendientes fueran confundidos con los de otras ramas de la misma familia, por eso utilizó el origen romano de su nombre abreviándolo en Colón.

Se han barajado muchas hipótesis acerca del lugar de nacimiento de Colón cuando claramente nos dice él mismo en su testamento que había nacido en Génova[1]:«que, siendo yo nacido en Génova, les vine a servir (a los Reyes) aquí en Castilla y les descubrí al Poniente de tierra firme las Indias y las dichas islas sobredichas».

Además, en el mismo testamento, otorga algunos bienes a una serie de personas, todas ellas relacionadas con Génova o Portugal[2]:

“Primeramente, a los herederos de Jerónimo del Puerto, padre de Benito del Puerto chanceller de Génova, veinte ducados o su valor.
A Antonio Vazo, mercader genovés, dos mil quinientos reales de Portugal, que son siete ducados poco más.
A los herederos de Luis Centurión Escoto, mercader genovés, treinta mil reales de Portugal”.

Por tanto, Cristóbal Colón, nació hacia 1450 en Génova, en una casa de esta capital italiana se puede leer en la fachada: NUZLA DOMUS TITULO DIGNIOR/ HEIC/ PATERNIS IN AEDIBUS/ CHRISTOPHORUS COLUMBUS/ PUERITIAM PRINQUE JUVENTAM TRANSEGIT (“Ninguna casa es más digna de honor que ésta, en el hogar paterno, Cristóbal Colón pasó su niñez y su primera juventud»).

En el año 1461, a la edad de once años hizo su primer viaje por mar como grumete. Entre los años 1466 y 1476 se familiarizó con la navegación por el Mediterráneo adquiriendo una serie de conocimientos interesantes que le serían muy útiles para su gran empresa[3]. Cristóbal Colón fue un hombre inteligente, estudió geografía y astrología, siempre apasionado por las aventuras y las historias, algunas de ellas fantásticas, relacionadas con los grandes viajes, en una época en la que se inventa la tipografía (Gutemberg); se vuelve a dar importancia a la cultura clásica y a los escritores antiguos (Plinio, Estrabón), y se llevarán a cabo descubrimientos geográficos[4].

Los europeos interesados por la geografía utilizaban libros que trataban de Asia o de África. Es de destacar, ya desde el siglo XII, la escuela de cartógrafos de Mallorca, donde destacó Abraham Cresques, autor de un Mapamundi (1375). Así como los estudios de geógrafos árabes: Masudi, El Bekri y el mismo Edrisi, influyeron en la concepción cosmográfica del siglo XV.

De todas las descripciones de Asia, la más completa es la de Marco Polo, Colón poseía un ejemplar impreso del Libro de Marco Polo.

Colón en su juventud no se apartó mucho de Italia: Pavía, Génova. Sostenía la teoría de que África era circunnavegable, se podía llegar a la India costeándola. La ruta de las Indias había sido descubierta por los portugueses pero era larga y peligrosa. Colón pensó que el viaje por el oeste, atravesando directamente el Atlántico sería más corto.

Colón, antes de ir a España, pasó una parte de su vida en Portugal, llegaría a Lisboa por los años 1470 a 1472, por entonces acudían a Lisboa muchos extranjeros para rescatar noticias o hacer fortuna como miembros de las expediciones.

Aquí se casó con Felipa Moñis de Palestrello, de origen italiano, su padre fue gobernador de la isla de Puerto Santo, en otoño de 1479, fue el rasgo esencial del ascenso social de Colón. Colón, a raíz de este acontecimiento, tenía acceso a los numerosos secretos de Estado relacionados con la navegación por las costas de África y el Atlántico.

Recogía, asimismo, confidencias e informes de los marinos que hacían el descenso de la costa de África, por ejemplo, Martín Vicente, explicó a Colón que encontró un madero en el agua cuando navegaba a 450 leguas al oeste del Cabo de San Vicente.

Colón tenía los suficientes datos como para apoyar la teoría de la existencia de una ruta más corta hacia las Indias. Además de tener conocimientos suficientemente fehacientes sobre la Tierra como esfera que podía recorrerse de Oriente a Occidente, siguiendo a Ptolomeo; otras ideas de Plinio o Séneca de que era posible ir de Cádiz a las Indias, o las ideas de Estrabón de que el Océano rodea la tierra batiendo en el Oriente las costas de la India y en el Occidente las de Espala y Mauritania y muchas noticias procedentes de tierras occidentales y llegadas a las costas del mundo antiguo.

Cristóbal Colón propuso su teoría a los Reyes Católicos de España y, aunque en principio no le hicieron mucho caso, después de varias negociaciones, primero con la reina Isabel y después don Fernando, accedieron a financiar la empresa.

Guadalupe es acrópolis de la Hispanidad. Su Virgen, la Reina de las Españas por derecho indiscutible de Historia y por la influencia que ha tenido en la vida de España, especialmente en las relaciones con América: descubrimiento, conquista, culturización y evangelización[5].Tradicionalmente se ha mencionado una visita de Colón a Guadalupe en 1492, antes de partir en la gran expedición, con la finalidad de solicitar a los Reyes carabelas y tripulación[6]. Desde luego, los Reyes estaban por este año en Guadalupe, donde llegaron desde Granada, pero no creemos en tal visita pues es dudoso que Colón se ausentara de Palos cuando lo decisivo era su presencia allí. Los Reyes expidieron dos sobrecartas para que Juan de Peñalosa hiciera cumplir en Palos y Moguer lo que Colón solicitaba. Según el Padre Ortega, cuando Juan de Peñalosa llegó a estas villas, Colón abría pacífica y oficialmente la tabla de enrolamiento, alistándose voluntariamente un buen número de marineros[7]. Los documentos, por tanto, solo mencionan a Peñalosa, pero no hacen referencia a que Colón fuese a Guadalupe, Juan de Peñalosa fue como comisionado para que “vayades a la dicha villa e veades la dicha nuestra carta suso encorporada e la guardedes e complades y ejecutedes e fagades complir…”[8].

Una vez que los Reyes Católicos acceden a financiar la empresa, partió Colón el 3 de agosto de 1492 con tres carabelas de la barra de Saltes, poniendo rumbo al sudoeste, hacia las Islas Canarias, así comenzó la azarosa aventura, casi trágica, según nos cuenta Colón en su diario, hasta que por fin, el 12 de octubre de 1492 vio por primera vez las costas del Nuevo Mundo, era la isla de Guanahaní, Colón la bautizó con el nombre de San Salvador, una vez que tuvo conocimiento de que había descubierto un Nuevo Continente. Cristóbal Colón siempre tuvo el convencimiento de que había arribado a las Indias Orientales, pues tal fue el propósito de su viaje. Una vez hubo conciencia de que se había llegado a una nueva tierra, se exploró el Continente hasta dar con el paso que permitiera llegar a Oriente.

Esto es una prueba de la enorme importancia que el comercio con las Indias Orientales tenía para los europeos, importancia que no decreció por el hecho de haberse descubierto América. Es más, América sirvió de punto de partida y de base para numerosos viajes por el Pacífico y el Índico. Resulta también sintomático que dos de los países más dinámicos en la carrera de las Indias, Inglaterra y Holanda, creasen sendas Compañías comerciales con el sobrenombre de Compañías de las Indias Orientales.

Desde luego, es evidente la enorme trascendencia que tuvo para Europa el descubrimiento de América. No hace falta exponer la dimensión económica que supuso para España. Si el comercio de las especias con Oriente, en la mente del europeo estaba rodeado de una cierta aureola legendaria, América, aunque con un componente mítico y legendario importante, estaba más asociada psicológicamente con la rentabilidad inmediata, entre otras cosas, porque la explotación de los recursos americanos era una actividad dirigida por europeos (plantaciones, minería, ganadería). Por otra parte, América entra a formar parte de un sistema de circulación planetario.

Las dos primeras visitas que hizo Cristóbal Colón a Guadalupe, tuvieron lugar en 1486, la primera; y, en 1489, la segunda. La primera tuvo lugar después de haber sido constituida la Junta presidida por fray Fernando de Talavera que había de dictaminar sobre el proyecto presentado por el genovés.

Colón estuvo en Salamanca, donde la Junta celebró unas sesiones. De vuelta a Andalucía, hicieron estancia en Guadalupe. No es extraño que Fray Hernando de Talavera, prior de Valladolid, muy devoto de la Virgen de Guadalupe, hubiese contagiado su amor a la Virgen a Colón[9]. No olvidemos que Colón bautizó a una isla con el título de Guadalupe en 1493, en el segundo viaje.

Otra visita probable fue en 1489. Como ya he explicado, los Reyes Católicos en un principio no aceptaron financiar ni aprobar la empresa de Colón. Éste, volvió a Lisboa pues fue requerido por el rey portugués. No olvidemos que Colón había propuesto su teoría al rey de Portugal antes que a los españoles, pero las ideas de Colón no cuajaron tampoco en Portugal. Cristóbal Colón pensó marcharse a Francia y regresó a España a recoger a su hijo. Fue entonces cuando una serie de personas influyeron sobre la reina Isabel para ayudar a Colón en su empresa: fray Diego de Deza, el contador Quintanilla y el cardenal Mendoza. Así mandó despachar la reina sus letras «para Cristóbal Colón, mandándole sin dilación que para su corte se partiese”[10]. Los Reyes que estaban en Valladolid marcharon hacia Andalucía, en el canino pararon en Guadalupe donde se entrevistaron con Colón.

Posiblemente Colón, en la espera de los Reyes en Guadalupe, impetrara el auxilio de la Virgen, por haberle encomendado la suerte de la empresa, de aquí su devoción a la Santísima Virgen de Guadalupe[11].

América está también relacionada con Europa políticamente. Casi todos los acontecimientos políticos europeos de los siglos XVI, VII y XVIII, tuvieron su repercusión americana, e incluso esta proyección llegó a funcionar en sentido inverso. La revolución e independencia de los EE.UU., no fue sólo un conflicto entre Inglaterra y sus colonias: fue también un conflicto entre potencias europeas. Desde luego, no se puede pensar en la con formación del mundo actual sin América. Otro dato interesante es la nueva demanda generada por América al impulsar el comercio que hizo que la producción aumentase en volumen y en complejidad y, con la producción, los movimientos de capital, inversión y crédito.

En conclusión, América supuso, ante todo para Europa, un nuevo campo que ofrecía toda una serie de oportunidades inimaginables antes de 1492. Oportunidades tanto para los que cruzaban el Atlántico como para los que se quedaban. Ha que considerar que el Descubrimiento fue impulsado por la intención de encontrar una ruta nueva para alcanzar las Indias Orientales en el contexto de la carrera del comercio de las especias.

Cristóbal Colón regresaría a España a contar lo sucedido a los Reyes Católicos; llevaría a cabo otros tres viajes más, en el segundo (1493-1496), descubrió las Antillas y Jamaica. Para el tema que nos ocupa es muy interesante este segundo viaje. Colón de regreso a España, al verse en trance de muerte por el ímpetu de la tormenta que los acosó cerca de Santa María de las Azores ordenó, según se anota en el Diario con fecha 14 de febrero de 1493, “que se echase un romero que fuese a Santa María de Guadalupe y llevase un cirio de cinco libras de cera, y que hiciesen voto todos los que al que cayese la suerte cumpliese la romería”. Le tocó al Almirante, según él hace constar, «se tuvo por romero y deudor de yr a complir el voto», lo que nos pone en el punto de partida del tercer viaje de Colón a Guadalupe. Según don Juan Tena, camino de Guadalupe a Burgos, Colón pasó por Trujillo. Colón desde Sevilla se dirigió a Burgos para entrevistarse con los reyes, pero antes, pasó por Guadalupe a cumplir su voto. En el Libro I de Bautismos, códice 15, folio 1, se dice:

“Viernes XXIX desde dicho mes, se baptizaron xristoual e pedro, crisdos del sennor almirante don Xristomal Colon, fueron sus padrinos: de Xristobal Antonio de Torres e Andres Blasques, de pedro fueron padrinos el sennor coronel e sennor comendador Varela e baptizolos Lorengo Fernandes capellán”.

Por tanto, cuando Colón vino a Guadalupe en 1496 se bautizaron dos criados suyos. Colón ofreció a Nuestra Señora una lámpara de plata y varias joyas de oro (como aparece en el Libro de bienhechores de Guadalupe, manuscrito 90 del Archivo Real Monasterio de Guadalupe).

Cristóbal Colón, tenía una gran devoción a la Virgen de Guadalupe, no olvidemos que en su segundo viaje, impuso el nombre de Guadalupe a la isla Turuqueira, en las Antillas, el 4 de noviembre de 1493.

Así pues, Colón visitó Guadalupe tres veces, dos anteriores a la partida de 1492 y la tercera en 1493, de regreso del segundo viaje.

Cristóbal Colón llevó a cabo otros dos viajes más al Nuevo Mundo, el tercero (1498-1500), descubriendo la Trinidad y la desembocadura del Orinoco. Algunos historiadores no mencionan el cuarto viaje, en el cual recorrió la América Central creyendo que se trababa del Quersonero de Oro (sureste de Asía), de 1502 a 1504.

Después de este cuarto viaje, ya no realizaría ninguno más el Almirante. Muchas fueron las razones que llevaron a Colón hacia la muerte. Dice W. Irving: “Lo que se negó a su mérito, se concedió a sus infortunios; y hasta los envidiosos, apaciguados a la vista de tantos reveses, parecían perdonarle el que una vez hubiese gozado de tan altos triunfos”[12].

Tuvo problemas con Ovando, ya que éste realizaba de vez en cuando algunas carnicerías contra los indios. Colón se quejó varias veces a los soberanos por carta, pero fueron enviadas en vano. Cristóbal Colón fue criticado y abandonado por sus contemporáneos. Estas razones y la enfermedad que padecía (dolores de gota), le llevaron a la muerte.

Una carta que manda Colón desde Sevilla a su hijo Diego, es muy explícita: «Vivo de prestado. Poco me han servido veinte años de trabajo y peligros, pues al presente no tengo techo que me cubra. Si deseo comer, tengo que recurrir a una posada, y las más veces me falta con qué pagar mi escote».

Colón, en medio de tantas desventuras no se olvidó de sus marineros, y velando por aquellos escribió varias cartas a los soberanos; en una de ellas decía: “Son pobres, y hace ya cerca de tres años que salieron de sus casas. Han arrastrado infinitos trabajos y peligros, y traen nuevas invaluables, por las que sus majestades debían dar gracias a Dios y regocijarse”. Muchos de estos hombres habían sido sus enemigos, e incluso, cuando Colón y Ovando no se llevaban bien, el Almirante regresó a España y sólo le acompañaron, su hijo Diego y algunos marineros fieles.

Un terrible suceso vino a ensombrecer las esperanzas que tenía Colón por aquellos días de abandono, fatiga y dolores de gota, fue la muerte de la reina Isabel en Medina del Campo el 26 de noviembre de 1504, una de las pocas personas en las cuales tenía Colón puestas todas sus ilusiones. El día 19 de mayo de 1506 hace testamento nuestro almirante, en la entonces villa de Valladolid. Murió el día 20 de mayo de 1506 acompañado por sus más fieles amigos, sus hijos Diego y Fernando y su hermano Bartolomé. Fue abandonado en los últimos años de su vida el hombre que tanta gloria diera a España, al final de tan penosa jornada sólo se preocupó de salvar su dignidad y su nombre. Sus ultimas palabras fueron: «En tus manos Seño encomiendo mi espíritu».


NOTAS:

[1] “Cristóbal Colón, los cuatro viajes y su testamento”. Bilbao: Ed. Cultura y Progreso S.A., 1977, p. 159.

[2] Ibídem, p. 173.

[3] PAULETE, José: «Cristóbal Colón: El Descubrimiento de América (I)», en: Diario de Extremadura, 16-6-1988, p. 32.

[4] RAMOS RUBIO, José Antonio: “Cristóbal Colón, el gran iniciador de la aventura americana”, en: Diario Extremadura, 20-5-1988, p. 5.

[5] GARCÍA, Sebastián: “Guadalupe, cita de fe y de arte”. Barcelona, 1985, p. 32.

[6] FERNÁNDEZ DE NAVARRETE, M.: “Colección de los viajes y descubrimientos que hicieron por mar los españoles desde fines del siglo XV”. Madrid, 1955, t. II, p. 282.

[7] ORTEGA, P. Ángel: “La Rábida, historia documental y crítica”. Sevilla, 1925, t. II, p. 159.

[8] RAMOS, D.: “Visitas de Colón a Guadalupe”, en: Rev. Guadalupe, núms. 674-675, p. 19.

[9] FERUMEZ, Fidel: “Fray Hernando de Talavera, confesor de los Reyes Católicos y primer arzobispo de Granada”. Madrid, 1942.

[10] DE LAS CASAS, Bartolomé: “Historia de las Indias”. México, 1951. Libro I, cap. XXX, p.1del tomo I de la edición de Agustín Millares.

[11] RAMOS, D.: “Visitas de Colón a Guadalupe”, en: Rev. Guadalupe, núms. 674-675, p. 25.

[12] IRVING, Washington: Vida y viajes de Colón. Madrid, 1983. Cuadernos Hispanoamericanos, núm. 401, p. 171.

Oct 011987
 

José Antonio Ramos Rubio.

EL GRECO (DOMENICOS TEOTOCDPULOS)

Nació en 1541 en Candía, Capital de Creta. Su familia pertenecía a la burguesía ciudadana y era de religión católica (bien demostrada en sus obras pictóricas). Estuvo en Venecia donde aprendió el estilo y colorido de esta escuela, luego en Roma y por último en España.

¿Quién lo incitó a venir a España?

Parece ser que el deán de Cuenca, al cual conoció en Roma, le incitó a probar fortuna en España.

Se estableció en Toledo donde realizó un arte personalísimo, aunque dentro de la corriente manierista. El Greco comprendió que su sino estaba en Toledo y en el corazón del pueblo español.

¿Por qué va a Toledo?

Pudieron ser muchos los motivos, aunque en primera línea hay dos clarísimos:

1. Posiblemente influenciado por personajes que acudían al palacio Farnesio (el bibliotecario Fulvio Orsini; el sacerdote español Luis de Castilla, cuyo hermano, Diego, ex delegado en el Concilio de Trento, era deán del Cabildo de Toledo). Don Luis le incitó a probar fortuna en España (deán de Cuenca).

2. Cuando el Greco llegó a Toledo en 1577, acababa de producirse en la historia de la ciudad un cambio decisivo. Madrid, desde 1560 había empezado a centralizar la vida política de España. La construcción del Monasterio de El Escorial contribuyó a desplazar el eje de la vida cortesana. Posiblemente El Greco quiso estar cerca de tales acontecimientos.

La ciudad vivida por El Greco mostraba una prodigiosa influencias y síntesis de culturas y estilos. Posiblemente podríamos encontrar aquí otro hecho por el cual eligió Toledo y no otra ciudad de España. Después de su paso por ciudades italianas descubrió en Toledo algo capaz de remontarle a sus orígenes: la simbiosis de Oriente y Occidente, también patente en la Creta que conoció en su niñez.

Tuvo problemas con la corte a causa del “Martirio de San Mauricio”, cuadro destinado para el Escorial, pero relegado a las dependencias del monasterio por destinar el pintor a segundo término el suplicio de los mártires y a primero temas mundanales. A pesar de ello, recibió muchos encargos de conventos e iglesias. Posiblemente no se le interpretó bien en el Escorial. Consiguió un gran prestigio comarcal (ej. retablo de Talavera la Vieja) y también en Madrid (ej. retablo del colegio de doña María de Aragón). Incluso tenía en Sevilla un depositario que recibía los cuadros que le mandaba para su exportación a América. Pero terminó solo y enfermo. Murió el 7 de abril de 1614.

Fue un artista que expresó tan bien como Morales, las emociones religiosas de los españoles del tiempo de Santa Teresa.

La producción de El Greco alcanza los 300 cuadros, sin contar réplicas y obras de taller. En ellas se percibe el ímpetu creador que fue desarrollando a través de una serie de etapas donde la formación manierista inicial no impidió la exaltación de una fortísima personalidad.

En su estilo destacan influencias de los lugares por los que pasó:

  1. Sobre su formación pesa lo cretense que es, en el fondo, bizantino.
  2. Venecia le enseñó la ciencia del color y de la luz.
  3. Roma le enseñó la estructura del retrato. También el interés por los efectos de la luz tenebrista.
  4. Ya en España, en l577-79, en el retablo de Santo Domingo el Antiguo ofrece una personalidad muy arraigada, con tintes manieristas. Español por sentimiento, impresionista por la técnica, ejecución expresionista.

Su figura ha permanecido olvidada hasta ser revalorizada por los románticos del siglo XIX.

EL RETABLO DE LA IGLESIA PARROQUIAL DE TALAVERA LA VIEJA

Hasta hace unos 24 años, Extremadura poseía un retablo de El Greco. Retablo realizado para la iglesia parroquial de la desparecida Talavera la Vieja. Destruido en parte durante la Guerra Civil. Los lienzos que se pudieron salvar fueron llevados al museo toledano de Santa Cruz tras su adquisición por Bellas Artes en 1962, un año antes de que el pueblo fuese afectado por el embalse de Valdecañas en 1963.

Llevados a Toledo, por la antigua vinculación jurisdiccional del norte extremeño con la mitra toledana; o quizás porque en esa ciudad es donde vivió el autor del retablo.

Don Gerardo García, investigador de la Historia de Toledo, ha encontrado en el Archivo de Protocolos de la ciudad la prueba documental de que son obra del Greco: el retablo, las pinturas y la imagen de la Virgen. La obra fue encargada en nombre de la cofradía de Ntra. Sra. del Rosario de Talavera la Vieja. Lucas Sánchez, mayordomo y Hernando Márquez, presbítero.

Se acordó con el artista a tenerlo el día 25 de julio del mismo año (1591), en dicho retablo tenía que estar “la coronación de Nra. Sra. en una gloria, en el qual an de yr pintados los bien abenturados San Juan Bautista y Santo Domingo con el Rosario y San Antón y San Sebastián y San Juan Abanxelista e los demás santos que le parecieren al dicho Dominico”. El retablo debía llevar “al lado derecho de la ymagen de San Juan de bulto y al lado yzquierdo a de yr de bulto San Andrés con sus ynsignias, todo de pincel sobre lienzo y a las espaldas con sus tablas… Ytem, se le obligó a hacer una ymagen de Nra. Sr. del Rosario que iría en medio del retablo, en escultura, dorada y estofada y del dorado y estofado y talla y escultura de todo el dicho retablo lo toma a su nombre el dicho Dominico”.

En cuanto a las dimensiones y precio del retablo, “…a de llebar de ancho tres baras e quatro y de alto quatro baras y media e cinco (3,76 x 2,71m) y por toda la costa del dicho retablo de madera, manos y materiales y todo lo necesario e de darle asentado se le an de dar y pagar trescientos ducados… e el llebar el dicho retablo lo ha de pagar la dicha cofradía a su costa. Recibe luego de preste al dicho Dominico mill e quatrozientos reales para compra de adereços necesarios”.

Las pinturas del retablo no concuerdan con los que se fijaron en la escritura; posiblemente porque El Greco puso otros santos o bien hubo modificaciones en el contrato o se sustituyeron los lienzos por otros.

Entre 1936-38 se perdió la talla de la Virgen y algunas pinturas. Se salvaron aquellas que estaban guardadas en la casa rectoral porque habían sido restauradas en 1927, son las que se encuentran hoy día en el museo de Santa Cruz de Toledo, adquiridas por Bellas Artes en 1962: “La Coronación de la Virgen”,”San Pedro” y “San Andrés”. Se restauraron en los años 1962-1964

Pero ¿Cómo estaban colocados los lienzos en el retablo?

Se trataba del retablo colateral de la Epístola, del siglo XVI, dividido en dos cuerpos, cada cuerpo con tres compartimientos rectangulares. En los cuadros del cuerpo superior se representan: a la derecha, “La Anunciación”; en el central, “La Coronación”; y en la izquierda, “La Presentación de Jesús en el Templo”. En el cuerpo bajo, laterales: “San Pedro” y “San Juan Evangelista”. En el centro del retablo la imagen de la Virgen del Rosario, tallada en madera, de pino y policromada. Algunos autores que visitaron el retablo en Talavera (ej. Guinard, 1925), decían que la estatua era del XVIII y algunas pinturas como “La Presentación de Jesús” no eran del Greco. Pero al no contar con más documentación que la citada, hemos de defender la tesis de que el retablo en conjunto es obra del Greco, si se observa la mediocridad en el retablo, ya no existente y defendida por muchos entendidos en la materia que le vieron; o también, en pinturas como “San Andrés”, sabiendo que el artista ha realizado otros “San Andrés “o “San Pedro”, de más valor. Puede deberse a las restauraciones, sobre todo a los repintes de la primera, l927; o que el artista confiase parte de las pinturas a discípulos de su taller.

Estudio Artístico de las pinturas.

“La Coronación de la Virgen”.Medidas: 1,05 m x 0,80 m. Asisten al acontecimiento siete santos dispuestos en círculo, de izquierda a derecha: San Francisco de Paula, San Juan Bautista, San Juan Evangelista con su cáliz, San Sebastián, San Pablo, San Antonio y Santo Domingo. Todos ellos, excepto San Francisco y San Pablo, se hicieron de acuerdo con el con trato de 1591. La firma de “El Greco” aparece en la parte inferior derecha de Santo Domingo. Es la obra de mayor aliento de las conservadas del retablo de Talavera la Vieja. Posiblemente el conjunto está basado en un grabado de Durero.

Nos encontramos ante un asunto místico, los santos alzan la mirada al tema central. El Greco nos ofrece de nuevo, muchas veces repetidos en sus obras, dos planos: el terrenal y el celestial. El mismo tema se repite en un lienzo del Prado, pero suprimiendo a los santos de la parte inferior; por el estilo puede corresponder también a los primeros años de la última década de siglo. También repite el tema en la capilla de San José de Toledo y en el Hospital de la Caridad de Illescas.

“San Andrés”. Medidas: 1,26 m x 0,46 m. Figura de cuerpo entero. Tema también muy repetido por el artista, aunque difiere en los rasgos que confiere al santo. Ha quedado poco de lo que desde un principio es la obra original por las múltiples restauraciones a que se ha visto sometido.

“San Pedro”. Medidas: l,25 x 0,46 m. De cuerpo entero. Tampoco se repite El Greco con respecto a otras pinturas realizadas sobre el mismo tema.

Las tres obras anteriores están realizadas al óleo sobre lienzo. Documentadas entre 1591-1592. Los dibujos son de El Greco ejecutados por el taller. El estilo del maestro es patente en los rostros y cuerpos alargados. Se ha querido explicar el alargamiento de las figuras con un posible defecto óptico del artista (astigmatismo). Este alargamiento tiene una intención estética motivada por un anhelo de espiritualidad dentro del arte de su tiempo. El Greco crea una perspectiva vertical. Suprime los grandes espacios entre las figuras y éstas parecen cercanas, macizando la composición. No pintaba al natural, sino de unos bocetos de barro que él modelaba. Ello le hacía posible las figuras contorsionadas. Las figuras adquieren ritmo, dinamismo. El movimiento ascensional (vertical) tampoco hubiera sido posible sin la técnica impresionista de toque abiertos y sueltos que dan a la iluminación una gran rapidez.

La pena es tener que recorrer 240 kms para poder apreciar una obra pictórica de El Greco que estaba en nuestra región y que hubiéramos podido ver más cerca, quizás en el museo del Mono (Cáceres); donde hay otra obra del mismo autor: “El Salvador”, procedente del convento del Cristo de Serradilla (Cáceres), adquirido por el Estado y depositado en Cáceres.

BIBLIOGRAFIA:

  • CAMÓN AZNAR: “Dominico Greco”. Madrid, 1950.
  • COSSI0: “El Greco”. Madrid: Austral, 1965.
  • GOLDSCHEINER: “El Greco”. Londres, 1938.
  • GUINARD: “La pintura española”. Barcelona: Labor, 1972.
  • LEGENDRE: “El Greco”. París, 1937.
  • MAYER: “El Greco”. Munich, 1926.
  • MAYER: “La pintura española”. Barcelona: Labor, 1936.
  • MEIER-GRAEFE: “Spaniche Reise”. Berlín, 1910.
  • MÉLIDA: “Catálogo Monumental de España”. Madrid, 1924.
  • NEUMEYER: “El entierro del Conde de Orgaz”. Cuenca, 1982.
  • PACHECO: “El arte de la pintura”. Sevilla, 1649.
  • PITA ANDRADE: “El Greco”. Barcelona, 1984.
  • WETHEY: “El Greco y su escuela”. Madrid, 1956-1967.

DOCUMENTOS:

  1. Escritura de “Obligación de hacer un retablo” otorgada por Dominico Theotocopuli en Toledo, a 14 de febrero de 1591 ante el escribano Blas Hurtado.
  2. Partida de Defunción. Parroquia de Santo Tomé, Toledo, Abril de 1614: “En siete del falesció Dominico Greco no hizo / testamento. Recibió los sacramentos. Enterrose en / Sto. Domingo el Antiguo. Dio velas”.
Oct 011986
 

José Antonio Ramos Rubio.

Antes de la venida de los romanos la mayor parte de Extremadura la ocupaban los vetones, divididos en tribus. Estos, junto con los lusitanos, guerreaban contra los invasores cartagineses y romanos. En la lucha contra los romanos es de destacar a Viriato, el primer eco de solidaridad nacional en nuestra región.

ÉPOCA ROMANA

La llegada de Roma se produce por las guerras lusitanas y su primer asentamiento debió ser el campamento Castra Servilia.

Después se organiza la región administrativa y jurídicamente. Emérita Augusta fue uno de los focos más importantes del mundo romano, cuya potencia cultural y artística es bien conocida. Se fundó para residencia de los veteranos de las legiones V y X, bajo el imperio de Augusto. Fue la Roma española con buenas muestras arquitectónicas: templos, teatro, anfiteatro, circo.

La Vía de la Plata acelera la romanización hacia el norte, localizándose yacimientos y ciudades importantes a lo largo de la misma. La fundación de muchas ciudades romanas se deben a hechos sociológicos,

El comercio y la vida de Mérida canalizaron los de la provincia hacia Roma, norte de África y Grecia. Se alcanzó un alto nivel de vida en algunas ciudades.

El arte romano se dirigía a la masa. El artista era considerado un despreciable artesano. El arte que fabrica es de alta estima. Se honra a la obra y se desprecia a su creador. Con la transformación de la cultura, debido a la economía monetaria y al florecimiento de las ciudades, cambia la significación social del artista.

La demanda de obras parte de la Corte y particulares. A los romanos les interesaba que su arte fuera útil y práctico. La escultural, en época imperial, quizás debido a la fatiga que lleva consigo, no es ocupación apropiada para nobles. Los pintores que tienen fama no cobran por su trabajo.

Un edificio cumple función monumental y utilitaria. Roma era gustosa de conmemorar los grandes acontecimientos de su vida nacional y a sus hombres protagonistas, para ejemplaridad entre clases dirigentes y respeto por parte de los pueblos sometidos. Acueductos como “El de los Milagros” (Mérida) para conducir agua a la ciudad, aunque ahora se los valore como obras de arte, la idea entre los romanos era distinta, dos maneras de pensar en dos épocas diferentes. Otras construcciones debidas a hechos sociológicos: las guerras (construcción de murallas), para acentuar la romanización construían circos, teatros, anfiteatros (como los de Mérida). Hoy día utilizamos vías de comunicación que tuvieron su origen en época romana, también utilizamos puentes construidos por los romanos como por ejemplo: el de Alcántara, utilizados con los mismos fines que en época romana, para vadear el río.

El arte del retrato sirve a fines privados. La veneración de los antepasados explica las numerosas mascarillas y retratos (ejemplos en el Museo Romano de Mérida). Muchos coleccionistas de la región han donado retratos romanos a este museo como, por ejemplo, el Marqués de Monsalud; aunque, retratos de la región extremeña también los hay en Madrid (Museo Arqueológico).

La pintura es el arte popular romano, el que se dirige a todos para informar de los grandes acontecimientos.

A partir del siglo V, España pasa a manos de los visigodos, que fueron sometidos por los musulmanes en el siglo VIII.

ARTE VISIGODO

En el 409 los alanos conquistaron Mérida, en torno a la cual iba a seguir girando la vida regional. Mérida se convierte en el taller más importante como indican los numerosos restos encontrados. Pero el resto de Extremadura sufrió un colapso, sus ciudades se arruinaron, por dos motivos: la herejía de Arrio y las luchas entre Leovigildo y San Hermenegildo. En el último periodo de la dominación visigoda, Cáceres robusteció sus murallas, pues servía de atalaya para la cuenca media del Tajo y estaba en los caminos naturales desde la cuenca mencionada hasta la septentrional del Guadiana, jalón importante en el camino de Mérida.

Otros hechos sociológicos a destacar. Nosotros valoramos expuestos en museos: fíbulas, que son enganches de los vestidos y que para los bárbaros no eran sino simples enganches. Construcciones levantadas con fines estratégicos para la defensa de la ciudad y hoy se los valora más desde el punto de vista artístico que el utilitario. Los que nos sucederán en el futuro a lo mejor aprecian como obras de arte los pisos que hoy día se levantan en nuestras ciudades.

La unidad religiosa y la paz de Extremadura, restauradas por Recadedo, se prolongaron hasta la invasión agarena.

ÉPOCA MUSULMANA

Vuelven los pueblos a cobrar vida, pero como fortalezas guerreras, no como centros de actividades, ya que los musulmanes lo único que hicieron fue levantar castillos.

Incluso los aljibes, monumentos curiosos, eran una prevención guerrera para disponer de agua en caso de asedio como, por ejemplo, los aljibes de Trujillo. Muchas personas, tiran monedas a los mismos para darles suerte o cumplirse algún deseo, lo considero una postura ingenua, lo único que se consigue es «enriquecer» a los propietarios del aljibe o a los que hagan algún día la limpieza en los mismos,

El arte musulmán también se aprecia en la riqueza de su decoración y motivos ornamentales, pero son escasos. Construcciones mandadas levantar por los califas. Desde el punto de vista cultural, es importante citar a escritores como El Edrisí, Ibn Sahib al-Sala, etc., y también la presencia de topónimos de abolengo árabe: Alange (culebra), Alía (la alta), etc. Muy característico es recorrer sus calles blanqueadas, estamos en pueblos de tradición árabe. Al obrero no se le prestaba atención, se precisaba construir rápido para poderse defender pronto.

Es importante citar la gran relación que hubo entre Córdoba y Badajoz, muestra de ello lo tenemos en los numerosos capiteles hallados.

Hubo muchos despojos; por ejemplo Muza se adueñó de tesoros de las iglesias y de tierras extremeñas. Los beréberes dieron muestra de bandolerismo. Mucho de lo que hoy no se conserva en museos, se debió al saqueo por parte de desalmados. Pero los intentos reconquistadores pronto comenzarían.

EL ROMÁNICO

Fue en tiempos de la Reconquista cuando la región nació con su nombre. Extremadura vivió como unidad, reino o provincia, hasta que en 1822 se hizo la división administrativa en dos mitades.

De este período arrancan las tres diócesis con sede en Badajoz, Coria y Plasencia; y las órdenes militares de Alcántara y Santiago. Otras milicias tuvieron aquí su dominio como, por ejemplo, los templarios, extinguidos en 1311.

La tardía incorporación de Extremadura a los reinos cristianos determinó su asimilación al arte románico cuando ya se imponía el gótico en el resto.

Donde más iglesias románicas se conservan es en el norte de Cáceres. Más muestras tenemos de esculturas: Trujillo, Guadalupe, Hoyos… De la pintura se conserva menos ejemplo pues al desaparecer las edificaciones no ha quedado huella de ellas. Las iglesias románicas eran aprovechadas para construir en su interior una gótica más grande. En algunos casos, a las iglesias les pertenecía un cementerio que estaba en sus umbrales. En Trujillo, el cementerio abordó a la iglesia románica, el pueblo sin remedio dejó que se acabase por caer ya que por entonces no había ese espíritu restaurador que hoy se aprecia en algunos círculos. El arte románico fue un arte monástico y aristocrático.

La arquitectura románica es la prueba irrefutable de la mentalidad cristiana que dominaba al hombre de la Edad Media a través de los movimientos políticos. Es donde mejor se refleja la solidaridad espiritual entre el clero y la nobleza. En la Iglesia, los puestos más importantes de la Edad Media estaban reservados a los miembros de la aristocracia en una época en que la economía era agraria. La ciudad pierde importancia El arte apegado a un espíritu conservador y tradicionalista. La economía se relaciona con el arte en el sentido de su inmovilidad y el apego de la sociedad a sus tradiciones retrasa las experiencias artísticas, da la sensación de un arte tranquilo, no hay progresos.

Son obras de arte para ampliar el culto y para llamar al pueblo al culto. El único cliente del arte es la Iglesia, con el apoyo de la aristocracia.

Más importancia en nuestra región, tendrá el gótico pues en el momento de producirse la incorporación de Extremadura a la zona cristiana se estaba imponiendo el gótico.

ARTE GÓTICO

Cuando se va imponiendo el gótico en Extremadura son momentos de notable desarrollo urbano, en los que se manifiesta el interés de los Concejos por la adquisición de poder (Ej. los Fueros de Cáceres), así como concesiones otorgadas por los reyes a las villas (Ej. privilegio rodado de Alfonso X, en el Ayuntamiento de Cáceres).

El siglo XV es uno de los periodos más ricos para el arte en nuestra región. Con unos obispados bien asentados en sus límites, unas órdenes militares poderosas (política y económicamente), con el Monasterio de Guadalupe en continua expansión, que recibe muchas mercedes reales; crece la población, se retorna a la ciudad. Se levantan edificios civiles y religiosos adornados con pinturas y esculturas.

El único dinero estaba en manos de la Iglesia. Los mismos monasterios prestaban dinero a alto interés de forma ocasional. La producción de obras de arte está en manos de artistas burgueses. El arte de las catedrales es burgués y urbano. La iglesia románica es un espacio cerrado, la gótica «se hace» ante nuestros ojos y nos ofrece un proceso, no un resultado.

El Monasterio de Guadalupe es un punto importante, donde se daban cita las principales manifestaciones de las artes plásticas. También es importante el muestrario de rica orfebrería en las tres diócesis extremeñas. Fue Guadalupe un foco de fe y de cultura. El número de devotos fue creciendo desde sus comienzos y con sus limosnas se levantó una iglesia primigenia. Alonso XI, al vencer en la Batalla del Salado, ofreció ricos presentes del botín de guerra, con los que se levantó un templo gótico.

El primer libro de Extremadura fue impreso en este monasterio. La comunidad era una «colmena»: zapateros, herreros, arquitectos… trabajaban en el lugar en que originariamente un vaquero se encontrara una imagen de la Virgen. Se formó una ciudad en torno a la iglesia. Toda una riqueza que respondía a una comunidad sabiamente estructurada y administrada.

De este monasterio pasamos al de Yuste, como un segundo ejemplo de la labor artística de los frailes en esta época. Gran aportación por parte del Marqués de Mirabel en su restauración. Este monasterio tuvo muchos bienhechores: Felipe I, Felipe II, Felipe III, D. Gómez de Solís, etc., fue la última morada de Carlos I.

La influencia de la Iglesia podía verse por todas partes. El templo de la aldea, construido por albañiles locales, era el centro de la vida del lugar. Construido fuertemente, de modo que pudiera servir de refugio en caso de guerra.

Hechos sociológicos importantes a destacar:

¿Cómo la Iglesia conseguía favores de los reyes cuando sus arcas estaban vacías?

  • En Badajoz, muere el obispo Gabriel Ortiz de Sotomayor, las rentas eran muy reducidas, Felipe IV ofreció 2.000 ducados para el Cabildo y 1.000 para la fábrica.
  • El rey D. Alonso VIII, fundador, con el amor que tenía a la ciudad de Plasencia puso medios pera engrandecerla, la hizo cabeza de obispado, pidiendo a Clemente III que instituyese y confirmase por obispo a D. Bricio y se construyó la catedral en su sitio.

El mercado se podía considerar el corazón de la villa, la iglesia era el alma. Las ricas tallas, los vasos sagrados, etc… son testimonio del orgullo que el pueblo sentía en dar lo mejor a sus iglesias.

En la aldea, la iglesia había sido fundada por el señor y mandada construir por él. Aspectos del arte florecieron al amparo de la Iglesia. En los retablos, por ejemplo, se refleja la idea de poderío de la Iglesia, su sentido es llegar al pueblo por medio de la imagen.

EL ARTE DEL SIGLO XVI

El tránsito del estilo final de la época de los Reyes Católicos a las nuevas tendencias que llegaban de Italia, se hizo de modo lento en España. Poco a poco se agotó el gótico. Se continúan las construcciones de iglesias góticas aunque los elementos renacentistas aparecen por doquier.

Por estos tiempos, muchos miles de extremeños forjaron el imperio español, como conquistadores, misioneros, descubridores. La construcción civil será importante en nuestra región por ser el momento de construcción de los grandes palacios relacionados con la epopeya americana y sus consecuencias económicas (Ej. el Palacio de la Conquista en Trujillo y otros tantos). La Iglesia seguía teniendo peso. Baste citar, por ejemplo, que el obispo Gutiérrez Álvarez construyó otra catedral en Plasencia en 1498.

Cáceres, durante el siglo XVI, se limitó a disfrutar con el dinero que llegaba de América. Se elevan palacios y adornan las iglesias. Extremadura responde en la época a ambiciosos planes constructivos o retablísticos que a veces no concluyen.

La influencia italiana fue impresionante. Importantes figuras de la política vinculadas a Extremadura contribuyeron a esta importación del gusto italiano, como fue don Lorenzo Suárez de Figueroa, embajador en tiempos de los Reyes Católicos, quien estuvo en Roma, ciudad en donde conoció a numerosos artistas y a los cuales encargó trabajos. Uno de ellos fue la lauda sepulcral guardada en el Museo catedralicio de Badajoz. En Extremadura trabajaron artistas italianos como Torrigiano, Fancelli, Jacopo Florentino, etc.

El influjo de la Iglesia más que en obras arquitectónicas lo tenemos en escultóricas: Vírgenes, Cristos y santos; y cómo no, los retablos que ilustran las iglesias. En el siglo XVI el personaje clave de la pintura extremeña fue Luis de Morales. Extremeño y buen pintor; aunque muchas obras que se le atribuyen en nuestros pueblos no es más que por llamar la atención de los turistas. No hace falta atribuirle obras que no son suyas, su verdadera producción es ya signo de admiración y elogio.

Guadalupe sigue siendo el centro rector en las artes aplicadas.

Los profundos cambios que se habían producido en el derecho, la política, la guerra y la vida cotidiana crearon una moral y actitud específicas de la época del Renacimiento. Este hombre nuevo era optimista, creía en la paz, en la bondad y en la caridad. Su sentimiento del honor se basaba en la fe católica. El Renacimiento fue la base de la evolución que se manifestó a través de los siglos.

ARTE BARROCO

El Barroco se integra en el Renacimiento por su individualismo, su admiración por el espíritu y la forma de la Antigüedad clásica. Tiene caracteres propios, es religioso y constituye una reacción contra el intelectualismo renacentista.

Es exuberante, expresa la victoria sobre la desesperación. El Barroco es la expresión del hombre triunfante, expresado a través de un estilo recargado.

Extremadura sufre importantes crisis durante los siglos XVII y XVIII: epidemias, guerras con Portugal y empobrecimiento económico que provocaron un descenso demográfico y una situación negativa general que se reflejará en el arte.

Se llevan a cabo fundaciones, surgen ermitas, se reforman otras a las que se añade el camarín (ej. Santa María la Mayor de Trujillo). En el siglo XVIII la arquitectura civil será la más importante. Pero por el contrario, la piedad ocupa en la vida cotidiana más espacio que antes.

El espíritu aristocrático de la Iglesia se manifiesta en cada obra que se levanta. La Curia deseaba crear para la propaganda de la fe católica un arte “popular”, pero evita la plebeyez de la expresión. La época barroca en Extremadura es rica en obras, sobre todo escultóricas. Las cofradías y demás asociaciones rivalizarán en la realización de imágenes y retablos, fruto del espíritu contrarreformista, buscando la adoración de imágenes. Todo ello prueba el carácter religioso y no artístico de las obras. En la construcción se emplea mucho el ladrillo por la economía: por ejemplo las torres de Jerez de los Caballero, Almendralejo o Llerena. Gran influencia tendrá el uso de este material en los pueblos más cercanos a Andalucía.

Extremadura ha vivido inmersa en la preocupación artística de la pintura barroca porque ha sido la mejor preparada para llegar al espíritu del pueblo. Lo que sucedía en España tenía su proyección en nuestra región. Un pintor notable fue Zurbarán; más clientela tuvo Zurbarán en el siglo XVII que Morales en el siglo XVI. La obra cumbre de Zurbarán es sin duda la sacristía de Guadalupe. Zurbarán no sólo trabajó para la Iglesia, también lo hizo para la Corte. La modestia, la gravedad, el contacto con lo popular lo vemos tanto en Morales como en Zurbarán. Siempre contaron con una clientela fiel. Morales participó en las aspiraciones de su tiempo y Zurbarán fue lo menos barroco que se podía ser en su tiempo.

En las artes plásticas es también portavoz importante nuestra región en el Barroco, no sólo artesanos del pueblo, sino que también los monjes participaban como en las grandes épocas de los monasterios, por ej.: las decoraciones a cargo de fray Domingo de Aguirre en los órganos de Plasencia.

NEOCLASICISMO

Es la negación absoluta del Barroco. Hay costumbre de asimilar el siglo XVIII al Neoclasicismo, pero los estilos están ligados a la sucesión de los siglos, aunque a veces ocurra así.

En esta época hay que unir los procesos desamortizadores al arte, que paralizaron las obras de nueva planta o de remodelación que la Iglesia llevaba a cabo.

Las tropas napoleónicas causaron enormes daños. Las guerras carlistas repercutieron aquí, casi exclusivamente en la expedición del general Gómez, en 1836, que produjo más alarma que daño.

La escultura en Extremadura está muy afectada por el estilo de Carmona. Sólo hay escultura religiosa, no civil.

Tiene interés la pintura aunque no tanta como en épocas anteriores. Abunda la temática religiosa y las escenas cotidianas. En nuestra región está presente el gran pintor Goya, con una pintura en el Monasterio de Guadalupe. La Iglesia era cliente importante de obras, también los reyes eran clientes importantes.

Las artes aplicadas tienen a la Iglesia como su cliente principal; por ejemplo: obras de platería en Salvatierra de los Barros, custodia de plata que envió Agustín de Ovando desde Nueva España.

ÉPOCA CONTEMPORÁNEA

Poco ha interesado la producción artística española de este periodo en nuestro país, cuando era más conocida en el extranjero. El arte fue reflejo de los acontecimientos sociológicos de entonces. Extremadura sufrió la conmoción de la Guerra de la Independencia, del hambre de 1834 que colapsó la economía con su secuela de restricciones y a la que siguió la desamortización.

Las obras de arte perdían su mayor cliente, la Iglesia, y recibían los reveses de la economía. Se comienzan a crear museos pero en principio con la idea más antimuseística que pueda darse.

A fines del siglo XIX se hacen reformas urbanísticas atendiendo a las carreteras, nuevos ensanches, etc. Son construcciones para una necesidad. Como en la época romana veíamos el carácter de utilidad funcional de las obras.

En los pueblos hoy día se alzan modernos edificios y se conservan los anteriores aunque a veces, si la casa «antigua» está en el plan solar de estructuración se derriba.

En escultura predomina lo conmemorativo; sobre todo, obras civiles que se alzan en las plazas de los pueblos, por ejemplo las esculturas de Cortés en Medellín; Pizarro en Trujillo, etc. Los escultores se mantienen fieles al tipo exigido por la clientela.

Será la pintura la que marque caminos de gloria para la región extremeña. Es patente la personalidad de los artistas; poseemos una tierra que es admirada por los artistas que a ella llegan: Carbón, Vostell, etc. Artistas que no sólo han salido del marco región sino también nacional.

Hoy día, gracias a las Cajas de Ahorros e instituciones como la de «El Brocense», podemos admirar las obras de nuestros pintores extremeños en las salas que estas instituciones tienen. Son verdaderos propagadores de obras de arte en nuestros días y de la cultura en general. De este modo, el arte está llegando al pueblo de forma rápida y general, siempre contando con el apoyo de Universidades o centros docentes.

La arquitectura cobra auge con edificios casi siempre vinculados a entidades bancarias o mercantiles, aunque no falten muestras de otro tipo. Hay creación de pueblo surgidos con ocasión de nuevas zonas regables (hecho sociológico); se han logrado creaciones de gran interés inspiradas en la tradición popular de la que es buena muestra el pueblo cacereño de Vegaviana, del arquitecto Fernández del Amo.

He intentado llevar a cabo un estudio sociológico del arte en nuestra región extremeña partiendo desde la época romana, ya que los pueblos anteriores han dejado pocos testimonios de su existir por nuestras tierras, hasta la época en la que nos encontramos.