Oct 011989
 

Montserrat Amado Vergara y Luisa Sosa González.

Con el descubrimiento de América, se abrió para los españoles un nuevo campo donde ejercitar su genio emperador y aventurero. El espíritu general de la época, la situación geo­gráfica de nuestra Península, el carácter atrevido y aventurero de los españoles, y hasta el tiempo en que tuvo lugar el Descu­brimiento, todo contribuyó a la realización de aquella magní­fica epopeya. Y es digno de notarse que, no obstante, aún siendo Extre­madura una provincia del interior, salieron de ella casi todos, o al menos para su gloria, los más célebres conquistadores del Nuevo Mundo: Pedro de Valdivia en Chile, Hernán Cortés en México, Balboa y Los Pizarro en La Española y en el Perú, Hernando de Soto en La Florida y tantos otros, que llenaron con sus inmortales he­chos aquella notable Historia, nacieron en esta tierra Extremeña.

Desgraciadamente en nuestras conquistas en América, no todas las acciones son igualmente dignas de alabanza; pero no perteneció Soto a esa clase de hombres, que a pretexto de civi­lizar los pueblos, han sembrado por todas partes el espanto y la desolación; por el contrario, tan valiente como humano, y tan grande como generoso, supo siempre llevar a cabo sus gigantescos designios sin manchar su fama con la cruel envidia ni la men­guada codicia.

 

Hernando de Soto, conquistador de la Florida, nació en Barcarrota, en el año 1500. A la edad de catorce años, llegan a sus oídos fascinantes aventuras en unas tierras maravillosas al otro lado del Océano. Se embarcó como paje de Pedrarías Dávila y, tras más de 20 años recorriendo Panamá, Nicaragua, Perú…. y de pasar muchas penalidades, regresó a España. Poco después con­trae matrimonio con la hija de su antiguo jefe. Tras llevar una vida tranquila, vuelve a sentir deseos de navegar. Recluta 700 hombres y 100 infantes, y se hacen todos los preparativos para la gran aventura. El 6 de abril de 1538, a bordo de la nave San Cristóbal, parten hacia las Nuevas Indias.

De Cuba partió a expedición para Florida, el 12 de mayo de 1539. Bordeando la costa, anclan las naves en la bahía de Tampa, en lo que más tarde sus habitantes designarían como “De Soto Pont”.

No tuvo Hernando de Soto el honor de morir montado a caballo, unas fiebres tíficas acabaron con su vida en 1542. Su cuerpo, introducido en el hueco de un tronco, es arrojado al centro del Mississippi.

 

 

SOCIEDAD DE “ LOS CONCTUÍSTADORES DE BRADENTON”­

 

Con motivo del IV Centenario del desembarco de Hernan­do de Soto en La Florida, fue fundada la sociedad de “Los Con­quistadores de Bradenton”. Desde entonces, cada año, excepto los de la Segunda Guerra Mundial, los ciudadanos de Bradenton conmemoran la partida de España y el desembarco del Adelantado extremeño abordo de una réplica, magníficamente conseguida, de la nao “ San Cristóbal”. Es uno de los actos más espectaculares y emotivos de la “De Soto Celebration”.

 

Los conquistadores, perfectamente ataviados al uso de aquella época, representan con fervoroso entusiasmo los lances de desembarco y toma de posesión, con el “ San Cristóbal” de fondo, sur­to en la bahía de Tamna. Ha de ser, necesariamente, un miembro de “los conquistadores”, el elegido anualmente para encarnar la figura de Hernando de Soto. Es una elección muy minuciosa, en la que los candidatos han de reunir toda suerte de cualidades y acredi­tar una larga lista de servicios y entrega a la sociedad. Es igualmente exigente y honrosísima la distinción de ser elegida “Reina” de la Celebración o Dama de su corte.

La celebración de la Semana “De Soto” comporta además deslumbrantes paradas, con numerosas carrozas del más exqui­sito gusto artístico, a las que dedican todo lujo de medios: in­terminables bandas de música sumamente atractivas por su prepa­ración, colorido, deslumbrantes recepciones, fiestas, visitas, etc.

 

 

HERNANDO DE SOTO EN BARCARROTA (MONUMENTOS). HERMANDAD CON BRADENTON.­

 

Pero Bradenton y “Los Conquistadores” no expresan sólo su devoción a Hernando de Soto y a España en las brillantísi­mas celebraciones de cada primavera. Es también memoria histó­rica de estas relaciones fraternales, el Museo Bissop, que de­dica enorme espacio de sus instalaciones a exhibir una comple­tísima muestra de la etnología extremeña, con los más variados objetos suministrados, en gran parte, por Barcarrota. El gran patio del Museo Bissop, llamado “plaza de España”, está enmar­cado por reproducciones muy logradas de fachadas, como la de la sencilla casa donde, según tradición popular, naciera Hernando de Soto o la principal de la parroquia de Santiago con su airosa espadaña, de Barcarrota. En el centro d4e la Plaza de España, sobre un pedestal rectangular y en media de una fuente con cuatro surtido­res, se erige una estatua ecuestre a Hernando de Soto, obra del insigne escultor extremeño Enrique Pérez Comendador. Sujeta el Conquistador con su mano derecha las bridas de un brioso corcel que extiende su cola al viento, al tiempo que dobla hacia delan­te la mano derecha en posición trotona; el bizarro De Soto, con su mano izquierda, empuña La Cruz. Este monumento fue inaugura­do en la “Semana De Soto Celebration de 1974” y habla mucho y bien de la Sociedad“Los Conquistadores” de Bradenton, a cuyas expensas se sufragó.

En Badajoz hay una estatua de Soto, que es réplica exacta de la de Bradenton. Fue adquirida por el Ayuntamiento de Badajoz, en colaboración con la Excma. Diputación Provincial. Su inauguración fue el 2 de junio de 1981; “Día de las Fuerzas Armadas”. Asistieron, coincidiendo con su novena visita a Barcarrota, un nutrido grupo de “Los Conquistadores” de Bradenton, ataviados con los uniformes guerreros de la época de la conquis­ta y que prestaron a este momento histórico expectación, belle­za y colorido.

Llegado a este punto, es de justicia rendir homenaje a la memoria del Dr. Sugg, fundador y miembro destacado de “Los Conquistadores” y paladín del Museo hasta su muerte.

Para el barcarroteño que tenía la satisfacción de visi­tar Bradenton, resulta un gratísimo honor pasear por una de las más céntricas calles de la ciudad hermana y leer el rótulo “ Barcarrota” que la dedica.

En la Plaza de España de la villa surextremeña, se eri­ge la estatua de Hernando de Soto, primer monumento dedicado a la Hispanidad en España y en América (25-VII-1866), costeado por suscripción popular del vecindario. Material: mármol de Cin­tra (Portugal); escultor: Fortunato Da Silva.

Sobre una grade­ría de mármol de un metro de altura, se levanta un elegante pe­destal de dos metros, de orden dórico y sobre él se halla coloca­da la estatua de H. de Soto, de una sola pieza y de tamaño na­tural; se apoya la figura sobre el pie derecho, la mano izquier­da descansa sobre la empuñadura de la espada y la derecha sobre el casco, en actitud de tomarlo para salir al combate.

Viste férrea armadura y le adorna la faja de Capitán General; la figura está bien modelada y tiene continente marcial; el rostro expresa bien el valor y la generosidad que tanto distinguieron al Adelantado; en el frente del pedestal, una sencilla inscrip­ción: “Al valiente y magnánimo guerrero Hernando de Soto, Conquistador del Perú, Gobernador de Cuba, Adelantado, Capitán Ge­neral y Gobernador de la Florida, la villa de Barcarrota, su patria chica, dedica esta memoria en 1866”. Al lado opuesto se lee en dos columnas:

 

– Los nombres de las batallas más célebres de la Flo­rida: Vitacucha, Apalache, Manvila, Chicaba, Alibamo, Capala,Tu­a y Amileo.

 

– Los nombres de capitanes y soldados de de la villa que le acompañaron en la expedición: Diego García, Arias Tinoco, Alonso Romo, Diego Arias, Luis de Soto, Francisco Sebastián, Soto Añez.

 

Barcarrota, con motivo de la segunda visita corporativa de los americanos, rotuló una de sus más hermosas vías: “Aveni­da de los Conquistadores de Bradenton” (3 VIII-1964) y, el 15 de Mayo de 1971, inauguró (quinta visita) un monolito con placas y medallones que perpetúan la hermandad entre Barcarrota y Bradenton. En las caras laterales, inscripciones metálicas sobre fondo negro recuerdan las fechas en que han visitado los Conquistadores la villa, o se ha trasladado a Bradenton algún representante de Bar­carrota.

A partir de 1972, las visitas fueron repetidas durante los años: 74, 75, 78, 81, 83 y 87. En este último viaje reci­bieron una gran placa conmemorativa de la primera visita a Barcarro­ta, que tuvo lugar en el año 1962, con una calurosa acogida por parte de todos los habitantes de Barcarrota.

 

 

ACTUALIDAD Y FUTURO.

 

Superados los primeros 25 años de hermandad entre los dos pueblos, hacemos una breve reflexión del momento actual de las relaciones entre Barcarrota y los Conquistadores de Bradenton. Comprobamos que durante este año 1989, no sólo se han mantenido nuestros lazos fraternales, sino que han aumentado. Efectivamen­te, durante estos meses, cuatro vecinos de Barcarrota, han tenido la suerte de pisar las huellas dejadas por Hernando de Soto en el punto de desembarco en tierras de Florida.

Durante un curso escolar, los estudiantes: Montaña Padi­lla Falcón y Julio Jorge Murillo Larios, han permanecido en tie­rras americanas, invitados particularmente por un miembro de la Celebración.

Poco después, en representación del Ayuntamiento de Bar­carrota, Francisco Flores Sánchez y su esposa Heli Martín, estu­vieron presentes en las fiestas “De Soto’89”.

He aquí algunas palabras de los protagonistas: Montaña y Julio Jorge nos dicen: “En verdad, ha sido un sueño del que ahora somos cons­cientes. La fiesta mayor de Bradenton es la semana dedicada a la celebración, Cuenta con una extensa programación deportiva, cultu­ral, recreativa, etc. De todas ellas podemos destacar la elección de Hernando de Soto, de su Reina, así como los actos de Hermandad con Barcarrota. Este año la visita del Buque-Escuela Juan Sebastián Elcano a Bradenton, por tercera vez, supuso todo un acontecimiento. Los marinos y sus oficiales fueron agasajados de una manera exqui­sita, como todo aquello que sea de España, y no digamos si es de Barcarrota.

 

Francisco Flores nos cuenta: “Me gustaría resaltar el gran sentido de la amistad y hospitalidad que mostraron los Conquistadores con nosotros, y cuando digo nosotros me refiero a todo el pueblo de Barcarrota que ocupa un lugar muy destacado en la vida social, cultural e histórica de Bradenton. Yo diría que allí se respiran aires de Bar­carrota y de España, porque la bandera nacional y la música espa­ñola están presentes en todas y cada una de las fiestas”.

Barcarrota se siente orgullosa de esta relación, y seguirá potenciando, con nuevos intercambios, esta amistad.

 

 

ADENDA

 

A raíz de la figura de Hernando de Soto, nació una amistad entre dos pueblos, tan leja­nos en el espacio, pero tan próximos en afecto y cariño.

Esta amistad se ha ido consolidando y haciendo cada vez más sólidas con el paso de los años entre Barca­rrota (España) y Bradenton, Florida (América).

Nuestro trabajo intenta reflejar como han madu­rado estas relaciones; lo que supone Hernando de Soto pa­ra el pueblo de Barcarrota y Bradenton, ya que en uno co­mo en otro es venerado y es objeto de los mayores hono­res.

 

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 

– VILLANUEVA Y CAÑEDO, Luis: “Estudio Biográfico de Hernando de Soto”.

 

– “Apuntes de D. José Larios Pérez (p.e.p.d.).

 

– “De Soto Celebration”. Revista editada en Bradenton.

 

– Artículo de D. Julio Murillo González,

 

– Documentos oficiales, gráficos y orales; facilitados por el Excmo. Ayuntamiento de Barcarrota.

Oct 011989
 

Valentín Soria Sánchez.

1.- En la finca «Rachilla» de Jaraíz de la Vera y en Talaveruela describe Francisco Javier García Mogollón en su libro «Viaje artístico por los pueblos de la Vera” (Cáceres) editado en 1988 varias hachas paleolíticas.

 

2.- En 1988 en Riomalo de Abajo (Cáceres) ha aparecido un petroglifo.

 

3.- Ha encontrado José Ángel García Calero de Almendralejo en la zona del río Matachel que va a ser inundada por el embalse de Alange pinturas rupestres y otros hallazgos paleolíticos. En La Llera se han estudiado pinturas rupestres de cabeza de toro del período magdaleniense. En agosto de 1989 Joaquín González Echegaray, viejo amigo, y el profesor de la Universidad de Chicago Priedman me han enseñado las decoraciones en huesos, las puntas de sílex, los concheros de la cueva paleolítica de Juyo en Caramgo. González Echegaray tiene plan de estudiar las cuevas de Castañar de Ibor.

 

4.- Un aficionado a la arqueología posee seis hachas neolíticas graníticas pulimentadas y seis raspadores de cinco por cuatro centímetro de fibrolita veteada pulimentados neolíticos. En el número 3, XXIV, en 1989 la revista en francés «Soyez les bienvenus» Frantisek Preucil estudia un hacha bifaz, un arpón de hueso, dos objetos perforados,  dos cuchillos de hueso, cinco punzones y tres objetos cortan­tes. Estor restos arqueológicos pertenecen a la cueva paleolítica de Koneprusy en Checoslovaquia.

 

5.- Luis Cañadas, Luis Pérez y otros compañeros en Jarandilla en la zona llamada «Capichuela» han encontrado a una profundidad de catorce metros y en el interior penetrando tres metros varios molinos de mano pulimentados hechos en cantos rodados previamente tallados. Se trata tal de «pebble tools culture». En el mismo lugar había dos piedras preparadas como armas arrojadizas, diversos trozos de vidrio y escorias.

 

6.- En 1989 está siendo estudiado un torque plateado infantil. La lámina de plata no es redonda sino rectangular. Tiene cuatro centímetros de diámetro y cinco milímetros de apertura. Es parecido a los cinco torques de Valdeobispo que subastados en Madrid fueron robados habiendo sido ofertados previamente a la consejería de cultura de Extremadura. Han desaparecido en la primavera de 1989 y habían salido en subasta en once millones de pesetas. También en Jarandilla hay una lezna de hierro, u una aguja perforada de hierro y dos cuentas de collar parecidos a los que aparecen en el Museo Británico de Londres y en el Museo de Ávila de vidrio con incrustación azulado. Este torque de Jarandilla podría datarse en el Bronce Final Atlántico unos mil doscientos o novecientos años antes de Cristo como los cinco torques de Valdeobispo. En agosto de 1989 tuve ocasión de observar objetos parecidos en Londres y en Ávila.

 

7.- Examinó en 1969 Julio Cienfuegos dos aros iguales con decoración geométrica parecidos a los de Valdeobispo. Posteriormente José Álvarez de Buruaga en Sagrajas de donde procedían encontró en el lugar del hallazgo un remate de tal joya, un pasador funicular, cuatro aros, cuatro brazaletes de oro, y un brazalete prismático de unos ciento cincuenta gramos de peso. Ni en Mérida ni en Badajoz está el tesorillo de oro de Sagrajas divulgado por Julio Cienfuegos y archivado por Martín Almagro en el Museo arqueológico de Madrid en 1969. Este tesoro de Sagrajas debiera estar en Mérida donde debiera haberse llevado previo pago a los dueños los torques de Valdeobispo hoy desaparecidos.

 

8.- En Jarandilla ha aparecido una daga tal vez ibérica parecida a un arma existente en el Museo de Ávila procedente del Raso junto a Madrigal de la Vera.

 

9.- En el sitio denominado «El Almadén» junto al río Matachel José Ángel García Calero ha encontrado piezas de bronce de filiación argárica del Bronce I.

 

10.- Entre las excavaciones arqueológicas extremeñas previstas para 1989 figuran «Cerro de la Horca» en Plasenzuela, el «Jardinero» de Valencia de Alcántara, «Las Calderas» en Villar del Rey pertenecientes todas estas zonas al Calcolítico. Igualmente se va a realizar excavacio­nes en los castros de la Edad del Hierro de Botija en la zona de Villasviejas y en Torrejón el Rubio y en la villa romana de Monroy y en el «Olivar del Centeno» de Navalmoral de la Mata y en el paraje llamado «Castillo del Puerto» en las cercanías de la capital cacereña.

 

11.- En su libro del Museo de Cáceres Miguel Beltrán Lloris en 1988 ha estudiado la cabeza céltica hallada en La Vera (Cáceres) estudiada con anterioridad por L. Abad Casal y María Gloria Mora Rodríguez en el libro homenaje a Carlos Callejo en 1979 en la página 21.

 

12.- En la finca «La Muela» de Pinofranqueado (Cáceres) en 1988 se ha descubierto una inscripción de momento con dificultades para desci­frarla.

 

13.- En el congreso celebrado sobre el tercer concilio toledano en Toledo en mayo de 1989 la profesora Velázquez de la Universidad Complutense me proporcionó unas transparencias de las inscripciones latinas en letras minúsculas de las pizarras estudiadas en su tesis doctoral. En una de las transparencias le mostré en Toledo que existían estas letras ibéricas perfectamente identificables: A.N.BA.BI.A. Entre líneas se podía leer esos caracteres ibéricos.

 

14.- Hay en una piedra frente al monasterio franciscano trujillano junto a la puerta llamada de Coria hay siete caracteres de alfabeto no identificado. Esta inscripción ha sido estudiada en julio de 1989 porque yo le indiqué José Luis Lacave del Consejo Superior de Investiga­ciones Científicas. También le indique que estudiara las inscripciones hebreas de la farmacia Solís que yo divulgué en 1977 asesorado por Francisco Cantera a quien yo se lo notifiqué e igualmente otras inscripciones hebras en Santo Domingo de Trujillo y en Alcuescar en la parro­quia.

 

15.- En Medellín en una cerámica estudiada por Almagro Gorvea se aprecian cinco letras: L.R.E.A.E.

 

16.- En Mérida ha aparecido una inscripción griega.

 

17.- En Fregenal de la Sierra he conocido al profesor Aurelio Salguero hijo de maestra nacional. Me dio a conocer en 1988 un número de la revista Archivo Español de Arqueología (las páginas 155 y 156) donde Luis Berrocal Rancel estudia las inscripciones de la Losa de Capote en Higuera la Real (Badajoz). En esa nota trae esta transcripción de la piedra de Siruela(Badajoz): AECOALIENOORTAAVNO. De la inscripción ibérica estudiada por el profesor Aurelio Salguero de Higuera la Real aclara

Luis Berrocal Rancel: IKEENI. Pone otra inscripción ibérica: OSORERTAA (VNA). Recuerda esta inscripción ibérica de Higuera la Real otra inscrip­ción ibérica OSORBERR divulgada en 1982 en el Noticiero Turístico de 1982.

 

18.- A diez kilómetros de Madrigal de la Vera, en la sacristía candele­dense, Fernando Fernández Gómez ha divulgado esta inscripción romana de la que da dibujo pero no fotografía: DMS/ VERN/ CVLVSA/ MBATIC/ MODESTT.

 

19.- En agosto de 1989 en el Museo de Ávila he tenido ocasión de ver esta inscripción cuya fotocopia del dibujo que se publicó de la piedra que allí se conserva me fue facilitada cortésmente de un catálogo ya agotado: CVRINDVSAELI/ CVMCADANIF/ BVRRIAFARENA/ VXSORHETFC/ HSESTTL.

 

20.- En Jarandilla en 1989 se ha encontrado una daga romana de quince centímetros de largo por tres centímetros de ancho y en la empuñadura un semicírculo. En el Museo de Ávila hay un arma parecida.

 

21.- En 1988 en los XVII Coloquios Históricos de Trujillo presentó José Suárez Venegas Sanz tres estelas romanas de Villamesías y una estela de Don Benito (Badajoz).

 

22.- José Javier García Calero en 1989 ha divulgado la existencia de una villa rústica romana de los primeros años imperiales que será inundada por el río Matachel cuando se llene el embalse de Alange junto a Mérida.

 

23.- En Rena, mi buen amigo José García me ha enseñado, una inscripción inédita junto un crizol de metal con un disco como cobertura y con unos molinos de mano: OMANIA/ FILIA/ VITALIS/ HSEAT/ C.

 

24.- Anteriormente estaba catalogada esta inscripción en otra parte. En la primavera de 1989 en compañía de Leandro Sánchez que sacó un reportaje videográfico se conserva en una pared occidental cercana a la iglesia en Casas de Belvís de Monroy esta inscripción con dos dibujos humanos en la parte alta de la inscripción: LVPVS/ VEGETI/ A1IXIIHSESTTL/ TONGETATAN/ CINIFILFC.

 

25.- En el verano de 1989 se ha localizado en Jarandilla unos restos de paredes probablemente romanas de forma rectangular de una dimensión de ocho metros por cinco metros en el antiguo camino viejo que llevaba a la finca de Nuestra Señora del Cinco a orillas de la Garganta de Cuartos que conduce a la barca de Jarandilla en el río Tiétar.

 

26.- Ha divulgado José María Domínguez esta inscripción de Guijo de Granadilla: CAENOS/ DOIVIRIF/ AXXVOP/ INATRI/ ANIA/ NOIC/ IOFAC/ H.

 

27.- En la primavera de 1989 he visitado Ibahernando y allí apareció hace años la basílica visigótica. También pertenece a esta población cacereña esta inscripción: ESILIVS/ACENO/ ELONIS/ AMICO/ OSAVIT.

 

28.- Juan Javier Enríquez Navascués en 1989 ha estudiado el descubri­miento de una calle romana con pequeños fragmentos de mosaicos y restos de una torre defensiva romana de forma circular en la actual calle de Santa Eulalia.

 

29.- En el Museo de Ávila he visto en agosto de 1989 una inscripción que estuvo cerca de Madrigal de la Vera: EBVREIN/ IVSORVN/ DIFCARA/ ECIQVAEL I/ COVSML. Otra interpretación de esta piedra: EBVRIM/ IVSORVM/ DFCARA/ ECIOVAEL/ COVSMI. José María Blázquez, buen amigo mío, en el libro Estudios dedicados a Carlos Callejo», 1979, página 132, dice: EBVREIN/ VSRVN/ DIFCARA/ ECIQVAEL/ ICOVSML. Me interesa traer aquí dos inscripciones de Plasenzuela. Primera: APANA/ EBVRI/ FANXV/ HSEST/ TLLANC/ IVSSCE/ VAEFFC. Segunda: AIBVRAETA/ NCINIFMA/ TRIANIXXCA/ MIRAEANXX/ AMBATVSPEI/ LIFC. En Villamesías: QVADRAVS/ ALABIFAN/ XXCAMANA/ VTL.

 

30.- Cerca del Monasterio del Rosarito fundado por San Pedro de Alcántara con la ayuda del dueño del castillo de Jarandilla hay estas inscripciones: 1ª VAECO/ SACRVM/ ATTABOVTI/ MNETQVI/ QVMFVSLA. 2ª CVLANTIVS/ PINTOLANC/ VELICOARM/ EVLAP. 3ª DEOVELICO/ MARCIAH/ ELENEPC/ AV. 4ª DE0VELI/ COSCRVM/ MIRTVO/ EO/ VS.

 

OJO: LA ENUMERACIÓN NO ES CORRELATIVA PERO NO FALTA NINGUNA PÁGINA YA QUE ESTE CAMBIO SE PRODUCE EN MITAD DEL UN MISMO FOLIO.

 

 

37.- En la actual finca de Postoloboso entre Madrigal de la Vera y Candeleda hay varias inscripciones romanas: 1ª VELICO/ FENTIA/ ARM. 2ª DV/ LVS. José María Blázquez en el libro «Estudios dedicados en homenaje Carlos Callejo» 1979, p. 135 trae esta inscripción de Postoloboso: ANI/ VACP/ OA/ ILDOO. José María Blázquez localiza en la ermita de San Bernardo cercana a Madrigal de la Vera esta inscripci6n: DV/ LVSEXV/ OTO. Yo la he visto allí en la ermita actualmente abandonada cerca al Monasterio del Rosario y al pantano del Rosarito: DEV/ LVS/ EXV/ OTO. En su tesis doctoral en dos tomos sobre el Raso en 1986 Fernando Fernández Gómez ha estudiado y divulgado estas inscripciones algunas, no diré disparatadas, sino discutidas. Martín Almagro presidió la defensa de la tesis doctoral siendo su última actuación académica en la Universidad Complutense. Varias inscripciones de Postoloboso son difíciles de leer dado el estado en que se encuentran.

 

38.- En 1988 en el número 8 de la revista extremeña «Alcántara» A. González, J. Cerrillo, M. Alvarado, A. Gutiérrez y J. Suárez han estudiado y divulgado estos textos romanos de Extremadura: En Campanario: 1ª LVTATIA/ AVITA/ ANNORM/ XVIIIHSE/ STTL. 2ª ORGALIIIO/ DOFASSFIE/ ANOASV.

 

39.- Siguiendo el estudio de la revista «Alcántara «detallamos estas inscripciones. En Mengabril (Badajoz): GLF (IA/ ORVM) (LIXHSESTTL). En Valde­fuentes (Cáceres): 1ª CAECILIVS/ RVFVS/ HSESIT. 2ª MARCIA/ SEVERIN/ ERTIAN/ HS. 3ª CALPV/ ENIVS/ LLRVS/ TICVS/ HSES/ T. 4ª PAVLA/ PVPVLI/ AILAN/ CHSEST. En Montánchez V.S. En una finca cercana a la ciudad de Plasencia: ANXXX/ HICSEST/ STTL. En una finca llamada Villa Belloto de la población pacense de Campanario LV/ AVITA/ ANNORVM/ XVIIIHSE/ STTL. En Rena (Badajoz): S/ SALVTI/ SACRVM/ LTVTILI/ SVALENT/ TINV/ ALP.

 

40.- El profesor de la Universidad e Extremadura José Luis Sánchez Abad y el profesor de la Universidad de Cantabria José María Iglesias que antes había estado en al Universidad de Extremadura en el “Archivo Español de Arqueología”, 50-51, p. 421-428 han estudiado estas inscripciones romanas de Extremadura. En Monroy: 1ª BELLONA/ GALITICIV/ AVGGVSTA/ FEEX. 2ª V/ EI/ SPA/ IETM/ ATRIP/ ENTIS/ IMIS/ CL. 3ª VDINO/ OENOA/ DERCIAA/ MBATIF/ VSLA.

 

41. Los indicados profesores en el mismo artículo mencionado estudian estas inscripciones: En el Museo de Cáceres de procedencia desconocida: 1ª IICIIIS/OAM/ IISSTT. 2ª De procedencia ignorada: ESTTL/ OSE. En el museo de Cáceres procedente de Trujillo: 3ª VETVRIALF/ MODESTA/ HSEST/ FRPTRES. En el Castillo de Monroy hay esta inscripción: MHELVI/ VSM/ ESTVS.

 

42.- Cerca de la Calzada romana de Cáparra en Ahigal José María Domínguez ha divulgado esta inscripci6n: IRBI/ VS.

 

43.- Mauro Díaz ingeniero del Centro de Fermentación de Tabaco de Jarandilla ha tenido conocimiento de unas monedas romanas y de unas tumbas romanas cerca de lo que fue Augustobriga o Talaverilla y donde hasta hace unos años había unos cuadros del Greco hoy existentes en Toledo. Estas monedas han aparecido entre Peraleda de la Mata y Talaverilla.

 

44.-Un estudioso de la arqueología de la comarca de Jarandilla que tiene hachas bifaces, hachas neolíticas, molinos de mano, puntas de sílex, vidrios y cerámicas a mano posee un lote de monedas romanas algunas parecidas al lote de veinte monedas romanas del Raso existente en el Museo de Ávila de época republicana de Julio César. Estas treinta y dos monedas romanas de Jarandilla, vamos a describir someramente. Nos vamos a fijar preferentemente en los anversos de las monedas. Ante la dificultad de obtener una buena fotografía nos limitamos a enumerar algunas características: águila, persona con una espada en la mano izquierda, persona con lanza en la mano izquierda y un objeto en la mano derecha, persona con una espada en la mano derecha y cobijando con la mano izquierda a una persona de menor estatura.

 

45.-En otras monedas romanas del mencionado lote de Jarandilla encontramos a una persona con una espada en la mano derecha y un objeto en la izquierda, persona con cuerno de la fortuna en su mano izquierda situada entre S y C. En una moneda plateada hay un diseño de dos personas, una cabritilla mirando hacia la derecha. Esta moneda pertenece a Wenceslao García Movilla. En otra moneda hay una persona con un objeto en la mano izquierda y una persona arrodillada en la parte izquierda de la moneda, persona apoyándose en una espada en la mano derecha y con un objeto en su mano izquierda.

 

46.- En Jarandilla en marzo de 1988 aparecieron unas cuatro docenas de piedras labradas aparentando un túmulo romano funerario con dos pequeños lampadarios o lugares poner ungüentos o perfumes o aceites. Pos­teriormente podría haber sido reutilizado como baptisterio de inmersión hay tres escalones y los lampadarios se habrían empleado como lugar de velas e iluminación votiva y también hubieran servido para colocar los crismas y óleos bautismales en época visigótica.

 

47.- En la primavera de 1989 he tenido ocasión de visitar la edifica­ción visigótica de Carranque en Toledo Este santuario fue explicado por su excavador el profe4sor Darlo Fernández Galiano. Hay unos mosaicos romanos. Esta visita entraba dentro del congreso celebrado en recuerdo del tercer concilio toledano tercero presidido por el arzobispo de Mérida Masona.

 

48.- Mariano Fernández Daza de Almendralejo de la Real academia de Extremadura me ha indicado que en Santibáñez el Bajo hay una mesa de altar decorada de época visigótica y que en Valverde del fresno existe una pileta bautismal visigótica decorada.

 

49.- En el Museo de Cáceres hay dos temis de Egica.

 

5o.- En Campolugar hay un cimacio visigótico.

 

51.- El experto en arte y escultura y estudioso de arqueología de Extremadura José Gómez Gómez especialista en iconos orientales me ha enseñado en la primavera de 1989 una estela visigótica debajo del altar mayor con cruz y decoración floral.

 

52.- Pueden apreciarse restos visigóticos en Alconétar, en un brocal de poco emeritense, en Villar de Rena en la pila bautismal, en Alcántara en una estela con decoración floral en las cuatro caras en la iglesia prioral de San Benito, en la ermita coriana de San Juan, en Manchita en la iglesia parroquial. Hay trozos de capiteles visigóticos en Abertura en Escurial, en la iglesia paleocristiana bajo las aguas del Tajo en Alconétar, en Burguillos del Cerro.

 

53.- En agosto de 1989 con Leandro Sánchez he tenido ocasión de volver a estudiar en un reportaje videográfico de Santa María de Lebeña mezclados con el maravilloso románico cántabro y con las extraor­dinarias iglesias rupestres cántabras y palentinas estudiadas por García Guinea e la universidad de Cantabria y cuya visita a mí siempre me ha impresionado.

 

54.- En Berzocana el sarcófago de piedra forrado de piedra forrado con madera con los restos de los mártires placentinos convendría ser estudiado y analizado por si se tratara de un sarcófago paleocristiano visigótico.

 

55.- En el Museo de Cáceres hay unas monedas de oro de la época visigótica.

 

56.- En Guijo de Granadilla y en Galisteo se encontraron restos visigóticos aquiliformes conservados en el Museo de Cáceres.

 

57.- Hay tumbas visigóticas en Ibahernando y en Aldea del Cano

 

58.-Miguel Beltrán Lloris en su libro de 1982 sobre el Museo de Cáceres fotografía una inscripción griega de Herguijuela tal vez visigótica.

 

59.- En Ibahernando Cerrillo martín de Cáceres tiene documentado esta inscripción encontrada en la basílica visigótica de dicha localidad cacereña: INNDNISCRATA/ ESTHESELICASCE/ MARI /QVENDISA/ TIOPONTIF/ APRI / CLXXIII.

 

60.- En Jarandilla en la pila bautismal hay dibujos y una cruz gamada que podrían datarla en la época visigótica.

 

61.- En Piornal en la restaurada iglesia parroquial por Herminio García Monroy hay una cruz visigótica.

 

62.- Entre Oliva de la Frontera y Jerez de los Caballeros en un cortijo del Marques de Cubas hay fustes, cimacios, capiteles visigóticos y una inscripción que hace mención a Teodomiro de 662.

Oct 011989
 

Josefina Serván Cordero.

Muchos de ustedes se habrán sorprendido al leer el programa de estos coloquios y encontrar el título de esta po­nencia: “Hacia una reivindicación de los carteles trujillanos”. Ciertamente el estudio del cartel ha estado hasta ha­ce pocos años bastante olvidado. “El cartel artístico es un elemento tan habitual de nuestro universo visual, como las nubes y las flores. A pesar de esto -y quizás en razón de ello- pocas gentes se paran a meditar sobre la singularidad del fenómeno artístico que supone el cartelismo”[1]. Sin embargo, y gracias a la importancia que en la sociedad actual tienen los medios de comunicación de masa, el cartel está comenzando a tener un gran interés como uno de los primeros mass-media, esencial en nuestra cultura visual de masas.

El objetivo inicial de este trabajo era recopilar y catalogar el mayor número posible de carteles de Trujillo, para, posteriormente, realizar un estudio del conjunto localizado, atendiendo a sus características artísticas y esti­lísticas, su desarrollo cronológico, la temática desarrollada, etc.; un estudio que pretendía comenzar en la década de los años 30, momento en que se convocan los primeros concursos de carteles de Ferias y Fiestas en Extremadura, y opi­nábamos que Trujillo debía responder a esta norma general que habíamos establecido en otras ciudades de esta región.

Sin embargo, descubrimos que Trujillo no conservaba nada del cartelismo realizado en épocas anteriores; tan sólo pudimos localizar carteles realizados en los años 80, y esto gracias a dos coleccionistas trujillanos: José Lozano y Su­si Polart, quienes desde hacía tiempo habían manifestado un cierto interés por este tema.

Por todo esto, nuestro trabajo no podía ser ya un estudio artístico-evolutivo y entonces decidimos realizar una crítica de la situación que habíamos encontrado, e intentar reivindicar la importancia de los carteles como manifestación social, cultural y humana y exponer la necesidad que tienen las instituciones de conservarlos.

Este interés por el cartel no es algo nuevo y exclusivo de la década actual, ya en épocas anteriores se dijo del cartel que “la explosión de color que infectaba en la vida co­tidiana, sus logros en la representación de las actitudes, los tipos y los ideales de una época, eran méritos suficientes como para considerarlos por encima de cualquier otra manifestación artística”[2]. Esta opinión que hoy puede pare­cernos excesiva fue expresada en la década dorada del cartel ­que podemos situar en la primera mitad del siglo XX; poste­riormente se observó un creciente abandono que es lo que actualmente hemos descubierto en Trujillo.

Vamos pues, a exponer una serie de cuestiones con las que queremos justificar este interés por el cartelismo. Comencemos con las palabras de Marshall McLuhan: “los historiadores y arqueólogos descubrirán algún día que los anun­cios de nuestra época son los reflejos cotidianos más ricos y más fieles que cualquier sociedad haya presentado jamás de toda su diversidad de festividades”[3]. Este autor nos habla del cartel como un medio publicitario para informar y comunicar toda una serie de actividades que tienen lugar en nuestra vida cotidiana. Así encontraremos carteles religiosos como los realizados para anunciar la Semana Santa (pre­sentamos él de 1987 de Trujillo, realizado por Rubio); otros anunciarán los Festivales de Trujillo (cartel de 1984); otros realizados con motivo de homenajes, como el celebrado a Juan Tena Fernández en 1988, cartel de Félix López; también anunciar exposiciones de arte como la realizada en el Palacio del Marqués de la Conquista, exposición del artista Francisco Mediavilla Polart, “Chuty”, quien rea liza también el cartel; carteles para anunciar los carnava­les (cartel de 1987); o actividades económicas; presenta­mos el cartel realizado para el II Salón Nacional de Caprino, en 1987, cartel de Javier Berrocal; o acontecimientos políticos, el cartel para el Primer Congreso Comarcal de U.G.T., celebrado en Trujillo en 1982.

Hemos podido ver en estos carteles la gran diversidad temática y así a través de ellos descubrimos las múltiples manifestaciones y actividades sociales, culturales, políticas y económicas de una sociedad en un momento histórico concreto.

Otra de las características más importantes de los carteles es su dimensión artística, desarrollándose a lo largo de su historia como una manifestación sensible a las más modernas vanguardias artísticas, como el Modernismo, el simbolismo, el Expresionismo, el Constructivismo, el Realismo Social… Por otra parte, no hay que olvidar que el objetivo de un cartel es la eficacia comunicativa, por tanto el cartelista debe adoptar un compromiso entre la innovación vanguardista y la previsibilidad de una fácil y rápida comprensión, para lo cual deberá expresar el mensaje con un lenguaje popular. Así en carteles de Semana Santa expresará un sentimien­to religioso popular, como podemos observar en el cartel de 1989; en otros acudirá a la caricatura y al cómic por su tremendo impacto popular, libertad de trazo, atrevido colo­rido… Como ejemplo de esto presentamos el cartel de 1984 donde podemos leer: “Domingo de Pascuas. Trujillo es una Fiesta”, cartel de J. M. Claro. También el cartel de los Carnavales de Trujillo do 1982, realizado por Luengo.

Alguien dijo que el cartel es un “grito pegado en la pared”, un grito estridente que lo oye todo el mundo; es, por tanto el cartelismo un arte público, popular, cuyo des­tino es el medio urbano; lo encontramos en las paredes de las calles, plazas, de nuestro propio barrio. Cumple su función en un tiempo determinado para desaparecer de nuestro universo visual y dejar paso a otros nuevos carteles; es un claro ejemplo de arte efímero.

Por todas estas características -su relación con las tendencias pictóricas más vanguardistas, su carácter público y urbano- el cartel ha sido tradicionalmente considerado como un medio de enlace entre el arte que podríamos denominar “oficial” y  las masas.

Adrián Piera considera el cartel como un “vehículo cultural al alcance de todos… sensibles a las más modernas manifestaciones artísticas de cada momento, patrocinaron su difusión. Así, la publicidad alcanzó el rango de arte de masas… El cartel elevaba los niveles estéticos de las poblaciones menos cultivadas…” [4].

Opinión ésta que también podemos encontrar en autores extranjeros como Albert Hahn quien escribía: “el arte publicitario que nos interesa es un tipo de arte que puede verlo todo el mundo, cuya naturaleza misma permita influir incluso en aquellas personas a las que les importa muy poco el arte y que, por regla general, nunca han pensado en visi­tar una galería o una exposición”[5].

Esta función cultural y educativa de los carteles pue­de plantear algunas dudas; puede pensarse que ciertos gru­pos políticos o financieros tengan interés en crear una determinada mentalidad y unos ámbitos económicos concretos; esto ciertamente no podemos negarlo; pero también es cierto que el cartel pone ante los ojos del pueblo unas formas de expresión artística que de otra manera serían desconocidas y también es cierto que en algunos momentos concretos de la historia el cartel incitó a la toma de conciencia de un pueblo, a la cooperación, a la lucha por la libertad y en con­tra de la injusticia. Esta misión heroica del cartel podemos encontrarla en los carteles republicanos de la Guerra Civil; de ellos escribió Josep Renau, considerado como el cartelista español más importante: “el cartel    puede y debe ser la potente palanca del nuevo realismo, en su misión de transformar las condiciones, en el orden histórico y social, para la creación de la nueva España. Su objetivo fundamental e inmediato debe ser el incitar al desarrollo de ese hombre nuevo que emerge ya de las trincheras de la lucha antifascista, a través de un estímulo emocional, dé una plástica superior de contenido humano”[6].

Pero veamos otros carteles de Trujillo:

 

1) Carteles de carnavales; en ellos descubrimos una diversidad formal, junto con un cromatismo de fuerte impacto.

 

– Carnavales de Trujillo de 1983, cartel de Vicente Cancho.

 

– El cartel de 1984, cartel de Eloy Cabello.

 

– Carnavales de 1985, anónimo.

 

– Cartel de carnavales de 1986, anónimo.

 

 

2) Carteles de los Festivales de Trujillo en donde tam­bién es característico la diversidad técnica y estilís­tica.

 

– Cartel de los Festivales de España. Los Festivales de España se venían celebrando desde el año 1954, en Cáceres y Trujillo, organizados por el entonces Ministerio de Información y Turismo. Este cartel de 1970 fue rea­lizado por Espinosa; el toro boliviano que vemos en el centro de la composición era el diseño gráfico identi­ficador de estos festivales. Posteriormente pasarán a llamarse Festivales de Trujillo.

 

-Cartel del XIV Festivales de Trujillo de 1983.

 

– Cartel del XVII Festivales de Trujillo de 1986.

 

– También se celebran en Trujillo Festivales Folklóri­cos. Presentamos aquí él del VII Festival, realizado por Juan Antonio Barrado.

 

 

3.) Vamos a presentar un conjunto de carteles realizados para anunciar la celebración de los Coloquios Históricos de Extremadura. En ellos lo más frecuente es la incorporación de imágenes fotográficas. Presentamos los de 1975, 1983, 1986, y el de 1988.

 

4.) Por último, queremos mostrarles un conjunto de carteles realizados por Francisco Mediavilla Polart, “Chuty”; carteles de una gran variedad temática, de diseño muy vanguardista, muy creativos e imaginativos y que cree­mos es el conjunto más importante dentro de la producción de carteles trujillanos.

 

– Cartel del “Hotel Las Cigüeñas”. Trujillo.

 

– Cartel de los 13 de la Tope Ganso.

 

– Cartel del MI Asamblea Nacional de la Confederación de Cine-Clubs del Estado Español.

 

– Cartel: Cultural 88. Trujillo. El dibujo fue realiza­do por la artista Giraldo, “Chuty” realizó, posteriormente el diseño de este cartel.

 

– El cartel “Tope Ganso” que también anunciaba la expo­sición de este artista en el Palacio del Marqués de la. Conquista, junto con 61 que vimos anteriormente.

– Cartel del Carnaval de Trujillo, 89.


[1] RENAU, J.: “Función social del cartel”. Fernando Torres. Valencia, 1976, pág. 79.

[2] RAMÍREZ, J. A.: “Medios de masas e historia del arte”. Ed. Cátedra. Madrid, 1976, págs. 128-129.

[3] MELENDRERAS, E.: “Notas para una historia del cartel es­pañol”. Catálogo: “100 años del cartel español. Publi­cidad Comercial. 1875-1975”.Centro Cultural del Conde. Duque. Madrid, 1985, pág. 37.

[4] PIERA, A.: “El cartel comercial. Vehículo de cultura”. Catálogo: “100 arios del cartel español. Publicidad Comercial. 1875-1975”. Centro Cultural del Conde Duque. Madrid. 1985. Págs. 17-18.

[5] BARNIOOAT, J.: “Los carteles: su historia y su lenguaje”. Gustavo Gili. Barcelona, 1973, pág. 135.

[6] RENAU, J.: Op. cit., pág. 68.

Oct 011989
 

Francisco Rivero Domínguez.

Las Brozas fue uno de los pueblos del partido de Alcántara que envió a la recién creada Real Audiencia de Extremadura y con sede en Cáceres, seis amplios informes de la situación del pue­blo a finales del siglo XVIII.

En estos informes se contestaban a toda clase de cuestio­nes (57 en total), pues el rey Carlos IV había ordenado que se informara a la Real Audiencia de los perjuicios que sufrían los vecinos del gobierno local en el manejo de los caudales públi­cos, de las personas que turbaban el buen orden o causaban escándalo, si abundaban los terrenos no cultivados, las tierras de labor. Para, ello tenían que oírse las voces de los res­ponsables del pueblo, de los caballeros, de los curas párrocos y de cualquier persona que pudiera dar luz suficiente sobre el estudio que se realizaba.

Con este trabajo se pretende dar a conocer lo que eran Las Brozas hace 200 años. Su situación real de cómo vivía el pueblo llano, qué producía, cuáles eran sus costumbres, sus fiestas y sus actividades religiosas.

Conoceremos algo sobre la educación de los niños y niñas; la situación de la economía, el sistema de cultivo o el abas­tecimiento de pescados, especialmente las exquisitas tencas y pardillas, de las que Brozas es conocida en el mundo gastro­nómico.

Por último, según este informe, las Brozas fue arrasada en dos ocasiones: la primera en la Guerra con Portugal en el siglo XVII y la segunda en la Guerra de Sucesión Española, en la centuria siguiente, concretamente en 1706.

 

 

BROZAS EN 1790

 

El rey Carlos IV, a consultas del Consejo pleno, se dignó resolver la erección de una Real Audiencia para la provincia de Extremadura, con sede en Cáceres, y compuesta de un regente, una sala civil, otra criminal y un fiscal.

Exigía la instrucción real que creaba la Audiencia que, antes de formarse, los individuos que formarían el tribunal tenían que recorrer los nueve partidos de Extremadura (Alcántara, Plasencia, Coria, Cáceres, Trujillo, Mérida, Badajoz, La Serena y Llerena). Se tenían que enterar por el vecindario los perjuicios que sufría del gobierno local en el manejo de los caudales públicos, de las personas que turbaban el buen orden o causaban escándalo público, si abundaban los terrenos no cultivados, las tierras de labor y toda clase de riqueza local. Para ello tenían que oír a los respon­sables del pueblo, a los caballeros, a los curas párrocos y a cual­quier persona que pudiera dar luz suficiente sobre el estudia que se realizaba.

A raíz de esto se realizó un interrogatorio con 57 preguntas sobre los más variados temas que firman en Madrid el 29 de diciem­bre de 1790 Arias Antonio Mon, Francisco Javier de Contreras, Melchor Basadre y el Conde de la Concepción.

Desde Brozas se enviaron seis informes a José Antonio Palacio, del Consejo de Su Majestad y alcalde del Crimen en la Audiencia de Extremadura.

El primero de ellos corresponde al licenciado José Carlos del Castillo, alcalde mayor de Brozas, y que firman también Juan An­tonio Flores de Lizaur, Matías Sánchez Barroso y Jacinto Holgado Jabato, regidores perpetuos; Francisco Ángel Barriga Castellano y Pedro Gómez Chaparro, diputados de abastos.

Sendos informes les fueron solicitados a los párrocos de San­ta María de la Asunción y de los Santos Mártires, Manuel Silvestre Bravo y Ulloa y Joaquín Calderón de la Barca, respectivamente, y tres más a caballeros de conocida probidad (Juan Vicente Salgado, Juan Jiménez Lozano y un tercero cuyo nombre desconozco).

A todo ello hay que sumar cinco informes de otros tantos es­cribanos que daban información de la situación de los pleitos, causas civiles y criminales que llevaban en esos momentos. Sus nombres eran: Juan Galán Rosado, Joaquín Galán, Francisco José de Parra Fresneda, Juan Domínguez Álvarez y Juan Luis Acedo Bravo.

Brozas era en 1790 una de las cabezas de los cuatro partidos de la Orden de Alcántara. Lindaba a levante (a unas dos leguas, 11 kilómetros) con la entonces villa-encomienda de Araya, la cual merece la pena investigar, pues hoy es prácticamente desconocida.

En lo eclesiástico estaba Brozas ligada al prior de Alcántara, que residía en el convento de San Benito. También pertenecía al obispado de Coria.

Su término media, entonces, unos 27 kilómetros de largo por 13 de ancho.

Navas del Madroño fue su arrabal. Este pueblo era ya indepen­diente hacia 1790, fecha del citado informe. También perteneció a su jurisdicción la dehesa y castillo de Azzgala hasta que se vendió por el rey, con la jurisdicción al Marqués de Portazgo, vecino de Madrid.

Tenía un alcalde mayor, nombrado por el Rey, a consulta del Consejo. Su salario era de 3.153 reales al año. También era juez de residencia de Villar del Rey. Otras personas con cargos públi­cos en Brozas eran los seis regidores perpetuos, con 1.000 marave­díes de salario; dos diputados de abastos; un procurador general, nombrado por los vecinos; cinco abogados (cuatro seculares y uno eclesiástico), cinco escribanos públicos y dos del Ayuntamiento. También había un alférez mayor, con voz y voto y asiento preeminen­te, con 2.000 maravedíes; un portero de la real cárcel, una perso­na que cuidaba el reloj, otra con el cargo de tocar la campana de la queda y un peón público.

La elección del procurador síndico general la hacían todos los vecinos, en votación secreta, el último domingo del año. Los vecinos se reunían a toque de campana en la plaza mayor.

El párroco de los Mártires, Joaquín Calderón de la Barca, se quejaba de los cargos vitalicios de los diputados, pues “ojala mira­ran mejor por el bien común y no por el suyo sólo”.

Juan Vicente Salgado daba cuenta de que el pueblo había sido una población romana, como lo demostraban unas lápidas halladas. Asimismo, informaba de los dos saqueos que había sufrido: el primero durante la guerra con Portugal en el siglo XVII y el segundo en la Guerra de Sucesión española, en 1706, cuando los portugueses quemaron también el Ayuntamiento.

 

 

EL VECINDARIO

 

Los vecinos eran 1.150 (algo más de 5.500 habitantes), de los cuales más de 900 se dedicaban a la agricultura y ganadería. Se cultivaban viña, higueras, olivos, frutales y zumaques, unas plan­tas de la que sale el tanino, sustancia para curtir las pieles.

Había corta diferencia entre el número de vecinos eclesiás­ticos y seglares.

Los que no se dedicaban a la labor tenían oficios menestrales, como ocho trajineros, albañiles, alarifes, sastres, unos veinte zapateros, curtidores, herreros, carpinteros, molineros, hortela­nos, jornaleros, tejedores (doce de lienzo y cinco de paño), cardadores, barberos, cirujanos y un médico.

En aquella época, los labradores carecían de tierra para su labor. Los jornaleros ganaban a proporción de las estaciones y del tiempo, pero ya no trabajaban de sol a sol como lo hacían años atrás.

Las diversiones principales eran: el juego de las barras, el baile, los naipes y algún trago de vino, lo que conllevaba cierto alboroto por las noches.

Uno de los informantes declaraba: “Asimismo, se experimenta mucha libertad e insolencia en los cantares entre los mozos y las doncellas, especialmente con unos cantares que llaman corros, en los que no queda sacerdote, religiosa, viuda, soltera o casada a quien no se le quite su honra, estimación y le descubran, con poca cari­dad, los defectos que tengan”.

El pueblo se abastecía de carne, aceite, jabón, bacalao, ten­cas y pardillas. Los pesos eran iguales que en los pueblos vecinos, no así las medidas de líquidos y de granos, lo que dificultaba el comercio y creaba confusión en las gentes

 

 

EL AYUNTAMIENTO

 

Brozas tenía una Casa-Ayuntamiento donde habitaba el alcalde mayor con bastante incomodidad por haberla quemado los portugue­ses en 1706. En la sala capitular de verano estaba encerrado el archivo de la villa bajo tres llaves. También había un segundo archivo con los documentos de los escribanos y notarios que ha­bían ejercido en la población.

Junto al Ayuntamiento estaba la cárcel, pero de muy poca seguridad, pues también había sido quemada. En la Plaza Nueva se hallaban las casas del Real Pósito, muy amplias y donde se podían meter caballerías.

Según el informe municipal, las calles de Brozas estaban limpias y empedradas, y según otros datos se decía que no es­taban en mal estado pues rodaban bien los coches. Sin embargo no era mucha su limpieza debido al poco cuidado. El desaseo se nota­ba más en los barrios extremos y en el norte del pueblo, donde había cuatro lagares de aceite que vertían a la calle.

En el pueblo había tres posadas o mesones. Dos de ellos con algún uso, pero los tres de escasa capacidad “para hospedar a perso­nas decentes”. Los caminos estaban en buen estado, aunque el que atravesó la Artillería cuando fue de Ciudad Rodrigo a Gibraltar lo dejó en pésimo estado, realizando las autoridades numerosas gestiones para su arreglo.

El 25 de abril (día de San Marcos, patrón del pueblo por enton­ces) y los dos siguientes, se celebraba una feria en algunas tiendas de paños, comestibles y géneros para la labor. Celebrar la feria esos días caía bastante mal a los labradores porque les interrum­pía en su labor, por lo que el Ayuntamiento proponía que se celebra­se los días 12, 13 y 14 de julio. Otras personas la propusieron a mediados de agosto.

No había más que dos fábricas de paño pardo y lienzo bastos. También había una de barro. Debido a la abundancia de la lana, se proponía montar una fábrica de tinte, la cual podría servirse de las aguas de las riveras de Jumadier y Greña.

Las rentas del Ayuntamiento provenían de las hierbas de la dehesa Acotada Posía, de tres labranzas; es decir, cuatro hier­bas y media en seis años. Había que abonar a las Navas del Ma­droño la cuarta parte por haber sido un arrabal de Brozas. Se le hacía pagar a los vecinos las tierras de los baldíos en las que sembraban. Un informe de los enviados criticaba al Ayunta­miento por no saber en qué se gastaban el dinero, ya que las calles eran empedradas a costa de los vecinos, si bien recono­cía que en 1789 se habían eliminado algunos pozos.

Había pósito, institución de carácter municipal y de muy antiguo régimen, destinado a mantener acopio de granos, prin­cipalmente de trigo, y prestarlo en condiciones módicas los labradores y vecinos durante los meses de menos abundancia. El pósito de Brozas tenía 5.083 fanegas de trigo para reparto a los labradores y abasto de pan cocido y 87.709 reales.

No tenía Brozas ordenanzas. Se regía por las definiciones de la Orden de Alcántara, pero ya eran muy antiguas para las necesidades de finales del siglo XVIII, se pensaba cambiar­las por unas leyes municipales más apropiadas.

 

 

SITUACIÓN RELIGIOSA

 

No había curia eclesiástica, pues residía en Alcántara, ane­xa a la dignidad prioral de la Orden, sin embargo el tercio de to­dos los diezmos que pagaban los vecinos lo percibía el obispo y el cabildo de la catedral de Caria.

Los párrocos de Santa María de la Asunción y de los Santos Mártires los nombraba el Rey, tras consulta con el Real Consejo de las Órdenes. La dotación de Santa María era de 9.000 reales al año en tierras de labor y la de los Mártires, de 3.000, todos ellos donaciones de los feligreses.

No había cementerios, pues las dos iglesias eran suficientes para dar cabida a los difuntos. Sin embargo en un informe se pide que se construyan cementerios fuera de los templos para evitar la hediondez que se desprendía de algunas sepulturas sin embaldosar (el actual cementerio, según mis datos, se construyó en 1927).

En la parroquia de Santa María había 31 capellanías, que eran fundaciones en las cuales ciertos bienes quedaban sujetos al cum­plimiento de misas y otras cargas pías. En otro informe se indi­caba que 35 sacerdotes se dedicaban a las capellanías de Brozas.

Había un hospital para enfermos y peregrinos bajo la advo­cación de Santiago Apóstol, patrón del Ayuntamiento, quien era el que lo regentaba y proporcionaba el dinero para su funcionamiento.

Igualmente se habían fundado quince cofradías o hermandades: La del Santísimo Sacramento, la de las Animas, la de la Vera Cruz, la de Nuestra Señora de los Remedios, la de los Dolores, la del Rosario, la de la Visitación, la de Santo Domingo, la de San Juan Bautista, la de Santa Lucía, la de San Antonio Abad, la del Dulce Nombre de María, la de la Misericordia, la de Nuestra Señora del Carmen y la del Cabildo Eclesiástico.

De ellas, las siete primeras pertenecían a Santa María; las cuatro siguientes a los Mártires y las restantes eran comunes a am­bas parroquias, todas con muchos cofrades. La del Cabildo Eclesiás­tico la componían treinta sacerdotes, en ella estaban los dos párrocos.

Todas ellas eran bastante pobres, menos dos: la de San Antón y la de los Pastores, pues cada año el ganadero le ofrecía un cordero o un chivo, lo que suponía unos 4.000 reales de renta. La de San Antón obtenía dinero de la renta de los chorizos que voluntariamente le ofrecían los devotos.

 

 

LAS ERMITAS

 

Por aquel entonces había ocho ermitas extramuros de Brozas, que eran por este orden: Santa Lucía, Santos Abdón y Senén, San Juan Bau­tista, La Virgen de la Soledad, el Buen Jesús de la Columna, San Antonio Abad, San Alarcón y el Cristo del Humilladero.

A ellas hay que sumar una en el interior de la población: San­ta Bárbara y cinco más en el campo, a una distancia de una legua: Nuestra Señora del Villar del Ciervo, el Padre Eterno, San Pedro, Santa Ana y San Gregorio, todas ellas profanadas, tres por manda­to del Real Consejo de las Ordenes y dos por indecentes.

Antes de continuar en el análisis de la situación de las ermi­tas, en 1790 hay, para mí, varios descubrimientos: El primero es el de la ermita de San Marcos, patrono del pueblo por entonces, donde se celebraba el rito del toro de San Marcos. El santuario se encontraba entre San Antón y los Humilladeros, por lo que sería muy interesante averiguar su situación real, aunque para algunos historiadores fuera destruida por los franceses.

Recientemente supe que hay una tinada en los bajos de la fal­da del montículo donde está la ermita de los Humilladeros, y viejos del lugar me aseguraron que a aquello le llamaban el cerro de San Marcos, lo que es muy probable que, debido a esta toponimia, bien pudiera darse que la ermita hubiera estado en el citado lu­gar.

El segundo descubrimiento es que existía una ermita dedicada a los Santos Abdón y Senén. Bien podía situarse en lo que es hoy Paseo de los Santos. Es muy probable que fuera allí por dos motivos. El primero por la relación que hacían los que realizaron estos informes a la Audiencia en 1790. Todos sitúan esta ermita entre las de Santa Lucía y San Juan. El segundo motivo es que aún se con­serva el topónimo “de los santos”.

Y el tercero es el redescubrimiento de las ermitas campestres de Nuestra Señora del Villar del Ciervo, de San Pedro y de Santa Ana. ¿Qué hay de la ermita de Nuestra Señora de la Hoja cuya policromada imagen se encuentra en una hornacina situada en la puerta del Evangelio de Santa María y que, al parecer, su ermi­ta también fue derruida por las franceses?, O bien, ¿que se puede decir de la ermita situada en la calle de Santiago, concretamente en la casa que fue de Curro Elviro? Pocos datos se conocen de ambas.

Las ermitas de San Marcos y de los Santos Abdón y Senén perte­necían al Ayuntamiento y poseían muy pocas rentas, escasas para celebrar sus fiestas. La villa nombraba mayordomo para la fiesta de los Santos, aunque sólo iba él clero procesionalmente. La fies­ta de San Marcos no se podía celebrar en su santuario por estar profanado y la imagen en la parroquia, al igual que la de Santa Bárbara.

Las de San Antón, San Juan y Santa Lucía tenían cofradías que se cuidaban de sus fiestas, con vísperas, misa y sermón.

Las ermitas de la Soledad, el Buen Jesús y el Humilladero pertenecían a particulares que corrían con sus gastos y nombraban a sus capellanes. La primera de ellas tenía misa todos los vier­nes y era la más cuidada de las nueve que había en el pueblo.

La de San Gregorio siempre ha destacado por sus baños. Uno de los informes, el del párroco de los Mártires, decía: “La ermi­ta de San Gregorio tiene un mineral perenne de aguas especiales para baños, donde se han curado a los cuatro o cinco baños muchos impedidos; tiene uso continuo de ellos todos los pueblos inmedia­tos a veinte leguas en contorno (unos 100 kilómetros), pero tan mal reparada que es mucho no se haya derribado ya el edificio, sin puertas, ni ventanas, y sin algún abrigo para los pobres enfermos. Tengo noticia que uno de los señores párrocos anteriores al actual quiso componer dichos baños y ermita con las rentas de las otras, pero se opuso la villa y así está todo perdido”. Al parecer, ahora la Junta de Extremadura quiere invertir unos millones para adecen­tar el lugar y explotarlo turísticamente.

En ninguna de las ermitas había hospedería, ni santero o ermitaño.

 

 

LOS CONVENTOS

 

En el Pueblo había tres conventos: el de franciscanos, el de las Caballeras Comendadoras de la Orden de Alcántara y el de las Isabeles Franciscas.

El primero de ellos tenía 28 religiosos profesos, dos donados y tres sirvientes sin premio. Era de la más estrecha observancia y per­tenecía a la provincia de San Gabriel. En él había una escuela de Teo­logía Moral para ellos y los seculares que querían dedicarse a su estudio. El convento se mantenía de limosnas.

Había un segundo denominado de las Caballeras Comendadoras, que estaba bajo la advocación de San Pedro. Tenía en 1790 tres religiosas profesas y una novicia. Su dote era de 600 ducados. El convento estaba sujeto al Real Concejo de las Órdenes. Era su patrón don Juan Francisco de Ulloa, por su mujer doña Luisa Maria Flores y Chaves (Años más tarde se aposentaría en él la Orden Terciaria de las Carmelitas dedicadas en los años 50 y 70 de este siglo a la enseñanza de niños).

El convento de Religiosas de Santa Clara y Santa Isabel tenía como advocación Nuestra Señora de los Remedios y sus rentas eran 500 ducados y 50 fanegas de trigo que les daba el. Rey de limosna. Lo forma­ban seis religiosas profesas.

 

 

LA EDUCACIÓN

 

Había una escuela de niñas, a cuya maestra se le pagaba de las ren­tas de las ermitas rurales profanadas de Nuestra Señora del Villar del Ciervo, Santa Ana y San Pedro. Había otra escuela de niños, cuyo maestro había sido pastor, soldado y había estado en presidio. Cobraba lo que le pagaban los padres de los niños. También había enseñanza de Gramá­tica Latina, que era pagada por sus alumnos.

El alcalde proponía que al preceptor de Gramática se le ayudara a costa del fondo del pósito­.

El administrador de Correos, nombrado por el de Cáceres, se lla­maba Diego Hernández, de 16 años. Se recibían correspondencia los lunes y viernes y volvía a salir para Alcántara y Navas los mismos días. ­Las Brozas no tenía administración de Lotería.

La Inquisición de Llerena tenía en Las Brozas un alguacil mayor. También tenía un notario, don Abdón Senén Bravo, presbítero, y otros tres comisarios -todos eclesiásticos- para los pueblos vecinos y gozaban de fuero en lo criminal.

No contaba con ningún regimiento, pero había algunos sargentos y soldados del de Plasencia.

Sólo había un médico que cobraba 3.000 reales al año para atender a los pobres del Hospital y a los frailes. También sentaban plaza en el pueblo cinco cirujanos o sacamuelas y dos boticarios. No había hos­picio ni casa de misericordia.

 

 

LA ECONOMÍA

 

En Las Brozas se daban cosechas de trigo, centeno, cebada, avena y garbanzos y algunas habas. También se producía vino, aceite, higos, zumaque, bellotas, lino y cáñamo. Las cosechas más abundantes eran las de garbanzos e higos. Escasa era la de aceite y muy escasa la de trigo, cebada y centeno.

Algunos vecinos labradores estaban muy molestos porque les falta­ban semillas para sembrar y sobre todo porque los ganados se metían por doquier y destrozaban las cosechas. Por otra parte, unos seis u ocho guardas se dedicaban a pedir por las majadas quesos, borregos por la Pascua y panes todas las semanas, los cuales vivían con mucha abundancia a costa de sus peticiones, pues pedían más que los padres de San Francisco.

Los diezmos los percibían la Mesa Maestral, la Encomienda Mayor, Convento de San Benito de Alcántara. Las iglesias de Santa María y los Mártires tenían sus propias tierras y se abastecían de ellas­.

Pocas huertas tenían Las Brozas en 1790. La causa era, como siem­pre, la escasez de agua para regarlas. Los frutos que se recolectaban eran: Lechugas, calabazas, ajos, cebollas, coles, tomates, pepinos y otras legumbres de invierno y primavera. También había ciruelos y pera­les importando la fruta de los pueblos vecinos­

Algunos de los informantes decían que con el agua de las charcas y de las riveras de Jumadiel (Humadier) y Greña podrían hacerse algunos regadíos. El sistema de cultivo era mediante el arado y la yunta de bueyes en su mayoría, y también con mulos, asnos, etc. El cultivo de huerta se hacia con azadón.

Oct 011989
 

José Antonio Ramos Rubio.

El Renacimiento es sin duda una de las épocas más estudiadas a lo largo de la historiografía moderna. En Italia, a mediados del siglo XIV, surge un intento generalizado de “renacer” los ideales que imperaron en toso los órdenes en la Antigüedad Clásica, adaptando aquellas formas antiguas (griegas y romanas) al nuevo espíritu moderno.

No hemos de olvidar que este intento de recuperar los valores estéticos y espirituales de la Antigüedad Clásica ya se había percibido en la Edad Media[1].

La verdad es que en Italia a lo largo de la Edad Media no se había perdido del todo el espíritu clasicista[2]. Es normal que naciese aquí  el Renacimiento pues no había otro lugar que tuviera más cerca aquellas fuentes que ahora iban a servir de inspiración.

El Renacimiento fue la base de la evolución, desde el punto de vista del pensamiento, que se manifestó a través de los siglos progresivamente. A la perduración de este estilo contribuyeron una serie de causas originarias a fines del siglo XV; que dieron lugar a la decadencia notoria de la sociedad feudal: las nuevas tácticas de guerra con el empleo de las armas de fuego, las diferencias religiosas, la transformación de la economía con la aparición del capitalismo y la entrada de la burguesía como una nueva clase social, la invención de la imprenta que facilitará la difusión renacentista y la vuelta a los ideales clásicos.

Paralelamente, nacía el hombre del Renacimiento: los profundos cambios que se habían producido en el derecho, la política y la guerra crearon una actitud y una moral específicas de la época del Renacimiento. Este nuevo hombre, centro de todas las cosas, busca un nuevo lenguaje para expresarse, caracterizado por la horizontalidad  y la serenidad.

Desaparece el anonimato artístico como era frecuente en la Edad Media, y se comienza a valorar al autor de las creaciones artísticas. La Historia del Arte deja de basarse en las obras y empieza a hacerlo en los artistas; ejemplo de esto es la obra: “Vida de Pintores, Escultores y Arquitectos ilustres”, de Giorgio Vasari.

También hay que mencionar a los Mecenas, como protectores de los artistas, en Italia: los Uffici, Medicis, Pitti, etc…; en España: los Mendoza.

No hay que olvidar a los teóricos del Arte: Alberti, Vignola o Diego de Sagrado que recogen en su obra escrita las experiencias artísticas, para establecer unas normas prácticas. El humanismo, como corriente de pensamiento, se exteriorizó tanto en las artes como en las ideas, extendiéndose al resto de Europa para pasar más tarde a América. Cada país tendrá una tradición local que condicionará su desarrollo y lo llenará de matices.

En España no llegaremos a observar esa nueva estética hasta el siglo XVI, pues incluso en este siglo se sigue construyendo gótico en las catedrales de Segovia y Salamanca.

El inicio del Renacimiento en España coincide con el momento de la unidad política española. El descubrimiento de América y la toma de Granada son contemporáneos del inicio del Colegio de Santa Cruz de Valladolid, donde se emplean por primera vez motivos decorativos a la italiana[3].

El inicio del Renacimiento en España se deberá a la presencia de artistas italianos como es el caso de Michele Carlone en el castillo de Calahorra, en Granada (1509-1512). Incluso los mármoles se trajeron a Génova.

El humanismo vino a España desde Italia, de donde lo trajo el primer gran humanista español, Antonio de Nebrija[4], que estuvo diez años viviendo en Italia y volvió a su patria, como él mismo dijo: “Para desarraigar la barbarie de los hombres de nuestra nación”[5].

Nebrija tuvo desde 1496 a 1504 una estrecha relación con Extremadura como protegido de D. Juan de Zúñiga, Maestre de Alcántara, pasando varias temporadas en Zalamea y en Villanueva de la Serena, lugares de residencia del Maestre.

El Palacio de Zalamea, de carácter señorial-residencial, sito en el flanco occidental del castillo (de tiempos de la reconquista), data de fines del siglo XV, cuando la relación entre Nebrija y el Maestre era más estrecha. El Palacio recibió amplias construcciones en los años finales del siglo XVI[6], de esta época data el patio, donde se observan elementos propios de los palacios urbanos italianos: galerías, corredores, estancias y patio central peristilo.

Nebrija prestó gran atención a las obras clásicas de la Antigüedad (circo romano de Mérida y la Vía de la Plata), estableciendo dimensiones exactas en su repetitio “Sobre las Medidas” (“De mensuris”)[7].

La influencia de Nebrija en la Alta Extremadura enlaza por contacto con el maestro Francisco Sánchez “El Brocense”, residía en Brozas donde vivía Marcelo, hijo de Nebrija. Este influiría decisivamente en la vocación humanística de “El Brocense”[8]. A esto hay que sumar la Academia existente en el Convento de la Encarnación de Trujillo, fundado por el trujillano Juan de Carvajal, ilustre cardenal y escritor latino; donde se estudiaba teología, gramática y retórica.

Por tanto, Nebrija en la Baja Extremadura con su estudio en Zalamea, y el foco trujillano en la Alta Extremadura, prepararon el camino a los grandes humanistas extremeños del Siglo de Oro.

No hay duda que para el artista del Renacimiento, Roma era una ciudad atractiva, había sido la capital del mundo romano, la ciudad que hereda los valores de la Antigüedad y logra fundir la cultura clásica con la sabiduría cristiana[9].

Muchos fueron los artistas españoles que no contentos con conocer las ciudades de Italia a través de las descripciones (como la “DescriptioUrbis Romae” de Nicolo Signorili) marcharon a Roma, la atractiva ciudad cosmopolita del siglo XVI. Tal es el caso del pintor extremeño Pedro Rubiales, que se formó en la ciudad italiana de Nápoles. Al refugiarse allí Polidoro di Caravaggio con motivo del saqueo de Roma en 1527, Rubiales ingresa en su estudio y asimila su estilo. Trabajó a las órdenes de Caravaggio en el Palacio Orsini, en Borgo di Chiaia[10].

Aunque también hubo un deseo por parte de los italianos de conocer España y concretamente Extremadura, realizando viajes y anotando todo lo que a su paso consideraban interesante[11].

Y es que en la Extremadura del siglo XVI existían muchos restos de construcciones antiguas, que eran tan interesantes para los europeos como para nosotros las obras artísticas italianas[12]. En la actualidad la cantidad de restos antiguos en nuestra región ha aumentado notoriamente favorecidas por las numerosas excavaciones arqueológicas realizadas a lo largo de nuestro siglo.

Es notable el grado de aceptación que alcanza la nueva corriente cultural. Algunos artistas del Renacimiento, antes de comenzar a trabajar en España marchaban a Italia para conocer el modo de hacer italiano ante las nuevas corrientes estéticas. Tal es el caso de Domenicos Theotocópulos, El Greco, que habiendo nacido en Gandía, en 1541 (capital de Creta), marchó a Venecia y a Roma, donde aprendió el estilo y colorido de la escuela veneciana y, en Roma, los efectos de la luz tenebrista y la estructura del retrato. En Extremadura tenemos un magnífico lienzo en este gran pintor, Jesús Salvador, procedente del Convento de Serradilla, y se conserva en la actualidad en el Museo Provincial, Cáceres, desde 1973. También a Extremadura perteneció un retablo concertado entre El Greco y la Cofradía de Ntra. Sra. del Rosario, en Talavera la Vieja, en 1591. Dicho retablo se perdió durante la Guerra Civil Española, se salvaron los tres lienzos que se conservaban en la casa rectoral, porque habían sido restaurados en 1927; en la actualidad se encuentran en el Museo de Santa Cruz, Toledo: “La Coronación de la Virgen”, “San Pedro” y “San Andrés”, fueron llevados a dicho museo por la antigua vinculación jurisdiccional del norte extremeño con la mitra toledana, cuando el pueblo fue afectado por el embalse de Valdecañas, en 1963[13].

La documentación existente sobre la estancia de El Greco en Italia es muy importante. Giulio Clovio enana carta enviada al cardenal Alessandro Farnese en Viterbo es muy explícita, 16 de noviembre de 1569: “Ha llegado a Roma un joven candiota, discípulo de Tiziano, que, en mi opinión, es singular en la pintura; y entre otras cosas, ha hecho un retrato de sí mismo que asombra a todos los pintores de Roma…”[14].

De Cesare Mancini, médico de Urbano VIII, se recoge en su Diario: “Bajo el pontificado de Pío V, llegó a Roma… quien era llamado comúnmente Il Greco. Después de haber estudiado en Venecia, sobre todo las obras de Tiziano, llegó a Roma en una época en la que no abundaban aquí muchos pintores”[15].

Por tanto, es patente la estancia de El Greco en Venecia y en Roma. No existe documentación sobre la posible estancia de Luis de Morales, el mejor pintor renacentista extremeño, de sensibilidad ascética y piadosa, bien conocedor de las composiciones de Miguel Ángel o de Leonardo. Probablemente, esta huella de los artistas italianos le llegó a Morales por vía indirecta. Posiblemente, se formó en contacto con el círculo toledano de Coomontes y Correa y con Alonso de Berruguete como pintor[16]. Los esqueñas iconográficos empleados por Morales procederían de los grabados existentes en el s. XVI que fueron muy utilizados por los pintores españoles[17].

Está claro que las ciudades italianas, sobre todo Roma, que conservaba in situ las grandezas arquitectónicas clásicas, eran el foco atractivo del momento. Francisco de Holanda, afirmó en 1548 que “ni pintores, ni escultores, ni arquitectos pueden producir obras significativas si antes no habían estado en Roma”[18].

Es también significativa la carta de Tetrarca al Cardenal Colonna, en 1337: “Verdaderamente Roma fue más grande de lo que yo había pensado, más grande son también sus ruinas. Ya no estoy admirado de que esta ciudad conquistara al mundo, lo que me extraña es que esto sucediera tan tarde”[19]. Y la fecha de 1337 es muy temprana al surgir renacentista, entre los humanistas se observa ya un interés por la antigüedad clásica”.

Las nuevas tendencias que llegaban de Italia se introdujeron en Extremadura de un modo lento, el estilo gótico de la época de los Reyes Católicos iba agotándose lentamente. La presencia de los flamencos en Extremadura, la corriente comercial que procede de Europa, explica ese lento despertar de nuestra región a las nuevas corrientes renacentistas.

Aunque las catedrales de Plasencia y Coria influyeran mucho en la modificación del estilo, ya que en los inicios del siglo XVI se advierte una gran actividad constructiva, que cobrará posteriormente nuevos impulsos tras los decretos del Concilio de Trento ordenando la ampliación de los espacios litúrgicos para una mayor y más adecuada evangelización del pueblo, a pesar de ello, de la temprana incorporación de las catedrales extremeñas a la nueva estética, el proceso de imitación de la Antigüedad se iniciará antes en escultura que en arquitectura. Los restos de estatuaria, pinturas y relieves abundantes en Italia, se utilizarán como modelos de inspiración.

Hay muchos casos en los que se copian, casi literalmente, las obras artísticas, tal es el caso del lienzo “La Apoteosis de Carlos V”, de Antonio Segura (1580), para el Monasterio de Yuste, copia fiel del Tiziano existente en el Museo del Prado[20].

La más temprana entrada en nuestra región de las novedades ornamentales italianas lo tenemos en el retablo que Nicolás Pisano firma en 1518 para la capilla mayor del convento santiaguista de Tudía, en Calera de León, y la lauda sepulcral de don Lorenzo Suárez de Figueroa, los autores locales, no pretenden salir del estilo gótico permaneciendo impasibles ante la entrada de las nuevas corrientes italianas.

La nobleza no estaba ajena a este despertar artístico, desde don Lorenzo Suárez de Figueroa, embajador de los Reyes Católicos en Italia, que desde allí envía bronces y alabastros para su capilla funeraria en la Seo Pacense[21], a los duques de Feria, que ornamentan su alcazar segedano con un patio al modo italiano, son muchas las obras artística que Extremadura va recibiendo de Italia. Baste citar, la lauda sepulcral de Suárez de Figueroa, conservado en el Museo Catedralicio de Badajoz, para cubrir su sepulcro y el de su esposa Dña. Beatriz de Aguilar[22].

Otras piezas artísticas españolas de procedencia italiana: la Virgen con el Niño atribuida a Desiderio da Settignano; la escultura de San Jerónimo, de Pietro Torrigiano, realizada en Sevilla, en 1522 y trasladada al Monasterio de Guadalupe, en 1526; el Crucificado en la sacristía de la catedral placentina y el busto de Carlos V, en el Palacio de Mirabel, ambas obras de Pompeo Leoni.

Por otro lado, la arquitectura civil tendrá una interesante floración registrándose la presencia de maestros locales importantes en el arte español bien que se han educado en Italia o que han recibido la influencia italiana en el arte de construir por vías secundarias. Ya explicamos le caso del pintor extremeño fluctúa entre las corrientes que le vienen de Castilla, bien indirectamente, como en el caso del retablo de Berruguete, en la iglesia de Santiago de Cáceres, o, a través de artistas andaluces a la que pertenecen Guillent Ferrant y Roque Balduque, autores de varias obras en la provincia de Cáceres, a mediados del s. XVI[23].

Tenemos en nuestra región excelentes obras arquitectónicas, de tipo civil, realizadas por artistas italianos o por artistas locales pero encargadas por personas influyentes en la política, que han viajado a Italia y pretenden imitar los palacios que han visto en dichas ciudades italianas en sus pueblos o ciudades extremeñas.

El Palacio de Carvajal-Girón, hermoso edificio del siglo XVI, con fachada de sillería almohadillada que nos recuerda a los grandes palacios de Florencia, en Plasencia. El Duque de Alba don Fernando Álvarez de Toledo construyó hacia 1555 una serie de jardines escalonados decorados con esculturas, fuentes y todo lo que precisara una auténtica obra manierista italiana, en su palacio de Abadía (N. Cáceres), a este jardín le han considerado todos los autores que han escrito sobre él como una de las mejores obras ajardinadas del Renacimiento Europeo[24].

Antonio Ponz, nos ofrece el posible nombre del autor: Francisci Camilani Florentini, 1555; que aparece en uno de los pedestales que soportaban figuras[25].

Como podemos observar, el arte en estos momentos es privativo de las clases sociales muy concretas: burgueses, nobles y altos cargos de la Iglesia. Todo muy en relación con las ideas humanistas del momento. El hombre al morir desaparece pero no su recuerdo que queda vivo a través de las obras de carácter religioso, en mayor parte, que encarga: la lauda sepulcral de Suárez de Figueroa o las estatuas orantes y yacentes existentes en nuestras catedrales y conventos: el Obispo Ponce de León, obra de Francisco Giralte[26], de valores plásticos derivados de Berruguete con el cual se formó, en la catedral de Plasencia; la estatua del Obispo García de Galarza, en Coria, atribuido a Lucas Mitata. Su italianismo está en los detalles de los dos almohadones en que se arrodilla y en los amorcillos de la tarina en que apoyan, de 1596. Citar también, los sepulcros del tipo cama extentos, de cierta influencia italiana, vinculados al tipo del cardenal Tavera, como es el caso del sepulcro del comendador Bravo de Jerez y su esposa en la iglesia de San Bartolomé, de Jerez de los Caballeros (1535).

Desde el punto de vista civil, también se busca perpetuar el recuerdo del caballero cuyas hazañas guerreras le han dado fama: como la estatua de Hernando Pizarro, actualmente en el cementerio de la Vera Cruz, en Trujillo, procedente del Convento de San Francisco, obra de Sánchez de Villaviciosa.

Decía Angulo: “No existe idea que no se pueda expresar en un bloque de mármol”.

El monarca español del momento, Carlos I, removió los ambientes de la corte en todos los sentidos. A su lado, nuestros cuatro “águilas”: Ordoñez, Siloé, Machuca y Berruguete[27]. Aunque posiblemente ajeno a los que ocurría a su alrededor, Carlos I, contribuyó decisivamente a la importación de obras y de artistas italianos a Extremadura.

Fueron muchas las personas que viajaron en 1529 para asistir a la coronación en Bolonia del Emperador Carlos el 24 de febrero de 1530 y que pudieron contemplar las magníficas obras del Renacimiento Italiano. Podemos citar a Garci-Fernández Manrique de Lara que estuvo en Italia por tal motivo, las obras italianas le sirvieron de modelo para su palacio en Pasarón de la Vera[28], e incluso pudieron venir artífices italianos para construirlo.

Este palacio posee características y elementos arquitectónicos semejantes a los existentes en el  Palacio de San Carlos de Trujillo, en dicho palacio pasó temporadas Carlos I, aquí se hospedó el emperador cuando pasó hacia Sevilla, el 1 de marzo de 1526, para casarse con Isabel de Porturgal. La logia del palacio de Pasarón y la existente en el palacio de Trujillo, son exactamente iguales. En la escalera autoportante del palacio trujillano puede leerse la inscripción: VIERA ME FECIT, 1651, pudiera ser autor italiano, la documentación hasta el momento es nula al respecto[29].

Está bastante claro que durante el Renacimiento, Roma es la ciudad más atrayente. A pesar de todo, no se conservan obras clásicas como las que podemos observar en la actualidad. Roma en el siglo XVI era una ciudad en ruinas, existen muchos testimonios de lamentación por tal desolación[30].

En las obras extremeñas encontramos muchas representaciones de ciudades italianas, en los fondos de los temas pictóricos, aunque aparecen los edificios idealizados. Esto puede deberse al desconocimiento directo de la ciudad, los relatos del momento hacen que el pintor conciba una imagen que no se adecua con la realidad y los edificios aparecen distorsionados[31]. Esto no sucede siempre ya que existían dibujos y grabados que procedían de Italia y eran reflejo fiel de las obras existentes en Italia. Tanto la pintura española del Renacimiento como la escultura se singulariza por la escasez de temas profanos y su casi exclusiva dedicación al tema religioso. En ambientes de la alta nobleza encontraremos pintura mitológica, casi siempre obra de italianos.

Un importante conjunto pictórico en Extremadura lo tenemos en la Sala Romana del Palacio Moctezuma, en Cáceres[32]. El profesor Andrés Ordax, considera que es muy probable que los temas estén tomados de algunos de los libros de historia de Roma que se publicaban en el Renacimiento, quizás, apunta el profesor, estos frescos recuerden mucho la obra de Cayo Suctonio: “De Caesarum XII Vitis”, que durante el Renacimiento fueron muchas las ediciones latinas de esta obra, sucediéndose hasta nuestros días.

Otro ejemplo extremeño es el pintor manierista Pedro Mata, que supo conjugar las influencias de la pintura italiana a través de las enseñanzas de pintores españoles, claro reflejo de ello es su magnífica “Asunción de la Virgen”, pintada hacia 1586 para las casas consistoriales de Trujillo. Según Tena Fdez. [33]: “Es retrato sacado de Ntra. Sra. la Mayor de Roma”.

Son muy escasos los ejemplos de pintura profana en Extremadura, posiblemente los frescos del Palacio de Moctezuma, de Cáceres; y las pinturas de las Casas Consistoriales de Trujillo, escasos ejemplos, sean del mismo autor.

En el siglo XVI España conoce un florecimiento extraordinario de las artes industriales, favorecidas por el contacto político con Italia y por la riqueza que durante este siglo se vuelca sobre España el oro americano[34].

A principios del siglo XVI, un pisano, Francisco Nicuoloso, introduce en España la cerámica vidriada pintada al modo italiano, desarrollándose ampliamente y coexistiendo con la de tradición mudéjar. El estilo pronto se difunde y en Talavera de la Reina (Toledo) alcanza un enorme desarrollo, aplicándose a zócalos, frontales, etc…[35]. También hay que anotar que la vidriera española está casi enteramente en manos de flamencos y además, se importan de allí obras enteras.

Muchos son los ejemplos que tenemos en Extremadura de grandes composiciones en zócalos, con colores muy vivos: el frontal de azulejos de la iglesia de Santo Domingo de Plasencia, en la sacristía, con la representación del Calvario. En Plasencia, el altar de la ermita de San Lázaro, dedicados a los patronos de los zapateros, la vida de San Crispín y San Crispiniano; en el centro, la Virgen amamantando al Niño. La Vera es rica en frontales de azulejos talaveranos del s. XVI, son muchas las iglesias que en sus altares lucen los colores vivos y las hermosas composiciones en azulejos.

Por tanto, el Renacimiento como una vuelta generalizada a retomar los ideales que imperaron en la Antigüedad Clásica, surge en Italia, verdadera impulsora de esta nueva situación, a mediados del s. SIV, aunque ya habían existido intentos de volver los ojos a la inspiración de las fuentes clásicas en el Medievo.

De Italia pasa a España de la mano de sus artistas que son reclamados por personas influyentes relacionadas con la política que por alguna circunstancia han viajado a Italia y tienen el capricho de tener en su poder aquellas obras artísticas los que se desplazan a España o a Extremadura; o nuestros artistas, que copian a los italianos, reproduciendo obras por medio de grabados o con la ayuda del encargante que sí puede haber visto directamente las obras italianas.

Fue un momento en la Historia en le que tendríamos que haber estado allí para comprobar la enorme agitación que supuso el nuevo estilo procedente de Italia y la enorme importancia que había de viajar a Italia, la ciudad metrópolis del momento.



[1] El historiador Edwin Panofsky (1892-1963) recogió en su libro: “Renacimiento y renacimientos en el arte occidental”, sus conferencias impartidas en el Castillo de Gripsholm, en 1952. Según él, hubo otros renacimientos durante la Edad Media, la “Renovatio Imperii Romani”, de Carlomagno; el Otoniano, en Alemania, a mediados del siglo X y el Anglosajón, en Inglaterra; y otros dos renacimientos a fines del siglo XI, que volvieron sus ojos a la inspiración de las fuentes clásicas.

[2] DRENDEN: “Humanismo y Renacimiento”. Ed. Guadarrama. Madrid, 1968. Pág. 52.

[3] PÉREZ SÁNCHEZ, A. E.: “El Renacimiento”. En Historia del Arte. Madrid. 1979. Pág. 415.

[4] HOLGADO REDONDO, A.: “El humanismo en la Baja Extremadura”, VI (III-I). Tomo II de la Historia de la Baja Extremadura. Badajoz, 1986, pág 295.

[5] Prólogo a su “Vocabulario español latino”. Ed. facsímil de la Real Academia Española. Madrid, 1951.

[6] NAVAREÑO MATEOS, A.: “Arquitectura militar de la Orden de Alcántara en Extremadura”. Tesis Doctoral. Salamanca, 1987, pág. 337.

[7] Ed. facsímil en Salamanca, 1981.

[8] HOLGADO REDONDO, A.: Op. cit. Pág. 300. El Marqués de Morante ha publicado la Biografía de “El Brocense”, 1985.

[9] DE ÁVILA, A.: “La imagen de Roma en la Pintura Hispánica del Renacimiento”. Bol. Del Museo e Instituto “Camón Aznar”. XXXIV, 1988. Pág. 19.

[10] ANGULO ÍÑIGUEZ, D.: “Pintura del Renacimiento”. ARS HISPANIE, XII. Madrid. 1954. Pág. 228.

[11] Andrés Navagero, embajador de Venecia, partió el 6 de abril de 1525 a España desde el puerto de Génova. Pasó por Guadalupe, Acedera y Campanario en dirección a Sevilla, que le parece la ciudad que más se parece a las de Italia. GARCÍA MERCADAL, J. V.: “Viajes de Extremadura por España”. Madrid, 1952.

[12] DE MEDINA, P.: “Libro de grandezas y cosas memorables de España”. Sevilla, 1548. GASPAR BARREIROS: “Coreografía de algunos lugares”. Coimbra, 1559.

[13] RAMOS RUBIO, J. A.: “Retablo de El Greco en la iglesia parroquial de Talavera la Vieja”.XVI Coloquios Históricos de Extremadura, 1987.

[14] Publicada por Amadeo Ronchini en “Tai e Memorie della RR. Deputazioni di storia patria per le provincia modanesi e pormensi”. Vol. III, 1865.

[15] Del diario del Médico de Urbano VIII, Césare Mancini, entre 1614-1619. Ms. Marciani, itl. 5571, s. 65, Venecia. Publicado por A. Neumeyer en “El entierro del Conde de Orgaz”. Madrid, 1981, pág. 186.

[16] CEAN BERMÚDEZ, J. A.: “Diccionario de los más ilustres profesores de Bellas Artes en España”. Madrid, 1800. Tomo III. Págs. 185-186.

[17] DU GUE TRAPIER, E.: “Luis de Morales y las influencias leonardescas”. R.E.E., 1-4, 1953. Págs. 653-684. Luis de Morales ha gozado de varios trabajos por Carmelo Solís.

[18] WITTKONER: “Nacidos bajo el signo de Saturno”. Madrid, 1981, pág. 71.

[19] IBIDEM. Pág. 71.

[20] FERNÁNDEZ OXEA, J. R.: cita la escritura de concierto firmada el 16 de junio de 1580. Arch. Esp. de Arte, 1947. Pág. 541.

[21] SOLIS RODRÍGUEZ, C.: “Escultura y Pintura del siglo XVI” (VI-III-6), en: Historia de la Baja Extremadura. Badajoz, 1986. Tomo II. Pág. 575.

[22] Su autor pudo ser Alejandro Leoparti que entre 1501-1505 hacía los mástiles de bronce de la plaza de San Marcos. Venecia. Ver ÁLVAREZ VILLAR: “Arte”, en Extremadura. Fund. Juan March. Barcelona, 1979. Pág. 246.

[23] AZCÁRATE, J. Mª: “Escultura del s. XVI”, en: Ars Hispanie, XIII, Madrid, 1958. Pág. 259.

[24] La profesora Mª del Mar Lozano Bartolozzi ha realizado un estudio muy completo sobre los jardines de Abadía. Rev. Periferia. Nº 2. Diciembre, 1984. Págs. 79 ss. Los autores que han descrito o glosado el jardín de Abadía: Lope de Vega, Lampérez y Romea, Antonio Ponz, Martín Gil, Bonet Correa, etc…

[25] PONZ, A.: “Viaje por Extremadura”. Salamanca, 1983.

[26] AZCÁRATE, J.Mª.: Op. cit. Pág. 191.

[27] CHUECA GOITIA, F.: “Arquitectura del s. XVI”. Ars Hispaniae. Madrid, 1953. Pág. 20.

[28] GARCÍA MOGOLLÓN, F. J.: “Viaje artístico por los pueblos de la Vera”. Madrid, 1988. Pág. 50.

[29] MURO CASTILLO, M. y RAMOS RUBIO, J. A.: “La Orden Jerónima en Trujillo. Estudio del Convento de la Concepción Jerónima y el Palacio de San Carlos”. Cáceres. 1989.

[30] COLONNA, F.: “Sueño de Polifilo”. Ed. Pilar Pedraja. Murcia. 1981; y GARIN: “El renacimiento italiano”. Barcelona, 1986, págs. 38-39.

[31] ÁVILA, A.: Op. cit., pág. 22.

[32] ANDRÉS ORDAX, S.: “El Palacio de Moctezuma en Cáceres”, en: Memorias de la Real Academia de Extremadura, vol. I. Trujillo, 1983, págs. 83-105; ibidem “Los frescos del Palacio de Moctezuma”, en: Revista Norba-Arte, V, 1985, págs. 97-107.

[33] TENA FERNÁNDEZ, J.: “Trujillo, histórico y monumental”. Alicante, 1967. Pág. 365.

[34] PÉREZ SÁNCHEZ: Op. cit. pág. 443.

[35] PÉREZ SÁNCHEZ: Op. cit. pág. 444.

Oct 011989
 

José Antonio Ramos Rubio.

Presento esta comunicación en los Coloquios Históricos de Extremadura no solo por ser un documenta importantísimo, hasta ahora inédito, encontra­do en el Archivo Histórico (Legado de Paredes Guillén), legajo 112 n° l, sino por su gran relación con Extremadura y concretamente con la ciudad de Tru­jillo, muchos nos hemos preguntado si el caballero Iván de Vargas que está enterrado en la iglesia de Santa María la Mayor de Trujillo es el mismo o tiene algún parentesco con aquel Iván de Vargas al cual sirvió en Madrid San Isidro. Familiar es probable que fuera, pero desde luego no se trata de la misma persona ya que Iván de Vargas, el que está enterrado en Trujillo pertenece a una época muy distinta de la que vivió San Isidro. En la capilla de los Vargas de la parroquia de Santa María de Trujillo se puede leer la siguiente inscripción: «CAPILLA DEL NOBLE LINAJE DE LOS VARGAS EN QUE YAZE EL ESFORZADO CABALLERO IVAN DE VARGAS QUE LA MANDO HAZER Y CON EL LOS MAYO­RAZGOS DE SUS ANTECESORES. MURIO EL AÑO DE 1517. ACABOSE ESTA OBRA EN EL DE 1522».

 

San Isidro fue labrador en Madrid, hijo de labradores y esposo de Santa Ma­ría de la Cabeza, pasó la vida entre el trabajo humilde del campo, al servicio de don Juan de Vargas, y la oración; matizando una y otra con algunos milagros. Murió en 1170. En las representaciones artísticas viste el traje de los anti­guos labriegos de Castilla, muy parecido al actual de algunos pueblos cas­tellanos: chaqueta y calzón corto, siempre con barba y el cabello hasta los hombros y los atributos son herramientas de labranza: pala, azadón, laya o ara­do[1].

El documento que presento aparece fechado en el año 1740 y recoge toda la historia y genealogía de los Vargas de Madrid desde el primero de los cita­dos Iván de Vargas, al que sirviera San Isidro, hasta llegar a nombres tan conocidos en Extremadura por nosotros como el obispo don Gutierre de Vargas y Carvajal, bajo cuyo auspicio se alzaron en distintos puntos de nuestra región notables iglesias construidas por arquitectos insignes como Sancho de Cabrera, el gran maestro trujillano.

Del Manuscrito de Tapia, en las Crónicas Trujillanas del siglo XVI recogidas por Miguel Muñoz de San Pedro y publicadas en el año 1952, podemos recoger las siguientes notas: “De qué parte vinieron los Vargas a esta ciudad, no me atrevo a afirmar, por haber diversidad en los que dicen de su venida. Unos di­cen que vinieron de Badajoz con los Bejaranos,… otros dicen que vinieron de una aldea de Toledo, llamada en aquel tiempo Mazarambroz, donde residía Garci Pé­rez de Vargas,… otros dicen de su venida, que fue de otras partes. Lo que sea cierto, no lo sé; sé que en Extremadura hay muchos caballeros principales y tam­bién los hay de Madrid; y casa muy rica y muy principal, la de esta ciudad lo es mucho. Las armas de los Vargas son ondas azules y blancas en campo de plata”[2].

Es patente la descendencia de algunos caballeros Vargas de Badajoz que en Tru­jillo incluyeron en su escudo una cabeza de onza como las ponen los Bejaranos en los suyos.

En el documento que ahora presento y tengo que reducir por falta de tiempo, hago mi estudio del linaje de los Vargas que tuvieron casa en Madrid y muchos de ellos marcharon a otras ciudades entre las que se encuentran Plasencia y Trujillo.

En la casa de los Vargas de Madrid, aparece la siguiente leyenda en la portada:

 

“ESTA ES LA CASA SOLAR DE IVAN DE BARGAS

AL QUAL SIRVIÓ COMO CRIADO EL GLOSIOSO

SAN YSIDRO”

 

En la actualidad los restos de San Isidro y Santa María de la Cabeza, descansan en la Catedral de San Isidro, que fue construida entre 1622 y 1664 por los jesui­tas. El templo ha sido reconstruido fielmente en el año 1936 después de haber su­frido un incendio; los restos de los santos fueron trasladados por orden del rey Carlos III aquí desde la iglesia de San Andrés donde estuvieron anteriormente.

Antes de estar en la Catedral de San Isidro, sus restos se veneraron en la capilla del obispo, llamada así porque aunque su construcción la iniciara el consejero de los Reyes Católicos, don Francisco de Vargas, se terminó en 1535 bajo el auspi­cio del hijo de éste, don Gutierre de Vargas Carvajal, que fue obispo de Pla­sencia.

Hasta 1555 tuvieron allí los Vargas la urna donde reposaban los restos de San Isidro, que, al perder el pleito con la parroquia, tuvieron que devolver a la iglesia vecina de San Andrés[3].

Vamos a parar a dar una breve descripción genealógica de la ilustre y anti­quísima Casa de los Vargas de Madrid, pasando más adelante a ofrecer una serie de noticias de las hazañas y empleos de diferentes caballeros del apellido Vargas, desde los más antiguos que nos presenta el documento hasta los más conocidos en Extremadura.

«Entre las casas que hay en la provincia de Castilla, en la villa de Madrid hay una muy notoria que se dice Vargas, que el alabarla parece ofenderla; pues que su nobleza es tan grande, y tan antigua, que casi se puede decir es inmemorial, aparece en los más verídicos anales, archivos y padrones por antiquísima casa solariega de la nunca bien celebrada villa de Madrid, corte del monarca don Felipe V (que Dios guarde) y de sus gloriosos progenitores desde que el rey Don Alonso el sexto la ganó a los moros el año 1083 quedando la duda de si antes de la última conquista de Madrid que fue en el dicho año estaba en ella la Casa de Vargas o si quedó después heredada; pero siendo cierto que en Madrid hubo siempre cristianos mozárabes entre los moros, es probable quedasen en ella los caballeros de este apellido al cual[4],algunos hacen godo, y otros romano de la progenie de Lucio Bargunteyo, Senador romano, de quien Salustio hizo memoria en la conjuración de Catherina (que es Catilina), queriendo apoyar este sentir con las monedas de Filgio Ursino, y que las ondas de mar de plata, que traen en sus armas en campo de azul, son por alusión al río Vargas de Tracia, de quien hace memoria Plinio. Todas estas son conjeturas, que a lo sumo llegan a los términos de proba­bilidad. Según dice Covarrubias[5]: esta palabra Vargas en arábigo vale tanto como Padre Bueno, y es apellido de Casa Noble; y lo cierto es que en aquella con­quista lucieron esforzados tres hermanos Vargas, con el mayor aplauso de su valor, ocupado en los primeros empleos de las armas de católico talante, conquistador de nuestra corte, de donde sin violencia se infiere, que no sería de poca estima la clara estirpe, que merecía a su dueño la confianza de tales cargos, además de ser común adagio en aquel tiempo”.[6]

 

Quintana, en Grandeza de Madrid, folio 283, nos dice: “Los Vargas son gavilanes por la nobleza que se le atribuye al gavilán, y lo dilatada de esa familia; siendo constante que pusieron con sus hazañas la corona sobre las sienes del rey don Alon­so, quien piadosamente mostró su generosidad dándose por bien servido, y señalándoles tierras,  así en Toledo al hermano segundo, que hizo allí su asiento después de las guerras, como al mayor y tercero que se quedaron en Madrid, de quienes fue sucesor el memorable Iván de Vargas, de cuyos padres y hacienda se trata en este documento, habiendo obtenido algunos testimonios importantes que aquí se van a tratar de las informaciones que llevaron a cabo una serie de personas para la canonización de nuestro celestial protector San Isidro, patrón de Madrid (fue beatificado en 1619 por Paulo V y canonizado por Gregorio XV (1622)), por haber sido el referido Iván de Vargas, hombre dichoso en haberle cultivado sus tierras este celestial labrador, el cual tributó muchos beneficios que no solo se reconocían en las crecidas cosechas sino en repetidos milagros”.[7]

Continúa el documento: “Iván de Vargas tuvo con su mujer Nufla dos hijos y una hija, doña María de Vargas que fue a la que resucitó San Isidro. El mayor de los hijos fue Fernán Sánchez de Vargas que quedó a vivir en Madrid de quien fue sucesor Sancho Fernández de Vargas, uno de sus hijos, cuya hacienda recayó en doña María de Vargas hija de Fernán Sánchez de Vargas, de ésta pasó a don Nuño Sánchez de Vargas, que lo había sido de los bienes del primer hijo de Iván de Vargas. El citado don Nuño casó con doña Mayor Alfonso Mexia, y tuvieron a Diego de Vargas, vasallo del rey y regidor de Madrid por el año 1448, quien reedificó hacia el año 1455 la capilla de los Vargas[8], que es la primera del lado del Evangelio en la capilla mayor del convento de N. P. San Francisco donde yace[9] con su mujer, y tiene epitafio, y es tan antigua que dicen que el mismo santo señaló el sitio para su fábrica a uno de sus ascendientes para que la hiciese”.

El referido Diego de Vargas fue un caballero muy valeroso, sirvió al rey don Juan II en la batalla de Olmedo y mandó por una cédula suya a Ruy Díaz de Mendoza[10] acuda con la gente que pidiese Diego de Vargas, corregidor de Toro, de quien hizo gran confianza. La misma tuvo con el rey don Enrique IV, y así en su nombre tuvo la vigilancia de la torre y puerta de moros de esta villa de Madrid, cuando los grandes de Castilla estaban divididos en bandos, siguiendo unos la voz del infante don Alonso, y otros la de Su Alteza.

Posteriormente, Su Alteza se la entregó a Francisco Luzón, regidor de Madrid, a quien por el año 1471 decidió de nuevo se la devolviese a Diego de Vargas por Real Cédula que es la siguiente:

 

Francisco de Luzón, mi regidor de la noble villa de Madrid, ya sabéis como yo envié mandar a Juan de Luján y a Diego de Vargas que vos entregasen la puerta de moros que ellos tenían para que vos la tobiessedes por mi mandado, quanto mi voluntad fuese; agora por algunas cosas que cumplen a mi servicio, yo vos mando que luego sin alguna dilación tomedes la dicha puerta e torre a Diego de Vargas, para que la el tenga, porque así se cumple a mi servio en libre y pacífico estado de la villa, e non fagades otra cosa so pena de privación de vuestros oficios e confiscación de vuestros bienes. Fecha a 18 de febrero del 71. Yo el Rey. Por mandado del Rey, Juan de Oviedo”.

 

El referido don Diego de Vargas se casó con doña María Alfonso de Medina y Velasco[11], y tuvieron a Diego de Vargas “el cojo”, y al licenciado Francisco de Vargas. El padre renunció[12] en el citado hijo mayor Diego de Vargas el regimiento de Madrid con facultad del rey don Enrique, y tomó él la posesión en tiempos de los Reyes Católicos, como consta en una cédula del año 1481, el cual se halla en los Padrones de la Parroquia de San Pedro. Se casó con doña Constanza de Vivero, hija de Pedro de Vivero y de doña Inés Zapata, tuvieron siete hijos: Francisco de Vargas, Diego de Vargas, Gabriel de Vivero, Rodrigo de Vargas, Juan Zapata y Pedro de Vivero y Francisca de Vargas.

El mayor de los dichos siete hijos fue Francisco de Vargas, paje de la Reyna Católica, y del serenísimo príncipe don Juan, veedor general de la gente de guerra de los Reyes Católicos, regidor de Madrid y alcayde de sus alcázares. Defendiéndolos a él y a su mujer[13] en tiempo de las alteraciones de Castilla, su mujer se llamaba doña María de Lago, hija de don Juan Lago y de doña Catalina de Coalla.

Tuvieron por hijo a don Diego de Vargas, paje del emperador Carlos V, como consta en su Real Cédula del año 1520, fue corregidor de Valladolid y se casó con doña Elvira Bernardo de Quirós, y tuvieron a don Francisco de Vargas, que fue caballero de la Orden de Santiago, murió en Nápoles visitando los caballeros de su Orden por mandato de Felipe II, se casó con doña Luisa Negrón y tuvieron a don Diego de Vargas, que fue caballero de la Orden de Calatrava, gentil-hombre en boca del archiduque Alberto, sirvió en las galeras de España, en las Armadas del Adelantado y en Flandes en la caballería ligera, se casó con doña María de Chaves y habiendo muerto sin sucesión, recayó esta casa de Vargas en su hermana Pérez de Peñalosa, vecina de la villa de Móstoles, donde falleció también sin haber tenido hijos. En el 30 de enero de laño de 1681 se extinguió la descendencia y sucesión legítima del referido Francisco de Vargas Vivero, entrando al goce y posesión de todos los mayorazgos, sus agregados y demás derechos (que poseían los referidos como tronco de la casa de los Vargas de Madrid) los descendientes del hijo segundo del mencionado Diego de Vargas y doña Constanza Vivero, su mujer, llamado también como su padre.

El licenciado Diego de Vargas que sirvió al rey muchos años y después fue Corregidor de Vizcaya, se casó con doña Catalina de Luján, hija de Pedro de Luján y de doña Mencía de Lago y tuvieron a don Lorenzo de Vargas y Luján, caballero Procurador de la Orden de Santiago, capitán de infantería, que después de haber servido algunos años al rey se casó con su prima hermana doña Juana de Sotomayor y tuvieron a don Lorenzo de Vargas, caballero de la Orden de Santiago, que sirvió al rey cincuenta años, empezando en las galeras de Nápoles, pasando por otros muchos cargos que se haría extensísimo el nombrarlos, se casó con doña Antonia Ponce de León de la Excma. Casa de los Señores Duques de Arcos, y tuvieron a don Alonso de Vargas.

Don Alonso de Vargas y Ponce de León, fue caballero de la Orden de Santiago, estuvo al servicio de la reyna Isabel de Borbón, desde el 8 de mayo del 1633 hasta el 10 de enero de 1641, en cuyo día le ciñó espada el marqués de Santa Cruz, mayordomo mayor de Su Majestad para salir a servir a una compañía de infantería; después fue capitán de caballos corazas, y habiendo servido muchos años en España pasó a las Indias con un gobierno donde murió; se había casado con doña María Margarita de Contreras y tuvieron entre otros hijos a don Diego Vargas Zapata y Luján Ponce de León, Marqués de la Nava de Barcinas, gobernador, conquistador y pacificador y capitán general que fue del Nuevo México, cuya conquista hizo a su costa habiendo reducido a nuestra Santa Fe y al dominio de nuestro Católico monarca la villa de Santa Fe y doce pueblos de esta villa divididos en más de seiscientas leguas, bautizándose por entonces 2.214 personas de todas edades. Murió en el año 1704 en una campaña, en el sitio de Bernalillo. Se casó con doña Beatriz Pimentel de Prado, hija de don Juan Pimentel (vecino de la villa de Torrelaguna y deudo muy cercano del Conde de Benavente) y doña Isabel Olazábal, su legítima mujer. Los dichos Diego y Beatriz, tuvieron entre otros hijos varones, que murieron sin tomar estado, a doña Isabel María de Vargas y Pimentel, marquesa de la Nava de Barcinas, como legítima sucesora y heredera de la casa de su padre, don Diego de Vargas, por la muerte de dos hijos varones, la hija mayor doña Isabel se casó con don Ignacio López de Zárate, marqués de Villanueva de la Sagra, caballero de la Orden de Santiago, del Consejo de Su Majestad el Rey de Castilla, Regente Provincial de Nápoles, Gobernador de Capua; y tuvieron por hijo a don Diego Joseph López de Zárate Vargas y Pimentel, marqués de Villanueva de la Sagra y de la Nava de Barcinas, capitán de infantería, agregado del Estado Mayor de Cádiz, y Alférez en las Reales Guardias de Infantería Española de Su Majestad, casó tres veces, con doña Mariana de Morales, de quien no le quedó sucesión; la segunda con doña Juana Joseph Ignacia de Ubilla, de la cual tuvo a María Francisca de los Ángeles (que es marquesa de Santa Sabina por su madre), y la tercera mujer fue doña Gertrudis Joseph Gaytan y Medina, de quien tuvo cuatro hijos: don Antonio María, don Ignacio Joachín, don Pedro Pablo y doña María López de Zárate Vargas y Gaitán, siendo de inmediato sucesora legítima del referido marqués de Villanueva el expresado.

Así queda explicada la genealogía de la casa de Vargas de Madrid que en el momento de redactarse este documento, en el año 1740, vivía el referido marqués de Villanueva.

Este documento se elaboró con el fin de despejar una serie de equivocaciones que había publicado don Luis de Salazar en su Historia de la casa de Lara, diciendo en el Tomo I, capítulo 15, fol. 592 lo siguiente: “La casa de Vargas la gozan los condes de Casarrubias, llevando a cabo su estudio genealógico del siguiente modo. Diego de Vargas, vasallo del rey, Regidor de Madrid, en 1473, y Alcayde de la Puerta de Moros; casó con doña María de Medina, con quien yace en su capilla de San Francisco donde tiene epitafio y procrearon entre otros hijos a don Diego de Vargas, que heredó su casa por quien la gozan los condes de Casarrubias, sus descendientes, y a Francisco de Vargas, de los Consejos de Castilla, Cámara y Hacienda de los RR. CC. y emperador Carlos Quinto, contador mayor de cuentas y alcayde de Truxillo”.

El fallo estuvo en no tener presente los papeles del marqués de Villanueva, que fue octavo nieto de los referidos Diego y María de Medina. Don Luis de Salazar, de su propia mano, en el tomo 10, fol. 22 de la “Historia de la casa de Lara”, expone ya bien la sucesión en la persona del marqués de Villanueva, relación que averiguó después de haber impreso y dado a luz el primer tomo de su obra. Lo averiguó por los hábitos de Santiago que tuvieron todos los abuelos del marqués de Villanueva sucesivamente desde don Lorenzo de Vargas y Luján, caballero Procurador de la Orden de Santiago.

La capilla de los Vargas, sita en el convento de San Francisco de Madrid, en la que las mismas piedras están publicando su derecho con once bultos que por sus letreros explican sus representaciones así:

A los dos lados del Altar hay dos de rodillas que son: Diego de Vargas y Dª María de Medina, su mujer.

      Después, de medio cuerpo, por el lado del Evangelio inmediatos al bulto de Diego de Vargas, su hijo mayor: Diego de Vargas y Dª Constanza de Vivero, ambos en una medalla, después sus siete hijos de este modo: Francisco Vargas, Pedro de Vivero (clérigo), el licenciado Diego de Vargas, Juan Zapata, Rodrigo de Vargas, Dª Francisca de Vargas y don Gabriel de Vivero (que murió sin línea)”.

 

      Y asimismo disfruta el dicho marqués de Villanueva de ser el único pariente mayor y cabeza de la ilustrísima y antiquísima casa de los Vargas de Madrid, como sucesor por línea recta en la forma dicha del hermano mayor de los tres hermanos, y primeros Vargas, que vinieron con el rey don Alonso el sexto a la conquista de Toledo y Madrid (que entonces era uno de los muchos lugares de dicho reyno), que se entregó al citado rey don Alonso hacia el año 1083 como aseguran todos los historiadores, ya citados. Es importante anotar que las estatuas de los Vargas de la capilla que tenían en el Convento de San Francisco el Grande de Madrid, están en la actualidad[14]  en el depósito municipal de Madrid. El templo gótico en el que estuvieron los sepulcros de don Enrique IV y doña Juana, y de famosos próceres como los Lujanes, los Vargas y Ruy González de Clavijote; se renovó para erigir en su lugar el que ahora existe.

Para terminar, voy a exponer una relación de hombres importantes en la historia de España, con el apellido Vargas, cuyas memorables hazañas y distinguidos talentos en todas las profesiones hace presente siempre su eterna fama, todos ellos provienen de este fecundo tronco de la Casa Vargas de Madrid y en relación con Extremadura vamos a pasar a conocer la procedencia del obispo de Plasencia don Gutierre de Vargas y Carvajal.

El referido don Francisco de Vargas, fundador[15], que fue de los Consejos de Castilla, Cámara y Hacienda de los Reyes Católicos y emperador Carlos V, Contador Mayor de Cuentas y Alcaide de Truxillo[16], Tesorero General, Chanciller de Castilla. Reedificó por el año 1510 por el mucho amor que tuvo a sus padres la capilla de estos en San Francisco de Madrid. Falleció en el año 1524 como aparece en el epitafio en la capilla del obispo, sita en San Andrés. Casó con doña Inés de Carvajal, natural de Plasencia (1523-1559). Marca la época más gloriosa del Obispado. Asistió al Concilio de Trento. Durante su Obispado y bajo su auspicio se alzaron y ampliaron muchas de nuestras iglesias más importantes y grandiosas (San Martín, Santa María la Mayor, Trujillo; y las parroquias de Jaraicejo, Guareña, Garciaz, Berzocana, Cuacos, Monroy, a estas hay que sumar las obras en la misma catedral placentina).

Fue un hombre importante en su tiempo, en opinión de Fray Alonso Fdez.: “Muy inteligente en el arte de la Arquitectura, a que los grandes señores son comúnmente aficionados; y, así hay en el obispado de Plasencia edificados muchos templos y muy hermosos, aún en lugares pequeños con las armas del obispo[17].

Carmelo Solís, nos ofrece muchas referencias del citado obispo en su trabajo sobre el cantero trujillano Sancho de Cabrera. Gran confianza tenía el obispo en el citado maestro trujillano ya que casi todas las obras que se hicieron bajo su Obispado, las realizó él.

Don Gutierre de Vargas y Carvajal falleció en Jaraicejo, señorío de los obispos placentinos[18], el 27 de abril de 1559. Su cuerpo reposa en la iglesia de San Andrés, en un fastuoso sepulcro realizado posiblemente por el palentino Francisco Giralte, que también realizó el retablo mayor de la citada iglesia. Los sepulcros son de estilo plateresco, de alabastro.

Junto a la estatua orante del obispo Gutierre de Vargas, están una serie de personajes entre los cuales podemos destacar al licenciado Barragán que fue capellán mayor de la capilla. En la misma iglesia están las estatuas orantes de don Francisco de Vargas y de doña Inés de Carvajal, padres del obispo.

El Illmo. Sr. Don Alonso de Vargas y Toledo, natural de dicha ciudad, religioso agustino, y Obispo de Badajoz y de Osma, y Arzobispo de Sevilla donde murió el 27 de diciembre del año 1300.

Otros con el apellido Vargas que aquí no se dan cuenta son ramas transversales procedentes del primitivo origen del linaje de los Vargas, que aquí queda estudiado.

Y otros muchos caballeros con el apellido Vargas que al no aparecer relación con Extremadura en las fuentes consultadas no hablo de ellos por no alargarme, son: Diego Pérez de Vargas, destacado en la conquista de Orán; el bienaventurado mártir, Martín de Vargas, sirvió en la conquista de África, fue hecho prisionero y padeció martirio y por no querer renegar de nuestra Fe Católica le mataron; el Illmo. Sr. Gonzalo de Mena y Vargas, obispo de Calahorra y Burgos y Arzobispo de Sevilla; el Illmo. Sr. D. Diego de Vargas, obispo de Provenza, en Italia, etc


[1] FERRANDO ROIG, JUAN: “Iconografía de los santos”. Ed. Omega, S.A. Barcelona, 1950. Págs.142 y 143.

[2] MUÑOZ DE SAN PEDRO, M: “Crónicas Trujillanas del Siglo XVI”. 1952, pp. 323 y ss.

[3] LÓPEZ SANCHO, Lorenzo: “Madrid”. Everest, León. 1979, pág. 36.

[4] DE POZA, Andrés: “Libro del antiguo lenguaje de España”. Cap. 10.

[5] DE COVARRUBIAS, Sebastián: “Tesoro de la Lengua Castellana”. Palabra Vargas.

[6] QUINTANA: “Grandeza de Madrid”. Fol. 283.

[7] Juan Diácono Marineo Siculo, Fr. Juan de Marieta, Alonso de Villegas, Padre Juan Gutiérrez, y otros, …Son los que realizaron el informe para la canonización de San Isidro, que tuvo lugar el año 1622 por Gregorio XV.

[8] QUINTANA: op.cit. Libro 2, fol. 283 v.

[9] SALAZAR: “Historia de la casa de Lara”. Tomo I, cap. 15, pág. 592.

[10] QUINTANA: “Grandezas de Madrid”. Libro 2, fol. 282.

[11] SALAZAR: op. cit. Tomo I, cap. 15, fol. 592.

[12] QUINTANA: op. cit. Libro II, fol 289 v.

[13] IBIDEN. Libro II, cap. 99.

[14] Agradezco a Matilde Muro Castillo las informaciones sobre la localización actual de las estatuas de los Vargas en Madrid.

[15] SALAZAR: op. cit. Tomo I, cap. 15, fol. 592.

[16] QUINTANA: op. cit. Libro II, fol. 285.

[17] Fr. Alonso Fernández: “Historia y Anales de Plasencia” (1622). Edición F.E.T. y J.O.N.S. Cáceres, 1952.

[18] SOLÍS RODRÍGUEZ, Carmelo: “El arquitecto trujillano Sancho de Cabrera (1500-1574)”. Actas del V Congreso de Es. Ext. Badajoz, 1976.

Oct 011989
 

Mercedes Pulido Cordero y Montaña Pulido Cordero.

Si, nieve en Cáceres, presencia de la nieve en la villa durante los veranos de los siglos XVI y XVII. Sí, nieve auténtica, no la elaborada a fuerza de artificios mecánicos o científicos, sino la que la naturaleza, siempre inteligente, pródiga y generosa, re­gala. Nieve sin mistificaciones, que todavía no es artículo in­dustrializado aunque si mercancía modestamente comercializada.

Se trata de la nieve que, desde el norte de la provincia, llegaba a Cáceres por el verano -generalmente durante los meses que median entre San Juan (24 de junio) y San Miguel (29 de septiembre)- hace más o menos 400 años, tiempo tan metido ya en la historia que es imposible evocar con la ayuda de la memoria o de la experiencia, sea esta personal o a través de una directa o verídica tradición; sólo a través del estudio y la investigación se puede acceder al conocimiento de algunos aspectos del mismo.

Pues bien, aquella nieve que entonces había venido del cielo en leve y silencioso vuelo, servía para refrescar las bebidas de al­gunos cacereños, que la recibían con las mermas naturales tras un camino de 20 o 25 leguas, transportada en machos de poderosos músculos y sonoras herraduras, que en cuerda sin fin se ponían en movimiento continuo entre la sierra y la villa a través de atajos y veredas difíciles, y a trozos, por la ya mal empedrada vía ro­mana. Aquellos buenos arrieros realizaban un trabajo difícil y hasta delicado durante días, mejor noches por la calurosa esta­ción de su trabajo; con su esfuerzo y la inapreciable ayuda de sus animales conseguían vencer al tiempo, a las leyes físicas, a las distancias, al clima, a la temperatura. Claro que una cosa es ven­cer las leyes físicas, lo que estamos haciendo todos los días, y otra, conquistar los conceptos morales de los que no logramos ser dueños.

La existencia y forma de vida de aquellos hombres de la nieve, la nieve misma, protagonista de su actividad y las derivadas de su abastecimiento, se reflejan en los documentos que a continuación aportamos. Esta documentación, forma parte de los trabajos de investigación que sobre la villa cacereña dejó inéditos Tomás Pulido, cuyo Archivo hemos utilizado.

DOCUMENTOS

Contrato-obligación ante el escribano Juan Romero, en Cáceres, 3 de agosto de 1586.

Juan Muñoz, arriero otorga: “…que por quanto los ilustres señores Martín de Paredes y Antonio de Carvajal, por sy y en nombre de otros cavalleros y personas, vezinos de esta villa, se concertaron  conmygo para que yo les provea de nieve y se la dé seys semanas cumplidas, que an de començar desde el día que viniere con la dicha nieve, por la qual me partiré oy día de la fecha desta y les tengo de dar abasto la dicha nieve toda la que me pidieren con moderación como es costumbre, a doze maravedís la libra y para en quenta della me dan y entregan 300 rreales, estos graciosos de más…”. Y continúa“… se obliga de dar y entregar a los dichos Martín de Paredes y Antonio de Carvajal y a las demás personas sus consortes que son los contenidos en un memorial que para ello se me entregará el día que yo viniere, que an de ser hasta treinta personas y no más y dende abaxo las que quedaren a las quales me obligo y daré la dicha nieve a 12 mrs. cada libra y si algún día de las dichas seys semanas faltare para ellos nieve y no cumpliere, les pagaré de pena por cada día 400 mrs…”.

Este documento, el más antiguo de los aquí presentados, aunque tiene extremos particulares que no se van a dar en otros contratos de abastecimientos, como es el de la limitación del abasto, justificado, quizás en la fecha tan avanzada de su otorgamiento, no deja de formar parte de la misma serie, y representa oportunamente los puntos de este tipo de contrato.

Contrato de obra, ante Juan Vega, 9 de octubre de 1630.

Varios portugueses confiesan “aver recibido del lcdo. Antonio Fernández, ziruxano, 467 rs. y medio de sus jornales y de otras personas que les ayudaron a cavar el poço de la nieve que el dicho licenciado haze en el cerro del rrollo, exido desta villa, el tiempo que se ocuparon en lo acabar de ahondar y ensanchar lo que le faltaba lo qual les dio y gastó en los jornales siguientes…”

Arrendamiento de la casa del nevero, ante Miguel Ximénez de Valverde el 4 de octubre de 1569.

Antonio Sánchez Herrero, vecino del lugar de Cañaveral, jurisdicción de la villa de Garrovillas se obliga, asistido de su fiador, el licenciado Benito Ojalvo, abogado, “vecino desta villa a pagar a Juan Romero 77 rreales por razón del arrendamiento y alquiler de una casa que nos tiene arrendada por dicho precio en esta villa que está en la calle de la Cruz…”.

La escritura carece de interés, el motivo de traerla aquí es porque en la calle de la Cruz de la villa, se solía vender la nieve, pues varios contratos consultados así lo atestiguan. Además, el escribano, en esta ocasión, ha encabezado la escritura con una nota que dice: “Obligación para Juan Romero Macotela por la cassa del nevero”.

Pleito con Plasencia ante Benito Conejero, 25 de septiembre de 1691.

Poder del Ayuntamiento a D. Francisco Fernández, familiar del Santo Oficio, vecino y regidor de la ciudad de Plasencia para representarle “ante el corregidor de dicha ciudad y pida el desembargo de las caballerías hecho al obligado desta villa por el administrador del derecho de Millón de nieve, cuyas cabalgaduras eran en las que se conducía ésta del poço del Piornal a esta villa, intentando se le paguen los derechos de la nieve sacados del dicho poço, no deviéndose hacer el cargo a esta villa más de los derechos de la que en ella y ser de la obligación de dicho administrador poner en esta villa persona que cuide de la cobranza de dichos derechos y cuenta y razón de la nieve que en ella se consume por ser cabeza de partido…”.

En el poder se hace constar que la villa ha intentado ajustarse con el administrador, ofreciéndole por lo que de dicho derecho debiere en el presente año, 600 rreales, que es la mayor cantidad pagada hasta entonces, pero el administrador no quiso aceptar el ajuste y procedió al embargo de las cabalgaduras.

En el testamento de Don García Josep de Galarza, ante Tiburcio Maderuelo fechado en Cáceres el 29 de julio de 1716, consta el envío de nieve, entre otras cosas, a su hijo, capitán, que entonces asistía al rey en su campaña en el reino de Portugal: “…bien sabe y le consta como luego que el Real exército hizo mansión en los campos de ¿Nysa?, continuamente y sin cesar le estaba enviando las aves, pan, verduras, vino y nieve de que creo estuvo siempre bien abastecido en su tienda, como también de dulces y todo lo necesario…”.

Oct 011989
 

Josiane Polart Plisnier (Susy).

Asomadas a la Plaza Mayor de la Hispanidad de Trujillo dos cabezas femeninas en fino granito nos recuerdan el papel importante de la mujer andina en el periodo de la conquista (la esposa e hija de don Francisco Pizarro, la Ñusta Quisne Sisa, de nombre cristiano, doña Inés Huaylas Yupanqui y su hija, la primera mestiza noble peruana, doña Francisca Pizarro Yupanqui).

Poco escribieron los cronistas del siglo XVI sobre las mujeres del Tahuantinsuyu quienes compartieron la vida de los españoles como esposas, amantes o sirvientas,  en el caso del sexagenario conquistador del Perú sólo tenemos conocimiento de las mujeres que le aportaron felicidad y ternura por los testamentos y por los juicios.

 

La primera de esas mujeres fue doña Inés Huaylas Yupanqui, nacida por los años 1516-17, no es otra que la Ñusta Quispe Sisa, hija del Inca Huayna Capac y de una de sus esposas secundarias Curaca principal y Señora  de Huaylas llamada Contarhuacho.

Quispe Sisa se encontraba en 1532 en el Cuzco de donde partió con la corte a Cajamarca para reunirse con su hermano Atahualpa.

Según la tradición andina su destino era desposarse con un gran Señor o un jefe militar del Tahuantinsuyu a quien su hermano el Inca deseaba premiar, iniciar los lazos del parentesco o de reciprocidad, pero la llegada de los españoles cambió la vida de la alegre y graciosa Ñusta.

Según los cronistas (Pedro Pizarro y otros) las mujeres nobles “las payas” llevaban los cabellos largos y sueltos sobre los hombros, se distinguían de las plebeyas por tener mucho cuidado de su persona y por su esmero en el vestir, tenían gran número de servidores y se desplazaban en andas.

Lo que no sabemos es si la alegría y buena prestancia de la Ñusta Quispe Sisa llamó la atención del Gobernador o si Atahualpa entregó a su hermana sin preguntarle  su opinión… lo que parece más lógico…

Varios conquistadores que la vieron en Cajamarca la suelen llamar Pizpita o Pizpireta, apelativo cariñoso que según Raúl Porras le dio Francisco Pizarro como recuerdo nostálgico de su Extremadura, donde la Pizpita es una avecilla menuda y graciosa; según el diccionario Anaya “Pizpireta” se aplica a las mujeres vivas, prontas y agudas, lo que hace suponer que la Ñusta Quispe era coqueta, desenvuelta y vivaracha.

El Veedor Salcedo dice “que vio como el dicho Atahualpa dio a dicho Marqués a la dicha doña Inés y le dijo: CATA AY mi hermana hija de mi padre que la quiero mucho” declara el mismo Salcedo que “se la dio a Francisco Pizarro cansándola con éste, según el derecho incaico”.

Al ser bautizada la Pizpireta, su futuro esposo le escoge un nombre cristiano, Inés el nombre femenino más usado en la familia Pizarro, él de su hermana favorita doña Inés Rodríguez de Aguilar.

Desde Cajamarca marchó doña Inés Huaylas Yupanqui al Cuzco y después a Jauja, primera capital de la Gobernación de Pizarro, donde en 1534 dio a luz a la primera mestiza noble peruana, “doña Francisca Pizarro Yupanqui”, su bautizo se festejó con grandes regocijos, de esa unión en 1535 nace también otro hijo, Gonzalo Pizarro Yupanqui que murió siendo niño (esos dos hijos fueron legitimados por Cédula Real el 10 de noviembre de 1536).

En 1537, doña Inés (la Pizpita) se casa con un paje de su marido, Francisco de Ampuero, a quien el propio Pizarro otorga la encomienda de Chaella, en la cercanía de Lima (según don Rómulo Cúneo Vidal).

En 1537 el Marqués don Francisco Pizarro mandó componer a Reyes de Armas de España un escudo para su mujer doña Inés Huaylas Yupanqui, madre de sus hijos. Estos datos desorientan nuestra manera actual de ver las cosas… según María Rostwrowski existía en la época en el Tahuantinsuyu un matrimonio a prueba… podía ser el caso ya que todo hace pensar que los cónyuges estaban de acuerdo en separarse; en el mismo año de 1537, de la unión con otra princesa indígena Añas Kollke, hermana de Atahualpa (la que probablemente debía de ser su esposa) llamada cristianamente doña Angelina, le nacen otros dos hijos al viejo Gobernador, Francisco y Juan (ese último también murió siendo niño), don Francisco, el mayor, llegó a España en 1551, vivió en el Castillo de la Mota con su familia, lugar donde conoció a su futura esposa doña Inés Pizarro (la hija de Gonzalo el Mozo) murió sin sucesión el 31 de marzo de 1557, su viuda se volvió a casar con Francisco de Hinojosa.

Doña Angelina después de la muerte de don Francisco Pizarro se casó con el cronista Juan Díaz de Betanzo, experto quechuista e intérprete oficial del Cuzco, escribió Betanzos una relación en 1551 (esa relación fue descubierta hace poco tiempo en Palma de Mallorca).

De los cuatro hijos de don Francisco Pizarro la única en sobrevivir es doña Francisca Pizarro Yupanqui, la ilustre mestiza nacida en Jauja (1534) de su unión pasajera con doña Inés Huaylas.

Según María Rostworowski los españoles que tuvieron hijos con indígenas no confiaban en la educación que ellas podían darles, en el ámbito andino la virginidad femenina no tenía la misma importancia que en Europa, las jóvenes gozaban de libertad sexual, lo que era muy distinto de las costumbres castellana de la época, “CUIDAR LA HONRA” era lo esencial, los españoles por lo tanto cuidaban de alejar a sus hijas mestizas de la influencia nativa, buscando para su educación personas cristianas, así es como doña Francisca desde su tierna infancia vive con su tía Inés Muñoz (esposa de Francisco Martín de Alcántara, hermano uterino de su padre).

Por expresa voluntad paterna la joven mestiza peruana recibe esmerada educación, con una preparación acorde a las Señoritas de los nobles linajes castellanos, tiene profesor particular de baile y clavicordio y por las cuentas de su tutor sabemos que aprecia la ropa de calidad y lujo.

Pero poco tiempo disfruta doña Francisca Pizarro Yupanqui de un hogar y comodidades, a los siete años es huérfano de padre (asesinato de Francisco Pizarro el 26 de junio de 1541), por su seguridad la esconden en un convento para después, en vista de la situación tensa en Lima, conducirla por mar a Tumbes, donde su tía Inés debe vender sus joyas para comprar caballos para huir a Quito al encuentro del Licenciado Vaca de Castro, y es bajo la protección de éste como regresan a Trujillo (del Perú) (en este viaje de 1543 es cuando muere su hermano Gonzalo lo que la convierte en la única y universal heredera de los bienes del gran Marqués, su padre).

A la muerte de su padre, es su tío Gonzalo Pizarro (el Mozo) quien administra sus bienes, gastando parte del patrimonio de su sobrina en la sublevación, la rebelión de éste fue premiada por su ejecución (1548), es el segundo marido de su tía Inés Muñoz, Antonio de Ribera, el que hereda el cargo de tutor, en esa época doña Francisca recibe varias proposiciones matrimoniales; en la Ciudad de los Reyes hasta se hablaba de una posible boda entre Gonzalo y su sobrinita de 11 años.

En 1550, la Corona y el Consejo de Indias ordenan el regreso a España de los descendientes de Pizarro, y es cuando doña Francisca abandona para siempre su país natal, marcha del Callao en marzo de 1551, del 2 de mayo hasta el 9 de junio la nave que transporta a la rica heredera hace escala en Panamá donde ella aprovecha para comprar ropa y sombreros (los sombreros parecen ser la prenda favorita de la joven mestiza, con una pamela hará esculpir su busto de granito en la esquina de su Palacio de Trujillo).

A su llegada a Extremadura vive en el Palacio de los Pizarro de la Zarza, pero muy poco tiempo, su tío Hernando Jefe de la Familia Pizarro la reclama al castillo de la Mota, en Medina del Campo, lugar donde está cumpliendo cárcel; en 1552 se casan tío y sobrina, permaneciendo en este castillo de la Mota otros diez largos años, allí nacerán sus cinco hijos: Inés, Juan, Francisco, Gonzalo e Isabel.

En 1561 recobra libertad Hernando Pizarro y es cuando el matrimonio desde la heredad de la Zarza dirige la construcción del Palacio de la Conquista donde podemos admirar sus efigies esculpidas en la piedra.

Doña Francisca Pizarro Yupanqui, la más rica encomendera del Perú según todos los datos de la época era una mujer poco común… casada a los 18 años con un destacado guerrero muy entrado en años, encarcelada con él durante diez años sin poder lucir esos atuendos que tanto le gustaban.

Muchos documentos prueban las buenas disposiciones de la joven viuda para administrar su fortuna, a los 47 años el destino de doña Francisca cambia, por fin va a disfrutar de la vida de “la Villa de Madrid y Corte de Su Majestad”, se compra una casa en la calle Príncipe donde vive hasta su muerte (30 de mayo de 1598) con su segundo esposo, el hijo del Conde de Puñonrostro, Pedro Arias Dávila Portocarrero (hermano de su nuera).

Con ese joven caballero arruinado es de suponer que doña Francisca participa en fiestas donde puede por fin lucir trajes lujosos (la venta de fincas y propiedades de estos años prueba la vida ostentosa de la pareja).

Es también en esa época y desde Madrid cuando doña Francisca funda el Convento de la Merced de Trujillo (1594).

 

Otra mujer importante en la vida del Conquistador del Perú, doña Inés Muñoz (la esposa de Francisco Martín de Alcántara, hermano uterino de Francisco Pizarro), marcha en 1529 con su marido; en Lima vive el matrimonio en la misma casa que don Francisco, puede ser la mujer en la que más confianza tuvo, a ella confía la educación de sus hijos, según Raúl Porras cuidaba del jardín de su cuñado haciendo venir de España frutales y plantas, a la muerte de su esposo que perdió la vida defendiendo la de su hermano, esa extraordinaria mujer se enfrenta con muy feas palabras a los Almagristas y lleva a enterrar los cuerpos de ambos; defiende a sus sobrinos escondiéndolos y vendiendo sus joyas para huir.

 

Para terminar en homenaje a las mujeres del Perú del siglo XX, quiero agradecer a la etnohistoriadora peruana, María Rostworowski de Díez Canseco su interés por doña Francisca Pizarro Yupanqui, nuestra Princesa del Tahauntinsuyu asomada al balcón de la Plaza Mayor de la Hispanidad.

Según las propias palabras de María Rostworowski, Miembro fundadora del Instituto de Estudios Peruanos y Miembro de Número de la Academia Nacionalde la Historia (estuvo en Trujillo en noviembre de 1988), ese último libro que estaba preparando titulado Doña Francisca Pizarro, una ilustre mestiza (el libro está publicado por IEP ediciones en junio de 1989) era como un descanso en sus largas e infatigables investigaciones en archivos peruanos y extranjeros en busca de nuevas fuentes para la comprensión de la historia del antiguo Perú.

NOTA: NO ESCANEO LA LÁMINA POR FALTA DE CALIDAD PUES ESTÁ DEMASIADO OSCURA Y NO SE VE NADA, PERO OS PONGO EL PIE DE FOTO POR SI PUDIÉRAIS HACEROS DE ELLA DE OTRO MODO.

(Lámina 1)

Escudo de armas que mandó componer el marqués don Francisco Pizarro, para su mujer doña Inés Huaylas Ypanqui, madre de sus hijos Gonzalo y Francisca Pizarro Yupanqui.

Oct 011989
 

Ignacio Plaza Rodríguez.

I. UN MONASTERIO, EL DE GUADALUPE

En terrenos de Talavera, que comenzó a llamarse de la Reina, por haber concedido esta ciudad D. Alfonso XI, a su esposa Doña María de Portugal, y que se extendía durante la Edad Media, lindero con la jurisdicción de Trujillo, por oriente, hasta rebasar el río Guadiana. En el año 1337, en la dehesa de Iván-Román, se va a fundar la Puebla de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe. Y es en el año de 1340, el 25 de diciembre, cuando Alfonso XI concede a los ganados de la Puebla el que puedan pastar en terrenos de Talavera y de Trujillo. Privilegio que trae problemas, por llegar a ser numerosos los ganados del Monasterio.

Durante el reinado de Alfonso XI, se aparece en las proximidades de Guadalupe la imagen de la Virgen, y en la próxima Berzocana, las reliquias de los santos Fulgencio y Florentina.

También durante el reinado de este gran rey, que muere cuando está en el cerco de Gibraltar, se va a producir un hecho que va a alterar el curso de la historia de Castilla.

Casado, como queda dicho, con Doña María de Portugal, y sin tener descendencia la pareja real, conoce nuestro rey en Sevilla a una viuda joven de diecinueve años, muy fijos-dalga y considerada “la mujer más hermosa del reino”, es Doña Leonor de Guzmán. De los amores con esta hermosa dama va a quedar larga descendencia, mientras que la pareja real solo uno de los hijos habidos va a llegar a la mayoría de edad y a reinar con el nombre de Pedro I.

De la descendencia con Doña Leonor mencionaremos tan solo a D. Enrique, que reinará como II y se conocerá como el de las Mercedes, y al segundo que llegó al Maestrazgo de Santiago a los siete años, teniendo que vencer los dos inconvenientes; el de la edad y el de la bastardía.

Recordemos que aquella hermosa dama, la más hermosa del reino, va a pasar por estas tierras extremeñas haciendo detención en Llerena, donde se entrevista con D. Fadrique y continuando hasta Talavera, siempre en poder de su enemiga Doña María y en el Alcázar de esta ciudad va a morir a manos del criado de Doña María, Alfonso de Olmedo.

De D. Pedro I, con relación a Trujillo, sabemos que tuvo aquí el Tesoro Real, en la fortaleza de nuestro castillo, bajo el control de su tesorero, el judío Samuel Leví, que estaba considerado como uno de los hombres más ricos de Castilla, que patrocinó la construcción de la sinagoga del Tránsito, de Toledo, y a quien, para apoderarse de sus riquezas, mandó asesinar el rey.

De D. Enrique II, el primero de la Casa de Trastámara, que se llamó el de la Mercedes, tenemos aquí próxima la merced que hace de Cabañas del Castillo y sus aldeas a D. García Álvarez de Toledo, al que hace primer señor de Oropesa en atención a que estando D. Pedro defensor de Toledo, la entrega sin luchas a la fuerza D. Enrique.

Y como ya existía una venta, de tiempos de Alfonso X el Sabio, de Cabañas del Castillo a Trujillo, pero que por haberse reservado el rey los diezmos de las iglesias de la abadía no ofrecían pingues beneficios, la ciudad no había atendido y trajo luego multitud de pleitos, los que terminaron en la Cancillería de Granada.

Del segundo Trastámara, D. Juan I relacionado con Guadalupe, vamos a consignar que es el que manda a construir el Monasterio en virtud de las pruebas milagrosas que se sucedían y de las numerosas peregrinaciones que de Extremadura y otras regiones centrales del Reino se organizaban para conocer a la Virgen.

Con este rey se separan las dos ramas de Trastámara, en sus hijos Enrique que será III y D. Fernando que reinará en Aragón y se le conocerá como el de Antequera. Concierta el matrimonio de Enrique con Doña Catalina de Lancaster, heredera de la rama de D. Pedro I para evitar pretensiones sucesorias al trono y toma parte en la batalla de Aljubarrota contra los portugueses, donde los castellanos son derrotados quedando entre los prisioneros el importante D. Pedro López de Ayala, cronista de cuatro reyes y conocedor de cinco.

Gracias a aquella derrota existe en la Península una joya del gótico, el Monasterio de Batalha que difícilmente puede olvidar el que lo visita.

De D. Enrique, que con Doña Catalina de Lancaster son los primeros que en España se van a llamar los Príncipes de Asturias, que ya tendrán nuestros reyes en el futuro, no diremos más.

Y ahora es cuando cuadraría repetir aquellas coplas que se nos quedaron en la memoria en nuestra juventud “¿qué se hizo el rey D. Juan? los Infantes de Aragón ¿qué se hicieron?”.

Este niño de dos años, bajo la regencia de su tío D. Fernando y de su madre Dª Catalina es el de las famosas coplas y que va a llenar la mitad del siglo que comienza con su privado, D. Álvaro de Luna, que es otro gran bastardo en el centro del poder que entra en la corte de manos de D. Fernando de Aragón, que es luego el gran luchador contra sus hijos, los Infantes de las coplas y que de ser todo lo más, de tener los puestos de mando; condestable y demás beneficios, el de Maestre de Santiago; de ser Duque de Trujillo y luchador con García Sánchez de Quincoces en nuestra ciudad… De, en una palabra, poderlo todo, terminó en el cadalso en la plaza de Valladolid.

Los descendientes de D. Álvaro estaban considerados hasta tiempos de Felipe II, en que se les priva de los diezmos del mar, como las familias más ricas de España.

El Gran Impotente D. Enrique IV dejó su impronta en tierras trujillanas y, al final, sus restos mortales en el Monasterio.

Hizo frecuentes visitas a Guadalupe, donde terminó por poner casa a una de sus imposibles concubinas, a Doña Guiomar de Castro, hija natural de D. Álvaro de Castro, Conde de Monsanto, llamada la “Lusitaneja”.

Se le murió su valido, D. Juan Pacheco, en la próxima Santa Cruz de la Sierra, marchó a Madrid con la propuesta para el hijo, D. Diego, en los puestos de relevancia del padre y le llegó la noticia del apresamiento de su protegido por el Marqués de Osorno; el mismo noble que el frente de Cambil (Jaén), escoltó a la reina portuguesa, madre de Doña Juana hasta el frente, simulando un combate.

Nunca un trono pareció más tambaleante que este de Castilla durante el reinado de Enrique IV.

De una parte se atrevieron con él los portugueses con el pretexto de unos esponsales y los aragoneses, que no habiéndolo conseguido por las armas en tiempo de los Infantes, sobre todo de D. Juan, lo va a conquistar ahora con la unión de su hijo Fernando con la legítima heredera Isabel la Católica. Pero la historia, esa maestra de la vida, lo tenía determinado de otra manera; que aquella joven de dieciocho años que se une en matrimonio al príncipe de diecisiete, en Valladolid, en la sala rica de D. Juan de Vivero, va a reunir en su persona toda la voluntad, toda la fortaleza y toda la decisión y juicio que había faltado en su hermano y en su padre.

Y como de esta reina, cualquier actividad, cualquier decisión, sería suficiente para una y muchas historias, que ya están escritas, sólo diremos de su primer viaje a tierras extremeñas, dando el rodeo para llegar a Trujillo, de pasarse por Guadalupe, Puebla que visitaría, después, muchas veces acompañada de su esposo.

Guadalupe, centro mariano de Extremadura; foco de la cultura medical; emporio de riqueza ganadera, pila bautismal de indios…

En este primer viaje de Isabel a Extremadura con la opinión en contra del Consejo, habiendo firmado documentos en Madrid el día veinte de abril acompañada de una pequeña corte y con cartas muy precisas a su fiel Luis de Chaves para que conozca todos sus movimientos.

Aquel viaje de la reina Isabel la Católica, no lo hace acompañada de su esposo, D. Fernando, quien se dirige a la Meseta Norte para tomar posiciones aún en manos de los portugueses y sus aliados los nobles.

Conocemos la existencia de documentos firmados en Madrid, con fecha veinte de abril de 1477, en los que el Consejo no era partidario del viaje de la reina a tierras extremeñas, donde no existían plazas fuertes y a la vez leales; que el rey toma Cantalapiedra el veintisiete de mayo y que la reina, que ha optado por hacer el viaje a Extremadura, viniendo primero a Guadalupe, desde donde organiza la entrega de Trujillo, por la gestión de Gonzalo Baeza, su tesorero, ante el capitán guardián de la fortaleza, Pedro de Baeza, se encuentra en Trujillo el día catorce de ese mes de mayo.

La intervención personal de D. Diego López Pacheco, a quien ahora interesa aproximarse al partido de la reina, hace que por fin el día veinticuatro, Trujillo se encuentre en manos de Gonzalo de Ávila, señor de Villatorre, a quien la reina ha designado para tenerla en nombre de la Corona.

Durante estos días de continuos forcejeos, la reina aprovecha para organizar la defensa del triángulo Trujillo-Cáceres-Badajoz, que confía al clavero de Alcántara D. Alfonso de Monroy y al Conde de Feria, Gómez Suárez de Figueroa.

Nos hubiese gustado relatar el viaje desde Guadalupe hasta Trujillo, por las Villuercas, Berzocana, Aldeacentenera; pero la primura impide este regodeo.

Existían problemas en Cáceres entre las familias más importantes sobre la regiduría de la ciudad. Doña Isabel, que en los días finales de junio se encuentra en la capital, soluciona estas intrigas y manda desmochar las fortalezas para evitar la aparición de nuevos focos de resistencia. Y según las crónicas, marcha sola, hacia Andalucía, haciendo su entrada en Sevilla el día veinticuatro de julio.

La gente de Guadalupe, de Trujillo, de Cáceres, en una palabra, de Extremadura, de estas tierras de más acá del río Duero, han sentido la presencia de una reina joven, de unos rasgos no definidamente españoles; su faz rubicunda, su cara bolluda, su cabello que tira taheño, no representa el tipo netamente hispano; pero, su decisión, su juventud (tiene ahora la reina veintiséis años), han impresionado al auditorio. Y es que la reina sabía poner mucha teatralidad a sus actos, ya lo tenía demostrado.

II. CABAÑAS DEL CASTILLO.

 

Los límites asignados a la ciudad de Trujillo en su jurisdicción tienen por esta parte norte las aguas del río Almonte.

Leemos que Cabañas del Castillo está entre los ríos Almonte e Ibor, cosa no cierta. Cabañas está más al sur del río Almonte, entre éste y el río Berzocana, en una derivación de las Villuercas, y en esa prolongación de monte nace la garganta de Santa Lucía, que es de donde se surte de agua la ciudad de Trujillo.

Durante los tiempos de la Reconquista, Cabañas fue castillo importante y en su fortaleza se refugiaban las gentes de labraban las tierras cercanas o cuidaban allí sus ganados. Pertenecía esta fortaleza a la Orden de Calatrava y de dicha orden militar pasó a la Corona.

Finalizada la lucha con los árabes, aquellas gentes, bastante numerosas, fundan en terrenos más abajo del Almonte la aldea de Solana, justamente en el cruce del río Berzocana y pasado el río Almonte; en su nacimiento, Navezullas; junto al río Roturas y más abajo, cuando ya el Almonte ha recibido el Berzocana, el Valbellidos y el Garciaz, Retamosa. Y más al norte, junto al Ibor se reparte con Deleitosa, la campana de Robledollano. Esta era la situación y estos citados pueblos, van a formar una abadía famosa, la Abadía de Cabañas del Castillo.

Alfonso X, vende Cabañas y sus aldeas a la ciudad de Trujillo, pero se reserva el patronazgo de las iglesias, y manda, además –en esto se parece a la ReinaCatólica- que desmochen la fortaleza. Si tenemos en cuenta que la mayor riqueza de aquellas aldeas sería sin duda los diezmos, Trujillo no consideró buena compra la de Cabañas y dejó pasar sin interesarse por aquel territorio.

He hablada en la primera parte de una merced de D. Enrique II, y es esta de Cabañas.

En las luchas entre D. Pedro y D. Enrique, tiene confiada la ciudad de Toledo, D. Pedro a D. García Álvarez de Toledo y a su hijo Alfonso, e, incluso, a su hija que va a casarse con el príncipe de Portugal.

Llegadas las tropas de D. Enrique a Toledo, la ciudad se entrega sin resistencias (la entrega D. García) y esta acción es la que va a premiar D. Enrique, haciendo D. García Álvarez, Señor de Oropesa y de Valdecorneja y concediéndole la Abadía de Cabañas.

Si estando en el actual Aldeacentenera, terrenos de Trujillo en la fecha a que vamos a referirnos, bajamos hasta el río Almonte, nos admira la profunda hondonada por donde corre la corriente del escaso, de ordinario, río.

Bajamos por terreno de encinar que se prolonga hasta los llamados riberos; pero más allá de la corriente es otra la vegetación, ahora de retamas (Retamosa, tierra de retamas) y algún acebuche, como si una falla tectónica fuera el cauce profundo.

Los señores de Oropesa eran ganaderos importantes en tiempos de la Mesta y sus ganados, más los de los Condes de Deleitosa y los del Monasterio, tendrían, en fechas de avenidas, imposibilidad de pasar este río.

Y es debido a estas circunstancias, por lo que el último Señor de Oropesa, de acuerdo con el Concejo de Trujillo, construye, a sus expensas, “una puente”, la más importante de los tiempos medievales, toda ella de pizarra y argamasa, con unos cien metros de superficie, superior, con tres aliviaderos (dos de ellos en la parte de Trujillo y uno en la de Retamosa) y cinco grandiosos ojos, cuatro en arcos de medio punto y uno casi de perfecta ojiva. Existe una inscripción sobre uno de los pilares fechada en 1797, que dice de un arreglo.

Los tajamares, dos de ellos perfectos (los del primer arco de la parte de Trujillo o ribera izquierda) indican que por aquí, hace de quinientos años, discurría el río. Los restantes tajamares, alguno adosado y semicircular, son los que resisten ahora la corriente y uno de los pilares está tan derruido en su base que, de no acudir pronto, desaparecerá esta grandiosa obra tan desconocida.

Hemos tenido la suerte de encontrar el acta que dice de la construcción de este puente, que aquí es “la Puente del Conde”, dice:

“En el año 1460, a toque de campana se reunió el Concejo de Trujillo, en la Iglesia de Santiago, concurren: por el rey (Enrique IV) como notario público, Martín Alfón Pizarro; como escribano, por el prior y fraile de Guadalupe, Manuel García; y estuvieron presentes los honrados caballeros Diego de Carvajal, Diego Pizarro, Juan Hinojosa, Fernando Caldero; en calidad de regidores actuaron Luis Chaves, Sancho Paredes, Diego Hinojosa, Juan Corajo, el bachiller Juan Rodríguez de Almazán y Pedro Alfón de Orellana.

      Y, en nombre del Señor de Oropesa, el vecino de Cabañas, Diego Fernández Usasa”.

Que la puente se llame del Conde, encierra un error, toda vez que en el año 1460, que es el del acuerdo entre Trujillo y Cabañas del Castillo, D. Fernando Álvarez de Toledo sólo es Señor (el señorío que vimos concedió D. Enrique II) y es en el año 1477, en la ciudad de Sevilla, donde el día tres de agosto los Reyes Católicos, tenida cuenta de la lealtad de los señores Álvarez de Toledo, durante las guerras contra Alfonso V de Portugal, conceden el título de Conde al hijo del anterior citado, que tiene el mismo nombre y que viene a ser V. Señor y primer conde. Doña Leonor de Guzmán y Zúñiga era la madre del primer conde.

Las estipulaciones de la construcción de la puente son:

 

1. Que la ribera izquierda del río continuará siendo de la ciudad de Trujillo y, por consiguiente, quedan suyas, por siempre jamás, la tierra, hierbas, abrevaderos, pesca y madera de la citada margen.

 

2. Que Trujillo y su tierra tendría paso franco por la puente, tanto las personas como los ganados, sin que jamás tuvieran que pagar portazgo ni tributo alguno.

 

3. Que D. Fernando no podría construir torres ni fortalezas en los extremos de la puente, ni tampoco sus sucesores ni herederos, incurriendo, si así lo hacían, en la pena de 10.000 doblas de oro, que cobraría la ciudad de Trujillo.

Con posterioridad, los señores y condes de Oropesa, llegaron a un acuerdo con el Honrado Concejo de la Mesta, por el que se dice cobrarían dos cabezas por cada mil de cabrío o lanar que lo pasasen; con todas a la entrada o a la salida.

La importancia de esta Abadía de Cabañas nos la indica el que el rey de Portugal, D. Felipe II, hace oferta de ella a un sucesor de los Álvarez de Toledo, religioso, con la consignación de 2.000 ducados de beneficio.

Estas tierras de Cabañas y Deleitosa, que no siempre estuvieron muy de acuerdo (en las guerras contra Portugal, Deleitosa estuvo algún tiempo con los partidarios de Doña Juana), terminaron por estar unidas mediante enlaces matrimoniales; siendo unas veces de la Casa de Alba y otras de la de Frías (recuérdese que el primer Duque de Frías fue Fernando de Velasco, condestable y casado con la hijas bastarda de D. Fernando el Católico, Doña Juana de Aragón, hija de Doña Juana Nicolau).

Oct 011989
 

Miguel Pérez Reviriego.

Esta población se encuentra al suroeste de la provincia de Badajoz, en el límite con la provincia de Huelva y a 95 kms. de la capital pacense.

Según algunos autores, tras la conquista de la zona por Fernando III a mediados del siglo XIII, el monarca en­tregaría estas tierras a la ciudad de Sevilla. Algo más tarde, Alfonso X haría donación de las mismas a la Orden de Santiago, pasando posteriormente a la del Temple, en 1283, hasta que en 1312 pasan a depender de la ciudad de Sevilla, por concesión de Fernando IV. Sin embargo, otros investigadores mantienen la hi­pótesis de que la plaza fue cedida a la Orden del Temple por Alfonso IX de León en 1228. Tras una efímera recuperación por los musulmanes, la villa pasaría definitivamente al dominio cristiano, hacia 1247.

Las primeras noticias documentales han sido re­cogidas por la profesora Mercedes Borrero Fernández: “En 1309, el caba­llero Gonzalo Sánchez de los Trancones tuvo a Fregenal por juro de heredad tres años. Después, a la muerte de este noble sevi­llano, pasó a depender definitivamente de Sevilla, salvo el lapsus de la posesión que de la villa gozó por un año el Maes­tre de Alcántara”.

En el centro de la población se asienta la for­taleza. “Fregenal -dice Delgado Vallina- es un castillo de vaguada, bien cercado por los muy altos lienzos de su amplísima muralla. La gran dimensión interior de su recinto y su estraté­gica situación en la notable encrucijada de sendas militares nos obliga a considerarle como alcazaba”.

Resulta difícil esclarecer el origen de la cons­trucción del castillo de Fregenal. Así, mientras Portela Sando­val habla de “una fortaleza de grandes dimensiones, construida por los templarios”, Quintero Carrasco aventura la posibilidad de que la obra quedara concluida con anterioridad a 1283, año en que la población es entregada por el rey Alfonso X a la Or­den del Temple.

No se ha podido localizar documentación que haga referencia a los periodos constructivos del castillo. Parece que, al menos el trazado irregular de su cuerpo principal, pue­de corresponder al periodo de dominación musulmana. Tras suce­sivas reparaciones, hoy no se aprecia ningún resto que pueda ser atribuido a los árabes. En la segunda mitad del siglo XVI la fortaleza fue cedida por Felipe II al que fuera embajador en Venecia, D. Carlos de Bazán, quien a su vez la donó a la parro­quia de Santa María, pasando posteriormente bajo administración de Sevilla.

El castillo que hoy podemos contemplar se reduce sobre todo a sus muros perimetrales, habiendo desaparecido to­das las instalaciones y dependencias interiores, con lo que re­sulta extremadamente difícil conocer los elementos de cada una de las etapas históricas que lo conformaron.

Sin embargo, su estructura aproxima esta obra a la arquitectura templaria. La planta se atiene al modo genera­lizado para este tipo de edificios, pudiéndose comparar con el de Jerez de los Caballeros. Éste y el de Fregenal “son los más occidentales, en territorio -señala el profesor Navareño Mate­os- que con anterioridad correspondió a la Orden del Temple, posteriormente bajo administración de la de Santiago”.

Se conforma como un hexágono de grandes propor­ciones (“dado su tamaño, -escribe Portela Sandoval- debió de servir para concentrar tropas”), cerrado en un extremo por una cabecera ligeramente curva. En algunas partes el recorrido de sus lienzos se hace irreconocible por haber sido ocultado por edificaciones adosadas o haber sufrido derribos en otras. Creemos que las irregularidades de la planta obedecen a las refor­mas que, sobre el esquema árabe primitivo, realizaron las Orde­nes del Temple y Santiago, cambiando el posible rectángulo ori­ginal por la forma actual.

Presenta sillares bien escuadrados en las esqui­nas y el resto realizado en mampostería. A lo largo de gran parte de su coronamiento se levantan aún sus pretiles y alme­nas, bajo los cuales se abren aspilleras. La torre del Homenaje es la de mayores dimensiones. Al igual que las restantes, está construida con sillarejo y mampostería y sólo tiene sillares bien escuadrados en los ángulos. La puerta de acceso es de arco apuntado y las jambas llevan una imposta de donde arranca el arco. Sobre esta portada aparece un escudo sobre cuyo origen existen diferentes versiones. “Algunos investigadores -señala J. García Atienza- dudan de que este escudo estuviera allí desde la construcción de la fortaleza -que, al parecer, levan­taron los templarios a partir de 1238, que fue la fecha en que la villa les fue entregada- y, sin embargo, el -simbolismo que encierra es lo bastante elocuente para sospechar con firmeza que fuera puesto -allí o en cualquier otra parte desde la que posteriormente fuera trasladado- por los caballeros templa­rios”. Así, Quintero Carrasco, antes citado, señala la posibi­lidad de que el escudo se colocase después de la construcción del castillo:

 

“He examinado atentamente la casi blanca piedra del escudo con la cruz sobre la media luna y sus cuatro roseto­nes y me da la sensación de que está colocada posteriormente a la construcción del castillo, y no exactamente bajo el matacán, sobre la perpendicular imaginaria que va desde el modillón del centro al vértice del arco ojival de la entrada del castillo, como fuera lo más natural cuando se levanta una construcción de esa clase desde el principio para guardar la estética, sino un poco separado a la izquierda de dicha perpendicular.

Como se podrá apreciar a simple vista, la pie­dra está rajada diagonalmente, como si esta avería, difícilmente producida una vez colocada, se la hubiera causado bien al arrancarla de otro lugar, en el transporte o al colocarla allí. Dicho escudo está completamente embutido rasante con la sille­ría por la parte superior, pero por la inferior sobresale un poquito de su asiento; es decir, que nos hace suponer que al labrar el hueco para colocar el escudo, la parte inferior del bloque se resistió y no se pudo o no se quiso profundizar más, o no les importaría que estuviera mejor o peor nivelado”.

En cualquier caso, la hipótesis de Quintero Ca­rrasco coincide sustancialmente con el texto de Rodrigo Caro:

“Posteriormente, en el año 1283, con motivo de las discordias que reinaban entre don Alfonso y su hijo don Sancho el Bravo, por atraer el rey a su partido a don Juan Fer­nández Coy, Maestre del Temple de Castilla y a sus caballeros, les concedió y aseguró el dominio de Fregenal (…), habiendo puesto dicho Maestre en la puerta principal o fachada del cas­tillo las armas de los templarios, que es una cruz esculpida en piedra blanca sin colores, la que aún permanece”.

Con todo, su estructura presenta una evidente relación con otros escudos templarios, siendo el ejemplo más significativo el del castillo de Monfragüe, con el que el de Fregenal ofrece una gran semejanza. “Estos casos de tanta seme­janza entre estos dos escudos -escribe Delgado Vallina- debe­rían indicar un común origen. De ser así podría buscarse una muy probable relación entre los caballeros de Monfrag y los del Temple, que la proximidad del castillo templario de Alconétar permite suponer”.

“Lo enigmático -señala Rafael Alarcón- es que resulta frecuente encontrar escudos templarios donde la cruz griega está asociada con símbolos de viejos cultos ígneos: el creciente lunar, estrellas y soles -helicoidales o radiantes-; siguiendo siempre un esquema compositivo similar: cruz arriba y creciente lunar debajo, con las estrellas entre los brazos de la cruz o bajo la Luna. Las más significativas muestras son la citada piedra armera de Fregenal; otra piedra similar de la­ iglesia templaria de San Miguel, en Toledo; un sello del Temple inglés, fechado en 1303; y otro sello de la encomienda templa­ria de Huesca (…)”.

En conjunto, son más las razones que inclinan a pensar que, al menos, la fase inicial de la obra pudo tener lu­gar en el segundo cuarto del siglo XIII, promovida por la Or­den del Temple, aunque ninguna suficiente para afirmarlo defi­nitivamente.

Naturalmente, este castillo, que a lo largo de los años pasó por manos y situaciones tan dispares, hubo de su­frir múltiples reformas y alteraciones hasta llegar a la fiso­nomía definitiva con que lo hemos conocido. Pero sin duda, los cambios más apreciables se operaron desde finales del siglo XVIII. En el interior se ubican actualmente la plaza de toros, realizada hacia 1784, y el mercado de abastos de la localidad, construido entre los años 1914 y 1915. Todo ello confiere a es­ta fortaleza un aspecto que nada tiene que ver con su primitiva misión. Pensamos que sería interesante hacer desaparecer todos los elementos ajenos al recinto que mixtifican su primitivo ca­rácter militar y medieval. “Esperemos -señala Delgado Vallina­- que algún día no lejano pueda el Ayuntamiento frexnense ir de­jando libre y limpio de añadidos todo el interior de la alcaza­ba. Esta, una vez restañados los viejos daños sufridos y con sólo unas mínimas restauraciones, podría ser una zona verde de uso público de extraordinaria belleza. Bastaría un adecuado ajardinado del patio de armas y la puesta en valor de las arquitecturas militares del castillo para transformar el actual caos urbanístico del cora­zón del baluarte en el más bello parque de la región y el mejor situado, al estar ubicado en el mismo centro de la villa”.

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